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Plenilunio • EL AUTOR Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén,
Plenilunio
• EL AUTOR
Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo
Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) es un prestigioso escritor de literatura muy
volcado en el mundo del periodismo ya desde sus primeros artículos publicados en El Diario de
Granada y El Ideal de Granada, hasta la actualidad a través de sus frecuentes colaboraciones en en
varios periódicos de tirada nacional entre los que destaca EL PAÍS -algunas han suscitado sonadas
polémicas-. En Granada comenzó a trabajar como administrativo en el Área de Cultura del
Ayuntamiento, empleo que, tras pedir una excedencia de dos años, abandonó definitivamente quizás
en parte por el éxito de su segunda novela El invierno en Lisboa (1987), con la que obtuvo en 1988
el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. En 1992 se instaló en Madrid y desde
entonces se ha dedicado a desarrollar su labor literaria combinando sus quehaceres como articulista
y conferenciante en diversas universidades americanas.
Ha sido galardonado con los más prestigiosos premios literarios: Ícaro (Beatus Ille), Planeta
(El jinete polaco), Nacional de Literatura (El invierno en Lisboa y El jinete polaco) y Nacional de la
Crítica (El invierno en Lisboa). Por Plenilunio (1997) consiguió el Premio Fémina Étranger a la
mejor novela extranjera publicada en Francia en 1998. Ingresó con tan solo 39 años, en la Real
Academia Española en 1995 donde ocupa el sillón “u”, de nueva creación. Entre 2004 y 2006 se
ocupó de la dirección del Instituto Cervantes de Nueva York.
Una visión de la personalidad de Muñoz Molina es la que nos proporciona Soria Olmedo
con motivo de la participación del ubetense (con una intervención sobre El Jarama de Sánchez
Ferlosio) en el homenaje que la revista Olvidos de Granada rindió a la generación de los 50 o de
medio siglo: “Serio, irónico, curioso, tierno, orgulloso, tímido, sarcástico, agudo, gran conversador,
tenía sobre todas la vocación y la pasión contagiosa de la literatura, como lector insaciable y
asombroso, capaz de recordarlo todo, siempre, y como escritor en dos dimensiones simultáneas: la
efímera e intensa del periodismo, jugada a una sola carta, como la llama de una cerilla que nos
quema los dedos, y la demorada del novelista, arquitecto de historias, inquisidor y constructor de
quema los dedos, y la demorada del novelista, arquitecto de historias, inquisidor y constructor de las
otras vidas.”
La amplia producción de este escritor abarca la novela, relatos breves, la literatura de viajes,
dietarios, ensayos y artículos. Por solo citar su obra de ficción deben recordarse los títulos de las
siguientes novelas: Beatus Ille (1986), El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989), El jinete
polaco (1991), Los misterios de Madrid (1992), El dueño del secreto (1994), Ardor guerrero (1995),
Plenilunio (1997), Carlota Fainberg (1999), En ausencia de Blanca (1999), Sefarad: una novela de
novelas (2001), El salvador (2003), El viento de la luna (2006), Días de diario (2007) y La noche
de los tiempos (2009).
Algunas de sus novelas, como Beltenebros y Plenilunio, han sido llevadas al cine, la primera
de la mano de Pilar Miró y en el caso de la última, su esposa, la escritora Elvira Lindo se encargó
del guión, Imanol Uribe de la dirección de la película e incluso el propio autor realizó un cameo.
"Me hacía mucha gracia la idea de que un académico de la Lengua hiciera de bedel de colegio",
explicó Uribe al periódico EL MUNDO: "Incluso me llevó a Úbeda, que es donde él pensó la
novela, para enseñarme la auténtica geografía de este relato, aunque yo preferí que se desarrollara
en Palencia porque ésta es una ciudad lo suficientemente grande como para que un asesino pueda
esconderse, y lo suficientemente pequeña como para que todos los personajes se crucen en la calle
Mayor. Úbeda no me ofrecía eso, y Palencia sí". 1
Imanol Uribe, el director;Miguel Ángel Solá, el policía;Juan Diego Botto, el asesino.
1 Plenilunio, la película, reúne a unos personajes encarnados por actores y actrices de sobrada solvencia. El inspector de
policía (Miguel Ángel Solá) que llega a una ciudad de provincias tras haber pasado muchos años en Bilbao (él ha superado
el alcoholismo, secuela de esa experiencia, pero su mujer, Charo López, no ha podido superar el desequilibrio emocional y
está internada en un sanatorio), el padre Orduña (Fernando Fernán-Gómez) que fue maestro del inspector, Susana Grey, la
maestra (Adriana Ozores) de la que el inspector se enamora, Ferreras, el forense (Chete Lera) y el asesino de niñas (Juan
Diego Botto)
".
• LA GÉNESIS DE LA NOVELA Podría admitirse que el motivo propulsor de la acción
• LA GÉNESIS DE LA NOVELA
Podría admitirse que el motivo propulsor de la acción e incluso de la reflexión en Plenilunio,
de Antonio Muñoz Molina, es la luna. Por descontado, hay que reparar en la intencionalidad que
manifiesta la elección del título. Su inquietante resplandor alumbra casi todo lo que sucede, de
suerte que la muerte, el amor, la brutalidad o la ternura parezcan surgir de ella. Nada esencial ocurre
fuera de su influencia que, aunque no pierde sus viejos vínculos con el folclore y lo ancestral o la
tradición literaria (Romancero gitano de García Lorca, por ejemplo), va mucho más allá al
convertirse en elemento silencioso que sustenta las pasiones y e ilunina rostros y paisajes,
produciendo efectos ambientales que se combinan con lo misterioso y con lo terrible.
