Vous êtes sur la page 1sur 981

MANUAL DE DERECHO

PROCESAL CIVIL
LINO ENRIQUE PALACIO

MANUAL DE DERECHO
PROCESAL CIVIL
DECIMOSÉPTIMA EDICIÓN ACTUALIZADA

TM

LexisNexis
Abeledo-Perrot

BUENOS AIRES
345.087 Palacio. Lino Enrique
PAL Manual de derecho procesal civil. - 17". ed.- Buenos
Aires: Abeledo Perrot, 2003.
984 p.; 23x16 cm.

ISBN 950-20-1501-0

I. Título. - 1. Derecho Civil

Todos los derechos reservados


© byABELEDO-PERROT
LKXISNEXIS ARGENTINA S.A.
Lavallc 1280 - (C1048AAF) - Buenos Aires- Argentina
Tel. (54-11) 53S2-8S02 - mlb@lcxisnexis.eom.ar
Queda hecho el depósito que marca la ley I 1.723

I.S.B.N.: 950-20-1501-0

El derecho de propiedad de esta obra comprende para su autor la fa-


cultad de disponer de ella, publicarla, traducirla, adaptarla o autori/ar su
traducción y reproducirla en cualquier forma, total o parcial, por medios
electrónicos o mecánicos, incluyendo fotocopia, grabación magnetofónica y
cualquier sistema de almacenamiento de información; por consiguiente
nadie tiene la facultad de ejercitar los derechos precitados sin permiso del
autor y del editor, por escrito, con referencia a una obra que se haya anotado
o copiado durante su lectura, ejecución o exposición públicas o privadas.
excepto el uso con fines didácticos de comentarios, críticas o notas, de hasta
mil palabras de la obra ajena, y en lodos los casos sólo las partes del texto
indispensables a ese efecto.
Los infractores serán reprimidos con las penas del artículo 172 y
concordantes del Código Penal (arts. 2o. 9o, 10, 71, 72, ley I 1.723).

IMPRESO EN LA REPÚBLICA ARGENTINA


ADVERTENCIA

La presente edición aparece actualizada mediante la adaptación del tex-


to anterior a las numerosas y, en general, inútiles o erróneas modificaciones
que la ley 25.488 introdujo al ya maltrecho Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación.
No obstante, en la inteligencia de que este Manual suele ser también uti-
lizado por alumnos que cursan estudios en las Facultades de Derecho con sede
en las provincias, cuyos ordenamientos procesales responden a la estructura
del Código Nacional en sus versiones anteriores a la mencionada reforma, he
tratado, en los temas centrales, de señalar las correspondientes diferencias.
Asimismo, he agregado algunas cuestiones que, como las relativas a la
declaración de oficio de la inconstitucionalidad de las leyes y a la llamada me-
dida cautelar innovativa, se prestan, a raíz de nuevos precedentes judiciales, a
un desarrollo más amplio.

L.E. P.
Febrero de 2003
CAPÍTULO I

NOCIONES PRELIMINARES

SUMARIO: I. EL DERECHO PROCESAL: 1. El derecho procesal desde el punto de vista de


la teoría general del derecho.— 2. El derecho procesal en sentido estricto.— 3. Conte-
nido del derecho procesal.— 4. Las ramas del derecho procesal. El derecho procesal ci-
vil.— 5. Naturaleza y caracteres del derecho procesal.— 11. LAS NORMAS PROCESA-
LES: 6. Concepto.— 7. Clasificación de las normas procesales.— 8. Eficacia de las
normas procesales en el tiempo.— 9. Eficacia de las normas procesales en el espacio.

§ /

EL DERECHO PROCESAL '

1. EL DERECHO PROCESAL DESDE EL PUNTO DE VISTA


DE LA TEORÍA GENERAL DEL DERECHO

a) Entre los más significativos aportes de la Teoría Pura del Derecho, pro-
piciada por KELSEN, figura la demostración de que toda norma jurídica, desde el
1
AFTALIÓN-GARCÍA OLANO-VILANOVA, Introducción al derecho, 1 Ia ed.. Buenos Aires,
1980. pág. 665; ARAGONESES, Proceso y derecho procesal, Madrid, 1960. pág. 325; ARRUDA
ALVTM, Manual de direito processual civil. Sao Paulo. 1977, 1. pág. 1; BRISEÑO SIERRA,
Derecho procesal, México. 1969. [, pág. 53; CALAMANDREI, Instituciones de derecho procesal
civil (trad. SENTÍS MELENDO). Buenos Aires, 1962, I, pág. 366: CARNELUTTI, Sistema de
derecho procesal civil (trad. ALCALÁ ZAMORA-SENTÍS MELENDO). Buenos Aires, 1944, pág.
81: CLARIÁ OLMEDO. Derecho procesal. Buenos Aires, 1982, I, pág. 3; Cossio, La teoría
egológica del derecho y el concepto jurídico de libertad, 2a ed.. Buenos Aires. 1964, págs.
181-195: CHIOVENDA, istiiuzioni di diritlo processuale civile. Napoli, 1956, I, pág. 60: DEVIS
ECHANDÍA, Nociones generales de derecho procesal civil, Madrid, 1966, pág. 3; DÍAZ,
10 NOCIONES PRELIMINARES

punto de vista formal, reconoce su fundamento de validez en la circunstancia


de haber sido creada por el órgano y de conformidad con el método específico
prescripto por una norma jerárquicamente superior.
Tal conclusión es válida respecto de toda clase de normas, sean ellas ge-
nerales, como las leyes, o individuales, como las sentencias judiciales y los ac-
tos administrativos. En ese orden de ideas la Constitución, que se halla ubicada
en el grado superior del ordenamiento jurídico, designa cuáles son los órganos
habilitados para crear normas generales y determina, asimismo, el procedi-
miento o procedimientos que esos órganos deben observar a talfin:es así como
instituye un Poder Legislativo facultado para emitir ese tipo de normas y pres-
cribe cómo ellas deben sancionarse (iniciativa, votación, mayorías necesarias,
etc.). También la Constitución puede determinar —como ocurre con la que rige
en nuestro país (art. 30)— el procedimiento a seguir para su propia reforma.
Las leyes, a su turno, cumplen frente a las sentencias y actos administra-
tivos un papel sustancialmente semejante al de la Constitución con respecto a
ellas, con la sola diferencia de que gravitan en mayor medida sobre el conteni-
do (elemento material) de las normas individuales. "La relación entre la legis-
lación y la jurisdicción o la administración —observa KELSEN— es así, de ma-
nera general, semejante a la que existe entre la constitución y la legislación. La
única diferencia reside en la manera en que la norma superior determina a la
norma inferior. En un caso el elemento formal prepondera sobre el elemento
material, en el otro los dos elementos se equilibran".

b) Como quiera, pues, que la creación de toda norma jurídica es el resul-


tado de uno o de varios procedimientos cumplidos por un órgano del Estado
provisto de competencia para ello, se comprende que desde el punto de vista de la
teoría general del derecho, el derecho procesal puede ser definido como aquella
rama de la ciencia jurídica que se refiere al proceso en sentido amplio, enten-
diendo por tal a la actividad desplegada por los órganos del Estado en la crea-

Instituciones de derecho procesal, Buenos Aires. 1968. I. pág. 5; GGLDSCHMIDT, Derecho


procesal civil (trad. PRIETO CASTRO), Labor, 1936, pág. 719: "Derecho justicial material"
(irad. GROSMAN), en RDP. 1946-1, pág. 1: GOZAÍNI. Derecho procesal civil, I. Buenos Aires,
¡992, pág 17: GUASP. Derecho procesal civil, 3a cd., Madrid. 1968, I, pág. 31: IBÁÑEZ DE
ALDECOA. Meditaciones sobre la cientijicidad dogmática del derecho procesal. Buenos Aires.
1954, pág. 21: KELSEN, Théorie pitre dti droit (trad. THÉVENAZ). Ncuchatcl. 1953. pág. 122:
LlEBMAN. Manuale di dirítto processuale chile. Milano, 1955. pág. 14; MONTERO AROCA-
ORTELES RAMOS-GÓMEZ COLOMER, Derecho jurisdiccional. Barcelona, 1989. 1. pág. 17. 2a
ed.; PALACIO. Derecho procesal civil, 1, pág. 7; PODETTI. "Trilogía estructural de la ciencia del
proceso civil"', en RDP, 1944-1, pág. 1 13; PRIETO CASTRO, Derecho procesal civil. Madrid.
1964. 1" parle, pág. 12: RAMOS MÉ"NDEZ. Derecho procesal civil. 3a ed., Barcelona, 1986, I.
pág. 3; Rocco, Derecho procesal civil (trad. F. DE J. TENA). México, 1944. pág. 110;
RUBIANES. Manual de derecho procesal penal. I. pág. 43.
EL DERECHO PROCESAL 11

ción y aplicación de normas jurídicas generales o individuales (AFTALIÓN y


VILANOVA). En esa línea de reflexiones, y sobre la base de las etapas más noto-
rias a través de las cuales se desenvuelve el proceso de individualización y con-
creción de normas jurídicas, ese derecho procesal en sentido amplio sería
susceptible de dividirse en: derecho procesal constitucional, derecho procesal
legislativo, derecho procesal administrativo y derecho procesal judicial.
Sólo este último, sin embargo, reviste suficiente autonomía como para
ser objeto de una disciplina independiente con relación a los diversos sectores
en que se divide el llamado derecho material. El estudio autónomo de los res-
tantes "procesos" precedentemente mencionados no podría intentarse sin ries-
go de mutilar, sin beneficios científicos apreciables, los derechos constitucio-
nal y administrativo. Corresponde observar, no obstante, que en algunos países,
como Italia y España, se viene propiciando desde hace algún tiempo la autono-
mía de ciertos procesos de carácter administrativo, particularmente del proceso
tributario.

2. EL DERECHO PROCESAL EN SENTIDO ESTRICTO

a) La disciplina que tradicionalmente se conoce bajo la denominación


de derecho procesal, estudia por un lado el conjunto de actividades que tienen
lugar cuando se somete a la decisión de un órgano judicial o arbitral la solución
de cierta categoría de conflictos jurídicos suscitados entre dos o más personas
(partes), o cuando se requiere la intervención de un órgano judicial para que
constituya, integre o acuerde eficacia a determinada relación o situación jurídi-
ca. Es éste, sin duda, el sector más importante del derecho procesal, y dentro
del cual, como se verá oportunamente, corresponde ubicar la idea de proceso en
sentido estricto.
Cuadra asimismo hablar, como se hizo precedentemente, de la actividad
que desarrollan los órganos judiciales y arbitrales, porque tanto por la similitud
extrínseca que presenta con el proceso judicial propiamente dicho, cuanto por
la índole de las pretensiones que pueden originarlo, no se justifica que el proce-
so arbitral quede al margen de un adecuado concepto del derecho procesal.
Tampoco es aceptable la asociación exclusiva de dicho concepto a la idea
de. jurisdicción —como es corriente en la doctrina—, pues ello comporta ex-
cluir de él a la actividad judicial desarrollada en los procesos llamados de juris-
dicción voluntaria, en los cuales, como se verá infra, n° 44, existe ejercicio de
función administrativa, y no jurisdiccional. Por lo demás, igualmente reviste
carácter administrativo gran parte de la actividad que los jueces y tribunales de
justicia despliegan en los procesos contenciosos (providencias de mero trámite).
12 NOCIONES PRELIMINARES
b) También forma parte del derecho procesal, aunque a título secunda-
rio, el estudio de numerosas actividades vinculadas con la organización y fun-
cionamiento interno de los órganos judiciales, cuyo objeto consiste en facilitar
el desarrollo de las actividades precedentemente mencionadas. Dentro de este
sector se encuentran comprendidas las diversas funciones de orden administra-
tivo y reglamentario conferidas a los tribunales de justicia (designación, remo-
ción, etc., de funcionarios y empleados; expedición de reglamentos, etc.).

3. CONTENIDO DEL DERECHO PROCESAL

a) Muchas son las materias que, no obstante interesar al derecho proce-


sal, pertenecen también a otros sectores del conocimiento jurídico. Son noto-
rias, por ejemplo, las interferencias de aquél con el derecho constitucional
(sistemas de designación de los jueces, delimitación de la competencia federal,
etc.) y con el derecho administrativo (nombramiento, situación, remoción, etc.,
de los funcionarios y empleados judiciales).

b) Asimismo, es fácil advertir la existencia de zonas comunes entre el


derecho procesal y el derecho material, como son, entre otras, las referentes a
las clases de acciones, a las pruebas y a la cosa juzgada. Esa circunstancia de-
terminó que se propusiera, porGoLDSCHMiDT, el reconocimiento de una catego-
ría jurídica intermedia entre ambos derechos, denominada Derecho Justicial
Material, dentro de la cual se incluirían las normas reguladoras de los presu-
puestos, contenido y efectos de la pretensión de tutela jurídica, cuya caracterís-
tica primordial estaría dada por el hecho de contemplar, no el "proceder" del
juez, que sería materia exclusiva del derecho procesal, sino el "cómo" de la de-
cisión judicial.

c) Pero aparte de que la experiencia jurídica no tolera fácilmente esa


discriminación, no parece razonable ni científicamente beneficioso restringir
en esa medida el contenido del derecho procesal, que resulta de tal manera re-
ducido ala condición de un mero derecho ritual, desconectado de gran parte de
los elementos que inciden en la etapa fundamental de la creación normativa,
como es la decisión.
De allí que resulte preferible una delimitación "extensiva" del derecho
procesal, pues tal criterio permite que aquél, aun compartiendo el estudio de
ciertas materias límites con otras disciplinas jurídicas, aporte a su respecto un
punto de vista propio, pero aprovechable para la teoría general del derecho.
EL DERECHO PROCESAL 13

d) En general, existe acuerdo doctrinario en asignar al derecho procesal


el estudio de las siguientes materias:
Io) Jurisdicción y competencia de los órganos judiciales, y régimen jurí-
dico a que se hallan sometidos los integrantes de estos últimos (facultades, debe-
res, etc., de los jueces y de sus auxiliares). Desde el mismo punto de vista orgánico,
también forma parte del derecho procesal lo concerniente a la capacidad, designa-
ción y recusación de los arbitros y amigables componedores.
2o) Régimen jurídico de las partes y peticionarios y de sus representantes
y asistentes. A este punto se halla vinculado el estudio de la pretensión procesal
y de la petición procesal extracontenciosa, que constituyen, respectivamente,
el objeto de los procesos contencioso y voluntario.
3o) Requisitos, contenido y efectos de los actos procesales y trámite del
proceso a través de los distintos procedimientos que lo integran.

4. LAS RAMAS DEL DERECHO PROCESAL.


EL DERECHO PROCESAL CIVIL

a) En el derecho positivo argentino sólo cabe reconocer a dos tipos de pro-


cesos judiciales —el civil y el penal— suficiente autonomía como para justificar la
existencia de sendas ramas del derecho procesal. Debe sin embargo repararse en
que tal autonomía no implica negar la coincidencia esencial que ofrecen el proceso
civil y el proceso penal en aspectos básicos referidos, entre otros, a los conceptos
de jurisdicción, acción, pretensión, sujetos y actos procesales, circunstancia
que legitimaría, pese a la contraposición existente entre algunos de los princi-
pios que informan a uno y otro proceso, la construcción de una teoría general.
Pero la variedad y diversificación que conforme a la legislación vigente exhi-
ben muchas de sus respectivas instituciones, tornan científicamente desaconse-
jable, una vez agotada la formulación de la base conceptual común, el
tratamiento conjunto de las mencionadas ramas del derecho procesal.

b) El derecho procesal civil se ocupa del estudio de todos aquellos pro-


cesos cuyo objeto consiste en una pretensión o petición fundada en el derecho
privado (civil y comercial). En nuestro país, sin embargo, es aún habitual in-
cluir en el marco de aquella disciplina al proceso laboral, pues no obstante la ín-
dole específica de los conflictos que en él se ventilan, la mayor parte de los
principios del proceso civil mantiene vigencia a su respecto. La misma refle-
xión cabe en relación con los procesos judiciales originados en pretensiones
fundadas en normas constitucionales, administrativas y tributarias.
14 NOCIONES PRELIMINARES

5. NATURALEZA Y CARACTERES DEL DERECHO PROCESAL

a) La doctrina acepta, corrientemente, la idea de que el derecho procesal


se halla emplazado en un ámbito secundario con relación al denominado dere-
cho sustancial o material. Se arguye, en apoyo de esa tesis, que las normas que
regulan el proceso carecen de un fin en sí mismas y constituyen sólo un medio
para lograr la realización de los intereses tutelados por las normas sustanciales.
Estas últimas serían, así, normas primarias, mientras que las normas procesa-
les serían normas-medio, instrumentales o secundarias.
CALAMANDREI resume esa concepción en los siguientes términos: "Se
comprende así lo que se quiere decir cuando, en contraposición al derecho sus-
tancial, el derecho procesal se encuentra calificado como instrumental o tam-
bién como formal: instrumental, en cuanto la observancia del derecho procesal
110 es fin en sí misma sino que sirve como medio para observar el derecho sus-
tancial; formal, en cuanto el derecho procesal no regula directamente el goce de
los bienes de la vida, sino que establece las formas de las actividades que deben
realizarse para obtener del Estado la garantía de aquel goce".
Pese a su indudable mérito didáctico, esta tesis es susceptible de numero-
sas objeciones. Entre ellas cabe mencionar las siguientes: Io) Las normas jurí-
dicas carecen, en rigor, definalidad,pues no son más que conceptos a través de
los cuales es posible interpretar una determinada realidad de conducta; 2o)
Aunque se aceptase la idea de que las normas procesales carecen de un fin en sí
mismas, cabría observar que lo mismo ocurre con las numerosísimas normas
mediante las cuales el llamado derecho sustancial o material establece, por
ejemplo, requisitos formales de los actos jurídicos. Tales normas —como la
que dispone, v.gr.. que deben ser hechos por escritura pública los contratos que
tuviesen por objeto la transmisión de bienes inmuebles en propiedad o usufruc-
to (Cód. Civ., art. 1184)— participarían del mismo carácter instrumental que la
doctrina mayoritaria asigna a las normas procesales, porque, igual que ellas,
tampoco regularían directamente "el goce de los bienes de la vida", sino que se
limitarían a establecer el medio adecuado para obtener ese goce (convertirse, en
el caso del ejemplo, en titular de los derechos que emergen del contrato); 3o) El
esquema normativo completo de que el juez se vale para dictar sentencia, se ha-
lla irremisiblemente integrado por disposiciones contenidas tanto en las leyes
procesales cuanto en las leyes sustanciales, pues unas y otras concurren, coor-
dinadas en un pie de igualdad, a acordar el sentido jurídico de la norma indivi-
dual en que aquélla consiste. A ello cabe añadir que, de la conducta observada
por las partes durante la sustanciación del proceso, y, por consiguiente, de las
normas procesales que sirven para interpretarla, depende, en definitiva, la apli-
cabilidad o inaplicabilidad de las correspondientes normas materiales.
EL DERECHO PROCESAL 15

De lo dicho se sigue que no existen razones válidas que justifiquen la pre-


tendida subordinación del derecho procesal al derecho material, yaque dentro
de los sectores de conducta a que respectivamente se refieren, tan "primario" es
uno como otro.

b) El derecho procesal constituye una rama autónoma de la ciencia jurí-


dica. Y ello no es así por razones contingentes y variables, según ocurre con
otros sectores del ordenamiento jurídico, sino porque opera dentro de un ámbi-
to de conductas fundamentalmente distinto del que conceptualizan ¡as normas
de derecho material. Aun sin recurrir a la tesis que explica la naturaleza jurídica
del proceso caracterizándolo como una relación jurídica independiente con res-
pecto a la relación de derecho material (infra, n° 24), la finalidad específica de
las actividades que en él se cumplen explica que los vínculos jurídicos que sur-
gen entre el juez y las partes, así como los requisitos y efectos de los actos pro-
cesales, se encuentren regidos por principios propios, ajenos a los del derecho
material. Así, por ejemplo, a diferencia de lo que ocurre en la esfera de los ne-
gocios jurídicos del derecho privado, el mínimo esquema formal necesario para
asegurar el rápido y expedito desenvolvimiento del proceso excluye la indaga:
ción de las motivaciones subjetivas que determinan el cumplimiento de los ac-
tos procesales; el principio de preclusión, fundado en razones de seguridad
jurídica, descarta la existencia de nulidades procesales absolutas, etcétera.

c) El derecho procesal pertenece al derecho público. No obsta a ello la


circunstancia de que los preceptos aplicables a las relaciones jurídicas que se
controvierten en el proceso civil correspondan, como regla, al derecho privado,
por cuanto la inclusión del derecho procesal dentro de aquel cuadro de las dis-
ciplinas jurídicas está dada por la posición preeminente que en el proceso asu-
me el Estado a través de sus órganos judiciales. Estos, en efecto, no se hallan al
nivel de las partes o de los terceros, sino por encima de ellos, a quienes pueden
imponer, unilateralinente, la observancia de determinadas conductas.
Consecuencia de este carácter del derecho procesal es que las partes no se
encuentren habilitadas para regular el desenvolvimiento del proceso de acuerdo
con su voluntad. Es inadmisible, en suma, e! proceso convencional: lo que no es
óbice, sin embargo, para que ciertas normas específicas (normas dispositivas),
acuerden a las partes la facultad de regular aspectos particulares del proceso
{infra, n° 7).
16 NOCIONES PRELIMINARES

§ //
2
LAS NORMAS PROCESALES

6. C O N C E P T O

a) Es sabido que las normas procesales no se encuentran ubicadas ex-


clusivamente en los códigos de procedimientos y en las leyes sobre organiza-
ción y competencia de los órganos judiciales. También las hay —y en número
considerable— en la Constitución Nacional, en los códigos de fondo a que se
refiere el art. 75, inc. 12 de dicha Constitución, y en los ordenamientos jurídi-
cos nacionales y provinciales de la más diversa índole. De allí que resulte ina-
propiado determinar la naturaleza procesal de una norma sobre la base de su
contingente ubicación legal, y que sea necesario, para ello, atender a otros cri-
terios.

b) La doctrina ha enunciado varios. CARNELUTTI, por ejemplo, divide a


las normas, desde el punto de vista de la finalidad a que sirven, en materiales e
instrumentales, y sostiene que mientras las primeras componen inmediatamen-
te un conflicto de intereses, imponiendo una obligación y atribuyendo even-
tualmente un derecho (subjetivo) (por ej.: "Si un fundo está rodeado por otros,
deberá dejarle paso a la vía pública el fundo colindante a través del que sea más
corto el acceso"), las segundas componen el conflicto mediatamente, atribu-
yendo un poder (de componerlo) e imponiendo correlativamente una sujeción
(v.gr.: "Si un fundo está rodeado por otros, el juez decidirá cómo haya de tener
acceso a la vía pública").
2
BARRIOS DE ANGEITS. Teoría del proceso, Buenos Aires. 1979. pág. 77; CALAMAN-
DREI, Instituciones. I. pág. 366; CARNELUTTI. Sistema. 1. págs. 57 y 87: CLARIA OLMEDO.
Derecho procesal, I. pág. 87: COSTA. Manuale di diritlo processuale civile. Torino, 1955, pág.
3; CHIOVENDA. Isiituzioni, I. págs. 60 y 74; DÍA?.. Instituciones de derecho procesal. I. pág.
51: GOLDSCHMIDT. "Derecho justicia! material", en RDP. 1946-1-1: GOZAÍNI. Derecho
procesal civil, I. pág 27; MOREL, Traite élémentaire de procédure civile. 2'' ed.. pág. 17;
MORELLI, Derecho procesal civil internacional (trad. SENTÍS MELBNDO). 1953: MOREU.O.
SOSA y BERIZONCE, Códigos procesales en lo civil y comercial de la Provincia de Buenos
Aires y de la Nación, comentados y anotados. 1982. 2a ed., 1. pág. 495: PALACIO, Derecho
procesal civil. I. pág. 28; Estudio de la reforma procesal civil v comercial (ley 22.434), pág.
13: PRIETO CASTRO. Derecho procesal civil. I, pág. 27: RAMOS MÉNDEZ, Derecho procesal
civil. I. pág. 24: RENGF.L ROMBERG. Tratado de derecho procesal civil venezolano. Caracas,
1992. I, pág. 221; ROSENBERG, Tratado de derecho procesal civil (trad. ROMERA VERA).
Buenos Aires. 1955. I. pág. 33; RUBIANES, Derecho procesal penal. I. pág. 89; SATTA, Diritto
processuale civile, 5a ed.. Padova. 1957, pág. 204; SCHONKE, Derecho pmccsat civil (trad. 5a
ed. alemana), Barcelona. 1950, pág. 20.
LAS NORMAS PROCESALES 17
Los ejemplos con que dicho autor ilustra su tesis constituyen, sin embar-
go, esquemas normativos incompletos, pues a poco que se medite acerca de las
posibilidades de conducta que encierran tales proposiciones se llega a la con-
clusión de que toda norma sería, al mismo tiempo, material e instrumental.
Piénsese, por ejemplo, que en el caso de ser demandado el propietario del fundo
colindante por incumplimiento de la obligación impuesta en la norma, surgirá
el poder del juez para componer el conflicto y la eventual sujeción del deman-
dado a lo que la sentencia decida. Y adviértase, asimismo, que en el supuesto de
la segunda norma el ejercicio del poder constituye, como el propio CARNELUTTI
lo reconoce, una obligación del juez, a la que corresponde un derecho de las
partes.
Por lo demás, el autor mencionado admite la existencia de normas instru-
mentales en el ámbito del derecho civil, según ocurre, por ejemplo, con la con-
tenida en el art. 1123 del Código Civil italiano (equivalente al 1197 del Cód.
Civ. argentino) que reconoce fuerza de ley al contrato, pues mediante ella se
atribuye a las partes un poder para componer intereses en conflicto; y sostiene,
finalmente, que no todas las normas procesales son instrumentales, pues no re-
visten tal carácter aquellas que instituyen obligaciones y derechos (subjetivos)
procesales, como sucede con la que impone al vencido la obligación de pagar
las costas del proceso, la que establece la obligación del testigo de narrar al juez
los hechos que conozca, etcétera, obligaciones de las que son correlativos el de-
recho del vencedor, el de la parte frente al testigo reticente, etcétera.
Ello demuestra que la idea de la instrumentalidad no es apta, por excesi-
vamente genérica, para determinar la naturaleza de ¡as normas procesales. Re-
cuérdese, asimismo, lo que se dijo supra, n° 5, acerca del carácter instrumental
que también revestirían las normas del derecho civil referentes a los requisitos
formales de los actos jurídicos.

c) Igualmente merece destacarse el intento de diferenciación emprendi-


do por James GOLDSCHMIDT, y posteriormente completado por Roberto GÜLDS-
CHMIDT. Parte de la existencia de un derecho justicial, al que se concibe como la
disciplina que tiene por objeto una relación jurídica constituida entre la justicia
estatal y los subditos y se divide en derecho justicial formal y material según
que, respectivamente, regule el proceder del juez o el cómo de la decisión judi-
cial. Las normas procesales se hallarían incluidas dentro de la primera catego-
ría, que sólo contempla el aspecto "formal" de aquella relación.
En la experiencia jurídica, sin embargo, resultan difícilmente escindibles
tales aspectos formal y material, por cuanto la mayor parte del "proceder" judi-
cial se exterioriza a través de decisiones. Es, en cambio, perfectamente posible
discernir entre el cómo y el qué de la decisión, y advertir, en consecuencia, que
18 NOCIONES PRELIMINARES

el primero corresponde íntegramente al derecho procesal. Por otra parle las


normas procesales concurren, con las llamadas materiales, a la determinación
del contenido de la decisión, bastando pensar, para demostrarlo, en el caso fre-
cuente del litigante que resulta vencido por no haber ofrecido su prueba dentro
del plazo, o por haber sido declarado negligente en su producción.

d) La complejidad de la experiencia jurídica descarta la posibilidad de for-


mular una distinción categórica desde el punto de vista del funcionamiento de las
normas. Pero atendiendo al contenido de ellas, pueden denominarse normas mate-
riales (en sentido estricto) a las que en razón de mentar el modo o los modos de ser
de la conducta preprocesal de las partes, son invocadas por éstas como fundamento
de sus pretensiones, peticiones o defensas. Constituyen normas procesales, en
cambio, aquellas que conceptualizan: Io) La clase de órganos habilitados para in-
tervenir en los procesos, su competencia y los derechos, deberes, etcétera, de las
personas físicas que los integran; 2o) La actuación de dichos órganos, de las partes
de los auxiliares de aquéllos y de éstas y de los terceros durante el desarrollo del
proceso, así como los requisitos y efectos de los actos procesales y el orden en que
éstos deben cumplirse; 3o) Cómo debe comportarse el órgano judicial (o arbitral),
en oportunidad de dictar la sentencia definitiva, para determinar el modo o los mo-
dos de ser de la relación o situación jurídica que motivó el proceso.
En consecuencia, mientras las normas materiales regulan normalmente el
qué de la decisión, o sea, el contenido de la sentencia, las normas procesales deter-
minan el quién y el cómo de dicho acto, comprendiendo, desde luego, a la acti-
vidad que lo precede. Pero tales consideraciones no excluyen, como se advirtió
más arriba, la necesaria incidencia que también tienen las normas procesales en
el contenido de la decisión.

7. CLASIFICACIÓN DE LAS NORMAS PROCESALES

a) Las normas procesales han sido clasificadas desde distintos puntos


de vista. Se distingue, por ejemplo, entre normas orgánicas y normas procesa-
les propiamente dichas, según que, respectivamente, regulen la organización y
competencia de los órganos judiciales o los actos del proceso y el desarrollo del
procedimiento. También entre normas procesales/bnno/ey y materiales: mien-
tras las primeras regulan las condiciones de forma, tiempo y lugar de los actos
procesales, las segundas determinan los requisitos de capacidad y legitimación,
el contenido y los efectos de esos actos.
LAS NORMAS PROCESALES 19
b) Mayor importancia práctica reviste la clasificación de las normas
procesales en absolutas (o necesarias) y dispositivas (u optativas o volunta-
rias).
Son normas absolutas aquellas que deben aplicarse siempre que concurra
el supuesto para el que han sido dictadas, de modo tal que el juez no puede pres-
cindir de ellas aunque las partes lo pidan de modo concordante. Participan de
este carácter, por ejemplo, las normas que determinan la competencia por razón
de la materia, del valor y del grado; las que establecen los requisitos de la de-
manda; las que prohiben la admisión de una prueba; etcétera.
Son normas dispositivas aquellas de cuya aplicación cabe prescindir, sea por
mediar acuerdo expreso de las partes en tal sentido, sea por la omisión consistente
en no poner de relieve su inobservancia. Ejemplo del primer caso es el art. 155 del
CPN, en cuya virtud "los plazos legales o judiciales son perentorios; podrán ser
prorrogados por acuerdo de partes con relación a actos procesales determina-
dos". Ejemplo del segundo caso es la prórroga de la competencia territorial, laque
se produce, entre otras hipótesis, cuando el demandado ante juez incompetente
contesta la demanda sin cuestionar la competencia (CPN, art. 2o).

c) En aquellos casos en que no existan disposiciones expresas, es desde


luego materia de interpretación determinar si una norma es absoluta o disposi-
tiva. Debe tenerse en cuenta, finalmente, que la inobservancia de normas abso-
lutas puede subsanarse en el supuesto de no plantearse la nulidad en el
momento oportuno, pues todas las nulidades procesales son relativas.

8. EFICACIA DE LAS NORMAS PROCESALES EN EL TIEMPO

La materia se halla reservada al arbitrio del legislador, con la sola limita-


ción derivada de la existencia de derechos adquiridos. En ausencia de normas
reguladoras del régimen intertemporal de las leyes procesales, corresponde for-
mular las siguientes distinciones:

Io) Una ley procesal nueva no puede válidamente, por lo pronto, aplicar-
se a aquellos procesos que, a la fecha de su entrada en vigencia, se encuentren
concluidos por sentencia firme. Lo contrario implicaría una manifiesta viola-
ción de la garantía constitucional de la propiedad (CN, art. 17). la cual es com-
prensiva de los derechos reconocidos mediante sentencia pasada en autoridad
de cosa juzgada.
20 NOCIONES PRELIMINARES

2o) Por el contrario, la nueva ley debe aplicarse a los procesos que se ini-
cien con posterioridad a su entrada en vigencia, prescindiendo del tiempo en
que se constituyeron las relaciones jurídicas sobre que ellos versen. Si, por
ejemplo, una ley modifica, respecto de una determinada relación jurídica, el
tipo de proceso judicial existente a la fecha en que aquélla se constituyó (como
ocurriría si se sustituyese !a vía sumaria por la ordinaria o viceversa), las partes
no podrían invocar el derecho de ser juzgadas de acuerdo con las reglas del tipo
de proceso sustituido.
La doctrina no es uniforme, en cambio, con respecto a la aplicabilidad de
las normas que regulan la admisibilidad de la prueba. El problema consiste en
determinar qué norma debe aplicarse en el proceso cuando, por ejemplo, ha-
llándose vigente al tiempo de celebrarse un contrato una norma que permite
acreditarlo por cualquier medio de prueba, se sanciona con posterioridad otra
norma que sólo autoriza la utilización de determinado elemento probatorio.
CHIOVENDA entiende que corresponde aplicar la norma vigente en el mo-
mento en que la prueba debe producirse, pues sólo ella puede determinar, en ra-
zón de su índole procesal, el medio idóneo para formar la actual convicción del
juez (en el mismo sentido, COSTA y JOFRÉ). La tesis contraria parece, sin embar-
go, más justa y acorde con la seguridad jurídica, por cuanto las mayores o me-
nores precauciones que las partes adoptan al celebrar un acto jurídico depen-
den, como es lógico, de los elementos probatorios de que podrían valerse en ese
momento (SATTA, PÜDETTI, ALSINA, etc.).

3o) Los procesos en trámite pueden ser alcanzados por la ley nueva siem-
pre que ello no importe afectar a los actos procesales cumplidos, y que han
quedado firmes bajo la vigencia de la ley anterior. Si la nueva ley, por ejemplo,
suprime un recurso, ella puede aplicarse al proceso pendiente en el cual, si bien
el recurso ya ha sido interpuesto, no existe providencia judicial que lo haya
concedido. La aplicación de la nueva ley a los actos procesales cumplidos afec-
taría el principio de precltisión (infra, n° 30), comprometiendo incluso la garan-
tía constitucional de la propiedad.
El principio enunciado es aplicable tanto a las leyes que rigen al procedi-
miento propiamente dicho, como a las leyes modificatorias de la jurisdicción y
competencia de los órganos judiciales.
En las llamadas "disposiciones transitorias", las leyes procesales suelen
disponer que ellas se aplicarán a todos los asuntos que en lo sucesivo se pro-
muevan y a los pendientes con excepción de los trámites, diligencias y plazos
que hubieran tenido principio de ejecución o comenzado a correr (v.gr. CPN,
art. 812). Consagran, de tal manera, una regla coincidente con el criterio prece-
dentemente enunciado, pues no cabe hablar de principio de ejecución si no
LAS NORMAS PROCESALES 21

existe una providencia firme o consentida que constituya el punto de partida de


un determinado trámite.

9. EFICACIA DE LAS NORMAS PROCESALES EN EL ESPACIO

a) Las normas procesales se hallan sujetas al llamado principio de la te-


rritorialidad de la ley. Sólo tienen vigencia, por lo tanto, dentro del ámbito
territorial del Estado que las dictó, y se aplican tanto a los procesos íntegramen-
te tramitados ante los órganos judiciales de ese Estado cuanto a las diligencias
procesales particulares cumplidas por aquéllos a requerimiento de órganos ju-
diciales extranjeros.
PODETTI expresa, explicando el fundamento de tal principio en materia pro-
cesal, que "siendo la función judicial una de las tres potestades del gobierno, o sea
el ejercicio de uno de los poderes del Estado, es natural que la organización, la
competencia y el procedimiento mediante los cuales se ejerce esta función sean de-
terminados por las leyes nacionales para todos quienes habiten el país".

b) Se rigen por la lexfori, en consecuencia, la organización y competen-


cia de los órganos judiciales y los diversos actos mediante los cuales se consti-
tuye, desarrolla y extingue el proceso. El principio reconoce, sin embargo, las
siguientes excepciones: 1°) En materia de capacidad de las partes el Cód. Civ.,
cuyas disposiciones son aplicables a la capacidad para estar en juicio, consagra
el principio de que la capacidad o incapacidad de las personas domiciliadas
fuera del territorio de la República será juzgada por las leyes de su respectivo
domicilio, aun cuando se trate de actos ejecutados o de bienes existentes en la
República (art. 7o); 2o) Tanto las formas del mandato, como el alcance de las fa-
cultades que él confiere, se rigen por la ley del lugar de su otorgamiento (locus
regit actiuri) (Cód. Civ., art. 12); 3o) En cuanto a la prueba, es menester distin-
guir la admisibilidad de los medios de prueba, del procedimiento probatorio. El
primer aspecto se halla regido por las normas vigentes en el lugar en que se lle-
vó a cabo el acto (lex loci actus). Tal es la solución admitida por el Cód. Civ.
con respecto a la forma de los actos jurídicos y de los contratos (arts. 12, 950,
1180 y 1 181), y que debe considerarse extensiva a los medios de prueba en ra-
zón de la íntima conexión práctica existente entre la forma y la prueba de los ac-
tos jurídicos. Concordantemente, el art. 2o del Tratado de derecho procesal de
Montevideo de 1888, celebrado entre la República Argentina, Bolivia, Para-
guay, Perú y Uruguay (ratificado por ley 3192), así como el suscripto en la mis-
ma ciudad en 1940 (aprobado por el decreto ley 7771/56) disponen que "las
pruebas se admitirán y apreciarán según la ley a que esté sujeto el acto jurídico,
materia del proceso. Se exceptúa el género de pruebas que por su naturaleza no
22 NOCIONES PRELIMINARES

autorice la ley del lugar en que se sigue el juicio". El procedimiento probatorio,


en cambio, se rige por la lexforí, de modo que, por ejemplo, si la ley del lugar
en el cual se celebró el acto jurídico admite que éste se pruebe por medio de tes-
tigos, el juez que entiende en el correspondiente proceso debe atenerse a dicha
ley aun en el caso de que las normas locales descarten la admisibilidad del re-
ferido medio probatorio, pero debe aplicar esas normas en cuanto regulan los
requisitos de lugar, tiempo y forma a que se hallan sujetos el ofrecimiento y la
producción de la prueba testimonial.

c) En lo que respecta a la aplicación de las leyes extranjeras, cabe re-


cordar que sólo puede tener lugar a solicitud de parte interesada, quien debe
además probar su existencia en la forma que se verá oportunamente (infra, n°
193)(Cód.Civ.,art. 13).

d) En materia de oficios entre jueces de la República, se hallan en prin-


cipio regidos por la lexforí los requisitos de tiempo, lugar y forma de los actos
procesales cuyo cumplimiento se delega a través de aquel medio de comunica-
ción. No así los requisitos atinentes a la admisibilidad intrínseca y eventual va-
loración de dichos actos, que están sujetos a la ley procesal del lugar donde
tramita el juicio, salvo que contraríen manifiestamente el orden público local.
Tales conclusiones han sido expresamente recogidas por el convenio celebrado
entre la Nación y la provincia de Santa Fe con fecha 19 de octubre de 1979
(aprobado por ley 22.172), y al cual se han adherido las restantes provincias,
cuyo art. 2° dice: "La ley del lugar del tribunal al que se remite el oficio rige su
tramitación, salvo que en éste se determine expresamente la forma de practicar
la diligencia, con transcripción de la disposición legal en que se funda. En caso
de colisión de normas el tribunal al que se dirige el oficio resolverá la legisla-
ción a aplicar y la diligenciará". El art. 4° de dicho convenio establece, asimis-
mo, que "el tribunal al que se dirige el oficio examinará sus formas y sin juzgar
sobre la procedencia de las medidas solicitadas, se limitará a darle cumplimien-
to, dictando las resoluciones necesarias para su total ejecución. El tribunal que
interviene en el diligenciamiento del oficio no dará curso a aquellas medidas
que de un modo manifiesto violen el orden público local. No podrá discutirse
ante el tribunal al que se dirige el oficio la procedencia de las medidas solicita-
das, ni plantearse cuestión de ninguna naturaleza (v.gr. negligencia en la pro-
ducción de la prueba). Las de competencia, sólo podrán deducirse ante el
tribunal oficiante".
CAPÍTULO II

HISTORIA Y FUENTES

SUMARIO: 1. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO Y DE LA LEGISLACIÓN PROCE-


SAL CIVIL: 10. El proceso civil romano.— 11. El proceso germánico.— 12. El proceso
común.— 13. Formación del proceso civil contemporáneo.— 14. Evolución de la legis-
lación procesal argentina.— II. LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL:
15. Concepto y clases.— 16. La Constitución.— 17. Las leyes procesales.— 18. Los re-
glamentos y acordadas judiciales.— 19. La costumbre.— 20. La jurisprudencia.— 21.
La doctrina.

§ /

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO


Y DE LA LEGISLACIÓN PROCESAL CIVIL '

10. EL PROCESO CIVIL ROMANO

a) El proceso civil atravesó en Roma por dos grandes períodos: el del


ordo iudiciorum privatorwn (desde los orígenes hasta el siglo m de nuestra era)

:
' Al.SINA. Tratado. 1, pág. 140; AMBROSIONI. "El proceso romano", en Anales de la Fac.
de C. Jar y Soc. ele La Plata, XX11-1963, pág. 7; ARRUDA ALVIM, Manual, 1. pág. 11;
BRUNNER. Historia del derecho germano. Labor; BONIFACIO, Studi sul processo formulare
romano (Traslatio judicii), Napoli. 1956; CARREUJ, ÍM genesi del proceso formulare. Milano,
1946: CASTRO, Prontuario ele práctica forense freed. facsimilar. 1945); CUENCA, Proceso civil
romano. 1957; CHIOVENDA, "Romanismo y germanismo en el proceso civil", en Ensayos ele
derecho procesal civil (trad. SENTÍS MELENDO), I, pág. 301; DE FRANCISCI. Swría del diriito
romano. Milano, 1943, I, pág. 348: Dfivis ECHANDÍA. "Nociones generales de derecho procesal
civil, pág. 15; ESMEIN, Cours élémentaire d'histoire du droit francaise, pág. 98; GUASP.
Derecho procesal civil. I, pág. 7; GOLDSCHMlDT, Derecho procesal civil, pág 10: IBÁNEZ
24 HISTORIA Y FUENTES

y el de la extraordinaria cognitio (desde el siglo ni hasta el final). Dentro del


primero, sin embargo, es menester diferenciar dos épocas: la de las legis actio-
nes (que se prolonga hasta la mitad del siglo 11 a. J.C.), y la del procedimiento
formulario. Característica común a ambas épocas es la división del procedi-
miento en dos etapas: injure y apud indican o in indicio. La primera tiene lugar
ante un magistrado que ejerce los poderes inherentes a la jurisdicción, pero ca-
rece de facultades decisorias, y la segunda ante un juez privado (iudex unas),
que es designado por las partes de común acuerdo y a quien incumbe la facultad
de resolver la controversia, aunque carece del imperium necesario para hacer
cumplir su decisión.

b) Las legis actiones son fórmulas orales solemnes y gestos simbólicos


que deben pronunciarse y cumplirse con estricta sujeción a los términos utiliza-
dos por la ley. Según GAYO, las acciones de la ley son cinco: sacramentum, iu-
dicis postulado, condictio, manus iniectio y pignoris capio. Mediante las tres
primeras el reclamante persigue el reconocimiento del derecho invocado, y se
hallan comprendidas en el ámbito de lo que actualmente se denomina proceso
de conocimiento. Las dos últimas son pretensiones ejecutivas que pueden ejer-
cerse cuando el actor obtiene una sentencia a su favor o una confesión del de-
mandado ante el magistrado.
En el sistema de las legis actiones la instancia in utre se cierra con la litis
contestatio, que es el acto mediante el cual, a través del trueque de las fórmulas
orales quedan determinados, en presencia de testigos (de ahí el nombre), los lími-
tes y el estado de la cuestión litigiosa que ha de someterse al iudex. En sus dos eta-
pas el procedimiento es, durante este período histórico, exclusivamente oral.

c) Ciertas circunstancias —entre las que suelen señalarse los inconve-


nientes de todo orden que provocaba el excesivo formalismo de las legis actio-
nes y el riesgo que representaba el hecho de que los testigos presenciales de la
litis contestatio no estuviesen en condiciones de referir fielmente al juez lo ocu-
rrido ante el magistrado— determinan la promulgación de la ley Aebatia (130
a. J.C.), la cual, de acuerdo con el sistema utilizado por el pretor peregrino en
los litigios suscitados entre extranjeros, autoriza el uso de una instrucción es-
crita (fórmula) librada por el magistrado al iudex a los fines de la ulterior trami-
tación y decisión de la causa, aunque dejando al ciudadano opción entre este

FROCHAM. ¡M organización judicial argentina: Joi-'RÉ. Manual de procedimiento. 5a ed.. 1941.


I, pág. 51: Ors CAPDLQUI. Manual de historia del derecho español en las Indias. 1946:
PKlirro CASTRO. Derecho Procesal Civil. 1. pág. 38: Roctü. Derecho Procesal Civil (trad. F.
Di: J. TENA). México. 1944. pág. 131; RoSHNBKRfi. Trotado de derecho procesal civil. I, pág.
14; SciALOJA. Procedimiento civil romano (trad. SUNTÍs MELENDO).
EVOLUCIÓN HISTÓRICA 25

sistema y el de las legis actiones. Posteriormente la Lex.Julia iudiciorum priva-


tonun (probablemente de la época de Augusto), suprime definitivamente el sis-
tema de las antiguas acciones y consagra la vigencia exclusiva del procedimiento
formulario, que coincide con la época de oro del derecho romano.
La fórmula constituye una instrucción escrita mediante la cual el magis-
trado designa al juez y fija los elementos que deben ser tenidos en cuenta por
éste al dictar sentencia, esto es: el derecho invocado por el actor, el objeto liti-
gioso y las defensas del demandado. Contiene, por lo tanto, el "programa pro-
cesal", y con su otorgamiento por el magistrado al actor (actionem clare), su en-
trega por éste al demandado (actionem cederé) y su aceptación por este último
(actionem accipere), se verifica el tránsito de una a otra etapa del proceso.
Consta la fórmula de partes principales (ordinarias) y accesorias (ex-
traordinarias). Las primeras son, según las Instituciones de GAYO: IO) La de-
monstrado, que contiene la enunciación de los hechos que motivan el litigio y
a veces se encuentra implícita en la intentio; 2o) La intentio, que condensa la
pretensión del demandante; 3o) La adiudicatio, que sólo se encuentra en las lla-
madas acciones divisorias y persigue la atribución a una de las partes en propie-
dad de lo que correspondía indivisamente a varias; 4o) La condemnatio, que au-
toriza al juez a condenar o absolver de acuerdo con el resultado de la prueba.
Son partes accesorias de la fórmula Yápraescriptio, que se antepone a ella
y tiene por objeto limitar su contenido, y la exceptio, que constituye una salve-
dad incluida a favor del demandado y condiciona la condena ("si es verdad esto
[intentio], y siempre que no sea verdad también esto otro [exceptio\, condena").
El proceso, que se inicia mediante una citación personal (in ius vocatio)
y cuya desatención, por parte del demandado, faculta en los primeros tiempos
al actor para obtener la comparecencia forzosa (obtorto eolio) y autoriza luego
a colocarlo en posesión de los bienes del demandado (missio in possessionem),
puede concluir sin entrarse en la etapa in indicio, sea porque el pretor, en razón
de faltar algún presupuesto procesal, rehuse autorizar el litigio (denegatio ac-
tioiüs) o porque el demandado se allane a la pretensión del actor mediante la
confessio in iure, que produce efectos equivalentes a los de la cosa juzgada.
En la etapa in indicio, al pronunciamiento de la sentencia precede una ex-
posición de las partes sobre los hechos controvertidos (perorationes) y la prác-
tica de la prueba, cuyo resultado valora el juez de acuerdo con su libre convic-
ción. Al actor incumbe la carga de probar los hechos por él afirmados en la
intentio (actori incumhit probatio) y al excepcionante la de los hechos en que
funda sus excepciones (reus in exceptione actor est). No caben recursos contra
la sentencia, pero sí la acción de nulidad y la restitutio in integrum. En el caso
de que el vencido no cumpla voluntariamente la sentencia, debe pedirse su eje-
cución al magistrado, mediante el ejercicio de la actio iudicati.
26 HISTORIA Y FUENTES

d) La escisión del procedimiento en dos etapas, propia de los sistemas


precedentemente descriptos, desaparece con la implantación, probablemente
por obra de Diocleciano, de la extraordinaria cognitio o sistema extraordinario,
que se había aplicado paralelamente con aquéllos en la jurisdicción administra-
tiva y en virtud del cual el proceso se sustancia en su totalidad y se resuelve por
un magistrado único, que ya no es un juez privado sino un funcionario estatal.
Durante la vigencia de este sistema la demanda se presenta por escrito
(conventionis), el demandado es oficialmente citado a comparecer y debe con-
testar a la demanda también por escrito (libelhim contradictionis). La litis con-
testatio subsiste nominalmente, pues pierde el sentido contractual que tenía en
los sistemas precedentes. El impulso de parte se sustituye por el impulso ofi-
cial, la prueba adquiere mayor formalismo y sufren un pronunciado debilita-
miento los principios de oralidad y publicidad. La sentencia, que se extiende
por escrito, es impugnable mediante hxappclatio y por recursos extraordinarios
(snpplicatio y restitutio in integrum).

11. EL PROCESO GERMÁNICO

a) En los pueblos germanos el proceso se halla configurado como una


lucha entre partes y tiene lugar ante las asambleas populares, en las cuales resi-
de el poder jurisdiccional, limitándose la función del juez a dirigir formal mente
el debate y a proclamar o "promulgar" la sentencia dictada a propuesta de una
comisión de miembros peritos en derecho, en los primeros tiempos, y de jueces
permanentes especiales (scabini) durante el denominado período franco (siglos
v a xa de nuestra era).
El proceso se desarrolla, a grandes rasgos, de la siguiente manera: citado
el demandado por el propio demandante (mannitio) y constituido el tribunal, se
interpone la demanda mediante la utilización de palabras exactamente pres-
criptas e invocación a la divinidad, debiendo el demandado contestarla, sea
allanándose o negándola en su totalidad. En el segundo caso, la asamblea dicta
la denominada sentencia probatoria, mediante la cual se coloca al demandado
en la alternativa de justificarse, probando la sinrazón de la demanda, o de satis-
facer la pretensión del actor. De allí que la prueba, en tanto comporta un ofre-
cimiento formulado al adversario para demostrarle que carece de razón, reviste
dos caracteres fundamentales, a saber: Io) se dirige al adversario, y no al tribu-
nal; 2o) configura un beneficio, no una carga, que corresponde ordinariamente
al sujeto atacado, o sea al demandado.
Las pruebas, que no tienen por objeto formar la convicción judicial sino
provocar el juicio de la divinidad, se reducen, esencialmente, al juramento de
EVOLUCIÓN HISTÓRICA 27

purificación prestado por lo común con conjuradores, que son miembros de la


misma tribu que declaran sobre la credibilidad que merece el demandado, y a
los juicios de Dios (pruebas de fuego o hierro candente, agua fría, ordalías alea-
torias y duelo), consistentes en diversas experiencias en cuyo resultado se cree
descubrir la intervención divina.
La sentencia —cuyos efectos, dada la forma pública en que es acordada,
alcanzan no sólo a los contendientes, sino a todos los presentes en la asam-
blea— es susceptible de ejecución privada, mediante apoderamiento particular
de bienes o prenda extrajudicial.

b) En los períodos franco (siglo v a xu de nuestra era) y feudal (siglo xn


hasta la recepción de los derechos extranjeros) subsisten numerosos aspectos
de ese proceso, pero aparecen importantes innovaciones, tales como una mayor
injerencia del órgano jurisdiccional, tanto en la etapa de conocimiento como en
la de ejecución, la citación oficial del demandado, la admisión de la prueba do-
cumental y de testigos, la atenuación de las ordalías, etcétera.

12. EL PROCESO COMÚN

a) A raíz de la invasión de los bárbaros penetra en Italia el derecho ger-


mánico, que desplaza al derecho romano de la época imperial en la medida en
que se extiende y consolida el dominio longobardo. Pero a partir del siglo xi co-
mienza a operarse un resurgimiento cada vez más intenso del proceso romano,
fenómeno que obedece, fundamentalmente, a la subsistencia del derecho roma-
no en importantes regiones de la península, al reflorecimiento del estudio de las
fuentes romanas por obra de la escuela jurídica de Boloña, a las exigencias del
tráfico mercantil y a la extensión cada vez mayor de la jurisdicción de la Iglesia,
que se valía de un procedimiento judicial esencialmente modelado sobre el tipo
romano.
No se retorna, sin embargo, al proceso romano puro u originario, sino que
comienza a desenvolverse un tipo especial de proceso —denominado proceso
común, romano-canónico o ítalo-canónico— que es el resultado de la infiltra-
ción de elementos germánicos en el proceso romano. Tal infiltración respondió
entre otras, a las siguientes circunstancias: Io) Los glosadores, post-glosadores,
comentadores y prácticos que sucesivamente trabajaron, entre los siglos xm y
xiv, en la elaboración científica del proceso romano, no pudieron substraerse a
la influencia del proceso vigente en su época, que era de raíz sustancialmente
germánica, y se encontraron a menudo predispuestos a desinterpretar los textos
romanos, de suyo difíciles, tratando de adaptarlos a instituciones procesales
28 HISTORIA Y FUENTES

que les eran familiares y se hallaban excesivamente arraigadas en las costum-


bres de entonces; 2°) El derecho canónico, no obstante hallarse estructurado so-
bre bases esencialmente romanas, había receptado numerosas instituciones del
derecho germánico; 3o) El elemento germánico era generalmente el dominante
en las instituciones procesales reguladas por los estatutos de los municipios y
por las constituciones de los príncipes.

b) El proceso común —así llamado porque regía en cuanto no lo dero-


gasen leyes especiales escritas— se halla dominado por el principio del orden
consecutivo, o sea por la división del procedimiento en diversas etapas o esta-
dios, destinado cada uno de ellos al cumplimiento de un acto procesal o serie de
actos semejantes. A la demanda del actor, que debe formularse por escrito, el
demandado puede oponer defensas previas (terminas ad atunes diliatorias et
declinatorias proponendas), que son examinadas en un estadio anterior a la dis-
cusión sobre el fondo del asunto, e invocar después las restantes excepciones
posibles en oportunidad de contestar la demanda. Con posterioridad a la litis
contestatio (que carece del sentido que tenía en el proceso romano clásico) se
presta el juramento de malicia, que persigue el doble objeto de certificar la bue-
na fe del litigante y de fijarlos términos del litigio. Sigue a ella—precedida por
la práctica de la confesión mediante absolución de posiciones— el diligencia-
miento de la prueba, que se halla sometida a rigurosas reglas en cuanto a su cla-
se y valoración. Recibidas las pruebas, y luego de plantear las partes sus
últimas alegaciones (terniinus ad conclitdendwn), el juez cita a aquéllas para
sentencia (chatio ad sententiam), que es dictada en forma pública y oral, pro-
cediendo contra ella la apellatio en caso de considerársela injusta y la querella
nulliuitis en el supuesto de objetársela por razones formales, sin perjuicio de
los recursos extraordinarios (restitutio in integruin, sitpplicatio ad principan,
revisio). Debe destacarse finalmente que este proceso, en virtud de la costum-
bre de documentar todas las actuaciones en él producidas, termina por conver-
tirse en un proceso exclusivamente escrito.
Observa CHIOVENDA que si bien los principios fundamentales que domi-
nan el proceso común —como los referentes al objeto de la prueba y a la sen-
tencia— son de origen romano, la influencia germánica se advierte en numero-
sas instituciones, algunas de las cuales han pasado al derecho moderno, como
son, por ejemplo, la querella nitllitatis (origen del recurso de casación), la prueba
legal (entendida como conjunto de normas vinculantes de la convicción judi-
cial), la división del proceso en dos estadios, antes y después de la contestación
de la litis, y la división del procedimiento en una serie de fases preclusivas.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA 29
c) La excesiva lentitud que fue adquiriendo el proceso común determina
la introducción, por la Clementina Saepe continget (1306), de un tipo de proce-
so sumario indeterminado, en el cual rigen los principios de concentración y
oralidad y se amplían los poderes de dirección del juez. Junto a él surgen otros
procesos determinados y especiales, que constituyen el origen de los actuales
procesos de ejecución.

13. FORMACIÓN DEL PROCESO CIVIL CONTEMPORÁNEO

A partir del siglo xiv el proceso común pasa de Italia a los demás países
de la Europa continental, a raíz del llamado "fenómeno de la recepción".
La adaptación de ese tipo de proceso, y sus modificaciones posteriores,
se operan de distinta manera en cada país. En Alemania se arraiga notablemen-
te en los territorios meridionales y occidentales, en los que alcanza vigencia el
llamado proceso cameral, que es tributario de los defectos e inconvenientes
más acentuados del proceso ítalo-canónico; mientras que es resistido en el nor-
te del país, por obra de la escuela sajona. Pero a partir de la sanción del Corpus
inris fridericianiini (1681) se inicia un movimiento reformador tendiente a la
simplificación del proceso.
En España la recepción del proceso común se produce a partir de la baja
Edad Media, siendo sus principios recogidos en !a tercera de las Siete Partidas
de Alfonso el Sabio (1258). Durante la Edad Moderna, los ordenamientos pro-
cesales que se suceden se mantienen fieles a aquel tipo de proceso. Tal lo que
ocurre con el Ordenamiento de Montalvo (1480), las Ordenanzas de Madrid
(1499), las Leyes de Toro (1505), la Nueva Recopilación (1567) y la Novísima
Recopilación (1805).
En Francia también tiene lugar la recepción del derecho común (particu-
larmente en la zona meridional), pero por obra de los Parlamentos, especial-
mente el de París, se desenvuelve un tipo especial de proceso que si bien reco-
noce bases romano-canónicas, con influencia de elementos consuetudinarios
germánicos, ofrece características que lo diferencian del proceso vigente en el
resto de Europa. Las costumbres judiciales de los Parlamentos, que son recogi-
das y sistematizadas por la doctrina, constituyen el punto de partida de la inten-
sa actividad legislativa llevada posteriormente acabo por las Ordenanzas reales re-
ferentes a la administración de justicia, como las de 1539 (Villers-Cotteréts),
1566 (Moulins), 1579 (Blois). que culminan con la famosa Ordo/manee civile
de Luis XIV (1667) y las que luego dicta Luis XV en 1737 y 1738.
Producida la Revolución se intenta, mediante diversas leyes, una trans-
formación radical de la justicia y del proceso. Pero la reforma fracasa en la
30 HISTORIA Y FUENTES

práctica y el Consulado, por ordenanza del 18 fructidor del año 1800, restable-
ce la de 1677, cuyas disposiciones se caracterizan por la sencillez que impri-
men al procedimiento y por la consagración de los principios de oralidad y pu-
blicidad. Es sobre la base de esta ordenanza que se redacta el proyecto de lo que
llega a ser el Cade de pmcédure civile, que entra en vigor el Io de enero de
1807. Este ordenamiento fue objeto de diversas reformas parciales, particular-
mente en 1971, 1972, 1973, 1975 y 1981, posteriormente integradas en un Nou-
veau Code de Pmcédure Civile que mantiene, en lo fundamental, el sistema del
código de 1807.
Dicho código estuvo vigente en muchas partes de Italia durante la ocupa-
ción francesa, y fue tomado como modelo por los códigos que se dictaron con
posterioridad a la restauración, como los de Ñapóles (1819), Módena (1852) y
los sardos de 1854 y 1859. Proclamado el Reino de Italia, se promulga el Códi-
go de Procedimiento Civil de 1865, que responde sustancialmente a los princi-
pios del código francés. Luego de diversas tentativas de reforma, una comisión
integrada por el ministro de justicia DIÑO GRANDI, los profesores CARNELUTTI,
REDENTI y CALAMANDREI y el magistrado de la Corte de Casación LEOPOLDO
CONFORTI, redactó un proyecto que dio lugar a la sanción, en 1940, del nuevo
Códice di procedura civile, en vigor desde i942, y luego parcialmente modifi-
cado en 1950, 1955 y 1990.
También fue decisiva la influencia del código francés en la elaboración
de la legislación procesal alemana del siglo xix. Tal ocurrió con el reglamento
procesal civil de Hannover (1850) y con las ordenanzas posteriores de Badén
(1864) y Wütemberg (1868). La misma influencia se advierte en la Zivilprozes-
sordnuní> de 1877, que todavía constituye la base del derecho procesal civil vi-
gente en Alemania. Esta ley influye en la redacción de la Ordenanza austríaca
de 1895 (obra de FRANZ KLEIN), y ambas en numerosas leyes procesales euro-
peas (Dinamarca, Suecia, Noruega, Hungría, etc.).
A partir de la Constitución de 1812 se sancionan en España diversos or-
denamientos procesales destinados a sustituir a las antiguas leyes. La codifica-
ción íntegra se concreta recién con la sanción de la Ley de Enjuiciamiento Civil
de 1855. que fue posteriormente sustituida por la ley del mismo nombre de
1881. El sistema de ambos ordenamientos respondió, en lo esencial, al del pro-
ceso común, y se mantuvo por consiguiente fiel a una tradición de la que pudo
sustraerse la restante legislación procesal europea.
Si bien, por último, la Ley de Enjuiciamiento Civil fue parcialmente mo-
dificada en 1984 y no instituyó nuevos tipos de procesos informados por el
principio de oralidad. el nuevo ordenamiento introdujo diversas medidas enca-
minadas a dotar de mayor celeridad al procedimiento y a estructurar una admi-
nistración de justicia menos formalista en cuanto, fundamentalmente, redujo
EVOLUCIÓN HISTÓRICA 31

los plazos, estimuló la autocomposición. amplió el ámbito de los procesos pie-


nanos rápidos, introdujo la audiencia preliminar y reformó la casación con sen-
tido antiformalista.

14. EVOLUCIÓN DE-: LA LEGISLACIÓN PROCESAL ARGENTINA

a) A partir del descubrimiento se aplica en América, a través de las lla-


madas leyes de Indias, la legislación procesal vigente en España. La necesidad
de ordenar el profuso material normativo acumulado durante la época colonial
determina que. en el año 1680, se promulgue la llamada Recopilación de In-
dias, que dedica el libro segundo a la justicia y establece el orden de prelación
de las leyes que debían regir en América (I o , cédulas, provisiones u ordenanzas
dadas y no revocadas para las Indias; 2o, leyes españolas desde el ordenamiento
de Alcalá de 1348 hasta la Nueva Recopilación de 1567, debiendo ser resueltas
las cuestiones no previstas por esas leyes mediante aplicación del Fuero Real,
los fueros municipales, el Fuero Juzgo y las Leyes de Partidas).
La administración de justicia se halla distribuida, durante la época colo-
nial, entre los siguientes órganos:

Io) La justicia de primera instancia es administrada, en lo civil y crimi-


nal, por dos alcaldes ordinarios (de primero y segundo voto), que son designa-
dos por el Cabildo y duran un año en el ejercicio de sus funciones. Junto a ellos
existen los alcaldes de Hermandad, que ejercen funciones de carácter policial
en la campaña.

2o) Los gobernadores, aparte de presidir los Cabildos y de ejercer funcio-


nes políticas y administrativas dentro de sus provincias, tienen competencia
para conocer en grado de apelación de las resoluciones de los alcaldes ordina-
rios. En los últimos años de la Colonia esa competencia se transfiere al gober-
nador intendente.

3o) Son tribunales superiores de justicia de la Colonia las Reales Audien-


cias, que conocen en tercera instancia de las apelaciones deducidas contra los
fallos que dictan los gobernadores o intendentes u otros jueces en todo el terri-
torio de su jurisdicción. Además de esa competencia apelada la tienen también
originaria en los denominados "casos de Corte", que están dados por la índole
de ciertos delitos (muerte segura, mujer forzada, camino quebrantado, alevosía,
traición, etc.), por la calidad de las personas intervinientes en los juicios (plei-
tos contra corregidor o alcalde ordinario) o por circunstancias que implican una
32 HISTORIA Y FUENTES

inferioridad en la posibilidad de defensa (procesos de menores, viudas, iglesias


y comunidades).
La Real Audiencia de Buenos Aires fue creada por Real Cédula del 2 de
noviembre de 1661, suprimida en 1671 y restablecida el 14 de abril de 1783. Se
le acordó competencia territorial en las provincias del Río de la Plata, Para-
guay, Tucumán y Cuyo y estaba compuesta, aparte de otros funcionarios de me-
nor jerarquía, por el virrey como presidente, un regente, cuatro oidores (que
eran los verdaderos jueces de esos tribunales) y un fiscal.

4o) Con el propósito de lograr "la más breve y fácil administración de


justicia en los pleitos mercantiles" y proveer '"lo más conveniente al bien y
prosperidad del comercio", la Real Cédula del 30 de enero de 1704 crea el Real
Consulado de Buenos Aires. Se lo integra con un prior, dos cónsules, nueve
conciliarios, un síndico, un secretario, un contador y un tesorero y se lo divide
en dos secciones: el Tribunal del Consulado, a quien se halla confiada la admi-
nistración de justicia en los pleitos suscitados entre comerciantes, y funciona
con el prior y dos cónsules, y la Junta del Consulado, cuya tarea consiste en dic-
tar medidas referentes a la agricultura y el comercio, y se halla integrada por
todo el personal del Consulado. En los pleitos de más de mil pesos las senten-
cias del Tribunal del Consulado son apelables para ante la Alzada de Comercio,
tribunal compuesto por el oidor decano de la Real Audiencia y dos colegas (co-
merciantes) elegidos por él entre los que propone cada litigante.

5o) El Consejo Superior de Indias, creado en el año 1524 como un des-


prendimiento del Consejo de Castilla, es un organismo residente en España cu-
yas funciones comprenden todo lo concerniente al gobierno de las colonias
americanas en los aspectos político, administrativo y judicial. Como tribunal de
justicia, el Consejo de Indias tiene competencia privativa en los juicios de resi-
dencia y en las visitas, y competencia apelada en los asuntos provenientes de
las Reales Audiencias cuyo monto exceda de seis mil pesos, así como en las
causas criminales graves. Conoce, asimismo, en instancia extraordinaria, de los
recursos de segunda suplicación y de nulidad e injusticia notoria, deducidos
contra las sentencias pronunciadas en revista por las Audiencias.

b) Entre los principales ordenamientos procesales dictados durante el


período que suele denominarse "derecho patrio" (que comienza con la Revolu-
ción de Mayo y termina en la época de la codificación), merecen destacarse los
reglamentos de 1812, 1813, 1815 y 1817, y en lo que al objeto de este libro con-
cierne, ciertos ordenamientos dictados con posterioridad para regir en la pro-
vincia de Buenos Aires.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA 33

Interesa mencionar, entre las más trascendentes reformas introducidas


por el Reglamento de Administración de justicia del 23 de enero de 1812, la su-
presión de la Real Audiencia de Buenos Aires y su reemplazo por una Cámara
de Apelaciones a la que se atribuye competencia en las instancias de apelación,
segunda suplicación, recursos ordinarios y extraordinarios por nulidad o injus-
ticia notoria y demás que por leyes y ordenanzas conocían las Audiencias de
América, y la creación del Tribunal de Concordia, cuya función consiste en
procurar el avenimiento de los litigantes y dictar, ante el fracaso de esa gestión,
"formal sentencia sobre si resulta o no mérito a un litigio de buena fe por duda
mayor o menor de hecho o de derecho", de manera tal que ningún juez puede
admitir una demanda sin que dicho tribunal acuerde el "pase" correspondiente.
En su sesión de! 21 de mayo, la Asamblea General Constituyente de 1813
decreta la extinción de la Real Audiencia de Charcas, reemplazándola por una
Cámara de Apelaciones con jurisdicción en todo el territorio que comprendía
aquel tribunal. Dicha Asamblea aprueba, el 6 de setiembre del mismo año, un
"Reglamento de Administración de Justicia", entre cuyas innovaciones más
importantes cabe mencionar la unificación de los procedimientos a seguir en
las cámaras de Buenos Aires y Charcas, la admisión de la prueba pericial en las
cuestiones complejas, la imposición de las costas al litigante temerario y la ins-
titución de un Supremo Poder Judicial para conocer de los recursos de segunda
suplicación y de nulidad o injusticia notoria, disponiéndose que hasta tanto se
estableciera ese Poder Supremo debían conocer de tales recursos las Cámaras
de Apelaciones de Buenos Aires y Charcas.
En la sección dedicada al poder judicial, el estatuto provisional de 1815
consagra el principio de la independencia de los jueces, suprime el Tribunal de
Concordia y encomienda la decisión de los recursos extraordinarios de segunda
suplicación y de nulidad o injusticia notoria a juntas especial.es, compuestas de
cinco letrados designados por el Director Supremo y que cesan en sus funcio-
nes una vez dictado el respectivo pronunciamiento.
El Reglamento provisorio de 1817 mantiene, en lo sustancial, la organi-
zación hasta entonces vigente, pero admite la suspensión de los magfstrados
por el Director, cuando medie justa causa, con cargo de dar cuenta al Congreso,
y los gobernadores, intendentes y tenientes-gobernadores quedan excluidos del
ejercicio de la jurisdicción civil y criminal, disponiéndose que, en su lugar, "se-
ría nombrado por el Director del Estado, en cada capital de provincia, a pro-
puesta en terna de la Cámara de apelación, un letrado que ejerciera las funcio-
nes de Juez de Alzada de toda ella".
Aparte de los ordenamientos ya citados, merecen señalarse la ley del 24
de diciembre de 1821, que suprime los alcaldes y crea los juzgados de paz; el
decreto del 5 de marzo de 1830, mediante el cual se completa la organización
34 HISTORIA Y FUENTES

de la Cámara de Apelaciones, tribunal que recibe el nombre de Cámara de Jus-


ticia y que la Constitución de la provincia de Buenos Aires de 1854 convierte en
Superior Tribunal de Justicia; el decreto del 20 de octubre de 1829, que modi-
fica los recursos de segunda suplicación; el decreto del 16 de setiembre de
1853, sobre sustanciación de los juicios civiles y ordinarios; la ley del 30 de se-
tiembre de 1857, que divide al Superior Tribunal de Justicia en una sala civil y
otra criminal, debiendo conocer ambas, alternativamente, de las causas comer-
ciales; la del 2 de noviembre de 1860, sobre juicios ejecutivos y tercerías; la del
5 de octubre de 1870, sobre comparecencia en juicio, fijación de domicilio y
pacto de cuota litis; la del 4 de setiembre de 1871, que divide al Superior Tribu-
nal de Justicia en dos cámaras para lo civil y otra para lo criminal, debiendo al-
ternarse en el conocimiento de las causas mercantiles, y la Constitución de la
provincia de Buenos Aires del 21 de octubre de 1873, que crea un Poder Judi-
cial compuesto por una Suprema Corte de Justicia, cámaras de apelaciones y
juzgados de primera instancia. Al producirse la federalización de la ciudad de
Buenos Aires se dicta la ley 1144 sobre organización de los tribunales de la Ca-
pital, aunque hacía ya varios años que había comenzado el período de la codi-
ficación.
El 14 de setiembre de 1863 se había sancionado, en efecto, la ley 50 de
procedimiento federal, y se contaba, desde el 18 de agosto de 1880, con el Có-
digo de Procedimiento Civil y Comercial, ordenamiento que fue sancionado
para regir en la provincia de Buenos Aires y que, con diversas reformas, tuvo
vigencia en la Capital Federal hasta el Io de febrero de 1968, fecha en que fue
reemplazado tanto en dicho distrito cuanto en toda la justicia federal por el
CPN, aprobado por ley 17.454. Por último, dicho código fue parcialmente mo-
dificado por la ley 22.434, promulgada el 16 de marzo de 1981, que rige desde
el 24 de julio de ese mismo año.

§ //

LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 4

15. CONCEPTO Y CLASES

a) Son fuentes del derecho procesal todos aquellos criterios de objetivi-


dad que, en razón de expresar la valoración de la comunidad, o de sus órganos,

-t AFI'ALIÓN-GARCÍA OI.ANO-VILANOVA, Introducción al derecho, púg. 259: ALSINA,


LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 35
acerca de una determinada realidad de conducta, pueden ser invocados por los
jueces para esclarecer el sentido jurídico de las conductas que deben juzgar du-
rante el desarrollo del proceso.
b) En escala decreciente de obligatoriedad constituyen fuentes del dere-
cho procesal: Io) la ley, la costumbre y la jurisprudencia obligatoria; 2o) la juris-
prudencia no obligatoria; 3o) la doctrina. Conviene aclarar que si bien la
palabra "ley" se utilizó en sentido amplio, es decir, entendida como toda norma
general formulada en forma expresa y reflexiva por un órgano competente, al
estudiarse las fuentes del derecho procesal civil en particular, se analizarán se-
paradamente las normas contenidas en la Constitución Nacional, en las leyes
procesales propiamente dichas y en los reglamentos y acordadas judiciales.
Corresponde agregar que mientras la ley y la costumbre son fuentes pri-
marias, la jurisprudencia y la doctrina constituyen fuentes secundarias, pues se
hallan subordinadas a géneros legales o consuetudinarios preestablecidos.

16. LA CONSTITUCIÓN

a) La Constitución Nacional contiene diversas normas atinentes a la ad-


ministración de justicia, y en general, a ciertos derechos y garantías que con-
ciernen directamente a la regulación del proceso civil.
b) Entre las primeras cabe citar las que disponen la obligación de las
provincias de asegurar su administración de justicia (art. 5o); la fe que merecen
los procedimientos judiciales de cada provincia en las demás (art. 7o); la incom-
patibilidad entre el cargo de juez federal y el de juez provincial (art. 34); la for-
ma de designar a los magistrados judiciales (art. 99, inc. 4o); la constitución y
competencia del Poder Judicial de la Nación (arts. 108 a 117); la prohibición de
que el presidente de la República ejerza funciones judiciales (art. 109); la auto-
nomía y composición del ministerio público (art. 120), etcétera.

Tratado, I. pág. 205: ARAGONESES. Proceso y derecho procesal, pág. 417: BRISEÑO SIERRA,
Derecho Procesal. II, pág. 92: CARLOS, Introducción al estudio del derecho procesal, Buenos
Aires. 1959, pág. 63: CUETO RÚA. Fuentes del derecho-. CHIOVENDA, "Adolf Wach", en
Ensayos. I. pág. 419: DÍAZ, Instituciones, I. pág. 47: GUASP, Derecho procesal civil. I. pág. 42:
MOREELO-SOSA-BERIZONCE, Códigos. 1. pág. 59: ODERIGO. Lecciones de derecho procesal. 1.
pág. 47: PALACIO, Derecho procesal civil. 1. pág. 104; PODElTl. Tratado de la competencia. T
ed. actualizada por GUERRERO LECONTE. Buenos Aires, 1973, pág. 127; PRIETO CASTRO.
Derecho procesal civil. I. pág. 22; RAMOS MÉNDEZ, Derecho procesal civil. 1, pág. 17:
RENGEL ROMBERG. Tratado, I, pág. 85; SARTORIO, La Ley 50 y sus complementarias de
procedimiento federal, 2a ed., pág. 35; SENTÍS MELENDO. "Visión panorámica del derecho
procesal civil argentino", en Teoría y práctica del proceso (Ensayos de derecho procesal).
Buenos Aires. 1959.1. pág. 3.
36 HISTORIA Y FUENTES

c) Entre las segundas cuadra mencionar las que establecen:

Io) La supresión de los fueros personales (art. 16), garantía en cuya virtud
la condición de la persona no puede ser tenida en cuenta, en general, como elemen-
to susceptible de justificar la admisibilidad de un fuero judicial de excepción,
cuando el hecho en sí mismo corresponde a la competencia de los jueces comunes.
Conforme a ese principio general, la jurisprudencia ha declarado que la existencia
de la jurisdicción militar no afecta el principio constitucional de abolición de
los "fueros personales", por cuanto aquélla no comporta un fuero de excepción
establecido en razón de la simple condición o estado de las personas, sino un
fuero real o de causa basado en la naturaleza de los actos que sirven de funda-
mento a los respectivos juicios (falta o delito esencialmente militar).

2o) La prohibición de que nadie sea juzgado por comisiones especiales,


ni sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa (art.
18). Se trata de una garantía ajena, por lo pronto, a la distribución de la compe-
tencia entre los jueces permanentes que integran el poder judicial de la Nación
y de las provincias, razón por la cual no sufre menoscabo porque uno u otro de
ellos intervenga en el proceso con arreglo a lo que disponga la respectiva legis-
lación (Fallos de la CSN, 234-146; 235-672). Tal garantía, en rigor, tiene por
objeto asegurar a los habitantes del país una justicia imparcial, a cuyo efecto
prohibe sustraer arbitrariamente una causa a la competencia del juez que con-
tinúa teniéndola para casos semejantes, con el fin de atribuirla a uno que no la
tiene, pues ello comportaría instituir, indirectamente, una comisión especial di-
simulada. Por lo tanto, ella no resulta afectada por la intervención de nuevos
jueces incluso en los juicios pendientes, como consecuencia de reformas ope-
radas en la organización de la justicia o en la distribución de la competencia
(Fallos, 234-482; 236-528; 237-673).

3o) La inviolabilidad de la defensa enjuicio de la persona y de los dere-


chos, garantía constitucional que se analizará al estudiar el principio de contra-
dicción (infra, n°27).

17. L A S LEYES PROCESALES

a) A partir del año 1862 se han dictado numerosas leyes relativas a la or-
ganización y a la competencia de la justicia federal, las cuales, en su mayor par-
te, fueron objeto de una o de diversas modificaciones.
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 37

Entre ellas corresponde mencionar la ley 27, del 16 de octubre de 1862,


sobre organización de los tribunales federales; la ley 48, del 14 de setiembre de
1863, sobre jurisdicción y competencia de los tribunales federales y relaciones
de éstos con los tribunales de provincia; la ley 927, del 3 de setiembre de 1878,
que excluye de la competencia de los jueces de sección los juicios universales
de concurso de acreedores y sucesorios, así como las causas en que el objeto
demandado no exceda de quinientos pesos; la ley 4055, del 1 1 de enero de
1902, sobre reformas a la organización de los tribunales nacionales y creación
de las cámaras federales de apelaciones; las leyes 4074, del 4 de junio de 1902;
5011 del 4 de octubre de 1906, y muchas otras relativas a la creación de nuevos
juzgados y cámaras federales en las provincias; la ley 13.998, del 6 de octubre
de 1950, sobre organización de la justicia nacional; etcétera. Las leyes mencio-
nadas continúan vigentes en todos aquellos aspectos que no hayan sido objeto
de expresa derogación por leyes posteriores y por el decreto ley 1285 del 4 de
febrero de 1958, que es el último cuerpo legal de carácter orgánico e integral
sobre la justicia nacional y ha sufrido diversas reformas parciales.
El procedimiento ante los tribunales federales se hallaba reglamentado
por la ley 50. que fue sancionada el 14 de setiembre de 1863 sobre la base de un
proyecto que elaboró la Corte Suprema tomando como modelo, entre otras, la
ley de procedimiento civil del Cantón de Ginebra de 1819 y las leyes españolas
de enjuiciamiento comercial de 1830 y de enjuiciamiento civil de 1855. Esta
ley fue objeto de diversas reformas parciales, y finalmente derogada por el
CPN, vigente desde el Io de febrero de 1968 (art. 820).

b) En lo que concierne a la Capital Federal, el Código de Procedimiento


derogado por la ley 17.454 fue sancionado el 18 de agosto de 1880 (cuando di-
cho distrito era capital de la provincia de Buenos Aires) mediante la adopción
del proyecto presentado por una comisión integrada por los doctores ANTONIO
BERMEJO, CEFERINO ARAUJO, ÁNGEL BLANCO, E. CASARES, JOSÉ M. BUSTILLO y
Luis CORREA LARGUÍA, quienes trabajaron sobre la base de un proyecto redac-
tado por la Suprema Corte de la provincia que fue sancionado el 22 de octubre
de 1878 y que se basó, a su vez, en el proyecto presentado por el doctor JOSÉ L.
DOMÍNGUEZ diez años antes.
Luego de producida la federalización de la ciudad de Buenos Aires (ley
1029 del 21 de setiembre de 1880), la ley 1 144 sobre organización de los tribu-
nales dispuso que, hasta tanto se dictaran las leyes de procedimiento para la Ca-
pital, continuarían rigiendo las leyes vigentes en la provincia. Posteriormente,
la ley 1893, sancionada el 12 de noviembre de 1886 y conocida con el nombre
de Ley Orgánica de los Tribunales de la Capital, incluyó en su articulado una
disposición similar (art. 318), "hasta tanto se dicten por el Congreso las que ha-
38 HISTORIA Y FUENTES

van de subrogarlas". No obstante los numerosos proyectos que se sometieron a


su consideración desde entonces, el Congreso nunca llegó a sancionar un nuevo
código procesal en reemplazo del sancionado para la provincia de Buenos Ai-
res en 1880. el cual sólo fue objeto de sucesivas reformas parciales, entre las
cuales se destacaron las introducidas por la ley 4128 del 3 de octubre de 1902,
por la ley 14.237 del 24 de setiembre de 1953, y por el decreto ley 23.398 del 31
de diciembre de 1956.
Con posterioridad, una comisión creada por resolución de la entonces Secre-
taría de Justicia del 15 de diciembre de 1966 e integrada por los doctores CARLOS
ALBERTO AYARRAGARAY, NÉSTOR DOMINGO CICIIERO, CARLOS JOSÉ COLOMBO, MA-
RÍA LUISA ANASTASI DE WALGER, JOSÉ J. CARNEIRO y el autor de esta obra, redactó
el CPN, aprobado luego por ley 17.454. Dicho código, en vigencia a partir del 1 ° de
febrero de 1968, fue parcialmente reformado por ley 22.434, cuyo contenido, en lo
fundamental, responde al proyecto que por encargo del ministro de Justicia de la
Nación elaboraron ¡os doctores CARLOS J. COLOMBO, NÉSTOR D. CICHERO y JAIME
L. ANAYA, quienes tomaron como base para la reforma las disposiciones de la de-
rogada ley 20.497, de efímera vigencia. Luego la ley 24.573, además, de introducir
un procedimiento extrajudicial de mediación obligatoria previa a todo juicio, mo-
dificó formalmente sólo seis artículos del código, pero alteró implícitamente la
eventual aplicación de otras normas contenidas en aquél, generando un estado de
incertidumbre difícilmente superable.
Finalmente, la ley 25.488 incorporó al código numerosas modificacio-
nes, entre las que importa mencionar la eliminación del proceso sumario como
categoría intermedia entre el proceso ordinario y el proceso sumarísimo, el me-
jor ordenamiento de la audiencia preliminar y la regulación de nuevas modali-
dades de notificación personal (acta notarial, carta documento y telegrama con
copia certificada).
El código en vigor, con las modificaciones introducidas por las leyes pre-
cedentemente mencionadas, consta de siete libros dedicados, respectivamente,
a las disposiciones «eneróles, a los procesos de conocimiento, a los procesos de
ejecución, a los procesos especiales, a los procesos universales, al proceso ar-
bitral, y a los procesos voluntarios.
Cada uno de esos libros se halla compuesto de diversos títulos y cada uno de
éstos, a su vez, se divide en varios capítulos, algunos de los cuales se hallan dividi-
dos en secciones. En el libro I el título I se denomina órgano judicial y cuenta con
cinco capítulos en los cuales se reglamentan la competencia, las cuestiones de
competencia, las recusaciones y excusaciones, los deberes y facultades de los jue-
ces y los Secretarios y Oficiales primeros. El título II se halla dedicado a las partes
y consta de once capítulos sobre los siguientes puntos: reglas generales, repre-
sentación procesal, patrocinio letrado, rebeldía, costas, beneficio de litigar sin
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 39

gastos, acumulación de acciones y litisconsorcio, intervención de terceros, ter-


cerías, citación de evicción y acción subrogatoria. El título III se refiere a los ac-
tos procesales y contempla, en diez capítulos, las actuaciones en general, los escri-
tos, las audiencias, los expedientes, los oficios y exhortos, las notificaciones, los
traslados y vistas, el tiempo de los actos procesales (capítulo dividido en dos sec-
ciones relativas al tiempo hábil y a los plazos), las resoluciones judiciales y la nu-
lidad de los actos procesales. El título IV comprende las contingencias genera-
les y en cuatro capítulos reglamenta los incidentes, Id acumulación de procesos,
las medidas cautelares (donde en ocho secciones se contemplan las distintas me-
didas de aquella índole que son procedentes respecto de los bienes y de las perso-
nas) los recursos (capítulo dividido en ocho secciones dedicadas a ios distintos re-
cursos y a los procedimientos ante los tribunales superiores) y el título V se refiere
a los modos anormales de terminación del proceso, hallándose dividido en cinco
capítulos dedicados respectivamente al desistimiento, al allanamiento, a la tran-
sacción, a la conciliación y a la caducidad de la instancia.
Dentro del libro II (Procesos de conocimiento), el título I trata sobre las
Disposiciones generales y se divide en dos capítulos dedicados a las clases de
procesos de conocimiento y a las diligencias preliminares. El título II regla-
menta el proceso ordinario y se halla dividido en cinco capítulos sobre la de-
manda, la citación del demandado, las excepciones previas, la contestación a
la demanda y reconvención y ¡aprueba (capítulo dividido en siete secciones re-
lativas a las normas generales, a los distintos medios probatorios, y a la conclu-
sión de la causa para definitiva). El título III versa sobre el proceso sumarísi-
mos y consta actualmente de un capítulo único destinado a regular dicho
proceso.
El libro III (Procesos de ejecución) se halla dividido en tres títulos: el pri-
mero se ocupa de la ejecución de las sentencias, y dentro de él existen dos ca-
pítulos que se refieren a las sentencias de tribunales argentinos y a las senten-
cias de tribunales extranjeros y laudos de tribunales arbitrales extranjeros: el
segundo se encuentra dedicado al juicio ejecutivo y se compone de tres capítu-
los sobre disposiciones generales, embargo y excepciones y cumplimiento de
la sentencia de remate: el tercero, finalmente, se denomina ejecuciones espe-
ciales y se compone de dos capítulos: uno sobre disposiciones generales y otro
sobre disposiciones específicas, dentro del cual, en cuatro secciones, se regla-
mentan las ejecuciones hipotecaria, prendaria, comercial y fiscal.
El libro IV (Procesos especiales) está integrado por los siguientes títulos:
interdictos y acciones posesorias, denuncia de daño temido y reparaciones ur-
gentes (dividido a su vez en ocho capítulos relativos a los interdictos, al inter-
dicto de adquirir, al interdicto de retener, al interdicto de recobrar, al interdic-
to de obra nueva, a las disposiciones comunes a los interdictos, a las acciones
40 HISTORIA Y FUENTES

posesorias y a la denuncia de daño temido y oposición de la ejecución de repa-


raciones urgentes); procesos de declaración de incapacidad e inhabilitación
(el que se divide en tres capítulos dedicados a la declaración de demencia, a la
declaración de sordomudez y a la declaración de inhabilitación); alimentos y
litisexpensas; rendición de cuentas; mensura y deslinde (dividido en dos capí-
tulos); división de cosas comunes y desalojo.
El libro V se compone de un único título referido al Proceso sucesorio,
que se divide en siete capítulos que versan sobre disposiciones generales, suce-
siones ab intestato, sucesión testamentaria, administración, inventario y ava-
lúo, partición y adjudicación y herencia vacante.
El libro VI (Proceso arbitral) consta de tres títulos denominados: Juicio
arbitral, Juicio de amigables componedores y Juicio pericial.
El libro VIII (Procesos voluntarios y disposiciones transitorias) trata, en
el título I, de los procesos voluntarios, el cual se divide en seis capítulos, dedi-
cados a. la autorización para contraer matrimonio, el discernimiento de tutela
y cúratela, a la copia y renovación de títulos, a la autorización para compare-
cer enjuicio y ejercer actos jurídicos, al examen de libros por el socio y al re-
conocimiento, adquisición y venta de mercaderías, y en el título II, de las dis-
posiciones transitorias.

c) En lo que concierne a la organización judicial de la Capital, con poste-


rioridad a la ley 1893 se dictaron, entre otras, las siguientes: n° 7055, de agosto 17
de 1910, sobre reorganización de los tribunales de la Capital, que crea una nueva
Cámara de Apelaciones en lo Civil, convierte a la entonces llamada Cámara de
Apelaciones en lo Criminal, Correccional y Comercial en Cámara de Apelaciones
en lo Criminal y Correccional, instituyendo una nueva cámara de cinco miembros
para los asuntos comerciales, determina el modo de integrarse las cámaras en caso de
impedimento o recusación de algunos de sus miembros, así como la forma de solu-
cionarse los conflictos de competencia que pudieran producirse entre ellas, y fija el
número dejueces de primera instancia en los distintos fueros de laCapital; n" 11.924,
de octubre 22 de 1934, que creó la justicia de paz letrada y reglamentó asimismo el
procedimiento aplicable en ella; el decreto ley 33.347/44 (ratificado por la ley
12.948) sobre organización, competencia y procedimiento de la jurisdicción del tra-
bajo; n° 13.998, de octubre 6 de 1950, que estableció el carácter nacional de los jue-
ces de la Capital Federal, haciendo así desaparecer la diferencia que hasta entonces
existía en ese distrito entre jueces ordinarios o locales y jueces federales; el decreto
ley 1285/58 que, como se dijo, constituye el ordenamiento que actualmente rige,
con algunas modificaciones, la organización de la justicia nacional y, por ende, de la
Capital Federal; la ley 18.345, sobre organización y procedimiento de la justicia na-
cional del trabajo; la ley 22.172 sobre comunicaciones entre tribunales de la repúbli-
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 41

ca; la ley 23.637 sobre unificación de la justicia civil; la ley 23.774 sobre au-
mento del número de miembros de la Corte Suprema y reformas a los aits. 280
y 285 del CPN; las leyes 24.937 y 24.939 sobre el Consejo de la Magistratura
y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, y otros múltiples ordenamientos
referentes a la creación de órganos judiciales.
d) Cuadra finalmente señalar que h República Argentina aprobó o adhirió
a diversos tratados, convenios y convenciones internacionales sobre cuestiones
de derecho procesal civil. Entre ellos cabe citar los Tratados de Montevideo de
1889 y 1940 sobre aplicación interespacial de las leyes procesales y ejecución
de sentencias y laudos, respectivamente aprobados por la ley 3192 y el decreto
ley 7771/56; el Tratado celebrado con Italia en 1887 sobre diligenciamiento de
exhortos y ejecución de sentencias, aprobado por ley 3983; el Convenio cele-
brado con la República Oriental del Uruguay en 1980 sobre Igualdad de Trato
Procesal y Exhortos, aprobado por la ley 22.410; las Convenciones aprobadas
por las Conferencias de La Haya de Derecho Internacional Privado sobre Pro-
cedimiento civil de 1954 y de obtención de pruebas en el extranjero de 1970,
respectivamente aprobadas por las leyes 23.502 y 23.480; la Convención ínter-
americana sobre recepción de pruebas en el extranjero adoptada por la I Confe-
rencia Interamericana de Derecho Internacional Privado y aprobada por ley
23.481; etcétera.

