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INMUNIDADES Y PRIVILEGIOS DE LOS FUNCIONARIOS DIPLOMATICOS

MARIA ANGELICA TERESA BORZI ALBA

I INTRODUCCION

1. GENERALIDADES

Las inmunidades y privilegios para los agentes diplomáticos han existido siempre de hecho;
es decir más que en forma de ley escrita y convenida entre los estados, como una norma
basada en las necesidades concretas de las relaciones entre naciones y como un principio
firme del derecho de gentes.

Todos los tratadistas de la materia están contestes en sostener la tesis precedente; tales
inmunidades y privilegios existen independientemente de las legislaciones nacionales o
internacionales sobre el asunto, y en tanto principios de un derecho internacional
consuetudinario rigieron y rigen aún hoy las cuestiones referentes al tratamiento de los
diplomáticos en el extranjero; sus capacidades de acción y de omisión, su conducta y vida
personal, como asimismo familiar, sus intereses, etc. La diplomacia moderna difiere de la
antigua, cuya función principal era la de representar y transmitir la voz del soberano. Hoy
tiene como misión fundamental la de representar y transmitir la opinión de los pueblos
libres, tratando de asegurar el bienestar de esos pueblos, afianzando una paz sólida y
duradera entre las naciones, utilizando para ello las transacciones de interés recíproco y
cimentando una amistad indestructible entre todos los pueblos del mundo.

Consecuentemente, la misión de los agentes diplomáticos en sus relaciones con los Estados
ante los cuales están acreditados, es la de contribuir a estrechar los vínculos de cooperación
y amistad entre los respectivos países.

El Reglamento de Viena que fuera adoptado en el Congreso celebrado en dicha ciudad en


1815 sobre esta materia, tenía por objeto establecer normas sobre cuya base se pudieran
resolver las frecuentes dificultades entre naciones, causadas por cuestiones propias de la
representatividad. La importancia del mencionado Congreso en la historia de esta

Institución es de tan enorme magnitud, que a lo largo de 146 años, hasta la Conferencia de
Viena de 1961, ha sido el instrumento jurídico principal en la materia, conservando aún hoy
gran validez, ampliado por el de Aix-la-Chapelle de 1818. Todas sus reglas derivan de una
práctica constante creadora de un derecho consuetudinario.

La elección de la ciudad de Viena como sede de la Convención de 1961, motivo de esta


obra, tuvo el sentido de un homenaje y recuerdo para la obra trascendental del mencionado
Congreso de 1815.

Importantes pasos en la unificación de las nuevas normas surgidas a lo largo de tan extenso
período, habían sido dadas por la Sociedad de las Naciones, la Organización de las
Naciones Unidas y otras instituciones internacionales, además de valiosos estudios de
instituciones privadas y de los aportes doctrinarios. El nacimiento de nuevos estados, junto
con la intensificación de las relaciones internacionales en este siglo, facilitadas por el
progreso general de la ciencia y la técnica, dieron lugar a la aparición de múltiples
relaciones diplomáticas nuevas, bajo formas y modalidades antes no conocidas. La
complejidad de este cuadro de relaciones internacionales sostenida sin un estatuto
actualizado, determinó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a convocar el 7 de
diciembre de 1959 a una Conferencia Internacional de Plenipotenciarios, teniendo en
cuenta los estudios exhaustivos realizados sobre la materia por la Comisión de Derecho
Internacional, estudios que la citada Comisión consideró suficientemente maduros como
para proponer a la Asamblea General el examen de la cuestión de las relaciones e
inmunidades diplomáticas y recogiera así los resultados de su labor en una Convención
Internacional 1.

Con tal objeto se reunió en Viena del 9 de marzo al 14 de abril de 1961, la Conferencia de
las Naciones Unidas, convocada por Resolución 1450 del 7 de diciembre de 1959 de la
Asamblea General de la misma organización.

Previamente a la celebración de esta reunión, los estados habían recibido el proyecto de la


Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas que iba a servir de base para las
discusiones, e incluso los mismos estados habían hecho llegar a ésta, sus puntos de vista.

Los antecedentes de esta Conferencia estaban constituidos por:

1 Official Records, v. I, pág. 9.

a) El Congreso de Viena de 1815;

b) La Conferencia de Aix-la-Chapelle de 1818

c) La Sexta Conferencia de Estados Americanos reunida en La Habana, Cuba, en 1928.

d) La Conferencia de las Naciones Unidas tomó ante si la tarea de examinar a la luz de las
condiciones del momento, el cuerpo de legislación y prácticas desenvueltas desde la
adopción de la Regulación de Viena de 1815 y formular una síntesis de los derechos y
privilegios de todos los miembros de una misión diplomática, incluyendo sus obligaciones,
las de sus familiares y personal de servicio, como así también los derechos y obligaciones
del estado en cuyo territorio ellos realizan sus funciones, es decir el Estado receptor.

Asimismo, la Comisión de Derecho Internacional al preparar el proyecto encargado por la


Asamblea General, consideró la labor de la Comisión de Expertos de la Sociedad de las
Naciones del 2 de abril de 1927, y se inspiró en diversos trabajos emanados de particulares
y de instituciones científicas, sobre todo la Resolución del Instituto de Derecho
Internacional (Nueva York, 1929) y el proyecto de la Harvard Research in International
Law (1932).

Estuvieron presentes delegaciones de la O.I.T. (Organización Internacional del Trabajo),


FAO (Food and Agriculture Organization), U.N.E.S.C.O. (Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), A.I.E.A. (Agencia Internacional de la
Energía Atómica), Liga de Estados Arabes, Comité Legal Consultivo afroasiático, entre
otros.

La delegación argentina fue presidida por el doctor Carlos María Bollini Shaw con el rango
de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario e integrada por los diplomáticos señores
José María Delfino y Carlos Keller Sarmiento.

El profesor Alfred Verdross, jefe de la delegación austríaca, fue elegido Presidente de la


Asamblea por aclamación, resultando asimismo elegidos veinte vicepresidentes,
representantes de otros tantos países, entre los cuales figuró el representante de la
República Argentina, quienes, junto con el presidente de la Asamblea y el presidente del
Comité Plenario constituyeron el Comité General.

El Reglamento que rigió en la Conferencia tenía como base el Reglamento Provisional que
fuera preparado por la Secretaría de las Naciones Unidas, el que a su vez se inspiraba en el
aprobado en la 2a Conferencia de Ginebra del año 1958 sobre Derecho del Mar, con
algunas modificaciones.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Relaciones e Inmunidades Diplomáticas, en


su reunión del 2 al 14 de abril de 1961, en Viena, aprobó la Convención sobre Relaciones

Diplomáticas y dos Protocolos Facultativos; uno sobre Adquisición de Nacionalidad y otro


sobre Jurisdicción Obligatoria para la Solución de Controversias, quedando abiertos a la
firma el 18 de abril de 1961.

Asimismo, teniendo en cuenta los propósitos y principios de la Carta de las Naciones


Unidas, referentes a la igualdad soberana de los estados, al mantenimiento de la paz y
seguridad internacional y al fomento de las relaciones de amistad y cooperación entre los
estados, se aprobó el 18 de abril de 1961, en la misma Conferencia la Resolución I sobre la
importancia de todo lo relativo a las Misiones Especiales, conscientes de que las
inmunidades y privilegios relacionados con las mismas, no son para favorecer a los
individuos, sino para garantizar el desempeño eficaz de las funciones de éstos, en cuanto
sean misiones que tengan carácter representativo de los respectivos estados. Todos estos
antecedentes dieron origen a una Convención Internacional sobre las Misiones Especiales,
complementaria de las Convenciones de Viena sobre Agentes Diplomáticos y Relaciones
Diplomáticas y sobre Agentes Consulares y Relaciones Consulares, abiertas a la firma de
los estados el 18 de abril de 1961 y el 24 de abril de 1963, respectivamente.

La Convención sobre Misiones Especiales quedó abierta a la firma de los Estados el 8 de


diciembre de 1969, fecha en que fue firmada en New York, U.S.A.

La conferencia de Viena de 1961, aprobó el Acta Final y 3 Resoluciones más agregadas al


Acta, además de la Resolución I sobre Misiones Especiales, la II de Examen de
Reclamaciones Civiles, la III de Homenaje de gratitud a la Comisión de Derecho
Internacional y la IV de Homenaje de gratitud al Gobierno y al Pueblo de la República de
Austria.

El Protocolo Facultativo sobre Adquisición de la Nacionalidad y el Protocolo Facultativo


sobre Jurisdicción Obligatoria para la Solución de Controversias fueron depositados en la
Secretaría General de las Naciones Unidas, y el Acta Final y las 4 Resoluciones fueron
depositados en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Austria.

2. APERTURA DE LA CONFERENCIA

La apertura de la Conferencia estuvo a cargo del doctor Stavropoulos, Consejero Legal de


las Naciones Unidas y representante personal del Secretario General de ese organismo. El
doctor Stavropoulos, al historiar la evolución de la cuestión de las inmunidades y
privilegios diplomáticos,

2 U.N. Official Records, v. I

Afirmó que era sorprendente que se hubiera progresado tan poco en el nivel
intergubernamental, en lo referente a la codificación de las reglas sobre relaciones e
inmunidades diplomáticas de los funcionarios, y que resultaba aún más asombroso si se
tenía en cuenta que ningún tema es más familiar a los abogados internacionalistas y
diplomáticos que éste, sobre el cual hay una vasta literatura y un cuerpo de jurisprudencia
impresionante. La larga historia de las instituciones diplomáticas, en la cual cada una de
ellas fue puesta a prueba miles de veces, ha sido siempre un factor promotor de la tendencia
codificadora. Sin embargo, entre el Congreso de Viena de 1815 y el tiempo en que el
asunto fue referido a la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, ha
habido pocos proyectos y sólo una concreción afortunada, la adopción por la Sexta
Conferencia Americana de la Habana de 1928, de una Convención concerniente a
funcionarios diplomáticos, que regulaba las tareas, privilegios e inmunidades de los agentes
diplomáticos, así como el comienzo y la terminación de las misiones.

El representante personal del Secretario General siguió bosquejando los grados en los
cuales el asunto había sido desarrollado, comenzando por el debate de la Comisión de
Derecho Internacional, en su primera sesión en 1949 y culminando en respuesta a la
Resolución No 685 del 5 de diciembre de 1952 de la Asamblea General, con los cuarenta y
cinco artículos del Anteproyecto sobre intercambio e inmunidades diplomáticas, que fuera
adoptado por la Comisión en su X sesión en 1958 y que sería la base de las deliberaciones
de esta Conferencia.

Tal como fue establecido en su informe a la Asamblea General en 1958, la Comisión de


Derecho Internacional había decidido que los artículos del Anteproyecto adoptado, serian
recomendados a los estados miembros con vistas a la realización de una Convención. El 7
de diciembre de 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió, por
Resolución 1450, que una Conferencia Internacional de Plenipotenciarios fuera convocada
para tal propósito, reuniéndose esta Conferencia, en cumplimiento de la mencionada
Resolución.
Comentando los métodos de trabajo, la atención de las delegaciones se dirigió al
memorándum y a las reglas provisionales de procedimiento, como asimismo al
memorándum del Secretario General sobre el método de trabajo y procedimientos de la
Conferencia.

También recordó que el Comité Legal Consultivo Asiático-Africano, había adoptado en


1960, un informe final sobre funciones, privilegios e inmunidades de los enviados o agentes
diplomáticos.

Al subrayar la importancia de la labor de la Conferencia, recordó que en la Resolución 685


de la Asamblea General, la pronta codificación de la ley internacional sobre intercambio e
inmunidades diplomáticas, era considerada "necesaria y deseable, como una contribución al
progreso de las relaciones entre los Estados". El asunto, por su misma naturaleza, facilitaría
las relaciones entre los estados, que era vital fueran conducidas con el mínimo de fricción y
el máximo de buena voluntad. La experiencia nos ha demostrado que el logro de ese fin
depende mucho de la existencia de reglas adaptadas a las circunstancias modernas, y aun
así, existiendo esas reglas se presentan situaciones difíciles de prever, que solamente con
una diplomacia aplicada como ciencia y arte al mismo tiempo se pueden resolver. Como
ciencia, en cuanto enseña la forma de establecer relaciones de convivencia y armonía entre
los estados, estableciendo tratados y convenciones conforme a las reglas del Derecho
Internacional Público y como arte, indicando las aptitudes requeridas, para el éxito en la
conducción de los asuntos políticos, y sus negociaciones, para lo cual se exige un
conocimiento exhaustivo del derecho de gentes que rige las relaciones mutuas de los
estados, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, como así también los diversos
sistemas factibles de llevar a la práctica, tales como los de equilibrio, conservación y el tan
importante de neutralidad.

La diplomacia considerada como ciencia es patrimonio de las naciones civilizadas y cultas


que buscan soluciones a todas sus cuestiones más importantes, sea de orden jurídico,
político, económico o social, por medio del derecho.

Por lo demás, según lo enseña la historia, o como la llamaba Cicerón, la Magistra Vitae, en
esta rama jurídica del derecho, los hechos pasados tienen una gran influencia para el
planteo y solución de los problemas modernos.

3. TAREA DE LA CONFERENCIA EN LAS PALABRAS DE SU PRESIDENTE

El doctor Alfred Verdross, profesor de Derecho Internacional y Jurisprudencia en la


Universidad de Viena, jefe de la delegación austríaca a la Conferencia de Viena de 1961, al
ser designado presidente de la misma, señaló que la Conferencia había sido convocada para
continuar el trabajo iniciado en el Congreso de Viena celebrado en 1815, sobre codificación
de las leyes diplomáticas. Hasta la firma de la Regulación de Viena las cuestiones
relacionadas con el rango diplomático, habían causado muchas fricciones en la práctica
diplomática. El triunfo obtenido en aquella oportunidad, al establecer la Regulación de
Viena, que puso fin a dificultades surgidas por la cuestión de la prioridad de los oficiales
diplomáticos, servía para alimentar la esperanza de que este "Segundo Congreso de Viena"
también lograría sus propósitos.

La tarea de la Conferencia de Viena de 1961, cubre un campo mayor que la Regulación de


Viena. Tal Regulación se había limitado simplemente a establecer la clasificación de los
diversos grupos de agentes diplomáticos y el rango de cada clase. Esta, debía codificar las
reglas que gobernaban el intercambio e inmunidades diplomáticas en general. La inmensa
tarea que significaba, resultaba facilitada, sin embargo, por el Anteproyecto de la Comisión
de Derecho Internacional, a que nos hemos referido.

Las reglas que gobiernan el intercambio y las inmunidades diplomáticas tienen una larga
historia. Desde el principio de las relaciones internacionales y, en particular, desde el
establecimiento de las misiones permanentes, ha sido sentida la necesidad de dar a los
diplomáticos un "status" especial para permitirles desempeñar sus tareas sin impedimentos.

La práctica internacional ha desarrollado un número de reglas especiales que constituyen la


parte más estable y menos cuestionada de la ley internacional.

A pesar de que dichas reglas están firmemente establecidas, hay sólidas razones para
codificarlas en una Convención Internacional, en vez de dejarlas en su tradicional postura
de ley consuetudinaria. Muchas de estas normas se han desarrollado esencialmente fuera de
la práctica de los estados europeos y americanos. Con la aparición de los nuevos estados de
Africa y Asia, se torna conveniente que un cuerpo de leyes usuales que se ha desarrollado
principalmente en la comunidad internacional occidental, sea formalmente reconocido por
la nueva comunidad internacional de alcance mundial.

Por otra parte, la codificación no es una mera confirmación de la ley usual. Su fin, es
también clarificar las reglas usuales —siempre un poco vagas e inciertas— e incluso
transformar en leyes escritas las costumbres basadas en la mera cortesía. Es un ejemplo el
artículo 34 del Anteproyecto de la Comisión de Derecho Internacional, en el cual se
proponía transformar ciertos privilegios garantizados a los diplomáticos por cortesía, en
reglas de ley internacional.

La costumbre, que fuera en otros tiempos fuente de la ley internacional, expresaba el


profesor Verdross, ha perdido predominio. El cada vez más creciente número de estados
con diferentes civilizaciones y los recientes grandes cambios políticos, económicos y
sociales, exigen un proceso más rápido que la costumbre para la evolución de reglas
legales, ya que las reglas de la costumbre emergen lentamente y bajo condiciones
relativamente uniformes y estables. Es por esta razón que las Convenciones se han
convertido en el principal instrumento para el desarrollo de la ley internacional.
Las palabras del profesor Verdross fueron premonitorias de esa gran verdad. En 1969 y
bajo los auspicios de las Naciones Unidas, se firmaba la Convención de Viena sobre
Derecho de los Tratados. Es por ello que las conclusiones de esta Conferencia afectarán no
sólo a Europa, sino a toda la humanidad. Es de esperar que la materialización y los logros
que se produzcan, den resultados satisfactorios, capaces de fortalecer las buenas relaciones
internacionales, capaces de coadyuvar a mantener la paz en el mundo.
Official Records, v. I, pág. 4 (50-56).

II LAS INMUNIDADES Y LOS PRIVILEGIOS DIPLOMATICOS EN LA


ANTIGÜEDAD GRECO LATINA Y EN LA EDAD MEDIA

La institución de la diplomacia tiene un origen muy antiguo. Es indudable que fue


practicada, aunque esporádicamente por asirios, babilonios y hebreos; sus enviados no
tenían carácter permanente. Es probable que fuesen las leyes de Manú en la India, las que
establecieron normas por vez primera para la designación y función de los enviados
diplomáticos 5.

Un breve estudio del desenvolvimiento del derecho diplomático entre los griegos y los
romanos, indica que muchos de los principios fundamentales de esa rama jurídica, tal como
existen hoy, eran bien conocidos y aplicados en estos pueblos.

Las embajadas permanentes no existían porque no respondían a las necesidades de la época,


pero un "jus naturale'' bien establecido regía los métodos de la diplomacia, al cual se
agregaba el "jus gentium" y el "Jus fetiale" de los romanos.
Los fundamentos del derecho diplomático de hoy se hallan en estos tres derechos.

1. RELACIONES DIPLOMATICAS ENTRE LOS GRIEGOS

Entre los griegos es por primera vez donde las relaciones diplomáticas adquieren cierta
estabilidad formal.

En la peculiar organización político internacional de la antigua Grecia, se vislumbran


funcionarios, llamados autooratores", encargados del mantenimiento de buenas relaciones
entre sus distintas ciudades-estados.

Aunque no hubo en Grecia embajadas permanentes, todas las relaciones entre los países se
efectuaban por intermedio de embajadores y de misiones. Sin embargo, la necesidad de
diplomáticos de carrera no se hacía sentir. La mayor parte de los ciudadanos eminentes
estaban al corriente de la situación de los asuntos públicos y, por consiguiente, preparados
para cumplir misiones diplomáticas.

Para estas funciones eran escogidos militares, marinos, actores, músicos y poetas. El
ingenioso Ulises sirvió muy bien como embajador. Aristófanes describe en su comedia Les
Acharniens escenas descriptivas de esta función, viéndose ya en esa época ciertos
principios establecidos de derecho diplomático.

La inviolabilidad de los funcionarios diplomáticos era, asimismo, en ese tiempo, un


principio fundamental de las buenas relaciones internacionales. Ningún diplomático era
sometido a la jurisdicción local de un país extranjero, aunque hubiera cometido allí un
crimen.
2. RELACIONES DIPLOMATICAS ENTRE LOS ROMANOS

En la Roma antigua era aceptado el derecho diplomático de los griegos. Llamaban al


Embajador "legatus" u "orator" y a veces "fecial". Roma adoptó el sistema de destacar
"legati o oratores" a otros pueblos, toda vez que debía entablar alguna negociación.

Asimismo, encargaba al Colegio de los Feciales, la práctica de los ritos religiosos para
declarar la guerra y celebrar la paz. Valiéndose de la gran autoridad moral que inspiraba su
investidura en países no cristianos, los Papas acreditaron en países bárbaros y germánicos y
en los sometidos a los turcos, plenipotenciarios permanentes, en defensa de los intereses
cristianos. A ellos se les llamaba "apocrisiarii y responsables" y se los nombraba como
excepción.

Cicerón ha expresado muy claramente la actitud romana hacia la inviolabilidad


diplomática: "La inviolabilidad de los embajadores está protegida a la vez por el derecho
humano y divino; su persona es sagrada, y respetada de tal manera, que son inviolables, no
solamente en un país aliado, sino también, aunque se encuentren en las manos de los
enemigos 6.

5 Moreno Quintana, Lucio M., Tratado de derecho internacional, t. I, Pág. 467, año 1963.
6 Cicerón (M. T.), in verres, III.

Tal privilegio fue concedido también a los agregados del embajador. Comprendía su
correspondencia y todo lo esencial a la ejecución de sus funciones. Ese principio protegía a
los enviados del enemigo y a los embajadores en territorio enemigo, después de la
declaración de guerra.

Los romanos sostenían también que el enviado era inviolable cuando atravesaba un tercer
país, en viaje de o hacia su misión. Todo ataque a la persona de un embajador o de un
heraldo era una violación del jus gentium.

Asimismo fue reconocida por Roma la liberación de los embajadores respecto a la


jurisdicción territorial tanto en materia civil como criminal. El enviado diplomático tenía el
privilegio de no poder ser enjuiciado sino por los tribunales de su país, poseía el jus
revocandi domun.

3. LA DIPLOMACIA EN LA EDAD MEDIA

Durante la Edad Media fue regla la transitoriedad de la representación diplomática,


exceptuando las acreditaciones que hicieron los Papas.

Al finalizar la Edad Media encontramos por primera vez "la diplomacia practicada como
arte y enseñada como ciencia", debiéndose reconocer que en este sentido el Papado y la
Iglesia Católica, han efectuado una contribución innegable.

La inviolabilidad del enviado diplomático era un hecho tan reconocido en la Edad Media
como en la antigüedad. Totila, rey de los Ostrogodos de Italia en el siglo VI, declaró que
los godos reconocían con tanta fuerza como los romanos, él deber de respetar el legat.

La Ley Sálica y las leyes de los Alamans, así como la de los sajones exigían un wergld o
indemnización por el asesinato de su embajador.

El Corán establecía que: "el enviado no podía recibir sino un buen tratamiento".

Cuando los enviados de Barbarroja fueron detenidos y aprisionados por el emperador


griego en Constantinopla, en 1187, el historiador Joffray de Vinsauf, condenó ese proceder
como una violación de leyes consagradas entre los antiguos y aun entre los bárbaros "por la
costumbre y por el honor".

La designación de embajador aparece recién en el siglo XIII respondiendo a la índole de la


función. Fue Francia la que comenzó utilizando la palabra de messager que posiblemente
tenía un significado menos representativo. Las organizaciones italianas y las Repúblicas de
la época, más aún en Florencia, Venecia y Roma, dieron una diplomacia más eficiente,
consagrando embajadores.

4. LAS EMBAJADAS PERMANENTES

La diplomacia como carrera comienza al fin de la Edad Media, en las ciudades italianas
cuyo comercio era de más en más floreciente con Europa y que había nacido en el período
de "Las Cruzadas".

7 Stuart, Graham, El derecho y la práctica diplomática y consular, Academie de Droit


Internationale, 1934, págs. 463 y sigtes.

En el siglo XIII y XIV Florencia contó entre sus diplomáticos con algunos de sus más
inminentes ciudadanos, entre los cuales se encontraban el Dante, Petrarca y Boccaccio. Más
tarde Guicciardini y Machiavelli fueron encargados de misiones importantes.

Venecia, entre 1268/96 inició la carrera diplomática, excluyendo a los clérigos. El


desempeño de las funciones diplomáticas era reservado a las personas de origen patricio y,
asimismo, era considerado una carga pública.

El derecho diplomático se desenvolvió considerablemente en este período y la


inviolabilidad del funcionario diplomático fue reconocida en todas las circunstancias. El
embajador que actuara contra la seguridad del estado podía ser alejado del país, pero no
podía ser llevado ante un juez. Es curioso observar a este respecto que, la teoría está menos
adelantada que la práctica. Con las leyes de Partidas, se reconocían la inmunidad de los
representantes extranjeros (1263). Pero, con los tratados de Grotius, Zouche y Bynhershock
el principio de la inmunidad diplomática de la jurisdicción criminal queda definitivamente
aceptado en la teoría.

Venecia crea, en el siglo XVI, el primer servicio diplomático organizado. Ya en el siglo XV


había tomado forma definitiva el establecimiento de una representación diplomática
permanente, sin saber exactamente a quien atribuir su origen. Algunos autores piensan que
se encontraría el mismo, entre monarcas o estadistas como Fernando el Católico, Luis XI de
Francia o el cardenal de Richelieu. De todos modos es en el siglo XVI, como
precedentemente citara, en que se realiza en forma definitiva el establecimiento de
una representación diplomática permanente organizada, la cual se componía de
embajadores y residentes.

Con la Paz de Westfalia en 1648, se dejó establecida la diplomacia en carácter de función


estable.

En lo referente a la clasificación de sus agentes, el Reglamento del Congreso de Viena de


1815, ampliado por el de Aix-la-Chapelle de 1818, nos da las reglan, las que a su vez
derivan de una práctica constante creadora de un derecho consuetudinario y que han
servido de antecedentes para la organización diplomática actual.

En el siglo XVI y comienzos del XVII no existía la costumbre de que un embajador fuera
acompañado por su esposa. Por haber infringido esa regla, la Embajada Española en las
Provincias Unidas en 1649, fue llamada una embajada hermafrodita. Sin embargo, a
comienzos del siglo XVIII ya era corriente que los embajadores fueran acompañados por
sus esposas. Tal situación aparejó el problema de la inviolabilidad de los familiares y
servidores del embajador. Gentilli declaró que "tales privilegios debían ser concedidos a
todos los que acompañaban al embajador, quedando comprendidos sus servidores". Grotius
adoptó el mismo criterio.

En este punto del desarrollo de la parte histórica del tema, es de interés transcribir una cita
del trabajo de Weckmann sobre el carácter no permanente de la diplomacia hasta el siglo
XV 8.

''A pesar de que la diplomacia es tan antigua como los mismos pueblos, y que desde el
comienzo de los tiempos históricos los hombres y las comunidades humanas, han tenido
imperativa necesidad de establecer relaciones entre ellos, se encuentra un rasgo distintivo
que diferencia a la diplomacia de nuestros días, de la antigüedad y de la Edad Media. Tal
rasgo distintivo es el carácter permanente de la diplomacia moderna.

"Mientras que hoy día, los gobiernos estatales establecen misiones diplomáticas
permanentes en los estados que reconocen, los historiadores de la diplomacia están de
acuerdo en afirmar que, en la diplomacia antigua y medieval sólo se encuentran relaciones
ocasionales.

"Los egipcios, así como los chinos, hindúes, caldeos, asirlos o los judíos de la época
clásica, no han conocido las embajadas permanentes, a pesar de que el Oriente estaba
familiarizado con el envío y recepción de embajadores, correspondencia diplomática,
redacción de tratados, y ya encaraban la diplomacia como el arte de evitar la guerra y
mantener la paz.

8 Weckmann, Luís, Lea origines des missions diplomatiques permanentes. Rev. Droit
International Publique, 1952, n° 2, pág. 161-162.

''En el mundo greco romano, las relaciones diplomáticas revistieron cierta estabilidad de
forma, pero ni los keruks o anhelos de los griegos, ni los legati, oratores, Feciales o
coautores de los romanos, alcanzaron alguna vez un "status"' permanente, ni fueron nunca
funcionarios especializados en las relaciones entre los pueblos.

"La Edad Media mantuvo las tradiciones y las prácticas del mundo romano. Con la
excepción notable de los "Procuradores in Romanas Curiam, no se encuentra en ninguna
parte antes del siglo XV embajadas permanentes. Grotius ya en el siglo XVII fue
impresionado por esta ausencia de embajadores permanentes, tanto en la antigüedad como
en la Edad Media''.

Hubo, hasta la aprobación del Reglamento de Viena de 1815 denominaciones de todo tipo
para los representantes diplomáticos, casi siempre se hacía notar los títulos para hacer
resaltar su jerarquía, pero todos coincidían con el adjetivo de extraordinarios. Era cuestión
de honor y dignidad que superasen sus títulos para establecer su precedencia. Esto dio
motivo a muchos incidentes en los siglos XVII y XVIII, asignándosele importancia al grado
de parentesco con las casas reinantes.

En el citado Congreso de Viena de 1815, en que participaron Austria, Francia, Gran


Bretaña, Portugal, Prusia, Rusia y Suecia, se puso fin a todas estas cuestiones,
estableciéndose una clasificación de los agentes diplomáticos y un orden de precedencia
entre los estados. Se adoptaron normas estableciéndose una clasificación de los enviados
diplomáticos y una categoría superior para los enviados de las Grandes Potencias, una
nomenclatura uniforme para todas las categorías, un orden de precedencia entre los
enviados de una misma categoría y un mismo ceremonial para su recepción.

Según el Reglamento de Viena, cuatro son las categorías, incluyendo una categoría
intermedia completada por el Protocolo de Aix-la-Chapelle de 1818. La primera categoría

"Embajadores, Legados o Nuncios", la segunda categoría "Enviados, Ministros u otros


acreditados ante los Soberanos", una tercera categoría de "Ministros Residentes"
introducida por el referido Protocolo de Aix-la-Chapelle, y la cuarta categoría de los

"Encargados de Negocios acreditados ante los Ministros de Relaciones Exteriores".

La Convención de Viena de 1961 respetó las categorías tradicionales, pero suprimiendo la


categoría de Ministros Residentes.

Hoy, prácticamente todos los países del mundo, han ratificado los firmantes, y se han
adherido otros a la Convención de Viena sobre Relaciones, Privilegios e Inmunidades
Diplomáticas de 1961, que quedó abierta a la firma el 18 de abril de 1961, "en una
demostración de observancia de una política internacional que contribuye a cimentar la
amistad indestructible entre todos los pueblos del mundo, animados por el triunfo de una
justicia verdadera, en esta era tecnológica en que el poder no proviene de la posesión
material de las armas, sino del conocimiento científico y técnico" 9.
9 Pérez, Benito, Régimen jurídico de empleados de misiones diplomáticas, 1980, pág. 3.

III LAS INMUNIDADES Y PRIVILEGIOS DIPLOMATICOS EN EL MUNDO


MODERNO Y CONTEMPORANEO. LA NECESIDAD DE CODIFICACION DEL
DERECHO INTERNACIONAL

1. INMUNIDADES DE AGENTES DIPLOMATICOS

Hoy, las inmunidades de los agentes diplomáticos constituye una excepción a la regla de
que todas las personas y cosas de un estado soberano estaré sujetas a su jurisdicción.

Grotius dice al respecto: "La regla común que aquél que está en un territorio extranjero está
sujeto a ese territorio, sufre, por el común consentimiento de las naciones, una excepción en
el caso de los embajadores, por estar por una cierta ficción en el lugar de aquellos que los
mandan (senatus faciem secum attulerat, autoritatem reipublicae, ait de legato quodam M.
Tullius) y, por una ficción similar ellos están como si fuera extra territorium" 10.

En la doctrina internacional fue objeto de amplia discusión el fundamento de tales


inmunidades y ha motivado dos interpretaciones. Grotius inspirado en los principios del
Derecho Natural y de Gentes, reconocido por las Naciones, fue uno de los primeros en
sostener que los Embajadores debían ser admitidos y que una vez que ello sucediera debían
ser respetados. Asimismo declaró que por una especie de ficción, se considere al
Embajador como la persona misma de su Soberano; del mismo modo o por ficción
semejante, se le supone fuera del territorio (fingitur esse extra territorium) en que ejerza sus
funciones, de tal modo que no depende de la ley civil de la nación extranjera en cuyo seno
vivan.

10 Grossio, E., Le Droit de la Cuerre et de la Paix, Libro II, n1? 4, párrafo 5, citado por
Antokoletz en Derecho diplomático y consular, 1948, t. I, Pág. 309.

Bynkershoek la expone basada en una ficción jurídica: los agentes diplomáticos cuando se
hallan en el extranjero, actuarán como si estuvieran en su propio territorio.

Esta teoría de la ficción fue aceptada en su época por la práctica diplomática, debido a la
simplicidad de sus fundamentos y a la valía de la doctrina que la sostuvo. Posteriormente la
ficción de la extraterritorialidad, basada en una ficción jurídica, fue desestimada ya que no
se ajustaba a la realidad de las relaciones de convivencia pacífica entre los estados. Uno de
sus más exponentes críticos y, con razón fue Fauchille. Es que, como manifiesta el doctor
Lucio M. Moreno Quintana, "aparte de inverosímil y anacrónica, es también peligrosa
porque su aceptación acarrearía consecuencias imprevisibles y absurdas" 12.

Al desestimarse esta teoría de la ficción de la territorialidad hubo otros fundamentos para


justificar las prerrogativas e inmunidades inherentes a la misión diplomática, entre ellos el
cumplimiento eficiente y decoroso de la función del agente diplomático en el Estado
receptor, llamándosele teoría de la representación.

Ambas teorías, la de la ficción de la extraterritorialidad de la ley y la de la representación,


establecen la necesidad de reconocerles a favor de los agentes diplomáticos, un régimen
que asegure la suficiente independencia para el ejercicio de la misión que les es
encomendada, a efectos de que ella no se vea dificultada por hallarse el diplomático
sometido a la jurisdicción y a las leyes del país donde realizan sus funciones.

En su época, Montesquieu, haciendo un análisis de las prerrogativas reconocidas a los


agentes diplomáticos, en su obra "El Espíritu de las Leyes" expresaba: ''El derecho de
gentes ha establecido que los príncipes enviasen embajadores y la razón derivada de la
naturaleza misma de las cosas no permite que estos representantes dependan del Soberano
ante el cual están acreditados ni de sus tribunales. Es menester que no les impida obrar
ningún obstáculo. Por hablar como personas independientes, pueden con frecuencia
desagradar, podría imputárseles delitos, si fuera posible castigarlos por crímenes, podría
suponérseles deudas, si fuese permitido arrestarlos por deudas. Un príncipe naturalmente
altivo hablaría por boca de personas sujetas a temer de todo. Es necesario, entonces,
recurrir, con respecto a los embajadores, a razones emanadas del derecho de gentes y no a
las reglas del derecho político. Si abusan de su carácter representativo, se debe dar por
terminada su misión y despedirlos, también se los puede acusar ante su amo a fin de que
actúe como juez o como cómplice" 13.

11 Accioly, Tratado de derecho internacional público, Madrid, 1958, pág. 489.


12 Moreno Quintana, Lucio M., Tratado de derecho internacional, 1963,, pág. 455.
13 Montesquieu, De L´ Esprit des Lois, t. II, Livre XXVI, Chapitre XXI, pág. 124, París.

Asimismo, para Oppenheim, la extraterritorialidad que las leyes internas de los miembros
de la comunidad internacional deben reconocer a los agentes diplomáticos, se basa en la
necesidad que tiene el agente de ser independiente de la jurisdicción, controles del Estado,
etc., del Estado que lo recibe en cumplimiento de su misión. Para este autor "la
extraterritorialidad es en todo caso, sólo una ficción, porque los agentes diplomáticos no se
hallan en realidad fuera, sino dentro del estado de residencia''. El término
"extraterritorialidad" resulta para el citado autor "aprovechable, pues revela claramente el
hecho de que los agentes deben ser tratados en muchos aspectos, como si no se encontrasen
dentro del territorio de los Estados que los reciben" 14.

Uno de los más acendrados críticos de la teoría de la ficción de la extraterritorialidad ha


sido el destacado internacionalista Fiore. Este autor sostiene que el fundamento de la
exención de jurisdicción se basa en el interés recíproco de los estados y en la propia
naturaleza de la misión diplomática. Apoyado en este criterio, Fiore expresa: "La ficción
convencional de la extraterritorialidad del agente diplomático, es más bien la consecuencia
que el principio de su exención y, por esto, creemos que los publicistas que han querido
explicar su exención por la ficción legal de la extraterritorialidad, se han detenido en la
superficie; sin entrar en la naturaleza de la cosa. Es la naturaleza de la misión diplomática,
su fin y el ejercicio de sus funciones, que exigen la independencia absoluta del agente
diplomático" 15.
14 Oppenheim, Tratado de derecho internacional público, Barcelona, 1961.
15 Fiore, Tratado de derecho internacional público, Madrid, 1894, v. III, pág. 192 y sigtes.

La teoría de la extraterritorialidad, tuvo gran influencia hasta fines del siglo XVIII,
aceptada por muy pocos autores, fue asimismo desestimada por la mayoría de la doctrina
autorizada como Fauchille, Strupp, Fiore y Podestá Costa, entre otros.

Sustituida por la inmunidad de jurisdicción, teoría más racional y lógica, fundada en el


interés recíproco de los estados, en la necesidad de una actuación independiente por parte
del agente diplomático, por ser inherente al carácter representativo que inviste.

La obligación de eximir a los agentes diplomáticos de la jurisdicción local, es una


consecuencia necesaria de las condiciones en las que son enviados y recibidos, como
representantes de estados soberanos; no deben obediencia al Estado ante el cual están
acreditados. Si faltan a sus leyes, el reclamo se hace ante el gobierno que representan sin
cuyo consentimiento, no pueden ser realizados procedimientos contra ellos, ante los
tribunales locales.

La representatividad del agente diplomático está dada en la facultad de llevar la palabra de


su jefe de estado ante otro jefe de estado o colaboradores. Surge de lo precedentemente
expresado la denominación de Ministros Públicos que se da en la doctrina y en la práctica a
los agentes diplomáticos.

