Manuel Montero

TRANSVAMPIRISMO

1
2
La nada eterna
Vampirismo estructural

3
Vi la otra vida haciendo de caricatura de la vida. Esta
nochevieja en Madrid se tomaron las uvas en la Puerta del Sol,
con las doce campanadas, como siempre. Se lanzaron cohetes, y
la gente destapó botellas de champagne o de cava catalán. Sin
mayor ceremonia que la de una fiesta idiota entraron en el año
dosmil. Algunas brujas con el cerebro lavado en Norteamérica
decían que daba comienzo una era astrológica. Eso no se
proclama. Cuánto folletón tardío de ciencia ficción. Mordimos el
cuello, que une la cabeza al cuerpo, de algún loco fino. A pesar de
lo gastado de nuestros colmillos. Pero... éstas son concesiones a
un género, y nuestra palabra destituye el género. Llegamos a un
paredón donde la blanca suciedad, la mixta naturaleza de todo lo
plano, simbolizaba en su paralizante silencio el borbotón de
sangre que renueva. Y fue como en Bogotá, una matanza, como
en París, una revolución. Porque nuestra posteridad en el mundo
es esta descripción de dos ciudades, de dos seres, de dos obras
maestras, dos caminos del Arte, dos sorprendentes barcos de la
Fata Morgana, que pudieran ser como la vía húmeda y la seca, si
no fuera ambigua su relación, como la nuestra. Los dos seres.
Carísimos enanos. Pero, a cambio de poco... gigantes por poco.
Yo soy pintora, mi firma es una caligrafía inclinada en el margen
inferior derecho de cada uno de mis lienzos, una Eme de Micaela,
un punto, y el nombre con mayúscula inicial de un mes del año.
El nombre de Jairo es una Jota más un apellido judío, impreso
en la portada de algunos libros, por encima del título.
Bogotá es una entelequia, elíptica como la isla de Cuba,
donde ser artista es estar trabajando en una novela u otro libro, y
ser pintora es tener un estudio con un biombo, tras él se apilan
4
los lienzos, terminados, y un caballete, unas formas difuminadas.
O que ser pintora es estar trabajando en una exposición, para tal
galería, la Buhols, o la Diners. Bogotá, de alguna manera, está en
Paris, y es un fanal donde ser poeta es decirlo, y no soltar prenda,
ser pintora es vestirse más inaceptable, y dar miedo. Hay otro
momento en que basta con tener un sueldo de profesor para ser
pintor o poeta, con suposiciones de publicación. Las metrópole
son ediciones de bolsillo del macrocosmo, contienen en sí a la
provincia y al progreso.
¿Debo por si acaso trazar un esquema en el encerado? El
punto a) y el punto b), la llave la abre Micaela, paréntesis:
Madrid. El desarrollo es:

* Jairo: Invisible en el espejo de su pasado, debemos
remontarnos a su porvenir, al día de su juicio, para aprehender
su núcleo. Condenación, un lejano dolor. Pero todo parece
atenuado por el artículo de una poesía que lo hace flexible,
retráctil en el tiempo. Más aún, que experimenta el morbo para
mejor convalecer.

* Micaela.
Es en mi caso el pasado el que no deja de invadir,
trasudando como una desnudez intervenida, lo escrito. Siempre
he llevado pelo largo, a veces he usado pasador, o las gafas de sol
por encima de la frente. He vivido sola con frecuencia, y también
con Jairo. Con él he tenido un hijo mayor y un hijo menor. El
nombre se lo ha puesto él, menos al segundo, que yo ya lo tenía
pensado, y que responde a razones muy profundas y artísticas. El
morbo me constituye en esfinge, pero soy todas. Soy también la
que respeta las prescripciones, como sólo puede hacerlo un
pensamiento original.

Me preguntas en inglés que cuál es el tema de mi libro.
¿Colombian vampyres? Sí, soy tan inconsciente que no me
importa que mi golem crezca por encima de mí. Algo acerca de
5
los vecinos, ese matrimonio. Vamp me too, he ingerido su sangre
y soy su propia inmortalidad, los intensifico. Sin más remedio
que sentarme en la silla de madera frente al computador, porque
es el único rincón habitable que queda en la casa. Qué falta de
estructuralismo, lo que yo quería decir no era a) y b), sino cero y
uno, como en la programación de las informaciones, y como en la
sangre.
Yo creo que lo que Aristóteles hizo fue poner por escrito las
verdaderas enseñanzas de Platón, lo que Platón decía y, no
poniéndolo por escrito, obviaba hasta el equívoco. Y aún esto lo
hizo Aristóteles sabiendo que utilizaba un tipo de signo
destinado a permanecer dormido un par de milenios. Un tipo de
signo en el que hubo de poner un estricto cuidado, una mente
matemática de albañil taciturno y malgeniado.
Con toda seguridad, en tal tiempo toda novela recelaba una
tesis, no única, seguramente paradójica, algebraica. Es en el
signo en el que el hombre se hurta a la muerte. Por ser mineral y
estar dotado de la vida de los astros, démones longevos, por eso
se hurta. Es escribiendo, materialmente, por medio de ese
artificio que es la obra de arte. En todo caso un libro. Pero por
contagio, como se transmite el vampirismo, una multiplicidad de
obras de arte, las mías y las de Jairo, cuyas descripciones, lo más
minuciosas posible, me propongo desarrollar. En la Pintura, la
mayor parte de las mías. Las de Jairo, en la escritura la mayoría.

*

Pero para empezar la historia por el principio, debo
retrotraerme a mi primer viaje a París, y a mi iniciación en la
Pintura. Había cargado en un hatillo los dos únicos cuadros que
hasta entonces había pintado, y me los había traído a París.
Ahora los tenía junto a otros dos que estaba terminando de
pintar; esos cuatro cuadros se dividían, pues, en una mitad
colombiana y otra francesa.

6
La noche era sombría, la luz tenue y vibrante. Sólo recibo
las imágenes de unos cuadros que debí vender, con la ayuda de
un maestro de media tarde, en la placeta de Montmartre, sólo
imágenes, no cuadros, de mano de mi memoria, y de una nueva
noche sombría, una nueva luz tenue y vibrante. No quiero el
efecto burgués, de las bridas para el caballo de un instintivo
cinismo. Caballo-perro, caballo-mítico-cancerbero, quizás en mí
ya entonces esa yegua voraz y antropófaga, sumisa sólo a
Heracles. No quise freno entonces, y no lo quiero ahora, no quise
buen gusto y no quiero efecto literario. Porque sería dibujar
primeramente una caja perspectiva, un interior en rojo, con una
botella, cilindro cubista, en verde botella, de trementina a granel,
que, para lo poco, fue un año de oficio y recordatorio casi vacío
de una indecisa nostalgia.
Es el cuadro de la buhardilla, en él me esmero a sabiendas
de estar terminando un gesto de enfado, y una marca de carácter,
pero también un poema de amor. No en vano abundo en la
hípica, un tiquet anamórfico entre ángulos de muro es un caballo
pintado y con marco pobre, sólo una cabeza y mucho más difícil
que la marina en litografía, ¿o era al revés?
¿A quién le conté mi cobijo, en la novelita de un cuadro
moderno? El comprador, acompañado de una mujer, mostraba
modestia y un circunspecto y devoto respeto. Pienso mal,
recuerdo el rigor de una pin-up olvidada en el armario abierto, y
de esa otra pin-up que son las botellas de coca-cola recién
abiertas, y la cucharilla de plata, y el cenicero donde dejé el
primer y último mareo de mi vida, vuelto a lavar y pintado como
sin estrenar.

*

Me volteaba en la silla y tenía el recuerdo como enmohecido
de Colombia, - la buhardilla helada tenía algo de inclemente y
como de parecer a pico sobre la corriente del Sena - apoyado
entre la pared y el suelo. Hombres y mujeres que prometían risa
7
y llegar al momento del baile; allí fuera, en Cali, con urbanidad y
una complicidad cordial y urbana; no faltan a la terraza del
establecimiento las novedosas y desafiantes mujeres
universitarias y el sobrio negro, que es culto y memorable.
Los espacios se resumen todos en la caverna, yo soy y he
sido siempre pintora de gentes; pero el laberinto sorprende y
debo imaginar de nuevo la fuga de la calle hacia la brisa marina,
las adelfas. Debo imaginar cariátides de senos a tono, siempre, y
que sostienen un rótulo de café que el gusto de mi brocha ha
enblanquecido más, el dintel se abisma en unos aires de sombra
humanizada.
La tarde en Cali (siempre estamos mirando el mismo
cuadro), pintada en caballete con escolta de algún primo,
familiar, o yo no sé quién que era tácitamente de confianza, era
una postal de sanatorio de convalecencia que yo me había
enviado antes de verme unos meses después en París. La certeza
de una salud invencible, renovada, los nuevos ojos que ya se
alimentan en otros signos. Cali se iba a empezar a llenar de gente
moderna. Los pintores que yo puse sentados estaban deseosos de
darme íntimas noticias de levedad francesa, como con
indulgencia para con una felicidad inefable.

*

(Un cartón imprimado a la creta, regalo de artista pobre,
despreocupado y sátiro, contiene un esbozo con manchas de cielo
y masas de edificios. Sobre un lavado que casaba en un alba dos
tonos grises y turquesa, niebla de vaporosos coches de caballos,
yo estaba allí: era la figura lejana de un punto y coma,
supuestamente abrumada, excitada por añadidura merced a una
dieta de café. Me rodeaban los guarismos bermellón y limón de
dos señoras en realidad pardas.)

*

8
Como un cajón sacado de la cómoda, desde el cual somos
un dedal o un botón mirando al cielo destapado, hubiera pintado
la plaza de los Vosgos. En una madera del cuadrado, la casa de
Victor Hugo; en las arcadas el encuentro de un dedal con una
factura de teléfono, joven, escuálida y masculina. Sólo se puede
tener un recuerdo como de aproximación oscurantista a una
dirección que queda saliendo a la derecha.
Y sin embargo el cuadro nos deja tener una visión
isométrica, eficaz, del cajón-plaza-de-los-Vosgos, ocultándonos
mi platónico de encontronazo. Las hojas de los árboles son
negras; la arquitectura tiene la fibra gris y escarlata, espejos que
en sus postigos imitan la pus de un celaje de nubes doradas que
no miramos.
El perro en el centro de todo lleva al cuello el muelle de un
cabo de correa; no se ve la señorita, no se puede detrás de las
hojas severas.
La joven que se ve era invisible cuando la conocí. La hubiera
guardado en mi memoria achatada y aplanada como figurín con
pantalones de listas. Pero ella es la verdad rubia y escorzada del
cuadro. ¿A dónde corre, arriesgándose a tropezar del todo?
¿Sabes quién es? ¿Sabes que simboliza a Micaela, en su alocarse
titánico por ser artista?

*

Un cuadro que no tenga nada esencial, que sea como un
desierto salpicado de tizne, las prominencias de esqueleto de
unas ruinas que la tizne hace negativas, ahuyentadoras. Eso
quería decir en mi panorámica del Automático. Mi último mes en
Colombia, bogotano, fue mi puesta al día para ser lo bastante
artista en París. Allí no se hablaba de nada, la tertulia era para
exhalar, humo, por supuesto, como me decía ese Jairo que
conocí. Había leído con tino y con candor imperdonable. Pero me
molestaba un poco y me distraía de los títulos que saltaban a la
mesa. Para disolver el humo indeseable y confuso estaba esa
9
guillotina de Damocles de un modelo moderno de ventilador. O
quizás no, y era en Cali. Al fin y al cabo era mi segundo o 1er
cuadro, sobre el sofá corrido de cuero por descuido recién
barnizado dejaba inapreciable su baba, los cuadros sin barniz,
me advierte Jairo, y ya lo mezclo con las cosas de él: París,
tatatá del 63. Querido Jairo: lamento no haber tenido tiempo,
estoy atareada comenzando una serie, de saber más de ti. Me
dijiste que te iba a emocionar mucho que alguien te escribiera
desde París. ¿Estás emocionado? El estilo que quiero que
tengan los cuadros es comprometido, como si lo pasaran mal
por lo que no está permitido mostrar, y que sea una
instantánea increíble, un presidente olisqueando las nalgas de
una miss que porta crucifijos colgados de las plumas de
avestruz de su tocado, una platanera, un soldado pelando una
caña.
Cuando esté allí iré a verte. Quiero darte un libro que estoy
leyendo ahora, para desenvolverme con el francés. Es la
traducción del diario íntimo de Kafka y deberías leerlo para
que podamos seguir hablando de tu idea del vampirismo.
Micaela.

Me pareció muy avanzado, decía haber descubierto el
secreto de la sexualidad a través del yoga, ese mismo año, desde
Enero, y totalmente antes de terminarse el libro a finales de
Febrero. Eliminé el jugar, quise esperar para hacerlo en serio,
haber conocido Oriente en el Museo del Hombre y en los
Upanishads románticos de plaza de los Vosgos, en el librito de
Patanjali, ya no se me escapa nada. Haber visto los Gotamas en
indolencia ptolemaica acariciar un loto o un pezón, cerca de una
cúpula con ventanas a la Tour Eiffel. Y así de esa manera, ser yo
también profesora, venir de París, ser curativa y consciente.
Para eso iba muy tranquila, le había avisado por carta, la
única que metí con arrobo en la boca del león, de que le traía un
libro en francés. No conocía su puerta, pero la encontré
reconocible como un domicilio de sueño. El piso era de madera,
10
los techos altos y de color carne, cada habitación, excepto la
cocina, era una biblioteca.

*

Había otra persona, que poco a poco he sabido que era el
auténtico vampiro, el que supuso el gran contagio que a la larga
cambiará el mundo. Según Mark Bettini ser estructuralista es
estar vampirizado. Era todo espejo. De lejos era pubertad y de
cerca envejecido, como si le hubiesen pasado betún sobre panes.
Sus gestos eran literarios y por tanto inexactos. Por eso era
necesario que su presencia tuviese algo que pertenecía al campo
de lo repetitivo. Una manera de captar sobre sí la mirada. Se
diría que era el demonio familiar de Jairo. Se quedó la hora
soleada; cuando la lluvia dibujaba en tonos de plomo la fuga de
fachadas y la avenida al pie del cristal, ya se había pintado el
cuadro de mi soledad y la de Jairo. Era profesional, no me
besaba. El esperaba abierto como un loto en la alfombra,
pantalón de pijama y camisa negra, calcetines de lana macerados
en mañanas de oficinista o recadero. Mi gabardina doblándose
en la silla que lo supervisa a su izquierda, como una intrusa
inmóvil y ya recomendable. Mi pantalón es una segunda piel con
eso de leopardo de la pata de gallo. Una foto en gris de un tanka
de Buda y de Diosa del entendimiento y del alma, enlazados.
Hay dos Micaelas, una que mira y otra que ama. La soledad
de los dos salones consecutivos, y cómo me hablaba a mí, sin la
obligación de ser tímido.
- La unión de nuestras energías, que por otra parte es natural
y es hija de la elevación a los palacios del loto de nuestras
existencias, hace que nuestros corazones sean uno. Respira
hondo y constata que empiezan a coincidir tus latidos y los míos.
La primera eyaculada llegaba. Como disparada por un
transeúnte a ras de calle, francotirador a las alturas de intimidad
prohibida.

11
- No digo el OM porque todavía no tengo la voz hecha, pero lo
pienso con el vientre.
Pero mi vientre pensaba el OM con tal nitidez que yo estaba
tentada de salmodiarlo en voz alta.
Yo me levanté de entre sus piernas de yogui súbito, y me fui
por la escalera lamentando un poco dejarle, por mi ausencia, a
Kafka sin entrevista. Pero me volvió a citar esa semana y fue
finalmente para hablar de Kafka.
En casa del pintor y grabador Cuatro Estrellas los más
jóvenes estaban en el cuarto de los tórculos, taller sembrado de
tarlatanas maculadas y regado de limaduras plateadas y cobrizas,
oliendo a trementina y barnices, con los ácidos en garrafas y
damajuanas, bebiendo ellos con las apocadas mejunje de poquito
ron con gaseosa. No sé qué se fue a hacer al cuarto de los sofás,
parece que ahí había un maestro, un poeta, que iba a hablar de él,
con una muestra de su manuscrito. El florilegio era candente. Me
interesaba chequear el compás de nuestros latidos. De él me
venían altibajos de caballo sobresaltado, y yo era una tigresa para
morderle en el cuello.
Cuatro Estrellas se sentía muy interesado en mis
inquietudes artísticas, y quiso verme dibujar: Hombres en sillas y
el espacio captado por sus oscuridades, el joven Jairo plasmado
en un poco más de desenvoltura, con una indulgencia mía muy
profesional. Lo que hay de profundo y permanente en el alma
del hombre colombiano.

*

Salimos de la casa del pintor para sentarnos a hablar de
Kafka en un banco.
- Yo creo que en Kafka la mujer es el humor, y que el amor es
el lugar de una sonrisa clandestina.

*

12
Diario íntimo de Kafka traducido por Pierre
Klossowski, seguido de Meditaciones. Había regalado su
diario a un Kafka bogotano. La burocracia, me decía en el
apagado jardín, es un objeto o un tema estético de primer orden,
el de las oficinas es un lenguaje poético de primer orden, y
nuestra estatura humana, proteica como los pasillos, los
despachos y las ventanillas, se ve en el poema moderno y la
novela como en un espejo que es minucioso y es dramático. Le
toqué un muslo, abusé de su boca con un ósculo crudo y bastante
violento.

*

Bogotá, finales 64. Recordada Micaela: nuestra relación es muy
adulta. Recuerdo tu boina marrón y mi paraguas que retrasa
como un reloj con poca cuerda, tus pasos felinos de semidrogada,
tus dientes apretados en la llovizna.
Esa tarde que nos salimos de casa de Cuatro Estrellas,
sentados en un banco me estás dando a probar tus rotundos
senos. Nos hemos ido andando hasta mi casa. Creo que la mujer
del futuro debe de ser accesible como una prostituta.
Sólo así me dejo sorprender por la facundia de su pincel,
por su liderazgo ancestral de los deseos políticos.
Olvido los detalles y los conceptos almacenados hasta este
día, y estoy más interesado en conocer el argumento de nuestro
concubinato. Para cuando vuelvas tengo un somier de
matrimonio y un colchón de plumas, he comprado sábanas. Si
quieres convivir conmigo hay un palomar en la terraza donde se
puede pintar, de hecho ya lo hizo un tío de mi madre, pintor
dominguero.
No nos hemos prometido nada, y yo he seguido buscando el
éxtasis en las mujeres, con resultados kafkianos, una sonrisa, un
pedo involuntario, también alguna irritante esfinge.
Jairo.

13
Todavía chupa de el momento de la adolescencia en que sus
irrepetidas lecturas de Kafka tuvieron lugar, desde entonces se
refiere constantemente, aunque cíclico, y con desenvoltura habla
de lo kafkiano, de ese humeur noir. El diario no le interesó sino
superficialmente, casi sin asegurarse de confirmar de forma
general sus intuiciones, simplemente echó un vistazo mímico a
algunas páginas, para ponerlo más tarde con mucha ceremonia
en la estantería.
La consecuencia de vivir con Jairo es que yo misma tengo
dificultades para leer a Kafka como lo lee mi tiempo. El
estructuralismo, el nuestro, es tan apresurado y tan medroso que
parece urgido por la llegada cercana de una especie de Paracleto,
y se consagra a dejar fluir hacia el mundo un rápido anuncio de
la Luz. Sin embargo, no deja de ser de utilidad interrogarme
sobre lo que ve mi tiempo en Kafka que no vemos Jairo ni yo. Se
pone a la altura del director de cine. Mi tiempo piensa mejorar la
versión recientísima del Proceso por Orson Wells. O no tan
reciente... con más razón hay que hacerla en tonos azules, azul
niebla. Nadie mejor que él en El Castillo ha plasmado el ser de la
gestión que se hace al teléfono. Kafka es dantesco, por supuesto.
La vida moderna ocurre cuando el individuo desaparece en la
masa. Hay algo de recorrido cinematográfico en la secuencia en
que Robinson y Delamarche suben el piano de la norteamericana
gorda por una escalera, con la ayuda del protagonista de
América. Hay colores interesantes en el circo que aparece al final
de la novela. Pero ríanse un poco del estudiante que calcula los
costos de una puesta en escena de lo que está leyendo. Ríanse de
su impenitente prurito épico. No se rían de la actriz que piensa
maquillar para el papel de Frieda. ¿Qué es mejor, recordar a
Kafka un poco, y con secreta intimidad, con la virulencia de una
fresca nostalgia, casi angustiada por la proximidad previsible de
una repetición, o leerlo al detalle, proyectando su repetición sur
l'écran publique, sentándolo al lado, en el suelo, de nuestra
butaca de director? No sé qué le respondí, Jairo no guardó esas

14
cartas; a mí en París no me parecía que fuese verdad que luego a
mi vuelta fuésemos a vivir ese chico y yo bajo el mismo techo.
En todo caso le mandé en ese tiempo láminas, la gran
odalisca, la muerte de Sardanápalo, y le conté de los cines a los
que iba acompañada.
Aprendí de Loulou de Pabst a peinarme à la garçonne, como
mi madre, y a ser una vampiresa flexible y sana, y también lo
aprendí de mis amantes, devotos y existencialistas. Para mí Bram
Stoker había profanado un secreto, prefería el diálogo y la noche
al volumen. Ellos no lo leían, y yo tampoco. Cuando estuve de
regreso en Bogotá...
- Perdona, no me di cuenta de lo que hacía. Pero ya le
empiezo a chocar, y creo que saldrá huyendo.
Yo pensaba que había quedado descartada la oferta de vivir
juntos, pero no había nada más divertido en Bogotá y esa
muchacha estaba en la coyuntura de esfumarse. Estaba al otro
lado del teléfono cuando entré con mis maletas por la puerta.
- No creo que puedas soportar mi condición de vampiro.

*

En mayo del 68 Jairo me escribe desde Paris. Él incidió en
estar formando parte de los cenáculos joviales de la I.S. No hacía
arte revolucionario, en absoluto, sino al contrario desarrollaba en
su trabajo una cuidadosa búsqueda de clasicismo. Me asegura
que el movimiento acuñó una frase suya "la revolución cesa
cuando hay que sacrificarse por ella". Se mimaban, se trataban
bien, y eso hacía de ellos unos aristócratas de la subversión. La
prosa de su carta es tan pulida que no cuadra con mi novela de
esbozos y viñetas.
Forzosamente hago patrística tras una época de evangelios
y metamorfosis. El evangelio de Bakunin, el apocalipsis de
Sartre, las camadas de discípulos festivos y milagrosos, y todos
ellos son patrística de otra cosa. Es, por otra parte, lo único

15
novedoso el cómo nació entre nosotros esa edad, la única novela
posible.
Una por una las ciencias habían aparecido en este mundo,
de año en año, dotadas de sentido; ¡tanto mortificamos la carne
de carnaval en cuaresma!

*

Lo primero me fui al palomar; aplicado, Jairo efectivamente
me había hecho sitio y los trastos imaginables se apiñaban sin
excepción apilados en un extremo. Desenrollé lienzos y los
claveteé aquí y allá. Me recuerdo subiendo allí escayolas y
cristales, maderas, partes de retornados tabernáculos de una
diosa restituida en un imperio sin excepción.
Como contagiados de luz, los amigos aparecían con grandes
cosas que contar. Se tenía, por ejemplo, comunismo sin
necesidad de proletariado. Marx era despreocupadamente un
ámbito de la metafísica. Nadie era forzado a disyuntivas, no se
desperdiciaba.
No se era sesudo, porque sesudo y profundo era el cartero o
el taxista.
El amigo pintor era serio y superficial, abrigo azul marino;
se me dejaba ver por sentido del deber y procuraba no entender
mi pintura, a condición de que Jairo interpretase la suya. Jairo se
puso a trabajar en una oficina sin ascensor, viendo pasar por el
vidrio una fila de pensionados que no le tocaban a él, y nunca
supo decirme de qué estaba encargado. Llegaba cuando la fila ya
estaba allí y siempre tenía la impresión de que el mundo se iba a
acabar, de que iba poco abrigado. Cuando anochecía se
atravesaba sobre la cama y, sobre un montón de folios, escribía
en un taburete.
Creo que Jairo escribía tanto para no darse tiempo de
releer. Luego, cuando se daba la ocasión de recitar, leía de su
cuaderno antiguo, que, por comparación, era de lo más escaso.

16
La poesía simbolista, y la poesía en general, porque
Leopardi no es simbolista, sólo era soportable si estaba arropado
por más de tres personas, y semioculto en un sillón; sin embargo
ejercía una influencia vigorosa en su ánimo. Juntos dibujamos la
Judit de Jáuregui, y jugábamos a la reina en el incendio de
Villamediana.
Vampírica es la relación familiar, el orden social es
vampirismo enmascarado. Las llamadas al orden que íbamos
suscitando, a Jairo le inducían espasmos de desangrado, bajones
y subidas de tensión que en los regresos a la casa intentábamos
curar con jazz.
El jazz era un camino de vuelta; los sonidos de ese
simulacro de ciudad, de ese doble de la vampírica ciudad que es
el disco de jazz girando en el plato, cuando Jairo estaba irritado y
yo harta y desesperada nos devolvían, puerta a puerta, avenida
por avenida, la pertenencia, la ciudad, el derecho.

*

Autorretratos arrugados, corvos, envejecidos, como si la
ciudad me quitase la sangre de mi juventud. Paredes de asilo y
una cosa más grave, copas de sangre. Los montones de hojas de
Jairo describen cabotajes nocturnos, anotan indumentarias,
descifran lo siniestro de toda vestimenta, reconocen macilentos
visages de momia en sucesivos porteros de nuevos olvidos.
Pero debo decir que ese estado de videncia en que llegaba
en la Bogotá duplicada por el simulacro norteamericano, obra del
africano, o el simulacro caribeño de jardín obsceno y oculto, me
permitía decir, estar rompiendo el hechizo indeseado en cada
cripta pintada. Porque pintaba criptas, mausoleos de generales y
ministros, partidas de póker de simetría delirante, con babas,
babazas sanguinolentas y colmillos torcidos en la monstruosidad
de su impunidad.
Mariscales de piel de plátano y ojos de vino tinto, como
guacamayos tocados por el hálito de una bendita y rarísima
17
imbecilidad. Televisores pintados al óleo con un eterno icono
abstruso y abortivo.
La cama estaba en el suelo rodeada de pilas de libros y de
estanterías con libros, sobre la almohada se había hecho su
campamento una máquina de escribir y había encima de las
sábanas dibujos a tinta china y collages. A este lugar donde
jodíamos Jairo lo llamaba el Devoratorio.
Hizo falta que viajásemos juntos a París para descubrir lo
viscoso y dentado de esa rémora cerebral que son las familias
pudientes. Mi madre, que nunca puso un pie en marcar mi
número de Bogotá, me escribió lamentando los excesos
prematrimoniales con alguien equivocado, con comportamiento
de marxista. No puedo sino vomitar ante el sometimiento de este
país a un servilismo total, bajo anestesia política.
El día del putsch recibí invitación a un cóctel donde mi tío
general. Dos días más tarde (Jairo me insistía en que en este
momento delicado se trataba de demostrar buena conducta) fui.
Jairo me vendría a recoger a las once. Los oficiales jóvenes,
animados por el grupo, y por su poca continencia me escupían
adjetivos. Yo procuré estar cerca de mi tía y luego de mi tío,
aventurando un soslayo en el momento del sorbo. Tu novio te
espera a la puerta, es preferible que no entrase. Máximo rubor,
sudor en las manos. Voy a pasar todo el salón. Me dirijo entonces
a la caja de puros, saco una caja de cerillas y me enciendo uno.
Calando calo hasta la puerta. Un militar impúdico recibe mi
mudo silbido en los ojos de humo. Y desaparezco.

*

Al menos podíamos estar obsesionados, que es a lo que
quiero ir.

*

18
En medio de nuestra impaciente apatía, que era como el
estado que fundamentaba, el originador, lo artístico, todo el
trabajo y todo el oficio consistía en dejar cristalizar la obsesión,
que irrumpía de forma explosiva en los momentos de papel. En
mi caso había una connivencia con la toxicidad de preparados,
disolventes, alcoholes y esmaltes, una especie de práctica
clandestina del envenenamiento masivo. De este estado original
deforme y angustioso han quedado rezagos en nuestras obras de
madurez, una especie de culpabilidad y la sensación de que el
oficio de artista consiste en conservar, como confitada, esa locura
y esa angustia.
Estoy en condiciones hoy día de mostrar una pintura tardía
apesadumbrada por la nostalgia, que son los colores de una
confitura o una mermelada amarga, hecha de obsesiones de
juventud guardadas en la despensa. Me he preguntado con
frecuencia dónde quedó, por el camino, la eficacia de esas
explosiones de locura y de irresponsabilidad.

(ineficacia de la obra maestra y eficacia del personaje)

Pintura y poesía tardías:
desencanto y elucubración del signo.

<Imagínese una sociedad hilarante donde los bufones
fueran taciturnos y cariacontecidos, una especie de profesores sin
prestigio y sin entusiasmo cuya lentitud de ingenio y falta de
simpatía fuese el centro de atención de unos aristócratas
plebeyos, señores crueles y felices, numerosos, omnipresentes, y
muchos niños, pandillas de adolescentes, ingenio y concepto a
flor de piel, siempre al borde de los labios. Imagínese la torpeza,
la falta de concentración y de habilidad, y un cuadro o un libro
penoso que recibe premios, homenajes, emociona a grandes y
pequeños, y en él coinciden las generaciones...>

19
Como un potente y descomunal murciélago, vuelo en una
noche a París, paso unos minutos en NY, planeo incluso solitaria
por las nocturnas sabanas e inimaginables ciudades de Africa. A
la segunda escritura nos convocó la vida con un segundo y con
una columna. La dureza del encuentro era esperada.
Yo confitéla y Jairo la dislocación la mandó podar,
sabiéndola casi perpetua.

*

A la segunda escritura nos convocó la vida con un segundo y
con una columna. La dureza del encuentro era esperada. Yo
confitéla y Jairo la dislocación la mandó podar, sabiéndola casi
perpetua.
Nos estaba gustando el modernismo, que, pintarlo, lo
pintaba todo y que en novela no contaba, cuanto más en poesía
hacía la anestesia imprescindible. Nos regocijamos en el detalle
de la obra de cada artista muerto. Parece una exigencia el
carácter póstumo de nuestra complicidad. Y Jairo y yo
averiguamos pronto que como artistas debíamos hablar en
adelante como desde el camposanto. Darnos a la antropofagia,
ser despojo en que ya nosotros mismos, no artistas, ya amantes,
nos dábamos al robo. Es bonito y es bello despertar a la vida por
turnos, para volver a enterrarnos.
Nos besábamos como a una bella y perfumada momia, nos
dolíamos, y trabajábamos en el luto del otro. No podríamos,
pensaba una media mañana en el Automático, en voz alta para
Jairo con ruido de café, tener sobre ese vampirismo de pareja
una tan despejada perspectiva, sin el espejo constelado de signos
de la escritura, y de esa otra escritura muda en que yo me miro.
Por eso habría sido posible distinguir en la vida eterna de la
pintura, y de la pintura con palabras, los dos estadios de la
existencia de un vampiro. Las obras crípticas, de la rígida
simetría, donde se anonada un cuerpo que no llega a
corromperse ni respirar, donde tiene la vida o semivida sedienta
20
del signo. Las pinturas donde parece volver, recobrar energías,
haciéndose invisible como un aire diurno lleno de vitalidad y de
movimiento. Esos otros son, pues, danzas de muerte animadas
por el genio de un Eros. El Amor que oculta el vórtice negativo de
la Muerte. Cuerpos que se dislocan bellamente, que no han sido
fijados, incomprensibles como flores, dispuestos a languidecer
siempre más tarde, hermanos de sangre de los que ocultamente
nos expían.
Él ha estado enfermo de mí, como yo que le culpaba; le
culpaba de la molestia de vivir nuevamente, habiendo resucitado.
Hacía falta estar rodeado de flores, que lo efímero fuera
eterno. La atención como absorbida por una música a la que
nunca pertenecemos, que es libre como lo que ya no existe.
Desgraciadamente de los hechos, no puedo ser positivista,
novelar con consistencia, sólo recuerdo el ritmo que es como
artificial e inevitable. Pero así soy más fiel, en mi metamorfosis.
Una mujer que es fiel es el retrato de un perro, y nada más.
Todas mis pinturas se podrían titular cave canem, son un
despilfarro, la entrada que nunca se franquea.

