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LA CONFEDERACIÓN ROSISTA 1829 – 1852

El Rosismo

En 1829 comenzó en la historia argentina un período de alta controversia, un período de nuestra historia signado por la furia de la antinomia, y centrado en la figura de una persona que dividirá aguas hasta nuestros días: Juan Manuel de Rosas, el Gaucho de los Cerrillos. Para sus admiradores Rosas fue un hacendado progresista, un líder aclamado por los sectores populares, un gobernante sagaz, un pacificador, un defensor de la soberanía nacional, el Restaurador de las Leyes. Para sus detractores Rosas fue un dictador, un representante de intereses económicos sectarios, un manipulador de la población más necesitada, un totalitario, un retardatario que pugnaba por un modelo propio de tiempos coloniales. Lo que debe quedar claro es que de no haber existido un apoyo mayoritario de la población de Buenos Aires para su gobierno el camino político de Rosas habría sido otro. Rosas se consideraba a sí mismo un continuador de la línea política nacida en mayo de 1810, aunque consideraba que la nación había sufrido un segundo nacimiento del que fue protagonista en 1829, luego de la Revolución Decembrista. Para Rosas el Orden era un objetivo en sí mismo y consideraba que el tiempo de la revolución había pasado y que debía retornarse a una estructura política y social estable y jerarquizada. El discurso político del rosismo se apoyó sobre cuatro bases:

1) El ideal del ciudadano virtuoso: lo constituye aquel individuo que no solo se ocupa de sus asuntos personales sino que se entrega esforzadamente para la construcción del orden social. 2) La imagen de una república amenazada por una conspiración de clase alta, los unitarios: Esto creó una división maniquea de la sociedad: leales y traidores, federales y unitarios, virtuosos y salvajes, nosotros y ellos. Rosas sostiene en esencia un proceder faccioso, es decir, el poder rosista se alimenta de la lucha permanente contra quienes identifica como la “oposición”. Este factor fue central en la acumulación de poder de Rosas durante dos décadas y también causa de su caída. 3) Defensa del sistema americano: Rosas en su imaginario discursivo por lo general se refería a dos instancias de identidad: la provincia de Buenos Aires y el continente americano. Una especie de ampliación del patriotismo ante la imposibilidad de establecer una identidad nacional precisa. Una identidad americana que remontaba a tiempos de unidad de la época colonial y a la desunión derivada de las independencias y que se contraponía con la experiencia europea. Con esta perspectiva también logra reubicar a sus adversarios liberales como filoeuropeos, mientras que los partícipes del llamado “Sistema Americano” eran los defensores de los intereses americanos. 4) Orden: Este concepto es central en el discurso ideológico rosista. Restaurar un orden político, social y económico era su meta. restablecer el sentido de autoridad en todas las instituciones, no solo las políticas, sino las económicas y sociales. Rosas no era un revolucionario que perseguía el cambio, sino un restaurador que buscaba el Orden. El tiempo de la revolución había que dejarlo detrás. Ahora bien, en una sociedad como la de nuestro país de mediados del siglo XIX, donde aún no existían los modernos partidos de masas, ¿cómo se expresaba la política? La política no respondía a la pertenencia a uno u otro partido, la política se recluía en determinadas actividades, como los actos eleccionarios, que consistían en la opción a viva voz por el candidato elegido por el gobernador y donde el opositor manifestaba su

condición en la concurrencia a votar, pero también se hacía política en las festividades, como carnavales o fiestas patrias. La práctica política se hacía cotidianamente, ya que un federal debía expresarse día a día, con su vestimenta, en la calle, en las pulperías, en su trabajo. Ser federal era una condición de vida. En tiempos de Rosas había diversos tipos de federal, teniendo en cuenta que no se trataba solo de una opción ideológica sino también de una expresión de lealtad al Restaurador.

1. Federal de bolsillo: su adhesión a la causa federal estaba dada por su interés económico. Para eso mostraban su apego al federalismo mediante donaciones al ejército.

2. Federal de servicios: unidos al federalismo por convicción dispuestos a servir a la causa personalmente. Este tipo constituía el ideal de ciudadano-miliciano.

3. Federal de opinión: aquel que expresaba públicamente su adhesión al federalismo. Este tipo de federal era el que podía ocupar cargos públicos.

4. Federal de apariencia: Para el grueso de la población no era necesario expresarse

como federal, bastaba vestirse como federal. La vestimenta básicamente exigía la divisa punzó en la chaqueta y el cintillo en el sombrero, y para las damas un moño federal en el cabello. Los más apegados a la usanza federal adoptaban la chaqueta en lugar del frac, y el chiripá en lugar del pantalón. La idea era que la igualdad en la vestimenta era una expresión de la igualdad ante la ley, por eso todo signo de ostentación o lujo era mal visto, reprochable e identificable con el unitario. Este discurso de igualdad atrajo las voluntades de las clases urbanas menos favorecidas, que constituían el grueso de los federales de opinión y de servicios, mientras que en el caso de los hacendados o comerciantes su adhesión al federalismo era más circunstancial e interesada, por lo cual eran típicos federales de bolsillo. Las clases medias urbanas no tenían demasiado apego por el restaurador, eran básicamente federales de apariencia, mientras que las clases bajas rurales no tenían mayores motivos para respaldar a Rosas ya que solían ser la carne de cañón de las avanzadas militares en

toda campaña. Rosas creía que solo una profunda homogeneización política podría generar la paz y el orden buscado. Teñir toda la vida política bonaerense de color federal significaba que quien no estuviera con Rosas era considerado un opositor, y en este esquema no había lugar para el opositor. Ningún margen a la conciliación. Un detalle central de los gobiernos rosistas fue el

permanente apoyo logrado en los sectores populares bonaerenses, cosa que no pudo obtenerse en el interior del país, dado lo cual Rosas se vio obligado a disciplinar por la fuerza a las elites gobernantes provinciales para imponer su hegemonía, cosa que recién logrará a comienzos de la

década de 1840.

“Ninguno ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad., ha desvirtuado las leyes, generalizado los crímenes, garantizado la alevosía y la perfidia. El remedio de estos males no puede sujetar a formar y su aplicación debe ser pronta y expedita. La Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación para probar nuestra virtud y constancia. Persigamos de muerte al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida y, sobretodo, al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esta raza de monstruos no quede uno entre nosotros y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y espanto.”

Fragmento del discurso pronunciado por Juan Manuel de Rosas al asumir su segundo mandato como Gobernador de Buenos Aires.

El Gaucho de los Cerrillos llevó adelante una política de permanente acumulación de

poder, y la lógica de una estrategia de acumulación de poder tiene una premisa: nunca puede detenerse. Ya que cuando la estrategia es acumular poder el solo hecho de detenerse en esa acumulación se identifica con la pérdida de poder, por lo cual la acumulación no puede descansar, debe ser permanente, no admite treguas ni deslices.

Y dentro de esa estrategia política de permanente acumulación de poder, el terror fue una

de las herramientas utilizadas para someter al disidente. Sin duda el terror fue una herramienta política del rosismo, pero reducir al rosismo a la

política del terror es un error, el rosismo era mucho más que el ejercicio político de la intimidación.

