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tACION LOCAL

Historia del urbanismo

El siglo XX

Paolo Sica

Historia del' urbanismo

Joaquín

Traducción de :

Hernández

Orozco

l

l

INSTITUTO DE ESTUDIOS DE ADMINISTRACION LOCAL

Madrid, 1981

Título original:

STORIA DELL'URBANISTICA 11 Novecento

Publicado por Gius. Laterza & Figli Spa

Primera

edición 1978

Segunda edición 1981

@

1980 Gius. Laterza & Figli

Spa

17 Via

di Viila

Sacchetti. Roma. Italia

@ 1981 Edición

española

Instituto de Estudios de Administración Local Santa Engracia, 7. Madrid-10

ISBN:

84-7088-275-9

 

Depósito legal:

M. 16.707-1981

Impreso en Closas-Orcoyen, S. L. Polígono Igarsa Paracuellos del Jarama (Madrid)

Printed in Spain

Capítulo 1

La formación del urbanismo, como disciplina autónoma, entre los siglos XIX y XX

  • 1. El contexto general, económico y social

El funcionamiento del sistema económico mundial experimenta una sensible evolución en el último cuarto del siglo XIX. Para com- prender el clima en el que va cobrando forma el aparato instrumental de la moderna disci- plina urbanística resulta importante resaltar algunos de los elementos de dicha evolución. En 1873 tiene lugar la primera crisis mun- dial de superproducción en el campo de la siderurgia y de los textiles: a partir de esta fecha el objetivo principal de la gran indus- tria ya no estará constituido únicamente por el aumento a toda costa de la producción, sino más bien por el incremento de los consumos y de la extensión espacial del mercado. A partir de 1880 muchos países continen- tales adoptan una serie de medidas que afec- tan de modo obligatorio al comercio interna- cional. En Alemania, en 1879, industriales y agricultores coinciden en la reclamación de

tarifas proteccionistas ; Francia aumenta propios aranceles aduaneros en 1881 y, po- cos años después, revisa por completo su propio sistema arancelario; entre 1880 y 1890 otros países, como Italia, Austria y Rusia, elevan sus propias tarifas arancelarias sobre las importaciones. A partir de 1900 hasta en Inglaterra surgen dudas sobre la posibilidad de mantener el sistema tradicional librecam- bista respecto de los intercambios interna- cionales. De este modo va desapareciendo la perspectiva -que desde 1860 parecía cada vez más plausible, al irse multiplicando los tratados comerciales bilaterales de liberaliza-

sus

  • ción- de aproximación al modelo del laissez-

faire inglés. Por lo demás, a tal perspectiva

ha quedado ajeno uno de los países más di- námicos del sistema capitalista mundial, es decir, los Estados Unidos, que incluso desde antes de la guerra civil adoptan una política fuertemente proteccionista, expresión, sobre todo, de los grupos industriales y financieros del Norte, interesados en mantener la exclu- siva de un mercado interior pleno de excelen- tes ~romesas.

A

En el frente interior

de cada uno

de los.

Estados, el régimen de plena concurrencia se ve comprometido por la formación de con- ciertos, cárteles y trusts entre 110s grupos em- presariales más potentes y exentos de pre- juicios, a la búsqueda de nuevas economías derivadas de una estrecha integración verti- cal o de la eliminación de la concurrencia horizontal. Entre 1870 y 1880 son precisa- mente los Estados Unidos los primeros en marcar el camino hacia procesos de este tipo, con la constitución de la Standard Oil, se- guida por las concentraciones empresariales que controlan las actividades productivas y la distribución en los sectores clave de la ali- mentación y de la industria (aceites vegeta- les, azúcar, tabaco, caucho, plomo, acero) o el sector de los servicios (teléfonos, ferroca- rriles). En Alemania el fenómeno de los cárteles afecta muy particularmente a la in- dus tria siderúrgica (Krupp, Stinnes, Mannes-

mann) y a las industrias química y eléctrica (la Siemens, la AEG). Incluso en Gran Bre- taña, donde es menor el impulso favorable a la cartelización, se establecen también entre 1896 y 1901 conciertos y concentraciones en-

tre las grandes empresas del cemento, del

Historia del urbanismo. Siglo XX

cloruro cálcico, del tabaco, de los textiles. La elaboración y puesta a punto de técnicas de gestión empresarial complejas y sofistica- das forman parte del proceso de concentra- ción industrial tendente a neutralizar el au- mento de los gastos generales, repartiéndolos respecto de una producción mucho más amplia. A un capitalismo que se encamina hacia formas de organización completamente nue- vas, caracterizadas por la presencia cada vez más penetrante de los monopolios, correspon- de también una problemática diversa de las concentraciones urbanas y de las articulacio- nes territoriales. En el interior de los grandes centros, las funciones directivas, públicas y privadas, y las actividades financieras y co- merciales, en su incontenible proceso de con- centración, reclaman espacio, accesibilidad, economías externas; por otro lado, los me- dios tecnológicos, de tipo nuevo y viejo, han consolidado ya complejas redes organizativas, cuyo crecimiento -ya sea por la necesidad

de espacios cada vez mayores, ya por la in- flexibilidad de la lógica interna de cada sis-

-

  • tema- provoca conflictos que resultan casi

insolubles a postevioh, a no ser mediante enormes inversiones, pero que, metódicamen- te coordinados previamente, pueden restituir mayores niveles de eficacia y determinar me- nores costes de gestión. En la corona perifé- rica de las ciudades, el aumento de la movi- lidad y la disponibilidad de la energía eléc-

trica -que entra en el proceso industrial a partir de 1890- hacen entrever la posibilidad de una parcial indiferencia de las localizacio- nes productivas respecto de la centralidad, lo que comporta una separación espacial entre gestión y producción. Las mismas masas re- sidenciales, solicitadas por impulsos internos hacia nuevos consumos, o abrumadas por los intensos procesos de transformación funcio- nal, tienden a redistribuirse por arcos cada vez más vastos, conforme a un movimiento centrífugo: la población de los distritos exte- riores comienza a crecer con índices bastante superiores a los que corresponden a las áreas centrales, en las que ya hacia finales del xrx

se advierte en muchos casos una sensible dis- minución de población. A nivel territorial, la tasa de conjunto del crecimiento físico y hu- mano de las mayores áreas urbanizadas, cre- cimiento particularmente rápido en presencia de una base industrial o terciaria sólida, da lugar, en torno a 1880, a la aparición de re- giones metropolitanas en Gran Bretaña, en los Estados Unidos y en algunas áreas de

Alemania, Francia y Bélgica

La naturaleza

.. de la aglomeración física ya no resulta clara- mente verificable en términos formales y es- tructurales simples, y aparece fraccionada en numerosos subsistemas institucionales, mien- tras que el aparato productivo se revela com- plejo en sus ciclos, en sus estratificaciones históricas, en sus articulaciones espaciales y en sus fases temporales. La misma corres- pondencia entre entidad física y' ordenación político-ins titucional, si se mantiene firme e íntegra por debajo de un cierto nivel de la jerarquía urbana, entra en crisis en los siste- mas que proceden o vienen determinados por la organización del territorio.

Hasta que tiene lugar la manifestación de estas mutaciones, el control público sobre la ciudad ha podido ejercitarse de manera indi- recta mediante vinculaciones bastante limita- das impuestas al libre uso de la propiedad privada y a la libre iniciativa individual (en gran parte, a través de las normas de higiene y reglamentación de la edificación), habién- dose podido llevar a la práctica las transfor- maciones más importantes de los centros ur- banos en ejecución de planes de reestructura- ción y modernización ad hoc, de iniciativa pública o privada, aunque generalmente rea- lizados por el capital privado, excepción hecha de algunas instalaciones tecnológicas, algunos equipamientos colectivos o algún complejo monumental. Ahora, en cambio, la política de control indirecto se amplía y se hace más eficaz, las actuaciones públicas tie- nen que ir más allá de la simple praxis de un ciclo excepcional de grandes obras, o deben trascender de la mera ordenación estético- monumental de los lugares centrales de la

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ciudad, o de simples realizaciones aisladas y definidas. Se presenta, en suma, un marco de actuación más amplio para las administracio- nes públicas, que resulta necesario para no esterilizar, de hecho, los esfuerzos ya acome- tidos bajo la solicitación de la opinión pública reformista con vistas a corregir y mejorar las condiciones en que se desenvuelven los sec- tores más desequilibrados e incontrolados de la ciudad industrial. Pero la exigencia de un mayor control pú- blico es sentida también por la parte más avanzada del capital industrial. as necesida- des de la producción, del intercambio y del consumo, del reclutamiento de la fuerza de trabajo, plantean problemas de naturaleza que pocos años antes era inco,ncebible. Las econo- Lías externas de que había disfrutado la pro- ducción en el momento del primer despegue industrial, vinculadas a las estructuras geo- gráficas y urbanas ya existentes y a ventajas financieras coyunturales o circunstanciales, se encuentran ahora en un punto de inflexión de rendimiento, viéndose puestas en peligro por la mutación de las condiciones imperantes en la ciudad. A una distinta disponibilidad del territo- rio, que ha de realizarse, sobre todo, con nue- vas redes infraestructurales (pero con un nivel suficiente de coordinación con todos los as- pectos del uso del espacio), se pide, incluso en una perspectiva a corto plazo, la prepara- ción de las localizaciones alternativas necesa- rias para el reciclaje productivo, de forma que, conjuntamente, permitan una autofinan- ciación mediante el aprovechamiento de las áreas centrales, que ahora han adquirido ex- cepcionales valores de posición. El gran capi- tal, pues, puede apuntar ya hacia una estabi- lización del beneficio a largo plazo; y en tal sentido, más que continuar haciendo hincapié en la explotación miope de las estructuras existentes, con sus márgenes usurarios de eco- nomías externas, lo importante es evitar que las potencialidades productivas y de intercambio se vean frenadas por unas con- diciones demasiado deficientes o atrasadas , tanto en lo que respecta a la organización del

-

-

territorio y el mercado como a las impues- tas por la renta inmobiliaria bruta. Más en general, puede decirse que el capital más avanzado tiene que pasar de !la simple edifi- cabilidad de los terrenos a una renta que apunta hacia valores de posición. En suma, que si en sus primeras fases de desarrollo la empresa capitalista venía a concretar, sobre todo, la exigencia de romper el modelo ur- bano preexistente (para lo que resultaban adecuados los instrumentos de intervención directa, la misma falta de control y la impre- paración de los entes administrativos públi- cos), ahora el crecimiento anárquico de la ciudad crea el peligro de que se coloquen nuevamente en contradicción empresa y terri- torio: el interés del capital apunta en esta fase hacia instrumentos de recomposición del sis- tema urbano y territorial que garanticen, cara al futuro previsible, certidumbres y pro- gramas adecuados para conseguirlas. Y ésta es también la condición que se requiere para afrontar el desarrollo de las fuerzas obreras -consecuencia de la concentración del capital y del aumento de la conciencia de clase fren- te a la explotación- en una situación en que la reproducción de la fuerza de trabajo ya no puede fundarse en la satisfacción de un mínimo biológico, sino que requiere una am- pliación de los consumos en los sectores re- sidencial, educativo y de la previsión social. Se hacen precisas respuestas nuevas y más pertinentes a la demanda social, con vistas a atenuar los conflictos de clase y a potenciar el mismo rendimiento productivo. Por otra parte, las mismas innovaciones tec- nológicas que han transformado el ciclo pro- ductivo son transferibles también, al menos en parte, a la organización del territorio. En el momento en que se produce, a finales de siglo, la segunda revolución industrial, nacen también nuevas posibilidades de producción de formas espaciales, gracias a la aplicación de las nuevas tecnologías, de los transpor- tes, de la distribución de la energía eléctrica, de la posibilidad de almacenamiento y de con- servación de los productos. Concentración y dispersión, de este modo, se hacen posibles a

Historia del urbanismo. Siglo XX

niveles cuantitativos y cualitativos incompa- rablemente superiores a los del período pre- cedente, y las ca,denas de relaciones funcio- nales establecidas anteriormente pueden ser objeto de una total transformación.

Se trata de poner remedio a la crisis de los viejos sistemas de control espacial recurriendo a dos direcciones distintas y complementarias: , de un lado, modificando y potenciando la or- ganización administrativa del territorio; de otro, elaborando teorías, metodologías y téc- nicas específicas de formalización y construc- ción del espacio físico. Entre los límites temporales del período que estamos examinando se producen cambios sustanciales en las administraciones públicas de los Estados de mayor desarrollo capitalis- ta e industrial, en los que ya a finales de siglo penetra y se asienta en las viejas estruc- turas una burocracia destinada ahora formal- mente a los sectores de la planificación urba- na y territorial. Mediante formas que tienden a generalizarse, se apunta hacia la reorga- nización institucional del espacio metropoli- tano, a través de anexiones e incorporaciones en torno a los núcleos centrales donde es débil la consistencia político-administrativa . de las unidades menores, o bien a través de consorcios y asociaciones, allí donde existen unas tradiciones más consolidadas de autono- mía: ,a tales formas de fusión o de coordina- ción sigue de cerca la reestructuración de los aparatos técnico-organizativos tradicionales. En un cuadro general que presencia el fe- nómeno de una convergencia centrípeta sobre el Estado de sectores anteriormente antagó- nicos respecto de la tutela y la orientación estatales, se afirma por vez primera en mu- chos países la exigencia de intervenciones e iniciativas centrales, sustraídas a la autonomía local y atribuidas a instituciones de compe- tencia territorial, conforme a una determinada jerarquía de poderes. El raising de estos sec- tores organizativos al nivel del gobierno cen- tral guarda relación con la necesidad de con- seguir una gestión más homogénea del te- rritorio, a los fines de lograr una mejor

distribución de conjunto de las inversiones y una mayor eficacia del intercambio a escala metropolitana y regional. Queda atribuida a los órganos locales -según modalidades de

control indirecto o a través de la intervención

  • directa- la gestión de políticas espaciales de

incidencia decisiva sobre el territorio (zoning, planes reguladores, políticas de creación de infraestructuras, políticas asistenciales y rela- cionadas con la educación, transportes urba- nos), donde encuentran un amplio margen de operabilidad los intereses de la renta inmobi- liaria, la acumulación de plusvalor, la repro- ducción controlada de las relaciones de pro- ducción y la defensa de particularismos socia- les de clase y de status. En las ciudades se modifica la organización de los servicios gestionados por los particu- lares o entidades privadas: las compañías que hasta entonces han venido prestando en for- ma competitiva estos mismos servicios (sumi- nistro de agua, luz, gas, servicios contra in- cendios, transportes locales de diverso tipo) comienzan ahora a fusionarse, en los dos últi- mos decenios del siglo XIX, para eliminar el riesgo que suponen unas inversiones cada vez más costosas, como consecuencia de la com- plejidad creciente de los dispositivos tecnoló- gicos a emplear y ante la exigencia, ya adver- tida, de conseguir una racionalización de la gestión. Tales formas de monopolio van se- guidas por una progresiva tendencia a la municipalización de los servicios, favorecida

incluso por las propias compañías a causa de la gradual reducción de los beneficios que tiene lugar como consecuencia de los contro- les cada vez más estrictos impuestos por los poderes públicos respecto del nivel de remu- neración de las prestaciones, así como por las administraciones locales y las corrientes pro- gresistas que tienden a superar la óptica del beneficio, estrecha y espacialmente selectiva, de las empresas privadas. En su forma más corriente, la municipalización tiene lugar me- diante la concesión de competencias y atribu- ciones sectoriales a entidades constituidas al efecto, que se organizan con presupuestos y aparatos técnicos de carácter vertical.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

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Apenas si hace falta recordar aquí que la ampliación de la intervención del Estado y del poder público -y la consiguiente genera- lización de la municipalización de los servi- cios básicos- no tiene nada que ver con una intervención en las relaciones de producción, ni afecta sustancialmente a los mecanismos que determinan y refuerzan las desigualdades sociales. La misma municipalización de los servicios -que, en principo, se presenta como una sustracción a la ley del mercado de algu- nos elementos organizativos y de funciona- miento de la ciudad- viene condicionada por el sistema general y, de hecho, sirve de ins- trumento funcional para la reorganización de éste: efectivamente, por un lado, las adminis- traciones y los entes públicos se ven obliga- dos a encontrar en el ámbito del mercado libre del suelo las áreas indispensables para la prestación de los servicios públicos de los que se han convertido en productores institu- cionales (escuelas, viviendas populares, equi- pamientos), y de otro lado, las intervenciones efectuadas, puntuales o «en red», se constitu- yen en potente factor de revalorización de la misma propiedad inmobiliaria.

