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Proceso histórico-político de Venezuela


Partes: 1, 2, 3
1. Introducción
2. Marco general de los procesos histórico-político de Venezuela
3. Estructura y características de la economía venezolana y su
implicación en la política nacional e internacional
4. Características fundamentales de la Sociedad venezolana
5. Análisis de procesos políticos venezolanos en la conformación de
la nueva República
6. Conclusión
7. Bibliografía
Introducción
A través de este trabajo hemos querido plasmar hechos basados en fechas,
gobiernos y acontecimientos en nuestro proceso republicano desde 1830 hasta
nuestros días.
Malas políticas de estado, golpes de Estado efectivos y varios frustrados pagados
por los Estados Unidos, realmente la renta petrolera tardaría mucho tiempopara
que arrojase beneficios al país.
Si bien el ingreso petrolero no fue empleado, en el desarrollo que Venezuela
necesitaba, por lo menos parte de la agricultura y la ganadería se beneficiaría de
esta tecnología.
La Venezuela de hoy, le toca afrontar nuevos retos, igualmente nuestros jóvenes
que se están formando tienen en sus manos una responsabilidad muy grande,
tienen que aprender de los errores del pasado para poder echar adelante a nuestra
gran Nación.

Marco general de los procesos histórico-político de


Venezuela
• 1. El Paecismo (1830-1848):
• Rasgos relevantes del período:
El país fue gobernado por un grupo elitesco, observador y oligárquico, cuya figura el
general José Antonio Páez.
La administraciónpública fue eficaz, ya que permitió cancelar el 28,5% de la deuda
de la liquidación de la unión grancolombiana.
Páez abolió la alcabala, que se paraba al introducir mercancías o productosde las
ciudades; y entre 1830 y 1835, los impuestospor derecho de exportación de café y el
cacao, para incentivar el incremento de las importaciones. También elevó los
impuestos por derecho de exportación de ciertos productos del campo procedentes
de Estados Unidos para proteger la producción agrícola.
Hubo una amplia discusión pública de los problemas nacionales a través de la
prensa escrita. Ésta sirvió de tribuna políticaa los dos bandos surgidos de la división
del grupo oligárquico: los conservadores o godos, que tenían el poder; y los
liberales, que actuaban en la oposición.
Se adoptó una política propia del liberalismoeconómico, que favorecía los intereses
de la burguesía comercial usuaria, y perjudicaba a los pequeños y medianos
agricultores.
Los gobiernos de este período tuvieron que enfrentar las manifestaciones del
caudillismo regional.
• Labor gubernamental:
Se inició una política inmigratoria de europeos, principalmente de canarios. Como
resultado de esta medida, en 1843 se fundó la Colonia Tovar, en el Estado Aragua,
con inmigrantes alemanes.
En el seno de la oligarquía gobernante disminuyó el sentimiento bolivariano, lo que
permitió trasladar los restos de Bolívar desde Colombia hasta Caracas en 1842; esto
fue posible gracias a la gestiónde Páez frente al congreso.
A falta de circulante, se efectuó la primera acuñación monetaria con sello nacional,
y se autorizó la circulación de mondas de otras naciones.
• Labor legislativa:
El Congreso de 1830 aprobó una Constitucióncentro-federal que dio cierta
autonomía a las provincias y estableció la separación de los poderes públicos.
Asimismo, quienes eran considerados ciudadanos, según su riqueza podían ser
elegidos por períodos presidenciales de 4 años, sin reelección inmediata.
Los militares y los sacerdotes quedaron sometidos a la justicia ordinaria, pues se
eliminaron los fueros que les permitían regirse por las leyes particulares de sus
instituciones.
Se promulgó la ley de hurto para enfrentar a quienes impunemente recorrían los
llanos en partidas armadas.
El servicio de los hijos de esclavos se elevó de 18 a 21 años, por mandato de la ley de
Manumisión de esclavos (octubre de 1830).
• 2. Oposición al Paecismo:
• La actuación de los caudillos:
Recién constituida la República de Venezuela, en enero de 1830, José Tadeo y José
Gregorio Monagas proclamaron el estado de oriente en oposición a la separación de
Venezuela a la Gran Colombia. Con iguales propósitos Julián Infante, Francisco
Vicente Parejo y Lorenzo Bustillo hicieron estallar en mayo un movimientoen Río
Chico.