El Terror tenía el objetivo de disciplinar social y políticamente a la disidencia (unitaria o

federal), por eso durante sus más de dos décadas de actuación al frente del gobierno Rosas aplicó la política del Terror de manera puntual y no permanente. El Terror aparecía en momentos de agitación política interna, de crisis internacionales o de amenazas al orden partidario, y desaparecía como práctica política cuando la situación se mantenía ordenada y estable.

El mayor lapso de terror se vivió entre 1838 y 1842 en tiempos en que Rosas sufrió un

nuevo embate unitario contra su poder y se lanzó a conquistar militarmente la hegemonía política en las provincias del interior del país, siempre poco dispuestas a aceptar el dominio de Buenos Aires Así fue que en 1848, ya en medio de un panorama más estable, Rosas disolvió el grupo paramilitar “La Mazorca”, encargado de sembrar el terror en la ciudad, y permitió el retorno de los exiliados políticos, devolvió los bienes confiscados y levantó la censura de

la prensa.

Rosas gustaba de reconocerse como El Restaurador de las Leyes, y no se permitía que

su

figura quedara fuera de la legalidad, ya que su persona tenía poder en tanto reunía en

misma la representación de la Ley y el Orden.

Rosas no fue un hombre que privilegiara principios ideológicos, era claramente un pragmático, un político cuyo accionar era guiado por los hechos de la realidad y no por una idea política. Esto explica por qué dentro de los enemigos que fue enfrentando Rosas en su camino político no fueron pocos los que formaban parte del propio partido federal. Prueba de ello es que derrotados los unitarios en la provincia de Buenos Aires en 1829, recién en 1835 Rosas pudo homogeneizar en su persona todo el poder federal, ya que muchos de los federales bonaerenses se opusieron férreamente a su liderazgo. Rosas es en definitiva un emergente de la sociedad porteña, la sociedad del puerto, un terrateniente con intereses comerciales en la ganadería, y sus decisiones políticas surgen de esta condición. Su actuación política en esos momentos tan salientes de la historia argentina debe explicarse en la obsesiva búsqueda del Orden en el contexto de una guerra civil que se produce en toda la Confederación y que livianamente la historia argentina recuerda con el

rótulo de unitarios contra federales, y que mejor se entiende bajo el concepto manifestado por el historiador H. Dongui, acerca de que en esta etapa política y violencia parecen ser exactamente lo mismo, y que el Orden solo puede lograrse acabando con el enemigo.

Y en ese objetivo de construir el Orden, era acompañado por las elites rioplatenses,

ávidas de encontrar un período de paz que les permitiera desarrollar libremente su

actividad económica.

El Orden pretendido era un orden con lo cual desarrollar libremente la actividad comercial-

ganadera de Buenos Aires, esa actividad que le permitía a la provincia ser claramente la más poderosa e influyente de la Confederación.

El Orden buscado tenía como objetivo asegurar el usufructo exclusivo de los ingresos

aduaneros del puerto, para, y solo para, la provincia de Buenos Aires.

Por esa razón Rosas se opuso tenazmente durante todo su mandato a que la nación se

diera una organización definitiva que significara la construcción de un poder por encima del poder de los estados provinciales, básicamente, porque un poder central podría poner

en

duda la exclusividad de los ingresos del puerto para Buenos Aires, ya que existían en

el

interior del país intenciones expresas de hacer de esos ingresos una fuente de

redistribución compartida por la totalidad de las provincias del territorio nacional. Por eso Rosas impulsó y logró establecer la existencia de una Confederación, que a partir del Pacto Federal de 1831 y hasta la sanción de la Constitución de 1853 una vez derrocado, reguló las relaciones entre las provincias, que a su vez entregaron la conducción de los asuntos externos de la Confederación a Buenos Aires.

Primer Gobierno de Rosas (1829-1832)

Rosas inauguró su primer gobierno con un amplio consenso tanto entre las elites comerciales y ganaderas como entre los sectores populares, el mismo consenso que le había finalmente entregado el uso de facultades extraordinarias para ejercer su gobierno.

Desde el inicio Rosas puso en marcha su estrategia política destinada a hegemonizar el color político de la provincia en torno a la identificación entre su persona y el federalismo.

A un gabinete inicialmente

amplio que contemplaba todas las facciones federales le siguió una serie de movimientos que fueron

cubriendo todos los ministerios con personas absolutamente alineadas con su persona. Se impuso la censura de prensa y se declaró obligatorio el uso de la divisa rojo punzó entre los empleados del Estado y cualquier otra profesión que significara un servicio público (médicos, abogados, corredores de comercio, etc). En 1831 cuando la Liga del Interior es derrotada con el

apresamiento de Paz y la victoria de Quiroga, parece renacer en Buenos Aires la idea de que en un nuevo escenario pacificado las facultades extraordinarias de Rosas ya no resultaban necesarias. Por eso en 1832 la Sala de Representantes resolvió no renovar las facultades extraordinarias del gobernador, pero al mismo tiempo le ofreció continuar en el cargo.

PRIMER GOBIER O DE ROSAS Dic-1829: Rosas es elegido Gobernador de Buenos Aires con facultades extraordinarias. La Rioja, Catamarca y Cuya se encuentran bajo el poder de Quiroga. Catamarca, Tucumán y Salta se encuentran bajo el poder de José María Paz.

Paz se enfrenta y derrota a Quiroga en La Tablada.

Feb-1830: Paz vuelve a derrotar a Quiroga en Oncativo.

Quiroga se traslada y radica en Buenos Aires.

Paz se convierte en el líder del interior.

Jul-1830: Se crea la Liga del Interior, de tendencia unitaria, bajo

el

liderazgo de Paz.

Se firma el Pacto Federal, entre Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, Se establece un compromiso a llamar a un Congreso Constituyente invitando a las demás provincias a organizar la nación bajo la forma federal de gobierno. Ene-1831: Comienza la lucha entre la Liga Unitaria del Interior y

el Pacto Federal, al mando de Estanislao López.

Mar-1831: Quiroga enhebra una serie de victorias militares y se apodera de Cuyo.

May-1831: El Gral. Paz cae apresado en Santa Fe por las fuerzas de Estanislao López en una incursión militar en el paraje El Tío. Nov-1831: Quiroga derrota al sustituto del encarcelado Paz, Gral. Lamadrid, en La Ciudadela y pone fin a la guerra contra la Liga Unitaria del Interior. May-1832: La Legislatura de Buenos Aires se niega a renovarle

a Rosas el ejercicio de las facultades extraordinarias, pero le ofrece continuar como Gobernador. Rosas no acepta continuar como Gobernador sin las facultades extraordinarias.

Dic-1832:

Buenos Aires.