*

Jairo estaba preocupado por hacer cine, porque es la
porción de la realidad que sólo puede ser sueño; los desnudos en
el celuloide son mariposas indóciles, corriendo, saliendo de
campo como inteligencias inalcanzables.
¿Por qué tengo la suerte de ser más artista que quien no
vive mi presente?
¿Acaso porque, como el estoico, me devoro a mí misma,
parasito el tiempo que me ha tocado?
En la cueva del cine somos camada de nuestras propias
imágenes. El humo acaricia las hipóstasis imposibles, los lazos
por siempre desatados, actúa el espíritu de los lotófagos. Los
vampiros se posesionan del castillo, cuando sentados se

21
comprueban público abstraído del rallye del tiempo, en las
butacas.
Escenas de la pasión de Cristo, cuadros vivientes, interiores
de harén; provistos de máscaras recibimos al neófito, un borrico
que rehuye el encuadre. Escenas contradictorias, fallos de racord.

*

En el periodo del yoga, Jairo me escondía sus servidumbres
universitarias, dejándome ver tan sólo sus visitas a Paris, su
conocimiento de lo dionisiaco en Nietzsche, de lo griego en
Heidegger.
- Me complacen y gustan las señoronas imperativas, cuando
tienen un penchant por la lascivia. Pero las solicitaciones de
Fernanda, aunque se crea que me sugieren, provienen de su
deseo de decepcionarme, de que la decepción se apodere de mí,
como si quisiera desecar la fuente de mi furor creativo, como si
su entrada en mí fuera en aras de un restablecimiento del Orden
y del castigo de las transgresiones. Ésas son todas sus
seducciones, y ése es el veneno de su coquetería.

*

¿Cómo se fuman los primeros baretos?
Y una puerta que se abre a la serpentina jovialidad de una
juventud amplia. Todos escuchan el mismo disco, pero miran
separadamente y con distancia al vacío, diferente.
Creo, Isabel, que mi religión es el carnaval. Nuevamente,
sobre mis carnes avejentadas, quiero poner los tules y la boa, los
blue jeans.
En el rojo intenso y pálido del mediodía, una linterna de
cocaína que repercute dos amantes de banana, sobre el sofá,
ajenos a la muchedumbre; ellos semidesnudos como rocas que se
derrumban se entregan a la pose. Alguien que espía con lealtad.
Se pone a temblar. Acertados silencios, subyacentes al watio.
22
No otro sino él será, elegante en su ausentamiento como la
mejor manera de fumar recostado en unos hombros femeninos,
el amigo Lúculo; nadie se habría imaginado que había de
terminar obligado a hacer el firmes ante unos fideos y un
chópped impuro, vampirizando, como Roland Topor en
Nosferatu, a las moscas. Mi mirada ahora lo escruta entre los
colores que ensombrecen cierta esquina del espejo, y allí como
una extraterrestre del tiempo que sobre una piel de iguana se ha
vestido de seda y una boa de plumas, mi imagen lo visita. Por las
tardes él va a ver al hijo oculto y conminado al secreto, llora al
verse escatimando un roce de labios a la muchacha, finalmente
se funde en su carne de desgracia y se presenta en el domicilio
alienado de amor.
Las mujeres somos apóstoles blandos de su muerte y como
inteligencias de su dramático pleroma.

*

¿Por qué no golpear con el oráculo de la realidad, como en
un espectáculo solitario, al niño, al viejo, a la mujer, al hombre, o
a la monja?
- Me gustas con este disfraz de monja, y sólo pienso en
abrirte mejor el sudario para que golpees mi boca con tus senos.
- Lo hago por comunidad con el infinito, no me
malinterpretes. Chupa, como un lechoncito sediento. Rodéamelo
con la lengua de un sapo energético de duermevela.
Yo y Jairo en el tiempo, abiertos nuestros oídos a una
música nueva, disfrazados a la antigua para mayor contraste de
la juventud de nuestros cuerpos.

aguafuerte

Sidarta temblaba como un flan, enorme, unas inmensas
ganas de llorar le hacían sonreir y callar; sus manos raspaban el
barniz, con un punzón, de un círculo de cobre sacado del bolsillo;
23
como la cuna de Moisés en la tempestad del mar Rojo, así era el
pulso manejando precisamente el punzón, inscribiendo un
dibujo lleno de virtuosismo, mientras el resto del cuerpo se daba
a la tembladera.
Dejando de lado mis senos excitados Jairo bajo la música
retumbante, los ojos rojos por el humo, sacaba el tomito con las
soledades del culterano y derramaba lágrimas como si una luz lo
deslumbrara. Se preguntaba por el curioso Edipo de Lezama
Lima. Se leía los Elementos de Roland Barthes, buscando la
fuerza de la lengua en el elemento puro de la ciencia. Tenía una
concepción presocrática de la semiología. También era muy
amante de d'Annunzio, porque podía leerse sin ser interrogado,
las respuestas habrían sido demasiado largas y tediosas, o
presuntuosas. Lacónicas.
Da bienes Fortuna que no están escritos, cuando pitos,
flautas, cuando flautas, pitos. Parece que cuando pintaba
abstractos que quería que no se pareciesen a nada decía más
verdad que ahora, angostada en estas páginas impuntuales. El
aguafuerte de Sidarta no era preciso sino sin dejar de ser más
bien esclerótico, viciosamente anguloso. Así le cuadra a lo que
resultó ser su destino, y parece que la crueldad de la parca con él
a él lo hacía repetir entre dientes el dictado fatal, y esa crispación
se nota en los aguafuertes suyos que yo conservo. No se llamaba
Sidarta, es la escritura, el lenguaje que me hace imaginar deudas
y sobrevivencias maternales.
Y sin embargo, qué vigor y cuánto no me inspiré yo en la
obra loca. Cuánto no se aprende con fanatismo del artista
malogrado, hasta la manera de desvanecerse cuando la
embriaguez y la tristeza se juntan con el cansancio, cuando
todavía hace falta dejar constancia en la imagen, en el trabajo, de
que seguimos ahí, de que cada día sabemos más.
Baco y Dionisos eran Nietzsche y Heidegger. En el piso más
reciente en las torres del parque teníamos champán y un gato
cocainómano. Y en Francia. Ni en París se echaba en falta. Nunca
bajó la temperatura en interior, ignorando el carbón. La estufa
24
fiel, fidelísima. Debimos haber llamado Dionisos o Heidegger a
un bello perro de raza, pero ni Jairo ni yo éramos amantes del
comfort, como ahora. La estufa era el objeto más humilde y más
fácil del cosmos. El comfort no era un lujo, y no había pobres que
no fueran compañeros pulcros.

*

Asocio ese espacio con los primeros baretos de marihuana.
Los primeros del mundo. Por eso he clasificado espacialmente
sus estancias, desprovistas de electricidad, inaccesibles al equipo
de rodaje, al mini-bruto, sus grupos, sus momentos, escucho su
música. Verdes apagados, azules y rosados, tenues, crean, entre
los grises sutiles, los negros y los pardos profundos, un
misterioso clima que penetra en mi espíritu.
Su balcón con muchachos aislados que parecen atenazados
por el estupor de la reserpina, sobre la baranda de piedra
artificial.
Su momento nocturno en que se agolpan conversaciones de
velocidades inalcanzables. Su cuarto ciego. Porque he pintado
muebles, y, sobre muebles, sagradas cenas, es sagrada la
ausencia de muebles habituales; y debo salir al jardín para
encontrar allí, tomando el aire, como un mastín con sentido de la
independencia, al sofá de cuero.
1) Zaguán con claraboya desdentada (que introduce
abundantemente el día) y pareja que luego ya no está.
2a) Espacio intermedio que aboca al salón, varias sillas; uno
puede sentarse (la temperatura del asiento, el brazo sobre el
torneado respaldo, la mirada en la otra sala), sin por ello esperar
a que nadie pase con una botella o varios vasos.
2b) Sala con sofá en que se ama (ya he mencionado a los
cuerpos que se tuercen allí, semiabiertos, de comisuras
humedecidas y piel dorada; al corcovado que esboza la escena
sobre una plancha de cobre). Sobre el suelo, tocadiscos atareado
y todopoderoso.
25
2c) Escalera que sube a la segunda planta. A ella se accede
por 2a).
2d) Escalera que baja al jardín. A ella se accede por 2b).
3) Jardín.
4) Balcón con terraza. Es lugar de sentirse apesadumbrado
por la luz. A él se accede por 2a) y 2b). Aboca a lo más lujuriante
del jardín y más soleado.
5) Piso superior, de muy otra lógica. En vez de los cuartos
aventanados que girando en círculo abocan unos a otros, se sigue
un pasillo constelado de puertas cerradas que alguien de paso
siempre abre para arrojar una chaqueta. Al final del pasillo se
encuentra la entrada a un salón tubular, acristalado, que rodea
todo el piso. Allí se encuentran los muebles, los acantos, las sillas
agolpadas, los jarrones. Por uno y otro cuerno se abren los
ventanucos esmerilados de las habitaciones. Habitaciones
sofocantes, sobrecargadas de adornos y de muebles de pésimo
gusto. Tras uno de esos ojos hay luz y el movimiento de unos
cuerpos que parecen desvestirse.

*

La claridad de la luz eléctrica se apaga de súbito. Un
hombre me implora desencajadamente de rodillas. Lo ilumina
un velón. Musita un rezo avejentado y sus muñecas están atadas
con eslabones de hierro. Es flaco, despojado de ropa, de natural
severo y superficial. Me inclino para que aproxime sus labios a
uno de mis senos. Se comporta con lubricidad neurasténica.
Consigue transmitirme su crispación estúpida y le asesto una
bofetada tras otra.

*

Yo copio los arquetipos tal como los encuentro, fugaces,
crueles, sedientos de victoria, y voy interpretando un ritual de

26
bofetadas y premios, de mi zapato apoyado en un cuerpo, de
holgarme el elástico para dejar ver.

*

La luz del aurora ilumina ahora más espacio a nuestro
alrededor. Jóvenes con sombrero militar de visera, en la blanca
alba blancas mujeres beat, casas recién pintadas. Fiestas con sólo
tocadiscos. Un sofá de cuero en el jardín. El pensador en la orgía.
Menos facetado que mi adorador masoquista; lector, por otra
parte, poco fino de Nietzsche y Heidegger, dudando entre si Baco
o Dionisos, inepto a las imágenes báquicas, eyaculador precoz.
Me musita, todo falso, que soy su ruina profesional, y su
mueca es un signo de dólar. No soy su ruina profesional, yo
lubrico su multicopia. Piernas de garza y pisadas envenenadas
para su culpa cristiana.

*

En el buró de Víctor Estacio comento sentada ante un corro
de hombres que Freud fue tan precursor que estuvo a punto de
descubrir las propiedades analgésicas de la cocaína - quizá esto
constituye mi tesis en Medicina. En medio de un cristalino y
nada cálido silencio el más joven, ya calvo, musita: querrá usted
decir de la aspirina.
- No, jamás. Sé muy bien lo que digo: de la cocaína.

*

Tener un condenado nos hace ser estúpidamente listos.
Tenemos diálogos prostitutorios de chulo y mantenida. Gracias a
ti será hecho. Has roto mi corazón. Por favor, ven conmigo. ¿De
quién es la culpa? Recibimos consejos de videntes y brujas,
incluso precisiones acerca de la cadencia de nuestra obra: Jairo
está vampirizando tu obra. Jairo te está vampirizando.
27
“Tenéis tanto en común”. En común las galopadas del
insomnio, el alazán interior que relincha largamente en el
cerebro. Y yo no quiero ser el altavoz de una psicosis.

*

Tengo un amor con un abogado mayor, desfilamos con
lentitud de elefante por el museo. Lentitud de los cuadros: quiero
pintar una venus. Quiero pintar a Venus, precisamente. Se
acomodan los tubos, el bote de barniz, la panoplia, y me esperan
inútiles.
Llegan más temprano las servidumbres prostitutorias, el
creer necesario albergar en los labios algo abyecto y emitir con
una sonrisa mísera la frase: chupar es tener vida. Creyendo ganar
el cielo de una vida de corista con pasado sólo produzco
desconcierto, tedio. Un tedio culpable que se lleva con vergüenza
de gripe.
Encontré que los dos hombres de mi vida estaban exánimes
y que mis cuadros eran rígidos y frígidos.

*

Recordada Micaela, trato de mirar otras cartas que te he
escrito, y que te dejaste aquí, para copiar el estilo. Amiga mía,
léame la mano. Bajo un árbol me he parado, acompañado.
Vuelvo a casa alterado por un beso recibido en la boca con
mecánica puntualidad. Y porque me han sido robados los labios,
porque no estoy en mí. Es el beso a Werther, para que se suicide,
la mansa musa que devora lo poco que queda, en mi cráneo tan
femenino, de seso.
Es día de domingo y repito mecánicamente el gesto de besar
tu retrato. Soy incapaz del diario que el médico me prescribe. Me
dice que ordene mi cabeza y que no piense, bonita paradoja. El
doctor es árabe, no te lo creerás, el doctor Mojtar, y hombre de
28
mundo. Me aconseja el café y el diario. Puedo imaginar sus
diarios de fino observador en París, trufados de anotaciones
nostálgicas. Muy útil para él, pero qué diario haría yo con un
perenne día y una noche perenne.
Como otros tienen experiencias con la mescalina o con
Oriente, yo ahora me recubro de mujeres. Frecuento el burdel,
donde se esconde una y aparece una cara nueva, donde se da la
mirada como un elixir. Con los ojos en rapto me presento en la
cena de Emilio Aramburu y Ginebra. "Usa usted unos perfumes
más bien extraños, querido Jairo". No te voy a definir los
personajes porque ya los sabes.
Emilio, tan buen poeta que prefiere ejercer de anticuario, no
es que respete (¿qué habría que respetar?) sino que, como cosa
suya personal, parece querer invitar a Ginebra a terminar de
entender todo aquello.
De esta "manía" de Emilio, ella deriva una desconfianza
hacia mí, no exenta de ternura, que tiene que ver con el horror.
He podido asistir a su privacidad, cuando, con los senos al
aire, bañaba a Carlota. Tus clases de dibujo, y Tiziano y
momentos del Rafael como la Fornarina, no sé, algo de cultura
plástica, me han llevado a dibujar esos senos, desfigurando mi
torpeza el rostro un tanto, en casi diez bocetos.
Emilio ha apreciado el intento, ha buscado unos marcos y
me ha regalado mis propios titubeos.
Tratándose de amores y de cuernos seguramente es más
propicio el angustioso papel, y el protocolo del sello. Me frota sus
pies descalzos mientras habla de la conciencia pequeñoburguesa
de clase en relación al Arte. También ha habido días pesados,
insoportables, yo atenazado el plexo solar por el café. Débora allí,
despechada, con su Jesús dirigiendo la orquesta, y el grupo en la
golosidad de ingenio de la cocaína. Alguien ha repartido
caramelos. Como excusa para besarme escucho a Ginebra que
me dice "escupe el tuyo y prueba otro". El beso de lo Otro
produce sueños nuevos que no sé cómo calificar.

29
Ginebra (mi médico también) me recuerda a Gulliver. Va
como de una isla a otra comprobando que se mueve entre
pigmeos agrios, o entre melosos príapos pagados de sí mismos,
conoce las ciencias y la idiotez, está acostumbrada a que su moral
sea una cuestión de perspectiva. A ella la cocaína no la exalta, la
hace visible en la honrosa desadecuación de su estatura. Pero
respecto a mí se irrita, tiene como la urgencia de decirme que
debo cambiar, masajea enojada mis hombros como si yo fuese
una máquina que no le funciona. Aparenta decirme que debo
terminar pronto con mis angustias de poeta, que le estoy
haciendo perder un tiempo precioso.
Paseo por Bogotá, voy al estudio de mi amigo pintor. Me
quedo a veces allí toda la noche, durmiendo en la mañana sobre
una butaca, con una manta. No bebo, tuve un episodio por culpa
de la mezcla con el combinado de reserpina.
He querido olvidar las palabras. Pedí insistentemente a
Débora que posase para un retrato. Quizá demasiado púdico,
quise fijar en presencia de Jesús el número de sesiones. Me fui al
balcón, el pasillo es largo. Micaela, diosita, me encontré que el
retrato que esa casa me otorgaba iba a ser mi propio retrato.
Cansado, volví al interior. En el interior había tras la última
puerta una escena de celos con explicaciones razonables. Cuando
el ojo demanda no quiere a la persona. Lo que a Jairo le interesa
es tu imagen, se ríe por dentro de los sentimientos que como
mujer puedas tener. Es masturbatorio. Se para en las cafeterías a
hablar, con cualquiera, de sus musas. Y no sabes cómo las trata.
Además decía Jesús que yo estaba solo. Que yo estoy solo. Con
tristeza agradecería el retrato si fuese destinado a mí, pero la
abismal soledad, estar solo, lo que suponía es que de mí Débora
en adelante sólo podría contemplar ese retrato de gran
masturbador.
Te decía que mi galanteo consistía en relatos con Helga,
Nyctelia... sea suave vínculo hablar más tarde, si quieres. Aquí
tienes a Jairo, solo.

30
*

Sapos comiéndose el cerebro desparramado de un guerrero
arcaico. Soñado el 11 de enero de 2. Sacralizar el calendario tiene
consecuencias en el cosmos, en el respectivo cosmograma que
nos incluye. A través de mis reencarnaciones siento que he
sufrido como una suerte de cefalea toda visión histórica del
cosmos. Los sapos se comen los sesos húmedos de un hoplita, en
ello veo que todo cerebro es sexo, que fantaseamos que
encallezca y sea honrado como sueña el común mortal que el
sexo de la puta esta encallecido o dado de sí. Así trato de vivir en
mí las ancianas cosmovisiones, dejándome las pestañas en
Ptolomeo, o en los oráculos caldaicos.

*

Los fetiches africanos con frecuencia contienen o sostienen
un espejo, con él suponen atrapar, reducir al hechizo, el alma del
hechizado. El espejo es así devoratorio, caníbal.
Ninguna mejor nonchalance que la del negro del cuento
persa, repetido en Sanai y en Djami, que no se reconoce en su
reflejo, y se deshace del espejo en un gesto. Dejando a un lado la
moraleja, es una fábula muy práctica en cuanto a nuestra
relación con Sanpedro, el negro del Chocó que escribía en
nuestro movimiento y era un amigo.
A él le complace fantasear el "banquete" de Platón entre
máscaras de ébano, al pie de la selva tropical. Unos comensales
negros, un Sócrates de voz cálida, de iboga, y pelo corto y
ensortijado. Agua de coco templando los fuertes licores, lluvia
tropical en el intermedio. Unas ideas de Macumba, un intelecto
esculpido en madera, coronado de orquídeas, Zeus negro de
atléticas hipóstasis. Hablar con dignidad del Amor, sentarse a mi
lado con la respiración distendida y lenta, vestirme de sombra.

*
31
Pero Jairo no ha muerto, no ha desaparecido. En esta
especie de enfermiza calma chicha, de casi no besarnos, ha
acumulado las frases en fajos de papeles. Las frases que son los
versos, esa frase volátil. Me comunica con la vista en mis manos
cruzadas (mis dedos poco a poco tienden a la espátula), puestas
solemnemente y al descuido puntual cruzadas sobre la falda, que
tiene terminado el libro, que quiere que lo revise.
Paseo mi vista por las habitaciones de la casa, todo ha
cambiado. Hay cuadros cubistas y caliginosos en las paredes:
desaparecieron los pictogramas, los mandalas, los estantes están
ubérrimamente tupidos de libros, y las alacenas, y los armaritos.
Hay damajuanas pobladas por dentro de plantas acuáticas, hay
un canasto con gatitos recién nacidos.
Me cuenta que ha pasado unos meses desabridos, insípidos,
sin sentir la menor certidumbre ni inspiración. Ha escrito en
medio de una gran y exuberante apatía. Ha multiplicado
imágenes que son como blasones de esa apatía. Ha titulado el
libro:
El corazón vacío.
Las luces y penumbras de estos espacios cerrados, que un
pájaro de la avenida observa por la ventana, con mirada
intimista. Miguel de Molinos murió maltratado por la cárcel de
Roma. El carmelita barroco piensa la nada con una modernidad
adelantada a su época. Jairo lo cita varias veces en el libro.
Piensa que, sin el aparataje de un entusiasmo, entrevió la
equivalencia entre su inactividad y la actividad de escribir a
partir de ella. De esta manera pudo conservar esa especie de
potencia, sustitutoria y justamente sin satisfacción.

*

A él le ocurrió con el corazón vacío una negatividad que en
vez de engordarle la panza, como les ocurre a los que se
acomodan al melodrama chabacano de tener un amplio público,
32
era una negatividad incómoda, insípida y febril, que le
comprometía con las ínfimas personas que mueren en las
esquinas, hasta terminar casi por confundirse con una de ellas.

*

Arropar al hombre con el lenguaje del sueño. Utilizar la
lógica de lo muerto para preservar el sexo. Eludir en el recuerdo
lo social y extrapolar lo social sobre el absurdo.

*

Que uno se queda vacío lo dijo Paracelso, conocedor de las
larvas, o bien lo he leído en sueños durante un concierto de
Edgar Varese. La fiesta de los vampiros es con la Muerte. Hay
momentos como éste que te cuento, cuando Jairo sin quitarse el
astracán, pasada la friolenta, se deja retratar. Mi dibujo me gusta
tanto que me parece viril. Cuando lo mira dice "yo vivo aquí",
creo que para un conde así es vital ser fabricado por la mujer.
Nunca hasta que ahora me vine a Madrid a dar testimonio había
estado en el museo delante de los Zurbarán, pero pienso que,
bueno, tantas historias de Zurbarán... y la gran teoría de
Zurbarán... el vacío monacal, la plenitud del recipiente... En fin,
que estaba contenta del vigor de mi línea, y de que diera cuenta
de alguien tan absent-minded.
De Pablo Picasso el azul y el rosa, que es cuando el vampiro
se exhibe. Pero yo quiero hacerlo todo de memoria, confinada en
este rincón de la casa. Rodeada de libros, no miro ninguno. No
rompo el círculo. Por fuera de la maleta esos periodos de Picasso,
el adolescente andaluz flaco y coronado de flores, como si fuese a
ser objeto de un sacrificio. En el viaje los vistazos a esas troupes
de sabiduría indeseable e ilegal, compartida con los animales. El
caballo de puro espíritu, dócil en el azul y el rosa a las almas de
los gitanos. Además, los pintores somos panteístas, sincretistas...
el tema de las crisis de fé queda para los escritores y los
33
escultores, tan mercenarios... para nosotros no es cuestión saber
o no si el Cristo es Dios, o si lo es el demonio. También los
abogados tienen esos sarampiones.

*

En la posguerra, dictadura y primera transición española el
panorama lo dominaba un idiot savant que incurría en la
mímica atenuada de las crisis de fe profesorales. Era un tipo
bastante cretino, él se llamaba Dámaso Alonso y su mujer
Eulalia. Ella es decididamente más interesante. Fue, como
cuenta ese señor de la academia, "la única que tuvo la
paciencia de leerse los comentarios en prosa del Santo". Otro
monosabio, Bousoño, afirma en su Teoría de la expresión poética
que el mismo santo o poeta no entendía las cosas que escribía,
quizá porque pensaba que todos los poetas eran como él, sus
amigos y sus alumnos. Aquí sólo los gitanos y los sacerdotes leen
ciertas cosas. Y los propios especialistas no lo entienden.
Imagínese usted a Victor Estacio con esa retórica pero más sport.
Trabajo flexible y negocios, cierta inteligencia tácita sobre lo
inferior, al menos era acariciable. No me arrepiento de ser
penetrada, aunque a una pintora se la joda con escrúpulo.
Música demasiado buena son los gemidos de la loba. Dadivoso. A
mí no se me ocurría nada y él explicaba que la artista sería mejor
comprendida en el futuro, pero que había en los retratos
sobradas demostraciones de buena técnica, sin necesidad de
entrar en las miradas. Que esa deshumanización era propia de
un Tiempo implacable con el ser humano.

*

Néstor Almendros me había dicho que yo era ciclotímica, y
yo había entendido la palabra en un sentido etimológico bastante
riguroso, asociando el círculo aludido al esófago y a la ingestión

34
compulsiva en general; quizá había interiorizado hasta el
fanatismo el concepto freudista de fase oral.

*

La mística tiene una cosa, y es que cuando no estás en
rapto, arrebatada por la contemplación de la Idea en lo Múltiple,
lo que estás todo el tiempo es cachonda.

*

los que no comprendéis el horror de la conciencia ante el
Universo

*

Con pavor compruebo que por muy Madrid soy prosista
indocumentada y no sé escribir miteran, giscard ni pompidou,
yacalén milé y que sonará a hueco si digo que Jairo era muy
amigo de Sarduy. Allí en París había el bar de los demagogos,
creo que se llamaba así. A mí me invitaron allí porque en una
pastelería cercana querían presentarme a los Klossowski, pero yo
sentía que debía hacer mis cosas antes. Lo haré como pintura, la
conversa con Sarduy. Los ojos celestes, las lágrimas de sangre.
Le estuvo Jairo contando quién era María de las Estrellas.
Imagino que Sarduy hablaría de la soledad de toda infancia, de
todo niño como perro. Sin destreza alguien ha pintado de azul
celeste todas las casas, sobre ellas se mueven nubes de oro.
Dibujados con trazo nervioso, los pelos y las barbas de las
mujeres barbudas. Sus vestidos son grandes flores tejidas unas
con otras. Después de plegar el ala que da la marihuana, el
cigarrillo mágico extinguido, la llamada de atención del tolerante
camarero, la palabra que vuelve a ser palabra. Los dos amigos
empiezan a ponderar la posesión como único lenguaje contra el
tiempo. Cómo la única interpelación del texto es hacerse con la
35
sangre del otro. Convencerse del vampirismo. Y me doy cuenta
de que el cubano es delgado, de que sus ojos son como de
burrito. Pero Jairo le ayuda confirmando que el mismo órgano
que emite la palabra consume el sustento. Que hablas por donde
bebes y muerdes, que toda palabra es silbante rugido del que va a
depredar.
Jairo paga con cheque y el intelectual parisino se retira
dándonos su espalda trémula y primaveral.

*

Antes Lucas Emilio del segundo y la columna ya se había
suicidado, lo que ocurrió es que se retrasó el efecto y fue como
simultáneo y un poco paulatino.

*

No cojas repullo.
De mis ojos ávidos de sombras no tengas susto.

El vampiro es hipócrita y es implacable.
Sus alaridos de perro o de ave inmensa,
Su risa superior,
Han llenado con cinismo el pulso de mi angustia.
Yo soy, pues, todo el vampiro y es doble
La sorpresa de mi sangre que se oscurece y arde.

El vino está prohibido
A los esquizoides. Se duplican
Tus miradas en mis miradas muertas.
Y mis ojos no te ven sino en asterismo,
Olvidan lo que están mirando porque no estás.
Las venas la traen y las arterias la llevan,
Se llama el alma de los deseados
A los que el odio remata moroso dejándoles un rato todavía,
36
Allí están haciéndose caricias y despojándose,
Sus besos nunca tendrán bastante inteligencia
Como no la tuvo sin duda el rojo vino
Cuando los locos lo bebieron, irresponsables.

Y después de esto he sido llamado vampiro,
Y debo tragar la piedra de saberme superior,
Divagar en mi cinismo por lugares
Que hay en el piso, por no dormir.

*

Otros desearían ver a la mujer envilecida, y yo afirmo sin
más ínfulas ni ambages que Néstor Almendros se suicidó. Que
Víctor Estacio se pegó un tiro de morfina. Es decir Sidarta. El
enfermo sustancial. Tenía pensado ir cambiándole el nombre, e
ir hablando de él bajo esos disfraces, y además parece que se ha
suicidado media ciudad, el olvido refuerza la crueldad. No me
asusto. Los prolegómenos del coito fueron siempre eternos.
Tampoco me preocupo. Lo pasé de maravilla. El entierro no
estuve, pero vi el ataúd abierto esa noche.
A veces era gordo y delgado, otras más calvo o más velloso.
Siempre alto, yo siempre en el camino de verme anonadada y sin
identidad. Es lo que me interesa de contar. Sidarta era abogado y
político, con su acné daba discursos y pactaba. Pactaba también
la molestia de tener que adquirir más cultura. Se personaba.
Temblaba haciendo el amor, había música en sus pestañas. Yo
trataba de decir todo eso en el velatorio, y sólo borracha risas y
tambaleos. Había un papel en verso del suicidio, examinado con
ternura y sin piedad, estaban muchos varones. Aquí me estoy
poniendo íntima, y me va a faltar la decisión para hablar de la
pintura que después hice.

*

37
No se dan cuenta de la resistencia de la realidad. La realidad
que quería yo. Proyectos. No hago espuma, solamente uso yodos.
El límite del agua es un mercurio inescrutable. De la bañera,
sorprendentes, van saliendo los cuerpos como desde un papel.
Empecé sin habérmelo propuesto, trabajando con recuerdos.
Quería verme en el amor, seducirme a mí misma. Desnudarme
con la vista como gozosamente se daba. Rendir homenaje a mis
parejas, sacar su presencia y devolverla. Así se trataba de dibujos
muy personales.
Sin embargo como artista hay una sed de publicidad muy
legítima. Legítima para mí. Y una voluntad de superación que
nace del humanismo, de los primitivos italianos y flamencos. Se
trata de que la mujer rústica que nos conmueve sea en el ojo Eva
expulsada por Masaccio. En esa época era capaz de verme como
materia y que mi mirada fuese la del espíritu. Así me retrataba a
mí misma en el coito, recordado o recién practicado. Iba
acumulando un material que pedía más. Pude darme cuenta de
que mi sexualidad había sido incubación de la naturaleza
pintada, y que debía pintar esa especie de santidad de lo obsceno.
Por ejemplo mi paciencia.
Había muchos momentos para escoger. Frente a los lienzos
a mí se me volvía a plantear el mismo problema, hacía falta algo
más gótico, más arcaico y más moderno a la vez. Al fin y al cabo
estaba en el tiempo, tenía unos contemporáneos. Había sitios en
Bogotá donde se podía conseguir pornografía. Me daba la
impresión de que ahí estaba el pulso del tiempo que yo buscaba.
Yo siempre tendría que tomarme un trabajo, componer el
cuadro. Vestida de obrero me dedicaba a contrastar unos colores
con otros, y estaba la libido del obrero en juego en todas esas
revistas recortadas con tijeras. Había un trabajo para mí, traficar
con el eterno femenino, conservar la calidad histórica de los
cuerpos. Los hombres irreconocibles, los chulos que toda
abstracción o idealismo ignoran, el hombre y la mujer. Cosas
muy graves ocurren efectivamente en toda desnudez y todo darse
al sexo contrario. Pronto la experiencia me permitió repetir en
38
frisos mis propias posturas, poder alternar el hierático icono con
el no menos hierático recuerdo. El colorido adquiere en estas
obras un espesor misterioso y profundas resonancias, debidas a
la alternancia en el ojo de una figura depauperada por su
obscenidad y una gama propia del Gran Arte, llena de matices.
Aquí es donde mi pintura retomó la vena más personal.

