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LA COMUNIDAD Y LA VIDA

Sin querer establecer muchos límites entre la experiencia de vida religiosa en


relación a la seglar, vale la pena mencionar que a diferencia de aquella, el papel de la vida
cotidiana resulta más que importante dentro de la dinámica comunitaria. Sin la vida (eso
que conocemos de todos los días, y que involucra a los que somos , seremos y hemos sido )
las comunidades laicales, se podrían resumir a meros grupos de estudio bíblico o pastoral,
en las comunidades esto lo sabemos muy bien. Pero, al mismo tiempo, sabemos que es
también este acercamiento tan grande en relación a lo cotidiano, lo que puede hacer desviar
de rumbo la dinámica de la comunidad. La pregunta de fondo es entonces ¿cómo asumir en
nuestras comunidades esta cualidad, viviéndola no como circunstancia sino mas bien como
una característica o condición? . En esta dirección existen varios tópicos que valdría la pena
ahondar:
En principio, existen muchos aspectos de la vida cotidiana de los laicos que son
condicionantes: en el caso de los casados, la fundación de sus respectivos hogares, la
crianza de los hijos, la relación con la familia extensa. En el caso de los que trabajan, las
constantes exigencias del mercado laboral, la necesidad de capacitación y la movilización
del centro de trabajo. En el caso de los que permanecen solteros, la condición de soltería, la
maduración emocional del estado de soltería, la preparación del futuro. Estos aspectos,
aparentemente personales, se convierten en la comunidad en factores que afectan la
dinámica, movilizando o suspendiendo decisiones o acuerdos, y cuando no se toman en
cuenta pueden inclusive causar graves problemas de incomunicación al interior de la
dinámica.
Sin olvidar las diferencias, mientras que en las comunidades religiosas existen por la
forma misma de organizarse, formulas de solución a algunos de estos problemas, en las
comunidades laicales todavía no tomamos esta problemática como parte de la vida y del
compromiso asumido. En el caso nuestro es aún más urgente el tomar cartas en el asunto,
puesto que por la naturaleza de nuestro compromiso, nuestro proyecto personal debe estar
en función a la respuesta a todas estos procesos dentro del desarrollo personal.
Nuestras comunidades tienen una herramienta poco utilizada que podría canalizar
esta situación: el proyecto comunitario. Según lo vivido, la experiencia comunitaria sufre el
mismo proceso que nuestros proyectos personales: nacen, crecen, desarrollan y mueren.
Esto es lo que deberíamos asumir también el momento de la planeación. Hay comunidades
con un proyecto y con un proceso.
Sin embargo, a veces nos es más cómodo separar las condiciones reales de las
personas del compromiso comunitario, con lo cual a veces cometemos excesos: pedimos
mas de lo que deberíamos a determinadas personas, o nos dedicamos a realizar actividades
que no están de acuerdo con el momento de la comunidad.