Juan

Balcarce

es

elegido

nuevo

Gobernador

de

Obviamente Rosas no aceptó y ante su renuncia, la Sala eligió para sucederlo a su ministro de guerra, Juan Balcarce. Rosas volvió a recluirse como hiciera luego de la elección de Dorrego en su cargo de Comandante General de Campaña y emprendió durante 1834 y 1835 la planificada Campaña del Desierto, destinada a ganar terrenos ocupados por los aborígenes para la actividad económica ganadera y a consolidar la seguridad de los ya existentes. La ida de Rosas al sur permitió dos objetivos: obtener renovados beneficios económicos por la ampliación de la tierra disponible para la ganadería y además su ausencia significaba una segura crisis política en la ciudad de Buenos Aires. Mientras Rosas marchaba al Desierto a combatir a los indios llegando hasta la isla de Choele Choel en Río Negro, Balcarce comenzaba a sufrir en Buenos Aires la erosión de su poder en medio de disputas internas de los federales y sumado a crecientes reclamos de las demás provincias de la Confederación que ya no tenían en frente al temido Restaurador de las Leyes. Por otra parte el Ministro de Guerra de Balcarce, el General Enrique Martínez, comenzó a

elaborar una base de poder destinada a restarle poder a Rosas Pero si bien Rosas estaba ausente de la ciudad, su esposa Encarnación Ezcurra se ocupó de que se hiciera sentir su presencia. Para ello dio forma a un cuerpo de choque llamado “La Mazorca”, una formación paramilitar destinada a amedrentar y perseguir a los opositores políticos al ex gobernador. Además puso en marcha una amplia campaña de propaganda para identificar a los amigos y a los enemigos de Rosas, calificando a estos últimos de “unitarios” o “anarquistas”, aún cuando se tratara de opositores internos del partido federal. Esta campaña de agitación con destino a movilizar a los sectores populares tenía como objetivo atemorizar a las elites urbanas en el sentido de que sin la presencia de Rosas esos sectores sociales

marginales se encontraban liberados conspirando contra el orden y la estabilidad, el verdadero fantasma de la época. La inestabilidad fue en aumento hasta desembocar en una serie de disturbios el 11 de octubre de 1833 en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) que no pudieron ser contenidos por Balcarce generando la sensación de vacío de poder, aumentado cuando la Sala de Representantes no le permitió reprimir y los rebeldes comenzaron a crecer en número hasta forzar su renuncia. La Sala eligió nuevamente como Gobernador provisorio

al General Viamonte, pero esta solución no fue del agrado de Rosas ya que Viamonte pretendía realizar un gobierno

de conciliación acercando a todos los sectores en pugna y aplicando una serie de

EL REGRESO DE LA GUERRA CIVIL Dic-1832: Balcarce Gobernador de Buenos Aires Mar-1833: Rosas se marcha al sur en su Campaña al Desierto al frente del Ejército para ampliar la frontera con el indio. May-1833: Rosas llega a Choele Choel (Río Negro) Oct-1833: Estalla en Buenos Aires la Revolución de los Restauradores impulsada por la esposa de Rosas. Cae Balcarce. Nov-1833: Viamonte es elegido como Gobernador con el apoyo rosista. May-1834: Viamonte renuncia. La Legislatura ofrece el cargo a Rosas pero sin facultades extraordinarias. Rosas no acepta. Manuel Maza es elegido Gobernador.

Surge

un

conflicto

entre

Salta

y

Tucumán

y

el

gobierno

bonaerense

aplicando

el

Pacto

Federal

envía

a

Quiroga

como

mediador. Feb-1835: Quiroga obtiene un acuerdo entre Sgo. del Estero, Salta y Tucumán. Quiroga regresando a Buenos Aires es emboscado y asesinado en el paraje cordobés de Barranca Yaco por unos pistoleros enviados por el Gobernador cordobés, Reynafé, hombre de Estanislao López.

Muerto Quiroga el Interior se fragmenta en diversas vertientes políticas y caudillezcas. Ante la crisis Rosas es elegido Gobernador de Buenos Aires con ejercicio de la suma del poder público.

medidas de corte liberal. Esto le dio la oportunidad a Rosas de catalogar de unitario al gobierno de Viamonte, siendo la gota que rebalsó el vaso el intento de regreso al país del mayor exponente del liberalismo unitario: Bernardino Rivadavia. La crisis se transformó en rebelión, y mientras Rosas regresaba a Buenos Aires desde Bahía Blanca el General Viamonte renunciaba. La Sala de Representantes ofreció entonces nuevamente la gobernación a Rosas, quien se negó a aceptarla si antes no se le otorgaban las facultades extraordinarias, que la Sala no estaba dispuesta a conceder. Pero un episodio propio de este conflictivo escenario de intereses facciosos que era la Confederación jugó a favor de Rosas. Había estallado un agudo conflicto político en el Noroeste del país, ya que el gobernador de Tucumán, Heredia, pretendía erigirse como un líder de la región y oponerse al eje Buenos Aires – Litoral. Su enemigo en la zona era el gobernador salteño De la Fuente, aliado político del santafecino López. El gobernador interino de Buenos Aires, Manuel Maza, encomendó a Facundo Quiroga que marchara al norte y mediara entre Heredia y De la Fuente, pero Quiroga llegaría tarde, ya que una rebelión en Jujuy produjo la separación de esta zona de la provincia de Salta y el asesinato del gobernador De la Fuente. Quiroga entonces decidió regresar y cuando atravesaba territorio cordobés fue emboscado y asesinado en Barranca Yaco por pistoleros enviados por el gobernador de Córdoba, Reynafé, protegido de Estanislao López. En Buenos Aires la noticia de la muerte de Quiroga produjo un sismo político, ya que ponía en claro que la advertencia de Rosas de un plan unitario para asaltar el poder parecía hacerse realidad. En este escenario convulsionado y caótico finalmente Rosas logró lo esperado: que la Sala de Representantes le otorgara las facultades extraordinarias en la figura de “la suma del poder público” por el término de 5 años, con lo cual aceptó la gobernación. En 1835 Rosas comenzaba una segunda etapa en su camino de poder ya afirmado su liderazgo en la provincia de Buenos Aires, y dispuesto a avanzar entonces en busca de la hegemonía a nivel nacional con el principio declarado de “consagrar el principio de que está contra nosotros el que no está del todo con nosotros”. 1

Segundo Gobierno de Rosas (1835-1852)

Al iniciar su segundo período de gobierno Rosas leyó una proclama donde dejó muy claro cuáles eran los límites: persecución de muerte “al impío, al sacrílego, al ladrón, al homicida, y sobre todo al traidor Para los opositores el destino era la intimidación, el asesinato, la confiscación de propiedades, la censura o el exilio. La mayor parte de la oposición política a Rosas marchó al exilio a partir de 1839, ya sea hacia Montevideo como hacia Santiago de Chile. Pero a pesar de esta dureza con la oposición Rosas no pudo silenciar el disenso que siguió presente en todo su recorrido histórico. Sin duda el orden rosista no era liberal, ya que no se pretendía defender los intereses individuales, ni siquiera el de las minorías, sino el interés del federalismo.

1 Fragmento contenido en una carta remitida por Rosas al gobernador de Santiago del Estero, Ibarra, días después de asumir la gobernación por segunda oportunidad.

