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Bedregal La Vera, Jorge.

El autor a lo largo de sus cuatro ensayos plantea la siguiente tesis central.


El discurso simbólico excluyente, conservador y racista se gestó en la colonia
debido a la presencia mayoritaria de blancos (españoles), desde su fundación Arequipa
se convirtió en un enclave español, la población europea superaba la de otros
establecimientos hispanos del virreinato peruano, creando una cultura excluyente y
racista contra la población andina. A diferencia de Cusco en donde por cada español
había 6 ó 7 indios, en Lima por cada español había 4 indios y 8 negros y en Arequipa
por 4 españoles había un indio y por 20 españoles había un negro.
En la república se va a mantener incólume la estructura mental excluyente-racista,
apelando a antiguas prosopias hispanas, con la llegada de los agentes comerciales
ingleses y franceses a Arequipa no se debilitó este discurso, sino más bien se robusteció;
ya que, los comerciantes asimilaron prontamente el discurso excluyente-racista de
Arequipa.
Hasta la primera mitad del siglo XX se ha mantenido vigente el discurso
excluyente-racista. En la década del 60 se va a producir una ruptura en este discurso por
la presencia masiva de migrantes andinos a la ciudad, quienes van a construir un nuevo
discurso. Entre 1960 y 1970 se da un crecimiento demográfico de casi el 100 % en la
zona urbana de Arequipa causando una profunda trasformación tanto física como
cultural en la ciudad. En 1960 el departamento de Arequipa contaba con 400 mil
habitantes, de los cuales un cuarto de millón correspondía a la zona urbana, para 1970 la
población urbana de Arequipa era de 420 mil habitantes mientras, que la rural
descendería a 140 mil habitantes.

1 Bedregal La vera, Jorge. Iconografía y simbolismo: identidad arequipeña.


Arequipa: UNSA, 2006.
Discurso excluyente - racista
1º Hasta la primera mitad del siglo XX Arequipa va a contar con un “patriciado” que se
expresó mediante un discurso excluyente y pasatista en donde el arequipeño es:
civilizado, educado, limpio, bonito, sano, fuerte, honorable, cumplidor de las leyes,
decente, católico, inteligente, trabajador, blanco, bien hablado, bondadoso conservado y
pacífico (mientras no se amenace su dignidad).
El resto del país, la capital y en especial el área andina están poblados por personas no
civilizadas, no blancas, no confiables, sucias, heréticas, liberales, débiles, ociosas,
promiscuas, mal habladas, astutas sin inteligencia, feas, egoístas y violentas.
2º Hasta la primera mitad del siglo XX Arequipa tenía una especial fascinación por
Inglaterra y el modo de vida europeo al que ve como ideal de civilización. Arequipa no
trata de calcar el modelo limeño (centralista, mulato y desordenado) sino el londinense,
paradigma de valores tomados como positivos.
En los años 50 del siglo XX, el desarrollo industrial (novedad) atrajo a migrantes
del área altiplánica, esta presencia no afecto el mundo simbólico arequipeño por
suscribirse a las zonas periféricas de la ciudad, quedando el centro intacto y sin riesgo
de mezcla.
Ruptura Simbólica.
Los nuevos habitantes de Arequipa se encontraron con una sociedad hostil y
excluyente. Sin embargo la presencia del “otro” andino fue trasformando rápidamente a
la ciudad, la demografía cambió de una mayoría blanca a una mayoría indígena, se
fueron adoptando prácticas culturales antes consideradas ajenas y despreciables.
El Discurso excluyente - racista fue adoptado y trasformado por los nuevos
habitantes de la ciudad, construyeron un nuevo discurso ininteligible para los
arequipeños antiguos. Esta ruptura fue ocasionada por:
1º Los sismos de 1958 y 1960 transformaron profundamente el mundo simbólico
arequipeño, no sólo por la destrucción física de casonas y conventos sino porque obligó
a sus habitantes a ocupar bastas zonas periféricas de la ciudad transformando el paisaje
urbano arequipeño, extendiendo explosivamente el marco urbano. Por otro lado, estos
sismos atrajeron la migración andina debido a las posibilidades laborales en la
reconstrucción de la ciudad.
2º El área andina para la década del 60 se encontraba atravesando prolongadas sequias
que provocó la llegada de migrantes a la ciudad.
La ruptura simbólica provocó.
- La migración de los hijos de las familias tradicionales a la capital y al extranjero.
- Ante la llegada masiva de migrantes andinos, los arequipeños exaltaron su discurso
excluyente - racista haciendo propuestas como: establecer un cerco sanitario alrededor
de la ciudad, prohibir la entrada de camiones procedentes de la sierra peruana,
campañas de erradicación del comercio ambulatorio de la ciudad.
- Los arequipeños al no poder detener la masiva migración andina ejercieron una serie
de prácticas excluyentes, motivadas por la discriminación de la edad, la opción sexual,
creencias religiosa o política, el origen del apellido, el nombre, el ámbito de residencia,
la manera de hablar, de vestir, de comer,… la reiteración de estás prácticas culturales
excluyentes devino en el término mal determinado “arequipeñismo”, que se practicaban
fervientemente a fines del siglo XX.
El Carácter excluyente de la declaratoria del patrimonio
cultural de Arequipa-Perú.

