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FACULTAD DE CIENCIAS Y ARTES

ESCUELA DE EDUCACIÓN
PROFESIONALIZACIÓN EN SERVICIO
INTRODUCCIÓN A LAS CIENCIAS PEDAGÓGICAS
POF. RAFAEL ACOSTA S.

ENSAYO SOBRE

EN LA
SOCIEDAD VENEZOLANA ACTUAL

Reflexiones sobre mi práctica docente

ELABORADO POR:
LOLA M. RINCÓN V.
CARNET Nº 2006-30450
10 DE MARZO DE 2007

INTRODUCCIÓN
El propósito inicial del presente ensayo es el de identificar las funciones del
educador, para confrontarlas con la experiencia que hasta ahora he acumulado en
la práctica docente. De allí surgirán las necesarias reflexiones, que me permitirán
evaluar dicha práctica, a la luz del papel que como educador he venido
cumpliendo dentro del aula y en función de lo que demanda la sociedad
venezolana actual.
No se trata solamente de presentar unas teorías que proyecten al educador
dentro de un modelo pedagógico en particular, que sigue tal o cual método como
si fuese un único camino a seguir, pues también es conveniente verlo en un
sentido holístico, que integre las funciones del educador en sentido amplio. Así, al
contrastar con mi práctica profesional, podré detectar mis fortalezas y
debilidades; extraer mis propias conclusiones y en definitiva, reconocer los
aspectos que debo potenciar y los que debo mejorar, para alcanzar ese ideal.
En segundo término, es sabido y ampliamente aceptado que el educador es
una figura clave en toda sociedad; desempeña funciones muy importantes en la
formación de hombres y mujeres, que están estrechamente relacionadas con el
tipo de ciudadanos y ciudadanas que espera dicha sociedad. En este sentido y
particularmente en nuestro país, se requiere de un tipo de docente capacitado,
entusiasta, creativo, sensible y ganado a los cambios que demanda el proceso de
transición hacia una sociedad socialista, -democrática, participativa y
protagónica-. Una especie de “educador social” o “activador”, que promueva
desde el aula el conocimiento del nuevo sistema. Por ello, considero de vital
interés revisar en este momento presente, la función que juega el educador en la
construcción de los nuevos ciudadanos venezolanos, esperando que éste no se
quede solamente en una figura conveniente a los intereses del nuevo gobierno,
sino que se convierta en el primer agente crítico y realmente capaz de plantearse
el reto de hacer la educación que necesitamos.
Teniendo esto en cuenta, partiré del análisis de las “funciones generales”
que cumple el educador, independientemente de los métodos pedagógicos
conocidos y trabajados hasta ahora en el curso, -método socrático y método
tradicional-, las cuales por cierto, varían sustancialmente según sea el método
que elija el profesor.
Luego analizaré dichas funciones generales, en relación con lo que
demanda la sociedad venezolana actual, esperando que se generen las que
deben ser las “funciones del educador venezolano de hoy”.
Por último, compararé éstas últimas con las que he venido ejerciendo en mi
práctica docente, lo que me servirá para reflexionar y proponer cambios que
redunden en una mejor manera de ser educador.
LA FUNCIONES GENERALES
DEL EDUCADOR

El máximo propósito de la educación, y en consecuencia del hecho


educativo, es alcanzar el óptimo desarrollo de todas las potencialidades físicas,
psíquicas, sociales y espirituales de los alumnos, -sean éstos niños, jóvenes o
adultos-, lo que se resume en el más sano, armónico e integral desarrollo de su
personalidad. En otras palabras, el fin último de la educación, es el de alcanzar la
perfección del hombre. Desde este punto de vista, la educación está
estrechamente relacionada, no solamente con contenidos instructivos, sino
también con objetivos educativos, los cuales se derivan del concepto más general
de educación.

Correspondería pues, definir la educación como un proceso


conscientemente organizado, dirigido y sistematizado que sobre la base de una
concepción pedagógica determinada, se plantea como objetivo más general la
formación integral del educando –personalización-, para que se integre a la
sociedad en la que vive, y contribuya a su desarrollo –socialización-. El núcleo
esencial de esa formación ha de ser la formación moral, pues en ella están
implícitos todos los ámbitos en que se desarrolla el ser humano: la familia, la
escuela y la comunidad-sociedad. La educación no sólo debe posibilitar el dominio
de un “saber”, sino también de un “hacer”, de un “ser” y de un “convivir”, para
que realmente pueda hablarse de Educación Integral.

A partir de este concepto general de educación, se desprenden unas


funciones del educador, que no se concretan exclusivamente en enseñar, sino
que implican también formar en los niños, jóvenes y adultos, rasgos y
particularidades de su personalidad que los hagan plenos y capaces, como
educandos y como individuos, en suma, como personas humanas.

