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Poder y proceso constituyente en Bolivia

PRESENTACIÓN

S
e encuentran reunidos aquí trabajos que el autor ha producido en un lapso
de cerca de 15 años y que se presentan comenzando por el último de ellos
para concluir en uno que fue escrito a comienzos de los años noventas.
La idea de retroceder en el tiempo es probar, por medio de evidencia objetiva,
que los acontecimientos que vivimos hoy tienen una vinculación cierta y defini-
da con un conjunto de hechos y fenómenos que aquí se concptualizan como un
proceso constituyente.

El autor afirma que sólo de manera reciente pudo reconocer la unidad del
proceso y que es necesario un esfuerzo de concentración para sobreponerse al
bombardeo de noticias e interpretaciones fragmentarias emitidas desde esos
enormes aparatos de construcción de sentido que son los medios de difusión,
que alientan la confusión y un profundo pesimismo. Cuando uno logra superar
esta lectura fragmentaria de la realidad puede reconocer que vivimos uno de
los períodos más ricos y con mayor potencial de nuestra historia; de hecho, uno
de los tres momentos más decisivos, considerando que los anteriores son el de
la fundación de la República y el de la Revolción Nacional.

Desde luego que, si se prefiere, la lectura puede hacer el recorrido inverso


y el beneficio no será menor porque al repasar coyunturas y momentos
históricos también será posible recrear la densidad y óptica que se
necesitan para valorar los problemas y desafíos que ahora enfrentamos.

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Roger Cortéz Hurtado

La selección de textos que conforman este volúmen ha tenido como eje el


recorrido del sujeto indígena-campesino que da personalidad propia a nuestra
sociología y política y que es, según Roger Cortéz, el soporte central de nuestra
construcción histórica. También se han acopiado trabajos sobre el Estado, el
sistema político, los partidos y otras expresiones de mediación política.

El primer tercio del libro, se refiere a hechos acaecidos entre 2001 y


2005, el segundo al larvamiento de la crisis de Estado, que el autor detecta
desde 1998 y el último a acontecimientos vinculados al inicio del proceso
constituyente, que se ubica a inicios de la década de los 90’s. Uno de los
desafíos que presenta el trabajo en su conjunto es reinterpretar ese período
previo, donde se encuentran las claves de lo que está ocurriendo ahora. Y, uno
puede hacerlo coincidiendo o no con el autor pero, compartiendo en definitiva
una búsqueda conjunta de rastros que ayuden a descifrar las luchas presentes
del movimiento popular y sus posibles alcances y techos.

La edición del texto es posible gracias a la cooperación de la Red de


Participación Ciudadana y Control Social y el Programa de Apoyo a la
Democracia Municipal (PADEM). Ambas instituciones coinciden en que es
necesario realizar los mayores esfuerzos para estimular el análisis y el debate
sobre el proceso que vivimos y considera, manteniendo su independencia
frente a las propuestas del autor, que su trabajo contribuye en esa dirección.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

PODER Y SUJETO CONSTITUYENTE


Julio de 2005 *

P
or fin, detrás de toda la desinformación, la banalidad y la voluntad
deliberada de ocultar las cosas va quedando claro, poco a poco, que el
agitado tránsito por el que avanzamos desde hace algunos años no res-
ponde a caprichos ni depende de conspiradores.

Las convulsiones sociales y políticas que siembran incertidumbre son


también las monumentales evidencias de que profundas fuerzas se han
despertado para cuestionar un poder constituido desgarrado y harapiento que
no tiene más respuestas que ofrecernos.

La Asamblea Constituyente es la bandera de un camino de cambios que


ya se ha iniciado y que no va a detenerse con la realización de ese cónclave
democrático, en el que se acordarán algunas de las reglas principales del
renacimiento que debemos apuntalar para no sumergirnos en la regresión y la
violencia.

La incertidumbre que aún predomina ya no puede esconder que estamos


enfrentando el reto de saldar algunas de las más viejas deudas que trae el haber
construido un sociedad y un Estado colonialista, racista y discriminadror.

Los omitidos y negligibles, a quienes solo se toma en cuenta un domingo


de mayo, junio –ahora diciembre– para depositar un voto, despliegan un
poder constituyente que, más allá de disquisiciones teóricas y formales, está

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transformando la realidad y aspira a consagrar una ley que de un nuevo


fundamento más humano y realista a nuestra convivencia nacional.

Existe una oportunidad, nunca antes conocida, de que construyamos un


país al que todos sintamos realmente pertenecer y podemos hacerlo pacífica y
democráticamente. El costo de ignorar esta chance puede ser altísimo. Y, como
no había ocurrido en el pasado, la decisión está literalmente en manos de cada
uno de nosotros.

EL SUJETO.

El proceso constituyente en curso expresa, como ha ocurrido en dos


oportunidades previas en la historia del país, la irrupción de un sujeto social,
que se propone modificar de una manera profunda las relaciones sociales
vigentes. Esto pasó con el sujeto criollo (terrateniente y minero) en la
fundación de la República; con las clases medias urbanas en la revolución de
1952 y, ahora, con el sujeto indígena-campesino que pone en marcha este
proceso y despliega un poder constituyente que viene operando cambios
crecientemente significativos en estos últimos tres lustros.

Este es el sujeto social que mantiene la mayor continuidad desde los


inicios de la república y que ha ido forjando su identidad en prolongados y
complejos episodios. Los últimos, que son los más relevantes para el tema
que se trata, se remontan a la revolución nacional cuando la mayor parte de
los indígenas de tierras altas, predominantemente quechuas y aymaras,
asumieron la identidad clasista, campesina, que proclamaba el MNR en su
proyecto de alianza para “construir el Estado nacional”.

La emancipación de la servidumbre y la reforma agraria fueron las


experiencias sobre las cuales se fundó la asunción de la identidad campesina,
explícitamente diferenciada de la indígena. En cambio, los indígenas de tierras
bajas, que conocieron poco y nada de la reforma agraria y que permanecieron
–algunos hasta hoy– experimentando diversas formas de servidumbre, no
llegaron a asumirse como campesinos y preservaron una tradición, reafirmada
en su experiencia concreta, en que su identidad étnica era y es determinante.

Para quechuas y aymaras la revolución nacional trajo consigo una


vivencia de diferenciación interna creciente, con la aparición de diversas

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fracciones, derivadas de una variedad de relaciones con el mercado, la


división técnica del trabajo y la acumulación de capital. Pequeños propietarios,
como los colonizadores, productores que se desenvuelven en términos de
un mercantilismo simple como diversas comunidades altiplánicas,
asalariados y obreros rurales como los zafreros de la caña y el algodón, y
no pocas veces estas formas combinadas, o como realidades estacionales.
Compradores o vendedores de mano de obra, y a veces lo uno, luego lo otro
y, también, ambos simultáneamente.

Todo esto, además, combinado desde muy temprano con migraciones a la


ciudad que se hicieron masivas a partir de los años setentas. La creciente
urbanización no disolvió, como preveía el MNR y prácticamente toda la
izquierda, la identidad indígena. La inconmovible persistencia de prácticas
discriminatorias y racistas, internalizadas por la sociedad y patrocinadas por el
Estado lo impidieron.

Sin embargo, por cerca de medio siglo, la invocación y exaltación de la


identidad campesina preservaron su eficacia, alimentando la expectativa de
que permitiría asimilar a esas masas a los valores “modernos” y
occidentalizantes en torno al que se centran la casi totalidad de los discursos
propios del sistema político. Inclusive hasta la época de la dictadura
banzeriana, primero el emenerrismo y luego los caudillos militares emplearon
a fondo este recurso, consiguiendo que el campesinado actuará como una clase
apoyo del Estado, gracias a las ilusiones ideológicas que no pudieron
quebrarse ni con los discursos indigenistas más fervorosos y radicales.

Como se dijo antes, la izquierda puso lo suyo, aferrada a un primitivismo


teórico que, en un extremo consideraba a indígenas y campesinos como calcos
inmóviles de los pequeños parcelarios franceses, asimilándolos a ese cajón de
costurera sociológico que ha resultado ser la pequeña burguesía, o, en otra
variante, suponiendo que se trataba de una clase en permanente avance a su
proletarización. Hasta hoy, carecemos de una comprensión fundamentada y
basada en criterios objetivos de los sujetos sociales, clasistas y no clasistas,
que existen y evolucionan en nuestra sociedad nacional.

El resultado práctico de este desconocimiento es que todos los esfuerzos


por crear acuerdos y alianzas obrero-campesinas tuvieron muy corto aliento y

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fueron generalmente poco fructíferos. Sin comprender al sujeto interpelado


(ni interesarse genuinamente en hacerlo), era poco menos que imposible
desarrollar estrategias que alcanzaran sus objetivos. Esto explica en medida
considerable el desenlace de diversos planteamientos de lucha armada, entre
los que se incluye el de la guerrilla del Che Guevara, y también la más amplia
variedad de recetas electorales que pretendieron seducir a indígenas y
campesinos.

En todo este transcurso, el capitalismo estatal sirvió principalmente para


crear una nueva burguesía rápidamente oligarquizada en su cúpula y como tal,
urgida de tomar distancia de las prácticas populistas (¿?) predominantes al
inicio de la Revolución nacional. Una consecuencia casi obligada de este curso
y su correlato estatal fue el abandono paulatino de la reforma agraria, ejecutada
en Occidente y que se fue consumiendo en una cada vez más rápida
fragmentación de la propiedad agraria campesina, en virtud de las sucesiones
hereditarias. La colonización espontánea y dirigida amortiguó poco la
demanda de tierra, ya que además las oficinas estatales responsables de
administrar las concesiones, se volcaron a proveer de grandes superficies a
nuevos latifundistas, principalmente en las tierras bajas.

El estancamiento de la agricultura de escala familiar, el abandono


tecnológico y crediticio estatal y la indeclinable vigencia del desprecio y la
humillación constante para indígenas y campesinos (“indios”, finalmente, en
el lenguaje cotidiano de todos los grupos sociales) abrieron, junto con las
luchas y represiones, la brecha por la cual dentro de las filas del sindicalismo
campesino fue desarrollándose la corriente katarista que planteaba un
reconciliación de las identidades de clase y étnica.

Ese fue un paso crítico en la reestructuración del sujeto indígena-


campesino que cobrará un empuje mayor en los años ochentas, al constituirse
el movimiento social cocalero que rápidamente alcanzó un papel dirigente entre
las filas campesinas, combinando con maestría táctica una serie de
características entre las que sobresalen su capacidad de recuperar y utilizar
formas organizativas y movilización de los sindicatos obreros, al mismo tiempo
que estilos y herramientas propios de su integración a la economía capitalista y
al mercado internacional.

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Los sindicatos cocaleros promovieron la formación de la Asamblea por la


Soberanía de los Pueblos, que llegó a ser el antecedente organizativo y político
del MAS que se presenta a sí mismo como el IPSP (Instrumento Político de la
Soberanía de los Pueblos). Por esta y otras vías, los cocaleros del Chapare
jugaron el papel de punto de encuentro entre los indígenas de tierras altas y
bajas.

Estos últimos habían irrumpido en el escenario político desde 1990,


marcando un estilo propio y diferente, en relación a las tradiciones de
lucha y formas organizativas de aymaras y quechuas. Más inclinados a la
negociación y con una aptitud extraordinaria para integrar apoyos externos
obtuvieron éxitos tan notables, en un período muy breve que impactaron
profundamente en el movimiento campesino de las tierras altas. Esta
actuación y su creciente influencia señalan la apertura del proceso
constituyente, en pleno auge del neoconservadurismo imperante en el país.
La Participación Popular, parte del programa de gobierno del MNR tuvo en
esta fase un papel crucial, muy distante de los planes y expectativas de
Sánchez de Lozada.

La Participación Popular abre una compuerta para que diversos sectores


populares, indígenas a la cabeza, utilicen los espacios de poder municipal,
recuperando una tradición histórica por la que, a través de cualquier
porosidad estatal, copan posiciones y crean avanzadillas de poder propio. Así,
un diseño que en otros países incrementó la fragmentación y atomización de
sujetos y actores sociales, sirvió en el nuestro a acelerar el proceso
constituyente, favoreciendo la auto identificación del sujeto social que le ha
dado origen y lo encabeza.

Esto se acompaña simultáneamente con el hecho de que, en la década de


los 90, algunos partidos, no obstante sus enormes deficiencias de sensibilidad
y aprehensión de la realidad, siguieron el ejemplo de Condepa1, incrementando
la cuota de representación política de origen indígena, no sólo en los
municipios, sino en el Parlamento y luego, paulatinamente, en instancias
ejecutivas.

1 Conciencia de Patria, partido fundado por el radialista Carlos Palenque a fines de los años 80. Formó parte del
gobierno de Hugo Banzer y desapareció poco después de la muerte de su jefe.

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Condepa tuvo el acierto de haber llevado una primera mujer de pollera al


Parlamento. Y eso ejerció un efecto pedagógico, social y político muy
marcado, al fortalecer en el sujeto indígena campesino la noción de que es
capaz y tiene además el derecho de ejercer protagónicamente el poder estatal.
El propio Sánchez de Lozada, lleva en 1993 a la vicepresidencia a Víctor Hugo
Cárdenas, bajo un estrechísimo cálculo electoral; sin embargo y sin conciencia
de su parte, está contribuyendo a que este proceso de autodefinición e
identidad se conforme y vaya tomando solidez.

Por todo lo dicho, se observa que este tramo del proceso está tipificado por
la reconfiguración del sujeto social que impulsa el proceso constituyente, a
través de la toma de conciencia e identidad que resulta de la combinación de
experiencias e influencias que aquí se han reseñado tan someramente.

EL PODER CONSTITUYENTE.

El poder constituyente es la fuerza transformadora del sujeto que motoriza


al proceso y que ya ha empezado a generar cambios en todos los ámbitos de la
vida nacional. Los más visibles son la creciente participación política
indígena-campesina y de otros grupos populares, reformas constitucionales,
cambios del modelo económico y del sistema de representación, lo que nos
enseña que la Asamblea constituyente no es sino una parte del proceso, una
especie de gran ceremonia jurídica-política, que no contiene, ni resume, ni
agota el proceso constituyente que, sin duda alguna, se proyecta más allá de la
realización de la asamblea.

Hasta aquí el proceso constituyente ha tenido relación con las reformas


constitucionales 1993 y la de 2004. Con la primera, porque bajo la
combinación del surgimiento de las demandas indígenas de territorio y
dignidad y las corrientes internacionales de incorporación de los derechos
indígenas, se incluyó la caracterización de multietnicidad y pluriculturalidad
en el primer artículo constitucional y los derechos de los pueblos indígenas en
el 171. Esta no fue la primera, ni la única reforma en tal sentido2, pero, ha
tenido en Bolivia consecuencias mucho más significativas que en cualquier
otro lado.
2 La primera fue en Guatemala 1985, luego la Asamblea Constituyente de Colombia, en 1991; México y Paraguay
1992, Bolivia y Perú en 1993, Argentina y Panamá 1994, Nicaragua 1998.

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La explicación de este mayor impacto debe buscarse en el hecho de que


el reconocimiento de que el país es multicultural y pluriétnico, corrige una
línea de diseño constitucional vigente desde 1825 que al abstraer esta
realidad, contribuyó por más de un siglo a silenciar e ignorar no únicamente
las demandas indígenas, sino la propia existencia de este sujeto. La reforma
1993-1994 fue ultra cupular y vertical, pero a través de los artículos 1 y 171
contribuye a cimentar el proceso constituyente.

La Asamblea Constituyente, en el caso boliviano, nace por definición


descartando al Parlamento como una institución capaz de atender las
demandas del soberano. Por eso el concepto de Congreso Constituyente, que
está siendo planteado como una supuesta alternativa a la Asamblea, resulta una
falsificación que intenta mixtificar, torcer o abortar el proceso constituyente en
curso. Aquí se plantea la Asamblea Constituyente porque los distintos sectores
populares y en particular el indígena-campesino, asumen, que el Parlamento
no puede atender sus demandas, sus necesidades de reformulación de la
estructura de organización del Estado.

Este poder constituyente ha impactado e iniciado la modificación del


llamado modelo económico a través de algunos elementos del plan
económico del gobierno de Carlos Mesa y, en particular, el “Compro
Boliviano”. Esta es una demanda de los sectores sociales que participaron
en el Diálogo II que se prolongó desde 2003 hasta 2004. Fueron los
sectores sociales, como el Comité de Enlace, las CIOEC (las organiza-
ciones económicas campesinas), las federaciones campesinas, los arte-
sanos, que le propusieron al Estado un decreto de compras estatales, que
favorezca a los productores nacionales de bienes y servicios.

La vigencia de esta medida quiebra algunos dogmas centrales del modelo


económico neoconservador, porque establece la necesidad de atender al
completamente ignorado mercado interno, a la necesidad de potenciar las
capacidades productivas internas, de abrir un espacio para el desarrollo de la
pequeña, mediana y microproducción, dándoles prioridad efectiva y real sobre
la visión globalizadora que, en el período anterior, había llevado a que, para
proveernos de cualquier bien o servicio por mínimo que sea, debamos recurrir
a licitaciones internacionales.

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El referéndum sobre los hidrocarburos tiene similares connotaciones, en


el sentido de que más allá de las quejas que se expresan hasta el día de hoy,
respecto a su cumplimiento, el soberano al responder la consulta, fijó unas
líneas troncales, que van a gobernar la política de hidrocarburos del país en los
próximos años, y que, pese a las resistencias internas del Estado, empiezan a
materializarse, de una manera muy descoordinada e incompleta, pero seña-
lando el cauce de una visión completamente distinta a la que predominó en
el período anterior.

Por último, entre los cambios que el proceso constituyente ha puesto en


marcha una reforma política que incluye cambios constitucionales de impor-
tancia, como son la inclusión de la Asamblea Constituyente, del referéndum, de
la inexplotada iniciativa legislativa ciudadana y de la modificación del sistema
de representación política, a través de los artículos 222 y 223 que permiten la
participación de entidades cívicas-sociales distintas a los partidos, organiza-
ciones exclusivas y excluyentes de los profesionales de la política.

Cuando se pierde esta perspectiva y no se reconoce la dinámica del


proceso ocurre que algunos sectores suponen que todos los cambios han de
endosarse y esperarse de la Asamblea. Cuando en realidad ya hemos recorrido
un conjunto de tramos que le están dando base y sentido a esta asamblea. Por
último, respecto al proceso, un análisis de sus avances, limitaciones y
posibilidades nos muestra que los objetivos del proceso constituyente son más
amplios que los de la Asamblea Constituyente.

LOS OBJETIVOS DEL PROCESO Y DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

La observación del avanza del proceso constituyente, permite identificar


las áreas que definen sus tres objetivos, que son:

Una transformación productiva, expresada habitualmente como una


demanda de cambio de modelo. La transformación productiva supera ese
horizonte y se encamina a modificar la forma de producir, acumular y
distribuir riqueza. Este objetivo económico, presenta un carácter reformista.

Las condiciones propias del sector que está a la cabeza le dan este
horizonte, pero una transformación productiva, significa mucho más que el

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cambio de modelo económico, implica una modificación del patrón de


acumulación. De una forma rudimentaria y con muy poca claridad
programática el proceso se orienta a buscar una profunda rectificación de esa
constante económica, presente detrás de todos los diferentes modelos
experimentados. Todos ellos tienen en común una inclinación rentista,
especializada en el usufructo de recursos naturales, de la cual se obtiene el
grueso del producto nacional, con un declinante empleo de fuerza de trabajo3.
Frente a este sector que es el que concentra la riqueza y la distribuye en
beneficio de los grandes propietarios empresariales, está la llamada
informalidad que emplea cerca del 80% de la población, pero cuya capacidad
de producir riqueza es mínima.

Entonces, se trata de modificar este comportamiento prácticamente


inalterable desde los inicios de la vida del país, de manera que el sector
extractivo sirva de base a una variedad de actividades productivas (producción
de alimentos orgánicos, soberanía alimentaria, artesanía de alta calidad,
turismo, manufactura especializada) capaces de absorber mayor fuerza de
trabajo y de incrementar la capacidad de producción de riqueza que deberá
distribuirse, rompiendo la tendencia hiperconcentradora que se ha afianzado
con el pasar del tiempo.

Aquí, como en otros campos, el proceso muestra la vigencia fuerzas y


tendencias contradictorias. Al mismo tiempo que existe este empuje en busca
de superar las prácticas económicas tradicionales, también existen fuertes
corrientes que pretenden lo contrario y no se trata sólo de los intereses
privilegiados. Esto se puede ver muy claramente con la intensificación de las
pugnas para la distribución de cualquier incremento de la renta petrolera; aquí
prácticamente ningún sector defiende la necesidad de que se canalicen
excedentes para realmente refundar y darle cuerpo a la estatal petrolera.

La segunda meta se refiere a la necesidad de una nueva estatalidad. Es


decir la reforma política que ha comenzado, con el referéndum, la asamblea, la
desmonopolización. Es la que compete esencialmente a la Asamblea
Constituyente y se trata con detenimiento más adelante, al considerar la
agenda y objetivos de la AC.
3 La idea de “modelo de base angosta” que aquí se describe, se han tomado de los trabajos del economista
George Gray Molina.

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Hay un tercer renglón, quizá el menos trabajado, pero que indudablemente


es un objetivo del proceso constituyente: la renovación intelectual y moral.
Esto alude no sólo a la indispensable, urgentísima necesidad de enfrentar de
una manera congruente la corrupción estatal, funcionaria y de los partidos. Se
trata además de extender un efecto de cambio en el tejido mismo de la
sociedad.

AGENDA Y OBJETIVOS DE LA ASAMBLEA.

Contrariamente a lo que sostienen en los grupos de poder económico que


se oponen tenazmente a que se realice la Asamblea Constituyente, afirmando
que sería un acto completamente irrelevante y que quienes la proponen lo
hacen como simple eslogan, diversos estudios dan cuenta de lo contrario. Uno
es el que realizó la Iglesia Católica el año pasado, a través de Caritas por medio
de una serie de encuentros indígenas que se resumieron en un texto. Allí uno
encuentra las expresiones que respecto a la Asamblea hacen, de manera
espontánea, diversos individuos y comunidades, con pasmosa lucidez al
referirse a sus aspiraciones y sus expectativas respecto a la Asamblea
Constituyente.

De una manera esquemática se pueden clasificar en tres las grandes áreas


temáticas de agenda, que marcan a su vez los objetivos de la Asamblea
Constituyente. Una primera, y esta es la que impregna o da cuenta de la
presencia del sujeto constituyente y del poder que está motorizando este
proceso, se refiere a tierra, territorio y recursos naturales. Es una visión
indígena que vincula estos tres elementos. Allí se expresa sobre todo la
necesidad de que la utilización de estos recursos, rompa con la matriz colonial
y la tradición expoliadora que se han dominado nuestra vida republicana. Ésta
es una noción de empoderamiento social sobre estas riquezas naturales.

Una segunda área se refiere al nuevo Estado que involucra al menos tres
cosas: la primera de ellas podríamos llamarla provisoriamente es una demanda
de fundar un Estado intercultural, en el sentido de que ha llegado el momento
de que en los órganos estatales se refleje la composición real de la población
del país y que el Estado deje de ser una maquinaria que excluye y desorganiza
al sujeto indígena-campesino.

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Un segundo elemento propio de la reforma estatal es avanzar hacia un


nuevo régimen político administrativo, cuestión que no puede reducirse a una
visión unilateral de autonomía departamental. La autonomía departamental,
regional, indígena o combinaciones de ellas son parte de la respuesta a esta
demanda, pero también podrían serlo algún tipo de federalismo, u otro tipo de
esquemas descentralizadores Queda bastante claro que el esquema centralista
vigente ha sido sobrepasado y que el proceso constituyente se encamina a su
superación.

Pero, la discusión sobre el tema apenas ha empezado. Los dirigentes


cívicos y empresariales de Santa Cruz llevan una ventaja real en materia de
elaboración de propuestas, pero también es indudable que esa alternativa está
llena de vacíos e interrogantes que deben debatirse, alentando el avance del
proceso.

Por último, en lo que hace al objetivo de una nuevo estatalidad, existe una
demanda creciente de que el nuevo Estado sea sujeto de una efectiva
fiscalización de la sociedad: control social. Control social es un requerimiento
que expresa la vivencia de múltiples sectores populares que han confiado, que
han apostado al Estado, en una suerte de estadolatría, inclusive, y que han
descubierto en una prolongada trayectoria que se necesita transparencia,
accesibilidad plena a la información y mecanismos reales de vigilancia social
sobre el Estado.

La tercera área temática y de objetivos de la asamblea se vincula


profundamente a la anterior y es la de la reforma institucional. Incluye la
reforma de los poderes ejecutivo, legislativo, judicial e instituciones como los
partidos políticos, la Policía, las Fuerzas Armadas, las universidades y otras
más. Es aquí donde se observa una escasez muy marcada de propuestas y pro-
yectos y donde las intenciones de transformación pueden quedar maniatadas.

Esta evolución dispareja de propuestas es otra evidencia de que el proceso


constituyente no se extingue con la realización de la Asamblea. Por muy
depurada que sea el trabajo de los asambleístas, por mucho que participe la
sociedad y por mucho que se logren acuerdos y alianzas es indudable que mu-
chas cuestiones no serán resueltas, o lo serán de manera parcial o francamente
insatisfactoria. Inclusive en el mejor de los escenarios, la aprobación de una

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Roger Cortéz Hurtado

nueva Constitución resolverá algunos problemas y contradicciones, encan-


chará la posiblidad de encarar otras y dejará pendientes varias cuestiones.

EL PROCESO AMENAZADO.

La ausencia o las severas limitaciones de una estrategia política, que asuma


orgánicamente la conducción del proceso constituyente, se verifican críticamen-
te en el tratamiento de la ley de convocatoria de la asamblea. El Movimiento al
Socialismo que muestra todas las señales de ser la sedimentación organizativa y
política más importante del proceso tropieza en este campo con todas sus limita-
ciones y muestra una notable predisposición a montarse, a sí mismo, emboscadas
mortales.

El peligro es tan grande que, bajo una cierta combinación de circunstancias,


podría ocurrir que las organizaciones políticas y sindicales del sujeto indígena-
campesino terminen por construir el mayor y, quizá, insuperable obstáculo
para la realización de la Asamblea.

La expresión condensada de esta amenaza se encuentra en el proyecto de


ley de convocatoria, que con dos variantes u opciones ha preparado la
Comisión congresal presidida por el MAS. Las dos variantes presentan
problemas comunes que consisten esencialmente en la incomprensión de que
la Asamblea es un tramo del camino de transformaciones, no su inicio ni su
final, y en una subestimación de la capacidad y fuerza efectiva del poder
constituyente que ha empezado a desplegarse en el país. Como consecuencia
de esta inseguridad, el proyecto refleja fielmente la ansiedad de diferentes
sectores, y en primer lugar de muchos dirigentes indígenas y campesinos, que
los empuja a tratar de imponer cuotas que supuestamente garantizarían su
predominio en la asamblea.

Se apela a forzados y artificiosos argumentos sobre una la superioridad


democrática de unos usos y costumbres para tratar de imponer unas
asignaciones fijas que tendrían el efecto de garantizar una supremacía étnica.
Ese enfoque corporativista, fuertemente contaminado por las aspiraciones de
individuos que tratan de asegurarse un escaño en la asamblea antes que
representar fielmente a sus mandantes, excita las tendencias anticonstituyentes
que camufladas bajo parecidos argumentos proponen unas representaciones
gigantescas y caprichosas que van cerrando el camino a la Asamblea.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

La presentación de candidaturas y representaciones corporativas tenían


una base de legitimidad antes de que el proceso impusiera la reforma política
contenida en nuestra Constitución vigente. La desmonopolización de la
representación política, al desencadenarnos del degradado sistema partidario
actual, abre el espacio necesario para que las propuestas constitucionales que
han de llevarse a la asamblea cuenten con voceros y representación
independientes de los partidos. El número de asambleístas que respalden una
posición es importante, pero está fuera de toda duda que lo que está en juego
hoy son principalmente las posiciones antes que los números.

Necesitamos una ley de convocatoria simple, clara y concisa, basada indis-


pensablemente en las reglas constitucionales presentes de democracia, represen-
tatividad y equidad4. Los asambleístas deben elegirse todos por voto, como lo
establece el artículo 219 de la Constitución y como muestran todas las consultas
que se han hecho al respecto, partiendo de los seminarios, foros y audiencias
hasta las encuestas, incluyendo la famosa encuesta madre realizada por la Unidad
de Coordinación de la Asamblea Constituyente. Ese estudio, cuyos resultados se
mantuvieron sin revelarlos al público por varios meses, muestra que el 70% de
encuestados se pronuncian por la elección de los asambleístas, por voto secreto,
universal y directo.

Para inscribir candidatos, todos los concurrentes, todas las organizaciones


que participan deben estar obligadas a respaldar a sus candidatos con firmas de
votantes. Esto incluye a los partidos políticos, para que todos compitan en
igualdad. Aquí ningún partido político tiene mandato de sus adherentes ni tiene
prueba de mandato para elegir constituyentes. Por lo tanto, para acreditar
candidatos, debe darse una norma de inscripción única a través del mecanismo
de adhesión de firmas.

Esto ratifica la necesidad de que el debate sobre procedimiento se


combine orgánicamente con el de contenido y propuestas. Las mujeres, los
indígenas, los jóvenes, los grupos regionales tienen tantas opciones de
participar en las definiciones de la Asamblea, como la capacidad con la que
cuenten, construyan y desarrollen de elaborar propuestas, de edificar alianzas
y de plantear un proyecto de país que concite adhesiones.
4 En el único anexo del libro se presenta un anteproyecto de ley de convocatoria, elaborado por diez personas (una
de ellas el autor de este texto) en julio de 2004, por invitación de Maestrías para el Desarrollo de la Universidad
Católica de La Paz.

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Roger Cortéz Hurtado

La experiencia de lo que fue la incorporación de la Asamblea y el Referéndum


al texto de la constitución actual debe servir para que actores tan importantes como
el MAS, en el Parlamento, y el Bloque de Unidad5 fuera de el, reestructuren sus
planteamientos sobre la Asamblea. Desde 2003 hasta febrero de 2004 se desa-
rrolló una dura polémica sobre cual era la mejor manera de incorporar la
Asamblea Constituyente y otras reformas a la Constitución. El MAS se inclinó
hasta último momento por la vía de una ley interpretativa que no sólo presenta-
ba grandes flaquezas jurídicas, sino que dejaba fuera reformas tan importantes
como la desmonopolización. A último momento, el MAS comprendió que la
Asamblea sin desmonopolización defraudaba el mandato popular y rectificó su
criterio.

La última reforma constitucional deja esa y otras enseñanzas, como la que


puede advertirse en el artículo 23 sobre el habeas data sobre el que se dice que es
un recurso para resguardar el “derecho fundamental a la intimidad, privacidad
personal y familiar, a su imagen, honra y reputación reconocidos en esta
Constitución”(textual, las negrillos son mías). Ocurre que ese derecho, esencial
en cualquier sociedad donde el poder mediático es tan inmenso, no fue rescatado
de la ley necesidad tanto por el atolondramiento de un trámite apresurado, como
por la idea de que la mayor parte de los nuevos derechos registrados en la ley
2410 (ley de necesidad de la Reforma) tenían que “dejárselos a la Asamblea
Constituyente, porque de otro modo, no tendría materias de las cuales ocuparse”,
según la explicación que ofrecieron algunos legisladores sobre esta omisión.

El poder constituyente que está transformando el país nace de la expresión


masiva y movilizada de los sujetos que impugnan a un poder constituido caduco
por su irreparable colonialismo, discriminación y autoritarismo. Ese poder se ha
abierto camino en condiciones democráticas y pacíficas. La irrupción de legisla-
dores vinculados a las organizaciones indígenas y campesinas nos muestra que el
proceso ha roto los tabúes que bloquearon por larguísimos tiempo que los opri-
midos apuesten electoralmente por representantes nacidos de su seno. No se
necesita ninguna tutela, ni truco legal para fortalecer esa realidad.

5 Alianza entre confederaciones campesinas e indígenas y otros sectores como el de los cooperativistas mineros que
tiene como un punto principal de acuerdo la realización de la Asamblea Constituyente.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

EL PROCESO EN LA COYUNTURA DE JUNIO.

El resultado de las recientes confrontaciones sociales es un nuevo escenario


por el que no pugnaron los partidos tradicionales mayoritarios en el Congreso,
quienes buscaban la instalación de un “gobierno parlamentario” encabezado por
el presidente del Congreso, ni los movimientos sociales que reclamaban nacio-
nalización del gas e instalación de la Asamblea Constituyente. Después de medio
año de duras confrontaciones, será en julio de 2006 cuando simultáneamente se
hará dicha elección y se votará la pregunta planteada en el referéndum sobre
autonomías departamentales6.

Enero, marzo y junio son algunos de los puntos álgidos de la accidentada tra-
yectoria que concluyó el 9 de junio con el relevo de Carlos Mesa, al que sucede
Eduardo Rodríguez con la misión explícita de convocar a elecciones generales y
de Prefectos. En dicho lapso la Secretaria de Estado norteamericana,
Condoleeza Rice, ha hecho al menos seis declaraciones expresando “preocu-
pación por la situación boliviana” y ratificando su adversidad contra el MAS y a
su principal dirigente.

El año se inició con la certificación oficial del derrumbe catastrófico de la


votación que obtuvieron los partidos que en las 10 elecciones previas habían
canalizado cerca del 70% de los votos populares y que en diciembre de 2004
sumaron entre todos unos 200 000 votos menos que los obtenidos entre el MAS
y el Movimiento Sin Miedo (MSM).

El MNR, ADN, el MIR, UCS y la NFR perdieron 847 402 votos en


relación a los que obtuvieron en las municipales 1999 y 1244 469 frente a los
que lograron en la nacional de 2002. Estos datos dejan muy poco margen de
sustento a la idea de que los votantes se comportaron conservadoramente o
que el nuevo sistema electoral “desmonopolizado” que se estrenó en 2004 no
trajo cambios. Por el contrario, la objetivación del derrumbe electoral de los
representantes políticos de los mayores grupos de poder explica en buena
medida la intensificación de los choques sociales que se abrieron con la
intensa movilización pro-autonómica que se dió en Santa Cruz de la Sierra.

6 La consulta, tramitada con respaldo de cerca de 300 000 firmas recolectadas en ese Departamento, interroga sobre
si se está de acuerdo en insertar en la Constitución un régimen autonómico que permita a cada Departamento
elegir sus autoridades y utilizar sus recursos propios.

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Roger Cortéz Hurtado

Con las firmas en los libros y una gran multitud en la calle, la dirigencia
cívica y empresarial de Santa Cruz probó que mantiene una capacidad real de
convocatoria, con la que consiguió mantener la cohesión del movimiento, a
pesar del abrupto cambio de discurso cuando abandonó su justificación de
estar enfrentando el alza del precio de carburantes para plantear autonomía ya!
como bandera de la “agenda de enero” que contrapone a la agenda de octubre.

La movilización en Santa Cruz consiguió, por encima de cualquier otra


cosa, definir una referencia política nítida contrapuesta a la que marcaron los
movimientos sociales en los últimos años. Se erige, así, en aparente
contrapropuesta al proceso constituyente y en la esperanza de la mayor parte
de los sectores sociales que sustentan y se aferran al poder constituido. Pero,
esta apariencia puede ser extremadamente quebradiza cuando se la examina
más de cerca.

Al respecto, lo primero que desbarata la idea de que la autonomía


departamental es una alternativa al proceso constituyente es la comprobación
de que para que un esquema autonómico pueda realizarse efectivamente se
requiere de una modificación profunda e integral de la Constitución, es decir
una reforma total en los términos del artículo 232 de la actual constitución, que
es potestad privativa de la Asamblea Constituyente, según el mismo artículo.

Así, aún en el caso de que la respuesta a la consulta sobre autonomía


departamental llegase a obtener un respaldo aplastante queda claro que el
próximo paso necesario es el de ir a la Asamblea Constituyente. Si la idea del
movimiento fue desplazar o anular la demanda de asamblea, esta quedó
truncada por los masivos y múltiples pronunciamientos que se produjeron desde
todos los rincones del país, reafirmando el propósito de llegar a la asamblea.

En consecuencia, la llamada “agenda de enero” terminó fortaleciendo la


voluntad de hacer avanzar el proceso y la propia idea autonómica lo ha nutrido
y reforzado, al demostrar que se necesita un cambio verdaderamente profundo
y osado. Sin embargo, muchos dirigentes políticos y sociales parecen no haber
comprendido esta dinámica y se han enfrascado en un ataque furibundo contra
la idea autonómica, que básicamente tiene el efecto de oscurecer el debate y
fortalece la convocatoria de los grupos a los que intenta combatir, apuntalando
los ribetes regionalistas y emocionales de la confrontación.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Se ha caído finalmente en la trampa de crear una supuesta polaridad entre


Asamblea Constituyente versus autonomía departamental, cuando lo que se
requiere clarificar es que la autonomía departamental es uno de los enfoques
para tratar el tema de régimen político administrativo de la agenda de la
Asamblea Constituyente.

Esta es una de las escaramuzas que más tiempo ha consumido y que


mayores confusiones ha creado, enseñando las limitaciones de la capacidad
estratégica, conocimiento de la realidad y habilidad táctica de dirigentes
sindicales y de movimientos sociales.

Algo no muy distinto se ve al examinar el desarrollo de las movilizaciones


de marzo y de mayo-junio, referidas al reclamo de 50% de regalías y
nacionalización de los hidrocarburos. En este campo el desconcierto llegó en
algunos momentos a contraponer estas consignas a la demanda de realizar la
Asamblea Constituyente, hasta el extremo de afirmar que la realización de la
asamblea tendría un carácter distraccionista. La realidad es muy diferente ya
que es en la asamblea donde habrá que definir el manejo global de los recursos
naturales y, sobre esta base, realizar las enmiendas legales que permitan aplicar
los nuevos principios constitucionales.

Esta enorme falta de consistencia estratégica llevó a que el desenlace de


las últimas movilizaciones se improvisara y, después de una serie de bandazos,
se terminara canalizando toda la potencia del movimiento en impedir el
ascenso del presidente del Senado a la Presidencia de la República y que se
convoquen a elecciones para renovar los Poderes Ejecutivo y Legislativo y de
prefectos. La Asamblea quedó postergada hasta el año próximo y los sectores
movilizados se preguntan hasta hoy que es lo que realmente lograron.

Además, en el transcurso de las últimas escaramuzas se han reforzado


manifestaciones de altos potenciales de violencia que si continúan avanzando
pueden llegar a truncar todo el proceso. Una de esas expresiones ha sido
detectada por un periodista cruceño en las ultimas semanas y se publicó en el
periódico El Deber del Domingo 26 de junio7. En dicho informe se asevera que
en la zona de San Julián estuvo próximo un enfrentamiento entre

7 La crónica está firmada por Pablo Ortiz.

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Roger Cortéz Hurtado

colonizadores que bloqueaban unos 130 kilómetros de carretera y quienes


pretendían restablecer la circulación de motorizados.

De acuerdo a la crónica periodística, unos 1200 civiles, reclutados e


impulsados por organizaciones cívicas, estaban listos para realizar una
operación que pretendía desbloquear la carretera. Estos grupos estaban en
posesión de rifles, escopetas e inclusive fusiles de asalto y, de acuerdo al
reporte, los bloqueadores que se habían informado de los aprestos estaban
organizados y preparados para repeler el ataque. Si el choque hubiese llegado
a producirse (lo que no ocurrió por el acuerdo político que permitió al
presidente de la Suprema sustituir a Mesa), el siguiente centro de estallido
violento hubiese sido la ciudad de Sucre y luego el reguero se habría extendido
incontenible.

Otros gérmenes de violencia existen en zonas del Altiplano y en las


arengas de dirigentes que convocaron a movilizar jóvenes de El Alto para
llevarlos a Santa Cruz. Estas señales indican que aunque la tendencia central
del proceso se orienta a buscar salidas legales y pacíficas, va cundiendo una
creciente exasperación que alienta a núcleos extremos a organizar bandas
armadas bajo convocatorias racistas, localistas, fascistas y polpotianas8.

El comportamiento de las masas movilizadas se ha guiado por una


conducta básicamente ajena al enfrentamiento físico. Así ocurrió en octubre de
2003 y en movilizaciones más recientes, cuando centenares de miles
marchaban y ocupaban ciudades sin que se hubiesen presentado expresiones
de violencia declarada, excepto en incidentes menores y aislados. Esa actitud
primó, a pesar de las exhortaciones a ir a la guerra civil.

Hasta donde es posible vislumbrar hoy, las elecciones próximas


difícilmente alterarán de manera categórica el balance actual de fuerzas
políticas y, por ello, es previsible que se prolongue una situación de conflictos
espasmódicos que estimulará el enardecimiento de sectores violentos, cuyo
campo de acción se ensanchará, mientras no se perfile un proyecto político que
de cauce al proceso constituyente.

8 Se refiere a los Jemeres Rojos, seguidores de Saloth Sar (Pol Pot) Primer ministro de Camboya de 1975 a 1978 de
1975 a 1979. Durante su gobierno fueron asesinados más de dos millones de camboyanos.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

OTRAS FUERZAS Y DESENLACES.

Un tratamiento equivocado de la ley de convocatoria y las tentaciones


violentas no son las únicas trampas u obstáculos para el avance del proceso
y la realización de la Asamblea. Además de las fuerzas regresivas y
conservadoras internas no puede menospreciarse la estrecha vigilancia que
mantiene el gobierno norteamericano sobre el país. Las reiteradas
declaraciones oficiales así lo ratifican y pueden considerarse indicativas de
que existe, al menos como diseño o hipótesis un plan de intervención externa
que rompa el equilibrio calamitoso que rige en los últimos años.

Está claro que un desenlace de esa naturaleza es muy remoto y no puede


calcarse de experiencias como las de Haití. La forma en que podría
canalizarse es a través de formar una coalición donde Brasil y Argentina,
cuando menos, tendrían que dar algún tipo de aquiescencia, para la que tal
opción pueda viabilizarse. Eso está muy distante, pero, a diferencia de lo que
sucedía hace un año, es una alternativa minúscula hoy día, que podría crecer
rápidamente, si no tenemos la aptitud de resolver los problemas internos.

Aquí el tema de cómo se encara y resuelve la política de hidrocarburos


es fundamental, porque afecta a los grandes intereses corporativos y los de
nuestros vecinos, sedientos todos de fuentes energéticas.

En este sentido es notable como parece imponerse el consenso externo,


alentado por muchos voceros y opinadores internos, de que el gran responsable
de cualquier problema energético regional sería nuestro país, cuando un
análisis desapasionado muestra que quien realmente tiene la llave para abrir un
horizonte nuevo y ventajoso para todos los países vecinos es Chile, porque está
a su alcance, sin mella ni perjuicio para sus intereses, encarar una solución de
sus problemas pendientes con nuestro país, con lo que se abriría una verdadera
posibilidad de integración y cooperación energética regional.

Todo el mundo (al menos el mundo que accede a los grandes medios de
difusión) parece aceptar que el orgullo y arrogancia de ese país son
“racionales” y “modernos”, cuando ya es tiempo de que las adhesiones
sensibleras con la reivindicación boliviana sean sustituidas por una acción
realmente solidaria y racional que recuerde a Chile que si hay otras maneras de
resolver los problemas.

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Roger Cortéz Hurtado

El tema de tierras teóricamente no necesitaría ser tratado en nivel


constitucional. También teóricamente las leyes vigentes permitirían resolver
las controversias. Pero la teoría se estrella contra el copamiento efectivo del
poder por quienes acumulan propiedades y rentan conciencias y tuercen
conductas funcionarias. Esto ha llevado a que esta cuestión llegue a una
instancia de asamblea. Pero ninguna asamblea o norma podrán enfrentar y
rectificar los grandes vicios si aborda la cuestión desde una visión exclusiva
de propiedad.

La especulación y el fraude deben terminar, pero la sed de tierra es


inagotable y la tierra no. La única manera de abordar el problema es
incluyendolo en diseño productivo integral, no solo agropecuario, que abra
oportunidades de empleo e ingresos para quienes trabajan la tierra.

En suma, el proceso continuará avanzando y logrando resultados en la


medida en que las expresiones orgánicas y la capacidad de formulación
estratégica del poder constituyente se vaya apropiando de su propia realidad.
El primer déficit es que muchos dirigentes de los movimientos sociales no se
han tomado la misión de reflexionar sobre lo que está ocurriendo y hacen una
de dos cosas: o endosan todos los cambios hacia la Asamblea, y con ello la
sobrecargan y la convierten en una utopía, o están los otros que sencillamente
llegan al absurdo de considerarla un invento de los sectores tradicionales para
torcer la voluntad popular.

El primer requisito para que el proceso avance es que sus propios


protagonistas terminen apropiándose de él, asimilándolo y volcando esta
experiencia en formulaciones estratégicas. Cosa que se encuentra en un plano
todavía muy inicial. Ahí está el principal riesgo.

* Documento basado en la entrevista realizada por el periodista


Rafael Sagárnaga y publicada en la revista Oh de La Prensa, julio de 2005

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

EL PROCESO CONSTITUYENTE EN BOLIVIA.


Noviembre de 2004*

LOS ORÍGENES.

L
a Constitución que redactará la Asamblea boliviana a ser elegida en
junio del año próximo (2005), representará sólo un tramo de un proceso
bastante más amplio y prolongado que está movilizando, muchas veces
de manera subterránea, grandes expectativas, acumulaciones, experiencias, de
los sujetos sociales más importantes de nuestro país.

Este proceso empezó a mostrar sus raíces desde 1990, con el arribo a La
Paz de la marcha de los indígenas de tierras bajas. Esta movilización, cuyas
demandas principales eran “Territorio y Dignidad” estaba enmarcada en la
conmemoración del quinto centenario de la llegada de los españoles.

La demanda de territorio del movimiento social de los indígenas del


Oriente boliviano desnudó la vigencia de conflictos centrales acumulados
desde la fundación de la República y que no alcanzaron a resolverse, ni con la
revolución de 1952, ni con las sucesivas reformas de apertura y democra-
tización estatal. Estos importantes cambios no llegaron a quebrar la esencia
excluyente, racista, discriminadora y expoliadora del Estado nacional. Ante la
demanda de territorio, los representantes de los Poderes Ejecutivo y Legis-
lativo respondieron que ejercer pleno control de la superficie, del conjunto de
los recursos y de lo que está por debajo y encima de ella –tal como supone la
demanda de territorio– requería de una reforma de la Constitución, porque en
los límites de la vigente en ese momento su reclamo no era atendible.

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Roger Cortéz Hurtado

Allá empieza el camino de acumulación que emitirá un primer destello hacia


el resto de la sociedad con la reforma constitucional del 93 y la Constitución de
1994 que no obstante su carácter vertical, cupular y de dominio exclusivo de los
partidos alcanza a captar en dos artículos constitucionales el eco de los reclamos
de los indígenas de tierras bajas.

Así, en el primer artículo de la Constitución del 94, el país se autodefine


como multicultural y plurilingüe, y en el artículo 171 reconoce la existencia
de autoridades tradicionales y de usos y costumbres propios de los pueblos
originarios. Pero estos dos elementos, con todo el avance que suponen, están
muy lejos de responder al requerimiento y expectativas de los indígenas. Por
eso, cuando se aprueba la Constitución del 94, los indígenas parecen
comprender que la reforma constitucional tradicional, por vía del Congreso
y de los partidos políticos, difícilmente –o en ningún caso– va a siquiera
considerar sus reivindicaciones.

Con estos antecedentes, podemos empezar a entender como es que el surgi-


miento de un nuevo sujeto social remata en la paulatina maduración de una
demanda que bajo su aparente carácter jus naturalista1 o liberal encierra una con-
cepción muy propia y original. Así, en 1995, la Asamblea del Pueblo Guaraní
(APG), a través de un pronunciamiento público, formula un primer llamado a
organizar la Asamblea Constituyente, como consigna que sintetiza la experiencia
práctica e inmediata de los indígenas y las influencias externas que provenían de
la realización de asambleas constituyentes que se habían realizado en varios paí-
ses de América del Sur.

Queda muy claro que el requerimiento popular de preparar una Asamblea


Constituyente, más allá de su significado puramente jurídico, expresa la necesi-
dad de sectores sociales excluidos o subalternos de habilitar un lugar en que ellos
puedan expresarse de manera directa, influir, participar, decidir, en este caso, por
medio de de una revisión profunda y radical de los contenidos de la Constitución
Política de Estado, comprendida como “madre de todas las leyes e instituciones”.

Es necesario tomar en cuenta que esa demanda enlaza unas tradiciones


políticas propias de los pueblos originarios con las prácticas institucionales

1 Se refiere a la corriente filosófica y jurídico-política que se impuso en Europa Occidental entre los siglos XVI al
XIX, que distinguía un derecho natural diferente al divino, se explicaba la sociedad y el Estado como resultado de
contratos sociales y reivindicaba a la razón como máxima herramienta humana para entender las leyes naturales.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

“modernas”, y toma carácter público en el mismo momento en que el modelo


neoconservador económico y de modernización estatal alcanzaba su auge con
la ejecución de las llamadas reformas de segunda generación 2, o sea que, mien-
tras la escena política y la agenda pública definida por los medios de difusión
estaba copada por el impetuoso predominio y avance de las fuerzas ideológicas
neoconservadoras, en la base de la sociedad había empezado a gestarse una
contestación integral al conjunto del aparentemente invulnerable modelo
impuesto desde los años 80’s.

AVANCES Y SALTOS DEL PROCESO.

Pero, será recién 5 años después, cuando la exigencia de realizar la


Asamblea alcance visibilidad y vigencia nacional, superando los límites
geográficos, políticos y sociales de sus primigenios voceros, que representan
menos del 3% de la población boliviana y se encuentran alejados de las
grandes concentraciones urbanas.

Entonces, si la Asamblea Constituyente tiene como punto de partida, ori-


ginal y principal la respuesta del sujeto social indígena-campesino ante la dis-
criminación, y exclusión que padecen desde la conquista. Con las movilizacio-
nes sociales de 2000 en adelante se agregan los reclamos respecto al control de
los recursos naturales, primero, tierra y territorio, luego, agua, después los
hidrocarburos. A partir del año 2000 se generan entre los sectores populares
corrientes de opinión referidas a que los gobiernos de 1985 en adelante habían
burlando la letra y el espíritu de la Constitución que, de haberse aplicado, no
hubiese dejado espacio a la entrega del control de los recursos a corporaciones
transnacionales. A partir de la guerra del agua3 y los bloqueos campesinos de
2000 y 2001 se generaliza la reacción de sectores populares y movimientos
sociales, sobre el área de los recursos naturales. Esta segunda vertiente del

2 Se ha llamado así a las reformas principalmente económicas aplicadas en Bolivia después del gran ajuste estruc-
tural ejecutado entre 1985 a 1993, por el cual se frenó la hiperinflación, se cortó el déficit fiscal y se liberalizó la
economía con apertura comercial, liberación de tasas bancarias y desrregulación del mercado laboral. Las refor-
mas de segunda generación privatizaron la economía (capitalización), el sistema de pensiones y crearon las condi-
ciones para acoplar el país a la globalización y a la transncionalización de su economía.
3 Se llama así a la sublevación de la ciudad de Cochabamba en el centro de Bolivia, ante el intento de la transna-
cional Bechtel, de pagar la casi totalidad de “sus inversiones” en el sector de agua potable con recursos obtenidos
del público por medio de una alta y persistente elevación de tarifas. La protesta, en abril de 2000, consiguió que
se rescinda el contrato con Aguas del Tunari (la subsidiaria nacional de Bechterl). Hoy, Bechtel que dice haber
invertido 500.000 dólares en este emprendim,iento, reclama a Bolivia una indemnización de 25 millones de dólares
en un tribunal arbitral internacional.

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proceso se complementa casi en seguida con la respuesta social ante la devas-


tadora situación de desgaste de los mecanismos de representación y principal-
mente la degeneración de los partidos políticos y con ello la necesidad de gran
parte de la sociedad de encontrar nuevos caminos y nuevas formas de repre-
sentación.

Será a través de expresiones negociadoras, como las de las mesas del


Jubileo, donde se registran demandas sociales bajo auspicio de la Iglesia
Católica, el Diálogo Nacional 2000, o de manifestaciones de protesta como la
guerra del agua o los bloqueos campesinos. En todos estos escenarios empieza a
fisonomizarse una demanda de reforma política que se expresa en la trilogía de
Asamblea Constituyente, desmonopolización de la representación política y refe-
réndum. Estas tres exigencias, obedecen en el fondo a los mismos requerimien-
tos y van a terminar de tomar forma precisamente entre los años 2000 y 2002,
cuando la sociedad se rebela abiertamente después de la prolongada tregua de
cerca de quince años, en que gran parte de los sectores sociales le dieron al neo-
conservadurismo, a su Estado y a sus gobiernos una suerte de prolongada tregua.

Al analizar las fuerzas motrices contradicciones propias del proceso consti-


tuyente, uno encuentra que ya pasan unos 15 años desde que se ha puesto en
marcha y que en el se expresan las necesidades, los requerimientos, las exigen-
cias de una mayoría nacional que busca, hoy, a través de caminos pacíficos,
democráticos, institucionales una modificación cualitativa del modelo de convi-
vencia social y de las principales “reglas de juego” en que este se desarrolla.

LAS ASAMBLEAS CONSTITUYENTES EN LA HISTORIA BOLIVIANA.

A diferencia del momento en qué se fundó la República, estas mayorías


nacionales no admiten más estar discriminadas u omitidas como ocurrió cuando
nuestro país nació a la independencia, con una Constitución creada para una por-
ción mínima de la población: los criollos de ese entonces y posiblemente algunas
pequeñas fracciones mestizas, mientras se dejaba al margen a la gran mayoría de
la población. Es cierto que en los 180 años que median entre la primera a la
segunda Asamblea Constituyente (que debiéramos tener el año próximo), estos
sujetos sociales no permanecieron impávidos, sino fueron logrando conquistas,
concesiones, reconocimiento de derechos. Quizás el más importante de todos es
la abolición de la servidumbre en 1952; este derecho básico, que daba pie a refor-
mas tales como el voto universal y la reforma agraria.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Esa conquista quedó anulada el año 2003 a través de un decreto del señor
Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando frente al problema planteado respecto al uso
de conscriptos en trabajos forzados, determina que los hijos de los trabajadores,
de los campesinos, de los indígenas, pasen nuevamente a ser siervos4 ya que, con
diversas excusas, estos jóvenes quedaban legalmente obligados a prestar trabajos
gratuitos, sin derechos, ni protección de ninguna naturaleza.

El ciclo del 52 terminó de cerrarse (ya había comenzado a clausurarse


mucho antes y a toda prisa a partir de 1985) con este tipo de disposiciones y el
agotamiento de la Reforma Agraria. Al final del ciclo neoliberal desaparecen los
vestigios también del nacionalismo revolucionario y se plantea la segunda
Asamblea Constituyente de nuestra historia. Y digo segunda a sabiendas de que
hubo otros eventos que han sido llamados Asambleas Constituyentes, pero que
no fueron ni la sombra de lo que se entiende como tal en términos de representa-
tividad, sino apenas simulacros por los cuales un determinado gobierno acomo-
daba el texto constitucional a sus necesidades.

Entonces, en realidad tuvimos la Asamblea fundacional5 y nos estamos pre-


parando para la Asamblea del año 2005 y de las dos, sin duda, la del año próxi-
mo bien puede considerarse, en los hechos, una primera Asamblea, en el sentido
de un genuino encuentro de representantes del conjunto de los sectores que com-
ponen este país. Esto, sin olvidar todos los riesgos y obstáculos que se interpo-
nen en su camino, principalmente, la rotunda oposición oligárquica6 a realizar
esta asamblea.

EL CUESTIONAMIENTO DEL APARTHEID BOLIVIANO.

La Asamblea entraña una demanda de reforma política global, frente al


hecho de que no obstante toda la evolución política que ha podido registrarse
en casi 200 años de vida republicana, nuestro país ha estado viviendo con sus
propias características y particularidades una suerte de apartheid. Los
grandes grupos sociales de trabajadores urbanos y rurales, de orígen

4 “Para coronar la impunidad Goni aprobó el DS 27109 (..)esa norma legalizaba en el país la reducción a la esclavi-
tud de los soldados” La Prensa, Suplemento “Documentos de La Prensa”, pág. 8. La Paz, 17 de octubre de 2004
5 Se trata del Consejo Deliberante que en 1826 redactó la primera Constitución Política de Bolivia.
6 Se trata principalmente de grupos de neolatifundistas, el emporio de intereses nucleados en torno a COMSUR la
empresa minera de Gonzalo Sánchez de Lozada que es la primera exportadora de minerales (unos 300 millones de
dólares para 2004) y que tributa prácticamente nada, gracias a una legislación ultraconcesiva y a algunos núcleos
de grandes intereses petroleros y financieros.

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Roger Cortéz Hurtado

indígena-campesino y mestizo, han soportado además de la miseria y una


perpetua acumulación originaria de capital en beneficio de la oligarquía y
detrimento del Estado mantenido con su sacrificio, una situación de
desprecio y discriminación continua. Este hecho tan conocido y nunca
realmente superado ha llegado a translucirse sin atenuantes por la
insubordinación de estos sectores y por el ahondamiento de la crisis estatal7
que se desarrolla desde hace al menos unos seis años.

Los grupos dominantes altamente vinculados al mercado internacional y


completamente encandilados con la idea de “modernizar” al país, en el sentido
de convertirlo en un elemento funcional y subordinado a las demandas y
presiones externas en términos financieros, económicos, tecnológicos y
también culturales e ideológicos; estos grupos, demuestran su ineptitud para
conseguir sus fines inclusive en las condiciones más propicias a su favor, como
fueron las que se vivieron en las dos últimas décadas.

La noción de refundación, o mejor aún de renacimiento, expresa la


confrontación de estas dos visiones. Por un lado, la visión oligárquica,
originadora de la crisis de Estado, ha llegado a uno de sus grados de mayor
debilidad; con su capacidad hegemónica (la de mantener una subordinación
activa de los sujetos sociales subalternos) completamente resquebrajada;
con sus aparatos institucionales desgastados hasta el punto de conducirlos
al enfrentamiento declarado entrre sí y con una perdida de control de sus
aparatos políticos e ideológicos. Por el otro, una visión nacional y popular
que a través del proceso constituyente busca un renacimiento y una recreación
de las relaciones sociales y de las que se dan entre la sociedad y el estado.

El discurso oligárquico tiende hoy día a reaglutinarse sobre sus


escombros, a partir, principalmente, de iniciativas que provienen del sector
más moderno de la burguesía boliviana, el sector agro-exportador y el de los
ejecutivos bancarios y petroleros. Estos sectores intentarán –en el caso de
que no logre abortar la Asamblea Constituyente, que es el plan uno de la
oligarquía– convertir la Asamblea en un escenario de debate monotemático
sobre autonomías departamentales.

7 Crisis de Estado que se manifiesta en vacío hegemónico y desajuste orgánico de las instituciones estatales, que hoy
funcionan con una dinámica exacerbada de autonomía relativa, incumpliendo de una manera tan manifiesta sus fun-
ciones legales que muchas veces llegan al extremo de hacer exactamente lo contrario de lo que la ley establece.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

El movimiento popular y los distintos sujetos que se han ido


reconformando en los últimos 30 años como producto del terremoto
sociológico ocurrido en ese lapso8, intentan por su parte formular un proyecto
alternativo de Estado, de redistribución del poder en pos de que el mismo esté
vinculado a una nueva forma de producir riqueza y de distribuirla. Esta
confrontación se desenvuelve en condiciones de empate catastrófico, que
puede prolongarse hasta que alguno de los actores consiga establecer su
predominio.

Con estas características, ritmos y forma propia de evolución del


conflicto social en Bolivia, la Asamblea Constituyente, a diferencia de la
mayor parte de las que se han realizado en América Latina, puede culminar con
la promulgación de cambios legales que afecten de una manera
probablemente inmediata y directa, a asuntos tales como el régimen de
propiedad de la tierra y el control de los recursos naturales, además de
cambios en la forma de Estado, de gobierno y de las principales instituciones.

EL PROCESO ESTÁ EN MARCHA.

Si se ubica a la Asamblea Constituyente como parte de todo un proceso,


con raíces próximas que datan de hace unos quince años y remotas que van
mucho más atrás y, así, se deja de verla como una criatura de octubre del año
pasado o, como lo hacen varios columnistas, como una expresión del
pintoresquismo jurídico del país es posible lograr una idea muy diferente a la
que predomina en la escena mediática. Más importante aún, es posible
desprenderse del peso de una mirada que solo encuentra confusión e
incertidumbre en todas partes.

El proceso constituyente, como búsqueda colectiva de una nueva manera


de vivir y construir el país, se ha estado acelerando progresivamente. Del ritmo
pausado que se ve en la década de los 90’s al vértigo de 2000 en adelante. De
las luchas y demandas de 2000 se pasó a las realizaciones de 2002 con la
masiva votación que los nuevos sujetos y movimientos sociales obtuvieron,

8 Se hace referencia aquí a los procesos de diáspora de los obreros mineros, los grandes cambios del campesinado
a raíz de los intensos movimientos migratorios hacia las ciudades, la desaparición de varias fracciones empre-
sariales , o los efectos de la “informalización” económica y la reducción de empleos estatales sobre la clase media
urbana.

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logrando un 30% de la representación legislativa. En 2003 se desplazó al


gobierno cívico-militar encabezado por Sánchez de Lozada, conjurando de esa
manera y hasta ahora la posibilidad de que la espiral de violencia se convierta
en una guerra civil.

En este último año se ha reformado la Constitución, incluyendo en ella las


demandas básicas que abren paso a la reforma política y el espíritu del proceso
se manifiesta en el inicio del 4to. artículo constitucional que proclama que el
pueblo gobierna y delibera. Los cambios no han quedado confinados a la
esfera política y jurídica, sino que afectan la vida económica, con el desmon-
taje del modelo vigente desde 1985. Así debe entenderse que un gobierno
democrático, pero esencialmente conservador particularmente en lo econó-
mico, haya aprobado en febrero el decreto llamado “compro boliviano” que
asigna preferencias para los productores nacionales, rompiendo la hasta ahora
inquebrantable tendencia a abrir la economía sin ningún reparo.

El referéndum de julio no solo ha significado que el pueblo soberano tome


conciencia de que su palabra ya no puede eludirse cuando se trate de adoptar
decisiones fundamentales, sino que ha parado en seco la capitalización en el
sector hidrocarburífero. Es muy difícil que las largas batallas legislativas que
están en vigencia puedan anular la decisión de recrear una empresa estatal de
los hidrocarburos.

TRANSFORMACIÓN PRODUCTIVA, RENOVACIÓN INTELECTUAL Y MORAL.

Vemos lo mismo de una manera muy patente en la deliberación que desde


hace más de un año tiene lugar en la preparación del Diálogo nacional “Bolivia
productiva”9. En este Diálogo cunde una tendencia productivista en los sec-
tores de base que se traduce en un discurso que se puede resumir de la
siguiente manera: “no estamos más interesados en estrategias de reducción de
la pobreza porque estas estrategia, tal y como son concebidas aquí, y con el
recetario que nos llega de afuera, van a significar que dentro de 20 ó 30 años

9 Diálogo Nacional, es una práctica de concertación entre el Estado y representantes sociales inaugurada desde
1997 y que ha ido cambiando de una consulta genérica, a una búsqueda de consensos sobre estrategias antipo-
breza, en la versión del Banco Mundial. Este último Diálogo, vigente desde junio de 2003 y que debe culminar a
fines de 2004 busca ir más allá, por obra de los representantes sociales, para definir nuevas orientaciones de inver-
sión pública e inclusive nuevos enfoques de políticas económicas.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

tengamos eventualmente un poco menos de analfabetismo y estemos con


mejores índices de vacunación, pero en ese plazo y en definitiva seguiremos
siendo miserables, eventualmente vacunados y alfabetizados. Nuestra idea no
es esa, nuestra idea es ser una nación, ser un Estado, ser un pueblo próspero,
que utilice para sí sus riquezas y que obtenga bienestar con ellas”.

En otras palabras, el Diálogo está trabajando en el cambio de modelo


económico, que es un problema que no se resuelve en el nivel de normas
constitucionales, sino en el de leyes y decretos.

En el plano local, la efectivización de las normas que señalan que la


mayoría de los recursos de coparticipación deben ir hacia lo productivo,
podemos estar dando pasos decisivos para la modificación del patrón de
acumulación. Ir desde del actual patrón “de base angosta”, que significa que
las actividades económicas que producen mayor riqueza son las que
producen al mismo tiempo menor cantidad de empleo y están dentro de un
régimen de propiedad altamente concentrado, hacia un modelo de base
ancha, donde las actividades que hoy día producen más empleos las
informales, la de pequeña y mediana producción, dan más alternativas de
empleo pero producen menos riqueza 10.

Podemos comenzar a transitar hacia un modelo donde el uso de recursos


naturales como los hidrocarburos sirva para este propósito, antes que para
formular grandes sueños de grandeza o a la ilusión de que una riqueza natural
por si misma puede sacarnos de la pobreza.

Esta tendencia productiva muy fuerte se acompaña en la base social de


una crítica creciente hacia las formas de mendicidad que han caracterizado el
dominio oligárquico. Mendigo es el Estado boliviano, mendigas su burguesía
y oligarquía, que andan con la mano extendida por todos los pasillos de los
foros internacionales y en las relaciones con los demás países. Además, de
mendigos son muchas prácticas internas de los más diversos sectores.
Aparentemente este es un hecho que se está expresando en la forma de un
reclamo de la transformación productiva que nos permita salir de la condición
de eternos extractores de riqueza natural, para buscar formas opcionales y
10 Las nociones de patrón de base ancha y angosta han sido trabajados con persistencia y claridad por el economista
boliviano George Gray Molina en varios artículos.

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diversificadas de utilización de estos recursos y sobre todo de la propia


capacidad y talento de las mujeres y hombres de este país.

LA DECADENCIA DEL SISTEMA Y LAS NUEVAS FORMAS DE REPRESENTACIÓN.

Por otro lado, está presente la posibilidad de que la reforma política


confiada a la Asamblea, abra camino a nuevas formas de convivencia entre
distintos sujetos sociales, quienes son los que realmente le dan identidad y
esencia a lo boliviano, haciendo que esos sujetos sean quienes también tengan
un peso decisivo en el control del Estado y en la adopción de políticas.

La transformación política tiene un correlato ético e intelectual, como


respuesta a la decadencia del sistema de representación política y, en general,
de todas las formas de representación. Hoy nos carcome una insatisfacción
generalizada con los dirigentes sociales, laborales, sindicales, cívicos,
deportivos, culturales, religiosos, etc. Todo ello crea una demanda de renova-
ción moral e intelectual. En lo intelectual, en el sentido de que como
colectividad seamos capaces de utilizar recursos del conocimiento que están a
nuestro alcance, pero permanecen fuera de nuestro control. Que la discusión
interna en el país se realice sobre bases de mayor conocimiento de la realidad
y de menos discursos rimbombantes. En la dimensión ética, una renovación
que lleve a terminar con la discriminación, cosa que no será posible si no se
incrementa la honradez intelectual del conjunto de los sujetos, la tolerancia y
la capacidad de lograr la subsistencia de normas y de autoridades sobre la base
de la adhesión convencida de los gobernados.

¿Es posible en este proceso, –como lo interroga el cuestionario de Juan


Jacobo Tancara que ha dado lugar a este artículo– vislumbrar otro tipo de
política, no partidaria, no plutocrática, no corruptible; incluyente, ecumé-
nica, intercultural, integradora?. Tal como yo entiendo este proceso consti-
tuyente, su orientación apunta precisamente hacia esos objetivos. Y así lo
podemos encontrar de diversa manera y como tendencias fuertes en diversos
episodios de la vida nacional del último tiempo. Cada uno tiene su particular
expresión y es susceptible de distintas interpretaciones.

Por ejemplo, al discutir las nuevas formas de representación política hay


que entender que la decadencia del sistema de partidos ha abierto espacio a que

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los medios de difusión sean hoy un tipo de instituciones de representación


política11 y junto a ellos diversos movimientos sociales, organizaciones no
gubernamentales junto con formas de organización política tradicional como
comités cívicos y organizaciones corporativas de toda índole.

Las tendencias de reestructuración parecen dirigirse a que las formas


tradicionales coexistan con nuevas formas no profesionales de ejercer la
política. Estas nuevas formas pueden expresarse, por ejemplo, a través de las
agrupaciones ciudadanas o las que surjan de pueblos indígenas12. El proceso no
va ser fácil; de hecho, tenemos una ley de participación ciudadana que en su
artículo cuarto atenta violentamente contra estas nuevas formas de
representación cuando las convierte en formas permanentes, prácticamente
profesionales, en tanto que la sociedad busca crear representaciones políticas
no profesionales, que permitan, tácticamente por un determinado período y en
una situación concreta, a diversos grupos sociales insertarse en el Estado.
Entonces aquí habrá una búsqueda probablemente de mediano y largo aliento,
procurando alcanzar un equilibrio entre estas distintas maneras de
representación.

DESCOMPOSICIÓN SOCIAL.

Otra particularidad del proceso boliviano, es el entremezclamiento de


conductas y actitudes que existe dentro de las prácticas actuales de los
sujetos sociales13. Entremezclamiento de tendencias innovadoras con
tendencias conservadoras y hasta reaccionarias. Es el caso, por ejemplo, de
sectores que pueden plantear cambios y avances democráticos muy
importantes y al mismo tiempo, por ejemplo, impugnan algunas reformas
judiciales que tienden a que en el país se respeten más los derechos
humanos. Ocurre que los sectores que son innovadores en unas áreas, en

11 Cortéz R. “Movimientos sociales y partidos políticos en Bolivia”,Revista de Ciencia Política Nro. 4, INCIP, La Paz,
1999.
12 Manifiesto aquí mi discrepancia con la noción vigente de que los pueblos indígenas como tales constituyan formas
de representación política electoral. Los pueblos indígenas tienen como cualquier organización humana diversas
tendencias que no pueden uniformarse estaturiamente y por lo tanto es necesario que se modifique la ley de
Agrupaciones existente en sentido de contemplar esta pluralidad propia de los pueblos, sin recortar o disminuir las
prerrogativas que han conseguido.
13 Llamo así a esos grandes conglomerados humanos (clasistas, étnicos, regionales y otros) que hacen la política y,
en definitiva, hacen la historia.

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esta otra se muestran partidarios de que no haya derechos para los


acusados, de que se los mantenga incomunicados, que se los castigue;
inclusive ahí están los hechos de “ajusticiamiento”, de ejecución de acusa-
dos que practican sectores de la sociedad; o los abusos, de que algunos
movimientos sociales, como es el caso de “los sin tierra” acusados de ejer-
cer violencia en contra de pequeños campesinos e indígenas.

Las peleas intestinas de amplios sectores sociales, campesinos versus


colonizadores, cooperativistas mineros contra trabajadores de ese sector,
vecinos entre sí, nos configuran un ambiente de desagregación y
descomposición.

ÉTICA, RELIGIÓN Y SABIDURÍA POPULAR.

Termino refiriéndome, otra vez por las preguntas de los editores de esta
revista, a la ética, la religión, la sabiduría autóctona. Cada uno de ellos ha
jugado un rol muy especial, muy importante, en nuestra historia y particu-
larmente en este período del proceso constituyente.

Esto se engarza con el sentimiento de un pueblo que ha decidido no seguir


tolerando la cada vez más inescrupulosa de ejercer el poder y las prácticas de
partidos políticos que se han alejado completamente de la mínima noción que
les daba sentido de ser algún tipo de institución de servicio público, para
convertirse en verdaderas universidades de delito, del asalto a los fondos
públicos, de abuso del poder. Esta indignación social tan extendida que
reclama una reconfiguración ética, así como valores propios de la cultura y
religiosidad popular y de la influencia de distintos credos, están jugando y van
a seguir jugando un rol muy importante, sobre todo en un contexto como el
actual donde el avance que existe en la formulación de un proyecto nacional
de carácter más nítidamente político es todavía muy inicial.

Se puede valorar en todo esto la dimensión utópica, los sueños, la fe (más


allá de una religión en particular), las esperanzas, el lado más íntimamente
humano de todo esto, como una fuerza enormemente significativa en el
desarrollo de los acontecimientos. Sin esta capacidad de crear y fabricar
sueños y objetivos distantes, de creer firmemente en que las condiciones
extremadamente duras en que vive la mayor parte de los bolivianos; sin esta

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

persistencia verdaderamente inquebrantable de construir un país diferente, el


nuestro hubiese sido un destino verdaderamente catastrófico, hubiese sido el
destino de unas mayorías asfixiadas y aniquiladas como ha ocurrido en países
vecinos o de otros que han alcanzado mejores niveles de bienestar económico,
por ejemplo como en el caso de Chile, pero a costa de una inmersión total en
una dinámica ultrapragmática que tiene una fuerte base de resignación, de
concesión y transacción con un sistema cada vez menos humano.

Parte de nuestros problemas, de nuestros quebraderos de cabeza, tienen


que ver con ese impulso soñador, esa rebeldía propia de las gentes de este
territorio en el que habitamos, de no resignarse y de insistir desespera-
damente, desordenadamente, caóticamente muchas veces, en la conquista de
una utopía, no como el equivalente del asalto al paraíso, pero sí con la
convicción de que es posible vivir mejor y mucho mejor sin resignarse a la
idea de ese chiste popular escrito en alguna pared de que existe un mundo
mejor pero es carísimo. Parece que los bolivianos y las bolivianas de todas
maneras estamos dispuestos a conquistar ese mundo mejor invirtiendo en ello
lucha y esfuerzo, antes que nuestros inexistentes ahorros financieros.

*Preparado para la revista Fe y Pueblo del ISEAT

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Roger Cortéz Hurtado

LA APUESTA BOLIVIANA: EL PROCESO CONSTITUYENTE


Julio 2004*

I
nicial, y brevemente, quiero analizar la coyuntura. Porque hoy, cualquier
acción u omisión puede tener consecuencias de gran alcance sobre el desa-
rrollo de los acontecimientos. Por eso, quiero hacer el intento de realizar un
recuento del panorama internacional, respecto al cual no tengo ni la soltura ni
la solvencia necesarias, pero que resulta muy importante en el momento de
estudiar la situación interna del país. Luego, voy a referirme a la Asamblea y el
proceso constituyente.

UNA MIRADA AL MUNDO.

El siglo XXI se ha inaugurado bajo el signo de una de las regresiones más


grandes del planeta, como resultado de la convergencia de la acción de grupos
terroristas y la respuesta desplegada por la gran potencia militar del planeta, los
Estados Unidos.

La respuesta represiva de los Estados Unidos se desarrolla, en dos planos:


internacional e interno. En el plano internacional adopta actitudes que echan
por tierra, de un plumazo, el avance de convenios internacionales y la vigencia
de organismos como Naciones Unidas. Es decir, que la noción de guerra pre-
ventiva cuestiona las bases del derecho internacional. Y a través de estas accio-
nes, los Estados Unidos extienden mucho más allá de sus fronteras –hasta los
últimos rincones del planeta– una forma de terrorismo de Estado y de una
acción represiva exacerbada. Esta posición es compartida por gobiernos como
el de Gran Bretaña.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Por otra parte, dentro de sus fronteras se ha producido un evidente


retroceso del liberalismo político a través de la aprobación de normas como
la Patriot Act que vulnera derechos y garantías y autoriza intervenciones de
la policía y los organismos de inteligencia, en una escala desconocida en ese
país. Otras señales de esta regresión son que importantes órganos de difusión
de este país discuten abiertamente, y sin complejo o pudor alguno, cuán
válido es que el Estado utilice la tortura como recurso válido y legítimo, o
más importante aún, el alto nivel de intención de voto que se manifiesta a
favor de la administración actual. Se trata de un cuadro evidentemente
desolador. Aunque simultáneamente se han gestado también respuestas
significativas como las manifestaciones registradas en Europa ante la inva-
sión a Irak, que ha logrado un nivel de acumulación cuantitativa mayor y más
rápido a la que conocimos en la guerra de Vietnam.

Dentro de estas acciones pro-democráticas América Latina ha dado su pro-


pia respuesta. Prueba de ello son los gestos de México y Chile que en el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tomaron distancia de los Estados
Unidos en un intento por enfrentar esta presencia omnímoda y el surgimiento
y fortalecimiento de gobiernos contestatarios a la política estadounidense,
como los de Argentina, Brasil, Venezuela.

En este contexto, Estados Unidos, al mando de George Bush, pone un


énfasis extraordinario en el plan Colombia, hecho que evidencia la voluntad de
reducir el cuadro político latinoamericano al terrorismo y al narcotráfico y de
“ocuparse” de nosotros, en su próximo gobierno, en el sentido de incrementar
su presencia militar y su control de la región.

LA CRISIS DE ESTADO EN BOLIVIA.

Bolivia vive un proceso caracterizado por una crisis de Estado que se


advertía ya desde 1998. Este hecho se expresa a través de dos componentes
principales: por una parte la vacancia hegemónica, pues en este momento no
existe un sujeto, agente o conglomerado social que parezca tener la
posibilidad de plantear un horizonte común, o menos aún un dominio
hegemónico en el sentido de construir un dominio con consentimiento activo
de los dominados. Esta crisis de Estado se expresa, entre otras cosas, en un
estado de insubordinación social reiterativo que, por el momento, no parece

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tener solución. El otro componente de la crisis es un desajuste esencial en el


funcionamiento de las instituciones del Estado, entra las que se advierte un
desequilibrio orgánico cuyo extremo no sólo radica en la incapacidad de las
instancias estatales para cumplir sus funciones legales sino, en muchos
casos, en el hecho de que lejos de ajustarse a su mandato legal, lo violentan.

