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Rafael Cubas Vinatea

“D e L a V i d a F e l i z”

Primera Parte

2007
INDICE

1ª P a r t e

Pág.

Prólogo………………………………………………………..3

Introducción…………………………………………………...5

Capítulo I – La Felicidad………………………………………7

" II -- La Infancia..…………………………………….27

" III -- La Adolescencia………………………………57

" IV -- Las Vocaciones Profesionales....……...... ……79

" V -- El Idealismo Vital....…………………….…..145

" VI -- La Juventud………………………………….193

" VII – El Amor - El Matrimonio.


Los Hijos – La Familia..…………………….297

Fin de la Primera Parte…………………………………..…..458

*****

2
PRÓLOGO

"De La Vida Feliz", por Rafael Cubas Vinatea, constituye una


obra de gran interés y valor. En especial para las personas que de
una u otra manera se sienten inclinadas a reflexionar acerca de
cómo llegar a ser felices. Y del porqué se debe intentarlo. Este libro
es una suerte de ensayo filosófico, bastante original, acerca de los
rumbos que el Ser Humano ha de seguir, para lograr un Mundo
Interior, dentro de cuyo ámbito pueda alcanzar la tan ansiada
Felicidad.
Ha de advertirse que resulta inusitado que el Prólogo de un
libro sea escrito por el hijo del autor. Más aún si aclaro el hecho de
que soy el cuarto en edad, en relación con mis otros hermanos,
cuyos méritos, además, para merecer tal honor, sin alardes de falsa
modestia, son mayores que los míos. Pero resulta que, por
especiales circunstancias de la vida y sobre las que está demás
explayarnos, yo, que soy mejor que buen sembrador, más
aprovechado 'cosechante', si cabe decirlo así, he tenido especiales
oportunidades de acompañarlo, en muchos de sus empeños
idealistas, narrados en las siguientes páginas. A un hombre tan sabio
y tan bueno. Mi mejor amigo y maestro. Sea dicho claramente, que
no por enrostrar orgullo alguno, sino por devoción a la Justicia y a un
intenso Amor Filial. Me atrevo, por ello, a presentar ésta, por ahora,
su última obra.
Rafael Cubas Vinatea es Ingeniero Agrónomo de profesión,
además de un hombre muy inteligente, estudioso, y culto. Ha escrito
numerosas obras: libros, folletos, artículos, estudios, diversos;
siempre originales y profundos, sobre muy variados e interesantes
temas. En lo personal, fue un buen esposo y un excelente padre.
En la cúspide de sus 85 años, nos da lecciones sobre cómo
saber vivir, demostrando en sus ágiles líneas, que la Ancianidad
puede ser la mejor de las etapas de la Vida. Es un hombre con ideas
claras y originales, con las cuales se podrá tener puntos de vista
discrepantes, pero a las que resulta imposible negarles
trascendencia, como a su fructífera vida.

3
Se casó con Dora Martins Echevarría, mi madre, lo que, tal
como él mismo narra, fue el punto de partida para la más grande de
sus dichas. Estuvo unido a ella por cerca de 60 años, hasta su
lamentable partida de nuestro mundo terrenal; vio nacer, 4 hijos, 11
nietos, y hace poco, 1 bisnieto.
En el campo profesional trabajó cerca de 50 años en pro de la
creación de una nueva raza de ganado vacuno propia para la Selva
Peruana. Incluso escribió un libro: "Ganado Amazonas-Una Solución
Peruana". Y muchos otros trabajos referidos a la profesión y al tema.
En lo Político, fue cofundador del Partido Demócrata Cristiano
en Huánuco y por méritos propios llegó a ser Diputado Nacional por
ese Departamento y Ministro de Agricultura, Nadie lo definió mejor,
que Manuel Ruiz Huidobro C., quien dijera públicamente en cierta
ocasión y entre otras cosas: "Rafael Cubas Vinatea fue un político
honrado, que ingresó a la política siendo rico y salió pobre de la
misma". En estos mismos terrenos de la Política, escribió otras dos
obras: "Razón de Patria" y "Problemas Nacionales" Que permiten
conocer nuestra Identidad Nacional, la Común Iberoamericana, así
como el verdadero origen de nuestros Problemas Nacionales. Su
adecuada interpretación y las soluciones posibles de los mismos.
En el campo de la Educación, desde muy joven, fue profesor
en colegios, institutos y universidades; siempre interesado en
transmitir sus conocimientos adquiridos por el estudio y la
experiencia.
En cuanto a Filosofía de la Vida, escribió el libro: "Yo Conocí el
Paraíso". Obra que, en un lenguaje sencillo, relata las aventuras –
con reflexiones filosóficas intercaladas— de un grupo de niños, en un
escenario verdaderamente paradisíaco para la propia percepción
infantil.
Por lo demás, huelgan mayores palabras sobre el presente
libro. Desde sus primeras líneas, el lector habrá de ser atraído por su
inmenso interés y valor. Lo ofrecemos a su benévolo juicio. Y
confiemos en que la mente lúcida del autor nos pueda seguir
ilustrando y deleitando, con nuevas obras, manteniéndose, de tal
manera, por largo tiempo vigente, Rafael Cubas Vinatea.

