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Trabajo Infantil. Combinación de factores y relaciones sociales de


precarización del trabajo en la sociedad neoliberal.
Dasten Julián Vejar1

Resumen:
El presente artículo pretende exponer detalladamente la problemática de la
dinámica estructural sociedad, trabajo e infancia. Principalmente se centrará en
reflexionar sobre la relación que existe entre los imperativos objetivos/subjetivos
que llevan o conducen al trabajo infantil, a partir de los cambios en el mercado del
trabajo, con su consecuente relación en materia del desarrollo del niño,
especialmente en la escolaridad y su vínculo educativo, integrando la problemática
a las condiciones generales de reproducción del capital y la extracción de
plusvalor.

Abstract:
The present article tries to expose detailed the problematics of the dynamics
structural society, work and infancy. Principally it will centre on thinking on the
relation that exists between the objective / subjective imperatives that they take or
lead to the infantile work, from the changes on the market of the work, with his
consistent relation as for the development of the child, specially in the education
and his educational link, integrating the problematics to the general conditions of
reproduction of the capital and the extraction of capital gain.

Palabras clave: <Trabajo Infantil, sociología del trabajo, precarización del trabajo,
centralidad del trabajo>

1
Sociólogo. Miembro del Área de investigaciones sociales/humanas del Instituto de Desarrollo
Regional de la Universidad de la Frontera, Temuco, en donde desarrolla y promueve
investigaciones en la línea de sociología y cambios en el mundo del trabajo en la Región de la
Araucanía. Temuco.

2
I. LA SOCIEDAD MUNDIAL Y LAS CONDICIONES DE INTEGRACIÓN DE LA
FUERZA DE TRABAJO INFANTIL.

El trabajo infantil es un fenómeno global de proporciones masivas y esta es una


realidad transversal a las problemáticas de integración económica en el mundo. La
OIT estima que, alrededor del mundo y especialmente en los llamados ‘países en
vías de desarrollo’, unos 250 millones de niños entre los 5 y los 14 años de edad
trabajan en una o más actividades económicamente productivas, remuneradas o
no. Algunos trabajan con sus familias; otros buscan patronos afuera del núcleo
familiar, quienes pueden ser parientes o no; otros laboran como trabajadores
independientes. Aunque no se ha estimado oficialmente, el número de niños y
niñas –particularmente entre los 7 y los 14 años de edad - que llevan a cabo
tareas de índole doméstica en las viviendas de sus padres o abuelos puede ser
considerable; estimándose mayor porcentaje de niñas (OIT & UNICEF. 2000).

Así es como existen diversas formas en que la fuerza de trabajo infantil se


incorpora al mercado laboral, como también existe una diversidad de motivaciones
y causas que se asocian al trabajo infantil.

Pero ¿Cómo se llega a tematizar problemáticamente el trabajo infantil?


Lentamente se fue desarrollando una óptica que considera el trabajo infantil como
una práctica que ocasiona un perjuicio gigantesco a niños y niñas, a sus
comunidades de origen y en definitiva a la sociedad que las contiene, esto no
como hecho arbitrario o simplemente manifiesto de un contenido ético humanista,
como las declaraciones de principios o de derechos, sino que observando las
consecuencias de una infancia sometida a un círculo vicioso de reproducción de la
pobreza y la exclusión, a partir también de las mismas problemáticas que significa
el trabajo infantil en las condiciones de integración económica de mercados de
trabajo en donde las ventajas comparativas que ofrece el trabajo infantil en la
venta de su fuerza de trabajo sobre-precarizada para la inyección de capitales y
extracción de plusvalor significan irremediablemente la precarización y

3
desvalorización del conjunto de la fuerza de trabajo disponible. O sea, podemos
decir que el desarrollo de un paradigma nuevo en la modernidad está en relación
directo a los perjuicios y transformaciones en las condiciones de reproducción del
capital.

Las mismas condiciones de exclusión social que rondan en las sociedades


capitalistas, las cuales están centradas en la realidad del trabajo en la actualidad
(sea asalariado o no) tienen como base el comportamiento y establecimiento de
una serie de prácticas sociales que buscan la llamada ‘inserción social’ de parte
del ‘excluido’, la cual está sometida a los designios del dinero, como mecanismo o
código de integración en las relaciones económicas (y finalmente sociales),
haciendo que las transformaciones estructurales en el mundo del trabajo se
reproduzcan en cambios, a la vez, en transformaciones en las formas de vida y en
la misma composición de la totalidad de las relaciones sociales.

Así es como la misma situación de exclusión social y pobreza de un número


significativo de la población mundial ha dado pie a que nuevas pautas y nuevas
subjetividades se incorporen al trabajo en búsqueda de una integración vinculada
centralmente al dinero, en el marco de una subsistencia cada vez más precaria y
exigente.

De hecho en el marco conceptual-práctico se reconoce la existencia de las


llamadas “Peores Formas de Trabajo Infantil” (en adelante PFTI), cuya
característica distintiva es que atentan más profundamente contra las opciones de
desarrollo físico, psicológico, intelectual, espiritual, moral y social de los niños,
niñas y adolescentes involucrados y que fueron precisadas por el Convenio 182 de
la OIT, promulgado en 1999. Las PFTI se refieren a trabajos compuestos por dos
dimensiones:

4
1. Los trabajos intolerables: en donde se encuentran la explotación sexual
comercial2 y actividades ilícitas y asociadas a la esclavitud3.
2. los trabajos peligrosos: aquí se incluyen los trabajos peligrosos por su
naturaleza4 y los trabajos peligrosos por su contenido5.

Como se puede observar amabas dimensiones están referidas a practicas


asociales o desintegradoras desintegradas no tan sólo de la concepción de una
infancia normal, tipificada en función de un patrón específico de conductas y
características psicosociales y biológicas, sino que también se encuentran
presentes las dimensiones, especialmente en los intolerables, dimensiones
propias de la lógica y ordenamiento del modo de producción capitalista.