Estas son dos características esenciales de la crisis de Estado en Bolivia.


Pero no se trata de una crisis revolucionaria, como cierta tradición histórica nos
puede inducir a pensar, porque para que ésta suceda no es suficiente el hecho de
que “los de abajo ya no acepten una forma de gobernar y los de arriba ya no pue-
dan gobernar”.

Al leer y descifrar el movimiento de los sujetos contestatarios se advierten


un estado de ánimo y unas prácticas tremendamente ambiguas y
contradictorias. Los sujetos sociales simultáneamente muestran interesantes y
significativas tendencias innovadoras hacia la profundización democrática
pero, al mismo tiempo, por ejemplo piden la abolición del Código Penal y
plantean abiertamente que los sospechosos de cometer delitos deben ser
aislados e interrogados o castigados aún antes de que se conozca su culpa-
bilidad. Esto podría explicar el índice de muertes por linchamiento en el país
que, de una manera más o menos amplia, prolifera. En una insubordinación
social hay fuertes tendencias regresivas y conservadoras. Este es el estado de
ánimo en torno a esta dupla profundamente contradictoria donde podemos
encontrar algunas claves para descifrar el proceso y plantear vías de avance.

LA HERENCIA DE OCTUBRE.

A partir de esta situación particular se produce en Bolivia el relevo del


gobierno el 17 de octubre de 2003, cuando es expulsado el máximo titular del
conservadurismo boliviano, Gonzalo Sánchez de Lozada, quien huye
despavorido dejando una estela de sangre tras de sí y es reemplazado con
beneplácito popular por uno de sus más próximos colaboradores, Carlos Mesa.

El presidente Mesa representa el conservadurismo conceptual en el país y


no encontró, en los campos filosófico o ideológico, una distinción precisa entre
su posición y la de Sánchez de Lozada. Tampoco veo una diferencia radical en
el señorialismo de ambos sujetos. Donde si hay diferencias –y sería completa-

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

mente equivocado ignorarlas– es en los planos ético, estético y de sensibilidad


política y social. Mesa aparece o reaparece históricamente diciendo: “Me han
preguntado si soy capaz de matar”, frase a la que respondió diciendo que no
podía hacerlo, mostrando asimismo una conducta diferente a su antecesor en el
sentido de su capacidad de encuentro con las masas, con indígenas, con la plebe.

En diciembre del año 2002 Carlos Mesa decía que no sólo el Estado es
corrupto, sino que lo es porque el pueblo es corrupto1. Mesa expresaba así lo
peor del pensamiento arguediano2 en el sentido de que asume como un hecho
la suposición de que los bolivianos somos víctimas de una enfermedad
congénita, nacional, que nos impide realizarnos como pueblo.

Tenemos un Presidente tan conservador como el círculo más estrecho de


colaboradores que lo rodea. Las cadenas que atan al Presidente y su capacidad
de análisis y acción política se manifiestan de manera clara cuando el Senado,
a pedido y por iniciativa del gobierno, ratificó un convenio de inmunidad a
favor de los ciudadanos norteamericanos y, por otro lado, a través de esa
aberrante ley interpretativa destinada a liberar de responsabilidad a militares
que participaron en los conflictos de octubre de 2003, a través de un acuerdo
entre el Presidente y sus ministros más próximos, con el presidente del Senado.

Los hechos señalan que el Presidente perdió ese margen de libertad


personal del que nos había hablado cuando recordó al ex presidente Frías3.
Carlos Mesa, muy lejos de ese ánimo, está ingresando en una pendiente muy
peligrosa en que la estrategia fundamental de su gestión parece ser su
permanencia hasta el 2007. Esta aparenta ser una obsesión que le resta
capacidad de acción frente a diversas presiones.

El gobierno no puede ignorar que empezó a perder el control de la


situación, cuando en febrero de 2004, después de anunciar que daría un
enfoque diferente a su gestión imponiendo un tributo a los grupos econó-

1 Hizo esta aseveración en la conferencia convocada por Prisma y cuando ejercía interinamente la Presidencia, al
afirmar que era equivocado atribuir el el manejo de la corrupción a los partidos políticos, ya que, en su opinión,
las prácticas corruptas se encuentran enraizadas en la propia sociedad.
2 N.d.E. Se refiere al pensamiento del escritor boliviano Alcides Arguedas.
3 N.d.E. Tomás Frías Ametller, Presidente de la República entre noviembre de 1872 y mayo de 1873, quien ante
rumores de golpe de estado dijo que el momento en que alguien quisiera el poder, ni lo despierte, porque tenía la
banda presidencial y los símbolos patrios listos para entregarlos a quien se los reclame.

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micamente más favorecidos, retrocedió frente a las amenazas de pequeños


sectores oligárquicos que cuestionaron sus anuncios económicos. Se le presen-
taba otra vez una oportunidad excepcional para recuperar el control de la
situación y convertir los índices de desconfianza ciudadana –que todavía están
por encima del 50%– en confianza: el bien político más importante en el país
en estos momentos.

Sin confianza se arriesgan los avances democráticos del pueblo que, por
el momento, cristalizan en la nueva Constitución Política aprobada el 20 de
febrero de 2004. Ésta expresa un salto cualitativo extraordinario: el hecho de
que el artículo 4º comience afirmando que el pueblo gobierna y delibera. Se ha
introducido la Asamblea Constituyente, el Referéndum y la iniciativa ciudada-
na, pero lo relevante es haber logrado condensar dos siglos de luchas
democráticas del pueblo boliviano. Éste ha sido el intento más serio de
convertir un discurso en práctica orientada a resolver el malestar y la crisis
de representación que acompaña a la crisis del Estado4.

Tenemos entonces un instrumental importante y de mucha proyección en


la Constitución Política vigente y es sobre esa Constitución –desconocida para
mayor parte del movimiento popular– sobre la que se debe trabajar. Porque el
pueblo fue mal informado precisamente por sus representantes, por los
dirigentes de toda naturaleza, desde el MAS, pasando por la CSUTCB y la
Coordinadora del Agua5 que se dedicaron a estigmatizar las reformas que se
habían alcanzado hasta julio de 2002 en la ley 2410 de necesidad de reforma,
y a la que tachaban genéricamente de ser una “reforma neoliberal” de la
Constitución .

La aprobación de esta reforma es un paso muy significativo del


proceso constituyente, iniciado hace más de una década y que tiene en la
Asamblea su punto simbólico y jurídico más elevado, pero que no se agota
ni termina en el.

4 En alguna otra ocasión he comentado respecto a los resultados de un trabajo realizado por la cooperación alem-
ana en Bolivia (GTZ) donde se percibe el profundo hastío de la sociedad sobre todo tipo de representantes políti-
cos, sindicales, laborales, movimientos sociales y organizaciones cívicas. Nadie está satisfecho con su repre-
sentación y la gente quiere participar directamente.
5 N.d.E. MAS: Movimiento al Socialismo, liderado por el dirigente cocalero Evo Morales. CSUTCB: Central Sindical
Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia. Coordinadora del Agua: organización de varias instituciones
sociales y de trabajadores de la ciudad de Cochabamba liderada por el dirigente fabril Óscar Olivera.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LOS ORÍGENES Y AVANCE DEL PROCESO CONSTITUYENTE.

En principio, es necesario señalar que la primera y más importante raíz del


proceso constituyente se encuentra en la marcha por la tierra, el territorio y la
dignidad de los indígenas de las tierras bajas del oriente del país.

Así, la emergencia de estos nuevos sujetos cuestiona al Estado


republicano en esa concepción excluyente, racista, discriminadora, que
arrastra desde su fundación.

Así, el sujeto social indígena campesino se convierte en el precursor y el


más importante impulsor del proceso constituyente. Pero, no es sino hasta el
año 2000 cuando la consigna da un brinco desde el oriente hasta Cochabamba
a través de la guerra del agua, y dos años después se traduce en el tema del gas
y los hidrocarburos, convirtiendo a la demanda de control de los recursos
naturales en la segunda raíz de la Asamblea y el proceso constituyente.

Ese clamor de los sujetos populares respecto al manejo y control de los


recursos naturales tiene un tono autocrítico, porque la capitalización sucedió
debido a todo tipo de complicidades intelectuales políticas y sociales, pues
quienes llevaron a cabo la privatización bajo el nombre de capitalización, lo
hicieron con mandato popular. En las últimas ocho elecciones nacionales y
municipales, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Acción
Democrática Nacionalista (ADN) y el Movimiento Nacionalista Revolu-
cionario (MNR), acapararon más del 60% de los votos. De modo que no
proclamemos prematuramente su repliegue y menos su muerte.

La Asamblea Constituyente boliviana, si logramos realizarla, se va a


distinguir de otros procesos, incluyendo el colombiano, porque puede lograr
consecuencias perceptibles y tangibles a corto plazo. Porque está bien que
advirtamos que al día siguiente de la nueva Constitución ni tendremos más
empleos o mayores salarios, pero la Asamblea Constituyente tiene buenas
posibilidades de generar un cambio fundamental en el régimen de tenencia y
propiedad de la tierra, al control de los recursos naturales, con una conciencia
nacional cada vez más despierta respecto a que los recursos naturales no se
reducen a los hidrocarburos y minerales, sino que incluyen, el agua, la
biomasa, los bosques, el oxígeno.

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Roger Cortéz Hurtado

Ahora es el momento en que los indígenas empiecen a explicar qué


significa exactamente para ellos la noción de tierra y territorio, ya que una
aplicación literal de esta concepción significa, por ejemplo, que el 83% de las
reservas del gas del país son de propiedad de los waneyek y tapietés6, porque
esas reservas están en su territorio. Cabe conocer si quechuas y aymaras
comparten ese planteamiento y cual es el sentir de la población urbana
respecto a la posibilidad de que ese gas por el que tanto pugnan unos y otros
sectores sea reconocido como propiedad de un grupo muy reducido de
familias. Es evidente, que si ese fuera el caso, existen fórmulas tributarias,
practicadas en países donde se reconoce un régimen de propiedad territorial
inclusive para individuos, que permiten distribuir los recursos generados entre
el Estado, la región y los propietarios de formas aceptables para todas las
partes. La pregunta válida es si quienes están enarbolando ciertas banderas
están al tanto de todas sus derivaciones.

LA REFORMA POLÍTICA.

El otro elemento raigal que ha orientado el proceso constituyente es una


demanda de reformas políticas encaminadas a democratizar la sociedad
profunda y genuinamente. Desde inicio de 2000, en el Jubileo7, el Diálogo
Nacional, en las luchas sociales, bloqueos campesinos de ese año y, después,
en las consultas de el Consejo Ciudadano8 y del Parlamento esta demanda se
expresó en la trilogía de “Asamblea Constituyente, referéndum y
desmonopolización de la representación política”.

En cuanto a la representación en la Asamblea Constituyente, si algo ha


quedado claro para los senadores –que han tenido que escucharlo en más de
una audiencia pública– es que la gente les ha dicho muy amablemente pero
de manera irrevocable: “no queremos verlos cerca de la Asamblea”.

6 N de E. Wenayek,. Ava Guaraní y Tapiete, son etnias asentadas en el ecosistema del Chaco boliviano al sur este del
país.
7 Jubileo 2000 fue una movilización convocada por la Iglesia Católica, originalmente para solicitar a escala inter-
nacional la condonación de la deuda externa. Se convirtió en una consulta en la que diversos grupos hicieron cono-
cer demandas y propuestas de cambio social.
8 Grupo de 9 personas convocado por Hugo Banzer para redactar un anteproyecto de la Constitución en 2001.
Realizó para cumplir su propuestas múltiples consulatas y reuniones con diversos sectores.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

De todas las asambleas constituyentes del área andina, la boliviana es la


que menos dueños tiene: no hay caciques, líderes, ni partidos propietarios de
ella. Este hecho puede ayudar a que tengamos una Asamblea Constituyente
con un margen extraordinario de innovación. En este sentido, debemos
advertir que en medio de la crisis de Estado y de descomposición social, se
presentan dos tendencias: un proceso de reforma profundo, democrático y
pacífico y, como riesgo latente si la primera tendencia no se impone, el avance
hacia una coyuntura de disolución.

Esa segunda tendencia nacería de profundización de la crisis, porque


existen fuerzas centrífugas poderosas que sería peligrosísimo subestimar, ya
que sabemos lo que pueden generar las minorías eficaces en Bolivia. Antes de
las movilizaciones de los indígenas de tierras bajas o de las acciones de los
cocaleros (ambas minorías que no superan el 3% de la población) los mineros
bolivianos –que rondaban ese mismo porcentaje– hicieron historia durante 50
años; la misma oligarquía ha sido y es una minoría diminuta. Entonces, no
vayamos a subestimar a los actores por su dimensión demográfica, menos aún
cuando una característica principal de la coyuntura actual es la fragmentación
del poder político. Cada sujeto, cada actor, cobra una nueva dimesnsión dentro
de esta fragmentación que ha empoderado a una parte de los sujetos sociales,
pero, también a algunas fracciones dominantes.

La tendencia creativa del proceso constituyente puede conducirnos a un


auténtico renacimiento. Todavía no aparecen los grandes talentos del cambio
social y de la política y tenemos que trabajar mucho para lograr esa
reconversión intelectual y ética sin las cuales el renacimiento se truncará
inevitablemente, abriendo espacio a una regresión autoritaria muy profunda.

¿OCASO DEL PODER OLIGÁRQUICO?.

Nuestra tarea es preparar y abrir espacio para que el proceso llegue hasta
la Asamblea Constituyente y que desemboque en la creación de fuerzas
sociales e instituciones que custodien el cumplimiento de una Constitución
que exprese un nuevo orden social. En contra de este avance del proceso, hay
una oligarquía, conservadora y reaccionaria que tiene como estrategia
claramente definida, impedir, a cualquier costo, la Asamblea Constituyente.
Alternativamente, existe la posibilidad de que ésta se realice pero como un

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ceremonial controlado, es decir, como un rito sin posibilidades, cuyo control


esté en manos de los aparatos políticos de la oligarquía del país.

Sin embargo, una particularidad del momento actual es la debilidad del


poder oligárquico, en una escala que no habíamos conocido antes, lo que de
momento dificulta las salidas de fuerza clásicas. Así se pudo verificar
recientemente cuando las Fuerzas Armadas estuvieron dispuestas a golpear y
no pudieron9 hacerlo. No es que les faltaran ganas, decisión, o bronca; pero la
experiencia próxima mostraba que lo peor que podía ocurrirles era buscar ellas
mismas el gobierno y, de hecho, la posibilidad de un gobierno militar no
existió en ningún momento.

La debilidad oligárquica se encuentra en el derrumbe de sus partidos,


su pérdida de iniciativa y capacidad de hilar e imponer discursos de
cohesión social, en la crisis de Estado, en la pérdida o limitación de control
de sus aparatos.

En tales circunstancias, preparar la Asamblea Constituyente significa que


se debe avanzar en materia de resolver conflictos sobre la tenencia de la tierra
todo lo que permita la ley, utilizando todos los recursos legales para saciar
parte de la sed y de los anhelos de tierra. Esta es una obligación concreta del
gobierno, que muestra grandes vacilaciones e inconsistencias cuando le toca
actuar. La Asamblea debe darse en un contexto en que la población indígena y
campesina recupere confianza respecto a que es posible, pacíficamnente, hacer
valer sus derechos.

Hay que revertir la traición solapada y los convenios existentes entre el


gobierno y organismos empresariales, a los que con precisión estratégica está
apuntando la marcha de San Julián10. Se debe avanzar en ello a toda costa,

9 N.d.E. En abril de 2004, miembros del Alto Mando Militar, vistiendo uniforme de campaña, se presentaron ante el
Presidente de la República, Carlos Mesa, para protestar por el fallo emitido por la Fiscalía de Distrito de La Paz
según el cual los militares acusados de cometer delitos contra los derechos humanos durante los hechos sangrien-
tos de febrero de 2003 donde fallecieron una enfermera y un albañil, debían ser nuevamente investigados –y juz-
gados- aún habiendo sido sobreseídos por el Tribunal Militar. Este hecho fue entendido como un acto de insubor-
dinación.
10 N.d.E. A mediados del mes de junio de 2004, pobladores de la región de San Julián, ubicada a 145 kilómetros al
noreste de la ciudad de Santa Cruz y paso obligado en la ruta hacia el Beni, llevaron a cabo una serie de movi-
lizaciones para demandar al gobierno la solución de varios temas pendientes particularmente con relación a la
dotación de tierras.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

porque el grupo palaciego más próximo al Presidente supone, erróneamente,


que tomar medidas en el problema de la tierra significará echar abajo las
exportaciones agrícolas y eso no es verdad. No se está pidiendo la reversión de
tierras productivas, sino de las grandes extensiones de “engorde”, de los títulos
falsos y fraudulentos, así como que se acabe la evasión fiscal de grandes
propiedades rurales.

Se debe llegar a la Asamblea Constituyente descomprimiendo expec-


tativas y combatiendo las tendencias centrífugas. Un compañero colombiano
nos decía: “Nosotros hicimos la Asamblea Constituyente para terminar la
guerra, ustedes la harán para impedirla”. Pero ocurre que, si no la preparamos
bien, la Asamblea Constituyente puede ser más bien el gatillo y el comienzo de
la guerra. Todo lo que se haga o se deje de hacer será utilizado en contra
nuestra en un juicio histórico. No hay omisiones inocentes.

Para manejar el tema de la descentralización resulta también indispen-


sable avanzar tanto como sea posible, antes de que la Asamblea inicie sus
sesiones. Si se opera de esa manera, podrán desinflarse muchas tensiones y
falsas expectativas que, si llegaran intactas al momento de apertura de la
Asamblea, pueden desviar su atención y crear falsas polarizaciones internas.
Las exigencias descentralizadoras de la “Media Luna”11 deben tener de parte
del gobierno una respuesta consistente en avanzar, con prisa y sin pausa, en
la mayor transferencia de competencias a las regiones en todos los ámbitos
posibles.

Las exigencias que se plantean desde los sujetos sociales hacia el


gobierno deben estar acompañadas de los más grandes esfuerzos en llevar
adelante procesos de renovación entre quienes los representan, tanto como
cambios drásticos en las tácticas y formas de organización. Si las formas de
lucha de algunos de sus componentes siguen siendo golpear y castigar a los
más pobres, a los más débiles, quitándoles clases a los niños más pobres y
salud a los más débiles y desnutridos, como ocurre actualmente, no llegaremos
a ningún lado. Ese es, lamentablemente, el comportamiento de algunos
sectores de la dirigencia social y laboral que carece de una estrategia

11 N.d.E. Se conoce como “Media Luna” a las propuestas relativas a las autonomías departamentales alentadas por
los Comités Cívicos de las ciudades de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca que, de acuerdo al mapa
político boliviano, toman la forma de una media luna.

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consistente para enfrentar a a los grupos dominantes. Hasta ahora, a ninguna


de ellos se le ha ocurrido hacerle una vigilia ante las sedes de transnacionales
que estimulan los conflictos, o enfrentar, en serio, a los intereses de Sánchez
de Lozada; por ejemplo, exigiendo una auditoria de los contratos que
COMSUR12 tiene con COMIBOL (Corporación Minera de Bolivia), y que le
han permitido a esa empresa exportar más de 200 millones de dólares el año
pasado, pagando poco o nada en tributos y regalías.

Ya es momento de revisar esos contratos en vez de continuar tomando


minas, o enfrentándose con obreros mineros, como lo están haciendo grupos
de cooperativistas mineros. Podemos obtener resultados mucho más rápidos
examinando esos contratos, que de seguro contienen muchas cláusulas lesivas
al interés nacional y de dudosa legalidad.

En cuanto a los hechos de enfrentamiento entre sectores se advierte un


denso silencio de los intelectuales, algunos de los cuales prefieren además de
callar, lanzar apologías sobre la supuesta aplicación de una “justicia
comunitaria” en hechos en los que han sido torturados y asesinados
campesinos de base.

En otros campos: ¿Cuánto se ha escrito sobre el tema de la desmono-


polización?13 ¿Quién enfrentó al MAS cuando se opuso a la desmonopo-
lización, con el argumento que le iba a perjudicar en las lecciones municipales
de diciembre?, ¿Dónde están los pronunciamientos ante estas actitudes?.
Parece que el terror nos paraliza cuando toca enfrentarnos a esos dirigentes y
con esta actitud intelectual nos iremos al despeñadero. Flaco servicio le
hacemos al movimiento popular callando, condescendiendo; y no se trata de
estar más allá del bien o del mal, sino de reconocer nuestras propias
debilidades, inconsecuencias y fracasos. En esto consiste la renovación
intelectual y ejercitándola se pondrá de manifiesto el barro, pero también
descubriremos el diamante que hay en cada uno de nosotros, individual y
colectivamente.

12 N.d.E. COMSUR, Compañía Minera del Sur, de propiedad de Gonzalo Sánchez de Lozada.
13 El artículo 222 de la Constitución Política del Estado, reformada y aprobada en febrero de 2004, abre paso a la
desmonopolización partidaria, es decir que la representación popular no sólo se ejerce a través de los partidos
políticos sino también mediante agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Abrir el camino hacia la Asamblea Constituyente demanda entonces un


proceso de renovación permanente, además de algunas tareas concretas entre
las cuales se encuentran la reglamentación de la desmonopolización de la
representación política.

Por otra parte, se ha previsto entregar la Ley Especial de Convocatoria a


la Asamblea Constituyente hasta diciembre de este año, lo que es muy riesgoso
porque mientras más se prolongue el debate sobre el procedimiento y se cuente
con menos tiempo para preparar y analizar lo que será el contenido de la nueva
Constitución serán mayores los riesgos de divisiones y enfrentamientos
internos, por ello creo que debe abreviarse al máximo el período de discusión
de la ley de convocatoria y ampliarse, al máximo, la consideración sobre los
contenidos de la nueva Constitución y el mandato que deben recibir los
constituyentes de sus electores sobre esta cuestión.

Lo importante es dejar de concentrarse exclusivamente en los


procedimientos, que es todo lo que hemos hecho hasta ahora, para empezar a
revisar y discutir, desde ahora, los contenidos de la nueva Constitución.

LA LEY ESPECIAL DE CONVOCATORIA A LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

Si bien la ley de convocatoria a la Aasmblea es una ley compleja, puede


ser trabajada en tiempo relativamente breve, incorporando, por lo menos, los
mecanismos de elección, el número de asambleístas y el producto de la
Asamblea (es decir si la Asamblea elaborará una nueva Constitución o un
proyecto de Constitución que deberá ser sometida a referéndum para
aprobarse).

Sobre el mecanismo para elegir a los asambleístas creo que la mejor


forma es lo que llamo “mecanismo mixto de elección”. Este consiste en la
selección de candidatos, en una primera fase, mediante usos y costumbres de
las comunidades u organizaciones que tengan tradiciones de esa naturaleza.
Una vez que se ha procedido de este modo corresponde inscribir a tales
candidatos, igual que cualquier otro, a través de un solo procedimiento: el
respectivo respaldo de firmas, que debe ser exigido por igual a las
agrupaciones ciudadanas y a los partidos.

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Todos deben participar en las mismas condiciones y no debe permitirse


que los partidos usen su personería jurídica como supuesto derecho a inscribir
candidatos a constituyentes, ya que dicha personería se obtuvo para la
inscripción de candidatos a diputados, senadores, concejales, presidente, pero
no para constituyentes, por lo cual partidos y agrupaciones requieren, ambos,
respaldo de firmas para inscribir a sus candidatos. Finalmente la elección debe
ser por medio del voto universal, directo y secreto. Esto es lo que llamo
mecanismo mixto y encuentro que buena parte de organizaciones sociales
muestra una predisposición positiva para adoptarlo.

Este procedimiento se opone a los mecanismos de representación


corporativa y de asignación de cuotas que predisponen a la división, el
sectarismo y la manipulación caciquista. La experiencia reciente de las
organizaciones sociales permite prever que si se otorgan representaciones
por cuotas, prácticamente cada organización que haya designado a sus repre-
sentantes se expone al riesgo de dividirse, al minuto siguiente de la
designación, por obra de los descontentos y por la vigencia de la genera-
lizada e integral crisis de representación a la que ya se ha hecho referencia.

Preparémonos para estar presentes a través de un sistema de alianzas y


de calidad, es decir, que los representantes sean los mejores y que las
comunidades pequeñas puedan llegar a la Asamblea mediante alianzas con
otros candidatos.

En cuanto al producto de la Asamblea, yo me inclino por la posición de


que esta elabore un proyecto que deba ser sometido a referéndum popular.
Entiendo los riesgos que tiene esta posición, pero creo que su ventaja que es
conseguir una apropiación colectiva de la nueva Constitución es muy necesaria
en las condiciones históricas que estamos viviendo.

LA AGENDA MÍNIMA DE LA ASAMBLEA.

No obstante que la Asamblea tiene la potestad de revisar y reformar


toda la Constitución resulta cada vez más claro que son tres las áreas que
resultarán prioritarias: 1) tierra-territorio y recursos naturales, 2) cambios
estatales referidos a la descentralización y los mecanismos de participación
permanente de los indígenas en la gestión estatal y 3) la reforma política.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Ya se ha dicho que el primer aspecto es el que otorga posibilidades al


proceso constituyente boliviano de distinguirse de otros por poder introducir
cambios de rápido y amplio efecto, lo que también puede pasar con los
cambios estatales referidos al segundo punto. Aquí, con reforma política me
refiero a las modificaciones que se introducirán en los Poderes, en las
Fuerzas Armadas (por ejemplo, servicio militar obligatorio o voluntatrio,
¿tribunales militares?, su ámbito de acción y competencia, actuación de las
Fuerzas Armadas en conflictos internos), Policía, partidos políticos,
Universidades.

En el campo de los derechos hay avances importantes en la última


Reforma (habeas data, por ejemplo) aunque los parlamentarios dejaron en el
camino artículos muy importantes como el que se refiere al derecho a la honra,
a la dignidad, a la imagen personal y a su prestigio (indispensables en una
situación mundial donde los medios de comunicación se han convertido en
protagonistas políticos de primer nivel), lo que tendrá que ser subsanado en la
Asamblea.

La tendencia observada en otras asambleas constituyentes latinoame-


ricanas es que dedican dos terceras partes de su tiempo a cuestiones proce-
dimentales y en el último tercio de su tiempo se desesperan y atropellan
queriendo resolver lo sustantivo. Pocas Constituyentes imitaron lo que se hizo
en Colombia donde se estableció una instancia específica para compatibilizar
y concordar la nueva Constitución con las leyes. Porque si no existe esa parte
reglamentaria y articulada con las leyes comunes, los avances extraordinarios
que se puedan logran en la nueva Constitución resultan inaplicables por falta
de las herramientas. Por eso, debería pensarse seriamente en prever estas
situaciones y, lo que es más importante, entender que el proceso no se agota en
la Asamblea, sino que se proyecta más allá en la construcción y fortalecimiento
de fuerzas e instituciones que custodien y permitan el efectivo cumplimiento
de la nueva Constitución.

TAREAS URGENTES, MÁS ALLÁ DEL BLOQUEO.

Sabiendo que la Constitución no es el mejor espacio para resolver el


problema del llamado “modelo económico”, que se basa principalmente en
leyes ordinarias, antes que en normas constitucionales, hay que entender

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Roger Cortéz Hurtado

que las respuestas concretas y prácticas para el desempleo, los ingresos y


otros aspectos clave del modelo tienen que tratarse, antes de la Asamblea, en
escenarios como el Diálogo Nacional Bolivia Productiva.

A principios de año, el Directorio Social del Diálogo ha conseguido que el


gobierno introduzca en su plan económico aquello que se ha llamado el
“compro boliviano”. Este proyecto no es para nada pequeño, implica
adquisiciones estatales que bordean los 1000 millones de bolivianos por año.
Esta medida altera de manera fundamental al llamado modelo y la orientación
económica adoptada por el Estado desde 1985. El Diálogo es un auténtico
componente del proceso constituyente que abre la posibilidad, no de generar
una nueva estrategia antipobreza como lo sigue pidiendo la cooperación
externa, sino de cambiar reglas de juego de modo que se favorezca la
transformación productiva del país. Lo mismo puede decirse del referéndum
que tiene posibilidades ciertas de ponerle fin a la capitalización del sector
hidrocarburífero, lo que equivale, en gran parte, a ponerle fin a toda la
capitalización.

Trabajar en todas las áreas del proceso implica una tarea militante
cotidiana, de compromiso y de participación en la coyuntura, entre otras cosas.
Se debe trabajar con mucho ahínco en el área de la comunicación. Por ejemplo,
se debe hablar con los diputados, hacer un seguimiento a su trabajo, discutir
los proyectos antes de su aprobación; es decir, debemos plantear otro tipo de
expresiones y participación activa distinta al bloqueo cotidiano. No pensemos
que éste va a desaparecer pero va menguar por la fiebre de tensiones que hay,
uno de cuyos componentes es la angustia de sus actuales dirigentes por
mantenerse a la cabeza, porque están percibiendo la crisis de representación.
Están en riesgo prácticamente todos los Solares14 muchos dirigentes de los sin
tierra y de varias otras agrupaciones. Se percibe un proceso latente de
renovación de dirigentes que incluye la posibilidad de una renovación ética e
intelectual.

El segundo elemento radica en trascender las formas habituales de


deliberación y reunión sectorial que de todas maneras se van a dar. Por eso, el
desafío fundamental previo a la Asamblea, es ayudar a conseguir que los

14 Se refiere a Jaime Solares, Secretario Ejecutivo de la Central Obrera Boliviana.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

sujetos experimenten la transversalidad y la heterogeneidad del proceso; que


se entienda que la Asamblea no es un espacio de concurrencia de pliegos
petitorios, porque en la Asamblea no hay a quien pedirle nada. Se trata de
entender que la Asamblea Constituyente es un espacio de construcción de pro-
puestas comunes. Este es un llamado a que concentremos nuestros esfuerzos
para que en el plazo más breve se constituyan las Mesas Ciudadanas para
impulsar la Asamblea Constituyente, con el propósito claramente determinado
de practicar y llevar adelante una agenda de encuentros y de movilización
mediante encuentros transversales y heterogéneos, donde sujetos de distintas
regiones, culturas y experiencias se encuentren y debatan. Por eso, es vital que
empecemos a debatir contenidos, a ensayar el sabor de lo que puede ser la
preparación de nuestra nueva Constitución.

Empecemos a crear un clima de deliberación nacional. En eso consiste el


proceso de participación. Estoy absolutamente convencido de que los
bolivianos tenemos la oportunidad histórica de realizar modificaciones
trascendentes, duraderas, democráticas y pacíficas, en beneficio de los sujetos
sociales postergados, discriminados, oprimidos y excluidos. Este es un
momento excepcional para construir una sociedad mucho más participativa,
menos discriminadora, menos racista y capaz de manejar sus recursos e
integrarse. La oportunidad está dada y la única manera de viabilizarla es
pacífica y democráticamente.

*Versión revisada,corregida y resumida de la ponencia a la asamblea del Consorcio


Apostamos por Bolivia

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CONSTITUYENTE Y ANTICONSTITUYENTE
19 de marzo 2004*

U
na decisión ha sido adoptada por algunos de los grupos de mayor
poder económico asentados en el país: detener la Asamblea
Constituyente; abortarla, bloquearla; a cualquier costo con seguridad
y en el mayor silencio. Están dispuestos a conseguirlo empleando cualquier
medio, todos los medios. Atemorizando, chantajeando, sobornando y, princi-
palmente, mintiendo. La mentira es el signo del plan, porque gran parte de su
éxito depende de que los labios de los amos de la economía jamás se abran
para denostar a la Constituyente. Otros se ocuparán de ello, en sordina, en
clave jurídica, con sofismas y lenguaje iniciático.

UN GOBIERNO ACORRALADO.

La maquinación comenzó, desde el momento en que se levantaron


voces para impugnar la decisión gubernamental de aplicar impuestos que
permitan disminuir la brecha fiscal. Una avalancha de pronunciamientos
adversos, de amenazas y desafíos se puso frente a la decisión del
Ejecutivo, convocando a las “bancadas regionales” a que cierren el paso a
los proyectos que debían materializar su propuesta económica. La
ofensiva tuvo un éxito tan rápido y rotundo que, allá mismo, se soldaron
sus objetivos y se convalidó su método de avance. En pocos días, el
gobierno se sintió acoquinado y solitario, confinado al espacio metafórico
que le otorgan las estadísticas de popularidad y confianza ciudadana.
Empezó la triste ronda de las consultas y las negociaciones –legítimas e

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

imprescindibles para acordar el diseño de leyes– pero simplemente


patéticas, cuando intentan subsanar el desconcierto o la indecisión.

La arremetida de una oligarquía que apareció penosamente en la escena


para proclamar que no dispone ni de peniques para pagar una diminuta cuota
del costo del fiestón que disfrutó durante más de tres lustros, fue puntual-
mente acompañada de un coro de dirigentes de todo pelaje que, con la excusa
de defender a los pobres, desataron diluvios de amenazas y azuzaron todos
los choques posibles, mezclando sin pudor los más sublimes y los más
perversos.

Una operación tan exitosa dio el campo necesario para que los corrillos
parlamentarios salgan del sótano de la vergüenza (no la suya por cierto) y
reaparezcan ante micrófonos y cámaras, como sabios consejeros, agudos
fiscalizadores y propietarios de la última de las verdades. Al mismo tiempo
que la crisis estatal arrecia, desgarrando instituciones y pulverizando cré-
ditos y prestigios, la vacilación permite que el viejo régimen cobre impulso
y se atavíe de redentor.

La estrategia anticonstituyente tiene táctica antigubernamental, no


porque se proponga derribar, ahora, al régimen constituido. Por lo pronto se
trata de acobardarlo, dejarlo exangüe y armar todo el barullo que se pueda,
en torno a supuestas habilitaciones de sucesores o candidatos golpistas,
mientras se crean las mejores circunstancias que abran paso a una renuncia
y a un llamado anticipado de elecciones que clausurarán la convocatoria y
funcionamiento de la Asamblea Constituyente. El boicot parlamentario es
muy importante, porque reanima la falsa discusión sobre la no menos falsa
gobernabilidad, en los términos y cláusulas que le asigna el decadente
sistema de partidos.

LA ANTICONSTITUYENTE.

Es legítimo preguntarse por qué los dueños reales, legales o no, de las
riquezas naturales vuelcan sus energías contra una Asamblea, que parece tan
distante e inaccesible. La respuesta es que sus resultados, a diferencia de
otras experiencias latinoamericanas recientes, pueden afectar profundamente
sus intereses. El hecho de que la Constitución no tenga carácter retroactivo

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Roger Cortéz Hurtado

no les consuela ni les tranquiliza, porque temen que la nueva carta magna
limite su campo de acción y sus perspectivas de una forma que no toleran ni
como hipótesis.

Aunque no se conoce un solo proyecto de nueva Constitución y hasta


ahora nadie ha explicado con que texto se pretende remachar la orientación
estatalista de la Constitución actual, o que artículos la blindarán contra las
violaciones de que ha sido objeto, la oligarquía no concilia el sueño, desde que
ha percibido que la propiedad y el manejo de la tierra y de otros recursos
naturales serán tema central de las deliberaciones de la Asamblea. Y, desde
luego, sus pesadillas no amainan cuando se interrogan sobre los cambios que
puedan afectar a la ruinosa maquinaria estatal, que ha estado bajo su
monopólico control y servicio desde la fundación de la República.

Padeciendo la más alta incertidumbre de la que tenga memoria y cuando


su capacidad de elaborar discursos agregantes se suma al quebrantamiento
integral de los aparatos de Estado y a los dispositivos políticos e ideológicos
de control social, es decir en la hora de su mayor debilidad política de la
historia reciente la oligarquía opta por la guerra preventiva.

LA CONSTITUYENTE.

El poder oligárquico tiene al frente a un movimiento popular,


precariamente estructurado sobre la base de movimientos sociales,
básicamente dispersos y que de una manera intuitiva, que está lejos de
aproximarse a la formulación de un proyecto propio, busca desencadenar una
reforma política de gran envergadura que amplíe sus posibilidades de
disputar excedentes y crear una base productiva más amplia que le permita
superar la línea de incierta sobrevivencia a la que lo amarran todos los
modelos económicos ensayados en nuestra historia nacional. Esos anhelos,
traducidos en una abierta insubordinación social, tienen su punto de amarre
en la Asamblea, erigida en icono del cambio.

Son justamente esas altísimas expectativas y un desconocimiento esencial


sobre la naturaleza, límites y capacidades de la Asamblea los que se erigen
como su primer y mayor amenaza. Si los bolivianos no consiguen elaborar,
recrear y apropiarse del conocimiento básico sobre estas cuestiones el

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

desarrollo de la Asamblea, esta frustrará sus expectativas y, eventualmente,


atizará divisiones y enfrentamientos.

Una de las más tempranas expresiones de este peligro se encuentra en un


cierto ánimo que tiende a predominar, predisponiendo a que una multitud de
grupos se imagine la Asamblea como un campo propicio para exponer quejas
y reivindicaciones sectoriales. Está lejos de comprenderse que en la
Asamblea no hay autoridad, representante o legítimo receptor de lamenta-
ciones. Allá se encuentran asambleístas, portadores de intereses y represen-
taciones que deben plantear propuestas abarcantes y articuladoras del
conjunto. Lo particular encontrará espacio, en la medida en que pueda
proponerse con una visión y un lenguaje universalizante –de este universo
boliviano–, porque si no lo consigue, será ignorado y se convertirá en
materia de resignación o tendencia al choque.

La magnitud de las amenazas y el descalabro coyuntural deben ser


tomados como un aliciente para preparar la Asamblea en las mejores
condiciones, porque la opción oligárquica de truncarla nos lleva con
seguridad a la guerra interna, que puede tardar más o menos en declararse,
pero que será tan cierta como monstruosa si se pierden las inigualables
oportunidades que existen, pese a todo, para plantear y construir un nuevo
compromiso social que marque un nuevo rumbo en la construcción del país.

EL ITINERARIO Y EL CAMPO DE MINAS.

Según las estimaciones técnicas y políticas aún vigentes, la Asamblea


podría ser convocada y sus miembros elegidos de aquí a un año. Para que eso
ocurra y, sin que todos los que se van a citar y examinar sean requisitos
estrictos, se espera que:

√ hasta el último día de Mayo próximo el Congreso apruebe la ley de


Agrupaciones Ciudadanas, reformas a las leyes electoral, de partidos
y de municipalidades;
√ entre Junio y Julio se lleve a cabo el referéndum sobre la política de
hidrocarburos;
√ en ese mismo lapso debe culminar el Diálogo Bolivia Productiva;
√ a principios de diciembre deben verificarse las elecciones municipales,

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Roger Cortéz Hurtado

√ hasta fin de 2004 debe aprobarse la ley especial de convocatoria a la


Asamblea Constituyente.

La única precondición estricta de todas es la última y, dicho como está,


resulta engañosamente simple, porque para contar con un instrumento
verdaderamente útil se necesita realizar un amplio proceso de consulta y
negociación que indefectiblemente se realizará en paralelo con la consulta,
análisis y debate de los contenidos del Proyecto de Constitución que elabore la
Asamblea. La reflexión, intercambio y propuesta ciudadana más amplias y
participativas tendrán que ocuparse, inmediatamente después del referén-
dum, tanto del procedimiento (quienes, cuantos, como) propio de la ley de
convocatoria, como de las líneas y temas centrales que tratará la Asamblea, ya
no como reglamentación, sino como guía de los asambleístas. En términos
netos, contamos con unos 4 meses para considerar ambos aspectos y unos 3
adicionales, entre la sanción de la ley y la elecciones para concentrarse en los
contenidos; todo esto en un contexto de campaña electoral municipal abierta.

Aceptando que el procedimiento es importante pero secundario respecto


al de contenido, la ley de convocatoria debe resolver el mecanismo de elección
de los asambleístas, su número y el producto que elaborará la Asamblea: nueva
Constitución o Proyecto de nueva Constitución. El número importa, cuando se
toma en cuenta que si la dificultad de lograr acuerdos es directamente
proporcional a la cantidad es casi una constante en cualquier colectividad, esto
es mucho más cierto para el momento que vivimos los bolivianos.

Sobre la forma de elección, la experiencia electoral de nuestro pueblo


incita a utilizar una vía mixta que consiste en que todas las colectividades
(comunidades, corporaciones, gremios) habituadas a una determinada
tradición para seleccionar a sus representantes, de acuerdo a sus usos y
costumbres, la ejerzan a plenitud y que sus delegados, designados de acuerdo
a tales prácticas, sean inscritos como candidatos ante los organismos
electorales en los mismos términos que los otros candidatos, es decir
acreditando un respaldo ciudadano expresado en una cantidad establecida de
firmas. De este modo, se reivindican y ejercen todas las prácticas
diferenciadas que existan, sin cortapisas ni restricciones, al mismo tiempo que
por medio de las firmas y, después, a través del voto se emplea un código
democrático de validez general. Ni los partidos, ni cualquier otro tipo de

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

agrupación pueden inscribir candidatos, si no es con el correspondiente aval


de firmas, cuyo número variará de acuerdo a que el candidato se habilite por
circunscripción electoral o se presente por circunscripción nacional.

Si no se olvidan las condiciones históricas y sociales concretas en las


cuales se ha gestado la demanda de esta Asamblea Constituyente, en medio de
una crisis global de representación, con una necesidad amplísima de
participación y fiscalización social y en un contexto de descomposición y
desconfianza, la ley de convocatoria debiera definir que la tarea de los
asambleístas es presentar un proyecto de Constitución que para ser aprobado
necesita consultarse con el pueblo soberano, que con la mayoría de sus votos
promulgará la Constitución. No debiera descuidarse, en consecuencia prever
que el proceso no llegue hasta su final (ya sea porque la Asamblea no consigue
presentar al menos un proyecto mayoritario, o porque no se logre la mayoría
popular en el referéndum, o cualquier otro incidente) y disponer de un
procedimiento para habilitar una nueva convocatoria.

Las reformas a leyes que el Congreso debería entregar hasta el 1ro de


junio tienen relación más bien con la elección municipal, cuya importancia
resulta mayor en tanto que será el primer ejercicio de una elección abierta, no
sujeta al monopolio partidario, motivo suficiente para que la fiscalización
social vigile que el Parlamento cumpla oportunamente su trabajo, ya que el
atraso llevaría, según la Corte Electoral, a que no puedan realizarse tales
elecciones desmonopolizadas, lo que es sencillamente inaceptable. La ley para
reglamentar la participación de agrupaciones ciudadanas debe ser muy
simple y escueta, estipulando como únicos requisitos para habilitarlas una
declaración de principios y las firmas de adhesión que correspondan. Como,
por definición, estas agrupaciones son asociaciones temporales no cabe prever
mecanismos de financiamiento estatal, los que, además, están profundamente
cuestionados para los partidos. Si una agrupación opta por extender su vida
más allá de una elección tiene la posibilidad de cumplir los requisitos que se
piden a los partidos y transformarse en uno.

El proceso del referéndum que está ostentosamente atrasado, debe


recuperar el tiempo perdido, porque su materialización compite objetivamente
con el de la Asamblea. Mientras el primero no culmine, las posibilidad reales
de consulta y movilización social sobre la última son muy restringidas. Más

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Roger Cortéz Hurtado

importante todavía, es que el referéndum tiene aparte de su propia importancia,


una posibilidad de influir intensamente sobre la orientación y el tono de la
Asamblea, en el sentido de atenuar o estimular tendencias centrífugas de toda
laya. Las preguntas del referéndum deben consultar sobre cuestiones que
estimulen una vigorosa y sana unidad plural, como son la reconstitución de
YPFB como empresa y como representante nacional ineludible en cualquier
megaproyecto hidrocarburífero. Es indispensable que el gobierno sea abierto,
claro e inequívoco al informar sobre puertos de salida y trazos de ductos, pero
no cabe introducir este tema en la consulta.

En cuanto a las preocupaciones sobre que debatirá la Asamblea no es


posible limitar este contenido, pero el análisis de cómo se ha ido gestando
permite prever que los temas que seguramente consumirán sus sesiones
son: tierra-territorio, propiedad y manejo de recursos naturales (minerales,
hidrocarburos, agua, bosques), descentralización en su sentido más amplio y
reforma política (Poderes estatales, Fuerzas Armadas, partidos políticos,
Policía).

AVANZAR A LA CONSTITUYENTE COMO PROGRAMA DE GOBIERNO.

El alto nivel de autonomía relativo de los aparatos estatales, propio de la


crisis de Estado, traducido en los desencuentros y brechas institucionales tiene
una reluciente cáscara con que se presenta la coyuntura a través de los medios
de difusión, embelesados con las intrigas de pasillo y jugarretas partidarias, y
que contiene como carozo, cuidadosamente escondido a los ojos del público,
a la disputa social desnuda sobre el excedente y la reconfiguración de las
principales instituciones. El gobierno sufre y se desangra mordiendo la cáscara
y estando ausente de la pulpa y la esencia. Su extraordinaria vacilación ante la
primera arremetida de parte de una fracción oligárquica ha mellado su
credibilidad y la confianza de amplios grupos sociales, urbanos y rurales, y ha
espoleado la reactivación de múltiples focos de protesta. Lo que es peor, este
retroceso ha contribuido a que tendencias de descomposición social se
ahonden, manifestándose en choques intrasociales con marcado tono violento.

Este no es un gobierno revolucionario y es tan injusto como infundado


esperar que lo sea. Es un gobierno democrático, despojado de aparatos y
mallas de seguridad política. Su único capital es un amplio, pero pasivo,

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

respaldo ciudadano. Su compromiso, una breve plataforma de referéndum,


asamblea, reforma de la ley de hidrocarburos y atenuación de la crisis
económica. Aunque no explícitamente asumido por el Presidente se tiene que
agregar a los puntos anteriores una política contra la impunidad.

Esta base de acción política es hoy manifiestamente insuficiente, tanto por


los errores acumulados y la combinada ofensiva oligárquica y del oportunismo
de núcleos de dirigentes sociales y laborales. La nutrida agenda de
compromisos (referéndum, diálogo productivo, elección municipal) deja un
margen muy estrecho para realizar la consulta, deliberación y movilización
social sobre la que imprescindiblemente debe convocarse y elegirse a los
asambleístas, sin lo cual no hay posibilidades de que la Asamblea pueda
resolver satisfactoriamente la elaboración de una renovada propuesta de
construcción nacional y compromiso social.

El gobierno será conducido a la impotencia y nos guiará al preámbulo de


un desastre de proporciones sino traza una estrategia que abra el camino hacia
la Constituyente, tomando iniciativas rápidas, amplias y osadas que nos
encaminen en el sentido que plantean al menos algunas de las reivindicaciones
de las que ha nacido la demanda de Asamblea. Esto significa, en el área de los
conflictos por tierra aplicar con firmeza todos los recursos legales disponibles
para penalizar el acaparamiento ilegal de tierras, tanto como el fraude, la
evasión fiscal relacionados con lo anterior, ejecutando las reversiones
previstas. Adelantar, al límite de lo que permiten las leyes vigentes procesos de
desconcentración y descentralización efectivos. En el área de hidrocarburos
plantear una clara y osada propuesta de ley alternativa que responda a la
demanda social. Estimular la participación y control social en todos los
espacios disponibles, desde el diálogo productivo hasta el referéndum.

Pero, por encima de lo que haga u omita el gobierno y de sus límites y


capacidades, si la espléndida y riesgosísima oportunidad de cambio social
pacífico que tenemos ante nosotros, no se rescata y trabaja por todas las
redes ciudadanas que existen, por todos los sujetos individuales y colectivos
que decimos estar comprometidos con este proceso, las consecuencias y la
responsabilidad del fracaso nos alcanzarán sin apelación.

*Publicado en “Pulso”

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Roger Cortéz Hurtado

EL DESCONCIERTO COMO ESPACIO VITAL


DE LA DEMOCRACIA EN BOLIVIA
27 de noviembre de 2003*

LAS RAÍCES DE LA REBELIÓN DE OCTUBRE.

L
os últimos acontecimientos en Bolivia representan un importante tramo
del proceso democrático que sobrevive en Bolivia sin interrupciones
desde 1982, pese a las precarísimas condiciones económicas en que sub-
siste la mayor parte de la población, lo que refleja, más bien, una estólida
paciencia de los bolivianos ante las adversidades y una determinación a vivir
en libertad y en pacífica convivencia.

Por 18 años, los bolivianos aceptaron con aparente resignación, primero,


los rigores de una superinflación que los empobreció y, después, la
implantación y experimentos de la agenda económica neoconservadora que se
aplicó en todo el continente. En ese lapso se vivió con toda intensidad un
enorme sismo social y económico que metamorfoseó profundamente el mapa
sociológico del país, fagocitando sujetos y clases sociales, mientras creaba y
remodelaba otros. La clase obrera se redujo al mínimo, en tanto que su núcleo
minero desaparecía en el marasmo que trajo el colapso de los precios de los
minerales; muchos grupos medios urbanos fueron borrados por la reducción de
puestos de trabajo en las empresas estatales y una parte de la burguesía “se
suicidó”, al respaldar políticas de transnacionalización de la economía,
mientras considerables sectores indígenas y campesinos han experimentado
cambios significativos en sus prácticas, simbolizaciones y tradiciones
organizativas, como efecto de la migración a núcleos urbanos.

Durante el lapso 1993 a 1997 ( primer gobierno de Gonzalo Sánchez de


Lozada, GSL) se pudo verificar de manera inconfundible la vigencia de una

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ola conservadora política y social, que dio un amplio espacio de maniobra a la


propuesta de la fracción burguesa más poderosa y mejor vinculada
trasnacionalmente. Su programa consistió en aniquilar cualquier vestigio de
capitalismo estatal y ensamblar con la mayor celeridad la economía
nacional a la globalización. En Bolivia se hizo en 4 años y en democracia,
lo que tomó casi el triple de tiempo en Chile, bajo férrea dictadura. La
diferencia clave es que aquí la modernización del capitalismo se redujo a
transferir los principales resortes económicos del país a corporaciones
multinacionales y no se adoptó ninguna medida para llevar adelante un
proceso de transformación productiva. En los hechos Bolivia quedó anclada a
su tradicional papel de vendedora de materias primas; antes plata, goma,
quinina, estaño; ahora, soya, gas natural, oro, maderas.

Aunque con ostensible mal humor y con vigorosos rezongos, el movi-


miento popular dejó espacio para que el ajuste estructural y sus reformas se
ejecutaran, así como para drásticas intervenciones estatales que redujeron la
superficie de coca cultivada hasta en un 85%, de modo que este país se
convirtió en 3er. productor de hoja, a una distancia considerable de Colom-
bia y Perú. La tolerancia social no sólo dejo que se instalara un nuevo patrón
de acumulación –sustituyendo el que funcionó desde 1952– sino su correlato
político, es decir un modelo de gobernabilidad basado en acuerdos inter-
partidarios, que se apoyaban en la parcelación de áreas de influencia en la
administración pública y un sistema de chantajes y complicidades de los
partidos, que intercambiaban favores, permitiendo a sus jefes y muchos de sus
cuadros enriquecerse aceleradamente.

CARACTERÍSTICAS DE LA CRISIS.

El entrecruzamiento de procesos conflictivos internos que está en la base


de la crisis nacional se ha acelerado y profundizado como consecuencia de las
influencias globalizadoras. Desde la implantación de una agenda y programas
gubernamentales, empujados por los principales organismos financieros y de
cooperación internacional, hasta la práctica dictación de un estado de sitio
planetario impuesto por Estados Unidos, desde el 11 de Septiembre de 2001,
pasando por las consecuencias de las crisis financieras de México, Brasil y la
Argentina, amén de los resultados que trae la transnacionalización de las
principales empresas del país, que estuvieron en manos estatales hasta
mediados de los años 90, la sensibilidad y reacciones de nuestra economía y

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Roger Cortéz Hurtado

en general de nuestra vida social ante los hechos externos se han ido haciendo
más marcadas en los últimos años.

Uno de los productos más patentes de esta colisión de lo global y lo local,


y las secuencias de reestructuración de rubros productivos y de sujetos sociales
es la generalización de un estado de desconcierto colectivo, que se expresa con
igual intensidad entre los grupos dominantes y los subalternos. En este
momento los primeros observan perplejos, pero no desprovistos de agre-
sividad, la caída del gobierno que resumía sus expectativas, mientras que los
sectores sociales dominados no alcanzan a consolidar un proyecto alternativo
que de curso y sentido a los avances organizativos y de representación política
que han obtenido los movimientos sociales.

Los procesos internos constitutivos de esta crisis nacional en curso son:


una crisis gubernamental, precipitada por las principales iniciativas de la
administración; el desajuste general del llamado modelo económico y
político instaurado desde 1985 y, una crisis estatal, todo lo que alimenta
tendencias de descomposición social.

Los problemas que precipitaron la caída del anterior gobierno, tienen que
ver con el hecho de que la materialización de sus tres principales consignas
programáticas sólo era posible, a cambio de agredir a importantes sectores
sociales.

En lo que toca al desajuste del modelo económico y político se expresa en


la incapacidad de crecimiento económico, incremento de la pobreza y
desvalorización de los mecanismos de representación política y
ciudadanización efectiva, con lo que el modelo de gobernabilidad efectivizado
desde 1984 ha llegado al límite de sus posibilidades. Los principales partidos
comprendieron fugazmente este hecho, pero la masiva participación electoral
observada en 2002, tanto como la importante votación que recibieron las
agrupaciones políticas tradicionales consiguieron debilitar la percepción
de los indicadores de agrietamiento del sistema político.

De tal manera, los partidos comprometidos en el mecanismo de


rotación en las funciones públicas y de chantajes e indulgencias mutuas al
que han llamado gobernabilidad, han optado por omitir mayores conside-
raciones respecto a la avalancha de votos que recibieron el Movimiento al

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Socialismo (MAS), el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP) y otras


fuerzas menores que, aún cuando fueron privadas de representación parla-
mentaria, suman una cantidad considerable de votos. De este modo se han
preservado y extremado las prácticas prebendales, patrimonialistas y
corruptas del sistema partidario, con lo que siguen creciendo la descon-
fianza y repudio sociales hacia el sistema partidario y de representación
política.

La crisis estatal tiene un componente de vacancia hegemónica, ocasionado


por el vaciamiento de la eficacia del discurso instalado sobre la ola
conservadora social que se inició en los años 80’s, y el desajuste de las
instituciones y aparatos estatales, incapacitados para cumplir las funciones que
les asigna la ley y cada vez más inclinados a violentarlas abiertamente. En el
centro de este núcleo de la crisis estatal se encuentra la decadencia del sistema
de partidos, que ya no pueden ni canalizar, ni agregar las demandas sociales,
lo que lleva a que cedan terreno a nuevas instancias de mediación política,
como la que proporcionan los medios de difusión, fatalmente limitados en su
aptitud para cumplir estas funciones, por su encadenamiento creciente a
intereses corporativos económicos y su ausencia de responsabilidad y aptitud
para ser fiscalizados por el público.

La concurrencia de estos procesos, en medio de una situación de tránsito,


recomposición y redefinición de sujetos sociales, produce altos niveles de
incertidumbre colectiva que al no encontrar referentes políticos se vuelcan a
generar movimientos sociales que expresan de forma inconexa y parcial
reivindicaciones sectoriales, incrementando su agresividad y descontento,
cosa que alimenta una marcada tendencia a la insubordinación social y a la
proliferación de brotes de violencia.

El telón de fondo de estos acontecimientos era el progresivo desgaste de


un modelo estatal, implantado desde la creación de la República en 1825, que
fomentaba la exclusión y la discriminación racial contra indígenas y
mayoritarios grupos mestizos de la población.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES.

Desde hace unos 5 años podía notarse que empezaba a larvarse dicha
crisis de Estado, en el sentido que se acentuaba un vacío hegemónico y se

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incrementaba la disfuncionalidad de las instituciones estatales que no sólo


incumplían sus responsabilidades, sino que muchas veces se inclinaban
abiertamente a desempeñarse contradiciéndolas. El Parlamento, el gobierno y
los partidos empezaron a mostrar signos de creciente pérdida de
representatividad, pese a que la concurrencia ciudadana a las elecciones no
disminuyó considerablemente. La crisis de representatividad se manifestaba en
las encuestas, en las que, año tras año crecía el repudio hacia los partidos y en
la creciente importancia de formas no tradicionales de mediación política
como la que brindan los medios de difusión y la aparición de movimientos
sociales, definidos en torno a reivindicaciones concretas.

Los medios han crecido de tal manera en su papel de protagonistas


políticos efectivos, que su participación ha sido cada vez más decisiva en
procesos de encumbramiento de candidatos y figuras políticas, tanto como en
la defenestración de funcionarios de todo nivel y jerarquía. Su desempeño
político cuenta con la enorme ventaja, frente a los actores tradicionales, de no
estar sujeta a mandato, responsabilidad, ni fiscalización formal y de tener un
rol privilegiado en la función de definir agenda pública. Esta posición
privilegiada, sin embargo, se ha ido debilitando paulatinamente porque el
abuso permanente que han hecho de ella algunos medios, ha permitido que se
resquebraje la fachada de objetividad e imparcialidad con la que se legitima
el poder mediático.

Los movimientos sociales han ido perfilándose como la principal vía de


expresión política de masas, en una fase en la cual el Estado ha ido perdiendo
su centralidad y el sistema de partidos su capacidad de representación. Desde
Abril de 2000 con la llamada guerra del agua y luego con 3 grandes bloqueos
campesinos de rutas nacionales, además de importantes movilizaciones de
jubilados, pequeños comerciantes y otros sectores, estos movimientos
aparecen con intensas interpelaciones a la corrupción e ineficacia de gober-
nantes y políticos. Concentrados inicialmente en torno a demandas concretas,
asumen reivindicaciones nacionales como la convocatoria a una Asamblea
Constituyente que debe redefinir las reglas fundamentales de convivencia y de
relación entre el Estado y la Sociedad.

Una particularidad muy propia de estos movimientos es que han logrado


un importante nivel de expresión a través de organizaciones donde se hibridan

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

estos movimientos y formas partidarias, como ocurre con el Movimiento Al


Socialismo (MAS) que obtuvo la segunda mayor votación en las elecciones de
junio de 2002 y casi un tercio de los escaños parlamentarios. El Movimiento
Indígena Pachacuti (MIP), liderizado por Felipe Quispe, el Mallku, comparte
en alguna medida esta peculiaridad y también obtuvo una significativa
votación en el Departamento de La Paz.

El reflejo electoral de los movimientos sociales significó un fuerte


sacudón que cambió la fisonomía del Parlamento elegido el año pasado,
aunque los partidos tradicionales (MNR, ADN, MIR, UCS y el recién
llegado NFR) continuaron aglutinando cerca de 2/3 de los votos, pese a su
desprestigio. Con el MAS pisándole los talones, el MNR consiguió unirlos a
todos encabezando un nuevo gobierno en agosto de 2003.

LA CAÍDA DEL VIEJO RÉGIMEN.

El 12 y 13 de Febrero de 2003, el descontento social explotó abrup-


tamente en la sede de gobierno, aprovechando un enfrentamiento entre las
Fuerzas Armadas y la Policía que permitió a manifestaciones de protesta
expresar de una manera violenta su disconformidad. Los enfrentamientos
entre policías y militares causaron 11 muertos entre los primeros y 4 entre
los segundos, en tanto que las víctimas civiles llegaban a unos 60 muertos
y centenares de heridos. El estallido del 12 y 13 de Febrero tiene una
relación muy próxima con la decepción de votantes y no votantes de los
partidos gubernamentales al descubrir que hasta sus más dulces promesas
tienen que ser pagadas con nuevos esfuerzos y sacrificios de un pueblo alta
y continuamente empobrecido, en tanto que la administración extrema sus
esfuerzos para mantener intactos los privilegios de grupos de grandes
intereses económicos y financieros.

Inicialmente aterrado por la reacción social, GSL comprometió rectificar sus


políticas, pero en vez de ello optó por acorazarse mediante un pacto con los man-
dos militares, al mismo tiempo que ensanchó el frente oficialista incorporando a
Nueva Fuerza Republicana al Poder Ejecutivo. Pero, pese a contar con más 2/3
de votos parlamentarios no consiguió modificar la creciente insubordinación
social y en sus 14 meses de vigencia no llegó a adoptar ninguna acción de gobier-
no importante y ni siquiera alcanzó a nombrar a 50 autoridades del máximo

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rango, por las disputas y pretensiones de sus partidarios y socios de apropiarse de


la mayor parte de posiciones de poder. Concentró su tiempo en administrar las
pugnas entre sus socios y atender inte-reses de sus empresas, que han copado el
90% de los contratos mineros con la estatal Corporación Minera de Bolivia
(COMIBOL) y exportan unos 150 mi-llones de dólares anuales (un 12 al 15% de
las exportaciones totales del país).

En estas condiciones, al mismo tiempo que no dejaba de propagandizar su


vocación dialoguista, no cesó un momento en pertrecharse para tratar de ven-
cer a los movimientos sociales a través de la violencia.

Si bien el derrumbe del régimen se gestó en cerca de 4 semanas y los


hechos decisivos se produjeron en los últimos 9 días, desde agosto se produ-
jeron acontecimientos con un alto impacto simbólico en la ya elevada sensibi-
lidad popular e indígena.

La paulatina expansión de los conflictos fue respondida con la fuerza cau-


sando, primero, 5 muertes de campesinos en el Altiplano y después una matanza
de unas 80 personas y cerca de 300 heridos. La “generosidad” del gobierno para
derramar sangre popular exasperó la intensidad de las movi-lizaciones, que desde
principios de Octubre empezaron a unificarse pidi-endo la renuncia del
Presidente. El 13 de octubre el Vicepresidente Mesa anunció su decisión de man-
tenerse en su cargo, pero rompiendo con el gobierno y dos días después ratificó
esa determinación. El 15, una atemorizada clase media urbana encontró la brecha
para definirse y sumarse a la movilización respaldando la huelga de hambre con-
vocada y coordinada por la ex Defensora del Pueblo, Ana María Romero de
Campero, e iniciada por un grupo de artistas, académicos y un sacerdote. La huel-
ga se extendió veloz-mente, con el respaldo implícito de la Iglesia Católica que
abrió sus templos para cobijar a los huelguistas y dio lugar para que a través de
marchas, mítines y vigilias se produjera una vigorosa oleada de activismo de gru-
pos de clase media, creando un parapeto que dificultaba los planes gubernamen-
tales de apelar a un nuevo envión de intensa violencia contra pobladores de El
Alto y campesinos.

LOS PROTAGONISTAS.

Contrariamente a la idea de que la caída de Sánchez de Lozada


respondió a un cuidadoso plan, dirigido por el MAS y el MIP, el análisis

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

muestra que el movimiento fue básicamente espontáneo y que el mayor


mérito de algunos dirigentes políticos que participaron, fue el de adaptar
flexiblemente sus tácticas y consignas al desarrollo de los hechos. El centro
social de la sublevación social que obligó a GSL a renunciar se ubica en la
ciudad de El Alto, vecina a la sede de gobierno y que cobija a unas 600 mil
personas, provenientes en una gran proporción de migraciones rurales y de
ex-mineros expulsados en los años 80 de sus fuentes de trabajo.

Esta población se alió a los campesinos aymaras del Altiplano y Yungas que
ejercieron un férreo bloqueo de carreteras y su dominio de las vías de acceso a la
sede de gobierno generó un desabastecimiento progresivo de alimentos, com-
bustible y otros elementos básicos para la vida cotidiana en la ciudad. Su actua-
ción resultó extraordinariamente eficaz debido a la inusitada disciplina y preci-
sión con las que se movieron las juntas vecinales que han configurado un nuevo
y poderoso movimiento social.

El resultado del proceso es una fragmentación del poder político, una de


cuya parcelas es ejercida por el Poder Ejecutivo, que se ha comprometido al asu-
mir el mando a realizar un programa que incluye la convocatoria y realización de
una Asamblea Constituyente, la modificación de la ley de hidro-carburos y un
referéndum sobre política hidrocarburífera. Queda implícito el no menos impor-
tante compromiso de evitar que la matanza quede impune.

LA REFORMA POLÍTICA.

De todas las tareas que deben encararse para enfrentar una crisis general, la
reforma política ocupa un sitio preferencial porque tiene mayores posibilidades
de atender con más rapidez que otros esfuerzos a ese factor central que es el de
la desconfianza y la incertidumbre. Es fácil darse cuenta que los distintos sujetos
sociales encuentran que la corrupción (como abuso de poder y utilización de
recursos públicos para beneficio privado) la impunidad y la discrecionalidad
de los partidos políticos son los mayores alicientes para el desánimo, la incre-
dulidad y el aumento de la predis-posición a descartar automáticamente las
iniciativas que puedan nacer del ámbito estatal.

No hay plan económico –cuyos plazos de maduración se miden en térmi-


nos no menores a varios meses– ni propuestas institucionales, cuya efectiviza-
ción es igualmente prolongada, que puedan resistir la impaciencia y elevada

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Roger Cortéz Hurtado

criticidad social, si los conductores del proceso no inspiran un mínimo de con-


fianza en la población.

Las áreas de acción de la reforma política, necesaria para recuperar con-


fianza pública, están igualmente bien identificadas y son, en primer término,
la Policía, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y los partidos políticos,
porque se relacionan con el deterioro de la llamada seguridad ciudadana y el
mantenimiento del orden. Los elementos comunes de la reforma de estas ins-
tituciones son: una indispensable despartidización con la profesionalización
y la transparentación de sus actividades. La reforma de los partidos, por
medio de democratizarlos, transparentarlos y aboliendo los subsidios públi-
cos para sus actividades electorales, al mismo tiempo que limitando su finan-
ciamiento privado, es esencial para que funcionen las reformas instituciona-
les ya mencionadas, porque una vez más se reafirma que en la base de la
corrupción estatal se encuentra la acción de los partidos, verdaderos motores
de la corrupción.

La reforma política ha empezado con la decisión de aprobar una reforma


constitucional que incluye el referéndum, la iniciativa legislativa, la Asamblea
Constituyente, la desmonopolización de la representación política, la limita-
ción de la inmunidad parlamentaria, entre otras. Esta nueva Constitución, con-
siderada una de las más avanzadas de América Latina, sienta las bases para el
funcionamiento de una democracia participativa, según lo expresado en el
encabezado de su artículo cuarto que señala “El pueblo delibera y gobierna...”.

La agenda ciudadana que se ha abierto desde ese momento incluye la rea-


lización del referéndum en julio; ese mismo mes debe aprobarse la ley de con-
vocatoria de la Asamblea Constituyente en la que debe definirse el número de
asambleístas, el mecanismo de su elección, así como el tipo de producto que
elaborará (una nueva Constitución o un Proyecto de Constitución a ser refren-
dado por el voto ciudadano). Los temas centrales que tratará la Asamblea se
pueden agrupar en tres grandes bloques: I) Régimen de propiedad de la tierra
(tomando en cuenta la reivindicación territorial indígena) y otros recursos natu-
rales (hidrocarburos, agua, minerales, aire, bosques, biomasa); II)
Descentralización, incluyendo las reivindicaciones sobre autoridades y ordena-
mientos legales de diferentes pueblos y III) Reforma política que incluye cam-
bios en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; Fuerzas Armadas, Policía
y partidos políticos.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LA RENOVACIÓN MORAL E INTELECTUAL.

El desarrollo histórico reciente del país obliga a pensar que esta reforma
es un reto para los sujetos y actores sociales que aspiran construir un
proyecto nacional alternativo, antes que para los grupos dominantes sumidos
en un decadentismo creciente. Pero, debe reconocerse que el
comportamiento de las jefaturas y grupos dirigenciales de sindicatos,
movimientos sociales y diferentes redes ciudadanas no permite encontrar, de
momento, trazas de que exista la conciencia de plantearse esta reforma
intelectual y moral.

Las claves para ejecutar una transformación en estos planos se basan en


primer término en la asunción de una clara estrategia para conquistar y
consolidar conocimientos y saberes, capaces de modificar el rudimentarismo
que caracteriza el accionar de la mayor parte de movimientos y grupos
contestatarios o alternativos. Quizás, la única o principal excepción
corresponda al movimiento indígena de Oriente que supo dotarse, al menos
en momentos decisivos de su lucha, de equipos que respaldaron su
movilización con un significativo conocimiento selectivo de los asuntos que
se discutían y disputaban con el Estado. La combinación de movilizaciones
compactas y unitarias, soportadas por una buena capacidad de debate con la
tecnocracia estatal permitió avances consistentes, traducidos en importantes
conquistas legales que llegaron hasta el plano constitucional.

En contrapartida, en casi en todos los demás representantes sociales y


sindicales, incluyendo los de clase media con alto contacto con la vida
académica y la formación universitaria priman prácticas que clausuran el
horizonte de desarrollo de esas agrupaciones. Los resultados son una cadena
de fracasos, muchos de los cuales no se deben a falta de potencia de las
movilizaciones, sino a negociaciones defectuosas, repletas de lagunas de
conocimientos por parte de las asociaciones sociales.

El dominio de la información y el conocimiento son posibles y


necesarios para que el debate social sobre la política energética y del gas, la
integración o los cambios que llevará adelante la Asamblea Constituyente,
permitan construir plataformas y proyectos alternativos y no se agoten en la
explotación de la emotividad popular.

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Roger Cortéz Hurtado

La acumulación cognitiva necesita acompañarse de reales cambios de


actuación de los cuadros y organizaciones populares, fomentando la
honradez, solidaridad y veracidad como pautas estratégicas de conducta,
exigibles y verificables, por medio de mecanismos que transparenten y
democraticen el funcionamiento de las organizaciones, cuyos dirigentes,
cuadros y funcionarios deben estar abiertos al control y la fiscalización de
sus bases.

Un desafío esencial de cualquier renovación moral en nuestro país es el


enfrentamiento continuo y compacto de la exclusión, el racismo, la
intolerancia, el sexismo y el autoritarismo que impregnan nuestras prácticas
cotidianas. La conjunción de reformas intelectuales y morales debe
permitirle a las organizaciones sociales encontrar nuevas rutas creativas para
renovar su arsenal de medidas de lucha, de manera que no concentren su
rigor en el castigo de los sectores más pobres, vulnerables e inermes, como
ocurre con las huelgas en educación, servicios de salud y gran parte de
manifestaciones y bloqueos que dejan impertérritos a los amos del poder
económico y político, mientras martirizan a amplios grupos populares. Este
viraje de tácticas y estilos puede ser esencial para superar un estado de ánimo
quejumbroso y negativo y construir autoconfianza y decisión en la gran masa
de bolivianos que necesitan y exigen un cambio cierto de sus penosas
condiciones de vida.

LA TRANSFORMACIÓN PRODUCTIVA.

Ahora está visto que ni las más “osadas” reformas económicas han
siquiera rozado el nudo fundamental de nuestros problemas económicos que
se encuentra en la necesidad de llevar adelante una profunda transformación
productiva, que nos arranque de nuestra perenne condición de país vendedor
de recursos naturales. Ni la capitalización, ni las otras privatizaciones han
adelantado un milímetro en esa perspectiva.

Los grupos que controlan el poder económico suplen su ineptitud para


lograr un auténtico crecimiento económico por medio de prácticas
mendicantes, que hacen depender nuestra economía en una proporción
considerable de “ayudas” y donaciones. Con ello se patrocina y generaliza
una “cultura” pedigüeña que va restando fuerza y capacidad para reaccionar

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

y modificar la realidad. Una tarea urgente es desarraigar este


comportamiento de la vida nacional, en todas sus expresiones.

La autosatisfacción de nuestras necesidades básicas, el cambio de


nuestra matriz energética hacia la utilización intensiva de gas, el impulso de
exportaciones que agreguen valor, la redefinición de reglas para con los
inversores, en sentido de superar las condiciones de gran desventaja para los
bolivianos con que se han suscrito los contratos de capitalización y otras
privatizaciones, la apertura de oportunidades productivas en nuevos campos
como la producción de conocimientos e información, el empleo de los
potenciales económicos que tenemos al habitar un territorio que es una
importante reserva de agua, oxígeno y biomasa, el impulso de la producción
de alimentos orgánicos, el manejo de corrientes turísticas no depredadoras,
son algunos de los desafíos para llevar adelante la transformación productiva
que permitirá contar con una economía más equitativa y productiva.

Los problemas reseñados y las tareas y desafíos que conllevan necesitan


para encararse que empiece a superarse el estado de perplejidad que nos
afecta a los bolivianos. Si esto ocurre podría abrirse camino a un proceso de
renacimiento que permita encauzar nuestras energías en un proceso de
construcción que se abra a los grandes sujetos sociales excluidos y proscritos
en casi toda nuestra historia; si no lo conseguimos se acentuaran las
tendencias centrífugas y las posibilidades de que el enfrentamiento continúe
creciendo y la vida democrática real sea cada vez más ilusoria.

* Versión corregida de conferencia. Publicada en el folleto “Democracia y conflicto


social en Bolivia”, Fundaciòn Konrad Adenauer S, Asociación Boliviana de Ciencia
Política y State University of New York, La Paz, 2004

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Roger Cortéz Hurtado

REBELIÓN DE MASAS EN BOLIVIA (fragmento)


10 de noviembre 2003*

S
i uno presta oídos a los vaticinios que sobre Bolivia propalan algunas
publicaciones reputadas de serias, llega fácilmente a convencerse que la
evolución de los acontecimientos avanza a marchas forzadas hacia un com-
pleto desastre. Así lo predica, por ejemplo, José Antognelli quien describe a
Bolivia como un auténtico Averno, donde demonios comunistas e indigenistas
habrían conseguido ahuyentar al único hombre sensato del país, el Sr. Gonzalo
Sánchez de Lozada, quien habría dejado en la orfandad y el desconcierto a un
75% de la población, de cuyas buenas intenciones no duda el columnista, pero a
la que considera irremediablemente atolondrada. Lo peor de todo, según este
pitoniso que escribe para la edición en español del Washington Post el 24 de octu-
bre pasado, es que el maligno aire boliviano tiende a emponzoñar toda el área
andina, poniendo en riesgo la democracia, particularmente en Ecuador y Perú.

Con la misma orientación de este artículo circulan decenas de análisis,


reportes confidenciales y otros productos parecidos, firmados por ejemplo
por Stratfor, una agencia privada que ofrece asesosaramiento estratégico a
gobiernos, empresarios, políticos y académicos y que predice una interven-
ción extranjera, patrocinada por el Brasil, para restaurar el orden en Bolivia.

LAS RAÍCES DE LA CRISIS.

Si uno se sobrepone al pavor que intenta colectivizar el escrito de


Antognelli, el de Stratfor y similares, puede darse cuenta con poca

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

dificultad que muchos de ellos suenan como un eco excesivamente cercano


a las versiones que difunde desde su autoexilio en Miami el ex presidente
Sánchez de Lozada y, más que el trabajo sereno y riguroso de quien trata de
comprender lo que pasa en este complejo país, hacen pensar en una
apresurada colección de lugares comunes más propias de un turista, a quien
se le ha dado la oportunidad de publicar una pieza que estimule la secreción
de adrenalina de sus lectores.

Para empezar, los últimos acontecimientos en Bolivia no son un


pintoresco episodio, propio de la tradición golpista a la que se refiere el
Washington Post, olvidando que el proceso democratico sobrevive en Bolivia
sin interrupciones desde 1982, pese a precarísmas condiciones económicas, lo
que refleja, más bien, una estólida paciencia de los bolivianos ante las
adversidades y una determinación a vivir en libertad y en pacífica convivencia.

El telón de fondo de estos acontecimientos era el progresivo desgaste de


un modelo estatal, implantado desde la creación de la República en 1825, que
fomentaba la exclusión y la discriminación racial contra indígenas y
mayoritarios grupos mestizos de la población.

UN RETORNO DESAFORTUNADO.

El fracaso del gobierno de Sánchez de Lozada era previsible, inclusive


antes que fuera elegido, lo que está registrado en publicaciones que se refieren
a las reiteradas señales que emitió en sus tiempos de candidato, demostrando
que era el perfecto portavoz y expresión de las tendencias más conservadoras
del sistema partidario, exhibiendo una inclinación implacable hacia un
economicismo extremo, excluyente de toda posibilidad de realizar la reforma
política que, a gritos, estaban pidiendo la realidad.

Llegó con este recetario al gobierno y, antes de hacerse cargo de el,


encabezó una especie de operación comando parlamentaria en la que, con el
apoyo de los legisladores de la coalición saliente, aprobó un proyecto de
reforma a la Constitución en el que se trató de bloquear la posibilidad de
convocar a una Constituyente, pese a que el 78% de los votos emitidos en la
elección nacional de junio del año pasado dieron respaldo a fuerzas políticas
que ofrecían algún tipo de Asamblea Constituyente.

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Roger Cortéz Hurtado

Su alianza con el MIR y las que se dieron luego, desnudaron con toda su
crudeza el descuartizamiento de la administración pública, repartida vertical y
horizontalmente con tal desparpajo que antes de tres meses de ejercer el
gobierno, su Vicepresidente Carlos Mesa se refería públicamente a “la obscena
repartija de cargos” en la que incurrían los socios del oficialismo.

Luego, el ejercicio del gobierno mostró las graves falencias de su esquema


cuando, inclusive sus electores más fieles comprobaron que sus promesas
electorales de “lucha contra la exclusión, contra la corrupción y la crisis
económica”, no eran más que frases atractivas, cuya realización práctica
imponía grandes penurias a los ciudadanos o, en el caso del enfrentamiento de
la exclusión y la corrupción, simples incumplimientos de lo comprometido.

En estas condiciones, al mismo tiempo que no dejaba de propagandizar su


vocación dialoguista, no cesó un momento en pertrecharse para tratar de
vencer a los movimientos sociales a través de la violencia.

LOS ÚLTIMOS DÍAS.

