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martes 15 de enero de 2008

LA EDUCACIÓN SECUNDARIA EN MÉXICO

LA EDUCACIÓN SECUNDARIA EN MÉXICO

La educación secundaria en México ha representado, representa y


representara uno de los más grandes retos del Sistema Educativo Nacional. En
el transcurso de este trabajo pretendo dar a conocer a ustedes, la realidad de
la Educación Básica en su nivel de Secundaria y con mayor énfasis en la
modalidad de Telesecundaria. Los temas que se abordaran son cobertura
educativa, deserción escolar, Eficiencia Terminal, calidad, rezago entre otros de
suma importancia para toda la población ya que recordemos, un pueblo mejor
educado tiene mas posibilidades de progresar, además la tarea educativa no
solo es responsabilidad de la escuela, el maestro, el alumno y los padres de
familia, si no de toda la sociedad, porque México lo hacemos todos y no unos
cuantos.

La escuela secundaria inicia en la década de los 60, a partir de entonces se


empieza a incrementar la escolaridad de la población. Hoy por hoy se conocen
diversas modalidades: técnicas (agropecuarias, pesqueras, industriales),
generales, telesecundarias, para trabajadores y las privadas.

Este nivel educativo tiene una reciente incorporación a la educación


básica, en 1993 al mismo tiempo que se pone en marcha la Ley General de
Educación la secundaria se vuelve obligatoria, gratuita y laica para todos los
individuos, por lo que a partir de entonces se inicia una fuerte lucha, el gobierno
mexicano expande la cobertura hasta los lugares mas lejanos con el propósito
de garantizar una educación democrática y universal, pero es sabido que a 15
años de trabajo no se ha logrado satisfacer la demanda educativa en un 100%,
si bien es cierto se han dado apoyos pero no es suficiente.

No podemos decir que hemos triunfado en materia de cobertura


mientras en estados como Guerrero, Chiapas, Veracruz, Oaxaca y Jalisco se
concentra el 49% de escuelas multigrado, e incluso algunas que ni siquiera
tienen instalaciones dignas para dar una clase, como se pueden llamar
telesecundarias cuando ni Televisión tienen, esto refleja la incapacidad del
gobierno para cubrir las necesidades del Sistema Educativo Nacional. Además,
de todos los niveles educativos existentes en el país, la secundaria es a la que
menos se destinan recursos. El gasto educativo por alumnos en México es de
15% del PIB per cápita, mientras el promedio de los países de la OCDE es de
23%. No obstante se da mayor a poyo a la educación media superior y
superior. Por otro lado el preescolar y primaria reciben más apoyo que la
secundaria pero aun así es inferior al de la OCDE.

El número de escuelas secundarias han crecido pero se ha dejado a un


lado la calidad que se brinda, por lo que ahora lo prioritario no es llegar a todos,
sino darles una educación de calidad que les sirva para incorporarse a la vida
social del país, debemos darles las suficientes armas para enfrentar con éxito
este mundo tan hostil.

De entre todas las modalidades se ha hecho mucha critica a la


Telesecundaria por los bajos resultados obtenidos en pruebas nacionales como
PISA y/o ENLACE, pero no se han considerado muchos factores, uno de los
mas importantes es entender que no fue diseñada para atender a grandes
masas, por tanto la diversidad de su demanda ha crecido de manera
significativa haciendo mas difícil el cumplimiento del carácter propedéutico o
terminal de la educación básica. Aunado a esto la Telesecundaria se ubica en
zonas rurales donde generalmente el apoyo de las autoridades
gubernamentales es casi nulo y la influencia del contexto tiene consecuencias
radicales. Me refiero a un apoyo casi nulo, ya que durante las visitas de
observación realizadas me he percatado en base a entrevistas con los
directivos que la única ayuda del gobierno son los salarios del personal,
mientras las necesidades de la escuela se cubren con cuotas voluntarias de los
padres de familia.

Por otro lado la influencia del contexto se ve reflejada en el


aprovechamiento de los alumnos por ejemplo: como pueden las autoridades
comparar una escuela privada con una del medio rural, si las condiciones de
alimentación y atención por parte de los padres son muy diferentes, otro
aspecto importante son las motivaciones de los alumnos así como sus
aspiraciones y proyectos a futuro, algunos estudian por tener mejores
posibilidades de empleo, otros por seguir recibiendo el programa de
OPORTUNIDADES, y unos mas por que al finalizar la secundaria tienen la
edad suficiente para poderse ir a los Estados Unidos en busca del sueño
americano. Significando esta ultima una causa de la deserción escolar, entre
otras como la reprobación ya que en comunidades rurales e indígenas es
común ver que los padres sacan de la escuela a sus hijos por reprobar el año,
situación mas notoria en las niñas. Es aquí donde nos enfrentamos ante una
gran interrogante ¿Reprobar o no reprobar en educación básica? Cuando
sabemos que nuestra decisión puede truncar las oportunidades de una
persona.