*

Como una magia pintar sexo me hizo a sus consecuencias
tenerles menos miedo, y quedé encinta. Me identifico a veces con
la Virgen en esa época, en la medida en que toda prostituta, por
su buscada nulidad, lo es.

*

Eres una mente muy cartesiana, me decía Jairo, primero
vas a enamorarte de mí y luego vas a sacar la conclusión de que
estoy loco. Pero, vamos, eso me lo decía cuando de puros años ya
teníamos un hijo.
Así que sí, el embarazo me agarró en plena actividad
creadora. Pero no se vendió nada.
Estábamos tan mal de dinero que planeamos un robo. Tiene
la cultura precolombina sus ángeles y sus alas, que son los
shamanes. Son también vampiros. Sus bocas se abren
exageradamente a fin de tragar el alma del campesino. En altares
humildes se les ofrendaba sangre. Sidarta Ramos, el tío, no el
sobrino, ya tenía obra mía. Pero privaba en su salón el shamán
de oro precolombino. No lo queríamos robar sólo porque fuese
de oro, sino porque se parecía a nosotros. Era recoger una
pertenencia, un hermanito en vitrina.

*

39
Tenía la mala costumbre, cuando se hacía fiesta con seres e
inteligencias, de cambiar la pieza por un buda en jade. No le
faltaba al regordote su cuenco de arroz, al borde mismo de la
repisa. Por un lado esa campechanería de chino rico, y por el otro
que en el fondo Buda era un simple moralista, un mediocre. Y el
otro exvoto se quedaba imperceptible en otro estante más alto.
"Estoy buscando el corcho que escapó de la botella de vino".
A ciertas alturas no se discute si lo que ha sido descorchado con
torniquete sale volando o no. Fui concienzuda y descendí todos
los libros, las otras cerámicas, pedí un plumero. Jairo sujetaba el
pesado hijito en mi vientre.

*

Si la madre de Hitler hubiera podido abortar, no habríamos
tenido nazismo. Era la primera vez que oía un pensamiento así.
Cómo se puede considerar que recortando el futuro en los niños
se evita la maldad de los adultos. Cómo se puede odiar a alguien
que aún no conoces y que tienes dentro, odiarlo hasta pensar que
es como Hitler. Si la madre de Hitler no hubiese sido alemana,
no sé, pienso que Hitler habría nacido marxista, o pintor de
verdad, o Hitler hubiera descubierto la más loca de las poesías.
Bueno, ahora lo pienso, estaba alelada, con euforia y ansiedad al
tiempo. Que además el libro de Jairo se publicó a partir de esa
conversación, porque se pasó del aborto al vacío.

Me parece que debería haber una sola religión, porque las
diferentes religiones llevan a guerras que no son sino cuestión de
estupidez. Tanta diferencia para decir lo mismo. Básicamente
una o dos ideas. Iguales en todas. Lo múltiple y lo único. El caos,
con sus placeres y dolores que hace falta explicar, y el orden, que
es una paz no exenta de peligros. Así pues, para qué el budismo
enfrentado al cristianismo. Esta guerra entre budistas y
cristianos. No debe haber sacerdotes. No a la casta sacerdotal.

40
Mejor que cada uno escuche música y descubra en solitario, y sin
ayuda, el místico que tiene dentro. No necesitamos ayuda.

El fantasma te hiela la sangre, cuando te encuentra solo.
Cuando por el día frecuentas la sociedad el fantasma te va
trabajando. Ruda y agua de rosas. Quiero que me cuentes todos
tus fantasmas, dice una vocecita en el remoto televisor. No nos
movemos en el ámbito del síntoma, estamos más profundos. A
partir de cierta edad, comencé a abstenerme de leer a Jung. Esas
son las burguesas, las que leen a Jung. Y qué pasa cuando nos
reímos. Jairo recortó en cartulina un perfil mío, mirando a la vez
que recortaba, con un ojo cerrado. Luego se reía haciendo el
amor. "Entro en los lupanares bailando una música que sólo
escucho yo".

*

Claro, Jairo notaba lo que había de demanda homosexual
en la edición de su libro. Era terreno desconocido.

*

Néstor Almendros inmediatamente atribuye la obra al
vampiro. No se cree que yo haya pintado mis cuadros. Una mujer
ignora. Se posesiona burdamente de los atributos del pintor. Es
como el rey de oros en la baraja, diría yo ahora. Circular. Es muy
sagaz y pronto descubre la pieza bajo mi ruana de azafata de
Avianca. Pero no dice nada abiertamente, para él ya estoy
provista de un órgano de placer, existo en el tiempo. El tiempo de
los varones.
Qué asimilación, la Luna y el mar azul profundo, yo quiero
ir rápido y todo salía lento.

*

41
Sidarta es implacable. Me ilusiona como a colegiala. Su
cercanía me permite ver claro, enfocar. Me siento en el brazo
opuesto del sofá, irguiendo la rodilla en jean, irguiendo la
barbilla para que el arco de la mandíbula, tensando la piel,
refresque de ardiente éter la corcoba de mi cuello, irguiendo un
tórax con dos senos como deslizados en los bolsillos de una
camisa medio abierta. Porque no debo languidecer, debo
cepillarme industrialmente los dientes de los alientos de noche,
con una pasta de dientes lumínica, como de dinamita.
Protagonismo sin competencia. Por carta de Jairo sé que Ginebra
y él han chupado el mismo caramelo, y mis movimientos son
hieráticos, como de mantis. Sidarta nos lleva a mí y a Jairo por
un pasillo, luego bajamos una escalera. El ritmo respiratorio se
dispara. Una puerta entornada nos deja pasar a un sótano con
estanterías llenas de botellas oscuras.
Existe una mesa de zinc que traemos al centro, bajo la tenue
luz, y vibrante. Como en un cuadro en que no faltara el saco de
patatas y sus cuernos tornasolados y delirantes debidos a la
humedad y el retraso, los tres en sillas estamos acodándonos en
el frío metal. Por qué la tierra por dentro me hace pensar en
patatas, que no hay. Sólo vino alrededor. Y el dueño recoge una
de esas botellas. Trae varias más. Con el puño blando de la
camisa borra la pátina gris de polvo. Aquí podríamos estar a
salvo de los bombarderos del juicio final. Y eso es inquietante,
contrario a toda lógica.
Todo infierno es matriz, retorta gestante, y la angustia del
suplicio cogitación maternal. Sidarta le pone vino a Jairo. Dice el
mecenas: la cena no estaría completa sin probar esta sangre de
toro. La botella es un cuerpo traslúcido que se desangra. Así
queda el ser humano. Mirad todas esas botellas. ¿No da la
sensación de que el hombre es un dios? Un dios vacío, que pide
ser actualizado. ¿Dónde lo habéis puesto? La sangre es sólo un
símbolo, pensadlo bien: lo que me habéis quitado no va a añadir
más ser al ser del hijo que estáis haciendo. Se lo doy y Sidarta
simbólicamente derrama vino sobre la cerámica. Alimentemos
42
pues al chamán, que representa a todos los hijos posibles, nace
en la figura la deuda y todos somos desde entonces enfermos.
Bebe tú, Jairo, amigo mío, pues ha venido a ser tu núcleo la obra
del hombre.
La noche era indeterminada, la sensación de fracaso. El
catedrático disparataba sobre la cultura precolombina.

*

¿Qué te importa a ti que vivamos en la pobreza?
¿Empezaremos a ser culpables? Con decisión arrebato la áurea
terracota. Recuerda, Mordecai, lo que Cristo escribe y nos es
repetido en la infancia para los tiempos contemporáneos, "darás
de comer al hambriento, de beber darás el agua al sediento, y al
desnudo lo cubrirás".
Deja ya de tramar tu historia personal, me dice él, estás
escribiendo, con tu cabecita parada no haces sino escribir y
escribir. Y yo soy la estatuilla que quieres robar, ese ser cuyo ser
niega tu escritura y al que quieres sustraer la sangre, la esencia,
vampirizarlo, tenerlo...
Tengo la fortuna, ya desde entonces, de ser pintora. El
trabajo manual me vendrá bien. Me dice: no te das cuenta de que
yo puedo ser tú misma. El poeta hace gala de su cúmulo de
saberes sobre la bella mujer, el antisemita conoce la esencia del
judío, lo que primero son las mujeres y luego es el judío, pueden
en el ladino ser el animal o el asesino. Pero si se piensa la maldad
como ser segundo del que podemos decir, entonces Hitler deja su
lugar y se introyecta, se proyecta en nuestro interior y lo
padecemos y lo somos. El horror no tiene autor.
Con el sonido de estas palabras estaba Jairo en las nubes.
Yo muerta, avergonzada, vuelta mercurio. Me alegré de recordar
el taller con sus cuadros a mitad. Al menos con los cuadros yo
sólo mostraba. Daba a ver la diferencia de todo desnudo. Todo
está en suspenso y a la vez todo es denuncia y es delito.
43
*

La tumbaga de que está hecha esta orfebrería es una
aleación que no se explicaría sin la intervención de una ciencia
extraterrestre. ¿Cómo se explicaría que supiesen aquellos
orfebres qué ácido utilizar para disolver el cobre en la superficie y
que sólo se viese el oro?

*

Quería que lo besara. A cambio podíamos llevarnos la
cerámica. Le di largas, quedamos los tres como amigos.

*

En París dormía las noches frías de diciembre con el abrigo
ruso de nutria por debajo de las sábanas. El bolígrafo, que era la
gran cosa que cambió mi dibujo, me daba problemas no sé si por
el frío o porque lo llevaba siempre invertido, en todo caso robaba
de Jairo la estilográfica de sus conferencias. Cuando se hacía de
día me podía quitar el abrigo y me levantaba toda nueva a por
leche y más papel.
Jairo besaba y elogiaba mi culo. Eso lo tomé muy a bien,
porque tengo un culito plano que en principio me acompleja. Me
lo sé de memoria, me decía él, y me lo dibujaba en una cuartilla
con lápices encarnados y azules. Los temas grandes suelen ser
maleducados, pero la belleza de un culo ¿a quién le hace daño?
La loca de Ester Lucía me quiso matar, con unas tijeras.
Jairo me suele decir que Ester Lucía era muy de Londres, de
Oxford, de Cambridge; y el desenfado de París le recordaba su
infancia fracasada en Panamá de provinciana. Eso no, de eso no
quería acordarse. Hacía falta urgentemente sacar para vivir.
París era caro y poco piadoso. Jairo leía el tarot en una terraza y
sólo eran unos pecunios irrisorios. Yo lo sentía más dentro.
44
Tanto que mi activo intelecto no dejaba de funcionar.
Constatando por la noticia que con el comunismo no había que
contar, por su fracaso en Rusia. Era Bakunin. En mi caso era, por
ser profuso el palíndromo. Trágico mensaje del hombre
abandonado es toda guerra, todo empeño de revolución. La
revolución debe emanciparse de lo diacrónico. La verdadera
utopía se hace, como la transmutación de Miriam la hebrea, en
un solo día. No hace falta plagiar ni tampoco planificar, no se
trata de llegar a un hombre nuevo. No hay nada nuevo bajo el
sol, ni lo habrá afortunadamente. En un día, y para ese día. No
merece la pena aburrirse con la revolución, sino gozarla. Entra
en cuestión la inconsciencia de provocar, de pensar
intensamente. Parece que a través de los métodos antropológicos
podíamos hacer una aproximación estructural del problema que
no fuese tan limitada. La actividad de ocupaciones y de los
situacionistas entre los estudiantes fue formidable y efímera. Ese
a mí era uno de los indicios que me hacían la función de lo que
en el hombre común sería la “esperanza”. Iba a terminarse el
capitalismo. Se veía por todos lados. La juventud contestaba los
modos manidos de los moderados con una eclosión de las artes.
Y podríamos vivir como aristócratas.

Subían a los taxis con hojas volantes que se esparcían al
viento de las rotondas desde la ventanilla, en recorridos
alocados. A modo de provocación y finalmente como un sacrificio
terrible se enamoraban de los argelinos, de los africanos.
Invocaban sobre sí la violencia con el beso de la blanca con el
negro. Esa era una locura muy censurable y a superar mediante
tratamiento o corrigiendo con mucha reserpina, el tiempo que
fuese necesario, las vitaminas de sus femeninos cerebros.
También existía la lobotomía, o les devolvían el sentido de la
realidad y el respeto a la moral con electroshocks. Hacían cine o
se prostituían. Se prostituían para mantener la revolución. Se
prostituían a veces simplemente porque no queda otra cosa que
hacer con la belleza corporal, con los ojos bonitos o los labios
45
carnosos. Promulgaban el destrozo para convertir en jardín
romántico la tarta azucarada del trazado urbano. Para recibir a
los ministros del estalinismo, o a los dictadores y los ejércitos o
gendarmes imperialistas los jóvenes habían servido un cocktail a
la Historia. Se tomaba en botella, consistía en petróleo o
gasolina, se dejaba un trozo de foulard ardiente y debía romperse
en un vuelo. Yo estaba muy excitada con lo que pasaba en Praga,
y preocupada, porque los estudiantes combatían con los tanques.
Yo pensaba que los policías eran asesinos, pero que ya no podía
seguir siendo más como antes.

*

El amor en el corazón se llena por los ojos y escuchando
cantar; y yo personalmente también creo que es la imaginación y
el contacto de las manos. Pero ese vínculo ingenuo, ese jeroglífico
popular del amor con figura de corazón es un potente símbolo de
la nueva meditación, de la meditación que expande el centro
hacia fuera e impregna de luz la kármica miseria histórica del
hombre capitalista. Explotar. Fuerzas centrífugas. Explotar
como color, como símbolo musical, era una sugestión para usar
un lenguaje rojo, hilarante. Extraña vampiresa que en vez de
quitar multiplica y exalta los pulsos. En el estudio, plexiglás,
resina de poliéster, acrílicos, papier maché, carcasas de plástico,
cartulinas en forma de concéntricos corazones.
Yo tengo tendencia a ser seria y concienzuda, y no estaba
mal el proyecto de construirme un corazón gigantesco. Colocaba
tableros de formica oscura en el suelo de la buhardilla y sobre
ellos pintaba corazones rosados de medio metro en esmalte.
Encima atornillaba láminas de plexiglás traslúcido y pintaba al
óleo corazones concéntricos verdes, naranjas, rojo cinabrio, sólo
con línea. Esfumados y refinaduras.

46
Lo que me encontraba es que Víctor Estacio cuando quería
poseerme contra mi voluntad se presentaba como un salvador,
decía que quería protegerme. Este ha sido el siglo de los
hipócritas. También pensaba que el órgano del amor filantrópico
o corazón es limitado y es vulnerable, que se exalta en el símbolo
tan sólo y en la mente. Que había que seguir con mi línea de
antes, de dejar constancia de los desquites vitales, del erotismo
en su anécdota. Y con bolígrafos de colores y estilográficas, así
como estilógrafos de rotulación, tramaba figurines en actitudes
lánguidas y entregadas, autorretratos de cuerpo entero y en pose
recordada, asociados a momentos. Añadía flores o pájaros, que,
como los fumetti, figuraban en el dibujo mis ideas, la energía de
mis ideas, o el amor entorno. Un colibrí libando en mis oídos,
bajo la mirada atenta del figurín desnudo de un partenaire en
una silla de bambú.
En el bulevar llovía, y yo ponía vasos de cristal en la ventana
para hacer mis acuarelas con gotas de lluvia.
Sólo podíamos contar con los nuevos salvajes, con el efecto
de un inconsciente bricolaje que hiciese pequeños dioses,
cenáculos en los que existiría el sagrario vacío de un dios
venidero.

Obligatoriamente era guerrero, y había que repensar la idea
de Bien, de la bondad, a la luz de su negligencia y su
descompostura, de su presteza a la insolencia, de su tenaz
fijación al principio de placer, de su gusto obsesivo por el poder
femenino, por las flores, el corazón, los disfraces y el sueño.
Cuando empecé a dibujarlo, vi que tenía muchas caras, que tenía
amigos y no estaba solo ni era paranoico, que le encantaban los
regalos, que copulaba con nosotros y nos daba hijas e hijos, que
tenía una compañera sacerdotisa y diosa a la vez, oculta y
errante.

*

47
Yo todavía no mascaba raíces en el primer parto. Hubiera
sido muy bueno. Lo viví con sobresalto, como el enfrentamiento
con un tigre. Nada de lo que había planeado con Jairo tuvo lugar
finalmente. Toqué la noche, adormecida por una gran nube de
morfina. Luego pienso que nadie va a creer lo que oí. Oí al doctor
hablar severamente con el niño, conminándolo a salir de mí. El
hombre lo amenazaba y le decía no te fíes de esta madre fálica. Al
tacto sentí que santiguaba mi cerebro y me cosía un escudo de
resistencias, como en una labor zafia de casaca de militar. Esa
querían que fuera yo.

*

Pues hay que saber que existe un arma química y es que
Jairo está contando todo el día la historia por teléfono. Ser judío
sin saberlo. Habla de la biblia hebrea que nos hemos comprado,
juntando los oros mutuos. Habla de que fue al prostíbulo (era
muy años cuarenta todo, la problemática, los encantos... la
pasión ardiente de una malagueña que se siente correspondida y
que lo besaba en la boca absteniéndose de higienes, como a niño
enamorado) y Lucía no estaba, le dijo la madama que estaba de
viaje, que pasara con alguna de las otras. Y su suspiro y su voz
aniñada que sólo quería ver a Lucía. La imposible recomposición
de los jarrones de la mente. La distonía musical y su incidencia.
Las pautas ansiosas de cada tinto retinto acumulándose sin
disciplina en el fregadero, como dicen aquí. El castellano
sonando extraño en el diálogo cotidiano. Muchos mi amor,
corazón, amor mío. El hijo vampiro de la leche. La creación
entera está llena de senos. Aves con ubres, volcánicos pezones. Y
pasa desapercibida toda maternidad, salvo quizá la de Fouquet,
fornida de quérubes. Las ángelas nacaradas amamantan el sapo
literato. El ángel famélico viene a chuparle los senos de barro,
cocidos en infiernillos brutales por su carácter ateo, a la diosa
pesada de la arcaica democracia. Allí el ángel bebe una leche y
una nata humana, una potable secreción que es libertad de
48
palabra a la boca. Eso buscaba yo, sin demasiada pasión, un
ángel. Y era Jairo con sus anunciaciones telefónicas, su notable
ineptitud. Su dependencia de los cafés, y del café en los cafés. Su
histrionismo, el poco temple de su temperamento. Demócrata
exasperado, amigo del extranjero, mal inversor, sostenedor de lo
erróneo, olvidadizo y místico, grotesco como una careta me
gustaba orinarle en el rostro, como Simone de Beauvoir.
Así vino a ser que llamaba la atención y era inexplicable ese
hijo nuestro. Mucho de improvisado tenía aquella paternidad.

*

Es extraño pensar que no hice nada entonces. Pero miro las
paredes y no veo nada de ese periodo. Hay de antes, y las grandes
cosas de después las sé porque viví de ellas. Pero no me acuerdo
si llegué a trabajar en alguna serie concreta. Pena de que no esté
Jairo para preguntarle. Sé que pensaba que el bebé iba a ser
piloto, una especie de piloto aventurero de las sonrisas.

*

No quería experimentar el placer común. Las euforias de la
música moderna y su langor visten de negro. Se sobrevuela,
endurecen. Forman quitina de bombardero y nuestros gestos se
vuelven cadente napalm. Tenues y sucesivas palabras las que
entre amigas se dicen. Esta bomba es una flor, este dolor es un
hijito que se ríe y mueve las manitos, y por extensión todo
hombre.
Nos extrañamos de cómo el andaluz Cadalso escribió antes
una obra romántica como sus Noches Lúgubres, y después una
delicia neoclásica como sus Eruditos a la Violeta. Y una dice que
siempre imaginó el romanticismo en escenarios del XIX. Y se le
responde que las formas modernas perviven junto a la Historia,
como domésticos o asalvajados gatos. Porque los románticos
vinieron a levantar la crónica de lo que había ocurrido durante la
49
Edad de la Razón, en la calle, en el orden o el desorden de los
gabinetes. Unas noches lúgubres no se entendían hasta ahora
sino después, y sin embargo era en esa época tan ordenada
donde habían sido pasadas.

*

Jairo obtiene una beca para la Sorbona. Es llamado a los
estudios de la televisión para tomar parte en un debate. El amigo
negro escribe un libro en francés Femme Noire. Jairo monta
experimentos con el Humor Negro como un teatro de títeres
(llamado teatro de difuntos), un circo de pulgas, y cosas así. El
también tiene obra plástica, porque es buen dibujante. Con tinta
china hace siluetas. Pero resulta que dentro de su mesita tiene
más dibujos, son buenos.

*

Una dice si los modernos son los gatos de la Humanidad,
las mujeres ¿qué somos? La Humanidad, se le responde.

*

Cualquier principio es bueno para seguir pintando. Haría lo
mismo si se tratara de un vicio, pero se trata de una vocación. Lo
mismo no es vicioso Sade. Por algunos pasajes de Scholem sé que
también en la cábala judía existía la llamada cábala transgresiva.
Antes de ser madre pensaba muchas cosas, después quizá no
muchas, pero hacía cosas. He aprendido a pensar
concentradamente.
Pintura era de lo que de pensar ahora se trataba. El gran
lujo que es todo boceto, toda visión separada del natural.
Llorando los ojos a causa de la excitación, parada de un caballete
muy ligero y moderno, un pequeño lienzo y una caja de óleos con
un asa de cuero, yo me movía rígidamente y respiraba mal (me
50
detuve al poco de cruzar el umbral), entré un atardecer en una
iglesia del centro de Bogotá. Al cabo de estar detenida allí me
encontré más tranquila, más decidida. Me encendí un cigarrillo
de fuel oil y alcaloide y en el periquete pinté una vista del altar
mayor. Advertí que había sido mirada en mi desenvoltura por
una cabeza masculina que salía de un confesionario. Era rubio,
era joven y era sacerdote. Al encontrar mi mirada me respondió
con una sonrisa que quería decirlo todo.
Vino a ver el cuadrito y se quedó abismado en mirarlo unos
cinco o diez minutos. Es genial. El Renacimiento. La cabeza
basculaba hacia delante. Yo acerté a decirle que me hiciera el
favor de invitarme a café. Me llevó a su casa, minúscula, y
preparó la justa medida de café.
Tiene que haber cientos de religiones, millares. Eso permite
millones de combinaciones y alternancias en las transgresiones
necesarias para que se cumplan los deseos. Tantas locuras
traviesas que sin la complejidad de la antropología no serían
posibles. Acariciaba mis breves michelines. Por un momento
pensé que tendría que limitarme a masturbarlo, porque como los
perros se extasiaba con el simple contacto de mi mano. El
cuadrito lo colocamos bajo el crucifijo que por entonces estaba
en una pared un poco distante, a trasmano. Después yo lo traje a
donde había más luz y lo monté allí sobre el caballete. De la calle
venía ruido de smog y de bocinas. No había pensado, lo había
pintado como en un recuerdo, aunque me recuerdo con una
adulta sensación de pecado. En un espejito de su aseo me repasé
los labios con carmín, mientras él explicaba su lugar de
nacimiento y su formación, así como sus lecturas.

*

Había titulado la recopilación de sus estudios Psicología del
pecado. En días de semana me esperaba con el caballete plegado.
Yo pintaba en uno o dos días, planos generales o los
tabernáculos, o los reclinatorios, o las lámparas. Con lavados y
51
velados rápidos. En cada lienzo, la arquitectura tendía más a
Henry Moore que a Piranesi, y el color más Rembrandt que
Tiépolo, más Rouault que Franz Hals.
Anoche estuve en un tugurio de miopes. Todos estaban sin
gafas.

*

Llegados a lo alto de la Torre Eiffel, con un sol de
primavera, ni Jairo ni yo nos saciábamos de perspectiva.
Arropados por la música estridente de nuestras imaginaciones,
nos sobrexcitaba la pétrea inercia de la ciudad, la solidez de sus
sombras proyectadas y su luz solar. Mirábamos sin ver, como si
todo lo tuviésemos en la punta de la nariz, nos bebíamos las
fachadas, los tilos, las avenidas. Hay algo de desnudo en el
paisaje deseado.

Mi mente estructuralista está llena de contradicciones hoy
día. Me da por pensar que soy una vamp fuera del tiempo, de lo
oportuno. O bien el café que sirven en Madrid, que es nefasto,
me dispara, y creo que voy a seducir a toda la academia, más las
personas que admiro tímidamente y sin decisión, más los
homosexuales y también a algún nuevo Jairo imposible venido
como yo a ser tuerto entre ciegos.

*

No se había cerrado el siglo y se podía aún preguntar si
Kierkegaard no habría sido más importante que Nietzsche, el
buen curita. Lo leía con tal hondura que ésa le parecía la
consistencia de los tiempos. La hondura que tenía en la cara, en
las maneras. La pipa casi cuadrada, sin broma, de asceta. Eran,
hay que decirlo, libertades. Pero lo que en él era inquietante eran
sus radicales adhesiones poéticas, que a mí me despertaron el
52
olfato para lo sustantivo. Leon Paul Fargue era su autor. Fargue
con su ausencia de ritmo y sus periodos recargados, su gelatina
textual, sus episodios aberrantes. Luego, los libros de alquimia,
que explican la piedra y la proyección de tu león de azufre, y su
virtud multiplicatoria si sabes disolver y condensar. Leía con la
misma apatía La sociedad del espectáculo de Guy Debord y De
spectaculis de Tertuliano. La novela de Stendhal y Cárcel de
amor, de Diego de San Pedro. Prefería Soutine a Kokoshka,
porque Soutine siempre parecía conmocionado por la
importancia de la pintura precedente, y el resultado era una
dislocación muy expresiva de sus figuras, una violencia oscura en
el color que hablaba de esa errancia, de esa admiración dolorosa.
Es muy interesante lo que pintas, me dijo, pero deberías
hacerte autorretratos como los de Rembrandt, a la luz del fuego.
Arropada por la oscuridad, naciendo del fuego, existiendo en el
tiempo.
Consideraba un teólogo más a Mao Tse Tung. Quizás era el
formato de su Libro Rojo el que engañaba, con su algo de
proselitismo y de misal. Sartre en los sesenta repartía en la calle,
junto con Simone de Beauvoir, frente a la Sorbona, la revista
prochina La Voz del Pueblo, ¿buscaban excitaciones
sorprendentes? Además tenía poesía de Mao, en la que se
hablaba con un lenguaje muy alegórico, casi bíblico si no fuese
tan chino. Ríos convertidos en plástico símbolo, enigmas del I
Ching. Al reloj de pulsera, podía sin desabrocharlo darle cuerda,
porque era lampiño de brazos. Se leía el Libro Rojo como un
Kempis o un antifonario. Vivía con ansiedad la política y no le
gustaba. No emitía opiniones, hablaba de tigres. Descubrí que
era un ser atormentado. Era capaz de una gran frialdad. Sin
embargo en sus misas lo sagrado conmocionaba, su dicción y sus
silencios eran perfectos como los de un Melquisedec.

*

53
Parece imposible que esa pintura, más oscura, la vendiese
mejor. Quizá es el éxito mundial que tenía Giacommetti, del que
yo contaba que se le veía, que su personalidad tenía que ver con
esa angustia moderna y primitiva de su escultura. Morandi me
sugería con la idea de pobreza, se me ocurría que era otra
manera de reducir la percepción al sentimiento de la angustia de
existir, sus temas eran espléndidos, no es fácil componer floreros
y cacharros de cocina (a mí me sigue costando trabajo)...tengo
todavía láminas de sus naturalezas muertas, que son al
impresionismo lo que Contra Natura es a Zola, es decir, algo que
traiciona. ...Aunque ya los pintores impresionistas tienen algo
de traidores, sin necesidad de que escapen como Gauguin o se
maten como Van Gogh. Mira la ofensa que hace el puntillismo a
la pintura. Mira la ofensa que hace a su vez a la probidad de
Seurat la inteligencia de Renoir, embotada por sus convenciones.
Cuando pinta los labios de sus muchachas rollizas. En general lo
pompier, se haga o no con inocencia. ¿O no puede traicionar,
también, el inocente?

*

Admiro los pintores del Louvre. El siglo de la burguesía
revolucionaria. La pintura tocando el tambor, los senos al aire,
movimientos ventosos y cristales ahumados por la reflexión para
mirar a Dios. Los retratos de Ingres. Son afirmaciones rotundas
de que los testigos no están solos, de que en el mundo de los
vivos la comodidad arrebatada al tiempo en la mirada del artista
los vuelve momentáneamente perpetuos. La belleza del ser
humano cuando se prescinde de la hipocresía y se reconoce a sí
mismo en su felicidad perecedera. La gran empresa que es
reproducir un cuerpo femenino, el interesante negocio de
mostrar cómo parecen las odaliscas. Las grandes composiciones
de Géricault, Delacroix o Jacques-Louis David. Balsa de la
Medusa, Coronación de Napoleón, Muerte de Sardanápalo. La
Libertad en plena acción al asalto de la prisión sita en Bastilla,
54
guiando a los descamisados a tirar sobre la policía. Lo pudo
pintar al óleo, usar modelos humanos, está en un museo.

- En el Jeu de Paume, le Douanier Rousseau tenía su gran
composición de la Guerra.

Lo has adivinado, mi gran lienzo de entonces era una Misa de
los Bomberos, que reflejaba los distintos momentos de la misa.
Ellos llevaban ridículos cascos y pecheras, portaban hachas y
picos, vestían de azul marino con un ribeteado amarillo, tenían
cordeles anudados, las últimas filas estaban arrodilladas sobre
los reclinatorios, los siguientes sentados con el misal abierto y las
bocas por el canto, los siguientes se daban el beso cristiano, el
grupo más cercano al altar hacía cola para comulgar. Vestida con
sotana y peinada como Josefina, era yo la que oficiaba la misa de
los bomberos. Trabajo la tela con la espátula, esfumo al extremo
y consigo una materia casi impalpable.
Por una ventana ojival entraba el humo de la calle, a un lado
había un perro San Bernardo, con la vista fija en el sagrario.

*

Aún no estaba sino abocetado, cuando ya sabían algunos
amigos pintores y poetas mis visitas a la iglesia. Y empezaron a
venir.
Entraban y el curita añadía alguna agudeza cuando ellos
derivaban a la pose. Tenían que sentarse, beber un zumo, yo les
daba tabaco. Vinieron en grupo y se comentó si en la iglesia se
podría recitar a los poetas malditos. La terrible desigualdad
existente entre las clases sociales, y el predominio numérico de
subdesarrollados (en una civilización). El curita sugirió un tema
de conversación, el vampirismo. De ahí en adelante todos
trabajaríamos en una misa vampírica, o una obra de teatro. Jairo
fue a partir de ahí como comenzó a escribir su Condesa
Sangrienta.
55
Como los reyes que se bañaban en la sangre de las
fieras a las que dieran caza, o del enemigo, la condesa pedía ser
bañada en el vino sacramental cuando iba a comulgar, primero
con su vestido de época, que se iba tintando de taninos. Luego
realizaba esta agreste comunión desnuda. Sólo más tarde ideó
la matanza de las vírgenes, y fue para bañar los suelos y
consagrarlos a su nueva boda.
En el segundo acto, la condesa se hace vieja. Quiere la
sangre de una santa a base de sexo y ordena que una joven
sensual satisfaga a todo su ejército y de coito en coito le vaya
hablando del amor. Al final la joven le cuenta que se siente
inmortal y la condesa la casa con su hijo. No obstante, nos es
explicado que adquiere la costumbre de recibir en el rostro, y en
medio de expresiones de ternura, los menstruos de sus damas.