Pero si bien no era liberal el orden rosista sí era republicano, ya que su legitimidad emanaba de la voluntad popular, más allá de las facultades extraordinarias de las que gozaba el gobernador. Cada año de

su gobierno Rosas ponía a consideración popular la reafirmación de su legitimidad. El segundo gobierno de Rosas fue un tiempo de violencia, y el Restaurador mantuvo a la población en pié de guerra como estrategia para forzar la homogeneización del color político del país. Campaña militar tras campaña militar, en la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Cuyo, en el Litoral, en

Uruguay, en Bolivia, le permitían justificar su negativa a organizar el país según lo establecía el Pacto Federal.

a) Conflicto con Corrientes En febrero de 1839 el gobernador correntino Berón de Astrada declaró la guerra a Entre Ríos y a Buenos Aires en razón del permanente reclamo no correspondido por la apertura de la navegación de los ríos interiores y participación en los ingreso aduaneros. A estos reclamos agregó también una cuestión de la que Rosas no

quería ni escuchar hablar: la sanción de una constitución nacional. En la contienda las fuerzas correntinas fueron derrotadas, Berón de Astrada

muerto en el campo de batalla, y puesto en su lugar un gobernador aliado a Rosas.

b) Conspiración de Maza En junio de 1839 una serie de disidentes al poder rosista diseñaron una conjura para derrocarlo, encabezada por Ramón Maza hijo del ex gobernador interino y Presidente de la Sala de Representantes, Manuel Maza.

La conspiración fue abortada mediante el asesinato de Manuel Maza a manos de

“Sin centro de unidad que presida y pueda dar unidad a los negocios comunes, que diriman contiendas que existen o puedan existir entre las provincias federales, que estreche los vínculos de fraternidad de pueblo a pueblo, y que haga cooperar a cada uno a la causa de América, y en fin, que establezca el ORDEN general ( ) debemos considerar nuestras provincias en estado de anarquía y disolución más bien que una verdadera existencia política”

Juan B. Bustos Gobernador Federal de Córdoba

la Mazorca, y el posterior fusilamiento dispuesto por Rosas de su hijo Ramón.

c) Rebelión del Sur

Pocos meses de abortada la conjura de Maza, surgió un movimiento de rebelión en la campaña bonaerense, a partir del descontento generado entre los hacendados del sur.

El movimiento comenzó en la ciudad de Dolores en octubre de 1839, siguió por

Chascomús, Monte Grande y Magdalena. La reacción gubernamental no se hizo esperar sofocando militarmente la rebelión y decapitando a su líder el mayor Pedro Castelli.

d) La Coalición del Norte

A fines de 1839 se unieron en una liga las provincias de Tucumán, Salta,

Catamarca, La Rioja y Jujuy con el propósito de convertirse en una alternativa al poder rosista. Para ello le quitaron la representación de sus relaciones exteriores y formaron un ejército al mando del ex general unitario Lamadrid. 2

La llamada Coalición del Norte dirigió sus tropas hacia Córdoba, que luego de depuesto su gobernador se adhirió fugazmente a la coalición.

2 Como se observa aquí, provincias declaradas federales son comandadas por un ex general unitario. Esto demuestra la idea de que la lucha no es ideológica sino de facciones movidas por intereses particulares.

Rosas remitió al interior una expedición al mando del General oriental Oribe (opositor del presidente Rivera, enemigo de Rosas y protector de los exiliados antirosistas), famoso por su falta de escrúpulos a la hora de hacer presente la ferocidad de la guerra y sus consecuencias. Oribe empujó hacia Cuyo a la coalición arrasó a los ejércitos de Lamadrid y anuló hacia 1840 toda posibilidad de triunfo de los opositores a Rosas.

e) El bloqueo francés En 1837 se reavivó un conflicto entre Francia y la Confederación por la posibilidad de que ciudadanos franceses en Buenos Aires fueron obligados a reclutarse como parte del ejército. Francia exigía que se eximiera a sus ciudadanos del servicio militar. Ante la negativa de Rosas en 1838 Francia inicia el bloqueo del puerto de Buenos Aires, situación que continuaría hasta 1840. La escuadra francesa ocupó la Isla Martín García y su posición de poder alentó al oriental Rivera a atacar Entre Ríos y a Lavalle a invadir Buenos Aires. Pero los franceses solo buscaron su objetivo de eximir a sus ciudadanos del servicio militar, cosa que finalmente lograron a cambio de devolver la Isla Martín García, levantar el bloqueo y reconocer la independencia del Uruguay.

f) La invasión de Lavalle En agosto de 1840 Lavalle, proveniente del Uruguay y apoyado por el Presidente oriental, Rivera, y sus aliados franceses, invadió la provincia de Buenos Aires y estuvo a tiro de atacar la ciudad, pero instalado en Mercedes se dispuso a esperar el auxilio francés que nunca llegó dejando escapar su oportunidad. Finalmente Lavalle se dirigió a Santa Fe y luego a Córdoba perseguido por las fuerzas federales de Oribe. Con tropas diezmadas y en retirada Lavalle intentó alcanzar a cruzar la frontera boliviana para quedar a resguardo, pero antes de hacerlo fue interceptado y asesinado por fuerzas federales cerrando con ello el círculo de sangre que él mismo había iniciado con el fusilamiento de Dorrego en

1828.

g) Guerra con Bolivia La guerra contra la Confederación peruano-boliviana duró apenas dos años y terminó por la propia inactividad de los ejércitos federales. La razón del enfrentamiento fueron las divergencias surgidas entre Bolivia y Salta por la posesión de Tarija, en manos bolivianas. Un elemento adicional fue que el presidente boliviano, Santa Cruz, ofrecía apoyo y resguardo a los exiliados unitarios. La creación de la confederación boliviano-peruana alertó a Chile que declaró la guerra en 1836 solicitando alianza con la Confederación, recibiendo en 1837 respuesta favorable. La guerra fue llevada a cabo por los ejércitos de las provincias del norte ya que por entonces Buenos Aires estaba movilizada en otras cuestiones.

h) Bloqueo anglo-francés Durante el período 1845-1848 fueron las flotas conjuntas de Gran Bretaña y Francia las que bloquearon el puerto de Buenos Aires con el objetivo de terminar con la guerra en Uruguay, provocada por la lucha entre los líderes orientales Rivera, aliado a los antirosistas exiliados, y Oribe, aliado de Rosas. Precisamente la victoria de Oribe puso a los exiliados en Montevideo en estado de alerta solicitando el auxilio de Francia y Gran Bretaña, al tiempo que los comerciantes ingleses exigían al gobierno británico forzar la apertura de los puertos interiores de la Confederación al comercio, cosa a la que se oponía Rosas defendiendo la exclusividad del puerto y la aduana de Buenos Aires.