El mismo urbanismo como disciplina autó- noma -Stadtebau, City planning, uvbanis- me-, como inventario de instrumentos em- pírico-científicos destinados a proporcionar una síntesis propositivo-operativa de la evo- lución y transformación de la ciudad, nace también de las duras contradicciones que ofre- ce la realidad urbana y social, a través de la formación de un cuerpo de «operadores» es- pecializados, de variada extracción cultural, empeñados en el frente técnico-político, a nivel de las administraciones públicas, en el seno de grupos promocionales y reformistas, en la práctica privada, y más tarde, en las instituciones profesionales y en las universi- dades. Son diversas, de unos a otros países oc- cidentales e incluso en el interior de cada uno de ellos, las líneas de enfoque metodológico de la nueva disciplina que arranca de aquellos campos sectoriales de intervención que han

constituido hasta entonces un terreno de pri- mera aproximación en el curso del XIX para los sondeos de algunas políticas de neutrali- zación de los efectos socialmente detestables de la ciudad industrial (desde el movimiento en favor de los parques urbanos hasta el mo- vimiento en pro del housing, es decir, de la vivienda popular; desde ,el perfeccionamiento de las reglamentaciones higiénico-sani tarias hasta las teorías historicistas de la estética urbana; desde la maduración de las técnicas de elaboración de los planes de ensanche hasta la formulación de diagramas y esque- mas sintéticos; desde la economía urbana hasta la generalización de los instrumentos legislativos). Y es natural, por tanto, que las propuestas que brotan del debate planteado

en los

años situados a caballo de los dos si-

glos -en el momento, también, en el que las disciplinas relacionadas con el medio urbano se mueven en búsqueda de una credibilidad científica, es decir, en favor de la posibilidad de reducir el cuadro problemático a términos simples, en pro de la linealidad de las solu- ciones y de la constancia de los resultados

  • factibles- resulten, como hemos de ver, bas-

tante desiguales, en escala, objetivos y cali- dad: desde la codificación, puramente de «manual» libresco, de los elementos de la ciu- dad, al análisis histórico que instrumental- mente tiende a poner de relieve la aptitud o la adaptabilidad de los modelos del pasado respecto de funciones que ya han experimen- tado una transformación, en una combinación

del «diseño» y de las formas académicas con las nuevas tecnologías ; desde propuestas de nuevos ingenios o instrumentos tecnológicos aptos para renovar interiormente la ciudad decimonónica, a la individualización de for- mas de crecimiento y de articulación estruc- tural para organismos externos e indepen- dientes de los centros tradicionales; desde modelos interpretativos, a modelos positivos de racionalización funcional; desde las técni- cas de control del uso del suelo, hasta una filosofía gerieral de la planificación. Precisamente por su heterogeneidad, este material puede ser clasificado y ordenado de

Historia del uubanismo. Siglo XX

modos muy diversos, como ocurre en las nu- merosas historias que de la ciudad y el urba- nismo se han escrito; nuestra exposición es- tará dirigida prevalentemente hacia el examen de las áreas culturales nacionales, por más que no se descuiden tampoco las posibles vin- culaciones comunes que, particularmente en este período, se refuerzan y se estabilizan. Puede observarse, en cualquier caso, cómo al- gunas de estas propuestas no aparecen inte- resadas en modo alguno en modificar los tér- minos de la praxis corriente, sino más bien en potenciarla e incluso institucionalizarla; otras, en cambio, como pueden ser las de Arturo Soria y Mata, las de Ebenezer Howard y las de Tony Garnier, tienden a someter a discusión las modalidades -en conjunto- de formación de la ciudad, asentándose, de este modo, sobre un terreno capaz de dar lugar a ulteriores desarrollos y avances. En el primer grupo entran aquellas metodo- logía~ que se aplican a la formulación del plan urbano de crecimiento-transformación de la ciudad. En la práctica seguida en la situa- ción preindustrial y protoindustrial, eran so- bre .todo las actuaciones e intervenciones diri- gidas a cualificar y a orientar, como resultado concreto, el uso y la gestión del espacio; ahora se trata de dar a todo esto una regla general, criterios de previsión, equilibrios es- paciales preconstituidos, en los que se aven- gan y concierten las exigencias del sistema económico en todo su conjunto (y, en función de ello, también de las clases subalternas) con los intereses directos y específicos de los «operadores» sobre el suelo. Se abre camino la idea de que el ambiente puede ser contro- lado con un plan completo en su estructura y en todos y cada uno de sus detalles, a tra- vés de una realización más o menos diluida en el tiempo, pero de cualquier forma coor- dinada, mediante el control de la dimensión de la población. El plan, por tanto, asumirá, como dato objetivo, el modelo existente de estratificación de las funciones económicas y el planteamiento estructural correlativo, en la consabida combinación ortogonal-radial (la condición de «ortogonal» como forma parti-

cularmente funcional respecto al aprovecha- miento del suelo, y la radialidad que subraya el carácter centrípeto del mercado inmobilia- rio y la concentración de las funciones privi- legiadas) ; es decir, que el plan no podrá ago- tarse en la indicación de una hipotética e in- controlada forma de ciudad, o de un simple marco o esquema de parcelación, sino que deberá entrar en el fondo de los aspectos de relación de los diversos sectores organizativos, ahora institucionalizados. El plan es el caña- mazo, el esquema básico de una configura- ción de volúmenes y de espacios, pero tam- bién, y sobre todo, de una teórica eficiencia de los medios capaces de asegurar el funcio- namiento de una ciudad. Y éstos ya no lo son solamente las calles (el servicio público más antiguo, contrapuesto, aunque solidario, a la parte privatizada de la ciuda,d), sino que ahora comprenden también la red de abaste- cimiento de aguas (desde la fuente de capta- ción hasta el mismo usuario, con las necesarias conexiones intermedias), el sistema de alcan- tarillado y eliminación de aguas residuales (desde el usuario hasta su dispersión), las re- des de suministro de energía y los sistemas de comunicación (los transportes públicos, los ferrocarriles, etc.) . Del segundo grupo forman parte aquellas formulaciones que parten de la crítica de al- gunos de los elementos básicos de la práctica corriente, para contraponerles una explícita alternativa, en clave metodológica o en clave espacial, rechazando la lógica, que continua- mente se reproduce a sí misma, de la acumu- lación inducida por la renta inmobiliaria. Son propuestas expresadas inevitablemente a tra- vés de «modelos>> globales, congruentes y óptimos, de organización urbana y de ocupa- ción del territorio, que presuponen una ver- dadera revisión, más que una simple adecua- ción, del cuadro institucional vigente. Por otra parte, si bien las orientaciones y los objetivos son diversos, es común, en cam- bio, el sustrato ideológico de estas elabora- ciones. En la recomposición y en el proyecto del orden espacial termina por surgir la ima- gen de una ciudad en la que los desequilibrios

,

La formación del urbanismo entre los siglos XZX y XX

13

inducidos por el sistema económico resultan

contrastados y atenuados en virtud de una determinada organización racional del espa- cio, en el momento mismo en que se aceptan todos los presupuestos estructurales sobre los que se funda el sistema de las relaciones so-

ciales. Puede repetirse

aquí

que

la

idea

de

resolver mediante la planificación urbana las contradicciones de clase aparece, de hecho, unida a la ideología urbanística desde los ini- cios mismos de la disciplina; y que ésta entra en juego como protagonista institucional del desarrollo, en pro de la reorganización pro- ductiva de la ciudad y del territorio, en el momento en que tiende a alterarse el equili- brio de las relaciones económicas. El plan, o el «modelo» alternativo, inter- vienen para estabilizar una serie de «funcio- nes», para codificar precisamente los des so- ciales (la residencia para las distintas clases, la producción, la mejora bio-psico-física, etc.); y sucede, puesto que la división social del tra- bajo es indispensable para la producción y el mercado, que las partes así definidas se hacen solidarias por efecto de las grandes infraes- tructuras de enlace de los transportes y del fenómeno simbólicamente dominante de la movilidad. E incluso puede decirse que las varias «ciudades ideales» implícitas en las di- versas posiciones culturales expresadas no se realizan en modo alguno en cuanto tales. Pero si la incidencia de las teorías y de los instru- mentos es mínima, resulta, en cambio, muy cualificada, y cada vez, paulatinamente, codi- ficada con mayor precisión, la relación esta- blecida entre los operadores que actúan dentro del sistema. En conjunto, se llega a elaborar una serie de prácticas de gestión que, plantea- das desde el punto de vista del interés «co- lectivo», están llamadas a resolver los con- flictos entre los diversos agentes individuales del desarrollo y coordinan las actuaciones pú- blicas y las privadas, dan certeza al mercado de la edificación y sirven, en suma, para co- rregir los desequilibrios y las disfunciones del sistema vigente. En las páginas que siguen examinaremos las contribuciones teóricas elaboradas en los

países occidentales más importantes, en un intento de definición de los aspectos operati- vos del urbanismo, junto a algunas realiza- ciones significativas planteadas, iniciadas o completadas en los años anteriores a 1915. Este bagaje técnico-disciplinar, sin embargo, tan sólo en parte puede explicar la revolución cultural acaecida en la primera posguerra (si bien continuará orientando en gran medida los concretos desarrollos experimentados por la urbanización), revolución que tiene sus raí- ces también en la renovación de la práctica de la arquitectura, en el debate sobre las artes aplicadas y en la producción de las van- guardias figurativas, fenómenos que tienen lugar en los mismos años. Razón por la cual se hace también necesaria una rápida síntesis de estos hechos, que recogeremos en la parte final de este Capítulo.

  • 2. La formación del urbanismo, como disci- plina autónoma, entre finales del XIX y la primera guerra mundial

En el Reino Unido, donde los efectos de la revolución industrial se han dejado sentir con notoria anticipación respecto de las demás na- ciones capitalistas en vías de desarrollo, los

movimientos reformistas comienzan a actuar en el curso del siglo XIX desde los años trein- ta, siguiendo algunas líneas operativas que ya hemos tratado de analizar en otros volú- menes de esta obra: desde el movimiento en

favor de los parques urbanos

(Public Walks

Mouement) ' hasta los progresos de la inge- niería y de la legislación sanitaria (iniciados

por obra de Chadwick y perfeccionados por una serie de sucesivas Acts parlamentarias) 2, pasando por la reforma de la vivienda (que

' Cfr. Paolo Sica: Historia

del urbanismo. El Si-

glo XIX, vol.

Cfr. Ibid.,

l.", Madrid, 1981, págs. 80-85. vol. 2.", Madrid, 1981, págs. 1147-49.

'

Historia del urbanismo. Siglo XX

desciende de los stands de las Grandes Expo- siciones para plasmarse en las industrial villa-

ges

y llegar hasta

la realización de las pri-

meras

barriadas

de iniciativa

pública cons-

truidas en el área londinense) 4. Es dentro de

la experiencia madurada en estos campos don- de se precisan en Inglaterra los primeros lo- gros específicos de la disciplina urbanística -en los organismos sanitarios de condado, en otros entes públicos, en las sociedades cooperativas, en la actuación del capital pri- vado más avanzado- y donde se experimen- tan las primeras formas de control del cre- cimiento- de la ciudad industrial (ordenanzas de la edificación, nivel de calidad edificativo- urbanístico, ordenaciones morfológicas) .

Hacia el último decenio del siglo, siguien- do el camino marcado por las primeras urba- nizaciones suburbanas nacidas de la iniciativa de la clase medioburguesa, las temáticas airea- das por los críticos victorianos de la metró- poli industrial y por los reformistas social- radicales se mueven en torno a la hipótesis de los garden suburbs, a realizar conforme a principios cooperativistas, a base del empleo de capitales con modesta tasa de beneficios

y aprovechando la nueva movilidad que ofre- cen los transportes rápidos capaces de prestar servicio a un vasto arco de la periferia urba- na. Precisamente en este contexto nace en Inglaterra una idea simple y sugestiva que -en el marco de .un panorama bastante rico de enunciados teóricos, propuestas y realiza-

  • ciones- aparece destinada a predominar am-

pliamente a lo largo de los tres primeros de- cenios del nuevo siglo, tanto en Europa como en los Estados Unidos: la ciudad-jardín. Po- cas veces como en esta ocasión, en la historia de las ideas sobre la ciudad, resultan las es- peranzas y las tendencias del «público» tan felizmente acordes con las sensaciones trans- mitidas por los aspectos más llamativos de una propuesta. Pocas veces un programa-pro-

Cfr. Ibid.,

vol. 2.", págs. 909-919.

Cfr. Ibid., vol. le0, págs.

118-21, y vol. 2.",

ginas 1153 y

sigs.

pá-

yecto ha conseguido resumir (aunque sea, bien visto, con una simplificación un tanto

tosca) los elementos más significativos, aun- que también bastante contrastados entre sí, de una tradición cultural de varios decenios de vida, hasta el punto de generar en pocos años un fuerte movimiento de opinión. El autor de la propuesta de la ciudad-jardín, Ebenezer Howard, había nacido en Londres

en 1850. A la edad de poco

más de veinte

años se traslada a los Estados Unidos, donde con algunos amigos intenta poner en marcha una empresa agrícola, empleándose después como cronista en la ciudad de Chicago. A partir de 1879, tras su retorno a Inglaterra, mientras trabaja en la profesión periodística, se mueve dentro de la órbita de las corrientes socialistas moderadas, conoce a los esposos Webb y a G. B. Shaw, entrando en contacto con problemas y experiencias que le servirán de inspiración y documentación de sus ideas.

En 1898 Howard publica una obra titula-

da Tomorrow: A Peaceful Path to Real Re-

form s, llamada a convertirse en el mayor condensador ideológico del debate sobre la ciudad durante, al menos, tres decenios. To- morrow es un volumen bastante modesto, ilustrado con pocos gráficos en forma de ideo- gramas que sirven para apoyar eficazmente las argumentaciones contenidas en el texto, constituido por una larga demostración plena de fervor idealista, pero al propio tiempo llena también de buen ,sentido, moderación y meticulosa perspicacia. Por identidad de tem-

peramento, Howard se expresa con un len- guaje y unas argumentaciones realmente cau- tivadores para el middle class man: la mayor parte del libro está dedicada a ilustrar el pre- supuesto financiero preventivo de la nueva ciudad, con las tonalidades propias de una

Londres, 1898; reimpresa cuatro años después

con el nuevo título de Garden Cities of Tomorrow.

La primera traducción italiana de la obra

es

la

pu.

blicada con el título de L'idea della citti giardino,

Bolonia, 1962 (precedida de un ensayo original de

P.

L.

Giordani),

seguida

de

una

reimpresión de

1972, con el nuevo

título

de La citti giardino del

futuro.

 

La formacidn del urbanismo entre los siglos XZX y XX

15

responsable lección de economía doméstica. Las consideraciones de partida de Howard

arrancan de la observación directa de la rea- lidad inglesa, con un razonamiento elemental, ilustrado luego sintéticamente en el conocido diagrama de los tres imanes. Dos fuerzas do- minantes -observa Howard- han dirigido hasta ahora las tendencias del asentamiento de la población inglesa: de un lado la ciudad, donde la oferta de trabajo, la facilidad de los intercambios y la presencia de tecnologías avanzadas van acompañadas por el alto nivel de los alquileres, la falta de condiciones hi- giénicas adecuadas, la degradación de muchos barrios residenciales y la contaminación del aire que se respira; de otro lado el campo, donde los recursos ambientales quedan sin utilizar por efecto de la deficiencia o caren- cia total de equipamientos, de la pobreza de la vida asociada y del bajo nivel de los sala- rios consecuencia de una insuficiente deman- da de trabajo. Para desbloquear esta situa- ción de contraste es preciso encontrar una ter- cera alternativa, dotada de un poder de atrac- ción superior al desarrollado por las dos ten- dencias actuantes, y ello tan sólo es posible a condición de que esta tercera vía sea capaz de capitalizar los aspectos positivos de la ciu- dad y del campo, eliminando, en cambio, los aspectos negativos de una y otro.

Esta tercera vía existe -afirma

Howard-,

y consiste en la construcción de asentamien- tos planificados conforme a un modelo de «ciudad-jardín», que comprenda precisamente todas las ventajas de la ciudad y del campo y que aparezca depurado de todos sus incon- venientes (fig. 1): una ciudad, según la de-

«Pero en realidad, no existen solamente dos al-

ternativas, como siempre se supone -vida

urbana

 

y vida rural-, sino que hay todavía una tercera,

en

la cual coinciden

en

una

perfecta

combinación

todas las ventajas

de la vida ciudadana más exube-

rante

y

activa y

todos los encantos

y bellezas

del

campo; y la certeza de poder vivir esta vida cons-

tituye e1 imán

que dará lugar

a los resultados por

los que todos nosotros estamos luchando: el espon-

táneo

movimiento

de

la

población

desde nuestras

superpobladas ciudades hacia el corazón mismo de nuestra buena madre tierra, fuente, a la vez, de vida,

finición sintética que hubo de usar el propio Howard, «proyectada para una residencia y una industria sana; [que] tiene una dimen- sión que hace po,sible un nivel pleno de vida

social, pero

que excede del mismo;

[que]

está circundada por un cinturón agrícola; y [en la cual] el total de los terrenos es de propiedad pública o de propiedad indivisa de la propia comunidad». Pero para afirmarse concretamente, para convertirse en un mo-

delo urbano realmente alternativo respecto de la metrópoli concentrada, la ciudad-jardín debe demostrar que puede ser, no solamente una inversión provechosa en el plano social, sino también un producto financieramente factible y económicamente competitivo res- pecto de-los modos corrientes de producción de la ciudad. Para conseguir estos objetivos, la ciudad- jardín debe, en primer lugar, quedar exenta de la hipoteca que suponen los altos valores del suelo propios de las aglomeraciones urba- nas; es decir, ha de construirse sobre terrenos adquiridos a precios agrícolas, con autonomía de las ciudades existentes y fuera de la coro- na espacial afectada por la renta de posición. En segundo lugar, es preciso controlar la for- mación de los beneficios inmobiliarios surgi- dos con el transcurso del tiempo como consecuencia de la propia construcción de la ciudad y, puesto que el aumento del valor del suelo en relación con su urbanización es un hecho inevitable, es necesario que tal plusvalor, derivado en realidad del trabajo de la comunidad-jardín en su conjunto, no resulte privatizado, sino que vaya a acrecer el patrimonio de la propia comunidad 7. Es

felicidad, riqueza y poder.» E. Howard: La citt2

giardino

del

futuro, cit., pág.