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La historia no da marcha atrás


Proceso civilizatorio y cambio histórico en
Venezuela
por Mario Sanoja Obediente*, Iraida Vargas-Arenas*
Suramérica y el Caribe fueron y siguen siendo una civilización
originaria [3]. Su formación estuvo determinada por la
existencia de diversos procesos civilizatorios cuyos ámbitos
geográficos y persistencia histórica se reflejan de cierta
manera en las diversas regiones geohistóricas
contemporáneas.

El espacio geográfico como una fuente


de explicación afecta todas las realidades
históricas, todos los fenómenos
espacialmente definidos.
Fernand Braudel [2]
Suramérica y el Caribe fueron y siguen siendo una civilización
originaria. [4] Su formación estuvo determinada por la existencia
de diversos procesos civilizatorios cuyos ámbitos geográficos y
persistencia histórica se reflejan de cierta manera en las diversas
regiones geohistóricas contemporáneas. A partir del siglo XVI
estuvieron sujetas a la influencia del tiempo histórico mundial,
esto es, la superestructura de la historia universal, pero la
coyuntura de su desarrollo, desde remotos tiempos, ha estado
determinada por el ritmo de los tiempos históricos de sus propias
y diversas regiones geohistóricas.
A la par de los Andes Centrales, el noroeste, el sureste de
Suramérica, la región amazónica central, el norte del Amazonas,
el noroeste de Colombia, las Guayanas, Venezuela y el Caribe
conformaron desde hace milenios una extensa macroregión
geohistórica cuya pertinencia, permitiría entender el proceso
civilizatorio que dio origen a esta Tierra de Gracia llamada
Venezuela. [5]
Las poblaciones originales arawakas colonizaron una gran parte
del vasto espacio geográfico suramericano y caribeño. Ciertos
lingüistas sitúan el origen de las lenguas arawakas o maipure
entre el Amazonas, el piedemonte oriental andino y las cuencas
altas de los ríos Madeira y Ucayali, hace unos 4500 a 5000 años
antes de ahora, la posible existencia de un segundo centro de
origen en el occidente de Venezuela. Unos grupos humanos
parecen haberse desplazado desde aquella región hasta el Bajo
Orinoco, 3000 años antes de ahora, y otras a lo largo de la costa
noroccidental de Suramérica llegando al noroeste de Venezuela
alrededor de 3000 años antes de ahora.
Con base a los conocimientos que poseemos en la actualidad, no
se puede establecer con certitud la pertenencia de aquellas
antiguas poblaciones larenses a la familia lingüística arawaka,
pero sí sabemos que para el siglo XVI de la era cristiana el
noroeste de Venezuela estaba habitado por pueblos hablantes de
lenguas arawakas. [6] Los antiguos pueblos arawakos
contribuyeron a iniciar y consolidar el proceso civilizatorio
venezolano expresado, particulamente, en una formación social
aldeana sedentaria con base en la cual comenzó a tomar
configuración el presente territorio de la nación venezolana. Las
regiones subandinas del actual estado Lara, ocupadas desde
10.000 años antes del presente por bandas de recolectores
cazadores, fueron el asiento -hacia 3000 años antes de ahora- de
antiguas poblaciones agroalfareras como la de Camay, vinculadas
a la Cultura Valdivia de la costa ecuatoriana, las cuales parecen
haber operado la domesticación secundaria de razas locales de
maíz, propiciando así el surgimiento de una forma de vida
sedentaria fundamentada en el cultivo del maíz, de la auyama,
posiblemente de la yuca amarga y de diversos frutales como la
papaya o lechosa. De igual manera, parecen haber originado
cultivos como el algodón cuyas fibras se empleaban para fabricar
tejidos y telas diversas. La decoración de las vasijas de barro
sugiere que conocían también diversas técnicas para la
manufactura de cestería, similares a las que se infieren de la
decoración de las vasijas manufacturadas por las antiguas
poblaciones valdivianas de la costa del Ecuador. [7]
Durante el último milenio antes de Cristo, diversos grupos
humanos desprendidos de las antiguas poblaciones agro-alfareras
del estado Lara, colonizaron la cuenca del lago de Maracaibo,
estableciendo una red de aldeas sedentarias que se prolongaba
hacia las planicies del territorio de la Guajira y el noreste de
Colombia. Para comienzos de la era cristiana ya se había
constituido en el noroeste de Venezuela lo que podríamos
considerar un oekumene arawako. El núcleo de dicha formación
social se hallaba localizado en los valles subandinos del estado
Lara, donde se estaba produciendo para aquella época la
consolidación de una sociedad política, social y culturalmente