Daniel Cubas Martins

4
Introducción

L
a Vida constituye el mayor de los bienes que es posible recibir. Y
solamente basándonos en ella, podemos añadir los demás. Por eso la
agradecemos, inmensamente, a quienes nos la han dado: a Dios y a
nuestros padres. Mas ese don implica, para los favorecidos, un deber
adicional al de la gratitud: el de emplearla bien. El de hacerla Feliz.
Así, alcanzar la Felicidad constituye además de una legítima aspiración,
es decir un derecho, una obligación personal. Por mucho que no se llegare a
interpretar cabalmente el significado del vocablo.
Hablar de la Felicidad no es poca cosa; la palabra misma no es de
significación leve. El concepto que le corresponde, complejo, muy discutido y
hasta negado, requiere de aclaraciones. Trataremos de hacerlo en el curso de
este libro. No sin audacia, lo reconocemos, pero apoyándonos, no tanto en
nuestra discutible autoridad, sino en la de los clásicos pensadores, de grande,
universal y justo prestigio, más de dos veces milenario; y hasta en la de otros,
con al menos un reconocimiento más que centenario.
Debemos añadir:
La Felicidad no es ni puede ser igual para todos. Ni siquiera se logra en
todos. Ofrece múltiples grados y formas. Varía en intensidad y modalidades,
según las personas de quienes se trate. Por sus edades, inteligencia, cultura, y
las diversas condiciones que facilitan --o dificultan-- comprenderla y conseguirla.
En oportunidad anterior, respondiendo a las inquietudes que despierta el
tema, escribí un libro al respecto,1 enfocando a la edad Infantil. He supuesto
esperanzado en el acierto, que complementarlo podría resultar de interés al
hacer referencias a las etapas posteriores de la vida: la Adolescencia, la
Juventud, la Madurez, y la Ancianidad.
Aunque ocurra a menudo que tales cuestiones, no obstante su
importancia no superada por cualesquiera otras, no constituyan materia de
interés por parte de muchas personas --en razón directa de su masificación
cultural y sicológica--, si se les diera la oportunidad de “tomar la punta del ovillo”,

1
“Yo Conocí el Paraíso”- Rafael Cubas Vinatea- Imprenta Lozano E.I.R.L.- 324 págs.-1,997.

5
podrían abrir los ojos. Y no serían entonces tan pocos los que le encontraran
agrado.
Hemos querido mantener el estilo de nuestra obra anterior: claridad y
sencillez; con cierta amenidad conferida por el hilo argumental y descriptivo y
por algunos toques circunstanciales de humor; dando los espacios y marcos
debidos a inquietantes reflexiones sobre Filosofía de la Vida.
La hondura y amplitud que se intenta no va en menoscabo de su utilidad,
del realismo que se persigue. Del sentido práctico --en la correcta acepción del
término-- de la Concepción Vital que nos inspira: Indeclinable Devoción a los
Valores Superiores y Perennes del Espíritu.
Vale decir: Deseamos ofrecer un Mensaje Idealista y Moral. Al mismo
tiempo que Práctico y Realista, como no puede dejar de ser todo lo Moral. En la
convicción de que es --única y precisamente-- dentro del campo de la Moral que
se halla cualquier cierta y duradera utilidad práctica.
Posición por supuesto antitética del hoy predominante utilitarismo
materialista y pragmático2 de indudables raíces liberal y marxista.
Nos colocamos en la Moralidad que corresponde a una Concepción
Cristiana del Mundo y de la Vida. Y por tanto Idealista3, Espiritualista, y
simultáneamente, Realista. Que nunca nos cansaremos de expresar y repetirlo:
no son --por mucho que pudiera parecer lo contrario-- términos contrapuestos,
sino perfectamente concordantes. Ello se habrá de ver con amplitud en los
capítulos que siguen. De una obra que queremos sea práctica y útil.
Séanos perdonado que las narraciones estén –algunas-- en primera
persona y que pudieran dar la impresión de una intencional autobiografía, muy
lejos del propósito del autor y que resultaría a todas luces fuera de lugar. No hay
tal. Es simplemente el deseo de conceder, a nuestros asertos, la categoría de
testimonios de realidades vividas, irrefutables. No de ligeras e imaginativas
teorizaciones. Además de constituir un recurso metodológico para conferir
alguna amenidad e ilación a las meditaciones filosóficas que deseamos incitar.
*****
Es así, estimable lector, con plena confianza en los objetivos que nos
animan y esperanzados en la benevolencia suya, que ponemos en sus manos
las páginas que siguen.