Ante esto la flota inglesa impidió el avance de Oribe sobre Montevideo y exigió al gobierno de Buenos Aries que cesara su apoyo al levantisco oriental. Ante la negativa de Rosas se decretó el bloqueo. En noviembre de 1845 la flota anglo-francesa organizó una incursión aguas arriba del Río de la Plata hacia el Paraná para permitir su apertura al comercio internacional. Rosas dispuso establecer una batería de resistencia en La Vuelta de Obligado, que pese a sostener una ardua defensa finalmente vio caer su posición y presenció el paso de los navíos de guerra europeos escoltando a un centenar de barcos mercantes. Este hecho le dio a Rosas un masivo apoyo popular como defensor de la soberanía ante la agresión extranjera. Pero ni Gran Bretaña ni Francia pretendían llevar más allá sus acciones militares por lo que establecieron permanentes contactos diplomáticos para llegar a un acuerdo con Rosas, con un triple objetivo: garantías al libre comercio,

independencia del Uruguay de las políticas de Buenos Aires y seguridad para los ciudadanos extranjeros. En 1848 Gran Bretaña levantó el bloqueo y un año después firmó un acuerdo con Rosas por medio del cual se reconoció que la navegación del Paraná constituía un problema de política interna de la Confederación. Como se puede observar los conflictos externos (tanto el boliviano como los bloqueos) estaban íntimamente ligados a las actividades de los opositores a Rosas en el exilio, y el frecuente recurso de los antirosistas de solicitar la intervención extranjera en los asuntos internos de la Confederación no hizo más que elevar la figura de Rosas como adalid de la defensa de la soberanía nacional. De tal modo al ir resolviendo todos estos conflictos Rosas logró establecer su hegemonía política en el interior y en el Litoral hacia el año 1848.

Los años que siguieron fueron tiempos de descompresión política, regreso de exiliados, y

cese de la insistencia de las provincias por alcanzar la organización nacional.

La Cuestión Económica Librecambio versus Proteccionismo

Librecambio o protección fue un debate económico central de la vida argentina del siglo

XIX que se continuó incluso durante el siglo XX

Básicamente la posición proteccionista pedía poner trabas a la importación de productos extranjeros (sea mediante la prohibición o mediante la elevación de los aranceles

aduaneros) de manera tal de que las industrias nacionales no sufrieran la competencia arrasadora de los productos foráneos.

La posición librecambista, por el contrario, entendía que el crecimiento económico estaba ligado al comercio con el exterior, y que la asociación del país con el flujo económico internacional debía sostenerse como política económica del Estado.

Las provincias del Litoral por ejemplo reclamaban la libre navegación de los ríos interiores

para que los barcos extranjeros pudieran recalar en puertos de sus provincias y comerciar

libremente en ellos. Ambas posturas se hicieron explicitas en 1830 cuando las negociaciones que daría forma

al Pacto Federal de 1831 entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes derivaron

en un conflicto entre los representantes de Buenos Aires y Corrientes, el primero

favorable al librecomercio y el segundo en pro del proteccionismo.

Buenos Aires no estaba dispuesta a ceder la exclusividad de su puerto. De este modo el librecambio quedó ligado a los intereses porteños, y el proteccionismo a los de las provincias del interior. El representante de Buenos Aires consideraba que un sistema proteccionista lesionaba los intereses de Buenos Aires al elevar los precios de los productos importados de consumo, y que además generaría un daño a la producción agropecuaria ya que medidas proteccionistas dispararían en nuestros compradores (Inglaterra y Francia) restricciones similares. El gobernador de Corrientes por el contrario afirmaba que la prohibición de importar productos que se fabricaban en el país permitiría subsistir a ciertas industrias provinciales que estaban siendo diezmadas por la importación indiscriminada. Para acercar posiciones en el año 1835 Rosas promulga la Ley de Aduanas, que era una norma con elementos proteccionista, aumentando las tasas aduaneras a la importación en general, prohibiendo totalmente la importación de ciertos productos producidos en el país, como trigo y harina. El objetivo era lograr equilibrar las cuentas fiscales provinciales y con ello generar un instrumento de consenso político que permitiera un acuerdo entre Buenos Aires y el resto de las provincias. No debe perderse de vista que en 1820 el 80% del total de ingresos de la provincia de Buenos Aires provenían del cobro de los derechos aduaneros, la mayor parte de los cuales correspondía a importaciones; es decir que cuanto más crecía el consumo de bienes importados más crecían los ingresos del fisco. La Ley de Aduanas fue el complemento económico al acuerdo político del pacto Federal de 1831: el objetivo “ordenar”. De todos modos esta salida no pudo resolver el conflicto radicado en que el pensamiento establecido en las provincias era que los ingresos portuarios correspondían a la Confederación, mientras que la idea que de este tema tenían los bonaerenses era que el puerto solo debía servir a Buenos Aires. En 1841 se ponía fin a la experiencia proteccionista de la Ley de Aduanas al permitirse la introducción de artículos prohibidos, quedando las provincias en manos de las decisiones económicas de Buenos Aires.

La oposición política a Rosas La Generación de 1837

En la realidad argentina de mitad de la década de 1830 confluyen dos elementos especialmente sensibles que tomados en contacto conforman una situación de cambio potencial. El primero es la irresuelta organización nacional. Pasado un cuarto de siglo de la emancipación el país seguía sumido en la indefinición de su estructura estatal con una unidad formal y una Confederación de hecho. El segundo elemento era la aparición de una generación nacida con la revolución cuyas aspiraciones ideológicas ponen su objetivo ya no en la lucha por la independencia sino en el desarrollo de la nación y la búsqueda de constituir un Estado que pudiera insertarse en el concierto de naciones del mundo civilizado. Estos dos factores combinados generan una contradicción evidente entre realidad y aspiraciones (pretender la organización nacional en el escenario de una nación sin organización definitiva) y la existencia de un tercer elemento actuará como catalizador definitivo de la expresión política de esta generación: Juan Manuel de Rosas.

Un gobernante con poder consolidado y fuerte apoyatura popular en cuyos planes no entraba ni la inmediata institucionalización del Estado ni la transformación socio- económica hacia un modelo de inserción en el nuevo orden económico internacional. Los dos elementos mencionados, una nación sin organización definitiva y una nueva generación de intelectuales, y el necesario catalizador, Rosas, generaron un estallido ideológico solo comparable al que a principios de siglo habrán protagonizado los hombres que dieron origen a la nación independiente. El último intento opositor serio y efectivo de acabar con Rosas se produjo entre 1839 y 1840, pero la nunca definida articulación de acciones como la conjura de Maza, la Revolución del Sur efectuada por pequeños propietarios de la campaña disconformes con las políticas de tierras y la campaña del ejército comandado por Lavalle, fueron la razón de una clara derrota. Todas estas acciones contra Rosas contaron con apoyos tan disímiles como los de los exiliados unitarios, gobiernos extranjeros, gobernadores federales, hombres del propio gobierno bonaerense y la intelectualidad de la Joven Generación del 37. Terminaron todas en un rotundo fracaso y dieron paso en la ciudad de Buenos Aires al mayor pico de violencia política y en el Interior a un profundo raid represivo comandado por Oribe a instancias del Restaurador. Culminada la campaña de Oribe por el Interior, la Confederación Argentina quedó completamente alineada al poder rosista, dando inicio de tal manera a un período de relativa armonía y estabilidad que se extendió hasta la misma batalla de Caseros, el episodio final del poder de Rosas. Lo que se ha dado en llamar la Generación del ‘37 se entiende como un conjunto de pensadores que unidos orgánicamente unos y desarrollando aisladamente su labor otros, coinciden en exponer una estructura de pensamiento novedosa, todos ellos liberales, que provenientes en su amplia mayoría de Europa llegan al Plata para adecuarse al marco histórico y social imperante en estas tierras. Intelectuales comprometidos con su tiempo y de un amplio cosmopolitismo logran percibir claramente el sentido de los acelerados cambios en que se encuentra ocupado el mundo civilizado y consideran, en este marco histórico, que es el momento oportuno para insertar a la Argentina en esa corriente económica, política y cultural. De esta Generación del ’37, de intelectuales opositores a Rosas, se pueden extraer dos nombres paradigmáticos para analizar sus raíces, sus motivaciones, sus búsquedas y objetivos: Sarmiento y Alberdi. Dos hombres de diferentes orígenes, de diferentes formaciones, de diferentes temperamentos; pero, paradójicamente, enancados en un mismo rumbo con un claro objetivo político: organizar el país e insertarlo en el nuevo orden económico capitalista global de fines del siglo XIX. Estos liberales se sienten parte de un corte con su pasado, aprendiendo del frustrado intento liberal rivadaviano de la década de 1820 comprendieron que el Estado rosista contaba con un innegable apoyo popular; y que entender esa realidad era condición previa ineludible para encarar cualquier proyecto de organización nacional post-rosista. De los intelectuales mencionados sobresalen sus obras fundamentales las Bases, de Alberdi; y el Facundo, de Sarmiento. Por las líneas de estas obras se pueden explorar las inspiraciones ideológicas de sus autores, sus expectativas, su visión de la sociedad argentina, sus objetivos y sus miedos. En definitiva, la Generación del 37 persiguió la construcción de un cuerpo de pensamiento que no se quedará en el solo análisis intelectual sino que traspasará los límites de la contemplación para adentrarse en los vericuetos mucho más complejos y tortuosos de la creación de una nación a imagen y semejanza de un proyecto, el ejercicio de la política, la persecución de una utopía.