Cabe mencionar la gran importancia otorgada a las evaluaciones


realizadas por el INEE de manera estandarizada para saber el
aprovechamiento de los alumnos, lo malo de esto es que se le ha dado otras
interpretaciones, como la comparación entre modalidades y regiones, cuando
las evaluaciones deberían de utilizarse como un instrumento para medir
alcances y limitaciones así como un medio por el cual se pueden realizar
propuestas pedagógicas y políticas educativas que favorezcan un mejor
aprovechamiento de los alumnos en la adquisición de conocimientos y en un
mejor desempeños del docente que cumpla con los propósitos establecidos en
el plan y programa de estudios vigente. Pues como lo expresa muy
atinadamente Silvia Schmelkes “La evaluación en si no causa la calidad de la
educación; pero sin evaluación, no es posible lograr mayor calidad educativa”.

CONCLUSION

Reconozco el esfuerzo que el Gobierno de la República ha hecho para


mejorar la situación educativa en México, sin embargo no es suficiente, aun
falta mucho. La cobertura de primaria esta cubierta en casi el 100% pero el
70% de secundaria no es satisfactorio aun, por lo que es necesario dar
continuidad a este trabajo y no dejarlos inconclusos como el proyecto de
Enciclomedia en secundarias que lo único que a causado son mas problemas
debido a la desorganización, seguido de esto cabe mencionar que los libros de
la reforma educativa de 2006 fueron diseñados en gran medida con bases en
este nuevo recurso tecnológico, las capacitaciones y libros no llegaron a tiempo
y del recurso tecnológico pues que decir, solo nos queda esperar.

Los retos del Sistema Educativo Nacional se extienden cada ves mas,
hacia el logro de una verdadera calidad educativa ofreciendo a la población una
educación que valga la pena. Por otro lado debemos interesarnos no solo en la
entrada de los alumnos a las secundaria si no mas bien en su permanencia de
ahí la frase “Entrar, estar y salir”.

Para finalizar un punto muy importante no exijamos a las secundarias y


muy especialmente a las Telesecundarias buenos resultados en pruebas
internacionales que nos comparan con países primermundistas, cuando el
apoyo y las condiciones que se viven no son las mismas, es mas, la carga
curricular de nuestro sistema es superior al de cualquier otro, las desventajas
son abismales y las criticas no se dejan esperar. No exijamos si no apoyamos.
Para lograr una mejor calidad educativa y todo lo anterior (cobertura, deserción
y formación) es necesario sumar esfuerzos, debemos compartir la
responsabilidad de hacer de México un país con más y mejores oportunidades
de crecimiento.
Ensayo Sobre
La Educación en México

Parte # 2

Valentín Gómez Farias, Melchor Ocampo y Benito Juárez tienen un factor común que los une, y no sólo el
hecho de ser verdaderos Beneméritos de la Nación ni el hecho que hayan cambiado el rumbo de la
historia con sus ideas revolucionarias, reformistas o cómo quiera verse desde cualquier ángulo: Fueron
hombres Visionarios, eso los mantiene en el pedestal de la gloria de nuestro país. Pero al fin y al cabo,
fueron humanos, cometieron errores. Y uno, que no pudieron prever, fue el artículo número tres expuesto
en la constitución de 1857.

¡Niños! ¿Qué dice el artículo número tres de la Constitución mexicana?


« La educación que imparta el gobierno debe ser gratuita, laica y obligatoria. »

¿Pueden ustedes notar el error, el enorme equivoco que cometieron aquéllos hombres de extraordinarias
virtudes legales?
La educación, quizá, para el año en que se proponía la Constitución de 1857, teniendo como lucha los
años subsecuentes 1858, 1859 hasta su victorioso final en 1860, fue en lo más acertado hacerla gratuita.
Es ahí donde no pudieron lograr la visión de un México encaminado al futuro. ¡Horror! En nuestros días,
en nuestro presente siglo, la educación no debe ser gratuita, no al menos la educación superior, la
universitaria.