1 8. LOS REGLAMENTOS Y ACORDADAS JUDICIALES

a) A fin de facilitar el mejor funcionamiento de la administración de


justicia, y frente a la imposibilidad de prever los múltiples problemas de orden
práctico que la actividad procesal puede suscitar, las leyes suelen conferir a los
tribunales superiores la facultad de dictar normas generales, destinadas a com-
plementar los textos legales referentes a ciertos aspectos de la organización ju-
dicial y a la regulación de los procedimientos.
Según versen sobre diversas materias o sobre un punto determinado, tales
ordenamientos de tipo general se denominan respectivamente, reglamentos ju-
diciales y acordadas reglamentarias, aunque corresponde ;señalar que todos los
reglamentos judiciales se dictan mediante "acordadas". Éstas constituyen reso-
luciones judiciales, y se las llama así para diferenciarlas de las sentencias, con
las que, en ocasiones, tienen en común la circunstancia de configurar normas
''individuales", si bien exclusivamente referidas a las materias comprendidas
dentro de las facultades de superintendencia que competen a los tribunales su-
periores. Tal lo que ocurre, por ejemplo, cuando éstos disponen designar, remo-
ver o conceder licencia a un empleado o funcionario.
42 HISTORIA Y FUENTES

b) Las disposiciones legales que instituyen la referida facultad regla-


mentaria son, en el orden nacional, el art. 18 de la ley 48, que autoriza a la Corte
Suprema para "establecer los reglamentos necesarios para la ordenada tramita-
ción de los pleitos, con tal que no sean repugnantes a las prescripciones ele la
ley de procedimientos"; el art. 10 de la ley 4055, que aparte de establecer la su-
perintendencia de la Corte Suprema sobre los tribunales inferiores de la justicia
federal, dispone que dicho tribunal debe "dictar los reglamentos convenientes
para procurar la mejor administración de justicia"; el art. 102 de la ley 1893,
que autoriza a las cámaras de apelaciones de la Capital para dictar "los regla-
mentos convenientes para la mejor administración" y el art. 21 del decreto-ley
1285/58, que —reproduciendo el mismo artículo de la ley 13.998— prescribe
que la Corte Suprema "dictará su reglamento interno y económico y el regla-
mento para la justicia nacional, estableciendo las facultades de superintenden-
cia de la Corte Suprema y tribunales inferiores". El CPN, por su parte, contiene
diversas normas que, en relación con aspectos específicos del trámite procesal,
remiten a las reglamentaciones que dicten los tribunales superiores (v.gr. arts.
120, 148, 152, etc.).

c) Mediante Acordada del 17 de diciembre de 1952, y en reemplazo del


anterior Reglamento para la justicia federal y letrada de los territorios naciona-
les, de marzo 3 de 1948, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó el Re-
glamento para la Justicia Nacional, parcialmente modificado luego por
diversas acordadas. Este ordenamiento regula todo lo concerniente al nombra-
miento, ascenso, remoción, deberes, facultades e incompatibilidades de los
funcionarios y empleados de la Justicia Nacional, a ciertas formalidades de los ac-
tos procesales, al funcionamiento de la Corte, de las cámaras nacionales de ape-
laciones y de los juzgados de primera instancia y a la organización de los
cuerpos técnicos periciales.
Por su parte, y en cumplimiento de la norma contenida en el art. 102 de la
ley orgánica, fas cámaras de apelaciones de la Capital han dictado numerosos
reglamentos relativos, por ejemplo, al turno de los juzgados de primera instan-
cia y de las propias cámaras, a los requisitos para la anotación de embargos e in-
hibiciones en el Registro de la Propiedad, a la devolución de escritos ilegibles,
a la traducción de documentos redactados en idioma extranjero, a la obligación
de los empleados notificadores de enunciare! día y la hora del diligenciamiento
en el duplicado de las cédulas que se dejan a los interesados, a la publicación de
edictos; etcétera. Todos estos ordenamientos son válidos en tanto no contraríen
lo dispuesto por el Reglamento para la Justicia Nacional (RJN, art. 104).
Debe empero recordarse que la reforma constitucional sancionada en
1994 atribuye al denominado Consejo de la Magistratura, entre otras atribucio-
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 43

nes, la consistente en "dictar los reglamentos relacionados con la organización


judicial y todos aquellos que sean necesarios para asegurar la independencia de
los jueces y la eficaz prestación del servicio de justicia" (CN, art. 114, inc. 6o),
y si bien no ha sido aún dictada la ley reguladora de ese organismo es obvio que
ella, a la hora de precisar el alcance de los "reglamentos" a que alude el art. 114,
inc. 6o de la CN deberá hacerse cargo del hecho de que la Corte Suprema con-
tinúa siendo, aún con posterioridad a la reforma, el órgano que ejerce la jefatura
del Poder Judicial de la Nación.

d) El alcance de los reglamentos judiciales depende de los términos de


la norma legal que concede la facultad reglamentaria. Por ejemplo, el art. 13 del
decreto-ley 1285/58, en tanto dispone que el "nombramiento y remoción de los
funcionarios y empleados que dependan de la Justicia de la Nación se hará por
la autoridad y en la forma que establezcan los reglamentos de la Corte Supre-
ma", acuerda a dicho tribunal un amplio margen de arbitrio para regular la ma-
teria, sólo limitado por el art. 12 del mencionado decreto-ley, que determina los
requisitos para ser designado secretario o prosecretario de los tribunales nacio-
nales, y por el art. 14 del mismo ordenamiento, que condiciona la remoción de
los funcionarios y empleados de la justicia nacional a la comprobación de inep-
titud o mala conducta, y a la sustanciación de un sumario previo con audiencia
del interesado.
En lo que respecta a la reglamentación de las normas referentes al proce-
dimiento propiamente dicho, la función normativa de los tribunales debe cui-
dar, según lo expresa el art. 18 de la ley 48, de no "repugnar" a las prescripcio-
nes contenidas en la ley procesal, o sea que debe limitarse a regular la actividad
que ODERIGO denomina "de detalle", sin imponer, por lo tanto, el cumplimiento
de requisitos sustanciales que aquélla no exija. No cabría, así, que por vía regla-
mentaria se impusiere al actor la carga de incluir, en el escrito de demanda, la enun-
ciación de circunstancias no previstas expresamente por el art. 330 del CPN; pero
sí, en cambio, exigir que en el escrito se utilice exclusivamente tinta negra, o
que los abogados y procuradores que los suscriben indiquen el tomo y folio o el
número de la matrícula de su inscripción, pues en tales casos no se halla afec-
tada la esencia misma del acto, sino sus aspectos exclusivamente materiales.

19. LA COSTUMBRE

La costumbre —entendida como toda norma general creada espontánea-


mente a través de la repetición de determinadas conductas, y a cuyo respecto
44 HISTORIA Y FUENTES

media el convencimiento comunitario de su obligatoriedad— se exterioriza, en


el proceso civil, mediante las siguientes modalidades:

Io) Por la remisión que a ella hacen las normas legales (costumbre secun-
clum legem). Tal es el caso del art. 565 del CPN. según el cual el martiliero, en
las subastas judiciales, percibirá la comisión establecida por la ley, y en defecto
de ésta, por la costumbre.

2o) En la vigencia de ciertas "prácticas judiciales" desarrolladas en au-


sencia de específicas reglamentaciones sobre aspectos secundarios del trámite
procesal. Tales, por ejemplo, las referentes a la forma en que deben redactarse
ciertos actos de transmisión, como cédulas de notificación, oficios y exhortos
(costumbres extra legem).

3o) Por la caída en desuso de numerosas normas contenidas en los códi-


gos y leyes procesales, que terminan así por desaparecer de la vida jurídica
(costumbres contra legem). Ocurre, en efecto, que de hecho, y con el asenti-
miento tácito de las partes, los jueces y demás funcionarios judiciales ordenan
o conducen la actividad procesal, en ciertos casos, con prescindencia de expre-
sas prescripciones normativas. Durante la vigencia del código derogado cons-
tituían realidades fácilmente verificables, entre otras, el incumplimiento por
parte de los secretarios, del deber que les imponía el art. 188 en el sentido de
abrir las audiencias de prueba de testigos con la lectura del escrito en que se
ofrece la prueba y del auto que la admite; la inveterada eximición de costas a los
jueces no obstante la norma que disponía imponérselas en el supuesto de ciertas
nulidades de procedimiento (art. 240); etcétera. Por lo demás, son varias las
normas contenidas en el CPN que han caído prácticamente en desuso, como
son, entre otras, la que otorga a los jueces la potestad de impulsar de oficio el
procedimiento (art. 36, inc. P); la que impone a los jueces el deber de asistir a
las audiencias de absolución de posiciones (art. 125 bis); la que impone a las
partes y a sus apoderados la obligación de notificarse expresamente de ciertas
resoluciones (art. 142); etcétera.
Tales costumbres derogatorias constituyen fuentes del derecho procesal
en la medida en que los jueces puedan invocarlas para objetivar el sentido jurí-
dico de un caso determinado. No obsta a reconocerles tal carácter el hecho de
que los jueces, por motivos muy explicables, se abstengan de declarar expresa-
mente que determinada norma ha caído en desuso, aunque ello ha ocurrido al-
gunas veces, como cuando, por ejemplo, se decidió que pese al principio esta-
blecido por el art. 53 del Código de la provincia de Buenos Aires (hoy
derogado), "los tribunales jamás lo aplican respecto a términos que podrían re-
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 45

putarse perentorios como el de prueba" (C2 a CC La Plata, JA., 1946-III-401).


Lo importante es que la reiterada inobservancia de una norma, por parte de los
órganos encargados de aplicarla, pone de manifiesto que ha desaparecido el
signo positivo de las valoraciones jurídicas expresadas por ella, y que ha nacido
una costumbre, expresiva de un nuevo sentido comunitario, y susceptible, por
lo tanto, de acordar a una resolución judicial suficiente fuerza de convicción.
Desde luego que no obsta a la conclusión precedentemente expuesta la norma
contenida en el art. 17 del Cód. Civ., ya que sus prescripciones, como las de
cualquier otra norma, resultan inoperantes frente a la experiencia jurídica real.

20. LA JURISPRUDENCIA

a) Jurisprudencia significa, en su acepción más difundida, la forma con-


cordante en que los órganos judiciales se pronuncian en oportunidad de resol-
ver casos similares. El conjunto de fallos así dictados determina la creación de
normas o reglas que, como expresión de valoraciones vigentes, son utilizadas
por los jueces para justificar el carácter jurídicamente objetivo que deben re-
vestir sus decisiones y constituyen por consiguiente, fuentes del derecho. Pero
a diferencia de lo que ocurre con las fuentes antes examinadas, la jurispruden-
cia es una fuente subordinada a la ley, pues su función consiste en establecer
especies que se incluyen o excluyen del marco genérico de aquélla. De lo cual
se sigue, asimismo, que hallándose asentada la autoridad de la jurisprudencia
en la fuerza de convicción que le acuerda la reiteración de los fallos y la conse-
cuente aceptación comunitaria de la doctrina que éstos consagran, ella carece
del grado de obligatoriedad que reviste la ley.

b) Distinto es el caso en que la ley, por razones de segundad jurídica y


sin desconocer su carácter de fuente primaria, disponga la obligatoriedad de la
doctrina establecida en los fallos de determinados tribunales (jurisprudencia
obligatoria). Tal el régimen instituido por el CPN, que tras establecer que a ini-
ciativa de cualquiera de sus salas las cámaras de apelaciones podrán reunirse en
tribunal plenario con el objeto de unificar la jurisprudencia y evitar sentencias
contradictorias (art. 302), dispone: La interpretación de la ley establecida en
una sentencia plenaria será de aplicación obligatoria para la misma cámara y
para los jueces de primera instancia respecto de los cuales sea aquélla tribunal
de alzada, sin perjuicio de que los jueces dejen a salvo su opinión personal.
Sólo podrá modificarse dicha doctrina por medio de una nueva sentencia ple-
naria (art. 303).
46 HISTORIA Y FUENTES

Por otra parte, el art. 288 del mismo código instituye el recurso de inapli-
cabilidad de la ley contra la sentencia definitiva que contradiga la doctrina es-
tablecida por alguna de las salas de la cámara en los diez años anteriores a la fe-
cha del fallo recurrido y siempre que el precedente se hubiere invocado con
anterioridad a su pronunciamiento.
Como se advierte, existen en la Capital Federal (y en el orden nacional)
dos modos de unificar la jurisprudencia: a iniciativa de alguna de las salas de
una cámara, o por medio del recurso de inaplicabilidad de la ley. En materia
procesal, el primero de los medios mencionados es el que mayores posibilida-
des ofrece a los fines de lograr la uniformidad jurisprudencial, pues no revis-
tiendo la mayor parte de las resoluciones judiciales de índole estrictamente
procesal el carácter de sentencias definitivas, el recurso de inaplicabilidad de
ley no es admisible respecto de ellas. Debe tenerse en cuenta, además, que exis-
tiendo en la Capital Federal cuatro cámaras de apelaciones que deben aplicar
un mismo código procesal (en lo civil y comercial federal, en lo contencioso-
administrativo federal, en lo civil y en lo comercial), el procedimiento unifica-
dor establecido resulta ciertamente limitado, por cuanto las decisiones plena-
rias dictadas por aquéllas sólo tienen efectos en relación con los magistrados
que integran el fuero respectivo en ambas instancias. Otro tanto sucede con las
cámaras federales con asiento en las provincias.

2 1 . L A DOCTRINA

a) A diferencia de lo que acontece con las fuentes precedentemente ana-


lizadas, la doctrina de los autores carece de fuerza vinculatoria para el juez. En
aquéllas —dicen AFTALIÓN, GARCÍA OLANO y VILANOVA— "el sentido general
que goza de acatamiento comunitario está directamente dado en la comunidad
(costumbre), o en sus órganos (ley y jurisprudencia) a los que respalda el apoyo
comunitario. De aquí su carácter obligatorio. En la doctrina, en cambio, no ocu-
rre así. El juez acude voluntariamente a ella para encontrar el sentido objetivo
del caso y señala en ella la intersubjetividad necesaria, pero no se encuentra
constreñido a ella por la comunidad directa o indirectamente". En un orden de
ideas similar expresa ODERIGO que la gravitación de la doctrina "no se produce
por razones institucionales, sino simplemente morales, en función de su méri-
to; porque únicamente se ha de seguir las enseñanzas de la teoría, la doctrina de
los teóricos, en cuanto convenza de la bondad de los caminos que propone para
alcanzar la finalidad que se persigue".
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 47

b) El estudio de la evolución de la doctrina procesal muestra la sucesiva


preeminencia de dos orientaciones fundamentales en el modo de encarar los
problemas que el proceso plantea: la exegética y la científica o sistemática.
La primera —de inspiración francesa— se caracterizó por el hecho de ex-
poner la disciplina a través de comentarios formulados a los preceptos legales,
generalmente de acuerdo con el orden en que aquéllos se encuentran estableci-
dos en los códigos, sin afrontar, por lo tanto, el análisis de las instituciones y de
los principios procesales en su esencia y conexiones.
Autores representativos de esta escuela son, en España, GÓMEZ DE LA SER-
NA y MONTALBÁN {Tratado académico forense de procedimientos judicia-
les, 1856); HERNÁNDEZ DE LA RÚA {Comentarios a la ley de enjuiciamiento civil,
1856); MANRESA y REUS {Ley de enjuiciamiento civil comentada y explica-
da, 1865); MANRESA y NAVARRO {Ley de enjuiciamiento civil, 1908); etcétera,
y pese a exceder el simple comentario de la ley de Enjuiciamiento, también
debe ser ubicado dentro de esta orientación el célebre Tratado histórico, crítico
y filosófico de los procedimientos judiciales en materia civil, que publicó en
1856 don JOSÉ VICENTE y CARAVANTES. En Italia corresponde citar, entre los
principales autores pertenecientes a esta tendencia, a BORSARI (// Códice italia-
no di procedura civile annotato, 1872), RICCI {Commento al codici di proce-
dura civile italiano, 1876), y CUZZERI (// códice italiano di procedura civile
illustrato, 1908). Las obras de MATTIROLO {Trattato di diritto giudiziario civile,
1902-1906) y de MORTARA {Commentario del códice e del le leggi di procedura
civile, s/f., y Manuale della procedura civile, 1916), en cambio, si bien presen-
tan muchos puntos de contacto con la escuela de laexégesis, y permanecen aje-
nas al movimiento que ya había adquirido intenso desarrollo en Alemania, se
inclinan hacia la corriente sistemática. La orientación exegética alcanzó nota-
ble arraigo entre los autores franceses (CUCHE, GARSONNET y CEZAR BRU, GLAS-
SON, etc.), y puede decirse que, con excepción de las tentativas parcialmente lo-
gradas de JAPIOT {Traite élémentaire de procédure civile et commerciale, 1916
y 1935), MOREL {Traite élémentaire de procédure civile, 1932), y SOLUS y PE-
RROT {Droit judiciaire privé, 1961). la doctrina procesal no ha alcanzado aún en
Francia el período estrictamente sistemático.
En el último tercio del siglo pasado, a raíz de los trabajos publicados por
WACH, BÜLOW, KOHLER y muchos otros, surgió en Alemania una nueva escuela
de derecho, a la que caracterizó su preocupación por explicar las instituciones
procesales a través de un complejo de ideas básicas vinculadas, principalmen-
te, a la naturaleza de la acción y del proceso, figuras jurídicas éstas que comen-
zaron a concebirse con arreglo a nuevas pautas, ajenas a las suministradas por
el derecho privado. Tal fue el origen de la llamada orientación sistemática de la
doctrina procesal a la que permanecieron fieles los autores alemanes de este si-
48 HISTORIA Y FUENTES

glo como BUNSEN, ENGELMANN, FITTING, YON NORMAN, WEISSMANN, KISCH,


GOLDSCHMIDT, STEIN, RICHARD SMITH, BAUMBACH, BOOR, SCHÓNKE, ROSENBERG
y otros.
Esa orientación fue introducida en Italia por CHIOVENDA, quien, a partir
de la conferencia pronunciada en la Universidad de Boloña en 1903 sobre La
acción en el sistema de los derechos, se dio a la tarea de estructurar una teoría
sistemática del proceso, de la cual constituyen bases fundamentales sus con-
cepciones de la acción como derecho potestativo y del proceso como relación
jurídica autónoma.
El rumbo abierto por CHIOVENDA fue seguido por insignes procesalistas
italianos, entre los cuales merecen destacarse los nombres de CARNELUTTI, CA-
LAMANDREI, REDENTI, BETTI, ALLORIO, SATTA, ROCCO, ZANZUCCHI, LIEBMAN,
COSTA, BELLAVITIS, CRISTOFOLINI. SEGNI, ANDRIOLI, MICHELI y CAPRELLETTI.
En lo que respecta a España, se advierte el influjo de las modernas con-
cepciones procesales en autores como BECEÑA, PRIETO CASTRO, ALCALÁ ZAMORA
Y CASTILLO, D E LA PLAZA, FENECH, FAIRÉN GUILLEN, GUASP, GÓMEZ ORBANEJA,
HERCE QUEMADA, VIADA, ARAGONESES, MORÓN PALOMINO, D E LA OLIVA, MONTE-
RO AROCA, RAMOS MÉNDEZ, GIMENO SENDRA, SERRA DOMÍNGUEZ, ALMAGRO NO-
SETE y otros.
En la República Argentina fue TOMÁS JOFRÉ quien, en su Manual de pro-
cedimiento civil y penal (1919), hizo conocer en el país las concepciones de
CHIOVENDA, pues las obras escritas con anterioridad —como las de MANUEL
ANTONIO DE CASTRO, ESTÉVEZ SAGUI, CASARINO, RODRÍGUEZ, SILGUEIRA, CAL-
VENTO, D E LA COLINA, y PARODI— no comprueban, en general, otra influencia
que la de los comentaristas de las leyes españolas y la de algunos autores fran-
ceses. Durante la década de 1930 a 1940 se publicaron diversos trabajos, entre
los cuales cabe mencionar los Comentarios al Código de procedimiento civil
de Mendoza, de PODETTI; el Proyecto de Código de procedimiento civil, redac-
tado por el Instituto de Altos Estudios Jurídicos de La Plata, bajo la dirección
de DAVID LASCANO: la Teoría de las diligencias para mejor proveer, del profe-
sor uruguayo EDUARDO J. COUTURE, que acusan una marcada influencia de la
orientación sistemática preconizada por la escuela italiana de derecho procesal
y de cuya difusión en el Río de la Plata fue índice demostrativo el Primer Con-
greso de Ciencias Procesales, celebrado en Córdoba en 1939. La adhesión a las
modernas doctrinas se concreta definitivamente con la publicación, en 1941,
del Tratado teórico práctico de dereclw procesal civil y comercial, de HUGO
ALSINA, al que siguen, ese mismo año, Jurisdicción y competencia, de DAVID
LASCANO, y, en el año 1942, Teoría técnica del proceso civil, de J. RAMIRO PO-
DETTI, y Fundamentos del derecho procesal civil, de EDUARDO J. COUTURE.
LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL 49

La producción procesal argentina lia proseguido sobre esa línea, sea en


obras generales o en trabajos monográficos. Entre las primeras corresponde ci-
tar el Derecho procesal civil, comercial y laboral, de JOSÉ RAMIRO PODETTI, del
cual aparecieron ocho Tratados con anterioridad a la muerte del autor, ocurrida
en 1955, ocupándose exitosamente de su actualización, a partir de 1968, VÍC-
TOR A. GUERRERO LECONTE, quien hasta la fecha ha logrado publicar la segunda
edición de los tratados correspondientes a la competencia, a las ejecuciones, a
las medidas cautelares y a la tercería; el Derecho procesal civil, de RICARDO
REIMUNDÍN, publicado en 1956 (2 tomos); la Introducción al estudio del Dere-
cho procesal civil, de EDUARDO B. CARLOS, publicada en 1959; las Lecciones de
derecho procesal, de MARIO A. ODERIGO, que comenzaron a publicarse en
1959; el Manual de derecho procesal, de LEONARDO J. AREAL y CARLOS E. FE-
NOCHIETTO, del que se han publicado dos volúmenes en 1966 y 1970, respecti-
vamente, las Instituciones de derecho procesal, de CLEMENTE A. DÍAZ (fallecido
en 1973), obra de la cual se publicó el primer volumen en 1969 y el segundo en
1972 y el Derecho procesal civil de OSVALDO A. GOZAÍNI, del cual se publicaron
los dos primeros volúmenes en 1992. También corresponde incluir en esta ca-
tegoría al Código de procedimientos civiles y comerciales concordado y co-
mentado, de RAYMUNDO L. FERNÁNDEZ (del que existen tres ediciones), y al Có-
digo de Procedimiento Civil y Comercial anotado y comentado, de CARLOS J.
COLOMBO, publicado en 1964 (reeditado en 1969 bajo el título de Código Pro-
cesal y Comercial de la Nación, anotado y comenlado), pues pese al método
formalmente exegético con que han sido redactados responden, en lo compati-
ble, a la corriente sistemática.
Entre los autores de trabajos monográficos cabe recordar, entre otros, y
aparte de los precedentemente citados, a MANUELIBÁÑEZ FROCHAM, AMÍLCAR A.
MERCADER, AUGUSTO MARIO MORELLO, JOSÉ SARTORIO, SANTIAGO SENTÍS ME-
LENDO, JUAN CARLOS HITTERS, ÓSCAR J. MARTÍNEZ, ADOLFO ARMANDO RIVAS,
ALÍ JOAQUÍN SALGADO, EDUARDO DE LÁZZARI, ROBERTO G. LOUTAYF RANEA y
FERNANDO DE LA RÚA. Deben añadirse las colaboraciones en revistas jurídicas
debidas a ADOLFO ALVARADO VELLOSO, ISIDORO EISNER, CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ,
ENRIQUE M. FALCÓN, ALFREDO J. DI IORIO, CARLOS E. FENOCHIETTO, ROLAND
ARAZI, GUALBERTO L. SOSA, ROBERTO BERIZONCE, JUAN PEDRO COLERIO, JUAN JOSÉ
AZPELICUETA, ALBERTO J. TESSONE, JORGE L. KIELMANOVICH, ATILIO CARLOS GON-
ZÁLEZ. JORGE W. PEYRANO, EPIFANIOCONDORELLI, EDUARDO OTEIZA, EFRAÍN QUE-
VEDO MENDOZA, CARLOS A. NOGUEIRA, JORGE A. ROJAS y otros.
Existen, asimismo, diversas obras de valor científico y utilidad práctica
destinadas al comentario y explicación de los códigos y leyes procesales. Tales
La ley 50 y sus complementarias de procedimiento federal, de JOSÉ SARTORIO;
el Código Procesal Civil y Comercial y leyes complementarias, de ÓSCAR SE-
50 HISTORIA Y FUENTES

RANTES PEÑA y JAVIER CLAVELL BORRAS; el Código de Procedimiento Civil y


Comercial, de JOSÉ O. D'ALESSIO y CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ; el Código Proce-
sal Civil y Comercial comentado, anotado y concordado, de SANTIAGO C FASSI
(luego actualizado por CÉSAR DOMINGO YÁÑEZ); los Códigos procesales en lo
civil y comercial de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación comentados y
anotados, de AUGUSTO MARIO MORELLO, GUALBERTO L. SOSA y ROBERTO BERI-
ZONCE; el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación anotado, concorda-
do y comentado de ENRIQUE M. FALCÓN; el Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación comentado y concordado de CARLOS E. FENOCHIETTO y ROLAND ARAZI y
el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado, anotado y con-
cordado con los códigos provinciales de ROLAND ARAZI y JORGE A. ROJAS.
En otros países latinoamericanos la escuela sistemática cuenta con desta-
cados representantes: ADOLFO GELSI BIDART, ENRIQUE VESCOVI, DANTE BARRIOS
DE ANGELIS, ENRIQUE E. TARIGO, LUIS A. VIERA, LUIS TORELLO, JAIME TEITEL-
BAUM, JAIME GREIF, ÁNGEL LANDONI y otros, en la República Oriental del Uru-
guay; ALFREDO BUZAID, D A COSTA CARVALHO, MOACIR AMARAL SANTOS, JOSÉ
CARLOS BARBOSA MOREIRA y ALCIDES DE MENDONCA LIMA, en el Brasil; F. ALES-
SANDRI y M. CASARINO VITERVO, en Chile; JOSÉ CASTILLO LARRAÑAGA, HUMBERTO
BRISEÑO SIERRA y EDUARDO PALLARES, en México; ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG,
JOSÉ RODRÍGUEZ URRACA y JOSÉ SARMIENTO NÚÑEZ, en Venezuela; HERNANDO DE-
VIS ECHANDÍA y HERNANDO MORALES MOLINA, en Colombia; etcétera.
CAPÍTULO lll

EL PROCESO

SUMARIO; 1. GENERALIDADES: 22. Concepto y objeto del proceso.— 23. Elementos del
proceso.— 24. El problema de la naturaleza jurídica del proceso.— 11. LOS PRINCI-
PIOS PROCESALES: 25. Concepto.— 26. El principio dispositivo.— 27. El principio
de contradicción.— 28. El principio de escritura.— 29. El principio de publicidad.—
30. El principio de preclusión.— 31. El principio de economía procesal.— 32. El prin-
cipio de adquisición.— 33. Otros principios procesales.— III. DISTINTAS CLASES DE
PROCESOS: 34. Generalidades.— 35. Procesos judiciales y arbitrales.— 36. Procesos
contenciosos y voluntarios.— 37. Procesos de declaración, de ejecución y cautelares.—
38. Proceso ordinario y procesos especiales.— 39. Procesos singulares y universales.

§ /
5
GENERALIDADES

22. CONCEPTO Y OBJETO DEL PROCESO

a) El vocablo proceso (processus, de procederé) significa avanzar, mar-


char hasta unfindeterminado, no de una sola vez, sino a través de sucesivos mo-
mentos.
5
ALSINA, Tratado. I. pág. 399; ALVARADO VELLOSO, Introducción al estudio del
derecho procesal, Santa Fe, 1989. pág. 233; ARAGONESES. Proceso y derecho procesal, pág.
89; CALAMANDREI. Instituciones. I, pág. 342; C.ARNEL.UTT1, Instituciones del proceso civil. I,
pág. 292 (trad. SENTÍS MELENDO), Buenos Aires, 1959: Sistema, 1, pág. 55; CLARIÁ OLMEDO,
Derecho procesal. I, pág. 125; CouTURE, Fundamentos de derecho procesal y civil, 3a ed.. Buenos
Aires. 1958, pág. 124; CHIOVENDA, Principios de derecho procesal civil (trad. CASÁIS y SANTALÓ).
52 EL PROCESO

Desde el punto de vista de la teoría general del derecho aquella expresión


denota, según se señaló supra, n° 1, la actividad que despliegan los órganos del
Estado en la creación y aplicación de normas jurídicas, sean éstas generales o
individuales. La terminología jurídica tradicional, sin embargo, utiliza la desig-
nación de que se trata como sinónimo de proceso judicial, aunque no excluye a
la actividad que se desarrolla por y ante los arbitros y amigables componedores,
siempre que éstos cumplan esa actividad dentro del mismo ámbito de compe-
tencia en el que pueden intervenir los órganos judiciales.
b) Partiendo de estos conceptos, cabe definir al proceso como el conjun-
to de actos recíprocamente coordinados entre sí de acuerdo con reglas preesta-
blecidas, que conducen a la creación de una norma individual destinada a regir
un determinado aspecto de la conducta del sujeto o sujetos, ajenos al órgano,
que han requerido la intervención de éste en un caso concreto, así como la con-
ducta del sujeto o sujetos, también extraños al órgano, frente a quienes se ha re-
querido esa intervención.
c) La doctrina, en general, define al proceso como el conjunto de actos
que tienen por objeto la decisión de un conflicto o de un litigio, y existen auto-
res que, compartiendo en mayor o menor medida ese concepto, incorporan ex-
presamente a sus definiciones las ideas de acción, pretensión y jurisdicción. Sin
embargo estas últimas nociones, por sí solas, carecen de relevancia como notas
definitorias del proceso. La acción, según se verá más adelante, no es más que
un supuesto de la actividad procesal. El concepto de pretensión, en tanto supo-
ne una manifestación de voluntad formulada/rcj/;f<? a un sujeto distinto al autor
de esa manifestación, es ajeno al ámbito de los llamados procesos voluntarios,
cuyo objeto consiste en una mera petición dirigida al órgano judicial. También
debe descartarse la idea de jurisdicción, porque la actividad que despliegan los
órganos judiciales en ese tipo de procesos reviste carácter administrativo y no
jurisdiccional (infra, n° 36 y n° 44).
d) Es en virtud de tales consideraciones que la definición propuesta se
limita a aludir, como finalidad del proceso, a la creación de una norma indiví-
dual destinada a regir un aspecto específico de la conducta de determinados su-
Madrid, s/f, I. pág. 94; Isiiíuzioni. 1. pág. 30; D\-:vis ECHANDÍA. Nociones generales, pág. 129;
FAIREN GUILLEN, El desistimiento y su bilateralidad en primera instancia. Barcelona. 1950.
pág. 37; GOLDSCHMIDT. Teoría general del proceso: GUARNILRI, Sulla leoria genérale del
processo pénale. Milano, 1939, págs. 1 v 90: GUASR. Derecho procesal civil. I. pág. 11;
M0Nir.R0 AROCA. Introducción al derecho procesal. Madrid. 1979, 2a cd.. pág." 176:
MORÍ ARA. Manuale delta procedura civile, Torino. 1929, 9'' ed.. pág. 20; PALACIO. Derecho
procesal civil. I. pág. 225: PODETTI. Trilogía estructural: RENGLE ROMBERG. Tratado, 1, pág.
173: Rocco. Derecho procesal civil, pág. 141; ROSENBERG. Tratado. I, pág. 8: SATTA, Diritto
processuale civile, pág. 163: ZANZUCCHI. Diritto processuale civile. Milano. 1947. 1, pág. 64.
GENERALIDADES 53
jetos, poniendo de resalto, asimismo, liiextraneidad de aquéllos en relación
con el órgano.
Tal definición es por lo pronto comprensiva de todas las modalidades que
es susceptible de revestir el acto con que culmina cualquier clase de proceso ju-
dicial o arbitral (especificación, con referencia a un caso concreto, de alguna o al-
gunas de las menciones contenidas en una norma general). Además, la extraneidad
de los sujetos en relación con el órgano decisor constituye una nota que sólo se pre-
senta, con carácter permanente e invariable, en los procesos judiciales y arbitrales.
Ello no sucede en los que se desarrollan en el ámbito de la Administración, donde
puede ocurrir que los sujetos afectados por la norma formen parte del órgano
(sanciones disciplinarias aplicadas a funcionarios o empleados). Lo mismo su-
cede con motivo de la actividad que cumplen los tribunales de justicia en el su-
puesto contemplado, supra, n° 2, b), así como en todo proceso legislativo, cual-
quiera que sea la naturaleza del órgano que en él intervenga.

e) Aunque a veces se utilizan como sinónimos los términos proceso y


juicio corresponde destacar, sin embargo, que ellos se encuentran en relación
de género a especie, pues el segundo supone la existencia de una controversia o,
por lo menos, de un conflicto entre partes, supuestos que no se configuran, res-
pectivamente, en los procesos contenciosos cuando media rebeldía o allana-
miento, y en los denominados procesos voluntarios.

f) Tampoco cabe identificar los términos proceso y procedimiento. El


proceso representa el conjunto de actos que son necesarios, en cada caso, para
obtener la creación de una norma individual. El procedimiento, en cambio,
constituye cada una de las fases o etapas que el proceso puede comprender. Así,
al procedimiento de primera instancia puede seguir, en caso de apelación, un
procedimiento de segunda instancia, en cuyo caso el proceso se integra con dos
procedimientos; o, por el contrario, el proceso puede comprender menos de un
procedimiento en el caso de que, por ejemplo, se extinga con anterioridad al
pronunciamiento de la decisión de primera instancia. Por ello dice CARNELUTTI
que para distinguir mejor entre proceso y procedimiento se puede pensar en el
sistema decimal: el procedimiento es la decena; el proceso es el número con-
creto, el cual puede no alcanzar la decena o bien comprender más de una.

23. ELEMENTOS DEL PROCESO

a) Todo proceso consta de un elemento subjetivo y de un elemento obje-


tivo, e importa, asimismo, una determinada actividad.
54 EL PROCESO

b) El elemento subjetivo se halla representado por las personas faculta-


das para iniciarlo, impulsarlo, extinguirlo y decidirlo. En los procesos conten-
ciosos son sujetos primarios el órgano judicial (o arbitral) y las partes. El
primero, como titular de un poder público (o eventualmente equiparado a tal),
se encuentra en un plano supraordinado con relación a las segundas (supra, n° 5).
En esos mismos procesos existen, necesariamente, dos partes: la actora y
la demandada. La primera es la persona que formula la pretensión que debe ser
satisfecha por el órgano, y la segunda, la persona frente a quien se formula di-
cha pretensión, encontrándose ambas, por debajo del órgano, en una posición
jerárquicamente igualitaria. Sin embargo, como consecuencia de la acumula-
ción subjetiva de pretensiones, la intervención de terceros, la acumulación de
procesos y la sucesión procesal, el proceso contencioso puede desarrollarse
mediante la participación de varios actores o demandados (litisconsorcio, ver
infra, n° 130).
En los procesos voluntarios, los sujetos primarios que se encuentran por de-
bajo del órgano judicial, pudiendo ser uno o más, se denominan peticionarios.
Finalmente, el cumplimiento integral de las funciones procesales requie-
re la intervención de otras personas que actúan en el proceso como auxiliares
(internos o externos) del órgano (secretarios, ujieres, oficiales de justicia, peri-
tos, martilieros, etc.), o de las partes o peticionarios (abogados, procuradores y
consultores técnicos), a las que cabe denominar sujetos secundarios.

c) El elemento objetivo del proceso puede hallarse constituido por una


pretensión o por una petición extracontenciosa, según que, respectivamente, la
intervención del órgano sea requerida para definir un conflicto (proceso con-
tencioso) o para constituir, integrar o acordar eficacia a una relación jurídica
(proceso voluntario).

d) La actividad, por último, comprende el conjunto de actos que deben


cumplir los sujetos procesales desde el comienzo del proceso hasta la decisión
que le pone término, escindiéndose en dimensiones de lugar, tiempo y forma.

24. EL PROBLEMA DE LA NATURALEZA JURÍDICA DEL PROCESO

a) La doctrina se viene aplicando, desde antiguo, a esclarecer la califi-


cación que corresponde al proceso dentro del cuadro general de las figuras ju-
rídicas, consistiendo el motivo de esa preocupación en desentrañar la índole de
las vinculaciones que aquél genera. Entre las principales teorías que se han
enunciado acerca de este problema merecen destacarse la contractualista y cua-
GENERALIDADES 55
sicontractualista, la de la relación jurídica, la de la situación jurídica y la de la
institución. Ellas serán brevemente examinadas a continuación.

b) La teoría contractualista se inspira fundamentalmente en las modali-


dades y efectos de que se hallaba revestida la litiscontestatio en el derecho ro-
mano (supra, n° 10). Tanto durante el período de las legis actiones como en la
época del procedimiento formulario, la litiscontestatio constituía la actuación
procesal en cuya virtud quedaba cerrado el procedimiento in iure ante el magis-
trado, se determinaba el contenido y alcance del litigio y se lo sometía al iudex.
Se trataba de un contrato/or/z/c// entre las partes, cuyo efecto más importante
era el de novar el derecho invocado por el actor en un nuevo derecho, consisten-
te en la obtención de una sentencia dentro del ámbito asignado a la cuestión li-
tigiosa. De allí que la litiscontestatio "consumiese" la acción, impidiendo que
ella fuese renovada en otro proceso. Durante la época del procedimiento ex-
traordinario la litiscontestatio perdió sus efectos más relevantes y, particular-
mente, su sentido contractual, pues la sujeción de las partes al imperiwn del
magistrado durante todo el desarrollo del proceso tornó superfluo cualquier
acuerdo de voluntades tendiente a ese fin. No obstante la total desaparición de
las circunstancias políticas en las que se desenvolvió el derecho romano clási-
co, algunos autores de los siglos xvm y xix (POTHIER, DEMOLOMBE, AUBRY Y
RAU, COLMET DE SANTERRE) intentaron revivir la figura del contrato judicial de
la litiscontestatio, remitiendo la explicación de fenómenos trascendentes del
proceso, como, por ejemplo, el relativo a los límites de cosa juzgada, a la exis-
tencia de un acuerdo de voluntades entre las partes, tendiente a someter al juez
la solución de sus diferencias.
Son diversos y decisivos los argumentos que cabe oponer a dicha concep-
ción del proceso. En primer lugar, en el Estado moderno no se concibe la pres-
tación de la actividad judicial como el resultado de un previo acuerdo de partes,
sino como el ejercicio de un poder, inherente a la soberanía, y al cual las partes
se encuentran sujetas con prescindenciade su voluntad. En segundo lugar,
mientras el contrato requiere el consentimiento de ambas partes, el proceso
puede constituirse, desenvolverse y extinguirse contra la voluntad del deman-
dado, e incluso en ausencia de él (proceso en rebeldía). Además, ni la iniciación
del proceso ni la sentencia que lo decide producen la novación del derecho con-
trovertido.
La asimilación del proceso a un cuasicontrato fue ideada para salvar los
inconvenientes que importaba, en la concepción contractualista, la circunstan-
cia de que el proceso pudiese tener lugar pese a no mediar el libre consenti-
miento de ambas partes. Esta tesis alcanzó una difusión totalmente despropor-
cionada a su acierto: la sostuvieron ARNAULT DE GUENYVEAU en Francia, los
56 EL PROCESO

prácticos españoles (SALGADO DE ZOMOZA, CARLEVAL, CONDE DE LA CAÑADA) y


autores posteriores de la misma nacionalidad (CARAVANTES, D E LA SERNA y
MONTALBÁN), MATTIROLO en Italia, PEREIRA y SOLSA en Portugal; etc., y la ma-
yor parte de los procedimentalistas argentinos ( D E LA COLINA, PARODI, RODRÍ-
GUEZ, etc.), siendo común, todavía hoy, que algunas sentencias judiciales hagan
referencia al "cuasi contrato de la Utiscontestatio".
Como señala COUTURE, la tesis del cuasicontrato ha procedido por simple
eliminación, eligiendo, dentro de las distintas fuentes de las obligaciones, la
menos imperfecta; pero dejando de lado a una de ellas —la ley—, que es preci-
samente la que crea las supuestas obligaciones cuyo origen se busca. Por lo de-
más, son aplicables a esta tesis los restantes reparos formulados a la teoría con-
tractualista.

c) La concepción del proceso como una relación jurídica es la que


cuenta, incluso en la actualidad, con mayor número de adeptos, aunque dista de
existir uniformidad de criterio acerca de la forma en que dicha relación se cons-
tituye. El primer expositor sistemático de esta teoría fue Osear BÜLOW. En Italia
fue adoptada por CHIOVENDA, que hizo del concepto de relación jurídica uno de
los pilares de su sistema. Partiendo de la base de que con anterioridad al pro-
nunciamiento definitivo sobre la procedencia de la demanda las partes tienen
deberes y derechos, expresa CHIOVENDA, siguiendo el pensamiento de BÜLOW,
que el proceso civil contiene una relación jurídica, y que todos los actos me-
diante los cuales el proceso se manifiesta revisten trascendencia jurídica en
cuanto pertenecen a esa relación fundamental, que es: Io) autónoma, porque
nace y se desarrolla con independencia de la relación de derecho material; 2o)
compleja, porque comprende un conjunto indefinido de derechos, vinculados
no obstante por un fin común, que consiste en la actuación de la voluntad de la
ley mediante el pronunciamiento de una resolución jurisdiccional definitiva;
3o) de derecho público, porque deriva de normas que regulan el ejercicio de una
potestad pública. En cuanto al contenido de esa relación, observa CHIOVENDA
que existe, por un lado, un deber del órgano jurisdiccional en el sentido de pro-
veer a las peticiones de las partes, el cual se halla garantizado mediante sancio-
nes penales y civiles, agregando que es inútil discutir si dicho deber (que
corresponde fundamentalmente al juez frente al Estado) existe también respec-
to de las partes, pues es suficiente advertir que éstas tienen frente al juez, como
persona, el poder jurídico de ponerlo (con sus demandas) en la necesidad jurí-
dica de actuar. Las partes tienen, por otro lado, deberes respecto del juez y entre sí
(deber de comunicación de documentos, de no retrasar por negligencia la instruc-
ción o resolución del pleito, de no exagerar la defensa con actos culposamente
inútiles, etc.). CALAMANDREI, por su parte, no obstante adherir sustancialmente a
GENERALIDADES 57

la concepción chiovendiana, observa que las obligaciones que el proceso gene-


ra a cargo de ias partes son obligaciones a favor del Estado, no de la contrapar-
te, como ocurre cuando el ordenamiento jurídico exige a aquellas que observen
en el proceso un cierto comportamiento en interés de la justicia, aun cuando
sea contrario a su interés individual, y acompaña ese mandato con sanciones es-
peciales (v.gr., deberes de lealtad y probidad, de no usar expresiones inconve-
nientes u ofensivas, de no jurar en falso, etc.)- Advierte, sin embargo, que la
obligación procesal de las partes es, en el proceso civil, una figura excepcional,
pues en la mayor parte de los casos las llamadas obligaciones de las partes se
hallan absorbidas por la figura de la carga procesa!.
Conforme al pensamiento de quienes propician la teoría analizada, son
sujetos de la relación procesal el juez, por un lado y las partes (actor y deman-
dado), por otro, aunque es posible que ingresen a ella otros sujetos, como con-
secuencia de la intervención voluntaria o forzosa. La relación procesal se cons-
tituye mediante la notificación de la demanda al demandado, pero también es
necesario que concurran los llamados presupuestos procesales (competencia
del juez, capacidad de las partes, etc.), pues de lo contrario no nace la obliga-
ción del juez de pronunciarse sobre el mérito de la demanda. El desarrollo de la
relación procesal tiene lugar a través de los distintos actos que deben cumplir
las partes y el tribunal, y su fin ocurre, normalmente, en ocasión de la sentencia
que se pronuncia sobre el fondo del asunto.
Pero como se anticipara más arriba, no existe uniformidad de criterios
acerca de la forma como se constituye la llamada "relación jurídica procesal".
Si bien la construcción triangular, recién descripta, es la que cuenta con mayor
número de adherentes, también se la ha concebido como un vínculo constituido
solamente entre las partes (KOHLER) y como la fusión de dos relaciones jurídi-
cas entre el juez y cada una de las partes (ZANZUCCHI, ROCCO), O sea de la rela-
ción que media entre el actor y el Estado (relación jurídica de acción) y de la
relación que media entre el demandado y el Estado (relación jurídica de excep-
ción), las cuales se hallan estrechamente ligadas porque coinciden en el sujeto
de la obligación (Estado).
CARNELÜTTI, por su parte, entiende que el proceso no es una relación ju-
rídica, sino un complejo de relaciones jurídicas, constituidas por los poderes y
deberes que la ley instituye en favor o a cargo de los agentes que en él intervie-
nen (parles, defensores, oficiales, encargados, terceros).

d) GOLDSCHMIDT ha negado, terminantemente, la conclusión de que el


proceso contenga una relación jurídica. En primer lugar porque, en su entender,
no media relación alguna de índole procesal entre el juez y las partes: el deber
de administrar justicia, en efecto, se basa en el derecho público, y sólo engen-
58 EL PROCESO

dra para el juez, en caso de incumplimiento, responsabilidades penales o civiles


que deben hacerse efectivas fuera del proceso. En segundo lugar, porque no
existe una verdadera obligación de las partes de someterse a la jurisdicción es-
tatal, sino un estado de sujeción que no tiene origen en el proceso sino en la re-
lación general que liga al ciudadano con el Estado.
El punto cardinal de la tesis de GOLDSCÜMIDT reside en la distinta función
que a su juicio cumplen las normas jurídicas según sea el punto de vista desde
el cual se las examine. Así, en su función extrajudicial (consideración estática),
las normas representan imperativos dirigidos a los ciudadanos, siendo deber y
derecho, respectivamente, la sujeción a un imperativo y el poder sobre un impe-
rativo. En su función judicial (consideración dinámica), en cambio, las normas
constituyen medidas con arreglo a las cuales el juez debe juzgar la conducta y
el estado de los ciudadanos, de manera tal que, hallándose pendiente el proce-
so, aquéllas pierden ei carácter de imperativos para asumir el de promesas o
amenazas de determinada conducta del juez. El proceso genera, de tal suerte,
nuevos nexos jurídicos, que se hallan referidos a la sentencia judicial que las
partes esperan: son expectativas de una sentencia favorable o perspectivas de
una sentencia desfavorable. No es por lo tanto el proceso una relación jurídica,
sino una situación jurídica, la que es definida por GOLDSCHMIDT como el estado
en que una persona se encuentra desde el punto de vista de la sentencia judicial
que se espera con arreglo a las normas jurídicas. Esa situación se concreta en
actos u omisiones determinados: así, la expectativa de una sentencia favorable
depende, por lo general, de la realización de un acto procesal exitoso, aprove-
chando para ello la existencia de unn posibilidad u ocasión procesal (por ejem-
plo, ¡as posibilidades de fundamentar la demanda, de probar, de replicar, etc.);
y por otro lado, la perspectiva de una sentencia desfavorable depende siempre
de la omisión de un acto procesal, razón por la cual, y a fin de evitare! perjuicio
que ello importa, incumbe a las partes el cumplimiento de una carga procesal
(v.gr., la de comparecer, a fin de no ser declarado en rebeldía; la de declarar,
para no ser tenido por confeso, etc.).
E! proceso engendra, de tal manera, conforme a la teoría analizada, nue-
vas categorías jurídicas de carácter netamente procesal, aunque paralelas a las
del derecho material: esas categorías son los derechos y las cargas procesales.
Son derechos procesales: a) la expectativa de una ventaja procesal, y. en último
término, de una sentencia favorable; b) la dispensa de una carga procesal (por
ejemplo, la admisión de los hechos por parte del demandado releva al actor de
la carga de la prueba); y c) la posibilidad de llegar a aquella situación mediante
la realización de un acto procesal. La carga procesal, a su turno, constituye la
necesidad de una determinada actuación para prevenir un perjuicio procesal y,
en último término, una sentencia desfavorable. A diferencia de los deberes, que
GENERALIDADES 59
siempre representan imperativos impuestos en el interés de un tercero o de la
comunidad, las cargas son imperativos del propio interés. "Como la carga pro-
cesal —dice GoLOSCiiMiDT—es un imperativo del propio interés, no hay frente
a ella un derecho del adversario o del Estado. Al contrario, el adversario no de-
sea otra cosa sino que la parte no se desembarace de su carga de fundamentar,
de probar, de comparecer, etcétera. Se encuentra aquí el fenómeno paralelo al
de los derechos procesales, frente a los cuales no hay obligación. En cambio,
existe una relación estrecha entre las cargas procesales y las posibilidades, es
decir, los derechos procesales de la misma parte, porque cada posibilidad impo-
ne a las partes la carga de aprovecharla con el objeto de prevenir su pérdida.
Puede establecerse el principio: la ocasión obliga, o más bien, impone una car-
ga, y la más grave culpa contra sí mismo es dejar pasar la ocasión".
e) GUASP, por su parte, considera que verificándose en el proceso más de
una correlación de deberes y derechos jurídicos, aquél contiene, en rigor, una
multiplicidad de relaciones jurídicas que debe reducirse a una unidad superior
y que tal unidad sólo la proporciona la figura de la institución.
Dicho autor entiende por institución al conjunto de actividades relaciona-
das entre sí por el vínculo de una idea común y objetiva a la que figuran adhe-
ridas, sea ésa o no su finalidad individual, las diversas voluntades particulares
de los sujetos de quienes proceda aquella actividad. El proceso, en el concepto
de GUASP. participa de esas características, y es, por lo tanto, una verdadera ins-
titución: la idea común y objetiva que en él se observa es la de la satisfacción de
una pretensión, y a ella adhieren el juez en su fallo, el actor en su pretensión y
el demandado en su oposición, pues todos ellos tratan de satisfacer la reclama-
ción que engendra el proceso, pese a que cada uno entienda de una manera par-
ticularmente distinta el contenido concreto que en cada caso debe integrar la sa-
tisfacción que se persigue.
Agrega el autor mencionado que el proceso exhibe los caracteres natura-
les propios de toda institución jurídica, que son: Io) Respecto de los sujetos la
jerarquía, pues aquéllos se encuentran, en el proceso, no en un piano de igual-
dad o coordinación, sino en un plano de desigualdad o subordinación; 2o) Res-
pecto del objeto su inmodificabilidad u objetividad, pues la voluntad de los su-
jetos no es susceptible de alterar el esquema objetivo común que el proceso
comporta; 3o) Respecto de la actividad su universalidad en cuanto al espacio (el
proceso no reconoce variaciones territoriales dentro de los límites de la sobera-
nía de un ordenamiento jurídico); su permanencia en cuanto al tiempo (pueden
nacer y extinguirse continuamente procesos concretos, pero la idea de satisfac-
ción de pretensiones perdura indefinidamente en el futuro) y su elasticidad en
cuanto a la forma (el proceso se adapta a la realidad de cada momento, sin su-
jeción a estructuras formales como las que se advierten en el derecho privado).
60 EL PROCESO

f) Corresponde ahora formular el análisis crítico de las diversas concep-


ciones precedentemente enunciadas, con excepción de la contractualista y cua-
sicontractualista, respecto de las cuales ya se han expuesto las razones que
impiden su actual aceptación.
Corresponde comenzar destacando, entonces, que si por relación jurídica
se entiende el nexo normativo existente entre un deber jurídico y una facultad
jurídica, o. en otras palabras, la peculiar correlación que media entre la conduc-
ta de un sujeto obligado frente a la conducta de un sujeto prelensor, no parece
discutible que el proceso contenga no ya una, sino diversas relaciones jurídicas.
Existe, por lo pronto, una relación de esa índole entre el juez y las partes,
cuyos términos están dados por el deber que incumbe al primero en el sentido
de proveer, lo que en derecho corresponda, a las peticiones que las segundas
formulen, en ejercicio del derecho de acción. El juez, por lo tanto, es sujeto pa-
sivo de una relación con las partes, y en tal carácter se halla obligado, frente a
ellas y sin perjuicio de la vinculación que lo une al Estado, a llevar a cabo todos
los actos que la ley le impone cumplir, con miras al desarrollo y conclusión del
proceso. La circunstancia de que la responsabilidad del juez omiso o negligente
revista carácter civil o penal no resulta decisiva para negar la existencia de la
mencionada relación jurídica, en tanto ésta tiene su origen en el proceso y ex-
hibe una rigurosa correlación entre los términos facultad-deber y consiguiente
sanción para la hipótesis de incumplimiento del segundo.
Asimismo las partes, como se verá oportunamente, tienen deberes frente
al juez o tribunal (infra. n° 105).
El proceso también comprueba la existencia de relaciones jurídicas entre
las partes, como es, por ejemplo, la que se configura con motivo de la obliga-
ción al pago de las costas que puede pesar sobre el vencido en el juicio, y del
consiguiente derecho de la parte contraria. Pero importa advertir que este tipo
de nexos se halla reducido a proporciones mínimas, ya que, por regla general,
el cumplimiento de los actos procesales responde a la imposición de cargas
(imperativos del propio interés).
Los terceros, finalmente, son también sujetos de relaciones procesales. El
testigo, v.gr.. tiene a su cargo diversos deberes frente al órgano judicial (compa-
recer, declarar, etc.).
No obstante ser científicamente correctas, no se advierte, sin embargo,
que las teorías de la relación jurídica, o de la pluralidad de relaciones jurídicas
revistan mayor utilidad práctica a los efectos de la adecuada comprensión de
los fenómenos procesales. Para justificar tal utilidad se ha argüido, por ejem-
plo, que sólo concibiendo al proceso como una relación jurídica unitaria se ex-
plica que la nulidad de un acto procesal vicia todos los actos cumplidos des-
pués, o que sea posible la sucesión dentro del proceso (CHIOVENDA, ROSENBERG).
GENERALIDADES 61
No se trata, sin embargo, de ejemplos convincentes. En cuanto al primero, si se
tiene presente que la coordinación recíproca que exhiben los actos procesales
responde a la circunstancia de hallarse ligados entre sí por vínculos de imputa-
ción, parece obvio que, sin necesidad de recurrir a la idea de relación jurídica se
impone, por una razón de simple lógica normativa, la conclusión de que la nu-
lidad de un acto procesal produce la de los actos consecutivos. Y en cuanto al
fenómeno de la sucesión procesal basta advertir que es de la esencia de toda su-
cesión, como observa REDENTI, que un sujeto sustituya a otro en las posiciones
o situaciones jurídicas que ocupa frente a otros sujetos de derecho, siendo indi-
ferente que se trate de derechos, obligaciones o sujeciones efectivamente exis-
tentes, o de simples posibilidades jurídicas cuyo éxito eventual no sea posible
prever. Con prescindencia, pues, de toda idea de relación jurídica, el simple he-
cho de la controversia judicial coloca a las partes en una determinada posición
jurídica que, como tal, es susceptible de transmitirse a sus sucesores.
La teoría de la situación jurídica constituye, en realidad, una excelente
descripción de los procesos dominados por el principio dispositivo, en los cua-
les la idea de carga reemplaza en medida fundamental al concepto de deber,
pues la realización de la mayor parte de los actos con que aquéllos se integran
obedece a la necesidad de asumir una posición ventajosa o de prevenir un per-
juicio, y no a la existencia de un derecho instituido a favor del Estado o de la
contraparte. Sin embargo, ni la explicación referente a los nexos que el proceso
crea, ni la conclusión de que éste entraña una situación jurídica, son suficientes
para perfilar la autonomía del fenómeno procesal en el ámbito del derecho. No
es exacta, por lo pronto, la afirmación de GOLDSCHMIDT en el sentido de que en
su función extrajudicial (consideración estática), las normas se hallen exclusi-
vamente representadas por imperativos, pues éstas constituirían, en todo caso,
la consecuencia de haberse observado determinados requisitos que el ordena-
miento jurídico prevé como simples posibilidades, susceptibles de asumirse
autónomamente por los subditos. No existe, por ejemplo, ninguna obligación
de observar la forma prescripta para un determinado contrato, por cuanto la ine-
ficacia del negocio contrario a las prescripciones legales no comporta un ''en-
tuerto" que justifique la aplicación de sanciones, sino, simplemente, la pérdida
de los beneficios que el ordenamiento jurídico condiciona al cumplimiento de
aquella clase de requisitos. Se advierte entonces que éstos cumplen, en el ám-
bito del derecho privado, una función sustancial mente idéntica a la de las car-
gas procesales, yaque serían, como éstas, "imperativos del propio interés". En
segundo lugar, tampoco parece ser un fenómeno privativo del proceso la exis-
tencia de las perspectivas y expectativas a que se refiere GOLDSCHMIDT. Desde
que, en efecto, el sentido jurídico de toda sucesión de actos humanos se encuen-
tra pendiente hasta el momento final, y depende, naturalmente, de lo que los
62 EL PROCESO

partícipes hagan o dejen de hacer, es claro que mientras se desarrolla esa "tota-
lidad sucesiva", aquéllos se hallan en una particular situación con respecto al
efecto jurídico que persiguen, en la que median expectativas de un efecto jurí-
dico favorable y perspectivas de un efecto jurídico desfavorable.
No es dudoso, finalmente, que el proceso sea una institución y que revis-
ta, como tal, las características que GUASP señala, pero la excesiva generalidad
del concepto, que ha sido utilizado para caracterizar las más disímiles realida-
des sociales y jurídicas lo priva, en el caso, de utilidad científica y práctica.
Las reflexiones que preceden reafirman la conclusión de que es inadecua-
do encasillar al proceso dentro de otras figuras jurídicas, y estéril el intento de
adosarle un rótulo que lo identifique, tanto más cuanto que todas las calificacio-
nes que se han propuesto por la doctrina adolecen, como se ha visto, de una ge-
neralidad que las desvirtúa. Es que el proceso constituye, como observa SATTA,
un fenómeno único en el mundo del derecho, y debe entonces ser explicado,
como tal proceso, mediante la ley que lo regula, desde que, como dice PODETTI,
"tanto el deber-derecho de la jurisdicción, como los llamados deberes y dere-
chos de los sujetos o cargas y expectativas para la doctrina de la situación jurí-
dica no emanan de un contrato, de un cuasicontrato, de una relación jurídica
simple o compleja o de la aludida situación jurídica, sino de la ley".

§ //
6
LOS PRINCIPIOS PROCESALES

25. CONCEPTO

a) Llámanse principios procesales las directivas u orientaciones genera-


les en que se inspira cada ordenamiento jurídico procesal.

6 ARRUBA ALVIM, Manual, 1, pág. 11: COUTURE, Fundamentos, pág. 181; DEVIS
ECHANDÍA, Nociones generales, pág. 47; DÍAZ, Instituciones, I, pág. 212; FAIRÉN GUILLEN,
"La elaboración de una doctrina general sobre los principios del procedimiento", en RDP,
1949-1, pág. 177; GOLDSCHMIDT, Derecho procesal civil, pág. 82; GOZAÍNI, Derecho procesal
civil. I, pág. 265; KISCH, Elementos, pág. 125; LASCANO, "El principio dispositivo en el
proceso moderno", en RDP, 1951-II, pág.l; LIEBMAN, Manuale, I, pág. 227; MORELLO-SOSA-
BERIZONCK, Códigos, 1, pág. 567; MILLAR, LOS principios formativos del procedimiento civil
(trad. CATALINA GROSMANN), Buenos Aires; MONTERO AROCA, Introducción al derecho
procesal, pág. 710; PALACIO, Derecho procesal civil, I, pág. 256; PEYRANO, El proceso civil
(Principios y fundamentos). Buenos Aires, 1978, pág. 50; PODETTI, Teoría v técnica del
proceso civil. P ed., pág. 67; Tratado de la competencia. 2a ed. actualizada por GUERRERO
LECONTE, pág. 73; PRIETO CASTRO, Derecho procesal civil. I, pág. 343; RAMOS MÉNDEZ,
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 63
Aunque muchos de ellos son comunes a la legislación procesal moderna,
el primado de uno u otro responde a las circunstancias históricas, políticas y so-
ciales vigentes en la comunidad de que se trate. De allí que, como dice PODETTI,
"los principios procesales deben aplicarse con criterio despierto y actual, es-
tructurando las instituciones procesales que de ellos resulten e interpretándolos
en un sentido armónico con las necesidades de la justicia en relación al tiempo
y al pueblo donde han de aplicarse".

b) Los principios procesales cumplen, fundamentalmente, las siguien-


tes funciones: Io) Sirven de bases previas al legislador para estructurar las insti-
tuciones del proceso en uno u otro sentido; 2o) Facilitan el estudio comparativo
de los diversos ordenamientos procesales actualmente vigentes, así como el de
los que rigieron en otras épocas; 3o) Constituyen instrumentos interpretativos
de inestimable valor.

c) Aunque no existe acuerdo entre los autores acerca del número y de la


individualización de los principios procesales, a continuación se han de anali-
zar particularmente los de disposición, contradicción, escritura, publicidad,
preclusión, economía procesal y adquisición, sin perjuicio de dar luego una so-
mera noticia de otros principios.

26. EL PRINCIPIO DISPOSITIVO

Llámase principio dispositivo a aquel en cuya virtud se confía a la activi-


dad de las partes tanto el estímulo de la función judicial como la aportación de
los materiales sobre los cuales ha de versar la decisión del juez. La vigencia de
este principio se manifiesta en los siguientes aspectos: iniciativa, disponibili-
dad del derecho material, impulso procesal, delimitación del thema deciden-
dum, aportación de los hechos y aportación de la prueba. Cada uno de ellos se
examinarán seguidamente.

a) Iniciativa. El proceso civil sólo puede iniciarse a instancia de parte


(nenio iudex sine adore; ne procedat iudex ex officio). Este principio está con-
sagrado explícitamente en la ley 27 (art. 2o), e implícitamente surge del contex-
to del CPN.

Derecho procesal civil, I, pág. 347; REIMüNDÍN. Derecho procesal civil, 1, pág. 117; SCHÓNKE,
Derecho procesal civil, pág. 31.
64 EL PROCESO

b) Disponibilidad del derecho material. Una vez iniciado el proceso, el


órgano judicial se halla vinculado por las declaraciones de voluntad de las par-
tes relativas a la suerte de aquél o tendientes a la modificación o extinción de la
relación del derecho material en la cual se fundó la pretensión. Es así como el
actor se encuentra facultado para desistir de la pretensión (requiriéndose la
conformidad del demandado cuando el desistimiento es posterior a la notifica-
ción de la demanda, [CPN, art. 304]), o del derecho (CPN. art. 305). También el
demandado está facultado para allanarse a la pretensión del actor (CPN, art. 307),
y ambas partes para transigir (CPN, art. 308), concillarse (CPN, art. 309), o so-
meter el pleito a la decisión de jueces arbitros (CPN, art. 736) o de amigables
componedores (CPN, art. 766).
Cuadra sin embargo señalar que cierta clase de relaciones jurídicas, en
las cuales existe un interés social comprometido, imponen la necesidad de que
respecto de los procesos en que ellas se controvierten prevalezcan los poderes
del juez sobre las facultades dispositivas de las partes. Tal es lo que sucede con los
procesos relativos al estado civil y a la capacidad de las personas (procesos matri-
moniales, de interdicción, de suspensión o pérdida de la patria potestad), en los
cuales no cabe el allanamiento, la transacción (Cód. Civ., arts. 843 y 845) o la su-
misión al juicio de arbitros o de amigables componedores (CPN, art. 737).

c) Impulso procesal. Consiste en la actividad que es menester cumplir


para que, una vez puesto en marcha el proceso mediante la interposición de la
demanda, aquél pueda superar los distintos períodos de que se compone y que
lo conducen hasta la decisión final.
La doctrina suele referirse a los principios de impulso de parte y de im-
pulso oficial, según que, respectivamente, la actividad proceda de las partes o
del tribunal, aunque sin dejar de reconocer la estrecha vinculación que el pri-
mero guarda con el principio dispositivo. Pero debe entenderse que el principio
de impulso de parte es una consecuencia del mencionado principio dispositivo.
A diferencia de lo que ocurría en el Código vigente hasta 1968 y aun des-
pués de la sanción de la ley 14.237 y del decreto-ley 23.398/56, que otorgaron
a los jueces una mayor injerencia en aspectos particulares del impulso procesal,
el CPN concede a aquéllos, como norma general, el poder de impulsar de oficio
el proceso. En ese sentido el art. 36, inc. Io, dispone que aun sin requerimiento
de parte, los jueces y tribunales podrán "tomar medidas tendientes a evitar la
paralización del proceso", a cuyo efecto, "vencido un plazo, se haya ejercido o
no la facultad que corresponda; se pasará a la etapa siguiente en el desarrollo
procesal, disponiendo de oficio las medidas necesarias".
Esta norma, que comportó la consagración de un nuevo principio en el or-
denamiento procesal nacional, no excluye empero la carga que incumbe a las
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 65
partes en el sentido de impulsar el proceso, la que subsiste en forma concurren-
te con la facultad de los jueces y tribunales. Sin embargo, como se destacó su-
pra, n° 19, se trata de un precepto que ha caído prácticamente en desuso, lo que
obedece no sólo a las deficiencias que afectan a la infraestructura judicial sino
también a la prevalencia de hábitos de difícil desarraigo.
No alcanza a desvirtuar la conclusión el hecho de que la ley 25.488 haya
modificado el texto del art. 36, inc. I o CPN erigiendo la facultad judicial de im-
pulso en un deber de los jueces, por cuanto dicho ordenamiento, sin mayor co-
herencia, mantuvo el régimen de la caducidad de la instancia e incluso su decla-
ración de oficio (infra, n° 311).

d) Delimitación del "thema decidendum". El principio dispositivo im-


pone que sean las partes, exclusivamente, quienes determinen el thema deci-
dendum, debiendo el juez, por lo tanto, limitar su pronunciamiento a las
alegaciones formuladas por aquéllas en los actos de constitución del proceso
(demanda, contestación, reconvención y contestación a ésta). Así lo establece
el art. 163, inc. 6o CPN, al prescribir que la sentencia definitiva deberá contener
"la decisión expresa, positiva y precisa, de conformidad con las pretensiones
deducidas en el juicio, calificadas según correspondiere por ley, declarando el
derecho de los litigantes y condenando o absolviendo de la demanda y recon-
vención, en su caso, en todo o en parte".

e) Aportación de los hechos. Como consecuencia del principio disposi-


tivo, la aportación de los hechos en que las parteiTfiíñdan sus pretensiones y de-
fensas constituye una actividad que les es privativa, estando vedada di juez la
posibilidad de verificar la existencia de hechos no afirmados por ninguno de
los litigantes. Igualmente le está vedado el esclarecimiento de la verdad de los
hechos afirmados por una de las partes y expresamente admitidos por la contra-
ria (afirmación bilateral).
No ocurre lo mismo, en cambio, con la determinación de las normas jurí-
dicas aplicables al caso, pues en lo que a este aspecto concierne debe atenerse
a su conocimiento del orden jurídico vigente, con prescindencia de las invoca-
ciones legales que hubieren formulado las partes (jura novit curia).

f) Aportación de la prueba: No obstante que la estricta vigencia del


principio dispositivo exigiría que la posibilidad de aportar la prueba necesaria
para acreditar los hechos controvertidos se confiase exclusivamente a la activi-
dad de las partes, aun las leyes procesales más firmemente adheridas a ese prin-
cipio admiten, en forma concurrente con dicha carga, aunque subordinada a
ella, la facultad de los jueces para complementar o integrar, ex ojficio, el mate-
66 EL PROCESO

rial probatorio del proceso. El CPN, en su artículo 36, inciso 4o, a) y b), autoriza
a los jueces y tribunales a "ordenar las diligencias necesarias para esclarecer la
verdad de los hechos controvertidos, respetando el derecho de defensa de las
partes" y a "decidir en cualquier estado de la causa la comparecencia de testi-
gos con arreglo a lo que dispone el artículo 452, peritos y consultores técnicos,
para interrogarlos acerca de lo que creyeren necesario".

27. EL PRINCIPIO DE CONTRADICCIÓN

a) Este principio, llamado también de bilateralidad o de controversia,


deriva de la cláusula constitucional que consagra la inviolabilidad de la defensa
enjuicio de la persona y de los derechos (CN, art. 18).
En términos generales, implica la prohibición de que los jueces dicten algu-
na resolución sin que previamente hayan tenido oportunidad de ser oídos quienes
pudieran verse directamente afectados por ella. Es sobre esa idea fundamental que
las leyes procesales estructuran los denominados actos de transmisión o comuni-
cación, como son los traslados, las vistas y las notificaciones (infra, n° 148).

b) La vigencia del principio analizado requiere fundamentalmente que


las leyes procesales acuerden, a quienes pudieren encontrarse en aquella situa-
ción, una suficiente y razonable oportunidad de ser oídos y de producir prue-
bas. No exige la efectividad del ejercicio de tal derecho, razón por la cual no
puede invocarse cuando la parte interesada no hizo valer, por omisión o negli-
gencia, los medios de defensa, pruebas o recursos de que dispuso en su momento.

c) La índole de ciertos procesos, sin embargo, impone la necesidad de


que las resoluciones judiciales que en ellos deben recaer se dicten, sea sin la
previa audiencia de la parte a quien afectan, sea mediante una audiencia restrin-
gida. Así, tanto razones de urgencia como obvios imperativos de efectividad,
requieren que las medidas cautelares se decreten inaudita parte e igualmente,
la misma naturaleza del proceso de ejecución excluye la posibilidad de que en
él se deduzcan defensas o excepciones atinentes a la relación de derecho sus-
tancial o fundadas en circunstancias anteriores a la creación del título ejecutivo
o ejecutorio. Pero tanto en uno como en otro caso no media una derogación del
principio examinado, sino un aplazamiento o postergación de la facultad de ser
oído o de controvertir con amplitud, ya que las medidas cautelares pueden ser
cuestionadas mediante los recursos de reposición o de apelación una vez lleva-
das a cabo (CPN, art. 198); y en el caso de los procesos de ejecución la ley
acuerda, tanto al ejecutante como al ejecutado, la facultad de promover un jui-
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 67
ció de conocimiento posterior en el que no rigen las restricciones precedente-
mente señaladas (CPN, art. 553).

2 8 . EL PRINCIPIO DE ESCRITURA

a) De acuerdo con este principio —al que se contrapone el principio de


oralidad— el juez o tribunal conoce las pretensiones y peticiones de las partes
a través de actos "escritos".
Pero en realidad, como lo hace notar CHIOVENDA, es difícil concebir hoy
un proceso oral que no admita en algún grado la escritura, ni un proceso escrito
que no admita en algún grado la oralidad.
El principio de oralidad requiere, sustancialmente, que la sentencia se
funde tan sólo en aquellas alegaciones que hayan sido verbalmente expresa-
das por las partes ante el tribunal de la causa. Pero ello no excluye totalmente
la necesidad de la escritura. En los sistemas legales regidos por el principio de
oralidad, en efecto, deben redactarse por escrito los actos preparatorios del
examen de la causa (demanda, contestación, excepciones, ofrecimientos de
prueba), aunque las declaraciones contenidas en ellos, para ser jurídicamente
eficaces, deben ser oralmente confirmadas en la audiencia. Asimismo, cabe la
posibilidad de modificar, rectificar e incluso abandonar, en dicho acto, las de-
claraciones anunciadas en los escritos preparatorios. También constituye apli-
cación del principio de escritura, en el proceso oral, la documentación que
debe realizarse de las declaraciones formuladas y^de las pruebas recibidas en
la audiencia, en aquellos regímenes procesales que instituyen, además, la do-
ble instancia judicial.
El ordenamiento procesal vigente en el orden nacional, pese a adherir al
principio de escritura, tampoco descarta la posibilidad de que ciertos actos pro-
cesales, en razón de su misma naturaleza, se realicen en forma oral, en cuyo
caso la oralidad puede ser simple o documentada. Es simple cuando los litigantes
informan in voce ante las cámaras de apelaciones (CPN, art. 264), y es documen-
tada en las audiencias de prueba, en las cuales las declaraciones de las partes o de
los testigos y, eventualmente, el dictamen del perito (CPN, art. 472) deben,
como regla, documentarse por escrito, aunque el tribunal puede decidir que la
documentación se efectúe mediante fonograbación (CPN, art. 125, inc. 6o).
Sin reunir ciertas características del principio de oralidad concebido en for-
ma estricta —como es la referente a la índole de los escritos preparatorios—, aqué 1 se
halla estructurado con respecto al trámite de determinados procesos civiles por los
códigos de Jujuy, LaRioja y Santa Fe y rige asimismo el proceso laboral en distin-
tas provincias (v.gr. ley 5178 de Buenos Aires). Si bien la demanda y la contes-
68 EL PROCESO

ración deben presentarse por escrito y no existe la posibilidad de ampliar, rec-


tificar o modificar el contenido de tales actos con posterioridad, la fase más impor-
tante del proceso se halla configurada por la vista de la causa, acto en el cual el tri-
bunal colegiado de instancia única, previa lectura de las actuaciones de prueba
producidas con anterioridad a la audiencia, procede a recibir las restantes pruebas
oportunamente ofrecidas y aquellas que ajuicio del tribunal contribuyan al escla-
recimiento de la verdad. Producida la prueba, el presidente del tribunal concede la
palabra a las partes, por su orden, y al ministerio público si interviniere, para que se
expidan sobre el mérito de aquélla. Acto continuo el tribunal pasa a deliberar a fin
de expedirse sobre los hechos y pronunciar el veredicto, dictándose posteriormen-
te la sentencia definitiva, o directamente para el pronunciamiento de ésta según el
código de Santa Fe. El secretario debe levantar "acta de lo sustancial", sin perjuicio
de dejarse constancia de alguna circunstancia especial a pedido de parte, siempre
que el tribunal lo considere pertinente.

b) Se ha discutido intensamente, en la doctrina, acerca de la convenien-


cia de aceptar el predominio de uno u otro de los principios expuestos. Dice al
respecto KISCH: "Los dos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. El de la es-
critura tiene a su favor la mayor seguridad que proporciona el que las declara-
ciones queden fijas y permanentes, de suerte que en cualquier momento pueden
ser reconstruidas y examinadas. Pero, en cambio de esto, la reducción a escrito
exige mucho tiempo, la lectura es incómoda y la sustanciación se hace pesada
por el continuo traslado de escritos de las partes al tribunal y de aquéllas entre
sí. Es un obstáculo contra la publicidad y se presta fácilmente a que sea sólo un
miembro del tribunal colegiado el que se entere a fondo del asunto en tanto que
los demás se confían por entero a él. La oralidad tiene también sus puntos dé-
biles. Da ocasión a que al oír se malentienda o se dejen pasar puntos interesan-
tes, exige que los jueces y las partes tengan fácil comprensión y memoria y
reclama del adversario una gran destreza y facultades de improvisación para
responder al ataque. Pero vista desde otro punto, la oralidad acelera, simplifica
y da más vida al procedimiento. En la sustanciación de palabra, las partes, que
se ven en presencia del adversario, del tribunal y del público, sienten cierto te-
mor y procuran prescindir de todo embrollamiento intencionado y de cuales-
quiera sofisterías; los errores pueden ser deshechos con más facilidad; el juez
que dirige la causa está en condiciones de poder rechazar todo lo que no con-
duzca al averiguamiento de la verdad y hacer resaltar y examinar más a fondo
los puntos de verdadera importancia; todos y cada uno de los miembros de los
tribunales colegiados se llevan una impresión viva de la vista y del asunto...".
Pero es indudable que el éxito de la oralidad, aun restringida al ámbito
probatorio, está inexcusablemente condicionado a la formulación de delicadas
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 69

previsiones acerca del número de tribunales compatible con una expeditiva sus-
tanciaron de las causas, así como a la solución de múltiples problemas de in-
fraestructura judicial que actualmente revisten particular gravedad en la justi-
cia nacional. En tales condiciones la aplicación de este principio no traería
aparejada ninguna mejora en cuanto a la agilidad y eficacia de la administra-
ción de justicia. Por otra parte, la experiencia de la justicia laboral de la provin-
cia de Buenos Aires y de otros regímenes semejantes no es en modo alguno
alentadora, pues el excesivo número de causas que debe atender cada uno de los
tribunales sujetos a ese sistema determina sensibles demoras en la realización
de las audiencias de prueba, lo que incide en desmedro de la celeridad de los
procesos y desvirtúa la bondad de los principios que complementan al de ora-
lidad (inmediación, concentración, etc.).

29. EL PRINCIPIO DE PUBLICIDAD

a) El principio de publicidad comporta la posibilidad de que los actos


procesales sean presenciados o conocidos incluso por quienes no participan en
el proceso como partes, funcionarios o auxiliares. Ha sido adoptado por la ma-
yor parte de las leyes procesales civiles modernas, y reconoce su fundamento
en la conveniencia de acordar a la opinión pública un medio de fiscalizar la con-
ducta de magistrados y litigantes. Por ello, aparte de cumplir una función edu-
cativa en tanto facilita la divulgación de las ideas jurídicas, sirve para elevar el
grado de confianza de la comunidad en la administración de justicia.

b) Desde luego que en los procesos orales en los que este principio pue-
de alcanzar su máxima efectividad. Pero también ha sido adoptado por las leyes
dominadas por el principio de escritura: "Las audiencias serán públicas, bajo
pena de nulidad —dispone el art. 125, inc. Io del CPN conforme a la redacción
que le imprimió la ley 25.488—, pero el tribunal podrá resolver, aun de oficio,
que total o parcialmente, se realicen a puertas cerradas cuando la publicidad
afecte la moral, el orden público, la seguridad o el derecho a la intimidad".
La determinación de tales causales queda librada en cada caso al prudente
arbitrio de los jueces, contra cuyas resoluciones en tal sentido —que deben ser fun-
dadas— no cabe recurso alguno, salvo que mediante ellas se excluyese la compa-
recencia de alguna de las partes, de sus letrados o apoderados.
Debe destacarse, sin embargo, que dada la forma precaria en que se cele-
bran las audiencias en nuestros tribunales, la que se vería agravada por la pre-
sencia de personas extrañas a los litigios, el principio de publicidad carece, en
la práctica, de toda significación.
70 EL PROCESO

De ahí que resulte inexplicable el énfasis que exhibe la norma en su ac-


tual versión, tanto más cuanto que es un dato de la realidad el escaso o nulo in-
terés que puede despertaren el público una audiencia celebrada en un juicio ci-
vil o comercial.

c) Existen en cambio normas restrictivas en relación con la consulta de ex-


pedientes judiciales. Establece sobre el punto el Reglamento para la Justicia Na-
cional: "Podrán revisar los expedientes: a) Las partes, sus abogados, apoderados,
representantes legales y los peritos designados en el juicio. También podrán ha-
cerlo las personas autorizadas debidamente por los abogados, procuradores y por
los representantes de la Nación, de las provincias, de las municipalidades y de las
reparticiones autárquicas; b) Cualquier abogado o procurador, aunque no interven-
ga en el juicio, siempre que justifique su calidad de tal cuando no fuese conocida;
c) Los periodistas con motivo del fallo definitivo de la causa" (art. 63). "Excep-
túanse de ios incisos b y c del artículo precedente: a) los expedientes que contengan
actuaciones administrativas que tengan carácter reservado; b) los expedientes refe-
rentes a cuestiones de derecho de familia (divorcio,filiación,nulidad de matrimo-
nio, pérdida de la patria potestad, alimentos, insania, etc.), así como aquellos cuya
reserva se ordene especialmente" (art. 64). "Los particulares que deseen ver un ex-
pediente en el que no sean partes, deberán hacerse acompañar por alguna de las
personas mencionadas en el artículo 63, salvo las excepciones admitidas por la ju-
risprudencia" (art. 65).

30. EL PRINCIPIO DE PRECLUSIÓN

a) Con respecto al orden en que deben cumplirse los actos procesales


existen, en la legislación comparada, dos principios básicos: el de unidad de
vista o de indivisibilidad y el de preclusión. De acuerdo con el primero, de cuya
aplicación suministra un ejemplo la ordenanza procesal civil alemana, los dis-
tintos actos que integran el proceso no se hallan sujetos a un orden consecutivo
riguroso, de manera que las partes pueden, hasta el momento en que el tribunal
declara al asunto en condiciones de ser fallado, formular peticiones, oponer de-
fensas y proponer elementos probatorios que no se hicieron valer en un período
anterior. Según el segundo, que tiene su raíz histórica en el proceso romano ca-
nónico {supra, n° 12) y es el que domina en nuestro ordenamiento jurídico, el
proceso se halla articulado en diversos períodos o fases dentro de cada uno de
los cuales deben cumplirse uno o más actos determinados, con la consecuencia
de que carecen de eficacia aquellos actos que se cumplen fuera de la unidad de
tiempo que les está asignada.
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 71
b) Por efecto de lapreclusión adquieren carácter firme los actos cumpli-
dos dentro del per/odo o sección pertinente, y se extinguen las facultades pro-
cesales que no se ejercieron durante su transcurso. Así, por ejemplo, la falta de
agregación de la prueba documental o de ofrecimiento de todas las demás prue-
bas en los escritos de demanda, reconvención o contestación de ambas (CPN,
art. 333, párr. Io, modificado por la ley 25.488), impide la aportación de tales
elementos en una oportunidad posterior, salvo que se trate de documentos de
fecha posterior o anteriores desconocidos {id., art. 335); las excepciones dilato-
rias y perentorias enumeradas en el art. 347 deben oponerse, en el proceso or-
dinario, únicamente como de previo y especial pronunciamiento y en un solo
escrito {id., art. 346, párr. Io), no siendo admisible que, con posterioridad, se re-
produzcan las ya deducidas o se opongan otras que no fueron planteadas en su
momento; la falta de interposición de un recurso dentro del plazo respectivo ge-
nera la extinción de la facultad pertinente y lo decidido por la resolución im-
pugnada adquiere carácter firme; etc., etc.

c) Tras definir a la preclusión como la pérdida, o extinción, o consuma-


ción de una facultad procesal, CHIOVENDA explica, con toda claridad, que tales
situaciones pueden ser consecuencia de: Io) no haberse observado el orden se-
ñalado por la ley para su ejercicio, como los plazos perentorios o la sucesión le-
gal de las actividades y de las excepciones; 2o) haberse realizado una actividad
incompatible con el ejercicio de la facultad, como la proposición de una excep-
ción incompatible con otra, o el cumplimiento de urtacto incompatible con la
intención de impugnar una sentencia; 3o) haberse ejercitado ya válidamente
una vez la facultad (consumación propiamente dicha).

d) De lo expuesto se sigue, como también lo hace notar el autor mencio-


nado, que el concepto de preclusión no debe confundirse con el de la cosa juz-
gada. Es inherente a esta última, en efecto, la incontestabilidad futura del
derecho reconocido por una sentencia definitiva; incontestabilidad que puede
hacerse valer en el proceso en el que aquélla se dictó o en cualquier otro proce-
so. Pero el carácter definitivo de la sentencia supone, necesariamente, una pre-
clusión, que se halla representada, en el caso, por la pérdida o consumación de
las impugnaciones de que aquélla puede ser objeto. "La relación, pues, entre
cosa juzgada y preclusión de cuestiones —dice CHIOVENDA—puede formular-
se así: la cosa juzgada es un bien de la vida reconocido o negado por el juez; la
preclusión de cuestiones es el expediente del que se sirve el derecho para ga-
rantizar al vencedor el goce del resultado del proceso".
72 EL PROCESO

31. EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA PROCESAL

a) Este principio es comprensivo de todas aquellas previsiones que tien-


den a la abreviación y simplificación del proceso, evitando que su irrazonable
prolongación haga inoperante la tutela de los derechos e intereses comprome-
tidos en él. Constituyen variantes de este principio los de concentración, even-
tualidad, celeridad y saneamiento.

b) El principio de concentración apunta a la abreviación del proceso


mediante la reunión de toda la actividad procesal en la menor cantidad de actos,
y a evitar, por consiguiente, la dispersión de dicha actividad.
Tiene vigencia, primordialmente, en los procesos orales, aun cuando no
es incompatible con aquéllos regidos por el principio de escritura, en los cuales
su aplicación contribuye a eliminar inútiles dispendios de actividad. El CPN lo
consagra con carácter general, en tanto instituye como uno de los deberes de los
jueces el de "concentrar en un mismo acto o audiencia todas las diligencias q»:e
sea menester realizar" (art. 34, inc. 5o). Ejemplos particulares de este principio
se encuentran, entre otras hipótesis, en la audiencia preliminar prevista en el
art. 360 (conforme a la redacción que le imprimió la ley 25.488), en la cual el
juez, luego de invitar a las partes a una conciliación o a encontrar otra forma de
solución de conflictos (v.gr., arbitraje), fracasado ese intento debe aquél recibir
las manifestaciones de las partes acerca de la oposición a la apertura a prueba y
resolver la incidencia para, en caso de ser adversa a la oposición, fijar los he-
chos conducentes sobre los que debe versar la prueba, recibir la prueba confe-
soria, proveer las restantes pruebas que se estimen admisibles, disponer la con-
centración de la prueba testimonial en una sola audiencia y, eventualmente, si
correspondiere, decretar que la cuestión se resuelva como de puro derecho; la
realización en un acto único de la intimación de pago, embargo y citación para
defensa enjuicio ejecutivo, así como la oposición de excepciones juntamente
con el ofrecimiento de prueba en dicho juicio (art. 542); la carga de ofrecer toda
la prueba en los escritos iniciales de los incidentes (arts. 178 y 180); etc.

c) El principio de celeridad está representado por las normas que impi-


den la prolongación de los plazos y eliminan trámites procesales superfluos u
onerosos. Son múltiples las disposiciones que el CPN contiene en ese sentido,
pues además de instituir la perentoriedad de los plazos legales o judiciales (art.
155) y la regla de que toda vista o traslado debe dictarse en calidad de autos
(art. 150), introduce un sistema más restrictivo en materia de notificaciones
personales (art. 135). Asimismo introduce numerosas normas que configuran
LOS PRINCIPIOS PROCESALES 73

concreta aplicación de este principio, como son las contenidas, entre otros, en
los arte. 41, 120, 152, 153, 154, 247, 346 y 379.

d) El principio de saneamiento, denominado también de expurgación,


es aquel en virtud del cual se acuerdan al juez facultades suficientes para resol-
ver, in limine, todas aquellas cuestiones susceptibles de entorpecer el pronun-
ciamiento sobre el mérito de la causa, o de determinar, en su caso, la inmediata
finalización o la abreviación del proceso. Este principio, incorporado a nume-
rosos códigos provinciales, ha sido recogido por el CPN en su art. 34, inc. 5o,
b), norma que impone a los jueces el deber de "señalar antes de dar trámite a
cualquier petición, los defectos u omisiones de que adolezca, ordenando que se
subsanen dentro del plazo que fije y disponer de oficio toda diligencia que fuere
necesaria para evitar nulidades".

3 2 . EL PRINCIPIO DE ADQUISICIÓN

a) Si bien las cargas de la afirmación de la prueba se hallan distribuidas


entre cada una de las partes, los resultados de la actividad que aquéllas realizan
en tal sentido se adquieren para el proceso en forma irrevocable, revistiendo ca-
rácter común a todas las partes que en él intervienen.
De acuerdo con el principio de adquisición, por lo tanto, todas las partes
vienen a beneficiarse o a perjudicarse por igual con el resultado de los elemen-
tos aportados a la causa por cualquiera de ellas.

b) La vigencia del principio enunciado impide, por ejemplo, que alguna


de las partes que produjo una prueba desista luego de ella en razón de serle des-
favorable; que el ponente de las posiciones pretenda eventualmente desconocer
los hechos afirmados en el pliego respectivo; que el actor niegue los hechos ex-
puestos en la demanda en el caso de que el demandado los invoque en su bene-
ficio; etcétera.

33. OTROS PRINCIPIOS PROCESALES

a) El principio de inmediación es aquel que exige el contacto directo y


personal del juez o tribunal con las partes y con todo el material del proceso, ex-
cluyendo cualquier medio indirecto de conocimiento judicial (escritos, infor-
mes de terceros, etc.). Pese a las restricciones que la vigencia de este principio
sufre en los procesos escritos, el CPN impone la asistencia del juez a la audien-
cia preliminar (art. 360), y de aquél o de los miembros del tribunal al acto del
74 EL PROCESO

reconocimiento judicial de cosas o lugares (arts. 479 y 480), y la realización


personal, por el magistrado interviniente en los juicios de desalojo fundados en
las causales de cambio de destino, deterioro del inmueble, obras nocivas o uso
abusivo o deshonesto, del reconocimiento judicial del inmueble con anteriori-
dad al traslado de la demanda (art. 280 ter, incorporado por la ley 25.488 —in-
fra, n° 516—). Las dificultades materiales que se oponen a la presencia del juez
o del secretario en las audiencias de prueba han generado empero una costum-
bre contra legem que suele desvirtuar, en tales casos, la vigencia del principio
analizado.

b) El principio de legalidad de las formas excluye la posibilidad de que


las partes convengan libremente los requisitos de forma, tiempo y lugar a que
han de hallarse sujetos los actos procesales, pues tales requisitos se encuentran
predeterminados por la ley. Está limitado, sin embargo, por la existencia de
normas dispositivas (supra, n° 7), y es inaplicable en los procesos de arbitros y
de amigables componedores (CPN, arts. 741, inc. I o y 769).
Este principio puede acarrear el inconveniente de que, extremando su
aplicación, se incurra en excesos rituales, y es por ello que en los últimos cin-
cuenta años ha ganado terreno en la doctrina y en la legislación procesal el lla-
mado principio de "instrumentalidad de las formas". Se funda, substancial-
mente, en la consideración de la idoneidad de los actos procesales desde el
punto de vista de \afinalidad que en cada caso están llamados a cumplir, sin que
la inobservancia de las formas, por sí sola, pueda dar lugar a su nulidad. El
CPN, siguiendo el ejemplo del código italiano y de algunos códigos provincia-
les, consagra este principio en su art. 169.

§ ///
7
DISTINTAS CLASES DE PROCESOS

34. GENERALIDADES

a) Aunque el proceso configura jurídicamente un fenómeno único, no


siempre se halla legalmente regulado con las mismas modalidades y caracterís-

7 AREAL y FENOCHIETTO, Manual, I, pág. 215; CALAMANDREI, Introduzione alio studio


sistemático dei provedimenti cautelan, Cedam, Padova, 1936, pág. 3; CARNELUTTI,
Instituciones, I, pág. 61; COLOMBO, Código Procesal y Civil de la Nación, comentado y
anotado, III, pág. 9; DENTI, L'esecuzioneforzata informa specifica, Giuffré, Milano, 1953,
DISTINTAS CLASES DE PROCESOS 75

ticas. Ciertas circunstancias, como son la naturaleza del órgano que en él inter-
viene, la existencia o inexistencia de un conflicto entre partes, la finalidad que
se persigue mediante la pretensión que lo origina, la forma en que se halla es-
tructurado, etcétera, constituyen variantes que, dentro de aquella unidad con-
ceptual, autorizan a formular distintas clasificaciones del proceso.

b) Según la naturaleza del órgano interviniente, el proceso puede serju-


dicial o arbitral. El primero, a su vez, puede dividirse en contencioso o volun-
tario, según tenga por objeto, respectivamente, la resolución de un conflicto o el
otorgamiento de autenticidad o eficacia a un estado o relación jurídica.
El proceso judicial contencioso, a su turno, puede clasificarse de acuerdo
con la finalidad de la pretensión que lo origina (de declaración, de ejecución y
cautelar) y con su estructura (ordinario y especiales).

c) Cabe finalmente, una clasificación general del proceso judicial aten-


diendo a su singularidad o universalidad.

