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¿QUÉ ES LA METAFÍSICA?

La construcción del concepto de Metafísica se asemeja a la revisión de un


edificio cuyos adornos y arreglos han sido añadidos con el paso de los siglos, o a
la excavación de una ciudad antiquísima en la cual cada estrato corresponde a
una época distinta de su historia. Digo esto porque el concepto de metafísica se
construye desde la época de Sócrates, se ha enriquecido con el aporte de cada
filósofo y pensador durante los últimos veinticinco siglos, y se consolida en la
mente de cada uno de los que, hoy por hoy, nos convertimos en metafísicos. El
propósito de este ensayo es revisar algunos de dichos conceptos sobre metafísica
y finalmente, en lo posible, construir un concepto propio, individual y definitivo.

El concepto de metafísica se lo debemos a Aristóteles, y por tanto su raíz


etimológica proviene del idioma griego. Se deriva del término griego metá que
significa “tras, más allá”, y phýsis que significa “naturaleza”, es decir, “lo que viene
después de la naturaleza”, “más allá de lo físico". El término se originó como título
de uno de los tratados de Aristóteles, y algunos piensan que se deba quizá a que
este volumen fue escrito después de su obra "física". Dentro de este contexto el
concepto de metafísico es todo aquello que está más allá de lo físico, de lo
tangible, de lo experimentable, de lo sensible. Se trata entonces de una dicotomía
simple y sencilla del universo. Todo lo que podemos percibir a través de nuestros
sentidos se deja como campo de estudio de la física. Todo lo que es intangible e
imperceptible hace parte del área de estudio de la metafísica.

Pero para Aristóteles la metafísica no podía generalizarse como el estudio


de todo lo que no fuese físico. Metafísica para Aristóteles "es la ciencia que
estudia al ser en cuanto al ser". Aristóteles llamó a la metafísica la filosofía primera
porque estudia la totalidad del ser (lo universal) para diferenciar de la segundas
que estudian una parte del ser, por ejemplo: botánica (estudia las plantas). Es
decir, la metafísica no se ocupa sólo de aquellas cosas que son necesariamente
intangibles (vg. la bondad, la misericordia o la paz) sino que llega a abarcar el ser
que se esconde o está presente en las cosas tangibles. Al hablar de la totalidad
del ser el Estagirita nos está indicando que la metafísica no se limita a un campo o
aspecto específico del conocimiento humano o de la realidad humana. La
metafísica abarca todos los seres, i.e., el árbol como ser, el hombre como ser, la
estatua como ser, el mundo como ser. La totalidad del ser abarca entonces todos
los seres que existen en nuestro mundo, aun más allá del entendimiento o
percepción que tengamos de los mismos.
Sin embargo, durante el desarrollo de la metafísica, ella misma se va
delimitando, dedicando su estudio a lo abstracto del Ser y de Dios. Se convierte en
una parte fundamental de la filosofía, que trata el estudio del Ser en cuanto tal y
de sus propiedades, principios, causas y fundamentos primeros de existencia.
Experimenta una fuerza ligada a la teología y frecuentemente tratan los mismos
temas. En la Edad Media, e incluso en la filosofía de Descartes podemos ver el
desarrollo de la metafísica como estudio de dos realidades fundamentales e
indiscutibles para los seres humanos: Dios y el ser. Para algunos filósofos, la
entrada del concepto de Dios en la metafísica genera una bifurcación del propósito
de la misma, por lo cual algunos incluso dividen la metafísica en dos ramas. Una
rama sería la ontología, la cual se dedica al estudio del ser como tal. La otra rama
es la teología racional o teología filosófica, la cual se enfocaría en el estudio de
Dios desde el punto de vista (e incluso con un método) filosófico. De todos modos,
el estudio de Dios dentro de la metafísica es válido desde todo sentido, dado que
Dios es el fundamento de todo ser, además de ser el paradigma y fin último de los
seres, y por tanto la metafísica de Dios sería la metafísica de la humanidad.

En tiempos modernos, la metafísica ha sido definida simplemente como la


ciencia que estudia al ser en cuanto ser y sus atributos más universales. Así, el
hombre, el perro, el rosal, el mármol, son seres; pero la metafísica no los estudia
en sus características concretas y particulares, sino en lo que tienen de común a
todos ellos, que es el ser. El propósito de este concepto de metafísica es señalar
un campo específico de estudio, enfocando su atención hacia el ser como ente
universal, y sus características comunes en todos los elementos. De este modo la
metafísica evita dispersarse tras las características particulares de los seres, o
intentar una ineficiente clasificación de los seres de las cosas, y consigue al
mismo tiempo alcanzar mayores logros en el estudio, investigación y reflexión en
cuanto al ser.