Si bien las Declaraciones de principios o los Convenios Internacionales son actos


que pueden ser interpretados como mecanismo restrictivos y regulativos de la
extracción de plusvalor, lo que asegura un posicionamiento específico y una
coordinación normativa en el campo de la política mundial e interestatal,
especialmente en materia de acuerdos económicos internacionales6, la realidad,
específicamente en contradicción de éste principio, muestra que sólo en
Latinoamérica hay 106 millones de jóvenes: 10 millones están desempleados y 30
millones trabajan en la economía informal o en condiciones precarias. La
población entre los 0 y 17 años alcanza los 244.815.978 millones, o sea un 45,4%
2
Utilización de niños/as y adolescentes para la prostitución; Pornografía; Explotación Sexual
Comercial en el ámbito del Turismo; Tráfico de niños/as y adolescentes con fines de explotación
sexual comercial
3
Producción y tráfico de estupefacientes; Utilización de niños/as y adolescentes por delincuentes;
Venta de niños para servidumbre; Reclutamiento forzoso de niños y adolescentes para conflictos
armados
4
Trabajos en minas, canteras, subterráneo; Trabajos en alta mar; Trabajos en alturas superiores a
dos metros; Trabajos en cámaras de congelación; Trabajos en fundiciones en general
5
Jornadas laborales extensas (superiores a 8 hrs.); Trabajo en horario nocturno; Ausencia de
medidas de higiene y seguridad laboral; Trabajos que impidan la asistencia a la escuela
6
Recomendamos la lectura del artículo Derechos laborales y empleo en el tratado de libre
comercio. Javier Neves Mujica. http://www.comunidadandina.org/public/trabajoyempleo.pdf

5
de la población total latinoamericana, la cual asciende a los 538.776.423, mientras
que el 44% de la población total, o sea 221 millones viven en condiciones de
pobreza (CEPAL, 2004). En este contexto es en que trabajan 19.700.000 niños y
niñas entre 5 y 17 años de edad (IPEC. 2003). Las principales características de
sus trabajos están dadas por la informalidad y, por tanto, la precariedad de las
remuneraciones la desprotección en términos de seguridad social y salud, entre
otras.

En Chile existen 3.612.723 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17. De ellos un


5,4% trabaja7, lo que equivale a aproximadamente a 197 mil niños, niñas y
adolescentes. De estos, 107.676 realizan labores que se encuentran consideradas
como trabajo inaceptable, de ellos y ellas 68 mil son menores de 15 años. El resto,
o sea 88.428 niños, niñas y adolescentes entre 12 y 17 años, realiza trabajo bajo
las llamadas condiciones aceptables8.

En este contexto, de integración económica y de precariedad laboral de la


infancia, es que “el Estado chileno adopta el compromiso de desarrollar las
acciones necesarias para prevenir y erradicar progresivamente el trabajo de los
niños, niñas y adolescentes en el país mediante acciones inmediatas, a mediano y
largo plazo, según las prioridades establecidas a nivel central, regional y local”
(MINTRAB. 2001). De hecho aunque el problema del trabajo infantil ha sido un
problema histórico en las sociedades moderno/capitalistas, sólo hoy en día, o más
bien desde la firma del primer convenio que establece las condiciones mínimas de
7
Según cifras del Ministerio del Trabajo-OIT, en “Trabajo infantil y adolescente en cifras. Síntesis
de la primera encuesta nacional y registro de sus peores formas”. 2004. Recordamos tomar en
cuenta en este sentido la definición del Ministerio de Trabajo a partir del INE y la categoría de
ocupados ya señalada anteriormente.
8
Esta distinción entre trabajo aceptable y trabajo inaceptable tiene que ver con las condiciones del
trabajo que se realiza y las implicaciones que ellas conllevan en el desarrollo físico, social y
psicológico del infante; son categorías definidas por la Oficina Internacional del Trabajo-OIT, y son
adoptadas por el Estado de Chile. Esta definición se encuentra plasmada explícitamente en la
misma Encuesta “Trabajo infantil y adolescente en cifras. Síntesis de la primera encuesta nacional
y registro de sus peores formas”. 2004

6
trabajo, o sea el convenio 138, firmado el año 1973, que establece las edades
mínimas de trabajo en 14 y 15 años para países cuyas economías y medios de
educación estén insuficientemente desarrolladas -en cualquier caso la edad debe
ser coincidente con aquella en que termina la educación obligatoria-, es que cobra
mayor relevancia. Es que el tema del trabajo infantil involucra en plano estatal y
contractual una relación específica entre las características y dinámica de
integración económica que significan los procesos de globalización del capital y
captación de la inversión extranjera, como también la apelación al rol estatal de
asegurar el bienestar a su población. Ambos procesos sociales parecen encontrar
serias contradicciones en términos prácticos.

En base a las estadísticas podemos comprobar que con la globalización la


desigualdad social y la pobreza han ido ganando terreno y se han consolidado
como fenómenos propios de un modo de crecimiento y producción económico 9
ideologizado a partir de las relaciones materiales construidas en la fase actual del
capitalismo: el llamado neoliberalismo. Por eso, no debería resultar extraño ir un
paso más allá y sugerir, como muchos han hecho, que “este fenómeno provoca un
aumento del trabajo infantil. Si la globalización implica 1. Más pobreza, 2. Una
mayor descentralización de la producción con mano de obra más flexible
(industrias caseras) y 3. Suministro de mano de obra barata para la exportación,
entonces es de esperar que ascienda la tasa de trabajo infantil”. (G.K. LIETEN,
2003). Esto más cuando “el trabajo de niños, niñas y adolescentes surge
generalmente como una estrategia de las familias más necesitadas para lograr un

9
Se calcula por ejemplo que en 1980, 118 millones de personas vivían en nueve países donde el
PIB mostraba una tendencia decreciente. En 1998 esto sucedía en 60 países afectando a 1,3
billones de personas. El crecimiento medio se ha reducido en todas partes desde que empezó la
globalización, en particular en los países en desarrollo. La desigualdad social se ha extendido
drásticamente a nivel mundial, tanto que los 50 millones de personas más ricas en el mundo ganan
lo mismo que los 2,7 billones de pobres que existen. La desigualdad de ingresos se acentuó en 33
de los 66 países en desarrollo (citado en Went en base a la distribución de los salarios, 2003)

7
aporte adicional de ingresos a sus hogares. Los niños y niñas reemplazan a los
padres en las labores”.

Así como todos los países que conocen las características propias de sus
economías en términos de venta de fuerza de trabajo y de condiciones laborales
(sindicalización, seguridad, contractual, etc.) del lugar objetivo que ocupan en el
acoplamiento a la economía mundial tienen presentes el fenómeno del trabajo
infantil como un tema emergente y que debe ser considerado en función no sólo
de las perspectivas del infante o en la Convención de los Derechos del Niño, sino
de toda la sociedad y principalmente del asalariado adulto que encuentra un
sustituto en la venta de fuerza de trabajo precarizada y a menor costo como lo es
la del niño, o como complemento a su ya desvalorizado trabajo, ya que “desde la
perspectiva de la equidad, sostener la inversión en niñez y adolescencia, puede y
debe garantizar la estabilidad política, competitividad económica, e integración
social”10. Pero aún así éste es un nivel, el estatal, que asume la problemática del
trabajo infantil, siendo que el trabajo infantil también ha pasado a transformarse en
una temática interestatal en la configuración de los mercados de trabajo.

