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“Como surgen los conflictos a partir de la teoría del observador”

Integrantes: Mical Videla


Mizrain Escobar
Deniela Villalobos
Eduardo Vergara

2009
El giro teórico que implica la relativización de la comprensión de la realidad y la
verdad es característico de la transición del pensamiento moderno al
postmoderno.
Analizaremos, más adelante, las influencias de sus teorías en la estética.
Antes, debemos examinar algunos cambios paradigmáticos originados en este
proceso.
La modernidad se ha caracterizado por considerar el mundo como un todo
abarcable y definido, en el que existirían respuestas objetivas a todas las
cuestiones. El mundo basado en el texto, en el discurso, en las leyes y en el
pensamiento lineal propiciaría la contestación a todas las preguntas de forma
lógica, racional, En este contexto, el sujeto asumía la posición central (se
propagaba el antropocentrismo).
La postmodernidad introduce la relativización no sólo de la objetividad del
mundo, sino del mundo mismo. Pasa a concebirlo como incompleto,
inabarcable. Ya no es posible la mirada objetiva, lógica, Sino que la objetividad
es dependiente del observador. En un mundo entendido como sistema abierto,
relativo, ya no puede haber un discurso único y definitivo. Como Sujetos que
vivimos en el lenguaje, la crisis del discurso —la pérdida de la linealidad
(lógica) del texto y de su veracidad lleva, paralelamente, a la pérdida de
nuestro posicionamiento central en el mundo.
La decadencia del antropocentrismo implica la crisis de los valores
considerados, hasta ahora, inherentes al ideal de humanidad. Se instauran las
teorías del posthumanísmo. La existencia del sujeto pasa a ser correlativa. En
palabras de Flusser, "el ser humano se ha vuelto calculable, no sólo de manera
física y fisiológica, sino también como cosa mental, social y cultural" (I994, p.
17), Flusser se refiere a la auto-cosificacion del ser histórico, que pone en
evidencia el momento posthistórico en el que se produce. En una esfera en la
que la historia ya no es sinónimo de verdad, la propia historia ya no puede
preceptuar ni abogar por su existencia: la imagen de la "realidad" (de los
hechos} asume el lugar de la historia.
Los primeros signos de ruptura con el pensamiento lógico moderno se
producen en el seno mismo de las ciencias. Por ejemplo, en 193l, el
matemático Kurt Gödel lanza su Teorema de la lncompletítud que demuestra
que los procesos mentales no se dejan representar completamente por un
sistema formal. El resultado de su teoría consiste en lo desarticulación del
dogma en torno a la pretendida coherencia de la lógica. Güdel logra la
emancipación de la matemática de la propia finalidad matemática; la
demostrabilidad. (La paradoja es que la teoría de Güdel es indemostrable, pero
verdadera). En física la teoría de la relatividad de Albert Einstein, además de
plantear una nueva dimensión de espacio, tiempo y materia, que pierden su
estatus absoluto, confiere al observador una posición de destaque.
La teoría cuántica de Max Planck. Werner Heisenberg y Erwin Schrodinger
signi-
fica un paso más en dirección a la relativización de los objetos físicos y en la
potenciación del papel del observador. Sobre todo a partir de la teoría de la
dinámica no-lineal investigada por Ilya Prigogine en los años cuarenta y
formulada en su tesis sobre fenómenos irreversibles, se otorga al observador
un papel primordial, de modo que deja de ser un observador abstracto para
pasar a ser un sujeto participe de los procesos (complejos, caóticos, auto-
organizativos, disipativos, etc.).
Las revoluciones en física y las nuevas investigaciones interdisciplinares en
ciencias derrocan de forma definitiva cualquier tipo de determinismo estricto o
de modelos empiristas defensores de la existencia de la realidad única y
universal existente con independencia del observador, o que interpretan su
posición como un receptor básicamente pasivo y subordinado l1 un orden
externo dado. Según la hipótesis relativista, la explicación sobre la construcción
de la realidad esta subordinada necesariamente al observador. Dicho de otra
manera, la realidad que construimos no puede ser vista como representación
de un mundo objetivo independiente. El giro sustancial consiste en el modo en
el que se enfocan los procesos cognitivos: en la medida en que se rechaza la
teoría tradicional de que el sistema de percepción humano está en contacto
directo con el mundo, la pregunta ya no se limita a las cuestiones
epistemológicas, sino que va dirigida sobretodo al propio funcionamiento de los
procesos cognitivos, sus efectos y resultados.
Diferentes teorías; como el constructivismo radical, la sinergética, la
eutopoiesis, la autoraeferencialidad -todas las cuales trabajan con la noción de
autoorganización apoyan esta hipótesis. De estas teorías se infiere,
precisamente, que es en el dominio de las explicaciones en el que surgen los
conflictos acerca de las consideraciones sobre la realidad y la verdad, o mejor
dicho, sobre las realidades y las pretendidas verdades. Las explicaciones se
mantienen en el contexto de la praxis de vivir del observador y se constituyen
también en definiciones, que nada más son que reflexiones del observador
formuladas a través del lenguaje, ya que los seres humanos acontecemos en el
lenguaje. En este sentido, como Señala Humberto Maturana, la realidad no es
una experiencia, sino un argumento dentro de la explicación (Maturana, 1996).
De lo que se desprende que las diferentes realidades vividas por cada uno de
los observadores dependen de la línea explicativa -la expresión de la
coherencia operacional humana dentro del lenguaje- que adoptemos.
La existencia de múltiples realidades, incluso de realidades virtuales, nos indica
que el acceso al mundo se produce mediante los aparatos: la interfaz. El sujeto
se transforma en receptor y en operador de información. Ya no hablamos de
«conocimiento» o de «saber», sino de manipulación de datos. Tampoco
hablamos de transformación de datos que, según Viém Flusser, es sinónimo de
creación. La instauración del parámetro información y del valor de
performatividad del sujeto implica que la mejor performatividad resultará de la
mejor capacidad de procesar los datos o la información. Dicho de otro modo, el
acento ya no está puesto en la adquisición de conocimiento, sino en el acceso
a los datos. Las tecnologías digitales y de comunicación imponen su modelo de
mundo, en el que el observador se transforma en operador.
Antes nos referimos a que la imagen de la "realidad" (de los hechos) asume el
lugar de la historia, esto evidencia el vínculo intrínseco que se genera entre la
comprensión de nuestra realidad y la "máquina" de tele-infomación. Como
constata Dietmar Kamper, el hecho de estar completamente dependiente de la
información de la imagen impide la percepción del estatus de este -estar-en-la-
imagen-. El mundo al que no se accede empieza en el verso de la imagen, en
el límite de la interfaz.
El escepticismo respecto a la actual capacidad de las sociedades
postindustriales para preguntarse si vivimos o no en un mundo artificialmente
construido significa el paso de un estado probable uno improbable. En efecto,
la cultura vive hoy un proceso de normalización de lo improbable, ostensible en
la sincronicidad de la virtualidad y la experiencia de realidad. A diferencia que,
en nuestro caso, no podemos desconectar la máquina de realidad virtual o
retirar el casco o las gafas estereoscópicas. En nuestra vida, no disponemos,
como afirma Otto Rüœler, de una salida de emergencia. La única manera de
hacerlo es a través de la generación de mundos simulados, en los que imperan
estructuras de vidas o realidades virtuales, y en los que los observadores
pueden ejercer un control sobre el entorno artificial, dado que las realidades
están construidas consciente y funcionalmente. En estos sistemas es posible la
existencia de observadores internos y externos.

La tradicional relación entre observador y obra de arte se ha basado en la


existencia independiente de ambos y en el posicionamiento contemplativo del
sujeto frente al objeto artístico, Para sostener esta condición, la estética se
circunscribió a los presupuestos ontológicos y restringió la esencia del vínculo
observador-obra a la fruición o placer estético. El primer paso en el sentido de
desarticular esta rígida polaridad entre sujeto y objeto fue dado por el arte
participativo desarrollado a partir de la década de 1950. No obstante, las obras
participativas, por ejemplo las de arte cibernético, estaban construidas de
manera extrínseca. El observador estaba situado fuera del sistema y los
dispositivos de input y Output eran controlados por este desde el exterior. Los
conceptos clave se circunscribían a los de control y retroalimentación,
entendiendo el control como la utilización de datos para intervenir en el sistema
desde el exterior y regularlo, mientras el fenómeno de retroalimentación sería
inherente a la máquina y estaría basado en la noción de aprendizaje, eso es, la
información que procedía de las propias operaciones de la máquina podía
cambiar los métodos generales y la forma de actividad.
Buscar la participación intrínseca del espectador en la obra pasó a ser una de
las líneas importantes de investigación en el ámbito del media art. El cambio
primordial se dio con el invento de sistemas de visualización de la información
digital y de inmersión en la imagen con objeto de propiciar un mayor feedback o
relación de interdependencia entre observador y sistema.

Desde el punto de vista de la teoria del observador es importante el desarrollo


del tema de la influencia del observador sobre lo observado. Los mediadores al
observar el conflicto, deben tener claro en que medida influencian lo que
observan. Los aportes realizados por la teoría del observador de Humberto
Maturana, nos ha mostrado como el sujeto observador construye a los objetos
de la realidad, y nos habla de una realidad "entre paréntesis" ,ya que la
realidad en sí ,sin paréntesis, no puede ser aprendida (aprehendida)Se trata de
un nuevo paradigma: el observador condiciona lo observado.

Por otro lado nos dicen que esta construcción depende del objeto de la
observación, y habla de la co-construcción realizada entre el sujeto y el objeto.
También se puede agregar que esta co-construcción no va a depender solo del
sujeto y el objeto, sino que también depende de los instrumentos que se
utilizan en la observación.

En esta misma línea comentan en un trabajo sobre negociación otros autores


que la mayoría de los conflictos entre personas se originan en las diferentes
percepciones que tienen sobre un mismo hecho, dicho o dato. Si esto es
idéntico para las partes la diferencia está en la óptica con que se lo mira. El
tratar hábilmente con estas diferentes percepciones es de lo que depende, en
gran medida el manejo del conflicto. Comprender las percepciones de los otros
es la destreza que permitirá un buen entendimiento entre las partes.

Otro aspecto sistémico ha sido señalado por Mario Schilling, al hacer énfasis
sobre los aspectos entrópicos y neguentrópicos de los sistemas (la entropía
puede ser definida como la medida del progreso de un sistema hacia el estado
de desorden máximo y en la teoría de la información como incertidumbre. La
incertidumbre es el desorden de la comunicación o información. El orden es un
estado menos probable que el desorden, ya que la realidad tiende hacia éste
cada vez que deja de recibir suficiente energía o información.

Si queremos llevar un sector de la realidad hacia el orden (o mantenerlo en él),


esto es lo que se denomina neguentropía, es indispensable que le inyectemos
energía o información). Dice que el abogado y – especialmente el negociador--,
tiene como tarea diaria la resolución de conflictos jurídicos. En materia privada,
estos conflictos derivan de un “sistema” cuya “entropía” le ha afectado a tal
punto que, se encuentra en descomposición o ha perecido como tal.
Bibliografía

Libro: Estética, ciencia y tecnología autor: Lliana Hernández García.


http://www.inter-mediacion.com