5.

' «Si, como es visto, la presencia de una población numerosa confiere al suelo un fuerte valor adicional, ciertamente que toda migración de población, a es- cala apreciable, hacia un área determinada, deter-

minará un aumento proporcional del valor del te- rreno ocupado, siendo obvio que este incremento de valor, con un poco de previsión y precaución, puede lograrse que pase a ser propiedad de la misma pobla- ción inmigrante.» Ibid., pág. 20.

Historia del tirbanismo. Siglo XX

TAE

, THREE MAGNEiS.

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ILLUSTRATING CORRECT PRINCIRE Of A CITY'S CROWTH - OPEN COUNTW

!VER

NEAR AT

HAND. AND RABO

Figs. 1-5.

Los imanes

de Howard;

la ciudad-jardín en la franja

agrícola y

el diagrama

de

un

sector plani-

métrico del asentamiento urbano;

la ciudad-jardín y la ciudad central,

y

el diagrama de las ciudades

satélites

de Londres.

,

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

17

decir, que hay que garantizar el control pú-

blico del suelo, actuando de modo que éste siga quedando en manos de la comunidad (la Sociedad para la ciudad-jardín), con ce- sión a los particulares, tan sólo, del derecho de superficie por un número determinado de

años, a utilizar

en base

a

un

plan

preciso

fijado para el asentamiento y previo el abo- no, como contrapartida, de un canon de arrendamiento. Los ingresos de la adminis- tración de la ciudad-jardín, que derivan ex- clusivamente del percibo de las cuotas asig- nadas a los cesionarios de los derechos de superficie, quedan destinados al pago de los intereses asignados a las acciones de la socie- dad, a la constitución de un fondo de amor- tización para los acreedores, a financiar la ejecución y gestión de las obras públicas y, en fin, a sufragar la asistencia social, las me- didas de previsión por desgracias, etc.

El prototipo cuantitativo pensado por Ho-

ward

se alza sobre una extensión de 6.000

acres, de los cuales 5.000 se destinan a cons- tituir una franja agrícola externa con un asentamiento de 2.000 habitantes, y 1.000 al núcleo urbano residencial y a las actividades industriales y artesanales, con un asenta- miento de 32.000 personas y una demidad de 60 habitantes por hectárea. El modelo así configurado ha de considerarse como un prototipo medio equilibrado, no superable ,en sí, pero repetible hasta el infinito (es de- cir, la posible ampliación se realiza por nú- cleos autónomos sucesivos). Howard consi- dera que justamente esta dimensión es la que eleva al máximo las ventajas sociales y la que constituye un empeño financiera y em- presarialmente realista, y sobre esta base de- muestra que los trabajos y obras pueden incluso proceder por sectores de forma equi- librada en el tiempo, haciendo hincapié en una estrecha comparación con las condicio- nes corrientes del mercado del suelo, de los alquileres, de los costes de distribución de la producción hasta el consumidor, para de- ducir de aquí la competitividad de la pro- ducción agrícola e industrial del modelo y

la conveniencia del asentamiento residencial planeado. Para reforzar y va4orizar su propuesta, Howard la ilustra con un diagrama orienta- tivo (que ha de adaptarse, como él mismo se apresura a repetir más de una vez, a las circunstancias geográficas del caso concreto). Se trata de un modelo circular-radial de or- ganización de los 1.000 acres «urbanos» que abarcan un perímetro de cerca de 1.200 me- tros de radio: seis boulevard de 36 metros de anchura atraviesan la ciudad dividiéndola en sectores iguales; en el centro se sitúa un parque de cinco acres y medio de extensión, circundado por los principales edificios públi- cos; en torno a éstos se desarrolla una coro- na circular de 58 hectáreas de zona verde y destinada también a instalaciones deportivas, rodeada por una galería acristalada (el <#a- lacio de Cristal») que en parte funciona como equipamiento comercial y en parte constituye una exposición permanente de los productos de la ciudad. La corona sucesiva, siempre procediendo hacia el exterior, apa- rece ocupada por casas unifamiliares, estan- do atravesada por el centro por la Grand Avenue circular de casi 130 metros de an- chura, constituyendo propiamente una calle- parque, en cuyo margen interior se cuenta con seis espacios especiales destinados a las escuelas públicas y con algunas áreas asigna- das a los edificios para el culto. Las vivien- das que dan a la Grand Avenue constituyen una sucesión continua de crescents; la totali- dad del área residencial comprende 5.500 lo- tes edificables de una superficie media de 6 X 40 metros. En fin, en el anillo más ex- terior del diagrama aparece dispuesta una franja industrial poco profunda, dotada de suministro de energía eléctrica y enlazada mediante ramales adecuados a la línea férrea principal. Más allá de las áreas industriales se asientan las actividades productivas agrí- colas, en un vasto greenbelt exterior. Otro diagrama aclara el nivel superior de la orga- nización territorial mostrando seis núcleos reagrupados en torno a una «ciudad central» con una cifra de población de 58.000 habi-

Historia del urbanismo. Siglo XX

tantes, en la que se concentran algunos ser- vicios especializados ( figs . 2-5). Dado que, en realidad, Howard se mues- tra bastante más interesado en la estructura de la empresa que debe realizar y gestionar la ciudad que en los resultados formales del proyecto, el mismo análisis de su diagrama sirve para confirmar los caracteres típicos de su búsqueda empírica y su excepcional intuición de publicista. El diagrama está des- tinado, en parte, a persuadir a sus interlo- cutores con las imágenes más sugestivas que puede ofrecer una experiencia consolidada de la ciudad burguesa (el Crystal Palace, la Grand Avenue con sus crescents), mientras que, también en parte, puede ser interpreta- do en función de alusiones simbólicas (sobre todo, entiendo yo, la solución del centro, punto de máxima concentración de los valo- res inmobiliarios en la ciudad real, y aquí li- berado al transformarse en un parque vacío). Así, Carlo Doglio, en un agudo ensayo pu-

blicado

en

1953 ', resume los puntos más

característicos que dan cuerpo a la idea ur- banística de Howard, citando los siguientes:

inmigración planificada, Iími te a la dimen- sión de la ciudad, amenidad de los lugares, relación entre ciudad y campo, control por medio del plan, división en barrios, propie- dad unificada de los terrenos, empresas mu- nicipales y cooperativas. Y si bien la pro- puesta puede encuadrarse, sobre todo, en el marco de la difusa sensación de alarma y preocupación de la sociedad victoriana tardía por la ingobernabilidad creciente de Ia ciu- dad industrial, no es menos cierto que re- sulta indispensable investigar las fuentes del modelo para esclarecer por completo su sig- nificado (y el mismo Howard no deja de señalar esas fuentes con precisión puntual, convencido de que ello ha de contribuir a demostrar en la ciudad~jardín la conclusión natural de una precisa línea del pensamiento

C. Doglio: L'equiuoco della cittd giavdino, Ná-

poles, 1953 (nueva edición, Florencia, 1974). Am- plios extractos, también, en la revista «Urbanística», 13, 1953.

reformista anglosajón) '. En particular, Ho-

ward reconoce su deuda respecto de Henry George y los temas debatidos por el refor- mismo inglés (la nacionalización del suelo urbano, la lucha contra la propiedad inmo- biliaria), respecto de J. Buckingham (por lo que se refiere a las exigencias de equilibrio entre trabajo agrícola y trabajo industrial), respecto de Wakefield (por las teorías sobre la colonización sistemática) y respecto de A. Marshall (por la idea de una migración for- zada desde Londres hacia el exterior). El es- tímulo a la síntesis propositiva de un nuevo tipo de organización urbana, social y produc-

tiva

viene dado, en cambio, por la obra de

Bellamy Looking Backward (de 1889), que, aunque inspirada en una visión del futuro que ciertamente no es compatible con la de Howard, desarrolla sin embargo algunas pro- puestas de base -la presencia benéfica del progreso tecnológico, el igualitarismo, la di- fusión generalizada de las calidades ambien- tales de la ciudad- ciertamente sugestivas para la ética de la ciudad-jardín. A tales ele- mentos podemos añadir otros, referibles a la formación cultural de Howard: el conoci- miento de la escena norteamericana, las ten- dencias en marcha en favor de la huida suburbana, los movimientos en pro del re-

forzamiento del papel atribuido a los pode-

res públicos. E incluso el recuerdo

del Mo-

,

rris de News from Nowhere («en otros lu- gares la ciudad invade el campo, aquí el

campo debe invadir la ciudad»), no menos que el tema de la fusión campo-ciudad, que Howard consigue presentar casi como una figura dialéctica. En fin, tampoco son nue-

vas en la escena inglesa las propuestas

de

«.

..

quisiera hacer ver cómo este esquema [

..

.]

ha de imponerse especialmente a la atención del público por cuanto combina los aspectos más sobre- salientes de otros esquemas análogos, propuestos en diversos períodos, y los combina de tal modo que permite asegurar los mejores resultados de cada uno de ellos, eliminando los peligros y las dificultades que en aquéllos -a veces, incluso en el pensamiento de sus autores- podían advertirse distinta y clara- mente». E. Howard, op. cit., pág. 92.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

19

asentamientos descentrados para desconges- tionar la metrópoli lo, mientras que la idea de la gemación defendida por un cinturón exento de edificación le viene sugerida a Ho-

ward -lo que él, una vez más admite ex-

  • plicitamente- por el plan elaborado para la

ciudad de Adelaida, en Australia.

De todos estos precedentes, y de la ten- sión ideal que proviene de los reformadores del socialismo precientífico de Owen y de Fourier, Howard elimina los aspectos políti- cos más radicales. Mientras se alinea junto

a los utopistas al considerar que

«la. fuerza

del ejemplo» es la carta que ha de dar el

triunfo a sus propuestas de reforma, da por descontado un sistema social fundado en la libre iniciativa y en el beneficio, concentran- do sus esfuerzos sobre la corrección de los defectos que el desarrollo capitalista ha ge- nerado por inducción en la organización es- pacial. El colectivismo queda abolido, como la dirección pública de la producción agrí- cola. En cambio, captada la preferencia bur- guesa por la residencia unifamiliar, Howard sistematiza sus principios de realización y consigue indicar de manera convincente una

forma de producción

urbana sustraída a la

hipoteca que supone el precio del suelo y referida al coste efectivo de ejecución y de gestión, sugiriendo al propio tiempo la idea de una comunidad espacial equilibrada y «distinta» de la ciudad existente. Para dar fuerza al movimiento, Howard no piensa en iniciativas ,desde el vértice, desde arriba, sino que revaloriza el papel de la opinión pública, papel concebido prevalentemente como libertad de asociación individual y

como capacidad de ((iniciativa privada de los usuarios». Para las clases medias burguesas, el gran atractivo del sistema de Howard está justa-

'O En 1845 un tal Moffat, arquitecto londinense, había propuesto el asentamiento de 350.000 perso- nas en poblados extensivos establecidos dentro de un radio de diez millas del centro de Londres. La no- ticia la recoge A. W. Brunt: Experiments Sixty Years Ago, en «The Garden City», New Series, vo- lumen 1, pág. 131.

mente en la reducción al nivel más elemen- tal de la ideología de algunas de las ideas- guía del reformismo socialista: la fusión entre ciudad y campo, el equilibrio entre la producción agrícola y la producción indus-

trial, la salud del cuerpo junto al trabajo intelectual, la cooperación comunitaria com- pensada por la privacy de la casa unifamiliar. Muchas de estas sensaciones y sentimientos se transmiten intuitivamente a través del nombre mismo de «ciudad-jardín», y entre el gran público -aunque también entre los propios arquitectos- estas ideas resultan asumidas con desfiguración de su propia co- herencia interna, en síntesis (bien entendido, dentro de los límites que hemos descrito). La parte que resulta más sugestiva para los operadores públicos y privados y para el pú- blico no es tanto el criterio general que ins- pira a Howard, como la morfología y la tipo- logía específica del asentamiento (la casa ais- lada y su composición en un tejido más libre y diverso), es decir, un modo de vida, gene- ralizable con independencia del esquema teó- rico, de la lógica del balance económico- financiero y del mismo presupuesto básico de la eliminación de la renta inmobiliaria 'l.

El éxito del mensaje de Howard es inme- diato, tanto en el Reino Unido como en el resto de Europa y en Norteamérica. Tomo- rrow se traduce ya al francés en 1902, mien- tras que en otros países numerosos opúscu- los y otras publicaciones divulgativas dan a conocer el pensamiento del autor, aunque

" Entre la amplísima bibliografía existente sobre el pensamiento y la obra de Howard y sobre la evolución del movimiento en favor de la ciudad- jardín, señalemos: R. Sennet: Garden Cities in Theo- ry and Practice, Londres, 1909; D. McFadyen: Sir Ebenezer Howard and the Tow Planning Movement, Manchester, 1933; F. J. Osborn: Green-belt Cities, Londres, 1946; C. B. Purdom: The Building of Sa- tellite Towns, Londres, 1949; D. AndrielIo: Ho- ward o dell'utopía, Nápoles, 1964; W. Ashworth:

The Genesis of Modern British Town Planning, Londres, 1965; W. L. Creese: The Search for En- vironment: The Garden City Before and After, New Haven-Londres, 1966.

Historia del tlrbanismo. Siglo XX

Figs. 6-8.

B. Parker

y

R. Unwin:

planta

general

de Letchworth, planimetría de un sector residencial

(Bird's Hill) y

del área central.

 

La formación del urbanismo entre los siglos XZI

.

Figs.

9

y

10.

Vista

del

centro

de

Letchworth

y

vista general de la ciudad y del territorio circundante.

Historia del urbanismo. Siglo XX

a menudo de manera bastante imperfecta. En los años sucesivos se forman asociaciones nacionales para la propaganda del movimien- to de la ciudad-jardín en Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, España, Polonia, Checos- lovaquia y Rusia. Incluso en los Estados Unidos nace en 1906 una Garden City As- -sociation of America. En Inglaterra, donde desde 1899 se ha constituido una Garden City Association que bien pronto supera el millar de adheridos, Howard se dispone rápidamente a acometer la primera iniciativa concreta: en 1902 funda la Garden City Pioneer Company con un ca- pital de 20.000 libras esterlinas, y procede a la adquisición de una finca de 3.818 acres en Hertfordshire, a unas 34 millas de Lon- dres, sobre la Great Northern Railway. En este punto la Garden City Pioneer Company se transforma en la First Garden City Ltd., que se registra con un capital de 300.000 libras esterlinas. La sociedad, a causa de la insuficiente venta de obligaciones, se ve for- zada a hipotecar provisionalmente una parte de sus terrenos y a demorar el pago de divi- dendos. Pero a pesar de las dificultades, y gracias a tales arreglos económicofinancie- ros, pueden iniciarse las obras de urba- nización. Los 3.800 acres del territorio de Letch- worth (este ,será el nombre de la primera garden-city) se dividen en dos sectores, el área urbana, de 1.200 acres, y el cinturón agrícola, de 2.600 acres: son dimensiones, como puede observarse, más limitadas que las indicadas en el programa teórico, al que se aproxima en cambio el número de los habitantes, fijado en 30.000 personas, sobre la base de una densidad de edificación de 12 casas por acre. El plan del asentamiento, debido a los arquitectos Raymond Unwin y Barry Parker (figs. 6-8) también difiere bas- tante del esquema descrito por Howard: es ésta una circunstancia que, como ya se ha dicho, el mismo Howard ha prevkto, pero que aquí parece traducirse en un empobre- cimiento de las solucion&. Faltan los ele- mentos tipológicos cualificantes del centro,

y la planta radial, con el Broadway apuntado hacia la estación, tampoco consigue enuclear la cualidad urbana ni reflejar los acentos co- rales de la comunidad ,imaginada por Ho- ward; el ferrocarril atraviesa la ciudad cor- tándola en dos partes, y la industria se concentra en ambos lados de la línea férrea, en las zonas orientales. Bastante más estu- diadas resultan las ordenaciones residencia- les, p1aneada.s conforme a una reglamenta- ción edificativa muy minuciosa en cuanto se refiere a sus prescripciones ambientales. A pesar de las numerosas campañas de promoción, entre las cuales cabe recordar la celebración de dos exposiciones públicas -la primera de 1905, patrocinada por un perió- dico local para seleccionar el mejor proyecto de cottage de coste no superior a 150 libras esterlinas (el premio se otorga a P. Houf- ton), y la segunda celebrada en 1907, para talleres artesanales y pequeñas fábricas-, la construcción de Letchworth procede más bien con lentitud, porque las industrias tar- dan en instalarse en la zona y los habitantes parecen retraerse ante la distancia que separa a la ciudad del centro de Londres. En 1910 se han construido 1.157 casas y tiendas por particulares o asociaciones cooperativas, así como 19 industrias; pero el cinturón agrí- cola aún no está planificado. En su aspecto externo, Letchworth va configurándose como asentamiento extensivo de casas unifamilia- res, en la línea de las soluciones tradiciona- les, a base de cottages, corrientes en la edificación privada inglesa del período, mien- tras que los edificios púbIicos y las mismas edificaciones industriales aparecen más bien inspirados en un eclecticismo convencional (figs. 9-10). Si bien algunos de los principios generales que inspiran la primera ciudad-jardín se co- rresponden bastante fielmente con las pre- misas del programa -como ocurre con el régimen de propiedad colectiva de los terre- nos, cedidos en arrendamiento por períodos de 99 o de 198 años, y con el equilibrio, so- bre el papel, de las funciones (residencial, ar- tesanal-industrial, agrícola)-, faltan otros,

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

23

como pueden ,ser el de la autonomía produc- tiva y, por consiguiente, el de independencia con respecto a la «ciudad central» para los empleos laborales, o el de la relación ciudad- campo, que no puede llegar a instituirse como elemento orgánico, aunque sólo sea dentro de los límites de la correlación ho- wardiana, sino meramente como hecho am- biental externo (desde el punto de vista eco- nómico la franja agrícola es un fracaso, y tan sólo actúa como defensa del crecimiento indiscriminado). La misma vitalidad escasa del desarrollo inicial de Letchworth, y la in- cierta respuesta del «público» (es decir, del mercado) -que pronto hace que parezca im- probable el interclasismo auspiciado por Ho- ward (solamente puede optar por residir en la ciudad-jardín quien dispone de los medios financieros adecuados)-, hacen dudosa la posibilidad de acabar con el modelo de cre- cimiento acumulativo de la metrópoli y po- nen en peligro la tentativa de corregir las características del mercado inmobiliario. Como hemos de ver, en la posguerra, con el segundo experimento llevado a cabo en Welwyn, se logrará corregir algunos de los «defectos» del primero, e incluso infundir a la empresa un mayor dinamkmo en la reali- zación, pero al precio de renunciar a una al- .ternativa real, a escala territorial, respecto de la red de los asentamientos existentes.