Así es como en prácticamente todos los países se recolectan cada vez más
estadísticas nacionales sobre la población y la fuerza laboral por medio de censos
y encuestas laborales, pero dichos datos no existen o están incompletos cuando
se trata de los niños trabajadores ya que estas metodologías tradicionales de
encuesta no son apropiadas para cubrir a los niños en edad escolar, cuyas
actividades son en gran parte “invisibles” u “ocultas”. (OIT & UNICEF. 2000). En
Chile se encuentra la experiencia concreta de la Encuesta aplicada por el INE el
año 2004, la cual ha recogido los datos antes señalados, pero que a la vez, a
parte de señalar un precedente importante en la materia de investigación, abre un
nuevo campo de intervención que debe ser desarrollado por los actores sociales,
10
Frans Röselaers, Director IPEC, Programa InFocus de la OIT. En el Prólogo al Plan de
Prevención y Erradicación del trabajo infantil y adolescente. 2001.

8
sindicatos, académicos, científicos sociales, la sociedad civil, etc., en función de
avanzar en el proceso de erradicación de acuerdo a las condiciones objetivas ya
existentes, de manera de “en el 2010 niños, niñas y adolescentes tengan sus
derechos fundamentales debidamente resguardados y garantizados, generando
las bases para construir una cultura de promoción, respeto y protección de sus
derechos fundamentales” (ACHNU. 2005).

Aún así las condiciones de desarrollo en que se encuentra el proceso de


globalización mundial que se ha caracterizado por la profundización de los lazos
dependencia estructural de las economías semicoloniales (o subdesarrolladas) a
las centro-capitalistas, a partir de la ubicación desigual en la producción mundial,
es que el poder político efectivo pareciera depender cada vez menos de los
Gobiernos nacionales, y es preciso negociarlo entre las diversas fuerzas de clase
y organismos, públicos y privados, en los planos nacional, regional e internacional,
con el fin de mantener la conformación y simetría de la actual arquitectura de
dominación imperialista en el sistema mundo.

Esta simetría tiende a perderse de acuerdo a la lucha competitiva que enfrasca al


Capital en la búsqueda de ganancias en una situación económica específicamente
histórica en donde la disminución de la tasa general de ganancia le hace
necesario promover contramedidas que aumenten la explotación de la fuerza de
trabajo11. Por lo tanto la pregunta que cabe hacerse es ¿será posible sostener una
simetría mundial que permita una confluencia de un pacto real de carácter
interestatal que garantice la erradicación del trabajo infantil mientras otros
fenómenos sociales relacionados con los mecanismo de extracción de plusvalor
sigan operando en el marco de las relaciones de producción? ¿Será parte de un
acto de ‘buena voluntad’ o de concientización ético universal-mundial el fin del
trabajo infantil o seguirá primando la extracción de valor y ganancias en la
rentabilidad capitalista en el marco de la llamada ley de competencia?

11
Sobre los mecanismos de extracción de plusvalía relativa y plusvalía absoluta recomendamos la
lectura de El capital, lib. 1, sección 5, cap. XIV. (Karl Marx.1979).

9
II. TRANSFORMACIONES EN EL MUNDO DEL TRABAJO Y SU BASE EN LOS
CAMBIOS EN EL PATRÓN DE ACUMULACIÓN/INTEGRACIÓN A LA
ECONOMÍA MUNDIAL

Si bien ya hemos señalado anteriormente la importancia del papel que ha jugado


las condiciones de acumulación de capital a nivel internacional con el proceso de
globalización de los mercados (del capital y de las finanzas, de tecnología, de
consumo, etc.) y la puesta en escena de parte de las potencias imperialistas a
través de sus organismo económicos de la tríada liberalización, privatización y
desregulación, con la consecuente la retirada del Estado de Bienestar, es además
necesario señalar que en “la llamada transición a la democracia se produjo en un
escenario donde la forma clase de la “sociedad civil” había sido desarticulada en el
terreno organizativo. En el plano ideológico se produjo un cierre del discurso al
identificarse el derrumbe del socialismo real con el fin de la lucha de clases y el
advenimiento del sujeto liberal como la encarnación de la libertad universal”
(TISCHLER, SERGIO. 2004). En el caso de Chile estos fenómenos cobran
significado a partir de la situación histórica concreta vivida en los años de la
dictadura militar de Augusto Pinochet, donde la coalición entre la escuela
económica neoliberal, encarnada en los prodigios aprendices llamados Chicago
Boys (debido a su relación con la Escuela de Chicago), y entre un régimen político
dictatorial reaccionario y pro-patronal abrió la senda a una transformación en la
regulación de las relaciones laborales en el país. Esta coalición abre la senda
objetiva para que tome creciente importancia la tendencia a la flexibilización como
respuesta de adaptación al progreso técnico y a las innovaciones, a la
competencia y a las oscilaciones del mercado a las cuales Chile ingresaba como
un ‘experimento’ de las políticas neoliberales recomendadas por el FMI.

“Surgen en el país nuevas modalidades en el encadenamiento de la producción,


en particular con la fragmentación de las unidades productivas como estrategia
para elevar los niveles de competencia… simultáneamente aparecen modalidades
de contrato caracterizadas por dar lugar a márgenes crecientes de empleos

10
atípicos, temporales, de tiempo parcial extendiéndose la subcontratación y el
aumento de empleos por cuenta propia, con menor o ya sin seguridad social, y
con una proporción variable de trabajos informales, y propios de una estructura
económica segmentada” (SALINEROS, JORGE. 2004). Así es como en las dos
últimas décadas han surgido algunas modalidades de empleo distintas de las
clásicas, entre las que se cuentan el empleo a tiempo parcial, el empleo temporal
y el trabajo por cuenta propia12.

El economista chileno Álvaro Díaz, del Instituto SUR, destacó los cambios en
grandes sectores de la clase obrera – las clases dominantes del país. Entre todos
los cambios los del mundo del trabajo, tal vez el más significativo es la expansión
del trabajo precario como última palabra del capitalismo globalizante:

“Existe creciente evidencia que el empleo precario en América Latina no puede ser
considerado un empleo ‘atípico’, una suerte de anomalía o excepción en el
mercado, un resultado del estancamiento, o una situación que sólo existe en las
empresas pequeñas o tradicionales. Pareciera que el empleo precario no
constituye una forma tradicional de comportamiento empresarial, sino el resultado
de una modernización capitalista que se instaló tanto en México como en Chile,
y se manifiesta tanto en las industria maquiladora como en sectores de la industria
procesadora de recursos naturales renovables en Chile (fruta, madera, pesca), es
decir en sectores de ‘punta’ de ambas economías.

La verdad es que las formas a través de las cuales se ha impuesto el sistema de


flexibilidad son diversas, y son bien señaladas por Hoehn (HOEHN, MAREK,

12
Estas modalidades se apartan en una o varias características del empleo “normal” de
dedicación plena. La OIT señala que tales modalidades presentan ciertas desventajas, tales como
niveles inferiores de seguridad social, de derechos laborales y de remuneraciones en relación a los
empleos clásicos, sin embargo no es posible realizar una afirmación concluyente al respecto,
puesto que para ciertos grupos tales modalidades podrían reportar condiciones más bien
ventajosas (OIT. 1998).