35. PROCESOS JUDICIALES Y ARBITRALES

a) Junto al proceso judicial, que constituye el proceso por antonomasia,


la ley admite la posibilidad de que las partes sometan la decisión de sus diferen-
cias a uno o más jueces privados, llamados arbitros, o amigables componedo-
res, según que, respectivamente, deban o ñb sujetar su actuación a normas
determinadas y fallar con arreglo a las normas jurídicas.
Toda cuestión entre partes, salvo las que estén expresamente excluidas,
"podrá ser sometida a la decisión de jueces arbitros, antes o después de deduci-
da enjuicio y cualquiera fuera el estado de éste", pudiendo tal sujeción ser con-
venida en el contrato o en un acto posterior (CPN, art. 736). Igual principio rige
tratándose de amigables componedores (CPN, art. 766).
De la norma contenida en el art. 736 se sigue, en primer lugar, que es ajena
a los arbitros y a los amigables componedores toda función procesal voluntaria,
pues exige, para la viabilidad del proceso arbitral, el planteamiento de un conflicto
entre partes. Además, al carecer de imperium, les está vedada a los arbitros y
amigables componedores la actividad ejecutiva y cautelar (CPN, art. 753).

pág. 18; FAIRÉN GUILLEN, "El juicio ordinario, los plenarios rápidos y los sumarios", en
Estudios de derecho procesal, pág. 373; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos, I, pág. 517;
PALACIO, Derecho procesal civil. I, pág. 305; PODETTI, Teoría y técnica, pág. 184;
ZANZUCCHt, Diritto processuale civile, I, pág. 71.
76 EL PROCESO

No pueden comprometerse en arbitros, bajo pena de nulidad, las cuestio-


nes que no pueden ser objeto de transacción (CPN, art. 737).

36. PROCESOS CONTENCIOSOS Y VOLUNTARIOS

Se denomina contencioso al proceso que tiende a la obtención de un pro-


nunciamiento que dirima un conflicto u oposición de intereses suscitados entre
dos personas que revisten calidad de partes. Tiene por objeto una pretensión,
siendo indiferente que el demandado se oponga a ella o que rehuya la discusión
o la controversia, ya sea no compareciendo al proceso (rebeldía) o a través del
expreso reconocimiento de los hechos y del derecho invocados por el actor
(allanamiento).
En el proceso voluntario los órganos judiciales cumplen la función con-
sistente en integrar, constituir o acordar eficacia a ciertos estados o relaciones
jurídicas privadas. Su objeto se halla configurado por una o más peticiones ex-
tracontenciosas y sus sujetos privados se denominan peticionarios o solicitantes.
El CPN incluye entre los procesos voluntarios a los de mensura (arts. 658
a 672), autorización para contraer matrimonio (arts. 774 y 775), tutela y cúrate-
la (arts. 776 y 777), copia y renovación de títulos (arts. 778 y 779), autorización
para comparecer en juicio y ejercer actos jurídicos (art. 780), examen de libros
por el socio (art. 781) y reconocimiento, adquisición y venta de mercaderías
(arts. 782 a 784).
La característica fundamental de los procesos voluntarios radica en la cir-
cunstancia de que las decisiones que en ellos tienen lugar se dictan eventual-
mente en favor del peticionario pero no en contra o frente a un tercero. Pero ello
no obsta para que se transformen total o parcialmente en contenciosos cuando
surgen discrepancias entre los peticionarios (v.gr., oposición de los herederos a
la aprobación de la cuenta particionaria [CPN, art. 732]), u oposiciones de ter-
ceros o de ministerio público (v.gr., a la autorización para contraer matrimonio,
o a la designación de tutor o curador a favor del solicitante).

37. PROCESOS DE DECLARACIÓN, DE EJECUCIÓN Y CAUTELARES

a) El proceso de declaración, llamado también de conocimiento o de


cognición, es aquel que tiene como objeto una pretensión tendiente a lograr que
el órgano judicial (o arbitral) dilucide y declare, mediante la aplicación de las
normas pertinentes a los hechos planteados y (eventualmente) discutidos, el
contenido y alcance de la situación jurídica existente entre las partes. El conté-
DISTINTAS CLASES DE PROCESOS 77
nido invariable y primario de los pronunciamientos que recaen en ese tipo de
proceso se halla representado por una declaración de certeza sobre la exis-
tencia o inexistencia del derecho pretendido por el actor. Cuando a ese conteni-
do se une la integración de una relación jurídica, o la imposición al demandado
de una determinada prestación (dar, hacer o no hacer) se configuran sentencias
denominadas, respectivamente, determinativas y de condena (infra, n° 55).
b) El proceso de ejecución tiene por finalidad hacer efectiva la sanción
impuesta por una anterior sentencia de condena que, como tal, impone al ven-
cido la realización u omisión de un acto, cuando éste no es voluntariamente rea-
lizado u omitido por aquél.
Este tipo de proceso, sin embargo, puede agotar en forma autónoma el
cometido de la función judicial. Es el caso de los títulos ejecutivos extrajudi-
ciales, a los cuales la ley les asigna efectos equivalentes a los de una sentencia
de condena, regulando, para hacerlos efectivos, un proceso sustancialmente si-
milar al de ejecución de sentencias.
En la legislación procesal argentina los procesos de ejecución constitu-
yen, en rigor, procesos mixtos (aun cuando prepondere la función ejecutiva),
por cuanto constan de un período declarativo de conocimiento destinado al
planteamiento y examen de ciertas defensas.
c) El proceso cautelar tiende a impedir que el derecho cuyo reconoci-
miento o actuación se pretende obtener a través de un proceso (de conocimien-
to o de ejecución), pierda su virtualidad o eficacia durante el tiempo que
transcurre entre su iniciación y el pronunciamtentcráe la sentencia que le pone
fin (desaparición de los bienes del presunto deudor, o modificación de la situa-
ción de hecho existente al tiempo de deducirse la pretensión).
La característica fundamental de este tipo de procesos consiste en que ca-
recen de autonomía, pues su finalidad se reduce a asegurar el resultado práctico
de la sentencia que debe recaer en otro proceso.

38. PROCESO ORDINARIO Y PROCESOS ESPECIALES

a) Desde un punto de vista estructural corresponde distinguir el proceso


ordinario de los procesos especiales.

b) Al primero se refiere el art. 319 CPN, en tanto dispone que "todas las
contiendas judiciales que no tuvieren señalada una tramitación especial, serán
ventiladas en juicio ordinario, salvo cuando este Código autoriza al juez a de-
terminar la clase de proceso aplicable".
78 EL PROCESO

El proceso ordinario (que es siempre contencioso y de conocimiento) está


estructurado atendiendo a que la ley le asigna la posibilidad de que en él se
planteen y decidan, en forma definitiva, la totalidad de las cuestiones jurídicas
que pueden derivar de un conflicto entre partes. Consta, fundamentalmente, de
tres etapas: introductiva o de planteamiento, probatoria y decisoria, cuyo res-
pectivo desarrollo será explicado infra, nc 159.

c) Los procesos especiales son todos aquellos procesos judiciales con-


tenciosos (de conocimiento, de ejecución y cautelares) que se hallan sometidos
a trámites específicos, total o parcialmente distintos a los del proceso ordinario.
Se caracterizan por la simplificación de sus dimensiones temporales y forma-
les, y, en consecuencia, por la mayor celeridad con que son susceptibles de sus-
tanciarse y resolverse. Pueden clasificarse en plenarios rápidos o abreviados y
sumarios.
Los "plenarios rápidos" son aquellos cuya simplicidad formal no obsta al
conocimiento judicial exhaustivo del litigio, el cual resulta decidido, por consi-
guiente, en forma total y definitiva. Sólo se diferencian, por lo tanto, de los or-
dinarios (que son los "plenarios" tipo), desde el punto de vista de su simplici-
dad formal, la que está dada, generalmente, por la escasa cuantía de las*
cuestiones debatidas o por la presunta facilidad con que pueden resolverse.
A esta categoría pertenecen los procesos que el CPN denominaba suma-
rio y sumarísimo (arts. 486 a 497 y 498), terminología ésta que si bien no se
ajusta estrictamente a un criterio ortodoxo, tiene, en cambio, mayor arraigo en
nuestra tradición procesal. Además de la mayoría de los procesos a que se refe-
rían los arts. 320 y 321 del CPN, responden a esta estructura los de declaración
de demencia (arts. 624 a 636), de sordomudez (art. 637), o de inhabilitación
(637 bis a quater), de rendición de cuentas (arts. 652 a 657), de deslinde (arts.
673 a 675), de división de cosas comunes (arts. 676 a 678), y los que tramitan
ante la justicia laboral. El tema será analizado con mayor amplitud en el n° 157.
En los procesos sumarios propiamente dichos, a diferencia de lo que ocurre
con los "plenarios rápidos", la simplicidad de las formas está determinada por la
fragmentariedad o por la superficialidad impuesta al conocimiento judicial. En el
primer caso están incluidos algunos procesos de conocimiento, como los interdic-
tos y todos los procesos de ejecución, en los que no se agota el planteamiento y re-
solución del conflicto en su totalidad, sino solamente en algunos de sus aspectos.
En el segundofiguranlos procesos cautelares, en los que sólo se requiere la justi-
ficación de la apariencia o verosimilitud del derecho invocado, por cuya razón su
característica fundamental es la de la máxima simplicidad formal.
DISTINTAS CLASES DE PROCESOS 79

39. PROCESOS SINGULARES Y UNIVERSALES

Los primeros son aquellos cuyo objeto consiste en una o más pretensio-
nes o peticiones referentes a hechos, cosas o relaciones jurídicas específica-
mente determinadas. Los segundos, en cambio, son los que versan sobre la to-
talidad de un patrimonio, con miras a su liquidación y distribución. Les es
inherente el llamado/w<?/t? de atracción, en cuya virtud los jueces que conocen
en ellos tienen competencia con respecto a los procesos pendientes o que se
promuevan contra el caudal común (Cód. Civ., art. 3284 y ley 24.522, art. 132).
En nuestro derecho son procesos universales el sucesorio y el concursal, los
que se hallan respectivamente regulados por el CPN y por la ley 24.522.
El siguiente cuadro constituye la síntesis de cuanto se ha expresado pre-
cedentemente acerca de las diferentes clases de procesos.

Contenciosos (Existencia de
conflicto. Objeto: pretensión)
Por su contenido
Voluntarios (Inexistencia de
conflicto. Objeto: petición
extracontenciosa)

Meramente declarativos
De conocimiento •
De condena
Determinativos
Por su finalidad
[Ejecución de sentencias
Judiciales { De ejecución l
CLASIFICACIÓN Singulares (Juicios ejecutivos
DÉLOS
PROCESOS Cautelares

Ordinarios (Plenario tipo)

fPlenarios rápidos
I
Por su estructura | [Conocimiento
Especiales { [fragmentario
| Sumarios -j
| | Conocimiento
[ [superficial

Arbitrales

Universales
CAPÍTULO IV

LA FUNCIÓN PÚBLICA PROCESAL

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 40. Planteamiento del tema.— 41. Concepto y naturaleza


del acto jurisdiccional.— 42. Clasificación de la jurisdicción.— II. LA FUNCIÓN JU-
DICIAL: 43. Concepto de la jurisdicción judicial.— 44. La llamada jurisdicción volun-
taria.— 45. Caracteres y extensión de la función judicial.

§ /
s
GENERALIDADES

40. PLANTEAMIENTO DEL TEMA

La doctrina suele caracterizar al proceso como el fenómeno jurídica a través


del cual se exterioriza el ejercicio de la Junción jurisdiccional del Estado.
8
ALSINA, Tratado, II, pág. 413; BRISEÑO SIERRA, Derecho procesal, II, pág. 243;
ARRUDA ALVIM, Manual, I, pág. 69; BIELSA, "La cuestión de las jurisdicciones especiales", en
LL., t. 75, pág. 797; BOSCH, Ensayo de interpretación de la doctrina de la separación de los
poderes; CALAMANDREI, Instituciones, I, pág. 113; CARNELUTTi„S¿í/emíz, I, págs. 55 y 254 y
sigs.; CARAVANTES, Tratado, 1, pág. 127: CARLOS, Introducción, pág. 183; CARRÉ DE
MALBERG, Contribution a la théorie genérale de l'Etat, 1920,1, pág. 691; CLARIÁ OLMEDO,
Derecho procesal, I, pág. 187; Cossio, La norma y el imperativo (notas analíticas para su
estudio), Madrid, 1960, pág. 118; CHIOVENDA, Principios, I, pág. 359; DE LA RÚA,
Jurisdicción y administración, Buenos Aires, 1979; DEVIS ECHANDÍA, Nociones generales,
pág. 67; DÍAZ, Instituciones, II-A, pág. 3; GOZAÍNI, Derecho procesal civil, I, pág. 177;
IBÁÑEZ FROCHAM, La jurisdicción, Buenos Aires, 1972; KELSEN, Théorie puré du droit, pág.
126; Teoría general del Estado, pág. 352; LASCANO, Jurisdicción y competencia; MONTERO
AROCA, Introducción al derecho procesal, Madrid, 2" ed., pág. 15: MORTARA, Commentario
del códice e delle leggi di procedura civile, 5a ed., 1923, I, pág. 75; PALACIO, Derecho
procesal civil, I, pág. 328; PODETTI, "Trilogía estructural", en RDP, II, pág. 113; Tratado de la
competencia, (actualizado por GUERRERO LECONTE), pág. 337; PRIETO CASTRO, Derecho
procesal civil. I, pág. 87; REDENTI, Diritto processuale civile, Milano, 1952,1, pág. 3: RAMOS
82 LA FUNCIÓN PUBLICA PROCESAL

Ya se ha anticipado el error que encierra ese criterio, puntualizándose que


la idea de jurisdicción es ajena a toda una categoría de procesos judiciales,
como son los llamados voluntarios, y a gran parte de la actividad que los órga-
nos judiciales despliegan en los procesos contenciosos {supra, n° 2).
La precedente conclusión, que será demostrada en este capítulo, justifica
el empleo de la expresión "función pública procesal", en reemplazo del voca-
blo "jurisdicción", para encabezar el estudio de la naturaleza y características
que reviste la actividad que cumplen los órganos judiciales y arbitrales como
sujetos primarios del proceso.
Lo dicho no importa, naturalmente, desconocer la fundamental impor-
tancia que tiene, dentro de esa función genérica, la función jurisdiccional, a
cuyo estudio corresponde asignar un lugar preferente.

41. CONCEPTO Y NATURALEZA DEL ACTO JURISDICCIONAL

El lenguaje jurídico acuerda a la palabra "jurisdicción" diversos signifi-


cados.
Se la utiliza, en primer lugar, para denotar los límites territoriales dentro
de los cuales ejercen sus funciones específicas los órganos del Estado, sean
ellos judiciales o administrativos. Tal ocurre cuando se habla de la "jurisdicción
territorial" de los jueces, y cuando se identifica el concepto con el de la circuns-
cripción espacial asignada a alguna repartición pública.
En segundo lugar, las leyes suelen emplear este vocablo a fin de señalar la
aptitud o capacidad reconocida a un juez o tribunal para conocer en una deter-
minada categoría de pretensiones o de peticiones, confundiendo de tal manera
la jurisdicción con la competencia, que es la medida en que aquélla se ejerce
(infra, n° 89).
También se utiliza el término jurisdicción con referencia al poder que, so-
bre los ciudadanos, ejercen los órganos estatales (un parlamento, un órgano ju-
dicial, o una entidad administrativa).
Finalmente, desde el punto de vista técnico, que es el que aquí interesa, se
considera a la jurisdicción —al igual que la legislación y la administración—
como una de lasfimciones estatales, definiéndosela como aquélla mediante la cual
los órganos judiciales del Estado administran justicia en los casos litigiosos.
Pero ocurre que si a este esquema, coincidente con la teoría de la división
tripartita de los poderes del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), se lo
confronta con la realidad jurídica positiva, se advierte que no toda la función ju-
MÉNDEZ, Derecho procesal civil, I, pág. 154; RENGEL ROMBERG, Tratado,, I, pág. 97; Rocco,
Derecho procesal civil, pág. 25; RUBIANES, Manual, I, pág. 121; ZANZUCCHI, Dirillo
processuale civile, I, pág. 4.
GENERALIDADES 83

risdiccional se halla encomendada a los órganos del poder judicial. Es indiscu-


tible que esa función la ejercen también numerosos organismos administrativos
y el propio órgano legislativo. Ejemplo del primer supuesto lo constituyen las
sanciones que impone el Tribunal de Faltas cuando se infringen determinadas or-
denanzas, el Tribuna] de Cuentas de la Nación cuando decide sobre la responsabi-
lidad de quienes administran fondos nacionales, etcétera. En cuanto a la segunda
hipótesis, se impone la misma conclusión respecto del Senado, en el caso del
"juicio político". A la inversa, los órganos judiciales no siempre ejercen activi-
dad jurisdiccional (reglamentaciones judiciales, designación de funcionarios o
empleados, intervención en los casos de "jurisdicción voluntaria", etc.).
Por todas esas razones la mayor parte de la doctrina se atiene a las carac-
terísticas que presenta el acto jurisdiccional en sí mismo, prescindiendo, o co-
locando en un plano secundario, a su aspecto orgánico o formal.
La función legislativa resulta fácilmente diferenciable de la jurisdiccio-
nal porque la primera tiene por objeto crear normas abstractas y generales, en tan-
to que la segunda se traduce en la creación de normas individuales, rasgo éste que
también es común a la función administrativa. Por e^K^ principal dificultad con-
siste en distinguir adecuadamente el acto jurisdiccional del administrativo.
Estos dos tipos de actos presentan diversímiotas que les son comunes, ya
que: Io) Ambos representan la individualizaeim y concreción de normas gene-
rales; 2o) Su autor es siempre un órgano de^Enado, lo que les confiere el carác-
ter de actos de autoridad que obligan a su$?$eijjíuales destinatarios a cumplir la
conducta prescripta por el órgano respaap'ó en el caso concreto; 3o) Tanto el
acto jurisdiccional como el administratwB'tjénerraptkyd para imponerse, even-
tualmente, a cualquier miembro de la«M»munidad cuya conducta o cuyas rela-
ciones pueden encontrarse comprendíais qn el ámbito de competencia asigna-
do a algún órgano estatal (cirfeúnxtáncia que excluye del concepto a las
llamadas "jurisdicciones doméstica/"/ como la asociativa o la deportiva).
Establecidos los conceptos/precedentes, resulta preciso aclarar ahora
cuál es la específica modalidad ctón que esa creación normativa individual que
comportan el acto jurisdiccional y ei acto administrativo se exterioriza en la
experiencia jurídica, a cuyo fin d i á l i s i s debe desplazarse hacia el objeto que
las normas conceptualizan, o sea hacia la conducta humana en interferencia
intersubjetiva.
En ese orden de ideas interesa observar que en toda comunidad se presen-
ta, como situación corriente y originaria, el hecho de que sus miembros, así
como los integrantes de los órganos estatales, se comportan de acuerdo con las
concretas posibilidades que esa comunidad ofrece y que conforman un proyec-
to de conducta común, luego conceptualizado o descripto por las normas jurídi-
cas que mencionan el conjunto de facultades, deberes, entuertos o sanciones
que dicho proyecto contiene.
84 LA FUNCIÓN PÚBLICA PROCESAL

Esta situación originaria se exterioriza cuando, por ejemplo, el testador


ejerce la facultad de disponer de sus bienes para después de su muerte, el deudor
cumple puntualmente con las obligaciones estipuladas en un contrato, o el órgano
administrativo acata el deber consistente en declarar procedente o improcedente la
concesión de una jubilación o una pensión o una marca de comercio, etcétera, o
sea, en términos generales, cuando esas personas asumen espontáneamente el pro-
yecto de conducta comunitario al que las normas jurídicas se refieren.
Puede sin embargo ocurrir —y ocurre cotidianamente— que dos o más
miembros de la comunidad, o un órgano estatal y un ciudadano, en lugar de atener-
se u observar el mencionado proyecto en forma espontánea, discrepen acerca de su
verdadero alcance y asuman, en consecuencia, proyectos individuales y contradic-
torios (v.gr. los herederos del testador que impugnan el testamento porque en éste
se acordó indebida preferencia a otras personas, o el deudor que, por cualquier mo-
tivo, no cumple, o lo hace defectuosamente, con la prestación a que se obligó en el
contrato y el acreedor que reclama el pago). En tales hipótesis aparece, a raíz de la
disputa o discrepancia, un conflicto cuya solución requiere la intervención de cier-
tos órganos comunitarios a fin de evitar los riesgos y la inseguridad que natural-
mente entraña la justicia administrada por mano propia. Desaparece entonces la
asunción espontánea del proyecto e irrumpe la necesidad de que un órgano del Es-
tado (o eventualmente un arbitro cuando así se ha pactado previamente o lo impone
la ley), expresen, mediante el pronunciamiento de un fallo o de un laudo (norma in-
dividual y obligatoria), cuál es el verdadero proyecto comunitario que resultó ma-
logrado a raíz del conflicto.
Si ahora nos colocamos en el terreno de las relaciones que ligan a los órganos
administrativos con los ciudadanos (administrados) advertimos con claridad que el
proyecto comunitario de que hablamos puede expresarse en forma espontánea o
directa e inmediata, o bien en forma indirecta o mediata. Ocurre lo primero cuando
el ciudadano, no obstante serle desfavorable (v.gr. denegatoria de un beneficio ju-
bilatorio), acata la decisión del órgano, pues aunque el acatamiento sea implícito
importa una manifestación de conformidad con el criterio aplicado por aquél para
interpretar el proyecto comunitario de que se trata. Ocurre lo segundo si el admi-
nistrado, enrazónde discrepar con ese criterio, formula un reclamo ante un órgano
administrativo superior que será, en definitiva (sin perjuicio de que eventualmente
proceda un recurso ante la justicia), quien exprese el contenido del proyecto y, en
consecuencia, determine el alcance del derecho del administrado y del correlativo
deber del órgano inferior.
De lo dicho se sigue que mientras en la primera hipótesis, por haberse
asumido el proyecto en forma espontánea tanto por el órgano como por el ciu-
dadano, se configura un acto administrativo (no importa si acertado o erróneo),
en la segunda hipótesis, en razón de haber mediado un conflicto derivado de la
GENERALIDADES 85

discrepancia entre los criterios respectivamente sustentados por uno y otro, me-
dió un acto jurisdiccional. No es óbice a ello el hecho de que tal acto haya ema-
nado de un órgano administrativo, pues de lo que se trata, como se anticipara, es
de penetrar en la esencia de ese acto, al margen de un criterio meramente orgá-
nico que nada explica.
Cabe de tal suerte definir al acto jurisdiccional, en términos generales,
como aquél mediante el cual un órgano del Estado (judicial o administrativo),
a raíz de haber mediado un conflicto en cualquiera de las modalidades señala-
das, expresa en forma indirecta y mediata (no espontánea) el contenido de un
concreto proyecto comunitario, haciéndolo a través del dictado de una norma
individual (sentencia, resolución administrativa o laudo) que declara la exis-
tencia de una facultad, de un deber o de un entuerto (incumplimiento del deber)
y aplicando, en este último caso, una sanción.
Sólo corresponde insistir, para concluir, en la circunstancia de que U ju-
risdicción, como función estatal, constituye un género, del cual la jurisdicción
judicial y la administrativa configuran especies.

42. CLASIFICACIÓN DE LA JURISDICCIÓN

a) Desde el punto de vista del órgano habilitado para decidir el conflic-


to, la jurisdicción puede dividirse en judicial y administrativa.
La jurisdicción administrativa consiste en la actividad que despliegan los
órganos administrativos tanto en la aplicación de sanciones a los administrados
o a los funcionarios o agentes de la propia adrrTmisftación, como en el conoci-
miento de las reclamaciones y recursos que tienen por objeto asegurar el impe-
rio de la legitimidad dentro de la esfera administrativa. Esas decisiones son, en
principio, revisables por los jueces y tribunales de justicia, salvo que versen so-
bre materias privativas del poder administrador. Pero no debe confundirse di-
cha jurisdicción administrativa con la competencia que las leyes asignan al po-
der judicial para conocer de los conflictos que se suscitan cuando el Estado, en
su carácter de poder público, y en ejercicio de facultades regladas, afecta un de-
recho subjetivo del administrado. En estos casos, en efecto, se trata de jurisdic-
ción judicial y de competencia tradicionalmente denominada, por influjo del
derecho francés, "contenciosoadministrativa".
Dentro de la jurisdicción administrativa se encuentra comprendida la ju-
risdicción militar, reglamentada en el art. 108 de la ley 14.029, modificado por
la ley 23.049 (Código de Justicia Militar).

b) En cuanto a la jurisdicción judicial puede dividirse, atendiendo al po-


der político del que emanan las atribuciones de administrar justicia, en jurisdic-
86 LA FUNCIÓN PÚBLICA PROCESAL

ción nacional, que tiene su origen en el poder del Estado nacional (CN, arts. 94
y sigs.) y en jurisdicción provincial proveniente de las respectivas autonomías
locales (CN, arts. 5o y 106).
Tradicionalmente también se divide la jurisdicción judicial en contencio-
sa y voluntaria, aunque, en rigor, como se verá más adelante, la segunda no re-
viste carácter jurisdiccional sino administrativo.

§ //
9
LA FUNCIÓN JUDICIAL

4 3 . CONCEPTO DE LA JURISDICCIÓN JUDICIAL

Todo acto cumplido por un juez o tribunal de justicia que contenga los
elementos enunciados en la noción de acto jurisdiccional formulada anterior-
mente, constituye una exteriorización de jurisdicción judicial. Para determinar
su alcance es menester precisar cuál es el sector del derecho argentino dentro
del cual no resulta admisible privar del ejercicio de la función jurisdiccional a
los órganos judiciales.
En ese orden de ideas cuadra señalar que siempre que medie un conflicto
entre particulares, o entre un particular y el Estado, referente a derechos subje-
tivos privados de aquéllos, o se encuentre en tela de juicio la aplicación de algu-
na sanción de naturaleza penal, la intervención de un órgano judicial es consti-
tucionalmente ineludible. Así lo imponen los arts. 18 y 109 de la Constitución
Nacional. El primero, porque la garantía de la defensa enjuicio supone, básica-
mente, que todos los habitantes tienen, en situaciones como las señaladas, el
derecho de ocurrir ante algún órgano judicial a fin de obtener el amparo de los
derechos que estimen amenazados o lesionados (CSN, Fallos, 247-646 y
otros). Y el segundo, porque al prohibir al presidente de la República ejercer
funciones judiciales, descarta el poder de dicho funcionario, e implícitamente,

9
ALCALÁ ZAMORA-CASTILLO, "Premisas para determinar la índole de la llamada
jurisdicción voluntaria", en RDP, 1949-1-287; ALSINA. Tratado, II, pág. 423; CARLOS.
Introducción, pág. 203; COUTURE, Fundamentos, pág. 45; DE LA RÚA, Jurisdicción y
Administración; DEVIS ECHANDÍA, Nociones Generales, pág. 35; DlNAMARCO, Fundamentos
do pwcesso civil moderno. 2a ed., Sao Paulo, 1987, pág" 305; FAZZALARI, Giurisdizione
voloniaria, Padova, 1953: GOLDSCHMIDT, Derecho procesal civil, II, pág. 118; GUASP,
Derecho procesal civil, II, pág. 945; MORELLO-PASSI LANZA-SOSA-BERIZONCE, Códigos. I,
pág. 667; PALACIO, Derecho procesal civil; I, pág. 360; ROSENBERG, Tratado, 1, pág. 73;
SCHÓNKE, Derecho procesal civil, pág. 49.
LA FUNCIÓN JUDICIAL 87

el de los funcionarios y organismos administrativos, en el sentido de conocer y


decidir el mencionado género de conflictos. Tal es, por lo demás, la doctrina es-
tablecida por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en numerosos prece-
dentes {Fallos, 249-228; 250-472; 253-485; 255-354; 257-136, etc.).
Sin embargo, esta prohibición constitucional no es absoluta. Atendiendo
a la creciente complejidad de las funciones asignadas a la Administración y a la
necesidad de hacer efectiva la más expedita tutela de los intereses públicos, la
Corte Suprema ha admitido, en numerosos casos, la actuación de órganos ad-
ministrativos con atribuciones para decidir asuntos de la mencionada índole.
Pero ha cuidado de dejar establecido que la validez constitucional de las leyes
que acuerdan ese tipo de atribuciones se halla supeditada al requisito de que el
pronunciamiento jurisdiccional emanado del órgano administrativo quede su-
jeto a control judicial suficiente, es decir, que sea susceptible de revisión en una
instancia judicial ulterior, cuyo alcance o amplitud depende de las modalidades
que cada situación jurídica ofrezca (Fallos, 249-715; 244-548; 240-235, etc.).
En otras palabras, lo que la Constitución proscribe no es el ejercicio de
potestades jurisdiccionales por parte de la Administración, sino que, a través de
aquéllas, y con respecto a cierto tipo de conflictos, se llegue al pronunciamien-
to de resoluciones definitivas, es decir no revisables por órganos judiciales.

44. LA LLAMADA JURISDICCIÓN VOLUNTARIA

a) Tradicionalmente se designa así a la función que ejercen los jueces


con el objeto de integrar, constituir o acordar eficacia a ciertos estados o rela-
ciones jurídicas privadas (ver supra, n° 36). Como ya se ha destacado, se trata
de una función ajena al normal cometido de los órganos judiciales, el cual con-
siste en la resolución de los conflictos jurídicos suscitados entre dos o más per-
sonas. El hecho de que sean aquéllos quienes conozcan en esta clase de asuntos
no contenciosos obedece, entre otras razones, a la índole estrictamente jurídica
que presentan, a la facilidad con que pueden transformarse en una verdadera
contienda y a la conveniencia de que ciertos actos de particulares, por sus efec-
tos trascendentes, sean objeto de una previa y segura comprobación o fiscaliza-
ción. Nada impide, sin embargo, que tal función pueda ser legalmente detraída
del conocimiento de los jueces y transferida a organismos administrativos.
Pero como quiera que el cumplimiento de dicha función se lleva a cabo
mediante un conjunto de actos que reúnen las diversas notas mencionadas al
delimitar el concepto de proceso, en general (supra, n° 22), nada obsta a la con-
figuración de un verdadero proceso voluntario. Por ello se destacó que su obje-
88 LA FUNCIÓN PUBLICA PROCESAL

to consiste en una o más peticiones, y que corresponde el nombre de peticiona-


rios o de solicitantes a los sujetos privados que en él intervienen (supra, n° 23).

b) De acuerdo con el contenido de las resoluciones que en esos procesos


pueden recaer, cabe clasificar a los actos de jurisdicción voluntaria en los si-
guientes grupos: Io) Actos de constitución ele derechos (inscripción de una so-
ciedad en el Registro Público de Comercio, discernimiento de tutor o curador,
etc.); 2o) Actos de homologación (aprobación del acuerdo propuesto por el deu-
dor en el concurso preventivo; aprobación del testamento en cuanto a sus
formas, etc.); 3o) Actos de constatación (mensura y amojonamiento, reconoci-
miento de mercaderías, etc.); 4°) Actos de autorización (venia para la enajena-
ción de bienes de menores, ausentes e incapaces, autorización para comparecer
enjuicio, etc.).

c) El proceso de jurisdicción voluntaria se caracteriza porque no existe


en él conflicto a resolver (aunque puede transformarse, total o parcialmente en
contencioso, supra, n° 36) y, por consiguiente, no tiene partes en sentido estric-
to. Se distingue también porque el juez, al resolverlo, emite una declaración ba-
sada exclusivamente en los elementos de juicio unilateralmente aportados por
el peticionario o peticionarios, razón por la cual dicha declaración no produce
efectos de cosa juzgada respecto de terceros cuyos derechos resulten eventual-
mente afectados por ella.

d) Interesa finalmente señalar que las decisiones que se dictan en los


procesos de jurisdicción voluntaria no revisten carácter jurisdiccional, por
cuanto no suponen la existencia de un conflicto sino que importan la expresión
directa e inmediata de un proyecto comunitario por parte de los órganos judi-
ciales {supra, n° 41). Esta circunstancia, la índole del órgano que emite la deci-
sión y el carácter de norma individual de dicha decisión, permiten calificar
como administrativa a la actividad que los jueces desarrollan en dichos proce-
sos. Se trata, por lo tanto, de actos administrativos mediante los cuales el Esta-
do, por intermedio de los jueces y tribunales de justicia, colabora en la
constitución e integración de las relaciones jurídicas privadas.

45. CARACTERES Y EXTENSIÓN DE LA FUNCIÓN JUDICIAL

a) La función judicial, sea jurisdiccional o administrativa, exhibe los si-


guientes caracteres: Io) Es un poder-deber, desde que comprende la facultad
del juez o tribunal de decidir los asuntos que se someten a su conocimiento y el
LA FUiNCIÓN JUDICIAL 89
deber en que se encuentra de administrar justicia cada vez que esa actividad sea
requerida en un caso concreto (salvo que el caso sometido a la decisión judicial
no requiera la solución de un conflicto, en cuyo supuesto el juez o tribunal debe
denegar su intervención si no existe una ley expresa que la autorice); 2o) Es
ejercida por órganos independientes, que integran un poder del Estado provisto
de autonomía con relación a los poderes políticos, y que, a diferencia de los ór-
ganos administrativos, no se hallan sujetos a las directivas o instrucciones de
superiores jerárquicos; 3o) Es indelegable, por cuanto el juez no puede delegar
en otras personas el ejercicio de sus funciones, aunque por razones de compe-
tencia territorial le está permitido encomendar a los jueces de otras localidades
la realización de diligencias determinadas (CPN, art. 3o).

b) La función judicial, en tanto atributo de la soberanía del Estado, sólo


puede ser ejercida dentro de los límites territoriales de aquél y en los lugares en
que lo admite el derecho internacional (en alta mar, en los buques que llevan su
bandera o en los que pasan por aguas de su exclusivo dominio). Ello no obsta a
que los jueces argentinos apliquen normas jurídicas sancionadas por otros Es-
tados o ejecuten, en ciertas condiciones, sentencias pronunciadas por tribunales
extranjeros, pues en ambos casos se trata de la aplicación de normas de derecho
interno que admiten la extraterritorialidad de esas leyes y de esas sentencias.
Están sometidas a la función judicial del Estado todas las personas, físi-
cas o jurídicas, nacionales o extranjeras, que habiten o se hallen radicadas en su
territorio. Dentro de nuestro régimen jurídico, la extranjería sólo es tenida en
cuenta como una de las circunstancias que justifican la procedencia del fuero
federal (CN, art. 116 y ley 48, art. 2o, inc. 2o) (infra, n° 98).
En cambio, los Estados extranjeros gozan de inmunidad al respecto, y
sólo pueden ser sometidos a la potestad de los órganos judiciales del Estado
cuando media su consentimiento para ello. Este puede ser expreso o tácito, se-
gún que provenga de la pertinente declaración formulada por sus repre-
sentantes autorizados, o resulte de la circunstancia de comparecer voluntaria-
mente ante los órganos judiciales argentinos, como parte actora o demandada.
Dispone, sobre esta cuestión, el art. 24 del decreto-ley 1285/58 que "no se dará
curso a la demanda contra un Estado extranjero, sin requerir previamente de su
representante diplomático, por intermedio del Ministerio de Relaciones Exte-
riores y Culto, la conformidad de aquel país para ser sometido ajuicio". "Sin
embargo —agrega dicha norma— el Poder Ejecutivo puede declarar con res-
pecto a un país determinado la falta de reciprocidad a los efectos consignados
en esta disposición, por decreto debidamente fundado. En este caso, el Estado
extranjero, al cual se ha hecho tal declaración, queda sometido a la jurisdicción
argentina. Si la declaración del Poder Ejecutivo limita la falta de reciprocidad a
90 LA FUNCIÓN PÚBLICA PROCESAL

determinados aspectos, la sumisión del Estado extranjero a la jurisdicción ar-


gentina se limitará también a los mismos aspectos. El Poder Ejecutivo declara-
rá el establecimiento de la reciprocidad, cuando el país extranjero modificase
sus normas al respecto".
En caso de renunciar al privilegio, o de ser aplicable la excepción prece-
dentemente recordada, los Estados extranjeros son justiciables ante los jueces
federales o ante la Corte Suprema en instancia originaria, según que, respecti-
vamente, la causa se haya suscitado con un particular (CN, art. 116 y ley 27, art.
20) o con una provincia (CN, art. 117 y decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io).
Cuadra añadir que el principio de la inmunidad de los Estados extranjeros
se ha atemperado, en materia de derecho marítimo, a través de la tesis de que
ese régimen alcanza únicamente a los buques de Estado afectados a servicios
gubernamentales, pero no a los buques estatales que cumplen actividades de
neto carácter comercial, como el transporte de mercaderías o de pasajeros. Di-
cha tesis ha sido admitida por la Convención de Bruselas de 1926 y por el Tra-
tado de Montevideo de 1940, ratificados por nuestro país.
Últimamente, asimismo, la Corte Suprema ha restringido aún en mayor
medida el principio de que se trata, pues declaró que sólo se aplica a los actos
de Gobierno de los estados extranjeros y no se extiende, v.gr., a los reclamos
fundados en el incumplimiento de obligaciones laborales y previsionales que,
por lo demás, no son susceptibles de afectar el normal desenvolvimiento de una
representación diplomática.
En cuanto a los embajadores o ministros plenipotenciarios extranjeros
gozan del privilegio de inmunidad mientras conserven su calidad de tales, pu-
diendo ser renunciado en la misma forma señalada en relación con los Estados
extranjeros. Al respecto dispone el art. 24 del decreto-ley 1285/58 que no se
dará curso a ninguna acción deducida contra ellos "sin requerirse previamente,
del respectivo embajador o ministro plenipotenciario, la conformidad de su go-
bierno para someterlos ajuicio". La competencia corresponde, en tales casos, a
la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CN, art. 117 y decreto-ley 1285/58,
art. 24, inc. Io).
Finalmente la función judicial comprende, asimismo, todas las cosas,
muebles e inmuebles, que se encuentran dentro del territorio del Estado.
CAPÍTULO V

OBJETO DEL PROCESO

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 46. Planleamiento del lema y noción de objeto proce-


sal.— II. LA PRETENSIÓN PROCESAL: 47. Acción y pretensión.— 48. Pretensión y
demanda.— 49. Caracteres de la pretensión.— 50. Elementos de la pretensión.— 51.
Identificación de las pretensiones.— 52. Requisitos de la pretensión.— 53. Vicisitudes
de la pretensión.— 54. Extinción de la pretensión.— 55. Distintas clases de pretensio-
nes.— 56. Relaciones entre la pretensión civil y la pretensión penal.— III. PROCESOS
CON PLURALIDAD DE OBJETOS: 57. Concepto de proceso acumulativo.— 58. Acu-
mulación originaria de pretensiones.— 59. Acumulación sucesiva por inserción de pre-
tensiones.— 60. Acumulación sucesiva por reunión de pretensiones (acumulación de
procesos).— IV. LA OPOSICIÓN A LA PRETENSIÓN: 61. Concepto.— 62. Naturaleza
de la oposición.— 63. Clases de oposiciones.— \AA PETICIÓN PROCESAL EXTRA-
CONTENCIOSA: 64. Concepto.— 65. Elementos, requisitos, vicisitudes y extinción de
la petición extracontcnciosa.— 66. Clases de peticiones extracontenciosas.— 67. Acu-
mulación de peticiones extracontenciosas.

§ /

GENERALIDADES

46. PLANTEAMIENTO DEL TEMA Y NOCIÓN DE OBJETO PROCESAL

El presente capítulo se halla destinado al estudio de la primordial activi-


dad que incumbe a las partes y peticionarios, tema éste que se encuentra íntima-
mente vinculado con el referente al objeto del proceso y con el cual ha de ser es-
tudiado conjuntamente.
92 OBJETO DEL PROCESO

Es objeto del proceso la materia alrededor de la cual gira su iniciación,


desenvolvimiento y extinción. Dicho objeto se halla representado por una o
más pretensiones o peticiones extracontenciosas, según se trate, respectiva-
mente, de un proceso contencioso o de un proceso voluntario.

§ //
l0
LA PRETENSIÓN PROCESAL

47. ACCIÓN Y PRETENSIÓN

a) Antes de entrar al estudio de la pretensión procesal es menester pre-


cisar el concepto de acción, pues el hecho de haber sido éste considerado por la
doctrina dominante como uno de los pilares fundamentales de toda la sistemá-
tica del proceso, contribuyó a que no se percibiese la utilidad científica y prác-
tica que reviste la idea de pretensión.

b) Las doctrinas elaboradas en torno de la naturaleza jurídica de la ac-


ción se agrupan en dos grandes concepciones —Ja tradicional y la moderna—
que responden a puntos de vista fundamentalmente distintos.
Dentro de la concepción tradicional, que predomina hasta mediados del
siglo xix, se advierten a su vez dos posiciones: la que considera a la acción
10
AESINA. "Naturaleza jurídica de Ja acción", en RDP, 1952-1-187; ANGELOTTL La
prelesa giuridica. Padova. 1932; ALV ARADO VELLOSO, Introducción al estudio del derecho
procesal, pág. 75: ARAGONESES, Proceso y derecho procesal, pág. 130; BARRIOS DE
ANGELES, Teoría del proceso, pág. 159: BRLSEÑO SIERRA, Derecho procesal, II, pág. 178;
CALAMANDREI, Instituciones. I. pág. 221: CARLOS, "Acción"", en Enciclopedia Jurídica Omeba;
Introducción, pág. 255; CI.ARIÁ OLMEDO, Derecho procesal, pág. 239: COUTL'RE, Fundamentos.
pág. 57; CHIOVENDA, "La acción en el sistema de los derechos", en Ensayos, 1. pág. 31; DEVIS
ECHANDÍA. Nociones generales, pág. 154; FAIRÉN GUILLEN, "Acción", en RDP, 1950-1-40;
"La demanda en el proceso civil español", en Estudios de derecho procesal, pág. 448; La
transformación de la demanda en el proceso civil: GOZAÍNI, Derecho procesal civil. I, pág.
105; GÜASP, "La pretensión procesal", en RDP, 1951-1-333; Derecho procesal civil. I, pág.
211: LIEBMAN. Mamulle, 1, pág. 31; MlCHELl. Curso de derecho procesal civil (trad. SENTÍS
MELENDO), I, pág. 13: MONTERO AROCA-ORTELLS RAMOS-GÓMEZ COLOMER. Derecho
Jurisdiccional, pág. 385; MORELLO. "La defensa de los intereses difusos y el derecho procesal'", en
./A. 1978-111-321: MORÓN PALOMINO, Derecho procesal civil, Madrid, 1993, pág. 133;
PALACIO, Derecho procesal civil, l, pág. 375; PEKELIS. "Acción" (trad. SENTÍS MELENDO), en
RDP. 1948-1-115; PRIETO CASTRO, Derecho procesal civil. I. pág. 69; REDENTI, Proflli pratici
del diritto processuale cirile. pág. 81; Dirilto proccssuak civile. I, pág. 45; RENGEL ROMBERG,
Tratado, II, pág. 107; RUBIANES, Manual, I. pág. 253; ZANZUCCHI. Diritto processuale civile,
1, pág. 47.
LA PRETENSIÓN PROCESAL 93
como el mismo derecho subjetivo material alegado ante los tribunales de justi-
cia, y la que la concibe como un elemento o una función del derecho material.
Ninguna de ellas, como se puede observar, reconoce la autonomía de la acción.
Para la concepción moderna, en cambio, que surge a mediados del siglo
pasado, la acción y el derecho subjetivo material constituyen dos entidades ju-
rídicas independientes, criterio que, para algunos autores, implica un punto de
partida de la autonomía del derecho procesal como disciplina jurídica.
Dentro de esta última orientación, un grupo de teorías considera a la ac-
ción como un derecho concreto dirigido a la obtención de una sentencia favora-
ble, y que sólo corresponde, por lo tanto, a quienes son los efectivos titulares de
un derecho subjetivo sustancial o de un interés jurídico tutelable. Esta línea
conceptual se escinde, a su vez, en dos tendencias: la que define la acción como
un derecho público subjetivo a la tutela jurídica, deducido frente al Estado en la
persona de sus órganos jurisdiccionales, sobre los cuales pesa el deber de im-
partir la tutela jurídica reclamada por el titular del derecho (MUTHER, WACH), y
la que le atribuye el carácter de un derecho potestativo que se ejerce frente al
adversario, encaminado a que éste soporte "el efecto jurídico de la actuación
de la ley" (CHIOVENDA).
El segundo grupo de teorías, dentro de la concepción moderna, concibe a
la acción como un derecho abstracto a la tutela jurídica. Contrariamente a lo
que postulan las teorías correspondientes al primer grupo, aquélla constituiría
un derecho público subjetivo que incumbe a todos los ciudadanos por el solo
hecho de serlo y cuyo objeto consistiría, simplemente, en la prestación de la ac-
tividad jurisdiccional, cualquiera que sea el contenido (favorable o desfavora-
ble) del fallo en que esa prestación se concrete.

c) Todas estas teorías han sido objeto de críticas. A las comprendidas


dentro de la concepción tradicional se les objeta la identificación que sostienen
entre el derecho subjetivo material y la acción, pues tal identificación es incon-
ciliable con la falta de coincidencia que separa a ambas entidades jurídicas en
lo que atañe a sus respectivos sujetos y contenido; a lo que se suma la existencia
de derechos sin acción (obligaciones naturales) y de acciones sin derecho (ac-
ciones declarativas y constitutivas, acciones cautelares, etc.).
A la concepción concreta se le objeta que, de acuerdo con sus postulados,
el derecho a la tutela jurídica o a una sentencia favorable sólo nacería al término
del proceso, pues con anterioridad sería imposible afirmar, con plena certeza, la
efectiva existencia del derecho de acción, tanto más cuanto que el contenido de
la sentencia depende, fundamentalmente, de la conducta que tanto el actor
como el demandado hayan observado durante el desarrollo del proceso. Ade-
más, esta concepción no logra demostrar que la acción configure un verdadero
94 OBJETO DEL PROCESO

derecho, pues el deber final del órgano jurisdiccional consiste, simplemente, en


dictar una sentencia que dirima el conflicto suscitado entre las partes, la que
puede o no ser favorable al pretendido titular de la acción. Tampoco es convin-
cente la opinión de quienes sostienen que la acción es un derecho potestativo
dirigido frente al adversario, ya que carece de sentido práctico concebirla como
un derecho que generaría, en todo caso, un deber genérico de abstención a car-
go de toda la comunidad.
La concepción abstracta supera esas objeciones, pero no logra, como lo pre-
tenden sus adherentes, erigir al concepto de acción en una de las claves directrices
a cuyo derredor giraría gran parte de la problemática procesal. Dentro de esta po-
sición, difícilmente cabe la posibilidad de vincular dicho concepto con fenómenos
fundamentales en la ciencia del proceso como son, entre otros, los representados
por la litispendencia. la congruencia y la cosa juzgada. Por tal razón algunos de los
autores embanderados en ella han complementado el concepto de acción con el
de demanda, a la que se considera como el acto mediante el cual se ejerce, en un
caso concreto, el poder meramente procesal en que el derecho de acción consis-
te, con lo cual el tema de las condiciones de la acción, por ejemplo, resulta ab-
sorbido por el de las condiciones de fundabilidad de la demanda.
d) Se observa, pues, que toda la elaboración doctrinaria encaminada a
esclarecer la esencia del derecho de acción resulta infecunda para resolver los
concretos problemas que la experiencia del proceso plantea.
Como enseña GUASP, "el poder de provocar la actividad de los tribunales,
sin más, sea un auténtico derecho, sea una res meraefacultatis, constituye un
puro poder político o administrativo si se quiere, supuesto de la actividad pro-
cesal, pero previo a la misma y fuera por ello del mundo del proceso". Agrega
que el concepto de acción es relativo respecto al proceso porque no depende de
estructuras procesales sino que es independiente de ellas como es, igualmente,
intrascendente para el proceso, el concepto de acción procesal. Estas conclu-
siones, dotadas de singular fuerza persuasiva, conducen a dicho autor a reem-
plazar el estudio de la acción por el de la pretensión procesal, a la que cuadra
definir como el acto en cuya virtud se reclama ante un órgano judicial y frente
a una persona distinta, la resolución de un conflicto suscitado entre dicha per-
sona y el autor de la reclamación. Dicho acto suministra, precisamente, la ma-
teria alrededor de la cual el proceso se inicia, desarrolla y extingue.
Concebida, por lo tanto, la pretensión como objeto del proceso (conten-
cioso), y admitiendo que la acción sea un derecho cívico (CARNELUTTI), O una
de las especies en que se manifiesta el derecho constitucional de peticionar ante
las autoridades (COUTURE), resulta claro que esta última no es otra cosa que el
poder de hacer valer una pretensión y que constituye, por lo tanto, un supuesto
de la actividad procesal.
LA PRETENSIÓN PROCESAL 95
Sin embargo, conviene aclarar que la acción es supuesto de la actividad
de cada una de las partes y que, por lo tanto, no constituye un derecho privativo
de quien deduce la pretensión, pues también la actividad del demandado, sea
que se traduzca en un pedido de rechazo de aquélla o en una admisión de sus
fundamentos, tiene sustento en un derecho cívico de petición, análogo al ejer-
cido por el actor.
Es preciso aclarar, también, que las precedentes observaciones son apli-
cables al proceso voluntario, con la sola diferencia de que en éste no se trata de
pretensión sino de petición extracontenciosa, pero son ajenas, en cambio, al
proceso arbitral. Con respecto a este último resulta más apropiada la expresión
"derecho al arbitraje", que difiere del derecho de acción tal como se lo ha defi-
nido precedentemente y que puede ser utilizada en dos sentidos diversos: Io) como
contenido de la pretensión procesal que se dirige a la constitución del tribunal
arbitral; y 2o) como derecho de las partes que han celebrado el compromiso
contra el arbitro o arbitros que no cumplen con su cometido.

48. PRETENSIÓN Y DEMANDA

a) Al circunscribir el análisis científico al binomio acción y demanda, y


entendiendo que esta última es el modo de ejercitar la primera en cada caso parti-
cular, un considerable sector de la doctrina se ha visto forzado a atribuir a la de-
manda las características y funciones que corresponden a la pretensión procesal.
En cambio, si se concibe a esta última corno objeto del proceso, adquiere
un significado específico que la distingue de la acción y de la demanda. Ya se ha
explicado que la acción no puede confundirse con la pretensión, pues aquélla
no es otra cosa que el derecho en cuya virtud la pretensión puede ser llevada a
la consideración de un órgano judicial. Sólo falta entonces destacar que tampo-
co puede ser identificada con la demanda, en tanto ésta no sólo no constituye el
objeto del proceso sino que es sólo un medio de promoverlo o, en otras pala-
bras, un mero acto de iniciación procesal.
Quizás una de las razones que ha impedido percibir la diferencia entre es-
tos dos conceptos deriva de la circunstancia de que, en la gran mayoría de los
casos, la pretensión procesal se encuentra contenida en la demanda, lo cual, sin
embargo, no es forzoso, como ocurre por ejemplo en el régimen de la justicia de
paz vigente en algunas provincias. Conforme a él la demanda no cumple otra
función que la de determinar la simple apertura del proceso, debiendo la pre-
tensión formularse en una oportunidad posterior que se halla constituida pol-
lina audiencia a la que corresponde citar al demandado a fin de que en ella haga
valer su oposición.
96 OBJETO DEL PROCESO

b) Conviene también señalar que cuando la pretensión procesal se halla


contenida en la demanda, como es el caso corriente, es posible que aquélla,
manteniendo los mismos elementos en cuanto a los sujetos, el objeto y la causa,
se complemente o se integre mediante un acto que es posterior a la presentación de
la demanda y que, por lo tanto, no puede identificarse con ella. Tal es el supues-
to del hecho nuevo, que constituye un complemento de la causa de la preten-
sión, pero no de la demanda, cuya función iniciadora ha quedado ya cumplida
a esa altura del desarrollo procesal (CPN, art. 365).

c) Finalmente, es preciso recordar que la demanda puede contener más


de una pretensión, como ocurre en los casos de acumulación objetiva o subjeti-
va de pretensiones (infra, n° 58).

49. CARACTERES DE LA PRETENSIÓN

De la definición que se ha enunciado de la pretensión procesal cabe ex-


traer las siguientes conclusiones:
Io) No constituye un derecho, como la acción, sino un acto que puede ca-
racterizarse como una declaración de voluntad petitoria. Se diferencia funda-
mentalmente de la pretensión sustancial en que, mientras la primera constituye
un acto que tiene por destinatario a un órgano decisor, la segunda es la facultad
o derecho de exigir el cumplimiento de una prestación y sólo puede actuarse
contra el sujeto pasivo de la correspondiente relación jurídica material.
2o) Debe necesariamente deducirse frente a una persona distinta del au-
tor de la reclamación, pues en su base se encuentra siempre un conflicto que en-
frenta, por lo menos, a dos protagonistas.
3o) Finalmente, la configuración jurídica de la pretensión procesal sólo
requiere que ésta contenga una afirmación de derecho o de consecuencia jurídi-
ca derivada de determinada situación de hecho, con prescindencia de que tal
afirmación coincida o no con el ordenamiento normativo vigente. La preten-
sión, en otras palabras, puede ser fundada o infundada.

50. ELEMENTOS DE LA PRETENSIÓN

a) La pretensión se halla integrada por un elemento subjetivo (sujetos) y


por dos elementos objetivos (objeto y causa), e involucra, necesariamente, por
otro lado, una determinada actividad (lugar, tiempo y forma).
LA PRETENSIÓN PROCESAL 97
b) Toda pretensión consta de tres sujetos: la persona que la formula, la
persona frente a quien se formula y la persona ante quien se formula. Las dos
primeras son los sujetos activo y pasivo de la pretensión (actor-demandado, o
ejecutante-ejecutado, según el caso), y la tercera está representada por un órga-
no que reviste el carácter de destinatario de la pretensión y tiene el deber de sa-
tisfacerla, ya sea acogiéndola o rechazándola.

c) El objeto de la pretensión (petitum) es el efecto jurídico que median-


te ella se persigue y puede ser considerado desde dos aspectos: el inmediato y
el mediato. El primero es la clase de pronunciamiento que se reclama (conde-
na, declaración, ejecución, etc.), y el segundo el bien de la vida sobre el cual
debe recaer el pronunciamiento pedido (v.gr., la suma de dinero o el inmueble
cuya restitución se solicita; el hecho que el demandado debe realizar; la rela-
ción jurídica cuya existencia o inexistencia debe declararse, etc.). En una pre-
tensión reivindicatoría, v.gr., es objeto inmediato la sentencia de condena
correspondiente, y objeto mediato la cosa (mueble o inmueble) que deberá res-
tituirse a raíz de dicha sentencia. Si la pretensión versa sobre un pago por consig-
nación, el objeto inmediato se halla representado por la sentencia declarativa de
la validez del pago, y el objeto mediato por la suma consignada; etcétera.
d) La causa, fundamento o título de la pretensión consiste en la invoca-
ción de una concreta situación de hecho a la cual el actor asigna una determina-
da consecuencia jurídica. En el ejemplo de la pretensión reivindicatoría, la
causa estaría constituida por la propiedad invocada por el actor sobre la cosa,
por el hecho de haber sido desposeído de ella por el demandado, por las cir-
cunstancias en que la desposesión se produjo, etcétera. No debe confundirse la
causa con los simples argumentos expuestos por el actor, ni mucho menos, con
la norma o normas jurídicas invocadas, pues no son éstas lasque individualizan
la pretensión sino los hechos afirmados, en la medida de su idoneidad para pro-
ducir un determinado efecto jurídico. De manera que, por ejemplo, si en la pre-
tensión por indemnización de daños y perjuicios se ha invocado la culpa
aquiliana (Cód. Civ., art. 1109), la sentencia que la acoja podrá fundarse en el
régimen de la responsabilidad contractual (Cód. Com., art. 184) porque, en tal
hipótesis, la causa de la pretensión está representada por el hecho dañoso y no
por la calificación jurídica efectuada por el actor.

e) Finalmente, la actividad de la pretensión procesal entraña las corres-


pondientes dimensiones de lugar, tiempo y forma que coincidirán, necesaria-
mente, con las del proceso en que aquélla se haga valer. Por consiguiente la
pretensión tendrá, como lugar, la sede que corresponda al juez o tribunal com-
petente para conocer del proceso; como tiempo, el del acto que ese mismo pro-
98 OBJETO DEL PROCESO

ceso destina al planteamiento del objeto litigioso (generalmente será el de la


demanda) y, como forma, la que la ley asigne al proceso de que se trate (oral o
escrito, ordinario, especial, etc.).

51. IDENTIFICACIÓN DE LAS PRETENSIONES

a) Es el procedimiento mediante el cual dos o más pretensiones son con-


frontadas entre sí con el objeto de establecer si se trata de una misma pretensión
o de distintas pretensiones. Su importancia práctica se advierte en diversos as-
pectos del proceso, particularmente cuando corresponde decidir acerca de la
procedencia de las excepciones de litispendencia y cosa juzgada, o cuando se
trata de determinar si la sentencia ha sido dictada dentro del ámbito de la pre-
tensión procesal (CPN, art. 163, inc. 6o), así como para verificar si ha mediado
o no transformación de la pretensión con posterioridad a la notificación de la
demanda.

b) La primera identidad que debe verificarse es la que pudiere existir en-


tre los sujetos (activo y pasivo), excluido naturalmente el órgano judicial, que
es ajeno a la relación jurídica sustancial sobre la que la pretensión versa. Para
ello es menester atenerse a la cualidad jurídica en que dichos sujetos han inter-
venido en cada caso, no siendo suficiente que se trate físicamente de las mis-
mas personas. No existe identidad, por ejemplo, si una misma persona actúa en
un proceso a nombre propio y en otro como representante legal de su hijo me-
nor, pues es distinta la calidad que ha asumido en uno y otro caso. Asimismo,
puede operarse un cambio de las personas físicas que intervienen en los respec-
tivos procesos sin que ello implique una modificación subjetiva de la preten-
sión, como ocurre, v.gr., si el heredero deduce una pretensión que se rechazó
cuando fue intentada por el causante (Cód. Civ., art. 3417).
Como regla, la identificación subjetiva de las pretensiones debe estable-
cerse con respecto a las personas que revisten el carácter de partes en los res-
pectivos procesos. Sólo excepcionalmente los efectos de la sentencia recaída
en un proceso pueden alcanzar a quien, sin haber actuado en él como parte, re-
vistió ese carácter en la situación jurídica sustancial sobre la que versó la corre-
lativa pretensión. Tal sería el caso de la entidad demandada por daños y perjui-
cios derivados de un accidente de tránsito, la que puede oponer la defensa de
cosa juzgada si existe sentencia firme contra el actor en el juicio seguido por la
compañía aseguradora de dicha entidad, que se subrogó en los derechos y ac-
ciones de esta última (CNCiv., D, E.D., 6-262 y L.L., í 12-47).
LA PRETENSIÓN PROCESAL 99
c) Para la adecuada identificación de las pretensiones desde el punto de
vista del objeto, es preciso atender a los dos aspectos de aquél, es decir, al ob-
jeto inmediato y al mediato. No basta, pues, en este caso, que dos o más preten-
siones versen sobre un mismo bien de la vida, por cuanto éste es susceptible de
ser tutelado mediante pronunciamientos judiciales de distinta índole. Por ejem-
plo, el rechazo de una pretensión ejecutiva referente a una determinada suma de
dinero no impediría el planteamiento de una posterior pretensión de conoci-
miento cuyo objeto mediato fuese la misma suma, si mediante esta última pre-
tensión se persiguiese la resolución de cuestiones que no pudieron legalmente
debatirse en el proceso ejecutivo (v.gr., un vicio del consentimiento). Habría, en
cambio, identidad de pretensiones, si rechazada una pretensión declarativa so-
bre la base de la inexistencia del derecho material reclamado, se formulase pos-
teriormente una pretensión de condena relativa al mismo objeto mediato, pues
la sentencia de condena debe fundarse, necesariamente, en la existencia de ese
derecho.

d) Con respecto a la causa, finalmente, debe entenderse que el simple


cambio de argumentación jurídica en que se fundó una pretensión, excluye la
procedencia de una pretensión posterior que se sustente en las mismas circuns-
tancias de hecho. De modo que, por ejemplo, rechazada una pretensión de di-
vorcio fundada en el adulterio, no cabría intentar una nueva pretensión
sosteniéndose que los mismos hechos configuran la causal de injurias graves.

52. REQUISITOS DE LA PRETENSIÓN

Para que la pretensión procesal satisfaga su finalidad debe reunir dos cla-
ses de requisitos: I) de admisibilidad y II) defundabilidad.
La pretensión es admisible cuando posibilita la averiguación de su conte-
nido y, por lo tanto, la emisión de un pronunciamiento sobre el fondo del asunto
sometido a la decisión del tribunal.
Es fundada, en cambio, cuando en razón de su contenido resulta apropia-
da para obtener una decisión favorable a quien la ha planteado.
En consecuencia, el examen de los requisitos de admisibilidad es previo
al de la fundabilidad, pues la inexistencia de los primeros excluye la necesidad
de una sentencia sobre el mérito de la pretensión.
El siguiente cuadro, que será posteriormente desarrollado, ilustra acerca
de las subclasificaciones que corresponden a esos dos tipos de requisitos:
100 OBJETO DEL PROCESO

la) Sujetos
¡ b) Objeto
c) Causa
A) Procesales {d) Sujetos, objeto y
, Extrínsecos | causa
I) Admisibilidad { | (lugar
¡ e) Actividad forma
[ [tiempo
B) Fiscales

L„ . - f A) Sujetos
2°) Intrínsecos ¡IB). „. .
Objeto

11) Fundabilidad

I) Los requisitos de admisibilidad de la pretensión se dividen, de acuer-


do con el cuadro precedente, en Io) extrínsecos y 2°) intrínsecos. Los extrínse-
cos se subdividen, a su vez en: A) procesales y B) fiscales. Los procesales se
relacionan, por un lado, con a) los sujetos; b) el objeto; c) la causa; d) los suje-
tos, objeto y causa, conjuntamente. Coinciden, básicamente, con los tradicio-
nalmente denominados presupuestos procesales. Por otro lado se vinculan con:
e) Inactividad que la pretensión involucra, en sus tres dimensiones de lugar,
tiempo y forma.

Io) Requisitos extrínsecos de admisibilidad. A) Procesales, a) Con res-


pecto a los sujetos, el órgano ante quien se deduce la pretensión debe hallarse
provisto de competencia para satisfacerla. En este sentido debe distinguirse se-
gún se trate de la competencia por razón de la materia, valor o grado, o de la
competencia territorial, pues en el primer supuesto los jueces se hallan habili-
tados para declararse incompetentes de oficio, en tanto que en el segundo la
incompetencia sólo puede ser declarada si el demandado articula la correspon-
diente excepción (infra, n° 90).
En cuanto a los sujetos activo y pasivo de la pretensión, los requisitos ex-
trínsecos de admisibilidad se refieren a su capacidad para ser parte (aptitud
para ser titular de derechos y deberes procesales) y a su capacidad procesal
(aptitud para realizar personalmente, o por medio de un mandatario convencio-
nal, actos procesales válidos) (infra, n° 103 y n° 104). Cuando el actor o el de-
mandado actúan por medio de un representante necesario o voluntario se hallan
incluidos, entre estos requisitos, la presentación de los documentos que justifi-
quen la personería, así como la validez y suficiencia de tales documentos.
LA PRETENSIÓN PROCESAL 101
Los defectos que mediaren acerca de la capacidad o de la representación
autorizan, tanto al actor como al demandado, a oponer la excepción dilatoria de
"falta de personería", si bien el juez está facultado para hacerlos valer ex officio.
Dentro de esta misma categoría deben incluirse otros requisitos, tales
como la reclamación administrativa previa en el supuesto de demandarse a la
Nación (ley 19.549, art. 20), y la conformidad del respectivo gobierno cuando
se interpone una pretensión contra un Estado, embajador o ministro plenipo-
tenciario extranjero (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io).
También constituye un requisito procesal de admisibilidad de la preten-
sión, con referencia al sujeto activo, el "arraigo del juicio por las responsabili-
dades inherentes a la demanda", en el supuesto de que aquél no tenga domicilio
ni bienes inmuebles en la República, el que sólo se puede hacer valer mediante
la correspondiente excepción previa (CPN, art. 348).

b) En cuanto al objeto de la pretensión constituye requisito extrínseco,


en primer lugar, que aquél resulte idóneo con relación al tipo de proceso en el
cual la pretensión se ha deducido (sería inadmisible, v.gr., la pretensión de di-
vorcio formulada en un proceso por alimentos o en cualquier otro de naturaleza
sumaria).
En segundo lugar, constituye también requisito extrínseco, la carga del
actor de designar "con toda exactitud" la "cosa demandada" y formular "la pe-
tición en términos claros y positivos" (CPN, art. 330, incs. 3o y 6o).
En ambos casos las deficiencias correspondientes pueden determinar la
inadmisión de la pretensión ad limine, por dectsión^ictada de oficio, o por vía
de una excepción de defecto legal (CPN, art. 347, inc. 5o).
Existen, además, requisitos extrínsecos previstos por las leyes de fondo,
como la previa excusión de todos los bienes del deudor (Cód. Civ., art. 2012);
la terminación de la instancia posesoria para poder deducir la pretensión petito-
ria (Cód. Civ., art. 2484); la necesidad de haber satisfecho las condenaciones
pronunciadas en el posesorio para que el vencido en él pueda comenzar el juicio
petitorio (Cód. Civ., art. 2486); etcétera, cuya ausencia debe hacerse valer median-
te excepciones de previo y especial pronunciamiento (CPN, art. 347, inc. 8o).

c) En lo que se refiere a la cansa, configura requisito extrínseco de admisi-


bilidad de la pretensión el de que ella se fundamente mediante una prolija relación
de los antecedentes tácticos a los que el actor imputa el efecto jurídico que persi-
gue. A dicho requisito se refiere la ley cuando prescribe que la demanda debe enun-
ciar "los hechos en que se funda, explicados claramente" (CPN, art. 330, inc. 4o).
En caso de incumplimiento, la inadmisibilidad de la pretensión puede resultar de
102 OBJETO DEL PROCESO

resolución dictada de oficio, o que declare procedente la excepción de defecto


legal en el modo de proponer la demanda (CPN, art. 347, inc. 5o).

d) Concierne, conjuntamente, a los sujetos, al objeto y a la causa de la


pretensión, el requisito consistente en la inexistencia de otra pretensión deduci-
da anteriormente, ante el mismo u otro órgano judicial, en la cual dichos ele-
mentos coincidan. En este supuesto la declaración de inadmisibilidad de la
pretensión puede dictarse de oficio (CPN, art. 347, infine) o en el caso de que el
demandado oponga la excepción de litispendencia (CPN, art. 347, inc. 4o). Proce-
de, en cambio, la excepción de cosa juzgada, cuya existencia también puede ser
declarada de oficio (CPN, art. 347, infine), si ha recaído decisión definitiva sobre
la pretensión anteriormente planteada (CPN, art. 347, inc. 6o), o, en su caso, las
de transacción, conciliación y desistimiento del derecho si aquélla se hubiese
extinguido como consecuencia de esos actos (CPN, art. 347, inc. 7o).

e) En cuanto a los requisitos vinculados con la actividad que la preten-


sión entraña, deben ser analizados en las tres dimensiones de lugar, tiempo y
forma en que dicha actividad se exterioriza.
El lugar de la pretensión debe coincidir con la sede correspondiente al
juez o tribunal competente para conocer de ella.
El tiempo en que la pretensión debe ser deducida tiene limitaciones gené-
ricas y específicas. Las primeras están contenidas en las normas procesales que
determinan cuáles son los días y horas hábiles para cumplir actos procesales
válidos (CPN, arts. 152, 153 y 154). Las segundas se hallan establecidas en
aquellas normas que excluyen la admisibilidad de ciertas pretensiones cuando
éstas son planteadas antes o después de transcurrido determinado plazo. El pri-
mer supuesto está dado, v.gr., por el art. 3357 Cód. Civ., que impide deducir
contra el heredero pretensión alguna tendiente a que acepte o repudie la heren-
cia hasta pasados nueve días de la muerte del causante, y al segundo se refiere,
por ejemplo, el art. 621 CPN en tanto dispone que los interdictos de retener, de
recobrar y de obra nueva no podrán promoverse después de transcurrido un año
de producidos los hechos en que se fundaren.
Hacen a Informa de la pretensión, el modo en que ella debe expresarse
(escrito, en nuestro derecho), el idioma a utilizar (CPN, art. 115). la redacción
del escrito correspondiente (CPN, art. 118), la firma del letrado (CPN, art. 56),
etcétera. Al juez le incumbe vigilar la concurrencia de estos requisitos para dis-
poner, según el caso, el rechazo ad límine o la concesión de un plazo para ob-
viar el defecto, sin perjuicio de que el demandado haga valer la falta de tales re-
quisitos por vía de impugnación de la providencia que da curso a la demanda.
En cambio, no constituye requisito extrínseco de admisibilidad de la pretensión
LA PRETENSIÓN PROCESAL 103

la carga de acompañar con la demanda la prueba documental que estuviese en


poder del actor (CPN, art. 333), pues ella está destinada a justificar la aptitud de
la pretensión para obtener la decisión final que el actor reclama y concierne,
por lo tanto, a la fundabilidad de aquélla.

B) Finalmente, constituye un requisito extrínseco de admisibilidad de la


pretensión, de carácter/Lvca/, el pago del impuesto con que las leyes tributarias
gravan las actuaciones judiciales (tasa de justicia). Existen sobre el particular
situaciones en que se exime del pago de tales gravámenes, atendiendo a los su-
jetos de la pretensión (Nación, provincias, municipalidades, bancos oficiales,
personas que gocen del beneficio de litigar sin gastos, etc.) o al objeto o natu-
raleza de aquélla (peticiones al poder judicial fundadas en el ejercicio de un de-
recho político; defensa en juicio criminal, etc.).

2o) Requisitos intrínsecos de admisibilidad. Se vinculan con los sujetos


(activo y pasivo) y con el objeto de la pretensión procesal.

A) En relación con los sujetos corresponde analizar, en primer lugar, una


aptitud de aquéllos referida a la materia sobre la que versa la pretensión proce-
sal en cada caso concreto, y que se diferencia de la capacidad para ser parte y
de la capacidad procesal en tanto éstas configuran aptitudes genéricas que ha-
bilitan para intervenir en un número indeterminado de procesos (infra, n° 103 y
n° 104). Además de tales aptitudes genéricas, en efecto, es preciso que quienes
de hecho intervienen en el proceso como partes (actora o demandada), sean
quienes deban figurar en ese proceso concreto asumiendo tal calidad. Son éstas
las "justas partes" o las "partes legítimas", y la aptitud jurídica que las caracte-
riza se denomina legitimación para obrar o legitimación procesal, a la que cabe
definir como aquel requisito en cuya virtud debe mediar una coincidencia entre
las personas que efectivamente actúan en el proceso y las personas a las cuales la
ley habilita especialmente para pretender (legitimación activa) y para contrade-
cir (legitimación pasiva) respecto de la materia sobre la cual versa el proceso.
Con ello queda dicho que la legitimación es un requisito que afecta tanto
al actor como al demandado, pues ambos deben estar procesalmente legitima-
dos. Además, el concepto enunciado pone de manifiesto los distintos ámbitos
en que se mueven los requisitos de capacidad y legitimación, pues un sujeto
puede gozar de capacidad procesal y carecer de legitimación, y viceversa.
La pauta para determinar la existencia de legitimación procesal está dada,
en principio, por la titularidad, activa o pasiva, de la relación jurídica sustan-
cial controvertida en el proceso. En estos casos la prueba de la legitimación se
encuentra absorbida por la prueba de la relación jurídica sustancial. Si A, por
104 OBJETO DEL PROCESO

ejemplo, demuestra haber dado a B en locación un inmueble de su propiedad,


también prueba, al mismo tiempo, que se halla legitimado para deducir la pre-
tensión de desalojo frente a B, y que éste, como locatario, reviste legitimación
corno sujeto pasivo (lo cual no debe confundirse, naturalmente, con el eventual
derecho que puede asistir a las partes, pues éste es tema que concierne a la fun-
dabilidad de la pretensión).
El ordenamiento jurídico prevé, sin embargo, casos de legitimación anó-
mala o extraordinaria, a las que caracteriza el hecho de que personas ajenas a
la relación jurídica sustancial que se controvierte en el proceso resultan habili-
tadas para intervenir en él. En estas hipótesis, que se agrupan bajo el nombre de
sustitución procesal {infra, n° 124) se opera una verdadera disociación entre los
sujetos legitimados para obrar y los sujetos titulares de la respectiva relación
sustancial. El sustituto debe probar no sólo la existencia de la relación sustan-
cial de la que fue participe el sustituido, sino también las circunstancias de las
cuales emerge su legitimación. Tal el caso de la pretensión oblicua a que se re-
fiere el art. 1 196 del Cód. Civ., según el cual el actor debe acreditar, además de
la titularidad del crédito reclamado por parte de su deudor, su condición de
acreedor de este último.
Asimismo, existen casos en los cuales la legitimación, activa o pasiva, se
halla atribuida a una pluralidad de personas, correspondiendo distinguir según
que el juez se encuentre o no habilitado para dictar sentencia sobre el fondo del
asunto cuando no han intervenido, o no han sido citados al proceso, todos los
sujetos legitimados. En la primera categoría se ubica, por ejemplo, el supuesto
de las obligaciones indivisibles o solidarias, en el que si bien todos los acreedo-
res y todos los deudores están, respectivamente, activa y pasivamente legitima-
dos (Cód. Civ., arts. 868 y 705), el juez puede examinar la pretensión en cuanto
al fondo aunque ésta haya sido deducida por uno solo de los acreedores y frente
a uno solo de los deudores. En cambio el juez no puede proceder así, v.gr., en la
hipótesis del art. 254 del Cód. Civ., según el cual la pretensión de filiación ma-
trimonial debe ser intentada contra el padre y la madre conjuntamente y por falle-
cimiento de éstos, contra sus herederos (litisconsorcio necesario) (infra, n° 131).
Consideración aparte merece el tema referente a la protección judicial de
los denominados intereses supraindividuales, colectivos o difusos—derivados,
particularmente, de los elementos contaminadores del medio ambiente, de la
perturbación o amenaza del patrimonio natural y cultural, o de la circulación de
productos defectuosamente elaborados— cuya existencia impone necesaria-
mente un ensanchamiento de la legitimación procesal acorde con la titularidad
plural, masiva o indistinta de los bienes o valores de que se trata. A raíz de la re-
forma que se le introdujo en 1994 la CN, arts. 41 a 43, contempla —como lo ha-
cían con anterioridad algunas constituciones provinciales— ese tipo de intere-
LA PRETENSIÓN PROCESAL 105

ses y legitima para interponer la respectiva pretensión al afectado (usuario o con-


sumidor), al defensor del pueblo y a las asociaciones que propendan a la defensa de
los derechos de incidencia colectiva, registradas conforme a la ley, la que debe de-
terminar los requisitos y formas de su organización (art. 43, párr. 2o).
La ausencia de legitimación, activa o pasiva, torna admisible la excepción
prevista en el art. 347, inc. 3o CPN, que se resuelve como artículo previo si apa-
reciere manifiesta y, en caso contrario, en la sentencia definitiva.
Corresponde asimismo aclarar que la legitimación no incide en la calidad
de parte, pues como se verá en el n° 102 se trata de conceptos independientes.
Entre los requisitos intrínsecos de admisibilidad de la pretensión relacio-
nados con los sujetos, figura además el interés procesal, que consiste en la ne-
cesidad o imprescindibilidad del proceso para satisfacer, en cada caso concre-
to, el derecho afirmado como fundamento de aquélla. En el caso de no
concurrir esa circunstancia la pretensión procesal es inadmisible, porque la mi-
sión de los jueces consiste en decidir "colisiones efectivas de derechos", y no
en formular declaraciones abstractas. Se puede afirmar, entonces, que existe in-
terés procesal toda vez que el derecho se encuentre en estado de insatisfacción,
y en forma tal que, sin la intervención del órgano judicial, la expectativa, inhe-
rente al mismo derecho, quedaría irrealizada.
Mientras que en el caso de derechos a una prestación el interés procesal
surge con motivo de un estado de insatisfacción derivado del incumplimiento
de aquélla por parte del sujeto obligado, existen supuestos en los cuales el inte-
rés resulta de una situación jurídica objetivamente dañosa que sólo puede ser
removida mediante la intervención de un órgano judicial. Tal lo que ocurre
cuando, sin que medie incumplimiento de prestación alguna, se haya producido
una situación de falta de certeza acerca de la existencia o inexistencia de un de-
recho; o cuando, existiendo en concreto ciertas situaciones susceptibles de pro-
ducir la modificación de un estado o relación jurídica, tal modificación sólo
puede tener lugar mediante una sentencia judicial (nulidad de matrimonio, de-
claración de incapacidad por insania, etc.).
El interés procesal tiene, como regla, un contenido económico, pero éste
puede ser exclusivamente moral cuando la pretensión tiende, por ejemplo, a la
tutela del nombre, al depósito de menores abandonados, etcétera.
Además, el interés debe ser actual, aunque en ciertos casos se puede re-
clamar la protección de derechos eventuales o futuros, siempre que concurran
determinadas circunstancias de carácter actual (v.gr., una deuda sujeta a condi-
ción o pendiente de plazo, autoriza a pedir un embargo preventivo cuando se
justifica que ha disminuido notablemente la responsabilidad del deudor des-
pués de contraída la obligación). Existen asimismo pretensiones de condena a
una prestación futura, como ocurre con la de desalojo, la cual, de conformidad
106 OBJETO DEL PROCESO

con lo dispuesto en el art. 688 CPN, puede interponerse antes del vencimiento
del plazo convenido para la restitución del bien, en cuyo caso la sentencia que
ordena la desocupación debe cumplirse una vez vencido aquél.
Dado que la necesidad de tutela jurídica constituye un presupuesto básico
del ejercicio mismo de la función judicial, a la que es ajena, como se expresó,
la formulación de declaraciones abstractas, la ausencia de interés procesal pue-
de ser declarada de oficio.

B) Corresponde, por último, incluir dentro de esta categoría de requisi-


tos intrínsecos de admisibilidad, el de que el juez se encuentre legalmente ha-
bilitado para dictar el pronunciamiento pedido, es decir, que el objeto de la
pretensión sea. jurídicamente posible. No reunirían este requisito, v.gr., las pre-
tensiones tendientes a obtener el pago de una deuda de juego o el cumplimiento
de un contrato que tenga por objeto una herencia futura o una cosa que se en-
cuentra fuera del comercio. En razón de que en todas estas hipótesis las preten-
siones versan sobre materias acerca de las cuales se halla vedada cualquier
decisión judicial de mérito, los jueces pueden repelerlas de oficio.
En el ámbito del proceso arbitral, tal requisito se encuentra referido a to-
das aquellas cuestiones respecto de las cuales no cabe comprometer en arbitros
(CPN, art. 737).

II) Fundabilidad de la pretensión. Resuelta o verificada la concurrencia


de los requisitos de admisibilidad, el juez se encontrará en condiciones de pro-
nunciarse sobre el mérito de la pretensión o, lo que es lo mismo, sobre si ésta es
o no fundada. Lo será cuando la pretensión procesal, en razón de su contenido,
resulte apropiada para obtener una decisión favorable a quien la ha interpuesto.
Como dicho contenido se halla representado por una concreta situación de hecho
a la que se atribuye un determinado efecto jurídico, el examen de fundabilidad
consiste, primordialmente, en determinar si ese efecto jurídico corresponde, o
no, a la situación de hecho invocada.
Para esa determinación el juez aplica el orden jurídico vigente, pudiendo
prescindir de las normas invocadas por las partes y supiir las omisiones de fun-
damentación jurídica en que aquéllas hubieren incurrido (Utra novit curia).
Incumbe a las partes, en cambio, la aportación de los datos configurativos de
la situación de hecho que ha de ser jurídicamente valorada por el juez. En la gene-
ralidad de los casos no es suficiente la aportación de los hechos, pues en el supues-
to de ser controvertidos las partes deberán probarlos y el juez los apreciará en
oportunidad de pronunciarse sobre el mérito de la pretensión, de acuerdo con
ciertas reglas distributivas que se estudiarán en su oportunidad (infra, n° 197).
LA PRETENSIÓN PROCESAL 107
El juez debe examinar la situación de hecho con referencia al momento
en que la pretensión fue deducida, sin tener en cuenta las modificaciones ope-
radas durante el desarrollo del proceso, salvo que concurran situaciones espe-
ciales como el pago, el cumplimiento de la obligación o la extinción del plazo,
ocurridas durante el trascurso de aquél, las cuales pueden ser valoradas por el
juez cuando se pronuncia sobre la fundabilidad de la pretensión. El CPN dispo-
ne al respecto, en el art. 163, inc. 6o, que la sentencia definitiva "podrá hacer
mérito de los hechos constitutivos, modificativos o extintivos, producidos du-
rante la sustanciación del juicio y debidamente probados, aunque no hubiesen
sido invocados oportunamente como hechos nuevos".

53. VICISITUDES DE LA PRETENSIÓN

La pretensión procesal puede experimentar, fundamentalmente, tres cla-


ses de vicisitudes: transmisión, transformación e integración.

a) Transmisión. Existe transmisión de la pretensión cuando la persona


del sujeto activo es reemplazada por otra que actúa procesalmente en su lugar.
Por lo tanto, no es más que una consecuencia de la transmisión de derechos que
se hallan en litigio.
Cuando es motivada por una sucesión a título universal, el sucesor o suce-
sores del sujeto activo, como continuadores de la personalidad jurídica de éste,
pueden intervenir en el proceso asumiendo la posición de las partes principales,
con los mismos derechos, cargas y deberes procesales del causante. En cambio,
si se trata de una sucesión a título singular, la transmisión se halla supeditada a
la conformidad que preste la otra parte para que ese sucesor intervenga en
reemplazo del transmitente del derecho litigioso (CPN, art. 44).
No son transmisibles las pretensiones que se fundan en derechos inherentes
a la persona o que comprenden hechos de igual naturaleza (Cód. Civ., art. 1445),
corno, por ejemplo, las de divorcio, nulidad de matrimonio, reconocimiento de
filiación, etcétera. Otras son intransmisibles respecto de determinadas perso-
nas: no pueden cederse a los abogados o procuradores judiciales las pretensio-
nes de cualquier naturaleza deducidas en los procesos en que ejerciesen o hu-
biesen ejercido sus oficios; ni los demás funcionarios de la administración de
justicia, las que fuesen de la competencia del juzgado o tribunal en que sirvie-
sen (Cód. Civ., art. 1442).
108 OBJETO DEL PROCESO

b) Transformación. Ésta se opera cuando, mediante un acto unitario, tie-


ne lugar la alteración de alguno de los elementos objetivos de la pretensión {ob-
jeto o causa).
No hay transformación, en cambio, cuando la alteración sólo afecta a los
sujetos activo o pasivo de la pretensión, porque en este caso no existe un acto
unitario sino dos actos procesales independientes: desistimiento de la anterior
pretensión y formulación de otra distinta.
En primer lugar se opera la transformación de la pretensión siempre que
se modifique la base fáctica que la sustenta (el actor que originariamente alega
su condición de propietario y luego la de usuario usufructuario, o si se ha atri-
buido al demandado la calidad de inquilino y después se pretendiera atribuirle
la de subinquilino).
También se configura la situación analizada cuando se modifica el objeto
inmediato o mediato de la pretensión, como ocurre, por ejemplo, si primero se
solicita la declaración de rescisión de un acto jurídico y posteriormente su nu-
lidad. No implica transformación, sino desistimiento parcial de la primitiva
pretensión, en cambio, el pedido de un pronunciamiento de entidad inferior al
originariamente solicitado, o la reducción cuantitativa del objeto mediato,
siempre que no se produzca una alteración de la causa. Tampoco la configuran
las alteraciones introducidas en la fórmula en que se manifiesta el objeto de la
pretensión, y que tienden a mejorarla o a eliminar los errores materiales de que
adolezca el escrito en que está contenida.
La transformación de la pretensión sólo es admisible antes de que la de-
manda sea notificada (CPN, art. 331), por cuanto es a partir de ese momento
que el demandado adquiere el derecho a obtener el pronunciamiento de una
sentencia sobre el tema propuesto por el actor y, consecuentemente, a preparar
su defensa dentro de los límites de ese tema. Después de producido dicho acto,
la transformación de la pretensión es admisible cuando el demandado acepta,
expresa o implícitamente, debatir los nuevos planteamientos introducidos por
el actor.
El CPN, como arbitrio encaminado a evitar la reiteración de procesos so-
bre una misma cuestión, admite la posibilidad de que la sentencia recaiga tam-
bién sobre las cuotas o fracciones de una misma obligación, vencidas durante el
transcurso del proceso (art. 331). A su vez la jurisprudencia había decidido, por
ejemplo, que la desvalorización monetaria podía ser invocada hasta la oportu-
nidad de presentar el alegato, porque en este caso la transformación no alteraba
suslancialmente la postura defensiva del demandado, que configura, como se
ha visto, el fundamento esencial de la regla prohibitiva de que aquélla tenga lu-
gar con posterioridad a la notificación de la demanda.
LA PRETENSIÓN PROCESAL 109

c) Integración. Existe integración de la pretensión cuando, sin alterarse


ninguno de sus elementos constitutivos, se incorporan al proceso una o más cir-
cunstancias de hecho tendientes a confirmar o complementar su causa.
A ella se refieren los arts. 365 y 260, inc. 5o, párr. a) del CPN. El primero
dispone que cuando con posterioridad a la contestación de la demanda o recon-
vención ocurriese o llegase a conocimiento de las partes algún hecho que tuvie-
se relación con la cuestión que se ventila, podrán alegarlo hasta cinco días des-
pués de notificada la providencia de apertura de prueba. El último de esos
preceptos contempla la invocación del hecho nuevo en segunda instancia.

54. EXTINCIÓN DE LA PRETENSIÓN

Normalmente la pretensión procesal se extingue mediante la sentencia


que la actúa, o que deniega su actuación. Sin embargo, corresponde distinguir
los casos en que la sentencia rechaza la pretensión por no concurrir algún re-
quisito intrínseco de admisibilidad, o bien se pronuncia sobre su fundabilidad
(positiva o negativamente), de aquéllos en que el acto decisorio rechaza la pre-
tensión por carecer ésta de algún requisito extrínseco de admisibilidad.
Las sentencias comprendidas en el primer grupo están revestidas de cier-
ta cualidad en cuya virtud resulta inadmisible la proposición eficaz de la misma
pretensión en otro proceso (cosa juzgada). En cambio, las del segundo grupo no
impiden que la misma pretensión, obviadas las deficiencias de que adolecía,
sea nuevamente propuesta. ~*
Los modos anormales de extinción de la pretensión se agrupan en dos ca-
tegorías según que posibiliten, o no, la reproducción de aquélla en un proceso
posterior. A la primera pertenecen el desistimiento de la pretensión (o del pro-
ceso) y la caducidad de la instancia; a la segunda, el desistimiento del derecho,
la transacción y la conciliación.

55. DISTINTAS CLASES DE PRETENSIONES

a) Las pretensiones procesales pueden clasificarse, por una parte, en


pretensiones de conocimiento, de ejecución y cautelares, y, por otra, en preten-
siones reales y personales, según que, respectivamente, se tenga en cuenta la
índole del pronunciamiento que persiguen, o la naturaleza del derecho material
invocado como fundamento de ellas.
Las pretensiones de conocimiento son aquéllas mediante las cuales se so-
licita al órgano judicial que dilucide y determine el contenido y alcance de una
110 OBJETO DEL PROCESO

situación jurídica. Se dividen, a su vez, en pretensiones declarativas, de conde-


na y determinativas.

b) Las pretensiones declarativas tienden a obtener un pronunciamiento


que elimine la falta de certeza sobre la existencia, eficacia, modalidad o inter-
pretación de una relación o estado jurídico.
La característica fundamental de este tipo de pretensiones consiste en que
la mera declaración de certeza resulta suficiente para satisfacer el interés de
quien las propone y, por lo tanto, para agotar el cometido de la función jurisdic-
cional.
Pueden ser positivas o negativas según que, respectivamente, se basen en
la afirmación de un efecto jurídico favorable al actor o en la inexistencia de un
efecto jurídico favorable a la otra parte. Constituyen ejemplo de las primeras, la
pretensión declarativa de adquisición de propiedad por prescripción (ley
14.159), la de reconocimiento de filiación (Cód. Civ., arts. 251 a 253), la de
pago por depósito judicial (Cód. Civ., arts. 756 y sigs.), etcétera; y de las segun-
das, la pretensión negatoria (Cód. Civ., arts. 2800 y sigs.), la de nulidad de un
acto jurídico (Cód. Civ., arts. 1046 a 1048), la de falsedad de un instrumento
público (Cód. Civ., art. 993).
El código vigente admite, en términos generales, la pretensión meramen-
te declarativa "para hacer cesar un estado de incertidumbre sobre la existencia,
alcance o modalidades de una relación jurídica, siempre que esa falta de certeza
pudiera producir un perjuicio o lesión actual al actor y éste no dispusiere de
otro medio legal para ponerle término inmediatamente" (CPN, art. 322).
De esta norma se infiere que la admisibilidad de la pretensión se halla su-
peditada a la concurrencia de dos requisitos: Io) que el estado de incertidumbre
en que se funda derive de circunstancias de hecho que, objetivamente aprecia-
das, revistan suficiente aptitud para provocar un daño (v.gr., si en razón de dis-
creparse sobre la existencia de un contrato, o de su validez, el actor se ve impe-
dido de disponer del bien a que aquél se refiere); 2o) que no exista otra vía legal
para hacer cesar la incertidumbre.
Cabe añadir que tras una prolongada jurisprudencia adversa a la preten-
sión declarativa de inconstitucionalidad, la Corte Suprema, a partir del prece-
dente de Fallos, 307-1373, viene admitiendo su admisibilidad, con fundamento
en la norma citada, a fin de emitir pronunciamiento sobre la validez constitu-
cional de normas nacionales y provinciales.
Una modalidad particular de las pretensiones declarativas se halla repre-
sentada por las llamadas pretensiones constitutivas, las cuales se configuran
toda vez que, según la ley, la incertidumbre sobre la existencia, validez, etcéte-
ra, de una relación o estado jurídico debe ser eliminada, insustituiblemente, a
LA PRETENSIÓN PROCESAL 111
través de una declaración judicial (declaración de incapacidad, de adopción, de
divorcio, de nulidad de matrimonio, etc.).

c) Denomínase pretensiones de condena a aquéllas mediante las cuales


se reclama el pronunciamiento de una sentencia que imponga al demandado el
cumplimiento de una prestación (de dar, de hacer, o de no hacer) a favor del ac-
tor. Además, dicha sentencia hace explícita la sanción que la ley imputa a ese
incumplimiento y configura, por ello, un título ejecutivo judicial (también lla-
mado "título ejecutorio") que puede ser hecho valer por el acreedor como fun-
damento de una nueva pretensión tendiente a obtener la realización coactiva de
su derecho.

d) Las pretensiones determinativas o especificativas son aquéllas me-


diante las cuales se pide al juez que fije los requisitos o condiciones a que
quedará supeditado el ejercicio de un derecho. Tienden, por lo tanto, a la com-
plementación o integración de ciertas relaciones jurídicas cuyos elementos o
modalidades no se encuentran determinados o especificados por completo (la
pretensión de fijación del plazo en los términos de los arts. 618 y 751 del Cód.
Civ.; la que persigue la determinación de un régimen de visitas a los hijos, etc.).
Llámanse pretensiones de ejecución a las que tienen por finalidad hacer
efectiva la sanción impuesta en una sentencia de condena (título ejecutivo judi-
cial), u obtener el cumplimiento de una obligación documentada en algunos de
los instrumentos a los cuales la ley acuerda una presunción de legitimidad (títu-
los ejecutivos extrajudiciales: confesión de deuda líquida y exigible; créditos
documentados en letras de cambio, pagarés, cheques, etc.).
La diferencia entre estas pretensiones y las de conocimiento reside en sus
efectos inmediatos. Mientras las segundas producen, como efecto inmediato, la
posibilidad de que el sujeto pasivo las contradiga mediante el planteamiento de
oposiciones no limitadas en cuanto a su alcance y contenido, las pretensiones
ejecutivas inciden en forma inmediata sobre e! patrimonio del deudor a través
del cumplimiento de las medidas coactivas previstas por la ley, sin que sea ne-
cesaria la previa provocación del contradictorio. Ello sin perjuicio de que en
una etapa ulterior de conocimiento, el ejecutado deduzca determinadas oposi-
ciones al progreso de la ejecución, no relacionadas con la legitimidad de la cau-
sa del crédito.
Denomínanse pretensiones cautelares las que tienden a la obtención de
una medida judicial (embargo, secuestro, anotación de la litis, etc.) que asegure
el eventual cumplimiento de la sentencia de mérito a dictar en un proceso de co-
nocimiento o de ejecución. No son, por lo tanto, pretensiones autónomas, pues
se encuentran subordinadas a una pretensión principal ya deducida, o próxima
112 OBJETO DEL PROCESO

a deducirse. Están sujetas a los siguientes requisitos: 1°) La verosimilitud del dere-
cho invocado como fundamento de la pretensión principal; 2o) El temor fundado
de que ese derecho se frustre durante la tramitación del proceso tendiente a tu-
telarlo; 3o) La prestación de una contracautela por parte del sujeto activo.

e) La clasificación de las pretensiones en reales y personales, como ya


se ha dicho, atiende a la naturaleza del derecho —real o personal, respectiva-
mente— invocado como fundamento de la pretensión procesal.
Esta distinción reviste importancia práctica en los siguientes aspectos:
Io) La determinación de la competencia por razón del territorio. El CPN esta-
blece que en las pretensiones reales sobre inmuebles será competente el juez
del lugar donde esté situada la cosa (art. 5o, inc. Io); en las pretensiones perso-
nales de origen contractual el juez del lugar en que deba cumplirse la obliga-
ción y, en su defecto, a elección del actor, el del domicilio del demandado o el
del lugar del contrato, siempre que el demandado se encuentre en él, aunque sea
accidentalmente, en el momento de la notificación (art. 5o, inc. 3o), y en las pre-
tensiones personales derivadas de delitos o cuasidelitos, el del lugar del hecho
o del domicilio del demandado a elección del actor (art. 5o, inc. 4o); 2o) El fuero
de atracción en los procesos universales (Cód. Civ., art. 3284; ley 24.522, arts.
21, inc. Io y 132); 3o) La eficacia de las sentencias extranjeras para ser cumpli-
das en el territorio nacional (CPN, art. 517, inc. Io).
Las pretensiones personales mencionadas por tales normas son las que
emergen de derechos personales de contenido patrimonial, pero dentro del con-
cepto de "derechos personales" pueden incluirse tanto los derechos autoperso-
nales o personalísimos (derecho a la vida, al honor, al nombre, a la libertad fí-
sica, etc.) como los derechos potestativos (derechos que corresponden a los
cónyuges entre sí, a los padres respecto de sus hijos, y a los tutores y curadores
respecto de sus pupilos). El Cód. Civ. fija reglas de competencia respecto de las
pretensiones de estado fundadas en ese tipo de derechos, como en los casos de
separación personal, divorcio vincular y nulidad de matrimonio (art. 227); dis-
cernimiento de tutela (arts. 400 a 405), etcétera.
Tanto a las pretensiones personalísimas, como a las de estado, les son
aplicables en lo compatible, y a falta de normas expresas, las reglas estableci-
das para las pretensiones personales de contenido patrimonial, y lo mismo cabe
decir con respecto a las pretensiones fundadas en derechos intelectuales e in-
dustriales.
Se habla también de pretensiones mixtas para denotar a aquéllas median-
te las cuales se hace valer un derecho de crédito y un derecho real que han na-
cido de una misma operación jurídica. En nuestro Derecho no existen, porque
como lo señala ALSINA las que se ponen como ejemplo constituyen, en realidad,
PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS 113

dos pretensiones, de las cuales una es, necesariamente, accesoria de la otra,


como ocurre con la pretensión de cobro de una deuda garantizada con hipoteca.