El escenario global es el del comienzo de la Segunda Fase de la Revolución Industrial originada en Inglaterra destinada a transformar el mundo mediante la aplicación del capitalismo liberal. En este clima “liberal” surge la idea sustentadora de entender la nación como un marco legal decidido libremente y el poder como su delegación: Nación = Ley. Y la Ley Suprema es la Constitución. En ese camino estos liberales cultivan la idea de que la participación pública debe encontrarse solo reservada a la elite; la idea es que todos los hombres cuentan en la vida civil, pero que en la vida pública solo participan los que tienen cierto peso. Vemos aquí un correlato directo que será abrazado por la Generación del 37 que como aquellos liberales europeos temen a la “tiranía de las mayorías”. 3 Esta idea que puede sonar a los oídos modernos con tono antidemocrático fundamenta un proyecto de organización de la nueva sociedad: constitución de una elite burguesa, utilización racional de las capacidades, política de instrucción pública y racionalización del sistema político y administrativo. Las semejanzas con el proyecto argentino post-rosista serán totales. También tenían estos pensadores la certeza de que una nueva estructura social, económica y política había sustituido definitivamente al viejo modelo y será esa certeza la carta de despido del régimen rosista, el convencimiento de que para que el país pudiera insertarse en el mundo debía primero dejar atrás la experiencia histórica del Restaurador para dar paso a una Nación organizada y moderna. Esas ideas alumbradas en Europa resultaban atractivas a la inteligencia de esta elite intelectual que intentaba encontrar una salida a la recurrente dicotomía Unitario-Federal que sumió al país en la violencia, paralizó el impulso vivificador de Mayo y derivó en un sistema hegemónico de carácter despótico que si bien impuso finalmente una pausa a la vorágine de violencia y generó el espacio propicio para el orden, se mostraba incapaz de enfrentar el desafío de construir una nueva sociedad inserta en un nuevo orden económico, político y social. ¿Pero cuál es la nación que este grupo tiene en mente organizar? Alberdi expone su idea cuando menciona en sus Bases la construcción de lo que llamó la República Posible 4 , ya que la experiencia había demostrado que no dio resultado llevar adelante un proyecto ideal, como el rivadaviano, sin correr el riesgo de reproducir los viejos intentos unitarios fracasados a fuerza de sangre. Y esa República posible era para Alberdi una república federal (no confederal) y liberal. Y para dar ese salto se hacía necesario organizar el Estado y constituir la Nación. Por eso estos pensadores no cometerán el error de Rivadavia que construyó castillos constitucionales en el vacío de una realidad que caminaba en sentido contrario. Para la joven intelectualidad del ‘37 la sociedad y la historia jugarán un papel fundamental en el diseño de las estrategias; estos guionistas del futuro argentino comenzarán por tener en cuenta a los actores y al escenario, no serán dibujantes en el aire sino transformadores concretos de la realidad. Por ello la Generación del 37 no solo luchará contra el rosismo sino que previamente intentará entenderlo y hasta extraerá de esa experiencia un importante aprendizaje. Para Alberdi, por ejemplo, la más importante construcción del rosismo, el mayor logro en pos de la organización de una Nación es el disciplinamiento de las masas, los hábitos de obediencia desarrollados por la política de facciones llevada a cabo por el Gobernador de Buenos Aires. Para Sarmiento en cambio el mayor logro lo constituye la red de intereses económicos consolidados tras el poder, pero que no dudarán en abandonar el rosismo

3 André Jardin, El Liberalismo, en Nueva Historia de las Ideas Políticas, pag. 123. 4 La República Posible es la que se construye ante la imposibilidad de construir la República Verdadera.

para abrazar cualquier otra opción política que les ofrezca amplificar su prosperidad lanzándose al progreso. 5 Treinta años de gobierno rosista habían dejado una estructura económica sólida y en crecimiento, pero consideraban que Rosas carecía de las aptitudes ideológicas necesarias para enfrentar la necesidad de insertar al país en el sistema económico capitalista internacional en busca de la aceleración del proceso económico-financiero y la absorción de capitales de inversión. 6 La construcción política del Restaurador era vista por la Generación del 37 como un movimiento antiliberal, atrasado y antiprogresista, arraigado en la tradición colonial española y con fuerte inserción en las masas rurales. 7 Ante esta situación solo el ocaso del rosismo podía provocar el nacimiento de la nación organizada ya que organizar constitucionalmente el país no formaba parte del menú de ideas de gobierno de Rosas, ya que de hacerlo pondría en cuestionamiento la fuerte hegemonía de su propia figura, y lo que es más importante, la prevalencia del Estado bonaerense por sobre el conjunto del país. Ya para la década de 1840 la división entre Federales y Unitarios carecerá de significación ya que la palabra unitario era utilizada por entonces ya no como sustantivo identificador de una opción ideológica sino como adjetivo para catalogar a los adversarios políticos del Gobernador, entre ellos los viejos exiliados de Montevideo. La Joven Generación del 37 comienza a comprender que esta dicotomía federal-unitaria carente de sentido debe ser superada, y para reemplazarla se opta otra dicotomía acorde con los tiempos: civilización o barbarie. Civilización o Barbarie será la madre de todas las dicotomías argentinas, cuya historia está plagada de dicotomías. La barbarie es Rosas y su idea de país, la civilización es el progreso de una nación que espera más allá de los tiempos de Rosas. Juan Manuel de Rosas aparece para los pensadores de la Generación del 37 como el principal escollo para llevar adelante el próximo paso del camino que empezara en 1810 con la Revolución, atravesara los caminos de la guerra de la independencia, los intrincados laberintos de la inestabilidad institucional, el drama de la guerra civil, el reinado de la democracia inorgánica y alcanzara finalmente el rellano de la paz interior y el orden. Este sentido histórico preanuncia ahora la necesidad de una aceleración económica, política y cultural destinada a insertar al país en el nuevo orden económico internacional de la economía exportadora en pleno crecimiento hacia el capitalismo liberal. Los acelerados cambios de la economía mundial ofrecen una oportunidad para la Argentina. Todo parece preparado para el cambio, pero un elemento pone dique a este cambio: Rosas. Por ello la Generación del 37 se prepara para ser uno de los dos interlocutores del inminente proceso post-rosista, el otro interlocutor será la elite económico-social, el verdadero poder económico. 8 Pero el grupo intelectual que se ha preparado durante más de una década para poner su proyecto en acto sabe perfectamente que no es el Brigadier General el enemigo contra el que deberá lucharse, eso solo lo piensan los políticos de vistas cortas y revanchas grandes.