Si bien el derrumbe del régimen se gestó en cerca de 4 semanas y los


hechos decisivos se produjeron en los últimos 9 días, desde agosto se
produjeron acontecimientos con un alto impacto simbólico en la ya elevada
sensibilidad popular e indígena. Un caso representativo de esta situación se
vió, cuando algunos medios de difusión descubrieron e informaron que el
ministro de defensa había “prestado” unos 400 soldados a una amiga suya, ex
esposa del Canciller y hermana de un alto directivo de un banco que estafó
cerca de 60 millones de dólares al público y al fisco, para que hagan trabajos
agrícolas gratuitos en una hacienda de propiedad de esa señora. La
Vicepresidencia de la República, encargada por poder directo e irrevocable de
Sánchez de Lozada de luchar contra la corrupción, elaboró un informe sobre el
caso en el que establecía la existencia de claros indicios de abuso de poder y
de violación de varios artículos constitucionales, recomendando en sus
conclusiones que el Poder Ejecutivo corrigiera esta situación.

El Presidente actuó con celeridad, ratificando su plena confianza en el


ministro y dictando un decreto que legalizaba la funesta práctica de utilizar a
reclutas en obras privadas diversas por las que nunca reciben pagos y si, en
cambio, diversos tipos de maltrato. En la superficie esto produjo una efectiva

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ruptura entre el presidente y Carlos Mesa, quien a pesar de que trató de


justificar el curso de los acontecimientos recibió un duro e inocultable revés,
que sirvió de base al completo divorcio con Sánchez de Lozada en los días
finales de su gobierno.

Pero, el efecto más profundo y devastador del incidente es que el decreto


demostró que toda la fraseología utilizada por el MNR en su campaña electoral
era completamente artificiosa, porque esa norma objetivamente desconocía
derechos básicos de los sectores sociales más humildes de la población al
legalizar la utilización de los soldados, hijos de campesinos, indígenas y
trabajadores como mano de obra servil de la que puede disponerse discre-
cionalmente. Los hechos mostraban que la regresión política del MNR, había
llegado a un extremo, porque si en 1952 este partido comandó las fuerzas
sociales que terminaron con el ponguaje y las relaciones de servidumbre, en
2003 se había convertido en representante de un implacable dominio que
desconoce sus derechos ciudadanos y los condena a ser fuerza de trabajo servil.

De esa manera, desafiante y decidido a darle un gran escarmiento a los


movimientos sociales, GSL continuó desoyendo los reclamos sociales y
dilapidando la tregua que había obtenido desde Febrero. Cuando los recla-
mos empezaron a acumularse trató de desactivarlos, aislándolos y recu-
rriendo a tácticas de soborno e intimidación, subestimando la convocatoria
de reivindicaciones como la del gas, por la cual se pide que toda nueva
exportación esté acompañada de una mejora de los términos contractuales
con los inversores, de sólidas garantías de que serán simultáneas a procesos
de industrialización y de incorporar a la estatal YPFB como socia de
cualquier nuevo emprendimiento.

El resultado del proceso es una fragmentación del poder político, una de


cuya parcelas es ejercida por el gobierno de Carlosd Mesa, quien se ha
comprometido al asumir el mando a realizar un programa que incluye la
convocatoria y realización de una Asamblea Constituyente, la modificación de
la ley de hidrocarburos y un referéndum en el que se exprese la decisión
popular sobre la exportación de gas. Queda implícito el no menos importante
compromiso de evitar que la matanza quede impune.

La materialización de este programa supone detener el deterioro econó-


mico; aprobar la reforma constitucional que abra espacio a la Constituyente;

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Roger Cortéz Hurtado

poner en pie y garantizar el funcionamiento de la Comisión de la Verdad que


acompañe el proceso jurídico sobre las matanzas; realizar un referéndum sobre
el gas, aproximadamente hasta mediados del año próximo; elecciones muni-
cipales en diciembre de 2004; elegir y poner en funcionamiento la Asamblea
Constituyente, pactar y aprobar una nueva Constitución y convocar a
elecciones generales, sobre la base de un nuevo orden.

El cuadro general que se abre es muy complejo y contradictorio. Después


de un período muy prolongado los sectores populares han asumido la
iniciativa, planteando reivindicaciones que son parte y empiezan a dar forma a
un proyecto nacional que, sin embargo, está todavía lejos de alcanzar el umbral
necesario para llenar el vacío hegemónico. El sistema de partidos, presa de un
prolongado proceso de decadencia ingresa a una fase de crisis, sin que la
mayoría de sus cuadros y dirigentes tengan noción cabal de la dimensión de
este fenómeno; esto ya se expresa en el accionar del Parlamento que está muy
lejos de entender su rol, lo que puede estimular y acelerar una latente y
poderosa agresividad edn contra de todas las arbitrariedades que ha estado
cometiendo.

Las definiciones dependen hoy de la acumulación histórica que hayan


logrado hasta hoy los sectores populares, para poder dar un salto cualitativo
que permita construir aceleradamente un país libre, unificado, que supere
la intolerancia, la exclusión y que permita compartir, quizá por primera vez
en nuestra historia, un horizonte de esperanzas.

*Publicado en Le Monde Diplomatique,


La Paz

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

DE CATARSIS Y SIMBOLOS
22 de julio 2003

E
l Vicepresidente de la República ha defendido con singular empeño su
idea de que la aprobación del decreto que reglamenta la participación de
conscriptos en trabajos serviles supone una exitosa coronación de las
denuncias que una de sus dependencias formulara contra el ministro de
Defensa y el prefecto de Santa Cruz. Los hechos, en primer lugar, y el inocul-
table alejamiento entre el primer y segundo mandatario se encargan de mostrar
que las cosas no son como trata de imaginarlas el Vicepresidente.

Lo esencial de la discusión sobre la cosecha del ricino (macororó) está


señalado en el informe de la Vicepresidencia en cuanto a la violación del
artículo 5 de la Constitución Política que prohíbe el utilizar trabajo impago y
obligar a alguien a laborar sin su consentimiento. El decreto ignora ambos
mandatos constitucionales y “legaliza”que los soldados puedan ser enviados,
sin consulta ni consentimiento, a realizar tareas impagas, porque lo que
debería retribuírseles se asigna a las unidades a las que dependen. Inver-
samente a lo que sostiene el Vicepresidente, el decreto, además, trata de
legalizar el empleo de la fuerza de trabajo de los conscriptos en beneficio de
privados, sin que los párrafos que supuestamente limitan tal hecho modi-
fiquen la discrecionalidad vigente.

Lo más importante de este episodio no es la derrota política del


Vicepresidente, sino el desmentido categórico de que el gobierno se proponga
combatir la corrupción y la exclusión. A través de lo acontecido se ratifica una

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Roger Cortéz Hurtado

vez más que la corrupción, como abuso de poder y utilización de recursos y


bienes públicos para beneficio privado, se encuentra en la base de la lógica de
comportamiento de los partidos políticos y que cualquier idea de enfrentarla,
sin empezar por los partidos, es una ilusión. La conducta del ministro, del
prefecto, del Presidente y del Parlamento demuestra que hay pleno acuerdo
entre personas y poderes estatales de que la explotación y humillación que
sufrieron los soldados es considerada natural y legítima. “Los hijos de los
campesinos, de los trabajadores y de los humildes de Bolivia están obligados
a servir a los amos del poder económico y político y agacharse ante ellos”. Ese
es el mensaje del resultado de la interpelación –con un solo disidente
oficialista, con muchas ausencias de opositores–, del decreto reglamentario y
del respaldo cerrado del Presidente y sus ministros a la actuación del titular de
Defensa.

Las contradicciones y enmiendas de las justificaciones utilizadas por el


gobierno, permiten vislumbrar que la cadena de acontecimientos
probablemente se inició cuando la amiga del ministro responsable le pidió que
la ayude a economizar unos miles de dólares con el “préstamo” de soldados.
El funcionario accede complacido y sintiéndose en todo derecho de utilizar y
demostrar su poder, empezando con un asesoramiento legal para que la
peticionaria escriba cartas y documentos que ayudarían a crear la apariencia de
un procedimiento legal. La corrupción está presente de manera absolutamente
evidente, porque todos los funcionarios estatales comprometidos están de
acuerdo en utilizar sus influencias, para que una persona se ahorre dinero
sobreexplotando a trabajadores uniformados, a quienes se les cobra el valor de
los instrumentos que utilizan para la cosecha.

Cuando las cosas se descubren y el escándalo se desata, las cosas son tan
obvias, que la posición del ministro peligra por un momento. Pero, además de
que el Presidente está objetiva y profundamente ligado al grupo social que
representa su cuestionado ministro, el primer mandatario decide que esta es
una buena oportunidad de ganar terreno en la guerra interna de su partido y un
símbolo de primera para demostrar autoridad y decisión ante el país.

Ese gesto y simbolismo que irradia el poder será recogido justamente en


sus términos precisos por sus destinatarios, porque la interpretación del
rechazo que produjo el conocimiento de la cosecha de ricino tuvo exactamente

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ese sentido: que se trataba de un acto abusivo, corrupto y convalidador de la


exclusión social.

Además de los efectos simbólicos, la cosecha del ricino deja huellas


políticas muy marcadas, porque a tiempo de profundizar la descomposición y
enfrentamientos internos del gobierno inclina muy fuertemente las opiniones
y actitudes en sentido de que ante un eventual cambio institucional, ante la
persistencia o recrudecimiento de la crisis nacional, la opinión pública no
encuentre figura alguna que le ofrezca algún atractivo por la culminación del
período de cinco años y se incline por opciones legales que permitan renovar
completamente el gobierno.

El aceite que se extrae de las semillas de esta planta, utilizada


originalmente para producir un poderoso purgante, “tiene un mercado
internacional creciente, asegurado por 700 aplicaciones que incluyen usos
medicinales y cosméticos y sustitución del petróleo en plásticos y lubricantes.
El producto también se utiliza en la producción de fibra óptica, vidrio a prueba
de balas y prótesis óseas. Además, es indispensable para impedir la conge-
lación de combustibles y lubricantes de aviones y naves espaciales” (informe
de IPS). En Bolivia, acaba de agregarse el uso número 701, que es de
emoliente de una catarsis de indignación y rechazo ciudadano frente a la
exclusión, el abuso y la humillación ejercidas desde el poder.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

REFORMA CONSTITUCIONAL VS. ASAMBLEA:


UN FALSO ANTAGONISMO
4 de julio de 2003*

U
no de los resultados más nocivos del estado de ánimo que cunde entre
los bolivianos es que se ha impuesto una fragmentariedad de nuestra
vida pública, caracterizada y representada por altibajos en los que apa-
recen, sin aparente origen o conexión, situaciones aisladas que pueden indig-
narnos, aburrirnos o dejarnos indiferentes, sin que logre dibujarse entre ellas
otro vínculo que no sea la poca esperanza de que algo se resuelva o sencilla-
mente culmine.

Algo así pasa con la reforma constitucional que en algún momento pudo
acaparar gran parte de la atención colectiva y que hoy parece envuelta en una
mullida capa de amnesia y desconocimiento. Aplastada en algún cajón del
Parlamento la ley de reforma de la Constitución, yace esperando un
supuesto consenso para ser debatida y aprobada, mientras al público se le
explica que la causa de esta triste situación es que no hay acuerdo entre
quienes la respaldan y los que la cuestionan con un planteamiento de convo-
catoria a Asamblea Constituyente. Tal interpretación tiene mucho de
simplona y puede llegar a disfrazar un verdadero consenso de muchos
políticos profesionales –amos y señores del Legislativo– para asfixiar
cambios constitucionales que no les merecen ningún afecto.

HUÉRFANA Y SIN PADRINOS.

Casi inmediatamente de que se aprobó la última reforma constitucional,


en 1994, empezó a tomar cuerpo una corriente que planteaba la necesidad

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

de profundizarla y acercarla más a la cruda realidad de nuestro país. Se dijo


por aquel entonces que dicha tendencia tenía más relación con una manía
nacional, propia del atraso, de innovar continuamente, pero a medida que
transcurría el tiempo fue quedando claro que el reclamo tiene raíces más
profundas y legítimas que el de un vacuo divertimento. Esto pudo verse
nítidamente desde aproximadamente 1998, cuando empezaron a mani-
festarse claros signos del larvamiento de la crisis de Estado que hoy se
encuentra en su apogeo. Las explosiones sociales de 2000 y 2001 fueron, en
ese sentido, tan categóricas que el sistema político admitió resignadamente
que era necesario darles respuestas, también en el plano de los cambios
constitucionales. El año 2000, el movimiento social de Cochabamba, planteó
la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente.

Nació así el complicado proceso de reforma, convocado expresamente


para introducir modificaciones que amplíen la participación ciudadana y
contribuyan a resolver el creciente distanciamiento entre la sociedad y los
políticos. Se realizaron cientos de encuentros, talleres, seminarios, foros y
reuniones de la más diversa naturaleza para consultar, analizar y discutir las
reformas. Si la tinta usada para referirse a la reforma pudiese causar
inundaciones, el país se hubiese anegado entre 2001 a 2002.

De todas las enmiendas propuestas sobrevivieron 45, aprobadas al filo del


plazo establecido, bajo el comando del Movimiento Nacionalista Revolu-
cionario (MNR), que contó con el respaldo de las fuerzas parlamentarias de la
megacoalición para lograrlo. Desde el 4 de agosto del año pasado hasta hoy
sólo se ha cumplido la formalidad de remitir el proyecto aprobado, sin que se
convoque al Congreso para su aprobación legislativa. El presidente de la
Comisión de Constitución de los diputados y algún otro legislador aislado son
las excepciones a la indiferencia y olvido del Parlamento para tratar y resolver
esta cuestión.

UN BAÚL DE SORPRESAS.

Los partidos políticos han sido tan eficaces en su determinación de


cerrarle el paso a las reformas que el tema ha casi desaparecido de la agenda
de los medios de difusión y si se realizara una encuesta general y otra entre los
parlamentarios se descubriría que una mayoría aplastante de legisladores al
igual que el público desconoce el contenido de la ley de reforma aprobada en

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Roger Cortéz Hurtado

primera instancia. Son demasiado pocos los bolivianos que están enterados
que las modificaciones incluyen la terminación del monopolio partidario de la
representación política, es decir que a partir de que se apruebe la ley es posible
presentar candidaturas a cualquier puesto elegible, sin que se necesite el
patrocinio de un partido; o que es posible para cualquier ciudadano presentar
proyectos de ley al Parlamento; que los cientos de miles de bolivianos
emigrantes que han adoptado otra nacionalidad no pierden la boliviana; que se
ha ampliado el concepto de ciudadanía; que la inmunidad parlamentaria ha
sido limitada. Una parte considerable de la reforma amplía y aclara las
libertades, derechos y garantías de las personas, así como crea mecanismos
para ampliar el control y fiscalización sobre varias instituciones del Estado.

REFORMA Y ASAMBLEA.

La gran excusa del MNR, con el apoyo de sus aliados con los que
comparte el gobierno para explicar la parálisis de la reforma es que el gran
escollo para avanzar es la intransigencia de Nueva Fuerza Republicana
(NFR) y el Movimiento al Socialismo (MAS) de exigir que la reforma
incluya una convocatoria a la Asamblea Constituyente. Según el MNR esto
es inaceptable, inconstitucional e inaudito, porque al no haberse incluido
ese aspecto en la ley aprobada resulta imposible hacerlo en esta última
etapa; argumenta, luego, que sus encuestas muestran que la Asamblea no le
preocupa a los cuidadanos y, remata, afirmando que en todo caso la
Asamblea es aberrante.

La oposición se complace, en este caso como en varios otros, en darle un


gran respaldo al gobierno porque efectivamente plantea canjear la aprobación
de esta reforma, o en su caso, sencillamente liquidarla por la aprobación de
una Asamblea Constituyente. Funciona de este modo un candado perverso que
cierra las posibilidades de que importantes avances incorporados en la actual
reforma y que pueden abrir diversos caminos para seguir exigiendo con
mayor fuerza y respaldo la consulta y convocatoria para el funcionamiento de
una Asamblea Constituyente. Gobernantes y opositores quedan emblocados
en un solo grupo que con tales o cuales argumentos actúa monolíticamente
para echar por la borda varios años de luchas y reclamos democráticos del
pueblo boliviano.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Este apoyo efectivo que recibe el MNR para apuntalar su posición


ultraconservadora es suficiente para disimular la falsedad de sus argumentos.
El primero, de que es imposible introducir cambios que abran espacio para
consultar a los ciudadanos sobre la convocatoria de una Asamblea, trata de
hacer olvidar que en la reforma de 1994 se introdujeron 33 cambios de forma
y fondo en la ley aprobada en primera instancia y con esa base está abierta la
posibilidad de incorporar a las reformas una de consulta para la convocatoria
de la Asamblea Constituyente. Las encuestas son un triste pretexto que pasa
por alto que las elecciones de junio de 2002 son la verdadera gran encuesta,
donde cerca del 70% de los ciudadanos votó por partidos y propuestas políticas
que incluían la Asamblea Constituyente.

Contraponer la aprobación final de las reformas constitucionales con la


Asamblea es en los hechos una gigantesca operación de engaño contra un
pueblo que se ha pronunciado con claridad exigiendo más participación y
democracia. El discurso que apellida a estos avances democráticos como
reformistas y burgueses, cae en la mayor ignorancia al desconocer que al
menos durante el último siglo los avances democráticos son conquista y
resultado de las movilizaciones populares.

COMO CONVOCAR A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

Evadiendo el tramposo cerco con que se trata de invalidar la posibilidad


de convocar a una instancia constituyente debe aprobarse, junto con los
artículos reformados y aprobados de consenso la modificación del artículo
231, de manera que además del mecanismo vigente (congresal, en dos etapas)
se incorpore una Asamblea Constitucional que pueda considerar la revisión
general de la Constitución. La Asamblea Constitucional viene a ser un
mecanismo excepcional para encarar crisis general como las que vivimos y
que pueden conducirnos a una crisis de disolución, sino es enfrentada
oportunamente.

Para llamar a la elección de una Asamblea Constitucional se requiere


previamente realizar una consulta, por medio de un referéndum cuyo resultado
será positivo en el caso de que exista una simple mayoría de votos que respalde
la convocatoria. El referéndum se puede realizar por iniciativa ciudadana,
siempre que cuente con el respaldo de firmas equivalentes a un porcentaje del

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Roger Cortéz Hurtado

10% del padrón electoral, verificadas por la Corte Nacional Electoral. En


cualquiera de estos casos la Asamblea deberá elegirse en un plazo no mayor a
120 días de proclamados los resultados del referéndum.

La habilitación de candidatos, en un número igual al de las circuns-


cripciones electorales que ahora existen, requerirá la adhesión de un porcentaje
determinado de firmas de electores de la circunscripción y no el patrocinio de
partidos, cuyos militantes pueden habilitarse por el mismo procedimiento que
cualquier otro ciudadano.

Una vez elegidos los constituyentes, la Asamblea se organizará y en un


plazo no mayor a 180 días deberá cumplir su única y exclusiva función de
reformar la Constitución, garantizando el funcionamiento de instancias de
consulta y sin interferir ni obstruir el funcionamiento de los poderes estables
constituidos. Antes de ese plazo deberá aprobar el texto reformado que será
promulgado por el Poder Ejecutivo, sin derecho a veto, en un plazo peren-
torio. Si la Asamblea no aprueba reformas en los 180 días de su funciona-
miento se disolverá automáticamente, sin posibilidad alguna de prorrogarse o
autoconvocarse.

Ninguna reforma política, incluida la constitucional, puede resolver por sí


los problemas que enfrentamos angustiosamente los bolivianos. La recesión
económica y la crisis productiva, la discriminación, injusticia y dependencia,
la miseria y la ignorancia no desaparecerán por el funcionamiento de
instancias deliberativas.

Lo que si está claro es que si no se usan mecanismos que reconstruyan la


confianza política extraviada, tampoco existirán fórmulas creíbles y susten-
tables que dispongan de un plazo mínimo razonable para poder ejecutarse.

Hasta ahora los partidos han resistido tenazmente toda posibilidad de


encarar una reforma política significativa que reconozca la capacidad y el
derecho de la comunidad a hacerse cargo de la solución de sus problemas. El
resultado de esta ciega oposición es el avance de una extendida descom-
posición social que incrementa la violencia, la intolerancia y la desesperación.

Las reformas constitucionales y el funcionamiento de una Asamblea


Constituyente son parte de la respuesta a la crisis de Estado que está haciendo

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

tambalear la vida y futuro de nuestra sociedad. No se les puede, ni se les debe


pedir que resuelvan la crisis económica, el hambre o la desocupación. Lo
cierto es que si no se las atiende y se les abre camino, el espacio para
enfrentar la miseria, inseguridad e ignorancia que prosperan en nuestra vida
nacional, será cada vez menor.

Aprobar las reformas que abren mayor espacio a la participación, que


amplían y fortalecen las libertades y garantías, que limitan y permiten
fiscalizar mejor al poder es un paso que debe darse, como forma efectiva para
abrir el camino a la consulta y convocatoria de una Asamblea Constituyente.

* Publicado en Pulso,

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DEMOCRACIA Y GOBERNABILIDAD EN CONFLICTO


29 de mayo de 2003, Cochabamba

E
staba pensando durante el último par de días que, tal vez, no deberíamos
ser tan severos con el gobierno. Es cierto que el propio gobierno en esta
semana ha paralizado al Congreso por una causa que tal vez sea muy
importante: tienen que repartirse y llegar a acuerdos sobre los cargos de cónsu-
les y secretarios de embajadas que todavía no han designado. Tal vez no enten-
damos lo importante que es esto y nos impacientamos demasiado. Tal vez no es
tan grave que Gonzalo Sánchez de Lozada, desde el 13 de febrero, haya cam-
biado el régimen del país y haya implantado un esquema cívico militar donde el
poder ejecutivo tiene necesariamente, aunque los militares no lo hayan pedido,
que pedir permiso y consultar al alto mando sobre cualquier decisión importan-
te que tome. Tal vez no es tan grave que en los últimos días estemos discutien-
do al redescubrir que una parte considerable de los llamados gastos reservados
han servido para alimentar ingresos extraordinarios que no han pagado impues-
tos y que han sido ocultados al país. Pienso que tal vez no hay que ser tan seve-
ros porque parecería que empiezan a encontrar soluciones. Por ejemplo: el
ministro de Hacienda nos habla de una solución para los pluses y los sobresuel-
dos. Se va a castigar al funcionario de Estado que hable sobre los sobresueldos;
se va a encarcelar al que mencione el tema. No al corrupto, no al falsario, pero
sí al que hable del tema. Tal vez no deberíamos ser tan severos con el gobierno.

Pero, al mismo tiempo, el gobierno tal vez tendría que escuchar. Sánchez
de Lozada, sentado frente al flamante presidente Kirchner, tendría que escu-
char el flamante mandatario argentino quien opinó que la gobernabilidad no

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

necesariamente debe ser sinónimo de impunidad. Y es verdad. La goberna-


bilidad en el fondo es capacidad de gobernar, capacidad de que las sugeren-
cias propuestas y directivas de un gobierno se cumplan. Y por cierto que hay
caminos diferentes a la complicidad, al silencio y a la impunidad, para
gobernar un país.

CONFIANZA Y REFORMA POLÍTICA.

Una forma principal de lograr gobernabilidad es tener la confianza de


los ciudadanos. Y esa es la gobernabilidad que debemos construir en el país.
Debemos restituir la condición innata, fundamental y esencial de la goberna-
bilidad. Y en el deseo y en la intención de hacerlo se nos presenta un
problema que el gobierno nos reitera una y otra vez: ya insistió mucho el
MNR durante la campaña, y ahora el MIR repite a coro, que lo más
importante para la gobernabilidad es resolver la crisis económica. Y ya
llevan 9 meses tratando de resolver la crisis económica y nos dicen que
después de resolver la crisis económica van a atender la crisis del Estado y
el proceso de descomposición social que se vive en el país lo que constituye
una forma tramposa de plantear el problema.

No hay ningún gobierno que pueda ofrecer resultados económicos en


semanas sino en 30 ó 40 meses, cuando menos. Es imposible, por lo tanto,
que existan resultados positivos si quien los ejecuta y los propone no cuenta
con el respaldo y la confianza de los ciudadanos. Para contar con este
respaldo, debe, inevitablemente, atender la crisis política. Porque si no se
atiende la crisis política y la del Estado, detrás viene una peor: la llamaré
crisis de disolución. Porque hoy existen en nuestro territorio, pequeñas pero
vigorosas fuerzas, que plantean que el desmembramiento de este país es la
mejor de las salidas. Estas fuerzas, que hoy son francamente minoritarias, si
permanecen silenciadas, soterradas, si no se exponen a un amplio y abierto
debate en que participemos todos los bolivianos, que parece que no
compartimos esas propuestas, van a alcanzar una dimensión desconocida. Es
falsa, por lo tanto, la disyuntiva de atender lo económico o lo político.
Estamos forzados a tratar los dos problemas.

La reforma política es hoy, aunque en las encuestas aparezca en el lugar 8


ó 14, un tema central. Digo esto, porque este es uno de los argumentos que han

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Roger Cortéz Hurtado

empleado el señor Carlos Mesa y el MNR para justificar que el Congreso no


va a tratar el tema de la Asamblea, porque aparecería muy abajo en las
encuestas, sobre los temas de preocupación pública. Dicha afirmación es
esencialmente engañosa, porque en junio del año pasado hubo una encuesta
nacional –la encuesta nacional– que se llama elecciones, donde el 80% de las
fuerzas que participaron de ellas, incluyendo el hoy oficialista MIR,
plantearon en esas elecciones la Asamblea Constituyente, como una de sus
más importantes propuestas. Entonces, un respeto elemental de la voluntad
del pueblo expresada en las elecciones, pasa por reconocer ese hecho. No lo
hicieron el 4 de agosto del año pasado, cuando el MNR a la cabeza de las
fuerzas de la megacoalición que todavía era mayoritaria en el Congreso,
imposibilitó que en la ley de necesidad de Reforma de la Constitución se
incluyeran artículos que permitieran incorporar mecanismos para convocar a
una Ásamblea Constituyente. Ese fue un acto antidemocrático, que anunció ya
desde el 4 de agosto, que este gobierno iba a ser duro, corrupto y represor.

Debemos recuperar el mandato del pueblo porque la reforma política que


necesitamos tiene un corazón. Es la Asamblea Constituyente, a la que prefiero
denominar Constitucional, para no caer en el falso conflicto esgrimido por
abogados de cuarta, e interesados de primer orden, que nos dicen que “no
puede haber una Asamblea Constituyente mientras funcionan los poderes
constituidos”. Está bien: Que funcionen los poderes constituidos, mientras la
Asamblea cumple con su única obligación, que es revisar y reformar la
Constitución Política del Estado. Los bolivianos requerimos de un espacio
para debatir los problemas de un Estado que se cae a pedazos, de un Estado
que ha perdido hegemonía y cuyas instituciones no sólo no funcionan, sino que
en gran parte de los casos ejercen las funciones que la ley les ha planteado
exactamente al revés: la policía para delinquir, el poder judicial para proteger
la injusticia, el legislativo para encubrir a los culpables y omitir y contrariar la
voluntad de sus electores. Esta combinación de crisis institucional y ausencia
de hegemonía impone que los ciudadanos podamos y debamos abrir paso a un
proceso lo más sosegado, ordenado y también legal en el que se enfrente la
crisis estatal y el vacío de conducción que se vive en nuestro país.

El MNR y sus principales aliados, en plan de crearse una coartada que


frene la reforma constitucional e impida la consideración inclusive de vías de
consulta sobre el posible funcionamiento de una Asamblea Constituyente, nos

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

dicen que en la Ley de Necesidad de Reforma, hoy archivada en algún


escritorio del Parlamento, no se pueden incluir cambios al artículo 230 y 231.
Esto es radicalmente falso. Cuando uno revisa el proceso de reforma
constitucional de 1993 a 1994, descubre que el Parlamento introdujo en la Ley
de Necesidad de Reforma por lo menos 15 cambios de contenido y de forma,
y suprimió artículos aprobados en la Ley de Necesidad. Es posible, es nece-
sario, es legal y lo vamos a reclamar. Porque no podemos callar y no podemos
permanecer silenciosos cuando se juega con nuestro destino y se trata de ma-
rear la perdiz con encuestas. Conocemos bien las encuestas. ¿Qué nos dijeron
las encuestas pre-electorales del año pasado?, ¿Qué nos dijo la realidad de los
votos?.

Con esto quiero decir que existe un camino para convocar a la Asamblea
Constitucional, introduciéndola como parte del proceso de reforma
constitucional en curso y con un enfoque compatible con la legalidad y la
institucionalidad: que no es necesario esperar cuatro años adicionales,
mientras avanza la crisis estatal.

EL MECANISMO DE CONVOCATORIA.

Es necesario crear mecanismos para que las deliberaciones de la


Asamblea, se apoyen y acompañen de la más amplia consulta con la sociedad,
de manera que discutan los problemas fundamentales que parecen ser tres: uno
es el problema de la descentralización; segundo tierra y territorio y, tercero, el
enfoque de manejo de nuestros recursos naturales.

Hay en la actual Ley de Necesidad importantes cambios y progresos de


participación y control ciudadano que deberían ser establecidos en ese
proyecto de Constitución. La ley puede establecer que esa Asamblea sólo se
dedique a discutir una propuesta de asamblea. Y si en seis meses no la tiene,
terminó y se acabó. Y si tiene una propuesta por mayoría de sus miembros, va
a un nuevo referéndum. En resumen tenemos un proceso de 18 a 30 meses, en
los cuales el país, al mismo tiempo que trabaja en un proyecto de recuperación
económica (que debe introducir cambios a los que nos plantea el gobierno, que
recupera tiempo, que se recupera producción) dirige su energía y canaliza a un
debate, a una reflexión, que va a una asamblea que nos representa y nos
plantea un documento.

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Roger Cortéz Hurtado

Un sacerdote y periodista a la cabeza de varios otros opinadores nos dice:


“la Asamblea no es la respuesta a todos los problemas del país”. Tiene razón,
pero ¿cuál es la única respuesta a los problemas del país?. No la hay. No se
pida a la Asamblea lo que no se le pide a un plan económico, lo que no se le
pide a cualquier otra reforma. La Asamblea es, hoy, una de las pocas oportu-
nidades de que nuestros enfrentamientos no lleguen a niveles extraordinarios
de violencia y de disolución.

Ahora, la reforma política no se limita a la Asamblea, sino que abarca


otros cambios en la policía, por ejemplo. El primer paso de la reforma de la
policía es su despartidización. Si la policía ha llegado hoy a la condición de
ser, en muchos casos, cómplice de la ruptura de la ley, es porque hay una
influencia decisiva en la coptación y manipulación que ejercen los políticos
sobre ella. Del mismo modo, Fuerzas Armadas también necesitan por
identidad propia reencontrar un nuevo espacio, un nuevo sentido a lo que es
la seguridad del país. Y, desde luego, los partidos deben reformarse.

ACUERDOS SOBRE POLÍTICAS PÚBLICAS.

He tenido la oportunidad de conversar con el Vicepresidente sobre su plan


contra la corrupción, y transmitirle mi opinión de que es una verdadera pérdida
tiempo tal como se lo está ejecutando. El personal de la Secretaría de Lucha
Contra la Corrupción está viajando por 300 municipios buscando fuentes
corrupción; yo les digo a esas buenas personas: “ahórrense los pasajes, el
tiempo, los desvelos y el maltrato de su cuerpo a través de transitar los caminos
polvorosos de nuestra patria, porque la corrupción está a su lado de su oficina
matriz”. El nido de la corrupción está en las organizaciones políticas que, no
sólo en el país sino universalmente, han perdido su condición de proponentes
de visiones de futuro para convertirse en cuadrillas de asalto de las arcas
públicas y de exacción a los ciudadanos. No busquen la corrupción tan lejos:
la tiene en el escritorio de al lado. Por lo que esa oficina podría empezar su
trabajo recuperando una ley que ya está planteada: la Ley de Responsabilidad
Partidaria, por la cual, si un funcionario público acusado –juzgado– y
castigado por corrupción llega a esa situación, el partido que lo llevó a su
condición de funcionario, debe pagar con él, de sus fondos propios, el daño
económico que se haya hecho al Estado. Les digo que si avanzamos por ese
camino, los partidos se quedarán sin fondos para las campañas y eso será,

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

además, un gran alivio para nuestra higiene mental, ya que podremos deliberar
y debatir, sin el espantoso ruido que produce la propaganda manipulativa a la
cual se han reducido las campañas electorales.

Dejemos de decir “cambios a la capitalización” en abstracto. Empecemos


con una auditoria técnica que determine cuáles son los pozos “viejos” y cuáles
son los pozos “nuevos”. Así, amos a “descubrir” que algunos pozos que están
pagando 18%, y que son los más grandes del país, deberían estar pagando 50%
sin romper ningún convenio internacional. Arreglemos el problema de la coca
con una propuesta que tienen los cocaleros y que es realista y que nos permite
realmente controlar el problema del tráfico de drogas: el cato de coca. Los
convenios que los mismos cocaleros han propuesto están al alcance de la
mano. Eso nos va a traer paz, eso nos va a traer desbloqueos y nos va a permitir
canalizar la inversión pública al área productiva para iniciar el proceso de
transformación productiva.

Finalmente, nada de esto puede funcionar si no entramos a un proceso de


reforma moral e intelectual. Y la reforma moral e intelectual, se los digo a los
compañeros que aquí trabajan en juntas barriales, en organismos sociales y en
cadenas de asociaciones ciudadanas, tiene que empezar abajo. La corrupción
hay que derrotarla arriba. Pero la reforma moral e intelectual tiene que empezar
abajo. Tenemos que desterrar la intolerancia en nuestras prácticas, no puede ser
que el partido en que se ha depositado la mayor expectativa de cambio del país,
tenga las mismas peleas mezquinas, querellantes y tramposas de los viejos
políticos del país. Nosotros debemos exigir a esas agrupaciones, a las políticas
y no políticas, que esta reforma empiece. Es posible y es necesario. Hace cinco
siglos atrás, Europa vivía un proceso de descomposición mayor que el que
conocemos en nuestra patria. Salió de él a través de un renacimiento. El
renacimiento de esta pequeña y querida patria nuestra está en nuestras manos.

Es esencial hacer la referencia de los espacios globalizadores que (se


mencionan en este debate), mucho más cuando estos procesos parecen haber
avanzado a un extremo sobre el que no somos conscientes. De hecho, este
planeta está funcionando en un sistema político donde hay un jefe universal.
El no mejor dotado intelectualmente de los norteamericanos es –mal que nos
pese– el jefe de esta comunidad internacional. Y no sólo penaliza a Bolivia,
penaliza a Francia, penaliza a Alemania.

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Roger Cortéz Hurtado

Al mismo tiempo, debemos saber reconocer el juego de las fuerzas


internas. Así, el gobierno, por ejemplo, se excusa por los hechos del 12 y 13
de febrero: primero nos miente descaradamente y nos dice “el FMI me obligó
al impuestazo”. Como nunca, el FMI –que también es un organismo
diplomático– le manda un funcionario al gobierno y le dice “no es cierto, no
hemos planteado el impuestazo”.

La verdad es que la reacción del 12 y 13 de febrero, antes que obedecer


a mandatos internacionales, obedece a la naturaleza propia del plan de
gobierno. Quizás la gente no es del todo consciente, pero la bronca que
explotó en La Paz y en Santa Cruz, en esos días, se debe a que la gente, de
alguna manera, comprendió que el gobierno nos está tomando el pelo con los
tres planteamientos principales que ha manejado:

Con el bonosol está haciendo –como las capitalizadas no dan lo


suficiente para pagarlo– que los aportantes paguemos con nuestros recursos
a nuestros padres y abuelos. El Bonosol que ofrece el MNR nos lo está
haciendo pagar a nosotros; con ello, si se cumple su plan de hacerlo durante
cinco años, les cuento, que para poder tener una pensión vamos a necesitar,
no 25 años de trabajo, sino 45 años para poder jubilarnos, 45 años de aportes.

Cuando nos dice Seguro Universal Materno Infantil, no crea ningún nuevo
financiamiento, sino que destroza las finanzas municipales y de las cajas de
salud ya existentes.

Y finalmente, cuando nos dice obras con empleo, y allá está el origen del
impuestazo, subir la inversión pública de 4000 a 5000 millones de bolivianos,
lo hace con esos mecanismos expoliatorios de los trabajadores mientras nos
había estado preparando el perdonazo para los grandes evasores.

*Transcripción de la conferencia en el seminario de “Cuarto Intermedio”,


Cochabamba

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

CUATRO ESCENARIOS Y ¿UN FUNERAL?


25 de abril de 2003*

Q
ué nos dejó febrero?. Además de muerte, dolor y un susto para el poder,
podría decirse que una impenetrable impunidad, y, luego, un aparente
retorno a la rutina, salpicada de protestas que golpean la inmovilidad
gubernamental. Podría también suponerse que el desquiciamiento de
los aparatos estatales de represión y el furor urbano que se vivió en La Paz han
reordenado las contradicciones y marcado nuevos rumbos e intensidades de las
tendencias que configuran nuevos escenarios.

Con una línea de visión que intenta abarcar a los 7 meses que nos separan
del final de este año, se pueden individualizar cuatro escenarios, ordenados de
acuerdo a una estimación de sus posibilidades de presentarse como dominantes
y de las posibles transiciones entre uno y otro.

LA RUTA DEL AUTORITARISMO.

El gobierno sobrevive, después de afirmar continuamente una identidad de


esquema cívico-militar, por respaldo castrense, por el apoyo que aún le da la
representación diplomática de EE.UU. y la ansiedad de sectores sociales urba-
nos que se preguntan con temor ¿qué viene después?. Este sustento alcanza
para contener el derrumbe gubernamental, a pesar que cada día casi lo único
que la administración ofrece son denuncias de conspiraciones extravagantes,
la obsesión presidencial de que está en marcha un complot para asesinarlo,
el quietismo operativo más exasperante y una recurrente tendencia a enre-

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Roger Cortéz Hurtado

darse aún en sus acciones más simples. Es lo que pasa, como muestra, con la
elección del Defensor del Pueblo, donde los principales partidos de gobierno
exhiben una desorientación absoluta, con la que tratan de demorar u obtener
premios consuelo frente a una decisión social que ha sido expresada inequívo-
camente y con la cual no simpatizan.

Casi petrificado, el gobierno sortea un lío para caer en el próximo, mien-


tras una fila de conflictos mayores se van armando ante sus ojos. Como el par-
tido oficialista principal, cada vez más confundido y enfrentado internamente,
no puede imponer nada ni a su socio más próximo, el flujo de caja del Tesoro
General resulta cada vez más penoso e insustentable y la posibilidad de que no
alcance para cubrir las planillas del siguiente mes es una pesadilla continua.

Ya sea que este letargo prosiga, o que se trate de remontarlo por medio
de respuestas de fuerza el resultado es igualmente una continua desacu-
mulación de fuerzas, que hará más patente la debilidad del Poder Ejecutivo
y su creciente dependencia del factor militar y la indulgencia imperial. Al
haber perdido la chance de asumir alguna iniciativa de viraje creíble, el
gobierno se está agotando, al tiempo que es el verdadero y principal motor
de su defenestración, de manera que el último gobierno de Bánzer se acerca
cada vez más a ser su espejo; con la diferencia de que el actual es más
susceptible a tentaciones autoritarias que, si las aplica a través de masivas
intervenciones de fuerza en territorios cocaleros o experimentos de shock
económico, puede obtener una fugaz ilusión de victoria, que no sería nada
más que un prólogo de una fatal caída histórica.

Con todos sus enredos este escenario sigue siendo el principal, porque frente
a la impotencia del gobierno sus adversarios muestran tal confusión táctica y vacío
de diseño estratégico, que permiten el predominio de la inercia. Sin embargo, si
alguien confía en que puede mantenerse indefinidamente una situación de tan
grande malestar, apostando a que sus oponentes no descubran una salida o que
pueda mantenerse maniatada a la sociedad con la idea de que un hombre o un
nombre son equivalentes a la democracia, está cometiendo un error muy grueso.

LA SUCESIÓN PACTADA.

Las palabras vertidas por el Presidente el 9 de abril, que causaron una


reacción esencialmente farisaica en el mundo de los partidos, vienen a ser el

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

testimonio más claro de que son cada vez menos los que piensan que la
suerte del sistema está amarrada al destino del jefe de gobierno. Y, un
análisis sereno lleva a pensar que las fogosas y armadas expresiones del
Primer mandatario iban más bien dirigidas a su entorno próximo que a los
fantasmales conspiradores que denuncia continuamente. Es a ese entorno
cada vez más dudoso y pesimista sobre el rumbo al que los lleva su
conducción, al que mejor se ajusta la vehemencia presidencial, en un intento
por alejar dubitaciones y especulaciones sobre “salidas alternativas”.

Hoy está bastante claro que esas conjeturas son consideradas con menos
pudor que hace pocas semanas y existen indicaciones de que podrían haberse
consultado con la representación diplomática imperial, con resultados alenta-
dores para quienes las propugnan porque, por lo menos, no han obtenido una
destemplada respuesta, como ocurrió en una primera instancia en la experien-
cia del anterior gobierno.

Cambiar de cabeza de gobierno, respetando las fórmulas legales, es hoy


una opción para los partidos participantes del gobierno, para algunos grandes
intereses corporativos transnacionales que se alarman por el giro de los acon-
tecimientos y presionan sobre la embajada estadounidense con el argumento de
seguridad jurídica para las inversiones. El primer escenario, de la continuidad
gubernamental, puede transitar a este segundo con creciente facilidad y de
manera más o menos fácil, a través de un retiro o amenaza de retiro del princi-
pal socio gubernamental, de un brusco incremento de la tensión social u otra
situación similar.

El nudo que presenta esta posibilidad es que mientras más tiempo trans-
curra se hace más costosa y arrastra más rápidamente a la escala de sucesores,
hasta llegar a quien puede, ya no continuar la gestión hasta el año 2007, sino
llamar a elecciones en el plazo más breve. Esto asusta a los partidos de gobierno
y sólo entusiasma a Nueva Fuerza Republicana (NFR) que está convencida que
tiene reales posibilidades de ganar, sólo antes de que Acción democrática
Nacionalista (ADN), o el nuevo partido que nazca de su seno, participe con su
campeón, porque este recuperaría gran parte de los votos de NFR.

Por ello NFR se esmera en hacer circular interpretaciones sobre la


incapacidad mental del jefe de Estado, o alienta propuestas como las que ha
lanzado recientemente el jefe Libertad y Justicia, al interpretar que la

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Roger Cortéz Hurtado

ausencia de un senador o una resolución de la Cámara Alta habrían creado


una situación inconstitucional insubsanable. Debe considerarse, que estas
posiciones que hoy parecen muy débiles, pueden más adelante emplearse
para justificar una sucesión presidencial, sino funcionan antes otras fórmulas
más consistentes.

UN GOLPE DE VERDAD.

Ahora todavía están funcionando reservas muy poderosas que ponen freno
al desarrollo de una opción de autogolpe o golpe declarado. Predominan los
obstáculos internos que se encuentran en un rechazo social muy macizo, así
como dificultades casi insuperables para preparar una propuesta alternativa de
orientación gubernamental mínimamente verosímil; tampoco son menores las
consecuencias y problemas internacionales y, ambas, siguen teniendo una fuer-
za disuasiva muy grande sobre un número posiblemente creciente de entusias-
tas de esta salida. Pero, lo que es muy real, a diferencia de hace pocos meses,
es que el golpe ya ha adquirido la categoría de una posibilidad real; remota,
complicada…pero cierta.

Su viabilidad ha sido experimentada en otros países latinoamericanos y


particularmente en Venezuela, donde el gobierno de Estados Unidos ha demos-
trado, que los únicos principios estables que tiene son sus intereses. Dentro de
la relación de fuerzas nacional y externa vigente, un golpe, o quiebre institu-
cional, presenta todavía mayores problemas que los dos primeros escenarios y
está prácticamente obligado a rematar, en un plazo bastante corto, en una nueva
convocatoria a elecciones que como se ha dicho tiene un solo interesado genui-
no.

La apertura de un espacio realmente favorable para este tercer escenario


depende de un desgaste muy brusco del primero, de una sucesión presi-dencial
desordenada o de un fuerte recrudecimientos de conflictos violentos –o, even-
tualmente, un escándalo enorme que afecte al gobierno– situaciones que habi-
litarían discursos de orden o lucha contra la corrupción, que le presten alguna
firmeza a su discurso justificatorio.

EL ACUERDO SOCIAL.

Aunque supuestamente el gobierno debería ser su principal impulsor, es


quien más resiste esta posibilidad, ganándole por apenas una nariz al Movimiento

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

al Socialismo (MAS) que ha preferido refugiarse en el aislacionismo, antes que


enfrentar el desafío de construirse como fuerza política nacional, capaz de inspi-
rar confianza entre sus seguidores y potenciales aliados sociales. El rechazo de
estos dos polos casi clausura la posibilidad de que se considere un entendi-
miento que rompa el círculo vicioso que se da entre cascada de reclamos beli-
gerantes e impotencia para gobernar; entre desbocamiento de reclamos e
impotencia para conseguir verdaderas reivindicaciones.

Adicionalmente este camino no es fácil, porque supone grandes cesiones


para los contendientes y mientras más se tarde en tomarlo, estas cesiones serán
aún mayores. En este momento el contenido mínimo de un convenio útil com-
prende, 1) pactar políticas públicas en los temas más conflictivos ( tierra, coca,
gas y otros recursos naturales, reorientación de las políticas antipobreza y de
recuperación económica) y 2) reforma política que empieza por aprobar una
reforma de la Constitución que incorpore mecanismos para convocar y elegir una
Asamblea Constitucional que se encargue de una revisión integral de las reglas
de convivencia social y política, paralelamente a cambios inaplazables de los par-
tidos, del Poder Judicial y los aparatos de fuerza estatales. Esos pasos no pueden
darse si se mantiene la insubordinación y el estado de conflicto continuo.

Los partidos están cerrando esta vía, sin comprender que con todos sus pro-
blemas y dificultades es prácticamente la única que resta para evitar que la crisis
nacional transite hacia una crisis de disolución. Ante la nueva frustración y tre-
mendos riesgos que trae consigo sólo parece restar una enérgica reacción ciuda-
dana que obligue a los bloqueadores del futuro del país a retractarse, para que
podamos ahorrarnos asistir al triste funeral del proceso democrático.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

LA DESESPERACIÓN, EL HAMBRE Y LA REFORMA POLÍTICA


7 de marzo 2003

C
uando la marcha indígena del año pasado obligó a los partidos a exhi-
bir algún grado de preocupación sobre su demanda principal, la realiza-
ción de una Asamblea Nacional Constituyente, entre los principales
argumentos utilizados para invalidarla se hablaba que antes de cualquier refor-
ma política había que resolver la crisis económica. Después de todos los muer-
tos, huérfanos,viudas y un sufrimiento excesivo para nuestro pueblo, queda
probado que, primero, ningún partido tiene una idea aproximada de cómo
empezar, siquiera, a dinamizar la economía y mucho menos encarar el proceso
de una transformación productiva que es la respuesta de fondo a nuestros pro-
blemas económicos y, segundo, que la reforma política no es incompatible con
enfrentar los problemas económicos y que su realización probablemente sea la
única vía para que una propuesta de cambios económicos encuentre la con-
fianza y la paciencia pública para realizarse.

Reforma y Asamblea Constitucional. El estrépito carnavalero de estos


días no consigue desvanecer la decepción colectiva que acompaña a las
medidas con las que el gobierno trata de reconstruir un sentido de normalidad,
feroz e irremediablemente dañado con los sucesos del 12 y 13 de febrero. La
modificación del número de ministros, el cambio de algunos y la supresión de
una medida de disminución de salarios son respuestas diminutas ante el
abismo que se ha abierto ante nosotros. Casi nadie se atreve a refutar hoy, que
es necesario adoptar decisiones verdaderamente profundas, entre las que
sobresalen aquellas que abran una vía para recuperar un sentido de confianza

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

y de pertenencia colectiva, con una urgencia extrema. Ante la evidencia de que


no existe propuesta económica alguna, capaz de llegar a la percepción de las
personas en plazos menores a 3 o 4 años, empiezan a multiplicarse
iniciativas que apuntan a cambiar el ánimo colectivo, mediante fórmulas de
pactos, entendimientos o diálogos de diversa naturaleza.

En las circunstancias en las que vivimos tendría que quedar muy claro que
el fondo de cualquiera de estas iniciativas no puede ser otro que el de una
reforma política, cuyo inicio obligatorio es llevar adelante la postergada
reforma constitucional, aprobando los avances en materias de libertades y
garantías, la desmonopolización de la representación política presentes en la
aprobada ley de necesidad, y un cambio de enfoque en las vías de reforma
constitucional. Este último campo es crítico, porque de su adecuada resolución
depende que pueda transmitirse a la sociedad la idea de que ante la crisis del
Estado se necesita una amplia y profunda consulta, a través de la cual los
bolivianos definamos reglas de convivencia social y política que nos permitan
resolver, conjuntamente y con la mayor convicción, el malestar que nos
carcome y decidir una línea de futuro común.

No me detengo a refutar todos los débiles argumentos con los que se ha


tratado de hacer creer que no está a nuestro alcance modificar los artículos que
hacen hoy del cambio constitucional un proceso excesivamente complicado,
en situaciones de crisis, y confiado únicamente a quienes hoy son los mayores
peligros para el proceso democrático boliviano, los partidos políticos.

La reforma de los artículos 230 y 231 debe permitir que además del
mecanismo congresal hoy vigente para la reforma constitucional, exista un
procedimiento de consulta urgente para una reforma parcial, el referéndum
ciudadano, y una puerta para que la sociedad pueda participar de una reforma
global de la Constitución. Esa puerta es una Asamblea Constitucional,
convocada exclusivamente para ese propósito, sin que pueda interferir con el
funcionamiento de los poderes constituidos. Por ello, debe imperativamente
ser una instancia diferente al Poder Legislativo y elegida entre candidatos que
pueden o no representar a partidos (por eso la necesidad de la
desmonopolización inmediatamente vigente). Idealmente, para llamar a la
Asamblea debía recurrirse a un refréndum, lo mismo que para aprobar la
reforma que sancione ese órgano deliberante.

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Roger Cortéz Hurtado

LA SOCIEDAD INSUBORDINADA.

Canalizar y concentrar las energías de todos los sujetos y actores sociales


hacia un esfuerzo para analizar y debatir los nudos de nuestra vida social y
política es quizá la única manera válida de construir en este momento una
referencia que salga al paso de las grandes catástrofes que anidan en nuestra
realidad, bajo la forma de fuerzas centrífugas. Quien crea, por ejemplo, que la
decisión adoptada por una provincia beniana de suprimir los servicios de
impuestos y aduanas y declararse zona franca comercial es otra anécdota más
de nuestra pintoresquismo político, está subestimando a dicha expresión que
es una pequeña muestra de grandes energías a la diáspora, que vienen
macerando por un largo período y se muestran crecientemente agresivas.

Estas fuerzas están presentes y para quien se niegue a verlas es


recomendable que analice el declarado y casi generalizado estado de
insubordinación que limita radicalmente la posibilidad de gobernar nuestra
sociedad. Inclusive grupos muy pequeños e irrepresentativos han aprendido
que es posible resistir normas e imponer criterios propios y exclusivos, con
éxito creciente. Esto debería estar muy claro, cuando los últimos hechos han
modificado el régimen estatal, poniendo en vigencia un esquema cívico-
militar que, sería auténticamente incapaz de reducir una revuelta social
como las que se ha estado perfilando en los últimos años.

La insubordinación colectiva e individual no tiene punto de retorno si se


pretende enfrentarla con violencia porque, en cualquier caso, su capacidad
para recrearla excede infinitamente la capacidad política y física del Estado. El
despliegue total de la fuerza represiva estatal no alcanzaría para frenar una
explosión de insubordinación nacional. La única vía de construir una autoridad
basada en el reconocimiento y el respeto de la mayor parte de la sociedad pasa
por una consulta y pacto social que defina el tipo de estructura estatal y las
particularidades de su funcionamiento democrático. Este problema va mucho
más allá que la supervivencia de una administración gubernamental, porque lo
que trata de resolver es el mantenimiento y la proyección de una sociedad
organizada que acata la ley; pero en todo caso, no cabe duda que el primer paso
para encaminar constructivamente la reforma, pasa por el respeto y aca-
tamiento de las leyes vigentes.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

EL HAMBRE Y LA LIBERTAD.

Ni la recesión, ni la pobreza, ni el hambre pueden ser remediadas o


siquiera aliviadas por una asamblea constitucional o una reforma política.
Pero, sin la reforma política existen demasiados riesgos de que la angustia
económica nos devore como nación. Poner en marcha una reforma política
supone, además del cambio constitucional, una transformación profunda de la
administración de justicia, de los partidos políticos, de la Policía y las Fuerzas
Armadas, cambios todos encaminados a que se revierta la descomposición
social en la que vivimos y a poner en marcha una transformación moral e
intelectual del país.

Al mismo tiempo que se encamina este gran esfuerzo es necesario que se


hagan ajustes económicos que corrijan la predominante tendencia de las
políticas económicas a transferir una parte considerable del excedente social
hacia las manos del consorcio de políticos con los constructores de obras
públicas y proveedores de servicios y la complicidad de una administración de
justicia que garantiza la impunidad de sus negocios ilícitos. Para romper el
inicuo funcionamiento de este consorcio criminal que desangra las arcas
públicas y fomenta el déficit fiscal se necesitan nuevas normas de
contratación, abiertas y transparentes que minimicen las posibilidades de
acuerdos entre contratantes y concesionarios, así como reglas que vinculen
la construcción de obras con su mantenimiento.

En lo referido a la capitalización toda la retórica de revisarla debe


traducirse de inmediato en una auditoría técnica de la clasificación de
hidrocarburos viejos y nuevos que ha dado pie a una disminución de
tributos hidrocarburíferos, así como a corregir los vicios que han disminui-
do las utilidades de las capitalizadas más allá de lo que impone la recesión
(régimen de contrataciones e inversiones de las empresas; salarios de sus
ejecutivos ,etc.). En el área hidrocarburífera no existe ninguna objeción
válida para que YPFB, a través de la emisión de bonos, pueda comprar,
como un negocio rentable y completamente necesario, las acciones de la
quebrada Enron. Y, si verdaderamente existe (o ¿existió?) alguna
posibilidad de exportar gas a Norteamérica, debe cumplirse el compromiso
de hacer una consulta que vaya más allá de la elección de un puerto de
salida y se refiera al beneficio que puede recibir el país de su realización.

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ultimo -ROGER-4-DAV.QXD 24/5/06 10:40 AM Página 102

Roger Cortéz Hurtado

La revisión del financiamiento del bonosol debe impedir que se continuen


utilizando los ahorros de los aportantes del sistema de pensiones, así como el
crecimiento de la deuda interna a expensas de la utilización de los recursos del
Fondo de capitalización individual.

Aquí están mencionadas algunas medidas económicas urgentes, que dejan


pendiente la consideración del problema de fondo que es hacer de Bolivia un
país capaz de resolver sus necesidades sobre la base de su capacidad
productiva, sin depender de apoyos o cooperaciones externos. Es muy posible
que esta noción esté alejada de la preocupación mayoritaria, tanto como la
necesidad de emprender cambios políticos sustanciales, pero no hay duda que
la obra política de esta hora es convertir la ira y la frustración de un pueblo en
una poderosa corriente creativa para resolver ambas cosas.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

SENTADO SOBRE BAYONETAS


19 de febrero de 2003*

E
ntre los muchos cambios grandes y pequeños producidos en los últimos
días, parece que uno de los más importantes puede pasar casi desaperci-
bido, cuando menos por un tiempo. Estoy hablando del cambio de régi-
men que ha ocurrido, ya que de uno “normal” y presidencialista que tuvimos
hasta el 12 de febrero, hemos pasado a un régimen que podría ser caracteri-
zado como gobierno cívico militar.

Tanto la última expresión, como la de cambio de régimen dejan mucho


que desear desde el punto de vista teórico, porque en realidad lo que se ha
modificado es el tipo de Estado y la descripción de cívico-militar es más grá-
fica que exacta, pero mantendré esos términos porque son más comprensibles,
en un plano de un trabajo como este.

BORDABERRIZACIÓN.

El nacimiento del nuevo régimen se inició el 12 de febrero y obtuvo su


acta de reconocimiento con un mensaje dirigido por el presidente
constitucional a los miembros de las Fuerzas Armadas (FFAA) el 17, en el cual
expresa su reconocimiento “a todos los miembros de la institución militar,
poniendo de relieve su compromiso con el proceso democrático, habiendo
demostrado integridad y valor...”. El 14 de febrero la Presidencia de la Repú-
blica había entregado para su publicación un comunicado donde “el Gobierno
rechaza (...) que la Policía sea cuestionada en su lealtad al Presidente, ni al

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Roger Cortéz Hurtado

orden constitucional, ni al Estado de derecho...”. Podría pensarse que los dos


documentos son equivalentes y complementarios, pero un análisis de los
hechos y tiempos desmiente tal impresión.

El comunicado dedicado a la Policía es el cierre obligado de los acuerdos


por los que se consiguió que esa institución levante sus medidas de presión,
respondiendo favorablemente a sus peticiones (incluyendo el aumento salarial,
que en idéntico porcentaje se ha extendido a las FFAA), pero sin que pueda
interpretarse como expresión de que se ha restituido la confianza guberna-
mental hacia ella. En cambio, no sólo por su texto, sino porque el mensaje a
las FFAA se publica simultáneamente a la presentación de pruebas sobre que
miembros de las FFAA dispararon contra civiles y, cuando, en los días
precedentes quedó completamente demostrado que la sobrevivencia del
gobierno dependió del respaldo militar, ese mensaje tiene un significado
diferente y expresa en un nivel cualitativamente superior el pleno recono-
cimiento gubernamental de este hecho, reconfirmado por la ratificación del
operador político que se ocupa de la relación con los militares.

La convulsión iniciada el 12 con el enfrentamiento entre policías y


militares y que deriva en al menos 33 muertos y más de 200 heridos, terminó
de despojar al gobierno de su respaldo social, autoridad y representatividad,
mientras socavaba las endebles bases de su cimiento político, como se ha visto
con el penoso parto del nuevo gabinete. El gobierno entiende y acepta, esta
nueva situación en que las FFAA se erigen en la casi única fuente de su poder,
de modo que aún cuando no exista un solo ministro militar el régimen funciona
como régimen cívico-militar, en tanto que cualquier paso importante que
pretenda adoptar debe, necesariamente, consultarse y pactarse con los mandos
de la institución armada.

Ante los hechos, puede surgir la tentación de hablar de una


fujimorización del gobierno, pero esta comparación es tan forzada que
puede inducir con facilidad a errores; sería más acertado hablar de una
bordaberrización, por lo menos en el sentido de que se ha producido un pacto
entre gobierno y cúpula militar, que tiende a que el primero se comporte
como un rehén del poder armado del que depende para sobrevivir. Una con-
secuencia, nada des-preciable, de dicha modificación, tomando el contexto
de convulsión, des-orden e insubordinación ciudadana, es que un pacto de esa

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

naturaleza se inclina con facilidad a responder con crecientes dosis de


violencia y autoritarismo.

Es probable que sean pocos los lectores que recuerden al gobernante


uruguayo Juan María Bordaberry, elegido en 1972 que un año después
disolvió el Parlamento con apoyo militar y fue derrocado en 1976, después
que encabezar a un gobierno cívico militar, que inició una despiadada guerra
sucia. Es dicha referencia la que se usa para hablar de bordaberrización más
que de fujimorización (términos evidentemente detestables gramatical e
históricamente).

Funciona en nuestro país un régimen de excepción, que conserva la


cáscara de la formalidad jurídica de un Estado constitucional, pero cuya
sustancia, hace tiempo conmovida por el desarrollo de una crisis estatal, ha sido
maleada por la acción de principales aparatos de Estado y los partidos políticos.
Si el presidente boliviano, pudiese, así sea por unos instantes, llegar a darse
cuenta de lo mucho que se ha alejado en apenas 7 meses del credo democrático
que todavía predica, podría experimentar una pesadumbre mayor a la que lo
afligía al emitir su primer mensaje, el miércoles de la semana pasada.

DE LAS CRÍTICAS A LOS MUERTOS.

Todo muestra, sin embargo, que lo que está ocurriendo dista mucho de
ser algo inesperado y es más bien la consecuencia ineludible de la manera
que tiene el presidente y sus hombres de mayor confianza de entender la
realidad. Todos ellos juzgaron severa y públicamente al gobierno de
Banzer y después al de Quiroga, proclamando que la inestabilidad política
que se vivió en esos tiempos dependía de falta de carácter y experiencia de
los gobernantes. Dieron por supuesto que bastaba que ellos sustituyeran a
esos “torpes” para que las cosas dieran un vuelco.

Todavía lo siguen creyendo, estimulados por su miedo y desconcierto y


por los “buenos consejos” de sus asesores electorales extranjeros que mantie-
nen sus contratos e incrementan su influencia. No puede entrar en su cabeza
que gran parte de los bolivianos cambió de actitud desde hace 3 años, en el
sentido a que ya no se resignan a seguir alimentándose de estabilidad macro-
económica, que no soportan la discriminación, que los hastía la corrupción de

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Roger Cortéz Hurtado

partidos políticos y funcionarios y que le van perdiendo todo respeto y temor


ya no sólo a los símbolos del poder, sino a sus aparatos de fuerza.

TE REGALO.. SI ME PAGAS.

Ni siquiera todo el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) com-


parte las apreciaciones de su jefe y, menos, sus asociados políticos, pero, en el
momento de las decisiones es el punto de vista presidencial el que se ha
impuesto. Aquí se encuentra la lógica de porque el gobierno no ha vacilado en
ejecutar un plan que ha ido encendiendo, tan rápido y devastadoramente la furia
popular.

El predominio de la visión que subestima el hartazgo ciudadano y apuesta


por la presunta eficacia de un voluntarismo narcisista, ha conducido a pagar el
bonosol, apropiándose indebidamente del ahorro de los trabajadores activos;
anunciar la vigencia de un seguro materno infantil que funcionará mientras lo
pueda tolerar el creciente quebrantamiento de las finanzas municipales y de las
diferentes cajas de seguro y, finalmente, a prepararse para iniciar obras con
empleo que solo podrán funcionar con gasolinazos e impuestazos.

Antes que los policías reaccionen, el malestar ya se había apoderado de la


sociedad al darse cuenta que la única forma de llevar a cabo el plan del MNR,
MIR, UCS, MBL, etc., era empobreciendo más a amplios grupos; a eso se redu-
cía la supuesta habilidad y conocimiento de quienes ofrecieron “la única salida
a la crisis económica”. Si la reacción hubiese sido más tardía sobran razones
para pronosticar que también sería más enérgica, al conocerse, por ejemplo,
que el proyecto de presupuesto del Poder Ejecutivo contiene en su artículo 102
la autorización para el gasolinazo y más aún, cuando se hubiese comprendido
que gasolinazo e impuestazo obedecen más a una cerrada obstinación guberna-
mental de cumplir su plan a rajatabla que a encontrar formas de subsanar el
gigantesco déficit fiscal generado en el primer gobierno del actual presidente.

LA MALA FE EN EL PODER.

Es completamente comprensible si alguien cuestiona las líneas previas,


suponiendo que encierran algún tipo de reproche al esfuerzo de un gobierno por
honrar sus promesas. No hay tal. No se está criticando la coherencia, sino la
malicia de quien ofrece otorgar, sobre la base del sacrificio de un pueblo, apa-

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

rentes concesiones, concebidas para generar un solo beneficiario: los opera-


dores políticos del actual gobierno. El bonosol se otorga, quebrantando el
nuevo sistema de pensiones y creando la amenaza de que los actuales aportan-
tes no puedan cobrar sino miserables pensiones, para secuestrar (a favor del
partido que levanta esta bandera) a un electorado de 300 000 bene-ficiarios,
pero con un costo que termina perjudicando a quienes cobran el bonosol y a sus
hijos. No en vano, la ley del bonosol garantiza que se pagará en sus montos
actuales hasta que termine la vigencia del gobierno actual.

El seguro materno infantil es insustentable en el largo plazo, sino antes, y por


tanto carece de una proyección que vaya más allá de la propaganda. Y ¿ las obras
con empleo? , son en lo concreto construcción de caminos que representan alta
inversión de capital y poco empleo. En este acápite más que un error técnico del
gobierno parece prevalecer la urgencia de mantener funcionando el consorcio
entre políticos, proveedores de servicios y administradores de justicia, que histó-
ricamente nos ha entregado obras mediocres, a precios irracionales, superganan-
cias abusivas, fortunas instantáneas para militantes que actúan como funcionarios
e inmunidad para todos, garantizada por jueces benevolentes y prósperos.

Ya no hablemos de las promesas de lucha contra la corrupción y la exclu-


sión, porque nada se ha hecho en esos campos. En el primer porque sus irres-
ponsables eximieron de responsabilidad a la mayor fuente de corrupción, es
decir a los partidos políticos y, en cuanto a la exclusión, porque se ha resumi-
do a designar a unos cuantos funcionarios de origen indígena.

LA DEBILIDAD ARMADA.

El tono benevolente y conciliador del discurso presidencial al posesionar


su gabinete podría dar la impresión de que el gobierno captó algunos de los
enérgicos mensajes nacidos de los recientes días de violencia y muerte. Lo
mismo podría decirse de las palabras del jefe de gabinete, pese a que no dejó
pasar la ocasión para sugerir que el origen del cambio nació y depende del
MIR. Pero, con autonomía de voluntades y deseos individuales, no es difícil
ver que la indulgencia de las palabras tiene más que ver con una merma consi-
derable de la fuerza del gobierno, que con una voluntad de cambio. Varios nom-
bramientos clave ratifican esa impresión, tanto como las decisiones omitidas y
postergadas en estos días.
De aquí que debilidad política y social acorazada hoy casi solo por las

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Roger Cortéz Hurtado

armas, ratifica que el vacío hegemónico y la ausencia de propuesta han abierto


paso a una nueva composición gubernamental –civil, militar– con tendencias
intrínsecamente autoritarias, aunque se base en un discurso pacificador. Pero,
antes de que dicho carácter pueda desplegarse en todo su potencial las
circunstancias vigentes hacen que la flaqueza gubernamental y estatal, se
encaminen con rapidez a colocar en un primer plano la posibilidad cierta de
que se interrumpa la normalidad institucional y que el gobierno con cada vez
menor chance de cumplir su mandato sea sustituido por una solución
transitoria, a la que se encomiende una salida electoral.

Este desenlace no es inevitable, pero es cada crecientemente más


probable, en tanto que permanezca la poderosa inercia gubernamental que
proviene de poderosos intereses y compromisos, muy difíciles de omitir.

Uno de los primeros lances en los que se medirá el predominio del


conservadurismo que está conduciendo el gobierno a su rápido final, es
como abordará el gobierno la investigación y procesamiento de franco-
tiradores que han asesinado a civiles. Ya hay signos muy significativos de que,
precisamente por sus deudas y dependencia del factor militar, tenderá a echar
un manto de olvido sobre este episodio de sangre y muerte, lo que difícil-
mente será tolerado por una sociedad que pide transparencia y confianza como
punto obligado de un nuevo arranque.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

MAR DE FONDO
Enero 2003*

U
na evidencia de cuan banal es discutir y tratar de decidir quien ha ganado
la última pulseta política y social se encuentra en el decidido entu-
siasmo que despliegan ante el tema una gran parte de los medios de
difusión y varios pontífices de la opinión pública. Tanto interés de quienes se
especializan en endiosar lo accesorio para esconder lo significativo es lo que
en lenguaje de abogados se llama prueba plena. Obviamente es excesivamente
temprano para arriesgar conclusiones, cuando el conflicto, muy lejos de resol-
verse, está en pausa porque los contendientes se han sentido estrepitosamente
exhaustos. Esto no desmerece la tregua, angustiosamente reclamada por una
abrumadora mayoría nacional, que podría, si se rompe la rutina de los últimos
años, devenir en algún tipo de solución más o menos duradera.

Pero, inclusive ante ese tipo de escenario optimista, mantiene toda su


validez la interrogante del director de este semanario que, como muchos
bolivianos, se pregunta si debemos, fatalmente, resignarnos a vivir en una
sucesión de tormentas políticas y sociales, cortadas por breves recesos, que
si no enteramente pacíficos, están al menos exentos de episodios de violencia
declarada. Lo que si puede verse con bastante nitidez, para tratar de
responder esa duda, es que, cualquiera sea la salida de esta confrontación,
detrás de las cuestiones que se han disputado abiertamente existe un mar de
fondo que puede encresparse y revolverse vertiginosamente turbando
nuestras vidas, porque sus aguas vienen de muy lejos y algunos de los actores
prefieran ignorar esa realidad.

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Roger Cortéz Hurtado

A eso parece referirse el manifiesto del MAS, cuando espeta en sus


primeros puntos que pasa a la acción directa, porque los amos del poder en
Bolivia han olvidado las erupciones sociales que se vienen sucediendo desde
el año 2000 y que han archivado la rezongona resignación popular que
predominó desde 1985. “Los gobernantes siguen rigiendo como siempre,
persiguiendo una cada vez más insostenible gobernabilidad alimentada de
transacciones utilitarias e impunidad” y cierran los ojos y oídos ante una
exigencia cada vez más imperiosa de que es necesario terminar con el
dominio la discriminación como forma de gobierno.

El mal cálculo de los contendientes los llevó a subestimarse mutua-


mente, pidiéndose, el uno al otro, rendiciones incondicionales. Si
aprendieron o no con la sangre y el sufrimiento de un pueblo, lo veremos
muy pronto. Pero, más allá de las lecciones de la última escaramuza,
podemos estar seguros que el conflicto retornará inclemente e ineludible, si
no se comprende que nuestro malestar nacional sólo puede ser enfrentado
con una radical transformación de las prácticas políticas, en el sentido que el
desprecio y la arrogancia del precario poder económico y político, acu-
mulado en 178 años de vida republicana, intimidan cada vez menos a un
pueblo que todavía tientas empieza a buscar nuevos desenlaces y ya no los
admite como principio de autoridad.

Si en vez de ello se prefiere experimentar el uso de una mayor fuerza


para disciplinar a los “díscolos”, podemos estar seguros que más pronto que
tarde, la respuesta ante ese giro hará parecer las convulsiones que se vienen
sucediendo desde Abril de 2000, como tímidos y desvaídos ensayos de un
choque que contará, esta vez, entre sus bajas al proceso democrático.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LA COCA, LOS INDÍGENAS Y EL PODER EN BOLIVIA


2 de septiembre de 2002,

C
uando los resultados de la última elección boliviana mostraron que el
Movimiento al Socialismo (MAS), dirigido por Evo Morales, máximo
dirigente de los cultivadores de hoja de coca, aparecía como la primera
fuerza política, con un respaldo electoral del 20%, el sistema político nacional
y la poderosa embajada estadounidense sufrieron una enorme perturbación.
Esta inquietud no ha sido despejada ni con el hecho de que la alianza de varios
partidos encabezada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)
fue primero en votos (22%), ni con la elección parlamentaria de Gonzalo
Sánchez de Lozada como presidente de la República el pasado 6 de Agosto.

Los 8 senadores del MAS, de un total 27, y sus 27 diputados, de un total


de 130, le dan la posibilidad de constituirse en una poderosa oposición. Los 35
parlamentarios del MAS, los de Movimiento Indígena Pachacuti y otros pocos
parlamentarios indígenas elegidos por otros partidos le han dado al Parlamento
de este país una fisonomía completamente nueva, por la bruscamente elevada
proporción de representantes indígenas que son la mayoría del país y también
una de las eternas minorías parlamentarias, con no más de media docena de
representantes hasta la elección del 30 de junio pasado.

Sin duda que el MAS tiene una representación que abarca a más de las 30
mil familias de campesinos cultivadores de hoja de coca, y a un importante seg-
mento de las 38 etnias indígenas de este país. Es más bien una representa-
ción de múltiples corrientes sindicales, ecologistas y de los más diversos

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Roger Cortéz Hurtado

movimientos sociales que han empezado a tomar impulso en los 3 últimos años,
después de que el movimiento popular sufriese continuas derrotas y debilita-
mientos desde la imposición de un modelo económico neoliberal, instaurado en
1985.

Varios analistas concuerdan que Evo Morales Ayma, el candidato presi-


dencial del MAS, y reelecto diputado jugó el papel de un símbolo aglutinador
de estas diversas vertientes. A fines del año pasado Morales se encontraba polí-
tica y socialmente aislado, como consecuencia de la creciente radicalización del
movimiento cocalero que encabeza. Pero, cuando a principios de este año la
embajada norteamericana con el apoyo de los principales partidos consiguió
que Morales fuese expulsado ilegalmente de su puesto de diputado, sin cargos
bien tipificados y atropellando todos los mecanismos de defensa y juicio impar-
cial, también consiguió, sin proponérselo, que una parte significativa del
amplio repudio social contra la corrupción, la politiquería y las imposiciones
foráneas se alinease silenciosamente detrás del MAS.

Esta fuerza social que le da soporte, podría permitirle ocupar el espacio his-
tórico vacante para una fuerza que realmente exprese a las mayorías de este país.
El desafío es particularmente complejo, por el hecho de que su dirigente más
importante, al ser representante de los cultivadores de coca, se encuentra en el
área de mayor presión y fuerza que ejerce el gobierno estadounidense en la zona
andina, donde pretende eliminar la coca, bajo la fórmula de que terrorismo y nar-
cotráfico son hermanos gemelos que encarnan el eje del mal.

Bolivia ha erradicado cerca del 80% de sus plantaciones de coca y ocupa hoy
un tercer puesto en su producción, con unas 14 mil hectáreas, muy lejos de las
120 a 150 mil hectáreas calculadas para Colombia y de las 70 mil que se suelen
atribuir al Perú.

Ante este cuadro el MAS debería tener la aptitud de, por una parte, no
dejarse arrinconar al exclusivo papel de portavoz de los campesinos cocaleros
(que son más o menos el 1% de toda la población indígena-campesina) y, por
otra, de probar en el seno del Parlamento nacional, que la propuesta campesi-
na de permitir que cada familia de la zona donde se ha erradicado tenga dere-
cho legalmente reconocido a plantar 1600 metros cuadrados, es mucho más sen-
sata, barata, sostenible y segura que la política de enfrentamientos y represión
que se utiliza actualmente.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

En términos puramente aritméticos la propuesta campesina significaría


que en la zona erradicada donde actualmente se estima que subsisten 14 mil
hectáreas, quedarían solamente 5 mil hectáreas, bajo control y garantía de las
asociaciones de productores, quienes están dispuestos a firmar convenios con
el Estado que penalicen severamente cualquier ampliación de esa área o la exis-
tencia de cualquier indicio de actividad de transformación de la hoja en sus
derivados ilícitos.

Al mismo tiempo el MAS tendrá que mostrar su capacidad de elaborar pro-


puestas de leyes que permitan aliviar la pobreza, hacer retroceder la exclusión y
discriminación, velar por el medio ambiente y generar iniciativas para entablar
relaciones distintas a las actuales con el mercado mundial y los poderes políticos
internacionales.

Escrito el para la revista AEGD, París

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Roger Cortéz Hurtado

DECLARACIÓN DE GUERRA
4 de agosto de 2002

L
a aprobación de la ley de necesidad de reforma de la Constitución anun-
cia que la coalición dirigida por el Movimiento Nacionalista
Revolucionario (MNR) se ha decidido por la vía de las armas. No es otro
el significado de mantener intacto el mecanismo de reforma constitucional y de
cerrar el camino a nuevos mecanismos de participación ciudadana.

LA GUERRA DE LOS PERIQUITOS.

La aprobación de esta ley de reforma permite ver que el MNR se inclina por
conformar un gobierno que utilizará la fuerza como principal herra-mienta: en
el parlamento rodillo, en las calles represión. La lógica de esta decisión se
encuentra en la forma que el jefe movimientista, Gonzalo Sánchez de Lozada
(GSL), interpreta la realidad del país. Hace más de dos años hizo conocer su idea
de que el país se encuentra dividido entre los asustados (a quienes pretende agru-
par y representar) y los que quieren hacer volar el país (a quienes compara con
una plaga zoológica capaz de derrumbar los cimientos de una casa o, en este
caso, de una sociedad), ante lo cual la principal misión del gobierno sería actuar
con firmeza y autoridad. Según esta concepción, el futuro gobierno será exitoso
si disciplina a los díscolos, ponen en vereda a los asistémicos y elimina a los
periquitos; rodillo en el parlamento y fuerza en las calles y caminos.

Aquí no habría ninguna crisis de estado, ni reconfiguración de los sujetos


sociales, ni cambios apreciables en la estructura económica y social del país,

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

sino, simplemente, un desorden básicamente atribuible a los errores guberna-


mentales.

¿ QUIÉN SE EQUIVOCA?.

El diagnóstico movimientista, que ha sido inmediatamente interiorizado


y asimilado por sus nuevos aliados, reposa sobre una visión tranquilizadora,
según la cual los movimientos sociales que vienen sacudiendo al país son
antes que nada expresiones relativamente artificiales de grupos pequeños
talentosos para agitar, pero carentes de mayores contenidos y proyección.
Seguramente se piensa que aplicando la receta de “obras con empleos” se
tranquilizará el convulsionado cuadro social, generando el suficiente tiempo
para la próxima gestión de gobierno. También va quedando muy claro que
los otros componentes del programa electoral movimientista, la lucha contra
la corrupción y la exclusión, son esencialmente fórmulas de mercadeo y en
ningún caso convicciones que se piensan materializar.