Con el encauzamiento de la empresa de Letchworth, la idea de la ciudad-jardín acen- túa su poder de captación entre los especia- listas, los empresarios y el gran público: las repercusiones sobre la calidad y cantidad de las iniciativas son inmediatas, si bien, como veremos, siguiendo una dirección que en lu- gar de hacer propias las indicaciones básicas de Howard en pro de una alternativa a la ciudad monocéntrica, se inclina más bien a potenciar y perfeccionar el crecimiento urba- no por barrios suburbanos extensivos. Un grupo restringido de intérpretes rigurosos de las ideas de Howard considera que a través del mecanismo político-administrativo deli- neado por éste ha de resultar posible el dar

una respuesta general y unívoca a todos los problemas de expansión de la ciudad y de

planificación del territorio; un sector bastan- te más considerable de los operadores y del público, por el contrario, se las arregla con éxito para captar y aprovechar los elemen- tos de la propuesta que resultan más fáciles y sugestivos de aplicar. De hecho, los térmi-

nos

de garderz

suburb

o

de garderz

city

se

aplican también, de ahora en adelante, a las urbanizaciones suburbanas planificadas, sin referencia adecuada al modelo descentrado howardiano, a sus tipologías específicas, a la dimensión de la iniciativa, ni a la fórmula cooperativista (fig. 11). Entre las asociaciones promotoras que se

muestran activas en este

terreno- en los pri-

meros quince años del siglo está la Garden City Association (rebautizada más tarde con el nombre de Garden City and Town Plan- ning Association), fundada en 1899 para es- timular la aplicación de las ideas howardia- nas, y cuyos fines expresos, por lo demás -que resuenan continuamente en la activa propaganda desarrollada en los mayores cen- tros del Reino Unido-, inciden sobre un ámbito de experiencias muy diversificado, que va desde-la correcta planificación de asentamientos urbanos y rurales hasta la for- mación de new towrzs (en la línea marcada por Letchworth), pasando por la creación de garden suburbs, la construcción de poblados industriales, la adquisición de espacios abier- tos y el alejamiento de las industrias respec- to de las áreas de congestión. Más interesado, de modo más directo, por el problema específico de la residencia en las grandes ciudades se muestra el National Housing and Town Planning Council, que desde 1900 desarrolla una notable actividad de publicación de manuales y opúsculos y de organización de convenciones, reuniones y exposiciones. Entre estas últimas son de se- ñalar las tres cottage exhibitions celebradas entre 1907 y 1910 en Sheffield, en New- castle y en Swansea sobre terrenos municipa- les, destinadas a transformarse seguidamente

en pequeños barrios residenciales ( figs . 12-14).

Historia del urbanismo. Siglo XX

Fig. 11. A. R. Sennet. Plan de una ciudad-jardín para 15.000 habitantes (1905). Figs. 12-14. Planimetrías de las Cottage Exhibitions de Swansea, Sheffield y Newcastle.

La Sheffield Cottage Exhibition se organiza

24

acres de extensión en los que se levanta

de

promover

la

formación

de

sociedades

en 1907, tras la celebración de un concurso

constructoras

sobre

base

cooperativa,

con

nacional en el que triunfan los arquitectos A. Harvey (autor del ensanche de Bourn- ville) y A. McKewan, sobre unos terrenos de

baja participación de capital inicial, para actuar sobre terrenos propiedad de la socie- dad, o sobre terrenos cedidos en arrenda- miento por otras sociedades o trusts. La co-

un

total

de

42

cottages: los solares corres-

rrespondiente entidad financiera es la Co-

pondientes son asignados en arrendamiento por 200 años; las viviendas se distribuyen en tres clases atendiendo a su coste (175, 200 y 225 libras). Características análogas tienen también las otras dos exposiciones, la de Newcastle (arquitectos Watson y Scott) y la de Swansea (arquitectos Crossland y Wa- terhouse). El denominado Co-partnership Tenants Council, en cambio, responde a la finalidad

partnership Tenants Ltd., constituida en 1906 y registrada conforme a la Industrial and Provident Societies Act de 1893, con objeto de proporcionar asesoramientos a los proyectos de nuevas barriadas, de asegurar capitales a las empresas y de facilitar el su- ministro de materiales de construcción al por mayor. Una reseña de las realizaciones llevadas a cabo entre 1900 y 1915 debe abrirse con

La formación de1 t~rbanismoentre los siglos XIX y XX

25

Figs. 15-17. Planimetría

g e n e r a 1

de

Hampstead Garden Suburb, vista del cen- tro y vista aérea de conjunto.

Historia del urbanismo. Siglo XX

una referencia al barrio de Hampstead, y no solamente por su prioridad en el tiempo, sino también por la alta calidad de los resultados y por su éxito como empresa, circunstancias que lo convierten inmediatamente en punto de referencia, como prototipo de garden su- burb de feliz ejecución, alternativa en mu- chos aspectos respecto de la primera garden city. Hampstead nace en torno a 1906 sobre 240 acres de terreno boscoso en Hampstead Heath, al norte de Londres, por iniciativa del Hampstead Garden Suburb Trust: en esta zona, de fácil enlace con el centro de la ciudad mediante la Northern Line del me- tropolitano (Euston-Charing Cross) y servi- da por la estación de Golders Green, la so- ciedad se propone dar vida a un suburbio modelo para 8.000 habitantes, con amplia dotación de espacios abiertos y con una dis- posición bien estudiada de los cottages den- tro de una gran variedad de lotes y de tipos edificativos capaces de interesar a estratos sociales bien diferenciados. Para proyectar el conjunto se llama a Raymond Unwin, que cuenta para ello con la colaboración de su colega Barry Parker y con el aseso,ramiento de Edwin Lutyens. El asentamiento se basa en una proporción máxima de ocho casas por acre (cerca de 70 habitantes por hectárea), en la aplicación de distancias prefijadas en- tre las casas, en una meticulosa reglamenta- ción de los jardines privados, de los parques y de los espacios libres comunes, y en una hábil valorización de los caracteres de un paisaje placenteramente movido; Lutyens se encarga, con un planeamiento moderadamente académico, del trazado del centro comunita- rio, constitui,do por una plaza con dos igle- sias y determinados equipamientos colecti- vos (figs. 15-17). Tras la construcción de algunas viviendas debidas a iniciativas pri- vadas aisladas, intervienen en Hampstead tres sociedades cooperativas, la Hampstead Tenants Ltd., la Second Hampstead Tenants

Ltd. y la Garden Suburb Development Com- pany (Hampstead), y en poco tiempo se com- pleta el barrio, adquiriendo el carácter «ex- clusivista» de lugar de residencia para una burguesía rica 12. En diversas partes del Reino Unido se re-

gistran igualmente tentativas y realizaciones empresariales del mismo tipo. En Manches- ter, donde Unwin y Parker han preparado en 1903 una exposición bajo el título de Cottages near a Town dentro de la Northern Workers' Guild Exhibition, nace la barriada de Burnage Garden Village (figs. 18-19), sobre la base de un proyecto de J. H. Har- greaves de 1907, ulteriormente modificado, caracterizado por la existencia de una serie de casas adosadas con sus fachadas dando a

anillo viario, trazado en torno a un espa- cio equipado para actividades colectivas 13. Entre Manchester, Middleton y Rhodes se planifica el suburbio o colonia de Alkrington conforme a un diseño de Thomas Adams ca- racterizado por un trazado de calles mixti- líneo, con numerosas referencias a la tradi- ción inglesa. Adams, llamado después a ju- gar un papel de gran relieve en los Estados Unidos tras el primer conflicto mundial, es autor en este período de otras numerosas obras: para la Bristol Garden Suburb, una public comlpany fundada en 1909, proyecta una barriada situada en torno a la Shire- hampton Station, en la orilla Norte del río Avon; elabora los diseños para la urbaniza- ción de los 160 acres edificables de Glvn- Cory, un estate (finca) de 300 acres situado

un

l2

Cfr.

H. Barnett:

The Story

of the Growth of

the Hampstead Garden Suburb, 1907-28, Londres, 1928 (?); F. M. L. Thompson: Hampstead, Building of a Borough, 1650-1914, Londres, 1914; W. A. Eden: Hampstead Garden Suburb, 1907-1957, en

aJourna1 of the RIBAD, octubre de 1957. l3 Cfr. M. Harrison: Burnage Garden Village. An Ideal for Life in Manchester, en «Tow Planning Reviewp, julio de 1976.

Figs.

18 y

19

(en la página

opuesta).

Burnage Garden Village, en Manchester: planimetría de 1907 y vista.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX

y

XX

27

Historia del urbanismo. Siglo XX

a siete millas de Cardiff, para un total de 1.400 casas y una cifra de población com- prendida entre las 5.000 y las 6.000 perso- nas, conforme a una planta caracterizada por el trazado de tres cvescents concéntricos atra- vesados por una ancha avenue que lleva al centro de la barriada l4 (fig. 22); cerca de Stockport, en Cheshire, realiza el Newton Moor Estate, remitiéndose una vez más a los módulos empleados en Alkrington. Dentro de estas mismas tendencias deben citarse también aquí los contemporáneos «barrios de fábrica», a partir de las ampliaciones de Port Sunlight y de Bournville, pasando por la fundación de Earswick, al que ya se ha hecho alusión anteriormente, hasta llegar a Hull Garden Village, promovido por el in- dus trial James Reckitt ; de particular relieve, en esta misma línea, es el complejo de Wood- lands, debido al esfuerzo de una singular fi- gura de planner, Percy C. Houfton, estando destinado a los empleados de la explotación minera de Brodsworth Main, con sus mil cottages dispuestos alrededor de un núcleo colectivo, el sano trazado en amplias caden- cias formales y la rrvenue central de 120 pies de anchura (fig. 21). Desde el punto de vista de la dimensión, dos realizaciones se distinguen de las demás, hasta el punto de alcanzar la medida de ver- daderas y propias new towns a la escala in- dicada por Howard. La primera es el Kneb- worth Garden Village (fig. 20), un gran complejo situado a caballo de la Great Northern Railway y de la London Road, que en ese punto serpentea siguiendo el filanco de la línea férrea. Recomponiendo el conjunto de las primeras construcciones alzadas ya al Este del ferrocarril, Thomas Adams y Lu- tyens preparan un plan de amplios vuelos, previsto para cerca de 6.400 viviendas y una población total de 30.000 residentes, sobre la base de una densidad media de ocho ca-

" Para

este

tipo

de

urbanizaciones

en

Gales,

cfr.

T.

A.

Lloyd:

The Wels Town Planning

and

Housing

Trusts

and

Its

Affiliated Societies,

en

«Town Planning Review», abril de 1952.

sas por acre. Las secuencias de detached houses a lo largo de las mallas viarias, con amplios espacios abiertos en el interior de las manzanas, constituyen el sistema morfo- lógico elegido, según la personal estética de Adams, en el que destaca la red viaria pri- maria ennoblecida por un denso arbolado continuo (véase, en particular, la desviación de la London Road incorporada como eje interior principal de la parte oriental del complejo). Los nudos equipados (plaza tra- pezoidal en la parte occidental, con el paseo de acceso, y plaza intermedia sobre la Lon- don Road), probablemente según indicacio- nes de Lutyens, son tratados, en cambio, con

sistemas continuos de tevvaces. Se permiten un cierto número de industrias a uno y otro lado de la vía férrea, en las áreas meridio- nales del asentamiento Notable interés ofrece, incluso por los me- canismos procedimentales que se emplean en ella, la planificación e introducción en el mercado de otra vasta área suburbana de Londres, e1 complejo integrado por Ruislip Manor y Ruislip-Northwood, sobre la direc- triz de expansión occidental de la metrópoli. Ruislip Manor es un estate de 1.300 acres de terrenos boscosos al oeste de Harrow, que ahora resultan muy apetecibles, tras la electrificación del Metropolitan y de la Dis- trict Railway y la apertura de la Great Cen- tral y la Great Western. La intención de la sociedad constituida para la revalorización residencial del lugar (Ruislip Manor Ltd.) no

es otra que la de dar vida a una ciudad télite equipada: el primer paso consiste en

sa-

convocar un concurso nacional que lleva a seleccionar, entre las 62 propuestas presen-

tadas, el proyecto de los arquitectos

A. y

J.

Soutar, que constituirá después, con algunas modificaciones, el plan de ejecución. En la misma época el Council de Ruislip-North-

l5 Sobre esta realización y las precedentes, véase

P.

Abercrombie:

Modern

Town

Planning

in

En-

gland. A Comparative Review of ~Garden City»

Schemes in England, en «Town Planning Review~,

abril y julio

de

1910.

La formación

del urbanismo entre los siglos XIX y XX

29

Figs. 23

y

24.

Plan general de Ruislip Manor y planimetría

de

la

barriada

de Ruislip-Northwood.

wood decide acogerse a las disposiciones de

la reciente Housing and Town Planning Act

de 1909 para proceder a la elaboración de un plan regulador para un área de casi 6.000 acres que comprende los terrenos de la Ruis- lip Manor Ltd. Surge de aquí un plan inte- gral unitario, un joint pvoject, sancionado por una reunión de administradores y de propietarios celebrada en noviembre de 1910:

la extensa área, servida por

seis

estacio-

nes del metropolitano, queda atravesada de Norte a Sur por el complejo 'de Ruislip Ma- nor, en cuyo centro la Metropolitan Railway accede a proporcionar una nueva parada

de

la

línea

(figs. 23-24);

el

plan

aparece

calibrado con arreglo a diversas densidades

edificativas (1.310 acres a razón de cuatro casas por acre, 660 acres a seis casas por acre, 2.000 acres a ocho casas por acre,

2.180 acres

a doce casas

por

acre; por fun-

ciones, la residencia unifamiliar ocupa 5.750

acres, las actividades comerciales y terciarias 250 acres, las industrias 45 acres). En 1913 se inicia ya la urbanización primaria con el trazado de m6s de dos kilómetros de calles y un total de 75 acres urbanizados; ya está en funcionamiento la nueva estación y se han levantado 142 construcciones. En la pos- guerra la creciente urbanización llegará a aproximarse gradualmente a las previsiones del plan 16.

Junto

al

Garden

City

Movement

y

al

Housing Reform Movement, hay otra ten- dencia que se mueve más bien hacia la for- mulación de una legislación urbanística ge- neral. Podemos identificar esta posición en la obra de Thomas Coglan Horsfall, de Man-

l6 Véase,

a

este

Ruislip-Northwood

propósito,

W. Thompson:

The

and Ruislip Manor Joint Town

Planning Scheme, en «Town Planning Review», abril de 1913.

Historia del urbanismo. Siglo XX

chester, una de las figuras más representati- vas de los orígenes del Town Planning Mo- vement inglés 17. Horsfall está convencido de que dentro del marco del vigente sistema legislativo inglés, sectorial y particularista, es imposible llevar a la práctica una gestión urbana eficiente y, en particular, establecer una disciplina del crecimiento residencial; partiendo de la experiencia adquirida durante un viaje a Alemania efectuado en el 97, que le permite tomar contacto con los planes reguladores en vigor en las ciudades alema- nas, escribe un ensayo, bajo el título The Example of Germany, publicado después, en 1904, como suplemento de la encuesta rea- lizada por T. R. Marr sobre la situación de la vivienda en Manchester y Salford. Este trabajo de Horsfall, junto con la influencia ejercida por otras experiencias destacadas, como la obra desarrollada por el Birming- ham City Council y la actividad desplegada por el presidente del Housing Committee, John Ne ttlefold 18, aparecen directamente vinculados a la aprobación de la primera Town Planning Act de 1909. Justamente, el informe de las conclusiones obtenidas en otro viaje de estudio a las ciudades alema- nas, efectuado en 1905 por una representa- ción de técnicos del Housing Committee, es el que constituye, en 1907, la pieza o docu- mento clave que sirve de base para la redac- ción del citado texto legal. Debe observarse, en todo caso, que la Town Planning Act de 1909, si bien nace por efecto de la necesi- dad de establecer criterios generales de pla- nificación, aparece sin embargo fuertemente influenciada por las condiciones reales de la producción urbana fomentada por las nue-

" A este respecto, J. P. Reynolds: Thomas Coglan

Horsfall and the Town Planning Movement in En-

gland, en «Town Planning Review», abril de 1952. Véase, además, T. C. Horsfall: Improuement of

Dwellings and Surroundings of the People, Manches-

ter, 1905. Entre las obras

l8

de J. S. Nettlefold, señalamos:

A Housing Policy, 1905; Slum Reform and Town

Planning ..