Nunca se pusieron a pensar aquéllos hombres que la educación se deformaría a grados tan extremos
debido a la constante transformación de nuestra pirámide poblacional.
Ciertamente nuestro sistema educativo padece de serios problemas cuantitativos (A lo que me refería en
el ensayo anterior, pero sin poder exponer por completo éstos mismos): Los recursos destinados por el
sector público no han sido suficientes –menos aún en épocas de crisis, de las que parece jamás
podremos salir si seguimos como hasta ahora-, los maestros están mal pagados (De ahí que ahora se les
haya otorgado el cariñoso mote de “Pobresores”), muchas son las escuelas que carecen de material
didáctico suficiente, adecuado y ya ni se diga, moderno. Aún persisten las irregularidades y atrasos en el
pago de sueldos y salarios. De ahí que la sociedad se haya mal acostumbrado a hacer para todo una
huelga, manifestación y cuanta tontería más se le ocurra.

Mas sería un grave error pensar que con presupuestos más elevados automáticamente se resuelven los
problemas y carencias educativas del país; más aún, podemos decir que en estos momentos nuestros
obstáculos más serios para lograr un nivel educativo no son de tipo cuantitativo, sino cualitativo, y es aquí
donde enfrentamos la crisis más profunda, que de no resolverse, por muchos millones que se le inyecten
al sistema no saldremos adelante.

« Shht, shhtt comadre, ¿y qué ha hecho la Secretaria de Educación Pública, la UNAM y otras instituciones
públicas, junto con los gobernantes en turno para erradicar el problema educativo que usté viene
exponiendo?
¿Acaso mienten al decir que tales logros cuantitativos, esos que aparecen en las estadísticas y que
impresionan a propios y extraños: incremento en el número de alumnos, reducción del analfabetismo,
aumento en el número de escuelas y profesores, en el número de egresados, son cifras reales? »

« No, comadre, no, no han mentido… del todo. Sin embargo, a la vez se fue dando, y en cierto sentido
fomentando con ello, por esa inquietud política, una reducción constante de los niveles de calidad. ¿Qué
ha pasado?: Maestros hechos al vapor, alumnos acreditados aunque no hubieran pasado los exámenes,
a través de ese absurdo conocido como “pase automático”, burocracia creciente (Y quien diga que no se
ha valido de estás artimañas y otras más variadas aquí en México, ¡Miente! Por supuesto que miente),
fueron menguando la calidad, además de otros problemas aún más profundos, los que a continuación
tendré a bien explicarle, para que no le quede la menor duda.

Si realmente queremos elevar nuestro sistema educativo –aunque dudo que muchos de los que lean esto
quieran salir de la mediocridad educacional en la que han venido viviendo a los largo de estos años-
debemos transformar nuestro actual sistema, viendo al fondo de los problemas y ofreciendo mejores
alternativas… »

« ¡ay no, comadre! Eso es más que imposible… ¿Quiere cambiar de tajo todo por lo que se lucho en el
pasado? Me quiere usté decir que de nada valió el esfuerzo de Don Melchor Ocampo, de un Benito
Juárez y que de buenas a primeras, nomás porque se le hinchan los ovarios quiere borrar lo
conseguido… Preguntome yo. »

« Ejem, ejem, como iba diciendo, entre los aspectos que necesitamos cambiar destacan:

1.- La educación gratuita. Aunque se le ha enarbolado como uno de los logros más importantes de la
Revolución Mexicana –y como he dicho y repetiré siempre, para esos años si que fue un logro enorme,
dadas las condiciones de pueblo azuzado por los privilegiados que tenían acceso a la verdadera
educación-, en realidad nos ha hecho más daño que bien, en esta época, ya que en primer lugar la
educación es todo, menos gratuita, no bajan ángeles a construir escuelas ni los querubines a dar clases;
cuesta mucho, sólo que somos los contribuyentes los que la pagamos.

Pero como muchos mexicanos creen que si es gratuita, por esa razón se sienten sin derecho a exigir… »

« Comadre, ¿pos’ tienen razón, qué no? ¿Cómo si les están haciendo el grandísimo favor de regalársela?
»

Abogo a su condición de conocedora de los dichos populares, acuérdese de ése que dice: “Lo que se
regala es lo que menos se valora”. Y es tiempo, aquí y ahora, de reconocer que en nuestro país la mayor
parte de la población no valora en su debida dimensión este enorme bien. He ahí el error de los hombres
que descansan en eterna gloria.