Sobre la corrupción, no sólo están presentes la omisión de cualquier


respuesta al problema fundamental que son los partidos políticos como fuente
y madre de la corrupción, sino la aprobación de la ley 131 sobre los juicios de
responsabilidades, en la que se incrementan los parapetos que protegen la
impunidad de los gobernantes. Y, en cuanto a la exclusión, la clausura de toda
consideración sobre las demandas planteadas por los indígenas, es más
elocuente que toda la retórica empleada en campaña.

Ahora, a esta visión que es la que se pretende aplicar desde el nuevo


gobierno que empezará a funcionar en los siguientes días, se contrapone
aquella otra, según la cual en nuestro país se han entrecruzado la crisis del
modelo neoconservador aplicado desde 1985, con un desajuste general del
Estado, configurando una crisis de Estado y la evolución de un proceso de
descomposición social, que no podrán atenderse, ni menos resolverse, con un
plan económico de emergencia y con una reforma política fallida y clausurada
en su inicio.

Según esta otra visión, el próximo gobierno vivirá bajo un continuo acoso
de movimientos sociales cuyas demandas exceden con mucho la oferta que
hace la nueva coalición que se apresta a hacerse cargo de la administración
pública. La única forma que permitiría abrir una salida pactada y pacífica es

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Roger Cortéz Hurtado

abrir las puertas más anchas a una consulta profunda y ordenada, que permita
a la sociedad analizar y proponer un nuevo pacto social que reorganice
sustancialmente las bases de sustentación del Estado, de modo que este
exprese de una manera más real y equilibrada la verdadera situación de un
país, en el que la enorme mayoría de sus habitantes se sienten omitidos y en el
que la palabra ciudadano es una fórmula hueca de contenido.

Si la visión del MNR, ahora compartida por el MIR, ADN, UCS y MBL,
se ajusta a la realidad, el próximo gobierno podrá ir sorteando los escollos y
terminará por conseguir un aceitado funcionamiento del modelo que hoy
aparece cuestionado en múltiples frentes.

En cambio, si su visión se confirma como simplista, en muy poco tiempo


será jaqueado y verá amenazada su continuidad, no sólo por un impetuoso
auge de movimientos sociales, sino por la deserción de quienes hoy son
jubilosos acompañares de aventura.

*Publicado en el semanario La Época

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LA PASIÓN DEL NEOCONSERVADURISMO


26 de julio de 2002*

S
i al capitán Reyes Villa le toca ser Saulo de Tarso ¿que le corresponde al
candidato movimientista: Simón el pescador? Tal vez ese sea el papel que
mejor se acomoda a su actual papel de pontífice del conservadurismo. El
bíblico humor exhibido por Gonzalo Sanchez de Lozada al anunciar que el pri-
mer fracaso de sus negociaciones con el jefe de Nueva Fuerza Republicana
(NFR), no eclipsa la obstinación que tiene para cerrar los ojos a lo que ha esta-
do pasando en el país durante los últimos años y sus consecuencias sobre los
resultados electorales.

Pasó el tiempo en que una porción considerable de los bolivianosa se


alimentaban casi exclusivamente de estabilidad y promesas, para dar paso a un
temperamento social que de áspero se inclina a explosivo. Este talante no retor-
nará al sosiego con eslogans de empleo, ni con las distracciones que ofrecen
muchos medios de difusión farfullando sobre los cambios en las formas de
gobernabilidad.

CABALGADURA ENDEBLE.

El empeño puesto por el candidato movimientista y cuasi presidente de


la República, por retornar al manejo de la cosa pública, puede serle tan letal
como lo fue para Hugo Banzer, aunque por causas diferentes. El regreso
movi-mientista al Palacio de gobierno se ha hecho posible gracias a que
obtuvo un alto número de senadores, con una votación muy baja y a que el

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Roger Cortéz Hurtado

segundo lugar ha sido ocupado por un candidato vetado por el gobierno


estadounidense.

Estas dos circunstancias abren la vía al gobierno, pero no aportan ningún


sosiego frente a los temporales que están al frente. Y, el nudo central no se
encuentran allá donde lo buscan la mayor parte de los opinadores y entendidos,
cuando hablan con nostalgia de la harapienta gobrenabilidad que conocemos,
como entendimientos y complicidades entre partidos que se han acostumbrado
a domesticar el Parlamento, ante el Ejecutivo. El buen gobierno y la capacidad
de que propuestas e iniciativas se realicen depende mucho menos de acuerdos
y transacciones que de la confianza que inspire la conducción y la calidad de
sus planteamientos y acciones. Si funcionan bien, la calidad minoritaria en el
Legislativo es un escollo menor.

Ahora, las minorías se vuelven amplias mayorías gracias a la


distribución de sueldos secretos, cargos y otros elementos persuasivos,
metódicamente empleados durante los pasados diecisete años, ya que los
pactos entre jefes nunca fueron suficientes para saciar la avidez de los
representantes, quienes además de órdenes exigían premios por hacer
gobernable la situación. Eso lo saben los políticos y los medios, por lo que
resulta insufrible el afán que se pone en hablar de “ingobernabilidad”, en
términos de alianzas programáticas. El gobierno que viene conoce a fondo
estos recursos y no se amilanará en emplearlos; no en vano todas las
propuestas contra la corrupción soslayan el habilitar recursos que la com-
batan en su orígen, es decir en los partidos y en los sistemas de contratación
de bienes y servicios para el Estado.

VACÍO DE HEGEMONÍA.

El problema de conducir al país no está en la falta de apoyo


parlamentario, comprable o alquilable, sino en la ausencia de una visión de
futuro que vaya más allá de planes de emergencia y apuradas opciones de
manejo de déficits. Agotada la agenda de modernización capitalista de la
economía y remendado el funcionamiento de instituciones democráticas, el
país está demandando la apertura de una línea de horizonte en el que se
avizore la disminución cierta de la pobreza y una genuina participación
democrática.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

La exigencia de una asamblea constitucional expresa lo anterior; es el


clamor por una atrasada reforma política que permita a los bolivianos pensar,
elaborar, trabajar por una salida que vaya más alla de los diminutos intereses
que permiten labrar fortunas a un puñado, a costa de la miseria del resto.

SOMBREROS E IMPERMEABLES.

Una canción casi olvidada recomienda “mejor se ponen sombrero que el


aire viene de gloria… si no los despeina el viento, los va a despeinar la
historia”, muy oportuna ahora que el vendaval ha llenado de indígenas,
sindicalistas, rebeldes y olvidados las sillas congresales. La nueva policromía
parlamentaria expresa mucho más que una anécdota pasajera. Esta en curso un
desasosiego que sacude a todos nuestros vecinos, en el mismo instante que el
capitalismo enseña su más fea cara, con las quiebras y crímenes financieros en
las bolsas y el látigo del eje del bien y el mal.

No es tan fácil descartar los complotos de los que habla el MNR, pero
seguro que son poca cosa frente al agotamiento de la paciencia de un pueblo
que esperó durante más de 15 años que el neoconservadurismo galopante de
respuesta a sus angustias. La transformación productiva, las reformas moral e
intelectual no podrán seguir siendo postergadas indefinidamente. Están en
marcha fuerzas que pese a sus errores y vacilaciones han empezado a engro-
sarse y que encontrarán caminos, si su apuesta de hoy no funciona.

No hay otra que escuchar y consultar a esta fuerza; seguirle volcando la


espalda, tratar de domarla con frases y trucos no sólo despeinará a una forma
de manejar la economía y la política que ya se ha agotado. El Estado en crisis
colapsará si no se abre a esa gran parte del país que ya ha optado por dejar
de ser silenciosa.

*Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

M A S
5 de julio 2003 *

L
o impecable de las elecciones del último domingo de Junio empezó a
desportillarse, casi al mismo tiempo que el país se enteraba del vertigi-
noso ascenso del Movimiento al Socialismo (MAS) y cuando delegados
de esa organización hacían conocer que habían empezado a producirse injustifi-
cadas anulaciones de mesas, en el área rural de Chuquisaca. Si esa tendencia
avanza, se paraliza, si es enmendada o no por las cortes electorales, será un epi-
sodio más del nuevo cuadro de fuerzas que se está revelando a través de los
resultados electorales.

Los datos de las ánforas nos permiten entender, fuera de especulaciones


más o menos elegantes, la agresiva intervención del embajador estadouni-
dense, cuya amenaza contra el electorado boliviano seguramente se funda-
mentaba en que disponía de datos de una encuesta bien realizada, y mucho más
precisa de las que ofrecieron al público las cadenas mediáticas. Lo que parecía
un tanto enigmático, no era otra cosa que la respuesta, encuadrada en la más
pura ortodoxia imperial vigente, ante la posibilidad cierta que el MAS dispute
el primer o segundo puesto, cuando se había inducido a pensar que
difícilmente superaría el cuarto lugar.

EVO “ARAFAT” MORALES.

El edicto por el cual el representante estadounidense nos instruyó desde


Chimoré a no votar por “quienes desean que el narcotráfico retorne a Bolivia”

120
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Poder y proceso constituyente en Bolivia

se conoció casi simultáneamente con el pronunciamiento de George W. Bush,


por el que intima a los palestinos a no respaldar a Yasser Arafat. Este es, a no
dudarlo, uno de los raros momentos de la historia del mundo, en el que las
vivencias de aymaras, quechuas y palestinos resultan curiosamente afines.
Esta nueva proximidad no resulta de cambios geográficos o históricos incom-
prensibles, sino de la uniformación y simplificación que impone el gobierno
mundial, desde el momento que ha dividido al planeta entre los ejes del bien y
del mal. Al segundo pertenecen todos los que no se declaran amigos del
gobierno de EE.UU., cosa que automáticamente los clasifica en una de las
categorías infernales: terrorismo o narcotráfico, sin que se excluya la posi-
bilidad de que puedan ser categorizados en las dos, tal como está amenazado
el candidato presidencial del MAS.

Algunos análisis rápidos, y más bien interesados, atribuyen el éxito


electoral del MAS a las amenazas del embajador, cuando todo hace ver que la
masividad de su votación obedece a razones más profundas y remotas. Aunque
posiblemente quienes sustentan uno u otro punto de vista podremos probarlo
estadísticamente, habida cuenta de la penosa calidad de las encuestas publi-
cadas, lo más probable es que la ganancia neta se sitúe entre medio a un punto.
Lo que está más allá del error, es el penoso intento de justificar sus derrotas,
en el que incurren aquellos que explicación la votación del 30 de junio como
producto de la declaración intervencionista.

Sin duda que pesó mucho más la operación conjunta de la embajada


norteamericana y el sistema de partidos, cuando juntos a inicios de este año
desaforaron a Morales, con el propósito de encarcelarlo inmediatamente. Este
movimiento seguramente catalizó la exasperación de gran parte de la pobla-
ción, contra la injerencia extranjera y la degradación política y parlamentaria,
capaz de montar un desafuero en materia de horas, cuando requirió años para
decidirse a separar al parlamentario acusado de estafar 60 millones de dólares
al público y al Estado.

LAS TRAMPAS DEL CAMINO.

Pero, si la vigencia de una política imperial agresiva y ultra regresiva


impone grandes peligros para la incursión de masas que ha llevado
democrática y pacíficamente indígenas, dirigentes sociales, rebeldes y

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Roger Cortéz Hurtado

revolucionarios a una rotunda victoria electoral, no son menores los que


surgen de la polarización interna del país y el grado de evolución
programática, estratégica y orgánica de su expresión política. Si el país en su
conjunto necesita emprender una reforma moral e intelectual, esta es tanto
más premiosa en el seno de cualquier organización que aspire a expresar a
todo un pueblo en búsqueda de un proyecto nacional. Una cosa es identificar
la descomposición del sistema de representación política, la corrupción e
ineptitud de sus miembros y otra es detectar y erradicar la influencia y
penetración de esas prácticas en el mismo seno de quienes las denuncian. La
demora en hacerlo tiene el costo, ya conocido en la experiencia boliviana, de
permitir la coptación de miembros de la representación popular, el debilita-
miento de la fuerza acumulada y, lo más costoso de todo, el retroceso de la
confianza y esperanzas populares.

*Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

CONVOCANDO AL “ESCRACHE”
26 de mayo 2003*

E
scuchado en un diálogo telefónico, transmitido por radio, el 23 de mayo
pasado, en un programa de consultas al público en la ciudad de La Paz:

“Sabe... lo que yo pienso que tendríamos que hacer para castigar a


los parlamentarios ladrones que se dan rentas vitalicias, es que
cualquier persona que conoce las casas de estos señores tendría
que llamar a la radio, para que todos sepamos donde están y vaya-
mos a bloquear a sus casas. Ya no tenemos que bloquear el cen-
tro...tenemos que ir directo a sus casas para que sepan como pen-
samos de las cosas que hacen....”

Estas, las palabras de una persona más que buscaba como muchas expre-
sar el vómito de furia que ha provocado conocer que los senadores cerraron su
último ciclo de reuniones, no aprobando la ley de necesidad de reforma cons-
titucional, no llenando las vacantes de la Corte suprema, no eligiendo al supe-
rintendente de hidrocarburos, sino asignando rentas vitalicias, heredables,
espléndidas a una galería de personajes que cargan gruesos prontuarios a cues-
tas. Por unanimidad, es decir con los votos del MNR, ADN, UCS, MIR, NFR
y CONDEPA, la resolución –secreta– fue aprobada, tratando de eludir la sen-
tencia del Tribunal Constitucional, que hace un mes declaró inválidas este tipo
de rentas.

Pedro es el nombre del ciudadano que proponía la nueva forma de protesta,


excepcionalmente practicada en nuestro país y que en la Argentina ya tiene tra-

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Roger Cortéz Hurtado

dición y nombre: escrache. El escrache es el tipo de movilización con que nues-


tros vecinos rioplatenses expresan su bronca contra las fechorías de los políticos
profesionales, insultándolos en la calle, sacándolos de los cines, los restaurantes y
los paseos, abochornándolos en los espectáculos públicos y recordándoles que
están haciendo crecer no sólo frustración, impotencia, sino auténtico odio, por su
falta de escrúpulos, por su venalidad, incompetencia, mediocridad y afición a
delinquir en la primera oportunidad que se les presenta.

Los estado mayores de campaña de muchos de los llamados grandes parti-


dos estarán meciéndose los cabellos, porque la travesura de sus senadores deja
al descubierto sus juegos verbales y promesas y demuestra que el cambio del
que todos hablan, es nada más que un cambio de papeles y cuotas para seguir
ejerciendo el triste oficio de engatusar a sus electores. Es muy probable que
observen espantados, que las rápidas declaraciones de sus jefes y candidatos que
se han comprometido a presentar recursos judiciales contra la resolución senato-
rial de rentas de privilegio, no mengua la ira popular, ni consuela a nadie. Al
final, todos conocemos que los parlamentarios no dan un paso, mueven una pes-
taña y...menos, levantan las manos, sin conocimiento y aprobación de sus amos.

Los más perspicaces deben estar aún más preocupados, porque podrían
llegar a captar que este incidente puede inducir que además del escrache coti-
diano, puede venirse el gran escrache contenido en las fuertes tendencias de
abstención, voto blanco y pifiado, que se expresaban al inicio de este año y que
fueron cediendo paulatinamente a la fascinación de la propaganda y al candor
ciudadano que prefiere escarbar por esperanzas, pintadas de nuevo. O, lo que
puede resultar más temible, que este sacudón estimule la simpatía por las mar-
chas indígenas que están reclamando que el Parlamento abra una puerta legal
para que la reforma constitucional ya no quede en manos de legisladores, siem-
pre prestos a otorgarse rentas, incrementos de dietas o mayores privilegios, sino
de una representación popular elegida directa y expresamente para considerar,
debatir y resolver los nudos de la crisis estatal en la que vivimos.

La movilización de los indígenas del Oriente –el movimiento social más


eficiente de todos ellos– exige que se logre un acuerdo por el cual se habilite la
convocatoria de una asamblea nacional constituyente, de la que participen
representantes de partidos y ciudadanos no afiliados a ellos, para realizar una
reforma global de la Constitución, cuando se instale el nuevo gobierno.
Advierten que si el Parlamento no lo hace ahora, en sesiones extraordinarias de
Congreso, la lucha continuará pero, esta vez, vetando la posibilidad de que par-

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ticipen los militantes y adherentes de los partidos políticos que han controlado al
Estado en los últimos años.

A diferencia de las marchas indígenas de 1990, que consiguió programar


reformas constitucionales efectivizadas en 1994 y la de 1996 que modificó la ley
INRA, esta protesta de los indígenas del oriente (guaraníes, trinitarios, sirionó,
mosetenes, entre muchos otros) cuenta desde su inicio con la participación de
aymaras y quechuas, que previamente se habían movido casi exclusivamente
bajo la égida sindical de la CSUTCB. Ahora que los principales dirigentes de esa
organización se encuentran concentrados en sus candidaturas, va tomando cuer-
po un movimiento de sus bases, que podrían adquirir dinámica propia.

A la ansiedad del MNR, que empieza a darse cuenta que es el partido que
tiene las menores probabilidades de encabezar un gobierno, a las del MIR que
observa como sólo puede regresar al gobierno de manera subordinada y a las de
ADN que se asoma al abismo de su destrucción, se pueden sumar ahora la de
NFR que se ha comprometido a llamar a una asamblea constituyente, pero que
no ha hecho nada efectivo para acercarse al cumplimiento de su compromiso. En
realidad, NFR podría ser el partido más preocupado, porque empieza a temer que
un eventual crecimiento de la demanda de asamblea se aproxime demasiado a la
fecha de elecciones, ya que las cuatro marchas que se han iniciado convergerán
en la sede de gobierno en el mes de junio. Cualquier cosa que ponga en riesgo su
aparentemente irreversible triunfo en las urnas le resulta demasiado inquietante,
porque para ese momento todavía no habría empezado a ejecutarse el plan de su
candidato, de impulsar un vigoroso y rápido reingreso de sus camaradas de armas
en la escena política, porque no está aún en sus manos la posibilidad de duplicar
el presupuesto militar, como lo ha anunciado insistentemente, para capturar la
lealtad anticipada de la institución armada.

Las fechorías de los senadores y la movilización por asamblea constitu-


yente debilitan la apenas remendada convocatoria de los partidos y hacen que
los cuidadnos nos preguntemos si no corremos el riesgo de convertirnos en sus
cómplices por el simple hecho de votar por alguno de ellos.

Publicado en La Época,

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Roger Cortéz Hurtado

REFORMA POLÍTICA, ENTRE LOS CÁLCULOS Y LA MARCHA (fragmento)


16 de mayo de 2002

A
ntes de nacer la reforma política está a punto de ser sepultada, víctima
de juegos y maniobras partidarias, que cierran los lazos que existen en
torno a la garganta del proceso democrático. Este posible desenlace
pone eufóricos a los círculos políticos más conservadores y parece consolar
algunos movimientos sociales que han decidido bloquear cualquier reforma
constitucional, excepto aquella que se reduzca a legalizar la convocatoria de
una asamblea constituyente.

Estas convergencias son infrecuentes pero no exóticas en la historia y cuan-


do se presentan indican, irrevocablemente, un estado de confusión propio de los
procesos de descomposición social. El proyecto de reforma constitucional,
supuestamente consensuado, y prácticamente abandonado no atiende la profun-
didad de los problemas que confrontamos, aunque contiene avances en materia
de libertades, derechos y garantías, lo mismo que en la introducción de nuevos
mecanismos de control del poder y de resolución de crisis de Estado.

El abandono de todo intento por abrir mayores espacios democráticos y de


participación agigantará un fetiche que puede llevar al colapso del proceso
democrático, en medio de la proliferación y fortalecimiento de mitos que han
impedido considerar los problemas que debemos resolver.

EL GRAN FETICHE.

La marcha indígena que ha partido de Santa Cruz a La Paz está principal-


mente motivada por reclamos sectoriales muy definidos, sobre incumplimiento

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

de compromisos gubernamentales que apañan la extensión de mayores privile-


gios para latifundistas y grandes especuladores agrarios, al mismo tiempo que
reclama una reforma constitucional “corta”, consistente en modificar el artículo
230 de manera que se legalice la convocatoria de una asamblea constituyente.
Poco importa que los marchistas estén o no al tanto sobre la naturaleza, objeti-
vos, composición y límites de una asamblea constituyente; lo que haría mal en
ponerse en duda es que están reclamando una participación política, no limi-
tada a la que ofrece la representación partidaria y un espacio de deliberación
colectiva donde se revise y reconsideren las reglas básicas que rigen el ordena-
miento de la vida nacional.

Se engañan y mucho quienes creen que existe algún gobierno que pueda bur-
lar o ignorar esta inclinación, que quizá no se visualice bien en las encuestas, pero
que presenta macizos testimonios de existencia en movilizaciones y en inclina-
ción de voto por fórmulas que dicen o sugieren estar dispuestas a convocar a tal
asamblea.

Al cerrar las vías legales para esta demanda, se está estimulando que la
asamblea constituyente se convierta en un gran fetiche, tras el que se agrupen
todos los movimientos sociales, cada vez con más violencia; asumiéndolo
como una bandera que sintetiza el rechazo a las políticas partidarias, la angus-
tia por falta de respuestas económicas, sociales y políticas. Arrancada por la
fuerza, la asamblea viene a ser el vestíbulo de la profundización catastrófica
de la crisis de Estado y de procesos de descomposición y disolución.

Hubo exceso de tiempo y posibilidades para que la reforma del artículo 230
incluya la posibilidad de que el Parlamento pueda hacer reformas parciales de la
Constitución en dos períodos de gobierno distintos; y que también puedan hacer-
se cambios parciales aprobados por referéndum popular dentro de una misma
gestión gubernamental y una reforma global, considerada en las deliberaciones
de una asamblea constitucional.

(..) Se trataría de un proceso ordenado, realizado en varios meses, en los que


se abrirían todos los canales posibles de consulta y deliberación que permitan
aproximarse a un resultado que exprese las aspiraciones sociales. Esto no resuel-
ve crisis económicas, ni otros problemas; solamente intenta crear las un nuevo
pacto social que incremente la confianza y el sentido de pertenencia y participa-

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Roger Cortéz Hurtado

ción de un pueblo. Nadie puede garantizar que llegue a un resultado feliz; pero
cualquiera puede apostar, con grandes posibilidades de éxito, a que cerrarle paso
a los reclamos que se van concentrando tras la consigna de asamblea incremen-
tará la violencia, el desorden y las tendencias centrífugas que van tomando cuer-
po en nuestro país.

CÁLCULOS Y MITOS.

Es muy difícil que esta realidad sea percibida por organizaciones políticas
que están amenazadas por votaciones enflaquecidas que les cierran paso a sus
ambiciones de presidir un nuevo gobierno. La angustia de comprobar que sólo
existen posibilidades de ingresar como actores secundarios a la nueva adminis-
tración, o sencillamente de permanecer en la oposición o engrosar sus filas, se
combina con la certeza de que los aparatos partidarios tomarán dura revancha con
sus candidatos perdidosos, preámbulo de fragmentaciones y continuas crisis
internas.

Este pánico incrementa el conservadurismo partidario, de manera que quie-


nes no quisieron considerar la posibilidad de cambios constitucionales más apro-
piados a lo que está pasando en el país, por temor a que fastidie el esquema de
gobierno que pensaban conducir a partir del próximo 6 de agosto, se atolondran
hasta el punto de no darse cuenta que con las intenciones de voto actuales la com-
posición del Parlamento se modificará drásticamente, porque en vez de 5 fuerzas
que se repartían con cierto equilibrio las bancas, habrá una que copará casi la
mitad de los curules, seguida de otra, con la cual llegarán a concentrar alrededor
del 70% de los puestos en las dos cámaras, en tanto que el tercio restante se
repartirán entre unos cinco partidos, con una participación destacada de cam-
pesinos e indígenas.

Esta composición alterará radicalmente el sistema de complicidades y tran-


sacciones interpartidarias, ostentosamente denominado gobernabilidad, con el
que se ha gobernado el país desde 1985 e incrementará las dificultades para
gobernarlo. Aquí radica una de las claves de que la esperanza objetiva de vida del
próximo gobierno se encuentra entre 2 a 3 años, sin importar que surja de una
amplia ventaja electoral, o que cuente con cuadros experimentados.

Al prescindir del análisis de estas tendencias de evolución de la coyuntura,


los partidos se ensimisman en los detalles más ridículos de la campaña y tratan

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

de exorcizar al fantasma de la convulsión continua –y sus consignas– apelando a


mitos que banalizan la discusión. Dicen, frecuentemente acompañados por ana-
listas y académicos, que “una reforma política es innecesaria o secundaria frente
a la necesidad de resolver la crisis económica”. La evidente concentración de la
gente en sus angustias económicas cotidianas no puede hacer perder de vista que
cualquier respuesta mismamente seria y creíble tiene tiempos de maduración que
no se sincronizan con la impaciencia y la desconfianza pública, que no desapa-
recerán por propaganda en contra de la corrupción. La reforma política, incluida
la constitucional, es, primero, el puente para tratar de salir de el barranco de pesi-
mismo y rechazo ciudadano y, después, el camino para tratar de ubicar una línea
de horizonte visible y deseada por la mayoría de los bolivianos.

EL TIEMPO QUE SE ACABA.

Al próximo gobierno le esperan dificultades excepcionales. Aunque sin


organización, estrategia, ni programa consistente el movimiento popular ha
superado un período de postración y por medio de movimientos sociales, frag-
mentarios y muchas fuertemente corporativizados ha generado una creciente de
contestación y presión ante el poder. El Estado no solo ha sido “adelgazado”,
sino que ha perdido fuerza, representatividad y capacidad de arbitraje, mientras
que su condición soberana es ignorada por un poder imperial que se ha retro-
traído a las prácticas colonialistas más descarnadas y aberrantes. Los problemas
económicos no van a resolverse en plazos cortos, mientras que las presiones que
los acompañan crecerán continuamente. Los supuestos futuros negocios, como
el de exportación de gas a EEUU, con que los candidatos están prometiendo
realizar nuevos programas e inversiones son de larga maduración y pueden
paralizarse si no existe una fuerte convicción nacional de que son beneficiosos
para el país y no sólo para los consorcios privados. Si existe alguna luna de
miel entre el electorado y los elegidos será fugaz y puede tener amargos desen-
laces, si la mezquindad prevaleciente entre quienes manejan los resortes del
poder no retrocede ante estos peligros.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

ANGUSTIAS TRADICIONALES
28 de abril, 2002 *

L
a pobreza de la campaña electoral ha escalado un nuevo paso con la
amarga sorpresa que se encontraron las tiendas políticas tradicionales al
revisar los resultados de encuestas correspondientes al mes de marzo.
Después del breve alivio que representó el descenso y casi desaparición de juez
Costa, se toparon con la abrupta subida del candidato de Nueva Fuerza
Republicana (NFR) que, en todos los registros conocidos, duplica en intención
de voto al del Movimiento Nacionalista Revolucionarios (MNR) y triplica al
del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El desaliento que ha pro-
ducido este hecho, no se alivia ni un poquito con la reiteración del concepto de
que la intención de voto no significa necesariamente votos efectivos y que aún
faltan dos meses de campaña, en los que las buenas y las malas artes de los muy
bien remunerados asesores deberían demoler al intruso.

El MNR es el más torturado con las nuevas informaciones que están por
echar al traste un edificio cuidadosamente construido con la candidatura vice-
presidencial del independiente zar anticorrupción y la temprana presentación
de un programa que mantiene toda la apariencia de ser una elaborada y minu-
ciosa propuesta, que debería preservar la imagen de que ese partido es el que
cuenta con la mayor capacidad técnica y propositiva. Estrategas y candidatos
emenerristas no se pueden conformar con que una campaña, básicamente arte-
sanal y un programa manifiestamente improvisado y plagado de lugares comu-
nes haya elevado al ex alcalde cochabambino a una cúspide de votos que ellos,
ni en sus sueños más optimistas, podrían alcanzar, con el agravante de que los

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

expertos en sondeos no encuentran hasta ahora el techo de su adversario (lími-


te máximo de votos que podría llegar a captar un candidato).

Tanto dolor y amargura han precipitado en un furibundo taque,


inmediatamente catalogado por el periodismo banalizante con el nombre de
“guerra sucia”, aunque el vocero movimientista se esmere en explicar con la
mayor pulcritud académica que ese nombre tendría que reservarse a
campañas que se deslizan en la propalación de chismes e inventos, principal-
mente dirigidos a la vida personal de los atacados, y no al “debate político”
que pretenden plantear las cuñas y spots rosados. Todavía pasará algún
tiempo antes de que se conozca la eficacia de las denuncias que le recuerdan
al “capitán” su responsabilidad en el desencadenamiento de la guerra del
agua, los tropiezos de las finanzas comunales vallunas y el astuto engorde de
lotes que, con inversiones municipales, habrían rellenado los bolsillos del ex
alcalde. Hasta ahora, la historia electoral del país muestra que con mucha
frecuencia tales ataques terminan favoreciendo al agredido.

Ya sea que candidato eneferrista se consagre como víctima, o no, su


presencia al mismo tiempo que irrita a sus oponentes contribuye a deprimir
el ya escuálido debate sobre los problemas del país. Aún antes de que
alarmara a quienes se creían amos indiscutibles de los primeros puestos, las
propuestas electorales se habían caracterizada por una frivolidad extra-
ordinaria, según la cual la corrupción se abatiría disminuyendo la inmunidad
parlamentaria y persiguiendo a jueces y policías maleados, pero sin asumir
una sola medida que controle al principal foco de corrupción que son los
partidos. O proponiendo simplificaciones escalofriantes sobre encarar la
crisis económica, junto con la corrupción y la exclusión; o planteando frases
vacías como “Bolivia total”, aderezadas con borradores de planes –de
sinceridad deleznable– sobre la “recuperación del gas”, o desafíos a declarar
los bienes e ingresos de los candidatos.

No es que no supiéramos anticipadamente que la estrechez mental y la


falta de creatividad, presente en los partidos, los críticos, los académicos, sin-
dicatos y analistas se ha enseñoreado del país y que era posible prever unas
elecciones vacías de propuestas y repletas de ataques; pero lo que está suce-
diendo desafía a la imaginación y ahora, con las nuevas tendencias de voto, la
depresión de ideas es todavía mayor.

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Roger Cortéz Hurtado

Por un lado, observamos el patético pataleo de candidatos que no se


resignan a que su contrincante no les permita lucir su acumulada experiencia
de polemistas en debates que, a fuerza de inasistencias, pierden hasta el
mínimo sabor de espectáculo que tuvieron en algún momento, lo que hace que
la discusión descienda a centrarse en el tema de la participación en los debates.
Por otro, la escasez de expectativas de candidatos como los de Acción
Democrática Nacionalista (ADN) lleva a que, quienes se han auto-
proclamado como campeones del liberalismo, aparezcan planteando la
implantación de la pena de muerte, como supuesto freno al avance del crimen
que –ellos bien saben– campea en sociedades que usan la pena de muerte desde
hace mucho.

En ese ambiente nadie aclara que medidas se tomarán para negociar


nuevos contratos de exportación de gas, cuando las compañías que explotan el
recurso han avanzado por su cuenta y ahora exigen que el país rebaje precios
e impuestos. Las promesas de “sembrar el gas” ocultan el hecho de que
ninguno de los partidos ha expuesto con transparencia sus posiciones y
conexiones empresariales respecto a este negocio, que tal como está
avanzando amenaza con ratificar nuestra eterna historia de despojo. Las
propuestas sobre empleo, reactivación y perspectivas de crecimiento se basan
en una resignación que acepta como imbatible la pobreza, al menos en los
próximos 50 años.

El agotamiento de un sistema de representación político, degenerado e


impermeable a las necesidades del país, favorece el entronizamiento de íconos
con pies de barro, supuestamente nuevos. Pero, de allí a pronosticar que la
consolidación de las intenciones de voto nos conduzca a reproducir lo que pasó
en Venezuela, por ejemplo, es una falsificación que demuestra que las
angustias electorales no hacen más que alimentar un ritual de recambio
gubernamental que, en las condiciones existentes, generarán un gobierno cuya
esperanza de vida difícilmente superará los 3 años.

Publicado en Pulso,

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

BÚSQUEDAS URGENTES
26 de marzo 2002 *

L
as cámaras de algunos telenoticiosos han captado en los últimos días, al
cubrir la movilización y huelgas de docentes y de empleados de la telefó-
nica paceña, escenas que deben provocar más de una reflexión. Me refie-
ro a aquellas en las que se ven transeúntes increpar e inclusive atacar físicamen-
te a maestros o telefonistas bloqueadores de calles. “Flojos”, “sinvergüenzas”,
son algunos de los epítetos más suaves con que los manifestantes fueron hosti-
gados. La diferencia de estos incidentes con otros que seguramente se han pre-
sentado antes, es que las imágenes permiten apreciar, con bastante margen de
seguridad, que se trata de reacciones espontáneas –y no de montajes ejecutados
por aparatos estatales– y que tienden a hacerse más frecuentes e intensos.
No es gratuito que estos episodios se presenten en la ciudad de La Paz, la
más castigada con un estado casi continuo de movilización y protestas, como
tampoco que las reacciones apunten contra los maestros y los empleados de
COTEL. En cuanto a los primeros, todo indica que el magisterio ha ido
perdiendo legitimidad en un prolongado proceso de desgaste que se inició con
su resistencia contra la reforma educativa. En los primeros años de la reforma
los dirigentes sindicales del magisterio pronosticaron un “inminente colapso
de la educación fiscal” y que el propósito de los cambios era “liquidar la
educación fiscal y gratuita” Ese discurso preocupó e inclusive movilizó a
padres de familia, alarmados por los vaticinios.
Sin embargo, a medida que fue transcurriendo el tiempo y los anuncios
lejos de cumplirse cedieron espacio a la percepción de que la reforma

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Roger Cortéz Hurtado

avanzaba, con beneficio para los niños, se fue abriendo una creciente
distancia entre los maestros y los padres de familia. Esto, desde luego, no
ocurre de manera lineal y simétrica, sino que presenta particularidades locales
y una alta sensibilidad ante los cambios de coyuntura. Pero, la ruptura de la
huelga magisteril de 1998 por intervención, decisión y actuación de los padres
de familia delimita un momento en que la relación entre estos dos grupos
cambió de una manera nítida.

Esta transformación no ha agotado (y así lo muestran invariablemente


todos los muestreos que se hacen sobre este tema) la solidaridad social hacia
las reivindicaciones salariales de los maestros. Sin embargo, tal empatía no
disminuye el creciente hastío de los padres con los paros prolongados que
significan, además de una preocupación continua sobre el deterioro de la
calidad educativa que reciben sus hijos, una fuente cotidiana y exasperante de
conflictos domésticos, porque el hecho de que los niños no asistan a clases trae
consigo una cantidad enorme de desarreglos y contrariedades para la familia.

A lo anterior se agrega que la sociedad boliviana viene acumulando un


creciente rechazo dirigido principal, pero no exclusivamente, contra los
políticos profesionales. Los sindicalistas son percibidos como una variedad
políticos, capaces de incurrir en las mismas prácticas tramposas y defraudantes
de los dirigentes y militantes de partidos; cosa que, además, con excesiva
frecuencia, también son los dirigentes sindicales. Por ello, la apertura y la
buena voluntad social hacia movilizaciones que agreden frontalmente a un
gran número de sus componentes son cada vez menores, al mismo tiempo que
crece el malhumor y la intolerancia contra cualquier tipo de protesta.

Los sindicalistas bolivianos están obligados a tomar en cuenta este viraje


del ánimo colectivo capaz de conducir en un determinado momento a que se
incrementen las tendencias de búsqueda de “soluciones” autoritarias y
antidemocráticas, basadas en el empleo de mano dura para restaurar el orden y
la tranquilidad; así es históricamente como ha germinado el fascismo en varias
sociedades.

Un sindicalismo renovado, eficaz ante sus bases, efectivamente


revolucionario en su práctica está obligado a buscar y encontrar formas de
lucha que dejen de agredir los derechos de otros trabajadores y sectores

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

populares. Son cada vez menos legítimas y aceptables las movilizaciones que
buscan lograr sus reivindicaciones sectoriales y corporativas amenazando la
salud, la vida, la educación, el derecho al trabajo y al desplazamiento que
tienen otros trabajadores y sectores populares.

Si no se tiene la aptitud para lograr un renacimiento sindical creativo,


potente y capaz de lograr reivindicaciones perdurables, combatiendo y
hostigando a los poderosos y no martirizando a los propios compañeros, la
posibilidad de enfrentar mayores retos será puramente ilusoria y las movi-
lizaciones efectuadas no serán más que un triste acompañamiento del proceso
de decadencia política, moral e intelectual que encabezan los grupos
dominantes.

* Publicado en la Época

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Roger Cortéz Hurtado

LARGAS CICATRICES
1ro. de febrero 2002 *

A
l día siguiente de que los 104 diputados de ADN, MIR, MNR, UCS
y NFR unieran bravíamente sus votos para expulsar a Evo Morales
Ayma de la Cámara baja se pudo ver, como escena reiterada en
varios cafetines del centro de la ciudad, a grupos de militantes de esos parti-
dos discutiendo entre inciertas sonrisas, la eficacia y consecuencias de su
decisión.

La falta de seguridad y convicción sobre el comportamiento de sus


bancadas se resumió en la frase, repetida insistentemente de que para prevenir
daños, por la exclusión del parlamentario cocalero, era conveniente
intercambiar “3 kharas por un tara”. Es decir que, como resultaba muy
ostentosa la diferencia de celeridad, eficiencia y ejecutividad entre el
procedimiento de 4 horas que le llevó a la cámara a deshacerse de Morales
Ayma, frente a los 4 años en que titubeó, meditó y arrastró los pasos para excluir
a Roberto Landívar, era necesario improvisar una operación cosmética que
impida mayores daños a la ya horriblemente desfigurada imagen del Congreso.

El más apurado en patrocinar esta cirugía es el MNR, que seguramente


desea minimizar el costo político de haber actuado como aliado estratégico del
gobierno. Para la ADN y el MIR la decisión es algo más complicada porque
más allá del acuerdo inicial de sacrificar al yerno de Hugo Banzer, la
extirpación de todos los diputados y senadores que están en la lista de
indeseables puede ocasionarles graves problemas intestinos, influidos los que

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ocurrirían si los candidatos a la expulsión deciden abrir la boca y confesar que


en algunas de sus hazañas participaron o se beneficiaron colegas y jefes.

Pero, aunque la tardía y culpable depuración de los más feos casos de


corrupción ocurriera sin mayores contratiempos, el cálculo de compensación
y lavado de rostro pueda tranquilizar momentáneamente a una cierta capa de
las clases medias urbanas, será irremisiblemente tardía e insuficiente para una
amplia mayoría de la población indígena y campesina y para el importante
contingente de habitantes urbanos que mantienen relaciones con el área rural.

La exclusión de Morales, interpretada de manera prácticamente


unánime como un gesto de subordinación del sistema de partidos a las
exigencias norteamericanas, tiene consecuencias que van bastante más lejos
de la batalla de bloqueos y marchas que se ha iniciado en Cochabamba. El
bloqueo de carreteras puede o no prosperar; si toma cuerpo sacudirá hasta
sus cimientos el gobierno de Quiroga y hará tambalear el horizonte
electoral, pero, aún si no supera la muy escasa fuerza que exhibe en su
inicio, la expulsión del cocalero seguirá siendo una poderosa marca que
objetivamente cierra el ciclo en que el sistema de partidos trató de crear una
sensación de que indígenas, campesinos y otros excluidos y discriminados
podían encontrar un espacio en las instituciones y alguna brizna de poder.

Este proceso de incorporación e inclusión, esencialmente simbólico, tuvo


una nítida y exitosa expresión con el ingreso de polleras al Parlamento que
patrocinó Carlos Palenque y alcanzó su punto más alto con la elección de un
aymara a la vicepresidencia de la República, cruzando y bloqueando, al menos
parcialmente, el período durante el que se reinició un importante proceso de
acumulación de corrientes indigenistas.

Desde hace un par de años, su eficacia se mostró crecientemente limitada


con la aparición del liderazgo del “Mallku” y el avance de consignas de
separación estatal, de modo que en contexto actual de fortalecimiento de
tendencias centrífugas y descomposición, la interpretación social que tiene
mayores posibilidades de sedimentar es que el diputado cocalero fue castigado
por indígena y campesino y no por cualquier otra cosa.

Los efectos positivos que pudo haber tenido un gesto de depuración de los
partidos terminan licuándose, al aparecer como medida compensatoria de un

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Roger Cortéz Hurtado

acto arbitrario y en un contexto en el que ya no pudo seguir ocultándose que


figuras clave de las principales tiendas políticas se comprometieron con unas
mafias u otras para lucrar, malversar y estafar, cuando no para beneficiarse de
asaltos y asesinatos.

Cuando el elector indígena, campesino y migrante compara esa realidad


en que viven y se mueven los partidos que nos han estado gobernando con las
acusaciones empleadas para justificar la separación de uno de sus más com-
prometidos representantes, no queda mayor espacio para dudar que el sistema
estatal, que dice representar a nuestra cada vez más escindida sociedad, juega
con cartas marcadas que los tendrán siempre en el bando de los perdedores. El
problema, para el sistema de poder, es que esos jugadores están cada vez
menos dispuestos a resignarse, callar y olvidar.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

GUERRA DE LA COCA Y CORRUPCIÓN POLÍTICA


29 de enero 2002*

R
oberto Roca Landívar es un ex diputado y banquero boliviano acusado
de estafar, malversar y aprovechar en su favor más de 60 millones de
dólares, a través del Banco de Inversión y Desarrollo (BIDESA), del
que era principal accionista y ejecutivo. La Superintendencia de Bancos detec-
tó las anormalidades en 1997 y desde ese entonces pasaron 4 años, antes que la
cámara de diputados de los pasos necesarios para que pueda ser enjuiciado por
los tribunales ordinarios, que nada podían hacer hasta que le sea suspendida su
inmunidad parlamentaria.

En la misma elección nacional en que Landívar fue elegido, como parte


de una lista completa del partido Nueva Fuerza Republicana (NFR), Evo
Morales Ayma, indígena aymara, campesino y máximo representante del
movimiento de los cocaleros del Chapare, también fue elegido diputado
uninominal (no en una lista completa, sino directamente) con una adhesión
de más de 2/3 de los votantes del Chapare. Morales fue expulsado de la
cámara de diputados, el 24 de Enero último, en un trámite que duró pocas
horas y con el respaldo de los partidos oficialistas, el opositor Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR) y NFR que había dado su confianza a
Landívar por casi 4 años.

La diferencia de procedimientos ha sido tan escandalosa que la mayoría


de los diputados nacionales –aquellos que votaron por la expulsión de Evo
Morales– se han sentido presionados por la opinión pública nacional y han

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Roger Cortéz Hurtado

decidido, empezar a revisar los juicios pendientes contra otros 12 miembros de


la cámara, para, eventualmente, asumir sanciones contra ellos, después de que
durante varios años, cerraron los ojos y les permitieron actuar como
representantes nacionales, sin ninguna traba ni observación.

Esta inesperada diligencia busca diluir la idea, subrayada por varios


medios de comunicación y analistas, de que la expulsión del líder cocalero
estuvo dirigida principalmente a satisfacer una fuerte presión de la embajada
estadounidense, que nunca vio con buenos ojos que un dirigente campesino,
representante de los agricultores que siembran coca en Chapare, tenga acceso
al Parlamento Nacional.

Para poder suspenderlo definitivamente de su puesto, los partidos de


gobierno y el MNR y NFR, optaron por acusar a Evo Morales de ser el
responsable de los daños económicos producidos por bloqueos de caminos y
la muerte de 4 miembros de las fuerzas de represión, baleados dos de ellos y
asesinados, los otros a golpes. con gran saña y crueldad, en la tercera semana
de Enero, cuando cumplían el encargo gubernamental de clausurar el segundo
mercado de coca legal que existe en este país, en la población de Sacaba, que
se encuentra a unos 20 Kms. de Cochabamba, la tercera ciudad en importancia
del país, ubicada en el centro de la geografía boliviana.

En esos choques fueron asesinados 3 campesinos cocaleros y los


efectivos militares y policías ya señalados. Morales asegura que la dirección
sindical jamás instruyó esos actos, que podrían haber sido cometidos por
turbas ansiosas de venganza, debido a los años de maltrato, humillaciones y
robos de los que se quejan los campesinos cocaleros. Gran parte de estas
denuncias campesinas han sido avaladas por organizaciones de trechos
humanos, la Iglesia católica y la oficina del Defensor del Pueblo
(ombudsman). Los cocaleros contabilizan más de 60 muertos entre sus filas,
durante los últimos 15 años y reclaman que ninguna de estas muertes ha sido
verdaderamente investigada y que ningún efectivo de las fuerzas de represión
ha sufrido sanción alguna por estos asesinatos.

El entrecruzamiento de la última escaramuza de la guerra de la coca, que


consiste en el cierre del mercado de coca de Sacaba y la exclusión de Morales
Ayma de su fuero parlamentario, con la súbita toma de conciencia de los

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

diputados respecto al avance de la corrupción estatal puede marcar los hechos


por venir, mucho más allá de la coyuntura.

Para entender la profundidad de esta situación, debe recordarse que


además de los 12 diputados cuyos casos se evaluarán, existen por lo menos
otros 5 parlamentarios, en este caso senadores, sobre quienes pesan
gravísimas acusaciones, entre las que destacan fraude electoral probado que
involucra a los senadores Gonzalo Valda y Edgar Lazcano del Movimiento
de Izquierda Revolucionaria (MIR) y las de asociación de los senadores
Wilson Lora y Oscar Daza de Acción Democrática Nacionalista (ADN) con
una banda de policías, que con la colaboración de delincuentes peruanos han
realizado múltiples atracos a mano armada, en los cuales han sido heridas y
asesinadas algunas personas.

La llamada “banda de Blas” –por el nombre de su cabecilla el coronel de


Policía Blas Valencia – es también sospechosa de haber colocado una bomba en
el comando departamental de la policía en Santa Cruz, en Diciembre del año
pasado, como represalia al arresto de la banda. El coche bomba detonado hirió a
varias persona y mató a una transeúnte, sin que hasta ahora hayan avanzado las
investigaciones. Pese a la gravedad de los hechos, el comité político de ADN
decidió, en la tercera semana de Enero, cerrar cualquier posibilidad de
investigación interna sobre los senadores Daza y Lora, quienes desde la comi-
sión de defensa del Senado, recomendaron que el cabecilla coronel Blas Valencia
y su principal hombre operativo el mayor Freddy Cáceres, fueran reincorporados
a la Policía, pese a serias imputaciones que existían en su contra.

La situación de todas maneras se complica para ellos, porque uno de los


12 diputados a ser investigados es Luís Alberto Valle, yerno del ex presidente
Hugo Banzer y también militante de ADN. Esta decisión presionará en sentido
de que Lora y Daza sean investigados, todo lo que incrementará el malestar
interno de ADN, principal partido de gobierno, que en estas circunstancias se
encuentra susceptible incluso de su aliado el MIR, porque teme que pueda
sacar ventaja electoral de estos temas, pese a que hay varios parlamentarios del
MIR que también deben ser investigados.

Este cuadro permite ver que los meses que faltan hasta la elección de
Junio, pueden transcurrir en medio de agresivas acusaciones de las que no se

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Roger Cortéz Hurtado

salva ninguno de los partidos que han obtenido tradicionalmente buenas


porciones de la votación. Para empezar, el MNR asumirá con el gobierno
los costos políticos de la expulsión de Evo Morales, porque el movimiento
campesino del país (del cual el de los cocaleros representa menos del 5%)
exige la restitución del fuero del diputado cocalero y amenaza con empezar en
estos días bloqueos para conseguirlo.

Pero, además el MNR está experimentando un creciente nerviosismo,


porque su jefe y candidato, Gonzalo Sánchez de Lozada, es el principal artífice
de haber arreglado un contrato muy oscuro y cuestionado con la Enron. Este
contrato, efectivizado en el anterior período de gobierno cuando Sánchez de
Lozada era presidente del país, le otorgó excepcionales ventajas a esta
compañía norteamericana que acaba de derrumbarse, como ejemplo de
empresa corrupta y corruptora.

Si todavía faltara algo, los estudiosos del movimiento campesino


afirman que la expulsión de Morales pone fin a un período de más de una
década durante el cual el sistema de partidos intentó amortiguar la imper-
meabilidad y racismo del Estado boliviano frente a la mayor parte de la
población, constituida por indígenas, incluyendo entre los candidatos
algunos provenientes del sector indígena-campesino. Los gestos de reconci-
liación y apertura hacia el movimiento indígena llegaron a su punto más alto
en 1993 con la elección de Víctor Hugo Cárdenas, un aymara, a la
vicepresidencia de la nación.

El tratamiento que ha recibido Morales tienden a ser interpretados por la


masa campesina como una ratificación del carácter excluyente del Estado y
alientan las corrientes indigenistas radicalizadas que están planteando la
separación de un Estado indígena campesino.

Ni siquiera el notable éxito del actual gobierno en erradicar más del 80%
de la coca ilegal que existía en Bolivia (unas 45 mil hectáreas aproxi-
madamente) alteran la negativa percepción pública ante el sistema político,
porque, por una parte la violencia en la que está incurriendo el gobierno para
llegar desesperadamente a la meta “coca ) “en el Chapare, tiene costos
políticos y sociales tan altos que amenazan al sistema democrático y, segundo,
porque el esfuerzo boliviano de erradicar sus cocales queda completamente

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

neutralizado con la expansión de cultivos de coca en Colombia, de manera que


aunque Bolivia erradicara hoy mismo toda la pocas coca que resta, en el
balance general el área cultivada en el área andina es hoy mayor que antes que
Bolivia comenzara a disminuir sus cocales.

La conclusión general de este episodio es que los desastres que ha traído


la guerra de la coca, más la corrupción y degeneración del sistema político
boliviano están empujando a un número creciente de bolivianos a una actitud
de rechazo con los grupos que dominan la economía, la política y el Estado en
este país.

Publicado por la revista AEGD, París

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Roger Cortéz Hurtado

TORMENTA POLÍTICA Y SOCIAL SOBRE BOLIVIA


Escrito el 27 de enero de 2002*

E
l gobierno del presidente boliviano, Jorge Quiroga enfrenta una de las
más intensas amenazas, a partir de que en la última semana de enero se
cumplen el ultimátum de la Confederación Sindical Única de Traba-
jadores Campesinos (CSUTCB) y la Central Obrera Boliviana (COB) para que
se atiendan sus demandas.

Los campesinos bolivianos, que representan cerca de la mitad de la


población de 8.6 millones, exigen a través de su principal dirigente, Felipe
Quispe que el Parlamento anule su decisión de expulsar de su seno al diputado
Evo Morales, representante del pequeño pero poderoso movimiento cocalero
del Chapare, el cumplimiento de una larga lista de compromisos asumidos por
el gobierno hace más de un año y la solución de las reivindicaciones del
Movimiento Sin Tierra (MST).

El movimiento campesino ha desplazado en importancia política y


capacidad de movilización a la antes poderosa COB, cuya significación ha
decrecido en proporción inversa a la aplicación de medidas de ajuste estruc-
tural, transferencia de empresas estatales a corporaciones transnacionales y
disminución de obreros, especialmente de proletarios mineros que eran la
columna vertebral del movimiento sindical.

Aunque fuertemente dividido, el movimiento campesino ha ido ganado


peso y presencia, de manera que el año 2000 obligó al gobierno –presidido en

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ese momento por el ex dictador Hugo Banzer– a retroceder, después de un


bloqueo de carreteras que se extendió por más de 2 semanas. La fuerza
campesina habría alcanzado índices mayores, a no ser por la división entre el
liderazgo de Felipe Quispe, quien se hace llamar “el mallku” (literalmente
cóndor y título que se otorga a una autoridad local, entre los indígenas
aymaras), y Evo Morales, también de origen aymara, pero cuyo liderazgo se
funda sobre los quechuas que pueblan los valles templados y el Chapare.

Esa división se ha atenuado en los últimos meses, cuando los dos


dirigentes se han aproximado, sugiriendo inclusive que podrían llegar a
presentarse juntos en la próxima elección nacional del 30 de Junio. Así,
cuando Morales fue separado el pasado 25 de enero de la Cámara de
Diputados, bajo acusación de que convocó a sus bases a cometer actos
ilegales como los ya mencionados bloqueos de caminos y el reciente
asesinato de dos policías, “el Mallku” advirtió que se bloquearían las
carreteras, a partir del Lunes 28 de enero, hasta que se anule esa expulsión
y se atiendan las otras demandas campesinas.

Tendrá que pasar al menos una semana para que se pueda ver la eficacia
de la convocatoria porque, como se ha comprobado en otras oportunidades, el
heterogéneo movimiento demora en reaccionar y coordinar sus movimientos.
Pero, más allá de cual sea la respuesta inmediata, varios estudiosos del
movimiento indígena-campesino, aseguran que la expulsión de Evo Morales
tendrá sus peores consecuencias en el mediano y largo plazo, porque este
hecho rompe los esfuerzos que realizaba el sistema político por integrar
representaciones indígenas en las instituciones estatales.

Recién hace unos 12 años atrás se produjo el ingreso de una indomestiza


al Parlamento y en 1993 llegó a la vicepresidencia de la república el aymara
Víctor Hugo Cárdenas, enfatizando el mensaje de que la intolerancia y racismo
cedían paulatinamente y dejaban espacio para que los indígenas se aproximen
al poder. Pero, el procedimiento parlamentario que se empleó para sancionar a
Morales, en pocas horas, con serias restricciones a su derecho a la defensa y
con evidencias débiles, contrasta tan marcadamente con la docena de otros
casos en los cuales la Cámara ni siquiera ha investigado a parlamentarios
acusados de asociarse con bandas de asaltantes y homicidas, que deja muy
profundas dudas sobre su equidad.

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ultimo -ROGER-4-DAV.QXD 24/5/06 10:40 AM Página 146

Roger Cortéz Hurtado

Varios periódicos nacionales han afirmado que los 104 votos –de un
total de 130– que respaldaron la medida, lo hicieron para congraciarse con la
embajada estadounidense, que veía con desagrado la presencia de un
diputado, con la más alta votación porcentual de apoyo, que representaba a
los campesinos cocaleros.

Si el bloqueo toma fuerza, no sólo golpeará la economía del país, sino que
hará temblar al gobierno de Quiroga y podría lesionar el proceso electoral, ya
muy debilitado por el intenso rechazo de la población a los partidos políticos,
acusados de corruptos. Pero, aunque esto no suceda, todo hace prever que
incrementará la fuerza de un movimiento indígena campesino que se ha ido
radicalizando, por la crónica falta de atención estatal a sus reclamos, lo que ha
llevado a que tomen creciente vigor corrientes que plantean inclusive la
separación de un Estado indígena

* Publicado por la revista Mondes Rebelles, París

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LO INELUCTABLE, LO ABOMINABLE Y LO NECESARIO


20 de enero de 2002*

E
l editorial de “Pulso”, en su última edición (11 de Enero 2002) referido
a un necesario “punto final” en el caso Banzer, deja vacíos e invita a
discutir algunos de sus conceptos centrales. El mayor vacío es la falta
de una clara definición –como voz institucional del semanario– frente al
requerimiento legal de que Hugo Banzer Suárez, sea detenido, dentro de un
proceso de extradición por acusaciones de haber cometido crímenes de lesa
humanidad.

En vez de sentar una posición el artículo se inclina hacia el comentario


descriptivo sobre que el desenlace de la acción legal contra el ex dictador será
el resultado de la aparición de “fantasmas”, o sea las violaciones contra la vida
y los derechos humanos cometidos en la dictadura de 1971 a 1978, que alen-
tados (los fantasmas) por los cambios que está sufriendo el Derecho Inter-
nacional, medirán fuerzas con la resistencia política de los factores de poder
que amparan a Banzer, la definición jurídica de la Corte Suprema boliviana, la
enfermedad del acusado y la influencia que pueda tener en este asunto la crisis
general que vive la Argentina. El editorialista se inclina por creer que es
probable que el punto final, tienda a serle favorable al ex dictador más que a
los “fantasmas”.

Será necesario volver sobre este punto vista, pero, antes, es necesario
considerar el tronco conceptual del artículo, porque allí se encuentran las
claves que conducen a su autor a concluir como lo hace.

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Roger Cortéz Hurtado

¿INELUCTABLE O LEGÍTIMO?.

La pregunta se justifica ampliamente, porque el editorial “Punto final”


juega con el concepto de inevitabilidad como el punto nodal de sus
argumentos; va inclusive más allá, porque llega a sugerir que la ineluctabilidad
sería una categoría válida de análisis histórico. Postula así, que el golpe del 21
de Agosto era ineludible por el trance que vivía el país y aquí nos cita la
Asamblea Popular, la “quiebra económica”, el caos, la ineptitud de los
gobernantes derrocados. Añade a estos elementos, que tratan de situarse en un
plano objetivo, uno subjetivo que sería la “lucidez” de Víctor Paz Estenssoro,
reivindicado como “el estadista boliviano más grande del siglo XX”.

El artículo parece percatarse en algún momento que su razonamiento se


inclina hacia una apología del golpe y, para enmendarlo, trata de dividir dos
partes de la historia: una inevitable, el golpe mismo y la segunda, que sería el
“desencaminamiento del golpe”. Por ello nos recomienda disociar la
“necesidad del golpe”, de su “aberrante ejecución”, propias de la arbitra-
riedad y corrupción de los dos gobiernos conducidos por Banzer. También
se deja sentado que sería mejor que los golpes no ocurrieran nunca,
evitando las circunstancias que conducen a ellos.

Pese al esfuerzo que se despliega para convencernos de lo contrario,


ocurre que el pragmatismo que se nos invita a compartir para entender la
“ligazón de eslabones históricos que condujeron al golpe” es en realidad un
argumento legitimador del mismo, en su totalidad, porque en definitiva el
editorialista no está solamente describiendo que “un golpe era inevitable”, sino
que está precisando cual golpe, en concreto, era el supuestamente requerido.

UN PODER POLÍTICO CRIMINAL.

Una vez que el editorialista, consciente o no de ello, se ha embarcado en un


análisis de corte hegeliano (“lo real es racional y lo racional es real”) las muecas
de desagrado que pueda exhibir por los resultados y la operación efectiva del
golpe de Estado cuya necesidad reivindica, se quedan en el plano gestual.

Los abusos, violaciones y delitos cometidos por la dictadura de 1971 no


son inevitables, sino que están históricamente condicionados por el tipo de

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ultimo -ROGER-4-DAV.QXD 24/5/06 10:40 AM Página 149

Poder y proceso constituyente en Bolivia

crisis política que vivía el país en aquel, el juego interno de fuerzas en el


bloque dominante, los sujetos concretos que lo efectivizaron y las tendencias
represivas internacionales impulsadas por los Estados Unidos, en su guerra
contra el comunismo. El golpe de Estado, como forma principal de resolución
conflictos hegemónicos, en nuestra historia es consecuencia de la defec-
tuosidad y primitivismo de la clase dominante.

Estas y otras premisas, como las prácticas gubernamentales de corrupción


concentrada durante los gobiernos movimientistas entre 1952 a 1964,
contribuyen a entender como a través de prácticas gubernamentales concretas,
definidas y motivadas por intereses individuales y sectoriales muy precisos, se
modeló una dictadura militar en que la corrupción estatal tradicional avanzó
hacia una verdadera criminalización del poder político. El proceso iniciado en
ese momento hoy ha madurado y se ha extendido.

El editorial reconoce vagamente este hilo conductor, cuando encuentra


que la dictadura del 71 reconoce desviaciones parecidas a las que se han
manifestado en el gobierno constitucional encabezado por Hugo Banzer, pero
trata de limitar ese fenómeno a la influencia puramente personal del ex
dictador. Nada más equivocado, como lo están mostrando los hechos crimi-
nales en los que aparecen comprometidos varios importantes colaboradores y
allegados del ex dictador; y eso, contando, con que ahora podemos ver todavía
una fracción de un escenario mucho más amplio, que compromete no sólo a
Acción Democrática Nacionalista (ADN), sino a casi todos los partidos
políticos que nos han gobernado en las últimas dos décadas, como lo mostró el
trunco proceso de investigaciones del “caso Diodato”.

Un poder político estructuralmente arbitrario, discriminador y opaco,


como el que se constituyó en nuestro país desde su inicio republicano, se
adentró en prácticas criminales sistemáticas, como las del plan Cóndor y
todas sus variantes represivas internas, así como en un sistemático desvío de
los fondos públicos y otros actos ilegales, arraigándose profundamente en
todos los aparatos estatales, predispuestos por su propia historia a fomentar
estas tendencias.

La vigencia de gobiernos democráticos no modificó ese curso, desde el


momento en que el MNR y el MIR decidieron amparar la impunidad, al abortar

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Roger Cortéz Hurtado

el juicio de responsabilidades iniciado por Marcelo Quiroga Santa Cruz. Esa


decisión que, por cierto no tiene nada de ineluctable, necesaria, ni menos
legítima, constituye una auténtica matriz del grado de corrupción política que
campea en el país, configurando al de una auténtica criminalización del poder.

Esta criminalización se manifiesta en que las prácticas ilegales están


ampliamente diseminadas en gran parte de los distintos procesos que abarca el
ejercicio del poder político, que la tendencia para asociarse ilícitamente y a
vincularse a organizaciones criminales profesionales tiende a ser rutinaria
dentro de múltiples instituciones, tanto como en los partidos políticos, que
promueven y protegen esas prácticas. Por lo que, si de eslabones históricos se
trata, existe una cadena de ellos que van desde la situación de descomposición
actual hasta el golpe de 1971.

Las palabras podrían permitir que pueda desvincularse ese golpe de su


contenido concreto y de la pesada herencia económica, política y social que
nos dejó; los hechos no.

PUERTAS QUE SE CIERRAN.

Los hechos por los cuales Hugo Banzer Suárez es requerido por la justicia
argentina no son precisamente insustanciales. Son cargos por homicidio,
torturas, privación ilegal de la libertad y varias otras violaciones de derechos
y libertades básicas. Una vez que se ha abierto la investigación, empieza a
funcionar un mecanismo de gatillo que ha liberado consecuencias en cadena.

Independientemente de que el gobierno y otros factores de poder traten de


encubrirlo y aún en el caso de que la Corte Suprema decida ignorar la solicitud
de captura, mientras dure el o los juicios por los que debe responder de sus
actos, Banzer Suárez se verá enclaustrado en Bolivia, porque corre el riesgo de
que en cualquier otro país la policía internacional lo atrape. Pero, otra vez, no
se trata exclusivamente del destino de una persona, sino que la demanda legal
en curso ocasiona efectos políticos, como la aceleración de resquebrajaduras
de su partido y del sistema de alianzas en que se movió.

Entonces, cuando se trata de asentar, preservar y proyectar una posición


democrática consistente, el pedido judicial de encarcelamiento, que precede al

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

de extradición de Banzer requiere de una clara definición política y ética que


no puede agotarse en una descripción de acontecimientos. Debe empezarse
reconociendo que el manto de impunidad con que el Congreso de 1979
protegió a Hugo Banzer Suárez, no puede ser reivindicado como un acto de
justicia soberana, sino como una acción transaccional que envalentonó a los
golpistas de 1980 y profundizó la descomposición política y social del país
hasta hoy.

Una posición congruentemente democrática exige plantear a todos los que


intervienen atendiendo el pedido de la justicia internacional, que toda nueva
claudicación, cobardía o negociación ilegítima profundizará la crisis del país y
abrirá las puertas a que el cansancio de los de abajo se acumule, hasta el
momento en que pedirán cuentas por todos los favores y compromisos
intercambiados entre poderosos para mantener la impunidad. Un principio
democrático elemental es que la ley debe actuar, y, conociendo la experiencia
concreta que tenemos en nuestro medio de cómo lo hace, un pueblo entero
debe vigilar que no vuelva a ser de un modo torcido.

Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

MIRANDO AL SUR
Noviembre 21, 2001 *

Q
ué cerca.....pero tan lejos! La Argentina es posiblemente el país vecino
con el cual tenemos más vasos comunicantes de toda naturaleza. Allá
se vive una crisis global que tiene manifestaciones extraordinariamente
similares a las que padecemos los bolivianos y, sin embargo, nuestros
medios informativos, de manera prácticamente unánime, omiten transmitirnos
muchas e importantes noticias que allí se generan y prefieren llenar sus (pocos)
espacios internacionales con cualquier otro contenido, más o menos de moda en
la escena noticiosa. Más allá de la poca calidad periodística que esto trasluce,
esta omisión nos priva de observar un espejo del cual podemos aprender mucho.

Sin ir muy lejos, se han visto en las elecciones legislativas realizadas hace
pocas semanas, tendencias de comportamiento ciudadano que tienen altas
probabilidades de repetirse en las que nosotros tendremos el próximo año. El
voto independiente, que es el nombre con que los cronistas argentinos han
bautizado a la suma de abstenciones, más votos blancos, nulos y pifiados,
obtuvo un primer lugar, dejando harto atrás a las votaciones obtenidas por los
partidos. La misma bronca, igual hastío y desconfianza, desesperación y
rechazo que nos anuncian nuestras encuestas desde hace meses, se expresaron
en un torrente de repulsa que castigó a los políticos platenses.

Con más ingenio, pero con un cinismo parecido, grupos de grandes


empresarios argentinos han solicitado que su deuda sea “nacionalizada”; que
es lo mismo que se pretende aquí con argumentos exactamente iguales. Se

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

trata, en definitiva, que todo el pueblo pague la incompetencia de personajes


que han mostrado un talento inigualable para hacer florecer sus economías
familiares, mientras liquidaban las de sus empresas con la confianza de que
el Estado, por cuya muerte económica clamaron, extenderá su generosa
mano para salvarlos, distribuyendo democráticamente sus obligaciones entre
los millones de desposeídos que sólo saben de obligaciones y sacrificios,
más nunca, de gratificaciones.

Quienes bloquean las carreteras de la Argentina se llaman piqueteros y


cuando uno escucha sus declaraciones, motivos y justificaciones pareciera que
se tratara de ciudadanos bolivianos, con acento porteño.

La corrupción estatal es tan grande y extendida en los dos lados de la


frontera y tampoco puede diferenciarse la manera en que los aparatos de
administración de justicia se inclinan para proteger a los grandes bribones.
Los montos que se embolsillan los ladrones al Sur, seguramente hacen
palidecer de envidia a lo corruptos de este lado, como que la economía de
nuestros vecinos es mucho mayor y más desarrollada. Pero viendo el espejo
del Sur, podemos aprender que esta diferencia no importa, porque los
truhanes que dominan la política y la economía son capaces de quebrar
cualquier economía, sin importar la escala.

El asalto a la economía pública ha llegado en la Argentina al extremo de


que los jubilados no reciben desde hace meses atención médica, ni servicios
funerarios y debido al default financiero (cesación de pagos de la deuda
externa en español) los salarios y las jubilaciones han sido rebajados y es casi
seguro que no se pagarán aguinaldos (¿nos recuerda algo esa situación?).

La economía argentina ha sido reventada por una sucesión de dictaduras


y gobiernos democráticos que atendieron al pie de la letra las diversas
indicaciones de organismos financieros y han conducido a ese país a un
extremo, en el que los gobiernos provinciales emiten su propia moneda, en
tanto que la capital ha amenazado con relacionarse con el resto de la Nación,
en los términos que existían hace dos siglos.

Las exigencias de que renuncie el presidente se hacen mayores con el


paso de los días. mientras que proliferan las demandas de soluciones

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Roger Cortéz Hurtado

políticas radicales, como la convocatoria a una asamblea constituyente o a la


reformulación del contrato social que fundó la república argentina.

Lo que pasa en el Sur, nos afecta y nos marca. Así ha pasado en anteriores
períodos históricos y puede ocurrir nuevamente. Existen algunos problemas
que son decididamente diferentes y aún en aquellos donde se presentan seme-
janzas, indudablemente está presente la marca de peculiaridades nacionales
muy acentuadas.

Pero, ya sea porque cerca de un tercio de la población de las provincias


norteñas (Salta, Jujuy, Tucumán) es de origen boliviano y porque aproxima-
damente un millón de conciudadanos nuestros habitan en Buenos Aires, por la
amplia influencia económica entre los dos países es tan grande que en cuanto
la recesión ataca al Sur, inmediatamente lo sentimos en muchas poblaciones
nuestras, por eso y por mucho más viene siendo hora que miremos con más
atención al sur de nuestra frontera.

* Publicado en La Época

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LA REFORMA ESTRANGULADA
15 de noviembre 2001*

C
ómo bloquear la aprobación de reformas constitucionales sustanciales,
sin asumir el costo de burlar el cumplimiento de los acuerdos pactados
con la Iglesia Católica?. Esa parece ser la preocupación de las direccio-
nes de la mayoría de los partidos que suscribieron el “Acta de entendimiento”,
según sus primeras reacciones públicas ante la presentación del anteproyecto
de ley, preparado por el Consejo Ciudadano para la reforma constitucional.

Seguramente existen varios caminos para lograr ese propósito, pero el más
sencillo de todo es demostrar que no existe el tiempo necesario para conside-
rar, acordar y aprobar una reforma tan amplia, en los apretados plazos y con la
recargada agenda de tareas pendientes del Legislativo.

TRUCOS Y TRAMPAS.

La modificación de casi dos tercios del texto constitucional (114 de un


total de 235 artículos) que plantea el anteproyecto del Consejo, puede fácil-
mente presentarse como una tarea excesiva para un Congreso habitualmente
parsimonioso y burocrático que, además, confrontará en las próximas semanas
el problema de que buena parte de sus componentes se dedicarán en cuerpo
y alma a pugnar, primero, por una nueva designación interna en sus partidos
y, después, a participar de una campaña electoral que objetivamente ya se ha
iniciado.

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Roger Cortéz Hurtado

Estos argumentos pueden presentarse antes de siquiera iniciar el trámite


parlamentario, siempre y cuando exista un acuerdo entre los firmantes partida-
rios del acta, o, en caso de discrepancias (que en realidad estarán referidas a
otras cuestiones que pretendan transarse con el tema de las reformas), los acto-
res pueden hacer una muy didáctica demostración, iniciando la consideración de
los proyectos (el del Consejo y los que puedan presentar partidos, bancadas o
legisladores individuales). Las sesiones que se dediquen al debate demostrarán,
“más allá de cualquier duda razonable” que “ no existen las condiciones” para
aprobar las reformas, debido a lo enredado de las discusiones, las evidentes difi-
cultades para conseguir los 2/3 de votos requeridos, las disidencias de todo géne-
ro, etc., etc.

Sería, sin embargo, un verdadero pecado capital subestimar la picardía


criolla, dando por hecho que los partidos se atarían a un solo recurso para
conseguir sus objetivos. Pueden optar por ponerse de acuerdo en un texto con
el que se cumpla formalmente con sus compromisos e incluso pueden
aprobar una parte considerable del anteproyecto del Consejo, porque la
oposición partidaria no es a los cambios en general, sino a aquellos que
consideran lesivos a sus intereses.

LA ESPIRAL DEL SILENCIO.

Lo que verdaderamente repugna a los partidos suscriptores del acta es


todo aquello que disminuya el disfrute del monopolio de la representación
política del que gozan ahora y que es recortado, tanto por el anteproyecto del
Consejo como por la “Agenda de la reforma constitucional”, propuesta por el
Poder Ejecutivo en Febrero de este año. Sin embargo, una respuesta menos
atropellada del mundo partidario, descubriría que ambas propuestas man-
tienen una participación dominante de los partidos en el sistema de represen-
tación y que les dan la última palabra cuando se trata del funcionamiento de
nuevas formas de consulta, como el referéndum que necesita una aprobación
parlamentaria para convocarse.

Por tanto, la alarma partidaria no se justifica porque, además, las nuevas


formas de participación de candidatos no funcionarían antes de 4 años (en las
elecciones municipales de 2005) y se limitan a los diputados uninominales en
las elecciones nacionales.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Por ahora, poco o mucho, el cambio violenta a los partidos y, aunque


restringido, tiene pocas posibilidades de ser contestado fuera de las columnas
de opinión de algunos medios de difusión masiva, porque no existen sujetos
sociales comprometidos con la reforma constitucional, que parece estar muy
alejada de las preocupaciones cotidianas de la mayor parte de los bolivianos.
Si se examinan los pliegos y peticiones de los campesinos, sindicatos, los sin
tierra, los deudores, los mineros se encontrará que no se pronuncian sobre
cambios constitucionales; cada movimiento se enrosca alrededor de sus
demandas más inmediatas.

Sin embargo, la censura al sistema de representación política, las


demandas de mayor participación, la expectativa de cambios en el Estado son
muy intensas, muy reales y sentidas aunque no lleguen a expresarse en
formulaciones concretas de reforma. La consecuencia es que se despliega una
espiral de silencio, donde las indefiniciones masivas o el temor a expresar
criterios políticos se ocultan por el copamiento de las pocas voces que llegan
a los medios de difusión, creando a través de ellos un espejismo de opinión
pública activa.

UN ERROR FATAL.

Existe un evidente desencuentro entre las pulsiones sociales profundas


que pugnan instintivamente por la redefinición de las reglas primarias y
fundamentales que rigen el ordenamiento de la sociedad y la perplejidad,
el silencio o la estrechez de las propuestas para responder a esta demanda.
El hondo malestar cotidiano, la proliferación de las protestas y la violencia,
el grito por tierra, la desesperación de los desempleados, la angustia de los
deudores, las proclamas de separación estatal, la exasperación ante las
prácticas políticas, el aturdimiento gubernamental y estatal, la crisis de
Estado son pruebas de que es preciso reformular el Estado, la Constitución,
la política, las instituciones.

Cuatro de nueve votos dentro del Consejo lo perciben, pero sucumben ante
una mayoría que proclama que “..las ideas centrales de nuestra Carta Magna se
mantienen inalteradas desde su primera redacción..” sin captar que, más allá de
la muy debatible creencia en el carácter indeleble (ahistórico) de algunas ideas,
hay una realidad que urge por reconsiderar exhaustivamente las bases de la

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Roger Cortéz Hurtado

convivencia de una sociedad crecientemente desgarrada y a la cual habría que


darle cuando menos la posibilidad más abierta de que debata esta situación.

Nuestra colectiva perplejidad no significa que deba negarse la apertura de un


espacio fundacional, porque sin el proliferan las posibilidades que marchemos a
un abismo terminal: Un enfermo agónico que desconozca la naturaleza o
mecanismos de su mal no se salvará por su ignorancia, o porque exclame que los
principios que le dieron vida son inextinguibles.

Los temores a abrir y ventilar el sistema de representación política y de


reconocimiento real de la necesidad de movilizar el movimiento y el
pronunciamiento de los sujetos sociales por consideraciones doctrinarias
ahondan el peligro de que las fuerzas centrífugas se multipliquen y agiganten.

CREAR LA CURVA.

El conservadurismo de partidos, intelectuales y representantes de toda laya


está despejando una línea derecha por la que vamos a una confrontación antagó-
nica y general. Debajo de una superficie de por sí harto agitada, bullen fuerzas
primitivas devastadoras que están buscando abrirse paso.

La vigencia o caducidad del supuesto pacto original que habría creado la


nación debe someterse a una consulta cierta, que comprometa y movilice. Hay
muy pocas posibilidades de que tal cosa se consiga preservando el sistema de
representación política que está agonizando. Hay que abrir y ventilar ese sis-
tema dejando que las asociaciones ciudadanas que intentan representar secto-
res se habiliten legalmente, ahora; no dentro de cuarenta meses. Es posible
hacerlo de inmediato, modificando la ley electoral.

La reforma constitucional posible y útil debe atender esencialmente la


apertura de mecanismos amplios para la consulta a los ciudadanos, incluyendo
en primer término el mecanismo de modificación constitucional (los artículos
230 al 234) y la desmonopolización de la representación política.

Estos cambios son la base para iniciar una reforma mayor, que debería lle-
gar hasta la revisión minuciosa de los fundamentos de la sociedad y su relación
con el Estado y que tiene que iniciarse después de la renovación de los poderes
ejecutivo y legislativo.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Las propuestas que se han elaborado hasta ahora pueden desplegar su mayor
riqueza, creando condiciones para que se revierta el repliegue e indiferencia ciu-
dadana que predominan ahora. Debemos tratar que estas iniciativas sean parte de
un esfuerzo mucho más amplio y franco en el cual nos enfrentemos a las pre-
guntas básicas que nos asedian y que están muy lejos de haber sido respondidas.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

PROCEDIMIENTO DE REFORMA DE LA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO
23 de octubre de 2001 *

L
a modificación del procedimiento de reforma de la Constitución Política
del Estado puede ser, según el momento y las circunstancias en que se
adopte la decisión de realizarla, la medida más significativa del proceso
general de reforma de constitucional .

Para entender cómo y por qué un solo artículo de nuestra actual


Constitución puede alcanzar tanta importancia es necesario pasar revista a la
situación concreta en que se está analizando la reforma constitucional.

EL SENTIDO DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL.

Las consultas y discusiones dentro de los que se inscribe este trabajo y su


tratamiento son resultado de acuerdos entre partidos oficialistas y de la
oposición, por los cuales se definió la necesidad de ampliar y perfeccionar
las reformas constitucionales sancionadas en 1994. El tratamiento de estas
reformas se distingue de las anteriores por la intensa evidencia de una crisis de
Estado en curso y de un proceso de descomposición social.