No sabemos si Jairo recordaba la historia o la inventó por sí
solo. Algo en el relato era rítmico, y no estorbaban las rimas que
le puso. Los actores éramos nosotros. Cantábamos. Yo era la
condesa. El curita hacía un papel no poco curioso, después de
oficiar y bañarme en el vino sacramental, era el soldado que
desfloraba a la chica, llevaba una máscara de la polinesia,
horrible.

*

(poner aquí el desarrollo de la beca y los experimentos de humor
negro in extenso)

*

Una pieza del teatro de difuntos: Dante desentierra el
esqueleto de Beatriz para leerle su Divina Comedia.
56
Otra pieza por el estilo: El santo de Hipona está en el
camastro con una negra, como respondiendo al relato escueto de
una juventud disoluta. “Prefiero producir plusvalía a producir
sentido”, dice a propósito de su trabajo en horóscopos.
Otra pieza por el estilo: Es la batalla de Waterloo. Napoleón
se pasea tomando notas para una novela que quiere escribir. Una
tabernera de campaña, que pertenece no obstante al bando
francés, le hace un comentario jocoso. Da comienzo el Juicio
Final y se interrumpe la guerra.
Otra pieza del teatro de difuntos: En el burdel. Lucía y
Sidarta. La primera vez es en invierno y ella no se quita la
chaqueta magenta. O fucsia. A él se le cayeron los neurolépticos y
los ansiolíticos, más el biperideno, al sacar el dinero. Lo monta
dándole la espalda y él le dice “tienes un culito muy bonito”.
Lucía es rubia y melenuda con dulcísimas sospechas de haber
sido morena. Le dice “dame ahora tu leche, cariño”, él responde
“eres muy ingeniosa”. Cuando, al cabo de tres cuartos de hora de
coito, ella ve que no se eyacula, suspende la sesión y dice que
“serán las pastillas”. Sidarta dice que además ha tomado café y
Lucía responde siderada que es mala mezcla.
Las sesiones subsiguientes repite la frase “dame tu leche
ahora”, Sidarta un día le aclara que la frase le gusta pero que lo
distrae totalmente. Lucía es su única experiencia de orgasmo
femenino en el burdel, y ha sido preciso quedarse totalmente
quieto y estar atento. La pintó con acrílico sobre papel kraft de
un metro a partir de bocetos en DIN-A5. A lo largo de su relación
sexual de varios meses. También aparece él. También hizo
retratos al carboncillo.
Otra pieza del teatro de difuntos: En el burdel. Celia y
Sidarta. La primera vez es en invierno y ella no se quita el
abriguito de leopardo. Ni el pull-over de pata de gallo dorado y
negro. Pero lo remanga por encima de los senos. Celia interpela a
Sidarta llamándolo “polla”, con este epíteto se dirige a él
repetidamente. Sidarta tiene la sensación de estar dormido y

57
soñando un sueño confuso, lo despierta su aparatoso orgasmo,
porque se ha oído a sí mismo gritar “ay, mamá”.
Las sesiones subsiguientes lo sigue llamando “polla”, pero
un día empieza a llamarlo “chico”. Un día de navidad se sientan
en la puerta. El barrio está en ruinas como en un sueño. Celia es
también su única experiencia de orgasmo femenino en el burdel.
Ha sido preciso estar totalmente quieto y abandonado a la
inercia, casi cayendo de la cama. La dibuja en su block y se dibuja
a sí mismo como macaco (“masodelincuencia”).
Otra pieza del teatro de difuntos: En el burdel. Silvia besa
con lengua a Sidarta cuando Sidarta tiene 18 años y ella también.
Es todo muy cursi.
Otra pieza del teatro de difuntos: En el burdel. Ester es un
caso de celulitis. Mientras se lava en el bidet, Sidarta le dice “eres
una giganta”. Ella dice “tengo la pepita blanca” y al oído le
empieza una explicación. Luego se acerca y susurra que está
realmente “cachonda”, y que querría que le comiesen el coño.
Pregunta a Sidarta si es vicioso. El dice que sí y ella pregunta si es
homosexual, porque los homosexuales son los que mejor
entienden a las mujeres, porque son como ellas. Sidarta arde en
deseo, abandona el cunnilingus y penetra a Ester, copulan unos
instantes y colmado de dicha Sidarta orgasma en medio de altos
gemidos. Cuando se están vistiendo se disculpa. Ester le comenta
a la madama “¡Vaya con el gran follador!”.
Otra pieza del teatro de difuntos: En la cafetería del
Automático, al sol. Rosa y Sidarta. Ella explica el periódico y él
enseña unos libros italianos. La Divina Comedia de la Sociedad
Dantesca. Los dos tomos del Orlando Furioso, La Jerusalén
Liberada de Tasso. El periódico explica la boda con tigres del
alcalde.
Otra pieza del teatro de difuntos: En la cafetería del
Automático, media hora antes. Maya y Sidarta. Ella habla de
literatura y él enseña libros italianos. Desayunan torrijas
cuadradas.

58
Y otra pieza del teatro de difuntos: En el burdel. Sidarta
enseña el retrato que le ha hecho “de memoria” a Meli, “la
Malagueña”. No platonizar. Los dos suben al cuarto y allí charlan
animadamente y empiezan a besarse. Se siguen besando. Hacen
el amor y Meli da señales de estar próxima al orgasmo. La
madama llama a Meli desde la salita de abajo. Vuelven a empezar
a besarse. Se ponen a hacer el amor. Pero se aburren, no les viene
el orgasmo, la madama vuelve a llamar y se visten. Meli le dice
“Sidarta, me debes un polvo”.

*

Parece accidental cualquier vínculo con la muerte. Trato
gentilmente siempre de cegar esos pasajes al infortunio de no
existir. El que no existe no existe. No se me ocurre nadie que esté
muerto, al menos no de forma espontánea. En mi relato se ha
deslizado, más por un irresponsable narcisismo, mi presumir de
haber conocido a un suidida. No he sido capaz de concentrar el
nombre propio, he jugado con fuego. Digamos que sí me ha
ocurrido que alguien se intentase matar para impresionarme. Se
establece un vínculo ambivalente. No puede ser agradable y sin
embargo te da una especie de importancia. Que sea buen
dibujante me hace sentir profesionalmente la saciedad del
caníbal. Que lo haya conocido en el lecho y que haya sido objeto
de sus efusiones íntimas, por poco romance que hubiera, me
constituye en testigo. De todas maneras, ¿qué es la muerte sino
un símbolo más del tedio? Nos aburre su teatro imposible. Su
poca fortuna o mala estrella. El hombre se desdibuja en ese otro
dibujo fúnebre, una máscara torpe lo cubre. Lo recuerdo cuando
me abrazaba con un chispazo de ingenuidad, una infantil alegría
en mi pecho. Parecida a lo que produce el jazz, síncopa, sístole,
diástole.
El tópico del suicida traiciona. Yo siempre me he
considerado más enferma que Víctor Estacio. Todo suicidio es un
59
mero producto del azar. Ni la violencia de la guerra, ni la de
matarse a sí mismo debieran de otorgar el sentido de lo morboso
y la enfermedad a nadie. Pacifistas, aprended a quedar
abisalmente perdidos, porque vuestra nueva perplejidad será lo
único sensato. Lo único que confirme la vida en su sinsentido
frente a lo didáctico y razonable de la guerra. Me acomete la
locura del miedo a la locura. Temo ser verdaderamente del
ámbito del vampiro. Se me aparece con total nitidez el acto de
beber sangre, asociado a una ensoñadora sensación de sed. Temo
estar intoxicada, estar desarrollando en mitad de la noche una
histeria cerebral, un delirio de cadáver.

*

Sidarta me reprochaba que mis amistades siempre estaban
vinculadas a algún interés. Eres amigo mío, ¿por qué protestas?
Lo mismo pasa con las lecturas, si no se es bobo. Hasta con la
música y el Arte. El mandril y la pantera.

*

Las palabras que liquidaban el vampirismo estructural y
abrían el acceso al doloroso postmoderno se habían inventado en
el efervecer de esas extrañas eucaristías teatrales. En nuestra
iglesia se hablaba de antihumanismo, de crear una realidad
anticristiana, con la debida impostación de neurastenia. La
sangre era el Saber, que es irrigador y es dulzón, que no se debe
derramar, que contiene los códigos genéticos de infinitos rostros
y tonos de piel y tamaños de los órganos. La sangre que no debe
salir era el Saber. Era el Saber la sangre que está fuera
abundantemente, que inunda incomprensiblemente las visiones
mayoritarias sin ser realmente vista. Los dientes, los largos
colmillos eran el Saber, que perfora la carne, que se lanza sobre
el débil con crueldad, que se disfraza con la boca entrecerrada,
que tropieza en el beso. Los murciélagos, los perros, los espejos,
60
los crucifijos son el Saber. Saber posmoderno que ya era
precursor.

*

Las cosas oídas que guardas en tu cabeza
Son de una innegable belleza.

*

En los ochenta la psicosis es general y más libre. Empieza
a ser confitura lo que luego será salmuera. Se lee mucho a
Catulo. Abundan las traducciones. Blanchot o Steiner
traducidos hablando de traducciones y libros de bolsillo. En
Madrid pintan estucos. Un antimundo. Descartes,
Malebranche. Pelo largo, chaqueta sport de tono claro y
metralleta, zapatos sastre. Los maniquís alzados en armas.
Atentados al Papa que se desglosan en profecías personales, Io
annoncio la fine di Mondo. El mundo se diversifica en sus
pequeños cenáculos de arena, sus mónadas de liquen y sus
licores escapando, sus válvulas que emiten un lenguaje
fragmentado: Nolentes audire quod auditum damnare non
possint.

En mi obra de los ochenta se alterna la producción de dos
tipos de pintura: una la forman cuadros en los que la
composición está estructurada por la libertad en la creación
figurativa, la otra son mis cuadros de composición simétrica.
A la segunda está ligada la invención, en mi estudio, de una
serie de "altares" a los que yo calificaré en adelante como
"criptas".
De la primera forman parte figuras de mujeres y de
"ángeles". Es en estos cuadros donde se da la verdadera epifanía
pictórica de la figura. En las criptas de mi segunda pintura la
ostensión de un continuo de fragmentaciones simétricas enajena
61
la dialéctica figural, produciendo una catalepsia o sopor de la
pintura. En mi segunda pintura el sujeto de la inspiración que
extrae el sentido de la representación de la primera pierde ese
sentido y se presenta a sí mismo en inactividad, como un
vampiro sumido en el sopor diurno en su cripta, cripta
indescifrable de la cifra no emitida, tautológica. La única cifra
que se encuentra emitida es la de una figuración externa a la
representación y sin embargo legible en la memoria alienada de
la angustia. La tautología de las criptas es, pues, la de lo no-
presente. La presencia en mi primera pintura presenta otra
tautología, la inversa.
La necrofilia (sive vampirismo) siempre necesita una parte
viva, la parte viva en la pintura la pone el autor o el público. Pero
la relación a que da lugar esta supuesta dualidad (vida-muerte)
no es inequívoca. La pintura puede ser la cripta en que reposan al
entrar en el sopor vampírico el público o el autor que viven pero
que allí no pueden vivir. La pintura puede ser la no-vida que
vampiriza a la vida.
Hace falta repetirlo, para ser necrófila (incluso para ser
vampiro) hay que estar (siquiera en un momento dado) viva. Sin
embargo al amar lo muerto se proyecta la propia vida y se
introyecta la muerte, de aquí el sopor. El que haya dos pinturas
en este periodo mío indica que éstas dos líneas se aman entre sí,
el amor con su lógica de muerte hace vampirismo,
transvampirismo, de toda creación de una obra.

*

Llamar mimético a un pintor holandés de bodegones es un
insulto. Sus simulaciones son producidas sin el empeño de dejar
ver. Sobre todo no hay moral, no hay contraste como cuando
imitamos andaduras. La mimesis tiene poco que ver con él.
Cuando Aristóteles emplea el término se refiere sobre todo a una
determinada cualidad, casi cenestésica, del teatro y de la música.
62
Es imitación lo que nos hace sonreír, lo que labra supuestos
sorprendentes. Nada más alejado de la reduplicación visual de la
representación. La mimesis estaría emparentada con el concepto,
posterior a Aristóteles, de alegoría. La mimesis es efectivamente,
como en la alusión alegórica, un viaje a lo no representado. El
sentido de la ostensión no es necesariamente el significado
directo de la mimesis.
Cuando Picabia representa a Cezanne con el mono
simbólico de la imitación, sabemos que no alude a la presencia
del referente, sino a la representación coherente de una cierta
pragmática. Los hechos importan, y ellos son siempre puesta en
obra de dimensiones históricas. Nadie, para representar una
cosa, representa a un mono imitando esa cosa, porque el mono
representa la imitación en sí. La mimesis es ante todo
demostración de su propio proceso formativo, aún siendo
alusiva.
Cézanne es efectivamente un pintor mimético por
excelencia, porque está a la escucha de su propio trabajo, porque
imita la pintura. Mejor dicho, porque pintar, imitar realmente al
referente, no es disponer las condiciones para repetir en el
interlocutor el efecto de una percepción aséptica, sino adquirir la
experiencia del referente, ser intermediario entre éste y el
interlocutor. De su pintura me gusta la modernidad del non-
finito, me gusta lo que hay, que no es lo que habría en la obra
rematada. Porque como yo prefiere no aprender a pintar, ser
antes pensador que artesano. Hay rudimentos de trabajo
interior, hay muestras del exterior. Incluso hay más, en Cézanne
el referente también es sujeto de experiencia, por su mimesis
Cézanne comunica con la experiencia a la que mima y la dota de
un sentido más completo. Adquirida la experiencia que le era
propia al interlocutor del arte por este referente vivo, al artista le
queda una pérdida. Son sus objetos los que disfrutan y ejercen la
imitación sobre la referencia a su obra. Es como si la Sainte
Victoire estuviese ya, silenciosamente, comentando los cuadros
de Cézanne, aludiéndolos por su presencia, y es que la imitación
63
se drena por sus caminos de vuelta y lo mismo que hemos subido
a la Sainte Victoire del arte por la vía de la imitación bajamos
desde ella a la Naturaleza por la memoria.
Rembrandt es un pintor moral. Su subversión de la
superficie, no sólo en los empastes, o en la Lección de Anatomía
o en la Ronda de noche, sino en el propio tipo de superficialidad
de su anécdota, crea la focalización de vórtices perceptuales que
ilustran la división mimética de la individualidad moral. Se
afirma la división del sujeto, el carácter objetivo, y por tanto
excrementicio, de su inmediata duplicidad. Lo contrario del ser
no es la nada, sino el doble. Toda pintura es afirmación por
partida doble, contrariedad, mortificación. Esta afirmación es
subversiva de la función moral de la mimesis que rechaza la
división al campo de lo subversivo preservando a los individuos
como entes morales únicos. Pero esto es lo que se realiza en la
pintura de Rembrandt, el desplazamiento de la grieta que ésta
mima. ¿Se encuentra propiciada en Rembrandt, más bien, y
frente a la moralidad pagana del entusiasmo, una moralidad
tardía de lo ficticio, de la convención como expiación y como
ocultación? La resolución que yo tomé en los ochenta fue decir
que el ser profundidad, el ser obra como espacio actual de la obra
de Rembrandt traspone, al desplazar al ente fruidor por la grieta
abierta en el individuo, la moralidad casi celular que reside en el
vórtice representado al interior, al profundo interior de la obra. A
resultas de este rapto, de este secuestro, somos alienados en la
costumbre, se nos devuelve nuestro ser social.
La mimesis en las artes poéticas es el desarrollo de la
imitación de una acción. En las artes plásticas se da por supuesto
que la imitación lo es de un objeto estático, análogo al soporte
físico. Las dos clasificaciones nos alejan del análisis de la idea de
mimesis. El hecho de que el referente se reproduzca, de que se
obtenga un doble, divide la subjetividad de éste. El referente
como sujeto dividido es siempre un referente en devenir. Por
otra parte el hecho de que incluso el arte plástica deba imitar una
acción desdobla la analogía hacia la propia subjetividad de la
64
obra, que adquiere un carácter dramático. La relación entre el
estatuto verbal de la mimesis y el de su referente es la resolución
pragmática de la obra.
Esta idea del referente como sujeto, dividido, de la mimesis
supone una crítica del consumo artístico en tanto que el objeto
de la práctica del arte se interioriza. La crítica del consumo
artístico supone, como en la idea de trabajo semiótico de
Umberto Eco y de todos los italianos, que el sujeto dividido es el
propio devenir de la obra. La mimesis realiza, al desdoblar un
referente, el desdoblamiento del sujeto, en última instancia por
analogía al objeto, y lleva a cabo una crisis, abre una grieta que es
la que resulta objetiva a ella y por tanto suplanta al referente
subjetivo en la representación. Se representa el devenir de la
cosa, su división respecto a sí misma.
Perpleja divago en el catálogo de Picabia, repito la
contemplación, provista de un gran vaso de café. Picabia pone a
Cézanne en la misma estantería que Rembrandt. El estante
correspondiente a Renoir (otro subtítulo del "portrait de
Cézanne") es el estante vacío correspondiente a lo fantasma, al
doble segundo del doble mimético, Picabia escribe, pues,
también el nombre de Renoir sobre el cañamazo, con él el cuadro
tiene una naturaleza trina. La mimesis, incluso la imitación de la
mimesis, es como el engaño o apaté una forma de deus ex
machina o epifanía de la ilusión. Picabia tiene la inteligencia del
gran transvampirismo, a su refinado producto del gamberrismo
lo titula “retrato de Cézanne”, indicando que donde hay volumen
o formas con vuelo hay esa manía burguesa del retrato y ese
sucedáneo o aberración de la inmortalidad. A la naturaleza
cuaternaria del cuadro, que representa la materia, viene la
ternaria o trinitaria del retrato a encarnarse. El referente, el ser
humano y el fantasma del referente son plasmados por los cuatro
lados de una superficie. Se trata del engaño, apaté, o bien de la
verdad; eso lo dice la posición del triángulo.

*
65
"(...)la clase guerrera vuestra se hundió toda a la vez bajo la
tierra y la isla de Atlántida desapareció de la misma manera,
hundiéndose en el mar. Por ello, aún ahora el océano es allí
intransitable e inexcrutable, porque lo impide la arcilla que
produjo la isla asentada en ese lugar y que se encuentra a muy
poca profundidad."
Así termina en el Timeo de Platón el cuento de la Atlántida.
Sócrates había estado desarrollando las virtudes republicanas.
Como respuesta Critias le cuenta esta patraña ya increíble para
los griegos de aquella época. La utopía, viene a decirnos Platón,
es una mnemotecnia. Sea esta utopía un proyecto, como en el
discurso de Sócrates, o una leyenda egipcia de ciencia-ficción
como en el de Critias. Algo parecido a lo que es el cuento de
Critias a Sócrates es la alegoría a su interlocutor, una repetición
en términos absurdos, una sorpresa.
Hombre de negocios, profesor universitario, redactor de
diccionarios, hablador-taciturno, son cosas que yo no quería
tener en mi cama.
Yo tenía de chica miedo de que los platónicos fuesen
obtusos llegados a viejos. Y de sentirme bajo la amenaza de un
platonismo de cuartel y sacristía, siquiera fuese en una de
nuestras mugrientas cátedras. Tenía también miedo de tener yo
misma una cátedra mugrienta. Como en Madame Edwarda
puedo coger los taxis, ahora, y ya no tengo miedo. El dinero, si no
hace feliz, al menos es un quita-miedos, cuando circula
libremente y no lo administran los curas ni los marxistas y otros
funcionarios de la vida. Lo que asusta a los cristianos y a Karl
Marx en el capitalismo es la extrema libertad de los burdeles y las
galerías de pintura. Y soy (neo)platónica como soy (neo)liberal,
con independencia y desde el individuo. He conocido a un pintor
que me dice cosas graciosas.

Y todavía me preguntan si odio la sociedad por culpa de la
droga, por el hecho de que hablo al desechable, de que me cargo
66
las pilas con la madre de Dios y el llavero de los cielos, y que eso
me hace demasiado parecida a la que soy. Lo he visto bien, a
Jairo. Mira cómo la pasa por los días. Platón es novela
inconcebiblemente acondicionada al desconcierto. Queremos
saber la verdad y es un carnaval que nos amenaza con su
misterio y su laberinto. Lo social desborda los universos del alma
inocente y la hace música en su llanto de drogada.

*

Alcanzar el éxtasis, escuchar la lluvia y recibir el smog como
una dulce marcha fúnebre de Chopin tocada en instrumentos de
plástico. De cómo Dios es una especie de benéfico vampiro.
Cómo nos lo quita todo, nos debilita para que le conozcamos
mejor. Mi imaginación está aquí, pegada a mí con pánico al
exterior. Y me concentro en mi cuerpo. Todavía soy guapa. No sé
qué ocurre para ser una mujer tan sola. En la pecera, un crucifijo
se ahoga, castigado. Jairo tiene que tomar haloperidol, tiene que
cerrar una etapa oscura, atraviesa una depresión. Empezó a
resentir su masoquismo. Heredó una cierta coprofilia, tenía
pulgas, tostaba cagarrutas. Iba a empezar como publicista, pero
la técnica publicitaria le indujo una terrorífica crisis.

El museo me llama porque en una novela alguien ha
hablado de mi misa de los bomberos. A la vez me llega un
cartapacio con el cuadro plegado con una nota del párroco
nuevo. Lamento las estrías, mirándolo más despacio. Veneno
blanco, veneno negro. El párroco sabía lo justo de notas para ser
molesto. Los hombres dejan de existir, en mi universo. Una
recriminación implícita de mis abrazos.

*

Da igual lo que diga la música, diga usted su letra. Mi
psicoanalista me ha dejado anotados dos teléfonos. El sale de
67
vacaciones cuatro días y no podré verlo. Yo estoy tomando
harto café y me crispo por la noche. Asocio esa opresión en el
plexo solar y esa ansiedad a la propia terapia con Lazcano. Me
irritó desde el principio su timidez y su deje de choledad. Lo
limitado de su tercermundismo. En aquel momento la
alternativa era una señorita, M.D., que no me iba a comprender
y que a mí siempre me pondría en situación de competir por el
saber. No tengo problema en estar con Lazcano. Esa ansiedad.
La angustia en sesión es muy productiva. No deja de ser alguien
del sexo opuesto. La química es nula, en todo caso, pero el
diván tiene algo. Ahora me ha dado estos dos teléfonos, ahora
que mi encrucijada está tenaz, con un proyecto de retrospectiva
y la necesidad de articular un discurso. Y sin saber si no es el
caramelo para la bobez, porque de alguna manera no he llegado
a Europa ni a América. Con dos nombres propios que al primer
golpe parecen no decir nada. Una señorita y un hombre, tengo
esa elección, nuevamente. Aunque no he tomado casi café me
quedo plantada delante del aparato de teléfono, empiezo a
sentirme mal. De los hombres que ahora salen en mi pintura,
entrevistos, parecidos en algo a Jairo, pero diversos, hay
algunos que he visto no sé dónde y que recuerdo con cierto
detalle. Victoria de los afectos, serenidad y calor, la integración
que a mí me falta pero que en ellos no ha comido terreno a lo
profundo y melancólico. Cierta pulcritud que ni Jairo ni yo
tenemos. Cierta apatía. Cierto énfasis. Cierto sarcasmo.
Entonces mirando y repitiendo en voz alta el nombre de varón
me encuentro fijada en que es ése. Mi relación con Jairo puede
declinar, no tengo derecho a anular el deseo o falta de deseo del
Otro, pero con el psicoanalista puedo ejercer todo mi
despotismo. Le diré que posiblemente llamo por la pura
posibilidad de agotar lo posible.

*

68
Me dice que no estoy tan mal como para una sesión, que
espere a Lazcano. La voz es decididamente tercermundista. Yo
maldigo a Lazcano por conectarme tan mal.

*

En un principio yo había sido tácita o expresamente
conminada a vestir figuras que primero fueron pintadas
desnudas. Más tarde se me abrió el campo de lo atrevido. Pero yo
había aprendido a fingir con los amarillos Nápoles y los medios
tonos las faldas, los vestiditos, los pareos, sabía dibujar los
plisados, las arrugas del paño, sabía dar caída. El atrevimiento se
daría en las sedas, las trasparencias, los encajes, las rejillas, los
rojos de labios, el rimel.

Del vampiro de los altares, que habita los copones y las
hostias, he bebido los pensamientos adocenados y negros. Y
tenían el gusto de lo eterno. Eran perpetuos. Qué perpetuo y qué
benéfico es tirarse al suelo, mancharse, quedarse callada. Hay un
momento, cuando estamos en el barro, gimiendo roncamente y
proyectando hacia la escala los aullidos del mismo barro que
silba y esputa. Hay otro momento, cuando proyectan sobre
nosotras los chorros de las mangueras, cuando las bofetadas no
tienen qué ver en las salas de nuestra inteligencia malherida. En
el primer momento supongo que somos paganos, en esa difícil
inocencia de la extrema atención, del amor a lo real, la entrega a
lo creativo. Es en el segundo momento cuando se escapa la vida y
en la muerte somos iguales a dios que es muerte y que es el
vampiro de los que piensan bien, y somos iguales porque toda
bofetada segunda concedida es cristiana y por tanto devora los
cuerpos ajusticiados de los eones. Hay lazos sutiles y agónicos
que unen el teatro y la vida, su doble, la muerte y la muerte o la
vida y su doble. Pregunto al despertador qué horas son. Cuatro
de la mañana. Yo debería haber aprendido a dormir. El cosmos
está enfermo y yo soy cosa del cosmos. Dentro de él está dios, es
69
nocturno y no descansa, removiéndose en la cruz, como una
pitón musculosa o una víbora hipertensa. Oh, gracias, amigo que
un día entraste montado en una burra en la gran ciudad, gracias
porque puedo blasfemar sin que me fulmine otra cosa que el
doloroso placer, la nada eterna.

*

La aldaba de mi puerta nunca suena esta noche, y sin
embargo he creído oírla como una dentadura con tiritera, como
un tambor o un teléfono persistente. Te dije que podías venir a
cualquier hora de la noche, Micaela, y no vienes.

*

Cínico puede ser el que te niega el sueldo, pero él prefiere
llamar cínico al que no dice toda la verdad en un interrogatorio
bajo tortura.

*

Te cabalgaré, hombre normal, y diré dónde te he visto ir en
mi cabalgada. Me gusta la pintura de Jairo. Como pintura de
escritor es más profusa de lo corriente, arriesgada por sus
alusiones. El humor negro es el centro de toda su obra, y no
consiste en bromas convencionales sino en algo muy solitario,
muy profundo, lo dramáticamente blasfemo, lo extrañamente
clásico. Jairo expone su obra pictórica sobre el humor negro en
París, pero no puede asistir porque nace mi segundo hijo.

Los grandes espacios del nuevo museo, su público masivo.
Nada se puede comparar. Y la sensación fría del crucifijo en el
burdel. La Isis del Faro tiene no sé qué de venéreo. La ciudad se
pudre dignamente o se momifica con lentitud. En la plaza de
Beaubourg hay algo de freudiano. San Pedro por teléfono, y
70
Severo Sarduy, dan cuenta de la presencia de españoles, griegos,
italianas, quién sabe. Luego la exposición retrospectiva es objeto
en Bogotá de consenso crítico y se me señala como la vertiente
visual del nadaísmo, se habla de “inexistencia pictórica”,
“necrótica figural”, “óptica caníbal”. La capucha del cura desnudo
en la condesa sangrienta es expuesta junto a un huevo frito
conservado en éter. La misa de los bomberos va anunciada por
un corredor de botellas de vino. Traslado a las salas del museo mi
ropero de embarazada, y ahora que estoy a punto de parir mi
segundo hijo me cambio entrando con los estudiantes y mi
embarazo es espectacular y está politizado. Bebo sojas que no
tienen lactosa y me cepillo con mirra.
Escondido en la noche, el padre desconocido de las cosas
me había estado quitando el pensamiento, me dejaba vacía, me
abandonaba a la desazón. Dios, como todo vampiro, es un ladrón
compulsivo. Pero qué es el éxtasis sino dejarse robar. No quiero
ejercer de diosa ya más, sino ser humana y enorme, regalar
existencia a los mezquinos dioses que tanto la mendigan, con sus
ceremonias, con su pasmo de estatuas tetanizadas. Son mis
dibujos como si fueran ídolos, ídolos que miran sin ver. Para
abrirlos a la visión me hago humana.

*

La santera que me hace los exorcismos tiene una lista de
cualidades para buscarme un hombre. Adivino que quizás lo
necesita escribir. No deja de alegrarme. Ella también encontrará
hombre, si persiste en esa manera de encandilamiento. Los
hombres existen. Para llamar la dulzura usa la miel, y la vela para
la pasión debe de ser roja. No pongas la cruz, patibularia, pon a
Cristo mostrando el corazón. Coloca algo de dinero. Compra ropa
de hombre y extiéndela pulcramente sobre una moqueta. Haz
una cabeza de barro, ponle bigote con un mechón de tu nuca y
dale tres vueltas. Ponla a cocer en un horno de cerámica, después
de ahuecarla con un alambre, y cuando esté cocida ofrécele frutos
71
secos en un plato pequeño. El bigote habrá ardido, en el pliegue
que hiciste en el barro para sostenerlo vuelve a colocar un
mechón de pelo.
Hay unas horas de la noche en las que ya no existe magia.
Ella dice que hay un conjuro con Buda que también en esas horas
es eficaz. Pero hay que hacer meditación. Trata de dormir.
Siquiera diez minutos. Piensa que Buda se predispuso al Nirvana
sorprendido por el encuentro con un cadáver en la calle. El
Nirvana de Buda es un asunto que debes comprender pronto, y
darlo por terminado. Irás dictando tus instrucciones al futuro
novio. Acaricia arena en una bandeja y deja que salga tu
crispación. Antes de que amanezca enciende una lámpara baja,
acércate a la chimenea y con un tizón dibuja un coche Ferrari o
Mercedes en el suelo de terracota o caolí, luego coloca un trozo
de cristal sobre cada rueda. El vehículo es la Dharma, y en ella
está el amor que te conviene.

*

La santera es austera. Se mantiene al margen de tanta
locura. No consume, conoce de cerca. Sidarta viene a consultarla
apesadumbrado por uno de sus infinitos proyectos. Queda
sentado al computador, mientras ella se revuelve en el
dormitorio ahogada por el silencio. El bebe coca-cola y fuma
tabaco, come poco, engorda con facilidad por culpa de la
reserpina y le cuesta meses estar en línea. Pero Sidarta en última
instancia tiene pocas cosas más que hacer, así que en la noche es
liviano sobre el cuerpo de la santera, y se hace querer con sus
simplicidades afectivas y sus ganas de escuchar hablar.
No tengo que rendir cuentas a nadie de que me caso en
segundas nupcias con un esquizofrénico. La santera se prueba un
vestido de novia. Yo alfileteo sobre sus frases. Alguien que se
mira a sí mismo como vampiro. Eso es esquizofrenia. Aunque
también hay vampiros paranoicos, cuando les falta ciencia.
Vampirizan cualquier cosa, hasta la mierda. El hombre normal es
72
de ese tipo, sometido a la comunión constante con la ideología.
El caso de Sidarta es más fluido. Su vampirismo está sublimado.
Es vampiro como el Buda lo era. Completa relación de desapego
y apego con la intermitencia de lo real. Ciclos de renacimiento y
suspensión de lo cíclico en la antipalabra. Totemismo en el
sentido en que lo salvaje revoca los sofismas de un Jean Paul
Sartre. Buda no sólo era un moralista, hay algo de insondable
esquizofrenia, al margen de toda moral, en la posición de
maestro. Y no me negarás que Sidarta, en su dedicación a las
mujeres, tiene un no sé qué de didáctico.