Antiguamente, se les daba ese carácter a aquellos enviados diplomáticos que representaban
la persona misma del soberano, por eso el Reglamento de Viena de 1815 decía que los
embajadores, legados o nuncios "son los únicos que tienen carácter representativo". Esto se
debía a la desigualdad de rango entre los estados, por lo cual sólo los estados más
importantes y organizados, de acuerdo a una forma de gobierno, podían ejercer la dirección
de la sociedad internacional.

Actualmente, la doctrina sobre la materia es que la soberanía radica en el pueblo, o sea con
carácter representativo, derivado de la propia representación del estado.

Cualquiera sea la categoría de los agentes diplomáticos, son siempre representantes del
estado que los envía, el carácter representativo es igual para todos. Todos son ministros
públicos. La Convención sobre funcionarios diplomáticos de La Habana de 1928, establece
en su artículo 3° "gozan de los mismos derechos, prerrogativas e inmunidades, salvo en
materia de precedencia y etiqueta". Es una consecuencia del principio de igualdad jurídica
de los estados. Prerrogativas se entiende en un sentido amplio y genérico, el atributo que
asiste a una determinada función para, como dice el doctor moreno quintana, prevalerse de
una garantía excepcional o eximirse, en ciertos aspectos, de la observancia del orden
jurídico común 16. La inmunidad es la eximición de sometimiento a la jurisdicción local de
ciertas personas o cosas y el privilegio es la facultad de una persona o condición de una
cosa de beneficiarse con alguna ventaja o verse librada de una carga o gravamen.

El privilegio de un ministro público consiste en que su persona es inviolable y libre de


arrestos, no por su propio bien, sino por el de aquéllos a quienes representa; esto surge de la
circunstancia de que las naciones pueden tener intercambio entre sí, de la misma manera
que las personas privadas, por medio de agentes.

Por lo tanto, el término inviolabilidad implica un más alto grado de protección a la persona
del agente diplomático y a sus pertenencias, que el que es acordado a una persona privada.
Se extiende a su familia, comitiva, sirvientes, casas, carruajes, bienes, archivos,
documentos de cualquier clase y a su correspondencia oficial, llevada por sus correos o
mensajeros.

Consecuentemente con este criterio, es deber del gobierno ante el cual los agentes
diplomáticos están acreditados, tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar la
inviolabilidad de los mismos y protegerlos de cualquier acto de violencia u ofensa. La
ofensa que se les infiere, es una ofensa al estado que representan, es una lesión al Derecho
Internacional. Si tal ofensa fuera cometida por un oficial público, el gobierno les debe una
adecuada reparación. En casos extremos, a veces, ha dado lugar a serias consecuencias.

Uno de los más notorios, es el del arresto del embajador ruso en Londres en 1708, que
determinó la aprobación del Act. 7 Anne, Cap. 12 "para prevenir parecidas insolencias para
el futuro" .

En 1708 M. de Mathveof (Matveev) embajador ruso, cuando iba a presentar sus


documentos de retiro, fue arrestado con violencia en las calles de Londres, a instigación de
ciertos comerciantes, a los efectos de hacerle cumplir el pago de deudas. Poco después, fue
puesto en libertad bajo fianza, ofrecida por sus amigos. Cuando la Reina se enteró de esta
situación, encargó al Secretario de Estado que expresara sus disculpas al embajador, a
quién también se le informó que sus ofensores serían llevados ante el tribunal y castigados
con el máximo rigor de la ley. El embajador, sin embargo, no se consideró satisfecho con
esta disculpa y dejó el país inmediatamente, sin presentar sus cartas de retiro, ni valerse de
ninguna de las cortesías que se encontraban a su disposición. Para solucionar esta tensión,
Lord Whitorth, el Enviado Británico en St. Petersburgo, fue acreditado como embajador
especial, con el propósito de llevar a Pedro el Grande en una audiencia pública, la
expresión de pesar de la Reina por el insulto cometido a su embajador 18.

16 Moreno Quintana, Lucio M., Tratado de derecho internacional, Buenos Aires, 1963, t. I,
pág. 454.
17 Br. and For. State Papers.. i 933.

En 1913, el agregado naval griego en Constantinopla, fue insultado por un agente de policía
turco. Por esta ofensa fueron presentadas excusas personalmente por el prefecto de policía
turco. El agente de policía fue despedido y castigado y se anunciaron públicamente las
medidas a tomar por el gobierno turco, para dar satisfacción al gobierno griego 19.

Ejemplos más graves son los de los Boxers, que tuvieron lugar en China en 1899, cuando el
ministro alemán y el canciller japonés fueron muertos por tropas chinas, y asimismo, las
legaciones extranjeras sitiadas. El asesinato en Moscú y Petrogrado en 1918, del embajador
alemán y del agregado naval británico. El asesinato en Polonia en 1927 de Voikov, ministro
soviético en Varsovia, muerto a pesar de que se le había ofrecido protección policial. El
caso de M. Vorosky, observador soviético a la Conferencia de Lausanna, asesinado en
Suiza en 1923, puede ser también mencionado, ya que fue objeto de serias quejas por parte
del gobierno soviético al gobierno suizo, a pesar de que éste último, no había sido
oficialmente informado de su presencia en Suiza.

Un gobierno debe asegurar los medios o procedimientos adecuados para el castigo de las
ofensas cometidas por los individuos, contra agentes diplomáticos. En la mayoría de los
países han sido establecidas leyes especiales para tal propósito. Como ejemplo, citaremos a
la ley norteamericana que dice: "A la persona que asalte, golpee, hiera, encarcele, o de
cualquier otra manera cometa violencia contra la persona de un ministro público, en
violación de la ley de las naciones, será encarcelada por más de tres años, y multada a
discreción de la Corte" (Estatutos revisados de Estados Unidos. Punto 4002).

18 Martens, Ch. de. Causes Celebres, etc. i. 68, etcétera.


19 Hurst, Les Inmunités Diplomatiques, i. 126.

Cuando no exista tal ley especial, se emplea el procedimiento ordinario de la ley penal 20.

El castigo de un crimen u ofensa, depende de las reglas del derecho penal y del
procedimiento criminal que rige en el país. El Poder Ejecutivo de ese país no puede, como
norma, intervenir en la administración de la justicia.

Si no hay procedimiento especial para el castigo de las ofensas contra la ley internacional,
el juicio por éstas, debe ser remitido a los tribunales ordinarios. El Estado ofendido no tiene
ningún derecho de reclamar un proceso distinto del judicial ordinario y tiene que aceptar,
inclusive, si el acusado es absuelto o castigado con una pena menor que la que él puede
considerar justa (Blumtschili) 21.

Esta situación puede, sin embargo, ser refutada por el estado ofendido. Así, por ejemplo, en
1912 el encargado de negocios norteamericano en Cuba, fue asaltado por el periodista de
un diario cubano, el que fue arrestado, pero luego absuelto por la Corte cubana, con la
observación de que era indiferente si la persona atacada era el ministro americano o un
cubano de la clase más baja. El gobierno de Estados Unidos protestó contra esta
interpretación de la ley internacional y, el ofensor, fue finalmente sentenciado a dos años y
medio de cárcel 22.

La inmunidad no queda afectada por la declaración de guerra entre el país a que pertenece
un diplomático y aquel ante el cual está acreditado 23. En tal evento, es deber del gobierno
ante el cual está acreditado, tomar todas las precauciones contra cualquier violencia dirigida
contra él o contra las personas que pertenecen a su familia, o comitiva a quienes alcance el
derecho de inviolabilidad, o contra su residencia o equipaje, debiéndosele permitir partir
con su comitiva, con la máxima seguridad. En caso de necesidad se le proporcionarán
facilidades especiales, libres de todo gasto 24, y luego de su partida la embajada y todo lo
que comprende a la misma, serán respetados.

20 Hurst, Les inmunités Diplomatiques, iil 30.


21 Dar Moderne Volkerrecht, etc. 1873. Punto 467.
22 Déak, Classification, etc. des Agents diplomatiques, Rev. de Dr. Int. 1Q28, pág. 201.
23 Nicholson, Sir, H. T., The Old Diplomace and the New, Londres, Instituto of
International Affairs, 1961.
24 Hurst', Les Inmunités Diplomatiques, ii 231.

Se espera, que, por su parte, el agente diplomático de que se trate, prestará la debida
observancia a las leyes y regulaciones para el mantenimiento del orden público y seguridad
del estado donde deba residir para el cumplimiento de su función, y, asimismo, se abstendrá
de todo acto que pueda dar origen a razonables motivos de queja por parte del Estado
receptor. La corrección de su propia conducta, será la mejor garantía de la inviolabilidad
reclamada por él. Sí bien, en general su conducta escapa a la jurisdicción policial, ello no
implica el derecho que pueda arrogarse el diplomático a desatender disposiciones
necesarias para el bienestar de la comunidad que habita.

Si por el contrario, el diplomático fuera el ofendido, deberá reclamar ante el gobierno que
está acreditado y, si no halla satisfacción por esta vía, debe solicitar a su propio gobierno
que le sea reparada la ofensa.

Es que, los representantes diplomáticos quedan bajo la protección del Estado receptor,
como quedaban en la antigüedad bajo la protección de los dioses.

martens sostenía que los estados, en casos graves, pueden apoyar reclamaciones del estado
ofendido y hasta castigar ellos mismos, la violación del derecho internacional 25.

Asimismo, vattel proponía que un asunto de esta naturaleza, es la querella de todas las
naciones interesadas en mantener como sagrados, el derecho y los medios que ellos tienen
de comunicarse y de tratar sus asuntos. El que hace violencia a un embajador o a cualquier
otro ministro público, no injuria solamente al soberano que ese ministro representa, hiere la
seguridad común y la tranquilidad de las naciones, se hace culpable de un crimen atroz
hacía todos los pueblos 26.

Hoy es un principio definitivamente admitido en la práctica de las relaciones


internacionales que los agentes diplomáticos no dependan o se sustraigan de la jurisdicción
del estado donde actúan, es lo que se llama inmunidad de jurisdicción o exención de
jurisdicción y que comprende varios aspectos como ser: el derecho a negarse a contestar un
oficio judicial o comparecer como testigo, hasta el negarse a someterse a la tramitación de
un juicio o proceso, terminando esta exención en los casos en que el agente diplomático se
someta voluntariamente a la jurisdicción del país receptor, siendo en este caso necesario, la
conformidad de su gobierno. Tales prerrogativas son inherentes al carácter representativo
que invisten, el reconocimiento de las mismas se basa en el interés recíproco de los estados,
en razones de cortesía que se han hecho costumbre y en el respeto de los estados. Por lo
tanto, la libertad de jurisdicción es de la esencia de la independencia y libertad de acción de
los agentes diplomáticos, ya que afecta a la soberanía y a la dignidad de las naciones. La
observancia de ese deber es el resultado de las buenas relaciones entre los estados, en el
orden internacional.
25 Martens, Le guide diplomatiques, París, pág. 57.
26 Vattel, Le Droit des Gens, París, 1863.

Las prerrogativas atribuidas al agente diplomático incluyen privilegios e inmunidades que


son: inmunidad personal, inmunidad real y la inmunidad de jurisdicción. En virtud de la
primera, el agente diplomático goza en el país donde está acreditado, de una situación
semejante a la de un jefe de estado en el extranjero. Es decir, actúa independientemente, su
persona es inviolable y se halla exento, en cuanto al ejercicio de sus funciones, de la
autoridad del estado donde las ejerce. Asimismo goza de la inviolabilidad de la
correspondencia y su documentación en general. Se le reconoce la libre comunicación con
su gobierno, ya sea por los correos diplomáticos o por la valija diplomática, por
radiotelefonía o telefónicamente, como así también por la utilización de claves, salvo las
restricciones que pudieran existir en tiempo de guerra. En principio no le alcanza ningún
impuesto personal, como el que grava los réditos, goza de exención impositiva. Aquí existe
una excepción a la exención en cuanto a los impuestos sobre bienes inmuebles o
sucesiones, como titular de los derechos correspondientes, sobre los impuestos indirectos
de la índole de los normalmente incluidos en el precio de las mercaderías o servicios, de los
impuestos o gravámenes sobre los ingresos privados que tengan su origen en el Estado
receptor, de los impuestos sobre el capital que graven las inversiones efectuadas en
empresas comerciales en el Estado receptor y los correspondientes a servicios particulares
prestados. Asimismo no están exentos de los derechos de registro, aranceles judiciales,
hipoteca y timbre cuando se trate de bienes inmuebles privados, por lo que deberán
observar las disposiciones legales del Estado receptor.

Pero sí está exento de derechos aduaneros y tasas en general. La inmunidad personal no


ampara la actividad profesional o comercial que el agente diplomático, con fines de lucro,
pudiera realizar fuera de su función oficial. Por otra parte, tales actividades le están
prohibidas por casi todas las legislaciones nacionales.

La inmunidad real, en su alcance, cubre la sede de la representación diplomática, las


oficinas de su cancillería y su residencia particular. Las autoridades locales no pueden
realizar ningún acto de intromisión en ellas, ya sean autoridades administrativas, judiciales,
policiales o militares, salvo que el agente diplomático lo solicitara expresamente.
En cuanto a la inmunidad o exención de jurisdicción, citada precedentemente, el agente
diplomático se halla exento de la jurisdicción penal del Estado receptor. Ello no implica
que si el mismo comete un delito pueda quedar impune, ya que corresponde a la
competencia de los tribunales del país acreditante o de origen su procesamiento y
juzgamiento.

Por otra parte, el agente diplomático se halla exento de la jurisdicción civil del Estado
receptor, excepto en lo relativo a juicios universales, laborales y provisionales, en los que
actúe como particular.

Como dice el doctor moreno quintana, es un resabio de la antigua ficción de la


extraterritorialidad a la jurisdicción y a las leyes del estado de su nacionalidad, debiendo
acatamiento no obstante al orden local, observando su legislación y reglamentaciones. Las
únicas situaciones de excepción a la exención de inmunidad civil son las que derivan del
sometimiento voluntario del diplomático a la jurisdicción local, siempre que, por la índole
del caso, lo faculte el estado del cual depende, ya se trate de acciones en justicia referentes
a derechos patrimoniales de dicho estado, de la gestión de intereses particulares específicos
o de su calidad de nacional del estado objeto de su misión, hecha la correspondiente
reserva. Hay autores como Strupp, entre otros, que distinguen entre actos oficiales (jure
imperii) que el agente diplomático realiza en cumplimiento de su misión y actos personales
(jure gestionis) que efectúa como ente privado. El mismo doctor moreno quintana, haciendo
referencia en su Tratado de Derecho Internacional Público al tema, considera inadmisible
tal distinción. Es que el agente diplomático, en circunstancias, puede verse necesitado de
recurrir como persona privada ante la justicia local. Por ello y en resguardo de intereses
privados, puede someterse voluntariamente, siempre con la conformidad de su gobierno,
como actor o demandado a los jueces del Estado receptor. En consecuencia, los países ante
los cuales se hallan acreditados han puesto a su disposición un aparato judicial cuya
utilización, tiene para él carácter optativo. Ese es el espíritu del artículo 100 y 101 de la
Constitución argentina y el no 1° inc. 3) de la ley no 48 sobre jurisdicción y competencia de
los tribunales nacionales, que declaran la competencia originaria y exclusiva de la Corte
Suprema de Justicia "'en las causas concernientes a embajadores, ministros públicos y
cónsules extranjeros''.

Las constituciones de los estados modernos en resguardo de las inmunidades diplomáticas


establecen entre las atribuciones otorgadas al poder judicial, aquellas destinadas a
preservarlas, en vista de relaciones de convivencia armoniosa entre las naciones.

Así la Constitución argentina en su artículo 100 dice: "Corresponde a la Corte Suprema y a


los Tribunales inferiores de la Nación el conocimiento y decisión de todas las causas
concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros".

De acuerdo con su facultad de sometimiento voluntario, el agente diplomático puede optar,


en casos de menor importancia, por una jurisdicción inferior, pero, en este caso, trabada la
litis queda, según normas del Derecho Procesal, consentida por el interesado.

En esta situación muchos autores distinguen los actos practicados por el estado como
persona pública o en el ejercicio del derecho de soberanía, de los que el mismo estado
realiza como persona privada. Como persona pública, dicen, un estado nunca puede ser
sometido a la competencia dei una autoridad judicial extranjera. Como persona privada, en
cambio, será equiparado a simples particulares, sometidos a jurisdicción de tribunales
extranjeros 27.

La jurisdicción originaria de la Corte no comprende a las demandas de un particular contra


un gobierno extranjero, por contrariar los principios del Derecho Internacional Público. Por
consiguiente, para hacer valer sus derechos deberá recurrir al juzgado de sección, quien
deberá transmitir la demanda por intermedio del Poder Ejecutivo Nacional al Representante
de la Nación demandada 128, que aceptará o declinará a su arbitrio la jurisdicción.

La jurisprudencia de la Corte Suprema de la Nación, en su aspecto procesal sobre


competencia de los jueces para entender en la inmunidad de jurisdicción, coincide con el
Código Bustamante, sobre reglas de derecho procesal internacional. Con posterioridad, la
ley argentina no 13.998 del 11 de octubre de 1956, reformada en lo pertinente por el
decreto-ley no 1285 del 4 de febrero de 1958, calificó como causas concernientes a
embajadores o ministros extranjeros "'las que les afecten directamente por debatirse en
ellas, derechos que les asisten o porque comprometen su responsabilidad, así como las que
en la misma forma afecten a las personas de su familia o al personal de la embajada o
legación que tenga carácter diplomático'' y estableció: "No se dará curso a las acciones
contra las personas mencionadas, sin requerirse previamente del respectivo embajador o
ministro, la conformidad de su gobierno para someterlas a juicio".

27 Accioly, Tratado de derecho internacional público, Madrid, 1958, pág. 246, citado por
Pérez, Benito, en Régimen jurídico de empleados de misiones diplomáticas. La Plata, 1980,
pág. 60.
28 Pérez, Benito, Régimen jurídico de empleados de misiones diplomáticas, La Plata, 1980,
págs. 60-61.

Sin embargo, si un Estado extranjero acepta ser demandado, no es necesario aplicar las
reglas de la inmunidad. Esto quedó reflejado en el artículo 24 del precitado Decreto Ley no
1285, que prohibe los litigios contra un Estado extranjero, sin su consentimiento previo
(Anales de Legislación Argentina XVII a pág. 589). Asimismo, quedó establecido que la
renuncia a la inmunidad en lo referente al procedimiento, no se entiende en cuanto a la
inmunidad de ejecución, más aún en lo relativo a las actividades comerciales, excepto que
exista prueba evidente en contrario. El consentimiento puede ser expreso o tácito. La
Jurisprudencia ha demostrado en el caso Acuña de Arce vs. Solórzano (International Law
Reports, 1956, pág. 422), cuando el secretario de la embajada mexicana en Santiago, fue
demandado en relación con un arrendamiento que establecía que, las reclamaciones sobre
sus términos quedaban sujetos a la jurisdicción local. Cuando se le notificó un
mandamiento ordenándole dejar el local, el demandado cumplió, no alegando la inmunidad.
Posteriormente, el embajador mexicano en Chile elevó su protesta al Ministro de
Relaciones Exteriores, en la que expresaba que el demandado no gozaba de la autorización
de su gobierno para renunciar a la inmunidad. La Suprema Corte de Justicia de Chile,
invocando el artículo 19 de la Convención de La Habana de 1928 sobre Inmunidades
Diplomáticas, sostuvo que a falta de autorización de su gobierno, la renuncia era inválida
desde el comienzo, aunque podía inferirse por el hecho de que el demandado firmó el
contrato de arrendamiento, por su comparecencia en el juicio respecto a éste y por haber
cumplido con el mandamiento del tribunal inferior, A conclusiones similares llegó la
Suprema Corte de Justicia de la República Argentina en el caso Re Alberto Grillen, hijo, en
1929 (Caso no 194 - Annual Digest of Public International Law Cases 1919-1949). Del
mismo modo la iniciación de un procedimiento por un agente diplomático, se ha
interpretado con frecuencia como un acatamiento implícito al ejercicio de la jurisdicción
local. La Suprema Corte de Justicia de la República Argentina lo declaró así en el caso
Ghossein vs. Vila Alquila en el año 1955 (International Law Reports, 1955, pág. 539), en
un juicio entablado por el ministro libanés. En este caso, el hecho de establecer una
demanda, debe interpretarse como una renuncia implícita.

La Revista Jurídica argentina La Ley del año 1956, pág. 262, en un comentario sobre el
caso precedentemente citado, resaltó que la inmunidad diplomática es un atributo de la
soberanía del estado que envía y no del diplomático, ya que este debe obtener el
consentimiento de su gobierno para renunciar a la inmunidad.
Muchos de los problemas de la renuncia a la inmunidad se resolvieron con el artículo 32 de
la Convención de Viena de 1961.

Pero, lo referente al deber del Estado acreditante de renunciar a la inmunidad —por lo


menos en los juicios civiles— no fue tratado en la Convención. Solamente en el seno de la
Conferencia se adoptó una recomendación relativa a que el Estado acreditante debería
renunciar a la inmunidad de los miembros de su misión diplomática, respecto a
reclamaciones civiles de personas en el Estado receptor, cuando ello se pudiera efectuar sin
obstaculizar el cumplimiento de las funciones de la misión. En dicha recomendación se
estableció que, cuando no se renuncie a la inmunidad, el Estado acreditante deberá
empeñarse en un arreglo justo en las reclamaciones. (Resolución II '"La Consideración de
Reclamaciones Civiles" adoptada por la Conferencia en su última Sesión Plenaria del 14 de
abril de 1961).

En lo referente a la terminología, se ha notado en la doctrina, los textos y las leyes, una


falta de definición en los términos usados, relativos a inmunidades o privilegios. Un
estudioso argentino de la materia, el doctor armas barea, se refiere a ella en estos términos:
29 "En lo referente a la situación especial que gozan las misiones diplomáticas en el
exterior del país a que pertenecen, hay que señalar que no hay en la doctrina ni en los textos
jurídicos positivos una uniformidad en la terminología empleada al denominársela.

Así, muchas veces sin precisar o algunas otras indistintamente, se habla de inmunidades,
privilegios, prerrogativas, inviolabilidad, exenciones, franquicias, etc.

29 Armas Barea, Calixto, La conferencia de las Naciones Unidas sobre relaciones e


inmunidades diplomáticas, en Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas,
año VIII, enero-diciembre 1961, nos. 19-20.

Creemos que, como reconocen gran parte de prestigiosos autores y se estipula claramente
en el preámbulo de la Convención que estudiamos, que en la actualidad debe admitirse que
todas aquellas situaciones tienen un mismo fundamento: el eficaz desempeño de las
funciones diplomáticas".

En consecuencia, y para trabajar con la mayor precisión posible, como corresponde en toda
labor científica, debe buscarse el empleo de una única denominación que a la vez sea lo
más genérica posible y, por otra parte, esté acorde con la verdadera razón de ser del
concepto nominado. En castellano, por lo menos, opinamos que la expresión más correcta
es la palabra "prerrogativa", no sólo por ser más comprensiva, sino además y
principalmente, porque se adapta a la perfección, al fundamento que acabamos de señalar.

En efecto, de todos los vocablos usados, indudablemente, los dos más genéricos son
"privilegio" y "prerrogativa", pero analizando el significado exacto de cada uno de ellos
comprobamos que, si bien en su uso vulgar pueden emplearse como sinónimos,
estrictamente difieren en algo primordial. El "privilegio" es una gracia o exención que se
concede a uno y no a otro, pero ello puede ser arbitrariamente, en cambio la "prerrogativa"
es lo mismo, pero con el aditamento de que esa situación especial va anexa, regularmente, a
una dignidad, empleo o cargo. Es evidente, pues, que ésta última palabra es la que mejor
corresponde emplear si nos atenemos a la fundamentación aceptada.

Como conclusión de estos diferentes análisis del problema, se desprende que,


efectivamente, no hay uniformidad en la designación de esa institución, por lo cual, tanto
los diplomáticos en persona, como las misiones diplomáticas, gozan de ciertos derechos y
protección extraordinarios en comparación con las personas privadas.

Es muy lamentable que en esta Convención, que, como primer punto de su trabajo entendió
que debía definir una serie de términos, cosa que hizo con completo acierto al tratar el
artículo 1°, no haya considerado definir éste, como lo hizo con aquellos. (Convención de
Viena de 1961, art. 1°).

2. LA NECESIDAD DE CODIFICACION DEL DERECHO INTERNACIONAL

Las más eminentes autoridades en la materia han dedicado mucho tiempo a la tarea de
tratar de integrar en un código internacional, los principio tradicionalmente aceptados.
Bluntschili, en el año 1868, Flore en 1890, Pessoa en 1911 y Phillimore en 1926 han
tratado este tema con amplitud y maestría en sus proyectos de codificación.

También el Instituto de Derecho Internacional en 1895, resolvió encarar la codificación de


las reglas dispersas referentes a las inmunidades de los diplomáticos. El mismo Instituto, en
el año 1929 volvió a revisar y analizar exhaustivamente los diversos reglamentos y
disposiciones sobre el punto, tratando de armonizarlas con la extraordinaria evolución del
Derecho Internacional operado en el primer cuarto del siglo actual.

La III Conferencia Panamericana que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1906, designó una
Comisión de Juristas encargados de abocarse a la tarea de preparar una codificación del
Derecho Internacional. Debido a dificultades de índole diversa, entre las cuales la más
importante fue la Primera Guerra Mundial, esta Comisión de Juristas permaneció inactiva
hasta que, en 1924, en una situación más favorable, el Comité Directivo de la Unión
Panamericana solicitó al Instituto Americano de Derecho Internacional, que sometiera a ese
grupo de juristas, la consideración de todos los proyectos y antecedentes de que se
dispusiera. El mencionado Comité de Juristas se reunió en Río de Janeiro en 1927, donde
procedió a considerar treinta proyectos diferentes sobre la cuestión, reduciendo su número a
doce luego de arduos estudios.

La VI Conferencia de los Estados Americanos, realizada en La Habana en 1928, se abocó


al estudio de esos doce proyectos, de los cuales, luego de considerables discusiones, aprobó
siete.

Las disposiciones de la Convención, surgida de esta Conferencia, divide a los funcionarios


diplomáticos en ordinarios y extraordinarios. Les llama ordinarios a los que representan de
manera permanente al gobierno de un estado ante otro, y extraordinarios, los encargados de
misión oficial, es decir, los que se acreditan para representar al gobierno en Conferencias,
Congresos u otros Organismos Internacionales.
Entre los principios más destacables de esta Convención de La Habana de 1928,
encontramos las disposiciones del artículo 19 que dicen: "Los funcionarios diplomáticos
están exentos de toda jurisdicción civil o criminal del estado ante el cual se encuentran
acreditados, no pudiendo, salvo el caso en que debidamente autorizados por su gobierno,
renuncien a la inmunidad, ser procesados y Juzgados sino por los tribunales de su Estado".

Los artículos 20 y 21 agregan: "La inmunidad de jurisdicción sobrevive a los funcionarios


diplomáticos en cuanto a las acciones que con ellas se relacionan. En relación a las otras,
sin embargo, no puede ser invocada, sino mientras duren sus funciones'' y '"Las personas
que gocen de inmunidades de jurisdicción pueden rehusar comparecer como testigos ante
los tribunales territoriales".

La importancia de esta VI Conferencia de La Habana de 1928, radica en el hecho de que


adoptó una Convención concerniente a funcionarios diplomáticos, en la que se establece,
entre otros puntos, el de los privilegios e inmunidades de los agentes diplomáticos. Su
artículo 14 dispone: "Los funcionarios diplomáticos serán inviolables en su persona,
residencia particular u oficial y bienes. Esta inviolabilidad se extiende a todas las clases de
funcionarios diplomáticos, a todo personal oficial de la misión diplomática, a los miembros
de la respectiva familia que viven bajo el mismo techo; a los papeles, archivos y
correspondencia de la misión".

Por todo ello, esta Convención de La Habana de 1928, es uno de los antecedentes positivos
inmediatos que han sido tenidos en cuenta en la Convención de Viena de 1961.

Asimismo, un ensayo de codificación fue encarado bajo los auspicios de la Sociedad de las
Naciones, la que designó un Comité de Expertos que eligieron once temas de investigación
y estudio, que luego redujeron a siete, por considerar que eran los que estaban
suficientemente maduros para una codificación. Entre esos siete temas se encontraba lo
referido a ''los privilegios e inmunidades diplomáticas".

En 1930 se reúne en La Habana la Conferencia para la Codificación del Derecho


Internacional, que, si bien no logra el objetivo propuesto, es un importantísimo antecedente
para agregar a la tendencia codificadora. Se ha dicho que esa Conferencia sirvió para
presentir el ambiente en torno a este problema de la codificación, como asimismo cual era
el mejor método para ello y así se pudo notar que era una ambición demasiado grande
suponer que, en el transcurso de un mes que duró la Conferencia —desde el 13 de marzo al
12 de abril de 1930— se conseguiría la unificación sobre temas tan importantes.

El gran interés de la Sociedad de las Naciones en la obra de la codificación, hizo que en la


IIa Asamblea, se solicitara de los estados miembros, sus observaciones sobre las
recomendaciones de la Conferencia. Los estados no fueron contrarios a la continuación de
la base de codificación, pero la Asamblea dejó librada la iniciativa a los estados miembros,
con lo que nada se consiguió. En las Naciones Unidas el problema de la codificación se
examinó más científicamente. En Dumbarton Oaks no se aludía a la denominación
"Derecho Internacional", pero China injertó algo sobre codificación, revisión y desarrollo
del Derecho Internacional.

En la Conferencia de San Francisco de 1945 hubo gran discusión hasta que finalmente, se
aprobó el texto del artículo 13 de la Carta, en que se dispuso que la Asamblea General
inciará estudios y hará recomendaciones con el objeto de "impulsar el desarrollo progresivo
del Derecho Internacional y su codificación".

En la Asamblea General se creó un comité de 17 miembros que aconsejaría los medios para
que la Asamblea cumpliera con lo preceptuado en el artículo 13. Uno de los primeros
problemas fue determinar si existía diferencia entre desarrollo progresivo y codificación. La
U.R.S.S. dijo que no había diferencia; codificar era clasificar creando a su vez normas que
importaban un desarrollo progresivo. En cambio, los angloamericanos sostenían que
"codificar" era traducir en normas internacionales un derecho preexistente, y "desarrollo
progresivo" era llenar el vacío en que no había normas de derecho internacional. La
Comisión no se pronunció de modo definitivo y el problema se agudizó en cuanto al
método para lograr tales objetivos. El sistema de Restatement (reformulación) fue
propuesto por algunos países cuando se trató de codificar y el mismo consistía en dar forma
articulada a las normas de los tribunales que tenían valor obligatorio. Se dijo, como
observación, que era una tarea técnica. Era el sistema usado en los países anglosajones y
consistía en regularizar los artículos existentes, tarea que era realizada por instituciones
jurídicas de gran prestigio.

Rusia, en cambio, se pronunció a favor de los tratados internacionales, a través de personas


debidamente autorizadas por los respectivos estados.

La Comisión de Juristas recomendó este último sistema de convenciones multilaterales, no


obstante un Comité de Expertos debía presentar un proyecto de cuestiones a tratarse en
estas convenciones.

En definitiva, la Asamblea General no era el ámbito propicio para la tarea, debido al gran
número de sus componentes y, por ello se recomendó un Consejo de Expertos cuyos
miembros la realizaría no como representantes de estados, sino que serían designados por
su competencia en derecho internacional.

En la IIa Asamblea General del año 1947, por Resolución 174 se crea la Comisión de
Derecho Internacional aprobándose su Estatuto, en el que se definía sus funciones y se
regulaba la elección periódica de sus miembros por la misma Asamblea. El objeto de la
Comisión se encuentra en el artículo 1° del Estatuto de la Comisión de Derecho
Internacional que dice: "Promover el desarrollo progresivo del derecho internacional y su
codificación" y el artículo 15 del mismo Estatuto, cuando se refiere a las funciones de la
Comisión, nos da la definición de desarrollo progresivo y de codificación. Dice el artículo
15: ''En los artículos siguientes la expresión «desarrollo progresivo del derecho
internacional» es utilizada por comodidad, para designar la elaboración de proyectos de
convenciones sobre temas que no hayan sido regulados todavía por el derecho internacional
o respecto a los cuales los Estados no hayan aplicado, en la práctica, normas
suficientemente desarrolladas. Del mismo modo, la expresión «codificación del derecho
internacional» se emplea, por comodidad, para designar la más precisa formulación y la
sistematización de las normas de derecho internacional en materias en las que ya exista
amplía práctica de los estados, así como precedentes y doctrinas" 30.

La labor de la Comisión de Derecho Internacional ha sido muy exitosa. El dinamismo del


Derecho Internacional ha hecho que se codificaran no sólo temas básicos regidos hasta hace
muy poco por la costumbre o el derecho consuetudinario, sino que nuevas instituciones
regidas por el Derecho Internacional han sido reguladas mediante tratados, ya sean
multilaterales o bilaterales, quedando restringido cada vez más el campo consuetudinario.

Hoy están en vigencia, las cuatro Convenciones aprobadas en 1958 en Ginebra referentes a
Mar Territorial y Zona Contigua, Alta Mar, Pesca y Conservación de los Recursos Vivos
del Mar y Plataforma Continental, la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas
de 1961, motivo de esta publicación, la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares
de 1963. En 1969 se aprobó la Convención sobre Misiones Especiales en New York y ese
mismo año, en Viena la Convención sobre Derecho de los Tratados. En 1975 se aprobó
también en Viena la Convención sobre Relación entre los Estados y las Organizaciones
Internacionales. Asimismo, en un intento de modificar o establecer algunas de las normas
de las Convenciones de Ginebra de 1958, se realizaron posteriores reuniones,
complementando muchos puntos que en ese momento no habían sido definidos, como la
extensión del mar territorial y el régimen de explotación de los fondos marinos y oceánicos,
más allá de las jurisdicciones nacionales.

30 Estatuto de la Comisión de Decreto Internacional. Art. 15.

Esta es la característica del Derecho Internacional contemporáneo, de ser un derecho en


evolución con una enorme tendencia codificatoria.

En el orden americano, luego de la Conferencia de La Habana de 1928, se creó una


Comisión de Juristas, con sede en Río de Janeiro, que trató diversos temas.

En la Carta de la O.E.A. se crea un órgano: la Comisión Permanente del Consejo


Interamericano de Jurisconsultos, encargado de la codificación del Derecho Internacional
Público y Privado.

IV LA CONVENCION DE VIENA DE 1961. COMENTARIOS A SU ARTICULADO

1. INDICE DEL CONTENIDO DEL ARTICULADO DE LA CONVENCION DE


VIENA

1- Significado de las palabras que sirven para denominar a los miembros de las misiones.

2- Las relaciones diplomáticas son por consentimiento mutuo.

3- Las funciones de una misión diplomática.


4- El placet previo.

5- Un jefe de misión para más de un estado.

6- Dos o más estados pueden acreditar al mismo jefe de misión.

7- Libre designación del personal de la misión; agregados militares.

8- Nacionalidad del personal de la misión.

9- Declaración de persona "non grata".

10- Notificación al Ministerio de Relaciones Exteriores de los nombramientos, llegadas,


salidas de miembros y personal de la misión.

11- Números de miembros de la misión.

12- El Estado acreditante no puede establecer oficinas fuera del lugar donde radique su
misión.

13- Desde qué momento se tiene en cuenta la asunción de las funciones.

14- Clases en que se dividen los jefes de misión.

15- Los estados se pondrán de acuerdo sobre la clase a que pertenecerán sus representantes.

16- Precedencia de los jefes de misión.

17- El jefe de misión notificará la precedencia de los miembros de su misión.

18- Procedimiento uniforme de recepción para cada clase.

19- Sustitutos del jefe de misión.

20- Derecho de colocar la bandera y el escudo del país acreditante.

21- Locales de la misión, colaboración del Estado receptor.

22- Inviolabilidad de los locales, medios de transporte, etcétera.

23- Exención de impuestos sobre los locales de la misión.

24- Inviolabilidad de los archivos y documentos.

25- Facilidades para el desempeño de las funciones de la misión.


26- Libertad de circulación y de tránsito.

27- Libertad de comunicación, correspondencia oficial, valija diplomática.

28- Exención de impuestos a las percepciones de la misión por actos oficiales.

29- Inviolabilidad de la persona del agente diplomático.

30- Inviolabilidad de la residencia, documentos, etc. particulares del agente diplomático.

31- Inmunidad de la jurisdicción penal, civil y administrativa. No está obligado a testificar.

32- Renuncia a la inmunidad de jurisdicción.

33- Exenciones sobre disposiciones de seguridad social.

34- Exención de impuestos.

35- Exención de servicios públicos, cargas militares, etcétera.

36- Exención de derechos de aduana, inspección de equipajes, etcétera.

37- Privilegios e inmunidades de miembros de la familia (artículos 29 al 36).

38- Limitación de la inmunidad al agente diplomático que es nacional del estado aceptante.

39- Desde y hasta cuándo rigen las inmunidades.

40- Los terceros estados y las inmunidades para los diplomáticos.

41- Conducta de los agentes diplomáticos respecto de los estados aceptantes.

42- El agente diplomático no debe ejercer otra actividad.