El 29 de noviembre de 2000 Arequipa es declarada como Patrimonio Cultural de


la Humanidad por la UNESCO, y el 2 de diciembre de 2000 el Comité del Patrimonio
Mundial inscribe el Centro Histórico de la ciudad de Arequipa en la lista de Patrimonio
Mundial.
Argumentos del discurso excluyente.
En esta declaración se excluyen los elementos culturales y el aporte del mundo
andino y se prefiere el elemento hispano, blanco y católico.
1º La declaratoria se dio sólo al centro histórico, a la llamada “Arequipa cuadrada” por
ser un lugar eminentemente español, blanco y católico.
2º No se incluyó a algunos barrios históricos de la ciudad como Miraflores a pesar de
cumplir con los requisitos como el tener calles con arquitectura original-auténtica con el
piso de piedra perteneciente al siglo XVIII.
3º No se incluyó a los andenes que se encuentran bordeando el centro histórico, por ser
un elemento pre hispánico.
4º La referencia a la originalidad de la arquitectura arequipeña debido a los aportes
culturales del mundo indígena presentes en la iconografía de iglesias y casonas, aparece
sometido, sojuzgado al imaginario hegemónico europeo católico.

Arequipa y el discurso de Víctor Andrés Belaunde:


Una revisión simbólica.

El autor, Jorge Bedregal La Vera, realiza un análisis del discurso entorno a la obra
de V. A. Belaunde titulada “Trayectoria y destino. Memorias completas”2, Belaunde es
creador y trasmisor de un discurso excluyente, que el autor va a llamar “arequipeñidad”.
Argumentos del discurso excluyente de Belaunde.
1º En el epígrafe de las memorias dice “… la personalidad y fisionomía inconfundible
de la ciudad mistiana, encarnación viviente de la peruanidad”3
Belaunde en su epígrafe señala cuales son los valores (espíritu religioso, conciencia
cívica, valor al trabajo y valentía del pueblo) mediante los cuales Arequipa va a salir del
desastre ocasionado por los sismos del 78 y 60 no para ser una mejor ciudad, sino para
volver a ser lo que siempre fue. La hidalguía de sus habitantes sirve de modelo al resto
de la nación, de allí la encarnación viviente de la peruanidad.
2º Realiza un descripción geográfica señalando un paisaje religioso – rebelde (católico,
español). “los tres volcanes fingen oficiar una misa solemne con vestiduras blancas.
Sirve de presbítero el Misti (…), de diacono el afectuoso e inmenso Chachani; y de
subdiácono el Pichu-Pichu”4. El ambiente geográfico condiciona el carácter rebelde y
religioso del Arequipeño.