*

De manera que mi santera parece consumar últimamente la
felicidad. Las posturas en la cama se van cambiando sin pausa,
con el ritmo cabalístico de una respiración matemáticamente
eterna. Sonrisas y murmullo para sí misma. Hombre de orgasmo
difícil, una especie de animal agradecido y maravillado.

*

Ando detrás de conseguirme en el mercado de las pulgas la
segunda mano de García Ponce sobre Klossowski. Luego de su
mucha sabiduría trasnochada felizmente como novelistas.
Fuente de lo pintado futuro, principio. Yo tengo por mi grumo
humano más espacio al comentario, yo soy más fuente de la idea,
de la actitud, quizás incluso quedándome corta. Esta mañana, a
la vista de la grisalla reprotécnica de mi catálogo, con un oh muy
medido mi santera me plantea la idea de volver a exponer todo
aquello, este año. Es mejor en privado. Lo público no es la
verdadera fama, la homérica. Existe el espacio adecuado. La
santera lo comparte con otros adeptos y tiene funciones de
templo, en un estrato alto de Bogotá. Preparo la exposición.
He conseguido recuperar dibujos que consideraba
inaceptables en el contexto de la mentalidad provinciana.
73
Aventuro mucho. Mi santera me garantiza la simpatía de mis
próximos espectadores. Irán con cristal y bordes de hueso de res
pulido y pirograbado con estrellas o asteriscos y pequeñas
esvásticas indostánicas. Los marcos de los formatos grandes son
de aluminio y los pagó el museo. Pero les añado guirnaldas de
flor y hoja menuda. La sala tiene otras cosas, altares, las cosas de
la ceremonia.

*

Mi santera me advierte que toda liturgia ferviente es
ceremonia mágica por el furor de su heroísmo. No se podrá
invocar al dios sin una razón, otra cosa sería interesado
silenciamiento de la voz del dios que responde. El dios puede no
conceder, pero hay que pedir. El desinterés estriba en que sea yo
la que formule el voto, y no ella. Siempre acciona así, desde que
fue autorizada a oficiar. Así que además de formular mi
retrospectiva me pongo a meditar una depurada demanda con
que acudir al dios que presidirá mi obra. La fama me preocupa.
La fama del siglo veinte como época de libertad y de
experimentación. Pienso lo pacato de mis nuevas inquietudes de
beata, pero me doy cuenta de que son el reverso de ese siglo.
Rezo al dios para preguntarle qué debo pedir en la ceremonia. El
fin de la era del dolor, la curación de Jairo, que se autodestruye y
envilece lo que fue su intelecto estructuralista y de vanguardia en
una columna santurrona de hombre normal. El regreso, como
sea, de lo poético.

*

Encuentro la lógica de soledad y de dolor en libertad de los
ochenta en Raúl Gómez Jattin.

*

74
Mi hijo menor está durmiendo y lanza infantiles quejidos a
la noche. La música es un murmullo ahora y él sigue dormido,
pero me hace pensar en la finitud. Saber que no se me necesita
para pensar porque el pensamiento tiene dentro todo lo que
necesita. El límite está en el dios. Después de todo es lo más
desmedido que existe, la Humanidad. Mi hijo menor es más la
necesidad mía que una suya propia, yo debo aprender más sobre
mí con él que sobre sí él con su propia madre las cosas
esenciales.

El dios de los judíos dijo hagamos al hombre y escuchemos.
El acto del dios precede a la escucha, y en el hombre la infancia
es acto y ahora escucho el acto de las otras infancias, como
creadora que ha accedido al reposo. No de otra manera
reintegramos el pléroma. Los capullos de las rosas aparecen
abriendo la tierra, es hora de cantar, se escuchan torrentes de
palomas, en el mundo de las almas. El niño sueña que me pone
una corona, me hace reina y sólo un dios tiene la corona de sueño
que hace al rey de esta reina que soy en el sueño del niño.

*

La inflexión extática en la ceremonia fue bailar al sonido del
tambor. Hubo algo que me hizo creer habitada por el dios, pero
me distraje de puro baile. Mi santera me explicó que debía haber
en Jairo demasiado dolor, demasiada soberbia, porque el dios no
dijo nada y, en definitiva, la obra no salió bien.

*

Díganme qué tiene de malo el pensamiento débil si se toma
sus medicinas.

*

75
Para gustar, mis amigas más jóvenes se dieron a tintar de
pelo punk. Ahora nadie se acuerda del punk, pero yo misma
tengo el pelo color zanahoria, escribo cartas esperando señales
de vida al psiquiátrico donde vive un poeta español que admiro
por su baraja de tarot, uso guitarras eléctricas sin solfeo en mis
inauguraciones, expongo servilletas con pinzas metálicas. Los
tiempos son conservadores, por lo demás, sólo que yo vampirizo
ya esencias del mañana.

*

Querida Micaela:

Un día, en los años sesenta, me dijiste que era como si
estuviésemos muertos, la mentira del arte en que estamos. Y que
somos copias de un poema. Yo me acuerdo. He hecho
descubrimientos. Que el delito de engañar con la belleza es
diferente del delito de matar con la verdad. Pero que hay
extremos del engaño que matan con la misma crueldad que la
verdad.

Soy un monstruo que pide permiso. Por un gesto de amor
escribo la verdad en el reverso de mi blanco antifaz. Doy bellotas
al príncipe.

Tú te sorprendes del ejercicio negativo. Los sentimientos
del muerto. Soy más capaz de amar traicionando. Tengo mi
propio evangelio, y lo estoy escribiendo. Que el tiempo lance su
anatema, ¿qué es sino sucesión de las horas? Un sacrificio sin
límites es el odio, hasta llegar a ser amor o nada. Por eso soy fiel
a una disciplina aprendida por los dos, me reservo para ti en los
desperdicios sexuales.

Estoy preservado en los desperdicios sexuales, como lo que
era para ti.
76
*

El lector de pistas dice que al mundo le peguen fuego.
Música de teléfonos que no se acaba nunca. Agonía que hace al
ser humano. ¿Tendrás cuidado con la fiera disecada?

Y termino ya. Esta novela corta está bien así. No quiero
convertirme en la redactora de una enciclopedia desechable
sobre mí misma sino hacer un librito con recuerdos del
siglo veinte. Vampirismo. Transvampirismo. Vampirismo
estructural. La Nada Eterna. Nadaístas. Tiene varios
enfoques. El milenio de Acuario que empieza este año
parece un doble, desdoblado de nuestro siglo veinte como
época de los hipócritas. Como guerra de los hipócritas
contra los locos. Además no sé escribir. Soy autista, me
explico con la pintura. Apenas decir estas cuatro palabras
sobre lo que saqué de la Imagen.

77
Luz violeta

78
La luz era el principio, la luz violeta. Después humo y punteos
de guitarra. Yo me había pedido un chupito, y Susana, otro.
Susana era mi novia ya entonces, yo tenía un ángel de la
guarda. Yo estaba confiado en mi paranoia y entonces en el
légamo de mi cerebro procesé la imagen de Adán. El no me
había visto, pero yo sí a él. Estaba muy colocado, pero
despierto. Una mujer con un pantalón fantástico no le dejaba
pasar. Mi pensamiento se detuvo en sus facciones, en sus ojos
pintados, en el ritmo, en la cara de Adán esperando para pasar.
Adán conoció a la mujer y cohabitó con ella. Por la mañana un
cachorro de león los despertaba a lametazos y gruñidos. El le
pasaba la china de polen y ella la desmenuzaba. Un día estaban
mirando el fondo del balate y en la náusea de sus ojos se vieron
desnudos. Adán volvió la cabeza para hacerme un gesto, me
había visto. Su mujer se apartó para dejarle pasar. Mi
conversación con él fue corta.
-Hombre, le dije, ¿sabes a dónde vamos a ir ahora todos?
-No, pero me lo imagino. Si estáis tan ciegos como yo, vais a
llamar a la puerta del prostíbulo.
Miré a Susana y subí el vaso hasta mi boca, ella parecía absorta
por ideas pesadas. Adán seguía despierto, encendí la luz de la
mesita de noche y cogí el biberón. En la cuna había una
serpiente, Adán la apretaba con su manito.
-Oye, vamos a una cueva, seguramente veremos amanecer en el
Sacromonte.
Susana me miró, ella conocía mi pánico atávico al flamenco.
Adán me respondió con un gesto que decía que volvía a la pista
de baile. Vivió varios siglos haciendo ese camino. La mujer de
los chins fantásticos estuvo de parto, en un descampado, esa
noche. A los pocos años se repitió el mismo trance, y ella ya
sabía cómo hacerlo. Adán estaba en lo suyo, siempre acelerado.

79
Yo pienso que lo que le pasaba a Adán es que había una parte
de sus sentimientos hacia las mujeres que él reprimía. Esta
mujer le había gustado, se habían besado, ella debía haber
impregnado las bragas, pero él seguía buscando la imagen de
una madre. Yo no conocía a la madre de Adán, no todavía, pero
debía ser a su imagen y semejanza, nerviosa.
A veces la consciencia no vale nada, nos hace perder la
capacidad de asombro, todo se vuelve ornamental. El vacío, la
nada, nos miran desde la mirada de los otros. La gente estaba
esa noche un poco revuelta. Parecía Mayo del 68. Incluso nos
convidó la barra, la representación del poder en el bar.
Bailando, bailando, bailando nos sentíamos alternativamente
grullas, mandriles, culebras, representando la historia del
mundo, con sus incendios, sus lluvias, y sus rebeliones. Bailar
nos liberaba, nos daba alas, nos divertía.
Fue un rato muy bueno, la pena es que se acabó, se acabó la
historia. Se hizo un silencio, por debajo de la música, que a mí
me hizo pensar en irme y fui a decírselo a Jonás. Salimos a la
calle y nos pusimos a caminar. Yo iba cogido de Susana y ella
me preguntó qué había pasado con Adán.
-Lo dejé allí, me dijo que se quedaba.
-Tiene su historia, ¿no?
-No sé.
Susana camina como si llevara una gata en un cojín sobre la
cabeza, balanceándose, como las africanas. Llegamos a Plaza
Nueva y habían regado el suelo.
La cueva olía a vómitos. A Susana y a mí no nos dio miedo
entrar. Yo me había tomado un tripie y estaba esperando que
empezase el viaje. Las sillas de enea, veía arrugas en las sillas de
enea. Me sentí angustiosamente lejos de Susana, aunque ella
estaba a mi lado, controlando. Además me di cuenta de que no
nos quedaba tabaco, y pensé que pronto empezaría a sentirme
ansioso.
La ansiedad no llegó, una chica de la cueva hizo un strip-tease,
y a mí esas cosas siempre me animan. Aquel era un lugar
80
realmente curioso. Adán apareció en mi mente como una culpa,
no podía explicar por qué. Lo estaba viendo, subía al
Sacromonte y unos chorizos lo paraban con una navaja. Pero en
ese momento la chica se estaba quitando las medias, Susana me
apretaba el brazo, y los chorizos empezaban a reírse, ja-ja, ja-ja,
ja-ja.
Al poco todo se puso muy místico, Adán estaba crucificado.
Siempre que veo aparecer vello púbico me vienen ese tipo de
pensamientos. Me arrojé al suelo pidiendo perdón, no sé por
qué. Supongo que me sentía culpable por ver a Adán ajusticiado
de esa manera. La chica que se había desnudado se agachó a mi
lado y me puso la mano en la cabeza, “sé valiente”, me dijo. Yo
pensé “todavía no me he acordado de los cigarrillos, o sea, que
estoy bien”. Me levanté y volví al lado de Susana.
-Susana, qué triste es la noche.
-Tranquilízate, piensa en un color.
Om, Om, intenté pensar en términos budistas, el budismo, esa
religión tan razonable. Esto tuvo un resultado, Adán no
aparecía por ninguna parte. Hablé con Susana de los fantasmas
agresivos que nos atan a la rueda del dolor, le dimos mil vueltas
al tema. Yo le contaba lo que iba viendo, ella me pedía que me
explicara correctamente y yo no podía porque había mucho
ruido y la gente se había puesto a cantar. El cante me animó,
aunque no lo entiendo mucho, y dejé de ejercer mi sentido
crítico. Qué bien me sentí, dentro de lo que cabe. Jonás se
inventó una copla. Yo pensé también una, dice así:
En el jardín del Edén, Adán
Se puso en deuda con Dios.
Un día la muerte le vino,
Y su deuda no pagó.
Ay, que a ti te debo mucho,
Ay, que a ti te lo debo tó.
Volvió a mis ojos la imagen de Adán crucificado. La sangre de
sus heridas formaba un riachuelo que regaba la tierra, me

81
relajé, vi cómo de la tierra nacía una planta y de pronto todo era
luz. Salimos de la cueva y efectivamente había luz, ya era de día.
En la acera del Darro, camino de casa, encontramos a Adán con
la mujer del pantalón, y recuerdo que la inquietante extrañeza
del encuentro la borró una sonrisa de ella, que besó a Adán,
melosamente, en la mejilla.

82
274

83
He comprado la belleza

Soy rubio. Por mis manos se ve que soy una persona
idealista, los dedos son alargados. Mis padres hubieran querido
que yo fuese escultor, como mi tío, pero éstas no son manos de
escultor. La ropa sencilla me favorece. Mis amigos me prestan
atención, soy tímido pero me gusta hablar, cuando alguien me
escucha. También me gusta escuchar. Ellos han aceptado que
yo esté contigo, aunque seas una niña de nueve años. Les has
parecido inteligente y que no he desperdiciado mi dinero
cuando te he comprado en la ergástula. Aunque no se me
pasaron por alto los elogios rimbonbantes que el lenón hacía de
tu cultura, reconozco que no me habría decidido a comprarte si
no te hubiera desnudado ante el público, dejando ver tu cuerpo
lampiño y difuminado de impúber. Ahora que ya hemos estado
hablando tú y yo, tomo conciencia efectiva de que tu educación
y tus conocimientos son excepcionales, ¿puedo decirte que algo
de eso estaba ya a la vista en tu infantil desnudez?
Beberás vino con el agua, de modo que seas en todo
conmigo como una compañera. No se me pasa por alto que a
tus facultades les repugna el trato que se le da a un niño. En las
noches de insomnio, mientras espero el efecto de la tríaca, tú
estarás conmigo, a mi lado. Requeriré tu opinión acerca de la
pintura como si fuera la de un colega.
Me has hablado de una forma de arte que estás
empezando a practicar. La pintura se ubica en enclaves del
espacio, y este espacio es material y su destino es ser
transformado. Muy buena es tu intención, nadie que yo conozca
hace tal inflexión, tan profundamente, en la finalidad de
redimir el espacio. Y es que la extensión, me dices, es
constitutiva de la dificultad de ser humano.
Vamos a ver, me vienes a decir que la materia, la llamada
res extensa, es la que constituye al hombre, y por supuesto,
84
entiendo de momento que también a la mujer y los infantes.
Por ahí va tu conceptualización del espacio. Hay en esa
extensión, ese desarrollo, algo que constituye al hombre en
sujeto de una necesidad de transformación, de prosecución. Me
respondes que en el desplazamiento de lo espiritual que
comporta la extensión de la materia tiene lugar una ausencia,
quizá debida a lo que hay de cambio (¿me equivoco?), una falta
que pone en deuda de cierta diferencia a lo mismo que se repite.
Ya ahondaremos.
¿Qué me dices de los animales? ¿Que son ideas? ¿Que son
divinos? Realmente lo que me estás reportando es algo que no
he oído nunca. Bueno, admites que pueden estar en una especie
de "otro extremo" de aquello que se trata de rescatar en el
hombre primordial, el salvandus. Pero te aferras de alguna
manera al amor que te producen, permíteme decirte que en ello
veo tu belleza irradiando un inmenso atractivo. ¿Por qué?
Porque, no sé, creo que después de todo los dos creemos que el
espacio debe de ser experimentado, el animal adorado, el
tiempo proseguido, ¿no?
Tu idea me la has explicado, el nuevo arte que pretendes
llevar a la práctica. En el espacio, suspendidas del muro, tus
pinturas. Y en el tiempo una hora y una fecha de exposición en
la que tú misma, la que ha sido artífice de las pinturas
expuestas, convocas a un cierto grupo de personas. Tu
intención es ejecutar públicamente una acción a la vista de
todos. Por su intención esta acción la pretendes, de alguna
manera, (e igualmente o de forma similar a tu pintura)
salvadora del espacio, interventora, culminadora de lo humano.
Así lo será, como lo es el inevitable curso del mundo. Perdona
mi paternalismo, perdona, perdona, perdona.
¿Responde a un ritual de tu religión paterna, alguna de las
del Irán (pues aún no me has puntualizado si eres mazdeísta,
nestoriana, jacobita, mazdakita o maniquea)? ¿No responde
sino coincide? O, por el contrario, ¿es una acción que, como si
la tradición fuese ella misma materia (cuestión de la que
85
hablaremos, si hay ocasión), o como si fuese, reparemos en ello,
una "nada", produce lo nuevo? Me dices que sí, pero te parece
tosco, obsceno por lo inconsciente, hablar de que en tu
performance se produce lo nuevo.
Me dices que lloras cada noche por tu padre. Infórmame,
hazme ese favor, de tus recuerdos, a fin de que yo sea para ti
todo lo que es un padre y un profesor. Me interesa tu cultura
originaria. Quiero saber en qué creían tus padres. Saber las
cosas secretas de Irán, y las que allí son manifiestas pero en este
imperio resultan remotas: Qué significan Ormuz y Arimán, tan
queridos al esclarecido Plutarco, así como su huevo originario.
Quién es Zostriano. De dónde han surgido los gnósticos y a qué
se debe lo que de real hay en la fama de los magos.
Observa que derramo, con un movimiento rápido de
muñeca, parte del vino de mi copa. Debo complacer a los
nuevos espíritus. Me verás hacerlo con cierta frecuencia. Tengo
a mi alrededor tantos démones cuya complicidad he de
ganarme.
A continuación de la acción inaugural, que te estoy viendo
ejecutar, piensas danzar. Una danza de estilo, caracterizada por
su novedad, hecha en libertad, pues te permites eludir la
mirada severa de tus primeros educadores. No será ya una
danza de loco entusiasmo, y sí lo será. Permite comprender,
pero impide reportar.
Espero verte bailar a menudo, he de espiarte (aún con una
relativa y condicional connivencia por tu parte). Tus momentos
de alegría, o de sencillo sentimiento, los he de albergar, a través
del ojo, en mi corazón, en mi interior. Porque me despiertan,
me recuerdan, me retrotraen a una ciertísima luz. Que ello me
conduzca a, de una manera u otra, en una noche o en una
mañana de embotamiento, acariciar con una cierta violencia,
eso es algo sobre lo que debemos juntos consultar a la
divinidad. Porque es de ella de donde proviene el juicio acerca
de lo bueno y lo malo. ¿Me equivoco? ¿También mis

86
razonamientos deben ser objeto de consulta? Tu mano pequeña
y cálida me toca, pidiendo una sonrisa.
Yo bajo mis ojos, me verás hacerlo. Suelo bajar la vista
cuando me interpelan. Es un cierto extravío que he aprendido a
necesitar, y que espero que tú adquieras también, conmigo. A
no ser que quieras ser como un águila, como una leona
irreductible. También eso he de tolerarlo, si me dejas que
atrape su reflejo en un cuadro, en un dibujo, y repetirlo hasta la
saciedad, que es para mí necesaria e importantísima.
Hablaremos más tarde de la saciedad.
Ésta será tu habitación. Aunque nuestras camas están una
junto a otra, yo faltaré las más de las noches, porque
normalmente duermo de día o bien me quedo echado al pie de
aquello que estoy pintando, en una estera, rodeado de papeles
abocetados y de volúmenes que algún súbito pisapapeles
mantiene abiertos por donde a mí me ha interesado.
Igualmente hemos de compartir la compañía del gato. Es
un macho muy independiente, su presencia en la casa es rara y
festiva. Se puede decir que él es el único que supervisa mi
trabajo, a los demás no les dejo. Según dice Pitágoras, la del
gato puede ser el alma de algún sabio que hace penitencia por
sus errores cometidos. Me gusta pensarlo así, y al gato le gusta
que yo lo piense. Si vienes conmigo al estudio, te voy a enseñar
cómo, pisando inoportunamente alguna cazuela con restos de
color, ha dejado este alma penitente su impronta en más de una
composición.
Puedes rascar su sedosa barriga con las yemas de tus
dedos, que la caricia de unas manos pequeñas, con persistencia
impaciente, le provoque el orgasmo. Ya eres su amiga. Te ha
impregnado todo el brazo, este gatazo.
Bárbara: ¿Qué te ha hecho huir, felino? Acaso has visto en mí,
como en un espejo, algo de tu bestial compostura. Las hembras
somos así, estamos, como tú, más ligadas a la sombría materia.
Esa observación es preciosa. A pesar de tus pocos años,
tienes, a lo que se ve, un gran conocimiento de ti misma y es
87
muy elevado tu grado de autoconciencia. No eres precisamente
una amalgama sin sentido de materia. Séame permitido decirte
que sin mujeres y sin materia el trabajo de nosotros los artistas
pintores sería invisible, por no decir inexistente. Somos un
juego provisional del azar en tanto el hombre redescubre su
idea. Imitando al dios que ha creado nuestros cuerpos, creamos
imitaciones, y, aunque siempre soñamos que un espíritu venga
a encarnarse en nuestros simulacros, intoxicamos el alma con
nuestras mezclas de lo sutil y lo sucio. Pero anoche no quisiste
cenar nada y ya se acerca el mediodía, acompáñame a la cocina.
Esta mañana solamente has bebido leche, y aún a ésta me
rogaste que le quitase la nata.
Bárbara: Tengo los oídos taponados. ¿Es usual aquí tragar
saliva?

*

Estoy pintando, siéntate ahí, detrás mío. Esta tabla llevará
colores más floridos, pero no estoy seguro de que con las
carísimas pinceladas de cualquiera de ellos pueda tener el relax
de dar la forma primera.
No parece difícil, piensa que esa Leda es tan azul como
Júpiter, y que vas a dar urgencia a un cuerpo de lapislázuli.

*

El trono que ocupara el profeta en el momento de la
fundación de nuestra Iglesia Sisí de Karkar lo presenta durante
la misa de Bema vacío y desocupado, nuestro jefe tan sólo dirige
los ojos hacia el asiento manteniéndose de pie en el penúltimo
escalón cerca del trono, si se empieza a contar desde arriba, y si
se comienza la cuenta a ras de suelo el primero. Su modestia
evita poner uno o dos escalones más entre el raso del suelo que
ocupamos nosotros y su propio pedestal.

88
Sisí, su abundante cabellera la sostiene con felpas y unas
peinetas de laca y nácar y aún le sobra para colgar suelta por
algunas partes. Ella lleva un vestido verde decorado con lotos y
con unas ínfulas que simulan las alas de una libélula. Los
escritores se reúnen como obreros en un ángulo de la iglesia y
comentan con felicidad lo santo de nuestro jefe.
Confesión de los pecados.
Lectura del Shabuhragán.
Lo clandestino de la ocupación del templo hasta ahora
prohibido en estos días, desde el tiempo de la Represión, hace
difícil relajarse. Pero los invitados, contentos de haber barrido y
quitado las telarañas de un lugar que, aunque clausurado, nos
es tan querido, nos entregamos a las caricias y al langor de los
cuellos. Sabemos que la escritura inicialmente se leía en un
sentido arbitrario y queremos instaurar, por una noche, su
primera libertad, afirman algunos de nosotros tácitamente por
el ensimismamiento de sus gestos: Uno rotula con anotaciones
menudas y ascendentes el envés de un santo códice y se
acuclilla ante el atril para repensar lo escrito. Otro revisa los
diagramas inscritos en una esfera de ladrillo, haciéndola girar
sobre una bacina con agua. La tinta del rotulador, a base de
aceite de acacia, es indeleble y multicolor. Otro dibuja en un
lienzo imprimado con extracto de leche los senos descubiertos
de una mujer en oración que de tanto en tanto le hace gesto de
enfado y le pide que deje de dibujarla. Finalmente le posa en la
posición de un cuadrúpedo y se abandona a los besos
consecuentes. La justeza de sus braguitas y el abombamiento en
algunas partes era demasiado tentadora. La Bema se celebra
escuchando música, en vivo o a través de un velo, o haciendo el
amor. También en esta misa se habla mucho, incluso haciendo
gestos con los codos.
Durante la misa, los libros habían hablado de la
consistencia material del mal y se puede decir, valga el
retruécano, que nosotros, en nuestras conversaciones,
evitábamos entrar en materia, y que, sin embargo, teníamos
89
una tácita consciencia de que la propia conversación era
materia, aunque sacra era materia, aunque siendo materia era
en todo caso materia noética. Emitíamos vibraciones eróticas,
de amor, hacia las antenas invisibles en el interior de los ojos de
nuestras parejas.
Yo me acosté con un niño de mi edad, pues entre los
maniqueos es de mal gusto el contacto de un torso adulto con
una persona infantil por su edad, o por ser obesa sin medida.
Este es mi último recuerdo maniqueo en Palmira. No hay
que olvidar que se hallaba entonces como más tarde bajo el
dominio de una falsa religión.

*

- Y tú, en componer danzas y aliterar sonidos te preocupas,
cuando no son más que pasto del tiempo.
Bárbara: Es precisamente porque el tiempo es para mí un
encarcelamiento, por lo que trabajo con el tiempo. Adán
Qadmón también vivió esa condición, a pesar de ser longevo y
de ser grande y de la mejor arcilla.
- Pero la pintura nos remite a lo más prístino de esa
condición por la que trabajamos. Mira esta representación de
las Tres Gracias. Cuánto no tropieza el inocuo erudito entre sus
muslos, llevado a una honda caída por tanta disponibilidad,
tanto parecido a la vida que lo asalta, que suscita su irritación,
su comezón de una sonsa alergia. La clave es el perfil, ya
verás.... La central está cogiéndole la cintura a una, y a la otra le
pone la mano, con suavidad, en el hombro. Las dos laterales
entrelazan sus manos sobre los pechos de la que nos da la
espalda. Cuánto no alcanzamos a escaparnos de esa condición,
de esa boca de Moloch que es ese devorarse de la Naturaleza,
por medio de la contemplación de estas caricias.
Bárbara: Pero puedes mirar en vano esa insinuación de un
pubis, no se te ofrecerá. En cuanto a la nalga que, terciada,

90
insinúa un culo, vanamente te darás vuelta para buscarle otro
sesgo.
- ¿Tú pretendes gozar en una lo que te ofrece la otra, acaso? Por
otra parte la pintura es el mundo en que vivimos,
afortunadamente, y es el mundo también la pintura. Repara
ahora en esta Antíope, que no es otra que el Alma. El alma es
una adherencia del mundo, es lo Sensible. Es, por lo tanto,
también partícipe de lo divino, se podría decir que reina en los
parajes toscos del mundo, los labra y decora, los gobierna, y que
quiere retener en su palacio la virtud del espíritu. No se
reconoce en sus criadas, sino que mira hacia Heracles, mide la
longitud de su maza, la fuerza con que el Pneuma puede
rescatarla de los monstruos indominables que le afean el país.

*

Cierta matrona patricia que ha sido discípula aventajada
del recientemente fallecido Plotino se ha puesto en contacto
conmigo. Desde una villa cercana a Roma me ha mandado
llamar. Ha contado mi curriculum razonado, y mis anotaciones
sobre Platón, con las que me presenté. Dudo ahora si archivar
en el disco duro toda la jugosa, por lo platoniano y por lo subido
de nuestras efusiones, correspondencia de estos últimos meses.
Cómo no iba yo a poner una piedra, labrada de motivos
eróticos, en la historia de la literatura latina, para que luego sea
museable en medio de primores y solícitas cauciones. Se llama
Estela, aunque sus tablillas y billetes los sella con un nombre de
fruta, la persea, emblema del silencio. Mientras a ti te doy
orejones con que acompañar el muesli, yo me proveo de la
reserpina que ponga fin a mis glosolalias y me devuelva el duro
siglo.

*

91
Pinto los niños filósofos, entregados al juego solar de las
sombras, alcanzando su pubertad en medio de libros
entrecerrados, acariciados y nunca satisfechos. Lánguidos por
el vino o el cáñamo, sus ropas son jirones ricos en color, su pelo
tiene mil adornos, mi nariz fabula que se perfumaron con
violetas y ocultaron su icor juvenil. Las abejas que pululan no
molestan, ni las coloridas gallinas de paseos circunspectos.
Noctámbula, a la luna se la ve ir por el aire buscando su reposo.
Largos, me dice Bárbara, son los caminos de su casa en el Sur,
donde las hienas. Allí se ha pasado el trópico y la miramos de
hito en hito. Después los más mayores invocan a Afrodita, a la
que conocen bien. Interiormente me recojo, Estela habla como
un pajarito, y no me ha dado prueba palpable de amor.

*

92
Diálogos con la pequeña esclava

- ¿Eres maniquea?
- Sí.
- ¿Estás sellada por pactos de silencio? ¿Hay algún voto por el
que tu fe te obligue a no desvelarme sus principios?

*

- Llénele con esos garbanzos tostados el cestillo a mi
esclava, señora. Y ponga también un par de torrijas, sí, de
vino...

En el foro de nuestra Roma provinciana y cansada todavía se
ven tipos filosóficos y bellezas llegadas en barco, pero las
torrijas las bañan poco y, para que sean presentables a los
turistas, las hacen cuadradas.

... Bárbara, y ahora dime si te ha gustado el espectáculo. La
poesía griega siempre produce algún pensamiento.
Bárbara: Y ¿qué hemos visto? Un barbudo perplejo hablando
sinsentidos, y a su derecha dos trabajadores casi torrados por el
sol que se acercan a la primera fila, cargando
desacompasadamente entre los dos el peso de una tísica,
mientras tratan de llevar el ritmo moviendo la cabeza y el pie
que les sobra. Hemos podido ver a la tísica prácticamente
desnuda, con las manos en alto y mirando para arriba todo el
tiempo que la llevan a cuestas, aunque de reojo quién sabe
adónde. Una matrona tétrica se tapa con el chitón, para que no
se vea la cara que pone. Sólo una Hécate de bronce sobre un
cilindro blanqueado que hace de columna, imprime a la escena
la exigencia de respeto e induce a distanciarse. Si no, el corro se
cerraría como en una pelea de gallos.
- Te recuerdo que la estatuilla es una imagen de la diosa
Artemisa.
Bárbara: Me da igual, para los espectadores se trata tan sólo
de su Hécate de siempre, de la que conjuran por la noche
mientras traman su cotidiano adulterio, su balanza trucada, sus
pleitos y sus prepotencias. Terrible en sus dos palmos de
estatura, hecha de bronce malo, flanqueada por unos entre
cabras y ciervos que se mantienen alerta porque creen huesos
las flechas que la dueña sostiene en cada mano.

*

Tengo la imagen del dios como de un esclavo asiático
postrado sobre su escudilla, acercándose a la boca con la mano
las legumbres cocidas que deposito a los pies de su estatua. Los
dioses nos necesitan, y ello con desesperación pues en realidad
nos tienen y no nos encuentran. Un horror metafísico nos
separa de su inconsistencia, y en nuestros sueños les prestamos
cuerpo y los nutrimos.

