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El Sáhara Occidental, o la desgracia de ser ricos.

El Sáhara Occidental, o la desgracia de ser ricos.

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Publié parManuel Reyes
Los fosfatos podrían estar comenzando a agotarse y esto provocará una crisis mundial semejante a la del petróleo. Lo que llevará aparejado el enriquecimiento de los países productores. Sin fosfatos no hay cosechas. Y esto, a su vez, está generando una guerra de ocupación por Marruecos sobre el Sáhara Occidental.
Los fosfatos podrían estar comenzando a agotarse y esto provocará una crisis mundial semejante a la del petróleo. Lo que llevará aparejado el enriquecimiento de los países productores. Sin fosfatos no hay cosechas. Y esto, a su vez, está generando una guerra de ocupación por Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

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Published by: Manuel Reyes on Dec 07, 2009
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El Sáhara Occidental

O la desgracia de ser ricos
Para ser ricos no basta poseer un tesoro, además es necesario tener el poder suficiente para conservarlo. Esto es lo que ocurrió al infortunado pueblo del Sáhara Occidental cuando en 1949 el geólogo español Manuel Alia Medina descubre los inmensos yacimientos de fosfatos de Bu Craa. Lo que entonces podía considerarse como un augurio de riquezas futuras se convirtió en una maldición para un pueblo que carecía de estructuras políticas y económicas. Desde entonces, una granizada incesante caería sobre el Sáhara Occidental. En 1958 España se anexiona el Sáhara como una provincia más. Era lo menos que se podía hacer con un pueblo “hermano”. En el 1975 Marruecos, apoyado por EEUU, que había tenido unas desavenencias con España por la explotación de los yacimientos de fosfatos de Bu Craa, invade el Sáhara “pacíficamente” con su famosa Marcha Verde para “apoyar al pueblo hermano saharaui” contra el colonizador español. En 1980, Marruecos comienza la construcción del muro que empieza aislando la zona norte donde se encuentra la mina y termina expulsando del territorio a los saharauis rebeldes. El muro tiene hoy 2 720 km y necesita para su defensa una imponente fuerza militar.

El resto de la triste historia creo que es medianamente conocida.

Pero, ¿por qué son tan importantes los fosfatos? Cuando comenzaron a usarse los abonos de síntesis en forma masiva y universal, sobre mediados del siglo XX, crecieron de tal manera los alimentos que en menos de un siglo se pasó de 1 000 a 6 000 millones de habitantes, en 1999. Y es que la población de seres vivos depende de la energía disponible y los vegetales son la base de la cadena alimentaria, léase energética. Estamos habituados a las siglas NPK en los abonos, esto es, nitrógeno, fósforo (phosphorus), y potasio (kalium). Son los tres elementos fundamentales de que están compuestos los abonos. Las sales de nitrógeno las obtiene la industria química a partir del nitrógeno del aire y el hidrógeno de los hidrocarburos. El potasio, de sales de potasio como el cloruro potásico, bastante abundante. El fósforo se obtiene de los minerales fosfatados, fosfato cálcico principalmente, pero es escaso, hay muy pocos yacimientos importantes y se encuentra aún más irregularmente repartido que el petróleo. Grandes productores de fosfatos sólo hay cuatro: Marruecos-Sáhara, China, Estados Unidos, y Sudáfrica. Y de todos ellos Marruecos-Sáhara es el mayor con unas reservas cercanas al 40 % del total mundial. Estados Unidos solo tiene un gran yacimiento en Florida y produce menos de lo que su agricultura e industria necesitan, así que importa lo que le falta de Marruecos. China no vende fosfatos, dedica los que tiene a su consumo interno. Sudáfrica solo tiene un 10 % de las reservas y su producción, comparada con Marruecos, es insignificante. Con esto podemos concluir que si al yacimiento marroquí de Khouribga se añade el saharaui de Bu Craa, ambos de similar magnitud, se convierte en la “Arabia Saudí” de los fosfatos, acumulando unas reservas totales de 5 700 Mt (millones de toneladas) y, con capacidad para imponer precios al mercado. En el 2008 Marruecos se embolsó unas ganancias de más de 5 500 millones de euros de beneficios, teniendo en cuenta que, en la actualidad, Bu Craa solo funciona al 10 % de su capacidad productiva. Más o menos lo necesario para costear el gasto militar de mantenimiento del Muro del Sáhara.