11
2006b) cuando menciona que la flexibilización se produce 1) removiendo o
limitando los condicionamientos que tiene el empleador para incorporar el trabajo,
quedando las partes entregadas a una negociación (individual) en el mercado; 2)
la flexibilización del salario mínimo; 3) Al eliminar la obligatoriedad, queda
entregado a las partes, como se sabe, desiguales, lo que significaría en la práctica
la imposición de la posición del empleador; y 4) las formas de flexibilización vía
concertación, cuando las partes llegan a un acuerdo sobre determinadas normas
que necesiten adaptarse a situaciones cambiantes del mercado y que sea el
resultado de una negociación. Finalmente cabe señalar que todos estos
mecanismos están relacionados a rebajar los costos productivos en la compra de
fuerza de trabajo.

El informe publicado por el Fondo Monetario Internacional para su sesión del


primer semestre de 2007 revela que en promedio la participación de las
remuneraciones como porcentaje de los ingresos desde 1980 cayó en un 7%. Este
deterioro en un porcentaje importante se produjo, constata el documento, por el
“dramático aumento en el tamaño de la fuerza laboral en las dos últimas décadas”,
proceso que aún no ha finalizado. (14/04/07).

Además es un hecho que la flexibilización se constituye en el caballo de batalla de


inversores capitalistas a la hora de trasladar sus inversiones de un lugar a otro, en
busca de la máxima rentabilidad. Steve Gross, socio y líder mundial en consultoría
de Compensación Total en Mercer, comentó: “Los aumentos de sueldo en el
mundo tienden a mostrar variaciones importantes dependiendo de factores
específicos de cada país, tales como la inflación, el crecimiento económico y el
desempleo. Las compañías mundiales deben prestar especial atención a estas
diferencias económicas y de mercado laboral clave cuando establezcan los
presupuestos de remuneración y decidan cómo distribuir los recursos para obtener
el mayor rendimiento de su inversión en compensación.”
La flexibilización laboral, entró así en gloria y majestad, presentada como el
criterio adecuado para evaluar la procedencia e idoneidad de las normas legales

12
en materia laboral, en el entendido que no debían impedir el necesario
desenvolvimiento de la inversión empresarial en un escenario de economía
abierta, marcado por una exigente competitividad.

Según investigaciones llevadas a cabo por Lais Abramo (ABRAMO, LAIS. 1997),
la flexibilización del mercado laboral ha provocado una tendencia al aumento de
los empleos eventuales, temporales, de medio tiempo, a domicilio y
subcontratación, en los cuales la proporción de empleo femenino es significativa.
Estos trabajos son muchas veces precarios e inseguros, e implican un aumento de
la carga de trabajo, una reducción de las remuneraciones y pérdida de protección
laboral.

La flexibilidad laboral en sus distintas expresiones (por ejemplo en la función, la


extensión y distribución de las jornadas o el tipo de contratación) ha estado
relacionada, en general, al deterioro de las condiciones de trabajo y a una mayor
inestabilidad. Además, dificultan a los trabajadores constituirse en sujetos sociales
(AGACINO, RAFAEL & MAGDALENA ECHEVERRÍA. 1995).
Mientras la ‘subcontratación’ o la prestación de trabajadores se mantenía dentro
de un ámbito desregulado en el código laboral y, que según las exposiciones de
varios expertos en la temática, se reduciría a una práctica más de la economía
informal13, la cual “no es una condición individual sino un proceso de actividad
generadora de ingresos caracterizado por un hecho principal: no está regulado por
las instituciones de la sociedad en un medio social y legal en el que se
reglamentan actividades similares” (PORTES, ALEJANDRO. 1990).

Por ello, la relación que existía (y existe) entre estas prácticas de sobreexplotación
del trabajo, que quedaban ‘archivadas’ dentro del concepto de economía informal,
debieron atravesar un cuestionamiento legislativo/político acerca de las
13
Esto según las contribuciones de Alejandro Portes, quien señala que el concepto de economía
informal “cubre un terreno amplio que incluye la producción de subsistencia directa, el empleo
remunerado no contractual y las actividades comerciales independientes en la industria, los
servicios y el comercio.” (PORTES, ALEJANDRO, 1995)

13
consecuencias y características mismas de los regimenes o formas de
subcontratación que se llevaban cabo, en la práctica, por muchos empresarios
dentro de un período prolongado de tiempo, de forma de abaratar costos y
externalizar algunas de las funciones de la empresa, pasando por sobre el
‘principio de la realidad’ en la misma estructura lógica del derecho laboral. Lo
central fue ubicar que la función a la que estaba destinada disminuir al
empresariado los costos laborales indirectos o adicionales que conlleva la
formalización del trabajo, es decir, el avance del trabajo legalmente protegido (con
aportes jubilatorios, seguros de salud, de despido, etc.).

La pretensión justificatoria de éste proceso de precarización, desde el punto de


vista empresaria y la doctrina neoliberal, sería que éste significa un facilitador
directo de la contratación de nuevos/as trabajadores/as. Pero ¿Por qué una
empresa debiese contratar un trabajador? Lo debiese hacer cuando posee una
necesidad específica en el área de la producción, para incrementar esta o mejorar
la misma (cualitativa o cuantitativamente). Aducir a que no se avanza en la
superación del desempleo porque no existen las condiciones de crecer
económicamente en Chile es una falacia presentada por las mismas condiciones
objetivas en las cuales se suceden las inversiones en el país. Muchos
economistas se han empeñado en señalar la relación infranqueable entre el
crecimiento económico y la baja de la tasa de cesantía, aduciendo a leyes
macroeconómicas que apuntan en la dirección de justificar los procesos
macroeconómicos de acumulación de capital de parte de una pequeña minoría
empresarial en Chile, en contraste con una subordinada precariedad en las
condiciones de trabajo y en las relaciones laborales de la mayoría trabajadora en
el país. Por ello “no es la sociedad del no trabajo, sino la de la polarización entre
las ocupaciones modernas bien remuneradas con altas y nuevas calificaciones, y
las precarias, inseguras, y mayoritarias en el mundo. Es decir, la utopía neoliberal
no se ha cumplido, la mayoría de la humanidad no ha transitado hacia la sociedad
de la información, ni a la nueva economía, ni a la flexibilidad creativa de manera

14
generalizada, sin desconocer la existencia al mismo tiempo de estas nuevas
realidades” (DE LA GARZA, ENRIQUE. 2008).