., etc., Birmingham, s. f .; Practica1 Town

Planning, y Practica1 Housing, Londres, 1910.

vas teorías urbanísticas y en particular por las tendencias favorables al g,arden subuvb 19.

Puede completarse el cuadro hasta aquí delineado aludiendo a la actividad de algu- nos de los profesionales y estudiosos que trabajan en estos años. Figuras como las de Raymond Unwin, Barry Parker y Thomas Adams, de los que ya hemos hablado, y como las de Patrick Abercrombie y Patrick Geddes, nos sitúan ante una práctica que dista mucho de ser unívoca y ante un plan- teamiento teórico muy rico en temas, capa- ces después de evolucionar y adaptarse, sin mutaciones bruscas, al cambio de las condi- ciones profesionales en el transcurso de un largo período de tiempo: tanto Unwin como Abercrombie seguirán ejerciendo un papel central en Inglaterra durante el período de en- treguerras, influyendo directamente, incluso, sobre el acontecer urbanístico de la segunda posguerra, mientras que volveremos a en- contrar a Thomas Adams empeñado, entre

1923 y

1931, en los Estados Unidos, en la

redacción del plan regional de Nueva York. Raymond Unwin (1863-1940) es un pro- ducto típico de la middle-class victoriana, crecido en contacto con las ideas de Ruskin y de Morris, pero más directamente inclina- do a dedicarse a la práctica profesional. Des- de 1896 a 1914 da vida a una sólida part- nership con Barry Parker, con el cual firma gran número de proyectos arquitectónicos y urbanísticos, sin renunciar, al propio tiempo, a profundizar en una orientación propia, me- todológica y política, desde su escrito Cotta-

ge Plans and Common Sense, publicado en

1902 dentro de la serie de los Fabian Tracts, con el cual se destaca como uno de los má- ximos exponentes del Housing Movement, hasta el bien conocido Nothing Gained by Overcrowding, de 1918, en el que trata de demostrar que las densidades urbanas eleva-

l9

En

sustancia, la ley es «un intento de imitar

para un uso más general algo que se había manifes- tado para atender a los gustos de unos pocos grupos privilegiados». W. Ashworth, op. cit., pág. 187. De la evolución de la legislación urbanística inglesa ha- blaremos más ampliamente en el capítulo VI.

.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

31

Fig. 25.

P. Abercrombie y otros:

plan

para

el área central

de Dublin, en una elaboración de 1916.

das no derivan de condiciones objetivas, sino de opciones precisas de la especulación 20. Para Unwin la obra de Howard no es un relámpago en el camino de Damasco, y mien- tras proyectando Letchworth con su socio Barry Parker da forma concreta al pensa- miento de Howard, en su práctica corriente no se vincula jamás a sus hipótesis de fondo, dedicándose más bien a desarrollar modelos organiza tivos aplicables al crecimiento peri- férico. Para Unwin, la periferia es el ámbito en que el planificador puede intervenir fun- diendo la efficiency con la menity, confor- me a un principio todavía identificable de coherencia formal, como soporte de un teji-

do de mutuas relaciones sociales, de un pat- tern of life, la comunidad de barrio consti- tuida por núcleos de viviendas unifamiliares agregadas mediante sapientes ordenaciones paisajísticas, en la línea de la tradición pic- tórica de los parques naturalistas. Este es, en germen, el principio de la neighborhood unit y de un crecimiento orgánico y celular de la ciudad, considerado como respuesta adecuada a los nuevos niveles dimensionales de la metrópoli, y capaz de salvaguardar la definición formal de la expansión, evitando el sprawl, la proliferación indistinta y caó- tica de la periferia *l.

2' Sobre la obra de Unvin, véanse: W. H. Thomp-

20 Cfr. R. Unwin: Cottage Plans and Common

son: Sir Raymond

Unwin,

en

«Journal

of

the

Sense, Londres, 1902; Town Planning in Practice,

RIBA», julio

de

1940; B. Parker:

Tbe

Life and

Londres, 1909 (trad. italiana, La pritica della pro- gettazione urbana, Milán, 1971); Nothing Gained by

Work of Sir Raymond Unwin, en «Town Planning Review», julio-agosto de 1940; W. L. Creese: The

Ouercrowding, Londres, 1912.

Planning Theories of Sir Raymond Unwin, 1863-

32

Historia del urbanismo. Siglo XX

Figs.

26

y

27.

L. Brandt.

Proyecto de ordenación de la

franja

litoral

de

Southport,

planta

y

vista

(ha-

cia 1911):

 

Hace referencia a un ámbito más amplio de intereses Patrick Abercrombie, cuyas po- siciones howardianas y unwinianas parecen unilaterales y, de cualquier modo, inadecua- das para afrontar las novedades técnicas y organizativas de la metrópoli. Y, mientras alienta y difunde personalmente las experien- cias inglesas y europeas de la garden city y del suburb 22, no se olvida de desarrollar también aquellas temáticas que se refieren al control arquitectónico unitario de las es- tructuras urbanas centrales más directamente exigidas por las transformaciones económi- cas de las grandes ciudades, control vuelto a proponer con un ropaje tan brillante como el de las formulaciones americanas de la City Beautiful, conocidas parcialmente en Ingla- terra desdc finales de siglo y discutidas des- pués en 'una confrontación directa en la Conferencia convocada por el Royal Institute of British Architects en Londres en 1910. Precisamente Abercrombie, con Adshead, Reilly y Mawson, es uno de los profesores de la School of Civic Design instituida en la Universidad de Liverpool en 1909 por iniciativa de Lord Lever, y en cierto sentido se encuentra en una posición alternativa res- pecto de las lectures profesadas por Unwin

1940, en

«Journal

of

the American Institute of

Plannerw, noviembre de 1964; de este mismo au- tor: The Legacy of Raymond Unwin: A Human Pattern for Planning, Cambridge, Mass., 1967.

U

Cfr.

la

nota

15

y,

además, P.' Abercrombie:

Some Notes on German Garden Villages, en «Town Planning Review», octubre de 1910.

en la Universidad de Birmingham en 1910. Esta orientación de Abercrombie, que tiene una correspondencia en el favor con que se vuelven a proponer en Inglaterra algunos de ,los módulos de la City Beutiful (figuras 26-27), puede verse plasmada en su idea de

proceder a una nueva lectura de las trans- formaciones decimonónicas de ciudades y capitales europeas, estimulada con sus artícu- los publicados en la «Town Planning Re-

view» a partir

de 1910 23, así como en su

misma práctica pr~fesional*~(fig. 25): una línea que, por otra parte, parece rechazar el academicismo de un Inigo Triggs, que se presenta como portavoz aislado del clásico culte -de l'axe 25. Con una dedicación toda- vía más sorprendente que la de Unwin,

* De P. Abercrombie, véanse: Vienna as a Exam- ple of Town Planning. The Ringstrasse, en «Town Planning Review», octubre de 1910; Brussels. A Study in Development and Town Planning, en «Town Planning Review», julio y octubre de 1912,

y

enero de

1913; Berlin:

Its Growth and Present

State, en «Town Planning Review», octubre de 1913 y enero y abril de 1914; A Note on Lille, en «Town Planning Review», octubre de 1914. " A este propósito, cfr. Dublin Town Planning Competition, en «Town Planning Review», abril de 1917. " 1. Triggs: Town Planning. Past, Present and

Possible, Londres, 1909; dr. P. Sica: L'immdgine della cittd da Sparta a Las Vegas, Bari, 1970, pági- na 192. Es significativo, en cambio, que de los es- tudios de Abercrombie publicados en la «Town Planning Review» y a que nos hemos referido en las notas precedentes se hayan excluido precisamente las alusiones a las transformaciones haussmannianas de París.

La formación del urbanismo entre los siglos XZX y XX

33

Abercrombie orientará en la posguerra su

Estados Unidos, entra en contacto

con

las

actividad operativa y de estudioso hacia los

aportaciones

más

significativas

del

progre-

contenidos propios de la planificación ur-

sismo norteamericano (Veblen, Dewey) . En

bano-territorial y regional.

  • 1904 publica su City Deuelopment: A Study

Todo el período que hemos considerado coincide con la actividad desarrollada en Gran Bretaña por Patrick Geddes (1854- 1933). Pero Geddes puede ser definido, más que como especialista del urbanismo, como patriarcal y profética figura de social scien-

tist que sitúa en el centro de su visión filo- sófica una equilibrada y coherente organiza- ción del ambiente físico y humano. Para poner de relieve la amplitud de sus fuentes culturales y de sus experiencias resulta par- ticularmente útil -también en su caso- el hacer una breve síntesis de los datos biográ-

ficos más des tacados.

Geddes, escocés, parte de los estudios bio- lógicos, siguiendo las enseñanzas de las teo- rías evolucionistas de T. H. Huxley; segui- damente, en París, entra en contacto con

ideas sociológicas y, en particular, con

el

pensamiento de Le Play, del que toma la convicción de la necesidad de una medición precisa de los fenómenos sociales. Su matri- monio con Anne Morton, una colega de Oc- tavia Hill en los trabajos realizados on the field en los slums londinenses, le orienta hacia el conocimiento directo de la realidad urbana. A partir de 1880 hace de Edim- burgo su residencia permanente y la base de sus estudios y expediciones, y allí se empeña en la actividad social y en la investigación llevada a cabo en la Outlook Tower, un «ob-

servatorio cívico» concebido también como museo viviente de la ciudad, donde conflu- yen y se confrontan pasado, presente y fu- turo, geografía e historia, vida local y con- texto regional; y punto de referencia para la educación de la conciencia cívica (figu- ras 28-29). En las reuniones estivales promo- vidas por Geddes en Edimburgo participan? entre otros, Kropotkin, Réclus y el sociólogo francés Desmolins, seguidor de las teorías de Le Play y a quien Geddes había conocido ya en París. A continuación, Geddes, en los

of Pavks, Gardens and Culture Institutions,

el primer trabajo en que presta atención di- recta al campo del urbanismo y que consti- tuye después la memoria o informe que pre- senta al concurso para el plan de Dunferm- line 26; en los años siguientes se destaca por una serie de contribuciones al estudio de al- gunas ciudades británicas (Edimburgo, Du- blín). En la primera Town Planni,ng Confe- rence, organizada en gran parte por Raymond Unwin y celebrada en 1910 en la Royal Academy por el Royal Iastitute of British Architects (RIBA), Geddes presenta el fruto de las investigaciones llevadas a cabo en la Outlook Tower, que contrastan marcada- mente con las monumentales perspectivas del plan de Burnham para Chicago; el largo trabajo sobre Edimburgo, que marca una fe- cha en la investigación de base para los estu- dios de la planificación urbana (figs. 30-31)) sirve después de núcleo de una exposición sobre las ciudades y sobre la planificación urbana, exposición inaugurada en Chelsea en

  • 1911 y vuelta a montar después, sucesiva-

mente, en Edimburgo, Dublín, Belfast y, fi- nalmente, en Gante ". En 1914 Geddes es invitado a visitar la India, donde trabaja como plannev en la redacción de esquemas reguladores para algunas ciudades, y como profesor de Civics and Sociology en la Uni- versidad de Bombay 28.

P. Geddes:

City

Development.

A

Study

of

Parks, Gardens and Culture Institutions (A Report to the Carnegie Dunfermline Trust), Edimburgo,

  • 1904 (trad. italiana, Citt2

in

evolurione, Milán,

1970). Entre las demás obras de

Geddes, citamos:

Sunday Talks with My Children, Londres, 1905, y

Town Planning in Patiala State and City. A Report

to H. H. the Mahraja

of Patiala, Lucknow, 1922.

P. Geddes: Two Steps in Civics: dities and

Town Planning Exhibitiom and the nl?ternational Congress of Citiem, Ghent International Exhibition

1913, en «Town Planning Review*, abril de 1913. Cfr. J. Tyrwhitt, H. Lanchester y A. Geddes:

Patrick Geddes in India, Londres, 1947.

Historia del trrbanisrno. Siglo XX

CAYERA OSCURA

BELVEOERF

EDIYBUROO

SCOLIA

LiNauAaam

EUROPA

MONDO

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

35

Geddes concibe la planificación urbanís- tica no como una técnica esclerotizada de parcelación del espacio, sino como el creci- miento continuo, físico y social de un con- junto humano. La concepción de esta crea- ción permanente, de esta continuidad del

El papel del planner, en este punto, es el de un evocador, el de un sacerdote (nos que- damos a punto de decir que el de un brLjo, y quizá tal definición nos vendría permitida por los mismos rasgos irracionalistas que en Geddes enlazan con la filosofía del hinduis-

desenvolvimiento histórico, de una tenden-

mo),

investido

de

la

misión,

no

de

crear

cia hacia formas orgánicas cada vez más ma-

objetivos,

ni

de

aplicar

apriorísticamente

duras, le viene sugerida a Geddes por una trasposición al campo de las ciencias urba- nas de las teorías del evolucionismo bioló- gico, corregidas por los principios lamarkia- nos sobre el papel activo de los organismos en la formación del medio ambiente, y por

una acentuación

de los elementos que sub-

rayan la prevalencia de la cooperación sobre

la

competición.

 

De

tal

presupuesto

surge,

por

un

lado,

la

convicción

de

que existe

una «naturaleza» o un «alma» profunda de la ciudad, de una semilla de eu-topía, cuya existencia embrionaria debe fomentarse para que emerja y se desarrolle (por ello, por ejemplo, la crítica de Geddes al utilitaris- mo de los business-men y de los industriales se basa en la acusación de que defienden in- tereses demasiado sectoriales y restringidos, y por tanto de que se desvían respecto de aquel orden natural de la ciudad que lleva inscrito en su seno un desarrollo ideal); de otro lado, la necesidad para quien opera so- bre el territorio de poseer un conocimiento científico y profundo de los conjuntos hu- manos e histórico-geográficos (y en tal sen- tido la aportación de Geddes resulta funda- mental para el desarrollo y enriquecimiento de la interpretación y la lectura de los fenó- menos urbanos, en función de una asunción consciente y razonada del ambiente en el cua- dro de la organización humana) 29.

«El estudio

de

la

ciudad

[. .

.]

debe afectar a

todos los aspectos, contemporáneos e históricos, de la vida de la ciudad. Debe ser geográfico y econó- mico, antropológico e histórico, demográfico y euge-

modelos confiando en la regla de cálculo y el compás, sino de desvelar, de discernir un diseño ya existente. No puede sorprender, pues, que las nociones innovadoras introdu- cidas por Geddes en la disciplina urbanística

no consistan tanto en instrumentos opera- tivos puntuales o ingeniosidades y dispositi- vos específicos, como en una serie de intui- ciones cognoscitivas que, en gran parte, han

de volverse a considerar y elaborar

sola-

mente algunos

decenios

después:

el

naci- .

miento de la megalópolis, ya anunciado en las conurbaciones inglesas, las fases estruc- turalmente distintas de la revolución indus- trial (paleotécnica, neotécnica), la afirmación de la dimensión social y ética de la «región» (fig. 32). Geddes capta tendencias en mar- cha, más que hechos ya institucionalizados, correlaciones más que datos simples, fenó- menos más que objetos. Por ello, su análisis se aparta de los de la mayor parte de sus contemporáneos; y su enseñanza -aunque tras su muerte declina bien pronto la suges- tión carismática inspirada por su figura- tendrá eco en América como una de las fuentes de inspiración de las concepciones historiográficas y de la filosofía regionalista del planning de Lewis Mumford 30.

nésico, y así sucesivamente; pero, sobre todo, debe fundir todos estos análisis, considerándolos como otros tantos aspectos de la ciencia social, en el nue- vo concepto de "ciencia cívica9'.» P. Geddes: Citt2

in evoluzione, cit., pág. 253.

30 Sobre la vida y la obra de Geddes pueden ver-

se: A. Defries: The Interpreter:

Geddes, the Man

and bis Gospel, Londres, 1927; P. Boardrnan: Pa-

Figs. 28-32 (en la página opuesta). La Outlook Tower de Patrick Geddes en Edimburgo, vista y alzado, con indicación de la distribución de los pisos-museo; un ejemplo de beautification ambiental según indicaciones de Geddes; la «sección del vaileo.