En palabras del propio autor hemos conocido además algunos detalles del proceso de
gestación inicial de la novela.
1.
Declaraciones de Antonio Muñoz Molina en una entrevista realizada por Justo Serna,
publicada en http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2172&r=
La metáfora del tanteo, de la tentativa, me parece muy adecuada. Lo que yo tengo, para empezar a escribir, no es
una idea, una historia que se proyecta delante de mí como un paisaje, un tema, sino más bien un indicio, o una
serie de indicios, de imágenes si quiere, que son como esas cosas que se palpan en la oscuridad, y que hay que
seguir palpando, tanteando, para saber lo que son. Siempre me ha pasado así. Una idea, una imagen 2 , son fértiles
si permiten la cristalización de cosas que ya estaban en la conciencia o en el inconsciente, si permiten dar una forma
a la confusión de las experiencias, los deseos, los recuerdos, etc. Lo que uno encuentra tanteando es algo parecido
a una metáfora. Y el proceso para llegar a ese encuentro es sobre todo uno de alerta y paciencia. Entre la intuición
de algo que puede llevarme a un libro y el principio de la escritura pasa mucho tiempo, cada vez más tiempo. Las
primeras pistas sobre lo que acabó siendo Plenilunio las tuve en 1987 o por ahí. Le di vueltas a un libro posible con
algo de insistencia en el 92, pero no ocurrió nada. De vez en cuando se me ocurrían cosas, detalles. Escribía
borradores de vez en cuando, pero de pronto tuve una intuición que sería definitiva: la historia iba a desarrollarse en
Mágina, pero el nombre de Mágina no iba a aparecer. Y en realidad sólo supe que iba a escribir el libro cuando
tuve una primera página. Todo tanteos e incertidumbres. Si acaso, como máximo, una linterna muy débil que ayuda
a iluminar algo de lo que hay por delante.
2 El autor ha declarado que reparó en una fotografía publicada en un periódico americano de un individuo de rostro
bondadoso acusado de un crimen horrible «cuando estaba con El jinete polaco, a raíz de una noticia concreta que me
impresionó». Eso le llevó a cuestionarse si los rasgos del rostro y muy especialmente la mirada, delatan la conciencia del
mal.
2. Tomado de «La crueldad no encierra ningún tipo de belleza», EL MUNDO, publicado el
2.
Tomado de «La crueldad no encierra ningún tipo de belleza», EL MUNDO, publicado el
martes, 11 de marzo de 1997 y disponible en
http://www.elmundo.es/1997/03/11/cultura/11N0103.html
] [
«Quería mirar a las cosas tal y como son. Quería retratar a personajes de verdad y alimentar de
actualidad la ficción».[
]
«Me movía una especie de sugestión por lo real y tangible», explica el escritor,
«por mostrar tanto las cosas horrendas como las magníficas de la vida. En la novela hay una
contraposición constante entre la oscuridad y la claridad». [
]
LOS TEMAS.- Las habilidades del narrador se unen en Plenilunio a las artes reflexivas del articulista
polémico, del observador incisivo de lo cotidiano que es Muñoz Molina. Temas como el terrorismo o la
violencia entran en esta novela en la que el escritor ahonda en las raíces del mal, en sus manifestaciones
en la sociedad contemporánea, «una cuestión ante la que no he querido situarme como filósofo, sino
como novelista que siente curiosidad por lo que piensa la gente en las circunstancias más terribles».
«Leí mucho al respecto», señala, «y aprendí de obras como Los verdugos voluntariosos de Hitler, un
estudio de Jonah Goldhagen que ha levantado mucha polémica en EE.UU y que analiza la participación
de las personas normales en el Holocausto, el hecho de que se pueden llegar a cometer crímenes
horrendos en nombre de la ideología».
«Esto desmonta muchos argumentos psiquiátricos», señala, «nos lleva a pensar, por ejemplo, en que el
violador actúa movido por una razón ideológica, por la convicción de que la mujer es inferior y puede
utilizarla como un objeto. Es fácil decir que los criminales son víctimas de la sociedad, pero yo me
pregunto: "Si es así, ¿por qué a menudo no se arrepienten y están tan orgullosos de sus actos?". Este es
un tema muy delicado y que abre muchos interrogantes».
«La crueldad no tiene ninguna belleza, aunque el cine y la literatura han contribuido a darle una especie
de glamour, mostrando muchas veces a los asesinos como gente lúcida, intelectual y sofisticada, cuando
normalmente son seres vulgares, sin ningún atractivo», afirma el escritor.
En su opinión, «la explotación del dolor ajeno y la degradación del sentimiento en beneficio del
espectáculo», fenómenos tan frecuentes ahora en los reality shows televisivos, no son exclusivos de nuestro
tiempo. «Pensemos en los espectáculos romanos, en que las ejecuciones fueron públicas hasta el siglo
XIX Ahora sólo hay una diferencia de grado, el carácter comercial de esta sociedad y la fuerza de la
televisión».

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