5 Tulio Halperin Donghi, Una nación para el desierto argentino, pag. 23. 6 Tulio Halperin Donghi, De la revolución de independencia a la Confederación rosista. Buenos Aires, Paidos, 1993, pag. 296. 7 José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina. Buenos Aires, F.C.E., 1996, pag. 131. 8 Tulio Halperin Donghi, Una nación para el desierto argentino, pag. 31.

El enemigo para el proyecto en ciernes de la Generación del 37 es otro. Inmenso y fantasmal, inasible y volátil, omnipresente e irreal, como todos los enemigos. El enemigo es el Desierto. ¿Pero, qué era ese desierto que las cavilaciones de Sarmiento y Alberdi, convirtieron en una frontera para la concreción del proyecto intelectual que intentaban plasmar? ¿Por qué razón la desaparición de ese desierto se vuelve la condición innegociable para llevar adelante la construcción final de la Nación? Desierto: lugar despoblado, reza el diccionario. ¿Pero esa concepción es la que persiguen las mentes de estos hombres? La pregunta fatal es: ¿Puede un desierto, un territorio inerte convertido en nada, ser una barrera tan importante para la puesta en práctica de un proyecto político vital?

Alberdi afirmará que “la localización de la civilización en las ciudades y la barbarie en las campañas es un error de historia y de observación” 9 , conclusión: el enemigo está en todas partes. El enemigo no parece ser por tanto el desierto inerte, sino la existencia de un desierto vivo. El desierto es la ausencia de un espíritu moderno y civilizador, una ausencia insoportable, fácil analogía con un desierto real, el enemigo es la barbarie. No bastará con traer poblaciones desde la civilización para acabar con el desierto, porque

el enemigo vive, no es tan solo polvo.

Para la Generación del 37 desierto es incultura y pastoreo, garantía de salvajismo, una manera de sostener la ruina económica 10 ; no es la nada, es el algo.

Y a ese enemigo habrá que derrotar.

Alberdi escribirá “¿Cuál es la Constitución que mejor conviene al desierto? La que sirve para hacerlo desaparecer”. Cuando Sarmiento construye al enemigo en su “Facundo” no se refiere a Rosas, lo vincula con la mítica figura de Quiroga. El Restaurador es simplemente un pasaje de la historia para la Generación del 37 al decir de Sarmiento un hombre que “hace el mal sin pasión”, el verdadero adversario en cambio es una forma de interpretar el momento argentino, un pensamiento y un sentir que hunde sus raíces en el pasado y se niega a aceptar el camino que conduce al progreso, al futuro, a la civilización.

Y lo más terrible para estos pensadores es que, como nos dice Sarmiento, fatalmente el

desierto no solo está vivo, sino que es inmortal. Quizás por ello Sarmiento, al comienzo de su libro Facundo, crispa las letras hasta el dolor: “No; no ha muerto! Vive aún! El vendrá!" 11 Habla de Quiroga y habla de las tradiciones populares, habla de Rosas y la naturaleza bárbara y colonial; y habla de sí mismo, de sus fantasmas, de las pesadillas de sus sueños, habla del enemigo, habla de la barbarie. Alberdi también entiende la inmensidad del enemigo y propondrá su república posible como paso inicial hacia la utopía de una república verdadera. Una república posible que es una aguda concesión que la teoría institucional le realiza a la realidad política. Alberdi aspira a que esa concesión sea transitoria, que sirva para avanzar hacia la

república verdadera que espera más adelante en medio del tránsito anhelado para su proyecto. La importancia de la Generación del 37 es tal que mientras Alberdi será el inspirador de

la redacción de la Constitución Nacional a partir de su libro Las Bases, Sarmiento será un

9 José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina. pag. 142-143. 10 Noé Jitrik, Muerte y Resurrección de Facundo. Buenos Aires, CEAL, 1983, pag 93. 11 Domingo F. Sarmiento, Facundo. Buenos Aires, Ed. Huemul, 1978, pag. 57

protagonista central de la vida política del último cuarto de siglo ocupando una de las presidencias fundacionales de la Argentina Liberal.

SEGU DO GOBIER O DE ROSAS

1835: Despido de empleados públicos sospechados de oposición política.

Dic-1835: Ley de Aduanas.

1836: venta de tierra pública para reducir el déficit fiscal

Cierre de la Universidad.

Aumento del presupuesto militar (hasta el 70% en 1840)

Aumento de lo emisión monetaria

Entronización de retratos de Rosas en lugares públicos

Rosas ataca Córdoba para destronar a Reynafe.

May-1837: Rosas declara la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana

Ene-1838: Fin del Guerra con la Confederación Peruano-Boliviana

Mar-1838: Francia pone bloqueo al puerto de Buenos Aires.

Jun-1838: Los intelectuales de la Generación del 37 fundan La Asociación de la Joven Generación Argentina.

Alberdi y Mitre emigran a Montevideo

Muere Estanislao López.

Oct-1838: Oribe es derrotado en Uruguay por su rival Rivera y se refugia en Buenos Aires bajo la protección de Rosas.

Dic-1838: Berón de Astrada, Gobernador de Corrientes, se lanza contra Rosas.

Mar-1939: La fuerzas rosistas derrotan y matan a Beron de Astrada

Jun-1839: La Mazorca siembra el terror en la ciudad de Buenos Aires.

Jul-1839: Lavalle al mando de tropas unitarias parte de Montevideo (protegido por Rivera) con rumbo a Entre Ríos.

Nov-1839: Rosas aplasta el levantamiento de terratenientes Bonaerenses descontentos agrupados en la Liga del Sur.

Ene-1840

Abr-1840: Lavalle combate en Entre Ríos

Ago-1840: Lavalle desembarca en San Pedro

Set-1840: Lavalle retrocede a Santa Fe

Ene-1840: Rosas envía tropas a Tucumán para sofocar una rebelión.

El Gral. Lamadrid, enviado de Rosas, se pasa de bando y crea la Liga del Norte, antirosista, integrada por Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy.

Oct-1840: La Liga del Norte ocupa Córdoba

Se firma el Tratado Arna-Mackau que pone fin al bloqueo francés del puerto de Buenos Aires.

