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Ceuta

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COLABORACIÓN

FRANCISCO GIL CRAVIOTTO

Domingo 7 de diciembre de 2014 | EL FARO DE CEUTA

La novela Sebastian Roch de Octave Mirbeau y los curas pedófilos de Granada

L a novela más conocida de Octave Mirbeau (1848- 1917) es el “Journal d´une femme de chambre” (“Dia-

rio de una camarera”), debido sin duda a que ha sido llevada tres ve-

ces al cine, (la última de ellas por Luís Buñuel), pero su obra más va- liente, polémica, combativa y ra- biosamente actual, es, sin la menor duda, “Sebastián Roch”, el niño que con once años entra en un in- ternado de curas y termina violado yexpulsado. En ella Mirbeau pone al descu- bierto uno de los secretos hasta en- tonces mejor guardados: los abu- sos sexuales en los centros docen- tes o de caridad regentados por la Iglesia. Mirbeau lo hace con un en- cono tan profundo y dolorido que, todavía en 1902, en una encuesta de la “Revue Blanche” para su espa- cio “Combats pour l´énfant”, a una pregunta sobre este particular, nuestro escritor respondió estas

palabras:

Yo no tengo más que un odio en el corazón, pero es un odio profundo y vivo: la educación religiosa Ese mismo odio es el que aparece en la novela. Un odio que afecta muy especialmente a la religión ca- tólica, a cuyos representantes, los curas, acusa de adoctrinamiento y manipulación de los cerebros. Los mencionados curas y frailes, así co- mo el resto de la Francia bienpen- sante, en solidaridad con ellos, res- pondieron al ataque declarando al escritor la guerra del silencio. Ni una palabra sobre el libro en toda la prensa que, de una manera más o menos descarada, controlaba en

1890 la Iglesia. Ahora, algo más de un siglo des- pués, los últimos escándalos de los curas pedófilos de Granada, traen a la actualidad el lejano y acusador li- bro de Mirbeau, cuyo tema princi- pal es, precisamente, ése: la doble violación -de mente y de cuerpo- de un niño, Sebastián Roch, en un co- legio de jesuitas, el colegio San Francisco Javier de Vannes (Breta- ña), que el escritor nos define “co- mo una gran prisión de piedra gris”. Una vez dentro la idea de cár- cel se confirma y amplía. Una cárcel en la que a los condenados –conde- nados por el solo delito de ser niños

y no disponer de su voluntad-, se les

adoctrina, se les manipula y viola. Sabemos que Mirbeau comenzó

a escribir su novela en 1888 y la pu- blicó en 1890, aunque los aconteci- mientos que ella relata ocurrieron

muchos años atrás. Hacia 1862, (época, pues, de Napoleón III), se nos dice al comienzo de la novela. También sabemos que utilizó como título el nombre del protagonista,

que utilizó como título el nombre del protagonista, Sebastián Roch, el niño que, cuan- do entra

Sebastián Roch, el niño que, cuan- do entra en el colegio San Francisco Javier, es “un alma ingenua, sana,

portadora de una sensibilidad de artista” y, cuando cuatro años des- pués sale expulsado del mismo, “es

un adolescente desorientado, de- sequilibrado, culpabilizado, con una sensibilidad traumatizada e in- capaz de elaborar un pensamiento original”. Tan cruel transforma- ción es la obra del colegio mediante envenenamiento progresivo que lo mismo afecta al cuerpo que al espí-

ritu. Cabe preguntarse: si el niño en- tró sano en el colegio y salió en el es- tado de desolación que ya conoce- mos, ¿quién es el responsable de tal catástrofe? La palabra que inme- diatamente surge en la mente del lector es el colegio, pero al instante vienen otras. El niño no ha podido ir hasta allá solo, tampoco paga él las mensualidades por estar en aquel antro de perversión, ni le es posible marcharse por más que lo intente. Hay, al lado del colegio,

otros responsables menores –fami- lia y sociedad-, a los que Mirbeau, lejos de pasar de largo, también lanza sus dardos. Los tres –familia, sociedad y colegio- constituyen lo que el acreditado investigador Pie- rre Michel llama “La sainte trinité” en la que se basa la educastración que pide la burguesía y Mirbeau de- nuncia en el libro. La crítica actual, de manera uná- nime, califica este libro como nove- la autobiográfica. No le faltan razo- nes: el niño Sebastián Roch estudia