* * * * *

2
Petulante y cínico modo de llamar a lo práctico amoral; desde una visión positivista y
materialista... ¡Lo menos práctico que pueda darse!
3
Significa vivir ideales; es decir programas de vida fundados en los superiores y perennes -- por
ello los más útiles-- valores del Espíritu Humano. El Idealista, por esto último, es además de
Espiritualista, práctico como el que más.

6
Capítulo I

La Felicidad

M
ontañas de cadáveres y mares de sangre, de sudores y de lágrimas, han
levantado y derramado, los seres humanos, de todas las naciones y de
todas las épocas, como consecuencias de sus luchas y extraviados
afanes, tras de palabras cuyo significado... ¡jamás entendieron!
Valgan algunos ejemplos: Dios, Patria, Libertad, Justicia, Democracia;
amén de innumerables otras. La Felicidad, tanto más cuanto confundida con los
deleites del poder y de las riquezas, no hace excepción entre los términos mal
usados e incomprendidos. Procede pues tallar en el tema:

Definición de la Felicidad.
Por razón de la peculiar complejidad del asunto y la generalizada
tendencia a eludirlo, resulta raro observar una cabal precisión del concepto de
Felicidad. Es frecuente que se llegue al punto de negar su existencia. Al no
entenderse bien de lo que se trata, o por la dicha superficial tendencia a
esquivar problemas, a escapar del esclarecimiento de las hondas cuestiones
filosóficas. Mas deficiencias conceptuales o posiciones elusivas al margen, no
procede rechazar, por las vías racional o empírica, la existencia de la Felicidad,
ni restarle importancia; aunque sólo pueda adquirir vigencia en ciertas personas,
estándolo, poco o nada, en las mayorías y presentándose, siempre, bajo
variadas formas e intensidades.
Pero admitir variedad profusa y grados diversos, hasta ausencias
mayoritarias, no justifica establecer la inexistencia de la Felicidad.
Viene al caso considerar, más bien, las positivas ideas sobre el particular
expuestas por los pocos pero grandes sabios --en especial grecolatinos y
cristianos-- que en el mundo han sido. Es ineludible traer a colación tan
inquietante asunto, dado su generalizado desconocimiento u olvido. Aunque sólo
fuese, por ahora, ante unos pocos interesados. Trataremos de hacerlo en la
mejor forma que podamos y así, frente a las dudas y negaciones,
comenzaremos por afirmar:

7
Sí, existe, se puede explicar y entender, definir, lo que es la Felicidad; y
su contraria: la Desgracia. Alcanzar a la una y evitar a la otra. Tomemos de inicio
el primero de los conceptos; dejando por un momento el segundo. Admitida que
sea la evidencia de que existen varias formas y grados de ellas.
Aclaramos, además, que nos hemos de referir a la Felicidad Terrenal,
Temporal, Finita, Multiforme, y Humana. La viable en el lapso de la existencia
del Hombre sobre la Tierra. Felicidad que no es, ni puede ser, la Celestial,
Eterna, Infinita, Única, y Divina (añadida, la cercana, de las almas
bienaventuradas). Ni tampoco Universal (para todos). Hablamos de la que,
siendo terrena, podría constituir una especie de anticipo de la definitiva o
paradisíaca. Nada más, ni nada menos.
El tema que tratamos es el Filosófico, no el Teológico. Aunque puedan
darse referencias a las relaciones, armoniosas siempre, entre dichos campos; en
las formas y modos en que resultare oportuno.
Colocadas en claro tales premisas básicas, podemos ingresar a una
definición fundamental de lo que es la Felicidad. Con lo cual ha de resultar viable
comprender y precisar las esencias del concepto y vislumbrar sus variantes; en
cuanto a formas e intensidades. Sin olvidar las situaciones derivadas de su
ausencia y de la acción de lo contrario: la Desgracia. Que también la
definiremos, con sus propias variaciones. Pues sabemos que las ideas se
aclaran y precisan mejor, también por la definición de sus contrarias.
Y para no caer en posiciones erróneas, hay que explicar, además, las
diferencias con otros conceptos, con los cuales se la confunde habitualmente;
como son: la Alegría y el Placer. Y los de la Tristeza y el Dolor, en el caso de la
Desgracia. Nociones, todas ellas, distintas y distinguibles. Vamos a lo primero:
“La Felicidad es una condición interior y permanente del ánimo, por
lo tanto invulnerable; de inmensa placidez, plenitud y equilibrio espiritual;
de constante complacencia en el vivir. Que resulta de una larga
sedimentación de las satisfacciones proporcionadas por el culto de los
Valores Superiores y Perennes del Espíritu Humano; cuya práctica se
llama: la Virtud. La cual caracteriza a la conducta del hombre Sabio. Es
decir, al ser humano nacido Inteligente; hecho Culto o filósofo, y Virtuoso,
por su propio esfuerzo y por la inspiración de alguna elevada Doctrina”.
Lo contrario de la Felicidad es la Desgracia, que se define así:
“La Desgracia es la condición del ánimo contraria a la Felicidad. De
desasosiego y molestia, hecha interior y permanente; por lo tanto muy
difícil de erradicar. Resultante de asumir los antivalores de concepciones
erróneas; los cuales determinan conductas sometidas al vicio: Contrario a
la Virtud. Sucede en los seres torpes de nacimiento e ignorantes; de mala
formación personal: los viciosos contumaces. Calificables de necios.
Opuestos a los sabios”.
Los conceptos que se suele confundir con el de la Felicidad, cabe
definirlos del siguiente modo:

8
“La Alegría, es un estado eufórico, risueño y agradable del ánimo;
causado por inmediatas y temporales motivaciones positivas externas.
Dura poco, pues concluye cuando ellas se acaban. Por otra parte, es
vulnerable ante tal clase de influencias, cuando son de las negativas”.
Por ejemplo: Nos invitan a una cena que suponemos será deleitosa y
espléndida, lo cual naturalmente nos produce alegría. Se frustra o concluye el
convite y se acaba la alegría.
“El Placer es la sensación que resulta de un estado gozoso a los
sentidos o a la emotividad. Se llama material, sensual o sensorial, cuando
compromete, en lo fundamental, a los primeros; y espiritual o anímico,
cuando corresponde a la segunda clase o género de percepciones, que
son superiores y en lo fundamental inmateriales, aunque dependientes,
ambos, de situaciones externas y momentáneas”.
Se puede señalar, como ejemplos de placeres: El material o sensorial que
se experimenta mientras se saborea cada plato agradable de una invitación; y el
espiritual o inmaterial, por el gozo, durante el ágape, de una conversación válida
y amena, con buena y suave música de fondo.
Los que se confunden con la Desgracia, se aclaran así:
“La Tristeza, es un estado transitorio y deprimido del ánimo;
contrario a la Alegría; motivado por causas negativas de carácter externo y
más o menos circunstanciales, que afectan a la emotividad”.
Un ejemplo: El sentimiento por la muerte de un amigo. Pero pronto se
comprende que el deceso constituye la etapa final y natural de la existencia de
todo ser humano; que en el peor de los casos sólo es un sueño del cual no se
despierta; que más dolorosa es una supervivencia padeciendo cruel e
irremediable enfermedad; que ya descansa en paz o está en la gloria; y si bien
entristece su alejamiento físico, se le puede acercar, con frecuencia y
espiritualmente, por el recuerdo de su persona y de sus obras, cada vez más
grato y cariñoso; que el tiempo cierra todas la heridas; y finalmente, que es de
decoro elemental mostrar entereza frente a las propias aflicciones.
“El Dolor, es una mortificación intensa motivada por causas externas
y generalmente breves. Es lo contrario del placer. Hay, también, dos clases
de dolores: los materiales o sensoriales; y, los peores y más duraderos,
los espirituales o de la sensibilidad, lastimada por hechos deplorables”.
Son ejemplos de dolores sensoriales: Los de quemadura sobre la piel; los
de las caries dentales; los de las intervenciones quirúrgicas; pero en la
actualidad la medicina ayuda mucho a su alivio, comparando las situaciones con
lo que ocurría hasta hace relativamente poco tiempo. De los dolores espirituales
podríamos citar los muchos que causa el constatar las maldades humanas;
como el maltrato perverso en agravio de inocentes niños; ver herida la dignidad
de la Patria, por la acción de políticos corrompidos, etc.
Debemos advertir que las precedentes definiciones de los significados de
tan importantes palabras son filosóficas y por tanto, si bien precisas, amplias y

9
minuciosas, no corresponden exactamente a las “de Diccionario”, las cuales
están, en cambio y como es obvio, orientadas al común de las personas, por lo
que se ofrecen más escuetas. Y así, por ejemplo, en los casos de sinonimias
imperfectas, los diccionarios comunes hacen referencia al significado
fundamental, teniendo presente la percepción de las mayorías y no tanto a
sutiles matices, muchas veces de gran importancia en Filosofía.
El problema de las diferencias en las definiciones de los vocablos, por los
requerimientos del vulgo de un lado, y de los filósofos por el otro, son de antigua
data... En el siglo XVIII, por ejemplo, Voltaire4 escribió una obra para el
esclarecimiento de numerosos casos, según su criterio, a la que tituló,
precisamente: “Diccionario Filosófico”. Con posterioridad, en parecidas formas y
para diferentes campos de la Cultura, varios pensadores han seguido su
modelo. Por otro lado, en los siguientes acápites, para una mejor e integral
comprensión de las definiciones que ya hemos dado, las completaremos con las
demás, de palabras necesariamente ligadas a ellas.