Dentro de este cuadro, la reforma de la Constitución aparece como la


herramienta institucional más importante para iniciar un proceso de trans-
formaciones políticas que culmine con la misma reforma del Estado. Así,
ampliar y diversificar los mecanismos de reforma constitucional, hoy cons-
treñidos a la sola posibilidad de que el Congreso Nacional sea el encargado de

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

esta tarea, puede llegar a ser el punto nodal de un proceso de reforma reglado,
pactado y consentido por el conjunto de la sociedad, frente a la posibilidad de
una confrontación

¿En qué consiste la crisis de Estado? En un desajuste generalizado de los


aparatos estatales que cumplen sus roles institucionales de manera defor-
mada, incongruente o sencillamente contradictoria con las que reconoce y
manda la ley. De esta forma el aparato judicial se ha convertido en la mayor
traba para la administración de justicia, a tal punto, que la población
identifica a sus funcionarios –jueces, fiscales y subalternos– y a sus instan-
cias organizativas y jerárquicas, como destacados representantes de la
corrupción y la injusticia. La Policía, a fuerza de reiteradas conductas
violatorias de la ley en las que han incurrido varios de sus jefes y oficiales,
incluyendo la organización de bandas delictivas, ha pasado a ser símbolo del
quebrantamiento de las normas.

En el mismo sentido, el Poder Legislativo se erige como nítido


representante de tratos irregulares, exacciones, chantajes, entre múltiples
acciones delictivas, cometidas por varios representantes nacionales. El
público conoce múltiples denuncias sobre pago regulares, cobradas por
parlamentarios y aún brigadas completas, para aprobar leyes. Por su parte, en
el Poder Ejecutivo, ya sea en la administración central o en las prefecturas,
no ha podido evitarse que el público sepa de múltiples actos criminales
cometidos por funcionarios de la mayor jerarquía, lo que en algunos casos
les ha costado el puesto pero, jamás el castigo que determinan las leyes.

Los municipios no son esencialmente ajenos a esta situación, aunque


presentan particularidades que no deben perderse de vista y que, en general,
parecen otorgarles un cierto mayor grado de representatividad.

Durante más de una década, la mayoría de los bolivianos ha observado


con cierta pasividad el desarrollo de estas tendencias, pero en los últimos dos
años han empezado a condensarse vigorosos movimientos sociales que cues-
tionan lo que ocurre. La resistencia se caracteriza hasta aquí, por escasa
claridad estratégica, dificultades orgánicas y una severa limitación para
trascender una condición sectorial y fragmentaria que caracteriza su
movilización.

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Roger Cortéz Hurtado

Estas características determinan la aparición de poderosas fuerzas


centrífugas que cuestionan la vigencia misma del Estado y de la estructura
organizativa nacional, vigente desde el nacimiento de Bolivia. La descom-
posición social, se alimenta de estas fuerzas y se expresa en una creciente
presencia de actitudes violentas presentes no sólo en el enfrentamiento entre
fuerzas y el Estado, sino en luchas intestinas de esas fuerzas sociales, en actos
de linchamiento de supuestos delincuentes, en desánimo, incredulidad y un
cierto cinismo colectivo.

El rechazo al sistema de representación política, a sus organizaciones y


componentes parece ser una forma larvaria de comprensión de que la crisis
estatal se funda en la degeneración del sistema partidario y que detrás del
desequilibrio generalizado de las instituciones del Estado, siempre es posible
encontrara uno o varios agentes partidarios que promueven tales desajustes,
para beneficio personal o de grupo.

En estas condiciones y bajo cualquiera de los enfoques que se utilice para


conceptuar la Constitución, ya sea como “..un complejo normativo (..) en el
que (..)se establecen las funciones fundamentales del Estado y se regulan los
órganos, el ámbito de sus competencias y las relaciones entre ellos” , o “..como
una estructura resultado de una lenta transformación histórica..” , o “..la
manera de existir de una sociedad, de un pueblo o de una nación.” es
inocultable que la crisis de Estado y el contexto de descomposición social en
que se desenvuelve requieren, entre otras, de una transformación fundamental
de la Constitución, de tal manera que esta refleje y sirva de soporte a cambios
del Estado y de relaciones dentro de la sociedad.

LOS CAMBIOS EN EL TEJIDO SOCIAL.

Si se repasan los elementos descritos anteriormente, es posible llegar a la


conclusión de que ninguno de ellos es auténticamente novedoso, porque se los
puede encontrar de forma aproximadamente invariable desde el inicio de la
República. Corrupción funcionaria, debilidad institucional, rebeldía social son
constantes históricas en Bolivia. De hecho, un examen cuidadoso de las
renovadas tendencias centrífugas que se están manifestando, nos indica una
concurrencia de crisis en la forma de Estado –la República unitaria fundada en
1825– y del tipo de Estado de 1952 , remodelado en los últimos 20 años

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

En cuanto a los elementos propios de la forma estatal que han llegado a un


punto de gran tensión se los puede resumir provisionalmente en la exclusión
estructural –de clases sociales, grupos étnicos y regionales, de género y
generacionales– el autoritarismo y el corporativismo, inscritos en las prácticas
efectivas del Estado .

Estos factores centenarios se han precipitado en un verdadero atolladero,


a partir de las alteraciones que afectan al tipo de Estado. A partir de la noción
que se expone en este trabajo, de que la envergadura de los cambios precisa de
una respuesta profunda que debe realizarse en un proceso amplio, profundo y
escalonado, aquí se considerarán principalmente los problemas más
directamente relacionados con la crisis del tipo de Estado.

En este campo puede señalarse que los factores base que han desenca-
denado su desequilibrio se encuentran en la rápida sucesión de transfor-
maciones económicas y sociales que se han sucedido en el último tercio del
siglo XX y que han sido sólo parcialmente atendidas por la reforma
constitucional de 1994.

Las principales se relacionan con la profunda informalización de la


economía, iniciada a principios de los años 70, el auge y declinación de la
economía de la coca y sus derivados ilícitos y del contrabando, la poderosa
migración rural urbana que data aproximadamente de la misma época, la crisis
minera y los cambios que ha traído el desmantelamiento de las empresas
públicas y modernización del Estado.

Estos acontecimientos desencadenaron un conjunto de cambios que han


transformado el mapa sociológico del país, con la práctica desaparición del
proletariado minero, los cambios de composición interna y de prácticas de la
importante proporción de campesinos que han migrado a las ciudades o las
tienen como base de medio tiempo, el resquebrajamiento y alteraciones que
afectan a las capas medias urbanas y a la desestructuración de varios
componentes de la burguesía nativa.

A los cambios internos se suma la fuerza de los procesos globalizadores


que “atropellan” a todos estos, ya desconcertados grupos, sumergiéndolos en
un vértigo de nuevas tendencias de producción, consumo, así como de

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Roger Cortéz Hurtado

simbolización y representación de la realidad. En esta última esfera no debe


perderse de vista el impacto de procesos externos como el derrumbe del
bloque soviético e internos como el desmoronamiento de la UDP y de la
izquierda política del país.

RIGIDEZ Y FLEXIBILIDAD.

Un fenómeno que contribuyó decisivamente a golpear las identidades


“tradicionales” que se habían estado desarrollando desde la revolución de
1952, fue el proceso superinflacionario que se vivió durante la vigencia del
gobierno de la UDP. Su mayor significado se encuentra en la presencia de un
clima de incertidumbre que golpeó con especial rigor a las clases medias
urbanas las que, a partir de este impacto, cerraron su ciclo de apertura a
propuestas de cambio para refugiarse en tendencias políticas e ideológicas
predominantemente conservadoras.

El estudio de los resultados de las elecciones nacionales entre 1978 a


1997, muestra sin mayor dificultad este giro, que posiblemente ha llegado a un
punto de inflexión en los dos últimos años.

Es sobre la base de este extendido desconcierto y mutación de identidades


sociales que se implantó el programa de ajuste estructural, privatización y
cambio de la misión y funciones del Estado que pasó, así, de una fase de
omnipresencia y paternalismo a una reducción acelerada de presencia y
responsabilidades.

En medio de las condiciones descritas, la resistencia social ante los


cambios del Estado se amortiguó extraordinariamente, al punto que fue el
propio Estado y los partidos políticos que pudieron asumir una posición de
iniciativa muy marcada en la reforma constitucional de 1994, en la que, más
allá de un cierto ritual de consulta, la efectiva participación social fue
efectivamente muy reducida.

De esta manera y con gran comodidad el sistema político se auto


redefinió y pudo atender sin demasiada presión la emergencia de nuevas
demandas sociales, como las esgrimidas por los pueblos indígenas orientales
que capitalizaron varios siglos de contestación y rebeldía de quechuas y

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

aymaras, quienes permanecieron altamente pasivos en la anterior reforma


constitucional.

Casi en ausencia de los tradicionales sujetos sociales prodemocráticos, la


Constitución reformada en el 94 incorpora la figura del Defensor del Pueblo y
dibuja las bases de una reforma judicial, cumplida en gran medida hasta ahora,
en su parte formal, pero casi insustancial en su aspecto práctico, no obstante
los recientes cambios que incluyen la presencia de jueces ciudadanos.

La ausencia de actores y sujetos sociales vigorosos permite que en la


reforma prospere la discusión, en un plano casi estrictamente académico, sobre
si debía mantenerse la rigidez del procedimiento de cambio de la constitución
o si debía hacérselo más flexible. Se impuso este último criterio, de manera
que la receta contenida en los artículos 230 al 233, de reforma parcial, vía
Parlamento se consagró con apoyo casi unánime de partidos, académicos y
comentaristas.

Tratar de reiterar esa actitud en las condiciones actuales no es únicamente


impropio sino sencillamente ciego, porque la distinción doctrinal de rigidez y
flexibilidad se acomoda a una tradición y vigencia institucionales que se
encuentran más lejos que nunca de nuestra vida social y política. Necesitamos
para enfrentar la crisis de estado y abrir espacio a un conjunto de reformas
indispensables, ampliar los procedimientos de reforma constitucional.

La decadencia del sistema de representación exige no solo cambios en esa


esfera, sino un conjunto de modificaciones que aproximen a los ciudadanos a
participar genuinamente de la consideración y decisión de los asuntos de
interés general. Devolver la soberanía recortada al pueblo es una necesidad
vital.

ETAPAS DE LA REFORMA Y LOS CANDADOS CONSTITUCIONALES.

Aunque no están disponibles datos cuantitativos directos que funda-


menten mis apreciaciones siguientes, se encuentran disponibles, al alcance de
quien quiera, informaciones que permiten afirmar, en primer lugar, que la
reforma constitucional es una de las preocupaciones de menor importancia
para el conjunto de la población.

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Roger Cortéz Hurtado

La primera fuente para confirmar esta idea es que prácticamente ninguna


de las demandas planteadas por las diversas organizaciones sociales que
reclaman atención para sus problemas incluye mención de este asunto. Esto
vale, tanto para los “macro pliegos” que han desarrollado organizaciones
campesinas y laborales, como para los reclamos de organizaciones cívicas y
las demandas más concretas de diversos sectores. La única excepción que
puede mencionarse es la consigna de Asamblea constituyente, esgrimida por
la Coordinadora del agua de Cochabamba hace algunos meses, con la
salvedad de que esta demanda ha recibido en los hechos una atención
secundaria de sus mismos proponentes, lo que hace pensar que posiblemente
su origen se encuentre más en la conducción de la Coordinadora que en su
base social.

En suma, no existe un sujeto social, ni dominante, ni subalterno que


proyecte un esbozo de propuesta para enfrentar los problemas en sus raíces. El
sistema político no avanza más allá de derivar el conjunto de los problemas a
un torneo electoral, donde todo anuncia que tendremos una gran ausencia de
propuestas, apenas cubierta por una proliferación de acusaciones y agresiones.

Los nuevos partidos que plantean una asamblea constituyente tienen


serias dificultades para explicar por qué y como proponen que esta se lleve
a cabo y sencillamente callan cuando les toca explicar cual sería el
contenido de la renovación.

En medio de estas condiciones el acuerdo de reformar la constitución


tiene todas las posibilidades de terminar en un evento formal, exclusi-
vamente acomodado a las necesidades del sistema de partidos, en el sentido
de retocar su imagen, pero sin afectar las bases y el contenido de las
estructuras políticas en crisis.

Por estos motivos, casi puede descartarse que la reforma en curso vaya a
tener algún significado serio en cuanto a contribuir a encarar la crisis estatal y
política; el tratamiento de una reforma dilatada como la que contiene la
agenda presentada por el gobierno puede diluirse en un trámite farragoso y de
confrontación ínter partidaria o concluir en un acuerdo insustancial, respecto a
las necesidades que deben atenderse.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Por estos motivos todo aconseja que la reforma constitucional se aborde


en dos etapas: la primera, a realizarse en el curso de esta legislatura, en la que
debiera resolverse como punto fundamental precisamente el mecanismo de
reforma de la CPE. El actual mecanismo aleja la participación ciudadana,
dejando que dependa, como ocurre ahora, a la buena voluntad de sujetos
políticos y patrocinadores externos.

Cuando, líneas atrás se ha reconocido, que existe una profunda


indiferencia de parte de sujetos, actores y movimientos sociales no significa
interpretar que la sociedad no tiene nada que decir. Tiene mucho, porque la
consulta de fondo, a plasmarse, también, en una reforma constitucional, se
relaciona con aspectos vitales de su existencia, que están siendo cuestionados,
interpelados o contestados de alguna forma.

El sistema de representación política y el procedimiento de reforma


constitucional no ayudan en nada a que se articulen los procesos necesarios
para que el rechazo y la crítica viren hacia un tono propositivo, donde puedan
bosquejarse las respuestas hoy ausentes.

El cambio del mecanismo de reforma abre paso a que se incentive y


desarrolle una discusión y una reflexión más profunda sobre la reforma
constitucional y la del Estado. Idealmente, la ley de necesidad de reforma
debiera aprobar un cambio, como el que aquí se plantea que diversifica las
formas de cambio, recuperando el lugar de la participación ciudadana y
reconociendo, a través de legislar sobre la Asamblea Constituyente, que existen
situaciones en las que un pueblo (o ¿ un conjunto de ellos?) pueden y deben
replantearse el pacto básico con el que han recorrido un camino histórico.

Una reforma constitucional efectiva, seguramente incluirá la discusión de


posibilidades como la federalización, la mancomunidad o confederación de
pueblos o municipios, la construcción de opciones o posibilidades inter-
estatales, nueva división político administrativa; diferente articulación de los
poderes ejecutivo y legislativo; una concepción distinta de administración de
justicia, etc., etc.

No veo que hoy sea posible asomarse siquiera a considerar estos temas.
De ahí, nuevamente el camino escalonado, cuando menos en dos etapas. En

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Roger Cortéz Hurtado

la primera, es indispensable lograr un acuerdo para modificar el mecanismo


de reforma, sumando a lo anterior, imperativamente, la desmonopolización
del sistema de representación, como temas claves, a los que sería positivo
agregar el reconocimiento de algunos derechos civiles, como el habeas data,
así como la introducción de mecanismos de consulta como el referéndum y el
plebiscito. Tienen menor importancia, pero urgencia más grande, el
reglamentar el ejercicio parlamentario, limitando la inmunidad y estable-
ciendo la pérdida de mandato para quien ejerza cualquier función pública
ajena a la de su mandato parlamentario.

En la segunda fase, con un mecanismo de reforma abierto, con


desmonopolización del sistema de representación y con una renovación de
los poderes ejecutivo y legislativo se abre la oportunidad para iniciar un
proceso que conquiste el interés y al confianza de los ciudadanos para
participar en un proceso de reforma, único o segmentado, en que la nación
encare sus grandes problemas y empiece a responderlos.

PROPUESTA

Artículo Uno.- Esta Constitución puede ser reformada a través de tres


procedimientos:

Primero, del referéndum constitucional; segundo, congresal y tercero, de


la Asamblea Constituyente.

El Congreso Nacional convocará a referéndum constitucional en un plazo


máximo de 90 días, cuando a iniciativa de cualquiera de su miembros, o del
Poder Ejecutivo, haya recibido el apoyo de la simple mayoría de los miembros
de las dos Cámaras, o a iniciativa de un ciudadano o grupo de ciudadanos, que
cuenten con el apoyo de un 10% de firmas del padrón electoral, de acuerdo a
procedimiento establecido por ley. Aprobada la convocatoria, se consultará, a
través de votación popular directa, un máximo de cinco reformas, que se
aprobarán sin posibilidad de veto, por simple pluralidad de votos. serán
automáticamente vigentes, a partir de que la Corte Nacional Electoral haya
proclamado los resultados de la votación, incorporándose al texto de la
Constitución. Este procedimiento sólo podrá emplearse una sola vez, durante
la vigencia de un período constitucional.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Artículo Dos. Si en la primera mitad del período constitucional no se ha


consultado a un referéndum popular, el Congreso Nacional puede reformar la
Constitución previa declaración de la necesidad de la reforma, que se
determinará con precisión en una ley ordinaria aprobada por 2/3 de los
miembros de cada una de las Cámaras. El Ejecutivo promulgará dicha ley sin
poder vetarla.

Artículo tres. En las primeras sesiones del siguiente período


constitucional el Congreso considerará la reforma y esta será aprobada por dos
tercios de sus miembros, tras lo cual será promulgada por el Ejecutivo, sin
derecho a veto. Si la reforma se refiere a la duración del período constitucional
del Presidente, será cumplida sólo en el siguiente período constitucional.

Artículo Cuatro. La Asamblea Constituyente se convocará para reformar


la Constitución si, a iniciativa popular, congresal o del Ejecutivo, según el
procedimiento establecido en el artículo uno, se propone la reforma de más de
cinco artículos de la Constitución. En tal caso y siempre que la iniciativa
obtenga el apoyo de un 20% de firmas del padrón electoral, se realizará un
referéndum para consultar exclusivamente si se respalda la convocatoria de
una Asamblea Constituyente, la que se realizará si una mayoría simple de
votos de la elección popular se pronuncia en este sentido.

A partir de ese momento y en un plazo no mayor a ciento veinte días se


procederá a elegir a los constituyentes, de acuerdo a procedimiento definido en
ley especial. La Asamblea es soberana y sesionará, considerando exclu-
sivamente la reforma constitucional, sin intervenir ni obstruir el normal
funcionamiento de los tres poderes del Estado. Deberá concluir sus sesiones en
un plazo máximo de 180 días, al cabo de los cuales se auto disolverá, sin
posibilidad alguna de prorrogar su mandato, haya o no aprobado las
reformados que considera.

Informe final para el Consejo Ciudadano

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Roger Cortéz Hurtado

MNR ¿CON O SIN GONI?


Octubre 21 de 2001*

Q
ue puede obligar a Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) a renunciar a la
candidatura presidencial el 2002? Las encuestas. Y, si la próxima
se realiza de una manera verdaderamente objetiva, el resultado más
previsible es que GSL tenga que pensar en ceder ese puesto, a una per-
sona externa a la estructura partidaria, como Carlos Mesa, por ejemplo.

DICTADURA DE LAS ENCUESTAS.

La situación electoral que empieza a abrirse en el país tiene componentes


que actualizan para el MNR aspectos de la coyuntura eleccionaria de 1997.
Ahora, como en aquel entonces, ese partido confronta un dudoso porvenir en
las urnas, porque su candidato, igual que su más próximo competidor, el del
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), suma “negativos” que su-
peran holgadamente la conquista de nuevos posibles votantes. Los “negativos”
son el nombre utilizado por los encuestadores para referirse a los aspectos que
perciben los entrevistados como objeciones o taras de los candidatos y que
actúan como disuasivos del voto.

Estacionados desde hace varios meses en un 15% de intención de voto, los


dos principales candidatos ven crecer la amenaza de que termine de conso-
lidarse un “techo” (posibilidad máxima de votos favorables) tan bajo que
acabe por asfixiar sus posibilidades de disputar seriamente el gobierno. A
partir de ese dato, igual que en 1997, el MNR se ve forzado a examinar una

170
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Poder y proceso constituyente en Bolivia

nueva lista de posibles candidatos que, reemplazando a su representante


natural, puedan ampliar las posibilidades de su retorno al gobierno.

Si el MNR en el 2001 se encuentra con angustias similares a las de 4 años


antes –lo que nos trae a la memoria la frase marxiana de que los personajes
aparecen dos veces, una como tragedia y la siguiente como farsa– no es tanto
por una fatalidad histórica, como por las obsesiones de su principal dirigente.
Me refiero, esta vez, a la subyugación que ejercen sobre él las encuestas, como
supuesto punto de arranque y llegada de la acción política.

Si esta fascinación fuese algo menor y no se impusiera tan rígidamente


entre toda la dirigencia partidaria, alguien en el MNR podría pensar que antes
de sumergirse en frenesí de encuestas, bien valdría la pena examinar
autocráticamente lo que hicieron como gobernantes y después como opo-
sitores, para encontrar en esas experiencias las pistas para renovar ideas y
programas. Pero, dentro los moldes conceptuales prevalecientes en el MNR
ello nuevamente conduce a las encuestas, porque se piensa que con ellas
pueden fabricarse las consignas exactas que conducen al éxito electoral.

El MNR no es el único partido que ha excluido de su repertorio conceptual


el análisis histórico, la reflexión política, el examen metódico de la coyuntura,
el seguimiento y la valoración de los sujetos sociales y los ha reemplazado por
la adicción a las encuestas y el mercadeo electoral, pero es la máxima
expresión de este comportamiento.

Eso pasó exactamente en 1997, cuando GSL persuadió a los dirigentes de


su partido a creer como un dogma, que las encuestas obligaban a postular a un
“ajeno” como candidato a la presidencia. Ni siquiera el damnificado candidato
“natural” atinó a hilvanar un discurso que demostrase la falsedad del
razonamiento del entonces presidente de la República. No se necesitaba
mucha sapiencia para hacerlo, porque la historia electoral de GSL, quien
consiguió ganar las elecciones de 1989, partiendo de un escuálido 8% de
intención de voto, demostraba la variabilidad extrema de las tendencias
electorales.

La incapacidad de los cuadros movimientistas para enfrentar los


argumentos de GSL, planteando que, en realidad la verdadera forma de lograr

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Roger Cortéz Hurtado

el deseo movimientista de permanecer en el gobierno consistía en conseguir


que la Unión Cívica Solidaridad (UCS) postulase a René Blattman, sumando
los “positivos”del candidato y el partido, mientras que el MNR llevaba a su
candidato natural, demuestra que el encumbramiento de GSL al papel de
jefe, candidato, ideólogo y campañista permanente, no sólo marcan las
peculiaridades de la personalidad y el estilo de su máximo conductor, sino un
declive histórico que afecta al conjunto de las organizaciones políticas.

Obviando la discusión, ya sea en su variante pragmática o la de


consideraciones más sustanciosas, prevaleció la tradición movimientista de
boicotear al invitado, para llevar más maltrecho que antes a uno de los suyos.

LOS LÍMITES DEL MERCADEO ELECTORAL.

El MNR no es la única, sino la más destacada expresión de un fenómeno


que abarca al conjunto de los partidos y que se caracteriza por el
empobrecimiento y la estandarización ideológica, la deformación orga-
nizativa y la pérdida progresiva de la capacidad de agregar y representar
demandas, así como la de elaborar propuestas que movilicen y transformen a
la sociedad.

Con mayor o menor agudeza la misma situación se presenta en todas


partes, pero resulta especialmente vistosa en formaciones sociales donde la
vigencia democrática ha sido muy accidentada o breve; en ellas los partidos
parecen desgastarse a una mayor velocidad ante el retroceso de la centralidad
del Estado y la reubicación y difuminación del espacio público, como resul-
tado de la globalización, el repliegue estatal y la destrucción y reestructuración
de sujetos sociales que apareja.

En este ambiente, Gonzalo Sánchez de Lozada logró imponer con


facilidad su estilo discursivo jocoso y parabólico, desubicando a sus oponentes
externos e internos. Los doctores de la ley del movimientismo se replegaron,
refunfuñando un poco, porque GSL les privó de autoridad, pero no de cargos
y cuotas administrativas.

Desde 1989 GSL incursionó intrépidamente en el papel de ideólogo,


apelando a un collage de argumentos propios del “pensamiento único”,

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

adaptaciones ingeniosas de las reformas impulsadas por los organismos


internacionales y algunas figuras parabólicas para justificar un programa
electoral que, bien provisto de un intenso apoyo de mercadeo electoral y un
generoso financiamiento, alcanzó a seducir a una buena porción del
electorado.

Pero apenas salido del gobierno, la sucesión metódica de ataques de los


componentes de la mega coalición y, sobre todo, los efectos retardados de las
medidas adoptadas en su gobierno de 1993 a 1997, obligaron al MNR a
concentrar su discurso en unos pocos tópicos: la denuncia de vaciedad
programática del gobierno de Banzer, la reivindicación del bonosol y la
exigencia de cortes electorales autónomas.

El rápido agotamiento de su discurso, puso en evidencia su intrínseca


debilidad y los problemas que trae improvisarlo, tras las indicaciones de
“ingenieros” de campaña y diseños electorales. La conducción movimientista
tiene serios problemas para asimilar esto, porque no olvidan la supuesta deuda
que tienen con ellos por haber ganado dos elecciones, siguiendo a pie juntillas
sus indicaciones. Este recuerdo suele nublar que también deben a los ingenie-
ros electorales sus graves errores de 1989, cuando basándose en sus inter-
pretaciones creyeron que el agua mirista no se mezclaría con el aceite adenista,
o los más próximos de este año cuando siguiendo sus recomendaciones
plantearon la renuncia de Banzer.

VACÍOS SIN SOLUCIÓN.

El mercadeo y las inversiones electorales sirven, en ocasiones, para ganar


alguna elección. Pero, de ninguna manera resuelven el alejamiento cada vez
mayor entre los políticos y la sociedad y sirven, menos, para restaurar la ética
quebrantada y el compromiso social archivado. Tampoco ayudan a responder
consistentemente a una situación de descomposición social y quiebra del
sistema de representación política.

El modernismo del discurso movimientista no le ha dado mayores


posibilidades para encarar una sola de las situaciones de crisis que se han
presentado en los últimos años. Ante ellas ha preferido una actitud expectante
o retórica, asumiendo las posiciones más conservadoras del espectro político.

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Roger Cortéz Hurtado

La única de sus consignas públicas que ha alcanzado a cristalizar es la nueva


elección de cortes electorales, con resultados todavía por verificarse.

En el ámbito de las reformas política, constitucional y del Estado, GSL


comanda a un partido que se ha opuesto a cualquier posibilidad de que se
ventile y renueve el caduco sistema de representación política, porfiando por
mantener reglamentos que oligarquizan el acceso a los cargos públicos y
mantienen incólumes los mecanismos de la corrupción funcionaria.

El repliegue de GSL como candidato podría originar un estruendoso


viraje de tendencias de voto, porque obligaría a otros partidos a reubicarse en
una nueva escena, donde aparecerían nuevos rostros y perfiles, eventualmente
atractivos para el hastío electoral de los bolivianos. Pero sus efectos a largo
plazo son dudosos, porque con o sin Gonzalo Sánchez de Lozada a la cabeza,
el MNR como parte fundamental de un sistema político decadente no ha
empezado siquiera a formularse las preguntas pertinentes a la situación que
vive nuestro país.

* Publicado en el Juguete Rabioso, La Paz

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

DESMONOPOLIZACIÓN EN DOS PASOS


16 de septiembre 2001 *

L
os últimos dos muestreos de opinión sobre la intención de voto, nos
ratifican algo que se ha venido manifestando con singular constancia
y es que las dos candidaturas punteras no alcanzan, sumadas, el 30%
del electorado y que agregándoles las 4 siguientes no llegan al 50%. Así lo
reporta el sistema Fides que atribuye un 14% a un candidato y 12% al
siguiente, mientras que el Centro de investigaciones para el desarrollo
(CIDES), dependiente de la Universidad estatal de La Paz, concede 14% a las
primeras dos.

A una distancia de 9 meses del proceso electoral y sin campañas abiertas


en ejecución, es muy posible que estas cifras avancen, pero sin despejar la
miseria intrínseca de convocatoria, confianza y apoyo que representan. Más
allá de toda especulación estadística, estos sondeos y todos los anteriores
referidos al sistema de representación política enseñan que este se asfixia y
degenera inexorablemente.

Salir al paso de esta realidad es una urgencia mayor, de la que dependen


las rectificaciones indispensables en todos los ámbitos de nuestra vida
social. Las reformas política, moral, intelectual y productiva resumen las
tareas a emprenderse. Todas ellas se anudan hoy en torno a la reforma
política y su inicio está marcado por la lucha contra la corrupción
partidaria –madre de la corrupción estatal– y la desmonopolización del
sistema de representación política.

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Roger Cortéz Hurtado

Aquí me ocuparé de la segunda, frente a la cual ya existe un primer


pronunciamiento organizado, contenido en la agenda de reforma consti-
tucional, presentada por el gobierno hace algunas semanas. En sustitución de
los artículos 222 y 223 de la Constitución vigente, que obligan a que funcione
un sistema de representación monopolizado por los partidos, el artículo 49 de
esta agenda propone:

“Los ciudadanos tienen el derecho de organizarse en partidos políticos y


las agrupaciones de ciudadanos a postular candidatos (..)siempre que cumplan
con los mismos requisitos exigidos por ley a los partidos políticos (...)”.

Aparentemente, el proyecto gubernamental atiende la necesidad de


desmonopolizar el sistema de representación, pero, lo hace en plazos y
términos tales que sus posibles beneficios son tan inciertos que inducen a
dudar sobre su buena fe. Si hay algo que los partidos resisten empecinada-
mente es abrir el sistema de representación y lo confiesan abiertamente o
presentan propuestas que demoran o enredan su aplicación.

Desmonopolizar el sistema de representación es una urgencia impos-


tergable, de la cual depende la sobrevivencia del sistema democrático, por lo
que debe aplicársela ahora, de forma que en las elecciones de 2002 puedan
participar partidos y otras agrupaciones ciudadanas. Ahora, debe ventilarse y
abrirse el sistema de representación, que paso a paso, con las sucesivas
reformas electorales se ha ido estrechando, inclinándose hacia un sistema
bipartidario solapado. El actual sistema de asignación de bancas –por divisores
impares– y la uninominalidad crean esta tendencia y diluyen el mandato
constitucional de representación proporcional (Art. 219).

Estos factores más los requisitos de inscripción, mantenimiento de


personería y multas están cerrando el abanico de opciones, en medio de una
situación que exige exactamente lo contrario. El pretexto que se utiliza para no
introducir cambios inmediatos es que la Constitución así lo manda y que el
mecanismo de reforma obliga a que se deba esperar, por lo menos hasta el año
2004 para aplicar cualquier modificación. Con este razonamiento se indica que
tendría que aprobarse un artículo referido a este tema, dentro de la ley de
reforma a considerar a principios de 2002; aprobar después del cambio de
gobierno el artículo concreto que entraría en vigencia para las siguientes
elecciones municipales, o para las nacionales de 2007.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Sin embargo, al revisar la Constitución y la ley electoral puede verse que


existen al menos dos caminos para acelerar este proceso, respetando el texto
constitucional y el procedimiento vigente de reforma.

El primer mecanismo es reformar la ley electoral en dos aspectos: uno,


introduciendo una definición amplia de partido ( por ejemplo: “Se denominan
partidos políticos a las asociaciones ciudadanas que postulen candidatos a las
elecciones”) y dos, facilitando los mecanismos de inscripción y desechando las
sanciones pecuniarias, que hasta ahora no han tenido sino el nocivo efecto de
favorecer la oligarquización de la representación política. En este mismo
campo, es necesario abrir la posibilidad de que se inscriban listas de candidatos
parlamentarios, sin necesidad de estar encabezadas por un binomio presi-
dencial. Estas listas pueden ser nacionales, departamentales, regionales o
locales; posibilidades todas que no están prohibidas por las leyes.

Como la Constitución no define (y no tendría que hacerlo) lo que es un


partido, el mecanismo anterior respeta los artículos 222 y 223. Este mecanismo
provisional que permite abrir la elección de 2002 debe consolidarse, por medio
del proceso vigente de reforma, con el que debiera consagrar la apertura del
sistema de representación, en la nueva Constitución.

El otro mecanismo se opera a través de una ley de interpretación


constitucional los dos artículos mencionados, habilitando la apertura para
2002; pero es más complejo –necesita de 2/3 de votación– y se presta a que los
partidos escamoteen con mayor facilidad el cambio.

En cualquiera de los casos una sincera desmonopolización obliga a


flexibilizar los mecanismos de inscripción de agrupaciones ciudadanas,
dismi-nuyendo la cantidad de adhesiones requeridas y creando condiciones
lo más equitativas para todos, en el sentido de disminuir los costos de
participación (en términos de publicidad, movilización de aparatos y el
empleo de mecanismos prebendales), factores todos que envilecen la prác-
tica política y favorecen la degeneración del sistema de representación. En el
mismo sentido es totalmente congruente suprimir el subsidio estatal a todas
las organizaciones políticas.

Este último paso puede compensar con holgura la elevación de los


costos electorales que acompañan una posible proliferación de candidaturas.

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Roger Cortéz Hurtado

La apertura del sistema es más que necesaria en un momento en que se han


incrementado las fuerzas centrífugas y las tendencias de confrontación
interna. El mantenimiento de su clausura es un impulso seguro a la apatía
electoral, el rechazo a las organizaciones políticas y a la indiferencia
ciudadana.

Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LO IMPOSIBLE, LO NECESARIO Y LO INVEROSIMIL


25 de julio, 2001*

S
on verdaderamente imposibles de atender los reclamos que debaten las
delegaciones campesinas?. Para los comentaristas más reputados de noti-
cias, no cabe la menor duda. Los ministros opinan igual, pero dicen que
ellos participan en las comisiones de negociación para, de alguna manera,
intentar convencer de lo mismo a los campesinos.

Acordemos que después del segundo espasmo social del año, la noción de
lo imposible se ha hecho más volátil que antes del primero y mucho más que
antes de los dos remezones del 2000. Inclusive si los negociadores oficiales
convencen a Felipe Quispe y sus delegados que no vale la pena discutir la
abrogación de todo el 21060, sino debatir exclusivamente la libre importación
de alimentos y la libre contratación; o que en vez de disputar en torno a la ley
1008 (idea que pone de mal genio a la embajada estadounidense y que
menoscaba la imagen de los peticionarios, inmediatamente expuestos a ser
clasificados como “aliados del narcotráfico” ) podrían analizarse los capítulos
exclusivamente dedicados al cultivo de coca, etc., etc., la precariedad del
gobierno no mejoraría ni un poco.

Cuando se trata de temas que activan el veto norteamericano, o ponen en


cuestión la aplicación de acuerdos con otros países (reciprocidad comercial,
por ejemplo) este, o cualquier otro gobierno de las mismas características, e
independientemente de su menor estupidez y mejor capacidad de gestión,
tropieza con muros infranqueables. Pero, para este gobierno que ni siquiera

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Roger Cortéz Hurtado

puede organizar un mecanismo que equilibre el incremento de ingresos


nacionales por exportación de gas con la deuda adquirida por el congela-
miento del precio de los combustibles, cualquier turbulencia puede preci-
pitarlo en el abismo; y esto, sin contar los problemas de sucesión presidencial.

Con tal predisposición, ni siquiera es necesario que vuelva a montarse un


nuevo bloqueo, sino que basta un nuevo equívoco gubernamental sobre el
manejo del precio de la gasolina y el diesel, para que se reactive la crisis
nacional y se ahonde la del Estado. En tales condiciones, o en las de una
reinauguración de las protestas, un impensable de los últimos años, como es
la reaparición de tendencias de golpe de Estados, deja de ser inverosímil.

El avance de la descomposición social y política no se detiene con el


nombramiento de una corte electoral, cuando los electores están menos
interesados que en cualquier otro momento de ese negocio de políticos
profesionales, que es como se perciben las elecciones.

A los 4 partidos comprometidos en esa negociación seguramente les


resulta impensable que sus desvelos electorales no sean compartidos por el
resto de los bolivianos, tanto como a estos últimos les parece increíble que
existan gentes que supongan que pueden esperarse otros 13 meses para ver
si algo cambia con la votación.

Pero, unos y otros coinciden en descartar la consideración de una


reforma política que amplíe la representación política, que empiece a
enfrentar la madre de la corrupción estatal –que es la de los partidos– y abra
espacio para una renovación de la representación capaz de encarar el inicio
de un proceso de reforma estatal, en vez del despeñadero de fragmentación
nacional, al que nos continuamos aproximando.

Todos claman para que empiece a enfrentar los problemas económicos;


pero nadie está dispuesto a conceder que para hacerlo se necesitan cambios
políticos que hagan retroceder la desconfianza, la incredulidad y el desa-
liento. Esto, no lo piden ni los más recalcitrantes bloqueadores, ni los más
aplicados los estrategas partidarios. Así, ondulante, con ascensos frenéticos
y treguas febles avanza la coyuntura de la disolución, donde lo imposible se
hace verosímil y lo necesario resulta cada vez más inaccesible.
* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

BOLIVIA EN EL AÑO DE LA SERPIENTE


11 de mayo 2001*

E
stamos atrapados en los tremedales de la incertidumbre y la desesperanza.
El campo de horizonte se ha estrechado al espacio más reducido de la
sobrevivencia. La posibilidad de mirar más lejos es cada vez menos
accesible y la probabilidad de diseñar proyectos –o peor, de cumplirlos– se difi-
culta, casi hasta evaporarse.

El 23 de enero se ha iniciado, según la tradición china, el año de la


serpiente, comúnmente descrito, por los augures, como imprevisible,
tumultuoso, fecundo en sorpresas y contradicciones, descripción muy ajus-
tada de los días que vivimos. Bien vistas las cosas, dicho panorama no sólo
rige en el país, sino que se aplica a la realidad internacional que, así, dificulta
más nuestras posibilidades de cambiar de curso.

Tenemos por una parte que en Estados Unidos, el presidente nacido de


unas elecciones tachadas internamente en su legitimidad y transparencia,
es acusado de utilizar su poder para retribuir sin sonrojo las donaciones de
sus financiadores de campaña, aunque eso signifique más arsénico en el
agua de los estadounidenses y más gases tóxicos en la atmósfera del
planeta. Este liderato carente de imaginación se afana en revivir la guerra
fría, con provocaciones incomprensibles y dando cuerda a la expansión
armamentista más absurda; mientras los magnates más lúcidos del país le
ruegan que no baje los impuestos a la herencia, para no alentar tendencias
oligarquizantes extremas.

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Roger Cortéz Hurtado

El omnímodo poder estadounidense no encuentra matices o alternativas,


de manera que en América Latina se impone el hegemonismo norteamericano
y en el área andina su visión represiva y belicista. En este adverso cuadro
internacional, en el país se han disuelto las profecías de una reedición exacta,
en contenido, forma y aún fecha del abril pasado y se han abierto paso tenden-
cias que arman tres escenarios, no excluyentes y que pueden ser concurrentes
o sucesivos.

EL CONFLICTO CÍCLICO.

La tendencia que prevalece, acumula conflictos que se inflan y confluyen,


hasta amenazar con una eclosión generalizada que, finalmente, no se produce,
por arreglos temporales y negociaciones apresuradas que son abono, a su vez,
de nuevas situaciones de futura confrontación. El hecho primordial que frena
un desenlace diferente es que los movimientos sociales carecen de la suficiente
fuerza y claridad de conducción.

Dirigencias en un momento vigorosas, enseñan rápidamente debilidades


estructurales y sus representantes – capaces en algún momento de mostrar una
convocatoria formidable– caen con la misma facilidad en demandas ultima-
tistas, como en picardías y artimañas de políticos profesionales (prometiendo,
por ejemplo, retornar a las bases, cuando más se esfuerzan en retener sus
secretarias, ujieres, prerrogativas y privilegios). O, como pasa con el dirigente
cocalero, que recae en perimidas prácticas caudillistas, desplegando amenazas
e intimidación autoritaria contra un exportador bananero que se atrevió a
confrontarlo públicamente. El resultado es un clima de revuelta permanente,
que no se aproxima ni remotamente al desarrollo de una estrategia.

El empate catastrófico sobre el que se mantienen los ciclos de conflicto y


tregua puede permitir que se llegue a las elecciones del año siguiente, pero
jamás por una autopista electoral, sino por escabrosos senderos donde
continuarán desintegrándose los harapos de representatividad del sistema
de partidos, se profundizará la crisis de Estado y la zozobra económica se
hará constante. Con la permanencia de las tendencias predominantes, la
campaña serán sórdidas, las elecciones seguramente fraudulentas, carentes de
participación ciudadana, con altos índices de abstención y con una pola-
rización que terminará por destruir la gobernabilidad de perdones mutuos y

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

complicidades partidarias. No pueden descartarse abstenciones partidarias, al


estilo de Toledo en el Perú. Y, en cualquier caso, la inercia llevará a que el
próximo gobierno, cualquiera que sea, se encuentre desde un inicio sometido
al mismo tipo de condiciones que hoy vivimos y prácticamente maniatado para
revertirlas.

EL PACTO POLÍTICO.

El llamado de los obispos católicos, a negociar y concertar, no encontrará


un verdadero espacio para su realización, a menos que el movimiento social
supere sus debilidades más manifiestas. Si eso ocurre es previsible una
reacción angustiada de los partidos que intentarán un acuerdo basado en una
plataforma mínima de reestructuración de las cortes electorales y atención
desordenada de las demandas sociales. Mientras se retrasen más los con-
venios, se agregarán mayores demandas opositoras, al estilo de la renovación
del Tribunal Constitucional.

Pero, inclusive si se lograran esos acuerdos, la capacidad atemperadora de


un pacto de esta naturaleza sería mínima, mientras no se consideren fórmulas
de reforma política, que es la llave para encarar una imprescindible reforma de
Estado de manera pacífica y democrática. La reforma política implica medidas
como: la desmonopolización inmediata y general de la representación política,
depuración y democratización de partidos, medidas anticorrupción urgentes y
eficaces, renovación general de jueces y fiscales, referéndum, ampliación de
los mecanismos de reforma constitucional. Pero, por ahora, esta demanda es
marginal y no encuentra portavoz en ninguno de los convocados al diálogo.

Es difícil que la solicitud de renuncia del Presidente sea un tema decisivo,


porque esta consigna no es más que la expresión de una guerra de imágenes.
Sólo así puede comprenderse que se solicite que la conducción del gobierno se
confíe a quien se ha tachado de ser el ejecutor de las acciones más sectarias y
del cuoteo de las cortes electorales. El gobierno, lejos de alegrarse por lo
relativamente remoto de que este tema tome mayor fuerza, tendría que
entender lo penoso de su situación porque, por lo menos hasta hoy, lo que se
está pidiendo no es tanto que el jefe del Ejecutivo se vaya, sino que no estorbe.
De este modo un acuerdo entre partidos podría llevar a que el Vice se haga
cargo de las decisiones económicas y a un cierto repliegue del grupo de

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Roger Cortéz Hurtado

familiares y amigos que hoy toman las principales decisiones guberna-


mentales. Un convenio ínter partidario de esta índole también abre cauce a la
viabilización de elecciones el 2002, en condiciones parecidas a las descritas en
el primer escenario.

EXPLOSIÓN O COLAPSO.

Es hoy el escenario más distante, lo que no significa que deba descartarse.


Puede gestarse en el agotamiento de los anteriores, por nuevos brotes de
protesta, por el reforzamiento de contradicciones económicas (como el
endeudamiento empresarial) o la confluencia de ambos. No solo la continuidad
del gobierno, sino el horizonte electoral se comprometerían dando lugar a un
cuadro caótico, cuyo inicio, al menos, no sería frenado ni por la posición de la
embajada estadounidense o el pronunciamiento de Quebec. Una democracia
bloqueada y vacía, carcomida por sus supuestos representantes tendría enor-
mes dificultades para sostenerse y repararse.

EN BÚSQUEDA DEL RENACIMIENTO.

Lo más temible, en cualquiera de los escenarios, es que junto con las


crisis de Estado, modelo económico y sistema político avanza un proceso de
descomposición social, manifiesto en el reforzamiento de tendencias centrí-
fugas y la acumulación y reiteración de explosiones localizadas de violencia
brutal, con linchamientos, disputas y querellas internas en distintos grupos y
sectores.

Para remontarlo necesitamos construir nuestro renacimiento, encarnado


en un proyecto que refuerce y amplíe nuestra capacidad productiva y nos
permita encarar una reforma moral e intelectual que arrase con el estanca-
miento y la corrupción. Ese camino no pasa por mayores divisiones internas;
sino que debe abrirnos a la búsqueda de rápidos y osados acuerdos de
integración regional que superen el perezoso y burocrático ritmo que
prevalece hasta hoy.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LA ALIANZA DEL GOBIERNO BANZERISTA Y EL MNR (fragmento)


23 de febrero 2001*

L
as acciones políticas gubernamentales pre carnavaleras y las reacciones
del MNR dejan ver que los gobernantes y sus opositores están de acuerdo
en asfixiar e impedir los imprescindibles cambios políticos que eviten el
hundimiento del proceso democrático.

Una de estas acciones, la iniciativa de reforma constitucional presentada


por el general Hugo Banzer parecería expresar lo contrario. Pero lo cierto es
que, aún cuando existen varios puntos importantes y sugerentes que
contempla la propuesta, el procedimiento, los ritmos y plazos que supone su
eventual aceptación tienen como consecuencia postergar el inicio de una
reforma política hasta, cuando menos, después de las elecciones nacionales;
lo que no es otra cosa que una burla ominosa. Si se añade a lo anterior, el
comportamiento de todos los partidos oficialistas y sus aliados en la elección
de vocales de cortes departamentales electorales tenemos una receta infalible
para ahondar y acelerar la crisis nacional.

La reacción del MNR merece un comentario separado porque, apelando


a argumentos válidos para denunciar la manipulación de los organismos
electorales, este partido mantiene una posición idéntica a la del gobierno. Es
más, el MNR se empeña a fondo en consolidarse como fuerza neoconser-
vadora, garante y guardián del corrupto sistema de representación política.

Tratando de justificar su posición, el MNR afirma que no puede pensarse


en una reforma política, mientras no exista una solución económica. ¿Quién

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y cuando diseñará y aplicará esa solución económica?, ¿El gobierno incapaz


y corrupto?, ¿El MNR, como consejero del gobierno?. No hay respuestas
satisfactorias a estas preguntas porque los argumentos movimientistas no
superan el electoralismo y ayudan al gobierno a cerrar la puerta a cambios
políticos impostergables. El pretexto es que cuando su candidato llegue al
gobierno, primero ejecutará supuestas soluciones económicas, y después
empezará a pensar en eventuales cambios políticos. En todo caso, ya
sabemos por las declaraciones de sus voceros políticos, que esos cambios
preservarán intacto, a toda costa, al degradado sistema de representación
política que mantiene y prolonga todas las formas de corrupción.

Sin embargo, el MNR pretende, al mismo tiempo, escandalizar y


movilizar a la opinión pública, porque los partidos gubernamentales –los
declarados y los vergonzantes– se han repartido los puestos electorales
acéfalos, incrementando las posibilidades de reproducir a escala departa-
mental las hazañas de la banda de los cuatro. En los hechos, el MNR
contribuye a que los bolivianos sean cada vez más indiferentes a las elec-
ciones, porque en las condiciones vigentes la única opción que va quedando
a los electores es participar en el trámite preliminar por el que se decide
quienes asaltarán la administración pública los próximos 5 años.

El decadente sistema de representación política trata de escamotear el


inicio de la reforma planteando, por una parte, un complicado proceso de
discusión de cambios constitucionales y, por otra, su postergación hasta que
aparezca un mesías económico que resuelva instantáneamente la acumulada
hambre del pueblo.

La reforma política debe empezar ya, para abrir camino a las trans-
formaciones estatales y sociales. (…)

Esta reforma es apenas el primer paso para empezar a dar respuesta a los
cambios de fondo que deben darse en la estructura productiva del país y la
remodelación intelectual y moral que requerimos.

Una reforma política que empiece, ahora, a enfrentar la corrupción y abrir


canales ciertos de participación no es la solución a los problemas del país; es,
nada más, una posibilidad de recuperar un mínimo de la confianza ciudadana.
Y, sin duda este cambio precede a los económicos, aunque estos últimos sean

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

imprescindibles. La aplicación de correctivos económicos es tarea habitual


del gobierno, que no puede usarse como excusa para escamotear la reforma
política.

La confianza debe recuperarse, con señales muy claras que muestren


decisión de los partidos para empezar a combatir la corrupción en sus propias
filas, porque esta es la base del desajuste institucional generalizado que
atravesamos. Al mismo tiempo, la desmonopolización de la representación
política debe dar verdadera oportunidad al más amplio espectro de fuerzas
para que participen en las elecciones del 2002. Esta es en realidad, una de las
pocas posibilidades para que los partidos se reformen y democraticen verda-
deramente, ante una competencia real. Para ello deberían permitirse que se
inscriban listas parlamentarias que no estén obligadas a presentar candidatos
para Presidente y Vicepresidente.

En un nuevo cuadro político de fuerzas será posible encarar el malestar


de nuestra sociedad que reclama de un proyecto integral, nacido del análisis
de todas las posibilidades para dar un salto cualitativo como proyecto
nacional. Dentro de estos cambios deben analizarse y discutirse con la mayor
amplitud los cambios necesarios para superar la herencia de exclusión y
abusos que arrastramos desde nuestra creación como república; las opciones
a examinarse no deben excluirla posibilidad de asociarnos federativamente,
de confederarnos, de sustituir o modificar patrón de acumulación.

Los cambios de organización social y estatal necesitan generar una línea


de horizonte que supere la estrechez mental y la miseria intelectual de
quienes no tienen otra obsesión que repartirse cargos o disfrazar su ineptitud
para conducir al país, planteando reivindicaciones culturales postizas.

¿Quién puede situarse a la cabeza de ese proceso?, ¿Este Parlamento?,


¿Podrá hacerlo el próximo Congreso, nacido de unas elecciones que si no son
fraudulentas, serán altamente proscriptivas y cuestionadas?, ¿O tendrá que
ser una consulta popular, arrancada por la fuerza en las calles?. Las opciones
se irán estrechando, mientras funcione el pacto de impunidad y complicidad
de los políticos profesionales y sus organizaciones.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

LA REFORMA IMPOSTERGABLE (fragmento)


23 de enero, 2001.

E
n abril de 1998, al realizar un trabajo de investigación sobre las reformas
realizadas en el país, concluí que, después de los cuatro años de gobierno
del MNR, había quedado un vacío significativo, que no figura entre los
muchos y rápidos cambios producidos entre 1993 y 1997 y es la reforma polí-
tica. Si bien se habían producido una reforma constitucional y cambios impor-
tantes como la Participación Popular o la descentralización, al revisar lo que
estaba pasando en el país uno advertía que las modificaciones políticas habían
quedado rezagadas.

A fines de ese mismo año y como parte de mi actividad docente en la


UMSA, observaba en un documento (“Partidos Políticos, movimientos socia-
les y medios de difusión en Bolivia”) el avance de un “proceso de descompo-
sición o degeneración de los partidos políticos” y, junto con esto, el surgimien-
to de nuevos actores políticos e intermediarios políticos. De hecho, uno de esos
nuevos intermediarios son los medios de difusión social, que definitivamente,
escapando a las definiciones tradicionales sobre su rol y ámbito de acción, asu-
men un franco papel de mediación y representación política, tanto o más impor-
tante que el de los partidos políticos.

Este rol, no enteramente nuevo, pero cada vez más dominante, de los
medios, no sólo en Bolivia, se ha ido acentuando de manera que las fronteras
entre partidos y medios son cada vez más tenues. Analicemos como ejemplo
una de las diferencias más características, de las varias que uno puede
encontrar entre medios y partidos, como es el hecho de que los medios –en

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

tanto tales– no suelen habitualmente postular candidatos de su personal, y


advertiremos que, en los últimos años, este rasgo también ha ido cambiando,
en sentido que si bien los medios aún no presentan candidatos propios (salvo
excepciones que hemos visto en el país) si tienen una potencia considerable
para erigir candidatos, respaldarlos o defenestrarlos, lo mismo que a funcio-
narios públicos en ejercicio.

Queda muy claro que ahora, a diferencia de un pasado no muy distante,


la capacidad movilizatoria o sustitutiva de la “opinión pública” y la de
proponer o imponer agenda de los medios, se vincula cada vez más nítida-
mente a la defensa de intereses directos e inmediatos de sus propietarios y su
plantel ejecutivo. La fuerza de los medios para actuar como agentes políticos
de primer orden se ha fortalecido considerablemente, a través de su asocia-
ción o fusión con empresas de sondeos.

La combinación de estos dos fenómenos, la decadencia de los partidos


políticos y la incursión de los medios de difusión como actores políticos
declarados, es una de las expresiones de procesos que abarcan a la sociedad
en su conjunto y que responden al hecho de que los espacios público y el de
las prácticas políticas se han desplazado de su centro estatal y se han
fragmentado en múltiples centros y actividades sociales, como resultado del
impacto de la globalización y otros procesos concurrentes. (…)

NUEVAS IDENTIDADES Y SUJETOS SOCIALES.

En Bolivia era posible, hace más de dos años, detectar el inicio de la


crisis de Estado que empezó a despuntar con los acontecimientos de abril y
septiembre de 2000. Esta crisis obedece a factores de largo alcance, como la
discriminación y exclusión que arrastramos desde la fundación de la
República; a condiciones de corto plazo, principalmente, la gestión caótica y
corrupta del gobierno vigente y a la combinación de los efectos de la reforma
estructural aplicada desde 1985 con cambios económicos y sociales que
datan de la década de los 70. Durante los últimos 30 años los sujetos sociales
viven, en nuestra formación social, procesos de reconformación, disgrega-
ción y reagrupamiento, por los que se plantean nuevas formas de actuación
e irrupción en la escena política, que afectan los mecanismos de repre-
sentación e intermediación política.

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Roger Cortéz Hurtado

La pobreza estructural y su aceleración con las reformas ejecutadas y la


quiebra ideológica de los partidos, empezando por los de izquierda, favorece
un proceso general de descomposición que afecta a nuestra sociedad y que
repercute, de manera ampliada e intensa, en los partidos.

A partir del ajuste estructural, ejecutado desde 1985, algunas clases y


sujetos sociales han sido anulados o se han minimizado de una manera muy
importante. Es el caso de la clase obrera, que prácticamente ha sido cuasi
eliminada del escenario social y, con ella, gran parte de la burguesía boliviana
ha sufrido un proceso similar.

La diferencia entre una y otra es que la clase obrera resistió su


desagregación, mientras que el empresariado boliviano recibió entusiasmado
el proceso que lo ha debilitado históricamente. Con la transferencia del control
de las empresas estatales a corporaciones internacionales, la burguesía
nacional que siempre dependió y tejió lazos de conexión y vasos comunicantes
vitales con el Estado, ha quedado excluida del manejo de los grandes resortes
económicos del país, y no parece quedarle más remedio que dedicarse a la
especulación inmobiliaria o a emprendimientos menores.

El ex presidente Sánchez de Lozada auguró implícitamente este resultado,


cuando expresó de manera muy franca su desconfianza hacia el empresariado
boliviano. Las reglas de juego que preparó y aplicó en los procesos de
aplicadas en la capitalización excluyeron explícitamente a la burguesía boli-
viana, convirtiéndola en la segunda clase social olvidada del proceso de
modernización capitalista del país.

Las clases medias se han modificado también de una manera considerable.


Por una parte se han ido engrosando sus franjas más empobrecidas con los
grupos sociales que resultan del avance del capitalismo en el país, los llamados
“informales”, mientras sus sectores más tradicionales han ido disgregándose,
perdiendo base económica y desvinculándose de sus tradiciones organizativas
y políticas.

El campesinado sufre desde hace más de tres décadas procesos muy


rápidos de transformación, a raíz de la aceleración de las migraciones a las
ciudades, con los impactos económicos y culturales que esto trae; en fin, se ha

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ido conformando una situación en la que hay pocos sujetos sociales con
definidas y donde predominan los procesos de redefinición de identidades. y
donde se ha extraviado, por lo menos de momento, la posibilidad de la
posibilidad de establecer proyectos colectivos que agrupen a la nación como
pudo ocurrir en 1952.

DEGRADACIÓN PARTIDARIA Y FUERZAS CENTRÍFUGAS.

La descomposición social a la que he hecho referencia se manifiesta a


través de pulsiones muy intensas de carácter centrífugo. La presencia aymara
que tanto ruido ha hecho en septiembre, con su reclamo de separación estatal,
es quizás la expresión más típica, pero no la única, porque el Mallku ha
convocado, como reacción ante su presencia y discurso separatista, tendencias
igualmente centrífugas, como la que respondió a la convocatoria paramilitar
del Sr. Valverde Barbery, en Santa Cruz de la Sierra, cuando empezó a
constituir grupos armados de contestación a Felipe Quispe, y también de
recuperación de viejas consignas de separación estatal en el Oriente del país.

Es dentro de ese panorama que los partidos políticos han ingresado a una
espiral decadentista cuyo final no es fácil de prever. Por lo pronto, esta
descomposición implica que los partidos se comportan casi exclusivamente
como corrillos de poder, abstraídos de cualquier otra cosa que no sea
acumular ganancias y beneficios para sus componentes individuales y de
fracción. Es difícil encontrar un partido político que no se mueva en esa lógica.

Es un mal que va más allá de la decisión y de la voluntad de sus com-


ponentes. Es muy difícil que algún dirigente de estas colectividades, pueda
argumentar y, menos, probar que sus partidos no son más que eso: camarillas
especializadas en el usufructo individual y grupal de la administración pública,
y con fuerte tendencia a aliarse con grupos criminales especializados para
realizar sus tareas de rapiña de la riqueza pública.

El caso Diodato nos demuestra de una manera categórica que las cúpulas
de casi todos los partidos con mayor representación parlamentaria, están vin-
culadas a este tipo de bandas, mostrándonos que la descomposición partidaria
conduce a una criminalización del poder político. Frente a esto, el civismo, la
sana voluntad que puedan tener algunos dirigentes y gran parte de la militancia

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de base, no atenúa, no cambia la tendencia predominante. Esto se ha visto en


los llamados procesos de democratización de los partidos, en los que se verifi-
ca que todos tienen sus propios personajes oscuros –conectados o proclives a
conectarse con redes delictivas y acciones ilegales– y que esos personajes
siempre encuentran un espacio para estar en lugares decisivos de las conduc-
ciones, nacional, regional y local.

El MIR, MNR, ADN, han realizado sus llamados procesos de democrati-


zación, unos más escandalosos que otros; pero decantando las anécdotas, supe-
rando la chismografía que viene a convertirse en una suerte de tónica cotidia-
na de la política –el país discute esos temas como si fueran los grandes temas
políticos– uno encuentra que los partidos carecen de mecanismos y decisión
para depurar estos individuos y tendencias. Al contrario, los intentos de reno-
vación generacional, el avance de tendencias y cuadros con otras motivaciones,
diferentes al manejo prebendal y doloso de la cosa pública, pronto son asfixia-
dos, dentro de una vida orgánica interna mediocrizante, ajena al debate filosó-
fico, político y ético.

Pese a todo, aquí no se está proponiendo que deba decretarse o


perseguirse la disolución de los partidos. En la realidad actual no puede
prescindirse de su participación para preservar un sistema democrático;
siempre y cuando la democracia no esté atada a los partidos, ni la repre-
sentación política monopolizada por ellos. Es indispensable, para superar el
peligroso estancamiento y degradación que predominan, que la sociedad
exija y vigile la renovación y democratización de los partidos, por medio de
mecanismos como una ley de responsabilidad partidaria, a la que me referiré
más adelante, y modificaciones diversas que se apliquen a los cargos
elegibles. De este modo se pueden conseguir algunos cambios. No
demasiados, porque el problema de fondo que los afecta es el desplaza-
miento del espacio de lo público y el significado del quehacer político.

En tales circunstancias el espacio para los partidos se va restringiendo,


porque la sociedad se va inclinando por exigir la despartidización de la
administración pública y la profesionalización de la burocracia, lo que hace
que el espacio de intermediarios y representantes de los partidos se vaya
estrechando. A la larga, sociedades pobres como la nuestra, deberán orien-
tarse hacia la desprofesionalización de la política, que no es otra cosa que
prescindir del personal que se dedica única y exclusivamente a la política y

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que vive de la política. Los actores políticos deberán ser los ciudadanos
productores que ejercen responsabilidades públicas, no como meta u oficio
permanente, sino como servicio. Creo que esa es la línea de horizonte a largo
plazo.

Por lo pronto, el permitir la participación de cualquier asociación ciudada-


na en todo tipo de elecciones –eso es precisamente la desmono-polización– es
lo mejor que puede ocurrirle a los partidos, porque parece la única vía inme-
diata para que, a través de la competencia, estos se vean obligados a reformar-
se y a cumplir mejor su papel.

REFORMA INTELECTUAL Y MORAL.

Algo a recalcar es que lo que ocurre en las organizaciones políticas es un


reflejo de lo que pasa en la sociedad. No concibo la posibilidad de que un sis-
tema político y partidario tan corrupto y decadente pueda existir dentro de
una sociedad virtuosa. La nuestra no lo es, aunque haya virtudes, aunque
haya grandes potenciales en distintos sectores sociales y aunque haya mucha
indignación y mucho reclamo popular y social frente a la degradación del sis-
tema político; no cabe duda que la descomposición permea el conjunto de la
sociedad.

Frente a esta realidad la reforma política es indispensable, es una tarea


inmediata, urgente, que no puede continuarse postergando, porque debe abrir
paso a una reforma moral e intelectual, como la gran tarea de fondo que
tenemos los bolivianos. No cabe sumirse en la contemplación y deses-
peración, por el hecho de que tenemos problemas en todos lados. Lo que ha
de hacerse es dar pasos que nos permitan modificar esta situación,
empezando con la reforma política, como la tarea más urgente que debe
arrancar en aquellos espacios donde los problemas son mayores y más sen-
sibles: el de la representación política y la participación ciudadana; junto con
ellos debe atenderse el problema que representa al pésima calidad de los
administradores de la justicia.

LA JUSTICIA TORCIDA.

Creo que las dos tareas más urgentes de la reforma política son la
reforma de la justicia y la reforma del sistema de representación. En el tema

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de la justicia considero que el país ha dilapidado gran parte de los 100


millones de dólares gastados hasta ahora en la reforma judicial. Con un
espíritu conformista y resignado se suele afirmar que “la justicia ha
mejorado con la creación del Tribunal Constitucional y una mejor compo-
sición de la Corte Suprema”. No me siento debidamente informado para
compartir ese juicio, pero sí estoy seguro de que por debajo de estas ins-
tancias todo lo que es el Ministerio Público, las Cortes Superiores y la
administración de justicia a escala de juzgados, conforman un catálogo de
aberraciones, que anulan prácticamente cualquier avance que pueda darse en
las instancias superiores del poder judicial.

No está demás recordar, que esa situación se nutre y sustenta por los
partidos políticos, que se distribuyen juzgados, fiscalías y, en general todos
los cargos del Poder Judicial, para controlar sus resoluciones y actividades.

Para tener una idea de que es lo que pasa con nuestro sistema de adminis-
tración de justicia basta recordar que dieciocho jueces se han excusado de tra-
tar el caso FOCSAP: juzgado al que llega el caso, juzgado en el que rebota. Eso
nos da un una muestra de que algo muy grave, muy podrido está ocurriendo en
esas instancias. Y no se tarta sólo de quienes administran la justicia, sino que
para afrontar el problema de la calidad humana, profesional y ética de ese per-
sonal debemos llegar a las universidades, donde también anida y prospera la
idea de que el Derecho es una carrera para ganar pronto y rápido, sin reparar en
el como. Los miles de bachilleres que cada año se agolpan en las facultades de
Derecho, para ingresar a ellas a como de lugar, con huelga de y todo, son una
fiel expresión de los patrones éticos de nuestra sociedad.

Renovar, amplia, rápida y profundamente el personal de administradores


de justicia es una necesidad, que si no es atendida, conducirá a seguir
haciendo crecer la incredulidad, la decepción, el pesimismo y el cinismo. No
hay esperanzas en una sociedad donde la justicia tritura a los débiles y
protege a los grandes defraudadores y delincuentes.

CAMBIOS POLÍTICOS Y LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN.

La desmonopolización de la representación política es la más urgente y


premiosa de las tareas de una reforma política. Esta no puede, no debe ocu-
rrir por cuotas o fraccionadamente. Debe aplicarse no sólo para el espacio

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

municipal, sino para el nacional, en las elecciones próximas. El costo de esta


desmonopolización es barato, respecto a mantener amarrado al público a las
opciones que tenemos hoy; si deseamos llevar adelante la reforma política de
manera pacífica, si deseamos extremar recursos para que no existan nuevas
deflagraciones sociales y políticas, este proceso debe encararse hoy.

No puede descartarse la posibilidad de que incluso con la desmono-


polización, sean los mismos partidos que continúen encabezando las
preferencias electorales; aún así, es indispensable hacer el esfuerzo de lograr
esta desmonopolización lo antes posible, para lo cual no es indispensable, como
falsamente se le machaca al público, una reforma constitucional. Por lo pronto,
es suficiente una reforma a las leyes electoral y de partidos, redefiniendo lo que
se entiende por partido y las condiciones para que participar en elecciones. Se
trata de abrir, hoy, las posibilidades para que participen otros tipos de repre-
sentación, para lo cual se requiere reconocer como partido a cualquier
agrupación ciudadana que participe en elecciones, bajo una reglamentación
simple que permita cancelar la personería jurídica de las agrupaciones que no
vencen un cierto umbral de votos, pero suprimiendo las multas por este
concepto. Es muy importante tomar todas las medidas necesarias que impidan
la consolidación de la tendencia que lleva a la oligarquización de la política y
a que su conducción esté restringida a magnates.

Luego, en el próximo período constitucional, se debe inscribir en nues-


tra Constitución el concepto de que los ciudadanos pueden participar en
procesos electorales por medio de todo tipo de asociaciones ciudadanas.

En cuanto hace al sistema partidario no cabe duda que la prioridad es la


depuración de sus cuadros y dirigentes. Prácticamente todos los partidos con
representación parlamentaria tienen militantes y jefes sobre los que pesan
acusaciones graves, con indicios vehementes de responsabilidad, cuando no
procesos en desarrollo. Es indispensable que exista un reclamo permanente
de todas las representaciones sociales para que en estos casos las personas
que enfrentan cargos o juicios sean suspendidos de su militancia y mando
partidario. Es también muy importante instituir la responsabilidad partidaria,
por ley, de modo que cuando un funcionario público, nombrado por un
partido, sea encontrado responsable –después de justo proceso– de infligir
daño económico al Estado, el partido que lo nombró deba resarcir dicho
daño, con cargo a sus fondos electorales.

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Roger Cortéz Hurtado

El segundo elemento esencial de la reforma política es la ampliación de la


participación ciudadana, para lo que se requiere de un cambio de la Cons-
titución Política del Estado. En la situación que atravesamos, el Congreso
Nacional tiene tal composición y se halla sumergido tan hondamente en la
crisis institucional, que se encuentra objetivamente limitado para encarar esta
reforma, por lo que debe encararse de manera progresiva.

Esto quiere decir que de inmediato debieran reformarse cuatro artículos:


los que se refieren al mecanismo de cambio de la Constitución (Art. 230), el
monopolio de representación política por parte de los partidos, la inmunidad
parlamentaria y la compatibilidad del mandato parlamentario con otros cargos
públicos, además de introducir un artículo referido a la vigencia del derecho de
información.

El artículo 230 que deja exclusivamente en manos del Congreso la


reforma constitucional, debería reemplazarse por una redacción que prevea
tres mecanismos para cambiar la Constitución:

I. El congresal, que es el actual, para reformas parciales, ejecutadas en dos


tiempos.
II. El referéndum, por el cual también se efectivizan cambios parciales, pedro
de aplicación inmediata, mediante una consulta directa a la ciudadanía. El
referéndum puede convocarse en dos casos:
a. A iniciativa ciudadana, cuando cuente con el respaldo de más de
100.000 firmas, certificadas por la Corte Nal. Electoral, de ciudadanos
mayores de 18 años
b. A iniciativa del Poder Legislativo, por mayoría absoluta de sus miem-
bros
III. La Asamblea Constituyente, que se convocará para una reforma general de
la CPE, cuando sea respaldada por un referéndum y la existencia de uno o
más proyectos de reforma global de la CPE, difundidos públicamente.

Los cambios al mecanismo de reforma de la CPE y la desmono-


polización que debiera ser vigente para las elecciones generales de 2002,
abren el espacio para incursionar en una reforma estatal que consulte a la
ciudadanía sobre las demandas que apuntarían a resolver los profundos
problemas de legitimidad, representatividad y participación, en una segunda

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

fase de reforma constitucional, a encararse desde el próximo año y cuyo


fondo es la proposición de una reestructuración general de las reglas de juego
social.

Si el referéndum y la asamblea constituyente se plantean fuera de un


contexto como el esbozado, se convierten en postulados abstractos y capaces
de desorientar la demanda popular de reformas políticas.

La reglamentación de la inmunidad debe especificar que el representante


no es inmune a juicios ordinarios y delitos in fraganti.

El artículo que permite actualmente que los representantes puedan obtener


licencia para ejercer los cargos de ministro, embajador o prefecto, debe cambiar
de manera que, con la excepción del ejercicio de la cátedra universitaria, los
representantes estén expresamente prohibidos de ejercer cualquier otro cargo
público, salvo que renuncien previamente a ser congresales.

LA “DESGOBERNABILIDAD”.

Los políticos profesionales y sus partidos no ignoran la presión social para


que se de una reforma política. Parece bastante claro que esta demanda nace
sobre todo de la necesidad social de contar con gobernantes y representantes
más próximos, legítimos y controlables para que cumplan con las tareas de
enfrentamiento a la miseria, el atraso, la ignorancia que se han postergado o
mezquinado durante los años de vigencia del proceso democrático.

Enfrentados a este hecho, los partidos manejan diversos discursos, que


admiten la necesidad de cambios, pero los postergan a un plazo de varios años,
con el pretexto de “respeto a la Constitución”.

Este conservadurismo, fuertemente arraigado en todos los partidos,


aunque disfrazado con diferentes discursos, se apoya en la expectativa de que
el electorado continúe respaldando las opciones que han concentrado el grueso
de las votaciones en los últimos quince años, pese al descontento y críticas que
reciben los partidos. Esta esperanza tiene poco respaldo en la realidad, donde
hemos visto incrementarse la tendencia a la abstención, cuya línea base es de
por sí alta.

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Roger Cortéz Hurtado

Pero, además cuando uno revisa las tendencias de intención de voto que
se manifiestan en los últimos meses puede descubrir nuevos fenómenos, que
demarcan el final del período llamado de la gobernabilidad. Este período,
iniciado con el gobierno de Paz Estenssoro se caracteriza por los pactos
interpartidarios que han conseguido garantizar una actitud dócil de los
parlamentarios ante el Poder Ejecutivo, a cambio del parcelamiento de la
administración pública, el intercambio de favores y la indulgencia, entre
socios gobernantes, por delitos cometidos. Esta “gobernabilidad” de conve-
niencia ha sustituido el concepto de gobernabilidad que debería significar,
acuerdos base entre gobernantes y gobernados para impulsar al país en una
dirección convenida.

Un Ejecutivo debilitado, partidos increíbles ante los electores, importante


abstención y un Congreso polarizado, en medio de una crisis estatal en curso y
fuerzas centrífugas son motivos por demás poderosos para iniciar, sin pérdida
de tiempo, el desarrollo de reformas políticas que ataquen la corrupción e incre-
menten la participación política de la sociedad.

Si se impone el criterio de burlar las aspiraciones de mayor participación,


de ampliación de espacios democráticos se va a conseguir que las formas vio-
lentas que se presentaron en episodios del año pasado, pero que se dan también
en otros espacios como el asesinado de policías en el Chapare, y ahora último
el asesinado de un dirigente campesino, prosperen.

Y en ese ámbito no tenemos la posibilidad de discutir proyectos


nacionales que nos involucren a todos. Alguien me decía: ¿es acaso
pertinente discutir proyectos nacionales en la época de la globalización?. Mi
respuesta es: ahora más que nunca. Porque si no tenemos una identidad
definida, si carecemos de metas que vayan mas allá de la elección del 2002
(que es la obsesión, la “mosca en la oreja” del MNR, del MIR) el crecimiento
de las amenazas puede llegar a extremos irreversibles.

Un nuevo proyecto estatal requiere reflexionar sobre la verdadera


ubicación (económica, geográfica, humana) del país, su relación con los
vecinos, su inserción en el mercado mundial y regional, deben ser nueva-
mente de fondo. Partiendo de un nuevo tipo de enfoque, debemos dotarnos
de herramientas poderosas para enfrentar, por ejemplo, la mezquindad de la
oligarquía chilena que despliega hacia nosotros una política internacional tan

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

miserable y tan estúpida, expresada en el tema del Silala, de las fronteras


minadas, o en la forma absurda con que plantea el tema de los puertos hacia
el Pacífico.

Si nosotros no nos planteamos eso, no tenemos verdaderamente chance de


que vecinos también ensimismados en sus problemas y en sus propias angustias
reaccionen de manera distinta. Y estoy señalando el problema de los vecinos,
porque creo que un proyecto nacional pasa en el largo plazo por planteamien-
tos que vayan mas allá de la integración, como ha sido manejada hasta ahora,
de una forma fallida. La integración hasta ahora es una cosa de burócratas y de
“lobbies” de corto alcance. Estamos obligados a pensar la integración en tér-
minos de modificación de nuestra soberanía, de integración efectiva, política,
procesos muy difíciles lo entiendo, pero corresponde principalmente a nacio-
nes como la nuestra, están obligadas a ser vanguardia, de tener la capacidad de
proponer en este ámbito.

Necesitamos superar el tiempo de la angustia para convertirlo en el tiempo


de la producción, de la proposición, porque creo definitivamente que nuestros
horizontes para enfrentar este proceso de descomposición, tiene dos paradig-
mas, el de la producción y el de la ética. Son los dos grandes campos que hemos
de conquistar y en los que hemos de trabajar. A continuación se plantea una pla-
taforma que resume las tareas más urgentes.

REFORMA POLÍTICA.

Inmediata suspensión de dirigentes partidarios contra los que existen indi-


cios o procesos judiciales por la comisión de delitos, faltas o contravenciones
de carácter público.

Desmonopolización de la representación política, a través de la reforma


del Código electoral y Ley de partidos, ampliando la definición de partido a
toda asociación ciudadana que postule candidatos a las elecciones y flexibili-
zando las normas de inscripción ante la Corte Nacional Electoral. Supresión de
multas pecuniarias por insuficiencia de número de votos.

Ley de responsabilidad partidaria por la cual se multe, con cargo los fondos
otorgados por el TGN, al partido que hubiese nominado a un funcionario que
haya incurrido en actos de corrupción probados en un proceso legal.

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Roger Cortéz Hurtado

Un solo curul: una sola dieta. Aprobación de una resolución en ambas


cámaras por la cual se asigne una única dieta a cada representación, de modo
que sea cobrada proporcionalmente por el representante que asista a cumplir
con sus obligaciones; sea este titular o suplente.

Simplificación de los juicios de responsabilidad y ampliación de las


figuras imputables a los altos funcionarios de Estado, incluyendo al Presi-
dente, en lo que se refiere a defraudación de recursos públicos y violación de
derechos y garantías de la CPE.

REFORMA CONSTITUCIONAL PROGRESIVA.

Reformas inmediatas:

A. Modificación del Art. 230 (mecanismo de reforma de la CPE) para


que se reconozcan 3 mecanismos de reforma:
1. congresal (actual) para reformas parciales, en dos tiempos
2. referéndum, también para reforma parcial, por el cual una vota-
ción popular aprueba o rechaza una o más reformas; el referéndum
puede ser convocado por el Legislativo (mayoría de integrantes) o
por iniciativa ciudadana 100. 000 firmas legalizadas ante la CNE.
3. Asamblea Constituyente para reforma general de la CPE. Para
que la Asamblea se convoque es necesario que la convocatoria
sea aprobada en referéndum y que exista uno o más proyectos de
cambio general de la CPE que se hayan difundido públicamente,
al menos 3 meses antes de la convocatoria a referéndum.
B. Reglamentación de la inmunidad parlamentaria, restringiéndola a la
protección de la opinión del representante.
C. Reforma del Art. 61, de modo que se establezca que el parlamentario que
acepta el ejercicio de cualquier otro cargo público que no sea el de repre-
sentante nacional pierde automática e indefectiblemente su mandato.
D. Institución del derecho de información que obliga a todas las reparti-
ciones estatales a proporcionar información irrestricta sobre los asun-
tos públicos.

Versión corregida y resumida de la exposición presentada ante el Foro


“Convergencia Democrática….,
Publicada por la Editorial de la Cámara de Diputados en el libro “Convergencia
Democrática para construir una Bolivia Productiva, Honesta y Solidaria”, La Paz,
Julio de 2001

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LOS CUENTOS DEL TÍO, DEL CHOFER Y LOS PERIQUITOS


O LA QUIEBRA DEL PENSAMIENTO NEOCONSERVADOR EN BOLIVIA
9 de febrero, 2001 *

E
l editorial de “Pulso”, Nro. 79 del 26 de rnero se esmera en convencer que
el jefe y candidato emenerrista sería “...un dirigente político que sabe por
donde quiere ir y conducir al país...” armado de “...una provechosa acti-
tud clara, firme y orientadora...”. Cuando uno lee la extensa entrevista, registrada
en la misma edición, resulta muy difícil comprender la fervorosa apología, que
parece nutrirse sólo de esperanzas y deseos, ya que quien revise cuidadosa-
mente las concepciones y propuestas del ex presidente, encontrará una simplifi-
cación caricaturesca de la realidad y un gran vacío de propuestas.

La propuesta más clara en la exposición del ex mandatario es la aseveración


de que el presente es un gobierno excepcionalmente malo, lo que sin duda,
expresa un consenso nacional, compartido inclusive por algunos de los imputa-
dos. Conocedor de lo extendido de dicho acuerdo, el jefe movimientista lo
explota hasta el absurdo, al presentar como única o fundamental explicación de
todos los problemas del país la conducta del gobierno actual. El recurso, útil
quizá, en términos de mercadeo electoral, es flaco para explicar lo que está pasan-
do y, peor, para crear y difundir una conciencia nacional que se haga cargo de las
responsabilidades colectivas con las que debe encararse la construcción del país.