43- Terminación de las funciones diplomáticas.

44- En caso necesario, el Estado receptor colaborará para que los funcionarios que integran
la misión diplomática puedan abandonar el país.

45- Conducta en caso de ruptura de relaciones diplomáticas.

46- Asunción de la representación por un tercer Estado.

47- No debe haber discriminación en la aplicación de esta Convención.

48- Fechas de firma de esta Convención.


49- Convención sujeta a ratificación por parte de los estados.

50- Esta Convención queda abierta a la adhesión de otros estados.

51- Comienzo de la vigencia de esta Convención.

52- El Secretario General de las Naciones Unidas informará a los estados sobre las
ratificaciones y adhesiones.

53- El original de esta Convención será depositado en poder leí Secretario de las Naciones
Unidas.

2. LA CONVENCION DE VIENA SOBRE RELACIONES DIPLOMATICAS

La base de las discusiones de la Conferencia, estuvo constituida por el proyecto de artículos


aprobados por la Comisión de Derecho Internacional en su 10° período de sesiones. La
Comisión Plenaria trabajó sobre este proyecto introduciendo las enmiendas
correspondientes. Las Sesiones Plenarias de la Conferencia, consideraron, por último, cada
uno de los artículos ya elaborados en los órganos precedentes, introduciendo en muchos
casos importantes modificaciones.

El proyecto de la Comisión de Derecho Internacional, no contenía preámbulo alguno, pero


el Comité Plenario consideró que debía contener uno, para expresar en el mismo, conceptos
de orden general 31.

El preámbulo aprobado por la Convención está basado en una propuesta efectuada por
Burma, Ceylán, India, Indonesia y la República Arabe Unida, que a su vez incorpora una
previa proposición de México, en el sentido de que los privilegios e inmunidades, eran
garantidos no para beneficio de los individuos, sino para la eficiente realización de las
funciones de la misión diplomática y en calidad de representantes de los estados. "Los
estados partes en la presente Convención: "Teniendo presente que desde antiguos tiempos
los pueblos de todas las naciones han reconocido el estatuto de los funcionarios
diplomáticos. "Teniendo en cuenta los propósitos y principios de la Carta de las Naciones
Unidas relativos a la igualdad soberana de los estados, al mantenimiento de la paz y de la
seguridad internacionales y al fomento de las relaciones de amistad entre las naciones.

31 La delegación argentina sostuvo que la Convención debía ser introducida por un


preámbulo. Official Records, v. I, págs. 23-56.

"Estimando que una convención internacional sobre relaciones, privilegios e inmunidades


diplomáticas contribuirá al desarrollo de las relaciones amistosas entre las naciones,
prescindiendo de sus diferencias de régimen constitucional y social.

"Reconociendo que tales inmunidades y privilegios se conceden, no en beneficio de las


personas, sino con el fin de garantizar el desempeño eficaz de las funciones de las misiones
diplomáticas en calidad de representantes de los estados;
"Afirmando que las normas del derecho internacional consuetudinario han de continuar
rigiendo las cuestiones que hayan sido expresamente reguladas en las disposiciones de la
presente Convención,

"Han convenido en lo siguiente:"

La Convención en su artículo 1° comienza por establecer el significado de las diversas


designaciones en uso para los miembros del personal de las misiones, así como qué se
entiende por "locales de la misión.

Al precisar los alcances de esas denominaciones, la Convención sale al encuentro de una


cuestión que ha motivado, a lo largo de la historia, frecuentes controversias internacionales,
al plantearse si determinada persona era diplomática o no, así como si ciertos locales o
emplazamientos pertenecían o no a las misiones.

De tales dudas y desacuerdos, han derivado muchas veces circunstancias sumamente


graves, tanto para las buenas relaciones internacionales como para el mantenimiento de la
paz y armonía entre los pueblos, sin mencionar los intereses y seguridad de los propios
diplomáticos cuestionados o de las personas envueltas en la disputa.

Dejando de lado el aspecto histórico, en la actualidad, en la vida diaria de las relaciones


diplomáticas se presentan múltiples situaciones para cuyo mejor esclarecimiento, es de
importancia básica la definición de los términos en uso. Este método se viene aceptando en
los últimos tiempos —con buen criterio, a nuestro juicio— en las convenciones o
documentos, que interesan a naciones con muy diferentes organizaciones sociales
económicas, con grados de desarrollo dispares, etc., y entre cuyas naciones los mismos
términos, pueden tener acepciones diferentes.

La Asamblea, a pesar de la buena voluntad manifestada y de los esfuerzos realizados para


definir el alcance de las diferentes denominaciones en uso a fin de designar al personal de
la misión, no tuvo éxito en lo referente a la definición de qué debe entenderse por "familia
de un miembro de la misión", así como tampoco sobre el límite de edad para los hijos.

Varias delegaciones, entre las que se encontraban la de nuestro país. Estados Unidos y
otras, intervinieron en el estudio y discusión de este punto, con proposiciones tendientes a
llegar a un acuerdo sobre el mismo, cosa muy importante, ya que para esta categoría se
establecen considerables privilegios e inmunidades. En el desarrollo de tales discusiones, se
vio claramente que el concepto de familia, varía según del país de que se trate. Por tal razón
la Conferencia decidió no definirlo, dejando librado a la aplicación de las reglas
consuetudinarias, el esclarecimiento de las situaciones que pudiesen surgir a este respecto.

A pesar de lo antedicho, hay que reconocer que la Convención, ha efectuado un aporte


altamente significativo al aprobar este artículo, propuesto por el gobierno holandés.

"Artículo 1° — A los efectos de la presente Convención:


"a) por "jefe de misión" se entiende la persona encargada por el Estado acreditante de
actuar con carácter de tal;

b) por "miembros de la misión", se entiende el jefe de la misión y los miembros del


personal de la misión;

c) por "miembros del personal de la misión", se entiende los miembros del personal
diplomático, del personal administrativo y técnico y del personal de servicio de la misión;

d) por "miembros del personal diplomático'', se entiende los miembros del personal de la
misión que posean la calidad de diplomáticos;

e) por "agente diplomático", se entiende el jefe de la misión o un miembro del personal


diplomático de la misión;

f) por "miembros del personal administrativo y técnico", se entiende los miembros del
personal de la misión empleados en el servicio administrativo y técnico de la misión;

g) por "miembros del personal de servicio", se entiende los miembros del personal de la
misión empleados en el servicio doméstico de la misión;

h) por "criado particular", se entiende toda persona al servicio doméstico de un miembro de


la misión, que no sea empleado del Estado acreditante;

i) por "locales de la misión'', se entiende los edificios o las partes de los edificios, sea cual
fuere su propietario, utilizados para las finalidades de la misión, incluyendo la residencia
del jefe de la misión, así como el terreno destinado al servicio de esos edificios o de parte
de ellos." El artículo 2° mantiene el clásico principio de que las relaciones diplomáticas
entre los estados, se efectúan por consentimiento mutuo de los mismos.

Dos proposiciones de Checoslovaquia fueron consideradas al tratar este artículo. La


primera, consagrada al derecho de legación de todo estado, que incluye el derecho de enviar
y recibir agentes diplomáticos. En vista de que esta tesis no obtuvo apoyo suficiente, fue
retirada. La otra establecía que, la diferencia de organización social y legal entre estados,
no debía ser óbice para el establecimiento y mantenimiento de relaciones diplomáticas,
entre los mismos. Esta ponencia fue aceptada, pero con la modificación de que, en vez de ir
en este artículo 2°, esta manifestación, por tratarse de un concepto central de política
internacional, debía ser incorporada al preámbulo de la Convención, lo que así se hizo.

"Art. 2° — El establecimiento de relaciones diplomáticas entre estados y el envío de


misiones diplomáticas permanentes se efectúa por consentimiento mutuo."

Al definir las principales funciones de una misión diplomática, la Asamblea centró su


atención en las referentes a la protección de los nacionales del Estado acreditante;
agregando una limitación propuesta por México, un tanto nueva en la materia, "dentro de
los límites permitidos por el derecho internacional'', tendiente a impedir abusos y extra
limitaciones.
Otra de las funciones que establece este artículo, y que merece un comentario, es la de
promover relaciones amistosas, culturales y científicas, entre el Estado acreditante y el
receptor, como así también las relaciones económicas.

Al considerarse el acuerdo para el ejercicio de funciones consulares por la misión


diplomática —proposición hecha por España— el doctor Bollini Shaw, presidente de la
delegación argentina, manifestó 32 que no tenía objeción que hacer, ya que este criterio
estaba en armonía con la costumbre corriente. Sin embargo, anticipándose a las posibles
reservas por parte de los estados afectados por tal disposición, proponía que fueran
agregadas en el párrafo segundo, las palabras "en ausencia de objeción por el Estado
receptor".

32 Official Records, págs. 9-28.

Por otra parte, hoy es común que muchos estados, por diversas razones, entre ellas la de
economía, establezcan Secciones Consulares dentro de la respectiva Embajada.

Art. 3° — 1. Las funciones de la misión diplomática consisten principalmente en:

a) Representar al Estado acreditante ante el Estado receptor;

b) Proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus
nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional;

c) Negociar con el gobierno del Estado receptor;

d) Enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los
acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado
acreditante;

e) Fomentar las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y


científicas entre el Estado acreditante y el Estado receptor.

2. — Ninguna disposición de la presente Convención se interpondrá de modo que impida el


ejercicio de funciones consulares por la misión diplomática''.

Si bien la misión de los agentes diplomáticos en sus relaciones con los estados receptores es
la de contribuir a estrechar vínculos de amistad y cooperación entre los respectivos estados,
acreditante y receptor, son deberes y atribuciones de los mismos, según martens 33, los de
representación y observación. En su carácter representativo el funcionario diplomático trata
a nombre de su gobierno los asuntos que interesan a ambos países, mantiene la
correspondencia, protege a los nacionales, negocia y suscribe tratados, hace que se
cumplan, en una palabra, defiende los intereses del país que representa.

En cuanto al deber de observación, el diplomático debe seguir con la debida atención los
acontecimientos políticos, sociales y económicos, como así también la opinión de la prensa
del país donde ejerce sus funciones, con el fin de informar sobre todo ello a su gobierno. Es
por tal razón que deberá tener un amplio poder de observación y adelantarse a los sucesos
en todo acontecimiento que pueda interesar a su gobierno, siendo de conveniencia que, sus
informes lleguen antes de que las noticias sean propaladas por la prensa.

33 Martens, citado por López, Benito en Régimen jurídico de empleados de misiones


diplomáticas, 1980, págs. 5 y 7.

El artículo 4° confirma la norma consuetudinaria de que el Estado acreditante deberá


asegurarse de que la persona que se propone acreditar como jefe de misión ha obtenido el
"placet'' o ''agreement" del Estado receptor 34.

Pero, en caso de que el candidato no obtuviera tal "placet", el Estado receptor no está
obligado a expresar al Estado acreditante los motivos de su actitud. Este agregado, que fue
sostenido por la delegación argentina y aprobado por la Convención, recoge la norma
predominante en la teoría y en la práctica internacional.

El "agreement" o "placet'' ha perdido hoy mucha de su antigua importancia. Hoy, suele


hacerse la solicitud del mismo por nota, aún sin previa consulta confidencial, llegándose a
contestar, hasta telefónicamente 35.

La misión diplomática se inicia con el reconocimiento que hace el Jefe de Estado ante el
cual se acredita el agente, de la persona y de la jerarquía que ejerce el representante. Previas
a este momento en que el agente comienza a ejercer sus funciones diplomáticas, se realizan
una serie de actos o diligencias. Primeramente, la consulta confidencial al gobierno del
Estado receptor, acerca de si la persona que se piensa designar es o no grata a ese gobierno
y si obviamente ostenta un curriculum acorde con el cargo que desempeñará. Si la respuesta
es afirmativa, se protocolizarán esas consultas por escrito y las mismas generarán la
admisión o el beneplácito por parte del Estado receptor para que esa persona ejerza su
misión diplomática. Esto recibe el nombre de "placel" o "agreement". Es discrecional la
apreciación por parte del Estado receptor, la aceptación o rechazo de la persona designada y
en su caso no será necesario manifestar el motivo de su rechazo.

En la República Argentina, al establecer cada estado por su legislación interna la forma de


nombramiento de sus agentes diplomáticos, los jefes de misión —Embajadores y Ministros
Plenipotenciarios— son designados por el Poder Ejecutivo, con acuerdo del Senado (art. 86
inc. 10 de la Constitución Nacional). En el caso de que se hallare el Congreso en receso, los
nombramientos se hacen "en comisión". Las demás categorías en cuanto a sus
nombramientos competen al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto la designación,
mediante Resoluciones.

34 Official Records, págs. 10-44.


35 Ferreira de Meló, citado por L. M. Moreno Quintana, pág. 480.

Si bien la Constitución Argentina de 1853 en el artículo 86 inc. 10) no menciona


específicamente al atribuir al Poder Ejecutivo el nombramiento de agentes diplomáticos, la
categoría de Embajador, tampoco lo hizo la ley de organización diplomática no 4711 de
1905. Es por ello que en el año 1908, la designación del representante diplomático especial
argentino en las ceremonias del matrimonio de Alfonso XIII, se efectuó en la categoría de
Ministro. En 1914, el Poder Ejecutivo proyectó, por razones de reciprocidad elevar a la
categoría de Embajada a nuestra Representación Diplomática en Estados Unidos, lo que
hizo que surgiera un debate sobre el tema. Siendo Luis María Drago diputado, sostuvo que
la enumeración hecha en el artículo 86 inc. 10) de la Constitución era netamente taxativa y
no autorizada la designación de Embajadores. Su posición fue rebatida por el Ministro José
Luis Murature y por el Diputado Emilio Frers, quienes adujeron que el término Ministro
Plenipotenciario utilizado en el citado artículo 86 implicaba una denominación genérica
que no excluía la primera categoría diplomática, o sea "Embajador", prevaleciendo este
temperamento.

La Ley no 20.957 sancionada el 22-5-75, promulgada el 5-6-75 y publicada en el Boletín


Oficial el 16-6-75 en el Capítulo 1° "De los funcionarios del Servicio Exterior de la
Nación", artículo 3° establece: El personal del Servicio Exterior de la Nación estará
comprendido en las siguientes categorías:

A) Embajador Extraordinario y Plenipotenciario;


B) Ministro Plenipotenciario de Primera Clase;
C) Ministro Plenipotenciario de Segunda Clase;
D) Consejero de Embajada y Cónsul General;
E) Secretario de Embajada de Primera Clase y Cónsul de Primera Clase;
F) Secretario de Embajada de Segunda Clase y Cónsul de Segunda Clase;
G) Secretario de Embajada de Tercera Clase y Cónsul de Tercera Clase.

Con esta ley se adjudica la categoría de Agregado de Embajada y Vicecónsul a las


integrantes de los cursos del Instituto del Servicio Exterior de la Nación.

El mismo criterio del artículo 4° de esta Convención de Viena de 1961, se aplicó, como lo
veremos al reaparecer en lo referente a la posibilidad de acreditar a un jefe de misión ante
dos o más estados, o bien destinar a ellos a cualquier miembro del personal diplomático,
salvo que alguno de los estados receptores se oponga expresamente.

Asimismo, se mantiene el criterio en el artículo 6° cuando establece que dos o más estados
podrán acreditar a la misma persona como jefe de misión ante un tercer estado, salvo que el
Estado receptor se oponga a ello y, también en el artículo 9° cuando establece que, un
estado no tiene que exponer los motivos de su decisión, cuando declara persona "non grata''
a un jefe o miembro de misión.

"Artículo 4°.

1. — El estado acreditante deberá asegurarse de que la persona que se proponga acreditar


como jefe de la misión ante el Estado receptor ha obtenido el asentimiento de ese estado.

2.—El Estado receptor no está obligado a expresar al estado acreditante los motivos de su
negativa a otorgar el asentimiento''.
Tanto el informe Sandstrom como el proyecto provisional de la Comisión de Derecho
Internacional, habían omitido prescripciones referentes a si un jefe de misión puede ser
acreditado en ese rango ante más de un estado. Una propuesta de Estados Unidos, que ya
había sido presentada en 1958 36, aconsejaba se permitiera acreditar a un jefe de misión
ante más de un estado; fue aprobada e incluida en el artículo 5°. También quedó incluida en
este artículo una propuesta de Checoslovaquia, referente a que si un estado acredita a un
jefe de misión ante dos o más estados, podrá establecer una misión diplomática dirigida por
un Encargado de Negocios "ad interim",' en aquellos estados donde no resida en forma
permanente el jefe.

Como tercer punto del artículo 5° se aceptó una proposición de Colombia de que cualquier
diplomático que esté representando a su país ante otro, puede al mismo tiempo
representarlo ante una organización internacional.
36 Report of the Delegation, of the United States of América. United Nations Conference
on Diplomatic Intercourse and Immunities, pág. 9.

"Artículo 5°:

1. — El Estado acreditante podrá, después de haberlo autorizado en debida forma a los


Estados receptores interesados, acreditar a un jefe de misión ante dos o más estados, o bien
destinar a ellos a cualquier miembro del personal diplomático, salvo que alguno de los
Estados receptores se oponga expresamente.

2. — Si un estado acredita a un jefe de misión ante dos o más estados, podrá establecer una
misión diplomática dirigida por un encargado de negocios "ad interim" en cada uno de los
estados en que el jefe de la misión no tenga su sede permanente.

3. —El jefe de misión o cualquier miembro del personal diplomático de la misión podrá
representar al Estado acreditante ante cualquier organización internacional''. El artículo 6°
recogió la proposición de los Países Bajos 3T sobre si varios estados pueden acreditar como
jefes de sus misiones a la misma persona, siempre que el Estado aceptante no tenga nada
que objetar.

"Artículo 6°:

Dos o más estados podrán acreditar a la misma persona como jefe de misión ante un tercer
estado, salvo que el Estado receptor se oponga a ello".

Una práctica que es norma corriente entre los estados fue aceptada en el artículo 7°, en la
que se refiere a los agregados de las fuerzas armadas, de los cuales el Estado receptor podrá
exigir se le sometan de antemano sus nombres, para otorgarles su "aprobación''.

Los agregados militares, navales y aéreos son designados a propuesta de sus respectivos
Ministerios o Estados Mayores y tienen una doble dependencia, de sus Estados Mayores
por una parte, pero, directamente del jefe de la misión donde han sido designados. Sus
funciones, aparte de las directivas de sus Estados Mayores de un sistema de trabajo en
equipo, representan en el país donde están acreditados a las respectivas fuerzas, realizando
funciones de relaciones públicas no convencionales, sino de acuerdo a necesidades
políticas, realizan trámites de relaciones amistosas entre ejércitos, asesoran en lo
esencialmente técnico a sus respectivos embajadores, son intermediarios en lo relativo a los
cursos de perfeccionamiento sobre sus especialidades y que puedan interesar a ambos
países. Asimismo, son los encargados de estudiar el perfeccionamiento de los armamentos
y la organización de las distintas fuerzas armadas, que son las que garantizan la seguridad
interna y defienden la soberanía de los estados.

37 Official Records.

Los agregados militares, navales y aeronáuticos forman parte de la misión diplomática,


pero dependen directamente del jefe de la misión, y reciben instrucciones de sus respectivos
comandos superiores. Deben abstenerse de intervenir en la política local, de excederse en el
desempeño de sus funciones específicas o de realizar actos inamistosos para con el país o
las autoridades de su residencia. El gobierno local puede declararlos persona "non grata" y
en caso de transgresiones, pedir su retiro 38.

Tenemos como ejemplo, lo que sucedió en la Argentina con el agregado naval alemán,
capitán Dietrich Niehbur, que al ser acusado de espionaje por la representación diplomática
de los Estados Unidos y no autorizar su gobierno su sometimiento a la justicia local, debió
ser retirado por exigencia del gobierno argentino el 12 de enero de 1943. Otros casos más
recientes son los del retiro por haber sido declarado persona "non grata" por el gobierno
argentino provisional el 1° de julio de 1955, del agregado naval soviético, capitán
Alexander D. Morosov. Y más recientemente, en febrero de 1982, el pedido de retiro dentro
de las 48 horas del agregado militar ruso ante el gobierno de los Estados Unidos de
América.

Efectivamente, el jefe de la agregaduría militar de la Embajada de la Unión Soviética en los


Estados Unidos, Vaciló Chitov, fue expulsado y viajó el 3 de febrero de 1982 a su país. El
citado Chitov, jefe de un grupo de 20 agregados militares en la misión diplomática
soviética ante la Casa Blanca, fue sorprendido días antes a su expulsión, en posesión de
documentos "delicados". La naturaleza y el contenido de esos documentos secretos y
relacionados con la seguridad nacional "no fue discutida" y el agregado militar abandonó el
país, después de habérsele declarado persona "non grata", por realizar actividades no
compatibles con su condición de diplomático.

Asimismo, con fecha 6 de febrero de 1982, el asistente de la delegación comercial soviética


y otro funcionario de menor jerarquía, Oler Dokudovsky y Eugent Vopilovcki, fueron
declaradas personas "non grata" por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Oslo y,
debieron abandonar el Reino, tan pronto como fue posible. Los mismos, habían tratado de
sobornar a personas de varias fábricas vinculadas a la producción de aviones de combate
norteamericanos M6, con el objeto de recolectar información sobre las aeronaves de
combate.

38 Moreno Quintana, Lucio M., Tratado de derecho internacional 1963 t. I, pág. 475.

Independientemente de estos esporádicos sucesos, los agregados militares, navales y


aeronáuticos, "están plenamente justificados, bajo el aspecto diplomático, puesto que a un
estado puede interesarle la organización de las fuerzas armadas de otro estado, en defensa
de un interés común, como podría ser por ejemplo para la Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay, la defensa de la Cuenca del Plata".

Igualmente "las maniobras llevadas a cabo por la Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos
en el Atlántico Sur en defensa del continente, en prevención de un posible ataque de una
potencia extranjera'' 39.

También es muy importante, dentro de lo permitido, la divulgación de informes precisos


sobre los asuntos militares extranjeros, ya que cimenta el desarrollo de una juiciosa opinión
pública, la que a su vez crea un frente unido que es sólido baluarte para la seguridad
nacional 40.

Las fuerzas armadas deben estar, por principio y en todo momento, en condiciones de poder
defender, con posibilidades de éxito, la soberanía de la nación en el orden internacional,
permitiendo al estado seguir la política externa que, de acuerdo con el problema que le
plantea su situación geopolítica particular y sus posibilidades, sigue la autoridad encargada
de esta tarea, el Poder Ejecutivo de la Nación.

La necesidad social y la obligación que tiene el estado de vivir y defenderse en forma


integral, protegiendo a sus ciudadanos y sus cosas contra los enemigos de afuera, es el
principio fundamental del Derecho Militar 41.

A los efectos del orden de precedencia de los Agregados Militares, Navales y Aeronáuticos
de las Fuerzas Armadas, con respecto a los restantes miembros de la misión, primeramente,
se tendrá en cuenta el grado militar correspondiente, de conformidad con las disposiciones
vigentes sobre equiparación de las jerarquías militares y diplomáticas (Reglamento
Consular, t. I. Anexo 2, decreto 12.354/ 47) a saber:

39 Pérez, Benito, Régimen jurídico de empleados de misiones diplomáticas, 1980, pág. 11.
40 Military Review. Edición Hispanoamericana. 1951 t. XXX, # 12, pág. 25.
41 Revista Militar 1956. N"? 638, pág. 10.

En los casos en que, además del funcionario diplomático colocado en segundo término,
porque le corresponde reemplazar al jefe de la misión en caso de su ausencia, y que haya
otro diplomático con rango superior o igual al de los agregados de las: Fuerzas Armadas, el
funcionario diplomático tendrá precedencia sobre estos últimos.

El Reglamento para las Representaciones Diplomáticas dice que en caso de llegada de un


buque o una formación naval, o de aeronave o grupo de la Fuerza Aérea, al no asistir el jefe
de misión, deberá enviar al puerto o aeropuerto a un funcionario diplomático de la
Representación, con el fin de informar al Jefe o Comandante de las fuerzas llegadas sobre
los trámites preliminares necesarios, así como toda ocurrencia que pueda interesar a los
buques o aeronaves en los primeros momentos de su arribo. En esa ocasión le adelantará el
programa que la Representación, juntamente con las autoridades locales, ha organizado, si
no se le hubiese adelantado telegráficamente.
La misma Reglamentación dice que la oficialidad y la tripulación en general de los buques
de guerra y las aeronaves militares argentinas, llegadas al país sede de la Representación
diplomática, en visita oficial, dependerán del jefe de la misión en lo referente a todos los
actos protocolares y de representación que se realicen en tierra, debiendo ajustarse a las
indicaciones del jefe de la misión. Este, para la confección de las instrucciones, debe, sin
perjuicio de sus atribuciones, consultar en todo cuanto sea posible, con el jefe de las fuerzas
llegadas, teniendo presentes las instrucciones que le hayan sido impartidas por su
respectivo Estado Mayor.

En todos los actos oficiales realizados en tierra con la participación de la oficialidad de una
fuerza militar naval, terrestre o aérea argentina, se observará a efectos de la precedencia, la
equivalencia de grados y jerarquías militares y diplomáticas que expuse anteriormente,
siempre observando la reglamentación vigente, debiendo, en caso de equivalencia de
jerarquía, ceder el funcionario diplomático, excepto el jefe de misión, por cortesía, la
precedencia al jefe u oficial visitante respectivo. El jefe de la misión diplomática, siempre,
cualquiera sea el grado o situación del visitante, ocupará el primer lugar en el orden de
precedencia, en todos los actos.

"Artículo 7°:

Sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 5°, 8°, 9° y 11°, el estado acreditante nombrará
libremente al personal de la misión. En el caso de los agregados militares, navales o aéreos,
el Estado receptor podrá exigir que se le sometan de antemano sus nombres, para su
aprobación." El artículo 8° señala dos principios que la lógica y la práctica consagran: 1°
Los diplomáticos deben tener la nacionalidad del país que los envía y 2° Los diplomáticos
de la misión no podrán ser elegidos entre personas que tengan la nacionalidad del Estado
receptor, todo esto con la reserva de que el estado tiene el derecho de consentir que se haga
lo contrario, si así lo decide.

Es evidente que con este artículo se ha dejado sentado el principio de que el diplomático
debe ser nacional del estado que lo envía y de que no deberá tener la nacionalidad del
Estado receptor. Son principios básicos, ya que ninguna persona puede estar en mejores
condiciones, poseyendo la misma nacionalidad del Estado receptor que los otros habitantes,
tendrían inmunidades y privilegios que no alcanzarían al resto de los nacionales. Pero sí, en
principio, deberá tener la nacionalidad del Estado acreditante, ya que lo va a representar y
defenderá sus intereses. El artículo hace la reserva de que podrá tener la nacionalidad del
Estado receptor si tiene el consentimiento de éste. Lo mismo sucederá con los diplomáticos
que puedan ser acreditados y que no tengan la nacionalidad del Estado acreditante ni la del
Estado receptor, sino la nacionalidad de un tercer estado. El Estado receptor se reserva el
derecho de admitirlos, como así también el de retirarlos en cualquier momento.

En la práctica, nunca se acredita un agente diplomático que no posea la nacionalidad del


Estado acreditante, como asimismo, que posea la del Estado receptor.

"Artículo 8°:
1. — Los miembros del personal diplomático de la misión habrán de tener, en principio, la
nacionalidad del Estado acreditante.

2. — Los miembros del personal diplomático de la misión no podrán ser elegidos entre
personas que tengan la nacionalidad del Estado receptor, excepto con el consentimiento de
ese estado que podrá retirarlo en cualquier momento". El artículo 9° reafirma la autoridad
del Estado receptor para declarar persona "non grata" o no aceptable a cualquier miembro
de la misión, incluyendo al jefe y esto, aun antes de haber llegado al territorio del Estado
receptor, sin expresar los motivos de la decisión, debiendo el Estado acreditante proceder
según el caso, a retirar a la persona o poner término a sus funciones. Si el Estado
acreditante se negase a retirar al funcionario, dentro de un plazo razonable, al Estado
receptor le cabe el derecho de negarse a reconocer al mismo como miembro de la misión.

En caso de ser declarado persona "non grata", el funcionario respectivo partirá del país, tan
pronto como le sea posible, salvo instrucciones en contrario del Ministerio de Relaciones
Exteriores que lo ha acreditado. Si el funcionario no tuviese un plazo perentorio para
abandonar el país, su permanencia en el mismo no deberá exceder a lo sumo de una
semana. Esta disposición también se aplica a los miembros no diplomáticos de la misión
que fueran declarados "no aceptables''. Diferente es el caso de expulsión de un funcionario,
quien deberá partir en el plazo indicado por el Estado receptor.

"Artículo 9°:

1. — El Estado receptor podrá en cualquier momento y sin tener que exponer los motivos
de su decisión, comunicar al Estado acreditante que el jefe u otro miembro del personal
diplomático de la misión es persona "non grata", o que cualquier otro miembro del personal
de la misión no es "aceptable". El Estado acreditante retirará entonces a esa persona o
pondrá término a sus funciones en la misión, según proceda. Toda persona podrá ser
declarada "non grata" o no "aceptable" antes de su llegada al territorio del Estado receptor.

2. — Si el Estado acreditante se niega a ejecutar o no ejecuta en un plazo razonable las


obligaciones que le incumben, a tenor de lo dispuesto en el párrafo 1, el Estado receptor
podrá negarse a reconocer como miembro de la misión a la persona de que se trate."
El problema de que no haya personas que puedan gozar de privilegios diplomáticos
indebidamente, está presente en varios artículos de la Convención, como ser el artículo 1°
que ya hemos analizado, el artículo 10° que tratamos ahora y otros que serán analizados
oportunamente. En el artículo 10° se establece con toda minucia, las disposiciones que
deben tomar los responsables, para notificar al Ministerio de Relaciones Exteriores, o al
que corresponda, acerca de los nombramientos, llegadas, salidas temporarias o definitivas
de los diplomáticos, y de cualquier miembro de la misión que goce de inmunidades o
privilegios.

A los efectos del reconocimiento por parte del Estado receptor de los privilegios,
prerrogativas e inmunidades, es obligación de la misión comunicar al Ministerio respectivo
local, el nombramiento de todo nuevo funcionario luego de su llegada y asunción de
funciones y requerir en esa oportunidad, las credenciales o documentos que otorguen en el
país, a fin de acreditar la condición de miembro del Cuerpo Diplomático Extranjero.
Asimismo la misión comunicará la llegada y salida definitiva del funcionario o de toda
persona perteneciente a la familia de un miembro de la misión y, en su caso, el hecho de
que otra persona entre a formar parte vincular de la familia o cese el vínculo con la misma.
A su vez, la misión deberá comunicar la llegada y salida definitiva de los empleados
domésticos al servicio de las personas pertenecientes al servicio diplomático o su familia,
como así también su cese de servicio. Además, se comunicará la contratación y el despido
de personas residentes en el Estado receptor, que formen parte de la misión en el carácter
de miembros o criados particulares —empleados— que tengan derecho a privilegios e
inmunidades.

"Artículo 10:

1. — Se notificará al Ministerio de Relaciones Exteriores o al ministerio que se haya


convenido del Estado receptor:

a) El nombramiento de los miembros de la misión, su llegada y su salida definitiva o la


terminación de sus funciones en la misión.

b) La llegada y la salida definitiva de toda persona perteneciente a la familia de un miembro


de la misión y, en su caso, el hecho de que determinada persona entre a formar parte o cese
de ser miembro de la familia de un miembro de la misión.

c) La llegada y salida definitiva de los criados particulares al servicio de las personas a que
se refiere el inciso a) de este párrafo y en su caso, el hecho de que cesen en el servicio de
tales personas.

d) La contratación y el despido de personas residentes en el Estado receptor como


miembros de la misión o criados particulares que tengan derecho a privilegios e
inmunidades.

2. — Cuando sea posible, la llegada y la salida definitiva se notificará también con


antelación."

El asunto del número de miembros de una misión acreditada ante determinado estado, dio
lugar al planteo de delicadas cuestiones que fueron resueltas reafirmando el principio de la
soberanía de las naciones. El aumento desmedido de la cantidad de miembros de una
representación diplomática dada, puede originar conflictos y, en efecto, los ha originado
más de una vez sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. A esto, se une el
derecho del estado local de negarse a recibir determinado tipo de categoría de diplomáticos,
siempre que no lo haga con criterio discriminatorio. La Conferencia adoptó la proposición
argentina que establece que, el Estado receptor podrá requerir que el número de
funcionarios esté dentro de los límites de lo que considere que es razonable y normal, según
las circunstancias y condiciones de ese estado y las necesidades de la misión de que se
trate.

Este criterio no fue compartido por quienes sostuvieron que, una vez establecidas las
relaciones diplomáticas, cada país debe ser dueño de enviar el número de personal de la
misión que considere necesario, así como de establecer las categorías de este personal para
cumplir mejor su cometido 42. Tal fue la posición del Reino Unido y de la Unión Soviética,
entre otros.

"Artículo 11°:

1. — A falta de acuerdo explícito sobre el número de miembros de la misión, el Estado


receptor podrá exigir que ese número esté dentro de los límites de lo que considere que es
razonable y normal, según las circunstancias y condiciones de ese estado y las necesidades
de la misión de que se trate.

2. — El Estado receptor podrá también, dentro de esos límites y sin discriminación alguna,
negarse a aceptar funcionarios de una determinada categoría".

El artículo 12 refleja la actual práctica internacional que establece que el Estado acreditante
no puede, sin el consentimiento del Estado local, establecer oficinas que formen parte de su
misión diplomática en localidades diversas de aquella donde funciona la misión.

Se ha generalizado que las misiones diplomáticas con todas sus oficinas que la conforman
se establezcan en las capitales del Estado receptor.

"Artículo 12.

El Estado acreditante no podrá, sin el consentimiento previo y expreso del Estado receptor,
establecer oficinas que formen parte de la misión en localidades distintas de aquella en que
se radique la propia misión."

La inviolabilidad en común con otras inmunidades, arranca desde el momento en que el


agente diplomático ha puesto pie en el país al cual es enviado si ha sido impartida la noticia
previa de su misión, al gobierno del Estado receptor y si ésta ha sido aceptada, o en
cualquier caso, tan pronto como ha hecho saber su carácter público, por el otorgamiento de
sus pasaportes o sus credenciales.

Una vez designado el jefe de misión, éste deberá comunicar con la debida antelación la
fecha, día y hora de llegada al país de destino, a quien se halle al frente de la Misión que él
ocupará, quién a su vez, lo pondrá en conocimiento del Ministerio local a sus efectos, y en
caso de ser de práctica dentro de los usos locales, del decano del Cuerpo Diplomático
Extranjero, siempre que éste pertenezca a un estado reconocido del gobierno que lo
designe.

42 Official Records.

El carácter público de su misión se lo otorgarán las "cartas credenciales", como asimismo le


otorgarán el título con el cual habrá de representar al país acreditante en su nuevo destino.
Estas cartas credenciales las llevará el jefe de misión consigo o, en el caso de que hayan
sido enviadas directamente desde el Ministerio de Relaciones Exteriores a la
Representación Diplomática, las mismas deberán encontrarse al tiempo de su llegada,
juntamente con las cartas de retiro de su antecesor. Salvo casos excepcionales o
instrucciones precisas al respecto, el nuevo jefe de misión no deberá presentarse al país de
su sede sin contar con las "cartas credenciales". Solamente si mediare urgencia y
excepcionalmente, el respectivo Ministerio de Relaciones Exteriores del país acreditante,
podrá acreditar en forma telegráfica al nuevo jefe de misión.

A su llegada al Estado receptor el jefe de misión es considerado como de incógnito hasta el


momento en que presenta sus cartas credenciales. No obstante el Estado receptor, según los
usos consagrados y el derecho internacional, le prestará diversas atenciones, facilidades de
aduana y policía en la frontera, además de la recepción en el lugar de llegada por un
funcionario del Ceremonial local. La inviolabilidad se extiende, tan lejos como está
afectado el estado ante el cual está acreditado, sobre el período ocupado por él en su arribo,
permanencia y partida, dentro de un tiempo razonable, después de la terminación de su
misión. Si sus cartas credenciales expiraran, debido a la muerte de su propio Soberano o del
Soberano ante el cual está acreditado, se le acuerdan, sin embargo, todas las inmunidades
usuales durante ese intervalo, previo al recibimiento de nuevas credenciales.

La Convención Panamericana del 20 de febrero de 1928, firmada en La Habana, dicta, para


los Estados firmantes las siguientes reglas: "Los funcionarios diplomáticos entran a gozar
de su inmunidad desde el momento en que pasan la frontera del estado donde van a servir y
hacer conocer su posición. Las inmunidades continuarán durante el tiempo en que la misión
pueda ser suspendida y aun después de que está terminada, por el período necesario para
que el funcionario pueda retirarse con la misión" 43.

"Artículo 13:

1. — Se considerará que el jefe de misión ha asumido sus funciones en el Estado receptor


desde el momento en que haya presentado sus cartas credenciales o en que haya
comunicado su llegada y presentado copia de estilo de sus cartas credenciales al Ministerio
de Relaciones Exteriores, o al ministerio que se haya convenido, según la práctica en vigor
en el Estado receptor, que deberá aplicarse de manera uniforme.

43 A Cuide to Diplomatic Practico, by the late Rt. Hin. Sir Ernest Satow. 317.

2. — El orden de presentación de las cartas credenciales o de su copia de estilo se


determinará por la fecha y hora de llegada del jefe de misión".

