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Don Quijote, caballero cristiano

Qué es lo que ha hecho del Quijote una figura de todos los tiempos? ¿La obra de Cervantes o las
miles de lecturas diferentes que se le han dado? La interpretación que la obra de Cervantes
recibió de sus contemporáneos fue, sencillamente, la de novela burlesca, según atestigua un
documento literario fechado entre 1659 y 1668. Sin embargo, es la redondez, la hondura y la
humanidad de los personajes cervantinos, la heroica locura de un personaje tan poco
convencional, lo que ha hecho que don Alonso Quijano sobreviva a su propia época. Muchos han
querido ver en él una lectura de la incipiente decadencia política española que culminaría en el
Siglo de Oro; otros, como Ortega y Gasset, veían en él reflejados sus propios principios
regeneracionistas; otros lo consideran un representante del erasmismo español, un antecesor
del absurdo y del existencialismo…, y probablemente el elenco de interpretaciones no
terminará nunca.

Pilar Vega, del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad Complutense, afirma:


El Quijote no es sólo una novela; ni siquiera una gran novela: es un monumento, un hito, un
lugar al que volver, un espacio que puede recorrerse en uno u otro sentido. La aventura del
Quijote es disparatada, pero no por ello menos seria o comprometida. Tal vez sea ésa una de
las notas más claras del cristianismo del personaje. Mientras actuamos en esta comedia de la
vida somos esto o aquello, cumplimos una u otra misión. Lo importante no es el papel
representado, sino la fidelidad con que se asume. Alonso Quijano o el pastor Quijótiz
responden con la misma lealtad a su llamada: la de ser hombres buenos. Lo esencial es
haber permanecido fieles a la misión recibida incluso cuando resulte descomunal e
imposible: custodiar la justicia en el mundo y proveer a las necesidades de los
desfavorecidos como brazo visible de la misericordia de Dios. El caballero Quijote se juzga un
ministro de Dios en la tierra, tan autorizado como los orantes que invocan desde su retiro al
cielo.
El Quijote es, pues, un cruzado medieval, un nuevo caballero del Santo Grial, que lucha
contra los agentes del Mal con todas sus fuerzas. La vida prosaica se transforma en una gran
aventura, en una batalla empujada por los más elevados ideales, en la que es posible ganar
o perder. ¿Era don Quijote realmente un loco? Como dice Chesterton en Ortodoxia: El país de
las hadas no es más que la radiante patria del sentido común. Los cuentos de hadas me
infundieron la convicción de que este mundo es un lugar terrible y sorprendente. Según el
teólogo Jean-Pierre Jossua, en el libro de Unamuno se ve la historia del Quijote como una
parábola del riesgo de la fe.
En la mente de Don Quijote, las rameras son hermosas damas; el avaro ventero es un
poderoso y magnánimo señor feudal; los personajes más zafios quedan rehabilitados a los
ojos del caballero. Afirma Pilar Vega: En su deambular por las tierras de la Mancha, nos ha
dado a conocer una turbamulta de individualidades: labriegos, soldados, rufianes, clérigos,
nobles, literatos y pastores literarios… Una sociedad aquejada de la limitación humana, pero
no ruin. Un fondo humano en el que, pese a todo, reina la concordia y la fraternidad, al
menos desde el optimismo propio de un hombre bueno y la comprensiva visión de quien
también se siente vulnerable, Alonso Quijano.
Inma Álvarez