Mientras que en otros países como Estados Unidos, Japón o Alemania el gasto promedio más elevado de
una familia normal es el que destinan a la educación de sus hijos. Mientras, en México, resulta común que
un padre de familia de clase media o baja destine un presupuesto mayor a las cervezas, los cigarros y el
tequila que a la educación de su paridera. Y ahora le pregunto, comadrita: ¿Cómo es que en esos países
considerados los más poderosos del mundo, cada año, millones de jóvenes dediquen sus vacaciones a
trabajar para pagar sus estudios. Mientras que nosotros tenemos un país pobre, mísero y cada año
millones de nuestros jóvenes salen a asolearse en vacaciones sin tener nada que hacer? ¡Horror!
¡Vergüenza!
Resulta muy difícil esperar que aquellos a los que nada o muy poco les cuesta asistir a una escuela, la
valoren y le tomen verdadero cariño, y exijan buenos profesores y salones limpios. Y quizá lo más grave
de todo es que este sistema genera muchas injusticias, ya que el joven que no pudo seguir estudiando
por problemas económicos, y por lo tanto se tuvo que poner a trabajar, con sus impuestos paga la
educación de otro joven de clase media, zángano, ignorante, alcohólico y quizá hasta drogadicto
(comúnmente se les puede encontrar en los pasillos de la UNAM en el Distrito Federal), que él y su familia
bien podían haberla pagado.

Lo correcto, lo justo, es que aquellos jóvenes que se van a beneficiar directamente de los estudios que
están obteniendo paguen por ello, y no obreros, campesinos y personas de bajos recursos que, quieran o
no, pagan impuestos y con éstos financian la educación.

¡Propongo, entonces, que la educación universitaria no se gratuita! ¡Jamás de los jamases!, que los
alumnos paguen lo que realmente cuesta, si tan importante les resulta su educación y futuro, que
trabajen, que generen con el producto de su esfuerzo la garantía de una excelente educación. Y para
aquellos que no tengan los recursos suficientes puedan ser becados para que empiecen a pagar cuando
trabajen, o bien que laboren dentro de su misma escuela, pagando con ello su colegiatura. ¡Ah, pero no!
En México el peor insulto que puedes hacerle a una persona es darle trabajo. Así es la paridera en
nuestro país, les ofende el progreso, les da miedo trabajar “¿Cómo?, ¿Trabajar en lugar de procrear
hijos? Joven tan loca, se le zafó un tornillo, desquiciada”.

« Uste, comadre, luego luego a insultar. ¿Qué ventajas habría de darnos esa locura que propone?
Hágame usté favor… »

1.- Sería el alumno, y no la sociedad, quien cubriría esta inversión.


2.- Los alumnos se sentirían con más derechos para exigir una mejor preparación, la valorarían más y le
tendrían más cariño a su institución.
3.- Los recursos ahorrados podrían canalizarse para mejor la educación primaria y eliminar el
analfabetismo.

Pero me olvidaba, alguien no puede proponer semejantes cosas porque la tratan de ‘loca’ y quieren hacer
todo un análisis psicológico en base a lo escrito. ¡Menuda tontera! Eso sólo lo pueden opinar los
ignorantes, los flojos, los que para todo siempre tienen ‘peros’, para los eternos inconformes que los haga
sacar de ese conformismo azuzado. ¡Que no le propongan a una persona ‘cuerda’ sacarlo de su
ensimismamiento, porque es la peor de las ofensas! »

« ¡Ay comadre, me asusta! Ya no haga corajes, mejor dígame qué pasaría con los niveles escolares:
preescolar, primaria, secundaria y preparatoria y otro tipo de escuelas. »

La educación tampoco debe ser gratuita para todos; los padres deben pagarla, salvo en aquellos casos
en que se demuestre que no cuentan con los recursos, entonces la SEP puede becarlos.

Si le educación deja de ser gratuita, si no en todos los casos, sí en muchos de ellos, podemos esperar
que lógicamente se reduzcan los impuestos –hasta ahora labor titánica- y, más aún, aquellos que envían
a sus hijos a escuelas privadas, ya que le están ahorrando al gobierno ese gasto y de hecho están
pagando la educación por partida doble; por lo tanto, lo que pagan debe ser total o parcialmente deducible
de impuestos.

¡ah verdad!

Próximo capítulo: Los libros de texto.

« ¡ey, ey, comadre! ¿Y qué se obtuvo a fin de cuentas con todo este palabrerío? »

En términos generales, pues nada. Ja. No es verdad, en términos generales se puede decir que nadie
está más interesado en la educación de los niños que sus propios padres (O quiero pensarlo así); sin
embargo, a éstos se les ha negado la posibilidad real de que influyan en los planes de trabajo, textos
oficiales (tercer tema a tratar), materias, etcétera, que desde muy arriba la Secretaría de Educación
Pública implanta e impone.