jerarquizada. La organización económica se apoyaba en una
agricultura intensificada mediante la utilización de sistemas de
regadío y cultivo en terrazas artificiales, lo que permitía obtener
una importante producción exceden-taria. En el norte del lago de
Maracaibo existía una gran variedad de etnias arawakas o
kaketías que incluían desde grupos de pescadores-recolectores
especializados que explotaban las salinas que se formaban
naturalmente, hasta cultivadores con cerámica que habitaban el
actual litoral de la Guajira venezolana y los valles fluviales de la
Guajira colombiana. [8]
A partir de inicios de la era cristiana, la antigua sociedad
igualitaria larense comenzó a devenir desigual, al separarse la
comunidad original en linajes endógamos. Éstos eran
segmentaciones de la sociedad original, individuos que se
reconocían como descendientes de un antepasado mítico o tótem,
quienes preservaban su identidad grupal mediante las uniones
entre los miembros del mismo linaje. Ello contribuía no solamente
a la preservación del patrimonio comunal, sino también de las
relaciones de dominación política que ejercían sobre las personas
del común. En estas antiguas sociedades jerárquicas larenses se
produjo un proceso de acumulación de fuerza de trabajo,
particularmente artesanos que trabajaban las conchas de
moluscos marinos y terrestres, así como el hueso para producir
una compleja industria de pectorales alados, cuentas de collar,
pendientes, pulseras, cubre sexos, tapa ojos, etc., que eran
utilizados como parafernalia funeraria. De igual manera, rasgo
que ya había aparecido desde siglos anteriores, se producía gran
cantidad de cerámica funeraria que se utilizaba también para
acompañar los enterramientos humanos. A diferencia de las
antiguas aldeas igualitarias, donde los muertos se enterraban al
interior de las viviendas, comienzan a aparecer grandes
necrópolis donde se enterraban centenares de difuntos
acompañados de complejas ofrendas votivas. Ello funcionaba
como un medio para el consumo no reproductivo de gran
cantidad de bienes creados artesanal-mente. De esta manera, no
solamente se mantenían los grupos de artesanos en permanente
producción, sino que se reforzaba la capacidad de poder y
dominación que tenían los linajes sobre el resto de la población,
potenciándose el carácter de la desigualdad social. Estas
características se hacen patentes en la forma de organización
social jerarquizada de la etnia kaketía, stock arawako, que
componía -en el siglo XVI- el Señorío de Manaure. Dicha
formación sociopolítica, que se extendía desde el mar Caribe
hasta los llanos de Apure, era gobernada por un Señor o Diao que
se consideraba tenía poderes civiles, militares y religiosos, así
como control sobre los fenómenos naturales. Por debajo de la
autoridad principal, existía un sistema de jefes regionales y
locales que gobernaban diferentes regiones y polis que formaban
la jerarquía social y política que ejercía el poder dentro del
Señorío Kaketío del occidente de Venezuela. [9]
Vecinos al señorío arawako, los pueblos conocidos como timote
habitaban la cordillera andina desde por lo menos los siglos VIII y
X de la era cristiana. Culturalmente, tenían muchas afinidades
con las antiguas poblaciones arawakas que habitaban los valles
subandinos del estado Lara, incluyendo la utilización del regadío y
el cultivo en terrazas. A diferencia de aquellos, sus poblados
estaban constituidos por casas fabricadas con piedras, levantadas
sobre terrazas o terraplenes artificiales como era también común
en las etnias indígenas del norte de Colombia. Los pueblos timote
tuvieron un desarrollo jerárquico político-religioso muy elevado. El
gobierno de las aldeas estaba en manos de un mohano sacerdote
que ejecutaba funciones religiosas y administrativas, existiendo
asimismo templos construidos en madera donde residían deidades
relacionadas con la agricultura. Anualmente, los aldeanos hacían
peregrinaciones a dichos templos para ofrecer tributos a las
divinidades y solicitar consejo a los mohanes sobre el éxito de sus
cosechas. Tanto los timote andinos como los kaketío de Lara y
Falcón mantenían relaciones de intercambio con sus parientes del
norte del lago de Maracaibo, quienes, a su vez, servían como
intermediarios comerciales con las etnias tairona. En el sur del
lago, ríos como el Zulia y el Catatumbo funcionaban también
como importantes avenidas para el tránsito de personas y
mercancías desde y hacia la cuenca del río Magdalena. A su vez,
las etnias caribes y arawakas del sur del lago mantenían
relaciones de intercambio con las etnias indígenas del norte de