56. RELACIONES ENTRE LA PRETENSIÓN CIVIL


Y LA PRETENSIÓN PENAL

Aun cuando pueden fundarse en un mismo hecho, la pretensión civil y la


penal son, como principio, independientes: el desistimiento de esta última no
impide el planteamiento eficaz de la primera tendiente al pago de la indemniza-
ción del daño causado por un delito, pero la situación inversa implica la renun-
cia de la pretensión penal (Cód. Civ., art. 1097).
La oportunidad en que la pretensión penal se deduce incide, por otra par-
te, en el proceso civil, pues si aquélla hubiere precedido a la pretensión civil, o
fuere intentada pendiente ésta, no puede haber condenación del acusado en el
proceso civil antes de la condenación del acusado en el proceso penal (Cód.
Civ., art. 1101). Ello no impide la deducción de la pretensión civil ni la prose-
cución del respectivo proceso, sino solamente que en éste se dicte sentencia an-
tes de que recaiga un pronunciamiento en sede penal, pues esta decisión tiene
efectos de cosa juzgada en el proceso civil. Las excepciones a este principio es-
tán contenidas en el art. 1101 Cód. Civ.
Cuadra finalmente señalar que la pretensión civil resarcitoria es suscepti-
ble de ser planteada dentro del proceso penal (Cód. Penal, art. 29, derogatorio
del Cód. Civ., art. 1906), siempre que la ley precesal le atribuya competencia
para ello a los tribunales represivos. La absolución del procesado, asimismo, no
obsta a que el tribunal penal se pronuncie, en la sentencia, sobre la pretensión
civil (v.gr. CPr.Penal, arts. 16 y 402).

§ ///

PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS "

57. CONCEPTO DE PROCESO ACUMULATIVO

a) El proceso acumulativo, o por acumulación, es aquel que sirve para


la satisfacción de dos o más pretensiones.

11
ALSINA, Tratado, I, pág. 535; CARNELUTTI. Instituciones, I, pág. 387; COLOMBO,
114 OBJETO DEL PROCESO

b) En líneas generales, la justificación del proceso acumulativo reside


en dos tipos de fundamentos: uno atiende a la reducción de tiempo, esfuerzo y
gastos que comporta el tratamiento conjunto de dos o más pretensiones; el otro
tiene en mira la necesidad de evitar la eventualidad de pronunciamientos con-
tradictorios a que puede conducir la sustanciación de pretensiones conexas en
procesos distintos.

c) La acumulación de pretensiones dentro de un mismo proceso puede


ser originaria y sucesiva, según que, respectivamente, las pretensiones se pro-
pongan conjuntamente desde el comienzo del proceso, o que, durante el trans-
curso de éste, a la pretensión originaria se agreguen o incorporen otra u otras.
Dentro de la sucesiva se debe distinguir la acumulación por inserción, de
la acumulación por reunión. La primera se opera cuando una nueva pretensión
se incorpora dentro de un proceso ya pendiente para la satisfacción de otra. La
segunda tiene lugar cuando, existiendo diversas pretensiones que se han hecho
valer en otros tantos procesos, éstos se funden en uno solo.

58. ACUMULACIÓN ORIGINARIA DE PRETENSIONES

a) Según se atienda simplemente a la pluralidad de pretensiones o, ade-


más, a la pluralidad de sujetos activos o pasivos que las interponen, o frente a
quienes se interponen, cabe distinguir entre dos clases de acumulación origina-
ria de pretensiones: la objetiva y la subjetiva.

b) La acumulación objetiva de pretensiones es la reunión, en una misma


demanda, de las distintas pretensiones que el actor tenga frente al demandado,
realizada con el fin de que sean sustanciadas y decididas en un proceso único.
Su admisibilidad no se halla supeditada al requisito de que medie entre
las pretensiones acumuladas un vínculo de conexión por la causa o por el obje-

Código, 1, pág. 496; DEVIS ECHANDIA, Nociones Generales, pág. 484; D'ONOFRIO. Commento
al códice di procedían civile, 4a ed.. Torino, 1957,1, pág. 208; FASSI-YÁÑEZ. Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación comentado, anotado y concordado. Buenos Aires, 1988, I,
pág. 479; GUASP. Derecho procesal civil. I, pág. 241; MARTÍNEZ Hernán J., Procesos, con
sujetos múltiples, Buenos Aires, 1987; MICHEU, Curso, 1, pág. 222; PALACIO, Derecho
procesal civil. I, pág. 448; Estudio de la reforma procesal civil y comercial, pág. 22; PODETTI,
Tratado de la tercería, (actualizado por GUERRERO LECONTE). T ed., págr297; RENGEL
ROMBERG, Tratado, II, pág. 121; RODRÍGUEZ, Comentarios al Código de Procedimientos en
Materia Civil y Comercial, 2a ed., Buenos Aires. 1913, I, pág. 139; SATTA, Diritlo processuale
civile, pág. 121.
PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS 115
to, por cuanto la institución responde primordialmente a razones de economía
de tiempo, actividad y gastos.
El CPN se refiere a la acumulación objetiva de pretensiones en el art. 87,
que dispone: "Antes de la notificación de la demanda el actor podrá acumular
todas las acciones que tuviere contra una misma parte, siempre que: Io) No
sean contrarias entre sí, de modo que por la elección de una quede excluida la
otra. 2o) Correspondan a la competencia del mismo juez. 3o) Puedan sustanciar-
se por los mismos trámites".
El primer requisito que exige dicha norma se justifica porque si las pre-
tensiones fueran contrarias entre sí se destruirían mutuamente (v.gr.: si se de-
mandase conjuntamente el cumplimiento y la rescisión del contrato, o la nuli-
dad de un testamento y la entrega de un legado establecido en él).
La incompatibilidad entre las distintas pretensiones no obsta, sin embar-
go, a su acumulación condiciona! o eventual, la que se verifica cuando se pro-
pone una pretensión como principal y otra a título subsidiario, a fin de que el
juez conozca de la última sólo en el caso de desestimar la primera (v.gr.: la acu-
mulación subsidiaria de las pretensiones de nulidad y simulación de acto jurídi-
co; de nulidad y cumplimiento de contrato, etc.).
Junto a esta modalidad la doctrina admite también la denominada acumu-
lación sucesiva, la que tiene lugar cuando una pretensión es interpuesta con la
condición de que, previamente, sea acogida otra pretensión que actúa como
presupuesto de ella (v.gr.: en el caso de una obligación sin plazo determinado,
cabe acumular al pedido de fijación judicial del plazo [Cód. Civ., art. 618], la
pretensión de condena, etc.). —. ^
Existen casos en los cuales la acumulación se encuentra prohibida por la
ley, como sucede con la pretensión redhibitoria y la quanti minoris (Cód. Civ.,
art. 2175); o en el supuesto del vendedor con pacto comisorio que demanda el
pago del precio, a quien le está vedado, en adelante, demandar la resolución del
contrato (Cód. Civ., art. 1375, inc. 3o).
El segundo requisito exigido por el art. 87 CPN consiste en que las pre-
tensiones acumuladas pertenezcan a la competencia del mismo juez. De allí
que corresponde descartar la acumulación de pretensiones cuyo respectivo co-
nocimiento incumbe a jueces distintos por razón de la materia. No sería proce-
dente, v.gr., la acumulación de una pretensión de naturaleza civil a una de natu-
raleza comercial y de ninguna de ellas a una pretensión que correspondiese a la
competencia de la justicia laboral.
El tercer requisito, o sea el consistente en que las pretensiones puedan
sustanciarse por los mismos trámites, se funda en razones de orden procesal e
implica que no procede, v.gr., acumular una pretensión ejecutiva a una ordina-
116 OBJETO DEL PROCESO

ria, ni ésta a ninguna pretensión que se encuentre sometida a una clase especial
de proceso (sumario, suinarísimo, etc.).
Si la acumulación no reúne los requisitos que el CPN exige el demandado
puede deducir la excepción de defecto legal y, en el caso del inc. 2°, la de in-
competencia.

c) La acumulación subjetiva de pretensiones, que constituye la otra mo-


dalidad de la acumulación originaria, tiene lugar toda vez que, entre más de un
actor o demandado (acumulación activa y pasiva, respectivamente), o entre más
de un actor y más de un demandado (acumulación mixta) se sustancian, en un
mismo proceso, pretensiones conexas por la causa o por el objeto.
Se halla justificada no sólo por razones de economía procesal —como
ocurre en el caso de acumulación objetiva— sino, particularmente, por la nece-
sidad de conjurar el riesgo de decisiones contradictorias y el consiguiente es-
cándalo jurídico que fácilmente puede originar el tratamiento autónomo de pre-
tensiones vinculadas por el mencionado tipo de conexión.
La acumulación subjetiva procede siempre que las distintas pretensiones
sean conexas en virtud de la causa, del objeto, o de ambos elementos a la vez
(CPN, art. 88), o sea, respectivamente, cuando se invoque como fundamento de
ellas una misma relación jurídica o una misma situación de hecho o cuando me-
die coincidencia respecto de la clase de pronunciamiento que se pide (objeto in-
mediato) y la cosa, hecho o relación jurídica sobre que dicho pronunciamiento
debe versar (objeto mediato).
Entre otros casos, la jurisprudencia ha admitido la acumulación subjetiva
de pretensiones de varios contribuyentes que tienen por objeto repetir el pago
de determinada contribución que se considera ilegal por el mismo motivo; las
de diversos compradores que persiguen la devolución de sumas de dinero y
pago de indemnizaciones fundados en los efectos emergentes de la suscripción
de boletos de compraventa, relativos a distintas unidades de una misma finca;
las pretensiones del damnificado por un accidente contra el conductor del ve-
hículo, contra su propietario y contra el asegurador; las de reivindicación con-
tra los detentadores de distintas fracciones del mismo inmueble; las de desalojo
contra diversos inquilinos de una misma finca cuando aquél se funda en una
causa común a los demandados; etcétera.
Con respecto a la competencia, y a la posibilidad de su desplazamiento, la
existencia de acumulación subjetiva de pretensiones determina la aplicación de
los siguientes principios:

Io) La acumulación subjetiva comporta una excepción a las reglas que


gobiernan la competencia ordinaria por razón de la materia civil y comercial,
PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS 1 17

pues la necesidad de evitar el pronunciamiento de sentencias contradictorias,


que constituye, como antes se señaló, el fundamento esencial de la institución,
debe prevalecer sobre las simples razones de división del trabajo judicial que
justifican aquella distribución de la competencia.

2o) Tratándose de la competencia territorial, en cambio, rige el principio


de que cada demandado se halla facultado para reclamar su propio fuero en ra-
zón del distinto domicilio. Media una excepción cuando los distintos demanda-
dos se hallan vinculados por una obligación de carácter solidario o indivisible,
en cuyo caso la demanda puede deducirse ante el juez del domicilio de cual-
quiera de ellos (CPN, art. 5o, inc. 5o). Si se produce el fallecimiento de uno de
los litisconsortes demandados, la competencia se desplaza hacia el juez de la
sucesión, siempre, desde luego, que ello no comporte desconocer el derecho al
propio fuero que corresponde a los restantes litisconsortes.

3o) Con respecto al fuero federal (infra, n° 98), el art. 10 de la ley 48 dis-
pone que "en las sociedades colectivas, y en general en todos los casos en que
dos o más personas asignables pretendan ejercer una acción solidaria, o sean
demandadas por una obligación solidaria, para que caigan bajo la jurisdicción
nacional se atenderá a la nacionalidad o vecindad de todos los miembros de la
sociedad o comunidad, de tal modo que será preciso que cada uno de ellos in-
dividualmente tenga el derecho de demandar, o pueda ser demandado ante los
tribunales nacionales, con arreglo a lo dispuesto en el inciso 2° del artículo 2o".

59. ACUMULACIÓN SUCESIVA POR INSERCIÓN DE PRETENSIONES

a) Este tipo de acumulación tiene lugar cuando una pretensión se incor-


pora, ex novo, dentro de un proceso ya pendiente para la satisfacción de otra.
La inserción de la nueva pretensión puede provenir del primitivo actor,
del primitivo demandado, o de un tercero, según se trate de la ampliación de de-
manda, de la reconvención, o de la intervención exchiyente y de la tercería.

b) La ampliación de demanda se configura cuando el actor, en lugar de


acumular todas las pretensiones que tiene frente al demandado en la demanda
inicial, lo hace en un momento procesal posterior, cuyo límite está dado por la
notificación de la demanda. Cumplido este acto, el actor pierde la facultad de
proponer nuevas pretensiones dentro del mismo proceso (CPN, art. 87).
118 OBJETO DEL PROCESO

c) La reconvención es la pretensión procesal que puede deducir el de-


mandado frente al actor. Sólo puede plantearse en el mismo escrito de contes-
tación a la demanda y no haciéndolo entonces, no podrá deducirla después,
salvo su derecho para hacer valer su pretensión en otro juicio (CPN, art. 357).
Por cuanto reviste los caracteres de una verdadera pretensión, es aplica-
ble a la reconvención lo expuesto acerca de los elementos y requisitos de aqué-
lla. Sin embargo, por tratarse de una pretensión que se inserta en un proceso ya
pendiente, su admisibilidad está supeditada a ciertos requisitos específicos que
se estudiarán más adelante (infra, n° 187).

d) En los supuestos de intervención excluyente y tercería, la nueva preten-


sión proviene de terceros, o sea de personas ajenas a las partes originarias, las cua-
les vienen a convertirse en sujetos pasivos de aquélla (infra, n° 134 y n° 140).

60. ACUMULACIÓN SUCESIVA POR REUNIÓN DE


PRETENSIONES (ACUMULACIÓN DE PROCESOS)

a) Consiste en la reunión material de dos o más procesos que, en razón


de tener por objeto pretensiones conexas, no pueden ser sustanciados separada-
mente sin riesgo de conducir al pronunciamiento de decisiones contradictorias,
e incluso de cumplimiento imposible por efecto de la cosa juzgada.
En su base existe, en rigor, una pluralidad de pretensiones, las cuales, al
acumularse, determinan la unión material de los distintos procesos en los que
aquéllas se hicieron valer.

b) La acumulación de procesos corresponde: Io) Cuando es admisible la


acumulación subjetiva de pretensiones, o sea, siempre que éstas sean conexas
por la causa, por el objeto, o por ambos elementos al mismo tiempo; 2o) Cuando
siendo el actor titular de diversas pretensiones conexas frente al demandado,
aquéllas se hayan hecho valer en otros tantos procesos, sin haber tenido lugar,
por consiguiente, su acumulación objetiva; 3o) Cuando el demandado, abste-
niéndose de la facultad de reconvenir, deduce, en otro proceso, una pretensión
conexa a la interpuesta por el actor frente a él.
El CPN regula la institución en el art. 188, conforme al cual "procederá la
acumulación de procesos cuando hubiese sido admisible la acumulación subje-
tiva de acciones de conformidad con lo prescripto en el artículo 89 y, en gene-
ral, siempre que la sentencia que haya de dictarse en uno de ellos pudiere pro-
ducir efectos de cosa juzgada en otro u otros".
PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS 119

Dicha norma condiciona la admisibilidad de la acumulación de procesos


a los siguientes requisitos:

Io) Que Jos juicios se encuentren en la misma instancia.

2o) Que el juez a quien corresponda entender en los procesos acumula-


dos sea competente por razón de la materia, a cuyo efecto no se consideran dis-
tintas las materias civil y comercial.

3o) Que puedan sustanciarse por los mismos trámites, aunque pueden
acumularse dos o más procesos de conocimiento, o dos o más procesos de eje-
cución sujetos a distintos trámites, cuando su acumulación resulte indispensa-
ble como consecuencia de los efectos de cosa juzgada que la sentencia a dictar
en uno de ellos puede producir en el otro u otros. En tal caso, el juez debe deter-
minar el procedimiento que corresponde imprimir al juicio acumulado.

4o) Que el estado de las causas permita su sustanciación conjunta sin pro-
ducir demora perjudicial e injustificada en el trámite del o de los que estuvieren
más avanzados.
El primero de los mencionados requisitos ha de entenderse en el sentido
de que la acumulación es admisible en segunda o ulterior instancia, siempre
que los procesos a acumular se encuentren en ellas con motivo de recursos de-
ducidos contra la sentencia definitiva o resolución recaída en un trámite común
a todos ellos. "*" ^
El inc. 2° del art. 188, en tanto establece que no se considerarán distintas
las materias civil y comercial, se funda en la circunstancia de que no media ra-
zón alguna de orden público que justifique la diversidad de competencia en lo
que a esas materias respecta, sino simples motivos de división del trabajo judi-
cial que no es razonable hacer privar sobre los principios comprometidos en
esta institución.
También cabe la acumulación de procesos que tramitan ante órganos ju-
diciales de distinta competencia territorial, aunque en tal supuesto es necesaria
la expresa conformidad del litigante facultado para prorrogar la competencia.
El requisito establecido en el inc. 3o del art. 188 obedece a razones de or-
den, pero admite la posibilidad de que, ante la eventualidad que contempla, se
disponga la acumulación de procesos ordinarios y sumarios, o de procesos eje-
cutivos y ejecuciones especiales, debiendo el juez determinar el tipo de proceso
aplicable a los trámites posteriores.
120 OBJETO DEL PROCESO

El inc. 4o del art. 188 recepta una reiterada jurisprudencia en cuya virtud
la acumulación es inadmisible cuando tiende, manifiestamente, a obtener la
suspensión de un proceso que se encuentra en avanzado estado de sustancia-
ción con respecto a otro promovido con posterioridad, ya que lo contrario cons-
pira contra elementales razones de orden cuando no implica la aceptación de
peticiones extemporáneas y maliciosas.

c) La acumulación de procesos puede disponerse de oficio o a pedido de


parte formulado al contestar la demanda o posteriormente por vía de incidente.
Éste puede promoverse en cualquier instancia o etapa del proceso, hasta el mo-
mento de quedar en estado de sentencia, salvo lo dispuesto por el art. 188, inc.
4o (CPN, art. 190).

d) La acumulación debe efectuarse sobre el expediente en el que prime-


ro se hubiese notificado la demanda; pero si los jueces intervinientes en los
procesos tienen distinta competencia por razón del monto, la acumulación debe
hacerse sobre el de mayor cuantía. Así lo establece el art. 189 del CPN reco-
giendo las conclusiones de numerosos precedentes judiciales, aunque importa
tener presente que habiéndose eliminado, en el orden nacional, la distribución
de la competencia por razón del valor, el segundo párrafo de esa norma carece
actualmente de aplicación.

e) El art. 191 del CPN determina cuál es el juez competente para dispo-
ner la acumulación, expresando al respecto que "el incidente podrá plantearse
ante el juez que debe conocer en definitiva o ante el que debe remitir el expe-
diente. En el primer caso, el juez conferirá traslado a los otros litigantes y si
considerase fundada la petición solicitará el otro u otros expedientes, expresan-
do los fundamentos de su pedido. Recibidos, dictará sin más trámite resolu-
ción, contra la cual no habrá recurso, y la hará conocer a los juzgados donde
tramitaban los procesos. En el segundo caso, dará traslado a los otros litigantes,
y si considerase procedente la acumulación, remitirá el expediente al otro juez,
o bien le pedirá la remisión del que tuviese en trámite, si entendiese que la acu-
mulación debe efectuarse sobre el que se sustancia ante su juzgado, expresando
los motivos en que se funda. En ambos supuestos la resolución será inapelable.
Si se declarase improcedente el pedido, la resolución será apelable".
En cuanto a los conflictos de competencia que pudieran suscitarse entre
jueces con motivo de la acumulación dispuesta de oficio o a pedido de parte, el
art. 192 CPN prescribe que cuando el juez requerido no accediere, deberá ele-
PROCESOS CON PLURALIDAD DE OBJETOS 121

var el expediente a la cámara que constituya su alzada y que ésta, sin sustancia-
ción alguna, debe resolver en definitiva si la acumulación es procedente. La
norma se coloca en la hipótesis de que el conflicto se plantee entre jueces na-
cionales que ejerzan la misma o distinta competencia por razón de la materia, y
el criterio que la inspira coincide sustancialmente con el adoptado por el art. 24,
inc. 7o, del decreto-ley 1285/58 (infra, n° 101), con la diferencia de que no
atiende a la cámara de que dependa el juez que hubiese prevenido, sino a aque-
lla que fuese superior jerárquico del juez requerido a remitir el expediente, que
puede ser la misma que la del juez solicitante (v.gr. conflicto entre dos jueces en
lo civil).
Con vistas a la ordenación del trámite, dispone el art. 193 CPN que "el
curso de todos los procesos se suspenderá, si tramitasen ante un mismo juez,
desde que se promoviere la cuestión. Si tramitasen ante jueces distintos, desde
que se comunica el pedido de acumulación al juez respectivo. Exceptúanse las
medidas o diligencias de cuya omisión pudiere resultar perjuicio".

f) "Los procesos acumulados se sustanciarán y fallarán conjuntamente,


pero si el trámite resultare dificultoso por la naturaleza de las cuestiones plan-
teadas, podrá el juez disponer, sin recurso, que cada proceso se sustancie por
separado, dictando una sola sentencia" (CPN, art. 194).
Esta norma prevé, como efecto fundamental de la acumulación, la unidad
de pronunciamiento, el cual debe versar sobre la totalidad de las cuestiones que
se han planteado en los procesos acumulados.
La jurisprudencia ha decidido que son nulas ks sentencias dictadas separa-
damente en los distintos expedientes; pero como se trata de una nulidad relativa, si
las partes no objetan el pronunciamiento de sentencias separadas, y nada reclaman
en la expresión de agravios o su contestación, aquélla no puede declararse.

g) Si en el momento de decretarse la acumulación los procesos no se en-


cuentran en el mismo estado, coiresponde disponerse la suspensión del que se
halle más avanzado hasta que el otro u otros se encuentren en la misma etapa
procesal, salvo que concurra ¡a hipótesis del art. 188, inc. 4°. En el caso de dis-
ponerse la sustanciación separada de los expedientes, la suspensión debe co-
menzar cuando el más adelantado se encuentre en estado de dictar sentencia.
A fin de facilitar la comprensión de todo lo expuesto precedentemente
acerca de las modalidades del proceso acumulativo, se lo sintetiza en el si-
suiente cuadro:
122 OBJETO DEL PROCESO

(Objetiva (simple reunión de


pretcnsiones en la demanda)

Originaria (Desde el
comienzo del proceso) i Subjetiva (reunión de pretensio -
i nes en la demanda y pluralidad
de sujetos actores y/o demanda -
Idos)

f Ampliación de demanda
Acumulación I (pretensión del actor frente
de al demandado )
pretensiones

Reconvención
Sucesiva Por ! (pretensión del demandado
(Durante el inserción , frente al actor)
¡rancurso
del proceso)
i Intervención excluyeme y
I tercería (pretcnsión de un
| tercero frente al actor y al
[demandado )

Por reunión: Acumulación de procesos

§ IV

LA OPOSICIÓN A LA PRETENSIÓN

61. CONCEPTO

a) La oposición (o defensa) es el acto en cuya virtud el sujeto pasivo de


la pretensión reclama ante el órgano judicial, y frente al sujeto activo, que se
12
ALSINA, Defensas v excepciones, Buenos Aires. 1958; ALVARADO VELLOSO.
Introducción, pág. 177; BARRIOS DE ÁNGELUS, Teoría del proceso, pág. 159: CALAMANDREI,
Instituciones, I, pág. 355; CARNELUTTL Instituciones. I, pág. 34: CLARIÁ OLMEDO. Derecho
procesal. 1, pág. 303; CHIOVE.MDA. "Sobre la excepción", en Ensayos. I, pág. 263; LÍEBMAN,
Manuale, I. pág. 52; GUASP, Derecho procesal civil, I, pág. 233; MONTERO AROCA.
Introducción, pág. 94; MORÓN PALOMINO. Derecho procesal civil, pág. 253: PALACIO,
Derecho procesal civil, 1. pág. 475; RÉDENTE Diritlo processuale civile. I, pág. 54; RUBIANES,
Manual, 1. pág. 351: SATTA, Diritto processuale civile. pág. 133.
LA OPOSICIÓN A LA PRETENSIÓN 123

desestime la actuación de aquélla. Es, asimismo, una declaración de voluntad


petitoria, para cuya configuración resulta irrelevante el hecho de que las afir-
maciones formuladas por el demandado cuenten con efectivo respaldo en las
normas jurídicas que invoca en apoyo de su posición procesal.

b) Si bien la pretensión y la oposición aparecen así como anverso y re-


verso de una misma figura, sólo la primera constituye objeto del proceso. Los
distintos tipos de oposición que el demandado puede formular sólo tienen inci-
dencia en la delimitación del área litigiosa y en la mayor amplitud que impri-
men al thema decidendum, pero no alteran el objeto del proceso, que está
exclusivamente fijado por el contenido de la pretensión.

62. NATURALEZA DE LA OPOSICIÓN

Generalmente la doctrina pone de resalto el paralelismo existente entre la


acción y una de las clases de la oposición: la excepción. Se afirma que frente a
la acción del actor, que tiende a una declaración positiva, pertenece al deman-
dado, a modo de réplica, una acción destinada a obtener una declaración nega-
tiva, de modo tal que la excepción sería la acción del demandado.
Como consecuencia de este criterio la polémica suscitada en torno de la
naturaleza de la acción, a la cual se hizo referencia supra, n° 47, se ha hecho ex-
tensiva al ámbito de la excepción. Sus conclusiones son susceptibles de los
mismos reparos expuestos en esa oportunidad y resultan también inoperantes
para resolver los concretos problemas que suscita la experiencia del proceso.
Basta señalar que la oposición a la pretensión, en general, y no sólo la excep-
ción, constituye un acto procesal del demandado que reconoce, como presu-
puesto, el derecho de acción que también corresponde a este último en calidad
de ciudadano y frente al órgano judicial.

63. CLASES DE OPOSICIONES

a) Las oposiciones son susceptibles de clasificarse atendiendo a su con-


tenido y a sus efectos.

b) Desde el primer punto de vista, la oposición puede configurarse


como una negación o como una excepción.
124 OBJETO DEL PROCESO

Existe negación cuando la actitud del demandado se reduce a desconocer


la concurrencia de cualquiera de los requisitos de la pretensión, absteniéndose
de invocar, frente a las afirmaciones del actor, nuevas circunstancias de hecho.
La excepción, en cambio, es la oposición mediante la cual el demandado
coloca, frente a las afirmaciones del actor, circunstancias impeditivas o extinti-
vas tendientes a desvirtuar el efecto jurídico perseguido por dichas afirmacio-
nes. En este caso, incumbe al demandado la carga de la prueba respecto de esos
nuevos datos que se incorporan al proceso.

c) Desde el punto de vista de los efectos que producen, las oposiciones


pueden ser perentorias o dilatorias.
Son perentorias aquellas oposiciones que, en el supuesto de prosperar,
extinguen definitivamente el derecho del actor, de manera tal que la pretensión
pierde toda posibilidad de volver a proponerse eficazmente. Pueden referirse a
cualquiera de los requisitos de la pretensión: extrínsecos e intrínsecos de admi-
sibilidad (denuncia sobre la existencia de cosa juzgada, o sobre la falta de legi-
timación o de objeto lícito, respectivamente) y a los de fundabilidad (negativa
del hecho constitutivo afirmado por el actor; denuncia de un hecho impeditivo
como la incapacidad, el error, el dolo, etc., o extintivo, como el pago, la nova-
ción, la prescripción, etc.).
El CPN admite, entre las excepciones de previo y especial pronuncia-
miento (infra, n° 173), algunas oposiciones que revisten el carácter de perento-
rias, tales como las de falta manifiesta de legitimación para obrar, cosa juzgada,
transacción, conciliación y desistimiento del derecho (art. 347, incs. 3o, 6o y 7o).
Son dilatorias aquellas oposiciones que, en el caso de prosperar, excluyen
temporariamente la posibilidad de un pronunciamiento sobre el derecho del ac-
tor, de tal suerte que sólo hacen perder a la pretensión su eficacia actual, pero
no impiden que ésta vuelva a proponerse una vez obviados los defectos de que
adolecía. Únicamente se refieren a los requisitos extrínsecos de admisibilidad
de la pretensión y están previstas tanto en los códigos procesales como en las
leyes de fondo. Hasta la sanción del CPN unas y otras se diferenciaban según
que las respectivas oposiciones pudieran deducirse o no como artículos de pre-
vio y especial pronunciamiento. En la actualidad, en cambio, ambas se hallan
equiparadas también en este último aspecto (CPN, art. 347).
LA PETICIÓN PROCESAL EXTRACONTENCIOSA 125

§ V

l3
LA PETICIÓN PROCESAL EXTRACONTENCIOSA

64. CONCEPTO

a) El objeto del proceso voluntario está constituido por una petición ex-
tracontenciosa, que es el acto en cuya virtud se reclama ante un órgano judicial,
y en interés del propio peticionario, la emisión de un pronunciamiento que
constituya, integre o acuerde eficacia a determinado estado o relación jurídica
privada (ver supra, n° 23 y n° 44).

b) Al igual que la pretensión y que la oposición, constituye un acto, res-


pecto del cual el derecho de acción, concebido como poder jurídico de promo-
ver el ejercicio de la función judicial, es un supuesto previo. También resulta
adecuado caracterizarla como una declaración de voluntad petitoria, la cual, a
diferencia de lo que ocurre con la pretensión, no persigue una decisión entre
dos partes y, por lo tanto, frente a una de ellas, sino solamente en relación con
el sujeto o sujetos que reclaman el ejercicio de la actividad judicial en el caso
concreto.

c) En el proceso voluntario el concepto de parte debe ser sustituido por


el de peticionario, y el de demanda por el de "solicitud". Sin embargo, la dife-
rencia entre petición y solicitud no es la misma que existe entre pretensión y de-
manda, pues la primera sólo alude a una relación de contenido a continente.

65. ELEMENTOS, REQUISITOS, VICISITUDES Y EXTINCIÓN


DE LA PETICIÓN EXTRACONTENCIOSA

a) La petición de que se trata consta de elementos análogos a ios de la


pretensión procesal (supra, n° 50), con la lógica diferencia derivada de la falta
de un sujeto (demandado) frente a quien aquélla se formule. La inexistencia de
13
ALCALÁ ZAMORA-CASTILLO, op. cit. en nota 9: ALLORIO, "Saggio polémico sulla
giurixdizione volontaria" en Rivista irimeslmle di cliritlo e procetlwa civilc. 1948. pág. 523:
CALAM.ANDRE!, Instilaciones. I, pág. 191; CASARINO VIILRBO, "La jurisdicción voluntaria ante
la doctrina", en RDP, 1948-1-334; DEVIS ECHANDÍA. Nociones generales, pág. 83; DÍAZ.
Instituciones, Il-A. pág. 73; FAZZAI.ARI. op. cit. en nota 9; EISNLR. "Acerca de la actividad
judicial extraconlenciosa". en L.L., t. 1 10. pásr. 955: PALACIO, Derecho procesal civil, 1. pág.
483.
126 OBJETO DEL PROCESO

partes, en el proceso voluntario, no se encuentra desvirtuada por la eventual


participación que en él debe darse al ministerio público en calidad de órgano de
vigilancia o contralor y no de sujeto pasivo de la petición. Naturalmente la opo-
sición de un interesado legítimo, o las discrepancias que se susciten entre los
propios peticionarios, transforman, total o parcialmente, al proceso voluntario
en contencioso.

b) La petición procesal extracontenciosa se halla sujeta a los mismos re-


quisitos de admisibilidad y fundabilidad que la pretensión, con la única dife-
rencia de que la vigilancia sobre su cumplimiento está exclusivamente confiada
al juez y a los representantes del ministerio público. En el ámbito de los requi-
sitos extrínsecos de admisibilidad, una particularidad de ciertos procesos vo-
luntarios está constituida por el hecho de que pueden ser promovidos por
personas carentes de capacidad procesal (autorización para contraer matrimo-
nio, comparecer en juicio y ejercer, en general, actos jurídicos).

c) En lo que concierne a sus vicisitudes, la petición extracontenciosa es


transmisible de acuerdo con las reglas enunciadas al analizar la pretensión, las
que son aplicables en lo pertinente. En materia de trasformacion o integración
es, en principio, modificable sin restricciones, pues no rige para ella la limita-
ción fundada en la necesidad de asegurar la adecuada defensa del demandado
(sujeto que no existe en los procesos voluntarios).

d) Se extingue, normalmente, mediante la resolución judicial que la ac-


túa, o que deniega su actuación, pero a diferencia de lo que ocurre con la preten-
sión procesal, lo decidido con motivo de una petición extracontenciosa es
modificable a instancia de eventuales interesados legítimos.
No le son aplicables, en cambio, aquellos medios anormales de extinción
de la pretensión que entrañen la existencia de un acto bilateral o que requieran
la conformidad de otro sujeto (transacción, conciliación y desistimiento), ni
tampoco las normas sobre la caducidad de la instancia (CPN, art. 313, inc. 2o).

66. CLASES DE PETICIONES EXTRACONTENCIOSAS

a) La clasificación de las pretensiones no puede hacerse extensiva, sin


más, a las peticiones extracontenciosas. Sin embargo, por aplicación de un cri-
terio meramente analógico, pueden admitirse dos clases: de conocimiento y
cautelares.
LA PETICIÓN PROCESAL EXTRACONTENCIOSA 127

b) Dentro de las primeras corresponde excluir la posibilidad de peticio-


nes extracontenciosas de condena, ya que, por esencia, es extraño a la idea de
proceso voluntario cualquier planteamiento fundado en la lesión de un derecho
subjetivo del peticionario.
En cambio, dichas peticiones participan, en cierta medida, de la modali-
dad constitutiva que pueden revestir las pretensiones declarativas, pues el pro-
ceso voluntario configura generalmente el medio irremplazable de obtener de-
terminados efectos jurídicos. Sin perjuicio de esa modalidad también existen
peticiones determinativas o especificativas (v.gr.: la que tiende a fijar el modo
en que debe ejercerse la administración de la herencia).

c) Las peticiones cautelares tienen por objeto asegurar la efectividad de


la resolución judicial que debe recaer respecto de una petición principal (v.gr.:
las destinadas a obtener la seguridad de los bienes y documentación del causan-
te [CPN, art. 690]).

67. ACUMULACIÓN DE PETICIONES EXTRACONTENCIOSAS

No media impedimento, en principio, para que en un solo proceso se sa-


tisfagan dos o más peticiones extracontenciosas. Un caso particular de acumu-
lación sucesiva es el previsto en el art. 696 CPN, en relación con la coexistencia
de procesos sucesorios.
CAPÍTULO VI

LA ORGANIZACIÓN JUDICIAL
Y LOS ÓRGANOS PÚBLICOS PROCESALES

SUMARIO: I. ORGANIZACIÓN JUDICIAL: 68. Generalidades.—69. Organización del Poder Ju-


dicial de la Nación.— 70. Organización del Poder Judicial en la Provincia de Buenos Ai-
res.— II. EL JUEZ: 71. Concepto y caracteres.— 72. Modos de designación y requisitos.—
73. Deberes.— 74. Facultades.— 75. Incompatibilidades.— 76. Garantías.— 77. Sancio-
nes.— 78. Responsabilidad.— 79. Remoción.— 80. Recusación y excusación.— III. EL
MINISTERIO PÚBLICO: 81. Concepto, caracteres y composición.— 82. Designación, in-
compalibiüdades, inmunidades, responsabilidad disciplinaria y remoción.— 83. El ministerio
público fiscal.— 84. El ministerio público de la defensa.— IV. EL PERSONAL JUDICIAL:
85. Generalidades.— 86. El secretario.— 87. Prosecretarios administrativos y jefes de des-
pacho.— 88. Oficiales de justicia y ujieres.— 89. Los cuerpos técnicos periciales.

§ / ^ -
14
ORGANIZACIÓN JUDICIAL

68. GENERALIDADES

a) Antes de afrontar el estudio del juez como sujeto del proceso, corres-
ponde hacer un somero análisis de la forma en que se encuentran estructurados
los órganos judiciales, con particular referencia a la organización de la justicia
en el orden nacional y en la provincia de Buenos Aires "\
14
ALS1NA, Tratado, II, pág. 41; CARLOS, Introducción, pág. 223; DfAZ, Instituciones, II,
A. pág. 141; JOFRÉ, Manual de procedimiento civil y penal, Buenos Aires, 1941, I, pág. 76;
LASCANO. Jurisdicción y competencia, pág. 337; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos, I, pág.
241; ODERIGO, Lecciones, I (entrega 2a). pág. 258; PALACIO, Derecho procesal civil, II, pág. 7;
PODETTI, Tratado de la competencia, pág. 167, 2a ed. actualizada por GUERRERO LECONTE;
RUBIANES, Manual, I, pág. 193.
15
Un panorama de la organización judicial en las restantes provincias puede verse en mi
Derecho procesal civil, II, pág. 122.
130 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

b) Es sabido que, tomando como modelo a la Constitución norteamericana


de 1787, nuestra Constitución creó un doble orden judicial. De acuerdo con ese ré-
gimen existen en el país, por un lado, una justicia nacional que ejerce sus atribucio-
nes en todo el territorio de la República con respecto al conocimiento de los
asuntos mencionados por el art. 116 de la Constitución (competencia federal) y sin
esa limitación en los lugares sometidos a la potestad del Gobierno Nacional; y, por
otro lado, una justicia ordinaria o común que ejerce sus funciones a través de los
órganos judiciales que cada provincia debe crear y organizar con prescindencia del
gobierno central (CN, arts. 5o, 121,123 y 126) y cuya competencia abarca el cono-
cimiento de todos los asuntos regidos por el derecho común y local, con las limi-
taciones establecidas por el art. 75, inc. 12 de la Constitución Nacional.

69. ORGANIZACIÓN DEL PODER JUDICIAL DE LA NACIÓN

a) El art. 108 de la Constitución Nacional determina que el Poder Judi-


cial de la Nación será ejercido por una Corte Suprema de Justicia y por los tri-
bunales inferiores que el Congreso estableciere en el territorio de la Nación.

b) La Corte Suprema de Justicia -cuya competencia se analizará infra


n° 99- se halla actualmente compuesta por nueve jueces, y actúan ante ella,
como representantes del ministerio público fiscal, el Procurador General de la
Nación y los procuradores fiscales de la Corte en los casos y con el alcance pre-
visto en el art. 2o de la ley 15.464 (decreto-ley 1285/58, art. 21, modificado por
la ley 23.774). Corresponde a la ley la fijación del número de jueces de la Corte
y de susfiscales,por cuanto la reforma constitucional de 1860 (mantenida en este
tema por la de 1994) dejó sin efecto el art. 91 de la Constitución de 1853, según el
cual dicho tribunal estaría integrado por nueve jueces y dosfiscales.Las leyes 27
(art. 6o) y 13.998 (art. 21) y el decreto-ley 1285/58 (art. 21),fijaronla composición
del tribunal en cinco jueces, número que fue elevado a siete por la ley 15.271, re-
ducido nuevamente a cinco por la ley 16.895 (ambas modificatorias del art. 21 del
referido decreto-ley) y llevado a nueve por la ley 23.774.

c) La Corte Suprema tiene su asiento en la Capital Federal y designa a


su presidente (decreto-ley 1285/58, art. 21). Por su parte, el art. 79 RJN dispone
que el presidente de la Corte y los vicepresidentes primero y segundo son ele-
gidos por mayoría absoluta de votos de los jueces del tribunal y duran tres años
en el ejercicio de sus funciones.

d) Prescribe asimismo el art. 21 del decreto-ley 1285/58, que la Corte


dictará su reglamento interno (CN, art. 113) y el Reglamento para la Justicia
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 131
Nacional, estableciendo las facultades de superintendencia de la propia Corte y tri-
bunales inferiores. La facultad conferida a la Corte en el sentido de delegar en los
tribunales inferiores el ejercicio de la superintendencia, fue hecha efectiva por el
tribunal mediante acordada de fecha 3 de marzo de 1958 (Fallos, 240-107), en la
cual dispuso transferir a las cámaras nacionales de apelaciones la facultad de de-
signar y promover a su personal y al de los juzgados y ministerios públicos, a pro-
puesta de los jueces y funcionarios titulares, así como la de otorgar licencias a su
propio personal y, dentro de ciertos límites, a los magistrados de todas las instan-
cias y funcionarios titulares de los ministerios públicos.
Pero debe tenerse en cuenta que si bien la decisión de tales asuntos deriva de
la superintendencia inmediata que corresponde a las cámaras de apelaciones, ello
no obsta a que cuando la Corte lo estime conveniente ejerza, por vía de avocación,
las facultades de superintendencia general que le incumbe como órgano máximo
de la justicia nacional. Lo mismo cabe decir en cuanto a la aplicación de sanciones
disciplinarias efectuadas por los tribunales inferiores (RJN, art. 22).

e) En los casos de recusación, impedimento, vacancia o licencia de alguno


de los miembros de la Corte Suprema, este tribunal se integra, hasta completar el
número legal para fallar, mediante sorteo entre los presidentes de las cámaras na-
cionales de apelación en lo federal en la Capital Federal y los de las cámaras fede-
rales con asiento en las provincias. En el caso de que el tribunal no pueda integrarse
mediante ese procedimiento corresponde practicar un sorteo entre una lista de con-
jueces hasta completar el número legal para fallar, debiendo éstos ser designados en
número de diez por el Poder Ejecutivo con acuerdo clel Senado, correspondiendo que
el nombramiento recaiga en personas que reúnen las condiciones establecidas para
ser juez de la Corte y tenga una duración de tres años que puede extenderse al solo
efecto de resolver las causas en que el juez haya sido sorteado, hasta tanto se dicte el
pronunciamiento (decreto-ley 1285/58, art. 22, modificado por la ley 23.498).

f) En cumplimiento del mandato contenido en el art. 108 (ex 94) de la


CN el Congreso ha sancionado numerosas leyes de creación de órganos judi-
ciales inferiores a la Corte Suprema, los cuales, en la actualidad, pueden clasi-
ficarse en tres grupos sobre la base de que tengan competencia territorial en
toda la República, en las distintas provincias conforme a las delimitaciones que
para cada órgano establezcan las leyes, y en la Capital Federal.
A su vez, los órganos comprendidos en el primer grupo se diferencian se-
gún que ejerzan exclusivamente competencia federal, o indistintamente com-
petencia federal y ordinaria, y los incluidos en el tercer grupo conforme se hallen
provistos de competencia exclusivamente federal, exclusivamente ordinaria o
indistintamente ambas clases de competencia. Los juzgados y tribunales com-
132 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

prendidos en el segundo grupo sólo ejercen, en cambio, competencia federal en


tanto coexisten, en los ámbitos locales donde funcionan, con los órganos de la
justicia provincial a quienes incumbe, por imperio de lo prescripto en las nor-
mas constitucionales recordadas supra, n° 68, el conocimiento de las causas re-
gidas por el derecho común o local.
El siguiente cuadro, que será posteriormente desarrollado, ilustra acerca
de la clasificación precedentemente enunciada.

ÍCORTE SUPREMA DE
JUSTICIA

Cámara Nacional Electoral

jueces federales de primera


Con competencia instancia con competencia
exclusivamente federal electoral
Con competencia
en lodo el territo-
rio nacional
Cámara Federal de la Sesuridad Social

jueces federales en lo contencioso


administrativo de la Capital Federal
ly jueces federales con asiento en las provincias

Con competencia {CÁMARA NACIONAL


[federal y ordinaria (DE CASACIÓN PENAL

fCámaras federales de apelaciones

Con competencia en ¡jueces federales de primera instancia


el territorio de -{
las provincias j

| Tribunales Orales en lo Criminal Federal


[(instancia única)
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 133

Cámara Nacional de Apelaciones en lo


Civil y Comercial federal

jueces nacionales de primera instancia


en lo civil y comercial federal

Cámara Nacional de Apelaciones en lo


Contencioso Administrativo federal

jueces nacionales de primera instancia


Con competencia en lo contencioso administrativo fede-
exclusivamente federal ral

Cámara Nacional de Apelaciones en lo


Criminal y Correccional federal

jueces nacionales de primera instancia


en lo criminal y correccional federal

Con competencia Tribunales Orales en lo criminal fede-


territorial en la
ral (instancia única)
Capital Federal

[Cámara, Nacional de Apelado -


| nes en lo Civil
I
| jueces nacionales de primera
] instancia en lo civil

| Cámara Nacional de Apelacio -


Fueros civil. | nes en lo Comercial
Con competencia comercial, y \
ordinaria laboral | jueces nacionales de primera
| instancia en lo comercial

| Cámara Nacional de Apelacio -


| nes del Trabajo
I
| jueces nacionales de primera
[instancia del trabajo
134 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

Cámara Nacional de
Apelaciones en lo
Criminal y Correc-
cional

jueces nacionales: de
instrucción, en lo co-
Con competencia •,, „ ,
.' < Fuero Penal rreccional, de meno-
ordinaria res (*). de ejecución y
de rogatorias

Tribunales Orales en
lo Criminal (instan-
cia única)
Con competencia
territorial en la
Capital Federal

Cámara Nacional de Apelaciones


en lo Penal Económico

jueces nacionales de primera ins-


tancia en lo penal económico

Con competencia
federal y ordinaria
Tribunales Orales en lo Penal
Económico (instancia única)

Tribunales Orales de menores


(instancia única)

(*) Durante el período instructorio del proceso penal la Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Criminal y Correccional ejerce competencia federal cuando, en ciertos procesos, actúa
como tribunal de alzada de los jueces de menores. Estos últimos, asimismo, ejercen limitada-
mente este tipo de competencia cuando juzgan, en única instancia, en los delitos y controver-
sias cometidos por menores de dieciocho años, y que no están reprimidos con pena no
privativa de la libertad o pena privativa de la libertad que no exceda de tres años (Cód. Proce-
sal Penal, art. 29. inc. 2o]).
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 135
A) Órganos con competencia territorial
en toda la República

a) La Cámara Nacional Electoral fue originariamente creada por la ley


19.108 como una sala integrante de la ex Cámara Nacional de Apelaciones en
lo Federal y Contencioso administrativo y se le acordó posteriormente, por la
ley 19.277, el carácter de órgano autónomo. Tiene su sede en la Capital Federal
y competencia en todo el territorio de la Nación y se halla integrada por tres
jueces. Conoce en grado de apelación de las resoluciones definitivas recaídas
en las cuestiones iniciadas ante los jueces de primera instancia en lo federal con
competencia electoral y tiene las siguientes atribuciones especiales: Io) Dirigir
y fiscalizar los Registros Nacionales de Electores y de Afiliados de los Partidos
Políticos, y fiscalizar los de los distritos, de acuerdo con las diposiciones lega-
les vigentes en la materia; 2o) Dictar normas sobre formación y funcionamiento
de los registros generales, de distritos, de cartas de ciudadanía, de inhabilitados
por faltas electorales, de juicios paralizados en razón de inmunidades; de nom-
bres, símbolos, emblemas y números de identificación de los partidos políticos y
las características uniformes de lasfichasde afiliación que debe llevar y conservar
la justicia federal electoral; 3o) Organizar un cuerpo de auditores contables para ve-
rificar el estado contable de los partidos y el cumplimiento, en lo pertinente, de
las disposiciones legales aplicables; 4o) Trasladar su sede temporariamente a
los distritos si así lo exigiere el mejor cumplimiento de sus funciones.
En caso de recusación, excusación, licencia, vacancia u otro impedimen-
to de los jueces de la Cámara Nacional ElectoraH-ést^se integra por sorteo entre
los miembros de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Corre -
cional Federal de la Capital Federal (decreto-ley 1285/58, art. 11, modif. por
ley 24.050).

b) La Cámara Nacional de Casación Penal fue creada por la ley 24.050


(art. 7o), se halla integrada por trece miembros y funciona dividida en cuatro sa-
las de tres miembros cada una, ejerciendo la presidencia del tribunal el miem-
bro restante (ley 24.121, art. I o ). Tiene su sede en la Capital Federal y
competencia territorial en toda la República, considerada a tal efecto como una
sola jurisdicción judicial, hallándose provista de la competencia material deter-
minada por el Código Procesal Penal y leyes especiales (ley 24.050, art. 7o)
(v.gr., recursos de casación e inconstitucionalidad deducidos contra las senten-
cias definitivas y determinadas resoluciones dictadas por las cámaras federales
de apelaciones y tribunales orales en lo criminal federal con asiento en el inte-
rior del país, así como por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional Federal, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Co-
136 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

rreccional, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico, los tri-


bunales orales en lo criminal federal, los tribunales orales en lo criminal, los tri-
bunales orales en lo penal económico y los tribunales de menores de la Capital
Federal).

c) La Cámara Federal de Seguridad Social fue creada por la ley 23.473


con el nombre de Cámara Nacional de Apelaciones de la Seguridad Social, su
actual denominación le fue conferida por el art. 18 de la ley 24.463 y actúa divi-
dida en tres salas de tres jueces cada una. Tiene su sede en la Capital Federal y
conoce en los recursos interpuestos contra las sentencias dictadas a raíz de im-
pugnaciones de resoluciones o actos administrativos que afecten derechos rela-
cionados con el régimen de reparto del Sistema Integrado de Jubilaciones y
Pensiones; en los recursos deducidos contra resoluciones dictadas por la Direc-
ción General Impositiva que denieguen total o parcialmente impugnaciones de
deuda determinadas por aquélla en ejercicio de las funciones asignadas por el
decreto 507/93; en los recursos interpuestos contra resoluciones de los entes
que administran los subsidios familiares y de la Comisión Nacional de la Pre-
visión Social al decidir conflictos suscitados con motivo de la aplicación del ré-
gimen de reciprocidad instituido por el decreto 9316/46; en los recursos de
queja por apelación denegada y en los pedidos de pronto despacho conforme al
art. 28 de la ley 19.549 (art. 18, ley 24.463 modificatorio del art. 39 bis del de-
creto-ley 1285/58).

B) Órganos judiciales con competencia territorial


en las provincias

a) La ley 4055 creó cuatro cámaras federales de apelaciones, con asiento


en la Capital de la República y en las ciudades de La Plata, Paraná y Córdoba, las
cuales vinieron a sustituir a la Corte Suprema en sus funciones de tribunal de alza-
da que, respecto de los jueces de sección, le había asignado la ley 27. Con posterio-
ridad se crearon las cámaras federales de Rosario (ley 7099), Bahía Blanca (ley
11.539), Mendoza (ley 12.217), Tucumán (ley 12.345), Resistencia (decreto-
ley 4256/45), Comodoro Rivadavia (decreto-ley 4257/45 y ley 22.176), San
Martín (ley 21.161), Posadas (ley 23.138), General Roca (ley 23.158), Corrien-
tes (ley 23.650), Mar del Plata (ley 23.735) y Salta (23.867).

b) Con excepción de las cámaras federales de San Martín, Rosario, Cór-


doba y Salta, que se hallan integradas por seis jueces, de la de La Plata que
cuenta con ocho, y de las de Bahía Blanca, Tucumán y Posadas que se encuen-
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 137

tran compuestas de cinco, así como de las cámaras con sede en la Capital de las
que se dará noticia al examinar la organización de la justicia en aquel distrito,
todas las restantes se componen de tres jueces.

c) Las cámares federales de apelaciones con asiento en las provincias,


se integran de la siguiente manera: Io) con el fiscal de cámara; 2o) con el juez o
jueces de la sección donde funcione el tribunal; 3o) con los conjueces de una lis-
ta de abogados que reúnan las condiciones para ser miembros de la misma cá-
mara y que cada una de éstas formará por insaculación en el mes de diciembre
de cada año (decreto-ley 1285/58, art. 31, modificado por ley 24.050).

d) Dichos tribunales conocen de los recursos deducidos contra las sen-


tencias y resoluciones de los juzgados federales de primera instancia con asien-
to en sus respectivas circunscripciones. Asimismo conocen de las cuestiones de
competencia que se susciten entre dichos jueces, en los recursos por retarda-
ción o denegación de justicia por parte de los mismos (ley 4055, arts. 17a 19,
con modificación introducida por la ley 17.765), y de los recursos deducidos
contra las resoluciones administrativas en el supuesto de aplicación de ciertas
leyes especiales (v.gr. ley 12.970, art. 3o; decreto-ley 73/78 [Prefectura Maríti-
ma]; decreto-ley 6677/63 [Marina Mercante]; etc.).

e) Como consecuencia de los distintos ordenamientos sancionados a


partir de la ley 27, que los instituyó con el nombre de jueces seccionales, exis-
ten actualmente en el interior de la República setenta y nueve jueces federales
de primera instancia, distribuidos de la siguiente manera: treinta y siete en la
provincia de Buenos Aires (ocho en La Plata, diez en San Martín, uno en Azul,
tres en Morón, dos en San Isidro, dos en Bahía Blanca, uno en Mercedes, uno
en Junín, dos en San Nicolás, tres en Mar del Plata, tres en Lomas de Zamora y
uno en Dolores); 2o) cinco en Santa Fe (tres en Rosario y dos en la ciudad capi-
tal); 3o) cinco en Córdoba (tres en la ciudad capital, uno en Río Cuarto y uno en
Bell Ville); 4o) tres en Mendoza (dos en la ciudad capital y uno en San Pvafael);
5°) tres en Río Negro (uno en General Roca, uno en Viedma y uno en Barilo-
che); 6o) dos en Entre Ríos (uno en Paraná y otro en Concepción del Uruguay);
7°) dos en Corrientes (uno en la ciudad capital y otro en Paso de los Libres); 8o)
dos en el Chubut (uno en Rawson y otro en Comodoro Rivadavia), 9o) dos en
Tucumán (ambos en la ciudad capital); 10) dos en Neuquén (uno en la ciudad
capital y otro en Zapala); 11) dos en Misiones (uno en la ciudad capital y otro
en El Dorado); 12) dos en Salta (uno en la ciudad capital y otro en San Ramón);
13) dos en el Chaco (uno en la ciudad capital y otro en Presidente Roque Sáenz
Peña); 14) uno en cada una de las provincias de San Luis, San Juan, La Rioja,
138 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

Catamarca, Santiago del Estero, Jujuy, Formosa, La Pampa, Santa Cruz y de la


Tierra del Fuego (todos con asiento en sus respectivas capitales).

f) El organigrama de la justicia federal con sede en el interior se cierra


con los tribunales orales en lo criminal federal creados por la ley 24.050 (arts.
16 y 17). Se hallan integrados por tres jueces cada uno, funcionan cinco en el
distrito judicial de San Martín, dos en los distritos de Córdoba, La Plata y Ro-
sario, y uno en cada uno de los distritos de Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia,
Corrientes, General Roca, Mar del Plata, Mendoza, Paraná, Posadas, Resisten-
cia, Salta, Santa Fe y Tucumán, y tienen competencia para conocer, en única
instancia, de los delitos cuya competencia no se atribuya a otro tribunal, de los
delitos previstos en el art. 210 bis y en el título X del libro II del Código Penal
y en los delitos federales cometidos por menores que no hayan cumplido die-
ciocho años al tiempo de la comisión del hecho.

C) Órganos con competencia territorial en la Capital Federal

a) En la Capital Federal existen, como se anticipó, tres clases de órga-


nos judiciales (aunque todos revisten carácter nacional): los federales, los ordi-
narios y los que ejercen indistintamente la competencia federal y ordinaria.

b) Entre los primeros corresponde mencionar, en primer lugar, a las tres


cámaras federales que existen en la actualidad en la Capital de la República: la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, compuesta
por nueve jueces divididos en tres salas de tres miembros cada una; la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Contencioso-Administrativo Federal integrada
por quince jueces divididos en cinco salas de tres miembros cada una y la Cá-
mara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal que cons-
ta de seis jueces y actúa dividida en dos salas de tres miembros cada una.
Antecedente de los órganos mencionados lo constituye la Cámara Federal de la
Capital que fuera creada por ley 4055 (art. 12) y compuesta en su origen por
tres jueces, número éste que fue elevado a cinco por la ley 7055, a nueve por la
ley 12.927 que dispuso, además, su división en salas, y a quince por la ley
17.928. El decreto-ley 1285/58 la designó con el nombre de Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Federal y Contencioso-Administrativo y la dividió en cin-
co salas de tres jueces cada una: dos para entender de lo civil y comercial fede-
ral, dos en lo contencioso-administrativo y una en lo criminal y correccional.
La ley 21.628, posteriormente modificada por las leyes 21.937, 22.090 y
24.384, dispuso la división de la mencionada Cámara en las tres a las que se ha
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 139
hecho referencia al principio. Actúan, respectivamente, como tribunales de al-
zada de los jueces nacionales de primera instancia en lo civil y comercial fede-
ral, en lo contencioso-administrativo federal y en lo criminal y correccional
federal. Asimismo, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso-Ad-
ministrativo Federal conoce de los recursos de apelación que se interpongan
contra las resoluciones de los organismos administrativos en los casos autoriza-
dos por las leyes, y la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Co-
rreccional Federal hace lo propio con respecto a los recursos deducidos contra
las resoluciones del Jefe de la Policía Federal en materia de derecho de reunión.
Luego de una prolongada evolución que comienza con la ley 1144 y atra-
viesa por diversos ordenamientos (leyes 1893, de presupuesto de los años 1897
y 1948, 13.278, 13.998, 14.180 y 17.928), actualmente la justicia nacional de
primera instancia en lo federal de la Capital se halla integrada de la siguiente
manera: Io) Diez juzgados nacionales de primera instancia en lo civil y comer-
cial federal, cuya competencia surge de lo dispuesto por las leyes 1893, art. 111
y 13.998, art. 42 (decreto-ley 1285/58, art. 40); 2o) Doce juzgados nacionales
de primera instancia en lo contencioso administrativo, que conservan la compe-
tencia que les asignó el art. 45 de la ley 13.998 (decreto-ley 1285/58, art. 42);
3o) Seis juzgados nacionales de primera instancia en lo criminal y correccional
federal, con la competencia establecida por los arts. 111 de la ley 1893, 33 del
Código Procesal Penal, y 43 de la ley 13.998, y diversas leyes especiales (de-
creto-ley 1285/58, art. 41). No funcionan aún los seis juzgados federales de eje-
cuciones fiscales tributarias creados por la ley 25.293.
El cuadro de órganos judiciales incluidos-en la categoría examinada se
completa con los tribunales orales en lo criminal federal, instituidos por el art.
14 de la ley 24.050 y creados, en número de seis, por el art. 8o de la ley 24.121.
Se hallan integrados por tres miembros cada uno y tienen competencia para
juzgar, en instancia única, de los delitos cuyo conocimiento no se atribuye a
otro tribunal así como de los previstos en el art. 210 bis y en el título X del libro
II del Código Procesal Penal (Cód. Proc. Penal, art. 32).
c) Los órganos judiciales de la Capital Federal que corresponden al fue-
ro ordinario o común se agrupan de acuerdo con la siguiente división de com-
petencia: civil, comercial, penal y laboral. Con exclusión de la competencia
penal, que por razones de método será objeto de examen independiente más
adelante, existen, conforme a la división de competencia precedentemente
mencionada, las siguientes cámaras nacionales de apelaciones:

Io) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Creada por la ley 1893,


que la denominó cámara de apelaciones en lo civil y fijó en cinco el número de
sus componentes, la ley 7055 (art. Io) la designó cámara primera, para diferen-
140 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

ciarla de la otra cámara que, con el mismo número de miembros, fue creada por
dicho ordenamiento. Posteriormente, la ley 12.330 dispuso que ambas cámaras
estarían constituidas por seis jueces cada una y funcionarían divididas en dos
salas de tres. La ley 13.998 las unificó en un solo tribunal, que denominó cáma-
ra nacional de apelaciones en lo civil, cuyo número de jueces fue elevado a
quince por el decreto-ley 15.390/57, a dieciocho por la ley 14.755 y a veintiuno
por la ley 22.189. En la actualidad, a raíz de la unificación de la justicia en lo ci-
vil con la especial en lo civil y comercial, dispuesta por la ley 23.637, la Cáma-
ra Nacional de Apelaciones en lo Civil se halla constituida por trece salas de
tres miembros cada una. Es tribunal de alzada respecto de los jueces nacionales
de primera instancia en lo civil (decreto-ley 1285/58, art. 35).

2o) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial. Instituida por la


ley 7055, que la denominó cámara de apelaciones en lo comercial, desdoblando
de tal manera a la Cámara de Apelaciones en lo Criminal, Correccional y Co-
mercial creada por la ley 1893, e integrándola con cinco miembros, la ley
12.330 elevó a seis el número de éstos y dispuso que el tribunal debía funcionar
dividido en dos salas de tres, habiendo recibido su actual denominación de la
ley 13.998 (art. 36). El número de jueces fue elevado a nueve por la ley 14.769,
a doce por la ley 19.455 y a quince por la ley 22.189. El tribunal funciona divi-
dido en cinco salas de tres miembros cada una.
Es tribunal de alzada respecto de los jueces nacionales de primera instan-
cia en lo comercial (decreto-ley 1285/58, art. 36).

3o) Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Creada por el decreto-


ley 32.347/44 (ratificado por ley 12.948), su número originario de siete jueces
fue elevado a nueve por la ley 13.072, a doce por la ley 13.998 (que además le
dio su denominación actual), a quince por la ley 14.776, a dieciocho por la ley
18.345, y a veinticuatro por la ley 22.098. Actúa dividida en ocho salas de tres
miembros cada una.
Es tribunal de alzada respecto de tos jueces nacionales de primera instan-
cia del trabajo (decreto-ley 1285/58, art. 38).
Los actuales jueces nacionales de primera instancia de la Capital Federal
con competencia ordinaria en las materias precedentemente mencionadas fue-
ron creados: los correspondientes a los fueros civil y comercial por la ley 1893
y los del fuero del trabajo por el decreto-ley 32.347/44. La denominación de
jueces "nacionales" proviene de la ley 13.998.
Luego de sucesivas leyes, su número actual es el siguiente: ciento diez en
lo civil, veintiséis en lo comercial y sesenta y ocho del trabajo.
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 141
d) El fuero penal de la Capital Federal con competencia ordinaria se ha-
lla integrado por los siguientes órganos judiciales:
Io) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional.
Surgida con motivo del desdoblamiento de la antigua Cámara de Apelaciones
en lo Criminal, Correccional y Comercial, la ley 8918 aumentó el número de
sus jueces a siete y la dividió en tres salas, integradas por un presidente común
a todas y por dos vocales, siendo su composición modificada por la ley 12.327,
que elevó a diez el número de sus miembros y formó cuatro salas: dos de ellas
presididas por el presidente del tribunal y las otras dos por el vicepresidente, y
las cuatro integradas por dos vocales cada una. La ley 13.998 la denominó cá-
mara nacional en lo penal, y el decreto-ley 1285/58, cámara nacional de apela-
ciones en lo criminal y correccional. Su número de miembros fue llevado a
doce por la ley 14.458, a dieciocho por la ley 15.736 y a veintiuno por la ley
22.088, y reducido a dieciséis por la ley 24.121. En la actualidad se halla divi-
dida en cinco salas de tres miembros cada una, ejerciendo la presidencia el
miembro restante.
Es tribunal de alzada respecto de las resoluciones dictadas por los jueces
en lo criminal de instrucción, en lo correccional, de menores, de ejecución pe-
nal y en lo penal de rogatorias (ley 24.050, art. 18).
En primera instancia existen cincuenta juzgados en lo criminal de ins-
trucción, catorce en lo correccional, siete de menores, tres de ejecución penal y
uno en lo penal de rogatoria (ley 24.121, arts. 26, 42 y 48).
2o) Tribunales orales en lo criminal. Instituidos por el art. 12 de la ley
24.050, fueron creados en número de treinta por el art. 36 de la ley 24.121. Se
hallan integrados por tres miembros cada uno y tienen competencia para juz-
gar, en instancia única, de los delitos cuyo conocimiento no se atribuya a otro
tribunal (Código Procesal Penal, art. 24).
e) Los órganos judiciales de la Capital Federal que ejercen indistinta-
mente la competencia federal y la ordinaria son:
Io) La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico. Fue
creada por la ley 14.558, que fijó en cinco el número de sus jueces, habiendo re-
cibido su actual denominación de la ley 14.831. Posteriormente la ley 17.014
elevó a siete el número de sus miembros. Se halla dividida en tres salas, com-
puestas por el presidente del tribunal y dos vocales, número que fue reducido a
dos salas con tres jueces por el art. 64 de la ley 24.121.
Es tribunal de alzada de los juzgados de primera instancia en lo penal econó-
mico, cuyo número asciende a ocho, así como de los tres juzgados en lo penal tri-
butario creados por la ley 25.292, aunque estos últimos no funcionan todavía.
142 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

2o) Los tribunales orales en lo penal económico. Fueron instituidos por


el art. 13 de la ley 24.050 y juzgan en única instancia los delitos investigados
por los juzgados nacionales de primera instancia de esa especialidad, figurando
entre aquéllos algunos de índole ordinaria (v.gr. cheques sin provisión de fon-
dos, agiotaje, ofrecí ffiiento fraudulento de efectos y publicación de balances
falsos) y otros de naturaleza federal (v.gr. contrabando, infracciones cambia-
rías, etc.). Funcionan en la Capital Federal cuatro de esos tribunales, integrados
por tres miembros cada uno.

3o) Los tribunales orales de menores. Fueron instituidos por el art. 12 de


la ley 24.050 y juzgan en única instancia en los delitos comunes o federales co-
metidos por menores que no hayan cumplido los dieciocho años al tiempo de la
comisión del delito, aunque hubiesen excedido dicha edad al tiempo del juzga-
miento, y que estén reprimidos con pena privativa de la libertad mayor de tres
años (Código Procesal Penal).
En la investigación de tales delitos intervienen los jueces de menores (ya
mencionados), a quienes también incumbe conocer en única instancia en los
delitos y contravenciones cometidos por menores que no hayan cumplido los
dieciocho años al tiempo de la comisión del hecho y que estén reprimidos con
pena no privativa de la libertad o pena privativa de la libertad que no exceda de
tres años, así como en los casos de simple inconducta, abandono material o pe-
ligro moral de menores que no hayan cumplido dieciocho años al tiempo de en-
contrarse en esa situación, conforme lo establecen las leyes especiales (Código
Procesal Penal, art. 29). Durante la instrucción tienen como tribunal de alzada,
como se vio más arriba, a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional.

f) Todas las cámaras nacionales de apelaciones con asiento en la Capi-


tal Federal (comprendiendo a las que corresponden al fuero federal) designan su
presidente y uno o más vicepresidentes, que distribuyen sus funciones en la for-
ma determinada por las reglamentaciones que se dicten (decreto-ley 1285/58,
art. 25).
Las decisiones de dichas cámaras o de sus salas se adoptan por el voto de
la mayoría absoluta de los jueces que las integran, siempre que estos concuer-
den en la solución del caso. Si media desacuerdo, se requieren los votos nece-
sarios para obtener la mayoría de opiniones. Si se trata sentencias definitivas de
unas u otras en procesos ordinarios, se dictan por deliberación y voto de los jue-
ces que lo suscriben, previo sorteo de estudio. En las demás causas las senten-
cias pueden ser redactadas en forma impersonal (decreto-ley 1285/58, art. 26).
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 143
Los jueces integrantes de los tribunales orales deben emitir su voto motivado
sobre cada una de las cuestiones que hayan sido objeto del juicio, en forma conjun-
ta o en el orden que resulte de un sorteo que debe hacerse en cada caso. Dictarán
sentencia por mayoría de votos (Código Procesal Penal, art. 398).
En los supuestos en que, a raíz de recusación, impedimento, vacancia o li-
cencia, no se logre la mayoría absoluta de votos o la concordancia de opiniones
precedentemente aludidas, las Cámaras y Tribunales Orales con sede en la Ca-
pital Federal se integran de la siguiente manera: La Cámara Nacional de Casa-
ción Penal, los Tribunales Orales y las Cámaras Nacionales de Apelaciones en
lo Criminal y Correccional federal, en lo Criminal y Correccional y en lo Penal
Económico por sorteo entre los demás miembros de aquéllas; luego, del mismo
modo, con los jueces de la otra cámara en el orden precedentemente estableci-
do, y por último, siempre por sorteo, con los jueces de primera instancia que de-
penden de la cámara que deba integrarse. El mismo sistema es aplicable para
las cámaras nacionales de apelaciones en lo civil y comercial federal y en lo
contencioso-administrativo federal de la Capital Federal. Asimismo, por últi-
mo, para las cámaras nacionales de apelaciones en lo civil, en lo comercial, del
trabajo y de la seguridad social.

g) Importa destacar, finalmente, que con fundamento en una errónea com-


prensión del art. 129 de la CN que otorga a la ahora denominada Ciudad Autónoma
de Buenos Aires facultades propias de "legislación y jurisdicción", y con prescin-
dencia del carácter nacional que revisten, según se ha visto, los juzgados y tribuna-
les mencionados en el número precedente, la legislatura local sancionó la ley 7
mediante la cual dispuso el traspaso condicional, a dicha ciudad, de los referidos
órganos judiciales, con excepción de aquellos que ejercen competencia federal ex-
clusiva y de algunas salas de la Cámara Nacional de Casación Penal. En razón
de hallarse vigente la ley 24.588, y que deberá estarlo mientras la ciudad de
Buenos Aires sea capital de la Nación, dicho traspaso, afortunadamente, no se
hizo efectivo, por cuanto el art. 8o de ese ordenamiento dispuso que la judicatu-
ra nacional ordinaria mantendrá su situación en el Poder Judicial de la Nación
y que la ciudad de Buenos Aires tendrá jueces "en materia de vecindad, contra-
vencional y tributaria locales". Por ello la primera norma transitoria de la ley 7
suspendió la vigencia de los artículos relativos al funcionamiento de los órga-
nos judiciales nacionales de los fueros ordinarios, condicionándolo al acuerdo
que el gobierno de la Ciudad celebre con el gobierno federal.
AI margen de lo expuesto, la ley 7 creó, en el ámbito del Poder Judicial de
la Ciudad de Buenos Aires, un Tribunal Superior de Justicia integrado por cinco
jueces (art. 21), y dotado de competencia originaria para conocer en los conflic-
tos suscitados entre los poderes de la Ciudad y en las demandas promovidas por
144 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

la Auditoría General; en las pretensiones declarativas de inconstitucionalidad y


en materia electoral y de partidos políticos hasta que se constituya el Tribunal
Electoral; por vía de recurso de inconstitucionalidad; en los casos de privación,
denegación o retardo de justicia y de recursos de queja contra denegatoria de
recursos para ante el Tribunal Superior; en instancia ordinaria de apelación en
las causas en que la Ciudad sea parte cuando el monto reclamado exceda al que
se establezca legalmente, y de las cuestiones de competencia y las contiendas
que enjuicio se planteen entre jueces y tribunales de la Ciudad que carezcan de
un superior jerárquico común que deba resolverlas (art. 26).
La ley de que se trata creó asimismo una Cámara de Apelaciones en lo
Contravencional y de Faltas integrada por doce jueces dividida en cuatro salas
de tres, siendo tribunal de alzada respecto de las resoluciones dictadas por los
jueces de primera instancia en lo contravencional y de faltas (art. 36).
El art. 37 de la ley 7 instituyó también una Cámara de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo y Tributario integrada por seis jueces, que funcio-
na dividida en dos salas de tres y es tribunal de alzada respecto de las resolucio-
nes dictadas por los jueces de lo contencioso administrativo y tributario.
Funcionan quince juzgados en lo contencioso administrativo y tributario
que entienden en todas las cuestiones en que la Ciudad sea parte, cualquiera
fuera su fundamento y origen, tanto en el ámbito del derecho público como del
derecho privado (art. 48).
La justicia de primera instancia en lo contravencional y de faltas, por úl-
timo, está integrada por cuarenta y ocho juzgados que conocen en la aplicación
del Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires, la legislación de
faltas y las leyes de aplicación en la ciudad (art. 49).

70. ORGANIZACIÓN DEL PODER JUDICIAL EN LA PROVINCIA


DE BUENOS AIRES

a) La constitución provincial vigente destina la sección 6a al "Poder Ju-


dicial", el que, según el art. 160 de dicho estatuto "será desempeñado por una
Suprema Corte de Justicia, Cámaras de Apelación, Jueces y demás Tribunales
que la ley establezca".

b) La ley orgánica del Poder Judicial (n° 5827 y modificatorias) estable-


ce, a su turno, que la administración de justicia de la provincia será ejercida
por: Io) la Suprema Corte de Justicia; 2o) el Tribunal de Casación en lo Penal;
3o) las cámaras de apelación en lo civil y comercial y de apelación y garantías
en lo penal; 4o) los jueces de primera instancia en lo civil y comercial, en lo co-
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 145

rreccional, de garantías y de ejecución penal; 5o) los tribunales en lo criminal;


6o) los tribunales de familia; 7o) los tribunales del trabajo; 8o) los tribunales de
menores; 9o) los juzgados de paz; 10) el Juzgado Notarial (ley 5827, art. Peón-
forme al texto de la ley 12.060, art. 21).

c) La Suprema Corte de Justicia se compone de nueve miembros y un


procurador general, y ejerce jurisdicción en todo el territorio de la provincia
(ley 5827, art. 22 reformado por la ley 7079). Tiene, según el art. 161 de la
Constitución, las siguientes atribuciones:

1°) Ejerce la jurisdicción originaria y de apelación para conocer y resol-


ver acerca de la constitucionalidad e inconstitucionalidad de leyes, decretos,
ordenanzas o reglamentos, que estatuyen sobre materia regida por la Constitu-
ción y se controvierta por parte interesada;

2o) Conoce y resuelve originaria y exclusivamente en las causas de com-


petencia entre los poderes públicos de la Provincia y en las que se susciten entre
los tribunales de justicia con motivo de su jurisdicción respectiva;

3o) Conoce y resuelve en grado de apelación:

A) de la aplicabilidad de la ley en que los tribunales de justicia en última


instancia, funden su sentencia sobre la cuestión que por ella deciden, con las res-
tricciones que las leyes de procedimientos establezcan a esta clase de recursos;

B) de la nulidad argüida contra las sentencias definitivas pronunciadas


en última instancia por los tribunales de justicia, cuando se alegue violación de
las normas contenidas en los arts. 168 y 171 de la Constitución.

d) El Tribunal de Casación en lo Penal tiene su sede en la ciudad de La


Plata, se halla integrado por diez miembros y funciona con una presidencia fija
y tres salas de tres miembros cada una. Ejerce competencia territorial en toda la
provincia en los términos del art. 20 de la ley 11.922 (Código Procesal Penal),
en cuya virtud conoce en el recurso de casación, en la acción de revisión y en
las cuestiones de competencia entre tribunales que no tengan un superior co-
mún (ley 11.982, art. 2o).

e) Las cámaras de apelaciones en lo civil y comercial son tribunales de


alzada de los fallos y demás providencias recurribles dictadas por los jueces de
primera instancia en lo civil y comercial de su respectivo departamento. Fun-
146 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

cionan dos en el departamento judicial de La Plata y una en cada uno de los res-
tantes departamentos judiciales de la Provincia (Azul, Bahía Blanca, Dolores,
General San Martín, Junín, La Matanza, Lomas de Zamora, Mar del Plata,
Mercedes, Morón, Necochea, Pergamino, Quilmes, San Isidro, San Nicolás de
los AiToyos, Trenque Lauquen y Zarate-Campana). La mayoría de ellas se divide
en salas de dos miembros cada una con un presidente común a todas, algunas se
componen de sólo tres miembros y otras lo son en lo civil y comercial y de ga-
rantías en lo penal (ley 5827, arts. 33 y 38 texto según ley 12.060, arts. 25 y 27).

f) Las cámaras de apelación y garantías en lo penal son tribunales de al-


zada de los fallos y demás providencias recurribles dictadas por los jueces de
garantías, de ejecución penal y —en su caso— del Tribunal en lo Criminal.
Funciona una en cada uno de los departamentos judiciales, la mayoría se divide
en salas de tres miembros cada una con un presidente común a todas, algunas se
hallan integradas por tres miembros y otras lo son también en lo civil y comer-
cial (normas citadas).

g) Los juzgados de primera instancia en lo civil y comercial entienden


en los asuntos civiles y comerciales cuyo conocimiento no se encuentre asigna-
do a los jueces de paz letrados o a los tribunales de familia; los de garantías
ejercen la competencia que les asigna el art. 23 del Código Procesal Penal res-
pecto de la etapa de investigación penal preparatoria, y los juzgados en lo co-
rreccional son competentes, en la etapa de juicio, en el conocimiento de las
causas mencionadas en el art. 24 del código citado (ley 5827, arts. 52 y 52 bis
conforme al texto de la ley 12.060, arts. 29 y 30). Tales juzgados funcionan, en
distinto número, en todos los departamentos judiciales.

h) Los juzgados de ejecución penal ejercerán la competencia que les


confiere el art. 25 del Código Proc. Penal y funcionarán en los departamentos
judiciales de Azul, Bahía Blanca, Dolores, Junín, La Plata, Lomas de Zamora,
Mar del Plata, Mercedes, Morón, Quilmes, San Nicolás de los Arroyos y Tren-
que Lauquen, extendiéndose aquélla a los departamentos que menciona el art.
6o de la ley 12.060. Hasta que se designen los titulares de esos juzgados su com-
petencia será ejercida, según los casos, por los jueces de garantías con apela-
ción ante la cámara respectiva, los jueces en lo correccional y uno de los
integrantes del correspondiente tribunal en lo criminal (ley 12.060, art. 8o).

i) Los tribunales en lo criminal entienden, en única instancia y bajo el


régimen de oralidad, respecto de la etapa de juicio, en los delitos cuyo conoci-
miento no esté atribuida a otro órgano judicial (ley 5827, art. 52 ter, texto según
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 147
ley 12.060 y Cód. Proc. Penal, art. 22). Funcionan, en número de uno como mí-
nimo, en todos los departamentos judiciales.

j) Los tribunales de familia, creados por la ley 11.453, están constitui-


dos por tres jueces y actúan en instancia única conforme al sistema oral. Fun-
ciona uno de ellos como mínimo en cada uno de los departamentos judiciales
de la Provincia, y ejercen la competencia que les asigna el Código Procesal Ci-
vil y Comercial local (separación personal, divorcio, nulidad de matrimonio,
adopción, alimentos, guarda de personas, etc.).

k) Los tribunales del trabajo están constituidos por tres jueces cada uno,
actúan en única instancia y conforme al régimen de oralidad y ejercen su juris-
dicción en territorio provincial con la competencia que les atribuye la ley orgá-
nica del poder judicial y la ley 7718. A los fines de su competencia territorial, la
provincia se halla dividida en distintas circunscripciones que abarcan uno o
más partidos, funcionando uno o más tribunales en las ciudades más importan-
tes (uno en cada una de las ciudades de Azul, Bragado, Coronel Suárez, Dolo-
res, Junín, Mercedes, Necochea, Olavarría, Pergamino. San Miguel, Tandil,
Trenque Lauquen, Tres Arroyos y Zarate; dos en cada una de las ciudades de
Bahía Blanca y San Nicolás; tres en la ciudad de Lanús; cuatro en la ciudad de
Avellaneda; cinco en cada una de las ciudades de La Plata y Morón; seis en
cada una de las ciudades de Lomas de Zamora, Mar del Plata, Quilmes y San
Justo y siete en cada una de las ciudades de General San Martín y San Isidro).
Cabe añadir que en razón de no hallarse aún coastitujdos los juzgados pertene-
cientes al fuero rural y conforme a las previsiones délos decretos-leyes 868/57
y 21.209/57, la competencia para conocer en dicha materia fue acordada a los
tribunales del trabajo (decreto-ley 3739/58, art. Io).

1) Los tribunales de menores son unipersonales y se hallan a cargo de


jueces letrados que deben ser casados y reunir las condiciones exigidas en el
art. 178 de la Constitución de la provincia. Son removidos en la misma forma
que los jueces de primera instancia (ley 5827, art. 55) y ejercen su jurisdicción
con la competencia que les atribuye la ley 4664 (ley 5827, art. 56), la que con-
siste, fundamentalmente, en el juzgamiento de delitos cometidos por menores
de 18 años, y en la intervención en cualquier otro caso en que un menor necesite
protección por estar comprometida su salud, seguridad, moralidad y educación.

m) En lo que atañe a la justicia de paz, el art. 160 de la Constitución pro-


vincial vigente hasta 1994 prescribía que la legislatura establecería juzgados de
148 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

paz en toda la provincia y otros de menor cuantía, teniendo en consideración la


extensión territorial de cada distrito y su población.
En cumplimiento de esa norma constitucional se crearon, en todos los
partidos de la provincia, juzgados de paz, y en algunos, una o más alcaldías, es-
tando, unos y otras, a cargo de funcionarios legos, con competencia para cono-
cer en asuntos de menor cuantía y en algunos procesos voluntarios. La ley 9229
instituyó, en cambio, una justicia de paz letrada, y dispuso que además de los
recaudos exigidos por la Constitución (art. 61), para ser juez de paz se requiere:
Io) Ciudadanía argentina; 2o) Haber acreditado buenas condiciones morales e
intelectuales; 3o) Tener título de abogado válido a los efectos del ejercicio pro-
fesional en la provincia, aunque sin necesidad de encontrarse efectivamente
matriculado.
De conformidad con la modificación que le introdujeron las leyes 9504 y
10.571, el art. 59 de la ley 5827 prescribe que en cada uno de los partidos de la
provincia funcionará un juzgado de paz, excepto en aquéllos en los cuales se
encuentre instalada la sede de cada Departamento Judicial creado o a crearse, o
en los que funcionen juzgados de primera instancia en lo civil y comercial y en
los partidos de Almirante Brovvn, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Ensenada,
Esteban Echeverría, Florencio Várela, General Sarmiento, La Matanza, Lanús,
Merlo, Quilmes, San Fernando, Tres de Febrero, Tigre y Vicente López. En
cuanto a los Municipios Urbanos de la Costa, Pinamar, Villa Gesell y Monte
Hermoso, sobre ellos ejercen competencia, respectivamente, los juzgados de
paz de General Lavalle, General Madariaga y Coronel Dorrego.
Mientras los jueces de paz letrados de los partidos mencionados en pri-
mer término tienen competencia para conocer de determinados procesos con-
tenciosos (v.gr. cobro de medianería, restricciones y límites al dominio, deslin-
de y amojonamiento, medidas preparatorias y apremios), de algunos
voluntarios (v.gr. autorización para comparecer en juicio, realizar actos jurídi-
cos y contraer matrimonio; copia y renovación de títulos; mensura; reconoci-
miento; adquisición y venta de mercaderías; etc.), en los casos de orfandad;
abandono material y peligro material o moral de menores o incapaces; de los
trámites de notificaciones, intimaciones, etcétera, a solicitud de otros órganos
judiciales en materia de faltas y de la aplicación de las sanciones previstas por
el decreto-ley nacional 8204/63 y contemplado por el decreto-ley provincial
7309/68, los restantes jueces de paz letrados conocen, además, de juicios de fa-
milia (separación personal, divorcio vincular, alimentos, tenencia de hijos, sus-
pensión de la patria potestad, etc.), en las internaciones urgentes, en los haheas
corpas, en la adquisición de dominio por usucapión, en los desalojos urbanos
por intrusión, falta de pago y vencimientos de contratos, en la traba de medidas
ORGANIZACIÓN JUDICIAL 149
cautelares, en los juicios ejecutivos y ejecuciones especiales y en los procesos
universales, consistentes en sucesiones ab intestato y testamentarias.
El art. 172 de la actual Constitución provincial contiene una norma seme-
jante a la derogada, con la diferencia de que prevé el carácter letrado de la jus-
ticia de paz y faculta a la legislatura para crear, donde no existan juzgados de
esa índole, otros órganos judiciales, también letrados, para entender en cuestio-
nes de menor cuantía, vecinales y faltas provinciales.

n) Existe asimismo en la provincia una jurisdicción notarial que es ejer-


cida por el tribunal notarial, por un juez notarial con sede en la capital de aqué-
lla y por las cámaras de apelaciones en lo civil y comercial del departamento de
La Plata (ley 9020, art. 38).
Competen al tribunal notarial (compuesto por tres escribanos de registro
designados de una lista formada por la cámara): Io) las causas relativas a la falta
de ética y las que afecten la dignidad de la investidura o del prestigio del nota-
rio; 2o) las recusaciones del secretario del tribunal (ley 9020, art. 41).
El juez notarial -—que es nombrado y removido en la forma en que lo son
los jueces de primera instancia— tiene competencia para conocer; Io) en los
procesos por mal desempeño de la función notarial; por la expedición de las se-
gundas copias de escrituras públicas (Cód. Civ., art. 1007) y por renovación de
títulos; 2o) en la recusación de los miembros del tribunal notarial y de los secre-
tarios del juzgado notarial; 3o) en las cuestiones suscitadas entre los requirentes
o entre éstos y el notario con motivo de la aplicación del arancel; 4o) en grado
de apelación en las causas en que hubiese intefveniíjp el tribunal notarial y la
sanción fuera de amonestaciones (ley citada, art. 40, modific. por ley 9435).
Compete, finalmente, a las cámaras de apelación en lo civil y comercial en-
tender: Io) en grado de apelación en los procesos mencionados en el párrafo ante-
rior; 2o) de la recusación del juez notarial; 3o) en grado de apelación de las sancio-
nes impuestas por el tribunal notarial, cuando éstas sean de suspensión (ley 9020,
art. 39).
o) El art. 166, párr. 4o de la Constitución prescribe finalmente que "los
casos originados por la actuación u omisión de la Provincia, los municipios y,
los entes descentralizados y otras personas, en el ejercicio de facultades admi-
nistrativas serán juzgados por tribunales competentes en lo contencioso-admi-
nistrativo, de acuerdo a los procedimientos que determine la ley, la que
establecerá los supuestos en que resulte obligatorio agotar la vía administrati-
va". Se detrayó de tal modo a la Suprema Corte provincial la competencia que,
en instancia originaria, le atribuía en la materia la Constitución vigente hasta el
15 de septiembre de 1994, pero la ley respectiva, que debía sancionarse antes
del 1° de octubre de 1997, no lo ha sido al tiempo de escribirse esta obra.
150 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

§ //

EL JUEZ ' 6

71. CONCEPTO Y CARACTERES

a) La administración de justicia —cuya organización en el orden nacio-


nal y en la provincia de Buenos Aires se termina de esbozar— hállase confiada
a determinados órganos del Estado, cada uno de los cuales se compone de un
conjunto o agregado de personas cuyas actividades concurren al cumplimiento
integral de la función judicial.
Las más trascendentes de esas actividades —que son las instructorias, or-
denatorias y decisorias— incumben al juez o, eventualmente, a varios jueces,
según se trate, respectivamente, de un órgano unipersonal (juzgado) o colegia-
do (tribunal). Las restantes actividades —como son, por ejemplo, las referentes
a la custodia de expedientes o documentos, o a las notificaciones— revisten ca-
rácter secundario o instrumental respecto de aquéllas, y se hallan encomenda-
das a quienes cabe denominar auxiliares de los jueces (supra, n° 23).
b) No obstante la pluralidad de personas que es consustancial a la exis-
tencia de todo órgano judicial, solamente en los jueces reside la potestad que
imprime a dichos órganos un sentido específico dentro de nuestro régimen ins-
titucional de división de poderes, potestad que consiste en juzgar determinada
clase de conflictos (supra, n° 43), sea originariamente o mediante revisión de lo
resuelto por funcionarios u organismos administrativos. De esa circunstancia
derivan, fundamentalmente, las previsiones constitucionales y legales tendien-
tes a asegurar la independencia de los jueces con respecto a los restantes pode-
res del Estado.
c) Los jueces nacionales revisten los siguientes caracteres:
Io) Son permanentes, pues el art. 18 de la Constitución Nacional ha pros-
cripto los juicios por comisiones especialmente designadas para un caso deter-
16
ALSINA, Tratado, 11, pág. 195; Al.VARADO VELLOSO. El juez (sus deberes y facultades),
Buenos Aires, 1982; CARNELUTTI, Instituciones. II, pág. 194; COSTA, Manuale, pág. 92; DÍAZ,
instituciones. I, A, pág. 183; GELSI BlDART, Cuestiones de la organización procesal, pág. 351;
GUASP, Derecho procesal civil. 1, pág. 120: JOFRÉ, Manual. 1. pág. 173; LlEBMAN, Manuale, I,
pág. 95; MICHELI, Curso, I, pág. Í23; MORELLO-SOSA-BERIZONCE. Códigos. I, pág. 343;
ODERIGO, Lecciones, i. pág. 227; PALACIO. Derecho procesal civil. 11, pág. 165; Estudio, pág.
29; PODETTI, Tratado de la competencia, (actualizado por GUERRERO LECONTE), pág. 199;
PRIETO CASTRO, Derecho procesal civil, I, pág. 11!. RAMOS MÉNDEZ. Derecho procesal civil,
I, pág. 110; RENGEL ROMBERG. Tratado, l, pág. 251; RUBIANES, Manual, I, pág. 223;
VÉSCOVI, Derecho procesal civil, II, pág. 9.
EL JUEZ 151
minado, aunque, como bien lo puntualiza RUBIANES, esta calidad no apunta a
los jueces como personas físicas sino a los órganos que integran, ya que aqué-
llos pueden cambiar por renuncia, jubilación, fallecimiento o remoción.
2o) Son sedentarios, es decir, que sólo pueden cumplir sus funciones
dentro de la circunscripción territorial establecida como sede del respectivo
juzgado o tribunal. Hacen excepción a esta regla los jueces de la Cámara Nacio-
nal Electoral, quienes, como se ha visto, pueden trasladar su sede temporaria-
mente a los distritos.
3o) Son inamovibles por cuanto, sin perjuicio de la caducidad y duración
limitada de sus designaciones por razones de edad, conservan sus empleos
mientras dure su buena conducta y no pueden ser separados del cargo sino por
juicio político (CN, arts. 99, inc. 4o y 110). Con anterioridad a la vigencia de la
ley 22.429, hacían excepción a esa regla los jueces de paz del ex-Territorio Na-
cional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
4o) Son letrados, pues constituye requisito de su designación la posesión
del título de abogado (CN, art. 111 y decreto-ley 1285/58, arts. 4o, 5 o y 6o, con
relación a los jueces de la Corte Suprema y demás jueces inferiores). Escapa-
ban a la regla, antes de la ley 22.429, los jueces de paz mencionados en el nú-
mero precedente.