La inviolabilidad tiene su fundamento legítimo en el carácter representativo que impone al


estado ante el cual está acreditado el diplomático, una acción (facere), es decir, una
protección especial contra ataques ilícitos, o, al decir de verdross, contra una conducta
punible, una vis injusta 44.

El inciso 2° del artículo 13 al artículo 18 referentes a credenciales, clases, rangos y


precedencias de los jefes de misiones, siguen los lineamientos de la Convención de Viena
de 1815, sin más cambios que los reflejados por la práctica y costumbre, así como por la
estructura de los gobiernos actuales. Por ejemplo, la palabra "Jefes de Estado" ha sustituido
a la de "Soberano". Del mismo modo, la categoría de "Ministros Residentes" consagrada en
Aix-la-Chapelle en 1818, ha desaparecido.

En lo referente a las diversas clases de jefes de misión, y pese a la tendencia a unificar a


todos en un solo rango, se reconocieron tres clases principales de las que se presentan en la
actualidad, respetando la situación de estados que aún conservan modalidades que otros han
abandonado.

"Artículo 14:

1. — Los jefes de misión se dividen en tres clases:

a) Embajadores o nuncios acreditados ante los Jefes de Estado;

b) Enviados, ministros o internuncios acreditados ante los Ministros de Relaciones


Exteriores;

c) Encargados de negocios acreditados ante los Ministros de Relaciones Exteriores.

2. — Salvo por lo que respecta a la precedencia y a la etiqueta, no se hará ninguna


distinción entre los jefes de misión por razón de su clase."

44 Verdross, Derecho Internacional Público, trad. esp. Madrid, 1969, pág. 259.

Sin ninguna duda, el protocolo diplomático es la expresión formal de la cortesía


internacional, obligándose todos los funcionarios de una Representación Diplomática a
conformarse a él, mal de la cortesía internacional, obligándose todos los funcionarios de
una Representación Diplomática a conformarse a él, observando no sólo las normas
protocolares de los usos locales, sino todas las otras que aconseja la práctica diplomática
internacional. Es necesario para la observancia del protocolo tener muy en cuenta los usos y
costumbres locales, es decir del Estado receptor, como así también los aceptados por el
Cuerpo Diplomático Extranjero acreditado en el estado de que se trate. Las normas las fija
el Ceremonial local en todo lo referente a las relaciones entre el agente diplomático y el
Estado receptor. Con respecto a las relaciones de las misiones diplomáticas entre sí, a quien
le corresponde aconsejar, en caso de duda acerca de lo más adecuado, es al decano del
Cuerpo Diplomático.

El jefe de misión, ya sea de carácter titular o "ad interim", o cualquiera fuera su clase o
jerarquía en el escalafón del servicio exterior de su país, tiene la precedencia en todos los
casos sobre los restantes funcionarios e integrantes de la Representación Diplomática, sin
excepción.

En caso de ausencia o de traslado del jefe de misión, el funcionario diplomático que lo


reemplace, tendrá la precedencia, siempre sobre los restañes funcionarios diplomáticos
integrantes de la Representación, sin excepción, cuando al menos tenga el rango de
Consejero.
Generalmente, en caso de ausencia del jefe de misión, el funcionario que le sigue en
jerarquía es el que desempeña las funciones de Encargado de Negocios "ad interim''. Si hay
dos funcionarios de la misma jerarquía, se hará cargo de la misión el de mayor antigüedad
en la misma, y, si tuviesen igual antigüedad en la jerarquía, lo hará el más antiguo dentro de
la Representación. Cuando la categoría del funcionario sea menor al rango de Consejero, se
deberá recabar autorización al respectivo Ministerio de Relaciones Exteriores del país
acreditante, a fin de que el funcionario quede como Encargado de Negocios "ad interim''.

En casos de que además del funcionario que sea designado como Encargado de Negocios
"ad interim", haya otro diplomático con rango superior o igual al de los agregados de la
FF.AA. el funcionario diplomático tendrá precedencia sobre estos últimos.

Con similar criterio se estableció que los estados se pondrán de acuerdo respecto a la clase
a que habrán de pertenecer los jefes de misión.

Los Estados se pondrán de acuerdo acerca de la clase a que habrán de pertenecer los Jefes
de Misiones." Los problemas planteados por la precedencia —que otrora dieran lugar a
terribles conflictos, que hoy consideramos triviales— y que en verdad tienen su
importancia práctica, han sido resueltos estableciendo que la precedencia se fijará conforme
el orden de fecha y hora en que el jefe de la misión, haya asumido sus funciones. Luego se
aclara que las disposiciones de este artículo se entenderán sin perjuicio de los usos que se
sigan para con los representantes de la Santa Sede.

Llegado el jefe de misión a su sede, hace entrega al Ministro de Relaciones Exteriores de


copia de sus cartas credenciales. El Ministro de Relaciones Exteriores, por intermedio del
Ceremonial local, fija fecha para la recepción oficial del agente por el Jefe de Estado, la que
se celebra con el ceremonial de rigor de cada país. En ese acto, cambiados los discursos de
estilo, el jefe de misión queda reconocido en su carácter de tal. Si fallece o abdica un
monarca, en los países que los haya, deberá presentar nuevas cartas credenciales ante el
monarca que lo sustituya. Lo mismo sucederá, luego de haber en el Estado que lo envía o el
Estado receptor, una transformación o cambio político, o si se alterase la categoría
diplomática de la Representación.

En las ceremonias y demás actos públicos se atiende fundamentalmente al rango y a la


precedencia que corresponde al mismo, respecto de cada agente diplomático. Por el rango
el agente diplomático tiene derecho a ser colocado en el lugar correspondiente a la jerarquía
que inviste y por la precedencia le asiste el derecho a no ser preferido dentro de dicho
rango. El artículo 5° del Reglamento de Viena, hablaba de "un ceremonial uniforme, que
sería establecido en cada Estado, para la recepción de los enviados diplomáticos de cada
clase". Eso se fundaba en la reciprocidad, que es fuente de la cortesía internacional. Ningún
Estado que no observara lo proscrito, podría exigir que se tributasen a sus enviados
diplomáticos mayores honores que ofrecían a los demás estados. El rango y la precedencia
que le corresponde a cada agente diplomático es fundamental. Por el rango, el agente
diplomático tiene determinada su ubicación y ésta, se determina por la antigüedad de la
misma. El artículo 4° del Reglamento de Viena establecía: "Los enviados diplomáticos
ocuparán respectivamente en cada clase/ el orden que les corresponda, tomando como base
la fecha de la notificación oficial de su llegada". Usualmente, en la práctica se ha
establecido, sin embargo, la del reconocimiento del respectivo agente diplomático. Como
este artículo 15, en su último párrafo dice que las disposiciones de este artículo se
entenderán sin perjuicio de los usos que acepte el Estado receptor respecto de la
precedencia del representante de la Santa Sede, es decir, no innovar respecto de los
representantes papales, quienes continúan ocupando su lugar dentro de la categoría
diplomática. Es de notar que, aunque teóricamente, rige el precitado Reglamento de Viena
de 1815, completado con la inclusión de una categoría intermedia por el Protocolo de Aíx-
la-Chapelle de 1818.

Al respecto, el doctor moreno quintana dice: "Primera categoría es la de los embajadores,


legados o nuncios, citando el Reglamento de Viena, atribuyéndole el mismo, sólo a los
enviados de esta categoría carácter representativo por considerarlos, en virtud de una
ficción, como si fuesen la persona misma del soberano que les acreditaba. De ahí que tan
sólo ellos podían entrevistarse directamente con el Jefe de Estado sin intervención del
respectivo Ministro de Relaciones Exteriores" 45. Esto ha caído en desuso. Los
embajadores y los nuncios son los enviados permanentes, ya de los estados o de la Santa
Sede. Los legados, aun cuando en su origen fueron enviados permanentes, son
representantes extraordinarios del Santo Padre, designados, para una ceremonia de
relevante importancia religiosa y son elegidos entre los miembros del Consejo de
Cardenales. La segunda categoría es la de "enviados, ministros u otros, acreditados ante los
soberanos". Hay tres equiparaciones en el rango de tres distintas denominaciones de
agentes diplomáticos, no figurando ninguna mención de los "internuncios" que es la
"denominación con que la costumbre internacional alude a los representantes papales de
esta segunda categoría. La misma costumbre ha refundido, con el título de Enviado
Extraordinario y Ministro Plenipotenciario aquellas denominaciones" 46.

"Artículo 16:

1. — La precedencia de los jefes de misión, dentro de cada clase; se establecerá siguiendo


el orden de la fecha y hora en que hayan asumido sus funciones, de conformidad con el
artículo 13.

45 Moreno Quintana, Lucio M., Tratado de Derecho Internacional Público, 1963, pág.471.
46 Idem, pág. 472.

2. — Las modificaciones en las cartas credenciales de un jefe de misión que no entrañen


cambio de clase no alterarán su orden de precedencia.

3. — Las disposiciones de este artículo se entenderán sin perjuicio de los usos que acepte el
Estado receptor respecto de la precedencia del representante de la Santa Sede".

El orden de precedencia de los miembros del personal diplomático de la misión será


notificado por el jefe de la misma al Ministerio de Relaciones Exteriores del país ante el
cual está acreditado o en su defecto, al Ministerio que se haya convenido.

El jefe de la misión deberá comunicar por nota al Ministerio local, el nombramiento de todo
nuevo funcionario luego de su llegada y asunción de funciones, y solicitar en esa
oportunidad las credenciales y documentos que otorguen en el país para acreditar la
condición de miembro del Cuerpo Diplomático extranjero. Asimismo comunicará el orden
de precedencia del personal diplomático de la misión, para lo cual el jefe de la misma,
tendrá en cuenta el orden jerárquico dentro del escalafón del servicio exterior a que
pertenezca, o las que les hubiere sido asignada en el decreto de nombramiento, salvo los
agregados de las Fuerzas Armadas, que tendrán la categoría correspondiente a su grado
militar.

Es usual que, en caso de existir más de un funcionario de la misma jerarquía en la misión,


tendrá precedencia el más antiguo en la jerarquía y, en caso de igual antigüedad en la
jerarquía, tendrá precedencia el más antiguo en la misión.

"Artículo 17:

El jefe de misión notificará al Ministerio de Relaciones Exteriores o al Ministerio que se


haya convenido, el orden de precedencia de los miembros del personal diplomático de la
misión."

Otro principio, ya generalizado en la práctica internacional de los países más avanzados es


el de la uniformidad de la recepción de los jefes de misión, dentro de las respectivas clases.

Tal fue la línea adoptada por la Convención.

"Artículo 18:

El procedimiento que se siga en cada estado para la recepción de los jefes de misión será
uniforme respecto de cada clase."

El artículo 19 constituye la primera disposición internacional adoptada referente a la


designación de "charges d'affaires ad interim", para el caso de vacancia imprevista o
transitoria del puesto de jefe de misión.

Esta disposición fue presentada por España y recogiendo una solución práctica al problema
que ha aparecido muchas veces. A propuesta de Dinamarca en el seno de la Comisión
Plenaria, se aceptó que, hasta un miembro del personal administrativo o técnico pueda
hacerse cargo de los asuntos de carácter corriente previa autorización del Estado local.
Sólo podrán ser acreditados como Encargados de Negocios "ad interina los funcionarios
diplomáticos que sean miembros del escalafón permanente del servicio exterior, en el caso
de funcionarios de menor jerarquía a la de Consejero, deberá recabarse designación
especial del Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado acreditante. Quedan excluidos
los agregados o consejeros especiales o técnicos, cualquiera fuera su categoría, aunque
tengan "status" diplomático como miembros de la misión. Las funciones del Encargado de
Negocios "ad interim" serán las mismas que la del jefe de misión, con la sola reserva que
deriva de la diferencia de categoría. No obstante, deberá ajustar su actuación a las directivas
generales del jefe de misión, cuando su ausencia sea transitoria, absteniéndose de introducir
cambios fundamentales que no sean perentoriamente exigidos por circunstancias especiales
o autorizadas previamente por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado
acreditante. El nombre del Encargado de Negocios "ad interim'' será comunicado al
Ministerio de Relaciones Exteriores local por el jefe de misión o en su caso, por
imposibilidad de éste por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado acreditante.
Los funcionarios administrativos o técnicos sin "status", diplomático, enviados por el
Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado acreditante, no tienen carácter
representativo, pero podrán gozar de las franquicias que el Estado receptor les acuerde.

Solamente, en caso de ausencia total de funcionarios diplomáticos y con el consentimiento


del Estado receptor, podrán ser designados por el Estado acreditante para hacerse cargo de
los asuntos administrativos comunes de la misión. Jerárquicamente los funcionarios
administrativos, están subordinados a los funcionarios diplomáticos.

"Artículo 19:

1. — Si queda vacante el puesto de jefe de misión, o si el jefe de misión no puede


desempeñar sus funciones, un encargado de Negocios ad interim actuará provisionalmente
como jefe de la misión. El nombre del Encargado de Negocios ad interim será comunicado
al Ministro de Relaciones Exteriores del Estado receptor o al Ministerio que se haya
convenido, por el jefe de misión o en el caso que éste no pueda hacerlo, por el Ministerio de
Relaciones Exteriores del Estado acreditante.

2. — Caso de no estar presente ningún miembro del personal diplomático de la misión en el


Estado receptor, un miembro del personal administrativo y técnico podrá, con el
consentimiento del Estado receptor, ser designado por el Estado acreditante para hacerse
cargo de los asuntos administrativos corrientes de la misión".

En nuestro país por ley no 20.957 sobre Servicio Exterior de la Nación, sancionada el 22 de
mayo de 1975, promulgada el 5 de junio de 1975 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de
junio de 1975, en lo referente al personal administrativo o técnico, juntamente con el
profesional y de servicios generales, aparte de los requisitos indispensables exigidos para
los mismos, se establece que mientras ese personal preste servicios en las representaciones
diplomáticas y consulares de la República, tendrán el rango, los derechos y las obligaciones
establecidos en la misma ley para los funcionarios del Servicio Exterior de la Nación,
dentro de las condiciones que establezca la reglamentación.

Este personal no forma parte del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación,
por lo tanto no reviste carácter diplomático, si bien se les asigna rango mientras
permanecen en funciones en el exterior, siempre en un equivalente de su categoría
administrativa.

El artículo 20 consagra una práctica aceptada desde la antigüedad, pero que se consideró
conveniente establecerla expresamente, debido a restricciones que se observan en ciertos
países, sobretodo alrededor del asunto de si los locales o medios de transportes, etc., que se
embanderan son oficiales o no. En este punto, el Comité consideró que tal diferenciación no
correspondía.

La bandera argentina, de acuerdo a nuestra Reglamentación - Y exclusivamente ésta- y el


escudo, se usarán en los edificios oficiales de la Representación y en la residencia y
vehículos del jefe de misión, solamente.

Excepcionalmente, en caso de perturbación del orden interno local de una situación que
implique notorias faltas de garantías, Podrán usarse, como medida de protección y mientras
dure la situación anormal, en las residencias y vehículos privados de los demás funcionarios
de la Representación, si se considerara indispensable. La bandera debe izarse y permanecer
izada exclusivamente durante las horas del día y nunca antes de la salida o después de la
puesta del sol.

"Artículo 20:

La misión y su jefe tendrán derecho a colocar la bandera y el escudo del Estado acreditante
en los locales de la Misión, incluyendo la residencia del jefe de la misión, y en los medios
de transporte de éste".

El artículo 21 impone al Estado receptor nuevas obligaciones para contribuir a la solución


de los problemas de locación, alojamiento, etc. Este asunto dio lugar a amplias discusiones
en el seno de la Comisión Plenaria, pues la adquisición de inmuebles en ciertos países de
organización socialista, no es posible. Por esa circunstancia y, respetando las características
de organización social y desarrollo de cada país, se resolvió en una formulación general que
abarcara todos los países, que éstos deben, ya sea facilitar la adquisición de los inmuebles
que necesitare la misión o ayudar a ésta a obtener alojamiento de otra manera, según las
propias leyes.

En los países en donde los locales que ocupa la Representación no sea propiedad del Estado
acreditante, el jefe de misión no podrá en ningún caso rescindir voluntariamente los
respectivos contratos de locación, ni trasladar las oficinas a la residencia oficial por
circunstancias personales o privadas, sino exclusivamente por necesidad o conveniencia del
servicio o del carácter representativo de la Misión, a cuyo efecto deberá exponer
previamente, las razones que aconsejan la rescisión o traslado, al respectivo Ministerio de
Relaciones Exteriores, a quien solicitará la autorización pertinente. Es decir que se deberá
tener en cuenta las necesidades para las tareas oficiales, antes que las meramente sociales.

"Artículo 21:

1.— El Estado receptor deberá, sea facilitar la adquisición en su territorio de conformidad


con sus propias leyes, por el Estado acreditante, de los locales necesarios para la Misión, o
ayudar a éste a obtener alojamiento de esta manera.

2. — Cuando sea necesario ayudará también a las misiones a obtener alojamiento adecuado
para sus miembros".

La inviolabilidad de los locales de la Misión fue confirmada


por la Convención, agregando la responsabilidad activa del Estado aceptante, en lo
referente a disponer de las medidas precautorias para asegurar el respeto de tal prerrogativa.
La responsabilidad se destaca en el punto 2° de este artículo, al prescribir que el Estado
receptor tiene la "obligación especial'', de adoptar todas las medidas adecuadas para tal fin.

El proyecto de la Comisión, que incluía el sistema de protección y responsabilidad


mencionado, fue considerado todavía insuficiente en algunos aspectos por la Conferencia
Plenaria, la que decidió incluir en el punto 3 a continuación de "mobiliario" las palabras "y
demás bienes situados en ellos, así como los medios de transporte de la Misión", con lo
cual la disposición de inviolabilidad de los locales de la Misión y sus mobiliarios, se amplía
a todos los otros bienes situados en ellos, así como a los medios de transporte.

Si la residencia del jefe de misión, la Cancillería o una de las dependencias de la Misión, o


el domicilio de cualquier otro miembro de la Misión que goce de inmunidades, fueren
violados, o se intentara violarlos mediante requisa, embargo, allanamiento o cualquier otra
medida ejecutiva por parte de agentes del Estado receptor, el jefe de misión deberá dar
cuenta con carácter de urgente al Ministerio local, formulando la protesta del caso y al
mismo tiempo solicitando el cese inmediato de la medida con la concesión de las garantías
necesarias. Al mismo tiempo informará al Ministerio de Relaciones Exteriores de su país
sobre el hecho y esperará recibir las instrucciones respectivas.

Asimismo son inviolables los archivos de la Misión y los documentos y correspondencia


del agente diplomático. Si la violación de la Misión fuera obra de personas sin carácter
oficial, también deberá solicitarse las garantías necesarias y si el hecho configurara una
negligencia en el deber de protección que deben las autoridades locales, se formulará la
protesta señalada precedentemente.

El jefe de misión, a su vez, podrá solicitar que la policía local proporcione un servicio
exterior de vigilancia permanente o transitorio, previa consulta al Ministerio de Relaciones
Exteriores del país acreditante, ya que ese servicio puede obligar a una reciprocidad que el
Estado acreditante no está en condiciones de acordar.

"Artículo 22:

1. — Los locales de la Misión son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán
penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión.

2. — El Estado receptor tiene la obligación especial de adoptar todas las medidas


adecuadas para proteger los locales de la Misión contra toda intrusión o daño y evitar que
se turbe la tranquilidad de la Misión o se atenté contra su dignidad.

3. — Los locales de la Misión, su mobiliario y demás bienes situados en ellos, así como los
medios de transporte de la Misión, no podrán ser objeto de ningún registro, requisa,
embargo o medida de ejecución".

La exención de todos los impuestos y gravámenes nacionales, regionales y municipales


sobre los locales de la Misión, fueron ampliamente confirmados, con las salvedades que
figuran en el artículo 23 .
En lo referente a los privilegios que, de conformidad con las prácticas internacionales
generalizadas se otorguen a las Representaciones y a los funcionarios diplomáticos,
únicamente a título de cortesía, podrán ser reclamados por el jefe de misión en la medida en
que sean concedidos a todas las Representaciones acreditadas en el Estado receptor por
igual. Su inobservancia, no obstante, no dará lugar a protesta formal, sino a una
presentación ante el Ministerio local, fundada en las prácticas internacionales y a los
efectos de aclarar la situación. Asimismo, el jefe de misión comunicará dicha inobservancia
y los resultados de sus gestiones al Ministerio de Relaciones Exteriores de su país, a fin de
que éste adopte las medidas pertinentes.

En esta materia, los funcionarios diplomáticos se atendrán a las siguientes normas: si


alguna autoridad del Estado receptor, sea nacional, provincial o municipal le reclama,
deberá hacerse cargo de los gravámenes que constituyan tasas en concepto de retribución
de servicios, inclusive cuando se trate de los locales de la Misión, de que sean propietarios
o inquilinos. Fuera de este caso, el agente diplomático estará exento de todos los impuestos
y gravámenes personales o reales, nacionales, regionales o municipales con excepción de
los impuestos indirectos es decir, los de la índole de los normalmente incluidos en el precio
de las mercaderías o servicios, los impuestos y gravámenes sobre bienes inmuebles
privados que el agente diplomático posea en el Estado receptor, a menos que los posea por
cuenta del Estado acreditante y para los fines de la Misión, los impuestos sobre las
sucesiones que corresponda percibir al Estado receptor, salvo que se trate de bienes
muebles que se encuentren en el Estado receptor por el solo hecho de haber vivido allí el
causante de la sucesión, como miembro de la Misión o como familiar de un miembro de la
Misión, en cuyo caso no corresponderá la aplicación de impuestos sucesorios a los
mencionados bienes. Asimismo no estará exento de los impuestos y gravámenes sobre los
ingresos privados con origen en el Estado receptor y los impuestos sobre el capital que
graven las inversiones efectuadas en empresas comerciales, también del Estado receptor y
de los derechos de registro, aranceles judiciales, hipotecas y timbre cuando se trate de
bienes inmuebles privados.

El agente diplomático está absolutamente exento de toda prestación personal, de todo


servicio público cualquiera sea su naturaleza y de cargas militares como requisiciones,
contribuciones y alojamientos militares.

"Artículo 23:

1. — El Estado acreditante y el jefe de la misión, están exentos de todos los impuestos y


gravámenes nacionales, regionales o municipales, sobre los locales de la Misión de que
sean propietarios o inquilinos, salvo de aquellos impuestos o gravámenes que contribuyan
al pago de servicios particulares prestados.

2. — La exención local a que se refiere este artículo no se aplica a los impuestos y


gravámenes que, conforme a las disposiciones legales del Estado receptor, estén a cargo del
particular que contrate con el Estado acreditante o con el Jefe de la Misión''.
Todas las delegaciones estuvieron contestes en sostener la inviolabilidad de los archivos y
documentos de la Misión, como es tradicional en la materia, pero la nota nueva fue dada
por las delegaciones de Bulgaria, Francia e Italia que propusieron agregados que refuerzan
la prerrogativa, como el adverbio "siempre" y la expresión "dondequiera que se hallen" con
lo cual queda expresado el pensamiento de 81 Estados, en lo que se refiere a que los
archivos Y documentos de la Misión son siempre inviolables, dondequiera que se hallen.

"Artículo 24:

Los archivos y documentos de la Misión son siempre inviolables dondequiera que se


hallen".

Luego de una formulación general en el artículo 25 de que el Estado receptor dará toda
clase de facilidades para el desempeño de las funciones de la Misión, se enumeran las
garantías a la libertad de circulación y de tránsito dentro del territorio del país, sujetas a las
disposiciones existentes sobre zonas de seguridad o de acceso prohibido, etc.

En caso de que el Estado receptor establezca anormales restricciones a este derecho, el jefe
de misión informará de inmediato al Ministerio de Relaciones Exteriores especificando el
carácter y extensión de las limitaciones establecidas.

"Artículo 25:

El Estado receptor dará toda clase de facilidades para el desempeño de las funciones de la
Misión".

Sin perjuicio del respeto a las leyes y reglamentos que establezcan dentro del Estado
receptor zonas de acceso prohibido o limitado por razones de seguridad nacional, el jefe de
misión mantendrá cuidadosa atención acerca del cumplimiento por parte del Estado
receptor de la libertad de tránsito y circulación por su territorio, de la que deben gozar todos
los miembros de la Misión.

"Artículo 26:

Sin perjuicio de sus leyes y reglamentos referentes a zonas de acceso prohibido o


reglamentado por razones de seguridad nacional, el Estado receptor garantizará a todos los
miembros de la Misión la libertad de circulación y de tránsito por su territorio".

La libertad de comunicación —complemento de la de circulación y tránsito— resultó uno


de los temas más controvertidos de la Convención, acordándose finalmente en la libertad de
comunicación de la Misión para fines oficiales, debiendo obtener el consentimiento del
Estado receptor para la instalación y uso de una emisora radial. No hubo mayor objeción,
en principio, en el uso de transmisores por parte de la Misión, sino en el aspecto de si debía
estar sujeto al consentimiento de la autoridad local. Seis delegaciones: Argentina, India,
Indonesia, México, República Arabe Unida y Venezuela, sostuvieron que si la Misión
Diplomática cumple con todos los reglamentos aplicables a este tipo de medios de
comunicación, no debe serle negada la autorización pertinente. Algunos delegados
afroasiáticos y latinoamericanos apoyaron este criterio, el Reino Unido, en cambio, sostuvo
la conveniencia de aprobar el texto, tal como había sido presentado por la Comisión y que,
por otra parte, las convenciones y reglamentos de telecomunicaciones internacionales, no
tienen aplicación respecto a la Misión Diplomática, agregando que el derecho de los
Estados aceptantes debía ser limitado a los casos de abusos. La Unión Soviética sostuvo
que, el uso de un transmisor, debería estar sujeto a la previa conformidad del Estado local y
al cumplimiento de las disposiciones internacionales sobre la materia. La Asamblea
Plenaria, finalmente, y después de extenso debate, adoptó este criterio por cuarenta y un
votos a favor contra veinte, con nueve abstenciones.

El jefe de misión vigilará particularmente que el Estado receptor permita y proteja la libre
comunicación postal, telegráfica, telefónica, etc. de la Misión, para todos los fines oficiales.
Los comunicados de prensa de la Misión deben limitarse exclusivamente a rectificar o
aclarar en forma objetiva, datos o cifras notoriamente erróneas referentes al Estado
acreditante o a su gobierno, cuando el prestigio y el buen nombre del país así lo requieran,
debiendo tenerse especial cuidado en mantener la elevación de tono que corresponde a la
dignidad de la Representación Diplomática evitando todo planteo de carácter polémico.

Teniendo en cuenta la inviolabilidad de la correspondencia oficial de la Misión, las valijas


diplomáticas y la persona de los correos diplomáticos, la Representación se opondrá a que
las valijas sean retenidas y a que los correos diplomáticos sean objeto de alguna clase de
detención o arresto, debiendo, en caso de suceder alguno de estos hechos, proceder el jefe
de misión a dar cuenta inmediatamente al Ministerio de Relaciones Exteriores local,
formulando la protesta correspondiente y solicitando la cesación de la medida y la
concesión de las garantías necesarias. Asimismo informará detalladamente sobre el hecho
al Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado acreditante, aguardando las
correspondientes instrucciones al respecto.

Referente a la valija diplomática se plantearon controversias alrededor de proposiciones


presentadas por Estados Unidos, Francia y República Arabe Unida, por las cuales se
establecen que el Estado receptor podría requerir que una valija diplomática fuese
entregada para inspección, o ser devuelta a su lugar de origen cuando, hubieren suficientes
elementos como para suponer que era usada indebidamente. A pesar de que esta propuesta
refleja la práctica presente, fue considerada como un ataque a la inviolabilidad de la valija
diplomática. El artículo fue aprobado por la Asamblea Plenaria por cincuenta votos contra
doce y tres abstenciones —Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión de la República
Soviética Socialista—.

La valija diplomática no podrá ser abierta ni retenida. La misma comprende todos los
bultos que la constituya, los cuales deberán estar previstos de signos exteriores visibles, que
acrediten su carácter. Siendo la valija diplomática inviolable, solamente podrá contener
documentos diplomáticos o en su caso objetos de uso oficial, no personales.

En cuanto al Correo Diplomático, en el caso más generalizado que acompañe la valija


diplomática, deberá estar munido de pasaporte diplomático o un documento oficial en el
que conste su condición de Correo Diplomático, además deberá consignarse el número de
bultos que integra la valija diplomática. Usualmente, en nuestro país, los Correos
Diplomáticos son funcionarios administrativos de la Cancillería, nombrados por el
respectivo Ministro de Relaciones Exteriores. Las autoridades del país que los envía
deberán tomar las diligencias necesarias para que los mismos estén protegidos en sus
desplazamientos y en el Estado receptor, es decir, los terceros Estados que tengan que
atravesar para llegar a sus destinos. Es por ello que el Correo Diplomático goza de
inviolabilidad personal y de acuerdo a la Convención de Viena de 1961 que analizamos, no
podrá ser objeto de ninguna forma de detención o arresto.

Tratándose de un Correo Diplomático "ad hoc'' se aplicarán las mismas reglas. En el caso
de que viajasen con un documento oficial, sus inmunidades dejarán de ser aplicables
cuando hayan entregado al destinatario la valija diplomática que se les haya encomendado.
Existen también estados que designan un Correo Base con asiento en una Embajada y en
forma permanente. Este, se encargará de que las valijas diplomáticas sean entregadas a
otros países cercanos al asiento del Correo Base y que el Correo Diplomático que las lleva,
no puede llegar a las mismas, por razones de distancia y tiempo, previendo en esa forma la
seguridad que requiere su entrega.

En cuanto a si el comandante de una aeronave puede hacerse cargo de la entrega de la valija


diplomática cuando aterrice en un aeropuerto de entrada autorizada, la Convención lo
admite, siempre que esté munido de un documento oficial que lo autorice y que contenga
los mismos requisitos exigidos al Correo Diplomático, pero sin tener tal carácter, debiendo
el jefe de misión del país que envía la valija diplomática, acreditar a uno de los funcionarios
de la misión a fin de tomar posesión de la misma, sin ningún tipo de dificultades, de manos
del comandante de la aeronave.

"Artículo 27:

1. — El Estado receptor permitirá y protegerá la libre comunicación de la Misión para


todos los fines oficiales. Para comunicarse con el gobierno y con las demás misiones y
consulados del Estado acreditante, dondequiera que radiquen, la Misión podrá emplear
todos los medios de comunicación adecuados, entre ellos los correos diplomáticos y los
mensajes en clave o en cifra. Sin embargo, únicamente con el consentimiento del Estado
receptor podrá la Misión instalar y utilizar una emisora de radio.

2. — La correspondencia oficial de la Misión es inviolable. Por correspondencia oficial se


entiende toda correspondencia concerniente a la Misión y a sus funciones.

3. — La valija diplomática no podrá ser abierta ni retenida.

4. — Los bultos que constituyan la valija diplomática deberán ir provistos de signos


exteriores visibles indicadores de su carácter y sólo podrán contener documentos
diplomáticos u objetos de uso oficial.

5. — El Correo Diplomático que debe llevar consigo un documento oficial en el que conste
su condición de tal y el número de bultos que constituyan la valija, estará protegido en el
desempeño de sus funciones por el Estado receptor. Gozará de inviolabilidad personal y no
podrá ser objeto de ninguna forma de detención o arresto.

6. — El Estado acreditante o la Misión podrán designar correo diplomático "ad hoc". En


tales casos se aplicarán también las disposiciones del párrafo 5 de este artículo, pero las
inmunidades en él mencionadas dejarán de ser aplicables cuando dicho correo haya
entregado al destinatario la valija diplomática que se le haya encomendado.

7. — La valija diplomática podrá ser confiada al comandante de una aeronave comercial


que haya de aterrizar en un aeropuerto de entrada autorizada. El comandante deberá llevar
consigo un documento oficial en el que conste el número de bultos que constituyan la
valija, pero no podrá ser considerado como Correo Diplomático. La Misión podrá enviar a
uno de sus miembros, a tomar posesión directa y libremente de la valija diplomática de
manos del comandante de la aeronave.''

La exención impositiva a los derechos y aranceles que perciben las misiones por actos
oficiales era también una costumbre unánimemente aceptada, pero sin embargo, en la
Convención Panamericana de 1928, no figuraba expresamente establecida. La Convención
de Viena en su artículo 28 consagra este criterio.

El Reglamento para las Representaciones Diplomáticas de la República Argentina, puesto


en vigencia por Decreto No 7743 del 17 de setiembre de 1963 con su posterior
modificación, dice que en materia de privilegios los funcionarios diplomáticos se
atenderán, de conformidad con las prácticas internacionales generalizadas que se otorguen a
las Representaciones y a los mismos funcionarios diplomáticos, a título de cortesía. El jefe
de misión podrá reclamarlos en la medida que sean concedidos a todas las
Representaciones por igual, pero su inobservancia por el Estado receptor no dará lugar a
protesta formal sino, únicamente a una presentación ante el Ministerio local fundada en las
mencionadas prácticas internacionales, a los efectos de aclarar la situación. Asimismo, el
jefe de misión deberá comunicar la inobservancia y los resultados de sus gestiones al
Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado acreditante a fin de que éste adopte las
medidas que estime pertinentes.

Si alguna autoridad del Estado receptor sea nacional, regional o municipal los reclama,
deberán hacerse cargo de los gravámenes que constituyan tasas en concepto de retribución
de servicios, inclusive cuando se trate de los locales de la Misión, de que sean propietarios
o inquilinos, reclamos que resultan improbables en razón de la cortesía. Fuera de este caso,
el agente diplomático debe estar exento de todos los impuestos y gravámenes personales o
reales, nacionales, regionales o municipales con excepción de: los impuestos indirectos
tales como los incluidos en el precio de las mercaderías o servicios, de los impuestos y
gravámenes sobre bienes inmuebles privados que posean en el territorio del Estado
receptor, salvo que los posea por cuenta del Estado acreditante y para los fines de la
Misión. También de los impuestos sobre las sucesiones que corresponda percibir al Estado
receptor, salvo que se trate de bienes muebles que se encuentren en el Estado receptor, por
el hecho de haber vivido allí el causante de la sucesión como miembro de la Misión, o
como persona de la familia de un miembro de la Misión, en cuyo caso no corresponde la
aplicación de impuestos sucesorios a dichos bienes. Asimismo rige la excepción a la
exención de los impuestos y gravámenes sobre los ingresos privados que tengan su origen
en el Estado receptor y de los impuestos sobre el capital que graven las inversiones
comerciales en el Estado receptor. Finalmente la excepción a la exención de los derechos
de registro, aranceles judiciales, hipoteca y timbre, cuando sean de bienes inmuebles
efectuadas en empresas mente la excepción a la celes judiciales, hipoteca privados.
"Artículo 28:

Los derechos y aranceles que perciba la Misión por actos oficiales están exentos de todo
impuesto y gravamen".

Este artículo tiene concordancia con el artículo 23 y 34 de la Convención que analizamos.


Es categórico en cuanto que los actos deben ser oficiales.

Al encarar el tema de la inviolabilidad del agente diplomático, vattel ha dicho: "Quien


efectúe violencia contra un embajador o contra cualquier otro ministro público, no injuria
solamente al soberano que ese ministro representa, sino que lesiona la seguridad común y la
salud de las naciones'' 47.

La inviolabilidad de la persona del agente diplomático es el principio fundamental de donde


derivan todas las otras inmunidades. Para afianzar perfectamente esta seguridad el Estado
no solamente debe abstenerse de efectuar todo acto que afecte al agente diplomático, sino
que debe prevenir o reprimir la perpetración de tales actos, por los particulares.

Tal privilegio de la inviolabilidad se extiende a todas las clases de ministros públicos, tanto
a los Encargados de Negocios, como a los embajadores, y a todas las personas de cualquier
nacionalidad que ellas sean, que formen parte del personal de la Misión. El enviado
diplomático debe gozar de mayor protección que los simples ciudadanos del país donde
ejerce sus funciones.

La Convención Panamericana de 1928 fue bastante explícita sobre este punto: "Los agentes
diplomáticos serán inviolables en su persona... esta inviolabilidad se extiende a todas las
clases de agentes diplomáticos, y a todo el personal oficial de la Misión Diplomática y a los
miembros de su familia que viven bajo el mismo techo".

Las inmunidades y privilegios de que gozan los funcionarios diplomáticos de la


Representación y las personas que se encuentran bajo su dependencia, no los exime de la
obligación de observar y cumplir, en todo lo que sea compatible con su estado diplomático,
las disposiciones legales reglamentarias del Estado receptor y de acatar las indicaciones
que, sin menoscabo de su inmunidad, les hagan los agentes del mismo estado, encargados
de hacerlas cumplir.

47 Vattel, Droit des Gens, III, pág. 249.

El funcionario diplomático es también responsable del incumplimiento de esta norma por


parte de los miembros de su familia, que estén bajo su dependencia.

