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Los bienes de uso no se amortizan

Trabajo realizado por Alberto Veiras y Héctor Mauricio Paulone, profesores de la


Cátedra de Técnicas de Valuación de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLZ.
www.tecnicasdevaluacion.com.ar

1. Introducción

A partir de las modificaciones introducidas en las normas contables


profesionales en el año 2.000, no se admite la valuación de los bienes de uso a
sus valores corrientes, ni aún en el caso que éstos surgieran de una tasación
técnica.
Este procedimiento se utilizaba, frecuentemente, frente a la notoria
subvaluación que los bienes de uso presentaban en los estados contables.
No obstante ello, las razones de esta subvaluación no siempre tienen que ver
con atrasos en los valores de costo frente a los valores de mercado sino a la
modalidad empleada para el cálculo de las depreciaciones.
Recordemos que la diferencia entre el valor contable de un bien de uso y su
valor corriente a una fecha determinada puede originarse, generalmente, por
los motivos que se describen a continuación.

1) Incorrecta determinación de su valor de incorporación al patrimonio.


2) Incorrecta determinación de su vida útil.
3) Incorrecta estimación del valor que tendrá el bien al momento del cese
de su uso.
4) Incorrecto procedimiento para el cálculo de su desgaste.
5) Diferencias entre el aumento o disminución de su valor en el mercado al
cierre del período, respecto a su medición original.

Como podemos apreciar, sólo el último de estos motivos da origen a una


tasación técnica. Es decir que si bien no es posible aplicar valores corrientes
para resolver esta cuestión, las normas contables no sólo no impiden, sino que
propician la solución de las otras cuatro.

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2. ¿Los bienes de uso se amortizan o se deprecian?

Es común utilizar el término amortización para reflejar la pérdida de valor de los


bienes de uso.
El diccionario de la Real Academia Española1 define:
Amortizar
1. tr. redimir o extinguir el capital de un censo, préstamo u otra deuda;
2. tr. recuperar o compensar los fondos invertidos en alguna empresa.

Fondos de amortización
. m. pl. Com. Los destinados a extinguir una deuda o a reintegrar un haber de
la depreciación o destrucción de bienes que lo integran.

Como puede apreciarse este concepto tiene una connotación financiera. En


economía la palabra tiene, por lo general, dos acepciones. Una de ellas, la más
difundida, se refiere a la cancelación parcial de una deuda a través de pagos
sucesivos mediante los cuales se devuelve el capital. La otra, se vincula con el
proceso a través del cual se guardan fondos para reponer un activo ya
adquirido en un numero determinado de años, generalmente, el tiempo de su
vida útil esperada. De esta forma se separan cantidades regulares,
generalmente anuales, para acumular la suma que resultará necesaria, al final
del período de amortización, para adquirir un activo igual u otro de similares
características.
Este es el criterio que imperaba hace mucho tiempo y que justificaba el empleo
de sistemas de amortización lineal y períodos de vida útil uniformes.
Se utilizaba una cuenta denominada “Fondo amortización acumulada” y
normalmente se asignaban, por ejemplo, cinco años de vida útil a los rodados,
cincuenta años a los edificios, diez años a maquinarias y muebles y útiles, diez
o veinte años para las instalaciones. Con esta amortización se cubría el valor
total de los bienes.

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www.rae.es

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De esta forma, un rodado luego de cinco años carecía de valor alguno en el
activo de una compañía, situación que claramente tiene poco que ver con el
real valor que poseen estos bienes.
Estos criterios de amortización no surgen de norma contable o impositiva
alguna (a excepción de la alícuota del 2% para los inmuebles que establece el
articulo 83 de la ley del impuesto a las ganancias), por lo que no es obligatoria
su aplicación, (cabe consignar que aun en el caso de los inmuebles no tienen
por que coincidir los criterios contables con los impositivos).
La resolución técnica 17 (de manera similar a lo que lo hacia la RT 10) nunca
menciona el término amortización para referirse a los bienes de uso, utiliza la
palabra depreciación.
Analicemos cual debe ser el concepto de “depreciación”. La base depreciable
de cualquier elemento componente de los bienes de uso debe ser distribuida,
de forma sistemática, durante los años que componen su vida útil. El método
de depreciación usado debe reflejar el patrón de consumo, por parte de la
empresa, de los beneficios económicos que el activo incorpora. El cargo por
depreciación en cada ejercicio debe ser reconocido como un gasto, a menos
que dicho valor se incluya como componente del importe en libros de otro
activo.
A medida que se consumen los beneficios económicos incorporados a
un activo se reducirá el importe en libros del mismo con el fin de reflejar dicho
consumo, mediante cargos a resultados por depreciación. Estos cargos se
harán, incluso, cuando el valor del activo exceda de su valor neto en libros.
Los beneficios económicos incorporados a un elemento del bien de uso
se consumen, por parte de la empresa, principalmente a través del uso del
activo. No obstante ello, hay otros factores como la obsolescencia técnica y el
deterioro natural producido por la falta de utilización del bien que a menudo
producen una disminución en la cuantía de los beneficios económicos que
cabría esperar de su utilización.
La resolución técnica 17 establece:
5.11.1.2. Depreciaciones
Para el cómputo de las depreciaciones se considerará, para cada bien:

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a) su medición contable;
b) su naturaleza;
c) su fecha de puesta en marcha, que es el momento a partir del cual deben
computarse depreciaciones;
d) si existen evidencias de pérdida de valor anteriores a la puesta en marcha,
caso en el cual debe reconocérselas;
e) su capacidad de servicio, a ser estimada considerando:
1) el tipo de explotación en que se utiliza el bien;
2) la política de mantenimiento seguida por el ente;
3) la posible obsolescencia del bien debida, por ejemplo, a cambios
tecnológicos o en el mercado de los bienes producidos mediante su
empleo;
f) la posibilidad de que algunas partes importantes integrantes del bien sufran
un desgaste o agotamiento distinto al del resto de sus componentes;
g) el valor neto de realización que se espera tendrá el bien cuando se agote su
capacidad de servicio, determinado de acuerdo con las normas de la
sección 4.3.2. (Determinación de valores netos de realización) (lo que
implica considerar, en su caso, los costos de desmantelamiento del activo y
de la restauración del emplazamiento de los bienes);
h) la capacidad de servicio del bien ya utilizada debido al desgaste o
agotamiento normal;
i) los deterioros que pudiere haber sufrido el bien por averías u otras razones. ¨

La estimación de la vida útil de un bien de uso y el valor recuperable que


éste tendrá en el momento de su desafectación es una cuestión de criterio,
basado en la experiencia que la empresa tenga con activos similares.
Los terrenos y los edificios son activos independientes y se tratarán
contablemente por separado, incluso si han sido adquiridos conjuntamente. Los
terrenos tienen, normalmente, una vida ilimitada y por tanto no se deprecian.
Las construcciones tienen una vida limitada y, por lo tanto, son activos

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depreciables. Un eventual incremento en el valor de los terrenos en los que se
asienta un edificio no afectará a la determinación de la vida útil del edificio.
La base de depreciación de un activo se determinará luego de deducir el
valor residual del mismo. En la práctica, el valor residual de un activo es con
frecuencia poco significativo, consecuentemente, puede prescindirse del mismo
al calcular la base de depreciación.
Es posible utilizar una amplia variedad de métodos de depreciación para
distribuir, de forma sistemática, la base depreciable de un activo a lo largo de
su vida útil. Entre estos métodos se encuentran el de la depreciación lineal, el
del tipo constante sobre el importe neto en libros o el de la suma de unidades
producidas.
El método de la depreciación lineal producirá un cargo por depreciación
constante a lo largo de toda la vida del activo. El método del tipo constante
sobre el importe neto en libros del activo producirá cargos que decrecen a lo
largo de la vida del activo. El método de suma de unidades producidas supone
un cargo que depende del uso deseado o de la producción efectiva del activo.
El método finalmente usado para cada activo se seleccionará sobre la base de
los patrones esperados de obtención de beneficios económicos, y se aplicará
de forma sistemática de un ejercicio a otro, a menos que se produzca un
cambio en los patrones esperados de obtención de beneficios económicos por
tal activo.

3. Revisión de la vida útil


La vida útil de un elemento componente de los bienes de uso debe
revisarse periódicamente y si las expectativas actuales varían
significativamente de las estimaciones previas, deben ajustarse los cargos a
resultados del ejercicio corriente y de los futuros. A lo largo de la vida de un
activo, puede ponerse de manifiesto que la vida útil estimada resulta
inapropiada.
Por ejemplo, la vida útil puede alargarse por desembolsos posteriores a
la adquisición que mejoran las condiciones del activo y las colocan por encima
del nivel de rendimiento estimado en un principio.

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Alternativamente, ciertos cambios tecnológicos o cambios en el mercado
de productos pueden reducir la vida útil del activo. En esos casos la vida útil y,
por ende, el tipo de depreciación, son objeto de ajuste tanto para el ejercicio
corriente como para los futuros.

4. Revisión del método de depreciación

El método de depreciación aplicado a los elementos que componen los bienes


de uso debe ser objeto de revisión periódicamente y, si ha habido un cambio
significativo en el patrón esperado de generación de beneficios económicos de
estos activos, debe cambiarse el método para que refleje el nuevo patrón.
Cuando esta modificación en el método de amortización se haga necesaria,
debe ser contabilizada como un cambio en una estimación contable, debiendo
ajustarse los cargos por depreciación del ejercicio corriente y de los futuros.

5. Conclusiones

De lo expuesto en el presente trabajo surge que, generalmente, los criterios de


depreciación que se utilizan desde hace muchas década se basan en los usos
y costumbres, y en muchos casos poco tienen que ver con lo que establecen
las normas contables profesionales. Esta situación produce significativas
distorsiones en la valuación de algunos elementos de los bienes de uso y de
los resultados a través del cargo por depreciaciones. Es por ello que resulta
necesario revisar y analizar los criterios utilizados y pasar de los tradicionales
métodos de “amortización” a los de ”depreciación” que establecen las normas
contables profesionales en general.