72. MODOS DE DESIGNACIÓN Y REQUISITOS

a) Respecto del modo de designación de los jueces nacionales corres-


ponde distinguir, de acuerdo con la reforma constitucional operada en 1994, se-
gún se trate de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia o de los que
integran los tribunales inferiores.
Los primeros, en efecto, deben ser designados por el Presidente de la Na-
ción con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros presentes, en se-
sión pública convocada al efecto (CN, art. 99, inc. 4o, párr. Io).
También incumbe al Presidente de la Nación el nombramiento de los jue-
ces integrantes de los tribunales inferiores, aunque con la diferencia de que
debe hacerlo sobre la base de una propuesta en terna vinculante emitida (previo
concurso público) por el Consejo de la Magistratura, organismo que, regulado
por las leyes 24.937 y 24.393 con arreglo a las pautas establecidas en el art. 114
de la CN, está integrado por 20 miembros de acuerdo con la siguiente compo-
sición: Io) el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; 2°) cuatro
jueces nacionales elegidos por sistema D' Hont que garantice la representación
igualitaria de los jueces de ambas instancias y la presencia de los que ejercen
152 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

competencia federal en el interior de la República; 3°) ocho legisladores, a cuyo


efecto los presidentes de la Cámara de Senadores y de Diputados, a propuesta
de los respectivos bloques, designarán cuatro por cada una de ellas, correspon-
diendo dos al bloque con mayor representación legislativa, uno por la primera
minoría y uno por la segunda minoría; 4o) cuatro representantes de los aboga-
dos de la matrícula federal designados por el voto directo de los profesionales
que posean esa matrícula, utilizándose el sistema D' Hont y garantizándose la
presencia de los abogados del interior del país; 5o) un representante del Poder
Ejecutivo; 6o) dos representantes del ámbito científico y académico, uno de los
cuales debe ser profesor titular de cátedra de facultades de derecho nacionales,
elegido por sus pares y a cuyo efecto incumbe al Consejo Interuniversitario Na-
cional la confección de los padrones y la organización de la elección, y el otro
una persona de reconocida trayectoria y prestigio que haya sido acreedor de men-
ciones especiales en ámbitos académicos o científicos, elegida por el mencionado
Consejo con el voto de dos tercios de sus integrantes (leyes citadas, art. 2o).
Otra variante reside en el hecho de que cuando se trata de los jueces pro-
puestos por el Consejo de la Magistratura, el acuerdo del Senado, si bien debe
prestarse en sesión pública en la que corresponde tener en cuenta la idoneidad
de los candidatos, no exige un quorum especial (CN, art. 99, inc. 4°, párr. 2o).
En relación con tocios los jueces nacionales es sin embargo necesario un
nuevo nombramiento para mantenerlos en el cargo una vez que cumplan la
edad de setenta y cinco años. Asimismo todos los nombramientos de magistra-
dos cuya edad sea la indicada o mayor deben hacerse por cinco años, y podrán
repetirse indefinidamente por el mismo trámite (CN, art. 99, inc. 4o, párr. 3o).
b) Para ser juez de la Corte Suprema de Justicia se requiere ser ciudada-
no argentino, abogado graduado en Universidad Nacional, con ocho años de
ejercicio y tener las calidades exigidas para ser senador (CN, art. 1 1 1, y decre-
to-ley 1285/58, art. 4o), o sea: treinta años de edad, haber sido seis años ciuda-
dano de la Nación y disponer de una renta anual de dos mil pesos fuertes o de
una entrada equivalente (CN, art. 55).
Para ser juez de la Cámara Nacional de Casación Penal, de las cámaras
nacionales de apelaciones y de los tribunales orales se requiere ser ciudada-
no argentino, abogado con título que tenga validez nacional, con seis años de
ejercicio de la profesión o función judicial que requiera el título indicado y
treinta años de edad (decreto-ley 1285/58, art. 5o). Los mismos requisitos de
ciudadanía y título se requieren para ser juez nacional de primera instancia,
bastando cuatro años de ejercicio y veinticinco de edad (decreto-ley 1285/58,
art. 6o).
Importa recordar que, conforme a lo prescripto en el art. 114, inc. Io de la
CN, la selección de los magistrados precedentemente mencionados, previa a su
EL JUEZ 153

designación, debe realizarse mediante concursos públicos. A tal fin el art. 13 de


la ley 24.937 y la misma norma de su correctiva 24.939 disponen que es com-
petencia de la Comisión de Selección y Escuela Judicial del Consejo de la Ma-
gistratura llamar a concurso público de oposición y antecedentes para cubrir las
vacantes de magistrados judiciales, sustanciar los concursos designando al ju-
rado que intervendrá (compuesto en todo caso, previo sorteo de las listas elabo-
radas para cada especialidad, por un juez, un abogado y un profesor de derecho
que no pertenezcan a la jurisdicción en que se deba cubrir la vacante) y confec-
cionar las propuestas de ternas elevándolas al plenario del organismo, que debe
adoptar su decisión por mayoría de dos tercios de miembros presentes.

73. DEBERES

a) Es deber primario y fundamental de los jueces el de administrar jus-


ticia cada vez que tal actividad les sea requerida en un caso concreto. Existe, en
efecto, un deber de ejercer la actividad judicial, que es correlativo del derecho
que incumbe a las partes en el sentido de que sus peticiones sean resueltas o
proveídas, independientemente del contenido (favorable o desfavorable) de la
respectiva decisión (supra, n° 47).
El art. 34, inc. 3o CPN establece que los jueces deben dictar las resoluciones
con sujeción a los siguientes plazos: a) Las providencias simples, dentro de los tres
días de presentadas las pretenciones por las partes o del vencimiento del plazo con-
forme a lo prescripto en el art. 36, inc. 1 ° e inmediatamente, si debieran ser dictadas
en una audiencia o revistieran carácter urgente; b) tas sentencias interlocutorias y
las sentencias homologatorias, salvo disposición en contrario, dentro de los diez o
quince días de quedar el expediente a despacho, según se trate de juez unipersonal
o de tribunal colegiado; c) Las sentencias definitivas enjuicio ordinario salvo dis-
posición en contrario, dentro de los cuarenta o sesenta días, según se trate de juez
unipersonal o de tribunal colegiado. El plazo se computará, en el primer caso, des-
de que el llamamiento de autos para sentencia, dictado en el plazo de las providen-
cias simples, quede firme; en el segundo, desde la fecha de sorteo del expediente,
que se debe realizar dentro del plazo de quince días de quedar en estado; d) Las
sentencias definitivas en el juicio sumarísimo, dentro de los veinte o treinta días de
quedar el expediente a despacho, según se trate de juez unipersonal o tribunal co-
legiado. Cuando se tratare de procesos de amparo el plazo será de 10 y 15 días, res-
pectivamente. En todos los supuestos, si se ordenase prueba de oficio, no se com-
putarán los días que requiera su cumplimiento.
En el CPN no existen, sin embargo, disposiciones que fijen plazos distin-
tos para dictar este último tipo de resoluciones, razón por la cual es menester
atenerse a lo que establezcan otras leyes. Por otra paite, debe tenerse en cuenta
154 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

que, en virtud de lo prescripto por el art. 162, las sentencias que dispongan ho-
mologar el desistimiento, la transacción o la conciliación, deben dictarse den-
tro del plazo de tres días previsto para el pronunciamiento de las providencias
simples.
Los plazos previstos en el art. 34 concuerdan, en su dimensión temporal,
con los teóricamente fijados por el CPN en su versión anterior, pero con dos va-
riantes. Una consiste en que, al haberse eliminado el llamado juicio sumario,
sólo se han fijado plazos para dictar sentencia definitiva en el juicio ordinario
—que coinciden con los actuales— y se elevaron ligeramente los correspon-
dientes al llamado juicio sumarísimo (veinte o treinta días) cuando éste procede
por razón del monto discutido, y se mantuvieron los de diez y quince días en re-
lación con los restantes casos (amparo, interdictos, etc.).
Aunque tales plazos continuarán computándose desde que adquiere fir-
meza la providencia de autos o desde la fecha de] sorteo del expediente, a partir
de la vigencia de la reforma la primera deberá dictarse dentro del plazo de las
providencias simples (vale decir en el de tres días) y el sorteo practicarse dentro
del plazo de quince días de quedar la causa en estado.
Corresponde asimismo tener presente que el CPN fija plazos específicos
para dictar sentencia en cierta clase de juicios. Tal lo que ocurre con los de ali-
mentos, ejecutivos y de declaración de incapacidad o inhabilitación, en los cua-
les dichos plazos son de cinco, diez o quince días, respectivamente (arts. 644,
548, 550 y 633).
En lo que concierne al orden en que deben resolverse las causas, dispone
el art. 34, inc. 2o, CPN que aquéllas se decidirán en lo posible de acuerdo con el
orden en que hayan quedado en estado, salvo las preferencias establecidas por
el RJN.

b) También es deber de los jueces "Asistir a la audiencia preliminar y


realizar personalmente las demás diligencias que este Código u otras leyes ponen
a su cargo, con excepción de aquellas en las que la delegación estuviere autori-
zada. En los juicios de divorcio, separación personal y nulidad de matrimonio,
en la providencia que ordena el traslado de la demanda, se fijará una audiencia
en la que deberán comparecer personalmente las partes y el representante del
Ministerio Público, en su caso. En ella el juez tratará de reconciliar a las partes
y de avenirlas sobre cuestiones relacionadas con la tenencia de hijos, régimen
de visitas y atribución del hogar conyugal".
Fiel a la acentuación que la ley 25.488 imprimió, así sea teóricamente, al
principio de inmediación, erige en deber del juez, como surge de la norma
transcripta, su asistencia a la audiencia preliminar y la realización de las restan-
tes diligencias que el Código u otras leyes ponen a su cargo (v.gr., Código Civil,
EL JUEZ 155
arts. 205 y 215 en relación con la presentación conjunta de los cónyuges en los
juicios de separación personal y divorcio, respectivamente).
La recepción de las restantes audiencias no requiere, según surge del nue-
vo art. 125, la ineludible presencia o dirección del juez, quien puede delegar
aquélla en sus auxiliares.
En la práctica, no obstante, los jueces sólo suelen asistir personalmente a
la audiencia preliminar, y a la fijada en los juicios de divorcio, separación per-
sonal y nulidad de matrimonio.
c) Como una garantía contra la arbitrariedad, y con el fin de asegurar el de-
bido control sobre la actividad judicial, la ley impone a los jueces el deber de mo-
tivar o fundar sus decisiones. El CPN lo instituye expresamente con respecto a las
sentencias definitivas o interlocutorias, agregando que ¡os jueces deben respetar la
jerarquía de las normas vigentes y el principio de congruencia (art. 34, inc. 4o).
Por lo demás, la Corte Suprema Nacional tiene decidido, reiteradamente,
que a la condición de órganos de aplicación del derecho vigente, va entrañable-
mente unida la obligación legal de los jueces de fundar sus sentencias —docu-
mentando así que ellas son derivación razonada del derecho vigente y no pro-
ducto de su voluntad individual— y que la exigencia de que las decisiones
judiciales tengan fundamentos serios reconoce raíz constitucional.
d) Incumbe asimismo a los jueces dirigir el procedimiento, y "dentro de
los límites expresamente establecidos en este Código; Io) Concentrar en lo po-
sible, en un mismo acto o audiencia todas las diligencias que sea menester rea-
lizar; 2o) Señalar, antes de dar trámite a cualqtiie^petición, los defectos u
omisiones de que adolezca, ordenando que se subsanen dentro del plazo que
fije, y disponer de oficio toda diligencia que fuere necesaria para evitar o sanear
nulidades; 3o) Mantener la igualdad de las partes en el proceso; 4o) Prevenir y
sancionar todo acto contrario al deber de lealtad, probidad y buena fe; 5o) Vigi-
lar para que en la tramitación de la causa se procure la mayor economía proce-
sal; 6o) Declarar, en oportunidad de dictar las sentencias definitivas, la
temeridad o malicia en que hubieran incurrido los litigantes o profesionales in-
tervinientes" (CPN, art. 34, incs. 5o y 6o, modificado por la ley 25.488).
Cuadra empero advertir que tal declaración de inconducta no es impera-
tiva en tanto depende de la apreciación circunstancial del juez.
e) En materia civil les está vedado a los jueces proceder de oficio. La re-
gla, expresamente consagrada por art. 2° de la ley 27, surge asimismo del con-
texto del CPN, especialmente de la norma contenida en el art. 163, inc. 6o, en
cuya virtud la sentencia definitiva debe contener decisión expresa, positiva y
precisa, con arreglo a las pretensiones deducidas enjuicio. Debe entenderse,
sin embargo, que la regla no es aplicable con respecto al derecho, pues de con-
156 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

formidad con el principio iura novit curia incumbe a los jueces la facultad de
calificar jurídicamente los hechos de la causa, con prescindencia de la norma o
normas invocadas por las partes. Existen, asimismo, disposiciones expresas
que autorizan al juez, durante el desarrollo del proceso, a pronunciarse sin que
medie petición de parte, como ocurre, por ejemplo, en los casos en que su in-
competencia resulte de los términos de la demanda (CPN, art. 4o), en las medi-
das instructorias (CPN, art. 36, inc. 2o), etcétera.
0 "Los jueces de primera instancia —dice el art. 11 del decreto-ley
1285/58— concurrirán a su despacho todos los días hábiles, durante las horas
que funcione el tribunal. Los jueces de la Corte Suprema, de la Cámara Nacio-
nal de Casación Penal, de las cámaras nacionales de apelación y de los tribuna-
les orales lo harán los días y horas que el respectivo tribunal fije para los
acuerdos y audiencias".
g) La proximidad entre la residencia de los jueces y el asiento del juzga-
do o tribunal en que desempeñen sus funciones, constituye una exigencia fun-
dada en la necesidad de que aquéllos se encuentren en condiciones de concurrir
con prontitud a sus despachos siempre que el tratamiento de alguna cuestión ur-
gente así lo requiera. De allí la norma contenida en el art. 10 del decreto-ley
1285/58, conforme a la cual "los jueces residirán en la ciudad en que ejerzan
sus funciones o en un radio hasta setenta kilómetros de la misma. Para residir a
mayor distancia, deberán recabar autorización de la Corte Suprema".

74. FACULTADES

a) Tanto los tribunales nacionales, como los provinciales, tienen la fa-


cultad de declarar la inconstitucionalidad de las leyes, decretos u ordenanzas
sancionados por los otros poderes del Estado, en los casos concretos que se lle-
ven a su decisión. Tal facultad reconoce fundamento en el art. 31 de la Consti-
tución Nacional, que asigna a ésta carácter de ley suprema de la Nación, y a la
cual, por consiguiente, los jueces deben otorgar prefación sobre cualquier otra
ley. El principio, y las implicancias que comporta en cuanto al ejercicio de la
función judicial, ha sido ratificado por diversos textos de nuestro derecho posi-
tivo. Así, el art. 21 de la ley 48, dispone que los tribunales y jueces nacionales
deben proceder, en el ejercicio de sus funciones, aplicando la Constitución
como ley suprema de la Nación, las leyes que haya sancionado o sancione el
Congreso, los tratados con naciones extranjeras, las leyes particulares de las
provincias, las leyes generales que han regido anteriormente a la Nación y los
principios del derecho de gentes, según lo exijan respectivamente las causas
que se sujeten a su conocimiento, en el orden de predación que va establecido.
EL JUEZ 157
Asimismo, según se ha visto, es deber de los jueces fundar sus decisiones aten-
diendo a la jerarquía de las normas vigentes (CPN, art. 34, inc 4o).
Pero la facultad analizada reconoce dos limitaciones fundamentales, que
son: Io) La prohibición de declarar de oficio la inconstitucionalidad de las le-
yes nacionales. Ha dicho, al respecto, la Corte Suprema: "Que si bien la Cons-
titución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congre-
so y los tratados con las potencias extranjeras, son la ley suprema de la Nación,
conforme a lo preceptuado por el artículo 31 de la Carta Fundamental de la Na-
ción, ello no significa que los jueces puedan declarar de oficio la inconstitucio-
nalidad de las leyes vigentes sancionadas por el Congreso, porque como lo tiene
reiteradamente declarado esta Corte, 'es condición esencial de la organización
del Poder Judicial, el que no le sea posible controlar por su propia iniciativa —de
oficio— los actos legislativos, ni aun los actos administrativos que, por serlo,
tienen en su favor la presunción de constituir el ejercicio legítimo de la activi-
dad administrativa y, por consiguiente, toda invocación de nulidad contra ellos
debe necesariamente ser alegada y probada enjuicio'" {Fallos, 234-235). En
otros precedentes, aparte de aludir a la presunción de validez de los actos esta-
tales, el mismo tribunal dijo que sólo condicionando la declaración de incons-
titucionalidad al pedido expreso de parte se mantiene el equilibrio entre los po-
deres y no se quiebra por la absorción del Poder Judicial en desmedro de los
otros (Fallos, 280-840; 250-716; 258-157, etc.); 2o) El deber de los jueces de
respetar los actos de los otros poderes del Estado que signifiquen, por parte de
éstos, el ejercicio de facultades privativas.
Vale empero señalar que parte de la doctrina (BJDART CAMPOS, SAGÜÉS,
HITTERS, etc.) e inclusive seis ministros de la Corte Suprema (caso "Mili de Pe-
reyra, R. A. v. Prov. de Corrientes" del 27/9/2001) se han pronunciado en contra
de la prohibición mencionada en el n° 1 y admitido, por ende, la declaración de
inconstitucionalidad de oficio.
Los argumentos que sustentan esa tesis radican, esencialmente, en la fa-
cultad judicial de suplir el derecho no invocado por las partes (iura curia novit)
y en la naturaleza de la referida presunción de legitimidad de los actos legisla-
tivos y administrativos, aunque se supeditó la declaración a la concurrencia de
los siguientes requisitos: Io) que la violación constitucional revista tal entidad
que justifique la abrogación de la norma en desmedro de la seguridad jurídica;
2o) que la repugnancia a la Constitución sea manifiesta e indudable; 3o) que la
incompatibilidad sea inconciliable, de manera que resulte imposible solucionar
el caso por razones diversas a las constitucionales; 4o) que su ejercicio descarte
en absoluto la admisión de declaraciones fuera de una causa concreta; 5°) que
la declaración de inconstitucionalidad no vaya más allá de lo estrictamente ne-
cesario para resolver la causa y no tenga efecto derogatorio genérico.
158 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

Pero a pesar de hacerse cargo de la gravedad institucional involucrada en


el tema, la tesis comentada no parece concillarse con la carga que el art. 14, ley
48 impone a las partes en el sentido de "cuestionar" la validez de una norma en
función directa o indirecta con la Constitución.
b) En el art. 36 el CPN confiere a los jueces diversas atribuciones orde-
natorias e ¡nstnictorias, que la ley 25.488 ha calificado indistintamente como
deberes y facultades, en la ingenua inteligencia de que, modificando la termi-
nología legal "podrán" por "deberán" obligaría a los jueces a adoptar determi-
nadas medidas que en su mayoría entrañan, intrínsecamente, y como surge de
su propio enunciado, meras facultades.
Entre las potestades ordenatorias figuran las de: Io) Tomar medidas ten-
dientes a evitar la paralización del proceso a cuyo efecto, vencido un plazo, se
haya ejercido o no la facultad que corresponda, se pasará a la etapa siguiente en
el desarrollo procesal, disponiendo de oficio las medidas necesarias; 2o) Inten-
tar una conciliación total o parcial del conflicto o incidente procesal, pudiendo
proponer y promover que las partes deriven el litigio a otros medios alternativos
de resolución de conflictos, pudiendo en cualquier momento disponer la com-
parecencia personal de las partes para intentar una conciliación; 3o) Proponer a
las partes fórmulas para simplificar y disminuir las cuestiones litigiosas surgi-
das en el proceso o respecto de la actividad probatoria, con la salvedad de que
en todos los casos la mera proposición de fórmulas conciliatorias no importará
prejuzgamiento; 4o) Impulsar de oficio el trámite, cuando existan fondos inac-
tivos de menores o incapaces, a fin de que los representantes legales de éstos o,
en su caso, el asesor de menores, efectúen las propuestas que estimen más con-
venientes en interés del menor o incapaz, sin perjuicio de los deberes propíos
de dicho funcionario con igual objeto; 5o) Corregir, en la oportunidad estable-
cida en el art. 166, incs. Io y 2o, errores materiales, aclarar conceptos oscuros, o
suplir cualquier omisión de la sentencia acerca de las pretensiones discutidas
en el litigio, siempre que la enmienda, aclaración o agregado no altere lo sus-
tancial de la decisión.
Entre las facultades ¡nstnictorias la norma citada prevé las siguientes: Io)
Ordenar las diligencias necesarias para esclarecer la verdad de los hechos con-
trovertidos, respetando el derecho de defensa de las partes; 2o) Disponer, en
cualquier momento, la comparecencia personal de las partes para requerir las
explicaciones que estimen necesarias al objeto del pleito; 3o) Decidir en cual-
quier estado de la causa la comparecencia de testigos con arreglo a lo que dis-
pone el art. 452, peritos y consultores técnicos, para interrogarlos acerca de lo
que creyeren necesario; 4o) Mandar, con las formalidades prescriptas en este
Código, que se agreguen documentos existentes en poder de las partes o de ter-
EL JUEZ 159
ceros, en los términos de los arts. 387 a 389 (art. 36, inc. 4o a 389, modificado
por la ley 25.488).
c) En virtud de las potestades disciplinarias que la ley acuerda a los jue-
ces para mantener el decoro y buen orden en los juicios que tramitan ante sus
estrados, aquéllos hállanse autorizados (aunque en su actual versión el art. 35
del CPN recurre a un erróneo vocablo imperativo) para: 1) Mandar que se tes-
tee toda frase injuriosa o redactada en términos indecorosos u ofensivos, salvo
que alguna de las partes o tercero interesado solicite que no se lo haga; 2) Ex-
cluir de las audiencias a quienes perturben indebidamente su curso; 3) Aplicar
las correcciones disciplinarias autorizadas por el Código, la ley orgánica, el Re-
glamento para la Justicia Nacional, o las normas que dicte el Consejo de la Ma-
gistratura.
Corresponde advertir, por último, que el Consejo de la Magistratura sólo
está facultado para aplicar sanciones a los magistrados, no a las partes y a sus
auxiliares, por cuestiones vinculadas a la eficaz prestación del servicio de jus-
ticia (infra, n°77).

75. INCOMPATIBILIDADES

a) Es incompatible el ejercicio de la magistratura judicial "con toda ac-


tividad política" (decreto-ley 1285/58, art. 9o). Ello no significa, naturalmente,
impedir a los jueces el ejercicio de los derechos políticos (como el sufragio) ni
la posibilidad de que abriguen una determinada ideología en materia política,
sino que comporta la prohibición de "estar afiliados a partidos políticos" o de
"actuar en política", como con mayor precisión dispone el art. 8o, inc. c) RJN.
b) El art. 22 del Cód. Com., prohibe a los jueces el ejercicio del comer-
cio dentro del territorio donde ejercen su autoridad y jurisdicción con título
permanente, agregando el art. 23 de dicho código que la prohibición no com-
prende la facultad de dar dinero a interés, con tal que no se haga de ello profe-
sión habitual, ni tampoco la de ser accionista de sociedades comerciales,
siempre que no tomen parte de la gerencia administrativa. Pero el art. 9o del de-
creto-ley 1285/58, prohibe a los jueces nacionales "el ejercicio del comercio",
sin formular distinciones en cuanto al lugar y clase de actividades y el art. 8o,
inc. j) del RJN, agrega la prohibición de realizar "actividad lucrativa alguna sin
autorización de la respectiva autoridad de superintendencia". A tales restriccio-
nes cabe agregar las contenidas en los arts. 1361, inc. 5° y 1441 del Cód. Civ.,
y en el art. 20 del Código de Minería.
160 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

c) También es incompatible el ejercicio de la magistratura judicial con la


"realización de cualquier actividad profesional, salvo cuando se trate de la defensa
de los intereses personales, del cónyuge, de los padres y de los hijos" (decreto-ley
1285/58, art. 9o). La prohibición reviste carácter absoluto: comprende tanto el ase-
soramiento extrajudicial como el patrocinio y la representación enjuicio, cual-
quiera que sea la jurisdicción en que tales funciones se ejerzan.

d) Tampoco está permitido a los jueces nacionales el desempeño de la


docencia primaria o secundaria; pero sí, en cambio, la participación en comi-
siones de estudio de carácter honorario y el ejercicio de la docencia universita-
ria o de la enseñanza superior equivalente, previa autorización de la autoridad
que ejerza la superintendencia (decreto-ley 1285/58, art. 9o). La misma norma
les prohibe el desempeño de los cargos de rector de universidad, decano de fa-
cultad o secretario de esas instituciones.

e) "A los jueces de la Nación —dice el art. 9o decreto-ley 1285/58— les


está prohibido practicar juegos de azar o concurrir habitualmente a lugares des-
tinados a ellos, o ejecutar actos que comprometan la dignidad del cargo".

f) "No podrán ser, simultáneamente, jueces del mismo tribunal colegia-


do, parientes o afines dentro del cuarto grado civil. En caso de afinidad sobre-
viniente, el que la causare abandonará el cargo" (decreto-ley 1285/58, art. 8°).

76. GARANTÍAS

a) Como manera de asegurar la independencia de los jueces respecto de


los otros poderes del Estado, cuentan aquéllos con dos garantías: la inamovili-
dad y la intangibilidad de sus retribuciones.

b) La inamovilidad significa, en términos generales, que los jueces no


pueden ser separados de sus cargos o cesar en el ejercicio de sus funciones sino
cuando median algunas de las circunstancias específicamente previstas por la
Constitución o por la ley. Según los principales sistemas conocidos, tales cir-
cunstancias pueden consistir en el vencimiento del período para el cual fueron
designados (constituciones de Catamarca, Jujuy, La Rioja, etc.), en el cumpli-
miento de cierta edad (legislación europea en general y de algunos países ame-
ricanos, como Uruguay y Nicaragua), o en el propio comportamiento de los
magistrados, previamente calificado mediante un proceso de responsabilidad.
A raíz de la reforma que se introdujo en 1994 a la CN, ésta ha venido a consa-
grar un sistema mixto en tanto establece, por un lado, que los jueces nacionales
EL JUEZ 161
"conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta" (art. 110), pudien-
do solamente ser removidos de sus cargos mediante el llamado juicio político
(arts. 53, 59 y 115) y, por otro lado, como se vio en el n° 72, prevé la caducidad
y duración limitada de las designaciones en función del cumplimiento de deter-
minada edad.
La garantía de la inamovilidad comprende, además, el derecho de los jue-
ces a no ser trasladados, sin su conformidad, a otra circunscripción territorial,
aun en el caso de que el nuevo destino asignado no comporte una disminución
jerárquica (CSN, Fallos, 201-245).
c) Aparte de consagrar la garantía de inamovilidad el art. 110 de la
Constitución Nacional dispone que los jueces nacionales "recibirán por sus ser-
vicios una compensación que determinará la ley, y que no podrá ser disminuida
en manera alguna, mientras permaneciesen en sus funciones". Agrega, al res-
pecto, el art. 2o del decreto-ley 1285/58, que la "compensación será uniforme
para todos los jueces de una misma instancia, cualquiera sea el lugar donde de-
sempeñen sus funciones".

77. SANCIONES

a) Sin perjuicio de la máxima sanción de que son pasibles —que consis-


te en su remoción mediante previo proceso de responsabilidad— los jueces
pueden ser sancionados por los tribunales superintendentes, a título de correc-
ción disciplinaria, por las faltas que cometieren en el desempeño de sus funcio-
nes, las que son susceptibles de exteriorizarse en áctos^e irrespetuosidad hacia
los tribunales superiores, ofensivos al decoro de la administración de justicia, y
de negligencia en el cumplimiento de sus deberes (cfr. ley 4055, art. 11; ley
1893, art. 103; ley 12.330, art. 6o, etc.). El art. 16 del decreto-ley 1285/58 (con
la reforma introducida por las leyes 17.116, art. 5o; y 21.708, art. 3o), establece
que las faltas de los jueces podrán ser sancionadas con prevención, apercibi-
miento y multa hasta determinada cantidad de pesos, "sin perjuicio de lo dis-
puesto sobre enjuiciamiento y remoción". La aplicación de tales sanciones
corresponde a la Corte Suprema respecto de los jueces de las cámaras de apela-
ciones y de los de primera instancia, y a las cámaras con relación a estos últi-
mos, aunque es del caso recordar que en tanto el art. 114, inc. 4o de la CN
acuerda al Consejo de la Magistratura la atribución de "ejercer facultades dis-
ciplinarias sobre magistrados" vino a asignarle a ese organismo un área de
competencia concurrente con el que corresponde a la Corte y a las cámaras.
A tal fin el art. 14 de la ley 24.237 e igual disposición de su correctiva
24.939 acuerdan competencia a la Comisión de Disciplina de dicho Consejo
para proponer al plenario de éste la aplicación de sanciones disciplinarias a los
162 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

magistrados, las que pueden consistir en advertencia, apercibimiento y multa


de hasta el treinta por ciento de sus haberes, se configuran a raíz de faltas vin-
culadas a la eficaz prestación del servicio de justicia (v.gr. infracción a las nor-
mas sobre incompatibilidades, faltas de consideración debidas a otros magis-
trados, abogados, peritos, auxiliares judiciales o litigantes, inasistencias
reiteradas, etc.) y son apelables para ante la Corte Suprema.
b) Aparte de tales medidas disciplinarias, interesa recordar que el art. 167
CPN sanciona con multa que no puede exceder del 15% de su remuneración básica
a los jueces de primera o segunda instancia que no dictaren las sentencias definiti-
vas dentro del plazo legal o del que hubiese sido fijado a su pedido.

78. RESPONSABILIDAD

a) De acuerdo con el principio general establecido en el art. 1112 Cód.


Civ. los jueces responden ante los tribunales ordinarios por los daños y perjui-
cios que pudieran ocasionar en el desempeño de sus funciones. Pero la jurispru-
dencia tiene decidido, en general, que ello está subordinado al previo desafuero
del juez por el tribunal político que tiene competencia para juzgarlo y a la cir-
cunstancia de que este último haya calificado la conducta del juez. Algunos or-
denamientos autorizan a deducir la pretensión de responsabilidad civil sin
necesidad de suspensión o remoción previa del magistrado (Cód. Proc. Mendo-
za, art. 2o; Const. Santa Fe, art. 109, inc. 2o; y Ley Org. Trib. misma prov., art.
23, inc. 2o).
b) Los jueces pueden también incurrir en responsabilidad penal en el
caso de que su conducta encuadre en alguna de las hipótesis contempladas por
los arts. 257, 269, 270 y 273 del Cód. Penal. También en este caso constituye
presupuesto de la pretensión penal el previo desafuero del juez, pero no es ne-
cesario, como en la hipótesis de responsabilidad civil, que el tribunal que haya
decretado la separación se pronuncie sobre la conducta del juez desde el punto
de vista penal, porque la ley atribuye expresamente esa función a los jueces or-
dinarios (ALSINA).

79. REMOCIÓN

a) Como se anticipara, los jueces nacionales de cualquier jerarquía sólo


pueden ser separados de sus cargos mediante el procedimiento del juicio polí-
tico (CN, arts. 53, 110 y 115), el cual puede intentarse "por mal desempeño o
por delito en el ejercicio de sus funciones o por crímenes comunes"; debiendo
incluirse, dentro del concepto de "mal desempeño", todos aquellos casos que,
EL JUEZ 163
sin tipificar una conducta delictiva, importen actitudes o hechos incompatibles
con el adecuado ejercicio de la función judicial (v.gr.: morosidad, negligencia,
inhabilidad física o mental, etc.).
De acuerdo con las pertinentes disposiciones constitucionales, cuando se
trata de miembros de la Corte Suprema, el derecho de acusación corresponde a
la Cámara de Diputados, la que previamente debe declarar haber lugar a la for-
mación de causa por mayoría de dos terceras partes de sus miembros presentes
(art. 53). Al Senado corresponde juzgar enjuicio público (y con las garantías
procesales consiguientes) al acusado por la Cámara de Diputados, debiendo sus
miembros prestar juramento para este acto. El acusado no podrá ser declarado
culpable sino por mayoría de los dos tercios de los miembros presentes (art.
59). Su fallo, dispone el art. 60, no tendrá más efecto que destituir al acusado,
y aun declararle incapaz de ocupar ningún empleo de honor, de confianza o a
sueldo de la Nación. Pero la parte condenada quedará, no obstante, sujeta a acu-
sación, juicio y castigo, conforme a las leyes, ante los tribunales ordinarios.
b) Si se trata, en cambio, de los jueces de los tribunales inferiores de la
Nación, la facultad de decidir la apertura del procedimiento de remoción y de
ordenar en su caso la suspensión de aquéllos, así como la de formular la acusa-
ción correspondiente incumbe al Consejo de la Magistratura (art. 114, inc. 5o).
La potestad de decidir la remoción pertenece en cambio a un jurado de
enjuiciamiento integrado por legisladores, magistrados y abogados de la matrí-
cula federal (conforme a lo que dispone, como se verá más abajo, la ley
24.937), mediante fallo que es irrecurrible y tiene el mismo efecto que el pre-
visto respecto del fallo del Senado en el art. 60.
Prescribe asimismo el art. 115, párr. 3o de la CN, que corresponde archi-
var las actuaciones y, en su caso, reponer al juez suspendido, si transcurren
ciento ochenta días contados desde la decisión de abrir el procedimiento de re-
moción sin que se haya dictado el fallo.
El art. 22 de la ley 24.937 e igual norma de la ley 24.939 disponen, a su
turno, que el jurado de enjuiciamiento a que se refiere el art. 115 de la CN estará
integrado por nueve miembros de acuerdo con la siguiente composición: Io)
tres jueces que serán un ministro de la Corte Suprema elegido por sus pares, en
carácter de presidente, y dos jueces de cámara también elegidos por sus pares;
2o) tres legisladores, dos por la Cámara de Senadores, elegidos uno por la ma-
yoría y otro por la primera minoría, y un legislador perteneciente a la Cámara
de Diputados elegido por mayoría de votos; 3o) tres abogados de la matrícula
federal elegidos, dos en representación de la Federación Argentina de Colegios
de Abogados debiendo al menos uno de ellos pertenecer a la matrícula federal
del interior del país, y el restante en representación del Colegio Público de Abo-
164 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

gados de la Capital Federal, por el mismo sistema utilizado para elegir a los
miembros del Consejo de la Magistratura.
Los arts. 25 a 27 de la ley 24.937 reglamentan el procedimiento aplicable,
que debe ser oral y público y asegurar el derecho de defensa del acusado. Pro-
ducida la prueba y los informes finales el jurado debe resolver en un plazo no
superior a veinte días, debiendo el fallo que decida la destitución emitirse con
mayoría de dos tercios de sus miembros.

80. RECUSACIÓN Y EXCUSACIÓN

a) Llámase recusación al remedio legal de que los litigantes pueden va-


lerse para excluir al juez del conocimiento de la causa, en el supuesto de que las
relaciones o actitudes de aquél con alguna de las partes o con la materia del pro-
ceso sean susceptibles de poner en duda la imparcialidad de sus decisiones. La
excusación tiene lugar, en cambio, cuando concurriendo las mencionadas cir-
cunstancias, el juez se inhibe espontáneamente de conocer en el juicio.
b) El CPN admite, sin embargo, la facultad de recusar a los jueces sin
expresarse causa alguna para ello, consagrando de tal manera un principio que
si bien puede afectar en cierta medida la celeridad de los juicios, representa mu-
chas veces una verdadera garantía para el litigante, particularmente cuando,
pese a mediar una causa legal de recusación, la prueba de los hechos pertinen-
tes resulta dificultosa o imposible. No obstante, el código excluye la posibili-
dad de plantear esta clase de recusación en el proceso sumarísimo y en las
tercerías, en el juicio de desalojo y en los procesos de ejecución (art. 14, párr.
5o, modificado por la ley 25.488).
La facultad de recusar sin expresión de causa debe ejercerse, por el actor,
al entablar la demanda o en su primera presentación; y por el demandado en su
primera presentación antes o al tiempo de contestar la demanda, o de oponer
excepciones en el juicio ejecutivo, o de comparecer a la audiencia señalada
como primer acto procesal (art. 14).
Aunque la ley se refiere al actor y al demandado, también pueden recusar
sin causa quienes lleguen a adquirir el carácter de partes en el proceso, como
ocurre con el tercero coadyuvante cuya intervención hubiese sido admitida, o
con el presunto beneficiario de la transferencia de la locación cuya validez se
cuestiona en el juicio de desalojo.
Las partes pierden la facultad de recusar sin causa cuando no hacen uso
de ella al cumplir cualquier acto procesal anterior a la presentación de la de-
manda o de la contestación (lo cual ocurriría, por ejemplo, si el actor se hubiese
abstenido de recusar en oportunidad de solicitar el diligenciamiento de una me-
EL JUEZ 165
dida preparatoria de la demanda, o el demandado hubiese adoptado igual acti-
tud al deducir excepciones previas en el proceso ordinario). Corresponde acla-
rar, asimismo, y así lo hace el art. 14 CPN, que si el demandado pierde la opor-
tunidad de contestar la demanda, de oponer excepciones en el juicio, o de
comparecer a la audiencia preliminar del proceso (como es, por ejemplo, la pre-
vista en el art. 630 CPN respecto del juicio de alimentos), no podrá ejercer en
adelante la facultad de recusar sin causa.
Con excepción de los procesos sumarísimos y de las tercerías, esta clase
de recusación es admisible en cualquier clase de procesos, sean contenciosos o
voluntarios. En el juicio sucesorio, v.gr., pueden recusar sin causa los herederos
que han acreditado el vínculo.
De acuerdo con lo dispuesto en el art. 15 CPN la facultad de recusar sin
causa puede usarse una vez en cada caso. La norma agrega, consagrando la so-
lución establecida por numerosos precedentes judiciales anteriores a su vigen-
cia, que cuando son varios los actores o los demandados (litisconsorcio), sólo
uno de ellos puede ejercerla.
Deducida la recusación sin expresión de causa, el juez recusado debe in-
hibirse y pasar las actuaciones, dentro del primer día hábil siguiente, al juez que
le sigue en el orden del turno, sin que por ello se suspenda el trámite, los plazos,
ni el cumplimiento de las diligencias ya ordenadas (CPN, art. 16). La recusa-
ción sin causa, por lo tanto, determina el inmediato desprendimiento de los au-
tos por parte del juez recusado y su envío al juez que sigue en orden del turno,
sin que el primero pueda, bajo pena de nulidad, producir actuación alguna en el
expediente, como no sea proveer sobre la recusación^El juez recusado, sin em-
bargo, tiene facultades para examinar la oportunidad de la recusación y el ca-
rácter de parte de quien la deduce. En consecuencia, puede desestimar la recu-
sación deducida fuera de las oportunidades antes mencionadas, o por quien no
reviste la calidad de parte.
Corresponde agregar que la ley 22.434, receptando un criterio jurispru-
dencial firmemente consolidado, introdujo al art. 16 CPN un párrafo en virtud
del cual "si la primera presentación del demandado fuere posterior a los actos
indicados en el segundo párrafo del artículo 14, y en ella promoviere la nulidad
de los procedimientos recusando sin expresión de causa, dicha nulidad será re-
suelta por el juez recusado". Esta solución se justifica porque, frente al supues-
to de que la nulidad prospere, la retrogradación del procedimiento que aquélla
lleva aparejada debe necesariamente producirse hasta la etapa en la cual el de-
mandado pudo ejercer válidamente la facultad de recusar. En otras palabras,
dependiendo del resultado de la impugnación determinar si la recusación fue o
no oportuna, es razonable conferir al propio juez recusado la potestad de pro-
nunciarse acerca de la procedencia de dicha impugnación.
166 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

c) También puede ser recusado sin expresión de causa un juez de las cá-
maras de apelaciones, al día siguiente de la notificación de la primera providen-
cia que se dicte (CPN, art. 14, párr. 4o).
d) En lo que respecta a la recusación con expresión de causa —a la que
son aplicables los mismos principios que se terminan de enunciaren cuanto a
quiénes pueden deducirla—, el art. 17 CPN contempla las siguientes circuns-
tancias que autorizan a plantearla:
Io) El parentesco por consanguinidad dentro del cuarto grado y segundo
de afinidad con alguna de las partes, sus mandatarios o letrados.
2o) Tener el juez o sus consanguíneos o afines dentro del grado expresa-
do en el inciso anterior, interés en el pleito o en otro semejante, o sociedad o co-
munidad con algunos de los litigantes, procuradores o abogados, salvo que la
sociedad fuese anónima.
3o) Tener el juez pleito pendiente con el recusante.
4o) Ser el juez acreedor, deudor o fiador de alguna de las partes, con ex-
cepción de los bancos oficiales.
5°) Ser o haber sido el juez autor de denuncia o querella contra el recu-
sante, o denunciado o querellado por éste con anterioridad a la iniciación del
pleito.
6o) Ser o haber sido el juez denunciado por el recusante en los términos
de la ley de enjuiciamiento de magistrados, siempre que la Corte Suprema hu-
biere dispuesto dar curso a la denuncia (aunque en la actualidad la causal debe
entenderse referida al requisito de que la Cámara de Diputados de la Nación o
el Consejo de la Magistratura, según se trate respectivamente de magistrados
de la Corte Suprema o de los tribunales inferiores, hayan declarado haber lugar
a la formación de causa).
7o) Haber sido el juez defensor de alguno de los litigantes o emitido opi-
nión o dictamen o dado recomendaciones acerca del pleito, antes o después de
comenzado. Las circunstancias descriptas en este inciso configuran la causal
corrientemente llamada de "prejuzgamiento", en cuya virtud procede apartar
del conocimiento de la causa al juez que, sea como apoderado, letrado, perito o
funcionario judicial, haya exteriorizado su opinión acerca de la forma de resol-
ver las cuestiones debatidas en aquélla.
La norma no es aplicable, según la jurisprudencia, con respecto a las opi-
niones expresadas por los jueces en sus sentencias, sobre los puntos cuya dilu-
cidación requirieron los juicios en que fueron dictadas, aun en el supuesto de
EL JUEZ 167
que se plantearan nuevamente cuestiones idénticas o análogas a las ya resuel-
tas, o las opiniones abstractas, vertidas en trabajos de índole teórica. Tampoco
con relación a las decisiones que no recaigan sobre la cuestión de fondo deba-
tida en el pleito, como son, por ejemplo, las que se pronuncian sobre la admi-
sión o rechazo de una medida cautelar.
8o) Haber recibido el juez beneficios de importancia de alguna de las partes.
9o) Tener el juez con alguno de los litigantes amistad que se manifieste
por gran familiaridad o frecuencia en el trato.
10) Tener contra el recusante enemistad, odio o resentimiento, que se ma-
nifieste por hechos conocidos. En ningún caso procederá la recusación por ata-
ques u ofensas inferidas al juez después que hubiere comenzado a conocer del
asunto.
e) En cuanto a la oportunidad de la recusación con causa, el CPN deter-
mina que ella debe plantearse en las mismas oportunidades previstas para la re-
cusación sin expresión de causa, salvo que la causal sea sobreviniente, en cuyo
caso puede hacerse valer dentro de quinto día de haber llegado a conocimiento
del recusante y antes de quedar el expediente en estado de sentencia (art. 18).
f) La recusación debe deducirse ante el juez recusado, o ante la Corte
Suprema o cámara de apelaciones respectiva, cuando lo fuese de uno de sus
miembros (CPN, art. 20), pero la procedencia de aquélla no puede, en ningún
caso, ser decidida por el juez recusado, sino, como se verá, por el tribunal jerár-
quicamente superior (cámara de apelaciones) si se trata de un juez de primera
instancia o por el mismo tribunal a que pertenece si se trata de un juez de cáma-
ra o de Corte.
El incidente de recusación se inicia mediante un escrito en el cual la parte
que recusa debe expresar la causa de la recusación, y proponer y acompañar, en
su caso, toda la prueba de que intenta valerse (CPN, art. 20). Los testigos ofre-
cidos no pueden exceder de tres (art. 24, párr. 2o).
El tribunal competente para conocer de la recusación (cámara de apela-
ciones o Corte Suprema, según los casos), se halla habilitado para desecharla,
sin darle curso, cuando en el escrito no se alegase concretamente alguna de las
causales previstas por la ley, la invocada fuere manifiestamente improcedente,
o el recusante se hubiese presentado fuera de las oportunidades anteriormente
referidas (CPN, art. 21).
Cuando la recusación se deduce contra un juez de primera instancia, co-
noce de ella la cámara de apelaciones respectiva (CPN, art. 19, párr. 2o). Abierto
el incidente de recusación mediante la presentación del escrito correspondien-
te, el juez recusado debe, dentro de los cinco días, remitir a la cámara dicho es-
168 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

crito con un informe sobre las causas alegadas, y pasar el expediente principal
al juez que sigue en el orden del turno o, donde no lo hubiere, al subrogante le-
gal (v.gr., secciones servidas por un solo juez federal) para que continúe su sus-
tanciación (CPN, art. 26). El trámite del incidente de recusación no suspende,
por lo tanto, los procedimientos del juicio, que continúa sustanciándose ante el
juez subrogante.
El procedimiento ante la cámara (sin perjuicio de la facultad que a esta otor-
ga el citado art. 21), varía según que del informe elevado por el juez resultare la ex-
actitud de los hechos, o éstos hubiesen sido negados. En el primer caso se tendrá al
juez por separado de la causa; en el segundo, se recibirá el incidente a prueba por
el plazo de diez días o la ampliación que corresponda según la distancia, vencido el
cual se agregarán las pruebas producidas, se dará vista al juez recusado y se resol-
verá el incidente dentro de cinco días de contestada aquélla o vencido el plazo para
hacerlo (CPN, arts. 24,25 y 27). Cabe puntualizar, sin embargo, que aun cuando el
juez haya reconocido la exactitud de los hechos alegados como fundamento de la re-
cusación, la cámara puede desestimarla si considera que tales hechos no encuadran
en alguna de las causales previstas por la ley.
g) Si la recusación fuese desechada, corresponde hacer saber la resolu-
ción al juez subrogante a fin de que devuelva los autos al juez recusado. Si fuese
admitida, los autos quedan radicados ante el juez subrogante con noticia al juez
recusado, aun cuando con posterioridad desaparezcan las causas que la origina-
ron (CPN, art. 28).
h) Cuando la recusación se deduzca contra uno de los jueces de la Corte
Suprema o de las cámaras de apelaciones, aquélla debe serle comunicada a fin
de que informe sobre las causas alegadas (CPN, art. 22). Si el recusado recono-
ciese los hechos se lo tendrá por separado de la causa (sin perjuicio de la facul-
tad de apreciación precedentemente mencionada); si los negase, se procederá a
sustanciar el incidente, que tramitará en expediente por separado en la forma
más arriba descripta (CPN, art. 23). Conocen de la recusación los jueces que
quedan hábiles, debiendo integrarse el tribunal, si correspondiese, en la forma
prescripta por la ley orgánica y el RJN (CPN, art. 19).
Si se hace lugar a la recusación, siguen conociendo en la causa el o los
integrantes o sustitutos legales que hubiesen resuelto el incidente (CPN, art.
28, párr. 3o).
i) A título de sanción contra el litigante que se vale de la recusación
como instrumento meramente dilatorio, dispone el art. 29 CPN, que desestima-
da una recusación con causa, se aplicarán las costas y una multa de hasta cierta
suma por cada recusación, si ésta fuere calificada de maliciosa por la resolu-
ción desestimatoria.
EL MINISTERIO PÚBLICO 169
j) "Todo juez que se hallare comprendido en alguna de las causas de re-
cusación mencionadas en el artículo 17 —dice el art. 30 CPN— deberá excu-
sarse. Asimismo podrá hacerlo cuando existan otras causas que le impongan
abstenerse de conocer en el juicio, fundadas en motivos graves de decoro o de-
licadeza. No será nunca motivo de excusación el parentesco con otros funcio-
narios que intervengan en el cumplimiento de sus deberes".
Las partes no pueden oponerse a la excusación ni dispensar las causales
invocadas. En el supuesto de que el juez que sigue en el orden del turno entien-
da que aquélla no procede, corresponde formar incidente por separado y remi-
tirlo sin más trámite al tribunal de alzada, sin que ello paralice la sustanciación
de la causa. Si la excusación es aceptada, el expediente queda radicado en el
juzgado que corresponde, aun cuando con posterioridad desaparezcan las cau-
sas que la originaron (CPN, art. 31). El art. 32 del código, finalmente, establece
que incurrirá en la causal de "mal desempeño", en los términos de la ley de en-
juiciamiento de magistrados (actualmente de conformidad con los arts. 53 y
115 de la CN), el juez a quien se probare que estaba impedido de entender en el
asunto y haya dictado en él resolución que no sea de mero trámite.

§ ///
17
EL MINISTERIO PÚBLICO

81. CONCEPTO, CARACTERES Y COMPOSICIÓN

a) Denomínase Ministerio Público al conjunto de funcionarios a quie-


nes se halla confiada, como misión esencial, la defensa de intereses vinculados
al orden público y social.
Sus miembros integran una magistratura especial, distinta y autónoma
con respecto a la de los jueces y tribunales, con quienes colaboran en la función
de administrar justicia, pero de cuyos poderes decisorios carecen aunque, en

17
ALSINA, Tratado. II, pág. 329; AYARRAGARAY, El ministerio público, Buenos Aires,
1928; CARNELUTTI, Instituciones, I. pág. 197: "Poner en su puesto al ministerio público", en
Cuestiones sobre el proceso penal (trad. SENTÍS MEI.ENDO). Buenos Aires. Ejea, pág. 209;
COLOMBO. Código. I. pág. 168: DÍAZ. Instituciones, I-A, pág. 458; JOFRÉ. Manual, I. pág. 217;
MOREL, Traite élémentaire de procódure avile, 2a ed., Paris, 1949, pág. 147; ODERIGO.
Lecciones, II, pág. 148; PALACIO, Derecho procesal civil, II, pág. 585; PODETTI, Tratado de la
competencia, pág. 217; RAMOS MÉNDEZ. Derecho procesal civil, I. pág. 119; RUBIANES,
Manual, I. pág. 453; Ruiz, "Acerca de la independencia y jerarquía de los procuradores
fiscales federales", en L.L.. 93-860; SOLUS-PERROT, Droit judiciaire privé, Paris. Sirey, 1961,
I, pág. 714.
170 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

materia penal, las leyes reconocen al Ministerio Público (fiscal) ciertas potesta-
des ordenatorias e instructorias.
Por ello se dice que frente a la función juzgadora que ejercen, como re-
gla, los órganos judiciales, a los integrantes del Ministerio Público incumbe el
cumplimiento de la llamada función requirente, la cual se manifiesta a través de
la interposición de cierta clase de pretensiones, de la defensa de determinadas
personas y del control que deben ejercer con respecto a la observancia de nor-
mas que interesan al orden público.
El art. 120 de la CN, de acuerdo con la reforma promulgada en 1994, dis-
pone que "el Ministerio Público es un órgano independiente con autonomía
funcional y autarquía financiera, que tiene por función promover la actuación
de la justicia en defensa de la legalidad, de los intereses generales de la socie-
dad, en coordinación con las demás autoridades de la República", agregando
que "está integrado por un procurador general de la Nación y un defensor gene-
ral de la Nación y los demás miembros que la ley establezca", y que "sus miem-
bros gozan de inmunidades funcionales e intangibilidad de remuneraciones".
De tal suerte se ha colocado al Ministerio Público entre los órganos deno-
minados "extrapoder" en tanto no se lo incorpora al Poder Judicial ni se lo su-
bordina —como ocurría con anterioridad— al Poder Ejecutivo. Se le otorgó
asimismo una jefatura bicéfala ejercida por el procurador general de la Nación
en su calidad de máximo responsable del ministerio fiscal y del defensor gene-
ral de la Nación como cabeza del ministerio pupilar, concebido, en términos
generales, como el conjunto de funcionarios encargados de la defensa de los in-
capaces, pobres y ausentes.
Conforme a lo prescripto en el art. Io infine de la ley orgánica n° 24.946
el Ministerio Público posee asimismo una organización jerárquica que, por un
lado, exige que cada uno de sus miembros controle el desempeño de sus infe-
riores y de quienes los asisten y, por otro lado, fundamenta las facultades y las
responsabilidades disciplinarias que la ley reconoce a los distintos magistrados
o funcionarios que lo integran.
b) Luego de determinar, conforme al ya citado texto constitucional, que
el Ministerio Público está compuesto por el Ministerio Público Fiscal y el Mi-
nisterio Público de la Defensa (art. 2o), la ley 24.946 dispone, en su art. 3o, que
el primero está integrado por: a) el Procurador general de la Nación; b) los pro-
curadores fiscales ante la Corte Suprema y el Fiscal nacional de investigaciones
administrativas; c) los fiscales generales ante los tribunales colegiados de casa-
ción, de segunda instancia y de instancia única, los de la Procuración General
de la Nación y los de investigaciones administrativas; d) los fiscales generales
adjuntos ante los tribunales y de los organismos enunciados en el inc. c); e) los
fiscales ante los jueces de primera instancia, los fiscales de la Procuración Ge-
EL MINISTERIO PÚBLICO 171

neral de la Nación y los fiscales de investigaciones administrativas; f) los fisca-


les auxiliares de las fiscalías de primera instancia y de la Procuración General
de la Nación.
El Ministerio Público de la Defensa está a su turno integrado, de acuerdo
con lo prescripto en el art. 4o de la ley citada por: a) el Defensor general de la
Nación; b) los defensores oficiales ante la Corte Suprema; c) los defensores pú-
blicos de menores e incapaces ante los tribunales de segunda instancia, de casa-
ción y ante los tribunales orales en lo criminal y de sus adjuntos, y los defenso-
res públicos oficiales ante la Cámara Nacional de Casación Penal y sus
adjuntos, ante los tribunales orales en lo criminal y sus adjuntos, de primera y
segunda instancia del interior del país, ante los tribunales federales de la Capi-
tal Federal y los de la Defensoría General de la Nación; d) los defensores públi-
cos de menores e incapaces adjuntos de segunda instancia, y los defensores pú-
blicos oficiales adjuntos de la Defensoría General de la Nación; e) los
defensores públicos de menores e incapaces de primera instancia y los defenso-
res públicos oficiales ante los jueces y cámaras de apelaciones; y f) los defen-
sores auxiliares de la Defensoría General de la Nación. Integran asimismo el
Ministerio Público de la Defensa, en calidad de funcionarios, los tutores y cu-
radores públicos cuya actuación también regula la ley más arriba citada.
c) Los integrantes del Ministerio Público pueden excusarse o ser recu-
sados por las causales que, a su respecto, prevean las normas procesales (ley ci-
tada, art. 10). De tal suerte debe reputarse implícitamente derogado el art. 33
del CPN en cuanto vedaba la recusación de esos_funcionarios.

82. DESIGNACIÓN, INCOMPATIBILIDADES, INMUNIDADES,


RESPONSABILIDAD DISCIPLINARIA Y REMOCIÓN

a) El Procurador y el Defensor general de la Nación son designados por


el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros
presentes, al paso que para designar a los restantes magistrados que se mencio-
nan en los arts. 3o y 4o de la ley 24.946, el Procurador o el Defensor general de
la Nación, en su caso, deben presentar al Poder Ejecutivo —previa realización
de un concurso público de oposición y antecedentes— una terna de candidatos
de la cual aquél elegirá uno cuyo nombramiento requerirá el acuerdo de la ma-
yoría simple de los miembros presentes del Senado (ley 24.946, arts. 5o y 6o).
Los requisitos exigidos para la designación o, en su caso, para presentar-
se a concurso, guardan sustancial equivalencia con los establecidos respecto de los
jueces (supra, n° 72), y atienden, en lo esencial, a la jerarquía del cargo o a la del ór-
gano judicial ante el cual los miembros del Ministerio Público ejercen sus funcio-
nes. Hacen excepción los fiscales auxiliares, a quienes sólo se les exige la dudada-
172 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

nía argentina, la mayoría de edad y tener dos años de ejercicio efectivo en el


país de la profesión de abogado o de cumplimiento, por igual término, de fun-
ciones en el Ministerio Público o en el Poder Judicial nacional o provincial con
dos años de antigüedad en el título profesional (ley citada, art. 7o).
Rige asimismo para los magistrados y funcionarios del Ministerio Públi-
co el límite de edad y la necesidad de nueva designación, excedida aquélla, es-
tablecidas en relación con los jueces (ley citada, art. 13).
b) Los integrantes del Ministerio Público se hallan alcanzados por las
mismas incompatibilidades establecidas respecto de los jueces y no pueden
ejercer las funciones inherentes a su cargo quienes sean parientes dentro del
cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad de los jueces ante quie-
nes corresponda ejercer su ministerio (ley citada, art. 9o).
c) Los magistrados de que se trata no pueden ser arrestados excepto en
el caso de ser sorprendidos en flagrante delito; están exentos del deber de com-
parecer a prestar declaración como testigos, pudiendo hacerlo por escrito, y no
pueden ser condenados en costas en las causas en que intervienen como tales.
d) En caso de incumplimiento de los deberes a su cargo, el Procurador y
el Defensor general de la Nación pueden imponer a los magistrados que inte-
gran sus respectivas áreas las sanciones disciplinarias de prevención, apercibi-
miento y multa de hasta el 20% de sus remuneraciones mensuales. La misma
atribución incumbe a los fiscales y defensores respecto de los magistrados de
rango inferior que de ellos dependan.
Las mencionadas sanciones son recurribles administrativamente y, ago-
tada esta instancia, pueden impugnarse en sede judicial (ley citada, art. 16).
Los jueces y tribunales, asimismo, se hallan facultados para imponer a
los miembros del Ministerio Público las mismas sanciones disciplinarias que
determinan las leyes para litigantes y por iguales motivos (supra, n° 74), salvo
la de arresto (ley citada, art. 16).
e) Mientras que el Procurador y el Defensor general de la Nación sólo
pueden ser removidos por las causales y mediante el procedimiento establecido
en los arts. 53 y 59 de la CN, los restantes magistrados del Ministerio Público
pueden serlo por un Tribunal de Enjuiciamiento integrado por siete miembros
(dos ex-jueces de la Corte Suprema o ex-procuradores o defensores generales
de la Nación, dos abogados de la matrícula federal y un procurador fiscal ante
la Corte o fiscal general y un defensor oficial ante el mismo Tribunal o un de-
fensor público ante tribunales colegiados) por las causales de mal desempeño,
grave negligencia o por la comisión de delitos dolosos de cualquier especie,
siendo la sentencia del Tribunal de Enjuiciamiento recurrible por el fiscal o el
EL MINISTERIO PUBLICO 173
imputado ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso-Admi-
nistrativo Federal.

83. EL MINISTERIO PÚBLICO FISCAL

a) Pese a los intentos que se han realizado para demostrar que los oríge-
nes remotos del ministerio fiscal se encuentran en ciertas magistraturas dei de-
recho romano imperial (curiosi, praefecti urbi, defensores civitatis, advocan
fisci, procuradores caesaris, etc.), o de la legislación visigótica (saiones), la opi-
nión mayoritaria reconoce que la institución, con los caracteres sustanciales que
reviste en la actualidad, tuvo su origen en la organización judicial de la Francia me-
dieval. Inicialmente, en efecto, el Ministerio Público Fiscal se hallaba representado
por procuradores o abogados ordinarios a quienes el rey confiaba la defensa de sus
propios intereses patrimoniales yfiscales,cumpliendo aquéllos tales tareas sin per-
juicio de la atención de su clientela privada. La designación de tales funcionarios
obedeció a la necesidad de mantener la influencia de la corona ante los tribunales,
así como a la de defender sus derechos y prerrogativas contra las pretensiones de
los señores feudales; pero más tarde, a raíz del fortalecimiento de la autoridad real,
los procuradores y abogados del rey se convirtieron en verdaderos magistrados (los
primeros en 1302 y los segundos en 1525), dejando así de atender los asuntos de
clientes particulares y añadiendo, a su primitiva función de defensa de los inte-
reses patrimoniales yfiscalesdel rey, la consistente en defender los intereses ge-
nerales de la sociedad y del Estado. Posteriormente, en armonía con la evolución
política que condujo al establecimiento de un poder central cada vez más poderoso,
esa última función se convirtió en la única y exclusiva encomendada a los miem-
bros del Ministerio Público. El sistema fue recogido por las sucesivas reglamenta-
ciones de la institución (ordenanza de 1679, ley de 16-24 de agosto de 1790, etc.),
y es el que mantienen las actuales leyes francesas.
Si bien la antigua legislación hispánica no contiene una reglamentación es-
pecífica de la institución, se considera como una manifestación de ella al llamado
Patronusfisci, que, según las Partidas, tanto quier dezir en romance, como orne que
es puesto para razonar, e defender enjuyzio, todas las cosas e los derechos que
pertenescen a la Cámara del Rey (Partida 4a, título XVIII, ley XII). Asimismo, la
ley Ia, título 5, del libro II de la Recopilación de Leyes de Indias, mencionaba la
existencia del Fiscal del Consejo de Indias, cuyas funciones consisten en la defen-
sa de la jurisdicción, patrimonio y hacienda real, en la vigilancia del cumplimiento
de las leyes y en la protección y amparo de los indios y de "personas pobres y mi-
serables". Con análogas funciones a las de dicho magistrado, el mismo ordena-
miento instituye dosfiscalesen las Audiencias de Lima y de México (uno en lo ci-
vil y otro en lo criminal), y uno en la de Buenos Aires.
174 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

Con respecto a los antecedentes en nuestro derecho patrio, interesa recor-


dar que los Reglamentos de Administración de Justicia dictados en 1812 y 1813
instituyeron el cargo de "agente de la Cámara", en reemplazo del Fiscal de la
Audiencia, y que de aquél deriva, luego de sucesivas transformaciones, la orga-
nización actual del Ministerio Público Fiscal.
b) El Ministerio Público Fiscal se halla organizado en la forma y con las
atribuciones que se mencionarán a continuación:
Su más alto magistrado es el Procurador general de la Nación a quien in-
cumben, aparte de las funciones inherentes a esa jefatura y a la superintenden-
cia que ejerce sobre los miembros del Ministerio Público Fiscal (dictado de ins-
trucciones generales, diseño de políticas, delegación de funciones, relaciones
con los poderes Legislativo y Ejecutivo, aplicación de sanciones, promoción de
enjuiciamiento, etc.), los siguientes deberes y atribuciones: a) dictaminar en los
asuntos que tramitan ante la Corte Suprema cuando se plantean causas en las
que se pretenda suscitar la competencia originaria prevista en el art. 117 de la
CN; cuestiones de competencia que deba dirimir la Corte; causas en las que
ésta entienda a raíz de recursos de apelación ordinaria, en las materias previstas
en el art. 24, inc. 6o, aparts. b) y c) del dec.-ley 1285/58 y procesos en los que su
intervención resulte de normas legales específicas; causas en las que se articu-
len cuestiones federales ante la Corte a efectos de dictaminar si corresponden a
su competencia extraordinaria y expedirse en todo lo concerniente a los intereses
que el Ministerio Público tutela; b) impulsar la acción pública ante la Corte Supre-
ma en los casos que corresponda y dar instrucciones generales a los integrantes del
Ministerio Público Fiscal para que éstos ejerzan dicha acción en las restantes ins-
tancias, con las atribuciones que prevé la ley, e intervenir en las causas de extradi-
ción que lleguen por apelación a dicho Tribunal (ley 24.946, art. 33).
Los procuradores fiscales ante la Corte Suprema, aparte de asistir al Procu-
rador general y de cumplir las directivas impartidas por éste, poseen las funciones
consistentes en: a) ejercer la acción pública ante la Corte Suprema en aquellas causas
en que así lo resuelva el procurador general; b) sustituirlo en las causas sometidas
en su dictamen, cuando aquél así lo resuelva; c) reemplazar a dicho magistrado en el
caso de licencia, recusación, excusación, impedimento o vacancia; d) informar al
procurador general sobre las causas en que intervienen; e) colaborar con éste en su
gestión de gobierno del Ministerio Público Fiscal (ley citada, art. 35).
Aparte del cumplimiento de ciertas funciones administrativas y consus-
tanciales a la superintendencia que ejercen sobre los fiscales que actúan en las
instancias anteriores, los fiscales generales ante los tribunales colegiados de ca-
sación, segunda instancia y de instancia única tienen los siguientes deberes y
atribuciones: a) promover ante los tribunales en los que se desempeñan el ejer-
cicio de la acción pública o continuar ante ellos la intervención que el Ministe-
EL MINISTERIO PUBLICO 175

rio Público Fiscal hubiera tenido en las instancias inferiores; b) desempeñar en


el ámbito de su competencia las funciones que la ley confiere a los fiscales ante
la primera instancia y promover las acciones públicas que corresponda a fin de
cumplir en forma efectiva con las funciones asignadas al Ministerio Público
Fiscal; c) dictaminar en las cuestiones de competencia y dirimir los conflictos
de esa índole que se planteen entre los fiscales de las instancias inferiores y en
todas las causas sometidas a fallo plenario; d) peticionar la reunión de la Cáma-
ra en pleno, para unificar la jurisprudencia contradictoria o requerir la revisión
de la jurisprudencia plenaria y participar en los acuerdos generales del tribunal
ante el que actúan, con voz pero sin voto, cuando fueren invitados o lo prevean
las leyes (ley citada, art. 37).
Los fiscales generales adjuntos ante los tribunales colegiados preceden-
temente mencionados actúan en relación inmediata con los fiscales generales
ante dichos tribunales y tienen los siguientes deberes y atribuciones: a) sustituir
o reemplazar al fiscal general titular en el ejercicio de la acción cuando por ne-
cesidades funcionales éste así lo resuelva y en caso de licencia, excusación, re-
cusación, impedimento o vacancia; b) informar al fiscal general titular respecto
de las causas en que intervengan y asistirlo en el ejercicio de sus funciones, en
la medida de las necesidades del servicio (ley citada, art. 38).
Los fiscales ante los jueces de primera instancia tienen, en general, las fa-
cultades y deberes propios del Ministerio Público Fiscal en el ámbito de su
competencia por razón del grado, debiendo realizar los actos procesales y ejer-
cer todas las acciones y recursos necesarios para el cumplimiento de los come-
tidos que le fijen las leyes. — ¿^
Deben asimismo intervenir en los procesos de amparo, de hábeas corpus
y de hábeas data y en todas las cuestiones de competencia e imponer sanciones
disciplinarias a los funcionarios y empleados que de ellos dependan, en los ca-
sos y formas establecidos por la ley y su reglamentación (ley citada, art. 39).
En particular, los fiscales ante la justicia de primera instancia en lo crimi-
nal y correccional tienen los siguientes deberes y atribuciones: a) promover la ave-
riguación y enjuiciamiento de los delitos y contravenciones que se cometieren y
que llegaren a su conocimiento por cualquier medio, velando para que en las cau-
sas se respete el debido proceso legal, requiriendo para ello las medidas necesarias
ante los jueces o ante cualquier otra autoridad administrativa, salvo aquellos casos
en que por las leyes penales no esté permitido obrar de oficio; b) hacerse parte en
todas las causas en que la acción pública criminal o contravencional fuese proce-
dente, ofreciendo pruebas, asistiendo al examen de testigos ofrecidos en la causa y
verificando el trámite de las otras pruebas presentadas en el proceso; c) ejercitar to-
das las acciones y recursos previstos en las leyes penales, contravencionaies y de
procedimiento, cuidando de instarlos cuando se trate de prevenir o de evitar una
176 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

efectiva denegación de justicia; d) concurrir a las cárceles y otros lugares de de-


tención, transitoria o permanente a fin de formar conocimiento y controlar la
situación de los alojados en ellos, así como para promover o aconsejar medidas
tendientes a la corrección del sistema penitenciario y dar cumplimiento a lo
dispuesto en el art. 18 de la CN (ley citada, art. 40).
Por su parte, los fiscales ante la justicia de primera instancia federal y na-
cional de la Capital Federal, en lo civil y comercial, contencioso-administrati-
vo, laboral y de seguridad social, tienen los siguientes deberes y atribuciones:
a) hacerse parte en todas las causas o trámites judiciales en que el interés públi-
co lo requiera de acuerdo con el art. 120 de la CN, afinde asegurar el respeto al de-
bido proceso, la defensa del interés público y el efectivo cumplimiento de la legis-
lación, así como para prevenir, evitar o remediar daños causados o que puedan
causarse al patrimonio social, a la salud y al medio ambiente, al consumidor, a bie-
nes o derechos de valor artístico, histórico o paisajístico en los casos y mediante los
procedimientos que las leyes establezcan; b) ofrecer pruebas en las causas y trámi-
tes en que intervengan y verificar la regularidad de la sustanciación de las restantes
ofrecidas o rendidas en autos, para asegurar el respeto al debido proceso; c) inter-
venir en las cuestiones de competencia y en todos los casos en que se hallaren
enjuego normas o principios de orden público (ley citada, art. 41).
Los fiscales auxiliares ante los tribunales de primera instancia, a su turno,
actúan en relación inmediata con dichos tribunales y tienen las siguientes facul-
tades y deberes: a) sustituir o reemplazar al fiscal titular en el ejercicio de la ac-
ción cuando por necesidades funcionales éste así lo resuelva y en caso de licen-
cia, excusación, recusación, impedimento o vacancia; b) informar al fiscal
titular respecto de las causas en que intervengan y asistirlo en el ejercicio de sus
funciones.
La Fiscalía de Investigaciones Administrativas forma parte del Ministe-
rio Público Fiscal como órgano dependiente de la Procuración General de la
Nación y está integrada por el Fiscal nacional de Investigaciones Administrati-
vas y demás magistrados que la ley establece (ley citada, art. 43).
El Fiscal nacional de Investigaciones Administrativas tiene, además de
ciertas atribuciones que conciernen al gobierno de la Fiscalía, los siguientes de-
beres y facultades: a) promover la investigación de la conducta administrativa
de los agentes integrantes de la Administración nacional centralizada y descen-
tralizada, y de las empresas, sociedades y todo otro ente en que el Estado tenga
participación debiendo las investigaciones realizarse por el solo impulso de la
Fiscalía; b) efectuar investigaciones en toda institución o asociación que tenga
como principal fuente de recursos el aporte estatal, en caso de sospecha razona-
ble sobre irregularidades en la inversión dada a esos recursos; c) denunciar ante
la justicia competente los hechos que, como consecuencia de las investigacio-
EL MINISTERIO PUBLICO 177
nes practicadas, sean considerados delitos, en cuyos casos las investigaciones
de la Fiscalía tienen el valor de la prevención sumaria, correspondiendo el ejer-
cicio de la acción pública a los fiscales competentes y sin perjuicio de que,
cuando éstos tengan un criterio contrario a la prosecución de la acción, ésta sea
ejercida por la Fiscalía; d) asignar a los fiscales generales, fiscales generales
adjuntos, y fiscales, las investigaciones que resolviera no efectuar personal-
mente (ley citada, art. 45).

1S
84. EL MINISTERIO PÚBLICO DE LA DEFENSA

a) Con anterioridad a la promulgación de la ley 24.946 el ahora denomi-


nado Ministerio Público de la Defensa carecía, en el orden judicial de la llama-
da justicia ordinaria de la Capital Federal, de una jefatura única y se hallaba
dividido en dos ramas: el Ministerio Público de Menores e Incapaces y las de-
fensorías de pobres y ausentes. Mientras el primero —que reconoce origen en
las ordenanzas provisionales del Excelentísimo Cabildo, Justicia y Regimiento
de la Ciudad de Buenos Aires del 21 de octubre de 1814 y estaba integrado por
los asesores de menores de primera instancia, de cámara y ante los tribunales
orales en lo criminal— intervenía en todo asunto judicial que interesara a la
persona o bienes de los menores de edad, dementes y demás incapaces, y enta-
blaba en su defensa las acciones y recursos necesarios, sea directa o juntamente
con los representantes de aquéllos, a las defensorías de pobres y ausentes incum-
bía, fundamentalmente, en materia civil y comercial, eljjatrocinio enjuicio de las
personas que hubiesen obtenido el beneficio de litigar sin gastos, la representación
y defensa de los ausentes con presunción de fallecimiento y de las personas
cuyo nombre no se conociera o se ignorara su domicilio y, en materia penal, la
defensa de los imputados que no hubiesen designado defensor de confianza.
Interesa añadir que si bien en la justicia federal los defensores de pobres
y ausentes desempeñaban también, en materia civil y comercial, el ministerio
de menores e incapaces, aquellos funcionarios carecían de toda conexión con
los asesores y defensores que actuaban ante la justicia nacional con competen-
cia ordinaria y también, por consiguiente, de un superior jerárquico común.
b) Con posterioridad a la vigencia de la ley 24.946, y conforme a lo
prescripto en el art. 120 de la CN, el Defensor general de la Nación es el jefe
máximo del Ministerio Público de la Defensa y tiene fundamentalmente, ade-

18
Aparte de la bibliografía citada precedentemente. IBÁÑEZ FROCHAM, "La función del
ministerio pupilar en el proceso civil", en RDP, 1945-11-297; JUSTO, "Intervención judicial y
extrajudicial de los asesores de menores", en L.L., X. 96, pág. 857.
178 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

más de las funciones inherentes a esa calidad (dictado de instrucciones genera-


les, promoción de políticas tendientes a facilitar el acceso a la justicia de los
sectores discriminados, propuesta de ternas, promoción de enjuiciamientos,
coordinación de actividades con otras autoridades, aplicación de sanciones,
etc.), los siguientes deberes y atribuciones: a) ejercer ante la Corte Suprema, en
los casos que corresponda, las facultades del Ministerio Público de la Defensa;
b) delegar sus funciones en los defensores oficiales ante dicho tribunal, de con-
formidad con lo previsto en el art. 52; c) realizar todas las acciones conducentes
para la defensa y protección de los derechos humanos, sin perjuicio de lo dis-
puesto por el art. 86 de la CN; d) disponer fundadamente, de oficio o a pedido
de cualquiera de los magistrados que integran la defensa oficial, cuando la im-
portancia o dificultad de los asuntos la hagan aconsejable, la actuación conjun-
ta o alternativa de dos o más integrantes del Ministerio Público de la Defensa,
de igual o diferente jerarquía, respetando la competencia en razón de la materia
y del territorio, limitación que no alcanza a los magistrados de la Defensoría
General; e) asegurar en todas las instancias y en todos los procesos en que se
ejerza la representación y defensa oficial la debida asistencia de cada una de las
partes con intereses contrapuestos, designando diversos defensores cuando así
lo exija la naturaleza de las pretensiones de las partes; f) asegurar en todas las
instancias y en todos los procesos con menores e incapaces la separación entre
las funciones correspondientes a la defensa promiscua o conjunta del defensor
de menores e incapaces y la defensa técnica que, en su caso, pueda correspon-
der al defensor oficial; g) patrocinar y asistir técnicamente, en forma directa o
delegada, ante los organismos internacionales que corresponda, a las personas
que lo soliciten (ley citada, art. 51).
Los defensores oficiales ante la Corte Suprema, aparte de asistir al De-
fensor general en las funciones que éste les encomiende, tienen los deberes y
atribuciones consistentes en: a) sustituir o reemplazar al Defensor general en
las causas sometidas a su intervención o dictamen cuando por necesidades fun-
cionales éste así lo resuelva y en caso de licencia, excusación, impedimento o
vacancia; b) informar al Defensor general respecto de las causas en que inter-
vengan; c) desempeñar las demás funciones que les encomienden las leyes y re-
glamentos (ley citada, art. 53).
Los defensores públicos de menores e incapaces en las instancias y fue-
ros en que actúen, tienen los siguientes deberes y atribuciones: a) intervenir, en
los términos del art. 59 del Código Civil en todo asunto judicial o extrajudicial
que afecte la persona o bienes de los menores o incapaces, y entablar en defensa
de éstos las acciones y recursos pertinentes, ya sea en forma autónoma o junto
con sus representantes necesarios; b) asegurar la necesaria intervención del Mi-
nisterio Público de la Defensa de los Menores e Incapaces, en las cuestiones ju-
EL MINISTERIO PUBLICO 179
diciales suscitadas ante los tribunales de las diferentes instancias, en toda opor-
tunidad en que se encuentre comprometido el interés de la persona o los bienes
de los menores o incapaces, emitiendo el correspondiente dictamen; c) promo-
ver o intervenir en cualquier causa o asunto y requerir todas las medidas condu-
centes a la protección de la persona y bienes de los menores, incapaces e inha-
bilitados, de conformidad con las leyes respectivas cuando carecieran de
asistencia o representación legal; fuere necesario suplir la inacción de sus asis-
tentes o representantes legales, parientes o personas que los tuviesen a su cargo;
o hubiere que controlar la gestión de estos últimos; d) asesorar a menores e in-
capaces, inhabilitados y penados bajo el régimen del art. 12 del Código Penal,
así como también a sus representantes necesarios, sus parientes y otras perso-
nas que puedan resultar responsables por los actos de los incapaces, para la
adopción de todas aquellas medidas vinculadas a la protección de éstos; e) re-
querir a las autoridades judiciales la adopción de medidas tendientes a mejorar
la situación de los menores, incapaces e inhabilitados, así como de los penados
que se encuentren bajo la cúratela del art. 12 del Código Penal, cuando tomen
conocimiento de malos tratos, deficiencias y omisiones en la atención que de-
ben dispensarles sus padres, tutores o curadores o las personas o instituciones a
cuyo cuidado se encuentren, pudiendo en su caso por sí solos tomar medidas ur-
gentes propias de la representación promiscua que ejercen; f) peticionar a las
autoridades judiciales la aplicación de las medidas pertinentes para la protec-
ción integral de los menores e incapaces expuestos por cualquier causa a ries-
gos inminentes y graves para su salud física o moral, con independencia de su
situación familiar o personal; g) concurrir con la-autoridad judicial en el ejerci-
cio del patronato del Estado nacional, con el alcance que establece la ley res-
pectiva, y desempeñar las funciones y cumplir los deberes que les incumben de
acuerdo con la ley 22.194, sobre internación y externación de personas, y con-
trolar que se efectúen, al Registro de incapaces, las comunicaciones pertinen-
tes; h) emitir dictámenes en los asuntos en que sean consultados por los tutores
o curadores públicos; i) inspeccionar periódicamente los establecimientos de
internación, guarda, tratamiento y reeducación de menores e incapaces, sean
públicos o privados, debiendo mantener informados a la autoridad judicial y,
por la vía jerárquica correspondiente, al Defensor general de la Nación, sobre el
desarrollo de las tareas educativas y de tratamiento social y médico propuestas
para cada internado, así como el cuidado y atención que se les otorgue; k) poner
en conocimiento de la autoridad judicial competente las acciones y omisiones
de los jueces, funcionarios o empleados de los tribunales de justicia que con-
sideren susceptibles de sanción disciplinaria y requerir su aplicación; 1) res-
ponder los pedidos de informes del defensor general; m) imponer sanciones
disciplinarias a los magistrados, funcionarios y empleados que de ellos de-
180 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

pendan, en los casos y formas establecidos en la ley y su reglamentación (ley ci-


tada, art. 54).
Por su parte, los defensores públicos de menores e incapaces ante los tri-
bunales de casación y de segunda instancia, cuando no hubieren sido designa-
dos para actuar también en primera instancia, tienen, sin perjuicio de sus atribu-
ciones de orden administrativo, las siguientes competencias especiales: a)
desempeñar en el ámbito de su competencia las funciones que la ley confiere a
los defensores públicos de menores e incapaces ante la primera instancia y pro-
mover o continuar las acciones que correspondan a fin de cumplir en forma
efectiva con las funciones asignadas al Ministerio Público de la Defensa de
Menores e Incapaces; b) promover acciones en forma directa en las instancias
anteriores sólo por razones de urgencia que se tendrán que fundar debidamente
en cada caso; c) dictaminar en las causas sometidas a fallo plenario cuando la
cuestión se refiera al derecho de los menores e incapaces; d) dirimir los conflic-
tos de turno y competencia que se planteen entre los defensores de menores e
incapaces de las instancias anteriores (ley citada, art. 55).
Corresponde añadir que los jueces federales y nacionales de la Capital
Federal deben designar, en los procesos judiciales, tutores o curadores públicos
de aquellos menores, incapaces o inhabilitados que sean huérfanos o se encuen-
tren abandonados, lo que no impide la designación de tutores o curadores priva-
dos cuando los jueces hallen personas que reúnan las condiciones legales de
idoneidad necesarias para desempeñar tales cargos (ley citada, art. 58).
Dichos funcionarios tienen las atribuciones previstas en los títulos VII a
XIV de la Sección II de Libro I del Código Civil, sin perjuicio de las demás pro-
pias de la naturaleza de su cargo y las que les encomiende el Defensor general
de la Nación. Especialmente deben: a) cuidar de las personas de los menores,
incapaces o inhabilitados asignados a su cargo, procurando que los primeros
sean instruidos para que puedan, en su momento, acceder a una profesión, arte,
oficio o actividad útil, y en el caso de quienes padezcan enfermedades menta-
les, toxicomanías o alcoholismo, procurar su restablecimiento y pedir, cuando
corresponda, su rehabilitación; b) ejercer la representación legal de los incapa-
ces que han sido confiados a su cargo, asistir a los inhabilitados, cuidar las per-
sonas de ambos así como también su patrimonio y proveer, cuando correspon-
da, a su adecuada administración; c) ejercer la defensa de las personas sin
bienes en el carácter de curadores provisionales en los procesos de declaración
de incapacidad e inhabilitación y representarlos en los restantes procesos que
pudieren seguirse contra ellas según el régimen de la ley procesal y en las mis-
mas condiciones, tratándose de personas sin parientes ni responsables de ellas,
ejercer su cúratela definitiva; d) aplicar correctivos a sus pupilos en los térmi-
nos que lo permite el ejercicio de la patria potestad; e) proceder de oficio y ex-
EL MINISTERIO PUBLICO 181

trajudicialmente en la defensa de las personas o intereses puestos a su cuidado,


tanto en el ámbito de la actividad privada como frente a la Administración pú-
blica; f) ejercer la defensa de las personas internadas en los términos del art.
482 del Código Civil, tanto en lo personal como en lo patrimonial, gestionando
tratamientos adecuados, así como también los amparos patrimoniales que pue-
dan corresponder; g) citar y hacer comparecer a su despacho a cualquier perso-
na, cuando a su juicio ello sea necesario a fin de requerirle explicaciones para
responder sobre cargos que se les formulen por tratamientos incorrectos o la
omisión de cuidado respecto de los menores, incapaces o inhabilitados que se
hallen a su cargo, o por cualquier otra causa vinculada con el cumplimiento de
su función; h) concurrir periódicamente a los establecimientos en donde se ha-
llen alojadas las personas a su cargo e informar al juez y al defensor público so-
bre el estado y cuidado de aquéllos, debiendo efectuar las gestiones que consi-
deren convenientes para mejorarlos; i) mantener informado al defensor de
menores e incapaces de primera instancia sobre las gestiones y asuntos que se
encuentren a su cargo y responder a cualquier requerimiento que éste les for-
mule (ley citada, art. 59).
Por su parte los defensores públicos oficiales, en las instancias y fueros
en que actúen, deben, aparte de las funciones administrativas que les concier-
nen respecto del Defensor general y de los magistrados, funcionarios y emplea-
dos que de ellos dependan, proveer lo necesario para la defensa de la persona y
los derechos de los justiciables toda vez que sea requerida en las causas pena-
les, y en otros fueros cuando aquéllos fuesen pobres o estuviesen ausentes a
cuyo fin, sin perjuicio de las demás funciones qne les^encomiende el Defensor
general de la Nación tienen los siguientes deberes y atribuciones: a) ejercer la
defensa y representación enjuicio, como actores o demandados, de quienes in-
voquen y justifiquen pobreza o se encuentren ausentes en ocasión de requerirse
la defensa de sus derechos; b) ejercer la defensa de los imputados en las causas
que tramitan ante la justicia en lo criminal y correccional, en los supuestos en
que se requiera conforme a lo previsto por el Código Procesal Penal de la Na-
ción teniendo, en el cumplimiento de esta función, el deber de entrevistar perió-
dicamente a sus defendidos, y de informarles sobre el trámite procesal de su
causa; c) con carácter previo a la promoción de un proceso, en los casos, mate-
rias y fueros que corresponda, intentar la conciliación y ofrecer medios alterna-
tivos a la resolución de conflictos debiendo en su caso presentar al tribunal los
acuerdos alcanzados para su homologación; d) arbitrar los medios para hallar a
los demandados ausentes, debiendo cesaren su intervención cuando notifiquen
personalmente al interesado de la existencia del proceso y en los demás supues-
tos previstos por la ley procesal; e) contestar las consultas que les formulen per-
sonas carentes de recursos y asistirlas en los trámites judiciales pertinentes,
182 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

oponiendo las defensas y apelaciones en los supuestos que a su juicio corres-


pondan y patrocinarlas para la obtención del beneficio de litigar sin gastos (ley
citada, art. 60).
Asimismo los defensores públicos oficiales ante los tribunales colegia-
dos de segunda instancia tienen, en especial, las siguientes atribuciones: a) di-
rimir los conflictos de turno y competencia que se planteen entre los defensores
públicos oficiales de las instancias anteriores; b) ejercer la superintendencia so-
bre los defensores públicos oficiales ante las instancias inferiores e impartirles
instrucciones en el marco de la presente ley y de la reglamentación pertinente
que dicte el Defensor general; c) elevar al Defensor general un informe anual
sobre la gestión del área bajo su competencia; d) desempeñar las demás funcio-
nes que les encomiende el Defensor general de la Nación.
Los defensores públicos oficiales ante los tribunales colegiados de casa-
ción tienen las atribuciones descriptas en los incisos c) y d), (ley citada, art. 61).
Los defensores públicos adjuntos de menores e incapaces y públicos ofi-
ciales adjuntos ante los tribunales colegiados de casación, segunda instancia y
de instancia única, actúan por su parte en relación inmediata con los defensores
públicos ante dichos tribunales, y tiene los siguientes deberes y atribuciones: a)
sustituir al Defensor público titular en el ejercicio de sus deberes, cuando por
necesidades funcionales éste así lo resuelva, y en caso de licencia, excusación,
recusación, impedimento o vacancia; b) informar al defensor público titular
respecto de las causas sometidas a su intervención y asistirlo en el ejercicio de
sus funciones, en la medida de las necesidades del servicio (ley citada, art. 62).
Finalmente el imputado en causa penal que, a su pedido por falta de de-
signación de defensor particular, sea asistido por un defensor público oficial,
debe solventar la defensa, en caso de condena, si cuenta con los medios sufi-
cientes, a cuyo fin incumbe al tribunal regular los honorarios correspondientes
a la actuación profesional de la defensa conforme a la ley de aranceles (ley ci-
tada, art. 63).
En caso de incumplimiento en el pago de los honorarios dentro de los
diez días de notificado el fallo, el tribunal debe emitir un certificado que será re-
mitido para su ejecución al organismo encargado de ejecutar la tasa de justicia.
Las sumas que se recauden por tal concepto, así como los honorarios regulados
a los defensores públicos en causas no penales, deben incorporarse a los fondos
propios del Ministerio Público de la Defensa (ley citada, art. 64).
EL PERSONAL JUDICIAL 183

§ IV
l9
EL PERSONAL JUDICIAL

85. GENERALIDADES

a) El adecuado desarrollo del proceso requiere la actividad de un con-


junto de personas que colaboran con los jueces y tribunales en la función de ad-
ministrar justicia, y a las que cabe la denominación de auxiliares internos de
aquéllos (supra, n° 23). Se hallan agrupados en categorías que responden a la
mayor o menor importancia de sus funciones, las cuales están previstas en las
leyes orgánicas, códigos de procedimientos y acordadas y reglamentos de los
tribunales superiores.
b) En el orden nacional, tales auxiliares se dividen en funcionarios y
empleados. El RJN, en efecto, llama magistrados a los jueces de todos los gra-
dos; "funcionarios" a los secretarios de primera y segunda instancias y a los de-
más empleados de los tribunales nacionales que perciben igual o mayor sueldo,
y "empleados" al resto del personal (art. Io).
c) El nombramiento y remoción de los funcionarios y empleados que
dependan de la Justicia Nacional se realiza por la autoridad judicial establecida
por los reglamentos de la Corte (decreto-ley 1285/58, art. 13). Tales reglamen-
tos disponen, actualmente, que la Corte Suprema-y la^cámaras de apelaciones
designan al personal que respectivamente depende de ellas (RJN, arts. 13 y 78).
La designación del personal de los juzgados se practica por las cámaras respec-
tivas a propuesta de los jueces (RJN, art. 13).
d) Para ser funcionario de la justicia nacional se requiere ser argentino
mayor de edad (los secretarios y prosecretarios de primera y segunda instancia
deben ser, además, abogados graduados en Universidad nacional o privada re-
conocida) y, para ser empleado, argentino mayor de dieciocho años debiendo
darse preferencia, respecto de estos últimos, a quienes hayan completado estu-
dios secundarios y sepan escribir a máquina (RJN, art. 11). El citado reglamen-
to dispone, asimismo, que los funcionarios y empleados "deberán observar una
conducta irreprochable", teniendo, entre otras obligaciones, las de residir en el

19
ALSINA, Tratado. II, pág. 371; DÍAZ, Instituciones, 1-A, pág. 435; JOFRÉ, Manual, I,
pág. 227; ODERIGO, Lecciones, II, pág! 188; PALACIO, Derecho procesal civil, II, pág. 337;
Estudio, pág. 51; PODETTI, Tratado de la competencia (actualizado por GUERRERO LECONTE),
pág. 215.
184 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

lugar en que desempeñen sus tareas o dentro de un radio de pronta comunica-


ción que no exceda de 70 kilómetros; guardar reserva con respecto a los asuntos
judiciales; no gestionar asuntos de terceros, salvo en los supuestos de repre-
sentación necesaria; rehusar dádivas o beneficios, no practicar juegos por dine-
ro; no ejercer profesiones liberales; no practicar deportes como profesional;
etcétera (art. 8o).
e) Los funcionarios y empleados de la justicia de la Nación no pueden
ser removidos sino por causa de ineptitud o mala conducta previo sumario ad-
ministrativo con audiencia del interesado (decreto-ley 1285/58, art. 14). Las
faltas que cometieren podrán ser sancionadas con prevención, apercibimiento,
multa hasta una suma determinada, suspensión no mayor de treinta días, cesan-
tía y exoneración, debiendo estas dos últimas ser decretadas por las autoridades
judiciales respectivas que tengan la facultad de designación (id., art. 16).