Estas funciones del educador, por su extensión, tienen también un carácter


general, y son hasta cierto punto, independientes del modelo curricular que se
asuma, pues lo que puede diferenciar a uno u otro modelo va a ser el énfasis que
se dedique a cada de estas funciones, o la posición que se establezca respecto a la
importancia que se de a cada una de ellas.

De esto se concreta, que las funciones más generales del educador en


el proceso educativo, según la Asociación Mundial de la Educación Infantil, en su
Informe sobre la Formación del Profesorado, 2006 (en waece.org), son:

1. Preservar y cuidar la salud física, mental y espiritual de los educandos.


2. Administrar el proceso educativo (organizar, planificar, dirigir, controlar y
evaluar)
3. Promover la unidad de la educación institucional, no institucional, la
familia y la comunidad.
4. Mantener una conducta de interés por su superación profesional y
personal.
5. Realizar tareas de investigación sobre problemas de su práctica
educativa.

Todas estas funciones más generales del educador, se han de precisar en


tareas o actividades más específicas que reflejan toda la labor que realiza en el
desarrollo del quehacer educativo, y para las cuales ha de tener una formación
profesional que le permita llevar a cabo las mismas con calidad y eficiencia. Entre
ellas y muy grosso modo, me permito destacar las siguientes:

1. Actividades relacionadas con la función de preservación de la salud


mental, física y espiritual de los educandos:

 Atender al cuidado, higiene, ventilación, iluminación, adecuación de


los útiles y mobiliario del aula, que garantice un ambiente grato y
ameno para la ejecución de las actividades.
 Planificar actividades orientadas al logro de competencias físicas
(deportes, juegos al aire libre...).
 Proponer actividades que redunden en beneficio espiritual, estabilidad
emocional y conductual de los alumnos (reflexiones, juegos,
compartir).

2. Actividades relacionadas con la función de administración del proceso


educativo:

 Seleccionar los objetivos que persigue con cada una de las actividades
pedagógicas.
 Conocer y diagnosticar las necesidades de cada alumno.
 Planificar adecuadamente las actividades de acuerdo a horarios,
especialidades, etc.
 Aplicar modelos y métodos pedagógicos de acuerdo al perfil de los
alumnos y las características particulares del proceso educativo.
 Propiciar en sus alumnos la curiosidad y el interés por “aprender”,
induciendo a la investigación y al contínuo perfeccionamiento de los
conocimientos.
 Comunicar adecuadamente, expresando razonamientos y
sentimientos claramente.
 Evaluar los procesos y estar abierto a los cambios.
 Generar los cierres de los procesos educativos.

3. Actividades relacionadas con la función de propiciar la unidad de la


escuela, la familia y la sociedad:

 Desarrollar una labor educativa sistemática que involucre a los padres


en el proceso educativo.
 Generar espacios de encuentro con organizaciones de la comunidad.
 Proponer actividades de carácter social, que acerquen a la escuela
con la familia y la comunidad.
4. Actividades relacionadas con la función de mantener una conducta de
superación profesional y personal:

 Investigar, obtener información y actualizar sus conocimientos.


 Disfrutar cada actividad con entusiasmo.
 Evaluar resultados y corregir posibles fallas.
 Participar de actividades que redunden en su crecimiento personal y
profesional (estudios, intercambios, visitas, etc).

5. Actividades relacionadas con la función de investigar sobre los problemas


de la praxis educativa.

 Mantener comunicación permanente con los diferentes entes que


intervienen en el proceso educativo.
 Estar abierto a los cambios y situaciones imprevistas.
 Proponer vías para la conciliación de los intereses de los diferentes
actores del proceso educativo.

De las muchas funciones más que podrían mencionarse, esta selección


propia aporta una idea muy completa, sobre el papel tan significativo que juega el
educador en la formación de sus alumnos. Si a esto sumamos, el perfil que debe
tener el docente, que muy a grandes rasgos se resume en “sensible, flexible,
creativo y conocedor” (Conferencia “Pedagogía 2005”, La Habana. En educar.org),
estamos frente a un sujeto con enormes posibilidades de influir en la formación
física, psíquica, social y espiritual de sus educandos, así como de jugar un papel
preponderante en su escuela y en su comunidad.
EL EDUCADOR QUE REQUIERE LA SOCIEDAD VENEZOLANA
ACTUAL

Dicho de esta manera, pareciera que estamos encontrándonos con un


especialista, que según los requerimientos del nuevo modelo de sociedad, tendría
que adaptarse ,dada su flexibilidad y creatividad, para estar en correspondencia
directa con lo que busca el nuevo gobierno: hombres y mujeres convertidos en
activadores socio-culturales, que reorienten el proceso educativo,
transformándolo en una educación realmente democrática, participativa y
protagónica.