La violación voluntaria de las normas hace incurrir en falta grave al autor de ellas y el jefe
de misión tiene la obligación de ponerla en conocimiento inmediato al Ministerio de
Relaciones Exteriores de su país, sin perjuicio de tomar las medidas que sean de su
competencia y de presentar sus excusas a la autoridad local, cuando así corresponda o
convenga.
Atento a que la persona del agente diplomático es inviolable, si alguna autoridad local
quisiera hacerla objeto de detención o arresto, el funcionario procurará en la medida de lo
posible, hacerla desistir de esta actitud, dejando constancia del desconocimiento de sus
prerrogativas para su ulterior reclamación oficial. Asimismo, tratará de comunicarse con el
jefe de misión o con el ceremonial local. Consecuentemente, el agente diplomático debe
llevar consigo la credencial que le otorga el Estado receptor, para dar a conocer su
condición cuando sea necesario, obligación que se extiende a los miembros de su familia.

"Artículo 29:

La persona del agente diplomático es inviolable. No puede ser objeto de ninguna forma de
detención o arresto. El Estado receptor le tratará con el debido respeto y adoptará todas las
medidas adecuadas para impedir cualquier atentado contra su persona, su libertad o su
dignidad.''

La independencia del agente diplomático no sería completa si su domicilio particular no


fuera inviolable, y sí por el contrario, bajo cualquier pretexto se pudiera penetrar en él, para
efectuar inspecciones. Por eso, la inviolabilidad del domicilio del agente diplomático es una
norma aceptada, así como sus documentos, correspondencia, muebles de su casa, equipajes,
etc., se encuentran en la misma situación que los de la Misión.

"Artículo 30:

1. — La residencia particular del agente diplomático goza de la misma inviolabilidad y


protección que los locales de la Misión.

2. — Sus documentos, su correspondencia y, salvo lo previsto en el párrafo 3 del artículo


31, sus bienes, gozarán igualmente de inviolabilidad."

Si un agente diplomático comete un crimen ordinario en el país ante el cual está acreditado,
no puede ser juzgado o castigado por las cortes locales. No puede ser citado en ningún caso
donde, sin su consentimiento o el de su gobierno, se haya seguido tal curso 48. Pero, en tal
caso, se le pedirá a su gobierno que lo retire y castigue.

Pero una ofensa de carácter flagrante puede justificar que el estado ante el cual está
acreditado, lo aprese y expulse.

En 17.16 Count Gyllenborg, ministro sueco en Londres, entró en comunicación con los
principales Jacobitas en ayuda de un cómplice, cuyo propósito, entre otras cosas, era la
deposición de Jorge I del trono. Gortz, un agente secreto de Carlos XII de Suecia, al mismo
tiempo proseguía negociaciones en Holanda, tratando de conseguir fondos para realizar este
plan. El complot fue descubierto, Gyllenborg fue arrestado y sus papeles apresados. El
Cuerpo Diplomático protestó, pero se dice que retiraron la protesta. Gortz fue también
arrestado en Holanda, a pedido del gobierno británico. Como represalia, Jackson, ministro
británico en Estocolmo, fue arrestado allí y al ministro holandés se le impidió aparecer ante
la Corte sueca. Eventualmente, Gyllenborg fue cambiado por Jackson y Gortz fue puesto en
libertad en Holanda 4C).

En 1718 el príncipe de Cellamare, embajador español en París, conspiró para privar de la


Regencia al duque d'0rleans y transferirla a su señor el rey de España. La conspiración fue
descubierta y Cellamare arrestado. El Cuerpo Diplomático residente declinó tomar el caso.
Mientras tanto, en España, habían sido dadas órdenes para el arresto del embajador francés,
quién alcanzó a cruzar la frontera a salvo. Cellamare fue luego conducido a la frontera
española y expulsado de Francia 50 .

Un caso notable del pasado es también aquel de don Pantaleón de Sá, quien en 1653, fue
acusado de criminal en Londres y, su rendición fuertemente obligada desde la casa del
embajador portugués. Fue juzgado y, habiendo sido encontrado culpable, ejecutado. Pero,
en este caso, la reclamación al privilegio no pudo ser mantenida, pues él sólo tenía una
comisión inactiva y su argumento de parentesco con el embajador, no bastó.

48 Hurst, Inmunités Diplomatiques, ii 164.


49 Martens, Ch. de, op. cit., pág. 83.
50 Ibid. i. 139.

Un decreto de la Unión Soviética del 14 de enero de 1927^ construido sobre la base de la


reciprocidad, declara que los representantes diplomáticos y miembros de sus misiones —
cancilleres, primero, segundo y tercer secretario, encargados de negocios, incluyendo
comercial, financiero, militar y naval— gozan de inmunidad personal, en virtud de la cual
no pueden ser sujetos a arresto o detención de carácter administrativo o judicial, y no están
sujetos a la jurisdicción de las instituciones judiciales de la U.R.S.S. y de las Repúblicas
Aliadas en un cargo criminal, excepto con el consentimiento del Estado extranjero
concernido.

En un curso dictado en 1937 en la Academia de Derecho Internacional de La Haya sobre


"El Islam y el Derecho de Gentes", el profesor de la Facultad de Derecho de Estambul,
Ahmed Rechid, caracterizó de la siguiente manera la inviolabilidad del enviado, según el
derecho musulmán:

"En Arabia, la persona del embajador se consideró siempre sagrada. Mahoma consagró esa
inviolabilidad. Los embajadores enviados ante Mahoma o sus sucesores, nunca fueron
molestados. Cierto día, en una audiencia que le había concedido el Profeta, el enviado de
una nación extranjera se permitió proferir palabras ultrajantes. Mahoma le dijo: 'Si no
fueras un enviado, te habría hecho ejecutar". El autor del Siyer donde se relata este
incidente llega a la conclusión de que hay una obligación de respetar a los embajadores."
Rechid agregaba: "El Profeta siempre trató con consideración y gran afabilidad a los
enviados de las naciones extranjeras. El Profeta tenía la costumbre de colmarlos de regalos,
y recomendaba a quienes lo acompañaban que siguieran su ejemplo diciéndoles: "Hagan lo
mismo que yo".

En una obra publicada por el Instituto del Estado y el Derecho de la Academia de Ciencias
de la URSS, titulada "International Law", referente al comportamiento de los árabes en la
Edad Media, como portadores de la fe musulmana dice: "Los Estados Arabes, que en la
Edad Media, a partir del siglo VII desempeñó un papel importante en las relaciónese
internacionales, tenían conceptos muy evolucionados sobre el derecho de gentes, que
estaban estrechamente ligados a preceptos religiosos. Los árabes reconocían la
inviolabilidad de los embajadores y la necesidad de respetar las obligaciones de los
tratados. Recurrían al arbitraje para el arreglo de las controversias internacionales y
consideraban que en tiempo de guerra era necesario observar normas precisas."

51 L´Islam et le droit des gens, Recueil des Cours de L'Académie de droit international,
1937, II, t. 60, págs. 421 y 422.

La Convención de 1961, refleja el derecho, según lo aprueban todas las regiones del globo,
con pueblos que poseen distintas características, y este derecho es patrimonio común de la
comunidad internacional y ha sido confirmado en interés de todos.

La Convención dice que todos los funcionarios con carácter diplomático, así como los
miembros de su familia que formen parte de su casa, siempre que no sean nacionales del
Estado receptor ni tengan en él residencia permanente, están exentos de la jurisdicción
penal de dicho Estado y no pueden ser detenidos ni procesados mientras sus gobiernos, por
intermedio del jefe de misión, no renuncien de una manera expresa a esa inmunidad. El
agente diplomático sea jefe de misión o solamente miembro de la misma, no está obligado a
prestar testimonio judicial.

No obstante éstas y otras disposiciones respecto a la inmunidad de jurisdicción civil y


administrativa, un funcionario diplomático podrá, si se estima oportuno, prestar
voluntariamente su colaboración a las autoridades locales, previa la pertinente autorización
del jefe de la misión y con la aclaración expresa de que tal acto de colaboración, no implica
renuncia a sus inmunidades ni allanamiento a la jurisdicción local.

Está asimismo generalmente reconocido que un agente diplomático está exento de la


jurisdicción de los tribunales civiles locales, a pesar de que algunos escritores se han
inclinado a colocar limitaciones a esta exención. En Holanda e Inglaterra, su inmunidad fue
reconocida ya en el siglo XVII y también en Francia y Prusia, fueron aprobadas leyes
especiales para salvaguardar el derecho.

El Estatuto de 7 Anne.c.12 declara que: "todas las ejecutorias y procesos que en cualquier
momento en el futuro sean entablados públicamente o continuados, por lo cual la persona
de cualquier embajador o de otro ministro público, de cualquier príncipe o estado
extranjero, o el sirviente; o los sirvientes domésticos de cualquier embajador, u otro
ministro público, pueden ser arrestados o apresados y sus bienes o enseres, pueden ser
secuestrados, apresados o atacados, será juzgado y sentenciado para ser completamente
nulo y sin valor, a todo intento, construcciones y propósitos, sean los que fueren."

En 1823 en el caso Novello y Teegood 52, Lord Chief Justice Abbott, hablando del Acta,
dijo que "era solo declaratoria de la ley 53 común y que por lo tanto, debía ser construida
de acuerdo a la misma, por lo cual la ley de las naciones, debía ser considerada una parte de
ésta".
El correspondiente Estatuto de Estados Unidos, es el número 4063 de los Estatutos
Revisados de Estados Unidos: "Siempre que cualquier ejecutoria o proceso es solicitado y
proseguida por cualquier persona en cualquier Corte de Estados Unidos, o de un Estado, o
por cualquier juez o justicia, por lo cual la persona de cualquier embajador o ministro
público de un príncipe o Estado extranjero autorizado y recibido como tal por el presidente,
o cualquier sirviente o sirvientes de cualquier ministro es arrestado o apresado, o sus bienes
o enseres son secuestrados, apresados o atacados, tal ejecutoria o proceso será juzgado
nulo".

En Francia, la ley y la práctica es lo mismo, y bajo el decreto 13 publicóse, an II; que un


agente diplomático que iba a dejar su cargo presentando sus cartas de anulación, no podrá
ser sujeto ahora, al trato acordado en 1772 al barón von Wrech, ministro de Hesse-Cassel,
al que se le rehusó su pasaporte, hasta que sus acreedores fueron satisfechos 54.

En Austria, el código civil confiere a un agente diplomático, todas las inmunidades


establecidas por ley internacional. El código alemán, exime de jurisdicción local a los
agentes diplomáticos y sus comitivas. En la Unión Soviética, un decreto del 14 de enero de
1927, declara que los representantes diplomáticos y los miembros de sus misiones
(abogados, primero, segundo y tercer secretarios y encargados, incluyendo comercial,
financiero, militar y naval) están sujetos a la jurisdicción de las instituciones judiciales de la
URSS y de las Repúblicas Aliadas por ofensas civiles, sólo dentro de los límites
establecidos por ley internacional o por acuerdos con los Estados interesados.
La Convención Panamericana del 20 de febrero de 1928, firmada en La Habana, que decía
en su Preámbulo que incorpora los principios generalmente aceptados por todas las
naciones, establece para los Estados firmantes las siguientes reglas: "Artículo 19: Los
oficiales diplomáticos están exentos de toda jurisdicción civil o criminal del estado al cual
están acreditados; ellos no pueden, excepto en el caso cuando están debidamente
autorizados por su gobierno, renunciar inmunidad, ser juzgados, sino por las Cortes de su
propio país."

52 I - B y C. 554
53 Esto ha sido sujeto de controversia. Ver Adair, La extraterritorialidad de los
embajadores en los siglos XVI y XVII, 1929.88,237 et sequ., y en "diario histórico de
Cambridge" 11, n9 3. 280-7 y Berriedale Keith y Adair en Diario de Legislación
Comparativa, XII-1930, 126-8 y XIII-1831, 133-7.
54 Martens, Ch. de, op. cit., ii. 110.

La inmunidad de la jurisdicción penal, como hemos visto con anterioridad, ha sido


establecida en casi todas las legislaciones y allí donde no hay leyes al respecto, la
costumbre internacional actúa como si las hubiere, siempre en el sentido de respetar la
inmunidad del diplomático sea para crímenes, delitos, contravenciones, etc. En el Código
de Derecho Internacional Privado, firmado en La Habana el 20 de febrero de 1928 por las
Repúblicas Americanas, se dispone expresamente que no son sometidos a las leyes penales,
los agentes diplomáticos de los Estados contratantes, en cada uno de los otros, así como sus
empleados extranjeros y los miembros de su familia, que vivan en su compañía.

La inmunidad de jurisdicción penal, asimismo, ha sido atacada por grandes


internacionalistas como Laurent, y por autores italianos, porque sostienen que la expulsión
del ministro y el envío a la jurisdicción del país que él representa, son medidas
insuficientes; para ellos, sería necesario que los delitos fuesen sancionados en el lugar en
que han sido cometidos. Larga fue la polémica que existió entre internacionalistas y
penalistas; pero el criterio seguido siempre a lo largo de toda la historia, ha sido el recogido
en la Convención de Viena, que establece que el agente diplomático goza de la inmunidad
de jurisdicción penal. Esta se extiende a la inmunidad de jurisdicción civil y administrativa,
excepto de: a) de una acción real sobre bienes inmuebles particulares radicados en el
territorio del Estado receptor, a menos que el agente diplomático los posea por cuenta del
Estado acreditante, para los fines de la Misión; b) de una acción sucesoria en la que el
agente diplomático figure, a título privado, y no en nombre del Estado acreditante, como
ejecutor testamentario, administrador, heredero, o legatario y c) otra referente al ejercicio
de actividad comercial o profesión liberal.

El agente diplomático, sea jefe de misión o solamente miembro de la misma, no está


obligado a prestar testimonio judicial.

Si bien el agente diplomático no podrá ser objeto de ninguna medida de ejecución, salvo las
excepciones citadas anteriormente, aun en estos casos excepcionales de ser objeto de ellas,
no deberá sufrir menoscabo la inviolabilidad de su persona o residencia y sus bienes.

La renuncia del agente diplomático a la inmunidad de jurisdicción respecto a las acciones


civiles o administrativas debe entenderse que no entraña renuncia a la inmunidad, en cuanto
a la ejecución del fallo, toda vez que para ello será necesaria una nueva renuncia. Muchas
otras cuestiones fueron planteadas cuando se trató este artículo 31, con vistas a ajustar más
el alcance y limitaciones de la inmunidad civil y administrativa, pero debieron ser dejadas
de lado en virtud de la diversidad de legislaciones que tornaban imposible ir más lejos en la
materia.

"Artículo 31:

1. — El agente diplomático gozará de inmunidad de jurisdicción penal del Estado receptor.


Gozará también de inmunidad de su jurisdicción civil y administrativa, excepto si se trata:

a) de una acción real sobre bienes inmuebles particulares radicados en el territorio del
Estado receptor, a menos que el agente diplomático, los posea por cuenta del Estado
acreditante para los fines de la Misión.

b) de una acción sucesoria en la que el agente diplomático figure a título privado y no en


nombre del Estado acreditante, como ejecutor testamentario, administrador, heredero o
legatario.

c) de una acción referente a cualquier actividad profesional o comercial ejercida por el


agente diplomático en el Estado receptor, fuera de sus funciones oficiales.

2. — El agente diplomático no está obligado a testificar.


3. — El agente diplomático no podrá ser objeto de ninguna medida de ejecución, salvo en
los casos previstos en los incisos a), b) y c) del párrafo 1 de este artículo, y con tal que no
sufra menoscabo la inviolabilidad de su persona o de su residencia.

4. — La inmunidad de jurisdicción de un agente diplomático en el Estado receptor no le


exime de la jurisdicción del Estado acreditante."

El sistema de renuncia a la inmunidad de jurisdicción de los diplomáticos es desarrollado


en el artículo 32, subrayando que tales renuncias deben ser expresas, para evitar que, por
medio de maniobras, sean burlados los privilegios diplomáticos.

Ningún funcionario puede renunciar a sus inmunidades y prerrogativas, a fin de someterse


voluntariamente a la jurisdicción local, sin autorización expresa del jefe de misión. Este, a
su vez, deberá recabar esa autorización al Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado
acreditante, salvo que la renuncia tenga por objeto un simple acto de cooperación con las
autoridades locales y que no implique riesgo de consecuencias ulteriores que puedan afectar
las inmunidades del funcionario.

La renuncia a las inmunidades y prerrogativas debe ser siempre expresa. Asimismo, ningún
funcionario diplomático, incluyendo el jefe de la misión, podrá entablar acción judicial en
el país donde desempeña sus funciones sin la previa autorización de su respectivo
Ministerio de Relaciones Exteriores, atento a que dicho acto puede envolver una renuncia
tácita de las inmunidades de jurisdicción.

"Artículo 32:

1 — El Estado acreditante puede renunciar a la inmunidad de jurisdicción de sus agentes


diplomáticos, o de las personas que gocen de inmunidad conforme al artículo 37.

2. — La renuncia ha de ser siempre expresa.

3. — Si un agente diplomático o una persona que goce de inmunidad de jurisdicción


conforme al artículo 37 entabla una acción judicial, no le será permitido invocar la
inmunidad de jurisdicción respecto de cualquier reconvención directamente ligada a la
demanda principal.

4. — La renuncia a la inmunidad de jurisdicción respecto de las acciones civiles o


administrativas no ha de entenderse que entraña renuncia a la inmunidad en cuanto a la
ejecución del fallo, para lo cual será necesaria una nueva renuncia."

A propósito del gobierno de Luxemburgo, fue considerado el problema de la exención para


los diplomáticos del régimen de seguridad social imperante en el Estado receptor. Esta es la
primera regulación de alcance internacional sobre la materia.

El desplazamiento de las instituciones de la seguridad social hacia el campo del derecho


público se ha producido a causa del progreso técnico y desarrollo cultural, operado a
consecuencia de la revolución industrial, a raíz del cual el hombre va adquiriendo una
conciencia de que el elemento humano es el factor más importante de todos los que
integran el proceso productivo, en la creación de los bienes destinados a satisfacer todas las
necesidades de la sociedad en que vive y, por eso, se dispone a prestarle una atención
preferente.

Aun con un pronunciado sentido social, la seguridad social tiene primordialmente un


fundamento económico, proponiéndose cubrir los riesgos a que está expuesta la persona
humana en su vida de relación, aprovechando de esa forma mejor de sus aptitudes y
consiguiendo que todos trabajen, a fin de obtener una mayor producción de bienes para ser
distribuidos, de acuerdo a una política social justa entre todos los miembros de la sociedad,
asegurando condiciones de vida digna y decorosa, de acuerdo con los adelantos de la
civilización moderna. Así se alcanza la paz social, mediante la justicia, ya que uno de los
principales caracteres de la seguridad social es la igualdad en el otorgamiento de beneficios.
Esta, a su vez está inspirada en la solidaridad que informa a todo auténtico sistema de
seguridad social, base de igualdad, que dice proporcionalidad que la justicia la exige e
impone, en su forma distributiva .

La aplicación de la seguridad social y su desarrollo, en lo referente a la extensión de sus


beneficios, tanto en el ámbito personal como territorial, va a depender de la política social
adoptada por el Estado que la promueve.

Si bien los seguros sociales tenían en un primer momento que proteger individualmente al
trabajador asalariado que estaba expuesto al riesgo profesional, en una segunda instancia, a
medida que se produce el proceso de democratización de la sociedad, después de la
Segunda Guerra Mundial, las instituciones de seguridad social se extienden a todos los
miembros de la comunidad política, ya sean trabajadores, subordinados o no, ya que esta
protección la asume el estado, como deber primordial para asegurar la paz social.

El artículo 33 establece que el agente diplomático en cuanto a los servicios prestados al


Estado acreditante, estará exento de las disposiciones sobre seguridad social que estén en
vigencia en el Estado receptor, extendiéndose la misma a los criados particulares que se
hallen al servicio exclusivo del agente diplomático, con excepción de que sean nacionales
del Estado receptor o tengan en el mismo residencia permanente, o en su defecto estén
protegidos por regímenes de seguridad social del Estado acreditante o de un tercer Estado,
siempre que el mismo sea signatario, haya ratificado o sea adherente a la Convención de
Viena. En su defecto deberán atenerse a las leyes de seguridad social vigentes en el Estado
receptor, debiendo cumplir las obligaciones que las mismas impongan.

55 Pérez Lleñero, Fundamentos de la seguridad social, Madrid, 1956, págs. 14, 15 y 54.

Los empleados administrativos y técnicos que forman parte de la misión, son empleados del
servicio administrativo y técnico, que en diferentes funciones y categorías constituyen el
personal de séquito de la Misión Diplomática. Se distinguen del personal que tiene carácter
diplomático y de los miembros de' la familia del diplomático y los empleados del servicio
doméstico. Gozan de ciertas franquicias en su condición de miembros del personal
administrativo y técnico de la misión y juntamente con los miembros de sus familias,
forman parte de sus respectivas casas, excepto que sean nacionales del Estado receptor o
tengan en ese Estado residencia permanente, gozarán de privilegios e inmunidades citados
en los artículos 29 a 35 de la Convención, salvo en los casos en que la inmunidad de
jurisdicción civil y administrativa del Estado receptor especificada en el párrafo I del
artículo 31, no se extienda a los actos realizados fuera del desempeño de sus funciones. No
se les asigna funciones diplomáticas, sino que se les adjudica la calidad de diplomáticos
para un mejor desempeño de las tareas encomendadas que deberán cumplir en un ambiente
extraño donde les corresponda actuar.

La Convención de Viena de 1961 dice que el empleado administrativo que compone el


séquito de la Misión está exento de las normas de seguridad social vigentes en el Estado
receptor y, si la legislación del estado lo permite, los empleados pueden, sin embargo
participar voluntariamente en los sistemas de seguridad social locales.

Cuando el agente diplomático emplea a personal administrativo o técnico al servicio de la


Misión Diplomática, que sea de nacionalidad del Estado receptor o que tenga en éste
residencia permanente, aun cuando ese personal fuese extranjero, habrá de cumplir las
obligaciones que el Estado receptor imponga sobre seguridad social a sus empleadores.

En casos en que razones de necesidad o utilidad para el servicio lo hagan aconsejable y los
fondos asignados a la Representación lo permitan, el jefe de misión podrá nombrar
empleados para trabajos de oficina, de maestranza o de servicio, a personas residentes en el
Estado receptor, sean o no nacionales del mismo, fijándoles una remuneración acorde con
los sueldos y salarios vigentes, o de práctica para tareas análogas, en la ciudad asiento de la
Representación. No se les dará el carácter de empleados públicos del Estado acreditante.
El jefe de misión convendrá con el Estado receptor, previa aprobación de su respectivo
Ministerio de Relaciones Exteriores, la extensión de los beneficios de la legislación social
local a los empleados nombrados en las condiciones precedentemente citadas y efectuará
los aportes que las leyes ponen a cargo de la parte patronal, del rubro gastos de
sostenimiento de la Misión.

En caso de que el jefe de misión no haya podido concluir el convenio con la expresa
reserva de la inviolabilidad y exención de jurisdicción local que el Derecho Internacional
reconoce a la Representación Diplomática, con la expresa autorización del Estado
acreditante, reconocerá a favor de estos empleados, con el carácter de acto unilateral y
voluntario de la Representación Diplomática, en lo referente a preavisos, indemnizaciones
por despido, vacaciones y feriados pagos, accidentes de trabajo, aguinaldos y todos los
demás beneficios sociales, que no impliquen pensiones o subvenciones de carácter
permanente, los beneficios que acuerda la legislación social del Estado acreditante o la
local del Estado receptor, según se estime conveniente.

"Artículo 33:

1. — Sin perjuicio de las disposiciones del párrafo 3 de este artículo, el agente diplomático
estará, en cuanto a los servicios prestados al Estado acreditante exento de las disposiciones
sobre seguridad social que estén vigentes en el Estado receptor.

2. — La exención prevista en el párrafo 1 de este artículo se aplicará también a los criados


particulares que se hallen al servicio exclusivo del agente diplomático, a condición de que:

a) no sean nacionales del Estado receptor o no tengan en él residencia permanente; y

b) estén protegidos por las disposiciones sobre seguridad social que estén vigentes en el
Estado acreditante o en un tercer Estado.

3. — El agente diplomático que emplea a personas a quienes no se aplique la exención


prevista en el párrafo 2 de este artículo habrá de cumplir las obligaciones que las
disposiciones sobre seguridad social del Estado receptor impongan a los empleadores.

4. — La exención prevista en los párrafos 1 y 2 de este artículo, no impedirá la


participación voluntaria en el régimen de seguridad social del Estado receptor a condición
de que tal participación esté permitida por ese Estado.

5. — Las disposiciones de este artículo se entenderán sin perjuicio de los acuerdos


bilaterales o multilaterales sobre seguridad social ya concertados y no impidirán que se
concierten en lo sucesivo acuerdos de esa índole".

Uno de los privilegios generalmente acordado a todo enviado diplomático es el de estar


eximido de impuestos. Esta fue una norma común de uso internacional que, casi siempre
abarcó los impuestos de toda naturaleza, existentes en el país receptor. La Convención
Panamericana establecía en su artículo 18: "Los agentes diplomáticos serán eximidos en el
Estado ante el cual están acreditados: 1° De todos los impuestos personales, nacionales o
locales.. .".

La Convención de las Naciones Unidas es categórica al respecto, pues recoge y confirma la


tradición y al mismo tiempo, hace una amplia enumeración de las excepciones establecidas,
a los efectos de no dar lugar a malas interpretaciones.

El tópico que se refiere a la exención de impuestos y gravámenes fue ampliamente


discutido, enriqueciéndose el proyecto inicial con iniciativas propuestas por los Estados
Unidos, Australia, Austria y Francia.

En materia de privilegios los funcionarios diplomáticos deberán observar las siguientes


normas: 1° Cuando alguna autoridad del Estado receptor, sea nacional, regional o
municipal lo reclame, deberán hacerse cargo de los gravámenes que constituyan tasas en
concepto de retribución de servicios, inclusive cuando se trate de los locales de la Misión
de que sean propietarios o inquilinos. Fuera de este caso, el agente diplomático estará
exento de todos los impuestos y gravámenes personales o reales, nacionales, regionales o
municipales, con excepción de: los impuestos indirectos, de la índole de los normalmente
incluidos en el precio de las mercaderías o servicios, los impuestos y gravámenes sobre
bienes inmuebles privados que posean en el territorio del Estado receptor, a menos que los
posea por cuenta del Estado acreditante y para los fines de la

Misión. Asimismo, no estará exento de los impuestos sobre las sucesiones que corresponda
percibir al Estado receptor, excepto que se trate de bienes muebles que se hallaren en el
Estado receptor, por el solo hecho de haber vivido allí el causante de la sucesión como
miembro de la Misión o como familiar, en cuyo caso, no corresponde la aplicación de
impuestos sucesorios a dichos bienes. El agente diplomático no está tampoco exento de los
impuestos y gravámenes sobre los ingresos privados, que tengan su origen en el Estado
receptor y de los impuestos sobre el capital que graven las inversiones efectuadas en
empresas comerciales en el mismo Estado. Finalmente no están exentos de los derechos de
registro, aranceles judiciales, hipoteca y timbre, cuando se trate de bienes inmuebles
privados.

"Artículo 34:

El agente diplomático estará exento de todos los impuestos y gravámenes personales o


reales, nacionales, regionales o municipales, con excepción:

a) de los impuestos indirectos de la índole de los normalmente incluidos en el precio de las


mercaderías o servicios.

b) de los impuestos y gravámenes sobre los bienes inmuebles privados que radiquen en el
territorio del Estado receptor, a menos que el agente diplomático los posea por cuenta del
Estado acreditante y para los fines de la Misión.

c) de los impuestos sobre las sucesiones que corresponda percibir al Estado receptor, salvo
lo dispuesto en el párrafo 4 del artículo 39.

d) de los impuestos y gravámenes sobre los ingresos privados que tengan su origen en el
Estado receptor y de los impuestos sobre el capital que graven las inversiones efectuadas en
empresas comerciales en el Estado receptor.

e) de los impuestos y gravámenes correspondientes a servicios particulares prestados.

f) salvo lo dispuesto en el artículo 23, de los derechos de registro, aranceles judiciales,


hipoteca y timbre, cuando se trate de bienes inmuebles".
A proposición de la U.R.S.S., fue aprobada en el artículo 35, la exención para los agentes
diplomáticos de toda prestación personal, cargas militares, etc.

"Artículo 35:

El Estado receptor deberá eximir a los agentes diplomáticos de toda prestación personal, de
todo servicio público cualquiera que sea su naturaleza y de cargas militares tales como las
requisiciones, las contribuciones y los alojamientos militares".

Lo referente a exención de derechos de aduana, inspección de equipajes, etc., que son otros
de los privilegios acordados a los funcionarios diplomáticos y cuya tradición se continúa —
resabio de la pompa y magnificencia con que se acostumbraba a recibir a los embajadores
en otras épocas— se ha impuesto en la Convención de Viena, siguiendo estas modalidades:

Que el Estado receptor de acuerdo a sus leyes y reglamentos, debe permitir la entrada con
exención de toda clase de derechos de aduana, impuestos. y gravámenes conexos, excepto
los derechos de almacenaje, acarreo y servicios análogos, cuando se trate de los objetos
destinados al uso oficial de la Misión, o destinados al uso personal del agente diplomático o
de los miembros de su familia, que formen parte de la casa, incluyendo los efectos de su
instalación.

También ha recogido la tradición, en lo concerniente a la inspección de equipajes de los


diplomáticos, por cuyo conducto se han llegado a cometer a veces excesos o infracciones
lamentables. Un diplomático no debe abusar de tales privilegios, pero los hay quienes
utilizan tales franquicias para hacer pasar mercaderías, automóviles, estupefacientes, etc.,
que entregan a intermediarios inescrupulosos, obteniendo pingües beneficios, perjudicando
al mismo tiempo el interés del estado que los recibe. Por eso, en ciertos casos, los agentes
aduaneros pueden hacer revisar el equipaje de los funcionarios, tal como sucedió con un
ministro americano, Mr. White, que regresaba a su puesto en Italia, después de haber
pasado sus vacaciones en Austria 56.

\Este tópico lo trata el punto 2 del artículo 36 de la Convención de Viena.

"Artículo 36:

1. — El Estado receptor, con arreglo a las leyes y reglamentos que promulgue, permitirá la
entrada, con exención de toda clase de derechos de aduana, impuestos y gravámenes
conexos, salvo los gastos de almacenaje, acarreo y servicios análogos:

56 Revue General de Droit International Public, t. XIII, pág. 205.

a) De los objetos destinados al uso oficial de la misión; b) de los objetos destinados al uso
personal del agente diplomático o de los miembros de su familia que formen parte de su
casa, incluidos los efectos destinados a su instalación.

2. — El agente diplomático estará exento de la inspección de su equipaje personal a menos


que haya motivos fundados para suponer que contiene objetos no comprendidos en las
exenciones mencionadas en el párrafo 1 de este artículo, u objetos cuya importación o
exportación esté prohibida por la legislación del Estado receptor o sometida a sus
reglamentos de cuarentena. En este caso, la inspección sólo se podrá efectuar en presencia
del agente diplomático o de su representante autorizado."

El pago de los derechos aduaneros que corresponderían a los efectos de uso personal, ajuar
doméstico, etc., del diplomático y su familia, no es abonado por éste, no porque exista ley
al respecto, sino por una cortesía internacional y a título de reciprocidad. Es evidente que el
trámite aduanero de apertura de valijas, revisión de papeles, etc., puede afectar el principio
de la inviolabilidad. Por extensión de este criterio, está establecido que los empleados
aduaneros, fiscalizadores, etc., no podrán revisar las habitaciones, ni los automóviles de los
diplomáticos.

A este respecto, la actitud de los estados no siempre es la misma, quedando sujeta a las
disposiciones de cada país y según las épocas, ya que es sabido que, con motivo de ciertos
abusos que se suelen comprobar periódicamente, aparecen reglamentaciones diversas sobre
la materia. Sin embargo, la línea internacional predominante fue siempre exencionista.

El mismo criterio de exención aduanera por cortesía internacional, se aplica a los agentes
que están de paso por determinado país, rumbo a su destino o simplemente, en tránsito.

En el artículo 37 se extienden los beneficios del artículo anterior, a los miembros de la


familia del agente diplomático que formen parte de la casa, beneficiando, asimismo, a los
miembros del personal administrativo y técnico y a sus familias, estableciendo que gozarán
de los privilegios de exención, respecto de los objetos importados al efectuar su primera
instalación. En estos términos, se ha convertido en ley internacional un
principio del derecho consuetudinario que se mantuvo con pocas variaciones a lo largo de
muchos siglos.

A comienzos del siglo XVIII ya era corriente que las esposas acompañaran a sus maridos
embajadores o funcionarios diplomáticos, contrariamente a lo que se acostumbraba en la
antigüedad y, esto acarreó el problema de la inviolabilidad del séquito de los embajadores.

Los autores más calificados de la época, Grotius y Gentilli, sostuvieron que los privilegios
del embajador debían hacerse extensivos a su séquito, incluyendo sus servidores En la
práctica prevaleció este criterio, que fue incluido en casi todos los intentos de codificación
anteriores a la Convención de Viena de 1961, la que en el punto 1 del artículo 37 dispone la
extensión de los privilegios e inmunidades especificados en los artículos 29 al 36, a todos
los familiares del diplomático que formen parte de su casa.

Para saber si todas las personas que forman parte del séquito diplomático gozan de
inmunidades y prerrogativas de jurisdicción territorial hay que distinguir, siguiendo a
Guesalaga, citado por Benito Pérez 57, entre el séquito oficial y el no oficial. Las personas
que forman parte del séquito oficial del ministro público gozan, por regla general del
privilegio de la exención acordada al jefe de misión, tanto en materia civil y administrativa
como criminal; pero en cuanto a las personas del séquito no oficial, la opinión se encuentra
dividida para establecer si semejante inmunidad debe serle acordada. Según algunos
autores, no hay motivos para establecer diferencias, todos participan de las inmunidades de
los agentes diplomáticos. Lo único es que en el primer caso no están sometidos sino a la
jurisdicción de su patria durante el tiempo que permanezcan al servicio del embajador y, en
el segundo, es decir, cuando pertenezcan a la misma nacionalidad del ministro, se distingue
todavía si pertenecen al estado ante el cual el ministro se halla acreditado, y son sometidos
en tal caso a los tribunales ordinarios de su país. Si perteneciesen a un tercer Estado, no son
sometidos a los tribunales locales, sino como en el caso análogo al que un extranjero
ausente se demandara ante esos tribunales; en otros casos quedan sometidos a la
jurisdicción de su propio país. De acuerdo a lo expuesto, las inmunidades y prerrogativas
re"

57 Guesalaga, citado por Pérez, Benito, en Régimen jurídico de empleados de misiones


diplomáticas, pág. 64.

conocidas a los agentes diplomáticos se aplican también al personal oficial de la misión,


entendiéndose incluidas las familias del ¿efe de la misión y el personal oficial de la misma,
y según varios autores, el personal no oficial de la misión, es decir los secretarios
particulares, mayordomos, criados, siempre que estén de servicio y no sean nacionales del
Estado sede de la misión.

De tal forma, se ha sostenido, teniendo en cuenta la doctrina más autorizada en esta materia
que, para determinar cuándo el privilegio e inmunidad alcanza al empleado o funcionario
de la Misión Diplomática, es necesario establecer previamente, cuál es el carácter del acto
cumplido en el desempeño de sus funciones y la naturaleza del vínculo en virtud del cual lo
ejecuta el empleado. Si el acto es ejecutado en virtud de una norma de derecho público
administrativo del país acreditante, debe entenderse que ese estado actúa juri imperii, por lo
tanto el empleado estará comprendido en la inmunidad de Jurisdicción territorial. Si en
cambio, el acto ha sido ejecutado con arreglo a las normas del derecho privado, el Estado
acreditante actuará juri geytionis y el empleado de la Misión, cualquiera fuese su categoría,
estará excluido de esa prerrogativa, ya que la inmunidad sólo alcanzará a los actos
ejecutados en misión diplomática. En consecuencia, para saber sí el empleado está
amparado por la inmunidad de jurisdicción territorial, lo primero que se tendrá en cuenta es
si el empleado se halla vinculado a la embajada por una norma de derecho público
administrativo y si es así deberá entenderse que el Estado acreditante actúa juri impertí,
caso contrario el trabajador se encontrará vinculado simplemente por un contrato de trabajo
o una simple relación de empleo celebrado por el representante diplomático en el Estado
receptor, previa autorización de su gobierno, y el empleado actuará juri gestionis. En el
primer caso es de aplicación el derecho público administrativo y el empleado se encontraría
exento de la jurisdicción territorial y en el segundo estaría sometido a la jurisdicción local,
es decir del Estado receptor. Fiore 58, dice que la jurisdicción internacional debe
determinarse atendiendo a. la naturaleza jurídica del acto cuestionado, porque si el estado
extranjero tiene una doble capacidad, política y civil, la competencia judicial sólo se
cumple extendiéndola a sus "actos de imperio'' realizados como poder soberano y político.