« Ajá, sí y yo me trago todo esto, ¿no? Comadre… A ver, déme ejemplos… »

Póngase a investigar nada más lo que pasó durante el gobierno de Luis Echeverría, ese es uno de los
ejemplos más patéticos. Donde se cambiaron planes de estudio, programas, materias, agravando el
divorcio drásticamente entre el Sistema y los padres. Ya que de buenas a primeras –así como le hizo
Benedicto XVI al borrar el purgatorio de un plumazo y decir que siempre sí existe el infierno- el padre y la
madre se encontraron con que ya eran otras matemáticas, otra “lengua nacional”, otra geometría la que
se les estaba dando a los niños, otras que no entendían y, por lo tanto, estaban imposibilitados para
ayudar a sus propios hijos. ¿Y eso a quién más le convenía y le conviene para seguir manteniendo en la
ignorancia a los hijos de México?

« ¿A papá Gobierno? »

¡Bingo!
El tema de este libro es la situación de la escuela secundaria y
del alumno adolescente en las condiciones de posmodernidad.
Si consideramos a la posmodernidad como una edad de la cultura
como lo plantea Lyotard,1 ésta se constituye en el marco que
moldea tanto a los sujetos como a las instituciones y las prácticas
sociales, las redefine y resignifica permitiendo comprender lo que
sucede con ellas.
Ya no estamos en la época de los adolescentes existencialistas
sartreanos. Tampoco se trata de las generaciones masivamente
politizadas de los años setenta. Nuestra conjetura es que buena
parte de los adolescentes de fin de siglo se hallan influidos por un
“clima de ideas” de posmodernidad. Esto no significa que los
jóvenes hayan leído La condición postmoderna; como la adhesión
al existencialismo no implicaba que conocieran más que las tapas
de El ser y la nada. La analogía con el existencialismo, que por lo
demás no debe ir más allá de esta comparación, puede tener
algo de fructífero si se repara que, en dicha corriente, había por
un lado, una importante producción teórica y filosófica y, por
otro, una “moda” que incluía una vestimenta, un aspecto físico y
ciertas actitudes o hábitos. En el caso de la posmodernidad
también nos encontramos con estas dos vertientes: una
producción teórica sobre la cuestión y una moda que, debido a
los medios de comunicación, se difunde en todo el planeta.
Pero no sólo buena parte de los adolescentes son posmodernos,
sino que la sociedad misma se “adolescentiza” en las condiciones
de posmodernidad y la escuela secundaria, una institución hija de
las ideas de la modernidad, ingresa en una crisis mucho más
profunda que en cualquiera de sus etapas anteriores.
El deterioro de la escuela secundaria argentina en el tiempo se
mide por décadas; en el espacio, en mayor o menor medida,
abarca a la casi totalidad de los establecimientos, y en cuanto a
sus manifestaciones las hay de todo tipo y tenor.
En noviembre de 1984, los resultados de una encuesta entre
alumnos del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos
Aires y del curso de ingreso de una universidad privada indicaban
que:
“Entre 500 alumnos que terminaron o están por terminar el
secundario, el 36% no sabe sumar fracciones, el 78% ignora si
6/8 es mayor o menor que 2/4, el 55% no acierta a responder
cuánto suman los ángulos interiores de un triángulo y un
pentágono, el 21% no puede precisar qué países nos rodean y el
31% no tiene una idea precisa de quién fue Julio Verne.” 2
Por otra parte, la escuela secundaria logró llegar a las páginas
policiales de los diarios en reiteradas oportunidades en los
últimos años con noticias de agresiones físicas que tuvieron por
consecuencia lesiones de diversa consideración para sus
protagonistas: algún alumno golpeó con un fierro a una profesora
que lo había amonestado, un padre trompeó a un profesor que
no le había dado permiso a su hija para ir al baño, varios
alumnos resultaron heridos por choques producidos entre barras
de distintos establecimientos.
También se amontonan en sanidad escolar los pedidos de licencia
de los docentes por razones psiquiátricas y un diario transcribía
no hace mucho declaraciones de una profesora que decía: No
quiero volver al aula, tengo miedo de tirar a un alumno por la
escalera, lo que en el marco en el que vivimos es altamente
probable que ocurra en cualquier momento. Se podría hacer la
crónica de esta muerte anunciada, sea la de un alumno o la de
algún profesor.
Las mencionadas constituyen algunas de las manifestaciones más
espectaculares y visibles de que algo no funciona del todo bien
en la escuela secundaria en la Argentina. Sin embargo, hay otras
expresiones, más habituales y cotidianas, como los rostros
hastiados de los alumnos, el cansancio de los profesores, las
quejas de los padres, que siendo menos dramáticas hablan de lo
mismo: una institución que se debate en una crisis profunda.
Aunque no sirva de consuelo y salvando las distancias, vale la
pena señalar que la insatisfacción con el estado de la escuela
secundaria no es exclusiva de la Argentina. En un boletín del
Servicio Informativo y Cultural de los EE.UU. se decía en 1984,
con cierto tono “reaganiano” al uso para la época:

…los resultados de los exámenes, en toda la nación, acusaron un


alarmante descenso en el aprovechamiento escolar. A mediados
de los setenta hubo un acentuado alejamiento de la
experimentación y un retorno a los elementos básicos. En
muchos estados empezaron a hacerse pruebas de
aprovechamiento para la graduación de los alumnos de
enseñanza media.3

En 1986 un profesor español planteaba un problema bien


conocido por los docentes argentinos al decir:

Si un alumno que entra en mi clase por la mañana no está


dispuesto a escucharme porque se ha quedado viendo la
televisión hasta tarde, ¿se puede decir que su “desmotivación”
estriba en el carácter trasnochado de mi asignatura?
“¡Adáptate!”, nos grita el pedagogo de turno. ¿Pero en este
preciso caso, qué significa? ¿Renunciar a dar instrucción? 4

De 1988 son estas palabras que se refieren a Francia:

La formación de los profesores se ha tornado inadecuada


respecto de la heterogeneidad de las clases. /…/ la división entre
la enseñanza profesional y la enseñanza general se ha hecho
mal, el problema del acceso a la enseñanza superior no se ha
resuelto.5

Este libro aspira a realizar un análisis general de la escuela


secundaria argentina actual, de las diversas facetas de su crisis,
de la historia que llevó a la actual situación, de las condiciones
sociales y culturales en las que se desenvuelve la escuela, de la
situación en que se encuentran el alumno adolescente, los
profesores y los padres, de los proyectos de transformación.
Aspira más a plantear problemas para enriquecer un debate que
a ofrecer soluciones e intenta abarcar de un modo global las
cuestiones planteadas. No se trata de una investigación
educativa, sino más bien de un ensayo general sobre la situación
de la escuela secundaria, aunque, naturalmente, hace uso de los
resultados de varias y valiosas investigaciones sobre el tema.
Aunque hay muchos libros destinados a tematizar la escuela
secundaria, el presente se distingue de cualquier otro, para bien
o para mal, por otorgar en el análisis un papel central a la noción
de posmodernidad. Ocurre que creemos que desde esta noción,
que involucra una gran cantidad de ideas, es posible entender
mejor la situación de la escuela y del alumno adolescente.
Se parte de tratar sucintamente la cuestión "modernidad-
posmodernidad", considerando, en particular, el "clima de ideas"
posmoderno gestado en la década de los ochenta, como el marco
de referencia en el que se mueven y se redefinen el sujeto
adolescente y la institución escuela secundaria. A continuación se
tematiza la cuestión del adolescente considerando algunos
análisis clásicos como los de Arminda Aberastury, Peter Blos, Erik
Erikson y Louise Kaplan a la luz de las nuevas condiciones socio-
culturales. Finalmente consideramos la situación de la escuela
secundaria, ámbito clásico de socialización del adolescente, en
las condiciones de posmodernidad. El trabajo se cierra con el
establecimiento de algunas conclusiones.

Notas
1. Lyotard, Jean-François, La condición postmoderna, Buenos Aires, REI Argentina,
1989. p. 13
2. Kunis, Ricardo, “Retroceso en la enseñanza de la escuela secundaria”, Buenos Aires,
Clarín, 27-10-92.
3. Servicio Informativo y Cultural de los EE.UU. de América. “El sistema educativo de
los EE.UU.”, folleto, noviembre de 1984.
4. Peña-Ruiz, Henry. “Filosofía, educación y ética”. En Revista de Filosofía y de
Didáctica de la Filosofía. Año IV, número 4, Madrid, 1986.
5. Casanova, Jean-Claude. “La educación en Francia frente a graves problemas”. En La
Nación, Buenos Aires, 18-8-88.

El libro Los autores