De acuerdo a lo expresado en el Manual del Participante 2005, de la Misión


Cultura: “El proceso de formación de hombres y mujeres debe fundamentarse en
verdaderas comunidades democráticas, con una organización cooperativa y
solidaria que destierre las actitudes individualistas y autoritarias, y permita el
desarrollo en todas las áreas y de todos los autores y autoras del diálogo abierto,
la participación y la crítica, sin temor a ser excluido, reprimido o castigado. De
modo que nos referimos a una educación comunitaria, liberadora, destinada a
formar para la construcción de una cultura que aliente los valores de la
solidaridad, la participación, el compromiso militante, la creatividad, la producción
espiritual y el rescate de la identidad nacional”. (UNESR. Manual del Participante de la
Misión Cultura. Caracas, 2005).
Según este nuevo concepto, estamos en la obligatoria encrucijada de dejar
el camino de los educadores prioritariamente tecnicistas, que imparten
conocimientos y corrigen conductas de acuerdo a lo que socialmente se acepta;
que usan métodos, técnicas y estrategias con gran propiedad; para recorrer el
camino que nos exige convertirnos en verdaderos educadores con una fuerte
inclinación hacia lo social, que se vuelcan hacia la comunidad replanteándose la
construcción de una nueva cultura socio-comunitaria interna, que va por encima
de la cultura individualista globalizadora.

Un educador que cumpla con sus funciones, y que además tenga el perfil
requerido, debería en consecuencia estar preparado para asumir el reto que le
plantea la formación de la nueva sociedad del siglo XXI. Si retomamos lo dicho en
el apartado anterior, en la función de -“Promover la unidad de la educación
institucional, no institucional, la familia y la comunidad”, se centra todo el esfuerzo
que debe realizar el educador venezolano de hoy, con miras a la transformación de
la sociedad, tal y como lo señala la revolución bolivariana, sin dejar de lado el resto
de sus tareas, que son tan importantes como la que acabo de mencionar.
Mi experiencia como
educador musical

9 años llevo impartiendo conocimientos musicales, desde la etapa


preescolar, pasando por la básica, media-diversificada, hasta la técnica
universitaria. La naturaleza de la asignatura me obliga a buscar el alma de mis
alumnos, para llegar a sus mismas raíces y conectarlos con la experiencia de la
música que se siente, más allá de la música que se oye o que se conoce. Esto me
ha hecho especialmente sensible a sus inquietudes, sentimientos y emociones.
Muchas veces he dicho que prefiero que disfruten una canción, a que la toquen o la
canten perfectamente. Cuando un alumno me dice que le gustó y que sintió mucho
bienestar con lo que hicimos, yo me siento satisfecha y más que retribuida.

Claro que también estoy constantemente actualizándome: busco material y


repertorio nuevo, oigo temas contemporáneos aunque no sean de mi agrado, me
las ingenio para acercarlos a las manifestaciones populares y tradicionales con la
intención de sembrar en ellos el aprecio por la cultura musical de nuestro país
-tarea ardua, considerando el bombardeo de música foránea-, leo y leo... en fin,
cumplo con las tareas que mi profesión me exige.

Incluso, puedo decir que estoy en contacto permanente con la comunidad


local, a través de sus manifestaciones y como músico activo de una agrupación
musical venezolana, de corte contemporáneo. Planifico actividades para la
comunidad educativa (actos culturales, festivales, recitales, conciertos, obras
teatrales, efemérides), en donde asisten los padres y representantes y la
comunidad en general; y trabajo la comunicación constante con los padres, que
colaboran conmigo en múltiples actividades culturales.

Este proceso no ha sido fácil. Primero que no soy educadora graduada


formalmente, por lo que he tenido que formarme en el área pedagógica, cursando
y aprobando el componente docente de la UPEL. Ahora estoy cursando la
Licenciatura en Educación en la UNIMET, con el propósito de obtener más
herramientas y saberes que me permitan mejorar mi ejercicio profesional. No
obstante, me veo obligada a hacerme la pregunta: ¿estaré preparada para la
transformación ideológica que demanda la nueva educación del siglo XXI?

Un dilema como este, no se resuelve de la noche a la mañana, pues no es


asunto de quitarse una careta para ponerse otra. Se trata de una cuestión de
principios, donde está involucrada mi ética como profesional. Sería muy difícil para
mi, tener que hablar de socialismo, si en el fondo considero que al nuestro le hace
falta mucho para ser realmente el que demanda la sociedad.

Aún así, sigo estando dispuesta a captar lo positivo de la nueva propuesta,


seguiré cumpliendo mis funciones que como educador me exige mi profesión. Me
declaro sensible, creativa, flexible y conocedora de una parte de los saberes
esenciales para la formación de mis alumnos. En resumen, tengo el perfil y la
capacidad, sólo falta convencerme de que lo que se avecina, es lo mejor para
nuestros niños y niñas, ciudadanos del futuro.