Santander y con las timote de la cordillera de Mérida. Fue a partir
de esta compleja red de relaciones sociales e intercambios
comerciales, como se consolidó la fachada andina venezolana.
Otros grupos humanos agroalfareros vinculados con las antiguas
culturas andinas del actual Perú, Kotosh y Chavín, se movieron a
lo largo de las numerosas avenidas fluviales de la cuenca del
Amazonas, y llegaron hasta las bocas del Orinoco tres mil años
antes de ahora, fundando grandes poblados en la actual
Barrancas del Orinoco. La alfarería de Barrancas, una de las más
hermosas de Venezuela y del continente, representa una
propuesta de expresión naturalista visual de la ideología y la
cosmogonía de las antiguas poblaciones arawakas orinoquenses.
Al mismo tiempo, en 3.000 años antes de ahora, otras
poblaciones agroalfareras comenzaron a asentarse en el Bajo
Caroní, donde para 10.000 y 7.000 años antes del presente ya
estaban ubicados grupos de antiguos recolectores cazadores.
Estas nuevas poblaciones parecen haber estado asociadas con la
aparición del arte rupestre representativo y la expresión gráfica
de las ideas. Es de allí donde se inicia, posiblemente, la expresión
gráfica de las ideas pintadas o grabadas sobre los muros de
cuevas y abrigos rocosos o sobre las afloraciones de grandes
piedras a lo largo y en la confluencia de los ríos guayaneses. [10]
Esta compleja red de migraciones humanas e influencias
culturales, así como de relaciones sociales e intercambios
comerciales, permitió la consolidación de la fachada amazónica
venezolana
Los arawakos orientales, los barranqueños, y los occidentales, los
pueblos larenses de Camay, se encontraron en el Orinoco Medio
hacia 2700 años antes de ahora, fusionándose y dando
nacimiento a una nueva y fuerte cultura mestiza. Presionados por
los pueblos caribes provenientes al parecer de la amazonia, los
portadores de aquella migraron hacia la región de Paria donde se
mezclaron a su vez con antiguas poblaciones de recolectores
pescadores que ya habían descubierto la agricultura de plantas
tropicales hacia 4.400 años antes de ahora y -lo más importante-
habían abierto las rutas de navegación de alta mar en el Caribe,
llegando hasta las Grandes Antillas. De este otro mestizaje surgió
un nuevo proceso civilizatorio; las poblaciones arawakas
originaras del noreste de Venezuela se expandieron hacia las
Pequeñas y Grandes Antillas, llevando consigo el conocimiento de
la agricultura tropical, la alfarería y la vida sedentaria.
Consecuencia de este proceso civilizatorio caribeño fue el
desarrollo de vigorosas sociedades jerárquicas como la Taína, las
cuales caracterizan la fase final de la historia precolonial de
Puerto Rico, República Dominicana. Haití y Cuba, fundamento de
la fachada caribeña venezolana. [11]
Las características diferenciales que presentaba el estatus del
desarrollo sociohistórico de las poblaciones originarias
venezolanas en el siglo XVI, fueron determinantes no sólo de la
manera cómo se produjo el contacto inicial entre aborígenes y
castellanos, sino de las tendencias que experimentó
posteriormente el proceso de conquista y colonización de nuestro
territorio. En el occidente de Venezuela, existían para la época
sociedades jerárquicas con un alto grado de sedentarismo y
organización sociopolítica que, en muchos casos, se había
expresado como una considerable inversión de trabajo productivo
para crear paisajes agrarios materializados en viviendas
construidas sobre montículos artificiales y terrazas, sistemas de
camellones para el cultivo en zonas de inundación, montículos y
terrazas artificiales para el cultivo, sistemas de canales de
regadío, embalses artificiales para almacenar el agua, silos
subterráneos, sistemas de calzadas que servían tanto para la
comunicación durante las épocas de inundación, como para
preservar y orientar las aguas de lluvia y de los ríos desbordados,
etc. Esta materialidad socio-técnica permitió la obtención de un
producto agrícola suficiente no solo para mantener y reproducir el
grupo social, sino también para el intercambio de productos
agrícolas por bienes terminados u otros productos naturales
procesados: tejidos, tallas en piedra o hueso, plumas de pájaros,
alfarería, carne de venados o de váquiros, pescado seco, etc.
En este caso, los españoles tuvieron la oportunidad de asimilar a
su programa de colonización grandes contingentes de fuerza de
trabajo aborigen que ya poseían hábitos de disciplina laboral y
política que facilitaba su encuadramiento dentro de los moldes de
la sociedad clasista que imponía el proceso colonial. Por el