Los Valores.
Se entiende por Valor, a todo lo susceptible de positivas calificaciones
mentales, referidas a lo admirable, necesario, útil, o placentero. En número, los
valores son una infinidad. Pero generalmente se agrupan en dos grandes clases:
•Los Materiales; y
•Los Espirituales.
--Los materiales son los que corresponden a realidades concretas y
palpables, de la materia, de sus directas o inmediatas manifestaciones,
relaciones y efectos. Son en especial los bienes y servicios a que da lugar la
producción económica y los títulos de ellos, en particular los de fácil
convertibilidad monetaria, de altos montos, denominaciones o precios. Así
podríamos citar, como los más importantes bienes y valores materiales, los
siguientes:
El dinero, en primerísimo lugar ¡Suele elevarse a jerarquía de deidad! A
objeto de general idolatría: "El Becerro de Oro". El dinero, además de su posible
valor intrínsico, tiene el de cambio. Es susceptible de canjearse con todos los
demás, midiendo su valor. Tiene la más alta convertibilidad. Por ello, dicen los
necios: “Con la plata se consigue todo lo que uno pueda desear”:
Las casas, los palacios, los vehículos, las joyas, muebles y enseres, que
llegan al lujo, cuando sobrepasan ciertos límites. En general, todo lo que cubre
aspiraciones materiales de alto costo y que hasta pueden proporcionar
engañosos placeres sensuales, sin mayores consideraciones éticas; como:
poder, fama, vanagloria, diversiones, gula, embriaguez, sexualidad desatada,
juego, drogas, etc.

4
Seudónimo del escritor y pensador francés Francisco María Arouet (1,694-1,778). Liberal,
iconoclasta (íconos: imágenes de estilo bizantino, sagradas en la religión ortodoxa; clasta:
demoledor; que demolían lo tenido por sagrado).

10
Las acciones de compañías, los bonos, cédulas hipotecarias, letras,
cheques bancarios, pagarés, certificados de depósito, pólizas de seguros,
tarjetas de crédito, etc.
Y los bienes que, inclusive considerándolos en su justo término,
satisfacen necesidades materiales legítimas, ineludibles o imperiosas; tales: la
ropa, los alimentos, el techo, la instrucción básica, las condiciones corporales
orgánicas, como la fortaleza y agilidad físicas, la salud (¡de importancia vital!),
etc.; pero generalmente apreciados con exclusión o desmedro de los superiores
de orden espiritual, despectivamente llamados “románticos”.
Los que conceden prioridad a dichos valores materiales o que llegan al
punto de darles exclusiva consideración, reciben el nombre de materialistas -
-devoción por lo material-- y positivistas --por lo útil palpable, demostrable--.Tal
posición inspira, medularmente, a las concepciones Liberal y Marxista. Con --en
verdad-- secundarias diferencias entre ellas. Lo que habremos de precisar más
adelante. En cambio:
--Los Valores Espirituales, Superiores y Perennes, son aquellas
categorías mentales, de alto significado, a cuya práctica y devoción, en cada
caso, corresponde una Virtud.
Toda Virtud puede ofrecer diversos grados de excelencia, según la
grandeza de su realización. Desde la común o sencilla, ascendiendo hacia la
propia de la Sabiduría --en el sentido clásico grecolatino: inteligencia natural,
cultura filosófica, y virtud--, hasta llegar a las más altas genialidades. Como son
también los casos de los Héroes --genios de la Valentía--; de los Santos --de la
Bondad--; de los Sabios --en el sentido contemporáneo, de doctos excelsos, de
genialidades del saber concreto, de las verdades específicas--; de los grandes
Artistas, creadores de sublimes obras de arte, de verdadera Belleza; etc.
Se puede entender mejor lo que son los Valores Superiores y Perennes
del Espíritu Humano, si enumeramos y explicamos los principales. Advirtiendo
que, en ciertas situaciones, se presentan problemas semánticos5, que iremos
esclareciendo en la medida en que se haga necesario. Así:
La Verdad es el valor Supremo. Y como veremos, de él derivan, en
alguna medida los demás. Está muy ligado a todos. Su separación, no
concordancia o contradicción, con los otros valores, le resta --o hasta le niega--
su significación y jerarquía ética. Dicho ha sido, que Dios es la Verdad Suprema.
Absoluta. Y que la Felicidad Celestial consiste en la Contemplación de la
Verdad, al lado del Creador. Jesucristo, además dijo: “La Verdad os hará Libres“

5
De significación de las palabras. Porque hay casos en los que un vocablo tiene dos o más
acepciones; como bien, que puede ser el valor correspondiente a la virtud de la bondad; o el de
un objeto valioso, como alguna joya; o la calificación de una acción correcta, ejemplo: proceder
bien, de modo honesto; la palabra sabio, en los sentidos clásico y moderno ya explicados.
Asimismo, hay --una sola en cada caso-- las que sirven para designar, tanto al Valor, como a la
Virtud; tales: Fe, Templanza, Valentía, etc. Y otras, tanto a Cualidades, como a Virtudes,
ejemplo: Habilidad, Laboriosidad...