Uno de los juicios más lúcidos y que sintetiza la discusión se puede leer a
continuación: “Si hasta ahora las sucesivas modificaciones legales en materia
laboral aplicadas para promover el empleo empresarial se han mostrado
ineficaces y, antes bien, han despojado de protección legal al trabajo, es el
momento de preguntarse si el reconocimiento de derechos laborales debe seguir
cediendo en pro de la urgencia económica por generar nuevos empleos. Si aún
hemos de esperar que el crecimiento económico prospere a fuerza de reducir los
derechos y a costa, por tanto, de la pérdida de libertad y seguridad en el trabajo
¿cuándo se recuperará la vinculación entre el trabajo asalariado y los derechos
que garantizan prosperidad a las personas que viven de su trabajo? ¿Hasta qué
punto puede eliminarse la protección sobre el trabajo?” (LOPEZ, DIEGO. 2004)

La idea de la utilización de la legislación laboral como una política de intervención


del desempleo estructural responde a determinados postulados sobre la supuesta
rigidez de las relaciones de trabajo y la naturaleza y envergadura de las
facilidades que adeuda la norma jurídica al desempeño empresarial al flexibilizar
las relaciones laborales e incorporar un mayor número de fuerza de trabajo a un
costo reducido y desvalorizado socialmente, generando un amplio margen de
ganancia.

La normativa legal si avanza en ésta dirección de flexibilización, a partir de los


intereses de la clase propietaria de la medios de producción, no sólo esta dirigida
a reestructurar el tiempo de trabajo en Chile de forma sutil, sino que está
direccionada a precarizar los salarios y a la vez a abrir las puertas a nuevos
sujetos a la incorporación al mercado de trabajo ¿Qué quiere decir esto? El
supuesto de que en éste futuro flexibilizado se contratarán dos trabajadores para
hacer el tiempo de trabajo de uno, esto en la teoría y la mesiánica ideología del fin
del trabajo o de quién no posee una agudeza clínica en su observación, significa,

15
en su relación inversa, que en estos momentos un trabajador hace el trabajo de
dos trabajadores, y que esto conlleva que no sólo los salarios se limitarán
objetivamente a partir de la producción de ganancias y de restricciones al
consumo, sino que también darán la posibilidad a que nuevos actores étareos y de
género14 dentro de la sociedad capitalista asuman la condición de asalariada en la
búsqueda de la reproducción básica de la vida.
En ésta misma lógica resaltamos la tendencia que se ha sostenido del porcentaje
cada vez mayor en la composición de la fuerza de trabajo de las mujeres que
creemos no sólo está orientado o dirigido por un fenómeno ideológico: el
feminismo. Éste último si bien ha jugado un rol importante en el desarrollo de una
subjetividad importante en el marco de las temáticas de políticas y derechos, no
ha sido un verdadero determinante dentro del rol que las mujeres han debido
asumir dentro de las condiciones laborales, familiares de desintegración que se
han producido producto una serie de factores donde la precarización de los
salarios, la inestabilidad laboral, el desempleo, etc., han generado una presión
objetiva significativa para que las mujeres se incorporen directamente a la
producción e intenten ser agentes complementarios o el agente principal en la
satisfacción de las necesidades de sus núcleos familiares y propias.

Por ello es que en el marco de un mercado de trabajo con baja empleabilidad, alta
rotación, baja productividad y tendencia a la segmentación, sumando a ello los
altos índices de vulnerabilidad social existentes, las condiciones son altamente
favorables a consolidar núcleos de precarización del trabajo, por lo que no
podemos soslayar que la estructura económica en pie hoy en día, está
determinada para incorporar nuevos agentes a partir de la sobreexplotación la
fuerza de trabajo, sintomáticamente con las necesidades históricas del capitalismo

14
en Chile, desde la década de los ochenta, la introducción del género como categoría de análisis
trajo como consecuencia un cuestionamiento de las concepciones que tradicionalmente habían
determinado lo que era “historizable”, es decir, los sujetos, procesos y dominios de la vida social
que construían la historia y que era necesario registrar históricamente. Ello se tradujo en una
ampliación de temáticas y de sujetos sociales, y en la introducción de nuevas interpretaciones de la
historia nacional. (ZARATE & GODOY, 2005).

16
de expandir un ejército de reserva de mano de obra que genere condiciones
favorables a la clase propietaria en la negociación de compra y valorización
histórico-social de la fuerza de trabajo.

Está misma tendencia a la precarización del trabajo se hace aún más extensiva
cuando se considera las condiciones socioeconómicas y de vulnerabilidad social
que soporta la infancia en Chile, ya que 4 de cada 10 niños se encuentran bajo la
línea de pobreza15. La pobreza tiene una incidencia mayor en hogares con niños.
Al año 2003 la pobreza afecta a los niños en un 43% más que los adultos y la
indigencia16 en un 55% más.

La misma pobreza se vuelve un elemento contradictorio de exigencia material para


desestructurar y refutar cualquier modelo de negociación “libre” y “puro” de las
condiciones laborales, y esto es doblemente válido para los infantes. Porque en un
primer nivel de negociación se encuentran en presencia de la exclusión y
diferenciación a partir de su condición de infante (siempre en relación de la fuerza
de trabajo adulta), y en un segundo nivel son sobre-precarizados a partir de la
motivación y necesidad objetiva de trabajar.

Así es como frente a un problema estructural como el desempleo, la normativa


legal comienza a ser el instrumento y la herramienta que se ha canalizado como
la forma de solucionar este conflicto en Chile, y esto a la vez significaría una
solución e irrupción de la economía política en la materia, a partir de los intereses
del sistema político y la clase política en particular, sentando un modelo que
15
La “línea de pobreza” está determinada por el ingreso mínimo necesario por persona para cubrir
el costo de dos veces una canasta individual para la satisfacción de las necesidades alimentarias
(de estas formas se están considerando las necesidades no alimentarias también). Los hogares
pobres son aquellos cuyos ingresos no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas de sus
miembros.
16
La llamada “línea de indigencia” se establece por el ingreso mínimo necesario por persona para
cubrir el costo de una canasta alimentaria. Son indigentes lo hogares que, aun cuando destinan
sus ingresos a la satisfacción de las necesidades alimentarias de sus miembros, no logran
satisfacerlas adecuadamente.

17
incluya un acelerador del proceso de integración de mano de obra dispuesta a
vender su fuerza de trabajo en condiciones cada vez más desiguales y que
garantice la extracción máxima de plusvalor.

Lo cierto en definitiva es que las transformaciones del trabajo en su precarización


a partir del rol que el Derecho tiene como legitimador de estas prácticas de
extracción de plusvalor17, dan paso a la conformación de nuevos fenómenos en el
mundo del trabajo, donde la precariedad de los salarios significa finalmente que
nuevos sujetos deban incorporarse al trabajo a medida que el salario no alcanza ni
siquiera a completar el ciclo de subsistencia y de reproducción del capital variable,
como bien diría Marx, el cual ya se hace insuficiente para la satisfacción de las
necesidades básicas humanas.