De igual modo, el enfoque de la metafísica hacia el ser en lo que tiene de


común a todos los seres permite una independencia mayor de la metafísica en
cuanto a las ciencias físicas. Ya había dicho Kant que una afirmación es
metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto (“cuando
emite un juicio sintético sobre un asunto”), que por principio escapa a toda
posibilidad de ser experimentado (por los sentidos) por el ser humano. De esta
manera la metafísica logra trascender al modelo positivista y matematizado de las
ciencias, y se orienta al estudio de un ser que no puede medirse
convencionalmente, y que escapa al estudio de cualquier otra de las ciencias
humanas.

Diríamos pues que estos son algunos y quizá los más importantes
conceptos que se han manejado sobre la metafísica en la historia. No basta
entonces con definir a la metafísica simplemente como el estudio del ser. Es
necesario definir y delimitar dicho estudio, para poder entender a plenitud el
propósito y sentido de esta disciplina. Sin embargo, dichas diferencias no pueden
dejar de lado que la metafísica es una disciplina superior a las demás, y que su
objeto de estudio va más allá de lo que cualquier otra disciplina pudiese aspirar a
alcanzar. El conocimiento de lo metafísico se convierte en una especie de
“supraconocimiento”, que está por encima de las demás clases de saberes, y a la
vez tiene injerencia en los conceptos y verdades que expresen cada uno de ellos.

Metafísica es, entonces, el nombre del saber más elevado que cabe intentar
alcanzar. La cuestión esencial a preguntarse es: ¿dónde se encuentra ese saber?,
es decir, ¿sobre qué debe versar y cómo se puede alcanzar? Es aquí donde,
como es comprensible, comienzan las interminables discusiones entre los
metafísicos. Platón, antes que Aristóteles, es el precursor de la metafísica como
tal y la expresa con su idea del mundo inteligible.

La Metafísica trata las "cuestiones últimas"; pero, ¿cuáles son esas


cuestiones? Hay muchos modos de presentarlas, y no todos estos enfoques son
compatibles entre sí: ¿Por qué existen las cosas? ¿Por qué es el ser y no más
bien la nada? ¿Existe un Dios? ¿Qué características poseería en caso de existir?
¿Cuál es la diferencia entre materia y espíritu? ¿La voluntad del hombre es libre?
¿Todo está en permanente cambio o existen cosas o relaciones que permanecen
invariables a pesar del cambio?, entre otras.

Sin adentrarnos en esas preguntas y las diferentes maneras de abordarlas,


podemos decir que toda materia debe fundamentarse en la metafísica, y que toda
persona con deseos de entender más su esencia debe convertirse en un
metafísico. Hacerlo significa construir la fundamentación de nuestra existencia, de
nuestra realidad y de la totalidad de las realidades que contemplamos alrededor.
Ser un metafísico implica indagar en cuanto a la esencia, razón, principio e incluso
finalidad de las cosas que vemos; en cuanto al como las cosas se nos presentan
de la manera que las vemos pero sin mostrarnos su esencia. Ser metafísico es ir
más allá de lo que nuestros sentidos nos muestran, preocupándonos por entender
lo profundo e interno de las cosas o seres, y logrando una percepción más
profunda en cuanto a la realidad en que vivimos.

Pienso, por consiguiente, que si bien el concepto de metafísica puede


estudiarse de una manera histórica o conceptual, también es cierto que cada uno
de nosotros debemos construir nuestro propio concepto de metafísica.
Cimentándonos en lo que han hecho los filósofos anteriores, cada filósofo de la
actualidad tiene la obligación de escudriñarse a si mismo, y llegar a un concepto
propio y único de la metafísica. Dicho concepto es muy importante ya que afectará
la manera en que filosofamos, la manera en que vemos la realidad, y la manera en
que podemos trascender sobre las imágenes falsas o virtuales de nuestro entorno
para llegar a la verdadera esencia del ser humano. Aquel filósofo que tenga clara
su concepción metafísica podrá analizar con un mejor telescopio el universo que
representa la realidad por pensar. Aquel que no analice sus principios metafísicos,
se verá obligado a utilizar telescopios anejos, con todas las implicaciones y
desventajas que esto conlleva.

OBED GÓNGORA PICÓN