El pico del fósforo Los minerales fosfatados son, como el petróleo, un recurso no renovable. En la actualidad un gran número de pequeños y medianos yacimientos se han agotado o están cercanos. La producción real de fosfatos en los últimos años ha descendido, lo que podría indicar que el “peak phosphorus” se ha alcanzado ya o está próximo.

La producción anual -línea quebrada- sobre la curva de Gubert parece bastante convincente a este respecto, y el hecho de que el precio de la tonelada de fosfato haya pasado de 21 $/t en 1995, a 120 $/t en el 2008, más aún. Hasta ahora solo nos habíamos preocupado por el pico del petróleo; los avisos sobre el agotamiento de las demás materias primas no renovables solo nos habían preocupado de lejos. Pero he aquí que el fósforo podría ser el siguiente en la lista de nuestros insomnios. Sin fósforo no hay cosechas y sin cosechas no hay alimentos, no hay bio-energía. No olvidemos que hoy somos 6 796 millones de personas, que necesitamos cada uno un gramo de fósforo al día, para lo que hemos de poner 22,5 kg de fosfatos en los suelos de cultivo al año, por persona. Volvamos al desierto Si el nivel de justicia internacional fuese el adecuado en nuestro mundo, el Sahara Occidental, con sus 260 000 habitantes, sería un país rico en la actualidad y riquísimo en unas décadas. En cambio sus pobladores han sido sometidos por Marruecos, o están en pié de guerra, asentados en campamentos como fugitivos en países vecinos, después de haber sido tiroteados, bombardeados y perseguidos. De poco les ha servido que la ONU haya condenado la explotación y el robo de sus recursos naturales, ni que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya dictaminara que nunca ha existido vínculo de soberanía entre Marruecos y el Sáhara Occidental. España, mientras tanto, mira hacia otro lado. Desvergonzadamente, importa los fosfatos de Bu Craa, que paga a Marruecos y pesca en las costas del Sáhara mediante un acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Marruecos. Solo algunas organizaciones civiles internacionales, como la Western Sahara Resource Watch (WSRW), se dedica a investigar las naciones y empresas que comercian con los fosfatos de Bu Craa y los intentan disuadir

con razonamientos éticos. Así han logrado algunos éxitos resonantes como la retirada de Noruega, con su empresa YARA. En cambio con la empresa FMC Foret de Huelva (España) aún no han tenido éxito. También el nuevo partido político español UPyD (Unión Progreso y Democracia) ha enarbolado la bandera de defensa de los derechos del pueblo saharaui, a quien también apoya IU (Izquierda Unida). Pero la explotación continúa y, según los informes de la WSRW, también compran estos fosfatos países como EEUU, Australia, Brasil, Venezuela, Colombia, Nueva Zelanda, entre otros. Y empresas químicas como la mencionada FMC Foret española, y su empresa matriz norteamericana, surten de productos elaborados del fósforo a medio mundo. No nos parece que Marruecos vaya a soltar su presa fácilmente, basta echar un vistazo a su despliegue militar en el Sáhara o a lo acontecido con la activista saharaui Aminatou Haidar en Lanzarote (diciembre 2009). El camino requerirá buscar soluciones “diplomáticas” al conflicto, y mucho me temo que si los saharauis deciden ser independientes tendrá que ser a cambio de su tesoro, o de una buena parte de él. Manuel Reyes Camacho

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