contrario, en el oriente de Venezuela y en áreas de la cuenca del
lago de Maracaibo, el contacto entre españoles y comunidades
aborígenes donde predominaban las igualitarias, tanto caribes
como arawakas caribizadas, determinó un largo período de lucha
anticolonial que culminó en algunas zonas en el siglo XVIII, en
otras en el siglo XIX.
En determinadas porciones del occidente de Venezuela, las
antiguas etnias aborígenes continuaron viviendo en sus antiguos
espacios territoriales bajo un nuevo sistema de propiedad de la
tierra, cultivando y produciendo sus manufacturas tradicionales,
procesos de trabajo mejorados por la introducción de máquinas
como el arado de reja tirado por bueyes, los telares a pedal y la
introducción de cultivos comerciales de alta productividad como el
trigo, la cebada, la avena, los cítricos, los plátanos, las legumbres
y, posteriormente, el café, que complementaron los importantes
cultígenos autóctonos como el maíz, la yuca, raíces y tubérculos
tropicales, la papa, la arracacha (apio), el tabaco y,
particularmente, el ganado vacuno, el ganado lanar, cerdos y
gallinas que fortificaron la economía tanto comercial como
doméstica; asimismo, caballos, mulas y asnos que aumentaron
sensiblemente la capacidad del transporte terrestre de personas y
mercancías.
En el oriente de Venezuela, la colonización española tuvo dos
ritmos. En el bloque montañoso y selvático que comparten los
actuales estados Anzoátegui, Sucre y Monagas, habitaban
numerosas etnias caribes del grupo lingüístico Tamanaco, algunas
de las cuales siguieron viviendo de manera independiente hasta
finales del siglo XVIII, cual comunidades periféricas al proyecto
misional. En la formación de sabanas de Apure, Barinas,
Portuguesa, Cojedes, Guárico, Anzoátegui, Monagas y
posteriormente Guayana, la introducción del ganado vacuno y el
caballar propició el surgimiento de un modo de trabajo pastoril así
como la formación de una sociedad de pastores o llaneros
producto del mestizaje de poblaciones indígenas arawakas y
caribes, negros esclavos y blancos o mestizos pobres. Estas
poblaciones llevaban una vida seminomádica, de hábitos sociales
rudos y espartanos, acostumbradas a la utilización mínima de
bienes materiales. La herramienta de trabajo de los llaneros era
una larga lanza utilizada para arrear el ganado o como arma
ofensiva contra otros hombres o contra tigres y animales
salvajes. Igualmente utilizaban sogas de cuero crudo para enlazar
el ganado cimarrón y afilados cuchillos. En la casa del hato
dormían en chinchorros, y en los trabajos del llano, sobre cueros
de res.
Se alimentaban principalmente de carne semicruda o salada y
secada al sol. Los relatos idealizados destacan el carácter
igualitario y democrático de la vida en los hatos llaneros; no
obstante, eran los dueños de hatos quienes obtenían pingües
ganancias de la venta de cueros, sebo, carnes secas, cecinas,
huesos de ganado, etc, los cuales sirvieron -entre otras- como
materia prima para estimular en el primer mundo la industria del
calzado, la fábrica de correas de transmisión y las grasas que
movían las maquinarias industriales y la fabricación de botones.
Las cecinas, por otra parte, servían como alimento de los
marineros en los barcos que zarpaban desde Venezuela, de los
pobres y los esclavos negros en Venezuela y Las Antillas. La
miserable remuneración que recibían los llaneros y la bajísima
inversión de capital que hacían los dueños de hato tanto en los
peones como en la reproducción de los rebaños, indica el carácter
de la explotación social y económica a la estaban sujetos los
trabajadores del llano. [12] Al estallar la Guerra de
Independencia en 1810, muchos dueños de hatos afectos a la
causa del Rey de España, transformaron sus vaqueros en una
temible fuerza de combate al mando de no menos temibles
comandantes como Boves, Zuazola y Morales que no sólo
defendían los interes de su Rey, sino que expresaban su odio
social contra los mantuanos y oligarcas de la Provincia de
Caracas. Desde el punto de vista geoestratégico, los llanos
proveían a los ejércitos realistas una base logística insuperable:
comida abundante todo el año, tropas disciplinadas, entrenadas
para guerra móvil, fieles a sus amos, habituadas a vivir sobre un
caballo, a comer y beber poco y a no temer a la muerte.
Inútilmente trataron los generales caraqueños de penetrar en los
llanos; de allí los diferentes combates librados en La Puerta,
actual estado Aragua y otros lugares que formaban la vía de
acceso hacia los llanos. Sólo cuando la inteligencia y el carisma