III. LA PRECARIZACIÓN DEL TRABAJO Y EL TRABAJO INFANTIL EN CHILE.

En este diagnóstico parece confirmarse lo señalado por Valenzuela de acuerdo a


que “el trabajo a tiempo parcial, fenómeno que es más común en los países
industrializados, es asociado a una pauperización invisible, puesto que la
remuneración proporcional a las horas de trabajo es inferior a los empleos de
jornada completa” (VALENZUELA, MARÍA ELENA. 1997). Valenzuela afirma que

17
En Chile específicamente es posible reconocer una concepción legalista del hacer social. La
conformación de las subjetividades luego del proceso desintegrador y fragmentador de las
colectividades de la Dictadura Militar, ha generado a partir del miedo y terror al conflicto un
importante peso histórico en la conformación de la subjetividad de los chilenos. Como bien dice
Norbert Elías “La creciente eficacia del control de la violencia dentro de un estado y el mayor
sometimiento a las autoridades estatales a controles públicos van de la mano de consiguientes
transformaciones en la estructura de la personalidad de los individuos. Ambos procesos favorecen
el desarrollo de una fuerte inhibición de las personas en posibles conflictos y el cruce de la repulsa
del empleo de la fuerza física en las relaciones humanas” (ELIAS, NORBERT. 2002). Lo único que
queda por clarificar de ésta tesis en el paradójico caso de Chile es que obviamente el proceso que
ha significado una “eficiencia del control de la violencia” no ha sido a partir de un proceso
<<racional>>, sino más bien a partir de la <<irracionalidad> de los mismos métodos de violencia
que se han pretendido inhibir.

18
mientras que en estos países el trabajo a tiempo parcial es asociado al
subempleo, en América Latina el subempleo toma la forma de trabajos por cortos
períodos, con baja productividad.

Lo nuevo a partir de lo que señala Valenzuela, es que la legislación laboral


existente vendría a ratificar éste hecho; por ejemplo, ya lo hizo con la ley de
subcontratación al reconocer la existencia de trabajadores de primera y de
segunda, y no por el contrario a transformar esta situación18.

Se avanza así en la conformación de un mercado de trabajo desregulado, en


donde se concederían derechos básicos de los trabajadores (negociación
colectiva por ramas), para iniciar a la vez una profundización de la precariedad de
las relaciones laborales. Esta sería expresaría hoy en día en: “(1) inestabilidad, la
que se traduce en la tendencia de sustituir a los trabajadores de planta con
contratos indefinidos por trabajadores temporales, a plazo fijo o bien
subcontratados; (2) en disminuir la parte fija del salario y en aumentar la porción
variable vinculada a la producción; (3) en niveles salariales en el mínimo o bajo el
mínimo; (4) en la no dependencia de un sólo e identificable empleador; (5) en
labores que no se realizan necesariamente en las instalaciones de la empresa; (6)
con poca protección a la integridad física y psicológica; (7) con escasa o nula
posibilidad de ejercer derechos sindicales y de negociar colectivamente. Estas
características se producen básicamente por las siguientes causas: (a) la
terciarización de la economía, convirtiendo relaciones laborales en relaciones
comerciales, (b) la flexibilización laboral y (c) la subcontratación, como nueva
forma de organización de la producción” (HOEHN, MAREK. 2006).

18
De hecho la Encuesta Laboral 2006 reconoce en su estudio que los datos ''revelan que en
muchos casos la subcontratación no opera como un instrumento de especialización empresarial'',
sino que se utiliza fundamentalmente para ''simplificar y ahorrar en la administración de la fuerza
de trabajo que requiere la empresa para operar en su giro''. El 32,6% de las empresas
consideradas en la Encuesta Laboral (ENCLA 2006) subcontrataba tareas asociadas a su actividad
económica principal, lo que revela -a juicio del estudio bianual de la Dirección del Trabajo- que esta
figura puede ser utilizada para rebajar costos, más que para concentrarse en el giro principal.

19
El proceso de desvalorización del trabajo a partir de las políticas económicas y
sociales son parte de una "institución de un estado generalizado y permanente de
inseguridad que tiende a obligar a los trabajadores a la sumisión, a la aceptación
de la explotación"(BOURDIEU, PIERRE. 1999).

Esta aceptación de la explotación como proceso intersubjetivo construido a partir


de una condición socio histórica específica, involucra en la actualidad que el
mismo valor de la fuerza de trabajo, el cual “se determina por el tiempo de trabajo
necesario no sólo para mantener al obrero adulto individual, sino también por lo
necesario para el mantenimiento de la familia del obrero” (MARX, Carlos. 1974),
sea insuficiente para asegurar esta condición básica de la reproducción de la vida
en las anteriores condiciones de organización patriarcal de la familia y de la
incorporación de la fuerza de trabajo al mercado. Como bien entendía Marx, “las
máquinas, lanzando al mercado de trabajo a todos los miembros de la familia
obrera, distribuyen sobre toda la familia el valor de la fuerza-trabajo de éste
último”. Es esta la misma tendencia que se comienza a intervenir sobre las
condiciones de la infancia en los hogares construidos a partir de la formación
‘patriarcal’ de la familia19.

Si bien el trabajo infantil no es una temática nueva en el plano de las


transformaciones históricas del mundo del trabajo, su tematización como hecho
‘condenable’ y punible, como práctica y acto violador de derechos entendidos
como intrínsicos a la infancia es, dentro del plano de la relación histórica entre los
19
La adquisición por la familia fraccionada, por ejemplo de cuatro fuerzas-trabajo cuesta quizás
más de cuanto costase antes la mercancía fuerza de trabajo del jefe de familia pero a cambio se
tienen ahora cuatro jornadas de trabajo en lugar de una, y su precio disminuye en proporción a la
excedencia de plusvalor de los cuatro sobre el plusvalor de uno. Entonces, para que una sola
familia pueda vivir, cuatro personas deben proporcionar al capital no solo trabajo, sino plusvalor.
Así, las máquinas amplían desde el principio también e/grado de explotación junto al material
humano de explotación que es el campo más propio de explotación del capital.» (El Capital, I, cap.
13).

20
actores sociales, relativamente nueva, a partir del mismo establecimiento nominal-
normativo de estos derechos en los marcos legislativos interestatales, lo cuales
han alcanzado, a partir de un contradictorio proceso con la realidad, un carácter de
universales.

La noción de trabajo infantil que hoy se ha conformado socialmente a partir de


distintos fenómenos de carácter político, económico y cultural ha sido abordada
por las ciencias sociales, integrándolo como un fenómeno de características multi-
causales, con distintas dimensiones interpretativas y analíticas, y con una
complejidad en el marco de una totalidad en contradictorio desarrollo.