Nov-1840: Lavalle busca refugio en la Liga del Norte

Desde Santa Fe parte Oribe al mando de las tropas rosistas y derrota a Lavalle en Córdoba.

Ago-1841: Lamadrid es aplastado en Cuyo y huye a Chile.

Set-1841: Oribe persigue a Lavalle y lo derrota en Tucumán. Lavalle huye buscando la frontera boliviana.

Lavalle es alcanzado y muerto en Jujuy.

Oribe reprime y ejecuta a los antirosistas en el Norte.

Nov-841: Oribe derrota a la última expresión opositora en Corrientes.

1841: se autoriza el ingreso de productos extranjeros prohibidos por la Ley de Aduanas.

Feb-1843: Oribe invade Uruguay con apoyo de Rosas y pone sitio a Montevideo

1844: Reanudación de los pagos de la deuda Baring suspendidos en 1827

Set-1845: Una escuadra anglo-francesa bloquea el puerto de Buenos Aires.

Nov-1847: Urquiza, Gobernador de Entre Ríos, derrota a los Madariaga en Corrientes y controla de tal modo toda la Mesopotamia bajo su poder.

Urquiza inicia una política de conciliación acogiendo a opositores antirosistas

May-1849: Se firma el Tratado Arana-Souther-Lepredour que pone fin al bloqueo anglo-francés.

Se reconoce a Oribe como Presidente del Uruguay

Se retira de Uruguay a las tropas confederales.

Set-1850: Luego de múltiples fricciones diplomáticas Brasil y la Confederación rompen relaciones.

Ene-1851: Urquiza traba alianza con Brasil para derrocar a Oribe, Presidente de Uruguay.

May-1851: Entre Ríos y Corrientes le retiran a Rosas sus facultades como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación.

Corrientes y Entre Ríos abandonan la Confederación hasta que la nación se organice.

Urquiza firma una alianza con Brasil y Montevideo para actuar en contra de Oribe.

Jul-1851: Rosas le declara la guerra al Brasil.

Otc.1851: Oribe se rinde a las fuerzas de Urquiza en Montevideo.

Nov-1851: Se firma un pacto entre Brasil, Entre Ríos, Corrientes y Uruguay para poner fin al gobierno de Rosas.

Dic-1851: Urquiza cruza el Paraná al mando de un ejército de 30,000 hombres y todos oficiales federales.

Ene-1852: Urquiza avanza en Buenos Aires y hace retroceder a las fuerzas rosistas hasta Caseros.

Feb-1852: Urquiza derrota a las fuerzas rosistas en la Batalla de Caseros.

Rosas renuncia, se asila en la legación británica y parte a su exilio inglés del que no regresaría jamás.

La caída de Rosas

A partir de 1848 el poder omnímodo de Rosas comenzará a decaer, el problema de una

Constitución que organizara finalmente al país vuelve a ser un tema de debate central y al que Rosas vuelve a eludir. Especialmente el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, es el que comienza a liderar la última ofensiva política por torcer la voluntad de Rosas. Una de las debilidades que el Restaurador evidencia en esta época es que había depositado gran parte del poder militar de la Confederación en manos de Urquiza. Paralelamente en febrero de 1850 las fuerzas del Imperio del Brasil invadieron el norte de Uruguay ya que el Presidente Oribe era un enemigo de los brasileños y un aliado incondicional de Rosas. Atacando a Oribe se atacaba al Restaurador. Una vez que el Brasil invadió al Uruguay la Confederación rompió relaciones con el Imperio. En mayo de 1851 el gobernador entrerriano, Justo José de Urquiza, publicó un pronunciamiento en el que reasumía el ejercicio de sus facultades delegadas en Buenos Aires en materia de representación exterior y volvía a reclamar la necesidad de encarar la

organización nacional.

A excepción de Corrientes ninguna otra provincia se adhirió al pronunciamiento de

Urquiza. Pero como ni Corrientes ni Entre Ríos estaban en condiciones militares y económicas de enfrentar a Rosas, buscaron el auxilio de Brasil que a la vez obtuvo el apoyo en Uruguay de los opositores a Oribe.

Se formó una triple alianza que unía a Entre Ríos, Brasil y Uruguay dispuesta a derrocar

al

gobernador de Buenos Aires, una vez que se derrotara a Oribe en la nación oriental.

Lo

sorprendente es que la iniciativa de Urquiza no tuvo un adecuado análisis por parte de

Rosas, que creía inviable la victoria del entrerriano. Por ello la movilización para defender Buenos Aires una vez que los ejércitos de la Alianza cruzaron hacia la provincia fue débil y estratégicamente errónea. La línea defensiva se posicionó muy cerca de la ciudad, a la altura de Luján, sin impedir

en las costas del Paraná el desembarco de las tropas brasileñas que servirían de soporte

a los ejércitos de Urquiza.

A medida que el ejército confederal retrocedía hacia Buenos Aires sufría defecciones y

deserciones. La retirada se detuvo en los campos de Caseros donde el 3 de febrero de 1852 los ejércitos finalmente se encontraron obteniendo un claro triunfo las fuerzas

comandadas por Urquiza.

La batalla de Caseros representó el final del gobierno de Rosas.

El Restaurador aceptó los hechos y marchó al exilio negociado con las autoridades británicas. Como sostuvo Mitre la batalla de Caseros fue una de esas victorias que “no solo vencen sino también convencen”. La Historia argentina ya había enseñado que el único argumento totalmente convincente es la Victoria. Por un par de días la ciudad fue pasto de la violencia, el revanchismo y la venganza política, suficiente como para que Urquiza pudiera ocuparla representando la figura del hombre que venía a imponer el Orden.

En tal sentido fue difícilmente tolerado por las elites porteñas, que aceptaron con reservas que Urquiza asumiera la tarea de conducir a la nación hacia la constitución del país. Como símbolo de una época que agonizaba, la de la guerra sinónimo de la política, el camino que conducía de Caseros a la ciudad de Buenos Aires quedó sembrado de cadáveres colgando de los árboles.

El rosismo llegaba a su fin dejando dos legados esenciales: una economía en crecimiento

y un estado ordenado.

La economía ganadera y comercial de Buenos Aires y el Litoral se había desarrollado de manera importante en su período y estaba lista para dar el salto hacia el Nuevo Orden Económico de la División Internacional del Trabajo, el modelo agroexportador. La ausencia de capitales que sufriera todo el proceso económico rosista, reflejo de un escenario global escaso de inversiones, llegaba a su fin. El Estado, aunque fragmentado, había afirmado su soberanía política ante los poderes extranjeros, estaba finalmente ordenado y listo para su organización definitiva. Entonces, ¿por qué no Rosas para llevar adelante el cambio? Porque Rosas había demostrado su capacidad política para restaurar el Orden, pero los poderes dominantes no veían en él a la persona confiable, adecuada para insertar al país organizado en el nuevo modelo económico primario exportador. Puede decirse que la victoria final de Rosas, un país ordenado y productivo, fue su certificado de defunción política. Su función había sido cumplida, llegan nuevos tiempos para nuevos hombres. Comenzaba a tomar forma la definitiva organización nacional.