La forma subjetivista y anecdótica de interpretar la realidad lo libera de ejer-


citar la autocrítica y permite que pueda postular que los problemas del país se
solucionarán con el simple trueque de ocupantes de la casa de gobierno, aunque
unos y otros expresen los mismos intereses, ideas y planteamientos.

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Roger Cortéz Hurtado

La sinceridad es la primera víctima de este enfoque, porque el ex presidente


sabe que los problemas que atraviesa el país no se iniciaron en 1997 y que su ges-
tión dejó una pesada carga, capaz de doblar la espalda de un gobierno mucho
menos corrupto e incapaz que el actual, incluyendo el suyo, si hubiese podido ser
reelegido.

La prueba se encuentra en que estamos sumergido en una crisis nacional que


no se ha presentado abruptamente, sino que es el resultado de un largo proceso
de descomposición del sistema político, en cuyo centro se encuentra la partidiza-
ción de la justicia, la Policía, las Fuerzas Armadas y , en general todo el aparato
del Estado. Las prácticas prebendales, caudillistas, autoritarias, clientelares y
corruptas que se encuentran en la base de la crisis son ejercidas con harto entu-
siasmo por el equipo gobernante actual que, en esta materia, siente como su prin-
cipal desventaja no el haberlas inventado, sino imitarlas torpemente de sus ante-
cesores.

Al no reconocer esta realidad, no cabe más remedio que reemplazar el aná-


lisis histórico por la edición de historietas, al decir que el agotamiento del siste-
ma de representación política se debe a que existen unos tipos malos, que actúan
como un pintoresco tío del candidato movimientista, “porque quieren volar la
casa, para deshacerse de los periquitos”. La casa se está cayendo, porque los peri-
quitos o comadrejas que son los partidos, la han mordisqueado desde su base,
alentando la decepción, la desconfianza, la incredulidad y finalmente el cinismo
de ciudadanos, hartos de impunidad y de “ser escuchados” sólo en los meses de
campaña, para luego ser olvidados en los años de gobierno.

Cuando se pasa de la interpretación a las propuestas la situación es peor,


como puede verse cuando se le pide al ex presidente que explique como hubie-
se afrontado la crisis de Abril de 2000, a lo que responde que la gran solución
pasaba por “meter en cintura a los policías”, utilizando para ello a las Fuerzas
Armadas. En cuanto a la explosión de Septiembre del año pasado, se hubiese
evitado –sugiere en otro pasaje– manteniendo en la cárcel a Felipe Quispe, a
quien caracteriza como “representante del MIR”. La obsesión electoral lo lleva
a que pase por alto la centenaria historia de discriminación y exclusión de los
indígenas y campesinos, que no fue resuelta ni por la reforma agraria, ni por la
ley INRA y que empeora con la decidida inclinación de este gobierno para
favorecer a los latifundistas.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

A falta de una visión de conjunto y de una propuesta para enfrentar la


miseria, la corrupción y la ignorancia, el candidato del MNR se esfuerza en
convencer de que todo lo que nos queda hacer a los bolivianos es optar entre un
seguramente desastroso gobierno encabezado por el candidato mirista, o la efi-
ciencia administrativa y la autoridad del suyo, autoproclamado defensor máximo
del orden económico y político imperante.

El anterior gobierno modernizó el capitalismo boliviano a un ritmo verti-


ginoso, aplicando las recetas de los organismos financieros internacionales,
adaptadas ingeniosamente a ciertas preferencias del electorado boliviano. El
cambio económico más significativo fue la transferencia del control de las
empresas productivas públicas a corporaciones internacionales a través de la
capitalización. Ese proceso excluyó explícitamente al empresariado boliviano,
bajo cláusulas expresas y con el exaltado apoyo de los proscritos. La inversión
extranjera creció aceleradamente y se amplió la cobertura y, en algunos casos, la
calidad de los servicios, pero con precios y tarifas desproporcionados, en relación
a los ingresos de la mayoría de los bolivianos.

Ahora que la inversión foránea tiende a caer, resulta inocultable que las
condiciones originadas para atraerla son magníficas para los inversores, pero
ruinosas para los bolivianos, cuyo sacrificio se ha incrementado en similar pro-
porción a la pérdida de oportunidades. Las medidas económicas del anterior
gobierno no incrementaron la capacidad productiva del país, ni las posibilida-
des de empleo y mejora del ingreso de las grandes mayorías nacionales.

¿Qué propuesta tiene el candidato movimientista para superar esta situa-


ción?, ¿Qué línea maestra se plantea para transformar la estructura productiva
del país?. Ninguna. Solamente machaca que “el modelo es bueno y necesita de
buenos chóferes”. Los chóferes no pueden cambiar la natura-leza de las máqui-
nas; no convertirán el coche de paseo en un tractor. Bolivia necesita de un pro-
yecto que conduzca a incrementar sostenidamente la producción nacional y a
reformar moral e intelectualmente la sociedad, la política y el Estado. El can-
didato, tanto como su mayor oponente, y el resto de los partidos tradicionales,
no tiene sobre estos temas una idea, un comentario; ni siquiera una observación
ingeniosa.

La situación que atravesamos impone iniciar de inmediato una reforma polí-


tica, porque la bancarrota del sistema de representación y mediación están esti-

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mulando una rebeldía explosiva y un pesimismo descomunal. Ante este cuadro,


el candidato movimientista no presenta una sola propuesta de cambio y se limita
a prometer que propiciaría cambios, siempre y cuando se encuadren en la
Constitución.

Antes que abordar seriamente el tema, prefiere presentar una falsa discusión
entre asustados y “asistémicos”, cuando la realidad exige que las tendencias cen-
trífugas que se están imponiendo en el país se respondan clara y perentoriamente
con formas que amplíen la participación ciudadana y legitimen la representa-
ción. El debate sobre la presunta desaparición de los partidos es falso y trucu-
lento. La desmonopolización de la representación política –en todas las instan-
cias, no sólo en las municipales– puede lograrse de inmediato, sin cambiar, ni
violentar el texto constitucional, sino, simplemente, ampliando la definición de
partido en los códigos electoral y de los partidos, así como las condiciones para
la inscripción de asociaciones ciudadanas de diversa naturaleza que aspiren a
presentar candidatos.

La ley de responsabilidad partidaria, que penalice la designación de fun-


cionarios sancionados, después de proceso, con multas a los partidos que los
nombraron; la supresión de sueldos a los parlamentarios suplentes, la depura-
ción de corruptos y dirigentes en procesados o contra los que existan indicios de
corrupción son medidas fáciles de aprobar y reglamentar. La reforma constitu-
cional, gradual y progresiva, que de paso a diversas formas de consulta popular
son propuestas que merecen debatirse, con amplitud y claridad, sin temor.

La reforma política debe abrir espacio a un a reforma estatal que exprese


mejor la realidad compleja y diversa de una sociedad que tardará todavía mucho
en integrarse, si se le dan canales para que se exprese y participe, pero que posi-
blemente no lo conseguirá jamás si triunfa un conservadurismo, neo o antiguo,
que no tiene otro asidero que la defensa de privilegios inaceptables.

* Publicado en Pulso (el título original fue cambiado por los editores de Pulso)

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ACTORES OCULTOS Y SEMILLAS DE DERROTA


22 de septiembre 2001*

L
a idea de que Abril ha reaparecido en Septiembre es parcialmente cierta.
Verdad que se está repitiendo la inmensa ineptitud del gobierno, de los
partidos políticos y vuelve a manifestarse espasmódicamente una crisis
estatal, ante la convergencia de reclamos dispersos en su enunciado, pero con-
currentes en sus orígenes y en un estado de ánimo ampliamente extendido.
Pero, también es posible descubrir novedades significativas.

Entre los cambios cuantitativos destacan la intensificación de la de la


protesta campesina, el generalizado desdén ante los aparatos de fuerza esta-
tales, la ampliación del escenario urbano y la proliferación de conflictos
menores y aparentemente adventicios. Pero es en el campo cualitativo donde
se transparentan modificaciones importantes que se encaminan en una direc-
ción regresiva, forzada por la ausencia de estrategias, proyectos y
conducción estructurada de los conflictos.

Sobresale, en primer lugar, la aparición de contradicciones entre sujetos


sociales, que se presentan como episodios aislados (choque entre pobladores
de El Alto) o como tendencias mayores, como ocurre con el sesgo que por
momentos toma el bloqueo campesino, que empieza a través del discurso del
principal dirigente de la CSUTCB o por medio de acciones concretas, a
extenderse, más allá de su pugna con el Estado o, hacia un cerco explícito a las
poblaciones urbanas. El principal dirigente de la Confederación ha sugerido
que, además de arrancar sus peticiones al Estado, sería beneficioso un ejercicio

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Roger Cortéz Hurtado

pedagógico que permita a los citadinos entender mejor a los campesinos, la


letra entraría por vía del desabastecimiento y la incertidumbre.

Ese discurso recupera temas que obsesionan a una fracción de dirigentes y


especialmente al Secretario Ejecutivo, con claras resonancias discri-minatorias y
segregacionistas, mientras que las acciones (principalmente los ataques contra la
sala de control de Santa Isabel y la planta de SAMAPA en La Paz) que pueden
expresar simbolizaciones de confrontaciones con el Estado y empresas, también
se ensamblan con ese enfoque discursivo que identifica como enemigos a los
habitantes urbanos.

Esta inclinación alienta la agresividad de grupos como la Federación de


empresarios cruceños que pide a gritos hierro y fuerza para reprimir y, a mayor
plazo, convoca espectros y pánicos entre capas medias urbanas. De tales com-
binaciones no nacen revoluciones, reformas o avances, sino regresiones e into-
lerancias letales.

Otra novedad, respecto a Abril, es el respaldo, explícito y firme, de la


embajada estadounidense al general Hugo Banzer, como respuesta a la de-
manda cocalera de sembrar un qhato de coca por familia campesina en el
Chapare y a las manifestaciones partidarias de sustituir al actual jefe de Estado.
Si los cocaleros tenían posibilidades de que al menos se entienda la irraciona-
lidad que significa sustentar la erradicación por medio de la implan-tación de
cuarteles, la exigencia de los qhatos le da coartadas al gobierno.

Este curso de las movilizaciones campesinas se enfila a que un posible avan-


ce, en término de conquistas concretas, organización y prestigio de los movi-
mientos sociales pueda diluirse o desmoronarse en lo inmediato y consolidar
tendencias de confrontación de unos sujetos sociales, contra otros, en un plazo
más largo.

Si a lo anterior se añade que la Coordinadora del Agua recupera vigencia con


una plataforma difusa que rompe la unanimidad de apoyo que consiguió

Mientras los movimientos sociales que encabezan la nueva ola de rebeldía


social parecen encaminarse a una trampa, algunos de los principales causantes
del estado de hastío e indignación que atraviesa a la sociedad se encuentran

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ausentes de los escenarios de enfrentamiento y desarrollan sus actividades lucra-


tivas, sin mayor preocupación.

Estos protagonistas del saqueo empobrecedor y de la corrupción, son esca-


samente nombrados o siquiera identificados en los manifiestos de los descon-
tentos en los que, ciertamente, no se descubren estrategias para enfrentarlos.

LA SOMBRA DE LA DERROTA.

Cuando uno se detiene a analizar la lista de peticiones de los principales sec-


tores en conflicto y la actitud de sus dirigentes descubre muy pronto que, en la
mayoría de los casos, sus principales demandas han sido admitidas y reconocidas
por el gobierno y, desde ese punto de vista, se encuentran tocando con la punta
de los dedos una de sus más resonantes victorias. Sin embargo, la CSUTCB, la
Federación del Trópico y la Coordinadora del Agua manejan de tal manera el
conflicto que puede preverse la evaporación de un triunfo. Veamos por qué.

Las principales demandas campesinas (suspensión del tratamiento del pro-


yecto de ley sobre “el recurso agua”, modificación de artículos de la ley INRA)
han sido respondidas favorablemente, pero su principal dirigente no parece estar
enterado. Pero, lo más importante, es que considera que ha lle-gado el tiempo
de que los pobladores de las ciudades conozcan el desabas-tecimiento y recuer-
den –vía experiencia propia– el significado del cerco indígena de Tupac Catari.

Este sesgo pone en un lugar privilegiado de la movilización campesina un


tipo de orientación racista, recurrente en el lenguaje de Felipe Quispe, que tien-
de a poner en un primer plano una confrontación entre el campo y la ciudad y ate-
morizan a las capas medias urbanas. La prolongación del bloqueo tiene la virtud
de desplazar el eje del enfrentamiento, desde el gobierno, hacia los habitantes de
las ciudades, con lo que se impulsa a estos grupos sociales hacia el miedo, el con-
servadurismo y la reacción.

Lo que ocurre en el trópico cochabambino demuestra categóricamente que


la erradicación de coca cuelga de un hilo y que en menos de un año puede vola-
tilizarse el mayor éxito del gobierno. Cuando su vocero del área indica que los
cuarteles que se piensan construir son para “evitar el asentamiento del narcotrá-
fico”, trata de esconder la realidad que la verdadera función de esas instalaciones

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militares es mantener por la fuerza el éxito de la erradicación, eso puede enten-


derlo la población y la demanda campesina de que no se construyan esos cuarte-
les tiene posibilidades de ganar apoyo de otros sectores.

Pero, lo que no tiene posibilidades de conseguirlo es la exigencia de que


se admita el replantado de unas 5 a 7 mil quinientas hectáreas de coca, que
entraña la exigencia de Evo Morales para que se admita un “qhato”
(aproximadamente un cuarto de hectárea) por familia habitante del Chapare.

Tal demanda no sólo acorrala al gobierno, sino que moviliza a la


embajada estadounidense que está dispuesta a utilizar cualquier recurso para
impedirlo. El gobierno norteamericano (este y el que sea elegido en
noviembre) recurrirán a la fuerza si es necesario, para preservar el único
“éxito” visible de su guerra de las drogas. En esa lógica los dirigentes coca-
leros vuelven a colocar a sus bases en la primera fila de un enfrentamiento
desigual y descabellado en el que volverá a manifestarse el aislamiento social
al que las llevaron en los tres últimos años.

La Coordinadora del Agua está demandando todo lo que piden los otros
sectores en conflicto... menos la continuidad de las reivindicaciones que en
abril le permitieron dirigir a toda la ciudadanía de Cochabamba y obtener un
triunfo completo. Estas demandas están ligadas a impedir que la delegada
presidencial siga desplegando los mayores esfuerzos para que se pague la
indemnización de 12 millones de dólares que reclama “Aguas del Tunari” y
que el consorcio que construye el túnel de Misicuni se embolsille 26
millones de dólares adicionales, ahora que apenas ha avanzado 25% de su
trabajo (de tal forma que si consigue esto, el túnel llegaría a costar unos 150
millones de dólares, en vez de los 62 que estipula el contrato).

El magisterio, por su parte, para mantener su movilización, depende casi


totalmente de los otros sectores, de tal modo que si estos llegan a un acuerdo,
una nueva derrota está casi sellada.

*Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

DEMOCRATIZAR, PARTICIPAR Y DESPROFESIONALIZAR


25 de agosto 2000*

L
as críticas y observaciones de Henry Oporto (Pulso 56, p. 8) sobre una
propuesta mía publicada una semana antes demuestran, antes que nada,
que es necesario hacer un máximo esfuerzo de síntesis para despejar
dudas y prejuicios. También es necesaria una cierta concentración, de quien
parten las críticas, porque señalar, por ejemplo, que yo creo que “la desprofe-
sionalización de la política es el gran remedio a los problemas nacionales” es
una idea que no encuentra asidero alguno en mis afirmaciones.

La desprofesionalización de la política es un horizonte distante, que nace


de tendencias cada vez más generalizadas(…). Las principales respuestas a los
males del país son un salto cualitativo de nuestra capacidad nacional de
producción, por medio de la transformación productiva y de nuestra reinser-
ción en el mercado mundial y una reforma moral e intelectual. Esta reforma es
el punto de partida del proceso y debe iniciarse con la depuración, profunda y
real, de los partidos, que son los responsables de la crisis institucional y de
confianza ciudadana. Si dicha depuración se iniciara, por ejemplo, con la
suspensión de los cuadros y jefes políticos vinculados a los múltiples casos de
corrupción conocidos, la democratización, institucionalización y reforma de
los partidos sería creíble.

La limpieza interna de los partidos debe acompañarse de la apertura de


espacios que amplíen la participación ciudadana: desmonopolización de la
representación política, referéndum y otros mecanismos de consulta popular,

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Roger Cortéz Hurtado

tanto como la aprobación de una ley de responsabilidad partidaria, así


como la limitación de la inmunidad parlamentaria al campo de la expresión
de opiniones y otros cambios afines.

He planteado en varias oportunidades que la corrupción de los partidos, en


los extremos que ostenta, no sería posible en el seno de una sociedad virtuosa.
Lo que significa que los males que se encuentran en el proceso de descom-
posición de las organizaciones partidarias viven en la sociedad. Para atacarlos
debe comenzarse por los centros donde se concentra el uso del poder y la
capacidad monopólica de disposición de los bienes públicos.

Henry no debiera temer que “las ideas inconsistentes” de alguna moda


minen la función representativa de los partidos. Lo que está pasando, más bien,
es que el proceso de descomposición partidaria –que no ha hecho aún crisis–
avanza por las prácticas cotidianas de los partidos. No son las encuestas, ni las
opiniones de algunos esnobs que han ido acentuando el desencanto y descon-
fianza ciudadana en los partidos. Son sus acciones, incluida la mal denominada
gobernabilidad, convertida en moneda de transacción e impunidad.

Son los partidos quienes han entronizado el poder del dinero en sus
cúpulas; son ellos los que han banalizado el debate nacional y convertido las
campañas electorales en ferias animadas por ingenieros de la manipulación y
capitales para sobornar al público. La privatización del Estado, por parte de
grupos corporativos no es, como anuncia Henry, una amenaza, es una realidad
diseñada y operada por las agrupaciones profesionales de políticos.

Henry tiene todo el derecho de erigirse en defensor de los partidos, pero


para ejercerlo no es necesario que intente convencerse de que la disciplina
partidaria inhibe la compra de votos parlamentarios o que los partidos
están impidiendo que “el sistema político se haga más vulnerable ante el
poder económico...la corrupción del dinero y termine avasallado por el
mercado, la tecnocracia y los mass media”.

No sólo porque sus temores ya se han cumplido, sino por el derecho


adquirido por un pueblo que logró con su esfuerzo colectivo la recuperación
de la democracia, es equivocado colocarse de parte del conservadurismo
partidario que quiere cerrar las posibilidades de ampliar la participación

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ciudadana. El temor y la desconfianza a esta participación nos recuerdan ese


espíritu que gobernó al país durante gran parte del siglo XX como si se
tratara de una colectividad de menores o impedidos mentales. La compe-
tencia de nuevos actores no debería debilitar a los partidos, sino esti-
mularlos para que se regeneren y tengan “vida institucional y sean espacios
públicos de deliberación y debate”. Por hoy, lo único que discuten, interna-
mente y en todos los espacios públicos que ocupan, es la distribución de
cargos, ventajas y “espacios de poder”.

Es seguro que si los partidos se abrieran, ahora, no dentro de 10 años, a


competir en condiciones no monopólicas el sistema democrático se forta-
lecería. En una sociedad más abierta y participativa, yo creo que la despro-
fesionalización política será una consecuencia natural; pero tal discusión es
francamente insulsa, o al menos extemporánea, si, como todo hace presagiar,
se impone la cerrada sordera de los profesionales políticos, decididos a
continuar monopolizando una representación cada vez más artificial e
ilegítima.

* Publicado en Pulso

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Roger Cortéz Hurtado

LA DESPROFESIONALIZACIÓN DE LA POLÍTICA
4 de agosto, 2000*

I
gnacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique recuerda que Le
Novel Observateur en su edición del 5 de enero de 1995, publicó un infor-
me sobre los 50 hombres más influyentes del planeta en el que no aparecía
ni un solo jefe de Estado, ministro o diputado. Esa información es una pista adi-
cional sobre como el espacio de la política cambia y se desplaza en todo el pla-
neta, alejándose de su centro estatal. Lo propio ocurre en nuestro país, donde
los ajustes y reformas de los últimos años han afectado el nudo gravitacional
político y han alentado otros fenómenos que, al agregarse, han modificado los
comportamientos sociales y los hábitos políticos.

Quienes por lo pronto, se muestran más indiferentes a esta realidad son los
partidos políticos que, a través de las expresiones de muchos importantes cuadros
y dirigentes, optan por minimizar o relativizar lo que pasa. Pertrechados en fra-
ses como “la democracia no puede funcionar sin los partidos”, o “la historia de
los partidos políticos bolivianos es tan reciente, que no deja espacio para respon-
sabilizarlos de todo aquello que se les imputa”, se muestran poco concernidos por
la acumulación de hechos y actitudes sociales que muestran una creciente dis-
tancia con sus presuntos representados y una pérdida de contacto con la realidad.

Aquellos militantes que advierten la gravedad del proceso decadentista de


los partidos encuentran poco o ningún espacio interno para discutir y refle-
xionar sobre experiencias que se han presentado en otros países latinoameri-
canos como Venezuela, el Perú o Ecuador y que tienden a reproducirse en el

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

nuestro. Existen todavía menos posibilidades que en los partidos se identifique


o considere una de las más grandes tareas estratégicas pendientes del país, la
reforma moral e intelectual, cuyo punto de partida es la depuración y reestruc-
turación de los partidos.

TEJEDORES DE INTERESES, NADA MÁS.

La razón por la que el punto de arranque se encuentra allí es porque detrás


de cada uno de los mayores problemas que enfrentamos es posible encontrar la
acción de los partidos. La pobreza nacional, que obedece a causas múltiples, se
ha hecho cada vez mayor por la acción de grupos y personas, cobijados por par-
tidos, que han consumido y consumen en su provecho recursos que exceden
con largueza toda la cooperación externa y cualquier plan de alivio de pobreza
conocido. La corrupción encuentra en los partidos una matriz que la reproduce
inagotablemente. Detrás de la quiebra de la administración de justicia y, en
general, de todo el descalabro institucional, hay siempre uno o varios partidos
sacando ventaja de la situación. Claro que esto no seria posible si el conjunto
de la sociedad exhibiera una fortaleza ética y capacidad de sancionar a las aso-
ciaciones políticas que monopolizan el usufructo del poder político.

Pese a todo, el reclamo de la desmonopolización que ha logrado abrirse


paso, lo ha hecho con una timidez que permite que dicha posibilidad se poster-
gue por medio del prolongado y complicado trámite de reforma constitucional
y se limite al ámbito municipal. Este aparente triunfo de los partidos permitirá
que la indignación y distancia ciudadana con ellos se vaya profundizando. Si
hoy no se escucha prácticamente ninguna voz que abogue por la supresión de
los partidos, a medida que transcurra el tiempo se fortalecerán no tanto los dis-
cursos anti partidarios, como las acciones y reacciones sociales en su contra.

Ya sea que las organizaciones partidarias reaccionen reformándose –antes


de llegar a un punto irreversible– o que prosigan aportando acciones que lo pre-
cipiten, paulatinamente es posible ver que en el largo plazo, el enfrentamiento
contra la pobreza y la corrupción conducen a la extinción o supresión de los
profesionales de la política. Estos profesionales, dedicados íntegramente a vivir
de esta actividad, han dejado hace mucho de ser hombres entregados al servi-
cio público y se han petrificado en un papel de tejedores de intereses minúscu-
los, mal e implacablemente adversos a los de la sociedad.

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Roger Cortéz Hurtado

Las condiciones reales en que se desenvuelve la vida de nuestro país van


cerrando espacio a que exista un grupo especializado de políticos. La lucha con-
tra la miseria demanda un esfuerzo productivo general e individual, que resta
toda legitimidad a los individuos que se ocupan, a tiempo completo, a la práctica
hoy llamada política. Sin otro rumbo que no sea el que marca la satisfacción de
sus necesidades, los políticos resultan progresivamente superfluos y dañinos.

PROPUESTA CONTRA EL PARASITISMO.

Encarar esta realidad, lleva a plantear que la desmonopolización de la


representación ciudadana sea inmediata e irrestricta, por medio de una ley inter-
pretativa de la Constitución y las normas electorales que amplié los conceptos
vigentes de “partidos” a todo tipo de asociación ciudadana que participe en pro-
cesos electorales. La reforma constitucional perfeccionara ese cambio.

AI mismo tiempo es necesario establecer una sola oportunidad de reelección


para todos los cargos electivos, incluyendo todo tipo de instituciones, axial como
el financiamiento de los cargos suplentes con los recursos asignados a los titu-
lares. También se requiere una legislación de responsabilidad partidaria, por la
cual se establezcan sanciones monetarias alas organizaciones que lleven a ejercer
funciones publicas, a personas que resulten culpables de actos de corrupción,
después del correspondiente proceso legal. El daño económico contra el Estado
y la sociedad que resulte de actos ilegales, deberá ser resarcido por las orga-
nizaciones que se responsabilizaron de una selección in adecuada de personal en
funciones públicas.

La desprofesionalización de la política tendrá que ser paralela a una


creciente especialización de servidores públicos, designados por mecanis-
mos de selección de aptitudes, destrezas y cualidades comprobadas y com-
probables. Se trata, en suma, de clausurar espacios al parasitismo y promover
nuestra capacidad productiva nacional, lo mismo que nuestra fortaleza
moral, sin las que no tendremos chance alguna de inclinar a favor nuestro
ninguna corriente de mundialización, sino de ser sus permanentes victimas.
Los aportes que podemos dar a otros pueblos, como producto de nuestra
experiencia y cultura, requieren para hacerse identificables y tangibles que
respondamos a estos retos básicos.

*Publicado por Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

UN VACÍO EN EL DIÁLOGO
9 de julio, 2000*.

D
e acuerdo al espacio donde se lo ubique, el Diálogo 2000 en curso,
tiene significados muy diversos. En el plano de la vida cotidiana y del
común de la gente es una noticia, aparentemente tan distante e inasible
como la mayor parte de los acontecimientos que provienen del campo de “lo
político”. Para varios centenares de delegados, representantes y componentes
de diversos grupos e instituciones como OTBs, juntas vecinales, municipios,
organizaciones no gubernamentales y otros que solicitan, cultivan y buscan
representaciones sociales, es el eje ordenador de su existencia de las últimas
semanas. Para una cierta fracción de funcionarios estatales es igualmente deci-
sivo; pero no ocurre lo mismo para la mayor parte de la burocracia, lo mismo
que para los activistas partidarios que lo miran con prevención o escepticismo
y un cálculo, más o menos desesperanzado.

Los medios de difusión –los cada vez mayores y decisivos órganos de inter-
mediación política– lo siguen con moderado interés noticioso y pasa lo propio en
sus espacios de opinión. Pero, en general, el Diálogo en su segunda versión apa-
renta desenvolverse dentro de una normalidad que contrasta duramente con el
pesado y fuerte sentimiento de ansiedad, incertidumbre y desaliento que se
expresa en prácticamente todos los ámbitos de la vida social del país.

Da la impresión que, a fuerza del voluntarismo de unos y el desconcierto


de otros, se ha impuesto la visión de los técnicos y consultores que, en un par
de ocasiones, han dejado oír un enérgico llamado para que el Diálogo se

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concentre en el uso de los recursos provenientes del alivio de la deuda, desde


una visión municipalista, urgiendo a que no se lo desvíe, deforme o enrede
agregándole ingredientes bastardos o, más claro, políticos. Queda entendido
que estos guías espirituales del Diálogo asumen que el contenido que
propugnan para lo que consideran su creación, es la política importante y el
resto no.

Sin el menor interés de participar de la discusión que podría reabrirse con


quienes sostienen tal visión, es casi imposible evadir algunas preguntas, de las
que la más importante es ¿cuan acertado es concentrar la atención del mayor
evento político nacional en una discusión de la pobreza, desvinculada de la
desastrosa situación del llamado sistema político, la crisis de Estado y la
decadencia de los partidos políticos?. Otras interrogantes relacionadas son:
¿existirá a continuación alguna otra oportunidad para intentar resolver estos
temas, de manera no violenta?, ¿debe continuar alimentándose la inflación de
expectativas económicas que se presenta en el desarrollo de las mesas de
Diálogo, descuidando el análisis de la relación entre pobreza y corrupción.

Aquí está en juego mucho más que el juego de fuerzas entre oficialismo y
oposición, porque los temas nombrados la superan con mucho. La omisión y
el descuido de su análisis no obedecen, ni sola ni principalmente, a la picardía
de un manejo gubernamental, ni a los dogmas y errores de los gurús que
diseñan boletas, dinámicas de discusión y agendas del Diálogo; también son
atribuibles a la desidia y creatividad de todos quienes enjuician el modelo y la
incapacidad de los gobernantes.

Bien vistas las cosas, las posiciones no están actualmente definidas en


torno a quienes pertenecen al gobierno o se enfrentan con el. Dentro del
esquema oficialista se han manifestado posiciones que reconocen la necesidad
de que en el Diálogo se aborden estos temas y se han planteado propuestas,
mientras que algunos grupos que tratan de ser los portaestandartes de la
oposición, se están quejando de es “irreflexivo” “contaminar” el trabajo de las
mesas con el tratamiento de estos temas.

El hecho de que los “representantes de base” no estén insistiendo en


plantear una visión abierta y definida sobre las medidas que tienen que
adoptarse para que la gran corrupción política no siga devorando los recursos

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públicos actuales y los del alivio de la deuda, no quiere decir, ni mucho menos,
que las manifestaciones de bronca y rechazo que se han visto se hayan
extinguido o que la intensa multiplicación de expresiones de violencia puedan
desvincularse del gran malestar social ante la perversión del sistema partidario
y el desvanecimiento de la representatividad y legitimidad del Estado.

Por estas razones es necesario hacer el mayor esfuerzo para que en todas
las instancias del Diálogo y no solamente en la mesa política, se encaren
francamente estas cuestiones. Existe una amplia agenda de cuestiones que no
deben resolverse apresurada o verticalmente, porque este vacío dejará cabida
a la maceración de fuerzas que explotarán de forma ciega y no precisamente
para anunciar una alborada revolucionaria, sino, mucho más probablemente,
un giro político regresivo.

Algunos de los temas de esta agenda política son:

√ Sincerar la representación política, eliminando la obligatoriedad del


voto.
√ Suprimir el monopolio partidario de la representación en todos los
niveles e instancias.
√ Suspender a todos los funcionarios contra los que existan indicios de
corrupción y a todos los dirigentes y militantes partidarios que se
encuentren en la misma situación.
√ Instituir mecanismos de consulta ciudadana de tipo referéndum y ple-
biscito.

LIMITAR LA INMUNIDAD PARLAMENTARIA.

Lo importante es que la discusión de estos temas debe partir de la base que


las medidas que se adopten no deben ser programadas para que, a través del
recurso de reforma constitucional vigente, se posterguen por varios años.
Deben adoptarse ahora, recurriendo a los mecanismos legales disponibles y si
la reforma constitucional es indispensable debe considerarse el mecanismo
que se requiera, incluyendo la Asamblea Constituyente.

Publicado en La Razón, La Paz

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DIÁLOGO NACIONAL: ¿CÁSCARA O NUEZ?


9 de junio,2000*

N
ada hay más parecido al estupor catatónico que la respuesta del sistema
de partidos ante la convulsión social de inicios de Abril. Dicho estado,
descrito como “una combinación de mutismo y rigidez en un sujeto que
yace con los ojos cerrados, el rostro como una máscara, como si estuviera
representando su muerte” resume práctica, ética y estéticamente la manera en
que las organizaciones políticas profesionales se sitúan ante una interpelación
colectiva al Estado, al gobierno y a todos quienes se asocian para hacer de la
política su medio de vida.

En los 60 días que han pasado desde que la ira tomó calles y plazas y obs-
truyó caminos, el análisis y la reflexión de lo ocurrido se volcaron en cientos de
páginas, editoriales, artículos foros y seminarios, de los que casi siempre estu-
vieron ausentes los estrategas y operadores partidarios, salvo exóticas excepcio-
nes. Cuando reaparecieron en escena, prefirieron concentrarse en su rutina de
rencillas y reconciliaciones, omitiendo expresamente referirse a “aquellos días de
Abril” y su mensaje. Tampoco se sintieron aludidos por la denuncia de la Iglesia
Católica de que “la política se ha convertido en una inversión para obtener ganan-
cias”, o la invocatoria de un influyente matutino para que suspendan a sus diri-
gentes y militantes acusados de corrupción.

FERIA DE LAS VANIDADES Y LA PAREJA IDEAL.

Mayo se gastó casi entero en el ensayo y las enmiendas del guión redactado
por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) para recuperar su

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protagonismo opositor. La dolorosa necesidad del gobierno para convencer a los


organismos internacionales de que hacía esfuerzos auténticos para no excluir a
nadie del Diálogo 2000 le permitió al MNR realizar una exhibición de fuerza, por
la que obligó al jefe del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), a
retractarse públicamente de sus críticas al programa de alivio a la deuda externa
(HIPIC por sus siglas en inglés) y a hacer un paréntesis en su precoz cam-
paña, caracterizada por carretillas, cascos de construcción y guerrilla de
declaraciones disidentes.

Después de obtener un triunfo táctico, Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL),


jefe y candidato movimientista, presionado por el clamor de medios de difusión,
el lobby internacional y las señales de flexibilidad emitidas por el gobierno con
el levantamiento del sitio y el repliegue de algunos nepotes y halcones, accedió
a ensayar un gesto de aproximación.

Sin embargo, el MNR que también había estado jugando con barajas electo-
rales, marcadas por el consejo de sus ingenieros electorales de golpear al partido
de JPZ, en cualquier lugar y de la mejor manera posible, se encontró en apuros
en el momento de recomponer su figura y aparecer como consejero prudente y
severo de un gobierno descarriado.

Quizás esto no termine de verse con claridad, ahora que todavía suenan los
aplausos, más de alivio que de entusiasmo y convicción, por la “pulcritud con
que se desarrolló el encuentro entre el presidente y el ex presidente –sin bro-
mas y con discretos reproches– “y por la aureola de “madurez y responsabili-
dad” con que se etiquetó la esperada reunión. Pero, más allá de el esforzado
trabajo mediático que insinúa que el cónclave puede marcar una alborada de
esperanzas ¿cuáles son las bases objetivas para suponer que ese es algo más que
un deseo? y ¿qué puede llevar a pensar que esta reacción ha ido más allá de los
linderos de algunos barrios residenciales?.

El contenido y la naturaleza de los mensajes intercambiados entre el Jefe de


Estado y GSL ratifica la determinación del último por cultivar la imagen de un
estadista que tiene las claves de la recuperación y proyección económica del país
y la del primero de ser el conductor de un gobierno, cuyas únicas verdaderas des-
gracias son “el Niño”, la herencia movimientista y la crisis financiera interna-
cional. Las sonrisas y el protocolo no han quebrado tales distancias y, lo que
es más importante, ninguno de los protagonistas ha mostrado respuestas para

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atender los problemas profundos del país, que son los que hacen germinar sismos
sociales y anudan el porvenir nacional.

O ¿es acaso cierto que amalgamando las fuerzas del MNR y la ADN se tiene
el programa justo, el equipo necesario y la gestión correcta?, ¿Tiene el MNR en
sus manos las pistas para ir más allá de la modernización capitalista que impulsó
en su gestión?, ¿Tienen las cabezas de esta dupla la capacidad de reconocer que
la sociedad está cuestionando a sus partidos y a sus cuadros favoritos, cómo
beneficiarios de la pobreza generalizada?, ¿Pueden reconocer que la corrupción
va más allá de todo límite y que se ha convertido en una auténtica tendencia de
criminalización del poder político?.

¿Basta acaso estimular la demanda agregada?, ¿aumentar la liquidez por


medio del incremento del déficit fiscal?, ¿aliarse entre quienes estimularon las
condiciones de elevación de los combustibles, para ahora reducirlos?. La pareja
ideal está demasiado condicionada para zafarse de ataduras y aliados molestos;
la aritmética congresal no cuadra con un viraje abrupto y los planes electorales
de cada uno no engranan entre sí.

LA GOBERNABILIDAD ENVILECIDA Y EL HUEVO DE LA SERPIENTE.

Algunos actores políticos han empezado a sospechar que toda la oferta


disponible del gobierno, incluido el Diálogo 2000, aún con el aporte movi-
mientista, no da ni para apaciguar duraderamente las demandas sociales, ni
para improvisar un programa anti crisis, ni menos para acordar un proyecto
nacional que nos permita transformar la producción nacional, poner en mar-
cha un proceso de crecimiento y recuperar la ética que el sistema político ha
extraviado. Ellos llegan a entrever que fragmentada, confusa y vacilante está
desarrollándose una resistencia social que puede astillar el abusado tratamien-
to de estabilidad a cualquier precio y gobernabilidad a la boliviana con que el
sistema político ha enfrentado todo apuro en estos 15 años.

Esa gobernabilidad de los tratos subrepticios y los bonos oportunos para


que las bancadas aplastantes sigan las indicaciones del Ejecutivo, sobre la base
de los intercambios, concesiones y perdones mutuos de los partidos está cerca-
na al colapso. Además, el sistema de partidos ha vuelto a recibir, en la expe-
riencia del popular alcalde de El Alto, el mensaje de que los apoyos populares

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pueden ser fugaces e impacientes y que no toleran un manejo utilitario y elec-


toralista.

Estas evidencias hacen que se empiece a hablar de romper el monopolio


partidario para los municipios, o de Comisiones nacionales contra la corrup-
ción. Pero, de la misma manera que el bono sol y el HIPIC 2 no alcanzan para
llegar al 7 y 8% de crecimiento y menos para hacerlo equitativo, esas propues-
tas son insuficientes en las circunstancias actuales.

La gran masa de bolivianos empobrecidos no tiene proyecto, ni organiza-


ción; tiene sí mucha bronca que no hará sino incrementarse ante los nuevos expe-
rimentos con que quieren distraerla. Sin proyecto, la onda expansiva de la ira
popular puede sepultar lo que se le atraviese, aún al costo de abrir campo a una
respuesta ajena y regresiva, que tiene chance de armarse en plazos muy breves.

DIÁLOGO O COMEDIA.

La programación y el sentido del diálogo convocado por el gobierno tiene


un horizonte definido donde no caben, ni son bienvenidos, preocupaciones o
argumentos que vayan más allá de la discusión sobre como dividir 80 millones
de dólares anuales entre 314 municipios, o más de 8 millones de seres angus-
tiados y hostigados por la falta de trabajo, oportunidades y perspectivas. La
disputa de 6.8 dólares al mes, por habitante es demasiado mezquina, aunque se
ornamente con reformas constitucionales que funcionarían de aquí a 7 años.

Que el Estado, los organismos financieros y sus funcionarios se inclinen por


esa vía no es muy sorprendente. Los partidos –sin duda alguna, el mayor peligro
actual que se alza contra el sistema democrático boliviano– tienen el derecho
–inclusive constitucional– de dilapidar y burlar el diálogo. Lo que no puede acep-
tarse es que la sociedad civil se resigne a este curso. Cada uno de sus átomos tiene
la posibilidad de impugnar y resistir que el amplio escenario del diálogo se estre-
che hasta ser una caricatura y un nuevo motivo de desaliento.

Si se ignora estos datos, si el diálogo no se abre para comenzar discutir la


depuración del sistema partidario, la inmediata desmonopolización de repre-
sentación, la creación de sistemas de consulta como el referéndum, de una ley
de responsabilidad de los partidos que los penalice toda vez que designen a

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funcionarios corruptos e incapaces y de una reforma verídica de la justicia, se


contribuirá a bloquear las condiciones para considerar y responder a los proble-
mas de la miseria, el atraso y la incredulidad ciudadana.

Los que ponen las reglas para el diálogo y la convivencia política están
cada vez más lejos de conducir y representar a la sociedad. Que dentro de un
par de años se vuelva a verificar un ritual electoral, seguramente menguado
y languidecíente, no altera este curso. Entre aceptar o no esta realidad, está
la brecha entre un diálogo y una vacua tertulia de los amos del poder.
También puede estar la diferencia entre el ser y no ser de nuestra castigada
democracia.

* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

HERENCIA EXPLOSIVA
19 de mayo, 2000*

U
no de los ecos de la explosión social de Cochabamba que menos huellas
parece haber dejado es la advertencia del Comité Cívico de Santa Cruz
y de una cámara empresarial de ese distrito, respecto a que Cochabamba
deberá utilizar sus recursos departamentales propios para pagar los gastos de
una eventual indemnización a la empresa “Aguas del Tunari”. El anuncio de que
estas instituciones vigilarían que no se utilicen recursos nacionales para esos
propósitos se produjo en la primera quincena de Abril y mereció algún comen-
tario de representantes cívicos cochabambinos, que minimizaron la advertencia,
señalando que sus autores estaban confundidos o equivocados. Hasta ahora no
se ha vuelto a mencionar más el asunto y tampoco se tienen novedades sobre las
negociaciones de resolución del contrato entre la empresa y la Superintedencia
del área. Pero, en algún momento se romperá el sigilo y, si no se produce una
rectificación radical, deberemos enfrentar el pago de una factura enorme de
entre 10 a 12 millones de dólares.

En ese momento la discusión apuntada en los primeros párrafos asumirá


una dimensión enorme que puede convertirse en un ominoso conflicto
nacional. La mejor manera de prevenir este riesgoso escenario es que
Superintendencia y Poder Ejecutivo enmienden todos los errores que acumu-
laron y consigan que se elimine toda indemnización. Sí, de todas maneras ese
pago llega a ser imperativo, es probable que llegue a discutirse que institu-
ciones o que funcionarios están obligados a cubrir sus costos. La Coor-
dinadora del Agua está obligada a realizar un minucioso seguimiento de las

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negociaciones sobre la eventual indemnización, porque los grupos y sectores


que la han atacado y cuestionado tratarán de endosarle los costos y buscarán
que su representatividad y convocatoria se astillen.

Pero, más allá del desenlace de este episodio, la tesis del Comité Pro Santa
Cruz y algunos empresarios cruceños sobre deudas y departamentos plantea
una enorme interrogante –aparentemente inspirada en las ideas del arquitecto
Sergio Antelo, autor del libro “Santa Cruz una nación sin estado”– que el país
no debe demorar en responder.

Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

REDES CIUDADANAS
5 de mayo, 2000

L
os partidos políticos son hoy el mayor peligro que amenaza al proceso
democrático boliviano. No son el único y, a la larga, hay otros más pro-
fundos y complejos, pero ahora en ellos y su campo de influencia se
traman los riesgos más importantes. Sumergidos en un proceso degenerativo
irrefrenable han conducido al Estado nacional a una crisis que apenas empieza.

Convertidos en auténticos nidos de mediocridad y rapiña de los bienes


públicos, se han autoerigido en la única vía de participación en el ejercicio del
poder. Turnándose de roles hoy callan lo que antes denunciaban y todo su talen-
to se restringe a penetrar en las instituciones y a emplearlas en usufructuar y
distribuir beneficios personales y de grupo. Detrás de la crisis de la justicia
están ellos y su distribución de cargos de jueces, fiscales y vocales. Los encon-
tramos en el fondo de la crisis de la Policía y las Fuerzas Armadas, parceladas
en sus campos de influencia y en la devaluación del legislativo y la incapaci-
dad del gobierno.

Dentro de pocas semanas, bajo ropaje oficialista u opositor, se proponen


dirigir el llamado Diálogo 2000, en la cual debería debatirse sobre la pobreza
nacional y su alivio, la corrupción estatal y cambios constitucionales.

En las condiciones vigentes todo el debate que se presente en ese escena-


rio se inclina a viciarse y perderse, como ya ocurrió en la primera experiencia
del Diálogo de 1997. Para corregir este rumbo que llevará a mayor frustración
y desesperanza es necesario enmendar los términos de esa cita.

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El punto de partida es que la sociedad que ha expresado de mil maneras su


repudio y desconfianza ante ellos, exija que la base de todos los debates y análi-
sis es una profunda e inmediata reforma del sistema de partidos, que carece de
toda autoridad y capacidad para conducir un debate sobre los puntos centrales del
Diálogo.

Condiciones elementales para habilitar a los partidos a un intercambio sin-


cero y productivo involucran puntos como los que se sugiere a continuación:

Los jefes y dirigentes sobre los que pesan acusaciones de corrupción, como
sus vinculaciones con los casinos ilegales, deben ser separados de toda respon-
sabilidad pública y suspendidos de su militancia, en tanto se los procese.

Vigencia de una ley de responsabilidad de los partidos políticos, que


penalice a las organizaciones políticas que lleven a puestos de la adminis-
tración pública a militantes corruptos. Los partidos deberán pagar en estos
casos, multas deducidas de los dineros que reciben del TGN para sus campañas
electorales.

DESMONOPOLIZACIÓN PARTIDARIA DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA.

La rectificación del proceso decandentista en que viven los partidos no


puede separarse de una profunda rectificación de la reforma judicial, cara y casi
inútil, que se desarrolla, creando mecanismo de control social en los múltiplex
procesos de corrupción que se ventilan en los tribunales.

Sin acuerdos que resuelvan estas demandas básicas, la búsqueda de entendi-


mientos sobre la reactivación económica, la transformación productiva y el
enfrentamiento de la pobreza, dejará sólo decepciones y ensanchará el campo
para el enfrentamiento y la explosión social.

Todos quienes somos sensibles ante estos problemas necesitamos consti-


tuir en todos los puntos y espacios posibles núcleos ciudadanos que desarrolle-
mos acciones concentradas, a través de la expresión pública por todos los
medios posibles, la participación en los espacios vinculados a la preparación y
desarrollo del Diálogo y la coordinación amplia y flexible de nuestros esfuerzos.

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LA FURIA Y EL SILENCIO
14 de abril,2000 *

L
a explosión de violencia social desatada durante la primera semana de
Abril ha golpeado –quizá por vez primera, desde 1985– la pétrea coraza
de cinismo e indiferencia del sistema político y ha iniciado una intensi-
ficación de la crisis de Estado.

El desgaste y postración de los tres poderes estatales, el descontrol de la


Policía y la confusión vigente en las Fuerzas Armadas son, en conjunto, señales
de un desequilibrio general del Estado y en todos los casos, la historia de los
conflictos, debilidades y contradicciones de estas instituciones remite invaria-
blemente al proceso de decadencia de los partidos políticos, oficialistas y opo-
sitores, que se distribuyen la conducción de poderes e instituciones estatales.

En estas circunstancias, la solidez del sistema puede ser golpeada tan


demoledoramente, como lo ha sido la imagen de las Fuerzas Armadas, cuyos
esfuerzos de 18 años por exhibir un aprendizaje democrático se desploman
ante una fotografía que muestra a un oficial francotirador, disparando frontal-
mente contra manifestantes.

El ardor de las movilizaciones en Cochabamba, los sangrientos enfrenta-


mientos de Achacachi, la impenetrabilidad de los bloqueos campesinos y el des-
dén urbano ante el anacrónico y anticonstitucional “auto de buen gobierno”,
con que se aplica el estado de sitio1, están enseñando que se ha producido un
1 La Constitución establece que el estado de sitio no suspende los derechos y garantías individuales en general, y los
“autos de buen gobierno” sí lo hacen, con restricciones generalizadas de toda naturaleza.

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viraje del estado de ánimo colectivo y que la sociedad busca, aún a tientas, la
redefinición de reglas, objetivos y prioridades.

Queda por verificarse, si el apresurado y desordenado repliegue guber-


namental que ha permitido aplacar las manifestaciones más agudas del des-
contento consigue recuperar la “tranquilidad” y “normalidad”, porque toda-vía
parece distante un acuerdo con los campesinos. Si el gobierno no consigue
encontrar una vía de transacción con este sector social– de lejos, el peor trata-
do por el Estado en las últimas décadas– las réplicas pueden ser más devasta-
doras que el terremoto de los últimos días. Está también vigente el riesgo de la
reactivación de conflictos, si el gobierno persiste en su primer reflejo de no tra-
tar cristalinamente las secuelas de los conflictos.

HIPÓTESIS Y REALIDADES.

Si el Poder Ejecutivo pudiese realizar una evaluación fría de los hechos,


seguramente levantaría el estado de sitio, sitiado como está por la más amplia
desobediencia civil de la que se tenga memoria, en materia de estados de
excepción. Si el gobierno ha superado el riesgo de auto sepultarse es gra-cias a
que negoció y transó. El costo es altísimo, pero el beneficio obtenido por el
gobierno es que restituye su continuidad como tendencia principal del proceso;
al menos, mientras no se reactiven los conflictos o surja uno nuevo. Si esto últi-
mo ocurriera estando vigente el estado de sitio, el gobierno estaría limitando
sus opciones sólo a la masacre o a su retiro.

Sin embargo, reconocer que los sucesos no han llevado a que la ruptura de
la continuidad institucional sea una tendencia representativa, vale la pena anali-
zar los escenarios que encierran las propuestas de renuncia del Presidente de la
República (en favor del Vicepresidente) y la de anticipación de las elecciones
generales, porque en dichos situaciones hipotéticas pueden ponerse de manifies-
to algunos hechos solapados, pero vigentes e importantes.

Un gobierno encabezado por el Vicepresidente presenta la seria dificultad


de que sus presuntas ventajas, como una mayor disposición de diá-logo, trans-
parencia y capacidad de gestión pueden ser, fácil y rápidamente, anuladas por
el recrudecimiento de pugnas internas de Acción Democrática Nacionalista
(ADN), en la que existen múltiples fracciones que no perdonarían el relevo del

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presidente y estarían dispuestas a todo para bloquear al sucesor. Los socios de


la coalición encontrarían abierto el camino para agigantar sus exigencias de
participación en los “espacios de poder”, con lo que el gobierno volvería a
encabezar las tendencias centrífugas de la sociedad.

Si se fuera más lejos y se adelantasen las elecciones este año, los pronósti-
cos más optimistas, sobre la base de encuestas vigentes de intención de voto, nos
muestran que el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) encabezarían la votación, con
votaciones que rondarían el 20% para cada uno.

Lo novedoso, en ese escenario hipotético, es que asistiríamos a lo que


puede llamarse fenómeno del tercer puesto vacante, porque a diferencia de ante-
riores elecciones, donde el tercer y cuarto lugares de votación han escoltado de
cerca al segundo y muchas veces al primero, los tres principales aspirantes a
ocupar los lugares 3 y 4 (ADN, Unión Cívica Solidaridad, UCS y Nueva Fuerza
Republicana, NFR) se ubicarían muy lejos de los dos primeros puestos.

Esa aritmética nos muestra que se llegaría a una situación muy anómala de
fuerzas en el parlamento porque dos fuerzas con menos de la mitad de los votos
acumularían un número artificialmente alto de representantes, con un equili-
brio legislativo muy precario y con relaciones difíciles con el Poder Ejecutivo.
Este ejercicio toma en consideración que cerca del 70% de los ciudadanos votan
y que el 97% opina que los partidos “no sirven para nada”2.

TODOS PIERDEN.

Un supuesto vinculado a los anteriores, es que ningún partido se ha benefi-


ciado con lo acontecido, porque el que supuestamente tiene mejores posibilida-
des de hacerlo, el MNR, se encuentra indiferenciado en políticas y respuestas
del actual gobierno y su presunta mejor capacidad administrativa resulta insufi-
ciente para colmar la insatisfacción popular y el carácter de sus demandas. La
furia movilizada impugna en primer lugar al gobierno actual, pero también
expresa una prolongada indignación por la incesante elevación de tarifas de
los servicios, heredada de la administración anterior y la implacabilidad e indi-

2 Según el sondeo realizado por una empresa privada especializada en Noviembre de 1999, publicado en la revista
“Así piensan los bolivianos”. La Paz.

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ferencia ante las demandas sociales, que son rasgos compartidos por el MNR con
los componentes de la ex mega coalición.

En el nuevo escenario demarcado por la tormenta social, los sujetos socia-


les que se resignaron hasta ayer con el menú de estabilidad y buenas cifras eco-
nómicas, que es el plato que recibieron en quince años de ajuste y reformas,
expresan hastío ante el modelo y decisión de que los recursos que se adquieren
a su nombre les lleguen y no se desvanezcan en las fauces apa-ratos estatales y
privados, copados por y parcelados entre los principales partidos políticos.

BUSCANDO ESPACIOS.

La pieza que falta para convertir esta situación en una crisis integral, donde
“los de abajo se niegan a seguir viviendo como lo han venido haciendo y los de
arriba ya no pueden continuar gobernando como hasta ahora” es la ausencia de
un proyecto y conducción políticas alternativas.

El rugido social encuentra como eco un hermético silencio de propuestas,


que no muestra fisuras de resquebrajamiento. Las críticas y quejas sobre “el
modelo” y “el sistema”, se encuentran aún lejos de articular una voz que inter-
prete y represente las angustias e interrogantes planteadas por los movimientos y
sujetos sociales.

Pero, el vacío de proyectos no exime la necesidad de aplicar rectificaciones


inmediatas, sin las cuales se acelerarán la descomposición política y social. La
agenda mínima de cambios incluye el levantamiento del estado de sitio; una
recomposición gubernamental creíble –con el repliegue de nepotes y halcones–;
una consulta amplia, eficaz y auténticamente participativa sobre la reactivación
económica y el uso de los recursos financieros de la deuda externa condonada y
un viraje ético del Estado, que bien puede empezar con el esclarecimiento minu-
cioso de la red multipartidaria de dirigentes políticos que actuaron como socios,
beneficiarios y protectores de los casinos.

No hay ningún motivo para esperar que el sistema político asuma ninguna
de estas tareas, lo que hace necesario que organizaciones sociales e institu-cio-
nes, como el Defensor del Pueblo y la Iglesia, busquen y abran espacios para un
análisis y tratamiento de estos temas.
* Publicado en Pulso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

DOS AÑOS DEL GOBIERNO DE BANZER


Diciembre de 1999*

BAJAS EXPECTATIVAS Y ALTAS MISIONES.

E
l contraste más pronunciado entre la fase de ascenso del actual gobierno
en 1997, y el del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en
1993, es el bajo nivel de expectativas que caracterizó al encumbramiento
del régimen de la mega coalición. No se trata exclusivamente de la marcada
diferencia de votación que se presentó en los dos casos (alta en 1993, muy
estrecha en el 97), sino del estado de ánimo colectivo que se exteriorizó en los
meses de transición.

Este bajo nivel de expectativas sociales vino a ser con el paso de los meses
una auténtica ventaja para el gobierno presidido por Hugo Banzer Suárez
(HBS), porque la impaciencia y la intolerancia, propias de un elevado nivel de
interés y esperanza, estuvieron prácticamente ausentes, concediendo al
gobierno aire y espacio para instalarse y empezar a buscar un horizonte común
entre sus componentes.

El entusiasmo político (que no debe confundirse con la exaltación del


burócrata que vuelve a encontrar cabida en la administración pública y en el
manejo de mando y recursos) nunca se asentó, ni siquiera entre los miembros
de la nueva coalición, a pesar de que los acuerdos para constituir gobierno se
concretaron en los tres días siguientes a la realización de elecciones, entre
Acción Democrática Nacionalista (ADN), el Movimiento de la Izquierda
Revolucionaria (MIR) y la Unión Cívica Solidaridad (UCS). Conciencia de
Patria (CONDEPA) se unió al carro triunfador un día después.

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La suma de estas siglas equivale a la concentración del 72.3% de los votos


válidos emitidos en la elección, lo mismo que el más cómodo control de las dos
cámaras del Parlamento.

¿Por qué tanta falta de convicción, ante la estructuración de tan grande


maquinaria política y parlamentaria?. La principal razón parece ser que desde
un inicio primó la desconfianza y la susceptibilidad entre los socios oficia-
listas1, cuya convergencia surgió de una suma de imperativos tácticos y
antipatías comunes, antes que de cualquier otra consideración.

Sin embargo, sería completamente abusivo privilegiar el análisis de la


descoordinación interna del oficialismo de relevo, o las bajas expectativas
sociales como los temas más sobresalientes de la coyuntura de transición entre
el gobierno saliente y el que se encumbraba.

Este lugar le corresponde, muy lejos de cualquier disputa, a la


desenfrenada carrera en que se empeñaron el MNR, ADN, MIR y UCS para
promover la más abierta intervención norteamericana en los asuntos de
política interna del país. Un periódico nacional2 daba cuenta que, práctica-
mente al día siguiente de las elecciones, los partidos con mayor votación
habían embarcado a sus principales cuadros con rumbo a Washington,
buscando su apoyo, el levantamiento o al menos la suspensión temporal de
vetos o la reanimación de estos. Junio de 1997 es el mes de las altas misiones,
en busca de los objetivos “más sublimes (?) y los más perversos”.

Esta vertiginosa ronda de lobbies y contra-lobbies está muy lejos de ser la


primera en nuestra historia, pero es difícil de encontrar antecedentes respecto
a la manera tan abierta y desinhibida con que cada uno de los protagonistas
explicó ante la opinión pública sus gestiones en la capital norteamericana.
Durante la campaña electoral el MNR ya había blandido como un elemento de
inhabilitación política el retiro de la visa de ingreso a EEUU, aplicado a Jaime

1 Este estado de ánimo podría haber pasado a un segundo plano si el principal opositor, el Movimiento Nacionalista
Revolucionario hubiese representado algún mayor grado de amenaza parlamentaria. Pero, además que el 18,2%
con que el MNR conquistó el segundo puesto resultaba demasiado exiguo ante la potencia del flamante frente ofi-
cialista, la desmoralización de los movimientistas al no haber logrado la primera votación en ninguno de los nueve
departamentos - cuando en la elección previa triunfaron en 7 de ellos - y las heridas internas aplacaron la inten-
sidad del único punto importante de convergencia que existía entre los componentes del nuevo gobierno.
2 La Razón, página A 13 "Diez días de maniobras...Guerra para obtener el OK de Estados Unidos".

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Paz y otros dirigentes miristas por el Departamento de Estado, por sospechas


de haber se relacionado con una banda de traficantes de cocaína.

El objeto principal de la guerrilla diplomática era influir sobre la


posición gubernamental estadounidense ante el MIR. EL MNR se esforzaba
por gestionar una extensión del veto contra algunos dirigentes hacia todo el
partido, mientras el MIR y ADN pugnaban por obtener una “licencia de
funcionamiento” institucional, que permita estructurar el núcleo central de
mayoría parlamentaria que les permitiría acceder al gobierno.

La diplomacia movimientista expresaba una súbita angustia ante la


comprobación de que el próximo gobierno contaba con una superioridad
parlamentaria tan grande que le permitiría cambiar, alterar o revertir, con
gran comodidad, algunas de las reformas ejecutadas durante su mandato.

La tardía reacción de la cúpula del MNR no es representativa, en absoluto,


de que los resultados electorales pudiesen ser sorpresivos3 o desconcertantes.
Lo más que prueban es que su conducción trazó un rumbo de derrota para su
partido, desde el momento en que le impuso un candidato ajeno (el ex-ministro
de Justicia René Blattman), para luego desecharlo, apoyando, luego, a desgano
al, con seguridad y de antemano, derrotado candidato partidario4.

El estado de ánimo movimientista se manifiesta en el hecho de que al mismo


tiempo que gestionaba un bloqueo internacional para que el MIR accediera al
gobierno, el MNR no vaciló, el 2 de Julio5, en ofrecerse como aliado de ADN
argumentando que “el MIR no garantizaba la gobernabilidad”. En otro frente, el
gobierno movimientista no dudó en enfrentarse con las dos Administradoras de

3 Ver por ejemplo "Ventana" del periódico La Razón de 26 .Junio de 1996, donde se prevé que la votación mirista se
encontraría entre el 13 al 16% y...en el Informe R de Noviembre de 1997, donde se analiza que prevalecería la ten-
dencia a estructurar una gran coalición anti-MNR.
4 Hasta ahora no se ha investigado por qué GSL no optó por negociar que su socio gubernamental, UCS, impulsara la
candidatura de Blattman a la presidencia. Esta fórmula tenía grandes posibilidades, de acuerdo a todas las encues-
tas pre electorales, de conquistar un cómodo primer puesto, al conjugar los elementos favorables del candidato y el
partido y otorgaba a GSL enormes posibilidades de tener una fuerte presencia en el siguiente gobierno, sin necesidad
de confrontarse con importantes franjas de su partido, como ocurrió con el cambio de candidato designado. El pro-
ceso por el cual GSL impuso inicialmente la candidatura de Blattman demuestra lo debilitada que se encontraba la
discusión interna del MNR y el pánico de sus oponentes para enfrentar abiertamente una discusión doctrinaria con
su jefe. Bastó que este argumentara que las encuestas debían ser decisivas para seleccionar candidatos, para que se
acalle toda la discusión.
5 La Razón , p. 10, 3 de Julio de 1997.

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Fondos de Pensiones (AFP) a las que adjudicó el nuevo sistema de pensiones y


el manejo de las acciones de la capitalización, tratando de obligarlas a que sus-
criban un nuevo compromiso de fideicomiso de esas acciones para evitar que el
gobierno de HBS “eche mano” a tales recursos o descontinúe el pago del
Bonosol6.

La inminente incorporación de algún personal mirista al gobierno movió a


que el habitualmente cauteloso embajador, Curtis Kamman, declarase a los
medios de difusión que Jaime Paz y otros directivos miristas –aunque no el MIR–
estaban objetados por el gobierno estadounidense, el que se vería obligado a no
cooperar con un gobierno en el que eventualmente participaran esas personas.

Todas estas situaciones y la permanente peregrinación de los más altos cua-


dros partidarios al Departamento de Estado, institucionalizaron, de hecho, para el
personal más influyente de los partidos políticos bolivianos “grandes”, el con-
cepto de que Bolivia merece recibir un trato de territorio, ya que no de Estado,
por parte de potencias internacionales. Fuera de las diferencias retóricas, todos
ellos parecen estar convencidos de que la soberanía es una ficción, o un lastre en
el mundo globalizado y unipolar.

Pero, quizá lo más notable de esta experiencia es que indica que el sistema
político nacional está perdiendo capacidad de autorregularse y requiere de arbi-
trajes externos. El camino que los grandes partidos han seguido para arribar a este
punto, después de haber sido algo así como los modelos de concertación y tran-
sacción ínterpartidaria en América Latina, ha pasado por todos aquellos hitos en
los cuales el Estado y los partidos delegaron en factores externos la toma de deci-
sión sobre cuestiones políticas internas. Y tales hitos se han hecho cada vez más
frecuentes e intensos.

DE “MEGA” A “PEGA”.

Los primeros anuncios de que el entendimiento de sus componentes sería un


vía crucis permanente para el nuevo gobierno se apreciaron francamente con el

6 Tal es el nombre apocopado del "Bono solidario", como se denominó a un pago que recibieron, justo antes de las elec-
ciones, los ciudadanos mayores de 65 años. Los recursos para pagar este beneficio provenían de los intereses deven-
gados por los intereses del 1.6 millardos de dólares que representan las acciones de las empresas capitalizadas. El
gobierno obligó a que las AFP se prestaran recursos para pagar el mencionado bono y, según el gobierno de HBS,
dicho endeudamiento sólo pudo pagarse hasta dos años después y luego de haber suprimido la cancelación del bono
en las gestiones 97, 98 y 99.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

ácido desenlace de una reunión, sostenida en Julio de 1997, entre HBS y el hom-
bre fuerte del MIR, Jaime Paz. La causa de las expresiones amargas y las expli-
caciones someras ante la prensa, que resultaron después de dicha reunión, fue un
evidente desacuerdo sobre las cuotas que correspondían a cada socio en la próxi-
ma administración. Semanas antes de este incidente, el 9 de Junio, un vocero de
UCS denunció que su partido era chantajeado por ADN, mediante las cíclicas
acusaciones de que la Cervecería Boliviana Nacional (principal empresa de la
familia que encabeza a UCS) tiene una pesada deuda de varios millones de dóla-
res, por impuestos no pagados.

El descontento de los otros miembros del oficialismo fue también inocul-


table y la falta de entendimientos satisfactorios enturbió el ambiente de las
sesiones preparatorias del Congreso. Pero, pese a todo, las nuevas directivas de
diputados y senadores fueron elegidas oportunamente.

La falta de entendimiento y sincronización de los socios oficialistas los


llevó a sumar entredichos aún antes de posesionarse como nuevos gobernantes.
La sesión congresal en la que se decidió la elección de HBS y Jorge Quiroga
Ramírez (JQR) como Presidente y Vicepresidente de la Nación, transparentó
tanto la incongruencia de la nueva sociedad oficialista, cuanto la desintegración
de convicciones ideológicas y políticas de muchos de sus componentes. Las
intervenciones de varios diputados de pasado izquierdista –algunos aliados del
MIR y otros miembros de CONDEPA– entre los que se incluyen militantes par-
tidarios y cuadros sindicales perseguidos por el banzerismo de los años 70, fue-
ron un catálogo de contradicciones lógicas y éticas, comprensibles sólo como
parte de la lógica que conduce a gran parte de los políticos profesionales a
garantizar su participación en un esquema de poder.

La tensión interna de la “mega” volvió a ostentarse 13 de Agosto, día en que


el ministro de la Presidencia invocó a “que se vayan los que quieran”, en refe-
rencia a las insistentes quejas de los socios menores de la coalición y, especial-
mente, a UCS y CONDEPA.

En retribución a la gentileza militantes de CONDEPA decidieron tomar con sus


propias manos las parcelas burocráticas que les había prometido ADN y empezaron,
el 17 de agosto, con las oficinas del Viceministerio de desarrollo rural.

Este tipo de incidentes alentó al Presidente del Senado, Walter Guiteras, a


reiterar la expresión su profundo desagrado por la participación de CONDEPA en

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el esquema gubernamental, tal como vino haciéndolo desde el mismo momento


en que se produjo esa integración. Guiteras objetaba una presunta incompatibili-
dad estratégica entre CONDEPA y los demás componentes del frente oficialista,
pero tales diferencias nunca llegó a manifestarse, ni fue la causa de la ruptura
final de la coalición con el partido fundado por Carlos Palenque.

La materia principal y casi exclusiva de la sucesión de choques entre los


miembros de la coalición fue la intensa disputa por “cuotas de participación” en
el gobierno central, en las prefecturas departamentales y en las pocas empresas
estatales residuales que sobrevivieron a la capitalización y las privatizaciones. La
firmeza y el colorido con que se desarrollaron múltiples querellas sobre este
punto incitó a que antes de transcurrido un mes desde que se hubiese patentado
el nombre de mega coalición para el frente oficialista, sea sustituido por el de
pegacoalición, en honor al voraz apetito de sus miembros por puestos (pegas) en
la administración pública.

Esta percepción, impregnó la imagen gubernamental ante el público en


general, de tal manera que la reforma del Poder Ejecutivo ejecutada por el gobier-
no se interpretó principalmente como una medida facilitadora de la distribución
de puestos entre un mayor número de “comensales” .

La reestructuración del Poder Ejecutivo hoy vigente, está marcada por una
ostensible tendencia conservadora que lejos de resolver los problemas que sur-
gieron como resultado de la reforma anterior, los ignora, y se atrinchera en una
visión sectorialista, incompatible con las modificaciones estatales introducidas
por la vigencia de la Participación Popular y la descentralización administrativa.
Peor todavía, a falta de una propuesta superadora, el restablecimiento de una
visión rutinaria se empeora con la asignación sectaria y oportunista de las carte-
ras ministeriales7.

“DESPROGRAMADO”.

La primera imputación política que recibió el gobierno, casi a partir del


momento de conformarse, es que carecía de programa. Este hecho fue
7 Así, el ministerio de Desarrollo Económico se descuartizó, transfiriendo importantes áreas a otros sectores (por
ejemplo agricultura, comercio exterior y turismo) y refeudalizando otras (transporte, minería, energía), en tanto
que el de Desarrollo Sostenible fue tratado como un simple despojo La situación para este último ministerio no
resultó verdaderamente novedosa, porque ya en el gobierno anterior, sufrió un descalabro importante, desde el
momento que dejó de estar en manos de gente de confianza del Presidente y se "sacrificó", entregándolo a las
demandas burocráticas de un socio, para calmar un berrinche, característico de las relaciones entre miembros de
coaliciones de gobierno, en Bolivia.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

caracterizado tanto desde el campo de la oposición, como de varios medios de


difusión social. La “Mega” ha sido incriminada con tanta insistencia por este
tema que podría creerse que el debate y la capacidad programáticos de los
partidos son un bien de alta estima en la tradición política nacional.

Esto se encuentra muy lejos de ser cierto y, en la experiencia electoral de


1985 en adelante, los programas han merecido una atención variable y muchas
veces secundaria. Por ejemplo, en 1985 Víctor Paz se limitó a ofrecer un
“cambio total”, sin revelar en que consistiría, mientras Hugo Banzer utilizaba
lemas de su gobierno dictatorial de los 70, negándose a hacer conocer su
programa “para que no lo plagien”.

En 1989 Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) resumió su programa en


ofrecer 250 mil empleos, Jaime Paz en la “re-localización del 21060”8 y HBS
en una propuesta tan vaga como la de la elección anterior.

La campaña de 1993 es la única en la que se observa un cambio porque el


MNR con su “Plan de Todos” y ADN con el suyo, detallan con anticipación
varias medidas centrales que asumirían desde el gobierno. El MNR centra la
discusión programática en descalificar las propuestas privatizadoras del MIR
y ADN, ofreciendo como alternativa la capitalización. CONDEPA participa
activamente en la discusión promoviendo una opción “endógena” y la
izquierda –que antaño fuera la única concernida con temas de programa–
propone el desmantelamiento del esquema implantado en 1985 y algún grado
de retorno al capitalismo monopólico estatal.

Los partidos retornaron en 1997 a los niveles habituales de proposición,


con la diferencia de que el MNR, cuya campaña se organizaba sobre el supuesto
de que la gente estaba cansada de cambios radicales y había que ofrecerle
soluciones concretas, interpelaba a sus opositores respecto a si respetarían o no
el conjunto de reformas aplicadas entre el 93 al 979. La toma de iniciativa del

8 Lo que significa ofrecer el cambio del patrón de acumulación establecido desde 1985 con medidas neoliberales y
de ajuste estructural
9 Principalmente la capitalización de las empresas públicas, la Participación Popular, la reforma del sistema de pen-
siones, el pago del Bonosol y los seguros materno infantil y de la vejez. La reforma educativa, la constitucional y
la descentralización, también aplicadas en esa gestión, no recibieron el mismo énfasis que las anteriores, cuyo
enunciado se identificaba más de cerca con el MNR que las otras, trabajadas y pactadas en conjunto, durante var-
ios años, con los otros partidos representados en el Parlamento.

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MNR lo preservó que le replicaran que la falta de programa que imputaba a los
demás era igualmente ostensible en su propia oferta electoral.

La principal prueba de la vigencia de una generalizada sequía progra-


mática se la encuentra en el MNR, cuyos voceros más destacados, incluyendo
al mismo GSL, han empezado a manifestarse en sentido de que el modelo ha
llegado a su límite y que es necesario diseñar y preparar una nueva fase.

De todas formas, el aplomo táctico movimientista y las contundentes


pruebas de que el MNR había llevado a la práctica una parte sustantiva de su
Plan de Todos, desarmaron a sus críticos y evaporaron del debate electoral
importantes cuestionamientos referidos, por ejemplo, a los graves errores de
apreciación que llevaron a que en la campaña de 1993 el MNR hubiese
garantizado que conduciría a un crecimiento económico superior al 8%, para
el tercer año de vigencia de su gobierno, o la supuesta posibilidad de lograr un
“apalancamiento” financiero superior a los 5 millardos de dólares, gracias al
proceso de capitalización.

Con tales antecedentes, el gobierno de HBS se atrincheró en una tenaz,


pero precaria, defensa en torno al enunciado de cuatro pilares: equidad,
dignidad, institucionalidad y oportunidad, como fundamentos de un programa
que recién se hizo público quince semanas después de la transmisión del
mando, al cabo de un accidentado proceso de elaboración.

Los enunciados de lucha contra la pobreza, erradicación del narcotráfico


y política de retorno al mar fueron mencionados por el entonces futuro jefe de
Estado, en la primera reunión oficial de la coalición, el 18 de Julio de 1997,
durante la cual caracterizó que: “Tanto la miseria como la pobreza son las más
graves violaciones de los derechos humanos”. Casi un mes antes, el embajador
estadounidense había dictaminado que:”Erradicar (cocales) debe ser prioridad
para el nuevo gobierno”10.

El “complejo” de programa(o mejor, de falta de el) que aquejaba al gobier-


no se agudizó extraordinariamente, durante el primer bimestre de iniciado el

10 "La Razón", p. A3, 26 de Junio de 1997. El análisis de los hechos producidos por el gobierno demuestra que esa
última instrucción tiene mucho más peso que toda la retórica oficial.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

nuevo mandato constitucional, como consecuencia del continuo flujo noticioso y


editorial sobre disputas entre los socios oficialistas por los “derechos” que recla-
maba cada uno, para usufructuar tal o cual parcela administrativa. Con este telón
de fondo, le tocó al Vicepresidente JQR, encabezar una contraofensiva, basada en
el anuncio y preparación de un “Diálogo –consulta nacional–”, que debería, bien,
subsanar los vacíos propositivos del gobierno –según algunos voceros–, o: “defi-
nir la estrategia de mediano y largo plazo”, –según otros–.

Aunque esta nueva discrepancia sobre los objetivos verdaderos o finales


del “Diálogo Consulta” abrió espacio para el recrudecimiento de críticas, estas
no anularon la eficacia de la convocatoria, con lo que el gobierno consiguió,
probablemente por primera vez desde el su inicio, asumir la iniciativa en la
escena política.

Como una combinación de molestia por las acusaciones de carecer de pro-


grama y de intención de proyectar una imagen novedosa, que mitigue la falta de
programa, el jefe de Estado propuso, al décimo día de asumir su cargo, un decá-
logo de buena conducta que debía ser cumplido por todos los funcionarios y que
incluía el legalismo, la austeridad, la disciplina, la integridad, la modestia, entre
los principales. El decálogo pasó muy pronto a ser motivo de escarnio por una
andanada especialmente seguida y rápida de violaciones cometidas en su contra
por miembros del gobierno y denunciadas al público por la prensa.

EL DIÁLOGO Y EL ZAR.

El desarrollo del diálogo- consulta, a partir de su inicio el 6 de Octubre de


1997, tuvo un impacto que sobrepasó el ámbito de la coyuntura, en la que,
como se ha dicho, dominaba el debate sobre el vacío programático guberna-
mental, al marcar una indudable inflexión en la imagen del gobierno y la de su
conductor.

Aunque el máximo titular del Ejecutivo no participó de las sesiones de tra-


bajo del diálogo y el protagonista central del proceso fue el Vicepresidente, la
sola realización del evento cerró –al menos momentáneamente– una de las pre-
guntas abiertas con la instauración del nuevo gobierno, respecto a ¿qué rumbo
escogería Hugo Banzer en su conducción política: una ruta autoritaria o de con-
sulta y participación?.

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La amplitud partidaria de la coalición y, especialmente, la participación de


CONDEPA había ayudado a crear una imagen de tolerancia y conciliación que
se resintió en alguna medida a causa de la interminable querella entre los
megacoaligados. Un amplio y, aparentemente, incondicional llamado del
gobierno “a la sociedad civil” para deliberar sobre los problemas centrales del
país tuvo el efecto de amortiguar dudas sobre la inclinación democrática del
gobierno y de difundir la imagen de una “vuelta de hoja” histórica, que dejaba
atrás el pasado dictatorial de HBS.

Bajo esta óptica el diálogo-consulta fue, antes que cualquier otra cosa, un
evento comunicativo altamente exitoso que otorgó al gobierno un aura de
apertura, conciliación y, quizá, hasta de cierto grado de modestia.

Estos puntos, esencialmente subjetivos, se convertían en un agudo


contraste con la imagen que había dejado el gobierno de GSL de verticalismo11
y le permitían a HBS y su equipo capitalizar los reclamos y el descontento que
dejó la administración anterior.

Este impacto de opinión pública fue tan marcado que primero el MNR y
después la COB, ambos reticentes a participar de las mesas de diálogo, se
integraron al desarrollo del evento.

Ya se ha apuntado que HBS se benefició a través del diálogo de afirmar


una imagen que trató de construir durante varios años. El Vicepresidente
Quiroga consiguió, por su lado, como figura activa y protagónica del diálogo,
mostrarse como el conductor del ala modernizante, dialoguista y concertadora
del gobierno y su partido. El neto fortalecimiento de su figura se apuntó
también en la consolidación del amplio espacio político que le otorgó el
Presidente, desde la inauguración del gobierno. La multiplicidad de funciones
y atribuciones que recayeron sobre su persona y su círculo de allegados,
llegaron a ser tan amplias que superaron la posibilidad de que las atienda
eficazmente.

11 Los titulares de aquella administración se han defendido en múltiples oportunidades, señalando información que
busca demostrar que su gobierno pasó una buena parte de su tiempo, explicando, conversando con diversos sectores
y ejercitando múltiples mecanismos para conocer el criterio de la población. Sin embargo, encuestas de muy diver-
sas fuentes, muestran que GSL y su gobierno fueron afirmando una imagen autoritaria, con el paso del tiempo.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Encargado principal de las relaciones con Estados Unidos, cabeza del


gabinete económico y encargado de las finanzas públicas, componedor de los
pleitos internos de la coalición, vocero principal del gobierno, a más de otras
tres o cuatro funciones de no menor rango, el Vicepresidente llegó a ser, durante
varios meses, algo más que un Primer ministro y algo menos que un zar.

Las aptitudes comunicativas de JQR y su sentido de oportunidad pueden


considerarse como un complemento de las ventajas con las que cuenta
–personalmente y como cabeza de un grupo de jóvenes tecnócratas– ante la
guardia vieja de su partido, en el momento de enfrentarse y adaptarse a las
exigencias de la gestión estatal en las condiciones vigentes, dentro y fuera
del país.