Esta dinámica contradictoria, entre el establecimiento formal de los derechos de la


infancia con la pretendida imposición de un principio de universalidad sobre la
realidad histórica, y por otro lado una constancia histórica específica que involucra
la precarización-desvalorización de la fuerza de trabajo y, con ello, la integración
de un número aún mayor de sujetos al trabajo, son los que dan contenido a la
situación actual en que es tematizado el trabajo infantil en forma parcializada y
meramente formal desde el punto de observación en que se reconoce la
centralidad que tiene el trabajo en éste problema, el cual a la vez, creemos, tiene
una incidencia directa dentro de las temáticas de pobreza y marginalidad20.

Si además decidiésemos incorporar las motivaciones principales de deserción


escolar, las cuales dentro de las causas del trabajo infantil encuentra también un
nivel de relevancia, podemos aseverar que el mismo fenómeno de la deserción
por las serie de circunstancias que puedan estar involucradas, reproduce el ciclo
de la pobreza, ya que la misma deserción escolar conforma una mano de obra
poco cualificada que finalmente será precarizada y objetivamente agravará el
problema del desempleo y la precarización de la fuerza de trabajo de conjunto.

20
Para una crítica a la metodología de medición de la pobreza en Chile recomendamos el artículo
Reducción de la pobreza de Marcel Claude. 2007.

21
Así como la educación puede ser vista como una forma de intervenir o superar el
ciclo reproductivo de la pobreza, habrá que preguntarse, desde el fenómeno de la
deserción escolar, si esta realmente cumple éste objetivo estratégico en la
conformación de las relaciones sociales o si tenemos en éste momento una mano
de obra cualificada, pero precarizada que involucra un cambio subjetivo en las
perspectivas referidas a las actores de la misma, los cuales ya no pueden percibir
una verdadera potencialidad interventora en la valorización social del conocimiento
entregado en las escuelas.

En esta misma dirección es que una dimensión sociocultural se incorpora a las


prácticas del trabajo infantil, entre las transformaciones en el trabajo con los
sucesivos cambios productivos y la ascendente cobertura de matrículas en el
sistema educativo, que en la especificidad de los espacios rurales que, en un
sentido van siendo absorbidos por las transformaciones económicas
(incorporación de tecnología, acumulación de la tierra, trabajo asalariado, etc.) y
sociales (escolaridad, consumo, etc.), pero que a la vez en el campesinado
conservan y combinan elementos de la tradición laboral rural en la producción.
Este mismo fenómeno es asimilable a los pueblos originarios que vinculan la
actividad familiar a la actividad productiva de forma directa, en donde “la
incorporación del niño y la niña a la reproducción social, (como proveedor y
reproductora) también va acompañada de recompensas de estatus, rituales de
iniciación y reconocimiento social, que difícilmente admite el simple carácter de
“explotación” que tiene en la sociedad occidental el acceso al trabajo a edades
tempranas” (SILVA, Uca & Damianovic. 1998).

Muchos factores, ya casi prácticamente naturalizados e invisibilizados o en el


mejor de los casos observados como elementos fragmentarios o atomísticos de
una realidad compleja, constituyen finalmente las concepciones del trabajo infantil,
abocándose a especificidades cada vez mayores que conservan las estructura
total de la economía, sin considerarla como objeto de intervención en las
relaciones de producción en su forma y contenido, sino que pensando el trabajo

22
infantil como una problemática particular o particularizable sin relación con el todo
y conjunto social.

IV. CONCEPTUALIZACIONES FORMALES Y CONTRADICCIONES


MATERIALES

La conceptualización guía que hace la OIT la cual, asumiendo la jerarquía como


organismo mundial en las defensa de los derechos laborales, señala que el trabajo
infantil es sólo el “trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su
dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico”. Agregamos
además la de la Asociación chilena Pro-Naciones Unidas (ACHNU) la cual define
el trabajo infantil e integra a la definición del término “toda actividad realizada de
manera regular, por niños, niñas o adolescentes, de entre 5 y 17 años, en relación
de dependencia o en forma independiente, destinada a la producción y/o
comercialización de bienes, así como a la prestación de servicios; por lo cual
recibe ingresos monetarios y/o monetarios” (OIT, 2006). En este sentido es que se
integra la noción de trabajo infantil desde la perspectiva y categorización que
utilizó la Encuesta Nacional sobre actividades de niños y adolescentes en Chile,
aplicada entre febrero y abril del año 2003 por el Instituto Nacional de Estadísticas
(INE), en donde se señala como ocupados a “cualquier trabajo o actividad llevado
a cabo por una persona, por el pago de dinero o en especie o por la ganancia
familiar como trabajador no remunerado”, pero además integrando las categorías
de trabajo inaceptable y aceptable (MINTRAB – OIT – INE, 2004).

Lo cierto es que se han construido una serie de conceptualizaciones referidas al


contenido y significado de una práctica social como el trabajo infantil, a partir de
distintos puntos de vista, observación e interés, que descansan en las mismas
características de los fenómenos político, económico y culturales (finalmente todos
sociales) y sus propias teorizaciones de la realidad social. Nuestro trabajo de
hecho no intenta decantar o profundizar en el análisis de estas definiciones de lo

23
social, sino que intenta otorgarle un contenido práctico de definición a una realidad
social que a veces parece ser observada como un elemento desintegrado de una
totalidad social que finalmente significa una relación recíproca y complementaria
del todo social en que se desarrolla, pese a los cuestionamientos o declaraciones
de principios desde cualquier organismo internacional o nacional.

Siguiendo las discusiones actuales en materia de trabajo infantil y su relación con


la expansión económica de los mercados capitalistas, y la consecuente
depreciación, flexibilización y precarización laboral/salarial, es que el trabajo
infantil aparece como una de las tendencias a repetirse y desarrollarse con mayor
fluidez de preponderar las políticas de conjunto que avanzan en la desvalorización
del trabajo, por lo que abordar temáticas como el trabajo infantil, no pueden estar
separadas ni fragmentadas de una investigación integral acerca de las
transformaciones en las relaciones de trabajo y de la economía mundial, lo cual
requiere de un lineamiento claro y concreto desde el área de la Sociología del
trabajo y la Psicología social en las sociedades modernas.