58 Fiore, Tratado de Derecho Internacional Público, trad. esp. Madrid, 1894, t. I, págs. 285
in fine 336 y 345.

Fiore, precisando este alcance sobre el concepto, aplicado a los miembros de la misión
diplomática dice: "Los adscriptos a la legación son funcionarios del estado y forman parte
integrante de la representación pública del mismo. Su nombramiento se notifica al Ministro
de Negocios Extranjeros del Estado donde la legación se halle establecida y a cada uno de
éstos se le confían los asuntos que, según las circunstancias, ocurran para cumplir la misión
confiada al ministro. Confíaseles el archivo, la redacción de actas, el desempeño de
comisiones que les encarga el jefe y suplen a éste en caso de enfermedad o ausencia. Es,
pues, muy natural que los derechos y prerrogativas de que debe gozar el ministro para el
cumplimiento de su misión, se extienden también a su séquito oficial. Las personas que lo
componen son, en efecto, parte integrante de la legación y participan directa o
indirectamente de las funciones públicas confiadas al ministro''. Y continúa diciendo:

"Establecemos como regla general, que los derechos y prerrogativas de que, según el
Derecho Internacional, debe gozar el ministro público, han de atribuirse también a las
personas adscriptas a la embajada o legación, en todo lo relativo al cumplimiento de las
funciones públicas que se le hayan confiado. Es pues evidente, que del mismo modo que el
ministro público no está absolutamente exento de la jurisdicción civil, penal y territorial,
para los actos que particularmente realice, tampoco deben estarlo las personas del séquito
oficial".

verdross sostiene que: "La inmunidad diplomática se extiende a todo el personal


diplomático de la misión incluyendo los agregados militares, navales, de prensa y
comerciales, así como el personal auxiliar administrativo y técnico de una misión, y a los
familiares que con unos u otros conviven, siempre que no posean la nacionalidad del estado
en el que están acreditados. En cambio el personal de servicio de una misión, sólo goza de
inmunidad para sus actos de servicio" 59.

"Artículo 37:

1. — Los miembros de la familia de un agente diplomático que formen parte de su casa


gozarán de los privilegios e inmunidades especificados en los artículos 29 a 36, siempre
que no sean nacionales del Estado receptor.

2. — Los miembros del personal administrativo y técnico de la Misión, con los miembros
de sus familias que formen parte de sus respectivas casas, siempre que no sean nacionales
del Estado receptor ni tengan en él residencia permanente gozarán de los privilegios e
inmunidades mencionados en los artículos 29 a 35, salvo que la inmunidad de la
jurisdicción civil y administrativa del Estado receptor especificada en el párrafo I del
artículo 31, no se extenderá a los actos realizados fuera del desempeño de sus funciones.
Gozarán también de los privilegios especificados en el párrafo I del artículo 36, respecto de
los objetos importados al efectuar su primera instalación.

59 Verdross, Derecho Internacional Público, trad. esp. Madrid, 1969, pág. 261.

3. — Los miembros del personal de servicio de la Misión que no sean nacionales del
Estado receptor ni tengan en él residencia permanente, gozarán de inmunidad por los actos
realizados en el desempeño de sus funciones, de exención de impuestos y gravámenes sobre
los salarios que perciban por sus servicios y de la exención que figura en el artículo 33.

4. — Los criados particulares de los miembros de la Misión que no sean nacionales del
Estado receptor ni tengan en él residencia permanente, estarán exentos de impuestos y
gravámenes sobre los salarios que perciban por sus servicios. A otros respectos, sólo
gozarán de privilegios e inmunidades en la medida reconocida por dicho Estado. No
obstante, el Estado receptor habrá de ejercer su jurisdicción sobre estas personas de modo
que no estorbe indebidamente el desempeño de las funciones de la misión."

La Convención de Viena evidentemente, ha sido espléndida para con los diplomáticos, al


reconocer ampliamente todas las prerrogativas que por ley en algunos casos y, por
costumbre en otros, siempre les han beneficiado. Estas prerrogativas están en contradicción
con el principio fundamental de la materia, de que los privilegios e inmunidades de los
diplomáticos ''se conceden no en beneficio de las personas, sino con el fin de garantizar el
desempeño eficaz de las funciones de las misiones diplomáticas en calidad de
representantes de los Estados."

A título informativo, introducimos las conclusiones a un planteo que consideramos


ilustrativo, proponiendo la revisión y limitación de los privilegios e inmunidades
diplomáticos:

"De la situación real parecen derivarse consecuencias ineludibles:

a) Es preciso detener la extensión indefinida de los privilegios e inmunidades diplomáticos


a un número indeterminado y creciente de instituciones y de personas;

b) Es necesario revisar el carácter y la forma misma de los privilegios e inmunidades, para


determinar cuáles constituyen el mínimo necesario para establecer expresiones formales
entre los estados y para garantizar la independencia de ciertos agentes y funcionarios
internacionales en el desempeño de sus actividades;

c) Es necesario limitar el otorgamiento de ciertos privilegios e inmunidades diplomáticos a


funcionarios que tengan efectivamente carácter representativo. Entiendo por representación
el derecho oficial de declarar, negociar, hablar, escribir o escuchar a nombre de sus
gobiernos. La representación, en mi concepto, ni puede ser ejercida simultáneamente por
varios funcionarios de una misma Misión, sino por el que ejerce la jefatura de ella;

d) Es necesario estudiar cuidadosamente el carácter de las funciones de algunos


funcionarios de grandes organismos internacionales y el lugar de su ejercicio, sin que sea
admisible que, en todos los casos y en todos los lugares puedan invocarse tales
prerrogativas a favor de aquéllos o de sus subordinados;

e) De un modo general la exención de la jurisdicción civil sólo debe mantenerse por los
actos de función o relacionados con ella, no cuando el agente diplomático ha realizado
ciertos actos civiles o comerciales que son independientes de la naturaleza de su misión;

f) De un modo general, la exención de jurisdicción criminal debe ser mantenida, salvo los
casos de "in fraganti" delito común. No es admisible otorgar al estado territorial el derecho
de ejercer jurisdicción sobre un representante diplomático por razón de delitos políticos y
conexos;

g) El estado de la nacionalidad del agente diplomático está en el deber de renunciar a


cualquier privilegio e inmunidad de éste que pudiera cubrir la comisión de delitos y faltas;

h) Las necesidades de la vida social y jurídica han creado en casi todos los estados, una
verdadera jurisdicción administrativa diferenciable de la jurisdicción civil y criminal. Esta
jurisdicción administrativa comprende, especialmente en lo que a los agentes diplomáticos
puede interesar, las disposiciones municipales de higiene pública y de tráfico. De un modo
general los agentes diplomáticos, sus actos y sus residencias deben estar sometidos a este
tipo de jurisdicción, que se refiere principalmente, a regímenes de orden público para
beneficio social;
i) De un modo general la inviolabilidad aplicable a las cosas debe estar limitada a la
residencia oficial de una misión diplomática, a la residencia de los jefes de misión, y a las
oficinas de ésta, aun cuando no ocupen un solo local;

j) La inviolabilidad especial de las oficinas diplomáticas, en relación con el principio


universal de la inviolabilidad de la correspondencia, debe comprender el derecho de usar de
las vías postales, telegráficas y radiotelegráficas;

k) En circunstancias especiales de peligro o defensa nacional del Estado territorial, es


admisible que éste pueda suspender las comunicaciones postales, telegráficas y
radiotelegráficas por un plazo breve y excepcional, o exigir que la correspondencia
diplomática sea señalada en forma de preservarla del conocimiento, por la censura. Tal
señalamiento debe ser reglamentado, de manera que no pueda abusarse particularmente del
uso de determinados membretes o enseñas;

l) De un modo general, los privilegios e inmunidades diplomáticos no pueden extenderse en


ciertas circunstancias a ciertas cosas cuya adquisición o uso está condicionada por contratos
o reglamentos especiales, como las compras a plazos y el tráfico de automóviles y aviones;

m) De un modo general, la exención de impuestos inmobiliarios solo debe cubrir a los


inmuebles de propiedad oficial de las misiones, pero no a los de propiedad particular de los
agentes diplomáticos, ni aquellos que tienen en arrendamiento de particulares;

n) Es preciso establecer una clara diferenciación de impuestos y gabelas para determinar


cuáles, por su generalidad en relación con el uso público, como los servicios de esta clase,
el rodaje, los impuestos viales, los transportes, etc., no tienen ninguna relación por su
carácter netamente económico y por su condición pública y general, con la independencia
necesaria del agente diplomático;

o) Los impuestos de internación o de aduana de que deben estar exentos todos los objetos y
envíos oficiales para usos de esta clase de una misión, tampoco deben gravar las
importaciones de los agentes diplomáticos. Para evitar abuso al respecto, son admisibles
disposiciones que regulan la extensión y el valor de las liberaciones de impuestos de
internación, guardando relación con las jerarquías en las necesidades efectivas;

p) De un modo general los impuestos que gravan las utilidades o la renta, no deben afectar
los ingresos que un agente diplomático recibe por conceptos de estipendio oficial, pero sí
puede gravar los ingresos que corresponden a sus bienes particulares".

Volviendo a nuestro planteo, debemos señalar que uno de los más importantes aportes de la
Conferencia, fue el establecimiento de reglas de tratamiento por el Estado receptor, para
con el personal administrativo y técnico de la Misión. Fue necesario que la Conferencia
formulara nuevas reglas en la materia, en vez de codificar la práctica ya existente, ante las
diferencias de opinión entre los estados. La inclusión de los miembros de la familia del
agente diplomático, que formen parte de su casa, junto con la de los familiares del personal
administrativo y técnico, así como los del personal de servicio, dio lugar a extensos
planteos y estudios, tendientes a establecer reglas basadas en lo que es necesario y
razonable, tanto para el eficiente funcionamiento de la Misión como para la seguridad y
comodidad de sus colaboradores, estableciéndose un sistema integral que justifica la
precedente apreciación de la importancia de este aporte a la codificación del tópico,
cumplida por la Convención. En este artículo. Argentina propuso la enmienda consistente
en reducir la inmunidad de jurisdicción del personal técnico y administrativo a actos
realizados en el ejercicio de su función.

"Artículo 38:

I. — Excepto en la medida en que el Estado receptor conceda otros privilegios e


inmunidades, el agente diplomático que sea nacional de ese estado o tenga en él residencia
permanente, sólo gozará de inmunidad de jurisdicción e inviolabilidad por los actos
oficiales realizados en el desempeño de sus funciones.

2. — Los otros miembros de la misión y los criados particulares que sean nacionales del
Estado receptor o tengan en él su residencia permanente, gozarán de los privilegios e
inmunidades únicamente en la medida que lo admita dicho Estado. No obstante, el Estado
receptor habrá de ejercer su jurisdicción sobre esas personas de modo que no estorbe
indebidamente el desempeño de las funciones de la misión."

El comienzo y duración de las prerrogativas diplomáticos fueron establecidas en el punto I


del artículo 39, consagrándose una alternativa: a) Desde que penetre en el territorio del
Estado aceptante para tomar posesión de su cargo, o b) si ya se encontrara en ese territorio,
desde que su nombramiento haya sido comunicado a la autoridad pertinente. Al tratar el
punto 2, que establece el momento en que cesan las prerrogativas del diplomático, cosa que
sucede cuando sale del país o cuando ya ha expirado el plazo razonable que se le
concediera, aun en caso de conflicto armado, se suscitó un fuerte debate comandado por la
delegación de Estados Unidos, que se opuso vigorosamente a la prescripción de que un
miembro de misión debe gozar de inmunidades, hasta el momento de su partida. Estados
Unidos consideró que tal prescripción, no era realista y no reflejaba la práctica
internacional y que, por otra parte, la misma involucra asuntos de seguridad nacional que,
pareciera, no habían sido adecuadamente considerados. La delegación norteamericana
aceptaba, desde luego, que un agente diplomático de un país enemigo, debería ser tratado
con dignidad y cortesía, su persona debía ser inviolable, debiéndosele permitir partir con su
familia, tan pronto como los trámites necesarios fueran hechos, pero la delegación destacó
en el curso del debate, que casi todos los gobiernos envueltos en la Segunda Guerra
Mundial, colocaban restricciones de una u otra clase, al movimiento de los diplomáticos
enemigos dentro de sus territorios y en los límites de sus propiedades. Algunos gobiernos
han impuesto hasta el control del dinero y de las propiedades aplicables a los
establecimientos de miembros de misiones diplomáticas extranjeras. Por lo tanto,
propusieron suprimir las palabras "aun en caso de conflicto armado" y agregar un nuevo
parágrafo, autorizando al Estado receptor en épocas de emergencia nacional, guerra civil o
conflicto armado, a instituir medidas apropiadas de control sobre dineros de la misión y de
personas que gozan de privilegios e inmunidades, así como a sus pertenencias, incluyendo
una custodia de protección que garantice su seguridad, mientras no se produzca su partida.
Este planteo fue rechazado por la Asamblea Plenaria por 38 votos contra 6 a favor y 26
abstenciones 61.
60 Ulloa, Alberto, Revisión y limitación de los privilegios e inmunidades diplomáticos.
Revista Peruana de Derecho Internacional, t. XI, set.dic. 1951, n(? 33, págs. 409-421.
61 Report of the Delegation of the United States of América. Official Records.

Las inmunidades y privilegios de un funcionario diplomático y de los miembros de su


familia, comienzan desde el momento en que penetra en el territorio del Estado receptor o
si ya se encuentra en ese territorio desde que su nombramiento haya sido comunicado al
Ministerio de Relaciones Exteriores local y cesan cuando abandona dicho territorio por fin
de la misión o por expirar el plazo razonable que le haya sido concedido para salir de él, o
desde el momento en que la Representación comunique al ministerio local que la persona
ha dejado de formar parte de su servicio diplomático, aunque permanezca en el territorio
del Estado receptor. La inviolabilidad se mantiene en caso de ruptura de relaciones o
declaración de guerra, hasta el momento en que el diplomático haya abandonado el país. En
caso de fallecimiento del funcionario la inviolabilidad se mantiene a favor de los miembros
de la familia del mismo, hasta su salida del territorio, dentro de un plazo razonable.

Cualquiera sea el motivo de la finalización de la misión, el funcionario y su familia gozan


de las inmunidades y prerrogativas diplomáticas hasta el momento de abandonar el país, y
lo mismo su equipaje. Esta regla se aplica consecuentemente a la familia del diplomático
fallecido en su caso, sin distinción de categoría. Siempre el jefe de misión será responsable
del despacho de los efectos del funcionario que parta, a cuya familia le prestará la mayor
colaboración, a fin de su salida del país.

En caso de conflicto armado, el jefe de misión solicitará del Estado receptor, las necesarias
facilidades para que las personas que gozan de privilegios e inmunidades y no sean
nacionales del Estado receptor, así como a los miembros de sus familias, sea cual fuere su
nacionalidad, puedan salir de su territorio lo más pronto posible.

"Artículo 39:

1. — Toda persona que tenga derechos a privilegios e inmunidades gozará de ellos desde
que penetre en el territorio del Estado receptor para tomar posesión de su cargo o, si se
encuentra ya en ese territorio, desde que su nombramiento haya sido comunicado al
Ministerio de Relaciones Exteriores o al Ministerio que se haya convenido.

2. — Cuando terminen las funciones de una persona que goce de privilegios e inmunidades,
tales privilegios e inmunidades cesarán normalmente en el momento en que esa persona
salga del país o en el que expire el plazo razonable que le haya sido concedido para
permitirle salir de él, pero subsistirán hasta entonces, aun en caso de conflicto armado. Sin
embargo, no cesará la inmunidad respecto de los actos realizados por tal persona en el
ejercicio de sus funciones como miembro de la misión.

3 — En caso de fallecimiento de un miembro de la misión, los miembros de su familia


continuarán en el goce de los privilegios e inmunidades que les correspondan hasta la
expiración de un plazo razonable en el que puedan abandonar el país.
4 — En caso de fallecimiento de un miembro de la misión que no sea nacional del Estado
receptor ni tenga en él residencia permanente, o de un miembro de su familia que forme
parte de su casa, dicho Estado permitirá que se saquen del país los bienes muebles del
fallecido, salvo los que hayan sido adquiridos en él y cuya exportación se halle prohibida en
el momento del fallecimiento. No serán objeto de impuestos de sucesión los bienes muebles
que se hallaren en el Estado receptor por el solo hecho de haber vivido allí el causante de la
sucesión como miembro de la misión o como persona de la familia de un miembro de la
misión.''

La cuestión de la vigencia de las inmunidades del diplomático en tránsito por un tercer


estado, para ir a tomar posesión de sus funciones o para volver a su país, fue resuelta
afirmativamente, a pesar de la existencia de oposiciones, triunfando la tendencia moderna.

Idéntico criterio se aplica a los familiares del agente diplomático, respecto del personal
administrativo, de servicio y familiares. Los terceros estados "no habrán de dificultar el
paso por su territorio, comprometiéndose también a dar amplia protección a las
comunicaciones diplomáticas de todo tipo, como valija diplomática, correos, etcétera.".

"Artículo 40:

1. — Si un agente diplomático atraviesa el territorio de un tercer estado que le hubiere


otorgado el visado del pasaporte, si tal visado fuere necesario, o se encuentra en él para ir a
tomar posesión de sus funciones, para reintegrarse a su cargo o para volver a su país, el
tercer estado le concederá la inviolabilidad y todas las demás inmunidades necesarias para
facilitarle el tránsito o el regreso. Esta regla será igualmente aplicable a los miembros de su
familia que gocen de privilegios e inmunidades y acompañen al agente diplomático o viajen
separadamente para reunirse con él o regresar a su país.

2. — En circunstancias análogas a las previstas en el párrafo 1 de este artículo, los terceros


estados no habrán de dificultar el paso por su territorio de los miembros del personal
administrativo y técnico, del personal de servicio de una misión o de los miembros de sus
familias.

3.— Los terceros estados concederán a la correspondencia oficial y a otras comunicaciones


oficiales en tránsito, incluso a los despachos en clave o en cifra, la misma libertad y
protección concedida por el Estado receptor. Concederán a los correos diplomáticos a
quienes hubieren otorgado el visado del pasaporte si tal visado fuere necesario, así como a
las valijas diplomáticas en tránsito, la misma inviolabilidad y protección que se halla
obligado a prestar al Estado receptor.

4. — Las obligaciones de los terceros estados en virtud de los párrafos 1, 2 y 3 de este


artículo serán también aplicables a las personas mencionadas respectivamente en esos
párrafos, así como a las comunicaciones oficiales y a las valijas diplomáticas, que se hallen
en el territorio del tercer estado a causa de fuerza mayor."

La conducta de los agentes diplomáticos respecto del Estado aceptante fue considerada al
tratar el artículo 41, puntualizándose en primer término la obligación de respetar las leyes y
reglamentos del Estado receptor, así como la de no inmiscuirse en asuntos internos de ese
Estado, usar en forma correcta los locales de la Misión, tratar todos los asuntos oficiales
con el Ministerio de Relaciones Exteriores o el que se haya convenido, o por su intermedio,
con quien correspondiere.

Es deber fundamental de todos los integrantes de la Misión, cualquiera sea su categoría y la


naturaleza de sus funciones, no inmiscuirse directa o indirectamente en los asuntos internos
del Estado receptor. A ese efecto los funcionarios deben, abstenerse de cualquier
manifestación o actitud pública que indiquen parcialidades con respecto a los problemas
locales de cualquier naturaleza. Esta obligación también comprende a los integrantes del
núcleo familiar del funcionario, quien será directamente responsable de la violación de esta
norma, por las personas que estén bajo su dependencia.

Asimismo, todos los funcionarios de la Representación tienen especial prohibición de


utilizar los locales oficiales de la Representación o su propia residencia privada para fines
de actividades diferentes a su objeto.

"Artículo 41:

1.— Sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas que gocen de esos
privilegios e inmunidades, deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor.

También están obligadas a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese estado.

2. — Todos los asuntos oficiales de que la Misión esté encargada por el Estado acreditante
han de ser tratados con el Ministerio de Relaciones Exteriores de ese Estado o por conducto
de él o con el Ministerio que se haya convenido.

3. — Los locales de la Misión no deben ser utilizados de manera incompatible con las
funciones de la Misión tal como están enunciadas en la presente Convención, en otras
normas del derecho internacional general o en los acuerdos particulares que estén en vigor
entre el Estado acreditante y el Estado receptor."

En el artículo siguiente se establece de manera categórica la prohibición para el agente


diplomático de desempeñar actividades profesionales o comerciales en provecho propio.

Esta proposición de Colombia, que fue aprobada por muy amplia mayoría (63-0-2)
mereció, sin embargo, discusión, de la cual interesa destacar, que no persigue limitar o
impedir el ejercicio por parte del diplomático de actividades literarias, artísticas o
educacionales. Está prohibido a los miembros de la misión, cualquiera sea su categoría,
ejercer una actividad privada dentro de la jurisdicción de la Representación a que
pertenecen, con la sola excepción de la percepción de ventas de bienes inmuebles de su
propiedad y dividendos de acciones de sociedades anónimas, siempre que ello no implique
participación alguna en la dirección o gestión de la misma, ni concurrencia a asambleas,
reuniones o cualquier otro acto de intervención personal. Esta prohibición se extiende a los
miembros de su familia cuando estén bajo su dependencia.
Cuando se trate del cónyuge de un funcionario del sexo femenino, sólo podrá ejercer tareas
que no tengan vinculación con las gestiones de la Misión, ni con el carácter oficial de su
esposa.

En caso de que el funcionario por herencia, legado, donación o matrimonio del funcionario
o uno de los miembros de su familia, que de él dependan, llega a tener participación directa
o indirecta en una actividad lucrativa, deberá poner este hecho inmediatamente en
conocimiento del Ministerio de Relaciones Exteriores que lo acredite.

"Artículo 42:

El agente diplomático no ejercerá en el Estado receptor ninguna actividad profesional o


comercial en provecho propio.''

Las dos circunstancias principales en que se dan por terminadas las funciones del agente
diplomático se establecen en el artículo 43, agregándose a continuación en el artículo 44
que el Estado local deberá, en caso de conflicto armado, dar facilidades al personal de la
Misión y sus familiares, para que salgan del país lo más pronto posible, ellas y sus bienes.

Esto de dar facilidades para que salgan del país "con sus bienes" fue cuestionado por varios
astados que proponían en su lugar "con sus efectos personales que, sin duda, es mucho más
limitativo que el anterior, pero privó el criterio amplio.

"Artículo 43:

Las funciones del agente diplomático terminarán, principalmente:

a) Cuando el Estado acreditante comunique al Estado receptor que las funciones del agente
diplomático han terminado, b) Cuando el Estado receptor comunique al Estado acreditante
que de conformidad con el párrafo 2 del artículo 9° se niega a reconocer al agente
diplomático como miembro de la misión."

"Artículo 44:

El Estado receptor deberá, aún en caso de conflicto armado, dar facilidades para que las
personas que gozan de privilegios e inmunidades y no sean nacionales del Estado receptor,
así como los miembros de sus familias, sea cual fuere su nacionalidad, puedan salir de su
territorio lo más pronto posible. En especial, deberá poner a su disposición, si fuere
necesario, los medios de transporte indispensables para tales personas y sus bienes."

Si hubiera ruptura de relaciones entre dos estados, o si se pone término a una misión, el
Estado receptor respetará y protegerá —aún en caso de conflicto armado— los locales,
bienes, archivos, etc., pudiendo el Estado acreditante confiar la custodia de sus intereses y
los de sus connacionales, a un tercer Estado, aceptable para el gobierno local, el que
también deberá dar consentimiento previo para que el Estado acreditante, pueda asumir la
protección temporal de los intereses de un tercer estado y de sus nacionales. Este artículo
propuesto por Guatemala, India y España, cubrió una laguna observada en el proyecto en
discusión.

"Artículo 45:

En caso de ruptura de las relaciones entre dos estados, o si se pone término a una misión de
modo definitivo o temporal:

a) El Estado receptor estará obligado a respetar y a proteger, aún en caso de conflicto


armado, los locales de la Misión, así como sus bienes y archivos;

b) El Estado acreditante podrá confiar la custodia de los locales de la Misión, así como de
sus bienes y archivos, a un tercer estado aceptable para el Estado receptor;

c) El Estado acreditante podrá confiar la protección de sus intereses y de los intereses de


sus nacionales a un tercer estado, aceptable para el Estado receptor."

El jefe de misión no podrá tomar a su cargo la protección de los intereses de un tercer


estado que hubiera roto o interrumpido sus relaciones con el Estado receptor, sin
autorización o instrucciones expresas de su Ministerio de Relaciones Exteriores. Si un
tercer estado solicitara que la Representación se haga cargo de la protección de los intereses
de sus gobiernos y sus nacionales, por haber roto o interrumpido ese tercer estado sus
relaciones con el Estado receptor, la Representación tratará de averiguar oficialmente la
opinión del Ministerio local, a fin de adelantar dicha opinión a su respectivo Ministerio,
juntamente con el pedido recibido. En caso de ser autorizado o instruido el ¿efe de misión
deberá comunicar formalmente ese hecho al Ministerio local por nota, haciendo saber al
mismo tiempo, las medidas adoptadas para resguardar la inviolabilidad de los archivos y
locales diplomáticos de ese tercer estado, y solicitando el reconocimiento oficial de la
situación invocada y su colaboración para cumplir su cometido. El hecho de asumir la
Representación la protección de los intereses de un tercer estado y de sus nacionales en el
país de su Jurisdicción, no confiere al jefe de misión, el carácter de representante de ese
tercer estado, ni implica toma de posesión en su conflicto con el Estado receptor, y su
gestión deberá limitarse a la interposición de sus buenos oficios en favor de los intereses
que le han sido encomendados, dentro de las normas de la protección diplomática,
manteniendo informado a su Ministerio de Relaciones Exteriores de los actos o trámites
que realice. Es obligación del jefe de misión resguardar los archivos, edificios y demás
pertenencias de la Misión diplomática de ese tercer estado y, en su caso, de las oficinas
consulares, interponiendo reclamo ante el Ministerio local, frente a cualquier medida que
atenté ilegalmente contra ellos, recibiendo las reclamaciones de los nacionales del país de
cuyos intereses se encuentra encargada, prestándole su asesoramiento y efectuando las
presentaciones necesarias ante las autoridades locales, por la vía correspondiente.

Si las circunstancias lo exigen o como medida de protección puede izarse eventualmente la


bandera del estado que asume la protección, sobre los respectivos edificios.

En el ejercicio de la custodia el estado que asume la protección no deberá presentar en


ningún caso protesta diplomática ni reclamación formal, sin la autorización del Ministerio
de Relaciones Exteriores del mismo.
Si el jefe de misión considera necesaria una reclamación, deberá recabar autorización a su
Ministerio, remitiendo todos los antecedentes y elementos de juicio del caso,
fundamentando su apreciación. La Representación no debe comunicarse directamente con
las autoridades del tercer estado, de la protección de cuyos intereses se ha hecho cargo,
deberá hacerlo por intermedio de su respectivo Ministerio de Relaciones Exteriores, salvo
instrucciones expresas o situaciones de extrema urgencia que justifiquen un apartamiento
excepcional de la regla indicada.

"Artículo 46:

Con el consentimiento previo del Estado receptor y a petición de un tercer Estado no


representado en él, el Estado acreditante podrá asumir la protección temporal de los
intereses del tercer Estado y sus nacionales."

La proscripción de tratamientos discriminatorios entre estados fue establecida en el artículo


47, señalando que no deben ser considerados como tales, disposiciones de reciprocidad o de
trato más favorable. Estados Unidos consideró que este artículo 47 era innecesario y tal vez
indeseable. Por su parte, Bulgaria y Checoslovaquia, apoyadas por la Unión Soviética,
también intervinieron para aclarar el concepto de discriminación.

"Artículo 47:

1. — En la aplicación de las disposiciones de la presente Convención, el Estado receptor no


hará ninguna discriminación entre los Estados;

2. — Sin embargo, no se considerará como discriminatoria:

a) Que el Estado receptor aplique con criterio restrictivo cualquier disposición de la


presente Convención, porque con tal criterio haya sido aplicada a su misión en el Estado
acreditante.

b) Que por costumbre o acuerdo los Estados se concedan recíprocamente un trato más
favorable que el requerido en las disposiciones de la presente Convención.

En las cláusulas finales de la Convención se establecen las fechas y lugar en que la misma
podrá ser firmada: hasta el 31-10-61 en el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de
Austria y después, hasta el 31-3-62 en la sede de las Naciones Unidas en New York
(artículo 48). Luego, se establece que la Convención está sujeta a ratificación (artículo 49)
y que la misma quedará abierta a la adhesión de los estados en la Secretaría General de las
Naciones Unidas; comienzo de vigencia de la misma (artículo 51); que el Secretario
General de las Naciones Unidas comunicará a los estados, qué países han firmado la
presente Convención y cuándo entrará en vigencia la misma (artículo 52) y se establece que
el original de la presente Convención será depositado en poder del Secretario General de las
Naciones Unidas.

"Artículo 48:
La presente Convención estará abierta a la firma de todos los Estados Miembros de las
Naciones Unidas o de algún organismo especializado, así como de todo Estado Parte en el
Estatuto de la Corte Internacional de Justicia y de cualquier otro estado invitado por la
Asamblea General de las Naciones Unidas a ser parte en la Convención, de la manera
siguiente: hasta el 31 de octubre de 1961, en el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores
de Austria; y después, hasta el 31 de marzo de 1962, en la sede de las Naciones Unidas, en
New York.''

"Artículo 49:

La presente Convención está sujeta a ratificación. Los instrumentos de ratificación se


depositarán en poder del Secretario General de las Naciones Unidas."

"Artículo 50:

La presente Convención quedará abierta a la adhesión de los estados pertenecientes a


alguna de las cuatro categorías mencionadas en el artículo 48. Los instrumentos de
adhesión se depositarán en poder del Secretario General de las Naciones Unidas."

"Artículo 51:

1. — La presente Convención entrará en vigor el trigésimo día a partir de la fecha en que


haya sido depositado en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el
vigesimosegundo instrumento de ratificación o de adhesión.

2. — Para cada estado que ratifique la Convención o se adhiera a ella, después de haber
sido depositado el vigesimosegundo instrumento de ratificación Convención entrará en
vigor el trigésimo fecha en que tal estado haya depositado ratificación o de adhesión."
o de adhesión, la día a partir de la su instrumento de

"Artículo 52:

El General de las Naciones Unidas comunicará a todos los estados pertenecientes a


cualquiera de las cuatro categorías mencionadas en el artículo 48:

a) Qué países han firmado la presente Convención y cuáles han depositado los instrumentos
de ratificación o adhesión de conformidad con lo dispuesto en los artículos 48,
49 y 50

b)En que fecha entrará en vigor la presente Convención de conformidad con lo dispuesto en
el articulo 51.

"Artículo 53: El original de la presente Convención, cuyos textos chino, español, francés,
ingles y ruso, son igualmente auténticos, era depositado en poder del Secretario General de
las Naciones Unidas, quien remitirá copia certificada a todos los estados pertenecientes a
cualquiera de las cuatro categorías mencionadas en el articulo 48."
"En testimonio de lo cual, los plenipotenciarios infrascriptos, debidamente autorizados por
sus respectivos gobiernos, han firmado la presente Convención, Hecho en Viena, el día
dieciocho de abril de mil novecientos sesenta y uno,"

Convención de Viena de 1961- Resolución 1450 del 7-12-59.

Entro en vigor el 24 de abril de 1964 de acuerdo con el articulo 51. Registrada bajo el 7310
el 24 de junio de 1964.

Deposito del Instrumento de Ratificación Argentino 10-10-63.

Entrada en vigor para la República Argentina 24-4-1964.

Observaciones: En comunicaciones enviadas al Secretario General con referencia a la firma


y posterior ratificación, con fechas 18-4-61 y 10-12-69 respectivamente, por parte del
Gobierno de China, los Representantes Permanentes de Bulgaria, Bielorrusia S.S.R.,
Mongolia, Pakistán, Polonia, Rumania, Ukranian S.S.R. y la U.R.S.S. ante las Naciones
Unidas, establecieron que sus gobiernos consideraban que dicha firma y posterior
ratificación es nula, desde que el llamado "Gobierno de China" no tuvo derechos para
hablar o asumir obligaciones por China, habiendo solamente un Estado Chino, la República
Popular de China y un gobierno titulado para representarlo, el Gobierno de la República
Popular de China, que adhirió el 25-11-75 62.

62 Official Records.

V SIGNIFICADO HISTORICO DE LA CONVENCION DE VIENA

Conclusión

La Conferencia de Viena constituye el más importante acto mundial realizado hasta el


momento en pro del avance de la legislación sobre relaciones e inmunidades diplomáticas.
Puede considerarse, asimismo, como la más importante realización en pro de la
codificación de un cuerpo internacional, de las disposiciones legales o consuetudinarias
vigentes en los países del mundo actual.

Ha sido una realización concreta de la Organización de las Naciones Unidas, posibilitada


por el hecho incuestionable de que el mundo se ha convertido en un todo indivisible y, una
gran contribución al desarrollo y afianzamiento de relaciones amistosas entre los estados, y
al refuerzo de todas las tendencias, organizaciones y hombres que en su desarrollo
progresista, han llegado a la concepción del mundo como una comunidad internacional
armónica, civilizada y pacífica.

Debemos acordar que ha sido un éxito del aparato de organización de las Naciones Unidas,
de sus oficinas especializadas y, en primer lugar, de la Comisión de Derecho Internacional,
que preparó el proyecto sobre el cual se efectuaron las discusiones, Comisión integrada por
los más destacados expertos en la materia, de diferentes nacionalidades.

En la Carta de las Naciones Unidas se encarga a la Asamblea General tomar iniciativas que
impulsen ''el desarrollo progresivo del Derecho Internacional y su codificación". En la
Conferencia de Viena se ha impulsado el desarrollo de una parte importante del De-recho
Internacional —la referente a relaciones e inmunidades diplomáticas— y se ha estructurado
un código internacional de la materia con la participación minuciosa y activa de 81
gobiernos. En consecuencia, y en este punto, se ha cumplimentado la tarea señalada y muy
ampliamente, en la Carta de las Naciones Unidas.

Pero no hay duda de que la trascendencia de los trabajos de esta Convención irá
apareciendo en sus totales dimensiones, a medida que el tiempo transcurra, ya que casi
todos los gobiernos —solamente tres no lo han hecho— han ratificado sus resoluciones y se
han ido adhiriendo otros que en su momento no eran miembros de las Naciones Unidas y
cuando en todos los países se haya cumplido el proceso de reajuste de su legislación, para
mejor concordancia con este código mundial. En fin, cuando su articulado entre a jugar,
como ya se ha hecho en algunas situaciones, a efectos de resolver las múltiples situaciones
delicadas y muchas de ellas graves que debemos descontar, se producirán en el transcurso
de las relaciones internacionales.

Sucesos lamentables, como los que atravesaron el gobierno de Bogotá, cuando un grupo de
guerrilleros denominados M-19 mantuvieron ocupada la Embajada de la República
Dominicana durante más de dos meses, permaneciendo como rehenes, diplomáticos de
distintas naciones. El hecho ocurrió cuando una pareja de guerrilleros entró a la Embajada
durante la recepción del 27 de febrero de 1980. Posteriormente colaborarían con la toma del
edificio desde adentro. Los parámetros de la crisis comenzaron a expandirse cuando los
terroristas reclamaron al gobierno de Colombia la liberación de 311 presos políticos y el
pago de cincuenta millones de dólares. El criterio del gobierno colombiano fue el de
suministrar como única salida a este acto terrorista, un avión para que los guerrilleros
abandonen el país junto con los rehenes, expresando que el "gobierno no puede aplicar la
ley nacional a una situación que es claramente internacional". Luego de tratativas los
guerrilleros redujeron sus exigencias, aceptando como condición para liberar a los rehenes,
la liberación de 70 guerrilleros detenidos y reducir a diez millones de dólares los cincuenta
millones reclamados inicialmente, condiciones que tampoco fueron aceptadas. Colombia, a
pesar de la crisis desatada decidió no delegar la responsabilidad de buscar una solución, ni
siquiera apelar a ayuda externa de cualquier tipo, lo que estaba en juego era la deteriorada
credibilidad del sistema de convivencia pacífica internacional. El Papa Juan Pablo II rogó
para que se llegara a una solución "capaz de dar serenidad y consuelo". Como corolario el
gobierno de Colombia formuló una contra propuesta a las demandas de los extremistas,
consistente en el otorgamiento de salvoconductos a los casi treinta guerrilleros para que
salgan del país en un avión especial. Panamá, México y Costa Rica ofrecieron asilo político
a los mismos. Azorada la comunidad internacional y también expectante, siguió atenta la
evolución de las negociaciones, insistiendo en la inviolabilidad de los derechos de los
diplomáticos retenidos en la embajada dominicana. Finalmente se les otorgaron
salvoconductos para emigrar a Cuba.
Caso relativo al personal diplomático y consular de los Estados Unidos en Teherán. Los
Estados Unidos de América contra el Irán

Otro hecho que mereció una muy especial atención en el orden internacional fue la toma de
la Embajada norteamericana y de los 52 cautivos, por parte de un grupo armado de varios
centenares de personas que irrumpió en el recinto de esa Embajada en Teherán y que luego
se autotitularon "estudiantes musulmanes partidarios de la política del imán".