No le faltan razo- nes: el niño Sebastián Roch estudia Mirbeau pone al descubierto uno de

Mirbeau pone al descubierto uno de los secretos hasta entonces mejor guardados: los abusos sexuales en los centros docentes o de caridad regentados por la Iglesia

en el mismo colegio que Octavio Mirbeau había estudiado; entra, interno como él a los once años, y, después de cuatro cursos de autén- tico infierno, ambos terminan ex- pulsados en muy extrañas circuns- tancias. En todos estos aspectos las coincidencias no pueden ser más exactas, pero hay un punto al que hasta ahora no ha podido respon- der la crítica: el relativo a la viola- ción. ¿Fue violado por uno de los curas del internado de Vannes el ni- ño Octave Mirbeau, al igual que lo fue su alter ego Sebastián Roch? Todo apunta a la respuesta afirma- tiva -incluso se ha dicho que el cura De Kern de la novela es la reencar- naciónliterariadeljesuitaStanislas du Lac-, pero, a pesar de tanto es- fuerzo investigador, siempre que- dará la sombra de una duda: tam- bién puede ser que Mirbeau haya mezclado las experiencias vividas por él con otras presenciadas o refe- ridas por compañeros. Para el caso es igual, el libro no pierde un ápice de su acerba crítica y su implacable airedenunciador. La agria crítica que Mirbeau lan- za contra el clericalismo -”Le cleri- calisme, voilá l´ennemi”, solía él repetir- se apoya en tres puntos o ángulos de ataque. Helos aquí: 1) La sangre derramada, a través de los siglos, por la Iglesia católica:

cruzadas, exterminación de los al- bigenses, guerras papales para ex- tender los dominios del Vaticano, hogueras inquisitoriales, etc. 2) Re- ligión, igual a opio del pueblo y muy especialmente de la infancia. 3) Los grandes crímenes, que se co- meten en los centros docentes o de caridad controlados por la Iglesia. Entre estos crímenes destaca uno, hasta entonces impune y tabú, del que él puede dar fe: los abusos se- xuales de algunos de los curas ha- cia sus educandos, unido al silencio de los otros curas, que, al menos en aquella época, aunque llegaran a la violación. siempre quedaban im- punes. Es en el tercer punto, el de los grandes abusos sexuales en los co-

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Octave Mirbeau Su obra más valiente, polémica, combativa y rabiosamente actual, es, sin la menor duda, “Sebastián Roch”, el niño que con once años entra en un internado de curas y termina violado y expulsado

legios controlados por la Iglesia, donde Mirbeau pone todo su em- peño y consigue su mayor efecto denunciador. Además de romper un tabú -él es el primero que se atreve a hablar de este tema-, lanza un grito de alerta a la sociedad so- bre el peligro que supone internar a un niño en ese mundo cerrado y depravado de los colegios de curas. Algo que hasta entonces nadie se había atrevido a tocar. El precio que el escritor tuvo que pagar fue extraordinariamentealto. A estos tres frentes de ataque, ya estudiados por la crítica -muy espe- cialmente por Pierre Michel, el gran especialista en Mirbeau-, se podría añadir otro más: la puesta en evidencia de la redomada hipo- cresía clerical. En este aspecto el ca- pítulo relativo a la expulsión de Se- bastián del colegio jesuítico de Vannes es el más acabado ejemplo de hasta qué extremos de sutileza y perfección puede llegar dicha hi- pocresía. Baste señalar que, antes de que el niño ponga los pies en la calle, el cura que hasta entonces parecía más humano y digno de confianza, toma a Sebastián por su cuenta y no cesa hasta hacerle jurar que jamás dirá a nadie una sola pa- labra de cuanto allí le ha ocurrido. Huelga añadir que, si tal episodio es autobiográfico, como parece, a los curas les salió el tiro por la cula- ta: nada menos que un libro de trescientas páginas informa a todo el que quiera leerlo de cuanto le ocurrió al protagonista. Tras la expulsión, el libro nos re- lata, ahora en primera persona, -el novelista utiliza fragmentos de unas supuestas memorias de Se-