*

- No buscar metáforas parece a la elocuencia la higiene
máxima. Escribir, o pintar, siguiendo un hilo, sin dejar rastro.
Porque la metáfora a la larga es como una huella que nos hace
seguir otra pista, y mi pintura se ha querido predación.

Bárbara: Por fin Estela me consigue un ejemplar de Barroco,
de Sarduy. Y sirve a mis megalomanías, y a mi pretensión, que
desborda lo artístico, mesiánica. Aureliano estropea la
perfección persa (notabene: es de lo primero de lo que escribo,
todo lo voy haciendo en este año segundo del tercer milenio en
torno al ruinoso monumento que nos titula: 274). Soy una niña
pero tengo la elocuencia de una criada de Genet. Leo en
Kierkegaard una triangulación posible: Admiración (postulada
por Platón la base de la filosofía), Envidia, Duda. Mis
triángulos, que acumulo desde que fui instruida en Lacan,
nunca coinciden, sino que forman figuras más complejas,
engranajes o bien opalescencias solares. Así el triángulo
literario que apunto en otro escrito (Apatía, sarcasmo, énfasis)
se engrana de manera que la duda toca tanto a la apatía como al
énfasis, lo que da una articulación doble del sarcasmo, muy
reveladora, con la envidia, pero también con la admiración.
Vamos a lo mesiánico. Conozco a un pintor que, sobre una
Cleopatra de Artemisia Gentilleschi, trazó con spray blanco y
con spray de sombra el grafito de una gran Aspirina. Llamemos
a este perspicaz y eficacísimo pintor “Manés”, digamos que ésta
es su Imagen. Será circular, como la quiere Ignacio Gómez de
Liaño. A mí, como apostolesa de su doctrina de los tres
momentos, no me pareció otra cosa que la profecía aplicada a la
historia del último siglo del segundo milenio. Nuestros padres
vivieron, si es que realmente vivían cuando eran jóvenes, el
primer momento. Merced al Estructuralismo, lo blanco era
blanco y lo negro era negro, y además era a la vez tangible y
para siempre. Razón dialéctica y razón analítica eran para Levy-
Strauss coeternas. Luego tiene lugar el Soborno de los
semióticos, y comienza el segundo momento, la llamada por el
corrupto semiótico Era Neobarroca. Todo está en el libro de
Manés, lástima que no se conserve. Pero esa Aspirina es el
mandala del tercer momento, del regreso a la fuente de toda la
luz: los Tres Momentos serían éstos: Estructuralismo,
Neobarroco, Analgesia.

He visto a la Luna y al Sol. Ellos me han saludado, con
gesto de iniciar un diálogo, han repetido el saludo cada vez que
mis ojos topaban su luz, pero yo no me he aproximado a
hablarles porque mi entendimiento grave no concibe la levedad
de los astros.

*
extensión
desplazamiento de lo espiritual
diferencia de lo mismo que se repite

Cuando las cosas son cosas se olvida que son luz y sombra, que
son duales, se convierten en cadenas que nos impiden ir al
encuentro de nuestra pareja de luces y sombras.
- ¿Qué quiere decir “cuando las cosas son cosas”?
- Cuando son causas.

*

animales (otro extremo del salvandus)

La ley de la creación es la muerte. Su amor es una muerte por
placer. Hace falta existir como cosa que nunca fue creada para
pasar de una ley de muerte a una alianza de amor.

Bárbara: Por eso el arte del pintor se enfría con la simetría, con
el gusto común.
- Pero tú misma me hablaste del libro de imágenes de Mani, en
el que se ven figuras geométricas.
Bárbara: Hay un hieratismo que nos coge por sorpresa y nos
ilumina. Es justo lo contrario de la rigidez. Los colores son un
buen ejemplo de “cosa no creada”, porque no están en la
materia bruta. Hay que hablar su lenguaje.

*

religiones de Irán

Sólo la memoria del que ha suspirado en el trance místico hace
humanos los grupos y los momentos de la sociedad. Su soledad
y sus recuerdos hacen que las devociones de los demás hayan
existido, al tiempo que él escoge una única verdad, un único
espejo.
- Quizá todos debieran fundar una religión.
- En el Irán de mis padres eso era lo interesante. Todos los
varones, todas las mujeres estaban involucrándose en la
invención de una multitud de religiones.

*

producción de lo nuevo

Si la realidad es una obra de teatro, la realidad deberá suscitar
el aplauso con la novedad de un desenlace sorprendente. Toda
realidad tiene tres momentos, como un buen relato.

*

Ormuz y Arimán

Se preguntan por la idea de un dios de la oscuridad y pretenden
que sea depuesta en el carácter de lo vacío y no pueden
entender la plenitud oscura que circula con nuestros
negocios de ideas. No admiten que medio mundo adora a un
ídolo de odio, y que hace tiempo que se repartieron los
territorios de la mente entre la luz de Ormuz y la sombra de
Arimán.

- Qué extraño suena un dios enemigo. Mi maestro Plotino, cuya
idea del mal era humanista, reprochaba eso a los gnósticos.

Bárbara: Cuando se postula que el mal es un trampantojo se
toma al alma por idiota.
*

huevo originario

Las dos cosas son iguales. Las dos provienen del núcleo. Los
dos principios están en el núcleo, en el origen de lo real.
Sombra y luz son coeternas. El centro del mundo tiene
palabras para lo que está a un lado y para lo que está al otro
lado de sí mismo.
- Se dice que los templos griegos tienen bellas estatuas por
fuera y que dentro esconden toscos ombligos de roca o
trozos de madera.
- Así pasa también.
- Pero en la pintura el primer pensamiento tiene por única
desnudez la invisibilidad. En todo lo demás es bello como
las estatuas exteriores.
*

Zostriano

Hay libros escritos con fuego que pueden distinguirse sobre las
cimas de nocturnas montañas. Zostriano tiene de particular
que para él el fuego es Dios, pero su método de llegar al
fuego es una filosofía en la que hay que viajar por los planos
de la realidad como él viajó por Asia, hasta escalar las
estrellas de una realidad que es más realidad y que es la
única realidad. Una vez en las estrellas últimas y más
escondidas el alma del mundo fue a verlo y le hizo saber que
la tierra lo necesitaba. Zostriano consumó con el alma del
mundo un pacto nupcial nuevo, pero esta vez no nació la
realidad ficticia, porque su libro no era para la tierra, sino
que de esta alma vinieron al mundo los apóstoles de la luz.

*

De dónde han surgido los gnósticos

Surgen de la ciudad. Descubren la verdadera realidad de un
firmamento de oficinas. El cielo tiene miles de pisos y de
escaleras, la salvación es un trámite burocrático. Para quien
busca el conocimiento, el cosmos debe su belleza a la
propaganda de un creador mercantil de las realidades, a los
pequeños comercios de una universal prisión y cárcel.
- Los gnósticos y los ansiolíticos, ¿qué me dices?
- ¿Has probado con la valeriana o con la celidonia? Dicen
que la valeriana inhibe la libido, mientras que un uso
moderado del opio o de la cannabis la potencia...
- En todo caso los maniqueos vamos más allá de cualquier
gnosticismo. Somos más coloridos, nuestro sistema está
provisto de un mayor dramatismo. Por eso no caemos tan
fácilmente en un estado de dependencia.

*

realidad de la fama de los magos

Qué diferente es la nuestra de su cultura de prodigios. Para
ellos el gesto está siempre dispuesto a hacer salir de su
tumba de verdades a medias al enfermo de nuestra
civilización. No se trata de decir la Verdad, se trata de
llevarnos de la mano a su presencia.

*

consulta sobre el estupro

- ¿Por qué no pasa nada?
- En eso consiste mi consulta. He aprendido la diferencia
entre el adulto y el niño.
- Pero yo soy más inteligente que una niña cualquiera.
- La inteligencia nos hace más niños. Estamos más solos
frente al universo.

Todo vínculo pedagógico se establece sobre el delirio.
Prefiero conservar el deseo de ser amado y recordado como
figura de felicidad. Los que tienen negocios más importantes
que el de ser amado, en cambio, experimentan con la pulsión
de muerte pensando en el incremento de dinero, y su
realidad está hecha de mierda y de gritos, y piensan que es
interesante entrar o salir personalmente de los cuerpos,
inspirar miedo para sentirse mejor, ser obedecidos. Los
cultos mitraicos de la Galia, a los que se abandonan los
magistrados en secreto, son descritos por los que sobreviven
como convites macabros en los que se decapitan bebés y se
torturan niños de todas las edades. A ellos se dedican de
manera asidua no los bandidos, sino los que tienen su
posición asegurada por el dinero y la autoridad. Me morderé
la lengua, porque prefiero conservar el deseo de ser amado y
recordado como figura de felicidad.

*
ser águila o leona

Hay algo liberador en la experiencia del símbolo, como símbolo
es todo animal. Hemos aprendido nuestras ideas sobre las
danzas simiescas de nuestros antepasados, en sus máscaras
están nuestros útiles intelectuales, en su ebriedad.

*

saciedad

Nuestra alma está cansada de sentir; pero, no sentir significa
caer en un aniquilamiento que la abruma. En el momento en
que cambian las modificaciones el alma siente y no se cansa.
Sin embargo la paradoja más fina nos sugiere encontrar lo
que sentido no cansa al alma, la materia sutil que nunca
apesadumbra. Hace falta una disposición del alma a la
saciedad de las cosas divinas. Digamos que el sabio se
encuentra en un tiempo de espera sin prisas después de sus
nupcias con su amiga la Sabiduría, tanto tiempo cortejada.
Proezas sexuales

Es mi Mecenas. Me encarga ilustraciones de la filosofía y
de la teología para sus muros. Sobre tabla o al fresco en el
muro. Siempre escenas un tanto misteriosas, de significación
alegórica a varios niveles. Sus caderas son amplias, y de ellas el
culo se sostiene con delicadeza. ¿Y por qué a todas las amigas
de Estela les gustan estas músicas cadenciosas y estribadas en
la danza? Me inquietan con su afición a las drogas, y cómo
esperan una señal de los músicos para lanzar sus ojos sobre los
míos y mirar entorno como águilas o dragonesas. Y cómo se
contienen y bailan poco, como si estuvieran ya viejas, mientras
yo me siento compelido por mi demonio a la dislocación,
inmediata y repetida sin posibilidad de saciarme. Y cansarme, y
encontrar que ellas juntas bailan las gordas con las flacas, las
esculturales entre sí, y acierto a percibir en el momento de
derrumbarme que hay cientos de hombres en la sombra
preparados para fecundarlas.
Es un teatro ignorado del final del siglo tercero, cubierto
por toldos que todo lo opacan, iluminado por quinqués que
alimenta un petróleo de más allá del tiempo. Están los tiempos
futuros, los que acaban de morir, los que sólo se hallan en los
libros. Mi propósito sería compendiar los vicios y las
culpabilidades asociadas a ellos. Pero a mi lado el espectro de
Felipe Trigo, autor sicalíptico andaluz, me advierte que no me
ilusione, que el director de la obra ha sido suplantado, el
suplantador asesinado después de violado, y que ahora es un
militar oscuro el que dirige el coro de sombras. Observa, sáciate
y alcanza el hastío, porque debes, enervado por el café
enumerar, ser notario y sólo así ser notorio.
Repetirás la misma pista del CD, hasta enloquecer a tu
esposa, me va susurrando Felipe Trigo. En las salitas de espera
muelles del ultratumba ha aprendido todo sobre los tiempos, ya
no queda excluido de las peligrosas y deseadas certidumbres.
¡Nyctelio!, parecen gritar mis amigas, instruidas
súbitamente en un griego procaz y arcaico.
Qué importante es la arquitectura, y qué poco capacitado
me siento para describirla, apenas puedo describir por dentro la
estructura del templo de la paz en Roma, que es una inmensa y
simplona basílica. Debo bailar, observar los coitos, y puede que
de ese modo se vayan alumbrando las plantillas y alzados de mi
teatro, a la luz del libertinaje. Esa libertad de presentarse
desnudo en una cierta academia del amor. El joven pintor es
parco en palabras, aunque su deseo sería contar muchísimas
anécdotas y responder con ingenio a tanto chispazo. Lleva unas
hojas enrolladas, ahí tiene carboncillos, esbozos de sus
encuentros amatorios. Estela está muy interesada en esos
cuerpos entregados. Clasifica sobre el suelo los que están
coloreados a la cola. La suya, así postrada sobre estas obras, la
va desnudando sin dejar su ajetreo de mecenas. Queda
parcialmente destapada, y parece al pintor una arrollada. Sin
embargo, aventura su mano a amasar lo que ve de nalga, el seno
sacado, la pantorrilla. Con gran pavor la ve incorporarse, y se
siente enlazado cuando ella amaga un beso. Es alta y atlética,
mayor que él. Provista de deseos inesperables.
He encontrado una mirada, unos ojos bonitos. La
muchacha está morena y se acaricia las piernas, a contrapelo de
su tenue pero visible vellosidad. Sus pies están desnudos, y los
hombros. La estoy mirando como si tuviese que pintarla en un
cuadro, no puedo ni pestañear y sólo veo cómo me mira,
mirona, ella a mí. A su lado, dándome la espalda, hay una
compañera suya de viaje. Tiene un tocado de plumas en el que
ha embutido su gran pelamen. Vienen del Norte. La música de
címbalos y el humo de los pebeteros. Los cantos desacordados
que vienen de las esquinas y los grupos. Los principios de
actividad amorosa. La muchacha no pasa de los treinta, es lenta
pero decidida, y repite el gesto de la mecenas, enlaza mi cuello,
pero me sobrepongo y un pulso me aproxima a su cuerpo.
La mujer junto a las brasas

Eres, Estela, sin duda una mujer entusiasta. Me siento
contigo obligado a ser veraz. Viendo que el momento es
oportuno, no me atormento ya más sobre la conveniencia de un
cierto himno. Creo poder decir que los regocijos de Venus, tan
propicios a la confidencia, nos han acercado y han establecido
entre nosotros los hábitos deseables para que nos oigamos. La
belleza intercambiada por los ojos ahora quiere ser cantada.
Tienes una especie de tranquilidad que obliga a decirte la
verdad. En medio de nuestra promiscuidad, te he visto coger el
carboncillo y hacer esbozos sobre un tablero, después de haber
estado delante cuando yo pintaba. Tus miradas, en cuclillas
frente al fuego, ya conocen lo que miran y ya saben como mirar.
Oscilas entre la disimulada sonrisa y el puchero. Es más viva tu
oscura pupila fija en mi mirada, mientras me observas con tu
rostro de tres cuartos, que la línea de oscuro cosmético que
dibuja tus ojos. Está ajada por los abrazos y las sábanas de
ahora mismo. Tu mano izquierda, el brazo en la rodilla
descansa, cuelga relajada y con los dedos en desorden delicado.
El tobillo en tensión y la rodilla derechos reciben en el suelo la
pálida gravedad de muslos y nalgas. La torsión del cuerpo
ordenando la madera en el fuego hace pliegues en el vientre,
que desaparecen de tu piel, aún, cuando te exhibes de pie.
Es grato, ahora, poder romper a hablar por un instante.
Los amores, que para mí eran la fuente de alegrías sencillas, del
deambular rústico del que no tiene cargos ni nada que hacer,
hoy de otro modo se me pintan. Porque cuando te amo, y
empujo mi juventud bien adentro de tus caderas, mi alma es la
de un soldado de infantería, de un esclavo. En esos
encontronazos de fuego es como si la dureza de mi danza te
gritara al oído: No eres pintora, eres mi, llamémoste mecenas. Y
el soldado es el propio Marte, un dios, y, amando, asciende a
general.
Porfirio con Homero. Múltiples géneros de pintura, todos
portadores de una imagen de la belleza. La maquinaria, lógica,
lingüística, teúrgica, del simulacro. Has dejado descolgado el
negro y pesado teléfono, con un hirsuto cordón sobre tu cuerpo
desnudo, anudado en tu cintura, te recuestas entre dos
almohadas para ser pintada. Dibujo débilmente al carbón algo
que es sólo un balbuceo. Me aproximo una crátera a la boca,
con un resto de vino. Dejo bascular la brocha redonda en una
cazuela donde hay agua y un poso de tierra de sinopia. El
momento de pensar trae la muerte más acerba.
Enséñame, oh, Dios, a emanciparme de mis pasiones.
Libérame, que no me sienta como ahora aprisionado aquí, en
mi cuerpo. Ilumina mi búsqueda, insúflame un fuego inefable,
te lo ruego, oh, Dios. ¡Oh, Dios!
De momento me permito abismarme en las fotos noir et
blanc y las contadas con color de un tomito de peinture
romaine. En torno a las imágenes se van condensando mis
sentimientos, mis deseos. Puedo contemplar con aparente
desapego los celos de Menelao, en la grisalla reprotécnica. Sus
ojos y los ojos de Elena de Troya, con su pudor convencional y
su belleza terrible. Los hoplitas troyanos invadiendo el espacio
con nerviosidad de ladronzuelos. Pinturas aún dotadas de
mirada, abrigando todavía intenciones, alimentándose a
escondidas con el poso de las miradas desprevenidas.
Todavía existe quien entra en excitación ante los paseos de
una ninfa plasmada en el yeso. Mi deseo se pierde en los
laberintos de sus ropajes caducos. Pero no es de su côté
vampire de lo que quiero tratar. Ese aspecto lo quiero
desprovisto de pathos. Es una consecución, su experiencia,
vitalicia para mí. Tendré tiempo de sentirme mirado por la
pintura, habré de hacer de ello un sentimiento suave, agridulce
sin exceso. Lo podré verbalizar cotidianamente, sucesivamente,
puntualmente.
¿Es que voy a sentir, como Leopoldo Sacher-Masoch, el
dominio despótico de una Venus inefable?
¿Dónde queda la Luna Virgen de mi difusa y temprana
devoción, virgen y gimnástica como las costuras del nuevo siglo,
Luna transmisora de intensidades desnudas de cualquier
intención subliminal, sublimes, en la incipiente era de Acuario?
Es interesante la conexión “Luna con Urano”. La idea de
reenvío que hay en todo espejo.
Aclárame, Madre de la Tierra, el secreto de tu santidad.
Procúrame la paz. Protégeme de la tiniebla en que te me
presentas envuelta.
Quizás, Diana, es tu entrecejo blanco y son tus ojos un
poco exorbitados los que me turban como si espiara desde un
escondite el espectáculo prohibido del baño de unas amazonas
violentas y liberadas, en la iglesia palustre de los nuevos
salvajes...
Ah, Diana, me han contado tantos mitos. Realmente han
intoxicado mi conciencia.
Estoy esperando el momento de encontrarte, de nuevo.
Emprende por fin tu canto, tú que en medio del llanto te
presentas a mí. Oh, desconsolada. Ahora te veo deambular
armada de una ballesta por las veredas de una sombría selva.
Estás pálida y desnuda, salvo unas altas botas de apretado
cuero de toro. Eres alta y de mirada decidida y esquiva, como tu
padre. Produces en mí el jadeo de un animal acosado, y la
impaciencia me hace imposible permanecer oculto. Lloras por
las bestias que estás resuelta a matar, y las lágrimas que corren
por tu cuello me paralizan como a una víctima. Tu lugar en la
iglesia es terrible.
De pronto estoy en una ceremonia de Isis. El sumo
sacerdote tiene fija en mí su mirada. En él se concentran las
miradas de los concurrentes. Incluso las aves exóticas y
sagradas que la diligencia de los devotos ha traído hasta aquí
parecen escuchar las antífonas y repetirlas entre dientes. Los
otros sacerdotes están absortos, por ejemplo, en mantener
despierto el fuego con un abanico de esparto, en zarandear
acompasadamente el sistro. Sólo aquí y ahora se comprende el
sacramento.
La noche es tranquila, el suelo de mi buhardilla cruje
cuando me acerco a la estantería. Debo de andar por los 500
tomos. Eso hace conocer el alma humana. Los últimos que he
venido adquiriendo han estado todos un poco deteriorados,
pero esta tarde me traje a casa tres libros en muy buen estado.
Los he colocado en estantes diferentes, pero si esperas un
momento te traigo hasta la mesa los tres:
Saint Thomas et la tour de thérapie de Baza. Dibujo flou y
obsesivo en la portada, mujer mira de soslayo un torreón en
una loma, dos tintas. Editado por la Universidad de Sevilla.
Pensée Manichéene. Solapa beige. Angustias Calvo.
Editado en Francia o Suiza.
San Juan y el misticismo. (portada: Magdalena y Juan de
una crucifixión de Grünewald)

La pintura ha acondicionado en mi vida las exigencias de
los sueños. Necesito cenas pesadas que hagan persistentes las
imágenes, o días de ayuno. Necesito estar en la cama. Necesito
ver mujeres desnudas, estudiar cuerpos hermosos. Necesito
noches que me den ideas. La pintura me obliga a prescindir del
mosaico, tengo que evitar los carteles y las lápidas, no sé leer
escritura epigráfica, sólo sátiras y filosofía. Así ocurre que
desconozco las fechas, no me entero de las novedades del
Imperio. Plotino el filósofo era conocido por su falta de higiene,
yo me perfumo. Pero no obedezco con mis baños al dictado.
Sólo a Venus. Y en Venus a una palabra que las criaturas
desconocen.

Bárbara: No se te olvidará, supongo, dueño de mis estudios y
pequeñas labores, el año en que me compraste en la ergástula.
- El año 274. Tomé nota.

Estela: Aureliano derrotó a los persas y Bárbara era parte del
botín de guerra puesto en subasta. Pero supongo que no se te
olvidará que murió Plotino.

- ¿Cuándo murió Plotino, que no me acuerdo?

Estela: Ese año, idiota. Plotino si mal no recuerdo murió ese
año. Hace nada, ¡vamos!

Como de una murmuración, evito hablar de canciones o de
instrumentos musicales. En cambio, siempre he tenido la
impresión de que hablar de la danza ennoblece, y escribir.
Porque uno representa con la palabra el cuerpo humano en su
plenitud, porque nos parece tener algo enormemente hermoso
ya aquí cerca delante de nuestros ojos, cuando hablamos de sus
contraritmos, sus gestos, su velocidad o sus muestras de
cansancio. Luego está la dificultad de leer todo arte saltendi. La
dificultad casi de jeroglifo que tiene toda evocación de un
movimiento, las llamadas sordas a la cenestesia, en eso igual
que leer a Palladio, y a Vitrubio, por ejemplo cuando habla de
los vientos y hay que orientarse y dejarse acariciar por vectores
invisibles. Por ende la obligación de gesticular si se trata de una
conversación, incluso ponerse de pie y esbozar unos pasos.
Ejercicio peligroso para patricios púdicos, plebeyos enaltecidos
a clase media, pero por eso mismo apropiado a la escuela de los
cosmopolitas y de los empíricos. Los unos y los otros bailan
delante de las hormigas. Sin más música que unas crepitaciones
lejanas y con hambre. Siempre se danza para la mirada.

Por qué este cansancio de hablarte, Estela, cuando mi
deseo es dejar verme de ti. Pero ahora mis tablas a la manera de
Apeles, con motivos sacrílegos las mías, como ennegrecidas por
la transgresión. Sé que tendría las espaldas cubiertas, si con una
osadía que da la oriental ignorancia, te mostrase sólo la negrura
de una salamandra gastada. Pero Bárbara ya selecciona, hace
salir mis muestras dolorosas de esfuerzo, ve, parece, más allá de
mi pudor y mi falta de pudor.
Bárbara: No lo escuches, Estela, sólo está dando pábulo al
cliché del artista vampirizado por su obra, que proporciona una
cómoda retirada al pintor. Retén tan sólo el comienzo de su
quejido, su deseo es dejarse ver de ti.
Las copulaciones divinas

He llegado a la pubertad, estoy viva. Ya no soy una niña
que tan sólo se cubre con una larga camisa de cachemira. Ahora
hay un poco de pelo en mi pubis, ahora lo que oculto de día en
ciertas horas lo muestro. ¿Cuál ha de ser mi destino en el
mundo? La niña que yo era se ha quedado dormida,
probablemente muerta muy adentro, y de su tumba como flores
vienen a mi pecho dos redondos senos.
Ya puedes mirarme sin ropa, te hago de modelo. Mi pelo
lacio, largo y negro, lo peino, lo despeino. He venido al espejo a
pintarme la línea, a rotular mis dos ojos con cosmético negro, y
quiero que me pintes de rojo la boca, de cerca. Ahora bésame el
cuello, poco, muy poco.
Cálzame el coturno, anuda el nudo de un liviano collar,
ponme una corona de plata, dame una vara más o menos
flexible. He de cabalgarte. El comienzo de las copulaciones
divinas ha de ser mi emparejamiento secreto, filosófico,
contigo, que dejándote la barba larga y la toga desarreglada,
andarás a gatas por el suelo. No de otra manera se vieron
Aristóteles y su amante, sino a caballo ella y él a cuatro patas.
Empieza, ponte en el suelo.

*

La hago portadora de una luz, repitiendo esta
presentación, este personaje, hasta llegar a la saciedad. Este
otro desnudo de Bárbara lo pienso ilustración de ciertas
cogitaciones de Aristóteles. ¿Son incombinables los números,
como pretende Platón? Frente al pulido espejo, me miro orinar
sobre mi esclava tendida en el suelo. Veo que no es esto, mas la
obligo a guardar en su piel mi orina de borracho. Se trata de
una suspensión cuyo flujo de vida hace la piel más elástica y la
hidrata (añade la presencia de taninos del vino, que disuelven
en su nacimiento los sarcomas); la orina beneficia la piel, lo
debes saber. Me gusta obsequiar con las cosas de mi cuerpo.
Abarco en mis brazos un arcón vacío y lo postro por sobre
Bárbara como quien vierte trigo. Como quien vierte en el suelo
el contenido ya un poco olvidado de un baúl más grande que
mediano. Le digo que alce la vista al hueco del arcón cuya cara
frontal descansa en el suelo. Ella se interroga sobre la expresión
a adoptar, me pregunta y le respondo que, abriendo las piernas,
repose los talones en ambas esquinas superiores.
He de representarme con el color de Júpiter, o pintar un
varón que represente sobre el cuerpo de Bárbara el
engendramiento de Perseo. De paso esto me plantea como algo
nuevo el problema de cómo pintar el dinero, esa lluvia de oro,
semilla de Júpiter, es objeto en pintura de las mimesis más
contrapuestas, monedas, pepitas, guarismos amarillos o incluso
blancos (por simular el brillo). Veo en todo caso en la cópula
con Dánae la humillación del número y cómo para los ricos dios
no es uno sino un número muy largo. ¿Cómo pintar el dinero
que no tengo?
Estela quiere ver oro entre las piernas de Bárbara, y yo lo
dibujo, contando una a una las elipses de otras tantas monedas.
Unas más perceptibles, otras solamente son borrones de color.
Pero las cuento, llevo la cuenta. El ojo que quiere ver el oro,
quiere ver la materia. Los números se mezclan y se reúnen a su
alrededor, y la mónada le ofrece un corazón. Pero la materia
rechaza los regalos, la materia es solitaria y severa pero se
disfraza para divertirnos, porque quizás ese sea finalmente su
oficio.

*

Ver la mosca es conocer a Dios. ¿No piensas que es un
descanso constatar lo pasajero que es el mundo en que vivimos?
Es un ángel aquel que anuncia que lo aparente está
terminándose ante nosotros. Que viene a ser deseado por su
descomposición, por su edad, y que es gustado hasta por sus
más ínfimas criaturas y por las más inútiles. Por eso quiero que
sobre mi retrato, en mi barbilla de 27 años, pintes una mosca.

*

Y pienso en ese incontornable aunque a veces discreto
regusto de sordidez de los que intercambian opiniones o
noticias sobre música, cuando no van sancionados por un nivel
de abstracción alto, e incluso entonces.

*

Tengo bastante buen gusto para saber que son bonitas
todas esas pinturas que hay ahora a mi alrededor. Aprecio tu
trabajo. Pero quiero libertad. Quiero encontrar a los maestros
maniqueos. Los círculos neoplatónicos de tu mecenas Estela me
aburren con su especie de fatalismo y sus pretensiones de
inteligencia. Es extraña la pintura. Tengo que ser pintora como
quien ora. Mi pintura quiere ser oración. Como una canción. Yo
no quiero esos frutos de la inteligencia condenados a pudrirse,
quiero la mirada de un dios. Es necesaria la libertad y la
errancia para encontrar los ojos de Dios.
- Déjame follarte como nunca he hecho. La espera de
poder tomarte me ha hecho no pensar. Podrás irte, pero no
puedes dejarme así.
Bárbara: Yo tampoco puedo quedarme así.

*
La vieja recuerda a la vista del arte

Mi pelo es negro, una negra sortija suya cae de mi sien por
delante de mi cuello, debajo de mis oídos. Las raíces canosas ya
no me doy tanta prisa por tintarlas. Del lóbulo de mi oído está
prendida una joya mate y apagada de oro desprovisto de brillo.
El ascenso hasta la belleza inteligible en Plotino, los dioses
de Platón. Las sirenas desde la roca intentan traer hacia su
catástrofe la nave de Ulises, la música es su canto y la pintura
su seducción. El cuadro mide tres codos hacia arriba, y se
extiende dos pasos a lo largo de su base. El mar es plateado,
quizá demasiado apaciguado para el momento dramático. He
pensado en ese mar. Lo delicado de sus olas ha persistido, y
también cómo se degradan hasta difuminarse en lejana
claridad, de manera que la persistencia de ese mar en mi mente
me ha colocado en el vértigo de terminar conociendo su
desconocida profundidad. O debería decir que el vértigo de ese
mar se me ha hecho familiar, frecuente siendo difuso y casi
impercibido.

*

Las imágenes de Dios hacen milagros. Conozco a una
muchacha que se parecía a Vesta Sibila Tiburtina, la que está en
Tivoli.

*

Son jovencísimos. Las armas los hacen agraciados, aunque
sobreviene más el miedo de ver sus delicados cadáveres en la
cuneta. Son extranjeros y cantan. El canto se entreteje con un
recitado extático, el temor de Dios; la música se entiende, a
pesar de que las palabras suyas sean mudas como muda es su
desprevenida danza alrededor de la hoguera. Punzadas, graves
o finas, pasos cadenciosos...

*

Dioses egipcios, para que vosotros seáis comprendidos
hace falta un músico que haga las ocho octavas. Habéis llegado
a mi decadencia con vuestros símbolos. Las mentiras del
pasado que nos dejan con la boca abierta. Vuestras cabezas de
pájaro evocan la música. Vuestros cetros anacrónicos, vuestra
naturalidad irritante. Una Isis de gran belleza preside mi casa.
En el otro extremo Osiris, su consorte. En el centro del patio,
sobre una bandeja en forma de nenúfar, está el niño Arpócrates,
en cuclillas. Os he honrado, sin entender del todo. He optado
por la multiplicidad, he hecho mi mundo más complejo.