11
(no la Libertad os hará Veraces). Colocó a la Verdad, sobre el inconmensurable
valor de la Libertad. Y se define así:
La Verdad es la concordancia entre lo que se ve, siente o percibe;
entre lo que se piensa, dice, escucha, lee, o escribe; con la Realidad; sin
contrariar a los otros valores.
Así de simple y rotundamente expuesta.
Se observa, en primer lugar, que: “Siendo como es,la Realidad única, la
Verdad, al concordar con lo que es único, necesariamente es única”. Como
tiene que ser único, todo lo que concuerda con lo que es único. Y no múltiple,
como erróneamente suele decirse. Por pura lógica. Por definición objetiva. No
por afirmación intolerante o fanática de nadie.
Véase pues la barbaridad que cometen quienes afirman que la Verdad es
relativa... Que varía con las personas, con los espacios, y con los tiempos6...
Tendremos oportunidades de volver sobre este vital asunto en ampliatorias
referencias.
Los que practican la Verdad en un nivel de virtud o sabiduría (en el
sentido clásico), se llaman veraces. Los que llegan a la genialidad en su
devoción, en el campo del saber científico, tecnológico, o filosófico, aunque fuere
hasta el especializado o concreto, son denominados sabios (en la acepción
moderna de la expresión: que saben excepcionalmente mucho de algo). A este
género y nivel pertenecen también, y por antonomasia, los Inventores y los
grandes descubridores. Son ejemplos de ellos: Pitágoras, Arquímedes,
Leonardo, Colón, Newton, Mendel, Franklin, Edison, Pasteur, Cajal, etc. El
siguiente valor:
La Justicia, consiste en dar, reconocer, conceder, a cada cual,
persona o situación, lo que le corresponde.
Obsérvese que Justicia no es siempre dar a todos por igual. Como
suponen muchos, confundiendo Justicia con Igualdad. En la primera línea del
error, los liberales y marxistas; inventores y propugnadores de tan inconsistente
mixtificación.
Dar a todos por igual puede constituir hasta una tremenda injusticia. Por
la sencilla razón --así pudiera desagradar lo afirmado-- de que los seres
humanos y sus circunstancias casi nunca son iguales. Lo cual no quita el deber
de aspirar a La Máxima Igualdad Posible de Derechos y Oportunidades. Aún
cuando, tampoco ellas, puedan alcanzarse fácilmente. Sólo en los raros y
relativos casos de una situación de Igualdad, puede la Justicia consustanciarse
con ésta; y entonces recibe el nombre de Equidad.

6
Los que sostienen tal cosa, son llamados relativistas morales; pero su error --trampa doctrinaria
podría decirse-- consiste en que, si bien varían las apariencias de la Verdad (según las
personas; los espacios o países; y los tiempos), su esencia no varía nunca. Una cosa es el ser y
otra el parecer… ¡Cuidado con el tan común engaño!

12
Del mismo modo, es un error confundir a la Justicia con la Legalidad: la
aplicación de la ley. Pues no toda ley es necesariamente Justa. Ocurre en el
sistema liberal vigente que la ley es simplemente “una convención de
convivencia social” y el producto indirecto de “la voluntad popular” --a menudo
manipulada y atropelladora de la Moral, la Razón, y la Justicia--, expresada,
teóricamente, por el Parlamento. Las más de las veces, a merced de intereses
extrapopulares: los de las altas finanzas –de la plutocracia--, entre otros.
De semejante manera es equívoco presentar --como resulta común-- a la
Justicia cual una diosa con los ojos vendados; como diciendo que la mejor
justicia es la ciega... Cuando, muy por el contrario, para aplicar Justicia se debe
abrir bien los ojos, a fin de percibir correctamente la Verdad sobre las
situaciones a juzgar. Por ello se ha llegado a definir a la Justicia como a “Un
Orden de Verdades”. Quienes sostienen que la Justicia debe ser ciega, lo hacen
precisamente por confundirla con la Legalidad, entendiéndola como a un simple
acto de “aplicar la ley sin mirar a quién”.
Los que practican la Justicia se llaman justos o justicieros. No hay vocablo
específico para denominar a los niveles de genialidad en dicha virtud; pero se
les llama: paradigmas, héroes, o mártires, de la Justicia. A los creadores de
normas de Derecho de extraordinario significado: juristas o legisladores eximios
(como los geniales Solón, Licurgo, Suárez, Vitoria, etc.) 7.
Por último, en cuanto a sus modalidades, se ha clasificado a la Justicia
en:
•Conmutativa, la que se realiza por los intercambios justos, entre lo
recibido con lo entregado; por ejemplo: las operaciones comerciales en el
mercado, cuando son honestas.
•Distributiva, la que se logra, por ejemplo, en la adecuada distribución de
bienes y servicios, en procura del Bien Común.
•Equitativa, la que distribuye, aproximadamente por igual, entre seres
cercanamente iguales.
•Caritativa la practican las personas sabias, uniendo la Justicia con la
Caridad; por ejemplo: la recomendada por don Quijote a Sancho Panza,
Gobernador: “No olvides, Sancho, que la vara de la Justicia ha de ser rígida,
pero si se doblare, que sea por la magnanimidad, mas no por la dádiva”.
La Libertad, es la facultad de elegir entre opciones enmarcadas
dentro de un Sistema Moral autónomamente aceptado.
Tal la definición correspondiente a una visión cristiana: La Libertad
subordinada a la Moral.