Esta tarea requiere de un trabajo multidisciplinario que supere la realidad


deformada y que capta la ficticia división social y especialización del trabajo
científico en el área de las ciencias sociales, por lo que es necesario que en
análisis se integre a la sociedad como una totalidad no fragmentada de hechos y
de relaciones de forma entender el fenómeno en su expresión relacional con el
conjunto de la realidad

Frente a las condiciones antes expresadas que se resumen en una significativa


población de niños en actividades laborales, no tan sólo en Chile, sino que en todo
el mundo, por lo que marca una tendencia mundial de la economía, es que se
hace imperativo estudiar las condiciones de reproducción de éste fenómeno, sus
características como actividad propia y desarrollada por los agentes económicos,
las series de motivaciones subjetivas relacionadas con el desarrollo del fenómeno
objetivo de incorporación de fuerza de trabajo joven a la producción, más cuando

24
se continúa una discusión desde los actores políticos y económicos que tematizan
las variables del trabajo en la actualidad, en función de nuevos mecanismos de
flexibilización laboral que garanticen mecanismo de extracción de mayor plusvalor
en la producción.

El llamado “trabajo aceptable” asume condiciones de desvaloriación objetiva de la


venta de fuerza de trabajo de todos los trabajadores dentro del mercado del
trabajo, ya que el simple hecho de su desvalorización objetiva y su desigual con
respecto a la fuerza de trabajo adulta, generan mecanismos de precarización
formales e informales en el marco de las relaciones laborales, las cuales tienen
grandes consecuencias para la clase trabajadora en general.

Mientras que en el marco del trabajo inaceptable, las cuales se refieren a aquel
que vulnera los derechos esenciales de los niños, niñas y adolescentes,
amenazando su acceso y permanencia en la educación, el descanso y la
recreación, además de poner en riesgo su normal desarrollo psicológico y social,
son parte de deformaciones sociales en las pautas de la fetichización del dinero y
la pobreza como mecanismo de integración social negado a partir de las pautas
legalmente consideradas válidas o de las prácticas sociales legales de venta de
fuerza de trabajo. Dentro de esta definición se incluyen el trabajo de niños y niñas
de 11 años y menos; el trabajo de niños y niñas entre 12 y 14 que no estudien; el
trabajo de niños y niñas entre 12 y 14 años que implique más de 14 horas
laborales a la semana; el trabajo de adolescentes entre 15 y 17 que implica no
asistencia a la escuela y cuya jornada excede las 21 horas semanales; el trabajo
en la calle; el trabajo nocturno; y el trabajo ilegal (adolescentes que trabajan más
horas que las permitidas legalmente, es decir, más de 49 horas) (ACHNU. 2005).

La contradicción se encuentra presente también presente en la concepción del


trabajo infantil en la Legislación Chilena en comparación a la Internacional, ya que
en Chile los niños y niñas no pueden ser obligados a trabajar. La ley N° 19.684

25
sólo permite el trabajo de los adolescentes entre 15 y 18 años si cumplen estos
requisitos:

• Autorización escrita de sus padres o tutores.


• Contrato de trabajo y remuneración legal.
• En jornadas diurnas no superiores a 8 horas.
• En labores livianas que no afecten su salud, seguridad o moralidad.
• No podrán realizar trabajos mineros subterráneos ni en lugares que vendan
alcohol.
• Entre 15 y 16 años deben también certificar la asistencia a la escuela.

De esta forma se deja en el Código del Trabajo la prohibición al trabajo de niños


menores de 15 años. Por lo tanto, si realizan algún trabajo, lo hacen en forma
ilegal (excepto en la situación especial de niños que pueden ser autorizados a
trabajar en teatro, cine, televisión o actividades similares).

Así se presenta definiciones parciales que involucran una concepción implícita


sobre un paradigma interpretativo y determinado históricamente del desarrollo del
niño que podría graficarse en las siguientes dimensiones:

DIMENSIONES Sub-dimensiones
a) capacidad de percepción, atención, y de la
memoria.
b) Capacidad para establecer categorías, formular
Cognitivo
nociones, conceptos y elaborar inferencias.
c) La resolución de problemas y la metacognición.
a) condición de salud e higiene para el bienestar
físico-motor.
Desarrollo saludable

b) condición para asegurar el bienestar Psicológico-


emocional.

26
a) La familia como primer entorno comunicativo de
los niños
b) El lenguaje como factor de identidad e interacción
sociocultural de los niños y los adolescentes.
Social
Influencia de los medios de comunicación.
c) El papel de la escuela como entorno enriquecedor
del aprendizaje y el desarrollo integral de los niños y
los adolescentes.

A la vez reconocemos que cada sub-dimensión encuentra nuevas clasificaciones


internas, pero nuestra temática intenta de forma sucinta reconocer que dentro de
la misma definición histórico-universal sobre los derechos de infancia se encuentra
características específicas de socialización asignadas a los niños las cuales no
deben soslayarse, pero que tampoco son naturalizables de por sí.

VI. CONCLUSIONES

Aún así las condiciones que rompen ésta barrera del desarrollo integral del niño en
sus dimensiones está depositada en una serie de cláusulas que de cierta forma
teórica garantizarían el cuidado de estos elementos estructurales en la
constitución del infante, pero que se debe identificar claramente que la misma
legislación encuentra sus límites con respecto a una realidad en donde la
precarización laboral de los padres, puede fácilmente conducir, como necesidad
de sobrevivencia a autorizar a su hijo al trabajo, mientras que por otro lado el
empleador no se opondrá al contratar una fuerza de trabajo desvalorizada
objetivamente, y la política de los sindicatos (si existe en determinado ciclo o
empresa específica) podrá responder con contundencia ante hechos de estas
características que atentan de conjunto a los derechos y valorización de la fuerza
del trabajo del conjunto de los/as trabajadores/as.

Al parecer será cierto que todo éste desarrollo truncado del infante será una
tendencia que no obtendrá solución sino es por una política fuerte desde el

27
sindicalismo por revalorizar su fuerza de trabajo y dignificar las condiciones
precarias de trabajo que se tienen en la actualidad, las cuales se convierten en
factores determinantes en la inclusión del trabajo infantil en distintos sectores
productivos, en los cuales las relaciones de producción en la actualidad permiten y
posibilitan la inclusión de niños al trabajo.
Por ello esta misma política sindical sobre el trabajo infantil, hecho ya concreto en
la dirigencia sindical de países ‘desarrollados’ o de una posición privilegiada en la
división internacional del trabajo, implican desde las medidas práctico sindicales
una crítica de regulación a las condiciones arbitrarias en que el capital extrae
plusvalor, convirtiéndose en una crítica a la economía capitalista de conjunto.

La relación de observación que hemos desarrollado permite integrar el trabajo


infantil como una problemática integrada en el marco de un conjunto de relaciones
sociales que se desarrollan al mismo tiempo y en una dinámica general de
cambios y reestructuraciones, lo que nos separa de la cosificación del análisis del
fenómeno del trabajo infantil como problema aislado del resto de la sociedad o con
parciales métodos explicativos y de abordaje en la intervención.

Esperamos contribuir por ello al desarrollo de una redefinición epistemológica del


problema que integre los elementos propios de las relaciones capital-trabajo en la
actualidad del capitalismo tardío.

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