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TRAS LA PISTA DE SHERLOCK HOLMES

Es Martin Gardner (1914-2010), genio de las matemáticas recreativas, quien pone en duda la paternidad de Sherlock Holmes. Argumenta que sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) era tan candoroso, dejándose cautivar por supersticiones como el espiritismo, que parece difícil admitir que ideara un personaje tan racional y escéptico que resultara su antítesis: “No creo que fuera Doyle quien creara a esta inmortal pareja–escribe Gardner en un artículo publicado en 1976–. Más bien debió ser al revés. Holmes y Watson permitieron a sir Arthur capitalizar su invención. Al hacerlo, le dotaron de esa inmortalidad terrenal que sus auténticas, pero anodinas obras literarias nunca le habrían proporcionado”.

¿EXISTIÓ SHERLOCK HOLMES?

Si se acepta la imposibilidad de atribuir la creación de un personaje de la complejidad de Sherlock Holmes a una mente tan ingenua, cabe preguntarse si este no responde a la descripción de alguien de carne y hueso. Es durante su época de estudiante cuando Doyle conoce a Joseph Bell (1837-1911), un profesor de medicina de la Universidad de Edimburgo, cuya agudeza y dotes de observación fascinaban a su alumnado. Con un simple vistazo era capaz de radiografiar al paciente que tenía delante, averiguando no solo su enfermedad, sino también datos como su oficio, carácter u origen.

Como es sabido, es el doctor John Watson, inseparable compañero de

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