Historia del urbanismo. Siglo XX

Como hemos tenido ocasión de ver en el primer volumen dedicado al siglo XIX, los

impulsos iniciales de una teoría de la ciudad

industrial

se

manifiestan

precisamente en

Alemania con el debate que gira en torno

al plan regulador para Berlín redactado por

Hobrecht

entre los años

58

y

62. Críticas y

proposiciones

que no provienen

de los

ope-

radores

técnicos

ni

de

los

administradores

de la ciudad, sino del reformismo de los «pensadores sociales», llevan en sí, por ello, una cierta medida de tensión ideológica que

se expresa

en la indicación

de modelos

al-

ternativos, por más que aparezcan descritos muy sumariamente en vez de ser mensura- dos y expresados en un «diseño». Ya a

trick Geddes: Maker

of

the Future,

Chape1 Hill,

1944; G. L. Pepler: Geddes' Contribution to Town

Planning, en

«Town

Planning

Review»,

abril

de

1955; P. Mairet: Pionew of Sociology. Tbe Life and

Letters of Patrick Geddes, Londres, 1957; W. Les- ser: Patrick Geddes: Tbe Practica1 Visionary, en

«Town Planning Review», julio

de 1974.

Figs. 33

y

34.

Las propuestas

de

E. Bruch

para

nuevos modelos

de

edificación

en

masa,

indicada

para sustituir a las Mietkasernen.

 

Figs.

35 y

36.

Los modelos de descentralización de

E. Bruch y de «Arminius», según Eberstadt.

Fig. 37.

Un esquema

de

A.

Orth para

el sistema

de transportes de Berlín.

partir de mediados de siglo el reformista- conservador Victor Aimé Huber, muy preo- cupado por la cuestión de la vivienda obrera y dispuesto a combatir los excesos de la es- peculación del suelo y el sistema de las ca- sonas de vecindad en alquiler (Mietkaser- nen), había sostenido la necesidad de crear en torno a la ciudad asentamientos satélites a una distancia correspondiente al trayecto ferroviario que se efectúa en un cuarto de hora; Ernst Bruch recomienda la creación de unidades de habitación y barrios orgánica- mente equipados alrededor de grandes espa- cios libres (figs. 33-34), y con Julius Fau- cher vuelve a dar .resonancia al tema de una descentralización por núcleos satélites semi- rurales, o colonias suburbanas, de carácter extensivo, separados del centro por franjas de parque sin edificar (fig. 35). Las mismas orientaciones son mantenidas con vigor por August Orth a partir de 1879, con su con- cepción de un plan de expansión íntima- mente integrado en la estructura de los transportes urbanos de masas (fig. 37). En estos autores se repite una y otra vez la re- ferencia a la experiencia londinense, caracte- rizada en gran parte por la urbanización pri-

La formacidn del urbanismo entre los siglos XIX y XX

37

vada de estates descentrados y a menudo se- parados del casco urbano edificado ". En este sentido, una de las contribuciones más singulares -singular también porque, aunque ajeno al ambiente estrictamente pro- fesional, constituye sin embargo, en muchos aspectos, un primer texto orgánico de tra- tamiento de los problemas urbanísticos- es el ensayo publicado en Leipzig en 1874

bajo el título Die Gropstadte in ihrer W06- nungsnot und die Grundlagen einer durch-

greifenden Abhilfe. Este escrito, cuyo autor prefiere esconderse bajo el seudónimo de «Arminius», es en realidad obra de una con- desa septuagenaria, Adelheid Dohna-Ponins- ki, residente desde mucho tiempo atrás en Viena, donde ha podido observar los resul- tados del concurso del año 58 para la rees- tructuración de la ciudad, habiendo vivido después en Londres, donde entra en contacto con el movimiento en pro de la reforma de las viviendas dirigido por Lord Shaftes- bury. El ensayo en cuestión se sitúa dentro de esa línea conservadora-reformista, típica de numerosos movimientos intelectuales de- cimonónicos (a los que se adscriben también en Alemania Huber y Bruch), de la que comparte la preocupación por la creciente re- presión de las fuerzas del trabajo y la idea de una gestión iluminada por parte de estra- tos aristocráticos; el exordio contiene, pre- cisamente, una concreta referencia al ensan- che de Viena (en cuya realización, a juicio de la autora, se han ignorado completamente las exigencias de las masas populares) que sirve de introducción a una crítica radical del crecimiento arbitrario de las ciudades in- dustriales, que con excesiva frecuencia con- tradice las reglas más elementales de un des- arrollo ordenado. De aquí deduce la pro- puesta, ,referida en particular al caso de Ber- lín, de un modelo de desarrollo metropoli- tano caracterizado por un anillo interior de zonas verdes, debidamente equipado, de pro- piedad pública, situado entre la «masa pé-

'' Cfr. Paolo Sica: Historia del urbanismo. El

glo XIX,

cit.,

vol.

1, pág. 263.

Si-

trea» de la ciudad antigua y los suburbios de la primera expansión, y por otro anillo exterior, de media milla de profundidad, en el que puede permitirse la construcción de pequeños núcleos habitados y de equipa- mientos colectivos, pero del que deben que- dar excluidas las actividades productivas. Más allá de este segundo cinturón defensivo podrán surgir núcleos satélites debidamente dimensionados y equipados (fig. 36). En el interior del casco viejo de la ciudad, las zo- nas libres quedarán sometidas a prescripcio- nes vinculantes de salvaguardia. Los des- arrollos urbanos serán controlados mediante reglamentaciones de la edificación, planes particularizados y vinculaciones específicas;

el equilibrio de la economía urbana

podrá

asegurarse mediante un régimen de tasación basado en los valores reales de mercado de los edificios y del suelo. Como expresión de la amplitud alcanzada por el debate planteado en torno al tema de la ciudad industrial, cabe recordar la pro- puesta de modelo teórico de desarrollo ela- borada en 1896 por el periodista y publicista Theodor Fritsch (1852-1933). La propuesta de Fritsch, publicada en Leipzig en su tra-

bajo titulado De Stadt der Zukutrft, puede

encuadrarse también en el vasto filón cons-

tituido por

esa literatura social que se re-

mite a los primeros proyectos de «coloniza- ción interior», de los que vuelve a tomar los puntos básicos, sintetizándolos en un esque-

ma racional (figs. 38-40). El punto de par- tida sigue siendo todavía la crítica al creci- miento espontáneo de la ciudad, que se considera como causa de la degradación del medio ambiente y de la población urbana:

por el contrario, el principio de racionalidad de la producción industrial se extiende desde el objeto a la ciudad, conforme a un plan preestablecido '*. Aun admitiendo la posibi-

32 «La mente humana se aplica al perfeccionamien- to incluso de la cosa más pequeña, desde el botón para pantalones hasta el alfiletero, desde el taco de billar hasta el portaplumas*, mientras que «hasta ahora nadie ha pensado todavía en la mejora y en

la ordenación racional de las cosas más grandes [

.. .

1 ,

Historia del urbanismo. Siglo XX

Figs. 38-40. La ciudad del futuro de T. Fritsch (1896): un diagrama de base, una versión más elaborada y un esquema con las Fabrikuorstadten satélites.

lidad de adaptar su esquema al crecimiento de las ciudades existentes, Fritsch lo consi-

ción

nuevas Aceptada como dato de hecho la estratifica-

de

ciudades autosuficientes.

dera en particular

en

función de la edifica-

ción social por

clases, Fritsch

propone una

en la construcción de la ciudad conforme a un plan preestab1ecido.u T. Fritsch: Die Stadt der Zukunft,

Leipzig, 1896, pág. 98.

subdivisión en diversas zonas residenciales, con densidad creciente hacia el exterior, en

torno a un por monumentales, destinados a funciones repre-

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

Figs.

41 y 42.

Dos esquemas de ciudad de R. Eber-

stadt y

P. Wolf

(1912).

sentativas; cuñas de verde interrumpen las zonas edificadas, dotando al sistema de es- pacios libres, más amplios conforme va cre- ciendo la densidad. El sistema radial-circular viene reforzado por un anillo ferroviario so- bre el que pueden articularse las industrias (en una de las versiones de su modelo, la 11- nea férrea atraviesa, siguiendo las márgenes de un canal de servicio, núcleos de Fabrik- vorstadten, separados de la ciudad central mediante una frondosa franja ininterrumpi- da de parque natural). La afirmación de fondo de la propuesta está en la exigencia de asegurar que la propiedad del suelo, en su totalidad, quede atribuida a la adminis-

tración )pública, a la que se reserva

la facul-

tad de cesión de los derechos de edificación por períodos de tiempo de 60, 90 y 120

años. Pese a esta última consideración, pue-

de decirse que,

si

se exceptúa la posición

de outsider

de

su

autor, nos parece que son

escasos sus puntos de contacto con la formu-

lación bastante más conocida del inglés Ho-

ward

-que

es

dos

años

posterior-,

por

más que a veces se asimile a ésta impropia- mente el modelo de Fritsch. Por lo demás, el escaso éxito de Fritsch, si se compara con la enorme fortuna de que goza la idea de la ciudad-jardín, puede achacarse no solamente a su escasa propensión al proselitismo, sino también a su incapacidad para suscitar en el público una carga ideológica tan estimulante como la provocada por Howard, además, naturalmente, de la falta de concreción de una adecuada y plausible base empresarial. De diversa naturaleza serán los diagramas y los modelos elaborados más tarde por au- tores como Eberstadt y Wolf (figs. 41-42), encaminados sobre todo hacia un proceso de clarificación funcional y estructural de la metrópoli, o bien a proporcionar represen- taciones sintéticas de determinadas propues- tas de desarrollo.

El establishment técnico-disciplinar se for- ma en Alemania hacia mediados de los años setenta, con las primeras elaboraciones sis- temáticas maduradas a partir de la experien-

Historia del urbanismo. Siglo XX

cia directa que se obtiene del trabajo des- plegado sobre los tableros de dibujo y las mesas de despacho de los estudios profesio- nales privados y de las oficinas y centros municipales relacionados con la edificación (a los que a partir de 1890 se confiará casi por entero la planificación urbana); y preci- samente a partir de las operaciones concre- tas de gestión de la ciudad se pone en mar- cha el esfuerzo mayor encaminado a impo- ner un orden, una regla, una certidumbre, a la ciudad industrial y a sus mecanismos de desarrollo. La necesidad de contar con planes directores generales de transforma- ción y de expansión, su función e instrumen- tación y la plataforma institucional, legisla- tiva y normativa, son los temas centrales en torno a los cuales se consolidan, al propio tiempo, la teoría y la práctica de la ciudad, encaminadas ambas a salvar o mejorar, a di- versos niveles, las crecientes antinomias plan- teadas entre iniciativa privada e interés público, entre composición estética y organi- zación funcional, planificando al mismo tiem- po el control y la estratificación social a los nuevos niveles de concentración humana, sobre la base de elementales presupuestos sociológicos. Sin someter a discusión los mo- delos compositivos tradicionales, se trata de analizarlos, enriquecerlos y sistematizarlos a la luz de las nuevas exigencias de funciona- miento de la metrópoli industrial, facilitan- do su empleo a un número bastante mayor de operadores públicos y privados, según re- glas simplificadas. Los técnicos, los ingenie- ros y los arquitectos no asumen en ningún otro país un papel tan difuso y continuo en la planificación urbana como en Alemania, donde elaboran las formas de control sobre varios aspectos de la edificación y sobre el mismo ambiente industrial, a diferencia de lo que ocurre en las demás naciones indus- trializadas de Occidente -y en particular en el mundo anglosajón-, donde la activi- dad edificativa corriente, canalizada por le- yes y reglamentos de eficacia indirecta, do- mina el crecimiento de las ciudades, mien- tras que solamente determinados sectores

(parques, barrios suburbanos burgueses, cen- tros representativos) quedan sometidos a la criba de una actividad de proyecto más cua- lificada. En el mismo año en que ve la luz en Leip- zig la obra del anónimo «Arminius» se reúne en Berlín la Asamblea general de los arquitectos e ingenieros alemanes (Verband deutscher Architekten -und Ingenieur- Vereine), de la que surgen las primeras afir- maciones de carácter general en apoyo de la necesidad de formular planes directores de ampliación de las ciudades y en la que se postula una división de competencias entre actuación pública y actividad empresarial pri- vada, atribuyéndose a la primera la respon- sabilidad respecto del plan de conjunto de la vialidad y de la creación de un cuerpo de normas higiénico-sanitarias, y a la segunda las operaciones de ejecución de parcelaciones. Entre los especialistas que participan en la reunión berlinesa, el más destacado y competente es Reinhard Baumeister (1838- 1917)) ingeniero y urbanista, autor de nu- merosos planes directores de ciudades ale- manas, especialmente en la región de Baden, y profesor de la Technische Hochschule de Karlsruhe, a quien hay que considerar autor del primer manual completo de urbanismo,

por

su trabajo publicado en Berlín en 1876

con el título de Stadterweiterungen in tech- nischer, bazlpolizeilicher uvcd wirtschaftlicher Beziehung 33. En el texto se afrontan orgáni- camente las problemáticas relativas a la for- mación de los planes reguladores, se especi- fican las soluciones técnicas particulares, se exponen las disposiciones y los reglamentos municipales y, en fin, se examinan las cues- tiones económicas ligadas al desarrollo ur- bano. La afirmación de la «inevitabilidad»

del plan como instrumento de orden econó- mico, garantía del valor de la propiedad in- mobiliaria y de su estabilidad, se sostiene

Una traducción parcial de la obra de Baumeis-

ter, junto

a textos escogidos de Stübben, Gurlitt y

Eberstadt, pueden verse en G. Piccinato (ed.):

La

costrurione

dell'urbanistica,

Germania,

1871-1 91 4,

Roma, 1974.

  • I La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX Figs. 43-45. El método de Stübben:

cruce viario

a dos niveles en Marsella, parque urbano en Magde-

burgo y ordenación del parque d'Avroy y boule- vards adyacentes en Lieja (de Der Stadtebau).

Historia del urbanismo. Siglo XX

sobre una base metodológica, ya muy rigu- rosa, que incluye la indagación preliminar acerca de la estructura de la población, el

censo

de

la

industria y del

comercio, de las

importaciones y las exportaciones, y los da- tos sobre el tráfico y sobre la actividad edi-

ficativa en marcha 34. Con el texto de Bau- meister se sientan las premisas necesarias para la unificación y generalización de la praxis urbanística al nivel de las administra- ciones locales. Joseph Stübben (1845-1936) es, sin duda, el teórico y el operador más prestigioso en-

% «Si el plan director de Baumeister (Stadtplan) tiene como finalidad la de regular el crecimiento

"natural" de la ciudad, es decir, la de eliminar las causas artificiales que se oponen a un crecimiento de la ciudad por áreas concéntricas, es claro que eso es también, por su propia esencia, "eine Aufgabe der Bodenparzellierung" (una subdivisión del terreno

en lotes), en cuanto que "los

particulares, en cali-

dad de propietarios del suelo y de promotores de empresas de construcción, son los ejecutores reales de la expansión urbana". Es decir, el Stadtplan es el instrumento que regula la construcción de la ciu- dad sobre la base de la propiedad privada del sue- lo.» M. Folin (con prólogo de H. Hénard): Alle origini dell'urbanistica. La costrurione della metro- poli, Padua, 1972, pág. 20.

Figs. 46 y 47. La actividad profesional de Stübben:

proyecto de transformación del fuerte de Deurne en ciudad obrera, y ordenación de las fortificaciones de Amberes (sector oriental).

tre los técnicos pertenecientes a las asocia- ciones profesionales alemanas que funcionan en el período que va de 1880 a l,a primera guerra mundial. Desarrollando su actividad primeramente en Berlín y después en Aachen, se gana una amplia notoriedad en toda Ale-

mania

con su proyecto de 1881 triunfador

en el concurso nacional para la redacción del plan de expansión de la ciudad de Co- lonia. De 1890 es su obra enciclopédica

Dev

Stadtebau,

Handbuch

der Avchitektur,

editada en Darmstadt y destinada a conse- guir un éxito ilimitado, sobre todo en los dos decenios a caballo de 1900 (reimpre- sa en Stuttgart en 1907, con amplias reela- boraciones e integraciones, y vuelta a publi- car en nueva versión en Leipzig el año 24, es también objeto en muchos países de vul- garizaciones e imitaciones).

La

cuarta

parte

de

Dev

Stadtebau,

que

lleva el subtítulo de Proyecto, localización y

veglamentación de las edificaciones, cons ti-

tuye un denso tratado de estética y de téc- nica de construcción de la ciudad, en función del proyecto y ejecución del plan regulador, de la sistematización ordenada y racional del amueblamiento urbano y de las instalaciones

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

43

Figs. 48

y

49.

R. Eberstadt. Modelo

urbano radial para la ordenación de las

zonas verdes, y de Berlín.

su

aplicación al caso

necesarias, así como de la organización de las zonas verdes y parques. Provista de un inventario inagotable de material ilustrativo, unificado y decantado gráficamente ( figs . 43- 45), la obra de Stübben es, en gran parte, una selección y discusión de organizaciones urbanas típicas, sobre todo decimonónicas, propuestas explícitamente como modelos re- solutivos para una serie de ordenaciones in- teriores y exteriores de las ciudades, vistas por categorías de problemas. Si bien no fal- tan referencias precisas al modelo global de la organización urbana, la enorme influen- cia ejercida por Stübben se debe, precisa- mente, a su capacidad de aislar referencias adecuadas para soluciones técnico-estéticas es- pecíficas, inmediatamente aplicables, , exentas de veleidades y de dudas ideológicas, que re- flejan la imagen de la competencia profesional y acreditan la certeza de los resultados. De esta forma, Der Stadtebau resulta ser toda una verdadera summa de la ciudad decimonó- nica europea, y puede considerarse que repre- senta y pone el broche final a todo el período que precede al Movimiento Moderno 35.