7
Precisa remarcar que el origen y derivación del valor de la Justicia, como de todos los otros
valores, arranca, necesariamente, de la Verdad. Por la sencilla razón --además de otras-- de
que, para discernir y decidir Justicia, hay que conocer, primero, la Verdad sobre las situaciones
que se juzgan.

13
Por cierto que el cristiano, mientras se lo permitan las fuerzas exteriores a
su persona, puede, en principio, situarse en una libertad total, ejercer su ‘libre
albedrío’. Hacer lo que deseare; pero habrá entonces de asumir la
responsabilidad y las consecuencias de sus actos. Y si fueran éstos inmorales y
dañinos a sí mismo y al prójimo, afrontar sanciones religiosas, legales, vindicta
pública, y remordimientos de conciencia ante sus convicciones.
La Libertad digna, a la cual nos referimos, es la ejercida de conformidad
con los principios de un buen católico; en el supuesto entendido de haberse
adoptado, éstos, con total autonomía personal y plena conciencia de sus actos.
Pero, contrapuestos, hay otros planteamientos correspondientes a
concepciones que contradicen, de un modo frontal, a la cristiana; a saber:
Los liberales, proclaman a la Libertad como al más alto valor: a la facultad
de hacer lo que al individuo le venga en gana, sin más límites que los derechos
del prójimo y los marcos señalados por la ley. Dicen, con hinchada y aparente
racionalidad: “Mis derechos terminan donde comienzan los del prójimo” (¿no
tienen nada más que ver, los de uno, con los del otro?). Y agregan: “la ley es el
producto de la voluntad popular y regla práctica de convivencia social”; ¡“la
Libertad no tiene nada que ver con la Moral, ni ésta con la Ley”!; “la Moral es
asunto del fuero personal de cada cual”... Asombran tales asertos, pero el caso
es que reciben categoría de universales y benéficos dogmas.
Los marxistas sostienen que: “La moral es un prejuicio burgués”...
¡Atribuyen a los liberales, y como error, lo que en todo caso corresponde, como
acierto, al cristianismo!... Añadiendo: “lo que interesa, es la conducta social; el
ciudadano es libre de hacer lo que la ley no le prohíbe y está obligado a hacer lo
que la ley le manda”. El ser humano ¡un programado robot!
Obsérvese el error --medular e indisculpable-- de las dos concepciones
anticristianas: Dejan a sus conceptos de la Libertad y de la Ley... ¡al margen de
la Moral!... Cuando, filosófica y racionalmente --además de lo religioso y
empírico--, ninguna esfera de las acciones humanas puede --sin lamentables
consecuencias-- colocarse fuera de la jurisdicción Ética.8 La Libertad es un valor
inmenso que se cuenta entre los más estimables. Pero no supera en jerarquía a
la Justicia. Debe acompañarse de ella. Sin ella, y sin el Derecho que las define,
no puede subsistir. Forzosamente está subordinada a la Verdad.9 Y, además, sin
la Bondad (el Bien), la Libertad carece de sentido. Los hombres con devoción a
la Libertad, se llaman libres. En grado superior, cuando la conquistan:
libertadores (San Martín, Bolívar, Castilla, Washington, etc.).