2 Belaúnde, Víctor Andrés. Trayectoria y Destino. Memorias Completas. Lima:


Ediventas, 1967. 2 vols.
3 Belaunde en Bedregal (2006:13)
4 Ibíd. p. 14
3º Son frecuentes las referencia al parecido de Arequipa con la península ibérica, como
por ej., al comparar el paisaje con el de Granada, o que los arequipeños de buen gusto
levantaron sus casas de campo siguiendo el estilo castellano.
4º Al comparar Arequipa con Lima o Trujillo señala que no es una ciudad señorial sino
democrática; ya que sus vecinos medianos hidalgos, cristianos viejos de exiguo solar y
escasa hacienda se ven obligados a trabajar sus tierras, pero “por la alcurnia de su gente
es tierra de caballeros”5. En Arequipa la vocación campesina no es síntoma de perdida
de alcurnia.
5º Arequipa tiene el carácter de un ciudad síntesis, representa la unión entre sierra-
costa, blanco-aborigen-mestizo. El aborigen se trasforma al llegar a Arequipa debido a
lo arequipeño.
6° En Arequipa se da una democracia de hidalgos porque supo acoger a los vecinos
procedentes de las provincias (hidalgos) y en la independencia a los ingleses y franceses
con la condición de que muestren comunidad de fe y conducta de caballeros.
Los hidalgos que caían en desgracia eran tratados como iguales entre los hidalgos
debido a la cristiana compasión y a sus remotas ligazones sanguinas.
7º Arequipa es cuna de “omes” (Sic) buenos (tiene un contenido más hondo que la de
distinguidos ciudadanos) donde florecieron junto a la nobleza y dignidad caballeresca,
las virtudes cristianas de la lealtad, abnegación y caridad; por esto se trataba a los
inferiores con dignidad.
Lo castellano es la fe católica, la altivez y las costumbres (morales y cultas).
Lo indio es el dolor, lo melancólico, y el desamparo que permiten la posibilidad del
ejercicio de la caridad cristiana.
8º la ciudad esta limitada al hogar, el templo y el castillo (Goyeneche) más allá sólo se
puede apreciar el verdor campesino, luego los cerro y el desierto. No se menciona la
existencia de Miraflores, ni el barrio de Santa Marta por estar habitado por indios, es un
lugar no arequipeño.
9º Existen dos tipos de templos arequipeños: a) los templos que se acercan a la costa son
alegres y placidos, b) los templos que se acercan a la sierra son misteriosos, austeros y
tristes.
La sierra es un misterio, otro desconocido, triste, que no quiero conocer (temor); lo
costeño es de confianza, familiar, conocido, pacifico, lo que no amenaza.
10º En Arequipa mediante el toque de las campanas se comunicaba las noticias más
importantes, ellas unen y reúnen a las tres fases del alma Arequipeña: a) el alma
campesina, b) el alma política y c) el alma católica.
Las tres almas son construidas de manera muy española, a través de lo católico y lo
religioso, en este sentido el campesino que en otros ámbitos geográficos es propio del
indio, en Arequipa es español. El personaje del loncco es dibujado como alto, fornido,
colorado, blanco (carozo) y emparentado con las familias de la ciudad.
11º Belaunde dice “tuve la suerte de que no se interpusiera ninguna ama o criada entre
mi madre y yo… ni tuve otro yo, sino mi madre en la formación de mi conciencia”6.

5 Ibíd. P. 15
6 Ibíd. p. 21
Él se declara libre de cualquier “otredad” en su crianza y lo presenta como una virtud,
es criado sólo por su madre que lo libera de lo inculto-incivilizado, su madre lo inserta
en la “sociedad mejor organizada” culta-civilizada.
El ideal del “viejo hogar cristiano” es que la mujer se dedique por completo al cuidado
de la prole y del esposo.
12º La belleza para Belaunde es femenina, blanca (española) y tiene que estar
acompañada de una actitud decente, digna y austera (ética cristiana).
13º Belaunde señala a la madre-mujer como la representa de la prolongación del templo
al hogar, ya que es la encargada de conservar, trasmitir y vigilar el cumplimiento de la
ética cristiana, y tiene un horror instintivo hacia la política. El padre-hombre representa
lo mundano, dedicado a los negocios, y la política.
14º Según Belaunde, Arequipa por ser católica es revolucionaria, lo católico entrega a
los arequipeños seguridad que los marca en sus gestas y actitudes cotidianas; y que, el
apego de los mistianos por el orden jurídico y la justicia es producto de su fe católica.
15º Belaunde habla que la originalidad arquitectónica y culinaria de Arequipa esta dada
por el aporte cultural andino pero sometido y sojuzgado por el imaginario hegemónico
europeo católico.

Análisis del discurso periodístico de


“El Pueblo” 1960 -1970.