Ya anteriormente hubo otros incidentes denunciados por el gobierno de Estados Unidos al


gobierno de la República Islámica del Irán. El 14 de febrero de 1979, durante los disturbios
ocurridos en el Irán tras la caída del gobierno del Dr. Bakhtiar, último Primer Ministro
nombrado por el Shah, un grupo armado atacó la Embajada de los Estados Unidos en
Teherán, la ocupó y capturó a las personas que se encontraban allí, incluyendo al
embajador. Como resultado hubo dos muertes vinculadas con personal de la Embajada. La
citada Embajada sufrió graves daños y hubo actos de saqueo en la residencia del
embajador. En esa oportunidad, si bien las autoridades iraníes no pudieron impedir la
incursión, actuaron rápidamente, respondiendo al pedido urgente de ayuda que solicitó la
Embajada en el curso del ataque. Al mediodía el Viceprimer Ministro llegó a la Embajada
acompañado de un policía, un funcionario del gobierno y un contingente de la guardia
revolucionaria. Estas personas sofocaron los disturbios y devolvieron el recinto a
funcionarios diplomáticos estadounidenses. El 11 de marzo de 1979 el Embajador de los
Estados Unidos recibió una carta del Primer Ministro Dr. Bazargan, en la que éste
deploraba el ataque contra la Embajada en Teherán, e indicaba que se habían adoptado
medidas para impedir que se repitieran tales incidentes y que estaba dispuesto a indemnizar
los daños. En ese mismo período se registraron ataques contra los Consulados de Estados
Unidos en Tarbes y Shiraz, sin que el Gobierno del Irán adoptara ninguna medida de
protección. Los citados consulados habían suspendido toda actividad desde el ataque
perpetrado a la Embajada de ese país en febrero de 1979, razón por la cual no se capturó a
funcionario alguno en los locales consulares de Estados Unidos.

El ataque contra la Embajada de los Estados Unidos en Teherán por un grupo de militantes
que no tenían carácter oficial pero que tuvieron éxito debido a la falta de protección
adecuada por parte del gobierno iraní, lo mismo que el ataque a los Consulados
norteamericanos en Tabriz y Shiraz, con fecha 4 de noviembre y 5 de noviembre de 1979,
respectivamente, y que si bien no puede considerarse imputable al Estado iraní, en un
primer momento, ya que posteriormente fue avalado, no significa que el Irán quede
exonerado de toda responsabilidad respecto a esos ataques y sus consecuencias; toda vez
que su propio comportamiento posterior fue incompatible con sus obligaciones
internacionales. Por la Convención de Viena de 1961, como Estado receptor firmante y
ratificante de la misma, el Irán ya había contraído la obligación más categórica de tomar
medidas apropiadas para proteger la Embajada y los Consulados de los Estados Unidos, su
personal, sus archivos, sus medios de comunicación y la libertad de circulación de los
funcionarios. Recuérdese que el artículo 22 párrafo 2° de la Convención de 1961 dispone
que: "El Estado receptor tiene la obligación especial de adoptar todas las medidas
adecuadas para proteger los locales de la misión contra toda intrusión o daño y evitar que se
turbe la tranquilidad de la misión o se atenté contra su dignidad.'' Así también, luego de
proclamar que la persona del agente diplomático es inviolable y no puede ser objeto de
ninguna forma de detención o arresto, el artículo 29 dispone: "El Estado receptor le tratará
con el debido respeto y adoptará las medidas adecuadas para impedir cualquier atentado
contra su persona, su libertad o su dignidad.''

Es de acotar, previo al desarrollo de los progresivos incumplimientos por parte de Irán y las
evidentes y repetidas violaciones de las disposiciones aplicables a la Convención de Viena
con respecto a los Estados Unidos que no ha sido el único país en cuyas misiones
diplomáticas o consulares se han llevado a cabo manifestaciones e invasiones durante el
período revolucionario en Irán. El 5 de noviembre de 1979, un grupo invadió la Embajada
británica en Teherán, pero fue desalojado poco tiempo después. El 6 de noviembre de 1979,
se ocupó temporalmente el Consulado del Iraq en Kermanshah, que posteriormente fue
evacuado, siguiendo instrucciones del Ayatollah Khomeini, no sufriendo daños ni el
edificio ni los objetos que se encontraban en él. Con fecha 1° de enero de 1980 una
numerosa turba atacó la Embajada de la U.R.S.S. en Teherán, pero, en estas oportunidades,
gracias a la protección proporcionada por las autoridades iraníes, no se registraron daños de
consideración.

En octubre de 1979, el gobierno de los Estados Unidos consideraba la posibilidad de


permitir que el ex Shah del Irán, a la sazón en México, entrara a los Estados Unidos para
recibir tratamiento médico. Se temía que, atento al clima político imperante en el Irán
aumentara la tirantez que ya existía por parte de Irán respecto a los Estados Unidos, y que
esa tirantez se manifestara en actos de violencia contra la Embajada de los Estados Unidos
en Teherán. Por ello el gobierno de los Estados Unidos solicitó al de Irán las seguridades de
que se proporcionaría la protección adecuada, quien manifestó su preocupación por la
posible reacción de la población de Teherán. No obstante el gobierno del Irán reafirmó sus
seguridades de que cumpliría con su obligación internacional de proteger a la Embajada y a
su personal adecuadamente. El ex Shah ingresó a los Estados Unidos el 22 de octubre de
1979 y el 30 de octubre de 1979 el Gobierno de Irán pidió a los Estados Unidos que lo
devolvieran al Irán, asegurando las autoridades iraníes con fecha 31 de octubre de 1979 que
se habían impartido instrucciones a la policía de que brindara plena protección al personal
de la Embajada y sus bienes. Con fecha 1° de noviembre de 1979, mientras se celebrara en
un sector de Teherán una gran manifestación, otros tantos manifestantes desfilaron frente a
la Embajada de los Estados Unidos, pero en virtud de las disposiciones de seguridad las
autoridades del Irán mantenían el control. Por la noche los manifestantes se dispersaron y
tanto el Jefe de Protocolo como la Policía iraníes expresaron al Encargado de Negocios de
los Estados Unidos en Teherán, su alivio por el hecho de que todo resultara bien.

Un análisis exhaustivo del hecho ocurrido el 4 de noviembre de 1979, aproximadamente a


las 10.30 horas, en el transcurso de una manifestación de más de 3.000 personas, nos
muestra que un fuerte grupo armado irrumpió en el recinto de la Embajada de los Estados
Unidos en Teherán, sin que el personal de seguridad iraní hiciera nada por disuadir a los
manifestantes, ni por impedir que se apoderaran de los locales de la Embajada. Los
invasores ingresaron por la fuerza al recinto, tratando de incendiar el edificio de la
Cancillería, apoderándose de otros edificios de la Embajada, incluyendo las distintas
residencias. El ataque durante las casi tres horas que duró, permitió a los que luego se
autocalificaron como ''estudiantes musulmanes partidarios de la política del imán" que
además de apoderarse de los edificios y residencias del recinto de la Embajada, fueran
detenidos y capturados como rehenes, todos los funcionarios diplomáticos y consulares, y
otras personas que se encontraban en los locales de la misma. Posteriormente se agregaron
como rehenes otros funcionarios de los Estados Unidos y un ciudadano de ese país
capturados en otras partes de Teherán y llevados al recinto.

Circunstancialmente el Encargado de Negocios de los Estados Unidos se encontraba en el


Ministerio de Relaciones Exteriores, juntamente con dos miembros de la misión, quienes
procuraron en forma directa obtener ayuda de las autoridades iraníes. Asimismo se solicitó
al Encargado de Negocios del Irán en Washington su ayuda a poner fin a la captura de la
Embajada. Pese a las reiteradas solicitudes, no se enviaron fuerzas de seguridad iraníes ni
se proporcionó protección a la Embajada. Finalmente cuando llegó la Guardia
Revolucionaria enviada por el gobierno, al lugar de los acontecimientos, no se hizo ningún
intento de evacuar los locales de la Embajada, ni rescatar a los rehenes o convencer a los
invasores de que pusieran fin a su acción contra la Embajada. Sólo se consideró que su
función era "impedir enfrentamientos'' y "proteger la seguridad tanto de los rehenes como
de los estudiantes". Posteriormente, del total de ciudadanos capturados y retenidos como
rehenes, 13 fueron liberados en cumplimiento de una orden del Ayatollah Khomeini
dirigida a los estudiantes captores, en que los instaba a ' 'entregar al Ministerio de
Relaciones Exteriores a los negros y a las mujeres, si se demuestra que no son espías, a fin
de que puedan ser expulsados inmediatamente del Irán".

Los archivos y documentos de la Embajada de los Estados Unidos en Teherán que no


fueron destruidos durante el saqueo, fueron tomados por los estudiantes. En cuanto al
Encargado de Negocios y los otros dos miembros del personal diplomático de la Embajada
que se encontraban accidentalmente en el Ministerio de Relaciones Exteriores fueron
proclamados por los estudiantes también rehenes. Irán prohibió expresamente a los
miembros del Consejo de la Revolución y a todos los funcionarios responsables, que
se entrevistaran con los representantes especiales enviados por el Presidente de los Estados
Unidos para tratar de obtener la liberación de los rehenes y la evacuación de la Embajada.

Los estudiantes iraníes siguieron ocupando la Embajada con la aprobación y el sello oficial
de su gobierno cuando el Ayatollah Khomeini afirmó que la Embajada de los Estados
Unidos era "un centro de espionaje y conspiración y que las personas que han tramado
conspiraciones contra nuestro movimiento islámico en ese lugar, no tienen derecho al
respeto diplomático internacional. Asimismo proclamó que "la situación de los locales de la
Embajada y de los rehenes no cambiaría hasta que los Estados Unidos entregaran al Shah
para que fuera juzgado y restituyeran sus bienes al Irán".

La decisión de las autoridades iraníes de seguir manteniendo los locales de la Embajada de


los Estados Unidos ocupados por los estudiantes y a los funcionarios de la Embajada
detenidos como rehenes implicó evidentes violaciones, múltiples y repetidas de las
disposiciones aplicables de la Convención de Viena como por ejemplo el artículo 22,
párrafos 1, 2 y 3; el artículo 29 y los artículos 25, 26, 27 y 24, como asimismo el artículo 31
de la Convención de Viena de 1961, párrafos 1 y 2, y el artículo 33 de la Convención de
Viena de 1963. Por otra parte, se han puesto de manifiesto los sucesivos incumplimientos
por parte de Irán de sus obligaciones para con los Estados Unidos contraídas, además de las
Convenciones de Viena de 1961 y 1963, las del Tratado de amistad, relaciones económicas
y derechos consulares de 1955 entre los Estados Unidos de América y el Irán, y las normas
aplicables del derecho internacional general.

Antes de llevar los Estados Unidos el caso a la Corte Internacional de Justicia, el Gobierno
de los Estados Unidos adoptó a su vez medidas unilaterales en respuesta a los actos por los
que imputara responsabilidad al gobierno de Irán. Con fecha 10 de noviembre de 1979 se
adoptaron medidas a fin de identificar a todos los estudiantes iraníes en los Estados Unidos,
cuya situación no concordaba con las estipulaciones condicionadas en sus visados de
entrada, a efectos de proceder a la expulsión de quienes hubieran contravenido las leyes y
los reglamentos de inmigración aplicables en la materia. El 12 de noviembre de 1979 el
Presidente de los Estados Unidos ordenó que se pusiera fin a todas las compras de petróleo
iraní destinadas a los Estados Unidos. Considerando que el gobierno iraní retiraría todos los
fondos iraníes de Bancos de los Estados Unidos y se negaría a aceptar el pago del petróleo
en dólares, repudiando las obligaciones contraídas con los Estados Unidos y con nacionales
de este país, con fecha 14 de noviembre de 1979, el Presidente de los Estados Unidos tomó
medidas encaminadas a congelar los cuantiosos activos oficiales iraníes en los Estados
Unidos o controlados por este país, incluidos los depósitos en bancos de los Estados Unidos
y en filiales y sucursales extranjeras de bancos de los Estados Unidos. El 12 de diciembre
de 1979, el Encargado de Negocios de Irán en Washington fue informado de que se
restringiría el número de funcionarios destacados en la Embajada y puestos consulares
iraníes en los Estados Unidos. Asimismo el Gobierno de Estados Unidos presentó al
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un proyecto de resolución pidiendo la
adopción de sanciones económicas contra Irán, proyecto que no fue aprobado. El 7 de abril
de 1980 el gobierno de los Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con el gobierno
de Irán y al mismo tiempo prohibió las exportaciones de los Estados Unidos al Irán,
sanción que había propuesto anteriormente al Consejo de Seguridad. Se levantaron
inventarios de los activos del gobierno del Irán congelados el 14 de noviembre de 1979 y se
preparó una lista de reclamaciones pendientes de nacionales norteamericanos contra el
gobierno de Irán a fin de ''formular un programa contra el Irán en favor de los rehenes, las
familias de los rehenes y otros demandantes norteamericanos", y se anularon todos los
visados extendidos a ciudadanos iraníes para su ulterior ingreso a los Estados Unidos.

Como contrapartida se anunciaron nuevas medidas económicas contra Irán y se prohibió los
viajes de ciudadanos norteamericanos a dicho país.

A todo esto, con fecha 9 de noviembre de 1979 el Representante Permanente de los Estados
Unidos ante las Naciones Unidas solicitó al Presidente del Consejo de Seguridad
considerara urgentemente el logro de la liberación de los rehenes y el restablecimiento de la
inviolabilidad del personal y los locales diplomáticos. El Secretario General con fecha 25
de noviembre de 1979 solicitaba una reunión urgente del Consejo de Seguridad en un
esfuerzo por lograr una solución pacífica del problema. El Consejo de Seguridad se reunió
el 27 de noviembre y el 4 de diciembre de 1979. Se aprobó la Resolución 457 en la que se
exhortaba al Irán a que pusiera en libertad de inmediato al personal de la Embajada, que se
le suministrara protección y que se les permitiera abandonar el país. Se exhortaba además a
los dos gobiernos para que adoptaran medidas a fin de resolver las cuestiones restantes de
modo pacífico y se pedía al Secretario General que interpusiera sus buenos oficios para la
inmediata aplicación de la resolución, adoptando las medidas necesarias para tal fin. El 31
de diciembre el Consejo de Seguridad se reunió nuevamente y aprobó la Resolución 461
reiterando las medidas anteriores. El Secretario General visitó Teherán del 1 al 3 de enero
de 1980 y presentó un informe al Consejo de Seguridad, anunciando el 20 de febrero de
1980 el establecimiento de una Comisión que investigaría los hechos y presentaría un
informe a la brevedad. Mientras el problema estaba siendo examinado por el Consejo de
Seguridad, los Estados Unidos presentaron una solicitud en la que se entablaba una acción
contra la República Islámica del Irán ante la Corte Internacional de justicia, presentando en
Secretaría de la Corte una petición de medidas provisionales con arreglo al artículo 41 del
Estatuto y al artículo 73 del Reglamento de la Corte.

De conformidad con el artículo 40 del Estatuto, párrafo 2 y el artículo 38 del Reglamento


de la Corte, párrafo 4, se comunicó inmediatamente la solicitud al Gobierno de Irán y por el
párrafo 3 del artículo 40 del Estatuto y el artículo 42 del Reglamento de la Corte, se notificó
al Secretario General de las Naciones Unidas, a los Miembros de las Naciones Unidas y a
otros estados con derecho a comparecer ante la Corte. En una providencia del 15 de
diciembre de 1979 aprobada por unanimidad, la Corte indicó medidas provisionales en el
caso. El 15 de enero de 1980 se fijó como plazo para la presentación de la Memoria de los
Estados Unidos, fijándose como plazo para la presentación de la Contra memoria del Irán el
18 de febrero de 1980. El Gobierno de los Estados Unidos presentó la Memoria en el plazo
establecido, no presentando la Contra memoria el Gobierno de Irán, ni designando a ningún
agente o solicitud de reconsideración del plazo. El caso estuvo listo para la vista el 19 de
febrero de 1980, fijándose fecha para el procedimiento oral el 18 de marzo de 1980. Los
días 18, 19 y 20 de marzo se celebraron audiencias públicas en cuyo curso se escucharon en
la Corte la presentación oral del Agente y Consejero de los Estados Unidos, en cambio el
gobierno de Irán no estuvo representado. El 6 de diciembre de 1979 el Secretario dirigió las
notificaciones previstas en el artículo 63 del Estatuto de la Corte a los estados que, de
acuerdo con el informe del Secretario General de las Naciones Unidas, en calidad de
depositario, eran partes en una o más de las siguientes Convenciones y de sus Protocolos:

a) La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de


1961.

b) El Protocolo Facultativo de dicha Convención sobre la jurisdicción obligatoria para la


solución de controversias.

c) La Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963.

d) El Protocolo Facultativo de dicha Convención sobre la jurisdicción obligatoria para la


solución de controversias.

e) La Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas


internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, de 1973.
Durante el procedimiento escrito se presentaron los siguientes argumentos en
representación del gobierno de los Estados Unidos: En la solicitud: "Los Estados Unidos
piden a la Corte que falle y declare lo siguiente:
a) Que el gobierno de Irán, al tolerar, estimular y abstenerse de impedir y castigar la
conducta que se describe en la precedente exposición de hechos de la solicitud, ha violado
sus obligaciones Jurídicas internacionales para con los Estados Unidos establecidas en:

Los artículos 22, 24, 25, 27, 28, 31, 37 y 47 de la Convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas. Los artículos 28, 31, 33, 34, 36 y 40 de la Convención de Viena sobre
Relaciones Consulares. Los artículos 4 y 7 de la Convención sobre la prevención y el
castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes
diplomáticos. Los artículos II (4), XIII y XIX del Tratado de Amistad, relaciones
económicas y derechos consulares entre los Estados Unidos y el Irán y,
los párrafos 3 y 4 del artículo 2 y 33 de la Carta de las Naciones Unidas.

b) Que en virtud de los deberes jurídicos internacionales mencionados, el Gobierno de Irán


está especialmente obligado a asegurar de inmediato la liberación de todos los nacionales
de los Estados Unidos que se encuentran actualmente recluidos en los locales de la
Embajada de los Estados Unidos en Teherán y garantizar que se permita que todas esas
personas y todos los demás nacionales de los Estados Unidos que se encuentran en Teherán
abandonen el Irán en condiciones de seguridad.

c) Que el gobierno del Irán debe pagar a los Estados Unidos, por derecho propio de éstos y
en ejercicio de su derecho a la protección diplomática de sus nacionales, una indemnización
por las citadas violaciones de las obligaciones jurídicas internacionales del Irán para con los
Estados Unidos, cuyo monto será determinado por la Corte; y

b) Que el Gobierno del Irán debe someter a sus autoridades competentes, a los fines de su
enjuiciamiento, a las personas responsables de los delitos cometidos contra los locales y el
personal de la Embajada de los Estados Unidos y contra los locales de sus consulados."

El gobierno del Irán no presentó escritos ni estuvo representado en el procedimiento oral.

Sin embargo definió su posición en dos comunicaciones dirigidas a la Corte por el Ministro
de Relaciones Exteriores del Irán con fechas 9 de diciembre de 1979 y 16 de marzo de
1980, que fueran recibidas el 17 de marzo de 1980.

Mientras la Corte deliberaba en el presente caso, se realiza por parte de los Estados Unidos
una incursión en territorio iraní llevada a cabo por unidades militares los días 24 y 25 de
abril de 1980. El llamado operativo Delta, era un plan audaz que se había planificado para
liberar a los rehenes. Fue un fracaso a tal punto que el mismo Presidente de los Estados
Unidos ordenó cancelar la misión. Cuando los comandos norteamericanos se preparaban a
evacuar el desierto, la huida se transformó en tragedia. Atrás quedaban además de ocho
soldados muertos y el material inutilizado, los planos para tomar la Embajada en Teherán y
los dólares y riáis que cada comando iba a utilizar en su misión.

Tal como anotamos precedentemente. Irán no presentó escritos, pero definió su posición en
las dos comunicaciones dirigidas a la Corte por el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán
con fecha 9 de diciembre de 1979 y 16 de marzo de 1980. Al examinar la Corte las
consideraciones presentadas por el gobierno iraní, en que se afirmaba que ella no debería
entender en el presente caso, refiriéndose el citado gobierno al "arraigo y el carácter
fundamental de la revolución islámica del Irán, la revolución de toda una nación oprimida
contra sus opresores y amos", añadiendo que "Cualquier examen de las numerosas
repercusiones de la revolución correspondía esencial y directamente a la soberanía del
Irán".

Sin embargo, la Corte ya había señalado que: "toda controversia que se refiera a locales
diplomáticos y consulares, así como la detención de personas protegidas
internacionalmente, y que entrañe la interpretación o aplicación de convenciones
multilaterales que codifiquen el derecho internacional que rige las relaciones diplomáticas y
consulares corresponde por su naturaleza, a la jurisdicción internacional." (I.C.J. Reports
1979, pág. 16, párrafo 25).

En la comunicación del 16 de marzo de 1980, el Gobierno de Irán se limitó a repetir lo


expresado en su comunicación del 9 de diciembre de 1979, sin presentar argumentos o
explicaciones adicionales. Sostenía Irán que la Corte no podía ni debía conocer el presente
caso, por el solo hecho de haber sido presentado por los Estados Unidos y que se "limita a
lo que se denomina la cuestión de los rehenes de la Embajada estadounidense en Teherán",
agregando el porqué su gobierno consideraba el impedimento: "En efecto esta cuestión sólo
constituye un aspecto marginal y secundario de un problema general, que no puede
estudiarse por separado, y cuyos antecedentes son, entre otros, más de 25 años de injerencia
continua de los Estados Unidos en los asuntos internos de Irán, la explotación descarada de
nuestro país y numerosos crímenes perpetrados contra el pueblo iraní en flagrante violación
de todas las normas internacionales y humanitarias."

"Por consiguiente, el problema de fondo del conflicto entre el Irán y los Estados Unidos no
reside en la interpretación y aplicación de los tratados en que se basa la solicitud de los
Estados Unidos, sino que es el resultado de una situación general que comprende elementos
mucho más fundamentales y complejos. En consecuencia, la Corte no puede examinar la
solicitud de los Estados Unidos en forma aislada de su contexto adecuado, esto es el de
todos los antecedentes políticos de las relaciones entre el Irán y los Estados Unidos Unidos
durante los últimos 25 años. Esos antecedentes incluyen, entre otras cosas, los crímenes
cometidos en Irán por el gobierno de los Estados Unidos, en particular el golpe de Estado
de 1953 provocado y ejecutado por la CIA, el derrocamiento del legítimo gobierno nacional
del Dr. Mossadegh, la restauración del Shah y de su régimen, controlado por intereses
estadounidenses, y todas las consecuencias sociales, económicas, culturales y políticas de
las intervenciones directas en nuestros asuntos internos, así como las graves, flagrantes y
continuas violaciones de todas las normas internacionales cometidas en el Irán por los
Estados Unidos.''

Habida cuenta de los principios jurídicos en juego y especialmente la reclusión como


rehenes de personas protegidas internacionalmente hizo que la Corte no considerase el
asunto como algo "secundario o marginal", estableciendo que "hubiera correspondido al
Gobierno de Irán exponer sus propios argumentos relativos a las actividades mencionadas
ante la Corte, ya fuera como una excepción contenida en una Contramemoria o como
Reconvención, y pese a eso, el Irán no presentó alegato alguno ni compareció ante la Corte,
presentando pruebas, en apoyo de su tesis.
Se desprende que las consideraciones y argumentos presentadas por el gobierno de Irán, no
ofrecen en opinión de la Corte, ningún motivo para que ella no pueda entender en el
presente caso''.

Sobre la base de un examen detallado de los méritos del caso, la Corte Internacional de
Justicia de La Haya, por voto unánime, decidió que Irán dispusiera la liberación inmediata
de los rehenes norteamericanos, devolviendo a los Estados Unidos el control del complejo
de la Embajada norteamericana en Teherán y de los Consulados de Tabriz y Shiraz.

Asimismo, en decisión dividida, 2 votos contra 3 decidió que Irán debe reparar con
indemnización a Washington por la crisis de los cautivos, que en ese momento llevaban
203 días. Irán, que ya había desconocido la providencia del 15 de diciembre de 1979 en el
mismo sentido, rechazó la competencia del alto tribunal y, en consecuencia, ignoró el fallo.
Irán se negó a participar en la vista —el asiento reservado para el representante iraní quedó
vacío— porque "creemos que la Corte no tiene jurisdicción para considerar un asunto como
éste". En tanto el fiscal general de Irán, Ayatollah Moussavi Ardebili, prominente miembro
del Consejo Revolucionario de Gobierno expresó que: "El fallo carece de significación" y
añadió que Irán desea que el depuesto ex Shah Reza Pahievi sea devuelto de su exilio,
actualmente en Egipto, para ser juzgado por "sus crímenes durante su mandato y respaldado
por Estados Unidos".

La sentencia fue leída en el Gran Salón de Justicia del Palacio de la Paz —en el transcurso
de tres horas— por el Presidente de la Corte Sir Humprey Waldock (Gran Bretaña) en
presencia de unos 60 diplomáticos y en ausencia de la delegación iraní y confirmó, en
cuanto al fondo, lo establecido el 15 de diciembre de 1979 a título provisional, tras la
demanda de Estados Unidos contra Irán.

En tanto, por trece votos contra dos (un juez soviético y otro sirio) la Corte decidió que Irán
debía reparar a Estados Unidos los perjuicios causados por los acontecimientos del pasado
4 de noviembre de 1979 y sus posteriores consecuencias. Agrega el tribunal por 14 votos
contra 1 que la cantidad por pagar será decidida posteriormente por medio de negociaciones
o a través de los procedimientos subsiguientes del caso. Sin embargo, los 15 jueces
criticaron el frustrado intento de rescate llevado a cabo por Estados Unidos el 24 de abril de
1980. "La Corte quiere observar que, una operación llevada a cabo en esas circunstancias
—señala— por cualquiera que sea el motivo es de un tipo que socava el respeto por el
proceso judicial en las relaciones internacionales'". Destacó Sir Waldock que el 15 de
diciembre de 1979 la Corte requirió a ambos países evitar una acción que pudiera agravar la
tensión. Entretanto, el juez soviético Platón Morozov dijo que "la invasión del territorio
iraní fue cometida por Estados Unidos, en un período de deliberación judicial y fue dirigida
no hacia la solución pacífica de la disputa sino por la fuerza."

El alto tribunal de La Haya, brazo jurídico de las Naciones Unidas, expresó que la captura
de los rehenes por los activistas iraníes y el respaldo que el gobierno de ese país ha dado a
tal acción, representan "continuas y sucesivas violaciones" por parte de Irán de sus
obligaciones emanadas de las Convenciones internacionales y del anterior Tratado
Suscripto entre Teherán y Washington. Además, la Corte decidió, por unanimidad, que
"ningún rehén podrá ser juzgado ni obligado a prestar declaración como testigo en Irán."
Pero, la Corte no se pronunció en torno de la reclamación norteamericana en cuanto a que
se ordene a Irán que enjuicie a los responsables de la captura de su Embajada en Teherán.
El Departamento de Estado de Washington señaló que el fallo de la Corte confirma que la
conducta de Irán "no puede ser excusada ni justificada por reclamaciones pasadas, reales o
imaginarias."

El fallo fue firmado en el Palacio de la Paz el 24 de mayo de 1980. En el mismo, se hace


referencia al artículo 45 de la Convención de Viena de 1961 sobre que los bienes, las
personas, locales, archivos y documentos deben ser confiados a una Potencia protectora.
En opinión separada el Juez Lachs dijo: "Ahora que este fallo ha determinado con fuerza de
ley, uno de los principales problemas en cuestión, debería ser posible, que se reanudaran las
negociaciones con miras a buscar una solución pacífica de la controversia. No puedo sino
repetir la profunda convicción que he expresado en otras oportunidades de que, aunque la
Corte no está facultada para obligar a las partes a iniciar negociaciones, su Fallo debería,
cuando corresponda alentarlas a hacerlo, en consonancia con su función como institución
dedicada a la causa del arreglo pacífico de las controversias."

En opinión disidente del Juez Morozov se expidió, entre otros conceptos: "...teniendo en
cuenta las circunstancias extraordinarias que se produjeron durante el período en que
tuvieron lugar las deliberaciones judiciales sobre el caso, circunstancias en que el propio
demandante cometió muchos actos que causaron daños enormes a la República Islámica del
Irán, el demandante ha perdido tanto el derecho jurídico como el moral a esperar que la
Corte reconozca la existencia de un derecho a recibir reparaciones" y agrega: "La situación
en que la Corte ha llevado a cabo sus deliberaciones judiciales en el presente caso carece de
precedente en toda la historia de la administración de justicia internacional en esta Corte o
en cualquier institución judicial internacional." "Estimo que, sin perjuicio de la
competencia exclusiva del Consejo de Seguridad, la Corte, desde un punto de vista
estrictamente jurídico, podía haber señalado a la atención el hecho innegablemente jurídico
de que el artículo 51 de la Carta, que establece el derecho de legítima defensa, no puede
invocarse más que en caso de ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas, y
en el caso, no hay prueba alguna de haberse efectuado un ataque armado contra los Estados
Unidos."

En tanto, los estudiantes captores de los diplomáticos estadounidenses en Teherán luego de


casi trece meses, transfirieron la custodia de los rehenes con sus responsabilidades al
gobierno. Irán estableció un diálogo indirecto con Washington a través de los
intermediarios interlocutores argelinos, alcanzando los lineamientos básicos de un acuerdo
que estaba llegando a la etapa de los hechos concretos.

El 6 de abril de 1981 los Estados Unidos informaron a la Corte Internacional de Justicia


que, con fecha 19 de enero de 1981 los Estados Unidos e Irán hicieron mutuos acuerdos a
fin de resolver la crisis por la detención de 52 rehenes nacionales de los Estados Unidos y
reglar las reclamaciones pendientes entre los Estados Unidos e Irán, como se reflejan en
dos declaraciones dadas por el gobierno de la República Democrática y Popular de Argelia.

Esas declaraciones Argelia asumió un papel decisivo como intermediario y se perfiló ante
el tercer mundo como un pilar de la no alineación.

Ofició de puente entre los Estados Unidos e Irán y así Argelia se encontró progresivamente
asociada a las difíciles negociaciones, apareciendo como un interlocutor válido para la
primera potencia occidental y para los jefes de la Revolución iraní.

La complejidad del acuerdo jurídico-financiero entre Irán y los Estados Unidos, llevó al
gobierno de Argel a brindar sus consejos sobre la evolución de las negociaciones, e incluso
a aconsejar a una u otra parte sobre el mejor modo de sacar a las negociaciones del
empantanamiento en que se encontraban.

La esencia del acuerdo fue que luego de la liberación de los rehenes norteamericanos,
Estados Unidos descongelaría y transferiría a los iraníes una gran parte de los bienes que
habían sido congelados cuando los iraníes ocuparon la Embajada de los Estados Unidos y
los Consulados, reteniendo a nacionales norteamericanos. Asimismo, se llegó a un
completo acuerdo sobre los procedimientos de arbitraje entre Estados Unidos e Irán, con
ayuda de los argelinos, que resolverán los reclamos existentes entre los habitantes de una y
otra nación.

Tras 444 días de cautiverio, los 52 rehenes fueron liberados y llevados a una base
estadounidense de Alemania Occidental. Viajaron a bordo de dos aviones argelinos, y un
tercero de escolta, se detuvieron en Atenas y luego emprendieron vuelo rumbo a Argel,
cuyo gobierno actuó de intermediario entre Teherán y Washington y donde tuvo lugar la
transferencia oficial de los cautivos a las autoridades estadounidenses. El Presidente Jimmy
Cárter, cuyo mandato había terminado media hora antes de la llegada se dirigió a Wies"
badén para recibir a los rehenes en nombre de su país y su sucesor.

El Banco Federal de la Reserva de Nueva York envió al Banco de Inglaterra, un telegrama


que fue calificado por las autoridades financieras como "histórico'', ''transfiriendo la
totalidad de los fondos de nuestra cuenta en dólares, como agente del gobierno de los
Estados Unidos, a la cuenta que tengan a nombre del Banco Central de Argelia como
depósito en custodia."

El mismo texto fue referido a ''todo el oro'' y "todas las acciones y bonos" depositados en
las cuentas abiertas por el Banco Federal Neoyorquino, en el Banco de Inglaterra. La
transferencia fue de unos 8.000 millones de dólares al Banco Central de Argelia, que actuó
como intermediario del Gobierno iraní y como requisito para la liberación de los 52 rehenes
norteamericanos.

El mundo asistió a lo que "Le Monde" en una publicación calificó de "Triunfo y desastre de
la Diplomacia". Todos estuvieron contestes en que se estuvo ante una situación de
emergencia, no ante un caso común de legalidad que puede resolverse por la aplicación de
normas jurídicas habituales. El acuerdo debió cumplirse. Para Argelia la liberación de los
rehenes constituyó un verdadero éxito diplomático. Para la prensa británica, fue un triste
éxito del Presidente saliente de los Estados Unidos Jimmy Cárter. El "Financial Times" dijo

"... El verdadero rescate, no es el dinero. Consiste en el hecho de que los norteamericanos


fueron obligados a negociar bajo la amenaza de un trato a sus conciudadanos que debía
haberles sido acordado de derecho". En numerosos aspectos fundamentales, un acto ilegal
condujo a otras violaciones del derecho internacional y de las prácticas diplomáticas. Se
trata de un gran paso atrás en las reglas civilizadas que rigen las relaciones entre las
naciones. Para "El Times'', "...los iraníes no ganaron nada finalmente con su acto
escandaloso. Este acto le costó decididamente a Irán el respeto y la confianza del mundo
entero". "La Stampa", diario turinés dijo que "fue un desafío a occidente".

Con este caso se puso punto final a una de las negociaciones más prolongadas que recuerda
la historia moderna, que llegó a desencadenar una crisis internacional de vastas
proporciones.

El caso de las Malvinas e islas del Atlántico Sur. La República Argentina y Gran Bretaña

Otro acontecimiento que fue sin duda el más sobresaliente en largos e interminables
decenios de la historia de la República Argentina y que tuvo una repercusión internacional
no menos intensa, fue el relacionado con el legítimo objetivo que estaba en la conciencia y
el alma de todo el pueblo argentino. La recuperación de las Islas Malvinas y sus
dependencias marca un hito histórico en la vida de la Nación. Hubo dos componentes en el
hecho: uno militar cumplido exitosamente por las Fuerzas Armadas Argentinas el 2 de abril
de 1982 integradas con todo el pueblo y el otro político, que exige el estudio de la realidad
internacional actual determinante de la verdadera dimensión de la comunidad internacional
en la consolidación de este éxito militar. La República Argentina, al disponer la reconquista
del Archipiélago, no buscó iniciar un conflicto bélico en el que se encuentra empeñado el
Reino Unido, por el contrario, llamar la atención del mundo sobre la necesidad de reparar
un desgarramiento territorial ocurrido hace casi un siglo y medio.
Este acto de soberanía justo y necesario fue realizado luego de 149 años de usurpación
británica de parte de nuestro territorio, agotando todas las instancias en las negociaciones,
con la permanente amenaza por parte de la Gran Bretaña del uso de la fuerza, con la
negativa incluso de acceder a todos los medios conciliatorios a que apelan las naciones
civilizadas para resolver sus controversias.

Fue Louis Antoine13 Montesquieu, De L´ Esprit des Lois, t. II, Livre XXVI, Chapitre XXI,
pág. 124, París.
de Bougainville en 1764 quien concretó en las islas un principio de ocupación efectiva y de
colonización, fundando Port Louis, pero pronto España exigió el retiro de la colonia al
gobierno francés, siendo entregadas solemnemente por Francia a España en 1767,
aceptándose la soberanía española de las islas y ordenando el retiro de la colonia.

España reivindicó las islas como una dependencia del continente de la América meridional,
siendo reconocido su derecho por el rey de Francia, reconocimiento de innegable valor.

Por su parte, en 1765, John Byron tomó posesión de las islas en nombre de Jorge III de
Inglaterra y en un alarde de su política imperialista de la época fundó Puerto Egmont.

Luego siguieron los episodios de la toma y devolución de Puerto Egmont y la retirada final
de los ingleses en 1774, quedando España en posesión pacífica de las islas mientras duró su
dominación en el Río de la Plata.

Es fundamental señalar el Pacto de 1771 que, cuando Carlos III de España ordenó desalojar
a los ingleses, acercándose ambos países a la guerra y luego de difíciles tramitaciones,
firmaron España e Inglaterra, en el que ésta última no alegó su soberanía, pero sí exigió una
reparación a su honor. España accedió haciendo expresa reserva de su soberanía, reserva
que fue aceptada por Inglaterra, lo que provocó en su momento una furiosa reacción de
parte de ese país ya que importaba su renuncia a las islas. Es muy importante el siguiente
párrafo del mencionado Pacto que resolvió el asunto, citado por Julio Coebel: "El príncipe
de Masserano (embajador de España) declara en nombre del rey su señor que el
compromiso de Su Majestad de restituir la posesión del fuerte y del puerto llamado
Egmont, no puede ni debe afectar en nada la cuestión del derecho anterior de soberanía de
las Islas Malvinas, llamadas por otro nombre Falkland" .63

63 Goebel, Julio, La pugna por las Islas Malvinas, Buenos Aires, 1950, págs. 404-405;
Groussac, P., Las Islas Malvinas, Buenos Aires, 1936, págs. 134-35.

En 1776 se crea el Virreinato del Río de la Plata y el Apostadero Naval de Montevideo,


evacuando España las islas en 1811 con motivo de la Revolución de Mayo de 1810. El 6 de
noviembre de 1820 el Capitán David Jewett, Comandante de la "Heroína", iza la bandera
argentina en las ruinas de Puerto Soledad en nombre del gobierno de las Provincias Unidas,
otorgándose concesiones de tierra y explotación de ganado hasta que, el 10 de junio de
1829, Martín Rodríguez dicta un decreto creando la Comandancia política y militar con
sede en Puerto Soledad, con jurisdicción que incluía las islas adyacentes al Cabo de
Hornos, nombrándose para el cargo a Luis Vernet.