*

¿Cómo se llamaba la ninfa a la que fecundó Dios en forma
de nube? La violencia fatal del olvido. La amnesia que alumbra
una nueva era. Este templo privado no tiene nada escrito. Sobre
los primeros velados rápidos característicos de la técnica rápida
del fresco se superpone una nube a la muñequilla de encáustica
saponificada con agua. La ninfa recibe el torbellino azul, gris
oscuro y blanco, que como los torbellinos embrujados que salen
de las urnas de Salomón, entra en su sexo. La mujer como un
fuelle aspirando la magia de la oscura nube. Llenándose de
lluvia, de paisaje, muchos caminos en las miradas que recorren
su cuerpo semidesnudo. El dios no se acuerda de nada, quizá de
los muchachos y las muchachas que con navajas escribieron sus
iniciales en el yeso de su superficie. Quizás Dios recuerda el
goteo de las brochas que lo hicieron, que hicieron su soledad
desnuda, las horas y los gestos que hicieron sus proporciones.
Un rato después el anochecer me impide ver más cosas en los
muros. Espero sentada a que amanezca, tratando de ocupar mis
manos en la oscuridad, con lágrimas que me mojan un poco.
Pronto se aclarará todo.
las hormigas
Abreviaturas

A.: Angustias
g.: gato
h.: hormiga
PG.: Plano general
PM.: Plano medio o plano americano
PP.: Primer plano
v.: vasco
*: viñeta
-: separación de tira (cuando va solo)
--------------: separación de página

Albaicín 12 Nov 94
1ªpágina
* Una hormiga carga con una margarita enorme, se dirige
cantando: "Hey, Joe..." a la entrada de un pequeño hipogeo.(fig.1)
* "Es la hora de volver a casa, ¿eh, Paco?" la interpela la hormiga
de conserjería, ambas están vistas a contraluz, desde el interior del
hipogeo. Dentro hay copias de Praxiteles amontonadas. Claro,
somos hormigas! - responde.
-
* Curiosamente el hipogeo tiene el tamaño de un hormiguero y las
hormigas visten como nosotros: camisa blanca con bolsillo a la
izquierda, pantalón vaquero, zapatos o "tenis". No te pierdas! dice
la hormiga-conserje - "vale" dice la otra, que arrastra la margarita
escaleras abajo.
* Una hormiga en una habitación llena de libros, está copiando
cosas de un libro con la luz del flexo, pero además tiene una vela
encendida. Los postigos están cerrados. Se dirige a la que está
tendida en la cama: "Pásame el porro"
-
* La que está echada se queda todavía un poco el porro -"Es
increíble vivir en un mundo sin dinero, como nosotros"
* Sobresalto - LLaman a la puerta- TOC TOC
* La hormiga que carga la margarita entra: "Ha habido una gran
matanza, han muerto al menos cien de nosotras"
-----------------------------------------------------------
2ªpágina
* Ese ídolo humano está convencido de que lo vampirizamos! lo
dice la que estaba con el libro, y se lleva las manos a la cabeza
-Nosotras sólo cogemos azúcar.-la otra.
* El bote de azúcar sale despedido por la ventana que da al jardín
* Se acabó el azúcar, tomaré el café solo, demonio de hormigas!
"Al vasco le iba tan mal con las hormigas como con las mujeres." El
sol se está poniendo, carmín, azul, naranja y blanco en el cielo
-
* "Y ahora: a masturbarme"; la tele en el suelo de un salón con un
desorden colosal emite un video porno.
* En el video una chavala "se la mama" a un poney, agachándose
un poco. El vasco se ha desnudado y está de rodillas mirando;
sostiene una taza de ¿café? frente a su cara y en la mano derecha
tiene un manual de Anatomía Artística.
-
* ¨1º plano del protagonista con la mirada fija y los labios
pronunciando silenciosamente una "x"? texto (en pensamiento):
"mañana examen".
* La recuperación de anatomía! Se ha incorporado de golpe, visto
de frente, el pene acusa el movimiento
* hormigas "Es Septiembre, hermanas, Víspera del Gran Examen"
Una hormiga saliendo de la bañera y con la toalla recién puesta en
los hombros habla con sus compañeras a medio vestir. Hay vapor.

______________________________________________
____________
3ªpágina
* Pondría la mano en el fuego si el Ser Humano no está en
situación análoga- lo dice una de las que se desvisten, hay un
revólver de cañón corto sobre una mesita de ungüentos.
* Una de las hormigas metida en la bañera chupa un canuto
lentamente.
* Nosotras las hormigas, en todo caso, tenemos que aprovechar
todo de él, como del cerdo. / una h. de cabeza arrugada se mira al
espejo mientras dice esto.
-
* Oh, Dios, ayúdame a estudiar!- El vasco hace un gesto de apretar
los ojos y menear el libro, que no sabemos si es algo farisaico o
realmente sufrido.
* Se ve a sí mismo poniendo la mano como si fuera una pistola y
se fuera a pegar en la cabeza un tiro.
* SORBE! (rótulo)
-
* "Que no pueda estudiar". Están haciendo girar una pata de pollo
sobre un libro (las hs.)
* Se ve desde fuera el palacete del Albaicín donde vive el vasco;
una nube de pensamiento: "la cabeza se me va y no memorizo las
nociones"
* Una profesora de pedagogía trajeada a lo sociata de unos
cuarenta años. Voz en off: "MAMá!"- ¿con la mirada perdida?

______________________________________________
________
4ªpágina
* la pata de pollo sostiene un rotulador (¿una pluma?), está
poniendo en un cuadernillo: "mamá no puedo estudiar" ( voz en off
de la hormiga: "sólo ver cómics" la mano de la hormiga, que es
como humana, sostiene la de pollo.
* 1. "lo veo, veo lo que hace!" 2. "¿adivinas lo que hace?" 1. "Está
consultando el futuro" 2. "¿Está con el tarot?" Siluetas en
conversación.
* -No, parece una baraja española. Dibujo de pata de pollo inerte
-
* El rey de espadas
* Llaman a una aldaba de las que consisten en una mano
femenina sosteniendo una bola, la mano que llama es de mujer, con
una pulsera. TAC TAC TAC
* El vasco poniéndose un pantalón, sin calzoncillos.
-
* Baja una gran escalera remetiéndose una camiseta
* P.P. una chica un poco rubia parecida pero más joven que la
"madrina" de "lo que les DEVO a las hadas", yuxtapuesto P.P. del v.
¿de perfil?

______________________________________________
___________
5ªpágina
* TEXTO: Hacía tan poco que había osado hablarle a una modelo
de la Facultad y ahora estaba con él... (¿1ªpersona ?: he osado) Ella:
¿estudiando Anatomía para mañana?
* (Está hecho una mierda) (cara infernal) Hace a Angustias un
gesto para que pase "Sí, es la rutina del estudiante"
-
* Las hormigas que hacen gesto de caerse al suelo bajo un
bocadillo tipo "grito": OYE, HAY MUCHAS HORMIGAS. Van en
calzoncillos y bikinis.
* "Bueno, sube"
* El vasco sirviendo dos vasos de licor de chocolate. Ella se ha
quitado algo de ropa

______________________________________________
_______________
6ªpágina
* A.:"Que no se te atragante" V.:"Gracias" Se están llevando el
vaso a la boca.
* El vasco aprieta la cara, infla los carrillos, suda, sopla una llama
de fuego. Ella se lleva las manos a la barriga y abre la boca
silenciosamente como diciendo ay! ** o ***
-
* Han menguado y están con la cabeza a la altura del poyo
* V. intenta apoyarse con la mano en una silla de mimbre, que
tiene el asiento ahora a la altura de su cabeza.

______________________________________________
______________
7ªpágina
* La silla bascula golpeando el poyo y haciendo perder a la botella
el equilibrio.
* Estallido de cristales y líquido en las losas de la cocina
* Pequeños trozos de cristal cayendo y también las siluetas de los
protagonistas en el aire.
-
* Una hormiga mojada y atrapada hasta la cintura en un líquido
viscoso, como un "esclavo" de Miguel Angel.
* El suelo de la cocina con la silla y el charco con los cristales, de él
sale una voz que dice SOCORRO!
* Una hormiga con impermeable y botas altas se adentra en la
"ciénaga"
-
* Hs con botas transportan los cuerpos de los protagonistas en un
paisaje caótico de cristales gigantes, hormigas atrapadas, etc.

______________________________________________
_____________
8ªpágina
* Bajando la escalera que aparece en el boceto de David (papel
azul) llevan al vasco y Angustias / una hormiga va comentando
"Nosotras las hormigas no solemos hacer esto", "Sí, es raro" se le
responde.
* han posado a Angustias en el suelo y la están mirando "Fíjate,
tiene cuerpo de hormiga..."- otra-"Pero su cabeza no es normal" (?)
-
* Aparece una más y le pone la mano en el hombro: "De acuerdo,
pero ¿a ti te inspira xenofobia?"
* "llevadlos al fondo, que no se escapen" "Donde se cumplen las
condenas"
* ¿Dónde estoy?!- el v. se despierta en un sofá viejo
-
* "En el manicomio", un gato harapiento( a lo Gatony) sentado en
un sillón Detrás una estantería con un barquito en miniatura o una
porcelana o un parchís apoyado en la pared...
* El gato se ha puesto de pie y se dirige a v. con una jeringuilla
lista, casi saltándole encima: G.:"¿No me crees?"

______________________________________________
___________
9ªpágina
* "Que estoy de bromaaa!" Con una gran contorsión V. aprovecha
el impulso del gato para lanzarlo con los pies por encima del sofá
hacia lo oscuro de la habitación.
* "¿QUIEN ESTA DE BROMA!?" Entra de golpe la hormiga
loquera, muy musculosa, con camiseta blanca, piel negra.
-
* El gato se pone de rodillas: "Oh, hermano Fermín, déjenos salir
con los demás"
* Bueno, y tomad estas chocolatinas (El vasco en off: NO!)
* "Por favor no me deje con el loco"- El vasco de rodillas diciendo
esto
-
* Varios eslabones de cadena
* El vasco y el gato esposados con unos grilletes; el gato dice: Por
aquí. y señala al frente.

______________________________________________
_____
10ªpágina
* Una hormiga, con su cuerpo y ropa de hombre, orina al frente en
posición beoda
* Eres más lacio que el río Lacio! Una reunión de hormigas
borrachas mira desde la mesa al meón
-
* El vasco y el gato se acercan
* Una: "¿Y esos dos reyes?" Plano de la que habla junto a una que
se lía un porro.
* ¿Queréis alcohol?- Se levanta en su silla una muy borracha para
hablarles.
-
* Todos se han sentado y están relajados bebiendo, el gato se
incorpora y habla fuerte: BRINDO POR...
* Una hormiga sentada impasible: POR LA GUERRA.

______________________________________________
____________
11ªpágina
* Gato furioso gesticula derramando todo el contenido del vaso: -
¿Por qué guerra?!
* Sacudiendo el vaso vacío delante de la cara de quien ha hablado
¿Es por la guerra de las cucarachas? ¿O por el Proyecto hombre?
-
* ¿Es por el Proyecto Hombre?!- No, ni hablar.
* Aunque encadenado a G., vasco está entretanto pensativo. Nube
de pensamiento: ¿Dónde estoy?
* La hormiga se ha levantado y responde: Peor sería brindar por
los "exámenes de Setiembre".
-
* La chica en braguitas está dormida sobre una gran cama.

______________________________________________
____________
12ªpágina
* Soy la reina de la noche (corcheas y semicorcheas)- lo dice (!)
una calavera posada en una estantería
* A. incorporándose en la cama alarga las manos hacia la calavera
de enfrente formando una cruz Dice lentamente: VADE RETRO
SATANAS. Sólo se ha asustado un poco , parece como si
considerara lógico lo que acaba de pasar, recién despertada.
-
(viñetas largas)
* A: Te amo (al cráneo) / en off: ¿Qué?!
* A: ¿O no eres un fantasma? -se ve la calavera toda callada
* c.: MIERDA...Me voy, pero ya, ya me explicaré.

______________________________________________
______________
13ªpágina
* Nota explicativa: Mientras El gato está estrangulando a una h.
vestida de cabaretera: "Te voy a matar!" la cadena está suelta
* Ahora es la h. estrangulada la que dice "Era una broma!" y
también, en otros "bocadillos" dice: "Ayudadme!"
-
* El vasco intentando separarlos
* El gato señalando con el dedo (al v.):"nos vamos"
* Postura idéntica: "Pero tú verás"
-
* G. "¿Tienes dinero?" v."?"
* "Aquí al lado hay un sitio donde venden de todo" dice Gato.
* Horizonte de casas en ruina. Pequeñas figuras de v. y g.
entrando.
G. :"Sígueme"

______________________________________________
______________
14ªpágina
* Una máscara africana. Voz en off: espadas!
* frente a la puerta del anticuario Gato:"Buena suerte"v."Gracias"
* El vasco entra, la puerta tiene cascabeles.
-
* La puerta da a una gran escalinata barroca. v. bajando
* Le sale al encuentro el anticuario (vestimenta un poco dandy)
"El rey de espadas, supongo"
-
* V.: No, soy el gato Sonrisas/ H.:¿El gato Sonrisas?
* Sí, como tal soy director de la Cámara Oculta
* ¿Es usted el famoso Gato Loco?

______________________________________________
_______
15ªpágina
* "Y esa cámara oculta de la que usted me habla ¿dónde está?"
* "Está metida en alguna parte"
* "Y yo no debo sentir pánico ¿o no?"
-
* P.M. del gato entrando en el anticuario
* G. cogiendo un libro que lleva escrito IN DUBIO PRO REO
* Se lo guarda.
-
* (Un dato: el anticuario no lleva gafas de leer, es antitópico) El
gato subiendo la escalera con el libro
* en off: tilíntilín (u otra onomatopeya de cascabeles) Se ve de
cerca a la hormiga que está mesmerizada
* El vasco que sube corriendo la escalera antes de que H
reaccione.

______________________________________________
_______
16ªpágina
* una fogata entre las ruinas, V. y G. junto a dos hormigas-
clochard Si el dibujo el soso se añade una columna lejanamente
toscana como las de los patios granadinos
* un clochard: "¿Así que el mirmeco-fobo tiene mañana examen?"
-
* Habla: "Bueno, a vosotros os lo puedo decir: soy humano. Yo
tengo mi examen en el mundo de los humanos".
* Silueta en el cielo de una hormiga con un mini-helicóptero de
mochila a lo James Bond, vista desde el suelo de frente
-
* Todos (los de la fogata) salen corriendo
* la hormiga pegando tiros desde lo alto en todas las direcciones

______________________________________________
____________
17ªpágina
* Se acaba de posar (de pie) en un muro, sostiene la pistola
(¿humeante?)
* Se lleva la mano a la boca para gritar: "Señor humano, salga de
su escondite"
* Picado del v. escondido detrás de un muro.
-
* Panorama de una ciudad en la noche, la luna aparece por un
boquete en un cielo que está excavado en la tierra.

______________________________________________
_________
18ªpágina
* Primer Plano de una fogata
* El "zoom" retrocede un poco para que se vean dos manos que
salen de la oscuridad para calentarse.
* las manos están ahora acercando un "pincho moruno" a la
lumbre.
-
* Es la hormiga-helicóptero; tiene la máquina apoyada en una
tapia, en el suelo al fondo una h-clochard muerta; h.-h. está
inclinada comiendo un pinchito frente al fuego.
* De detrás de una pared sale el gato con un peñasco de cascajo en
las manos, lo sostiene a la altura del plexo solar.
-
* Ahora lo sostiene sobre la cabeza de la h. que sigue comiendo
* esta viñeta idéntica a la anterior, sólo que la h. va por el
siguiente trozo de carne.
* le golpea con la piedra.

______________________________________________
_______
19ªpágina
* vasco dando un salto de alegría "UNA HORMIGA MENOS!" (la
ropa del gato: DESCARTAR jersey, la aventura ocurre en
Septiembre; mejor pijama con bata)
* El gato sostiene el cascajo, que está manchado de sangre
* "Muy bien hecho, Señor Gato" le va a dar la mano, conforme se
acerca a grandes pasos
-
* Una falange de lanceros, con armadura, en marcha. Hay
estandartes romanos, como el haz de espigas, y algunos que
incluyen la figura de una termita. En off: "Yo" (también picas con
cabezas de hormiga)
* "Yo soy la guerra" Lo dice "una termita": es decir, un jinete con
armadura y penacho montado sobre un gran ciervo

______________________________________________
________
20ªpágina
* Plano general de un grupo de gatos (la luz es lunar y los gatos se
mueven entre otros gatos)
* A. andando entre los gatos
* un gatito con alas se eleva hasta A.
-
* una máquina de escribir (o un teclado) en el aire dice MIAU
* "La mierda mata a la mierda" dice el jinete del ciervo. Lo
escuchan G. y V.
-
* G, "La resaca es una nube de hormigas luchando con otra nube
de hormigas"- v. piensa "¿la resaca?"
* Los están encadenando, gato le dice a vasco. G.:"Nos
interrogarán para que les guiemos"

______________________________________________
_________
21ªpágina
* V. (PºPlano) bebe con dificultad, derramando y pidiendo "stop"
con los ojos, de una botella que le ponen en la boca.
* "la reina está en Madrid, con el rey!" lo tienen agarrado por el
pelo, atado a un sillón.
-
* En una cama A. desnuda y un hombre con cabeza de termita
desnudo con pene erecto visible intenta penetrarla vagamente Ella
dice "No" moderada por algún temor.
-
* "Glúteo mayor, masetero, tensor de la fascia lata, esternón, -
pubococcígeo!" imágenes superpuestas: coito y el interrogatorio (o
bien un traslapo con la pareja en PP y detrás, desproporcionado, el
v. o bien en plan PICABIA)
* imágenes idem
* Encadenado como está se levanta para exclamar: Los gatos nos
ven como los que bajo los efectos de un agárico tienen alucinaciones
de hablar con otras personas, estando solos con una silla y una
botella y un plato con una seta.

______________________________________________
______
22ªpágina
* Un gato duerme enroscado
* levanta la cabeza
* (el gato se va?)
-
* (lo mismo, saliendo)
* Un Drácula del tamaño de una nube aparece tras una Alhambra
a contraluz desde la placeta de la Concepción.
-
* Viñeta cuadrada; del pecho a la cabeza del Drácula sube una
esfera algo menor que su cabeza.
* Viñeta larga; la esfera es el sol amaneciendo, donde antes estaba
Drácula; el palacio también a contraluz.

______________________________________________
______
23ª página
* El v. y a. están en la cama de v.; v. duerme. Ella está
inclinándose hacia algo que está oculto al pie de la cama. Dice "Son
las ocho!"
* V: "He tenido una pesadilla"
* "Y dentro de una hora tienes un examen"
-
* "No vamos al examen" (P. P.)
* Saliendo por la puerta de la calle con un bolso grande. "Vamos a
Cazorla!"
* V. se vuelve a A., andando rápido. "Vamos al monte. A la porra
la anatomía!"
-
* "El billete, por favor". Paisaje de olivos, aparte del hombre del
autobús y los dos protagonistas.

______________________________________________
______
24ª página
* A. está leyendo "El baño de Diana" de P.K. El v. le dice "Ya
hemos llegado".
* Una montaña cazorleña. "Mira hacia el sol"
-
* V. y A. en la cima miran cómo sobre la sierra hay en el cielo una
gran cruz; créditos y fin.
13 mini-novelas
El holograma como utopía.
España, espectro meditante de una abstracción y de un estigma.
Simulacro corporal, el holograma que todos, hombres y animales,
llevamos dentro. Vibración espacio-temporal del bucráneo.
La copa de jerez como castillo en el aire, des chateaux en Espagne.
El castillo moro en un contexto de ciencia-ficción, el papel alcanza
su estado más sublime. De la levedad del papel.
La luz como continuum "recortable". Panorama de souvenirs.
El ajedrez ondulatorio de las dos Españas, ¿puede inflamarse la
ropa vieja con un rayo de luz?
El tableau vivant, vocación de pintura. Redescubrimiento de la
virtud moral de la alegoría como única salida a la cosificación
reiterativa del arte de vanguardia. Reiteración alternativa de la
memoria. Sobre el materialismo dialéctico. En el teatro tiene que
haber violencia. Se convierte en un espectáculo de gladiadores, con
unos treinta hinchas con guantes de boxeo y gorros de nochevieja.
Se proyecta Bernard Buffet. El protagonista se queja de haber
fracasado en su búsqueda de estabilidad y vemos mujeres en
negligé que le incordian con matasuegras o le enchufan mangueras
de dentista.
El a priori de una perdiz bañada en cal, como desencadenante de
asociaciones, la Academia, por lo blanco y por Perdrix, alumno
aventajado de Dédalo, precauciones o imposturas de la
intelectualidad local, una marea blanca, el ojo de la razón ardiente
como cazador...
Barcelona

Tener una visión; volver a la plaza, francesa o barcelonesa, donde
un enorme culo exhala su sudor, en el centro, sobre el monumento.
Y a su alrededor miles de moscas silban y dicen tacos muy gordos.
Una de ellas precisamente se para frente a mí y blande un palo de
bambú, pues se ha transfigurado en un bellísimo elfo karateka.
Como no tengo novia me cojo del brazo de una arpía que me devora
con ojos deliciosos. He estado demasiado tiempo al sol, parece
decirme la muy traidora para atraerme a su cueva. La mosca está en
su piel. No es tan gorda como para una nueva metamorfosis.
Como todas las arpías, ella grita. Yo grito también, en el fulgúreo
atardecer. La plaza barcelonesa muere como muere una hoja
gigante de té. Yo sigo cada movimiento del camarero, que recoge,
por obligación, las mesas. Un cantante enseña el tatuaje de su
pecho, es un tipo ciclópeo que a gran distancia lee un aria escrita
por una mona con habilidad para esas cosas. Mientras solfea, yo
fumo. Pierdo de vista a mi arpía. La han dejado libre.
Beber tabaco

Las personas que fuman hablan de un efecto psicológico; yo siento
el tabaco con el cuerpo. Tengo la misma sensación al terminar un
cigarrillo que cuando salgo de un baño caliente.
En los mismos manuales que circulan por Estados Unidos en que
se recomienda experimentar los efectos psicodélicos de la rosa de
bosque hawaiiana o la revelación del peyote se tiene buen cuidado
de desaconsejar el cancerígeno tabaco, así como la amanita
siberiana y la cáscara de plátano. Hay días que pienso que tienen
buenas razones para discriminar así.
Miguel es un convencido de lo que prescriben estos libros y me
aseguró que si la cantidad de nicotina que hay en un paquete de
cigarrillos se le inyectase a una persona vía intravenosa la dosis
sería letal. Yo quise buscar ese terreno de peligro inminente en
compañía del demonio envilecido del tabaco; verle la cara al que
viene a sobarnos el ego en cada colilla, interpelarlo fuertemente.
Jíbaros y aztecas, cuando el tabaco no era el consorte de los
mediocres, lo habían hecho y nos lo habían confiado ya dócil a los
hijos de la Madre Occidente.
El tabaco bebido sabe como los hongos de los sobacos y su gusto
hace tanta violencia como un loco que te intentara abrir las
mandíbulas y gritarte dentro de la boca. Si se le hace entrar al
estómago se puede presentir que el demonio inmóvil y que rumia
pensamientos rompe repentinamente a llorar por primera vez
dentro de su cuarto; vuelve la mirada y encuentra los ojos iniciados
que lo imaginan.
Yo había aguantado la dificultad y había bebido largos tragos
hasta tomar dos o tres vasos de la infusión.
Quise vomitar pero mis extremidades inertes no me llevaban a
ninguna parte. Mis ojos se sumergieron en otro mundo y recliné la
cabeza en el vacío. Sólo podía esperar que mis padres me ayudaran.
Mi madre entró primero, me vio, lejos de preguntarme o hablar
para hacerme un reproche me tocó suavemente y fue en busca de mi
padre.
Cuando volví a mirar el reloj la hora era anterior, era el principio
de la tarde. Estaba en mi nueva casa y faltaba poco para que llegase
mi novia, pensé salir a la cabina y telefonear a mis padres. Recordé
que Miguel se había hecho homosexual.
Esqueleto de la ficción

El había novelado ya gran parte de su vida. Pero su tono era
profético, no literario. No comprendía que se pudiera prescindir de
su sintaxis destrozada y de las palabras como meteoritos que caían
en el texto para explicar lo que su conciencia desconocía como una
enfermedad. Alejarse de su cuerpo cerebrado, volver muerto a
ocupar su lugar y hablar de una vida que desde entonces sólo
pertenecía a G., repuesta seguramente de los días en el pabellón, era
algo que ocurriría indiferente a gustar o no.
El delirio cogía una silla, se sentaba frente a él y afirmaba
llamarse Jorge, como él. Así era G., un delirio: un delirio de
camionero que le dirigía la palabra: me pica el chumino. La flecha
del enamoramiento en su corazón pesaba como un tronco de
eucalipto, de madera verde y del tamaño que arrastraría su cuerpo
hasta salirse del pensamiento. El encontraba respuestas, como
poner su mano en el camisón de G.
Definiendo la literatura por la boca de un pelele, el trala rala ra
de G. resultaba catártico. Jorge era una llama, G. veía esa llama
prender primero a sus pies una pira opaca y subirle la falda, la falda
desaparecía como alguien que grita en una montaña lejana.
El silencio puede desnudar tanto como un grito de león, cuando
las acciones son crudas e inverosímiles. Era ese silencio que viene
de lejos, sin que se le pida su presencia. "Me llamo Jorge", ponía un
letrero como prohibiendo el paso; había aparecido en mitad de la
orina que G. vertía. Porque a ella le gustaba orinar con testigos. Era
su manera lógica y estéril de sexualidad. Bebía del grifo a grandes
bocanadas todo el tiempo, para atesorar, para hacerse potente. Su
pipí era como plasma mediúmnico, se veía el futuro, y por eso daba
alegría, un subidón de placer. Una cabeza de ángel lo bebía, como si
la orina fuese un vaso y la alucinación un líquido.
Lo que él había contado era poco y mucho a la vez. Concernía a
su vida, pero no en un sentido exclusivamente representativo, sino
en el de una escatología sin autor, como la caída de un libro desde
una estantería. Su cuaderno pone: "la autoridad es el sosias de la
libertad". Se da cuenta de que fuerza con acidez la barrera entre
poema y novelita. Luego está por fin con ella en el hostal, fuera del
asilo, lejos de los viejos, dejando el DNI al portero, y cuando entran
en la habitación ella le dice que lo hagan, pero cada uno en su cama.
LA MISIÓN

Quiero darte mi amor. Soy el papa vestido de blanco y te digo:
"yo quiero darte mi amor". Hemos caído los dos, por la cascada.
Aún no vi nuestra película. Vamos los dos sobre un incómodo
caballo. El viento puede tocar nuestro cuerpo, nuestras ingles al
desnudo, por ejemplo. Con ese soplo del viento te doy en las tetas.
El vestido blanco de papa se me ha perdido. Tú sin embargo no
vuelves atrás tu cabecita de niña maleducada. Ensucias mi pene con
un pedo. Pienso: "Si los dedos de mis pies fueran de simio, ¿podría
cerrar mis palmas en torno a sus tobillos?". Y nuestras caras son
caras de simio.
Encuentro la entrada de tu culo. El caballo me la saca. -
Demonios! El instante nos pone más calientes. Ahora eres tú quien
pasa atrás la mano, hasta
mi oscura gallinita. Algo ocurre en tu tierna espalda. No puedo
saber si respiras o estás espectante, yo respiro. Entonces la mezcla
de tus pelos finísimos en mi boca y un coito que tiene lugar.
Salgo por fin de mi estupor, te recuerdo en la escalera, soy el
papa, la serpiente.
A Jesús O. Antonio y M.d.l.S.,
esta escaleta de poema.
Voltaire religion, genèse
Telemaque
Histoire du ciel I
Histoire du ciel II
Quevedo
Torres
Ovidio, Virgilio, Homero
Estacio, Plutarco (D.Pit.), Porfirio

El Larvado, en 3 actos

I Vemos un joven poeta, animado del amor de la poesía, que
personifica su hermanita Delicada, invocar al fantasma de Quevedo,
con el cual y al cual le llora el desastre de la literatura y del pueblo.
En un laboratorio estrafalario de alquimia y teurgia, pretende
reconstruir la creación del mundo y la historia de su patria, formar
la figura del perfecto poeta y perfecto gobernante, juguete al que
hace pasar mil vicisitudes.

II El mismo resulta expuesto más tarde a la vicisitud cuando
intenta dar un discurso en el muelle del puerto de Cádiz y la gente
lo manda de cabeza al mar, mientras es sacado del agua Delicada
continúa el sermón, consiguiendo que el remojado Diego Larvado
sea proclamado Libertador de la República. El Larvado rehúsa esos
honores, quitase la corona de perejil y romero que le habían
colocado y se va...

III ...de Cádiz a otra ciudad, con Delicada, donde conocen a
Marchena que les habla de Sade, y los casa, siendo esa noche alegre
testigo de la desfloración de Delicada, a la que el joven poeta llama
ya Lozana.
Minsk

Ocurrió que mis libros eran personas formando un corro. Yo
retrocedía y me tendía en la cama para pensar. En el suelo un libro
del papa: "Qué mal olía". Esos campesinos en tribuna me juzgaban.
¿Qué explicación podría dar? Tenían expresión de burro. Para
colmo empezaron a drogarse con belladona y vinieron unos rusos y
se masturbaron. En los carteles ponía: Vagina. Un crítico de Jules
Laforgue se exasperaba y peroraba que en el cartel ponía "Página".
Llegué a la conclusión de que debería prescindir de tener perro, al
menos hasta el final del juicio. Ladré, volví a ladrar y recogí del
suelo el libro. Fin.
Sentimos
la localización cerebral de los "recorridos míticos" o pregnancias
SOCIO-etológicas de la represión y de la "encarnación" del estigma
de la esquizofrenia
Atención:
la solución puede no estar en el cerebro del esquizofrénico
¿Regulan las dopaminas la empatía vehiculando una gradación?