En este sentido, es muy difícil de ocultar que el jefe de Estado se siente


manifiestamente incómodo y, algunas veces, hasta desesperado ante un ritual,
un ritmo y unas formas de conducción estatal que han experimentado
importantes modificaciones, en comparación con la experiencia que le tocó
cumplir como cabeza de un gobierno dictatorial en los años 70.

Todas estas razones contribuyeron a que Quiroga desplegara una


influencia excepcionalmente grande y decisiva en el Poder Ejecutivo sin que,
en un principio y por un lapso de varios meses, se hubiese manifestado
públicamente, ninguna señal que demuestre resistencia ante este situación. La
“guardia vieja” de la que se rodeó el Presidente, parecía aceptar, tranquila o al
menos resignadamente, al Vice y su equipo.

Pero, alrededor del tiempo en que se cumplió el primer año de gobierno,


comenzaron a manifestarse diversos signos de suspicacia, entre los altos
funcionarios que pertenecían al grupo convocado y organizado por Jorge
Quiroga, sobre una creciente inestabilidad que los afectaba directamente y la
inminencia de una presunta razzia de los sectores conservadores de ADN para
deshacerse de ellos y copar sus puestos y espacios. No es fácil rastrear la
evolución de este conflicto, porque ha sido tratado con reserva, fuera de la
visión del público y de los medios.

Más allá de las consabidas tendencias de pugna interburocrática, en el


caso del gobierno de HBS es posible detectar que el círculo familiar más

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Roger Cortéz Hurtado

próximo al Presidente, ocupó un espacio central en la administración del


poder. Inicialmente, esta presencia se manifestó en el control y manejo de las
“cuotas” y espacios”, manteniendo una prudente distancia respecto a los
procesos deliberativos y de toma de decisión en los asuntos centrales de la
gestión, considerados como técnicos o especializados. En esta área el grupo de
allegados al Vice no encontró mayores escollos o confrontaciones.

Sin embargo, en algún momento el Vicepresidente colisionó con el círculo


familiar de HBS y desde ese momento se produjo un marcado repliegue de su
presencia y su actividad en el ejercicio del gobierno. Aunque nunca llegó a
observarse un desplazamiento masivo de los altos funcionarios promovidos a
dicha condición por Quiroga, el seguimiento noticioso permite advertir un
importante retroceso del protagonismo vicepresidencial durante un lapso de
varios meses.

Quizás la primera expresión del retroceso de Quiroga es la sucesiva


postergación del “Diálogo 2”, anunciado para inicios de 1998 y en cuya
preparación participaban importantes cuadros que participaron del gobierno de
GSL, en calidad de consultores: el ex ministro José Guillermo Justiniano y el
ex Secretario de Participación Popular, Carlos Hugo Molina. El aplazamiento
del evento que pudo ser atribuido a una dura intensificación de la
confrontación entre el gobierno y el MNR, tiene en realidad un significado más
profundo, debido a que significa la renuncia consciente del gobierno a
usufructuar de un hecho político que incrementaba su credibilidad e imagen.

Semejante sacrificio corresponde más a un desequilibrio interno –en este


caso, el distanciamiento entre HBS y JQ– que a la extensión del enfren-
tamiento con el MNR, cuya presencia se pudo haber obviado o dismi-nuido en
el evento. El gobierno perdió mucho al no realizar el “Diálogo 2”, porque
sacrificó el desarrollo de la forma más rentable de proyectar su imagen y esta
lógica autodestructiva parece cimentarse, tanto en las desinteligencias, como
en el deseo de frenar el avance de JQR.

Además de la anulación de gestos y actitudes de diálogo, la imagen


gubernamental fue duramente desgastada por la manifiesta desidia para
concluir la investigación sobre los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz, el
intento de incautación del Informe R y toda la actitud del presidente y su

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

equipo político ante el Plan Cóndor y otras evidencias de las actividades de


terrorismo de Estado, ejecutadas por gobierno dictatorial encabezado por
Banzer en los 70. El desgaste ha sido todavía mayor por causa de ruidosos
escándalos sobre actos de corrupción que determinaron la caída de los ministros
de Salud y Trabajo (Tonchi Marinkovic y Leopoldo López del MIR), el de
Defensa (Fernando Kieffer de ADN), dos directores generales de Aduana, una
Viceministra de Género, los Prefectos de Cochabamba y Potosí (Wilson Lora y
Guido Camacho, ambos de ADN) y varios otros funcionarios de menor rango12.

El enfriamiento de las relaciones entre presidente y vice se extendió


inclusive hasta principios del mes de Julio de 1999, cuando JQR reaparece
muy próximo a HBS, desplegando la mejor defensa ante el denso clima de
sospechas que se había incubado en varios medios de difusión y sectores de la
opinión pública, a partir de la denuncia del “caso Diodato”. Apabullado por
sucesivas y escandalosas revelaciones, el aparato de comunicación oficial se
refugia en una actitud defensiva, hasta que JQ enfrenta a los medios,
blandiendo el argumento más simple y eficaz de defensa, consistente en
afirmar que las sospechas sobre el gobierno no tomaban en cuenta que fue el
gobierno quien persiguió y capturó a Diodato.

La reconciliación, urgida por las circunstancias, difícilmente anulará los


roces que se han acumulado hasta ahora.

DURMIENDO CON EL ENEMIGO.

Si por debilidad o economía intelectual se decide ceder al mal gusto y se


acepta comparar a las alianzas políticas con un matrimonio, el de la “Mega” se
descalabró por propia voluntad, comenzando en la etapa de acuerdos
prenupciales.

El vínculo más firme dentro de la coalición es que liga a ADN y el MIR,


gracias a la experiencia de co-gobierno de 1989 a 1993 y a la creciente afinidad
12 Las acusaciones de corrupción han sido tan intensas y continuas que se han convertido en uno de los peores prob-
lemas de esta administración. La compra de vacunas con sobreprecio ( contra T Marinkovic,) de contrabando con-
tra Leopoldo López, malversación y sobreprecios (Kieffer y Camacho), extorsión (W. Lora), etc., etc., han jaque-
ado sin tregua al gobierno de HBS. A lo anterior se une la interpretación periodística de que el país se encuen-
tra en el “primer puesto mundial de la corrupción”, según una evaluación realizad por consultores del Foro de
Davos, de acuerdo a un estudio de percepciones realizado entre empresarios bolivianos.

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conceptual, de prácticas y estilos que han desarrollado por años. Además, el


MIR tiene y reclama el status de socio privilegiado merced a que sus votos son
indispensables en la Cámara Alta, para asegurar la mayoría que ADN no tiene
de otro modo.

No obstante la necesidad imperiosa e insustituible que tienen ambos


partidos de permanecer amarrados entre sí, los dos años de gobierno conjunto
han transcurrido en medio de tormentas y desencuentros continuos, signados
por el status de libertad bajo palabra en la que transcurre la vida política del
MIR. Dicha condición ha merecido la solidaridad retórica y de hecho por parte
de ADN, quien, sin embargo, no ha dudado en sacar ventaja para sí de la difícil
situación de su socio.

Un ingrediente adicional que proviene del condicionamiento norte-


americano son los realineamientos internos del MIR, escindidos ahora entre
los ““visados” y los “desvisados”. Entre los últimos destaca el empresario
Samuel Doria Medina, quien ha iniciado un cuestionamiento de la continuidad
del liderazgo de Paz Zamora, al mismo tiempo que desarrolla un proceso para
persuadir a los miristas de que la reiteración de la candidatura de el actual jefe
partidario, mantendrá encerrado el caudal electoral mirista dentro de un límite
máximo inferior a un quinto de los votos válidos13.

Por otro lado, el MIR desgastó con celeridad su capacidad de negociación


desde que varios funcionarios, incluyendo dos ministros que militan en sus
filas han sido denunciados e inclusive atrapados en flagrantes actos dolosos y
de abuso de poder. Las renuncias obligadas y las destituciones que esto le ha
acarreado golpean frontalmente su “derecho a la petición”, complicando más
las relaciones entre los dos socios centrales de la “Mega”.

Si las relaciones entre los dos puntales de la mega coalición han sido
complicadas, las que existieron con CONDEPA son aproximadamente indes-
criptibles, porque salvo el fugaz idilio que permitió que la bancada oficial se
fortalezca con los votos de sus diputados y de sus dos senadores, el clima de
conflicto se mantuvo vigente hasta el colapso de la relación. CONDEPA fue un

13 Doria Medina, Hugo Carvajal - actual presidente de los diputados - y otros allegados, intentan conformar una cor-
riente con un perfil negociador, que se aleje de los “cardenales”y de la imagen de prebendalismo y corrupción a
la que están asociados.

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agente activo de su desplazamiento y marginación porque se consumió en una


interminable disputa interna, en la que se desnudó la fragilidad de los vínculos
orgánicos y la comunidad ideológica del partido.

Varios representantes condepistas en el gobierno volvieron a comportarse


como figuras de una tosca coreografía montada en torno de un arreglo musical
con letra “ahora que podemos...bien le cascaremos”; danza política, en realidad
muy popular entre militantes de los más diversos partidos, pero fuertemente
asociada a CONDEPA por las particularidades de su identidad partidaria.

Un año de gobierno le ha sidco suficiente a CONDEPA para destruir su


futuro político. Su expulsión del gobierno no le representa a este mayor susto,
porque empleando técnicas heredadas de administraciones anteriores, sus
operadores políticos pueden garantizar que exista el número suficiente de
legisladores para no poder en riesgo la gobernabilidad.

UCS disfruta una presencia continua en el gobierno, desde hace 6 años, y


del buen nivel de intención de voto que registran las encuestas para su jefe y
seguro candidato. El MIR y un ala del adenismo se enzarzaron oportunamente
en sendas disputas con UCS, pero después de mucho ruido la calma ha termi-
nado imponiéndose después de cada uno de estos episodios, sin menoscabar la
versátil y ambigua imagen de la que disfruta este partido ante importantes
sectores del electorado, como parte del gobierno y excluido de el, al mismo
tiempo.

ADN es el que tiene las más grandes posibilidades de padecer los peores
efectos del ejercicio del gobierno. El resultado más llamativo hasta el
momento es la polarización de ADN entre una corriente conservadora y otra
“modernizante”. No se trata de una pugna doctrinaria, sino de un intenso
tironeo por espacios de poder y su usufructo.

La amplitud de la coalición gobernante, la imposibilidad de satisfacer las


demandas y apetitos de su componentes y las rencillas y contradicciones que
han proliferado en su seno han permitido que una prensa, cada día más atenta
ponga de manifiesto una gestión gubernamental traspasada por un estado de
corrupción alarmante.

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LA OBSESIÓN OFICIALISTA.

De los miembros de la “mega”, el MIR y CONDEPA habían anunciado


antes y durante las elecciones de 1997 que GSL y su grupo de colaboradores
más próximo merecían un buen proceso y una mejor sanción por múltiples
acusaciones, formuladas en distintas oportunidades.

Durante los últimos seis meses del gobierno del MNR, parlamentarios
miristas desarrollaron una ofensiva por medio de solicitudes de informes
escritos, en los que se cuestionaba la pertinencia y la transparencia del contrato
firmado con la compañía Enron, como socia de YPFB, en la materialización
del contrato de compra venta de gas al Brasil. La línea de denuncia del MIR
cuestionaba la legalidad de los mecanismos por los cuales el gobierno
seleccionó a la ENRON, de un total de 7 compañías invitadas y presuntos lazos
entre la ENRON y la Compañía minera del SUR (COMSUR) de propiedad de
GSL y su familia. Estas acusaciones se entroncan con la campaña desplegada
por ADN en 1996, respecto a condiciones onerosas contenidas en el contrato
suscrito entre Enron e YPFB. La campaña consiguió que el contrato se
renegociara y se modificaran varias de la cláusulas impugnadas, pero no
aportó ninguna prueba sobre vínculos empresariales del ex Presidente con la
Enron.

Ya desde el gobierno, ADN y el MIR amenazaron revisar el contrato


firmado con la Enron y llegó inclusive a sugerirse la posibilidad de que sea
rescindido. La reiteración de esas insinuaciones concluyó con una intervención
directa y fulminante de la embajada estadounidense que les puso fin,
señalando que el gobierno ponía en riesgo las inversiones en el país. La
beligerancia con la Enron terminó siendo descartada totalmente, como lo
prueba la aprobación legislativa de la llamada “ley corazón”, por la cual se
autoriza a la compañía norteamericana a construir un ducto que lleve gas a
Cuiabá –Brasil– para aprovisionar plantas termoeléctricas, de propiedad de la
misma compañía.

La segunda línea de ataque al ex presidente y máximo jefe del MNR fue


la periódica amenaza de un juicio de responsabilidades, por los actos de
violencia ejercidos por fuerzas militares en Diciembre de 1996 contra pobla-
dores de Amayapampa y Capasirca. Estos acontecimientos arrojaron la muerte

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de 10 civiles, entre campesinos, sindicalistas y pobladores y un jefe policial.


En previsión de que el tema se convirtiese en un caballo de batalla GSL
promovió, en 1997, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDDHH), dependiente de la Organización de Estados Americanos, inves-
tigase los acontecimientos. El informe de la Comisión exime al gobierno de la
responsabilidad de haber cometido una masacre, con la reserva de que la
confrontación se produjo por omisiones políticas e insuficiente atención de los
problemas que se presentaron con anterioridad a la crisis.

El antecedente de una investigación imparcial y el tipo de conclusiones a


las que llegó limitan, si es que no neutralizan totalmente, los márgenes de una
acción legal contra el gobierno de GSL. Sin embargo, el MIR hizo los
máximos esfuerzos para promover una iniciativa jurídica (investigación
encomendada al Ministerio Público).

La Fiscalía General inició las investigaciones, con una nítida orientación


de zafarse del marco que proponía el informe internacional, buscando, más
bien, una revisión global de la que pueda surgir la base de una acusación que
sirva para la instauración de un juicio de responsabilidades. Después de un
inicio brioso que llevó a que varios ex ministros presten declaraciones ante el
fiscal, el proceso se fue amortiguando hasta detenerse y silenciarse,
aparentemente porque no se obtuvieron las evidencias incriminatorias que se
buscaban.

Durante el primer año de gobierno, dirigentes oficialistas de primera línea


amenazaron con enjuiciar a GSL, al menos en tres ocasiones: en septiembre de
1997, el senador Valda del MIR; en diciembre del mismo año, el jefe de ADN
y el mismo, en enero de 1998.

Esta última advertencia se presentó en el cuadro de una feroz contienda


verbal entre el oficialismo y la oposición movimientista, iniciada con la
afirmación de GSL, sobre que Banzer “no era un buen albañil” porque no
estaba pudiendo construir sobre los cimientos (las reformas) que había here-
dado del anterior gobierno, a lo que Banzer replicó que el no podía construir
“sobre cimientos de basura maloliente de corrupción”. El contexto del
enfrentamiento lo proporcionaba la pugna en torno al pago del “bonosol”.

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Otro de los ataques ensayados por el gobierno contra GSL es el que lo ha


identificado como un empresario, insensible y tacaño que no vacila en
sacrificar el interés público para obtener ganancias a su favor. Ese fue el
sentido de los ataques del ex ministro de Gobierno, Nayar, al exigirle a GSL
que devuelva vehículos oficiales utilizados para su seguridad. El MNR aclaró
que existe una norma legal que otorga recursos, personal y vehículos, para la
seguridad de los ex - presidentes y que en virtud de ese marco legal GSL
continuaría empleando a los unos y los otros.

En otro pasaje, cuando el MNR irritó al gobierno, este desplegó a través


del vocero presidencial y el ministro de la Presidencia la acusación de que GSL
alquiló al gobierno una aeronave de su propiedad, cuando ejercía el cargo de
Presidente de la República.

El tono y la solemnidad de la denuncia fueron cambiando, agravándose o


haciéndose menos dramáticos; se habló de un posible juicio, de faltas éticas,
de tarifas extraordinarias, de “vuelos fantasmas”. Hubo aseveraciones categó-
ricas, medias retractaciones, discusiones sobre normas violadas. Queda en
marcha una investigación encomendada a la Contraloría y, más allá de los
ataques y las defensas, otra vez, la imagen de GSL, proyectada por el gobierno,
como de un magnate roñoso, que se las ingenió para acumular unas ganancias
adicionales, aprovechando de su acceso al poder.

El MIR y la ADN han estado a la cabeza de estas batallas contra la imagen


del jefe movimientista, pero su inspiración se inscribe íntegramente en el
discurso proporcionado por el diputado condepista Soliz Rada quien, en su
libro “La fortuna del Presidente”, presenta la historia de la familia del ex-
presidente, como un eslabonamiento de astucias y trampas para acumular
riquezas a costa de burlar o torcer leyes, obtener beneficios indebidos del
Estado y usufructuar de estímulos y fomentos fiscales de manera amañada. A
diferencia del parlamentario condepista que encuadra sus imputaciones en un
contexto social, político e ideológico, ADN y el MIR utilizan preferentemente
técnicas de mercadeo, basadas en la sugestión y el simbolismo, más que en la
ilación de argumentos.

La auténtica obsesión oficialista por estropear la imagen de GSL, pueden


terminar por rebotar en tanto que se vaya acumulando en la percepción pública

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una actitud de “odio y revanchismo” por parte de ADN y otros componentes


del oficialismo. Algo semejante le ocurrió al MNR, a raíz de su manejo de los
llamados “narcovínculos del MIR”, cuando la insistencia y el carácter de las
denuncias acabaron perdiendo eficacia, independientemente del curso de las
investigaciones y la acumulación de pruebas y descargos.

Este fenómeno de devolución puede desarrollarse más rápido y eficaz-


mente dentro de una coyuntura donde el gobierno ha mantenido una baja
capacidad propositiva y se ha enredado en líos internos, expresivos de alta
incapacidad de gestión

LA HERENCIA INDESEABLE.

El gobierno de la “mega” ha vivido una relación complicada y


contradictoria con las reformas ejecutadas por la administración del 93 al 97.
De todas ellas, sólo la Reforma Educativa ha sido reivindicada y apoyada con
entusiasmo. La capitalización de las empresas públicas, intensamente
hostigada por los parlamentarios del actual gobierno cuando se encontraban en
la oposición caracterizándola como “una privatización, cara, tramposa y
vergonzante”, estuvo amenazada al inicio de la gestión, como susceptible de
“revisarse” y hasta revertirse, en el caso de los ferrocarriles y de la línea aérea
de bandera.

Durante el primer año se reiteraron estos mensajes amenazantes, hasta


disolverse bajo la directa y severa intervención de la misión diplomática
norteamericana y los principales organismos financieros internacionales.

La impotencia para modificar siquiera una coma del proceso de capita-


lización, encontró su revancha en la liquidación del bonosol, pese a la
enconada resistencia de GSL y su partido. Desde Octubre de 1997 hasta la
finalización del primer semestre del año siguiente gobierno y oposición
movimientista se trenzaron en una cadena de choques que encendió las
pasiones en una intensa disputa, capitalizada al máximo por el MNR que
utilizó la coyuntura para llamar mentiroso a HBS, quien se comprometió en su
campaña electoral de respetar al “bonosol” y proyectar una imagen propia de
sensibilidad social, que había sido uno de los flancos más débiles de su
gobierno.

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El MIR, con el total respaldo de ADN, fue la cabeza de la movilización


gubernamental para terminar con el bonosol y el promotor de la ley de
Participación y Crédito Popular con la que se busca redefinir la utilización de
las acciones y utilidades del Fondo de Capitalización Colectiva.

Otro blanco de la ira oficial ha sido el sistema de regulación sectorial


(SIRESE) que tiene la misión de “domar monopolios” y proteger a los usuarios
y consumidores. El gobierno logró desplazar a varios de los superintendentes
nombrados antes de su ascenso y sustituirlos, al mismo tiempo que modificó
la organización de varias superintendencias.

La Participación Popular ha merecido elogios y sonrisas desde el frente


oficial, pero las acciones concretas, en el sentido de la importancia, segui-
miento y respaldo a su evolución indican un escaso nivel de compromiso real
con su avance. El estancamiento en que permaneció la Participación Popular
en las grandes ciudades, durante el inicio de su funcionamiento, en el gobierno
movimientista, no sólo se ha mantenido sino que tiende a hacerse crónico y
vicioso. La descentralización es igualmente perforada a diario con dispo-
siciones ejecutivas y con la resistencia coherente de una burocracia hostil.

La actitud gubernamental ante las reformas pendientes, particularmente la


reforma judicial ha sido radicalmente distinta que ante aquellas que en su
opinión se identifican con la gestión del MNR y su jefe. El trámite legislativo
para aprobar las leyes del Consejo de la Judicatura, el Defensor del Pueblo y
el Tribunal Constitucional ha sido diligente, oportuno y concentrado y el
gobierno ha ejecutado sus mayores esfuerzos para elegir a los magistrados de
esas instancias.

De todo este esfuerzo el que toca al Defensor del Pueblo es el que ha sido
más exitoso y satisfactorio, de acuerdo a indicadores cualitativos de opinión y
a la tarea, autónoma y decidida, con la que actúa.

La elección y acción del Consejo de la Judicatura y del Tribunal


Constitucional ha desnudado, en cambio, que los partidos “grandes” y
especialmente el MIR, ADN y el MNR no tienen intenciones de despartidizar
el Poder Judicial y menos de perder su control. La modernización legislativa
de códigos y leyes está mediatizada por la presencia de un personal

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

profundamente comprometido con la administración tramposa y subal-


ternizada de la ley.

La cuantiosa inversión realizada por el país en la reforma judicial corre el


grave riesgo de haberse dilapidado y ser esencialmente infructuosa. Una
prueba muy clara de esta tendencia es la reiteración de fallos y sentencias,
aberrantes en lo jurídico, contra los intereses económicos del Estado. Los más
frescos son aquellos que se han dictado en casos seguido por autoridades
financieras contra ex-banqueros que condujeron a la quiebra a sus bancos, a
través de la estafa y el fraude.

Las medidas anticorrupción y de protección al ciudadano que han sido


aprobadas o están siendo consideradas por el Legislativo (ley de Aduanas,
Estatuto del Funcionario Público) corren igual riesgo de ser inutilizadas, por
decisión u omisión de los principales partidos que carecen de un interés
efectivo de limitar las acciones dolosas y contrarias a las finazas públicas.

EL PLAN DIGNIDAD.

El verdadero cimiento de la confianza presidencial y la fuerza interna que


le ha permitido sobreponerse a una implacable sucesión de problemas y
desajustes es, con toda seguridad, la satisfacción de que ha podido cumplir los
objetivos de erradicación de coca. Nadie, excepto él mismo y un grupo
reducido de personas próximas, creyeron, al inicio de su gobierno, que esto
podría conquistarse. Cuando, muy al principio de su gestión, anunció que
incrementaría la presencia y compromiso militar en las tareas de erradicación,
opositores frontales, observadores y miembros de la propia coalición temie-
ron que se estaba abriendo la puerta de una situación incontrolable.

Los temores internos de la coalición se ahogaron en su miedo –mucho más


grande y muy fresco todavía– de que expresar disidencia o siquiera rezongar
ante el curso trazado por HBS, fuese motivo para que la embajada tomara
represalias contra los descontentos.

El primer semestre de 1998 se desarrolló bajo el signo de un descarnado


enfrentamiento que convirtió al Chapare en un foco de violencia recon-
centrada. La fuerza de las confrontaciones estremeció al país e incrementó la

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cuota de campesinos muertos y reprimidos. La Defensoría del Pueblo informó


sobre múltiples violaciones de derechos humanos y de una tendencia
incontrolable a la policialización del Estado en esa región. El gobierno replicó
que la Defensoría actuaba con información parcial.

La tensión se aplacó paulatinamente y el gobierno consiguió sobrepasar


hacia finales de año todos los récords de erradicación, mientras el movimiento
cocalero retrocedía en influencia y vigor.

El desgaste social de los campesinos-mercaderes que cultivan y


comercializan coca, su distanciamiento con las capas medias urbanas, la
evidencia de una presión internacional agobiante son los principales
factores que han permitido la exitosa aplicación del Plan de erradicación
gubernamental.

El gobierno ha abierto espacio para que la erradicación cumpla sus metas


hasta el año 2002, sin sumergir al país en una guerra civil, aunque probable-
mente con altos costos económicos y sociales. Lo que el Plan no resuelve, es
un complejo problema internacional –producción, comercio y consumo de
drogas ilícitas– que por su potencia económica, puede evaporar en muy poco
tiempo todos los avances que se consigan.

El mayor peligro que ronda al Plan de erradicación es que abuse de su


éxito y acorrale a los productores, sin considerar la indispensable aplicación de
una política de conciliación, despolicialización de las zonas productoras y de
aliento a respuestas económicas de largo alcance.

EL ESTADO CONSPIRATIVO.

El detalle que faltaba en el colorido cuadro de contradicciones y


problemas que llueven sobre el gobierno apareció sorpresivamente, a media-
dos de Junio de 1999, vestido de historieta policial e intriga internacional,
cuando el todavía candoroso público nacional se enteró por despachos de
prensa del arresto de una banda de “clonadores” de teléfonos celulares.

El asombro ciudadano tardó varios días en despejarse, porque resultaba


muy difícil comprender la misteriosa relación entre el fetiche electrónico de

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

moda y la ingeniería genética, pero antes de que las fragmentarias


explicaciones ensayadas por policías, fiscales y periodistas penetrasen la
coraza de estupefacción, una gigantesca avalancha de informaciones cayó
sobre el país. Cada día se descubrían –y todavía descubren– nuevas “hazañas”,
fechorías o habilidades del grupo dirigido por Marco Marino Diodato, un
atlético y emotivo paracaidista italiano, relacionado con los servicios militares
de inteligencia y propietario de casinos, máquinas tragamonedas y una
inverosímil red de negocios que abarcan desde la electrónica hasta la lechería.

Según los periódicos –y no precisamente los sensacionalistas– Diodato


resulta ser un experto en artes marciales, tiro de precisión, eximio organizador
de negocios legales y clandestinos, capo mafiosi, armero “sofisticado”,
sospechoso de ex policía torcido y de estructurador de redes de contrabando de
drogas ilícitas, lo mismo que el nexo entre una densa red de contactos políticos
y, tal vez, componente de bandas paramilitares de ultraderecha. El jefe
regional de Nueva Fuerza Republicana (NFR, el partido del alcalde
cochabambino y aspirante a próximo presidente de la República), el ex jefe de
la Casa militar, varios comandantes militares y jefes de la Policía son algunos
de los contactos y relaciones del versátil personaje.

Durante más de un mes el caso se ha estacionado en los titulares de los


diarios y los noticiosos televisivos y radiales, enredándose y pendulando sobre
la cabeza del propio HBS que ya ha expresado en más de una ocasión su
fastidio por una “especie de complot” que buscaría relacionarlo de cualquier
manera con la banda del italiano, ya sea por relaciones familiares o por el
apoyo prestado por Diodato a las campañas electorales del actual primer
mandatario.

De la catarata de informes y pistas publicados hasta ahora, queda claro y


seguro que Diodato fue capturado por iniciativa y patrocinio directo de los
Estados Unidos, cuyos representantes en el país parecen haber reaccionado
antes que nada a la invasión de un coto de caza exclusivo de ese país: el apoyo
y control de la inteligencia militar . Las pruebas presentadas hasta ahora
señalan fuera de toda duda que Diodato estructuró la llamada Fuerza de
Reacción Inmediata del Ejército (FRIE), como un grupo comando,
especializado en inteligencia y contrainsurgencia, convocado y amparado por
algunos miembros de las cúpulas militares que ejercieron el mando del

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Ejército y las Fuerzas Armadas y, eventualmente, por autoridades civiles que


pudieron dar su visto bueno y, tal vez, patrocinar con el mismo entusiasmo que
los militares la adscripción de Diodato al aparato militar, sus ascensos y la
gratitud y veneración que parece haber cosechado por sus aptitudes castrenses.

Estas habilidades son igualmente apreciadas por la embajada de Estados


Unidos y sus organismos de inteligencia, cuando se encuentran bajo su
conocimiento y control, pero, si esto no ocurre, y estos talentos se ejercen y
cultivan al margen de su supervisión, además en un contexto político en el que
los Estados Unidos promueven la reducción de los aparatos militares estatales
de las naciones latinoamericanas, las aptitudes dejan de considerarse tales y se
convierten en pecados mayúsculos. A tales faltas, la embajada ha reaccionado
con remedios drásticos y acusaciones tremendas, incluyendo la de contrabando
de “al menos ocho toneladas de cocaína” que fue pronunciada por la más alta
autoridad nacional especializada en el tema y filtradas a algunos medios, por
fuentes secundarias.

En todo esto llama la atención, la “discreción” y la “pulcritud” con que ha


actuado la oposición –salvo el intrépido Juan Del Granado–, absteniéndose en
lo posible de realizar comentarios, observaciones o, sencillamente, expresar
alguna opinión, a menos que se haya ejercido una excesiva presión periodís-
tica, en cuyo caso hasta lo más audaces y duros opositores se han expresado
con extrema parquedad, encuadrada en un legalismo perfecto, con una neutra-
lidad de magistrados y un constitucionalismo sorprendente, porque ha predo-
minado, en estas excepcionales y brevísimas declaraciones, el sano criterio de
presumir la inocencia de los acusados, tal como manda nuestra Carta Magna.

Inevitablemente surge la duda sobre si el caso Diodato viene a ser la


coronación de un proceso de maduración de los partidos, detrás del cual queda
la prolongada historia de violencia verbal y delante del cual se abre un
armonioso horizonte de prudentes llamados de atención, preguntas amables
que sustituyen a las calificaciones lapidarias.

Duda inútil al fin, porque al mismo tiempo que la “sensatez” fructifica en


torno al caso Diodato, los grandes partidos continúan enzarzándose en bruscos
combates y acusaciones en cualquier otro territorio de disputa. La prudencia es
virtud estrictamente reservada al caso Diodato, probablemente porque el

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

proceso de reclutamiento, participación y premiación del ex capitán Marco


Marino transcurre a través de al menos tres gobiernos diferentes, primero;
segundo, porque la fuerza motriz y custodio de la investigación no es, en
realidad, ninguna institución nacional, aunque varias de ellas estén compro-
metidas con diversos aspectos de la pesquisa, si no la potencia más poderosa
de la tierra y la peor pesadilla de nuestros candidatos, si por algún motivo se
enemista con cualquiera de ellos y, tercero, porque el jugosos negocio de los
casinos que han funcionado legal e ilegalmente por varios años, sin duda
alguna le ha permitido al señor Diodato relacionarse estrechamente con
encumbradísimos representantes de varios partidos.

La parquedad de nuestros políticos profesionales sugiere pánico antes que


cordura. Una investigación a fondo, sin concesiones, ni tretas, sin negocia-
ciones ni transacciones, podría poner en evidencia un grueso lazo entre el
grupo de Diodato y algunos cuadros estratégicos de varios partidos que han
ejercido el poder.

La presencia y el interés extranjero que promovió y mantiene viva la


investigación no garantiza de forma alguna que la verdad vaya a revelarse,
porque es muy bien conocida la inclinación que tienen los aparatos de inteli-
gencia de administrar y negociar los resultados de sus investigaciones, más
que brindar al público información oportuna y veraz.

Así, puede resultar más provechoso, para los actuales promotores de la


investigación, reservar información y acumularla en dossieres de inmediata
transacción (cuando se los necesite), para mantener la “buena voluntad” y
eficiencia de aliados en distintos gobiernos, respecto a temas diversos, antes
que “dilapidar “ tanto “software”, en una abstracta e inusual expresión de
transparencia e integridad, términos ambos tan extraños e inusuales para los
sujetos a los que nos referimos.

El ovillo Diodato se ha enredado en varios años, gracias a la persistencia


de una cultura conspirativista en todo el sistema político y los aparatos de
Estado. Especialmente las agencias de inteligencia policial y militar son bolso-
nes en los que se cultivan tradiciones antidemocráticas, apasionada atracción
por el espionaje, la construcción de archivos para el chantaje y la desconfianza
propia de una “razón de Estado” paranoica y opaca a los ojos del público.

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Diodato no infiltró a ninguna institución. Fue invitado y agasajado por


miembros y responsables de esas instituciones debido a sus dotes de guerrero
escurridizo y taimado. Los políticos que concurrieron a buscar su apoyo y
patrocinio querían asociarse y compartir su riqueza, sus inversiones y los
riesgos que entrañaban.

PERSPECTIVAS Y TENDENCIAS.

Las principales realizaciones del gobierno son el sostenimiento de un alto


nivel de erradicación de plantaciones de coca, la aprobación y aplicación de las
leyes de reforma judicial, el avance de la Reforma Educativa y la preservación
de un buen nivel de respaldo financiero de la cooperación internacional. Estos
son los resultados de un modelo político, basado exclusivamente en la llamada
“gobernabilidad”.

Si la flexibilidad de todos los partidos “grandes” ha facilitado que las


decisiones del Ejecutivo se acompañen del necesario respaldo Legislativo, no
ha contribuido a mejorar la gestión de políticas estatales.

La gobernabilidad, restringida a domesticación parlamentaria y a la


cultura política vigente en el país, garantiza que los congresales de las
coaliciones de gobierno acaten disciplinada u obsecuentemente, según sea el
caso, las decisiones, proyectos o propuestas del Poder Ejecutivo. Se asegura de
este modo que no se reproduzcan las condiciones de parálisis u obstrucción
que atacan a gobiernos que no cuentan con una mayoría parlamentaria.

El sistema funciona eficazmente, a pesar de que frecuentemente los socios


del frente gubernamental que se sienten menos favorecidos con el disfrute del
poder político, extorsionan a sus aliados, amagando con vulnerar el trámite de
los proyectos gubernamentales, hasta que se atiendan sus lamentos y
exigencias.

Estos berrinches, más o menos escandalosos y tediosos, se reiteran


cíclicamente y se sospecha que los ministros de gobierno y otros encargados
de la coordinación de poderes estatales han patentado técnicas estandarizadas
para superarlos o neutralizarlos.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Estas prácticas junto con los pocos o ningún beneficio percibido por
grandes grupos de población, ante la aplicación de las medidas de reforma,
deterioran la gobernabilidad en su sentido más amplio y profundo, que es el
de un acuerdo general de la sociedad con las prácticas realizadas por el
Estado, bajo el supuesto de que se encaminan a realizar de alguna manera el
bien común.

En efecto, de manera unánime todos los grandes estudios de opinión


realizados en el país (por organismos internacionales, estatales, privados y
académicos) detectan un constante pesimismo en sectores francamente
mayoritarios de los bolivianos, frente a las oportunidades actuales y futuras y
frente a la capacidad de los sectores dirigentes.

En homenaje a una cierta tendencia muy difundida de cierto tipo de


mentalidad nacional, que ama la pompa, la sonoridad y los títulos puede
concederse que nuestro país bien podría aspirar a figurar como uno de los
modelos, o, con algo de fortuna, a ser el modelo partidario posmoderno del
planeta, gracias a un personal político apoltronado y combativo solamente
cuando tiene que gruñir y mordisquear por su pedazo de administración,
educado y entrenado bajo un único principio, el de enriquecerse, y buscar su
beneficio personal y de grupo.

Antes que una crisis, los partidos se arrastran por un prolongado proceso
degenerativo, en el que preservan intactas sus prerrogativas de representación
formal, pero pierden objetivamente facultades de fiscalización, elaboración y
propagación de valores, a favor de instituciones como los medios de difusión
social, cuyo rol político se fortalece e ha incrementado notablemente.

La ausencia de retos inmediatos, como sería un crecimiento intenso y


sostenido de la abstención electoral, fortalece las tendencias patrimonialistas,
clientelares y prebendalistas de los “grandes” partidos políticos nacionales.

Una consecuencia adicional de estas conductas es la discontinuidad


institucional de planes y programas que debieran tener una existencia
transgubernamental y un deterioro de la calidad de gestión estatal. Una larvada
y progresiva crisis de representación se desarrolla, ante la abulia partidaria y
una pobre labor de los sectores intelectuales.

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Roger Cortéz Hurtado

Al observar como concurre este proceso de decadencia de los partidos, un


severo debilitamiento de la Policía y las Fuerzas Armadas, de descrédito de los
tres poderes del Estado pueda advertirse que el encuentro de estos procesos
lleva a la progresiva gestación de condiciones propias de una crisis de Estado.

Persisten problemas centrales por resolver como el de una política consis-


tente de enfrentamiento de la pobreza, transformación productiva que permita
superar las fragilidades de una economía apoyada en la exportaciones frágiles
y vulnerables.

El repertorio de ofertas políticas se ha empobrecido y bajo esa influencia


los partidos parecen aprestarse a un viraje exclusivamente discursivo, que les
permita aproximarse al desencanto de los electores para revertirlo, con evoca-
ciones populistas y socialdemocratizantes de forma antes que de contenido.

No obstante todas las frustraciones el desencanto ciudadano no parece


haber virado hacia una tendencia de rechazo y negación, pero el vacío
persistente en la atención de las más elementales necesidades o la ratificación
de engaños electorales puede precipitar el desencadenamiento de reacciones
sociales muy vigorosas.

Pese a todas las adversidades, la sociedad boliviana vive bajo una tónica
democrática que ha sobrevivido hasta ahora, pero que, para proyectarse
requiere de nuevas orientaciones estratégicas que no se vislumbran en el
horizonte.

Por ahora predominan las tendencias que alejan a los proyectos políticos
de la ética, mientras que las iniciativas que intentan resolver esta distancia se
encuentra aún distantes de la condición de proyectos políticos. Esta es una
auténtica tragedia para una comunidad nacional, cuya proyección y vigencia
dependen de un sólido compromiso ético de sus componentes. En Bolivia de
hoy y la del próximo siglo, la ética no es un ornamento o un lujo, sino una
condición indispensable de cualquier proyecto válido para el país.

La aparente despolitización ciudadana está más relacionada con el cambio


del espacio político y público que ha traído la globalización, que con una
auténtica pérdida de interés que existe ciertamente, como reacción de

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

supervivencia a condiciones que son cada vez más desventajosas para sectores
populares. Este traslado del espacio político hacia otros considerados usual-
mente como “apolíticos”, impone la necesidad de que la representación
política se diversifique y no se restrinja a los partidos, cuya presencia conti-
nuará siendo inseparable del sistema democrático representativo.

La diversificación de las formas legales de representación política, la


ampliación de los mecanismos de consulta, la proyección ampliada de la
Participación Popular, el establecimiento de responsabilidades y penalidades
a los partidos por las faltas que cometan sus militantes cuando ejerzan como
funcionarios públicos, son algunas medidas urgentes para detener el
desaliento ciudadano y la caída de nuestra autoestima nacional.

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Roger Cortéz Hurtado

PARTIDOS POLITICOS, MOVIMIENTOS SOCIALES


Y MEDIOS DE DIFUSION SOCIAL EN BOLIVIA (fragmento)
Diciembre de 1998 *

L
os partidos políticos representan hoy la mayor amenaza para el proceso
democrático boliviano. Si las tendencias antidemocráticas de los partidos
se encuentran ampliamente difundidas en todos los rincones del planeta,
sus características son especialmente riesgosas en nuestra sociedad, donde los
partidos se han convertido en formidables desincentivadores de la participación
política de los ciudadanos y en sembradores de pesimismo e incredulidad.

La acumulación y aceleración de cambios económicos y sociales, como de


transformaciones tecnológicas en todos los campos y especialmente en el de la
comunicación han debilitado a escala universal la vigencia y la eficacia de las
organizaciones partidarias que, ante esta realidad, muestran tal propensión a
intensificar sus prácticas torcidas, que el poder político se encuentra cada vez
más asociado al delito. Desde los casos extremos que se manifiestan, por
ejemplo en Rusia, donde se verifica una vinculación umbilical entre partidos
políticos y asociaciones criminales profesionales, hasta la reiteración y profun-
dización de todo tipo de prácticas corruptas que se presentan en muchas de las
democracias más sólidas, tradicionales y supuestamente capacitadas para
prevenir esta inclinación, los sistemas partidarios exhiben, casi sin excep-
ciones, desequilibrios y contradicciones que exigen a la sociedad encontrar
nuevas formas de asociación y representación política.

Para Bolivia que es una comunidad nacional en proceso de formación, con


grandes vulnerabilidades y amenazada por grandes riesgos contra su cohesión,
el papel que están desempeñando los partidos es radicalmente nocivo.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

En la búsqueda de causas internas que predisponen a los partidos políticos


bolivianos a constituirse en principales factores de riesgo para la consolidación
y proyección del sistema democrático, puede identificarse inicialmente a las
siguientes:

√ Tradiciones sociales autoritarias y caudillistas, que incentivan la into-


lerancia y el sectarismo en la constitución de organizaciones e institu-
ciones y en el tratamiento de conflictos.
√ Racismo, colonialismo y sexismo, abiertos y solapados, que se filtran
y difunden en toda la sociedad y se concentran e intensifican en el
microclima de las relaciones interpartidarias y de los partidos con el
poder.
√ Profundo arraigo, entre dirigentes y militantes partidarios, de la
noción de que el Estado es patrimonio de los partidos que llegan al
gobierno y que la cosa pública puede usarse para retribuir lealtades y
esfuerzos proselitistas. Este concepto se ha fortalecido por la prolon-
gada vigencia del capitalismo monopólico de Estado en nuestro país.
√ Tolerancia social hacia los funcionarios corruptos.
√ Impunidad judicial de los delincuentes de cuello blanco.
√ Copamiento oligárquico de los principales puestos dirigenciales de los
partidos, reservados en gran parte a magnates.
√ Predominio de tendencias ideológicas pragmáticas y pérdida o disolu-
ción de referencias éticas; estimuladas por la depauperación de secto-
res populares y clases medias, cuyos componentes agotan su existen-
cia en una forzada lucha de sobrevivencia.
√ Primitivismo y rezago teórico; abulia intelectual, “cultura” proclive al
facilismo y la improvisación de las elites intelectuales, el mundo aca-
démico, la dirigencia y militancia de partidos, sindicatos, dirigentes
empresariales, cívicos y de otras organizaciones sociales.
√ Profundas e importantes lagunas en el relevamiento de la realidad eco-
nómica y social del país.
√ Postración y crisis del sistema universitario.

Todos los elementos mencionados concurren a favorecer la vigencia de


partidos mediocrizados y promotores de la mediocridad, la mezquindad y la
profesionalización de sus componentes en el descubrimiento y perfecciona-
miento de técnicas de enriquecimiento veloz y copamiento de cualquier
espacio de poder, por encima de otra consideración. La existencia de grupos

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Roger Cortéz Hurtado

y personas a las que no se aplican los anteriores conceptos, representa una


minoría tan reducida que no altera la situación descrita.

En estas condiciones el sistema de partidos se muestra impenetrable a


todas las manifestaciones sociales de crítica y censura sobre su actitud y no es
capaz de producir tendencias consistentes de cambio.

TRANSACCIONES Y DEMOCRACIA.

La historia de los últimos 20 años de los partidos bolivianos está marcada


por una particular combinación de agudos enfrentamientos e intolerancia, con
una sucesión de alianzas y acuerdos interpartidarios inverosímiles. Esta
composición contradictoria define el rostro de la democracia boliviana con
fisonomía propia.

Las pugnas, ataques, bloqueos y hostigamiento sectario entre partidos


cuyas diferencias ideológicas y programáticas se han disuelto hace varios
años, alcanzan muchas veces una virulencia difícil de comprender. La inquina
de estos choques desafía toda racionalidad de la aplicación del patrón de
acumulación, aceptado y promovido por los pocos partidos que dominan la
escena electoral, y resulta difícil de descifrar bajo una lógica de confrontación
de clases, fracciones o sujetos sociales, por el enorme peso que tienen las
improntas personales y la influencia de pequeños grupos.

Al mismo tiempo se verifica una dinámica de pactos, en la que el


Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) –de lejos el más experi-
mentado partido en materia de alianzas– abrió, en 1985, la compuerta a los
acuerdos exóticos al incluir en sus listas parlamentarias al Frente Revolucio-
nario de Izquierda (FRI), cuyo máximo jefe, Oscar Zamora Medinacelli,
llegó a ser el gran timonel de los pactos inesperados e “imposibles” al
concurrir a una alianza organizada por una fuerza, a la que consideraba como
“representante del imperialismo”, hasta pocos días antes de dicho acuerdo.

Años más tarde, los dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucio-


naria (MIR) , profundizaron la huella dejada por el tío de su principal
dirigente, sorprendiendo a muchos al aliarse con Acción Democrática
Nacionalista (ADN) para compartir el gobierno, en 1993.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Desde aquella experiencia los votantes bolivianos parecen haberse


inmunizado contra toda forma de pasmo, en lo que se refiere a acuerdos
electorales. Así, el transaccionalismo de corte comercial y el pragmatismo más
inescrupuloso se han generalizado y es son los rasgos sobresalientes de la
identidad partidaria del país.

La ventaja de esta tradición es que facilita en algunas ocasiones que


oficialistas y opositores logren convenios importantes para actualizar parte de
la legislación obsoleta y mecanismos para buscar una mayor transparencia en
la elección de funcionarios jerárquicos del Estado.

¿CRISIS O PROCESO DE DESCOMPOSICIÓN?.

La masiva acumulación de errores y crímenes cometidos por militantes y


dirigentes partidarios ha generado una amplia y cada vez más intensa crítica
social, manifestada por medio de editoriales y artículos de prensa; estribillos
de marchas y manifestaciones y por un lenguaje cotidiano y universal
despectivo y de censura hacia las organizaciones partidarias. Los sondeos,
encuestas y todo tipo de investigaciones de opinión política, testimonian de
manera constante que la incredulidad y desconfianza pública hacia los partidos
y las instituciones estatales alcanzan, hace mucho tiempo, niveles alarmantes.

Sin embargo, los partidos ostentan una actitud superlativamente


indiferente ante la avalancha de reproches y otras evidencias objetivas de
repudio generalizado. Ocasionalmente, cuando una sucesión especialmente
intensa de escándalos avivan estos sentimientos, algunos partidos realizan
declaraciones que rozan el tono de disculpa y ensayan tímidas e incompletas
medidas con la intención de mejorar transitoriamente su imagen.

Ninguno de estos esfuerzos ha alcanzado un nivel mínimo de credibilidad


y, en el caso de los recientes procesos de “democratización interna” prego-
nados por algunos partidos, los resultados han sido tan desastrosos que han
afianzado la creencia de que son simples tretas para detener el posible avance
de competidores electorales.

Con estas referencias se han multiplicado los análisis y estudios que


caracterizan la existencia de una crisis de representatividad del sistema

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Roger Cortéz Hurtado

político, o de los partidos –según sea el punto de vista de los autores– pero,
que, en general, se inclinan a pronosticar un inminente cambio, capaz de
afectar en corto plazo la vigencia del sistema de partidos en Bolivia.

Tales pronósticos no permanecen en un plano puramente académico, sino


que tienen expresiones organizativas que apuestan a capitalizar un posible
estallido del sistema partidario. Inclusive, dentro de los mismos partidos se
levantan, de allá en cuando, voces que anuncian el arribo de Chavez (el actual
presidente venezolano) o Fujimoris, a la escena política nacional.

De acuerdo al punto de vista que se desarrolla en esta exposición, en


Bolivia no existe propiamente una auténtica crisis de representación sino, más
bien, un prolongado proceso degenerativo que puede, o no, desembocar en una
crisis. La discrepancia con el empleo del término crisis sobrepasa el espacio de
la prolijidad terminológica (¿puede ser considerada como crisis una situación
de duración tan prolongada?) y tiene que ver, más bien, con la percepción de
la realidad presente y sus posibilidades de evolución.

Quienes hablan de una crisis de representatividad, tienen en mente una


cierta relación social de fuerzas y suponen que la tensión propia de la crisis
desencadenará una sucesión más o menos rápida y abrupta de consecuencias.

De acuerdo a mi interpretación la célebre crisis no existe y, en


consecuencia, el proceso de desgaste y descomposición de los partidos políticos
bolivianos puede extenderse de manera muy prolongada, antes de que se
presenten reacciones catastróficas. Es decir, la catástrofe puede desarrollarse a
plazos y en cuotas de muy cómoda amortización, antes que la sociedad
reaccione e imponga medidas imperativas de reforma del sistema político.

Tomando en consideración el nivel actual de desprestigio de los partidos


no puede descartarse que una determinada situación precipite los
acontecimientos y desencadene una reacción en cadena que remueva los
cimientos del sistema de representación política; pero, esta no es la tendencia
central del proceso.

Esto puede verse al analizar las cifras de participación electoral de la


población, desde hace veinte años. Desde las elecciones de 1978 hasta la

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

última se verifica un nivel de abstención que ronda el 30%, pero que, con sus
altas y bajas, no muestra señales significativas de incremento. La desidia de los
partidos ante las expresiones de rechazo social se fundamenta principalmente
en la constancia de los niveles de participación electoral y la estabilidad de la
abstención, así como una rotación de la preferencia electoral de los ciudadanos
entre un grupo de unos pocos partidos. La mayor expresión electoral de la
insatisfacción ciudadana es una constante dispersión del voto que es, al mismo
tiempo, la base de sustentación de un sistema de coaliciones para ejercer el
gobierno.

La situación vigente corresponde a una combinación contradictoria de


crecimiento de manifestaciones de repudio hacia los partidos con una actitud
de resignación electoral. Con la excepción de unos tres núcleos de electores
cautivos de igual número de partidos, en los que cada uno de estos núcleos no
supera el 15% del total del electorado, el grueso de la masa de votantes se
comporta como un público pragmático que sigue votando, a pesar de su
desencanto, en una búsqueda permanente de opciones transitorias que
parezcan responder en cada elección concreta a sus más urgentes demandas.

Este comportamiento se distancia de las tradiciones políticas y electorales,


anteriores al proceso democrático iniciado en 1978 y corresponde a una nueva
dinámica de sujetos, actores y movimientos sociales que se ha ido forjando a
la par de las transformaciones económicas y sociales, iniciadas desde la década
de los años 70.

En el lapso de un cuarto de siglo la economía del país ha experimentado


sucesivas crisis y cambios que la han afectado profundamente. Por una parte,
el establecimiento y ascenso de una ágil industria de fabricación y
comercialización de cocaína y, por otra, la modernización y transna-
cionalización capitalista, bajo el esquema de reformas y ajuste estructural
han alterado significativamente los mapas sociológicos del país, borrando
clases, grupos, actores y sujetos y creando otros, cuya identidad y conciencia
propia distan mucho de haber encontrado un punto de equilibrio.

Esto genera un estado de azoro colectivo que alcanza tanto a sectores


populares, cuyos sindicatos, asociaciones y otras formas de organización
exhiben una merma considerable de presencia, convocatoria y capacidad de

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Roger Cortéz Hurtado

acción, como a las elites dominantes. Las expresiones de desconcierto son


diferentes en cada caso, pero el resultado general es aproximadamente el
mismo: una difundida incertidumbre y dificultad para responder a las nuevas
condiciones.

A pesar de que los grupos dominantes han conseguido, finalmente, su


anhelo de imponer con franqueza y sin mayores sobresaltos su programa
económico y político, la aplicación de esta plataforma ha significado una
merma considerable de su influencia económica en beneficio de corporaciones
transnacionales, de modo que la burguesía boliviana resulta ser, objetivamente,
una de las clases sociales olvidadas por el proceso de modernización
capitalista, al haber sido excluida del control de los sectores económicos más
importantes. Tal estado de cosas produce una actitud de aturdimiento de estos
grupos que pensaban haber asaltado el cielo y se encuentran transitando, más
bien, por un período de gran inseguridad y estrechez de horizontes.

Todas las reformas que se han aplicado hasta ahora no han resuelto
ninguno de los problemas centrales del país y se han limitado a atender
conflictos importantes, pero circunstanciales. Queda pendiente el desafío de
plantear y ejecutar un proyecto nacional, capaz de aglutinar la confianza y la
voluntad de los mayores sujetos sociales.

Tenemos, en suma, un cuadro de sujetos y movimientos y sujetos


sociales que enfrentan grandes dificultades en estabilizar su identidad y
forjar sus espacios y estilos de actuación propia. Este vacío e indefinición,
que no muestran perspectivas próximas de resolverse, son los que alientan la
subsistencia del sistema de representación política, pese a todos sus vicios y
debilidades.

LA INCURSIÓN POLÍTICA DE LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN SOCIAL.

Además de la desconfianza social y la incapacidad de los partidos para


reformarse puede verse como algunas de las más importantes funciones de los
partidos son cumplidas por otro tipo de instituciones, como los medios de
difusión social (MMDS), que han desplazado prácticamente a los partidos de
las responsabilidades de fiscalización, crítica, educación y manejo de los
discursos de control y cohesión social. Los media son hoy mucho más

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

eficientes y creíbles organismos de representación e intermediación que los


partidos y su poder político se ha concentrado de una manera muy rápida. La
interpelación de uno varios media hacia un ministro u otra autoridad tiene
mucho mayor eficacia que la de cualquier partido opositor.

El incremento del peso de los MMDS en la escena política se ha visto


favorecido por la popularización de las encuestas, convertidas en regla de la
aceptación de las gestiones gubernamentales, e inclusive de su calidad. Los
MMDS al ser el amplificador de los sondeos y estudios de opinión tienen la
posibilidad de pesar directa e intensamente sobre un amplio abanico de
medidas adoptadas por los gobiernos.

Esta influencia resulta inversamente proporcional a la claridad programá-


tica, cohesión interna y capacidad de gestión de un gobierno, por lo que, de
acuerdo a las consideraciones que se han presentado antes sobre la situación y
tendencias vigentes en la escena política boliviana, esta influencia tiende a
desarrollarse sostenidamente.

Los propietarios de los MMDS, conscientes de esta realidad y las


oportunidades que les brindan, han acelerado procesos de fusión entre
empresas y han constituido holdings multimedia que incrementan notable-
mente su capacidad de intervenir en las decisiones políticas. La aptitud de
agente político activo de los MDDS se produce principalmente a través de
sus posibilidades de proponer y definir agendas sociales y políticas. Los
MMDS pueden relievar, amortiguar o ignorar temas, conflictos y situa-
ciones, en beneficio o detrimento de actores y sujetos sociales.

Esta primordial función de definición de agenda (la agenda setting


function propuesta y estudiada por investigadores norteamericanos y europeos
desde los años 70) se ejerce principalmente por los propietarios de los media
y los principales ejecutivos designados por estos y los periodistas de base
tienen poco o ningún control en este proceso; sin embargo, la función
política del periodista de base también se ha incrementado, a partir del margen
que logra para tratar cada noticia en particular.

La capacidad de intervención política de los MMDDS es también inver-


samente proporcional a la fortaleza de los sujetos sociales y a su capacidad de

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Roger Cortéz Hurtado

actuación política e ideológica, de manera que en una fase transicional de


identidades de estos sujetos, tal como la que se vive en el país, la tendencia y
capacidad de intervención de los MMDDS tienen un claro sentido de incre-
mentarse.

El crecimiento de las funciones y peso políticos de los media, disputando el


rol de representación e intermediación con los partidos, son fenómenos que se
presentan no sólo en Bolivia y que demandan minuciosas investigaciones, por su
importancia en las formas de representación política.

OPCIONES Y SALIDAS.

Las degeneración del sistema de representación y de los partidos políticos


tiene como principal consecuencia el ensanchamiento de un espacio que puede
ser copado por partidos atípicos, como UCS, que aprovecha una ambigua ubica-
ción entre el oficialismo y la oposición, o por expresiones nuevas (los movi-
mientos Sin Miedo y Bolivariano, por ejemplo) que le den contenido y forma al
descontento social ante los partidos.

El techo de la disponibilidad social para buscar, experimentar y aceptar estas


expresiones partidarias atípicas es la ausencia de proyectos políticos que alterna-
tivicen el modelo económico y político vigente. Mientras subsista esta condición
básica prevalecerá el pragmatismo de las grandes masas de votantes que se incli-
narán por la selección del mal menor.

Sin embargo, el hecho de que no se vislumbre una inminente crisis del sis-
tema de partidos no mitiga ni un poco el daño sostenido que su actual con-
ducta inflinge al tortuoso proceso de construcción nacional, ni aminora las
posibilidades de efectos de acumulación que pueden conducir a grandes desas-
tres sociales, envueltos en una violencia exacerbada.

Hasta ahora se han sumado grandes perjuicios como son una costosa y casi
estéril reforma del Poder Judicial, cuyo precio sobrepasa los 100 millones de
dólares y que al aplicarse bajo la lógica prevaleciente en los partidos no ha podi-
do ir más allá de una re-zonificación de las áreas influencia de los grandes parti-
dos y la inclusión de unos dispersos jueces, incapaces por su situación de amplia
desventaja numérica de alterar mínimamente las tradiciones de administración de
la justicia. La imposibilidad de elegir un presidente de la Corte Suprema denun-

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

cia la despiadada prolongación de las prácticas más mezquinas que el Poder


Judicial toma y reproduce de sus mandantes, los partidos políticos.

Los costos son seguramente mayores si se cuantifican aquellos que resultan


de las menudas pero feroces pugnas, por la que los oficialistas de hoy tratan de
torcer y desacreditar la gestión de los opositores actuales; reiterando el rutinario
y tedioso ciclo que se ve con cada cambio de administración.

Dentro de los límites objetivos que se han descrito, la principal opción para
superar esta amenazante situación pasa por la diversificación de los mecanismos
de representación, más que por la búsqueda de un shock que altere radicalmente
lo que ocurre.

Tal diversificación incluye:

i. La aceptación de formas de representación diferentes a los partidos,


de manera que las candidaturas a puestos electivos puedan ser presen-
tadas y sustentadas por organizaciones no partidarias.
ii. La legalización de mecanismos de consulta plebiscitaria y referén-
dum, que permitan la intervención directa de los ciudadanos en la
toma de decisiones.
iii. La revocabilidad de los mandatos y el impulso de la renovación.

La diversificación de los mecanismos de representación debe acompañarse


de medidas para quebrantar la impunidad de altos funcionarios y obligar a los
partidos a incrementar su eficiencia y responsabilidad. Una iniciativa
legislativa concreta, en este sentido, es una ley de responsabilidad partidaria,
por la que los partidos cuyos militantes cometan actos de corrupción estén
obligados a pagar multas por los daños cometidos por sus militantes y
dirigentes. Esta responsabilidad institucional solidaria y compartida busca
elevar la eficiencia de los partidos en la selección del personal que asignan a
puestos públicos, como un requisito básico que justifique su rol social.

Es necesario trabajar por incorporar a la Constitución Política el derecho


a la información, como un derecho humano fundamental que termine con la
tradición de manejo opaco y turbio de la gestión pública. La razón de Estado,
esgrimida para alimentar el secreto y la reserva no tiene prácticamente ninguna
justificación en un régimen democrático abierto. El derecho de información ha

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Roger Cortéz Hurtado

de proteger y consagrar el derecho de los ciudadanos a acceder con facilidad y


oportunidad a la información producida por la gestión pública y el trabajo de
los funcionarios públicos. El financiamiento público que reciben los partidos
debe acompañarse de una irreprochable transparencia de sus finanzas.

Correlativamente, es necesario proteger de una manera más eficaz y


oportuna a los servidores públicos, a los políticos y a los ciudadanos en general
de la calumnia y la difamación, por medio de la actualización de los procedi-
mientos previstos por las normas existentes, porque el efecto corrosivo de las
acusaciones infundadas es tan negativo como el de la impunidad y, de hecho,
es más bien su cómplice, en tanto que encallece a la conciencia y a la capa-
cidad de respuesta social.

La decisiva influencia política de los medios de difusión obliga a que su


responsabilidad política y cívica sea mayor, más abierta y participativa. Bajo esta
orientación es necesario reducir radicalmente los precios de la publicidad
electoral y no penalizarla como ocurre. La tendencia a inflar precios contribuye
a la degeneración y banalización de mensajes y comportamientos políticos.

La debilidad de la sociedad civil en nuestro medio debe aliviarse mediante


el impulso de alianzas tácticas y estratégicas entre diversos actores y sujetos
sociales, lo mismo que con algunas instituciones como el Defensor del Pueblo,
para realizar acciones y campañas que busquen y apuntalen medidas contra la
corrupción, oligarquización y degeneración de todas las instancias de
representación política.

En el largo plazo, es necesario buscar mecanismos que desincentiven la


profesionalización política y favorezcan que las actividades políticas sean
complementarias a la participación productiva de los ciudadanos y sus
organizaciones, porque el incremento de la cantidad y la calidad de nuestra
producción en todos los rubros es la mayor necesidad estratégica de nuestro país.

* Publicada en la revista Ciencia Política, Carrera de Ciencias Políticas,INCIP,


UMSA, mayo de 1999

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

INDIGENAS, CAMPESINOS Y COCA EN BOLIVIA


agosto de 1998 *

E
ste trabajo se propone examinar los problemas relacionados con la exis-
tencia de cultivos de hoja de coca en Bolivia y su relación con la evo-
lución de movimientos sociales y sindicales de los campesinos e indí-
genas bolivianos, asumiendo que tales conexiones tienen una importancia
decisiva en la comprensión de las particularidades de la situación boliviana en
este plano.

Se asume que las dos principales características bolivianas, como país


productor de hoja en comparación con Perú y Colombia son que: 1) los
agricultores dedicados al cultivo de hoja de coca han desarrollado una fuerte
estructura organizativa y un discurso que ha contribuido a su legitimación
social y 2) que la violencia inherente a la producción, comercialización y
exportación de derivados ilegales de la coca es sustantivamente menor en
Bolivia que en otros lugares.

La segunda característica se vincula principalmente a las particularidades de


desarrollo del Estado boliviano, en el sentido de su permeabilidad y apertura a
la fuerza corruptora de los empresarios ilegales productores de cocaína; en segun-
do lugar, a las particularidades propias de ese grupo social, más inclinado a com-
prar protección y negociar que enfrentarse violentamente con el Estado y, por
último, a la cultura política boliviana, en la que al lado de una profunda tradición
rebelde y combativa de grupos sociales como los obreros y campesinos convive
una marcada inclinación a la transacción y los pactos, más que una tendencia a
los enfrentamientos cataclísmicos. Este tercer elemento es el que se relaciona

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Roger Cortéz Hurtado

con la importancia y vigencia de las organizaciones y movilizaciones campe-


sinas e indígenas con la coca.

OMNIPRESENCIA Y PLURI-IMPOTENCIA.

La existencia de cultivos de coca en Bolivia es prácticamente la principal


preocupación de los gobiernos estadounidenses que desde la década de los años
80 han concentrado sus políticas en conseguir la drástica disminución y, even-
tualmente, la eliminación de estos plantíos.

Actualmente todos los temas de la agenda de relaciones bilaterales entre los


dos países están contaminados de alguna forma por esta obsesión y, ya se trate de
la deuda externa, la cooperación en salud o educación, temas arancelarios o cual-
quier otro es posible rastrear en los acuerdos y discusiones sobre estos temas,
alguna cláusula o referencia, así sea indirecta al tema de la reducción de los cul-
tivos de coca.

Los cuatro gobiernos bolivianos elegidos democráticamente desde 1982,


han tratado de suprimir o atenuar el impacto de las demandas norteamericanas –y
también de algunos organismos de las Naciones Unidas– reclamando una sepa-
ración de ámbitos, de manera que el actual y evidente condicionamiento a pro-
gramas y proyectos no relacionados con los cultivos de hoja de coca no se invo-
lucre con estos.

Sin embargo, estos esfuerzos han resultado hasta ahora esencialmente


infructuosos, puesto que el tratamiento de asuntos económicos, financieros y de
cooperación en todos los ámbitos resulta de alguna forma condicionado a las exi-
gencias de cumplimiento de metas en la reducción de cocales.

Inclusive el anterior gobierno boliviano, encabezado por Gonzalo Sánchez


de Lozada, que gozó de un importante respaldo estadounidense para la aplicación
de una ambiciosa reforma económica que incluyó la casi total privatización de la
economía y su amplia apertura, al igual que la liquidación del sistema de jubila-
ciones anterior por un sistema de ahorro individual privatizado y amplios proce-
sos de modernización política y restricción de la influencia sindical, no consiguió
alterar la permanente tensión que despliegan sobre el tema de los cultivos de coca
el gobierno de EEUU, al igual que organismos de financiamiento internacional.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

En realidad, el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario


(MNR) presidido por Sánchez de Lozada, optó por una conducta seguidista de las
directrices norteamericanas y no llevó adelante ningún esfuerzo por generar
opciones propias y creativas. Es más, durante la campaña electoral de 1997 el
MNR intentó utilizar al máximo el retiro de la visa de entrada a EE.UU. que pesa
sobre Jaime Paz Zamora, convalidando de este modo un mecanismo de chantaje
que emplean los gobiernos norteamericanos y que, desde el punto de vista del
derecho internacional y de los principios básicos de cualquier sistema jurídico
que respete el derecho de defensa es verdaderamente aberrante.

La descertificación de personas (o sea, el retiro o negativa de obtener visas


de entrada a EEUU) es justificada por el Estado norteamericano como una sim-
ple prerrogativa de soberanía, por la que, cualquier Estado, tiene la indiscutible
potestad de admitir o no a un extranjero en su territorio. Sin embargo, la indiscu-
tibilidad de tal prerrogativa se apoya además en el funcionamiento de una espe-
cie de condena contra quien la sufre, porque con razón o sin ella, en los casos que
tal facultad administrativa se vincula a la sospecha de que el afectado mantiene
o mantuvo relaciones con el narcotráfico, opera como una sentencia, o una forma
de muerte civil, que afecta los derechos políticos de las personas afectadas.

Jaime Paz Zamora, jefe y eterno candidato presidencial del Movimiento de


Izquierda Revolucionaria (MIR), se ganó esa descertificación, porque ignorando
varias advertencias oficiosas de la embajada estadounidense en Bolivia y una
serie de denuncias públicas de múltiples personas y sectores, cultivó por varios
años la amistad del fallecido Isaac Chavarría, un ex capitán del Ejército bolivia-
no que amasó una importante fortuna gracias a la producción y exportación de
cocaína, según el resultado final del proceso judicial instaurado en su contra.

Oscar EID, segundo hombre del MIR, partido que puede ser caracterizado
como de orientación socialdemócrata de derecha, purga una condena de cuatro
años que finalizará a finales de 1998, por haber pagado los costos de una cura-
ción médica de Isaac Chavarría en 1991.

Los partidos políticos de mayor votación han legitimado completamente los


recursos de presión estadounidenses, elevándolos a la condición de cosa juzgada,
con lo que su autonomía frente a las decisiones estadounidenses es cada vez
menor.

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Por su parte, las organizaciones políticas de izquierda, los sindicatos, las orga-
nizaciones de los cocaleros y los intelectuales que han intervenido en el debate
sobre la coca no han conseguido diseñar propuestas que alteren una correlación de
fuerzas cada vez más negativa para los grupos campesinos que cultivan la coca.

TRES MARCHAS, DOS CAMINOS.

Creo que una forma muy gráfica de comprender la evolución de la mencio-


nada correlación de fuerzas es examinar tres grandes movilizaciones sociales,
acaecidas durante la década de los años 90 y en las cuales campesinos e indíge-
nas bolivianos han jugado un rol central.

Se trata de la marcha indígena Por El Territorio y la Dignidad, en 1990; la


marcha campesina contra la ley del Instituto de la Reforma Agraria (ley INRA)
en 1996 y la que se ha iniciado el 10 de Agosto de este año, por los cocaleros, y
que se autodenomina Marcha por la Dignidad.

Las marchas indígenas y campesinas, imitan la movilización de los trabaja-


dores mineros que en 1986 decidieron marchar unos 300 Kms. para reclamar por
el cierre de minas y despido de trabajadores, sin obtener sus reivindicaciones,
debido a que la movilización fue interrumpida por fuerzas militares, durante el
gobierno de Víctor Paz Estenssoro.

LA MARCHA DE LOS INDÍGENAS DEL ORIENTE BOLIVIANO.

Pese a ese antecedente negativo, la lucha del movimiento indígena del


Oriente boliviano, en 1990, obligó al Estado a reconocer derechos básicos de los
pueblos indígenas y a gran parte de nuestra sociedad a enterarse de su existencia.
Los indígenas consiguieron que su movilización se constituya en un elemento de
alto valor simbólico para muchos sectores populares, que apreciaron los resulta-
dos obtenidos por la marcha como un triunfo contundente. Sin embargo, hasta
ahora no se ha terminado de estudiar como fue posible que una minoría del movi-
miento indígena1 consiguiera romper la cadena fracasos que había cosechado la
1 Los indígenas de la zona oriental del país corresponden a 32 pueblos que suman alrededor de 158000 personas,
mientras que los aymaras y quechuas del Occidente y centro de Bolivia suman unos 4 millones de personas. Una
tercera parte de esa población indígena habita en el Beni. Los pueblos de mayor población son los mojeños (cerca
de 500000), seguidos por itonamas, movimas, yuracarés, chimanes, pueblos cada uno de los cuales tiene una
población menor al 10% de la de los moxeños, y otros más reducidos como los sirionó, chacobos, canichanas y
algunos al borde de la extinción como los cayuvavas y moré.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

mayor parte de las movilizaciones populares, a pesar de la existencia de adver-


sidades muy significativas. Los indígenas del Beni consiguieron convertirse
en una minoría eficaz porque su presencia y actividad llenaba una vacante polí-
tica nacional en un contexto de fuerzas que resultó óptimo para sus objetivos y
ayudó a focalizarlos como representantes de la identidad indígena que el país
empieza a reconocer.

LA MARCHA CONTRA LA LEY INRA.

En el caso de la marcha campesina de 1996, contra la ley INRA, la caracte-


rística más relevante de este pasaje es la separación de identidades que se da
durante el desarrollo del conflicto, entre los indígenas, agrupados por la Confede-
ración Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB)) y los campesinos, aglutinados
en la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia
(CSUCTB).

En otros términos los moxeños, guaraníes y en general los pueblos del ama-
zónico- orientales serían indígenas, mientras que los aymaras y quechuas serían
campesinos. Esta separación proviene del manejo periodístico de la información,
a partir de las diferencias en la acción que se observan entre ambos sectores, en
las diversas fases del conflicto.

La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia


(CSUCTB) consiguió convocar, organizar y materializar la movilización más
importante de los campesinos, desde 1979, por lo menos. Este enorme esfuerzo
congregó a miles de agricultores que llegaron desde todos los rincones del país a
La Paz para protestar contra la ley del sistema nacional de reforma agraria (ley
INRA) y los condujo por una ruta que culminó en un intenso sentimiento de frus-
tración y derrota.

Durante cerca de tres semanas decenas de miles de campesinos, mar-


charon diariamente por las escarpadas calles de la sede de gobierno unas veces
en columnas gigantescas que se apoderaban de la vía principal de la ciudad,
otras en torrentes menores que se abrían en una complicada diáspora. Las
caminatas transcurrieron pacíficamente la mayor parte de las veces, pero en
otras hubo choques con la Policía, de manera que esta experiencia política de
relación directa con el Estado tuvo un toque bélico, algunas veces de guerra de
movimientos –cuando la columna mayor de manifestantes colisionaba con los

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gendarmes y otras de guerrilla– en las ocasiones que grupos menores


hostigaban a policías y automóviles.

La preparación e inicio de la marcha, hasta su llegada a La Paz,


representó el mayor éxito de la CSUTCB, desde la época del bloqueo en contra
de la dictadura del general Natusch Bush.

La Central Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), por su parte, avanzó


con su marcha desde Santa Cruz de la Sierra cerca de 1/8 de la distancia que
debía recorrer hasta La Paz, y allí estacionó sus fuerzas llevando adelante una
prolongada negociación, en el sitio donde se concentraba la columna de
marchistas.

La separación geográfica (CIDOB en Samaipata, CSUTCB en La Paz) no


fue la más importante de las diferencias entre el comportamiento de las dos
organizaciones, pero reforzó la imagen de separación de orígenes, conductas e
identidades de los dos grupos.

La CSUTCB quedó atrapada entre la potencia de su convocatoria,


obtenida por la manipulación de ancestrales temores de las bases y garrafales
errores del gobierno, y la sensación de impotencia que fue cundiendo entre sus
bases, en la medida que la conducción impuso objetivos inalcanzables. Es más,
los errores de conducción y definición de objetivos determinaron que durante
el desarrollo del conflicto la CSUTCB apareciera más como principal apoyo
objetivo de los empresarios agro-comerciales de Santa Cruz, que como
organización unitaria de los campesinos pobres y los indígenas.

En cambio, la CIDOB mantuvo una dinámica de negociación que


reprodujo las principales características observadas en la marcha de 1990,
empezando desde el tratamiento más profundo y fundamentado de los proble-
mas hasta el manejo de un discurso que evitó el ultimatismo.

Como consecuencia de estos dos enfoques las bases de la CSUTCB


terminaron replegándose con un intenso sentimiento de derrota y frustración,
mientras que la CIDOB apareció como sujeto triunfante, cuyo principal
dirigente tuvo la oportunidad de representar a indígenas y campesinos en el
Parlamento Nacional, en el acto de aprobación de la ley objeto de la disputa.

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La dirigencia campesina de la CSUTCB lejos de capitalizar en su favor el


hecho de que el Poder Ejecutivo accediera a introducir unas 19 enmiendas a su
proyecto de ley, propagandizó intensamente la idea de que estos cambios eran
insuficientes, cuando no simplemente cosméticos y, así, resultó convertida en un
poderoso vocero de su propia ineficacia. Así, los resultados de la marcha para la
CSUTCB son:

√ Aislamiento campesino frente a otros sectores sociales


√ Intensificación de las fuerzas centrífugas que afectan la estructura sin-
dical campesina
√ Confusión de las bases campesinas sobre el contenido, naturaleza y
proyección de los cambios introducidos en la legislación agraria
√ Ausencia de una estrategia sindical para marcar objetivos y nuevos
rumbos.
√ Debilitamiento del proyecto político-electoral que trató de impulsarse
con la marcha campesina.

Las consecuencias de estos distintos desenlaces para las dos organizaciones


se reflejaron de inmediato en la escena política partidaria, donde se desató una
despiadada competencia para cortejar a la CIDOB como aliado electoral, mien-
tras que las organizaciones campesinas de Occidente fueron absolutamente
ignoradas.

Esta situación refleja una drástica variación, comparada con lo que ocurría
pocos años atrás, cuando las organizaciones políticas buscaban afanosamente cop-
tar e incorporar campesinos, como mecanismo de reforzamiento electoral de sus
listas. Fue dentro de esa tradición que un aymara llegó a la Vicepresidencia de la
nación en 1993, como representante de campesinos e indígenas.

Después de las luchas en torno a la ley INRA la posibilidad de una síntesis


similar parece hacerse más lejana y es probable que la distancia entre ambas iden-
tidades se haga mayor como resultado de la dinámica sindical y política de la
CSUTCB, de la bancada campesina de Izquierda Unida y de nuevas incursiones
políticas de la CIDOB.

Los cuatro diputados obtenidos en la última elección nacional por


Izquierda Unida, que representó al movimiento sindical campesino aliado con

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algunos partidos, se obtuvieron todos en Cochabamba, con un gran compo-


nente de convocatoria alrededor de los problemas de los cocaleros. Esta
enorme concentración geográfica y temática del voto apoya la hipótesis de que
existen enormes amenazas sobre el porvenir inmediato del movimiento
campesino quechua-aymara, a raíz de la crisis de su conducción

Un proyecto político que busque canalizar y fortalecer la presencia


indígena en el país tiene el enorme desafío de trazar una estrategia que
resuelva esta separación de identidades que hoy está focalizada dentro de
las escenas partidaria y mediática, pero que puede ampliar su vigencia a otros
campos si no recibe un tratamiento conciente e innovativo.

Las tendencias internacionales económicas y políticas que actúan sobre el


país y nuestra propia dinámica interna favorecen a que el Oriente continúe con
un ritmo de crecimiento mucho mayor al del Occidente boliviano. El enfoque
de desarrollo sostenible vigente en el país, parece ensamblarse en este período
con una fuerte inclinación para que Bolivia sea parte de una especie de
territorio internacional de reserva (forestal, hídrica y de biodiversidad),
esquema en el cual se puede hacer mayor la fractura de identidad y prácticas
del movimiento indígena.

El ensanchamiento de la brecha de identidad favorece a que la minoría


eficiente (indígenas del Oriente) sea cada vez más vulnerable (a la coop-
tación y la manipulación) y la mayoría (campesina occidental) progresi-
vamente menos competente en el plano político, lo que en el fondo significa
una amenaza integral para todo el movimiento. Una estrategia de reunifi-
cación y reconstrucción de una identidad colectiva, que contenga las diferen-
cias y particularidades del amplio mosaico de componentes que existen
dentro de lo indígena-campesino, es hoy una urgencia vital para el conjunto
del movimiento indígena.

Además de estas diferencias y riesgos es cada vez más notable la


diferencia de posiciones entre indígenas y campesinos sobre la coca porque
mientras que para los primeros ha ido asumiendo un rol crecientemente
importante, los indígenas expresan una actitud mucho más distante. La razón
de esta diferencia puede encontrarse en las distintas tradiciones culturales y
políticas de ambos sectores.

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Ahora, la influencia de los sectores cocaleros en el movimiento campesino


no necesariamente significa una ventaja ya que en el último congreso de la
CSUTCB la insistencia cocalera por ganar la cabeza de la organización fue un
importante factor para detonar la división de la Central campesina.

LA MARCHA COCALERA.

Existen muy pocas razones para pensar que la reciente marcha campesina,
iniciada en el Chapare este pasado 10 de Agosto, puede alcanzar la impor-
tancia y la fuerza de sus anteriores cuatro movilizaciones efectuadas en los
últimos cinco años.