de Simón Bolívar lograron atraer a su causa caudillos llaneros
como Páez, Anzoátegui, Monagas y otros con su caballería
llanera, pudo la causa patriota abrir el largo camino que llevaría
finalmente a la Batalla de Carabobo y la Independencia.
Las poblaciones andinas y del noroeste de Venezuela tuvieron una
participación marginal en la Guerra de Independencia. Como los
ejércitos carecían de estructura logística, tenían que mantenerse
con los recursos que conseguían despojando de ellos a las
poblaciones no combatientes. A diferencia de los llanos, como se
trataba de una economía agropecuaria, la abundancia de recursos
alimenticios era estacional. La fuerza de trabajo estaba integrada
por campesinos que -aunque organizados- no poseían las
formidables cualidades de los llaneros para la guerra móvil.
Mientras que las poblaciones llaneras fueron repetidamente
saquedas, quemadas, dispersadas y perseguidas por los
combatientes de ambos lados, en los Andes y el noroeste de
Venezuela, los destrozos de la guerra fueron mucho menores.
Continuaron llevando su vida cotidiana sin mucho sobresalto,
conservándose intactas las relaciones de poder entre las
oligarquías locales y la masa de peones campesinos. Los relatos
épicos del siglo XIX idealizaron a los llaneros y a sus generales
devenidos Presidentes de la República, legitimando así la
formación de la nueva oligarquía de la Cuarta República.
El siglo XIX venezolano estuvo caracterizado por la lucha entre las
distintas oiligarquías regionales por el control del gobierno
central. El siglo XX trajo consigo una modernización ideológica y
material de la debilitada República. Los caudillos andinos,
armados con las ideas liberales que proclamaban la consolidación
del Estado nacional, insurgieron contra la oligarquía caraqueña. El
peonaje de las haciendas andinas, formado durante siglos en la
vida organizada y sometida, primero bajo los mohanes y luego
bajo los dueños de hacienda, se transformó en un formidable
ejército de infantería, armado con los temibles fusiles Mauser
modelo 70, Winchester de repetición y pequeños cañones Krupp
de montaña. En pocos meses, ese formidable ejército campesino
barrió a los centrales y orientales, tomando la ciudad de Caracas
y el poder, iniciando la historia del dominio político de los andinos
que comenzó con Cipriano Castro y continuó con los gobiernos de
Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina y
Marcos Pérez Jiménez. [13]
Durante la segunda mitad del siglo XX, los procesos políticos
dieron fin al mestizaje interregional que había propiciado desde
1930 el auge de la industria petrolera. A partir de 1960, la
intensificación de los movimientos migratorios acabó con los
vestigios de la vieja sociedad colonial, propiciando la creación de
nuevos tipos sociales. Las comunidades urbanas regionales que
surgieron como consecuencia de tal proceso, tuvieron que
soportar condiciones extremas de pobreza, exclusión e
ignorancia, mientras se consolidaba un sistema social gobernado
por la clase media y alta y sus representantes políticos y
gerenciales, quienes canalizaron hacia su propio peculio la mayor
parte de la riqueza creada por la industria petrolera.
Ese proceso no sólo disolvió la contradicción sociocultural
existente en Venezuela desde hacia tres mil años, sino que
definió claramente la situación de las clases sociales. Fue a partir
de 1999, con el triunfo del Presidente Chávez, que el proceso de
cambio histórico que se ha iniciado ha comenzado a crear
conciencia social y política entre los pobres, creando las bases
para la ruptura de la exclusión social y propiciar la incorporación
de los pobres, negros, mestizos, indígenas y blancos a la sociedad
nacional y al bienestar: salud, educación, empleo, autoestima,
acceso al poder, iniciando así el relevo de las antiguas clases
dominantes.
Los contenidos de nuestra historia, como vemos, juegan un papel
de primer orden en la conformación cultural, social, política y
económica de la sociedad venezolana. No es coincidencia que sea
un llanero barinés, Hugo Chávez, quien conduce el actual proceso
de cambio y que sean de nuevo sus lastimosos oponentes los
representantes de la vieja oligarquía central ungidos como dueños
de los medios de distorsión -que no de comunicación- masiva. La
historia no da marcha atrás. Aún cuando los sectores
reaccionarios traten de detener los cambios sociales, éstos son
tercos, buscan su camino de diversas maneras y determinan la
aparición de procesos revolucionarios con características inéditas
como es el caso de la Venezuela actual.