35 Cfr. J. Stübben: Der Stadtebau. Handbuch der

Architektur, Darmstadt, 1890.

Como parte de su compromiso y esfuerzo de publicista y teórico (reflejados en los nu- merosos ,escritos acogidos por las revistas de arquitectura y de arte urbano), Stübben des- empeña un papel de primerísimo orden cuan- do participa en los más importantes congre- sos de urbanismo (desde el de Bruselas de 1898 hasta la convención reunida en Gante en 1913, pasando por la conferencia del Ro- ya1 Ins titute of British Architects celebrada en Londres en 19 10); como técnico, se ocu- pa de los planes reguladores de una trein- tena de ciudades alemanas (entre las que se cuentan, además de Colonia, Darmstadt, Düsseldorf, Heidelberg, Posen, Wiesbaden) y elabora esquemas de planificación y presta asesoramientos para algunas ciudades extran- jeras ( Amberes, Lyon, Luxemburgo, Madrid, Roma, etc.), aportando soluciones que se con- sideran ejemplares y que, por ello, ejercen una profunda influencia en la práctica urba- nística, sobre todo en los países de la Europa central 36 (figs. 46-47).

 

Cfr. G. Piccinato (ed.), op.

cit., págs. 482-83.

Para

la presencia de las ideas de Stübben

en Italia

en la primera posguerra, véanse los artículos publi- cados entre los años 22 y 25 en la revista «Archi-

Historia del urbanismo. Siglo XX

Figs. 50

y

51.

Esquema del plan de Fassbender para Viena (1893); un diseño-proyecto de O. Wagner para

la Karlsplatz ( 1909).

Si la figura de Stübben constituye el pun- to de referencia y de conclusión de la praxis de proyecto de la ciudad burguesa decimo- nónica, en el conjunto de la obra de Rudolph Eberstadt, profesor de economía en la Uni- versidad de Berlín y hombre profundamente interesado por la cuestión de la vivienda dentro del marco general de los problemas urbanos (figs. 48-49), puede individualizar- se el punto quizá más maduro de reflexión sobre los aspectos que enlazan la praxis ur- banística y la economía de la ciudad, punto en que se condensan las experiencias y las elaboraciones teóricas derivadas de más de cuarenta años de crecimiento urbano en Ale- mania. Con su obra más importante, Hand- buch des Wohnungswesens und der Wo6- nungsfrage, publicada en Jena en 1909 (y reeditada en 1910, en 1913 y en 1920, lo que constituye buena prueba de su éxito), Eberstadt analiza el problema de la forma- ción de los precios en las áreas urbanas, la praxis del plan regulador y la selección de

tettura e arti decorative*: Lo sviluppo dell'arte edi- liria delle cittd in Germania, noviembre de 1922; L'ampliamento di Anversa, octubre de 1923; 11 pia- no regolatore della cittd del Lussemburgo, febrero de 1924; La vegetazione nella cittd, noviembre de

1925.

las formas de habitación que la misma lleva consigo, el crédito inmobiliario y cuestiones concomitantes, para después pasar revista a algunas de las experiencias más significativas de la actividad edificativa no especulativa en Alemania y en el extranjero. Y conste que algunos de sus análisis al respecto, particu- larmente los que se refieren a la naturaleza y efectos del mercado de la edificación en una, ciudad de expansión, resultan ser, inclu- so considerados hoy día, de un sorprendente realismo crítico libre de prejuicios. Las numerosas reuniones de todo tipo or- ganizadas a partir de 1900 en las principales ciudades alemanas, y que culminan en las exposiciones de Berlín de 1910 y de Düssel- dorf de 1911-12 37, permiten confrontar ade-

37 Cfr. el apartado g) de este mismo epígrafe 2, y las notas 84 y 85 de este capítulo 1. Junto a los estudiosos y teóricos del Stadtebau hay que recor- dar la obra de decenas y decenas de técnicos empe- ñados, con amplia preparación científica, en la pues-

ta a punto de las

teconolgías urbanas, un sector en

el que Alemania se encuentra en vanguardia del mundo occidental. Señalemos, aunque solamente a título indicativo: M. Niemann: Die Versorgung der

Stadte mit Leuchtgas, Stuttgart,

1897; 0. von Milíer

y A. Hassold: Die Versorgung der Stadte mit Elek-

tricitat, Darmstadt, 1897; M. Mattersdorff : Stad- tische Verkehrsfragen, Berlín, 1907; 0. Lueger: Die

Wasserversorgung der Stadte, Leipzig, 1908; . E.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

45

Figs. 52-57.

La obra de Camillo Sitte. La lección de la historia: el proyecto de G. Semper para el Zwinger,

en Dresde; la piazza dei Signori en Vicenza; la catedral de Salzburgo y la zona adyacente. Las propuestas:

planta modelo para un complejo de edificios públicos; proyectos para la ordenación de las zonas de la Votiv- kirche y del Rathaus, en Viena.

cuadamente las políticas urbanas y territoria- les desarrolladas por las administraciones locales y por los Lander, facilitando el con- trol sistemático de sus objetivos, instrumen- tos y soluciones.

También en Austria, como en Alemania, las primeras elaboraciones teóricas y metodo- lógicas de la disciplina urbanística surgen en relación con las transformaciones opera- das en Viena desde 1857 hasta el final del siglo, de manera muy particular a partir del concurso de 1893. El tema de la GvoPstadt

Koch: Die stadtische Wasserleiterung

., Jena, 1911;

.. G. Roth: Die Verkehrsabwicklung auf Platxen und

Strassenkreuzungen, Halle, 1913.

romo resolución en una unidad de con- junto de los aspectos estéticos, técnicos y sociales de la ciudad metropolitana- emer-

ge de las propuestas

de Wagner y de Fas-

sbender (figs. 50-51). Más tarde, Otto Wag-

ner, en

su escrito de 1911 Die GroPstadt,

reanuda y desarrolla su visión urbana, lle- vando sus estudios precedentes hacia la for- mulación más rigurosa de un modelo: su es- quema de ordenación general, el proyecto de distrito para una cifra de población de 100.000 a 150.000 habitantes, sus refinadas composiciones de perspectivas aéreas, nos muestran su esfuerzo evidente por absorber todavía en una ciudad monumental, orgánica respecto de la concepción imperial de la ca- pital austrohúngara y ordenada por instru-

Historia del uvbanismo. Siglo XX

mentos institucionales y técnicos puestos a punto ahora (expropiación, instalaciones tec- nológicas, transportes, normalización), los impulsos incontenibles del crecimiento gigan- tesco de la metrópoli.

Camillo Sitte (1843-1903) introduce una precisa orientación cultural tendente a poner en tela de juicio y a someter a discusión los criterios dominantes en la práctica atecnicis- ta» de los urbanistas alemanes. Vienés, di- rector de la Escuela imperial y real del arte industrial de Viena, dotado de una amplia preparación historicista, Sitte publica en 1889 una obra titulada Der Stadtebau nach

seinen künstlerischen Gründsiitzen, en la que

analiza minuciosamente los caracteres de la ciudad medieval y se muestra a favor de un modelo de desarrollo basado en los mismos principios compositivos y de vialidad 38 (figu- ras 52-54). La polémica iniciada por Sitte -uno de cuyos objetivos inmediatos es la ordenación urbanística del Ring vienés, rea- lizada a base de grandes parámetros, con grandes masas de edificación, a su juicio sin la debida mediación con la trama urbana 39 (figs. 55-57)- va encaminada, sin embargo, con carácter más general, a criticar la rigi- dez, la penuria tecnicista y la ambigüedad de los planes de expansión alemanes, a los que Sitte acusa de excesiva subordinación a los problemas técnicos (sobre todo al de trá- fico) y de falta de consideración para con los resultados ambientales de la composición.

La concepción espacial de Sitte, influida por los estudios contemporáneos de Her- mann Maertens sobre la apreciación visual del medio ambiente físico 40, apunta hacia una composición concatenada y orgánica de las secuencias edificadas, basada en el recha-

 

C.

Sitte:

Der

Stadtebau

nach seinen

künstle-

rischen Gründsatzen, Viena, 1899 (trad. italiana,

L'arte di costruire le citt2, Milán, 1953).

 
 

Cfr.

P.

Sica:

Historia

del

urbanismo.

El

si-

glo

XIX, cit.,

vol.

1, págs. 313-17.

 

40

Cfr.

H. E. Maertens:

Optisches Mass für

den

Stadtebau, Bonn, 1890. A Maertens se refieren tam-

bién Stübben y otros teóricos del urbanismo alemán.

zo del edificio aislado, de la línea recta, de la uniformidad de los planos, de la geome- tría del trazado y de reglamentaciones abs- tractas de la edificación, fundándose, en cambio, en la consideración de las particula- ridades topográficas, de las relaciones dimen- sionadas entre las edificaciones, de disime- tría y variedad, que han de valorizarse recu- rriendo a una forma de proyecto plani-volu- métrica antes que bidimensional. La vigorosa contestación del urbanismo meramente ingenieril o monumental termina por poner en duda la reducción forzada de la ciudad antigua a los esquemas de la ciu- dad burguesa decimonónica, sin que resul- ten de aquí, sin embargo, alternativas ope- rativas concretas para la ciudad moderna. La visión de Sitte, efectivamente, se centra por entero en una recomposición figurativa ple- na de efectos perceptivos calculados, de es- corzos y de ambientes cerrados, en la que se pretende diluir y enmascarar, bajo los sig- nos del historicismo, los nuevos sistemas funcionales (el tráfico, los nuevos equipa- mientos) y los dispositivos de control elabo- rados por la reciente disciplina urbanística (el zoning, los índices de edificabilidad, los reglamentos de la edificación), resucitando el sentido de la Gemeinsch~ftmedieval. Es una contribución que -derivada de un aná- lisis parcial y tendencioso- puede traducir- se en una serie de principios inmediatamente ~plicables a una escala espacial bastante re- ducida, pero que resulta inevitablemente in- adecuada para afrontar los problemas que se plantean a escala metropolitana (con una fe- liz definición irónica, Giedion llamará a Ca- millo Sitte «troub~dourdel urbanismo»). De cualquier modo, precisamente por este hecho, y porque sus tesis explicitan exigen- cias culturales bastante difundidas en el am- biente burgués, el impacto de la obra de Sitte es muy profundo, incluso fuera del mundo de lengua alemana, sobre toda una genera- ción de urbanistas. En Alemania, el favor con que se acogen sus enseñanzas da origen a una verdadera escuela que se dedica a pro- fundizar en el estudio de sus aportaciones

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

Figs. 58-62.

La influencia de Sitte: plan de K. Henrici para Dessau; la Arnulfstrasse y la Prinzregentenstras-

se

en

el plan

para

Munich

de T. Fischer;

un

sector del

plan

regulador

de Stuttgart

elaborado

entre

1860

y

1870, y las correcciones introducidas por T. Fischer (1902).

48

Historia del urbanismo. Siglo XX

Figs.

63 y

64.

El trazado del plan regulador de un suburbio de Darmstadt y e1 proyecto de reforma elabo-

rado por F. Puetzer.

teóricas y que intenta llevarlas a Ja práctica en la elaboración de proyectos. Seguidores de Sitte son Cornelius Gurlitt (autor del ensayo Uber Baukunst, publicado en Berlín en 1904, de clara impronta sittia- na, con el relieve que se da a la cuestión del trazado sinuoso o rectilíneo de la malla viaria), T. Goecke (colaborador de Sitte en la fundación y redacción del periódico «Der Stadtebaw), K. Henrici, que se cuenta entre los primeros en experimentar en algunos ba- rrios las teorías sittianas, y T. Fischer, del que puede recordarse aquí que es encargado desde 1893 de la supervisión de la amplia- ' ción de la ciudad de Munich. Particular- mente indicativos son, en este sentido, dos proyectos urbanísticos interesantes, uno el de Henrici para Dassau (1890, no ejecutado) y otro e1 de Fischer para Munich (1893):

en e1 primero, que es ulterior en un solo año a la publicación de Der Stadtebau, el centro del barrio viene marcado por un sis- tema de plazas y de edificios públicos cuida-

dosamente insertos en espacios calibrados, las arterias viarias se ensanchan en los pun- tos de confluencia, mientras se procura evi- tar el cruce entre calles secundarias, con el desplazamiento de los ejes y el cierre de las perspectivas (fig. 58); en el segundo, gana- dor del concurso nacional convocado para la redacción del plan de Munich, resulta toda- vía más clara la tentativa de recuperar en una arteria de tráfico moderna las caracterís- ticas espaciales y las .secuencias de la calle antigua (aquí, en los nuevos ejes de la Ar- nulfstrasse, entre el ferrocarril y el canal de Nymphenburg, y de la Prinzregentenstrasse, al otro lado del Isar), a través de algunos expedientes típicos, como la curva de la ca-

lle, las rupturas o cortes, los fondos de cie- rre, los ensanches y los estrechamientos de la sección (figs. 59-60). Pero -como deci-

  • mos- si se exceptúa algún caso aislado de

repulsa tajante, como puede ser el del histo- riador del arte Albert Brinckmann -intere- sado sobre todo en los problemas de compo-

Figs. 65-70 (en la página opuesta).

El suburbio-jardín de Hellerau

(Dresde), planta

y

vista

de la maqueta;

colonia Romerstrasse, en Ulm, planta

y vista;

ciudad-jardín de Karlsruhe, y ciudad-jardín Werderau, en Nu-

remberg-Schweinau, planimetrías.

La formación del urbanismo entre los siglos XZX y XX

Historia del urbanismo. Siglo XX

Figs. 71-74. Planimetría de la Gartenvorstadt de Marienbrunn; planta y detalle de la ciudad-jardín de Mannheim Waldhof y vista del óvalo interno.

Figs.

75 y

76.

Una versión del Centro Mundial de las Comunicaciones, ambientado en la desembocadura del

Tíber; planta del Parque de

María Luisa, en Sevilla, de J. C. N. Forestier.

La formación del urbanismo entre los siglos XIX y XX

5 1

sición de la gran escala de la arquitectura clásica-, las ideas de Camillo Sitte encuen-

tran una acogida favorable en el ambiente alemán e incluso en el europeo, y se tradu- cen en una serie de aplicaciones concretas

(figs. 6 1-62).

Incluso Stübben Jas enjuicia

positivamente, aunque sea sin dejar de mos- trar ciertas reservas sobre su unilateralidad (en particular, Stübben no considera que el edificio aislado venga condenado sin apela- ción por la historia); el mismo Le Corbu- sier habrá de confesar que durante algún tiempo se ha sentido sugestionado por Sitte en sus primeras reflexiones sobre la arqui-

tectura 41. Por otra parte, si las ideas sittianas pue- den identificarse claramente en las operacio- nes de modificación y renovación de algunas

partes de los centros antiguos (y a tal efecto, por citar tan sólo dos ejemplos importantes, nos remitimos a los casos del corte de la Monchebergstrasse, en Hamburgo, ejecutado

por Schumacher, y

de la calle 19 de Junio,

en Estrasburgo) 42, en los barrios periféricos extensivos vienen a confluir, entre 1900 y

1915, con las tendencias estéticas romántico- tardías y paisajísticas que en Alemania son reflejo de las teorías de la garden city y del garden suburb, asimiladas gracias a las estre-

chas relaciones

instauradas con ' el ambiente

inglés a través

de

la

obra

de Muthesius, o

simplemente a través de las revistas especia-

lizadas y de

los congresos internacionales 43.

Desde los primeros años del nuevo siglo, la Deu tsche Gartenstadt-,Gesellschaf t se dedica a hacer propaganda de pequeñas aglomera- ciones residenciales con jardín: ejemplos de este tipo de realizaciones los tenemos en el

41 Sobre Camillo Sitte y su obra teórica y práctica,

cfr. el exhaustivo estudio

de G. R. Collins y C. Gra-

semann Collins: Camillo Sitte and the Birth of Mo-

dern City Planning, Londres-Nueva York, 1965.

42

Cfr.

P.

Sica:

Historia

del

urbanismo.

El

si-

glo XIX,

cit.,

vol.

1, págs. 284-87 y 295.

'' Pero véase también la contribución más tardía

de H. E. von Berlepsch-Valendis: Die Gartenstadt-

bewegung in England, Ihre Entwicklung und Ihr Jetriger Stand, Munich, 1912.

núcleo suburbano construido en Darmstadt

por F. Puetzer, formado por casas aisladas, con sus calles moderadamente curvilíneas adaptadas a la configuración del paisaje

(figs. 63-64); en Dresde,

en el barrio de

Hellerau, situado sobre la Dresdenerstrasse, en los municipios de Klotzsche y Rahnitz (figs. 65-66), proyectado por H. Tessenow en 1909 para alojar a los empleados de la Deutsche Werkstatten y terminado en el año 17 44; en Ulm, en la pequeña colonia de la Romerstrasse (figs. 67-68); en Karlsruhe, con el ,asentamiento levantado junto a la Herrenalberstrasse, en Karlsruhe - Rüppur (1909) (fig. 69); en Nuremberg, con el barrio de Wenderau, sobre la Reichdsdorferstrasse, en Schweinau (1911) (fig. 70); o con la ba- rriada construida por los Krupp en Margare- tenhohe, junto a Essen, según proyecto de G. Metzendorf, .realización a la que ya hemos tenido ocasión de referirnos anteriormente y que constituye el ejemplo «de gala» de las Arbeiterkdonien de la gran industria ale- mana 45. Otras dos realizaciones, bastante impor- tantes por distintos aspectos, son las llevadas a cabo en Leipzig y en Mannheim. La pri- mera, el suburbio-jardín de Leipzig-Marien- brunn, destaca por su carácter programático y demostrativo, al surgir en el marco de una exposición de la edificación prevista para 1913. Desde 1910 se decide aprovechar esta ocasión para construir en los terrenos de la exposición un asentamiento ejemplar que sir- va de apoyo y estímulo al movimiento de la Gartenvorstadt: sobre una parcela de ocho hectáreas, y mediante la constitución de una sociedad de responsabilidad limitada, se construye la barriada a bajo coste, con ca- sas en grupos y en hileras que se ceden en arrendamien to ( fig . 7 1) . El municipio con- cede un préstamo hipotecario al 4 por 100 en cuantía de hasta el 85 por 100 del valor

" J. T. Klaber:

The Garden City of Hellerau, en

«Architectural Record», febrero de 1914.