Los principales dirigentes del movimiento, con el diputado Evo Morales


a la cabeza, apuestan exactamente por lo contrario y están realizando sus
mayores esfuerzos para que la amplitud y la energía de la movilización lleguen
a su más alta expresión, porque saben que otro resultado pueda incrementar
dramáticamente el riesgo de una derrota catastrófica de la estructura sindical
que conducen. Con ese ánimo, han ampliado de manera extraordinaria las
consignas y justificaciones de la marcha, denominada sintéticamente, una
nueva vez, como “Marcha por la dignidad”.

La protesta campesina pretende detener la aplicación del plan guberna-


mental de erradicación de coca, que también se llama “Plan Dignidad”,
reclamos por territorio, contra el desempleo y muchos otros que abarcan prác-
ticamente toda la lista de reclamos sociales y laborales esgrimidos por la
Central Obrera Boliviana (COB) que se ha declarado solidaria y copartícipe de
la organización de la marcha.

La estrategia de base para abrir un abanico de reivindicaciones tan amplio


es tratar de conseguir el respaldo y la simpatía de otros grupos sociales, rurales
y urbanos.

En la vereda del frente el gobierno del ex dictador y hoy presidente


constitucional Hugo Banzer, ha anunciado su decisión de no interferir con la
movilización, siempre y cuando “no incurra en actitudes violentas o de viola-
ción de los derechos de otros ciudadanos”. Simultáneamente el aparato
propagandístico oficial está utilizando toda su potencia para caracterizar al

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movimiento como “una narco-marcha”, bajo el supuesto que su organización


y financiamiento están a cargo de narcotraficantes.

El viraje del lenguaje oficial que no duda de calificar al Chapare como


“una factoría de cocaína, violencia, vergüenza y fuente de destrucción para
Bolivia”, términos absolutamente impensables hace pocos meses atrás, refleja,
por una parte, el repliegue de sectores sociales urbanos que apoyaron a los
cocaleros durante varios años y, por otra, la desesperación gubernamental por
hacer buena letra frente a las presiones estadounidenses, ante las cuales resulta
ser el gobierno boliviano más vulnerable, debido al acoso que sufren por ese
flanco dirigentes miristas, copartícipes del gobierno, y la cíclica rememoración
de denuncias hechas en la década de los 80 contra el mismo Hugo Banzer.

El avance de la marcha hasta este momento muestra una drástica caída de


la propia capacidad de movilización de los cocaleros quienes a principios de
este año sorprendieron por la virulencia de su resistencia, contra la erradi-
cación forzosa de coca que ejecutó el gobierno. Los cocaleros del Chapare
bloquearon por semanas la principal vía carretera del país y se enfrentaron
contra fuerzas conjuntas de la Policía y el Ejército, sufriendo bajas de más de
9 muertos y unos 60 heridos.

Después de esos episodios la movilización retrocedió rápidamente,


exhibiendo una vez más una dinámica muy características de los cocaleros del
Chapare, entre los cuales se expresan tendencias contradictorias inherentes a
su origen y práctica campesina y su condición de comerciantes.

Sus raíces campesinas recogen toda la tradición de combatividad de este


sector, potenciada por el hecho que se trata de campesinos migrantes, es decir,
de aquellos que muestran una actitud más decidida y ambiciosa. Sin embargo,
la dinámica mercantil de la coca y sus evidentes relaciones con los procesos de
producción y tráfico de cocaína han definido nuevas divisiones del trabajo en
el Chapare, donde las relaciones capitalistas de salario y acumulación de
capital han incorporado nuevos rasgos en la población de esa zona.

Los cocaleros pueden ser caracterizados como la franja campesina con


mayores aptitudes para adoptar una cultura de producción capitalista y parti-
cipación en el mercado, lo que les otorga un incrementado pragmatismo e

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innegables condiciones para la negociación política. Los resultados de estas


condiciones han determinado que pese al enorme atraso y pobreza que se
encuentran en el Chapare, esta también sea hoy una región con la mayor
densidad de servicios y posibilidades de producción.

Caminos, escuelas, postas sanitarias y electrificación llegan a casi todo el


Chapare por la aplicación de los planes de Desarrollo Alternativo2 que, no
obstante todas sus desviaciones y debilidades, han permitido el asentamiento
de una infraestructura básica de servicios que es muy difícil de encontrar en
otras zonas agrícolas. Al mismo tiempo los cocaleros han adoptado una serie
de iniciativas para desarrollar cultivos alternativos, con y sin apoyo estatal, y
actualmente la superficie dedicada a esos otros cultivos (palmito, cítricos,
piñas, bananas, pimienta, macadamia, entre otros) es tres veces mayor a la de
la coca y tiene una fuerte tendencia a expandirse.

Al mismo tiempo, estos avances se ven mediatizados por la policia-


lización del Estado en el Chapare, donde prácticamente todas las relaciones de
la sociedad civil con el Estado resultan intermediadas por los organismos
policiales, parapoliciales y de inteligencia –nacionales y norteamericanos–,
creando un estado permanente de tensión e inseguridad.

La tendencia a la violencia ha crecido mucho con el enfoque del Plan


Dignidad del gobierno, así sea por el simple hecho de que sus metas son más
ambiciosas, cuando sus recursos de financiamiento son cada vez menores. Esto
2 Se llama Desarrollo Alternativo al conjunto de planes y programas para lograr “una sustitución gradual, pacífica
y concertada” de la hoja de coca por otros productos. Este enfoque adoptado desde mediados de la década de los
80, sobre la base de las prescripciones de la ley anti-drogas boliviana (la ley 1008), ha sido frecuentemente denun-
ciado por los campesinos como insuficiente y tramposo porque gran parte de la inversión destinada a la sustitución
de los cultivos se desvía hacia gastos burocráticos e improductivos, incumpliendo los compromisos con los
campesinos. Sin embargo de estas falencias, el Desarrollo Alternativo ha servido, más que como solución económi-
ca como un recurso político para la negociación entre campesinos y Estado, atenuando el desarrollo de situaciones
violentas y generando un espacio para la transacción y el acuerdo. El Desarrollo Alternativo ha ingresado ahora
en una fase terminal porque su financiamiento internacional se está extinguiendo, debido a que financiadores como
los EEUU se quejan de que los campesinos erradicaban cultivos viejos de coca, mientras sembraban otros nuevos.
La prueba de este comportamiento se encontraría en que la actual superficie de cultivo – de unas 35 mil Has. es
casi idéntica a la que existía cuando empezaron, hace unos 15 años, los planes de Desarrollo Alternativo; cuando
se supone que los cultivos excedentarios – que son todos los que superen la superficie permitida de 12 mil Has para
el consumo legal interno – deberían haber desaparecido. Al analizar estas cifras debe tomarse en cuenta que
Bolivia ha pasado de ser el segundo productor a ser el tercero, superado ahora por Colombia – hasta hace unos
5 años el tercero – donde se aplican planes de erradicación violenta y aplicación de defoliantes, lo que no es per-
mitido por la ley boliviana.

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induce a los cocaleros a denunciar que la verdadera esencia del Plan Dignidad
es expulsar a los campesinos del Chapare y entregar sus tierras a inversionistas
grandes, algunos de los cuales ya han empezado a asentarse en esa zona.

La evolución del conflicto en el Chapare preocupa a la mayor parte de la


sociedad boliviana, de la cual surgen cada vez más intensas expresiones que
reclaman un plan de paz del que participen no sólo el Estado y los cocaleros,
sino la más amplia representación de la sociedad civil boliviana, de manera
que se logren acuerdos que sean efectivamente cumplidos y supervisados por
sectores independientes.

De acuerdo a las tendencias vigentes es muy probable que en los próximos


años la superficie de cultivo de la coca en Bolivia disminuya significa-
tivamente, sin llegar a las metas que se ha propuesto el gobierno. Sin embargo,
puede preverse que este retroceso de los cultivos de coca boliviano tendrá un
impacto nulo en la producción y tráfico mundial de cocaína excepto, quizá, en
la escala de precios de la cocaína y sus derivados.

El mayor problema que tiene Bolivia, escenario principal de la no


declarada guerra de la coca que aquí se desarrolla, es que dicho conflicto no
lesione seriamente su paz interna, arrastrando consigo al sistema democrático
y generando una situación incontrolable.

* Publicado por la revista AEGD, París, Francia.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

LECTURAS Y PRONOSTICOS SOBRE UN CUADRO GRIS


Febrero de 1998 *

E
l análisis que sigue prescinde deliberadamente de toda pretensión de
objetividad, si esta se entiende como distancia, ausencia de compromiso
o desarraigo del objeto de estudio. Cuando ese objeto nos involucra tan
directamente cabe reconocer que nuestras pretensiones científicas tienen
mucho por recorrer antes de reclamar los blasones que usualmente se reivindi-
can en estos casos.

En estas páginas me ocupo y preocupo de procesos y tendencias políticas


y presto la misma atención a cuestiones usualmente definidas como de opinión
pública.

ANUNCIOS DE UNA PARTIDA TEMPRANA.

En medio de uno de los períodos más estables de la situación política en


América Latina, resulta llamativa la situación del gobierno boliviano que,
apenas a seis meses de estrenarse, se ve ante la posibilidad de que su
máximo titular se retire anticipadamente de sus funciones.

Esta contingencia se ha expresado con tanta resonancia que algunos


voceros oficiales y oficiosos se vieron obligados hace unas pocas semanas a
comentarla, desmintiéndola o tachándola de simple superchería de sus adver-
sarios movimientistas. Pero, en realidad existen más señales sobre la consis-
tencia de esta probabilidad que los rumores o chismes de opositores.

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El origen de las versiones y cálculos sobre un prematuro alejamiento del


actual Presidente es una cadena de derrotas tácticas del gobierno y la actitud,
entre agobiada y áspera, que caracterizó a Hugo Banzer ante esta sucesión de
reveses. La lista de contrastes se inicia antes de que se posesione el actual
gobierno, con los zigzagueantes anuncios de una elevación de los precios de
los carburantes, que fue descartada por Banzer en las primeras semanas de su
mandato. El incremento ocurrió de todas maneras y la cascada de micro
disminuciones de los precios que ha ocurrido como resultado de la caída
internacional de los precios del petróleo, no ha apagado la indignación
sucesiva al incremento, ni la pérdida de confianza que ocasionaron los
contradictorios anuncios que le precedieron.

Inmediatamente después y durante un trimestre el frente oficialista se


hundió en la fangosa pelea por retazos del poder estatal, protagonizada por los
partidos de la alianza gubernamental, rápidamente rebautizada en ese lapso, de
mega a pega. El apodo (siempre peligroso y nunca inocente en la tradición
simbólica de la política nacional) se complicó con la popularización del
concepto de que los socios gobernantes no disponían de ningún programa,
excepto el de saldar cuentas con sus predecesores en la administración estatal.

Ante esta avalancha de disgustos, el gobierno supo darse un respiro,


montando la convocatoria y desarrollo del Diálogo Nacional que, objetiva-
mente, obtuvo un importante resultado traducido en buenos índices de
popularidad y focalización de expectativas sociales. Este éxito desconcertó a
la oposición que careció de agilidad y argumentos para neutralizarlo. Aquí, el
gobierno aprovechó al máximo las debilidades del MNR que había dejado de
herencia una sólida imagen de haber practicado una gestión gubernamental
vertical, autoritaria e impositiva. La ausencia (o mejor perplejidad) de tradi-
cionales voceros populares como la COB, también facilitó el triunfo del
gobierno.

Sin embargo, la capitalización del Diálogo empezó a desvanecerse cuando


el gobierno, por iniciativa propia, atacó la base de su incipiente nueva imagen
al excluir la “lucha contra la pobreza” como supuesta espina dorsal de su
programa, sustituyéndola con un tecnocrático e insípido Plan Operativo, tan
hermético y árido para la comprensión del gran público, como carente de
inspiración y creatividad para cualquier análisis.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Las razzias condepistas a oficinas públicas que consideraban de su


patrimonio, el gasolinazo y los anticipadísimos anuncios de congelamiento se
agregaron como nuevos episodios de confusión política y comunicacional del
gobierno.

Sobre la base de este historial se inicia la prolongada lucha por el pago o


no pago del “bonosol”, situación aprovechada hasta la última gota por el MNR
para recuperar la iniciativa y jaquear al gobierno. En el balance general de la
pelea es muy probable que se encuentre una pérdida neta para el gobierno,
afectado por grandes caries en la imagen presidencial, al quedar tipificado
como un simple mentiroso por la persistente campaña publicitaria opositora y
el descontento de los beneficiarios y sus familias.

Por si el plato resultara soso para algún espectador, los socios gobernantes
lo aderezaron con intensos pasajes de guerrilla verbal entre UCS y el MIR,
ADN y UCS, CONDEPA y ADN, entre los que destacaron acusaciones de
añejas y densas historias de corrupción, lazos partidarios con bandas
criminales, fraudes fiscales, vaqueros orientales y otros múltiples y coloridos
detalles adicionales.

El anudamiento de todos estos problemas armó el escenario en el que


destacó la desolada figura presidencial, mucho más próxima a la retirada que
al combate, aunque en los momentos más duros el general-Presidente optó
siempre por un lenguaje brusco y severo, tratando de transmitir seguridad y
confianza. Pero, la agresividad de las palabras no llegó a espantar la imagen de
un jefe de gobierno desconcertado, defensista y proclive –dentro de su propia
historia y tradición personal– a replegarse, ante la posibilidad de un fracaso
mayor.

EL SUPERVIVIENTE.

Fueron relativamente pocos los comentarios expresados durante la fase


post-electoral que apuntaran a interpretar cuales podrían ser las razones que
expliquen porque Banzer ha conseguido ser uno de los pocos –y más
probablemente el único– de los militares de la fase de las dictaduras de la
Seguridad Nacional, que ha logrado mantenerse políticamente activo y eficaz
en América Latina.

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Roger Cortéz Hurtado

Las alusiones periodísticas que se hicieron en su momento apenas rozaron


el tema y lo describieron más como otro exotismo del país, que como un
fenómeno político que pueda y deba analizarse.

El reciente ingreso de Pinochet al Senado en Chile ha dado pie para que


se disparen algunas comparaciones más sonoras que certeras, tomando en
cuenta que predominan las diferencias entre las dos experiencias nacionales
comprometidas.

Uno de los elementos más destacados para explicar esta notable capa-
cidad de Banzer para sobreponerse a duros episodios que lo llevaron al borde
del naufragio es sin duda una instintiva y obstinada aplicación del principio
de la flexibilidad, preconizado por Maquiavelo como sustancia principal de
la virtúd.

La flexibilidad, en el caso de la tortuosa transición democrática en Boli-


via, consistió principalmente en no llevar al punto de quiebre la acumulación
electoral y política de su partido y optar por armar pactos, con el Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR) primero y con el Movimiento de la
Izquierda Revolucionaria (MIR) después. Oportunamente estos pactos se
explotaron publicitariamente como auténticas demostraciones de espíritu
democrático y capacidad de concertación y tolerancia.

La prueba de que tales movimientos tácticos no reflejaban un profundo


proceso de cambio de convicciones de Banzer y su entorno en Acción Demo-
crática Nacionalista (ADN) es la historia interna de ese partido, caracterizada
por el verticalismo de sus decisiones. Por cierto que tal condición está muy
lejos de ser monopolizada por ADN, ya que se expresa con igual vigor en todos
los partidos políticos de mayor convocatoria electoral.

Pero, también se han visto en la escena gestos de la tradición reaccionaria


y autoritaria que se anotan en el catálogo de gaffes gubernamentales, como el
que ocurrió con la comisión gubernamental encargada de localizar los restos
de Marcelo Quiroga Santa Cruz. La actuación del principal funcionario de la
inteligencia estatal fue tan torpe que en pocas semanas quedó seriamente
descalificado ante los medios de difusión social.

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Más allá de estos episodios y muchos otros que marcan los más de 20 años
desde que Banzer fuera forzado a interrumpir la vigencia de su dictadura,
persevera la realidad de su presencia constante y decisiva en la escena política
del país. A pesar de su notable inclinación conservadora, el ahora presidente
encontró, en medio de una turbulenta guerra donde se le espetó continuamente
su historial represivo de cárceles y asesinatos, una ruta que le ha permitido
convertir una tienda de colaboradores y clientes en una estructura partidaria
capaz, finalmente, de proyectarse más allá de su jefatura.

El componente social que le dio fuerza y proyección a los esfuerzos de


Banzer y su partido es el reclutamiento de sectores medios franjas populares
que accedieron a algunos bienes tangibles e intangibles, durante los años de
dictadura. Esta clientela, oportunamente reclutada electoralmente, se ha com-
portado como un público cautivo, leal a su jefe y siempre receloso de posibles
turbulencias y cambios sociales.

La obstinación de Banzer por conquistar legalmente la presidencia del


país, su perceptible obsesión por modificar los registros de su paso por la
conducción del país son los principales ingredientes que favorecen la principal
tendencia vigente a que cumpla la totalidad de su mandato.

Frente a esto se encuentra su evidente desconcierto personal ante una


situación mucho más compleja de la que conoció en su experiencia guberna-
mental previa, las fallas de su croquis político-organizativo por el cual reserva
una serie de áreas administrativas para el simple disfrute y acumulación de un
entorno tradicional, al mismo tiempo que reconoce la capacidad de decisión
fundamental al vicepresidente y su equipo y las brechas del frente de partidos
que ejerce el gobierno. Todos estos factores abonan la ruta de una retirada
anticipada del jefe de gobierno.

LA RESISTENCIA SOCIAL.

La incongruencia y contradicciones del gobierno no alcanzan el


dramatismo que se ha visto en otras situaciones menos complicadas, porque se
circunscriben al mundo de los pasillos y despachos estatales y diplomáticos, lo
mismo que algunas oficinas de grandes corporaciones y medios de difusión
social, y no están provocadas ni se acompañan de una auténtica movilización

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de sujetos sociales descontentos; o mejor, de la definición de estrategias


opcionales que ellos puedan plantear.

La situación presente de estos sujetos sociales sigue transcurriendo por un


prolongado proceso de remodelación, que amortigua sus manifestaciones y
condena, inclusive a las más ruidosas, a simples turbulencias, perfectamente
controlables por el poder establecido que, desde hace casi dos décadas carece
de adversarios con auténticas posibilidades de provocar cambios.

Los debilitados y cambiantes sujetos sociales, aptos para contestar el


orden imperante, no alcanzan a concentrar el umbral de fuerza necesaria para
desafiar la impetuosa vigencia de las tendencias globalizantes por las que dis-
curre y se moldea la vida del país. Y aunque la pobreza ha continuado avan-
zando, las protestas que convoca pueden frenarse con símbolos y discursos
referidos a la estabilidad y la previsibilidad de la existencia individual y
familiar.

Más importante que la debilidad táctica de estas fuerzas, inherente a las


transformaciones económicas y sociales que operan en nuestra realidad, es la
persistente crisis estratégica que exhiben al no poder formular, ni siquiera los
más rudimentarios vestigios de un proyecto alternativo, al que se despliega
cómodamente en el país.

Toda la bronca de la clase obrera no ha conseguido mellar tal proceso, ni


alcanza para frenar la disgregación y enquistamiento social que la afectan
como sujeto social. En semejantes condiciones de desventaja, las posiciones
más duras que se han dado en su seno fueron, invariablemente, las que mejor
apoyo prestaron a la aplicación de las principales medidas de ajuste estructural
y reforma estatal.

El movimiento campesino ha sido conducido por una ruta de desgaste y


dilapidación de las reservas políticas y de prestigio que consiguió acumular
hasta la década anterior. En 1996, una marcha de decenas de miles de
campesinos que llegó a La Paz, desde los más remotos rincones del país,
terminó disolviéndose en una retirada silenciosa y azorada, por los errores de
su conducción. Los campesinos, convocados a marchar contra la ley del
Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), descubrieron tardíamente que
las consignas y denuncias con que los congregaron eran falsas o erróneas.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

La fortaleza original de los cocaleros se ha deshilachado y en menos de un


quinquenio su movimiento ha quedado reducido a una plataforma de reivin-
dicaciones corporativas, bajo un delgado esmalte de discurso político.

En contraste con la cadena de fracasos de los aymaras y quechuas, los


pueblos originarios orientales1 han conseguido ratificar algunos avances y, en
algunos casos, fortalecer su organización. De todos los impactos sociales
posibles de la aplicación de la Ley de Participación Popular, el que se observa en
algunas comunidades indígenas parece el más estructurado hasta el momento.

Las capas medias urbanas todavía disfrutan, o padecen, de un prolongado


letargo político, escandalosamente manifiesto entre los estudiantes, traba-
jadores estatales y otros sujetos, ferozmente activos antaño. Esta hibernación
tiene como punto de partida la ola conservadora detonada por la superinflación
de los años 80.

Nuevos sujetos como los microempresarios, cooperativistas, comer-


ciantes y otros estrategas de la sobrevivencia diaria, están arrastrados por la
lógica de una despiadada e inestable pugna por los mínimos excedentes que
tratan de atrapar sus familias, para no sucumbir en las nuevas condiciones
económicas que trajeron las principales reformas y sus esporádicas mani-
festaciones políticas son muy incipientes.

Los sectores más educados e influyentes de estas capas balbucean, sin


apoyo ni organización, quejas esporádicas por la inestabilización de la
seguridad laboral, el geométrico incremento de las tarifas por los servicios
públicos y la creciente hermetización del sistema político para admitir,
procesar y resolver sus demandas.

Una franja social vinculada a la anterior y en proceso de ascenso a


posiciones empresariales ha sido domesticada con algunos excedentes
mínimos que aportaron hasta ahora las privatizaciones, destinados a comprar
sus servicios gerenciales, técnicos y de de apoyo.

La clase de los empresarios bolivianos no tiene visos de recuperarse del sín-


drome post-embriaguez en que vive, al llevarse a la práctica, más allá de todo
1 Los primeros actúan bajo una lógica identidad campesina, mientras que los orientales se han perfilado ante el
resto de la sociedad como indígenas, antes que como campesinos o pobladores rurales.

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límite imaginable, su programa histórico de demandas. El vértigo que ha vivido


la invita a seguir aplaudiendo un proceso de transnacionalización de las princi-
pales áreas económicas del país, de las cuales ha sido excluida y proscrita, con
ley y todo, por el gobierno anterior.

Resulta curioso el entusiasmo empresarial ante una situación donde la rea-


signación de áreas de mercado los lleva casi a todos, excepto a los pocos más
fuertes, a disputarse el sector inmobiliario y la provisión de algunos pocos bienes
y servicios, como prácticamente los únicos “nichos” disponibles, una vez que el
sector financiero ha ingresado de lleno a la globalización.

Sujetos sociales regionales, muy activos hace algunos años, muestran un


nivel de desgaste y azoramiento ante las modificaciones que se han venido
experimentando en la estructura administrativa del país. Una posible excepción
es el surgimiento de movimientos ciudadanos en Santa Cruz, como el que se da
en torno a la cooperativa telefónica; pero no es posible calibrar su proyección
e impacto.

HORIZONTES.

No obstante la condición actual de los sujetos sociales contestatarios, es posi-


ble percatarse de algunos indicios que anuncian el paulatino agotamiento de la ola
conservadora prevaleciente desde hace quince años. La ausencia de verdaderas
oportunidades de mejores ingresos, empleos y oportunidades de vida, empuja a
que el fetichismo por la estabilidad macroeconómica sea cada vez menos eficaz
como mecanismo de control y alienta la exploración social por nuevas rutas.

En el plano político, esta inquietud difícilmente alcanzará en los próximos


para remodelar las tendencias prevalecientes, pero si puede alcanzar para cimen-
tar el lanzamiento de una opción que alcance a bosquejar un diseño estratégico
alternativo, o algo que se le parezca.

Por ahora no asoman tormentas para la estabilidad del modelo. La saturación


social del discurso estabilizante se hará más marcada, pero como ya se ha com-
probado demasiadas veces, los hartazgos no constituyen programas, ni herra-
mientas suficientes para motivar cambios significativos.

La tónica de debate-consenso no está amenazada y ninguno de los partidos


existentes muestra la menor señal de elaborar opciones de cambio, porque todos

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parecen beneficiarse de la subordinación de los sujetos sociales que se encuen-


tran en esa situación.

Durante la gestión movimientista se aceleró a extremos vertiginosos la


modernización capitalista del país, en términos de absoluta compatibilidad con
la agenda planteada por los grandes poderes financieros y políticos del plane-
ta. Los grandes resortes de la economía nacional se han transferido a corpora-
ciones internacionales, mientras los capitalistas bolivianos y el Estado se han
replegado de toda responsabilidad sobre ellos. Los mecanismos de control fis-
cal son extremadamente débiles y vulnerables, en un país donde la tradición
prevaleciente es que los fiscalizadores sean, en el mejor de los casos, eventual
o pasajeramente honestos.

Está en marcha un salto de crecimiento en el Oriente del país y un rezago


relativo mayor del Occidente. Los grandes conflictos e interrogantes sobre la
miseria, la ignorancia y el atraso del país siguen pendientes y ninguna tecnología
vigente puede atenderlos, ni menos resolverlos y, ante esto, el horizonte se ve
totalmente límpido de alguna propuesta que se proponga enfrentar esos desafíos.

La modernización llega a un delgadísimo estrato que puede fascinarse con


el ciberespacio y las jugadas de nuestra esmirriada bolsa de valores, en tanto que
a pocos metros de esas cápsulas de futuro se despliega una cruda realidad, donde
mujeres y hombres –que conforman la mayor proporción de los bolivianos–
sobreviven y padecen en condiciones que corresponden al siglo XIX, sino a algu-
no anterior.

Los políticos profesionales y el conjunto del sistema de partidos se mues-


tran tan indiferentes ante esta situación, como orgánicamente incapacitados para
darle respuesta. En tanto los nuevos y tradicionales sujetos sociales no busquen,
modelen o encuentren alternativas de expresión, acción y organización el ciclo
continuará enviciándose. El porvenir democrático del país y el arraigo y estabi-
lización de formas pacíficas de la resolución de nuestros conflictos internos
depende cada vez más de la capacidad de generar movimientos y opciones extra
partidarias de movilización y participación política, para atender los problemas
fundamentales que permanecen olvidados.

* Versión resumida. Publicado por la revista Autodeterminación Nº 14,


Abril de 1998,La Paz

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Roger Cortéz Hurtado

REFORMA ESTRUCTURAL Y SISTEMA POLITICO


EN BOLIVIA ENTRE 1985 A 1997
Diciembre de 1997 *

L
a promulgación del decreto supremo Nº 21060, en Agosto de 1985 es
aceptada sin reticencias ni disidencias, como la frontera que marca el
inicio del proceso de reforma estructural aplicado en Bolivia. Al adoptar
el conjunto de medidas que abarca dicho instrumento legal, el gobierno del ex
Presidente Víctor Paz Estenssoro, operó una poderosa palanca que modificó
radicalmente la realidad nacional, en un sentido integral, sumiendo inicialmente
en la perplejidad al conjunto de sujetos y actores sociales y políticos, y, entre
ellos, a una buena parte de los miembros del gobierno.

Aunque estos últimos, festejaron la solemne y socarrona declaración del


entonces Presidente, cuando afirmó que esas medidas “eran coyunturales de
una coyuntura que duraría no menos de 20 años”, tampoco tenían una noción
exacta de la amplitud y vastedad del proceso abierto.

Comprendían menos aún esta situación las huestes militantes de todos los
partidos, los sindicatos, otras organizaciones sociales y la masa de la población
boliviana. Las concluyentes pruebas de la lentitud con que se asumieron, y
todavía se asumen, los resultados de este desarrollo son las reiteradas y
abundantes expresiones sociales que continúan exhibiendo un profundo azoro
todavía hoy.

Para situar las raíces de los densos obstáculos que bloquean la capacidad
de hacerse cargo de los impactos generados por las reformas, es preciso

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

reconstruir someramente algunos de los principales elementos que carac-


terizaban la fase inmediatamente previa a su aplicación.

1. LA PRE-REFORMA.

Para 1985, la sociedad boliviana representaba un mosaico prácticamente


completo de situaciones extremas inherentes a un descontrol económico,
social y político, legado por más de una década de dictaduras militares y una
compleja transición al sistema democrático.

Ocho años antes, las Fuerzas Armadas se vieron obligadas a realizar un


rápido y desordenado repliegue de la conducción gubernamental, por la
presión coincidente ejercida por el descontento social y nuevas reglas de
juego, definidas por la administración norteamericana.

La ausencia de convicción con que se abrió el proceso de democra-


tización, por parte de los factores de poder desplazados, se manifestó en los
intentos de adulterar los resultados de la voluntad ciudadana expresada en las
urnas, por medio de acciones fraudulentas, en 1978, y por juegos y maniobras
congresales en 1979.

La primera de estas actitudes, creó las condiciones para una nueva


irrupción militar que tuvo que organizar nuevas elecciones al cabo de unos
diez meses. En esos dos procesos electorales, la Unidad Democrática y
Popular (UDP) coalición que incluía a los comunistas, obtuvo un claro triunfo
en la votación popular que, por las características del sistema electoral vigente
en ese momento, no se expresó en una neta superioridad congresal.

Esta situación de empate parlamentario de fuerzas condujo en 1979,


después de la correspondiente elección, a una solución transaccional
consistente en la instalación de un gobierno interino, interrumpido antes de
cumplir un semestre por un cruento cuartelazo.

En 1980, el crecimiento de la votación izquierdista (la UDP y el


Partido Socialista sumaban el 45% de los votos emitidos), catalizó un
golpe militar ultra-represivo, ejecutado con el apoyo de la dictadura militar
argentina.

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Roger Cortéz Hurtado

El montaje del golpe y el desarrollo de una dictadura que duró 27 meses


transparentaron algunos fenómenos, incubados en la década anterior y que
habían permanecido solapados por la volatilidad de los acontecimientos
políticos, cuya resonancia y espetacularidad dejó poco espacio para una lectura
e interpretación más detenidas de la realidad.

Entre estos acontecimientos, disfrazados detrás del fragor de la escena


política, destacan las mutaciones económicas y sus impactos sociales,
ocurridas en los años 70. La progresiva e implacable pérdida de importancia
de la minería –tradicional eje de la economía boliviana–, el crecimiento de la
terciarización, el subterráneo y explosivo desarrollo de la industria y comer-
cialización ilícita de cocaína, produjeron grandes cambios en el mapa
sociológico y el comportamiento de sujetos y actores, que no fueron opor-
tunamente registrados ni por los operadores políticos, ni por los inves-
tigadores sociales y políticos.

De esta manera, cuando, en Octubre de 1982, se entronizó el gobierno de


la UDP, sin más proyecto que una atolondrada convergencia de retóricas
partidarias, se abrió un espacio laberíntico, donde la debilitada insti-
tucionalidad estatal se agrietó, al mismo compás con que la economía se des-
controlaba, sumida en una crisis superinflacionaria.

La ineptitud estatal para enfrentar la situación estimuló el despliegue de


auténticos torbellinos sociales, en los que clases medias urbanas, campesinos
y obreros expresaban ruidosamente sus demandas refrenadas en los años
anteriores. La permanente turbulencia callejera urbana impulsó, a su vez, un
malestar empresarial manifestado en una suerte de paranoia política sobre la
supuesta decisión y capacidad del gobierno de Hernán Siles Zuazo para
conducir al país por una ruta socializante.

Tal supuesta amenaza, de ninguna objetividad y menor viabilidad, sirvió


de sustento a un accionar de las principales fuerzas parlamentarias
opositoras: las del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y
Acción Democrática Nacionalista (ADN), que hostigaron sin tregua al
gobierno y bloquearon las escasas iniciativas del Poder Ejecutivo para
remediar la situación.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Atenazado por ambos flancos y prisionero de sus propias contradicciones


internas, el gobierno de la UDP encabezó, resignadamente, el itinerario que
desembocó en la abreviación de un año de su mandato y la convocatoria a una
elección general, en la que resultó ungido Víctor Paz Estenssoro como jefe de
un nuevo gobierno constitucional.

2. SUJETOS Y ACTORES SOCIALES.

La manera en que se ha identificado en el párrafo anterior a los


protagonistas de la aguda y persistente movilización social del período que
se describe, no permite descubrir una serie de factores que tienen gran
importancia y conviene revisar apretadamente.

2.1 LOS SUJETOS.

De los tres sujetos mencionados el que encierra una mayor complejidad es


el aludido como “clase media urbana” que, muy lejos de la presunta
homogeneidad que podría revestir en otras realidades tal categoría, presenta en
Bolivia un abigarramiento de fracciones y capas que le confieren una gran
versatilidad política e ideológica.

Este auténtico conglomerado de grupos sociales engloba a sujetos


originados en tradiciones productivas precapitalistas, como artesanos, y
pequeños comerciantes –autodenominados gremiales–, tanto como a franjas,
vinculadas principalmente a procesos de modernización capitalista de la
economía boliviana, formal y principalmente informal. Destacan entre los
últimos un heterogéneo sector de productores, como cooperativistas mineros y
cuentapropistas de todo género especializados en servicios y microindustrias,
artesanos articulados con empresas modernas y micro comerciantes,
distribuidores de mercancías de grandes grupos transnacionales.

Los funcionarios estatales, incluyendo en un puesto privilegiado a los


maestros de escuelas, ocupan un lugar prominente en las acciones políticas de
este sector social. Con su dinamismo y agresividad consiguieron, en el
período udepista, desplazar objetivamente a los trabajadores mineros de la
conducción sindical de la Central Obrera Boliviana (COB), imprimiendo su
sello en la dirección de los conflictos. Su vitalidad política se mantiene hasta

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hoy, pero con una marcada tendencia decadentista, que mella su fuerza,
dilapidada en paroxismos de radicales y periódicos enfrentamientos
reivindicativos con el Estado.

La clase obrera ya había sufrido para ese momento una mengua


considerable de su fuerza, cuantitativa (disminución de los constructores y
fabriles, disminuidos por tendencias recesivas de la economía) y cualitativa
(nacida del desplazamiento de la minería como actividad nacional principal y
crisis política de la izquierda), que ha llegado a su casi extinción en estos
momentos. A partir de 1986, el declive de los precios del estaño abrió paso a la
llamada relocalización, por la que cerca del 90% de los obreros mineros de las
empresas estatales, fueron expulsados de sus fuentes de trabajo, lo que terminó
de consolidar la pérdida de centralidad obrera en el movimiento sindical.

Entre los campesinos se observaba desde finales de los años 70, una
orgánica tendencia descampesinizadora1, por la aceleración de las migraciones
al área urbana, al igual que el debilitamiento de grupos políticos de conducción
tradicional radicados en el Altiplano y el nacimiento de nuevos lideratos
político-sindicales como el de los cocaleros (unas 75 000 familias de
agricultores especializados en el cultivo de hoja de coca, ubicadas en valles
interandinos y regiones tropicales del país). Durante los 80 también se cimentó
el proceso por el cual minorías étnicas de indígenas de la Amazonía y el
Oriente del país, afirman una identidad social y política distinta a los
campesinos.

Esta es la de pueblos originarios e indígenas, que en la década siguiente se


distinguirá, separará y llegará a plantearle contradicciones abiertas a las
organizaciones campesinas. Este grupo ha llegado a exhibir una sorprendente
capacidad para capitalizar las centenarias luchas de los campesinos occi-
dentales (también indígenas: aymara y quechuas, en este caso) y superarlas en
cuanto a capacidad de negociación con el Estado y establecimiento de pactos
y alianzas con otros sectores de la sociedad civil boliviana.

1 El término descampesinización alude a los procesos económicos y sociales por los cuales el agricultor es "expul-
sado" de sus actividades económicas tradicionales, parcial o totalmente, migra hacia centros urbanos y se va dis-
tanciando de sus raíces.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Los indígenas del sector Oriental del país se han constituido en una
auténtica minoría eficaz2 que, en una cultura como la boliviana, tiene
importantes posibilidades de proyectarse.

La burguesía y el estrato más alto de la clase media urbana también


sufrieron impactos durante este período, en los que naufragaron econó-
micamente un importante sector de empresarios mineros, lo mismo que grupos
comerciales fuertemente vinculados a altos burócratas estatales, que habían
acumulado fortunas personales por medio de prácticas delictivas, en el manejo
de recursos públicos.

En cambio, fue fortaleciéndose, por una parte, el sector empresarial


especializado en la producción y exportación de la soya y, por otra, una franja
tecno-burocrática de gerentes, administradores y consultores de diversas
ramas, cuyo número ha crecido rápidamente, al igual que su influencia en las
decisiones políticas.

El peso político de el empresariado de la región oriental se ha reflejado


vigorosamente en la acción del Comité Cívico de Santa Cruz, que a la cabeza
del movimiento constituido por estos organismos en todo el país, ha exhibido
una extraordinaria capacidad de presión sobre el Estado, conduciéndolo a
adoptar múltiples decisiones en su beneficio.

No obstante la evidente dificultad que existe para localizar con precisión


y seguir su trayectoria, no cabe duda que la fracción empresarial ilegal
especializada en la producción y tráfico de cocaína tuvo un rol político muy
importante. Fuertemente asociada a la subversión del proceso democrático a
inicios de los 80, consiguió un fuerte arraigo y, luego, la diversificación de sus
actividades económicas. En un principio llegó inclusive a conseguir sino una
legitimación, al menos una actitud permisiva de varios sectores sociales y del
Estado. Esta situación empezó a cambiar desde 1986, cuando una de sus
bandas asesinó a un destacado científico boliviano.

2 Este movimiento abarca a unas 30 etnias que difícilmente representan el 10% de la población aymara y quechua, que
constituyen, directamente y por expresiones mestizadas la mayor parte de la población del país. Los indígenas orien-
tales han obtenido en menos de una década un conjunto de reivindicaciones, incluyendo modificaciones constitu-
cionales (como el reconocimiento de sus autoridades tradicionales, legalización de sus derechos propietarios sobre el
territorio que ocupan, etc.,), que no fueron alcanzadas por los pueblos aymara y quechua, durante siglos de lucha.

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Su presencia contribuyó decisivamente a profundizar prácticas de


corrupción estatal y social y dejó una fuerte huella en la política donde, a raíz
de sus prácticas de cooptación e infiltración en partidos políticos, incentivó las
presiones norteamericanas en este campo.

3. EL SISTEMA POLÍTICO Y LAS REFORMAS.

El sistema político muestra un ostensible retraso respecto al avance de


las transformaciones económicas que se han experimentado en los últimos
doce años. En este último campo, los impactos que es posible observar
ahora, tienen una considerable relevancia, que aventaja de manera
extraordinaria a la evolución de las esferas política y jurídica. Esta distancia
amenaza con crecer excesivamente, a medida que se arraiguen y expandan
los efectos de las transformaciones económicas; a pesar de los esfuerzos que
se hace para tratar de acompañarlas.

3.1 LAS REFORMAS ECONÓMICAS.

Las reformas económicas han sido las que han ocupado el mayor
esfuerzo, dedicación y tiempo en la experiencia boliviana. Partiendo del
conjunto de medidas anti-inflacionarias y estabilizadoras contenidas en el
decreto 21060 de 1985, se ha transitado un largo camino en el que el Estado ha
renunciado a su participación en el sector productivo, para concentrarse en las
esferas de la normatización y la fiscalización.

La capitalización y privatización, al transferir al área privada el manejo de


las grandes empresas económicas públicas, ha cerrado el ciclo del capitalismo
estatal y ha adecuado la estructura económica del país a las tendencias globa-
lizadoras. Las modificaciones sociológicas que ello trae apenas empiezan,
pero de hecho son profundas.

El proceso de privatizaciones se inició en 1993, con el auxilio de una ley


de privatizaciones, transfiriendo empresas de las Corporaciones de
Desarrollo3, pero manteniendo intactas las grandes empresas estatales de la
minería (COMIBOL), petróleo (YPFB), y de servicios: telecomunicaciones,
electricidad, aeronavegación y ferrocarriles.
3 Tales Corporaciones fueron creadas, hace unos 30 años, bajo una óptica de impulso al desarrollo de los 9
Departamentos en los que se encuentra dividido el país. Bajo su responsabilidad se realizaron diversos experi-
mentos de industrialización que resultaron truncos en la mayor parte de los casos.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

En 1993, el MNR triunfó en las elecciones, proponiendo, entre otros


planteamientos, la capitalización de dichas empresas. El paquete global de
reformas, en este campo, incluía la capitalización, la creación de un Sistema de
Regulación Sectorial (SIRESE), orientado a establecer mecanismos de
fiscalización y la reforma del sistema de pensiones4.

Otras leyes económicas, o de fuerte y directa repercusión en ese campo,


que se aprobaron en el gobierno del MNR (1993-1997), son la Ley Forestal; la
Ley del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (ley INRA) que fija un marco
regulatorio sobre la propiedad de la tierra, tributación en el área rural y otros
aspectos conexos; la Ley del Medio Ambiente y el Código Minero.

En cuanto a la capitalización, la propuesta llegó a aplicarse exitosamente


y la resistencia en su contra resultó atenuada, con el argumento de que la
capitalización permitía mantener el 49% de las acciones de las grandes
empresas en “manos del pueblo boliviano”; tales empresas debían resultar
beneficiadas con una inversión, de parte de los socios estratégicos (los
consorcios inversores que pasaban a tomar control de la administración de las
capitalizadas) que debía alcanzar un monto no inferior al valor en libros que
tenían las empresas estatales antes de pasar a capitalizarse.

Con la única excepción de los ferrocarriles, que fueron transferidos a


consorcios chilenos5, los niveles de oposición social al proceso resultaron
manejables para el gobierno y significaron menos contratiempos y obstáculos
que los generados en otros campos.

La resistencia a la reforma de pensiones fue mayor, porque los jubilados


objetaron que el nuevo sistema de capitalización individual ponía en riesgo el
pago de pensiones al sector pasivo. Sin embargo, la batalla se inclinó a favor del
gobierno cuando puso en marcha la creación del bono solidario (Bonosol), que
consiste en un pago único por año, a las personas que hayan cumplido 65 años
de edad. El pago sería supuestamente perpetuo (hasta la muerte del beneficiario)

5 La susceptibilidad política respecto a Chile se remonta al siglo pasado, en el que mediante una guerra Chile se
apropió del litoral boliviano, con el consecuente encierro del país.
4 La propuesta gubernamental del MNR tiene un horizonte mucho más amplio, en el que se diseña una estrategia de
desarrollo económico, desarrollo humano y desarrollo sostenible. Este enfoque se encuentra explicado en el Plan
General de Desarrollo Económico y Social (PGDES), elaborado y editado por el ministerio de Desarrollo
Sostenible en 1995.

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y se financiaría con las utilidades del 49% de las acciones de las capitalizadas;
es decir las que corresponden a la “propiedad del pueblo bolivian”, de acuerdo a
la ley de capitalización.

Este beneficio ha sido suprimido por el gobierno de Hugo Banzer que ha


revertido el proceso a sus términos originales –sólo de capitalización individual,
con la eliminación del Fondo de Capitalización Colectiva, que permitía pagar el
Bonosol–. Las discrepancias de enfoque que existen en el manejo del ahorro
nacional que representa ese porcentaje de acciones de las capitalizadas son hoy
un foco de intensa disputa entre el oficialismo y la oposición.

Como se apuntó al principio de este título, las reformas económicas tienen


un vigor e impacto extraordinarios, tanto en términos de la relación del país con
el mercado internacional, como en el de nuevas modificaciones sociológicas,
prácticas sociales y simbolizaciones colectivas.

Con su aplicación que el Estado no sólo debería reducir drásticamente el


papel de gran empleador que ha tenido, sino que se espera la extinción de prác-
ticas empresariales muy difundidas que buscaban mantener la salud de múltiples
actividades económicas privadas, mediante la consecución, discutiblemente
legal, de todo tipo de contratos por bienes y prestaciones de servicios al Estado.

Desde una perspectiva global puede advertirse que la liquidación del Estado
benefactor obliga a un conjunto de sujetos sociales a tomar nuevas ubicaciones
económicas y políticas, al igual que a reformular grandes bloques de de valores
y referencias simbólicas, lo que, a la larga, lleva a una importante remodelación
del imaginario social y de las concepciones sobre roles y perspectivas de prácti-
camente toda la sociedad civil.

4. GOBERNABILIDAD Y CALIDAD DE LA GESTIÓN ESTATAL.

Si la flexibilidad partidaria, aludida párrafos atrás, ha facilitado la posibili-


dad de que las decisiones del Ejecutivo se acompañen del necesario respaldo
Legislativo, no ha contribuido a mejorar la gestión de políticas estatales.

La gobernabilidad, restringida en la práctica a los términos mencionados


más arriba y a la cultura política vigente en el país, garantiza que los congresa-

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

les de las coaliciones de gobierno acaten disciplinada u obsecuentemente, según


sea el caso, las decisiones, proyectos o propuestas del Poder Ejecutivo. Se ase-
gura de este modo que no se reproduzcan las condiciones de parálisis u obs-
trucción que atacan a gobiernos que no cuentan con una mayoría parlamentaria.

El sistema funciona eficazmente, a pesar de que frecuentemente los socios


del frente gubernamental que se sienten menos favorecidos con el disfrute del
poder político, extorsionan a sus aliados, amagando con vulnerar el trámite de
los proyectos gubernamentales, hasta que se atiendan sus lamentos y exigencias.

Estos berrinches, más o menos escandalosos y tediosos, se reiteran cíclica-


mente y se sospecha que los ministros de gobierno y otros encargados de la coor-
dinación de poderes estatales han patentado técnicas estandarizadas para supe-
rarlos o neutralizarlos.

Estas prácticas junto con los pocos o ningún beneficio percibido por
grandes grupos de población, ante la aplicación de las medidas de reforma,
deterioran la gobernabilidad en su sentido más amplio y profundo, que es el
de un acuerdo general de la sociedad con las prácticas realizadas por el
Estado, bajo el supuesto de que se encaminan a realizar de alguna manera el
bien común.

En efecto, de manera unánime todos los grandes estudios de opinión rea-


lizados en el país (por organismos internacionales, estatales, privados y acadé-
micos) detectan un constante pesimismo en sectores francamente mayoritarios
de los bolivianos, frente a las oportunidades actuales y futuras y frente a la capa-
cidad de los sectores dirigentes.

La desconfianza ciudadana toca casi a todas las instituciones y sólo los


medios de difusión social y la Iglesia católica mantienen promedios de credibili-
dad aceptable. El Parlamento, los partidos políticos, la Policía, el Poder Judicial
y la administración central –entre los principales– se encuentran en una fiera
disputa por ganar la cabeza de la incredulidad y el rechazo públicos.

La capacidad de reacción del sistema de partidos ante esta situación es prác-


ticamente nula, en tanto que todos los procesos de reforma interna que han expe-
rimentado hasta ahora, no sólo preservan a los más conspicuos operadores y

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Roger Cortéz Hurtado

representantes de tendencias verticalistas, prebendales y clientalistas, sino que


mantienen inmutables estas prácticas. Indiferentes ante todo riesgo de que se pro-
fundice la crisis de representación expresada en algunos de los índices de actitu-
des ciudadanas que se han mencionadas, los partidos no muestran atisbos de rec-
tificación de sus prácticas más viejas y nocivas.

Una consecuencia adicional de estas conductas es la discontinuidad ins-


titucional de planes y programas que debieran tener una existencia transgu-
bernamental y un deterioro de la calidad de gestión estatal.

5. LAS REFORMAS PENDIENTES.

La reforma educativa ha sido, desde el momento en que se plantearon y


empezaron a aplicarse las demás, la más popular y esperada de todas, según múl-
tiples estudios de opinión realizados en los últimos cinco años. Sin embargo, es
hoy la más rezagada de todas y la que confronta mayores amenazas para su
sobrevivencia.

Sus enemigos más destacados son: un fuerte conservadurismo ideológico de


los grupos sindicales que hegemonizan la organización de los maestros de escue-
la, el temor arraigado entre muchos de los maestros de que la reforma inestabili-
za sus fuentes de empleo e ingresos y un accionar estatal descuidado y contra-
dictorio que ha favorecido la proliferación de temores y prejuicios, al excluir a la
reforma educativa de la agenda de sus prioridades.

Atormentada por decenas de interrupciones de clases, intensas campañas


propagandísticas que la identificaban, ayer, como sinónimo de privatización de
la educación y, hoy, como triquiñuela para “formar mano de obra barata”, la
reforma educativa ha avanzado lenta y dificultosamente, siempre amenazada
por la intolerancia y la precariedad de la formación de recursos humanos en esta
área. Pese a todas estas desventajas, la primera evaluación académica que se ha
hecho de los alumnos que se encuentran bajo el régimen de la reforma, en escue-
las primarias, muestra que se han obtenido resultados interesantes en los campos
de la motivación, participación y capacidad crítica de esos estudiantes. En cam-
bio, existe un retraso considerable en la aplicación de la enseñanza bilingüe
y del enfoque pluricultural que se propone imprimirle a la reforma.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

El desafío central que tiene esta reforma -so pena de extinguirse en una
maraña de disputas permanentes- es aplicar sus principios de movilización y par-
ticipación activa de los padres de familia en el proceso, por medio de las Juntas
escolares, creadas por la ley para fiscalizar y fortalecer el avance de la reforma.
Un mecanismo de esta naturaleza parece ser el idóneo para alterar un crónico y
desastroso empate de fuerzas, que cierra las posibilidades al salto cualitativo que
se requiere sin más demora en este campo.

Las universidades que han quedado objetivamente fuera de la jurisdicción de


la Reforma educativa, no han mostrado hasta la fecha ninguna aptitud, ni deseo
para generar internamente las políticas que son necesarias para superar los extra-
ordinarios niveles de mediocridad que se observan, tanto en el área fiscal, como
privada. Los problemas que esto ocasiona están muy lejos de circunscribirse al
campo puramente académico, porque pesan decisiva y estratégicamente en la
calidad general de los recursos humanos, limitando las posibilidades nacionales
en el campo de la producción material e intelectual en su sentido más amplio.

La reforma del sistema judicial tiene hasta hoy una cadencia y un conteni-
do que permiten prever un estancamiento, bajo la apariencia de un engañoso
remozamiento. La arbitrariedad y el carácter exaccionador que priman en el fun-
cionamiento de los mecanismos de administración de justicia son hoy uno de los
peligros más temibles para lograr el funcionamiento de formas de gobernabili-
dad, basadas en la confianza y la participación activa de la ciudadanía.

La traba principal para realizar transformaciones verdaderas en este campo


es la actitud de los partidos políticos que se niegan rotundamente a renunciar a la
subalternización a la que es sometido el Poder Judicial, por parte del Poder
Ejecutivo, parlamentarios y dirigentes influyentes de partidos opositores u ofi-
cialistas. Tal estado de cosas se refuerza por las graves deficiencias de los recur-
sos humanos que se encuentran en este campo.

Sin una decidida intervención de la sociedad civil es dudoso que los caros y
laboriosos cambios legislativos que se están ensayando para reformar al Poder
Judicial lleguen a alterar la penosa realidad en que se desenvuelve. Una clara
muestra de esta inclinación ha sido los fuertes intentos que se están ejecutando
para alterar y hacer retroceder varios cambios, en beneficio de la población penal
y encausados de escasos recursos, ejecutados por el ministerio de Justicia.

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Roger Cortéz Hurtado

La Estrategia de Transformación Productiva del Agro, concebida a finales de


la administración anterior como una reforma de segunda generación, para enfren-
tar la pobreza crítica de la población rural, mejorar sus índices de desarrollo
humano y promover un salto tecnológico que garantice la sostenibilidad del pro-
ceso, recibió un tímido impulso hasta el cambio de gobierno, para luego ser igno-
rada y sepultada en pocos meses.

Igual destino parece esperarles a los Seguros materno-infantil y de la vejez,


instituidos en 1996 y descalificados por el gobierno que conducirá el país hasta
el 2002.

6. TENDENCIAS CENTRALES.

Antes de ser relevado, el equipo gubernamental que protagonizó el diseño


y ejecución de reformas entre 1993 a 1997, descubrió por medio de múltiples
pesquisas de opinión que gran parte de la sociedad había llegado a un hartazgo
frente a la continua alusión a cambios y reformas. También se hizo patente que
la estima mayoritaria por las reformas no se había convertido en convicción, ni
mucho menos, de que fueran beneficiosas para los cuidadanos, quienes expre-
saban que no mejoran la calidad de vida, ni las condiciones concretas de exis-
tencia de la abrumadora mayoría de los encuestados.

La sociedad boliviana ha resistido con bastante estoicismo la aplicación


de políticas de ajuste en un lapso muy breve. Lo que puede verse ahora es una
intensa modernización del sector tradicional de la economía que estuvo en
manos del Estado y hoy en las de grandes corporaciones transnacionales. Los
índices de desarrollo humano de la mayoría de los bolivianos se mantienen en
un nivel crítico.

El importante crecimiento de la economía que se ha prometido como resul-


tado de la capitalización, de otras importantes inversiones y de la exportación de
gas al Brasil tiene una fuerte tendencia a concentrarse en la región oriental, mien-
tras que seguirá creciendo el desequilibrio geoeconómico y geopolítico que afec-
ta a la fría y alta región Occidental.

Pero, en cualquier punto cardinal del país existen problemas centrales por
resolver como el de una política consistente de enfrentamiento de la pobreza,
transformación productiva que permita superar las fragilidades de una economía
apoyada en la exportaciones frágiles y vulnerables.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

La unidad nacional del país ha soportado duras pruebas de larguísimos pro-


cesos de colonialismo interno, discriminación y racismo que se han atenuado en
el tormentoso proceso político que se extiende por cerca de 60 años, pero estas
contradicciones existen y se alimentan de abismales desigualdades de vida y
oportunidades.

No obstante su tradición de rebeldía, el pueblo boliviano ha mantenido,


durante los últimos años, una actitud esencialmente pacífica para la resolución de
su problemas. Todas las intentonas de modificar esta tendencia han sido social-
mente descartadas.

El sistema democrático no parece amenazado por ninguna otra posibilidad


que no sea la desconfianza y repudio de los ciudadanos frente a las elites diri-
gentes y particularmente a los partidos políticos, la burocracia gubernamental, los
parlamentarios, la policía y los funcionarios judiciales. Una larvada y progresiva
crisis de representación se desarrolla, ante la abulia partidaria y una pobre expre-
sión de los sectores intelectuales.

El repertorio de ofertas políticas se ha empobrecido y bajo esa influencia los


partidos parecen aprestarse a un viraje discursivo, que les permita aproximarse al
desencanto de los electores para revertirlo, con evocaciones populistas y social-
democratizantes de forma antes que de contenido.

No obstante todas las frustraciones el desencanto ciudadano no parece


haber virado hacia una tendencia de rechazo y negación, pero el vacío persis-
tente en la atención de las más elementales necesidades o la ratificación de
engaños electorales puede precipitar el desencadenamiento de reacciones
sociales muy vigorosas.

Pese a todas las adversidades, la sociedad boliviana vive bajo una tónica
democratizante que se impone hasta ahora, pero que, para sobrevivir y proyec-
tarse requiere de orientaciones estratégicas que no parecen vislumbrarse en lo
inmediato.
* Inédito

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LA MARCHA INDÍGENA DE 1990 (fragmento)


Redactado en marzo de 1992 *

INTRODUCCION

L
a columna ascendió con lentitud y dificultad los últimos quinientos metros.
Muchos de los marchistas concentraban obstinadamente su atención, o
al menos su mirada , en la cruz que corona la helada cumbre, como una
manera de hacer menor esa especie de fuego que les quemaba el pecho, una
espantosa sequedad de la boca y la prolongada fatiga que los había acompañado
en las jornadas de ascenso.

Para quienes habían vivido toda su existencia en el llano y en la selva, nunca


a más de 600 metros de altura sobre el nivel del mar, conquistar los más de 4500
metros que tiene la cima, después de la cual empieza el descenso hasta la ciudad
de La Paz, era una dura tarea. Cada tramo de la marcha que empezaron treinta y
dos días antes había tenido su propia marca de dificultad, pero sin duda este era
especialmente difícil no obstante la proximidad de la meta.

Y aunque los 600 marchistas indígenas se encontraban rodeados desde hace


varias horas por vehículos y camarógrafos, por voluntarios y paramédicos y por
simpatizantes, cada mujer, viejo, hombre o niño sentía con especial e íntima
intensidad el ascenso por la ventosa y fría ladera y el camino asfaltado.

Arriba se veían los ponchos coloridos de los aymaras y quechuas que habí-
an ido a recibirlos en un homenaje triunfal. Los moxeños, yuracarés, movimas,
chimanes y sirionó que componían el grupo iban al encuentro de los indígenas
andinos y de la desconocida ciudad donde radica el poder al que le reclaman terri-
torio y dignidad.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

Los marchistas llegaron a la ciudad de La Paz el 17 de Septiembre de


1990, habiendo recorrido a pie cerca de 700 kms., desde el día 15 de Agosto
en que partieron de Trinidad, ciudad capital del Beni.

El grupo original estuvo compuesto de 300 personas, de las cuales casi un


tercio pertenece al pueblo sirionó, lo que significa que más de una cuarta parte
de la población de El Ibiato, que es el centro donde se concentra la mayor parte
de la población sirionó participó de la movilización política más importante de
1990, y de las que más grandes repercusiones políticas ha tenido en Bolivia en
muchos años.

Hasta hoy está planteada la pregunta de como fue posible que un grupo
muy reducido de la población, con una influencia económica extremadamente
pequeña en el contexto nacional, con una experiencia política desconocida
para el resto de los bolivianos, sin haber constituido alianzas orgánicas con
otros grupos sociales, consiguiera concentrar a su alrededor la atención de los
medios de comunicación, la simpatía de un amplio rango de sectores sociales
e instituciones, obligando al gobierno a atender sus demandas.

Este trabajo se propone explorar algunas posibles respuestas a esa


interrogante, por medio del exámen de la experiencia particular del pueblo
sirionó, como uno de los componentes importantes de la movilización social y
política de los indígenas del Beni.

Se ha seleccionado la experiencia sirionó porque no obstante de que es un


grupo minoritario dentro del movimiento indígena del Beni, y su participación
es relativamente reciente dentro del movimiento, ha conseguido definir un
perfil propio, reconocido por los otros componentes de la Central de Pueblos
Indígenas del Beni (CEPIB), que es la máxima instancia organizativa de esos
pueblos.

Los sirionó constituyen un característico “actor político”, componente de


un colectivo mayor que es el de los pueblos indígenas del Beni. En Bolivia más
de la mitad de la población es de indígenas, siendo los quechuas y aymaras los
pueblos más numerosos con una población estimada de 3 millones de
personas, entre ambos, en tanto que los 16 pueblos indígenas que habitan el
Beni suman unas 57 mil personas, de las cuales cerca del 95% pertenecen a

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Roger Cortéz Hurtado

uno de los grupos del pueblo moxeño que es el de más prolongada y con-
sistente tradición organizativa y posiblemente el animador principal de las
acciones políticas1, por las cuales estos pueblos han reivindicado su derecho a
territorio propio, reconocimiento de su cultura, tradiciones y autoridades
propias y una defensa de los bosques y pampas que habitan.

En el trabajo focalizaremos nuestra atención en la “MARCHA POR EL


TERRITORIO Y LA DIGNIDAD” que es la acción política de mayor alcance
e impacto realizada por los pueblos indígenas del Beni.

LOS INDÍGENAS BENIANOS.

Bolivia es uno de los países sudamericanos con mayor población indí-


gena. Los quechuas y aymaras que habitan la zona andina tienen un fuerte
sentido de identidad que se ha ido afianzando en las últimas cinco décadas de
la historia del país. En su seno se ha constituido un poderoso movimiento
campesino y cerca de diez partidos políticos que expresan reivindicaciones de
estos pueblos se han creado en los últimos quince años, habiendo participado
en elecciones nacionales, consiguiendo representaciones parlamentarias.

Aunque la votación de estos partidos no ha sobrepasado en ningún caso el


5% tienen una influencia importante en las organizaciones sindicales campe-
sinas y, algunos de éllos son centros de producción ideológica muy intensa.
Desde 1987, al menos tres movimientos armados han proclamado una orien-
tación de reivindicación indígena. La mayor parte de las agrupaciones
sindicales y políticas que se reivindican como representantes o afines a los
aymaras y quechuas se denominan cataristas en homenaje a Tupac Catari,
caudillo indio que dirigió una importante rebelión en el siglo XVIII.

Los indígenas de la zona oriental del país corresponden a 32 pueblos que


suman alrededor de 158000 personas2. Una tercera parte de esa población
indígena habita en el Beni. Los pueblos de mayor población son los mojeños
(cerca de 500000), seguidos por itonamas, movimas, yuracarés, chimanes,

1 "Elementos de diagnóstico Socio-económico regional del Departamento del Beni" Navia Carlos. CIDDEBENI. 75
pp. mimeo. Trinidad, Bolivia, 1988 (inédito).
2 "Plan Nacional para la defensa y el desarrollo indígena". Instituto Indigenista Boliviana, Ministerio de Asuntos
Campesinos y Agropecuarios. La Paz, Bolivia. 1990

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

pueblos cada uno de los cuales tiene una población menor al 10% de la de los
moxeños, y otros más reducidos como los sirionó ,chacobos, canichanas y
algunos al borde de la extinción como los cayuvavas y moré.

La región que hoy corresponde al Beni fue conquistada por los españoles
por medio de misiones jesuíticas que llegaron a esa zona en las postrimerías
del siglo XVII. En las misiones se agrupó a la población indígena dispersa, lo
que ya de por sí significaba una radical modificación de los hábitos de estos
pueblos que tendían a una dispersa ocupación del territorio como respuesta a
los requerimientos del ecosistema de inundación que es la llanura beniana.

El pueblo mojeño, dividido en varias parcialidades, pero de un solo orígen


etnolingüistíco, arawac, que migraron desde el extremo norte de Sud América
y el Caribe en época muy anterior a la conquista, constituía la población
mayoritaria de las misiones jesuíticas. Hasta ahora no se ha explicado la
relación precisa de los mojeños con los restos de grandes obras de riego y
técnicas agrícolas que ya fueron descritas por los jesuitas y que en los últimos
años son objeto de nuevos estudios.

Se trata de vestigios arqueológicos (canales, promontorios, obras de riego,


camellones, piezas cerámicas) que dan pistas de la existencia de un imperio
que habría alcanzado un gran desarrollo tecnológico especialmente agrícola.
Cuando los españoles llegaron a la región de Moxos solo encontraron los
restos de ese imperio. Los indígenas mojeños no podían explicar su
vinculación con los restos de esas obras y hacían alusiones vagas a “los
antiguos” como artífices de las mismas.

La influencia jesuítica fue, lo mismo que en otras experiencias en esta


zona del continente, particularmente grande entre la población nativa que ha
incorporado importantes rasgos de religiosidad católica y organización social
a sus propias concepciones, mantenidas, muchas veces, en secreto o adaptadas
a los requerimientos y exigencias de la cultura de los conquistadores.

Esto se manifestó vigorosamente después de que los jesuitas fueron


expulsados en 1767, y que fueron sustituidos por las autoridades políticas de
la corona, gobernadores, y un flujo creciente de población civil criolla y
mestiza. En esta nueva fase los abusos contra los indígenas se hicieron

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Roger Cortéz Hurtado

rápidamente mayores, alcanzando su peor momento durante todo el período de


la explotación de la goma.

LA EXPERIENCIA DE LOS SIRIONÓ.

El sirionó es un pueblo cuyos orígenes permanecen parcialmente en la


penumbra. En la actualidad se ditribuyen 4 grupos de un total de 900 personas,
(censado por la propia organización sirionó) que tienen una sola raiz
lingüística, tupi-guaraní. De acuerdo a Zulema Lehm3 la población sirionó se
ditribuye en: el grupo mayor que habita el Ibiato con 90 familias, Ascención
de Guarayos con 50 familias, Tibaena 25 familias y en San Pedro de Richard
10 familias (se considera que cada unidad familiar abarca 5 personas).

Quienes han estudiado con mayor detenimiento a los sirionó, Holmberg


(1942) y Stearman (1987), coinciden en atribuir a los sirionó un origen ubicado
en el sur del continente (Paraguay-Brasil)y que por medio de migraciones
llegaron a ocupar parte del territorio boliviano. Citando a Pifarré, Lehm (1991)
asevera que esta migración es muy anterior al siglo XVI. En los testimonios
que hemos recogido durante la realización del estudio no hemos encontrado
entre los sirionó que viven en el Ibiato ningún tipo de referencia histórica
referida a sus orígenes que vaya más allá de princios de este siglo.

Los ancianos sirionó que recuerdan y transmiten oralmente su conoci-


miento, relatan acontecimientos que han podido ocurrir aproximadamente
entre 1910-1920. Nordenskjöld (1911) que no llegó a entrar en contacto
directo con los sirionó apoya la hipótesis de otros autores respecto a que la
lengua de origen tupi-guaraní que utilizan los sirionó puede ser no original del
grupo sino impuesta por un proceso de conquista guaraní, lo mismo que ha
ocurrido con otros pueblos, y que los sirionó podrían ser un grupo completa-
mente distinto de todos los guaraníes. En el mismo trabajo refiere como este
pueblo, completamente diferenciado de los demás y conocido y temido por sus
hábitos guerreros (Holmberg los ha caracterizado como “nómadas de arco
largo”) eran particularmente reacios a todo tipo de contacto con los blancos y
mestizos y cómo los pocos que eran capturados morían con gran facilidad en
cautiverio.

3 "La demanda territorial del pueblo sirionó". Lehm Zulema. CIDDEBENI. 30 pp, mimeo. Trinidad, Bolivia. 1991

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

El grupo original que tomó la determinación de asentarse en el Ibiato fue


aumentando paulatinamente de número con la llegada de otros núcleos que se
encontraban dispersos en la selva aledaña y en el bosque de San Pablo.

En alguna oportunidad se capturó algún sirionó solitario y errante que


llegaba hasta el Ibiato para robar brasas encendidas, porque los sirionó no
dominaban técnica alguna de encendido del fuego y viajaban con brasas que
les permitían encender sus fogatas. Cuando por alguna razón estas se apa-
gaban, tenían que realizar incursiones a otras tribus o poblados blancos para
proverse de brasas.

LA REIVINDICACIÓN TERRITORIAL DE LOS SIRIONÓ EN EL IBIATO.

El Ibiato (70 Kms al SO de Trinidad), es una pequeña población de una 31


chozas de palma dispuestas alrededor de un promontorio artificial de unos 30
mts de altura (Ibiato significa loma alta en lengua sirionó) construído en época
precolombina, posiblemente como tantos otros de similares caracteristicas que
corresponden a la cultura moxeña. En la cima existe una pequeña iglesia de
adobe, lo mismo que la casa pastoral que se encuentra ubicada a unos cien
metros y que está hoy desocupada, mientras que las únicas construcciones de
ladrillo son las aulas de la escuela y un pequeño laboratorio, donde la bióloga
estadounidense Wendy Townsed desarrolla una investigación sobre la fauna de
la zona, con patrocinio de la Universidad de Gainsville, Florida.

Desde 1933 primero Tomas Andreson4 y luego su hijo Juan llevaron a


cabo trámites legales para que se delimitara una concesión de tierra a título de
reserva indígena, solicitando una superficie de 23.000 has. Hasta 1988 la
responsabilidad principal de estos trámites ante el Estado estuvo a cargo de los
misioneros.

A diferencia de los moxeños, los sirionó no tenían una tradición


organizativa que les permitiera formular demandas ante las autoridades y el
Estado. Sus caciques (ererecua, en lengua sirionó) cumplen funciones

4 La Iglesia Cuadrangular es un grupo evangélico fundado en 1923 por Amy Semple McPhearson, una disidente de
la Iglesia Bautista que trabajó posteriormente con Las Asambleas de Dios. Decidió fundar su propio grupo porque
no le permitían predicar por ser mujer. El pastor Tomás Anderson, quien estableció la "reducción" del Ibiato, fue
misionero en China y luego se estableció en la ciudad de Trinidad en 1930.

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Roger Cortéz Hurtado

estrictamente internas en el manejo de asuntos de la comunidad. Cuando entre


1986-1987 empiezan a desarrollarse importantes manisfestaciones de des-
contento y movimientos organizacionales entre los moxeños, los sirionó se
encuentran al margen de esa situación. Los moxeños y otros pueblos indígenas
enfrentaban, en esos momentos, una intensa agresión de compañias madereras
que estaban extendiendo con rapidéz sus operaciones. Los bosques donde se
habían refugiado varios grupos indígenas, como resultado de las movili-
zaciones de la búsqueda de la Loma Santa.

Los indígenas habían llegado a una situación límite porque “ya no existían
más espacios de búsqueda de la Loma Santa, no existe más posibilidad de
resistencia a través de la huída...”5. Al estar practicamente agotada la
posibilidad de continuar replegándose a sus espacios originarios, los indígenas
se veían forzados a enfrentar el cerco “carayana”6 con su avanzada de
madereros y ganaderos.

Esta situación que se había iniciado con el proceso mismo de la conquista


española empeoró notablemente con la reforma agraria de 1953, que significó
la distribución gratuita de tierras “vacías”(en realidad habitadas por los
indígenas).

La concepción modernista y occidental de la Reforma Agraria7 no


consideró para nada las características propias de los pueblos indígenas del
oriente boliviano, cuyas actividades y sobrevivencia están vinculadas el
dominio de un territorio y no a la propiedad de la tierra, como es el caso de la
actividad agropecuaria tradicional y moderna y de los campesinos.

5 "Reconocimiento, demarcación y control de territorios indígenas: situación y experiencias en Bolivia". Navia


Carlos. CIDDEBENI. Trinidad, Bolivia, 1991.
6 Carayana es el término que usan los indígenas para referirse a los "blancos", indistintamente se trate de descen-
dientes u originarios o de mestizos. La palabra designa antes que nada hábitos y actitudes y diferencias culturales,
enfatizando la connotación del carácter dominante y opresivo que tiene el "carayana" frente a los indígenas.
7 La Reforma Agraria se realizó en Bolivia, 1952, como consecuencia de una insurrección armada que derribó el
viejo régimen minero-terrateniente que regía en Bolivia. La reforma obedeció a la presión de campesinos aymaras
y quechuas de la zona andina del país. Se repartió la tierra en pequeñas unidades familiares y en la zona oriental
(llanura y selva) se hicieron grandes concesiones para alentar la formación de una agroindustria moderna. De
acuerdo a Arnaldo Lijerón (testimonio personal), maestro de escuela que ha trabajado en organismos de apoyo al
movimiento indígena del Beni, la reforma agraria y la reforma educativa, fueron medidas que afectaron profun-
damente a los indígenas porque, la reforma agraria anuló la validez legal de los títulos que certificaban la
propiedad de los indígenas sobre su tierra, y la reforma educativa constituyó un verdadero etnocidio al imponer la
enseñanza en español, negando las lenguas indígenas.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

La relación de hombre territorio, entendido este último como totalidad de


recursos naturales de una región, resulta especialmente importante para pueblos
como los sirionó, que dependen de la caza, pesca y recolección para subsistir.

LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO INDÍGENA.

La masiva explotación forestal que comenzó a desarrollarse entre 1986-


1987, despues del levantamiento de las reservas forestales del bosque
Chimanes (noroeste del departamento del Beni), la actividad de empresas
madereras en el bosque del Isiboro - Sécure, donde también se produce una
rápida e intensa colonización de campesinos migrantes de la zona andina del
pais aumentó la presión sobre las zonas a las que se habían replegado
moxeños, movimas, chimanes y otros pueblos indígenas. También en algunas
zonas ganaderas, el equilibrio entre empresarios ganaderos e indígenas se hizo
más dificil por el requerimiento de superficies más extensas de pastoreo a raíz
del crecimiento de los hatos de ganado.

La respuesta indígena ante ese progresivo acoso fue la persistente


remisión de quejas y denuncias ante organismos como la Asamblea Perma-
nente de Derechos Humanos8 y la rápida extensión de formas asociativas entre
las distintas comunidades indígenas que se veían compelidas a unirse para
tratar, conjuntamente de contener la agresión en desarrollo.

Los actores más activos de este proceso de resistencia fueron los


componentes de las distintas parcialidades del pueblo moxeño, quienes
constituyeron entre 1987-1988 la Central de Cabildos Indígenas de Moxos
(CCIM). De acuerdo a la información disponible, durante todo su desarrollo
esta asociación, basada en el funcionamiento de la suerte de asambleas
populares en las que una comunidad indígena delibera y decide sobre los
problemas comunes, tuvo un carácter netamente espontáneo. Esta Asambleas,
llamadas Cablidos y que tuvieron su plena formalización –para las

8 La Asamblea Permanente de Defensa de los Derechos Humanos de Bolivia (APDDHHB) es una institución no
gubernamental creada y apoyada por instituciones y personas próximas a la Iglesia Católica y, posteriormente,
organismos sindicales y partidos políticos de izquierda. Ha tenido un importante papel de denuncia de arbi-
trariedades cometidas por dictaduras militares. En el Beni su existencia fue muy precaria en la década de los 70,
por una debilidad considerable de las organizaciones sindicales de los partidos izquierdistas. Reestructurada en
1986, fue tomando un impulso considerable a partir de su creciente compromiso con el movimiento indígena y hoy
es una de las organizaciones principales de la Coordinadora de Solidaridad que apoya a la CPIB.

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Roger Cortéz Hurtado

comunidades indígenas, no para el Estado– desde la época de la misiones


jesuíticas, habían perdido importancia en muchos casos, lo mismo que las
autoridades tradicionales, los corregidores. Las necesidades organizativas de
los indígenas se orientaron hacia la revalorización de los cabildos y la
recuperación de importancia de las autoridades tradicionales.

El movimiento recibió respaldo de parcialidades de la iglesia católica,


particularmente de los sacerdotes y monjas de la parroquia de San Ignacio de
Moxos y parte de la jerarquía eclesiástica de la ciudad de Trinidad, de EPARU
(Equipo Pastoral Rural)9, CIDDEBENI (Centro de Investigación y
Documentación para el Desarrollo del Beni)10 y la APDH.

De acuerdo a las entrevistas realizadas, el apoyo de estas instituciones se


concentró en respaldar la coordinación entre los representates de distintas
comunidades y la realización de eventos organizativos como encuentros,
congresos y seminariso que proliferaron durante 1988, 1989 y 1990.

Los eventos organizativos más importantes del movimiento fueron: 8


encuentros de corregidores y representantes comunalesde la Sub Central
Indígena de San Ignacio, 3 encuentros de corregidores y representantes del
Territorio Indígena Multiétnico (Bosque de Chimanes), 2 encuentros entre los
representantes de las tres áreas (Chimane, Isiboro-Sécure e Ibiato) y el Primer
Congreso de Unidad de Pueblos Indígenas del Beni en el que se conformó la
máxima instancia organizativa del movimiento, la Central de Pueblos
Indígenas del Beni (CPIB). En el Parque Isiboro-Sécure se realizaron varios
encuentros de los indígenas de la zona y también se llevaron a cabo seminarios
internos y varios eventos de carácter técnico (capacitación en el manejo de
bosques, p. Ej.) y de solidaridad (Navia, 1991).

Los sirionó comenzaron a participar del movimiento indígena cuando


éste ya tenía una cierta consistencia y desarrollo. Los caciques sirionó que

9 EPARU se ha especializado en el asesoramiento y apoyo legal en trámites de indígenas y campesinos para obten-
er y consolidar títulos agrarrios, ante organismos estatales
10 CIDDEBENI, se organiza entre 1984 a 1985, por un grupo de 6 jóvenes profesionales universitarios vinculados al
MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) del cual se alejaron en los siguientes tres años. En la actualidad
CIDDEBENI ha organizado una amplia documentación sobre el movimiento indígena y ha participado en su desar-
rollo y avance en carácter de institución asesora.

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Poder y proceso constituyente en Bolivia

participaron inicialmente en algunos eventos organizativos, no se interesaron


inicialmente en afianzar sus nexos con la CCIM. La situación de modificó a
partir de que Tomas Ticuazu (52 años) un sirionó del Ibiato, que vivió desde
su adolesencia en Trinidad, fue invitado a participar de una de las reuniones
del CCIM. Impresionado hondamente por la percepción de la importancia
del proceso que se desarrollaba, consultó a los pobladores del Ibiato sobre si
autorizaban a que los represente en posteriores eventos. La comunidad
aceptó esos términos y Ticuazu resltó ejerciendo el papel de “dirigente”, que
es distinto al de los caciques, porque resulta ser una especie de “embajador”
de la comunidad ante las autoridaes y organismos estatales, y el mundo
“carayana” en general.

La actividad de Ticuazu contribuyó decisivamente a estrechar las


relaciones de los sirionó con la CCIM, al mismo tiempo que fue un importante
factor de estímulo en la participación y organización interna de los sirionó.
Pero, sin duda, el factor decisivo que determinó un salto en dicha participación
fue el conflicto entre el pueblo sirionó y la Universidad Técnica del Beni.

Entre los meses de julio hasta fines de agosto de 1989 se desenvolvió un


agudo conflicto originado por la ocupación, por parte de los sirionó, de un
centro agropecuario de propiedad de la UTB que se encuentra dentro de los
límites del terrritorio que reclaman los sirionó. Durante este período se
produjeron importantes señales de reacción por parte de sectores
habitualmente alejados de los problemas que confrontan los indígenas, como
son las autorides docentes y estudiantes de la Universidad.

Se redactaron y publicaron cartas, comunicados y declaraciones del


consejo universitario, así como las correspondientes e inmediatas respuestas
de los sirionó e inclusive se llevó a cabo un debate público entre representantes
de la universidad y los sirionó.

El análisis de la documentación que ha quedado como testimonio de esa con-


troversia es muy interesante, especialmente si se toma en cuenta que, desde hace
12 años, con la sóla interrupción del 80 al 82, por causas de la intervención mili-
tar a las universidades -golpe de estado de García Meza y gobiernos dictatoriales
de la época- la UTB, lo mismo que la mayor parte de las 8 universidades estata-
les que existen en B