86. EL SECRETARIO

a) El secretario es el más importante de los auxiliares del juez o tribunal,


con quien colabora en los actos de transmisión y documentación del proceso
(infra, n° 148/9), ocupándose, fundamentalmente, de todo lo relativo a la orde-
nación, formación material y custodia de los expedientes judiciales, y ejercien-
do, además, ciertas funciones decisorias.
b) Para ser secretario de primera instancia se requiere ser ciudadano argen-
tino, mayor de edad y abogado graduado en Universidad nacional o privada reco-
nocida, no pudiendo designarse en tal carácter el pariente del juez dentro del
cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad (decreto ley 1285/58,
art. 12).
Según la ley 1893, art. 163, con las modificaciones derivadas de leyes
posteriores, los secretarios de primera instancia tienen los siguientes deberes:
Io) Concurrir diariamente a su despacho y presentar al juez los escritos y
documentos que les fueren entregados por los interesados.
2o) Autorizar las diligencias y demás actuaciones que pasen ante ellos y
darles su debido cumplimiento en la parte que les concierne.
3o) Organizar los expedientes a medida que se vayan formando, y cuidar
de que se mantengan en buen estado (aunque la tarea material incumbe, en la
práctica, a los empleados subalternos).
EL PERSONAL JUDICIAL 185
4o) Redactar las actas, declaraciones y diligencias en que intervengan,
con excepción de las que constaten notificaciones personales en el expediente
o la remisión de éste a la cámara, las cuales deben ser extendidas por los prose-
cretarios administrativos (CPN, arts. 142 y 251).
5o) Custodiar los expedientes y documentos que estuvieren a su cargo,
siendo directamente responsables por su pérdida o por mutilaciones o altera-
ciones que en ellos se hicieren.
6o) Llevar los libros de conocimientos y demás que establezcan los regla-
mentos (el RJN, art. 136, dispone que sin perjuicio de los libros a que se refiere
la ley y el RJN, en las secretarías de los juzgados nacionales se llevarán libros
de entradas y salidas de expedientes; de oficios y comunicaciones; de recibos
de giros y transferencias; de sentencias; de causas promovidas de oficio o a ins-
tancia del ministerio público y de los trámites principales del procedimiento).
7o) Dar recibo de los documentos que les entregaren los interesados,
siempre que éstos lo soliciten.
8o) Desempeñar todas las demás funciones designadas en las leyes gene-
rales y disposiciones reglamentarias. A este respecto interesa señalar que el art.
38 CPN impone a los secretarios los siguientes deberes:
Io) Comunicar a las partes y a los terceros las decisiones judiciales, me-
diante la firma de oficios, mandamientos, cédulas y edictos, sin perjuicio de las
facultades que se acuerdan a los letrados respecta de las cédulas y oficios, y de
lo que establezcan los convenios sobre comunicaciones entre magistrados de
distintas jurisdicciones, debiendo ser firmadas por el juez las comunicaciones
dirigidas al Presidente de la Nación, ministros y secretarios del Poder Ejecutivo
y magistrados judiciales.
2o) Extender certificados, testimonios y copias de actas.
3o) Conferir vistas y traslados.
4o) Firmar, sin perjuicio de las facultades que se confieren al prosecreta-
rio administrativo o jefe de despacho, las providencias de mero trámite, obser-
vando, en cuanto al plazo, lo dispuesto en el art. 34, inc. 3.a), y en la etapa
probatoria todas las providencias simples que no impliquen pronunciarse sobre
la admisibilidad o caducidad de la prueba;
5o) Dirigir en forma personal las audiencias testimoniales que tomare
por delegación del juez;
6o) Devolver los escritos presentados fuera de plazo.
186 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

Prescribe el apartado final del art. 38, que dentro del plazo de tres días las
partes pueden requerir al juez que deje sin efecto lo dispuesto por el secretario
y que el pedido debe resolverse sin sustanciación. Aunque el párrafo final de la
norma agrega que la resolución del juez es inapelable, debe entenderse que se
coloca en la hipótesis de que aquélla no cause un gravamen que no pueda ser re-
parado por la sentencia definitiva, porque de lo contrario es susceptible del re-
curso de apelación en los términos del art. 242, inc. 3 o CPN.
c) Los secretarios de las cámaras de apelaciones deben reunir los mis-
mos requisitos que los de primera instancia. Al referirse a ellos el art. 147 de la
ley 1893 les impone los siguientes deberes:
Io) Concurrir a los acuerdos y redactarlos en el libro respectivo.
2°) Formular los proyectos de sentencia en vista de los acuerdos.
3o) Dar cuenta de los escritos, peticiones, oficios y demás despachos, sin
demora.
4o) Autorizar las actuaciones que ante ellos pasen.
5o) Custodiar los expedientes y documentos que estuvieran a su cargo,
siendo directamente responsables de su pérdida o deterioro.
6o) Llevar en buen orden los libros que prevengan las leyes y disposicio-
nes reglamentarias.
7o) Conservar el sello de las cámaras.
8o) Cumplir las demás obligaciones que les impongan las leyes y regla-
mentos.
También incumbe a los secretarios de las cámaras el cumplimiento de los
deberes impuestos en el art. 38 CPN.
d) Los secretarios de la Corte Suprema deben reunir los requisitos exigi-
dos para ser juez de las cámaras nacionales de apelaciones, y tienen su jerar-
quía, remuneración, condición y trato (RJN, art. 88).
Conforme a los arts. 89, 99 y 100 del RJN les corresponde:
Io) Proveer con su sola firma el despacho de trámite y las providencias
simples correspondientes a sus respectivas secretarías, sin perjuicio de que ta-
les actos sean realizados por el presidente del tribunal si éste lo estima pertinen-
te o cuando su naturaleza lo requiera, así como suscribir las comunicaciones
que no firme el Presidente o que no se encomienden por ley o reglamento a
otros funcionarios o empleados;
EL PERSONAL JUDICIAL 187

2o) Presentar al presidente o a la Corte Suprema los escritos y actuacio-


nes pendientes de despacho, y someter al tribunal los incidentes a resolución en
los juicios;
3o) Expedir los testimonios, certificados y demás piezas análogas, co-
rrespondientes a los expedientes judiciales;
4o) Intervenir en: a) la clasificación y distribución de los expedientes en
estado de sentencia; b) la confrontación y autenticación de las sentencias; c) el
registro de la jurisprudencia; d) la publicación oficial de los fallos, acordadas y
digestos del tribunal.
Existe además en la Corte una Secretaría de Superintendencia, cuyas atri-
buciones se hallan contempladas por los arts. 93 y 97 del RJN.
c) Los secretarios de primera instancia únicamente pueden ser recusa-
dos por las causas previstas en el art. 17 CPN, o sea las mismas que las estable-
cidas con respecto a los jueces.
Deducida la recusación, el juez se informará sumariamente sobre el he-
cho en que se funde, y sin más trámite dictará resolución que será inapelable.
Los secretarios de la Corte Suprema y los de las cámaras de apelaciones
no son recusables: pero deben manifestar toda causa de impedimento que tu-
vieren, afín de que el tribunal lo considere y resuelva lo que juzgue procedente.
En todos los casos son aplicables, en lo pertinente, las reglas establecidas
para la recusación y excusación de los jueces (CPN, art. 39).

87. PROSECRETARIOS ADMINISTRATIVOS

a) Incumbe a los prosecretarios administrativos, en su calidad de auxi-


liares internos de los jueces de primera instancia, el cumplimiento de las fun-
ciones administrativas y notariales consistentes en certificar la circunstancia de
suplirse la omisión de firma de letrado en los escritos (CPN, art. 57) o las firmas
puestas a ruego (id., art. 119) (en ambos concurrentemente con los secretarios);
librar el acta del mandato conferido por la parte a quien se concedió el beneficio
de litigar sin gastos (id., art. 85); autorizar el cargo puesto en los escritos (id.,
art. 124); mantener a disposición de los litigantes y profesionales el libro de
asistencia (id., art. 133); extender la diligencia de las notificaciones personales
(id., art. 142); requerir ese tipo de notificación a quienes concurran a examinar
el expediente y firmar, junto con el secretario, la atestación referente a la nega-
tiva al requerimiento o a la circunstancia de que el interesado no supiere o no
pudiere firmar (norma citada); dejar constancia de la remisión del expediente a
188 ORGANIZACIÓN JUDICIAL Y ÓRGANOS PROCESALES

la cámara en los casos de los arts. 245 y 250 {id., art. 251), y recibir la acepta-
ción del cargo por el perito {id., art. 469).
Las mismas funciones competen, en lo pertinente, a los jefes de despa-
cho, en su carácter de auxiliares de las cámaras de apelaciones.
b) De conformidad con el art. 38 bis CPN, incorporado por el art. Io de
la ley 25.488, se han conferido a los prosecretarios administrativos y jefes de
despacho las siguientes funciones, que con anterioridad a la promulgación de la
ley 22.434 se hallaban atribuidas a los secretarios:
Io) Firmar las providencias simples que dispongan:
a) Agregar partidas, exhortos, pericias, oficios, inventarios, tasaciones,
división o partición de herencia, rendiciones de cuentas y, en general, docu-
mentos o actuaciones similares.
b) Remitir las causas a los ministerios públicos, representantes del fisco
y demás funcionarios que intervengan como parte.
2o) Devolver los escritos presentados sin copia.
Asimismo, el art. 482 CPN (modific. por la ley 22.434, y luego por la
25.488) acuerda a los prosecretarios administrativos, en el proceso ordinario, la
función de dictar la providencia que pone los autos en secretaría para alegar.
Como ocurre en el caso de los secretarios, según el art. 38, infine dentro
del plazo de tres días las partes pueden requerir al juez que deje sin efecto lo
dispuesto por el prosecretario administrativo. En el caso de que la providencia
haya sido dictada por un jefe de despacho, el pedido debe ser formulado ante el
presidente de la sala de la correspondiente cámara de apelaciones.
En cuanto a la apelabilidad de la resolución dictada por el juez, son apli-
cables las consideraciones expuestas en el número precedente.

88. OFICIALES DE JUSTICIA Y UJIERES

a) El art. 74 de ley 1893 asignaba a cada juzgado de primera instancia de


la Capital Federal un oficial de justicia, encargado de cumplir las diligencias
ordenadas por los jueces. En la actualidad tales empleados dependen de la Ofi-
cina de Mandamientos y Notificaciones, repartición que fue organizada por el
decreto 25.559/48 con la finalidad de diligenciar los mandamientos y cédulas
de notificación expedidas por los juzgados nacionales de primera instancia de
la Capital Federal y que actualmente se encuentra sometida a la superintenden-
cia de la Corte Suprema (decreto-ley 1285/58, arts. 47 y 48).
EL PERSONAL JUDICIAL 189
b) Los ujieres son los empleados que en los tribunales superiores (Corte
Suprema y cámaras de apelaciones) tienen a su cargo el cumplimiento de las
notificaciones, embargos y demás diligencias que les encomiende el respectivo
tribunal o su presidente.

89. LOS CUERPOS TÉCNICOS PERICIALES

a) Como auxiliares de la justicia nacional, y bajo la superintendencia de


la Corte Suprema (que puede delegarla en otras autoridades judiciales y lo ha
hecho en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional)
actúan: Io) Cuerpos técnicos periciales de médicos forenses, contadores y calí-
grafos; 2o) Peritos ingenieros, tasadores, traductores e intérpretes (decreto-ley
1285/58, art. 52)
Cabe añadir que el Cuerpo Médico Forense cuenta con uno o más peritos
químicos y odontólogos que deben reunir las mismas condiciones que sus
miembros y tienen sus mismas obligaciones (decreto-ley cit., art. 60).
b) Intervienen en los procesos a requerimiento de los jueces en lo penal,
pero sus servicios pueden serexcepcionalmente utilizados por los jueces de los
restantes fueros cuando medien notorias razones de urgencia, pobreza o interés
público; o cuando las circunstancias particulares del caso, o el monto del juicio,
a criterio del juez, hicieren necesario su asesoramiento (decreto-ley 1285/58,
art. 63, inc. c] y RJN, art. 154). _
c) Los integrantes de los cuerpos técnicos y los peritos son designados y
removidos por la Corte Suprema (decreto-ley 1285/58, art. 54). Los primeros
requieren, para ser designados, ciudadanía argentina, veinticinco años de edad
y tres años de ejercicio en la respectiva profesión o docencia universitaria (de-
creto-ley cit., art. 55). Los mismos requisitos son necesarios para ser perito in-
geniero o traductor (decreto-ley cit., art. 61). Para ser tasador oficial se exigen
las mismas condiciones de ciudadanía y edad y tres años de ejercicio de la pro-
fesión de martiliero público o de funciones de tasación en instituciones públicas
especializadas (decreto-ley cit., art. 61 y RJN, art. 149). Y para la designación
de intérprete oficial se requieren idénticas condiciones de ciudadanía y edad y
tener versación comprobada por título nacional, cuando lo hubiere, en los idio-
mas para los cuales haga la respectiva designación el Poder Ejecutivo (decreto-
ley cit., art. 61 y RJN, art. 150).
CAPÍTULO VII

LA COMPETENCIA

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 90. Concepto, clasificación y caracteres de la competen-


cia. — 91. Oportunidades en que se determina la competencia.— II. COMPETENCIA
ORDINARIA: 92. Competencia por razón del territorio.— 93. Competencia por razón
de la materia.— 94. Competencia por razón del valor.:— 95. Competencia por razón del
grado.— 96. Excepciones a las reglas de competencia.— III. COMPETENCIA FEDE-
RAL: 97. Concepto y caracteres.— 98. Competencia de los tribunales federales inferio-
res.— 99. Competencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.— IV. CUESTIO-
NES DE COMPETENCIA: 100. Concepto, clases y procedimiento.— 101. Modos de
dirimir las cuestiones de competencia.

§ /
20
GENERALIDADES

90. CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CARACTERES DE LA COMPETENCIA

a) La extensión del territorio, la diversa índole e importancia de las


cuestiones que se ventilan en los procesos, y la posibilidad de que los asuntos
20
ALSINA, Tratado. II, pág. 507; ALVARADO VELLOSO, Introducción, pág. 145; CARLOS,
Introducción, pág. 208; COLOMBO. Código. I. pág. 19; COUTURE. Fundamentos, pág. 28;
CHIOVENDA, Principios, I, pág. 621; DEVIS ECHANDÍA, Nociones generales, pág. 99; DÍAZ,
Instituciones. II-B, pág. 523; FALCÓN, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación,
anotado, concordado y comentado, I, pág. 147; FASSI-YÁÑEZ. Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación comentado, anotado y concordado, Buenos Aires, 1988. pág. 15;
GUASP, Derecho procesal civil, I, pág. 126; JOFRÉ, Manual, I, pág. 314; LASCANO,
Jurisdicción y competencia; LlEBMAN, Manuale, I, pág. 106; MlCHELI, Curso, I, pág. 146;
PALACIO, Derecho procesal civil, II. pág. 365; Estudio, pág. 57: PALACÍO-ALVARADO
192 LA COMPETENCIA

sean examinados en sucesivas instancias, imponen la necesidad de distribuir el


ejercicio de la función judicial de manera tal que cada órgano, o grupo de órga-
nos, cumpla aquella función en forma compatible con la existencia de las refe-
ridas circunstancias. Tal necesidad de repartir la labor judicial determina la
aparición del concepto de competencia, a la que cabe definir como la capaci-
dad o aptitud que la ley reconoce a un juez o tribunal para ejercer sus funciones
con respecto a una determinada categoría de asuntos o durante una determina-
da etapa del proceso. De allí que se exprese, corrientemente, que la competen-
cia es la "medida" de la jurisdicción.

b) La competencia puede clasificarse sobre la base de tres criterios fun-


damentales: el territorial, el objetivo y el funcional.
El criterio territorial se vincula con la circunscripción territorial asignada
por la ley a la actividad de cada órgano judicial.
La atribución de la competencia territorial contempla fundamentalmente
la proximidad del órgano judicial con el lugar en que se halla ubicado alguno de
los elementos de la pretensión o petición que constituye el objeto del proceso
(infra, n° 92).
El criterio objetivo atiende a la naturaleza y al monto de las causas, y a él
corresponden, respectivamente, la competencia por razón de la materia (infra,
n° 93) y del valor (infra, n° 94).
El criterio funcional, finalmente, toma en cuenta la diversa índole de las
funciones que deben cumplir los jueces que intervienen en las distintas instan-
cias de un mismo proceso (competencia funcional o por el grado, infra, n° 95).
Pero como consecuencia del doble orden judicial instituido por nuestra
Constitución (supra, n° 68), cuadra admitir una primera y fundamental división de
la competencia en ordinaria y federal, que representan, respectivamente, manifes-
taciones de la autonomía de las provincias y de la soberanía de la Nación.
Como se verá oportunamente, la competencia de los jueces y tribunales
federales se determina también con arreglo a los criterios precedentemente ex-
puestos, a los que cabe añadir el criterio personal (competencia ratione perso-
nae), emergente de la calidad o condición de las partes (Nación, embajadores,
cónsules, etc.), o de la vecindad o nacionalidad de éstas.
De tal manera, para establecer en un caso concreto a qué juez o tribunal
corresponde el conocimiento de un asunto, debe comenzarse por examinar si es

VELLOSO, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación (Explicado y anotado


jurisprudencial y bibliográficamente). Santa Fe. 1988. I, Io, pág. 29; PODETTI. Tratado de la
competencia (actualizado por GUERRERO LECONTE), pág. 368; PRIETO CASTRO. Derecho
procesal civil. I, pág. 209; RENGEL ROMBF.RG, Tratado, I, pág. 297; Rocco. Derecho procesal
civil, pág. 185.
GENERALIDADES 193
de la competencia de la justicia federal o de la justicia ordinaria; luego es pre-
ciso determinar la circunscripción territorial en que ha de radicarse y, dentro de
ella, la competencia por razón de la materia y del valor.
c) La competencia puede ser relativa o absoluta, según que admita o no
ser prorrogada o renunciada por las partes. Como dice LASCANO, no media nin-
guna razón de orden esencial para que cada una de las clases de competencia a
las que se ha hecho mención precedentemente deba ser necesariamente ads-
cripta a alguna de esas categorías, pues en definitiva sólo el texto de la ley pue-
de servir de pauta válida para establecer si determinada clase de competencia es
o no prorrogable.
El CPN sólo admite la prórroga de la competencia territorial siempre que
se trate de asuntos exclusivamente patrimoniales, aclarando que si tales asun-
tos son de índole internacional (es decir conectados a varios sistemas jurídicos
nacionales y no absolutamente internos) la prórroga puede admitirse aun a fa-
vor de jueces extranjeros o de arbitros que actúen fuera de la República, salvo
en los casos en que los tribunales argentinos tienen jurisdicción exclusiva o
cuando la prórroga está prohibida por ley (art. Io). La norma, asimismo, deja a
salvo lo dispuesto por los tratados internacionales y la hipótesis contemplada
en el art. 12 de la ley 48, referente a la prórroga de la competencia federal por
razón de las personas.
La prórroga de la competencia puede ser expresa o tácita: es expresa
cuando las partes, mediante convenio escrito (pacto de "foro prorrogando") eli-
gen al juez que ha de conocer en los litigios que se susciten entre ellas con mo-
tivo de las obligaciones contraídas (Cód. Civ., arClOf^ y es tácita cuando las
partes realizan actos que implican renunciar a la competencia del juez determi-
nado por la ley. Tal renuncia se infiere, respecto del actor, cuando presenta la
demanda ante un juez que no corresponde; y, respecto del demandado, cuando
contesta la demanda, deja de hacerlo u opone excepciones previas sin cuestio-
nar la competencia del juez mediante la declinatoria (CPN, art. 2o).
d) La competencia es indelegable: "La competencia tampoco podrá ser
delegada, pero está permitido encomendar a los jueces de otras localidades la
realización de diligencias determinadas" (CPN, art. 3o, párr. Io).
La aparente excepción que contempla la última parte de la norma trans-
cripta no significa que el juez requerido actúe por delegación del exhortante,
pues el primero ejerce, en rigor, su propia competencia, limitada al cumpli-
miento de las diligencias encomendadas.
e) En lo que concierne a su extensión, la competencia comprende todos
los poderes inherentes a la función judicial, se refieran ellos a la cognición o a
la ejecución. En lo que respecta al estadio de cognición, el juez competente tie-
194 LA COMPETENCIA

ne atribuciones para conocer del objeto principal del pleito, de las excepciones
previas (una de las cuales, como se verá, le acuerda facultades para pronunciar-
se acerca de su propia competencia), de la reconvención y, en general, de los in-
cidentes que se promuevan durante el curso del proceso. Y en lo que atañe al
estadio de ejecución, la competencia incluye los poderes necesarios para que el juez,
mediante el uso de las medidas coactivas pertinentes, haga efectivo el cum-
plimiento de sus resoluciones.

91. OPORTUNIDADES EN QUE SE DETERMINA LA COMPETENCIA

a) La competencia se determina con arreglo a las normas vigentes en opor-


tunidad de iniciarse el proceso, y atendiendo, asimismo, al estado de cosas existen-
te en dicha oportunidad. En consecuencia, debe prescindirse tanto de las normas
vigentes en la oportunidad de constituirse la relación jurídica sobre laque versa
el proceso o de producirse los hechos que configuran la causa de la pretensión,
como de los hechos sobrevin¡entes al momento de interponerse la demanda.
Debe estarse, por otra parte, a los elementos integrantes de la pretensión
y no al contenido de las defensas deducidas por el demandado, ya que éstas no
alteran el objeto del proceso y sólo inciden en la delimitación de las cuestiones
litigiosas. De allí que la ley 22.434, receptando la doctrina de reiterada juris-
prudencia, incorporó, como párrafo final del art. 5° del CPN, el siguiente: "La
competencia se determina por la naturaleza de las pretensiones deducidas en la
demanda y no por las defensas opuestas por el demandado".

b) De acuerdo con el régimen instituido por el CPN el juez tiene, duran-


te el curso del proceso, dos oportunidades para pronunciarse acerca de su com-
petencia. La primera es la de la presentación de la demanda: "Toda demanda
—dice el art. 4o CPN—, debe interponerse ante juez competente, y siempre que
de la exposición de los hechos resultase no ser de la competencia del juez ante
quien se deduce, deberá dicho juez inhibirse de oficio. Consentida o ejecutoria-
da la respectiva resolución, se procederá en la forma que dispone el artículo 8U,
primer párrafo", es decir, se remitirá la causa al juez tenido por competente.
Todavía, a fin de facilitar un examen más amplio sobre dicho extremo, el
art. 337. párr. 2o, establece que "si no resultare claramente de ellas (las deman-
das) que son de su competencia, mandarán que el actor exprese lo necesario a
ese respecto". Pero tal declaración de oficio no corresponde en el caso de la
competencia territorial, pues ésta, como se ha dicho, puede ser prorrogada de
conformidad de partes siempre que se trate de controversias de exclusivo carác-
ter patrimonial. El art. 4o CPN lo aclara al prescribir que "en los asuntos exclu-
COMPETENCIA ORDINARIA 195
sivamente patrimoniales no procederá la declaración de incompetencia de ofi-
cio, fundada en razón del territorio".
La segunda oportunidad corresponde al momento en que el juez debe re-
solver la excepción de incompetencia (CPN, art. 347, inc. Io), que debe oponer-
se como de previo y especial pronunciamiento, pero juntamente con la contes-
tación de la demanda o la reconvención (art. 346), pues al haberse eliminado el
llamado "proceso sumario" por la ley 25.488, el mencionado requisito tempo-
ral es aplicable tanto al proceso ordinario como al llamado "sumarísimo".
A diferencia del código derogado, que autorizaba un nuevo pronuncia-
miento sobre la competencia al recibirse la causa a prueba en las cuestiones de
hecho, o al correrse el segundo traslado en las de derecho (art. 87), el CPN es-
tablece que una vez firme la resolución que desestima la excepción de incompe-
tencia, ni las partes podrán argüir la incompetencia en lo sucesivo, ni los jueces se
hallan habilitados para declararla de oficio (art. 352). Sólo se exceptúa de esa regla
la incompetencia de la justicia federal, que puede ser declarada por la Corte cuando
interviene en instancia originaria y por los jueces federales con asiento en las pro-
vincias en cualquier estado del proceso, lo cual se explica en virtud del carácter li-
mitado que reviste la competencia federal. La excepción no rige en lajusticia fede-
ral de la Capital, por cuanto todos los jueces que ejercen sus funciones en dicho
distrito tienen el mismo carácter nacional.

c) La limitación del art. 352 CPN no rige en lajusticia del trabajo, cuyos
tribunales tienen decidido, fundados en el carácter de orden público y de excep-
ción que reviste la competencia laboral, que se hallan habilitados para declarar
su incompetencia en cualquier estado del proceso.

§ //
2I
COMPETENCIA ORDINARIA

92. COMPETENCIA POR RAZÓN DEL TERRITORIO

a) La competencia por razón del territorio ha sido regulada tanto por el


Cód. Civ. como por las leyes procesales, que establecen distintas reglas aten-
diendo a la circunstancia de que en el proceso se hagan valer derechos persona-
les o reales. Se expondrán a continuación, aunque aclarando previamente, de

21
Bibliografía citada en la ñola 20.
196 LA COMPETENCIA

acuerdo con lo dicho en su oportunidad (supra, n° 55), que los vocablos "accio-
nes personales" y "acciones reales", utilizados por el código, deben entenderse
en el sentido de "derechos" personales o reales invocados como fundamento de
las respectivas pretensiones.

b) Cuando se trata de pretensiones reales, el CPN regula la competencia


territorial distinguiendo según que aquéllas se ejerzan sobre bienes inmuebles
o sobre bienes muebles.
Es juez competente cuando se ejercitan pretensiones reales sobre bienes
inmuebles, "el del lugar donde está situada la cosa litigiosa. Si éstas fuesen va-
rias o una sola pero situada en diferentes jurisdicciones judiciales", "el del lu-
gar de cualquiera de ellas o de algunas de sus partes, siempre que allí tenga su
domicilio el demandado. No concurriendo tal circunstancia será el del lugar en
que esté situada cualquiera de ellas, a elección del actor". La misma regla rige
tratándose de pretensiones posesorias, interdictos, restricción y límites del do-
minio, medianería, declaratoria de la prescripción adquisitiva, mensura, deslin-
de y división de condominio (CPN, art. 5o, inc. Io).
La vigencia del principio/on/w rei sitae —consagrado por la norma
transcripta— parte de la razonable suposición de que el juez del lugar en que el
bien inmueble se encuentra situado es el que en mejores condiciones se halla
para resolver el conflicto en razón de su proximidad con las pruebas y con el
objeto de la pretensión.
Cuando se interponen pretensiones reales sobre bienes muebles es juez
competente "el del lugar en que se encuentren o el del domicilio del demanda-
do, a elección del actor" (art. 5o, inc. 2o).
La opción que se acuerda al actor obedece a la facilidad con que las cosas
muebles pueden transportarse de un lugar a otro, y a la circunstancia de que, gene-
ralmente, se encuentran en el domicilio del demandado. Pero si la pretensión versa
sobre bienes muebles e inmuebles conjuntamente, es juez competente, de acuerdo
con la norma mencionada, el del lugar en que están situados estos últimos.

c) Cuando se deducen pretensiones personales es competente el juez


"del lugar en que deba cumplirse la obligación expresa o implícitamente esta-
blecido conforme a los elementos aportados en el juicio y, en su defecto, a elec-
ción del actor, el del domicilio o el del lugar del contrato, siempre que el
demandado se encuentre en él, aunque sea accidentalmente, en el momento de
la notificación" (CPN, art. 5o, inc. 3o).
"El que no tuviere domicilio fijo —agrega dicha norma—, podrá ser de-
mandado en el lugar en que se encuentre o en el de su última residencia".
COMPETENCIA ORDINARIA 197
Constituye, por lo tanto, principio general, que la competencia se de-
termina por el lugar que las partes han elegido para el cumplimiento de sus
obligaciones (foruin soliitionis), principio que concuerda con las razones de co-
modidad de los litigantes en que primordialmente se funda la competencia te-
rritorial, y con las reglas establecidas en los arts. 101 y 102 del Cód. Civ.
Rige tal principio no solamente cuando se ha designado expresamente
el lugar del cumplimiento de la obligación, sino también cuando él resulta
implícitamente establecido en el contrato, siendo función de los jueces, en
este último caso, interpretar la voluntad de los contratantes en tal sentido,
sobre la base de los elementos aportados al proceso. Se ha resuelto, así, en-
tre otros casos, que a falta de estipulación expresa en el boleto de compra-
venta, y aunque el inmueble objeto del contrato se encuentre situado en una
provincia, compete a la justicia de la Capital Federal conocer de la demanda
por escrituración si en ella fue suscripto el boleto, se pagó parte del precio y
tenían su domicilio el demandado y el escribano designado para extender la
escritura, aunque el lugar en que se encuentra situado el bien inmueble ob-
jeto de una pretensión personal debe ser tenido en cuenta cuando concurren
otras circunstancias presuntivas de haberse elegido ese lugar para la ejecu-
ción del contrato; que es juez competente para conocer del juicio en que el
vendedor demanda el pago del saldo del precio estipulado para la compra-
venta de su producción de uvas, el del lugar donde se hallan situados los in-
muebles en los que el comprador debía cosechar la uva vendida, pues a falta
de elementos de juicio que demuestren lo contrario, éste es el lugar del cumpli-
miento de las obligaciones emergentes de la compraventa; que cuando se de-
manda por cobro de locación de servicios es juez competente el del lugar en
que los servicios se han prestado; etcétera.
Consagra también la regla delforum solutionis el Cód. Civ., arts. 1215 y
1216: "En todos los contratos que deben tener su cumplimiento en la República
—dice el art. 1215—, aunque el deudor no fuere domiciliado o residiere en ella,
puede, sin embargo, ser demandado ante los jueces del Estado"; y el art. 1216
prescribe que "si el deudor tuviese su domicilio o residencia en la República, y
el contrato debiese cumplirse fuera de ella, el acreedor podrá demandarlo ante
los jueces de su domicilio; o ante los del lugar del cumplimiento del contrato,
aunque el deudor no se hallase allí".
A falta de un lugar expresa o implícitamente convenido para el cumpli-
miento de la obligación, el CPN resuelve el problema de la competencia asig-
nándola al juez del lugar del domicilio del demandado (actor sequiturforum
reí), solución que reconoce fundamento en una razón de justicia como es la de
evitar las molestias y perjuicios que generalmente entraña substraer a aquél de
sus jueces propios, cuando aún no se ha declarado la procedencia de la preten-
198 LA COiMPETENCIA

sión deducida por el actor. A los efectos la determinación del domici lio debe es-
tarse a las reglas contenidas en el Cód. Civ. (arts. 89, 90 y 94).
El actor puede optar, según la norma citada, entre el juez del domicilio
del demandado y el juez del lugar en que el contrato se celebró, "'siempre que el
demandado se encuentre en él, aunque sea accidentalmente". Basta, pues, la
simple habitación en el lugar, aun con carácter accidental, que es la nota que de-
fine a la "residencia" en los términos del art. 92 del Cód. Civ.
La falta de domicilio fijo del deudor, finalmente, autoriza a demandarlo
en el lugar en que se encuentre o en el de su última residencia.
En materia de cobro de documentos comerciales, la competencia territo-
rial depende del tipo de documento de que se trate. En las letras de cambio la
competencia se determina por el lugar que en ellas se ha designado para el pago
y, a falta de especial designación al respecto, por el lugar designado al lado del
nombre del girado (decreto-ley 5965/63, art. 2o). En los pagarés, por el lugar in-
dicado en el respectivo documento y, a falta de indicación especial, por el lugar
de creación del título (decreto-ley id., art. 102, párr. 3o). En los cheques final-
mente, por el lugar del domicilio que el librador tenga registrado ante el banco
girado (ley 24.452, Anexo I, art. 3o).

d) El CPN contempla también la competencia en el supuesto de dedu-


cirse pretensiones personales derivadas de delitos y cuasidelitos y la asigna al
juez del lugar del hecho o al del domicilio del demandado, a elección del actor
(art. 5o, inc. 4o).
Con respecto a las pretensiones personales en general, establece el prin-
cipio según el cual cuando sean varios los demandados, y se trate de obligacio-
nes indivisibles o solidarias, es juez competente el del domicilio de cualquiera
de ellos, a elección del actor (art. 5o, inc. 5o).
El código, finalmente, regula supuestos específicos de pretensiones perso-
nales de contenido patrimonial, como son las de rendición y aprobación de cuen-
tas, cobro de impuestos, tasas y multas, y las derivadas de relaciones societarias.
En las pretensiones de rendición de cuentas, es juez competente el del lu-
gar donde éstas deben presentarse, y no estando determinado, a elección del ac-
tor, el del domicilio de la administración o el del lugar en que se hubiere admi-
nistrado el principal de los bienes. La misma regla es aplicable a la pretensión
por aprobación de cuentas, con la salvedad de que si no se encuentra especifi-
cado el lugar donde éstas deben presentarse, puede ser también juez competen-
te el del lugar del domicilio del acreedor de las cuentas, a elección del actor (art.
5o, inc. 6o).
En las pretensiones fiscales por cobro de impuestos, tasas o multas y sal-
vo disposición en contrario, la competencia corresponde al juez del lugar del
COMPETENCIA ORDINARIA 199
bien o actividad gravados o sometidos a inspección, inscripción o fiscalización,
al del lugar en que deban pagarse o al del domicilio del deudor, a elección del
actor; regla que no se modifica por razones de conexión con otras pretensiones
(art. 5o, inc. 7o).
Cuando se interponen pretensiones derivadas de las relaciones societarias,
es juez competente el del lugar del domicilio social inscripto, y si la sociedad no re-
quiere inscripción (como ocurre con las sociedades civiles y con las sociedades ac-
cidentales y en participación, Cód. Civ., art. 1662 y ley 19.550, arts. 361 a 366) el
lugar del domicilio fijado en el contrato; en su defecto o tratándose de sociedad
irregular o de hecho, el del lugar de la sede social (art. 5o, inc. 11).
En el caso, finalmente, de interponerse la pretensión por cobro de expen-
sas comunes de inmuebles sujetos al régimen de propiedad horizontal o cual-
quier otra pretensión derivada de la aplicación de dicho régimen (v.gr., inobser-
vancia de las prohibiciones contempladas en el art. 6o de la ley 13.512), es juez
competente el del lugar de la unidad funcional de que se trate.

e) En materia de pretensiones relativas al estado civil y a la capacidad de


las personas, el art. 227 del Cód. Civ. (texto según ley 23.515) hizo perder virtua-
lidad al art. 5o, inc. 8o, pan-. Io del CPN, en tanto dispone que las pretensiones de se-
paración personal, divorcio vincular y nulidad, así como las que versen sobre los
efectos del matrimonio, deben intentarse ante el juez del último domicilio
conyugal efectivo o ante el del domicilio del cónyuge demandado.
La ley 25.488, en concordancia con esa regla, agregó en el mencionado
o
art. 5 , inc. 8°, a las pretensiones de separacióty)ersonaI y de nulidad de matri-
monio, la de divorcio vincular.
El art. 5o, inc. 8o CPN prescribe que en los procesos por declaración de in-
capacidad por demencia o sordomudez, y en los derivados de los supuestos pre-
vistos en el art. 152 bis del Cód. Civ., es juez competente el del lugar del domi-
cilio del presunto incapaz o inhabilitado, y, en su defecto, el de su residencia.
En los procesos de rehabilitación, la competencia corresponde al juez que de-
claró la interdicción.
Las restantes reglas de competencia sobre dichas cuestiones se hallan es-
tablecidas en las leyes de fondo, siendo las principales las siguientes:

Io) Cuando se deduzcan pretensiones o peticiones respecto de la gestión


de los tutores o curadores, así como las relativas a las personas y bienes de los
incapaces, administración, remoción, etcétera, el juez competente será el que lo
sea para el discernimiento de la tutela o cúratela, aunque los bienes administra-
dos estén fuera del lugar que abrace su jurisdicción (Cód. Civ., art. 404 y con-
cordantes).
200 LA COMPETENCIA

2o) La declaración del día presuntivo del fallecimiento debe pedirse ante
el juez del último domicilio o residencia del ausente (ley 14.394, art. 16).

3o) Es el juez o tribunal del domicilio del adoptante, o del lugar donde se
otorgó la guarda, quien, conforme al art. 10, inc. a) de la ley 19.134, debe cono-
cer en el juicio de adopción.

f) Finalmente, en materia de peticiones extracontenciosas, el CPN ins-


tituye el principio general conforme al cual, salvo en el proceso sucesorio o dis-
posición en contrario, es juez competente para conocer de ellas el juez del
domicilio de la persona en cuyo interés se promueven (art. 5o, inc. 12). Reglas
particulares sobre el punto se encuentran, asimismo, en los incs. 9o y 10 de di-
cho artículo, con arreglo a los cuales es juez competente, en los pedidos de se-
gunda copia o de rectificación de errores de escrituras públicas, el del lugar
donde se otorgaron o protocolizaron, y en la protocolización de testamento, el
del lusar donde debe iniciarse la sucesión.

93. COMPETENCIA POR RAZÓN DE LA MATERIA

a) La competencia ordinaria de los tribunales de la Capital Federal se


halla fundamentalmente dividida en cinco materias: civil, comercial, laboral,
seguridad social y penal. El conocimiento de los asuntos vinculados a las tres
primeras corresponde, respectivamente, a los juzgados de primera instancia y
cámaras de apelaciones en lo civil, en lo comercial y del trabajo, en tanto que el
de los asuntos relacionados con la seguridad social compete exclusivamente a
la cámara respectiva (supra, n° 69, F]).

b) Los arts. 43 y 43 bis del decreto-ley 1285/58, delimitan, con las refor-
mas de la ley 23.637, la competencia de la justicia civil y de la comercial. Con-
forme a la primera de las normas citadas los juzgados nacionales de primera
instancia en lo civil conocen en todas las cuestiones regidas por las leyes civiles
cuyo conocimiento r»; haya sido expresamente atribuido a los jueces de otros
fueros y, además, en las causas: a) en las que sea parte la Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires, excepto en las de naturaleza penal y contencioso-ad-
ministrativa; b) en las que se reclame indemnización por daños y perjuicios
provocados por hechos ilícitos, sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 29 del
Cód. Penal; c) en las relativas a las relaciones contractuales entre los profesio-
nales y sus clientes o a la responsabilidad civil de aquéllos, a cuyo fin sólo de-
ben considerarse profesionales las actividades reglamentadas por el Estado.
COMPETENCIA ORDINARIA 201

Cabe añadir que, hasta tanto se pongan en funcionamiento tribunales con com-
petencia exclusiva en asuntos de familia y capacidad de las personas, el art. 4o
de la ley 23.637 dispone que ocho de los actuales juzgados de primera instancia
en lo civil conocerán en forma exclusiva y excluyente de dichos asuntos ascen-
diendo aquéllos, actualmente, a veinticuatro.
A su turno, el art. 43 bis del decreto-ley 1285/58 asigna a los jueces na-
cionales de primera instancia en lo comercial competencia para conocer en to-
das las cuestiones regidas por las leyes mercantiles cuyo conocimiento no haya
sido expresamente atribuido a los jueces de otro fuero, como así también: a) en
los concursos civiles; b) en las acciones civiles y comerciales emergentes de la
aplicación del decreto 15.348/46, ratificado por la ley 12.962 (prenda con re-
gistro); c) en los juicios derivados de contratos de locación de obra y de servi-
cios, y los contratos atípicos a los que resulten aplicables las normas relativas a
aquéllos cuando el locador sea un comerciante matriculado o una sociedad
mercantil; pero cuando en estos juicios también se demanda a una persona por
razón de su responsabilidad profesional, el conocimiento de la causa corres-
ponde a los jueces en lo civil.
Si bien las normas citadas adhieren, en principio, a la regla conforme a la
cual la delimitación de las competencias civil y comercial debe hacerse con cri-
terio objetivo, o sea teniendo en cuenta la naturaleza del acto o del hecho sobre
que versa el proceso y prescindiendo de que las partes, o sólo una de ellas, re-
vista la calidad de comerciante, contemplan diversas excepciones. El art. 43,
por un lado, prescinde de la naturaleza civil de los actos determinantes de los
juicios en los que es parte la Municipalidad de-Bue«QS Aires y confiere compe-
tencia a la justicia civil para conocer, v.gr., en causas que pueden versar sobre
actos objetivos de comercio, como ocurre en aquéllas en que se ventilan las re-
laciones contractuales contraídas entre ciertos profesionales como los corredo-
res y martilieros y sus clientes (Cód. Com., art. 8o, inc. 3o). El art. 43 bis, por
otro lado, y más allá de que en la actualidad no cabe hablar de "concursos civi-
les", otorga competencia a la justicia en lo comercial para conocer en preten-
siones que tienen como objeto actos objetivamente civiles, según ocurre con las
de esa naturaleza que emergen de la aplicación de la ley de prenda con registro,
con los contratos de locación de servicios y con parte de los de locación de
obra, y hace además una concesión al criterio subjetivo en tanto condiciona la
competencia comercial, cuando se trata de contratos atípicos a los que resultan
aplicables las normas relativas a los contratos mencionados (v.gr. contratos de
elaboración), al requisito de que el locador sea un comerciante matriculado o
una sociedad mercantil.
202 LA COMPETENCIA

c) La competencia de {ajusticia del trabajo de la Capital Federal se ha-


lla delineada por el art. 20 de la ley 18.345, conforme a la cual "serán de com-
petencia de la justicia nacional del trabajo, en general, las causas contenciosas
en conflictos individuales de derecho, cualesquiera fueren las partes —incluso
la Nación, sus reparticiones autárquicas, la Municipalidad de la Ciudad de Bue-
nos Aires y cualquier ente público—, por demandas o reconvenciones fundadas
en los contratos de trabajo, convenciones colectivas de trabajo, laudos con efi-
cacia de convenciones colectivas, o disposiciones legales o reglamentarias del
derecho del trabajo; y las causas entre trabajadores y empleadores relativas a un
contrato de trabajo, aunque se funden en disposiciones del derecho común apli-
cables a aquél. La competencia también comprenderá a las causas que persi-
guen sólo la declaración de un derecho, en los términos del artículo 322,
párrafo TdelCPN".
Por "conflictos de derecho" corresponde entender aquellos que se susci-
ten entre el empleador y el dependiente como consecuencia de la violación de
una norma preestablecida, sea que se hayan planteado por los propios dependien-
tes (uno o varios), o por el organismo sindical respectivo en ejercicio de la repre-
sentación que la ley le acuerda para la aplicación de una norma vigente. La justicia
del trabajo es, en cambio, incompetente para conocer de los llamados "conflic-
tos de intereses" o "económicos", los cuales tienen por objeto establecer nue-
vas condiciones de trabajo, sea creando la norma o modificando una norma
existente, e interesan al grupo de trabajadores como entidad. En nuestro régi-
men jurídico este tipo de conflicto se resuelve en sede administrativa, con inter-
vención del Ministerio de Trabajo o a través de la celebración de convenios en-
tre las asociaciones profesionales de trabajadores y representantes patronales.
Los contratos de trabajo a que se refiere la norma transcripta son todos
aquellos que comportan una prestación de servicios realizada bajo relación de
dependencia y mediante una determinada remuneración, siendo indiferente la
índole de las actividades del empleador (comercial, civil, industrial o rural) y la
forma de la remuneración (mensual, o jornal o a destajo).

94. COMPETENCIA POR RAZÓN DEL VALOR

a) En el orden nacional, con anterioridad a la promulgación de la ley


21.203 la entonces llamada justicia especial en lo civil y comercial (antes deno-
minada justicia de paz letrada) tenía competencia para conocer en los juicios ci-
viles y comerciales, fueren de conocimiento o de ejecución, en los que el valor
cuestionado no excediere de determinada suma, así como en los juicios suceso-
rios cuyo haber hereditario no excediera cierto límite cuantitativo. A partir de la
COMPETENCIA ORDINARIA 203

promulgación de dicha ley desapareció esa competencia por razón del valor, en
gran medida ligada al carácter lego que revestían los primitivos jueces de paz
de la Capital Federal.
También regía la competencia por razón del valor con respecto a los lla-
mados jueces de paz letrados con sede en el ex Territorio de Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur.

b) Este tipo de competencia subsiste aún en algunas provincias (Jujuy,


Mendoza, Salta, Santa Fe, etc.), generalmente referida a la actuación de la jus-
ticia de paz (lega o letrada).

95. COMPETENCIA POR RAZÓN DEL GRADO

a) La competencia funcional o por el grado supone la división del pro-


ceso en diversas instancias, en cada una de las cuales el conocimiento del asun-
to se halla encomendado a jueces distintos. El ordenamiento procesal nacional
en materia civil, comercial, laboral y contencioso-administrativo se halla es-
tructurado sobre el sistema de la doble instancia, en virtud del cual el conoci-
miento inicial del proceso corresponde a órganos unipersonales (juzgados),
cuyas resoluciones son susceptibles de recursos para ante tribunales colegiados
(cámaras de apelaciones). El principio, sin embargo, admite excepciones fun-
dadas en el valor de las causas, pues son irrecurribles las sentencias dictadas
por los jueces federales y por los jueces nacionales ^n lo civil y en lo comercial
en los asuntos en los que el monto cuestionado no exceda de determinada can-
tidad de pesos (CPN, art. 124, infiné).
Dicho ordenamiento, asimismo, prevé la posibilidad de un tercer grado de co-
nocimiento en el supuesto excepcional del recurso ordinario ante la Corte Supremay
en los casos en que proceden los recursos extraordinarios ante dicho tribunal y de
inaplicabilidad de la ley ante las cámaras nacionales reunidas en pleno. Pero co-
rresponde tener presente que en estas tres últimas hipótesis la competencia de los
respectivos tribunales se halla, en principio, limitada a la revisión de las cuestiones
de derecho y no configura, por lo tanto, el ejercicio de una tercera instancia.
El régimen es empero distinto en materia penal, pues si bien la instruc-
ción se halla sujeta al sistema de la doble instancia, el juicio se desarrolla ante
tribunales orales de instancia única, cuyas sentencias sólo son susceptibles de
recursos extraordinarios de casación e inconstitucionalidad ante la Cámara Na-
cional de Casación Penal, así como del recurso extraordinario federal ante la
Corte Suprema. También, en la etapa del juicio, actúan en instancia única los
jueces en lo correccional y los tribunales y jueces de menores.
204 LA COMPETENCIA

b) La competencia funcional reviste, fundamentalmente, los siguientes


caracteres:

Io) El tribunal de segunda instancia no actúa como superior jerárquico


del juez inferior, por cuanto los recursos no tienen por objeto homologar lo ac-
tuado por este último sino perfeccionar el conocimiento del asunto mediante la
revisión de la sentencia recurrida, y su ulterior modificación, anulación o con-
firmación. "Se trata —como dice LASCANO— de una distinta competencia por
razón de la actividad que ejercen los jueces, y no de una graduación de éstos por
su importancia. Por eso, dentro de su esfera, en ejercicio de su competencia di-
remos tanta categoría tiene el juez de primera instancia como el de apelación".

2o) Los tribunales de apelación no pueden fallar en segunda instancia so-


bre ningún capítulo que no se hubiese propuesto a la decisión del inferior, salvo
intereses, daños y perjuicios u otras cuestiones derivadas de hechos posteriores
a la sentencia de primera instancia (CPN, art. 277), ni sobre ninguna cuestión
respecto de la cual no haya mediado agravio concreto del recurrente (tantum
appellatum quantum devolutum).

c) Las cámaras nacionales de apelaciones ejercen su competencia fun-


cional mediante el conocimiento de los recursos interpuestos contra las resolu-
ciones dictadas por los jueces de primera instancia de los cuales son tribunales
de alzada. Con excepción de los supuestos de irrecurribilidad por razones cuan-
titativas, dichas cámaras ejercen la misma competencia por razón del territorio
y de la materia que los respectivos jueces de primera instancia.
Algunas de ellas, por otra parte, tienen una competencia por razón de la ma-
teria más amplia que la de dichos jueces. Así, la Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Civil conoce de los recursos que se interpongan contra las resoluciones del di-
rector del Registro de la Propiedad Inmueble (ley 17.417, art. 28); la Cámara Na-
cional de Apelaciones en lo Comercial conoce de los recursos contra las resolucio-
nes definitivas mediante las cuales la Comisión Nacional de Valores aplique
determinadas sanciones (ley 17.811, art. 14); la Cámara Nacional de Apelaciones
del Trabajo entiende de los recursos que las leyes sometan a su conocimiento, así
como de aquéllos instituidos por las leyes contra resoluciones de la autoridad ad-
ministrativa que sancionen infracciones a las normas legales o reglamentarias
del derecho del trabajo (ley 18.345, art. 23, incs. b] y c]), etcétera.
COMPETENCIA ORDINARIA 205

96. EXCEPCIONES A LAS REGLAS DE COMPETENCIA

a) Ya se ha visto que, sea a raíz de una declaración de voluntad expresa


o tácita de las partes o de una disposición legal, las reglas generales en materia
de competencia pueden sufrir excepciones, en forma tal que se detraiga del co-
nocimiento de un órgano judicial el conocimiento de una o de varias causas
que, de acuerdo con esas reglas, encuadran dentro de su competencia, y se las
asigne al conocimiento de un órgano distinto.

b) Dicho desplazamiento se verifica por conformidad de partes en los


supuestos de competencia territorial en asuntos exclusivamente patrimoniales
(supra, n° 92) y cuando la competencia federal corresponde por razón de las
personas (infra, n° 98).
El desplazamiento de la competencia por disposición legal funciona en
las hipótesis de conexión y de fuero de atracción.

c) Existe conexión, en sentido procesal, cuando dos o más pretensiones


tienen en común alguno de sus elementos objetivos (objeto o causa), o se hallan
vinculadas por la naturaleza de las cuestiones involucradas en ellas.
En la primera de las referidas hipótesis cabe hablar de una conexión sus-
tancial que produce un desplazamiento de la competencia fundado, en térmi-
nos generales, en la necesidad de evitar el pronunciamiento de sentencias con-
tradictorias. Es lo que ocurre en los casos de acumulación subjetiva de
pretensiones (supra, n° 58) y de acumulación de precesos (supra, n° 60), los
cuales comportan una excepción a las reglas que gobiernan la competencia or-
dinaria por razón de la materia civil y comercial.
En la segunda de las hipótesis mencionadas media, en cambio, una cone-
xión instrumental, la que produce el mismo resultado a raíz de la conveniencia
práctica de que sea el órgano judicial competente para conocer en un proceso
determinado quien, en razón de su contacto con el material fáctico y probatorio
de aquél, también lo sea para conocer de las pretensiones, accesorias o no, re-
lacionadas con la materia controvertida en dicho proceso.
El art. 6o CPN, con las adecuaciones resultantes de los arts. 227 y 228 del
Cód. Civ., disponen, en orden a este tipo de conexión, que será juez competente:

Io En los incidentes, obligaciones de garantía, citación de evicción,


cumplimiento de acuerdos de conciliación o transacción celebrados enjuicio, eje-
cución de sentencia, regulación y ejecución de honorarios y costas ^devengadas en
el proceso, y pretensiones accesorias en general, el del proceso principal.
206 LA COMPETENCIA

2o En los juicios de separación de bienes y liquidación de la sociedad


conyugal, el del juicio de divorcio o nulidad de matrimonio.

3o En la exclusión del cónyuge, tenencia de hijos, régimen de visitas y


litis expensas, el del juicio de separación personal, divorcio vincular o nulidad,
mientras durare la tramitación de estos últimos. Si aquéllos se hubiesen inicia-
do con anterioridad, pasarán á tramitar ante el juzgado donde quedare radicado
el juicio de separación, divorcio o nulidad. No existiendo tales juicios en trámi-
te (hipótesis no concebible en el caso de pedido de exclusión) y no probado
dónde estuvo radicado el último domicilio conyugal, se aplicarán las reglas co-
munes sobre competencia (de manera que las pretensiones deben interponerse
ante el juez que tenga competencia en el lugar del domicilio del demandado o
en el que se encuentre o en el de su última residencia [art. 6o, inc. 3°]).
Respecto de los juicios de alimentos, el art. 228 del Cód. Civ. establece
que deben radicarse ante el juez que entendió en los juicios de separación per-
sonal, divorcio vincular o nulidad, resultando por lo tanto indiferente que aqué-
llos se encuentren en trámite o hayan concluido (inc. Io). En cambio si tales jui-
cios no existen ni existieron es competente, a opción del actor: el juez del
domicilio conyugal, el del domicilio del demandado, el de la residencia habi-
tual del acreedor alimentario, el del lugar del conocimiento de la obligación o
el del lugar de celebración del convenio alimentario si lo hubiere y coincidiere
con la residencia del demandado (inc. 2o). Mediando juicio de inhabilitación
(CPN, art. 6o, inc. 3o, sin motivo atendible, omitió contemplar el caso del juicio
de incapacidad), el pedido de alimentos contra el inhabilitado deberá promo-
verse ante el juzgado donde se sustancia aquél.

4° En las medidas preliminares y precautorias, el que deba conocer en el


proceso principal.

5o En el pedido de beneficio de litigar sin gastos, el que deba conocer en


el juicio en que aquél se hará valer.

6o En el juicio ordinario que se inicie como consecuencia del ejecutivo,


el que entendió en éste.

7° En el pedido de determinación de la responsabilidad establecida en e!


art. 208, el que decretó las medidas cautelares; en el supuesto del art. 196, aquel
cuya competencia para intervenir hubiese sido en definitiva fijada.
COMPETENCIA ORDINARIA 207

d) Fuero de atracción. Razones de conveniencia práctica y el interés ge-


neral de la justicia, aconsejan que sea un solo juez quien entienda en ciertas
cuestiones vinculadas a los bienes que han de ser recaudados, liquidados y
transmitidos bajo su dirección. De tal circunstancia deriva el llamado fuero de
atracción, en cuya virtud el juez que conoce en un proceso universal (sucesión
o quiebra), es competente para entender en las pretensiones relacionadas con el
patrimonio o los derechos sobre que versa dicho proceso.
Con respecto al juicio sucesorio (ab-intestalo, testamentario o de heren-
cia vacante), determina el art. 3284 del Cód. Civ. que ante los jueces del lugar
del último domicilio del difunto (que son los competentes para conocer en
aquél), deben entablarse:

Io) Las demandas concernientes a los bienes hereditarios, hasta la parti-


ción inclusive, cuando son interpuestos por algunos de los sucesores universa-
les contra sus coherederos.

2°) Las demandas relativas a las garantías de los lotes entre los copartíci-
pes, y las que tiendan a la reforma o nulidad de la partición.

3o) Las demandas relativas a la ejecución de las disposiciones del testa-


dor, aunque sean a título particular, como sobre la entrega de los legados.

4o) Las pretensiones personales de los acreedores del difunto, antes de la


división de la herencia. — ^
Las pretensiones personales activas, y las pretensiones reales, en cam-
bio, no se hallan incluidas en el fuero de atracción del juicio sucesorio y se ri-
gen por las reglas comunes.
El fuero de atracción de la sucesión concluye con la partición, ya que
desde el momento en que ella tiene lugar cada heredero queda desvinculado de
los restantes y se juzga que ha recibido su derecho del causante. No basta, pues,
el hecho de haberse inscripto la declaratoria de herederos o el testamento.
Agrega el art. 3285 del Cód. Civ. que si el difunto no hubiere dejado más
que un solo heredero, las acciones deben dirigirse ante el juez del domicilio de
este heredero, después que hubiese aceptado la herencia.
"La declaración de quiebra —prescribe el art. 132 de la ley 24.522—
atrae al juzgado en el que ella tramita todas las acciones judiciales iniciadas
contra el fallido por las que se reclamen derechos patrimoniales, salvo los jui-
cios de expropiación y los fundados en relaciones de familia. El trámite de los
juicios atraídos se suspende cuando la sentencia de quiebra se halle firme; hasta
entonces se prosiguen con el síndico, sin que puedan realizarse actos de ejecu-
208 LA COMPETENCIA

ción forzada. A los juicios laborales se aplica lo previsto en el art. 21, inc. 5o", de
modo que, con excepción de los juicios por accidentes de trabajo promovidos
conforme a la legislación especial sobre la materia, en el caso de no proceder el
pronto pago de los créditos por estar controvertidos, el acreedor debe verificar
su crédito y los juicios ya iniciados acumularse al correspondiente pedido.
El fuero de atracción del juzgado de la quiebra, como se advierte, reviste
mayor amplitud que en el proceso sucesorio, pues comprende tanto las preten-
siones personales como las pretensiones reales deducidas contra el fallido, sal-
vo las excluidas por la norma precedentemente transcripta, que guarda esencial
coincidencia con la del art. 21, incs. Io y 2o de la ley citada respecto del concur-
so preventivo.

§ ///

COMPETENCIA FEDERAL "

97. CONCEPTO Y CARACTERES

a) La competencia federal es la facultad reconocida a los órganos que


integran el Poder Judicial de la Nación para ejercer sus funciones en los casos,
respecto de las personas y en los lugares especialmente determinados por la
Constitución Nacional.
Esta competencia deriva de la forma de gobierno adoptada por nuestra
Constitución, y su razón de ser obedece a diversas circunstancias. "La coexis-
tencia del estado nacional con los estados provinciales —dice LASCANO—, pue-
de originar conflictos entre éstos o entre éstos y aquél, que deben ser resueltos
por otra justicia que la local: además, correspondiendo a la Nación lo relativo
a las relaciones internacionales, hay conveniencia de que ésta ejerza la fun-
ción jurisdiccional en los casos en que deba responder de su ejercicio ante el ex-
tranjero... Al lado de éstas —agrega—, militan razones de otro orden que tam-
bién aconsejan el fuero federal, sobre todo para ventilar cuestiones de interés
general al que se vinculan el honor de la Nación, la seguridad de sus institucio-
nes, el cumplimiento de las leyes militares, la solución de problemas imprevis-

22
Aparte de la bibliografía citada en este capítulo. ALSINA. La justicia federal: BIANCHI,
Competencia originaria de la Corle Suprema de justicia de la Nación, Bueno;, Aires, 1989:
D" ALBORA, La justicia federa) (su competencia pena!); GONDRA. Jurisdicción federal, Ed.
Revista de Jurisprudencia Argentina, 1944: HARO, La competencia federal, Buenos Aires.
1989; SARTORIO, La Ley 50. págs. 35 y sigs.
COMPETENCIA FEDERAL 209
tos que el progreso general crea y que son materia de 'leyes especiales', las ne-
cesidades de la navegación y del comercio internacional, el patrimonio fiscal,
etcétera".

b) La Constitución Nacional determina, en sus arts. 116 y 117, los asuntos


cuyo conocimiento incumbe a la justicia federal. Dice el art. 116: "Corresponde
a la Corte Suprema y a los tribunales inferiores de la Nación, el conocimiento
y decisión de todas las causas que versen sobre puntos regidos por la Constitu-
ción Nacional, y por las leyes de la Nación con la reserva hecha en el inciso 12
del artículo 75 y por los tratados con las naciones extranjeras; de las causas con-
cernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; de las
causas de almirantazgo y jurisdicción marítima; de los asuntos en que la Na-
ción sea parte; de las causas que se susciten entre dos o más provincias; entre
una provincia y los vecinos de otra; entre los vecinos de diferentes provincias;
y entre una provincia o sus vecinos contra un Estado o ciudadano extranjero".
Y agrega el art. 117: "En estos casos la Corte Suprema ejercerá su jurisdicción
por apelación según las reglas y excepciones que prescriba el Congreso; pero
en todos los asuntos concernientes a embajadores, ministros y cónsules extran-
jeros, y en los que alguna provincia fuese parte, la ejercerá originaria y exclu-
sivamente".
Diversas leyes orgánicas sancionadas por el gobierno nacional han regla-
mentado dichas normas constitucionales, delimitando el alcance de la compe-
tencia originaria de la Corte Suprema y de la que corresponde a los demás tri-
bunales inferiores. Serán examinadas en los núTner9&,siguientes.

c) La competencia federal reviste los siguientes caracteres:

Io Es limitada, pues no puede ejercerse fuera de los casos expresamente


enumerados en las disposiciones constitucionales antes transcriptas.

2° Es privativa y, por lo tanto, excluyente de la de los tribunales de pro-


vincia. De allí que, tratándose de causas constitucionalmente asignadas al co-
nocimiento de los jueces federales, aquéllos deban declarar su incompetencia,
incluso de oficio, en cualquier estado del pleito.
No obstante, la ley 927 sustrajo del fuero federal las causas de jurisdic-
ción concurrente (o sea aquéllas en que dicho fuero procede por distinta vecin-
dad o nacionalidad de las partes) en las que el valor del objeto demandado no
exceda de quinientos pesos, así como también los juicios universales de con-
curso de acreedores y de sucesión.
210 LA COMPETENCIA

La Corte Suprema, al pronunciarse a favor de la validez de tales excep-


ciones a la procedencia del fuero federal, expresó "que no obstante la generali-
dad de los términos de los artículos 67, inciso 11, 94 y 100 de la Constitución
(actuales 75, inc. 12, 108 y I 16), que disponen que el Poder Judicial de la Na-
ción, en los casos regidos por las leyes nacionales y otros, fuera de los códigos
será ejercido por una Corte Suprema de Justicia y por los demás tribunales in-
feriores que el Congreso establezca, aquéllos han sido siempre entendidos en la
República y en los Estados Unidos, cuya Constitución es la fuente reconocida
de los mismos, en el sentido de que ni se oponían a exclusiones completas de
los tribunales federales en caso de no existir los propósitos que los informan,
por la escasa importancia civil o penal de dichos casos u otros motivos, ni a la
investidura de jurisdicción en distintas autoridades, con recursos ante los tribu-
nales referidos". (Fallos, 99-383; 36-394; 119-161; 152-344). La misma doc-
trina ha sido aplicada por la Corte a fin de justificar la exclusión de la compe-
tencia federal en el conocimiento de los asuntos de índole laboral, cuando
aquélla fuere pertinente en razón de la distinta vecindad o nacionalidad de las
partes (Fallos, 235-280; 241-104; 244-29; 245-445; 247-740; 252-190; 256-
244, etc.).

3o Es improrrogable en el supuesto de ser procedente por razón de la


materia. Pero "siempre que en pleito civil un extranjero demande a una provin-
cia, o a un ciudadano, o bien el vecino de una provincia demande al vecino de
otra ante un juez o tribunal de provincia, o cuando siendo demandados el ex-
tranjero o el vecino de otra provincia, contesten a la demanda, sin oponer la ex-
cepción de declinatoria, se entenderá que la jurisdicción (competencia) ha sido
prorrogada, la causa se sustanciará y decidirá por los tribunales provinciales; y
no podrá ser traída a la jurisdicción (competencia) nacional por recurso alguno,
salvo en los casos especificados en el artículo 14". Es por lo tanto prorrogable
la competencia federal por razón de las personas.

98. COMPETENCIA DE LOS TRIBUNALES FEDERALES


INFERIORES

a) La competencia de los jueces federales con asiento en las provincias


se halla reglamentada, en las materias civil, comercial y contencioso-adminis-
trativa, por los arts. 2o de la ley 48 y 55 incs. b), c) y d) de la ley 13.998 (decre-
to-ley 1285/58, art. 51). En la Capital, la justicia federal en las mencionadas
materias se halla desempeñada por jueces nacionales de primera instancia en lo
civil y comercial federal, cuya competencia está reglamentada por el art. 111 de
COMPETENCIA FEDERAL 211
la ley 1893, que reproduce con algunas modificaciones el art. 2o de la ley 48, y
por el art. 42 de la ley 13.998 (decreto-ley 1285/58, art. 40), y por jueces naciona-
les de primera instancia en lo contencioso-administrativo federal, cuya competen-
cia está determinada por la ley 13.998, art. 45 (decreto-ley 1285/58, art. 42). A
continuación se analizará la competencia de todos estos jueces en forma conjunta,
haciendo desde luego las aclaraciones correspondientes, y examinando separada-
mente la competencia por razón de la materia, de las personas y del lugar.

b) Por razón de la materia, incumbe a la justicia federal conocer en las:

1 ° Causas especialmente regidas por la Constitución Nacional (CN, art.


116; leyes 48, art. 2o, inc. Io y 1893, art. 111, inc. Io). Para que corresponda la
competencia federal, en este caso, es .necesario que el derecho en cuya virtud se
demanda se encuentre directa e inmediatamente fundado en una norma consti-
tucional. No basta, en consecuencia, la circunstancia de que los derechos que se
dicen violados estén garantizados por la Constitución, pues en la medida en
que los códigos comunes tienden, en gran parte, a reglamentar o a hacer efecti-
vos derechos y garantías constitucionales (así lo están todos los que se refieren
a la propiedad y a la vida de los habitantes de la República), aquel criterio com-
portaría una considerable e inadmisible limitación de la competencia de los
jueces provinciales, en la interpretación y aplicación de dichos códigos (CSN,
Fallos, 26-233; 43-234; 96-347; 115-167).
Cuando se trata de demandas por inconstitucionalidad de impuestos pro-
vinciales, la jurisprudencia ha establecido que'Sólo $¡i£ieden ser deducidas ante
la justicia federal si ha mediado el previo pago del impuesto mediante la corres-
pondiente protesta. En caso contrario la causa es de la competencia de los jue-
ces provinciales, sin perjuicio de que el contribuyente deduzca oportunamente
el recurso extraordinario que autoriza el art. 14 de la ley 48 (Fallos, 31-103;
159-46). Se ha decidido, asimismo, que la demanda por repetición de lo pagado
en juicio de apremio tramitado en el orden local debe deducirse ante la justicia
ordinaria, por cuanto, promovido ante ésta el juicio de apremio, queda implíci-
tamente fijada en esa misma competencia para entablar el juicio de repetición
subsiguiente al ejecutivo con arreglo a las leyes procesales en vigor (CSN, Fa-
llos, Í84-59).

2o Causas especialmente regidas por leyes del Congreso (CN, art. 116;
leyes 48, art. 2°, inc. Io y 1893, art. 111, inc. Io). Se trata de las leyes sanciona-
das por el Congreso en ejercicio de las potestades que le acuerdad art. 75 de la
CN, vale decir, las que dicta para todo el territorio de la Nación, y que no estén
comprendidas en las materias que corresponden a los códigos civil, comercial,
212 LA COMPETENCÍA

penal, de minería, del trabajo y de la seguridad social (CN, art. 75, inc. 12).
Revisten aquel carácter, entre otras, las leyes sobre patentes de invención, mar-
cas de fábrica, correos y telecomunicaciones, enrolamiento, aduanas, expropia-
ción, ferrocarriles, impuestos y contribuciones nacionales, vinos, etcétera, y en
general, aquellas que reglamentan servicios, instituciones y actividades que se
extienden a todo el territorio de la Nación (v.gr.: Banco Central, Banco de la
Nación, Banco Nacional de Desarrollo, Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Ya-
cimientos Petrolíferos Fiscales, Junta Nacional de Carnes, etc.).
Es también presupuesto de la competencia federal, en esta hipótesis, que
el derecho invocado se funde directa e inmediatamente en una ley nacional.
El art. 111, inc. Io de la ley 1893 excluye expresamente de la competencia
de los jueces federales de la Capital el conocimiento de las causas regidas por
leyes "que se refieren al gobierno y administración de la Capital" (v.gr., contri-
buciones municipales, impuesto a la herencia, etc.), pues aquéllas son dictadas
por el gobierno nacional para regir exclusivamente en el mencionado distrito.

3 o Causas especialmente regidas por los tratados con las naciones ex-
tranjeras (CN, art. 116; leyes 48, art. 2o, inc. Io y 1893, art. 111, inc. Io). Como
en los dos casos anteriores, el derecho invocado debe estar directa e inmediata-
mente fundado en alguna disposición del tratado, salvo que ésta forme parte de
la legislación común.

4o Causas de almirantazgo y jurisdicción marítima (CN, art. 116). Son


las que se refieren a los actos que han tenido lugar en el mar y a los actos y con-
tratos referentes a la navegación. La expresión general utilizada en la Constitu-
ción ha sido explicitada por los arts. 2o, incs. 7o a 10 de la ley 48, y 111, incs. 6o
a 9o de la ley 1893, que comprenden, dentro de aquélla, todas las causas a que
den lugar los apresamientos o embargos marítimos en tiempos de guerra; las
que se originen por choques o averías de buques, o por asaltos hechos, o por au-
xilios prestados en alta mar, o en los puertos, ríos y mares en que la República
tiene jurisdicción; las que se originen entre los propietarios o interesados de un
buque, sea sobre su posesión o sobre su propiedad; las que versen sobre la cons-
trucción y reparos de un buque; sobre hipoteca de su casco; sobre fletamentos
y estadía; sobre seguros marítimos; sobre salarios de oficiales y marineros; so-
bre salvamento civil y militar; sobre naufragios; sobre avería simple y gruesa;
sobre contratos a la gruesa ventura; sobre pilotaje; sobre embargos de buques y
penas por violación de las leyes de impuestos y navegación; sobre nacionalidad
del buque y legitimidad de su patente o regularidad de sus papeles; sobre arri-
badas forzosas; sobre reconocimientos; sobre abandono, venta y liquidación de
créditos del buque, sobre cumplimiento de las obligaciones del capitán, tripu-
COMPETENCIA FEDERAL 213
lantes y, en general, sobre todo hecho o contrato concerniente a la navegación y
comercio marítimo.
La competencia federal en las causas de almirantazgo y jurisdicción ma-
rítima presupone que tales causas se relacionen directamente con la navegación
y el comercio marítimos, que son, de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte,
los que se cumplen entre un puerto de la República y otro extranjero, o entre
dos provincias por ríos interiores declarados libres para todas las banderas por
el art. 26 de la CN. Se trata, asimismo, de la solución consagrada por la ley
20.094, cuyo art. 515 atribuye competencia a los tribunales federales para en-
tender "en las causas emergentes de la navegación interjurisdiccional, o que
puedan considerarse conexas a éstas". Tal limitación, sin embargo, no rige con
respecto a los tribunales federales con sede en la Capital Federal.
Los arts. 55, inc. b) y 42, inc. b) de la ley 13.998, establecen la regla ge-
neral de que los jueces federales con asiento en las provincias y los jueces na-
cionales de primera instancia en lo civil y comercial federal de la Capital, res-
pectivamente, conocerán de las causas regidas por el derecho de la navegación
y el derecho aeronáutico.
Concordantemente con ello el Código Aeronáutico (ley 17.285, art. 198),
dispone que corresponde a la justicia federal el conocimiento y decisión de las
causas que versen sobre navegación aérea o comercio aéreo en general y de los
delitos que puedan afectarlos.

5o Causas concernientes a hechos, actos y contratos relativos a los me-


dios de transportes terrestre, con excepción de láü acciones civiles por repara-
ción de daños y perjuicios causados por delitos o cuasidelitos (ley 13.998, arts.
55, inc. b], y 42, inc. b], refiriéndose, respectivamente, a los jueces federales
con asiento en las provincias y a los jueces nacionales en lo federal de la Capi-
tal). De acuerdo con esta norma, por consiguiente, la justicia federal es compe-
tente para conocer de todas aquellas pretensiones por resarcimiento de daños
que se funden en el art. 184 del Cód. Com., las cuales son de origen contractual,
y no delictual o cuasidelictual (CSN, Fallos, 243-372; CNApel. Com., en pleno,
L.L., 108-883, etc.). En lo que concierne a los jueces federales de las provin-
cias, el conocimiento de esta clase de asuntos se halla supeditado a la circuns-
tancia de que ellos versen sobre hechos, actos y contratos relativos a los medios
de transporte que liguen a la Capital Federal o un territorio nacional con una
provincia, o dos provincias entre sí, o un punto cualquiera de la Nación con un
Estado extranjero y siempre, además, que la pretensión se funde, en forma di-
recta e inmediata, en normas dictadas por el gobierno nacional en ejercicio de
la facultad que le confiere el art. 75, inc. 13 de la CN. Esta limitación no rige en
relación con los jueces federales de la Capital, a quienes la ley puede conferir.
214 LA COMPETENCIA

sin desmedro constitucional, atribuciones para conocer en asuntos ajenos a la


competencia exclusivamente federal.

c) Por razón de \as personas, compete a los jueces federales conocer de:

1 ° Las causas en que la Nación sea parte (CN, art. 116; leyes 48, art. 2°,
inc. 6o, y 1893, art. 111, inc. 5o). La norma comprende al Estado nacional, a sus
entes descentralizados y a las empresas del Estado.
En la Capital Federal, la competencia para conocer en las causas en que la
Nación es parte puede corresponder, en ciertos casos, a los jueces nacionales en
lo contencioso-administrativo federal. La delimitación de la materia "conten-
cioso-administrativa" a que se refiere el art. 45, inc. a) de la ley 13.998, ha sido
objeto de numerosos fallos judiciales que, en lo fundamental, condicionan la
respectiva competencia a la circunstancia de que exista una resolución que
haya violado algún derecho establecido anteriormente por una ley, decreto, re-
glamento u otra disposición de índole administrativa, y se haya agotado previa-
mente la vía administrativa, deduciéndose en su caso el recurso jerárquico
(CNFed.,/A., 1951-IV-57). Se ha dicho, asimismo, que el verdadero funda-
mento de la competencia del fuero especializado en materia contencioso-admi-
nistrativa está dado por la norma objetiva que, de manera preponderante, ha de
utilizarse para dirimir la contienda judicial, procurándose así que las cuestiones
propias del derecho administrativo sean sustanciadas y resueltas por jueces es-
pecializados en tal disciplina (CNFed., en pleno, L.L., 96-243). En ese orden de
consideraciones se ha resuelto que corresponde a los jueces en lo contencioso-
administrativo conocer de la demanda entablada contra la Nación para que se
condene a ésta a conceder una pensión de retiro militar denegada por vía admi-
nistrativa (CNFed., JA., 1951-IV-57); de la demanda cuyo título determinante
lo constituye un decreto del Poder Ejecutivo de la Nación dictado por éste en su
misión de poder administrador de los caudales de la Nación (CNFed., L.L., 67-
320), etcétera.
Los arts. 2o, inc. 6o de la ley 48, y 111, inc. 5o de la ley 1893, extienden la
competencia federal al supuesto de que sea parte en el juicio un recaudador de
las rentas de la Nación, habiéndose interpretado, como es obvio, que el pleito
ha de referirse a hechos relacionados con la renta y el servicio público, pues
sólo en ese ámbito cabe identificar al recaudador con la Nación. Directamente
vinculados con el punto analizado se hallan los arts. 2°, incs. 4o y 5o de la ley 48,
y l l ! , incs. 4o y 5o de la ley 1893, según los cuales compete a la justicia federal
conocer de "todo pleito que se inicie entre particulares, teniendo por origen ac-
tos administrativos del gobierno nacional", y "toda acción fiscal contra particu-
lares o corporaciones, sea por cobro de cantidades debidas o por cumplimiento
COMPETENCIA FEDERAL 215
de contrato, o por defraudación de rentas nacionales, o por violación de regla-
mentos administrativos".
En relación con esta última norma corresponde también aclarar que, en la
Capital Federal, es de competencia exclusiva de los jueces en lo contencioso-
administrativo el conocimiento "de las causas que versen sobre contribuciones
nacionales y sus infracciones" (ley 13.998, art. 45, inc. b]). Pero el precepto
debe correlacionarse con lo dispuesto en el art. 111, inc. 5o de la ley 1893, que
excluye de la competencia de los jueces federales (y, por lo tanto, de los jueces
en lo contencioso-administrativo), el conocimiento de las acciones fiscales por
cobro de rentas o impuestos que sean exclusivamente para la Capital y no gene-
rales para la Nación.

2o Las causas civiles en que sean parte un vecino de la provincia en que


se suscite el pleito y un vecino de otra (CN, art. 116; ley 48, art. 2o, inc. 2o). El
art. 111, inc. 2o de la ley 1893 otorgaba competencia a los jueces federales de la
Capital para conocer en los pleitos suscitados entre un vecino de la Capital y el
de una provincia, pero la norma fue derogada por art. 41, inc. a) de la ley
13.998, que excluyó la competencia de aquéllos para entender en "las causas
cuyo conocimiento les está atribuido por razones de la nacionalidad o el domi-
cilio de las personas", lo cual encuentra fundamento en la circunstancia de que
todos los jueces de la Capital revisten carácter nacional.
El art. 11 de la ley 48 establece que la vecindad en una provincia "se ad-
quirirá para los efectos del fuero, por la residencia continua de dos años, o por
tener en ella propiedades raíces, o un establecímrernto-d,e industria o comercio,
o por hallarse establecido, de modo que aparezca el ánimo de permanecer".
Respecto de esta norma la Corte Suprema ha resuelto que la vecindad se fija por
el hecho de "hallarse establecido, de modo que aparezca el ánimo de permane-
cer", y que las restantes circunstancias a que aquélla se refiere, carecen de valor
propio para determinar la vecindad, siendo meros elementos de juicio de los
cuales puede inducirse el hecho de la residencia con carácter permanente
(CSN, Fallos, 137-337).
Para que proceda el fuero federal por razón de distinta vecindad es necesario
que ambos litigantes sean argentinos, y que quien lo invoque sea el vecino de ex-
traña provincia, por cuanto a nadie le es dado declinar los jueces de su propio fue-
ro. Además, es necesario que el derecho que se disputa pertenezca originaria-
mente y no por cesión o mandato a quien lo hace valer en juicio (ley 48, art. 8o).
"Las corporaciones anónimas creadas y haciendo sus negocios en una
provincia, serán reputadas, para los efectos del fuero, como ciudadanos vecinos
de la provincia en que se hallen establecidas cualquiera que sea la nacionalidad
de sus socios actuales" (ley 48, art. 9o). Pero "en las sociedades colectivas, y en
216 LA COMPETENCIA

general en todos los casos en que dos o más personas pretendan ejercer una ac-
ción solidaria, o sean demandados por una obligación solidaria, para que cai-
gan bajo la jurisdicción nacional, se atenderá a la nacionalidad o vecindad de
todos los miembros de la sociedad o comunidad, de tal modo que será preciso
que cada uno de ellos individualmente tenga el derecho de demandar, o pueda
ser demandado ante los tribunales nacionales, con arreglo a lo dispuesto en el
inciso 2o del artículo 2o" (ley 48, art. 10). Esta última norma es también aplica-
ble a las sociedades de responsabilidad limitada y a las sociedades en comandi-
ta simple.

3 o Las causas civiles en que sea parte un ciudadano argentino y otro ex-
tranjero (CN, art. 116; ley 48, art. 2o, inc. 2o). El fuero federal en razón de la dis-
tinta nacionalidad de las partes (que no rige en la Capital [ley 13.998, art. 41,
inc. a]) constituye un privilegio instituido exclusivamente en beneficio del ex-
tranjero, quien por lo tanto puede renunciarlo expresa o tácitamente; pero el ex-
tranjero demandado por un argentino ante la justicia federal no puede declinar
la competencia de ésta.
Es aplicable al caso en estudio, lo que se ha dicho en el número anterior
acerca de la forma en que debe corresponder el derecho debatido y de los casos
en que son partes sociedades o se demande el cumplimiento de obligaciones so-
lidarias.
Los Estados extranjeros pueden también ser demandados ante la justicia
federal, siempre que renuncien al privilegio de exención de jurisdicción exami-
nado en su oportunidad (supra, n° 45).

4o Las causas que versen sobre negocios particulares de los cónsules


extranjeros y todas las concernientes a los vicecónsules extranjeros (CN, art.
116; leyes 13.998, art. 55, inc. c] y 1893, art. 111, inc. 3o). Cuando se trata de
cónsules, la competencia de los jueces federales de primera instancia se halla
circunscripta a las causas referentes a sus "negocios particulares", pues las que
versan sobre los privilegios y exenciones de aquéllos en su carácter público in-
cumben a la Corte Suprema en instancia originaria y exclusiva (decreto-ley
1285/58, art. 24, inc. Io).
El privilegio del fuero federal corresponde solamente a la persona del
cónsul o vicecónsul, y no al personal del Consulado (dependientes, sirvientes,
familiares).

d) La competencia de la justicia federal por razón del lugar se vincula


con la cuestión atinente al alcance de los poderes otorgados al Estado nacional
por el art. 75, inc. 30 de la CN, para ejercer potestades legislativas, administrad-
COMPETENCIA FEDERAL 217
vas y judiciales en los lugares adquiridos por compra o cesión en cualquiera de
las provincias con el fin de instalar allí establecimientos de utilidad nacional.
En la jurisprudencia de la Coríe prevaleció el criterio en cuya virtud la ad-
quisición, por el gobierno federal, de lugares en las provincias con destino a es-
tablecimientos de utilidad nacional, no implica la federalización de esos terri-
torios al extremo de que la Nación atraiga, por ese solo hecho, toda la potestad
legislativa, administrativa y judicial, en forma exclusiva y excluyente, de mane-
ra que la jurisdicción provincial sólo debe quedar excluida en la medida en que
su ejercicio interfiera, directa o indirectamente, en la satisfacción del servicio
de interés público que requiere el establecimiento nacional (Fallos, 201-536;
215-250; 240-311; 248-824; 259-414; 293-287; 296-449; 301-856).
Tal doctrina ha sido explícitamente adoptada por la reforma constitucio-
nal de 1994 por cuanto el art. 75, inc. 30 se refiere a los "fines específicos de los
establecimientos de utilidad nacional" y dispone que "las autoridades provin-
ciales y municipales conservarán el poder de policía e imposición sobre estos
establecimientos, en tanto no interfieran en el cumplimiento de aquellos fines".

e) Los jueces federales con asiento en las provincias tienen también


competencia para conocer, en grado de apelación, de resoluciones dictadas por
organismos administrativos. Tal atribución les ha sido acordada por diversas le-
yes especiales como las de defensa agrícola, policía sanitaria, policía vegetal,
armas y explosivos, etcétera.
Con respecto a la Capital Federal, el art. 45, inc. d) de la ley 13.998 asig-
nó competencia a los jueces nacionales de primera instancia en lo contencio-
so-administrativo para conocer "de los recursos contra las resoluciones ad-
ministrativas, que las leyes en vigor atribuyen a los jueces federales existentes
a la fecha de la sanción de esta ley". Corresponde a tales jueces, entre otros
casos, conocer de los recursos interpuestos contra los fallos dictados por los ad-
ministradores de aduanas sobre infracciones, repetición y retardo; contra las re-
soluciones denegatorias de inscripción de marcas de fábrica o de comercio,
etcétera.

f) La competencia de las cámaras federales de apelación con asiento en las


provincias, así como la de las cámaras nacionales de apelaciones en lo civil y co-
mercial federal y en lo contencioso-administrativo federal, ha sido examinada en
oportunidad de estudiar la organización de la justicia nacional (supra, n° 69).
218 LA COMPETENCIA

99. COMPETENCIA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

a) La competencia de la Corte Suprema está actualmente reglamentada


por el art. 24 del decreto-ley 1285/58, con las modificaciones introducidas por
las leyes 15.271, 17.116, 21.708 y 24.463. Dicho tribunal tiene competencia
originaria y apelada, habiendo sido establecida la primera, como regla, aten-
diendo a las personas intervinientes en las causas y la segunda, teniendo en
cuenta las personas, la materia y la importancia del asunto. Se examinarán los
distintos casos siguiendo el orden legal.

b) La Corte conoce originaria y exclusivamente:

Io En todos los asuntos que versan entre dos o más provincias y los ci-
viles entre una provincia y algún vecino o vecinos de otra o ciudadanos o sub-
ditos extranjeros (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io).
Cuando el litigio se plantea entre dos o más provincias corresponde la
competencia originaria de la Corte, con prescindencia de la naturaleza de las
cuestiones que aquél comprenda, salvo las cuestiones sobre límites, que deben
ser resueltas por el Congreso (CN, art. 75, inc. 15).
En cambio, cuando la causa se suscita entre una provincia y un extranjero
o un nacional vecino de otra provincia, aquélla debe revestir carácter civil. Por
causas civiles debe entenderse, según una reiterada jurisprudencia de la Corte,
no solamente aquellas en las que se debaten derechos nacidos de estipulación o
contrato, sino, en general, las regidas por el derecho común. De allí que la Corte
carezca de competencia originaria para entender en aquellos juicios cuya solu-
ción dependa, fundamentalmente, del conocimiento de cuestiones regidas por
preceptos de naturaleza local. De conformidad con tales principios se ha deci-
dido, v.gr., que es ajena a la competencia originaria de la Corte la demanda por
cobro de pesos entablada a raíz de haber sido dejado sin efecto, por decreto de
la Junta Militar a cargo del gobierno de una provincia, el convenio suscripto por
el anterior gobernador referente a la prestación de servicios profesionales para
planificar la administración pública local {Fallos, 244-76); la demanda dirigida
contra una provincia a fin de que, declarándose la nulidad de los autos de em-
bargo de títulos y remate de éstos, dictados por los jueces provinciales en el jui-
cio de apremio sobre cobro de impuestos establecidos por una ley local, se con-
dene a su restitución (Fallos, 245-104); la demanda sobre reversión de dominio
entablada contra una provincia, que se funda en disposiciones de derecho pú-
blico y administrativo local (Fallos, 254-411); la demanda que persigue la nu-
lidad de inscripciones y resoluciones internas realizadas por el Registro de la
COMPETENCIA FEDERAL 219
Propiedad de una provincia y de una escritura pública labrada por un escribano
provincial (Fallos, 301-661), etcétera.
El inciso examinado excluye de la competencia originaria de la Corte las
cuestiones que se susciten entre una provincia y sus propios vecinos, salvo que
el derecho debatido revista carácter federal, como cuando, por ejemplo, se im-
pugna la validez constitucional de actos de las provincias cumplidos en su ca-
lidad de poder púbiico, por cuanto en tales casos, la competencia de la Corte
surge por ser la causa de competencia federal en los términos del art. 116 de la
CN y por ser parte en ella una de las provincias integrantes de la Nación (CN,
art. 117, y decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io) (Fallos, 249-165; 255-256, etc.).
Deben considerarse "vecinos" a los efectos de la competencia originaria
de la Corte Suprema: a) Las personas físicas domiciliadas en el país desde dos
o más años antes de la iniciación de la demanda, cualquiera que sea su naciona-
lidad; b) Las personas jurídicas de derecho público del país; c) Las demás per-
sonas jurídicas constituidas y domiciliadas en el país; d) Las sociedades y aso-
ciaciones sin personería jurídica, cuando la totalidad de sus miembros se halle
en la situación prevista en el párr. a) (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io). En
cuanto a la forma de adquirirse la "vecindad" en determinada provincia, rige lo
dispuesto por el art. 11 de la ley 48 (sitpra, n° 98).

2° Fn los asuntos que versen entre una provincia y un Estado extranjero


(decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io). En este caso debe prescindirse, para de-
terminar la competencia de la Corte, de la naturaleza y monto de las cuestiones
debatidas, por cuanto aquélla surge exclusivamente en.razón de las personas.
Pero "no se dará curso a la demanda contra un Estado extranjero, sin requerir
previamente de su representante diplomático, por intermedio del Ministerio de
Relaciones Exteriores y Culto, la conformidad de aquel país para ser sometido
ajuicio", salvo que concurran las circunstancias señaladas supra, n° 45.

3 o En las causas concernientes a embajadores u otros ministros diplo-


máticos extranjeros, a las personas que compongan la legación y a los indivi-
duos de su familia, del modo que una Corte de Justicia puede proceder con
arreglo al derecho de gentes (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io).
Son causas concernientes a embajadores o ministros plenipotenciarios
extranjeros, las que les afecten directamente por debatirse en ellas derechos que
les asisten o porque comprometen su responsabilidad, así como las que en la
misma forma afecten a las personas de su familia, o al personal de la embajada
o legación que tenga carácter diplomático (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io,
párr. 5o). Pero el privilegio de la competencia originaria de la Corte, que alcan-
za a las personas de la familia de los embajadores o ministros plenipotenciarios
220 LA COMPETENCIA

extranjeros, no se extiende a los individuos de la familia del personal de la em-


bajada que tenga carácter diplomático.
No cabe dar curso a las acciones contra las personas antes mencionadas
sin requerirse previamente, del respectivo embajador o ministro plenipotencia-
rio, la conformidad de su gobierno para someterlas ajuicio (decreto-ley
1285/58, art. 24, inc. Io, párr. 6o).

4o En las causas que versen sobre privilegios y exenciones de los cónsu-


les extranjeros en su carácter público (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. Io).
Agrega el párr. 6o del mismo inciso que "son causas concernientes a cónsules
extranjeros las seguidas por hechos o actos cumplidos en el ejercicio de sus
funciones propias, siempre que en ellas se cuestione su responsabilidad civil o
criminal". Entran en esta categoría, v.gr., las causas relativas a las injurias infe-
ridas a un cónsul en el local del consulado (Fallos, 10-324); a la acusación de
usurpación de autoridad contra un cónsul (Fallos, 29-66); al despido del canci-
ller de un consulado (JA., 59-758), etcétera.

c) La Corte tiene competencia apelada extraordinaria cuando conoce en


las causas por vía del recurso extraordinario (leyes 48, art. 14 y 4055, art. 6o), y
en los recursos directos deducidos con motivo de la denegatoria de aquél (de-
creto-ley 1285/58, art. 24, incs. 2° y 4°).

d) Ejerce competencia apelada ordinaria con motivo de:

P Los recursos ordinarios de apelación contra las sentencias definitivas


de las Cámaras Nacionales de Apelaciones, en los siguientes casos: a) Causas
en que la Nación directa o indirectamente sea parte, cuando el valor disputado
en último término, sin sus accesorios, sea superior a determinada cantidad de
pesos; b) Extradición de criminales reclamados por países extranjeros; c) Cau-
sas a que dieren lugar los apresamientos o embargos marítimos en tiempo de
guerra, sobre salvamento militar y sobre nacionalidad del buque, legitimidad
de su patente o regularidad de sus papeles (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. 6o).

2o Los recursos contra las sentencias definitivas de la Cámara Federal


de la Seguridad Social, cualquiera fuere el monto del juicio (ley 24.463, art. 19).

3 o Los recursos directos que sean consecuencia de la denegatoria de los


recursos mencionados precedentemente (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. 4o).

e) Finalmente, corresponde a la Corte Suprema conocer de:


COMPETENCIA FEDERAL 221

Io Los recursos de queja por retardo de justicia en contra de las cámaras


nacionales de apelaciones (decreto-ley 1285/58, art. 24, inc. 5o).

2o Las cuestiones de competencia y los conflictos que en juicio se plan-


teen entre jueces y tribunales del país que no tengan un órgano superior jerár-
quico común que deba resolverlos, salvo que dichas cuestiones o conflictos se
planteen entre jueces nacionales de primera instancia, en cuyo caso serán resuel-
tos por la cámara de que dependa el juez que primero hubiese conocido. Deci-
dirá asimismo sobre el juez competente en los casos en que su intervención sea
indispensable para evitar una efectiva privación de justicia (decreto-ley 1285/58,
art. 24, inc. 7o).
Por aplicación del principio en cuya virtud las autoridades provinciales
no pueden prevalerse de lo dispuesto por sus propias leyes para trabar o turbar
en forma alguna la acción de los jueces que hacen parte del Poder Judicial de la
Nación (decreto-ley 1285/58, art. 20), la Corte Suprema ha decidido, entre
otros casos, que la falta de respuesta por un juez provincial a las rogatorias li-
bradas por un magistrado federal constituye una efectiva traba a la acción de la
justicia nacional, a la que el tribunal debe poner término, en ejercicio de la com-
petencia que le confiere el art. 24, inc. 7o del decreto-ley 1285/58, mediante la
respectiva orden de que el primero dé cumplimiento en breve plazo al encargo
formulado (Fallos, 242-480; 244-457; 245-61; etc.).