 

45

Cfr.

P.

Sica:

Historia

del

urbanismo.

El

si-

glo XIX,

cit., vol.

11, págs.

938

y

sigs.

Historia del urbanismo. Siglo XX

de los inmuebles. En la barriada se constru- yen también un hotel, una sala de lectura y

un gimnasio dotado

de loca le,^ para sesiones

de fisioterapia. En Mannheim, el asentamiento satélite le-

vantado sobre la Waldstrasse, en Mannheim- Waldhof, cuyas obras se inician en 1912, es importante por su situación descentrada, a un kilómetro de la estación suburbana de Waldhof, lindando con el bosque de Kafertal y a cinco kilómetros del centro de la ciudad.

En 1911 se firma un contrato

de enfiteusis

con la administración pública respecto de un terreno de 20 hectáreas de extensión: el pro- yecto prevé la construcción de casas de dos plantas con un máximo de tres viviendas cada una y dotadas de jardines privados de 150 a 300 metros cuadrados (con una densi- dad media de 35 viviendas por hectárea), tiendas de artículos de primera necesidad y equipamientos colectivos. Después de la gue- rra se le añade hacia el Norte una segunda parcela. Tanto una como la otra parte del plan de conjunto se ordenan conforme a una figura geométrica regular, tratándose de con- seguir efectos ambientales calculados en los paseos arbolados y en el gran trazado ova- lado central (figs. 72-74). Algunos de los equipamientos previstos no llegan a ejecu- tarse y no se consigue poner en funciona- miento la línea de tranvías que había de lle- gar hasta la barriada.

C)

FRANCIA.

LAS APORTACIONES

DE

HÉ-

NARD Y DE GARNIER

En Francia, la reflexión teórica sobre los problemas generales del urbanismo se ve, en cierto modo, ahogada por el predominio de los métodos directos de tipo haussmanniano y por el peso de la misma tradición clásica. El bastión del academicismo es la École des Beaux Arts, dominada en la última parte del siglo por Guadet, que sigue enseñando toda- vía composición arquitectónica conforme a una versión apenas puesta al día de los prin- cipios de Francois Blondel. Los ejercicios y

prácticas sobre temas de composición urba- na siguen marcados todavía por la tradición clásica: los concursos que se organizan y ce- lebran en la Academia dan lugar a una serie de complejos simétricos gigantes, y los nue- vos contenidos no pasan de ser afirmaciones puramente nominales (por ejemplo, el con- curso Chenavard de 1900, en el que Jaus- sely propone una «Plaza del pueblo en la capital de un gran Estado democrático» en la línea de la City Beautiful, proyecto que sin duda tienen muy presente Hébrard y Anderson en su megalomanía escenográfica titulada Centro mundid de las Comunicacio- nes; fig. 75). La sucursal de la École des Beaux Arts es la Accademia di Villa Medici, en Roma: la lista de nombres de los arqui- tectos-urbanistas que consiguen el Prix de Rome en torno a los años del cambio de si- glo (Tony Garnier en 1899, Eugkne Bigot en 1900, Henry Prost en 1902, Léon Jaussely en 1903, Ernest Hébrard en 1904) nos coloca ante una muestra cualificada de lo que cons- tituye la nueva generación, educada en la norma académica, pero también, en medida diversa, dispuesta a proceder a una puesta al día de los contenidos y a una ampliación del método. Prost, Hébrard y Jaussely son los mismos que en 191 1 se convierten en promo- tores, junto con el alcalde de Lyon, Edouard Hérriot, de la fundación de la Société des architectes~urbanistesfrancais: todos ellos em- peñados en una intensa actividad profesional dentro de su patria, en el extranjero y en las

colonias (pueden recordarse, por el momento, tan sólo en el período inmediatamente ante- rior 31 conflicto mundial, los logros consegui- dos por Prost y por Jaussely en los concursos internacionales de Amberes y de Barcelona, así como los proyectos de parques urbanos realizados por J .-C.-N. Fores tier en Sevilla 46;

fig. 76).

46 De Forestier hay que mencionar la obra Gran-

des villes et systemes de parcs,

de

1904, con la que

el autor trata de difundir en Francia el movimiento

en favor de los parques urbanos.

Cfr. H. Prost:'

Hommage 2 Forestier, en «Urbanisme», núms. 3-4,

1952.

La formación del urbanismo entre los siglos XZX y XX

53

Figs. 77-81.

Los estudios de Hénard:

vista del carrefour 2 girations, planta

y

vista

de1 carrefour 2 voies

superposées, puente en X

sobre el Sena, y propuesta para

la utilización de la Galeries des Machines como

hangar de dirigibles.

Pero de las mismas filas de la École des Beaux Arts proceden también dos arquitec- tos y urbanistas como Eugkne Hénard (que pertenece a la generación precedente) y Tony Garnier que, sin sustraerse a las hipotecas estilísticas o compositivas impuestas por una tradición consolidada, se distinguen no obs- tante por una capacidad autónoma de pe- netración de los fenómenos urbanos y de puesta en práctica de invenciones morfoló- gicas o metodológicas, aunque sea conforme a dos tendencias diferentes entre sí y casi contrapuestas.

Graduado como arquitecto en 1880, em-

pleado

en

el

departamento

municipal

de

Obras públicas de París desde 1882, intere- sado desde el inicio de sus actividades pro- fesionales en los grandes temas urbanos

(propuestas y proyectos para las dos Expo- siciones universales parisinas de 1889 y 1900) y participante asiduo en los primeros

congresos de urbanismo, Eugkne Hénard (1849-1923) publica entre 1903 y 1909 ocho fascículos bajo el título Études sur les trans-

f ormations de Paris.

Sus esfuerzos se orientan esencialmente hacia una serie de investigaciones tipológico- formales que, rechazando el recurso a la par- celación, constituyan indicaciones para una reorganización realmente incisiva de la ciu- dad decimonónica. A veces, Hénard elabora sus dispositivos sin referencia situaciones particulares (como en el carrefour 2 girations,

o en el carrefour 2 voises superposées; figu-

ras 77-79), aunque con más frecuencia prefiere desarrollarlos en el interior de las estructuras vivas de las ciudades. Así, analiza en esque- mas diagramáticos el funcionamiento y las estructuras de algunas ciudades europeas, Moscú, Berlín, Londres, París, tratando de hallar esquemas teóricos de posible racionali- zación y equilibrio entre centralidad y cir- cularidad.

54

Historia del urbanismo. Siglo XX

La formación

del urbanismo entre los siglos XIX

París es el objeto privilegiado de su inte- rés y esfuerzos, y el campo de comprobación de sus elaboraciones teóricas. Para París, Hénard pone a punto algunos proyectos de soluciones puntuales para determinados nu- dos o sectores urbanos, como en el caso del puente en X sobre el Sena, entre la cabecera del Louvre y el Institut de France (fig. 80), o en la propuesta de transformación del Champ de Mars, para su utilización como aeropuerto urbano, y de la adyacente Galerie des Machines, construida para la Exposición de 1889, con objeto de dedicarla a hangar de dirigibles (fig. 81). Otros de sus esque- mas, en cambio, tratan de ordenar e implicar a la estructura toda de la ciudad (figs. 82- 85): se trata, por ejemplo, de trazar una se- gunda croisée, de apoyo a la realizada por Haussmann, y un cinturón periférico de asen- tamiento~de carácter lineal, dos proyectos que, de algún modo, pueden considerarse teóricamente -aunque no contextualmen-

que parece motivada, sobre todo, por la vo- luntad de romper la forma continua de la edificación, en función de lograr una estética urbana distinta, una relación visual más ar- ticulada, dentro de la dinámica del recorrido y de la alternancia rítmica entre zonas verdes y edificios. La necesidad de conseguir una mayor efi- cacia en el tráfico y en los cambios de direc- ción -aspiración que impregna, como tema central, casi toda la obra de Hénard- se traduce también en otra propuesta muy co- nocida, referida a la creación de un tramo viario urbano a varios niveles, adaptable a cualquier tipo de concentración de volúme- nes y de actividades de aprovechamiento del suelo ( figs . 86-87): un dispositivo tipológico cuya conveniencia económica defiende Hé- nard, entendiendo que es de aplicación in- cluso en el interior de las ciudades antiguas 47. Hénard, con su adhesión sin reservas al

positivismo científico de fin

de siglo y con

  • te- complementarios. Con la croisée, Hé-

una feliz intuición de los intereses de ,la bur-

cación de .las nuevas tecnologías. Su concep-

nard pretende realizar, respecto del modelo

guesía capitalista más avanzada, analiza los

haussmanniano, un reforzamiento del siste. ma de penetración por los cuatro puntos car- dinales hasta el nudo funcional interior del Palais Royal, modificado y adaptado como infraestructura de articulación a caballo de la nueva arteria Este-Oeste. El sistema lineal periférico parte de la idea de la posibilidad

problemas mecánicos de organización de la metrópoli decimonónica y busca las corres- pondientes soluciones en una modernización de la estructura tradicional mediante la apli-

de reutilización de la franja correspondiente

 

47

En

el caso de París,

dado un coste de 140 fran-

a las fortificaciones del Segundo Imperio,

cos por metro cuadrado (excluidas las canalizaciones,

a cargo de las compañías concesionarias), toda

la

previéndose su desmantelamiento: una serie

obra puede ser llevada a término, según Hénard,

de parques aparecen enlazados entre sí por

afectando a una

superficie total de viales de

1.500

 

segmentos

de

bouleuards 2 redalzs, en

los

hectáreas, con un gasto de 2.100 millones de fran-

cuales el canal de tráfico queda encuadrado

cos, a repartir a lo largo de un período de cien

años, con un presupuesto de gastos de 21 millones

por la repetición de un tipo de edificación

anuales (sobre un

total

de

350,

a

que

ascienden los

con línea de fachada en greca; donde, sin

gastos corrientes

totales

de

la

ciudad). Cfr. E. Hé-

embargo, la tipología del redans no nace a

 

nard:

Rapport

sur

l'auenir

des

grandes

uilles, en

partir del interior de la célula residencial ni

Actes du premier

Congres lnternational de lJUrba-

como consecuencia de una distinta función

nisme, Londres,

1910, cit. en

F. Choay, op. cit., pá-

gina 320. Entre

las obras

de Hénard, cfr. Etudes

organizativa

de

la

arteria tradicional, sino

sur les transformations de Paris, París,

1903-1909. '

Figs. 82-85 (en la página opuesta). Los planes de

Hénard

para

París:

plan

general de

la

nueva

Grande

~&ée y vista

del-área de-cruce a la a1t;ra

del Palais ~o~ál;

plano

de la

ciudad con el paseo

exte-

 

rior 2 redans, y planimetría de un tramo del paseo.

Historia del urbanismo. Siglo XX

ción de la ciudad, por vivaces y versátiles que sean sus invenciones, puede reducirse, sustancialmente, a una multiplicación de los canales de la distribución, en el marco de una total, aunque acrítica, fe en las potencia-

lidades resolutivas de una «circulación» exd- tada. Precisamente por su entrega total a la adecuación de la ciudad burguesa decimonó- nica, el trabajo de Hénard nos parece de tipo retrospectivo, de signo opuesto, en tal

sentido, a la sucesiva obra de Le Corbusier

"'.

Hijo de un diseñador textil, nacido en Lyon en un barrio obrero, Tony Garnier (1869-1948) permanece fiel durante toda su vida a los ideales populares y socialistas y al compromiso público en favor de su ciu- dad. Su educación y formación se desenvuel- ve conforme a la forja académica: diez años en la École des Beaux Arts de París y, des- pués, todavía algunos años más en la Acade- mia francesa de Roma. Durante su perma- nencia en Roma, mientras se dedica a la recuperación, interpretación y reconstrucción de los monumentos de la Antigüedad, Gar- nier comienza también a estudiar, a partir de 1901, el problema de una posible orga- nización racional de la ciudad moderna 49. Garnier está convencido de que la funda- ción de las ciudades nuevas, así como la ex- pansión de las ciudades existentes, se debe- rán sobre todo a las necesidades de la pro- ducción industrial; por lo tanto, al presentar una propuesta referente a una ciudad de base industrial avanzada (fig. 88) aspira a entrar en el examen de un caso problemático gene- ralizable de organismo urbano. Al propio

48 Sobre Hénard, véanse:

P.

M. Wolf:

Eugene

Hénard and the Beginnings o/ Urbanism in Paris, 1900-1914, Nueva York, 1968; y E. Hénard: Alle origini dell'urbanistica. La costruzione della metro- poli, cit. Además, G. Bardet: Un précurseur: Eu- gene Hénard, en «L'Architecture d'aujourd9hui», marzo de 1939. '' C. Pawlowski: Tony Garnier et les débuts de l'urbanisrne fonctionnel en France, París, 1967, pá- gina 80 (trad. italiana, Tony Garnier: le radici del

f unzionalismo, Faenza, 1976).

tiempo, Garnier advierte la necesidad de ajustarse a una situación real, y extrae valio- sas sugerencias de las condiciones territoria-

les y productivas típicas de la cuenca lione- sa, que se reflejan luego en las coordenadas estructurales de su propuesta teórica. La ciu- dad industrial de Garnier se sitúa a orillas de un río, sobre una meseta entre colinas; una gran planta metalúrgica para la produc- ción de tubos, máquinas-herramienta y au- tomóviles funciona gracias a la fuerza motriz que le proporciona una central eléctrica ali- mentada por una presa de embalse; en el te- rritorio circundante aparecen ubicadas ex1 plotaciones agrícolas de grandes dimensiones, donde se desarrollan en forma industrializa- da actividades ganaderas y de cultivo, pro- bablemente de gestión pública, coordinadas con la vida y los consumos urbanos (Garnier ejemplifica en algunos dibujos y planchas es- tas exploitations agvicoles; fig. 98). A orillas del arroyo afluente del río, aguas arriba de la ciudad nueva, se encuentra un núcleo urbano antiguo, que, por otra parte, aparece ,acompañado también por otros ele- mentos urbanos preexistentes dispersos por el territorio. La ciudad nueva se compone de dos partes principales, separadas entre sí:

los barrios residenciales, con sus servicios propios, y las áreas industriales. Tanto el sis- tema residencial como el industrial aparecen concebidos como trazados sobre ejes ortogo- nales, si bien con ligera diferencia en su res- pectiva orientación. El ferrocarril, que en el tramo de aguas abajo sigue la línea del río, pasa después por las inmediaciones de la ciu- dad antigua, mientras que la estación se si- túa como nudo de articulación entre ésta, la parte residencial moderna y las áreas in- dustriales. Con autonomía y fuera del nú- cleo urbano se ubican otros equipamientos, en primer lugar los hospitales, luego los ma- taderos, el cementerio, etc. En cambio, faltan

en el plan (sin que tal ausencia pueda

consi-

derarse casual) iglesias, cuarteles e instala- ciones de defensa. La dimensión del asenta- miento queda fijada en 35.000 habitantes,

pero Garnier, a diferencia de Howard, no

La formación

del urbanismo entre los siglos XZX y XX

Figs.

86 y

87.

La calle actual

y la calle futura, según las propuestas

de Hénard.

insiste sobre

el número cerrado de ,su tipo

de ciudad, y considera posible su acrecenta- miento gradual y planificado. Del propio carácter de la ordenación ge- neral deducimos ya intenciones metodológi- cas precisas. La ciudad vieja se deja intacta, aunque sin quedar marginada de los nuevos desarrollos efectuados, mientras que el ale- jamiento establecido entre las distintas par- tes tiende a afirmar teóricamente el principio de separación funcional y, al mismo^ tiempo, a hacer posible el crecimiento de cada uno de los sectores. Estas indicaciones se preci- san más al analizar con detalle los diversos elementos constitutivos de la propuesta.

El

sector

residencial

(figs.

89-91)

está

constituido por una barriada alargada, casi un sistema lineal, formado por manzanas re- gulares y atravesado en toda su longitud por una avenida central destinada a los medios públicos de transporte, más ancha que las calles paralelas adyacentes. Las manzanas,

de 150 x 30 metros, aparecen distribuidas en lotes de 15 metros de lado; las calles tra- zadas en dirección Norte-Sur tienen 20 me- tros de anchura, las que discurren en direc-

ción Este-Oeste son

de

13 ó 19 metros de

ancho, plantadas de árboles a lo largo de

uno