Con prístina claridad, el decreto funda los derechos argentinos en: "la posesión por el
derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las potencias de Europa y por las
adyacencias de estas islas que formaban el Virreinato de Buenos Aires de cuyo gobierno
dependían".

La continuidad geográfica de las Malvinas con el continente, ya que se encuentran a 346


kilómetros de la costa y dentro de la plataforma submarina; la herencia de España; la
ocupación efectiva; el abandono inglés de su único establecimiento en 1774 en las
Malvinas y el más importante título jurídico oponible a Inglaterra, según el Dr. Sabaté
Lichtschein, la Convención de Nootka Sound o de San Lorenzo el Real, celebrada entre
España y Gran Bretaña el 25 de octubre de 1790, por la que Inglaterra se comprometió a no
hacer ningún establecimiento al sur de las costas ya ocupadas por España, lo que
significaba que no podía hacer ninguna toma de posesión territorial en las Malvinas y que
decía: "Se ha convenido también, por lo que hace a las costas tanto orientales y
occidentales de la América meridional y a las islas adyacentes, que los súbditos respectivos
no formarán en lo venidero ningún establecimiento en las partes de estas costas situadas al
sur de las partes de las mismas costas y de las islas adyacentes ya ocupadas por España'' 64,
son más que suficientes para demostrar nuestros derechos.

Es bien sabido que la legitimidad de los títulos de un Estado respecto a la adquisición de un


territorio es regida por los principios vigentes en la época de esa adquisición. Los autores
clásicos de los siglos XVII y XVIII son contestes en afirmar que el descubrimiento debe ser
seguido de una ocupación efectiva y la fundación de un establecimiento, requisitos éstos
condicionantes de la adquisición de propiedad. España cumplió de modo cabal esas
exigencias, agregando la proximidad y dependencia de las islas respecto al continente.

64 Sabaté Lichtschein, Domingo, Problemas Argentinos de Soberanía Territorial, Buenos


Aires, 1976, pág. 248.

A partir de la Declaración de la Independencia, la República Argentina tiene como títulos


oponibles la sucesión en los derechos de España, la ocupación de las islas posteriormente y
el ejercicio pacífico de la soberanía, a lo que el Dr. Sabaté Lichtschein agrega: ". ..el
reconocimiento tácito de la soberanía argentina por el gobierno inglés, al no haber hecho
ese gobierno ninguna observación en el momento de reconocer nuestra independencia y
calidad de entidad soberana, al celebrar con la Argentina un Tratado de Amistad, Comercio
y Navegación el 2 de febrero de 1825, ni al acreditar un cónsul en Buenos Aires en 1823"
e?).

Autores como Goebel y Groussac sostienen que los títulos de soberanía invocados por Gran
Bretaña pretenden basarse en el descubrimiento y en la ocupación. Estos no constituyen un
título, ni siquiera imperfecto, como así tampoco los viajes de algunos navegantes ingleses
que sostuvieron haber divisado las islas y que no ejercieron posesión efectiva, como por
ejemplo Davis en 1502, Hawkins, etc., que ni siquiera figuran en la cartografía inglesa de la
época, ni tampoco contienen referencias 66.
Una breve reseña histórica nos demuestra la importancia de las expediciones emprendidas
durante casi medio siglo por los marinos franceses de Saint Malo, de allí proviene el
nombre lies Malouines, que castellanizado es Islas Malvinas. Documentos encontrados en
el Vaticano recientemente atestiguan que Magallanes las descubrió. Sin duda el
Archipiélago entraba en la zona adjudicada a España por la bula del papa Alejandro VI que
concedía soberanía. Sucesivos viajes de Loaysa en 1526 y Camargo en 1540 ratificaron el
dominio español.

Ya antes de 1829 en que se nombró a Luis Vernet Comandante Político y Militar de las
islas, la región era explorada por una expedición inglesa al mando del Capitán Langdon,
que a instancias de Lord Aberdeen veían la necesidad de que Gran Bretaña se apoderara del
Archipiélago. Es por ello que Gran Bretaña, ante este nombramiento, eleva una nota de
protesta, aduciendo derechos soberanos sobre las islas. Vernet en 1831 detiene y embarga 3
goletas norteamericanas que no acataron la prohibición de pesca. Ese mismo año la fragata
Lexington norteamericana destruye Puerto Soledad, sede de la Gobernación, y el 14 de
agosto de 1832 el gobierno de Buenos Aires, previa protesta, rompe relaciones con
Norteamérica. El 10 de octubre de 1832 la "Sarandí'' al mando de José M. Pinedo retoma
Puerto Soledad. Con fecha 2 de enero de 1833 se presenta en Puerto Soledad la corbeta
Clío al mando del Capitán Onslow, intima a Pinedo, desembarca ese mismo día, arriando la
bandera argentina e izando la inglesa, ocupando ilegalmente Puerto Soledad, expresando
que lo hacía en nombre de Su Majestad británica.

65 Sabaté Lichtschein, Domingo; Problemas Argentinos de Soberanía Territorial, Buenos


Aires, 1976.
66 Goebel, J., La pugna por las Islas Malvinas, Buenos Aires, 1950, pág. 81 v sietes.;
Groussac, P., Las Islas Malvinas, Buenos Aires, 1936, págs. 78 y sigtes.

Este fue un acto de fuerza que privó a la República Argentina de la posesión del
Archipiélago que le correspondía por la sucesión en los derechos de España, la toma de
posesión y el ejercicio pacífico de la soberanía.

Por sucesión de Estados "pasaron a la Argentina en virtud de una norma de la costumbre


internacional y, de acuerdo a ella una región que se independiza lleva consigo el territorio,
en nuestro caso España que, de hecho se encontraba en su poder y, pasaron a la Argentina
porque las Malvinas están dentro del territorio que España había otorgado al Virreinato del
Río de la Plata y, de su desmembramiento se constituyó la Argentina, de acuerdo a la regla
del uti possidetis jurís de 1810, por la cual los países americanos independizados de
España, tienen derecho a los mismos territorios que tenían como divisiones coloniales de la
corona española en el momento de su emancipación".

Otros títulos argentinos son ''la toma de posesión que se efectivizó cuando la fragata
Heroína llegó el 6 de noviembre de 1820 y el 9 de ese mismo mes su Comandante David
Jewett notificó en Puerto Soledad que había tomado posesión en nombre de las Provincias
Unidas del Río de la Plata y el ejercicio pacífico y continuado de la soberanía, mediante la
realización de diversas actividades estatales", entre otras nombrar gobernadores, conceder
permisos y concesiones, etc. 67.

67 Sabaté Lichtschein, Domingo, Problemas de Soberanía Territorial, Buenos Aires, 1976,


págs. 248-9.

La nota de protesta de 1833 del Ministro argentino en Inglaterra Manuel Moreno, se


fundaba en el descubrimiento, el reconocimiento inglés de la soberanía española, la
ocupación efectiva de España y de la Argentina y, se advirtió que se "Depositaba esta
protesta y con ella todo el valor que actualmente tienen y en cualquiera otra época puedan
tener".

Los reclamos argentinos sucesivos de esta usurpación por parte de Gran Bretaña fueron
inmediatos y pacíficos, no obteniendo la República Argentina respuestas positivas a los
mismos.

Jurídicamente esta acción de fuerza por parte de Gran Bretaña no podía crear derecho
alguno, políticamente fue una demostración del imperialismo que las potencias europeas
desarrollaron en el siglo XIX a expensas de América, Asia y Africa.

La República Argentina nunca consintió esa usurpación de parte de su territorio por ese
medio ilícito e inaceptable y así lo ha manifestado en forma ininterrumpida con sólidas
protestas.

El caso de las Georgias del Sur es bastante similar, pero ocurrió a comienzos del siglo XX.
En 1904 se fundó la Compañía de Pesca para operar en la caza de ballenas en las Georgias
del Sur. Era un archipiélago deshabitado y la compañía estaba formada por capitales
argentinos, estableciéndose en grytuiren en la Bahía Cumberland, iniciando desde allí la
caza de ballenas con tres naves.

En 1906 y 1907 se establecieron dos factorías flotantes en las islas y en 1908 una Real
Patente inglesa declaraba la soberanía británica sobre un enorme sector que llegaba al Polo
Sur y comprendía las Malvinas, las Georgias y las islas Sandwich. Gran Bretaña con su
ambición colonialista incluía parte de Tierra del Fuego, Santa Cruz y la provincia chilena
de Magallanes, lo cual fue rectificado en 1917 con una nueva Carta Patente británica.

Desde esa época las compañías argentinas debían pagar derechos aunque operaran bajo su
pabellón.

De todo esto surgen dos reflexiones importantes para explicar estos hechos. La primera son
las razones de permanente agresión inglesa desde 1763 a nuestros días, con siete invasiones
inglesas, de las cuales cinco fracasaron, pero las de las Malvinas de 1833 y la de 1908 aún
continuaban.

Es destacable que la gran importancia estratégica de nuestro Atlántico Sur, pasaje de tres
océanos y camino a la Antártida fue detectada por los ingleses. Otra segunda reflexión son
las riquezas de ese Mar Argentino, en lobos marinos y ballenas en pesca y, potenciairnente,
en petróleo.

El acto de soberanía llevado a cabo por las Fuerzas Armadas Argentinas el 2 de abril de
1982, contó con el apoyo irrestricto de toda una Nación. Era imprescindible rescatar las
Malvinas y las Georgias, que juntamente con la isla de los Estados y las Sandwich del Sur
forman un arco, el de Scotia, necesarias para el dominio de nuestro mar, pero con una
soberanía efectiva y práctica. La comunidad internacional toda y muy especialmente
América estuvieron contestes en que el derecho y no la fuerza nos asiste.

Mucho antes, el profesor Goebel, condenando la agresión inglesa de 1833 y de 1908 y


luego de un exhaustivo análisis de los títulos de la República Argentina y de Gran Bretaña
dijo: "El derecho que los estados han forjado a costa de tantos esfuerzos para regir sus
relaciones, es una herencia demasiado preciosa para que sea corrompida con el fin de
disfrazar los designios imperialistas de nación alguna'' 68.

Las Naciones Unidas han tenido un papel histórico en el proceso de descolonización e


incluso han llegado a cambiar el rumbo de las relaciones internacionales después de la IIa
Guerra Mundial. En el año 1960, la Asamblea General adopta la Resolución no 1515 (XV)
conocida como "Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos
coloniales" decidiéndose a poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas
sus formas y manifestaciones y contemplando en el parágrafo 6° sin mencionarlo por su
nombre, el caso muy especial de las Islas Malvinas: "Todo intento encaminado a quebrar
total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible
con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas".

Con el advenimiento de nuevos Estados miembros que habían dejado de ser colonias,
aumenta la presión para la descolonización de otros en el seno de las Naciones Unidas. En
1961 por Resolución no 1654 (XVI) se creó un "Comité Especial encargado de examinar la
situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la
independencia a los países y pueblos coloniales" compuesto originariamente de 17
miembros, pero posteriormente aumentado a 24, conocido como "Comité de los 24". Este
Comité incluyó a las Malvinas entre los territorios que debían ser objeto de
descolonización. La República Argentina alegó que las Malvinas no era una colonia que
debía independizarse, sino que era un territorio segregado del territorio argentino y que
debía ser reintegrado al mismo. En cambio, Inglaterra alegó que debía consultarse a la
población de las islas acerca de su independencia o su integración a la Nación Argentina.

68 Goebel, J., La pugna por las Islas Malvinas, Buenos Aires, 1950, pág. 127.

En 1965 la Asamblea General aprueba la Resolución no 2065 (XX) llamada "Cuestión de


las Islas Malvinas" considerándose: 1° Que existe una disputa sobre la soberanía de las
Islas Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña. 2° Que debían tenerse en cuenta los
intereses de los isleños (no los deseos como lo interpretaba Gran Bretaña) y 3° Que se
deben llevar a cabo negociaciones directas.

Triunfando la tesis argentina y sobre la base de la Resolución no 2065 en enero de 1965 se


iniciaron negociaciones directas en las que la República Argentina demostró serenidad
haciendo uso de su paciencia, buena fe y lealtad durante 17 años. En 1975 luego de
interminables negociaciones la Cancillería británica, a pesar de las reiterativas
Resoluciones de la Asamblea General instando a proseguir las negociaciones, expresando
su reconocimiento a los esfuerzos argentinos para el bienestar de la población isleña y
manifestando su preocupación por la falta de progreso en la negociación para terminar con
la situación colonial en las islas, se resiste a continuar las mismas en cuanto tiendan a
solucionar la disputa de la soberanía pues las considera "estériles" proponiendo limitar las
tratativas a las negociaciones económicas, enviando misiones para realizar estudios de ese
carácter.

La República Argentina mediante un comunicado de prensa de fecha 19 de marzo de 1975


no reconoce derecho a ningún país extranjero a exploración o explotación de minerales en
la plataforma continental y así lo informa a las Naciones Unidas, Gran Bretaña replicó
poniendo una vez más de manifiesto la tesis de la autodeterminación. Durante la
Conferencia de Cancilleres de Países No Alienados que se realizó en Lima (Perú) en marzo
de 1975 se apoya la reclamación argentina e insta a Gran Bretaña a negociar. En 1976 Gran
Bretaña envía la misión Shackieton para realizar estudios de carácter económico y fiscal en
el área malvinense, negándose a negociar la soberanía. Esto hace que la República
Argentina retire su embajador en Londres y pida el retiro del embajador inglés en Buenos
Aires, el 14 de enero de 1976, debido a ''la ruptura unilateral por parte del gobierno de Gran
Bretaña de las negociaciones sobre las Malvinas". El 16 de enero de 1976 el Comité
Jurídico Interamericano da una ejemplar Declaración de apoyo a la Argentina en la
Cuestión de las Islas Malvinas. Este órgano jurídico de la O.E.A. (Organización de los
Estados Americanos) con sede en Río de Janeiro se expide en una Resolución con motivo
de la ruptura de las negociaciones y en una demostración del sentir jurídico de América
sobre la Cuestión de las Malvinas se pronuncia en que "la República Argentina tiene
inobjetables derechos de soberanía sobre las Islas Malvinas y la presencia de buques de
guerra en aguas adyacentes a Estados americanos, así como anuncios intimidatorios por
parte de autoridades británicas, constituyen amenazas a la paz y seguridad del continente
configurando ello 'conducta hostil' con el fin de acallar reclamaciones del gobierno
argentino y obstruir el desarrollo de las negociaciones recomendadas por las Naciones
Unidas''.

Por su parte Gran Bretaña anunciaba en la Cámara de los Comunes que la nave británica
"Endurance" se encontraba en las inmediaciones del Archipiélago, juntamente con otros
dos navíos, listos para trasladarse a las islas.

Con anterioridad, se había reclamado a la Organización de los Estados Americanos la


independencia de los pueblos sometidos a coloniaje. En la IX Conferencia de Bogotá
aparece una doctrina anticolonial, no solamente en cuanto afirma el derecho de los pueblos
a decidir sus destinos, sino que crea una nueva expresión en la terminología del Derecho
Internacional la de los "territorios ocupados'' es decir ilegítimamente, sin derecho. Esta fue
una tesis argentina que se incorporó a la Resolución de Bogotá y en la cual se hacía una
diferencia entre "colonias o posesiones europeas en América" y "territorios ocupados por
países no americanos". El caso de las Malvinas se ubicaba en este último, con la salvedad
de que los territorios sólo se descolonizan reintegrándolos al Estado al cual se le han
usurpado.

En 1971 se establecen Convenios con Gran Bretaña sobre comunicaciones y en 1974 se


concluyen acuerdos sobre transportes de mercaderías y abastecimiento de combustibles
entre el territorio continental y el Archipiélago.

Ante la negativa por parte de Gran Bretaña a negociar lo referente a la soberanía argentina,
la República Argentina expidió un documento el 4 de febrero de 1982, estableciendo una
propuesta en la reunión celebrada en Nueva York entre los representantes de Argentina y
Gran Bretaña, a fin de celebrar reuniones mensuales entre ambos países, tendientes a
acelerar al máximo las negociaciones en curso, relativas a la obtención a corto plazo de la
soberanía argentina sobre las islas, reservándose, en caso contrario, el derecho a poner
término al funcionamiento de ese mecanismo y elegir libremente el procedimiento que
mejor consulte a sus intereses. Ese documento no obtuvo respuesta alguna.

La situación se altera con el incidente que provoca Gran Bretaña el 18 de marzo de 1982,
referido a la presencia de un grupo de trabajadores en San Pedro, en Georgias. La presencia
de esos trabajadores se debió a los arreglos comerciales efectuados entre una empresa
argentina y otra británica, con total conocimiento y acuerdo de las autoridades pertinentes
de Gran Bretaña, portando los trabajadores el documento denominado "certificado
provisorio'" único documento válido para viajar a las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich
del Sur, todo ello de acuerdo con la Declaración Conjunta argentino - británica de 1971,
que regía la apertura de las comunicaciones entre el territorio continental argentino y esas
islas.

Los trabajadores izaron una bandera argentina y entonaron el Himno Nacional Argentino,
siendo posteriormente intimados a retirarse por el Comandante de la base de Grytviken, sin
resultado. Desde ese momento se aceleran los acontecimientos y el representante británico
es llamado a la Cancillería argentina quien expone las precisas instrucciones del Foreign
Office de "que los argentinos abandonen la isla". La situación se complica y el
Almirantazgo inglés ordena al "Endurance" que se aproxime a las islas, autorizándolo a
utilizar la fuerza en caso de necesidad.

Se continúan intercambiando notas enérgicas de protesta entre las dos Cancillerías, sin
posibilidades de un acuerdo, a pesar de los intentos por parte de los Estados Unidos de
Norteamérica, cuyos buenos oficios habían sido aceptados por ambos países, a fin de
solucionar el diferendo que había surgido entre la República Argentina y Gran Bretaña.

El 2 de abril de 1982 la República Argentina ha recuperado parte de su territorio nacional


irredento. Inglaterra no había evaluado la importancia que para la Argentina tenía una
reivindicación histórica, profundamente sentida por el pueblo en todos sus estamentos.
Solamente basta computar la manifestación de apoyo que ha recibido la operación de la
reconquista y la consolidación en su imagen exterior de un país que tiene vocación de paz
como así también la serenidad necesaria para discutir en el terreno de negociaciones serias
y específicas todo menos la soberanía, que no es negociable. Gran Bretaña rompe las
relaciones diplomáticas con la República Argentina, designando a Suiza como Estado
representante de sus intereses en este país con la manifestación de que lo hacía porque la
"República Argentina ha ocupado parte de territorios británicos". Esto fue contestado por el
Encargado de Negocios argentino en Londres manifestando que "la República Argentina ha
recuperado parte de su territorio que le pertenece". Se otorgó cuatro días de plazo a los
diplomáticos argentinos para abandonar Londres y Gran Bretaña en contravención de todas
las disposiciones establecidas en la Convención de Viena de 1961 que había firmado el 11-
12-61 y ratificado el 1^9-64, sobre Relaciones Diplomáticas, dispuso el congelamiento de
sus depósitos bancarios, no pudiendo de esa manera retirar los fondos de sus cuentas
particulares en los bancos locales y sufriendo toda clase de obstáculos para su partida hacia
Buenos Aires. Asimismo Londres recurrió a represalias económicas contra la Argentina,
congelando depósitos, movimiento de oro y valores mobiliarios en Gran Bretaña, del
gobierno o de ciudadanos argentinos. Con esta actitud, Londres dejaba de ser un mercado
financiero neutral. No debemos olvidar que cuando los Estados Unidos de Norteamérica
bloqueó los fondos iraníes como represalia, de la toma de los rehenes diplomáticos,
Inglaterra se negó a hacer lo mismo, para garantizar la neutralidad del mercado de capitales
londinense.

Al notar la inmoderada reacción británica para con la República Argentina, el Banco


Central tomó una medida inversa, consistente en la suspensión de los débitos a personas de
cualquier naturaleza con residencia o domicilio en el Reino Unido, así como sus
transferencias.

La orden del 3 de abril de 1982 del Banco de Inglaterra que establecía la congelación total
de la actividad bancaria con instituciones financieras argentinas, provocó que nuestro país
no pudiera cobrar ni tampoco pagar, notándose una cierta flexibilización a partir del 8 de
abril de 1982 ya que los bancos podían pagar sus compromisos ante la Nación Argentina,
comenzando a implementarse de inmediato. Asimismo se levantó el bloqueo a las cuentas
de diplomáticos argentinos, reafirmándose la no ruptura de las relaciones consulares, lo que
permitió cierta continuidad en los negocios. El gobierno de Brasil se hizo cargo de los
intereses argentinos en Gran Bretaña, a través de su embajada en Londres.

Mientras Gran Bretaña anunciaba un bloqueo a las Islas Malvinas, declarando zona de
exclusión marítima un área de 321 kilómetros cuadrados alrededor de las islas, la República
Argentina comunicó que ejercería su jurisdicción en defensa de la soberanía nacional 200
millas marítimas desde las costas del territorio continental y alrededor de las islas
reconquistadas, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, reservándose actos de auto defensa
ante situaciones que pudieran comprometer la seguridad nacional. Y, al mismo tiempo Gran
Bretaña solicitaba la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyo
proyecto de resolución presentado por el embajador inglés ante ese Organismo
Internacional decía: ".. .que profundamente preocupado por informes sobre una invasión el
2 de abril de 1982 por las Fuerzas Armadas de la Argentina, determinante que existe una
ruptura de la paz en la región de las Islas Malvinas: 1) Exige un inmediato cese de las
hostilidades; 2) Exige el inmediato retiro de todas las fuerzas argentinas de las Islas
Malvinas; 3) Llama a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a buscar una
solución diplomática para sus diferencias y a respetar totalmente los propósitos y principios
de la Carta de las Naciones Unidas".

Luego de un debate de dos días los 15 miembros del Consejo de Seguridad solicitaron "el
cese inmediato de las hostilidades" y la "retirada de todas las fuerzas argentinas de las
Malvinas, convalidando la propuesta británica por Resolución 502 por 10 votos a favor:
Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Nueva Zelandia, Guyana, Zaire, Japón,
Jordania, Togo y Uganda, 4 abstenciones: China, la Unión Soviética, España y Polonia y el
voto en contra de Panamá, quien requirió una contra resolución, respaldando el reclamo
argentino sobre las islas y refiriéndose al texto inaceptable de la resolución británica,
calificando de falso el término "invasión" y haciendo un largo historial sobre el proceso de
descolonización. Estados Unidos abogó por la negociación, brindando la mediación
norteamericana.

La República Argentina sostuvo en el Consejo que "la acción en las Islas Malvinas no fue
una invasión, habida cuenta que nadie puede invadir su propio territorio, sino la
eliminación de uno de los últimos vestigios del imperialismo", negando asimismo que los
habitantes de las islas constituyan una "población" como la define el derecho internacional,
no obstante se enfatizó que "el derecho y el modo de vida de los habitantes de las Malvinas
serán respetados", asumiendo ese compromiso ante la comunidad internacional. Mientras
en el Consejo de Seguridad se bregaba por la paz, Gran Bretaña enviaba una flota de guerra
al Archipiélago, como justificación ante el Consejo de la denuncia argentina de tomar las
medidas defensivas correspondientes.

Al mismo tiempo se confirmaba el bloqueo económico, por parte de la Comunidad


Económica Europea (C.E.E.) del que Gran Bretaña era socio, por tiempo determinado, con
posibilidad de extenderse, posibilidad que se iba tornando dudosa ante los continuos
ataques bélicos por parte de Gran Bretaña a las islas.

En tanto la presencia argentina en el Archipiélago era consolidada con la designación de un


gobernador militar en el mismo con sede en el ahora llamado Puerto Argentino, la acción
diplomática se traducía en la reunión del Consejo Permanente de la Organización de
Estados Americanos (O.E.A.), a iniciativa colombiana, ecuatoriana y costarricense, que
declaró "su profunda preocupación por la crisis anglo-argentina que pone en peligro la paz
del continente", ofreciendo sus esfuerzos de cooperación a la paz que Estados Unidos
estaba llevando con sus buenos oficios. La Resolución 539 del 13 de abril de 1982
aprobada por el Consejo Permanente de la O.E.A., fue la primera definición continental
acerca del conflicto de las Islas Malvinas y significó una aplastante derrota al grupo de
países anglófonos que integran la mancomunidad británica, quienes pretendieron supeditar
la acción de la O.E.A. a la Resolución 502 del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, propuesta por Inglaterra y que demandaba el retiro de las tropas argentinas de las
Malvinas.

El gobierno argentino solicitó que el Consejo Permanente de la O.E.A. convocara a la XX


Reunión de Consulta de Cancilleres para que se analizara la implementación del Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (T.I.A.R.), solicitud que había sido demorada a
requerimiento de los Estados Unidos, quien estaba llevando a cabo sus buenos oficios con
respecto al litigio y teniendo en cuenta, por otra parte, la necesidad que tenía ese país de
cumplir con dos tratados a los que está ligado, el T.I.A.R. que lo unía a los países
americanos y el que lo obliga con los europeos por la O.T.A.N.

El proyecto de resolución argentino constaba de 4 puntos: a) exigencia de la retirada de la


flota inglesa; b) reconocimiento de la soberanía argentina sobre las Malvinas; c) cese del
embargo económico de la C.E.E. a la Argentina y d) condena de la actuación de Gran
Bretaña. Ya anteriormente el Secretario General de la O.E.A. había afirmado que el
"diálogo americano debe demostrar del Consejo de Seguridad y que Gran Bretaña no puede
invocar el artículo 51 de la Carta aduciendo el derecho de legítima defensa en las islas
ubicadas a 8.000 millas de distancia del territorio británico, señalando que estas acciones
son actos injustificados e ilícitos, cuyo fin es restablecer una ocupación colonial sobre un
territorio que jurídicamente e históricamente pertenece a la República Argentina''.

Posteriormente el bloqueo por parte de Gran Bretaña fue ampliado hasta las 12 millas de
nuestra costa, extendiendo así la zona de guerra en abierta violación al Derecho
Internacional americano que, como se sabe, ha instituido la intangibilidad de las 200 millas,
situación que también fue denunciada por Argentina ante el Consejo de Seguridad y el
T.I.A.R.

Mientras tanto Gran Bretaña, en una escalada agresora fuera de la zona de exclusión y,
atentando a las más elementales reglas humanitarias y a las tradicionales normas de auxilio
en el mar, atacó y hundió un buque pesquero argentino, el "Narwal", carente de todo
armamento o elemento de defensa y ametrallando también las balsas de salvamento en las
que se encontraban los sobrevivientes. Posteriormente perpetraba otro acto de agresión,
también denunciado por Argentina ante el Consejo de Seguridad, atacando y hundiendo al
crucero "ARA Gral. Belgrano", fuera de la zona de exclusión marítima fijada por el mismo
gobierno de Gran Bretaña en su declaración del 28 de abril de 1982, ratificando lo
dispuesto el 12 del mismo mes. El crucero fue atacado a 36 millas fuera de la zona de
exclusión y contaba con una dotación de 1042 tripulantes, muchos de los cuales murieron,
no en una guerra declarada, sino víctimas de un crimen por parte de Gran Bretaña y por el
cual se hará acreedora de su condigno castigo, ya que tanto el "ARA Gral. Belgrano" como
el "ARA Aviso Sobral'', también atacado, concurrieron en apoyo de salvamento
enarbolando la tradicional bandera de hospital, el último en aguas de zona de exclusión,
produciéndose pérdidas de vidas humanas también en este caso.

Mientras por parte de Gran Bretaña continúa la escalada de agresión en una guerra no
declarada, en el campo diplomático se llevan a cabo arduas negociaciones sobre una
"Propuesta de Paz" entre los dos países con la participación activa del Secretario General de
las Naciones Unidas, previendo el cese de las hostilidades, el gradual y equivalente retiro
de tropas de las Malvinas y de la escuadra británica de la zona, el establecimiento
temporario de una administración de las Naciones Unidas en el Archipiélago, apareciendo
en la propuesta la restauración de la soberanía argentina sobre las islas como un objetivo de
las negociaciones. Todo ello condicionado a completarlo con otras negociaciones.
Si las negociaciones no progresan quedan los recursos diplomáticos del Consejo de
Seguridad y la Asamblea General, cuya reunión se solicitaría.

Luego de la Resolución 505 del Consejo de Seguridad por la que se otorga un mandato al
Secretario General de las Naciones Unidas con el fin de que interponga sus buenos oficios
entre las partes para hallar una solución pacífica, solicitando la cooperación de ambos
países para el logro del cese del fuego y encarar nuevas negociaciones, Panamá y España
urgieron que ese cese de fuego sea inmediato en las Islas Malvinas, proponiendo que el
mismo se inicie simultáneamente en cumplimiento de las Resoluciones 502 y 505 del
Consejo de Seguridad en su totalidad, autorizando al Secretario General para que utilice los
medios que juzgue necesarios para la comprobación del alto del fuego. Asimismo se
requería al Secretario General que informe sobre su cumplimiento en un plazo de siete días,
desestimando el proyecto anterior presentado por Irlanda que requería 72 horas para su
consolidación, el cual no prosperó por la negativa por parte de Gran Bretaña. El plazo de
siete días se debió al proyecto redactado por los países No Alienados integrantes del
Consejo (Zaire, Uganda y Panamá).

El mandato otorgado al Secretario General no tuvo éxito de progreso debido a la total falta
de cooperación por parte de Gran Bretaña, ya que entendía que solamente la República
Argentina evacuara sus tropas de las Malvinas de acuerdo a la Resolución 502. Estados
Unidos y Gran Bretaña vetaron el proyecto de cese de fuego y la iniciativa de España y
Panamá contó con la aprobación de 9 votos, con el veto de Gran Bretaña, que se
descontaba, y el veto innecesario por parte de los Estados Unidos que hará que las
relaciones hemisféricas se vean perturbadas por su proceder, salvo que con ese veto se
hubiese querido acabar deliberadamente con el sistema americano.

Por su parte, la República Argentina al reclamar dentro del marco del TIAR la adopción de
medidas adicionales a la Resolución del 28 de abril de 1982, por los graves hechos bélicos
y políticos que venía desarrollando Gran Bretaña, actitud que ponía en peligro la paz y la
seguridad de todos los países de la región, logró que fuera aprobada por parte de los
Cancilleres Americanos, una histórica Resolución que, en su parte resolutiva condenó en la
forma más enérgica el "injustificado y desproporcionado" ataque consumado por el Reino
Unido, así como la decisión por parte del mismo de declarar arbitrariamente como zona de
hostilidades, hasta las doce millas desde las costas americanas, afectando la seguridad de
todo el continente todo lo cual resulta agravado, según la Resolución, por la circunstancia
de que "no estaban agotadas al producirse estos hechos, las posibilidades de negociación en
busca de una solución pacífica del conflicto". La Resolución reitera su pedido a Gran
Bretaña "para que cese de inmediato las acciones bélicas" que lleva a cabo contra la
República Argentina y para que disponga el retiro "sin demora" de su flota de guerra a sus
apostaderos habituales, así como de la "totalidad de sus fuerzas armadas allí destacadas".

Sostiene también que "la actitud del Reino Unido ha conducido a frustrar las negociaciones
para una solución pacífica" que llevaba a cabo el Secretario General de las Naciones
Unidas. En su 4° punto la Resolución expresa su "convicción de que resulta indispensable
lograr con la mayor urgencia una solución pacífica y honorable del conflicto, bajo los
auspicios de las Naciones Unidas". Insta al gobierno de Estados Unidos de América a que
"disponga de inmediato el levantamiento de las medidas coercitivas aplicadas a la
República Argentina y que se abstenga de prestar asistencia material al Reino Unido, en
observancia del principio de solidaridad continental consagrado en el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca". En el punto siguiente se solicita a "los Estados
partes de este tratado que presten a la República Argentina el apoyo que cada cual juzgue
apropiado para asistirla ante esta grave situación". La Resolución reafirma los principios
constitucionales básicos de la Carta de la OEA y del TIAR, particularmente los que se
refieren a la solución pacifica de las controversias. En su penúltimo punto describe el texto
"la disponibilidad del Organo de Consulta para asistir a las partes en conflicto con su acción
pacificadora, en cuanto pudiera coadyuvar con la misión encomendada por el Consejo de
Seguridad al Secretario General de las Naciones Unidas", instruyendo al presidente del
Organo de Consulta para que se mantenga en permanente contacto con el Secretario
General. Finalmente se resuelve mantener abierta la XX Reunión de Consulta, con el objeto
de velar por el fiel cumplimiento de la Resolución y tomar si fuere necesario, las medidas
adicionales que se convengan.

Conjuntamente se aprobó una declaración en la que denuncia como ilegales e ilegítimas la


proclamación de las zonas de exclusión marítima dictadas por Gran Bretaña, por violar los
principios o normas del Derecho Internacional sobre la libertad de navegación. En lo
referente a las sanciones económicas exhortó a los países que hubieren adoptado tales
medidas a que desistan de su aplicación y pide a todas las Repúblicas americanas que
brinden a la Argentina la asistencia que se halle al alcance de ellas.

La Resolución central de la Conferencia y la Declaración fueron aprobadas por el voto de


17 países, absteniéndose Estados Unidos, Chile, Colombia y Trinidad-Tobago.

La República Argentina obtuvo asimismo, el respaldo de los países No Alienados. En la


Reunión concluida el 6 de junio de 1982 en La Habana del buró de coordinación del
Movimiento de Países No Alienados se aprobó un documento político que expresa el apoyo
del organismo a la Argentina sobre las Islas Malvinas, condenando las desproporcionadas e
ilegales acciones militares del Reino Unido en dicha región y solicitando al mismo tiempo
al gobierno norteamericano el fin inmediato del apoyo y ayuda a Gran Bretaña, insistiendo
en la necesidad de encontrar una solución pacífica dentro del marco de las Naciones
Unidas.
Más allá de todas las alternativas y los esfuerzos para evitar un conflicto armado de
imprevisibles consecuencias, todo análisis futuro deberá partir del supuesto de que el
conflicto de las Malvinas, ha provocado un cambio geopolítico de la posición
latinoamericana en el mundo de las relaciones internacionales.

La situación planteada en el Atlántico Sur no sólo es difícil para los países protagonistas
Argentina y Gran Bretaña, sino también para Estados Unidos que enfrenta una situación
delicada, y cuya conducta política en el caso de las Malvinas ha debilitado su relación con
América Latina.

La República Argentina se ha constituido en un país rector en la defensa de la no


reanudación de las políticas coloniales.

La experiencia mundial dice que los poderosos de este mundo nunca han podido doblegar a
los pueblos que se sentían unidos por su condición nacional. La Argentina, un país pacífico,
ha debido enfrentar una guerra impía, pero con actitud negociadora está siempre dispuesta
al diálogo. La firme disposición a repeler la agresión por los medios existentes, no está
reñida con la actitud dialogante, siempre que ella esté asistida por la comunidad
internacional en forma decorosa y razonable. Es un país unido en el combate y lo es
también para expresar al mundo que la voluntad de paz y el diálogo permanecen en un
pueblo que, con decisión encaró un combate que no ha buscado y que le fue impuesto por
una causa legítima como lo es la reconquista de las Malvinas.

En este caso de las Malvinas e Islas del Atlántico Sur, como en el Caso de los Rehenes de
Estados Unidos en Irán, citado precedentemente, se ha evidenciado que países como Gran
Bretaña y el Irán, que han firmado y ratificado Convenciones, como la de "Relaciones
Diplomáticas" que tratamos en esta publicación, al llegar el momento de aplicarlas, las han
desconocido totalmente, no sólo con los países afectados como Argentina y Estados Unidos
respectivamente, sino ante la comunidad internacional toda.

No hay requisito previo más fundamental para las relaciones entre los Estados, que la
inviolabilidad de los enviados diplomáticos y de las embajadas, por lo que en el curso de la
historia las naciones de todas las religiones y culturas han cumplido obligaciones recíprocas
a esos efectos. Esto fue dicho por la Corte Internacional de Justicia, afirmando a su vez que,
la diplomacia "ha demostrado ser un instrumento esencial para una cooperación eficaz en la
comunidad internacional, y para que los estados, independientemente de que tengan
sistemas constitucionales y sociales diferentes, lleguen a un entendimiento mutuo y
resuelvan sus diferencias por medios pacíficos."

Por eso, entrevemos, a pesar de las situaciones delicadas y graves que se han producido, la
inmensa significación histórica de este "Segundo Congreso de Viena" como lo designó el
Presidente de la Conferencia en 1961, M. verdross. como él, pensamos que esta
Convención va a seguir afectando favorablemente a toda la humanidad y seguirá siendo una
importante contribución, para ampliar las buenas relaciones internacionales y a su vez un
eficaz instrumento de ayuda para el mantenimiento de la paz en el mundo. La misión de la
diplomacia moderna es la de profundizar los sentimientos de convivencia pacifica entre los
pueblos, respetando los derechos ajenos en cuanto sean compatibles con los propios,
afianzando una paz sólida y duradera por medio de transacciones de interés recíproco y
observando una política internacional que ayude a cimentar una amistad indestructible en
todo el mundo. Sólo así podremos hacer nuestras las palabras de Juan Pablo II "La paz es
posible", mediante la justicia que es el fin del derecho.

Nuestro país, que fuera signatario de la Convención de Viena, ratificó la misma, agregando
sus normas a nuestro derecho positivo.