3 o Los pedidos formulados por las entidades estatales cuando se dicten


medidas cautelares que en forma directa o indirecta afscíen, obstaculicen, com-
prometan o perturben el desenvolvimiento de actividades esenciales de dichas
entidades (CPN, art. 195 bis y ley 18.345, art. 62 bis, incorporados por el decre-
to 1387, arts. 50 y 51).
Se trata de un "salto de instancia" a cuyo respecto el decreto 1387, al mar-
gen de su ambigüedad, no ha fijado plazo alguno relativo a su interposición di-
recta ante la Corte, aunque debe razonablemente entenderse que no puede ex-
ceder del de diez días previsto en el art. 257 del CPN en relación con el recurso
extraordinario, y computarse desde la fecha de la notificación de la medida cau-
telar cuestionada.
222 LA COMPETENCIA

§ IV

CUESTIONES DE COMPETENCIA 2~

100. CONCEPTO, CLASES Y PROCEDIMIENTO

a) Existe cuestión de competencia cuando se desconoce a un juez, sea


por alguna de las partes, o por otro juez, la facultad de conocer en determinado
proceso.
Dichas cuestiones pueden originarse mediante el uso de dos vías procesa-
les denominadas declinatoria e inhibitoria, aunque también cabe la posibilidad
de que ellas sean planteadas de oficio por los jueces.

b) Mediante la declinatoria el demandado se presenta ante el juez que lo


citó y le pide un pronunciamiento negativo acerca de su competencia, en tanto
que por la inhibitoria, en cambio, aquél se presenta ante el juez que cree com-
petente, pidiéndole que así lo declare y remita un oficio o exhorto inhibitorio al
juez que está conociendo en la causa a fin de que se abstenga de continuar co-
nociendo de ella.
Las partes pueden utilizar una u otra vía, salvo que la cuestión comprenda
a jueces que ejercen la misma competencia territorial, en cuyo caso sólo proce-
de el planteamiento de la declinatoria. En ambos supuestos se requiere que no
se haya consentido la competencia de que se reclama. Además, la declinatoria
y la inhibitoria se excluyen recíprocamente: la elección de una es definitiva y
obsta el planteamiento de la otra (CPN, art. 7o).

c) En cuanto al procedimiento a seguir, el art. 8o CPN dispone que "Ja


declinatoria se sustanciará como las demás excepciones previas y, declarada
procedente, se remitirá la causa al juez tenido por competente". En el proceso
ordinario, por consiguiente, debe plantearse como excepción de incompetencia
dentro de los primeros diez días del plazo para contestar la demanda o la recon-
vención, en su caso (CPN, art. 346). En el proceso sumario, en cambio, debe
deducirse al contestar la demanda (CPN, art. 488).
En lo que se refiere a la inhibitoria, el mencionado art. 8° establece que
"podrá plantearse hasta el momento de oponer excepciones o de contestar la
demanda si aquel trámite no se hallare establecido como previo en el proceso
de que se trata".

23
Bibliografía citada en la ñola 20.
CUESTIONES DE COMPETENCIA 223

La cuestión de competencia por inhibitoria se inicia mediante escrito pre-


sentado ante el juez que la parte entiende competente, en el cual corresponde for-
mular una reseña de la demanda y de los antecedentes susceptibles de justificar la
competencia de aquél. Al referirse al planteamiento y decisión de la inhibitoria, el
art. 9o CPN dispone que "si entablada la inhibitoria el juez se declarase competen-
te, librará oficio o exhorto acompañando testimonio del escrito en que se hubiere
planteado la cuestión, de la resolución recaída y demás recaudos que estime nece-
sarios para fundar su competencia. Solicitará, asimismo, la remisión del expe-
diente o. en su defecto, su elevación al tribunal competente para dirimir la con-
tienda. La resolución sólo será apelable si se declarase incompetente".
En cuanto al trámite de la inhibitoria ante el juez requerido, una vez reci-
bido el oficio o exhorto, aquél se pronunciará aceptando o no la inhibición. En
el primer caso, su resolución será apelable y una vez consentida o ejecutoriada,
"remitirá la causa al tribunal requirente, emplazando a las partes para que com-
parezcan ante él a usar de su derecho". En cambio, "si mantuviere su competen-
cia enviará sin otra sustanciación las actuaciones al tribunal competente para
dirimir la contienda y lo comunicará sin demora al tribunal requirente para que
remita las suyas" (CPN, art. 10).
La ley 25.488 sustituyó no obstante dicha norma por otra en cuya virtud
"las cuestiones de competencia se sustanciarán por vía de incidente. No sus-
penden el procedimiento, al que seguirá su trámite ante el juez que previno, sal-
vo que se tratare de cuestiones de competencia en razón del territorio".
En razón de que el precepto transcripto excluye de su marco significativo a
las cuestiones suscitadas entre jueces de distintas cixcunscripciones judiciales, en
cuyos supuestos corresponde entender, a contrario sensu, que ambos magistrados
deben suspender los procedimientos relativos a la causa principal, dicho precepto
sólo puede considerarse aplicable a los casos en que dos jueces con una misma
competencia territorial se han declarado competentes para conocer en un mismo
proceso, que configura la hipótesis de conocimiento simultáneo aludida en el art.
13 del CPN. Pero aun así se ha incurrido en un manifiesto error, por cuanto la
prosecución de la causa principal ante el juez que previno puede culminar en
una declaración de nulidad, emergente de lacircunstancia de haberse tramitado
aquélla —inclusive en su totalidad— ante un órgano judicial en definitiva de-
clarado incompetente por el tribunal llamado a dirimir la cuestión.

101. MODOS DE DIRIMIR LAS CUESTIONES DE COMPETENCIA

Dispone el art. 11 CPN que "dentro de los cinco días de recibidas las ac-
tuaciones de ambos jueces, el tribunal superior resolverá la contienda sin más
224 LA COMPETENCIA

sustanciación y las devolverá al que declare competente, informando al otro


por oficio o exhorto". Agrega que "si el juez que requirió la inhibitoria no remi-
tiere las actuaciones dentro de un plazo prudencial ajuicio del tribunal supe-
rior, éste lo intimará para que lo haga en un plazo de diez a quince días, según
la distancia, bajo apercibimiento de tenerlo por desistido de su pretensión".
Es preciso aclarar que la Corte Suprema es tribunal competente cuando la
contienda se suscite entre jueces que no tengan un órgano superior jerárquico
común, quedando excluidas de su competencia las cuestiones o conflictos que
se planteen entre jueces nacionales de primera instancia, los que deben ser re-
sueltos por la cámara de que dependa el juez que primero hubiere conocido.
Asimismo, la Corte debe decidir sobre el juez competente en los casos en que
su intervención es necesaria para evitar una efectiva privación de justicia (de-
creto-ley 1285/58, art. 24, inc. 7o).
En consecuencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene compe-
tencia para resolver los conflictos que se susciten entre jueces o tribunales de
distintas provincias, o entre jueces nacionales y provinciales. En ejercicio de
esa facultad, la Corte debe declarar la competencia del juez o tribunal que real-
mente la tenga, aunque tal juez o tribunal no haya intervenido en la contienda
(Fallos, 250-604; 256-164 y 401).
La segunda parte de la norma antes transcripta se refiere a los denomina-
dos conflictos negativos de competencia, los cuales tienen lugar cuando, ha-
biéndose declarado incompetente un juez o tribunal (sea de oficio o en razón de
haber prosperado una excepción de incompetencia), la misma declaración es
emitida por el juez o tribunal ante el cual el actor ocurre en segundo término.
Pero debe tenerse presente que la Corte sólo interviene, en tales casos, cuando
los jueces o tribunales respectivos no tengan un superior jerárquico común que
deba resolver la contienda.
Finalmente, el art. 13 CPN dispone que "en caso de contienda negativa o
cuando dos o más jueces se encontraren conociendo de un mismo proceso,
cualquiera de ellos podrá plantear la cuestión de acuerdo con el procedimiento
establecido en los artículos 9° a 12".
La remisión a esas normas, sin embargo, debe entenderse en el sentido de
que ellas son aplicables en cuanto sea pertinente, pues algunas, como las refe-
rentes al régimen de recursos, a la suspensión de los procedimientos, y al aper-
cibimiento que puede formular el tribunal superior, no se adecúan a la índole de
este tipo de contienda.
CAPÍTULO VIII

LAS PARTES

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 102. Concepto de parte.— 103. Capacidad para ser par-
te.— 104. Capacidad procesal.— 105. Deberes de las partes.— II. REPRESENTACIÓN
DE LAS PARTES: 106. Justificación de la personería.— 107. El gestor.— 108. La re-
presentación convencional.— 109. Deberes de los procuradores.— 110. Extensión del
mandato.— 111. Cesación del mandato.— 112. La representación legal.— III. UNIFI-
CACIÓN DE LA PERSONERÍA: 113. Concepto y fundamento.— 114. Procedimien-
to.— 115. Revocación y cesación.

§ /

GENERALIDADES14

102. CONCEPTO DE PARTE

a) Es parte —dice CHIOVENDA— el que demanda en nombre propio (o


en cuyo nombre se demanda) una actuación de ley, y aquel contra el cual esa ac-

24
ALSINA, Tratado, I. pág. 471; CALAMANDREI, Instituciones. II, pág. 287; CARNELUTTI,
Instituciones, I. pág. 174; COLOMBO, Código, I, pág. 267; COSTA, L'inten'enlo in causa. Torino,
1953, pág. 174; Manuale di diritto processuale civile, pág. 147; CHIOVENDA, Principios, II, pág. 5;
Istituzioni, II, pág. 199; DELLA ROCCA, Istituzioni di diritto processuale canónico. Torino, 1946,
pág. 156; DEVIS ECHANDI'A, Nociones generales, pág. 352; FALCÓN, Código, I. pág. 325; FASSI-
YÁÑEZ, Código, I, pág. 305; GUASP, Derecho procesal civil, 1. pág. 170; LIEBMAN, Manuale. I,
pág. 133: Corso, pág. 79; MICHELI, Curso, I, pág. 197; MORELLO, "La litis temeraria y la conducta
maliciosa en el nuevo Código Procesal Civil y Comercial de la Nación", en JA., 1967. VI. pág.
901; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos, II-A, pág. 791; PALACIO, Derecho procesal civil, III,
pág. 7; Estudio, pág. 79; PALACIO-ALVARADO VELLOSO. Código, II. pág. 320; PRIETO CASTRO,
Derecho procesal civil. I, pág. 261; RAMOS MÉNDEZ, Derecho procesal civil. I, pág. 225; REDENTI,
226 LAS PARTES

tuación de ley es demandada. En un orden de ideas sustancialmente similar,


GUASP expresa que parte es quien pretende y frente a quien se pretende, o, más
ampliamente, quien reclama y frente a quien se reclama la satisfacción de una
pretensión.
b) Tales conceptos —con los que coincide la mayor parte de la doctri-
na— destacan dos notas fundamentales, a saber: 1°) Que la noción de parte se
halla circunscripta al área del proceso: es parte quien reclama, o frente a quien
se reclama la protección jurisdiccional, o sea, quienes de hecho intervienen o
figuran en el proceso como sujetos activos y pasivos de una determinada pre-
tensión, con prescindencia de que revistan o no el carácter de sujetos legitimados
(supra, n° 52), porque la legitimación constituye un requisito de la pretensión y
no de la calidad de parte. Si ésta, en otras palabras, no se encuentra legitimada,
ocurrirá que su pretensión será rechazada, pero esta contingencia no la privará
de aquella calidad; 2o) Que sólo es parte quien actúa en nombre propio (o en
nombre de quien se actúa). No reviste tal calidad, en consecuencia, quien,
como el representante (legal o convencional), actúa en el proceso en nombre y
por un interés ajeno.
c) En ese orden de consideraciones, corresponde reconocer calidad de
partes tanto al sustituto procesal como a los terceros que ingresan al proceso
mediante cualquiera de las modalidades de la intervención. También son partes
(aunque transitorias o incidentales) quienes, siendo ajenos a la relación jurídica
sustancial que se debate en el proceso, actúan en él defendiendo un derecho o
un interés propio. Tal lo que ocurre con los peritos en los incidentes promovi-
dos con motivo de su recusación; con los abogados y procuradores cuando in-
tentan el cobro de sus honorarios regulados con motivo de una condena en
costas; etcétera.
d) Necesariamente, las partes no pueden ser más que dos: actora y de-
mandada (principio de dualidad de las partes). Pero como se verá oportuna-
mente (infra, n° 130), el proceso puede desenvolverse con la actuación de más
de un sujeto en la misma posición de parte.
e) Importa señalar, asimismo, que la posición de las partes en el proceso
puede no coincidir con la que les corresponde en la relación jurídica sustancial
que en aquél se discute. Porque si bien es lo normal que el sujeto activo de la re-
lación sustancial sea quien adopte en el proceso la calidad de actor (caso de la
pretensión de condena deducida por el acreedor), también puede ocurrir que
Diritto processuale civile, I. pág. 157: RENGEL ROMBERG, Tratado. II, pág. 23: ROSENBERG,
Tratado de derecho procesal civil. I, pág. 211; SATTA. Diritto processuale civile. pág. 66: VÉscoví,
Derecho procesal civil, II, pág. 147: ZANZUCCHI, Dirimí processuale civile, 1, pág. 291.
GENERALIDADES 227

sea el sujeto pasivo de dicha relación quien asume aquella calidad (caso de la
pretensión declarativa de nulidad del crédito deducida por el deudor).
f) Las precedentes conclusiones sólo resultan aplicables a los procesos
contenciosos, pues únicamente en ellos cabe hablar de "partes" en sentido es-
tricto. En los procesos voluntarios el concepto de parte debe ser reemplazado
por el de "peticionarios", a quienes corresponde definir, en concordancia con
las nociones enunciadas oportunamente (supra, n° 36), como aquellas personas
que, en nombre e interés propio, o en cuyo nombre e interés se reclama, ante un
órgano judicial, la emisión de un pronunciamiento que constituya, integre o
acuerde eficacia a determinado estado o relación jurídica privada. No obstante,
con la salvedad que se formulará al examinar la capacidad procesal, son aplica-
bles a los peticionarios las mismas reglas y principios que se analizarán segui-
damente con relación a las partes.

103. CAPACIDAD PARA SER PARTE

a) Este tipo de capacidad, que constituye un reflejo de la capacidad de


derecho genéricamente considerada, se refiere a la posibilidad jurídica de figu-
rar como parte en un proceso, y no es otra cosa, por consiguiente, que la aptitud
para ser titular de derechos y de deberes procesales.
b) Del principio general en cuya virtud es persona todo ente susceptible
de adquirir derechos o contraer obligaciones (Cód. Civ., art. 30) se infiere que
toda persona, por el solo hecho de serlo, goza de capacidad para ser parte. La
adquisición y pérdida de esta clase de capacidad, en consecuencia, ha de coin-
cidir necesariamente con la adquisición y pérdida de la personalidad.
c) Por aplicación de los principios generales, las personas naturales o de
existencia visible adquieren capacidad para ser partes desde la concepción en el
seno materno (Cód. Civ., art. 70) y la pierden con la muerte, sea que este hecho
resulte acreditado mediante el hallazgo e identificación del cadáver o que el
juez lo tenga por comprobado en el supuesto de que la desaparición de la per-
sona se haya producido en circunstancias tales que la muerte deba ser tenida
como cierta (ley 14.384, art. 33).
d) Tienen también capacidad para ser partes las personas jurídicas, sean
de derecho público (Estado nacional, provincial o municipal, entidades autár-
quicas e Iglesia) o de derecho privado (asociaciones, fundaciones, sociedades).
Estas últimas se hallan sujetas, en cuanto a la adquisición y pérdida de su per-
228 LAS PARTES

sonalidad, a las prescripciones contenidas en el Código Civil (arts. 45 y 48) y en


la ley 19.550.

e) Generalmente, la jurisprudencia ha reconocido capacidad para ser


parte a las asociaciones sin personalidad jurídica, admitiendo su representación
procesal por el presidente de la entidad.

104. CAPACIDAD PROCESAL

a) No todas las personas que tienen capacidad para ser partes se hallan
dotadas de capacidad procesal, o sea de la aptitud necesaria para ejecutar per-
sonalmente actos procesales válidos.
La capacidad procesal supone, pues, la aptitud legal de ejercer los dere-
chos y de cumplir los deberes y cargas inherentes a la calidad de parte. De allí
que coincida con la capacidad de hecho reglamentada en el Código Civil, cuyas
normas sobre el tema resultan aplicables a ella.

b) De acuerdo con las reglas contenidas en dicho ordenamiento, son in-


capaces procesales absolutos: Io) Las personas por nacer; 2o) Los menores im-
púberes, o sea "los que aún no tuviesen edad de catorce años cumplidos" (art.
127); 3o) Los dementes, siempre que la demencia sea previamente verificada y
declarada por juez competente (art. 140); 4o) Los sordomudos que no saben
darse a entender por escrito, siempre que también medie declaración judicial en
ese sentido (art. 154).
Las personas precedentemente mencionadas carecen de toda aptitud para
actuar válidamente dentro de un proceso, debiendo hacerlo, en su lugar, los re-
presentantes necesarios a que se refiere el art. 57 Cód. Civ., sin perjuicio de la
representación promiscua acordada al ministerio pupilar (art. 59).

c) Conforme el art. 55 Cód. Civ. los menores adultos sólo tienen capaci-
dad para los actos que las leyes les autorizan a otorgar. En lo que respecta a la
mujer mayor de edad, cualquiera que sea su estado, goza de plena capacidad ci-
vil (ley 11.357, art. Io, modific. por la ley 17.711, art. 3o) y, por ende, procesal.
En principio, los menores adultos se hallan sometidos a la representación
necesaria de sus padres o tutores (Cód. Civ., art. 57, inc. 2o, y arts. 274 y 411).
No obstante, el art. 282 del mismo código les acuerda la facultad de comparecer
en juicio como actores, previa autorización dada por los padres, la que puede
suplirse por el juez cuando aquéllos, o uno de ellos, nieguen su consentimiento
para realizar ese acto. El requisito de la autorización es innecesario cuando el
GENERALIDADES 229
menor fuese demandado criminalmente (art. 286), y para estar en juicio laboral
(ley 18.345, art. 34). Debe entenderse, asimismo, que el menor adulto goza de
plena capacidad procesal para intervenir en todos aquellos juicios relacionados
con actos civiles que puede válidamente ejecutar sinvoutorización paterna (v.gr.
reconocimiento de hijos naturales: Cód. Civ., art. 286) o con actos respecto de
los cuales ha mediado tal autorización (v.gr. ejercicio del comercio: Cód. Com.,
arts. ÍO y 11; Cód. Civ., art. 275, etc.).
Interesa señalar, sin embargo, que los menores adultos gozan de plena ca-
pacidad procesal para intervenir en aquellos procesos voluntarios que tienden a
suplir la autorización de sus representantes legales para realizar determinados
actos jurídicos (v.gr. CPN, arts. 774 y 780).
Cabe añadir, por último, que de acuerdo con la modificación introducida al
art. 128 Cód. Civ. por la ley 17.711, el menor que ha cumplido dieciocho años pue-
de celebrar contrato de trabajo en actividad honesta sin consentimiento ni autoriza-
ción de su representante, quedando a salvo al respecto las normas del derecho la-
boral. Asimismo, de conformidad con la norma citada, el menor que ha obtenido
título habilitante para el ejercicio de una profesión puede ejercerla por cuenta pro-
pia sin necesidad de previa autorización. En los supuestos precedentes, el menor
puede administrar y disponer libremente de los bienes que adquiere con el produc-
to de su trabajo y estaren juicio civil o penal por pretensiones vinculadas con ellos.

d) La reforma introducida al Código Civil por la ley 17.711 consagra


dos clases de emancipación: por matrimonio y por habilitación de edad.
La primera es irrevocable y produce el efecto de habilitar a los casados
para todos los actos de la vida civil, salvo lo dispuesto en los arts. 134 y 135,
aunque el matrimonio se disuelva en su menor edad por muerte de uno de ellos,
tengan o no hijos, aunque la nueva aptitud nupcial se adquiere una vez alcanza-
da la mayoría de edad (Cód. Civ., ref. por ley 23.515).
La segunda se produce por decisión de quien ejerza sobre el menor que
hubiere cumplido dieciocho años la autoridad de los padres, y si aquél se en-
contrase bajo tutela, mediante decisión judicial pronunciada a pedido del tutor
o del menor, previa sumaria información sobre la aptitud de éste. A diferencia
de la emancipación por matrimonio, la emancipación por habilitación puede re-
vocarse judicialmente, a pedido de los padres, de quien ejercía la tutela al tiem-
po de acordarla o del ministerio pupilar, cuando los actos del menor demues-
tren la inconveniencia de su habilitación.
Cualquiera que sea la forma de emancipación los menores adquieren ple-
na capacidad para administrar y disponer de sus bienes, salvo que se trate de
bienes adquiridos por título gratuito antes o después de la emancipación, pues
para disponer de ellos deben solicitar autorización judicial. Si se trata de eman-
230 LAS PARTES

cipación por matrimonio, la autorización judicial puede suplirse mediante


acuerdo de ambos cónyuges, siempre que uno de ellos sea mayor de edad.
Por consiguiente, los menores emancipados tienen plena capacidad pro-
cesal para intervenir personalmente en cualquier proceso que verse: P) sobre
actos de disposición relativos a bienes adquiridos a título oneroso o a título gra-
tuito siempre que, en este último caso, haya mediado autorización judicial para
disponer de ellos, o acuerdo de los cónyuges en los términos señalados; 2o) so-
bre actos de administración relativos a bienes adquiridos por cualquier título.

e) Aun cuando pueda discutirse si la declaración de quiebra genera una


verdadera incapacidad, lo cierto es que, por efecto del desapoderamiento, la re-
presentación patrimonial del deudor queda confiada al síndico, y aquél, por lo
tanto, privado de aptitud para ejecutar actos procesales válidos en todo juicio
que verse sobre bienes de pertenencia del concurso. El fallido, sin embargo,
goza de plena capacidad para intervenir en los procesos relativos a pretensiones
inherentes a su persona (ley 24.522, arts. 107 y 110).

f) La situación de los penados se halla prevista por el art. 12 Cód. Penal,


conforme al cual "la reclusión y la prisión por más de tres años llevan como inhe-
rente la inhabilitación absoluta, por el tiempo de la condena, la que podrá durar
hasta tres años más, si así lo resuelve el tribunal, de acuerdo con la índole del delito.
Importan además la privación, mientras dure la pena, de la patria potestad, de la ad-
ministración de los bienes y del derecho de disponer de ellos por actos entre vi-
vos. El penado quedará sujeto a la cúratela establecida por el Cód. Civ. para los
incapaces". El penado, por lo tanto, queda privado de capacidad procesal para
intervenir en aquellos juicios en los cuales se ventilen pretensiones de naturale-
za patrimonial, pero no en los que versen sobre derechos personalísimos.

105. DEBERES DE LAS PARTES

a) Si bien, como oportunamente se ha señalado, la actividad de las par-


tes en el proceso se manifiesta, en principio, medíante el cumplimiento de car-
gas, ello no descarta la existencia de ciertos deberes procesales. Son éstos el de
respeto al tribunal y el de lealtad y buena fe.

b) Infringe el deber de respeto al tribunal la parte o el representante o pa-


trocinante de ella que, en la ejecución de cualquier acto procesal, asume actitudes
o utiliza expresiones reñidas con la autoridad, dignidad o decoro de la magis-
tratura.
GENERALIDADES 231

En oportunidad de examinarse las facultades disciplinarias de los jueces


se indicaron las sanciones a que puede dar lugar el incumplimiento de este de-
ber (supra, n° 74).
Aquí corresponde agregar que la admisibilidad de la adopción de sancio-
nes a abogados y funcionarios por faltas que cometieren contra la dignidad de
los jueces y tribunales, debe considerarse extensiva, en virtud de lo dispuesto
por el art. 58 CPN, a las cometidas contra la dignidad de los mismos abogados.
De allí que se haya resuelto, sobre la base de una norma análoga a la menciona-
da (decreto-ley 23.398/56, art. 6o), que el hecho de que un profesional impute a
un colega falta de ética equivale a tachar de inmoral la conducta de éste, lo que
evidentemente configura una grave ofensa para la dignidad profesional que au-
toriza a ios tribunales para aplicar las medidas disciplinarias correspondientes
(CNApel. Com., A, L.L. 100-734 [5451-S]).
No existe en cambio, fuera de las posibilidades excepcionales contem-
pladas en el art. 102 de la ley de concursos 24.522, un deber de auxilio al tribu-
nal, entendido en el sentido de que las partes estén obligadas a comparecer per-
sonalmente al llamamiento o citación de aquél a facilitar informes o a presentar
documentos que se encuentren en su poder. El deber de comparecencia fue es-
tablecido porart. 21 de la ley 14.237, que autorizaba a los jueces a hacer uso de
la fuerza pública en el caso de que los litigantes o sus mandatarios dejaren de
comparecer a las audiencias fijadas para lograr avenimientos o suministrar ex-
plicaciones sobre los puntos litigiosos. Pero esta norma fue derogada por el art.
21 del decreto-ley 23.398/56, y el actual ordenamiento procesal sólo instituye
un deber de comparecencia en los casos excepcionales, sancionados con mul-
tas, de los arts. 640 y 691. Y en cuanto a la orden de exhibir documentos en po-
der de una de las partes no genera, en rigor, un deber procesal, sino una carga,
porque la falta de exhibición sólo puede configurar una presunción en contra
del litigante si, por otros elementos de juicio, resultare manifiestamente verosí-
mil la existencia y contenido del documento (CPN, art. 388).

c) Entre los poderes acordados a los jueces, el CPN incluye el de "pre-


venir y sancionar todo acto contrario al deber ele lealtad, probidad y buena fe"
(art. 34, inc. 5o, párr. dj).
Para delimitar el alcance de tales deberes corresponde, ante todo, descar-
tar la hipótesis de que mediante ellos se exija a las partes la total certidumbre de
que sus pretensiones o defensas han de ser favorablemente resueltas por el ór-
gano judicial, o la observancia de una conducta procesal que redunde en detri-
mento de sus intereses, como podría ser la consistente en no omitir alegaciones
o actos probatorios que incluso perjudiquen la posición que han asumido en el
proceso.
232 LAS PARTES

Tales exigencias resultarían manifiestamente inconciliables con la garan-


tía de la defensa en juicio y con la vigencia del principio dispositivo, al que fun-
damentalmente adhiere, según se ha visto, el ordenamiento procesal vigente.
No constituye, por lo tanto, conducta procesal sancionable aquella que simple-
mente traduce la destreza o aptitud defensiva de los litigantes. Tampoco, como
es obvio, la que se manifiesta a través de argumentaciones jurídicas respalda-
das por un mínimo de seriedad, aun cuando ellas estén destinadas a obtener la
modificación de una doctrina jurisprudencial reiterada y pacífica.
Existen, por el contrario, dos clases de actitudes procesales reñidas con la
vigencia de aquellos deberes. Una de ellas es la del litigante que deduce preten-
siones o defensas cuya falta de fundamento no puede ignorar de acuerdo con
una mínima pauta de razonabilidad. Se trata, en otras palabras, de la actuación
procesal que se cumple con la conciencia de la propia sinrazón (CARNELUTTI,
COUTURE). Tal sería, por ejemplo, el caso de la parte que, al contestar la deman-
da, manifiesta categóricamente que no le consta en modo alguno la existencia
del hecho ilícito en que se fundó la demanda, si en esa oportunidad ya habían
transcurrido cinco meses desde la fecha de la sentencia definitiva recaída en un
proceso penal en que se impuso pena de multa e inhabilitación a su dependien-
te, y en cuyo trámite también prestó declaración el gerente y representante de la
empresa demandada, a quien se hizo entrega del camión que ocasionó el acci-
dente; el del ejecutado que, después de haber negado su firma, desiste de la ex-
cepción opuesta con tal fundamento o que reconoce, en el memorial, que alegó
la falsedad de la firma como medio para dilatar la causa; el de quien, a sabien-
das de su falsedad, sostiene que la actora no es la titular del crédito que reclama;
etcétera.
La otra actitud que transgrede los deberes de lealtad, probidad y buena fe
es la del litigante que opone injustificada resistencia a la marcha del proceso,
mediante la realización de actos tendientes a obstruir o dilatar su curso normal,
tales como la promoción de incidentes o la deducción de recursos manifiesta-
mente inadmisibles.
Como resulta fácil advertir, tanto en uno como en otro caso la conducta
de la parte deja de ser la manifestación de su habilidad o capacidad defensiva,
para adquirir el carácter de temeraria o maliciosa. Tales modalidades de la con-
ducta procesal, que son sustancialmente equiparables al dolo civil, se hallan
mencionadas en el art. 45, de acuerdo con el texto que le imprimió la ley
25.488: "Cuando se declarase maliciosa o temeraria la conducta asumida en el
pleito por alguna de las partes, el juez le impondrá a ella o a su letrado o a am-
bos conjuntamente, una multa valuada entre el diez y el cincuenta por ciento
del monto del objeto de la sentencia. En los casos en que el objeto de la preten-
sión no fuera susceptible de apreciación precautoria, el importe no podrá supe-
REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 233

rar la suma de $ 50.000. El importe de la multa será a favor de la otra parte. Si


el pedido de sanción fuera removido por una de las partes, se decidirá previo
traslado a la contraria.
"Sin perjuicio de considerar otras circunstancias que estime corresponder, el
juez deberá ponderar la deducción de pretensiones, defensas, excepciones o in-
terposición de recursos que resulten inadmisibles, o cuya falta de fundamento
no se pueda ignorar de acuerdo con una mínima pauta de razonabilidad o en-
cuentre sustento en hechos ficticios o irreales o que manifiestamente conduz-
can a dilatar el proceso".
De la norma transcripta se sigue en primer lugar que, lo mismo que el art.
45 en su redacción anterior, se refiere a la inconducta procesal genérica, vale
decir, a aquella que se exterioriza en forma continuada o persistente a través de
las diversas etapas del juicio apreciadas en su totalidad, de modo que las san-
ciones a que alude sólo pueden aplicarse, como por lo demás lo prescribe el art.
34, inc. 6o, en oportunidad de dictarse la sentencia definitiva.
En segundo lugar el nuevo art. 45 no circunscribe la declaración de in-
conducta a la parte vencida en el pleito, total o parcialmente, sino que la extien-
de a cualquiera de las partes. Sin embargo, una comprensión coherente con el
segundo párrafo del precepto y con lo prescripto en el art. 551 en relación con
el ejecutado, excluyen la aplicación de multas a quien resultare vencedor total,
sin perjuicio, naturalmente, de su eventual responsabilidad derivada de incon-
ductas específicas (v.gr., CPN, arts. 29, 129, 130 y 145).
No alcanza empero a percibirse el momento en que puede pedirse, en su
caso, la aplicación de la sanción, porque más allá Be qii&ésta depende exclusiva-
mente del arbitrio discrecional del juez, resultaría notoriamente prematuro el for-
mulado en los escritos iniciales, e inoficioso el realizado en los alegatos, a cuyo
respecto la ley no prevé, como es obvio, traslado alguno a la parte contraria.

§ //

REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 25

106. JUSTIFICACIÓN DE LA PERSONERÍA

a) La capacidad procesal habilita, a quien goza de ella, para intervenir


en el proceso personalmente o por medio de un representante convencional.

25
ALSINA, Tratado, I, pág. 499: COLOMBO, Código, I, pág. 304: D'ALESSIO-YÁÑEZ,
234 LAS PARTES

Respecto de las personas a quienes afecta una incapacidad de hecho, funciona, en


cambio, la denominada representación legal (infra, n° 112). En análoga situación
a los incapaces de hecho se encuentran las personas de existencia ideal (corpora-
ciones, sociedades, etc.), que por efecto de su propia naturaleza y composición
solamente pueden actuar por medio de sus representantes legales o estatutarios.

b) £1 art. 46 CPN impone a los representantes, sean legales o convencio-


nales, la carga de acreditar formalmente la personería que invocan. Dispone, en
efecto, que "la persona que se presente enjuicio por un derecho que no sea pro-
pio, aunque le competa ejercerlo en virtud de una representación legal, deberá
acompañar con su primer escrito los documentos que acrediten el carácter que
inviste" (párr. Io).
Así los tutores y curadores, cuando actúan en ejercicio de la repre-
sentación legal, deben exhibir el testimonio de la resolución o de la escritura re-
lativa al discernimiento de la tutela o cúratela; los representantes de una socie-
dad o asociación deben justificar tal carácter mediante el testimonio del acta de
la asamblea o reunión de socios o asociados que los haya designado, etcétera.
No obstante, el segundo párrafo de la norma citada agrega que "si se invo-
care la imposibilidad de presentar el documento, ya otorgado, que justifique la
representación y el juez considerare atendibles las razones que se expresen, po-
drá acordar un plazo de hasta veinte días para que acompañe dicho documento,
bajo apercibimiento de tener por inexistente la representación invocada". Es el
caso, v.gr., del poder otorgado en el extranjero cuya oportuna presentación hu-
biese tropezado con obstáculos derivados de su legalización o de otra contin-
gencia semejante.
Excepción al principio general que impone la carga de acreditar la perso-
nería lo constituye el último párrafo del art. 46 CPN, con arreglo al cual "los pa-
dres que comparezcan en representación de sus hijos y el marido que lo haga en
nombre de su mujer, no tendrán obligación de presentar las partidas correspon-
dientes, salvo que el juez, a petición de parte o de oficio, los emplazare a presen-
tarlas, bajo apercibimiento del pago de las costas y perjuicios que ocasionaren".

c) El art. 47 CPN, refiriéndose a los apoderados o procuradores, dispone


que éstos "acreditarán su personalidad desde la primera gestión que hagan en
nombre de sus poderdantes, con la competente escritura del poder" y añade:
"Sin embargo, cuando se invoque un poder general o especial para varios actos,

Código, l. pág. 122: FALCÓN, Código, !. pñg. 348: FASSI-YÁÑEZ, Código, I. pág. 333;
Pontxn. Tratado de los actos procesales, pág. 44; PALACIO, Derecho procesal civil. III. pág.
63: Estudio, pág. 79; RENGF.I. ROMBI'.RG. Tratado. II. páa. 51: VÉSCOVI. Derecho procesal
civil. II. pág. 197.
REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 235
se lo acreditará con la agregación de una copia íntegra firmada por el letrado
patrocinante o por el apoderado. De oficio o a petición de parte, podrá intimarse
la presentación del testimonio originar'. Aunque la norma no exige la declara-
ción jurada del letrado o apoderado sobre la fidelidad de la copia, es obvio que
aquéllos son legalmente responsables de cualquier falsedad o inexactitud.

107. EL GESTOR

a) Desde el punto de vista procesal denomínase gestor a quien, limitán-


dose a invocar la representación de un tercero, o careciendo de poder suficiente,
comparece en nombre de aquél para realizar uno o más actos procesales que no
admiten demora, aunque con la condición de acreditar personería o de obtener
la ratificación de su actuación dentro de un plazo determinado.

b) El art. 48 CPN, de acuerdo con la reforma que le introdujo ¡a ley


22.434, dispone al respecto que "cuando deban realizarse actos procesales ur-
gentes y existan hechos o circunstancias que impidan la actuación de la parte
que ha de cumplirlos, podrá ser admitida la comparecencia en juicio de quien
no tuviera representación conferida. Si dentro de los cuarenta días hábiles, con-
tados desde la primera presentación del gestor, no fueren acompañados los ins-
trumentos que acrediten la personalidad o la parte no ratificase la gestión, será
nulo todo lo actuado por el gestor y éste deberá satisfacer el importe de las cos-
tas, sin perjuicio de su responsabilidad por el darlo qtte hubiere producido. En
su presentación, el gestor, además de indicar la parte en cuyo beneficio preten-
de actuar, deberá expresar las razones que justifiquen la seriedad del pedido. La
nulidad, en su caso, se producirá por el solo vencimiento del plazo sin que se re-
quiera intimación previa. La facultad otorgada por este artículo sólo podrá ejer-
cerse una vez en el curso del proceso".

c) La gestión procesal —como también ocurría con anterioridad a la re-


forma del art. 48— sólo puede admitirse en los casos urgentes. Los fallos ante-
riores a la promulgación de la ley 22.434, si bien pusieron énfasis en
puntualizar el carácter excepcional de la facultad acordada por el art. 48 CPN,
generalmente resolvieron que la "urgencia" requerida por la norma puede obje-
tivamente resultar de la petición misma o de la índole de la situación procesal
de que se trate, lo que ocurre, v.gr., si se encuentra en curso el plazo para con-
testar la demanda u oponer excepciones o está por prescribir la acción. Otros
fallos, en cambio, se pronunciaron en el sentido de que la mera perentoriedad
de un plazo no configura la urgencia requerida para encuadrar el supuesto en el
236 LAS PARTES

ámbito de la norma analizada, siendo por lo tanto necesario que el compare-


ciente invoque los motivos en que se funda la ausencia de representación.
La ley 22.434 se ha inclinado hacia este último criterio, pues condiciona
la admisibilidad de la comparecencia de quien carece de representación confe-
rida a la existencia de '"hechos o circunstancias que impidan la actuación de la
parte" que ha de cumplir los actos procesales de que se trate, e impone al gestor
la carga de "indicar la parte en cuyo beneficio pretende actuar" y de "expresar
las razones que justifiquen la seriedad del pedido".
Las circunstancias obstativas a la actuación de la parte en cuyo beneficio
interviene el gestor, pueden surgir de las constancias del expediente. En caso
contrario aquél debe aportar elementos de juicio que acrediten, prima facie, la
verosimilitud de dichas circunstancias, siendo innecesaria la producción de
prueba concluyente. Basta, por lo tanto, un simple acreditamiento, como el que
contempla, v.gr. el art. 90, inc. 1°CPN.

d) La norma contenida en el art. 48 CPN es aplicable a cualquier clase


de representación (voluntaria o necesaria), y no sólo rige con respecto a los ac-
tos de constitución del proceso (demanda, reconvención o contestación de am-
bas), sino que es extensiva a cualquier acto urgente que deba realizarse dentro
de un proceso en trámite, con prescindencia del estado de éste. Ello puede ocu-
rrir, por ejemplo, en los casos de muerte o incapacidad del apoderado o de la
parte que actúa sin representación, en los cuales, por cualquier circunstancia,
medie algún impedimento que obste a una presentación regular con posteriori-
dad al vencimiento de la suspensión de los plazos. Pero en virtud de la índole
excepcional que reviste la facultad que acuerda la norma examinada, ella puede
ejercerse una sola vez en el curso del proceso, según lo dispone, con acierto, el
párrafo final del art. 48 en su actual redacción.

e) A diferencia de la hipótesis contemplada en el art. 46, la calidad de


gestor, en sentido estricto, depende de la circunstancia de que el otorgamiento
del poder sea posterior al momento en que aquél se presente en el expediente
invocando el impedimento de la parte en cuyo reemplazo actúa, siempre, natu-
ralmente, que el documento habilitante se acompañe dentro del plazo de cua-
renta días hábiles que fija el art. 48, por cuanto la mencionada circunstancia
importa ratificación en los términos de los arts. 1936 y 2304 Cód. Civ. Incluso
cabe, de acuerdo con la redacción acordada a la norma ("o la parte no ratificase
la gestión") la convalidación de lo actuado por quien en momento alguno obtu-
vo el correspondiente mandato.
Pese a la diversidad de situaciones previstas por los arts. 46 y 48, cabe in-
terpretar que debe admitirse como gestor, y, por consiguiente, beneficiario del
REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 237

mayor plazo establecido en la segunda de las normas citadas, a quien, no obs-


tante tener representación conferida, acredita no sólo la imposibilidad de pre-
sentar el documento, sino también los hechos o circunstancias que obstan a la
actuación de la parte que debe cumplir el acto o actos procesales urgentes.
El plazo legal, por lo demás, se computa "desde la primera presentación
del gestor", o sea a partir de la fecha en que éste se arroga la facultad de actuar
en sustitución de la parte impedida, con prescindencia de su eficacia y de toda
declaración sobre el particular.
Finalmente dispone el art. 48, en su nueva redacción, que "la nulidad, en
su caso, se producirá por el solo vencimiento del plazo sin que se requiera inti-
mación previa". Esta norma, sin embargo, no ha hecho perder virtualidad a la
jurisprudencia en cuyo mérito la tardía acreditación de la personería sanea la
nulidad cuando la agregación del poder o de la ratificación ha sido admitida
—expresa o tácitamente—, por la parte contraria y no ha mediado hasta enton-
ces decisión judicial que la declare.
Porque, en efecto, ni la referencia al "solo vencimiento del plazo" ni mu-
cho menos la circunstancia de no requerirse la "intimación previa" pueden in-
ducir a postular el carácter automático de la nulidad, que contraría ostensible-
mente el régimen vigente en materia de nulidades procesales y a nadie
beneficia.

108. LA REPRESENTACIÓN CONVENCIONAL

a) Si bien toda persona procesalmente capaz tiene el derecho de compa-


recer en juicio personalmente o por intermedio de un mandatario, sólo puede
conferir el mandato a aquellas personas que la ley 10.996 (modificada por la ley
22.892) habilita para ejercer la procuración judicial.

b) Dispone, en efecto, dicha ley, que la representación en juicio ante los


tribunales de cualquier fuero en la Capital de la República, así como ante la jus-
ticia federal de las provincias, sólo podrá ser ejercida por las personas que enu-
mera, entre las cuales corresponde hacer un distingo según deban o no
inscribirse en la matrícula de procuradores que la misma ley crea.
Deben cumplir con el requisito de la inscripción los procuradores (art. 1 °,
inc. 2o) y los escribanos que no ejerzan la profesión de tales (art. 5o, inc. 2o). Los
abogados, actualmente, deben inscribirse en las matrículas creadas por las le-
yes 22.192 y 23.187, conforme a cuyos preceptos una vez cumplida esa exigen-
cia aquéllos están habilitados para ejercer la procuración (infra, n° 128).
238 LAS PARTES

Se hallan eximidos del requisito analizado, en cambio: Io) Los que ejer-
zan una representación legal (art. Io, inc. 4o), como los padres respecto de sus
hijos, los tutores o curadores con respecto de sus pupilos, etc.; 2o) Las personas
de familia dentro del segundo grado de consanguinidad y primero de afinidad
(art. 15, Ia parte), vale decir, los padres, hijos, abuelos, nietos, hermanos, sue-
gros, yernos y nueras (Cód. Civ., arts. 352, 353 y 363); 3o) Los mandatarios ge-
nerales con facultades de administrar, respecto de los actos de administración
(art. 15, 2a parte); 4o) Los que han de representar a las oficinas públicas de la
Nación, de las provincias y de las municipalidades, cuando obren exclusiva-
mente en ejercicio de esa representación (art. 17).
La circunstancia de que las personas mencionadas en último término no
necesiten título habilitante ni deban cumplir con el requisito de la inscripción
en la matrícula no significa, sin embargo, que ellas se encuentren eximidas del
cumplimiento de los deberes que impone a los procuradores judiciales el art. 11
de la ley.

c) Están inhabilitados para inscribirse en la matrícula de procuradores:


Io) Los que hubiesen sido condenados a penitenciaría o presidio o a cualquier
pena por delitos contra la propiedad o contra la administración o la fe pública,
lo mismo que en las falsedades y falsificaciones; 2o) Los escribanos con regis-
tro, titulares o adscriptos, que ejerzan la profesión de tales; 3o) Los funcionarios
o empleados públicos nacionales, provinciales o municipales que hagan parte
del personal administrativo de organización jerárquica y retribuido (art. 5o).

d) El art. 3 o de la ley 10.996 (modific. por la ley 22.892) dispone que


para obtener la inscripción en la matrícula se requieren las siguientes condicio-
nes: Io) Acreditar identidad personal; 2o) Mayoría de edad; 3o) Presentar título
universitario habilitante; 4o) Constituir domicilio legal en la jurisdicción que
corresponda, y declarar el domicilio real; 5o) Prestar juramento de tener el ple-
no goce de los derechos civiles, de no estar afectado por ninguna de las inhabi-
lidades establecidas en la ley y que la profesión se ejercerá con decoro,
dignidad y probidad.

e) Mientras en la Capital Federal la matrícula de procuradores está a


cargo de la Secretaría de Superintendencia de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación (RJN, art. 97), en el interior es llevada por las cámaras federales de
apelaciones o por los jueces seccionales, en su caso (ley 10.996, art. 2o).
De conformidad con la acordada reglamentaria de la ley 10.996 dictada
por la Corte Suprema el 29 de noviembre de 1919, modificada, entre otras, por
la del 19 de agosto de 1976, quienes deseen inscribirse en la matrícula deberán
REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 239
producir una información sumaria ante el juez en lo civil o en lo civil y comer-
cial federal en turno, en la Capital Federal, o ante el juez federal en turno en las
provincias, en la cual debe acreditarse, mediante la correspondiente documen-
tación, que el interesado reúne las condiciones legales. Elevadas las actuacio-
nes a la Corte Suprema, o al tribunal competente, se fijará en la correspondiente
tablilla el nombre de los procuradores que soliciten su inscripción, durante el
plazo de ocho días, vencidos los cuales el secretario de la Corte o el tribunal
respectivo aprobará o rechazará la información producida. Si fuese aceptada,
ordenará se entregue un certificado en el que conste estar el solicitante habilita-
do para ejercer la procuración. Rechazada la información por el secretario de la
Corte, el interesado puede recurrir ante ésta dentro del tercer día de notificado.

f) Según el art. 8o de la ley examinada, los procuradores pueden ser eli-


minados del registro en los siguientes casos: Io) Por cancelación voluntaria de
la inscripción; 2o) Por reiteradas represiones disciplinarias o una grave inco-
rrección en el desempeño del mandato judicial; 3o) Por condena sobreviniente
a causa de los delitos enumerados en el inc. Io del art. 5; 4o) Por insania o inca-
pacidad declarada judicialmente; 5o) Por pérdida de los derechos civiles poste-
rio; a la inscripción.

g) Los procuradores pueden ser suspendidos por un plazo de uno a seis


meses, como máximo, en los casos autorizados por las leyes de procedimiento
y por haberse dictado auto de prisión preventiva en cualquier proceso criminal
(art. 9o, modific. por la ley 22.892). - ,_

h) Con arreglo a lo dispuesto por los arts. 6o y 9o de la ley, constituye fa-


cultad de los distintos jueces y tribunales disponer la eliminación o suspensión
de los procuradores, sea por mediar respecto de ellos alguna de las inhabilida-
des legales o a título de medida disciplinaria, pudiendo el afectado interponer el
recurso de apelación ante el tribunal superior correspondiente, o el de revocato-
ria, si la medida fuese dictada por la Corte Suprema o cualquiera de las cámaras
de apelaciones. La eliminación por reiteradas correcciones disciplinarias sólo
puede ser decretada por la autoridad judicial que tiene a su cargo el registro.

109. DEBERES DE LOS PROCURADORES

a) Una vez aceptado el poder por el hecho de presentarse a ejercitar el


mandato, y admitida su personería, el apoderado asume todas las responsabili-
dades que las leyes le imponen y sus actos obligan al poderdante como si él per-
240 LAS PARTES

sonalmente los practicare (CPN, art. 49). Sin perjuicio de los principios conte-
nidos en el Cód. Civ. —legislación supletoria de la materia en los términos del
art. 1870, inc. 6o—, las leyes procesales imponen a los procuradores responsa-
bilidades y deberes que se examinarán seguidamente.
b) Están obligados, por lo pronto, a seguir el juicio mientras no hayan
cesado legalmente en el caso. Hasta entonces, las citaciones y notificaciones
que se hagan, incluso las de las sentencias definitivas, tienen la misma fuerza
que si se hicieren al poderdante, sin que les sea permitido pedir que se entien-
dan con éste. Sólo se exceptúan de esta regla los actos que, por disposición de
la ley (absolución de posiciones, reconocimiento de firmas, etc.), deban ser no-
tificados personalmente a la parte (CPN, art. 50).
c) Sin perjuicio de la responsabilidad civil o criminal por el ejercicio del
mandato, el mandatario debe abonar a su poderdante las costas causadas por su
exclusiva culpa o negligencia, cuando éstas son declaradas judicialmente. Ade-
más el juez puede, de acuerdo con las circunstancias, establecer la responsabi-
lidad solidaria del mandatario con el letrado patrocinante (CPN, art. 52).
d) El art. 11 de la ley 10.966 y los arts. 56 y 57 CPN imponen también a
los procuradores los siguientes deberes: Io) Interponer los recursos legales contra
toda sentencia definitiva adversa a su parte y contra toda regulación de honora-
rios que le corresponda abonar a aquélla, salvo el caso de tener instrucciones
por escrito en contrario de su respectivo comitente; 2o) Asistir, por lo menos en
los días designados para las notificaciones en la oficina, a los juzgados o tribuna-
les donde tengan pleitos y con la frecuencia necesaria en los casos urgentes; 3o)
Presentar los escritos, debiendo llevar firma de letrado los indicados en el art. 56
CPN (infra, n° 127). Se tendrá por no presentado y se devolverá alfirmantetodo es-
crito que debiendo llevarfirmade letrado no la tuviese, si dentro del segundo día de
notificada por ministerio de la ley la providencia que exige el cumplimiento de ese
requisito no fuese suplida la omisión, sea suscribiendo un abogado el mismo
escrito ante el secretario u prosecretario administrativo, quien certificará en los
autos esta circunstancia, sea por la mera ratificación que separadamente se hi-
ciere con firma de letrado (CPN, art. 57); 4o) Concurrir puntualmente a las au-
diencias que se celebren en los juicios en que intervengan.

110. EXTENSIÓN DEL MANDATO

a) "El poder conferido para un pleito determinado, cualesquiera sean


sus términos —dispone el art. 51 CPN— comprende la facultad de interponer
los recursos legales y seguir todas las instancias del pleito. También comprende
REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES 241
la facultad de intervenir en los incidentes y de ejercitar todos los actos que ocu-
rran durante la secuela de la litis, excepto aquéllos para los cuales la ley requie-
ra facultad especial, o se hubiesen reservado expresamente en el poder".

b) La norma es aplicable a los poderes otorgados para intervenir en to-


dos los juicios iniciados o a iniciarse por o contra el mandante (poderes genera-
les), y a los que se confieren para un juicio determinado (poderes especiales).
Las facultades que requieren mención expresa en el poder son las enumeradas
en el art. 1881 Cód. Civ.: transigir, reconocer o confesar obligaciones anterio-
res al mandato; etcétera.

111. CESACIÓN DEL MANDATO

Termina el mandato judicial:

Io) Por revocación expresa del mandato en el expediente. No es aplica-


ble, en materia procesal, la revocación tácita del mandato (como la que autoriza
el art. 1972 Cod. civ.), razón por la cual aquélla sólo puede tenerse por configu-
rada sea mediante la constitución de un nuevo apoderado para el mismo asunto,
o mediante la presentación directa del mandante acompañada de la expresa ma-
nifestación de revocar el poder (CPN, art. 53, inc. Io).
2o) Por renuncia. Esta debe notificarse al mandante por cédula, en su do-
micilio real, y el apoderado deberá continuar sus"gestfones hasta que haya ven-
cido el plazo señalado al apoderado para reemplazarlo o comparecer por sí,
bajo pena de daños y perjuicios. Si al vencimiento del plazo señalado no com-
pareciese el poderdante, por sí o por medio de otro apoderado, el juicio conti-
nuará en su rebeldía, previa notificación por cédula en el domicilio real del
primero {id., art. 53, inc. 2o).
3o) Por haber cesado la personalidad con que litigaba el poderdante,
{id., art. 53, inc. 3o). Tal lo que ocurre, por ejemplo, cuando por haber llegado a
la mayoría de edad el pupilo, cesa la personalidad del tutor y, por consiguiente,
los poderes que en tal calidad hubiese conferido este último.
4o) Por haber concluido la causa para la cual se le otorgó el poder {id.,
art. 53, inc. 4o).
5o) Por muerte o incapacidad del poderdante. En estos casos el apodera-
do debe continuar ejerciendo su personería hasta que los herederos o el repre-
sentante legal tomen la intervención que les corresponda en el proceso o venza
242 LAS PARTES

el plazo que se les fije. Mientras tanto, comprobado el deceso o la incapacidad,


el juez debe señalar un plazo para que los interesados concurran a estar a dere-
cho, citándolos directamente si se conocieren sus domicilios, o por edictos, du-
rante dos días consecutivos, si no fuesen conocidos, bajo apercibimiento de
continuar el juicio en rebeldía en el primer caso y de nombrarles defensor en el
segundo. Cuando el deceso o la incapacidad hubiesen llegado a conocimiento
del mandatario, éste deberá hacerlo presente al juez o tribunal dentro del plazo
de diez días, bajo pena de perder el derecho a cobrar los honorarios que se de-
vengaren con posterioridad. En la misma sanción incurrirá el mandatario que
omita denunciar el nombre y domicilio de los herederos, o del representante, si
los conociere (CPN, art. 53, inc. 5o).

6o) Por muerte o inhabilidad del apoderado. Producido el caso, debe


suspenderse la tramitación del juicio y el juez fijar al mandante un plazo para
que comparezca por sí o por nuevo apoderado, citándolo en la forma ya des-
cripta para el caso de fallecimiento del poderdante. Vencido el plazo sin que el
mandante satisfaga el requerimiento, se continuará el juicio en rebeldía (CPN,
art. 53, inc. 6o). "

112. LA REPRESENTACIÓN LEGAL

a) Son representantes de los incapaces, según el art. 57 Cód. Civ: Io) De


las personas por nacer, sus padres, y a falta o incapacidad de éstos, los curado-
res que se les nombre; 2o) De los menores no emancipados, sus padres o tuto-
res; 3o) De los dementes o sordomudos, los curadores que se les nombre. Sin
perjuicio de ello, debe recordarse, que, de acuerdo con el art. 59 del mismo có-
digo, el ministerio público de menores es representante promiscuo de los inca-
paces y reviste el carácter de parte legítima y esencial en todo asunto judicial o
extrajudicial que verse acerca de la persona o bienes de aquéllos (supra, n° 83).
Además, en virtud de lo dispuesto por el art. 1276 Cód. Civ. cualquiera de
los cónyuges puede administrar los bienes propios o los gananciales cuya ad-
ministración está reservada al otro, siempre que tenga mandato expreso o tácito
de éste, pudiendo asumir en juicio la correspondiente representación.

b) La representación legal de la mujer por el marido desapareció con la


sanción de la ley 11.357, cuyo art. 2o, inc. 2o, g) autoriza a aquélla para estar en
juicio en causas civiles que afecten su persona o sus bienes o a la persona o bie-
nes de sus hijos. El punto ha sido refirmado por el art. 3 o de la ley 17.711.
UNIFICACIÓN DE LA PERSONERÍA 243

c) Finalmente, aunque la ausencia judicialmente declarada no comporta


un supuesto de incapacidad, la ley 14.394 instituye un sistema de repre-
sentación que subsiste hasta la declaración de fallecimiento presunto.

§ ///
2b
UNIFICACIÓN DÉLA PERSONERÍA

113. CONCEPTO Y FUNDAMENTO

a) Tiene lugar la unificación de la personería cuando, existiendo litis-


consorcio (infra, n° 130), se designa a un apoderado único para que represente
a todos los litigantes que tienen en el proceso un interés común.
Si bien con anterioridad a la sanción de la ley 14.237 no existía, en el or-
den nacional, ninguna norma que reglamentase la unificación de personería
con carácter general, la jurisprudencia había admitido su procedencia ya fuere
por aplicación del art. 52 del CPC, que imponía a los jueces el deber de mante-
ner el "buen ordenen los juicios", ya por interpretación extensiva de las normas
contenidas en los arts. 633 y 722 del mismo código relativas, respectivamente,
al pedido de partición de los sucesores del heredero fallecido y a la oposición al
concurso formulada por varios acreedores, o mediante la aplicación subsidiaria
de las reglas contenidas en las antiguas leyes es"paño%is (ley 3a, tít. 2, lib. 2 del
Fuero Juzgo, y ley 6a, tít. 1, lib. 2 del Fuero Real), vigentes entonces en virtud
de lo dispuesto por el art. 814 del código derogado.

b) El art. 54 CPN, dispone, en su primer párrafo, que "cuando actuaren


en el proceso diversos litigantes con un interés común, el juez de oficio o a pe-
tición de parte y después de contestada la demanda, les intimará a que unifi-
quen la representación siempre que haya compatibilidad en ella, que el derecho
o el fundamento de la demanda sea el mismo o iguales las defensas".
De los términos de la norma se infiere que la unificación de la personería
es admisible en cualquiera de las modalidades que presenta el litisconsorcio, y

26
ALSINA. Trinado. I, pág. 571: COLOMBO, Código. I. pág. 338: FASSI-YÁÑEZ. Código, I,
pág. 370: FLNOCHIETTO-ARAZI, Código. I. pág. 219; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos. II-
A. pág. 982: PODI:.TTI. Tratado de los actos procesales, pág. 64; PALACIO, Derecho procesal
civil. III, pág. 98; Estudio, pág. 86; Teoría y práctica de la reforma procesal civil, pág. 45:
PALACIO-ALVARADO VELLOSO, Código. II, pág. 502; SENTÍS MELENDO, El proceso civil, pág.
116: RODRÍGUEZ. Comentarios al Código de Procedimientos en lo Civil y Comercial, I. pág. 46.
244 LAS PARTES

que la razón de ser de la institución reside en la necesidad de evitar la profusión


de trámites y el consiguiente desorden procesal que origina la actuación inde-
pendiente de cada uno de los litisconsortes. Pero la norma también es clara en
el sentido de que no es suficiente, para que la unificación proceda, la mera cir-
cunstancia de existir pluralidad de partes en las posiciones de actora o deman-
dada; es necesario, además, que los litisconsortes se hallen vinculados por un
interés común o compatible. No es por tanto admisible la unificación cuando,
no obstante mediar un vínculo de conexidad entre las pretensiones planteadas
por los litisconsortes, cada uno o algunos de ellos hayan invocado argumentos
o defensas opuestas a las de los restantes. Pero mediando un interés común —ex-
tremo que en cada caso queda librado a la apreciación de los jueces—, no es
óbice a la unificación el hecho de que los litisconsortes, por ejemplo, no hayan
contestado la demanda en forma absolutamente coincidente.
Debe agregarse que la jurisprudencia anterior a la sanción de la ley
14.237 dejaba a salvo, como razón que podría obstar a la unificación de la per-
sonería a pesar de mediar el requisito del interés común, la existencia de "mo-
tivos especiales" que impusiesen o aconsejasen la actuación autónoma de los
litisconsortes, habiéndose considerado comprendido entre esos motivos, por
ejemplo, el hecho de mediar tirantez en las relaciones personales de aquéllos.
Debe entenderse que tales excepciones caben incluso en el régimen actual.

c) La unificación puede decretarse en cualquier estado del proceso, pero


siempre con posterioridad a la contestación de la demanda, por cuanto es re-
cién en esa oportunidad cuando el juez se halla en condiciones de comprobar si
existe la necesaria compatibilidad de intereses que constituye presupuesto de
esta institución.

114. PROCEDIMIENTO

a) Establece el art. 54, segundo párrafo, CPN que a los efectos de unifi-
cación el juez "fijará una audiencia dentro de los diez días y si los interesados
no concurriesen o no se aviniesen en el nombramiento de representante único,
el juez lo designará eligiendo entre los que intervienen en el proceso".

b) La designación de representante único debe efectuarse por el juez


cuando no exista, sobre ella, acuerdo unánime de los litisconsortes, pues los
términos en que se halla concebida la norma no justifican la solución —consa-
grada por los tribunales de la Capital Federal con anterioridad a la sanción de la
ley 14.237—, de que en el respectivo nombramiento debía prevalecer la opi-
UNIFICACIÓN DE LA PERSONERÍA 245

nión de la mayoría. Por lo tanto, bastará que una de las paites no concurra a la au-
diencia designada para que el nombramiento lo haga el juez en la forma ya vista.

c) Por aplicación de los arts. 1870, 1873 y 979 Cód. Civ., la resolución
mediante la cual se designa al representante común constituye suficiente título
habilitante.

115. REVOCACIÓN Y CESACIÓN

El mandato conferido al representante común puede revocarse por acuer-


do unánime de las partes, o mediante resolución judicial, cuando alguno de los
litisconsortes lo solicitare, acreditando la existencia de justa causa por ello. La
revocación, sin embargo, no produce efectos mientras no tome intervención el
nuevo mandatario (CPN, art. 55, párr. Io).
Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el nombramiento común sub-
siste aunque se produzca el fallecimiento de uno de los herederos que han uni-
ficado la representación, por cuanto en tal caso la situación de los restantes li-
tisconsortes encuadra en la segunda hipótesis prevista en el art. 1982 Cód. Civ.
La unificación, finalmente, debe ser dejada sin efecto cuando desapare-
cen los presupuestos fundamentales que la condicionan, a saber: la existencia
de litisconsorcio y la compatibilidad de intereses entre quienes lo integran
(CPN, art. 55, párr. 2o).
CAPÍTULO IX

LAS PARTES (Cont.)

SUMARIO: 1. RESPONSABILIDAD DE LAS PARTES POR LOS GASTOS DEL PROCESO:


116. Concepto de costas.— 117. Fundamento.— 118. Régimen legal.— 119. Beneficio
de litigar sin gastos.— II. LA REBELDÍA: 120. Concepto.— 121. Requisitos.— 122.
Efectos de la declaración de rebeldía.— 123. Cesación del procedimiento en rebel-
día.— 111. SUSTITUCIÓN PROCESAL: 124. Concepto.— 125. Distintos supuestos.—
IV. AUXILIARES DE LAS PARTES: 126. Generalidades.— 127. El patrocinio letra-
do.— 128. Requisitos, derechos, deberes, prohibiciones e incompatibilidades.— 129.
Honorarios.

§
' - ^
RESPONSABILIDAD DE LAS PARTES POR LOS GASTOS
DEL PROCESO 21

116. CONCEPTO DE COSTAS

a) Denomínase costas a las erogaciones o desembolsos que las partes se


ven obligadas a efectuar como consecuencia directa de la tramitación del pro-
27
ALCALÁ ZAMORA y TORRES-ALCALÁ ZAMORA y CASTILLO. La condena en costas,
Madrid, 1930; ALSINA. Tratado, IV, pág. 251; COLOMBO, Código. 1, pág. 379; CHIOVENDA, La
condena en costas (trad. de DE LA FUENTE-QUUANO), Madrid, 1928; DE LA COLINA, Der. y
leg. proc. I, pág. 407: FALCÓN. Código. I, pág. 445; FASSI-YÁÑEZ, Código, \". pág. 407;
JAPIOT, Revue trimestrielle de droil civile. 1914. pág. 523; JOERÉ, Manual, III. pág. 278;
LOUTAYF RANEA, Condena en costas en el proceso civil, Buenos Aires, 1998; MERCADER.
"Meditación sobre las costas", en J.A., 1959, V (doctr.) - 16; MORELLO-SOSA-BERIZONCE.
Códigos, II-B, pág. 49; PALACIO. Derecho procesal civil, III. pág. 361; ""El fundamento de la
condena en costas al vencido", en J.A., 1956, I, pág. 182; Estudio, pág. 99; PALACIO-
248 LAS PARTES (Cont.)

ceso, y dentro de él, como son el sellado de actuación, el impuesto de justicia,


los honorarios de los abogados y procuradores o de los peritos, etcétera.
Antiguamente los gastos judiciales se dividían en costas y costos, según
se tratase de gastos fijos (papel sellado, remuneración de los actuarios, etc.) o a
fijarse (honorarios de los profesionales intervinientes). Pero tal distinción, que
era admitida en el procedimiento vigente con anterioridad a nuestra emancipa-
ción política, no perduró en la práctica ni fue consagrada en las leyes.

b) Durante el curso del proceso cada parte soporta los gastos que de él
derivan, siendo en la sentencia donde corresponde determinar cuál es el litigan-
te que, en definitiva, debe hacerse cargo de ellos. Lo mismo que todos los orde-
namientos vigentes en la República, el CPN ha adherido al sistema en cuya
virtud las costas deben ser pagadas, como regla, por la parte que ha resultado
vencida en el pleito. Más adelante se volverá sobre el punto y se indicarán Jas
excepciones que tal principio admite en el citado ordenamiento.

117. FUNDAMENTO

Nadie mejor que CHIOVENDA expuso el verdadero fundamento de la con-


dena en costas al vencido al expresar "que la justificación de este instituto en-
cuéntrase en que la actuación de la ley no debe representar una disminución pa-
trimonial para la parte en favor de la cual se realiza, siendo interés del comercio
jurídico que los derechos tengan un valor posiblemente puro y constante".
La teoría desarrollada por dicho autor, según la cual el fundamento de la
condena en costas no es más que el hecho objetivo de la derrota, sitúa a la ins-
titución en el terreno estrictamente procesal y descarta la aplicación de teorías
extraídas del derecho privado que, como la fundada en la presunción de culpa,
no se avienen con la licitud que reviste, en principio, el ejercicio del derecho de
acción, ni con el alcance de dicha condena, que se limita a los gastos directa e
inmediatamente producidos por el proceso y no comprende otros daños que
puedan ser consecuencia de aquél.
La conclusión de CHIOVENDA, en efecto, sólo remite a la necesaria "inco-
lumidad" que debe revestir el derecho reconocido por una sentencia judicial,
por cuanto "el juicio, como medio de conseguir el ejercicio del derecho, no
puede conducir sino a la declaración de éste en su mayor y posible integridad;
el derecho... debe reconocerse como si lo fuese en el momento de interponerse
ALVARADO VELLOSO. Código, III, pág. 76; PODETTI. Trinado de los actos procesales, pág. 111;
REIMUNDÍN. Derecho procesal civilA, pág. 215; La condena en costas en el proceso civil, 21
ed., 1966.
RESPONSABILIDAD DE PARTES POR GASTOS DEL PROCESO 249

la demanda; todo lo que fue necesario para ese reconocimiento, es disminución


del derecho y debe reintegrarse al sujeto del derecho mismo, a fin de que éste
no sufra detrimento por causa del pleito".

118. RÉGIMEN LEGAL

a) Dispone el art. 68, párr. Io CPN que "la parte vencida en el juicio deberá
pagar todos los gastos de la contraria, aun cuando ésta no lo hubiese solicitado".
Lo mismo que la legislación vigente con anterioridad, el CPN admite, en
materia de imposición de costas, el principio derivado del "hecho objetivo de la de-
rrota", con prescindencia de la buena o mala fe del litigante vencido. Por ello la ju-
risprudencia remite constantemente al mencionado principio y considera a la con-
dena en costas como una restitución de los gastos que se ha visto obligada a
efectuar la parte vencedora para obtener el reconocimiento judicial de su derecho.
El CPN asimismo adhiere, con carácter general, al sistema en cuya virtud
las costas deben imponerse de oficio, es decir, aun en el caso de que la condena
a su pago no haya sido solicitada por las partes.

b) La segunda parte del art. 68 prescribe que "sin embargo, el juez podrá
eximir total o parcialmente de esta responsabilidad al litigante vencido, siem-
pre que encontrare mérito para ello, expresándolo en su pronunciamiento bajo
pena de nulidad".
Como es obvio, ¡a posibilidad de que Ios-jueces eximan del pago de las
costas al litigante vencido no quiere decir, como observa PODETTI, que la eximi-
ción alcance a todas las costas del proceso, sino solamente a las del litigante
vencedor. De allí que el vencido a quien se exime de las costas debe abonar las
propias y la mitad de las comunes.
En tanto supedita la eximición a la circunstancia de que el "juez encuen-
tre mérito para ello", el CPN deja librado el punto al arbitrio judicial, aunque
exige, "bajo pena de nulidad", que el pronunciamiento respectivo sea fundado.
Los fallos judiciales suelen justificar la eximición y, por lo tanto, la imposición
de las costas en el orden causado, en la existencia de "razón probable o fundada
para litigar", concepto amplio y elástico que remite, en definitiva, a la conducta
del vencido, y que resulta aplicable cuando, por las circunstancias del caso,
puede considerarse que aquél actuó sobre la base de una convicción razonable
acerca de la existencia de su derecho. También se ha hecho aplicación de la ex-
cepción contenida en la norma en los casos de cuestiones jurídicas complejas,
o respecto de las cuales existe jurisprudencia contradictoria, o recientemente
modificada, o cuando se trata de la aplicación de leyes nuevas.
250 LAS PARTES (Cont.)

Idéntico principio rige en materia de incidentes, pero con la variante de


que no se sustanciarán nuevos por quien hubiere sido condenado al pago de las
costas en otro anterior mientras no satisfaga su importe o, en su caso, lo dé a
embargo, salvo que se trate de incidencias promovidas en el curso de las au-
diencias (CPN, art. 69).
En el juicio ejecutivo rige un sistema distinto: las costas son a cargo de la
parte vencida, con excepción de las correspondientes a las pretensiones de la
otra parte que hayan sido desestimadas (art. 558).
Existen casos, asimismo, en que la eximición del pago de las costas se
funda en actitudes de la parte vencida que revelan el propósito de facilitar la so-
lución del conflicto y de evitar erogaciones innecesarias. Se hallan contempla-
das en el art. 70 CPN, según el cual no cabe imponer costas al vencido: Io)
Cuando hubiese reconocido oportunamente como justas las pretensiones de su
adversario, allanándose a satisfacerlas, a menos que hubiere incurrido en mora
o que por su culpa hubiere dado lugar a la reclamación, 2o) Cuando se allanare
dentro del quinto día de tener conocimiento de los títulos o instrumentos tardía-
mente presentados. Para que proceda la exención de costas —agrega la nor-
ma—, el allanamiento debe ser real, incondicionado, oportuno, total y efectivo.

c) Una de las contingencias posibles en todo proceso es la de que su re-


sultado final, o de alguno de sus incidentes, sea parcialmente favorable a ambos
litigantes. Tal lo que ocurre, por ejemplo, en el caso de que prosperen tanto la
demanda como la reconvención, o en el de que ambas sean rechazadas. El CPN
prescribe que, en tales hipótesis, las costas se compensarán o se distribuirán
prudencial mente por el juez en proporción al éxito obtenido por cada uno de los
litigantes (art. 71).

d) Excepcionalmente las costas pueden imponerse al vencedor cuando


las constancias del proceso demuestren la total inutilidad de la pretensión o su
planteamiento en términos notoriamente exagerados. Al primer supuesto se re-
fiere el apartado final del art. 70 en tanto dispone que cuando de los anteceden-
tes del proceso resultase que el demandado no hubiere dado motivo a la
promoción del juicio y se allanare dentro del plazo para contestar la demanda,
cumpliendo su obligación, las costas se impondrán al actor. El segundo supues-
to se halla contemplado por el art. 72, con arreglo al cual será condenado en
costas el litigante que incurriere en pluspetición inexcusable, si la otra parte hu-
biese admitido el monto hasta el límite establecido en la sentencia, aunque si no
media dicha admisión o ambas parles incunen en pluspetición es aplicable la
ya mencionada regla del art. 71. La pluspetición debe ser descartada cuando el
valor de la condena depende legalmente del arbitrio judicial, de juicio pericial
RESPONSABILIDAD DE PARTES POR GASTOS DEL PROCESO 25 1

o de rendición de cuentas o cuando las pretensiones de la parte no son reducidas


por la condena en más de un veinte por ciento.
En materia de prescripción la jurisprudencia tenía reiteradamente decidi-
do que cuando la demanda es rechazada a raíz de haber prosperado tal defensa
corresponde que, en virtud de la índole de ésta, las costas se impongan en el or-
den causado. Pero el ámbito de esta doctrina, según lo resolvieron numerosos
precedentes, debe circunscribirse al caso de que el actor no discuta la proceden-
cia de dicha excepción y que se allane a ella de inmediato. Este último es el cri-
terio consagrado en el art. 76 CPN, conforme al cual "si el actor se allanase a la
prescripción opuesta las costas se distribuirán en el orden causado".

e) El CPN contiene asimismo en materia de costas las siguientes reglas


particulares:

Io) Si el juicio concluye por transacción o conciliación, las costas deben


ser impuestas en el orden causado (art. 73). La norma aclara que tal proceder
será aplicado respecto de quienes celebraron el avenimiento, rigiendo las reglas
generales en cuanto a las partes que no lo suscribieron. Tal agregado remite a la
existencia de litisconsorcio {infra, n° 130) y deriva del principio general de que
los actos de disposición del objeto procesal realizados por uno o algunos de los
litisconsortes no afectan la situación jurídica de los restantes ni, por tanto, su
responsabilidad por el pago de las costas.
En caso de desistimiento las costas son a cargo de quien desiste, salvo
cuando el acto se deba exclusivamente a cambios de iegislación o jurispruden-
cia y se lleve a cabo sin demora injustificada.
Corresponde exceptuar, en todos los casos, lo que puedan acordar las par-
tes en contrario (art. 73).
Finalmente, en caso de declararse la caducidad de la primera instancia,
las costas del juicio deben imponerse al actor (norma citada).

2o) Si el procedimiento se anula por causa imputable a una de las partes,


deben ser a su cargo las costas producidas desde el acto o la omisión que dio
origen a la nulidad (art. 74).

3o) En los casos de litisconsorcio, las costas deben distribuirse entre los
litisconsortes, salvo que por la naturaleza de la obligación correspondiere la
condena solidaria. Pero cuando el interés que cada uno de ellos represente en el
juicio ofrezca considerables diferencias, puede el juez distribuir las costas en
proporción a ese interés (art. 75).
252 LAS PARTES (Cont.)

f) En lo que concierne a su alcance la condena en costas comprende, por


lo pronto, todos los gastos causados u ocasionados por la sustanciación del proce-
so y los que se hubiesen realizado para evitar el pleito, mediante el cumplimiento
de la obligación (CPN, art. 77, párr. Io). Se hallan por lo tanto comprendidos
dentro de la condena en costas, entre otros, el importe del impuesto de justicia
y sellado de actuación; los gastos correspondientes a las fotocopias de los docu-
mentos originales presentados, hechas a fin de reservar a éstos en el juzgado;
los gastos desembolsados para el otorgamiento de un poder especial; los gastos
de diligenciamiento de exhortos; los honorarios de los profesionales íntervi-
nientes, etcétera. Asimismo, de acuerdo con el texto del art. 77, las erogaciones
producidas para procurar que el deudor cumpla con su obligación (v.gr. la oca-
sionada con motivo de la emisión de un telegrama intimatorio).
Los gastos correspondientes a pedidos desestimados son a cargo de la
parte que los efectúa u origina, aunque la sentencia le sea favorable en lo prin-
cipal (art. 77, párr. 2o).
Asimismo, no son objeto de reintegro los gastos superfluos o inútiles (art.
77, párr. 3o), como pueden ser v.gr., los ocasionados por pruebas declaradas im-
pertinentes o por una pericia innecesaria para la solución del pleito (art. 478).
El juez, no obstante, se halla facultado para reducir prudencialmente los
gastos, en el supuesto de que resulten excesivos (art. 77, párr. 4o).
En virtud, por último, del párrafo incorporado al art. 77 CPN por la ley
24.432, los peritos intervinientes se hallan facultados para reclamar de la parte
no condenada en costas hasta el 50% de los honorarios que les fueren regula-
dos, sin perjuicio de lo dispuesto en el mencionado art. 478.

119. BENEFICIO DE LITIGAR SIN GASTOS

a) Sin perjuicio de las exenciones de orden fiscal con que las leyes faci-
litan la actuación procesal de determinados litigantes (Estado Nacional o pro-
vincial, municipalidades, reparticiones autárquicas, asociaciones, entidades
civiles de asistencia social), los ordenamientos procesales han debido contem-
plar la situación de aquellas personas que carecen de los recursos indispensa-
bles para afrontar los gastos de un proceso.
A tal necesidad obedece la institución del beneficio de justicia gratuita o
beneficio de litigar sin gastos, el que por un lado se fundamenta en la garantía
constitucional de la defensa en juicio (CN, art. 18), pues en razón de que ésta
supone básicamente la posibilidad de ocurrir ante algún órgano judicial en pro-
cura de justicia, es obvio que tal posibilidad resulta frustrada cuando la ley pri-
va de amparo a quienes no se encuentran en condiciones económicas de reque-
rir a los jueces una decisión sobre el derecho que estiman asistirles.
RESPONSABILIDAD DE PARTES POR GASTOS DEL PROCESO 253

También acuerda fundamento al beneficio analizado el principio de igual-


dad de las partes, el cual supone que éstas se encuentren en una sustancial coinci-
dencia de condiciones o circunstancias entre las que no cabe excluir las de tipo eco-
nómico, de modo que se impone la necesidad de neutralizar las ventajas que en ese
orden pueden favorecer a uno de los litigantes en desmedro del otro.

b) El CPN condiciona la obtención del beneficio a la concurrencia de


dos requisitos: la carencia de recursos y la necesidad de reclamar o defender
judicialmente derechos propios o del cónyuge o de hijos menores.
A diferencia de algunos ordenamientos, por consiguiente, el CPN no ha-
bla de "pobreza", que constituye un concepto difícilmente definible, y deja li-
brada a la apreciación judicial, en cada caso concreto, la determinación de la
suficiencia o insuficiencia de los recursos del interesado para afrontar los gas-
tos del proceso de que se trate. Suministra sin embargo una pauta general a la
que debe atenerse dicha apreciación, en tanto establece que "no obstará a la
concesión del beneficio la circunstancia de tener el peticionario lo indispensa-
ble para procurarse su subsistencia, cualquiera fuere el origen de sus recursos"
(art. 78, párr. 2o).
La concurrencia del requisito referente a la "necesidad" de litigar por par-
te del peticionario, queda también librada a la apreciación del juez, quien debe
efectuarla atendiendo a la "verosimilitud" del derecho que aquél pretende ha-
cer valer y cuidando, naturalmente, de no incurrir en prejuzgamiento sobre el
fondo del asunto.

c) El pedido de concesión de beneficio de litigar sin gastos puede for-


mularse con anterioridad a la presentación de la demanda o en cualquier estado
del proceso, aunque el límite está dado actualmente por la audiencia preliminar
o la declaración de puro derecho (art. 84, párr. 3o, modificado por la ley 25.488)
(CPN, art. 78, párr. Io). La solicitud debe contener: 1) La mención de los he-
chos en que se funde, de la necesidad de reclamar o defender judicialmente de-
rechos propios o del cónyuge o de hijos menores, así como la indicación del
proceso que se ha de iniciar o en el que se deba intervenir; 2) El ofrecimiento de
la prueba tendiente a demostrar la imposibilidad de obtener recursos. Debe,
además, acompañarse el interrogatorio de los testigos y su declaración en los
términos de los arts. 440 primera parte, 441 y 443, firmada por ellos, de modo
que el pliego debe contener juramento o promesa de decir verdad, las preguntas
formuladas a los testigos y las respuestas dadas por éstos (art. 79, modificado
por la ley 25.488); 3) Presentada la solicitud el juez debe ordenar sin más trámi-
te las diligencias necesarias para que la prueba ofrecida se produzca a la mayor
brevedad y citará al litigante contrario o a quien haya de serlo, y al organismo
254 LAS PARTES (Cont.)

de determinación y recaudación de la tasa de justicia, quienes no sólo pueden


fiscalizarla y ofrecer otras pruebas, sino también solicitar la citación de los tes-
tigos propuestos por el peticionario para corroborar su declaración (arts. 79 in
fine y 80, modificados por la ley 25.488).
Producida la prueba, corresponde dar traslado por cinco días comunes al
peticionario y a la otra parte y al organismo de determinación y recaudación de
la tasa de justicia, y contestado dicho traslado o vencido ei plazo para hacerlo,
el juez debe dictar resolución acordando, el beneficio, total o parcialmente, o
denegándolo (CPN, art. 81). La resolución que acuerda el beneficio, por consi-
guiente, puede restringir el alcance de éste a una determinada proporción de los
gastos del proceso, en aquellas hipótesis en que no resulte acreditada la falta
absoluta de recursos computables para afrontar las erogaciones judiciales.
Las resoluciones dictadas en los pedidos de concesión del beneficio son
apelables en relación (CPN, art. 243). En el caso de ser favorables al peticiona-
rio, el recurso procede en efecto devolutivo (CPN, art. 81).
Por otra parte, cualquiera fuere su contenido, tales resoluciones sólo/;ro-
ducen efectos provisionales: "La resolución que denegare o acordare el benefi-
cio —dice el art. 82 CPN— no causará estado. Si fuere denegatoria, el intere-
sado podrá ofrecer otras pruebas y solicitar una nueva resolución. La que lo
concediere, podrá ser dejada sin efecto a requerimiento de parte interesada,
cuando se demostrare que la persona a cuyo favor se dictó no tiene ya derecho
al beneficio. La impugnación se sustanciará por el trámite de los incidentes".
Corresponde señalar, sin embargo, que las posibles modificaciones de la re-
solución, que autoriza la norma transcripta, se hallan condicionadas a la invoca-
ción y prueba de circunstancias de hecho ocurridas con posterioridad a la denega-
ción o concesión del beneficio. La revisión de lo decidido no procede, por lo tanto,
si el interesado se limita a aportar nuevos elementos de juicio tendientes a reparar
los defectos o la insuficiencia de la prueba oportunamente producida.
La ley 25.488 incorporó, como párrafo final del art. 81, que en el caso de
comprobarse "la falsedad de los hechos alegados como fundamento de la peti-
ción del beneficio de litigar sin gastos, se impondrá al peticionario una multa
que se fijará en el doble de! importe de !a tasa de justicia que correspondiera
abonar, no pudiendo ser esta suma inferior a la cantidad de $ 1.000. El importe
de la multa se destinará a la Biblioteca de las cárceles".

d) Como arbitrio orientado a facilitar la obtención del beneficio y a ni-


velar la posición de los litigantes, "hasta que se dicte resolución, la solicitud y
presentacionesde ambas partes estarán exentas del pago de impuestos y sellado
de actuación. Estos serán satisfechos, así como las costas, en caso de denega-
ción" (CPN, art. 83, párr. Io).
RESPONSABILIDAD DE PARTES POR GASTOS DEL PROCESO 255

Pero en el supuesto de concederse el beneficio, éste tiene, respeto de las


costas o gastos judiciales no satisfechos, efecto retroactivo a la fecha de promo-
ción de la demanda.
El trámite para obtener el beneficio no suspenderá el procedimiento, sal-
vo que se solicite al momento de su interposición, que debe serlo hasta la au-
diencia preliminar o la declaración de puro derecho, salvo que se aleguen y
acrediten circunstancias sobrevinientes (CPN, arts. 83 y 84, párr. 3o, modifica-
dos por la ley 25.488).

e) El efecto de la concesión del beneficio consiste en que el beneficiario


queda exento, total o parcialmente, del pago de las costas o gastos judiciales,
hasta que mejore de fortuna (CPN, art. 84, párr. Io). En consecuencia, el bene-
ficio comprende el derecho de no abonar suma alguna en concepto de sellado
de actuación y de impuesto de justicia; de que se publiquen los edictos en el
diario oficial sin pago previo; de obtener medidas cautelares sin otorgar cau-
ción; de ser representado y defendido por el defensor oficial, sin perjuicio de que
el interesado prefiera hacerse patrocinar o representar por abogado o procurador de
la matrícula (CPN, art. 85), y el de que el mandato que confiera, en este último
caso, se haga por acta labrada ante el prosecretario administrativo (id.).
En el supuesto de que el beneficiario resultare vencedor en el pleito, debe
sin embargo pagar las costas y gastos causados en su defensa hasta la concu-
rrencia máxima de la tercera parte de los valores que reciba (CPN, art. 84). De
manera que si el beneficiario vencedor se hubiese hecho patrocinar o repre-
sentar por abogado o procurador de la matrícula, y~5e hobiese declarado el pago
de las costas por su orden, dichos profesionales podrán, proporcionalmente,
exigir a su cliente el pago de los honorarios. En el caso de que la parte contraria
haya sido condenada al pago de las costas, los profesionales que han patrocina-
do o representado al beneficiario pueden: Io) Exigir a aquélla el pago total de
sus honorarios; ó 2°) Exigir el pago, proporcionalmente, al beneficiario, sin
perjuicio del derecho de repetición que incumbe a éste contra su adversario
(CPN, art. 84, párr. 2o).

f) A pedido del interesado, finalmente, el beneficio de litigar sin gastos


puede hacerse extensivo para litigar con otra persona, en el mismo juicio, si co-
rrespondiere, con citación de ésta (CPN, art. 86). En tal caso debe seguirse el
mismo procedimiento analizado anteriormente.
256 LAS PARTES (Cont.)

§ //
28
LA REBELDÍA

120. CONCEPTO

a) En sentido estricto, rebeldía o contumacia es la situación que se con-


figura respecto de la parte que no comparece al proceso dentro del plazo de la
citación, o que lo abandona después de haber comparecido. Implica, por lo tan-
to, la "ausencia total" de cualquiera de las partes en un proceso en el cual les co-
rresponde intervenir, y no debe confundirse con la omisión del cumplimiento
de actos procesales particulares, pues esa circunstancia sólo determina, como
regla general, el decaimiento de la facultad procesal que se dejó de ejercitar y
no genera, como la rebeldía, efectos dentro de la estructura total del proceso.

b) En los sistemas procesales antiguos no se concebía que un juicio pu-


diese constituirse y desarrollarse en ausencia de una de las partes. Así, en el pri-
mitivo derecho romano, el demandado estaba obligado a acompañar al actor a
presencia del magistrado cuando aquél lo citaba personalmente ajuicio (in ius
vocatió) y cabía, según las XII Tablas, la posibilidad de llevarlo por la fuerza en
caso de negativa. Durante la época del sistema formulario tampoco podía cons-
tituirse válidamente un proceso si no tenía lugar la in ius vocatio, razón por la
cual el actor, en caso de incomparecencia del demandado, podía solicitar al pre-
tor que lo pusiese en posesión de bienes de aquél (missio in possessionem), a
cuya venta podía eventualmente proceder (venditio bonontm) si no se verifica-
ba la comparecencia dentro de ciertos plazos. En el procedimiento extraordina-
rio subsistieron medidas compulsorias semejantes, pero el actor podía optar
porque se elucidase la cuestión de fondo abriendo un verdadero proceso por
contumacia. También el derecho germánico conoció medidas de coacción ten-
dientes a provocar la comparecencia del demandado, como la proscripción, la
excomunicación, la puesta al actor en posesión de sus bienes (possessio tedia-
lis) y otras análogas.

2S
ALS1NA, Tratado, V, pág. 573; CARNELUTTI, Instituciones, II, pág. 17; COLOMBO,
Código, I, pág. 359; COSTA, Mtmuale, pág. 316; CHIOVENDA, Principios, II, pág. 234;' DE LA
PLAZA. Derecho procesal civil, I. pág.^349: FERNÁNDEZ, Código, pág. 379; GIANNOZZI,
La contumacia nel proceso civile. Milano, 1963; GUASP. Derecho procesal civil, I, pág. 196;
JOFRÉ. Manual, 111, pág. 187; PALACIO, Derecho procesal civil, IV. pág. 183; Estudio, pág.
122; PALACIO-AI.VARADO VELLOSO, Código, III, pág. 23; PODETTI, Tratado de los actos
procesales, pág. 297; RAMOS MÉNDEZ, Derecho procesal civil, I. pág. 470.
LA REBELDÍA 257
c) El derecho actual excluye el uso de medidas coercitivas tendientes a
compeler a las partes a comparecer al proceso, por cuanto en rigor no existe un
deber en tal sentido, sino una "carga procesal" cuyo incumplimiento no apareja
la imposición de sanción alguna. Las legislaciones modernas admiten y prevén
la posibilidad de que el proceso se constituya válidamente incluso sin el efecti-
vo concurso de una de las partes, y establecen, para tales supuestos, un conjunto
de reglas elaboradas sobre la base de ciertas ficciones destinadas a allanar los
inconvenientes derivados del incumplimiento de la carga de comparecer. Tales
ficciones —como son, por ejemplo, las referentes al conocimiento, por parte
del rebelde, de la mayor parte de las resoluciones que se dictan durante el trans-
curso del proceso, o a la admisión de los hechos invocados por la otra parte—,
deben interpretarse, sin embargo, en una medida compatible con las exigencias
de la justicia. "La posición del juez frente a la rebeldía —escribe PODETTI—
debe ser siempre favorable al esclarecimiento de la verdad por los medios que
la ley brinda, eliminando o disminuyendo, en lo posible, los efectos de las fic-
ciones creadas por la misma".

121. REQUISITOS

a) Dispone el art. 59, párr. Io CPN que "la parte con domicilio conocido,
debidamente citada, que no compareciere durante el plazo de la citación o
abandonare el juicio después de haber comparecido, será declarada en rebeldía
a pedido de la otra". -» ^

b) Del contenido de esa norma, y de otras disposiciones que se mencio-


narán, despréndese que la declaración de rebeldía se halla condicionada a la
concurrencia de los siguientes requisitos: Io) La notificación de la citación en el
domicilio del litigante; 2°) La incomparecencia de éste una vez transcurrido el
plazo de la citación, o el abandono posterior del proceso; 3o) La falta de invoca-
ción y justificación de alguna circunstancia que haya impedido la comparecen-
cia; 4o) La petición de la parte contraria.

c) En primer lugar, por lo tanto, el CPN subordina la declaración de re-


beldía a la circunstancia de que la citación se haya practicado en el domicilio de
la parte, y que ésta, naturalmente, sea conocida, pues respecto de las personas
inciertas o de domicilio ignorado, a quienes debe notificarse por edictos, no
cabe dicha declaración en caso de incomparecencia sino la designación del de-
fensor oficial a fin de que las represente en el juicio (CPN, art. 343, párr. 2o).
258 LAS PARTES (Cont.)

También puede ser declarado en rebeldía el actor o el demandado que ya


compareció cuando, actuando por medio de un representante, sobrevenga la re-
vocación o renuncia del mandato y el poderdante no compareciere por sí mis-
mo o por medio de otro apoderado (CPN, art. 53, incs. Io y 2o). La misma solu-
ción cabe en caso de producirse el fallecimiento del mandatario (art. 53, inc.
6o). En caso de muerte o incapacidad sobreviniente del poderdante procede la
declaración de rebeldía si, citados los herederos o representante legal, no con-
curren a estar a derecho dentro del plazo que el juez determine (art. 53, inc. 5o).

d) En lo que respecta al tercer requisito antes mencionado, importa se-


ñalar que la invocación y prueba de alguna circunstancia configurativa de fuer-
za mayor (enfermedad, incapacidad, ausencia), puede impedir la declaración
de rebeldía o la producción de sus efectos.

e) El CPN, finalmente, supedita la declaración de rebeldía al pedido de


la parte contraria. El carácter perentorio que reviste el plazo para contestar la
demanda no excluye la necesidad de tal petición, pues el vencimiento de aquél
sólo autoriza al juez para dar por perdida, de oficio, la facultad no ejercitada
oportunamente, pero no para declarar la rebeldía.