utiliza fragmentos de unas supuestas memorias de Se- bastián Roch, escritas cinco años después de salir

bastián Roch, escritas cinco años después de salir del colegio-, las te- rribles secuelas de la violación. El joven Roch ha quedado, al menos

temporalmente, invalidado para el amor y una inevitable repugnancia hacia todo lo relacionado con el mundo del sexo, hace que todas las

caricias de su antigua novia de in- fancia, la bella y ardiente Margari- ta, caigan en campo baldío. ¿Que- dará Sebastián Roch para siempre privado de los goces de la carne? La entrega de Margarita en una noche de amor y plenilunio parece salvar la situación. Poco importa. Al día siguiente comienza la guerra fran- co prusiana y Sebastián, en edad militar, tiene que entrar en el cuar- tel. Morirá en el campo de batalla; sin que se pueda decir que murió luchando contra los prusianos, ya que se prometió a sí mismo no dis- parar ni un solo tiro contra el ene- migo, porque ninguno de los pru- sianos era enemigo suyo ni le había hecho nada, y hasta el último ins- tante de su vida cumplió su prome- sa. Por eso Mirbeau, huyendo de los ditirambos que patrioteros y militares suelen usar en estos caos, simplemente dirá que murió “ab- surdamente sacrificado al Dios de la guerra“. Con su muerte termina la novela. Las últimas páginas del libro, aprovechando la circunstan- cia de que el protagonista de la no- vela entra en filas y es tiempo de guerra, las dedica Mirbeau a fusti- gar a otro de sus grandes enemi- gos: la guerra y el militarismo. Tampoco faltan, salpicando to- da la novela, los certeros y repeti- dos dardos contra la nobleza y la emergente burguesía. Y mientras va arrojando denuestos contra cu- ras, nobles y burgueses, en los re- mansos de su demoledor discurso, Mirbeau hace un alto para ofrecer- nos el ideal de sociedad que él de- sea. Valgan como ejemplo estas lí- neas que traduzco sobre la marcha:

¿Hay en alguna parte una juven-

traduzco sobre la marcha: ¿Hay en alguna parte una juven- Ahora, algo más de un siglo

Ahora, algo más de un siglo después, los últimos escándalos de los curas pedófilos de Granada, traen a la actualidad el lejano y acusador libro de Mirbeau, cuyo tema principal es, precisamente, ése

tud ardiente y reflexiva, una juven- tud que piensa y que trabaja, que se libera y nos libera de la pesada, cri- minalyhomicidamanodelcura,tan fatal para la mente humana? Una juventud que, frente a la moral esta- blecida por el cura y las leyes que aplica el gendarme, ese complemen- to del cura, diga valientemente: “Yo seré yo seré rebelde”. Fueron estos gritos de acusa- ción, -toda la novela es una cons- tante acusación-, lanzados a la cara de una sociedad hipócrita e inicua, los que hicieron que más de un crí- tico calificara esta obra de tea sub- versiva. La conspiración del silen- cio fue la respuesta de aquella so- ciedad a la descarada osadía de Mirbeau. Los denuestos de ayer se convierten hoy en elogios y el libro, como el ave Fénix, resurge de las cenizas de la sociedad que le vio na- cer y cerró ojos y oídos a todas sus denuncias. ¿Los seguire- moscerrando?

de las cenizas de la sociedad que le vio na- cer y cerró ojos y oídos