Mario Sanoja Obediente

Doctor en antropología, profesor titular UCV,


investigador nacional nivel IV Conacit, individuo de
número de la Academia Nacional de la Historia.

Los artículos de esta autora o autor

Iraida Vargas-Arenas

Doctora en historia y geografía, Universidad


Complutense de Madrid, profesora titular UCV,
investigadora nacional nivel IV Conacit.
Educación y Pedablogía para el siglo XIX

Aprendizaje por
Proyectos: El
Modelo OSLA
Este modelo canadiense debe su
nombre a la sigla inglesa de la
institución que lo creó, la
Asociación de la Biblioteca de la
Escuela de Ontario, Ontario
School Library Association
Information Studies y es una
potente propuesta metodológica
para generar Competencias en el
Manejo de la Información (CMI).
Este modelo va secuenciando las
actividades necesarias para que
los estudiantes puedan avanzar
con seguridad en su
investigación. Las etapas y sub
etapas de trabajo propuestas son:
1. Prepararse para investigar:
a) Definir.
b) Explorar.
c) Identificar.
d) Relacionar.
2. Acceder a los recursos:
a) Localizar.
b) Seleccionar.
c) Recopilar.
d) Colaborar.
3. Procesar la Información:
a) Analizar / Evaluar.
b) Probar.
c) Seleccionar.
d) Sintetizar.
4. Transferir el Aprendizaje
a) Revisar
b) Presentar
c) Seleccionar
d) Transferir.
Como podrán notar, la secuencia es muy metódica, paso a paso, complejizando cada vez
el trabajo, desde lo puramente teórico, como las definiciones conceptuales a la cabeza
de la lista, hasta lo eminentemente práctico que es transferir la información.
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