122. EFECTOS DE LA DECLARACIÓN DE REBELDÍA

a) Aunque la declaración de rebeldía no altera la secuela regular del


proceso (CPN, art. 60), produce diversos efectos que se concretan en el régi-
men de las notificaciones, en la posibilidad de adoptar medidas cautelares con-
tra el rebelde, en el contenido de la sentencia, en las posibilidades probatorias
y en el curso de las costas. Serán examinados a continuación.

b) El proceso contumacial se caracteriza, en primer lugar, por la consi-


derable limitación que en él sufren las notificaciones que deben practicarse al
rebelde. Dice, al respecto, el art. 59, párr. 2o CPN que "esta resolución (se refie-
re a la que declara la rebeldía) se notificará por cédula o, en su caso, por edictos
durante dos días. Las sucesivas resoluciones se tendrán por notificadas por mi-
nisterio de la ley". Agrega el art. 62: "La sentencia se hará saber al rebelde en la
forma prescripta para la notificación de la providencia que declara la rebeldía".
Con excepción, por consiguiente, de la providencia que declara la rebel-
día y de la sentencia definitiva, las restantes resoluciones judiciales que se dicten
en el juicio en rebeldía se notifican al rebelde por ministerio de la ley, es decir,
en la forma prescripta en el art. 133 del código. Importa señalar, asimismo, que
LA REBELDÍA 259
la notificación por edictos a que se refiere el primero de los artículos transcrip-
tos, sólo procede en el supuesto de que el rebelde haya abandonado el domicilio
donde se practicó la notificación del traslado de la demanda.
Prescribe asimismo el art. 59, párr. 3o CPN que "si no se hubiere requeri-
do que el incompareciente sea declarado rebelde, se aplicarán las reglas sobre
notificaciones establecidas en el primer párrafo del artículo 41", de modo que
a la parte que se encuentre en esa situación deben notificársele las sucesivas re-
soluciones por ministerio de la ley, "con excepción de la que cita a absolver po-
siciones y la sentencia".
De ello se sigue que la situación procesal del declarado en rebeldía y la
del mero incompareciente se diferencian, por lo que concierne al régimen de
las notificaciones, en las siguientes circunstancias: Io) Mientras que al primero
corresponde notificarle por cédula la resolución declarativa de la rebeldía y la
sentencia, al segundo se le deben notificar en la misma forma la citación para
absolver posiciones y la sentencia; 2o) La notificación por medio de edictos,
cuando corresponda, sólo puede practicarse con respecto a la parte declarada en
rebeldía. En consecuencia, si se desconoce el domicilio del mero incompare-
ciente por haber abandonado aquél en el cual se le notificó el traslado de la de-
manda, corresponde que todas las notificaciones le sean practicadas por minis-
terio de la ley.

c) "Desde el momento en que un litigante haya sido declarado en rebel-


día—expresa el art. 63 CPN—podrán decretarse, si la otra parte lo pidiere, las me-
didas precautorias necesarias para asegurar el objeto deí-juicio o el pago de la suma
que se estime en concepto de eventuales costas si el rebelde fuere el actor".
Se ha decidido, con discutible acierto, que para el otorgamiento de tales
medidas no basta la mera declaración de rebeldía, sino que es necesario, ade-
más, que la respectiva resolución se encuentre consentida o ejecutoriada. Por
otra parte, como la rebeldía crea una presunción de verosimilitud del derecho
pretendido, las medidas no se hallan supeditadas al previo examen judicial de
los elementos de juicio que funden su procedencia, aunque tampoco cabe des-
conocer al juez la posibilidad de denegarlas en el caso de que las constancias
del proceso demuestren que su improcedencia es manifiesta.

d) Respecto de las consecuencias que la declaración de rebeldía produ-


ce con relación a los hechos afirmados por la otra parte, el ordenamiento proce-
sal vigente adhiere, como regla de carácter general, al sistema en cuya virtud
dicha declaración sólo puede configurar una presunción "simple o judicial". Es
por lo tanto el juez quien, apreciando la conducta de las partes y las constancias
del proceso, debe estimar si la incomparecencia o el abandono importan, o no,
260 LAS PARTES (Conl.)

el reconocimiento de los hechos afirmados por la otra parte. "La sentencia


—dispone el art. 60, párr. 3o CPN— será pronunciada según el mérito de la cau-
sa y lo establecido en el art. 356, inc. Io", norma ésta según la cual el silencio,
las respuestas evasivas o la negativa meramente general del demandado "po-
drán estimarse como reconocimiento de la verdad de los hechos pertinentes y
lícitos a que se refieran". De allí que la declaración de rebeldía no exime al ac-
tor de la carga de acreditar los extremos de su pretensión, ni descarta la posibi-
lidad de que aquéllos sean desvirtuados por la prueba de la otra parte.
La mencionada regla genera! admite excepción en los casos de duda, res-
pecto de los cuales "la rebeldía declarada y firme constituirá presunción de ver-
dad de los hechos lícitos afirmados por quien obtuvo la declaración" (CPN, art.
60, párr. 3o).

e) No obstante la ausencia de controversia que implica el procedimiento


en rebeldía, prescribe el art. 61 CPN (reformado por la ley 22.434) que "a pedi-
do de parte, el juez abrirá la causa a prueba, o dispondrá su producción según
correspondiere al tipo de proceso; en su caso, podrá mandar practicar las medi-
das tendientes al esclarecimiento de la verdad de los hechos autorizadas por
este Código".
En consecuencia, la resolución de apertura a prueba en el proceso ordina-
rio, o de fijación de plazo para su recepción en los procesos sumario y sumarí-
simo —que con anterioridad a la reforma se interpretó que dependía de la apre-
ciación circunstancial del juez— se halla ahora subordinada al cumplimiento
de una carga de la parte interesada, consistente en solicitar el pronunciamiento
de la correspondiente decisión. Ello, sin embargo, no importa que la petición
sea vinculatoria para el juez, ya que éste puede rechazarla cuando cualquiera de
las partes hubiese aportado elementos de juicio suficientes para generar su con-
vicción, lo que ocurriría, v.gr., en el caso de que el actor o el demandado hubie-
sen acompañado, con la demanda o el responde, respectivamente, prueba docu-
mental susceptible de acreditar suficientemente los derechos que invocan,
porque en tal hipótesis la incomparecencia del demandado o el abandono del
proceso por parte de! actor implican, necesariamente, el reconocimiento de esa
prueba (CPN, art. 356, inc. Io).
El juez se encuentra habilitado, por último, para adoptar de oficio cual-
quiera de las medidas a que se refiere el art. 36, inc. 2o.
Debe tenerse en cuenta, asimismo, que si bien el rebelde puede ofrecer y
producir prueba tendiente a desvirtuar la de la otra parte, en ningún caso es ad-
misible que, a través de ese procedimiento, pretenda hacer valer hechos que
sólo son susceptibles de alegarse en el momento procesa! oportuno, como es,
por ejemplo, el de la contestación de la demanda.
LA REBELDÍA 261
f) Luego de referirse a los efectos que la declaración de rebeldía produ-
ce sobre el contenido de la sentencia, el art. 60 infine CPN, dispone que "serán
a cargo del rebelde las costas causadas por su rebeldía".
La norma no se refiere a las costas de todo el proceso, que deben impo-
nerse de acuerdo con los principios establecidos por los arts. 68 y sigs. CPN,
sino solamente a las ocasionadas con motivo de la incomparecencia o abando-
no del litigante declarado en rebeldía (por ejemplo, los gastos de notificaciones
mediante exhortos o edictos).

g) "Ejecutoriada la sentencia pronunciada en rebeldía —prescribe el art.


67 CPN—, no se admitirá recurso alguno contra ella". Pero esta norma no im-
pide que, siendo nula la notificación del traslado de la demanda, o demostrán-
dose la existencia de un hecho impeditivo de la comparecencia (fuerza mayor
insuperable, por ejemplo), pueda eventualmente declararse la nulidad de lo ac-
tuado, que cabría obtener mediante la promoción del respectivo incidente
(CPN, arts. 169 y sigs.).
La ley 22.434 introdujo al art. 60 CPN un párrafo con arreglo al cual "el
rebelde podrá oponer la prescripción en los términos del artículo 346". Este úl-
timo, a su vez, tras disponer que "la prescripción podrá oponerse hasta el ven-
cimiento del plazo para contestar la demanda o la reconvención", agrega que
"el rebelde sólo podrá hacerlo siempre que justifique haber incurrido en rebel-
día por causa que no haya estado a su alcance superar".
Esta norma se justifica, por un lado, si se tiene en cuenta que la incompa-
recencia que responde a un hecho impeditivo gfave autoriza, como se vio, a de-
clarar la nulidad de las actuaciones, y, por otro lado, en razón de que la compa-
recencia del declarado rebelde en esas condiciones configura "la primera
presentación en el juicio" a que se refiere el art. 3962 Cód. Civ.

123. CESACIÓN DEL PROCEDIMIENTO EN REBELDÍA

a) "Si el rebelde compareciere en cualquier estado del juicio será admi-


tido como parte, y cesando el procedimiento en rebeldía, se entenderá con él ¡a
sustanciación, sin que ésta pueda en ningún caso retrogradar" (CPN, art. 64).
El rebelde que se apersona debe, por lo tanto, aceptar el proceso ¡n statu
et terminis, salvo que mediase alguno de los supuestos mencionados bajo la le-
tra g) del número anterior.

b) "Las medidas precautorias decretadas de conformidad con el artículo


63, continuarán hasta la terminación del juicio, a menos que el interesado jus-
262 LAS PARTES (Cont.)

tifícare haber incurrido en rebeldía por causas que no haya estado a su alcance
vencer. Serán aplicables las normas sobre ampliación, sustitución y reducción
de las medidas precautorias. Las peticiones sobre procedencia o alcance de las
medidas precautorias tramitarán por incidente, sin detener el curso del proceso
principal" (CPN, art. 65).
c) Finalmente, prescribe el art. 66 CPN que "si el rebelde hubiese com-
parecido después de la oportunidad en que ha debido ofrecer la prueba y apela-
re de la sentencia, a su pedido se recibirá la causa a prueba en segunda
instancia, en los términos del artículo 260, inciso 5o, párrafo a). Si como conse-
cuencia de la prueba producida en segunda instancia la otra parte resultare ven-
cida, para la distribución de las costas se tendrá en cuenta la situación creada
por el rebelde". Este último párrafo, en alguna medida similar al art. 70, inc. 20,
autoriza a prescindir de la aplicación del principio objetivo de la derrota (sapra,
n° 117), consagrado por el art. 68, permitiendo la eventual exención de costas al
vencido con fundamento de la presentación extemporánea del rebelde.

§ ///
29
SUSTITUCIÓN PROCESAL

124. CONCEPTO

a) Existe sustitución procesal cuando la ley habilita para intervenir en


un proceso, como parte legítima, a una persona que es ajena a la relación jurí-
dica sustancial que ha de discutirse en ese proceso.
Como se destacó supra, n° 52, 2o), la sustitución procesal constituye un
ejemplo de legitimación procesal "anómala o extraordinaria", por cuanto a tra-
vés de ella se opera una disociación entre el legitimado para obrar en el proceso
y el sujeto titular de la relación jurídica sustancial en que se funda la pretensión.

b) Esta figura se diferencia de la representación en la circunstancia de


que, mientras el sustituto reclama la protección judicial en nombre e interés
29
ALSINA, Tratado, I, pág. 580; D'ONOFRIO, Commento al códice di procedura civile, 5a
ed.. I, pág. 161; CARNELUTTI, Instilaciones, I, pág. 176; COLOMBO, Código. \, pág. 571;
COSTA, Mamtale, pág. 152; CHIOVENDA, Istitu-ioni, fl, pág. 229; GARBAGNATI, La sostituzione
processuale nel nuovo códice di procedura civile; GUASP" Derecho procesal civil. 1, pág. 185:
JAEGER, Diritto processuale civile, pág. 269; PALACIO, Derecho procesal civil, [II, pág. 339;
SATTA, Diritto processuale civile, pág. 76: ZANZUCCHI, Diritto processuale civile, 1, pág. 314.
SUSTITUCIÓN PROCESAL 263
propio, aunque en virtud de un derecho vinculado a una relación jurídica ajena,
el representante actúa en nombre de un tercero —el representado— y carece de
todo interés personal en relación con el objeto del proceso.

c) De lo dicho se sigue que el sustituto, a diferencia del representante, es


parte en el proceso. Tiene, por ello, todos los derechos, cargas, deberes y res-
ponsabilidades inherentes a tal calidad, con la salvedad de que no puede reali-
zar aquellos actos procesales que comporten, directa o indirectamente, una
disposición de los derechos del sustituido (confesión, transacción, desistimien-
to del derecho, etc.).

d) No obstante la legitimación autónoma y originaria que reviste el sus-


tituto procesal, el demandado puede oponer a su pretensión las mismas defen-
sas que cabrían contra la pretensión del sustituido, desde que ambas tienen
sustancialmente el mismo contenido.

e) La sentencia pronunciada con respecto al sustituto produce, como


principio, eficacia de cosa juzgada contra el sustituido, aunque éste no haya
sido parte en el proceso.

125. DISTINTOS SUPUESTOS

a) Entre las hipótesis más frecuentes de"Sustftución procesal correspon-


de examinar en primer término, la representada por el ejercicio de la pretensión
oblicua o subrogatoria a que se refiere el art. 1196 Cód. Civ., según el cual "los
acreedores pueden ejercer todos los derechos y acciones de su deudor con ex-
cepción de los que sean inherentes a su persona".
La admisibilidad de la pretensión oblicua se halla condicionada a la de-
mostración, por parte del acreedor, de que es titular de un crédito cierto, líquido
y exigible, y de que el deudor ha sido negligente en el ejercicio de sus derechos,
siendo suficiente, respecto de este último extremo, la mera comprobación de la
inactividad del deudor. Por otra parte, la jurisprudencia predominante conside-
ra que el ejercicio de la pretensión oblicua no se halla supeditado al requisito de
que el acreedor sea judicialmente subrogado en los derechos de su deudor.
Esta última conclusión jurisprudencial ha sido expresamente recogida
por el art. 111 CPN, el cual, además, a diferencia del código derogado, regla-
menta el trámite de esta pretensión.
264 LAS PARTES (Cont.)

Lo mismo que algunos códigos provinciales (Santa Fe, Córdoba, Jujuy,


etc.), el CPN admite la previa audiencia del deudor (sustituido) y su eventual
intervención en los procedimientos.
Dispone, en efecto, el art. 112 CPN que antes de conferirse traslado al de-
mandado, se citará al deudor por el plazo de diez días, durante el cual éste po-
drá: Io) Formular oposición fundada en que ya ha interpuesto la demanda o en
la manifiesta improcedencia de la subrogación (lo que ocurriría, por ejemplo,
en el caso de no ser el actor, a su respecto, titular de un crédito cierto, líquido y
exigible); 2o) Interponer la demanda, en cuyo caso se le considerará como actor
y el juicio seguirá con el demandado.
Pero aunque el deudor, en oportunidad de ser citado, no ejerza ninguno de
los derechos mencionados en el art. 112, puede intervenir en el proceso como
litisconsorte del actor (acreedor) (art. 113), sin que su presentación sea suscep-
tible de retrogradar o suspender el curso del proceso (art. 93).
Igualmente, aun en los casos en que el deudor interponga la demanda al ser
citado, o la haya deducido con anterioridad, el acreedor puede intervenir en el pro-
ceso como tercero adhesivo simple (infra, n° 134), siendo por lo tanto su actuación
accesoria y subordinada a la del deudor (CPN, art. 112, párr. 2o, y art. 91,párr. Io).
En todos los casos, de acuerdo con el principio recordado en el número
anterior (letra c]), el deudor puede ser llamado a absolver posiciones y recono-
cer documentos.
Prescribe, finalmente, el art. 114 CPN que la sentencia hará cosa juzgada
en favor o en contra del deudor citado haya o no comparecido.
Ejecutoriada la sentencia, el sustituto puede también intervenir en el pro-
cedimiento de ejecución a fin de posibilitar el ingreso de bienes suficientes en
el patrimonio de su deudor. Pero sólo puede percibir el importe resultante de la
ejecución hasta cubrir el monto de su crédito.

b) Revisten asimismo el carácter de sustitutos procesales, entre otros, el


asegurador que ejerce los derechos que corresponden al asegurado contra un
tercero, en razón del siniestro, y hasta el monto de la indemnización abonada
(ley 17.418, art. 80); el enajenante citado de evicción cuando el adquiriente de-
mandado opta por ser excluido de la causa (infra, n° 136); etcétera.
AUXILIARES DE LAS PARTES 265
§ ¡V

AUXILIARES DE LAS PARTES 30

126. GENERALIDADES

a) Razones de orden técnico justifican la actuación procesal de dos cla-


ses de auxiliares de las partes: los abogados y los procuradores.
Desde el punto de vista que aquí interesa llámase abogado a la persona
que, contando con el respectivo título profesional y habiendo cumplido los re-
quisitos legales que la habilitan para hacerlo valer ante los tribunales, asiste ju-
rídicamente a las partes durante el transcurso del proceso.
Procurador, a su vez, es la persona que teniendo título de abogado, escri-
bano o procurador, y habiendo cumplido los requisitos legales que la habilitan
para ejercitarlo, representa a las partes ante los tribunales.

b) De lo dicho se infiere que, a diferencia del procurador, que actúa en lu-


gar de la parte a quien representa (o del representante legal de ésta), el abogado de-
sempeña su función junto a aquélla o a su representante (legal o convencional),
prestándole el auxilio técnico-jurídico que requiere el adecuado planteamiento de
las cuestiones comprendidas en el proceso. El abogado patrocina a su cliente,
sin perjuicio de que, al mismo tiempo, ejerza su representación, pues no existe
incompatibilidad entre ambas funciones (supra, n° 108).

127. EL PATROCINIO LETRADO

a) El patrocinio letrado comprende no sólo la facultad de asesorar a las


partes en el planteamiento de las cuestiones de hecho y de derecho sobre las
que versa el pleito, sino también la de asistirlas en la ejecución de los actos que
requieran la expresión verbal como medio de comunicación con el tribunal (au-
diencias y juicios verbales). En esta última clase de actos, la regla consiste en
que el abogado formule directamente (aunque en presencia de la parte o de su
representante) las peticiones que correspondan (repreguntas, ampliación de
30
ALSINA, Tratado. II, pág. 393; BIEESA, La abogacía: BR1SEÑ0 SIERRA. Derecho
procesal. II. pág. 442; CALAMANDREI, Demasiados abogados (trad. XlRAU), Madrid, 1926;
GUASP, Derecho procesal civil, pág. 196; KlSCH, Elementos, pág. 94; LlEBMAN, Manuale, I.
pág. 140; PODETTI. Tratado de los actos procesales, pág. 74; MERCADER, Abogados, 1963:
M0RELL0-S0SA-BF.RIZ0NCE, Códigos, 1, pág. 463; PALACIO, Derecho procesal civil, III. pág.
123; Estudio, pág. 88; RAMOS MÉNDEZ, Derecho procesal civil, \, pág. 305; ROSENBERG,
Derecho procesal civil, I. pág. 146.
266 LAS PARTES (Cont.)

preguntas o de posiciones, oposiciones a una pregunta o a una posición estima-


da inadmisible o impertinente, etc.).

b) La institución del patrocinio letrado responde, por un lado, a la con-


veniencia de que la defensa de los derechos e intereses comprometidos en el
proceso sea confiada a quienes, por razones de oficio, poseen una competencia
técnica de la que generalmente carecen las partes; y, por otro lado, a la necesi-
dad de evitar que éstas, llevadas por su apasionamiento o ignorancia obstruyan
la gestión normal del proceso.

c) Sobre la base, en lo esencial, de las prescripciones contenidas en el


art. 11, inc. 3 o de la ley 10.996, y art. 45 de la 12.997, el art. 56 CPN impone el
patrocinio obligatorio en los siguientes términos: "Los jueces no proveerán
ningún escrito de demanda o excepciones y sus contestaciones, alegatos o ex-
presiones de agravios, ni aquéllos en que se promuevan incidentes, o se pida
nulidad de actuaciones y, en general, los que sustenten o controviertan dere-
chos, si no llevan firma de letrado. No se admitirá tampoco la presentación de
pliegos de posiciones ni de interrogatorios que no lleven firma de letrado, ni la
promoción de cuestiones, de cualquier naturaleza, en las audiencias, ni su con-
testación, si la parte que las promueve o contesta no esté acompañada de letrado
patrocinante". Por lo tanto el procurador tampoco puede, durante las audien-
cias, ampliar el pliego de posiciones o de preguntas, o repreguntar a ios testi-
gos, si carece de patrocinio letrado.
En cuanto al procedimiento a observar frente a los escritos que no llevan
firma de letrado (CPN, art. 57), véase supra, n° 109.

128. REQUISITOS, DERECHOS, DEBERES, PROHIBICIONES


E INCOMPATIBILIDADES

a) El primer requisito para el ejercicio de la profesión de abogado es la


posesión de título habilitante, expedido por universidad nacional o privada au-
torizada, o revalidado ante universidad nacional. Además, según el tratado de
Montevideo de 1888, celebrado entre nuestro país, Perú, Paraguay, Bolivia y
Uruguay, los nacionales o extranjeros que en cualquiera de los Estados signata-
rios de esa Convención hubiesen obtenido título o diploma expedido por la au-
toridad nacional competente para ejercer profesiones liberales, se tendrán por
habilitados para ejercerlas en los otros Estados.
AUXILIARES DE LAS PARTES 267
b) Aparte de la posesión de título profesional, el abogado debe hallarse
inscripto en la matrícula correspondiente, cuyo gobierno en el ámbito de la Ca-
pital Federal, así como la potestad disciplinaria, la ley 23.187 —siguiendo el
criterio adoptado por algunas leyes provinciales— ha conferido al denominado
Colegio Público de Abogados, que funciona con el carácter, derechos y obliga-
ciones de las personas jurídicas de derecho público, siendo sus órganos, que se
eligen por el voto directo, secreto y obligatorio de los matriculados, la Asam-
blea de delegados, el Consejo Directivo y el Tribunal de Disciplina.
Conforme a lo dispuesto en el art. 2° de la mencionada ley, para ejercer la
profesión de abogado en la Capital Federal (y en todo el territorio de la Repú-
blica conforme al régimen desregulatorio establecido por el decreto 2293/92)
se requiere: Io) Poseer título habilitante expedido por la autoridad competente;
2o) Hallarse inscripto en la matrícula que lleva el referido Colegio, no siendo
exigible este requisito al profesional que litigue ante la Corte Suprema o ante
tribunales administrativos por causas originadas en tribunales federales o loca-
les en las provincias (en cuyos casos basta la inscripción en las cámaras federa-
les con asiento en el interior o ante las autoridades locales respectivamente); 3o)
No encontrarse incurso en las incompatibilidades o impedimentos que se men-
cionarán más adelante (art. 2o).
Para inscribirse en la matrícula se requiere: Io) Acreditar identidad perso-
nal; 2o) Presentar título de abogado expedido y/o reconocido por autoridad na-
cional competente; 3o) Denunciar el domicilio real y constituir uno especial en
la Capital Federal; 4o) Declarar bajo juramento no estar afectado por ninguna
de las incompatibilidades o impedimentos legates; 5?) Prestar juramento profe-
sional; 6o) Abonar las sumas que establezca la reglamentación (art. 11).
Aprobada la inscripción por el Consejo Directivo del Colegio, el abogado
debe prestar, ante el citado organismo, juramento de fidelidad en el ejercicio
profesional a la Constitución Nacional y a las reglas de ética, tras lo cual corres-
ponde comunicar la inscripción a la Corte Suprema (arts. 12 y 16). Si la inscrip-
ción es denegada —lo que sólo puede fundarse en el incumplimiento de algu-
nos de los requisitos previstos en el art. 11 — el interesado puede interponer y
fundar, dentro de los diez días desde la notificación de la resolución, recurso
ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contenciosoadministrativo Fe-
deral, el que debe concederse en efecto devolutivo. El tribunal debe decidir la
impugnación previo traslado al Colegio y eventual apertura a prueba (art. 13).
Tras establecer, en el art. 5o, reproduciendo sustancialmente el texto del
art. 58 del CPN, que "el abogado en el ejercicio profesional estará equiparado
a los magistrados en cuanto a la consideración y respeto que se le debe", la ley
23.187 prescribe, en el art. 7o, que son derechos específicos de los abogados:
Io) Evacuar consultas jurídicas y percibir remuneración no inferior a las fijadas
268 LAS PARTES (Cont.)

en las leyes arancelarias; 2o) Defender, patrocinar o representar judicialmente o


extrajudicialmente a sus clientes; 3o) Guardar el secreto profesional; 4o) Comu-
nicarse libremente con sus clientes respecto de los intereses jurídicos de éstos,
cuando se hallaren privados de libertad; 5o) La inviolabilidad de su estudio pro-
fesional, a cuyo fin, en caso de allanamiento, la autoridad competente que hu-
biere dispuesto la medida debe dar aviso de ella al Colegio al realizarla, y el
abogado puede solicitar la presencia de un miembro del Consejo Directivo du-
rante el procedimiento, sin que ello implique suspenderlo. Sin perjuicio de los
demás derechos que les acuerden las leyes, es también facultad de los abogados
en el ejercicio profesional requerir a las entidades públicas información con-
cerniente a los asuntos que se les hayan encomendado, y tener libre acceso a ar-
chivos y demás dependencias donde existan registros de antecedentes, salvo
que se trate de informaciones estrictamente privadas o de registros y archivos
cuyas constancias se declaren reservadas por ley (art. 8o). Asimismo, en depen-
dencias policiales, penitenciarias o de organismos de seguridad deben propor-
cionarse al abogado, por escrito, los informes que éste requiera acerca de los
motivos de detención de cualquier persona y el nombre del juez que conozca en
la causa (art. 9o).
Son deberes específicos de los abogados, de acuerdo con lo prescripto en
el art. 6o de la ley examinada, sin perjuicio de otros previstos en leyes especia-
les, los siguientes: Io) Observar fielmente la Constitución Nacional y la legisla-
ción dictada en su consecuencia; 2o) Aceptar y ejercer los nombramientos de
oficio que por sorteo efectúan las autoridades del Colegio para asesorar, defen-
der o patrocinar gratuitamente a litigantes carentes de recursos suficientes; 3o)
Tener estudio o domicilio especial en la Capital; 4o) Comunicar al Colegio todo
cambio de domicilio, así como la cesación o reanudación de sus actividades
profesionales; 5o) Comportarse con lealtad, probidad y buena fe en el desempe-
ño profesional; 6o) Observar con fidelidad el secreto profesional, salvo autori-
zación fehaciente del interesado.
Pesan sobre los abogados las siguientes prohibiciones: Io) Representar,
patrocinar o asesorar simultánea o sucesivamente, en una misma causa, intere-
ses opuestos; 2o) Ejercer la profesión en procesos en cuya tramitación hubiese
intervenido anteriormente como juez de cualquier instancia, secretario, o re-
presentante del ministerio público; 3o) Autorizar el uso de su firma o nombre a
personas que, sin ser abogados, ejerzan actividades propias de la profesión; 4o)
Disponer la distribución o participación de honorarios con personas que carez-
can de título habilitante para el ejercicio profesional; 5o) Publicar avisos que in-
duzcan a engaño u ofrecer ventajas que resulten violatorias de las leyes vigen-
tes o que atenten contra la ética profesional; 6o) Recurrir directamente, o por
terceras personas, a intermediarios remunerados para obtener asuntos (art. 10).
AUXILIARES DE LAS PARTES 269
No pueden ejercer la profesión por incompatibilidad: Io) El Presidente y
vicepresidente de la Nación, los ministros, secretarios y subsecretarios del Po-
der Ejecutivo nacional, el procurador y subprocurador del Tesoro, el intendente
de la Ciudad de Buenos Aires y los secretarios de la Municipalidad de esa ciu-
dad; 2o) Los legisladores nacionales y concejales de la Capital mientras dure su
mandato en causas judiciales y gestiones administrativas en que particulares
tengan intereses encontrados con el Estado Nacional, la Municipalidad de la
misma Ciudad, sus respectivos entes autárquicos o empresas estatales, excepto
en las causas penales y correccionales; 3o) Los magistrados, funcionarios y em-
pleados judiciales de cualquier fuero y jurisdicción y los que se desempeñen en
el ministerio público y Fiscalía de Investigaciones Administrativas, así como
los integrantes de tribunales administrativos, salvo cuando el ejercicio profe-
sional resulte de una obligación legal representando al Estado nacional, provin-
cial o municipal; 4o) Los miembros de las fuerzas armadas y los funcionarios y
autoridades de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval Ar-
gentina, Policía Nacional Aeronáutica, Servicio Penitenciario Federal, cuando
las normas que regulen a dichas instituciones así lo dispongan; 5o) Los magis-
trados y funcionarios de los tribunales municipales de faltas de la ciudad de
Buenos Aires; 6o) Los abogados jubilados como tales, cualquiera que sea la ju-
risdicción donde hayan obtenido el beneficio, en la medida dispuesta por la le-
gislación previsional vigente a la fecha en que aquél se concedió; 7o) Los abo-
gados que ejerzan la profesión de escribano público; 8o) Los abogados que
ejerzan las profesiones de contador, martiliero o cualquiera otra considerada
auxiliar de la justicia, en la actuación ante el tribunal en que hayan sido desig-
nados como auxiliares y mientras duren sus funciones; 9o) Los magistrados y
funcionarios jubilados como tales en la actuación ante el fuero al que hubieran
pertenecido y por el plazo de 2 años a partir de su cese. Por especial impedi-
mento no pueden ejercer la profesión: Io) Los suspendidos en el ejercicio pro-
fesional por el Colegio; 2o) Los excluidos de la matrícula tanto de la Capital
como de cualquier otra de la República, por sanción disciplinaria aplicada por
el Colegio o por los organismos competentes de las provincias y mientras no
estén rehabilitados (art. 3o).
Los abogados matriculados pueden ser pasibles de sanciones disciplina-
rias por: Io) Condena por delito doloso a pena privativa de la libertad cuando de
las circunstancias de la causa surja que el hecho afecta al decoro y ética profe-
sionales; o condena que importe la inhabilitación profesional; 2o) Calificación
de conducta fraudulenta en el concurso comercial o civil, mientras no sean re-
habilitados; 3o) Violación de las prohibiciones establecidas en el art. 10; 4o) Re-
tención indebida de documentos o bienes pertenecientes a sus mandantes,
representados o asistidos; 5o) Retardo o negligencia frecuente o ineptitud mani-
270 LAS PARTES (Cont.)

fiesta, u omisiones graves en el cumplimiento de los deberes profesionales; 6o)


Incumplimiento de las normas de ética profesional sancionadas por el Colegio;
7o) Todo incumplimiento de las obligaciones o deberes establecidos en la ley
analizada (art. 44).
Las sanciones disciplinarias son: Io) Llamado de atención; 2o) Adverten-
cia en presencia del Consejo Directivo; 3o) Multa cuyo importe no podrá exce-
der la retribución mensual de un juez de primera instancia de la Capital; 4o)
Suspensión de hasta un año en el ejercicio profesional; 5o) Exclusión de la ma-
trícula que sólo podrá aplicarse: a) Por haber sido suspendido el imputado cin-
co o más veces con anterioridad dentro de los últimos diez años; b) Por haber
sido condenado por la comisión de un delito doloso a pena privativa de la liber-
tad y siempre que de las circunstancias del caso surja que el hecho afecta el de-
coro y ética profesional (art. 45). Conforme a lo dispuesto en el art. 47, las san-
ciones mencionadas requieren, de acuerdo con su gravedad, distintos números
de votos de los miembros del tribunal de disciplina, pero todas son apelables
con efecto suspensivo. El recurso debe ser interpuesto y fundado dentro de los
diez días de notificada la resolución, entendiendo de aquél la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Contenciosoadministrativo Federal, la que, antes de resol-
ver, debe conferir traslado al Consejo Directivo del Colegio.

c) El CPN ha asignado a los abogados el cumplimiento de diversas fun-


ciones cuya índole no se ajusta, en rigor, al concepto de patrocinio anterior-
mente enunciado, pero que revisten señalada utilidad en orden a la economía y
simplificación de los trámites procesales. De acuerdo con dicho ordenamiento,
los abogados están facultados para:

Io) Certificar la fidelidad de copias de poderes generales que se agreguen a


la causa. La misma atribución se ha conferido a los procuradores (art. 47, párr. 2o).

2o) Firmar las cédulas de notificación que interesen a sus patrocinados,


salvo las que tengan por objeto notificar resoluciones que dispongan sobre me-
didas cautelares o la entrega de bienes (art. 137).

3o) Firmar y diligenciar los oficios mediante los cuales se requieran in-
formes, expedientes, testimonios y certificados de oficinas públicas o de entes
privados (art. 400, párr. Io).

4o) En los juicios sucesorios dirigirse directamente mediante oficio, sin


necesidad de previa petición judicial, a bancos, oficinas públicas y entes priva-
dos al único efecto de acreditar el haber (art. 400, párr. 2o).
AUXILIARES DE LAS PARTES 271

129. HONORARIOS

a) A título de retribución por los trabajos que realizan en el proceso, o


extrajudicialmente, los abogados y los procuradores tienen derecho a la percep-
ción de honorarios cuyo monto se halla tarifado con arreglo a los porcentajes
establecidos en las leyes arancelarias, y con las limitaciones emergentes de los
arts. 505 y 1627, Cód. Civ. conforme a los agregados que incorporó a esas nor-
mas la ley 24.432. En el orden nacional rige la ley 21.839, de cuyo contenido
esencial se dará cuenta seguidamente.

b) Los honorarios pueden fijarse por convenio celebrado entre el profe-


sional y el cliente, o judicialmente, cabiendo inclusive la posibilidad de que el
primero renuncie al cobro de aquéllos, sea por anticipado o con posterioridad a
la prestación de su labor, ya que la citada ley 24.432 derogó las normas que ful-
minaban la validez de todo pacto que tuviese como contenido la primera de
esas alternativas.
Por lo que concierne a la fijación convencional, las partes pueden ajustar
libremente el precio del servicio profesional, sin que tal facultad sea suscepti-
ble de cercenamientos por las leyes arancelarias (Cód. Civ., art. 1627) aunque,
naturalmente, debe encuadrarse en los términos del art. 953 de ese ordena-
miento.
Dentro del tipo de fijación analizado corresponde incluir el denominado
pacto de cuota litis, que es el convenio en virtud del cual se reconoce al aboga-
do o procurador, con ciertas limitaciones, una participación en el resultado eco-
nómico del proceso. Si bien el art. 4o de la ley 21.839 regula dicho pacto y dis-
pone a su respecto que los honorarios del abogado y del procurador, en
conjunto, no pueden exceder del cuarenta por ciento del resultado económico
obtenido, el párrafo incorporado al art. 1627 del Cód. Civ. ha venido a derogar
virtualmente tal limitación sin perjuicio de las eventuales correcciones que
pueden hacer los jueces en función del citado art. 953.
Pueden en cambio reputarse compatibles con la ley 24.432 las disposicio-
nes del art. 4o de la ley 21.839 en tanto prohiben pactar honorarios en asuntos o
procesos alimentarios o de familia y, en general, con relación a la duración del
asunto o proceso.
La fijación de honorarios mediante convenio está prohibida para los pro-
fesionales que fueren designados de oficio (como, v.gr., curadores ad litem, in-
terventores, veedores, etc.), quienes tampoco pueden percibir importe alguno a
título de adelanto, excepto cuando se tratare de gastos, con cargo de oportuna
rendición de cuentas y previo auto fundado (ley citada, art. 51). El profesional
que violare estas prohibiciones —que se fundan en la necesidad de preservar la
272 LAS PARTES (Cont.)

imparcialidad y honestidad con que debe desempeñarse— es pasible de una


multa equivalente a la suma que pactare o percibiere, además de ser eliminado
de la matrícula y de prohibírsele el ejercicio de la profesión por el término de
uno a diez años (id., art. 52).

c) El art. 6o de la ley de arancel establece que para fijar el monto del ho-
norario deben tenerse en cuenta las siguientes pautas, sin perjuicio de otras que
se adecúen mejor a las circunstancias particulares de los asuntos o procesos: a) El
monto del asunto o proceso, si fuere susceptible de apreciación pecuniaria (no
lo son generalmente los asuntos de familia, algunos penales, etc.); b) La natu-
raleza y complejidad del asunto o proceso; c) El resultado que se hubiere obte-
nido y la relación entre la gestión profesional y la probabilidad de efectiva
satisfacción de la pretensión reclamada en el juicio por el vencido; d) El mérito
de la labor profesional, apreciada por la calidad, eficacia y extensión del traba-
jo; e) La actuación profesional con respecto a la aplicación del principio de ce-
leridad procesal; f) La trascendencia jurídica, moral y económica que tuviere el
asunto o proceso para casos futuros, para el cliente y para la situación económi-
ca de las partes. El valor del juicio no es, por lo tanto, la única base computable
para las regulaciones de honorarios, las que deben ajustarse asimismo al mérito
y a la naturaleza e importancia de esa labor, disponiendo los jueces de un am-
plio margen de discrecionalidad para la ponderación de los distintos factores
que influyen en la retribución de los profesionales (CSN, Fallos, 296-124).
Sin perjuicio de la limitación establecida en el art. 505 Cód. Civ. en su
versión resultante de la ley 24.432, los honorarios de los abogados por su acti-
vidad durante la tramitación del asunto o proceso en primera instancia, cuando
se trate de sumas de dinero o de bienes susceptibles de apreciación pecuniaria,
deben ser fijados entre el 11 % y el 20% del monto del proceso. Los honorarios
del abogado de la parte vencida deben serlo entre el 7% y el 17% de dicho mon-
to (id., art. 7o) pero en ningún caso la retribución del trabajo profesional puede
fijarse, salvo pacto en contrario, en sumas inferiores a las previstas en el art. 8o.
Los honorarios de los procuradores deben fijarse entre un 30% y un 40% de lo
que corresponda a los abogados, pero cuando éstos actúen también como pro-
curadores deben percibir los honorarios que corresponde fijar si actúan por se-
parado abogados y procuradores (id., art. 9o).
Cuando actúan conjuntamente varios abogados o procuradores por una
misma parte, a fin de regular honorarios debe considerarse que ha existido, res-
pectivamente, un solo patrocinio o una sola representación. En la hipótesis de
actuación sucesiva, los honorarios deben distribuirse en proporción a la impor-
tancia jurídica de la respectiva actuación y a la labor desarrollada porcada pro-
fesional (id., art. 10).
AUXILIARES DE LAS PARTES 273

En los casos de litisconsorcio, activo o pasivo, en que actúen diferentes


profesionales al servicio de cualquiera de las partes, los honorarios de cada uno
de ellos deben regularse atendiendo a la respectiva actuación cumplida, al inte-
rés de cada litisconsorte y a las pautas del art. 6o, pero el total de las regulacio-
nes no puede exceder en el 40% de los honorarios que correspondan por aplica-
ción de los porcentajes previstos en el art. 7o (id., art. 11).
El profesional que actúa en causa propia debe percibir sus honorarios de
la parte contraria si ésta es condenada a pagar las costas (id., art. 12).
Al solo efecto de regular honorarios, la firma del abogado patrocinante en
un escrito implica el mantenimiento de su intervención profesional en las ac-
tuaciones posteriores, aunque éstas no sean firmadas por él. La intervención
profesional cesa por renuncia del abogado, o cuando así lo manifiesta en forma
expresa el cliente o su apoderado (id., art. 13).
Por las actuaciones correspondientes a segunda o ulterior instancia, cabe
regular en cada una de ellas del 25% al 35% de la cantidad que deba fijarse para
los honorarios de primera instancia; pero si la sentencia apelada es revocada en
todas sus partes en favor del apelante, el honorario de su letrado debe fijarse en
el 35% (id., art. 14).

d) Corresponde considerar "monto del proceso", a los fines regulato-


rios, "la suma que resultare de la sentencia o transacción" (id., art. 19), de ma-
nera que para los profesionales de la actora dicho monto está representado por
la suma por la cual la pretensión prospera, y para los profesionales de la deman-
dada por la suma reclamada por la actora y qíTe eWallo desestima. Si el juicio
concluye por transacción, el monto a computar es el que las partes determinen
al celebrar dicho acto.
Cuando el honorario deba regularse sin que se haya dictado sentencia ni
sobrevenido transacción, corresponde considerar monto del proceso la suma
que, razonablemente, y por resolución fundada, hubiera correspondido, a crite-
rio del tribunal, en caso de haber prosperado el reclamo del pretensor, pero di-
cho monto no puede en ningún caso exceder la mitad de la suma reclamada en
la demanda y reconvención si ésta se ha deducido (id., art. 20), pero si después
de fijado el honorario se dicta sentencia debe incluirse en ella la nueva regula-
ción de acuerdo con los resultados del proceso (id., art. 21).

e) Debe sin embargo tenerse en cuenta que, conforme al párrafo incor-


porado por la ley 24.432 al art. 505 Cód. Civ., "si el incumplimiento de la obligación,
cualquiera sea su fuente, derivase en litigio judicial o arbitral, la responsabili-
dad por el pago de las costas, incluidos los honorarios de todo tipo allí deven-
gados y correspondientes a la primera y única instancia, no excederá del 25%
274 LAS PARTES (Conl.)

del monto de la sentencia, laudo, transacción o instrumento que ponga fin al di-
ferendo. Si las regulaciones de honorarios practicadas conforme ajas leyes
arancelarias o usos locales, correspondientes a todas las profesiones y especia-
lidades superaran dicho porcentaje, el juez procederá a prorratear los montos
entre los beneficiarios. Para el cómputo del porcentaje indicado no se tendrá en
cuenta el monto de los honorarios de los profesionales que hubieren repre-
sentado, patrocinado o asistido a la parte condenada en costas".
El art. 23 de la ley 21.839 dispone en su primer apartado que "cuando para
la determinación del monto del proceso debiera establecerse el valor de bienes
muebles o inmuebles, el tribunal correrá vista al profesional y al obligado al
pago del honorario, para que en el plazo de tres días estimen dichos valores".
Esta norma es aplicable, en términos generales, a aquellos procesos en
los cuales se discute la propiedad, posesión o tenencia de bienes muebles o in-
muebles, como son, v.gr., los de reivindicación, pretensiones posesorias e inter-
dictos, así como en los casos en que resulta menester determinar el monto del
acervo sucesorio. Es inaplicable cuando la ley fija el porcentaje y la pauta de la
regulación, según ocurre con el juicio de desalojo (art. 26) o en el caso, por
ejemplo, de que el proceso verse sobre el cumplimiento o la resolución de un
contrato de compraventa, en el cual corresponde computar como monto del jui-
cio el valor del bien vendido exteriorizado en el boleto, sin perjuicio de su ac-
tualización (CNFed., Sala I, Civ. y Com., JA., 1981 -11-527). Cabe añadir que la
vista de estimación de valores a que alude la norma analizada constituye uno de
los casos en que la ley exige pronunciarse, razón por la cual el silencio debe in-
terpretarse como asentimiento (CNCiv., F, L.L., 1981 -B-421; G, E.D., 92-874).
"Si no hubiere conformidad —agrega el apartado segundo de la norma
citada— el tribunal, previo dictamen de un perito tasador designado de oficio,
determinará el valor del bien y establecerá a cargo de quién quedará el pago de
los honorarios de dicho perito, de acuerdo con las posiciones sustentadas, res-
pectivamente, por las partes". Los honorarios del perito, en consecuencia, de-
ben ser soportados por quien resulte vencido (CPN, art. 69), o bien se distribui-
rán atendiendo a las diferencias que pudieren mediar entre los valores que
informó el experto y los que las partes habían proporcionado (CNCiv., B, E.D.,
85-624; G, £.D., 92-874).

f) La ley arancelaria, asimismo, contiene diversas reglas particulares


relativas al monto a computar para la regulación, a los porcentajes aplicables a
ese monto, así como a otras pautas, atendiendo, por un lado, a las funciones
ejercidas por los abogados ajenas al patrocinio, y, por otro lado, al tipo de pro-
ceso de que se trate.
AUXILIARES DE LAS PARTES 275

Desde el primero de esos puntos de vista el ordenamiento vigente con-


templa los casos en que el profesional interviene como administrador judicial
(art. 15), interventor y veedor (art. 16), partidor (art. 17), arbitro (art. 18) y al-
bacea (art. 24, ap. 4o).
Sobre la base del tipo de proceso prevé los juicios sucesorios (art. 24:
aplicación de los porcentajes del art. T sobre el valor del patrimonio transmiti-
do, reduciéndose el resultante en un 25%, y sobre los gananciales el 50% del
honorario que correspondiere por aplicación del art. 7o reducido en un 25%); de
alimentos (art. 25: importe correspondiente a un año de la cuota que se fije, o la
diferencia durante igual lapso en caso de posterior reclamo de aumento); de de-
salojo (art. 26: importe de un año de alquiler); de consignación (art. 26: porcen-
tajes del art. T sobre el monto de lo consignado); de expropiación (art. 28: mis-
mo porcentaje, sobre la diferencia que existiere entre el importe depositado en
oportunidad de la desposesión y el valor de la indemnización fijada en la sen-
tencia o transacción, comparados en valores constantes); de retrocesión (art.
29: id. sobre el valor del bien al tiempo de la sentencia que haga lugar a la de-
manda y el importe de la indemnización percibida por el expropiado, o en su
caso el de la transacción, todos ellos comparados en valores constantes); de de-
rechos de familia no susceptibles de apreciación pecuniaria (art. 30: aplicación
de las pautas del art. 6o; si hubiese bienes sobre los cuales tuviere incidencia la
decisión con relación al derecho alimentario, la vocación hereditaria y la revo-
cación de donaciones prenupciales, debe tenerse en cuenta el valor de ellos de
acuerdo con lo dispuesto en el art. 23; y en los divorcios por presentación con-
junta corresponde fijar como mínimo en $ 500,-salvQ pacto en contrario, los ho-
norarios del letrado patrocinante de cada uno de los cónyuges); de concursos ci-
viles, quiebras y concursos preventivos (art. 31: pautas del art. 6o y de la
legislación específica, regulándose el honorario del letrado de cada acreedor
tomando en cuenta los porcentajes del art. T sobre la suma líquida que debe pa-
garse en los casos de acuerdo preventivo homologado, el valor de los bienes
que se adjudiquen o la suma que se liquide al acreedor en los concursos civiles
o quiebras y el monto verificado en el pertinente incidente); de pretensiones po-
sesorias, interdictos, mensuras, deslindes, división de cosas comunes y escritu-
ración (art. 32: aplicación de los porcentajes del art. T sobre el valor de los bie-
nes determinado conforme al procedimiento del art. 23 si la actuación es de
beneficio general y con relación a la cuota parte defendida si la actuación es
sólo en beneficio del patrocinado). La ley contempla asimismo las regulaciones
a efectuar en las medidas precautorias (art. 27: 33% de los porcentajes del art.
7o sobre el valor asegurado), en los incidentes (art. 33: 2 al 20% de los que co-
rrespondan al proceso principal), en las tercerías (art. 34: aplicación de los
mencionados porcentajes sobre el 50 al 70% del monto que se reclame en el
276 LAS PARTES (Cont.)

proceso principal o en la tercería si el de ésta es menor) y en la liquidación de


sociedad conyugal (art. 34: al patrocinante de cada parte el 50% de lo que co-
rresponda por aplicación del art. T sobre el 50% del activo de la sociedad con-
yugal), y en los procesos por hábeas corpus, amparo y extradición, respecto de
los cuales fija un monto mínimo de $ 500 salvo pacto en contrario (art. 36).
A los fines de la regulación en los casos de conclusión del proceso o ce-
sación en la representación o patrocinio con anterioridad al pronunciamiento
de la sentencia, la ley considera a los procesos, atendiendo a su naturaleza, di-
vididos en tres y dos etapas. Constan de tres etapas los procesos ordinarios (art.
38: Ia Demanda, reconvención y sus respectivas contestaciones; 2a Actuaciones
de prueba; y 3a Alegatos y cualquier actuación posterior hasta la sentencia de-
finitiva), los sucesorios (art. 43: Ia Escrito inicial; 2a Actuaciones posteriores
hasta la declaratoria de herederos o aprobación del testamento; y 3a Trámites
posteriores hasta la terminación del proceso) y los penales (art. 45: Ia Hasta el
dictado de los autos de sobreseimiento o de prisión preventiva; 2a Hasta el tras-
lado de la defensa; y 3a Hasta la sentencia definitiva). Se consideran divididos
en dos etapas los procesos sumarios, sumarísimos, laborales ordinarios e inci-
dentes (art. 39: Ia Demanda, reconvención, sus respectivas contestaciones y
ofrecimiento de prueba; y 2a Actuaciones sobre producción de la prueba y de-
más diligencias hasta la sentencia definitiva, aunque, a raíz de la reforma intro-
ducida por la ley 22.434 al proceso sumario, éste debe considerarse integrado
por tres etapas); los de ejecución (art. 40: Ia Escrito inicial y actuaciones hasta
la sentencia; y 2a Actuaciones posteriores hasta el cumplimiento de la senten-
cia); los especiales (art. 41:1 a Escrito inicial; y 2a Su contestación y actuacio-
nes posteriores hasta la sentencia definitiva); los concursos civiles, quiebras o
concursos preventivos (art. 42: Ia Trámites cumplidos hasta la declaración de
quiebra o apertura del concurso; y 2a Trámites posteriores hasta la clausura del
proceso) y los correccionales (art. 46: Ia Hasta la acusación y defensa; y 2a Has-
ta la sentencia definitiva).
Todas estas disposiciones se complementan con otras que contemplan la
retribución por la labor extrajudicial (gestiones, consultas, estudios, proyectos
y gestiones administrativas, arts. 57 a 59).

g) Prescribe el art. 47 de la ley 21.839 que al dictarse sentencia debe re-


gularse, fundadamente, el honorario de los profesionales de ambas partes aun-
que no medie petición expresa.
Esta regla se halla también establecida en el art. 163, inc. 8o CPN, y es ex-
tensiva a las sentencias interlocutorias y homologatorias (arts. 161 y 162), aun-
que importa advertir que la omisión de regulación de honorarios en la sentencia
AUXILIARES DE LAS PARTES 277

no comporta motivo de nulidad por cuanto aquélla puede practicarse ulterior-


mente, cuando sea requerida.
En el caso de que para proceder a la regulación sea necesario establecer el
valor de los bienes, y con anterioridad a la sentencia no se hubiese producido la
determinación conforme al art. 23, el juez debe diferir el auto regulatorio y de-
jar constancia de ello en la sentencia.
Los profesionales, sin embargo, pueden solicitar la regulación y cobrarle
a su cliente al cesaren su actuación y el juez debe regular el mínimo del arancel
que corresponda, sin perjuicio del derecho a posterior reajuste, una vez deter-
minado el resultado del pleito (id., art. 48).

h) En el supuesto de mediar condenación en costas, los obligados al


pago del honorario, frente al profesional beneficiario, son tanto la parte conde-
nada cuanto el cliente de aquél. Mientras que de acuerdo con la ley arancelaria
derogada, el profesional podía optar entre dirigir la pretensión ejecutiva de co-
bro contra su patrocinado o mandante o contra el obligado al pago de las costas,
sin perjuicio, en la primera hipótesis, de la repetición de lo abonado, la ley vi-
gente, con discutible acierto, instituye una prelación en el cobro del honorario,
por cuanto dispone que el profesional debe dirigirse en primer lugar contra la
parte condenada en costas dentro de los treinta días de notificado el auto regu-
latorio firme (si no se hubiese fijado un plazo menor), y que en el supuesto de
que el pago no se efectúe, aquél recién puede reclamar el pago al cliente (art.
49), a quien se concede otro plazo de treinta días contado desde la notificación
del reclamo profesional (art. 50, párr. Io). Es obvio que si es el cliente quien en
definitiva abona el honorario puede repetir el monto correspondiente de la parte
condenada en costas.
Agrega el párrafo final del art. 50 que "la acción para el cobro de los ho-
norarios tramitará por la vía de ejecución de sentencia", norma que coincide
con la contenida en el art. 500, inc. 3°CPN. Si no media, en cambio, condena en
costas, la pretensión debe tramitar por la vía del juicio ejecutivo.

i) La omisión, en la ley 21.839, de toda referencia a la apelación dedu-


cida contra las resoluciones regulatorias de honorarios, dio motivo a la formu-
lación de conclusiones jurisprudenciales contradictorias. El vacío vino a ser
cubierto por la ley 22.434 que agregó al art. 244 CPN un apartado en virtud del
cual "toda regulación de honorarios será apelable. El recurso de apelación de-
berá interponerse y podrá fundarse dentro de los cinco días de la notificación".

j) Como arbitrio destinado a garantizar el pago de los honorarios profe-


sionales, dispone el art. 55 de la ley 21.839 que "los tribunales, antes de los dos
278 LAS PARTES (Cont.)

años de la última intervención profesional, al dar por terminado un juicio o ex-


pediente, disponer su archivo, aprobar transacción, admitir desistimiento, su-
brogación o cesión, ordenar el levantamiento de medidas cautelares y entrega
de fondos, deberán hacerlo con citación de los profesionales cuyos honorarios
no resulte de autos haber sido pagados y siempre que aquéllos hubiesen constitui-
do domicilio legal a los efectos del presente artículo. La citación no correspon-
derá en los casos que existiere regulación de honorarios de los profesionales
intervinientes".
CAPÍTULO X

PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

SUMARIO: 1. LITISCONSORCIO: 130. Concepto y clasificación.— 131. El litisconsorcio ne-


cesario.— 132. El litisconsorcio facultativo.— II. INTERVENCIÓN DE TERCEROS:
133. Concepto y clases.— 134. Intervención voluntaria.— 135. Intervención obligada o
coactiva.— 136. Citación de evicción.— III. TERCERÍAS: 137. Concepto y clases.— 138.
Requisitos.— 139. Electos.— 140. Procedimiento.— 141. Connivencia entre tercerista y
embargado.

§ /
31
LITISCONSORCIO

130. CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN

a) Existe litisconsorcio cuando, por mediar cotitularidad activa o pasiva


con respecto a una pretensión única, o un vínculo de conexión entre distintas
31
BRISEÑO SIERRA, Derecho procesal, IV. México, 1970, pág. \85;C/\RNEl.urn, Instituciones, I.
pág. 387; COLOMBO, Código, I, pág. 502; COSTA, Manuale. pág. 158; CHIOVENDA, Principios, 11,
pág. 669; "Sobre el litisconsorcio necesario", en Ensayos, III, pág. 293; DEVIS ECHANDÍA,
Nociones generales, pág. 376; DINAMARCO, Litisconsorcio, (Doutrina e jurisprudencia), Sao
Paulo, 1984; D'ONOFRIO, Cominento al códice di procedura avile. I, pág. 208; FAIRÉN
GUILLEN, "Sobre el litisconsorcio en el proceso civil", en Estudios de. Derecho Procesal, pág.
125; KISCH, Elementos, pág. 316; LIEBMAN, Manuale, I, pág. 147; MARTÍNEZ, H.. Procesos
con sujetos múltiples, Buenos Aires, 1987; MORÓN PALOMINO, Derecho procesal civil, pág.
227; PALACIO, Derecho procesal civil, III, pág. 202; "Los procesos con pluralidad de partes",
en Jus, n° 2 (1962), pág. 54; PODETTI. Tratado de la tercería (2a ed. actualizada por GUERRERO
LECONTE), pág. 297; PRIETO CASTRO, Derecho procesal civil. I, pág. 293; RÉDENTE Profili
pratici, pág. 250; Diritto processuale civile, II, pág. 81; REIMUNDÍN, Derecho procesal civil, I,
pág. 202; RENGEL ROMBERG, Tratado, II, pág. 121; SATTA, Diritto processuale civile, pág. 118;
280 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

pretensiones, el proceso se desarrolla con la participación (efectiva o posible)


de más de una persona en la misma posición de parte.
b) Según que la pluralidad de sujetos consista en la actuación de varios
actores frente a un demandado, de un actor frente a varios demandados, o de va-
rios actores frente a varios demandados, el litisconsorcio se denomina, respec-
tivamente, activo, pasivo y mixto.
c) El litisconsorcio es facultativo cuando su formación obedece a la li-
bre y espontánea voluntad de las partes, y es necesario cuando lo impone la ley
o la misma naturaleza de la relación o situación jurídica que constituye la causa
de la pretensión.
d) Puede también ser el litisconsorcio originario o sucesivo, según que
la pluralidad de litigantes aparezca desde el comienzo del proceso (acumula-
ción subjetiva de pretensiones) o se verifique durante su desarrollo posterior
(integración de la litis, intervención adhesiva litisconsorcial, etc.).

131. EL LITISCONSORCIO NECESARIO

a) El litisconsorcio es necesario cuando la sentencia sólo puede dictarse


útilmente frente a todos los partícipes de la relación jurídica sustancial contro-
vertida en el proceso, de modo tal que la eficacia de éste se halla subordinada a
la citación de esas personas. Por ello prescribe el art. 89 CPN que "cuando la
sentencia no pudiere pronunciarse útilmente más que con respecto a varias par-
tes, éstas habrán de demandar o ser demandadas en un mismo proceso".
Según ha tenido oportunidad de declararlo la Corte Suprema nacional, el
fundamento último del litisconsorcio necesario reside en la exigencia de res-
guardar el derecho de defensa en juicio de todos aquellos cointeresados a quie-
nes ha de extenderse la cosa juzgada propia de la sentencia dictada sobre el fon-
do del litigio (Fallos, 252-375; 256-198).
b) A veces es la ley la que impone la constitución del litisconsorcio. Tal
es el caso del art. 254 Cód. Civ., según el cual la demanda de reconocimiento de
filiación matrimonial, cuando ésta no resulte de las inscripciones en el corres-
pondiente Registro, debe entablarse conjuntamente contra el padre y la madre,
y por fallecimiento de éstos contra sus sucesores universales y herederos. Otras
veces el litisconsorcio está determinado por la misma naturaleza de la relación

VÉSCOVI, Derecho procesal civil. 11. páa. 167; ZANZUCCHI, Diritto processuak civile, I, púa.
293.
L1TISCONSORCIO 281

o estado jurídico que es objeto de la controversia. Así, por ejemplo, cuando se


pretende la declaración de simulación de un contrato, la demanda debe necesa-
riamente dirigirse contra las dos partes otorgantes del acto; la demanda de divi-
sión o partición debe entablarse contra todos los herederos o condóminos; el
juicio por disolución de una sociedad irregular debe ventilarse con citación de
todos sus integrantes; etcétera.

c) Como principio, ante el silencio de la ley sobre la cuestión, puede de-


cirse que el litisconsorcio necesario procede cuando por discutirse una relación
o estado jurídico que es común e indivisible con respecto a varias personas, su
modificación, constitución o extinción sólo puede obtenerse a través de un pro-
nunciamiento judicial único.

d) A diferencia de lo que ocurre en el caso de litisconsorcio facultativo,


en el litisconsorcio necesario existe siempre una pretensión única, cuya carac-
terística esencial reside en la circunstancia de que sólo puede ser interpuesta
por o contra varios legitimados, y no por o contra alguno de ellos solamente,
por cuanto la legitimación, activa o pasiva, corresponde en forma conjunta a un
grupo de personas y no independientemente a cada una de ellas. De allí que
cuando el proceso no está debidamente integrado mediante la participación o
citación de todos los legitimados, es admisible la llamada defensa de falta de
acción. Pero sin perjuicio de esta defensa, y como manera de evitar la tramita-
ción de un proceso que puede carecer, eventualmente, de toda utilidad práctica,
el CPN determina que, en el supuesto de incomparecejicia o falta de citación de
todos los legitimados, "el juez de oficio o a solicitud de cualquiera de las partes
ordenará, antes de dictar la providencia de apertura a prueba, la integración de
la litis dentro de un plazo que señalará, quedando en suspenso el desarrollo del
proceso mientras se cita al litigante o litigantes omitidos" (art. 89, párr. 2o).

e) El litisconsorcio necesario produce los siguientes efectos: Io) Los ac-


tos de disposición realizados por uno de los litisconsortes (desistimiento, alla-
namiento, transacción), no producen sus efectos normales hasta tanto los
restantes litisconsortes adopten igual actitud, pues en razón de la indivisibili-
dad que caracteriza a la relación jurídica controvertida, tales actos sólo produ-
cen la consecuencia de liberar a su autor de las cargas inherentes al ulterior
desarrollo del proceso, pero no lo excluyen de los efectos de la sentencia, cuyo
contenido debe ser el mismo para todos los litisconsortes; 2°) Las defensas
opuestas por uno o alguno de los litisconsortes, sea que se funden en hechos co-
munes o individuales, favorecen a los demás; 3o) Las alegaciones y las pruebas
aportadas por los litisconsortes deben valorarse en su conjunto, aunque resulten
282 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

contradictorias, pero la confesión o admisión de hechos formuladas por uno o


por alguno de los litisconsortes no pueden invocarse contra los restantes sin
perjuicio de que tales actos valgan, eventualmente, como prueba indiciaría; 4o) Los
recursos deducidos por uno de ellos aprovechan o perjudican a todos; 5o) La
existencia de Iitisconsorcio necesario comporta una derogación de las reglas de
competencia. Corresponde tener en cuenta, por último, que en virtud del principio
general contenido en el art. 312 CPN cualquiera que sea el tipo de Iitisconsor-
cio de que se trate, el impulso del procedimiento por uno de los litisconsortes
beneficia a los restantes.

1 32. EL L1TISCONSORCIO FACULTATIVO

a) Es el que depende, según se anticipó, de la libre y espontánea volun-


tad de las partes, y su formación puede obedecer: Io) A la existencia de un
vínculo de conexión entre distintas pretensiones; 2o) A la adhesión que un ter-
cero puede formular respecto de una pretensión ya deducida, o de la oposición
a ella, en el supuesto de que, según las normas de derecho sustancial, hubiese
estado legitimado para demandar o ser demandado en el juicio en el que la pre-
tensión se hizo valer.
La primera hipótesis se halla contemplada en el art. 88 CPN, conforme al
cual "podrán varias partes demandar o ser demandadas en un mismo proceso
cuando las acciones (pretensiones) sean conexas por el título, o por el objeto, o
por ambos elementos a la vez". A la segunda hipótesis se refiere el art. 90, inc.
2° del mismo ordenamiento, al definir la condición del interviniente adhesivo
autónomo o litisconsorcial.
Pero ya sea que existan varias pretensiones conexas, o una sola preten-
sión a la que posteriormente adhiera un tercero, la característica de este tipo de
Iitisconsorcio reside en la circunstancia de que cada uno de los litisconsortes
goza de legitimación procesal independiente, razón por la cual tanto el resulta-
do del proceso como el contenido de la sentencia pueden ser distintos con res-
pecto a cada uno de ellos.

b) De las ideas precedentemente expuestas se sigue que el Iitisconsorcio


facultativo produce los siguientes efectos: Io) El proceso puede concluir para
uno o algunos de los litisconsortes y continuar en relación con los restantes.
Ello puede ocurrir sea por efecto de una excepción procesal que prospere tan
sólo respecto de uno o algunos de los sujetos que se encuentran en la misma po-
sición de parte, o como consecuencia de un acto de disposición realizado por
uno o algunos de ellos; 2o) En relación con la prueba es menester distinguir en-
INTERVENCIÓN DE TERCEROS 283

tre los hechos comunes y los hechos individuales a cada litisconsorte. Si uno de
los litisconsortes, por ejemplo, produce prueba acerca de un hecho común, ella
bastará para tenerlo por acreditado con respecto a todos, pero debe tenerse en
cuenta que, como ocurre en el litisconsorcio necesario, la confesión o el reco-
nocimiento de un hecho de ese tipo formulado por uno de los litisconsortes, no
perjudica a los restantes. Si se trata de hechos individuales, debe estarse a la
prueba producida por el litigante al cual ellos se refieren, sin perjuicio de que la
prueba producida por los otros litisconsortes pueda ser tenida en cuenta como
indicio; 3o) Los recursos interpuestos por un litisconsorte no benefician a los
restantes, salvo que la aplicación de esa regla conduzca al pronunciamiento de
sentencias contradictorias respecto de un hecho común a todos los litisconsor-
tes; 4o) En ciertas hipótesis, el litisconsorcio facultativo trae aparejada una de-
rogación de las reglas de competencia (supra, n° 58).

§ //
n
INTERVENCIÓN DE TERCEROS

133. CONCEPTO Y CLASES

a) La intervención de terceros tiene lugar cuando, durante el desarrollo


del proceso, y sea en forma espontánea o provocada, se incorporan a él perso-
nas distintas a las partes originarias a fin de hacer valer derechos o intereses
propios, pero vinculados con la causa o el objeto de la pretensión.

32
BRISEÑO SIERRA, Derecho procesal, IV, pág. 204; CARNELUTTI, Instilaciones, I. pág. 178;
COLOMBO, "Evicción, litisdenuntiatio y laudalio auctoris", en RDP, 1944, T parte, pág. 5;
Código, I, pág. 523; COSTA, L'intervento in causa: CHIOVENDA, Principios, II, pág. 402;
DEVIS ECHANDÍA, Nociones generales, pág. 406; FASSI-YÁÑEZ, Código. I. pág. 505;
GOLDSCHMIDT. Derecho procesal civil, pág. 445; KISCH, Elementos, pág. 319; LIEBMAN.
Manuale, I, pág. 152; MARTÍNEZ, H.. Procesos con sujetos múltiples; MERCADER. El tercero
en el proceso, Abeledo-Perrot, 1960; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos, II-B, pág. 369;
PALACIO, Derecho procesal civil, III, pág. 225; "Acerca de la intervención de los terceros en el
proceso civil", en Rev. Colegio de Abogados de La Plata, año II I. nc 6, 1961; Estudio, pág. 91;
PODETTi, Tratado de la tercería (actualizado por GUERRERO LECONTE); RÉDENTE Profili
pralici, pág. 257; SATTA, "L'intervento volontario", en Rivista trímestrale di dirilto e
procedura civile, año X, 1956, pág. 542; RENGEL ROMIÍERG, Tratado, III, pág. 157; SPOTA,
"La citación coactiva del tercero en juicio", en JA., 1954, II, pág. 249; VÉSCOVI, Derecho
procesal civil, II, pág. 177.
284 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

b) Según que la intervención responda a la libre y espontánea determi-


nación del tercero, o a una citación judicial dispuesta de oficio o a petición de
alguna de las partes originarias, se la denomina voluntaria o coactiva.

c) Interesa destacar que, una vez declarada admisible la intervención en


cualquiera de sus formas, el tercero deja de ser tal para asumir la calidad de
parte, pues el objeto de la institución consiste en brindar a aquél la posibilidad
de requerir la protección judicial de un derecho o interés propio.

134. INTERVENCIÓN VOLUNTARIA

a) La doctrina, así como la legislación que reglamenta el tema, contem-


plan generalmente tres categorías de este tipo de intervención: Io) principal o
excluyente; 2o) adhesiva autónoma o litisconsorcial; 3o) adhesiva simple.

b) En la intervención principal (ad infrigendwn itira utriusque compcti-


toris) el tercero hace valer un derecho propio y una pretensión incompatible
con la interpuesta por el actor. Tal lo que ocurre, por ejemplo, si en un juicio en
el que las partes discuten acerca de la propiedad de una cosa, el tercero alega ser
su propietario, o si tratándose de un proceso referente al cobro de una suma de
dinero, el tercero invoca la titularidad del crédito respectivo.
La intervención principal constituye, como se dijo supra, n° 59, un caso
de acumulación sucesiva por inserción de pretensiones, y se halla reglamentada
en algunos códigos provinciales (Mendoza, Jujuy, Santa Fe, etc.). El CPN, en
cambio, ha omitido su regulación, por cuanto según se expresa en la Exposición
de Motivos, el funcionamiento de la institución puede ser fuente de situaciones
extremadamente complejas, inconciliables con la celeridad que aquel ordena-
miento persigue imprimir al proceso, y porque los problemas que dan lugar a
esta clase de intervención pueden ser obviados mediante la acumulación de
procesos.
Este tipo de intervención no debe ser confundido con las "tercerías". En
estas últimas —como se verá más adelante— el tercero se limita a hacer valer
su derecho de dominio sobre algún bien que haya sido embargado en el proceso
principal, o el derecho a ser pagado con preferencia al ejecutante con motivo de
la venta de la cosa embargada; y en tanto no deduce una pretensión incompati-
ble o conexacon aquella sobre que versa la litis, a cuyo resultado, por lo demás,
es indiferente, no pierde su condición de tercero. En la intervención excluyente,
en cambio, el tercero asume la calidad de parte.
INTERVENCIÓN DE TERCEROS 285
c) En la llamada inten'ención adhesiva autónoma o litisconsorcial, la
participación del tercero en el proceso tiene por objeto hacer valer un derecho
propio frente a alguna de las partes originarias, adhiriendo a la calidad asumida
por el otro litigante. Como ejemplos de esta clase de intervención pueden men-
cionarse el del acreedor solidario que interviene en el juicio entablado por otro
acreedor contra el deudor, o el caso recíproco del codeudor solidario no deman-
dado; el del socio que interviene en el juicio promovido por otro socio impug-
nando la validez de una asamblea de accionistas o solicitando la extinción de la
sociedad, etcétera.
La característica primordial de esta forma de intervención está dada por
la circunstancia de que el tercero habría gozado de legitimación propia para de-
mandar o ser demandado en el proceso, a título individual o juntamente con el
litigante a quien adhiere. Tal es el concepto que enuncia el art. 90, inc. 2° CPN,
disposición que caracteriza al tercero adherente litisconsorcial como a aquel
que, "según las normas del derecho sustancial, hubiese estado legitimado para
demandar o ser demandado en el juicio".
Sobre la base de las consideraciones expuestas, la doctrina, en general,
asimila la posición del interviniente, en este caso, a la de un litisconsorte facul-
tativo, con quien tiene en común, fundamentalmente, la calidad de parte y la au-
tonomía de actuación procesal (puede, en efecto, asumir actitudes procesales
independientes y aun contrapuestas a las de la parte a quien adhiere, y sus actos
no redundan en provecho ni en perjuicio de éste). El CPN recoge esa conclu-
sión en tanto prescribe que el interviniente "actuará como litisconsorte de la
parte principal y tendrá sus mismas facultades procesales" (art. 91, párr. 2o).

d) La intervención adhesiva simple, llamada también coadyuvante, tie-


ne lugar cuando el tercero, en razón de ser titular de un derecho conexo o de-
pendiente respecto de las pretensiones articuladas en el proceso, participa en
éste a fin de colaborar en la gestión procesal de alguna de las partes. De acuerdo
con ese concepto, el CPN autoriza a intervenir en el proceso, como tercero ad-
hesivo simple, a quien "acredite sumariamente que la sentencia pudiere afectar
su interés propio" (art. 90, inc. Io). Pueden señalarse, como ejemplos de inter-
vención coadyuvante, la del fiador en el juicio pendiente entre el deudor y el
acreedor sobre la existencia o validez de la obligación principal (Cód. Civ., art.
2023); la del tercero beneficiario de una carga contenida en una donación, en el
proceso que versa sobre la validez del respectivo contrato; etcétera.
Se sigue, de lo expuesto, que el tercero coadyuvante no reviste el carácter
de parte autónoma, por cuanto su legitimación para intervenir en el proceso es
subordinada o dependiente respecto de la que corresponde al litigante con
quien coopera o colabora. CARNELUTTI califica al tercero coadyuvante como
286 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

parte accesoria, atendiendo al hecho de que, "a diferencia de lo que ocurre en


los casos de intervención excluyente o litisconsorcial, en los cuales el tercero
interviene para hacer valer un derecho propio, en esta forma de intervención el
tercero lo hace para sostener las razones de un derecho ajeno".
De allí que la actuación procesal del tercero coadyuvante se encuentra li-
mitada por la conducta del litigante principal, pues si bien se halla autorizado
para realizar toda clase de actos procesales, éstos sólo son eficaces en la medi-
da en que no sean incompatibles o perjudiquen el interés de aquél.
Concordantemente con las ideas expuestas, el CPN prescribe que la ac-
tuación del interviniente simple "será accesoria y subordinada a la de la parte a
quien apoyare, no pudiendo alegar ni probar lo que estuviese prohibido a ésta"
(art. 91, párr. Io).
En consecuencia le está vedado, v.gr., utilizar una prueba respecto de la
cual la parte coadyuvante hubiere renunciado o hubiese sido declarada negli-
gente, o contraponer sus pretensiones a las de dicha parte; pero está habilitado,
en cambio, para subrogarse procesalmente a aquélla en la hipótesis de que
obrare negligente, ineficaz o dolosamente en su perjuicio.
e) En lo que respecta al procedimiento a observar, el art. 92 CPN dispo-
ne que "el pedido de intervención se formulará por escrito, con los requisitos de
la demanda, en lo pertinente. Con aquél se presentarán los documentos y se
ofrecerán ias demás pruebas de los hechos en que se fundare la solicitud. Se
conferirá traslado a las partes y, si hubiese oposición, se la sustanciará en una
sola audiencia. La resolución se dictará dentro de los diez días".
El interviniente voluntario debe aceptar la causa en el estado en que se en-
cuentre en oportunidad de ingresar a ella. "En ningún caso —dice el art. 93 CPN—
la intervención del tercero retrogradará el juicio ni suspenderá su curso".
Mientras la resolución que admite la intervención es inapelable, la que la
deniega es apelable en efecto devolutivo (CPN, art. 96, párr. Io).
La sentencia dictada después de la intervención, finalmente, afecta al ter-
cero de la misma manera que a las partes principales (art. 96, párr. 2o).

135. INTERVENCIÓN OBLIGADA O COACTIVA

a) Tiene lugar este tipo de intervención cuando el juez, de oficio o a pe-


tición de alguna de las partes, dispone que se cite a un tercero para participar en
el proceso a fin de que la sentencia que en él se dicte pueda serle eventualmente
opuesta. El art. 94 CPN contempla esta modalidad de la intervención en tanto
dispone que "el actor en el escrito de demanda, y el demandado dentro del plazo
para oponer excepciones previas o para contestar la demanda, según la natura-
INTERVENCIÓN DE TERCEROS 287
leza del juicio, podrán solicitar la citación de aquél a cuyo respecto consideren
que la controversia es común". Ello no descarta, sin embargo, que la interven-
ción pueda ser ordenada de oficio, lo que se halla autorizado, como se ha visto,
en los supuestos de integración de la litis (CPN, art. 89).
b) Fundamentalmente, el art. 94 CPN es aplicable cuando la parte, en el
caso de ser vencida, se halle habilitada para intentar una pretensión de regreso
contra el tercero (como es la que corresponde al principal contra el dependiente
que causó un acto ilícito por lo que hubiere pagado al damnificado [Cód. Civ.,
art. 1 123]; la del fiador contra el deudor principal [Cód. Civ., arts. 2029 a
2036]; la del asegurado o damnificado contra el asegurador [ley 17.418, arts.
109y 110]; laque corresponde al deudor que se obligó juntamente con otros y
pagó la obligación [Cód. Civ., arts. 689, 716 y 717]), o cuando la relación o si-
tuación jurídica sobre que versa el proceso guarde relación con otra relación ju-
rídica existente entre el tercero y cualquiera de los litigantes originarios, de
manera tal que el tercero podría haber asumido, inicialmente, la posición de li-
tisconsorte del actor o del demandado (como ocurriría si el demandado por el
pago de indemnización derivada de un cuasidelito pidiese la citación al respec-
tivo proceso del tercero coautor de aquél, o de quien revista, con el actor, el ca-
rácter de cotitular del crédito correspondiente).
Por lo que atañe a la mencionada modalidad de la intervención coactiva
de terceros, (adoctrina y la jurisprudencia, en general, se pronunciaron en el
sentido de que, salvo en los casos previstos en las leyes materiales (v.gr., art.
118 de la ley 17.418), la eventual sentencia condenatoria dictada en los térmi-
nos del art. 96 sólo constituía un antecedente favorable a la fundabilidad de la
pretensión regresiva que se interpusiera contra el citado, pero no podía ejecu-
tarse contra éste.
La ley 25.488, en cambio, sobre la base de lo decidido en algunos prece-
dentes, incorporó como párrafo tercero del art. 96 el siguiente: "También será
ejecutable la resolución contra el tercero, salvo que, en oportunidad de formu-
lar el pedido de intervención o de contestar la citación, según el caso, hubiese
alegado fundadamente, la existencia de defensas y/o derechos que no pudiesen
ser materia de debate y decisión en el juicio".
De tal suerte no cabe la ejecución contra el tercero citado cuando éste in-
voca, con fundamentos atendibles, alegaciones o defensas que, en razón de su
carácter estrictamente personal, no pudieron, sin riesgo de afectar la garantía
constitucional de defensa en juicio, ser discutidos ni resueltos en el juicio en el
cual tuvo lugar su citación.
c) El art. 94 CPN, sin embargo, no descarta la admisibilidad de otras
modalidades de la intervención obligada, como son las denominadas norninatio
o laudado auctoris y llamado del tercero pretendiente.
288 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

La nominatio o laudatio auctoris se verifica cuando, entablada una pre-


tensión real contra quien tiene temporariamente la posesión de una cosa ajena
(en calidad de inquilino, prestatario, depositario, etc.), el demandado denuncia
en el proceso el nombre y domicilio del poseedor mediato a fin de que el litigio
continúe con éste. Una aplicación de esta modalidad de la intervención es, entre
otras, la del art. 2782 Cód. Civ., conforme al cual "la reivindicación puede di-
rigirse contra el que posee en nombre de otro. Este no está obligado a responder
a la acción, si declara el nombre y la residencia de la persona a cuyo nombre la
tiene. Desde que así lo haga, la acción debe dirigirse contra el verdadero posee-
dor de la cosa".
La norma es clara en el sentido de que el actor, una vez formulada la de-
nuncia acerca del nombre y residencia de la persona a quien interesa la defensa
de la propiedad de la cosa, debe modificar su demanda y dirigirla contra dicha
persona, permitiendo la extromisión del primitivo demandado, porque si así no
lo hace, persistiendo en su pretensión inicial, se expone al riesgo de que ésta sea
declarada inadmisible por falta de legitimación pasiva.
El llamado del tercero pretendiente tiene lugar en el caso de que, denun-
ciada por alguna de las partes la existencia de un tercero que pretende un dere-
cho sobre la cosa que es objeto del proceso, se lo cita a éste a fin de que haga va-
ler su pretensión. Por ejemplo, entablada demanda por cobro de un crédito, y
teniendo el demandado conocimiento de que un tercero pretende para sí la titu-
laridad de dicho crédito (porque, v.gr., se lo habría cedido el actor), puede soli-
citar la citación de ese tercero con el objeto de que quede esclarecida la situa-
ción jurídica real.
Puede ser también la parte actora quien solicite la citación del tercero o
terceros pretendientes, como ocurre en el caso del pago por consignación
"cuando fuese dudoso el derecho del acreedor a recibir el pago" (Cód. Civ., art.
757, inc. 4o), y en el de la consignación judicial de la cosa depositada cuando no
mediase acuerdo en recibirla entre los depositantes (Cód. Civ., art. 2211).
Un caso de aplicación de esta modalidad de la intervención obligada puede
verse en un fallo de la Sala C de la CNCiv. (L.L., 85-550) en el cual se decidió ad-
mitir, en un juicio por escrituración de un inmueble, la citación, pedida por el pro-
pietario demandado, de un tercero que, con título de inquilino principal, pretendía
el mismo derecho que el actor a la compra del inmueble, habiendo expresado el
demandado, además, que vendería a quien justificase mejor derecho.

d) Al comparecer al proceso al cual ha sido citado, el tercero asume cali-


dad de parte. Pero a diferencia de lo que ocurre con el interviniente voluntario, no
puede ser obligado a aceptar el proceso //; statu et terminis, pues ello podría confi-
gurar un injusto menoscabo de su derecho de defensa, susceptible de haberse
INTERVENCIÓN DE TERCEROS 289
ejercido con toda amplitud en un proceso independiente. Por ello el art. 95 CPN
dispone que la citación del tercero (que debe hacerse en la misma forma que al
demandado), "suspenderá el procedimiento hasta su comparecencia o hasta el
vencimiento del plazo que se le hubiese señalado para comparecer".

e) En lo que respecta al alcance de la sentencia, y a la apelabilidad de la


resolución, son aplicables las normas enunciadas al examinar a la intervención
voluntaria.

136. CITACIÓN DE EVICCIÓN

a) Si bien esta institución constituye una de las formas de hacerse efec-


tiva la intervención obligada de terceros, las características especiales que presenta
han determinado que el CPN, lo mismo que algunos códigos provinciales, la ha-
yan sometido a reglas particulares.

b) La citación de evicción puede ser pedida tanto por el actor como por
el demandado: el primero debe hacerlo al deducir la demanda y el segundo den-
tro del plazo fijado para la contestación de la demanda. La respectiva resolu-
ción debe dictarse sin sustanciación previa, y sólo cabe hacer lugar a la citación
si ella es manifiestamente procedente. La resolución denegatoria es apelable en
efecto devolutivo en el proceso ordinario (CPN, art. 105) e inapelable en el jui-
cio sumarísimo (art. 498, inc. 5o). ^

c) La citación debe practicarse en la misma forma y plazo establecidos


para el demandado (art. 106, párr. Io). El citado, sin embargo, no puede invocar
la improcedencia de la citación y debe limitarse a asumir o no la defensa (id.,
párr. 2o), por cuanto aquélla no constituye una demanda, sino simplemente un
aviso que se formula al citado a fin de que, si así lo desea, tome intervención en
el proceso. La incomparecencia del citado, por lo tanto, no autoriza a consti-
tuirlo en parte ni a declararlo en rebeldía, pero la citación basta para someterlo
a las consecuencias de una eventual sentencia condenatoria.
Si el citado no asume la defensa, su responsabilidad debe establecerse en
el juicio que corresponda (CPN, art. 106, párr. 3o).

d) La citación solicitada oportunamente suspende el curso del proceso


durante el plazo que el juez fije, siendo carga del citante activar las diligencias
necesarias para el conocimiento del citado (CPN, art. 107). Y aunque la norma
dispone, en su segundo párrafo que la suspensión no alcanza al plazo para opo-
290 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

ner excepciones previas ni a la sustanciación de éstas, corresponde conside-


rarlo implícitamente derogado por la ley 25.488, la cual no previo un plazo es-
pecífico para oponer excepciones previas.

e) Si el citado no comparece, o habiendo comparecido se resiste a asu-


mir la defensa, el juicio debe proseguir con quien pidió la citación, salvo los de-
rechos de éste contra aquél (CPN, art. 108, párr. Io).
Si, por el contrario, el citado comparece, pueden presentarse las siguien-
tes situaciones: Io) Que asuma la defensa del citante, y este último opte, me-
diando conformidad de la contraparte, por ser excluido de la causa; 2o) Que el
citado obre conjunta o separadamente con el citante, en calidad de Htisconsorte
(CPN, art. 109). En este último caso rigen las reglas del litisconsorcio necesa-
rio (supra, n° 131).
Si, finalmente, el citado comparece extemporáneamente, debe tomar la
causa en el estado en que se encuentre, aunque en la contestación puede invocar
las excepciones que no hubiesen sido opuestas como previas (CPN, art. 108,
párr. 2o, donde se deslizó el mismo error precedentemente puntualizado).

f) Si el citado pretende, a su vez, citar a su causante, puede hacerlo en


los primeros cinco días de haber sido notificado, sin perjuicio de la carga de
proseguir el proceso por sí. En las mismas condiciones cada uno de los causan-
tes puede requerir la citación de su respectivo antecesor, siendo admisible el pe-
dido de citación simultánea de dos o más causantes. Pero en todo caso es
ineficaz la citación practicada sin la antelación necesaria para que el citado
pueda comparecer antes del pronunciamiento de la sentencia de primera instan-
cia (CPN, art. 110).

§ ///

TERCERÍAS "

137. CONCEPTO Y CLASES

a) Denomínase tercería a la pretensión en cuya virtud una persona dis-


tinta a las partes intervinientes en un determinado proceso, reclama el levanta-

-13 ALSINA, Tratado, V, pág. 539; COLOMBO, Código, l. pág. 543: FASSI-YÁÑEZ, Código.
I. pág. 539; FENOCHIETTO-ARAZI, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado
v concordado, Buenos Aires. 1983. I, pág. 346; FERNÁNDEZ, Código, pág. 451; MORELLO,
TERCERÍAS 291
miento de un embargo trabado en dicho proceso sobre un bien de su propiedad,
o el pago preferencial de un crédito con el producido de la venta del bien em-
bargado.
El concepto enunciado comprende a las dos clases de tercerías que admi-
te el ordenamiento procesal, o sea a las de dominio y a las de mejor derecho.
Las primeras deben fundarse en el dominio de los bienes embargados; las se-
gundas, en el derecho que el tercerista tenga a ser pagado con preferencia al
embargante (CPN, art. 97, párr. Io).

b) De lo dicho se sigue que la admisibilidad de la tercería, cualquiera


que sea su carácter, se halla condicionada a la existencia de un embargo. En
caso contrario no existiría interés jurídico que la sustentase, pues en el supuesto
de que en un proceso constituido entre otras personas la controversia versara
sobre un bien de propiedad del tercerista, la sentencia que en ese proceso se dic-
tara le sería inoponible y carecería por lo tanto de toda virtualidad para despo-
jarlo de ese bien.

c) Si bien las tercerías tienen su mayor ámbito de aplicabilidad en los


procesos de ejecución, ellas son procedentes, según lo tiene resuelto la juris-
prudencia, en cualquier clase de procesos. De allí que el CPN reglamente la ins-
titución en la parte general.

138. REQUISITOS ** '•

a) La ley procesal sujeta a las tercerías a requisitos específicos de tiem-


po y de forma.
A su vez, el requisito de tiempo varía según se trate de tercería de domi-
nio o de mejor derecho.
En el primer caso la pretensión debe deducirse antes de que se otorgue la
posesión del bien embargado al comprador (CPN, art. 97, párr. 2o), pues este úl-
timo cuenta, una vez cumplida aquella formalidad, con una presunción de pro-
piedad. Corresponde aclarar, sin embargo, que la extemporaneidad de la terce-
ría no obsta a la posterior pretensión reivindicatoría que el tercerista puede
hacer valer contra el tercer adquirente, en el correspondiente proceso ordinario
(Cód. Civ., arts. 2758 y 2765).

Manual. III, pág. 133; MORELLO-SOSA-BERIZONCE, Códigos. II-B, pág. 423: PALACIO,
Derecho procesal civil. III. pág. 273: Estudio, pág. 91: PALACIO-ALVARADO VELLOSO,
Código. 3o, pág. 336; PODETTI, Tratado de la tercería.
292 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

La tercería de mejor derecho debe deducirse antes de que se pague al


acreedor que ha obtenido el embargo (CPN, art. 97, párr. 2o).
Corresponde agregar que si el tercerista dedujere la demanda después de
diez días desde que tuvo o debió tener conocimiento del embargo o desde que
se rechazó el levantamiento del embargo sin tercería, debe abonar las costas
que origine su presentación extemporánea, aunque las del juicio sean impues-
tas a la otra paite por ser procedente la tercería (CPN, art. 97, párr. 3o).

b) Constituye requisito de forma que el tercerista pruebe, con instru-


mentos fehacientes o en forma sumaria, la verosimilitud del derecho en que se
funde. Pero aun no cumplido dicho requisito la tercería es admisible si quien la
promueve da fianza para responder de los perjuicios que puede producir la sus-
pensión del proceso principal (CPN, art. 98, párr. Io).
Si se trata de un bien inmueble, el tercerista debe acompañar el testimo-
nio de la escritura pública respectiva, no siendo suficiente, por ejemplo, la agre-
gación de un boleto de compraventa otorgado a su favor, pues dicho documento
no acredita la titularidad del dominio. En materia de bienes muebles, corres-
ponde dar curso a la pretensión si el tercerista prueba sumariamente que, a la fe-
cha de la traba del embargo, se encontraba en posesión de aquéllos, por cuanto
el poseedor cuenta a su favor con la presunción de propiedad establecida por el
art. 2412 Cód. Civ., incumbiendo al embargante la prueba tendiente a desvir-
tuar esa presunción. Si, por el contrario, a la fecha de trabarse el embargo el
bien se encontraba en posesión del embargado, el tercerista debe acompañar
elementos de juicio que prueben la verosimilitud de su derecho de dominio.
Si la tercería deducida es de mejor derecho, el tercerista debe acreditar la
titularidad del crédito y la existencia de un privilegio especial a su favor o de un
embargo obtenido con anterioridad.
En el supuesto de desestimarse la tercería, no es admisible su reiteración
si se funda en título que hubiese poseído o conocido el tercerista al tiempo de
entablar la primera; pero esta regla es inaplicable si la tercería no hubiese sido
admitida sólo por falta de ofrecimiento o constitución de la fianza (CPN, art.
98, pan-. 2o).

139. EFECTOS

a) Difieren según se trate de tercerías de dominio o de mejor derecho.


En el primer caso, consentida o ejecutoriada la orden de venta de los bie-
nes, corresponde disponer la suspensión del procedimiento principal hasta tan-
to se decida la tercería (CPN, art. 99, párr. Io). No obstante que, según lo dis-
TERCERÍAS 293
puesto por el art. 98 CPN la admisibilidad de la tercería está condicionada a la
prueba de la verosimilitud del derecho en que se funda, el juez está habilitado
para desestimar la suspensión en el supuesto de que, al tiempo en que ella deba
disponerse, existan en el proceso elementos de juicio que hayan logrado desvir-
tuar esa verosimilitud inicial.
El CPN establece, asimismo, que no corresponde decretar la suspensión
cuando se tratare de bienes sujetos a des valorización o desaparición o que irro-
guen excesivos gastos de conservación, en cuyo caso el producto de la venta
quedará afectado a las resultas de la tercería (art. 99, párr. Io).
El citado ordenamiento otorga también al tercerista el derecho de obte-
ner, en cualquier momento, el levantamiento del embargo, dando garantía sufi-
ciente de responder al crédito del embargante por capital, intereses y costas en
caso de que, en definitiva, no llegare a acreditar que los bienes embargados le
pertenecen (art. 99, párr. 2o).

b) Si se trata de tercerías de mejor derecho, previa citación del tercerista


(que tiene calidad de parte en las actuaciones correspondientes al remate), pue-
den venderse los bienes y sólo corresponde suspender el pago hasta que se de-
cida sobre la preferencia invocada, salvo que el embargante otorgue fianza para
responder a las resultas de la tercería (CPN, art. 100). También en este caso el
juez puede desestimar la pretensión si la verosimilitud inicial del derecho ha
quedado desvirtuada.

c) Finalmente, constituye un efecto común* á ambas clases de tercerías


que el embargante puede pedir una ampliación o mejora del embargo, o la
adopción de otras medidas precautorias necesarias (CPN, art. 102).

140. PROCEDIMIENTO

a) Las tercerías deben deducirse contra ambas partes del proceso principal
(embargante y embargado) (CPN, art. 101), configurándose por lo tanto un caso de
litisconsorciopasivo necesario, al que le son aplicables las reglas oportunamente
enunciadas (supra, n° 131). En concordancia con esas reglas, la norma anterior-
mente citada dispone que el allanamiento y los actos de admisión realizados
por el embargado no pueden ser invocados en perjuicio del embargante.

b) El trámite de la tercería puede ser el del juicio ordinario o el del inciden-


te, según lo determine el juez atendiendo a las circunstancias (norma citada).
294 PROCESOS CON PARTES MÚLTIPLES

El CPN, sin embargo, en concordancia con reiterados precedentes judi-


ciales fundados en razones de celeridad y economía procesal, concede al terce-
ro perjudicado por un embargo el derecho de pedir su levantamiento sin promover
tercería para lo cual debe acompañar título de dominio u ofrecer sumaria informa-
ción sobre su posesión, según la naturaleza de los bienes. Previo traslado al embar-
gante, el juez debe dictar resolución que es recurrible si hace lugar al desembar-
go. Si el pedido es denegado, el interesado puede deducir directamente la
tercería, cumpliendo los requisitos exigidos por el art. 98 (CPN, art. 104).
Se trata, como se advierte, de un incidente dentro del proceso en el cual se
trabó el embargo, cuya procedencia se halla supeditada a la circunstancia de
que se acredite, en forma efectiva y fehaciente, la propiedad o posesión de los
bienes embargados, debiendo esa circunstancia surgir de los elementos proba-
torios acompañados por el incidentista en su primera presentación.

141. CONNIVENCIA ENTRE TERCERISTA Y EMBARGADO

En el caso de resultar probada la connivencia del tercerista con el embar-


gado el juez debe ordenar, sin más trámite, la remisión de los antecedentes a la
justicia penal, e imponer al tercerista, al embargado o a los profesionales que
los hayan representado o patrocinado, o a ambos, las sanciones disciplinarias
que correspondan. Asimismo, puede disponer la detención del tercerista y del
embargado hasta el momento en que comience a actuar el juez en lo penal
(CPN, art. 103).
Conforme a la jurisprudencia, las medidas a que se refiere la norma sólo
pueden ser decretadas en la sentencia y deben fundarse en las pruebas produci-
das, siendo improcedente adoptarlas cuando el proceso ha concluido en otra
forma, como puede ser la caducidad de la instancia.
CAPÍTULO XI

ACTOS PROCESALES

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 142. Concept