El diario “El Pueblo” de inicios de 1960 tiene un discurso localista, que contiene
por lo general, en su primera plana, noticias sobre el proceso de industrialización y
modernización de la ciudad (pavimentación de calles, avenidas, inauguración de
fábricas) en sus paginas encontramos noticias detalladas de la vida social de la
aristocracia arequipeña, un gran espacio dedicado al culto católico (eventos litúrgicos,
lista de censura de las películas que se pasaban en el cine) y se publicaba diariamente la
relación de pasajeros que partían o llegaban a la ciudad por avión.
Para 1965 el periódico había cambiado: su precio se duplicó a 2 soles, el área
destinada al culto católico se redujo de una pagina a un cuarto de columna, las noticias
policiales pasaron a ocupar de media pagina a una entera (eventualmente dos), las
noticias sociales siguen ocupando el mismo espacio y la presencia del “otro” ya no es
preocupación mayor como lo fue a inicios de la década.
Para 1970 “El Pueblo” conserva su precio, se da la presencia notoria de
noticias de provincias y otros departamentos, el discurso racista es más selecto y menos
abierto, se da una resignada aceptación del “otro” en el mundo urbano y las noticias
policiales con el estereotipo andino son cada vez mas escasas.
La construcción del estereotipo andino.
Basada en la aplicación de virtudes, defectos, capacidades e incapacidades a los
individuos por su origen cultural, forma de vestir, opción sexual…
Entonces el “Otro” es considerado dentro del diario El Pueblo, durante la década
del 60, sin nombre propio más bien hecho por desinencias (el muchacho, la doméstica,
la muchacha, etc.; desinencias que ocupan un imaginario de adjetivación y como
sinónimos de invasión andina, pero que a la vez muestra una contradicción en el
imaginario del lenguaje (en un plano familiar o doméstico) ya que estos términos
también son designados en el mundo occidental como un status social más alto que sólo
el poblador, por estar “protegido” por un Señor). En el caso de vejámenes sexuales la
dignidad de la mujer andina se coloca en duda, y más aún quién es el agresor.
La invasión de espacios geográficos como vivienda, es vista como una agresión
hacia lo “nuestro” de Arequipa y del estado cometido por el habitante andino.
Los niños andinos son vistos como delincuentes o personajes sin dueños, como
objetos de propiedad.
A la madre andina se la remarca cierta desnaturalización porque ofrece a su hijo
a mejor crianza para poderles evitar el hambre.
Los abigeos son vistos como personajes bandoleros de la sierra.
La condición humilde y de honradez, es vista con asombro y extrañamiento por
parte del arequipeño hacia el “Otro” (caso canillita que devuelve una fuerte cantidad de
dinero).
En cuanto al folklore, la mentalidad del arequipeño estaba centrada hacia un
determinado tipo de Folklore peruano y que todo aquel que no cumpliera con los
requisitos atentaba contra este. Es decir la intolerancia hacia ciertos comportamientos y
hábitos durante el “concierto” o “evento”, era señalado como salvajismo (la
embriaguez, los líos; etc.)
A estos comportamientos, que determinaban una exclusión, se une la coca y el
alcohol tanto como consumo como de venta (en la calle 2 de mayo, muy cerca al centro
de la ciudad), lo que ocasiona un salpullido de agravios como de indecencia, líos, falta
de higiene hacia los que habituaban este lugar; y más aún por sus costumbres
altiplánicas de vender productos en el suelo.
Tanto las epidemias como las deformaciones corporales y crímenes, eran vistos
como elementos o características de fealdad que sólo lo posee el “Otro”.
Es así que, la insalubridad, el hacinamiento, bares, prostitución reflejan los
símbolos de caos y de inmoralidad que sólo podía emanar de la presencia del originario
del altiplano.
Arequipa y la presencia del Otro.
El “Otro” es reconocido como aquel que realiza invasiones hacia espacios
geográficos baldíos, visto también como usureros o traficantes en la venta de terrenos.
Más aún lo son los ambulantes, los niños de barriadas, presentaciones
folklóricas, y el comercio ilícito son identificados como la insanidad de la presencia del
“Otro” en Arequipa.
La construcción del estereotipo del Arequipeño.
Esta construcción de estereotipo se sustenta bajo un origen europeo y de títulos,
donde los hábitos “civilizados” son una herencia natural como de linaje. Además que, el
imaginario del arequipeño se apega a la herencia cultural devenida de sus fundadores
hispanos.
Los espacios como la picantería, se reformulan como atractivos turísticos para
salvarlos de las “garras” de los nuevos personajes provenientes del ande, y así poder
sostener una imagen de “arequipeñeidad”.
Arequipa es vista como una ciudad que crece, pero se remarca en el texto que no
lo hace con mente abierta, sino con cinismo, al escandalizarse por prendas femeninas en
coyunturas normales (como un desfile de propaganda).
Arequipa se muestra aparentemente con superioridad sobre otros lugares por muchos
paroxismos, de virilidad, además de una relación peculiar hacia ciertos fenómenos
naturales como los temblores; a demás de términos como batalladora y ardiente; pero
que a la par es visto de forma negativa por otros lugares como orgulloso, a demás de
aludir a una fama de duros, fuertes y trabajadores.
Arequipa y la Modernidad.
La modernidad alberga un doble contenido, por un lado trae ideas y
concepciones de progreso (edificios modernos, fabricas, pavimentación de avenidas…)
y por el otro lado contiene elementos de ruptura en lo moral, lo tradicional, los valores
católicos. El arequipeño conservador busca la modernidad que garantice el
mantenimiento de los valores.
El joven arequipeño blanco (modernidad) se va a convertir en objeto de
sospecha y discriminación por parte del viejo Arequipeño blanco (conservador).
“El Pueblo” de 1960 en pieza a dar noticias de grupos de jóvenes
“rockanrolleros” que empiezan a ser excluidos porque son vistos cono rebeldes,
violentos, matones, surgen noticias como “rockanrolleros golpean a estudiante
universitario”.
En 1970 aparece un muevo discurso de exclusión en el diario dirigido hacia los
homosexuales y los hippies. La homosexualidad es vista como una enfermedad
contagiosa que se puede propagar, los homosexuales son inmorales y están presos por
sus bajas pasiones. Los hippies son catalogados como antisociales, llevan el cabello
largo sinónimo de homosexualidad, usan drogas y estupefacientes y tiene una actitud
contestataria y antibelicista.
Arequipa y lo Católico.
El arequipeño se define que por naturaleza es católico, herencia del espíritu
occidental. Los que no son católicos no son arequipeños. Pero la presencia del “otro” y
la modernidad son una amenaza a la hegemonía católica de Arequipa. El “otro” es
portador de creencias no católicas (protestante), la modernidad trae el discurso
materialista ateo.
En 1960 en “El Pueblo” se publicaba con regularidad la censura católica a las
películas, para 1965 desapareció la columna de la cesura, en 1970 un sacerdote armó un
lío en el cine “Fénix” destrozando los carteles, como protesta por escenas inmorales que
contenía la película “Todo por nada”, las autoridades eclesiásticas y municipales
apoyaron la actitud del sacerdote.
En febrero de 1960 en el VII congreso de educadores americamos realizado en
Lima, se planteó la necesidad de laicizar la educación. Los profesores de religión de
Arequipa emiten un pronunciamiento en el diario señalando que se ha violado los
derechos intangibles de Dios, la iglesia, los padres y de toda la sociedad queriendo
imponer la enseñanza laica.
Surgen varias noticias sobre enfrentamientos entre protestantes y católicos por
supuestos atropellos contra la iglesia católica como los de Mariano Melgar, Urb.
Gráfica, Maca y Cabanaconde.
La iglesia católica obliga a que todo nuevo asentamiento e urbanización
disponga de un espacio para la construcción de una iglesia, lo que a veces provoca
conflicto entre los vecinos.
En 1965 la presencia católica en los diarios disminuye pero sigue ejerciendo un
gran poder simbólicos en la mentalidad arequipeña, se consigue mediante el municipio
prohibir la venta y consumo carme vacuna los días viernes.

Los sucesos de Arequipa 2002: una lectura simbólica


de la incomunicación.

El complejo sistema de exclusión afecto profundamente las relaciones entre los


arequipeños y los pobladores de procedencia andina ocasionando un clima de violencia
y exclusión a fines del siglo XX y, es en este contexto que se produce el arequipazo del
2002.
La “revolución de Arequipa” 2002.
Elementos.
1º El frente amplio cívico de Arequipa (F. A. C. A.) se caracteriza como ente por
recupera el discurso de Arequipa (uso el discurso de las luchas revolucionarias de
Arequipa del siglo XX) y como eje de su actividad empleó el discurso de la lucha por la
dignidad (su imagen de luchar por supuestos intereses colectivos arequipeños y en
contra de un estado centralista- privatizador; este argumento caló hondamente en los
sectores populares de Arequipa).
2º Los protagonistas de la lucha fueron mayoritariamente habitantes de las periferias de
la ciudad (de origen andino), esta lucha significó para muchos de ellos adquirir
simbólicamente su membrecía a Arequipa.
3º La paralización fue convocada para el día siguiente de la apertura de los sobres de la
subasta de las empresas publicas, debido que en esta fecha precisa se recordaba el 52
aniversario de la revolución de Arequipa de 1950. La paralización tenía un contenido
simbólico de autoafirmación para sus pobladores.
4º El estado leyó el proceso que sufría la ciudad desde una preceptiva centralista y
limeña, no tomó encuenta el contenido simbólico.
5º El alcalde Guillén se colocó a la cabeza del F. A. C. A., debido a la chatura
intelectual y política de sus dirigentes, el alcalde no se integró desde su origen a la
lucha más bien representó uno de los puntos de oposición más fuerte.
6º El concepto de “dignidad” que surgió dentro del contexto de la lucha, fue manejado
por ambos bandos (gobierno-pueblo) en discursos diferentes, llevando a la
incomunicación. El estado no tomó encuentra el contenido simbólico de la lucha lo que
desató una ola de violencia.
7º La tradición de Arequipa fundada en la “dignidad” y el “espíritu revolucionario” se
refrescó en esta lucha social de Arequipa de 2002.
8º La incomunicación entre estado – pueblo arequipeño y junto con el ancestral discurso
de exclusión-racismo del arequipeño para con los migrantes andinos, a devenido en que
los arequipeños nuevos tomen por asalto física – simbólicamente la ciudad.

Comentario

Una vez que se ha podido presentar los puntos o temas ejes con que se ha
construido el discurso “Iconografía y Simbolismo: Identidad Arequipa” es necesario
pasar a dar un comentario a especie de crítica a la construcción del texto en forma
general y a presentar algunas observaciones humildes sobre algunos temas entorno al
problema del texto.
Hay que felicitar la construcción formal del contenido, la lectura se hace rápida,
agradable, atrayente, el empleo de términos abstrusos no existe, la presencia de
metáforas que puedan atraer la variedad de significados no se presenta, y se centra
verbalmente en el tema de racismo y exclusión en Arequipa.
Lo fascinante del texto es que la forma de expresión se enraíza en el intimismo
que sólo lo presenta un ensayo, y que el autor lo logra con un talento de charla, sin
recurrir a amaneramientos o poses intelectuales, sino a través de evidencias o fuentes
tangibles, cotidianas para cualquier lector.
En el formato persé del texto el título desencaja radicalmente con el contenido,
pero entraña una sugestividad simbólica que a la vez la hace única y especial, es decir
Iconografía y simbolismo: Identidad Arequipeña es un juego de palabras, como diría
Derridá o Genett, que nos remite a otro significado más allá de lo que se nos presenta
como apariencia. El título entonces de por sí ya nos acerca al contenido implícito del
texto que es la construcción de la identidad arequipeña como iconografía y
simbolismo. Es decir que el título nos apertura la posibilidad de elementos
“fundamentales” de identidad como blasones para poder “ser” o “reconocernos como
arequipeños”. Como vemos, lo último lleva pragmáticamente significados de ironía o de
humor negro, pero sin sentenciar, algo fino que sugiere pero no dice ni señala, eso es lo
que hace que el título como el contenido se incorpore como simbolismo, y marca
indeleble que sólo una comunidad lo reconoce como blasón, y otra no.
En cuanto al tipo de fuente y a diagramación, estéticamente como apariencia
sugiere un no orden, pero que el tamaño de la fuente a la vez sugiere al lector que no es
necesario ese orden que lo que va a trasvasar el texto es tan obvio que no debe
preocuparse, lo que hace que la lectura refleje franqueza e invitación.
En cuanto a la sistematización el autor como bien lo dice utiliza diferentes
métodos y aunque él con humildad nos dice que se aleja del aparatoso trabajo histórico,
más bien deberíamos emularlo puesto que se encuentra dentro de los últimos tipos de
discurso como es el interpretativo enmarcado dentro de la historia cultural, que hace que
se aleje del enjaulado y casi deshumanizado método positivista (que tiene aciertos en
algunos temas, pero que no es panacea en cuanto a temas de la condición del ser social,
como en este caso es la identidad, el racismo o la exclusión).
En cuanto al trabajo, el texto pertenece al 2006, pero inspirado desde 1986.
Como decía, este trabajo es original y novedoso en cuanto enmarca la mentalidad de
una época, pero que trasciende históricamente desde los tiempos de la conquista hasta
nuestros días, como problema o cosmovisión del poblador arequipeño.
Como se dijo con anterioridad sus ejes que evidencian o parangonan como
fuente el discurso: escrita (documento de la declaración como patrimonio de la
humanidad a Arequipa, libro literario de Víctor A. Belaunde, periódicos), y
audiovisuales (música y películas); todas ellas resaltando “motivos” para ser señalados
como evidencias de exclusión o racismo.
Es así, el trabajo es un destape, y aunque sea ligero y rápido de lectura es
chocante para el lector arequipeño, ya que devela el cinismo escondido dentro de la
“hidalguía”.
El discurso no es cerrado, esta abierto para cualquier lectura, es
multidisciplinaria.
En cuanto a elementos históricos, nos presenta elementos cotidianos,
escondidos, camuflados y “arbitrarios” que son extraídos de fuentes que tratan de
construir o continuar una mentalidad con normatividad de civilizar como requisito para
adoptar la identidad o ser incluidos como ciudadanos de Arequipa. Datos curiosos y
originales se van engarzando con rigor-asombro-desconcierto-ironía-indignación, en
décadas no tan ajenas a la nuestra.
Algunas recomendaciones que debemos sugerir al texto, a pesar que el discurso
está centrado ya en su tema y desarrollado como tal, no está de más decir que se puede
contrastar, para evitar que el texto sea entendido o visto como excluyente de discurso, es
también necesaria la fuente de la cosmovisión de exclusión o racismo por parte de los
habitantes que llegan de otros lugares (Cusco, Puno, Apurímac, etc.)
También se recomienda que debe especificarse quien excluye a quien, en un
sentido no de conceptos sino como práctica de convivencia; es decir, existe tanta
variedad cultural, que también el lenguaje castellano, como el “arequipeño” es excluido
por los “nuevos” personajes y estos a otros que no comparten su lengua, sus rituales;
etc.
La utilización de conceptos determina el grado de profundidad y complejidad de
un problema como tema de investigación, es menester hacer una delimitación entre ¿qué
es exclusión?, y ¿qué es racismo?, ya que son dos categorías distintas en Arequipa y
como conceptos en la práctica.
Empero, no es necesario este rigor, en vista que el autor no trata de abordar el
discurso a través de la teoría o estándose en al discusión de conceptos, sino más bien lo
construye de forma aplicada.
En cuanto a los artículos periodísticos, no se hace una separación formal del
redactor (como narrador), y del periodista (como autor), y más aún no se hace una
diferencia del redactor con el diario. Es importante deslindar estos elementos para un
análisis para poder determinar de quién parte la exclusión (del redactor, del autor, del
diario o es una mentalidad de la época), y así poder evitar la posible sentencia de
especulación de interpretación por parte del lector hacia el investigador (historiador).
Lo más resaltante que se rescata del texto es la representación simbólica de la
intolerancia, enmarcado en un mundo se que se autocalifica de “civilizado”, gran
trabajo que remarca con sutiliza este comportamiento que no sólo se refleja en Arequipa
sino en diversos lugares del Perú como del mundo; grave problema que no permite la
comunicación, y que fortifica al status quo y relegando a un rincón a la gran variedad
cultural que es propia de la humanidad y por ende de América.
Como todo trabajo pionero, se dan las sorpresas y fallas, lo genial y lo sencillo;
además que este texto con su humildad, como dice el autor, no pretende ser la verdad
absoluta sino invita a estudiosos e investigadores, sugiere la polémica, y trae el tiempo
de desvelar algunos mitos del imaginario no sólo de Arequipa sino de muchas ciudades,
y poder aclarar ciertas invenciones de tradición que toda nación trata de masificar como
piedra para construir su historia y poder sobrevivir como memoria colectiva.
Por último es menester decir que el autor, Jorge Bedregal La Vera, en su texto no
agrede, ni señala, mucho menos acusa, trata de componer un rostro, como quien junta
fotos y arma una imagen donde el lector devela un significado que el autor no dice, sino
la sugiere oxigenándola de libertad de entendimiento como una sutil expresión.

Lic. Ursula Podestá Sánchez