El cómic sigue fielmente el texto de Sófocles (Edipo rey) con los
retratos de tus compañeros de la sección de Agudos como actores y
harás posar a la psicóloga conductista para que haga de Yocasta
(Yo, casta...). Después la historia se sigue en un concierto de trash-
metal en el que cada enfermo pasa por el escenario para cantar su
vida y el desenlace de la novela gráfica es una lucha en el barro de la
“psy” con una camarera lacaniana. Una enorme aspirina es el
premio y lleva escrito “Fin”.
1ª página
Título "la Torre de Babel"
Hay un niño que llora, su madre estaba muy alucinada cuando lo
abandonó. "Dice que de quién será" El bebé juega a escupirle al
koala (o la koala) que le han traído. Flashback:
"hace cuatro años" la madre, que está muy bien de cuerpo y tiene
algo de vampiresa. En la siguiente viñeta empieza a cantar, se está
metiendo en la bañera y tiene en la pared, justo encima, un póster
de un rockero imaginario. Se para en mitad de la canción "¿No
habrá dinero?" dice una nube de pensamiento de su mente,
entonces mira a la foto y se lo repite con una sonrisa: "NO HABRA
$". Lo que hace es difícil de comprender. Se moja la cara (1v) Se
está lamiendo una mano (1v). Mientras sumerge la cabeza dice -
Muera Africa! Después dice AL INFIERNO!CORRE!... Levantada:
Where is the error? Una vieja con pantalones entra: "Hola" Se quita
los pantalones y con las bragas puestas se mete en la bañera
también.
a/ el encuadre está, en estas viñetas que vienen, solamente
enfocando a la primera. El cuadro de Diego Rivera Espagnoletto
que figura un leproso. Y también el personaje de A devil in Paradise,
de Miller, con las mismas pústulas, como huésped francés en
California.
Querida señora
respondo a tu anuncio X66
"Bella y refinada señorita
LA MISION
1A Título. la pareja protagonista en una postura improvisada
1B "¿Qué hago con esta basura, ama?" la esclava negra/
Es una rata, grande "Comprendo"
2A "Hay que cazar un par de lobos ¿eh, Sextius?"
Sextius y Alpinus cargado con trampas para lobos. Escalan unos
riscos/ la rata sirve de cebo
2B Pláquidus a caballo. El caballo está levantando las dos patas
delanteras/ "Ese es papá yendo de caza"
3A Se ve un legionario. Otea el valle/ un texto: Monte Vulturello. El
Monte del Buitrecillo como aparece en Athanasius Kircher
3B todos los cazadores corriendo/ los centuriones a caballo(ambos
grupos en el centro de la viñeta, a mucha distancia)
Página 4: Viñeta A: se muestra la persecución del ciervo y /
viñeta B: el salto que el ciervo hace desde una gran altura.
Página 5: Plácido se apresta a rematarlo con la jabalina. (5B: el
ciervo habla: “¿Por qué me persigues?” y vemos en el mismo cuadro
al romano que cae de su caballo cubriéndose el rostro con la mano)
Pp 6 a 15: El futuro santo, despertando horas más tarde,
dialoga con Cristo en figura de ciervo. El tema de conversación es el
amor, así que Pláquidus se despoja de su ropa y será objeto de
bellos desnudos masculinos. El ciervo se trasmuta en un crucifijo de
imaginería flanqueado por grandes cuernos, como aparece en
Durero y Kircher. En el resto de páginas hasta la 300 se terminará
de contar la vida de San Eustaquio tal y como se encuentra en la
légende dorée, de Jacques de Vorágine, con la anagnórisis de los
hijos y la mujer así como el episodio de los leones en la isla y
haremos decir (300B) a la esclava “persigue al lobo, en otoño o en
invierno, no quemes a los ciervos, coloca tu rata en la mentira
sagrada”.
La bañera de Ortega
Hay que presentar a Adolfo Ortega, que se va a ir a la guerra,
pero que intenta esconderse de alguna forma.
Mira las rayas de su mano izquierda
La comisaría está al lado, frente a su terraza:
Sale volando, le pegan un tiro, pero cae en un jardín de
argentinos que le acogen y dan a morder Culuputi, que es un perro
salchicha que mitiga el dolor.
No puede quedarse! grita uno de ellos "somos muchos" Recordá
la noche de los lápices ¿y qué somos sino polvo, nosotros? polvo y
ceniza!
Antes de que el argumento se convierta en una especie de
REDUCTIO AD GROSSO MODO hay un incendio. A.O. se arrastra,
sigue al perro salchicha y aparece en un laboratorio. Has venido!
Estoy escribiendo sobre el Sol un tratado de espejos.
A.O.: un tratado brillante
Saca vendas de un cajón y yodo de la estantería. A.O. delira: Viva
el gallo Hourra pour le coq
Un incendio, un perro se tira por la ventana, cae en el humo al
vacío. Un recién nacido se carboniza, alguien toma fotos, otros
traen la escalera. Un derrumbamiento. el feto tiene dos cabezas
Ahora otro está con un cóctel Molotov más, lo prepara, un tiro le
abre la cabeza
Foxy, te vengaremos
"Alguien" saca en brazos a la heroína, le ha puesto su máscara-anti-
gas
Entra de nuevo hay un estante cubierto de llamas
COMO QUERIA FRIDA: mano de mejicano volando por un paisaje
crepuscular
viñeta enfocándole a él/ parece que no sabe salir del laboratorio. En
consecuencia un pequeño fraile trasparente que sale de un tubo le
hace una cama de nieve y lo cubre con ramas, en el centro del
incendio universal. Los cisnes depositan rosas en su calva.
Anoche
Los muertos protestaban porque estaban más vivos que los vivos.
Todo sucedía en un cuadro de Goya: MADRID. Yo iba con mi
amiga, sonaba el gallo, había que saltar un terraplén para
despertarse.

A la boca entraba
Una línea espesa de condenados casi todos viejos pellejos que me
hacía, en mi loco deambular, sentirme el hombre más jovencito del
infierno.

He adquirido una biografía con cuentas en el envés de la portada,
borradas con goma.
Ultima mini-novela
A Sidi S.

Moisés aprende la escritura egipcia,
adolescente encerrado con luz de lectura.
Un actor resume en voz alta
los principales conceptos de esa religión.
Moisés se desplaza sin andar
a hombros de los judíos:
¡No sabemos si estamos alegres
o fastidiados, oh Shejiná!
(Sí, dice otro, ¿Por qué lo llevamos
a éste, a hombros?
¡Es de los nuestros! – todos.)
En una fiesta Moisés muestra
una pintura en un lienzo colgada de dos postes,
representa la luz.
¿Qué dice el pueblo ante la luz,
y qué dicen los egipcios?
Los egipcios dicen lo que sea,
pero ocultan el cuadro con un paño.
Diccionario de iconología
ACIZUELOS BAJADOS (véase Moco)
Esto es porque el final de una cosa es el principio de otra, como
vemos por el moco y el material de construcción. Hay también una
higuera que deja caer, de maduros, sus frutos.

ADULACION
La adulación toca el caramillo.
Una especie de camarero que lleva en una bandeja una gaita que
finge ser un pavo asado.

CHACHI
Al borde de un precipicio un grupo de excursionistas sufre los
efectos de la insolación, algunos se desmayan.
La finalidad de los excursionistas es saber si son o no son chachi,
lo que nos remite a la lógica binaria y a la justicia.

DESAFIO
El desafío de un hombre a una mujer aparecerá representado por
un árbol de raíces visibles que está siendo cortado a poca altura,
enredado en el tronco se verá el mote: "TOTUS TUUS".

DESAJUSTES EN LA DHARMA
Véase Feto.

FETO
Feto viene de Facto, se representa por un hombre con alas de
mariposa.

FOTOGRAFIA
Un hombre desnudo que tiene la cabeza en llamas; su cuerpo
está cubierto de heridas sangrantes y tiene en la mano derecha la
caña de San Patricio, que lanza llamas como casas de altas. Pierre
Klossowski define alegorías como ésta, siguiendo a Proust, el cual
tenía el culo cosido y solía estimularse con una mecha de gasolina.
MOCO
El moco en la garganta es emblema entre los castizos mundanos
de omnisciencia sexual, de una determinada madurez. Lo ilustra un
hombre vestido en concordancia con su edad, que está dotado de
alas en el cuello o la nuca y que escupe sobre cemento.

NORTEAMERICA O VOTO
Cuando un presidente demócrata gana la Casa Blª en los EEUU
es pensado que ello se debe a que fuera de América alguien ha
hecho brujería.
Por eso nos castigan, por eso los que estamos en la periferia de
ese vacío tenemos que pagar; escondemos un brujo entre nosotros.
Representarás junto al mapache de The Fall of America a un
sosias de Allen Ginsberg, o sea un hombre desnudo con barba que
sostiene un girasol; esta imagen simboliza también la inspiración
del traductor. Llevará tatuado en el pecho un elefante.

NOSTALGIA
Tengo 23 años pero ya sospecho que la vejez no será el tiempo
del recuerdo. Damos saltos y bailamos, dejamos que el Sol entre en
nuestros sesos y los haga hervir. Quizá los muertos nos recuerden,
en un momento dado, pero en cuanto a la vejez será el tiempo del
trabajo.
La nostalgia es una niña a lo Balthus que arranca hojas a una
hiedra y que está pisando unas algarrobas. Fue en homenaje al
hermano mayor (digno artista) de Balthus que Fumi Yosano
escribió esta frase: "C'est une époque de crises que nous dévoilent
toutes ces nostalgies-là".

NUDISMO
Una giganta desnuda, tiene cabeza de vaca y menstruaciones
secas en las piernas, ha arrancado un arbolillo y lo sacude.

OTAN
Una mujer desnuda con cola de escorpión.

PLUSVALIA
Un obrero con mono azul que tiene un gato sobre la cabeza. El
gato está en posición de mostrar el ano. El ano del gato es prieto y
simboliza la salud y la riqueza generada por el trabajo. Igualmente
esta imagen ilustra el ridículo del pringado según Mark Twain, cuyo
héroe Tom Sawyer baja sobre el profesor un gato que le arranca el
peluquín.

PUBLICO
Violinista que tose.
Desde que Samuel Beckett lanzó una oca por encima de sus
espectadores, tenemos que decir que el público también es
intérprete.

ZOOFILIA
Se representa en una mesa a dos amigos tomando cerveza. En el
vaso de uno de ellos hay un grillo-topo.
Pseudoma
Pharia étant l’épouse de Joseph-Sérapis
L’épouse de Sérapis étant Isis
Pharia est Isis
pseudoma
sinopsis

Vitelio, de paso por Pompeya, asiste a
un banquete
en casa de Putiolano. Allí Xantipa se
convierte en el centro de atención en
el transcurso de una velada
necrofílica.
Sintiéndose en peligro, Xantipa
consigue llevar a todos al iseo.
Habla a solas con un sacerdote de
Isis, que se conmueve de su angustia.
Por medio de una serie de artificios
(un títere, una linterna mágica)
calman a la comitiva, lo que permite a
Xantipa salir, y embarcarse rumbo a
Sicilia con el sacerdote.
Ambos contemplan desde el mar la
erupción del Vesubio.

PSEUDOMA
1

a) Título: "PSEUDOMA", sobre fondo sombreado a plumilla en el
que se proyectan las sombras de las letras, que son blancas.

b) Putiolano: "Amigo Vitelio ¿hay alguna escena o posición
amatoria que conocieses en tu viaje a Alejandría y que no hayamos
representado esta noche?"
la rotulación respeta las minúsculas y mayúsculas. PG de un
banquete. Todos los comensales están comiendo pescado (rapes,
esturiones, rodaballos...) La perspectiva es acusada y ligeramente
deforme, es decir, puede haber unas cuantas figuras u objetos que
no guarden mucha proporción con los demás. Hay un viejo poeta,
se deduce que es poeta, que es besado en el culo apasionadamente
por una esclava borracha y juguetona. Todas las esclavas llevan
maquillajes extravagantes (ver Ovidio, Sobre los cosméticos). Hay
un fresco pornográfico que podemos entrever con suficiente
claridad en el que aparece una mujer con dos hombres. El fresco
puede tener una ligera anamorfosis. Cerca, dos actores y una actriz
representan la misma escena, que vemos igual de clara pero desde
otro ángulo. Putiolano lleva atuendo de sacrificador: túnica y
pénula (capa flotante en forma de esclavina) echada sobre los
hombros. Le está hablando a Vitelio, que puede quedar en off, o
bien verse marginalmente, en cuyo caso es de notar su juvenil
sombrero puntiagudo, como los de las tanagras. Candelabro,
lucerna, ampullae, calathi...

2

a) Vitelio: "Sí, Harpócrates fue sin duda concebido con un olisbón
como éste"
Vitelio está tendido en un stibadium, especie de triclinium
horizontal. Está torsidesnudo, pero una vestimenta con muchos
pliegues le cubre las piernas, que ocupan la parte derecha de la
viñeta. A la izquierda, apoyándose en un codo para incorporarse,
Vitelio sostiene el olisbón, por su base, y lo mantiene enderezado
mostrándoselo a Putiolano. Detrás, a la luz de una lucerna o de un
candelabro, un vulgar coito entre comensales. El claroscuro recalca
el rotundo culo de la matrona. Tanto Vitelio como el coito en un
cierto picado.

b) Vitelio: "Elijamos a Xantipa, que tiene buenos pechos, para
hacer de Isis Multimammia"
Xantipa: "¡Pero ese olisbón no es de cuero, es de terracota, se me
puede romper y quedarse dentro!"
Aquí Vitelio está de espaldas y señala con el olisbón a Xantipa, de
pie frente a él, desnuda, con el cuerpo de mediolado o de tres
cuartos, un poco como si pasara en su recorrido al lado del triclinio
de Vitelio y al sentirse nombrada se detuviese, con una inclinación,
los hombros arqueados, la nalga visible, aterciopelada, es una nalga
que guarda la proporción, las manos, en fin, abiertas, a los lados, y
la mirada fija en el olisbón, retrocediendo.
Xantipa es alta, de unos 27 años, rubia, con el pelo recogido, se
depila las cejas y tiene, como dice Vitelio, grandes pechos.

3

a) Putiolano: "¡Doblemente justo! Tienes que repetir exactamente
lo que hizo Isis"
Xantipa: "De acuerdo, pero que Vitelio me lo explique"
Xantipa sonríe a Vitelio y hace amago de acomodarse junto a él.
Están vistos en un cierto contrapicado, y el extremo más cercano
del triclinio fuga visiblemente hacia arriba. Detrás de Vitelio asoma
el busto Putiolano.

b) Vitelio: "Mira este amuleto. Es una abeja de oro, nacida por
generación espontánea del cadáver de un Apis, buey sagrado de
Menfis. Apis es la imagen corporal del alma de Osiris. De ahí que no
sin razón cuentan en sus mitos los egipcios que el alma de Osiris es
eterna e incorruptible, pero que su cuerpo frecuentemente Tifón lo
desmembra y lo hace desaparecer, y que Isis errante lo busca y lo
recompone de nuevo"
PP de Vitelio mostrando un colgante que lleva al cuello y que
sostiene con tres dedos, que representa a una abeja, sobre el dorso
de su tórax se sugiere un rostro humano.

4
a) Vitelio: "Observa ahora el olisbón. Osiris ha sido despedazado
por Tifón. Isis encuentra sus restos en la boca Tanítica. Pero falta el
falo, que ha sido comido por un pez llamado oxirrinco. El nuevo
miembro de Osiris será de barro, fabricado por las manos de Isis"
PA de Vitelio y Xantipa manipulando el olisbón, el plano anterior
de Vitelio debe evitar la excesiva frontalidad.

b) Xantipa: "Déjame verlo"
Xantipa, que se ha sentado en el triclinio con las piernas en "flor
de loto", frontal, arrebata el olisbón a Vitelio.
Este será uno de los momentos que Xantipa recordará más tarde
en esta noche, entristecida de que su sensualidad y su curiosidad
natural la involucren en los fantasmas perversos de los hombres.
Sin embargo, no hay nada que indique peligro o que resulte
inquietante en la viñeta.

5

a) Xantipa: "¿Así que éste es el nuevo miembro?"
Vitelio: "Sí, para follar"
En off(un comensal): "Muéstranos tus canopes, oh, Putiolano"
(por su posición, el bocadillo en off se lee antes)
Se ven ambos de cuerpo entero, Vitelio, aún echado en el
triclinio, se está terminando de desnudar. Xantipa ha echado su
larga pierna por encima de Vitelio. Putiolano, sentado no lejos de
ellos, se vuelve hacia la voz en off.

b) Putiolano: "Sí, os voy a abrir el Serapeum. Así Xantipa elige una
de mis momias"
En off: "Eso, ¡veamos los canopes!"
Contrapicado de Putiolano incorporándose, con un vaso de vino
resinato en la mano, para ir a abrir las pesadas cortinas del
Serapeum. Es robusto, o en todo caso la vestimenta de sacrificador
lo hace fornido, tiene cara de escritor, dado en las termas
igualmente a muchachitos y a lamias adoradoras de Príapo.
6

a) Comensal: "Guardad cola"
Cortina abriéndose. El Serapeum está a oscuras. Vemos a
Putiolano abriendo la cortina (lo vemos por la apertura) con una
mano, sosteniendo con la otra un candelabro, sin aura ni excesivo
fulgor, pero que da luz, configurando el claroscuro de luz y sombras,
ya sea de varios candiles o de velas. Tras él el comensal, grueso,
pero sanguíneo, no flemático, que está coronado de mirto o de
campánulas, y que tiene la mirada de el que ha hecho una libación
de cannabis o de mandrágora. Tras ellos un jardín pompeyano a la
luz de una luna a la que no le falta casi nada para estar llena,
aunque puede quedar fuera de la viñeta.
En el rostro de Putiolano, una sonrisa un tanto idiota.

b) El serapeum. Putiolano y el comensal han entrado llevando las
luces (el comensal lleva un candil o lucerna en forma de falo, y está
desnudo salvo una especie de slip o tanga negro que lleva; es gordo,
pero atlético de complexión) que iluminan siete sarcófagos
apoyados en una pared, vemos además, en una franja superior,
dibujos egiptizantes de un hombre con cabeza de perro callejero y
de una faraona de lujosa corona desnuda bajo un vestido
transparente, alternados con franjas verticales de jeroglíficos. Por la
estancia hay varios, que pueden ser dos, obeliscos reducidos, con
algunos falsos y mal imitados jeroglíficos. Hay un buey Apis en
escultura, coronado por el disco solar. Caída en el suelo hay una
estatua de una mujer en cuyo cuerpo se enrosca una serpiente.

7

a) Vitelio: "Toma el olisbón y pónselo a una momia"
Xantipa: "Sí, pero a cuál. Veo siete ataúdes"
Vitelio: "Ahora eres Isis en busca del cuerpo de Osiris"
Xantipa lleva una vela en una mano, pero la otra la pone, abierta,
para recibir el olisbón. Se ha puesto unas bragas anchas, bordadas,
que le tapan casi hasta el ombligo; pero vemos sus muslos, rodillas,
grandes pechos erectos los pezones por el frío, pelo recogido pero ya
bastante despeinado como para caerle por una parte de la frente un
alargado mechón. Vitelio está desnudo y se aprecia un principio de
erección, lleva una lucerna muy adornada. Tras ellos la cortina
abierta y los árboles del jardín.

b) PM de Xantipa intentando abrir un sarcófago, que tiene tallada
y policromada una cabeza, con peinado, un poco helenizante. Ella
está de espaldas, aunque se ve el perfil de su pómulo, su oreja con el
pendiente, y su cuello desnudo. Suave sombreado de sus omóplatos
y cintura.

8

a) Xantipa: "¿Puedo mirar en este otro féretro?"
El sarcófago abierto, en él una momia de rostro noble pero un
poco chupado. Xantipa, que vemos de espaldas pero que nos
muestra su perfil derecho, señala al siguiente sarcófago, parecido al
anterior.

b) Xantipa: "Está mirándonos"
Putiolano: "Sus ojos son de nácar esmaltado"
PM de la segunda momia, que tiene los ojos abiertos con una
mirada fija y mesmerizante. Se le acerca la mano de Xantipa como
para tocarle la barbilla, y la mano (tiene manga) de Putiolano estira
el dedo señalando un ojo, casi tocándolo.

9
a) Xantipa: "Eso, eso, Putiolano, eso. Prepara mi coño mientras
elijo"
Frente a las siete momias alineadas, Xantipa, tendida
horizontalmente, acodada para poder observarlas, se deja lamer la
vulva por Putiolano, que le ha bajado las bragas hasta casi la rodilla,
y que con una mano separa las nalgas de nuestra heroína y con la
otra, hallándose desnudo de cintura para abajo, y extendido en la
misma horizontal, se pajea didácticamente la polla.

b) Xantipa: "El de los ojos vidriosos me pone caliente, pero voy a
quedarme con el que parece dormido porque huele muy bien"
Plano del rostro de Xantipa, acodada en el suelo, de su cuerpo
(puede tocarse un pezón con la otra mano o apoyarla en el muslo)
hasta el pubis y la cabeza de Putiolano que lo está lamiendo.

10

a) Xantipa se ha cubierto la cabeza y los hombros con un velo
delicado, que corona una diadema de espigas naturales de trigo,
cebada y lúpulo... El cadáver está extendido en el suelo con el pene
de terracota colocado erecto y Xantipa a horcajadas lo aproxima con
la mano a su vulva.
Una mano, desde off, le aproxima un cáliz o cetyla.

b) Xantipa, que se ha enfundado el olisbón, bebe de la cetyla o
cáliz. El encuadre es similar, y permite observar la penetración no
muy sesgadamente (aunque no es del todo frontal, por ejemplo la
momia forma una cierta diagonal que permite apreciar su perfil).

11

a) Xantipa en clímax rodeada de los comensales que se pajean.

b) Xantipa: "¡YO SOY ISIS LA DIOSA!"
Obviamente se trata del orgasmo de Xantipa. Aparecen las
primeras gotitas de semen de los comensales.

12

a) Bocadillo de onomatopeya: "CRAC"
Plano del culo de Xantipa, lo suficientemente contorsionado
(está a caballo sobre la momia) como para que se vea la base del
olisbón, metido en la vagina. Por encima del culo se ven los
hombros y el perfil de Xantipa, que mira hacia atrás. De todas
partes, como fuegos artificiales en la obscuridad, le caen sobre el
cuerpo chorros de semen.
El sonido viene de su vagina.

b) Comensal: "Se ha oído un chasquido"
Vitelio: "¿No se habrá roto la tanagra?"
Xantipa: "Se me ha quedado dentro la mitad"
Putiolano: "Isis ha sido fecundada y guarda ya en su matriz el
embrión de Harpócrates, elevemos nuestras preces a los astros!"
Putiolano se tambalea borracho con una jarra de vino resinato en
la mano y el pene aún goteante. Xantipa se toca el interior de la
vagina con expresión preocupada.

13

a) Vitelio: "...Pero déjame intentar... si tuviera aquí mis fórceps..."
Xantipa: "Estáis demasiado borrachos"
Putiolano: "Tengo el sistema para sacar a Harpócrates de tu
cuerpo"
Vitelio intenta meter los dedos, pero Xantipa lo aparta. Una
cortesana semidesnuda observa en cuclillas. Putiolano se dirige al
fondo del Serapeum.

b) Cortesana: "De ahora en nueve meses... Aunque tratándose de
Harpócrates, que dicen que fue sietemesino, debería nacer antes"
Xantipa: "Estáis demasiado borrachos todos. Me voy a acostar y
mañana me podré sacar el olisbón de alguna forma"
La cortesana, en cuclillas porque está demasiado bebida, tiene su
texto en una nube de pensamiento. Xantipa se pone de pie
llevándose la mano a los riñones. Los comensales beben, Vitelio se
sostiene la cabeza.

14

a) Putiolano: "Tifón, el áspid que no envejece ni precisa de
miembros"
Putiolano saliendo de un ángulo del Serapeum, lleva un áspid
sujeto con las manos, que se retuerce e intenta zafarse. Tras él, una
escultura envuelta en sombras de un hombre con cabeza de asno
armado con un hacha; un canasto, un huevo sobre un pequeño
podio... (de avestruz)

b) PP del áspid, sujeto por la cabeza y mitad del cuerpo,
retorciéndose, sobre fondo oscuro. Abre la boca y se pueden ver los
dientes.

15

a) Putiolano: "TIFON; TIFON-SET!"
Xantipa: "NO, NO TIFON"
Xantipa incorporada, el rostro sereno y serio, hace un teatral
gesto de negación con la mano derecha abierta y alzada (¡aparta!)
mientras señala el áspid con la izquierda. Los comensales se
convierten en espectadores fascinados.

b) Xantipa: "Debéis llevarme a mi santuario"
Primer Plano de Xantipa, que proyecta su mirada en la distancia
con expresión inspirada bajo la cual hay sin embargo una gran
lucidez.
16

a) Plano Americano, un poco escorzado. Xantipa sale a través de la
cortina del serapeum flanqueada por Vitelio y el poeta, a los que
conduce empuñando sus penes.

b) Putiolano: "Este áspid tifoniano irá también al iseo, en ese caso"
Plano similar de Putiolano con la serpiente saliendo por la
misma cortina.

17

a) Xantipa: "¨Alguien sabe ir al iseo? Mirrina, ¿tú puedes
llevarnos?"
Cortesana (Mirrina): "Estoy demasiado borracha, se me nubla la
vista"
Xantipa: "Inténtalo"
PM de Xantipa y la cortesana, llevando lucernas. Un comensal a
su lado, un poco atrás, protege la llama de su vela del aire. Están en
la calle, y vemos una cornisa y el muro de un jardín, por el que
asoman una palmera, un ciprés, y alguna planta trepadora (rosal,
hiedra...).

b) Mirrina (en off): "Ya estamos cerca, es una de estas calles"
Plano General, nocturno, de una calle vacía, contigua al iseo.

18

a) Xantipa: "Hombre santo, sacerdote que guardas el tabernáculo
de Isis, mi madre, permíteme pasar adentro"
Sacerdote: "Entra, pues veo en tu rostro novedades para el
numen"
El sacerdote introduce a Xantipa en el templo al tiempo que
detiene con el brazo estirado a los acompañantes. Va vestido con un
amplio manto de lino y tiene afeitada la cabeza.
b) Sacerdote: "Ya te he dado refugio. Ahora dime de dónde vienes
y quién eres"
El sacerdote tiene los ojos pintados con "kol", su expresión
inteligente y austera, su edad imprecisa.
PM en que lo vemos agachado encendiendo un pebetero con un
candil de mango alargado, y volviéndose para hablarle a Xantipa.

19

a) Xantipa: "Soy una hetaira de Chipre, me llamo Xantipa. Vengo
de hacer mi trabajo, pero esta noche..."
PM de Xantipa sentada en un cojín, las manos sobre las rodillas,
a la luz de una lucerna colocada en el suelo, esto da una expresión
extraña y sin embargo seductora a su rostro y cuerpo.

b Xantipa: "Me pregunto por qué los hombres cultos se degradan
en sus fantasías y llegan al horrendo nivel de depravación con que
son representados en el teatro los dioses y en la superstición, como
si de una caprichosa forma fuera verdad la blasfemia de el ateo
León y de Evémero de Mesenia..."
PM, mismo plano desde ángulo similar. Xantipa apoya su frente
en varios dedos de la mano derecha.

20

a) Sacerdote: "Respira hondo y concéntrate en empujar, Muy bien,
Xantipa"
Xantipa en cuclillas expulsando el trozo de olisbón. El sacerdote
se ha colocado debajo.

b) Xantipa: "Dios odia la desvergüenza, dicen en Sais. No sé si los
dioses se ofenden o no. Sé que para mí es angustioso convertirme
en escenario, en objeto, de fantasías absurdas que terminan siendo
peligrosas"
Están sentados en sillas de bronce torneado con cojín y "brazos".
Xantipa apoya un codo en el brazo de la silla, se ha envuelto en un
manto oscuro bordado de estrellas. El sacerdote la escucha con la
cabeza baja.

21

a) Xantipa: "¡Estoy harta de hombres! ¡Sácame de Pompeya,
sacerdote!"
Encuadre un poco más picado. Xantipa inclinada hacia delante al
hablar, mirando al sacerdote que se levanta de la silla.

b) Sacerdote: "Hay un dios hebreo que te puede sacar de Pompeya.
Su nombre se inscribe en la Tetractis, pero viene a ser la
encarnación de Harpócrates, signo de todo daimon soteriológico."
Estamos dentro de un arcón, del que la mano del sacerdote saca
un bulto cuya silueta indica ya que se trata de una cabeza de Ecce
Homo.

22

a) Putiolano: "¿Dónde está tu hijo, Xantipa?"
Vitelio: "¡Qué fuerte olor a incienso!"
Los comensales que entran en el tabernáculo, curioseando pero
depuesta su excitación por la somnolencia.

b) Xantipa: "Yo soy Isis la diosa y éste es mi hijo"
Onomatopeya musical:
"Cling"(minúsculas respetadas)
Xantipa, vestida con el manto de estrellas y coronada por una
torre cuadrangular con almenas, hace sonar un sistro y señala fuera
de la viñeta, Plano Americano.
La expresión de su rostro es solemne. Su cuello, en contraposto
respecto a los hombros, parece descoyuntarse. Su cuerpo tiene una
teatral inclinación, casi de danza.
23

a)+b) Busto parlante: "¿QUIÉN ESCUCHA LA VOZ DEL
SILENCIO? El gesto arpocrático es un grito en las orejas del asno. Y
mi nombre es el nombre EMMANUEL de los anónimos, de los hijos
del martirio"
Busto, en realidad una cabeza con el cuello, una franjita de
pecho, los hombros cortados, de un Ecce Homo barroco, con su
corona de espinas, que dirige su rostro y su mirada hacia arriba en
medio de su sufrimiento. Su boca está entreabierta. Está colocado
sobre un pedestal anejo a la pared, de decoración jeroglífica
finamente trazada.

24

a) Busto parlante: "El teatro de vuestra crueldad"
Corte transversal que muestra el dispositivo de altavoz retorcido,
tipo Oreja de Dionisos, del busto parlante, por el que en realidad
habla el sacerdote de Isis puesto de rodillas y con las manos unidas
en una posición que podría ser la del orante, pero que por una cierta
tensión o contorsión son más bien manos de conferenciante.

b) Busto parlante (en off): "lo puebla un daimon"
Se nos muestra el mecanismo de la linterna mágica encendida.
La "diapositiva" (o trasparencia) quizá sea demasiado pequeña en el
dibujo para que veamos lo que lleva inscrito, en todo caso se trata
de unas letras hebreas que aparecerán proyectadas en la próxima
viñeta.

25

a) Busto (en off): "de remordimiento"
Pp. sobre una pared oscura y sombría de la proyecci¢n luminosa
de las siguientes letras hebreas (los caracteres son claros sobre
oscuro), de derecha a izquierda:
"HE (no confundir con heth, más cerrada, que es la 8ª letra del
alefato), RESH (no confundir con daleth), PE (sin el daghesh lene, o
punto en el centro), QOPH, RESH, ALEPH, TAU (no confundir con
he) (sin daghesh lene), ALEPH."
‫אתארקפרה‬

(Nota: la inscripción hebrea, como podrás notar por su
transcripción fonética, es el nombre judío de Arpócrates, que por
cierto, se escribe indistintamente con y sin hache, sin H es más
latino, más griego con H... así "gesto arpocrático" (sin h) viene a
introducir un cultismo de herencia latina. Sobre el sentido de todo
esto, acuérdate de los párrafos farragosos de Flash Gordon,
característicos de la prosa del cómic)

b) Busto: "¡La ofensa de vuestro semen, seco y frío, debe ser
limpiada por un fuego húmedo y caliente. Y no me contentaré con la
pira de Peregrino, el suicida cínico, sino que sepultaré esta ciudad
en nafta!"
Vuelve a verse el busto. A su lado se aproxima, sobre una bandeja
provista de ruedecitas de hierro, un grueso búho disecado, animal
funesto entre los romanos.

26

a) PM un poco picado, Vitelio y Putiolano sentados en el suelo.
Vitelio llora amargamente, a su lado Putiolano en una mueca de
dolor moral y de culpa, no se sabe bien si porque le ha empezado a
morder el áspid que se suelta de sus manos.

b) Xantipa y el sacerdote salen del templo, al fondo los miran irse
los comensales compungidos; el sacerdote tiene el busto levantado
en sus brazos por encima de su cabeza. Y Xantipa al tiempo que sale
da un pisotón al áspid volviéndose hacia Putiolano con gesto de
triunfo.

27

a) Xantipa: "¿y qué destino tiene esta nave?"
Marinero: "Esta noche llevamos a Sicilia esculturas de bronce,
cubiertas por cierto de un raro cardenillo."
Barco de vela, en la cubierta, con el busto de Cristo apoyado en la
borda, Xantipa y el sacerdote hablan con los marineros.

b) Pompeya y el Vesubio, que empieza a humear, desde el mar.

28

a) Espectacular erupción y ríos de lava sobre Pompeya.

b) Sacerdote: "Verdaderamente éste
era el hijo de un dios."
PM de Xantipa y el sacerdote en la borda, mirando el busto,
sobre el que apoya la mano él. El rostro de Cristo ha cambiado su
gesto y ahora esboza una sonrisa pícara, sin dejar de mirar al cielo.
TRANSVAMPIRISMO

INDICE

LA NADA ETERNA. VAMPIRISMO ESTRUCTURAL.

LUZ VIOLETA

274
-He comprado la belleza.
-Diálogos con la pequeña esclava.
-Proezas sexuales.
-La mujer junto a las brasas.
-Las copulaciones divinas.
-La vieja recuerda a la vista del arte.

LAS HORMIGAS

13 MINI-NOVELAS
-El holograma como utopía.
-Barcelona.
-Beber tabaco.
-Esqueleto de la ficción.
-La misión.
-El Larvado.
-Minsk.
-Recorridos míticos.
-La Torre de Babel.
-x66.
-La misión.
-La bañera de Ortega.
-Anoche.
ULTIMA MINI-NOVELA

DICCIONARIO DE ICONOLOGIA

PSEUDOMA

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful