EL

ANARQUISMO
y el

MOVIMIENTO OBRERO
en argentina
iaacov oved

SIGLO VEINTIUNO

AMERICA
NUESTRA

14

COLECCION AMERICA NUESTRA
♦ caminos de liberación

AMÉRICA NUESTRA es una nueva colección
que Siglo XXI proyecta como una
expresión coherente del examen de la realidad
que nuestros países viven desde siglos tierra
colonizada que no logra liberarse.
Queremos difundir, con sistema, textos que exhiban
tanto la grandeza de las culturas destruidas
por la Conquista como los testimonios de la
lucha por la liberación que llega hasta nuestros
días y que tiene expresión en la obra y las ideas
de los hombres que las orientan. Nada
mejor para definir esa intención que las
palabras que escribió José Martí: "...la
historia de América, de los incas acá,
ha de ensenarse al dedillo, aunque no se enseñe
la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia
es preferible a la Grecia que no es nuestra,
nos es más necesaria... Injértese en nuestras
repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser
de nuestras repúblicas..."

EL ANARQUISMO
Y EL MOVIMIENTO
OBRERO EN ARGENTINA
por

IAACOV OVED

SIGLO VEINTIUNO

AMERICA
n u estr a

e d ició n al c u id ad o de jorge tu la
portada de an h elo hernández
prim era edición, 1978
© siglo XXI editores, s.a.

ISBN 968-23-0038-0
d erechos reservados co n fo rm e a la ley
im preso y h e ch o en m éx ico p rinted and m ad e in m ex ico

INDICE

INTRODUCCIÓN
T EST IM O N IO DE GRATITUD

I.

E L TRASFONDO Y LOS PR IM ER O S PASOS

Brotes, 19; Argentina de 1880-1914. Política, economía, sociedad, 21;
La gran inm igración a la Argentina, 30; Malatesta y los anarquis­
tas de la década de 1890, 35; Disgregamiento y organización a fines
de la década de 1880, 40; El periódico El Perseguido, su rumbo
ideológico y sus grupos, 42; Grupos anarquistas y sus publicacio­
nes, 44; Anarco-comunistas y anarco-socialistas a comienzos de la
década de 1890, 46; Los socialistas en la Argentina y sus relaciones
con los anarquistas, 51; Inclinaciones terroristas entre los anarquis­
tas, 54; La oposición al terror entre los anarquistas, 59; H uelgas
obreras de 1895-1896, 61; Los anarquistas y la agitación obrera de
1895-1896, 62

II.

E L VUELCO DE LOS ANARQUISTAS H A C IA L A IN TER VEN C IÓ N EN
LOS SINDICATOS OBREROS (JU N IO D E 1 8 9 7 -JU N IO DE 1 8 9 9 )

La Protesta Humana, 66; Grupos anarquistas en 1897, 72; La Pro­
testa Humana y los problemas obreros, 76; Los anarco-individualistas, 78; Las relaciones entre anarquistas y socialistas, 84; Pietro Gori
en la Argentina, 88; Él Rebelde y sus círculos, 93; Los grupos anar­
co-socialistas, 99; Otros grupos anarquistas y sus actividades, 104;
Los anarquistas y los sindicatos obreros, 106; El terror individual
de los anarquistas en Europa y sus ecos en la Argentina, 110; El
proyecto de ley de M. Cané, 116
III.

PEN ETR A C IÓ N Y CONSOLIDACIÓN DE LOS ANARQUISTAS E N LOS
SINDICATOS OBREROS (J UNIO DE 18 9 9 -M A Y O DE 1 9 0 1 )

Apremios y desocupación entre los obreros, 119; Agravamiento de
los conflictos laborales (1900), 124; Las condiciones de vida de los
trabajadores (1901), 127; Huelgas obreras (1901), 131; Organización
sindical y tendencias federativas, 134; Los grupos anarquistas y su
actividad, 136; M ilitantes y propagandistas descollantes del anar­
quismo. 139; El congreso anarquista internacional en París; prepa­
rativos y polém ica, 143; La discusión entre “organizadores” y "antiorganizadores” y la contribución de Pellicer Paraire, 148; La acti­
vidad anarquista en los sindicatos obreros, 157; Relaciones entre
anarquistas y socialistas, 160; El primer congreso de la FOA, 163

IV. SURGIM IENTO
(m ay o d e

DE LA H E G EM O N Í A ANARQUISTA EN

1 9 0 1 -a b r il d e

LA FO A

1902)

174

Discusiones entre los anarquistas, a raíz del congreso de la FO A , 174;
Fortalecimiento de la posición anarquista en los sindicatos obreros,
176; Las grandes huelgas. La primera victima entre los trabajado­
res, 178; Cambio de actitud de los sindicatos socialistas hacia la
f o a , 182; La actividad anarquista en 1901, 185; Cambios en la rela­
ción hacia los anarquistas, 188; Resquemores y miedo por la vio­
lencia anarquista, 192; La actitud anarquista hacia el terror y la
violencia en las luchas sociales, 196; Conflictos laborales en la pri­
mera m itad de 1902, 203; Exhortación a la huelga general, 208;
Tensiones en las relaciones de socialistas y anarquistas en los sindi­
catos obreros, 210; El II Congreso de la f o a , 214

V.

LA

GRAN

C O N F R O N T A C IÓ N

DE RESIDENCIA ( M A Y O DE

Y

L A P R O M U L G A C IÓ N

DE

LALEY

1902-D IC IE M B R E DE 1 9 0 2 )

225

Actividad de los anarquistas en los sindicatos obreros después del
II Congreso de la f o a , 225; Anarquistas activos y círculos anarquis­
tas en 1902, 228; La actividad de la Casa del Pueblo en Buenos
Aires, 231; Am pliación de la actividad anarquista, problemas, temo­
res y logros, 235; Organizaciones adicionales entre otros círculos
obreros, 238; Las luchas de los trabajadores panaderos, 240; Las
huelgas en los glandes puertos durante el mes de noviembre, 247;
Paralización del puerto de Buenos Aires, posición de los em plea­
dores y de las autoridades, huelgas de solidaridad, 252; El escalonamiento del conflicto y la proclamación de la huelga general, 256;
La marcha de la huelga general. Los días 20-22 de noviembre, 258;
El debate en el congreso sobre el proyecto de ley de residencia y
su aprobación, 261; Agravación de la huelga general y aplicación
del estado de sitio, 268; Ejecución de la ley de residencia, 272; Las
enseñanzas de la huelga general, 277

V I.

LA

R E C U P E R A C IÓ N

DEL

S IN D IC A T O S O B R E R O S

M O V IM IE N T O

(E N E R O

DE

A N A R Q U IS T A

Y

D E LO S

1 9 03-M A Y O D E 1 9 0 4 )

Reanudación de la actividad anarquista después de la primera ola
de expulsiones, 283; La prensa anarquista en 1903, 291; La cam­
paña contra la ley de residencia y las persecuciones en la Argen­
tina, 293; Reanudación de las luchas obreras, 299; El III Congreso
de la f o a , 303; Anarquistas y socialistas, 309; Discusiones internas
entre anarquistas sobre la actitud hacia la clase obrera, 313; Des­
arrollo y dificultades en las acciones de los sindicatos obreros, 316;
Las relaciones de trabajo en la segunda m itad de 1903, 320; La
huelga grande en el puerto de Buenos Aires, 323; Las huelgas a
comienzos de 1904, 330; La actividad anarquista en 1904 y el pe­
riódico La P rotesta, 332; Anarquistas y socialistas, 335; Tum ultos
sangrientos el 1 de mayo de 1904, 337; El debate en el discurso
sobre los tumultos del 1 de mayo, 340; Ley Nacional del Traba-

283

jo, 344; La reanudación del debate sobre la Ley de Residencia en
la Cámara de Diputados, 348

VII.

la

CONSOLIDACIÓN

D EL

ANARQ UISM O

EN

LOS

SINDICATOS

OBREROS

La actividad anarquista en 1904, 353; El IV Congreso de la f o a , 356;
Los anarquistas después del IV Congreso, 363; Las huelgas de septiembre-octubre, 366; Cambios en el gobierno, 368; Sucesos san­
grientos en Rosario, 370; H uelga general de 48 horas, 372; La
prensa y la policía en la lucha contra los anarquistas, 375; Con­
flictos laborales: diciembre de 1904-febrero de 1905, La revolución
radical y sus resultados, 382; Arrestos y deportaciones en la época
del estado de sitio, 388; M anifestación de protesta y sucesos san­
grientos en Buenos Aires el 21 de mayo, 392; Persecución, depor­
taciones y aplicación renovada de la Ley de Residencia, 396; Los
anarquistas en Uruguay, 397; Relaciones laborales y tensión social,
399; El atentado contra el presidente Quintana, 401; El III Con­
greso de la UGT y la aparición del sindicalismo en la Argentina, 403;
Los anarquistas en 1905, 409; Los preparativos para el V Congreso
de la FORA, 414; Deliberaciones del V Congreso de la f o r a y sus
resoluciones, 418
A PÉN D IC ES

Lista de ciudades y pueblos argentinos en donde hubo suscripcio­
nes de La Protesta Humana entre los años 1897-1901, 425; II. Pacto
de solidaridad de la Federación Obrera Regional Argentina apro­
bado en el IV Congreso de la f o r a del 2 de agosto de 1904, 429;
III. Lista de publicaciones anarquistas impresas en Buenos Aires
entre los años 1890-1904, 434
I.

B IB L IO G R A F ÍA
ÍN D IC E DE NO M BRES

A M I F A M IL IA

A comienzos del siglo XX el anarquismo parecía uno de los fac­
tores que entrañaban el mayor peligro para la estabilidad y la
integridad del régimen prevaleciente en Europa y en el continente
americano. Ideologías anarquistas que avivaban esperanzas en el
surgimiento de una nueva sociedad, que se instauraría sobre las
ruinas del régimen viejo —y movimientos anarquistas que expre­
saban de manera radical las protestas sociales— agitaban a vastos
círculos de los estratos inferiores de la sociedad, a la vez que des­
pertaban temores en los sectores gubernamentales de los países
donde surgían. En esos años, es cierto, disminuyó la ola de actos
de terror individual, cometidos por anarquistas (“la propaganda
por el hecho”), pero no desapareció por completo y, aparte de va­
rios atentados contra jefes de Estado, se inició también un proceso
de penetración y consolidación anarquista en los sindicatos obre­
ros de varios países europeos y americanos.
En América Latina existían, ya a principios del siglo xx, varios
movimientos anarquistas pequeños en Uruguay, México, Brasil,
Chile, Perú, así como un movimiento relativamente grande en la
Argentina. En este último país el movimiento anarquista echó
raíces vigorosas en las masas trabajadoras locales y en sus organi­
zaciones, en el primer decenio del siglo; logró cumplir una activi­
dad consecutiva y regular por medio de decenas de grupos anar­
quistas en las grandes ciudades de la República, publicó y difundió
cuantiosos libros y folletos de propaganda, en miles de ejemplares;
editó periódicos y hojas de esclarecimiento; a partir de 1904 pudo
imprimir también un cotidiano anarquista, uno de los contados
de su índole en el mundo. Pero lo más notable e impresionante
en el desarrollo del anarquismo argentino, fue su éxito al alcanzar
una posición hegemónica en la federación de sindicatos obreros
más importante, la f o r a , y convertirse de ese modo en un factor de
trascendencia en las luchas sociales del país.
El crecimiento y la fortificación constantes del anarquismo, en
la primera década del siglo xx, pasaron a ser un fenómeno notable
en la vida argentina y sembraron inquietud a la vez que temores en
los círculos gubernamentales. U n informe publicado por la policía
de Buenos Aires, sobre los tumultos sociales en la República, lo
expresa inequívocamente. En lo que concierne al anarquismo, dice:
“Este conglomerado sectario, el más peligroso como representación

doctrinaria, ya ha puesto aquí en juego sus m e d io s... Se exhiben
en el período de 1902 a 1905, en que buscan apoderarse de los
trabajadores para inducirlos a la acción revolucionaria. . ".1
T am bién un observador extranjero —el corresponsal de The
Ti mes londinense en Buenos Aires— com enta el miedo a la ex­
pansión del anarquismo, en u n a reseña relativa al año 1910: “Q ui­
zás el problem a más serio al que se enfrentan las repúblicas sud­
americanas sea la dispersión del anarquism o y su crecimiento en
las nuevas atmósferas libres. A rgentina es el estado más afec­
tado.. . ” 2 Pero cabe señalar que 15 años antes no se advertía nin ­
gún resquem or de esta índole, y ni siquiera el jefe de policía de
Buenos Aires, al analizar las luchas obreras de 1895, consideró ne­
cesario destacar el hecho, pues el anarquism o no tenía el m enor asi­
dero.3 Es decir: el desarrollo y el fortalecim iento im presionantes del
anarquism o en los sindicatos obreros de la Argentina, se produjo
con mucha rapidez y en un espacio de tiem po breve, entre fines del
siglo xix y comienzos del xx.
¿Por qué creció u n m ovim iento anarquista vigoroso en Argen­
tina? ¿Cómo fue posible su desarrollo? ¿Quiénes lo promovieron?
¿Cuáles fueron el trasfondo y los factores que lo fomentaron? El
presente estudio, precisamente, se propone contestar a esos interro­
gantes, a la vez que realiza un examen histórico.
La investigación presente no pretende dilucidar en su totalidad
la historia del anarquism o argentino, que com prende u n período
de 50 años consecutivos (de 1880 a 1930), sino que se circunscribe,
por anticipado, a una sola época. Al escoger este capítulo histó­
rico, presté atención especial a u n espacio de tiem po de singular
significado en la historia argentina: el período en que el anar­
quismo no fue u n elem ento m arginal, sino un factor concreto en
la sociedad, con u n a vasta concatenación de interacciones que in ­
cluían la sociedad circundante y sus instituciones. Conform e a este
criterio, los albores del siglo x x me parecieron los más adecuados,
pues en su transcurso el anarquism o no sólo logró expandirse
y fortificarse, sino que tam bién se convirtió en u n rival molesto y
peligroso para el régim en existente. Sobre el alcance de la rivalidad
sirve de testimonio, entre otras cosas, la necesidad que sintió el
régim en de prom ulgar leyes especiales destinadas directam ente a
1 Proceso y sus causas (de los hechos ocurridos
blicación de la policía de Buenos Aires, C apital
2 “T h e law of social defense in B uenos A ires”,
agosto de 1910, South A m erican S upplem ent.
3 H . Spalding, La clase trabajadora argentina,
p. 184.

el 1º d e m ayo de 1909). P u ­
Federal, 1909, p . 27.
T h e T im e s (Londres), 30 de
Buenos Aires, G alerna, 1970,

contrarrestar la influencia anarquista que se intensificaba en la
R epública: la “Ley de residencia” en 1902, y la “Ley de defensa
social” en 1910.
Elegí para empezar mi estudio los años que precedieron al si­
glo xx, a fin de investigar las raíces del proceso que perm itió al
m ovim iento anarquista revelar capacidad de confrontación, con po­
sibilidades de ocupar un lugar trascendente en las luchas sociales
del prim er decenio de este siglo. En el curso de la investigación
com probé cuánta im portancia tuvo, al respecto, el crecimiento de
la corriente anarquista partidaria de la organización. Es decir, los
círculos anarquistas adictos por principio al uso de las esferas or­
ganizativas perm anentes para su actividad, y que se esm eraban por
integrarse en los sindicatos obreros. Esta corriente anarquista se
expresó de un m odo sólido, en A rgentina, a través del periódico
La Protesta H um ana, que empezó a publicarse en 1897, y que se­
ñaló los albores de una época de incorporación a la actividad
sindical. Por lo tanto me pareció adecuado fijar como fecha inicial
de m i estudio el año 1897, y precedí mi trabajo con un capítulo
general que exam ina el trasfondo de la realidad argentina entre
1880 y 1910, así como una reseña de los comienzos de los grupos
anarquistas en la Argentina, con sus matices ideológicos y organi­
zativos variados y peculiares.
El pu nto final de este examen histórico es el V Congreso de
la Federación O brera R egional A rgentina (FORA) que, bajo la he­
gemonía anarquista, se celebró en agosto de 1905. E n ese congreso
se aprobó una resolución exhortando a los miembros de los sindi­
catos obreros afiliados, a aceptar los principios del anarco-comu­
nismo y predicarlos. Con esta resolución se dio u n tono anarcocomunista franco y m anifiesto a la FO RA , y llegó a su térm ino el
período formativo en la historia de las actividades sindicales del
anarquism o argentino. Después del V Congreso se inició u n a nue­
va época, en la que la labor anarquista en los sindicatos obreros
siguió u n itinerario definido, ajustado a la concepción sindical
anarco-comunista. Dicha concepción abriría un sendero especial a
los anarquistas de la A rgentina que, posteriorm ente, im pediría
cualquier unificación federal general sobre la base de principios
sindicalistas, y los llevaría a form ar una esfera separada, que pre­
servó el nom bre significativo “La FORA (del V Congreso)” . La pe­
culiaridad del rum bo de la FORA en A rgentina se preservó tam­
bién en la Internacional A nalco Sindicalista (A IT) 4 y se la puede
4 L a organización obrera, edición e x tra o rd in a ria para la p ro p a g an d a in te r­
nacional, núm . 3, Buenos Aires, 1924, p p . 28, 32, 55-56.

ver como u n aporte del anarquism o argentino al sector anarquista
m undial.
Cabe destacar que la consolidación de esta concepción sindical
anarco-comunista, que habría de tener im portancia decisiva en el
porvenir del anarquism o argentino, se inició en u n período previo
a 1905. En nuestro estudio tratam os de investigar las raíces y las
etapas de tal proceso, que asomó con los grupos anarquistas, sus
doctrinas, su experiencia en la actividad sindical y su confronta­
ción con el régim en existente.

Por últim o, una referencia a las fuentes de que me valí para re­
dactar esta investigación. Sin detenerm e en el conjunto de fuentes
variadas de donde extraje m aterial (los porm enores se insertan en
la bibliografía), me perm ito señalar el valioso aporte prestado
p or la colección que guarda el In tern atio n al Institute of Social
History, de Amsterdam. La colección abundante de m aterial anar­
quista de la A rgentina —que abarca libros, folletos, diarios, perió­
dicos, circulares, documentos y cartas de la época examinada— fue
u n virtual tesoro de m ateria prim a inapreciable para mi trabajo.
Sin exagerar puedo decir que, de no ser por esa colección, la pre­
sente investigación no habría sido posible. Por ello me place expre­
sar mi reconocim iento a todos los que, d u ran te años, compilaron
el m aterial y lo cuidaron. E ntre ellos descuella la figura de Max
N ettlau, el gran historiador del anarquism o cuyas im ponentes
colecciones privadas constituyen el fundam ento más am plio del
archivo al que recurrí. Me considero m uy privilegiado por haber
podido valerme de esa colección, u n privilegio que entraña tam ­
bién un deber ineludible y difícil: d ar expresión histórica adecua­
d a al m aterial docum ental que fue acumulado, con grandes desve­
los, du ran te muchos años.
I. O.

Este libro, escrito originalm ente como una tesis para obtener el
grado de Doctor en Filosofía, que fue presentada a la Universidad
de T el Aviv, aborda el tema: “El anarquism o en los sindicatos
obreros de la A rgentina a comienzos del siglo xx (1897-1905).” El
trabajo se realizó bajo la supervisión de los profesores M. Confino,
de la Universidad de T e l Aviv, Israel, y E. Gallo, director del
Institu to T o rcu ato Di T e lla, de Buenos Aires, Argentina. Expre­
so a ambos mi sincera g ratitu d por la excelente orientación que
prestaron, cada cual en la esfera de su especialidad: el profesor
C onfino en las cuestiones relativas al estudio del anarquism o, el
profesor Gallo en los problem as concernientes a la historiografía
argentina.
El presente escrutinio histórico, como sucede con todo trabajo de
investigación, im plica u n desafío para el investigador y sólo sobre
él recae la responsabilidad directa por sus comprobaciones. Pero
si la responsabilidad no puede ser com partida, sí deben compar­
tirse los méritos y derechos, pues la labor del historiador-investi­
gador no se puede cum plir en la soledad, sino que, en el curso de
sus averiguaciones, recurre a la ayuda de u n considerable núm ero
de estudiosos, colegas, funcionarios de institutos de investigación y
enseñanza, bibliotecarios, archivistas, etc. Su labor, por lo tanto,
adquiere matices de u n a obra colectiva, aunque hilvanada dentro
de una urdim bre personal que no se presta a la separación. Mi
trabajo, es verdad, se cum plió de esa m anera y por ello siento el
agradable deber de expresar el agradecim iento general, en prim er
térm ino, a todas las personas que contribuyeron, cada cual en su
esfera, al progreso de mi investigación desde sus etapas iniciales.
Cada aporte, aun el más modesto, fue muy valioso. Me sería muy
difícil m anifestar mi g ratitud a cada uno por separado; la nóm ina
es larga y la guardo de u n m odo indeleble en mi memoria. Llegue
mi cálido reconocim iento a cada u n a de esas personas.
Pero la contribución de algunas ha sido especial y de singular
im portancia. Les estoy agradecido particularm ente y me encantará
darle expresión ahora, detalladam ente. Antes que nada, quiero
m encionar al profesor Zvi Yavetz, que encabeza el D epartam ento
de H istoria General en la U niversidad de T el Aviv y quien alentó
mi m archa académica desde sus prim eros pasos. Me infundió con­
fianza, me hizo creer en la posibilidad de asum ir las tareas de la

investigación y me ayudó a vislum brar los amplios horizontes de
la enseñanza y el escrutinio histórico. U n reconocimiento especial
merece mi supervisor, profesor E. Gallo, por guiarm e abnegada y
fielmente desde las prim eras etapas, cuando me encontraba en el
St. A ntony’s College de Oxford, así como por los estrechos lazos
de cooperación que subsistieron tam bién cuando nos hallábamos
lejos geográficamente. En cada etapa de la investigación, su guía
desempeñó un papel valioso y eficaz.
Asimismo quiero agradecer la hospitalidad y la inapreciable ayu­
da académica que me brindaron el personal docente y adm inistra­
tivo del St. Antony’s College de O xford; su “w arden”, el profesor
Raym ond Carr, quien se interesó por mi trabajo; y los investiga­
dores de su C entro de Estudios Latinoamericanos, cuyas puertas
siempre me fueron abiertas para cualquier dilucidación o análisis.
D urante mi perm anencia en Oxford, en el año lectivo 1971-72,
pude conversar con investigadores y eruditos que revelaron interés
por el estudio que apenas empezaba y me dedicaron un tiem po
considerable en coloquios provechosos. E ntre ellos m encionaré en
particular a Sir Isaiah Berlin, Ch. Abramsky, James Joll, J. Romero-Maura, A. Lehning y H. Spalding (a quien encontré en Ams­
terdam); las charlas con ellos me sirvieron de inspiración im por­
tante en las prim eras etapas y les estoy muy agradecido a todos.
Siento tam bién la necesidad de d ar las gracias a mi colega en el
D epartam ento de H istoria G eneral de la U niversidad de T el Aviv,
doctor H. Horwitz, quien accedió gustoso a leer el m anuscrito de
los primeros capítulos; sus palabras de estímulo y sus observaciones
fueron u n gran incentivo para em prender el trabajo.
U na fuente de m ucha im portancia fue el International Insti­
tute of Social History, de Am sterdam, en cuya biblioteca y archi­
vo encontré la mayor parte de los m ateriales indispensables. La
ayuda y la orientación, merecen u n reconocim iento especial. T am ­
bién quiero agradecer a la biblioteca “C anning H ouse” de L on­
dres, al C entro de Estudios Latinoam ericanos de la U niversidad de
Londres y a la Biblioteca del C entre International de Recherches
sur l’Anarchisme de G inebra, a los que acudí en el transcurso de
mi labor.
En los años que me aboqué a esta investigación me ayudaron
con becas varias fundaciones de investigación, que me posibilita­
ron el trabajo desde u n punto de vista m aterial: la Fundación de
Becas de la U niversidad de T el Aviv, la Fundación Zalman A rann
y la Fundación de la Secretaría del Kibutz H am eujad para pro­
mover el estudio y el perfeccionamiento. Me complace sobremanera
expresar mi gratitud a los encargados de esas fundaciones. Un

agradecim iento especial le cabe al personal adm inistrativo del D e­
partam ento de H istoria, y a la Secretaría de la Escuela de H is­
toria de la U niversidad de T e l Aviv, que siempre me allanaron
las dificultades cuando recurrí a sus servicios.
Finalizaré la lista expresando el más sincero reconocim iento a
m i amigo Bar Kójba M álaj, p o r la inapreciable fidelidad y abne­
gación con que se esmeró para que el texto tuviera el adecuado
revestim iento en lengua española.
D urante los años en que recorrí los caminos de la investigación,
me sentí como el hom bre de m ar en u n buque que zarpa hacia
costas lejanas, pero que guarda en su alm a el puerto hogareño, al
que regresará indefectiblem ente cuando term ine sus viajes. Ese
puerto ha sido mi casa en el poblado comunal —en el kibutz—,
donde tam bién vive m i familia. Siempre fue el sitio que me in ­
fundió aliento y fuerza en mi tarea de escrutinio. Ahora, cuando
la tarea ya ha term inado, no puedo menos que elogiar el valioso
apoyo que me prestó el kibutz con su comprensión, así como su
interés en los móviles personales que me im pulsaron a em prender
una investigación histórica y su anuencia a relevarm e de los requi­
sitos cotidianos del trabajo y el cum plim iento de funciones que
im pone el quehacer kibutziano, a fin de que pudiera dedicarm e
íntegram ente a la investigación.
Por últim o, debo la más profunda gratitud a m i familia, que se
identificó con la tarea que me im puse y reveló com prensión por
el estilo de vida que me vi obligado a llevar. En prim er térm ino
agradezco a mi m ujer, T ehila, que me alentó y m e prestó su gran
apoyo du ran te el largo trayecto de mi trabajo.
IAACOV OVED

K ib u tz P alm ahim , Israel, ju lio de 1976

Br o t e s

Los prim eros indicios de la actividad anarquista en la A rgentina,
asomaron en los años del setenta del siglo xix, paralelam ente a los
primeros síntomas que se revelaron en México y en Uruguay. Se
trataba de las manifestaciones iniciales del anarquism o en América
Latina, y brotaron sobre el trasfondo de la creación de las filiales
ele la I Internacional en este continente, a la vez que constituye­
ron una parte integral de tal actividad. Las prim eras noticias so­
bre miembros activos de la I Internacional en Buenos Aires, se
tuvieron a p artir de 1872, a raíz del intercam bio epistolar entre
los secretarios de las secciones de U ruguay y México.1 En el Con­
greso de La Haya, celebrado en 1872, se inform ó que ya había ra­
mificaciones de la Internacional en Buenos Aires. El 3 de marzo de
1873 se envió u n a carta de Buenos Aires, firm ada por A. Aubert,
quien desem peñaba el cargo de secretario general de la Interna­
cional en Buenos Aires, y que contiene la siguiente reseña sucinta:
“Hay actualm ente en Buenos Aires tres secciones internacio­
nales, basadas en la diferencia de lenguas: la sección francesa, la
sección italiana y la sección española [ . . . ] ; cada sección tiene su
comité central p articular y las cuestiones de interés general son
tratadas por un consejo federal, compuesto por u n consejo de seis
miembros (dos de cada sección).” 2 Según informaciones adicio­
nales llegadas a los círculos de la Internacional en N ueva York,
las secciones de la filial en Buenos Aires contaban, hasta febre­
ro de 1873, 250 m iem bros.3 Según esas fuentes, la tendencia ideo­
lógica que prevalecía en los primeros años era adicta a Marx,
1 José C. Valadés, “D ocum entos p a ra la h isto ria del anarqu ism o e n A m éri­
ca”, en C ertam en internacional de “La Protesta", Buenos Aires, 1927, p p . 83-88.
En la p rim e ra carta enviada de M éxico, el 3 de a b ril de 1872, a l secretario
de la sección uru g u ay a de la Asociación In tern a cio n a l de los T rab a ja d o re s, se
señala ex p lícitam ente que se la debe en tre g ar tam bién a A. J., "en donde
se encuentre, M ontevideo o B uenos A ires”. De la prosecución d el intercam bio
epistolar se deduce que A. J. es u n p ro p ag an d ista de la sección uru g u ay a, a c ti­
vo en esos días en Buenos Aires.
2 Esta carta fue descubierta p o r el h isto ria d o r a n arq u ista M ax N ettlau , en
el archivo socialdem ócrata de B erlín, y la cita D. A bad de S an tillán en su libro
El m ovim iento anarquista en la A rgentina, p p . 15-16.
3 D. A bad de S antillán, E l m o vim ien to anarquista en la A rgentina, Buenos
Aires, 1930, p. 16.

y sobresalía la fidelidad al consejo general de Londres, principal­
m ente por parte de la sección francesa. Pero en las secciones ita­
liana y española había adictos al ala de B akunin, cuyo núm ero
iba en aum ento a m edida que llegaban cuantiosos intem acionalis­
tas exiliados de España, después de 1874, cuando se produjo la res­
tauración de los Borbones.4 El increm ento de los partidarios de
B akunin entre los miembros de las secciones de la Internacional
en Buenos Aires, agravó prim ero las luchas entre ellos y los adictos
a M arx, y luego, desde 1876, sobresalió la hegemonía de los bakuninianos. Las noticias sobre tal desarrollo son escasas. José Ingenie­
ros, en u n artículo que publicó en 1898 en A lm anaque Socialista
de La Vanguardia, resume las noticias escasas a su disposición
después de 1875, de la siguiente m anera:
L a s d iv is io n e s in te s tin a s a u m e n ta r o n , r e f le ja n d o la s q u e e n E u ro p a se
a c e n tu a b a n e n tr e m a rx ista s y b a k u n in is ta s , h a s ta q u e e n 1876 se fu n d ó
u n C e n tro d e P ro p a g a n d a O b r e r a b a k u n in is ta , c o n el o b je to casi e x c lu ­
sivo d e c o m b a tir a los m a rx ista s. E n 1879 esa fra c c ió n p u b lic ó u n fo lle to
i n ti t u la d o U n a id ea , e n el c u al, a d e m á s d e e x p o n e r los p r in c ip io s g e n e ­
ra le s d e la I n t e r n a c io n a l, h a c ía p ú b lic a s sus c u e s tio n e s in te rn a s , in c lu ­
y e n d o to d o el p a c to d is id e n te firm a d o p o r las F e d e ra c io n e s e s p a ñ o la , i ta ­
lia n a , e u ra s ia n a , fra n c e sa y a m e ric a n a e n e l c o n g re so c e le b ra d o e n S a in t
I m ie r p o r los b a k u n in is ta s c o n tr a lo s m a rx is ta s .5

El 6 de enero de 1879 apareció en Buenos Aires E l Descamisado,
el prim er periódico anarquista,6 pero se publicó sólo poco tiempo.
Esos días la actividad general de las secciones de la Internacional,
en Buenos Aires, se hallaba en evidente declinación y desmoro­
nam iento. J. Ingenieros dice, al respecto, en ese artículo suyo:
L a s seccio n es d e B u e n o s A ires, c o m p le ta m e n te a n a rq u iz a d a s , se d iso lv ie ­
r o n a n te s d e 1881, p a r a r e c o n s tru irs e y re d is o lv e rse , p e r d ie n d o ya su
c a rá c te r d e secciones d e la A so c ia c ió n I n t e r n a c i o n a l d e los T ra b a ja d o re s ,

A comienzos de la década de 1880, por consiguiente, declinó y
4
J. Díaz del M oral, H istoria de las agitaciones campesinas andaluzas, M a­
d rid , 1969, pp. 121-122.
5 D. A bad de Santillán, “La P ro te sta ” en la com pilación C ertam en internacio­
nal de "L a Protesta", op. cit., p. 35.
6 “ E ra an arq u ista pero m e h a parecido ser b a stan te p rim itv o en su concep­
ción de las ideas." Así lo juzga el histo riad o r-b ib lió g rafo M ax N ettlau . C itado
en D. A bad de Santillán, op. cit., p. 29. D. A bad de Santillán m enciona tam bién
o tro periódico, L a Vanguardia, del q u e el único d etalle recordado es q u e estaba
bajo la redacción de E. C am año, in te m ac io n a lista . El carácter an arq u ista del
periódico no es claro, n i se sabe el tiem po q u e existió.

se desvaneció virtualm ente la actividad de los anarquistas en la
Argentina. Pero en menos de cuatro años se reanim ó, al surgir
grupos nuevos de anarquistas activos, llegados de E uropa con la
ola de inm igrantes de grandes dimensiones de esa época. El rena­
cim iento del anarquism o en esos días reinició la historia conse­
cutiva de acciones anarquistas en el país, pero antes de atenernos
a su estudio conviene una reseña general de A rgentina para ubicar
el capítulo en la esfera histórica apropiada.

A R G E N T IN A

DE

1880-1914.

P O L ÍT IC A ,

E C O N O M ÍA ,

S O C IE D A D

En 1880, al comenzar la época de la presidencia del general J. A.
Roca, se inició u n nuevo capítulo, decisivo, en la historia argen­
tina. Finalizó un período largo de guerras civiles y guerras en el
exterior, de inestabilidad política y de desórdenes adm inistrativos
y gubernam entales, y en cambio sobrevino una época de estabili­
dad gubernam ental, de ausencia de guerras y de luchas fratricidas,
de adm inistración ordenada y de prosperidad m aterial. U na expre­
sión precisa de este nuevo período podía encontrarse en el eslogan
del gobierno del general Roca: “Paz y Adm inistración”. Desde los
albores de su gobierno, procedió a cum plir una serie de cambios
im presionantes por su alcance y sus logros, con miras a fortificar
el gobierno central, unificar el país y abolir las tendencias sepa­
ratistas y centrífugas. Los pasos más descollantes dados, fueron:
a] federalización de Buenos Aires, es decir, su conversión en la
capital de la R epública, y creación paralelam ente de L a Plata
como capital de la provincia de Buenos Aires. A raíz d e la fe­
deralización sobrevino una serie de m edidas institucionales, que
procuraron consolidar y organizar el nuevo marco institucional,
recientem ente inaugurado. Al respecto cabe m encionar algunas le­
yes; b] organización de la m unicipalidad de Buenos Aires; c] or­
denam iento de los tribunales de la capital; d] organización de los
territorios nacionales; e] supresión definitiva de las guardias pro­
vinciales, bases del poder m ilitar provincial; f] leyes de creación del
código de procedim ientos en lo civil; g] la ley de unificación m o­
netaria (ley 1130); h] la ley de educación común (de 1884); i] la
ley de registro civil.
A estas medidas institucionales cabe añadir la culm inación de
la operación m ilitar con m iras a anexar las extensiones m eridio­
nales — la "Conquista del desierto”— y la elim inación de la do­
minación de los indios. Esa operación m ilitar y una parte de las

medidas legislativas no fueron innovaciones del nuevo gobierno,
sino la conclusión y ejecución de actos y tendencias planeados en
años previos. El logro del gobierno de Roca consistió en que supo
unificar esas tendencias en un plan general, a la vez que se sobre­
ponía a las vallas que habían im pedido, en el pasado, la expansión
económica de la República, lo que puso su sello en el curso de
la historia argentina d u ran te los años siguientes.7
L a expansión económica — en especial la agrícola— encarna de
un modo em inente el im pulso sustancial dado por la A rgentina en
su desarrollo, a p artir de la década de 1880. Para puntualizar su
alcance, baste señalar que en 1874 A rgentina aún im portaba trigo
y harinas para el consumo interno, y que a comienzos del siglo xx,
en cambio, ya era uno de los mayores países exportadores de ce­
reales: entre 1910 y 1914 su exportación ascendía a 5 294 000 tone­
ladas, sin contar las exportaciones de ganado vacuno y carne, que
tam bién asum ieron un punto notable. Paralelam ente cabe señalar
el aum ento pronunciado de la población: de 2 492 000 habitantes
en 1880, llegó a 7 885 000 en 1914.8 Este aum ento de la población
se debió en prim er térm ino a las corrientes inm igratorias de gran­
des dimensiones que afluyeron a A rgentina a comienzos del si­
glo xx, y la convirtieron en uno de los países principales del
m undo en cuanto a la absorción masiva de inm igrantes de Europa.9
El rápido desarrollo de la A rgentina entre 1880 y 1914, cuyas
manifestaciones más descollantes (aunque no únicas) hemos seña­
lado, se vio ayudado por circunstancias internacionales favorables
pero no fue el fruto de una m era coyuntura, sino de u n program a
económico y político de los gobiernos de la década de 1880.10 C on­
viene señalar que un prerrequisito obligatorio para la aplicación del
program a político y económico, era la term inación de la “Conquis­
ta del desierto”. Esta cam paña finalizó en 1881, con el someti­
m iento de 14 000 indios y la incorporación de 15 000 leguas de
tierra. Para finalizar la operación —iniciada en los días del go­
7 E. G allo, “La g ra n expansión económ ica y la consolidación del régim en
conservador lib e ra l” en La R ep ú b lica conservadora, en T u lio H a lp erin D onghi,
Ed., H istoria argentina, Buenos Aires, Paidós, 1972, tom o v, pp. 61-76; D. A bad
de Santillán, H istoria argentina, tom o III, pp. 327-352; O. C ornblit, E. G allo, A.
O ’C onnel, "L a generación del 80 y su pro y ecto ” en A rgentina, sociedad de
masas, EUDEBA, p p . 43-50.
8 V. Vázquez Presedo, E l caso argentino (1875-1914), B uenos Aires, EU DEBA,
1971, p. 92.
9 A rgentina absorbió u n 17 % de la em igración eu ro p ea en tre 1891-1914.
Vázquez Presedo, op. cit., p. 134.
10 O. C ornblit, E. G allo, A. O ’C onnel, op. cit., p p . 43-50. Véase tam bién
T . F. M c G ann, A rgentine, the U .S. a n d th e interam erican system , pp. 1-54, 313.

bierno de Avellaneda, que precedió al del general Roca— se re­
currió enérgicam ente al ejército argentino que, hasta entonces, era
empleado para las luchas fratricidas y las guerras.
Este recurso de em plear al ejército de la R epública para conquis­
tar territorios dom inados por los indios, a fin de incluirlos en la
esfera de la economía nacional, destacó una línea de carácter espe­
cial en el proceso de la expansión económico-agrícola.
El gobierno estaba m uy interesado en suprim ir la dom inación
de los indios en el sur, para estabilizar las fronteras con Chile en
las inmensas extensiones m eridionales, pero no menos gravitaron
los intereses del sector económico-social de mayor fuerza en la Re­
pública: los glandes terratenientes. L a identificación entre esos
sectores y la élite gobernante en aquella época, era m uy grande.
Así resultó que muchas de las tierras incorporadas al cultivo des­
pués de la ’’Conquista del desierto” no fueron a parar a m anos de
los colonos, sino que en su gran m ayoría se dedicaron a la gana­
dería extensiva, en propiedades de los grandes terratenientes.11
En el régim en político que prevalecía en la A rgentina de esos
días, el gobierno era ejercido por u n círculo reducido q u e tenía
su origen en la élite social tradicional y en los círculos de grandes
terratenientes. De esta élite provenían todos los gobernantes y
políticos en el dom inio nacional y en el provincial. Esa élite actuó,
desde m ediados del siglo xix, d en tro de los marcos constitucionales
y en dicha esfera se cum plieron, en el período de referencia, las
normas de un régim en norm al y ordenado, es decir: separación de
poderes, elecciones a plazo fijo, actividad parlam entaria, etc. En las
campañas electorales la m inoría gobernante se apoyaba en el res­
paldo p opular de vastas “clientelas” de votantes, que dependían
de las familias y los grupos m andatarios. El respaldo de la “clien­
tela” lo reclutaban, generalm ente, los caudillos locales, que obra­
ban al servicio de los grupos políticos. Estos procedim ientos eran
más eficaces en el interior, donde el caudillism o rural había echado
raíces. Pero, en sustancia, puede afirm arse que a fines del siglo xix
la política era u n a actividad sum am ente restringida, de la que se
hallaba alejada la gran mayoría de la población nacional.12
La no intervención de la m ayoría de los pobladores en la vida
política, es com prensible tam bién sobre el trasfondo de la índole
del proceso social. El fraude y la violencia eran parte integral del
proceso constitucional. Así, las viciadas prácticas electorales provo­
11 R.
Buenos
12 G.
Paidós,

Cortés C onde y E. G allo, La form ación de la A rgentina moderna,
Aires, Paidós, 1967, p p . 42-46.
G erm ani, P olítica y sociedad en una época de transición, B uenos Aires,
1963, p. 204; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora, op. cit., p p . 61-63.

caban la apatía política de la población nativa, que m iraba con
profundo escepticismo las distintas actividades de la vicia electoral.
A eso cabía añ ad ir la abstención del elem ento extranjero que no
recibió la ciudadanía argentina y que, al intensificarse las olas in­
m igratorias, constituyó un porcentaje m uy considerable de las cla­
ses medias, que por lo general son los candidatos potenciales a tor­
narse la base masiva de la actividad política.13
En el ám bito político no se operó ningún cambio. Fue estre­
mecido por la crisis de 1890 pero no m odificó radicalm ente nada,
au n q u e fue la causa de tensiones que brotaron sobre el trasfondo
del proceso que se iniciaba en las provincias del litoral, relativa­
m ente desarrolladas, donde se h abía pasado de la “gran aldea” y
del país provincial a una sociedad cosmopolita m oderna.14
Pese a la modernización relativa, no se crearon partidos con ins­
tituciones formales, con aparatos organizativos y burocracia. Los
factores políticos eran determ inados por grupos de familias, a más
de la “clientela”, o por grupos de adherentes (clubes, sectores inte­
resados, como ser la Sociedad R ural, la U nión Industrial Argen­
tina, etc.).15
De 1890 a 1912, el círculo gobernante no halló una solución
política adecuada para incorporar a la población, que crecía ráp i­
dam ente. Pero desde comienzos del siglo xx, se advirtió en los
círculos gubernam entales una preocupación por la atonía y el marginam iento del sistema político de sectores cada vez más numerosos
y con creciente peso en la sociedad.
La búsqueda de caminos para am pliar el círculo de participantes
en el quehacer político, sin estremecer radicalm ente al régimen,
hizo que el m inistro del Interior, J. V. González, propusiera en
1902 un nuevo sistema electoral, pero esto sólo deparó la elección
de u n único representante socialista, A. Palacios, en la zona obre­
ra de la Boca, en 1904. U n cambio básico se operó sólo en 1912,
al aplicarse el derecho de voto universal, conforme a la ley Roque
Sáenz Peña.16 U na parte considerable de la población, por lo tanto,
en toda esa época, se m antuvo al m argen del proceso de las deci­
siones políticas. Esto incluyó a los sectores rurales m arginados por
su mismo aislamiento, y tam bién a una parte considerable de sec13 S. Bagú, E volución histórica de la estratificación social en la A rgentina,
Caracas, U niversidad de Venezuela, 1969, p p . 79-82.
14 R. Cortés Conde, “ Auge de la econom ía ex p o rtad o ra y vicisitudes del
régim en conservador", en La R ep ú b lica conservadora, op. cit., pp. 187-194.
15 Ib id ., p. 190.
16
Sobre la evolución en el d om inio de la p rom ulgación de leyes electorales
en la A rgentina, de 1853 a 1912, véase D. A bad de S antillán, H istoria argentina,
op. cit., tom o III, pp. 686-694.

tores urbanos, extranjeros de las capas populares y los estratos
medios.
A esos sectores, que tropezaron con vías políticas cenadas, les
quedaba la posibilidad de actuar como grupos de p resió n , princi­
palm ente en los terrenos económicos y gremiales, articulando in ­
tereses sectoriales e incorporándolos a la sociedad. Sobre este tras­
fondo surgieron tam bién las organizaciones obreras y sus luchas a
fines del siglo xix y a comienzos del xx. El centro de gravedad de
esos grupos estaba fuera de la política, en tanto que la campaña
gubernam ental y el foco de las resoluciones políticas seguía en
manos de la élite nativa tradicional.17 Desde la década de 1880 la
élite gobernante, en el marco d e ese régim en político oligárquico,
cum plió una política que llevó a la expansión económica y a la
prosperidad; el eje central del desarrollo económico era la expan­
sión agrícola. Al respecto, cabe destacar el aum ento pronunciado
de las áreas cultivadas con cultivos principales: de 2 184 953 hec­
táreas en 1888, a 19 828 250 hectáreas en 1914.18 El aum ento de la
producción agrícola se m antuvo con constancia. L a crisis de los
años 1890-1891, que sacudió las finanzas de la Argentina, azotó
los ingresos de la R epública y al sector no exportador urbano (co­
merciantes, im portadores, trabajadores), pero no dañó de igual
m anera al sector agropecuario. Por el contrario, se produjo una
sostenida e im presionante expansión de la producción agropecua­
ria, que se trad u jo en la disponibilidad de saldos exportables. El
aum ento no fue sólo en la am pliación de superficies sembradas,
sino tam bién en la producción, sobre todo en los comienzos de la
década de 1890. A esta expansión se sum aron miles de colonos de­
dicados a la agricultura de diversa m anera, sea por m edio de colo­
nias independientes en las provincias de Santa Fe, C órdoba y E n­
tre Ríos, o por el sistema de arrendam iento en la provincia de
Buenos Aires. El increm ento principal fue en la producción de ce­
reales para la exportación, que llegó a su punto culm inante entre
1900 y 1905. T am b ién creció la exportación del lino y el maíz, asi
como de la lana.19
El auge de la ganadería fue siem pre u n aspecto central en la
economía de la A rgentina. En el pasado el ganado se criaba sil­
vestre en las vastas pam pas y era sacrificado para el aprovecha­
m iento del cuero, y luego para la producción del tasajo. A fines
del siglo xix se operaron cambios im portantes. Desde 1880 se em­
17 R .
18 R .
cit., p p .
19 R .

Cortés C onde, La R ep ú b lica conservadora, op. cit., pp. 212-214.
Cortés C onde y E. G allo, La form ación de la A rgentina m oderna, op.
52-53.
Cortés C onde, La R ep ú b lica conservadora, op. cit., pp. 97-103.

pezó a m ejorar el ganado, con m iras a la exportación de reses vivas.
Se fundaron estancias modernas, se cultivó alfalfa. Desde 1895 Ar­
gentina empezó a ocupar u n lugar destacado en la exportación de
ganado en pie a G ran Bretaña. El desarrollo más im presionante se
produjo en la exportación de carne congelada. La carne congelada
comenzó a producirse en la A rgentina desde la década de 1880. Los
prim eros frigoríficos se instalaron en 1883, pero hasta 1899 care­
cían de im portancia económica. Sólo en 1900 empezó a comerciali­
zarse la carne congelada en grandes cantidades. En 1901 Argentina
era el segun do exportador de carne congelada a G ran B retaña y en
1905 ya consiguió el prim er puesto. Este renglón creció en la p ri­
m era década del siglo xx paralelam ente con otros aspectos de ex­
portación agrícola, y en 1910 la relación agricultura-ganadería en
las exportaciones era: ganadería, 43.2% , agricultura 52.8%.20
U n prerrequisito básico para el fom ento de la exportación ar­
gentina, era el abaratam iento del flete. E n esa época se había
abaratado el flete m arítim o y sólo hacía falta dism inuir el precio
del transporte p o r tierra (y desarrollarlo). P ara eso era necesaria
un a red de ferrocarriles, que hasta la década de 1870 tenia dim en­
siones muy limitadas. En 1874 comenzó u n a prom oción rápida de
los ferrocarriles, a un ritm o vertiginoso: de 1 331 kilóm etros de vías
férreas en 1874, se llegó a 13 682 kilómetros en 1892. El incre­
m ento de los ferrocarriles se m antuvo todo el tiem po y en 1916 se
llegó a 33 955 kilómetros.21 L a construcción de ferrocarriles em­
pezó como u n a obra del gobierno, pero en la década de 1880 pasó
a m anos foráneas, en especial británicas. E n esa época la Argen­
tin a se convirtió en la zona de inversiones preferida por los b ritá­
nicos, fuera del Im perio británico. L a afluencia de inversiones y
préstamos ingleses, que se intensificó d u ran te la presidencia de
J. A. Roca, llegó a su cúspide en la época del sucesor Juárez Celm an. El capital británico acudió en prim er térm ino a los ferro­
carriles, luego a las obras públicas (obras de salubridad en la ciu­
dad de Buenos Aires, la ciudad de La Plata, etc.), y finalm ente a
la construcción de puertos nuevos o al m ejoram iento de puertos
viejos.
En la época de Juárez Celm an se otorgaron numerosas conce­
siones a las com pañías extranjeras, en especial británicas. Este fe20 R . Cortés Conde, E. G allo, L a form ación de la A rgentina m oderna, op.
cit., p. 72; R . M. O rtiz, H istoria económ ica argentina, R aigal, 1955, t. II,
p p . 10-27; V. Vázquez Presedo, op. cit., p p . 175-191.
21
E. G allo, La R epública conservadora, op. cit., p p . 34-39; R . Cortés Conde.
L a R ep ú b lica conservadora, op. cit., p p . 129-145; R . M. O rtiz, H istoria Eco­
nóm ica, op. cit., t. I, pp. 226-300; R . Cortés C onde y E. G allo, La form ación
de la A rgentina m oderna, op. cit., pp. 55-58.

nómeno se expresó de u n m odo drástico en 1890-1891, cuando la
cr isis hirió tanto a la A rgentina como al Banco Baring, británico.
T am bién después de la crisis de 1890-1891, el capital británico si­
guió afluyendo a la Argentina. Asimismo se invirtieron capitales
franceses y belgas en las vías férreas, que eran el im án principal
que atraía inversiones foráneas.22 El desarrollo acelerado de los
ferrocarriles repercutió significativam ente en el fomento de la eco­
nomía, directa e indirectam ente, pues perm itió ajustarla a los re­
quisitos del mercado m undial, lo que contribuyó a m odernizar la
producción y estim ular la industria local.
L a gran expansión agrícola y el desarrollo de u n a red de trans­
porte im pulsaron considerablem ente al sector industrial entre 1880
y 1914, aunque no llegó a las alturas de la expansión agrícola. En
la década de 1880 la industria argentina seguía aún en pañales.
U n censo realizado en 1887 reveló que la mayoría de los estable­
cimientos fabriles censados podían ser tenidos aún por talleres de
artesanos. En esos años la industria nacional ocupaba u n lugar
sum am ente modesto dentro del conjunto de la economía. Pero el
desarrollo vertiginoso de la producción agrícola influyó en el pro­
greso de la industria por diversos caminos. En prim er térm ino, fa­
voreció la instalación de industrias que procesaban la m ateria pri­
m a destinada a la exportación, como los molinos harineros, frigo­
ríficos, refinerías de azúcar, etc. En segundo lugar progresaron las
industrias dirigidas a producir efectos utilizados por el sector agiopecuario o de transporte, tal como talleres de reparación de mate­
rial ferroviario y de m áquinas agrícolas.
No menos im portante fue la influencia indirecta sobre la indus­
tria. L a gran expansión agroexportadora produjo u n increm ento
sustancial en los ingresos de la población y en las masas de inm i­
grantes, que se tradujo en u n apreciable aum ento de la dem anda.
Dicha dem anda se canalizó rápidam ente hacia las industrias que
producían bienes perecederos, com o por ejem plo los de la alim en­
tación y el vestido (textil, etc.).23 U na influencia indirecta adi­
cional, ligada al desarrollo de la red de transporte y a la unifica­
ción de la economía nacional, fue la expansión de productos in22 Vázquez Presedo, op. cit., pp. 25-68; E. G allo, La R epú b lica conservadora,
op. cit., p p . 36-39.
23 A. D orfm an, H istoria de la industria argentina, B uenos Aires, ed. Solar,
1970, p p . 201-220; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora, op. cit., p p . 32-34;
E. G allo, “A grarian expansion a n d in d u stria l developm ent”, en St. A n to n y ’s
papers, num . 22, O xford, pp. 48-56; R . Cortés Conde, “ Problem as del crecim ien­
to in d u stria l”, en A rgentina, sociedad de masas, pp. 71-84; L. G eller, “ El creci­
m iento in d u stria l arg en tin o h asta 1914 y la teoría del bien p rim a rio e xpor­
tab le”, E l T rim estre E conóm ico, pp. 788-792, 809-811.

dusuiales lugareños e im portados que desplazaron a los productos
de artesanado local y provocaron la decadencia de las in dustrias
artesanales en el interior.24
Los gobiernos argentinos no perm anecieron inactivos en este
campo y coadyuvaron al desarrollo industrial m ediante leyes y re­
glam entaciones (la ley de aduana de 1876 y sus posteriores regla­
mentaciones de 1883 y 1887, las leyes de 1891, etcétera).
La política de protección a la industria local se notaba y era
eficaz en las industrias de azúcar y vino,25 y menos enérgica en
otras. Los medios proteccionistas no abarcaron todos los tipos de
industria y las medidas de em ergencia (por ejem plo en 1891) no
fueron recibidas con beneplácito entre los im portadores, ni entre
los exportadores y sus asociados, que tem ían las represalias de paí­
ses de allende el Atlántico. Cabe decir que las industrias jóvenes
en la A rgentina tuvieron que luchar por su posición. Las indus­
trias de artículos de consumo que abastecían las grandes necesida­
des de la población, debieron com petir con los artículos importados
de Europa. O tra dificultad apreciable fue la necesidad de im portar
una parte considerable de la m ateria prim a de esas industrias, así
como los altos aranceles aduaneros que se debía pagar por ella.26
C on el trasfondo de estas dificultades, asom aron los primeros
intentos de los industriales de organizarse, a fin de pedir al go­
bierno la adopción de varias m edidas de carácter económico pro­
teccionista. En un comienzo las tentativas de organización abar­
caron sólo círculos industriales. En 1887 se asociaron todos los
grupos y form aron la U nión Industrial Argentina. La UIA creció
en im portancia gradualm ente, y centralizó las actividades de un
conjunto numeroso de asociaciones locales, promovió el estableci­
m iento de nuevas industrias, criticó las deficiencias de tarifas y
tomó parte en peticiones y negociaciones. En 1899 organizó una
im portante reunión industrial donde tom aron parte tam bién los
obreros de este sector.27 La UIA trató a menucio de divulgar la
idea de “una com unidad de intereses” para el capital y el trabajo
dentro del sector industrial, pero los sindicatos prefirieron en aque­
llos años actuar como representantes de consumidores urbanos y
oponerse a todo proteccionismo (véase más adelante).
24 A. D orfm an, op. cit., pp. 212-213; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora,
op. cit., p. 34.
25 A. D orfm an, op. cit., pp. 212-213; Vázquez Presedo, op. cit., pp. 217-222;
R. O rtiz, op. cit., t. I, pp. 191-193; t. II, p p . 136-140.
26 R . Cortés C onde y E. G allo, La form ación de la A rgentina m oderna, p. 76;
Vázquez Presedo, op. cit., p . 215.
27
A. G uerrero, La industria argentina, Buenos Aires, 1944, pp. 91-110; Váz­
quez Presedo, op. cit., p. 216.

En cuanto al carácter del desarrollo industrial y su alcance, en
la época de referencia, sirven de testimonio los datos de los censos
de 1895, 1908 y 1914. Los datos sobre capitales invertidos, núm e­
ro de establecimientos, personas empleadas, fuerza m otriz y valor
de la producción indican una expansión efectiva e im portante:28

N ú m er o de esta b lecim ien to s
M iles de H . P. instalad os
M iles d e personas em p lead as
M iles d e pesos-pap el in vertid os
P rod u cción an u al en m illo n e s d e pesos-papel

1895

1914

24 144
60.0
174.8
327.4
340.9

48 779
678.7
410.2
1 787.6
1 861.8

Respecto a las diferencias sobresalientes entre el aum ento del
núm ero de empresas y el alcance de la producción o el valor de
ellas, sirve de prueba el proceso de concentración y de capitaliza­
ción de las industrias más im portantes al que corresponde, por otro
lado, la liquidación de los abundantes pequeños talleres d e carac­
terísticas casi artesanales. U no de los rasgos adicionales que dis­
tinguen al proceso de crecim iento de la industria, se expresa en el
hecho de que la m ayoría de las industrias se radicaron en la zona
litoral. Allí se encontraban, en 1914, el 70 % de los establecimien­
tos, el 79 % de la producción, el 72.1 % de los capitales y el 76.5 %
del personal.29 U n examen del tipo de producción industrial en
el litoral, nos m ostrará la naturaleza de esta industria liviana de
artículos de consumo y servicios públicos.30
U na línea peculiar adicional y muy significativa de la industria
argentina en esa época, es el alto porcentaje de extranjeros (es
decir inm igrantes, nuevos y más antiguos) tanto en carácter de
patronos como de obreros. T am bién en este tema nos valdremos
de los censos de 1895 y 1914. En 1895 los extranjeros constituían
el 84.2 % de los propietarios de empresas industriales y el 63.3 %
de los operarios. En 1914, en cambio, eran el 76 % de los pa28 R . Cortés Conde, “ Problem as d el crecim iento in d u stria l”, en Argentina,
s o c i e d a d . .. , op. cit.; véase Vázquez Presedo, op. cit. p p . 127-216.
29 R. Cortés Conde, "P roblem as del crecim iento in d u stria l”, en Argentina,
sociedad. . . , op. cit., p. 82; R . Cortés C onde y E. G allo, op. cit., p p . 77-78.
30 Vázquez Presedo, op. cit., p p . 222-224; A. D orfm an, op. cit., p p . 201-212
y 273-280; R. O rtiz, Historia económica argentina, op. cit., II, pp. 198-207. Un
testim onio im p o rta n te de p rim e ra fuente sobre el carácter in d u stria l arg en ti­
no p u e d e hallarse en "In fo rm e presentado al P arlam ento britán ico p o r sir T.
W o rth in g to n ”, Parliamentary papers, vol. XCVI, 1899, apéndice V, p p . 33-41.

trones de empresas industriales y el 52.6 % de los obreros.31 En
cuanto al “im pacto" general del desarrollo industrial en Argentina,
señalaremos la concentración de la actividad en las provincias lito­
rales, donde se sumó a la expansión agrícola y en conjunto llevó
a la concentración creciente de la población en la zona, lo que
deparó u n aum ento del porcentaje de la población del litoral junto
con la del G ran Buenos Aires, del 66 % en 1895 al 72 % en 1914.
Esta aglomeración de la población en el litoral intensificó la
tendencia a la urbanización (que se debía tam bién a otros facto­
res: por ejemplo, a la concentración de los inm igrantes en las
grandes ciudades) y vemos, de 1895 a 1914, u n aum ento de la po­
blación urbana del 37 % al 53 % (la población residente en las
grandes ciudades, de más de 20 000 habitantes, aum entó en esa
época de 2 4 % a 36% ).
U n cambio im portante y significativo se inició entonces en la
estructura ocupacional de los pobladores, al aum entar la gravita­
ción de los ocupados en los sectores secundario y terciario, en
tanto que descendía el peso de los ocupados en el sector prim ario,
en especial al fortalecerse los estratos medios, que en 1914 ya cons­
titu ían el 33 % de la población activa.32
En líneas generales puede decirse que la vida económica adqui­
rió una mayor com plejidad como consecuencia de la aparición de
nuevas actividades económicas (debido al auge industrial en el pe­
ríodo 1895-1914, sustitutivo de la vieja artesanía) que perm itieron
la inserción de nuevos grupos en el proceso económico. Este pro­
ceso de organización y am pliación de la actividad económica, se
n u trió en otro proceso que se operaba al mismo tiem po en la
A rgentina: la afluencia masiva de inm igrantes.

LA GRAN INM IGRA CIÓ N A LA ARGENTINA

De 1880 a 1914 afluyeron aluviones masivos de inm igrantes a la
Argentina, que dejaron u n saldo total de inm igración neta de
3 034 000 almas, y fueron un factor im portante que causó un cre31 R. Cortés Conde, A rgentina, sociedad de masas, op. cit., pp. 70-71 y 74-78;
R . Cortés C onde y E. G allo, op. cit., p. 85; A. D orfm an, op. cit., p. 209; H.
G orostegui, G. B eyhaut, R. Cortés Conde, ‘‘Los inm igran tes en el sistem a
o cupacional”, en A rgentina , sociedad de masas, p p . 117-118; D el Valle Iberlucea,
‘‘Industrialism o y socialism o”, en R evista Socialista Internacional, 15 de m arzo
de 1909, p p . 272-273; G. G erm ani, La estructura social, ed. R aigal, Buenos
Aires, 1955, p. 223.
32 G. G erm ani, La estructura social, op. cit., p p . 58-59, 69, 218-225; S. Bagú,
op. cit., pp. 118, 26-31; R . Cortés C onde y E. G allo, op. cit., pp. 82-83.

cim iento im presionante de la población: de un núm ero de 2 492 000
habitantes en 1880, a 7 885 000 en 1914. El resultado directo de
esta inm igración masiva fue que en 1914 un tercio de la pobla­
ción del país estaba form ada por extranjeros (gente llegada poco
tiempo antes) y el porcentaje de inm igrantes con respecto a la
población nativa era el más alto del m undo. La gran inm igración
a la A rgentina acaecía en momentos en que corrientes im presio­
nantes de emigrantes fluían de Europa a otros continentes. Argen­
tina era uno de los principales países de destino y acogió al 17 %
de la emigración total de E uropa en esa época.33 Esta inm igra­
ción de glandes dimensiones se convirtió en un fenómeno funda­
m ental, sin el cual no es posible com prender el desarrollo de la
Argentina moderna. J u n to a las fuerzas inm anentes que actuaron
aquí, se debe tom ar en consideración el esfuerzo consciente y pre­
m editado de la élite gobernante para desarrollar y m odernizar la
economía de la R epública, poblar y trabajar sus tierras, am pliar su
fuerza laboral y prom over la europeización de la población.34
La tendencia a estim ular la inm igración a la A rgentina de E uro­
pa, se acentuó inm ediatam ente después de la independencia; pero
sólo con la C onstitución de 1853 se le dio expresión sólida y se in­
cluyeron cláusulas explícitas al respecto (los Artículos 14, 20 y 25).
En 1876 se dieron pasos concretos, al crearse el D epartam ento de
Inm igración y agencias de propaganda en el exterior, al subsidiarse
los pasajes y facilitarse el período inicial de la estada en el país.35
El gobierno estaba interesado prim ero en la absorción de inm i­
grantes con conocimientos agrícolas, por lo que prefería a los lle­
gados de E uropa septentrional y occidental; pero al iniciarse la
época de la expansión, en la década de 1880, hubo u n a gran de­
m anda de m ano de obra y de operarios tam bién en el sector urba­
no, p o r lo que las preferencias anteriores se postergaron y empezó
a absorberse tam bién inm igrantes sin selección. En esos años las
principales corrientes inm igratorias procedían de E uropa m eridio­
nal y central, p o r lo que se creó una situación de arribo masivo
de inm igrantes de Italia y España, y en grado algo m enor de F ran­
cia, G ran Bretaña, etcétera.36
33
G. G erm ani, Política y sociedad en una época de transición, op. cit.,
pp. 182-185; V. Vázquez Presedo, op. cit., pp. 87-89, 92, 133-134; J. A. Alsina,
La inm igración en el p rim e r siglo de la independencia, B uenos Aires, 1910,
pp. 41-42; G. G erm ani, La estructura social en la A rgentina, op. cit., pp. 81-90.
34 G. G erm ani, Política y sociedad, op. cit., p p . 181-182.
35 J. A. Alsina, op. cit., pp. 143-201; E. G allo, H istoria, p p . 51-54.
36 G. B eyhaut, R. Cortés Conde, H . G orostegui, S. T o rra d o , op. cit., en
A rgentina, sociedad de masas, p p . 94-98.

P ara los emigrantes de Italia, A rgentina era el segundo destino
en im portancia, después de Estados U nidos.37 Esta inm igración,
em pujada por fuerzas vigorosas en el país de origen a fines del
siglo xix, trasplantó a la A rgentina hom bres llegados sobre todo
del norte,38 en su mayoría campesinos, pero tam bién supo de una
población considerable de pescadores y m arineros de Génova (se
concentraron en el suburbio de la Boca, en Buenos Aires). A partir
de la década de 1890 arribaron m uchos italianos albañiles y traba­
jadores no calificados, para cum plir labores en obras públicas
(construcción de vías férreas, carreteras, etc.). Estos operarios se
aglom eraron en las ciudades, com ponían el grueso de la m ano de
obra para los trabajos públicos, en la construcción y en las fábricas.
Muchos de ellos eran la mayoría activa en los prim eros sindicatos
obreros grandes (véase más adelante); a comienzos del siglo xx la
mayor parte de los inm igrantes italianos se concentraban en las
grandes ciudades y su núm ero gravitaba en los suburbios, en donde
generalm ente residían los trabajadores.39
El segundo lugar en im portancia num érica, en ese entonces, le
correspondió a la inm igración de España. T am bién en la península
ibérica presionaban fuerzas expelentes sobre todo en los sectores
campesinos. Muchos em igrantes españoles partieron a la Argentina
en la segunda m itad del siglo xix, pero el aluvión masivo se pro­
d u jo en 1904 y superó inclusive al núm ero de los italianos.40 A
diferencia de los italianos, que se dividieron entre campesinos y
habitantes de las grandes urbes, los españoles se ubicaron en las
grandes ciudades y se consagraron principalm ente al comercio y a
los servicios públicos. Los italianos y españoles constituyeron el
grueso de la inm igración a la A rgentina en las postrim erías del
siglo xix. Se integraron m ejor que los inm igrantes de otras latitu ­
des, debido a la ráp id a adaptación al idioma, a la cultura, a la
m entalidad, etc., prevalecientes. Gracias a su adaptación afortuna­
da, se convirtieron en la base de absorciones posteriores, cumplidas
por parientes, amigos, etc. Al mismo tiempo, dificultaron la absor­
37 Salvo los años 1888, 1891-1898 y 1901-1902, cuando B rasil la superó; véase
V. Vázquez Presedo, Estadísticas históricas argentinas (com paradas) 1875-1914,
B uenos Aires, M acchi, 1971.
38 Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. cit., p. 98.
39 Sobre los inm igrantes italianos a la A rgentina, véase R . Foerster, Italian
em igration o f our tim es, A rno Press, N ueva York, 1969, p p . 226-278; S. Baily,
“T h e Italian s a n d organized lab o u r in th e U . S. a n d A rgentine, 1880-1910” ,
en T h e In tern a tio n a l M igration R eview , vol. I, n ú m . 3, 1967; Vázquez Presedo,
E l caso argentino, pp. 95-103.
Vázquez Presedo, E l caso argentino, p p . 104-105; Estadísticas históricas ar­
gentinas, p p . 39-47.

ción de inm igrantes de otras latitudes, de m entalidad y lengua dis­
tintas. Los inm igrantes de E uropa occidental —Francia, G ran Bre­
taña, Bélgica, etc.—, que llegaron en núm ero considerable antes
de las olas inm igratorias masivas, dism inuyeron a p artir de la dé­
cada de 1880. U na inm igración masiva adicional afluyó a fines del
siglo x ix y comienzos del xx, de las comarcas del Im perio otomano,
del Im perio austrohúngaro y de E uropa oriental, y entre ellos
había u n porcentaje glande de judíos. Esta inm igración se encauzó
prim ero a las zonas de colonización y levantó poblados agrícolas
en las provincias de Santa Fe, E ntre Ríos y Buenos Aires, pero al
poco tiem po se dirigió a las zonas urbanas.41
La mayor parte de la inm igración en masa a la A rgentina, du­
rante la década de 1880, se vio atraída por la imagen de la prospe­
rid ad económica y por la creencia de que cualquiera podía intentar
hacer fortuna. Los rum ores sobre la prosperidad se propagaron en
los países de origen y despertaron esperanzas grandes en los secto­
res de migración; esas esperanzas eran en general exageradas. El
cuadro que se obtiene de la emigración indica que las grandes co­
rrientes inm igratorias coincidieron con los “booms” económicos, y
que la decadencia corresponde a los períodos de crisis. El ejemplo
prom inente es la crisis de 1890-1891, que provocó la contracción
drástica de la inm igración a la A rgentina. Pero apenas asomaron
indicios de recuperación económica, en la década de 1890, volvie­
ron a crecer las olas inm igratorias y alcanzaron dimensiones cum­
bres en la segunda m itad de la prim era década del siglo xx.42
El arribo masivo de inm igrantes hizo un “im pacto” considera­
ble en la estructura social y demográfica argentina. La mayoría
de los extranjeros se concentraron en profesiones y renglones vincu­
lados con la expansión económica, prim ero en la agricultura y lue­
go en la infraestructura y en ram as industriales, en zonas de las
provincias del litoral y en la ciudad de Buenos Aires, donde tenía
lugar esa expansión. Ello llevó a una concentración m uy grande
de “extranjeros” en los sectores más im portantes desde un punto de
vista económico, en las grandes urbes, y en la población masculina
de edad laboral.43 Eso influyó tam bién en la estructura ocupacio41 Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. cit., pp. 114-117, 124-133; G. G er­
m ani, P olí tica y sociedad, p p . 184-185; J. A. Alsina, op. cit., p. 22. Sobre los
judíos e n la A rgentina véase Ja im Avni, A rgentina, tierra de destino (en hebreo),
Jerusalén, 1973.
42 G. B eyhaut, R . Cortés Conde, H . G orostegui, S. T o rra d o , A rgentina, So­
ciedad de masas, p p . 116-118; L. G eller, op. cit., p. 772; Cortés C onde y E. G a­
llo, op. cit., p p . 48-50; E. G allo, La R ep ú b lica conservadora, p. 52; R . Cortés
Conde, L a R epú b lica conservadora, p. 165.
43 G. G erm ani, “La m ovilidad social en la A rg e n tin a ”, en L ipset, Benedict,

nal. A unque la m ayoría de los inm igrantes declaraban al llegar
que eran campesinos (60-70 %) —y sin duda pertenecían a los sec­
tores pobres de sus países de origen— comprobamos empero un
proceso evidente de fortalecim iento de los sectores medios en la
población argentina en las zonas de absorción principales de los
inm igrantes.44 Los extranjeros evidenciaron ap titu d de m ovilidad
excepcional, más que los lugareños, y por ello, aunque la mayoría
declaró al ingresar al país que pertenecían a la ram a prim aria, el
increm ento ocupacional de extranjeros en la agricultura y ganade­
ría entre 1895 y 1914 fue de 67 000 personas, m ientras que las
industrias y artes m anuales registran un aum ento de 218 000 ex­
tranjeros, 94 000 en el comercio y 21 000 en transportes. En esos
sectores los extranjeros constituyeron u n factor decisivo en las ca­
pas obreras, y su aparición masiva en esos dom inios generó la base
del proletariado argentino, a p a rtir de la década de 1890.45
T am b ién en las propias capas obreras se notaba una “m ovili­
d a d ” apreciable, que se expresó en el aum ento del porcentaje de
obreros independientes hasta 1895, y en su declinación posterior.
Este descenso se vincula con la caída de la producción artesanal y
el surgim iento del proletariado industrial, entre 1895 y 1914.46
El proletariado se am plió constantem ente por los aluviones de
inm igrantes que, en parte considerable (sobre todo los italianos y
españoles), fueron atraídos a la A rgentina por el nivel del salario,
muy superior al de sus países de origen.47 U na investigación de
A. Bunge sobre salarios y obreros com parados (en vísperas de la
prim era guerra m undial), en relación con Estados Unidos, Ingla­
terra, Francia y Alemania, señala que el salario nom inal prom e­
dio de la fam ilia común en la A rgentina, ocupaba el segundo
lugar, después de Estados U nidos de América. Pero en com para­
ción con el salario fam iliar real (cotejado con precios de vivienda,
artículos de consumo y alim entación), se com prueba que los salarios
en la A rgentina son inferiores a los de Estados Unidos en 32 %, a
La m ovilidad social, pp. 319-321; G. G erm ani, E structura social, p. 81; Vázquez
Presedo, Estadísticas, op. cit., p. 26; E. G allo, L a R epú b lica conservadora,
p p. 54, 78-80; R. Cortés Conde, H istoria argentina, t. v, p. 170.
44 G. G erm ani, M ovilidad social, pp. 350-351; G. G erm ani, P olítica y socie­
dad, p. 189; E. G allo, L a R ep ú b lica conservadora, p. 54; G. B eyhaut y colabo­
radores, en A rgentina, sociedad de masas, op. cit., p. 95.
45 L. G eller, op. cit., p. 805; R . Cortés Conde, La R epú b lica conservadora,
pp. 172-173, 215; G. B eyhaut y colaboradores, op. cit., pp. 94-112, 117-120; Váz­
quez Presedo, E l caso argentino, op. cit., p . 139; G. G erm ani, E structura social,
pp. 205-209, Política y sociedad, pp. 194-195; A. D orfm an, op. cit., p p . 206-207.
46 R . Cortés C onde, La R epública conservadora, p. 176.
47Vázquez Presedo, E l caso argentino, op. cit., pp. 135-137.

los de Francia en 12 %, a los d e Inglaterra en 9 %, a los de Ale­
m ania en 3 % .48 Si se tiene en cuenta que la comparación se hace
con países desarrollados industrialm ente, es indudable que coteja­
do con los países de origen principales de los emigrantes, el nivel
de salario relativam ente alto en la A rgentina sirvió de factor de
atracción.49
Cabe señalar que se trata del salario relativo, com parado con
otros países. E n cuanto al salario obrero real en A rgentina, la ten­
dencia general es de declinación (con ciertas oscilaciones de ascen­
so) desde la década de 1880 hasta 1899.50 (Un análisis más detallado
del salario obrero en la época que media entre 1899 y 1905, se
intercalará en el examen posterior, por lo que nos abstenemos de
hacerlo ahora más m inuciosamente.)
La transform ación en la A rgentina que se estudió hasta ahora,
configura el trasfondo histórico, político, económico y social en
que se gesta la clase obrera argentina y el surgim iento de las
corrientes anarquistas. La interrelación de ambos fenómenos —en­
tre 1897 y 1905— es el tema de la investigación y del examen
que insertamos seguidamente, pero consideramos indispensable pre­
cederlo con una descripción sucinta del surgim iento de los círculos
anarquistas en la época entre los años 1880 y 1897.

MALATESTA Y LOS ANARQUISTAS DE LA DÉ CADA DE

1890

Las grandes olas inm igratorias que llegaron a la A rgentina desde
1880, trajeron un núm ero considerable de trabajadores conscien­
tes, cuyo pasado se rem ontaba a la actividad intensa en grupos
revolucionarios de Europa y en las células de la I Internacional,
sobre todo de España e Italia; entre ellos, por supuesto, algunos
4 8 A. Bunge, R iqueza y renta de la A rgentina, Buenos Aires, 1917, pp. 257275.
49 L. G eller, op. cit., p p . 806-809.
50 Esta idea es com partida p o r la m ayoría de las investigaciones sobre el
tem a: J. P a n e ttieri, Los trabajadores, B uenos Aires, Jorge Álvarez, 1968, pp. 5990; A. D orfm an, op. cit., p p . 199-201, 250-251; E. G allo, La R epú b lica conser­
vadora, pp. 85-86, 99; R . Cortés Conde, La R ep ú b lica conservadora, p. 216.
Una idea d iferente en este tem a, respecto a los años de la década de 1890, es
expresada p o r Cortés C onde en La R epú b lica conservadora, p. 221, nota 39 bis.
Sobre el problem a de la d isp a rid a d e n tre la elevación del salario no m in al y
su valor real, véase tam bién W illiam s, A rgentina international trade, under
inconvertible paper m oney, C am bridge, EU, H a rv ard U niversity Press, 1920,
pp. 195-196.

anarquistas. H. M attei, uno de los m ilitantes centrales del movi­
m iento anarquista argentino hasta comienzos del siglo xx, se contó
entre los primeros anarquistas que llegaron al país con esas olas
inm igratorias. M attei nació en Livorno, Italia, en 1851, e inició sus
actividades en la Internacional en 1868. Por esa actividad debió
exiliarse en Marsella, donde siguió actuando y fue el secretario de
un grupo de propagandistas anarquistas. T am bién ahí lo persiguie­
ron y huyó a la Argentina. En Buenos Aires trabajó como tenedor
de libros y enseguida se vinculó con grupos de anarquistas italia­
nos, que operaban en el lugar desde 1884, a través del Círculo Co­
m unista Anárquico. Era una círculo muy pequeño, formado en
su m ayoría por obreros panaderos, ebanistas, grabadores y que se
fijó por meta propagar la ideología anarco-comunista entre los tra­
bajadores, por medio de asambleas, discusiones públicas, folletos y
otras publicaciones. El círculo estaba muy influido por la línea
del periódico La Questione Sociale, que aparecía en Florencia,
Italia, bajo la dirección de E. M alatesta, así como por el periódico
La Révolte, que se publicaba en París. Los dos periódicos eran
repartidos gratis, como una función de propaganda del círculo.
La adhesión a los grupos anarquistas, en esos años, se cum plía
en base al país de procedencia. A parte de ese círculo italiano, se
tiene noticias sobre actividades de anarquistas españoles, de un
grupo holandés y uno belga. A este últim o perteneció Ém ile Piette, anarquista belga activo que llegó a la A rgentina en 1885 y
fundó el negocio Librería Internationale, donde aparte de vender
libros anarquistas se creó el pu n to de cita para los elementos revo­
lucionarios en Buenos Aires.51
E n 1885, poco después de fundarse los prim eros grupos anar­
quistas, llegó a la A rgentina Errico M alatesta, ya entonces una
personalidad de renom bre entre los propagandistas anárquicos
m undiales. De Italia se dirigió a la Argentina, cuando huyó de la
orden de arresto que se im partió contra su persona en Florencia.
E n su h u ida se le sum aron varios camaradas italianos activos en la
In te rn a c io n a l. Este grupo no vino a la A rgentina con fines de
propaganda, según parece, sino para conseguir asilo por algún
tiempo. E ntre los motivos que llevaron a M alatesta a dirigirse
a la A rgentina, resaltaba la creencia de que podría reunir dinero
con rapidez para com prar una pequeña im prenta en Europa, que
le perm itiera im prim ir m aterial anarquista. Además tomó en cuenD. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 31-33, 38; G.
Zaragoza R uvira, “ E rrico M alatesta y el anarquism o a rg en tin o ” , en H istorio­
grafía y bibliografía americanistas, vol. xvi, n ú m. 3, diciem bre de 1972, Sevilla,
pp. 406-407.

ta la existencia en Buenos Aires de un núcleo receptor anarquista,
el Círculo Com unista A nárquico, que seguram ente estaba en con­
tacto con grupos italianos y con M alatesta.52
Al llegar a Buenos Aires, M alatesta, que era u n mecánico elec­
tricista, trabajó en labores físicas. Prim ero trató de hacerlo en un
pequeño taller con su com pañero anarquista N atta; al no tener
éxito, se encaminó a otras tareas (M. N ettlau, en la biografía sobre
M alatesta, afirm a que tam bién elaboraba vinos). En 1886 partió
con otros camaradas italianos a u n viaje de aventuras por el sur de
la Patagonia. El viaje fue m otivado por las noticias de u n “gold
rush” en la costa patagónica del Cabo de las Vírgenes. Pensaban
que se les presentaría allí la oportunidad de recaudar m ucho dine­
ro para la propaganda en Europa, pero pronto se convencieron del
error. El viaje concluyó en u n fracaso decepcionante y después
de tres meses de padecim ientos en el sur helado, se salvaron en
una lancha del correo argentino.53
De regreso a Buenos Aires, M alatesta se sumó a la actividad pro­
pagandística del círculo de Estudios Sociales que fundara antes de
p artir a la Patagonia. Este Círculo se parecía por sus tendencias
al Círculo Com unista A nárquico, que subsistía paralelam ente; pro­
pagaba la ideología anarquista entre los obreros, sin plegarse or­
gánicam ente a las agrupaciones de trabajadores que ya funcionaban
en Buenos Aires y sin m antener una esfera orgánica perm anente.
La actividad de Errico M alatesta se centraba principalm ente en­
tre anarquistas italianos, y se sabe que lo acom pañaban varios
anarquistas españoles. Es interesante señalar que no se sabe de
cooperación por su p arte con el grupo belga-francés, ligado a la
Librería In tern atio n ale de E. Piette. E. M alatesta, que no hablaba
español, no se abstuvo de disertar en asambleas ni en las reuniones
obreras, sea en las inform ales que tenían por escenario diversos
cafés o cervecerías de la capital, sea en las celebradas en el salón
de actos del club Vorwärts, o de alguna asociación patriótica italia­
na. En sus discursos insistía en la necesidad de convertir los gre­
mios de oficio en auténticas sociedades de resistencia.54
Ju n to con su actividad de propagandista oral, M alatesta se esme­
ró mucho, asimismo, por cum plir una propaganda por escrito. Ya
el 22 de agosto de 1885, poco después de su llegada a Buenos Aires,
fundó el periódico anarquista italiano La Qu estione Sociale, de
52 G. Zaragoza R uvira, op. cit., pp. 405-406.
53 Ib id ., pp. 410-411; véase tam bién M ax N e ttla u , Errico M alatesta, ed. La
P rotesta, Buenos Aires, 1923, p p . 140-143; M ax N om ad, R ebels a n d renegades,
ed. Mac M illan, N. Y., 1932, p. 21.
54 G. Zaragoza R uvira, op. cit., p. 413.

igual form ato que el periódico de Florencia. Se publicaron 14 nú­
meros y dejó de aparecer en 1886. Poco después de que cesara La
Questione Sociale, empezó a publicarse en Buenos Aires otro perió­
dico anarquista en lengua italiana, I l Socialista, Organo dei Lavoratori, dirigido por H. M attei. T ra ía muchos artículos de propa­
ganda anarquista, copiados de la prensa europea. Pero cabe señalar
que en sus números no se insertó ninguna linea de M alatesta.55
E n 1887 le correspondió a M alatesta una actividad intensa y de
influencia a largo plazo para el desarrollo del anarquism o en la
Argentina. Ese año, varios obreros panaderos anarquistas, con
la ayuda activa de H. M attei, director de I l Socialista, procedieron
a fundar un sindicato obrero como Sociedad de Resistencia y Colo­
cación. Se fundó el 4 de agosto de 1887. G erente de la sociedad
fue elegido M attei, quien desempeñó ese cargo hasta octubre de
1896. Con él quedó garantizada la continuidad de la ideología
anarquista en el sindicato.56 P ara redactar los estatutos y regla­
mentos internos se pensó en E. M alatesta, quien no rechazó la
solicitud.
En esos reglamentos, que redactó M alatesta, destaca la visión del
sindicato como órgano de resistencia y solidaridad de clase. Resal­
ta la convicción de la im portancia que tiene la organización federal
(lugareña, regional o territorial) y se señala la tendencia a llegar
a u n a Federación Regional A rgentina de Trabajadores, así como a
la solidaridad internacional. Se puede señalar que el único ele­
m ento con tonalidad anarquista, aparece en el artículo 7: “Esta
sociedad no debe inmiscuirse en cuestiones políticas.” Estos esta­
tutos sirvieron de modelo a muchos otros creados en esa década por
m ilitantes anarquistas. Sabemos de esta orientación entre zapateros,
zingueros, obreros mecánicos.57
T ras su contribución a la preparación de reglam entos para el
Sindicato de Obreros Panaderos, M alatesta prosiguió siendo acti­
vo en esa asociación. Sobre todo descolló en la prim era huelga
que proclamó este sindicato en enero de 1888.58 El par o duró 10
días y finalizó con logros considerables de los obreros. Su im por­
tancia residió en el hecho de que inició una ola relativam ente gran­
de de huelgas, que se prolongó casi hasta 1890. Ese año se celebra­
55
Ib íd ., p. 414. El a u to r se p lan te a a q u í si no hay q u e ver u n signo de re­
yerta e n tre M alatesta y M attei. P ero no hay pruebas. La cuestión subsiste.
56
D. A bad de Santillán, op. cit., p p . 36-37; G. Zaragoza R uvira, op. cit.,
p. 415.
57 G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p p . 415-419.
58 S. M arotta, E l m ovim iento sindical argentino, ed. Lacio, Buenos Aires,
1960, pp. 43-46.

ron muchas asambleas obreras y usaron de la palabra anarquistas
activos, ju n to con socialistas. Su presentación conjunta despertó el
rencor de la policía y de la prensa. Por otra parte, empero, se vie­
ron em pujados a una aproxim ación. E ntre los anarquistas que
hablaron al lado de los socialistas, ese año, se contó tam bién M ala­
testa. Del inform e de sus discursos, se com prueba que se centraba
en dos puntos principales: unidad de “la familia anarquista” y
acercamiento al ala socialista, y fom ento del m ovim iento huelguís­
tico.59
E n 1888-1890 resaltó la agitación obrera y fue notable el núm ero
de huelgas, así como su alcance. P araron los domésticos de la ciu­
dad de Buenos Aires, fue m uy grande el núm ero de participantes
y obtuvieron logros evidentes; tam bién pararon los ferroviarios, za­
pateros, obreros de los trabajos del Riachuelo, peluqueros, gráficos,
cigarreros, albañiles y otra vez, en 1890, los panaderos.60
Sobre la actividad de M alatesta en las huelgas de 1888, las noti­
cias son breves: aparte de su participación en el paro de los pana­
deros, se sabe que tomó parte intensa tam bién en la huelga de
zapateros (otro gremio creado por los anarquistas) y que, ju n to con
M attei y Rebassa, redactó el m anifiesto de los huelguistas, en el
que se presenta a la huelga como una expresión de la lucha de cla­
ses y se enarb ola el “derecho de huelga” de los trabajadores.61
E. M alatesta cum plió u n papel activo y significativo en las dis­
cusiones internas del anarquism o argentino. La controversia p rin ­
cipal se centraba entre los organizadores y los antiorganizadores.
M alatesta defendía a los organizadores, pero tam bién representaba
al com unism o anárquico de los antiorganizadores. T a l vez esta
situación-puente de M alatesta le perm itía servir de m ediador en
la discusión im portada de España, donde se suscitaron acerbas po­
lémicas, a comienzos de la década de 1880, en los congresos de la
Federación O brera de la Región Española convocados en Barcelo­
na: los rivales eran, por u n lado, los adictos a la corriente colec­
tivista-organizadora, y por el otro los grupos m inoritarios anarcocomunistas antiorganizadores.62 Los anarquistas españoles que
em igraron a la A rgentina llevaron consigo sus controversias, y en
la época de M alatesta había en la A rgentina muchos adictos a la
59
G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p .
416.
60
S. M arotta, op. cit., p p . 46-72.
61
G. Zaragoza R uvira, op. cit., pp. 417-418; S. M arotta, op. cit., pp. 56-59.
62
G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p.417. Sobre las discusiones con los anarcocom unistas antiorganización en la Federación O brera de la R egión E spañola,
véase el lib ro de M ax N e ttla u , La p rem iére internationale en Espagne, caps, xxi
y x x ii, pp. 475-488, 501-505.

corriente anarco-comunista antiorganizadora. Por su influencia se
obvió el em peoram iento de la lucha interna.
E n 1889 M alatesta volvió a Europa. Su partida influyó directa­
m ente en las campañas ideológicas dentro del anarquism o argenti­
no. Gonzalo Zaragoza R uvira, quien estudió la actividad de M ala­
testa en la A rgentina, lo juzgó del siguiente modo: “Si fue la
personalidad de M alatesta la que evitó las escisiones, asegurando
el puente entre ambas, su partida hizo que estallaran las divisio­
nes. Con ellas, se pudo identificar el anarquism o con las tenden­
cias del ala más radical, y así desacreditarlo. Q uedaría, de esta
forma, u n hueco en la ideología de la clase obrera, que no podía
aceptar el anarquism o de la acción directa y la catástrofe revolu­
cionaria.. . ” 63

DISGREGAMIENTO Y ORGANIZACIÓN A FIN ES DE LA DECADA DE

1880

Son pocas las noticias sobre el m ovim iento anarquista en la Argen­
tina en los primeros años después de la partida de M alatesta. D.
Abad de Santillán (basándose en u n artículo de Augusto Kühn
que se publicó en el núm ero de N uevos Tiem pos del 1 de mayo de
1916), describe el quehacer en el seno de los trabajadores argen­
tinos a fines de la década de 1880: “ ...T ras la partida de M ala­
testa comenzó la desconexión del anarquism o, con su continua
separación y refundición de grupos.” 64
U n testimonio com plem entario del desm oronam iento lo refleja
otra descripción de esa época. El anarquista M. Reguera, en una
serie de artículos publicados en La Protesta, el 21-23 de enero de
1909, destaca que el disgregamiento de los grupos anarquistas
en 1889 era tan grande, que los anarquistas arribados con la nue­
va ola inm igratoria tuvieron que empezar todo de nuevo. El autor
relata que tres anarquistas españoles llegados a Buenos Aires, que
se radicaron en el suburbio de Almagro, quisieron entablar con­
tacto con otros anarquistas de la ciudad y celebrar con ellos una
reunión. “Acordaron insertar u n llam ado en el semanario El Pro­
ductor, de Barcelona, periódico que tenía difusión bonaerense, para
una fecha determ inada, como para coordinar la reunión inicial de
aquel grupo.” El anuncio logró su m eta y otros tres compañeros
contestaron al llamado. Los seis se lanzaron a u n a labor propa­
gandística intensiva. Según M. Reguera, triplicaron sus filas. “Esta
63 G. Zaragoza R uvira, op. cit., p. 421.
64 D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 39.

obra fecunda pudo ser hecha por los compañeros cuando no pri­
m aban las discusiones pueriles, ni las discusiones filosóficas.. . ”
Esos seis compañeros fueron el núcleo de un nuevo grupo anar­
quista, denom inado Los Desheredados. Sobre su actividad da cuen­
ta el siguiente párrafo: “Sinteticemos las prim eras obras de aquel
puñado de entusiastas luchadores: iniciación de conferencias conti­
nuas y simultáneas, en tres o cuatro sitios distintos y distantes entre
sí; publicación in in terru m pida de m anifiestos valientes y provo­
cativos, de combate y de acción. Las conferencias se sucedían a
granel entre los dos o tres oradores que había, ninguno por su­
puesto con m e le n a ... No era raro anunciar una conferencia a las
2 en Almagro, a las 3 en Corrales, una tercera a las 4 en Barracas,
y una cuarta en el centro, a la noche. Para todo esto dos orado­
res, y a veces uno, daban exacto y p u n tu al cum plim iento al progra­
m a . . . El orador destacado de aquella época era Rafael Roca.” 65
En 1889, año en que se fue M alatesta, ya había en Argentina
bastantes anarquistas, pero su actividad no era ordenada. Las acti­
vidades se distinguían por su espontaneidad y su carácter esporádi­
co, aunque no faltaban la repercusión y la influencia. Cabe señalar
que la policía tam bién empezó a centrar su atención. En 1889 la
policía acosó al grupo Los Desheredados, cuando difundió sus vo­
lantes revolucionarios. En un allanam iento sorpresivo en la libre­
ría del anarquista belga E. Piette, fue capturado el anarquista activo
Victoriano San José cuando llevaba circulares anarco-comunistas
que iban a ser repartidas. T am bién se confiscó mucho m aterial de
propaganda anarquista, entre otras cosas el núm ero de I l Pugnale,
que llam aba a los “com pañeros” a preparar “bombas explosivas
compuestas de nitroglicerina y clorato de potasa” para realizar la
revolución. Ese allanam iento motivó el arresto de ocho anarquistas
activos, y dio lugar a un juicio que costó a cada uno de ellos 11
meses de presidio.66
Los arrestos no term inaron con la actividad del grupo Los
Desheredados. Las persecuciones policiales fueron un catalizador
para la agitación propagandística intensa y en 1890 el grupo co­
menzó a publicar el periódico que recibió u n nom bre m uy signi­
ficativo: E l Perseguido.

65 M. R eguera, "D e ‘El Perseguido’ a ‘L a P ro testa’”, La Protesta, 22 de ene­
ro de 1909.
6D. Cúneo, “M ovim iento obrero en el 90”, en Claves de historia argentina,
ed. M erlin, Buenos Aires, 1968; ASE, " I l m inistro di gr azia e giustizia” en El
Perseguido, 18 de m ayo de 1890; S. M arotta, M o vim ien to sindical, p . 74.

EL PERIÓDICO “ EL PERSEGUIDO” , SU RUM BO IDEOLÓGICO Y SUS GRUPOS

El prim er núm ero del periódico apareció el 18 de mayo de 1890 y
publicó en la prim era página u n m anifiesto de los fundadores —el
grupo Los Desheredados— bajo el título: ¿Qué somos y qué hare­
mos?, en tres idiomas: español, italiano y francés. El manifiesto
fue redactado por R. Roca, ideólogo y propagandista principal del
grupo; reflejaba el estado de ánim o y las tendencias ideológicas
del grupo, que cum plió un papel central en la prom oción de las
actividades anarquistas de la década de 1880. Debido a la im por­
tancia del manifiesto —el prim er docum ento auténtico en el espí­
ritu de los grupos anarquistas a comienzos de la década de 1890—
lo transcribimos en su totalidad:
N o s o tro s som os los v a g a b u n d o s , los m a lh e c h o re s, l a c a n a lla , l a e sc o ria de
la so c ie d a d , el s u b lim a d o c o rro siv o d e la o rg a n iz a c ió n social a c tu a l.
A b o rre c e m o s el p a sa d o p o r q u e es la c a u sa d e l p re s e n te ; o d ia m o s el
p r e s e n te p o r q u e n o es o tr a cosa q u e la im ita c ió n m ás in te n s a y feroz
d e l p a sa d o . N o te n e m o s e sta d o s d e se rv icio s q u e p re s e n ta r, n i ten e m o s
h e r id a s q u e o s te n ta r, n i s u f rim ie n to s q u e e x p lic a r, p u e s n o te n e m o s in ­
te n c ió n n i v o lu n ta d d e im p r e s io n a r a los á n im o s d é b ile s o c án d id o s.
S om os h o m b re s com o lo s dem ás, sea c u a l f u e re el p a ís, ra z a o id io m a a
q u e p e r te n e z c a n . R e c o n o c e m o s q u e n u e s tr o o r g a n is m o tie n e n e ce sid ad e s
p r o p ia s c o m o tie n e n lo s o tro s, y q u e p o r lo ta n to la s q u e re m o s e x p lic a r
y sa tisfac er, y p o r e sta c au sa q u e re m o s se r lib re s.
L a lib e r ta d , h e c h o r e la tiv o p o r la ig u a ld a d .
L a lib e r ta d y la ig u a ld a d , h e c h o s p o sib le s y
rid a d .

e x p lic a d o s p o r la s o lid a ­

L a s o lid a rid a d , h e c h o n e c e sa rio p o r la l ib e r t a d y la ig u a ld a d .
É sta es n u e s tr a tr in id a d . S ie n d o é sta la p ie d r a a n g u la r d e la c iv ilizació n
d e l f u t u r o . . . u n a c iv iliz a c ió n r e a l p o r q u e c a d a c e n tro e n su tu r n o está
p e rfe c to . N in g u n a je r a r q u ía , a u to r i d a d n i e x p lo ta c ió n , c a d a c u a l con su
p r o p io c e re b ro , g ra n d e o p e q u e ñ o q u e sea, p e r o c e re b ro d e a lq u ile r,
n in g u n o .
L a e stim a y e l re c o n o c im ie n to p a r a e l q u e los q u ie r a d e b e n se r lib re s;
m é r ito v e rd a d e ro , n o a p a r e n te . S e n tim ie n to s n a tu r a le s y n o h ip ó c rita s .
P a r a c o n s e g u ir n u e s tro o b je to re c h a z a m o s to d a re se rv a , to d o o p o rtu n is m o
y n o s d e c la ra m o s a b ie r ta m e n te re v o lu c io n a rio s , es d e c ir, p r o m o to r y e je ­
c u to r d e to d o a c to q u e p u e d a te n e r e fe c to e n d e s p lo m a r
e l e d ific io d e l
o r d e n c o n s titu id o .
N u e s tr a d iv isa es la d e los m a lh e c h o re s. N u e s tro s m ed io s, to d o s los q u e
la le y c o n d e n a . N u e s tr o g rito , ¡m u e ra la a u to rid a d ! P o r eso som os a n a r ­
q u ista s . L as n e c e sid a d e s d e l h o m b r e so n in fe rio re s a sus fa c u lta d e s. É sta
es la n e c e sid a d d e l c o m u n ism o a n á rq u ic o . L a n a tu r a le z a , h a b ie n d o h e ch o
al h o m b re sim ila r, p e ro n o id é n tic o , c a d a u n o p u e d e sa tis fa c e r sus n e c e ­

sid a d es co m o m e jo r le p laz ca . É sta es la ley n a tu r a l d e l c o m u n ism o
a n á rq u ic o .
N o q u e re m o s n a d a c o n c e d id o , s in o to d o c o n q u is ta d o . P u e s la s c o n ce ­
siones s o la m e n te so n p a lia tiv o s q u e a u m e n ta n la m is e ria y la in ju s tic ia .
Es u n a g ra n o fe n sa q u e s u p o n e u n p riv ile g io . L a c o n q u is ta in d ic a fuerza
y c o n c ie n c ia .
¿Y q u é h a re m o s? Si q u e re m o s v e r d a d e r a m e n te d e s tru ir, d e ja re m o s to d o
s e n tim ie n to d e p ie d a d y g e n e ro s id a d . L o s tir a n o s so n s ie m p re v iles. N o
h a re m o s caso d e su p á n ic o n i d e sus g e m id o s, n i n o s d e ja re m o s lle v a r
p o r la in f lu e n c ia m ó r b id a d e la h e rm o s u r a d e sus m u je re s . S in p ie d a d ,
h a sta e l fin , se rá n u e s tr o le m a . Es a b s o lu ta m e n te n e c e sa rio . C u a n d o esté
to d o el p re s e n te d e s tru id o , la n u e v a c iv iliz a c ió n será u n h e c h o . P u e s ella
será e l re s u lta d o d e l a su s tra c c ió n e fe c tu a d a : c u a n to m á s h a y a m o s su s­
tra íd o , ta n to m ás s e rá p e rfe c ta . D e s tr u a m e t a e d ific a d o 6. 7

Los pocos miem bros del grupo Los Desheredados invirtieron
muchos esfuerzos para publicar El Perseguido consecutivamente.
Las dificultades abundaban, los propios integrantes del grupo re­
dactaban, im prim ían y difundían el periódico, la difusión se cum­
plía en condiciones de clandestinidad y corriendo grandes riesgos.
El periódico se repartía en las calles, en los barrios obreros, en
asambleas, por m edio del correo y a veces tam bién lo introducían
subrepticiam ente dentro de paquetes de La Prensa.68 La publica­
ción del periódico se m antuvo varios años, entre 1890 y 1896, aun­
que no aparecía ordenada y regularm ente. En la prim era página se
leía: “Aparece cuando puede.” Sus editores, sin embargo, trataban
de que viera la luz con la m ayor frecuencia. En los años de su
publicación, editaron alrededor de 100 ejemplares; El Perseguido
cum plió un papel principal en la expresión y propagación del
anarquism o en la A rgentina.69
E ntre los anarquistas que se expresaron en El Perseguido se con­
taron figuras descollantes de esa época: Rafael Roca, B eltrán Orsini, Pierre Quirole, F ortunato Serantoni, Inglán Lafarga, Cenambride, B. Salbans, M. Reguera, J. Reguera, J. Reaux, Ragazzini.70
67 “Q ué somos y qué harem os", E l Perseguido, 18 de m ayo de 1890; D ardo
Cúneo, op. cit., p p . 59-60. R especto de la repercusión causada p o r el p rim er
núm ero d e E l Perseguido y su contenido, véase E. G ilim ón en H echos y co­
m entarios, pp. 9-11.
68 D ardo Cúneo, op. cit., pp. 61-63; E. G ilim ón, op. cit., p p . 9-11.
69 Véase el a rtícu lo d el a n a rq u ista veterano M. R eguera, q u ien analiza el
desarrollo del anarquism o en la A rgentina, “ De 'E l Perseguido’ a ‘La P ro te sta ’” ,
La Protesta, 22 de enero de 1909; D. A bad de Santillán, E l m o vim ien to anar­
quista, cap. III.
70 D. A bad de S antillán, op. cit., p. 46.

Varios de ellos siguieron activos m uchos años (por ejemplo Inglán
Lafarga, M. Reguera, F. Serantoni y otros).
El Perseguido fue aum entando su circulación y, de 1 000 ejem­
plares en un comienzo, llegó a 1 700 en el núm ero 26, a 2 000 en el
núm ero 36 y, a p artir del núm ero 60, el tiraje fue de 4 000 ejem­
plares.71 El aum ento era muy significativo, si se tiene en cuenta
que se trataba de los albores del anarquism o en el país. Cabe
señalar que u na tirada de 4 000 ejem plares era una cifra cumbre, a
la que no llegó ningún otro periódico anarquista, hasta que se
publicó La Protesta en 1904.

GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS PUBLICACIONES

Por m edio de los ejemplares de El Perseguido se tiene una idea
de la actividad ram ificada de los grupos anarquistas en la Argen­
tina, entre 1890 y 1895. El grupo Los Desheredados no quedó solo
y ya en 1890 se fundaron grupos paralelos: T ie rra y Libertad, El
Vencedor Cosmopolita, La Venganza (en Buenos Aires) y El E rran­
te (en Rosario).72 A esos grupos se añadieron, durante los años
subsiguientes, varios adicionales: Los H am brientos (en el suburbio
de Barracas), 11 Proletario (La Boca), G rupo Juventud Anarquista,
G rupo Juventud Com unista A narquista, G rupo de Estudios Socia­
les, G rupo Bomba Pallás, La Revancha, Los Ácratas, Ne Dio ne
Padrone, La Expropiación.73
No todos los grupos anarquistas de esa época se expresaron en
la prensa en español. H ubo tam bién grupos que se expresaban
en francés y en italiano. Los francoparlantes se reunieron en torno
a la librería de E. Piette, donde era asequible la prensa anarquista
del exterior; tal el caso de La R évolte y Père Peinard . D urante un
tiem po tam bién se publicó en Buenos Aires u n periódico anar­
quista en lengua francesa, La Liberté, dirigido por P. Quirole. El
prim er núm ero apareció el 23 de enero de 1893 y siguió regular­
mente, cada semana, hasta el 17 de abril de 1893. T ras una breve
suspensión reanudó su aparición el 18 de marzo de 1894, pero dejó
de publicarse el 3 de septiem bre de 1894. En total vieron la luz
71 D. A bad (le Santillán, "B ibliografía a n arq u ista arg en tin a desde sus orígenes
hasta 1930”, en la revista T im ó n , B arcelona, septiem bre-noviem bre d e 1938,
p. 184.
72 E l Perseguido, 26 de octubre, 25 de noviem bre y 7 de diciem bre de 1890.
73 L ista de grupos confeccionada según noticias y avisos en los núm eros de
El Perseguido, de 1891 a 1895.

GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS PUBLICACIONES

45

39 números. M antenía lazos estrechos con ultram ar y la mayoría
de sus artículos se copiaron de la prensa anarquista de Francia.
Respecto a sus tendencias ideológicas, escribió D. Abad de San­
tillán:
refleja la tendencia kropotkiniana expuesta en L a R é v o lle , y
afirmaba una corriente más teórica que la de E l P erse g u id o , que era más
bien de batalla y no tenía el sentido de la organización y de la cohesión.74

L a L ib e r té

Si se juzga por el núm ero de periódicos anarquistas en lengua
italiana, cabe decir que en 1893-1894 la actividad de los grupos
anarquistas italoparlantes era muy ramificada. En esos años se pu­
blicaron La Riscosa, Lavoriamo (de corta duración) y La Questione Sociale (aparecieron 24 núm eros entre 1894 y 1896, bajo la
dirección de F. Serantoni). D urante cierto tiem po se publicó tam ­
bién Venti Setembre, que luego se trasladó a Montevideo. En ese
entonces se propagaban m ucho los folletos de propaganda en ita­
liano, editados en concentraciones de anarquistas italianos emi­
grantes: en Paterson (Estados Unidos), Sao Paulo (Brasil) y Lon­
dres. Concentraciones de anarquistas italoparlantes en la Argen­
tina, había en Rosario y en Bahía Blanca.75
A comienzos de la década de 1890 se inició una actividad anar­
quista ram ificada en Rosario; el gran contingente de inm igrantes
llegados de Italia y España, se tornó en foco de esa labor. Las
prim eras asambleas anarquistas en la ciudad sé celebraron, al pa­
recer, en 1890.76 La actividad se ensanchó y adquirió dimensiones
notorias en 1893, cuando se le añadió un carácter terrorista vio­
lento. En esa época empezó a publicarse u n boletín intitulado
Demoliamo, que predicaba las demoliciones, la violencia y el terror
personal. La violencia de los grupos motivó la introm isión poli­
cial, en u n intento de contenerlos.77
Al carácter y a la actividad de los grupos anarquistas en la Ar­
gentina, a comienzos de la década de 1890, se refiere M. Reguera
en su artículo, m encionado más arriba: “Los grupos se sucedían
tinos a otros, con propósitos bien definidos... Estos grupos se crea­
ban con u n objeto ya determ inado en la propaganda. Unos edi­
taban folletos, otros rep artían papel impreso, especialmente en el
c a mpo. . . y otros auspiciaban conferencias. . . Es obvio decir que
74 D. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 52.
75 Ib id ., p. 53. Sobre las relaciones e n tre anarquistas italianos en la A rgen­
tina y el m ovim iento a n a rq u ista en Ita lia , véase E. Santarelli, I l socialismo
anarquico en Italia, M ilán, ed. F eltrin elli, 1959, p. 76.
76 E. G allo, tesis doctoral in éd ita, O xford, p. 288.
77 J. Álvarez, H istoria de R osario, ed. Buenos Aires, 1943, p. 509.

en la generalidad de las veces el grupo se com ponía de cuatro o
cinco compañeros bien afines, lo que no era obstáculo para que
el grupo editara folletos a millares, que luego se repartían g ra tis ...
Así aparecieron los folletos Cómo nos diezman, en 10 000 ejem pla­
res, y La conquista del pan (Kropotkin), en 5 0 0 0 . .. ”
El autor elogia el espíritu de sacrificio y abnegación de esos m i­
litantes, que con medios m enguados lograban editar y difundir
m aterial de propaganda anarquista en cantidades considerables. En
la parte final de su artículo, enum era la lista de periódicos y bole­
tines que aparecían en ese período: La Miseria, Demoliamo, El Ci­
clón, Caserío, Ravachol, El Escalpelo, El Cuento del T ío, La Squila
Libertaria, Aurora Social y La Voz del Esclavo (Chivilcoy).78
Esta lista es sólo parcial. D. Abad de Santillán hizo u n estudio
sobre la bibliografía anarquista y enum era 25 periódicos que apa­
recieron hasta 1896, así como 20 folletos. En su m ayoría eran tra­
ducciones de artículos y opúsculos de pensadores anarquistas euro­
peos: P. Kropotkin, Elisée Reclus, E. M alatesta.79

A N A R C O -C O M U N IS T A S
DE L A DÉCADA DE

Y A N A R C O -S O C IA L IS T A S A C O M I E N Z O S

1890

La corriente ideológica que prevalecía en los círculos anarquistas
a comienzos de la década de 1890, era el anarco-com unism o. Una
expresión explícita del surgim iento de la misma, se tuvo en el m a­
nifiesto del grupo Los Desheredados, m encionado más arriba, que
se publicó en el prim er núm ero de E l Perseguido. La tendencia
ideológica anarco-comunista predom inó sin interm itencias en El Per­
seguido, por lo q u e se puede considerarlo vocero del anarco-comu­
nismo en la Argentina. Desde sus prim eros números, por cierto, era
dable leer el subtítulo: “Periódico com unista anárquico.” Insertó
con frecuencia artículos teóricos para fundam entar la concepción
anarco-comunista, y reafirm aba las ventajas de la sociedad futura,
apuntalada en los principios com unistas.80 T am bién traía i n f o r m a ­
78 “De ‘El Perseguido’ a ‘La P ro te sta ’”, en La Protesta, 22 de enero de 1909.
79 D. A bad de Santillán, "B ibliografía a n a rq u ista a rg e n tin a ”, en T im ó n , B ar­
celona, septiem bre de 1938, p p . 184-85; véase tam b ién M ax N e ttla u , "C o n trib u ­
ción a la bibliografía a n a rq u ista ”, en Certam en internacional de "L a Protesta",
pp. 13-14, 17-22.
80 "L o que fa lta ”, e n E l P erseguido, 28 de septiem bre de 1890; “L a loi de
l ’évolution e t le communisme a n arc h iste ”, ibid.; "A bajo los gobiernos”, ibid.,
28 de o ctubre de 1890; “ E conom ía a n á rq u ic a ”, ibid., 23 de o ctubre de 1892;

ción y manifiestos de grupos anarquistas que se definían como
anarco-comunistas.81
Pronto, empero, surgieron rivales de esta corriente en los círculos
anarquistas paralelos. Prueba de ello es la polémica que se suscitó.
Los rivales eran prim ero los “anarco-colectivistas”, adictos a la
tradición de la Federación R egional Española de principios de
la década de 1880.82 A ellos se sum aron, a comienzos de la década
de 1890, muchos anarquistas italianos. Por influencia del desarro­
llo interno del anarquism o en Italia, se dio a esta tendencia el
nom bre de “anarco-socialismo”, cuyo origen arranca del m ovim ien­
to anarquista en Italia. Por ello no asom bra que la iniciativa de
fundar u n sindicato anarco-socialista en la A rgentina surgiera en
el barrio obrero de La Boca, poblado por trabajadores italianos.83
Esos círculos, al parecer, m antenían lazos estrechos con sus colegas
de Italia y cuando se realizó allí el congreso territorial, en Capolago, en 1891, enviaron u n delegado.84 El Perseguido se opuso en
seguida a la organización anarco-socialista, que adquirió expresión
sólida en las resoluciones del congreso de anarquistas italianos en
Capolago; criticó las resoluciones de ese congreso que, al querer
atenuar la disparidad entre las corrientes rivales en el anarquism o,
confunde la imagen de la sociedad com unista futura, q u e es la
m eta final de la revolución.86
Pero la discusión principal entre los grupos anarco-comunistas y
anarco-socialistas no se centraba en cuestiones abstractas y distantes
(como la imagen de la sociedad del futuro), sino en problemas
mucho más concretos, relativos a la táctica de la acción cotidiana:
el uso de medios y métodos organizativos. La línea de los anarcocomunistas, expresada en El Perseguido, rechazaba constante y to­
talm ente los métodos organizativos. El periódico fue fiel año tras
año a esa línea y dedicó muchos artículos al tema, tanto teóricos
como polémicos e inform ativos. Se burlaba de cualquier intento de
organizar de u n m odo estable las acciones anarquistas. L a discu­
sión se intensificó, cuando aum entó la actividad en el seno de los
trabajadores.
"Vida a n árq u ic a ”, ibid., 15 de diciem bre d e 1892; "L a a n arq u ía triu n fa ", ib id .,
16 de ju n io de 1895.
81 "M anifiesto d el g ru p o Los M ártires de C hicago”, en E l P erseguido, 8 de
marzo d e 1891; "Aviso: la ju v e n tu d com unista a n árq u ica ", ibid., 23 de agosto
de 1891; “C hivilcoy”, ibid., 23 de o c tu b re de 1892.
82 "R eu n io n es d e controversia", en E l P erseguido, 28 de septiem bre d e 1890;
“T eoría re su elta ”, ibid., 29 de noviem bre de 1891.
83 " T rib u n a de los gru p o s”, en El P erseguido, 22 de febrero de 1891.
Si E. Santarelli, op. cit., p. 76.
85 "Sobre el congreso d e C apolago”, e n E l Perseguido, 19 de a b ril d e 1891.

En 1890, sobre el trasfondo de la crisis económico-financiera en
la A rgentina (véase más arriba) se acentuó la polarización social y
tam bién la organización de los trabajadores para su lucha profe­
sional y de clase. En 1890 se realizó u n a m anifestación obrera, la
prim era, el 1º de mayo, en Buenos Aires.86 Ese año se dieron los
primeros intentos de crear una federación de sindicatos obreros en
la capital y en el interior. L a creación de la federación se demoró
en 1890, por la revolución de la U nión Cívica Radical, y se con­
cretó a comienzos de 1891. En enero de 1891 se fijaron los estatutos
y empezó a publicarse E l Obrero, vocero de los sindicatos de la
federación. En agosto se celebró el I Congreso de la Federación
de T rabajadores de la Región A rgentina, con la participación de
6 sindicatos obreros. Esta prim era intención de crear u n a federa­
ción no tuvo éxito, y sólo duró algunos meses; pero la tendencia
prosperó y en los años subsiguientes hubo otros ensayos.87
El despertar de los trabajadores argentinos, el deseo de formar
sindicatos y federaciones, planteó a los círculos anarquistas u n pro­
blema: ¿Cómo encarar esas intenciones? ¿Acaso integrarse en ellas,
acaso influir desde su interior? ¿O criticarlas y oponerse a ellas? El
enfoque al respecto, reveló la disparidad entre los círculos anarcocomunistas y otros grupos. E. G ilim ón describió la controversia:
“La prim era discusión seria fue u n a cuestión de tá c tic a ... Así ve­
mos a los anarquistas dividirse en dos grandes núcleos: organiza­
dores y antiorganizadores. Los prim eros prestigiaban la asociación
obrera. Las Sociedades de Resistencia eran su campo de acción y
las huelgas su principal m edio de lu c h a .. . .” 88
E l Perseguido reunía a los adversarios de la idea de organización.
De inm ediato se opuso a los anarquistas que querían integrar los
sindicatos obreros, en especial a los partidarios de la creación de
una federación. Por ser el periódico central de los círculos anar­
quistas de la época, daba el tono general del anarquism o.89 Cen­
suró sin reparos la tendencia de form ar sociedades de resistencia
de los trabajadores, alegando que no son bastante eficaces en la
cam paña por m ejorar la situación del obrero. P or el contrario, son
86 S. M arotta, E l m o v im ien to sindical, op. cit., p p . 78-83; D. C úneo, Claves,
op. cit., p p . 53, 57.
87 S. M arotta, op. cit., pp. 84-90; D. A bad de S an tillán , La F O R A , Buenos
Aires, Proyección, 1971; H . Spalding, L a clase trabajadora argentina, B ue­
nos Aires, ed. G alerna, 1970, p p . 99-152; P a n e ttieri, Los trabajadores, op. cit.,
p p . 114-118.
88 E. G ilim ón, op. cit., p. 25.
89 Los años 1890-1895 fueron los años en q u e la tendencia disgregadora
estaba en alza; su órgano representativo fue E l Perseguido. Véase G. Zaragoza
R uvira, op. cit., p. 421.

perniciosas, pues em pujan a los obreros a adaptarse al régim en
existente. Además, los sindicatos obreros entrañan elementos do­
minantes que apagan la iniciativa, y cualquier lucha profesional
sin iniciativa ni ím petu revolucionarios fracasa inevitablem ente.
Los anarquistas, en cambio, deben volcarse a com batir el régim en
existente y unirse espontáneam ente en grupos libres de afinidades,
con m iras a la propaganda por escrito y oral en todos los lugares
donde sea posible.90
Los artículos de El Perseguido elogiaban la unión de afinidades
como m edio para u n ir los grupos que más se adaptaban a los p rin ­
cipios anarco-comunistas. Tales grupos se creaban para fines concre­
tos, cuya ejecución era im posible a título individual, y se disolvían
librem ente; la disolución no era u n indicio de debilidad, sino de
libertad.91
U na crítica acérrim a se hizo desde el periódico contra diversos
intentos, a comienzos de la década de 1890, de crear u n a federación
de sindicatos obreros, en especial contra los anarquistas inclinados
a aprobar esa idea. La actitud hacia la creación de u n a federación
de esa índole sirvió de motivo para la reunión de controversia de los
círculos anarquistas en Buenos Aires; en una noticia que publicó
E l Perseguido, se dio cuenta que los anarco-comunistas expresaron
su oposición enérgica en esa oportunidad.92 Los prim eros fracasos
de crear u na federación obrera y la prevalencia de corrientes polí­
ticas en ella, sirvieron a la gente de El Perseguido como prueba
que justificaba sus puntos de vista respecto a la incongruencia de
participar en federaciones y en congresos, con miras a influir desde
adentro. Los anarquistas —afirm aban— deben rep u d iar esas esfe­
ras obreras.93
La actitud negativa de los anarco-comunistas hacia cualquier
forma de organización profesional, se conjugaba tam bién con la
negación del valor y eficacia de las huelgas en la lucha para conse­
guir mejores condiciones de trabajo y salario. C uando a comienzos
90
“Sociedades de resistencia”, en E l P erseguido, 25 de n oviem bre d e 1890;
“Sociedades de resistencia”, ib id ., 7 de diciem bre d e 1890; “R euniones d e con­
troversia” , ibid., 8 de m arzo de 1891; “ P racticando la a n a rq u ía ”, ib id ., 5 de
julio de 1891; “ Los grem ios”, ibid., 23 d e o ctubre de 1892; "L as organizaciones
obreras”, ibid., 28 de agosto de 1895.
91 “ G rupo s de afin id ad es”, en E l P erseguido, 21 de diciem bre d e 1890;
“Desenvolvim iento a n árq u ico ” , ibid., 1 de enero d e 1892; "O rganización de los
grupos”, ib id ., 25 de septiem bre de 1892.
92 “ R euniones de controversia", en E l P erseguido, 28 de septiem bre d e 1890.
“ Congreso o b re ro ”, en E l P erseguido, 23 d e agosto de 1891; “ Federación
an árq u ica”, ibid., 21 de m ayo de 1895; "F ederación a n árq u ic a ”, ibid., 31 de
mayo d e 1895.

de la década de 1890 estallaron paros de esa índole (entre los ferro­
viarios, sombrereros, tipógrafos, peluqueros, faroleros, peones m u­
nicipales, tabacaleros, etc.),94 los anarco-comunistas los objetaron,
se burlaron y form ularon críticas. E l Perseguido, en artículos sobre
el tema, señalaba com prensión por los móviles que llevaron a la
huelga, pero añadía que los pasos dados carecían de perspectiva.
A firm aba que no tenían im portancia las ventajas logradas en las
condiciones de trabajo y salario, pues los patrones anulan cualquier
logro po r medio del alza de los precios. N o ayudan a la clase tra­
bajadora. A veces benefician a u n a parte de la misma, pero em­
peoran la situación de otros sectores laborales. L a clase obrera sólo
podrá beneficiarse derrocando el régim en del salario, es decir efec­
tuando la revolución social.95
A comienzos de la década de 1890 era pequeño el núm ero de
anarquistas argentinos adictos a la organización y no tenían un
periódico propio. Pero según la polém ica que se insertó en E l Per­
seguido, fue advertible que el núm ero aum entaba con el tiempo. El
fortalecim iento de la corriente “organizadora” en el anarquism o
argentino se vio influido por su vigorización en Europa: en España
y sobre todo en Italia. El Perseguido inform aba de ese desarrollo y
lo criticaba acerbamente.
En 1891 se celebró en Capolago, Italia, el congreso anarquista,
y en el mismo se expresó consolidada la corriente organizadora
anarco-socialista; E l Perseguido criticó la convocatoria de u n con­
greso anarquista, así como las conclusiones ideológicas de los de­
bates y resoluciones.96 Poco después E l Perseguido censuró el paso
de "varios compañeros europeos” con miras a “organizar u n par­
tido anarquista”.97 Esas palabras iban dirigidas sobre todo contra
los anarco-socialistas italianos, pero u n año después se form uló una
crítica igual contra una tendencia que se afianzaba en España, en
el círculo del periódico El Productor, que representaba a una ten­
dencia anarquista “organizadora” parecida a la que en el pasado
existiera en la Federación R egional Española.98
Dos años después, en 1895, se agudizó la polémica contra los
“organizadores”. Fue entonces que se publicó una censura enérgica
contra la personalidad anarquista más conocida: Errico M alatesta, a
94 S. M arotta, op. cit., pp. 74-96; P a n e ttie ri, op. cit., pp . 114-18.
95 “ R euniones a n arq u istas”, en E l P erseguido, 22 de febrero d e 1891; "U n a
h u e lg a ”, ibid., 8 de m arzo de 1891; "R ebencazos”, ibid., 8 de m arzo de 1891;
"L as huelgas”, ibid., 25 de septiem bre de 1892.
96 "Sobre el congreso d e C apolago”, en E l P erseguido, 19 de a b ril de 1891.
97 "P artid o s anárquico s”, en E l P erseguido, 10 de ju lio de 1892; "P artid o s y
organización a n árq u ica ” , ibid., 24 de ju lio d e 1892.
98 “ A los an arq u istas españoles”, en E l P erseguido, 29 de enero de 1893.

quien se hizo objeto de burla y se lo llam ó “el conocido organim aníaco”. El artículo m enciona el plan de M alatesta publicado en
T h e Torch de Londres, para crear la Federación Internacional So­
cialista A narquista Revolucionaria. Lo reprueba por com pleto y
señala que la federación entraña elementos antianarquistas: regla­
mentos, comisiones, etcétera.99
La discusión principal en 1895 no fue sólo contra adictos a
la organización en ultram ar, sino contra los que se fortalecían en la
Argentina. En 1894 hubo u n a evolución significativa en el bando
de los anarquistas "organizadores” en la A rgentina. Aparecieron
tres periódicos adictos a la corriente anarquista pro-organización:
El Obrero Panadero (empezó a publicarse el 16 d e septiem bre de
1894), perteneciente al sindicato de panaderos y dirigido p o r Ettore
M attei; El Oprim ido, publicado en L uján (desde el 20 de septiem­
bre de 1894) bajo la dirección del médico anarquista inglés doctor
Creaghe; La Questione Sociale, parecido por el nom bre y el conte­
nido al periódico de M alatesta en Florencia: lo dirigía en Argen­
tina F. Serantoni, uno de los adictos prom inentes de la corriente
organizadora en el anarquism o argentino. Esos tres periódicos favo­
recían la organización obrera y la intervención en las sociedades
gremiales existentes,100 y discutían con El Perseguido. A comienzos
de 1895, este periódico publicó u n m anifiesto polémico contra los
grupos adictos a la organización, que se afianzaron y se m ultipli­
caron en el país.101

L O S S O C IA L IS T A S E N

LA

A R G E N T IN A

Y S U S R E L A C IO N E S

C O N L O S A N A R Q U IS T A S

Antes de exam inar el desarrollo de los grupos anarquistas proorganización en la A rgentina, conviene analizar varios hechos adi­
cionales acaecidos en esa época en el plano ideológico-partidista
entre los trabajadores, y que repercutieron en el sector anarquista.
Nos referimos a la consolidación del m ovim iento socialista en el
país. Los primeros grupos socialistas asomaron al mismo tiempo
que las células anarquistas, es decir, cuando se crearon filiales de
la I Internacional. Igual que en el caso de los anarquistas, esos
9 9 "F ederación an arq u ista, ideas viejas en tiem pos nuevos”, en E l Perseguido,
21 de m ayo de 1895.
100 G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p. 422.
101 “Siem pre a d e la n te ”; “ Lo q u e somos y lo q u e son ellos”, E l Perseguido,
27 de enero de 1895.

grupos conocieron épocas d e exaltación y de decaim iento en la
década de 1880; tam bién ellos fueron parte orgánica de la conso­
lidación de las esferas proletarias en la Argentina. A p artir del
comienzo de la década de 1890, al ram ificarse las actividades orga­
nizativas e ideológicas de los trabajadores, las relaciones entre
anarquistas y socialistas se volvieron tensas. L a rivalidad para ejer­
cer influencia en el campo obrero se intensificó y se ahondaron
las disparidades en lo que concierne al camino que debía seguirse
y a los objetivos. Esa disparidad era muy grande cuando en el
sector anarquista predom inaban los círculos opuestos a la organi­
zación.
Los socialistas, desde u n principio, se esm eraban por form ar sin­
dicatos obreros, y fueron los prim eros en prom over el estableci­
m iento de una federación de trabajadores y tam bién los primeros
en organizar una m anifestación laboral general el 1º de mayo de
1890, acatando el llam ado de la Internacional, en el congreso de Pa­
rís de 18 89.102 La m anifestación se realizó en el Prado Español
de Buenos Aires y fue el prim er acto público organizado de la
clase trabajadora argentina. R esaltaba el matiz internacional, y los
discursos se pronunciaron en tres idiomas: español, italiano y fran­
cés.103 Los anarquistas participaron en la m anifestación, pero obje­
taro n públicam ente sus tendencias así como la resolución aproba­
d a de elevar una petición al gobierno sobre la situación de la
clase trabajadora.104
Las divergencias entre anarquistas y socialistas se agudizaron y
aum entaron, pues los segundos siguieron organizando a los traba­
jadores en sindicatos y en federaciones, en los primeros años de la
década de 1890 (ya nos hemos referido a las prim eras federaciones).
L a iniciativa era de los socialistas, pero tam bién algunos anar­
quistas (de los círculos pro-organización) colaboraron con el fin de
enfrentar la influencia socialdemócrata y consolidarse a través
de u na actividad interna. No todos los anarquistas obraban así: los
anarco-comunistas adictos a E l Perseguido lo censuraban. T am bién
los socialdemócratas se opusieron a la cooperación anarquista-socia­
lista en la federación ni bien com probaron la intención anarquista.
E n enero de 1891 se publicó en El Obrero (órgano de la federación
102 D. A bad de Santillán, La F O R A , ideología y trayectoria, Buenos Aires,
Proyección, 1971.
103 J. O ddone, G rem ialism o proletario argentino, Buenos Aires, L a V an­
g u ard ia, 1949, p p . 40-57; D. Cúneo, op. cit., p. 57; S. M arotta, op. cit., pp. 80-84;
H . Spalding, op. c it., pp. 125-126.
1 0 4 " A propos d u 1º M ai”, e n E l P erseguido, 18 de m ayo de 1890; " I l 1º
M aggio e l'A narchism o", Ibid., 18 de m ayo de 1890; “P el V orw arts”, ibid.,
18 d e m ayo de 1890; H . Spalding, op. cit., pp. 132-40.

bajo la influencia socialista), u n artículo que atacaba enérgica­
m ente al anarquism o: “De ningún m odo pueden los socialistas y
los anarquistas m archar de acuerdo, porque el anarquista conse­
cuente, según su teoría fundam ental, no puede adm itir ninguna
organización.” 105 Los com entarios agresivos de El Perseguido con­
tra los socialistas políticos y legalistas,106 justificaban por cierto el
enfoque de E l Obrero.
O tra tentativa de realizar u n a m anifestación conjunta de traba­
jadores el 19 de mayo de 1891, fracasó por obstrucciones de los
anarquistas; E l Obrero volvió a atacar al anarquism o, lo llamó
“oprobio y vergüenza de la clase trabajadora”.107 Este periódico
dejó de servir a tendencias socialistas en 1893, y lo reemplazó I l
Socialista, que se m antuvo fiel a la tradición de atacar al anar­
quismo.108
La prensa anarquista, por supuesto, no escatimaba ataques ni
difamaciones contra los socialistas. En los comienzos de la década
de 1890 daba el tono E l Perseguido, por lo que no asom bra que
fracasaran los intentos de cooperar con los sindicatos obreros y así
se explican los reveses en cuanto a la federación prim era y a la
segunda.109 A esta realidad (al papel negativo de los anarquistas
en los prim eros intentos de crear una federación conjunta d e sin­
dicatos obreros) se refirió J. Oddone, el historiador socialista del
movimiento obrero argentino: “Fue el anarquism o la prim era fuer­
za enemiga que se cruzó en el camino del m ovim iento socialista
y obrero, obstaculizando y perturbando la obra de las sociedades
gremiales y agrupaciones políticas.” 110
El error de esta valoración de O ddone es que no distingue entre
las corrientes que ya existían en el anarquismo. Si tiene razón en
cuanto a la función operativa de los círculos adictos a E l Perse­
guido, no es justo con respecto a los círculos pro-organización que
proliferaron en esos días y quisieron integrarse en los sindicatos.
Si se integraban para d ar u n tono anarquista a los sindicatos, no
cabe reprocharlos: no se diferenciaban de los socialistas, que bus105 D. A bad de S antillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p. 48.
106 “ Lo que fa lta ”, en E l P erseguido, 28 de septiem bre de 1890; “ A l saqueo”,
ibid., 18 de enero de 1890; “R euniones de controversia”, ibid., 8 d e m arzo de
1891; "T eo rías resueltas”, ibid., 29 de noviem bre de 1891.
107 D. C úneo, op. cit., p. 73.
108 D. A bad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 48-49.
109 S. M arotta, op. cit., p. 86; P a n e ttieri, op. cit., p p . 116-118; J. O ddone,
op. cit., p. 69.
110 J. O ddone, H istoria del socialism o argentino, tom o I , p. 161. C itado en
E. D ickm an, R ecuerdos de un m ilita n te socialista, Buenos Aires, L a V anguar­
dia, 1949, p. 66.

caban lo mismo. Pero cabe señalar que O ddone destacó correcta­
m ente el odio anarquista al socialismo, en calidad de agrupación
política en la Argentina.
E n 1894 el socialismo argentino dio sus prim eros pasos como
organism o político. Se fundó el C entro Socialista Obrero y empezó
a publicarse La Vanguardia, que se convertiría en el periódico del
movimiento. En 1896 se fundó el P artido Socialista Obrero. El obje­
tivo principal de esta organización consistía en irru m p ir en el
campo político-parlam entario de A rgentina, para luchar allí por
los intereses de los obreros. Ese anhelo contravenía por completo
el enfoque de los círculos anarquistas: cuando empezó a tom ar
forma institucional y concreta, los anarquistas se lanzaron a una
acción opuesta y en prim er lugar se dedicaron a obstruir y molestar
las asambleas socialistas.111 En las m em orias de anarquistas y socia­
listas de la época, se describe cómo los anarquistas trababan las
asambleas socialistas. E. Gilim ón, anarquista, se refiere a una asam­
blea socialista realizada el día de la conm em oración de la Com una
de París: los anarquistas m olestaron al orador, lanzaron volantes de
propaganda, iniciaron discusiones estruendosas con los asistentes,
“volaron” alevosamente la reunión con fines de socavación y pro­
paganda.112 E. Dickman, socialista, destaca este “m étodo” en sus
memorias: “En los prim eros tiempos los anarquistas individualistas
fueron el azote del naciente m ovim iento gremial y socialista en la
A rgentina. Siendo enemigos de cualquier organización, de todo es­
t a t u t o ... penetraban violentam ente en las reuniones, asambleas y
conferencias de las sociedades gremiales, y de los centros socialis­
tas, perturbando su ordenada y tranquila realización, provocando
controversias inútiles, escándalos y violencias de hecho, term inando
con frecuencia en bataholas de golpes y tiros de revólver.” 113
E. Dickman señala m inuciosam ente que se trató de anarquistas
individualistas, pero probablem ente se refería a anarquistas “ad­
versarios de la organización”, tanto anarco-comunistas como indi­
vidualistas.

I N C L I N A C I O N E S T E R R O R IS T A S E N T R E

L O S A N A R Q U IS T A S

U n aspecto adicional que caracteriza al anarquism o argentino a
111 D . Cúneo, Juan B. Justo y las luchas sociales en la A rgentina, Buenos
Aires, Alpe, 1956.
112 E. G ilim ón, op. cit., pp. 18-19.
113 E. D ickm an, Recuerdos de un m ilita n te socialista, op. cit., p . 67.

principios de la década de 1890, es la propagación de las inclina­
ciones y enfoques aprobatorios de la violencia y el terror personal,
como rum bo apropiado para la lucha social. Cabe recordar que en
esos años la aprobación del terror personal estaba propagada tam ­
bién en el anarquism o europeo; su influencia llegó a la A rgentina
y se reflejó en la prensa.
El Perseguido expresó consecuentem ente enfoques aprobatorios
de la violencia y el terror personal, desde sus prim eros números.
Se publicaron diversos artículos en ese sentido, desde los que lla­
m aban a la táctica revolucionaria, cuyos principios eran la acti­
vidad de u n grupo pequeño de personas, que no descartan ningún
medio para lograr su m eta y se m uestran dispuestos a em plear
bombas, terror personal y dinam ita,114 hasta los artículos que pe­
dían poner coto a las arengas teóricas y em prender hechos concre­
tos de inm ediato, sean actos de terror individual o luchas revolu­
cionarias callejeras.115
Pero no todos los anarquistas aprobaron la línea de E l Perse­
guido. Los prim eros ecos de tales disensiones se revelan en una
carta a la redacción que censura la tendencia destructiva de la
teoría anarco-com unista del periódico. L a redacción adm ite que
la teoría anarco-comunista fondea en el anhelo de arm onía y paz,
pero dado el régim en existente no hay rem edio salvo recu rrir a la
violencia para u n a lucha eficaz; la dinam ita, en esa lucha, es el
arm a más eficaz de los anarquistas: “Si los anarquistas em plean la
dinam ita, es porque se la conceptúa u n medio muy apropiado
para utilizarlo en defensa contra la burguesía.” 116
El llam ado a la d inam ita se convirtió en u n grito de lucha de
los grupos anarquistas en 1893. Sirva de ejem plo la reacción al
incidente ocurrido en L uján, donde la policía lugareña disolvió
una asamblea anarquista, anticlerical, y arrestó a seis participantes
(entre ellos, al doctor Creaghe). El ataque policial a una asamblea
anarquista despertó la ira de E l Perseguido,117 y por las calles de
Buenos Aires se repartió u n a circular del grupo Los Dinamiteros,
donde la cuestión fue descrita con detalles y m ostrada como ex­
presión de u n régim en en que los trabajadores no tienen libertad
de palabra. Este régim en no concederá libertad por su voluntad, y
por ello: “Es preciso que conquistemos la libertad y para eso es
114 "A todos los explotado s”, en E l P erseguido, 28 de septiem bre de 1890.
115 "E l e sp íritu revolucionario. L a acción in d iv id u a l”, en E l Perseguido,
7 de diciem bre de 1890; “T ác tic a rev o lu cio n aria”, ibid., 22 de febrero d e 1891;
“T áctica rev olucionaria”, ibid., 20 de m arzo de 1892.
116 “S entim entalism o y d in a m ita ”, e n E l P erseguido, 22 d e m ayo d e 1892.
117 “ A tropellos de la policía", en E l P erseguido, 11 de noviem bre d e 1893.

necesaria la dinam ita, pues la fuerza de ésta contrarresta la fuerza
que em plean nuestros opresores. . . ” La circular finaliza con va­
rios llamados de lucha: “Viva la dinam ita. Viva la revolución so­
cial. Viva la anarquía.” 118
Los comentarios sobre los actos de terror personal de los anar­
quistas en Europa, eran todos aprobatorios. E l Perseguido acogió
con beneplácito las prim eras noticias sobre el terror personal en
E uropa, en 1892;119 en noviem bre de 1893, cuando se supo de la
explosión en el teatro Liceo d e Barcelona, el periódico escribió:
“La dinam ita en acción, la grata noticia.” 120
E n 1893 se publicó en Buenos Aires La Liberté, periódico anarcocom unista en lengua francesa, de tendencia proterrorista. El 23 de
enero de 1893, en el artículo editorial del prim er núm ero, decía:
“N o hacemos program a, la hora de discutir h a pasado. C uando el
c a p ita l.. . siembra en todas partes la ruina, y cuando la dinam ita,
aquí y allí [en E u ro p a ...] da la prueba de e l l o .. . el p ro g ra m a ...
debe ser de hechos.” 121
E ntre los colaboradores en ese periódico, en sus primeros núm e­
ros, se contaba el inm igrante de Francia, A. V aillant, quien, un año
después, se volvería uno de los terroristas más famosos. A. V aillant
emigró a la A rgentina en 1891 y perm aneció en ella dos años. Se
dedicó pacientem ente al trabajo campesino, sufrió los rigores de la
explotación en la zona fronteriza, se rebeló e incitó a sus com pañe­
ros, volvió a Buenos Aires y al tiem po se fue del país, lleno de
amargas decepciones. Al volver a Francia se lanzó en seguida al
terrorismo. La bom ba que arrojó a la Asamblea N acional francesa
quiso ser una protesta contra las injusticias del régimen, que él
mismo había sufrido.122 V aillant no fue el único terrorista famoso
que estuvo en la Argentina. Poco antes, en 1890, había estado el
anarquista español P. Pallás, quien en 1893 quiso atentar contra
el general español M artínez Campos, como protesta por las torturas
de que eran objeto los anarquistas españoles presos en M ontjuich.
Al ser ejecutado, Pallás se convirtió en el “m ártir” anarquista en
la Argentina, especialmente en los círculos de El Perseguido. El
periódico pidió una colecta para su fam ilia y se formó el nuevo
G rupo Bomba Pallás.123
118 La c ircular in titu la d a "A los a n arq u istas de Sudam érica”, se encuentra
en el archivo IISG, A m sterdam , colección M ax N e ttla u , legajo A rgentina, 1893-5.
119 "A d elan te ”, en E l P erseguido, 20 de m arzo de 1892.
120 E l Perseguido, 11 de noviem bre de 1893.
121 D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 51.
122 J . C. L ongoni, F our p atients o f Dr. D eibler, L ondres, ed. L aw rence A.
W ishart, 1970, pp. 85-86.
123 "P au lin o P allás”, en E l P erseguido, 22 de octu b re de 1893.

E n tre los terroristas anarquistas de comienzos de la década de
1890, Ravachol logró la glorificación mayor en el anarquism o ar­
gentino (aunque no tenía vínculos con el mismo); en 1892, cuando
se supo que lo habían ejecutado, El Perseguido se identificó, en
un artículo editorial, con lo que había hecho.124 Esta identifica­
ción echó raíces en muchos círculos anarquistas, y se m ultipli­
caron los artículos aprobatorios en diversos periódicos. La solida­
ridad mayor se expresó en 1895 cuando el grupo anarco-comunista
La Expropiación publicó u n folleto especial en su m em oria. En la
introducción se incluyó la siguiente frase, que es de por sí elo­
cuente: "N uestro amigo Ravachol ha pagado con su cabeza, su
abnegación por la em ancipación social del proletariado.” Luego se
destaca su personalidad y lo presentan como prototipo:
R a v a c h o l h a c o n o c id o to d a s la s m iseria s, h a b e b id o c o n el c áliz d e a m a r­
g o r d e l p u e b lo esclavo; p e r o m ás v a lie n te , m á s r e b e ld e q u e e l c o m ú n
d e lo s m o rta le s q u e s u fr e n e n sile n c io , é l se su b le v a c o n tra la s in ju s ti­
cias, d e c la ra so lo la g u e r ra a la b u rg u e s ía sa tisfe c h a (p. 4) . . . R a v a c h o l
e n c a rn a el p r in c ip io d e la r e b e lió n ; p e rs o n ific a d o , sim b o liz a la s ideas
d e l ib e r t a d y d e a c c ió n in d iv id u a l (p . 6 ) .

Los delitos que cometió logran la rehabilitación total:
Q u é im p o r ta e l h a b e r h e c h o c o n tr a b a n d o , v io la d o u n a s e p u ltu r a d e a ris ­
tó c ra ta , fa ls ific a d o m o n e d a , a liv ia d o d e 30 000 fra n c o s a l e r m ita ñ o d e
C h a m b le s, h a b e r le a v a n z a d o el f in d e la e x is te n c ia e n a lg u n o s m o m e n ­
tos, d in a m ita d o a lg u n o s m a g i s t r a d o s .. . T o d o esto n o es m á s q u e la
c o n se c u e n c ia d e l e sta d o so c ial a c tu a l. E sta m o s e n c e rra d o s e n u n círc u lo
d e a ce ro , e n el q u e n o n o s es p o s ib le d e b a tirn o s s in r o m p e r a lg u n a
cosa (p. 6 ) .

L a introducción finaliza con la siguiente frase:
C u a n d o R a v a c h o l fu e a rre s ta d o , se crey ó q u e n o s u c e d e ría m á s n a d a ;
p e ro f u e u n a d e c e p c ió n p a r a lo s b u rg u e se s : se h a n e n c o n tr a d o h o m b re s
e n é rg ic o s p a r a h a c e r v o la r a lo s d e l a t a d o r e s . . . H a b é is se m b ra d o e l v ie n ­
to, co se ch a réis la te m p e s ta d . ¡V iva la p r o p a g a n d a p o r el h e c h o ! 125

Debe señalarse que, pese a la glorificación de los anarquistas,
del terror individual y de la dinam ita en la prensa anarquista, no
hubo n ingún caso de terror anarquista en la A rgentina entre 1890
y 1894. La prim era y única noticia sobre u n grupo anarquista que
124 “R av achol”, en E l P erseguido, 24 de ju lio d e 1892.
125 Los extractos son del folleto R avachol, edición L a E xpro p iació n , Buenos
Aires, m ayo de 1895. (Se en cu en tra en el A rchivo IISG, A m sterdam .)

iba a aten tar contra personalidades e instituciones políticas (aten­
tado que frustró la policía) se publicó el 26 de mayo de 1894.126
El representante británico en Buenos Aires, tam bién lo informó:
S e ñ o r [C o n d e d e K im b e rle y ]: L a m e n to in f o r m a r a su s e ñ o ría q u e la
p la g a d e la a n a r q u í a q u e h a b r o ta d o c o n ta l v io le n c ia r e c ie n te m e n te e n
E u r o p a h a a p a re c id o e n ú ltim a s fe ch a s a q u í. E l d ía 25 d e l m es p a sa d o ,
u n g ru p o d e estos m a lh e c h o re s a p o s ta h a b ía a c o rd a d o e l h a c e r e s ta lla r
s im u ltá n e a m e n te b o m b a s e n la C a sa d e G o b ie r n o , la C á m a ra d e R e ­
p re s e n ta n te s , la B o lsa d e V a lo re s y la casa d e l g e n e r a l R o c a o la c a te ­
d ra l, d u r a n te u n T e d e u m so le m n e , d e p e n d ie n d o d e l lu g a r e n q u e p r o ­
d u je r a n efecto s m ás te rrib le s.
A fo r tu n a d a m e n te , la p o lic ía p u d o a t r a p a r a c in c o d e los b rib o n e s e n
e l m ism o m o m e n to d e c a rg a r la s b o m b a s y, p o r in f o r m a c ió n re c ib id a
e n el c u a rte l d e p o lic ía , se e sp e ra q u e a n te s d e m u c h o se lo g re la c a p ­
tu r a d e la t o ta lid a d d e los a se sin o s.127

De este hecho no hubo ecos en la prensa anarquista local de la
época, y en mi opinión no se lo debe ver como algo característico.
Por el contrario: lo que caracterizaba a los grupos anarquistas extre­
mistas de los círculos anarco-comunistas no era la acción terrorista,
sino el palabrerío terrorista. La palabra violenta no llegó a m ate­
rializarse en actos, ni se desató u n a ola de terror en la Argentina.
E. Gilim ón, en su libro de memorias, distingue entre palabras y
hechos de los prim eros anarquistas del país, y lo refiere en forma
de u na charla característica entre anarquistas, que nos perm ite de­
du cir sus inclinaciones:
—L a p r o p a g a n d a m ás eficaz es la p r o p a g a n d a p o r el h e c h o .
— |A h , si yo tu v ie r a e l c o ra je q u e m e fa lta ! M is deseos m ás g ra n d e s
s e ria n h a c e r algo, p e ro n o m e a c o m p a ñ a e l c o raz ó n .
—Y yo, a ta d o c o n t a n t a f a m i l i a . . . T e n í a ra z ó n B a k u n in . E l re v o lu ­
c io n a rio d e b e se r solo.
— N o e sto y c o n fo rm e c o n e s o . . . C re o p o r e l c o n tr a r io q u e la fa m ilia
lo h a c e a u n o m ás re b e ld e . V e r a los h ijo s sin p a n , a l a m u je r e n f e r m a . . .
su b le v a a l m ás c o b a rd e .
—A m í, n o es la f a m ilia q u ie n m e a ta . L o p o c o q u e h a g o , lo h a g o m ás
p o r e lla q u e p o r m í m ism o . L o q u e m e f a lta es v a lo r.
—Y lu eg o , esos a d o rm id e ra s d e l so c ialism o , c o n su p r o p a g a n d a le g a li­
ta r ia , p a c ífic a , q u e to d o lo v ie n e n a e n to rp e c e r.
126 H . Spalding, op. cit., pp. 180-182. C ita: L a voz de la Iglesia, 26-5-1894,
núm . 3444.
127 La carta se en cu en tra en el archivo del P u b lic R ecord Office, Londres,
I .o 6/436 núm . 24.

—No son sólo ellos. También entre nosotros habrá que expurgar, y
mucho.
—Allí están los organizadores perdiendo el tiempo en formar rebaños,
en organizar sociedades de resistencias. Eso es un socialismo disfrazado. ..
Y otra vez, de vuelta a lo dicho en un comienzo:
—Es propaganda lo que se debe hacer. Y a ser posible, la propaganda
por el hecho, que es la más eficaz.128

L A O P O S IC IÓ N

A L T E R R O R E N T R E L O S A N A R Q U IS T A S

A p artir de 1895 resalta la decadencia de la tendencia proterroris­
ta extrem a en los círculos anarquistas de la Argentina. Ese año
se publicaron noticias sobre grupos que objetan los actos del anar­
quismo violento en Europa, censuran el palabrerío terrorista o el
llam ado a la dinam ita en la Argentina. El prim er síntom a de ello
fue u n artículo editorial polémico en E l Perseguido, contra los
grupos anarquistas que objetaban el culto a Ravachol y al terror
individual.129 La prueba directa más interesante del surgim iento de
una corriente que censura el palabrerío terrorista de los círculos
anarquistas adictos a E l Perseguido es u n a circular que publicó en
Rosario, en 1896, el Círculo Ciencia y Progreso, que tam bién se
define grupo com unista-anárquico. La circular M anifiesto de pro­
testa contra los alarmistas reprueba la vocinglería terrorista y la
hipocresía del “terrorism o de salón” :
. . . Cuando los miserables de chaqueta, de levita o de sotana se mueven
en la sombra para perpetrar simulacros de atentados que a nadie dañan,
quizá con el preconcebido fin de que los tontos los tomen en serio, o
de que, por espíritu de imitación, algún fanático, entre los miles de
hambrientos y desesperados, se ponga en acción... no hemos podido ca­
llar por más tiempo y hemos resuelto levantar, como lo hacemos hoy,
nuestra voz de protesta solemne contra las canalladas que, a los que pro­
fesamos ideas de no gobierno, se nos atribuye por parte de los ignorantes
y mal intencionados...
Los que damos la cara llamándonos francamente partidarios de la
128
129
1895;
ibid.,

E. G ilim ón, op. cit., p. 15.
“ Lo q u e somos y lo q u e son ellos”, e n E l P erseguido, 25 de enero de
"Siem pre a d elan te ”, ibid., 10 d e febrero d e 1895; "F ederación a n árq u ic a ”,
31 de m ayo de 1895.

a b o lic ió n d e l g o b ie rn o , lo s q u e so s te n e m o s y a lim e n ta m o s la p ro p a g a n d a
r a z o n a d a , o r a l y e sc rita , p o r m e d io d e h o ja s , c o n fe re n c ia s y f o l l e t o s .. .
le v a n ta m o s n u e s tr a voz d e p ro te s ta y d e c la ra m o s q u e n a d a ten e m o s, n i
h e m o s te n id o , n i q u e re m o s te n e r d e c o m ú n c o n los p e d a n te s q u e sólo
s a b e n s e m b ra r la a la rm a o a m e n a z a r c o n la d in a m ita , s ie n d o in c a p a c e s
d e u s a rla —p o r n o c o n o c e r n i su c o m p o s ic ió n q u ím ic a n i su e m p le o —
n i c o n lo s fa n á tic o s q u e c o n f u n d e n l a id e a c o n e l p r o c e d im ie n to , n i
m u c h o m e n o s c o n los m a l in te n c io n a d o s , q u e p r e te n d e n se rv ir a l id e a l
s a tis fa c ie n d o v e n g a n z a s p e rso n a le s.
P ro te s ta m o s ta m b ié n p o r la i n u t i l i d a d y lo c o n tr a p r o d u c e n te d e se m e ­
ja n te s m e d i o s . . . q u e n i n g u n a m e d id a a u to riz a n i ju s tific a , p o r q u e n o
sa b e m o s có m o p o d ría m o s e fe c tu a r u n m o v im ie n to re g e n e r a d o r c o n m ed io s
d e p ra v a d o s , p o r q u e cree m o s q u e la s b u e n a s d o c trin a s d e b e n i r a c o m p a ­
ñ a d a s d e b u e n a s o b ra s.
. . . L a a n a r q u ía es la paz, es e l a m o r, es la p e rfe c c ió n h u m a n a y es
e l b ie n e s ta r d e la h u m a n id a d .130

Esas expresiones eran insólitas y excepcionales en las publicacio­
nes anarquistas de hasta ese m om ento. A nunciaban un nuevo es­
p íritu en los círculos que se consideraban anarco-comunistas. No
tenemos varas para m edir cuánto influyó este espíritu en Rosario
y Buenos Aires, pero cabe suponer que en 1895-1896, cuando ape­
nas asomó, se circunscribía aún a pequeños grupos que se resistían
a la tradición y a las tendencias acum uladas en los años transcu­
rridos.
Ciencia y Progreso de Rosario y grupos paralelos de Buenos Ai­
res quienes se expresaban en el periódico E l O primido, em pren­
dieron en 1895-1896 una lucha contra la im agen negativa, terroris­
ta, de violencia y aventurerism o del anarquism o argentino, formada
por la propaganda de El Perseguido.131 Esta imagen y los ecos del
terror en Europa despertaron m iedo y hostilidad por parte de la
sociedad argentina contra el anarquism o,132 a la vez que facilitaron
las persecuciones policiales. Hemos m encionado los ataques de la
policía a una asamblea anarquista en L uján. Ese incidente no fue
excepcional: desde 1893 se efectuaron cuantiosos arrestos y depor­
taciones de anarquistas activos.133
130 M anifiesto de protesta contra los alarmistas. Este folleto se en cu en tra en
el archivo IISG, A m sterdam , colección M ax N e ttla u , legajo A rgentina, 1893-5.
131 "A propósito de la bom ba de B arcelona”, en E l O prim ido, 7 d e ju n io
de 1896.
132 Ya en 1892 se p u b lic a ro n artículos en E l D iario, qu e llam ab an a im p e ­
d ir la e n tra d a de an arq u istas a la A rgentina, así como a d e p o rta r a los que
ya h a b ía n ingresado. Véase "R ebencazos”, e n E l O prim ido, 22 de m ayo de 1892.
1 3 3 H . Spalding, op. cit., p p . 179-80; D. A bad de S antillán, M o vim ien to anar­
quista, p p . 46-57.

Pero el daño de las persecuciones policiales no fue la causa que
im pulsó a esos círculos a querer cam biar la imagen del anarquism o
en la A rgentina. A los grupos como Ciencia y Progreso los movía
el deseo de frenar el aventurerism o y el palabrerío terrorista alti­
sonante, para enm endar la imagen anarquista en el seno de la clase
trabajadora. Los com plot clandestinos, los artículos de instigación
a la violencia, el llam ado a usar la dinam ita hicieron que muchos
obreros se abstuvieran de acercarse al anarquism o; la base trabaja­
dora de sus grupos se fue reduciendo por ese motivo, pese a que
las posibilidades aum entaban por el crecimiento del núm ero de
obreros y la agudización de las luchas sociales. No es una casuali­
dad, por lo tanto, que se fuera dejando de lado la línea terrorista
y creciera la corriente pro-organizadora. Ambas cosas resaltaron en
el auge de las campañas obreras de 1895-1896.

h u e lg a s o b re ra s de 1895-1896
L a agitación creciente entre los trabajadores argentinos se notó ya
en 1894, pero sólo en 1895 adquirió expresión concreta. La lucha
obrera adquirió auge en 1895; el núm ero de huelgas creció de 9
en 1894, a 19 en 1895, con la participación de 21 000 obreros;
14 paros triunfaron. Los objetivos de la lucha en ese entonces,
fueron: aum ento de salario y reducción de las horas de trabajo. El
sindicato de yeseros planteó el requisito de la jornada laboral de
8 horas, y tuvo éxito.134 En Buenos Aires funcionaban 25 sindica­
tos y a fin de ese año fracasó otro intento, el tercero, de crear una
federación general (con influencia socialista).135
En 1896 siguió la ola de huelgas y la cam paña de luchas obreras
en la A rgentina llegó a su cumbre. Estallaron 26 huelgas grandes
y prolongadas, con la participación de 26 000 obreros.136
Ese año se hizo el prim er intento de exhortar a la huelga gene­
ral, por iniciativa de varios sindicatos activos: las sociedades cosmo­
politas de obreros albañiles, panaderos, yeseros, marm oleros y esti­
badores. Prom ovieron una convención obrera, a la que fueron
invitados “todos los trabajadores en general, y especialmente los
que pertenecen a las sociedades de pintores, carpinteros y anexos,
galponeros de Rivera, calafates, herreros y mecánicos, vidrieros, tor­
neros en m adera, talabarteros, sastres, peluqueros, etc.”. E n esa
134 J. O ddone, op. cit., pp. 36-39; S. M arotta, op. cit., p. 36.
135 H . Spalding, op. cit., pp. 128-32; J. O ddone, op. cit., p p . 74-76.
136 S. M arotta, op. cit., p p . 97-100; J. O ddone, op. cit., p. 3 7 .

asamblea los obreros fueron llam ados a debatir la huelga general.137
L a convención no tuvo éxito, pues los concurrentes no eran de la
misma idea en cuanto a la huelga general; se desataron discusiones
violentas, hubo muchos tum ultos y el tem a se dejó de lado.138
U na lucha obrera de grandes dim ensiones estalló entre los ferro­
viarios. Prim ero en el ferrocarril sur, pero pronto se propagó a to­
das las compañías y abarcó casi todos los servicios ferroviarios en
la Argentina.
Los ferroviarios pusieron de m anifiesto espíritu de lucha y soli­
daridad. Pero la firmeza de los empleadores y la falta de experien­
cia combativa causaron el revés de los obreros: un sector tras otro
se rindieron a la presión de los empleadores, que recurrían a rom ­
pehuelgas reclutados entre los inm igrantes, cuyo núm ero superó
ese año al de años anteriores.139
En 1896 sobresalió la inflexibilidad de los empleadores, que se
valieron de la ayuda policial contra los obreros huelguistas, contra
sus asambleas y manifestaciones. Am enazaban con inscribir a los
huelguistas en “listas negras”, que les im pediría conseguir trabajo
en el futuro. La sociedad de industriales UIA, pese a estar formada
principalm ente por inm igrantes, pidió a las autoridades que de­
po rtaran del país a “los p ertu rb adores del orden social”.140

L O S A N A R Q U IS T A S Y L A A G IT A C I Ó N

OBRERA DE

1895-1896

C abe exam inar ahora la actitud de los anarquistas hacia la ola de
huelgas y la agitación obrera en 1895-1896. Los círculos de El Per137 Véase la circular de esos sindicatos titu la d a “ A todos los trab ajad o res”,
p ub licad a en Buenos Aires el 2 de ju n io de 1896. U na copia se en cu en tra en
el archivo IISG, A m sterdam , colección p riv ad a d e M ax N e ttla u , legajo A rgen­
tin a , 1896-97. P a ra inform ación sobre tal re u n ió n , véase E l O prim ido del
7 de ju n io de 1896.
Las circulares adicionales sobre las huelgas d e 1896, se e n cu e n tra n en la m is­
m a colección de M ax N ettlau :
a) C ircular d el Sindicato de O breros A lbañiles: “L as huelgas”;
b) O breros M arm oleros y Picapedreros;
c) Confederación de A rtes Gráficas;
d) O breros Panaderos;
e) Zapateros, C ortadores, A paradores.
138 “ M ovim iento social”, en E l O p rim ido, 28 de ju n io de 1896.
139 S. M arotta, op. cit., pp. 99-100; "L a h uelga de los m aquinistas y foguis­
tas", en E l O prim ido, 28 de ju n io d e 1896.
140 S. M arotta, op. cit., p. 98; J. O ddone, op. cit., p. 109; "In d u striales p ací­
ficos-feroces”, en E l Perseguido, 6 d e septiem bre de 1896.

seguido no cam biaron de posición. El periódico siguió publicando
artículos de censura a la organización y a los sindicatos obreros;
el argum ento era que los sindicatos institucionalizados, con comi­
siones y reglamentos, no prom ueven la lucha obrera sino que la
deform an y debilitan el espíritu de combate. ( T am bién criticaba
las huelgas parciales, pues en su opinión m alversaban la energía
de los obreros y los empleadores sabrían recuperar de ellos las pe­
queñas ventajas que podían haber conseguido. El único m odo de
m ejorar la situación de los obreros —afirm aba— era la revolución
radical, el derrocam iento del régim en existente.141
Pero en 1895-1896 E l Perseguido ya no era el único vocero anar­
quista. Se publicaban tam bién otros periódicos, de línea distinta
(véase pp. 44 s s . ) . Además cabe señalar la integración personal de
obreros con ideas anarquistas en los sindicatos obreros. E n u n en­
sayo sobre la historia del anarquism o en la A rgentina, presentado
al Congreso anarquista de París, en 1900, se recalca este fenómeno
en el inform e sobre los sindicatos obreros argentinos a comienzos
de la década de 1890:
. . . S in s o ñ a r s iq u ie r a h a c e r d e e llo u n a c u e s tió n d e p rin c ip io s , lo s c o m ­
p a ñ e ro s c re y e ro n n a tu r a l f o rm a r p a r te d e esas a g ru p a c io n e s y a u n d e
a lg u n a s so c ie d a d e s d e o fic io fo rm a d a s p o r a n a rq u is ta s , c o m o la s d e los
a lb a ñ ile s , p ic a p e d re ro s , so m b re re ro s, p in to r e s d e R o sa rio , yeseros, e tc. E ste
m o v im ie n to s o c ie ta r io . . . fu e se g u id o p o r h u e lg a s, c o n flic to s d iv erso s e n ­
tr e p a tr o n o s y o b re ro s, h u e lg a s y c o n flic to s q u e m u c h a s veces e s tu v ie ro n
c o ro n a d o s p o r el é x ito , g ra c ia s a la in te lig e n c ia d e los aso c ia d o s, a las
id ea s y a las e n e rg ía s d e los e le m e n to s av an z ad o s, es d e c ir d e los a n a r ­
q u is ta s q u e se h a lla b a n a l f r e n te d e la s so c ied a d es.142

Pero pese a la integración personal inm anente en la actividad de
los sindicatos, la presencia anarquista no era aún notoria en ellos
ni en las huelgas de 1895. Eso se puede deducir de u n informe
presentado por M anuel Campos, jefe de policía de Buenos Aires,
en el capítulo sobre el anarquism o:
E n la s h u e lg a s h a in te r v e n id o e n p e q u e ñ a e scala el a n a rq u is m o . Sea p o r
n o te n e r to d a v ía a m b ie n te e n los g re m io s in d u s tr ia le s d e la c a p ita l, sea
p o r la i n u ti l id a d d e su p r o p a g a n d a e n la cla se n a tiv a d e o b re ro s , el h e ­
cho es q u e ta le s id ea s a ú n p e r m a n e c e n c irc u n s c rip ta s a in d iv id u o s a isla ­
141 “ O rganizaciones y h uelgas”, en E l Perseguido, 27 de enero de 1895; “O r­
ganizaciones y huelgas”, ibid., 10 de febrero de 1895; " Las organizaciones obre­
ras”, ibid., 28 de agosto d e 1895; “ O breros”, ibid., 12 de diciem bre d e 1896.
142 E l Congreso revolucionario internacional de París, B uenos Aires, 1902,
p. 40.

d o s o a so c ied a d es p o c o n u m e ro s a s , q u e r e fle ja n sin e x p a n d irs e las te o ría s
p re c o n iz a d a s p o r los c e n tro s a n a r q u is ta s e u ro p e o s.

Pero aparte del com entario sobre el presente, M. Campos vati­
cina el futuro:
Si b ie n es c ie rto q u e e sta in tr o d u c c ió n d e l a n a rq u is m o e n la R e p ú b lic a
A r g e n tin a se o p e ra c o n d ific u lta d e s p a r a su d e s a rro llo p o r los m o tiv o s
c ita d o s, su a p a ric ió n p o r si so la es u n p e lig ro se rio p a r a el p o rv e n ir,
c u a n d o las r e la c io n e s e n tr e c a p ita lis ta s y o b re ro s se c o m p liq u e n y las f a ­
c ilid a d e s d e l tr a b a jo d is m in u y a n p o r c u a lq u ie r m o tiv o in d ire c to , y pol­
lo m is m o p o c o eficaz.143

Los acontecimientos de los años subsiguientes confirm arían los
vaticinios de Campos. Pero hacían falta dos condiciones básicas. La
prim era, en cuanto a la agudización de los conflictos, la previo;
no sucedió lo mismo en cuanto a la otra condición, pero no fue
menos im portante. Esta condición estaba incluida en la evolución
de la ideología anarquista en la A rgentina, en la consolidación de
la tendencia que aprobaba, por principio, la participación integral
en las actividades de los sindicatos obreros, el empleo de instrum en­
tos organizativos para la acción anarquista y obrera. Pasos evidentes
en ese sentido se dieron en 1895-1896, paralelam ente al fortaleci­
m iento de dicha tendencia en los centros anarquistas activos de
E uropa.144 E n esos años se publicaban en Buenos Aires los perió­
dicos E l Obrero Panadero, L ’Avvenire, La Questione Sociale, parti­
darios los tres de la tendencia organizativa y de la actividad en los
sindicatos obreros. E l Oprim ido — que empezó a aparecer en L uján
bajo la dirección del anarquista doctor Creaghe, se trasladó a fines
de 1895 a Buenos Aires y se convirtió en u n quincenario regular y
en u n vocero central del anarquism o— tam bién era adicto a la or­
ganización.145 Este periódico simpatizó con la lucha de los sindicatos
en 1896. En un artículo editorial polemizó con los opositores a las
huelgas anarquistas, esto es, con los círculos de El Perseguido:
"C om batir las huelgas es m algastar el tiem po y esfuerzos que pue­
den ser debidam ente aprovechados. Nosotros preferimos im pulsar­
143 "M em oria del jefe de policía de Buenos A ires” , en M em oria del m inistro
del In terio r, 1895, citado p o r H . Spalding, La clase trabajadora argentina, p. 184.
144 “ Federación anárquica. Ideas viejas en tiem pos nuevos”, en E l P ersegui­
do, 21 de m ayo de 1895; G. Zaragoza R u v ira, op. cit., p. 423; M ax N ettlau,
H istoire de l’anarchie, París, É ditions d u Cercle, 1971, pp. 165-99. Sobre la lucha
de los grupos anarco-com unistas en In g la te rra respecto del re tiro del a n arq u is­
m o d el Congreso In tern a cio n a l de T rab a ja d o re s, véase "E l congreso de L ondres”,
El O prim ido, 6 de septiem bre.
145 "A u to rid ad y organización”, en E l O p rim ido, 12 de a b ril de 1896.

las, darles nuestro apoyo, hacerlas revolucionarias... T oda huelga,
pequeña o grande, salga triunfante o denotada, será de resultados
excelentes porque entonará más los ánimos entre obreros y capita­
listas, porque nos adiestraremos en la pelea y porque al fin nos
hará com prender que el camino más corto para llegar a la sociedad
ig u a lita ria ... es el de la revolución social.” 146
En la sección de informaciones, del mismo núm ero, al h ablar de
las dimensiones crecientes de las huelgas, dice la redacción: “esto
da una idea de la necesidad que hay de que nosotros, los anarquis­
tas, hagamos causa com ún con los huelguistas, aunque esto nos
obligue a enrolarnos en las sociedades de resistencia, pues ejercien­
do en ellas nuestra influencia y con la táctica debida nos será más
fácil em pujar a la masa por la vía revolucionaria”.147
En el núm ero siguiente la redacción reiteró estas ideas (dos se­
m anas después) en u n editorial sobre las huelgas: “M ovimiento
fructífero.” 148 Pero pronto se com probó que las esperanzas de El
O prim ido en la evolución de las huelgas eran vanas. A comienzos
de octubre se extinguieron todos los paros. El deseo de E l Opri­
m ido de tornar las huelgas en un im pulso de acción revolucionaria,
no encontró asidero. Sin embargo, al com entar el cese de la ola
de huelgas, escribió: " . ..N o porque haya term inado el movimiento
huelguista hemos de separarnos ya de las agrupaciones de oficio;
al contrario, conviene enrolarnos en ellas y ejercer allí en lo posible
nuestra influencia en el terreno de las ideas.” 149 La redacción de
El O prim ido no pudo lu char por la m aterialización de la línea que
predicaba. M edio año después de publicar estas palabras, dejó de
aparecer.
L a lucha por m aterializar esta tendencia —que habría de seña­
lar u n vuelco en el anarquism o de la A rgentina— fue asum ida por
un periódico nuevo, La Protesta H um ana, que empezó a publicar­
se en 1897.

146
147
148
149

"L as huelgas”, en E l O prim ido, 23 de agosto de 1896.
“ E l m ovim iento social”, e n E l O prim ido, 23 d e agosto de 1896.
“ M ovim iento fru ctífero ”, en E l O prim ido, 6 de septiem bre d e 1890.
“ M ovim iento social” , en E l O prim ido, 20 de septiem bre de 1896.

“la

p r o t e st a h u m a n a ”

En la historia del anarquism o en la A rgentina, le cupo u n lugar
destacado a La Protesta H um ana que, en los prim eros años del mo­
vim iento, hizo u n aporte decisivo en lo que concierne a la consoli­
dación de la tendencia que llevó a integrar el anarquism o en las
luchas sociales de la clase trabajadora argentina, y luego se tras­
formò en el órgano de prensa central del anarquism o y se editó
regularm ente hasta que éste desapareció como factor de gravitación
pública en la Argentina.
Los albores de este periódico se rem ontan al 13 de junio de 1897,
en Buenos Aires, cuando empezó a aparecer como semanario bajo
el nom bre de La Protesta H um ana (pasó a llam arse sólo La Pro­
testa a comienzos de noviem bre de 1903).1 Ya en abril de 1897 se
tuvo noción clara de la intención de publicarlo y de su tendencia,
cuando el grupo fundador difundió una circular explicativa entre
los círculos anarquistas de la A rgentina y del exterior.2 La circular
explicaba, entre otras cosas, que el trasfondo de esta iniciativa re­
sidía en:
"..el gran desarrollo adquirido por la propaganda anar­
quista en Sudam érica”. Por consiguiente consideraban necesario
crear un medio de expresión que prom oviera la propaganda y ayu­
dara a propagarla entre las am plias capas del pueblo. En cuanto
a la esencia del periódico y su meta, señalaba:
L a P ro te sta H u m a n a se rá u n p e rió d ic o p u r a m e n te d o c tr in a l y re v o lu c io ­
n a r io , q u e tr a ta n d o to d a s a q u e lla s c u e s tio n e s d e a c tu a lid a d a m e d id a q u e
se v a y a n d e s a rro lla n d o , a r re m e te r á d e firm e y sin c o n te m p la c io n e s c o n tra
to d a s las c r a p u le r ía s b u rg u e sa s y a u to r ita r ia s , p r o c u r a n d o v u l g a r i z a r . . .
la b o n d a d d e l I d e a l A n a r q u is ta .3

En lo que atañe a la identidad y a la composición del “grupo
1 D. A bad de Santillán, "L a P ro te sta ”, e n la recopilación Certam en intern a ­
cional de "La P rotesta”, Buenos Aires, 1927, p p . 34-71.
2 U n eje m p la r orig in al de esta c ircu lar se en cuentra en el archivo del In te r­
nationaal In s titu t voor Sociale Geschiedenis (IISG), A m sterdam , en la colección
p riv ad a de M ax N ettlau , en el legajo: A rg en tin ien A narchism us, D rüksachen,
1895, 1896.
3 Ibid.

iniciador”, contamos con un núm ero de detalles. En prim er térm i­
no, la circular de referencia m enciona textualm ente el nom bre de
G regoi Inglán Lafarga, cuyo dom icilio y casilla de correo en Buenos
Aires figuraban como dirección para quienes quisieran suscribirse.
G. Inglán Lafarga, de profesión carpintero y anarquista activo,
inm igrante de origen español-catalán (quien ya había desempeña­
do una labor periodística intensa en los últim os años) 4 sería el
director de La Protesta H um ana (en adelante: L P H ) du ran te los
cinco años subsiguientes, y contribuiría considerablem ente a la
afirm ación de su imagen y orientación. A su lado descollaba F ran­
cisco Berri, obrero panadero y activo en su sindicato, quien se res­
ponsabilizaba por el aspecto adm inistrativo del periódico. Colabo­
raba con ellos otro grupo de anarquistas, activos en los sindicatos
obreros: carpinteros, panaderos, etc.,5 y tam bién varios intelectua­
les, como A ltair, y profesionales libres: los doctores J. Creaghe y
E. A rana (ambos médicos). U na considerable contribución le cupo
al periodista J. Prat, u n anarquista de España, quien llegó a la Ar­
gentina en 1897, en la época en que se iniciaba la publicación de
LP H , y permaneció en el país u n solo año. D urante ese año escri­
bió muchas veces en el periódico y colaboró intensam ente en su
redacción. Al regresar a España siguió enviando desde allí cartas
y artículos; debido a su influencia, tam bién colaboraron en LPH
otras plum as españolas, como ser R. Mella y A. Lorenzo.6
En cuanto al carácter y a la difusión del periódico, cabe señalar
que, desde su prim er núm ero, se editaba en cuatro páginas, consa­
4
E n 1896, G. In g lán L afarga, ju n to con M. R eguera, fu n d ó el periódico La
R evolución Social, que existió h asta 1897. Véase D. A bad de S antillán, E l m ovi­
m iento anarquista, op. cit., p p . 59-60.
5 Ib id ., pp. 60-61.
6 U n enfoque excepcional sobre el p ap el de J. P ra t en la fundación de La
Protesta H u m a n a , puede hallarse en el periódico anarco-individualista G erm inal,
que polem izó conspicuam ente con La Protesta H u m a n a ; según aq u el periódico,
La Protesta H um a n a es p a rte del p a trim o n io m u n d ia l de la corriente d e adictos
a la organización en el anarquism o, p a ra “ tran sp la n ta r ” tendencias pro -o rg an i­
zativas de los grupos a n arq u istas del m undo. L a llegada de J. P r a t no fue
casual, sino que lo h a b ía n enviado con ese propósito: “V ino a ésta [Buenos
Aires] José P ra t y se hizo cargo de La Protesta H u m a n a , p la n tó el terren o en
varios núm eros y sobre tablas, lanza el consabido acuerdo: La O rganización,
¿Qué hizo de las contestaciones q u e le m an d aro n al respecto? In d u d ab lem en te
lo q u e estaba acordado: m andarlos al canasto del olvido.” G erm inal, Buenos
Aires, 5 de m arzo de 1899; G. M ontero, H istoria de una propaganda.
La inclusión de artículo tan hostil, lo hace sospechoso de tendencioso, m áx i­
m e p o rq u e no se en co n traro n p ru e b as objetivas adicionales, ya que se hab la de
u n “co m plot”. Al contrario: la ap arició n de L a Protesta H u m a n a tuvo como
trasfondo y raíces el desarrollo de los círculos anarquistas en la A rgentina, tal
como tra tó de explicarse luego.

gradas todas a los artículos teóricos generales, sobre aspectos diver­
sos de las teorías anarquistas, así como a artículos sobre temas de
actualidad y referentes a las tendencias de acción de los círculos
anarquistas en la Argentina.
En la prim era época, la colaboración de anarquistas locales en
el periódico era relativam ente escasa. L a m ayor parte de los ar­
tículos eran copias y traducciones de la prensa anarquista europea.
U n espacio notable se dedicaba a las reseñas del quehacer en el
m ovim iento anarquista de España, Italia, Francia y Portugal. Al
finalizar el prim er año, creció de u n modo considerable el papel
de los artículos que trataban los problem as relativos a la realidad
del anarquism o en la Argentina. U na línea característica desco­
llante del periódico, era la ausencia absoluta de avisos comerciales.
Los anuncios y comunicados que se publicaban tenían conexión
con las actividades de los círculos anarquistas: noticias sobre asam­
bleas, reuniones festivas, celebraciones, así como anuncios sobre la
venta de libros y folletos. L P H —igual que todos los otros periódi­
cos anarquistas en la A rgentina—- se financiaba por medio de con­
tribuciones de sus lectores y suscripciones. L a inform ación relativa
a la recaudación de contribuciones y suscripciones ocupa un lugar
considerable en la sección inform ativa, en la página 4 de cada n ú ­
mero, y se expresaba en las listas detalladas de los contribuyentes
y el total de su contribución.7 Esas listas —sobre cuyo grado de
veracidad atestigua la escrupulosidad en la “enm ienda de erratas”
cada tan to — ofrecen u n cuadro objetivo sum am ente fidedigno so­
bre el grado de difusión cada vez más am plio del periódico en la
A rgentina: en sus ciudades y m unicipios. Además, si se toma en
cuenta que la difusión del periódico desempeñaba un papel im por­
tante en la actividad proselitista del anarquism o,8 el m apa de la
difusión ofrece tam bién una cierta idea del alcance de la am pliación
de la labor anarquista en la A rgentina. Según esas listas, se nota
que ya en el prim er año de su aparición, L P H se había difundido
por 30 localidades del país, a más de la capital federal. La difusión
aum entó en 1898 y se extendió a otras 48 localidades, principalm en­
te en las provincias del litoral. En los años subsiguientes, hasta
1901, el núm ero aum entó a 75 poblados, entre ellos tam bién varias
ciudades en el norte, como T ucum án, Resistencia y otras. Si se in­
cluye la lista de todas las localidades a donde llegaba el periódico
desde 1897 a 1901, se tendrá una nóm ina de 130 parajes, entre ellos
ciudades grandes como Rosario, Córdoba, Mendoza, La Plata y
7 En general se su m in istraro n n óm inas francas en los prim eros años, pero
algunos p referían ocultarse tras apodos, sobrenom bres, iniciales, etcétera.
8 E. G ilim ón, op. cit., p p. 9-10, 30-31.

tam bién m unicipios pequeños o colonias; en algunos lugares la di­
fusión era continua, en otros sólo tem poraria o esporádica.9 La
lista de localidades por donde circulaba el periódico (véase apén­
dice I), prueba que la difusión de las ideas anarquistas trascendió
en la A rgentina los lím ites de Buenos Aires y de varias ciudades
del litoral, y que abarcó una zona territorial de vastas dimensiones.
No es p or supuesto u n a evidencia de la intensidad ni del alcance
de la acción, sobre todo porque se trataba de un tiraje generalm en­
te reducido. A cuánto llegaba el tiraje del periódico se puede de­
ducir de los balances publicados con regularidad: prim ero cada tres
meses y luego en cada núm ero. Según esos balances, el periódico
empezó con un tiraje de 2 000 ejemplares y en 1900 aum entó a un
prom edio de 3 000 (algunas semanas la difusión alcanzaba 3 500 o
4 000 ejemplares).10 El sem anario llegaba asimismo a las grandes
ciudades de los países vecinos: M ontevideo, Sao Paulo, R ío de Ja ­
neiro, Santiago de Chile, Asunción y Lim a, donde suscitó interés
en los círculos anarquistas lugareños.11
Cabe señalar que la publicación de L P H en calidad de periódico
anarquista, no fue u n acontecim iento excepcional dentro de la ac­
ción general del anarquism o, sino que formó parte de u n proceso
que se prolongó varios años. Desde comienzos de la década de 1890
aparecían en A rgentina diversos periódicos anarquistas: en parte
se extinguieron apenas vieron la luz, en parte sobrevivieron d u ­
rante varios años y algunos se m antuvieron hasta la publicación
de L P H en 1897.12
El periódico E l O prim ido, que empezó a editarse en L uján, en
1894, bajo la dirección del doctor Creaghe, dejó de aparecer al pu­
blicarse LPH , en el que vio al continuador de su línea ideológica
9 Sobre la lista de localidades com pleta d onde se d ifu n d ía L a Protesta H u ­
mana así como el grado de su re g u la rid a d , véase el apéndice I.
10 H a sta fines de 1897, el periódico se d ifu n d ió en 2 000 - 2 200 ejem plares.
En los años 1898-1899, la circulación prom edio era de 2 500 ejem plares. En
1900-1901, llegó a 3 000. Esta circulación parece ínfim a, si se la com para por
ejem plo con La Prensa, cuyo tira je en esos m om entos ascendía a 75 000 ejem ­
plares. Sergio Bagú, E volución histórica de la estratificación social en la A rgen­
tina, p. 70.
Pero com parem os con la circulación de la prensa a n arq u ista en u n país e u ­
ropeo grande, como F rancia, q u e contaba con u n to ta l de 4 500 lectores a n a r­
quistas (J. Joll, T h e anarchists, ed. Eyre a n d Spottisw oode, L ondres, 1964, p. 147).
Se com prueba que la difusión de L a Protesta H u m a n a era m uy n otable, cote­
jada con lo h a b itu a l en los m ovim ientos a n arq u istas del m u n d o en la época.
11 La Verdad, M ontevideo, 31 de o c tu b re d e 1897.
12 U n a lista com pleta de la prensa a n a rq u ista en la A rgentina, e n tre 18841897, véase en M ax N e ttla u , B ibliographie de l’A narchie, ed. B iblio th èq u e des
"T em ps N ouveaux”, año 1897, núm . 8, p. 149.

y sus luchas. La conexión estrecha de ambos periódicos se revela,
en el hecho de que el prim er núm ero de L P H inserta noticias so­
bre la cam paña de suscripciones para E l O prim ido, además de una
acotación: puesto que el doctor Creaghe pagó los gastos de im pre­
sión del últim o ejem plar, los dineros recaudados durante la cam­
paña son transferidos para financiar la im presión de LPH . Otros
periódicos siguieron publicándose paralelam ente con la aparición
de LP H . R esalta entre ellos el periódico anarquista en lengua
italiana, L ’Avvenire, que empezó a editarse en Buenos Aires en
1894. T am bién este periódico —igual que E l O prim ido— veía en el
nuevo órgano un com pañero de lucha. Con el correr del tiempo,
ambas publicaciones se identificaban estrechamente. Acabó por
propagar las ideas de L P H en los círculos de inm igrantes italianos
que se concentraron en la A rgentina (tiem po después, a mediados
de la prim era década del siglo xx, suspendió su publicación inde­
pendiente y se convirtió en u n suplem ento a La Protesta). Otras
publicaciones anarquistas que veían la luz al aparecer L P H , eran:
La Anarquía, publicada por u n grupo anarquista de La Plata; La
Libre Iniciativa, que se editaba irregularm ente en Rosario; La Voz
de la M ujer, vocero de un grupo de m ujeres de Buenos Aires y
muy activo en la propaganda fem inista de la Argentina, T am bién
veía la luz El Obrero Panadero, de tendencia anarquista y de apa­
rición esporádica, que empezó a publicarse en 1894.
Dos meses antes de que empezara a editarse L P H , en marzo de
1897, apareció en Buenos Aires el prim er ejem plar del periódico
teórico anarquista Ciencia Social. El editor y director era F. Seran­
toni, u n anarquista activo, dueño de una librería grande en el
centro de Buenos Aires, L ibrería Sociológica, que se había conver­
tido en el foco de difusión principal de la prensa y la literatura
anarquistas de la capital. La redacción de L P H se respaldó igual­
m ente en esa librería: allí se realizaban suscripciones, se conseguían
vínculos perm anentes con los lectores y se organizaban recaudacio­
nes especiales. La circular anunciando la aparición de este perió­
dico y dando a conocer su contenido ideológico, se publicó el
12 de marzo de 1897.13 R evelaba la tendencia y los propósitos
del periódico:
N u e s tro títu lo (C ien c ia Social) es p o r sí so lo u n p r o g ra m a ; d e c o n fo rm i­
d a d c o n é l q u e re m o s re c o g e r, c o n d e n s a r y m e to d iz a r c u a n to se sa b e a c e r­
13 Ciencia Social, revista de sociología, artes y letras, C ircular, B uenos Aires,
12 de diciem bre de 1897. U n a copia orig in al de esta c irc u la r se h alla en el IISG,
A m sterdam , en la colección p riv ad a de M ax N e ttla u , legajo 1897, A rgentinien
Anarchism us.

c a d e las re la c io n e s h u m a n a s p a r a fo rta le c e r e l c rite rio e m a n c i p a d o r .. .
N i d o g m as, n i c o n v e n c io n a lis m o s , n i a p a s io n a m ie n to s se c ta rio s to rc e rá n
la lín e a d e c o n d u c ta q u e n o s h e m o s tra z a d o , firm e m e n te p e rs u a d id o s d e
q u e la so c io lo g ía tie n e ya, c o n el tr a b a jo d e c rític a d e lo e x is te n te , u n
c a p ítu lo d e c arg o s q u e lo d e ja s in base, s in ra z ó n d e e x is tir, y c o n la
e v id e n c ia d e la v e rd a d d e sus a firm a c io n e s , e le m e n to s s u fic ie n te s p a r a
u n a re n o v a c ió n ra c io n a l d e la s o c i e d a d .. .
T e n e m o s u n id e a l q u e n o s sirv e d e n o r t e . . . Q u e re m o s la l ib e r t a d q u e
r e q u ie r e e l d e s a rro llo d e n u e s tro ser, la ig u a ld a d com o e le m e n to e se n c ia l­
m e n te c o n s titu tiv o d e la so c ie d a d .. . y c u a n to se h a fo rm a d o p o r la o b ­
se rv a c ió n , el e s tu d io y la in te lig e n c ia h u m a n a c o n stitu y e u n p a tr im o n io
u n iv e rs a l, p u e s to sin l i m i t a c i ó n . . . a d isp o sic ió n d e todos.

Pese a las formulaciones algo nebulosas de la circular, se revela
claram ente la tendencia anarquista del periódico, desde su prim er
núm ero. En la práctica fue el prim er intento de editar u n perió­
dico teórico anarquista serio, que trajera en sus ejem plares análisis
teóricos a la vez que artículos sobre problemas actuales. Entre
L P H y Ciencia Social se crearon vínculos estrechos y llegaron a
complem entarse m utuam ente.
L P H , semanario, tenía la función de reaccionar y atenerse a las
cuestiones actuales, pero en sus páginas no faltaban artículos teóri­
cos generales; Ciencia Social, periódico que aparecía cada tantos
meses, cum plía el cometido de u n a tribuna teórica significativa.
La m ayor parte de los artículos eran reproducidos de periódicos
anarquistas europeos, y traían la firma de los más descollantes ideó­
logos del anarquism o en esa época: P. Gori, E. M alatesta, E. Re­
clus, P. Kropotkin, A. Lorenzo, R. Mella, S. Faure, J. Grave, C.
M alato, A. H am on, etcétera.
A su lado, asimismo, solía haber notas teóricas de M ax N ordau,
L. Büchner, H. Spencer, L. Tolstoy. Con frecuencia se insertaban
creaciones de Ibsen y la valoración de su personalidad.
La colaboración de periodistas locales era escasa, pero cabe re­
cordar al doctor E. Arana, F. Basterra, A ltair, J. M olina y Vedia
y al doctor J. Creaghe.
Este periódico siguió publicándose hasta el año 1900. La redac­
ción a su vez subsistió — aunque no diera a luz otros ejem plares—
hasta que fue deportado Serantoni, en 1902.14

1 4 E. G ilim ón, op. cit., p. 40; D. A bad de S antillán, M o v im ie n to anarquista,
op. cit., p. 73.

G R U P O S A N A R Q U IS T A S E N

1897

En 1897 fue notorio u n despertar considerable en la actividad anar­
quista de la Argentina, sobre todo en el dom inio de la propagan­
da, de la inform ación oral y escrita. Se fundaron periódicos, se
publicaron folletos y se difundió u n a literatu ra anarquista tanto
original como traducida.15 Ese año actuaban en la A rgentina
varios círculos y grupos anarquistas. El más dinám ico eran Los
Ácratas, del suburbio de Barracas, en las inm ediaciones de la capi­
tal. Ese grupo convocó asambleas de esclarecimiento y editó folle­
tos de propaganda redactados por círculos anarquistas europeos y
argentinos. En los avisos del grupo, insertados en los ejemplares
de L P H , figuran los nombres de 15 folletos de esa índole.16 En
agosto de 1897 el grupo editó el opúsculo Capacidad revolucionaria
de la clase obrera, del doctor E. Arana.
En la declaración de principios del grupo Los Ácratas, se recalca
la necesidad de desarrollar la ap titu d revolucionaria de los traba­
jadores, por medio de la im partición de conciencia revolucionaria;
se exhorta a hacerlo de inm ediato, en la labor cotidiana, en las
fábricas, en la calle, en los cafés, en las asambleas públicas, en la
organización personal, y se previene a no diferirlo para el futuro
lejano.17
Esas palabras reflejan u n estado de ánim o general, que se expresó
tam bién en otras publicaciones. Otros grupos anarquistas activos
en Buenos Aires ese año, que sobresalían por su quehacer, fue­
ron El Libertario, en Almagro, y T ie rra y L ibertad en C onstitu­
ción. Los tres grupos actuaban por separado, pero sobresalieron
por la sim ilitud de su acción y p o r sus inclinaciones anarco-comu­
nistas, propagadas en la A rgentina desde hacía varios años y que
se n u trían del desarrollo de grupos anarquistas en Europa por ese
entonces.18
15 E. G ilim ón, op. cit., p p . 39-40; D. A b ad de S antillán (M o vim ien to anar­
quista, op. cit., p. 73) afirm a que e n cu an to a la circulación de libros y folletos,
B uenos A ires h a b ía llegado entonces a l m ism o nivel que B arcelona.
16 La Protesta H u m a n a , 15 de ju lio de 1897, 1º de o c tu b re de 1897, 31 octu ­
b re d e 1897.
17 “ La capacidad revolucionaria de la clase o b rera, de todos los desheredados
y despojados, conociendo, q ueriendo y p u d ien d o , no a g u ard a rá el m om ento de
la liquidación to ta l diferid a al día o época d e fin itiv a de la revolución, sino que
se m anifestará ya desde luego p o r las liquidaciones parciales, d a rá señales y
m anifestaciones inequívocas en el taller y e n todas las relaciones sociales, p a ra
d a ñ a r y p e rtu rb a r el o rd e n actual de la sociedad; creando obstáculos in su p era­
bles a los gobiernos, a la pro p ied ad , a la religión, a la iglesia.” Capacidad re­
volucionaria de la clase obrera, Buenos Aires, Los Ácratas, 1897, p. 12.
18 La Protesta H um ana , sección G rupos y R euniones, d e fechas 15 de julio

El conjunto filodram ático Academia Filodram ática Erm ette Zac­
coni contribuyó especialmente a propagar la influencia anarquis­
ta; ponía en escena piezas y espectáculos de contenido social, fruto
de la plum a de dram aturgos anarquistas locales o europeos. El
conjunto actuaba con frecuencia en las reuniones o en las jornadas
campestres de los grupos anarquistas y como m edio de atracción
del público para las entrevistas de los m ilitantes anarquistas o para
sus conferencias.19
T am b ién en el in terior del país actuaban grupos anarquistas,
entre los cuales sobresalía Ciencia y Progreso, de Rosario, que des­
de hacía varios años editaba folletos de esclarecimiento. Igual que
otros grupos predecesores, asumió una linea anarco-comunista. En
1896 se sumó a su labor intensa el doctor E. Z. Arana, anarquista
consciente,20 figura de renom bre y adm irada en Rosario por su
vida modesta y la abnegación con que trataba a los enfermos ca­
rentes de medios. E n 1896 pronunció u n a serie de conferencias
populares, en las que dio expresión cabal a sus ideas sociales anar­
co-comunistas, al criticar a la sociedad existente y al bosquejar las
líneas de la sociedad futura. Esas conferencias fueron redactadas
y las editó el círculo Ciencia y Progreso.21 El carácter pacífico
anarco-comunista de las concepciones del grupo editor, se revela en
las palabras de la introducción:
N o es la a n a r q u í a el d e s o rd e n y la b a r b a r ie , n o es el c rim e n y la c o r ru p ­
c ió n ; sin o la paz, el a m o r y la f r a t e r n id a d u n i v e r s a l . . . (p . 6 ) .

Y en las expresiones del propio autor, sobre la sociedad futura:
E n la s o c ie d a d v e n id e ra n o h a b r á ric o s n i p o b re s, q u ie n m a n d e n i q u ie n
o b e d ez ca . H a b r á lib r e a g ru p a c ió n e in ic ia tiv a , a c a d a u n o se g ú n sus n e ­
cesid ad es, d e c a d a u n o se g ú n sus fu erzas, h e a h í las b ases d e l a so c ied a d
d e l o r d e n y d e la a rm o n ía , la s o c ie d a d c o m u n is ta a n á r q u ic a (p . 3 5 ).

El mismo año 1897, el grupo editó un segundo folleto del doctor
de 1897, 18 de agosto de 1897 y 1 de octu b re de 1897. R especto d e l grupo
T ie rra y L ib ertad , véase La Verdad, M ontevideo, 3 de o ctu b re de 1897. Sobre
el anarq u ism o com unista en E u ro p a, especialm ente en Francia, Ita lia y España,
véase M ax N e ttla u , H istoire de l’A narchie, París, ed. d u Cercle, 1971, pp. 160174 y 182-197.
19 La Protesta H u m a n a , 21 de o c tu b re de 1897, 12 de diciem bre d e 1897.
20 “ El doctor A rana no h a sido n u n c a u n a n arq u ista de p a rtid o , pero fue u n
hom bre p ro fu n d am e n te convencido de la b o n d a d d el com unism o a n á r q u i c o ...”
D. A bad de S antillán, M o v im ie n to anarquista, op. cit., p. 61.
21 E. Z. A rana, La sociedad, su pasado, su presente y su porvenir, R osario,
1897. Este folleto se im prim ió en 1, 500 ejem plares y fue editado p o r Ciencia y
Progreso, grupo de p ro p a g an d a com unista anárquica.

E. Z. Arana, sobre los problem as de la liberación de la m ujer, don­
de se critica acerbamente la institución de la familia au toritaria y
se llam a a entablar relaciones de igualdad entre los sexos en la so­
ciedad y la familia. El folleto trae un examen histórico de las di­
versas formas de familia en la historia de la hum anidad y su adap­
tación a los regímenes sociales cambiantes. T am bién bosqueja la
imagen de la fam ilia “libre y liberada” en la sociedad futura, ba­
sada en la unión libre, es decir, en la vinculación libre, voluntaria
y no perpetua. En esencia será una “m onogam ia temporal libre...
que es el últim o térm ino de la evolución de la fam ilia”. El requi­
sito para una familia así es un régim en social distinto y, en prim er
térm ino, una educación y capacitación m ental y sensible para un
nuevo estilo de vida. El prim er paso, por supuesto, es la educa­
ción de la m ujer.22
Las concepciones feministas, los llam ados a la liberación de la
m ujer y las críticas a la fam ilia existente (¡inclusive en el seno de
los m ilitantes anarquistas!) estaban m uy en boga en varios círculos
d e mujeres anarquistas de Rosario y Buenos Aires.
C ontaban con su propio periódico — La Voz de la M ujer— que
sobresalía por su estilo agresivo y condenatorio del dom inio mascu­
lino en la sociedad, y no escatimaba dardos contra los hombres
anarquistas que se adornaban con atuendos revolucionarios por
fuera pero oprim ían a sus mujeres en el hogar.23 Esos grupos orga­
nizaban asambleas de esclarecimiento que exaltaban los ánimos.24
O tros lugares del in terior del país, donde descollaba la actividad
anarquista, eran L uján (allí sobresalía el doctor Creaghe) y Juárez
(donde adquirió renom bre el grupo denom inado Los Autónomos).25
Al grupo La Anarquía, de La Plata, le cupo una actividad sin­
gular: por su iniciativa se convocó el C ertam en Socialista L iberta­
rio Internacional, una com petencia de composiciones teóricas que
h ab ría de reu n ir a m ilitantes de A rgentina y del exterior. El grupo
invitó a todos los miembros de grupos anarquistas, pero la mayo­
ría desoyó su llam ado.26 Cabe suponer que la negativa a cualquier
22 La m u je r y la fam ilia, conferencia p ro n u n c ia d a en R osario el 17 de enero
de 1897 p o r el doctor E. Z. A rana, ed. p o r el gru p o de P ro p ag an d a C om unista
A nárquica C iencia y Progreso, R osario d e Santa Fe, 1897.
23 L a Voz de la M ujer, 31 de enero de 1896. El a rtícu lo prin cip al, "A pareció
aq u ello ”, ataca enérgicam ente a los hom bres anarquistas. D espertó m ucho enojo
en los círculos anarquistas, h asta el p u n to q u e la redacción debió d isc u lp a r­
se en el siguiente núm ero, el 20 d e febrero de 1896, en u n artículo “A los com ­
p añ ero s”, señalando que no se tuvo el propósito de h e rir a todos los a n a rq u is­
tas p ero que, en esencia, se justifica la crítica.
24 L a Protesta H u m a n a , 27 de ju n io de 1897, 15 de ju lio de 1897.
25 La Protesta H u m a n a , 1º de o ctu b re de 1897, 15 de septiem bre de 1897.
26 Sobre el ex trañ am ien to de otros grupos respecto de la iniciativa d el grupo.

inten to de crear u na obra com ún a todos los anarquistas, d e distin­
tos grupos, se n u tría en u n a tradición del pasado, basada en la ac­
tividad dividida, en células autónom as, carentes de marcos perm a­
nentes y de vínculos internacionales. Esta tradición desbarató por
principio todos los intentos de unificación estable.
E n esta tradición de actividad separatista y espontánea, se advir­
tió u n vuelco a fines de octubre de 1897, cuando se creó el Círculo
de Estudios Sociales que se em peñaba por constituir u n centro de
labor de propaganda en Buenos Aires, “para propagar la idea
em ancipadora entre la masa obrera y... entre todos los com pañe­
ros que se hallen de acuerdo con tal iniciativa”.27
P ara ese fin se quiso crear u n círculo perm anente, donde los afi­
liados pagaran una cuota m ensual y contaran con una sede que les
perm itiera reunirse todas las tardes. En la prim era asamblea del
círculo ya participaron 50 personas, dispuestas a organizarse de
ese m odo y a form ar el fondo de acción con el aporte de cuotas
mensuales de u n peso. El grupo llamó a los anarquistas de Bue­
nos Aires a adherir al círculo (lo hizo a través de La Protesta H u ­
mana), pero no todos aprobaron la iniciativa y hubo quienes vie­
ro n en ese paso los indicios de una organización partidista. Una
expresión de las vacilaciones que despertó ese tema, puede notarse
en unas preguntas formuladas a la redacción de L P H por el anar­
quista José Otero, de Buenos Aires, en u n a carta fechada el 15 de
diciem bre de 1897: “ 1) ¿Los anarquistas formamos un partido? 2)
¿Sería útil que los anarquistas constituyéramos grupos por oficios?”
La respuesta de la redacción fue inm ediata, no obstante las reti­
cencias, pues en la contestación la redacción daba u n parecer y no
una declaración de principios que obligara a algún cum plim iento:
1) C re em o s q u e p o r el m e ro h e c h o d e se r a n a r q u is ta s som os u n p a rtid o ,
ya q u e p o r ta l se e n tie n d e la c o lig a c ió n d e in d iv id u o s q u e s ig u e n u n a
m ism a o p in ió n , o sea, q u e tie n e n u n id e a l c o m ú n y c o n tr ib u y e n a r e a li­
zarlo . U n p a r ti d o p u e d e se r a u to r ita r io o a n tia u to r ita r io , e s ta r o rg a n iz a d o
o n o e sta rlo .
2) C re em o s m u c h o m ás ú t il c o n s titu ir " g ru p o s p o r a fin id a d e s ” , p u e s e n
u n c írc u lo d e o b re ro s d e u n m ism o o ficio p u e d e n h a b e r in d iv id u o s q u e
n o se id e n tif ic a n e n sus e n fo q u e s y q u e , c o n sus re y e rta s in te r n a s , e ste ri­
lic e n el e sfu erz o c o m ú n . S in e m b a rg o , la re d a c c ió n re c o n o c e l a im p o r­
de La P lata, véase el artícu lo en La Protesta H u m a n a , 17 de o ctu b re de 1898,
que insinú a q u e hay discusiones bizantinas en los grupos, que obstaculizan la
acción conjunta. El pro p io periódico se sum a a la iniciativa y lla m a a los
com pañeros a acatarla.
27 L a Protesta H u m a n a , 21 de o c tu b re de 1897; “Inform ación sobre la te n ­
dencia a crear el círculo y sus p ro g ram as”, ibid., 1 de agosto de 1897.

ta n c ía d e la a so c ia c ió n p ro fe s io n a l: “ L a a g r u p a c ió n p o r oficios, p o d rá
h a c e rse c u a n d o se t r a t a d e los in te re s e s d e l o fic io .” 28

Asignamos im portancia a esta respuesta, como expresión de la
tendencia que empezó a consolidarse en el seno del grupo que p u ­
blicaba L P H , en lo que concierne a problem as de organización
(“p artid o ”) y en cuestiones concernientes a la actividad del sindi­
cato obrero. Cabe prestar atención a la am bivalencia que se ex­
presa en la respuesta a la segunda pregunta, donde adm ite la im ­
portancia de las dos formas de unificación de los grupos, sin
insinuar cuál es preferible. Esta am bivalencia es típica de la posi­
ción de la redacción de L P H en ese m om ento y señala el proceso
de la transición, de la prioridad de los grupos de afinidades — que
existía en el pasado en los círculos anarquistas de A rgentina—
hacia la relación positiva cada vez m ayor a la actividad en los sin­
dicatos obreros, lo que obliga indefectiblem ente a adoptar formas
de organización. Es cierto, la relación positiva hacia la “organiza­
ción” fue notoria en la posición de L P H desde sus orígenes. Esto
nos lleva a una nueva etapa en el desarrollo del m ovim iento anar­
quista, por lo que debemos analizarlo tom ando en cuenta cómo
encaraba L P H las campañas obreras en la Argentina.

“ L A PR O T E ST A H U M A N A ” Y LOS P R O B L E M A S O BRERO S

L P H reveló apego especial a los problem as de los trabajadores de
la A rgentina, desde sus pasos iniciales. A unque en el artículo edi­
torial del prim er núm ero no se m enciona en detalle a la clase tra­
bajadora —y la term inología es general— el periódico anuncia:
“ ...de nuestros ideales, deseamos hacer partícipe al público inteli­
gente”, e indica el papel de prom over la em ancipación de los des­
heredados.29 En el segundo núm ero, el artículo editorial aborda
“La crisis obrera”. En ese a rtíc u lo , se exam ina el despeñam iento
m aterial y moral que daña a la clase trabajadora, con el increm en­
to de la desocupación en Buenos Aires y en el interior. El artículo
no libera a los obreros de la respon sabilidad por el descalabro, a
raíz de la falta de una conciencia social y revolucionaria com bati­
va, y previene que “de su indiferencia hacia la cuestión social, la
burguesía se aprovecha”.30
28 L a Protesta H u m a n a , 2 de enero d e 1898.
29 “L a b re ch a ”, en La Protesta H u m a n a , 13 de ju n io de 1897.
30 "L a crisis o b re ra ”, en La Protesta H u m a n a , 27 de ju n io de 1897.

Conviene aclarar que 1897 fue u n año relativam ente tranquilo,
en lo que atañe a los conflictos laborales, y el núm ero de huelgas
fue muy reducido. En la práctica había estallado u n a sola huel­
ga gr ande, la de los ebanistas, a fines de noviembre, y se prolongó
duran te u n mes.31 El año previo, 1896, fue en cambio tormentoso
en ese sentido y fue testigo de muchos paros laborales; a fines de
ese año se produjo una calma relativa (se prolongó hasta comienzos
de 1899). En 1896 entró al país el doble del núm ero de inm igran­
tes que lo había hecho el año anterior. Esta situación creó un
desahogo en el mercado laboral, aum entó el núm ero de desocupados
y se convirtió en factor que disuadía a los trabajadores de salir a
la huelga, por m iedo a perder el lugar de trabajo. Pero si los obre­
ros se abstenían de hacer huelgas, las masas de desocupados consti­
tuían un ferm ento de pasiones tormentosas. El acontecim iento más
violento en las luchas de la clase trabajadora, por cierto, fue la
m anifestación de los desocupados en Buenos Aires, a m ediados del
mes de agosto.32
Pero pese a la calma relativa en el campo laboral, las condiciones
de trabajo y la subsistencia de los obreros siguieron tan difíciles
como en el pasado. El déficit en el presupuesto obrero era lo nor­
mal. Los jornales reales no guardaban generalm ente relación con
el alto precio de los alquileres y artículos de prim era necesidad.
En distintos lugares de trabajo, las condiciones y relaciones labo­
rales estaban cargadas de m aterial explosivo. U na circular repar­
tida el 16 de enero de 1898 por varios trabajadores en el puerto de
carbón de La Plata, nos perm ite echar un vistazo a u n recodo os­
curo de las relaciones laborales de ese año. T en ía u n títu lo cla­
moroso: “La m oderna esclavitud.” 33
La circular denuncia el contrato de trabajo esclavizador, con la
empresa de descarga J. M. Com pañía, según el cual los estibadores
del puerto estaban obligados a trabajar de día y de noche, sin li­
mitaciones, disponiendo sólo de dos días de franco por mes, en los
cuales la empresa, si fuera necesario, tam bién podía emplearlos.
El sueldo m ensual era de 90 pesos, pero las ausencias se desconta­
ban de la paga. La ausencia du ran te cinco días anulaba autom á­
ticam ente el contrato y conducía al despido sin indem nización. Las
31 “ M ovim iento O brero In tern a cio n a l-A rg e n tin a ”, La Protesta H u m a n a , 28 de
noviem bre de 1897.
32 L a Protesta H u m a n a , 18 de agosto de 1897. In fo rm a sobre u n a asamblea
de p rotesta tu rb u le n ta , que congregó a 5 000 desocupados, y sobre m anifesta­
ciones violentas, en el centro de B uenos Aires, acom pañadas p o r choques con
la policía.
33 El volante se en cu en tra en la colección p riv ad a de M ax N e ttla u , en el
legajo 1898-1899, en el IISG, A m sterdam .

dificultades que sobrellevaban los estibadores de Buenos Aires se
reflejaban tam bién en otro dom inio: en los conventillos, las vivien­
das en los vecindarios indigentes, donde los operarios y los nuevos
inm igrantes se alojaban en condiciones deplorables, sin ninguna
precaución sanitaria. Algunos artículos publicados en P H se abo­
caron a este tema y llam aban a los inquilinos a rebelarse, a no pa­
gar el alquiler.34
L P H consideró u n deber describir la precariedad de los obreros,
así como los obstáculos con que tropezaban los nuevos inm igrantes
al querer aclimatarse; los inm igrantes seguían afluyendo a la Ar­
gentina atraídos por el señuelo del enriquecim iento fácil, pero se
encontraban con u na realidad de pobreza m aterial y falta de tra­
bajo, arrojados al suplicio del ham bre y de la indigencia, obligados
a cum plir tareas en cualquier condición y a cualquier precio.35
A u n periódico como L P H , la revelación de la pobreza m aterial
y social de las capas laboriosas y de los nuevos inm igrantes, le re­
sultaba u n tema apropiado para la cam paña contra el régimen
existente; las capas sociales que sufrían se convertían en u n objeto
apropiado para la propaganda anarquista. De ahí que resultara
natural, para los redactores de L P H , que los sectores más despo­
seídos fueran tam bién los más propicios para absorber ideas anar­
quistas.36 Se extrajo por consiguiente la conclusión de que cabía
actuar entre los trabajadores, que son los que más sufren y los peor
tratados, de que se debía intensificar la actividad de esclarecimien­
to en su seno, participar en sus luchas contra los explotadores e
insuflarles la ideología anarquista que llevaría en el futuro a la
em ancipación total. Pero el gran cam ino consistía en saber por
qué camino enfilar. Al respecto se había suscitado una discusión
acérrim a desde hacía varios años; las divergencias exacerbaron a
los bandos con puntos de vista encontrados dentro del sector anar­
quista argentino: por un lado estaban los anarco-comunistas, por
el otro los anarco-individualistas.37

L O S A N A R C O -IN D IV ID U A L IS T A S

E n 1897 la lucha entre el anarco-comunismo y el anarco-individua­
34 "A gua lib re ”, en L a Protesta H u m a n a ,
m onopolios y peticiones o b reras”, ibid., 1º de
35 “La situ ació n ”, L a Protesta H u m a n a , 1º
38 “ M edita o b re ro ”, L a Protesta H u m a n a ,
37 E. G ilim ón, op. cit., p. 24.

15 de ju lio de 1897; ‘‘A lquileres,
o c tu b re de 1897.
de agosto de 1897.
17 de o c tu b re de 1897.

lismo era aguda y se expresaba en las publicaciones y en las asam­
bleas públicas. Sobre u na de esas reuniones, inform ó L P H .38 La
asamblea se celebró el 25 de ju lio en Buenos Aires, por iniciativa
de los anarco-individualistas que llam aban a debatir “Las glandes
cuestiones sociales y la an arq u ía”, y polem izaron apasionadam ente
con los anarco-comunistas. L P H inform ó sobre la asamblea con un
tono de mofa y desdeñó los enfoques individualistas “filosóficos,
estériles y extravagantes”. Pero la pasión de la controversia y la
gravitación que se le atribuyó, se revela por el hecho que la redac­
ción no se circunscribió sólo a eso sino que escribió, en uno de sus
núm eros, un artículo extenso sobre el tem a”.39 El autor polemiza
con las teorías de los individualistas, que suponen a la sociedad
compuesta por individuos autónom os, que subestiman las conexio­
nes sociales llam ándolas “artificiales” y superfluas, y que suponen
una existencia de “arm onía n atu ra l” entre las voluntades autóno­
mas, sin ninguna necesidad del aderezo exterior. El autor, adicto
a la concepción anarco-comunista (que ve al hom bre como una
creación social en sustancia, fruto de la sociedad y de apego inm a­
nente hacia ella) niega la existencia de esa presunta “arm onía na­
tu ral” entre las voluntades autónom as que no requieren relaciones
sociales. E n su opinión, tampoco cuando el Estado sea arrasado
brotará la arm onía espontáneam ente, sino que hará falta que los
seres hum anos la creen prem editada y conscientemente. Esa dife­
rencia de concepción, entre la espontaneidad y la acción organi­
zada y prem editada, configura la base de la discusión ideológica
y del antagonism o en cuanto al problem a: ¿Los anarquistas deben
recurrir en su actividad a los medios de organización, o no? Esta
cuestión focalizaba la desavenencia entre los dos polos, y se expresó
con m ayor agudeza al aparecer el periódico Germinal.40
G erm inal empezó a publicarse en Buenos Aires el 14 de noviem­
bre de 1897, prim ero bajo la dirección de A. Salbans y luego (desde
enero de 1898), dirigido por Francisco García; se definió como pe­
riódico anarquista y fue declaradam ente el vocero de los enfoques
anarco-individualistas.41 La difusión no era glande, si se juzga por
38 “ G rupos y reuniones”, en La Protesta H u m a n a , 1 de agosto de 1897.
39 "E l individualism o e n la a n a rq u ía ”, en La Protesta H u m a n a , 2 de sep­
tiem bre de 1897.
40 Sobre las causas de la ap arició n d e G erm inal y sobre el trasfondo de la
cam paña contra el enfoque "organizativo", véase G. M ontero, "H isto ria de una
p ro p a g an d a o decadencia de u n id eal”, G erm inal, Buenos Aires, 5 de m arzo
de 1899.
4 1 E n esa época se p u b lic a b a tam b ién otro periódico anarco-individualista
en Buenos Aires, titu lad o L a A u to n o m ía In d ivid u a l, p ero vio la luz m uy poco
tiem po. Véase La Protesta H u m a n a , 19 de agosto de 1897.

el tiraje (no sobrepasaba los 2 000 ejemplares) y por las listas de
suscriptores, en su mayoría de Buenos Aires y sus suburbios, muy
pocos de Rosario y contados lectores de otras localidades del in ­
terior.
Desde su prim er núm ero, el periódico se lanzó a una lucha ideo­
lógica intensa contra la tendencia “pro-organización” en el anar­
quismo. En el núm ero 3, del 12 de diciem bre de 1897, se publicó
u n artículo editorial extenso, in titu lad o “Por qué somos antiorga­
nizadores”, donde se presenta a los anarquistas partidarios de la
organización como idénticos en sus enfoques a los “socialistas de
Estado”, de los que se diferenciarían sólo por su oposición a la “tác­
tica parlam entaria” como medio para lograr la socialización de los
medios de producción. Unos y otros adoptaban u n enfoque que
ignoraba al pueblo, desdeñando la capacidad espontánea de las
masas para lanzarse a una cam paña contra la clase dom inante. De
ahí provenía su arrogancia de pretender ser los “elegidos”, los por­
tadores de la misión de dirigir al pueblo y organizarlo. Este aleja­
m iento del pueblo entraña el peligro de crear una nueva élite, a
la que el artículo llam a “la aristocracia de los talentosos”, capaz
de heredar en el futuro a la aristocracia dom inante hoy en día, la
aristocracia de las armas y de las finanzas. Los autores del artículo
cuestionan el derecho de la m inoría consciente a pretender “d iri­
g ir” y “organizar”; a su vez m anifiestan su confianza en la esponta­
neidad de las masas, que estarán presentes, sin lugar a dudas, en
los momentos decisivos. La organización y la regim entación redu­
cirán las dosis de iniciativa y deform arán la raíz revolucionaria de
las masas. T al es la opinión de los autores del artículo.
El periódico vuelve a encarar el tem a el 16 de enero de 1898,
en u n artículo intitulado: “¿Organización? No. ¡Agitación!” El
autor, F. Muñoz, niega la creencia de que las Sociedades de Resis­
tencia sean u n medio eficaz para la lucha contra los empleadores y
las clases dom inantes, pues están anim adas por el principio de la
“organización”. La organización no prom ueve a los trabajadores,
sino que los aletarga y deforma la posibilidad revolucionaria que
encierran, pues los h abitúa a confiar en dirigentes y comisiones,
no a creer en sí mismos y en su acción espontánea. En vez de “or­
ganizadores” debe haber “propagandistas”, que actúen espontánea
e im provisadam ente en todas partes: en el taller y en la fábrica, en
la calle, en el café, en el teatro, en la asamblea pública, etc., en
resumen, en cualquier lugar adonde lleguen obreros y gente del
pueblo, donde se puede encontrar masas más numerosas que las
que acaso se reúnan en el "círculo” (más arriba se vio que en ese
entonces se hablaba de constituir u n círculo de estudios sociales).

Un camino así es más eficaz y dinám ico, a la vez que m olesta más
a la burguesía en su deseo de aplicar medios de contención y de
opresión, pues le resultará difícil estacionar u n policía en cada
lugar donde se presente u n propagandista inesperada y espontánea­
mente. Los adictos a la organización veían todo centralizado en
pocas manos y en lugares definidos y fijos (con lo que convierten
los focos vitales de la acción en m uy vulnerables). Los dardos prin ­
cipales iban dirigidos contra los hom bres de LP H , que se decían
representantes de la “m ayoría” de los círculos anarquistas en la
Argentina, y que en esos años empezaron inclusive a llam arse Par­
tido A narquista, a la vez que sugerían la formación de u n a federa­
ción de grupos anarquistas que, según anticipaban, velaría por el
principio de la libertad y de la autonom ía. Germ inal desdeñaba los
intentos de mezclar federación y organización con libertad.42
Los ataques de Germinal a los partidarios de la organización, se
intensificaron en 1898, cuando publicó artículos de estím ulo a los
que provocaban disturbios en las asambleas organizadas p o r círcu­
los de anarquistas rivales.43 T am bién se recurrió a una línea agre­
siva y violenta, al abordar los problem as generales de las luchas
sociales. Se insertaron com entarios exhortando a las huelgas vio­
lentas, a la destrucción de m aterias primas, al incendio de fábricas
como camino principal para h erir a la burguesía.44 Los enfoques
anarco-individualistas llevaron por fuerza a conclusiones extremis­
tas en cuanto a las relaciones entre el individuo y la sociedad.
El 21 de agosto de 1898 se insertó u n artículo en G erm inal que
elogia al egoísmo como factor de progreso y repudio al altruism o,
por considerarlo un elem ento deform ador.45 O tro artículo censura
inclusive la ayuda m utua y llam a a dejar librados a su suerte a los
débiles. Los fuertes y talentosos no deben frenar su progreso para
ayudar a los débiles. El dejar librados a su suerte a los débiles, los
pondrá ante la disyuntiva de sobreponerse o ser aniquilados, lo que
acaso dé por resultado que se decidan a luchar. En la lucha por la
existencia, el individuo debe confiar sólo en sí mismo y luchar
contra las órdenes de la sociedad que, en nom bre de la “m ayoría”,
quiere oprim irlo.46
42 "D eponed las A n n a s”, en G erm inal, 16 de enero de 1898. Sobre la oposi­
ción a la organización, véase G erm inal, 11 de septiem bre de 1898.
43 "R esu ltados d e la organización”, en G erm inal, 5 de ju n io de 1898.
44 G erm inal, 19 de ju n io d e 1898.
45 “ E l altru ism o convirtió al ind iv id u o en u n ren d id o y en u n obediente.
U n ind iv id u o así está p ro n to a c a p itu la r an te la injusticia. El ind iv id u o en
q u ien n o se despertó el egoísmo no p u e d e e n te n d er la vida. Los egoístas ven­
den cara su vida y lu ch a n .” "E l yo”, G erm inal, 21 d e agosto de 1898.
46 "C o n testan d o ”, en G erm inal, 21 d e agosto de 1898; "A ntes q u e la socie­

En la polémica con los anarco-comunistas, los anarco-individua­
listas presentaron una posición que rechazaba por principio que el
trabajo sea u n factor positivo y constructivo en la vida hum ana. En
uno de los artículos de Germinal, el trabajo es definido explícita­
m ente como u n fenómeno coercitivo, sin ninguna base positiva. El
individuo debe trabajar para existir, de m odo que la visión anarcocom unista de una sociedad futura donde cada cual recibirá según
sus necesidades y dará según su posibilidad, carece de asidero. En
tal sociedad todos tratarán de eludir el trabajo y “sólo los necios
trab ajarán ”, por lo que la sociedad no tiene otra perspectiva que la
basada en el individualism o, es decir, u n a sociedad donde los me­
dios laborales y sus frutos sean patrim onio del individuo.47
La polémica entre los dos bandos polarizó las posiciones y ahon­
dó la disidencia in terna en el anarquism o, suscitó agravios, perjui­
cios m utuos en la actividad y esterilizó por entero la actividad de
propaganda. Esta situación hizo que los m iem bros del grupo Li­
bertario de Buenos Aires publicaran una circular en agosto de
1898, precaviendo contra el despeñam iento de las relaciones inter­
nas en el anarquism o, y acusando a los individualistas por una
cam paña ideológica: “El individualism o, en el sentido de repudiar
cualquier cooperación ajena y dem oler la teoría de la sociabilidad
por autoritaria, el aislam iento com pleto de todos los miembros de
la especie, para su m ayor independencia; el exterm inio de los seres
débiles y homogeneización del género hum ano en una sola raza y
nivel físico e intelectual; el ataque teórico y lleno de saña —algu­
nas veces práctico y encarnizado contra quien no adm ita tales p rin ­
cipios, sea anarquista o no—, todo eso, en fin, constituye un enlo­
quecim iento tan pronunciado que en verdad esteriliza cualquier
propósito de educación popular.” 48
El grupo Libertario no era el único en rep u d iar las posiciones y
la conducta de los anarco-individualistas. L a mayoría de los grupos
anarco-comunistas com partían sus reticencias y pareceres. En reali­
d a d , los in dividuos”, ibid., 11 de sep tiem b re de 1898. Este paso concluyente,
a p a rte d e las concepciones, im plica la negación de c u alq u ier perspectiva para
la sociedad fu tu ra , y en efecto lo h allam os explícito en u n artículo publicado
p o r E l Escalpelo de Buenos Aires d e l 12 de noviem bre d e 1899, titu la d o “Sis­
tem as y sistem as”, de G. M ontero: “ ...C o m o in d iv id u a lista no trazo sistemas
sociales, sólo sostengo que cada cual o b ra rá según su p ro p io te m p e ra m e n to ...
sostengo que vivan los aptos p a ra la vida, desapareciendo los que no s e a n ...
Así m archo hacia la A n a rq u ía.”
47 “ ¿El trab a jo es agradable?”, en G erm inal, 11 de septiem bre de 1898.
48 "¡A n arq u istas de Buenos Aires, leed!”, grupo L ib e rtario , B uenos Aires,
agosto de 1898. El volante se h alla en la colección p riv ad a de M ax N ettlau,
en el legajo de 1898-99, A rgentina A narchism us, d el IISG, A m sterdam .

dad, la polém ica con los anarco-individualistas acercó entre ellos a
la m ayoría de los grupos anarco-comunistas: la base de su avecina­
m iento era la posición afín respecto a los problemas de organiza­
ción y de intervención en los sindicatos obreros.
En este sector descolló el círculo a cargo de La Protesta H um ana,
que fue el elem ento conductor. Sin embargo no fueron los promo­
tores iniciales. Los prim eros destellos de esta tendencia asomaron
en el pasado, antes de la aparición de L P H (ver más arriba). El
periódico L ’A vvenire adoptó tal enfoque desde sus prim eros pa­
sos,49 antes de que viera la luz LP H . Pero, puesto que estaba limi­
tado sólo al grupo de lectores italianos, no podía cum plir u n papel
conductor y prom otor. Sólo al publicarse L P H esta tendencia tuvo
una trib u n a fija para lib rar una lucha ideológica dentro del bando
anarquista, y em prender u n a cam paña de propaganda entre las
masas trabajadoras y los am plios sectores de la población. Los
números de L P H no abordaron el tema, empero, du ran te el año
1897, sino que lo encaraban como de paso, en acotaciones acceso­
rias como las de un artículo de U rania (seudónimo de J. Prat), el
31 de octubre de 1897,50 donde se llam a a los obreros a organizarse
en sociedades de resistencia; la relación directa y sin reticencias,
a la vez que envolvente, en lo que atañe al tema de la organización,
comenzó sólo en noviem bre de 1897, cuando el periódico inició la
publicación de una serie de artículos intitulados “La organiza­
ción”.51 No fue una serie de colaboraciones originales de algún
anarquista argentino, sino que se reprodujo del periódico anarquis­
ta italiano L ’Agitazione, que aparecía en Ancona.52 Sea como fue­
re, la forma llam ativa con que se la insertó (siempre en prim era
página) prueba la im portancia grande que le atribuía la redacción,
que expresaba la línea del periódico.
Esa serie de artículos reseña con am plitud la polémica en tre adic­
tos y opositores a la organización entre el sector anarquista, a la
vez que asume u na posición polém ica aguda contra los adversarios
de la organización. Los círculos y grupos anarquistas son llamados
“p artid o ”, considerando que u n partido sólo es u n a suma de indi­
viduos con m eta idéntica que buscan alcanzarla en conjunto. Sin
49 L a M ontaña, Buenos Aires, 15 de ju n io de 1897.
50
"B uena lección”, en L a Protesta H u m a n a , 31 de o ctubre de 1897.
51 “ La organización", e n La Protesta H u m a n a , 7 de noviem bre d e 1897; "L a
organización”, ibid., 14 de noviem bre d e 1897; "L a organización”, ib id ., 21 de
noviem bre de 1897.
52 E l periódico L ’A gitazione, de A ncona, era dirigido p o r E. M alatesta y sir­
vió d e trib u n a central p a ra la prédica d e los p a rtid ario s de la lín e a pro-orga­
nizativa. M. N e ttla u , H isto ire de l’A narchie, op. cit., p. 173. T a m b ié n E. San­
tarelli, op. cit., p p . 87-88.

una organización de esta índole, el anarquism o no tiene posibili­
dades de vencer la fuerza consolidada de la burguesía y sus institu­
ciones estatales. Los artículos ap ru eb an las acciones activas en los
organismos obreros, en m edio de la m áxim a identificación con
ellos, y censuran la actitud de los anarquistas (anarco-individualis­
tas) que irrum pen en los organismos obreros para socavarlos y no
dejar que absorban las ideas anarquistas, perjudicando así a las
campañas anarquistas.53 La acción en los sindicatos obreros obliga
a em plear instrum entos organizativos. N o puede bastar la creación
de círculos y de células de propaganda anarquista que pretenden
o rien tar a las masas carentes de conciencia: “Nosotros, los anar­
quistas, no queremos em ancipar al pueblo, querem os que el pue­
blo se em ancipe.” Para ello debe llegarse a la influencia m áxim a
y actuar en el seno de las masas, hacer propaganda desde adentro,
en los sindicatos obreros. La actividad de células de propaganda
dirigidas desde arriba, entraña el peligro de crear una élite que,
después de la victoria, querrá ser el gobierno, que verá la victoria
como u n fruto suyo y no de las masas. Los preparativos para la lu­
cha revolucionaria y la lucha en sí requieren la organización del
proletariado y no corresponde esperar, con los brazos cruzados, la
revolución. “Interinam ente trabajarem os para que crezcan en lo
posible las fuerzas conscientes y organizadas del proletariado. Lo
demás vendrá por sí mismo.” 54 N o se com prendería esta evolución
del anarquism o si no se tom ara en cuenta las relaciones entre los
anarquistas y socialistas en la A rgentina, en m edio de una activi­
dad paralela y rival en el campo obrero de esa época.55

L A S R E L A C IO N E S E N T R E A N A R Q U IS T A S Y S O C IA L IS T A S

En ju lio de 1897, La M ontaña —que se definía como periódico
socialista revolucionario— intercedió en u n intento por lograr un
acercam iento entre los anarquistas y los socialistas. Este periódico
empezó a publicarse en Buenos Aires en abril de 1897, bajo la di­
rección de J. Ingenieros y L. Lugones, dos intelectuales jóvenes
activos en el ala radical del P artido Socialista.56 Para L. Lugones
53 Acerca de esta cuestión, sobre el daño q u e causaron los anarco -in d iv id u a­
listas a la lucha obrera, véase tam b ién la o p in ió n d e E. D ickm an, op. cit., p . 67.
54 “La organización", e n La Protesta H u m a n a , 21 de noviem bre de 1897.
55 Sobre las influencias m u tu as e n tre socialistas y an arq u istas en esa época,
véase D. A bad de Santillán, E l m o v im ien to anarquista, op. cit., p. 75; tam bién
E. G ilim ón, H echos, op. cit., pp. 25-26.
56 Sobre la actividad d e J. Ingenieros en el P a rtid o Socialista y sobre la edi­

fue sólo un breve episodio en su vida de poeta im buido de ideolo­
gía nacionalista. Poco después de su aparición — en los números
3 y 4 de los días 15 de ju n io de 1897 y 15 de julio del mismo año—
se publicaron artículos de J. Ingenieros, en los que se saludaba la
posición del periódico anarquista L ’Avvenire, a favor de la organi­
zación y en contra de los actos de terror personal. El autor lo lla­
mó u n “paso de acercamiento al socialismo” y destacó que, en el
fondo, no hay diferencias sustanciales entre esas corrientes, que la
división se debía sólo a rivalidades personales y a diferencias de
enfoque respecto a cuestiones em inentem ente tácticas en lo que
atañe a los caminos para lograr la socialización de la propiedad y
la supresión del Estado de clase. En este sentido, la aprobación
de los principios organizativos constituye un acercam iento tam ­
bién en el enfoque referente a la táctica. Para alentar la tenden­
cia q ue denom inaba “acercam iento”, la redacción del periódico
decidió ab rir una trib u n a libre para la discusión entre anarquistas
y socialistas.
La réplica de los anarquistas no tardó en llegar. El 15 de agosto
se insertó en la colum na “T rib u n a L ibre” del periódico u n a carta
extensa del doctor Creaghe, de L uján (ex director de E l O prim i­
do), quien aceptó la invitación de participar en la trib u n a libre
pero no para am enguar las divergencias sino para ahondarlas. El
doctor Creaghe enunció 13 puntos en los que difieren los anarquis­
tas y los socialistas. En su opinión, La M ontaña no distingue las
diferencias de ideas básicas entre anarquistas y socialistas, pues in­
terpreta erróneam ente las dos concepciones. J. Ingenieros contestó
a la carta del doctor Creaghe en el mismo núm ero y censuró el
“estrecho sectarismo” de sus puntos de vista. Lo acusó de mezclar
intencionalm ente la posición de L a M ontaña con la de otros socia­
listas, cuyas palabras se citaron en el periódico. Para defender su
posición —de que las divergencias son escasas— citó párrafos de la
plataform a ideológica del periódico, acentuando la tendencia liber­
taria. No obstante adm ite diferencias sustanciales en la valoración
de la lucha parlam entaria, pues la redacción de La M ontaña con­
sidera que esa lucha, pese a las limitaciones en la A rgentina, es
ción de La M ontaña y su p lata fo rm a ideológica, véase D. C úneo, Juan B. Justo
y los hechos sociales en la A rgentina, op. cit., pp. 182-184; tam b ién S. Bagú,
Vida de José Ingenieros, B uenos Aires, EUDEBA, 1963, p. 15. E n ese libro el
a u to r señala el tono an arq u ista que J. Ingenieros in tro d u jo en la plataform a
ideológica de La M ontaña al neg ar el E stado y autoritarism o.
E l O p rim ido, e n el a rtícu lo “La b a n ca rro ta d e los a u to rita rio s”, el 14 de
m arzo de 1897, inform a so bre divergencias en el P a rtid o Socialista d e la A r­
gentina, y destaca la consolidación de la corriente izquierdista " a n tia u to rita ria ”,
encabezada p o r José Ingenieros.

u n campo propicio para la propaganda. Después de este intercam ­
bio de cartas el diálogo en La M ontaña no continuó y el propio
periódico dejó de aparecer en septiem bre de 1897.
E n esos años hubo tam bién otros intentos de prom over u n diá­
logo entre anarquistas y socialistas. Los más notorios fueron las
controversias en las que participaron, juntam ente, los adictos a
las diversas corrientes rivales: las discusiones ideológicas se prolon­
garon a veces d u ra n te varios días. E. Dickm an describió am plia y
gráficam ente la prim era reunión de esta índole, en 1896, ‘‘en un
sótano-taberna debajo de un alm acén”, que duró tres días y fina­
lizó con u n gran alboroto.57 Pese a la term inación infructuosa de
este tipo de diálogo, los anarquistas y socialistas volvieron a cele­
b ra r controversias en 1897. La Protesta H um ana refiere dos entre­
vistas de esa índole —el 17 y el 18 de ju n io de 1897— en las que
anarquistas y socialistas volvieron a debatir el tema: la acción
política. Tam poco esta vez se logró un entendim iento. El perió­
dico subraya: “ ...L a única táctica que puede dar resultados satis­
factorios, es la táctica revolucionaria: la abstención electoral, la
huelga general, la agitación y la propaganda re v o lu c io n a ria ...”
A ñade que los propios socialistas, cuando se desilusionen de las
perspectivas electorales, extraerán la misma conclusión.68
El problem a de cómo encarar la cuestión política siguió siendo
el eje central de las discusiones en 1897-1898 entre socialistas y
anarquistas de los círculos de L P H (no de los anarco-individualistas,
con quienes no había ninguna base de diálogo). Discusiones aca­
loradas al respecto ya se suscitaron en 1896, cuando el P artido So­
cialista resolvió presentarse a las elecciones parlam entarias en la
A rgentina. Sobre el trasfondo de esta ten d en c ia59 se agravó la lu­
cha ideológica contra los anarquistas que inyectaban a las masas
obreras su espíritu antipolítico y socavaban las posibilidades electo­
rales en esos ambientes. No extraña, entonces, que la polémica con
los anarquistas fuera escenario p ara que E. Dickm an los llam ara
“enemigos intestinos” 60 que obstruyen las posibilidades de progre­
so de los trabajadores.
La prensa anarquista, a su vez, contestó a los ataques socialistas
57 E. D ickm an, op. cit. El a u to r subraya especialm ente la conducta a tro p e ­
lla d o ra de los anarco-individualistas. Acerca del p ap el destructivo de estos
grupos en el ám bito de las relaciones e n tre las d istin ta s corrientes de los círculos
obreros, véase en ese libro tam b ién la p . 201.
58 "G ru p o s y reuniones”, e n La P rotesta H u m a n a , 1 d e agosto d e 1897.
59 C abe a clara r q u e no todas las tendencias políticas d e l país p a rticip a ro n
en ese entonces en las elecciones. U n a fuerza política d e peso, como la UCR,
asum ió u n a línea de "abstención”.
60 E. D ickm an, op. cit., p. 111.

con am plitud. Sobresalió en ese aspecto E duardo Gilimón, colabo­
rad o r perm anente de L P H y ex socialista,61 quien afirm ó en una
serie de artículos intitulados “La acción política y la emancipación
del proletariado”, publicados en los prim eros meses de 1898.62 En
su discusión con el socialista A. Pasqualetti, se opone G ilim ón a las
acciones políticas en todas sus formas, principalm ente la participa­
ción en la cam paña electoral en el m arco de las instituciones es­
tatales, p o r carecer de significado, por ser ineficaces y dañinas a la
clase trabajadora; consideraba inevitable la revolución y sólo por
m edio de la revolución sería factible operar cambios de algún
valor en la vida de las clases sociales desposeídas. C ualquier otro
cam ino lleva a las ilusiones perniciosas.
L a experiencia de la cam paña electoral en la A rgentina de esos
años, parecía fortalecer los argum entos anarquistas. E. Dickman,
señala en su libro de m emorias; “El fraude más vergonzoso domi­
naba y vaciaba en aquel tiem po a todo el proceso electoral; desde
la formación del padrón hasta el recuento de votos y aun la apro­
bación de los diplom as por parte de las cámaras.” 63
N o asombra que u n partido pequeño, sin respaldo en el orden
instituido del país, careciera de cualquier perspectiva de éxito en
los comicios. El núm ero de sufragios que consiguió el P artido So­
cialista — tras oponerse a las trabas de la corrupción y la violen­
cia— fue apenas de algunas decenas. E n las elecciones de 1896 el
P artido Socialista obtuvo en la C apital Federal 138 votos y en 1898
sólo 1 0 5 ... (los núm eros no cam biaron m ayorm ente hasta 1904:
en 1900 consiguió 135 sufragios y en 1902 u n total de 204).64 Cabe
señalar que el p artid o em prendió u n a acción de esclarecimiento
en la ciudad capital, realizó decenas de asambleas en los suburbios
y se esforzó m ucho p or atraer a los nuevos inm igrantes trabajado­
res y de clase media.65 El intento del P artido Socialista de protes­
si Sobre el trán sito de E. G ilim ón del socialism o al anarquism o, véase La
Protesta H u m a n a , 26 de ju n io de 1898: D eclaración de E d u ard o G arcía (G ili­
m ón).
62 La Protesta H u m a n a , 23 de enero de 1898, 13 de febrero de 1898, 6 de
m arzo d e 1898.
63 E. D ickm an, op. cit., p. 125. P a ra u n a vívida y m inuciosa descripción del
d ía d e los comicios, el 10 d e a b ril de 1898, sobre el frau d e y los choques vio­
lentos q u e estallaron, véase las p p . 125-130 de ese libro. Sobre las cam pañas
electorales en la A rgentina y el fraude, véase D. Cúneo, Ju an B. Justo y las
luchas sociales en la A rgentina, op. cit., pp. 132, 191-192.
64 E. D ickm an, op. cit., p. 117: D . C úneo, op. cit., p. 192 y D. A bad d e S anti­
llán, H istoria, III, op. cit., p. 544.
65 Sobre la firm e posición d e l P a rtid o Socialista, activam ente a favor de la
ciudadanización, se h a b ía suscitado u n a discusión acérrim a ese año; los líderes
del P a rtid o Socialista, encabezados p o r J u a n B. Justo, la ap ro b ab a n ; a su vez

tar contra el fraude en las elecciones del 10 de abril de 1898, por
medio de una asamblea en la plaza centrai de Buenos Aires, el
17 de abril, fracasó por la intervención policial, que disolvió por
la violencia a los reunidos y arrestó a m uchos de ellos.66 La decep­
ción por los resultados de los comicios, la confrontación con las
autoridades, los choques con la policía y los arrestos crearon un
trasfondo emocional para el entendim iento m u tu o y el acercamien­
to entre socialistas y anarquistas de los grupos pro-organización.
Para ello ejercieron influencia tam bién las condiciones que im pe­
rab an en esa época, sobre todo la gran desocupación; socialistas y
anarquistas cum plían operaciones paralelas y llegaron inclusive a
cooperar, como fue el caso en la asam blea de protesta de los des­
ocupados, en agosto de 1897 (véase más arriba).
E. Dickman, en sus memorias, describe detalladam ente esa m a­
nifestación y de ello se deduce que en la asamblea, pese a que la
organizó la Federación O brera (socialista) de Buenos Aires, p arti­
ciparon muchos anarquistas.67 O tros factores que acercaron a so­
cialistas y anarquistas (adictos a la organización) fueron: la opo­
sición conjunta a la histeria bélica contra C hile que envolvió a la
A rgentina a comienzos de 1898 al complicarse la disputa fronteriza
en los Andes,68 la identificación paralela con la huelga de los m e­
cánicos ingleses, la cooperación en la asam blea de protesta y en la
recaudación de a y u d a 69 para los trabajadores ingleses y para los
obreros italianos, perseguidos tras las m anifestaciones de ham bre
en M ilán (1898). Esta tendencia entre los anarquistas recibió un
esfuerzo notable con la llegada a la A rgentina de P. Gori, en 1898.

P I E T R O G O R I E N L A A R G E N T IN A

A fines de ju n io de 1898 se sumó al sector anarquista de la Argen­
tina el doctor Pietro Gori, anarquista italiano de u n pasado activo
en su país de nacim iento que se destacaba, además, como jurista,
abogado y experto en criminología. Buenos Aires le sirvió de asilo
la filial del p a rtid o en B arracas N orte, m uy dinám ica y activa, q u e a grupaba
a inm igran tes de procedencia española e ita lia n a, se oponía, en cam bio; lo cual
hizo q u e se escindiera en vísperas del II I Congreso, debido a esas divergencias.
D. C úneo, Juan B. Justo, op. cit., p p . 172-173, 194-195; E. D ickm an, o p . cit.,
pp. 198-200.
66 D. Cúneo, Juan B. Justo, op. cit., p. 192; E. D ickm an, op. cit., p. 117.
67 E. D ickm an, op. cit., pp . 7-75.
68 D. C úneo, Juan B . Justo, op. cit., p p . 189-190.
69 D. Cúneo, Juan B. Justo, op. cit., p . 188.

al h u ir de M ilán, después de los disturbios de mayo de 1898, cuan­
do un trib u n al italiano lo declaró prófugo: lo juzgó en su ausencia
condenándolo a 21 años de presidio, acusado de participar en los
desórdenes. P. Gori h abla adquirido renom bre por su actividad
m últiple en el campo de la propaganda oral y escrita; aparte de sus
funciones periodísticas escribía versos y piezas teatrales, algunas de
las cuales fueron representadas por los círculos filodramáticos anar­
quistas. Su gira de propaganda por Estados Unidos en 1895-1896,
donde recorrió 11, 000 millas y pronunció 280 conferencias en dece­
nas de localidades, tuvo m ucha repercusión. Su talento retórico
excepcional y su presencia atraían a mucho público de diversos
sectores, y se convirtió en un virtual “tribuno popular” anarquis­
ta.70 Se sabía tam bién de su adhesión a E. M alatesta y a los círculos
anarquistas italianos adictos a la línea pro-organización. C uando
llegó, por lo tanto, La Protesta H um ana lo acogió complacido y
con entusiasmo.71
Poco después del arribo de P. Gori se anunció el propósito de ha­
cerlo pronunciar conferencias por los confines de la A rgentina ante
círculos anarquistas diversos en la ciudad capital y el interior,
ante nuevos inm igrantes italianos y tam bién ante anarquistas de
países vecinos. L a iniciativa fue de u n grupo que se denom inaba
“anarco-socialista” y fue ésa, por cierto, la prim era presentación de
m agnitud de dicha corriente en la A rgentina.72
P. Gori accedió al pedido de los grupos anarquistas y se puso a
disposición de la actividad de propaganda y esclarecimiento: lo
hizo p o r m edio de conferencias, discursos y en distintas reuniones
en Buenos Aires y en los alrededores. L P H dedicó m ucho espacio
a inform ar sobre sus disertaciones, a la vez que destacaba el nivel
70 U na bio g rafía d etallad a de P. G ori puede verse en T rib u n a Libertaria,
M ontevideo, 1 de ju n io de 1900.
71 “ B ienvenida”, en L a Protesta H u m a n a , 26 de ju n io de 1898.
72 E l térm ino “ anarq u ism o socialista” se originó en los círculos d el a n a r­
quism o ita lia n o , y p o r p rim e ra vez lo em p learo n los am bientes adictos a M ala­
testa y M erlino, en la década de 1900 e n Italia. E. S antarelli, I l socialismo
anarchico, op. cit., p p . 61-90; M ax N e ttla u , H istoire de l'anarchie, op. cit.,
pp. 167-173.
En la A rgentina ese térm ino apareció p o r p rim e ra vez en La P rotesta H u ­
m ana en u n artículo teórico d e S. M erlino: “ P o r q u é somos a n arq u istas”, 9 de
enero d e 1898.
Poco antes de la llegada d e P. G ori, se insertó u n anuncio e n L a Protesta
H um a n a d e u n g ru p o a n a rq u ista ita lia n o de B uenos Aires denom inado Ni
D io n i P adrone, que realizó u n a asam blea de p ro p ag an d a en B arracas y dio
lectura a u n a declaración d e p rincipios anarco-socialista. C abe se ñ a la r que la
redacción del periódico salu d ó com placida esa m anifestación. Véase La Protesta
H um ana, 12 de ju n io d e 1898.

de la exposición y sus repercusiones positivas en el público. U n
público num eroso y variado era atraído por su palabra, las salas
siem pre estaban repletas. A parte de los anarquistas, obreros e in­
m igrantes italianos, acudían a las conferencias tam bién miembros
de círculos que, con anterioridad, habían eludido asistir a reunio­
nes anarquistas, pues solían ser peligrosas y estaban expuestas a las
tropelías. La curiosidad y el interés intelectual atrajeron tam bién
a académicos, juristas, comerciantes, industriales y au n personas de
tendencia conservadora. A bundaban entre los presentes tam bién
m ujeres de los círculos pudientes, seducidas por la retórica y el
encanto personal de quien conjugaba varias peculiaridades: anar­
quista, italiano, abogado, jurista de fama, revolucionario renom bra­
do y, sobre todo, un aspecto agradable y una oratoria convincente.
Los temas de las disertaciones eran variados: la situación de los
trabajadores en Italia, el trasfondo de los disturbios del ham bre
en M ilán (de los que fue testigo), el papel del periodism o en la
sociedad m oderna, el arte y la vida social, etc. C abe señalar espe­
cialm ente sus conferencias en la Facultad de Derecho de la U niver­
sidad de Buenos Aires, donde se lo nom bró profesor-huésped, y
cuyas disertaciones versaron sobre sociología y criminalogía. Al
poco tiem po las autoridades universitarias quisieron suspender sus
conferencias, como consecuencia de la presión ejercida por la re­
presentación diplom ática de Italia en Buenos Aires, pero la protes­
ta airada de los estudiantes y jurisconsultos obligó a que las auto­
ridades cam biaran de idea.73
Sobre la posición de P. Gori en los círculos académicos de la
A rgentina, sirve de evidencia el hecho de que, poco después de su
llegada, en noviem bre de 1898, fundó el periódico científico Crimi­
nología M oderna, y lo dirigió hasta su p artid a del país, en 1902.
La nóm ina de los m iem bros de redacción y colaboradores de este
periódico m ensual contenía a intelectuales, expertos en jurispru­
dencia, juristas y criminólogos famosos de A rgentina y el exterior.74
Pero, no obstante la diversidad de su actividad, P. Gori siguió
73 L a Protesta H u m a n a , 25 de sep tiem b re de 1898 y 9 de o ctu b re de 1898.
74 E n el cuerpo de redacción fig u rab an , e n tre otros, V. A rreguine, doctor
M anuel C arlés, d octor L. M. D rago, d o cto r A. D ellepiane, doctor E. G ouchon,
d o c to r M. M ujica Farías, d octor O. M. P iñeiro, d octor R . R ivarola, etcétera.
Sobre la influencia d e P . G ori en los círculos intelectuales de la A rgentina,
véase D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 69-71; E. G ili­
m ón, op. cit., p. 32; L ópez A rango, D . A bad d e S antillán, E l anarquism o en
el m o v im ien to obrero, Barcelona, ed. Cosmos, 1925, p. 13.
M ax N e ttla u es a u to r de u n m an u scrito sobre anarq u ism o en A rgentina
g u ard ad o en el In stitu to de H istoria Social de A m sterdam (IISG); en el cap. xv,
pp. 2, 5 y 6, se tra ta de la llegada de P. G ori.

siendo el eje del sector anarquista y obrero; u n a parte notable de
sus conferencias se pronunciaron por iniciativa de los sindicatos
obreros, en sedes de trabajadores, y se abocaban a los problemas
sociales o a problem as de las asociaciones de trabajadores.75
E n esas disertaciones y en u n a serie de presentaciones en filiales
anarquistas, P. Gori expuso sus puntos de vista sobre la necesidad
de que los anarquistas se entrelacen en las luchas sociales y profe­
sionales de los obreros. La m eta final es siempre la revolución
que elim inará la propiedad privada y erigirá una sociedad comu­
nista, mas para prom over la revolución hace falta insuflar “un
espíritu revolucionario” a los trabajadores, lo que será factible por
m edio de u n a actividad ordenada de educación y propaganda, que
requieren indefectiblem ente instrum entos y métodos organizativos.
F rente a la organización capitalista y estatal, hay que crear u n a
organización obrera, lo que será tam bién una especie de “gimnasia
revolucionaria”. La indigencia de los trabajadores no basta para
incitar a la revolución; es preciso inocular u n a “conciencia revolu­
cionaria” por medio del esclarecimiento constante. La lucha coti­
d ian a es u n a necesidad vital de la clase trabajadora. El método
principal para ello será la organización en los sindicatos obreros,
de conciencia avanzada y dispuestos a d ar pasos adicionales en la
lucha por medio de la huelga general revolucionaria, el boicot o
el sabotaje.76
Estos enfoques de P. Gori se ajustaban a las tendencias que aso­
m aban claram ente en ese entonces en L P H y en L ’Avvenire, y for­
talecían las inclinaciones a un acercam iento entre anarquistas y
socialistas, que se puso de m anifiesto en la cooperación parcial en
varias asambleas de protesta.77
Este acercam iento no perduró n i dejó de ser parcial. Pero parece
que h u b o socialistas que lo sobrevaloraron y vieron en esa coope­
ración “u n avance del anarquism o hacia el socialismo”, lo que dis­
gustó a los anarquistas y llevó a uno de los periodistas d e L P H a
objetarlo enérgicam ente y a reafirm ar las diferencias que separan
75
" Los derechos d e los trab a ja d o re s y la cuestión social”, La Protesta H u ­
m ana (organizado p o r los obreros albañiles); " La cuestión obrera y los nuevos
horizontes sociales”, ibid., 4 d e sep tiem b re de 1898 (organizado p o r los albañiles
de La P lata); "N ecesidad d e la organización p o r la lucha y p o r la vida y el
d eb er de resistencia”, ibid., 9 d e o ctu b re de 1898 (organizado p o r la Sociedad
de O breros Pintores).
76 “ C onferencia d e G o ri”, en La P rotesta H u m a n a , 9 de o c tu b re d e 1898.
77 A las m anifestaciones d e p ro testa m encionadas m ás a rrib a , cabe a ñ a d ir la
que se efectuó contra las persecuciones d e Italia, realizada con la participación
activa de P. G ori. Véase D. C úneo, Juan B. Justo, op. cit., p. 204; La Protesta
H u m a n a , 24 de ju lio de 1898, 21 de agosto de 1898, 9 de o c tu b re de 1898.

al anarquism o del socialismo: 1) L a fe en la revolución; 2) La ne­
gación total de la lucha política y parlam entaria, así como el boi­
coteo de las elecciones; 3) La relación hacia el terror individual,
la com prensión de los móviles del terrorism o aunque no se lo pre­
conice; 4) El estímulo de los obreros a “la lucha económica di­
recta” sin asociaciones que están expuestas al tutelaje político; 5)
La ausencia de un mecanismo partidista asalariado.
El au tor de este artículo subraya que los anarquistas no recha­
zan de plano la cooperación con los socialistas, pero la aprueban
sólo cuando es im prescindible por los requisitos generales de la
lucha.78
Si en el ám bito de las relaciones con los socialistas se operó
algún acercamiento, a raíz del fortalecim iento de la tendencia pro-­
organización se produjo empero un ahondam iento de las diferen­
cias con los anarco-individualistas. En este aspecto la presencia de
P. Gori en la A rgentina cum plió u n papel de catalizador. L a activi­
d a d de P. Gori enervó a los anarco-individualistas desde u n prim er
momento. Lo llam aban “socialista” y añadían que sólo la renuen­
cia a la acción parlam entaria lo separaba de los socialistas políti­
cos.79 Ya en la segunda conferencia pública de P. Gori, organizada
por los obreros de construcción, varios anarco-individualistas, al
term inar el discurso, em bistieron contra la tribuna con miras a
polem izar con el orador. P ara calm ar los ánimos, P. Gori los in­
vitó a una discusión pública en o tra oportunidad.80 Esa discusión
se celebró el 21 de agosto de 1898 en el suburbio obrero Barracas
y su tema se centró en: “La m oral de la solidaridad en la lucha y
en la vida social, en vista del ejem plo individualista.” Los avisos
llam ando a participar en la discusión se publicaron tanto en La
Protesta H um ana como en G erm inal de los anarco-individualistas.
U n inform e extenso y aun minucioso, hostil a P. Gori, se insertó
en el núm ero de G erm inal del 11 de septiem bre de 1898. Del mis­
m o se puede deducir que el público fue num eroso y la polémica
acérrim a así como acalorada. D urante la discusión participó tam ­
bién el socialista J. Ingenieros, quien alegó que los anarquistas
verdaderos son los anarco-individualistas, porque no reconocen n in ­
guna autoridad, en tanto que los llam ados anarco-comunistas no
pueden ser anarquistas, pues quieren vivir en u n a sociedad orga­
nizada, donde forzosamente hay instituciones. Y no hay organiza­
78 “ En nuestro c en tro ”, en La Protesta H u m a n a , 7 de agosto d e 1898; “Evo­
lución del socialismo científico”, ibid., 21 de agosto de 1898.
79 “ P equeña correspondencia”, e n G erm inal, 21 d e agosto de 1898.
80 ‘‘Segunda conferencia de P. G ori", en La Protesta H u m a n a , 24 de julio
de 1898.

ción ni institución sociales, sin autoridad y coerción. Por lo tanto
los anarco-comunistas se convierten forzosamente en una especie de
socialistas. El propio P. Gori —en opinión de J. Ingenieros— es
sólo u n socialista antiparlam entario (si no acepta que lo llam en de
ese modo, es porque teme que lo consideren un renegado, igual que
al italiano S. M erlino).
P. Gori, en su respuesta, repudió sem ejante com paración, la
negó, y recalcó los elementos anarquistas contenidos en la concep­
ción anarco-comunista. E n esa ocasión consideró oportuno añadir
algunas objeciones polémicas agudas destinadas a los círculos anar­
co-comunistas que revelan oposición a la organización y los llam ó a
explicar cómo se puede ser adicto al comunismo y resistirse a la
organización.81 Esas objeciones ponen de manifiesto una nueva
divergencia en el sector anarquista, donde los dos bandos rivales
afirm an su adhesión a los fundam entos del principio anarco-comu­
nista.

“el

rebelde” y

su s c ír c u l o s

E n la segunda m itad del año 1898, después de la llegada de P. Gori
a la A rgentina, y tras el ím petu que recibió gracias a su presencia
la corriente anarco-comunista pro-organización, los grupos que no
aprobaron tal tendencia se separaron y se produjo u n a división
en las filas anarco-comunistas. L a evidencia de esa escisión fue la
publicación del periódico El R ebelde, el 11 de noviem bre d e 1898,
dirigido p or J. Moyorka, quien pasó a ser el vocero de los círculos
anarco-comunistas adversario a la organización.82 La posición ideo­
lógica del periódico se proclam ó m inuciosa y francam ente en el
prim er núm ero, en un artículo editorial program ático que se in­
sertó en la portada. El artículo critica con vehemencia las incli­
naciones “pro-organizadoras” de la propaganda anarquista en Bue­
nos Aires y rechaza de u n m odo inequívoco la tendencia a conver­
tir el anarquism o en un “p artido” como los otros partidos. En
cuanto a la sustancia de El R ebelde y sus objetivos, se dice:

81 "C onferencia”, en G erm inal, 11 de septiem bre de 1898.
82
A u n q u e al lado del títu lo de E l R eb e ld e se leía "aparece cuando p u e d e ”,
m an tu v o u n a a parición casi reg u lar, sem anal o q u incenalm ente, d u ra n te 5 años,
hasta 1903. Sobre su tira je se in fo rm ó sólo en el n úm ero del 16 d e ju lio de
1899, y según ello llegaba a 2 000 ejem plares. Esa circulación se conservó tam ­
bién en los años siguientes.

S om os c o m u n ista s-a n a rq u ista s , n e g a m o s la p r o p i e d a d in d iv id u a l y la d e ­
c la ra m o s u n ro b o , q u e re m o s q u e c a d a c u a l c o n s u m a se g ú n sus n e c e sid a d e s
y p ro d u z c a se g ú n sus fu erzas. G r ita m o s a l in d iv id u o : “ H a z lo q u e q u ie ­
r a s ”, sin p e r ju d ic a r el “ h a z lo q u e q u ie r a s ” d e l v e c in o .
C o m o tá c tic a n o a c e p ta m o s n i n g u n a o rg a n iz a c ió n c o n p ro g ra m a m ín i ­
m o n i m á x im o , es d e cir, n o n o s q u e re m o s lig a r a d e te rm in a d a s lín e a s d e
c o n d u c ta , p o r q u e e stam o s s u fic ie n te m e n te c o n v e n c id o s d e q u e e l in d iv i­
d u o d e b e se r l ib r e d e sus fa c u lta d e s, lo q u e d e n tr o d e esa o rg a n iz a c ió n
co n ta n to s c o m p ro m iso s v a rio s n o lo p u e d e ser, rin d ié n d o s e , a l c o n tra r io ,
co m o in s tr u m e n to ciego a l m o v im ie n to o rg a n iz a d o .
A c e p ta m o s los a cto s in d iv id u a le s 83 d e c u a lq u ie r f o r m a q u e e llo s se p r e ­
s e n te n , y los a c e p ta m o s p o r q u e s o n ú tile s a la p r o p a g a n d a , p u e s to q u e
d e s p ie rta n a los c e re b ro s a d o rm e c id o s h a c ié n d o lo s m e d ita r e n el p o r q u é
d e ta le s h e ch o s, y m a n tie n e n a l m is m o tie m p o in tr a n q u ilo s a n u e s tro s
e x p l o t a d o r e s .. .
. . .A n t e la in d if e re n c ia d e los d o m in a d o r e s d e l p u e b lo h a c ia la m is e ria
p r o le ta r ia , se im p o n e l a v e n g a n z a c o m o a lie n to p a r a lo s re b e ld e s .
. . . L a ú n ic a lu c h a e n la s o c ie d a d p r e s e n te q u e te n e m o s q u e so s te n e r
d e b e se r re v o lu c io n a ria e n to d a l a e x te n s ió n d e la p a la b ra .
N a d a d e té rm in o s m ed io s, p a lia tiv o s , la h u m a n i d a d tie n e d e so b ra ;
e n tr e te n e r n o s e n c o n je tu ra s a n te e l c u a d ro m is e ra b le q u e c o n te m p la m o s
es u n c rim e n , es r e n d ir n o s y v o lv e rn o s c ó m p lic e s d e las in iq u id a d e s d o ­
m in a n te s .

Acerca de los círculos que siguieron esta línea del periódico, te­
nemos noticias por las inform aciones publicadas a p artir del p ri­
m er núm ero. Dos grupos anarquistas de Buenos Aires —el grupo
L ibertario (Almagro) y el grupo Luz— insertaron declaraciones de
identificación plena con la línea ideológica de E l R ebelde ya en el
prim er núm ero, y anunciaron que sus miem bros se ponían al servi­
cio de cualquier paso necesario para difundirlo. U n mes más tar­
de se comunicó la adhesión de u n grupo adicional: Los Ácratas
(Barracas del Norte), que tam bién expresó su adhesión y apoyo a
lo que hiciera.84
E n ese entonces surgió el grupo paralelo a E l R ebelde en la ca­
pital vecina, M ontevideo, y publicó un periódico intitulado E l De­
recho a la Vida.85
L a Protesta H um ana censuró sin tapujos la aparición de E l R e ­
83 Actos individuales, nom bre q u e d a b a n los círculos a n arq u istas a los actos
d e t e n o r personal.
84 "A dhesiones”, en E l R eb eld e, 11 de noviem bre de 1898, 11 d e diciem bre
de 1898.
85 L a posición program ática “ a n tio rg an izació n ” de este grupo, se expresó en
el a rtícu lo "O rganización y com unism o”; véase E l Derecho a la Vida, M onte­
video, diciem bre de 1898.

belde, y el director, G. Inglán Lafarga polemizó con los conceptos
del prim er núm ero: m encionó contradicciones internas y confusión
ideológica. Su argum ento principal afirm aba que la oposición a
la organización no concuerda con su pretensión de ser fieles a la
concepción anarco-comunista. L a evidencia: los dos grupos que se
declararon identificados con el nuevo periódico, funcionan como
grupos totalm ente organizados. E n su opinión, no hay u n camino
de transición entre el anarco-comunismo y el anarco-individualis­
mo: “O se avanza al comunismo con todas sus consecuencias, o se
va al individualism o descarnado y grosero, con su destrucción de
los débiles y el egoísmo b ru tal que los caracteriza.” 86
La reacción de L ’A vvenire fue más m oderada. Saludó la aparición
de El Rebelde, aunque expresó la esperanza de que la experiencia
dem ostraría a E l R ebelde que “la organización libertaria es propi­
cia y no perjudica la libertad del individuo”.87 Esta esperanza no
se materializó. E l R ebelde se volvió más inflexible en su posición
anti-organización; la línea anunciada en el prim er núm ero, carac­
terizó todos los núm eros siguientes.
El prim er tema que encaró E l R ebelde, fue la negación de las
inclinaciones a la organización. A este tem a se le dedicó m ucho
lugar en artículos teóricos sobre la imagen de la sociedad f u tu r a 88
y en notas polémicas sobre la táctica y para explicar cuestiones de
actualidad. En uno de esos com entarios el autor se refiere a los
adictos a la organización como a “socialistas agazapados” o, en el
m ejor de los casos, como a anarquistas que “no han llegado a estar
suficientem ente saturados del principio que dicen sustentar”. Llega
inclusive a cuestionar el anarquism o de ellos.89
La concepción que justifica la violencia en las luchas sociales y
au n la preconiza, se insinúa en el periódico no sólo en el contenido
sino en el estilo de las colaboraciones sobre todos los temas: tanto
en los que se referían a “los actos individuales”, donde era evidente
el deseo de justificar por entero las operaciones de terrorism o in­
dividual,90 como en los que abordaban otros aspectos de la lucha
contra el régim en existente, en especial en las campañas obreras.
Característico en este sentido fue el artículo de Pepita G uerra, en
uno de los primeros números, que exhorta a los trabajadores a des­
86
G. In g lá n L afarga, “A propósito d e tácticas", La Protesta H u m a n a , 20 de
noviem bre de 1898.
“Publicaciones”, en E l R eb eld e, 27 de noviem bre de 1898.
88 "A claran d o ”, en E l R eb eld e, 11 de diciem bre de 1898.
89
“P o r q u é somos a n arq u istas”, en E l R eb eld e, 27 de noviem bre de 1898.
9 0 S. Locascio, "L u cch en i”, E l R eb e ld e , 27 de noviem bre de 1898. Acerca de
la a ctitu d de otros círculos hacia el terro r, véase m ás adelante.

pojarse de la sumisión y a levantarse contra la burguesía que los
había explotado hasta el presente. La crueldad de la explotación
de la burguesía debe engendrar u n a venganza cruel, y sobre ello
escribe la auto ra:91
"¡Compañeros, al asalto! El día luce p ara las venganzas sangrien­
tas.. . ” E n el mismo núm ero, en otra sección, en réplica a las noti­
cias de Italia que inform an sobre el asesinato de un em pleador a
manos de un obrero despedido, se dice: “ ...É s te deberá ser el
cam ino del obrero, para concluir así de u n a vez con estos roedores
hum anos.” 92
El problem a de la lucha de los obreros contra sus empleadores,
aunque no constituye u n dom inio teórico separado, se refleja en
muchos de los artículos generales como tem a que lleva a reclamar
la rebelión y la violencia.93 Fiel a la línea antiorganización, se
niega cualquier tendencia a la acción organizada de los trabajado­
res, considerándola u n señuelo vano y tram pa tendida por la b u r­
guesía para atrap ar a los trabajadores en la red política, para ale­
jarlos de la m eta que es la revolución social. Es de interés la res­
puesta del periódico a la cuestión form ulada por un grupo de
miembros, sobre la cooperación con otros círculos en la lucha por
objetivos generales, por ejem plo el antim ilitarism o, las protestas
contra las persecuciones antiobreras, etc. El periódico niega cual­
q u ier posibilidad de u n frente unido con otros partidos políticos,
au n q u e sean avanzados. En su opinión, los anarquistas deben li­
b rar su lucha sin aliados:
Además de estar convencidos de que únicamente solos debemos luchar
contra el estado actual de cosas, creemos hasta necesario luchar contra
los mismos partidos extremos que bajo el pomposo calificativo de revolu­
cionarios embaucan al pueblo con promesas absurdas e irrealizables.94
A nte la negación de cooperar con círculos políticos afines, con­
viene prestar atención a la posición y a la actividad dentro de es­
feras generales ajenas y contrarias. Esta posición se expresó en la
respuesta del director a una pregunta form ulada por u n lector, en
91 “¡ Al asalto !”, en E l R ebelde, 11 de d iciem bre d e 1898.
92 “ Casos y cosas”, E l R eb eld e, 11 de diciem b re de 1898.
93
C aracterística, a l respecto, es la in tro d u cció n a las inform aciones sobre
el debate en el círculo L uz y Progreso acerca de las tendencias a re d u cir el sala­
rio q u e se in sin ú an e n tre los em pleadores. L a in tro d u cció n llam a a la huelga,
pero no a la huelga pasiva: “ No q uedarse en casa con los brazos cruzados, sino
d e stru ir a los patrones todos los elem entos de q u e se valen p a ra explotarnos,
con la v io le n c ia .. . es necesario c o m b atir a l c ap ital.” “Casos y cosas”, E l R ebelde,
5 d e febrero de 1899.
94 “C ontestando” , en El R eb eld e, 25 d e diciem b re de 1898.

los siguientes términos: “¿Prostituye los principios de la anarquía,
el anarquista que públicam ente se declara tal, haciendo después
esfuerzos para ser adm itido como socio en la Sociedad Masónica?”
El director respondió: “El proceder de un anarquista, por con­
trario que sea a la idea, no lesiona en nada al ideal. Porque en la
anarq u ía nada está prohibido ni a u to riz a d o .. . ”
“ . . . U n anarquista puede ser masón, burgués, policía, ir a la
iglesia, y hasta confesarse. Pero por el solo hecho de ser anarquista
es indudable que lo hace contra su voluntad y que algo desea con­
seguir por estos medios, que no le sería posible ad q u irir de otra
m anera.” 95
A parentem ente hay u n a contradicción entre la respuesta que
niega un frente unido con partidos políticos en una lucha idéntica
(antim ilitarism o, anticlericalismo, protestas contra las persecucio­
nes antiobreras, etc.), y la autorización de acciones anarquistas
“conscientes” en esferas generales extrañas, cuando son llevados a
ellas por la fuerza de la realidad. Pero, si se examina con deten­
ción, puede com probarse u n denom inador com ún entre ellas: en
ambos casos se preserva la posición de extrañam iento y negación
de las instituciones del régim en existente. En el prim er caso la
negación de u na integración general anarquista en una acción
com partida con círculos políticos cercanos, capaz de desdibujar y
deform ar el camino ideológico independiente; en el segundo caso,
la autorización a actuar en esferas generales ajenas, para posibili­
tar un campo más vasto de acción al individuo anarquista “cons­
ciente”, quien conoce la disparidad entre él y el régim en ajeno,
p o r lo que no corre el peligro de ser deglutido por ese régimen.
En esta posición se descubre tam bién un tono de propaganda
osado, que abre ante el anarquista la p uerta a la propaganda en
cualquier esfera general sin identificarse con ella, a asum ir así fun­
ciones prom otoras como un “agente extraño”. Semejante m odo de
pensar y tales criterios guiaban a los hombres de El R ebelde en
95 "Co n testa n d o ”, en E l R eb e ld e , 8 d e enero de 1898.
La respuesta no satisfizo, a l parecer, a quienes fo rm u laro n la preg u n ta,
y la redacción debió volver a ella p o r segunda vez, el 5 de febrero d e 1899,
d o n d e subrayó: “Si u n a n arq u ista p len am en te convencido de la a n a rq u ía y
pro p ag an d ista de e l l a .. . encuéntrase asediado y careciendo de la energía y a b ­
negación suficientes p a ra so p o rta r las consecuencias se refugia en u n centro
m asónico como socio, este ind iv id u o es u n a doble víctim a y n o u n ex a n a r­
q u ista .” “ ...S o m o s revolucionarios prácticam ente h asta donde alcancen nues­
tras e n e r g ía s ... P a ra nosotros lo que m ás concuerda con la a n a rq u ía es lo que
m enos re strin ja la lib e rta d individual. Es p o r eso q u e no pretendem os excluir
del ideal n in g ú n com pañero p o rq u e e n sus asuntos particu lares tran sija con
algunas de las instituciones.. . " "R é p lic a ”, en E l R eb eld e, 5 de febrero d e 1899.

sus conceptos sobre la posición y la actividad de los anarquistas
en las organizaciones obreras. E n ese dom inio la disparidad entre
su enfoque y el de los hom bres de L P H era m uy grande; volvere­
mos a este pu n to más abajo, al analizar el desarrollo de la discusión
entre las corrientes, cuando la cuestión de la actividad de los anar­
quistas en los sindicatos obreros se volvió u n problem a fundam en­
tal. Por ahora nos lim itarem os a llam ar la atención respecto de un
artículo editorial extenso, dedicado a la discusión con el enfoque
de E l R ebelde en las cuestiones organizativas, que apareció a co­
mienzos de 1899.96 P or prim era vez asomó u n nuevo argumento,
interesante, que acaso perm ita com prender las diversas tendencias:
"..E n la táctica y orientación estamos [los círculos de La Protesta
H um ana] a la altu ra de toda la prensa europea y americana, y
coincidimos con la opinión expresada por casi todas las cabezas
m edianam ente organizadas del partido an a rq u ista. . . ” Y finaliza
con la siguiente frase:
"..N o somos solos los que propagam os la organización y, si fué­
ramos a citar, tendríam os que citar a toda la parte más ilustrada
del anarquism o, que en periódicos y libros, m anifiesta la necesidad
de organización.” 97
96 "Sobre organización”, La P rotesta H u m a n a , 1 de enero de 1899.
97 H a b ía en ello u n grado in d u d a b le de verd ad histórica. Los circuios de
L a P rotesta H u m a n a siguieron u n ru m b o q u e fue el de la m ayoría de los a n a r­
q uistas d el m u n d o , en esos tiem pos, es decir, la intervención creciente en las
actividades d e los sindicatos obreros. E llo sobresalió p rin cip alm en te en Francia,
d o n d e se form ó después u n a c orriente sep a ra d a llam ada “sindicalism o re v o lu ­
cio n ario ”. E n esa etap a, a fines d el siglo XIX, e ra u n a co rriente en el m ovi­
m ie n to an arq u ista. Su vocero p rin c ip a l era P e llo u tier, y lo acom pañaba un
g ra n g ru p o de pensadores como J. G rave, P. K ro p o tk in y E. Reclus.
H.
M aîtron, H istoire d u M ov. A narchiste, p p . 249-290; W oodcock, A narchism ,
ed. P enguin, 1962, p. 295; J. Joll, T h e anarchists, op. cit., 197-198; D. G uerin,
A narchism , N ueva York y L ondres, ed. M onthly R eview , 1970, p p . 77-78; J.
Diaz del M oral, H istoria de las agitaciones cam pesinas andaluzas, M adrid,
A lianza E d ito rial, 1967, p. 157.
P aralelam en te a este desarrollo en F ran cia —y en grado sum o p o r su in ­
fluencia— se form ó u n a corriente análoga en el anarq u ism o español. Véase
W oodcook, op. cit., p. 349; J. R om ero M au ra, “T e rro rism in B arcelona”, Past
and Present (41), 1968, pp. 147-148; J. R om ero M aura, “ T h e Spanish case”, en
J. Jo ll y D. A pter, A narchism today, L ondres, M acm illan, 1971, p. 70.
E n Italia, esta tendencia asom ó a comienzos d e la década de 1890, sobre todo
p o r in fluencia d e M alatesta y M erlino, p e ro decayó a fines d el siglo XIX; en
1895 M erlino se a p artó del an arq u ism o y se acercó a l socialismo; el vocero
p rin cip al de esta tendencia era E. M alatesta. Véase E. Santarelli, op. cit., pp.
77-90; M ax N ettlau , H isto ire de l'anarchie, op. cit., p p . 169-172.
E n lo que a ta ñ e a Estados U nidos, el cuadro es m ás com plejo pues la a c ti­
vid ad terrorista se entrelazaba con la lab o r d e los an arq u istas en los sindicatos
obreros (véase a te n tad o de A. B erkm an), p ero tam bién a llí se delineó u n a ten-

El argum ento era de naturaleza nueva, pues hasta entonces no
era hab itu al en las discusiones internas: cabe destacar la conexión
internacional en la form ulación del punto de vista. C uando ese
com entario se publicó, ya estaba en m archa el proceso de unifica­
ción de algunos grupos que avanzaban en esa dirección y que llevó
a constituir u na federación. En el núm ero siguiente de La Protes­
ta H um ana, el 15 de enero de 1899, ya se publicó u n aviso sobre
la creación de la Federación L ibertaria de los G rupos SocialistasAnarquistas de Buenos Aires, con la participación de seis grupos
anarquistas de la capital. En la práctica fue el prim er organismo
federativo constituido por anarquistas en la Argentina.

LOS GRUPOS ANARCO-SOCIALISTAS

La declaración de principios de la Federación L ibertaria de los
G rupos Socialistas-Anarquistas de Buenos Aires, publicada en LPH
el 15 de enero de 1899, fue aprobada por unanim idad en la asam­
blea general de los seis grupos anarquistas que la suscribieron, ce­
lebrada el 26 de diciem bre de 1898. En su redacción les cupo una
participación activa a P. G ori y tam bién a G. Inglán Lafarga.98 La
declaración de referencia fue una virtual novedad en la tradición
del anarquism o argentino, tanto en su carácter de reglam ento for­
m al como por algunas de las ideas expresadas, contentivas de una
fórm ula consolidada, por prim era vez, de los enfoques preconiza­
dos p o r la corriente anarco-socialista. D ebido a su im portancia
trascribimos el texto completo, salvo la introducción, donde se in ­
forma en térm inos generales sobre los móviles que llevaron a consdencia clara de integración en los sindicatos obreros, a u n q u e sólo se consolidó
a comienzos del siglo xx.
E m m a G oldm an, L iv in g m y life (N ueva York, ed. D over P ublications, 1970);
L. Adam ic, D ynam ite (Nueva York, Chelsea H ouse Publishers, 1958), pp. 61-71,
128-136, 157-162.
C abe su b ra y ar q u e la tendencia de integración en los sindicatos obreros no
era seguida p o r todos los círculos anarquistas; en esa época h ab ía círculos que
se o p o n ían enérgicam ente a a d m itirla , tan to en F rancia como en Italia. Véase
sobre los círculos L ib ertaire, H . M aîtro n , H istoire, op. cit., p p . 185-189; sobre
los círculos e n Italia, E. Santarelli, I l socialism o anarchico, op. cit., pp. 78,
88-89.
98
D . A bad de S antillán, M o v im ie n to anarquista, op. cit., p. 63; acerca de esa
plataform a y su im p o rtan cia en los anales d el anarquism o en la A rgentina,
véase J. Solom onoff, Ideologías d el m o v im ien to obrero y el conflicto social,
Buenos Aires, ed. Proyección, 1971, pp. 98-200.

titu ir la Federación L ibertaria “bajo los siguientes principios, y
considerando” :
I . Q u e la in ju s tic ia e co n ó m ic a , q u e p e r m ite a u n a clase v iv ir e n el ocio
e x p lo ta n d o las fa tig a s d e los tra b a ja d o re s , re s u lta n d o éstos c o n d e n a d o s
a u n a in f e r io r id a d so c ial a b s o lu ta , m ie n tr a s so n los p ro d u c to re s d e to d a
riq u e z a , n o es sin o m ás q u e la c o n s e c u e n c ia d e l c a p ita lis m o , fo rm a m o ­
d e r n a d e la p ro p ie d a d , y n o p o d r á d e s a p a re c e r sin o p o r el tr iu n f o d e l
so c ialism o a n á rq u ic o , esto es, c o n la r e iv in d ic a c ió n d e la so c ie d a d e n te r a
c o n tra to d a fo rm a d e p r o p ie d a d p r iv a d a e n m a n o s d e p ocos p riv ile g ia d o s,
y c o n la to m a d e p o se sió n p o r p a r te d e los tra b a ja d o re s d e to d as las
fu e n te s d e la riq u e z a : tie rra , m á q u in a s , in s tr u m e n to s d e tr a b a jo , m ed io s
d e c a m b io , d e c o m u n ic a c ió n , y o rg a n iz a d a , b a jo l a b a se d e la c o o p e ra ­
c ió n d e to d a s las fu e rz a s sociales, c o n la s m o d a lid a d e s o p o r tu n a s y m e r ­
ced a l l ib r e a c u e rd o , la p ro d u c c ió n y el m o d o d e g o z ar a m p lia m e n te d e
la m ism a.
II. Q u e la in ju s tic ia e c o n ó m ic a , q u e f o rm a n d o el p o d e r c e n tra l c o n s­
titu y e o tr a fo rm a d e la o p re s ió n d e l h o m b r e p o r el h o m b re , a lia d a n a t u ­
r a l d e la e x p o lia c ió n e co n ó m ica , c re a n d o u n a cla se p riv ile g ia d a , n o d e s­
a p a r e c e rá sin o c o n la a b o lic ió n d e l e n te a u to r ita r io , tu te la d o r d e p re siv o
d e la in ic ia tiv a y d e la l ib e r t a d so c ial: el E sta d o , s u s titu id o p o r la fe d e ­
ra c ió n lib r e y e s p o n tá n e a d e la s a so c ia c io n e s d e p ro d u c c ió n y co n su m o ,
p u d ie n d o só lo e n la a n a r q u ía , e sto es, e n la so c ie d a d lib r e m e n te o r g a n i­
zad a, b a jo la b a se d e los in te re s e s a rm o n iz a d o s, sin c o ac ció n g u b e rn a tiv a ,
e n c o n tr a n d o e n e lla e l in d iv id u o el d e s a rro llo c o m p le to d e sus fa c u lta d e s
y d e su lib e rta d .
III. Q u e la m e n tir a m a tr im o n ia l —sie n d o las m ás d e las veces, e n las
c o n d ic io n e s d e la a c tu a l so c ie d a d , u n a fo rm a d e c o n tr a to m e rc a n til le g i­
tim a n d o la u n i ó n sin a m o r, y p o r el h e c h o d e se r le g a l, o b s ta c u liz a n d o
la u n i ó n fo r m a d a p o r los solos v ín c u lo s d e l a m o r, d e te r m in a n d o d e lito s
d e h ip o c re s ía y d e v io le n c ia (d e l a d u lte rio a l u x o ric id io , a l in f a n tic i­
d io )—, n o d e s a p a re c e rá sin o c o n la ig u a ld a d c o m p le ta d e in te re s e s e n tr e
a m b o s sexos, c o n la a b o lic ió n d e la d e s ig u a ld a d d e clases y d e la ficc ió n
ju r íd ic a ; re s titu y e n d o a l a m o r, l ib r e d e im p e d im e n to s , in te re s e s y p r e ­
ju ic io s, la s o b e ra n ía e x clu siv a e n la u n i ó n se x u a l, d e la c u al, p u rific a d a
y a s e n ta d a s o b re la in d is o lu b le b a se d e los afecto s, su rg irá la fa m ilia d el
p o r v e n ir .
IV. Q u e la m e n tir a p a tr ió tic a —q u e e x a g e r a n d o el a fe c to n a tu r a l p o r
e l p a ís n a tiv o e n u n a e sp e cie d e q u ijo tis m o fa n á tic o , cieg a la m e n te d e
los tra b a ja d o re s h a s ta e l p u n t o d e im p e d ir le s c o m p r e n d e r la u n i d a d d e la
fa m ilia h u m a n a , in d is o lu b le , m a lg r a d o e l a n ta g o n is m o d e in te re s e s y d e
ra za , e im p id ié n d o le s c o m p re n d e r q u e la c u e s tió n so c ial es c o s m o p o lita —,
n o d e s a p a re c e rá sin o c u a n d o los p r o le ta r io s d e to d o s los países, p o r e n ­
c im a d e c u e stio n e s d e n a c io n a lid a d , re iv in d ic a r á n p a r a to d o se r v iv ie n te ,
e l b ie n e s ta r, la l ib e r t a d y la f r a t e r n id a d d e to d a s las p a tria s .
V. Q u e la m e n tir a re lig io sa —q u e s o b re la ig n o ra n c ia d e la s m u ltitu d e s

fo m en ta el servilism o y la p a c ien te resign ación , sop ortan d o las in iq u id a ­
d es de la señ oría terren al con la esperanza de las glorias celestiales, y en
la lu ch a etern a en tre la su p erstició n y la cien cia, fu n d ó la tiran ía de las
relacion es diversas, destin ad as a m o n o p o liza r e l alm a para d om in ar sobre
el cu erp o— n o desaparecerá sin o com o tr iu n fa n te la C ien cia m aestra d e l
h om b re, la luz sobre las tin ieb la s p or la in stru cción d ifu n d id a en todos
los sectores, p od rá el h om b re, con la co n c ie n c ia lib re, su stitu ir la r elig ió n
de la m u erte q u e proclam a en u ltratu m b a la fin a lid a d de la v id a hu m ana,
por la sana y san ta r e lig ió n de la vida.

P A C T O D E A L IA N Z A

P or la p ro p agan d a y p or e l triu n fo d e estos p rin cip io s, los g ru p os a d h e ­
ren tes a la F ed eración L ibertaria, pactan:
1. A u to n o m ía co m p leta de los in d iv id u o s y de lo s grupos federales en
todas las in icia tiv a s q u e la acción co lectiv a p u ed a ser dañosa, in ú til o re ­
tardataria.
2. A cu erd o a sim p le m ayoría de lo s rep resen tan tes de los grupos e n
todas las cu estion es d e in terés gen era l, sin com prom iso o b lig a to rio para
los grupos q u e con stitu y en la m in oría.
3. N in g u n a d e lib er a c ió n p od rá proclam arse bajo e l n o m b re colectivo
d e la F ed eración si n o es acep tad a p or u n a n im id a d .
4. L a asam blea gen eral de los rep resen tan tes d e los grupos, tendrá lu ­
gar por lo m en os u n a vez por m es y cu an d o se rep u te necesario.
5. La a d m in istración fed eral está directa y co lectiv a m en te b ajo el c o n ­
trol de toda la F ed eración , con e x clu sió n absolu ta de tod o cargo r em u ­
nerado.
6. H abrá seis encargados ren ovad os cu an d o la asam b lea lo considere
o p o r tu n o , d esem p eñ a n d o los sig u ie n te s cargos: dos para la ad m in istración ,
dos para la corresp on d en cia y dos para la prop agan d a.
7. L os adm inistradores recaud arán las cuotas de los grupos a te n d ie n d o
con aq u éllas a los gastos q u e la F ed era ció n con sid ere necesarios.
8. L os encargados de la corresp on d en cia p oseerán el registro de la F e ­
d eración , m an ten d rán co rresp o n d en cia con los grupos ad h e ren tes y con
a q u ello s afin es d el p aís y d el exterior.
9. L os encargados de la p rop agan d a a ten d erán a las n ecesid ad es de la
b ib lio tec a social, procu ran d o su desarrollo, y ejecu ta n d o tod o aq u ello q u e
la F ed eración d elib ere para la d ifu sió n de sus p rin cip io s.
10. D ich os cargos pod rán ser p eriód icos o ren ovab les d esp u és de r e a li­
zada u n a in iciativa.
11. Cada gru p o federad o, y aú n cada in d iv id u o lib re m en te adh erido,
versarán en p rop orción d e su fuerza n u m érica o econ óm ica, u n a c u ota
m en su al n o in ferio r a 45 cen tavos, siem p re q u e sus c o n d ic io n es e sp ecia ­
les n o se lo im p id a n e n ab solu to.
12. Se com p ren d e q u e todas las fórm u las sobredichas, serán revocables
y m o d ifica b les por sim p le d elib era ció n de la asam blea, con d ificu lta d

p a r a la m in o r ía d e a te n e rs e a l p re s e n te p a c to o d e m a n ife s ta rs e e n c o n ­
f o r m id a d a su p r o p ia in ic ia tiv a c u a n d o n o sea p o s ib le la a r m o n ía y el
a c u e rd o , b a jo la b a se d e la e s p o n ta n e id a d y d e la s m u tu a s con cesio n es.
A p ro b a d o p o r u n a n im id a d e n a s a m b le a g e n e r a l d e G ru p o s , la n o c h e
d e l 2 6 d e d ic ie m b r e d e 1898.
L o s g ru p o s : A g ita d o r, D e se rto re s, P o lin ic e M a tte i, L os D isp erso s, N e
D io n e P a d ro n e , L u z y P ro g re so .

Cabe señalar que, de los seis grupos firm antes, cuatro eran relativa­
m ente nuevos, y la noticia de su formación se publicó en los ejem­
plares de La Protesta H um ana de 1898.99
O tros 12 grupos anarquistas, activos en ese entonces en Buenos
Aires y sus inmediaciones, adictos a L P H (algunos de ellos, grupos
muy veteranos), no firm aron em pero esa declaración de princi­
pios.100 T am bién es llam ativa la ausencia de los periódicos que
aprobaban la línea organizativa: L a Protesta H um ana, L ’Avvenire,
Ciencia Social. De esto se deduce que, pese a la im portancia de la
Federación —p o r su m era constitución— no era u n factor repre­
sentativo de la mayoría de los anarquistas de Buenos Aires.
E n cuanto al in terior del país, la escasa inform ación dificulta
la determ inación precisa de la conexión con la federación. Cabe
suponer que la gira de conferencias de P. Gori en el interior, en
seguida después de constituirse la Federación en Buenos Aires, te­
nía por m eta entablar vínculos con los grupos existentes y estim u­
lar la creación de nuevos grupos. Esa gira —definida por La Pro­
testa H um ana como “la prim era gira de propaganda en América
L atin a”— contó con vastas descripciones en los ejem plares de ene­
ro y febrero de 1899. Sin embargo se deduce, de los comentarios,
q ue se form aron grupos nuevos, los cuales se dieron el nom bre ex­
plícito de anarco-socialistas: en B ahía Blanca (15 de enero), M ai­
99
G ru p o Luz y Progreso (La Protesta H u m a n a , 20 de febrero de 1898); grupo
Polinice M attei (La Protesta H u m a n a , 23 de o ctu b re de 1898); g rupo Los Dis­
persos (La Protesta H u m a n a , 4 d e d iciem bre de 1898); y g ru p o A gitador (La
Protesta H u m a n a , 18 de diciem bre de 1898.
1 0 0 Los siguientes grupos a ctu ab a n en B uenos Aires, en 1898, y no se a d h irie ­
ro n a la federación; A ntorcha del Progreso, Los Á cratas, C írculo de Estudios
Sociales, T ie rra y L ib ertad , La A gitación, Los D esheredados, U nión de O breros
Israelitas (este g ru p o es m encionado varias veces en las listas de suscripciones
d e L a Protesta H u m a n a en 1898, pero luego desapareció p o r com pleto. A p rin ­
cipios del siglo x x no se lo m enciona en absoluto. N o hay n in g ú n nom bre de
p ronunciación ju d ía e n tre los redactores d e La Protesta H u m a n a n i e n tre los
m iem bros activos h asta 1904), La E x p ro p iació n es N ecesaria, E l G ru p o L ib e rta ­
rio de A lm agro, L ib e rtad y Am or, Los Á cratas de Cañuelas, Academ ia F ilo d ra ­
m ática, L itógrafos L ibertarios, así como los grupos Luz y L ib ertario q u e a p o ­
yaban al periódico El R ebelde.

pú (26 de febrero), Ayacucho (26 de febrero); en Ayacucho se formó
u n círculo socialista-anarquista que resolvió vincularse con la Fe­
deración de Buenos Aires. Otros grupos se constituyeron sin seña­
lar explícitam ente que se trata de grupos anarco-socialistas.
L a constitución de la Federación de Buenos Aires repercutió
tam bién en círculos anarquistas de países vecinos, a veces positiva­
m ente y a veces de u n m odo negativo. El periódico anarco-comu­
nista de Brasil O Despertar atacó acerbam ente a la Federación. El
director de La Protesta H um ana respondió a la crítica (y aprove­
chó la o p o rtunidad para contestar a los censores internos): les re­
crim inó el que se opongan a cualquier organización o federación,
por considerarlas autoridades embozadas.101 A esa polém ica inter­
na que se ahondó m ucho en 1899, contribuyó significativam ente el
grupo anarco-com unista Los Desertores, que publicó u n a declara­
ción de principios subrayando las norm as del anarco-socialismo
ajustadas a la concepción “organizativa” y a la integración en las
luchas obreras por m edio de los sindicatos de trabajadores.102
L a identificación m ilitante con la línea anarco-socialista se pu­
blicó tam bién en el periódico anarquista en lengua italiana L ’A vve­
nire; el 1 de mayo de 1899 se insertó u n a circular, suscrita por
Socialisti Anarchici, y el 13 de enero de 1900 incluyó u n artículo
extenso, intitulado: “I l socialismo anarchico nel m ovimento sociale
odierno”,103 donde se hace una referencia minuciosa a los grupos
101 G. J., "Sobre tablas”, La Protesta H u m a n a , 12 de diciem bre de 1899.
102 El m anifiesto a p ru eb a la organización libre, en dos órbitas, u n a grem ial
y u n a an arq u ista: “ . . . l a p rim e ra es escuela d onde el obrero se ejercita e n las
luchas c ontra la burguesía y concibe las p rim eras nociones de u n bienestar
qu e sólo en la a n a rq u ía p u e d e en co n trar. Y la segunda, m ed ia n te la com bina­
ción d e actividades p o r acuerdo l i b r e . . . d an d o orientación a las m asas y sa­
biendo todos a donde vam os”. P o r lo tan to el g ru p o declara su apoyo a cu al­
q u ier in te n to an arq u ista y sindical ob rero , " ...n e g a n d o nu estro apoyo a la
p ro p a g an d a terrorista, antio rg an izad o ra e in d iv id u a lista . . . ” (“ D eclaración de
P rin cip io s”, La Protesta H u m a n a , 26 d e febrero de 1899.)
103 L a tendencia de L ’A vven ire a identificarse con el anarco-socialism o se
intensificaría a l año siguiente. E n agosto de 1901 el periódico pasaría a lla m ar­
se Periódico Socialista A nárquico. E n 1900, el térm ino anarco-socialism o tenía
m ucha difusión en los núm eros de L a P rotesta H u m a n a . El m ism o año se
p u b lic a ro n tam bién varios artículos teóricos que p ro b a b an la esencia especial
contenida en el anarco-socialism o. Los artículos m ás im portantes, sobre el tem a,
p ertenecieron al a n arq u ista español R icardo M ella. E n el artícu lo “Cooperación
v o lu n ta ria ”, d e este a u to r, en el n ú m ero de La Protesta H u m a n a d el 8 de
ju lio de 1900, cabe e n co n trar la definición sucinta siguiente: "T o d o s los p rin ­
cipios del socialism o a n arq u ista p u e d en reducirse a u n o solo: el de la coopera­
ción v o lu n ta ria.” Y esto, en contradicción con lo que h ab ía juzgado como u n
in elu d ib le ejem plo del anarco-com unism o, que determ in a las líneas de d ilu c i­
daciones p a ra la sociedad d el fu tu ro : las líneas de la sociedad com unista. E n
otro artículo teórico, “El socialism o a n árq u ico ”, que se p ublicó en el núm ero

anarco-socialistas del m undo: en Italia, Inglaterra, Alemania, Aus­
tria, España y Estados Unidos, donde había estado últim am ente
P. K ropotkin. T am bién en La Protesta H um ana al convertirse en
el centro de gravitación para las dilucidaciones ideológicas en los
problem as organizativos y la actividad en los sindicatos obreros, el
térm ino anarco-socialismo se volvió más corriente y habitual desde
1900 (véase más abajo). Pero, como se h a dicho, en esa etapa, en
1899, los grupos anarco-socialistas sólo constituían una parte pe­
queña entre los grupos anarquistas.

OTROS GRUPOS ANARQUISTAS Y SUS ACTIVIDADES

La actividad de los grupos anarquistas de diversas tendencias se
am plió y ramificó en 1899. Los grupos más viejos se conservaron
en su mayor parte y prosiguieron con una intensa labor de propa­
ganda y esclarecimiento, por escrito y oral. Merece m ención espe­
cial el grupo Los Ácratas, que continuó con la publicación de fo­
lletos.104 En tareas de esta índole se distinguió tam bién el grupo
El Alba, que publicó ese año un folleto de M alatesta (en italiano)
sobre los principios del anarquism o.105 Surgieron grupos nuevos en
Buenos Aires, como se ha señalado, que en parte se declararon en­
seguida como “anarco-socialistas” y se plegaron a la Federación. De
ellos mencionaremos a R ivendicatori y La Fiacola;106 otros grupos
siguieron llam ándose anarco-comunistas, como fue el caso de N ue­
va A urora,107 y tenían conexión con los círculos de L P H u otros
que se declaraban anarco-comunistas, a la vez que revelaban apego
por FA R ebelde y sus concepciones. Sobresalió, entre ellos, el G ru­
po Juv en tu d A narquista de Almagro, que apenas fundado, en 1899,
publicó su mensaje negando cualquier esfera organizativa local o
federal y que aprobaba en cambio la reunión en “grupos de afi­
n id ad ”.108
d e l 8 de ju lio de 1900, R . M ella considera conveniente su b ra y ar que los a n a r­
co-socialistas: "no dam os esquem as del po rv en ir, establecem os los principios
fun d am en tales de u n a nueva práctica, lib re a todas las in iciativas”.
104 Cabe ap reciar que en esa época el g ru p o Los Á cratas empezó a acercarse
a los círculos de E l R ebelde. L a inform ación p rin cip al sobre el m ism o, la lee­
mos en ese periódico; véase E l R eb eld e, 2 de a b ril de 1898 y 7 de m ayo de 1898.
105 “G ru p o E l A lba”, La Protesta H u m a n a , 15 de o ctu b re de 1899.
106 “M ovim iento social”, La Protesta H u m a n a , 12 d e febrero de 1899.
107 "M ovim iento social”, L a Protesta H u m a n a , 15 de enero de 1899.
108 " ...C o n s id e r a este gru p o que la m ejo r táctica que los anarquistas p u e ­
den em plear p a ra la prop ag an d a y extensión de la idea, p a ra llevar al conven-

A fines de 1899 se constituyó en Buenos Aires el G rupo de Pro­
paganda L ibertaria de Los Corrales, que asumió u n cometido nue­
vo: form ar u na escuela para jóvenes e inm igrantes, una “escuela
lib ertaria” 109 (sobre cuyas funciones se habla más adelante) y que
se fijó p or m eta im partir instrucción y educación anarquistas.
U n nuevo medio de actividad —que perm itiría am pliar los ho­
rizontes de la propaganda anarquista, apuntalarla y profundizar­
la— comenzó a funcionar en A rgentina en 1899, cuando se inau­
guró la Casa del Pueblo. La actividad se inició allí en septiembre,
con u n a serie de conferencias pronunciadas por P. Gori. La Pro­
testa H um ana, en el núm ero del 3 de septiem bre de 1899, describe
la Casa como espaciosa y vaticina que será u n lugar de reunión
de la clase trabajadora en la capital “sin distinción de escuelas
ni de partidos”. Sobre este carácter “abierto” de la Casa del Pue­
blo da testim onio el saludo de El R ebelde que, el 17 de septiembre
de 1899, reafirm a que realm ente permanece abierta a todos, “sin
ninguna obligación por parte de concurrentes, pues esta iniciativa
h a sido puesta en práctica por varios compañeros de buena volun­
tad, sin m andato de n adie”.
Sobre el entusiasmo suscitado por la posibilidad de una reunión
de anarquistas y sobre las esperanzas cifradas, escribió La Protesta
H u m a n a : “Con la instalación de la Casa del Pueblo principia en
Buenos Aires u na nueva era de lucha por la em ancipación de la
clase proletaria.” 110 En la nota se describe la Casa: cuenta con dos
salas glandes para celebrar asambleas, actos y representaciones tea­
trales, con capacidad para 400 espectadores en cada una. T am bién
se anuncia la habilitación inm inente de un consultorio médico y
jurídico, oficinas de trabajo donde los operarios pudieran buscar
empleo sin exponerse a las agencias explotadoras, redacciones de
periódicos anarquistas y una biblioteca central para trabajadores.
Se subraya tam bién que la Casa del Pueblo está situada en un lu­
gar central de Buenos Aires (calle Callao 353).111
cim iento de los trab ajad o res.. . consiste en asociarse librem en te en grupos de
afinidades, sin co n traer com prom isos de nadie, ni delegar en otros lo que uno
m ism o p u e d e hacer.” “Casos y cosas”, E l R ebelde, 4 de ju n io de 1898.
109 "Escuela lib e rta ria ”, L ’A vvenire, 4 de diciem bre de 1899; “ Escuela lib e r­
ta ria ”, L a Protesta H u m a n a , 7 de enero de 1900; E l R eb e ld e , 21 de diciem bre
de 1899, 7 de enero de 1900.
110 “ Casa del P u e b lo ”, en La Protesta H u m a n a , 17 de septiem bre de 1899.
111 N o cabe d u d a de q u e e n la creación d e la Casa del Pueblo influyó la
Bourse d u T rav a ille de Francia. En el m ism o núm ero q u e da c u en ta sobre
la in au g u ració n de la Casa, h a y tam b ién noticias del m ovim iento a n arq u ista
en Francia, donde la "B ourse” es descrita como u n a institución p aralela a la
Casa del Pueblo. "E l m ovim iento a n arq u ista en F ra n c ia ”, La Protesta H um ana,
17 de septiem bre de 1899.

Varios meses después de inaugurada la Casa del Pueblo en Bue­
nos Aires, los grupos anarquistas de Rosario em ularon a los capi­
talinos y erigieron una institución análoga a principios de 1900.112
Poco después se supo de la construcción de u n a Casa del Pueblo
en la ciudad de Bolívar.113 En el ínterin, sin embargo, la sede de
Buenos Aires empezó a sufrir de dificultades financieras y a fines
de diciem bre de 1899 se publicó u n aviso en L P H , llam ando a los
adictos a pagar una cuota m ensual de u n peso, a p artir del 1 de
enero de 1900, “dada la necesidad im periosa de salvar dicha insti­
tución de u n conflicto económ ico.. . ”
A principios de enero se supo que la Casa había sido cerrada por
varios días y se reabrió al mes.114 Pocos días después, el 21 de ene­
ro de 1900, L P H avisó a todos los anarquistas de Buenos Aires que
la policía obstruye la actividad de la Casa y que había ordenado
su clausura. La comisión organizadora inform ó que se vio obligada
a trasferir su labor a otro lugar transitoriam ente, y escogió para
ello la sede de la Asociación de Obreros Panaderos. Esta asociación
había sido activa en la Casa del Pueblo: realizaba en ella sus reu­
niones y contribuyó a su funcionam iento.115
L a cooperación con la asociación de obreros panaderos no era
casual. Este gremio, desde que lo fundaron M attei y M alatesta en
la década de 1890, m antuvo vínculos estrechos con los anarquistas.
En los dos años últim os había sido tam bién la base de acción de
u n círculo anarquista perm anente: Luz y Progreso. En la práctica
era el único sindicato obrero que podía ser llam ado anarquista;
en todos los otros, la influencia de los anarquistas crecía o decli­
naba alternadam ente.

L O S A N A R Q U IS T A S Y L O S S IN D IC A T O S O B R E R O S

C abe hacer referencia a la posición de los anarquistas en los sindi­
catos obreros de la época, como se señaló más arriba (véase capí­
tulo I). En 1895 declaró el jefe de policía de Buenos Aires que
los anarquistas no tenían asidero en las asociaciones de trabajado­
112
“ R osario”, La Protesta H u m a n a , 24 d e diciem bre de 1899; “ Correspondenza”, L ’avvenire, 24 de diciem bre de 1899.
113 L a Protesta H u m a n a , 7 de enero de 1900.
114 “ Casa d e l P u e b lo ”, La Protesta H u m a n a , 7 de enero de 1900. E l R ebelde,
7 de enero de 1900, e x h o rta a los com pañeros a esforzarse apoyando la Casa,
cuyo v alo r p a ra la p ro p a g an d a y la educación es apreciable.
115 “ L lam am iento general”, El Obrero Panadero, 9 d e noviem bre de 1899.

res de la A rgentina.116 Pero desde entonces habían trascurrido cua­
tro años, en los que se operaron cambios im portantes en las rela­
ciones laborales y en la organización obrera, sobre todo en el sector
anarquista, donde u na im portante corriente bregaba por in flu ir y
dom inar los sindicatos obreros. Desde la aparición de L P H en 1897
aum entaron los llamados en ese sentido en los periódicos anarquis­
tas de la A rgentina, pero los logros concretos fueron escasos hasta
1899. E n la práctica, la base sólida de la acción anarquista en las
asociaciones profesionales seguía siendo el sindicato de obreros pa­
naderos. En las sociedades de trabajadores de socorros m utuos el
anarquism o carecía de asidero, y en las otras sociedades de resis­
tencia su presencia era reducida; en su m ayoría estaban sujetas a
la influencia de los socialistas. Los socialistas quisieron constituir
en 1897 u n a federación de sociedades de resistencia, pero no tuvie­
ro n éxito.117 Sobre la influencia de los anarquistas en uno de los
sindicatos —Sociedad d e Constructores de Carruajes—, que se con­
tó entre los creadores de la federación, nos enteramos por su reso­
lución d e apartarse debido a la influencia socialista y a su deseo de
p articipar en actividades públicas.
G. Inglán em itió su opinión sobre esta separación en las páginas
de LP H . Señaló la identidad de tendencias de la sociedad con el
enfoque anarquista, en cuanto a las actividades de u n sindicato
obrero.118 Inform ación adicional sobre la conexión entre los anar­
quistas y los m ilitantes activos de sindicatos obreros, se obtiene en
los avisos y noticias aparecidos en LP H . E ran relativam ente pocos
y se referían en su m ayoría a la actividad de los panaderos, sastres,
albañiles, marm oleros y ebanistas. U n fortalecim iento notable de
la conexión de los anarquistas del círculo de L P H con la actividad
en los sindicatos obreros, se com probó a p artir de 1899. Ello se
debe tam bién al agravam iento de las relaciones laborales p o r causa
del deseo de los empleadores de reducir el salario (ver más abajo).
E n el núm ero del 1 de enero de 1899 G. Inglán, director de LPH ,
rep u d ia ese propósito y exhorta a los anarquistas a sumarse a la
lucha obrera por el salario, aunque no incluyera pasos revolucio­
narios prácticos. La lucha en sí fortifica al obrero: “Si conquista
u na pequeña m ejora se dará cuenta de su p o d e r ... Somos partida­
rios de em prender este m ovim iento. . . en la im posibilidad de rea116 "M em oria d e l jefe de policía de Buenos Aires, M anuel C am pos” (1895),
citado p o r H . Spalding, La clase trabajadora argentina, op. cit., p. 184.
117 J. O ddone, op. cit., p p . 74-76.
118 G. In g lán L afarga, “ U n a escisión”, La Protesta H u m a n a , 1 d e octubre
de 1897. Sobre el carácter rad ical com bativo de este sindicato y sus logros en
las huelgas, S. M arotta, op. cit., p. 97.

lizar la revolución social, tan pronto como todos los anarquistas
quisiéram os.”
En esa dirección empezó a actuar el grupo anarquista Luz y Pro­
greso, formado por el sindicato de obreros panaderos, quien convocó
un a asamblea de trabajadores y los exhortó a organizarse en socie­
dades de resistencia. En una crónica referente a la asamblea, se
inform a de muchas molestias causadas por los anarco-individualis­
tas que se oponían a esa tendencia.119 Los anarco-individualistas
no eran los únicos en oponerse a esta línea, propugnada por LPH.
No menos enérgica era la oposición de E l R ebelde, cuya gente se
negaba a identificar e in tegrar la lucha anarquista con la lucha
sindical. Esta posición se expresó en el desdén dem ostrativo a
todas las huelgas parciales que estallaron entonces.120 D urante 1899
se suscitaron discusiones acaloradas: por un lado los anarco-indi­
vidualistas y los anarco-comunistas de los grupos de E l Rebelde;
por el otro, los grupos anarquistas de Buenos Aires y del interior
que se centraban en torno a L P H y a L ’Avvenire. U na evidencia
contundente de la posición de estos últim os en la polémica, es el
artículo de J. Claro, en el núm ero de L P H del 29 de octubre de
1899. El autor censura a los anarquistas que sólo preconizan la
lucha revolucionaria e ignoran la lucha cotidiana por reformas
pequeñas, las huelgas por reducir la jornada laboral y por aum en­
to de salario. Si esta posición fuera adoptada por todos los grupos
anarquistas, “se habrían convertido en los elementos menos perju­
diciales a la burguesía”. Para volverse una fuerza combativa, hay
que ayudar a los trabajadores, actuar en su seno y convencerlos de
la justicia de la idea: “Y se principia para el caso provocando huel­
gas, viviendo en medio de la masa que sufre, estando en todos los
lugares donde nos sea dable hacer propaganda.”
“Caen en un puritanism o risible los que por u n a ilusión que no
nos explicamos, ven tan cercano el día de la batalla final y desde­
ñ an todos los medios de lucha que se presentan a d ia r io ... Por no
m anchar lo inm aculado del ideal, lo encierran en los estrechos m ol­
des de una prédica casi mística, sin salir al campo de la acción
119 "Movimiento social”, La Protesta Humana, 12 de febrero de 1899.
120 La expresión más evidente de ese enfoque, fue el regocijo por el fracaso
de la huelga de los cocheros, en 1899. Los dardos de la befa son dirigidos espe­
cialmente al fondo para la huelga: “Si algún fondo crean los huelguistas, há­
ganlo no de pesos sino de conciencia. Con mucha energía y mucha conciencia
se ganarán todas las huelgas.” A su parecer, sólo hay un camino de lucha y es
el de la violencia: “El incendio y la expropiación son quizá las únicas que
poseen la virtud de hacer triunfar un movimiento obrero en pro de alguna
reforma”, “Sursum Corda”, en El Rebelde, 25 de junio de 1899.

p rá c tic a ... ¡De ninguna m anera se dem uestra el m ovim iento me­
jo r andando!” 121
Pese a la línea clara y a la prédica entusiasta en los círculos de
LP H , los anarquistas no lograron ventajas significativas en su pro­
pósito de afirmarse en los sindicatos obreros sino a fines de 1899. La
situación general de las asociaciones de trabajadores, en esa época,
era penosa. T ras cierto ím petu en 1896, se operó la declinación,
entre 1897 y 1899, en la actividad gremial de la A rgentina. En los
sindicatos se notaban indicios de descomposición, estancamiento,
desacuerdos internos y falta de fuerza.122 Esas condiciones no cons­
tituyeron un fondo cómodo para que prendieran las tendencias
anarquistas radicales y combativas; era indispensable u n cambio
sustancial en la situación para que el enraizam iento comenzara,
y el cambio por cierto empezó a notarse en 1899, alcanzando for­
ma precisa en 1900. Puesto que según las declaraciones de las
diversas corrientes anarquistas (exceptuados los individualistas) de­
bía producirse una confrontación social que aceleraría la concre­
ción de las ideas del anarquism o, la ausencia de un asidero práctico
en los círculos obreros reflejaba una realidad de debilidad obje­
tiva, en cuanto a abarcar el conjunto de las luchas sociales en la
Argentina. En efecto, en esa etapa no se percibía alguna influencia
palpable de los anarquistas en ningún dom inio im portante de la
A rgentina. Los campos de roce entre ellos y la sociedad circun­
dante eran constreñidos.
Esa situación, sin duda, posibilitó a los anarquistas en la Argen­
tina disfrutar dichos años de una libertad relativa para sus activi­
dades, pero en todo caso m ucho m ayor que la de los anarquistas de
casi todos los países europeos de la época, en especial los de España
121 J. C laro, “T eo ría y p rá ctic a ”, La Protesta H u m a n a , 29 de o ctu b re d e 1899.
122 “ D esorganización g rem ial”, en La V anguardia, 16 de septiem bre d e 1899.
U n ejem plo típico de la situación en el sindicato o brero se h alla en E l P intor,
vocero d el sindicato de obreros pintores. Véase “L a reorganización de nuestra
sociedad”, “P intores, re fle x io n a d ”, en E l P intor.
Sobre el n úm ero total de sindicatos obreros q u e revelaron aten ció n y activi­
dad, nos enteram os p o r la lista de firm as en la c ircu lar de p rotesta contra la
to rtu ra a los obreros en la cárcel de M ontjuich, d e E spaña, q u e se p ublicó en
ju lio de 1899. Ese suceso enardeció a todos los círculos de trab a ja d o re s de la
A rgentina y dio lu g ar a u n a m anifestación de protesta, co m p artid a p o r a n a r­
quistas y socialistas; en la c ircu lar que llam a a p a rtic ip a r en el acto de protesta,
firm an todos los sindicatos ideológicos y anarquistas. E ntre los firm antes, h a lla ­
mos 12 sindicatos obreros: Sociedad de O breros A lbañiles, P intores, Panaderos,
C onductores de Vehículos, C urtidores, C arpinteros, Ebanistas, Escultores, Mol­
deadores, C onstructores de C arruajes, T ejedores y T ejedoras, D oradores. Véase
circu lar “Ju stic ia ”, ju lio de 1899, B uenos Aires. U na copia del o rig in al puede
verse en el IISG, A m sterdam , colección M. N e ttla u , legajo 1890-1900.

e Italia,123 de donde procedían la m ayor parte de los inmigrantes.
Los anarquistas de la década de 1890, por cierto, podían ingresar
a la A rgentina sin ninguna lim itación formal, expresar sus ideas
por escrito, convocar asambleas públicas sin impedimentos. Pero
no se trató de una realidad perm anente: algunas veces se endurecía
la política liberal por causa generalm ente de acontecimientos que
tenían lugar lejos de las fronteras argentinas, es decir en Europa
o Estados Unidos.

E L T E R R O R IN D IV ID U A L D E L O S A N A R Q U IS T A S
E N E U R O P A Y SU S E C O S E N

L A A R G E N T IN A

C ada vez que se producían casos de “terror individual” cometidos
por los anarquistas en Europa, el estremecim iento repercutía tam ­
bién en las playas de la A rgentina y provocaba una ola de ataques
violentos contra los anarquistas en la prensa que, generalmente,
reclam aba la prom ulgación de leyes en contra de ellos, pese a que
en la A rgentina no ocurría nada que justificara directam ente seme­
jan te campaña. Pero cabe señalar que el problem a del “terror indi­
vidual” —o, como lo llam aban los anarquistas: “actos individuales
y propaganda por vías de la acción”—-124 que conmovió al anar­
123 U n a p ru e b a fidedigna p u e d e h allarse en las p ala b ras de P . G ori, en una
de sus conferencias, en la A rgentina, sobre el tem a: “ L a función histórica del
periodism o en la sociedad m o d ern a ”, d o n d e elogió la lib e rta d de pensam iento
y de expresión en la A rgentina. “ La conferencia d e P. G ori en el C írculo d e la
P re n sa ”, en La Protesta H u m a n a , 10 de ju lio de 1898.
124La definición más sucinta y significativa d el te rro r an arq u ista, la fo rm u ­
ló el investigador Zeev Iviansky en su ensayo E l terror personal, como etapa
en la violencia revolucionaria a fines d el siglo x ix y com ienzos del x x (en h e ­
breo), presentado como tesis p a ra o b te n e r el títu lo d e d octor en Filosofía, de la
U niversidad de Jerusalén, m arzo de 1973. Según él, el te rro r personal es “la es­
trateg ia revolucionaria e ideológica q u e la acom paña, de h e rir personalm ente a
los m iem bros del gobierno, de las capas políticas o sociales, cuando la m otiva­
ción de elim inarlos y el p rop ósito del d añ o no es forzosam ente personal, sino
ideológica, prin cip ista o estratégica. E ste m étodo se d iferencia del com plot
político o del aten tad o político, q u e existen en todo el proceso de la historia
p olítica d e la h u m an id a d , en el hecho de q u e su fu n d am en tació n y propósito
no son personales en sustancia. N o va d irig id a contra personas, sin o contra
instituciones que sim bolizan el ord en social existente, el gobierno y el régim en
político q u e ellos encarnan. El daño p ersonal se fija p o r m eta h e rir, socavar,
d esm oronar o a n iq u ila r el o rden existente, el E stado, gobierno, los m itos, las
fidelidades” (p. 5). El d octor Iviansky explica en su ensayo q u e el anarquism o
no ad o p tó el apodo d el "terro rism o ”, sino el térm ino "p ro p a g an d a p o r m edio
de los hechos” (p. 10).

quismo europeo en la década de 1890,125 preocupó tam bién a los
anarquistas de la A rgentina, aunque en este país no se produjeron
casos de terrorismo anarquista en esos años. L a actitud hacia el
problem a se debía antes que nada a la reacción respecto a lo que
ocurría en Europa.
En L P H se encuentran com entarios al respecto desde sus prim e­
ros núm eros,126 casi siem pre con una posición am bivalente: por
un lado se negaba el terror individual por principio y con criterio
táctico, se lo juzgaba u n m étodo que no perm itía u n a solución;
por el otro, casi en todos los casos se revelaba com prensión por los
móviles de los atentadores. U n ejem plo lo constituye la reacción
ante el atentado contra el jefe de gobierno de España, Cánovas del
Castillo, que conmovió a los círculos anarquistas del m undo.127
L P H dedicó al tema varios artículos y en todos expresó identifica­
ción profunda con quien vengara la sangre de los anarquistas y los
obreros asesinados y torturados en la prisión de M ontjuich. En un
artículo editorial dedicado a Angiolillo, se dice: “Lo que ocurrió
era inevitable pero, no obstante, la redacción se abstiene d e preco­
nizar el camino de la venganza que causa víctimas sin deponer al
régim en existente, que es la raíz de la injusticia. Cabe preferir la
acción de las masas, en vez de los atentados de individuos, pues
sólo en ella se encierra la fuerza capaz de derrocar al régim en.” 128
La am bivalencia y la falta de claridad de L P H con respecto al
“ terror individual”, suscitó vacilaciones e incertidum bre entre los
adictos. U n a prueba de ello son las preguntas publicadas en el pe­
riódico a comienzos de 1898. E n respuesta a una (sobre la actitud
hacia la violencia), contestó U ran ia (seudónimo de J. P rat, en ese
entonces m iem bro del cuerpo de redacción) que L P H prefiere desa­
rrollo sin violencia. Pero era sólo u n deseo, irreal. En la campa­
ñ a contra el Estado y sus instituciones, no se puede evitar herir a
personas culpables de las injusticias del gobierno. N o es culpa
de los gobernadores y oprim idos si los gobernantes m antienen por
125 Sobre las olas de te rro r a n arq u ista e n E u ro p a, d u ra n te la década de 1890,
véanse J. Joll, T h e anarchists, op. cit., p p . 117-148; H . M aîtron, H isto ire du
m o u v em en t anarchiste en France, pp. 195-248; G. W oodcock, A narchism , op.
cit., p p . 287-295, 346-349; Zeev Iviansky, E l terror personal, pp. 38, 69-77; R.
K edw ard, T h e anarchists (B ritain, ed. L ib ra ry of de 20th. C entury, 1971),
p p. 35-42.
126 “E l proceso de u n h a m b rien to ", en L a Protesta H u m a n a , 15 d e ju lio de
1897 (3). R éplica a la cadena p e rp e tu a sentenciada c ontra u n joven italiano
q u e quiso a te n ta r contra el rey de Ita lia . E xpresa com prensión p o r sus móviles,
al describir a m p liam en te los a prietos y condiciones de h a m b re en las q u e vivía.
127 Zeev Iviansky, op. cit., p. 40. Sobre la reacción de E m m a G oldm an.
128 “ M iguel A ngiolillo”, L a Protesta H u m a n a , 2 de septiem bre de 1897; "M e­
tra lla ju sticiera", ibid., 18 d e agosto de 1897.

la fuerza su posición. Por ello “no es culpa de los explotados si la
sangre corre”.129
Pocos días después fue asesinada la em peratriz austriaca, en sep­
tiem bre de 1898, sobre la costa del Lago de G inebra, por un aten­
tador italiano llam ado Luccheni, que se consideraba anarquista, y
volvió a p lantear la discusión sobre el terror individual. Muchos
anarquistas activos, en todo el m undo, sintieron escalofríos por
este crimen sin perspectivas.130 K ropotkin lo m anifestó en una car­
ta a su amigo G . Brandes, donde expresó repulsa por el atentado
y pesar por la m uerte de la em peratriz, pero, al mismo tiempo,
recalcó el fondo de la miseria que llevó al despeñam iento del cul­
pable. De ahí que, en últim a instancia, el perpetrador del atentado
y su víctima sufran por causa del mismo régim en.131
L a Protesta H um ana expresó u n enfoque similar, pero añadió
que no se debe ver en ese acto un resultado directo de la propa­
ganda anarquista: “Este individuo —u n triste producto del am ­
biente— jam ás es un resultado de la propaganda anarquista.” Y
no se debe culpar a los anarquistas, pese a que él mismo se dice
anarquista. Con palabras que se proponen contrarrestar sobre todo
la ola de histeria antianarquista que se despertó a raíz del aten­
tado, el artículo censura a los periodistas que avivan la histeria y
les reprocha el no molestarse siquiera en leer las publicaciones
anarquistas, pues de lo contrario sabrían que son muchos los que
se oponen a ese método, entre ellos L P H , que predica la revolución
colectiva y niega “esos actos de violencia individual, como medio
d e táctica”.132
La repercusión de los actos de terror en E uropa no se centró
sólo en el sector anarquista; por el contrario, los ecos más fuertes
resaltaron en la prensa general. El asesinato de Cánovas, por ejem­
plo, motivó que la mayoría de la prensa argentina atacara enérgi­
camente a los anarquistas, y varios diarios pidieron prom ulgar le­
yes de persecución y extrañam iento contra los anarquistas (La
Nación fue el único que evidenció cierta tem planza).133 La prensa
los veía como portadores de la ideología de la m uerte (El Diario)
129 La Protesta H u m a n a , 13 d e febrero d e 1898.
130 Zeev Iviansky, op. cit., p. 40.
131 “ U n juicio de K ropotkin sobre la tragedia de G in e b ra ”, en La Protesta
H u m ana, 4 de diciem bre de 1898.
132 “El a te n tad o de G in e b ra ”, en L a P rotesta H u m a n a , 25 de septiem bre de
1898. U n a reacción análoga puede verse tam b ién e n los artículos de A ltair, "Sin
razón ni ju stic ia ”, en La Protesta H u m a n a , 23 de o ctu b re de 1898.
133 Sobre el reclam o de La voz de la Iglesia q u e p e d ía lim ita r la en tra d a
de ciudadanos sospechosos y a p lic ar u n co n tro l a la pro p ag an d a, véase Spalding,
op. cit., pp . 580-81.

y como “hom bres de d in am ita” (El Correo Español). E n un ar­
tículo del periodista A ltair en L P H , se vislum bran indicios de la
influencia de la histeria provocada por el periodismo en los legis­
ladores argentinos y en los preparativos de las comisiones del Con­
greso N acional para prom ulgar leyes contra la entrada de anar­
quistas al país.134 Lo cierto es que las autoridades m igratorias no
esperaron la prom ulgación de leyes especiales, sino que empezaron
a prohibir, prácticam ente, el ingreso de inm igrantes conocidos por
sus relaciones con círculos anarquistas en Europa. El p rim er caso
se produjo en octubre de 1897, cuando se vedó el ingreso de tres
anarquistas españoles expulsados de Barcelona y se los devolvió
a Francia en el buque que los trajo. LPH , en su informe, pide a
“los compañeros en Francia” trasm itir noticias sobre la suerte de
los deportados.135
U n suceso análogo, aunque de resultados distintos, se produjo a
fines de 1897. U n anarquista español-catalán, llam ado T . Ros, que
pasó m ucho tiem po en la cárcel en España, fue deportado y llegó
al puerto de Buenos Aires, el 24 de diciem bre de 1897, con su
m ujer y su hijo pequeño. Las autoridades de m igración perm itie­
ron en trar a los familiares, pero expulsaron a T . Ros. L P H se en­
teró de la deportación y lo hizo saber en una noticia de últim o
m om ento, el 2 de enero de 1898, añadiendo que “círculos libera­
les” de Buenos Aires se esforzaban por dem orar la expulsión tra­
tando de valerse de recursos judiciales. Esos círculos, p o r cierto,
tras ejercer presión sobre las autoridades, evitaron la deportación
y lograron traer de vuelta al exiliado, que ya viajaba a Europa.136
El periódico, al com entar detalladam ente el suceso, form ula una
pregunta: “¿Las leyes prohíben pensar anárquicam ente?” Si la res­
puesta es negativa, significa que las autoridades se extralim itan en
sus atribuciones y com eten una injusticia evidente; si es positiva,
cabe entender que el anarquista es u n crim inal y corresponde bo­
rra r de la Constitución argentina la cláusula que habla de “liber­
tad de pensam iento”.137 U na respuesta directa a esa pregunta re­
tórica no se dio, por supuesto. La respuesta indirecta, en cambio,
puede encontrarse en uno de los muchos artículos editoriales que
aprobaban la deportación. Nacional, de T ucum án, recalca sin reti­
134 A ltair, “ Pasividad funesta”, en La Protesta H u m a n a , 1 d e o c tu b re d e 1897.
135 "E l calvario d e la inocencia”, en La P rotesta H u m a n a , 10 d e o c tu b re de
1897. C abe re co rd a r em pero, q u e en el pasado cercano, terroristas españoles
parecen h a b e r h allad o asilo en la A rgentina. Véase J . R om ero M a u ra, P ast
and. P resent, núm . 41, 1968, p . 131.
136 C on el tiem po T . Ros se convertiría e n u n o d e los an arq u istas activos en
los sindicatos obreros argentinos (véase m ás adelante).
137 “ O tro calvario”, en L a Protesta H u m a n a , 9 d e enero de 1898.

cencías, el 31 de diciem bre de 1897: “Dadas las condiciones de
nuestro país, que necesita hom bres de acción y de trabajo, no debe
adm itirse el desembarco de los afiliados al anarq uism o. . . A la
A rgentina no le conviene d ar albergue al a n a rq u is m o ...” 138
El asesinato de la em peratriz de A ustria en la costa del lago
de G inebra volvió a ser u n pretexto para atacar violentam ente a
los anarquistas de todo el m undo; los periodistas de la A rgentina
no se quedaron a la zaga de los europeos.139 E ntre otros, hubo los
que pedían la formación de una liga internacional para encargarse
de la liquidación de los actos anarquistas en todas partes. Al pare­
cer se orientaban según “la opinión de los grandes” de Europa,
pues poco después llegaron noticias de R om a sobre una iniciativa
del gobierno de Italia tendiente a convocar una conferencia inter­
nacional para la cam paña contra los anarquistas. Esa conferencia
debería debatir: 1) La caracterización de los delitos anarquistas, 2)
El trato que se daría a los anarquistas capturados, 3) Los medios
para im pedir la propaganda anarquista. T am bién se supo de una
cam paña de presión que em prendió el gobierno de Italia sobre
otros países para conseguir que obstruyan la m ovilidad de “anar­
quistas foráneos” y obrar según los acuerdos de extradición inter­
nacionales.140
Basándose en los principios del derecho internacional, P. Gori
escribió un artículo, contra la conferencia internacional de Roma,
en Criminología M oderna.141 A su parecer, y habida cuenta de una
realidad constituida p or regímenes políticos diversos, la ley inter­
nacional de extradición por delitos carece de fundam ento jurídico.
Más aún: esta ley es la base de u n acuerdo internacional supues­
tam ente dirigido a prevenir contra el “com plot anarquista” ; pero
en los hechos se trata de perseguir a los hom bres por sus ideas y no
a quienes cometen ciertos tipos de actos que generalm ente reciben
el calificativo de “anarquista”, cualquiera sea el atentado y aunque
sus perpetradores disten m ucho del anarquism o. Para dem ostrar
todo esto Gori presenta una lista muy extensa de casos, desbara­
tando categóricamente el mito, am pliam ente difundido, de que
detrás de los atentados hay u n “com plot” clandestino internacio­
nal,142 y alegando que los gobiernos y la prensa fom entan ese m ito
138 L a Protesta H u m a n a , 16 de enero d e 1898.
139 “ L ad ran d o a la L u n a ”, en L a P rotesta H u m a n a , 25 de septiem bre de
1898.
140 “ La conferencia a n tia n a rq u ista ”, en La Protesta H u m a n a , 20 de noviem ­
b re d e 1898.
141 P. G ori, “ Delitos contra la lib e rta d ”, e n C rim inología m oderna, Buenos
Aires, 15 de diciem bre de 1898.
142 L a posición de P. G ori se ve fortalecida p o r la investigación histórica

para poder em prender con más facilidad la persecución contra anar­
quistas, contra elementos activos en los sindicatos obreros y miem­
bros de la oposición en cualquier paraje. Las noticias llegadas de
Rom a, por cierto, probaron que los distintos gobiernos tenían ideas
muy dispares y contradictorias sobre el térm ino “anarquista” (el
representante de T u rq u ía quería englobar en ello a los naciona­
listas armenios, así como a los constitucionalistas... El represen­
tante ruso, a todos los delincuentes políticos que hu ían d e Sibe­
ria ...). Por lo tanto un acuerdo en un congreso de esa naturaleza
no se centraría en el “p artido anarquista”, sino que apuntaría con­
tra todas las oposiciones del m undo. De ahí que P. Gori afirm e que
el congreso presuntam ente contra el “com plot” anarquista se con­
vertirá en realidad en u n "com plot” internacional contra la liber­
tad de pensam iento.143
Los ecos del terror anarquista en E uropa se proyectaron directa­
mente, sin duda, sobre la posición de los anarquistas en la Argen­
tina. Los artículos publicados por L P H en 1898, dan cuenta de
allanam ientos en domicilios de anarquistas, especialmente de “fo­
ráneos” inm igrados últim am ente, h ablan de persecuciones contra
hom bres activos y de arrestos arbitrarios por lapsos reducidos.144
Esas persecuciones se sucedieron tam bién en 1899, y en febrero de
ese año se supo del intento de introducir agentes de policía en los
círculos anarquistas, para que cum plan tareas de “delatores” y pro­
vocadores. LP H , al revelarlo, previene a todos los grupos anarquis­
tas y los llam a a eludir la tram pa que les prepara la policía.145
Cabe puntualizar que L P H evidenciaba un tono cuidadoso y mo­
m oderna. H asta ah o ra no se e n co n traro n evidencias p ro b ad as y categóricas de
la existencia d e “com plots" a n arq u istas en esa época. P o r el contrario: la m a ­
yoría de los investigadores ad m iten que sólo se tra ta ro n de actos aislados, co­
m etidos p o r individuos. El d octor Z. Iviansky lo re itera en su ensayo y
afirm a que: "T o d o s los aten tad o s — con excepción de los de R usia— son p ro ­
d u cto de la resolución, iniciativa y ejecución de individuos aislados. N inguna
organización los respalda, n ad ie los financia, n i los alienta, tam poco los incita,
no les b rin d a asilo ni les su m in istra inform ación. T o d o se hace e n el aisla­
m iento, anónim am ente, el a te n ta d o r es el único q u e asum e la responsabilidad,
la decisión, la resolución y la acción p ráctica.” Véase Z. Iviansky, op. cit., pp.
36-38.
143 De en tre las num erosas protestas c o n tra la convención en R om a, pueden
verse "E tern as conspiraciones”, E l R eb e ld e , 11 de diciem bre de 1898; “A p ro p ó ­
sito de la conferencia a n tia n a rq u ista ”, ibid., 8 de enero d e 1899; "Ecos de la
conferencia”, ibid., 24 de d iciem bre de 1898.
144 “ C ruzada p o lic ial”, en L a Protesta H u m a n a , 20 de noviem bre d e 1898;
"P eriodistas policías”, ibid., 16 d e enero d e 1898; "A tropellos policiales” (sobre
las persecuciones en el in te rio r del país), ibid., 26 de m arzo de 1899.
145 “ E n g uardia contra los agentes”, en La Protesta H u m a n a , 12 de febrero
d e 1899.

derado al juzgar el terror en la A rgentina, pero El R ebelde, en cam­
bio, no sabía de frenos en ese entonces; en la prim era m itad de
1899 insertó artículos que llam aban abiertam ente y en tono hirien­
te a recurrir a la violencia.146
Sea como fuere, en 1899 aún no se había consolidado una políti­
ca declarada de persecución antianarquista en la Argentina. Las
represiones policiales, si las hubo, se debían a iniciativas lugareñas,
de com andantes subalternos que contaban em pero con la aproba­
ción velada de las altas esferas. T am poco la prensa se abocaba sin
tregua al tema y, al extinguirse los ecos de los sucesos en Europa,
se calm aron los ánimos en la Argentina.

E L P R O Y E C T O DE LE Y DE M . CAN É

E n esas circunstancias —y en m edio de ese dilem a general— se hizo
el prim er intento de prom ulgar una ley que diera un cimiento
judicial a la cam paña contra los anarquistas en la Argentina. Lo
trató de conseguir el senador M. Can é el 8 de ju n io de 1899, al
presentar u n proyecto de ley al Senado que posibilitaba al Presi­
dente de la R epública deportar y restringir la entrada de extran­
jeros indeseables. Su texto decía:
A rtíc u lo 1º : E l P o d e r E je c u tiv o p o d r á , p o r d e c re to , o r d e n a r l a s a lid a d e l
t e r r ito r io d e la N a c ió n , a to d o e x tr a n je r o q u e h a y a sid o c o n d e n a d o o sea
p e rs e g u id o p o r los t r ib u n a le s n a c io n a le s o e x tr a n je r o s , p o r c rím e n e s o
d e lito s d e d e re c h o c o m ú n .
A rtíc u lo 2 º : E l P re s id e n te d e la R e p ú b lic a , e n a c u e rd o d e m in istro s,
p o d r á o r d e n a r la e x p u ls ió n d e to d o e x tr a n je r o c u y a c o n d u c ta p u e d a c o m ­
p r o m e te r la s e g u r id a d n a c io n a l, t u r b a r el o rd e n p ú b lic o o la tr a n q u i l i ­
d a d social.
A rtíc u lo 3º : E l P o d e r E je c u tiv o p o d r á im p e d ir la e n tr a d a a l te r r ito rio
d e la R e p ú b lic a a to d o e x tr a n je r o cuyos a n te c e d e n te s a u to ric e n a in c lu ir ­
lo e n tr e a q u e llo s a q u e se r e fie r e n lo s d o s a rtíc u lo s p re c e d e n te s .
A r tic u lo 4 º : T o d o
rio n a c io n a l, re g re se
r id o a los trib u n a le s
d e p u r g a d a la p e n a ,

e x tr a n je r o q u e , d e sp u é s d e su e x p u ls ió n d e l t e r r i t o ­
a l m ism o , sin p e rm is o d e l P o d e r E je c u tiv o , s e rá d ife ­
y c o n d e n a d o a p r is ió n d e u n o a seis m eses. D e sp u é s
s e rá n u e v a m e n te e x p u ls a d o .

A rtíc u lo 5º : E l e x tr a n je r o c o n tr a q u ie n se h a y a d e c re ta d o la e x p u ls ió n ,
te n d r á tre s d ía s p a r a s a lir d e l p a ís, p u d ie n d o e l P o d e r E je c u tiv o , co m o
146 "P rotestas platónicas", en E l R eb e ld e , 4 de ju n io d e 1899; "¿ C o n tra Vio­
len ta m - R atio?”, ibid., 2 de a b ril de 1899.

m e d id a d e s e g u r id a d p ú b lic a , o r d e n a r su d e te n c ió n h a s ta e l m o m e n to d e l
em b arq u e.
A rtic u lo 6º : C o m u n iq ú e s e , e t c . . . 147

En el texto del proyecto de ley no se hablaba explícitam ente de
anarquistas, pero la intención era evidente. Ello se puso de m ani­
fiesto por el com entario de la prensa y, sobre todo, por el inform e
que trasm itió el em bajador de G ran B retaña en la Argentina, pocos
días después de presentarse el proyecto al Senado.148 L a iniciativa
de M. Can é no se respaldaba en ningún argum ento directo deri­
vado de algún suceso significativo últim o en la A rgentina.149 En
la C ám ara subrayó los móviles, ligados a sucesos internacionales de
m alestar social en el m undo: eso le hacía prever los peligros que
acechaban a la Argentina, por su C onstitución demasiado liberal.150
El proyecto, según lo habitual, se transfirió a la Comisión de Nego­
cios Constitucionales, para su debate.
La repercusión del proyecto de ley en la prensa y en la opinión
pública, fue m uy tenue. Inclusive u n diario conservador como
Review of R iver Plate —vocero de los círculos comerciales britá­
nicos en la A rgentina— lo recibió con frialdad, en u n artículo
147 Sesión o rd in aria del 8 de ju n io de 1899, D iario de Sesiones, C ám ara de
Senadores, Congreso N acional, R e p ú b lic a A rgentina, p. 34.
148 “É l [el senador M. C an é] sostiene q u e la m edida q u e p ro p u so tiende
esencialm ente a re p rim ir la expansión d el a n a r q u is m o ...” (extracto d e una
c arta del re p re se n tan te M . B arrington a l M arquess o f Salisbury, B uenos Aires,
22 de ju n io de 1899. Se h alla e n el archivo d el P u b lic R ecord Office, Londres,
ex pediente F.O. 6/459).
149 V arios días antes d el proyecto de ley, es cierto, se p u blicó u n a noticia
sobre el descubrim iento de u n a bom ba e n el tre n d o n d e v iaja rla el presidente
general Roca. H u b o quienes q uisieron ex h ib irlo como u n com plot an arq u ista.
Pero las p ruebas fueron tan endebles, q u e n in g ú n elem ento serio p u d o ad m itir
esa sospecha. La cuestión fue olvidada d e inm ediato. L a prensa an arq u ista
negó enérgicam ente los in fu n d io s y los d enunció como u n a provocación policial
p a ra crear u n clim a propicio q u e facilitara la prom ulgación d el proyecto de
ley de Can é en el Senado. V éanse E l R ebelde, 25 de ju n io de 1899 y L a Pro­
testa H u m a n a , 25 de ju n io de 1899.
150 " . .. p o r q u e las p ro fu n d as conm ociones sociales, q u e tiene p o r teatro la
E u ropa, h a n puesto d e relieve el estado de a b so lu ta indefensa en q u e nos en ­
contram os contra esa clase de m ales”. Sesión o rd in a ria del 8 de ju n io de 1899,
Diario de Sesiones, C ám ara de Senadores, Congreso N acional, R ep ú b lica A rgen­
tina, p. 14. El biógrafo de M. Can é señala la influencia de los sucesos de
E u ropa sobre la presentación d el proyecto de ley. R . Sáenz Hayes, M ig u el Cané
y su tie m p o , Buenos Aires, E d. K raft, 1955, p. 466; D. A bad de S antillán,
H istoria argentina, op. cit., t. III, p. 547.
Esta influencia es clara si se tiene en cuenta el pasado de M. C an é, quien
fue re p re se n tan te diplom ático d e la A rgentina en B erlín, V iena (1882-1886),
y M ad rid (1886-1890), asi como en P arís (1896-1898).

editorial.151 M. Can é trató de poner en funcionam iento una red
de esclarecimiento entre el público y redactó u n folleto para fun­
dam entar los móviles de la ley y justificarla.152 Pero no tuvo éxito.
El público — en especial los instruidos— no estaba convencido de
que los peligros sociales am enazaban al país, ni que su gravedad
justificaba los medios de opresión capaces de desvirtuar cláusulas
respetables de la C onstitución A rgentina (por ejemplo, un pasaje de
la introducción, así como los artículos 14, 20 y 25). El estado
de ánim o general se refleja en u n artículo publicado por La N a­
ción, en noviem bre de 1899: adm ite que las ideas del anarquism o
y del socialismo empezaron a infiltrarse en el continente sudam eri­
cano, pero “ . .. N o aconsejamos u n a política de persecución ni de
represión; ni el socialismo ni el anarquism o son todavía peligrosos
entre nosotros, pero sí aconsejamos estudio, observación y vigilan­
cia para im pedir que al am paro de la indiferencia —o tolerancia
excesiva— tom en u n vuelco inconveniente y lleguen a constituir
un peligro para el orden social.” 153
T a l estado de ánim o, al parecer, hizo presa tam bién del Senado,
y en el debate sobre el proyecto de ley en la Comisión de Negocios
Constitucionales, no prosperó; tras u n tiem po, se procedió virtual­
m ente a congelarlo. Sólo la presión de acontecimientos adiciona­
les en el dom inio internacional —y las luchas sociales en la Argen­
tina— m ovieron a presentar de nuevo el proyecto de ley, hicieron
que se reconociera carácter de urgencia y actualidad, y llevaron a
convertirlo en u n tema central en la confrontación entre los anar­
quistas y la sociedad del país. N uestro estudio se propone expli­
carlo seguidamente.

151 “ D r. Can é Project", T h e R eview o f th e R iv e r P late, 22 de ju lio de 1899.
152 M. Can é, E xp u lsió n de extranjeros, B uenos Aires, 1899, 126 páginas.
153 “ Los burgueses disgustados”, en L a Protesta H u m a n a , 26 de noviem bre
de 1899.

A P R E M I O S Y D E S O C U P A C IÓ N E N T R E L O S O B R E R O S

A p artir del año 1899 asom aron en la A rgentina procesos econó­
mico-sociales que prom ovieron u n agravam iento cada vez mayor
de las relaciones laborales. E ntre 1897 y 1899 se prolongó la ex­
pansión agrícola (que se iniciara en 1895), la exportación se am ­
plió, sus precios en los mercados m undiales se elevaron, y ello
llevó a la valorización del peso papel, así como a la devaluación del
oro (de 291 pesos-papel por 100 pesos-oro, se redujo a 225 pesospapel por cada 100 pesos-oro). Esta tendencia en el desarrollo eco­
nómico se reveló como perm anente en los últim os años y evidenció
indicios de estabilidad; no concordó, sin embargo, con los intereses
de los terratenientes y grandes exportadores, cuyos ingresos relati­
vos podían verse mitigados. P or ese motivo ejercieron presiones para
lograr u n a política m onetaria que evitara u n desarrollo de esa ín­
dole, que no les convenía. Sus presiones fueron fundam entales en
la aplicación de la reform a m onetaria que llevó a cabo el m inistro
de H acienda, José M aría Rosa, en el gobierno del general J. A.
Roca, a p artir del 4 de noviem bre de 1899, cuando se prom ulgó
la ley de conversión núm . 3871. Según ella, 100 pesos-papel eran
cambiables en la caja de conversión por 44 pesos-oro, o 100 pesosoro p o r 227.72 pesos-papel.1
La oposición enérgica a esta política m onetaria se expresó en los
círculos obreros, sea en el sector socialista o en el anarquista. U n
mes antes de aprobarse la política de referencia, apenas sus tenden­
cias se conocieron en público, el dirigente socialista J. B. Justo
censuró acerbam ente la política m onetaria del gobierno y las pro­
yecciones negativas que habría de tener sobre el nivel de vida de
los trabajadores. E n u n a disertación recalcó, entre otras cosas, la
dism inución constante del salario real del obrero en la A rgentina.
Al respecto m anifestó:
1
A. G. Ford, E l patrón oro, 1880-1914, Inglaterra y A rgentina, E d ito rial del
In stitu to , Buenos Aires, 1966, p p . 245-246, 250-251; J. H . W illiam s, A rgentine
in ternatio nal trade. U nder inconvertible paper m oney, H a rv ard U niversity Press,
1920; R . M. O rtiz, H istoria económ ica, op. cit., tom o I, pp. 206 ss.; G. Di T e lla,
M. Zym elm an, Las etapas del desarrollo económico argentino, B uenos Aires, ed.
U niversitaria, 1967, p p . 230-234 (sobre período general d e 1892 a 1902).
[119]

Yo he comparado los salarios a oro de algunos oficios en 1887, año en
que el peso-papel valía alrededor de 72 centavos, y en 1899, cuando se
nos dice que no debe valer más que 44 centavos oro. Los resultados son
éstos:
SALARIOS DIARIOS

En 1887
cuando 1 $ /000
valía 7 2 cent. oro
$ papel
$ oro
A lb a ñ ile s
C a r p in te ro s
F u n d id o r e s
H e r re r o s

1.99
2.46
2.27
2.08

1.44
1.55
1.63
1.49

En 1899
cuando 1 $ /000
vale 44 cent. oro
$ papel
$ oro
2.72
3 .0 0

3.44
3 .0 0

1.19
1.32
1.51
1.32 2

Esta conferencia de J. B. Justo fue pronunciada en oportunidad
de una gira de esclarecimiento de vastas proyecciones, organizada
por el P artido Socialista, contra la nueva política m onetaria. En
asambleas públicas y en artículos publicados en la prensa, el parti­
do exhortaba a los trabajadores a oponerse a esta política, a la vez
que censuraba al gobierno por congelar el valor del peso papel
cuando estaba por elevarse, con lo que despojó a los obreros del
fruto de la m ejora de la situación económica y financiera en el
país. Los obreros fueron llamados a organizarse en sindicatos, para
la lucha contra las inclinaciones que se divisaban entre los em plea­
dores, cuyo propósito consistía en rebajar el salario nom inal.3
T am b ién en la prensa anarquista se publicaron, en 1899, obje­
ciones a los cambios en la cotización de la m oneda y a la política
del gobierno relativa a ese tema. La prim era objeción se publicó
al principio del año, en un artículo de G. Inglán Lafarga, director
de La Protesta H um a n a .4 El autor niega que la elevación del valor
del peso pueda beneficiar a los trabajadores, pues los cambios en
la cotización red u n d arán en u n encarecim iento de los artículos.
G. Inglán Lafarga, al igual que los articulistas de La Vanguardia,
protesta contra la tendencia que ya asoma entre muchos em plea­
dores, deseosos de reducir el salario nom inal con el pretexto de
2 “ Conferencia d el doctor J u a n B. Ju sto en el teatro A polo, 8-1899”, en La
Vanguardia, 23 d e septiem bre d e 1899. T a m b ié n la investigación m oderna
llega a conclusiones análogas; véase W illiam s, op. cit., pp. 195-196.
3 "E l P a rtid o Socialista y la cuestión m o n e ta ria ”, en La V anguardia, 16 de
sep tiem b re de 1899 y 23 de septiem bre del m ism o año.
4 “E l oro y el salario ”, en La Protesta H u m a n a , 27 de enero de 1899.

q u e el valor real aum entó. Este pretexto no tiene asidero en la
realidad, si se toma en cuenta el encarecim iento de los artículos de
prim era necesidad y de los servicios públicos.5
Los socialistas y los anarquistas “organizadores” (de los círculos
de La Protesta H um ana), asi como los anarco-comunistas, replica­
ron a las inclinaciones de la patronal a reducir el salario nom inal,
con un llam ado a los trabajadores a que se organicen y constituyan
u n a fuerza de lucha con el objeto de em prender de inm ediato una
serie de huelgas. Ya a principios de 1899, L a Protesta H um ana pu­
blicó exhortaciones de ese tenor y alegó que muchos compañeros
dirigían cartas a la redacción pidiendo que se realizaran tales huel­
gas. El director del periódico saludó esa tendencia y opinaba que
contribuiría a la educación revolucionaria de los trabajadores, “en
la im posibilidad de realizar la revolución social tan pronto como
los anarquistas quisiéram os”.6
G. Inglán Lafarga sabía que ciertos anarquistas no aceptarían
ese llam ado, por lo que los llam a a discutir públicam ente el tema.
La réplica de los anarquistas adictos a E l R ebelde no tardó en
hacerse oír, por cierto. El incentivo fue el fracaso de la huelga de
cocheros en Buenos Aires, que se transform ó en el paro más noto­
rio de 1899. En un artículo publicado en El R ebelde, el 25 de
junio, el au to r se burla de esa huelga y afirm a que no tenía la me­
nor perspectiva de prosperar. Las huelgas cumplidas por vías pa­
cíficas y que pretenden m ejoras m ateriales parciales, carecen de
perspectivas y de sentido. Sólo las huelgas revolucionarias violen­
tas, que se valen del “incendio” y la expropiación, podrán acelerar
los beneficios para los obreros.7 Se advierte, por lo tanto, que en
el bando anarquista de 1899 asom aban enfoques dispares y con­
trarios en conexión con el papel que le cabe a la organización de
la lucha profesional cotidiana y a la huelga.8 En el m om ento en
5 L a v erosim ilitud de la apreciación de La P rotesta H u m a n a se deduce tam ­
b ién d e l hecho de que aparece igu alm en te en u n periódico a ntagónico p o r
com pleto, T h e Econom ist de L ondres, enviada p o r el corresponsal e n Buenos
Aires. Véase T h e E conom ist, 5 de agosto de 1899.
6 G. In g lán L afarga, “El oro y los salarios”, en L a Protesta H u m a n a , 27 de
enero d e 1899.
7 “ Sursum C orda”, E l R eb e ld e , 25 de ju n io d e 1899.
8
Los opositores a esas concepciones tuv iero n co n tinuación tam bién después,
según se deduce del artículo “H uelgas p arciales”, pub licad o e n E l R eb eld e, el
25 d e febrero de 1900.
"L a huelga (hasta que no lleguem os a la h uelga general) que hoy está a
nuestros alcances y que consiste en p e d ir u n a m igaja de lo m ucho q u e nos
tienen u su rp ad o , se h a de llev ar rá p id a m e n te y sin rodeos y vacilaciones si se
q u ie re sacar p a rtid o de e lla . . . I r a la destrucción de todo m a te ria l q u e se
com pone el a rte o la in d u stria , a q u e pertenecen los huelguistas.”

que asomaron indicios evidentes del em peoram iento de las relacio­
nes entre obreros y empleadores, comenzaron a desatarse guerras
sociales de mucho alcance y significado.
E n 1899, varios diarios burgueses im portantes de la Argentina
empezaron a publicar descripciones sobre la expansión de los apre­
mios m ateriales en el seno de las clases sociales bajas. Sobre todo
descolló, al respecto, el m atutino La Prensa, que asumió una línea
crítica contra la inoperancia del gobierno en los dominios sociales.
U n artículo editorial, del 4 de ju n io de 1899, analiza el proyecto de
presupuesto del gobierno y censura la tendencia a volcar el peso
de los impuestos sobre las capas asalariadas, en especial los obre­
ros. En frases contundentes, afirm a: “Hay miseria en las clases la­
boriosas. Hay familias contadas por m illares que no pueden pro­
veer a su m anutención modestísima con lo que el trabajo rudo de
sol a sol les rinde. La R epública A rgentina va dejando de ser el
país atrayente y privilegiado, que brinda al obrero una situación
desahogada. . . ”
Los apremios se agravaron en Buenos Aires a p artir del m om en­
to en que la ciudad se convirtió en asilo de las m ultitudes de des­
ocupados de las zonas aldeanas. Esta concentración en la capital
acrecentó el núm ero de solicitantes de trabajo y empeoró el apre­
m io de la desocupación que ya existía tiem po atrás. El diario La
Prensa vuelve a abordar el tem a de los sin trabajo en otro artículo,
el 15 de ju lio de 1899, donde ofrece inform ación un cronista que
recorrió los suburbios y encontró a miles de obreros tem porarios,
m uy pocos de los cuales conseguían trabajo todos los días. En el
suburbio portuario de La Boca, de 6 500 obreros sólo 1 500 logra­
ban trabajo todos los días. En base a los datos recogidos por cro­
nistas del diario se calculó que el núm ero de desocupados en Bue­
nos Aires, en ese momento, era de 40 000 personas, y se llamaba
al gobierno a prom over tareas que alivien el problem a de la ce­
santía.
El problem a de la desocupación preocupó tam bién al doctor
M ujica Farías, secretario de la Policía Federal, quien propuso solu­
cionarlo m ediante la prom ulgación de la Ley de Vagancia. El doc­
tor M ujica Farías justificó su proyecto en u n artículo que publicó
en La Nación, donde argu yó que no había motivos para justificar
la desocupación ni la vagancia: “La vagancia no tiene razón de ser
en Buenos Aires, no es un fenómeno n a t u r a l ... A quí no trabaja
el que no quiere.”
U n a respuesta original y divertida de ese proyecto la dio un in ­
dividuo anónim o que publicó miles de volantes en los que se decía
que el doctor M ujica Farías ofrece trabajo a quien lo quiere, sin

p edir comisión. Los interesados debían acudir a su dom icilio en
la calle San M artín. Los volantes fueron repartidos a la m adruga­
da, en un barrio obrero, y al poco tiem po empezaron a fluir cien­
tos de desocupados a la calle San M artín, en el centro de Buenos
Aires. De este modo se formó, en horas de la m adrugada, una
m anifestación modesta de miles de desocupados, ju n to a la casa del
secretario de la Policía Federal, quien se vio obligado a llam ar a
la policía para defenderse de los frutos de su propia iniciativa.9
Sobre el trasfondo de esta realidad socioeconómica y los apre­
mios de los obreros, empezaron a asomar nubarrones en el hori­
zonte de las relaciones laborales en la Argentina, a fines de 1899.
En el Diario de Comercio, vocero de los círculos del comercio, ya
en el mes de septiem bre se publicaron pronósticos sobre grandes
huelgas violentas.10 Pero en 1899 esos vaticinios no se m aterializa­
ron en la práctica. La única huelga de proyecciones —que fina­
lizó con logros para los huelguistas, y que por su organización y
carácter podía anticipar lo que depararía el futuro— no estalló en
Buenos Aires sino en la ciudad balnearia de M ar del Plata. Los
huelguistas eran obreros de la construcción y reclam aban una jor­
nada de ocho horas de trabajo. La reacción de los empresarios fue
enérgica y contaron con el apoyo de la policía local (pese a que
los artículos 14 y 19 de la C onstitución reconocían el derecho legal
a la huelga que asistía a los trabajadores).
La Protesta H um ana, en una nota sobre la huelga,11 se refiere
a la tenacidad de los huelguistas frente a la represión policial y
habla de la intensa actividad de los anarquistas, que propagaban
sus ideas y ayudaban a librar la lucha por varios medios: entabla­
ban vínculos con círculos y grupos de diversas partes en Argentina,
recaudaban fondos para las familias de los huelguistas, fundaban
instituciones de ayuda m utua, habilitaban cocinas comunales, re­
partían alim entos a las familias necesitadas, etcétera.
La huelga duró dos semanas y finalizó con el triunfo parcial de
los huelguistas. La jornada laboral se redujo de 12 a 9 horas, y se
prom etió que sería de 8 horas a partir del 1 de enero de 1900. La
Protesta H um ana, al inform ar sobre la victoria lograda, dice: “Dig­
no ejem plo de tenacidad y unión han dado esos obreros a toda la
clase obrera de la R epública.” 12
9 E. D ickm an, op. cit., pp. 132-133; La Prensa, Buenos Aires, 5 de a b ril de
1899.
10 “ Del n a tu r a l”, en La Protesta H u m a n a , 3 d e septiem bre d e 1899.
11 "L a h uelga en M ar del P la ta ”, en L a Protesta H u m a n a , 12 de noviem bre
de 1899.
12
"L a huelga en M ar del P la ta ”, en La Protesta H u m a n a , 24 de noviem bre
de 1899.

A G R A V A M IE N T O D E L O S C O N F L IC T O S L A B O R A L E S

(1900)

Los comienzos del siglo x x en la historia argentina, se distinguen
por el agravam iento de las relaciones laborales en uno de los focos
más sensibles de la economia: el puerto de Buenos Aires.13 El 5 de
enero de 1900 estalló una huelga de estibadores, que muy pronto
abarcó a 4 000 obreros portuarios de renglones diversos y paralizó
la actividad p ortuaria durante dos semanas. Fue u n indicio de lo
que se avecinaba. El m atutino La Prensa inform aba diariam ente,
en crónicas minuciosas, sobre la m archa de la huelga, y con fre­
cuencia consideraba conveniente recalcar la conducta tranquila y
serena de los huelguistas, que conservaron la calma todo el tiempo,
no se dejaron arrastrar al agravam iento de la situación, y rechaza­
ro n la presión de los círculos extrem istas o de otros sindicatos, que
acudían a las asambleas con fines de agitación14 (esta acotación
debe subrayarse en vista de la evolución operada entre los obreros
portuarios en años posteriores). En la prensa anarquista pueden
encontrarse ecos respecto de las luchas internas entre los portua­
rios y de la disconformidad de los anarquistas por la prevalencia
de las corrientes moderadas.15 La lucha de los obreros portuarios
echó raíces en la opinión pública y el diario La Prensa se puso a
su lado apenas finalizó la huelga; en u n artículo editorial que exa­
m ina la situación económica en la A rgentina, justifica a los huel­
guistas, a la vez que destaca el aprem io de los obreros que no pue­
den m antenerse con el salario que reciben.16 Esta posición de La
Prensa fue expresada en una serie de comentarios editoriales publi­
cados en los primeros meses de 1900. En todos se acentuó la exis­
tencia de un “problem a social” en la Argentina, a la vez que se
censuraba acerbam ente la política del gobierno del general Roca
que pretendía desconocerlo y perm anecía indiferente a los apre­
mios de las capas populares y obreras: en especial criticaba la polí­
tica impositiva, que volcaba sobre las clases inferiores la carga más
gravosa y perjudicaba a los asalariados que, en su gran mayoría,
13 Sobre el pap el de los p u ertos en la econom ía a rg en tin a , véase O rtiz, H is­
toria económ ica, op. cit., t. I, p p . 260-69.
14 “ La huelga de estibadores”, en La Prensa, 13 de enero de 1900.
15 “ L a huelga de los trabajadores del p u e rto ” , en La Protesta H um ana,
21 de enero de 1900. E l periódico anarco-com unista E l R eb eld e que tam bién
ab o rd a el tem a, censura a los obreros que accedieron a las negociaciones con
los em pleadores, p o r presión de los socialistas, y los e x h o rta a no ser “ b lan ­
dos”, sino exigir y p o r la fuerza: “ p o rq u e la práctica nos h a enseñado que con
o rd e n y la calm a no se alcanza n a d a ”. “ La huelga del p u e rto ”, E l R ebelde,
28 de enero de 1900.
16 “D em ostración de la en ferm ed ad ”, en La Prensa, 20 de enero de 1900.

no ganaban lo necesario para su sustento. T am bién deploraba la
suerte de los industriales, que no podían desarrollar sus empresas
ni pagar salarios más altos debido a la base endeble de sus fá­
bricas.17
El enfoque del m atutino La Prensa no era com partido por todos.
O tras voces, a raíz de la ola de huelgas a comienzos de 1900, no
justificaban los paros y destacaban los peligros que acechaban a
las relaciones laborales. U na de esas voces pertenecía a T h e Review
of the R iver Plate, que aparecía en Buenos Aires en lengua inglesa,
y era el órgano de los círculos comerciales (británicos y argentinos).
A comienzos de 1900 reaccionó contra las huelgas, en los siguientes
términos:
Sob re las huelgas: El trabajador a rg en tin o asom a. E n los ú ltim o s cin co
años desarrolló rea lm en te u n a cap acid ad de h u elga, p ero esa capacidad
ha sid o organizada por g e n te llegad a d e E u r o p a ... H a n h a b id o m uchos
lugares en este país en d o n d e las rela cio n es sem ipatriarcales en tre el h om ­
bre y su su perior se conservan intactas. Pero las hu elgas le h a n pu esto
p u n to fin a l. El proceso es in e v ita b le a u n q u e, en cierto sen tid o , se lo p u e­
de d ep lorar.18

Pese a la gran tensión a comienzos de 1900, las relaciones labo­
rales no se despeñaron y no se m aterializaron los temores: las huel­
gas que estallaron en el país después de los prim eros meses de 1900
fueron escasas. La más descollante fue la de los sombrereros, que
paralizó la labor en varias fábricas im portantes.19 Sea como fuere,
el "problem a social” y la precariedad de los trabajadores se volvió
un tema candente y no se lo podía desconocer. Ello fue el resulta­
do directo de esta ola inicial de paros laborales.
Por si no bastaban los ecos de las huelgas, una ola de calor espan­
toso azotó al centro del país a comienzos de febrero de 1900. Duró
casi 10 días, ocasionó cientos de víctimas en la ciudad de Buenos
Aires y sus inmediaciones, y volvió a revelar los aprem ios de las
capas sociales inferiores. T res cuartas partes de las víctimas eran
obreros que, en su mayoría, m urieron insolados en horas de tra­
bajo. Los médicos indicaron que las causas de la gran m ortalidad
cabía buscarlas en las pésimas condiciones de vivienda y de trabajo,
así como en la subalim entación de los trabajadores. La Prensa des­
tacó cuál era la razón de la tragedia; lo hizo en u n artículo edito17 "E l p roblem a in d u stria l”, en La Prensa, 13 de m arzo de 1900: "E n d erre­
d o r d el salario ”, ibid., 19 de febrero de 1900; “R ápida, buena y b a ra ta ”, ibid.,
3 de m arzo d e 1900; "E l o b re ro ”, ibid., 4 de m arzo de 1900.
18 T h e R eview o f the R iv e r Plate, 3 d e m arzo de 1900.
1 9 "L as huelgas”, en La Protesta H u m a n a , 25 de m ayo de 1900 y 22 de d i­
ciem bre de 1900; La Prensa, 10 d e febrero d e 1900.

rial y en las crónicas cotidianas.20 En ellos se censuraba muy en
especial las condiciones de vivienda en los conventillos: el haci­
nam iento, asfixia, ausencia de instalaciones sanitarias y, sobre todo,
el m onto del alquiler por la “vivienda” (que era una miserable
pieza solamente).21 Sobre la gravedad del problem a de los conven­
tillos, sirve de evidencia el hecho de que tam bién T h e Review of
the R iver Plate (nada afín a los intereses obreros) consideró nece­
sario señalar cuán onerosos eran los alquileres y afirmó que tales
alojam ientos no podían destinarse a viviendas de seres hum anos.22
U na nueva dim ensión en el fenómeno de la precariedad de la
clase trabajadora argentina se reveló a principios del siglo xx,
al aum entar el núm ero de desocupados en la capital y en sus alre­
dedores. A fines de la década de 1890 se habían realizado en Bue­
nos Aires varias manifestaciones de desocupados, claro indicio del
alcance y la gravedad del fenómeno. En los años 1900-1901 se
agravó el problem a de la desocupación en Buenos Aires; con el
objeto de hacerlo conocer a las autoridades, el 12 de agosto el Par­
tido Socialista organizó manifestaciones de desocupados en las que
participaron alrededor de 10 000 personas y a cuya finalización se
elevó una petición al Presidente de la R epública. La presentación
de tal petición, motivó que los círculos anarquistas no concurrie­
ran a la manifestación. Sin em bargo exhortaron a sus adherentes
a tom ar parte para dem ostrar con esa concentración masiva la exis­
tencia del problem a y su seriedad, y desm entir rotundam ente el
argum ento de que en la A rgentina no tienen razón de ser el socia­
lismo y el anarquism o.23
La respuesta del Presidente de la R epública, como podía pre­
verse, fue vaga y evasiva, y provocó la protesta airada del público.
La m anifestación tuvo eco en el pueblo y La Prensa em prendió
una investigación sobre las condiciones de vida y de trabajo de los
obreros en Buenos Aires y en las provincias. Las revelaciones del
sondeo se publicaron en una serie de artículos, intitulados “Los
obreros y el trabajo”, que aparecieron día tras día du ran te los me­
ses de agosto, septiem bre y octubre.24
20 "A ctu alid ad - Días trem endos” , en La Prensa, 5 de febrero de 1900; "Las
clases o b reras”, ibid., 9 de febrero de 1900; T h e T im es, L ondres, 18 de a b ril de
1900 y 29 de a b ril d e 1900.
21 T h e T im es, L ondres, 18 de a b ril de 1900 y 29 d e a b ril de 1900.
22 T h e R e v ie w of th e R iv e r P late, 28 de a b ril de 1900.
23 "M anifestación de desocupados”, e n La Protesta H u m a n a , 10 de agosto
de 1900.
24La serie de artículos q u e ap areció bajo el títu lo “ Los obreros y el trab a ­
jo”, fue salu d ad a con sim p atía p o r La Protesta H u m a n a , haciéndose a u n lado,
p o r supuesto, d e las tendencias interesadas q u e p o d ía ten e r La Prensa para

La investigación de La Prensa perm itió saber que en 1901 vivían
en Buenos Aires 235 000 asalariados de todos los tipos (obreros, em­
pleados, servidores públicos, carreteros, etc., con excepción de una
tenue capa de directores que ganaban salarios altos).25 De este nú­
realizar u n sondeo de tal n aturaleza (a tra er m ayor núm ero de lectores). "La
vida o b re ra ”, e n L a Protesta H u m a n a , 7 de septiem bre de 1901.
25
Se trascribe seguidam ente la com posición de la población obrera de B ue­
nos Aires, según el sondeo realizado p o r cronistas del m atu tin o La Prensa y
q u e se publicara en aquel periódico el 21 de agosto de 1901:
Peones y oficiales albañiles
Obreros alpargateros
Obreros de velas y alfombras
Bronceros
Carpinteros en general
Obreros de carruajes
Curtidores
Cigarreros
Doradores
Dependientes de tiendas, almacenes, cafés, restaurantes
Encuadernadores
Tallistas, ebanistas, lustradores de muebles
Obreros fideeros
Obreros de fábricas de cal
Grabadores
Hojalateros, herreros, herradores
Yeseros en general
Fábricas de ladrillos
Impresores y litógrafos
Licoristas
Marmoleros
Mosaicos
Mecánicos, m aquinistas
Cocheros y guardas de tranvías
M unicipalidad
Pintores
Techos de pizarra
Ponepliegos
Vigilantes
Zapateros
Conductores de vehículos
Peones de ribera sin ocupación fija
Estibadores
Mozos de cordel
Otras ocupaciones
Obreros panaderos
Pavim entación y picapedreros
Peluqueros
Quemadores de basura

17 800
690
290
600
1 400
1450
2 900
2 300
125
27 600
400
3 450
600
300
60
5 000
600
2 600
470
1 350
700
340
4 400
5 500
3 000
3 000
130
300
3 500
14 500
20 000
10 000
4 000
2 000
5 000
6 500
2 300
2 000
200

m ero 46 500 fueron definidos como “Cesantes”. Es decir: el 25 %
de los asalariados. El 5.5 % de la población total de Buenos Aires
padecía escasez y precariedad m aterial perm anente. La situación
de los asalariados con trabajo fijo tampoco era muy buena. Según
los cálculos, una familia de 4 personas requería 63 pesos mensuales
como m ínim o para llevar una vida norm al y m odesta.26 El examen
de los salarios en la industria, los servicios públicos y el comercio
Relojeros y joyeros
Sastres
Sombrereros
Torneros
Talabarteros
Tipógrafos
Toneleros
Vidrieros
Mujeres que trabajan en las industrias
Niños obreros
Empleados en casas mayoritarias, bancos,
sueldos menores de 200 pesos por mes

1 000
5 800
750
800
1 300
2 700
340
600
21 500
18 000
etc.,

con
25 000

T otal

235 335

A fines de 1900 la población de Buenos Aires sumaba 825 000 almas. El nú­
mero de asalariados, por lo tanto, totalizaba el 28.5 %
De esa población, 53 000 personas estaban expuestos a graves apremios por
la falta de trabajo. Vale decir, un 5.5 % de los habitantes. Véase también La
Protesta Humana, 7 de septiembre de 1901.
8.500 certificados de pobreza fueron repartidos por la policía en 1900-1901.
En un artículo publicado en ABC del socialismo, bajo el título “La miseria
en Buenos Aires”, se informa que a raíz de una contribución de 50 000 pesos
de Camps Sales, se registraron 8 500 pobres, lo que prueba el apremio que
prevalecía en Buenos Aires. La burguesía se desesperaba por ocultar esa miseria.
26
T rascribim os a continuación, los gastos, prom edio, de u n a fam ilia de 4
personas, en artículos de p rim e ra necesidad:
Carne
Leche
Cereales
Verduras
Tabaco
Aceite, grasa, vinagre, etc.
Vino
Pieza
Luz, etc.
Fuego
Varios, ropa, etcétera
T otal

5 9.00
3.00
3.60
4.50
1.50
5.40
3.60
17.50
2.50
3.00
3.00
63.00

“Los obreros y el trabajo”, La Prensa, 23 de agosto de 1901.

dem ostró que la mayoría de los asalariados no ganaban ese salario
mínim o. Por ejemplo, los cálculos hechos en el gremio de albañi­
les m ostraron que el salario prom edio era de 59 pesos.27 Cabe se­
ñalar que ese nivel salarial no se m antenía invariable, sino que
dism inuía continuam ente. La circunstancia de que había decenas
de miles de desocupados ejercía presión sobre el mercado laboral
y provocaba la reducción del salario.28 La investigación de La
Prensa comprobó que en la mayoría de las ramas obreras el salario
había descendido, en los últim os dos años, en un 30-40%, sobre
todo en los parajes donde residían hacinados trabajadores e inm i­
grantes, por ejemplo en La Boca.29 Esta dism inución se reflejó
enseguida en la reducción del consumo de alimentos básicos.30
U n rubro de m ucha incidencia en el nuevo presupuesto de gastos
de la clase obrera, lo constituía el alquiler. Por una habitación en
un conventillo, de cuya baja calidad ya se hizo mención, el obre­
ro pagaba entre 17 y 20 pesos por mes, es decir del 30 al 40 %
de su salario: este fenómeno no tenía parangón en el m undo.31
Los conventillos eran la forma más difundida de vivienda entre las
capas hum ildes de Buenos Aires. Asomaron al iniciarse la gran ola
inm igratoria a la A rgentina, y se m ultiplicaron en las décadas de
1880 y 1890, a raíz de la escasez crónica de vivienda en la capital,
que crecía a un ritm o m uy veloz. En 1901 se estimó el total de
esas casas entre 1 000 y 1 300, el núm ero de piezas que tenían era
aproxim adam ente de 35 000 y en ellas m oraban 140 000 inquilinos,
es decir el 17 % de la población bonaerense.32
Cabe señalar que los conventillos —con su hacinam iento, falta
de higiene y de instalaciones sanitarias— no sólo incubaban enfer­
medades endémicas y epidemias, sino que tam bién eran focos de
agitación y protestas sociales, que im prim ieron su sello a Buenos
Aires en los albores del siglo xx. Ello resalta en especial si se toma
27 "Los obreros y el tra b a jo ”, en L a Prensa, 23 d e agosto de 1901. Según los
cálculos, el prom edio general del salario de u n obrero era de $ 55.00 p o r mes.
Véase La Prensa, 3 de septiem bre de 1901.
28 Sobre el descenso del salario prom edio, como consecuencia de la rivalidad
en el m ercado de trabajo, y sobre la d isp a rid a d en tre el salario no m in al y el
real, véase los cálculos realizados en La Organización, órgano de la Federación
de Sindicatos O breros, en noviem bre de 1901, bajo el titulo, "Los salarios”.
Según este artícu lo , el o brero q u e ganaba $ 3.00 p o r día debía conform arse
ahora con $ 2.50 o $ 2 .20. Adem ás, no trab a ja b a todos los días del año, de
m odo que ese salario n om inal se tra nsform aba prácticam ente en u n salario real
q u e oscilaba e n tre $ 1.00 y 1.95 p o r jo rn a d a laboral,
29 "E l o brero y el tra b a jo ”, en La Prensa, 30 de agosto de
1901.
30 "E l o brero y el tra b a jo ”, e n La Prensa, 20 de agosto de
1901.
31 "E l obrero y el t ra b a jo ”, en La Prensa, 3 de septiem bre de 1901.
32 "E l obrero y el tra b a jo ”, en La Prensa, 8 de septiem bre de 1901.

en cuenta que esas casas estaban situadas en el centro de la ciu­
dad, en la vecindad de los barrios opulentos, cuyas mansiones lujo­
sas gozaban de fama en el m undo entero de aquellos años.
El significado especial de los conventillos en el paisaje social de
la ciudad de Buenos Aires, adquiere una dim ensión adicional si se
piensa que, en su mayoría, constituían u n centro de absorción en
masa de los inm igrantes que afluían a la ciudad. En la época
de referencia, la capital federal atravesaba u n proceso de urbaniza­
ción rápida, n u trid o en la gran corriente de inm igrantes de u ltra­
mar. Por lo tanto la capital argentina se convirtió, en esa época,
en una ciudad sin par en el m undo, por el alto porcentaje de ex­
tranjeros residentes en ella. U n sello del cosmopolitismo, muy
notable, le fue impreso y caracterizó su estilo de vida.33
Según el censo nacional de 1895 vivían en Buenos Aires 345 493
extranjeros, sobre una población total de 653 754 almas, es decir
un 52.1 %. El censo m unicipal de 1904 arroja la cifra de 432 983
extranjeros sobre u n total de 950 891 habitantes, lo que significa
un 45 % .34 Los extranjeros im prim ieron su sello a muchos barrios
de la ciudad, y su influencia descollaba en los vecindarios obreros,
como por ejemplo en La Boca y Barracas. Los corresponsales de La
Prensa realizaron una encuesta en 1901, entre las capas obreras de
Buenos Aires, y com probaron que la gravitación de los extranjeros
en varios gremios era muy perceptible, sobre todo entre los estiba­
dores o mozos de cordel en la ribera del Riachuelo, desde Barracas
hasta la Boca. C abe tener presente, asimismo, que el porcentaje de
extranjeros entre los trabajadores de la A rgentina era en general
elevado. Según los datos del segundo censo nacional (1895) había
en la A rgentina 458 490 obreros extranjeros de diverso tipo, com­
parados con 747 008 obreros de origen argentino. Este núm ero au­
m entó constantem ente en los años posteriores, a raíz del aluvión
de inm igrantes. J. A. Alsina, en su libro El obrero en la República
Argentina (1905), inserta las cifras siguientes relativas a la inm i­
gración obrera entre 1895 y 1904:35
1895
1896
1897

47 758
85 374
47 953

1898
1899
1900
1901
TO TAL

33
tem
34
35

45
58
57
59

832
400
418
183

401 918

T . F. M cG ann, Argentine, T h e U nited States an d the interamerican sys­
(1880-1914), M assachusetts, H a rv ard U niversity Press, 1957, pp.
192-193,
S. Bagú , Estratificación social, op. cit., p. 119.
J . Alsina, El o b r e r o . . . , op. cit., p. 60.

Según los datos que contiene el libro de Alsina, se puede estimar
el crecimiento num érico de la población obrera nativa de la Argen­
tina en 80 000 por año de prom edio. De ahí que, en la época de
referencia, los trabajadores argentinos sum aran 560 000, en tanto
que los inm igrantes totalizaban 401 000. No cabe duda que la adi­
ción fue muy significativa y la influencia demográfico-social se per­
cibió notablem ente.
U n estudio com partido de Gustavo Beyhaut, R oberto Cortés
Conde, Haydée Gorostegui y Susana T orrado contiene datos ilus­
trativos sobre la integración de los inm igrantes en la vida econó­
mica argentina y destaca la integración de los inm igrantes en las
etapas de producción.36
Conviene subrayar que las noticias sobre los aprem ios m ateria­
les de los obreros argentinos disuadió a los inm igrantes y redujo
la ola inm igratoria de 1900. El presidente de la A rgentina no ocul­
tó su preocupación en el mensaje presidencial de mayo de 1900.37

H U ELG A S OBRERAS

(1901)

La realidad socioeconómica de las clases trabajadoras en la Argen­
tina, descripta en líneas generales hasta ahora, debe ser encarada
como el trasfondo del auge de la ola de conflictos laborales y huel­
gas que se inició en 1901 y llegó a su punto culm inante en 1902;
cabe prestar atención al alcance de los paros, a la variedad de sindi­
catos obreros que tom aron parte, a sus dimensiones y su expansión
rápida con la influencia respectiva sobre la economía y la socie­
dad, así como a la intensidad de las actividades de los movimientos
sociales en los años 1901-1902. Esos años pueden ser definidos como
de “explosión” en las relaciones laborales, según los criterios expues­
tos por E. J. Hobsbawm 38 en su artículo “Economic fluctuations
and social movements since 1800”.
El 15 de enero de 1901 los m arineros y foguistas de la compañía
M ihanovich iniciaron u n a huelga de grandes proyecciones en el
puerto de Buenos Aires. El paro duró dos semanas y finalizó con
la victoria de los huelguistas. El diario La Prensa, en su crónica,
consideró oportuno acentuar que los obreros de la compañía
36 H aydée G orostegui y colaboradores, "Los inm igrantes”, en A rgentina, so­
ciedad de masas, op. cit., p p . 85-123.
37 A. M abragaña, Los mensajes, Buenos Aires, 1910, t. V, p. 382.
38 E. H obsbaw n, L a b ouring m an, L ondres, W eidenfeld a n d N icholson, 1971,
p. 126.

—“personas extranjeras” y argentinos— m antuvieron u n compor­
tam iento “tran q u ilo ” durante todo el tiem po que duró la huel­
ga.39 Esa apreciación se vio confirm ada por la circunstancia de que
el periódico anarquista La Protesta H um ana, en su núm ero del
2 de febrero de 1901, al inform ar sobre el paro, señala que entre
los obreros participantes no hay anarquistas y se queja de que los
huelguistas im pidan la propaganda anarquista en su seno.
Con la huelga en el puerto de Buenos Aires, estallaron huelgas
paralelas tam bién en los puertos de San Nicolás, Ram allo, Bahía
Blanca y Ensenada, que finalizaron igualm ente con logros de los
trabajadores.40
A principios de febrero pararon 300 obreros de la compañía
Bunge y Born para im pedir la dism inución de sus salarios. En esa
época hicieron huelga, asimismo, los obreros de cigarrillos de R o­
sario, en un paro de solidaridad que evitó los despidos de cuatro
obreros por profesar ideas anarquistas.41 T am bién estallaron pe­
q u eñas huelgas parciales en las fábricas de sombreros y en la fá­
brica Alpargatas.
E n junio de 1901 estalló un gran paro de los obreros panade­
ros, en un esfuerzo por frenar la reducción de salarios y lograr
mejoras en las condiciones de trabajo. A estos reclamos los acom­
p añaban otros: solicitaban un obrero más por cuadrilla, que se les
abonara un peso diario para comer, se les respetara la libertad de
realizar sus comidas donde m ejor les pareciera y se les acordara un
kilogram o de pan diario.
En su trascurso, hubo intentonas por parte del sindicato obrero
de proclam ar una huelga general, pero no tuvo éxito por la pre­
sencia de numerosos rompehuelgas. Sin embargo, sólo fueron nece­
sarios 15 días para que en la capital argentina los dueños de pa­
naderías comenzaran a adm itir a los obreros sobre la base de la
aceptación del convenio suscrito con la Sociedad de Resistencia de
Obreros Panaderos de Buenos Aires. Según el convenio, los em plea­
dores se com prom etieron a no sobrecargar con labores adicionales
a las cuadrillas existentes en las panaderías, a pagar un peso suple­
m entario por jornada para comida, d ar u n kilogram o de pan y
pagar por los días de paro a los huelguistas.42
Pero la lucha no term inó con ello. En e l suburbio de La Boca
39 “ M ovim iento o b re ro ”, en La Prensa, 18 de enero de 1901.
40"M ore strikes”, T h e R eview o f the R iv e r P late, 22 de febrero d e 1901;
S. M arotta, op. cit., p. 134.
41 "H uelga de cigarreros”, en L a Protesta H u m a n a , 23 de m arzo de 1901.
42 "L a huelga de p a n ad ero s”, en E l O brero, 21 de ju n io de 1901; S. M arotta,
op. cit., t. I, pp. 134-35.

prosiguió el paro porque la m ayoría de los empleadores se negaban
a firm ar el convenio. Además, a las pocas semanas los dueños de
panadería intensificaron la cam paña en Buenos Aires, cuando lo­
graron constituir un sindicato obrero paralelo a la Sociedad de Re­
sistencia, que aceptaba de antem ano todas sus exigencias y rompía
las huelgas en cualquier lugar donde estallaban. La nueva realidad
causó un escalamiento en las relaciones laborales, introdujo la gue­
rra en las propias filas de los obreros, lo que se expresó seguidamen­
te en u na serie de choques violentos entre obreros miem bros del
sindicato antiguo y los rompehuelgas. La policía fue convocada a
tom ar posición contra los miem bros de la Sociedad de Resistencia.
En todas las panaderías donde trabajaban miembros del sindicato
“am arillo” se apostaron guardias policiales que protegían a los
rompehuelgas no organizados. T am bién fueron estacionados poli­
cías frente a la sede de la Sociedad de Resistencia, se prohibieron
sus asambleas y muchos de sus adherentes fueron arrestados.43 Cabe
tener presente que la mayoría de los miembros activos del sindica­
to eran anarquistas y que la Sociedad de Resistencia de Obreros
Panaderos era u n sindicato obrero que m antenía lazos estrechos
con el anarquism o argentino desde su fundación. En la época de
referencia, es decir en diciem bre de 1901, el sindicato de obreros pa­
naderos no era una excepción en cuanto a ese tipo de conexiones.
Por el contrario, tam bién otros sindicatos obreros sobresalían por
ese carácter. Además, desde hacía varios meses funcionaba en la Ar­
gentina una federación de sindicatos obreros creada en cooperación
por anarquistas y socialistas, y en la que era notable la influencia
anarquista. Para com prender debidam ente esta nueva realidad, con­
viene pasar u na revista sucinta a las etapas de la creación de la
federación y el desarrollo del sector anarquista du ran te esos años
(1900-1901), así como de su conexión con los sindicatos obreros.

4 3 “ L a huelga de la Boca", en E l O brero, Buenos Aíres, 4 de agosto de 1901;
"Los panaderos de la c ap ita l” , ibid., 6 d e o ctubre de 1901; “E l m ovim iento de
los panaderos en el in te rio r", ibid., 29 de diciem bre de 1901; “ El m ovim iento
del grem io de obreros p anaderos en el in te rio r de la R epú b lica", boletín de
El Obrero. U na copia o rig in al de esta c ircular se en cu en tra en el IISG, Ams­
terdam , colección M ax N e ttla u , legajo A rgentina 1901. E l R eb e ld e tam bién
aborda la h uelga de los obreros panaderos y la supone u n fracaso absoluto del
sindicato obrero, ya que los em pleadores lograron d iv id ir el sindicato y crear
u n sindicato "a m a rillo " paralelo. “ H uelga de pan ad ero s”, E l R eb e ld e , 13 de
octubre de 1901.

O R G A N I Z A C IÓ N

S IN D IC A L Y T E N D E N C I A S F E D E R A T IV A S

A fines de 1900 y a principios de 1901 se inició una tendencia a
entablar vínculos m utuos, con m iras a volver eficaces las campañas
y afianzar la solidaridad, en el seno de varios sindicatos obreros
de Buenos Aires. Como prim era expresión de esa tendencia, los
sindicatos fundaron La Organización, u n periódico que empezó a
publicarse el 1 de enero de 1901, en calidad de “periódico defensor
de los trabajadores”. La ola de huelgas que azotó la capital y el
interior, fortaleció la necesidad de coordinar la actividad de los
sindicatos obreros y tornar más efectiva su lucha, por medio de una
federación. La iniciativa provino, en febrero de 1901, de la socie­
dad de mecánicos, uno de los sindicatos mayores que respaldaban
el periódico La Organización. T ra s varias entrevistas preparato­
rias se convocó el 2 de marzo a una reunión de representantes de
14 sindicatos obreros, cuya orden del día preveía u n debate sobre
la celebración de u n congreso de sindicatos obreros.
El periódico anarquista La Protesta H um ana acogió positivamen­
te y con sim patía la iniciativa; llam ó a los anarquistas en los sin­
dicatos obreros a apoyarla y subrayó: “Buena es la federación de
los trabajadores para luchar con ventaja contra la b u rg u e sía .. . ; por
nuestra parte llamamos la atención a todos los compañeros que
forman parte de las sociedades de resistencia sobre esta iniciativa,
esperando que como obreros conscientes, con nociones claras del
papel que corresponde a los trabajadores en la sociedad a c tu a l. . .
sabrán ilustrar las sesiones del congreso con criterio bien orien­
tado..."4
En las prim eras reuniones que se celebraron en marzo había
coincidencia de opiniones sobre el camino escogido para convocar
el congreso y crear la federación subsiguientem ente; para acelerar­
lo, se creó u na comisión preparatoria, encargada de fijar el orden
del día del congreso. Entre los anarquistas adictos a La Protesta
H um ana el apoyo se hizo mayor m ientras se avecinaba la fecha del
congreso, pero entre los promotores, la gente de La Organización,
prendieron en cambio manifestaciones de duda y vacilación.45
Conviene señalar aquí que, entre 1890 y 1900, hubo cuatro in­
tentos de crear una federación por iniciativa de sindicatos obreros
44 “ Congreso o b rero ”, en La P rotesta H u m a n a , 23 de febrero de 1901; “ C on­
greso obrero y grem ial”, ibid., 23 de m arzo de 1901. Véase tam b ién u n a circular
d e l d irecto r del periódico, G. Inglán L afarga, q u e ex h o rta: “ ...opinam os que es
o b ra de conscientes y de revolucionarios, tra b a ja r p o r el éxito com pleto de esta
asam blea o b re ra . . . ”
45 Sobre las vacilaciones en los círculos de L a Organización, véase S. M arotta,
op. cit., t. I, pp. 105-106.

de influencia y orientación socialistas. En cada caso los anarquis­
tas se negaron a cooperar por el carácter político que se daba a las
federaciones.46 La situación era distinta esta vez. La idea de la
federación se aceptaba desde un principio; el director de La Pro­
testa H um ana, G. Inglán Lafarga, lo recalcó así: “Esta idea, al
principio recibida con cierta frialdad y desconfianza por las socie­
dades obreras de tendencias más radicales, y de más am plio espí­
ritu em ancipador, por los fracasos que sufriera en otras ocasiones,
cuando iniciativas de este tipo se vieron manoseadas por elementos
politicastros y sectarios, ha recibido hoy el más decidido apoyo de
esas mismas sociedades, interpretando al pie de la letra los propó­
sitos de sus iniciadores que son los de celebrar u n congreso pura­
m ente obrero y económico, y fundar una federación que establezca
lazos de unión y corrientes de solidaridad entre todos los obreros
de esta R epública.” 47
Debe subrayarse que el apoyo pleno a la iniciativa de un con­
greso y una federación provino sólo de una parte de los anarquis­
tas argentinos, los que se expresaban a través de La Protesta H u ­
mana y L ’Avvenire (periódico anarquista en lengua italiana). En
otros círculos (los anarco-comunistas de El R ebelde y los anarco­
individualistas) la oposición al congreso y a la federación era enér­
gica. Ello resalta en los números de E l R ebelde que, en un prin ­
cipio, ignoró por completo cualquier iniciativa de convocar un
congreso y fundar una federación, y luego, cuando advino, le de­
dicó u n artículo de acerba crítica m anifestando su oposición a la
participación de anarquistas en tal congreso.48 Para com prender
lo que acontecía entre los anarquistas de ese momento, su posición
en la sociedad y la diferencia de opiniones en sus filas (en vísperas
de crearse la federación de sindicatos obreros, en 1901) conviene
echar una m irada retrospectiva al desarrollo que se operó en ese
sector entre junio de 1899 y mayo de 1901.

46 J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., pp. 46-79.
47 G. In g lán L afarga, "Congreso o brero grem ial”, La Protesta H u m a n a , 23 de
m arzo de 1901. Al inaugurarse el congreso, La Protesta H u m a n a del 25 de mayo
saludó cálidam ente a los p a rticip a n te s y form uló u n deseo: "Q u e los delegados
dejando a p arte exagerados p uritanism os, pero sin claudicar con sus principios
em ancipadores p o r eso, sab rán s o b re p o n e rs e ..., para dedicar sus atenciones a
la grandeza de los problem as.”
48 “ El Congreso o b rero ”, E l R ebelde, 9 de ju n io de 1901. Sobre la situación
an arco-individualista, véase S. M arotta, op. cit., p. 104.

L O S G R U P O S A N A R Q U IS T A S Y SU A C T IV ID A D

La actividad de los grupos anarquistas en la A rgentina —de diver­
sos círculos y matices ideológicos— se intensificó y ramificó cons­
tantem ente d u ran te los años 1899 y 1900. Los grupos más anti­
guos (ya examinados más arriba) subsistieron en su mayoría y
prosiguieron su actividad propagandística oral y escrita. Además
surgieron varios nuevos grupos en Buenos Aires, como ser La A ntor­
cha 49 y La U nión es Fuerza,50 y sobre todo en el interior del país,
donde descollaba sobrem anera su actividad intensificada esos años.
Los grupos anarquistas en las ciudades de provincia existían desde
los albores del m ovimiento anarquista en la A rgentina, y se m ul­
tiplicaron en la década de 1890, pero no cabe duda que su incre­
m ento pronunciado de los años 1899 y 1900 se debe atrib u ir a la
influencia de los viajes de P. Gori y otros propagandistas que lo
siguieron (P. Guaglianone, F. Basterra y A. M ontesano). Las sec­
ciones de crónicas de La Protesta H um ana de esos años traen abun­
dantes comentarios y descripciones relativos a esos viajes de pro­
paganda, y a la creación de nuevos grupos anarquistas por su
influencia. Cabe indicar que la m ayoría de los grupos se definie­
ron de inm ediato como anarco-socialistas. El mayor núm ero de
tales agrupaciones advino en localidades de las provincias de Bue­
nos Aires y Santa Fe: Dolores, Chascomús, Chivilcoy, Mercedes,
L uján, T an d il, Ayacucho, Bahía Blanca, M ar del Plata, M aipú, La
Plata, Bolívar, Santa Fe, Tolosa, G eneral Lam adrid, C añada de
Gómez, Colonia Rafaela, San Nicolás de los Arroyos.
E n 1900 se publicaron noticias sobre actividad anarquista tam ­
bién en ciudades más distantes, como ser T u c u m á n 51 y C órdoba.52
La actividad en las ciudades pequeñas era sólo esporádica y no
hay indicios de m ucha im portancia. En las ciudades relativam en­
te grandes, en cambio, la actividad era intensa, por ejem plo en
La Plata, M ar del Plata, Bahía Blanca y, sobre todo, en Rosa­
rio, donde, en esos años, en cierto m odo la actividad anarquista se
percibía más que en Buenos Aires; el dirigente socialista E. Dick­
man, vaya el caso, la veía como “la Meca del anarquism o ar­
49 Sobre su fundación, véase “ El m ovim iento social", La Protesta H um ana,
13 de m ayo de 1900.
50 "M ovim iento social”, La Protesta H u m a n a , 2 d e septiem bre de 1900; El
R eb e ld e , 9 de septiem bre de 1900.
5 1 "M ovim iento social” , en La Protesta H u m a n a , 28 de octu b re de 1900;
E l R ebelde, 11 de noviem bre de 1900.
52 E l R eb eld e, Buenos Aires, 9 de septiem bre d e 1900; La Prensa, 24 de
agosto de 1900.

gentino, equivalente a Barcelona”.53 En u n intento de indicar las
fuentes del fortalecim iento del anarquism o rosarino, dice: “La
ciudad de Rosario, por razones m últiples y complejas, fue en las
prim eras décadas de este siglo un baluarte anarquista. El radica­
lismo convivía bien con el anarquism o; se prestaban m utuo apoyo.
Por tal causa el m ovim iento obrero de Rosario era más levantisco
y rebelde, lo que obligaba a la policía a ser más cauta y más pru­
dente. E n cambio, la conducta de la policía provincial para con
el m ovimiento obrero, era siem pre violenta y brutal.” 54
La estimación del núm ero exacto de m ilitantes anarquistas cons­
tituye un problem a difícil por la falta de marcos organizativos
perm anentes en los círculos anarquistas. De ahí que falten los cri­
terios fijos para la apreciación. U na de las varas aceptadas para
m edirlo era la circulación de los periódicos, pero no se la puede
considerar exacta. Por un lado, leían esos periódicos tam bién
círculos ajenos; por el otro, el núm ero de m ilitantes activos acaso
fuera mayor que el de los lectores permanentes. La policía loca]
quiso siempre crear valoraciones numéricas, en base a las asambleas,
agentes, etc. Pero tampoco esas estimaciones tenían un asidero fir­
me. Sea como fuere, a falta de otras fuentes tratarem os de acercar­
nos al cálculo más real por m edio de dos tipos de criterios: según
la difusión de los periódicos anarquistas perm anentes (los tempo­
rarios no pueden servirnos para este caso), llegamos al núm ero de
7 000 lectores térm ino medio (La Protesta H um ana, 3 000 ejempla­
res; L ’Avvenire, 2 000; El R ebelde, 2 000). Por supuesto que había
casos de superposición, pues no faltaban los lectores que leían has­
ta tres periódicos.
Las estimaciones de la policía argentina en esa época, que llega­
ron al conocimiento del público, atribuían a los anarquistas del
país, a comienzos de siglo, un núm ero de 6 000 m ilitantes, de ellos
1 500 en la capital.55 Esas cifras, empero, no bastan para deducir
el gr ad o de influencia. No cabe duda, la influencia rebasaba en
53 E. D ickm an, op. cit., p. 411.
54 I bid., p. 138. A preciaciones en el m ism o esp íritu de la actividad de los
an arq u istas en el in te rio r, p u e d en verse en D. A bad de Santillán, E l m ovim iento
anarquista, op. cit., p p . 74-75.
55 Ese n úm ero fue sum in istrad o en R evista de P olítica, núm . 78, en un
artículo de Ignotus, “La a n a rq u ía y los a n arq u istas”: citado p o r E l R ebelde,
9 de septiem bre de 1900.
U n n úm ero idéntico trae u n a carta secreta q u e envió el re p re se n tan te de
G ra n B retaña en la A rgentina: “Sobre la existencia de u n gran n úm ero de
an arq u istas aquí, creo que no hay d u d a alguna. La policía estim a su núm ero
en unos seis m i l . . . ” (A. G. B arrington to the M arquess o f Salisbury, Buenos
Aires, 20 de agosto de 1900, F.O. 6/464, Londres-PRO.)

m ucho el núm ero. Trascribirem os algunos conceptos, al respecto,
de E. Gilimón, uno de los anarquistas más activos en esos tiempos.
E n la A r g e n tin a —ta n to e n B u e n o s A ire s co m o e n R o s a rio , L a P la ta ,
B a h ía B la n c a y e n m u c h a s p e q u e ñ a s p o b la c io n e s d e l p a ís — el n ú m e ro d e
a n a r q u is ta s s u p e r a en m u c h o a l q u e h a y e n las n a c io n e s e u ro p e a s, h a sta
p re s c in d ie n d o d e la p r o p o r c ió n d e h a b ita n te s q u e tie n e el país, c o m p a ­
r a d o c o n los d e m á s . . . L a p r o p a g a n d a id e o ló g ic a h a te n id o ta m b ié n e n
su fa v o r la escasez d e d iv e rs io n e s p ú b lic a s q u e el e x tr a n je r o ech a p r o n to
d e m e n o s e n el p aís, la a u se n c ia d e esa a le g ría c o le ctiv a q u e c a ra c te riz a
a los p u e b lo s e u r o p e o s . . . E l c o sm o p o litis m o a r g e n tin o es u n o b stá c u lo
p a r a la v id a c o le ctiv a, así co m o las h a b ita c io n e s re d u c id a s e in c ó m o d a s,
n o d a n l u g a r ta m p o c o a las g ra ta s e x p a n s io n e s d e l h o g a r .. .
E l q u e h a v isto la e n o rm e c a n tid a d d e tr a b a ja d o r e s q u e a siste n en B u e ­
n o s A ire s a las c o n fe re n c ia s p ú b lic a s —se a n o n o d a d a s p o r a n a r q u is ta s —
y se e n c u e n tr a e n P a rís e n u n a cto s e m e ja n te , n o sa le d e su a s o m b r o .. .
[E n P a rís] u n a tr e in te n a d e in d iv id u o s to m a n d o cerveza, m ie n tra s u n
o r a d o r d e v e r d a d e ra v a lía in te le c tu a l p e r o r a . . . E n B u e n o s A ires, c u a l­
q u i e r c h a r la tá n c o n p re te n s io n e s d e c o n f e r e n c ia n te c o n g re g a v a rio s c e n ­
te n a re s d e p e rs o n a s .. . L o s p ro p a g a n d is ta s d e l a n a rq u is m o , ta n to e sc rito ­
res co m o o ra d o re s, h a n te n id o así e n l a A r g e n tin a g r a n fa c ilid a d p a r a su
p r o p a g a n d a .56

De entre los propagandistas anarquistas en la A rgentina, el au ­
tor E. G ilim ón elogia por sobre todo a P. Gori, de quien dice:
“E n no pequeña parte débese el increm ento del anarquism o a ese
poeta, sociólogo, jurisconsulto, orador sin rival y hom bre cariñoso,
bueno, sin pose, que se llam a P. Gori. Su verbo atrajo a la juven­
tu d estudiosa e hizo sobreponer la tendencia anarquista a la socia­
lista. . . Gori dio u n im pulso extraordinario al anarquism o en la
A rg en tin a. . . ” 57
El historiador D. A bad de Santillán, que m enciona a Gilimón,
añade, por su parte: “ . . . Gori fue el hom bre que hacía falta para
e n trar en la etapa a que se tendía a fines del siglo pasado. . . La
labor de Gori puede sintetizarse en estas tres afirmaciones: Fue
el anim ador del pensam iento progresista en todos los terrenos, ele­
vó la tonalidad de la propaganda anarquista y dio un ejem plo con­
sistente a la organización obrera.” 58

56 E. G ilim ón, op. cit., p p . 30-32.
57 Ib id ., p. 32.
58 D. A bad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 70-71.

Sin desmerecer la contribución cualitativa de P. Gori a la propa­
ganda anarquista en la A rgentina, a la que nos hemos referido
extensamente, creo que los autores señalados, al verter tantos elo­
gios y palabras de aprecio sólo sobre Gori, exageraron en cierta
m edida y am inoraron la peculiaridad de los procesos de desarrollo
del anarquism o argentino, al atribuirlos apenas a la influencia ex­
clusiva de dicho personaje.
U n ejem plo de tal enfoque erróneo puede hallarse en el libro
del historiador del m ovim iento obrero y del socialismo en la Argen­
tina, J. O ddone, quien escribe: “Los anarquistas de la Argentina,
que hasta entonces habían sido individualistas, comenzaron por la
acción de Gori, a incorporarse a los sindicatos con el propósito de
m ejorar su s itu a c ió n ...” (p. 23). “De acuerdo con las indicacio­
nes de Pedro G ori los elementos que hasta entonces repudiaron y
com batieron a los gremios, se introdujeron en e llo s ... convenci­
dos de la conveniencia del cambio de táctica.” (p. 24).59
No cabe duda que P. Gori tenía una personalidad im presionan­
te y una capacidad de propaganda excepcional; su aporte a la co­
rrien te de los adictos a la organización fue muy valioso. Pero la
actividad de P. Gori — que aceleró el desarrollo del bando adicto
a la organización y, como consecuencia, su integración a la activi­
dad sindical obrera— no la creó. Su contribución ideológica y su
actividad propagandística fortalecieron el proceso iniciado, como
se indicó, antes de que llegara a la A rgentina. U na evidencia es el
hecho de que el afianzam iento de los círculos “organizadores” se
cum plió en pocas semanas, y es difícil de suponer que surgió de la
nada, p or generación espontánea, o por influencia exclusiva de un
solo propagandista como P. Gori.
Además, la m ayoría de los historiadores que se abocaron al tema,
no prestaron atención a la circunstancia de que P. Gori era ve­
nerado sólo por una parte de los anarquistas en la A rgentina: por
los partidarios de la organización, por los “anarco-socialistas”; en
cambio lo negaban por com pleto los que se oponían a la organiza­
ción, los anarco-comunistas, así como todos los círculos anarco-indi­
vidualistas. Cabe recordar que en la época de referencia, esas dos
corrientes tenían influencia sobre los círculos anarquistas. Es muy
característica y significativa la circunstancia de que el periódico
El R ebelde ignoró por entero la actividad de P. Gori en la Argen­
tina, entre 1899 y 1900. En esos años —de actividad intensa suya,
como lo prueba la abundancia de comentarios en La Protesta Hu59 J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p p . 23-24.

mana y en L ’Avvenire— no es dable tropezar en El R ebelde siquie­
ra con una línea sobre P. Gori. En todo caso, las pocas veces que
se m encionaba su nom bre era a los fines de la polémica y los in­
fundios.60
En los años 1899-1900 sobresalió en la labor anarquista general
u n grupo de propagandistas jóvenes y talentosos que se plegó al
anarquism o en parte por la influencia de P. Gori (por ejemplo:
P. Guaglianone, Félix Basterra y A. G hiraldo),61 y en parte a título
independiente. Esos propagandistas infundieron ánim o a las ac­
ciones y prom ovieron considerablem ente la am pliación y ram ifi­
cación de la actividad anarquista, tanto desde un punto de vista
territorial como de los círculos y los dom inios a donde llegó.
E ntre los m ilitantes nuevos en 1899 cabe m encionar a Pascual
Guaglianone, sobre cuya adhesión al anarquism o se supo a fines de
1899. A comienzos de noviembre, P. G uaglianone fue presentado
como nuevo m ilitante que resolvió apartarse de las filas del socia­
lismo, donde actuaba hasta entonces, y plegarse por entero a la
actividad de los anarquistas.62 No era el único. Uno de los p ri­
meros fue E. Gilimón, que se convirtió en una plum a activa en
La Protesta H um ana desde comienzos de 1899. En 1900 varios jó ­
venes socialistas se sum aron a la actividad de los círculos anarquis­
tas; el más descollante fue Luis Solitro, una especie de cometa en­
tre los oradores y propagandistas. D urante una asamblea celebrada
en marzo de 1900, explicó su decepción del socialismo en el que
veía “una especie de adorm idera” que deform aba las campañas
obreras.63 E n 1900 L. Solitro participó m ucho en las asambleas
anarquistas, pero a fines de ese año redujo sus presentaciones y
virtualm ente desapareció del bando anarquista. En 1900 se sumó
al anarquism o A rturo Montesano, u n joven intelectual, maestro
de profesión; resaltó como orador talentoso y se granjeó el elo­
gio de la prensa anarquista de todas las tendencias.64 El más activo
de los nuevos adherentes fue Pascual Guaglianone, quien pronto
se convirtió en el orador más solicitado en las giras de esclareci­
60 “ El delito de la ciencia social”, en E l Escalpelo, 10 de diciem bre de 1899.
E n “ H isto ria de u n a p ro p a g an d a ”, a rtícu lo publicad o en G erm inal del 5 de
m arzo de 1899 se ataca a G ori p o r h a b e r h u id o cobardem ente de M ilán, sal­
vándose a sí m ism o, pero dejando a sus cam aradas expuestos al peligro.
61 D. A bad de Santillán, "L a P ro te sta ”, en Certam en, op. cit., p. 38.
62 "U n o más con nosotros”, en La Protesta H u m a n a , 17 de noviem bre de
1899.
63 “D el socialism o a u to rita rio al socialism o a n árq u ico ”, e n La Protesta H u ­
m ana, 18 de m arzo de 1900.
64 "E l m itin an arq u ista del dom ingo”, en La Protesta H u m a n a , 17 de n o ­
viem bre de 1900; “ El centro lib e rta rio ”, E l R eb eld e, 21 de o ctu b re de 1900.

m iento anarquista en el interior del país. En sus viajes llegó a
M ontevideo (capital del Uruguay) y tras un tiempo resolvió radi­
carse allí. D urante cierta época, a p artir de mediados de 1900,
actuó en esa ciudad, velando em pero por vínculos estrechos con los
círculos anarquistas de Buenos Aires.65
O tro propagandista descollante fue Félix Basterra, una de las
plum as más fecundas y activas de la época. Sus artículos se publi­
caban regularm ente en La Protesta H um ana, desde 1899, y trata­
ban tanto de temas teóricos generales como de réplicas a los pro­
blemas del momento, sobre todo en las polémicas con los socialis­
tas. El 1 de abril de 1900 el grupo de La Protesta H um ana lo eligió
director del periódico, en reemplazo de G. Inglán Lafarga, quien se
trasladó a la ciudad de Bolívar. Sin embargo no desempeñó mucho
tiem po ese cargo y el 22 de julio La Protesta H um ana anunció que
había dejado de ser su director. En la práctica fue una deposición
debida a las diferencias de ideas respecto al congreso anarquista
internacional, que debía celebrarse en París (a ese tema nos referi­
remos con am plitud más adelante). Pese a su deposición, F. Basterra
siguió publicando artículos, y en consecuencia m anteniendo víncu­
los con el periódico que supo dirigir. Poco tiem po después, en
septiem bre, Basterra aparece dirigiendo Los Tiem pos N uevos, pe­
riódico cuya cierta existencia duró hasta el 21 de octubre; su cuerpo
de redacción se sumó al periódico El Sol que, desde hacía varios
años atrás, veía la luz dirigido por el poeta A. G hiraldo.66
La adhesión más im portante a las actividades en el sector anar­
quista de esa época, fue la de A. G hiraldo quien, desde hacía algu­
nos años, sim patizaba con el anarquism o aunque no actuaba en
sus filas. A. G hiraldo, u n poeta oriundo de la Argentina, era una
figura conocida en los círculos bohemios del país. Nació en 1875,
en la localidad de Mercedes, y en su infancia fue discípulo del poe­
ta Almafuerte. Siendo joven se trasladó a Buenos Aires y en se­
guida se plegó a la actividad política en las filas de la U nión
Cívica Radical, prim ero como luchador joven en la revolución de
1890 y luego como adicto entusiasta de Leandro N. Alem. El sui­
cidio de Alem lo estremeció y lo arrojó a u n vacío espiritual y
político. T a l estado de ánim o se expresó en una com pilación de
poemas desesperados, que publicó en esos años bajo el títu lo ¡Ahí
van! T ras una época de decaim iento espiritual y moral, empezó a
acercarse a los círculos obreros cuya vida conoció cuando se desem­
peñaba como empleado de comercio y aduana en los depósitos del
65 Pascual G uaglianone, “Aviso”, en La Protesta H u m a n a , 10 de ju n io de 1900.
«o "C om unicado”, L a Protesta H u m a n a , 21 de o ctu b re de 1900.

puerto de Buenos Aires. En 1897 fundó el sem anario El Sol, un
vocero literario-artístico; con el correr del tiem po insertó también
com entarios sobre cuestiones candentes, favorables a las luchas
obreras. La aparición de P. G ori en la A rgentina influyó sobre
A. G hiraldo, quien lo acogió como figura rectora, de dirigente
espiritual, que tanta falta le hacía desde la m uerte de Leandro
Alem.67 En septiem bre de 1900 se publicó por prim era vez un ex­
tenso artículo de A. G hiraldo en la prensa anarquista. Intitulado
“Las ideas nuevas” apareció, a u n mismo tiem po, en La Protesta
H um ana (30 de septiem bre de 1900) y en El R ebelde (23 de sep­
tiem bre de 1900), y polemizaba acerbam ente con el socialismo par­
lam entario. La adhesión de A. G hiraldo a las filas anarquistas
sorprendió y desconcertó a los socialistas, que lo consideraban adic­
to eventual a su bando, y acrecentó el prestigio y la influencia del
anarquism o.
U n a actividad ram ificada e intensa —oral y escrita— cum plie­
ron en esos tiempos un núm ero de m ilitantes anarquistas vetera­
nos (que precedieron a P. Gori y no deben ser vistos como fruto
de su influencia): F. Berri, G. Inglán, T . Ros, Orsini, J. Camba,
A ltair (M ariano Cortés), en Buenos Aires; doctor Arana, R. Ovid i
y la feminista V irginia Bolten, en Rosario; y el veterano m ilitante
doctor J. Creaghe, en Luján.
Este grupo grande de m ilitantes y propagandistas procedentes en
parte de círculos intelectuales de la Argentina, repercutió en esos
ambientes. No extraña, por lo tanto, que a comienzos del siglo xx
se perciba bien la influencia anarquista sobre los círculos bohe­
mios,68 y numerosos cafés sirvan de lugar de cita y reunión para
ellos. El más notable fue el café de Los Inm ortales,69 pero la ten­
dencia de la actividad no consistía en sumergirse en am bientes bohe­
mios e intelectuales sino en dirigirse a los vastos sectores obreros;
esta tendencia coincidía con las inclinaciones generales que preva­
lecían en el anarquism o del m undo.
67 H . A. C ordero, A lberto G hiraldo, B uenos Aires, Ed. C laridad, 1962, pp.
12-69.
68
“L a a n arq u ía y la bohem ia estaban p o r las calles de Buenos A ir e s ...
Escritores y artistas de las generaciones q u e cruzaban el u m b ra l d el siglo devo­
ra b a n —e n los volúm enes baratos q u e v e n ía n de B arcelona—. los textos de
M arx y B akunin, de K ropotkin y M a la te s ta ... Buenos Aires
tuvo en los co­
m ienzos de nuestra centuria, no su 'bo h em ia d o ra d a ’ sino su ‘bohem ia ro ja ’.”
A. de la G u ard ia, R . González Pacheco, Ed. C ulturales A rgentinas, M inisterio
de Educación y Justicia, Buenos Aires, 1963, pp. 19-20.
69
“Los cafés, institución p o rte ñ a ”, revista T o d o es H istoria, n ú m . 21, enero
de 1969, p. 86. Sobre los cafés a n arq u istas a fines de la p rim e ra m ita d del si­
glo xx, véase J. A. Saldías, La inolvidable bohem ia porteña, ed. F reeland, B ue­
nos Aires, 1968, pp. 61-63.

EL CONGRESO ANARQUISTA INTERNACIONAL EN PARÍS:
PREPARATIVOS Y POLÉMICA

L a conexión del anarquism o argentino con las nuevas tendencias en
el sector anarquista del m undo —y la influencia de esas tendencias
sobre el acaecer anarquista en la A rgentina— se reflejó en la agi­
tación q ue despertaron los preparativos para el congreso anarquis­
ta internacional, convocado en París para septiem bre de 1900. El
prim er volante referente a ese congreso, llegado a Buenos Aires
en abril de 1899, traía la firm a d e P. Delesalle, del cuerpo de re­
dacción del periódico anarquista francés Les T em ps N ouveaux;
daba cuenta de la iniciativa tom ada para reunir en París u n con­
greso internacional de grupos socialistas-revolucionarios y anarquis­
tas, sim ultáneam ente con la celebración en la capital francesa de
la Exposición Internacional. L a Protesta H um ana publicó el vo­
lante y expresó su adhesión; llam ó a todos los sindicatos obreros
y círculos anarquistas a adherirse a la iniciativa de los compañeros
franceses, comenzar los preparativos para participar en el congreso,
y enviar representantes. Asimismo inform ó que la Federación So­
cialista A narquista de A rgentina se preocupa tam bién del asunto
y rem itirá u na circular a todas las fuerzas organizadas de A rgenti­
na, Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay.70
U n mes después llegó a la A rgentina u n segundo volante, de la
Comisión Organizadora, firm ado por tres destacadas personalidades
del anarquism o europeo: F. D om ela Niewenhuis, F. P elloutier y
E. Pouget. Este volante explicaba con más am plitud el trasfondo
de la convocación del congreso, recordando la resolución de los
socialistas de celebrar u n congreso en esa fecha y prohibir la pre­
sencia de los anarquistas. Este volante detalló más la composición
de los grupos invitados: grupos obreros, socialistas revolucionarios
y com unistas-anarquistas.71
Esos volantes tuvieron repercusión positiva inm ediata en Bue­
nos Aires. El tema fue debatido en diversos grupos anarquistas,
que eligieron una comisión que asumió la tarea de concentrar los
preparativos y debates para participar en el congreso internacional
de París. En agosto esa comisión publicó u n volante que se envió
a todos los círculos anarquistas de la A rgentina y a los sindicatos
obreros adictos a esos círculos. En el volante —que vio la luz en
La Protesta H um ana— 72 se explica con am plitud detalles sobre la
70 "C ongreso In te rn a c io n a l’’, L a Protesta H um a n a , 15 de a b ril de 1899.
71 “ Congreso R evolucionario de 1900”, La Protesta H um ana, 14 de m ayo de
1899.
72 "Congreso R evolucionario In tern a cio n a l" , L a Protesta H um ana, 19 de
agosto de 1899.

iniciativa de convocar el congreso en París, en el espíritu de esos
volantes enviados de Francia. Se exhortaba a todos los que apro­
baban la idea a concurrir a una asamblea general, el 27 de agosto,
en Buenos Aires, donde se discutirían los medios para organizar
una delegación argentina o sudam ericana al congreso, así como la
lista de temas a ser abordados.
Pronto se comprobó que no había unidad de ideas en cuanto al
valor y la vitalidad del congreso anarquista internacional. La opo­
sición provenía de los círculos anarco-comunistas adictos al perió­
dico E l R ebelde y se expresó en un artículo editorial el 21 de
diciem bre de 1899.73 El com entario explica, desde un comienzo,
que las ideas vertidas no son el fruto apresurado de un único autor,
sino el resultado de consideraciones m editadas de varios círculos
que, por lo tanto, se abstuvieron de form ular opiniones durante
varios meses, cuando se realizaban los preparativos en Buenos Aires.
En opinión de esos círculos, el congreso no sólo es superfluo sino
tam bién dañino pues reclama m uchos gastos que serán cubiertos
con el dinero de las recaudaciones de anarquistas, destinadas a
la propaganda, y por lo tanto obligarán a restringirla. Además
—dice— “parécenos im propio de anarquistas esto de m andar dele­
gaciones o re p resen tan tes... cosa que tanto huele a socialistas.. . ”
No ven ningún sentido en la creación de comisiones de propa­
ganda nacionales e internacionales, pues “nuestros trabajos son
bien públicos y cada individuo o grupo sabe a dónde d irig irs e .. . ”
T am poco creen que sea necesario convocar un congreso de repre­
sentantes para un debate teórico. El camino no se encuentra en un
debate donde participan pocos —que representan presuntam ente
la opinión de muchos— “sino [en] el concurso intelectual de to­
dos los interesados, y para esto todos los puntos son b u enos. . . ”
El artículo finaliza subrayando el credo de esos círculos: "Lo esen­
cial es hacer conscientes y rebeldes. No podemos precisar dónde,
cuándo ni cómo se inicia el cataclismo social, pero es seguro que
será el resultado de una suficiente y radical propaganda persuasiva
y rev o lu c io n aria... N ada de centralización ni medidas que abar­
quen todo el m o v im ien to .. . N uestra tribuna está en todas partes,
basta que haya un esclavo convencido, basta que haya u n anar­
quista.”
En 1900 prosiguieron los preparativos para el congreso y se agra­
varon las diferencias de ideas. El 8 de mayo de 1900 se realizó en
Buenos Aires una asamblea de grupos anarquistas, para discutir
el tema, y se revelaron divergencias profundas. Los anarquistas,
73
“El Congreso R evolucionario In tern a cio n a l", E l R eb eld e, 21 de diciem bre
de 1899.

que aprobaban la celebración del congreso, resolvieron continuar
los preparativos y exhortaron, por interm edio de la prensa anar­
quista, a que se pusieran en relación con ellos todos los adictos de
Buenos Aires y la provincia.74 En esta etapa la oposición al con­
greso rebasó los círculos de El R ebelde y se expandió a círculos de
La Protesta H um ana. Félix Basterra —en ese entonces director
de este últim o periódico— le dio expresión. En un artículo que
niega por principio la celebración de un congreso anarquista inter­
nacional para debatir temas teóricos y tácticos, asum ió u n a posi­
ción análoga a la de El R ebelde un año antes.75 En otra sección
del mismo núm ero, F. Basterra replica a la posición del director
de E l Obrero Panadero, que aprueba el congreso y polemiza acer­
bam ente con él. De este m odo —pese a la línea neutral que La
Protesta H um ana debía adoptar— el director Basterra se puso
abiertam ente de parte de los que se oponían al congreso inter­
nacional en París.
Antes de dos semanas, empero, u n artículo editorial del director
veterano G. Inglán Lafarga, atacó airadam ente la posición de F.
Basterra.76 G. Inglán aprobó de u n modo inequívoco la participa­
ción en el congreso y censuró a Basterra, no sólo a título personal
sino tam bién reflejando el punto de vista de la dirección de La
Protesta H um ana. En una introducción al editorial, se aprueba
por entero la respuesta a F. Basterra “porque ella interpreta per­
fectam ente las aspiraciones de la redacción de La Protesta H um a­
na y, por lo tanto, se adhiere a los conceptos que emite, que como
bien dice nuestro compañero, son los que siempre han sido propa­
gados por nuestro órgano” .
G. Inglán polemiza en ese artículo con los argumentos de Bas­
terra y los refuta uno tras otro, a la vez que afirm a su posición
aprobatoria de la anuencia que prevalece en la mayoría d e los
círculos anarquistas del m undo respecto al congreso, así como en­
tre las voces mayores del anarquism o.
Las diferencias de opinión que se revelaron en la redacción de
La Protesta H um ana, hicieron que el periódico rival, E l Rebelde,
volviera a escribir sobre el congreso internacional y se b urlara de
la falta de constancia de los redactores de La Protesta H um ana, cu74 L a Protesta H um ana, 13 de m ayo de 1900; “ Congreso O brero In tern a cio ­
n al. G rupo in iciad o r”, El R eb eld e, 20 de m ayo de 1900.
75 F. B asterra, “ Sobre el Congreso R evolucionario” , La Protesta H u m a n a ,
27 de m ayo de 1900.
76 “ Sobre el Congreso R evolucionario de P arís”, L a Protesta H u m a n a , 10 de
ju n io d e 1900.

yas posiciones variaban de un núm ero a otro.77 La Protesta H um a­
na se apresuró en contestar explicando los cambios personales ope­
rados al rem plazar a G. Inglán por F. Basterra. Este últim o
—señala— se extralim itó en sus atribuciones cuando expuso su
criterio particular referente al citado congreso, sin cuidarse en
nada del criterio colectivo del grupo, ni de la m archa que hasta
entonces seguía La Protesta H um ana, lo cual, observado por la
agrupación editora e innúm eros suscriptores, produjo el consiguien­
te disgusto. . . y a causa de ello fue que el com pañero Basterra,
com prendiendo la incom patibilidad entre su criterio y el de la co­
lectividad m antenedora de La Protesta H um ana, se separó de la
dirección del periódico volviendo la agrupación a encargarse de
dirigirlo y redactarlo conforme a su pensam iento.78
De paso, cabe señalar que en esta respuesta hay u n aspecto adi­
cional interesante que perm ite echar u n a m irada a las relaciones
internas en un grupo anarquista de esta índole. Esas relaciones se
revelan como demasiado análogas a las que prevalecen en un par­
tido, en lo que concierne a la libertad de opinión cuando trascien­
de los marcos del colectivismo ideológico adm itido.
Las discusiones ideológicas entre los partidarios del congreso y
sus opositores, libradas en la prensa anarquista, no frenaron a los
adictos al congreso en 1900. A m edida que se acercaba la fecha
de su inauguración, en septiem bre de 1900, se intensificó la labor
preparatoria. Los grupos de la A rgentina no lograron financiar el
viaje de una delegación, y pidieron que compañeros anarquistas
argentinos que se encontraban en París los representaran.
Los grupos partidarios del congreso internacional en París,
fueron:
I] Las redacciones de los periódicos: 1) La Protesta H um ana; 2)
L ’Avvenire; 3) Ciencia Social; 4) El Obrero Panadero; 5) R ojo y
Negro (periódico anarquista de Bolívar).
II] Sociedades obreras: 6) Sociedad de Obreros Panaderos; 7) So­
ciedad de Picapedreros y Albañiles; 8) Círculo Internacional de
Barracas; 9) U nión O brera L iteraria de T an d il; 10) Casa del Pue­
blo de Bolívar.
III] Grupos: 11) G rupo La Aurora, de Santa Fe; 12) Agrupación
“La Protesta H u m an a”; 13) Grupos Luz y Progreso; 14) Dispersos;
15) Desertores; 16) Artículo 248; 17) Sastres Libertarios; 18) Liber­
tarios de Mercedes; 19) Ne Dio ne Padrone; 20) Libertario de
Resistencia.
77 "Sobre el Congreso R evolucionario de P a rís”, E l R eb e ld e , 24 de ju n io de
1900.
78 “ A claración forzosa", La Protesta H u m a n a , 8 de ju lio de 1900.

Estos grupos redactaron en conjunto u n a proposición para el
orden del día, que incluía los temas siguientes:
1)
La huelga general; 2) L a huelga m ilitar; 3) El sabotaje y el
boicot; 4) Publicación de un órgano anarquista en cada región;
5) Fundación de escuelas libertarias (proposición de La Protesta
H u m a n a ); 6) Interés de los anarquistas por penetrar en las Socie­
dades de Resistencia (proposición de El Obrero Panadero); 7) Estu­
dio de los medios para extender la propaganda entre los campesi­
nos (proposición del grupo Artículo 248).
El Congreso Internacional en París, como se h a dicho, debía
realizarse el 20 de noviem bre de 1900, coincidiendo con la celebra­
ción de la G ran Exposición Internacional en esa ciudad. M ilitantes
anarquistas de diversos parajes del m undo comenzaron a con­
gregarse en la capital francesa, en vísperas del congreso. Los pre­
parativos se ultim aron y el orden del día ya estaba confeccionado,
con numerosos puntos de debate.79 Pero, a últim o m om ento el go­
bierno francés se abstuvo de otorgar el permiso para la celebración
del congreso y lo prohibió. Varios anarquistas llegados a París
resolvieron desconocer la prohibición y realizar varias reuniones
en domicilios privados, en los suburbios de París, para discutir los
temas más urgentes.80 En esas reuniones se resolvió, entre otras
cosas, recom endar a los grupos anarquistas y socialistas-revolucio­
narios de distintos países, la creación de una “federación entre los
grupos revolucionarios”, así como “fundar por medio de congresos
provinciales o nacionales o bien por otros métodos, comisiones na­
cionales o provinciales de correspondencia”.
U na conclusión adicional que se extrajo, y que debía llevarse
a la práctica rápidam ente, llam aba a publicar por escrito todos los
informes y artículos enviados a la oficina de enlace en París, en
el periódico anarquista francés Les T em ps N ouveaux, a fin de di­
fundirlos, y luego proceder a traducirlos a diversos idiomas.81
79
"C ongreso R evolucionario de P a ris”, La Protesta H u m a n a , 24 de noviem ­
bre de 1900.
80 Ib íd . Acerca de la llegada y la p articip ació n de la a n arq u ista E m m a G old­
m an, de Estados U nidos, véase E m m a G oldm an, L iv in g m y life, I, pp. 239-278.
81 “ Congreso R evolucionario de P a rís”, La Protesta H um ana, 24 de noviem ­
bre de 1900.
U n inform e sucinto y exhaustivo, con detalles adicionales, sobre las con­
clusiones a que se a rrib ó en esas asam bleas de París, se h alla en el archivo del
IISG, de A m sterdam , en la colección p riv ad a de D. A bad de S antillán, legajo E.:
"En te n te entre los grupos anarquistas, 1 9 0 0 ... R eunidos los delegados en un
local privado, en el m om ento del congreso, aceptan el proyecto de organiza­
ción. E scribieron u n m anifiesto com prom etiendo a los grupos a entenderse so­
bre ta base del com unism o y de la revolución social, y sobre los p rincipios de
la lib e rta d y de la autonom ía de los grupos.”

En la A rgentina se publicó parte de los inform es y artículos en
La Protesta H um ana; tiem po después, en 1902, se publicó una
compilación de todo el m aterial, que editó la L ibrería Socioló­
gica.82 En ese libro se insertó por prim era vez el inform e enviado
al congreso sobre la actividad anarquista en la Argentina.
Este inform e incluye varias observaciones interesantes sobre la
conexión de los anarquistas con la actividad en los sindicatos obre­
ros de la Argentina, en la década de 1890.
Sobre la fundación de la Sociedad de Obreros Panaderos y la
influencia de los anarquistas, el inform e dice: “ ...c o n v ie n e repe­
tirlo, los anarquistas no crearon sociedades de oficio ni fueron a
ellas con el exclusivo objeto de propagar los principios de una filo­
sofía trascendental, sino para luchar al propio tiem po contra las
exigencias patronales... considerando que al obrar de este modo
n o dejaban de ser rebeldes y que podían hacer propaganda anar­
quista con buenos resultados. Aquellos hom bres que se sacrifica­
b an sin reserva por los intereses corporativos, podían, en efecto,
exponer sus ideas de una sociedad mejor, con la certeza de ser es­
cuchados por sus compañeros de oficio”.
”El estado actual del m ovim iento prueba que tenían ra zó n . . . ”
El inform e enum era luego los logros en la actividad de los sin­
dicatos obreros, así como la obra de propaganda oral y escrita. Por
últim o, destaca: “Muchos otros hechos podríam os citar, que prue­
b an la influencia que han tenido y tienen los compañeros en el
m ovim iento y progreso de las ideas, desde que penetraron en las
sociedades de o fic io .. . ” 83
Esas palabras, escritas a principios de 1900, nos dem uestran el
enfoque que se fue consolidando en ese tiempo, pese a las discu­
siones internas entre las diversas tendencias.

l a

d is c u s ió n

en t r e

o r g a n iz a d o r e s

y

a n t io r g a n iz a d o r e s

Y L A C O N T R IB U C IÓ N D E P E L L I C E R P A R A IR E

E n 1899 y 1900 se agravó la discusión interna en el sector anar­
quista, entre los adictos a la “organización” y los opositores. Los
enfoques de los partidarios de la “organización” se expresaron en
82 E l Congreso R evolucionario Internacional de París, 1900, Buenos Aires,
ed. L ib re ría Sociológica, 1902.
83 Ib id ., pp. 40-41. El inform e trae la firm a inicialada: A. S. Según M ax N e t­
tla u , el a u to r d el inform e es A lexander Sadier. Véase M ax N e ttla u (m anus­
crito), cap. xi, p. 24.

dos periódicos anarquistas —La Protesta H um ana y L ’Avvenire—
y en varios órganos de sindicatos obreros.84 La redacción de La
Protesta H um ana explicó su posición al respecto, a fines de 1899,
en la respuesta a u na pregunta form ulada por el grupo de P rin­
cipiantes Anarquistas. Definió su actitud en cuanto a la “organi­
zación”, en la actividad anarquista y obrera, de la siguiente ma­
nera: “Entendem os por organización, todo lo que sea encauzar co­
rrientes y o p in io n e s... con orientación fija y determ inada, por las
circunstancias, hacia u n punto com ún: la anarquía, todo lo que
sea au n ar esfuerzos y converger energías con el m enor desgaste...
hacia otro punto común, la revolución social. Esto, en el terreno
anarquista. En el terreno de la lucha obrera, todo lo que sea aso­
ciarse los trabajadores para com batir el capital es para nosotros
organización.” 85
U na oposición muy acerba a los enfoques de los adictos a la or­
ganización, se expresó en los periódicos anarco-individualistas, que
en esa época, empero, aparecían muy de tanto en tanto y de un
m odo irregular. E n uno de los núm eros de Germinal (periódico
anarco-individualista), en 1899, se publicó u n artículo de G. M on­
tero, donde hace un arreglo de cuentas histórico con la corriente
“organizadora”. El au tor opinaba que la co m en te proorganización
en la A rgentina comenzó en 1896, como una “ táctica nueva” dic­
tada p o r los jefes del anarquism o europeo, y la acusaba de despe­
ñar la propaganda, de aplastar la iniciativa, de forzar las ideas y
de provocar divisiones que socavan el m ovim iento anarquista en
la A rgentina.86 El círculo de lectores de Germinal era reducido
y su repercusión muy débil.
U na gravitación m ayor —por el núm ero de lectores y el alcance
de su influencia— le cupo a la posición antiorganizadora del perió­
dico anarco-comunista E l Rebelde. Se fundó en 1898 —durante
la cam paña ideológica de referencia— y se m antuvo firme en su
posición esos años. En 1899, aparte de artículos teóricos según esa
línea, publicó muchas noticias sobre la actividad de grupos anarcocomunistas, partidarios de relaciones sobre la base de “grupos de
afinidades”, pero se oponían a esferas organizativas. El mismo año
se podían encontrar tam bién objeciones minuciosas a las organiza­
84 “Sobre organización”, en La Protesta H u m a n a , 1 de enero de 1899; “D e­
claración de p rin cip io s”, ibid., 26 de febrero de 1900; “ Cuestiones de p ro p a ­
ganda", ibid., 19 de agosto de 1899; “ L a Iota o p e ra ia ”, en L ’A vvenire, 2 de
ju n io de 1900; “A organizam os”, e n E l Obrero P anadero, 9 de noviem bre
de 1899; “ O rganización y revolución”, en E l Obrero, 29 de diciem bre de 1900.
85 La Protesta H u m a n a , 15 de o ctu b re de 1899.
86
G. M ontero, "H isto ria de u n a p ro p ag an d a o decadencia de u n id ea l”, en
G erm inal, 5 de m arzo de 1899.

ciones de obreros. En u n artículo teórico, que exam ina los esfuer­
zos organizativos de los trabajadores en el siglo xix, alega el autor
que al final de cuentas fueron todos vanos, crearon falsas ilusiones
y no depararon ningún logro a los obreros. La raíz del m al la veía
en la asfixia de cualquier iniciativa y espíritu revolucionario, por
m edio de formas organizativas inmovilizadoras: ‘‘C uando se cen­
tralizó y organizó a los individuos, las iniciativas y las revoluciones
se perdieron y la reacción triunfó.” 87
En 1900 se notó u n fortalecim iento considerable de los círculos
partidarios de la organización, pero los opositores libraron las b a­
tallas finales.88 El núm ero de anarco-individualistas se redujo so­
brem anera y entre los adictos a E l R ebelde se notó tanta debilidad
que, el 10 de junio de 1900, u n aviso hacía saber sobre el peligro
de que el periódico dejara de aparecer por dificultades financieras.
Los lectores fueron llamados a u n esfuerzo supremo, y siguió p u ­
blicándose, mas, con el correr del tiem po, volvieron a caldearse los
ánimos en torno al tema de la “organización”. Esta vez el tema
volvió a plantearse, a raíz de una serie de artículos en La Protesta
H um ana sobre organización obrera.
A p artir del 17 de noviem bre de 1900 se publicó en L a Protesta
H um ana una serie de artículos, en núm ero de 12, sobre ese tema,
firmados por Pellico, el apodo de A ntonio Pellicer Paraire.89 El
autor, anarquista veterano oriundo de Barcelona (23 de febrero de
1851), había sido activo, en su juventud, en la Internacional espa­
ñola; luego fue exiliado y peregrinó por países latinoam ericanos:
México, C uba y cierto tiem po en Estados Unidos. En 1891 llegó
a la A rgentina y se radicó allí. De profesión tipógrafo, se dedicó
empero a u na ram ificada actividad periodística en la prensa anar­
quista de España (El Productor) y de A rgentina, donde también
actuó como conferenciante de sociología en círculos anarquistas.90
La serie de artículos sobre organización obrera —por su alcance
y expresión plena, sustanciosa, del enfoque proparticipación activa
en los sindicatos obreros, así como por sus lin eamientos que confi­
87 D ellafrance, “ Progreso y retro g reso ”, E l R eb e ld e , 14 de agosto de 1S99.
88 E. G ilim ón, op. cit., p. 25.
89 D. A bad de Santillán, La F O R A , op. cit., p. 52. Dos artículos adicionales
sobre el m ism o tem a aparecieron a comienzos de 1900 con la firm a com pleta
d el a u to r: A. Pellicer P araire, “Los círculos de estudios sociales”, e n La P ro­
testa H u m a n a , 17 de enero de 1900; “Las huelgas, las asociaciones de oficios”,
Ibid., 18 de febrero de 1900.
90
U n a recopilación de esa serie de conferencias se editó en form a de libro,
A. P ellicer P araire, Conferencias populares de sociologia, im p re n ta Elzeviriana,
B uenos Aires, 1900, 105 pp. D etalles sobre la biografía de A. Pellicer P araire,
véase tam b ién e n M ax N e ttla u (m anuscrito), cap. xv, p p . 12 y 15-19, IISG,
A m sterdam .

gu iab an una base principista para la organización de los anarquis­
tas— fue la contribución más im portante, hasta ese momento, de
un anarquista argentino, a la teoría “organizadora” del anarquis­
mo, y tuvo tam bién notable influencia sobre la “praxis” de ese
m ovim iento en la A rgentina.91 Por la im portancia de la serie, cabe
trascribir los principios básicos relativos a la organización obrera,
tal como se expresaron en esos artículos.
E n el com entario de introducción, el autor explica que la serie
no se centrará en la idea anarquista ni en su consolidación,
sino en los medios para m aterializarla, es decir, cómo d ar “fuerza”
al ideal. E n este aspecto presenta de inm ediato el punto funda­
m ental de su enfoque: “N o hay cosa alguna, desde lo infinitam ente
pequeño a lo inm ensam ente grande, que no signifique asociación
de esfuerzos, organización de elementos, fuerza.”
Además, como se habla de in fu n d ir fuerza a u n ideal revolucio­
nario com batiente, “de ahí se sigue que para com batir las clases
opresas a las clases opresoras, se necesita de organización y fuerza
superiores a las que sirven a los gobernantes. La fuerza reside en
cada uno de nosotros, los oprimidos, pero esa fuerza es nula sin
organización”.92
El autor arguye que una idea tan sencilla y elem ental fue rele­
gada, en el pasado, por los enfoques extremistas e irreales, con lo
que se causó mucho daño al desarrollo del anarquismo. En cuanto
a la teoría de la organización en sí, Pellico señala en la introduc­
ción u n enfoque principista dual, cuyas bases arrancan del enfoque
de Bakunin, de la experiencia de la fraternidad en la época de
la I Internacional. Lo form ula del siguiente modo:
L a organ ización p u ed e ser y es p erfecta m en te d u alista, d iv id id a en dos
ram as p a r a le la s. . . E n n u estro caso p u e d e n com pararse a las vías férreas,
q u e si so n e q u id ista n tes u n a de otra, am bas son condu ctoras d el tren .. .
A sí u n a ram a de la organ ización obrera, q u e p u ed e d en om in arse re v o ­
lu c io n a ria , la con stitu y en cuantos, p le n a m e n te con ven cid os, trabajan rec­
ta m en te p or e l triu n fo d e l id eal, y otra ram a q u e p u e d e llam arse e co n ó ­
m ica, la con stitu y en las m asas obreras q u e p u g n a n por m ejorar su c o n ­
d ic ió n .93

E n el segundo artículo, Pellicer Paraire aborda problem as espe­
cíficos de la órbita “económica”, es decir, los sindicatos obreros, y
91 "F u e u n o de los inspiradores principales de la C onferencia ob re ra de la
A rgentina, siendo, puede decirse, el q u e llevó a la fundación de la Federación
O b re ra ”. D. A bad de S antillán, La F O R A , op. cit., p. 51.
92 "O rganización o b re ra ”, L a Protesta H u m a n a , 17 de n oviem bre de 1900.
93 Ibid.

desde u n principio considera apropiado señalar el cambio operado
al respecto en el anarquism o argentino: “Por fortuna, el espíritu
de oposición a los gremios se ha desvanecido ya casi com pletam en­
te, porque era un gran error.. . ”
Pero, al mismo tiempo, subraya que en su opinión no hay aún
en la A rgentina experiencia y tradición adecuadas para la activi­
dad en los sindicatos obreros, que los trabajadores argentinos tie­
nen m ucho por aprender, todavía, al respecto. En ese sentido, la
experiencia de las asociaciones obreras en los países latinos de Eu­
ropa, especialmente en España, puede servir de fuente para la ense­
ñanza. El autor afirma que él mismo adquirió experiencia en
España no sólo como m ilitante activo en los sindicatos obreros y
en la Federación Española, sino tam bién en el ám bito de la prédica
periodística.94 De ahí que cabe ver su sugerencia no como una mera
improvisación intelectual, sino como el resultado de la práctica,
la observación y la prudencia.95
Pellico se esmera por recalcar que los principios del m étodo que
sugiere tienen una raíz en el m undo del pensam iento anarquista,
y que procuran evitar la creación de organismos autoritarios que
atan al obrero a instituciones disciplinarias y lo despojan de la
libertad personal, de la libertad de iniciativa, por lo que los form u­
la con las siguientes palabras: Acratismo, L ibre Pacto, Solidaridad.
Estos principios básicos sostienen todos los componentes del mé­
todo organizativo que formula m inuciosam ente en la continuación
de su serie de artículos. Prim ero aborda el m odelo del Pacto de
Solidaridad, como prototipo de la organización de la célula básica
del sindicato obrero, cuyas metas enum era:
1) M ejorar las condiciones de trabajo.
2) Prestarse, los asociados, m utuo y fraternal apoyo.
3) Procurarse, los adheridos, instrucción y recreo.
4) Practicar la solidaridad con todas las asociaciones obreras que
sostengan idénticas metas.
94
D. A bad de S antillán, La F O R A , op. cit., p. 55; “E n la revista Acracia de
B arcelona (1886-1888) encontram os u n a form ulación equivalente d e esas ideas,
d e b id a pro b ab lem en te al m ism o a u to r (A. P ellicer P araire).” Véase tam bién
Max N e ttla u (m anuscrito), cap. xv, p. 16.
95 "A firm am os q u e no sólo son posibles tales instituciones, sino q u e las h e ­
mos visto fun cio n ar en E spaña y p ertenecido a las m ism as.” Pellico, "O rg an i­
zación ob re ra iv”, en La Protesta H u m a n a , 8 de diciem bre de 1900.
El adversario E l R ebelde tenía u n a idea inversa. E n dos artículos publicados
luego —24 de m arzo de 1901 y 7 de a b ril de 1901, b a jo e l títu lo “ C ontestando
a Pellico”— arguye el a u to r que precisam ente la experiencia del pasado hab ía
co nfu n d id o a Pellico. E n cu an to a la F ederación E spañola (1888-1889) fracasó
y se desm oronó p o r causa de los m étodos organizativos, q u e la m a n ia ta ro n y
la deform aron.

5)
Encam inar todos los esfuerzos a la em ancipación social.
Acompaña la presentación de las metas con una descripción
minuciosa de los medios conocidos para alcanzarlas, acentuando
cuidadosam ente el cuidado de los principios básicos.96 Pellico re­
calca que la realización del pacto de solidaridad depende del prin ­
cipio del libre pacto, es decir, la organización libre y voluntaria a
objeto de cum plir objetivos, expuesta al cambio y a la anulación
cada vez que el obrero lo considere necesario. L a asociación no
tiene valor fuera de ello. El autor es consciente de los peligros
que acechan a los sindicatos obreros, que pueden convertirse en
organismos autoritarios donde el obrero acaso sea aprovechado por
comisiones que se asignan autoridades ilim itadas, o por individuos
que so pretexto de la eficacia se asignan facultades de dirigen­
tes, todo lo cual al fin de cuentas se convierte en dom inio absoluto
y en fuente de corrupción.
U no de los modos de evitarlo, es el enfoque descentralista: “No
es ú til ni conveniente que unos lo hagan todo, se cuiden de todo,
dispongan de todo, sino que cada labor se encomiende a los m ejor
preparados o bien dispuestos para ella: y en el conjunto de las
actividades especiales, se encuentra la buena producción.”
O tro modo para prevenir el autoritarism o y el absolutismo, es la
celebración de asambleas generales: “Las asambleas generales en
perpetuas funciones: una especie de com una de hombres libres que
piensan, estudian, resuelven lo que más conviene a todos... En
consecuencia, la m ejor práctica, es ocuparnos todos juntos en el
trabajo em ancipador, y sólo cuando todos juntos no podemos hacer
una cosa, encargar aquella sola cosa a algunos de nuestros compa­
ñeros para que la realicen en nom bre y con la adhesión de todos.”97
Después de presentar los principios básicos y modelos para la
organización de la célula fundam ental, pasa a discutir en detalle
la estructura organizativa de los sindicatos obreros y atribuye un
papel central al sistema federal, como parte integral de su concep­
ción en lo que atañe al sindicato obrero. En su opinión no tiene
sentido el sindicato obrero aislado, pues en su contra pueden alis­
tarse los empleadores y tam bién los trabajadores de la misma rama
en otros parajes, quienes pueden ser incitados a convertirse en rom ­
pehuelgas. De ahí que “ . . . la prim era labor que debe realizar una
sociedad de oficio, es federarse con las de su misma profesión, exis­
tentes en la región, y si no las hubiera en otras localidades, dedi­
carse a formarlas y federalizarlas” .98
96 "O rganización ob re ra III”, La P rotesta H u m a n a , 1 de diciem bre de 1900.
97“ O rganización o brera IV”, La Protesta H u m a n a , 8 de diciem bre de 1900.
98 "O rganización obrera v”, L a P rotesta H u m a n a , 15 de d iciem bre d e 1900.

El au to r es consciente del hecho que muchos anarquistas des­
precian el marco federativo: “Alguna vez se ha repudiado el em­
pleo de la palabra federación y aú n el principio federativo, a causa
de su empleo en los organismos autoritarios y en las constitucio­
nes de los estados.” Y desvirtúa esa oposición y tales temores m a­
nifestando:
“El principio federativo es ni m alo ni bueno, es sólo una forma
de organización como el pacto, como todo convenio. . . ”
La cuestión es saber qué contenido se pone dentro de ese marco,
por lo q ue: “La federación m antenida con principios liberales será
liberal, antiau to ritaria y responderá a los fines em ancipadores...
En consecuencia debe aceptarse el principio federativo como forma
de organización obrera, como m edio de inteligenciarse, de obrar de
com ún acuerdo las varias sociedades que pactan federarse para
sum ar grandes fuerzas solidarias en sus objetivos.” 99
Desde la célula básica de la federación debe prevalecer la liber­
tad, la libertad de acción e iniciativa para el individuo y el grupo,
y la deben acom pañar en todas sus esferas, de lo contrario se des­
peñará al despotismo y al autoritarism o. Para velar por esa fuerza
la federación d ebe alistarse en esa dirección: “N inguna centraliza­
ción de fondos ni de poderes... La comisión federal no es más de
lo que debe ser: una comisión servidora de los intereses generales,
no g o b e rn a d o ra ...
”El libre pacto debe dejar al individuo y a la colectividad li­
b r e s ... No hay razón ni derecho en privar que unos individuos
se congreguen aparte de otros individuos, ni menos que ambas
fracciones no tengan igual derecho a form ar parte de la federación.”
La libertad de asociación y de separación es siempre preferible
a los marcos rígidos y autoritarios que atraen las deformaciones del
espíritu de libertad, el absolutismo de individuos e instituciones.
En síntesis: “Lo que se necesita es acratismo, no autoritarism o.”100
En los últim os artículos Pellico se aboca a las estructuras federa­
tivas regionales, de la federación local, a través de la regional
hasta la universal. Cada asociación obrera, después de que empieza
a entablar vínculos federativos con asociaciones paralelas en la lo­
calidad, se ve ante el camino de crear una federación local general.
A veces hay diferencias significativas entre las funciones y la sus­
tancia de esos dos tipos de asociaciones federativas: “La federación
del oficio responde prim ordialm ente a asegurar el éxito de las lu­
chas de los obreros contra el capital; la federación local tiene, ade­
más de la solidaridad obrera, cierto aspecto social más directo, la
99 I bid.
100 "O rganización o b rera VIl ”, L a P rotesta H u m a n a , 5 de enero de 1901.

i n t e r v e n c i ó n e n l a c o s a p ú b l i c a , a u n q u e p a r a d e f e n d e r lo s i n te r e s e s
d e lo s o b r e r o s . . . ”
S e g u id a m e n te s u g ie re u n p l a n

f e d e r a tiv o p a r a la f e d e r a c ió n lo ­

c a l, c u y o n ú c l e o s e r á c o m o e l d e l a f e d e r a c i ó n d e l s i n d i c a t o o b r e ­
r o , e l “ P a c t o d e s o l i d a r i d a d ” ; lo s “ P r o p ó s i t o s y lo s m e d i o s ” d e e s te
p a c t o , lo s d e t a l l a c o n p r e c i s i ó n y m e t i c u l o s i d a d . 101
L a fe d e ra c ió n lo c a l d if ie r e d e la fe d e ra c ió n p ro fe s io n a l, q u e e n
s u e s e n c ia tie n e m e ta s e c o n ó m ic o -p ro fe s io n a le s lim ita d a s . “ L a fe ­
d e r a c i ó n l o c a l p o d r í a c o n s i d e r a r s e d e n a t u r a l e z a p o l í t i c a , si e s ta s
d e n o m in a c io n e s c o rre s p o n d ie ra n
c ia le s .

a o rg a n is m o s e m in e n te m e n te so ­

P e r o l a f e d e r a c i ó n l o c a l se l e v a n t a y a c o m o u n a p o t e n c i a

r e v o lu c io n a ria , tr a ta n d o

d e n e u t r a l i z a r y c o m b a t i r a lo s p o d e r e s

a u t o r i t a r i o s q u e se o p o n e n a l a v a n c e d e l p r o l e t a r i a d o . ”
P e l l i c o a p r e c i a y c r e e q u e l a f e d e r a c i ó n lo c a l, c u a n d o a d v e n g a ,
c o n s titu ir á p o r n a tu r a le z a u n n ú c le o p a r a la c o m u n a re v o lu c io n a ­
r i a , y se d e s a r r o l l a r á d e a c u e r d o a la s l í n e a s d e l m o v i m i e n t o d e l a s
c o m u n a s e n F r a n c i a y e n E s p a ñ a , e n 187 0 . L le g a m á s le j o s a ú n , y
e n u m e r a in c lu s iv e n ú c le o s p a r a la e s tr u c tu r a c ió n d e la so c ie d a d
d e l f u t u r o : “ C o n e ll o , e l o b r e r o , l l e n o d e i d e a s s a n a s , n o y e n d o a
r e m o lq u e d e p a r tid o s y je f a tu r a s p o lític a s , v e m á s c la r o e l p o r v e n ir ,
s ie n te su fu e rz a .. . ”
Y
p o r ú ltim o : “ L a f e d e r a c ió n lo c a l, p a r ti e n d o d e l c o n c e p to d e l
t r a b a j o , y f u n c i o n a n d o c o m o o r g a n i s m o s o c ia l, s i e n t a l a s b a s e s d e
l a s o c i e d a d d e l f u t u r o . ” 102
L o s a r t í c u l o s f i n a l e s , P e l l i c o lo s c o n s a g r a a p l a n e s d e t a l l a d o s p a r a
la c re a c ió n d e fe d e ra c io n e s re g io n a le s b a s a d a s e n u n a r e d d e a c u e r­
d o s, s e g ú n e l m é to d o d e l P a c to d e S o lid a rid a d , y c o m o e je m p lo
c o n c r e t o d e a c u e r d o r e g i o n a l s e ñ a l a e l s u s c r i p t o e n e so s d í a s p o r
la F e d e r a c i ó n d e E s t i b a d o r e s y C a r g a d o r e s d e lo s P u e r t o s A r g e n t i ­
n o s c o n lo s o b r e r o s p o r t u a r i o s d e M o n t e v i d e o , e n U r u g u a y

(e n e ­

r o d e 1 9 0 1 ).103
L a s e rie d e a r tíc u lo s d e P e llic o fin a liz a c o n u n a n o ta so b re la
n e c e s i d a d d e a m p l i a r lo s m a r c o s f e d e r a t i v o s h a s t a d i m e n s i o n e s u n i ­
v e rsa le s, e n

e l e s p í r i t u d e lo s v a l o r e s d e l a

I In te rn a c io n a l. N o

a b o r d a u n p l a n m in u c io s o y u tó p ic o , s in o q u e e s tim a q u e , e n el
m o m e n to e n q u e a d v e n g a u n a f e d e ra c ió n o b r e ra lo c a l y re g io n a l,
e l e s p í r i t u s o c ia l a b r a z a r á a lo s t r a b a j a d o r e s d e t o d o e l m u n d o , e n
u n p r o c e s o i n e v i t a b l e . 104
101 "O rganización
o b rera VIII”, La Protesta H u m a n a , 12 de enero
102 "O rganización
ob re ra IX”, La Protesta H u m a n a , 19 de enero
103 "O rganización
o b re ra XI”, La Protesta H u m a n a , 9 de febrero
104 “O rganización
ob re ra XII”, La P rotesta H u m a n a , 16 de febrero
Sobre las concepciones de A. P ellicer P araire, véase tam bién M ax
(m anuscrito), cap. xv, p p . 18-20.

de 1901.
de 1901.
de 1901.
de 1901.
N e ttla u

Poco después de iniciarse la publicación de la serie de artículos
de Pellico, se sumó a la polémica F. Basterra, al com batir a los
opositores a la organización, m ientras trataba de superar las dife­
rencias de opinión con adversarios a quienes separaba apenas el
m alentendido o el aferrarse estéril a una “sem ántica” distinta, pero
acerbando la discusión con los otros: “Los antiorganizadores no
h an procedido de distinto modo en igual caso — es decir, al venir
a actuar como grupos, a editar periódicos, folletos, a celebrar asam­
bleas— a excepción de aquellos que titulándose tales, sólo fueron,
y son, individualistas, los que jamás hicieron otra cosa que propa­
gar las ideas en los cafés o después de una jugada de n a ip e s ... lo
más que discutieron, pensaron y acordaron, fue un paseo, una
diversión.”
Y
al h ab lar de las metas de los anarquistas “organizadores”,
así como de sus móviles, dijo: “Nosotros debemos ser legiones...
y no pequeños grupos ni individualidades. En grandes masas la
propaganda es fructífera.” 105
La respuesta de quienes se oponían a la organización, a los ar­
tículos de F. Basterra y de Pellico, no se hizo esperar. En El R e­
belde del 9 y del 14 de diciem bre de 1900, se publicó un artículo
editorial in titulado “Ciclón organizador”, que polemizaba con las
“organizaciones” que predicaban la creación de esferas federativas.
El artículo se inicia con una censura a los medios repudiables de
q u e se valen las redacciones de La Protesta H um ana y L ’Avvenire
para apagar la voz de E l Rebelde. H abla de una cam paña de rum o­
res difundidos entre los anarquistas, sobre la supuesta desaparición
de este periódico (E l Rebelde), y que por lo tanto los fondos re­
caudados a su favor fueron puestos al servicio de los intereses de
los círculos de La Protesta H um ana y L ’Avvenire. La redacción
de E l R ebelde prevé para el futuro un despeñam iento muy grave de
las relaciones interanarquistas, que serla causada por las tenden­
cias institucionalizantes que inyectan los adictos a la organización,
que aspiran a crear “instituciones representativas”, en vez del sis­
tema anarquista adm itido de los “grupos de afinidades”. Los dar­
dos principales de la crítica fueron dirigidos a los artículos de
Pellico, cuyas ideas fueron presentadas, con befa, como una clave
confusa de reglam entos y leyes que asfixiarían cualquier iniciativa
espontánea de los trabajadores. Éstos tendrían que consagrar su
tiem po a estudiar y aprender la estructura compleja de los deberes
y derechos de las comisiones y los grupos, en vez de dedicarse direc­
tam ente a la lucha por sus necesidades. La ira m ayor se centró en
105 “ O rganización y antiorganización”, La Protesta H u m a n a , I de diciem bre
d e 1900.

la estructura federativa recom endada por Pellico y por el congreso
de P arís (1900). Por últim o, en cuanto a su actitud hacia las orga­
nizaciones obreras y la actividad en ellas, se dice: "Réstanos, pues,
afirm ar que somos antiorganizadores frente a la organización de
sociedades obreras... no aspiramos a ser los defensores del traba­
jador, queremos que él aprenda a defenderse; con él vivimos y con
él lucharemos cuando se disponga a luchar [el subrayado es mío:
I. O.], indicándole siem pre el camino más corto para llegar a su
com pleta em ancipación.” 100
En estas líneas se encierra un resum en del enfoque de los círcu­
los de El R ebelde, lo que adquiere un significado especial si se
toma en cuenta las circunstancias en que fueron redactadas, en
vísperas del agravam iento de los conflictos laborales en la Argen­
tina, en los años 1901 y 1902.

LA ACTIVIDAD ANARQUISTA EN LOS SINDICATOS OBREROS

El enfoque de La Protesta H um ana y L ’Avvenire era totalm ente
distinto; la disparidad con respecto a El Rebelde se ahondó en
1900. En julio y agosto se publicaron en La Protesta H um ana
artículos editoriales que se abocaban a la necesidad de convertir
el periódico en un sem anario regular, y la fundam entación prin­
cipal se basaba en la conveniencia d e respaldar a los sindicatos
obreros. Se señaló que en el pasado los sindicatos obreros se abste­
nían de insertar avisos e inform ación en La Protesta H um ana, por
el hecho de que la aparición no era regular o, cuanto mucho,
veía la luz cada quincena. La falta de inform ación sobre asambleas
obreras, huelgas, etc., alejaba los obreros del periódico. Por otro
laclo, ante la creciente im portancia del m ovimiento obrero, corres­
pondía adecuar el periódico a las necesidades de los trabajadores
y sus sindicatos, más aú n si “el campo del m ovimiento gremial y
obrero... hoy para nosotros está poco menos que olvidado”.
Además, la redacción consideró oportuno prevenir que: “Si con­
tinuam os como hasta aquí, sin orientación, sin organización, los
acontecimientos pasarán sobre nosotros, y no nos quedará más que
la triste lam entación del im potente.” 107
Sobre la naturaleza de los acontecimientos que se avecinaban,
leemos en La Protesta H um ana, del 16 de septiem bre de 1900:
106 “ C iclón o rganizador”, E l R eb eld e, 14 de diciem bre de 1900.
107 "L a Protesta H um a n a a sus constantes lectores”, La Protesta H um ana,
5 de agosto de 1900.

“ U n a n u e v a é p o c a d e m o v im ie n to y o rg a n iz a c ió n g re m ia l p r in c i­
p i a a d e s a r r o l l a r s e e n e s a c i u d a d , l a a g u d a c r is is p o r q u e a tr a v i e s a
l a c la s e o b r e r a d e s d e a l g u n o s m e s e s , n o p o d í a d a r o t r o r e s u l t a d o
q u e e s te d e s p e r t a r o b r e r o . ” 108
V a r i o s m e s e s d e s p u é s , a f in e s d e

1 9 0 0 , e n lo s a l b o r e s d e l a u g e

d e lo s c o n f l i c t o s l a b o r a l e s , p r e v é L a P r o t e s t a H u m a n a : “ E s s e g u r o
q u e se a p r o x i m a n d í a s d e p r u e b a p a r a l a c la s e t r a b a j a d o r a d e e s te
p a ís , y lo s l i b e r t a r i o s n o d e b e m o s p e r m a n e c e r a l e j a d o s d e l a o r g a ­
n i z a c i ó n o b r e r a , c o m o p o r lo g e n e r a l l o e s t a m o s , s i n o c o m o o b r e ­
r o s q u e s o m o s , e n e ll a y m u y a d e n t r o o r i e n t a n d o a lo s t r a b a j a d o r e s
e n s u s l u c h a s . ” 109
E n 1901 se f o r t a l e c i ó y a r r a i g ó e n t r e lo s a n a r q u i s t a s p r o o r g a n i ­
z a c ió n , d e t o d o s lo s g r u p o s , l a t e n d e n c i a a a c t u a r i n t e n s a m e n t e
e n lo s s i n d i c a t o s o b r e r o s , s o b r e e l t r a s f o n d o d e u n a i n c l i n a c i ó n c r e ­
c i e n t e e n e se s e n t i d o e n l a m a y o r í a d e lo s c í r c u lo s a n a r q u i s t a s d e l
m u n d o . U n n ú m e ro n o ta b le d e a rtíc u lo s e n c a ró el te m a e n L a
P r o t e s t a H u m a n a , L ’A v v e n i r e y E l O b r e r o ,110 E n t r e lo s m u c h o s
a r t í c u l o s q u e s e p u b l i c a r o n e n L a P r o t e s ta H u m a n a s o b r e s a l i e r o n
d o s , p o r lo s a r g u m e n t o s n u e v o s q u e o f r e c í a n . E l p r i m e r o , e l 2 d e
f e b re r o d e 1901, f ir m a d o p o r L ib e r to : “ A s o c ia c ió n , h u e lg a s , r e f o r ­
m a s . ” E l a u t o r n o s ó lo a p o y a c l a r a e i n e q u í v o c a m e n t e l a o r g a n i ­
z a c ió n o b r e r a , s i n o q u e t a m b i é n a ñ a d e : “ T o d a s la s r e f o r m a s q u e
p u e d a c o n s e g u i r e l p r o l e t a r i a d o , y n o p o r l o q u e e lla s e n sí v a le n ,
sin o

por

la s s i g u i e n t e s r a z o n e s :

ganando

t r a b a ja d o r e s a s p ir a n a c o n s e g u ir m a y o r e s .. .

pequeñas

v ic to ria s ,

lo s

P r a c tic a n d o la u n ió n

y l a s o l i d a r i d a d , lo s t r a b a j a d o r e s se d a n c u e n t a d e l a i n m e n s a f u e r ­
z a q u e p o s e e n . L a s r e f o r m a s , si n o s i r v e n p a r a e m a n c i p a r m a t e r i a l ­
m e n t e a lo s o b r e r o s , e j e r c e n e n c a m b i o u n a i n f l u e n c i a r e g e n e r a d o r a
e n la m e n t a l i d a d d e l p r o l e t a r i a d o . ”
D e a q u í , u n p a s o c l a r o y ló g ic o p a r a a p r o b a r la s h u e l g a s p a r c i a ­
le s : “ L a s h u e l g a s h a b i t ú a n a lo s t r a b a j a d o r e s a l u c h a r c o n s u s p r o ­
p i a s f u e rz a s , s i n e s p e r a r n a d a
e x p lo ta c ió n c a p ita lis ta .”

de

e le m e n to s

e x tra ñ o s ,

c o n tra

la

A t o d o s e so s a r g u m e n t o s , e l a u t o r a ñ a d e : “ H a y o t r o r a z o n a m i e n ­
t o m u y s u p e r i o r a ú n a t o d o s é s to s , p o r e l c u a l lo s a n a r q u i s t a s d e ­
b e m o s s e r p a r t i d a r i o s d e la s l u c h a s y d e la s a s o c ia c i o n e s d e t r a b a ­
j a d o r e s .. . L a a s o c ia c ió n o b r e r a d e h o y (n o s r e fe r im o s a la q u e h a
108 “ M ovim iento social”, La Protesta H u m a n a , 16 de septiem bre de 1900.
109 "M ovim iento social”, La Protesta H u m a n a , 17 de noviem bre de 1900.
110 “ G li an arch ice e i sin d icati”, L ’A vvenire, 2 de febrero de 1901; R . Mella,
"E xperiencia decisiva”, E l Obrero, 21 de ju lio de 1901; " In g la te rra ”, L a Pro­
testa H um ana, 20 de ju lio de 1901; "E sp a ñ a ”, La Protesta H u m a n a , 24 de n o ­
viem bre de 1901.

c o m p re n d id o

su v e r d a d e r o

f i n ) , es, p u e s , a l g o

así c o m o e l e sb o ­

z a d o m o d e l o d e lo q u e s e r á l a s o c i e d a d c o m u n i s t a a n á r q u i c a d e l
m a ñ a n a .”
L a s c o n c l u s i o n e s a e x t r a e r , p o r l o t a n t o , s o n i n e q u í v o c a s : ‘‘L o s
a n a r q u i s t a s d e b e m o s s e r p a r t i d a r i o s d e l a o r g a n i z a c i ó n d e lo s t r a ­
b a ja d o re s , p a r ti c i p a r e n su s lu c h a s , e s ta r a la c a b e z a d e su s m o v i­
m ie n to s .. . ”
P o c o d e s p u é s d e p u b l i c a r s e e s te a r t í c u l o , a p a r e c i ó e n L a P r o t e s ta
H u m a n a u n c o m e n t a r i o i n t e r e s a n t e , e s p e c ie d e e x a m e n d e c o n c i e n ­
c ia , s o b r e lo s e r r o r e s c o m e t i d o s p o r lo s a n a r q u i s t a s e n B u e n o s A ire s .
E l a u t o r P . G u a g lia n o n e , q u i e n h a b ía s id o m u y a c tiv o e n la p r o ­
p a g a n d a a n a r q u i s t a e n l a A r g e n t i n a d u r a n t e lo s ú l t i m o s a ñ o s , se
v o lc ó a la a c tiv id a d e n M o n te v id e o , y d e s d e a llí e n v ió su a r tíc u lo ,
d o n d e c r itic a “ el e s ta d o d e e s ta n c a m ie n to e n q u e se h a ll a la p r o ­
p a g a n d a ” . E l l o se d e b e , a s u p a r e c e r , a l d e s p e ñ a m i e n t o q u e se
i n i c i ó v a r i o s a ñ o s a n te s , y c u y o s c u l p a b l e s p r i n c i p a l e s e r a n lo s e le ­
m e n t o s a n a r q u i s t a s “ c h a r l a t a n e s y m i c r o c é f a l o s ” , q u e s e m b r a r o n la
c o n f u s i ó n y e l d e s c o n c i e r t o e n la s f i la s a n a r q u i s t a s c o n u n a d e s a t i ­
n a d a t e o r í a s o b r e “ la s o c i o lo g í a s i n g u l a r ” y u n i n d i v i d u a l i s m o
f i lo s ó f ic o - n i e t z s c h e a n o , s i n h a b e r v i s t o e n s u v i d a l a t a p a d e u n
l ib r o d e N ie tz s c h e .. . “E s te e le m e n to d is o lv e n te fu e e l q u e im p id ió
u n a l u c h a q u e t e n d í a a r e v e s t i r g r a n d e s p r o p o r c i o n e s . E ll o s se d e ­
c l a r a r o n e n e m i g o s d e l a o r g a n i z a c i ó n , e llo s p r e d i c a r o n c o n t r a la s
f e d e r a c i o n e s — e n la s c u a l e s t a m p o c o n o s o t r o s c r e i m o s a y e r , c u a n d o
e ll o s n o s la s p i n t a r o n

com o

fo c o s d e a u t o r i t a r i s m o . . . —

y e llo s

im p id ie r o n p o d e r re a liz a r u n a o b r a p rá c tic a d e lu c h a o b re ra . E n
e f e c to , l a m a y o r í a d e lo s a s í l l a m a d o s a n a r q u i s t a s , c r e y e r o n q u e e n
la s s o c ie d a d e s g re m ia le s n o d e b ía n e n t r a r s in o p a r a d is o lv e rla s , y
q u e lo s a n a r q u i s t a s n o d e b í a n f u n d a r a s o c ia c i o n e s g r e m i a l e s . . . E s
a a lg u n o s a n a r q u is ta s a q u ie n e s e n

p a r t e se d e b e c u l p a r q u e e n

l a A r g e n t i n a n o e x is te h o y u n a f e d e r a c i ó n o b r e r a . ”
E l a u t o r c e n s u r a t a m b i é n lo s e r r o r e s e n l a a c t i v i d a d a n a r q u i s t a
p r o p i a m e n t e d i c h a : “ H o y e n B u e n o s A ir e s , n o h a y u n b u e n lo c a l
d e c o n f e r e n c i a s : ¡ E n B u e n o s A ir e s , d o n d e h a y m il e s y m il e s q u e se
l l a m a n a n a r q u i s t a s ! ” Y f i n a l i z a c o n u n a e x h o r t a c i ó n p a t é t i c a a lo s
c o m p a ñ e r o s a n a r q u is ta s d e B u e n o s A ire s : “ ¡ H a y q u e c o m e n z a r d e
n u e v o !” 111
L a r e d a c c i ó n d e L a P r o t e s ta H u m a n a a ñ a d e a l a r t í c u l o u n a a c o ­
t a c i ó n , e n la q u e a c e p t a l a a c e r b a c r í t i c a , p e r o o b j e t a e l l l a m a d o
a e m p e z a r d e n u e v o , p u e s : “ l a o b r a e s tá y a c o m e n z a d a y b i e n e n ­
c a u z a d a ” . E n e f e c to , lo s d e f e c to s p r i n c i p a l e s q u e s e ñ a l a r a e l a u t o r ,
111 P. G uaglianone, “ La p ro p a g an d a a n arq u ista en la A rg e n tin a ”, en La
Protesta H u m a n a , 9 de m arzo de 1901.

ya estaban por ese entonces en proceso de enm ienda. Varios días
después de publicado el artículo, se supo de la fundación del Círcu­
lo Internacional de Estudios Sociales, una de cuyas metas prim or­
diales era: “poseer un local que sirva para facilitar a los trabaja­
dores y sus hijos la educación. . . y d ar el mayor im pulso a la pro­
paganda de las ideas libertarias”.112
Pero, lo más im portante en esos días, fue el progreso de la inte­
gración anarquista en la actividad de los sindicatos obreros, al to­
m ar parte intensa en los preparativos del congreso general de los
sindicatos obreros de la Argentina, convocado para el mes de mayo,
y en cuyo orden del día figuraba el punto relativo a la creación de
la federación obrera (véase más arriba).
Antes de abocarnos al congreso de sindicatos obreros, pasaremos
revista, sucintam ente, al desarrollo de las relaciones entre anar­
quistas y socialistas en esa época, que posibilitó la cooperación
entre esas corrientes rivales en los preparativos y la celebración del
congreso.

R E L A C IO N E S E N T R E A N A R Q U IS T A S Y

S O C IA L IS T A S

De 1899 a 1901 las relaciones entre socialistas y anarquistas eran
más complejas que en el pasado: aparte de las rivalidades y las
discrepancias, se dieron tam bién algunos casos de aproxim ación.
Por u n lado proseguían las discusiones acerbas en la prensa, y en
los periódicos de ambas corrientes se publicaban artículos de po­
lémica acérrim a;113 tam bién tenían lugar asambleas de discrepan­
cia airada, griterías y a veces inclusive riñas. A comienzos de 1900
se supo de un incidente grave, en una asamblea socialista, donde se
vio enredado F. Basterra. H abía querido discutir con los oradores
que proferían insultos, a su entender, contra los anarquistas, subió
al escenario pero fue obligado a descender por la fuerza; a raíz
de ello se desató una riña, que finalizó con la intervención poli­
cial.114 F. Basterra se refirió al incidente en u n extenso artículo,
112 "C írculo In tern a cio n a l de E studios Sociales”, La P rotesta H u m a n a , 20 de
a b ril de 1901.
113 "Los socialistas a u to rita rio s”, La P rotesta H u m a n a , 29 de o ctu b re de
1899; F. B asterra, “Las reform as leg alitarias”, ibid., 26 de noviem bre de 1899;
F. B asterra, "D iscutam os, pues”, ibid., 10 de diciem bre d e 1899; "Se necesitan
a n arq u istas”, L a V anguardia, 10 de ju n io d e 1899; “A la v a n g u ard ia ”, La
Protesta H u m a n a , 7 de enero de 1900.
114 “ M ovim iento o b re ro ”, La Prensa, 19 de febrero de 1900; “Sin m otivo",
La Protesta H u m a n a , 4 de m arzo de 1900; “E l m eeting socialista”, E l R ebelde,
25 de febrero de 1900.

que publicó La Protesta H um ana, y m enciona el enojo que le causó
el orador, al decir: “Los propagadores de la violencia son los peo­
res enemigos de la clase trabajadora.”
Pese a las palabras polémicas del artículo, asoman em pero tonos
de desilusión por el despeñam iento de las perspectivas de aproxi­
m ación que se vislum braban en el pasado, sobre todo en la posi­
ción de J. Ingenieros, considerado en cierto sentido un proanar­
quista.115 F. Basterra amonesta severamente a los socialistas
que
polem izan con los anarquistas, sin molestarse siquiera de leer lo
que escriben: “De todos los que nos critican, censuran e injurian
no se saca m edia docena que conozcan la cuarta parte de nuestras
obras y de nuestros periódicos doctrinarios. En las discusiones prin­
cipian m irándonos como a locos o delincuentes, y concluyen reco­
nociéndonos una inteligencia superior y unos ideales justos y be­
llos, demasiado justos, demasiado bellos.. . ” 116
C abe subrayar que las diferencias y contradicciones entre anar­
quistas y socialistas en esa época, no se circunscribieron al dom inio
teórico abstracto, sino que se proyectaron en enfoques concretos
para caracterizar las metas de las huelgas, que empezaron a ser un
fenómeno abundante.117 Los socialistas procuraban lim itar los pa­
ros a la lucha legal por reformas; los anarquistas adictos a los
círculos de E l Rebelde, en cambio, reclam aban que “las huelgas
deben ganarse por todos los medios”, inclusive por la violencia más
extrem a.118
Cabe recordar, empero, que los círculos de El R ebelde consti­
tuían sólo una parte del sector anarquista, una parte que en esos
días gravitaba poco. En cuanto a la m ayoría del anarquism o —los
círculos proorganización—, seguía velando por una term inología
“revolucionaria”, de u n lado, aunque del otro se m ostraba pro­
pensa a la contemporización, a las huelgas parciales, a las reformas
pequeñas. Esta doblez se reflejaba bien en la polémica acérrima
entre P. G uaglianone y José Ingenieros en vísperas de celebrarse el
115 “ A narquism o, socialism o e in te lec tu a lid a d científica", La Protesta H u ­
m ana, 18 d e m arzo de 1900.
116 F. B asterra, "Dos p a la b ra s”, prólogo al folleto de J. G rave, Socialismo y
anarquism o, E dición B iblioteca " El obrero p a n a d e ro ”, Buenos Aires, 1900.
117 ‘‘T ra s la ley de conversión de 1899, las huelgas se m u ltip lic an y se ex­
tien den p o r la R epública. ¿Pero, cuál es la fin alid ad de la huelga? Los socia­
listas la q u ieren como m étodo p rim e ro —y p rim a rio — p a ra la form ulación
del reclam o inm ed iato y su conquista posible. Los anarquistas, como el m é­
todo de transformación del régim en s o c ia l.. . D istintas y contrarias las concep­
ciones socialistas y las an arq u istas acerca del m étodo de la h u e lg a .” D. Cúneo,
Juan B . Justo, op. cit., p. 258.
118 "Las h uelgas”, E l R eb eld e, 22 de a b ril de 1900.

congreso de la Federación en 1901. Inició la discusión P. Guaglia­
none, con un artículo en La Protesta H um ana, enviado desde
M ontevideo,119 con una crítica a las posiciones teóricas reformistas
“bernsteinianas” que predicaba J. Ingenieros, el socialista concep­
tuado en el pasado como proanarquista.
Guaglianone, dirigiéndose a Ingenieros, censura su vuelco, pero
recalca que no debe extrañar, “pues tú nunca fuiste revolucionario,
ni cuando publicabas La M ontaña, con la cual, junto con Lugo­
nes, hiciste obra de chichoneo revolucionario únicam ente”.
A este ataque, contestó José Ingenieros: “Por más que quieras
seguir cacareando que ustedes son revolucionarios y nosotros archi­
dorm ideras, el hecho es que los inteligentes de tus filas se vuelven
poco a poco, y sin darse cuenta de ello, reformistas, nada más que
reformistas por ahora, lo mismo que nosotros... No me dirás que
las sociedades de resistencia que organizas en M ontevideo, tienen
p or objeto convertirse en batallones el día de la revolución so­
cial. . . Lo único que harás, será alguna huelguita para m ejorar las
condiciones de tra b a jo ... Aquí suelo ver a m enudo a Gori, que
está en el mismo orden de id e a s ... Ustedes se siguen llam ando
anarquistas pero, en realidad, han dejado de ser lo que eran an­
tes... En otras palabras el anarquism o de los pocos anarquistas
inteligentes y estudiosos ha evolucionado, de la misma m anera que
el socialismo... Espero encontrarte algún día en el camino a Da­
masco.” 120
Estas palabras de J. Ingenieros no carecían de asidero. En 1900
y 1901, los anarquistas y los socialistas actuaban paralelam ente en
los sindicatos obreros, lo que se debía en prim er térm ino a los en­
foques que se consolidaron en el sector anarquista “proorganiza­
ción” (al que nos referimos am pliam ente) y tam bién en el sector
socialista, donde se fortalecieron tendencias de protesta social y
de lucha obrera más enérgica; las manifestaciones de disgusto por
los apremios sociales en la A rgentina, se hicieron cada vez más
análogas.121 Las grandes huelgas de esos años hicieron que los anar­
119 "A propósito de u n a declaración b e rn stein ian a ", La Protesta H u m a n a ,
20 de a b ril de 1901.
120 D. Cúneo, Juan B. Justo, op. cit., p. 245.
121 P o r ejem plo, en el artículo "L a m iseria en Buenos A ires", p ublicado por
el A B C d el Socialismo núm . 46, 18 de noviem bre de 1900, que describe con to ­
nos fuertes los aprietos de las clases pobres en Buenos Aires, encontram os el
siguiente párrafo: “Nosotros no nos felicitam os del avance de la m iseria, desea­
ríam os q u e n ad ie sufriera privaciones, pero eso sucederá el d ía en q u e el p u e ­
blo no m endigue u n a lim osna que siem pre es h u m illa n te , sino cuando conquiste
su lib e rtad económ ica: cuando, dueño de las m áq u in as y de las tierras, trab aje
p a ra el b ienestar social.”

quistas y los socialistas cooperaran en la lucha contra los em plea­
dores, aunque en m edio de objeciones m utuas y de rivalidad.
A narquistas y socialistas rivalizaban ahora por la influencia sobre
círculos análogos; sus fuerzas eran bastante parejas. En esa realidad
asom aron revelaciones contradictorias, cuando cada bando se esme­
raba por exhibir su poderío; de ahí la organización de dem ostra­
ciones separadas el 1 de mayo de 1901.122 Por otra parte, empero,
se celebraron asambleas de protesta y manifestaciones conjuntas:
la cam paña anticlerical (véase arriba), la antim ilitarista, contra la
desocupación, contra la política social del gobierno (véase arriba).
Sobre este trasfondo se hizo factible tam bién una aproxim ación
en u n intento conjunto de crear una federación general de los
trabajadores.

EL PRIMER CONGRESO DE L A FOA

El 25 de mayo de 1901, en el salón de la “Sociedad L igure”, calle
Suárez 776, Buenos Aires (Boca), tuvo lugar la inauguración del
Congreso O brero Gremial, con la asistencia de unos 50 delegados,
en representación de 27 sociedades obreras de la capital y del
interior.123 E ntre los delegados figuraban m ilitantes de diferentes
122 L a Protesta H u m a n a , 5 d e m ayo de 1901.
123 T rascribim os seguidam ente el detalle de la lista de los sindicatos y sus
rep resentantes en el Congreso:
De la capital: 1) Sociedad d e A lbañiles, V ictor C olom bo y P a b lo Franz;
2) A rtes Gráficas, Luis M agrassi y T o rre n s Ros; 3) C onstructores de C arruajes
y Carros, Pedro P o n ti y Francisco Cruces; 4) E banistas (central), R a m ó n V idal y
C ristóbal M ontale; 5) E banistas (oeste), Nicolás M oglia y E d u ard o Peuche;
6) H ojalateros, D om ingo Larrossi; 7) Mecánicos y Anexos, Francisco C úneo y
D ante G arfagnini; 8) M im breros, A ngel F e rraro ti y José C avalieri; 9) M arm o­
leros, Pedro B arsanti y Ja im e B arba; 10) Panaderos, Anselm o B anet y F ra n ­
cisco B erri: 11) Picapedreros, T im o teo D i T u lio y A. Gosdia; 12) Yeseros, L ean­
dro Cánepa; 13) Z apateros, José Rizzo y Pedro López de la Osa; 14) T a la b a r­
teros, E rnesto N egri y J u a n O ldani; 15) Veleros, A lfom breros y Anexos, C. San
C lem ente y José Real.
D el in te rio r: 16) A lbañiles de L a P la ta , J u a n Mosca y A gustín Bernasconi;
17) A lbañiles de Q uilm es, Alfonso Lozza; 18) A lbañiles de Rosario, P ed ro G u ­
d ier y R . B arbarosa; 19) A lbañiles de Pergam ino, F. Reyles y C. G rivioti;
20) A lbañiles de Banfield, B au tista R iela y José Costa; 21) Descargadores de
San Nicolás, A d rián P atro n i; 22) P anaderos de Chivilcoy, José Basalo y H éctor
M attei; 24) P anaderos de L a P la ta , José Boeris y José Pesce; 25) F e rro ca rri­
leros de R osario, G. In g lán L afarga y P. Gori; 26) T rab a ja d o re s en M adera de
R osario, Leoncio Baje; 27) O breros d e l P u e rto de L a P lata, N . B eribio y
N. Pobues.
V éanse a l respecto “ El Congreso O b re ro ”, en La Organización Obrera núm . 6,

corrientes ideológicas y políticas. Sobresalieron por su filiación y
m ilitancia ácrata: Pedro Gori, G. Inglán Lafarga, H éctor Mattei,
A drián T ro itiñ o, Luis Magrassi, T orrens Ros y José Basalo; por su
filiación socialista: A drián Patroni, Francisco Cúneo, Pedro Bar­
santi, Pedro Ponti y Francisco Cruces. H ubo tam bién delegados de
distintas condiciones sociales a la de sus representados. Por ejem­
plo Pedro Gori, poeta y abogado, por los ferroviarios de Rosario;
H éctor M attei, de profesión tenedor de libros, por los panaderos
de La Plata.
El congreso se celebró los días 25 y 26 de mayo, y el 2 de junio.
El resultado de sus trabajos lo detallam os a continuación:
Primera sesión: Se exam inaron los m andatos de los delegados, se
form uló el reglam ento de discusión, estableciéndose que se votaría
p or delegados y no por secciones (ello posibilitó a delegados de
asociaciones que tenían enfoques ideológicos distintos, votar por
separado en casos de divergencias). Juntam ente se nom bró una
comisión para resum ir el orden del día, que fue preparado ante­
riorm ente. Se hizo un gran esfuerzo por reducir el orden del día
propuesto, que contaba con 32 puntos.124
ju n io de 1901 y “Congreso N acional G re m ia l”, en E l Obrero núm . 40, 8 de j u ­
nio de 1901.
Según M ax N e ttla u (m anuscrito, cap. xv, p. 28), en el archivo de la IISG,
A m sterdam , fu ncionaban en esa época e n B uenos Aires 22 sindicatos obreros,
9 en R osario, 2 en La P la ta y en C órdoba; en otras 9 ciudades, federaciones
obreras locales, asi como sindicatos de albañiles y panaderos lugareños en d i­
versas ciudades del interior.
Se deduce que el congreso no representó a todos los sindicatos, sino a la
m ayoría de los sindicatos obreros que fu n c io n a b an en ese entonces en la A r­
gentina.
124El ord en del d ía fue p re p ara d o p o r u n a com isión n o m b rad a en la sesión
p re p a ra to ria d el 2 de m arzo de 1901 y e n base a las proposiciones de los
sindicatos q u e p a rticip a ría n . T rascrib im o s el o rd e n d el d ía del congreso, tal
como se p u b licó en La Protesta H u m a n a del 11 d e m ayo de 1901:
1.
2.
3.
4.

A p e rtu ra d el Congreso;
Com isión de poderes;
Elección de la mesa;
R eglam ento de discusión.

Proposiciones:
5. F ederación obrera: proposición de los delegados;
6. O rganización grem ial: proposición de las sociedades: Z apateros (capital),
P anaderos (La P la ta y Chivilcoy);
7. ¿C uál es el m ejor m étodo de p ro p a g an d a p a ra o b ten e r b u en resultado
en la organización obrera?;

Segunda sesión: Antes de pararse a tratar el prim er tem a (todo
referente a la Federación Obrera), el presidente de la Sesión, T .
Ros, dio lectura a la siguiente declaración de principios, propuesta
po r Artes Gráficas (dos de sus delegados eran anarquistas):
C o n s id e ra n d o q u e el c o n g reso o b r e ro r e u n id o e n este lo ca l se c o m p o n e
d e so c ie d a d e s d e re siste n c ia , o p o r m e jo r d e c ir, d e c o le c tiv id a d e s o b re ra s
8. Form ación de u n com ité de organización obrera: Asociación d e Artes
G ráficas (capital):
9. O rganización de los trabajadores del cam po: O breros Mecánicos y anexos
(capital);
10. Jo rn a d a de 8 horas: O breros de la M adera (Rosario, Santa Fe), Zapateros,
H ojalateros, Gasistas y anexos (capital);
11. R educción de horas de trabajo: O breros M ecánicos y anexos (capital),
P anaderos de La P lata;
12. A bolición del trabajo a destajo: O breros Mecánicos y anexos, H o ja la te ­
ros, Zapateros, del M im bre (capital) y O breros de la M adera (Rosario);
13. A bolición del trab ajo p a ra
m enores de 13 años en lostalleres in d u stria ­
les: O breros de la M adera (Rosario);
14. A bolición del trab ajo nocturno: O breros Panaderos (La P la ta , San N i­
colás, Chivilcoy);
15. R eglam entación de la higiene en los talleres y fábricas: O breros Mecá­
nicos y anexos, H ojalateros, Gasistas y anexos, del M im bre (capital);
16. A rb itraje en las divergencias e n tre obreros y patrones: proposición de
Z apateros (capital);
17. Instru cción de P atrocinio: O breros M ecánicos y anexos (capital);
18. Legislación sobre el trab ajo : O breros Mecánicos y anexos, H ojalateros,
Gasistas y anexos (capital);
19. A ccidentes de trabajo: proposición de la Asociación de A rtes Gráficas
(capital);
20. A um ento de salarios: O breros de la M adera (Rosario), H ojalateros (capital);
21. Descanso dom inical: O breros Panaderos (capital, La Plata);
22. ¿Q ué a ctitu d debe asu m ir la Federación en Caso de H uelga?: Obreros
Mecánicos y anexos (capital);
23. Boicot y huelga: O breros Mecánicos y anexos (capital);
24. H uelga general: O breros panaderos, albañiles (capital), panaderos (La
Plata);
25. T ru c k system (suspensión de vales a los obreros): O breros M ecánicos y
anexos (capital);
26. C ooperativas obreras: O breros T alab a rtero s, Mecánicos y anexos, A lbañi­
les (capital);
27. Socorro M utuo: O breros A lbañiles (capital);
28. Bolsa de T ra b a jo : O breros M ecánicos y anexos, Zapateros (capital);
29. ¿Es necesaria la personería jurídica? O breros M ecánicos y anexos (ca­
pital);
30. L a Organización, órgano de la Federación: O breros Mecánicos y anexos
(capital);
31. C onm em oración del 1 de m ayo: O breros M ecánicos y anexos (capital);
32. A suntos varios.

organizadas para la lucha económica del presente; * y teniendo en cuen­
ta que en el seno de estas colectividades caben todas las tendencias polí­
ticas y sociales (según el texto del periódico L a O r g a n iz a c ió n : “Caben
perfectamente cuantas tendencias político-sociales haya”) , el congreso de­
clara; Q u e n o tie n e c o m p ro m is o s d e n in g u n a clase c o n el P a r tid o Socia­
lis ta n i c o n e l A n a r q u is ta , ni con partido político alguno, y que su orga­
nización, desarrollo y esfera de acción es completamente independiente
y autónoma. Por lo tanto, la organización que este congreso acuerde es
pura y exclusivamente de lucha y resistencia.125
Esta declaración fue aprobada por unanim idad y aclamada por
la num erosa barra que concurrió al congreso. La declaración, que
expresa una tendencia a la contem porización entre las diversas
corrientes ideológicas, creó una atmósfera cómoda desde los comien­
zos del congreso y puso cimientos im portantes para su éxito.126
La comisión encargada de inform ar sobre el prim er tema presen­
tó su dictam en, aconsejando la formación de la Federación Obrera
según las bases propuestas por la Asociación de las Artes Gráficas.
Inform ó F. Cúneo (socialista de Mecánicos y Anexos), dem ostrando
la im prescindible necesidad de la formación de la federación, y las
ventajas que traerá al proletariado, ejem plificando con lo que acon­
tecía en otros países. Se entabla u n debate anim ado y expectante.
A. P atroni (socialista, Descargadores de San Nicolás)y D.
Garfag­
n in i (anarquista, Mecánicos y Anexos) aprueban las palabras de
Cúneo. Los delegados de los ebanistas de la capital, sección oeste
*
Al com parar diversos textos de esta resolución, com probé q u e hay d ife­
rencias en tre el que se pub licó en el periódico La Organización y en L a P ro­
testa H u m a n a , que se trascribe a rrib a . E n el p rim ero el texto insertado dice:
“ la lucha económ ica p a ra el p r e s e n t e ...”
125 “Congreso O brero G rem ial”, L a Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901;
"C ongreso O brero G rem ial”, E l O brero, 8 de ju n io de 1901; “El Congreso O bre­
r o ”, L a Organización, ju n io de 1901.
Cabe señ alar que los textos de L a Organización y E l Obrero son idénticos,
p ero difieren del texto de La Protesta H um ana.
El texto copiado p o r S. M arotta, es igual al de esos dos textos (véase p. 108).
E l texto copiado p o r D. A bad de S antillán, L a F O R A , p. 68, coincide con el de
La Protesta H um ana.
A las diferencias en los textos nos referim os en el escrito. Son leves y no se
las p u e d e asignar u n significado trascendente.
126 La declaración fue redactada y p resen tad a p o r representantes anarquistas
(T . Ros y L. M agrassi) del Sindicato de A rtes G ráficas. De esto se deduce
q u e la afirm ación del h isto ria d o r J. O ddone (en su libro G rem ialism o prole­
tario) en el sentido de que los an arq u istas vin iero n a im p o n er en el nuevo
organism o sus principios, y que "el congreso pud o , debido a l e sp íritu de tra n ­
sacción que a nim aba a los delegados socialistas, em peñados en llevar a buen
térm in o la obra in iciad a” (p. 83) no tiene m ucho asidero. La anuencia a la
contem porización se puso de relieve en las dos partes.

(socialistas) combaten la federación, apoyándose en el escaso n ú ­
m ero de obreros asociados y dicen que en vez de la federación debe
formarse u n comité de organización obrera. G. Inglán (anarquista,
director de La Protesta H um ana, Ferrocarrileros de Rosario) de­
m uestra la necesidad de la federación, bajo cuyos auspicios fun­
cionará el comité de organización. T erm inada la discusión se vota
la propuesta, siendo aprobada por 23 votos contra 3. La federación
toma el nom bre de Federación O brera Argentina. Éste es u n nuevo
ejem plo del espíritu que anim aba los debates, donde los bandos
se dividieron no según la pertenencia a las corrientes ideológicas.
Al respecto deseo señalar el apoyo pleno a la creación de la fede­
ración, form ulado por los voceros influyentes del anarquism o, y
las diferencias de opinión entre los delegados socialistas.
Tercera sesión: Se discuten las cláusulas que fijan cómo será
adm inistrada y dirigida la federación. Hay dos propuestas para la
forma en que debe regirse: una de Artes Gráficas, que expone que
se rija por un comité federal, form ado por u n delegado de cada
sección federada, y un comité ejecutivo, nom brado por el congreso.
Esta proposición es apoyada por Cúneo, Cruces (socialistas), F. Ci­
m inaghi (anarquista) y otros. La otra consistiría en la formación
de un comité de relaciones, que serviría de interm ediario entre las
relaciones de las secciones federadas. Ros, Inglán y M attei (anar­
quistas) lo defienden. Por la prim era, el comité federal resuelve
las cuestiones de la federación, por la segunda, las resuelven las
secciones y el comité se encarga de ejecutarlas. Se suscita u n largo
debate; finalm ente, de las dos mociones se hace una, que es apro­
bada por unanim idad: “Para la m archa regular de la federación
se acuerda nom brar un comité federal compuesto por u n dele­
gado de cada sección federada, y u n comité adm inistrativo nom bra­
do en el seno del congreso.”
T am poco en este caso las diferencias de opinión se dividieron
según la pertenencia a corrientes ideológicas; pero ahora sobresa­
lieron divergencias en el bando anarquista (Ciminaghi, contra
otros).
Cuarta sesión: (Preside Cúneo.) Se acuerda que la federación ten­
d rá un periódico de propaganda, que se in titu lará La Organiza­
ción Obrera, en remplazo del actual La Organización, que dejará
de aparecer cuando comience a publicarse aquél. Se acuerda la fun­
dación de la bolsa de trabajo, de la que se encargará cuanto antes
el comité federal. El congreso hace votos para que desaparezca el
sistema de explotación conocido por “T ruck system” (sistema de
vales a los obreros). Se pronuncia a favor de la reducción de la
jornada de trabajo, de la igualdad de sueldos para obreros de am­

bos sexos, etc. Luego se entra a tra ta r el tema: arbitraje. Inglán
—relator— inform a en contra, y aconseja al congreso a p ronun­
ciarse desfavorablemente. Se abre el debate: De la Osa (Zapateros,
cercano a los anarquistas) se pronuncia a favor; C im inaghi (Pa­
naderos de San Nicolás, anarquista) en contra. Se entabla una
calurosa discusión. Barsanti, G arfagnini (anarquistas), Cúneo (so­
cialista) y otros, hablan en favor. F. Berri (anarquista), Boeris,
Bernasconi y otros, en contra. P. Gori consume el últim o turno y
se pronuncia a favor, presentando la siguiente moción:
La F ed eración O brera A rgen tin a, afirm a n d o la n ecesid ad d e esperar
so la m e n te de los obreros la co n q u ista in teg ra l de lo s derechos d e los
trabajadores, se reserva en algu n os casos resolver los c o n flicto s econ óm icos
e n tr e el cap ital y el trabajo por m e d io d el ju ic io arbitral, acep ta n d o sólo
p o r árbitro a a q u ellas personas q u e p r e se n ten serias garantías d e respeto
p o r los intereses d e los trabajadores.

La votación de esta moción se hizo con gran escrupulosidad, y
su resultado fue de 21 votos en pro, 17 en contra, 4 abstenciones.
Fue uno de los debates más interesantes y acalorados en el con­
greso. Su repercusión se prolongó m ucho tiem po después en el sec­
tor anarquista. La moción contem porizadora que se aprobó —y que
preparó el anarquista P. Gori— desagradó a la m ayoría de los
anarquistas participantes y provocó bataholas (volveremos al tema
más adelante).
Q uinta sesión: Se discute el asunto “Institución del Patrocinio”;
inform a D. G arfagnini (anarquista, Mecánicos), diciendo que el
patrocinio es una institución que defiende los derechos de los tra­
bajadores y que esa defensa puede hacerse extensiva a que las
leyes le sean favorables, teniendo los obreros el derecho de llevar
a juicio sus patrones sin pago de gastos. Los compañeros Bernas­
coni (socialista, Albañiles de La Plata) e Inglán (anarquista) se
oponen; Ros (anarquista, Artes Gráficas) declara que lo cree inútil,
pues piensa que hay abogados amigos que defienden gratis a los
trabajadores. Se vota y es aprobado.
A nim ado debate suscita el tem a sobre legislación del trabajo, otra
cuestión de batalla. Inglán inform a sobre este punto y aconseja al
congreso que se pronuncie en contra, pues dice que todo lo que
no consiguen los trabajadores por su conciencia y su organiza­
ción, no se lo dará la ley. Luego tuvo lugar u n entusiasta debate
entre los delegados que creen en las ventajas que acarreará a los
obreros la reglam entación del trabajo (Cúneo, socialista; Garfag­
nini, anarquista) y los que niegan toda eficacia a las leyes que
dictan los gobiernos. P or últim o se aprueba la siguiente moción

de G arfagnini y Barsanti, a la que se adhiere Gori: “El Congreso
declara que es necesario prom over u n a enérgica agitación para ob­
tener de los patronos que sean responsables en los accidentes de
trabajo; la prohibición del trabajo de las mujeres, en lo que pueda
co n stitu ir un peligro para la m aternidad y ataque a la m oral, y la
prohibición del trabajo de los niños menores de 15 años.”
Esta resolución contem porizadora satisfizo a los anarquistas, pues
se suprim ieron todos los elementos relativos a leyes del Estado y
a la lucha política, y en cambio restaba lo principal: “la lucha
directa” entre los obreros y sus empleadores.
Acto seguido se habló extensam ente sobre huelga general, apro­
bándose la siguiente moción: “La Federación O brera Argentina,
reconociendo que la huelga general debe ser la base suprem a de la
lucha económica entre capital y trabajo, afirm a la necesidad de
propagar entre los trabajadores la idea de que la abstención gene­
ral del trabajo es el desafío a la burguesía im perante, cuando
se dem uestre la oportunidad de prom overla con probabilidad de
éxito.”
La resolución —pese a su form ulación moderada, pues habla
de la huelga general no revolucionaria— no satisfacía a los socia­
listas, aunque muchos de ellos la apoyaron en el congreso. En el
sector socialista hubo acaloradas discusiones después del congreso
(como se indica seguidamente). Igualm ente el congreso aprobó por
u n anim idad que debe emplearse como medio de lucha el boicot y
el sabotaje.
En lo que se relaciona con el 1 de mayo, Inglán Lafarga opina
que debe dársele el carácter de protesta y no de fiesta; Ciminaghi
expresa opiniones coincidentes con Inglán Lafarga; P. G ori declara
que poco im porta cómo se llame: manifestación, afirmación, fiesta;
baste que la agitación en ese día sea poderosa para poder reafirm ar
lo declarado por el congreso, que es lo siguiente: “La f o a proclama
la abstención general de los trabajadores en el 1 de mayo, como
alta protesta contra la explotación capitalista y afirmación solemne
de las reivindicaciones del proletariado.”
El congreso tam bién debatió tópicos relativos a la instrucción y
educación (aunque el tem a no estaba incluido en el orden del día
elaborado por la comisión preparatoria); sin muchas discusiones se
aprobó una resolución. Es llam ativo que los textos de informes
entregados a periódicos distintos, después del congreso, difieran en­
tre ellos. La Protesta H um ana escribe: “Se vota igualm ente la ins­
talación de escuelas libres” (el nom bre difundido de las escuelas
anarquistas); La Organización y El Obrero, en cambio, señalan
que se resolvió crear “escuelas teórico-prácticas” .

Las diferencias de texto son significativas. Se puede suponer que
expresaron interpretaciones diversas sobre las resoluciones. Esas di­
ferencias subsistieron tam bién después del congreso, como lo evi­
dencia la publicación del texto com pleto de las resoluciones en el
vocero de la federación: La Organización Obrera (núm. 1), agosto
de 1901 (su creación se resolvió en el congreso; en su redacción
había u n a tendencia notablem ente anarquista, desde u n comienzo,
como se verá más adelante). E n esa publicación, la resolución
núm . 16 habla de la creación de “escuelas libres”, como apareciera
en La Protesta H um ana.
O tro tema debatido en el congreso, fue "el socorro m utuo”. En
este asunto se aprobó la moción presentada por Cúneo (socialista)
y G arfagnini (anarquista), diciendo que las secciones son autóno­
mas de tener socorro m utuo o no por su cuenta. La federación
aconseja que se excluya de las sociedades de resistencia, pero reco­
m ienda las sociedades obreras creadas con ese fin.
Luego el congreso empezó a discutir el tema de personería ju rí­
dica, pero no se continuó en ello debido a lo avanzado de la hora.
L a prosecución d el congreso se pospuso para el domingo 2 de
jun io de 1901.
El dom ingo 2 de junio de 1901 se inició la sexta sesión del con­
greso, bajo la presidencia de José Basalo, en el local del C entro
Socialista, México 2070, Buenos Aires. Los delegados de los alba­
ñiles piden u na reconsideración de la resolución tom ada por el
congreso, en sesiones anteriores, sobre el socorro m utuo. Por espí­
ritu de tolerancia el congreso accede a discutir el asunto de nuevo.
Finalm ente apruébase una m oción de G arfagnini, que dice: “El
congreso, reconociendo en el socorro m utuo u n m edio ineficaz para
el regular funcionam iento de las asociaciones federadas para la
resistencia, deja a criterio de cada gremio la institución o no del
socorro en su seno.”
Sobre el régimen de personería jurídica, origínase u n prolongado
debate. El congreso se pronuncia, en general, contrario, pero es­
tim a prem atura su discusión y encarga al comité federal la reali­
zación de un detenido estudio de ello.
Séptima sesión: Se tratan varios puntos, entre ellos el trabajo
de la m ujer en las fábricas y talleres cuyas condiciones peligrosas
relata Garfagnini. O tro asunto: u n pedido de los obreros del puer­
to de La Plata trata la actitud a asum ir por las organizaciones
obreras con los traidores en las huelgas. Por m oción de P atroni se
aprueba lo siguiente: “Procurar que en los talleres y en las fábri­
cas los obreros asociados obstaculicen y desprecien a los traidores.”
Cabe señalar que esta resolución — propuesta p o r u n socialista—

tendrá significado práctico bien pronto, en las campañas internas
desatadas entre obreros y rompehuelgas. Los que la lleven a la
práctica, empero, serán sobre todo los anarquistas.
O tro asunto: C aja de socorros para auxiliar a las víctimas de los
movimientos obreros. Inglán, C im inaghi, T ro itiñ o (anarquistas) y
P atroni (socialista) se pronuncian contra la formación de u n a caja
especial destinada a ese objeto por los abusos a que podía dar
lugar. Cruces (socialista), G arfagnini (anarquista) se declaran favo­
rables. Finalm ente se aprueba una m oción por la cual se declara
que la federación practicará la solidaridad con las víctimas de la
propaganda (es decir, con todos los que sufran consecuencias por
su participación en el movimiento).
O rigina u n extenso debate la contribución de las asociaciones a
la federación y la representación que tendrían ante ellas. Inglán La­
farga estima injusto que las organizaciones pequeñas deban abonar
igual cuota que las grandes; así tam bién que unas y otras tengan la
misma representación, y por esas consideraciones se declara favora­
ble a la representación proporcional. Berri (anarquista), Patroni
(socialista) apoyan; G arfagnini (anarquista) y otros se declaran en
contra. A propuesta de Inglán se vota y aprueba la moción de que
las secciones federadas tendrán u n delegado por cada 300 socios en
el comité federal, no pasando de tres delegados, aunque las secciones
cuenten mayor núm ero que 900 socios. Se resuelve que las cotiza­
ciones sean de cinco centavos por socio y que el m onto total de
la contribución de una organización a la caja federal no sea mayor
de 25 pesos mensuales.
Octava sesión: Se trata n varios asuntos actuales que quedaron
pendientes de las sesiones anteriores. Sobre los estatutos de la fe­
deración se resuelve que el comité federal los confeccionará y pa­
sará a la aprobación de las secciones.
Acto seguido se nom bra el comité adm inistrativo de la federación
por escrutinio secreto. Son elegidos D. G arfagnini (anarquista),
22 votos; Pedro Barsanti (socialista), 21 votos; Francisco Cúneo
(socialista) 19 votos; T orrens Ros (anarquista) 17; Luis Magrassi
(anarquista) 16; F. Cim inaghi (anarquista) 15; F. Berri (anarquis­
ta) 13; José Basalo (en 1902 se definió anarquista) 12; Francisco
Beyles (indefinido) 9; H éctor M attei (anarquista) 8. La elección
deparó una mayoría evidente a los anarquistas y sus adictos en
la comisión adm inistrativa de la f o a . La votación fue secreta y
personal y es u n testim onio fiel de la influencia del anarquism o
activo en los sindicatos obreros, en esta etapa.127
127
Los resultados de la elección d el consejo adm inistrativo, tam b ién desba­
ra ta n los p u n to s de vista de J. O ddone respecto a l congreso y a la posición

Al term inar la sesión, a propuesta de Inglán, se form ula la si­
guiente declaración: “El Congreso O brero Gremial, celebrado en
la República A rgentina, al clausurar sus sesiones, saluda al prole­
tariado universal que lucha por su em ancipación, se solidariza con
sus esfuerzos y hace votos por la redención del género hum ano, por
m edio de la revolución social.”
Algunos delegados consideran inconveniente su parte final. M at­
tei manifiesta que al hablar de revolución social “no se pretende
la revuelta y el m otín, sino que se da a ella el significado filosó­
fico, esto es, de transformación de la actual sociedad en otra más
hum ana y más justa”. Estímase satisfactoria esta explicación, con
lo que luego de aprobada la declaración, clausúrase el Congreso
O brero.128
Pasamos revista con am plitud a los debates del congreso y sus
ten ida p o r los anarquistas. E n su lib ro G rem ialism o proletario dice: "L as reso­
luciones del congreso no satisfacieron los propósitos sectarios de los a n arq u is­
tas, q u e siendo m inoría no p u d iero n im p o n e r to talm en te sus pretensiones”
(p. 83).
Ya S. M arotta, en su lib ro E l m o v im ien to sindical argentino, tom o I, dis­
cute con J. O ddone al respecto y dice: “ N o tiene el a u to r de estas páginas
interés en tom ar la defensa de los anarquistas. C onsidera justiciero, no obs­
tan te, destacar que si h u b o en delegados socialistas ‘e sp íritu de transacción’ el
m ism o existió en algunos anarquistas. N o parece exacta la afirm ación de que
c o nstituían u n a m inoría. T a n to las resoluciones aprobadas, como la com po­
sición del com ité adm inistrativo, con m ayoría an arq u ista, p ro b a ría n lo con­
tra rio ” (p. 121).
E n base a las com probaciones de n uestro estudio sobre los debates del con­
greso, nos inclinam os a acep tar to talm en te la o p in ió n de Sebastián M arotta
en el tem a respectivo.
128 Este estudio sobre los debates d el Congreso O brero y sus resoluciones se
basa en reseñas p ublicadas en diversas fuentes, a saber:
1) “ Congreso O brero G rem ial”, L a Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901;
2) “ Congreso O brero G rem ial”, La Protesta H u m a n a , 8 d e ju n io de 1901;
3) “El Congreso O b re ro ”, La Organización, B uenos Aires, ju n io de 1901
(núm . 6);
4) "C ongreso O brero G rem ial”, E l O brero, Buenos Aires, 8 de ju n io de 1901
(núm . 40);
5) “A cuerdos tom ados en el Congreso O b re ro ”, La Organización Obrera,
Buenos Aires, agosto de 1901 (núm . 1);
6) "P rin cip ales acuerdos, declaraciones y resoluciones de la fora ” (suple­
m ento de La Patagonia A rgentina, folleto e ditado p o r la Federación O bre­
ra L ocal B onaerense, Buenos Aires, 1922).
T a m b ié n se basa en los siguientes libros:
1) S. M arotta, op. cit., tom o I, pp. 106-114;
2) D. A bad de S antillán, L a F O R A , op. cit., p p . 67-75;
3) D. A bad de S antillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 78-80;
4) J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p p . 83-86;
5) M ax N ettlau (m anuscrito), en el IISG, A m sterdam , cap. xv,
pp. 28-29.

resoluciones, a fin de: a] D ar una imagen detallada del fenómeno
singular que fue la gran cooperación entre representantes obreros
socialistas y anarquistas, que se reflejó tanto en los enfoques con­
juntos de la discusión sobre la estrategia a seguir en las luchas
obreras como en la disposición a contem porizar en la formulación
de las resoluciones y las declaraciones; b] P lantear la línea de in ­
fluencia a que llegaron m ilitantes anarquistas en los sindicatos
obreros, que se reflejó en el núm ero de delegados anarquistas, en
su participación anim ada en los debates, en los logros que alcan­
zaron al im prim ir su sello en la form ulación de resoluciones, las
cuales, en su mayoría, se vieron influidas de un m odo notable por
los enfoques anarquistas.
A nuestro criterio, el Congreso O brero Gremial, del 25 de mayo
de 1901, inició un nuevo capítulo en la historia del anarquism o de
la Argentina. La irrupción de los anarquistas en la palestra de la
vida económico-social recibe una m ención adicional, y el anarquis­
m o se convierte, en la A rgentina, en un factor que es imposible
ignorar en el proceso del desarrollo socioeconómico de los años
siguientes.
Exam inam os hasta ahora dos procesos que se forjaron por sepa­
rado, aunque paralelam ente, y por fecundación m utua indirecta.
Uno: el despeñam iento de las relaciones laborales en la Argentina,
a fines del siglo xix y comienzos del xx, y el agravam iento de los
conflictos laborales y las huelgas a m edida que se fortalecía la ten­
dencia entre los obreros a asociarse en sindicatos obreros (socieda­
des de resistencia) en la cam paña contra los empleadores.
El segundo proceso arranca del desarrollo interno en el anarquis­
mo. Destacamos la consolidación de la corriente “proorganización”,
su evolución como tendencia que irrum pe hacia la introm isión
creciente en las luchas de los obreros dentro de los sindicatos obre­
ros. Este proceso —nutrido por cambios ideológicos en la Argen­
tina y fuera del país— se robusteció entre los anarquistas argenti­
nos y logró éxitos notables, sobre todo la posición de hegemonía
del anarquism o en el Congreso de la Federación O brera ( f o a ) . L o s
dos procesos se n u trían en el pasado de factores distintos, que sólo
en parte eran comunes. En 1901 los dos procesos se encontraron y
entrelazaron, uno con otro.

D IS C U S IO N E S E N T R E L O S A N A R Q U IS T A S , A R A ÍZ D E L C O N G R E S O D E L A F O A

Los anarquistas —que participaron en el Congreso Obrero que
puso las bases de la Federación O brera— tenían motivos para sen­
tirse contentos de las deliberaciones y de las resoluciones que, en
su mayoría, se ajustaban a las inclinaciones de su preferencia. Pero
no pensaban lo mismo los círculos anarquistas que no participa­
ron en el congreso y a quienes El R ebelde servía de vocero. En
u n artículo que ese periódico dedicó al congreso, a comienzos de
ju n io ,1 se criticó acerbamente el carácter de los debates y de las
resoluciones, a la vez que se censuró en especial a los anarquistas
que accedieron a tom ar parte. En sus prim eras frases, declara:
“No somos contrarios a ninguna obra que em prendan los anar­
quistas con el laudable propósito de arrancar las masas obreras de
la influencia de los socialistas legalitarios.” Pero la participación
en ese congreso no podría llevar a tal cosa: “ ...P or eso debemos
decir que en el reciente congreso ha resultado desde cualquier
pu n to de vista infructuosa la obra de los anarquistas”.
El autor ignora y niega todas las revelaciones d e cooperación y
de enfoques cercanos entre anarquistas y socialistas en tal congreso,
y lo considera sólo u na tribuna donde com batieron tendencias riva­
les y contendientes, en la que cada u n a luchó con porfía y sin
concesiones por sus propias formulaciones. Por lo tanto consideró
que todo lo que se convino para crear una Federación Obrera, se
desvanecerá en la realidad al tropezar con las divergencias exis­
tentes:
“Las sociedades influidas por los socialistas acatarán y ejecutarán
—obedeciendo a una convicción form ada antes del congreso y no
destruida por éste— las deliberaciones de carácter legalitario: el
arbitraje, la legislación de trabajo y otros, e igualm ente las socie­
dades donde predom ine el elem ento anarquista ejecutarán las deli­
beraciones de índole revolucionaria: la huelga general, el sabotaje,
1
“ El Congreso O b re ro ”, en E l R eb eld e, 9 de ju n io d e 1901. C abe señalar
q u e en 1901 se ad virtió u n a recuperación en los círculos de E l R eb eld e. Pese
al auge de la actividad de los adictos a la organización, sus círculos conser­
van la independencia. La p ru e b a es q u e la circulación de E l R eb eld e aum entó
a 3 000 ejem plares en ese entonces. P o r eso asignam os significado a la crítica
que form u ló el sector rival e n tre los anarquistas.
[174]

e t c . . . ” Por lo tanto: “ . . . l a obra del congreso nos parece inútil
y más que inútil, engañosa”.
Pero la crítica más acérrim a va dirigida contra los anarquistas
que tom aron parte en el congreso, opinando que: “Los anarquis­
tas que h an intervenido en el congreso hubieran hecho obra real
y más práctica reuniéndose aparte de los socialistas y tratando de
acarrear el m ayor núm ero posible de sociedades obreras a su lado.”
De todas las resoluciones del evento, la que se refiere al arbitraje
se hizo acreedora a la crítica más enérgica; pero el periódico no
m enciona que los anarquistas participantes se opusieron y votaron
en contra y lanza sus dardos a P. Gori, el redactor de la resolu­
ción: “ ...a nosotros nos parece que Gori, al defender y apoyar el
arbitraje, no sólo se colocó en terreno v id rio so ... sino que estuvo
muy legalitario [es decir socialista]. Como nosotros, pensarán los
delegados anarquistas que no lo apoyaron..."
En esta últim a oración, por cierto, tuvo razón el autor del
artículo en E l Rebelde: el disgusto en los círculos anarquistas “or­
ganizadores” dom inó no sólo a los adversarios de P. Gori en el
congreso, sino tam bién a muchos otros anarquistas. Incluso un
adicto entusiasta a la idea de la organización, como A. Pellicer
Paraire, consideró oportuno form ular en seguida una severa crítica
desde las páginas de La Protesta H um ana contra la discusión del
tema del arbitraje en el congreso y contra el texto de la resolución
q ue se aprobó.2
P. Gori, al com probar cuán acérrim a era la oposición a su po­
sición al respecto em prendió una cam paña de esclarecimiento en
defensa de sus puntos de vista. U na colaboración detallada y alec­
cionad ora sobre una de las asambleas en esa campaña, se publicó
en La Protesta H um ana con la firm a de G. I. (el director: G. In ­
glán),3 en donde se pueden deducir los argumentos de P. Gori en
defensa de su tesis. Al ligar el tema a su posición en lo referente
a la lucha obrera, dijo P. Gori: “Reconociendo a los trabajadores
el derecho a poseerlo todo, debían lim itarse a ir consiguiendo cada
vez algo más. H asta cierto punto, por eso había defendido él el
arb itraje en el Congreso Obrero, con las consiguientes reservas, y
sólo como recurso propio de emplearse en extremadísimos y deci­
sivos momentos de la lucha proletaria, aun cuando lo rechazaba
2 "¿Q ué es el a rb itraje , de hecho? U n a farsa, e n el m u n d o b u rg u és g uber­
n a m en tal, p roteger y apoyar a l fu erte contra el d é b il ... El a rb itra je oficial en
los asuntos obreros es sim plem ente u n a can allad a.” Pellico, “ El a rb itra je ”, en
L a Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901.
3 G. I., ’‘La conferencia del dom in g o ”, e n La Protesta H u m a n a , 24 d e agosto
d e 1901.

como principio y como m edio de solucionar los conflictos entre el
capital y el trabajo. Expuso que creía peligroso y aun autoritario
que la Federación O brera A rgentina, por la influencia del doctri­
narism o anarquista, hubiera tenido que renunciar a un recurso que
pudiéram os llam ar de últim a hora, y que em pleado con las consi­
guientes precauciones, alguna vez podía evitar a los trabajadores
derrotas catastróficas. Desde este p u n to de vista y considerando que
cuando el arb itraje no pudiera ejercerse de potencia a potencia
entre obreros y patrones, podrían intervenir en la solución del con­
flicto personas hum anitarias y de la com pleta confianza de los tra­
bajadores no ministros, ni personajes o ficiales.. . ”
Después de las palabras de Gori se desató u n a discusión y algu­
nos de sus compañeros (S. Locascio, Tellarico, S. Zeo, Cim inaghi,
Ros) se pronunciaron contra la posición de Gori, pero, en opinión
del au to r del artículo, sus razones no fueron convincentes, pese a
ser ruidosas. M anifiesta: “En general las ideas vertidas por el com­
pañero G ori... satisfacieron a los com pañeros.”
De esta observación de G. I. (G. Inglán) se puede deducir que
P. Gori logró acercar a su posición a los redactores de La Protesta
H um ana y por su interm edio tam bién a otros miembros activos. Su
posición se fortaleció más aún cuando tuvo la oportunidad de pro­
barla en la práctica, durante su arbitraje en el conflicto laboral en
el ferrocarril de Pringles.4

F O R T A L E C IM IE N T O
EN

DE LA

P O S IC I Ó N

A N A R Q U IS T A

L O S S IN D IC A T O S O B R E R O S

Pese a la crítica de E l Rebelde, que suponía perjudicial la p arti­
cipación de los anarquistas en el congreso y en la federación junto
con los socialistas, y pese a las divergencias de opinión internas,
en el sector anarquista —respecto a la resolución del congreso so­
bre el arbitraje— la creación de la federación fue u n aporte posi­
tivo para fortalecer la posición general de los anarquistas. H ubo
m uchas revelaciones en ese sentido. U na fue la circunstancia de
que la mayor parte de los cargos im portantes en las instituciones
4
L a m aterialización d el sistem a d e a rb itra je , en la p ráctica, en el conflicto
d e Pringles, no convenció a los círculos de E l R ebelde. E n ese m ism o núm ero,
q u e da cuenta del éxito d e G ori, q u ie n logró el cese de la huelga p o r m edio
d el a rb itra je , con el triu n fo de los huelguistas, se inserta u n artículo “T r iu n ­
fo d e u n a h u e lg a ”, E l R eb eld e, 1 de se p tie m b re de 1901, q u e censura el a rb i­
tra je p o r razones principistas; "D e a rb itra je ”, en E l R eb e ld e , 1 d e septiem bre
d e 1901.

de la federación fueron ocupadas por activistas del anarquism o. En
la Comisión A dm inistrativa de la Federación, por ejemplo, se en­
contraban Luis Magrassi (anarquista), y D ante G arfagnini (anar­
quista), en los cargos de secretarios; F. Berri (anarquista), tesore­
ro; H éctor M attei (anarquista), contador. T am bién tenían mucho
peso, igualm ente, en la Comisión de Propaganda.
Pero el fortalecim iento más significativo se notó en la am plia­
ción de la influencia directa en los sindicatos.5 U n ejem plo des­
collante fue el de la vigorización de la hegemonía anarquista en el
sindicato de obreros portuarios, en la época posterior al Congreso
de la F O A . Como se recordará, en las dos grandes huelgas de los
portuarios de Buenos Aires, a comienzos de 1900 y de 1901, no
resaltó la influencia de los propagandistas anarquistas. Más aún:
a comienzos de 1901, aún era dable leer quejas en La Protesta
H um ana, en L ’A vvenire y en E l R ebelde por el hecho de que los
portuarios de Buenos Aires no perm itían que los activistas del
anarquism o operaran entre ellos durante la gran huelga.6 Esta
situación cambió radicalm ente en la concatenación de los aconte­
cim ientos que se produjo en 1901. A m ediados de abril se supo
de la tendencia a crear u n a sociedad de resistencia de los obre­
ros del puerto de Buenos Aires, y en el núm ero de La Protesta
H um ana del 20 de abril se publicó un aviso del grupo anarquista
de L ’Avvenire, que llam aba a los anarquistas que trabajaban en el
pu erto a concurrir a la asamblea de fundación y p articipar activa­
m ente en la creación de la sociedad.7 El interés especial del grupo
anarquista formado por italoparlantes se explica por el hecho de
que la m ayoría de los trabajadores portuarios eran “extranjeros”
(muchos de ellos, italianos). U na confirm ación de ello lo da un
artículo publicado en La Prensa sobre el gremio de los estibadores
de Buenos Aires.8 El hom bre que contribuyó en especial a la crea­
ción del sindicato de portuarios y que estuvo a su frente en un
principio, fue el anarquista Ros, quien al parecer contaba con capa­
cidad organizativa y dirigente, por lo cual, en poco tiem po, convirtió
5
D. C úneo, en su libro J u a n B . Justo y las luchas sociales al referirse a la
época p o sterio r a la creación d e la federación, dice (pp. 259-260): "L os a n a r­
q u istas se h a n hecho fuertes e n los sindicatos. L as m ayorías son s u y a s ... El
a n arq u ism o vence nu m éricam en te a l socialism o e n las agrupaciones d e la Fe­
d eración O b rera.”
6 La Protesta H u m a n a , 2 de febrero de 1901; E l R ebelde, 16 de febrero de
1901; L ’A vvenire, enero de 1901.
7 L a P rotesta H u m a n a , 20 de a b ril de 1901; E l R eb eld e del 21 de a b ril de
1901, p u b licó u n aviso sim ilar.
8 “ Los obreros y el tra b a jo . x ix ”, La Prensa, 7 de septiem bre de 1901.

al sindicato en u n factor de gravitación en el puerto de Buenos
Aires.9
A fines de 1901 la influencia anarquista parece haberse consoli­
dado en el sindicato de portuarios, y en sus asambleas usaron de
la palabra propagandistas del anarquism o que no form aban parte
de esa profesión, como ser P. Gori y A. M ontesano.10 La actitud
radical y combativa del sindicato empezó a percibirse y los em­
pleadores trataron de contrarrestarla despidiendo a los operarios
activos, pero no tuvieron éxito. El sindicato logró la adhesión
firm e entre los trabajadores portuarios.11 T am bién entre otros obre­
ros portuarios del país se notó u n ferm ento dinám ico y fue visible
la actividad de los propagandistas anarquistas. En especial resal­
taron los portuarios de Bahía Blanca. Cabe señalar que m ientras
en la m ayoría de los puertos la influencia anarquista aum entaba,
no pasaba lo mismo en Rosario, la ciudad que había sido el foco
de la agitación y acciones anarquistas ese año: los anarquistas no
consiguieron unificar a todos los portuarios, bajo su conducción, y
en el puerto local funcionaba una Sociedad de Estibadores de la
R ibera, que colaboraba con los em pleadores y com batía con energía
al sindicato anarquista de Estibadores Revolucionarios, haciendo lo
posible por obstruir sus pasos.12

LAS G RAN D ES H U E L G A S . L A

P R IM E R A

V ÍC T IM A

E N T R E L O S T R A B A JA D O R E S

A la posición de los anarquistas en los sindicatos obreros se dio
m ucho relieve durante los dramáticos acontecim ientos que se pro­
du jeron en las dos huelgas grandes que tuvieron lugar en la se­
gunda m itad de 1901.
La prim era estalló en agosto, en el sur de la provincia de Buenos
Aires. T uvo por protagonistas a los trabajadores que tendían una
vía férrea en el ram al de Bahía Blanca a Pringles. Los huelguistas
sobresalieron p o r su espíritu de lucha, a la que se aprontaron
concentrados en sus campamentos, a lo largo de la línea del ferro­
9 "R os, u n o de los m ejores organizadores q u e h u b o e n el país, levantó en el
p u e rto u n a poderosa organización que contó en seguida con varios m illares de
m iem bros.” D. A bad de S antillán, "L a P ro te sta ”, op. cit., p. 39.
10 "M ovim iento social”, en La P rotesta H u m a n a , 9 d e noviem bre de 1901.
11 La Organización Obrera, septiem bre de 1901.
12
“D esde R osario", en L a Protesta H u m a n a , 30 de noviem bre de 1901;
R eview o f the R iv er P late, 27 de ju lio de 1901 (sobre la in fluencia de los
"ag itad o res” en tre los obreros del p u e rto de San Nicolás).

carril.13 El conflicto, en esencia, iba dirigido contra el director lo­
cal, que se había conducido groseram ente con los obreros y los
engañaba de continuo. Los obreros reclam aron negociar con el
director del Ferrocarril del Sur y nom braron como su represen­
tante e interm ediario al abogado anarquista P. Gori, quien viajó
especialmente de Buenos Aires para ese fin. La negociación entre
los bandos se realizó con éxito y el director de la compañía, el
inglés H enderson, reveló disposición a acceder a las dem andas de
los huelguistas. El 5 de septiem bre se realizó la negociación y la
huelga term inó con la victoria de los huelguistas. P. G ori tuvo
una oportunidad de probar prácticam ente la eficacia del arbitraje.
Cabe destacar la gran solidaridad de la población de Bahía Blanca
hacia los huelguistas.14
La segunda gran huelga, en cuyo trascurso sobresalieron los anar­
quistas, estalló en octubre en Rosario, en la empresa de azúcar
R efinería Argentina. La concatenación de los acontecimientos fue
la siguiente (según la crónica publicada en La R epública): 1 000
obreros de la empresa pararon el trabajo, exigiendo u n aum ento
de salario y la dism inución de las horas de labor. El directorio de
la empresa quiso evitar la huelga y la organización obrera, ame­
nazando con despidos. Pese a las amenazas los huelguistas realiza­
ron una asamblea general, donde el orador principal fue R. Ovidi,
famoso propagandista anarquista de Rosario. La asamblea eligió
una delegación de negociaciones, de la que Ovidi formaba parte.
Al mismo tiem po aparecieron el jefe de policía y su ayudante, y
ofrecieron su mediación. C uando se presentó la delegación, el
jefe de policía arrestó a R. Ovidi, acusándolo de ser un anarquista
conocido y agitador obrero. La noticia del arresto de R. Ovidi se
propagó como reguero de pólvora y los obreros se aglom eraron al
lado del carro policial que trasportaba al preso con la intención de
liberarlo. D urante el desorden que se desató el jefe de policía m ató
de un balazo al obrero Cosme Budeslavich, un inm igrante polacoaustriaco de 30 años de edad, llegado poco antes a la ciudad y
que trabajaba como elevadorista en la refinería. El pretexto de la
policía fue que se trataba de un “anarquista peligroso”. El perió­
13 E l Obrero, de septiem bre de 1901, al in fo rm a r sobre la h uelga (en el
artícu lo “ Ecos de u n a huelga") su m in istra los siguientes datos: “ Cerca de
2 500 obreros arm ados con carabinas y otras arm as se establecen en cam pa­
m entos dispuestos a vender caras sus vidas, si acaso fu eran atacados p o r las
tropas, bom beros y policías enviados p o r el gobierno.”
14 La Prensa, 24-29 de agosto de 1901; 31 de septiem bre de 1901; 5 de
septiem bre de 1901. “ L a huelga de B ahía B lanca”, La Protesta H um ana,
31 de agosto de 1901. “Ecos de u n a h u elg a”, FA Obrero, 6 de septiem bre de
1901. S. M arotta, op. cit., p. 138.

dico La R epública señala: “Estamos en condiciones de asegurar
que Budeslavich no era conocido afiliado a ningún centro obre­
ro.” 15 Cosme Budeslavich fue la prim era víctim a en las campañas
obreras de la A rgentina.16 La noticia de su m uerte desató olas
de protesta y enojo, que abarcaron a todos los círculos de traba­
jadores en el país, sin diferencia de corrientes ideológicas. En
Rosario, el 24 de octubre se realizó una protesta con la presencia
de 6 000 personas, en la que participaron conjuntam ente socialis­
tas y anarquistas. En casi todas las ciudades grandes se procla­
m aron huelgas generales de solidaridad por un día y se realizaron
asambleas de protesta.17
A fines de 1901, cuando empezaba el verano, volvieron a m ulti­
plicarse las huelgas en los puertos, sum ándose en esta oportunidad
los obreros del M ercado C entral de Frutos. Los paros fueron de
grandes dimensiones. Se ejerció presión para paralizar de inm e­
diato el trabajo en los depósitos. Los obreros organizados en so­
ciedades de resistencia im pidieron por la fuerza los intentos de
traer rompehuelgas. La huelga en el puerto y el daño al comercio
prom ovieron la convocatoria urgente de reuniones de la Cám ara
M ercantil, que pidió la participación del gobierno. Paralelam ente
se realizaban negociaciones con el representante de los obreros, el
abogado socialista Alfredo Palacios, en una atmósfera tensa y
agitada.
Los representantes de los empleadores proferían acusaciones con­
tra “las bases de instigación a las huelgas”, aprovechadas para “fi­
15 La crónica de La R epública (diario burgués rosarino), fue citada totalm ente
en La P rotesta H u m a n a del 26 de o c tu b re de 1901.
Plácido G rela, en el artícu lo titu la d o “ El m ovim iento o b rero en R o sario ”
en el núm . 49 de la revista T odo es H istoria (mayo de 1971) describe la
huelga y los tum ultos, y afirm a q u e el a u to r de la nota en La R epública
es Florencio Sánchez, u n o de los intelectuales an arq u istas más destacados, quien,
con el correr del tiem po, a d q u iriría fam a como d ra m a tu rg o . Sobre la huelga
en R osario y el asesinato del obrero Budeslavich véase tam bién E. G ilim ón,
op. cit., pp. 34-35.
16 G. Inglán, d irector de La Protesta H u m a n a , dedica a este aconteci­
m iento u n artículo e d ito rial en el n úm ero del 2 de noviem bre de 1901, titu lad o
"L a p rim e ra víctim a”: “ En R osario de Santa Fe h a caído acribillado a balazos
p o r el jefe de policía, u n o b r e r o ... es la prim era víctim a inm ediata del
grandioso m ovim iento obrero que a q u í n a c e .. . N ecesitaba este herm oso m o­
vim iento q u e viene a o rie n ta r a las m asas p ro d u cto ras de este país, ser regado
con la sangre de los m ártires p a ra p roducirse lozano y f e c u n d o ...”
17 Sobre los tu m u l tos en R osario y las huelgas generales, véanse D. Cúneo,
Juan B. Justo, p p . 260-61; S. M arotta, op. cit., p. 137; D. A bad de Santillán,
La F O R A , op. cit., p. 80; D. A bad d e S an tillán , E l m ovim ien to anarquista,
op. cit., p. 90; E. G ilim ón, op. cit., p p . 34-35; P. G rela, "E l m ovim iento obrero
en R o sario ”, T odo es H istoria, núm . 49, m ayo de 1971.

nes egoístas”.18 Finalm ente, el paro de los peones de las barracas
culm inó con un convenio m ediante el cual se fijaba un horario de
trabajo más cómodo. Pero, la huelga de los estibadores de Buenos
Aires y Rosario prosiguió sin dejar de recibir la adhesión de otros
puertos ubicados a lo largo del río Paraná. El intento del Sindica­
to de T rabajadores Católicos, encabezado por el padre Grote, de
ap o rtar rom pehuelgas en el puerto de Rosario, no tuvo éxito por
la resistencia enérgica de los obreros del Sindicato de Estibadores
Revolucionarios.10 La posición firme de los estibadores en los puer­
tos, su éxito al evitar la acción de los rompehuelgas, y la imposi­
bilidad de obligarlos a aceptar un convenio ventajoso para los
empleadores hicieron que la Cám ara M ercantil pidiera en una car­
ta urgente al presidente de la República que tome medidas enér­
gicas contra los huelguistas, pues causaban mucho daño al comer­
cio. La carta atacaba acerbam ente a la Federación Obrera, d i­
ciendo:
La vasta F ed eración O brera ha sid o organizada desd e esta cap ital bajo
el p r e tex to de favorecer al p r oletariad o y con la in te n c ió n d e parali­
zar el trabajo e n un m o m en to dad o, para p od er así im p o n er sus e x i­
gen cias al agricultor, al in d u strial, y al com ercio exp ortad or. P ara lograr
este p ro p ó sito , se han con stru id o cen tros d e resisten cia q u e en cada
lo ca lid a d im p id e n , por m e d io de am enazas, q u e se ra d iq u en y trabajen
en e lla los obreros q u e no form an parte de dich os cen tros y aceptar las
c o n d ic io n es q u e le son im p u estas.20

La carta llam aba al gobierno a defender ‘‘La libertad de tra­
18 La P iensa, 14 de febrero de 1901.
19 "Los centros católicos y las sociedades de resistencia”, en La Organización
Obrera, noviem bre de 1901. Este a rtícu lo se refiere a los círculos católicos que
sirven a los em pleadores, y dice: “Desde que la clase trab a ja d o ra h a e ntrado
de lleno a estu d iar y d e fin ir su situación, la burguesía ju stam en te a larm ad a...
se ha entregado en brazos d el clero... El clero, al form ar los centros católicos,
no ha hecho o tra cosa q u e tener u n a reserva de obreros incapaces de com ­
p re n d er q u e se están p e rju d ica n d o a sí m is m o s ...”
Sobre los objetivos de los Círculos de O breros Católicos que funcionaban en
la A rgentina desde comienzos de la década de 1890 y re u n ía n a m iles de tra ­
bajadores en distintos lugares, leemos e n su R eglam ento de Institución: A rtícu ­
lo 1: Fin de los círculos obreros:
"E stas asociaciones se fu n d a n en la R epública A rgentina, con el fin de
defender y prom over el bienestar m ate ria l y e sp iritu a l de la clase obrera, en
m arcada oposición a la funesta p ro p ag an d a del socialism o y de la im piedad,
que m ed ian te prom esas engañosas d e efím era felicidad, llevan al o brero a su
ru in a tem poral eterna, y acarrean a toda la sociedad m ales incalculables.” V éa­
se J. A. A lsina, E l O brero, op. cit., pp. 116-117.
20 "E l triu n fo de la federación y la C ám ara de com ercio”, La Organización
Obrera, diciem bre de 1901.

b ajo ”, es decir la protección de los rom pehuelgas y la adopción
de medidas legales y policiales contra los obreros que lo im pe­
dían .21 La disconform idad por la expansión de las huelgas y las
protestas contra quienes las respaldaban, adquirieron expresión en
la prensa local a fines de 1901. En el diario La Nación tomó forma
una línea antiobrera enérgica, a p artir de noviem bre de 1901.22
El vocero de los círculos comerciales, T h e Review of the River
Plate, vociferaba cada semana, a p artir de octubre, contra la ola
de huelgas que anegaba al país, y prevenía contra la “plaga del
anarquism o” que se expandía por la A rgentina, así como contra
el fortalecim iento de la Federación Obrera, influenciada por agi­
tadores anarquistas, que pretendían im poner condiciones a los em­
pleadores y agravar la tensión en las relaciones laborales.23

C A M B I O D E A C T IT U D D E L O S S IN D IC A T O S S O C IA L IS T A S H A C I A

LA FO A

La intensificación de la influencia anarquista en la f o a que se
juzgó ya a fines de 1901 como de matiz anarquista, y el auge de
la tendencia a agravar las relaciones laborales así como a am pliar
los alcances de las huelgas, no podía menos que suscitar el res­
quem or y la resistencia de los sindicatos socialistas, que formaban
parte de la federación. El desagrado era notable a fines de 1901
pero en verdad se inició al finalizar el I Congreso, el 2 de junio
de 1901. La prim era expresión al respecto fue el desconocimien­
to de la resolución del congreso que ordenaba suspender la p u ­
blicación del periódico L a Organización apenas apareciera el vo­
cero de la federación, La Organización Obrera. Doce sindicatos
obreros: 1) Obreros Constructores de C arruajes y Carros; 2-5) Eba­
nistas (cuatro secciones); 6) M armoleros; 7) Picapedreros; 8) T a la ­
21 “ Las huelgas en la R epú b lica", en L a Prensa, 24 d e diciem bre de 1901.
22 “ G u erra a L a N ación”, en La Protesta H u m a n a , 30 de noviem bre de 1901.
Este a rtícu lo insinúa que la línea agresivam ente a n tio b re ra se inició con el
n o m b ram ien to de A níbal L atino como nuevo d irec to r del d iario. Véase “ La
N ación”, L a Organización Obrera, 30 de noviem bre d e 1901.
23 “ La depravación del anarquism o se ve agravada p o r los productores de
huelgas, personas q u e no tra b a ja n pero q u e a lie n ta n el descontento de los tr a ­
bajadores. Esto infesta tam b ién el carácter d el a n a r q u i s t a . .. ” T h e R eview of
the R iv er Plate, 26 de o ctubre de 1901. Véase asim ism o ibid., 7 de diciem bre
de 1901, 14 de diciem bre de 1901, 21 de diciem bre d e 1901.
Sobre el em peoram iento en las relaciones laborales y su conexión con la
fundación de la fora , escribe Pellico (A. P ellicer P araire) en “ U n año m ás”,
al com entar los tum ultos de 1901 en A lm a n a q u e Ilustrado de "La Q uestione
Sociale" p a ra el año 1902 (Buenos Aires, L ib re ría Sociológica, 1902), pp. 9-10.

barteros; 9) Sastres; 10) Peluqueros; 11) C arpinteros (de Rosa­
rio); 12) Cigarreros (de Rosario) — que en el pasado editaban La
Organización y que tenían una evidente orientación socialista—
declararon en septiem bre de 1901 que se arrepentían de haber
consentido con la resolución del congreso, y que: " . ..h an creído
p rem aturo ese paso forzado y en consecuencia han considerado
necesario que L a Organización continuara apareciendo, tal como
lo había hecho hasta ahora”.24
En ese núm ero del periódico, publicado después del I Congre­
so, no se nota la m enor sim patía hacia la federación y sus acti­
vidades, y poco a poco empezó a asomar una línea hostil, que
insinuaba los albores de una ru p tu ra interna.
U na segunda revelación de esta tendencia se publicó en noviem­
bre de 1901, cuando se formó el Com ité de Propaganda Gremial,
cuyo carácter de fracción sectaria en la Federación de Sindicatos
era evidente; a los sindicatos que decidieron seguir publicando
La Organización se sum aron otras tres asociaciones obreras: Alba­
ñiles, Toneleros, M aquinistas Bonsack; la noticia sobre esta orga­
nización despertó en seguida una reacción enérgica en u n artículo
de La Protesta H um ana ,25 que la repudió como sectaria y divisio­
nista, y la supuso el resultado de una resolución secreta de los
dirigentes del P artido Socialista tras el congreso del partido en
La Plata, el 7 de julio de 1901. El autor del artículo m enciona esa
resolución con las siguientes palabras: “Valerse de todos los medios
a nuestro alcance para cam biar la m archa actual de la Federación
O brera A rgentina, y encam inarla por el sendero político para ser­
virnos de ella como escalón en las próxim as elecciones; y si los
medios tomados al efecto no dieran el resultado apetecido, tratar
de form ar otra federación que se pueda adaptar a nuestros me­
dios de lucha.”
El au to r alega, asimismo, que desde tiem po atrás se percibía
que algo iban tram ando los socialistas contra la federación: “Que
algo se tram aba contra la federación, era fácil adivinarlo en la
constante ausencia de algunos delegados socialistas a las reuniones
del consejo federal.”
El núm ero de La Organización Obrera del 25 d e noviembre
de 1901 — al inform ar sobre la reunión del comité federal del
24 “A todos los obreros", en L a Organización, septiem bre de 1901.
25 A. Kra ta , “ Socialerías: El com plot contra la federación”, en La Protesta
H u m a n a , 7 de diciem bre de 1901.
U n a reacción de fu ria p o r el acto divisionista de los 11 sindicatos obreros
culpables de que siguiera apareciendo L a Organización se insertó en el p e rió ­
dico de los trabajadores panaderos. Véase “H ojeando la p re n sa ”, en E l Obrero,
22 de septiem bre de 1901.

5 de octubre— destaca que Cúneo, Costa, P atroni y Barsanti (to­
dos socialistas) faltaban continuam ente a las reuniones, por lo
que se dispuso cambiarlos de funciones en la comisión adm inis­
trativa. Pero no hay ninguna prueba de que ello form ara parte
de un plan para socavar a la federación, ni tam poco hay prueba de
que hubo una resolución secreta como la señalada más arriba. Sea
como fuere, es evidente que entre los dirigentes socialistas preva­
lecía disconformidad por la influencia anarquista de esos m om en­
tos en la federación y en el sector obrero.
U na evidencia directa del estado de ánim o de los dirigentes so­
cialistas, es la carta de A drián Patroni, de Rosario, fechada en
noviem bre de 1901 y publicada en La Vanguardia.26 A. Patroni
llegó a Rosario en esos días, ju n to con J. B. Justo y E. Dickman,
líderes del P artido Socialista, a fin de tranquilizar los ánimos de
los trabajadores que estaban alborotados por los acontecimientos
de octubre (la huelga de la refinería y el asesinato del obrero
Budeslavich), y que se inclinaban a proclam ar una serie de “huel­
gas generales revolucionarias”. Esos dirigentes descubrieron, asom­
brados, hasta qué punto se arraigó la propaganda anarquista en d e
los trabajadores de esa ciudad y cuán am plia era su influencia.27
A. Patroni, que lo recalca en su carta, procura explicar el éxito
de los anarquistas en su esfuerzo por in flu ir sobre los trabajadores:
“El anarquism o es sugestivo y fácil de ser abrazado por los obre­
ros sentim entales.”
Las consignas de los anarquistas eran sencillas y entusiastas, pero
su influencia crecía principalm ente porque “el propagandista anar­
quista aparece ante los trabajadores inconscientes como un sujeto
ajeno a toda ambición estrecha, u n héroe o víctima de perse­
cución”.28
26 A. P a tro n i, "Los sucesos de R osario”, en La V anguardia, 20 de noviem ­
bre de 1901.
27 E. D ickm ann describe esta visita en su libro autobiográfico y define a
R osario como la Meca del anarq u ism o argentino. E n esa ocasión refiere el
episodio en q u e se im p id ió a J. B. Ju sto e n tra r a la sede socialista de la
ciudad donde se realizaba u n a asam blea de obreros a n a r quistas que d e lib e ra ­
ban sobre la "huelga general”. E. D ickm an, op. cit., p p . 431-32; D. Cúneo,
Juan B. Justo, op. cit., p. 261, tam bién m enciona este episodio.
28 A. P a tro n i, “ Los sucesos de R o sario ”, en La V anguardia, 20 de noviem ­
bre de 1901.
D ardo C úneo en su libro Juan B. Justo y las luchas sociales tra ta de señalar
tam b ién las razones de la influencia a n a rq u ista en los sindicatos: "C uentan
ellos [los anarquistas] a su favor, con las condiciones de la re alid a d arg en ­
tin a y la com posición de su clase trab a ja d o ra . M ientras el socialism o surgió
prom ovido p o r los alem anes del V orw ärts y los exilados de la C om una, q u e ­
riéndose p a rtid o y m ovim iento a im agen de los p a rtid o s de la socialdem o­

Según lo dicho más arriba, es razonable suponer que entre los
dirigentes socialistas se infiltró la certeza de que los propagandistas
anarquistas logran socavar el piso socialista en los sindicatos obre­
ros, que sus perspectivas de ejercer influencia son e s c a s a s a l l í don­
de deben colaborar con los anarquistas, y que era preciso rivalizar
con ellos en propaganda. Pero no se tiene ninguna prueba de
que en esa etapa existiera el propósito de dividir la federación.
Por el contrario: hay noticias sobre agitación entre los socialistas
y diferencias en cuanto a la colaboración con los anarquistas en
la federación general, que perduraron hasta la víspera del II Con­
greso de la F O A , en 1902. Pero antes de abocarnos a reseñar los
acontecim ientos de 1902, conviene exam inar la evolución operada
en el sector anarquista después de crearse la Federación Obrera.

LA

A C T IV ID A D A N A R Q U I S T A E N

1901

El traspaso del centro de gravedad de la actividad anarquista a
los sindicatos obreros, en 1901, no redujo el alcance de la labor
de los grupos y círculos anarquistas, en sus diversas corrientes. Por
el contrario: se advirtió con claridad una tendencia a la intensi­
ficación. En abril se reunieron alrededor de 100 anarquistas acti­
vos, por iniciativa del grupo L ’Avvenire, para deliberar sobre la
am pliación de la actividad anarquista en la capital y en los subur­
bios: Boca, Barracas, Belgrano, C aballito, Flores, etcétera.
La prim era id ea qu e su rgió fu e la de crear grupos en todos estos p u n ­
tos, crearlos tam b ién en la ciu dad , r elacion arlos en tre sí y em prender
ju n to s u n a cam p añ a de p ropagan da: con ferencias, reu n io n es, rep arto de
p u b lica cio n es, e t c . . . E n la im p o sib ilid a d d e crear a llí la form ación de ta­
cra cia de la E uropa in d u stria l, el anarquism o se com unica fácilm ente e n tre los
italianos y los españoles de la inm igración aldeana de u n a E uropa ag raria y
feudal, y el trab a ja d o r criollo, e n cuyas sangres persisten las nostalgias de la
edad de oro del cam po argentino. El artesano, p rotagonista n a tu ra l del a n a r­
quism o, es m ayoría en los cuadros de los oficios argentinos. El p ro letario , tropa
m arxista, es m in o ría. El anarq u ism o vence, num éricam ente, al socialism o en
las agrupaciones de la Federación O b re ra " (pp. 259-260).
Esas notas p a ra explicar u n problem a tan com plejo, son dem asiado simples
a u n q u e e ncierran varios elem entos correctos. La diferenciación e n tre el p ro le ­
tario in d u stria l y los artesanos no logra ex plicar el éxito de los anarquistas
en ciertos sindicatos, y de los socialistas en otros. La estru ctu ra de los sin d i­
catos de la FOA era análoga en ese sentido. U na explicación más p en etran te
del éxito de los an arq u istas e n los sindicatos obreros, la ofrece J. M. Solo­
m onoff, Ideologías del m o vim ien to obrero, pp. 200-201.

les gru p os.. . se p e n só q u e en la r e u n ió n p od ría form arse u n o solo con
carácter de v olan te, con la m isió n d e preocu p arse d e la o rgan ización de
reu n io n es de p rop agan d a en la c iu d a d y a lred ed ores.29

Esta asamblea finalizó con una resolución referente a la creación
del “grupo volante”, e hizo u n llam ado a todos los anarquistas
conscientes en Buenos Aires para poner de relieve una actividad
propagandística por todos los medios posibles: “R eúnanse los com­
pañeros en sus casas, en los salones de los cafés, donde puedan,
dense cita, conózcanse, agrúpense, formen pequeños centros de pro­
paganda, de ilustración y la idea m archará victoriosa adelante.” 30
H u b o un despertar de la actividad de propaganda y ese año se
form aron nuevos grupos. La prim era y más notoria fue Los C aba­
lleros del Ideal, en el barrio de Almagro. Este grupo, formado en
abril, reveló m ucho brío tanto en la convocatoria a asambleas y
en la organización de fiestas31 como en la habilitación de una
escuela diu rn a y vespertina para niños y adultos, en la sede del
grupo.32 Otros grupos activos que surgieron ese año en Buenos
Aires fueron: Defensores de Nuevas Ideas,33 El G rito del O bre­
ro,34 y Germ inal, en el barrio de la Boca.35 Ju n to con esos grupos,
asomaron ese año varios otros de carácter muy especial, lo que
probaba la variedad de la actividad y su alcance: un grupo de
jóvenes anarquistas, asumió el nom bre curioso de El Colm o de la
Desgracia y se abocó a prom over los entretenim ientos y la cultura,
sobre todo en el dom inio del teatro y la música.36 Otros grupos
tam bién se dedicaron a la labor cultural y artística: El Porvenir
Social, que se centró tam bién en la actividad entre los jóvenes,37
y Academia L ibre de Ciencias y Letras.38
E n esa época se supo asimismo del intento de organizar un grupo
anarquista para el asentam iento agrícola. Ese grupo, cuya asam­
29 “P a ra activar la p ro p a g an d a ”, La Protesta H u m a n a , 6 de a b ril de 1901.
30 Ibid.
31 D ebe señalarse q u e ese gru p o realizó u n a re u n ió n festiva artística la
noche en que se in au g u ró el congreso de los trabajadores en Buenos Aires,
el 25 de mayo, lo que p ru e b a que en la práctica se cum plía el p rin cip io de
"acción p a ralela ” de anarquistas y sindicatos obreros, predicado p o r Pellico.
32 La Protesta H u m a n a , 25 de m ayo de 1901.
33 La Protesta H u m a n a , 18 de m ayo d e 1901.
34 La Protesta H u m a n a , 10 de agosto de 1901.
35 L a Protesta H u m a n a , 30 de noviem bre de 1901; E l R ebelde, 23 de ju n io
de 1901.
36 La Protesta H u m a n a , 1 de ju n io de 1901, 29 de ju n io de 1901; La Prensa
del 2 de m ayo de 1901, describe la m anifestación an arq u ista del 1 de mayo
y destaca la orquesta de ese grupo q u e iba al fren te de los m anifestantes.
37 La Protesta H um ana, 7 de septiem bre de 1901 y 9 de noviem bre de 1901.
38 L a Protesta H u m a n a , 7 de septiem bre de 1901.

blea constituyente se celebró el 15 de septiem bre de 1901 en Bue­
nos Aires, publicó el siguiente aviso en la prensa anarquista: “El
G rupo Colonizador T ierra y L ibertad se propone fundar una colo­
nia agrícola industrial en la form a más anárquica que práctica­
m ente perm ita el medio am biente burgués.” Exhortaba a los com­
pañeros a sumarse al grupo, a contribuir para la formación de un
fondo com ún que ad q u iriría tierras y medios de producción.39
U n aporte im portante para consolidar la actividad anarquista
en la capital, fue la habilitación de un club espacioso adecuado
a las asambleas, las fiestas y las entrevistas; lo com praron en con­
ju n to los grupos L ’Avvenire y L a Protesta H um ana.40 T am bién
fue ram ificada la labor de los grupos adictos a El Rebelde, como
se deduce de las inform aciones publicadas en ese periódico. Una
sección especial, in titu lad a “M ovim iento anarquista”, insertaba no­
ticias sobre las actividades y obraba como enlace y coordinador (sin
recurrir a personal, n i a comisiones o células federativas del tipo
preferido por los “partidarios de la organización”).41 Igual que en
el pasado, las tareas anarquistas no eludieron el interior y la prensa
anarquista insertaba inform aciones cuantiosas sobre el surgim iento
de nuevos grupos anarquistas,42 aparte de los veteranos, que per­
duraron especialmente en las grandes ciudades.
En base a lo dicho, puede resumirse señalando q u e en 1901 la
actividad anarquista en la A rgentina se hallaba en u n curso de
fortalecim iento y am pliación en casi todos los terrenos. Cabe p u n ­
tualizar que, hasta fines de 1901, los anarquistas disfrutaban de
libertad de acción completa en la A rgentina, de libertad de ex­
presión oral y escrita, aunque nunca pudieron operar a su antojo
y se vieron expuestos a intentos de restricciones. Pero esas restric­
ciones no tuvieron un carácter de política oficial, legal, y la única
39
G ru p o colonizador T ie rra y L ib e rtad , E l R ebelde, 29 de septiem bre
de 1901.
40La Protesta H u m a n a ,
29 de ju n io de
1901.
41 E l R ebelde, 19 de enero de 1901.
42
R osario: D ignidad O brera, La Venganza será T errib le , Los N áufragos de
la V ida, L ib e rtad y A m or, In d e p en d ien te , La Protesta H u m a n a , 3 de agosto
de 1901; Las L ibertarias, La P rotesta H u m a n a , 13 de ju lio de 1901; El Ju s ti­
ciero, E l R eb eld e, 3 de m arzo de 1901. B ahía B lanca: G rupo de conscientes,
La P rotesta H u m a n a , 25 de m ayo de 1901. M endoza: C írculo de E studios So­
ciales, La Protesta H u m a n a , 18 de m ayo de 1901. Bolívar: Biblioteca de E stu ­
dios Sociales, La Protesta H u m a n a , 2 de febrero de 1901.Cañuelas: C entro
O brero L ibre, La Protesta H u m a n a , 2 d e febrero y 2
de m arzo de 1901. T re s
Arroyos: Los L ibertarios, La Protesta H u m a n a , 9 de m arzo de 1901. Banfield:
Ju v e n tu d A narquista C om unista, E l R eb eld e, 5 de m ayo de 1901. San Nicolás:
C írculo de E studios Sociales, La Protesta H u m a n a , 25 de m ayo de 1901. T a n ­
dil: C írculo de E studios Sociales, E l R eb eld e, 30 de noviem bre de 1901.

tentativa de prom ulgar una ley —la del senador M. Can é— se
congeló y guardó (véase más arriba).

CAMBIOS EN LA RELACION HACIA LOS ANARQUISTAS

Los prim eros síntomas de cambios en la política oficial hacia los
anarquistas, se revelaron en la prim era m itad del año 1900, pero
la línea no se afianzó hasta fines de 1901. En agosto de 1900, cuan­
do los ánimos de Europa y América se enardecieron contra los
anarquistas, a raíz del asesinato del rey de Italia, H um berto I, en
Monza, perpetrado por el anarquista Bresci, la revista popular
de Buenos Aires, Caras y Caretas, insertó un artículo que reseña
el "Anarquism o en el R ío de la P lata”, y lo hace con u n espíritu
liberal y tolerante. La reseña incluye m uchos porm enores sobre
las publicaciones anarquistas, su actividad y activistas (también
trae 24 fotografías de m ilitantes anarquistas activos). La nota co­
mienza con las siguientes palabras:
En nuestra patria, lo propio que en Norteam érica y en Inglaterra, países
donde se goza de amplia libertad, se han refugiado numerosos anarquis­
tas, que aunque aquí fragüen algunos de sus condenables proyectos —re­
cuérdese que V aillant vivió algún tiem po en B uenos Aires y dio diversas
conferencias— no los realizan nunca entre nosotros, como si respetasen,
reconocidos, la hospitalidad que se les ofrece, como a todos los hombres
del globo. D ebe recordarse, no obstante, que los anarquistas en la Ar­
gentina son “teóricos” por regla general, y que ningún socialista-anar­
quista, de los que entre nosotros residen, acepta crímenes de los Rava­
chol, Henry, Caserio y Bresci, por útiles que puedan considerarlos para
la propaganda de sus creencias, y que cuando tan lam entables hechos se
produjeron, la prensa anarquista protestó contra ellos, diciendo que por
sem ejante camino no se llega a convencer a nadie, sino a la obstrucción
de la propaganda norm al.43

Con igual espíritu se insertan valoraciones a las teorías anar­
quistas: “Los anarquistas del Plata rechazan la lucha política, te­
niendo la convicción de que el Estado, cuando la conservación se
lo m anda, otorga la m ejora q u e se im pone seriamente, y aseguran
que van a la revolución social, la que —según el criterio de los re­
feridos bakuninianos— se h ará igual hoy que m añana, cuando los
cerebros hayan evolucionado lo suficiente y los prejuicios se hayan
43 "E l anarquism o en el R ío de la P la ta ”, en Caras y Caretas, Buenos Aires,
11 de agosto de 1900.

descartado en parte, que es a lo que tienden en su propaganda
filosófica, com batiendo al mismo tiem po el alcoholismo, la hara­
ganería y el delito.
“H ay que confesar que si todos los anarquistas del Plata opi­
naran de esta m anera, no hay motivo para que sean molestados
por la policía, y resultan tan inofensivos como los que creen en la
metempsicosis.”
Cabe señalar que Caras y Caretas no fue la única revista que
encaraba con liberalidad y m oderación a los anarquistas argen­
tinos en esos días de tem pestad en el m undo. Tam bién u n diario
prestigioso y de m ucha difusión como La Prensa, al inform ar so­
bre el crim en de Monza que costó la vida del rey H um berto I,
así como sobre las revelaciones y las repercusiones en el m undo,
se privó por completo de ligar esos hechos con los anarquistas en
la A rgentina. En toda esa época ni u n a sola línea de La Prensa
llam a a revisar el trato con los anarquistas de la A rgentina.45
Pero la posición de La Prensa y Caras y Caretas no era la de
todos. Al parecer se oyeron muchas otras voces contam inadas de his­
teria antianarquista (como la que se expandiera por Europa), y
llam aron a tom ar medidas preventivas y de represión en la A rgen­
tina contra los anarquistas locales.46 La torm enta en la prensa y
en ciertos círculos revivió el debate en el Comité de Negocios Cons­
titucionales, en cuanto al proyecto de ley contra los extranjeros,
de M. C an é. Esta vez se le añadió u n proyecto más am plio y de­
tallado, del Poder Ejecutivo, que presentó el m inistro de Interior,
F. Yofré. Este proyecto d e ley, a inversa del de M. Can é contaba
con u n a m ención explícita respecto al ingreso de anarquistas.47
44 Este artículo, pese a su tono ap acig u ad o r y tolerante, irritó a los círculos
a n arq u istas y u n a sem ana después se publicó u n a réplica en La Protesta H u ­
m ana del 18 de agosto de 1900. E n la sección "N otas varias” se cuenta cómo
se recogió el citantioso m aterial detallado sobre los an arq u istas en la A rgentina.
Según se lee, la gente de Caras y Caretas p id ió u n año antes m ate ria l docu­
m entario y fotografías de los an arq u istas, alegando que p u b lic a ría n u na inves­
tigación seria sobre el anarquism o. Los interrogados creyeron que era u n a o p o r­
tu n id a d p a ra hacer p ro p a g an d a y accedieron. Pero la publicación del m a te ria l
en ese m om ento, cuando todo el m u n d o se ocupa en “la revelación d e los
secretos d e l an arq u ism o ”, sólo ten ía u n a m eta sensacionalista; la publicación
de nom bres y fotografías de an arq u istas, p o r o tra p a rte , p odía ser perjudicial.
E n cuanto a la tendencia p re su n tam en te ap aciguadora y tolerante, tam b ién se
señala con disgusto: “ N o somos ni buenos ni m alos, n i m edianos n i terribles,
ni inofensivos; somos lo que el am b ien te nos hace.”
45 La Prensa, 30 de ju n io y 13 de agosto de 1900.
46 J. R eguera, “ Pasó la b o rrasca” , en E l R eb eld e, 26 de agosto de 1900. En
este a rtícu lo se m encionan varios diarios y periodistas q u e atacan a los a n a r­
quistas.
47 A rtículo 2º “ El P oder E jecutivo p o d rá p ro h ib ir la e n tra d a al país de

Las noticias sobre estas deliberaciones en los círculos gubernam en­
tales, que procuraban evitar la entrada de anarquistas al país, fue­
ron saludadas con el beneplácito del diario de los círculos comer­
ciales: R eview of the R iver Plate.48 Este diario no se conformó,
empero, y al mes exigía, en un artículo dedicado especialmente
al debate sobre los anarquistas, que se adopten medidas preven­
tivas y de disuasión contra ellos.49 En cuanto a la susceptibilidad
por las acciones de los anarquistas en la A rgentina —así como al
clim a de pavor que dom inó a representantes de países extranje­
ros— da testimonio un inform e confidencial telegráfico enviado
por el diplom ático británico en el país, sir G. Barrington, al m i­
nistro de Relaciones Exteriores, M arqués de Salisbury, el 20 de
agosto de 1900.50 Debido al interés especial del informe, lo trans­
cribimos totalm ente:
S e ñ o r: T e n g o el h o n o r d e in f o r m a r a su s e ñ o ría q u e el b a r ó n W e r th e r n ,
q u ie n e n la a c tu a lid a d tie n e a su c arg o la le g a c ió n a le m a n a a q u í, m e
m o s tró a y er e n la ta r d e u n p a p e l q u e re c ib ió d e l c ó n su l a le m á n e n
R o sa rio .
P a re c ía ser u n a c o p ia d e u n a c ir c u la r m a n ifie s to im p re sa p o r a lg u n a
so c ie d a d a n a r q u is ta y e sc rita e n e s p a ñ o l, p e ro cuyo o rig e n ita lia n o p u e d e
in fe rirs e p o r a lg u n o s d e los té rm in o s e m p le a d o s. E s ta b a e sc rito e n tin ta
r o ja y d a b a u n a lis ta d e los s ig u ie n te s so b e ra n o s : el d if u n to re y H u m ­
b e r to ; el re y V íc to r M a n u e l; el e m p e r a d o r F ra n c is c o Jo sé; la r e in a V ic ­
to ria ; el re y L e o p o ld o ; el e m p e r a d o r G u ille rm o ; e l e m p e r a d o r N ico lás
y la r e in a W ilh e lm in a .
A n te c a d a n o m b r e a p a re c ía u n a n o t a b re v e y g ro s e ra m e n te o fen siv a,
y el p a p e l los c o n d e n a b a a m u e r te a to d o s, así c o m o a los c a p ita lis ta s
q u e e n g o rd a n c o n la s a n g re d e l p u e b lo . C o n c lu y e c o n la frase: ]V iva la
a n a r q u ía ! y L a r o p a d e l u to p r o n t o s a ld rá c ara , y se d a b a a e n te n d e r q u e
lo f ir m a b a n “ L o s L ib e r ta d o r e s ” , S ecció n A rg e n tin a . L a fe c h a e ra B u e n o s
A ires, ju lio 30 d e 1900.
cu alq u ier ex tran jero que se en cu en tre en las circunstancias siguientes: a) . . . ;
b ) H a b e r tom ado p a rte en asonadas o acontecim ientos anarquistas en su p ro ­
p io país o en cu alq u ier otro; c) E star afiliado a alg u n a de las sociedades se­
cretas, conocidas universalm ente con el nom bre de a n arq u istas.” (Proyecto del
P o d e r E jecutivo, cap. I: De la adm isión de e xtranjeros en el te rrito rio de la
R epública.) C. Sánchez V iam onte, Biografía de una ley antiargentina, Buenos
Aires, Nuevas Ediciones A rgentinas, 1956, p p . 18-19.
48 “ T h e law of stran g ers”, T h e R eview o f the R iv e r Plate, 4 de agosto
de 1900.
49 “T h e anarchists”, T h e R eview o f the R iv e r P late, 15 de septiem bre
de 1900.
50 A . G. B arrington to the M arquess o f Salisbury, B uenos Aires, 20 de agosto
de 1900, P u b lic R ecord Office, en los legajos d el M inisterio de Relaciones Ex­
teriores, F. o. 6/464.

U n ra sg o b a s ta n te p a r ti c u l a r e ra q u e b a jo el n o m b re d e l d if u n to rey
H u m b e r to a p a re c ía u n a c ru z n e g ra , b a jo e l d e l re y V íc to r M a n u e l e stab a
e sc rito “4 m eses” c o n le tr a p e q u e ñ a y t in t a n e g ra , y "1 m e s” y “ 2 m eses”
m a r c a b a n d e m a n e r a sim ila r los n o m b re s d e l re y L e o p o ld o y d e l e m p e ­
r a d o r G u ille rm o , r e s p e c tiv a m e n te .
C re o q u e n o h a y d u d a d e la e x is te n c ia d e u n c o n s id e ra b le n ú m e r o de
a n a r q u is ta s a q u í, e n su m a y o ría ita lia n o s . T e n g o e n te n d id o q u e la p o li­
c ía e stim a su n ú m e r o e n u n o s seis m il, d e los q u e u n m illa r s o n c o n si­
d e ra d o s c o m o p e lig ro so s y se a firm a q u e los asesin o s d e la e m p e ra tr iz de
A u s tria y d e l re y d e I ta lia h a n v iv id o , a m b o s, e n este p a ís. S e g ú n m e
c o n tó e l b a r ó n W e r th e r n , u n d e te c tiv e e sp e c ia l s a ld rá h o y p a r a R o s a rio .51

Pocos días después retom ó la calma a la Argentina. De la prensa
se esfumaron los llamados a em prender acciones contra el anar­
quismo. El representante británico no volvió a abordar el tema
en sus informes. En la Comisión de Negocios Constitucionales del
Senado, se estancó de nuevo el debate sobre la ley contra los ex­
tranjeros. Sólo la policía siguió considerando con severidad el fac­
tor anarquista: em prendió una línea de hostigam iento, aunque
siem pre se trataron de medidas de iniciativa local, sin m anifesta­
ciones públicas.
La prim era noticia de violencias policiales contra los anarquis­
tas provino de la localidad de Bolívar, donde fueron arrestados
cuatro anarquistas por rep artir volantes en u n acto de recordación
del rey H um berto. El director de La Protesta H um ana, G. Inglán,
q u e en ese entonces residía en dicha localidad, replicó en un ar­
tículo publicado en el periódico anarquista local R ojo y N egro,52
P ronto se produjeron ataques tam bién en diversos recodos de Bue­
nos Aires. A. G hiraldo, entonces director de la revista literarioartística E l Sol, publicó u n a “C arta abierta al jefe de policía de
Buenos Aires, doctor F. Y. Beazley”, donde protesta por el arresto
de dos obreros p or ser anarquistas. Era una detención ilegal, efec­
tuada sin autorización judicial legal de ninguna clase. Los arres­
tados no fueron registrados en el registro de la policía, p ara no
perm itir huellas formales. No fue el único acto de violencia anti­
anarquista. Poco antes fueron confiscados todos los ejemplares de
51
Sobre la seriedad a trib u id a en L ondres a ese inform e se p u ed e deducir:
a) A cotación an o tad a al m argen d el pliego p o r el d estin atario (el M inisterio o
u n alto fu ncionario de la cancillería): "parece no h a b e r duda de la existencia,
a q u í, de u n peligroso cuerpo de a n arq u istas”: b) La respuesta telegráfica de
L ondres a B uenos Aires, 27 de septiem bre de 1900: “ telegrafíen cu alq u ier in ­
form ación p o sterior de im portancia, especialm ente si cu alq u ier a n a rq u ista viaja
a E u ro p a y su destin o ”.
52
G. Inglán, "N u estro encarcelam iento”, en R o jo y Negro, Bolívar, agosto
de 1900.

El Sol (núm. 98, del 24 de octubre de 1900), y se detuvo a un
joven que tenía un ejem plar de L ’Avvenire. La policía no tenía
derecho a realizar esos arrestos, pues contravenía los derechos de­
fendidos por la ley de libertad de expresión y organización. La
carta abierta menciona una lista extensa de arrestos, cometidos en
los últim os tiempos, y afirm a que esas m edidas no acallarán la
voz de la idea anarquista, sino que la intensificarán, pues la vio­
lencia “de arrib a” despierta indefectiblem ente la violencia “de aba­
jo ”.53 El m étodo de hostigamientos por m edio de arrestos, se ex­
presó de u n m odo peculiar: la detención era por tiem po breve, el
arrestado era fotografiado, le tom aban impresiones digitales y se
lo ponía luego en libertad. De este m odo la policía evadía las
limitaciones legales. U no de los objetivos consistía en acosar al
m ovimiento de actividades anarquistas en la R epública.54

RESQ UEM O RES

Y M IE D O

POR

LA

V IO L E N C IA

A N A R Q U IS T A

En 1901 se m ultiplicaron y agravaron los enfoques recelosos y hos­
tiles respecto a los anarquistas por parte de diversos círculos de
la Argentina. Ya a principios de año reanudáronse las voces en la
prensa llam ando a lim itar el ingreso de anarquistas. Descuella en­
tre todos E l Diario, que exigía acelerar las deliberaciones en la
Comisión de Negocios Constitucionales del Senado y prom ulgar
una ley que prohibiera el ingreso de anarquistas al país.55 H abía
asimismo un trasfondo internacional, pues en ese entonces la pren­
sa publicaba noticias sobre las inclinaciones, en los países euro­
peos, a prom ulgar leyes contra el anarquism o.56
En abril de 1901 volvieron a enardecerse los ánimos en torno
a un “com plot anarquista”, esta vez directam ente ligado a la Ar­
gentina, donde presuntam ente había sido orquestado. El 18 de abril
53 E l Sol, 16 de noviem bre de 1900. Véase tam bién A. G hiraldo, Los nuevos
caminos, M adrid, 1918, pp. 69-79.
5 4 Sobre el arresto d e F. B asterra en San Nicolás de los Arroyos, véase
"La m azorca”, en La Protesta H u m a n a , 1 de diciem bre de 1900; E l Rebelde,
4 de noviem bre de 1900.
55 “ T odos los días llegan expulsados d e los países vecinos y de E uropa,
ladrones, registrados, a n a r q u is ta s ... La policía arg en tin a no puede m olestarlos
en lo más m ínim o, p o rq u e las leyes de la nación pro teg en a todo el m u n d o . . .
El proyecto de Can é u otro q u e lo sustituya sim plificando las cosas, deben
ser o bra in m ed iata p a ra el Congreso en sus p rim e ras sesiones del próxim o
período.” (E xtracto de E l D iario, citado p o r E l Sol, 1 de febrero de 1901.)
56
"Proyectos lib erticid as”, en La Protesta H u m a n a , 9 de febrero de 1901.

de 1901, se publicó una noticia sensacional referente a un “aten­
tado” anarquista internacional, cuyo foco estaba en Rosario, San­
ta Fe, de donde partió u n anarquista llam ado Rom agnoli, que
habría de asesinar al em perador G uillerm o de Alemania; los pre­
suntos documentos hacían sospechar de la complicidad de P. Gori.
Dos días después se com probó que era una m era patraña,57 pero
aú n así se advirtió el estado de ánim o prevaleciente.
Síntomas de susceptibilidad y el miedo a alguna influencia anar­
quista secreta se revelaron pocos meses más tarde, a comienzos de
ju lio de 1901, a raíz de los disturbios en Buenos Aires resultantes
de un proyecto del gobierno de unificación de deudas de las pro­
vincias a gobiernos y bancos foráneos. Esos disturbios —encabe­
zados p or estudiantes de la U niversidad de Buenos Aires— deri­
varon en actos de violencia contra entidades, diarios y estadistas
(Carlos Pellegrini) y provocaron la aplicación del estado de sitio
en Buenos Aires, declarado después de un corto debate en el Con­
greso, en una sesión extraordinaria.58
D urante un debate tenso se oyeron juicios que veían en los
disturbios síntomas de una revolución social, provocados por “ele­
m entos p ertu rb ad o re s... m al avenidos con el orden social”. T anto
las palabras del Presidente —en su carta al Congreso— como las
palabras de apertura de J. V. González, en nom bre de la Comisión
de Negocios Constitucionales,59 y el resto de los participantes del
debate, todos endilgaron a los "anarquistas” la culpa de ser los
instigadores de los disturbios: “ . ..lo s que venidos del extranjero
se preparan en las sombras de la anarquía para destruir hoy con
piedras y m añana con bom bas.. . ” (palabras de Varela Ortiz).60
Además, el últim o participante en la discusión (doctor Arge­
rich), afirm ó que lo propuesto por el gobierno (estado de sitio) no
es suficiente para contrarrestar a los provocadores de disturbios
“anarquistas”, y reclamó la prom ulgación de “leyes especiales”.61
Debe señalarse que en esas presunciones de que los “anarquistas”
eran los agitadores de los disturbios estallados a raíz de la “uni57 "E l com plot a n a rq u ista ”, en L a Prensa, 18 y 19 de a b ril de 1901; "De
stentadis cretinopolis policial”, e n La P rotesta H u m a n a , 20 de a b ril de 1901;
"P eriodistas venales y policías crim inales”, en E l R ebelde, 5 de m ayo de 1901;
"E l com plot contra el sentido co m ú n ”, en E l Sol, 24 de a b ril de 1901.
58 D iario de Sesiones, C ám ara de D iputados, Congreso N acional, R epública
A rgentina, 1901, pp. 165-86.
59 Ib id ., p p . 266-67, 270-71. U na acotación sim ilar sobre el ferm ento social,
figura tam bién en el m ensaje del P residente en m ayo de 1902. Véase M.
M abragañ a, op. cit., VI, p. 23.
60 D iario de Sesiones, C ám ara de D iputados, Congreso N acional, R epública
A rgentina, p. 281.
61 Ib id ., p. 286.

ficación de deudas”, participaron tam bién Review of the River
P la te 62 y al parecer otros periódicos. Sin embargo, no hay el me­
n or indicio de algo así en La Prensa.63
U n vistazo a la prensa anarquista de esos días, desvirtúa por
com pleto las acusaciones form uladas en el Congreso y en los dia­
rios. T odos los periódicos anarquistas, sin excepción, afirm aron
que los anarquistas no tenían ninguna conexión con los disturbios,
estallados sobre u n trasfondo em inentem ente político, extraño por
entero al anarquismo. Tres días después del debate en el Con­
greso, La Protesta H um ana reaccionó de la siguiente m anera:
“Ayer, en vista de que continuaban los tum ultos de muchachos
contra eso de la unificación, que a los trabajadores nada nos im­
porta, el gobierno ha declarado el estado de sitio por seis meses.” 64
Varios días después El R ebelde insertó u n a respuesta directa a
la acusación sobre la presencia de los anarquistas en los tumultos,
y lo hizo con palabras inequívocas:
. . . l o s anarquistas, q u e m iram os c o n d esp recio los b o ch in ch es p olíticos,
d e la n o ch e a la m añ an a, aparecem os com o autores de u n m o v im ie n to
ñ o ñ o , e n el cu al n o h em os p articip ad o, q u e n o p o d em o s participar, lo
dem ostrarem os con datos y pruebas m ás a d e la n te , cu an d o d e je n de so ­
plar los v ien to s de fronda. E ntre ta n to d ejam os con sta n cia d e qu e los
cargos lanzados sobre nosotros, desd e las dos cám aras, so n co m p leta m en te
falsos. Y esto n o se crea q u e lo d ecim o s p o r tem or a pasar por r ev o ­
lu cion arios; precisam en te lo q u e q u erem os afirm ar, es q u e som os rev o lu ­
cio n a rio s por e x celen cia , p ero n o b och in ch eros. N u estra r e v o lu c ió n es
otra cosa m u y d istin ta a la fieb re m o m en tá n e a q u e p rod u ce cuatro gritos
sin coh eren cia, y m ed ia d ocen a de corridas por las calles.65

Podemos añadir que tam bién La Vanguardia, del P artido Socia­
lista, desm intió los rum ores en el sentido de que anarquistas y
socialistas radicalizados organizaron los tum ultos callejeros, y sub­
rayó: “Los socialistas —y todos los ciudadanos conscientes— hemos
presenciado lo acaecido como espectadores.” 66

62
“ C onsolidation a n d a fte r”, T h e R ev ie w o f th e R iv e r P late, 13 de julio
de 1901. Sobre la particip ació n de elem entos definidos como "a n arq u ista s”, re ­
lata tam bién el político conservador C. Ib a rg u re n , La historia que he vivido,
B uenos Aires, Ed. Peuser, 1955, p. 133.
63 “Estado d e sitio ”, en La
Prensa, 5 de ju lio de 1901.
64 "E stado de sitio ”, en La Protesta H u m a n a , 7 de ju lio de 1901. Conceptos
del m ism o esp íritu publicó tam bién E l O brero, de los panad eros, el 4 de agos­
to de 1901, “Bajo el estado de sitio ” .
65 “Bochinches políticos”, en E l R eb e ld e , 14 de ju lio de 1901. R éplicas a
las acusaciones de agitación
a n arq u ista p u e d en leerse en
El
Sol, 8 de ju
de 1901, “El lib ro de unificación”.
66 "L a agitación p o p u la r”, en La Vanguardia, 13 d e ju lio de 1901.

Creemos digno de crédito el desm entido de los anarquistas (y
socialistas) de alguna participación en esos tumultos. No hay n in ­
guna razón para suponer que tenían lazos con u n tema tan polí­
tico y extraño a sus intereses. Las sospechas formuladas en el Con­
greso y en la prensa, prueban el clima de histeria antianarquista
que prevalecía en los círculos gobernantes del país en esos días,
y que los llevó a ver “agitadores extraños” y "anarquistas” en
cualquier revelación de protesta y ferm ento social. Ello nos parece
comprensible, por la incapacidad que los caracterizaba para valo­
rar correctam ente la realidad social del país y los elementos que
operaban en él. Debido a su experiencia en rechazar el “problem a
social” real que em peoraba en los últim os años, y a la negativa a
cualquier cambio en el régimen, les resultaba más cómodo encon­
trar “víctimas expiatorias” en presuntos agitadores extranjeros anar­
quistas, a quienes podían culpar por la intranquilidad; por supues­
to, no enfrentaban las raíces de los problem as y no podían encontrar
soluciones. Este enfoque motivó deformaciones en la apreciación de
los problem as sociales por parte de la élite gobernante y condujo
a u n despeñam iento pronunciado de las luchas sociales.
En m edio de esta atmósfera, llegó la noticia sobre el atentado
al presidente de Estados Unidos, MacKinley, cometido por el anar­
quista Czolgosz, el 6 de septiem bre de 1901, y se agudizó la his­
teria antianarquista que ya reinaba en los círculos de la capa
gobernante del p aís. Ese estado de ánim o se afianzó sobre el tras­
fondo de tendencias análogas de gobiernos europeos. En tales días
se supo de una entrevista de m inistros de relaciones exteriores de
Alemania, Francia, R usia para intercam biar ideas sobre la adop­
ción de medidas contra los anarquistas, como ser la prohibición
total de la prensa anarquista y el rápido curso de los procedim ien­
tos de extradición.67 En Inglaterra, el difundido sem anario T h e
Economist publicó un artículo enérgico contra los anarquistas, y
pidió una cruzada m undial para combatirlos m ediante la coopera­
ción de los distintos gobiernos.68 A una cooperación de esta índole
67 "F rancia. La prensa a n a rq u ista ”, L a Prensa, 26 de septiem bre de 1901.
68 “ . . . h a sido levantada la p ied ra d e la sociedad m ás baja, con lo que no
sólo salieron las ranas, lo que es correcto y hum an o , sino qu e tam b ién salieron
los escorpiones, y puesto que su noción del uso de la lib e rtad es picar, cons­
titu y en u n peligro p ú b lic o ... Las policías de todos los estados civilizados p u e ­
den ponerse de acuerdo sin escrúpulos y sin tem er objeciones d e la gente
respetable. En todas partes p u e d e reforzarse la vigilancia: cada a n arq u ista puede
ser puesto bajo vigilancia en todos los países y d o n d e q u ie ra que se form e u n a
conspiración o los anarquistas converjan en u n p u n to , el soberano am enazado
po d rá ser prevenido p o r los m edios oficiales.” “ T h e recent a tte m p t of assassi­
n a tio n ”, T h e E conom ist, 14 de septiem bre de 1901.

entre los gobiernos del continente americano, llamó la Segunda
Conferencia Panam ericana reunida en la ciudad de México, en di­
ciembre de 1901, al resolver sobre el “T ra ta d o de extradición y
protección contra el anarquism o”, cuyo artículo 13 establece:
La ex tra d ició n de tod o in d iv id u o c u lp a b le d e actos d e anarqu ism o p u e ­
de p ed irse siem p re q u e la leg isla c ió n d e los E stados —req u ire n te y re­
q u er id o — haya estab lecid o la p en a para dich os actos.69

Con este trasfondo y clima, se notó a fines de 1901 una intensi­
ficación de la política de persecuciones y hostigam iento por parte
de la policía, sin fundam ento judicial alguno. Con el objeto de de­
tectar y acusar a los anarquistas la policía de Buenos Aires creó
una “sección especial”. U na pequeña inform ación en La Protesta
H um ana señala: “Según los rotativos, desde el 1 de octubre la ter­
cera guardia de la c a p ita l... se subdividirá y m ultiplicará para
vigilar, seguir constantem ente y recoger lo que los anarquistas pien­
san y hacen.” 70
La policía de Buenos Aires no era exclusiva en su política anti­
anarquista inflexible. Recordemos, por ejemplo, la m uerte del obre­
ro Budeslavich, cometida por un oficial de policía de Rosario em­
pecinado en perseguir a los dirigentes obreros anarquistas. El endu­
recim iento del com portam iento policial se extendió tam bién contra
la actividad de los sindicatos obreros; las persecuciones antianar­
quistas, a fines de 1901, coincidían con las persecuciones contra
dirigentes trabajadores y elementos activos en las huelgas.

L A A C T IT U D

A N A R Q U IS T A

H A C IA

EL TERROR

Y L A V IO L E N C IA

E N L A S L U C H A S S O C IA L E S

A raíz del cambio notable que se operó en las relaciones del orden
institucional económico-social (así como de la política gubernam en­
tal) para con el anarquismo, entre 1900 y 1901, conviene examinar
69 Segunda Conferencia Internacional A m ericana. C iu d ad de México 19011902 (texto castellano). Edición h e d ía bajo la dirección de la Secretaría G ene­
ra l, M éxico, 1902, p. 106. El texto final del tratad o se aprobó el 24 de enero
de 1902. Sobre la reacción an arq u ista a l d eb ate sobre el tratad o de extradición
en la Conferencia P anam ericana, véase G. In g lán L afarga, “El congreso de los
infusorios”, en La Protesta H u m a n a , 2 de noviem bre de 1901. “Es ridículo, por
ta n to , pensar q u e con algunas m edidas a rb itra ria s tom adas contra las hom bres
qu e p ro p ag an u n a idea, se m ata a ésta.”
70 “ N otas", en La Protesta H u m a n a , 12 de o ctubre de 1901.

de qué m odo se conducían los propios anarquistas en aquella épo­
ca. Al estudiar esta cuestión debemos tom ar en cuenta la división
del sector anarquista en diversas corrientes, pues por encima del
radicalismo que caracterizaba a todas resaltaban diferencias sus­
tanciales, en cuanto a sus enfoques y estilos, entre los círculos p ar­
tidarios de El R ebelde, por u n lado, y La Protesta H umana y
L ’Avvenire, por el otro, cuando se trataba de la concepción rela­
tiva a la lucha contra el régim en existente y al terror. E l Rebelde,
desde su aparición, sobresalió como adicto a la violencia en la
lucha contra el régimen, a la vez que justificaba sin reticencias
las acciones de “terror personal”. En 1900, antes aun de que se
asesinara al rey H um berto I de Italia, El R ebelde tuvo ocasión
de aprobar el terror personal. Ello ocurrió al conocerse la noti­
cia del atentado a la vida del príncipe de Gales. En un artículo
al respecto justificaba por completo el hecho considerándolo un
acto de protesta, a la vez que culpaba a la sociedad burguesa de
que, con sus arbitrariedades, em pujaba a la gente sensible a obrar
de ese modo. Asimismo, añadía: “No somos los anarquistas los cul­
p a b le s ... m ientras haya verdugos, habrá vengadores.” 71
Después del asesinato de H um berto I, cometido por el anarquis­
ta Bresci el 29 de julio de 1900 en Monza, el problem a del terror
personal pasó a ocupar un lugar principal en los ejem plares del
periódico. El prim ero de los artículos sobre el tema llevaba un
título muy significativo: “Bresci m ártir.” El autor, por cierto, no
exhorta desembozadamente a m atar reyes, pero justifica sin ate­
nuantes el suceso. Y puesto que la prensa en general tiende a pre­
sentar a Bresci como delincuente, él lo define como m ártir.72 En
este espíritu escribió, tras cierto tiempo, el publicista anarquista
S. Locascio, quien inclusive elogió a los terroristas que m ataban
a reyes, afirm ando que seguían u n rum bo histórico. A su juicio, el
rey, en su posición autoritaria a ultranza, se aparta del pueblo y se
convierte indefectiblem ente en un enemigo. “Y como enemigo se lo
aplasta cual a un reptil venenoso... Hoy uno... y m añana qu i­
zás u n pueblo los aplasta a todos.” 73
En esa época E l R ebelde publicó una serie de artículos sobre
los atentados políticos en el siglo xix (entre ellos, tam bién los anar­
quistas); como conclusión destacaba que el terror, cuando estalla,
presta ayuda a la propaganda. Sin embargo desm entía que el ten o r
“es organizado” de antem ano y negaba los cuentos sobre “echar
suerte”, según los cuales los anarquistas escogían a alguno de sus
71 J. C laro, "S ipido”, E l R eb eld e, 6 de m ayo d e 1900.
72 D. Vroche, “ Bresci m á rtir”, E l R eb e ld e , 12 de agosto de 1900.
73 S. Locascio, “Justicia histó ric a ”, E l R ebelde, 26 de agosto d e 1900.

miembros para la ejecución de tal acto. T a l p aso sería de por sí
coercitivo y opuesto al espíritu del anarquism o. El terror personal
es siem pre un acto espontáneo de protesta, que comete una per­
sona sensible contra la injusticia.74
Este enfoque aprobatorio del terror y la violencia en las luchas
sociales, subsistió en el periódico tam bién en 1901. En uno de sus
núm eros del mes de mayo (antes del atentado en Buffalo, contra
el presidente MacKinley), se insertó un artículo sobre el “Procedi­
m iento de la revolución”, donde el autor, Felipe Layd a, menciona
una conversación en París con el pensador anarquista J. Grave.
F e lip e L a y d a: D íg a m e u s te d su p a r e c e r s o b re los a te n ta d o s q u e a lg u n o s
jó v e n e s v ie n e n h a c ie n d o c o n tr a p e rs o n a je s d e la v id a p o lític a .
J . G ra v e : P u e d o r e s p o n d e r a u ste d , q u e n i los c o n d e n o n i los a p la u d o .
Sé c o m o u s te d d e los c rím e n e s q u e estos p e rs o n a je s c o m e te n e n el e je rcic io
d e l p o d e r; p e ro ta m b ié n sé q u e los a se sin a to s a q u e u s te d se re fie re no
so n a cto s re v o lu c io n a rio s.
F . L a y d a : P e ro si es v e rd a d q u e la R e v o lu c ió n h a d e v e n ir, d e a lg u n a
m a n e r a h a y q u e h a c e r la . . .
J . G ra v e : Sí, p e ro yo creo q u e la Q u ím ic a c o n la E le c tr ic id a d es la
e n c a r g a d a d e h a c e rla . N o sé có m o p e n s a rá la g e n e r a c ió n q u e la re alic e ,
p e ro e n m i c o n c e p to h a b r á u n a c o n s p ira c ió n q u e te n g a p o r o b je to h a c e r
v o la r, e n u n m ism o d ía y a u n a m is m a h o ra , el V a tic a n o c o n c in c o o
seis m il p e re g rin o s d e n tr o , éstos ta n c u lp a b le s d e l m a l co m o el P a p a ,
y seis y o c h o C o n g re so s d e L e g isla d o re s, ta m b ié n c o n ellos a d e n tr o , de
d is tin ta s n a c io n e s . H e c h o lo c u a l, to d o p o lític o y to d o c lé rig o te m b la rá n
y c a m b ia rá n in s ta n tá n e a m e n te d e o f i c i o . . . D e sp u é s d e to d o , la R e v o lu ­
c ió n así h e c h a se rá m e n o s te rro rífic a q u e las r e v o lu c io n e s p a sa d a s y las
g u e rra s q u e p r e s e n c i a m o s ...

L a crueldad de las palabras estremeció al autor, quien dice por
últim o:
C a llé a n te ta n a tre v id o p ro c e d im ie n to d e h a c e r u n a re v o lu c ió n ; y si
b ie n e n el fo n d o es b a s ta n te m ás ju s to q u e to d o s los p ro c e d im ie n to s u sa ­
dos p o r los c o n s p ira d o re s p o lític o s , q u e d é c o n la d u d a d e q u e fu e ra p ra c ­
tic a b le .75

N o tenemos confirmación alguna de que esta conversación s e
haya realizado realm ente. Pero si J. Grave —conocido por su posi­
ción am bivalente en cuanto al tem a— dijo o no lo que se le atri­
74 "Los atentados políticos del siglo x ix ”, E l R ebelde, 9 de septiem bre de
1900. Esta concepción concuerda con las com probaciones d el investigador, doc­
to r Z. Iviansky. Véase E l terror personal, op. cit., pp. 9-10 y 36.
75
F. Layda, ‘'P rocedim iento de la revolución”, E l R eb eld e, 25 de m ayo
de 1901.

buye, nos im porta que la conversación se haya publicado, pues
prueba el estado de ánim o que prevalecía entre la gente de El R e ­
belde.76 No sorprende entonces que al producirse el atentado del
anarquista Czolgosz contra el presidente norteam ericano M acKin­
ley, el periódico saludara el hecho y sin reticencia se identificara
con el culpable.77
E n vez de la prédica sin atenuantes q u e caracterizaba los núm e­
ros de E l R ebelde, se advierte contención y am bivalencia en La
Protesta H um ana al juzgar los actos de terror personal. Después
del asesinato del rey H um berto I, La Protesta H um ana publicó las
reacciones despertadas por la persecución antianarquista pero no
se identificaba con Bresci. En ese núm ero tam bién se insertó una
noticia dando cuenta que los grupos de anarquistas de Buenos
Aires habían publicado una declaración señalando que el asesinato
de reyes no es un resultado directo de la doctrina anarquista, ya
que tam bién otros movimientos de la sociedad m oderna obraban
de ese modo. O m iten decir que atribuyen la culpa del acto desespe­
rado a la injusticia existente en el régimen, y despojan de cargos
al ideal y a la doctrina del anarquism o, pese a que el atentador se
considera anarquista.78
76 Sobre esta a ctitu d h acia la violencia y el terro r, p o r p a rte de intelec­
tuales anarquistas, dice el conocido investigador Z. Iviansky en su trabajo:
“ E x h o rta b an a ‘la p ro p a g an d a p o r m edio de la acción’ cuando en verdad es­
tab a n entregados p o r entero a la p ro p a g an d a y no a la acción. P ero la acción
se llevaba a la práctica p o r las m anos callosas d e los rebeldes, m altratad o s y
h am brientos. Veremos q u e se creaba u n a d isp a rid a d gran de e n tre el brillo
de la consigna y las acciones sangrientas, q u e causaban víctim as inocentes. ’
Com o ejem plo de la tragedia de la in te lec tu a lid a d p e rd id a , trascribe las p a la ­
bras de Francisco Ferrer: “ Me lla m an a n a rq u ista p o r u n a frase e n la que
h a b lé de ‘ideas de la destrucción en el pen sam ien to ’. P ero tom en nota de
q u e a u n q u e son ‘ideas de destrucción en el p e n sam ien to ’, los pensadores e
intelectuales p re firiero n el p e n s a m ie n to ... fu ero n sus alum nos, los que lo
llevaron a cabo y p agaron con la v id a ” (pp. 68-69).
77 " L a d ra d p e rro s”, en E l R ebelde, 14 de septiem bre d e 1901; “ Los actos de
rebelión in d iv id u a l”, en E l R eb e ld e , 30 de noviem bre de 1901.
78 "N osotros n o sem bram os m ás q u e la esperanza de redención despertando
las conciencias adorm ecidas d el p ro letaria d o m ísero y v ilipendiado, in filtrá n ­
dole el conocim iento de sus derechos y d e s tin o s ... El rey H u m b e rto , dicen, no
era el responsable de todo aq u el m al q u e en su nom bre h acían los m inistros.
¡Sea así! Pero entonces deb en los a n arq u istas ser considerados com o responsa­
bles de todo lo q u e el in d iv id u o ejecuta e n n o m b re de la a n a r q u í a ... ¡N os­
otros, proclam ám oslo a lto ! No reconocem os como p rin cip io el derecho a m a t a r ...
La violencia viene d el pasado, y las dom inaciones que hicieron de ella u n
sostén la e n g e n d ra ro n . . . ”
Esta c ircular se publicó en La Protesta H um a n a el 19 de agosto de 1900;
“I n difesa de u n id eal”, L ’A vven ire, 4 de agosto de 1900; "E n defensa de u n
id ea l”, R o jo y N egro, B olívar, agosto de 1900.

Debe señalarse que, en lo referente al terror, como a la cuestión
de la actividad en los sindicatos obreros, los adictos a La Protesta
H um ana y a L ’Avvenire siguieron la línea que distinguió en esa
época a los anarquistas de Europa. En enero de 1901 se publicó
en prim era plana y en forma destacada, un artículo del español
R. Mella, donde subestima el valor de los actos de terror y los
supone meros actos demostrativos, que no pueden prom over el
progreso de la sociedad.
R. M ella atribuye m ucha im portancia al estilo de vida anarquis­
ta p ara cam biar el aspecto de la sociedad: “La propaganda por la
conducta es el m ejor instrum ento de trabajo re v o lu c io n a rio ...’’
Además: “Más resultados efectivos ha dado la propaganda de ideas
y de conducta en estos últimos tiempos, que lodos los hechos vio­
lentos de que irreflexiblem ente se hace por algunos el panegíri­
co.. ."Y finaliza recalcando lo que había dicho u n año antes: “...A
los que piden constantemente: ¡Hechos! ¡Hechos! ¡Hechos!, respon­
demos: Sí, hechos que se deriven del ideal y al ideal se ajusten.” 79
Palabras en ese espíritu —de oposición a los actos de terror—
fueron dichas en esa época, en reuniones de activos anarquistas en
Europa, y recibieron am plia difusión en La Protesta H um ana.80
Sobre el trasfondo de la tendencia general a objetar los actos de
terror, que asomó entre los teóricos anarquistas más descollantes, se
com prende la objeción de P. Gori al atentado contra Mackinley,
form ulada en La Prensa apenas llegó la noticia a la Argentina. En
la entrevista, P. Gori puso en duda que el atentado sea anarquista
y confesó que carecía de sentido, pues al visitar Estados Unidos
com probó que sus leyes son liberales, “lo que no justifica esos es­
tallidos personales”. Pero en seguida añadió: “Como hom bre que
estudia la sociología, no desconozco que la miseria, que es tam bién
crónica en las grandes ciudades americanas, puede haber determ i­
nado la violencia en un ham briento.” 81
T am b ién se dejaban oír voces distintas entre los adictos a La
Protesta H um ana. U na de ellas pertenecía a F. Basterra quien,
como se recordará, al adoptar u n a posición independiente, asume
una línea propia en lo concerniente al Congreso A narquista In ter­
nacional. A su vez, en Los Tiem pos N uevos del 1 de septiembre
de 1900 aborda el tema “El anarquism o y la violencia”. Allí alude
a la “revolución como una fatalidad de las malas condiciones...
79 R. M ella, "L a p ro p ag an d a p o r la co n d u cta”, en La Protesta H um ana,
12 de enero de 1901.
8 0 "M eeting a n arq u ista en L ondres", en La Protesta H u m a n a , 3 de julio
de 1901.
81 P. G ori, “ U na o p in ió n ”, en La Prensa, 7 de septiem bre de 1901.

Y [a] la violencia personal, como otra fatalidad de la im pulsividad
producida por u na autointoxicación en el trabajo excesivo, adqui­
rida o recibida de padres o abuel os . . .8"2
El mismo F. Basterra, un año más tarde, al saberse del atentado
contra el presidente MacKinley, no se estremeció ni lo objetó. Se
refiere al presidente como a una nueva víctima de la política beli­
cosa de la que él mismo fue responsable y a resultas de la cual per­
dieron la vida miles de personas en las tierras de Cuba. El crimen
no tiene conexión con las ideas anarquistas: “las ideas no m atan”.
Czolgosz quiso vengar la sangre de las víctimas de las guerras, y no
había otro modo de hacerlo,83 por lo que “el hecho es co rrec to ..
hallam os natural el acto de Czolgosz”.
Sobre el estado de ánim o de otros intelectuales que se aproxi­
m aron al anarquism o, nos enteramos al leer la opinión de A. Ghi­
raldo, quien en esos días inició su actuación directa en las filas anar­
quistas. El 5 de octubre de 1901 pronunció un discurso en Rosario
y, al referirse al asesinato del presidente MacKinley, señaló: “tenía
que ser así”, pues el presidente era el responsable por la guerra
estadounidense-cubana, que causó muchas víctimas; el acto de m a­
tarlo era u n caso de “violencia de abajo”, para contrarrestar la “vio­
lencia de arrib a”. Sólo era una reacción en cadena provocada por
el régim en existente.84
De un modo análogo lo juzgó el periodista E. Gilim ón; en un
artículo de alcance literario, describió el atentado del anarquista
contra un jefe de Estado. El autor del atentado pronuncia durante
el juicio un discurso de defensa que libera de responsabilidad a la
ideología anarquista y endilga la culpa a la violencia que guarda
en su seno el régim en burgués.85
El Obrero, periódico del sindicato de trabajadores de panaderías,
propenso en general a la línea de La Protesta H um ana, adopta una
posición cuidadosa y prudente. El crim en de Buffalo es presenta­
do como una tragedia, donde cayeron dos víctimas: una representa
82 F. B asterra, "E l anarq u ism o y la violencia", en L os T iem p o s N uevos (1),
1 de septiem bre de 1901.
83F. B asterra, “Czolgosz — M acK inley”, en La Protesta H u m a n a , 14 de sep­
tiem bre de 1901.
84 El discurso se p ublicó como artícu lo en La Protesta H um a n a d el 12 de
o ctu b re de 1901. A. G hirald o , "D e la violencia".
85
“La idea a n a rq u ista no es la q u e arm ó m i brazo, p o rq u e no es idea
m atad o ra. Q uien lo arm a es la idea burguesa, q u e a ú n no p uedo desechar
de m í. Es la idea burguesa q u e a p ro n ta bu q u es y tropas p a ra som eter a quien
no o b e d e c e ... Y bien, este h o m b re que herí, no m e o b e d e c ía ... ib a en contra
de m is in te r e s e s ...” E. G ilim ón, “Idea q u e m a ta ”, en La N ueva Era, Buenos
Aires, 15 de septiem bre d e 1901, p. 5.

a la autoridad, la otra a la libertad y al trabajo. En cuanto al
atentado en sí, señala: “Nosotros no condenamos el hecho, pero
tampoco lo aplaudim os.” 86
Esta tendencia distinguió en ese entonces a la m ayoría de los
activistas en los sindicatos obreros. Pero en octubre de 1901 se ope­
ró un cambio. Los choques entre la policía y los trabajadores en
la gran huelga de la R efinería A rgentina en Rosario, donde el
obrero Budeslavich fue m uerto por u n oficial de policía, provoca­
ron una nueva actitud por parte de los círculos anarquistas de los
sindicatos obreros. El nuevo tono —que era com ún antes— asomó
en un com entario editorial de La Protesta H um ana.
La guerra h a com en zad o por los de arriba, y con los m ism os caracteres
v io le n to s q u e en otros países, d o n d e los trabajadores h a n con testad o a
las provocacion es de fuerza con la m ism a fuerza.
U n obrero h a sid o asesinad o p o r u n fu n cio n a r io p o licia l, y con el
asesino n o se h a n usado p ro ced im ien to s p u estos en práctica con d e lin ­
cu en tes co m u n e s.. .
E se asesinato in m u n e y esos aplau sos a su autor, d ejan la puerta
abierta a todas las vio len cia s. En lo su cesivo n o tendrá la bu rgu esía por
q u é lam en tarse si los trabajadores, antes de ir a la h u elg a para conseguir
las m ejoras q u e n ad ie, n i hom bres n i in stitu c io n e s q u ier en conced erles,
se provean de b u en os revólveres com o lo h acen los obreros n orteam eri­
canos y los m in eros de F rancia, para precaverse de los p osib les asesina­
tos de qu e p u d ieran ser víctim as.87

Pero no sería exacto presentar la aprobación de la violencia (si­
quiera como medio de defensa) en los círculos anarquistas activos
en sindicatos obreros, sólo como una reacción a las violencias poli­
ciales. Ya hemos señalado el estilo violento de El Rebelde. T am ­
bién en La Protesta H um ana hubo llamados a las armas, antes de
q u e los obreros empezaran todavía a armarse, en una colaboración
de J. E. M artí, en la prim era página del núm ero del 10 de agos­
to de 1901. El escrito, sobre la agravación de las campañas obreras
en el futuro cercano, opina que la burguesía em puja a la lucha vio­
lenta, por lo que urge prepararse y armarse:
Sin alardear de bravucones, d ebem os considerar al m áuser com o un ele­
m e n to de prim era n e c e s id a d ... H agam os econ om ías, para a d q u irir in d i­
vid u a l y silen cio sa m e n te u n m áu s e r . . . 88
86 "L a tragedia de B uffalo”, en E l O brero, 22 de septiem bre de
1901.
87 G. Inglán, “La prim era víctim a”, en La Protesta H u m a n a , 2 de noviem ­
bre de 1901.
88 J . E. M artí, "E n g u a rd ia ”, en La Protesta H u m a n a , 10 de agosto de 1901.

E l Sol hizo más aú n para crear u n clim a previo de terror y vio­
lencia en el sector obrero. D urante los días de ánimos enardecidos
por el atentado contra el presidente norteam ericano Mackinley, la
redacción del periódico editó u n folleto titulado: M anual d el per­
fecto dinamitero. En el prólogo, se lee:
E l País d e h a c e c u a tr o d ía s h a c e n o ta r , y c o n m u c h a ra z ó n p o r cierto,
la f a lta d e re v o lu c io n a rio s d e a c c ió n e n B u e n o s A ires, d e p ro p a g a n d is ta s
d e h e c h o , d e a n a r q u is ta s d ig n o s d e ta l n o m b re , d o ta d o s d e e n e rg ía su fi­
c ie n te c o m o p a r a a r r o ja r u n a b o m b a e n el S e n a d o . . . A l m ism o tie m p o
q u e se p e r m ite d ir ig ir a lg u n o s d a rd o s iró n ic o s c o n t r a los jó v e n e s te o ri­
z a n te s de la s m ás m o d e rn a s id eas sociológicas, sin d a rse c u e n ta q u e de
e n tr e éstos su rg e H e n r y [E. H e n ry : e l te r r o r is ta fra n c é s ]. A p e s a r d e todo
esto, cree m o s e fe c tiv a m e n te q u e se im p o n e e n tr e n o s o tro s la p r o p a g a n ­
d a p o r el h e c h o , y es c o n el o b je to d e c o n c u r r ir c o n n u e s tro e s f u e r z o ...
q u e la b ib lio te c a a c a b a d e la n z a r u n a e d ic ió n d e l M a n u a l d e l p e rfe c to
d in a m ite r o (176 p á g in a s ).89

Ejem plares de este folleto —así como de El Rebelde y E l Sol, de
estilo violento— se distribuyeron librem ente en la A rgentina y lle­
garon por supuesto a círculos no anarquistas, con lo que fortalecie­
ron la im agen atem orizadora del anarquism o en la sociedad argen­
tina, no sólo en los círculos de la élite gobernante.
En 1901, por cierto, se produjeron varios pasos de virtual despe­
ñam iento en las tensiones sociales del país: 1) Agravación de los
conflictos laborales; 2) la prim era víctima hum ana en dichos con­
flictos; 3) acentuación de las corrientes anarquistas radicales en los
sindicatos obreros; 4) aum ento del miedo al anarquism o debido a
los actos terroristas en el exterior; 5) intensificación de la prédica
por la violencia entre los anarquistas de la Argentina. Sobre este
trasfondo general se iniciaron los tum ultos de 1902, año en que lle­
garon a su cúspide las tensiones sociales en las relaciones de traba­
jo. El país nunca antes había sido testigo de tal tirantez.

C O N F L IC T O S L A B O R A L E S E N

L A P R IM E R A M IT A D

DE

1902

El año 1902 se inició con graves conflictos laborales en los grandes
puertos, prim ero en el de Rosario y luego en el de Buenos Aires.
En Rosario, los obreros declararon la huelga parcial a comienzos
de enero, con miras a convertirla en general si no se satisfacían
89 E l Sol, 15 de septiem bre de 1901.

sus exigencias. Ju a n Bialet-Massé (quien fuera nom brado por el go­
bierno, en 1904, para investigar la situación de los trabajadores
en el interior) fue testigo ocular de la huelga y la comentó del
siguiente modo:
J u s ta , a m ás n o p o d e r ser, e n el fo n d o , p u e s to q u e re c la m a b a n d ism i­
n u c ió n d e h o ra s d e tr a b a jo y a u m e n to d e su e ld o , te n ie n d o e n ta n ru d o
tr a b a jo la jo r n a d a d e sol a sol, c o n bolsas d e 100 y m ás kilos, y u n j o r ­
n a l d e 2.50 a 3.00 pesos.
P e ro la fo rm a fu e b r u ta l, d ir ig id a p o r el a n a r q u is m o , q u e im p e ra b a
e n to n c e s e n las clases o b re ra s d e l R o s a rio , co m o ú n ic o s e ñ o r . . . E n tal
h u e lg a hizo su a p a r ic ió n el g a rro te , y n o se e c o n o m izó la a m e n a z a . . . Los
p a tro n e s , p o r su p a r te e s ta b a n re s u e lto s a m a n te n e r sus e x p o lia c io n e s .. .
d e c ía n q u e e sta b a n a m p a ra d o s p o r la ley y c o n ta b a n con la p o l i c í a . . .90

Las graves contradicciones entre los bandos llevaron a extrem ar
la huelga y el 13 de enero estalló la huelga general. Fue u n paro
tempestuoso que duró 24 horas, lleno de violencias y choques en­
tre huelguistas y policía; un obrero, M arco Fernández, fue m uerto
y muchos sufrieron heridas.91 La huelga general, que estalló por
inspiración del anarquism o, que tenía m ucha influencia en los
sindicatos obreros de Rosario, no pudo d u rar más de 24 horas, y
finalizó con una avenencia respecto del salario entre los huelguistas
y empleadores en el puerto rosarino. La huelga general —y su
carácter violento— no agradaba al P artido Socialista, que se apre­
suró a publicar una circular donde “lam enta los recientes sucesos
de Rosario y declina toda participación en aquel m ovim iento”.92
Paralelam ente al m ovim iento de Rosario, estalló tam bién un
paro en el puerto de Buenos Aires. El 8 de enero de 1902 La Pren­
sa ya empezó a publicar noticias sobre el curso de la huelga en el
puerto, reflejando gradualm ente la situación general. Según esas
descripciones, los huelguistas revelaron una posición enérgica con­
tra los intentos de in troducir rom pehuelgas por la fuerza, con la
protección policial. H ubo reyertas con los rom pehuelgas y la po­
licía, y los huelguistas lograron evitar que trabajaran. E ntre los
dirigentes del paro había tam bién socialistas activos aparte de
anarquistas, cuya influencia tam bién aquí crecía de continuo.93 La
90 J. Bialet-M assé, E l estado de las clases obreras argentinas a com ienzos del
siglo x x , ed. U niversidad N acional de C órdoba, 1968, p. 453.
91 La Prensa, 14 de enero de 1902.
92 La Prensa, 16 de enero de 1902; T h e R eview of the R iv er Plate, 18 de ene­
ro d e 1902.
93 E n los días de la h uelga se p ublicó un a rtícu lo extenso en el periódico
a n arq u ista en lengua ita lia n a, dando cuenta de u n a particip ació n intensificada

energía de los huelguistas rindió frutos y los empleadores accedie­
ro n a satisfacerlos después del prim er día de paro. Las negociacio­
nes entre los huelguistas y la C ám ara Sindical de la Bolsa comen­
zaron el 9 de enero y finalizaron al día siguiente, cuando se
aceptaron casi todas las reclamaciones de los obreros: la jornada
de trabajo se reduciría a 9 horas y el salario se elevó a 4.00 pesos.
La única com pañía que no participó en las negociaciones y no ac­
cedió a los pedidos obreros fue la M ihanovich.94
Los puertos del país no supieron de sosiego tampoco después de la
prim era ola de huelgas del mes de enero. En febrero de 1902 estalló
una huelga parcial de foguistas y m arineros en el puerto de Buenos
Aires, quienes luchaban por m ejorar sus condiciones laborales antes
de renovar el convenio anual. La m ayoría de los empleadores ac­
cedieron a las dem andas obreras (la única sociedad que se opuso
volvió a ser M ihanovich, que no quería reconocer los sindicatos
obreros).95 A comienzos de marzo de 1902 estalló otra huelga en el
puerto de Buenos Aires; esta vez son los obreros de las barracas de
la Boca y del R iachuelo los que protestan por la violación de los
acuerdos (firmados apenas dos meses antes), a raíz de lo cual vol­
vieron a trab ajar 10 horas diarias y el sueldo se redujo a 2.50 pesos,
Para presionar sobre los huelguistas no sólo se contrató a trabaja­
dores no organizados del interior sino que se utilizó la violencia
policial, en favor, claro está, de los empleadores y rompehuelgas.
El paro duró dos días, y a pesar de los daños causados al comercio,
los patrones se m antuvieron inflexibles, sin que se lograran ven­
tajas concretas para los obreros.96
Seguían las huelgas en Buenos Aires, cuando se dislocaron las
relaciones laborales en el puerto m eridional de Bahía Blanca, don­
d e los obreros pedían una jornada de 8 horas. Los empleadores
trajeron rom pehuelgas de Entre Ríos y Corrientes, lo que desem­
bocó en reyertas y choques violentos. Según La Prensa, la policía
hizo fuego contra los huelguistas cuando gritaron “Viva la anar­
q u ía”. T ras tres días de tum ultos, la policía aplacó el paro por la
fuerza y cometió muchos arrestos. Según La Prensa, los culpables
de la huelga eran “cinco personas... agitadores de tendencias anar­
quistas”.97 La población de Bahía Blanca se mostró solidaria con
de anarco-socialistas en la huelga. " Aggitazioni e scioperi”, L 'A v ve n ire, 11 de
enero de 1902. Cabe recordar que en 1901 se fundó el Sindicato de O breros del
Pu erto, encabezado p o r el a n arq u ista T . Ros (véase más arriba).
94
La Prensa, 9-10 de febrero de 1902; T h e R eview of the R iv er P la te, 11 de
enero de 1902.
95La Prensa, 18-19 de febrero de 1902.
96 La Prensa, 5-9 de m arzo de 1902.
97 La Prensa, 19-21 de m arzo de 1902; E l Obrero, 23 de m arzo de 1902.

los huelguistas y la conducta de la policía despertó enojos, que se
expresaron en una protesta de los comerciantes de la ciudad.98
El mes de marzo se inició relativam ente calmo, en lo que atañe
a conflictos laborales en Buenos Aires y en el resto de la R epúbli­
ca. La Organización Obrera —periódico de la Federación O brera—
lo explica: “En este mes parece que el m ovim iento obrero ha
entrado en un período de calma, luego de la gran agitación que
reinó en los meses anteriores. Pero no vaya a creerse que ésta es
una calma de m uerte... Es un mes que el elem ento obrero se ha
tom ado para prepararse convenientem ente y que en el próxim o
tendrá expresión, a pesar de ser el que verá celebrarse nuestro
Congreso” (el II Congreso de la f o a ).99
A principios de abril, por cierto, empezó u n a ola tempestuosa
de huelgas en Buenos Aires, sobresaliendo la de los cocheros con­
tra las ordenanzas de la M unicipalidad, que pretendía obligarlos
a p o rtar “libreta de filiación” en la cual figurara su retrato, y donde
el em pleador pudiera anotar sus observaciones sobre la conducta
del trabajador. Es d ecir, que de una mera “cédula de id en tid ad ” se
convertía en una “libreta de honradez y buena conducta”. El sindi­
cato de cocheros proclamó la huelga en el curso de una asamblea
general el 1 de abril en la am plia sala del Skating R ing de Buenos
Aires. En la asamblea disertó el anarquista A. G hiraldo, director
de E l Sol, quien llam ó a rom per las libretas dem ostrativam ente.100
Pero al día siguiente se com probó que no había unidad de ideas
entre los cocheros, y un gran núm ero siguió trabajando. E ntre los
huelguistas eran muy activos varios propagandistas anarquistas fa­
mosos, como ser F. Basterra, Orsini, A. M ontesano, quienes habla­
ron muchas veces en las asambleas. La sede central del comando
de la huelga se encontraba en el Skating Ring, pero la policía pro­
hibió en pocos días las reuniones, alegando que el lugar se había
tornado un centro de propaganda anarquista, no u n lugar donde
se encontraban los huelguistas. Los obreros solicitaron con éxito
que el diario La Prensa les cediera sus locales. Cabe destacar la
posición neutral del diario en sus informes sobre la huelga, así
como su anuencia a publicar la palabra de sus voceros, incluso de
anarquistas famosos como F. Basterra, de quien insertó extractos
del artículo “C ontra violencia, razón”, que se refiere a los suce­
sos de la huelga y repudia la brutalidad de la policía. La huelga
98 S. M arotta, op. cit., pp. 142-43.
99 “ M ovim iento o b re ro ”, L a Organización Obrera, m arzo de 1902.
100
L a Prensa, 1 de a b ril de 1902; La Protesta H u m a n a , 5 de a b ril de 1902;
A. G hiraldo, “ A bajo la lib reta", E l Sol, 1 de a b ril de 1902; S. M arotta, op. cit.,
p. 142.

du ró 10 días y abundaron los tum ultos y la violencia de todos los
bandos: los huelguistas, la policía, los rompehuelgas, etc. P or últi­
mo los obreros consiguieron una postergación en la obligación de
po rtar la libreta.101 El propósito no se abolió, pero, ante el estado
de ánim o enardecido, la M unicipalidad se privó de aplicar la orde­
nanza, en tanto que los obreros resolvieron no m ostrar la libreta
si les era pedida; el asunto se estancó. La huelga term inó días antes
de iniciarse el II Congreso de la f o a . Antes de abordarlo, exam ina­
remos varios aspectos adicionales de las huelgas que lo precedieron.
L a opinión de la prensa ante la ola de huelgas en la prim era
m itad de 1902 no era uniform e. Algunos diarios la vincularon di­
rectam ente con la pobreza objetiva de las clases obreras, otros la
supusieron el resultado de la agitación intencional contra el régi­
m en (“agitadores profesionales extranjeros”). La Prensa se m antuvo
fiel a la línea que la caracterizara en los últim os años, cuando
criticó la falta de una política social por parte del gobierno y jus­
tificó en general las huelgas, a la vez que señalaba las molestias
causadas por la protesta obrera. Al com entar la huelga de los tra­
bajadores portuarios escribió:
N o r e s p o n d e n a in s tig a c io n e s tu m u ltu a r ia s n i a e s p ír itu d e r e b e ld ía , sino
o b lig a d o s p o r la n e c e s id a d e x tre m a a n te la in su fic ie n c ia d e l s a la rio p a ra
c u b r ir la s e x ig e n c ia s m ás p e r e n to r ia s d e l p re s u p u e s to d o m é stic o , r e d u c id o
ya a su m ás m ín im a e x p re s ió n .102

Con espíritu distinto —y desde un ángulo diferente— encaró R e­
view of the R iver Plate la expansión de los paros. A su criterio,
las huelgas últim as eran producto de agitadores: “En la actualidad,
Buenos Aires está lleno de descontentos cuya única m eta en la vida
es causar problem as y sacar lo que se pueda d e las huelgas, los cua­
les, siendo por lo com ún de una clase ignorante, son fácilmente
guiados.” Esos elementos están detrás de las huelgas y hay que ac­
tu ar contra ellos por m edio de leyes adecuadas, que perm itan a la
policía operar con eficacia.103
101 “ H uelga de los cocheros” , en La Prensa, 1 de a b ril de 190; “ M ovim iento
obrero, c a p ita l”, en La Organización Obrera, a b ril de 1902; “ Sciopero legale?” ,
en L ’A vvenire, 12 de a b ril de 1902. Este a rtícu lo se escribió con m otivo de la
h uelga de los cocheros, y se expresan m editaciones sobre la a ctitu d legal d u ­
ra n te las huelgas, a raíz de la violencia policial, en especial contra los a n a r­
quistas. " L ’anarchico e la bestia negra che la polizia insegue senza p o s a . . . ” El
a u to r extrae la conclusión de que las huelgas legales no te n d rá n éxito. Los
obreros no lograrán satisfacciones a sus exigencias, si no revelan fuerza: “No é
la forza de la ragione que vale, é la ragione de la forza.”
102 “De a c tu a lid a d ”, en L a Prensa, 6 de enero de 1902.
103 T h e R eview o f the R iv e r Plate, 5 de a b ril de 1902.

La Nación tam bién reveló un punto de vista análogo, pues desde
fines de 1901 asumió la línea em inentem ente antiobrera. En un
artículo contra la ola de huelgas, publicado en julio, censura el
carácter violento que asum en las huelgas, echando la culpa “a
ciertos elementos agitadores que no prosperan sino en las grandes
ciudades y que med ran de los conflictos entre los obreros y sus
patrones”.104
El diario El Pueblo, de M ar del Plata, llegó más lejos y negó
que haya pobreza entre los obreros; afirmó que la situación de los
trabajadores en la A rgentina es buena, y, en un artículo titulado
“El hongo de las huelgas en Buenos Aires”, sostiene que los paros
son producto de la agitación de los anarquistas. De ahí que el
único modo de com batirlos es la prom ulgación de leyes que lim i­
ten su actividad y trabe el ingleso de extranjeros.105

E X H O R T A C IÓ N A L A H U E L G A G E N E R A L

Las huelgas de 1902, así como las reacciones que provocaron, tenían
un rasgo distintivo del que habían carecido todos los paros que se
habían producido hasta ese año, esto es, sobresalían por su tenden­
cia a las huelgas generales. En casi todos los grandes actos de pro­
testas que estallaron desd e los inicios de 1902, la tendencia que
mencionamos no dejaba d e estar presente. Esta inclinación no era
casual, si se piensa en el aum ento de la influencia anarquista en
los sindicatos obreros.106 Desde 1901 los anarquistas de la Argen­
tina se dedicaron a exhortar intensam ente a la huelga general. En
la prensa anarquista de todas las corrientes y matices ideológicos,
abundaron en 1901-1902 los artículos teóricos sobre las ventajas ele
la huelga general como medio eficaz en la lucha obrera contra el
régim en económico y político existente, a la vez que instrum ento
104 El a rtícu lo es m encionado en "A propósito de huelgas”, La Protesta H u ­
m ana, 2 de agosto de 1902.
105 “El hongo de las huelgas en Buenos A ires”, en E l P ueblo, M ar del P la­
ta, 16 de m arzo de 1902. T h e R eview of the R iv e r P late del 1 de febrero de
1902, encara la ola de huelgas en ese e sp íritu : " Las cosas a n d an m uy m al en
el m ercado de trab ajo , lo que hizo q u e el Congreso tom ara m edidas que p e r­
m itiera n tra b a ja r a quienes quisieran h a c e r lo ... Las huelgas c o n tin ú a n ... los
trabajadores se ven im pedidos p o r las am enazas de los holgazanes y de los a n a r­
q u is ta s ... Buenos Aires se ha convertido en el vivero de la hez de E uropa y
la policía se en cu en tra i m p o t e n te ...”
106 “D e la h uelga p a rcial de u n grem io, se pasó a la to ta l de todos los o bre­
ros de u n m ism o oficio. Y de aquí empezó a g erm in ar la idea de la huelga
general.”

idóneo para prom over la em ancipación de los obreros y realizar la
revolución social.107
Al pregonar la huelga general como el medio más eficaz en la
lucha obrera, la prensa anarquista se plegaba a la corriente m un­
dial de los diarios del anarquism o. La idea de la huelga general
—de raigam bre anarquista antigua, form ulada ya en la época de
la I Internacional— conoció un renacim iento a comienzos del si­
glo xx, sobre todo por influencia del m ovimiento obrero francés
en la década de 1890. Las enseñanzas respectivas sirvieron de base
para u na apreciación teórica renovada, a fines del siglo xix; eso
se reflejó en diversos artículos e informes enviados para la discu­
sión en el Congreso A narquista Internacional que debía realizarse
en París. Esos artículos destacan la evolución operada en la concep­
ción de la huelga general, como fruto de la experiencia, y formulan
varios pensamientos estratégicos generales que luego se difundieron
por medio de la prensa anarquista.108
Además se sabe que en deliberaciones confidenciales celebradas
en París y luego en Londres, con la participación de numerosos
pensadores y m ilitantes anarquistas europeos, se adoptó la reco­
m endación de la “huelga general” como u n m edio para la lucha
de los sindicatos obreros sometidos a la influencia anarquista, así
como una m eta revolucionaria de los círculos anarquistas en todas
partes.109 Cabe suponer que la ola de huelgas grandes y generales
que estalló en Europa en aquella época,110 se vio influida en grado
107 “ La h uelga general”, en La Protesta H u m a n a , 26 de enero de 1901; "M ás
sobre la h uelga general", ibid., 9 de febrero de 1901; " P o r la huelga general”,
ibid., 16 de febrero de 1901; "L a urgencia de la h uelga general”, ibid., 23 de
febrero de 1901; López M ontenegro, "L a h uelga g e n era l”, ibid., 2 de marzo
de 1901; "Los socialistas co ntra la huelga general”, ibid., 13 de a b ril de 1901;
Pellico, “ A confesión de p a rte ”, ibid., 20 de a b ril de 1901; “ La huelga general”,
ibid., 14 de septiem bre de 1901; "L a huelga general", ibid., 12 de o ctubre, 9 de
noviem bre y 23 de noviem bre de 1901; P. K ropotkin, “Son prácticos los a n a r­
q u istas”, ibid., 8 de febrero de 1902; "L a huelga g e n era l”, ibid., 15 de febrero
de 1902; “La huelga general”, 12 de ab ril, 19 de a b ril, 1 de mayo, 10 de m ayo de
1902; López M ontenegro, “ Defensa social” , E l R ebelde, 29 de m arzo de 1902; “La
razón de la fuerza”, ibid., 23 de agosto de 1902; “ G li anarchici e i sin d icati”,
L 'A vvenire, 2 de febrero de 1901; "A gitazioni e scioperi”, ibid., 11 de enero
de 1902; I. A lonsini, “La huelga general”, E l O brero, 21 de m arzo de 1901;
"L a h uelga g e n era i”, ibid., 5 de agosto de 1902. Adem ás de todos esos artículos
se p u b licaro n m uchos otros sobre las huelgas generales en E uropa, en esa época.
108 Ibid.
109 “ E n L ondres, M eeting a n a rq u ista ”, en La Protesta H u m a n a , 13 de ju lio
de 1901.
110 Pellico, "E l actu al m ovim iento o b re ro ” , en La P rotesta H u m a n a , 30 de
m arzo de 1901; L. B onafulla, "D esde F ra n c ia ”, ibid., 30 de m arzo de 1901; R.
M ella, "L a agitación obrera en E spaña”, ibid., 22 de ju n io de 1901; “ Italia y

sumo por esta tendencia de los anarquistas. Las noticias sobre huel­
gas generales en Europa llegaron a A rgentina e influyeron sin
duda sobre el ánim o de los trabajadores. Contam os con informes
detallados de la influencia ejercida por las noticias sobre la huel­
ga general en Barcelona, que estalló en febrero de 1902. Esa huelga
tuvo en seguida m ucha publicidad en la prensa general,111 artícu­
los de aprecio e identificación en los periódicos anarquistas, y supo
asimismo de la edición de un boletín diario especial (auspiciado
por La Protesta H um ana) para difundir noticias cotidianas sobre
el curso de la huelga.112 El com entario de D. Abad de Santillán
— “el ejemplo de la gran huelga de Barcelona... había repercutido
intensam ente en las filas obreras de la A rgentina”—113 me parece
m uy justificado, conforme a los datos que obran en nuestro poder.
E n todas partes donde había anarquistas activos en la huelga, aso­
m aban las tendencias a convertirla en una huelga general.

T E N S IO N E S E N

L A S R E L A C IO N E S D E S O C ÍA L IS T A S Y A N A R Q U IS T A S E N

LOS

S IN D IC A T O S O B R E R O S

El fortalecim iento de la tendencia hacia la “huelga general” entre
los anarquistas activos en 1902, la intensificación de la propagan­
da en ese sentido en los periódicos y la tentativa de llevarlo a la
práctica a principios de año en Rosario (el 13 de enero), llevó
a una disparidad ideológica seria entre socialistas y anarquistas en
los sindicatos de la f o a , y se agudizaron las diferencias tácticas
en cuestiones diarias. Los socialistas de la A rgentina se oponían
por principio a la huelga general. Esta oposición en el pasado se
expresó reiteradam ente y fue u n motivo de polémica con los anar­
quistas.114 Pero en el I Congreso de la f o a los socialistas accedieron
E spaña”, E l Obrero, 23 de febrero de 1902. Véase tam b ién la observación de
H . H obsbaw m , en su libro L a b o u rin g m an, p. 132.
111 L a Prensa, 20-23 de febrero de 1902. Este diario le dedicó m uchas co­
lum nas.
112 “ B arcelona", La Protesta H u m a n a , 22 d e febrero de 1902; “Los sucesos
de B arcelona”, E l Obrero, 23 de febrero de 1902; R . M ella, “Después de la
h u e lg a ”, La P rotesta H u m a n a , 28 de ju n io de 1902.
113 D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 84-85; S. Fany
Simon, “A narchism a n d anarcho-syndicalism in L atin A m erica”, en T h e H is­
panic A m erican H istorical R eview (1946), vol. 26, pp. 40-41.
114 P a ra u n a expresión evidente del enfoque socialista en el sentido de que no
hay perspectivas de éxito p a ra la huelga general, véase en “ H uelga general; teo­
ría y p rá ctic a ”, La Organización (6), ju n io de 1901. “ La huelga general favorece a
los p a tro n e s”, La Vanguardia, 19 de octu b re de 1901; sobre la polém ica entre

a conciliarse con los anarquistas, en una cláusula que aprueba la
huelga general y ve en ella: “la base suprem a de la lucha económi­
ca.
Según esa cláusula, se recurriría a la huelga general “cuan­
do se dem uestre la oportunidad de prom overla con posibilidad de
éxito” (véase más arriba el inform e sobre las deliberaciones del Con­
greso). Este texto era m uy nebuloso y dio lugar a interpretaciones
contradictorias, en cuanto a la “o p o rtu n id a d ... con probabilidad
de éxito”. De aquí las divergencias apasionadas sobre la agrava­
ción de las huelgas hasta convertirlas en huelgas generales.
La actitud hacia la “huelga general” era uno de los temas que
dividía a anarquistas y socialistas en la f o a , pero no era el único;
el clima de cooperación que caracterizó el curso del congreso en
1901 no perduró. Como se recordará, las tendencias separatistas ya
asomaron en 1901, al resolver los sindicatos obreros socialistas se­
guir editando La Organización y crear un comité de propaganda
gremial. A comienzos de 1902 se supo de otra etapa en las ten­
dencias divisionistas en la f o a , cuando los sindicatos obreros so­
cialistas resolvieron fundar un organismo federativo paralelo: la
U nión G eneral de T rabajadores.115 No todos los adictos activos
socialistas en los sindicatos obreros se m ostraron de acuerdo con
tales pasos; a comienzos de 1902 había socialistas que siguieron
actuando en la f o a y se resistían a los propósitos divisionistas de
los círculos de La Organización.
Apenas se supo del deseo de fundar u n organism o federativo
paralelo y rival de la f o a , ésta, por interm edio de su comisión ad­
m inistrativa, publicó una declaración extensa dirigida a los traba­
jadores de la A rgentina, en el núm ero de enero de La Organización
Obrera, entre cuyos firm antes se encontraba Francisco Cúneo, un
socialista.116 En ese manifiesto, la comisión adm inistrativa censura
las tendencias de círculos de La Organización, de crear una nueva
federación, viendo en ella “una cam paña partidista, interesada, per­
niciosa”, sin la m enor justificación objetiva para las necesidades
organizativas y la lucha de los obreros.
El m anifiesto plantea seguidam ente una pregunta:
anarquistas y socialistas sobre la huelga general, véase “La huelga general”, La
P rotesta H um ana, 26 de enero de 1901; "Más sobre la huelga general”, ibid.,
9 de febrero de 1901; "Los socialistas contra la huelga general”, ibid., 13 de
abril de 1901.
115
Sobre las etapas del alejam iento d el grupo La O rganización de la FOA,
véase “ La O rganización”, La Vanguardia, 26 de o c tu b re de 1901; ibid., 14 de
diciem bre de 1901; S. M arotta, op. cit., t. I, pp. 120-21 (sobre las tendencias a
crear u n a organización p a ralela, la ugt).
116 “L a Federación O b rera A rgentina a todos los obreros de la R ep ú b lica”,
en La Organización Obrera, enero de 1902.

¿Es q u e la F ed eración O brera A r g en tin a ha d ad o m o tiv o s im p o sib les de
c o n c ilia ció n , q u e fu n d a m e n te n la n ecesid ad d e levan tar u n n u ev o cuerpo
federativo? Si los h u b iera, se h ab rían estam p ad o d e m an era p referen te:
n in g u n a co n sid eración h a y al resp ecto en su e x p o sic ió n . E x tr a o fic ia lm e n ­
te se ha p rop agad o la esp ecie de q u e nu estra fed era ció n es lib ertaria; y
a u n q u e n o sabem os todavía qu e e llo sea desd oroso y contrario a los p r in ­
cip ios em an cip ad ores q u e su stentam os, q u e e llo sea u n a taq u e a los altos
fin es de la fed eración , n egam os en a b solu to la veracid ad d e la e sp e c ie .. .

El manifiesto arguye que el cuadro falso sobre la imagen de la
federación, se ofreció intencionadam ente: “Se ha querido crear una
atmósfera en el sentido de que nuestra federación era partidista,
para levantarse ellos como partido opuesto.”
Y
eso, sin base real. El m anifiesto recalca el clim a de coopera­
ción y contemporización que caracterizara al congreso constitu­
yente de la federación, y señala la existencia de ese clima en la
actividad de la misma. Como prueba, el autor destaca: “Primero,
que nadie podrá p robar que se haya hecho parcialidad ni parti­
dismo nunca, y segundo, que form an en la federación lo mismo
libertarios que socialistas.. . ”
No hay ningún justificativo para la división ni para crear un
palco separado, añade el manifiesto, “si la federación adm ite todas
las sociedades obreras, sin sujeción ni cohibición alguna”. Y afirma
que la conducta del círculo de La Organización es “obra parti­
dista, exclusiva, sujeta a directivas de p artido”.
Pero aún así, el m anifiesto previene que no se debe acusar de
divisionismo al P artido Socialista en su totalidad: “No queremos
envolver a la obra de unos cuantos a todo un partido, ni podría­
mos hacerlo cuando tantos socialistas form an en nuestra organiza­
ción, y cuando nuestra federación no excluye ni rechaza a corpo­
ración alguna aunque se distinga por partidaria de alguna escuela
socialista, porque es m eram ente obrera, de luch a económica, y
basta.”
La federación nueva, en cambio, “se levanta precisam ente por­
que quiere ser exclusiva y sujeta a las conveniencias partidistas, no
del P artido Socialista en general, sino de u n a parte de esa agru­
pación”.
El manifiesto es u na revelación singular y especial de coopera­
ción entre anarquistas y socialistas en la f o a , en la lucha contra
un grupo socialista divisionista, así como un testim onio de las di­
sensiones internas en el Partido Socialista.117 Esta cooperación se
117 A m i parecer, radica en esto el comienzo de la d isp u ta que, con el correr
del tiem po, llevó al P a rtid o Socialista a escindirse en tre socialistas y sindica-

m antuvo tam bién en febrero de 1902, cuando el P artido Socialista
desautorizó oficialm ente la actividad del grupo La Organización
por m edio de una declaración publicada en La Vanguardia del 8 de
febrero: “Creemos que tanto socialistas como anarquistas, tienen
ancho campo donde trabajar y pueden muy bien aunar sus fuerzas
sin perder nada de sus respectivos principios de táctica, tanto en
la federación como dentro de las sociedades de resistencia.” 118
Pese a esa declaración y a las revelaciones señaladas más arriba
sobre la cooperación entre anarquistas y socialistas en la f o a , no
reinaba la arm onía en las relaciones entre los círculos de unos y
otros. En los núm eros de La Protesta H um ana, de comienzos de
1902, puede leerse sobre ataques m utuos en torno a cuestiones di­
versas: reacciones contra los infundios de La Vanguardia en per­
juicio de P. Gori (a raíz de las discrepancias sobre la huelga de
Barcelona), actitud hacia las elecciones celebradas en marzo de
1902.119 Puede suponerse, por lo tanto, que pese a la cooperación
en la f o a con algunos socialistas, no cesó el odio ni la desconfianza
entre las dos corrientes, cada una de las cuales se em peñaba en
am pliar su posición en la federación.120 En vísperas del II Congre­
so de la f o a , en abril de 1902, se creó una situación de equilibrio
delicado entre las tendencias opuestas, de cooperación y escisión,
de com prensión y hostilidad, en la que cualquier elemento pertur­
bador podía desbaratar ese equilibrio.
Eso ocurrió ciertam ente en el II Congreso: la cooperación entre
anarquistas y socialistas se anuló, por causa de un tema lateral, casi
formal: la aprobación de las credenciales de los delegados.
Cabe señalar que la resolución que causó la desavenencia fue
aprobada por el comité federal (donde form aban parte tam bién los
socialistas). A fines de febrero, cuando se deliberaba sobre los prepa­
rativos para el II Congreso, se redactó así la siguiente disposición:
listas en 1906. El análisis de este tem a trasciende los m arcos de m i trabajo,
p o r lo que m e lim itaré apenas a señalarlo.
118
“A la v a n g u ard ia ”, La Organización Obrera, febrero de 1902.
119 “P a rtid o de h ip ó critas”, La Protesta H u m a n a , 8 de febrero de 1902;
“El socialism o se im p o n e ... a los pillo s”, ibid., 22 de febrero de 1902; “T r a ­
bajadores no votéis”, ibid., 5 de m arzo de 1902; "D esagradecidos”, ibid., 12 de
a b ril de 1902. D. A bad de Santillán, "L a P ro testa” , en Certamen internacional
de “La P rotesta’’, p. 40 (sobre los ataques de La Vanguardia contra P. Gori).
120 J. O ddone, en su libro G rem ialism o proletario argentino, al an alizar esta
época, culpa p o r entero a los an arq u istas p o r el em peoram iento de las re la ­
ciones y recalca que los socialistas son inocentes (véase p. 93). De acuerdo con
lo dicho m ás a rrib a , nos parece que las observaciones de O ddone son tenden­
ciosas y parciales, y que la agravación de las relaciones, si fue prem editada,
devino de la conducta de los dos bandos, tan to el a n arq u ista como el so­
cialista.

Pueden participar en dicho congreso todas las sociedades gremiales de la
República, aunque no sean adheridas a la federación, siempre que cuen­
ten por lo menos con 25 asociados. Cada sociedad, indistintamente, tiene
derecho a dos representaciones. Los representantes de la capital deben
pertenecer a las mismas sociedades que representan. Las sociedades del
interior que no quieran nombrar directamente sus delegados, pueden
nombrar a cualquiera, siempre que pertenezca a alguna sociedad adheri­
da al congreso.121

E L II C O N G R ESO D E L A F O A

El II Congreso de la Federación O brera A rgentina tuvo lugar los
días 19-21 de abril, en el salón Vorwárts de Buenos Aires. Acudie­
ron 86 delegados en representación de 47 sociedades122 (incluso los
121 La Organización Obrera, m arzo d e 1902.
122 L a nóm ina de las sociedades de la cap ital y del in te rio r, adheridas al
Congreso:
C apital: 1) Mecánicos: Ignacio O rom í; 2) C aldereros: D an te G arfagnini, M a­
n u e l Lisso; 3) Cepiller os, J u a n L ugoni, Carlos Car les; 4) P anaderos, Ju a n
Calvo, A drián T ro itiñ o ; 5) A lbañiles: A gustín B ernasconi, E steban O lgiatti;
6) C onductores de Carros: Santos M ontañal, José López; 7) T alab a rtero s: Luis
Paggi, Ju a n A ldani; 8) H ojalateros y Gasistas, Blas Castelano, V icente Sanz;
9) F undidores, Isidro Iasúa, G om ban M arti; 10) C arpinteros de Instalaciones;
B aldom ero R ipoII, C. M agistrati; 11) C onstructores de C arruajes, Pedro Ponti,
L uis R oselli; 12) Sociedad “ U nión de Cocheros”, Ju a n E zquire, J. M. H e r­
m ida; 13) Zapateros, José Rizzo, J u a n Gómez; 14) B ronceros, A lfredo C ara­
m ella, A lfred C uareta; 15) T a b a q u ero s U nidos, Jo a q u ín L u na, M. Villalva;
16) E banistas, L uis Boffi, L. L aithon; 17) U nión Fraguaderos: J. M. Pérez,
R. M artínez; 18) A paradores de Botas, E ugenio A cerbi, P. Felisoni; 19) M ar­
m oleros, D om ingo M artínez, D om ingo N ieri; 20) T rab a ja d o re s de las Barracas
del M ercado C entral de F rutos, Em ilio R odríguez, D om ingo de Armas; 21) H o r­
neros, J. S. B rum er, Ángel Bespasiano; 22) A rtes Gráficas, José Basalo, J.
T o rren s Ros; 23) O breros d el P uerto, Francisco Ja n in , A ndrés Freire; 24) P in to ­
res: J u a n A liverto, A ntonio V arela; 25) M aquinistas, César Passerini, Pedro T a ­
gliarin i; 26) C arpinteros de R ibera, A gustín G andolfo, J u a n R etto.
In terio r: 27) P anaderos (Santa Fe), Francisco B erri, V icente P erduca; 28) A l­
bañiles (La Plata), J u a n T ossini, Ju a n Mosca; 29) P anaderos (C am pana), A n­
thelm o B runet, D om ingo V illanueva; 30) Z apateros (La P lata), Ju a n F errari,
José C hichi; 31) P anaderos (Chivilcoy), Pedro C arbonell; 32) Panaderos (La
Plata), J. B. C arri, C. A lien ti; 34) T ra b a ja d o re s del P u erto (La P lata), J. Pobes,
P. Saurelli; 35) Sociedad Cosm opolita de Peyrano, R om eo B ianghi; 36) A lba­
ñiles (Rosario), V. B ajanda, J. Fea; 37) P anaderos (P araná), I. M erlino, Jo a q u ín
H u ch a; 38) Panaderos (San Ju a n ), J u a n C im inaghi, José M ella; 39) Panaderos
(Córdoba), R. Albizú, M. A. Castro; 40) P anaderos (M endoza), H éctor M attei;
41) P anaderos (B ahía Blanca), G regorio Inglán, L. Magrassi; 42) T ipográfica
(La P lata), José Franco, H . M orrat; 43) C igarreros de hojas de R osario, E nrique
Royes, V. M azzalupi; 45) Sastres (La P lata), A ntonio De G iorgio, F. Santoli­

sindicatos cuyo periódico La Organización declaró im practicable la
federación y consideró nom inal su existencia). Su prim era tarea
consistió en designar la comisión verificadora de poderes y fueron
electos J. Aliverto y A. Caram ella (socialistas), Gregorio Inglán La­
farga (anarquista). Su despacho originó u n debate largo y acalo­
rado. Provocó enconada discusión la credencial del delegado A. J.
Torcelli (socialista, de oficio periodista, socio de la Sociedad de
Estibadores de La Plata), quien investía la representación de los
panaderos de La Plata.
Se hizo observar que el delegado Torcelli, contrariam ente a lo
resuelto por el comité federal (véase más arriba), no pertenece ni
ejerce el oficio de la sociedad de la cual es socio. (Según lo resuelto
por el comité federal, las sociedades del interior que m andaban
representantes indirectos, podían ser representadas en el congreso
por cualquier obrero de la capital, siempre que estuviera asociado
y su asociación federada. Torcelli vivía en La Plata y por eso no
podía ser representante indirecto, fo rm a lm e n te ...) Al votarse la
credencial de Torcelli, fue im pugnada por 34 votos contra 33.
E n la segunda sesión se pidió reconsiderar la resolución tomada
respecto del delegado Torcelli. T ras larga discusión y acordarse la
reconsideración, se votó otra vez y Torcelli fue rechazado por 37
votos contra 34.
T am b ién fueron im pugnados los poderes de H éctor M attei, de­
legado por la Sociedad de Panaderos de Mendoza. Se pasó a dis­
cutir lo referente al delegado M attei y se presentaron dos mocio­
nes. La prim era, considerando que el delegado M attei estaba en las
mismas condiciones que el delegado Torcelli, pidió que se acepten
o se rechacen las dos. La segunda afirm aba que el delegado M attei
era socio de la sección Oficios Varios de la C apital, adherida a la
federación,123 y que como tal podía representar sociedades del in­
terior, en representación indirecta; por todo ello pide que sea acep­
tado. Puestas a votación las dos mociones, obtiene la prim era 34
votos y la segunda 37. Fue adm itido entonces el delegado M attei
y se rechazó por tercera vez a Torcelli.
Igualm ente m otivaron objeciones las credenciales de A. Patroni
(socialista), Albizú y Castro que aparecían como representando a la
Sociedad de Panaderos de Córdoba. La federación sólo tenía cono­
quido; 46) U nión O b rera (C am pana), V. Casanova, A. Mosca; 47) Estibadores
(Villa C onstitución), C opertino Gris, J. E spañol; 48) Estibadores (San Nicolás),
Nicolás C am podónico. Véase La Organización Obrera, ab ril, 1902.
123
La sección Oficios V arios fue creada p o r resolución del com ité federal,
de fecha 5 de o ctu b re de 1901. P ueden ingresar en ella los obreros q u e así lo
quisieren siem pre que el grem io a q u e pertenecen no esté organizado.

cim iento de los dos últimos. Se enviaron telegramas a Córdoba,
pidiendo aclaraciones. En la apertura de la tercera sesión se leyó
un telegrama de los panaderos cordobeses, aclarando que los dele­
gados eran Albizú y Castro. Con eso se puso térm ino al debate y
A. P atroni quedó excluido como delegado.
Delegados de la m inoría en el asunto Torcelli pidieron una cuar­
ta votación, exigiendo que se adm ita a M attei y Torcelli, “pues
de lo contrario el fracaso del congreso era u n hecho”. Se abrió
discusión. Algunos opinaron que sería m ejor un acuerdo, pero la
m ayoría protestó por la im posición perentoria de la m inoría. Al­
gunos delegados reclam aron que se siga con el orden del día, y
entonces estallaron en ira los de la m inoría. T odos los partidarios
de la admisión de Torcelli se levantaron de sus asientos, vocife­
rantes, y abandonaron el recinto del congreso tras escenas tempes­
tuosas.
Al restablecerse un poco la calma, hubo quienes propusieron pos­
tergar la sesión hasta el día siguiente y otros reclam aban que con­
tinuara. La mayoría se pronunció por continuar. Se hizo un recuen­
to de delegados y se notó la presencia de 28 sociedades, en tanto
que 19 se habían ausentado.124
Acto seguido se acordó m andar u n a comunicación a la prensa
diaria y a las sociedades obreras explicando el m otivo de la división.
Se hizo constar que la razón no era otra que la circunstancia de que
los partidarios de T orcelli se encontraron tres veces en m inoría.
El congreso abordó luego el debate sobre el orden del día, pre­
parado de antem ano. El secretario de la federación dio lectura a
la “M emoria anual de la comisión adm inistrativa de la federa­
ción”, en la que se relató la cam paña contra la federación em pren­
dida por la publicación La Vanguardia y se detallaron los trabajos
de propaganda y organización en que tomó parte la federación o
que los inició.
La cuarta sesión comenzó el 20 de abril a la m añana, sin las
19 sociedades que se habían retirado; se hallaban presentes 46 de­
124
La Organización Obrera, a b ril de 1902, pub licó la siguiente n óm ina de
los sindicatos que se ausentaron:
C apital: 1) Mecánicos, 2) Caldereros, 3) Panaderos, 4) H ojalateros, 5) F u n d i­
dores, 6) U nión Cocheros, 7) Z apateros, 8) T a b a q u ero s U nidos, 9) Fraguadores,
10) M arm oleros, 11) Artes Gráficas, 12) O breros del P u e rto , 13) M osaiqueros.
In terio r: 14) Panaderos de Santa Fe, 15) P anaderos de C am pana, 16) P a n a ­
deros de Chivilcoy, 17) O breros del p u e rto d e La P la ta , 18) A lbañiles de R o ­
sario, 19) Panaderos de P a ra n á, 20) P anaderos de San J u a n , 21) P anaderos de
C órdoba, 22) Panaderos de M endoza, 23) P anaderos de B ahía Blanca, 24) Ci­
garreros de Rosario, 25) Z apateros de R osario, 26) U nión O brera de C am pana,
27) E stibadores de R osario.

legados de 31 sociedades (tres sociedades se agregaron). Se rechazó
la moción de los delegados zapateros y albañiles de La Plata (pro­
ponían suspender el congreso para otra ocasión en vista de los
hechos ocurridos la noche anterior) y tampoco se dio curso a un pe­
dido de que se invite a los delegados ausentes a volver al congreso.
Luego se trató la celebración del 1 de mayo. Se leyó una nota del
comité federal del P artido Socialista, invitando a la federación a
adherirse a la m anifestación que ese partido iniciaba. Se resolvió
no adherirse, porque el Partido Socialista A rgentino era un partido
político. Puesta a discusión, después de un largo debate, se aprobó
por unanim idad la siguiente moción:
El congreso, con sid eran d o q u e e l 1 de m ayo rep resen ta u n a fecha de
d u e lo y de r eiv in d ic a cio n e s para las clases trabajadoras, rechaza toda
ad h esió n a p artid os p o lític o s, e in v ita a todas las socied ades exclu siva­
m e n te obreras grem iales —y a los obreros e n g e n e ra l— a q u e lo con m e­
m oren d ig n a m en te, a d h irién d ose a la in icia tiv a de la F O A .
Las socied ad es adh eridas al congreso, en el caso de n o p od er concurrir
a la m a n ife sta ció n in icia d a por la f o a , n o concurrirán tam p oco a otras
q u e in icia ra cu alq u ier otra agrupación.

En esta resolución, lo mismo que todas las otras en este congreso,
aprobadas en ausencia de las 19 sociedades escindidas, y que fueron
tomadas por delegados en su m ayoría de tendencia anarquista, so­
bresale la negativa al apaciguam iento. La mayoría refleja, a partir
de ese m om ento, los titubeos de los anarquistas activos en los sin­
dicatos obreros en lo referente a los problemas en debate.
La q uin ta sesión comenzó en la tarde del 20 de abril, con la
presencia de 52 delegados de 34 sociedades. En vista de los comen­
tarios publicados por la prensa (en especial en El País) respecto
a lo acaecido en la sesión de la noche anterior se resolvió enviar
notas aclaratorias a todos los diarios. Luego se dio lectura a la
“M em oria de la comisión adm inistrativa de la Federación O brera”,
sobre las condiciones económicas de la R epública A rgentina.
Acto seguido se hizo u n examen detallado de los puntos com­
prendidos en la orden del día, se comenzó a tratarlos y se apro­
baron, después de discutirlas, las siguientes mociones:
Sobre agencias de colocaciones: "El congreso declara que siendo
las agencias de colocación nocivas para la clase obrera —pues son
agencias de estafas disfrazadas— deja a cargo del comité federal
que estudie los medios y la forma en que debe promoverse una
fuerte agitación contra ellas y, como uno de los medios más eficaces
para combatirlas, recom ienda a las sociedades iniciar en cada locali­
dad las gestiones tendientes a la fundación de bolsas de trabajo.”

Sobre Abolición de trabajo nocturno y trabajo a destajo se ra ti­
ficó la resolución tom ada en el congreso anterior.
Sobre trabajo en comandita se aprueba que: “ . . . e l trabajo en
com andita es la forma más infam e de explotación, pues convierte
a unos obreros en explotadores de otros, y como u n deseo m ani­
fiesta que es incom patible pertenecer a una sociedad obrera y
tom ar trabajos en esta form a”.
Sobre propaganda antimilitarista, se aprobó lo siguiente: “El con­
greso obrero, considerando que el m ilitarism o es contrario a los
intereses de la hum anidad, hace votos para que se haga la mayor
propaganda posible contra tan bárbaro sistema, a fin de que el ma­
yor núm ero de jóvenes reclutas vaya a cruzar la frontera antes de
vestir la odiosa librea del asesino asalariado y legal.”
Movidos por la im periosa necesidad de acrecentar las fuerzas
sindicales, los delegados abordaron el problem a de las federaciones
locales para las reivindicaciones de índole social, y sancionaron con
ese objeto que “ ...p ara poder defender m ayorm ente los intereses
de los trabajadores, m ejorar sus condiciones morales y económi­
cas... es necesario la constitución de federaciones locales y de
oficio”.
E n lo que concierne a la fundación de un diario obrero se estimó
necesario que las organizaciones sindicales contaran con u n órgano
de expresión diario en la prensa. A tal efecto, se aconsejó el nom ­
bram iento de u na comisión especial, que con la comisión adm inis­
trativa debería abocarse a los trabajos tendientes a su concreción
(la comisión — compuesta por Inglán, H erm ida y C im inaghi— fue
elegida en la últim a sesión del congreso).
Se pasó luego a tratar los medios de lucha económica. Algunos
delegados inform aron sobre las últim as huelgas, entre ellas la de
los cocheros, y consideraron que casi todas tuvieron resultados sa­
tisfactorios. Los representantes opinaron que era necesaria una
fuerte organización para hacer triunfar, con medios revoluciona­
rios, el único m étodo de lucha: la huelga general. A propósito, se
form ularon las siguientes declaraciones: “El Estado, al enviar la
policía y la tropa contra los obreros en huelga, declara la guerra
al trabajador. Éste tiene entonces el derecho de defenderse, incluso
por medios extremos, como la huelga general.” Seguidamente, el
congreso aprobó la siguiente moción:
E l c o n g reso d e c la ra q u e las h u e lg a s d e b e n te n e r e l m a y o r c a r á c te r d e
re siste n c ia p o sib le , y r e c o m ie n d a p a r a e l é x ito d e la s m is m a s la o rg a n iz a ­
c ió n e ilu s tra c ió n d e los tra b a ja d o re s , re c o n o c ie n d o c o m o b a se s u p re m a
d e la lu c h a e c o n ó m ic a la h u e lg a g e n era l.

Sobre “arbitraje” se discutió mucho y se presentaron dos mocio­
nes. La prim era: “El congreso, reconociendo pernicioso el arbi­
traje, anula las disposiciones tomadas en el anterior y pasa al orden
del día.” La segunda: “El congreso declara dejar am plia autono­
m ía a las sociedades federadas, de recurrir o no al arbitraje en caso
de que lo creyeran conveniente.” Esta segunda moción fue apro­
bada por 32 votos contra 11. Esta votación atestigua que los ex­
tremistas e inflexibles se hallaban en m inoría, en tanto que la ma­
yoría se inclinaba más a las concesiones en problem as de disputa.
En la sexta sesión del congreso (20 de abril) estaban presentes
44 delegados de 26 sociedades (algunos ya se habían vuelto a sus
lugares de origen). Se renovó la consideración del boicot y el sa­
botaje como medios de lucha sindical, proclamados útiles por el
I Congreso de la Federación O brera A rgentina. Los sindicatos
acum ularon experiencias y chocaron con la resistencia patronal y
estatal, sufriendo un gran núm ero de procesos y arrestos.125 Los
delegados expresaron su adhesión y solidaridad con las víctimas y
reafirm aron:
. . .Q u e el b o ic o t y el s a b o ta je so n d e re s u lta d o s eficaces p a r a la causa
o b r e ra y c a b e e m p le a r to d o s los m e d io s d is p o n ib le s p a r a p ro te g e r a las
v íc tim a s q u e o c a sio n e la p r o p a g a n d a d e ese siste m a d e lu c h a .

El tema del cooperativismo fue tratado por prim era vez en este
congreso, pues en el prim ero figuraba en el orden del día (pun­
to núm . 26) pero no llegó a tratarse. Las vacilaciones ideológicas
entre los anarquistas eran muy grandes y los ecos no se acallaron
tampoco después del congreso (véase arriba). En esa etapa de las
deliberaciones, se consolidó el texto siguiente: “El congreso consi­
dera que las cooperativas de producción sólo deben aceptarse como
m edio accidental de defensa y recom ienda la creación de coopera­
tivas de consumo que puedan emanciparse de los interm ediarios,
que nos explotan y envenenan.”
Se discutió después el tema: “A ctitud que deben asumir las so­
ciedades gremiales ante la acción deletérea de los centros católi­
125
"H e a q u í algunos datos hasta noviem bre de 1902: F ue deten id o G. A.
C artei, secretario de la Sociedad de M aquinistas Bonsak, p o r hab er declarado
el boicot a la cigarrería La P o p u lar; fueron detenidos Francisco B erri y Ju an
Calvo p o r hacer p ro p ag an d a d el boicot a la p a n ad e ría La Princesa, declarado
p o r la Sociedad de P anaderos, siendo ellos secretario y gerente de la misma,
respectivam ente; fu ero n tam bién detenidos Sam uel G aray, A lberto L om bet y
T iz ian o A ldiguieri, p o r h a b e r re p a rtid o m anifiestos aconsejando el boicot a la
m ism a p an ad ería. Así tam bién en Chivilcoy, R osario, B ahía B lanca, Córdoba,
M endoza, etc. Los trabajadores su friero n prisiones p o r in citar al boicot.” D.
A bad de S antillán, L a F O R A , op. cit., p. 87.

cos.” Sobre este tem a se aprobó lo que sigue, tras u n a larga discu­
sión:
"..Las sociedades católicas de obreros deben ser combatidas
por las sociedades gremiales y por todos los obreros conscientes en
general, pues sus resultados son perniciosos para la clase trabaja­
dora.”
E n las últim as sesiones, el 21 de abril, se trataron los temas si­
guientes: “Instrucción y educación obrera”, acción m oral de la
misma, crim inalidad. En el curso de la discusión se demostró que
“ . . . e l obrero que pertenece a alguna sociedad em plea su tiempo
disponible para ocuparse en los intereses de la asociación, y no va
a almacenes a embriagarse. Por consiguiente se em ancipa del vicio;
además con el trato continuo entre compañeros se instruye y por
lo tanto está menos expuesto a d e lin q u ir .. . ” Asimismo se exami­
naron los tópicos: “Accidentes de trabajo, higiene en los talleres,
trabajo de mujeres y niños.” Sobre el trabajo de la m ujer se
resolvió tam bién que sean adm itidas en las actuales sociedades
obreras, sin pagar cuotas.
Por prim era vez en u n congreso de la federación se encaró el
problem a de la organización de los trabajadores agrícolas. Tras
una discusión prolongada, se resolvió: “El congreso recom ienda al
comité federal que haga una propaganda a fin de que los traba­
jadores del campo se organicen en sociedades de resistencia.”
En la séptima sesión (la últim a), el 21 de abril se presentaron
y debatieron “los estatutos de la Federación O brera A rgentina”.126
El contenido conciso de las disposiciones principales dice:
N o p o d r á n fo rm a r p a r te d e la fe d e ra c ió n e n tid a d e s o b re ra s c o n m en o s
d e 25 socios, las q u e d e b e r á n c o n tr i b u i r a la c a ja f e d e ra l c o n u n a c u o ta
m e n s u a l d e 5 c e n ta v o s p o r aso c ia d o , h a s ta 500 socios, y d e 2 c en tav o s
p o r c a d a socio q u e e x c e d a d e e sta c a n tid a d . L a s q u e te n g a n e n tr e 25 y
5 00 socios e s ta rá n re p re s e n ta d a s a n te e l c o m ité fe d e ra l p o r dos d e le g ad o s,
las d e m a y o r n ú m e r o p o r tres. T o d o s los a ñ o s la fe d e ra c ió n r e a liz a rá u n
c o n g reso . P a r a d a r c u m p lim ie n to a las re so lu c io n e s d e l c o m ité fe d e ra l
el c o n g reso e lig e u n a c o m isió n a d m in is tr a tiv a d e 12 m ie m b ro s. E l d e le ­
g a d o a l co n g reso a n u a l se rá socio y d e b e r á e je rc e r e l o fic io d e lo s a f ilia ­
dos c u y a a so c ia c ió n re p re s e n ta . E n el caso d e q u e u n a a so c ia c ió n le ja n a
n o p u d ie r a e n v ia r d e le g a d o s a la m ism a , p u e d e e n c a rg a r a in d iv id u o s
socios q u e e je rc e n e l o ficio d e u n a a so c ia c ió n g re m ia l f e d e ra d a d e la
lo c a lid a d d o n d e tie n e l u g a r el co n g reso .

126
Los estatutos fueron elaborados y redactados p o r la com isión adm inis­
trativa, conform e a la resolución d el I Congreso. Los p u b lic ó el n ú m ero 1 de
La Organización Obrera y se enviaron a todos los sindicatos p a ra su exam en
y discusión. Luego fueron elevados p a ra su a probación al II Congreso.

Luego fueron elegidos los miembros de la comisión adm inistra­
tiva: G arfagnini, 27 votos; Ros, 27; Passerini, 25; Basalo, 24; Oro­
mi, 24; Magrassi, 23; Janin, 23; M artí, 22; R ipoll, 20; M attei, 20.
La mayoría de los electos eran conocidos por su actividad o ten­
dencia anarquista, y su elección simboliza la etapa concreta del
vuelco evidente de la federación: de entidad general, pasó a ser
de orientación anarquista.127
Este vuelco asomó en la práctica en todo el curso del congreso:
los debates y resoluciones estaban marcados por las concepciones
anarquistas. Su comienzo, como se recuerda, arranca con el inciden­
te de la escisión de los 35 delegados socialistas, que representaban a
19 sindicatos. C uando se separaron los socialistas, el congreso no
sólo se reveló como exclusivamente anarquista sino que también
127 El II Congreso finalizó, como era h a b itu a l tam bién en otros congresos,
con varias declaraciones generales. U na de ellas re p u d ia b a el clim a bélico que
creaban los gobiernos de C hile y A rgentina (debe acotarse que, en esos días,
se ex tin g u ía el clim a de guerra) y dirig ía saludos fraternales a los obreros
chilenos. Véanse las reacciones y observaciones con respecto a los estatutos en el
a rtícu lo de Pellico en La Organización O brera, septiem bre-noviem bre de 1901.
P a ra la reseña del curso del II Congreso se re cu rrió a las siguientes fuentes:
1)
2)
3)
4)

"E l Congreso O b re ro ”, La Protesta H u m a n a , 26 de a b ril
de 1902;
"E l
Congreso O b re ro ”,La Protesta H u m a n a , 17 de m ayo
de 1902;
"E l
Congreso O b re ro ”,La Protesta H u m a n a , 24 de m ayo
de 1902;
" II Congreso O brero G rem ial de la Federación O brera A rgentina", La Or­
ganización Obrera (9), a b ril, 1902;
5) El R ebelde, 10 de m ayo de 1902; 24 de ju n io de 1902 (inform e idéntico
al de la P rotesta H u m a n a );
6) "E l Congreso O b rero ”, E l Obrero, 29 de a b ril de 1902;
7) La Prensa, 20 de a b ril de 1902. H a b la sobre la división en la Federación
y dice: “Esta escisión fue m otivada p o r la intransigencia de los dos g ru ­
pos a n arq u istas y s o c ia lis ta s ...”

U n a descripción detallada sobre el curso del congreso, basada en los infor­
mes de La Protesta H u m a n a , se en cu en tra tam bién en: S. M arotta, op. cit.,
p p. 121-133; D. A bad de Santillán, La F O R A , op. cit., pp. 80-93. En este últim o
libro es dab le leer, asimism o, u n a valoración num érica sobre el alcance de los
sindicatos obreros que se re tira ro n del congreso y los q u e quedaron. Según esa
estim ación, la división indica las siguientes dim ensiones: N úm ero de socios que
reú n en todas las sociedades re tirad a s del congreso: 1 780; n úm ero de socios
q u e re ú n en las sociedades que perm anecieron en el congreso: 7 630 socios. Sin
em bargo, a) El a u to r no indica el origen de esas ciñ as, y es difícil fiarse en su
c redibilidad , b) Las cifras pertenecen sólo a los sindicatos de la capital, de m odo
que quizás sirvan como in d icad o r general p a ra juzgar la p ro p o rció n d e re ti­
rados y restantes. Esas proporciones c am b iarían em pero
luego.
Véase D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 80-84. Algu­
nas anotaciones sobre el II Congreso de la foa , en M ax N e ttla u (m anuscrito
en el IISG), xv, p. 29-30.

se esfumó cualquier posibilidad de convertir a la federación en un
organism o general que abarcara a todos los sindicatos obreros de
la A rgentina, donde operaran tendencias dispares, anarquistas y
socialistas. El suceso tuvo repercusiones históricas y perpetuó la
división ideológica en los sindicatos obreros, d u ran te los años sub­
siguientes.
¿Acaso la escisión de los delegados de las 19 organizaciones era
inevitable? ¿O fue u n acto premeditado?
Los bandos rivales se acusaron recíprocam ente y se atribuyeron
designios maliciosos, que habrían provocado prem editadam ente la
escisión. La Organización Obrera, de la federación, habla en mayo
de 1902 de “alevosía socialista”, m encionando a Progreso de la
Boca (diario independiente de ese barrio), “ . . . q u e en sus núm e­
ros 315, de fecha 4 de mayo y 318, del 25 de ese mes, donde se
ratificó — dice— que el retiro de los delegados de filiación socialis­
ta del congreso obrero, no había sido por cuestión de T orcelli...,
sino que había sido acordado de antem ano por el comité ejecutivo
del P artido Socialista, con el fin de dem ostrar a la burguesía que
el P artido Socialista no tiene afinidad en ningún terreno con los
anarquistas”.128
Informaciones contradictorias, que acusan por la división a la
dom inación anarquista en la federación, se publicaron en La Or­
ganización y La Vanguardia; el historiador socialista J. O dd one,
basándose en esto, repudia la conducta de los anarquistas en el
congreso: “Decididos a im ponerse por el núm ero a los delegados so­
cialistas, se pusieron con tiem po en contacto con las sociedades del
interior, gestionando las futuras delegaciones que las sociedades
otorgaron ignorando el uso que los solicitantes hacían de ellas.
H icieron más: en su ceguera sectaria, designaron delegados de so­
ciedades inexistentes, fraguaron delegaciones, falsificaron poderes,
en u n proceder indecente e innoble.. . ” 129
La parcialidad y tendenciosidad de esas acusaciones (tanto de
anarquistas como de socialistas), las vuelven no fidedignas para
explicar la escisión; por falta de datos exactos nos circunscribi­
remos a exponerlas unas frente a otras. Para trata r de com prender
la división, recurrirem os a varios datos de trasfondo que facilita­
rán el entendim iento de las causas así como su carácter. Nos refe­
rimos anteriorm ente a las tendencias opuestas en las relaciones
anarco-socialistas en la federación, que no faltaron desde su creación
en mayo de 1901, y señalamos el “equilibrio delicado” en vísperas
del II Congreso. Ese “equilibrio”, a nuestro parecer, se creó por
128 “ P a ra la h isto ria ”, La Organización Obrera, m ayo 1902.
129 J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p. 93.

la tendencia en el consejo federal de la f o a de posibilitar que to­
dos los sindicatos obreros del pais participaran en el II Congreso,
fueran socios o no de la federación, incluso si se habían separa­
do.130 Sem ejante apertura del congreso, debía generar por la fuerza
tendencias contradictorias.
A narquistas y socialistas (de diverso tipo, incluso adictos a La
Organización que querían la división) vieron la ocasión de enfren­
tarse y de ejercer su influencia. Por u n lado, entonces, se aflojó
el propósito separatista, mas por el otro creció la ansiedad por
ocupar posiciones y de ahí la susceptibilidad en cuanto a cargos
representativos, a problemas de m ayoría o m inoría. De ahí tam ­
bién los reglam entos para definir explícitam ente cómo elegir de­
legados.131
En la controversia sobre la credencial de Torcelli y H. Mattei,
la mayoría anarquista actuó según los reglamentos del consejo fe­
deral, a los que se ajustaba formalm ente. (Ver reglam entos más
arriba.) La credencial d e Torcelli era defectuosa, según los regla­
mentos, pues representaba a un sindicato obrero del interior, sin
form ar p arte de él; por otro lado, no era asociado al sindicato obre­
ro de Buenos Aires, donde se realizaba el congreso, según el requi­
sito reglam entario. M attei, en cambio, sí era socio de ese sindicato
(oficios varios), pero precisamente la escrupulosidad en las cláusu­
las del reglam ento por parte de los anarquistas, despertaba sospe­
chas; no se trataba por cierto de fidelidad a los reglamentos, sino
que h abía una lucha por la hegemonía, u n problem a de mayoría
y m in o ría ... La votación agregó algo más: la m inoría socialista
era grande, y la m ayoría anarquista era pequeña, lo que explica
la insistencia en no renunciar a ninguna posición representativa.
Sea como fuere, el congreso exhibió que no había el m enor vestigio
de deseo de contem porizar, tal como ocurrió en el I Congreso;
la mayoría anarquista tampoco dio el m enor paso, no hizo el me­
n o r gesto para halagar a la m inoría socialista, y viceversa.
Con esta realidad se desmoronó pronto el “equilibrio delicado”
frente al prim er obstáculo. El separatismo arrastró a todos los de­
legados socialistas (incluso m ilitantes dedicados a la f o a , como
Francisco Cúneo), y se fueron del congreso.
Los anarquistas no se alarm aron por la separación y siguieron
debatiendo los puntos del orden del día. T am bién se puede supo­
ner, razonablem ente, que el alejam iento les satisfacía. Lo prueban
130 "A sam blea d el com ité fe d era l”, en L a Organización Obrera, febrero 1902,
m arzo 1902.

los com entarios en La Protesta H um ana que saludaron alborozados
el suceso y lo llam aron “escisión benéfica”.132
A nuestro parecer, el II Congreso fue una tentativa de eludir
una realidad complicada, en medio de un clima de rivalidad por
la hegemonía con fuerzas casi iguales. La escisión, por lo tanto, no
fue u n accidente imprevisto, pero tampoco hay que verla como el
producto de una prem editación alevosa. Fue la consecuencia for­
zosa de un proceso inevitable, en el que el incidente T orcelli no
pasó de ser un pretexto, pues en el orden del día del congreso po­
dían haberse dado igualm ente otros pretextos.

132
“Escisión benéfica, observador", La Protesta H u m a n a , 10 de m ayo de
1902; “ C om batiendo u n p e lig ro ”, ibid., 26 de a b ril de 1902.

V. LA GRAN C O N FR O N T A C IÓ N Y LA PRO M U LG A C IÓ N
DE LA LEY DE RESIDENCIA
(MAYO DE 1902-DICIEMBRE DE 1902)

A C T IV ID A D D E L O S A N A R Q U IS T A S E N

LO S

S IN D IC A T O S O B R E R O S

D ESPU ÉS D E L II CO N G RESO DE LA F O A

La separación de los 19 sindicatos obreros socialistas de la f o a no
convirtió a la federación en un organismo anarquista exclusivo.
Los propios activistas anarquistas no la consideraban de ese modo
y la siguieron viendo como una esfera obrera que les ofrecía posi­
bilidad de actividad y propaganda, y se esm eraron por discernir
escrupulosam ente entre las posiciones ideológicas que podían ser
aprobadas en un círculo anarquista, y los enfoques o resoluciones
que se tom aban en una esfera trabajadora de esta naturaleza. Una
expresión de sem ejante discernim iento puede verse en uno de los
ejemplares de La Protesta H um ana publicado casi al clausurarse el
II Congreso, en respuesta a las críticas form uladas por u n m ilitante
desde un pu n to de vista anarquista por el texto "tibio” en la cláu­
sula sobre las cooperativas.1 El periódico adm ite que la resolu­
ción no se ajusta a la concepción anarquista pura, pero explica
que se trata de una resolución tom ada por un congreso obrero y
alega: “Ffay diferencia entre un congreso obrero y uno anarquista;
en u n congreso obrero no puede prevalecer un criterio em inente­
m ente anarquista.”
Esta respuesta se explica sobre el fondo de un enfoque teórico
más general, que reconoce la vitalidad de la actividad anarquista
den tro de esferas gremiales. U na expresión de este enfoque la da
u n editorial en el núm ero de La Protesta H um ana que apareció en
seguida después de finalizar el II Congreso. Desde u n comienzo
plantea la cuestión básica:
¿Cóm o realizar esta tan decan tad a r ev o lu ció n social, q u e . . . abra paso
a l socialism o anárquico?

Y
después de indicar varias posibilidades no satisfactorias, así
como enfoques irreales (tanto de los reformistas como de los revo­
lucionarios extremistas) argum enta:
1 "Sobre cooperativismo”, en L a P ro te sta H u m a n a , 30 de mayo de 1902.
[2251

C reo eq u ivocad o, d a ñ in o el c o n c ep to d e n o considerar aptos para p re­
parar el p orven ir, a tod o acto o toda in stitu c ió n q u e n o sean c o m p leta ­
m e n te anarquistas.

Y seguidamente, am plía su enfoque:
N o pod rem os restringir n u estra c o tid ia n a lab or a la form ación y al soste­
n im ie n to de p eq u eñ o s n ú cleo s d e anarquistas para ayudar a la p rop agan ­
d a oral y escrita d e nu estros p r i n c ip io s ... sin o q u e d eb erem os ex ten d er
aq u élla hasta el p u n to d e hacer sen tir cada u n o de n osotros su in flu e n c ia
en tre e l e le m en to qu e frecu en tam os y con el cual con vivim os: e l trabaja­
dor e n tre sus com p añ eros de fatigas, e l artista en tre los artistas, los h o m ­
bres de cien cia en tre todas sus r e la c io n e s. . .
H a y cen ten ares d e asociacion es en las cuales p o d em o s y d eb em os e n ­
trar para hacer sen tir la b en éfica in flu e n c ia d e nu estros ideales.

Pero, al mismo tiempo, el articulo reitera la im portancia de ve­
lar por las células separadas:
N o q u iere d ecir esto q u e n o consideram os c o n v e n ie n te la form ación y el
m a n te n im ien to de n ú cle o s com puestos pu ra y e x clu siv a m en te p or anar­
quistas, cuya esp ecia l m isió n sea la d e velar in c esa n te m en te para q u e
no se d esfigu re el id eal. C reem os q u e tales n ú cleo s p u e d e n servir de cri­
sol d o n d e ir p u rificá n d o se de los detritos q u e p u d iera n hab erse adh erido
al rozar c o n g en tes q u e sie n ta n de m o d o m u y d istin to de n o so tro s.. . 2

Creemos que estas líneas ocultan el enfoque básico que guiaba
la actividad anarquista de ese año. E n eso se refleja la teoría del
progreso por líneas paralelas, que Pellico expresó en su artículo
(ya mencionado) y que se n u tría de la tradición anarquista euro­
pea de la Alianza bakuniniana en los tiempos de la I Internacional.
U na evolución muy significativa en el dom inio de las relaciones
internas, dentro del sector anarquista, se operó apenas finalizó el
II Congreso de la f o a , cuando se acercaron los círculos de E l R e ­
belde a la actividad de los sindicatos obreros y a la f o a . U n pri­
m er indicio evidente fue el inform e sobre el II Congreso, que el
periódico copió textualm ente de La Protesta H um ana y que pre­
sentó con un acápite llamativo:
E stan d o de acuerdo esta R e d a c ció n con lo p u b lica d o
L a P ro te s ta H u m a n a , refe re n te al C on greso O brero,
abril ú ltim o , y n o te n ie n d o n ad a q u e observar en
(hasta el p resente) rep rod u cim os te x tu a lm en te lo q u e
p u b lica d o .3

p or nu estro colega
lle v a d o a cabo en
lo e x p u e sto p or él
hasta la fech a lleva

2 "E l an arq u ism o ”, en La Protesta H u m a n a , 26 de a b ril de 1902.
3 "E l Congreso O b re ro ”, en El R eb eld e, 10 de m ayo y 24 de ju n io de 1902.

N o cabe duda que u n factor que apresuró esta aproximación,
fue la separación de los sindicatos socialistas de la f o a . En un
artículo con impresiones sobre el congreso,4 se expresa complacen­
cia por el alejam iento de esos sindicatos, cuyo único propósito
— en opinión del autor— consiste en d ar u n matiz político a la
federación y convertirla en u n instrum ento al servicio del Partido
Socialista. “Pero la federación com prendió que la emancipación
de los trabajadores no reside en la política, y h a despreciado, como
se merece, los buenos deseos de los farsantes.”
El au tor exalta la m archa de la Federación y sus sindicatos por
el camino de la lucha económica directa, por el progreso material
y moral de los trabajadores.
El acercamiento entre los grupos anarquistas que en el pasado
lucharon am argam ente en torno a esos problemas, se vio acompa­
ñado por la dism inución de divergencias, sobre todo respecto a un
punto de discordia principal: el tópico de la organización. Una
noticia breve insertada en La Protesta H um ana, es muy insinuante:
A in icia tiv a d e l C entro C ab alleros del Id eal y d el C írcu lo d e Estudios
de la B oca tu vo lugar e l d o m in g o pasado u n a r eu n ió n de lo s susodichos
grupos, a o b je to d e p o n er fin a las divergen cias surgidas e n tr e el com ­
p a ñ ero Spartaco Zeo (de los círculos d e E l R e b e ld e ) y el gru p o L ’A v v e ­
n ire , con m o tiv o de la cu estió n d e táctica (organ ización y an tiorgan iza­
ció n ), p o lém ica q u e trascen d ió m ás a llá de lo necesario.
C on satisfacción p o n em o s en c o n o c im ien to de los com p añ eros que la
engorrosa cu e stió n ha sid o resuelta d e l m od o m ás satisfactorio para am ­
bas partes.5

Inform aciones más precisas publicó El Obrero, vocero del sindi­
cato de obreros panaderos, anarquista, que desde un principio era
activam ente adicto a la organización. U n artículo de polémica con
E l R ebelde sobre la vitalidad de la federación, dice:
Es sab id o p or todos q u e en el cam po a n tiorgan izad or se ha op era d o una
gran e v o lu ció n . N eg a b a n la eficacia de las socied ad es de r e s is t e n c ia .. .
h o y rec o n o c en q u e para lu ch ar con v e n ta ja con tra la p r e p o te n c ia capita­
lista es n ecesario organizar al p r o le ta r ia d o . . . In gresan en las sociedades
obreras y tom an p arte activa e n ellas.

Pero el acercam iento no era completo, según se desprende de lo
que dice el articulista:
4 “ Im presiones del Congreso O brero", en E l R eb e ld e , 31 de m ayo de 1902.
5 La Protesta H u m a n a , 19 de a b ril de 1902.

M anifiestan todavía sus escrúpulos: aceptan la organización de las so­
ciedades de resistencia, pero no la federación de las m is m a s ...6

Sea como fuere, au n esta aproxim ación parcial fue im portante, a
nuestro entender, y señaló un vuelco significativo en las relaciones
entre los rivales dentro del sector anarquista. A p artir de entonces
empezó a reducirse la prolongada discusión en el anarquism o de la
Argentina, entre los “organizadores” y los “antiorganizadores”, y
por últim o desapareció. T odos los círculos anarquistas (excepto los
anarco-individualistas) se dedicaron con insistencia a la actividad
en los sindicatos. N o desapareció la diferencia respecto a la orga­
nización, la iniciativa, la espontaneidad, la violencia, etc., pero ya
no fueron fuente de contradicciones internas considerables, como
en el pasado. Los anarquistas transfirieron el centro de gravedad de
su actividad a la lucha contra el enemigo externo: el gobierno, los
empleadores, la iglesia, el ejército, etc. T am bién contra sus rivales
ideológicos en el m ovim iento obrero: los socialistas y las organi­
zaciones católicas. Se inició para ellos una época de lucha cruel,
precisamente en el año 1902.

A N A R Q U IS T A S A C T IV O S Y

C ÍR C U L O S A N A R Q U IS T A S E N

1902

Es cierto, tras el II Congreso de la f o a las luchas obreras se tor­
naron el campo de acción principal de la mayor parte de trabaja­
dores anarquistas. E n esta realidad, empero, no contaron con la
presencia de P. Gori, el hom bre que en los últim os cuatro años
bregó por ello sin tregua y cuya contribución a sem ejante activi­
dad, en ese momento, podía haber sido muy valiosa. P. G ori se
vio obligado a abandonar la Argentina, por disposición médica, a
comienzos de 1902, y volvió a Italia. H asta el últim o m om ento de
su estada participó con afán en el quehacer obrero y en huelgas, y
la víspera misma de su partida trató de apoyar la huelga de R o­
sario, antes de la proclam ación de la huelga general.7 La posición
notable que alcanzó por su actividad en la A rgentina, se expresó
en una conmovedora despedida organizada por círculos como La
Società Cientifica y el Círculo de Prensa. P. Gori, en el acto de
marras, habló de los círculos que no estaban presentes en la re­
unión, pero con los cuales actuó; en su discurso envió u n saludo
“a la América que piensa y trabaja”.8 No cabe duda que la partida
6 “ Escrúpulos de los antiorganizadores”, en E l O brero, 29 de a b ril d e 1902.
7 "R osario. La huelga de estibadores”, en La Prensa, 11 de enero d e 1902.
8 "C onferencia de P. G ori”, en La Prensa, 13 de enero d e 1902.

de P. Gori en 1902 significó una pérdida para el m ovim iento anar­
quista, y su influencia m oderadora por cierto faltó en las glandes
tempestades en la f o a y en las luchas de los trabajadores.
Pero el m ovimiento anarquista en la A rgentina, en ese entonces,
ya se había ram ificado y entrelazado en muchos dom inios de su
actividad, a la vez que contaba con muchos m ilitantes aptos para
la conducción de las campañas sociales.9 Por lo tanto, pese a la
p artida de Gori, el alcance de la acción anarquista en 1902 no se
redujo; por el contrario fue un año de m ucha intensidad, tanto
en los sindicatos obreros como en los propios círculos anarquistas.
En 1902 prosiguió, a u n ritm o intensificado, la creación de círcu­
los de discusión, de propaganda y de instrucción, cum plieron una
labor estable, sólida, e incluso adquirieron sedes perm anentes o,
tam bién, se esfumaron al poco tiempo. Sea como fuere, se trató
de un año activo.
En especial descolló la labor de los grupos más antiguos, que
celebraban asambleas y reuniones artísticas, cuyos ingresos se des­
tinaban a la propaganda, sobre todo a la financiación de ediciones
de folletos y libros; en este dom inio sobresalió el grupo Los Caba­
lleros del Ideal, que con sus actividades perm anentes adquirió re­
nom bre tam bién entre los círculos no anarquistas; aun La Prensa
insertaba en sus columnas noticias sobre la actividad que desple­
gaba.10 O tro grupo veterano, que obraba de m anera parecida, era
el Defensores de Nuevas Ideas. Este grupo se destacó por las asam­
bleas de esclarecimiento, actos artísticos, representaciones teatrales,
etc., que congregaban a mucho público y que deparaban ingresos
que se destinaban a la propaganda y eran divididos por igual para
los periódicos L ’Avvenire y La Protesta H um ana, así como para El
Rebelde.11
El grupo anarquista italiano L ’Avvenire evidenció una actividad
esencial: a comienzos de año, en febrero, trató de crear una federa­
ción de los grupos anarco-socialistas en Buenos Aires.12 P ara ello
se convocó una asamblea general el 29 de febrero y en el orden
del día figuraba, detalladam ente, el punto relativo a la federación,
9
D. A bad de S antillán enum era u n a larga lista de discípulos de P. G ori
(au n q u e cabe señ alar que sólo p a rte de ellos recibieron su influ en cia y pueden
ser tenidos en cuenta como sus condiscípulos y continuadores). E l m ovim iento
anarquista, op. cit., p p . 77-78.
10 "Asociaciones y grem ios”, en La Prensa, 1 de ju n io , 7 de ju lio y 31 de
agosto de 1902.
11 La Protesta H u m a n a , 24 de m ayo de 1902; 15 de noviem bre de 1902; El
R ebelde, 12 de enero de 1902; 31 de m ayo de 1902; La Prensa, 13 de julio de
1902; 28 de septiem bre de 1902.
12 L a Protesta H u m a n a , 15 de febrero de 1902.

un plan para h ab ilitar filiales nuevas en diversos barrios de la
capital y para form ar un consejo central coordinador de todas las
tareas, que habían llegado a un grado muy ramificado. La vasta
actividad del grupo L ’Avvenire, durante todos esos años, adquiriría
un im pulso considerable en noviembre, a p artir de la habilitación
del centro de propaganda; el día en que estalló la huelga general,
el círculo se aprestaba a celebrar una gran asamblea de m ilitantes
dedicados a la propaganda, en Buenos Aires, para recaudar fondos
destinados a ese objeto.13
O tro círculo que se hizo famoso por su actividad vasta y espe­
cial, fue Los Libertarios de Corrales. M antuvo mucho tiem po la
Escuela L ibertaria, para jóvenes y adultos. La financiaba por me­
dio de contribuciones y con reuniones artísticas, cuyos ingresos
consagraba a esa m eta.14
En 1902 surgieron tam bién grupos nuevos, que pronto se hicie­
ron de renom bre por su actividad. El más destacado fue La A n­
torcha, creado expresam ente para promover el “anarco-comunis­
m o”. Ello im plicaba cierto cambio, pues en los últim os años la
actividad se centraba en grupos que se autodenom inaban “anarcosocialistas”. U no de los hombres más activos en esos grupos fue
Spartaco Zeo, de quien se dijo que logró contem porizar con adic­
tos a la “organización” y partidarios de la “antiorganización” (ver
más arriba). A La A ntorcha le cupo u n papel unificador entre los
anarco-comunistas y entre todos los grupos anarquistas de Buenos
Aires. Se contó entre los más activos, como se desprende de las
abundantes noticias publicadas.15
Asimismo había otros grupos, menos conocidos pero al parecer
intensos: Los M alhechores H onrados, que en su breve existencia
contó con una sede perm anente y publicó una revista;16 El Sol,
en el este de Buenos Aires; La Em ancipación H um ana, T ierra y
Libertad, Los Conscientes, G erm inal,17 todos de la capital.
En el interior funcionaron grupos en los siguientes parajes: R o­
sario, Oradores Libertarios y Solidaridad; M ar del Plata, Los Hijos
del T rabajo; Zárate, La Idea Avanza; Mendoza, Pensam iento y
13 Esta asam blea, p o r supuesto, fue d iferida. A ú n nos referirem os al signifi­
cado de este hecho.
La Prensa, 27 de m ayo de 1902.
15 La Protesta H u m a n a , 26 de ju lio de 1902; 8 de noviem bre de 1902; 15 de
noviem bre de 1902; E l R eb eld e, 24 de ju n io de 1902; La Prensa, 6 de agosto
de 1902.
16 La Protesta H u m a n a , 15 de febrero de 1902; 22 de febrero de 1902.
17 La Protesta H u m a n a , 8 de noviem bre de 1902; 21 de ju n io de 1902; El
R ebelde, 23 de agosto de 1902, 17 de ju lio de 1902; L ’A vvenire, 7 de noviem ­
bre de 1902.

Acción; San Nicolás, N uestro Ideal es Anarquía. H ubo otros gru­
pos más pequeños en Banfield, Pergamino, Santa Fe y La Plata.18
La actividad en el interior se estimuló intensam ente por medio
de giras de propaganda, cumplidas por hom bres talentosos y des­
tacados, como ser: P. G uaglianone, F. Basterra, D. G arfagnini, Vir­
ginia Bolten, G. Inglán, A. Montesano, O. R istori.19 Solían reco­
rrer distintas localidades en nom bre del comité federal de la f o a y
fundaban sindicatos obreros, a la vez que realizaban encuestas so­
bre la situación de los obreros y encaraban las posibilidades de
organización. Los emisarios de la f o a pronunciaban conferencias
en los sindicatos obreros y en los círculos anarquistas. Esta conju­
gación se em prendió después del II Congreso.20

L A A C T IV ID A D D E L A C A S A D E L P U E B L O E N B U E N O S A IR E S

En 1902, cuando reanudó su actividad la Casa del Pueblo, adqui­
rió nuevo ím petu la propaganda en Buenos Aires. H asta 1899 se
hicieron intentos, en ese sentido, pero no tuvieron éxito (véase ca­
pítulo II). Otras tentativas, en 1900, tam bién se vieron frustradas
por dificultades financieras y por la hostilidad policial.21 Pero no
obstante los anarquistas lograron erigir casas del pueblo en Rosa­
rio y en Bahía Blanca, en el interior del país. Sobre la labor de
la Casa del Pueblo en Rosario se publicaba, con frecuencia, una
inform ación minuciosa en La Protesta H u m ana : cartas de Rosario,
balance de cuentas y noticias de la actividad.22 U na im agen aná­
loga se obtiene de la labor de la Casa del Pueblo en Bahía Blanca.23
Las necesidades acrecentadas de la propaganda en Buenos Aires
1 8 La Protesta H u m a n a , 9 de agosto de 1902; 23 de agosto de 1902; El R e ­
belde, 24 de ju n io de 1902.
1 9 La Protesta H u m a n a , 19 de a b ril de 1902; 25 de o c tu b re de 1902; 1 de
diciem bre de 1902; La Prensa, 16 de o ctubre de 1902.
20 “ G ira de p ro p a g an d a ”, La Organización Obrera, o ctu b re de 1902.
21 E n Septiem bre de 1900 se form ó u n g rupo p o r iniciativa de Ros y exhor­
tó a crear u n fondo m onetario p a ra erig ir la Casa del Pueblo, p o r m edio de la
venta de acciones de 10 pesos cada u n a a los a d h erentes. U n p lan detallado
se p ublicó e n u n a circular “ A los lib e rtario s” (una copia de la c irc u la r se halla
en el archivo de la IISG, en la colección de M. N e ttla u , legajo 1900). El plan
le pareció dem asiado "institu cio n alizad o ” (fondos, base ju ríd ic a, reglam entos,
etcétera) a los m iem bros a n arq u istas, suscitó oposición y fue d ejado de lado.
22 La Protesta H u m a n a , 12 de enero de 1901; 26 de enero de 1901; 30 de
enero de 1901.
23 La Protesta H u m a n a , 30 de m arzo de 1901; La Agitación (B ahía Blanca),
1 de diciem bre de 1901.

—debido al alcance m ayor de la actividad en los sindicatos obre­
ros, después de crearse la f o a — hicieron sentir la falta de una sede
central que englobara instituciones vitales: salas de reunión, bi­
blioteca, oficinas de los sindicatos, sede para que se reúnan los
trabajadores, etc. El tema se discutió en el Com ité Federal en 1901
y se resolvió procurar la compra de una casa en la capital.24
La iniciativa recibió un gran im pulso en abril de 1902, durante
la huelga de los cocheros de Buenos Aires. U n hom bre, el ingenie­
ro Peduzzi, puso a disposición de los huelguistas la sala glande del
"Skating R ing”, en la calle Charcas, que no se usaba en esa época
y era de su propiedad. Los huelguistas convirtieron el Skating
R in g en la sede del consejo obrero, donde celebraron asambleas
generales y donde funcionaba el comando de la huelga en los pri­
meros días después de su estallido. Las asambleas en esa sala am­
plia —que daba cabida a cientos de huelguistas— motivó que la
policía iniciara una cam paña de hostigam iento cuya consecuencia
inm ediata fue que, ocho días después, prohibiera las aglomeracio­
nes so pretexto de falta de servicios sanitarios adecuados. . . Des­
pués de que este hostigam iento dejara de ser unilateral, la policía
“cercó” el local y, en consecuencia, el comando de la huelga tuvo
que cam biar de lugar su sede.25
Pese al im portante papel que desempeñó la sala del Skating
Ring, y al carácter de Casa del Pueblo que se le otorgó, no todos
los anarquistas de la f o a estaban conformes. La gente de La Pro­
testa H um ana, por ejemplo, recelaba del ingeniero Peduzzi, quien
procuraba obtener ventajas para la “empresa privada” de otra per­
sona; paralelam ente, desde marzo de 1902 los adictos a La Protesta
H um ana se esmeraban por erigir la Casa del Pueblo.26 Sobre el tras­
fondo de iniciativas paralelas y contradictorias de círculos distin­
tos entre los anarquistas, se resolvió convocar u n a reunión para
debatir el tema en mayo de 1902.27 En esa reunión se comprobó
que había dos grupos que pretendían, sim ultáneam ente, la misma
acción y que se recelaban m utuam ente, razón por la cual se nom ­
bró un comité conjunto, pero la ejecución se dem oró,28 a la vez
24 La Protesta H u m a n a , 28 de diciem bre de 1901.
25 La Prensa, 1 de a b ril de 1902: 4 de a b ril de 1902; 7 de a b ril de 1902; 8 de
a b ril de 1902. U n a descripción d e ta lla d a tam b ién en el periódico de la Casa
del Pueblo, E l Trabajo (Buenos Aires), 26 de ju n io de 1902, p. 6.
26 D. A bad de Santillán, E l m o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 88-89. Segú n
su descripción, ya en m arzo de 1902 se p ublicó u n llam ado con las firm as de
A. B ernasconi, M. Rivas, J. Pavlovich, F. B asterra, G. In g lán L afarga, A. M on­
tesano.
27 La Protesta H u m a n a , 30 de m ayo de 1902.
28 "Sobre la Casa del P u e b lo ” , La Protesta H u m a n a , 21 de ju n io de 1902.

que se intentaba empezar la Casa del Pueblo en el local del Skating
Ring. T am b ién La Prensa inform ó sobre la habilitación de la Casa
del Pueblo en el local citado, en la calle Charcas: anunció que allí
funcionarían, a p artir del 25 de mayo de 1902, oficinas de sindica­
tos obreros y una bolsa de trabajo.29 Poco después, el 26 de junio
de 1902, la comisión de la Casa del Pueblo publicó u n órgano ti­
tulado El Trabajo, que perm itía saber el carácter de la empresa, su
índole y sus planes. El artículo editorial en ese núm ero —"La Casa
del Pueblo y su im portancia en la vida pública”— declara que:
La Casa del Pueblo está abierta para todos los asalariados, sin distinción
de nacionalidad ni de opinión. No se exigen profesiones de fe ... La
Casa del Pueblo no puede ser —y no es— la expresión de un p a rtid o ...
E n cuanto a los propósitos del periódico, se dice en términos
generales, sin m encionar el térm ino ¡anarquismo!: “Agruparemos
las ideas que germ inan aisladas e inconexas en nuestras fila s ...
haremos c o m p re n d er... la falsedad de instituciones como la R eli­
gión, el Estado, la Patria, la Propiedad, la F a m ilia ...”
El periódico ofrece asimismo un program a de instrucción para
los obreros, y en un artículo extenso traza un bosquejo de la U ni­
versidad Popular, que debiera ser la fuente de instrucción de los
trabajadores, sin el formalismo ni el dogmatismo que caracteriza­
ban a la universidad de esa época. Al final, los estudiosos que
desean prestar su apoyo, son llamados a acudir a la Casa para
agruparse en grupos afines y com partir el trabajo inherente a la
U niversidad Popular. En el mismo núm ero se inform a igualm ente
sobre la asamblea extraordinaria de socios, que resolvió crear las
instituciones de la Casa del Pueblo, a saber: la Comisión General
Adm inistrativa, que redactará los estatutos de la Bolsa de T rabajo,
fijará días especiales para las reuniones de cada gremio. La asam­
blea eligió tam bién tres delegados para apersonarse a la Federación
O brera A rgentina con el objeto de tram itar un acuerdo.
Por lo tanto se comprobó que la iniciativa y la obra no estuvie­
ron coordinadas con los afiliados activos en la f o a , y sin embargo
otro artículo en ese periódico insinúa relaciones hostiles en el seno
de esos círculos30 hacia los prom otores de la Casa. La tensión en­
tre los grupos prom otores de la Casa del Pueblo, encabezados por
29 “ Asociaciones y grem ios”, La Prensa, 27 de m ayo de 1902.
30 " ...E s o s pocos m iserables q u e aprovechando la inm erecida posición que
ocu p an en la Federación O brera A rgentina y q u e disponiendo a su arb itrio
de la prensa lib e rta ria h a n com batido la gran iniciativa de la Casa d el Pueblo
con viles insinuaciones, calum nias y prepotencias.” “ A los amigos de la Casa del
Pu eb lo ”, E l T rabajo, 26 de ju n io de 1902.

Peduzzi, y los miembros activos de la f o a se expresó tam bién en la
prensa anarquista y sirvió de pretexto para las divergencias. El
R ebelde reflejó prim ero la posición que aprobaba sin reticencias
la iniciativa de la Casa del Pueblo. C uando se supo de su concreción
criticó a los afiliados a la f o a que “en nom bre de una m entida
libertad quieren coartar la espontánea iniciativa de individuos
que saliéndose de lo rutinario quieren producir algo que mueva
y que haga retem blar los órganos sensitivos de la masa oprim ida”.31
Pero ya en el núm ero siguiente El R ebelde se abstuvo del apoyo
sin tapujos a los prom otores de la Casa del Pueblo e insertó dos
cartas, que representaban posiciones contradictorias respecto al
tema. U na acusaba a los prom otores de tal empresa de engañar
al público, de corrupción; la otra, saludaba la iniciativa y exhor­
taba a erigir u na sede del consejo que perm aneciera abierta no
sólo para los anarquistas.32
Si en E l R ebelde había vacilaciones, en La Protesta H um ana no
se ocultaba la censura a la forma y al contenido de la adm inistra­
ción de la Casa del Pueblo, sobre todo por el hecho de que se die­
ron demasiadas atribuciones a una sola persona —el ingeniero
Peduzzi—, cuyos móviles parecían nebulosos, por lo que acechaba
la amenaza de corrupción y fraude.33 A. G hiraldo trató de acercar
a los bandos rivales, reducir las desavenencias y atraer a todos los
anarquistas de Buenos Aires en apoyo de la Casa del Pueblo: lo
intentó en un discurso que pronunció el 3 de agosto de 1902.34
Pero no tuvo éxito. Las discrepancias siguieron socavando las rela­
ciones y obstruyeron cualquier actividad. A fines de agosto se
anunció que Peduzzi y sus amigos fueron apartados de la comisión
directiva de la Casa y que se negociaba con el sindicato de panade­
ros para que la compre.35 Al mes, sin embargo, se resolvió no com­
p rar el edificio del Skating R ing, por ser inapropiado y requerir
muchas inversiones para su reparación. El inform e de la comisión
31 “Casa del P u e b lo ”, E l R ebelde, 24 d e ju n io de 1902.
32 “Casa del P u e b lo ”, E l R eb eld e, 17 de ju lio de 1902.
33 La Protesta H u m a n a , 7 de ju n io de 1902: D. A bad de Santillán, M ovi­
m ien to anarquista, op. cit., p. 89.
34 "H oy p o r hoy hay qu e unirse, congregarse a lrededor d el proyecto dándole
cada u n o la v ita lid a d de que disponga y a n te p o n ien d o a sus cálculos egoístas
la herm osa idea de s o lid a rid a d ... ¿Q ué se ha solicitado? La adhesión de los
obreros p a ra c o nstruir esta casa. ¿Q ué se h a logrado? L a desunión en tre
sus
filas. ¿Y p o r qué? P o rq u e n o se tiene confianza, se dice p o r u n lado, en los
iniciadores de la idea; p o rq u e hay prom esas m en tid as o engañosas, y especu­
lación, se exclam a p o r o t r o . . . ” A. G hirald o , "C asa del P u e b lo ”, E l Sol, 15 de
agosto de 1902.
35 “ M ovim iento obrero", La Protesta H u m a n a , 23 de agosto de 1902.

renunciante acusó a su grupo de defraudación de dinero 36 y así
term inó este capítulo que al comienzo despertara tantas esperanzas
pero que luego desembocó en escándalos que enturbiaron las rela­
ciones entre los anarquistas.37 El episodio —que preocupó al movi­
m iento d u ran te varios meses— tuvo pasajes turbios, pero resaltó
en ese período la dinám ica de crecim iento del anarquism o en la
Argentina.

A M P L I A C I Ó N D E L A A C T IV ID A D A N A R Q U IS T A , P R O B L E M A S ,
T E M O R E S Y LOGROS

La am pliación de la actividad anarquista y su ramificación en los
sindicatos obreros, acrecentó el núm ero de círculos y de personas
que se autodefinieron anarquistas; pero este hecho no siem pre sa­
tisfizo a una parte de los anarquistas veteranos, sobre todo en los
círculos de los “puristas” anarco-comunistas, adictos a El Rebelde.
T em ieron que la am pliación socavara la calidad y redujera el gra­
do de conciencia del círculo de activos. U n artículo de censura
acerba, publicado en E l Rebelde, dio expresión a ese pensar; criti­
caba a los presuntos “anarquistas” que se habían sum ado últim a­
m ente a las filas sin saber nada sobre la teoría anarquista y sin
estar dispuestos a llevar un estilo de vida propio de anarquistas.
Con sarcasmo, el articulista se b urla del tipo de actividad que los
distingue:
Con ir de reunión a un club, a h ab lar... o a hacer, para lucirse, la
oposición a un compañero... no gana la anarquía un palmo de terreno.
Menos gana todavía con esos “viva” y esos "muera” que en ocasión se
oyen, a usanza de partidos políticos... De solidaridad no hablamos; cada
uno va por su lad o ...
A continuación critica la hipocresía de ciertos círculos de anar­
quistas vocingleros, que se conform an con gritos: " ¡Viva la anar­
q u ía...! y después... a engañar al co m p añ e ro .. . a em borrachar­
se lo más anárquicam ente posible... a jugar el producto del tra­
bajo... y siempre Viva la anarquía.” El artículo term ina con una
36 “Sobre la Casa del P u e b lo ”, La P rotesta H u m a n a , 27 d e septiem bre de
1902.
37 R especto al lu g ar de este suceso en la vida del m ovim iento, sirve de
p ru e b a el exam en m inucioso d e la inform ación sobre el q ueh acer a n arq u ista
en el periódico del anarq uism o francés L es T e m p s N ouvea ux, del 20-26 de
septiem bre de 1902, p p . 2-3.

crítica im placable: “decididam ente, de entre los titulados anarquis­
tas, hay m ucha escoria, m uchísim a... ” 38
Este estado de ánim o — y temores en cuanto a la am pliación ace­
lerada del anarquism o, a raíz de la actividad en los sindicatos
obreros y en las esferas generales— se acentuó sobre todo entre los
adictos a E l Rebelde, pues, si bien habían decidido actuar en los
sindicatos, vieron alejarse a los grupos anarquistas de la tradición
de los "grupos de afinidad”, por lo cual en especial criticaron a
las esferas de la federación.39
O tra apreciación respecto del crecimiento producido por la ac­
tividad desplegada en los sindicatos y en la federación, fue expre­
sada por La Protesta H um ana y L ’Avvenire, quienes lo considera­
ron u n fenómeno positivo y los llenó de optimismo:
Los hechos, n o las teorías, tien d e n cada d ía a co n vertir a las socied ades
de resisten cia en agru p acion es revolu cion arias, aptas, n o sólo para m ejo ­
rar en algo la situ a ció n econ óm ica y m oral de los trabajadores, sin o que
tam b ién para lib erarlos de toda tutela econ óm ica, p o lític a y r e l i g io s a ...
D ifíc ilm e n te p u ed e actu a lm en te el anarqu ista en con trar u n lu gar más
a p to para propagar n u estro id eal. L os h ech os en cá rg a m e de dem ostrar
la b on d ad de n u estro id ea l y de la táctica a él a te n id a .40

En los círculos de La Protesta H um ana cundió la certeza de que
la actividad anarquista en esferas amplias, como los sindicatos obre­
ros, obligan a m oderar las esperanzas:
C ierto q u e n o p od em os p reten d er, al in g lesa r en agru p acion es q u e no
están e x clu siv a m en te com puestas por anarquistas, q u e rech acen toda re­
g la m en ta ció n , tod o a u t o r it a r is m o ... pero n u estra la b o r está precisam ente
e n dem ostrarles q u e si q u ieren ser lógicos, con secu en tes con sus p rop ósi­
tos, d eb en ser en em igos de tod o gén ero de a u t o r it a r is m o ...41

Los enfoques y actitudes “m oderados” que se revelaron en círcu­
los de La Protesta H um ana y L ’A vvenire —al am pliarse la activi­
dad y la colaboración en los sindicatos obreros— creó la impresión,
entre algunos de los dirigentes socialistas, que se había iniciado el
“desarrollo” de los anarquistas hacia el enfoque socialista. E. Dick­
m an lo señaló en una carta a La Vanguardia, pero en seguida le
contestó La Protesta H um ana negando la presunta “aproxim a­
ción” de anarquistas al socialismo y afirm ando, en cambio, que la
38
39
40
41

L ydia F. Pelea, “ H ablem os claro”, en E l R eb eld e, 20 de febrero de 1902.
“Federación y lib re acuerdo”, en E l R eb e ld e , 29 de m arzo de 1902.
“Form as de p ro p a g an d a ”, en L a Protesta H u m a n a , 24 de m ayo de 1902.
“El an arq u ism o ”, en L a P rotesta H u m a n a , 30 de agosto de 1902.

actitud actual de entrelazar la actividad anarquista con la lucha
obrera, es el camino correcto del a n a r q u ism o:
D ick m an p r e ten d e dem ostrar nu estra p reten d id a e v o lu ció n valién d ose
d e l gastad o argu m en to d e q u e los anarqu istas ayer éram os adversarios de
las socied ades obreras, pero p od ríam os dem ostrarle q u e tod o e l m ovi­
m ie n to ob rero de E spaña, es obra d e los anarquistas, p od ríam os ig u a l­
m e n te p rob arle q u e en F ran cia y e n Italia, en N orteam érica y aún en
B élgica, etc., se d eb e el n a c im ie n to d e l m o v im ie n to obrero a la actividad
y a la p rop agan d a de los anarquistas.
A q u í m ism o en la A r g e n t in a .. . d e b e recordar D ick m an q u e lo s prim e­
ros ensayos de organ ización y las prim eras agita cio n es obreras se deben
a lo s anarquistas.
P odrá citarn os D ick m an q u e aqu í y e n otros países h u b o in d iv id u o s y
p erió d ico s q u e d eclarán d ose anarquistas com b atieron la organ ización gre­
m ial; n o lo negam os. Se e x p lic a e llo por la c o n fu s ió n . . . al la d o de esos
p e r io d iq u in e s .. . p od ríam os citar m u ch os otros red actad os y m an ten id os
p or el e le m en to verd ad eram en te co n scien te, q u e n aciero n p rop agan d o la
o rgan ización o b r e r a ... 4 2

T a l posición inequívoca adicta a la actividad anarquista en las
campañas obreras, expresada por La Protesta H um ana, reflejaba
sin duda el pu n to de vista de la mayoría de los anarquistas activos,
si se toma en cuenta el alcance de la actividad de los anarquistas
en los sindicatos obreros después del II Congreso de la f o a . La
m ayoría abrum adora de los propagandistas anarquistas conocidos,
se entreveraron de alguna m anera en la labor de los sindicatos y
figuraban entre los oradores en asambleas obreras; pero todo esto
no redujo su acción en los círculos anarquistas. Esta tarea intensa
rindió frutos y se reflejó claram ente en la actividad de los sindica­
tos de la f o a .
En la m anifestación del 1 de mayo de 1902 se pudo com probar
hasta qué p u n to había aum entado la actividad en los sindicatos
obreros de la f o a . En esta ocasión los afiliados a la f o a fueron
llamados, como se recuerda, a participar en una m archa de pro­
testa separada y no sumarse a la m anifestación del P artido Socia­
lista. Cada una de las corrientes en que se escindió el II Congreso
de la f o a , por consiguiente, tuvo oportunidad de calcular el n ú ­
mero de sus adictos. Según el testim onio de La Prensa y observa­
dores objetivos, la manifestación de la f o a superó cuantitativam en­
te a la del socialismo. L a estimación osciló entre 10 000 y 15 000
42 "C ontroversias y rectificaciones”, en L a Protesta H u m a n a , 26 de ju lio de
1902.

personas (contra 4 000 o 5 000 en la del Partido Socialista).43 Tres
meses después, los sindicatos de la f o a dem ostraron hasta dónde
eran capaces de convocar a miles de obreros en manifestaciones de
protesta m ultitudinarias, en las calles de Buenos Aires. Se trató
de una protesta contra la desocupación, coordinada con los sindi­
catos socialistas. La m anifestación —iniciada espontáneam ente en
diversos recodos de la capital— im presionó sobrem anera por su
organización ejem plar y por las inmensas m ultitudes que afluían,
desde diversos puntos de partida, de u n m odo en extrem o coordi­
nado.44

O R G A N IZ A C IO N E S A D I C IO N A L E S E N T R E O T R O S C ÍR C U L O S O B R E R O S

Cabe señalar el proceso paralelo en la organización que se operó
entre los sindicatos obreros sindicalistas. Los representantes de
ellos, poco después que se separaron del II Congreso de la f o a ,
celebraron u na asamblea el 18 de mayo de 1902 y resolvieron: 1)
No aprobar las resoluciones del II Congreso de la f o a ; 2) Llam ar a
sus sindicatos a retirarse de la federación; 3) O rganizar u n comité
de propaganda gremial; 4) Publicar u n periódico independiente de
esos sindicatos obreros.
Poco tiem po después de la asamblea, y según lo acordado, el
22 de ju n io de 1902 se constituyó definitivam ente —por parte de
los sindicatos— con ramificaciones en toda la R epública, el orga­
nismo sobre cuyas bases emergerá meses después la U nión General
de T rabajadores, en tidad federativa adversa a la f o a .45
De este m odo se puso la marca definitiva a la división entre las
dos corrientes centrales del m ovim iento obrero argentino. Esta di­
visión se ahondó a raíz de los acontecim ientos turbulentos de la
segunda m itad de 1902.
43 La Prensa, 2 de m ayo de 1902. U n a descripción plástica de las dos m a­
nifestaciones es su m in istrad a p o r el periódico in d ep e n d ien te Portavoz (Buenos
Aires, 3 de m ayo de 1902). T a m b ié n a q u í se señala el g ra n núm ero de p a rtici­
pantes en la m anifestación de la FOA. Cabe destacar que la llam an "la de los
a n arq u istas”.
La c ircu lar de la com isión ad m in istrativ a de la FOA, llam ando a los obreros
a p a rtic ip a r en la m anifestación del 1 d e m ayo, está p lag a d a de p ropaganda
an arq u ista, a u n q u e no se m enciona la p a la b ra anarquism o. U n eje m p la r ori­
ginal de la c ircular "A los trab ajad o res” , 1 de m ayo de 1902 se en cuentra en
el archivo del IISG, en la colección de M ax N e ttla u , legajo 1900-1910.
4“ Los m eetings”, La Prensa, 4 de agosto de 1902; “Los m ítines”, La Pro­
testa H u m a n a , 9 de agosto de 1902.
45 S. M arotta, op. cit., t. I, pp. 131-32.

Paralelam ente a las federaciones generales, azotadas por las esci­
siones p o r motivos ideológicos, se afianzaron en 1902 los lazos fe­
derativos en varios gremios im portantes, en prim er térm ino el de
los obreros portuarios. A comienzos de abril se celebró en L a Boca
el I Congreso de Estibadores de la A rgentina y del Uruguay. Estu­
vieron presentes 25 delegados, dos de los cuales representaban a los
obreros de este gremio en el Uruguay. Se resolvió un pacto de
confederación de los estibadores de los puertos de estos dos países;
al mismo tiem po fue recibida con sim patía la idea de adherirse a la
Federación O brera Argentina, aun cuando fue com batida por el
delegado de Rosario.46 E n los meses siguientes se fortaleció la in­
fluencia anarquista y la cooperación de esta federación con los
sindicatos de la f o a creció. Los m iembros centrales eran los anar­
quistas Ros y F. Janin. Se trataba de una federación fuerte, que con­
taba con 3 000 miembros, y que logró consolidarse financieram ente
por m edio de cuotas de socios recaudadas ordenadam ente. Este fon­
do se utilizó du ran te huelgas del gremio y para ayudar a otros
huelguistas.47
El 31 de agosto los obreros agrícolas celebraron u n congreso re­
gional en Pergamino; participaron, además de los representantes
de esa localidad, los delegados de Rosario y La Plata, Alsina, San
Nicolás, C am pana y Baradero. El congreso se atuvo a las luchas
gremiales de los campesinos y elaboró u n reglam ento para el tra­
bajo de los operarios en m áquinas trilladoras y exigió la reducción
de las horas de trabajo y u n m ínim o de 3.50 pesos por jornada. El
congreso estimó urgente la unión de los trabajadores de la zona,
cuya clase de cultivos son los mismos. Constituyó la Federación del
Norte, de la Costa de la Provincia de Buenos Aires y Sur de Santa
Fe, que tendría un comité perm anente en Pergamino. Cabe desta­
car la posición neutral del congreso, en lo que concierne a la des­
avenencia que dividió a la federación general y que se expresó
en la siguiente resolución:
En vista de existir dos federaciones obreras — f o a y C om ité de Propa­
ganda Grem ial— el congreso deplora la división y se abstiene de aconsejar
el ingreso de los centros a ninguna de esas federaciones, m ientras no
hayan unido sus fuerzas y constituido una sola federación.48
46L a Protesta H um ana, 19 de a b ril de 1902; S. M arotta, op. cit., p. 39.
47 “ M ovim iento obrero (inform aciones sobre el fondo de los obreros p o rtu a ­
rios)” , en La P rotesta H u m a n a , 6 de septiem bre de 1902. Inform aciones sobre
el balance del sindicato y los fondos depositados en bancos, véanse en L a Orga­
nización Obrera, 25 de ju n io de 1902; D. A bad de S antillán, M o vim ien to anar­
quista, op. cit., p . 81 (influencia de los an arq u istas sobre los obreros portuarios).
48 S. M arotta, op. cit., pp. 139-141.

O tras federaciones gremiales, fundadas en 1902, fueron la Fede­
ración de Obreros Albañiles (se creó el 7 de septiem bre de 1902, en
la convención de delegados de las organizaciones de albañiles de la
capital, de La Plata, Quilmes, San Nicolás, Chivilcoy, Bolívar, Lo­
mas de Zamora), que tam bién estuvo fuera de la f o a en esa época;
en noviem bre de 1902, en días de lucha obrera intensa, se creó
la Federación de Rodados, que reunió a todos los obreros del tras­
porte y cum plió un papel im portante en la intensificación de los
conflictos laborales (a esta federación nos referiremos con am plitud
cuando examinemos los acontecimientos de noviem bre de 1902).
U n fenómeno singular es la integración en la lucha obrera de
varias cooperativas de producción de trabajadores. Los anarquistas
evidenciaron una actitud am bivalente ante este hecho: por u n lado
negaban las cooperativas en los artículos ideológicos en La Pro­
testa H um ana (nos referiremos a los mismos más adelante); por el
otro, los sindicatos de la f o a aprobaron en el II Congreso una reso­
lución aprobatoria de las cooperativas (aunque con reticencias).
En la práctica, existían entonces varias cooperativas en Buenos
Aires, como las describe D. A bad de Santillán:
La coop erativa m ás fam osa fu e la G erm in al d e tabaqueros, en B u en os
Aíres. U n a vez en m archa y lib re de deudas, se p r o p o n ía destin ar el p ro ­
d u cto d e sus d iv id e n d o s en un 10 % para escuelas libertarias; 30 % para
los grem ios q u e q u isieran in d ep en d iza rse d el m ism o m o d o q u e los ci­
garreros y con id é n tico s fines, u n 1 0 % para las víctim as del cap italism o
y u n 1 0 % para la pren sa o b r e r a ... E n ju n io d e 1902 u n gru p o de
10 com p añ eros form aron u n a p a n a d ería c o o p era tiv a G erm in al, en sus
estatu tos se estam p ó la p r o h ib ic ió n d e ad m itir asalariados e n su s e n o . . .
E n octu b re d el m ism o añ o se in sta ló en L a B oca otra p an ad ería coop era­
tiva con el n om b re de E l P orvenir, los obreros d el p u erto le p rop orcio­
n aron 500 pesos. D e lo s b e n e ficio s se p r o p o n ía rep artir el 20 % para
escuelas libertarias, 15 % para las víctim as d e l cap italism o, 15 % para
lo s p erió d ico s obreros, 40 % para el fo n d o de reserva y 10 % de am or­
tización d el ca p ita l i n v e r t i d o ... T a m b ié n los zapateros de B u en o s A ires
h ab ían in stalad o u n a coop erativa p rodu ctora d e calzad o.49

LA S L U C H A S DE LO S T R A B A JA D O R E S P A N A D E R O S

E n 1902 se introdujo un elem ento exclusivo en las luchas de clases
entre obreros y empleadores, en oportunidad de aplicarse drástica­
49 D. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 86-87.

m ente el boicot por parte de los sindicatos obreros de tradición
anarquista antigua: el sindicato de obreros panaderos de Buenos
Aires, por ejemplo, proclam ó un boicot, en enero de 1902, contra
la panadería La Princesa, debido a que los propietarios de tal
negocio (que sobresalían por su trato severo con los trabajadores)
se negaron a perm itir que los miembros activos del sindicato en­
traran a las instalaciones de la panadería y organizaran a los ope­
rarios. El objeto del boicot consistió en obligar a los dueños de la
panadería a firm ar un acuerdo laboral, reconociendo el derecho de
los obreros a estar afiliados al sindicato. De este modo se inició
una prolongada campaña, que deparó violencias y choques graves
entre trabajadores y prom otores del boicot, por un lado, y la poli­
cía y rom pehuelgas por el otro. El em peoram iento de la situación
se produjo en febrero de 1902, cuando fueron arrestados dos secre­
tarios del sindicato de obreros panaderos —F. Berri y J. Calvo—
a quienes se acusó de "coacción”, u n a acusación confusa sin asi­
dero legal claro.50
El arresto deparó una protesta enérgica del sindicato de pana­
deros y de otros sindicatos de la f o a , que vieron en esa medida
una introm isión arb itraria y parcial de la policía en el conflicto
laboral, a la vez que su apoyo a u n acto evidente de venganza de la
patronal contra los operarios que aplicaban el boicot. El hecho
exaltó los ánim os y acrecentó la tensión entre los obreros de pana­
derías, a la vez que intensificó su lucha contra los dueños de la
panadería La Princesa.51
En ju lio de 1902 aum entó el m alestar entre los obreros panaderos
y asumió un carácter general de predisposición a la lucha renovada
por m ejorar las condiciones de trabajo. Los logros de la huelga
anterior, en 1901, fueron abolidos por la mayoría de los emplea­
dores. E n una circular de la comisión del sindicato, que exhortaba
a la lucha, se inform aba sobre el em peoram iento de las condiciones
laborales en las panaderías, hasta llegar virtualm ente a la servi­
dum bre. E n algunas panaderías se im pedía a los obreros volver
después del trabajo a sus hogares, se los obligaba a pernoctar en el
lugar de trabajo. Las exigencias de los operarios fueron: 1) “Puerta
abierta” para volver a la casa en las horas de reposo, para descan­
sar y dorm ir; 2) Suplem ento de salario de $ 1.20 por jornal, ade­
más de un kilogram o de pan por persona; 3) “T ra b ajo organizado”
50 “E n la R ep ú b lica A rgentina no existe delito d e coacción, según decla­
ración de los abogados de La P rensa”; E l O brero, 23 de febrero de 1902.
51"Sobre el boicot y la situ ac ió n ”, en La Protesta H u m a n a , 22 de febrero
de 1903; L a Organización Obrera, febrero de 1902; “El boicot a la panadería
L a P rincesa”, en E l Obrero, 23 de febrero de 1902.

en las panaderías, es decir, recibir sólo a obreros organizados en
el sindicato. Los patrones rechazaron totalm ente el pedido de los
trabajadores.
Estos empleadores, creyendo que el llam ado a la huelga “era
lanzado por u n grupo de exaltados”, se sorprendieron el 26 de ju ­
lio cuando la huelga fue total y a los panaderos se sum aron en
seguida tam bién los repartidores de pan. Ese día pararon alrededor
de 7 000 obreros. La huelga fue general y se prolongó cuatro días,
y fue la huelga más im portante en la historia de los panaderos. La
policía se puso de parte de los empleadores desde u n prim er mo­
m ento, dando un paso que encolerizó los ánimos al autorizar a
los rompehuelgas y a los patrones la portación de armas para su
defen sa52 y a poner guardia policial ju n to a las panaderías que
trataron de trab ajar con rompehuelgas. D urante la “huelga gene­
ra l” se sufrió la falta de pan en Buenos Aires y los aledaños. Sólo
trabajaron cuatro panaderías (entre ellas la cooperativa Germ inal,
autorizada especialmente por el comité de huelga, que proveyó
de pan a los huelguistas y a los vecindarios obreros). El 30 de julio
finalizó el paro y comenzó una huelga parcial, es decir, pararon
las panaderías cuyos dueños no querían firm ar el acuerdo. Al tercer
día de huelga parcial firm aron sólo 80 dueños de panaderías. En
general, los propietarios se m ostraron inflexibles y contaron con
la ayuda de la M unicipalidad, que puso a su disposición 800 m u­
nicipales, inexpertos, para que trabajaran en las panaderías. En
cierto m om ento el jefe de policía, Beazley, trató de m ediar, pero
sin éxito, pues los dueños de esos establecimientos no evidenciaron
ninguna flexibilidad, ni quisieron reconocer el sindicato de sus tra­
bajadores ni aceptaron el reconocim iento del principio de “lugar
de trabajo organizado”. Los huelguistas, a su vez, tam bién pusie­
ro n de relieve su espíritu combativo: todos los días se reu n ían en
la Casa del Pueblo (que volvió a cum plir su papel como durante el
paro de cocheros) y celebraban asambleas, reuniones y debates. En
esas asambleas daban el tono los anarquistas activos y a veces se
aprovechaba la trib u n a para predicar la teoría anarquista.53 Al
proseguir la huelga se acentuó la falta de pan en la capital, pero
los dos bandos no parecían dispuestos a transigir. U n grupo de
52 “ El p a n ”, La Prensa, 26 de ju lio de 1902. “ A pro p ó sito de huelgas. Perm iso
policial a los em pleadores y rom pehuelgas p a ra q u e p o rte n arm as” , La Protesta
H u m a n a , 2 de agosto de 1902; la reacción: “ L a violencia de abajo está justifi­
cada siem pre con la violencia de a rrib a .”
53 “ La h u e lg a ”, E l Obrero, 5 de agosto de 1902. “ El dom ingo h u b o una
re u n ió n en la Casa del Pueblo, d onde cam biábam os im presiones m ien tras escu­
chábam os varios oradores que nos ilu stra b a n en las teorías del socialismo li­
bertario."

obreros se organizó en una cooperativa para hornear pan; un nú­
m ero creciente de panaderías, en cambio, trabajaban con rom pe­
huelgas y bajo protección policial. H ubo actos de violencia y cho­
ques entre huelguistas y rompehuelgas, y prevalecía u n a gran
tensión.54
U n vuelco drástico, que enardeció los espíritus y elevó la tensión,
se produjo el 9 de agosto de 1902, cuando el juez doctor Navarro
y 30 policías armados em bistieron las oficinas del sindicato de obre­
ros panaderos y realizaron un allanam iento. En el mismo edificio
funcionaban las oficinas de 18 sindicatos obreros adicionales de la
f o a y el allanam iento se hizo extensivo tam bién a ellos. La inter­
vención policial fue grosera y violenta, las habitaciones fueron vio­
lentadas y se tomó de ellas todos los materiales: libros de actas,
libros de caja, listas de socios, talonarios de recibos, circulares con
o sin dirección, etcétera.55
El atropello a las oficinas de los sindicatos de la f o a y el allana­
m iento señalaron una nueva etapa en el escalonamiento de la lucha
que libraban las autoridades y la policía contra las asociaciones
obreras radicales, cuyo trasfondo fueron las huelgas grandes y pro­
longadas de 1902. Pero el pretexto directo para el allanam iento se
originó en un incidente que ocurrió poco antes y en cuyo trascurso
fueron asesinados dos obreros panaderos que trabajaban como rom ­
pehuelgas d u ran te el paro en La Princesa. Los asesinos desapare­
cieron en seguida sin dejar rastros. Los rum ores pretendieron que
se trataba de elementos extremistas del sindicato. El 7 de agosto se
produjo otro incidente sangriento: fue atacada otra panadería y
su dueño, así como un rom pehuelga, sufrieron heridas graves. Los
rum ores propagados volvieron a acusar al mismo círculo.56
Pero no había prueba alguna. La policía arrestó arbitrariam ente
a todos los elementos centrales del sindicato, entre ellos a F. Berri,
su secretario, y al director de El Obrero. Los presos fueron tortu­
rados a fin de sonsacarles confesiones y se los m antuvo incom uni­
cados du ran te muchos días; se realizaron búsquedas en sus domici­
lios, pero fue en vano: no se encontró ningún indicio de la iden­
tidad asesina. Tam poco se halló ningún vestigio de vinculación
54 Inform ación sobre el curso de la huelga, en esp íritu de sim p atía hacia
los huelguistas, se sum inistró en La Prensa todos los días de paro. La Prensa,
26 de ju lio de 1902; 7 de agosto de 1902.
55 La Prensa, 9 de agosto de 1902: L a Organización O brera, agosto, 1902.
S uplem ento “A tropello in au d ito — M anifiesto de p ro testa ”.
56 T h e R eview o f the R iv er Plate, 9 de agosto de 1902. Este periódico acusa
a los huelguistas de p e rp e tra r asesinatos y pide que el gobierno tom e m edidas
enérgicas contra ellos (inclusive penas de m u erte que sirvan de ejem plo).

entre el sindicato y los delincuentes.57 El juez investigador, doc­
tor Navarro, en su afán de encontrar pruebas de la confabulación
entre los asesinos y el sindicato que dirigía la huelga, resolvió dar
el insólito paso de violar las oficinas y apoderarse de documentos
y listas. La oportunidad le pareció propicia a la autoridad poli­
cial para tom ar tam bién las listas de los otros sindicatos de la f o a ,
como m edida preventiva.
El atropello despertó una tem pestad pública de grandes dim en­
siones, no sólo en los círculos de la f o a , directam ente concernien­
tes. La Prensa, en u n com entario extenso sobre el allanam iento y
sus móviles, pese a su deseo de perm anecer im parcial y objetivo
en esa lucha entre las fuerzas policiales y los sindicatos, no esca­
tim ó críticas al describir la b rutalidad del procedim iento.58 La
protesta y la furia entre los obreros fue general: 42 sindicatos de
orientación ideológica variada y de las dos esferas federativas ex­
hortaro n a u n a m anifestación general de los trabajadores de Bue­
nos Aires. La dem ostración se realizó el 17 de agosto de 1902, tuvo
proyecciones im presionantes por su alcance y orden ejemplares, así
como p or la coparticipación de anarquistas y socialistas. Usaron
de la palabra P. Guaglianone, M ontesano, Basterra (todos ellos
anarquistas), Dickm an y R epetto (socialistas).59
El enojo y la tem pestad de ánim o dieron lugar a u n a demos­
tración de protesta gigantesca, que puso de relieve el poderío de
los trabajadores de Buenos Aires. Pero, fuera de eso, no había n in ­
gún paso que pudiera significar u n avance directo en la lucha que
libraban los obreros panaderos. L a cam paña se extinguía lenta
aunque constantemente. A p artir del 10 de agosto, el com ité de
huelga empezó a d ar ayuda financiera a los huelguistas. Las con­
tribuciones eran nimias: $ 0.20 por día, que no bastaba para aten­
der las necesidades m ateriales más elementales. De u n m odo for­
mal, la huelga se prolongó hasta el 24 de agosto; dos días antes
de su term inación se produjeron los últim os destellos de lucha y se
anunció el deseo de reanudar la huelga general, pero fue en vano.
57
"In q u isició n p o licial”, e n La Protesta H u m a n a , 2 de agosto de 1902; “Ac­
tu alid ad — Extravíos dep lo rab les”, en La Prensa, 8 de agosto de 1902.
58 "L a foa allan ad a p o r la ju stic ia ”, en L a Prensa, 9 de agosto de 1902.
59 “L a m anifestación o b re ra ”, en L a Prensa, 18 de agosto de 1902; L a P ro­
testa H u m a n a , 23 de agosto de 1902; A. G h irald o , “El a te n tad o a n tia n a rq u ista ” ,
en E l Sol, 15 de agosto de 1902. U na réplica furiosa contra el juez N av arro se
expresó en u n a circular enérgica in titu la d a "Ju stic ia ”. Lo q u e distingue a esta
c ircular es la n óm ina de 500 nom bres de m iem bros activos de 12 sindicatos
obreros de la foa , dispuestos incluso a p u b lic a r sus dom icilios (el juez N a­
v arro ya los conocía, de cu alq u ier m odo). Véase la circu lar “Ju stic ia ” en la
colección priv ad a de M ax N ettlau , legajo 1902, archivo IISG, A m sterdam .

L a huelga duró 27 días y finalizó con u n revés; la mayoría volvió
al trabajo, sin ninguna m ejora en sus condiciones.60
El fracaso de la huelga revivió discusiones aletargadas entre los
anarquistas, y El R ebelde insertó u n artículo acusando del fracaso
a la tendencia proorganización que prevalecía en el anarquismo.
Los líderes, que obraron según métodos “legalistas” y negociaron
con los empleadores, cuando no con la policía, fueron la causa,
decían, de que la huelga se prolongara m uchos días y deform ara el
espíritu de lucha de los huelguistas.
El au to r se mofa de las reuniones y deliberaciones en la Casa
del Pueblo: “N o es encerrándose en u n determ inado local, ni m u­
cho menos jugando a los cobres o a la pelota como se ganan las
h u e lg a s ...” T am b ién afirm a que la distribución de los dineros
de huelga es perniciosa, y dice que desde que empezó su reparto
los huelguistas dejaron de pensar en medios de lucha, concentrán­
dose en cambio todo el día en discusiones del m onto a ser repar­
tido y dando lugar a reyertas entre los obreros en vez de pelear
con los empleadores y de aplicar la violencia contra las panaderías
que trabajaban con rom pehuelgas y protegidas por la policía.
“Los trabajadores, en tales casos, a la violencia y a la fuerza de
arriba, debemos oponer toda la fuerza y la violencia de abajo.”
El artículo term ina con la esperanza de que la enseñanza extraí­
da del revés sufrido, haría que los obreros, en las huelgas subsiguien­
tes, lucharan “prescindiendo por completo del legalitarism o”.61
T am b ién La Protesta H um ana examinó el fracaso del paro y
quiso sacar enseñanzas. La conclusión a que arribó es que la culpa
se debe a la suspensión de la huelga general y a la realización de
una huelga sólo parcial, todo lo cual perm itió a los empleadores
organizarse. Sólo la huelga general posibilita a los huelguistas dic­
tar sus condiciones y vencer.62
La huelga de los obreros panaderos fue la lucha más tempes­
tuosa en agosto de 1902, pero no la única; paralelam ente hubo
paros m etalúrgicos (empezaron en marzo, cuando hicieron huelga
los fundidores de Vasena). U na de las razones centrales del paro
fue la negativa de los empleadores a reconocer el sindicato. Las
huelgas, no generales, term inaron sólo con victorias en algunas de
las empresas.63
6 0 “La huelga de los p a n ad ero s”, en La Prensa, 22 de agosto de 1902; “T e r ­
m in a ro n las dos h uelgas”, ibid., 24 de agosto de 1902.
61 "U n a h uelga le g a litaria ”, en E l R eb e ld e , 13 de septiem bre de 1902.
62 “ La h uelga de p a n ad ero s”, en La Protesta H u m a n a , 23 de agosto de 1902.
63 “ M ovim iento o b re ro ”, en La Protesta H u m a n a , 9 de agosto de 1902; La
Prensa, 15 de agosto de 1902; 24 de agosto de 1902

El problem a d e la desocupación tam bién fue un motivo de exal­
tación. En agosto de 1902, igual que u n año antes, se realizó una
m anifestación de cesantes. Cabe señalar que ésta otra vez se orga­
nizó m ediante la cooperación anarquista-socialista. Si bien la ini­
ciativa fue de los socialistas, los anarquistas dieron su anuencia,
aunque con reticencias.64 La m anifestación de los desocupados y
la asamblea contra N avarro im presionaron sobrem anera por su am­
p litu d y por la capacidad de congregar m ultitudes en u n orden
ejem plar.65
La clase trabajadora argentina vivió agitada sin tregua en 1902,
y su ánim o radical-combativo se fue fortaleciendo en una serie
de huelgas grandes, a la vez que en el trascurso de la aplicación de
nuevos métodos de lucha obrera. Los círculos empleadores y gu­
bernam entales que percibieron el fervor radical combativo, reaccio­
naron con furia y siguieron ignorando las raíces de los problemas
sociales, de los apremios económicos y de las disparidades sociales
que se am pliaban. La prensa conservadora, en su mayoría, siguió
presentando a las huelgas como producto de intrigas de “agitadores
profesionales”, y reclam aba extrem ar los castigos para contrarres­
tarlas.66 Las autoridades —que ya en 1901 em plearon a la policía
contra los huelguistas— tom aron m edidas más rigurosas en 1902 y
em itieron reglam entos legales más severos contra los agitadores que
incitaban a la huelga,67 mostrándose anuentes a em plear la fuerza
contra los que suponían centros de agitación. El ataque violento a
las oficinas de la f o a y la búsqueda en ellas, fueron el síntom a más
notable de ese enfoque. En la segunda m itad de 1902, la relación
entre las autoridades y los huelguistas se volvió más severa, la dis­
paridad entre obreros y empleadores creció y se acum uló una carga
grande de m aterial explosivo, que estalló en el mes de noviembre
en la confrontación social de mayores dimensiones en la Argen­
tina y en América L atina toda hasta ese entonces.

64 E n u n artículo editorial, La Protesta H u m a n a llam a a los anarquistas a
to m a r p a rte en la m anifestación de los desocupados; expresa que a u n q u e no
cree q u e de las dem ostraciones ven d rá la salvación, “p ero si es im posible hacer
la revolución, hay que hacer algo p a ra elevar la m o ral de los cesantes” . “ Los
desocupados”, La Protesta H u m a n a , 1 de agosto de 1902.
65 L a Prensa, 4 de agosto de 1902.
66 T h e R eview of the R iv er P late, 14 de ju n io de 1902; 5 de abril de 1902;
18 de o ctubre de 1902.
67 "E n 1902 se in co rp o ró al código u n a disposición q u e dice: 'E l que ob li­
gare con violencia o am enazas a tom ar p a rte en u n a huelga, será castigado
con arresto de tres meses a u n a ñ o ’.” A. Palacios, La F O R A , Buenos Aires,
1920, p. 41.

LAS H U E LG A S E N
DURANTE

LOS G RAN D ES P U E R T O S

E L M E S D E N O V IE M B R E

La ola de huelgas en noviem bre de 1902, que se convirtió en una
huelga general entre el 22 y el 24 de ese mes, empezó con la lucha
de la Federación de Estibadores para reducir el peso de las bol­
sas de cereales a 65-70 kilogramos. Ese reclamo ya se había presen­
tado años antes, pero sin éxito, y la federación, m ejor organizada
y contando además con los estibadores de los puertos uruguayos,
eligió la época de la exportación de lana y de granos como mo­
m ento oportuno para la renovación de su batalla.68 Ese año era
particularm ente apropiado, pues a los puertos afluían m uchos pro­
ductos; tras dos años difíciles, la cosecha había sido muy buena y
se cifraban grandes esperanzas.69
Los preparativos para la confrontación se iniciaron poco después
de crearse la federación, y el 14 de septiem bre la misma envió
una circular-aviso al comercio exportador, agentes m arítim os, aco­
p iadores, contratistas, etc., comunicándoles que dicha federación
había resuelto señalar como fecha el 1 de noviem bre próxim o para
la lim itación de setenta kilos máximos de peso de bolsas de cerea­
les, tasajo, carbón, etc... El comité federal de la f o a , en su re­
unión del 18 de octubre, se solidarizó con la lucha de la Federa­
ción de Estibadores, y le brindó su respaldo. En el núm ero de
noviem bre de La Organización Obrera, se insertó un artículo que
exam inaba la historia de la lucha de los estibadores para reducir
el peso de las bolsas que cargaban y polemizaba al mismo tiempo,
con el argum ento de los comerciantes, en el sentido de que los
im portadores de África del Sur exigían bolsas pesadas:
Si b ie n es c ie r to . . . qu e d e l Á frica d e l Sur so licita n las bolsas d e 90 k ilo ­
gram os, h ay q u e tener p resen te q u e el go b iern o in g lés d isp o n e del e le ­
m e n to cafre, a q u ien e q u iv a len los cam ellos de su ejército. P ero n o s­
otros reivin d icam os en érgicam en te n u estro derecho a la vida, y el de ser
con sid erad os com o seres hu m an os, así com o com p ad ecem os a aq u ello s p o ­
bres n egros.70
68 Figuero, Las huelgas en la R ep ú b lica A rgentina, Buenos Aires, 1906, p. 63.
69 El corresponsal de T h e E conom ist em pezó su inform e, desde Buenos Aires,
el 6 de noviem bre de 1902, con las siguientes palabras: “ E sperando la cosecha
es la m ejor expresión en la que se puede pensar p a ra d escrib ir con precisión la
posición actual a q u í.” T h e E conom ist, 20 de diciem bre de 1902.
70 “La cuestión de los obreros de los p u e rto s”, en La Organización Obrera,
25 de octubre de 1902. En el m ism o núm ero tam b ién se publica u na circular de
la Federación de Estibadores: "A los com pañeros estibadores y obreros en ge­
n e ral de todos los pu erto s d e las R epúblicas A rgentina u O rie n ta l del U ru ­

A fines de octubre creció la tensión: por u n lado se notó la in­
clinación febril de los portuarios a lanzarse a la huelga. T am bién
se les sum aron obreros de los depósitos del M ercado C entral de
Frutos, con iguales exigencias. Por otro lado se revelaron entre los
círculos comerciales deseos de confrontarse con los obreros, a fin
de rom per su fuerza organizada en la federación, donde sobresalía
la influencia anarquista.71
C uando estalló la huelga del 1 de noviem bre y se conoció su
gran alcance, se redujeron las inclinaciones agresivas de los comer­
ciantes y sus representantes en la C ám ara de Comercio evidencia­
ron disposición a las negociaciones con los huelguistas; pero los
obreros se m ostraron intransigentes y no accedieron a reducir sus
exigencias: llam aron a sus compañeros a no cargar bolsas de más
de 70 kilogramos de peso.72 La huelga se expandió con prontitud.
El 4 de noviem bre se dejó sentir ya la influencia dañ in a en el
puerto de Buenos Aires. Los buques que trasportaban bolsas pe­
sadas no fueron descargados y tampoco se cargaban em barques de
bolsas d e más del peso requerido. A raíz de los grandes perjuicios
al comercio, la C ám ara de Comercio nom bró u n a comisión para
negociar con los huelguistas y creció la anuencia a acceder a sus
demandas, pero pidiendo u n a tregua de ocho días para cambiar
los embalajes y reducir las bolsas.
Los huelguistas en principio se negaron a tal requerim iento,
pero el 7 de noviem bre se realizó una tempestuosa asamblea de
portuarios de Buenos Aires y se aprobó una resolución de apaci­
guam iento: conceder una tregua de sólo cuatro días. En el ínterin
se com probó que el pedido de los im portadores sudafricanos era
una valla muy seria, pues la C ám ara d e Comercio alegó que si
aceptaba los reclamos de los estibadores se paralizaría el comercio
con África del Sur,73 y el m inistro de A gricultura, en una etapa
guay”, a quienes llam a a m antenerse firm es en la cam paña que em pezaría el
1 de noviem bre de 1902.
71“Se h a plan tead o la cuestión en la C ám ara de Com ercio y, puesto que
las opiniones están divididas, es p ro b a b le q u e no sean garantizadas las d e ­
m andas de la Sociedad.. . H ay cientos de desem pleados en el país, y si el
gobierno p roporciona a los hom bres suficiente protección como p a ra p e rm itir­
les tra b a ja r esto ha ría posible re sq u eb ra jar considerablem ente la Federación
de Estibadores, que en sus dem andas h a conseguido triu n fo tras triu n fo en
la s últim as fechas.” T h e R eview o f the R iv e r Plate, 1 de noviem bre de 1902.
E.
G ilim ón, en su libro H echos y com entarios, tam b ién señala la tendencia
de la C ám ara de Com ercio a q u e b ra r el sindicato de obreros portu ario s, ex­
puestos a la in fluencia an arq u ista (pp. 35-36).
72 R eview o f th e R iv e r Plate, 8 de noviem bre de 1902.
73 “ El m ercado sudafricano p id e granos ensacados en bulto s de 200 libras
o, digam os, unos 92 kilos, pero no es posible que nosotros los em barquem os

avanzada de las negociaciones se entrevistó con representantes de
los estibadores (Ros y Carballo: los dos anarquistas) y los puso al
tanto de las dificultades que podían crearse al comercio. P or últim o
sugirió u n arreglo que tom aba en cuenta el m áxim o de las exigen­
cias de los huelguistas (la anuencia a que las bolsas pesadas sean
llevadas de a dos, y que las bolsas con trigo se carguen en el puerto
en bolsas de 70 kilogramos, las que deberían cambiarse en el buque
por otras más pesadas).74 Esta proposición iba a ser presentada a la
asamblea general de portuarios, el 25 de noviembre. En el ínterin
se enredaron otras luchas y se complicó la tendencia contem pori­
zadora: en su lugar se produjo u n escalonamiento precipitado, que
derogó todos los arreglos previos y arrastró a los portuarios a la
confrontación con los empleadores en una huelga general.
M ientras se realizaban las negociaciones en Buenos Aires, estallaasí , pues los estibadores re h u san m an e jar n ada que pese m ás de 70 k ilo s ...
Este pro b lem a de los estibadores es de tal m ag n itu d q u e pide u n a in terv en ­
ción g u b ern am en tal, ya que si ha de perm itirse que estos individuos im pongan
sus dictados sobre el com ercio, éste se h a rá im p o s ib le .. . Si el com ercio ha de
ser legislado p o r la m afia de los e stib a d o re s ... e n pocos años no será posible
n in g ú n com ercio si a hora nos som etem os calm adam ente a sus im posiciones.”
R ev ie w o f th e R iv e r Plate, 22 de noviem bre de 1902, p. 886.
Sobre la im p o rtan cia creciente del com ercio con Á frica d el Sur, p u e d e leerse
en los datos de A rg e n tin ia n year book, 1903 lo que concierne a la exportación
(valores de dólares de oro).
1895

1898

1899

1900

1901

1902

8 010

518 118

953 365

3 240 270

2 891 259

8 285 387

D esde el ángulo d el m onto, la exportación a Á frica del Sur en 1902 ocupaba
el séptim o lugar.
4E
7 n la p roposición de arreglo del m inistro de A gricultura, se decía: "1) H a ­
cer desde ya el trab a jo d e carga con bolsas o fardos, cuyo peso no excede de
70 kg. h asta el buq u e, p u d ien d o cam biarse en las bodegas los envases p o r otros
que tengan el peso usado h asta ah o ra (92 kg); 2) A carrear bolsas q u e excedan
70 kg, em pleándose dos o m ás hom bres, p a ra cada u n a de aquéllas en p ro ­
p o rció n a l peso; 3) Se concibe u n p la n de u n m es q u e vencerá el 25 de d i­
ciem bre próxim o, p a ra c o n tin u a r cargando en la m ism a form a de envase y
p e s o . . . ” L a Prensa, 16 de noviem bre de 1902.
R especto del curso de la huelga y de las negociaciones, véase L a Prensa,
2 de noviem bre de 1902; 4 /8 de noviem bre de 1902: 9 /16 de noviem bre de
1902; véase tam b ién “ E n los p u e rto s”, en La Protesta H u m a n a , 8 de noviem ­
b re de 1902.
Sobre el entusiasm o p o r el arreglo y la sensación de victoria de los h u e l­
guistas a m ediados de noviem bre, d a n testim onio las siguientes líneas p u b lic a ­
das p o r L a Protesta H um ana, 15 de noviem bre d e 1902, en la sección "M o ­
vim iento o b re ro ” : “ P uede decirse que el m ovim iento de los estibadores ha te r­
m inado favorablem ente a los obreros, p o r lo m enos en lo que se refiere al
p u e rto de la c ap ital.”

ron otros conflictos laborales en los puertos de C am pana y Zárate,
sobre el río Paraná, en cuyo trascurso intervino la policía y arrestó
a 25 obreros, a raíz de lo cual se desató una huelga general local,
en protesta por tal actitud, y se produjeron choques con las fuer­
zas policiales, todo lo cual dejó un lam entable saldo de heridos.75
El 9 de noviem bre la f o a envió a Basterra (el conocido anarquista)
a averiguar las causas de los sucesos. Su inform e se publicó parcial­
mente en La Prensa 76 y culpaba en él a la policía de la provincia
de Buenos Aires de haber provocado los tum ultos.
En un esfuerzo por calm ar los ánim os en Cam pana, se reunieron
representantes de la f o a con la policía de la provincia y concorda­
ron respecto a la conducta de las dos partes (huelguistas y policías)
para evitar que se agrave la situación en el lugar. Pero las autori­
dades no cum plieron el acuerdo y la tensión se hizo creciente. En
el ínterin se creó u n foco de torm enta adicional cuando el gobierno
m andó m arinos y bomberos a poner en funcionam iento el frigorí­
fico local, paralizado p or la huelga.77 Este paso del gobierno, abier­
tam ente en contra de los huelguistas, suscitó la protesta enérgica
de la f o a . U na delegación de representantes del sindicato de esti­
badores, entre ellos el dirigente anarquista T . Ros, se entrevistó
con el m inistro del Interior, J. V. González, le expresó los reclamos
de los obreros d e C am pana y condenó el empleo de los m arineros
en la función de rom pehuelgas.78 El m inistro prom etió hacer lo
75 Sobre la concatenación de los sucesos en C am pana y Zárate, véase La
Protesta H u m a n a , 8 de noviem bre de 1902; 15 de noviem bre de 1902; R e v ie w
o f th e R iv e r Plate, 15 de noviem bre de 1902.
U na descripción de los hechos en Z árate y C am pana se en cu en tra tam bién
e n el inform e que envió el cónsul b ritánico en B uenos Aires, A. Ros, quien
se refiere a la huelga d e p rotesta de los obreros frigoríficos e n C am pana:
" ...D o n d e hay dos buq u es listos p a ra cargarse y la to ta lid a d del p ersonal de
700 hom bres abandonó el trab ajo p o r tem or a las represalias. M uchos de los
agitadores ib an arm ados y las cosas se presen taro n serias p o r u n o o dos d í a s . . . ”
A . R os to M arquess o f Lansdow n, B uenos Aires, 19 de noviem bre de 1902
(F. O. 118/225, P u b lic R ecord Office, Londres).
76 “ Los sucesos de C a m p a n a ”, La Prensa, 11 de noviem bre de 1902.
77 "E l gobierno p roporcionó protección policiaca y m andó u n cuerpo de
bom beros y de ingenieros p a ra p o n e r en funciones la m a q u in a ria de refrige­
ración de m anera que los cientos de toneladas de carne alm acenadas no se
echaran a p erd er. Se h a n co n tratad o hom bres de relevo y el trab a jo h a sido
rean u d ad o . Las dem andas de los agitadores in clu ían el reconocim iento d e sus
sindicatos y u n a paga m ayor. La com pañía reh u só term in an tem en te a te n d er la
p rim e ra dem anda pero estaba bien dispuesta a d isc u tir la s e g u n d a ...” A . R os
to the M arquess o f Lansdow n, Buenos Aires, 19 de noviem bre de 1902 (f . o .
118/225, P u b lic R ecord Office, Londres).
78 "L a huelga de C a m p a n a ”, en L a Prensa, 14 de noviem bre de 1902; T h e
Standard, Buenos Aires, 15 de noviem bre de 1902.

posible para lograr u n a contemporización, pero m ientras tanto fi­
nalizó la huelga en el frigorífico de Cam pana, el 18 de noviembre,
al volver los obreros a sus trabajos sin ningún logro.79
Grandes huelgas estallaron a comienzos de noviem bre de 1902
tam bién en Rosario y Bahía Blanca, en cuyos puertos cesó total o
parcialm ente el trabajo;80 pero el paro que tuvo la m ayor influen­
cia sobre el escalonam iento de los conflictos laborales, fue el de los
peones del M ercado C entral de Frutos, en Buenos Aires.
Estos peones habían trabajado hasta 1901 en condiciones muy
difíciles, p o r u n sueldo nim io y en jornadas de 14 horas. Gracias
a la iniciativa y ayuda de algunos compañeros del C entro Socia­
lista de Barracas del Sur, pudo reunirse a los trabajadores en una
sociedad de resistencia. Esta entidad organizó en diciem bre de 1901
u n a huelga, para exigir la reducción de la jornada de trabajo y el
aum ento en los salarios. Pararon 6 000 obreros y lograron reducir la
jornada a 10.5 horas, a la vez que se aum entó el salario en u n 50% .
D u ran te 1902, los m ilitantes anarquistas en ese suburbio obraron
contra la posición que se habían granjeado los socialistas y poco a
poco los alejaron. M iembros de la f o a — en particular T . Ros—
hicieron lo posible por plegar ese organismo a la Federación de
Estibadores, en el mes de octubre, antes de la gran lucha de estos
trabajadores por la reducción del peso de las bolsas. El 1 de no­
viembre, después de u n a serie de asambleas se trató la cuestión de
plegarse a la huelga de los estibadores. Los socialistas, aún con in­
fluencia, se opusieron a participar en la huelga de la federación.
Las discusiones internas no rindieron frutos y la huelga se postergó
para m ediados de noviembre. En el ínterin la federación logró éxi­
tos notables en su lucha, lo que elevó el prestigio de los anarquistas
entre los peones del M ercado C entral, que aprobaban la participa­
ción en las luchas de la Federación de Estibadores y de la f o a . En
otra asamblea, el 15 de noviembre, los anarquistas activos Ros,
T ro itiñ o y Locascio lograron que se adhirieran a la f o a a la vez
que consolidaron u n núm ero d e exigencias para presentar a los
empleadores, cuyo rechazo justificaría la huelga. Las exigencias se
centraron en cuatro puntos: 1) Abolición del trabajo a porcentaje
y a destajo; 2) C uatro pesos diarios como m ínim o para los peones
del mercado y las barracas; 3) Nueve horas de trabajo diario;
79
"Sobre la term inación de la h u e lg a ”, en T h e Standard, 19 de noviem bre
de 1902; S. M arotta, op. cit., pp. 145-46 (sobre C am pana).
80 "Sobre la h uelga de R o sario ”, en T h e Standard, 11 de noviem bre de 1902;
ibid., 18 de noviem bre de 1902; "Sobre la hu elg a de B ahía B lanca”, en La
Protesta H u m a n a , 15 de noviem bre de 1902; S. M aro tta, op. cit., p. 46.

4) 2.50 pesos d e salario diario a los menores de 15 años de edad;
5) Reconocimiento de la sociedad por parte de los patrones.
La opinión pública juzgó esas exigencias como justas, y los obre­
ros más explotados se granjearon la sim patía general. Pero los
empleadores, miembros de la C ám ara de Comercio (círculos de
exportadores y dueños de depósitos), a punto de rendirse a la pre­
sión de los estibadores, querían ignorar los reclamos de quienes se
habían sumado a últim o m om ento a la huelga y rechazaron sus
pedidos. El rechazo sublevó a los peones del M ercado C entral de
Frutos y, el 16 de noviembre, en una tempestuosa asamblea se re­
solvió declarar la huelga.81

P A R A L I Z A C IÓ N
P O S IC IÓ N

DEL PU E R T O

D E B U E N O S A IR E S ,

D E L O S E M P L E A D O R E S Y D E L A S A U T O R ID A D E S ,

H U E L G A S D E S O L ID A R ID A D

Después de dos semanas de paralización parcial por la huelga de
los estibadores otra huelga paralizó com pletam ente el puerto de
Buenos Aires cuando se vislum braba la reanudación de las activi­
dades con m iras a u n arreglo. L a paralización d el puerto hirió d i­
rectam ente la m édula de la actividad económica de la República
en esa tem porada y causó muchos daños a los intereses de los círcu­
los económicos más influyentes. Pero, como es obvio, tam bién el
gobierno se vio perjudicado directam ente por el descenso pronun­
ciado de los ingresos aduaneros. La réplica enérgica no tardó en
llegar. T an to los empleadores como los grandes exportadores y los
elementos gubernam entales estaban interesados en concluir cuanto
antes el conflicto y rean u d ar el funcionam iento portuario. El ca­
m ino de las negociaciones no les pareció conveniente y se planteó
el de la solución violenta. H acía ya tiem po que se oían voces lla­
m ando a em plear la fuerza y el diario de los círculos comerciales
pedía explícitam ente aplastar a la Federación O brera, “vivero del
anarquism o” 82 que respaldaba a la huelga. La idea en boga era que
81 "H uelga general de los peones en las B arracas y el M ercado C entral",
en L a Prensa, 17 de noviem bre d e 1902. Sobre los desarrollos e n tre los o b re ­
ros, véase el artículo retrospectivo del socialista M antecón, “ Los an arq u istas y
la huelga de noviem bre de 1902”, en L a Vanguardia, 15 de agosto de 1903;
R eview o f the R iv er P late, 22 de noviem bre de 1902; “ T h e strikes”, en T h e
Standard, Buenos Aires, 18 y 19 de noviem bre de 1902; J. O ddone, G rem ia­
lism o, op. cit., p. 111.
82 “ La acción de la Federación O b rera h a colm ado ya todas las m edidas, y
corresponde al G obierno in te rv en ir y acabar con este vivero del anarq u ism o ...

las huelgas portuarias estallaran en lo más candente de la tempo­
rada, para aprovechar la necesidad de los círculos comerciales de
poner térm ino rápido a la huelga y extorsionarlos para lograr con­
diciones ventajosas en las negociaciones.83 Pero esta vez los círculos
de la Cámara de Comercio resolvieron enfrentar por la fuerza la
huelga de los peones del M ercado C entral de Frutos y llam aron en
su apoyo al gobierno. Se nom bró una comisión reducida, encabeza­
da por Carlos L ix Klett, que dirigía la cam paña en contacto perma­
nente con el gobierno. En una prim era etapa se pidió que el gobier­
no pusiera en funcionam iento los depósitos por m edio de rom pe­
huelgas. El m inistro de Finanzas accedió a ese pedido y m andó que
se enviaran 120 obreros de aduana a los almacenes del Mercado
C entral. La orden se cum plió enérgicam ente y 10 obreros de aduana
que se negaron a hacerlo, fueron despedidos de su empleo. Los obre­
ros de aduana, pocos y sin experiencia en el duro trabajo de los
depósitos, no pudieron resolver el problem a causado por la huelga,
que se expandió con rapidez; se procedió entonces a reclutar des­
ocupados. La solidaridad con los huelguistas, en los suburbios obre­
ros, im pidió reclutar trabajadores lugareños y se propuso traerlos
desd e Corrientes. En el ínterin, para hab ilitar siquiera parcialm ente
los depósitos y cargar las m ercaderías que debían ser exportadas,
se siguió trayendo a policías, a unidades de bomberos, tropas de
m arina e inclusive a grupos de presos. Esas fuerzas gubernam entales
Sólo hay u n a m anera de solucionar las actuales dificultades y es la de que
todos los p atrones se u n a n y luchen contra los s in d ic a to s ... Asimismo, deben
p la n te a r el asunto en el Congreso de m odo que se tra te a los agitadores en
form a a p r o p ia d a ... El objetivo p rin cip al es ap la star el po d er de la Federación
de O breros, que se h a vuelto u n p oder d en tro d el estado gracias a la toleran­
cia de las autoridades." T h e R eview of the R iv er P late, 15 de noviem bre de
1902, p. 842.
83
Esta apreciación tenía u n a base razonable tam b ién a raíz de la tentativa
de huelgas en el p u e rto d u ra n te los últim os tres años, realizadas todas en lo
m ás intenso de la tem porada. La N ación lo destaca en u n a rtícu lo del 19 de
noviem bre de 1902, donde dice: "Se com prende — y en esto se sigue la táctica
h a b itu a l— que la época elegida p a ra la huelga no es d e term in ad a p o r una
casualidad, sino que se h a esperado el m om ento de aprem io p a ra contar con
la p ro b a b ilid ad de u n éxito seguro, a favor del a p u ro de la estación, cuando
llegan de la cam paña largos convoyes de ferrocarril atiborrados de productos
p a ra la exp o rtació n .”
En el m ism o esp íritu lo juzgó tam bién el cónsul b ritán ico en Buenos Aires,
q u ie n a ñ a d ió (a su inform e d el 19 de noviem bre de 1902): “Vale la pena obser­
v a r que en m i nota com ercial núm . 20 del 21 de diciem bre del año pasado
[1901] hice u n inform e m uy parecido a l que sigue. Las organizaciones labora­
les h a n estado acu m u lan d o recursos d u ra n te la tem porada de vacaciones para
estar en posición de insistir en sus térm inos en la época de tra b a jo .” A. Ros
to M arquess of L ansd ow n, B uenos Aires, 19 de noviem bre de 1902 (F. O. 118/225.
P. R. O. Londres).

—en parte armadas— fueron empleadas como rom pehuelgas y ex­
hibieron una presencia am enazadora en los suburbios obreros, ju n ­
to al puerto.84 No pudieron empero solucionar la paralización
portuaria, las mercaderías se acum ularon y al tercer día d e paro
ya había 5 500 vagones esperando ser descargados en los depósitos,
m ientras la m ercadería seguía afluyendo. Pero en cambio lograron
enardecer a los trabajadores de los suburbios y em pujaron a los
sindicatos obreros a organizar actos de protesta y solidaridad.
El prim er sindicato que se adhirió a la huelga de los peones del
M ercado Central, fue la Federación de Estibadores, pese a estar a
pun to de salir victoriosa de la huelga que realizaron dos semanas
antes. Fue u n acto de evidente solidaridad, como protesta por la
introm isión gubernam ental contra los peones y con la certeza de
que su solidaridad confería perspectivas en la confrontación.85
La huelga de solidaridad de los estibadores atrajo de inm ediato
la adhesión de la federación de rodados, creada poco antes y con la
que los estibadores tenían firm ado u n “pacto de solidaridad” . Pero,
para com prender el carácter de esta adhesión, conviene exam inar
sucintam ente el gremio de los cocheros, que desde principios de
año iba adquiriendo u n m atiz pronunciadam ente anarquista.
Como se recordará, estalló u n a huelga de cocheros, en abril,
donde fueron m uy activos los propagandistas del anarquism o, y que
finalizó con una postergación tem poraria del reglam ento de la
“lib reta”, contra cuya im plantación clam aron los cocheros. Poco
después de finalizar la huelga, renació en la M unicipalidad el de­
seo de im p lan tar tal libreta y, a principios de octubre, el sindicato
de cocheros lanzó u n llam ado a todos los m iem bros del gremio
para que firm aren un pedido al concejo m unicipal, con la dem anda
de abolir totalm ente las amenazas de resucitar la “libreta”.86
En octubre se acentuó en el gremio el espíritu combativo y ra­
dical. A mediados de noviembre, cuando estallaban los conflictos
obreros, se reunieron los representantes de los sindicatos de coche­
ros de Buenos Aires y form aron u n a federación general del gremio,
84 T h e Standard, Buenos Aires, 19 y 20 de noviem bre de 1902; “L a huelga
de los p e o n es de B arracas”, en La Prensa, 18 y 19 d e noviem bre de 1902;
“ M em oria de la f o a al T e rc e r Congreso A n u a l”, en E l Sol, 1 de ju lio de 1903;
A . R o s to M arquess o f L ansdow n, Buenos Aires, 19 de noviem bre de 1902,
F. O . 118-225, P ublic R ecord Office, L ondres (Inform e al cónsul b ritán ico en
Buenos Aires).
85 “Los estibadores no p o d ían c o n tin u a r trab a ja n d o sin p e rju d ica r la causa
de los peones barraqueros. P o r solidaridad de clase, pues, se declararon en
huelga.” “La huelga general de Buenos Aires”, en La Protesta H u m a n a , 11 de
enero de 1903.
86 "Los conductores de carros”, en La Organización Obrera, octubre de 1902.

a la que llam aron Federación de Rodados, y resolvieron sumarse a
la f o a , pese a las voces de disgusto proferidas por algunos círculos
socialistas en su seno.87 La creación de la federación —im buida de
u n carácter radical (la mayoría de sus adictos activos eran anar­
quistas)— sirvió de im pulso para lanzarla en seguida a la lucha
obrera en los puertos. El artículo núm . 1 del R eglam ento Federal
decía:
E n los casos e n q u e lo s cap italistas o em presarios traten de m alograr un
m o v im ie n to p ro d u cid o en cu alq u ier localid ad , e m p lea n d o rom pehuelgas,
o lo s gob iern os h agan lo m ism o v a lié n d o se de la p o licía o d e l ejército, se
prod u cirá la h u elg a gen eral d el grem io.

U na situación exactam ente así se creó pocos días después de
creada la federación. No debe extrañar que se viera arrastrada a
la lucha de los obreros portuarios, m áxim e por el hecho de que su
adhesión podía in flu ir directam ente, ya que el paro de los rodados
al puerto agravaría la huelga y acrecentaría la fuerza de presión
de los huelguistas. Apenas los estibadores declararon la huelga,
hizo otro tanto la Federación de Rodados.88
L a adhesión de esos sindicatos a la huelga de los peones barra­
queros fue u n acto de solidaridad obrera evidente, y se granjeó el
aprecio general de todos los trabajadores. Perm itió com prender
que sí era factible respaldar debidam ente a los obreros que lucha­
ban en el puerto contra la coalición del gobierno y los emplea­
dores.89
C on esas resoluciones, la paralización total del puerto fue un
hecho. Lo que tem ían los hombres de la C ám ara M ercantil y lo
que trataro n de evitar, se produjo: el puerto se cerró, los barcos
fondeados no fueron atendidos, en los muelles se aglom eraron mi­
les de carros con productos agrícolas, cesó la exportación y la im ­
87
"M ovim iento o b re ro ”, en La Protesta H u m a n a , 8 de noviem bre de 1902;
“ M ovim iento o b re ro ”, ibid., 15 de noviem bre de 1902.
88 “ Los carreros, arrean d o m ercadería, h u b ie ra sido algo así como u n insidio
a los estibadores, dado que am bos trabajos se com plem entan. C om prendiendo
asi y respetando el pacto de u n ió n que carreros y estibadores ten ía n p r e stable­
cido, se resolvieron p o r la h u e lg a .” "L a h uelga general de B uenos A ires”, en
L a Protesta H u m a n a ; “La h u e lg a ”, en E l G rem io (órgano de la Sociedad de
R esistencia de la U nión de Cocheros de Buenos Aires), 15 de febrero de 1903;
“De Buenos A ires”, en L a Agitación, Santiago de C hile, 29 de diciem bre de 1902.
89 Incluso la c ircu lar del P a rtid o Socialista — que apareció varios días des­
pués y criticaba el despeñam iento de sucesos en noviem bre— no censura esa
huelga de so lid arid ad y dice: “ La h uelga de los estibadores y carreros fue un
acto inteligente de verdadera p r á c t i c a ...” J. O ddone, op. cit., p. 111; “La
huelga general de Buenos A ires”, en La R ebelión, 14 de diciem bre de 1902.

portación, los ingresos aduaneros se redujeron, el am biente de cri­
sis se reflejó en el rápido ascenso del precio del oro.90

E L E S C A L O N A M IE N T O D E L C O N F L IC T O

Y

LA

P R O C L A M A C IÓ N

DE LA H U E L G A G EN ER A L

Hemos tratado de trazar un bosquejo esquemático de los sucesos,
hasta el 20 noviembre. Nos parece que su rasgo característico es
el escalonamiento de los conflictos laborales en circunstancias de
muy poca comunicación entre los dirigentes obreros y los em plea­
dores. Cada uno de los bandos aportó m ucho para el despeñam ien­
to de las relaciones. No creemos, en este caso, que haya habido
acciones intencionales de prom over u n confrontam iento de gran
m agnitud. A nuestro parecer, los elementos activos en esta contien­
da se vieron sorprendidos por el alcance y la rapidez con que estalló
la confrontación.
E n el sector obrero los anarquistas fueron u n factor de tensión
y, como ya se ha dicho, hubo u n a am pliación muy significativa
del alcance de su actividad y de su intensidad en los sindicatos
obreros. En los últim os meses venían insistiendo en la im portan­
cia de la “huelga general” como el m edio más eficaz para la lu­
cha obrera. Como fueron palabras se puede atribuirles u n valor
que modeló el estado de ánim o de los anarquistas y que los lle­
vó a una anuencia rápida de agudizar los conflictos laborales y
convertirlos en huelgas generales. Pero no se puede señalar la
consolidación de una técnica intencional, ni pasos planeados de
antem ano para llegar a la huelga general y al enfrentam iento. A
mi entender, los propios anarquistas se sorprendieron de la verti­
ginosidad con que fueron atrapados en u n conflicto laboral de
tan grandes dimensiones. Sólo pocos, num éricam ente, participa­
ron de un m odo activo y directo en las huelgas de los portuarios.
La m ayoría seguía llevando su estilo de vida habitual, y no tenía
noción de la concatenación de acontecimientos que hizo eclosión
el 20 de noviembre, pues carecía de comunicación con los activos
en las huelgas.
U na evidencia interesante de la falta de comunicación interna
en el bando anarquista se revela en una circular publicada el 20
de noviembre, la cual se titulaba “A todos los compañeros de la
90
1902.

"P u b lic feeling” , en T h e Standard, B uenos Aires, 21 de noviem bre de

capital”, firm ada p or el grupo Iniciador; llam aba a “todos los gru­
pos libertarios de la capital”, a una gran asamblea el 23 de noviem­
bre (¡el día que estallaría la huelga general!) para “debatir la
recaudación de fondos con miras de crear un centro de propagan­
d a lib ertaria.." 91
La circular ni siquiera insinúa la inm inencia de la huelga gene­
ral que abrazaría a los obreros dos días más tarde...
Paralelam ente, no había un plan preparado de antem ano para
agravar el conflicto hasta la confrontación; no otra fue tam bién la
actitud del otro polo del conflicto, esto es, los em pleadores y el
gobierno, que pasaron de una posición m oderada y propensa a las
contem porizaciones (a principios del conflicto) a u n enfoque en­
colerizado e inflexible en la segunda etapa de la huelga de los
peones barraqueros. La rapidez con que el paro se expandió los
encolerizó y atemorizó. Por falta de experiencia en negociaciones
para solucionar conflictos laborales, se dejaron atrapar por la creen­
cia de que cualquier medio de opresión es bueno para aplastar
pronto el fenómeno.
El m inistro del Interior, J. V. González, lo confiesa en sus me­
morias, ocho años después.92 Estaban ante una encrucijada: aplicar
“el estado de sitio” y aplacar la disconform idad por algún tiempo
(hasta que desapareciera) o prom ulgar leyes que frenaran las huel­
gas y distanciaran a los agitadores. Se escogió el segundo camino.
Sin experiencia n i posibilidades para com prender un fenómeno
social de esta índole, lo creyeron el resultado de la actividad de
agitadores. No era difícil señalarlos: la C ám ara de Comercio los
vigilaba desde hacía tiempo, la prensa conservadora no cesaba de
censurarlos,93 sobresalían por su actividad radical, todos eran (o
fueron considerados) “anarquistas” y “extranjeros”. Es decir, no se
tratab a de ciudadanos argentinos (pues, por ser anarquistas no les
interesaba la ciudadanía pese a residir d u ran te muchos años en
el país).
N o debe extrañar, por lo tanto, que se recurriera al proyecto
de ley de expulsión de extranjeros, propuesto por el senador Can é
en 1899, y estancado desde entonces en las comisiones del Con­
greso. El factor que acicateó al gobierno, en ese caso, fue la Cáma­
ra de Comercio, cuyo comité de acción para tratar los aspectos
relativos a la huelga se dirigió al m inistro del Interior y a la Co­
9 1 U n eje m p la r o rig in a l de esta c ircu lar se en cu en tra en la colección de
M ax N e ttla u , legajo A rgentina 1902, archivo IISG, A m sterdam .
92 D. A bad de S antillán, H istoria A rgentina, t. III, op. cit., pp. 669-670.
93 T h e R eview o f the R iv e r Plate, 1 d e febrero de 1902; 15 de m arzo de
1902; 5 de a b ril de 1902.

misión del Senado para reclam ar la prom ulgación rápida de la ley
proyectada por C an é.94
Los rum ores que hablaban de presiones sobre el gobierno (apar­
te de su propia inclinación) para que se prom ulgue una ley contra
extranjeros, como u n instrum ento de lucha contra los “prom otores
de huelgas" y los anarquistas, se propagaron de inm ediato por las
calles de Buenos Aires y provocaron la escalada decisiva. L a f o a
reaccionó inm ediatam ente y el mismo 20 de noviem bre su comité
adm inistrativo, en com ún acuerdo con los estibadores y los coche­
ros, lanzaron un manifiesto declarando la huelga general. En ese
m anifiesto declararon que la huelga se im pone fatalm ente en vir­
tud del proceder del gobierno. El día 21, el comité federal de la
f o a celebró una asamblea y en ella aprobó la conducta del comi­
té adm inistrativo.95

L A M A R C H A D E L A H U E L G A G E N E R A L . L O S D IA S

20-22

D E N O V IE M B R E

Al día siguiente de la proclam ación de la huelga general, varios
gremios se adhirieron, y el 22 de noviem bre el núm ero de huel­
guistas ya se estim aba en 20 000. La Prensa la consideraba la huel­
ga más grande hasta ese entonces.96
El público trabajador se m ostraba sim patizante con la huelga y
los huelguistas. A un los sindicatos obreros católicos —siem pre dis­
puestos a rom per las huelgas— esta vez vacilaron en cuanto a su
actitud, y hubo voces que justificaron el paro, pese a la gran in­
fluencia de los anarquistas.97
94
“ H ay u n a fuerte agitación p a ra o b ten er la sanción d el Congreso a lo que
se h a llam ado la ‘Ley de residencia’. La m edida, cuya co n stitucionalidad está
e n serias dudas, capacitaría a las a u to rid ad es a d isp o n er de m uchos d e los
a n arq u istas principales q u e son responsables de las huelgas. Ayer en la tarde,
u n a delegación del M ercado C entral de Abastos tuvo au d ien cia con el m inistro
del In terio r con el fin de q u e use su influ en cia p a ra que se ponga a discusión
la ley de inm ediato, e ib a n acom pañados p o r el m in istro de Finanzas, Dr. Ave­
llaneda. La m ism a delegación se entrevistó con la C om isión de Asuntos Cons­
titucionales del Senado.” T h e Standard, Buenos Aires, 21 de noviem bre de 1902.
9 5 “ M em oria de la FOA al T erc er Congreso A n u al”, en E l Sol, 1 de julio
de 1903; "L a huelga general de Buenos Aires”, en La P rotesta H u m a n a , 11 de
enero de 1903; J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p. 112; "L o sciopero generale”,
en L ’A vvenire, 21 de noviem bre de 1902.
69
"Jam ás en la R ep ú b lica A rgentina se p ro d u jo u n m ovim iento obrero de
defensa y de p rotesta d e las proporciones y la trascendencia del a c tu a l.” “A ctua­
lidad - La h u elg a”, La Prensa, 21 de noviem bre de 1902.
97 H . Spalding, La clase trabajadora, op. cit., p. 529.

La atm ósfera en los barrios obreros y de inm igrantes — Boca y
Barracas— se acaloró en el trascurso de la huelga; en las calles
reinaba un clima de prerrevolución: grupos de huelguistas y sus
m ujeres se concentraban en las calles produciéndose choques con
la policía y con los rompehuelgas. En los suburbios obreros se oía
gritar: “Viva la an arq uía” y “Viva la revolución social’’.98
Graves choques sangrientos se produjeron en Zárate, entre huel­
guistas y rom pehuelgas; se hicieron varios disparos de armas de
fuego y algunos obreros sufrieron heridas. La policía arrestó a los
organizadores de la huelga en Zárate y afirm ó que todos eran anar­
quistas. En Buenos Aires el puerto paró por com pleto el 22 de
noviembre; la policía no pudo cum plir con la protección a los
pocos rom pehuelgas y fueron trasladadas a la ciudad varias unida­
des del ejército, apostándoselas en los barrios obreros. El estacio­
nam iento de los soldados caldeó aún más los ánimos. El jefe de
policía autorizó a los rom pehuelgas a p o rtar armas. En el segundo
día de huelga ya se supo de tiroteos entre obreros y rompehuelgas.
Las m edidas de opresión intensificaron la tensión y cada día se
plegaban nuevos sindicatos obreros. El 23 de noviem bre —aparte
de los portuarios de Buenos Aires y de Paraná, así como de los
cocheros— ya estaban en huelga los panaderos, zapateros, albañi­
les, sombrereros, fideeros, fosforeros, tejedores, mecánicos y fundi­
dores. L a huelga se expandió tam bién a otros puertos: Rosario,
Bahía Blanca, La Plata, V illa C onstitución. Sin embargo, fracasó
el inten to de prom over u n paro paralelo en M ontevideo. Las se­
des de los sindicatos obreros de Buenos Aires estaban repletas,
se realizaban en ellas reuniones tempestuosas y la m ayoría de los
oradores eran activos del anarquism o (O. Ristori, S. Locascio, F.
Basterra, M ontesano y otros), que exhortaban a extrem ar y exten­
der la huelga.
Los daños directos a la economía se percibieron ya en los prim e­
ros días, cuando dism inuyó de un modo abrupto el ingreso en la
aduana: de 300 000 pesos diarios, se redujo a 50 000. E n la bolsa
de comercio se seguía con alarm a el desarrollo de la huelga. Pre­
valecía un clima de pánico y m iedo; la opinión general era que se
debía obrar de inm ediato y con m ano dura. U na encuesta de La
Prensa dem ostró que u n a parte de los comerciantes del ramo de
frutos, en vista de la expansión de la huelga, estaban dispuestos a
discutir u n aum ento de salario, pero todos se oponían a reconocer
a los sindicatos obreros y negociar con ellos. M ientras tanto, el
miedo se extendió a la población. En el centro de la ciudad, en
98 L a Prensa, 21 y 22 de noviem bre de 1902.

los barrios habitados por la clase opulenta, reinaba el pánico cuan­
do se propagó el rum or de que 30 000 obreros armados, de la Boca
y Barracas, se aprontaban a invadir el centro y llegar a la casa de
gobierno. El miedo a la revolución social pendía en el aire.99
La prensa profirió prim ero llamados a la m oderación en cuanto
a las huelgas, y pedía buscar el camino hacia la negociación de­
cente entre obreros y empleadores y abstenerse de medidas de opre­
sión.100 Pero pronto esas voces fueron apagadas por la furia y la
histeria que causaba la im potencia gubernam ental, por reclamos
airados a aplastar pronto a los propagandistas extranjeros, los anar­
quistas, “los empresarios de huelgas”, sea por la aplicación del
estado de sitio sea por la prom ulgación de una ley contra los ex­
tranjeros.101
9"L as huelgas”, en La Prensa, 21, 22 y 23 de noviem bre de 1902; “ Crónica
de u n m es”, ibid., 1 de enero de 1903; T h e Standard, 21 y 22 de noviem bre de
1902. La huelga tam bién fue descrita en u n a corresponsalía en el sem anario
londinense T h e E conom ist, 3 de enero de 1903, Buenos Aires, 22 de noviem bre
de 1902; D. A bad de S an tillán , H istoria argentina, op. cit., t. III, p. 462; Solida­
ridad, Rosario, 22 de noviem bre de 1903 (sobre la huelga general en Rosario).
100 "N os proponem os llam ar la atención sobre la gravedad del m ovim iento
p a ra que se le preste la atención que se m erece y se le b u sq u e n los derivativos
p ru d e n te s que p u e d an con d u cir a soluciones equitativas y c o n c ilia to ria s ...”
"A ctualidad: La h u e lg a ”, L a Prensa, 21 de noviem bre de 1902.
L a N ación tom ó p rim ero u n a línea m oderada. El 21 de noviem bre de 1902
previno c ontra m edidas extrem as que p u e d a n agravar la tensión: “ A quí han
residido los an arq u istas m ás tem ibles y se h a n re tira d o sin en co n trar m edio
p a ra sus declam aciones.”
101 “La generalización de la huelga h a ab ierto p o r fin los ojos de las a u to ­
ridades y el problem a de o b ten e r u n a ley del congreso q u e faculte a l gobierno
a expulsar del país a los extranjeros indeseables se h a puesto a discusión de
nuevo. Creemos q u e esta vez, algo se h a rá al respecto. Los fom entadores de las
num erosas huelgas se están volviendo dem asiado poderosos y es absolutam ente
necesario que algo se haga p a ra atajarlos. N o p u e d e dejarse a m erced de unos
cuantos anarquistas italianos el comercio del país.. . ” T h e R eview o f th e R iver
Plate, 22 de noviem bre de 1902.
Este estado de ánim o se expresa tam bién en u n a corresponsalía desde Buenos
Aires, del 22 de noviem bre de 1902, q u e se p u b licó e n el sem anario londinense
T h e E conom ist, el 3 de enero de 1903: “ Q ue la huelga es p rin cip alm en te obra
de agitadores extranjeros... es evidente. D entro de los últim os diez años este
país se h a convertido en el R efugium P ecato riu m de la hez crim inal del sur
de E uropa, y ya es n o tab le la contam inación de la clase baja p o r la in stila ­
ción de este veneno e x tra n je ro . La influ en cia de estos elem entos extranjeros
perniciosos se nota especialm ente en este c a s o .. . ”
L a Prensa tam bién ataca a los agitadores (22 de noviem bre de 1902, 23 de
noviem bre de 1902). T h e Standard, 22 de noviem bre de 1902, llam a al gobierno
a tom ar m edidas: “D e m anera de cap acitar al gobierno a a d o p ta r m edidas tan
rigurosas como sea necesario p a ra volver los sentidos a los hom bres, esos hom ­
bres descam inados y em baucados p o r algunos anarquistas y los llam ados re fo r­
m istas sociales.”

El desarrollo de las huelgas portuarias y la de los depósitos de
mercancías, hasta llegar a la huelga general que am enazaba con pa­
ralizar la economía del país, configuró un vuelco que no agradaba
al P artido Socialista, quien el 22 de noviem bre clamó por u n esfuer­
zo que frenara el despeñamiento. E. Dickm an m enciona ese esfuerzo
en sus memorias: “El P artido Socialista aconsejaba sensatez y mo­
deración a los obreros y al gobierno. Pero los anarquistas im pe­
dían que los oradores socialistas hablaran en las asambleas de los
huelguistas.” 102
E n la esfera de esfuerzos para evitar la agravación del conflicto,
el comité del P artido Socialista resolvió nom brar una comisión
(compuesta por Eneas A rienti, Francisco C úneo y Celyndo Castro)
para apersonarse ante el presidente de la R epública y plantearle:
1) la necesidad de que el gobierno desautorice los rum ores que
circulaban, atribuyéndole el propósito de dictar u n a ley de resi­
dencia y decretar el estado de sitio, rum ores que habían exasperado
el ánim o de los trabajadores, im pulsándolos al m ovim iento huel­
guista; 2) la necesidad de que el gobierno retirara las tropas que
había puesto en remplazo de los huelguistas, a fin de que el con­
flicto surgido fuera resuelto exclusivamente por patrones y obre­
ros; 3) la necesidad de que el gobierno se penetrara de la justicia
que asistía a los cargadores de frutas en sus reclamaciones y com­
prendiera que la huelga de los estibadores y conductores de carros
respondía al propósito de asegurar el éxito de dichas reclamacio­
nes.103 Esas resoluciones fueron tomadas en la tarde del 22 de
noviembre, y, antes de que la comisión pudiera apersonarse al pre­
sidente, los diputados del Congreso nacional ya se dirigían a la
sesión extraordinaria de emergencia convocada por el propio pre­
sidente, para prom ulgar la ley de residencia.

E L D EB A TE E N E L CONGRESO SOBRE E L PR O Y EC T O DE LE Y DE
R E S I D E N C I A Y S U A P R O B A C IÓ N

La Sesión del Senado se inició a las 6 de la tarde del 22 de noviem­
bre, con la participación de 16 senadores y en presencia de los
m inistros de Interior, de H acienda y de Relaciones Exteriores, doc­
tores J. V. González, N. Avellaneda y A. Drago. Empezó el debate
el senador Pérez, en nom bre de la Comisión de Negocios C onstitu­
102 E. D ickm an, op.
103 cit., pp. 91-92.
“ M ovim iento obrero — La gran huelga", en La Prensa, 23 de noviem bre
de 1902: J. O ddone, op. cit., p. 112.

cionales y explicó los móviles de la comisión, que
m endar la aprobación del proyecto de ley presentado
C an é, en 1899, por considerarlo un proyecto claro,
tivo y eficaz. Luego se refirió a la esencia de la ley
que m ovían a prom ulgarla en ese momento:

resolvió reco­
por el senador
preciso, ejecu­
y a las causas

Se trata de u n a ley e m in e n te m e n te p o lític a , de u n a ley de e x ce p c ió n
y de p reven ción , d estin a d a a evitar q u e ciertos ele m en to s extrañ os v en gan
a turbar el ord en p ú b lico , a com p rom eter la segu rid ad n a c io n a l. . . Se
trata de tom ar m ed id as ejecu tivas d e carácter p o licia l, para salvar la tran­
q u ilid a d social, com p rom etid a por m o v im ie n to s ese n c ia lm en te subversivos,
q u e n o son los m o v im ie n to s tran q u ilos d el obrero trabajador, n i del e x ­
tranjero h o n r a d o ... sin o a gitacion es v io le n ta s, excesos y p ertu rb acion es
p rod u cid as p or d eterm in ad os in d iv id u o s q u e v iv en d en tro de la m asa tra­
bajadora para e xp lotarla, ab u san d o así d e la h o sp ita lid a d gen erosa q u e
les b rind a este país. N o se trata d e dictar u n a ley con tra las h u elg a s.. .
se trata de evitar los abusos, d e p reven ir h ech os crim in ales q u e se p r o ­
d u ce n a la som bra de la h u elga, se trata d e salvar a la so cied ad de estos
e sta llid o s anárqu icos q u e co m p ro m eten tan graves intereses.

E n cuanto a las causas y al trasfondo del debate en esos m om en­
tos, dijo el senador:
Las circu nstancias son graves: todos los señores sen ad ores c o n o c en lo
q u e pasa en este m o m en to en la cap ital, lo q u e am enaza su ceder en el
resto d e la R e p ú b lica . Este m o v im ie n to de h u elga, sin du da p rom ovid o
p or agitadores q u e e x p lo ta n la b u en a fe de lo s grem ios trabajadores, tie n ­
d e a tom ar p ro p o rcio n es tan graves, señ or p resid en te, q u e p u ed e llegar
a com p rom eter todas las m a n ifesta cio n es de la vida com ercial, in d u strial y
eco n ó m ica de la n ación .
¿Por qué? ¿Porque e l e le m en to obrero se lev a n ta para im p ed ir todo
tráfico, para im p ed ir q u e se haga la cosecha, para evitar por m ed ios v io ­
le n to s q u e trabaje q u ie n q u iere trabajar? N o señor p resid en te, es porqu e
h ay en el sen o d e ese e le m en to san o y ú til e x p lo ta d o r es q u e v iv en de
esta agitación , p orq u e h ay verd aderos em presarios de h u elg a s.104

T ras las palabras de apertura se suscitó u n debate breve, en
cuyo trascurso el senador M antilla (de Corrientes) se opuso al apu­
ro con que se discute y se procura aprobar una ley, que, a su pare­
cer contraviene la Constitución argentina.
"Como ley de defensa perm anente, el proyecto choca con los
principios, libertades, garantías y derechos establecidos por la Cons­
titución, al am paro de los cuales está abierta la R epública a todos
los hom bres de la tierra.”
104 Diario de Sesiones, C ám ara de Senadores, Congreso N acional, R epública
A rgentina, 1902, pp. 655-658.

El estado de emergencia en que se vio sumido el país, a raíz de
las huelgas, no justifica, en su opinión, la adopción de medidas
anticonstitucionales. Las huelgas, en sí, son derechos legítimos de
los trabajadores, m ientras no entrañen m edidas de violencia y no
trasciendan de los hechos autorizados por la ley. Si hay transgre­
siones, el gobierno, los tribunales y la policía disponen de medios
suficientes para combatirlas, inclusive para proclam ar el estado de
sitio, que sería más justo por la circunstancia de que la C onstitu­
ción lo prevé, en vez de ignorarla, como es el caso de la ley pro­
puesta.105
El senador M. C an é hizo uso de la palabra para explicar los mó­
viles que lo indujeron, en 1899, a proponer su proyecto de ley. No
preveía —dijo— una situación como la que llevaba en ese momen­
to a trata r el proyecto de ley en forma urgente. V islum braba en
cam bio cuestiones de naturaleza más general, que se consolidaron
en su com prensión cuando se encontraba en Europa, como ser la
necesidad de la R epública de defenderse contra “extranjeros inde­
seables” haciendo uso de su derecho de echarlos de sus fronteras:
“N o hay u n solo país que haya renunciado al derecho de defen­
derse p o r m edio de la expulsión.” Consideraba que ese derecho no
contravenía los fundam entos de la C onstitución argentina:
O tra de las razon es q u e m e hizo p resentar este proyecto fu e q u e du ran te
m i p e rm a n en cia en E uropa, e jer cie n d o fu n cio n e s p o lítica s en rep resen­
ta ció n d e m i país, m ás d e u n a vez se m e m ostraron d o cu m en to s q u e p ro­
ba b an q u e m u ch os de los anarquistas m ás “p elig ro so s”, d e aq u ellos qu e
lle v a n su p rop agan d a hasta el crim en , h a b ía n p erm a n ecid o largo tiem p o
en la ciu d a d d e B u e n o s A ires y r e u n id o los recursos necesarios para ir
m ás tarde a p erpetrar en E uropa estos crím en es q u e h a n p rod u cid o h o ­
rror a la h u m a n id a d entera.

E n cuanto a las causas del m om ento en que se presentó el pro­
yecto de ley, alegó M. Can é:
Esta ley, com o ha d ich o e l señ or sen ad or Pérez, n o h a sid o insp irad a
n i d ictad a con tra las h u e lg a s . . . n osotros n o som os en em ig o s d e las h u e l­
gas, n osotros n o p o d em o s ser e n e m ig o s d el trabajador q u e está lab oran ­
d o nu estras tierras.. .
D e q u ie n som os en em igos, es d e l e n e m ig o d e lo s tr a b a ja d o r e s ... del
q u e v ie n e a in cu lcarles doctrin as d e o d io y a p o n erles e n el corazón el
v e n e n o q u e n o só lo e m p on zoñ a su vid a, sin o ta m b ién la d e su hogar
e n te ro .106
105 Ib id ., p p . 658-666.
106 Ib id ., pp. 662-665.

Estas palabras del senador M. Can é, sobre los objetivos del pre­
sente proyecto de ley cuyo texto tiene conexión insinuada con sus
palabras previas, explícitas, contra los anarquistas, señalan clara­
m ente el móvil central de la ley que es: luchar contra la influencia
de los anarquistas en los sindicatos obreros, en tanto fom entan la
radicalización de las luchas sociales du ran te las huelgas y m ani­
festaciones.
T am bién el m inistro de Interior, J. V. González, que participó
en el debate, recalcó que el propósito no es com batir las huelgas en
general, sino detener la actividad de u n determ inado grupo h u ­
m ano que causa, a su entender, el despeñam iento de las relacio­
nes laborales:
E sta ley es para evitar lo s abusos d e estas clases trabajadoras, n o siem ­
pre con scien tes de su derech o p erson al o co lectivo, q u e son m ovid as por
agitadores de o ficio p e r fec ta m en te c on ocid os en las luchas c o n te m p o ­
ráneas.107

N o llam ó explícitam ente a los “propagandistas” con el califi­
cativo de anarquistas, pero su identidad era incuestionable par a
los participantes en el debate. El senador Pérez, en una etapa más
avanzada de la discusión, al referirse al presunto clima de pánico
que se creaba antes de ser prom ulgada la ley, dijo:
Esta ley n o la d ictam os por m ied os, p orq u e si así fuera, no la dicta­
ríam os, pu esto q u e los "an arq uistas” q u e p r o b a b lem e n te son los d irecto­
res de la hu elga, nos están am en azan d o, p o r los m ed io s q u e acostum bran
a hacerlo, para im p ed ir q u e los pod eres p ú b lico s tom en m ed id as de
d e fe n sa .108

T ra s dos horas de debate, el Senado votó el proyecto de ley, que
fue aprobado por u na abrum adora m ayoría de 12 votos contra 2
y en seguida pasó a ser discutido en la Cám ara de Diputados.
La sesión en la C ám ara de D iputados se inició a las 21.30 horas,
con la participación de 65 representantes y en presencia de los
m inistros del Interio r y de Relaciones Exteriores. Abrió el debate
el m inistro del Interior, J. V. González, con un discurso en el que
planteó los móviles del proyecto de ley, hablando en un espíritu
sim ilar a lo que expresó poco antes en el Senado; volvió a señalar
que el propósito no era prohibir las huelgas, sino com batir a los
agitadores que ponen en peligro la tranquilidad pública. El mi107 Ib id ., pp. 668-669.
108 Ibid., p. 672.

nistro volvió a usar vocablos muy generales, no llamó anarquistas
a los provocadores, pero no cabía duda de que los tenía en cuen­
ta.109 T ra tó de dism inuir la im portancia de la contradicción entre
el proyecto de ley y los principios constitucionales e indicó que
sólo perjudicaría a un pequeño núm ero de “extranjeros”.
El dip utad o Gouchon, empero, pensaba distinto. Se opuso cate­
góricam ente al proyecto de ley y previno que am enazaría a todos
los “extranjeros” : “Sancionada esta ley, los extranjeros establecidos
en el país desde h ace largos a ñ o s ... que h an venido bajo la ga­
ra n tía consignada en nuestra Constitución, quedarán fuera de su
am paro, expuestos a ser juzgados, es decir, a ser expulsados del
país, a ser condenados sin juicio previo.”
El d iputado Gouchon, asimismo, afirmó que la ley perjudicaría
de un m odo general y no sería eficaz para los fines que se fija. Los
propagandistas podrían eludirla fácilmente: “Bastará que un ex­
tranjero agitador haya residido dos años en nuestro país y se haga
ciudadano a r ge nt i no. .
."En ese caso, la ley ya no sería aplicable
en su contra.
El argum ento más vigoroso contra el proyecto de ley, lo expuso
al final:
. . . N o es ex a cto q u e los agitadores, e n las actuales hu elgas, sean exclu si­
v a m e n te extran jeros. H a y m uchos argen tin os, m ás in te lig e n te s, m ás in s­
truidos q u e los extran jeros, para p rom over estas agitaciones; esto lo sa­
b en tod os los q u e sigu en ese m o v im ie n to h u elg u ista . Se p o d ría n citar los
creadores: n o so n extran jeros, son a r g e n t in o s ...110

Con alegatos similares se opuso tam bién el diputado Balestra.
No desconoció la gravedad de la situación, sino que, por el con­
trario, señaló los daños de la huelga portuaria y criticó la violencia
de los obreros contra otros obreros que querían trabajar. Precisa­
109 Sobre la in q u ie tu d del m inistro del In terio r, J. V. González, p o r la p ré ­
dica a n a rq u ista en B uenos Aires, como trasfondo p a ra com prender su posición
favorable a la ley de expulsión de extranjeros, véase C. Sánchez Viam onte,
Biografía de una ley antiargentina (NEAR, B uenos Aires, 1956), p. 53; J. V.
González, Obras com pletas, t. II, pp. 619-620.
Sin d u d a , el tem or a la expansión an arq u ista en los sindicatos obreros ya se
h a b ía posesionado de los gobernantes. El presidente, J. A. Roca, lo señala en
su m ensaje presidencial, en m ayo de 1903, cuando reseñó los sucesos de 19021903. Al h a b la r de las agitaciones obreras, destaca q u e son "im pulsadas p o r las
sociedades de resistencia constituidas en federación, y en cuyos consejos direc­
tivos p re d o m in an elem entos an arq u istas y los h a b itu ales y m ás exaltados agita­
dores de las clases trab a ja d o ra s”. M abragaña, op. cit., t. VI, p. 51.
110 Diario de Sesiones, C ám ara de D iputados, Congreso N acional, R epública
A rgentina, 1902, p p . 418-420.

m ente por la gravedad de la situación, consideró oportuno pregun­
tar: “¿En tales momentos hemos de tom ar u n proyecto m uerto y
vuelto a la vida, que había allí en el Senado, y hemos de d ar en
sesiones nocturnas con una ley contra unos cuantos extranjeros
más o menos mal conceptuados, solución a este problem a enorme?”
Además ¿no acecha el peligro que la ley cause aún más daño,
que “en vez de curar exalte a las gentes entre las cuales va a caer
como un e x p lo siv o ...? ” No atenuará tampoco el espíritu comba­
tivo que se expande entre los obreros. El diputado Balestra re­
currió a las revelaciones del juez N avarro du ran te el allanam iento
en las oficinas de la f o a :
Se a lla n ó e l r ec in to d e la F ed era ció n O brera y a llí se e n c o n tr ó qu e
está estab lecid a la solid arid ad , la o rgan ización de lo s obreros en u n a
form a q u e les da e n o rm e eficacia en esta C ap ital para m o v im ie n to s de
esta naturaleza. H a y a llí registros p erfecta m en te an otad os, h ay d iv isio n es
para grem ios, u n a d irecció n su perior q u e es la q u e acaso está m o v ien d o
tod o e sto .. .

T ras m ostrar el panoram a en toda su gravedad y de acentuar la
radicalización creciente de la clase trabajadora, preguntó:
¿A q u é ob ed ecen , en to n ces, estos m o v im ie n to s anárquicos? T o d o s lo
in d ica n : es la in o c u la ció n de e le m en to s m órb id os q u e n os están v in ie n d o
de afuera. P ero elem en to s q u e se v a n in filtr a n d o en n u estros b a jo s fo n ­
dos n acion ales. E n la F ed era ció n O brera son tan tos o m ás los elem en to s
n a c io n a les q u e los extran jeros q u e h ay a llí.111

Finalm ente el dip u tad o Balestra preguntó: “A hora bien, yo pre­
gunto a los que exigen la ley de expulsión de extranjeros: ¿qué
haremos con los anarquistas nacionales que están en acción?”
La pregunta no obtuvo respuesta. Era m ortificante y ponía en
du d a la eficacia de la ley. Los deliberantes eludieron la cuestión
y se circunscribieron a meros aspectos constitucionales.
T am b ién se profirieron otros argum entos que cuestionaban la
posibilidad de contrarrestar con esa ley los problem as sociales cau­
sados por la nueva realidad. El diputado M. C arlés, por ejemplo,
subrayó du ran te el debate:
111 Ib id ., pp. 422-424. U n enfoque idéntico expresó o tro p a rtic ip a n te en la
discusión: el d ip u ta d o V arela O rtiz, q u ien dijo: “El gobierno de la Federación
O brera está actualm ente e n m anos de ciudadanos argentinos. La m ayoría del
directorio de la Federación O brera lo form an hom bres nacidos en el país, y
los que no, son ciudadanos p o r n aturalización.” Ib íd ., p. 433.

D ig o q u e n o es con leyes de u n carácter p resu n tu oso, im p rem ed i­
tad o. . . c o n lo q u e se va a satisfacer estos clam ores p ú b lico s q u e se
lev a n ta n e n la c a p ita l y e n sus alrededores. N o , señ or p resid en te, causas
m ás com plejas, arraigadas m ás p r o fu n d a m e n te en n u estros vicios n a c io n a ­
les, son las q u e v a n a traer com o con secu en cia h ech os m ás la m en ta b les...

Y
preguntó: “¿Se h a estudiado acaso cuál es la situación de ese
pueblo que trabaja para el día y que vive al día?” 112
El d iputado Lacasa volvió a este asunto, al final del debate:
N a d a se rem ed ia con castigar a cuatro, cin co o seis personas. Y cuando
esos h om b res se lev a n ta n con u n clam or de protesta, es m en ester escu­
char con in terés sus r e c la m a c io n e s ... P or c o n sig u ien te: yo p i e n s o . . . que
la H o n o r a b le Cám ara, p o n ié n d o se a la altura de la situ a ció n , debería
n om b rar u n a com isió n con e l ob jeto q u e h e i n d i c a d o . . . 113

En la C ám ara de D iputados —igual que en el Senado— los
opositores al proyecto de ley, que no negaban la gravedad de la si­
tuación, aconsejaron aplicar el estado de sitio para contrarrestarla
y no recu rrir a u n a ley anticonstitucional.114 Los adictos a la apro­
bación, en cambio, insistían que bastaría con aplicar esta ley con­
tra algunos agitadores para que los ánim os se calm aran entre los
trabajadores.115
T ra s dos horas de debate la C ám ara de D iputados aprobó el
proyecto de ley por 50 votos contra 13. De inm ediato fue llevado
al presidente para su firma. A m edianoche —tras deliberaciones tan
presurosas en las dos Cám aras del Congreso— pasó a ser la ley
núm . 4144, conocida por Ley de Residencia, cuyo texto definitivo
dice:
A rtícu lo 1º —E l P od er E jecu tiv o pod rá ord en ar la salid a d e l territorio de
la n a c ió n a tod o extran jero q u e haya sid o co n d en a d o o sea p erseguido
p or lo s trib u n ales extran jeros, p or crím en es o d e lito s d e derecho com ún.
A rtícu lo 2 º —El P od er E jecu tivo p od rá ord en ar la salid a d e tod o extran ­
jero cuya co n d u cta com p rom eta la segu rid ad n a c io n a l o p ertu rb e el or­
d en p ú b lico .
A rtícu lo 3º —El P od er E jecu tiv o p od rá im p ed ir la en trad a al territorio
d e la R e p ú b lic a de tod o ex tran jero cuyos an te c ed en te s an teriores a u to­
r icen a in c lu ir lo en tre a q u ello s a q u e se refieren los dos artícu los pre­
ced en tes.
A rtícu lo 4 º —El extran jero c o n tra q u ie n se haya d ecretado la e x p u lsió n ,
112
113
114
115

D iario de Sesiones, C ám ara de D iputados, 1902, op. cit., pp. 421-422.
Ib id ., p. 435.
Ib id ., p. 434 (palabras de V arela Ortiz).
Ib id ., p. 426 (palabras del m inistro del In te rio r, J. V. González).

tendrá tres días para salir d e l país, p u d ie n d o el P od er E jecu tivo, com o
m ed id a de segu rid ad p ú b lica , ord en ar su d e te n c ió n hasta e l m om en to
d e l em barco.
A rtícu lo 5 º —C om u n iq ú ese, etc.116

A G R A V A C IÓ N

DE LA

HUELGA

GENERAL

Y

A P L IC A C IÓ N

D E L ESTA D O D E S IT IO

La prom ulgación de la Ley de Residencia, no frenó el despeña­
m iento de la ola de grandes huelgas, iniciadas el 20 de noviembre.
Por el contrario, al día siguiente la huelga se convirtió virtual­
m ente en huelga general. L a Prensa, al describir los sucesos del
23 de noviembre, dice:
L a gran h u elg a obrera c o n tin u ó ayer gen eralizán d ose. A p rovech an d o el
d ía feriado, todas las socied ad es grem iales celeb raron r eu n io n es, m u y c o n ­
curridas, e n las cuales fu e ratificad a la h u elg a g en eral.

El tema de conversación en todos los círculos obreros se centraba
en la Ley de Residencia, que enardeció los ánimos. Pero había
divergencias de opinión en cuanto a la m anera de replicar. Los
adictos a la f o a veían en la prosecución de la huelga, am pliándola
hasta convertirla en huelga general, el m ejor m odo de lucha y de
protesta. Al respecto, La Prensa dice:
El lo ca l de la fed era ció n fue du ran te tod o el d ía e l p u n to d e reu n ion es
d e n u m erosísim os m iem b ros de las diversas socied ad es y agru p acion es gre­
m iales. D e sd e las prim eras horas d e l d ía com en zaron a lleg a r obreros,
h asta de los barrios m ás apartados de la ciu dad . L os oradores ardien tes
116 Sobre los debates de las dos cám aras y la p rom ulgación de la ley, véase
"L a ley de expulsión de e x tra n je ro s”, La Prensa, 23 de noviem bre de 1902,
p. 5.
Los discursos del m in istro d el In te rio r en esos debates, están incluidos en
J. V. González, Obras com pletas, vol. v, p. 177-185.
El deb ate en el Congreso y la p rom ulgación de la ley 4 144, es el tem a de
u n inform e u rg en te del secretario de la representación del F oreign Office:
J. S. Clarck to M. o f Lansdow n, B. Aires, 23 de noviem bre de 1902 ( P . R. O .
L ondres, F . O . 6/474). Al referirse a la u rg e n te prom ulgación señala: “La razón
de esta acción sú b ita y enérgica p o r p a rte d el gobierno es la h uelga en tre toda
clase de trabajadores q u e estalló en B uenos Aires y sus alrededores. La huelga
que se está extendiendo se atribuye a la incitación de los agitadores anarquistas
y socialistas, y p o r tan to se cree p ru d e n te reforzar las facultades de las a u to ri­
dades policiales que se e n fre n tan a individuos detestables de nacio n alid ad ex­
tra n je ra .”

ab u n d a ro n . L os tem as q u e se d iscu tía n se red u cían a dos: la hu elga g e ­
n eral y la le y d e e x p u lsio n de extran jeros. Sobre estos p u n to s, los ora­
dores h ic ie r o n lo s m ás variad os com en tarios, p ero todos estu vieron u n i­
form es e n p rotestar contra la citada ley y e n aconsejar la h u elg a general.

Los sindicatos que celebraron debates en la sede de la f o a y se
sum aron a la huelga general, fueron: Sociedad Cosmopolita de
Obreros Panaderos, Hojalateros y Gasistas, C arpinteros y Anexos,
Fabricantes de Instrum entos de Cuerda, Mecánicos, Herreros y
Anexos, Obreros Albañiles y Anexos, Obreros Zapateros, Peones
de A duana. Algunos sindicatos, reunidos en sus respectivas sedes,
anunciaron su adhesión y eran: Tabaqueros, Sociedad de Obreros
de Oficios Varios, Fundidores y Modelistas, Pintores, etcétera.
Otros sindicatos se habían plegado a la huelga general ya el
20 de noviembre. El único sindicato que se abstuvo de plegarse
el 23 de ese mes, fue el de obreros de artes gráficas. Se estimaba
que a m ediodía del 23 de noviem bre ya habían parado 70 000
obreros en Buenos Aires. El ánim o del sector trabajador estaba
caldeado; en u n a circular llam aban a los soldados y policías a evi­
tar daños a los huelguistas, y a sumarse luego a la huelga.117
La complicación de sucesos en el am biente obrero, el últim o día,
causó in q u ietu d y tem or al P artido Socialista. Sus intentos de evi­
tar un desastre por m edio de u n llam ado a las autoridades, fueron
vanos y se desbarataron al prom ulgarse la ley 4144. T am bién los
socialistas —igual que todos los círculos obreros— se sintieron
preocupados y enfurecidos, pero querían orientar su enojo hacia
un cauce distinto de los partidarios de la f o a . El prim er paso se
dio el 23 de noviembre, al pedir a la f o a y al comité de propa­
ganda gremial la organización conjunta de u n a asamblea de pro­
testa m ultitu d in aria, contra la Ley de Residencia, el día 25 de no­
viembre.
L a comisión adm inistrativa de la f o a rechazó en el acto esa su­
gerencia y señaló q u e “el único medio de com batir la citada Ley
de Residencia es la huelga general”.118
Al fracasar el intento de una acción com partida con la f o a el
P artido Socialista resolvió publicar u n a declaración en la prensa
cotidiana, el 24 de noviembre, que expresaba:
1º —El P artid o Socialista apoyará m oral y m a ter ia lm e n te la h u elg a de
los p e o n e s d el M ercad o C en tral de F rutos, por con sid erarla justísim a y
117 L a Prensa, 24 de noviem bre d e 1902.
118 J. O ddone, op. cit., p. 114. Sobre el rechazo de la iniciativa del P artido
Socialista h a b la tam bién el inform e a n u al de la f o a . "M em oria d e la f o a al
T e rc e r Congreso A n u al”, en E l Sol, 1 de ju lio de 1903, p. 16.

op ortu n a, y apoyará ta m b ién la h u elg a q u e para asegurar el é x ito de la
d e los prim eros h a n d eclarad o los estibadores y con d u ctores de c a n o s.
2 º —P rotesta contra la co n d u cta d e l g o b iern o , q u e e n lu gar d e observar
un a actitu d p resc in d e n te p r e ten d e rem p lazar a los obreros en h u elg a con
sold ad os y m arineros.
3º —D ep lora la a c titu d asum ida p or alg u n o s grem ios al declararse en
h u elg a p or sim p le e sp ír itu de solid a rid a d h a cia los barraqueros, estib a­
dores y carreros, a ctitu d q u e fu e d eterm in a d a por la p rop agan d a anár­
q u ica y q u e es con trap rod u cen te, p o r cu an to la m ejor m anera de sostener
la h u elg a de los m en c io n a d o s grem ios y cooperar a su triu n fo sería la
d e q u e los grem ios restan tes c o n tin ú e n trabajand o para en tregar a los
hu elgu istas u n a p a rte d e sus salarios.119

U na declaración de idéntico contenido publicó el comité de pro­
paganda gremial, socialista, pero añadió algunas palabras de ad­
vertencia en cuanto a la huelga general:
C on sideram os q u e la te n ta tiv a de la h u elg a g en era l será b ru ta lm en te re­
fren ada y daría p r e tex to para q u e las fuerzas p o licia les y de lín e a ensayen
sus flam a n tes fu siles con la clase obrera. L os trabajadores de la R e p ú ­
b lica A r g en tin a recib irán el b au tism o d e fu eg o y e l resu ltad o de esta
a ctitu d in su fic ie n te m e n te m ed itad a, sería el fracaso m ás g r a n d io so . . . 120

Esas palabras de advertencia tenían asidero. Las fuerzas del go­
bierno se alistaron para una confrontación violenta. La am plia­
ción de la huelga —pese a la Ley de Residencia— preocupó al
gobierno y convocó al Congreso en sesión extraordinaria, ese mis­
m o día, a la tarde, para aprobar la aplicación del estado de sitio.
La sesión, el 24 de noviem bre, se inició con la lectura de una nota
del Poder Ejecutivo, firm ada por el presidente, pidiendo al C on­
greso la aplicación del estado de sitio en las provincias de Buenos
Aires y Santa Fe, en base a la presunción de que:
L a situ a c ió n creada p or la h u elg a de obreros e n esta C ap ital y provincias
de B u e n o s A ires y S an ta Fe, a la q u e sig u e n a d h irien d o algu n as otras
socied ades d e los d istin to s grem ios, a d q u iere cada vez caracteres m ás g e ­
n erales y graves y en tra ñ a la am enaza d e p ertu rb ación y p elig ro s en el
ord en y la segu rid ad p ú b lica , aparte de los con sid erab les p erju icio s q u e
h ace e x p e rim en ta r a las in d u strias ab an d on ad as, al com ercio, la navega­
ció n y la ren ta n a c io n a l.121

El m inistro del Interior, que participó en el debate, completó
la descripción dando cuenta de los daños a la economía, y añadió:
119 J. O ddone, op. cit., p. 113; La Prensa, 24 de noviem b re de 1902.
120 La Prensa, 24 de noviem bre de 1902; J. O ddone, G rem ialism o, op. cit.,
p. 115.
121 Diario de Sesiones, Cám ara d e D iputados, 1902, op. cit., p . 447.

. . . El m ercado eu ro p eo está esp eran d o los barcos cargados con nuestros
prod u ctos, y n o lle g a n p o r q u e n o p u e d e n salir de n u estros p u ertos, por­
q u e h ay ele m en to s anárqu icos extran jeros, d e n in g u n a m anera vin cu lad os
a n u estro país, q u e están in teresad os en evitar q u e esta ex p o r ta ció n se
verifiq u e, su p e d ita n d o a in tereses p u ra m e n te g r e m ia le s ... los m ás gran­
des in tereses d e la n a c ió n .. .

Por lo tanto, a raíz de la situación creada, el gobierno no puede
menos que pedir facultades para tom ar medidas especiales que le
perm itan “poder ir al dom icilio de los ciudadanos y de los extran­
jeros, para poder disolver las reuniones tum ultuarias y agresivas
contra la misma autoridad, para poder acudir en defensa de... lo
más caro que tiene el país en este m omento, de su gran cosecha”.122
La m ayor parte de los que usaron de la palabra en el Congreso
aprobaron el pedido del gobierno, inclusive el diputado Balestra,
que dos días antes se había opuesto a la Ley de Residencia. Pero
no faltaron las objeciones y oposiciones. La más enérgica fue del
d ip u tad o Barroetaveña, quien exigió a los miembros del gobierno
la inform ación correcta sobre los reclamos de huelguistas, así como
sobre las m edidas adoptadas para satisfacerlos o para facilitar las
negociaciones con los empleadores; tam bién exigió inform ación
m inuciosa sobre los graves actos cometidos por los huelguistas, que
justificaban el estado de sitio:
D ir ijo estas p regu n tas p orq u e el m o v im ie n to h u elg u ista y las causas eco­
n óm icas q u e los p rod u cen , n o se so lu c io n a n con su sp en sió n d e garantías
c o n stitu c io n a les.. . sin o con so lu c io n e s d e con cord an cia en tre e l obrero
q u e trabaja con u n horario in h u m a n o y la retrib u ció n q u e lo m a n tien e
siem p re e n la m iseria.123

La respuesta del m inistro del In terio r fue evasiva, por lo que el
dip u tad o reprobó la conducta del gobierno que buscaba caminos
extrem os.124 La voz de Barroetaveña no tuvo repercusión, la mayo­
ría de los diputados pensaba de otro m odo y aprobaron el pedido
de estado de sitio. Apenas las dos cámaras votaron a favor, el pre­
sidente de la R epública firm ó el decreto y esa misma noche se lo
empezó a aplicar. Lo prim ero que se hizo fue aplicar la censura
a todos los diarios, en lo que atañe a noticias sobre la huelga de
los obreros.125
122 Ib id ., pp. 455-456.
123 Ib id ., p. 457.
124 Ib id ., pp. 460-463.
125 A todas las redacciones de diarios llegó u n a car ta firm ada p o r el jefe
de policía, F. Beazley, dando cuenta q u e p o r resolución del m in istro del I n ­

A los tres días de huelga general, el gobierno obtuvo facultades
legales para em prender la cam paña de represión más vasta que co­
nociera, hasta ese momento, la Argentina: contra anarquistas, m i­
litantes activos de los sindicatos obreros, líderes de trabajadores,
redacciones de la prensa obrera, sedes obreras, etc. Los medios a
que recurrió fueron enérgicos, rápidos y lograron su m eta en se­
guida: liquidación de la huelga general. El 27 de noviem bre se
supo que todos los obreros volvieron a sus trabajos y que las m er­
caderías para la exportación afluían al puerto sin obstrucción.126

E JE C U C IÓ N

DE LA LEY

D E R E S ID E N C IA

La aplicación de la censura a la prensa diaria, privó de inform a­
ción corriente sobre la m anera en que se liquidó la huelga y se
aplastó la disconformidad, pero de un m odo indirecto se supo
pronto que el gobierno llevaba a la práctica la Ley de Residencia
y expulsaba a anarquistas “extranjeros” activos, a Italia y a Es­
paña.127. En la prensa del exterior se podían leer muchas notas
terio r se p ro h ib e cu alq u ier publicación de noticias o com entarios sobre la
presente huelga. "C ensura periodística — nota d e la je fa tu ra de p o lic ía ”, en
La Prensa, 26 de noviem bre de 1902; T h e Standard, 25 de noviem bre de 1902.
U n inform e sobre la aplicación d el estado de sitio se envió e n seguida al
Foreign Office britán ico , p o r p a rte del secretario de la representación: J . F.
Clarck to M arquess of L ansdow n, Buenos Aires, 25 de noviem bre de 1902 (f . o .
6/474. pro . Londres).
126 T h e Standard, B uenos Aires, 27 de noviem bre de 1902: “Ya no se m en ­
ciona la huelga e n tre la sociedad política desde ayer, y el b oletín expedido
p o r el Jefe de Policía in fo rm a la rean u d ació n general del trabajo p o r todos
los grem ios.”
Sobre la influencia del cese de la h u elg a en la Bolsa, véase T h e R eview of
the R iv e r Plate, 29 de noviem bre de 1902.
Sobre la justificación d el estado de sitio, véase T h e R eview o f th e R iver
Plate, 10 de enero de 1903.
Sobre la preocupación q u e despertó la huelga en los círculos com erciales de
L ondres y sobre el alivio causado p o r su cese, ver las corresponsalías en: T h e
South A m erican Journal (Londres), 24 de noviem bre de 1902, 27 de noviem bre
de 1902.
In form ación m inuciosa sobre el estado de sitio y el cese de la huelga, puede
verse en la corresponsalía desde Buenos Aires, fechada el 4 de diciem bre de
1902, en el sem anario londinense T h e E conom ist, 13 de enero de 1903.
127
E xtractos se p u b lic a ro n en A rgentina, ya e n diciem bre. Véase T h e R e ­
view o f the R iv e r P late, 6 de diciem bre de 1902.
E n la sección "S um m ary of the W eek” del m artes 3 d e diciem bre de 1902
se insertó u n a noticia lacónica: “ Más a n arq u istas fueron enviados a Italia, su
país n a ta l, desde a q u í.”

sobre la huelga general en la Argentina, y sobre el comienzo de la
deportación de anarquistas ya a comienzos de diciem bre de 1902.128
U n inform e sobre la deportación de anarquistas, fue enviado al
Foreign Office británico por su representante en Buenos Aires, el
4 de diciem bre de 1902, a quien se ordenó, ya en 1900, seguir aten­
tam ente la actuación del m ovimiento anarquista en la Argentina.
El prim er secretario de la representación, J. F. Clarck, se esmeró
por conseguir en la policía la lista de deportados, y adonde se los
expulsó; la nóm ina que envió, consiguientem ente, es la prim era
con los nombres de anarquistas deportados, por efectos de la Ley
de Residencia.129
El 1 de enero de 1903 se derogó la censura, al suprim irse el es128 H e a q u í u n a lista casual de noticias de distintos p arajes del m u n d o , so­
b re la expulsión de e xtranjeros de la A rgentina: T h e Econom ist (Londres),
13 de enero de 1903; T h e T im e s (Londres), 21 de noviem bre de 1902, 25 de
noviem bre de 1902; La R ebelión (M ontevideo), 14 de diciem bre de 1902; La Im ­
prenta (Santiago de Chile), 13 de diciem bre de 1902.
U na reseña d e ta lla d a trae el periódico an arq u ista francés Les T e m p s N o u ­
vea ux (París), del 10 al 16 de enero de 1903 (VII), núm . 39, pp . 4-5.
129 La p rim e ra carta: I M r. J. F. Clarck to the M arquess of L ansdow n, B. A.
4th. 12. 1902 (fo 6/474 núm . 81. pro , L ondres).
L a segunda carta: I l M r. J. F. Clarck to the M arquess of L ansdow n, B. A.
6th . 12. 1902: “Señor: C ontin u an d o con m i despacho núm . 81 del 4 de diciem bre
pasado, tengo el h o n o r de a d ju n ta rle u n a lista de ‘extranjeros perniciosos’ que
h a n sido expulsados de esta república. P robablem ente es m uy rem ota la posi­
bilid ad de q u e cualquiera de ellos haga cam ino hacia el R eino U nido, pero
h e considerado aconsejable o b ten e r sus nom bres y destino p a ra cu m p lir el deseo
expresado p o r el telegram a de L ord Salisbury del 27 de agosto de 1900 sobre
la inform ación respecto de los m ovim ientos de los an arq u istas de este país.”
(F. O. 6/474 nú m . 82, confidencial, pro , Londres).
A esta c arta se añ ad ió u n a nó m in a de an arq u istas expulsados:
Los siguientes h a n sido enviados a Génova:
1)
2)
3)
4)

J u a n T ru cc h i
José R avioli
T eo d o ro L u p an o
A m adeo T o ri

5)
6)
7)
8)

A lberto V aldastre
Ju lio O rlan d i
Ju a n F anfani
César L uchini

9) Santiago Locascio
10) Ignacio M atu ri
11) Francisco Siccari

Los siguientes h a n sido enviados a Barcelona:
1)
2)
3)
4)

B enjam ín G arcía
Ju lio C am ba
R a m ó n P alau
Salvador E strada

5)
6)
7)
8)

M iguel Ríos
M anuel Lago
R icardo Alfonsín
J u a n Calvo

9) A drián T ro itiñ o
10) A ntonio N avarro

La Prensa, 1 de enero de 1903. (T am b ién el diplom ático de Ita lia en Buenos
A ires se interesó p o r todo esto.)

tado de sitio, y La Prensa publicó una nota sobre los sucesos en
los prim eros días de la huelga, así como sobre los comienzos de la
cam paña de represión contra los huelguistas y la deportación de
anarquistas. Según esa nota, el 24 de noviem bre había 70 000
huelguistas y el trasporte en la ciudad estaba totalm ente paraliza­
do. Esa m añana se propagaron rum ores de que 30 000 obreros de
los suburbios de La Boca y Barracas se aprontaban a m archar sobre
el centro de la ciudad, lo cual sem bró el tem or en el seno de la po­
blación y entre las autoridades, lo que sirvió de trasfondo para la
aplicación presurosa del estado de sitio. Apenas se votó el estado
de sitio, la policía procedió a cerrar las sedes obreras en La Boca,
todos los sindicatos de la f o a y tam bién los centros socialistas. Esas
clausuras y los arrestos de obreros fueron la causa de m anifesta­
ciones callejeras, pero la m ano dura alcanzó su m eta y la huelga
empezó a extinguirse. El 25 de noviem bre se inició el retorno al
trabajo y el día 26 ese retorno fue general. Las autoridades de la
fo a
ordenaron el 26 de noviem bre la suspensión del paro, para
evitar sufrim ientos superfluos a las masas obreras y considerando
que se había logrado el efecto principal.130 El arresto de anarquis­
tas comenzó, al parecer, apenas se prom ulgó la Ley de Residencia
y las prim eras deportaciones se llevaron a cabo el 30 de noviembre.
Según La Prensa fueron deportados ese día los siguientes ciudada­
nos españoles:
A drián T ro itiñ o , con familia; Salvador Estrada, Ram ón Palau
(su fam ilia quedó en tierra), M anuel Lago, Ju a n Calvo, Benjamín
García, A ntonio N avarro (con familia), Ju lio Camba, Miguel Ríos,
R icardo Alfonsín (con familia). T odas estas personas tenían pa­
sajes hasta Barcelona. Después de esta nota La Prensa insertó
una lista com pleta de todos los deportados hasta fines de 1902,
según los datos de la policía. La lista incluye 60 nom bres,131 en­
tre ellos anarquistas famosos por su actividad pasada: Santiago
Locascio, A drián T roitiño, R am ón Palau, Ju a n Calvo, Ju lio Cam­
ba, A rturo M ontesano, José Reguera, D ante G arfagnini, José Mella
y otros.
Pero todos ellos constituían una m inoría. La mayoría eran miem­
bros activos de los sindicatos obreros, que no sobresalieron en el
pasado como anarquistas y no se podía probar su pertenencia al
anarquism o. Más tarde se com probó que se com etieron errores,
que hubo gente deportada en base a delaciones y acusaciones in­
130 “ M em oria de la foa al T erc er Congreso A n u a l”, en E l Sol, 1 de ju lio
de 1903, p. 16.
131 "C rónica de u n m es” , en La Prensa, 1 de enero de 1903.

fundadas, sin que fueran anarquistas o extremistas.132 Sobre tales
errores e injusticias de la Ley de Residencia se inform ó ya a los
cinco días, a raíz de una m oción de orden presentada por el dip u ­
tado M artínez, quien pidió u n debate sobre “La aplicación de las
leyes de residencia y de estado de sitio”. El diputado M artínez se­
ñaló una serie de casos en la provincia de Buenos Aires, donde esas
leyes se aplicaron en detrim ento de miembros de la oposición al
gobierno provincial.133
U n a p arte notable de los anarquistas activos, en cambio, logró
eludir la ley: se ocultaron o se hicieron a un lado tem porariam en­
te; algunos tam bién se fueron al cercano U ruguay antes de que se
prom ulgara la ley,134 y otros acabaron por distanciarse definitiva­
m ente de la actividad. Uno de estos últim os fue G. Inglán Lafar­
ga, director de La Protesta H um ana.135 Uno de los que iban a ser
deportados, S. Locascio, trató de defenderse por vía judicial; el
abogado socialista Del Valle Iberlucea procuró defenderlo, pero en
vano. La deportación se cum plió.136
La cam paña de represión tras la prom ulgación de la Ley de R e­
sidencia y el estado de sitio, logró un efecto inm ediato: se paralizó
tem porariam ente la actividad anarquista y la de los sindicatos obre­
ros por m edio de arrestos en masa.
Se estimó que du rante la prim era semana fueron arrestadas 500
personas.137 T odas las sedes obreras se cerraron y las reuniones se
prohibieron. La paralización se hizo total cuando fueron clausura­
dos los periódicos obreros 138 y se prohibieron las noticias, inclusive
las del P artido Socialista. Sólo un periódico ignoró la prohibición
gubernam ental y siguió luchando, solo, contra la Ley de Residen­
cia: E l Sol, de A. Ghiraldo. N o sólo que siguió apareciendo, sino
132 La Prensa, 1 de enero de 1903 (caso J. Carvajales); ibid., 7 de enero de
1903 (caso F. M edaglia); ibid., 10 de enero de 1903 (caso J. M. Lemos).
133 D iario de Sesiones, C ám ara de D iputados, Congreso N acional, 1902, p p .
494-496.
134 T . Ros, p o r ejem plo, dirigente de los obreros po rtu ario s, p a rtió a U r u ­
guay antes de prom ulgarse la ley. "L os an arq u istas y la huelga d e noviem bre
de 1902”, en L a Vanguardia, 21 d e agosto de 1903.
135 D. A bad d e S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 97; M ax N e ttla u
(m anuscrito), xv, p. 31 (archivo IISG, A m sterdam ).
136 D. A bad de Santillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p. 97.
137 C rónica de u n m es”, en La Prensa, 1 de enero de 1903; “ D e Buenos A i­
res”, e n L a A gitación, Santiago de C hile, 29 de diciem bre de 1902; La R e b e ­
lión, M ontevideo, 14 de diciem bre de 1902; Les T e m p s N o u v ea u x , París, del
10 al 16 de enero de 1903 (VIII), núm . 37; El Sol, 1 d e diciem bre de 1902 (A.
G h ira ld o argu yó que a principios d e diciem bre ya e ran 1 800); M ax N e ttla u
(m anuscrito), cap. xv, p p . 31-32 (archivo IISG, A m sterdam ).
138 E n E. G ilim ón, op. cit., p. 40, se e n co n trará la lista de los periódicos
an arq u istas clausurados.

que en los primeros días de huelga y durante la represión publicó
un suplem ento diario. Su director, A. G hiraldo, anarquista reco­
nocido, gozaba de inm unidad por ser argentino nativo y por tra­
tarse de un poeta respetado, lo que refrenó aparentem ente a los
gobernantes.139
E l Sol publicó u n artículo osado de A. G hiraldo, el 1 de diciem­
bre de 1902, contra la Ley de Residencia, contra las represiones y
contra la sumisión vergonzosa de la prensa argentina:
L a cobardía a m b ie n te en g en d ra las tiranías. A catem os, d icen todos. Y
se som eten , sin darse c u e n ta q u e, a l h acerlo, se c o n stitu y e n e n cóm p lices
d e la barbarie. N o p rotestan .

E n los propios días del estado de sitio, no se abstuvo de revelar
lo que acaecía:
U n a im p ren ta asaltada e n n om b re de la con servación d e l ord en p ú b lico,
cu an d o com o en e l caso d e l a lla n a m ie n to de la q u e d io el su p lem e n to
d iario de E l S ol, im p orta la erección d el m a ch ete rayonesco e n árbitro
d e l p en sa m ien to , la p r o h ib ic ió n , a toda la prensa, d e dar in form acion es
q u e n o p artieran de fu e n te o f i c i a l . . . E l crim en p erp etrad o en las p risio­
n es h áb iles, contra el obrero h u elg u ista y el q u e n o lo era; e l cierre de
locales sociales y el d esv a lija m ien to , el rob o, p u estos e n práctica p or los
h om b res de sab le y p i t o . . . T o d o este cuarto grado d e in fa m ia fu e adm i­
tid o con la co m p licid a d gen eral de las altas clases s o c ia le s .. .

Y
concluye el artículo con un llam ado: “ ¡Protestamos! Por con­
servación propia, por egoísmo, porque m añana ha de medirse a
todos con la misma vara, porque el abuso cometido contra cual­
quier m iem bro de una colectividad, así sea el más hum ilde, trué­
case en vergüenza y baldón para quienes lo toleran.” 140
Pese a tales censuras, El Sol no fue clausurado y siguió repudian­
do las represiones, así como al gobierno y a los em pleadores que
se aprovecharon de la Ley de Residencia para fortalecer su posi­
ción y. para acrecentar la explotación: sea por m edio de rebajas de
salario como por la elim inación de los trabajadores rebeldes.141 La
139 M ax N e ttla u (m anuscrito), cap. xv, p. 31; D. A bad de S antillán, M ovi­
m ien to anarquista, op. cit., p. 38.
140 "Sobre la cobardía am b ie n te ”, E l Sol, 1 de diciem bre de 1902, pp. 3-4.
141 "L a com plicidad del gobierno a lie n ta en otras form as el bajo in stin to de
ciertos expoliadores de la clase trab ajad o ra. Ya no es la reb aja de jornales
im puesta a los que, term in ad a la huelga, volvieron a sus talleres: es la re p re ­
salia infam e, el espionaje, la delación canallesca ejercida contra los trab a ja d o ­
res m ás c o n sc ie n te s... Del escritorio de la fábrica van a la policía listas de
nom bres de agitadores, de rebeldes, de huelguistas señalados p o r algunos p a tro ­

represión no se lim itó a la huelga general en Buenos Aires sino que
se expandió al interior. El Sol dio cuenta de decenas de casos de
persecuciones de m ilitantes obreros en la am plitud de las pampas.
Ese mismo caso había querido dem ostrar antes el diputado M artí­
nez: los gobiernos provinciales se valían de esa ley para perseguir
a opositores políticos lugareños.142 Pero la voz de A. G hiraldo en El
Sol no tuvo eco. Las autoridades obraban en diciem bre sin la me­
nor molestia: perseguían a los anarquistas y a los m ilitantes obre­
ros, valiéndose del arm a de la Ley de Residencia.

LAS EN SEÑ A N ZA S DE L A H U E L G A G E N E R A L

Objetivam ente, la situación en el bando obrero y anarquista en
diciem bre de 1902 indica u n fracaso de la huelga general en el cor­
to plazo. N inguna de las metas fue alcanzada. El gobierno no se abs­
tuvo de presentar el proyecto de Ley de Residencia y el Congreso
no tuvo reticencias en aprobarla. Con la libertad de acción que
obtuvo el gobierno gracias al estado de sitio, procedió a deportar
anarquistas activos (aunque no en gran núm ero), paralizó los focos
de actividad de los sindicatos obreros y la huelga general se extin­
guió pronto. T odos los huelguistas volvieron al trabajo, sin el me­
no r logro prácticam ente. Por el contrario: en algunos estableci­
mientos los empresarios em peoraron las condiciones laborales.
¿Cómo juzgaron la situación de esos días los contem por áneos? La
prensa argentina guardó silencio forzado por la aplicación del es­
tado de sitio, pero el periódico de A. G hiraldo no se contuvo al
referirse a la situación creada a principios de diciem bre; mencio­
naba el aire de triunfo que prevalecía entre los empleadores, pues
con la ayuda del gobierno habían aum entado la explotación de los
trabajadores y los perseguían. Pero los prevenía:
L os h a cegad o e l triu n fo. E stán c o n v en cid o s —y n a d ie los saca d e a llí—
p erfecta m en te co n v e n c id o s de qu e se acabaron las h u elgas, d e q u e el esnes a la saña de las a u to rid ad e s.” "C rónica u rb a n a ”, e n E l Sol, 15 de diciem ­
b re de 1902, p. 6.
142
"D e todas p artes nos llegan idénticas lam entaciones: razzias de gringos
contrarios o poco sim páticos a la a u to rid ad , llevados a la cárcel p o r an arq u is­
tas peligrosos; allanam ientos de dom icilios; fam ilias insultadas y vejadas; m o r­
tificaciones, palizas, to rtu ras y h asta desaparición cuitiñescas. N o h a habido
com isario n i cacique p o litiq u ero que h aya desperdiciado tan b u e n a o p o rtu n i­
d a d p a ra desem barazarse de cuanto enem igo o in dividuo m olesto tenía cerca.”
“E n las p am p as”, E l Sol, 15 de diciem bre de 1902, p. 10.

tado de sitio y la ley de extranjeros han de depararles muchos años de
explotación im pune, sin tener en cuenta que en el caso de haberse con­
cluido las rebeliones colectivas, su conducta actual bastaría para provo­
carlas, para hacerlos florecer de nuevo, más enconadas y tan justas. Ya
lo dirán los hechos, con más elocuencia.143

Reacciones inm ediatas a la huelga general en la A rgentina se
pueden leer tam bién en los núm eros de diciem bre de la prensa
anarquista de los países vecinos. La Agitación (Santiago de Chile)
valora el desarrollo de la huelga general y su cese, y critica a los
propagandistas anarquistas argentinos que abandonaron dem asia­
do pronto la campaña: “No com prendo cómo nuestros propagan­
distas, los que electrizan a las masas con sus discursos fogosos, lle­
nos de revolucionarismo, hayan abandonado a las prim eras escara­
muzas de la burguesía el campo de lucha.”
Pero, al mismo tiempo, señala lo positivo de la agitación obrera:
“Indudablem ente que ha sido hermoso, sublim e y grandioso el
m ovim iento del proletariado argentino.” 144
U na valoración positiva análoga sobre la huelga general, como
prom otor de solidaridad obrera, se puede leer en el periódico anar­
quista La Rebelión, de M ontevideo, Uruguay:
“E n general, el m ovim iento ha sido una elocuente demostración
del poderío de la clase o b re ra .. . podemos estar satisfechos del
triunfo m oral reportado.”
T am bién considera oportuno destacar la influencia anarquista
evidente:
“Lo que podemos afirm ar con seguridad —y ésta es la mayor
victoria— es que en ninguna parte el proletariado se ha rebelado
contra el capital im pulsado por un espíritu libertario como el que
inspiró a la huelga general de Buenos A ire s ... ” 145
M ientras los observadores de cerca y de lejos trataban de valorar
sólo la huelga general, los participantes directos se sum ergieron en
una discusión amarga: por u n lado los anarquistas de la f o a , por
el otro los socialistas del partido y de la u g t . La prim era expresión
143 “C rónica u rb a n a ”, E l Sol, 15 de diciem bre de 1906, p. 6.
144 “ De Buenos A ires-N ovus”, en La A gitación, Santiago de Chile, diciem bre
de 1902.
145 "L a h uelga general de Buenos A ires”, e n La R eb e lió n , M ontevideo, 14 de
diciem bre de 1902.
O bjetam os la afirm ación histórica inequívoca de esas líneas, pero vemos en
ella u n a p ru e b a del estado de ánim o y de la apreciación de los sucesos de
Buenos Aires.
U na valoración positiva de la huelga, pese al revés, trae n los artículos p u ­
blicados en el periódico a n arq u ista Les T e m p s N o u v ea u x , del 10 al 16 de enero
de 1903 (VIII), núm . 37.

de divergencias agudas en cuanto a la huelga general, se dio en la
circular “Al pueblo” del Partido Socialista, el 24 de noviem bre de
1902, en u n deseo de calm ar los ánim os y evitar la huelga general,
así como la confrontación con el gobierno.146 Esa circular examina
las huelgas de noviembre, previas a la huelga general, a la vez que
aprecia positivam ente las exigencias justas de los huelguistas y re­
prueba a los anarquistas que se esmeraron por llegar a la huelga
general y socavaron los desvelos socialistas por evitar el despeña­
m iento de los conflictos laborales:
Esta ten ta tiv a d e h u elg a g en era l ha sid o u n a obra descabellad a y absur­
da q u e n o en cu en tra otro a te n u a n te q u e la con d u cta tam b ién d escab ella­
da d e l g o b i e r n o .. . R ecu rrir a la h u elg a g en era l e n u n m o m en to en que
hay tan tos m iles d e trabajadores d esocup ados, p or sim p le esp íritu de so li­
d arid ad y para im p ed ir la san ción d e la L ey de R e sid e n c ia , significab a
traicion ar a la clase trabajadora p u esto q u e se ten ía la segu rid ad de que
la h u elg a gen eral en lugar d e retardar o im p ed ir la san ción de la ley, no
haría sin o apresurarla.147

Los anarquistas de la f o a contestaron, a este ataque de los socia­
listas, con u na extensa circular intitulada: “Al pueblo, deslindando
posiciones”, repartida entre obreros de Buenos Aires en diciem­
bre.148 La circular repudia la posición de los socialistas, los llama
traidores y cobardes. Los socialistas —dice— aprovecharon las per­
secuciones para encaramarse en la conducción de los sindicatos
obreros, y en vez de prestar su solidaridad proletaria publicaron
censuras a los anarquistas, cuando sólo el gobierno era el culpable
de la violencia a que recurrieron los empleadores.
Y e n to n c e s se im p u so el recurso d e la h u elg a gen eral, n o p or m ero ca­
prich o, n o por e l placer de holgar, n o con la in fa n til ilu sió n q u e gratu ita­
m e n te n os a trib u yen los fariseos socialistas, de transform ar d e g o lp e y
z u m b id o la socied ad , sin o com o ú n ico m ed io de defen sa, a n u estro alcan­
ce, com o ú n ica p ru eb a eficaz, viril y co n sc ien te de q u e e x istía u n a colec­
tiv id a d obrera d isp u esta a rechazar e l va n d a lism o de las clases conser­
vadoras.

Los socialistas eran presentados en esa circular como entusiasm a­
dos sólo por la lucha política, extraños a las luchas sociales, a los
procesos sociales, y de ahí su ignorancia en todo lo que atañe a
148 J. O ddone, G rem ialism o, op. cit., p p . 110-118.
147 Ib id ., p. 116.
148 U n eje m p la r de la c ircular se encuentra en la colección de M ax N ettlau
(archivo IISG, A m sterdam , Legajo " A rgentinien E nde 19o. J a h rh u n d e rt bis 1933”).

los medios de lucha sociales. Los argumentos opuestos a la huelga
general fueron objeto de burla y rechazados con argum entos ex­
traídos de la lucha obrera.
Con especial severidad la circular atacó a los socialistas por su
conducta du ran te los días de la huelga general, en noviem bre, y los
llamó “ traidores a la clase trabajadora”. Con su conducta —seña­
ló— dem ostraron: 1) No existe la entidad socialista, ni como fuerza
ni como aspiración obrera; 2) El m ovim iento societario se desen­
vuelve en u n terreno de perm anente lucha económica, de donde
está absolutam ente proscripta toda ingerencia socialista en lo que
se refiere a aspiraciones políticas; 3) Los socialistas criollos, dignos
émulos de aquellos que traicionaron, calum niaron y u ltrajaron a
risotadas sardónicas a los héroes barceloneses, deben ser de u n a vez
por todas reconocidos como enemigos de la clase obrera.149
En cuanto a los resultados de la huelga general y sus enseñanzas,
la circular confiesa golpes y pérdidas sufridos por el m ovimiento
obrero a raíz del arresto y deportación de varios de sus miembros
más activos. Pero los golpes —señaló— no debilitaron sino que
acentuaron la com batividad de los obreros, y pusieron de relieve la
vulnerabilidad de la burguesía que se vio obligada a prom ulgar
leyes “dracónicas” :
Este primer encuentro ha servido para que la burguesía pisoteara las ins­
tituciones que dice defender, contribuyendo así a fortalecer las aspira­
ciones de los que lucham os por una sociedad de justicia; sirvió para re­
velar deficiencias que serán corregidas, y para apreciar la fuerza, el n ú ­
mero y la calidad del elem ento obrero.

Respecto a las severas medidas de represión, dice la circular:
La burguesía argentina proclam ó su derrota y nuestro triunfo al escudar­
se en leyes excepcionales, sin precedentes en la democracia. El lado flaco
de su soberanía quedó al descubierto y la causa de la libertad adquirió
nuevo im pulso.
149 Ib íd , La polém ica en tre socialistas y an arq u istas se re an u d ó con m ayor
fuerza cuando se abolió el estado de sitio y volvieron a p ublicarse periódicos.
E n el p rim e r n úm ero de La Protesta H u m a n a se insertó u n a ta q u e contra los
socialistas, y los volvió a p re sen ta r como traidores: "Los eternos ju d a s”. La Pro­
testa H u m a n a , 11 de enero de 1903.
Los socialistas contestaron con ataques de su p a rte , en La Vanguardia. N.
R ep etto , M i paso p o r la politica, pp. 61-62.
La discusión prosiguió h asta la segunda m ita d de 1903; véase D. A bad de
S antillán, L a F O R A , p p . 98-100.
Sobre la discusión e n tre an arq u istas y socialistas véase M ax N e ttla u (m anus­
crito), cap. XV, pp. 32-32a (archivo IISG, A m sterdam ).

T a l era el enfoque de la conducción de la f o a en diciem bre de
1902, acerca de las enseñanzas de la prim era huelga general en la
historia argentina. Este balance se siguió utilizando luego y se ex­
presó en el inform e anual, en el II I Congreso, de junio de 1903,
donde se juzgó la influencia de la Ley de Residencia:
Esa vergonzosa le y de e x p u lsió n n os ha p rod u cid o un b ie n in m e n so . A
ella se d e b e q u e el p u eb lo de la R e p ú b lica , conozca, ap recie y am e n u es­
tro id ea l em a n cip a d o r.150

La presentación optim ista inequívoca de los hechos, entraña por
cierto indicios de propaganda para elevar la m oral de los delegados
al congreso. Pero, aún así, no le falta razón. La aplicación de la
Ley de Residencia para deportar a anarquistas activos en los años
siguientes, redujo el núm ero de “extranjeros” en la conducción de
los sindicatos, pero no los liquidó. En cambio, el uso de una ley
que se oponía a la C onstitución A rgentina y a las necesidades del
país como receptor de inmigrantes-obreros, puso en manos del mo­
vim iento anarquista la bandera de la protesta pública que atrajo
a elementos liberales de la sociedad argentina.151
De este m odo — igual que en otros dom inios donde fueron visi­
bles los logros a breve plazo de la represión— se demostró que los
resultados a largo plazo son distintos. C uando se suprim ió el es­
tado de sitio, se notó que las represiones no frenaron las huelgas,
pues se reanudaron de inm ediato. En los años siguientes su auge
fue constante. Tam poco fueron desterrados los anarquistas en los
sindicatos obreros. Por el contrario, la f o a se reorganizó rápida­
m ente, y la influencia de los anarquistas — como se verá más ade­
lante— se intensificó.
A principios de 1903 ya se pudo com probar que la huelga gene­
ral de noviem bre de 1902, pese a su revés inm ediato, no fue un
fracaso para el sector obrero ni una cam paña superflua. Baste se­
ñalar que, a raíz de la huelga general, el gobierno argentino tuvo
que nom brar oficialm ente a un alto funcionario, J. A. Alsina, el
director de la Oficina de Inm igración, con el objeto de exam inar
la situación de la clase trabajadora del país: reu n ir datos sobre
las horas de labor, salario, condiciones de vivienda, etc. En la fun­
dam entación oficial se decía explícitam ente que el examen procu150 “ M em oria del T erc er Congreso", en E l Sol, 1 de ju lio de 1903, p p . 16-17.
151 L a Prensa, 4 de enero de 1903 (sobre la posición de Pedro M olina, direc­
to r de L ib erta d , de Córdoba). La Prensa, 5 de enero de 1903 (sobre la posición
de J. O. M achado); ibid., 7 de enero de 1903 (sobre la posición del d o c to r M i­
guel C aurencena); ibid., 7 de enero de 1903 (sobre la posición del d octor Pelagio
B. L una); ibid., 9 de enero de 1903 (sobre la posición de R a m ó n Gómez).

raría revelar las raíces de la disconform idad obrera puesta de m a­
nifiesto en la huelga general.152 De este modo el gobierno se des­
viaba, por prim era vez, de su política tradicional, que pretendía
afirm ar que “en la A rgentina no existe el problem a social”.

152 T h e R eview of the R iv e r Plate, 6 de diciem bre de 1902; La Prensa, 1 de
enero de 1903.

REANUDACIÓN DE LA ACTIVIDAD ANARQUISTA
DESPUÉS DE LA PR IM E R A OLA DE EXPULSIONES

A comienzos de 1903 se abolió el estado de sitio, pero prosiguió la
cam paña de persecuciones como resultado de la aplicación de la
Ley de Residencia. La consecuencia principal de esta cam paña —y
su finalidad— fue la deportación de todos los anarquistas activos
que no contaban con ciudadanía argentina y asestar de ese modo
un golpe devastador al anarquism o en el país, que empezaba a
echar raíces en los sindicatos obreros. A corto plazo, los logros fue­
ron considerables. Los arrestos y las deportaciones comenzados a
fines de noviem bre de 1902, continuaron sin tregua hasta febrero
de 1903 y redundaron en el alejam iento de 70 “extranjeros”,1 en
su m ayoría trabajadores de concepción anarquista, aunque había
tam bién propagandistas activos de renom bre. En las grandes ciu­
dades se desató u n a histeria antianarquista y todo obrero “extran­
jero” que disgustara a su em pleador, estaba expuesto a la expulsión
de la R epública, según la Ley de Residencia, “por peligroso para el
orden público”. La m ayoría de los deportados eran im potentes
ante la expulsión arbitraria. Sólo pocos se anim aron a defenderse
1
A continuación se inserta la lista de deportados p o r aplicación d e la Ley
de R esidencia, e n tre noviem bre de 1902 y febrero de 1903:
1)
S. Locascio, 2) M. Lago, 3) A. N avarro, 4) A. T ro itiñ o , 5) M. R íos, 6) F.
Rey, 7) R . A lfonsín, 8) J. Calvo, 9) R . P a lau , 10) S. E strada, 11) J. A. Cam ba,
12) B. G arcía, 13) J. M atu ri, 14) J. O rla n d i, 15) F. Siccari, 16) J. R avioli, 17)
J. F anfani, 18) A. V aldastre, 19) A. Ja ri, 20) C. L uch in i, 21) J. T ru c c h i, 22) T .
L u p an o , 23) F. Pacheco, 24) V. B alta, 25) A. M ontesano, 26) J. R eguera, 27) M.
lb a rre n , 28) J. A nselm i, 29) I. C asabal, 30) S. Pérez, 31) P. C arbonell, 32) F.
M edaglia, 33) I. Sacrenelo, 34) F. B atuztini, 35) L. S tropani, 36) V icente Amir,
42) E nto n io , 43) M a rtín M., 44) Ja c in to F., 45) C onrado M., 46) J u a n S. 47)
R o q u e L ., 48) E d m u n d o S., 49) F ernando, 50) José López, 51) J u a n N ., 52) M a­
nu el, 53) A. B elluci, 54) José M ella, 55) B. R ip o ll, 56) F. B asterra, 57) O. R is­
to ri, 58) F. Serantoni, 59) P. G allo, 60) J. G allo, 61) O. B ertani, 62) L. Magrassi,
63) I. C asadem ont, 64) F. J a n in , 65) D. G arfagnini, 66) S. Zeo, 67) E. Varengo.
Esta lista se ex trajo de L a R eb elió n , M ontevideo, 14 de diciem bre d e 1902
y La Prensa, Buenos Aires, 1 de enero de 1903. D. A bad de S antillán, M ovi­
m ie n to anarquista, op. cit., p. 96. F. O. 6/474: C onfidential núm . 82, Buenos
Aires, 6 de diciem bre de 1902, PRO, L ondres (nota del em b ajad o r británico).

por medios judiciales,2 aunque en vano. La cam paña judicial más
grande en ese aspecto, fue librada por el abogado E. Del Valle
Iberlucea, quien defendió a sus clientes D. G arfagnini y B. R ipoll
contra la orden de deportación.
E n su inform e “in voce” ante la Cám ara Federal,3 el abogado
Del Valle Iberlucea puso al descubierto una larga serie de actos
injustos cometidos al am paro de la Ley de Residencia, y censuró
la brutalidad y las groserías en perjuicio de los arrestados, al reca­
bar testimonios delictivos contra los candidatos a la deportación,
y la falta de consideración hacia los sufrim ientos de las respectivas
familias. Como prueba de esa conducta citó palabras del jefe de
policía, quien había rechazado su pedido de abstenerse de la ex­
pulsión de Locascio p or motivos hum anitarios: “Los anarquistas
—dijo— son hom bres sin sentimientos, no son hombres, no se pue­
de creer en su palabra.”4
La suerte se ensañaba, por cierto, con los incluidos en la lista de
aquellos destinados a la deportación. Sus padecim ientos se inicia­
ban en el m om ento del arresto: incom unicación, separación abso­
luta de las familias (que tam bién se veían expuestas a sufrim ien­
tos), pues si no se las expulsaba quedaban en la A rgentina a la
intem perie, sin nadie que las m antenga. La crueldad con que se
aplicaban las deportaciones según la Ley de Residencia era tan
terrible, que incluso el diario La Prensa consideró necesario em­
prender una acción pública de censura, publicando noticias sobre
el aprem io de los deportados y sus familiares en u n a larga serie de
notas.5 Pero excepto pocas voces de personalidades liberales, el
2 Sobre la lucha de Santiago Locascio y de la m u je r d e A rtu ro M ontesano,
véase “La ley de e x tra n je ro s”, e n L a Prensa, 13 de enero d e 1903.
Sobre la lucha de la esposa de A. M ontesano, véase tam b ién el lib ro de A.
G hiraldo, L a tiranía del frac, Buenos Aires, 1905, pp. 115-123.
3 La versión taquigráfica de ese discurso, en E l Sol, 15 de m arzo de 1905,
pp. 9-14.
4 Ib id ., p. 13.
5
"L a aplicación de la Ley de R esidencia”, en L a Prensa, 5 de enero de 1903;
"C on u n expulsado”, ibid., 6 de enero de 1903; "C on los expulsados”, ibid.,
7 de enero de 1903; “ O tro d e p o rta d o ”, ibid., 8 de enero de 1903; “La expulsión
de ex tra n je ro s”, ibid., 18 de enero de 1903; "L a Ley de R esidencia” , ibid.,
30 de enero de 1903.
El d iario conservador T h e R eview o f the R iv e r P late, 10 de enero d e 1903,
p. 49, reaccionó con enojo contra la posición de La Prensa.
Luego La N ación tam bién se sum ó a los que censuraban la c rueldad de las
deportaciones de extranjeros.
Véase tam bién "Indignación ta rd ía ”, en La Protesta H u m a n a , 14 de m arzo
de 1903.

público argentino se mostró indiferente, en esta etapa, a la suerte
de los deportados.6
Los padecim ientos de los deportados no cesaban al salir del país.
A m uchos de ellos los acechaba una suerte aciaga en sus países de
nacim iento, donde su presencia tam poco era grata.7 Algunos pu­
dieron evadirse en el viaje al exilio y bajar del barco que los tras­
portaba en el puerto de Montevideo, la capital de la vecina U ru­
guay. Esta ciudad — por su proxim idad a Buenos Aires y, durante
algún tiempo, por la concentración en ella de trabajadores anar­
quistas— se convirtió pronto en el asilo de muchos deportados.8
Algunos perm anecieron allí sólo un tiem po escaso, y se infiltraron
de nuevo en la A rgentina; otros en cambio transformaron a M onte­
video en la base de su actividad propagandística en el Uruguay
y en la A rgentina. La creación de u n asilo anarquista activo en la
vecina M ontevideo, de donde era factible el vinculo directo con los
anarquistas de A rgentina, molestaba a las autoridades argentinas
que trataron de interferir por medio de “ trasplantes” de policías al
seno de los exiliados en M ontevideo, pero sin el mayor éxito.9
Al abolirse el estado de sitio en enero de 1903, los anarquistas
de A rgentina pudieron reanudar su actividad —la prim era expre­
sión de ello fue la reaparición de los periódicos anarquistas— pero
distó m ucho de alcanzar el ritm o anterior. La Ley de Residencia no
prohibió la actividad anarquista, pero puso a disposición de las
autoridades muchos medios para obstruir su intensidad. La combi­
nación de reglam entos del estado de sitio y de la Ley de Residencia
perm itió que las autoridades asestaran un golpe serio a la labor de
los anarquistas.10 A p artir de comienzos de enero de 1903, se reanu­
6 U na crítica acerba a la a p atía del p úblico arg en tin o , escrita p o r u n de­
p o rtad o , se p u b licó en La Protesta H u m a n a del 20 de ju n io de 1903: "E speran­
do refuerzos”, de J. C. González.
7 “Vía crucis de u n d e p o rta d o ”, en L a Protesta H u m a n a , 20 de ju n io de 1903.
8 “La ley de ex p u lsió n ”, en La Protesta H u m a n a , 28 de m arzo d e 1903;
“ L a heroica evasión de R isto ri", ibid., 18 de ju lio de 1903.
9 Sobre el “ag en te” de la policía arg en tin a descubierto en M ontevideo, sobre
sus tentativ as de in filtrarse a los círculos anarquistas locales, sobre sus p ro p ó ­
sitos en m edio del m ovim iento de exiliados y sus provocaciones extrem as,
véase la n o ta periodística detallad a, “U n espía”, en L a Protesta H u m a n a , 14 de
m arzo de 1903.
Sobre o tro in te n to de la policía arg en tin a de in filtra r u n o de sus “ agentes"
e n tre los a n arq u istas de M ontevideo, véase "N uevas expulsiones de extran jero s”.
L a Prensa, 14 de enero de 1903.
10 El re p re se n tan te b ritánico, en su inform e d e comienzos de enero de 1903,
señala: “Las precauciones m ilitares q u e se h a n tom ado y la firm e a ctitu d del
P resid en te h a n logrado u n éxito pleno en el m an te n im ien to del ord en público
y en la su presión de lo q u e am enazó con evolucionar como u n m ovim iento

dó la libertad de expresión de m odo formal, pero no en la práctica.
Los periódicos anarquistas podían reanudar su aparición, pero por
diversos métodos los atropellaron y lim itaron su difusión. La sec­
ción de informaciones sobre asambleas, círculos, reuniones, etc.,
que en el pasado desem peñara u n papel im portante en los perió­
dicos del movimiento, desapareció por completo, y ello es u n a evi­
dencia de las lim itaciones a la expresión oral y escrita.
Los periódicos La Protesta H um ana y L ’Avvenire reanudaron su
aparición el 11 de enero de 1903, y los principales artículos en los
primeros núm eros se dedicaron a la cam paña contra la Ley de Re­
sidencia, a fin de in fu n d ir confianza y fe en los comilitantes, im­
partirles la certeza de que las persecuciones y los designios de las
autoridades no an iq u ilarían al anarquism o en la Argentina. Las
represiones y las deportaciones no pondrían coto al movimiento,
cuya vitalidad es constante y que puede renacer siempre.11 Esta
aseveración era form ulada sobre todo por L ’Avvenire, que hablaba
en nom bre de un m ovim iento cuyo núm ero, aun a criterio de los
opositores, llegó a sum ar en A rgentina de 10 000 a 15 000 miem­
bros. Un m ovimiento de estas dimensiones no puede ser desbara­
tado por medio de leyes, y las leyes no pueden im pedir que aum en­
te el núm ero de sim patizantes en el país y en el exterior.12
O tro tono se advierte en el periódico anarco-comunista El R e­
belde, que tam bién reanudó su aparición en ese tiempo. E n este
caso se adm ite que la actividad anarquista recibió un golpe duro
tras los acontecimientos de noviem bre de 1902, y en el núm ero del
29 de enero de 1903 se publicó un artículo con meditaciones sobre
el rum bo del m ovim iento anarquista, con u n a renovada crítica
a la tendencia “organizativa”, al despilfarro del potencial rebelde
del proletariado en gim nasia revolucionaria, y por últim o afirma:
“Se ve pues que lo que hay que hacer es, pura y sencillamente,
revolución, sin gimnasias de ninguna especie.”
Este artículo señaló un nuevo alejam iento entre los círculos de
El R ebelde y los adictos a la corriente “organizativa” o los miem­
bros activos de los sindicatos obreros. Pero no duró mucho: a los
a n arq u ista serio.” (Mr. H aggard to th e M arquess of Lansdow n, B uenos Aires,
2 de enero de 1903, F. o. 6/480, pro , Londres).
11 "Y hay q u e adv ertir, si no se ad v irtió antes, q u e los anarquistas son como
aquella M edusa de las 100 o 1 000 cabezas, a la cual, si se le cortaba una, le
n acían otras diez.” "L ettera a p e rta ”, L ’A vv enire, 17 de enero de 1903.
12
“L a legge de residenza”, L ’A v v enire, 23 de enero d e 1903. En el mismo
núm ero, en la sección española, se inserta u n a rtícu lo jactancioso y de burla
a las au toridades q u e q u iere n liq u id a r el anarquism o: “ T o d av ía estam os vivos,
señores gobernantes.”

pocos meses El R ebelde dejó de ap a rec er13 y en esa época se afian­
zó la actividad anarquista. El últim o núm ero no explicaba por qué
se suspendía la publicación. Cabe suponer que los círculos que lo
m antenían se desm oronaron y su gente se plegó a las acciones anar­
quistas en los sindicatos obreros, que recuperaron un lugar central
en la actividad general.
De a poco se inició la recuperación de la actividad anarquista.
El 31 de enero de 1903 se supo de la organización del grupo La
Protesta H um ana, para editar u n semanario con regularidad. Se
nom bró director a A. Valenzuela. A comienzos de febrero se reunió
la comisión adm inistrativa de la f o a para tratar la prosecución
de la actividad y fijar la fecha del II I Congreso de la Federación.14
A fines de marzo se delineó claram ente u n despertar general en
las actividades, y en La Protesta H um ana se publicó u n artículo
editorial con u n llam ado a movilizar las fuerzas, a salir de la
“T o rre de m arfil” de las polémicas intelectuales y em prender la lu­
cha p ú blica abierta, a reclutar las fuerzas potenciales de los obre­
ros oprim idos en la sociedad existente, a com batir contra el régimen
y las autoridades. El artículo llam aba a suspender el encierro y
salir a la cam paña franca y am plia.15
En abril La Protesta H um ana volvió a insertar inform ación so­
bre las actividades de los grupos anarquistas de Buenos Aires y del
país en general. Una de las prim eras noticias fue sobre la labor
del grupo Carlos Cafiero, fundado poco antes y activo en el subur­
bio de La Boca, en Buenos Aires, que organizaba asambleas de
esclarecimiento y propaganda inclusive en reuniones y espectáculos
de entretenim iento. Según las noticias, su actividad era intensa
d u ran te todo el año.16 Con el correr del tiem po reaparecieron en
Buenos Aires grupos de destacada actuación anterior, como Los De­
fensores de Nuevos Ideales, Los Caballeros del Ideal y Malhechores
H onrados.17
U na intensidad especial revelaron las actividades anarquistas en
el interior, tanto en concentraciones anarquistas de renom bre (por
ejem plo Rosario y Santa Fe), como en otros rincones del país. En
13 El ú ltim o núm ero se p ublicó el 28 de m ayo de 1903.
14 Solidaridad, R osario, 1 de febrero de 1903.
15 "E l m om ento del d o lo r”, e n La Protesta H u m a n a , 25 de a b ril d e 1903.
16 La Protesta H um a na, 25 de a b ril de 1903 y 31 de o ctubre d e 1903; Vida
N u eva, 15 y 22 de noviem bre de 1903.
17
E n el g ru p o M alhechores H onrados, q u e se fu n d ó e n 1902, se concentra­
ro n en 1903 los cí rculos adictos en el pasado a E l R ebelde. A p arte de la acti­
vidad com ún en asam bleas de pro p ag an d a, ed itab an tam bién publicaciones. En
m ayo de 1903 p u b lic a ro n u n a revista titu la d a E l Trabajador y la H uelga R evo­
lucionaria. E l R ebelde, 28 de m ayo de 1903.

realidad, la prim era noticia sobre la reanudación de la labor de
grupos anarquistas llegó de Santa Fe el 11 de abril de 1903.18 Pero
Rosario ocupaba el prim er lugar en el interior en cuanto a la
actividad anarquista, y siguió justificando su apodo de “La Bar­
celona argentina”. A ctuaban en esa ciudad varios grupos anarquis­
tas: L ibertad y Amor, Libertario, Cigarreros Libertarios, C entro de
Enseñanza M utua y Luz y Vida; su trabajo abarcaba dom inios va­
riados de inform ación, publicaciones, espectáculos artísticos, teatro
e instrucción.19 Se sabía sobre la actividad de grupos anarquistas
tam bién en otras ciudades del interior: T ucum án,20 Zárate,21 J u ­
nín,22 M endoza,23 y Bahía Blanca, donde en 1903 seguía obrando
un grupo anarquista de tendencia antiorganizacionista.24
U n aporte considerable a la ramificación de las actividades anar­
quistas en el interior fue hecho por la veterana propagandista anar­
quista Virginia Bolten, quien en 1903 realizó varias giras de pro­
paganda que lograron un m arcado éxito y sirvieron de base para
la labor anarquista en diversos parajes de la R epública.25 P. G ua­
glianone, que volvió a la actividad intensa en 1903, fundó un perió­
dico in titulado Vida N ueva y actuó en los círculos anarquistas de
la capital, resume la labor del anarquism o en 1903 y recalca la
ramificación y am pliación pese a las persecuciones de la Ley de
Residencia, que golpeó a los anarquistas, pero no a su espíritu.
E ntre otras cosas, dice:
L a p r u e b a h a sid o d o lo ro sa y v il, p e ro d e e lla h e m o s tr iu n f a d o . V iv im o s
e n p le n a tir a n ía y sin e m b a rg o n o s s e n tim o s l i b r e s . . . ¿Y p o r q u é to d o
esto? P o r q u e som os v e r d a d e r a m e n te l i b e r t a r i o s . . . c o m o som os a n a r q u is ­
tas, y n o s lla m a m o s tales, co m o se n tim o s las id ea s y h e m o s sa b id o a sim i­
la rla s, la re a c c ió n ja m á s n o s v e n c e r á . . . L a tir a n í a es n e c e sa ria p a r a
que
el a n a r q u is ta e x i s t a . . . L a t ir a n í a n o p u e d e a m e d r e n ta r n o s n i v e n c e r­
n o s .. . 26
18 "C orrespondencias. Santa Fe”, L a Protesta H u m a n a , 11 de a b ril de 1903;
ibid., 17 de o ctubre de 1903.
19 U n a am p lia reseña sobre las actividades an arq u istas en R osario, con c ríti­
cas a sus defectos, véase en F. Jensa, " Del R o sario ”, en La Protesta H u m a n a ,
10 de octu b re de 1903; “ Cosas varias, R osario”, ibid., 3 de o ctu b re de 1903;
" Del R osario”, ibid., 24 de o ctubre de 1903; "R o sario ”, Vida N u e va , 22 de
noviem bre de 1903.
20 La Protesta H u m a n a , 18 de ju lio de 1903.
21 La Protesta H u m a n a , 25 de a b ril de
1903 y 3 de o c tu b re de 1903.
22 Vida N ueva, 15 de noviem bre de 1903.
23 La Protesta H u m a n a , 10 de o ctu b re de 1903.
24 La Favilla, B ahía B lanca, o ctu b re d e 1903.
25 La Protesta H u m a n a , 16, 22 y 29 d e agosto y 5 d e sep tiem b re d e 1903.
26 "E n p len a tira n ía ”, en Vida N u eva , 19 de diciem bre de 1903.

C uando se reanudó la actividad anarquista de vasto alcance, a
mediados de 1903, se com probó que la deportación de m ilitantes
por m edio de la Ley de Residencia no socavó la posición de los
anarquistas, pero causó cambios notables en la composición de
los activistas principales. U no de los cambios mayores se produjo en
la redacción de La Protesta H um ana, de donde se alejó el veterano
director G. Inglán Lafarga, quien no fue exiliado pero se ocultó
m ucho tiem po y luego se apartó por completo de la actividad anar­
quista.27 Lo sustituyeron A. Valenzuela y el veterano Ju a n Creaghe,
quien se entregó abnegadam ente al periódico y le ayudó con sus
colaboraciones y con medios financieros: en horas de déficit puso
a disposición del periódico 5 000 pesos.28 O tro cambio fue el ascenso
de anarquistas activos de las filas de los sindicatos obreros y de la
f o a . Los más destacados entre ellos fueron: Francisco Jaquet, se­
cretario de la f o a desde agosto de 1903; Joaquín H ucha, activo ya
antes pero elevado a las tareas centrales en agosto de 1903; F. Ma­
rante, activo en el puerto de Buenos Aires; C arballo y E. Calcaño,
conocidos entre los estibadores; A ntonio Loredo, del sindicato de
peluqueros y adicto a la redacción periodística; A. López, del sin­
dicato de cocheros, etc., a quienes se sum aron intelectuales anar­
quistas argentinos que volvieron a la actividad intensa, por ejemplo
P. G uaglianone y Elam R avel.29 Esos m ilitantes contribuyeron m u­
cho a la actividad anarquista en diversos grupos y ayudaron a la
recuperación de los sindicatos obreros de la f o a ; la prueba mejor
de esa recuperación fue el hecho de que el 1º de mayo de .1903, la
f o a logró re u n ir a 25 000 participantes en una m anifestación, nú­
mero no m enor que las anteriores manifestaciones.30
El surgim iento en 1903 de nuevos cuadros de miembros activos
—tras la crisis grande de fines de 1902 y tras los éxitos de las auto­
ridades en el in ten to de reducir el núm ero de m ilitantes veteranos
sin suscitar u na resistencia notoria— supo por cierto de estreme­
cimientos internos, críticas y exámenes de conciencia. U na expre­
sión de ello fue la discusión en la prensa anarquista, a raíz de un
artículo de O. Ristori, en el núm. 24 de L ’A vvenire: “L ’azione anti
anarchica nelle organizazione operaie.” El autor, director del pe­
riódico, exiliado a M ontevideo y que sufrió las persecuciones en la
A rgentina, se b u rla y m ofa de las masas de compañeros en la Ar­
gentina que se llam an anarquistas in d e b id a m e n te ... O. Ristori
alega que, con excepción de un grupo activo pequeño (como ser
27
28
29
30

D. A bad de S antillán, M o v im ie n to anarquista, op. cit., p. 97.
"R e m arc ab le ”, en La Protesta H u m a n a , 3 de o ctubre de 1903.
D. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., pp. 101, 141.
"N u estro a ñ o ”, en La Protesta H u m a n a , 1 de enero de 1904.

F. Basterra, A. G hiraldo, P. G uaglianone y Altair), que tienen ins­
trucción, conocimientos sociológicos y talento de expresión, todos
los demás no saben por qué ni para qué son anarquistas, y que no
cabe verlos como tales.
Inm ediatam ente, el 3 de octubre de 1903, La Protesta H um ana
reaccionó con energía. El autor —un periodista veterano que escoge
el seudónim o simbólico: “U n inconsciente”— m uestra sorpresa y
disgusto por las concepciones de R istori: “Jam ás habría pensado,
de no haberlo leído, que podía haber un anarquista que se m ani­
festara de este m odo.” Y contra las mofas de R istori a las masas
de anarquistas de base, destaca: “H e tenido oportunidad — porque
me propuse saberlo— de investigar cuáles eran los anarquistas que
sabían cómo lo eran: Y le aseguro que éstos form an una legión
capaz de desarrollar m ayor fuerza y pensam iento que cien artículos
debidos a su plum a b r a v a ... Las facultades intelectuales, alta­
m ente desarrolladas, son una ayuda form idable para el m ejor esta­
do de conciencia, pero la inteligencia sin ilustración no im plica
inconciencia.”
La redacción de La Protesta H um ana se solidarizó con esta po­
sición y en una nota que acompañó al artículo de respuesta, tam ­
bién reaccionó acerbam ente contra el artículo de Ristori: “A rtícu­
los como el de R istori no merecen atención ni consideración, y no
se contestan. Llevan en sí el pecado de vaciedad.” 31
Oreste Ristori se apresuró a responder a los críticos de La Pro­
testa H um ana, y se disculpó por haber dicho que hay sólo 10 anar­
quistas convencidos; dijo que había sido u n desliz, una ligereza
debido a la polémica, pero de lo esencial no se retractó y señaló
las expresiones en la prensa donde participan sólo pocos m ilitantes
activos que tienen conciencia.32
A estas palabras, “Inconsciente” volvió con u n ataque contra
Ristori. Esta vez argüyó que expresa a m uchos compañeros que se
plegaron a su posición e indicó la disparidad que m ediaba entre
él y R istori en puntos de partida fundam entales:
U s te d q u ie r e c o n c ie n c ia s e le v ad a s, yo q u ie r o c o n c ie n c ia s m o ra le s. U s te d
q u ie r e h o m b re s in s tru id o s , yo q u ie r o h o m b re s b u e n o s ; d e los p rim e ro s
h a y pocos, tie n e ra z ó n , d e los s e g u n d o s h a y m u ch o s, te n g o ra z ó n . P a r a
o b te n e r el tr iu n f o c o n los p rim e ro s, es le ja n o ; p a r a o b te n e r lo c o n los
se g u n d o s, e s tá p ró x im o a n o so tro s. E stá e n u s te d e l e le g ir.33
31 "C a rta a b ie rta ”, en La Protesta H u m a n a , 3 de o c tu b re de 1903.
32 “R éplica", en La P rotesta H u m a n a , 17 de o ctu b re d e 1903.
33 "C arta a b ie rta ”, en La Protesta H u m a n a , 31 de o c tu b re de 1903.

El m ovim iento anarquista de la A rgentina escogió el camino de
“Inconsciente” y se reconstruyó en base a la actividad de m ultitu­
des de personas con “conciencia m oral”, sin perjudicar la labor de
la gente de “elevada conciencia”, los redactores de la prensa anar­
quista que se plegaron a esta labor, y sin crear una disparidad tre­
m enda entre ellos y las masas de camaradas, como lo pretendía el
enfoque de Ristori. La recuperación del año 1903 se cum plió pa­
ralelam ente en dos terrenos: por u n lado, en la reanudación de la
actividad en masa de los miembros de sindicatos obreros; por
el otro, en el dom inio de las publicaciones.

LA PRENSA ANARQUISTA EN

1903

La policía trató de dificultar la difusión reanudada de las publi­
caciones y de la prensa anarquistas. En la prim era m itad de 1903
se em prendió u n a cam paña de hostigaciones sistemáticas contra las
instituciones y redacciones encargadas de propagar m aterial escri­
to: se dañó la librería anarquista de F. Serantoni —Librería Socio­
lógica— y se secuestraron los libros que editaba para la venta,34 se
arrestó a los vendedores de La Protesta H um ana y L ’Avvenire y
se efectuaron allanam ientos reiterados en las oficinas de redacción
o se secuestraban los ejemplares en las oficinas de correo.35 T am ­
bién se procedía a arrestar a los directores, con cualquier pretexto,
a fin de obstruir y disuadirlos.36
Estas arbitrariedades aum entaron d u ran te mayo y junio. La re­
dacción de La Protesta H um ana, por consiguiente, resolvió com­
batirlas de u n modo muy original. Para contrarrestar las trabas
policiales a la difusión de dicho periódico y de L ’Avvenire por el
correo, se hizo saber qué día los ejemplares serían traídos de la im ­
prenta, así como a qué hora, y se llam ó a los lectores a que vinie­
ran a retirarlos en masa, por su propia cuenta. El éxito superó lo
previsto y a la hora indicada se alistaron masas de trabajadores,
tom aron los ejem plares del periódico y los llevaron a su destino.
La policía se vio inerm e ante tam aña movilización en masa a favor
del periódico. La Protesta H um ana señala: "El dom ingo 14 de
34 “ P ira te ria p o licial”, en L a P ro testa H u m a n a , 11 de a b ril de 1903.
35 “ M ovim iento o b re ro ”, en L a P ren sa , 22 de febrero de 1903; J. Creaghe,
“ La g u e rra ”, en L a P ro testa H u m a n a , 14 de m arzo de 1903.
36 "O tro d e p o rta d o ”, en L a P ro te sta H u m a n a , 14 de m arzo d e 1903; " E n
plena a u to cracia”, ib id ., 30 de m ayo de 1903; E. G ilim ón, o p. c it., pp. 40-43.

jun io fue un triunfo más para nuestros ideales y fue, ante todo,
un día de espléndida propaganda.” 37
Esta victoria no fue excepcional en esos días. Se notaba un des­
pertar general de la palabra escrita de los obreros anarquistas, que
las arbitrariedades de la policía no lograron reprim ir. Los perió­
dicos anarquistas y de sindicatos obreros reanudaron su aparición
en Buenos Aires y en el interior a p artir de enero de 190338 aparte
de los muchos periódicos anarquistas que se publicaban en el exte­
rior y volvieron a venderse librem ente en la A rgentina. En agosto
se añadió un cotidiano Tierra y L ibertad —publicado en España y
que se procedió a vender tam bién en suelo argentino.39 La m ayoría
de las publicaciones se destinaban a amplios círculos de trabaja­
dores. En ese tiem po se esfumaron los órganos ideológicos anar­
quistas que abordaban sólo temas teóricos. En 1903 dejaron de
aparecer Ciencia Social, E l R ebelde, L ’Avvenire, Solidaridad y La
N uova Civilità.
La tendencia que se insinuaba en la prensa anarquista, era alis­
tarse para la influencia creciente en los círculos trabajadores y
sindicatos obreros. La f o a ejercía influencia decisiva y se expresó
en u na resolución del III Congreso, sobre la edición de u n boletín
diario, consagrado a la inform ación y a contrarrestar las defor­
maciones de la prensa burguesa en lo que concernía a las luchas
obreras. El tema se debatió con frecuencia en el comité federal y
se encaró de qué m anera reclutar medios para publicar u n diario
que sirviera a la clase trabajadora.40
P or influencia de esas corrientes en la f o a , la redacción de La
Protesta H um ana tomó una serie de medidas para acelerar la difu­
sión del periódico. El prim er paso consistió en reducir su precio.
Según los cálculos de la redacción esa m edida am pliaría el núm ero
de lectores y m ejoraría la situación financiera, en la espera de
que el tiraje creciera hasta 7 000 ejemplares, cuando menos. En
septiem bre se inició u na cam paña de esclarecimiento relativa a la
37 " P o r la lib e rta d del pen sam ien to ”, en L a Protesta H u m a n a , 20 de junio
de 1903.
38 L a Protesta H u m a n a , 30 de m ayo de 1903 (sobre la p u blicación de E l T ra ­
bajo, en T an d il); ibid., 6 de ju n io de 1903 (sobre la p u blicación de E l Obrero,
en Ju n ín ); ibid., 6 de ju n io de 1903 (sobre la A urora Social, de San Nicolás);
ibid., 8 d e agosto de 1903 (sobre N uevas Brisas, de Rosario).
39 " T ie rra y L ib e rta d ” , en La Protesta H u m a n a , 29 de agosto de 1903; ibid.,
6 de ju n io de 1903 (sobre otros asuntos).
40 “ La h oja co tid ian a ”, L a Organización Obrera, septiem bre de 1903; " R e ­
u n ió n del C. F e d e ral”, ibid., diciem bre de 1903; “ U na hoja cotidiana", L a P ro­
testa H u m a n a , 25 de ju lio de 1903; “ H ay d in ero h ab ien d o v o lu n ta d ”, ibid.,
22 de agosto de 1903; E l Barbero, 1 de o ctubre d e 1903.

nueva línea — la de reducción del precio— y poco después el perió­
dico empezó a venderse a 2 centavos.41 P ronto se percibieron los
resultados y el tiraje llegó a 8 000 ejemplares. Paralelam ente se
operaron cambios personales en la conducción del periódico. A
comienzos de octubre asumió la adm inistración perm anente J. Crea­
ghe, y por iniciativa suya el periódico cambió de nom bre por el
de La Protesta, que sería el definitivo en el futuro.42
E l Sol fue un periódico anarquista adicional, que cum plió un
papel activo y constante en el campo político: sem anario literarioartístico, dirigido por A. G hiraldo, desempeñó u n a función muy
intensa d u ran te el estado de sitio, contra la Ley de Residencia, y
siguió en esta línea tam bién en 1903. En ese año no atenuó su cri­
tica contra todos los responsables por la ejecución de la Ley de
Residencia. Los artículos de censura de G hiraldo desagradaban a
las autoridades, que trataron de contenerlo y disuadirlo por medio
del arresto, pero no pudieron hacerlo. El arresto de A. Ghiraldo
suscitó u na protesta trem enda del público, que incluyó tam bién a
otros círculos: A. Palacios, G lugliani, M onteavaro y otros periodistas
lo consideraron un atentado arbitrario a la libertad de prensa.43
Las persecuciones y la presión de la policía sobre El Sol y su di­
rector, no lograron disuadirlo de proseguir la cam paña contra la
Ley de Residencia. A la lucha —que había iniciado solo— se
sum aron otros paladines en 1903, tanto en los círculos anarquistas
(que se despojaron del m iedo a las represiones y a la deportación)
como de la prensa burguesa. En estos diarios, que prim ero se abs­
tenían de abordar el tema, se publicaron d u ra n te 1903 muchas
críticas a la Ley de Residencia y a la forma de aplicarla, aunque
en su mayoría no exactam ente por solidaridad con las penurias de
los anarquistas expulsados.44

LA CA M PAÑ A CONTRA LA LEY DE RESIDENCIA Y LAS PERSECUCIONES
EN LA ARGENTINA

E n abril empezaron a llegar noticias sobre la am pliación de la cam ­
41 "L a Protesta a dos centavos”, en La P rotesta H u m a n a , 5 y 20 de sep­
tiem bre y 3 de o ctu b re de 1903.
42 L a P rotesta H u m a n a , 3 de octu b re de 1903; D. A bad de S antillán, "L a
P ro te sta ”, en Certam en, op. cit., pp. 44-45; E. G ilim ón, op. cit., p p . 40-43;
D. A bad de S antillán, M o vim ien to anarquista, op. cit., p p . 104-105.
43 E l Sol, 15 de m arzo de 1903, pp. 4-6, 24-25.
44 "E n la A tenas sudam ericana”, e n La Protesta H u m a n a , 14 y 20 de ju n io
de 1903.

paña contra la Ley de Residencia tam bién en el exterior. El 1 de
abril de 1903 se publicó en M ontevideo una circular firm ada por
los argentinos F. Ja n in y A. Scopetani, que encaraban la promoción
de una cam paña m undial contra la Ley de Residencia en la Ar­
gentina, donde se leía: “Como prim er paso hemos constituido un
comité, a fin de llevar a cabo algo práctico y eficaz.” Acerca de los
pasos prácticos, se decía más adelante:
U n a d e las a rm a s m ás p o d e ro sa s es, sin d u d a , el b o ic o t, el c u a l e n este
caso se a p lic a r á d e la s ig u ie n te fo rm a : I m p u ls a r a q u e se in ic ie e n E u r o ­
p a , A u s tr a lia y A m é ric a u n a g u e r ra a to d o tra n c e c o n tr a los p ro d u c to s y
las p ro c e d e n c ia s a r g e n t i n a s . . . D e n u n c ia r a n te la faz d e l m u n d o a los
tir a n o s q u e g o b ie r n a n a la A r g e n t i n a . . . I m p e d i r e n to d a f o rm a la i n ­
m ig ra c ió n . . . 45

No fue el único lugar en el exterior donde se consolidó un
grupo que preconizaba la cam paña contra la Ley de Residencia.
A la vez que se tuvo la noticia de Uruguay, se supo de una acción
análoga en Barcelona, adonde llegaron muchos exiliados y se or­
ganizaron para actuar en España con el propósito principal de im­
pedir el arribo de em igrantes potenciales.46 Más tarde se supo de ac­
tividades de exiliados argentinos en otros parajes, en sus países de
exilio, actividades de repudio al régim en en la A rgentina para con­
tener el núm ero de em igrantes de Europa. La cam paña se expandió
por diversos países de Europa, sobre todo a través de cartas y cir­
cular es enviadas por exiliados individuales y comités de acción que
funcionaban en España, Italia, Inglaterra y Francia.47 Esta ola de
protesta ejerció influencia, según parece, pues se supo de la disua­
sión de emigrantes potenciales de España e Italia, a raíz de las
noticias sobre la suerte corrida por los “extranjeros” en la Argen­
tina, debido a la Ley de Residencia. La mayoría de esos emigrantes
cam biaron de destino y, en vez de p artir a la Argentina, se ple­
garon a la corriente m igratoria hacia Europa.48
En los primeros meses de 1903 se com probó u n a reducción con­
siderable en el núm ero de inm igrantes llegados a la A rgentina, y
un aum ento de los que em igraban. T odas las fuentes dan cuenta
de ello: la prensa local, la extranjera, así como tam bién el infor­
45 "B oicot a la A rgentina", en La Protesta H u m a n a , 4 de a b ril de 1903.
46 "C o n tra la ley de expulsión", en La Protesta H u m a n a , 4 de a b ril de 1903.
47 Les T em p s N o u vea u x, París, 7-13 de m arzo de 1903; 9-5 de m ayo de 1903;
"C ontra la ola de expulsiones”, en L a Protesta H u m a n a , 18 de a b ril de
1903; "L a ley Can é” , ibid., 29 de agosto de 1903.
48 “ C ontra la ley de ex p u lsió n ”, en L a Protesta H u m a n a , 4 de a b ril de 1903;
“ Presiones contraproducentes", ibid., 16 de a b ril de 1903.

me anual del presidente, general Roca.49 La Prensa, al abordar
el tema, se refiere en particular a la influencia de las cartas de
obreros enviadas de A rgentina a los colegas y familiares en el ex­
terior. En el pasado, esas cartas estim ulaban la inm igración; en el
presente, se han vuelto un factor de disuasión para los inm igrantes
potenciales.50 Pero el elem ento de disuasión más fuerte eran los
exiliados, que realizaban una propaganda negativa contra el go­
bierno argentino y su actitud hacia los extranjeros. Esta actividad
de los exiliados m olestaba mucho a los enviados del gobierno ar­
gentino Godio y M artínez, que partieron a Europa para fomentar
la em igración.51
Esa influencia perniciosa de la Ley de Residencia sobre los me­
dios de atracción de inm igrantes a la Argentina, en una época en
que resaltaba una emigración significativa5 2 y la R epública nece­
sitaba aluviones inmigratorios, debía despertar por fuerza nuevas
ideas entre los gobernantes respecto a la sensatez que tenía la apli­
cación cruel y m u ltitu dinaria de la m encionada ley. Los primeros
indicios al respecto asomaron ya en febrero de 1903 y una expre­
sión de ello puede hallarse en La Prensa, que insinúa que hay
signos de arrepentim iento entre las autoridades por la ejecución
masiva y despiadada en demasía de la ley.53 T ras un tiem po, por
49 T h e R eview o f the R iv e r Plate, 10 de noviem bre de 1903, p. 50; ibid.,
13 de ju n io de 1903, p. 1023; T h e E conom ist, L ondres, 28 de m arzo de 1903;
M abragaña, op. cit., vol. v, p. 59.
50 “ La correspondencia epistolaria del o b re ro ”, en La Prensa, 4 de febrero
de 1903.
51 " E n tre lobos a n d a el ju eg o ”, en La Protesta H u m a n a , 16 de mayo de
1903; “ Más caldo de zorra”, ibid., 30 de m ayo de 1903; T h e R eview of the
R iv e r Plate, 13 de ju n io de 1903, p. 1023.
52 El saldo (tras descontar la em igración de la inm igración) era más bajo
en 1902 y 1903 q u e en 1900 y 1901:

1901
1902
1903
1904

Inm igrantes

E m igrantes

Saldo

125 900
96 000
112 600
161 000

80 200
79 400
74 700
66 500

45 700
16 600
37 800
94 400

Véase V. Vázquez Presedo, Estadísticas históricas, op. cit., p. 16.
En el periódico inglés D aily News, L ondres, se publicó, el 12 de septiem bre
de 1903, que la em igración de Italia se dirige de A rgentina a Estados Unidos;
véase "L a ley de exp u lsió n ”, en La Organización Obrera, 25 de septiem bre
de 1903.
Sobre la em igración de Italia, véase A nnuario Statistico della E m igrazione
Italiana, R om a, 1926, p. 50.
53 "L a Ley de R esidencia re p u d ia d a p o r sus a u to re s”, La P rensa, 21 de fe­
b rero de 1903.

cierto, hubo un debilitam iento notable en la cam paña de persecu­
ciones contra los anarquistas m ediante la aplicación de la Ley de
Residencia. A p artir de abril, resaltó inclusive cierta liberalización.
U na de tales manifestaciones fue la puesta en libertad del secre­
tario del sindicato de obreros panaderos, F. Berri, y de otros cuatro
de sus compañeros, que habían sido arrestados el 24 de julio de
1902 a raíz del asesinato en la panadería La Princesa (véase más
arriba). Todos ellos perm anecían en presidio, desde entonces, sin
que se probara su culpa. Los círculos obreros de la f o a y los anar­
quistas no cesaron de clam ar contra el arresto arbitrario, e inicia­
ron una am plia cam paña respecto de este problem a. Apenas se divisó
algún alivio en las persecuciones, La Protesta H um ana publicó un
artículo extenso llam ando a hacer justicia a esos presos, arrestados
sin que se los som etiera a juicio.54 La cam paña se vio coronada por
el éxito tras algunos meses, y a fines de julio fueron liberados
F. Berri y sus camaradas. F. Berri se fue en seguida de la A rgentina
y pasó a M ontevideo, de donde m andó una carta de reconocido
agradecim iento a sus compañeros de la A rgentina por los esfuerzos
que habían invertido.55
El relativo sosiego en las persecuciones antianarquistas no duró
m ucho y en agosto se tuvo la certeza de que las represiones iban a
reanudarse contra las organizaciones obreras. La Protesta H um ana
lo denunció al referirse a la noticia propagada por la policía, de
que se había descubierto un com plot anarquista para asesinar al
presidente Roca. El periódico lo negó rotundam ente y previno que
era u n intento de em baucar a la opinión pública para lanzar una
renovada cam paña de persecuciones;56 a los pocos días, en verdad,
se supo de nuevos arrestos arbitrarios entre los trabajadores anar­
quistas en los sindicatos. A fines de agosto fueron apresados H ucha
y Bertolozzi, miem bros directivos de la f o a , en u n a asamblea de
trabajadores del calzado. Se los retuvo en la cárcel 24 horas y se los
puso en libertad tras tomarles fotografías e impresiones digitales.
Este tipo de arresto se aplicó con frecuencia contra obreros y La
Protesta H um ana lo consideró u n procedim iento de intim idación
censurable.57 En septiem bre se m ultiplicaron los atropellos de esa
índole, cuando los obreros acudían a asambleas. La Protesta H u ­
54 "U n Dreyfus argentino: Ju stic ia ”, en L a P ro te sta H u m a n a , 11 de a b ril
de 1903.
55 F. B erri, "U n triu n fo ”, L a P ro te sta H u m a n a , 1 de agosto de 1903; “ L i­
b ertad de cinco inocentes” , e n E l G r e m io , B uenos Aires, 9 de agosto de 1907.
56 "¿ U n com plot?”, en L a P ro testa H u m a n a , 22 de agosto de 1903.
57
“Mazorca policial”, en L a P ro testa H u m a n a , 22 de agosto de 1903; "L a
M azorca en Acción: sobre la creación de u n a sección especial p a ra com batir
a l anarquism o, encabezado p o r V alle”, ib id ., 5 de diciem bre de 1903.

mana sugirió la adopción de medidas de disuasión contra esas
extralim itaciones policiales y propuso “portar armas en defensa
pro p ia” :
N a d a c o sta ría a los o b re ro s q u e h a y a n d e c o n c u r rir a u n a r e u n ió n c u a l­
q u ie ra , e l ir p re p a ra d o s , y s a b ie n d o q u e u n sim p le g a rro te , u n cu ch illo ,
m a n e ja d o p o r u n b ra z o q u e n o tie m b le , p o n e n a ra y a a esas co b ard e s
tro p a s m e r c e n a r ia s . . . 58

Puesto que los atropellos policiales no cesaron sino que aum en­
taro n en septiem bre y octubre, se acentuó la protesta de los círcu­
los anarquistas y se llegó a exhortar a la resistencia violenta por
todos los medios posibles, inclusive los medios extremos, que no se
habían tom ado hasta entonces. U na prueba la dio la circular pu­
blicada en La Protesta H um ana el 3 de octubre de 1903, donde
se lee:
N o s d irig im o s a los c o m p a ñ e ro s e n g e n e ra l p a r a e x h o rta rlo s a re s is tir p o r
to d o s los m e d io s a la a c c ió n d e la p o lic ía , a ú n los m á s e x tre m o s . A l re s­
p e c to re c o rd a m o s q u e la L e y d e R e s id e n c ia e n q u e se a m p a r a n los es­
b irro s d e la p o lic ía , es p r o b a d a m e n te a n tic o n s titu c io n a l y to d o c iu d a d a n o
e s tá e n e l d e re c h o d e re sistirla , a ú n p o r m e d io d e la v io le n c ia m ás
fu e rte . . .
. . . C u a n d o h a y a n o c u rrid o dos o tre s h e c h o s d e re s is te n c ia s a n g rie n ta ,
se v e rá e n to n c e s có m o c o n c lu y e n la s b a la d ro n a d a s y la s in m u n d ic ia s de
lo s p o lic ía s .59

La tensión entre los círculos anarquistas y la policía se intensi­
ficó en octubre. La Protesta H um ana no vaciló y publicó u n artícu­
lo sobre el despeñam iento en las relaciones tensas y u n artículo
breve sobre la producción casera de “bombas de dinam ita” .60 Era
u n hecho casi sin precedentes en los últim os años en la A rgentina,
lo que sirve para reflejar el estado de ánim o prevaleciente. Como
consecuencia de ello, al parecer, se realizaron allanam ientos poli­
ciales en las oficinas del periódico en noviembre, lo que intensificó
el encono. En u n artículo, como respuesta, se dice:
58 “ Los Basi Bozuk de Beazley”, L a P ro te sta H u m a n a , 12 de septiem bre
d e 1903.
59 "A los com pañeros, grupos, asociaciones y dem ás”, en L a P ro te sta H u m a ­
n a , 3 de o ctubre de 1903. A nim ado p o r el m ism o e sp íritu se p u b lic ó otro
a rtícu lo en octubre: "E l rem edio, lo repetim os, está en m anos de los persegui­
dos. E n estos casos —decía— no hay m ás ley q u e la fuerza”. “La p o lic ía ”, en
L a P ro te s ta H u m a n a , 24 de o c tu b re de 1903.
60 "E l m u n d o científico. Fabricación de d in a m ita ”, L a P ro testa H u m a n a ,
31 de o ctu b re de 1903.

N o som os p a r tid a r io s d e la s p ro te s ta s p la tó n ic a s . D e sd e h o y in ic ia m o s
u n a n u e v a c a m p a ñ a e n e l s e n tid o d e d e s p e rta r e n tr e la clase o b r e ra de
to d o el m u n d o u n f u e r te s e n tim ie n to d e h o s tilid a d c o n tr a l a A r g e n tin a
y sus g a u c h o te s .61

E n el mismo núm ero se insertó una circular patética, dirigida a
los obreros del m undo para que apliquen un boicot a la Argen­
tina por su régimen de persecuciones y la Ley de Residencia.62 Esta
exhortación seguía a llamados formulados en el pasado cercano
tanto en la A rgentina como en el exterior.63 Pero tal exhortación
llegó tarde. En esos días cesaba la declinación inm igratoria y se
renovaban los aluviones de nuevos inm igrantes. En octubre se hizo
saber de grandes grupos arribados desde Italia, que llegaban en
todos los buques que zarpaban de aquel país. R. Osita, al com entar
esas noticias, preveía la rápida decepción de los inm igrantes y los
llam aba a volver en seguida a su país de origen.64 Pero, a la inversa
de sus pronósticos, no hubo retorno en masa ni se detuvo la inm i­
gración, sino que creció de continuo y no los disuadió la amenaza
de los perjuicios que causaría a los “extranjeros” la Ley de Resi­
dencia. Además, la prensa argentina redujo las noticias al respecto,
para evitar deterioros en la inm igración.65
La cam paña contra la Ley de Residencia, que tuvo gran ím petu
en los primeros meses de 1903, declinó a fines del año. Sin em­
bargo, cuando P. G uaglianone resume el prim er año tras la pro­
m ulgación de la Ley de Residencia, considera que el anarquism o
logró una victoria m oral: “La Ley de Residencia ha fracasado. Se
pretendió con ella am ordazar nuestras bocas y aniquilar nuestra
propaganda, pero no se lo ha logrado, pues el m ovim iento revolu­
cionario de hoy es más intenso y form idable que el del año pasado.
Excepción hecha de las expulsiones que hubim os de lam entar, ella
ha sido b en eficiosa... Hoy ya no existen anarquistas por lujo: hoy
existen anarquistas de verdad, con expediente abierto en la comi­
saría de investigaciones y las m edidas y rasgos somáticos consigna61 “ R epresalias”, en L a Protesta H u m a n a , 25 de noviem bre de 1903.
62 "B oicot a la A rg e n tin a ”, ibid.
63 Ya en septiem bre escribió R . O sita (seudónim o de F. B erri), desde M on­
tevideo, u n artículo llam ado a organizar u n a com isión d e acción internacional,
contra la em igración a la A rgentina, así como el boicot a sus m ercaderías.
R . O sita, "C ontra la ley de residencia, u n a p ro p u e sta ”, La Protesta H u m a n a ,
5 de septiem bre de 1903; "N otas y com entarios”, ibid., 12 de septiem bre de 1903.
64 "lIn m ig ra n te s, em igrad!”, e n La Protesta H u m a n a , 31 de octu b re de 1903.
65 "P atriotism o y m o ralid ad a rg e n tin a ”, en La Protesta H u m a n a , 14 y 25
de noviem bre de 1903.

dos en los libros de antropom étrica. Hoy somos, ayer decíamos
serlo.” 66
Cabe señalar que la cam paña anarquista contra la Ley de Resi­
dencia no se cum plió en el vacío, sino sobre el trasfondo del des­
pertar e increm ento de la lucha de clases en la A rgentina, en 1903.

REANUDACIÓN DE LAS LUCHAS OBRERAS

A comienzos de enero de 1903, al abolirse el estado de sitio y las
limitaciones que sufrían los sindicatos obreros, se com probó que
los medios de opresión no podían im pedir las huelgas. Los prim e­
ros en p arar fueron los obreros del M ercado C entral de Frutos,
cuya huelga en noviem bre de 1902 originó la huelga general. Igual
que en el pasado, volvieron a granjearse la solidaridad de la clase
trabajadora. La Protesta H um ana, en el prim er núm ero después
del estado de sitio, al describir el despertar de la lucha obrera en
La Boca y Barracas, da expresión de esa solidaridad de los anar­
quistas:
A estos fuertes trabajadores que se levantan contra la explotación...
llegue, con la expresión de nuestra simpatía, nuestro saludo de solida­
ridad. Llegue a ellos el saludo de los anarquistas todos, que para ellos
y con ellos combaten las batallas santas contra las hordas salvajes... 67
Noticias y adhesiones se publicaron tam bién en L ’Avvenire del
17 de enero de 1903, pero en seguida desaparecieron las noticias
tanto en La Protesta H um ana como en L ’Avvenire. Cabe suponer
que se debió al control estricto del gobierno y a los atropellos con­
tra la difusión de la prensa. H asta abril, por lo tanto, no es dable
hallar ninguna noticia en La Protesta H um ana sobre la actividad
de los sindicatos obreros, ni sobre las huelgas. N o sucede lo mis­
mo en La Prensa, que no temía a las tropelías de la policía. Este
diario burgués fue el único que siguió sum inistrando inform ación
sobre las campañas obreras y, fiel a la línea de crítica contra el
gobierno del general Roca, atacó la política del gobierno y procuró
adoptar u na posición neutral al presentar la lucha entre obreros
y empleadores. Los núm eros de La Prensa, por lo tanto, son una
im portante fuente de inform ación sobre las actividades de los sin­
66 "La Ley de Residencia después de un año”, en Vida N ueva, 22 de no­
viembre de 1903.
67 "En Barracas, al sur”, L a Protesta H um ana, 11 de enero de 1903.

dicatos obreros y las huelgas de comienzos de 1903. E n esa época
se publicaba cada día una sección intitulada “M ovim iento obrero”
y que luego modificó su nom bre por el de “Asociaciones y gremios”.
E n La Prensa hay noticias sobre el estallido de la huelga en el
M ercado C entral de Frutos, el 7 de enero de 1903; según el diario,
la resolución de proclam ar la huelga se tomó por unanim idad en la
asamblea general que dispuso luchar por las mismas exigencias de
noviem bre de 1902. Pero la huelga no llegó a ser general y hubo
muchos obreros en diversos depósitos que siguieron trabajando.
H ubo por ello incidentes entre huelguistas y rompehuelgas, pero,
a pesar de ello, al tercer día se com probó que la m itad de los obre­
ros del mercado seguían trabajando.
Los empleadores, dirigidos por L ix Klett, de la Cám ara de Co­
mercio, fueron inflexibles en su oposición a los reclamos obreros.
El 13 de enero los huelguistas m andaron u n a delegación a la C á­
m ara de Comercio, encabezada por Del Valle Iberlucea y A. Pala­
cios, pero la cámara la rechazó. Esto encolerizó a los obreros y se
debatió la posibilidad de agravar la lucha declarando la huelga
general. Se efectuaron consultas con la Federación de Estibadores
y la Federación de Rodados, pero no dieron resultado. En la asam­
blea general del 15 de enero se dispuso que, por la situación difícil
del gremio, la huelga general no tenía perspectivas de éxito y se
debía volver al trabajo en las condiciones existentes. Es decir,
se confesó que la huelga había fracasado.68
Huelgas parciales se proclam aron tam bién en otras ramas de
producción. La reanudación de las huelgas y el eco de las campañas
obreras de fines de 1902, m ovieron a La Prensa a encarar el tema
de las relaciones laborales y el derecho de huelga en una serie de
artículos y notas. Defendía el derecho de huelga como m edio de lu ­
cha legítim o de la clase obrera, y sostenía que no se debía ver sus
causas en la agitación de propagandistas profesionales sino en las
relaciones laborales no norm ales y en el grave aprem io en que vi­
vían las clases humildes. En esos artículos se criticó acerbamente
al gobierno, que quería solucionar el problem a laboral y la ten­
sión social por m edio de leyes draconianas. Se llam aba a estudiar
el problem a social del país de u n modo objetivo y propender a una
legislación social adecuada.69
68 “ M ovim iento o b re ro ”, en La Prensa, 7, 8, 9, 10 y 14 de enero; “ T e rm in a ­
ción de la h u e lg a ”, ibid., 16 de enero de 1903.
69 “L a agitación o b re ra ”, en L a Prensa, 3 de enero d e 1903; "H uelgas y
estado de sitio ”, ibid., 5 de enero de 1903; “ Las h u elg as”, ibid., 6 de enero
d e 1903; “Las huelgas, su legitim id ad ”, ibid., 9 de enero de 1903; "A ctualidad.
R enacim iento de las huelgas", ibid., 13 de enero de 1903; “Los problem as del
tra b a jo ”, ibid., 7 de febrero de 1903.

E n abril se reanudó la inform ación sobre las luchas obreras en
L a Protesta H um ana. Cabe suponer que, por u n lado, se debía al
am inoram iento de las persecuciones, al comienzo del corto período
de liberalización y tolerancia, entre abril y agosto (véase más arri­
ba), y por el otro, al aum ento del núm ero de huelgas y a la imposi­
bilidad de ocultarlo de la opinión pública. El 25 de abril se inició
en La Protesta H um ana una sección perm anente, in titu lad a “Mo­
vim iento obrero”, que daba cuenta sobre el acaecer en los sindicatos
obreros de Buenos Aires y las provincias, así como en el exterior.
P or prim era vez se trató la inquietud obrera en la provincia de
Santa Fe: en las ciudades de Santa Fe y R osario.70
A comienzos de ju nio asomaron los prim eros indicios de una
nueva ola de conflictos laborales, y el diario La Prensa, que lo in­
forma, indica la gravedad de las privaciones económicas y afirma
que la carga im positiva es su factor principal:
E l m a le s ta r e c o n ó m ic o c a u s a d o e n g r a n p a r te p o r lo s g ra v á m e n e s q u e so­
p o r t a n los p e q u e ñ o s in d u s tria le s , e stá p r o d u c ie n d o sus efec to s e n to d a s las
m a n ife s ta c io n e s d e tr a b a jo .71

L a causa de las prim eras huelgas de junio, la de los vendedores
am bulantes, por ejemplo, fue de protesta contra los elevados im­
puestos municipales. En u n principio fue u n a huelga violenta, pero
en su proceso asomaron disensiones internas en el sindicato (afi­
liado a la u g t ) y el paro finalizó sin ventajas.72 La disconformidad
entre los trabajadores de la A rgentina a comienzos de junio, se vio
influida, al parecer, tam bién por las noticias de huelgas violentas
en C hile a m ediados de mayo. Esos paros, de los estibadores del
puerto de Valparaíso, se vieron acompañados por choques entre
obreros y autoridades, y los trabajadores sufrieron muchas víctimas.
L a prensa obrera en la A rgentina —la de los sindicatos, así como
la de los anarquistas y socialistas— publicó informes detallados y
expresó su solidaridad.73
70
"M ovim iento obrero. R osario", en La Protesta H u m a n a , 25 de a b ril de
1903; “ R osario: L a h uelga de los cocheros de plaza”, e n L a Prensa, 8 d e abril
d e 1903.
71“ Asociaciones y grem ios”, 1 de ju n io de 1903. U n a crítica a l régim en
im positivo en la A rgentina, se incluye e n u n a reseña de J. F. Clarck sobre la
situación económ ica de la R ep ú b lica; era el encargado de negocios e n Buenos
Aires. A pareció en T h e T im e s, de L ondres, el 15 de a b ril de 1903.
72 “ Los vendedores a m b u la n te s”, L a Prensa, 2, 3, 5 y 7 de ju n io d e 1903.
73 “ M ovim iento obrero, C h ile”, e n La Protesta H u m a n a , 16 de m ayo de 1903.
Se desató u n a controversia e n tre a n arq u istas y socialistas sobre los tu m u lto s en
C hile y sus causas. Véase “L a m aldición socialista”, e n La P rotesta H u m a n a ,
30 de m ayo de 1903.

En A rgentina estallaron varias huelgas grandes a comienzos de
junio, y trastornaron las relaciones laborales. La prim era se desató
en la segunda m itad de mayo y era de naturaleza especial: la rea­
lizaron los mozos de restaurante contra u n a ordenanza m unicipal
que los obligaba a rasurarse el b ig o te .. . Los huelguistas conside­
raron esa ordenanza como u n agravio y opusieron u n a enérgica
resistencia. C ontaron con el apoyo de la federación obrera u g t y fi­
nalm ente lograron la victoria.74 O tra huelga grande fue la de los za­
pateros y cortadores de calzado; estalló el 10 de ju n io y se convirtió
en huelga general, en la que participaron 3 000 huelguistas que
cesaron el trabajo de todas las fábricas de calzado en la capital.
El paro d u ró hasta el 18 de ju n io y finalizó con la victoria de los
huelguistas. Los empleadores se com prom etieron a pagar un suple­
m ento del 10% en el salario.75
El conflicto laboral principal en ese mes estalló en u n dom inio
tradicionalm ente susceptible: los puertos. L a causa fue el requisito
de los empleadores, que querían im plantar una libreta obrera
donde se determ inara que no se em plearía a obreros organizados,
lo que perm itiría controlar a trabajadores; el obrero despedido no
sería recibido en otro empleo. El sindicato de portuarios se rebeló
en seguida. C ontaba con 4 200 obreros, tenía u n fondo de huelgas
apreciable (25 000 pesos) y se aprontó para u n paro prolongado.
El jefe de policía Beazley procuró evitar u n agravam iento de la
huelga y medió entre los obreros y los empleadores. Con su me­
diación se logró u n acuerdo, se derogó la libreta, pero se autorizó
la libertad de trabajo, que significaba la posibilidad de emplear
a obreros al m argen de los afiliados al sindicato. Al mismo tiem po
se acordó recaudar cuotas de socios para el sindicato y se prohibió
traer rom pehuelgas de Montevideo. El acuerdo suscitó divergencias
entre los trabajadores portuarios y en una tum ultuosa asamblea
se lo aprobó el 16 de junio.76
El diario de los círculos comerciales T h e Review of the R iver
Plate, que seguía con inquietud la m ultiplicación de las huelgas,
expresó su disgusto por los éxitos parciales de los huelguistas; la
capitulación de los empleadores y de la policía —decía— es un
error que los obreros aprovecharán:
H a b ie n d o c o n o c id o a h o r a su fu e rz a e stá n se g u ro s d e h a c e r p ú b lic a s m a ­
y o res d e m a n d a s e n fe c h a p r ó x i m a . . . H a b ie n d o lo g ra d o e l sin d ic a to , este
74 "M ovim iento o b re ro ”, La Protesta H u m a n a , 6 de ju n io de 1903; S. M a­
ro tta , op. cit., p p . 165-66.
75 Ib id ., p. 166; La Prensa, 10, 11, 12 y 19 de ju n io d e 1903.
76 La Prensa, 14, 15, 16 y 17 de ju n io d e 1903; "M ovim iento o b re ro ”, en
La Protesta H u m a n a , 20 de ju n io de 1903.

c u e r p o c o n o c e a h o r a su p o d e r, y los a g ita d o re s e s ta r á n s ie m p re a l acecho
d e a lg u n o s m e d io s d e p o n e r e n m o v im ie n to la h u e l g a . . . L o s a g ita d o re s
tie n e n ta l in f lu e n c ia s o b re los tr a b a ja d o r e s q u e n u n c a n o s v e re m o s m ás
o m e n o s lib re s d e la s h u e lg a s .77

EL I I I CONGRESO DE LA FO A

En ju n io de 1903, cuando empezó la in tran q u ilid ad obrera, se ce­
lebró en Buenos Aires el II I Congreso de la f o a . El acto inaugural
se realizó el 6 de junio, con la participación de 80 delegados (in­
clusive una delegada), en representación de sindicatos obreros de
Buenos Aires y del interior. Fue el prim er congreso de la f o a prepa­
rado y acelerado p o r sindicatos obreros, influidos todos por m ilitan­
tes anarquistas. N o eran sindicatos anarquistas exclusivos y se veló
por el principio de falta de identificación entre el organismo profe­
sional y el grupo anarquista. Sea como fuere, en todos los sindicatos
que p articiparon se notaba la influencia anarquista y la hegemonía
del anarquism o se dejó entrever en el congreso y en sus resolucio­
nes. L a prim era expresión al respecto fue la aprobación de A. Ghi­
raldo como delegado, en nom bre de los estibadores de V illa Cons­
titución, lo que contravenía el rechazo del m andato de Torcelli
en el I I Congreso. E n tre ambos casos había u n parecido formal:
tam poco A. G hiraldo form aba parte del sindicato de la capital,
y tam bién él era periodista, definido como “obrero intelectual y
em ancipado”. Pero a T orcelli lo rechazaron, en tanto que a G hi­
raldo lo aprobaron por am plia m ayoría (44 a favor y 5 en contra).
Sus adictos pusieron en franca evidencia su lucha pública y osada
contra la Ley de Residencia desde las columnas de El Sol, así como
su apoyo a los obreros perseguidos cuando el público bonaerense
los atacaba. N o sólo se abrieron delante suyo las puertas del con­
greso, sino que se contó en prim er lugar entre los redactores de las
resoluciones aprobadas.
El orden del día del congreso constaba de 30 puntos propuestos
por los distintos sindicatos. C ada sindicato de la federación tenía
derecho de presentar puntos al orden del día, y la comisión prepa­
ratoria podía centralizarlos pero no anularlos; la m ayoría de los
puntos fueron debatidos en el transcurso de los siete días que duró
el congreso. Después de leerse el inform e anual de la comisión ad­
m inistrativa (sobre la actividad de 1902-1903) se pasó a debatir los
77 T h e R eview o f the R iv e r P late, 27 de ju n io de 1903, p. 1115.

35 puntos del orden del día. T eniendo en cuenta su im portancia
m encionaremos algunos de ellos:
T em a 3º : “Ley de Residencia: Medios de com batirle hasta que
sea abolida.” En la larga discusión fueron presentadas varias m o­
ciones, nom brándose una comisión dictam inadora para que se expi­
d a aceptando la form ulada por el delegado A. G hiraldo, que dice:
E l C o n g re so d e la f o a d e c la ra q u e c o n s id e ra efic az la p u b lic a c ió n d e u n a
h o ja d ia r ia e n q u e se d a r á c u e n ta d e ta lla d a a l p u e b lo d e to d o s los h e c h o s
o c u rrid o s d e sd e la p ro m u lg a c ió n d e la L e y d e R e s id e n c ia . . . L a p u b l i ­
c a c ió n d e e sta h o ja s u b s is tirá h a s ta t a n t o se c o n sig a l a re v o c a c ió n d e la
ley, a b o g a n d o d e c id id a m e n te e n c o n tr a d e la c o r rie n te in m ig r a to r ia .

E n el tema 4º sobre las peticiones ante poderes públicos, fue
aprobada la proposición de los tabacaleros que propugnaba que la
f o a no elevará jam ás petición alguna a los poderes públicos.
E n lo que respecta a las huelgas, el delegado de estibadores de
Villa Constitución (A. Ghiraldo) dijo que las consideraba como un
medio, nunca como u n objetivo. En cuanto a la huelga general,
la reputaba como el más práctico de los medios para lograr un
cambio im portante en la estructura social. . . La huelga era u n be­
llo gesto de amenaza fu tura y de afirm ación de fuerza presente.
Agregó que estos m ovimientos habían tenido recientem ente la vir­
tu d de introducir el pavor en las filas del enemigo, q u ie n .. . para
defenderse había puesto en práctica sistemas de represión y castigos
ya en desuso en otras partes, por estériles y contraproducentes.
Después de otros discursos en el mismo sentido, el congreso apro­
bó la siguiente declaración:
H a y q u e f o m e n ta r e l e s p ír itu d e s o lid a r id a d y d e a c c ió n , p o r c u a n to de
é sta d e p e n d e r á s ie m p re el é x ito d e to d o s los m o v im ie n to s p a rc ia le s, p r e ­
c u rso res d e l e s ta llid o g e n e ra l, e n c u y a a c c ió n i n te r v e n d r á n f a ta lm e n te los
m e d io s re v o lu c io n a rio s .

Las proposiciones sobre la lucha política y económica presenta­
das por varios gremios (mecánicos, repartidores de pan, fundidores,
zapateros, carpinteros, hojalateros, y gasistas de Mendoza) fueron
englobadas en una sola, sancionando el congreso esta declaración
form ulada por el mismo delegado de V illa C onstitución (A. G hi­
raldo): “La organización económica del proletariado puede consi­
derarse como el principal paso dado en el cam ino de la emanci­
pación del obrero. El socialismo obrero es u n a concepción am plí­
sima de la que tiene forzosamente que estar excluida cualquier idea
encarnadora de la acción legislativa y parlam entaria que hoy redu­

ce, circunscribe m ejor dicho, aquella concepción, al estrecho espí­
ritu de u n p artid o .”
El congreso se consagró luego a u n a larga lista de temas rela­
cionados con cuestiones de relaciones laborales y de exigencias de
la lucha profesional. En el tema “Descanso dom inical”, se presen­
taron varias mociones. Después de u n largo debate se aprobó lo si­
guiente: "El II I Congreso de la f o a declara que el descanso dom i­
nical representa u n a justa aspiración de la clase trabajadora, pero
deja a las sociedades federadas la libertad de acción para im plantar
esta m ejora.”
T am b ién se discutieron tópicos relativos al trabajo de mujeres
y niños, la responsabilidad de los empresarios por la indem niza­
ción en caso de accidentes de trabajo, la lucha por la jornada
laboral de ocho horas, la garantía de que el salario se pagaría a
tiempo, etc. El tema de las cooperativas fue nuevam ente debatido
y se form uló del siguiente modo: “¿Qué clase de cooperativa debe
apoyar y fom entar la f o a ?” T ras u n anim ado debate, se aprobó esta
m oción: “El II I Congreso de la f o a declara que las cooperativas
—tanto las de producción como de consumo— son perjudiciales
para la clase trabajadora, porque enervan el espíritu de rebeldía
fom entando el espíritu de am bición.”
Esta resolución difiere de la aprobada en el I I Congreso, y señala
un avance notable hacia la posición anarquista.
U no de los temas más dilucidados fue el referido a los medios
para defenderse contra las agresiones arbitrarias de la policía y los
tribunales. T ras muchos cambios de opiniones se resolvió que: “El
medio de prevenir los abusos policiales y judiciales, es constituir
una comisión de patrocinio que será apoyada, moral y pecuniaria­
mente, por todas las sociedades, para hacer respetar el derecho del
boicot y que cesen dichos abusos.”
El problem a del desarrollo interno en el seno de las organiza­
ciones obreras se planteó cuando se mocionó: “No reconocer otra
institución obrera que la Federación O brera A rgentina.” L a pro­
posición provino de los repartidores de pan y fundidores (tema 27).
Al inform ar, los delegados explicaron las razones que m otivaban
una declaración al respecto. D ijeron que la U nión G eneral de T ra ­
bajadores tendía a introducir la desorganización y el desorden
entre los obreros, razón por la cual era necesario com batirla. En
el mismo sentido se expresaron otros oradores. Con tal motivo, el
congreso declaró: “Que no se reconocía más Federación Nacional
que la O brera A rgentina.”
U n tema im p o rtan te que se discutió mucho y no se logró un
acuerdo, por las divergencias surgidas, fue el de: "¿En qué forma

debe funcionar la Sociedad de Resistencia de Obreros de Oficios
Varios?”
En el discurso con que inició el debate Francisco Jaq u et se p lan­
tearon varios problem as que caracterizaban el enfoque de la f o a
respecto a los sindicatos obreros. Consideramos apropiado expo­
nerlos con am plitud. El orador comenzó form ulando cuatro pre­
guntas: 1) ¿La sección varios puede adm itir en su seno a individuos
d e toda clase de profesiones, aun a aquéllos considerados no obre­
ros? 2) ¿Puede adm itir obreros disidentes o separados de su res­
pectiva asociación de oficio, por motivos indignos del com pañe­
rismo? 3) ¿Puede adm itir a compañeros que ejercen la profesión
de peones en ram as de producción que cuentan con sociedades
federadas? 4) ¿Puede adm itir a los individuos de u n determ inado
oficio o arte, cuyo núm ero total, en la localidad, no alcanza al
prefijado en los estatutos federales para form ar u n a agrupación
autónom a? 5) ¿Puede adm itir mujeres o deben éstas form ar parte
de otra sección varios? 6) ¿Deben las com pañeras cotizar? 7) ¿Es
conveniente una federación de oficios varios, adheridos a la Fede­
ración General?
F. Jaq u et trató de responder a esas preguntas, del modo si­
guiente:
R e s p e c to a la p r im e r a c u e s tió n : S e ria b ie n d ifíc il d e te r m in a r q u é es u n
o b re ro , p a r a n u e s tro s efecto s: ¿E l m a n u a l? ¿E l q u e p r o d u c e a lg o ú til? ¿El
e x p lo ta d o ? Si e l m a n u a l ¿ e x c lu im o s e l in te le c tu a l? Si e l q u e p ro d u c e
u t il i d a d g e n e r a l ¿de q u é g é n e ro ? P a r a d ilu c id a r e ste p u n t o s e ría n e c e sa rio
m u c h o tie m p o y m u c h o e stu d io , a f in d e lo g r a r u n a s o lu c ió n e q u ita tiv a ,
y ta l vez n o s p riv a r ía m o s d e e le m e n to s a d ic to s q u e n o s a y u d a r ía n m u c h o
e n la ta re a n u e s tr a , c o m o se r los e s tu d ia n te s , a rtista s, e sc rito re s, e tc. S e g ú n
n u e s tr o c rite rio , la so lu c ió n s e ría é sta : L a S o c ie d a d d e O fic io s V a rio s, e n
u so d e su p e rfe c to d e re c h o y a u to n o m ía , a d m itir á e n su s e n o a to d o i n ­
d iv id u o q u e , e n te r a d o d e sus p ro p ó s ito s y fin es, m a n ifie s te su e x p re sa
c o n fo rm id a d c o n los m ism os, d is p u e s to a tr a b a ja r p o r su e n a lte c im ie n to ,
c o m o d e la m ism a m a n e r a p o d r á re c h a z a r a to d o in d iv id u o sosp ech o so
d e f a lta d e s i n c e r i d a d . . .

Respecto a la segunda cuestión, puede darse el caso de que uno
o varios individuos no se conform en con la m archa seguida por su
sociedad, y que sin embargo quieran estar dentro de la federa­
ción... ¿La Sociedad de Oficios Varios debe rechazar la solicitud
a estos individuos? N uestra opinión es que no. H ay aquí u n p rin ­
cipio de libertad in d iv id u a l... N o son soldados que no pueden
moverse de su com pañía; son hombres libres, son compañeros que

prefieren com batir en otro punto que el que se les designa, pero
que luchan como buenos.
En cuanto al tercer p u n to el orador no fijó ninguna posición y
señaló las vacilaciones de los miem bros de los sindicatos.
Acerca del cuarto punto, el orador aprobó la organización de un
sindicato distinto, en la esfera de Oficios Varios.
Respecto de la q u in ta pregunta, dijo Jaquet: “Como no debe­
mos adm itir diferencias de sexo, en cuestiones de trabajo, de aquí
que no hallam os modo de estatuir en nuestras agrupaciones excep­
ción alguna. N uestro criterio es que se asocien los miembros todos
de u n oficio, sean hom bres o mujeres, fraternalm ente. Pero, siem­
p re siguiendo el principio de libertad, si reuniéndose buen núm ero
de compañeras, prefieren ellas form ar un núcleo separado, están
en su derecho y debe respetarse. Entonces habría una sección Va­
rios de compañeros y otra de compañeras. Del mismo m odo que
en determ inados oficios puede constituirse secciones de hombres y
m ujeres autónom as.”
El principio en que se basó la respuesta a la cuestión anterior
tam bién rige en la respuesta a la sexta pregunta: según el mismo
se determ inará que todos, hombres y mujeres, deben pagar cotiza­
ciones de igual valor.
En cuanto a la séptim a y últim a cuestión propuesta, opinaron
q ue no son de conveniencia las federaciones de secciones varios.
Es decir, en el debate sobre este pu n to se oyeron diversas ideas y
no se logró u n acuerdo sobre la resolución, y la decisión se pospuso
para otras deliberaciones.
C o n tin u an d o el orden del día, se trató luego el tema: “¿Qué ac­
titu d se debe asum ir contra nuestros adversarios, traidores a la cau­
sa del proletariado?” Al respecto se convino lo siguiente: “El II I
Congreso O brero declara traidores a la causa del proletariado a los
q ue delataron a la policía, e in ju riaro n por todos los medios a su
alcance, a los autores del m ovim iento de noviem bre pasado. Se
recom ienda la difusión de esa verdad.”
Sobre el tem a "Causas de la desorganización obrera” se aprobó
la declaración que sigue: “Las causas de esta desorganización se
deben a la ignorancia y obcecación en que se halla sum ida la clase
trabajadora, p o r lo que el Congreso recom ienda a las sociedades
federadas la difusión de los principios societarios a fin de consoli­
d ar la cohesión obrera.”
D urante la deliberación de este tópico —y de otros posteriores—
se afianzó la moción de am pliar la acción educativa y propagan­
dística; tam bién se recom endó la creación de una biblioteca dedi­
cada exclusivamente a la educación societaria de todos los asocia­

dos (en los gremios), la publicación de folletos, compilaciones de
artículos, etc., “a fin de conseguir m ejor ilustración de la clase
trabajadora”.
C on respecto a estos últim os temas, centrados explícitam ente en
cuestiones educativas, A. G hiraldo redactó un proyecto de resolu­
ción que recom endaba la fundación de escuelas libres. Estas escue­
las deberán lograr la libertad por la educación, la educación esté­
tica y el aprendizaje m anual, unidos a la enseñanza científica.
Paralelam ente se sugirió la fundación de colegios vespertinos para
adultos (academias de enseñanza para adultos), que serían habili­
tados en el mismo lugar de las escuelas libertarias.
La últim a sesión del congreso se consagró para debatir enmiendas
en los estatutos de la f o a . El artículo 18 se cambió de la siguiente
m anera: "Las sociedades federales tienen independencia para de­
clarar huelgas totales y parciales, dentro de su gremio. Sólo debe­
rá n com unicarlo a la f o a para que ésta tom e las m edidas necesa­
rias.”
El congreso se clausuró el 13 d e junio, tras debatir 35 puntos del
orden del día; en su gran mayoría versaban sobre la lucha profe­
sional de los obreros y el espíritu anarquista prevalecía aunque no
se lo definía expresam ente.78
El II I Congreso de la f o a perm itió d ar u n paso más en el acer­
cam iento entre la federación de sindicatos obreros y grupos anar­
quistas, pero sin llegar a identificarse por entero. Ambos bandos
tenían aún objeciones al respecto. El Congreso de la f o a , pese a la
hegemonía pronunciada de los anarquistas, que le dieron el tono,
cuidó escrupulosam ente el carácter general obrero. Las resolucio­
nes y declaraciones, pese a su tendenciosidad evidente se redactaron
sin definiciones ideológicas anarquistas; llevaron impresos el sello
obrero general.
Esta duplicidad —de un lado, carácter obrero general, del otro,
hegemonía anarquista— no escapó a la com prensión de los obreros
agrupados en la federación. U n testim onio interesante sobre la
concepción de los trabajadores, se halla en el periódico del sindi­
cato de cocheros — E l Gremio—, donde el obrero B. S. escribe:
R e s p e c to a sus id ea s [d e la fe d e ra c ió n : I.O .], c o m o d e jó d ic h o a llí, n o se
e n c u e n tr a n h o m b r e s d e p o lític a , n i re lig io so s, ú n ic a s id ea s, q u e p o d r ía n
p e r ju d ic a r a la clase o b re ra .
C u a n d o yo p re s e n té la c re d e n c ia l d e n u e s tr a so c ie d a d , n a d ie m e p r e ­
78
P ara u n a reseña m inuciosa sobre el III Congreso, véase E l Sol, 15 de ju n io
de 1903; L a Protesta H u m a n a , 14 y 20 de ju n io de 1903; S. M arotta, op. cit.,
pp. 160-163.

g u n t ó si e ra c a tó lic o o ju d ío . Q u e e x is te n e n e lla e le m e n to s a n a rq u is ta s ,
y b i e n . . . P r e g u n to yo: ¿ T r a ic io n a r o n a lg u n a vez la cau sa o b re ra ? N o .
A l c o n tr a r io , la d e fe n d ie ro n . ¿Se h a n p o r ta d o c o m o b u e n o s, s irv ie n d o d e
b la n c o a las p e rse c u c io n e s p o lic ia le s? Sí. P u e s n o d e b e m o s e n to n c e s com ­
b a tir lo s y, si n o lo s im ita m o s, a d m ire m o s su e s p ír itu p o r el a r ro jo y a b ­
n e g a c ió n , q u e d e s p le g a ro n e n fa v o r n u e s tr o .79

ANARQUISTAS Y SOCIALISTAS

El esfuerzo de velar p o r el carácter obrero general, no im pidió que
los rivales socialistas de la federación —los del partido y los de los
sindicatos obreros— denom inaran a la f o a la “federación anarquis­
ta”. N o otra es la orientación de la serie de artículos publicada en
La Vanguardia, donde se analizaron los debates y resoluciones del
II I Congreso, al que llam aron “El Tercer Congreso A nárquico”.80
Señalan el carácter anarquista disim ulado en cada una de las reso­
luciones. Los activos de la f o a com batieron contra estos enfoques
de los socialistas y los consideraron un intento de aislar a la f o a
en el seno de los obreros, de presentarla como sectaria para fre­
n ar el proceso de expansión que empezaba a asomar. Esta lucha
comenzó sobre el trasfondo de la gran tensión entre anarquistas
y socialistas desde la huelga general en noviem bre de 1902 (ver
más arriba).
Las relaciones tensas se agr avaron desde comienzos de 1903, y la
cooperación y los contactos se redujeron hasta u n m ínim o. Los
anarquistas y los miembros de la f o a censuraron severamente la
conducta de los socialistas después de la huelga, y cuando los segun­
dos llam aron a una asamblea contra la Ley de Residencia, en los
comienzos de enero, los sindicatos de la f o a se negaron a participar.
La Protesta H um ana, a su vez, calificó la asamblea con el nom bre
de "M eeting de los carneros”.81 H ubo, por cierto, algunas revela­
ciones excepcionales, pero se lim itaron sólo a las relaciones con un
círculo reducido de personalidades socialistas entre los que desco­
llaban el director del periódico E. Del Valle Iberlucea y A. Pala­
cios, que se plegaron a la cam paña contra la Ley de Residencia
en detrim ento de los extranjeros y defendieron a los deportados.
Sus discursos de defensa en los tribunales se convirtieron en una
79 “Algo sobre la foa ”, e n E l G rem io, 9 de agosto d e 1903.
80 “E l tercer congreso a n árq u ico ”, La V anguardia, 8 d e agosto de 1903, 20 de
agosto, 6 y 9 d e septiem bre de 1903.
81 “E l m eeting de los carneros”, en La Protesta H u m a n a , 11 de enero de
1903; La Prensa, 4 de enero de 1903.

arena para la lucha por la libertad de pensam iento, por el dere­
cho de los anarquistas a pensar y obrar según sus convicciones.
Merece destacarse la cam paña pública de A. Palacios en defensa
de A. G hiraldo, arrestado arbitrariam ente como venganza por su
batalla contra el régim en de la Ley de Residencia. Las palabras de
A. Palacios y de Del Valle Iberlucea fueron insertadas, en forma
destacada, en los núm eros de E l Sol.82
E n el campo de los sindicatos obreros se agravaron más aún las
relaciones entre anarquistas y socialistas, desde 1903. Las escasas
perspectivas de arreglo se elim inaron con la resolución del comité
de propaganda gremial, en el sentido de fundar u n a federación
paralela a la f o a . La asamblea constitutiva de la federación —lla­
m ada U nión General de Trabajadores— se celebró en Buenos
Aires del 7 al 15 de marzo, con la participación de 75 delegados
en representación de 22 sindicatos de Buenos Aires y 19 del in ­
terior.83 Cabe señalar que en vísperas de la celebración de esa asam­
blea, se dio expresión a las divergencias de opiniones entre los
socialistas activos respecto al acierto de sem ejante propósito.
A. Zacagnini, secretario del sindicato de ferroviarios y líder sin­
dical socialista de destacada actuación, publicó en E l Progreso de
la Boca, periódico b arrial de los portuarios, u n artículo censuran­
do la fundación de u n a federación paralela a la f o a . C ritica ahí la
división en el campo obrero y la realidad que obliga a los anarquis­
tas a fortalecerse en la f o a . O pina que lo conveniente sería que los
sindicatos no anarquistas inglesaran a la f o a para in flu ir desde
adentro.84 U na semana después de publicado este artículo, A. M an­
tecón respondió en el mismo periódico. M antecón, activo socialista
en los sindicatos obreros, alega que no es un defecto crear una
federación separada, pues se com probó la im posibilidad de persua­
d ir a los anarquistas, por lo que era indispensable ahorrar energías
que se m algastaban en una lucha interna estéril. E n su opinión
se demostró, después de noviem bre de 1902, que no había una lí­
nea de acción com ún entre anarquistas y socialistas en los sin­
dicatos obreros, que las tácticas divergían absolutam ente. "Eternos
soñadores de utopías, los anarquistas no cam biarán, sino cuando
los acontecimientos los pongan en tales condiciones que se vean
82 E l Sol, 15 de m arzo de 1903.
83 S. M arotta, op. cit., p. 154.
84 “ U na o p in ió n sobre el congreso g rem ial”, en E l Progreso de la Boca,
15 d e febrero de 1903. La oposición de Zacagnini no era solidaria. E n esos días
tam b ién el sindicato d e albañiles p u b licó u n a c ircu lar rechazando la creación
de la UGT y a nunció q u e no se a filiarla, a pesar d e q u e se h a b ía a p artad o de
la foa . “ El Congreso de la calle M éxico”, en La Protesta H u m a n a , 14 de m a r­
zo de 1903.

obligados a m odificar sus juicios y su táctica.” N o veía la m enor
posibilidad de u n acercamiento e influencia, por lo que no lam en­
taba la división ni las esferas separadas.85
Debe señalarse que la u g t no se creó como una organización del
P artido Socialista, sino como una entidad independiente de tra­
bajadores, adheridos a sindicatos bajo la influencia socialista. Los
socialistas trataro n de lu char adentro e im prim ir a la asamblea un
sello socialista visible; quisieron atraerla a las posiciones del Par­
tido Socialista, pero no tuvieron éxito.86
En el I Congreso de la u g t ya se notó que u n a parte de los dele­
gados se acercaban en sus enfoques a varios puntos anarquistas.
Esta p arte —con el tiem po se tornó en una corriente de orienta­
ción sindicalista (véase cap. VII)— puso su sello en algunas resolu­
ciones del I Congreso de la u g t . S u influencia resalta en la reso­
lución sobre la huelga general, tom ada tras u n debate prolongado
y acalorado en tre posiciones adversas. L a resolución reconoce la
im portancia de la huelga general, como u n m edio vital. “Puede
ser u n m edio d e lucha eficaz cuando sea declarada con previa
organización, que ofrezca posibilidades de triunfo.” Pero al mismo
tiem po, objetaba la huelga general revolucionaria, "toda vez que
sea in ten tad a con fines de violencia y rev u elta. . . ”
O tra resolución que molestaba al P artido Socialista (y que reve­
laba cierta proxim idad a los enfoques prevalecientes en la f o a ) ,
fue la que negaba la identificación entre el organismo obrero y el
partid o político (socialista). L a resolución se com prom ete sólo a
concentrarse en acciones políticas para prom over leyes q u e favo­
rezcan al proletariado. Se votaron dos mociones: una d e Patroni,
que pedía votar por los partidos políticos que predican la legisla­
ción obrera (es decir el P artido Socialista); la otra de Vidal, Armas,
T orcelli, que no m encionaba explícitam ente el partido y decía:
“Recabar, gestionar o tram itar de los poderes públicos, por medios
al alcance de la clase trabajadora, leyes que favorezcan los intereses
del trabajo.” E n la votación se aprobó la m oción de Vidal, Armas
y T orcelli.87
Esas resoluciones del congreso de la u g t fueron saludadas con
85 A. M antecón, “Las cosas en su lu g a r”, E l Progreso de la Boca, 22 de fe­
brero d e 1903.
86 E n el in fo rm e a n u al presentado al V Congreso d el P a rtid o Socialista, en
ju lio de 1903, la com isión coordinadora anunció q u e no se e n tro m etió en el
proceso de fu n d ació n de la ugt y q u e varias de las resoluciones le disgustan,
como p o r ejem plo la ap ro b ació n de la lucha política in d iv id u al, sin recom endar
algún p a rtid o . “ Q uin to congreso socialista”, en La Vanguardia, 11 de julio
de 1903.
87 S. M arotta, op. cit., p p . 156-157.

entusiasmo por la f o a , que las consideraba u n a victoria de la línea
anarquista y una d errota para el P artido Socialista (en la asam­
blea de sus propios sindicatos). “C on satisfacción consignamos esas
sanciones del congreso gremial socialista, y no tan to por lo que
en ellas haya de halagador para nosotros ‘fanáticos de la violencia’,
como por el coeficiente de adelanto intelectual que acusan en las
filas proletarias que era lógico suponer sugestionadas por el enga­
ñoso relum brar de la retórica votista.” 88
Ju n to con las palabras de aprobación, se censuraba em pero la
redacción “balanceada” de esos artículos, resultado d e u n a avenen­
cia con las otras tendencias de la u g t .
Los acontecim ientos de 1903 no acercaron a la u g t y a la f o a .
P or el contrario, las relaciones se caracterizaron por la rivalidad
creciente en el deseo de influir sobre los sindicatos obreros, y por
la gran disparidad entre ambas posiciones. Las diferencias resalta­
ban en varios puntos, uno de los cuales era la actitud hacia las
campañas obreras en Chile; se desataron desavenencias y acusa­
ciones mutuas.
E n La Protesta H um ana se publicaron críticas acerbas sobre la
tendencia socialista argentina, pues “según ellos, la responsabili­
d ad de los sucesos de Valparaíso sólo debe cargarse a los ‘nigro­
m antes de la an arq u ía’, sólo los anarquistas, como ‘adoradores de
la violencia', deben ren d ir cuenta de aquellas horrorosas matanzas
que realizó la bu rg u esía. . . ” 89
Además, m ucho disgusto reflejó La Protesta H um ana por la in­
diferencia de los socialistas y de La Vanguardia, en cuanto a la
lucha de los sindicatos obreros d e la f o a p o r la libertad de cinco
activos panaderos, arrestados en 1902 por el suceso del crim en en
la panadería La Princesa, pese a ser inocentes. La no cooperación
de los socialistas en la cam paña obrera hum anitaria, fue repudiada
en una carta personal de F. Berri desde la cárcel y en u n editorial
del periódico, como u n desconocimiento partidista egoísta de las
actividades que no son socialistas.90 Diferencias de enfoque se reve­
laron tam bién en cuanto al boicot de los obreros cigarreros con­
tra la empresa La Popular. La Vanguardia recom endaba suspen­
d er el boicot,91 sin prestar atención a la persecución incesante de
88
"Sobre el congreso socialista o b re ro ”, L a Protesta H u m a n a , 14 de m arzo
d e 1903.
89 "M aldición socialista”, e n L a Protesta H u m a n a , 30 de m ayo d e 1903.
90 F. B erri, "D esde la cárcel”, en L a Protesta H u m a n a , 18 d e a b ril de 1903;
“ U n a lección severa”, ibid., 30 de m ayo de 1903.
91 "U n a o p in ió n acerca d e u n boicot” , en L a Vanguardia, 8 de agosto de 1903.

anarquistas en la fábrica, lo cual criticó enérgicam ente M. Váz­
quez, d e la f o a .92
A las discusiones y rivalidades respecto de cuestiones del mom en­
to, se sum aron tam bién los ecos de controversias del pasado, que
volvieron a desatarse, cuando se supo que A. P atroni lanzó una
cam paña de difamaciones contra P. Gori, en el exterior, llam ándolo
“agente del gobierno argentino, que predica el estím ulo de la in­
m igración”. En noviem bre de 1903, P. Gori, evocando sucesos del
pasado, contestó enérgicam ente y acusó a P atroni de delator de
anarquistas.93 Estas disputas circunstanciales entre la f o a y la u g t
se agravaron sobre el trasfondo de la rivalidad entre las dos fede­
raciones que buscaban in flu ir en la clase trabajadora argentina; en
esa rivalidad se com probó pronto que la u g t iba a la zaga de la
f o a , quien se afianzaba entre los trabajadores pese a los intentos
socialistas de presentarla como anarquista sectaria. A fines de 1903
se publicó en el periódico de la f o a u n artículo de respuesta a los
ataques socialistas contra la federación "anarquista”, a los que lla­
m a carentes de valor: “E n cuanto a que la federación sea u n a cueva
de an arq u istas. . . vaya u n a cosa nueva señor director [de La Van­
guardia]. ¿Quién no sabe que en las asociaciones adheridas a la
federación hay miles de anarquistas? ¿Quién ignora que en las so­
ciedades de la federación hay anarquistas, republicanos, m onárqui­
cos y hasta socialistas. . . ? En cambio, ¿quién no sabe si la fede­
ración se ha fundado, se ha m antenido, pese a todo, y es hoy un
organismo potente, como jam ás lo será la U nión G eneral d e Papa­
natas [la u g t : I. O.] que se le debe en prim er térm ino, a los obreros
de ideas anarquistas?”
Luego el au to r analiza el desarrollo de la f o a en la últim a épo­
ca: “L a f o a es hoy en día el organismo obrero más potente que
existe en la América del Sur. Es por lo menos cinco o seis veces más
potente que la U nión General de P a p a n a ta s .. . ” 94 [La estimación
es muy exagerada, aunque la f o a era más gr ande: I. O.]

DISCUSIONES INTERNAS EN TR E ANARQUISTAS SOBRE LA ACTITUD
HACIA LA CLASE OBRERA

La hegem onía anarquista en la

fo a

,

en 1903, no se cuestionaba.

92 “Sobre el boicot”, en L a Protesta H u m a n a , 10 de o ctu b re de 1903.
93P . G ori, “R espondiendo a u n a ‘e n q u e te ’ ”, Vida N u eva , 15 de noviem bre
de 1903; “ A la caza del p illo ”, L a Protesta H um ana, 19 de diciem bre de 1903.
94 “ Basta, farsantes”, e n L a Organización Obrera, diciem bre de 1903.

Pero los obreros anarquistas no concordaban respecto de la n atu­
raleza del acercam iento propugnado hacia los sindicatos obreros, ni
au n después de la term inación del debate con los opositores a la
idea de organización (es decir los círculos de El R ebelde —perió­
dico que dejó de publicarse a mediados de 1903—, cuyos grupos
se mezclaron con otros para colaborar con los sindicatos).
P or otro lado, tras el debate en el II I Congreso de la f o a y en
lo que respecta a la autorización a los intelectuales y a todos
aquellos que no eran obreros para integrar la federación en el
sector de oficios varios, se produjeron discrepancias entre los prin ­
cipales redactores de La Protesta H um ana. El doctor Creaghe, que
suscitó la polémica, poco después del congreso criticó a El Sol por­
que en sus páginas se atacó a los que se opusieron a la admisión
de los intelectuales y a que éstos representen a los obreros. A la
cuestión de si un intelectual que se acostum bró al estilo de vida
burgués, puede representar fielmente a los trabajadores manuales,
contesta:
Creo que no, por su educación, en todo el sentido de la palabra, no
puede estar en simpatía íntima, en contacto psíquico con el trabajador, y
cuanto más talento tenga más peligrosa resulta su representación. Es ne­
cesario que la clase obrera se emancipe completamente de los intelec­
tuales que no trabajan con sus manos. Entre la clase obrera sobran hom­
bres de buen sentido para representar a sus compañeros en cualquier
circunstancia de la lucha, y un intelectual, para estar en condiciones de
representarlos, debe ganarse la vida por su trabajo manual, como hace
el noble compañero M alatesta...95
A estas palabras contestó en seguida Altair, quien predicaba la
participación de intelectuales en la f o a y negaba la diferencia q u e
hacía el doctor Creaghe entre trabajo físico y espiritual:
Los hombres se diferencian más por sus ideales que por sus profesiones.
Las clases nacen en el cerebro... en este terreno no concibo que haya
inconvenientes en que se confundan el obrero, el abogado, el poeta, el
pintor y el literato.
Se yergue contra la posición de Creaghe, quien discrim ina des­
ventajosam ente a los intelectuales hasta alejarlos de su colabora­
ción con los obreros. E n el trascurso de la polémica A ltair llega
más lejos y señala que a la par de la lucha de clases hay “lucha de
individuos de la misma clase”, lo que sucede tam bién en el propio
95
J. Creaghe, "O breros m anuales e in telectuales”, La Protesta H u m a n a , 20 de
ju n io de 1903.

campo obrero. Además desaprueba la interpretación de Creaghe,
en el sentido de q ue el proletariado debe ganarse solo su sustento.
E n su opinión, el proletariado debe ayudarse con el intelectual, que
puede prom over su conciencia. M áxime si se tiene en cuenta que el
desarrollo de la técnica aum enta la gravitación de los intelectuales
y dism inuye la influencia del trabajo físico. Ello entraña el pe­
ligro del aislam iento del proletariado. Pero fundam enta su opo­
sición a Creaghe, sobre todo, en el hecho de que como anarquista
no debería prom over divisiones entre obreros m anuales y del inte­
lecto.96
En u n núm ero posterior Creaghe vuelve a la polémica y ataca a
A ltair, recalcando que hay líneas clasistas separatorias, q u e hay
contradicciones entre obreros e intelectuales, lo que no perm ite que
actúen en la esfera de u n solo organismo profesional. Desaprueba
el vaticinio de A ltair de que se irá reduciendo el trabajo físico
en la sociedad, pues el trabajo físico, en su opinión, será siem pre el
com ponente básico de la sociedad hum ana. En cuanto a lo que
suceda en el futuro:
D e sp u é s d e la re v o lu c ió n lo s h o m b re s lib re s n o se s o m e te rá n u n d í a m ás
a l a d e g r a d a n te d iv is ió n d e l tr a b a jo q u e h o y e x iste . E l tr a b a jo h u m a n o
se e sta b le c e rá s o b re b ases c o m p le ta m e n te d is tin ta s .97

La discusión entre ambos se prolongó varias semanas. Altair, en
cierta etapa, fundam entó sus argum entos a favor de la integración
plena de los intelectuales en la f o a con enfoques anarquistas que
se fueron alejando de las concepciones de la f o a : “La anarquía
tiene su m anto sobre la fam ilia hum ana, no hace distinciones por­
que está encarnada en la justicia... La profesión del hom bre es
uno de los tantos accidentes de la vida. Sobre el obrero m anual,
sobre el intelectual, sobre el burgués, está el hom bre, por la libe­
ración del H om bre lu ch am o s... Basta de gim otear platónicam ente,
sobre la m archita frente del obrero. Basta de enderezar apologías
líricas a la blusa y a las manos callo sas.. . ” 98
Ecos adicionales de la discusión sobre el apego de los anarquis­
tas a la actividad de los sindicatos obreros y a la lucha profesional
en sí pueden hallarse tam bién en u n artículo de R. Osita (F. Berri)
en respuesta al artículo de Felipe Layda, ex colaborador de E l R e ­
96 A ltair, "M anuales e intelectuales”. La Protesta H u m a n a , 27 d e junio
de 1903.
97 "O breros, etc.”, La Protesta H u m a n a , 18 de ju lio de 1903.
98 A ltair, "Intelectu ales y m anuales”, L a Protesta H u m a n a , 25 d e julio
de 1903.

belde. F. Layda publicó un artículo en La Aurora Social, editado
en San Nicolás, donde señala la ineficacia de las h u e l gas y la falta
de sabor en la lucha por reformas, desde u n pu n to de vista anar­
quista. R. Osita desaprueba los argum entos de F. Layda y dice que
se alejó de la vicisitud obrera. De otro modo no es posible com­
prender cómo desdeña los logros en la lucha cotidiana por refor­
mas en las condiciones de trabajo. “Estoy de acuerdo en que todos
nos encaminamos a la conquista integral del porvenir, pero traba­
jamos tam bién para el presente.”
Respecto a las huelgas, como u n medio de lucha, dice: “Es ne­
cesario tener en cuenta que las huelgas son los albores de la revo­
lución, son las escaramuzas de la guerra soci al . .
."En esta lucha,
asigna a los anarquistas u n papel de incitación: “A nosotros nos
incum be el deber de prepararlas y fomentarlas, debemos m antener
a la clase trabajadora en continua agitación, organizar sociedades
de resistencia, fom entar agrupaciones obreras, relacionarlas entre
sí, instruirlas, dem ostrarles cuáles son los derechos que les perte­
necen, propagarles nuestras ideas y alistarlas para las próximas
luchas.”99
E n últim a instancia, la vacilación hacía presa sólo de un puñado
de periodistas en la prensa anarquista, en tanto q u e la abrum a­
dora mayoría se encam inaba por el sendero recom endado por R.
Osita, es decir, tom ar parte en las campañas obreras, en los sindi­
catos obreros, en las huelgas, etc. A m ediados de 1903 empezó a
crearse un campo propicio de acción para ese objeto. T ras meses
de tregua en los conflictos laborales, volvieron a producirse huelgas
parciales en junio, ju lio y agosto, con la participación activa de
los anarquistas, tanto en Buenos Aires como en Rosario.100

DESARROLLO Y DIFICULTADES EN LAS ACCIONES
DE LOS SINDICATOS OBREROS

Paralelam ente a la ola de huelgas parciales, se notó u n despertar
en las actividades de la organización de sindicatos obreros. Varios
sindicatos de la f o a fortalecieron los lazos federativos entre ellos,
por medio de campañas de convenios locales o de carácter gremial.
El 29 de julio se fundó en Buenos Aires la Federación de Calzado
99 "H uelgas y agitaciones”, en L a Protesta H u m a n a , 15 d e agosto d e 1903.
100
"N otas rosarinas”, en La P rotesta H u m a n a , 8 d e agosto de 1903; "C om u­
nicaciones: E l secretario d e obreros zapateros”, ibid., 29 d e agosto d e 1903;
“ C om unicaciones”, ib id ., 20 de septiem bre de 1903.

(fusión de los sindicatos de cortadores de calzados, zapateros, apa­
radores de botas, aparadores de botines).101 A fines de julio se ini­
ció la fusión de dos sindicatos de cocheros. E n la asamblea del
20 de ju lio se resolvió fundar el C entro de Resistencia U nión de
Cocheros, q ue en sus reglamentos dispuso adecuarse a las regula­
ciones de los sindicatos de la f o a . T am bién se decidió: “P ara la
m ejor arm onía entre todos, los trabajadores del gremio de rodados
y los demás de la R epública, este centro se adhiere a la Federación
O brera A rgentina.” 102
Este gremio siguió am pliando y consolidando su esfera federa­
tiva, y en noviem bre se realizó el I Congreso de la Federación de
Rodados. E n este congreso se aprobó u n a serie de resoluciones
respecto a la lucha profesional (entre ellas, u n llam ado a luchar
insistentem ente contra la im plantación de la libreta) así como
resoluciones generales. Cabe destacar en especial u na resolución
respecto al rechazo de la gente de color: “Reconociendo que las per­
sonas de color son menospreciadas actualm ente en el tr a b a jo ...
hace votos para que desaparezca por siempre cualquier diferencia
de c a s ta .. . ” O tra resolución im portante determ ina que “L a Fede­
ración de R odados se adhiere a la Federación O brera A rgenti­
na”.102
En esta época se operó una consolidación adicional de la tenden­
cia federal de la f o a , al comenzar los preparativos para la fun­
dación de una federación local en Buenos Aires, por iniciativa de
la Sociedad de T abaqueros. Esta esfera federal cum pliría papeles
im portantes en los dom inios de la educación (fundación de escue­
las libres), la instrucción y la propaganda, así como en el estrecha­
m iento de relaciones solidarias con los trabajadores. La f o a alentó
m ucho la iniciativa y la respaldó por medio del consejo federal y
del am plio espacio que le destinó en el periódico de la federación,
La Organización Obrera.104
La actividad gremial más vasta se cum plió entre los obreros por­
tuarios. A comienzos de junio se celebró en Buenos Aires el Con­
greso de la Federación de Obreros Portuarios y participaron 32 de101 "A cta de fu n d ació n d e calzados”, L a Organización Obrera, o c tu b re de
1903.
102 "E statu to s C entro de R esistencia U n ió n Cocheros”, E l G rem io, 9 d e agos­
to de 1903.
103 "I Congreso d e la Federación A rg e n tin a ”, Vida N u e va , 15 d e noviem bre
de 1903. P a ra u n inform e sobre ese congreso, véase “Asociaciones y grem ios”,
La Prensa, 1 de ju n io de 1903; La Organización Obrera, o ctubre de 1903.
104 "L a federación local”, La Organización Obrera, o ctu b re de 1903; “R e­
u n ió n d el com ité federal”, ib id ., diciem bre d e 1903; L a Protesta H um ana,
5 de septiem bre de 1903.

legados de puertos de A rgentina y Uruguay; los portuarios u ru ­
guayos dieron al congreso un carácter internacional, lo que se puso
de manifiesto en las resoluciones sobre la prom oción de acuerdos de
solidaridad con portuarios de otros países de Am érica L atina y
Europa.105
En este congreso se percibió la gran influencia de los m ilitantes
anarquistas, muy arraigados en ese entonces entre los obreros por­
tuarios. Según el historiador del anarquism o argentino D. Abad de
Santillán, "los obreros portuarios constituían por aquellos días la
base del m ovim iento obrero orientado por los a n a rq u is ta s ...” 106
La fuerza de este sindicato en el puerto de Buenos Aires y la in­
fluencia de los anarquistas en el mismo descollaron d u ran te la
fiesta que se celebró el 31 de agosto al cum plirse dos años de la
fundación del sindicato. La sala del teatro San M artín (5 000 b u ­
tacas) estaba repleta; todos los discursos fueron pronunciados por
anarquistas, entre ellos tam bién la propagandista V irginia Bolten.107
N o cabe duda que la consolidación de u n sindicato obrero fuer­
te, con influencia anarquista desembozada, en el punto crucial de
la economía del país (el puerto de Buenos Aires) debía despertar
una reacción negativa entre los círculos económicos más fuertes de
la Argentina, ligados a la exportación de productos agrícolas. Era
inevitable que esos círculos trataran de obstruir el crecimiento de
elementos de tal naturaleza en el puerto de Buenos Aires. En agosto
y septiem bre de 1903, por cierto, asom aron los prim eros indicios
del deseo de socavar la hegemonía de la sociedad de resistencia en
el puerto, cuando se organizó u n grupo de obreros argentinos por
iniciativa de los empleadores y con el auspicio de la prefectura
m arítim a. Las prim eras evidencias se tienen en una nota publicada
por La Nación, el 27 de agosto, donde se criticaba que los capa­
taces en el puerto preferían a obreros extranjeros en vez de crio­
llos.108 Esa nota provocó una tem pestad entre los obreros p o rtu a­
rios, pues la consideraron u n a provocación para suscitar la división
entre inm igrantes y criollos. E n E l Pais se publicó en seguida una
réplica enérgica contra el deseo de La Nación de sem brar discordia
entre obreros nativos y extranjeros, y desm intió que se tratara de
u na discrim inación anticriolla.109 Sin embargo, pese a los desmen­
105 “ Congreso de estibadores”, L a P rotesta H u m a n a , 6 de ju n io de 1903.
106 D. A bad de S antillán, M o v im ie n to anarquista, op. cit., p. 143.
107 "L a velada del San M a rtín ”, en L a Protesta H u m a n a , 5 de septiem bre
de 1903.
108 "P atriotism o de fin de siglo. A La N ación", La Protesta H u m a n a , 29 de
agosto de 1903.
109 “Sociedad de obreros del p u e rto ”, La Protesta H u m a n a , 5 de septiem bre
de 1903.

tidos, la tendencia de dividir a los portuarios halló asidero entre
los trabajadores.
A principios de septiem bre de 1903 tres ex socios de la Sociedad
de Resistencia Obreros del Puerto de la C apital, argentinos de na­
cionalidad, pusieron en circulación entre los obreros argentinos del
puerto una petición dirigida al prefecto m arítim o por m edio de la
cual solicitaba para los argentinos preferencia en el trabajo. En
seguida u n contratista dio a esa iniciativa su am paro y llam ó a
una asamblea de portuarios para fundar u n nuevo sindicato. Por
iniciativa com partida de empleadores y obreros, se creó el Sin­
dicato de Estibadores Argentinos que de inm ediato tuvo el respaldo
del prefecto m arítim o. El clima se tornó explosivo.110 Los miem­
bros del nuevo sindicato gozaron de protección policial al ir a sus
lugares de trabajo, pero eso no evitó los choques, sino que los
intensificó provocativam ente y no pasaron muchos días hasta que
hubo estallidos graves. En octubre ya se inform ó de reyertas entre
obreros del nuevo sindicato y estibadores veteranos, a quienes se
denom inaba "extranjeros”, aunque el núm ero de criollos entre ellos
no era subestim able (500 sobre u n total de 5 000). La Prensa, que
protestaba p or esos conflictos, insinuaba que el prefecto m arítim o
fue activo en las disputas entre obreros argentinos y extranjeros, al
querer provocar tum ultos en el puerto para poder aplicar la Ley
de Residencia contra los dirigentes de la sociedad de resistencia.111
Los choques se iniciaron en octubre y continuaron varios meses,
hasta convertirse en u n conflicto perm anente que puso su sello
sobre las relaciones laborales en el puerto: de u n lado había un
grupo pequeño, que gozaba del apoyo total de las autoridades por­
tuarias, y del o tro la m ayoría de los obreros organizados en la so­
ciedad de resistencia, decididos a luchar por la defensa de las con­
quistas logradas en el pasado, cuando convirtieron al puerto en un
lugar de trabajo organizado, donde se em pleaba sólo a trabajadores
afiliados al sindicato. C ontra la sociedad de resistencia se alistó
tam bién la m ayoría de la prensa burguesa, que predicaba la liber­
tad d e trabajo.112 En esta realidad de conflictos internos y choques
entre dos organismos obreros adversarios, a fines de 1903 libraron
los portuarios de Buenos Aires una de sus luchas más extensas en
su historia. Esta lucha cum pliría un papel decisivo en el derro­
cam iento de la hegem onía de la sociedad de resistencia en el puerto
110 “ L a cuestión estibadores”, en La Organización O brera, o c tu b re de 1903.
111 "L os trabajadores del p u e rto . A rbitrariedades de la p re fe c tu ra ”, La Pren­
sa, 26 de o ctu b re de 1903.
112 " E l conflicto del p u e rto ”, e n Vida N u eva , 15 de noviem bre de 1903; "L a
cuestión d e los estibadores”, e n L a Protesta H u m a n a , 14 de noviem bre d e 1903.

d e Buenos Aires. Pero antes d e que analicemos esta campaña, ha­
gamos una reseña breve del desarrollo de las relaciones laborales
en el país, en la segunda m itad de 1903.

LAS RELACIONES DE T R A B A JO EN LA SEGUNDA MITAD DE

1903

U na profunda in tran qu ilidad en las relaciones laborales se percibió
en la A rgentina a p a rtir de fines de ju lio de 1903 y se prolongó
hasta fines de año. La Prensa, que descolló por seguir de cerca el
desarrollo del acaecer en el campo obrero de esa época, publicó
muchos artículos para debatir la raíz de la in tran q u ilid ad social y
procurar su sosiego. En u n artículo editorial se reconocía el dere­
cho de los obreros a organizarse en sindicatos profesionales y luchar
por las condiciones laborales, así como hacer huelgas, en tanto
medios legítimos en esa lucha.113 Pero —añadía el diario— las auto­
ridades deben acelerar la prom ulgación de u n a ley de trabajo; a su
vez reprochaba la dem ora con respecto a otros países, inclusive en
América L atina (Perú).114 L a Prensa fue consecuente en su crítica a
la falta de política social del gobierno del general Roca, a la sordera
del gobierno que no escuchaba los reclamos de las clases sociales
laboriosas.115 E n 1903 —igual que en años anteriores— el diario
describió las privaciones de las capas más bajas de la sociedad y
señalaba el alza constante del precio de los artículos de prim era
necesidad.116 La pobreza m aterial de las capas indigentes fue ana­
lizada m inuciosam ente en una serie de artículos de La Protesta
H um ana.117 De esto se deduce que las privaciones se agravaron en
la segunda m itad de 1903 y fueron un m aterial m uy inflam able
en la extensión de los conflictos laborales.
La prim era huelga de la ola de conflictos laborales, fue la de
los cortadores de calzado el 5 de agosto. A los pocos días se sum a­
ron tam bién los aparadores de zapatos y el paro d u ró 20 días,
hasta que lograron la victoria y u n aum ento en el salario de un
113 “P rincipales y ob rero s”, en La Prensa, 18 de ju n io d e 1903.
114 "A ctualidad. E l p roblem a d el tra b a jo ”, La Prensa, 31 d e ju lio de 1903.
115 "L as peticiones d e obreros”, en La Prensa, 7 de septiem bre de 1903.
16"C arestía de las subsistencias. E l precio de la carne”, L a Prensa, 23 de
o ctu b re de 1903; "L a carestía de la carne”, ib id ., 1 d e noviem bre d e 1903; T h e
R eview o f the R iv er P late, 26 de diciem bre de 1903, p . 1149 (sobre la carestía
como causa del m alestar y de las huelgas obreras).
117 “Los sepulcros b lan q u e ad o s”, en L a Protesta H u m a n a , 6 de ju n io de
1903; “ Resistencia contra los im puestos explotadores”, ibid., 14 d e ju n io de 1903;
"P atrio tism o y m o ralid ad a rg e n tin a ”, ibid., 14 de noviem bre de 1903.

10% . El 18 de octubre estalló la huelga de los ferroviarios en Ro­
sario (de los ferrocarriles fusionados) y los huelguistas lograron la
victoria en poco tiem po.118 U na serie d e huelgas parciales estallaron
en Buenos Aires, en la ram a de la vestim enta en V alentín Alsina,
y d u raro n varias semanas. El periódico anarquista Vida N ueva, en
sus informes, comenta: "A todas estas huelgas acuden propagan­
distas libertarios q ue contribuyen con su palabra a fortificar la
conciencia de los huelguistas y a acendrar sus entusiasmos.” 119
A fines de noviem bre estalló la huelga grande de conductores de
tranvías, que sólo poco antes se habían organizado en un sindicato.
La razón para tal paro fue el despido de dos m ilitantes activos del
sindicato obrero, que repartían circulares invitando a la asamblea
en el lugar de trabajo. La huelga se inició el 21 de noviem bre y se
presentaron los siguientes reclamos: 1) Reconocim iento del sindi­
cato y permiso de su libertad de acción; 2) Devolución de los des­
pedidos a su lu g ar de trabajo; 3) Fijación de la jor nada laboral
de ocho horas; 4) A um ento de salario a 4 pesos diarios. El paro se
inició tran q u ila y ordenadam ente, pero causó inconvenientes serios
en el trasporte d e la capital. La com pañía, de dueños ingleses, se
negó resueltam ente a reconocer al sindicato obrero y negociar con
sus delegados. La huelga se prolongó muchos días y tras un tiempo
el gobierno ayudó a la com pañía a poner en funcionam iento los
tranvías por m edio de rompehuelgas. Esto suscitó la indignación
de los huelguistas y la protesta de la f o a . En una serie de tum ul­
tuosas asambleas de obreros, los oradores anarquistas P. G uagliano­
ne, F. Jaq uet, López y otros llam aron a intensificar la lucha hasta
llegar a la huelga general. A comienzos de diciem bre la compañía
se m ostró anuente a ligeras concesiones: un pequeño aum ento de
salario y reducción de las horas de trabajo. Los obreros, cansados
de 10 días de paro, se sintieron seducidos por la oferta y volvieron
al trabajo. L a Protesta H um ana explica q u e se obtuvo cierto lo­
gro, y cada logro es significativo, pero el paro no logró su meta
y el convenio suscrito dejó muchos puntos a oscuras.120
118 L a Prensa, 18 de o ctu b re de 1903; L a Protesta H u m a n a , 24 de octubre
de 1903.
119 V ida N ueva, 15 de noviem bre de 1903.
120 “ M ovim iento o b re ro ”, e n La Prensa, 5 de diciem bre de 1903; véase tam ­
bién ib id ., 22 y 23-27 de noviem bre d el m ism o año. P o r o tro lado, el p e rió ­
dico a n a rq u ista Vida N ueva explica las pocas conquistas d e los h u elguistas por
la circunstancia d e que el sindicato era nuevo y d é b il y tuvo a su vez que
e n fre n ta r a u n a com pañía inglesa ayu d ad a p o r las auto rid ad es m unicipales y
p o r la policía (“ L a sem ana p ro le ta ria ”, e n Vida N u e va , 28 d e noviem bre de
1903). A su vez e l periódico d e los com erciantes britán ico s hace el siguiente
com entario respecto d el revés de los huelguistas: "N o obtu v iero n n i u n solo

Lo que se consiguió al finalizar la huelga, a comienzos d e d i­
ciembre, probó ser muy endeble y las contradicciones entre la com­
p añía y los obreros se reanudaron poco después de renovarse el
trabajo. El sindicato pedía al retorno de todos los huelguistas y el
despido de los rom pehuelgas que los rem plazaban. La com pañía
se negó. P or lo tanto se reanudó la huelga y asum ió inm ediata­
m ente el carácter de u n a huelga general, pues se sum aron tam bién
los obreros de la com pañía de tranvías “La C apital”. No se logró
que todos los tranviarios pararan, pues había muchos rom pehuel­
gas. “Desgraciadam ente no faltan carneros”, alega la crónica de La
Protesta.121 Los huelguistas fracasaron desde un prim er m om ento en
el deseo de paralizar por com pleto el trasporte para obligar a que
negocien con ellos. El fracaso los llevó a recu rrir a la violencia
contra los rom pehuelgas y contra la propiedad de la compañía. El
foco de los choques fue el suburbio de L a Boca, donde los huel­
guistas obstaculizaron la circulación de tranvías y volcaron vagones.
L a policía puso todos sus efectivos al servicio de la compañía.
Policías acom pañaban a los rom pehuelgas y los huelguistas que
m ontaban piquetes de guardia eran disueltos por la fuerza. El
25 de diciem bre se com probó que el paro tranviario no tenía posi­
bilidades de ninguna clase y el 27 finalizó con u n ro tu n d o revés.122
Ese día la f o a convocó a una asamblea m u ltitu d in aria para pro­
testar contra la introm isión de la policía en las relaciones labo­
rales, contra su respaldo a los empleadores y su guerra antiobrera.
La asamblea, al aire libre, en la plaza R odríguez Peña, escuchó a
los activos anarquistas Manresa, H ucha, M arconi, M arante y M.
Vázquez, quienes aprovecharon la tribuna para volver a atacar a
la Ley de Residencia. Se veló por el orden pero, al finalizar la
asamblea, se produjo un choque con policías a caballo. “Los cosacos
del escuadrón (como los llam aba la prensa anarquista), que carga­
ron sobre la compacta m ultitud, sable en mano, causaron estupor
entre los m anifestantes.” M uchos diarios de la capital adhirieron
tam bién a la protesta contra la conducta policial.123
Los tum ultos de la huelga de tranviarios, es cierto que ayudados
por otras causas, se convirtieron en u n a m anifestación m u ltitu d i­
naria. En el trasfondo de esa m anifestación debe verse la abundan­
cia de conflictos laborales que se desataron en diciem bre de 1903.
p u n to , ya q u e la com pañía rehusó re in s ta la r al m otorista despedido y ellos, a
su vez, re h u saro n reconocer la Sociedad de R esistencia.” T h e R eview o f the
R iv er Plate, 5 de diciem bre de 1903, p. 1017; 28 de noviem bre de 1903, p. 967.
121 La Protesta H u m a n a , 26 d e diciem bre de 1903.
122 L a Prensa, 21 y 28 de diciem bre de 1903.
123 “N uestro m ee tin g ”, en L a Organización Obrera, diciem bre d e 1903; “El
m eeting de ayer”, en La Prensa, 28 de diciem bre de 1903.

Fue u n mes en que se m ultiplicaron los paros: carreros, zapateros,
sastres, carpinteros, cargadores, vendedores am bulantes, vendedores
de diarios, marmoleros, albañiles, panaderos, pintores, laminadores,
tejedores, bronceros, ebanistas, yeseros, etc.124
El alcance de las huelgas era tan grande y tan excepcional, que
cuando el periódico de la f o a quiso inform ar al respecto tuvo que
resum ir y señalar: “Jam ás en este país, se ha visto u n despertar
obrero tan grande... gremios que no hace m ucho no daban seña­
les de vida de ninguna especie, hoy se los ve o rganizados... Puede
decirse, sin exagerar, q u e casi no hay gremio, de todos los ramos
en que se subdivide el sistema actual de producción, que no se
haya lanzado, en el transcurso del actual mes de diciembre, a la
lucha.” 125
D ebe explicarse que en diciem bre de 1903, la ola d e huelgas
rebasó los límites de los trabajadores y se extendió tam bién al
dom inio estudiantil. A comienzos de diciem bre estalló la huelga
grande de la Facultad de Derecho debida a problem as académicos,
exámenes, control de reglam entos caducos, autonom ía universita­
ria, etc. La huelga fue tempestuosa, pero no tuvo ninguna conexión
con la ola de paros obreros y el periódico anarquista L a Protesta
se refirió a ella con desdén: “G eneralm ente no les hacemos caso,
porque ya sabemos lo que son esos caballeritos: im béciles en el
presente, explotadores y tiranos nuestros en el f u tu r o .. . Levan­
tiscos por exhibicionism o cuando estudiantes, y conservadores cuan­
do académicos.” 126
Prevalecía una disparidad notable entre estudiantes y trabajado­
res; en ese entonces pertenecían a círculos antagónicos y extraños
entre sí. La cooperación o la ayuda m utua entre ambos sectores
era aún u n sueño lejano.

LA HUELGA GRANDE EN E L PUERTO DE BUENOS AIRES

Igual que en el pasado, el campo de batalla principal en esta tem ­
124 "N u estra sem ana”, e n L a Protesta, 19 de d iciem bre de 1903; T h e R eview
of th e R iv e r P late, 26 de diciem bre d e 1903, p. 1149.
125 "M ovim iento o b rero ” , en La Organización O brera, diciem bre de 1903. El
órgano de los circuios de com ercio, T h e R eview o f th e R iv e r P la te , inquieto
p o r la ola d e huelgas, esperaba su auge a fines d e noviem bre (véase T h e
R eview of th e R iv e r P late, 28 de noviem bre de 1903), y pidió u n a legislación
o b re ra p a ra fren a r las huelgas (T h e R eview o f th e R iv e r P late, 5 de diciem ­
b re de 1903, p. 1016).
126 "N u estra sem ana”, L a Protesta H u m a n a , 19 de diciem bre de 1903.

porada volvieron a ser los puertos de la R epública. Empezó a per­
filarse u n conflicto grave entre la sociedad de resistencia y los em­
pleadores, así como entre los sindicatos obreros rivales (la disputa
con los estibadores argentinos).127 Ese conflicto iba a d u ra r más
que todas las disputas anteriores, y sus resultados serían trascen­
dentes para la posición de la sociedad de resistencia en el puerto
de Buenos Aires. C onviene por ello que nos extendam os en la con­
catenación de los acontecimientos, que fueron com entados m inu­
ciosamente por el d iario La Prensa de esos días.
La huelga comenzó el 16 de diciem bre de 1904, cuando pararon
los m arineros y fogoneros. El paro abarcó a 5 000 obreros y paralizó
pronto el m ovim iento de buques argentinos y a sus operarios. Los
estibadores no habían resuelto aún la huelga, pero ayudaron a los
huelguistas. A los cuatro días de paro, el C entro de Navegación
T ransatlántica (representante de los empleadores) pidió a las auto­
ridades que le ayudaran a traer 1 200 obreros de Corrientes. C uan­
do trascendió esta noticia, la f o a protestó enérgicam ente y la fe­
deración de rodados anunció que si em pleaba a rom pehuelgas
cesarían su trabajo todos los camiones de trasporte en el puer­
to. La Prensa, al describir el estado de ánim o entre los obreros
portuarios, dice: “E n el puerto reina u n espíritu de unidad y so­
lidaridad tal, que cualquier conflicto adicional, por pequeño que
sea, puede desembocar en una huelga general.” 128 Al proseguir la
huelga se volvió más inflexible la actitud del C entro d e Navega­
ción, que contaba con el respaldo de la prefectura m arítim a. El
centro anunció que no reconocería a la sociedad de resistencia y
q ue no em plearía a los obreros organizados en ella. El 23 de di­
ciembre se entrevistó, con el presidente de la R epública, una dele­
gación del centro compuesta por representantes de las compañías
más inflexibles —M ihanovich y C hristophersen—, quienes solicita­
ro n a las autoridades su apoyo en la cam paña contra la sociedad de
resistencia. El 24 de diciem bre empezaron a em plear a los obreros
127 E l d iario de los círculos com erciales, T h e R eview o f th e R iv e r Plate,
an u n cia el conflicto ya a fines de o ctu b re (véase 31 de o c tu b re d e 1903, p. 776),
y luego en diciem bre, al in fo rm a r sobre el estallido del conflicto, señala que
la lucha se centra e n el reconocim iento de la Sociedad de R esistencia como sin­
dicato obrero en el p u e rto (T h e R eview o f the R iv e r P late, 26 de diciem bre
de 1903).
128 "Asociaciones y G rem ios”, La Prensa, 20 d e diciem bre d e 1903. Las des­
cripciones de L a Prensa, am ables p a ra los huelguistas, suscitaron la ira de los
com erciantes, q u e su p o n ía n q u e las notas de ese tono a le n ta b a n a los h u e l­
guistas. L a Prensa alegó q u e su posición es n e u tra l e inform ativa, pero añadió
q u e la adopción de m edidas enérgicas no solucionaría nada, ya que las huelgas
c u en tan con u n trasfondo de justicia, pues los obreros del grem io no hacen
p a ro p o r ligereza. Véase "L as huelgas”, en L a Prensa, 21 de diciem bre de 1903.

de la Sociedad de Obreros Argentinos, en calidad de rompehuelgas,
con el auspicio de la policía. Esta m edida provocó en el puerto
una serie de incidentes entre los rom pehuelgas y los huelguistas.
La policía intervino y arrestó a los huelguistas. Como reacción
por la intervención policial en un conflicto laboral, y como prueba
de solidaridad con los portuarios, los carreros resolvieron boicotear
los buques que em pleaban rom pehuelgas para el trabajo de des­
carga. El em peoram iento de la huelga, su am pliación y el peligro
de u n a huelga general disuadieron a una parte de los empleadores
y se m ostraron anuentes a contem plar los pedidos de los huel­
guistas, sobre todo cuando com probaron que no había bastantes
operarios calificados para em plear como rompehuelgas. Pero los
grandes empleadores —M ihanovich y C hristophersen— se opusie­
ron enérgicam ente e im pidieron cualquier entendim iento. A fines
de diciem bre era visible la inflexibilidad de los dos bandos. Entre
los obreros se afianzó la solidaridad, y los estibadores, que sólo
cooperaban, anunciaron que se plegaban a la huelga no sólo en
Buenos Aires sino tam bién en todos los puertos del P araná y tam ­
bién en M ontevideo. La posición de los huelguistas era que no se
debía volver al trabajo sin la promesa de que se reconocería su
sindicato como representante exclusivo de los portuarios. Las reve­
laciones de solidaridad en los puertos vecinos fortaleció su posición.
El 4 de enero de 1904 estallaron choques sangrientos entre huel­
guistas y rompehuelgas, ju n to a buques que iban a ser descargados
contra la voluntad de los obreros. La policía quiso evitar que los
huelguistas se acercaran al muelle. H ubo reyertas y se oyeron dis­
paros de armas de fuego. No es sabido quién fue el prim ero en
utilizarlas, pues tam bién los huelguistas portaban armas e hicieron
uso de sus revólveres. U n agente d e policía sufrió heridas y un
huelguista —Zapoletti, inm igrante italiano, de 35 años de edad,
soltero y conocido por sus ideas anarquistas— perdió la vida. T es­
tigos oculares del hecho inform aron que antes de expirar exclamó
“ ¡Viva la an arquía!” 129
El incidente causó furor en el suburbio de La Boca y otros
círculos se plegaron a la huelga como protesta contra los tum ul­
tos. Al día siguiente de este suceso estimábase en 10 000 el número
de huelguistas. Circulares de protesta por el crim en que costó la
vida de Zapoletti, redactadas en inglés, francés, alem án, italiano y
español, se repartieron en la ciudad. En esa etapa tam bién la federa­
129
“ El conflicto en el p u e rto ”, e n L a Prensa, 4 de enero d e 1903; T h e
R ev ie w o f the R iv e r P late, 9 de enero de 1903, p. 54; M r. H aggard to the
M . o f Lansdow n, Buenos Aires, 13 de enero de 1904, F. o. 6/485 pro , Londres
(inform e del re p re se n tan te británico).

ción d e rodados anunció su adhesión a la huelga de los portuarios,
conforme a convenios de solidaridad suscritos con los estibadores.
Esta adhesión am plió y agravó la huelga, y obligó al m inistro de
Interior, J. V. González, a deliberar urgentem ente con los em plea­
dores para encontrar una solución al conflicto que silenciaba el
puerto. Los dos bandos se m antenían inflexibles. Los obreros insis­
tían que, en prim er térm ino, debía reconocerse la sociedad de re­
sistencia, pues no confiaban en las promesas de los empleadores
relativas a m ejorar las condiciones de trabajo y los salarios; en el
pasado —afirm aban— ya habían violado las promesas, siem pre des­
pués de que pasaba la tem porada laboral urgente. Consideraban
q ue la única fianza para m aterializar los logros era la existencia
de la sociedad de resistencia como representante exclusiva de los
obreros portuarios. Por eso lo veían como m eta más im portante en
su lucha: “El m om ento es excepcionalm ente favorable para el obre­
ro y sería una locura desperdiciar una ocasión tanto tiem po es­
perada.” 130
E n el duodécim o d ía de la huelga el puerto de Buenos Aires
estaba totalm ente paralizado: 200 buques anclaban cerca de los
muelles y 12 000 obreros perm anecían inmóviles. A fin de hallar
una solución a través de la mediación, el m inistro de In terio r pidió
una entrevista con los representantes obreros. Al frente de la dele­
gación se encontraba el anarquista C arballo, quien planteó con
energía la exigencia de que se reconociera a la sociedad de resis­
tencia.
El 9 de enero de 1904, cuando se com prendió que no era posi­
ble una avenencia, el gobierno aplicó medidas de coerción adicio­
nales y reforzó la policía con fuerzas m ilitares de caballería y de la
m arina. Estacionadas en La Boca, las patrullas recorrían ese subur­
bio y Barracas, todo lo cual si bien intensificó la tensión no al­
canzó para debilitar la huelga; en una asamblea de portuarios se
decidió insistir en varios reclamos: 1) Despedir a todo el personal
nuevo del puerto, adm itido d u ran te la huelga; 2) Reconocer a la
sociedad de resistencia como representante de los obreros; 3) P ro­
h ib ir el despido de obreros sólo por el deseo del em pleador; 4) Per­
m itir que los miembros activos del sindicato se desempeñen en el
puerto. Los empleadores se negaban a satisfacer tales reclamos por
lo que las perspectivas de solucionar el conflicto eran nulas. En el
ínterin creció la solidaridad con los huelguistas en el seno de la po­
blación y se supo de casos de ayuda por parte de almaceneros y
carniceros, quienes facilitaron comida a las familias de los huelguis­
130 "L as huelgas’’, en La Prensa, 7 d e enero de 1904.

tas. L a solidaridad creció al saberse de tropelías cometidas por las
patrullas m ilitares en La Boca. Se com portaban como u n a fuerza
expedicionaria en u n a ciudad ocupada, golpeaban a los transeúntes,
dañaban los clubes obreros y arrestaron arbitrariam ente a quienes
suponían agitadores. G uardias fuertes acom pañaban a los rom pe­
huelgas que se dirigían al trabajo: el núm ero de rompehuelgas, de
las filas de la Sociedad de Obreros Argentinos, aum entaba de con­
tinuo, y los em pleadores tenían la certeza que al final doblegarían
a la sociedad de resistencia.
El 16 de enero de 1904 se reunió el consejo federal de la f o a
y debatió la huelga del puerto. Se trató el pedido de los portuarios
de que se les preste ayuda proclam ando la huelga general. A pesar
que varios delegados pidieron que no se los fuerce a plegarse al
paro, alegando dificultades en sus asociaciones, la votación apro­
bó, por 28 sufragios contra 7, propender a la huelga general.131
Pero la resolución fue tardía, pues las brechas en las filas de huel­
guistas se agrandaban y el núm ero de rom pehuelgas crecía. El
18 de enero se supo q ue los empleadores