8
Moral (del latín: moralis) y Ética (del griego: ethykos), son términos casi sinónimos y pueden
usarse como tales; pero se prefiere Ética, para el estudio o parte de la Filosofía que se ocupa de
las costumbres y de la conducta humanas, en función del Bien y del Mal; y Moral, para enmarcar
las costumbres y conductas mismas. Además, a la Moral se le confiere el significado adicional de
entusiasmo para el esfuerzo y la lucha (militar, deportiva, etc.).
9
Para definir una situación de Libertad, es preciso establecer, antes, la Verdad acerca de en qué
consiste ella; así como de las cuestiones de la naturaleza humana y la organización social que le
son relacionadas. Abundando en el tema, en la frase de Jesús: “La Verdad os hará Libres”, la
Libertad está claramente subordinada a la Verdad.

14
La Belleza es la armonía que produce placer estético y que eleva el
espíritu del hombre.
Son necesarios tres requisitos para que haya verdadera Belleza:
•Una Armonía Fundamental (entre las formas, magnitudes, colores,
sonidos, significados, etc.).
•Un Placer Estético (en correspondencia con el Buen Gusto).
•Una Elevación o Superación del Espíritu del Hombre (en su sensibilidad,
intelecto, voluntad, etc.).
La Armonía procede de un juego de las proporciones, contrastes, y
afinidades, entre los elementos que constituyen lo bello: las formas, tamaños,
colores, sonidos, palabras, etc. Ejemplos los hallamos: en un hermoso paisaje,
en una obra de arte pictórica, musical, literaria, etc. O en un conjunto de
cualidades y virtudes, en las situaciones de belleza espiritual; llegando hasta la
calificable de sublime: el caso de la Virgen María; por la ternura, bondad y
delicada pureza que se reflejan en su rostro, añadidas a su íntegra beldad
corpórea.
Lo que no tiene armonía, lo estrafalario --por mucho que se llame
abstracto, cubismo, surrealismo, rock, etc.--, no es, ni puede ser, bello. Es, a lo
sumo, un negocio; una burla, hábil pero cruel, de la tontería humana. Son las
ruedas de molino con las que, las fuerzas disolventes de la sociedad
contemporánea, hacen comulgar a los intonsos.
El Placer Estético es el goce que produce, en las personas de buen gusto,
el percibir la Belleza. Dicho en otra forma: El buen gusto --que se recibe como
facultad de nacimiento y se educa-- es requisito esencial para apreciar a la
Belleza. La Belleza no es lo que gusta a cualquier hijo de vecino o a las
mayorías de un rebaño. La falta de buen gusto --deficiencia genética y cultura-l-
se llama cursilería, “huachafería” (en muy expresivo peruanismo). Lo huachafo
no es bello. Ni lo bello puede ser apreciado por un huachafo. O por los afectados
de torpeza e ignorancia notorias.
La Superación del Espíritu del Hombre es potencialidad de la Belleza. En
verdad, no llega a ser bello, lo que no eleva al espíritu. Y, si lo rebaja, se hunde
hacia lo repudiable y horroroso. Podrá ser, en el mejor de los casos,
espectacular, impresionante; agradable, si se quiere; pero más para gustos
bastante ‘crudos’, subdesarrollados. Como podría serlo una función de
bataclanas, para un grupo de estibadores o de choferes de microbús. Pero,
ciertamente, no Belleza; en el sentido ético y estético, filosófico, que estamos
considerando.
La actividad que produce Belleza, elevando por tanto el espíritu del
hombre --condición de suyo esencial-- se llama Arte. Los que practican un Arte,
con especial dedicación, se llaman artistas. Los hay desde simples aficionados,
pasando por los ejecutantes, copistas, y actores; hasta llegar al elevado nivel de
los creadores de Belleza; a la genialidad en este campo. Como Praxiteles,

15
Leonardo, Miguel Ángel, Cervantes, Ricardo Palma, Velásquez, Beethoven,
Wagner, etc.
No debe confundirse “Arte” y “artistas”, con otros términos, que si bien
ofrecen cierta relación con ellos y corresponden a una habilidad en las
ejecuciones, son de distintos significados y alcances: la Artesanía, oficio
intermedio entre asalariados y empresarios y los objetos que confeccionan (los
artesanos o artífices, las artesanías o artificios).
Por último, está visto que es estrecha, también, la relación de la Belleza
con la Verdad. No solamente porque la Verdad es Bella. Sino que, para lograr la
Belleza, en cualesquiera de sus géneros y formas, se requiere la comprensión
de la verdad de su naturaleza, en abstracto, como valor, y de lo bello mismo, en
concreto.
La Belleza es veraz, como la veracidad es bella. En alguna medida y
proporción, por lo menos, hasta las ficciones artísticas, se colman de la máxima
veracidad posible; y lo no propiamente veraz en ellas, no es engaño, pues autor
y lector convienen en ingresar juntos al campo de la fantasía.10 Y su elaboración
concreta, tiene reglas y principios racionales, que deben ser conocidos y
cumplidos.
La Bondad (o el Bien), consiste en procurar beneficios a nuestros
semejantes, inspirándonos en el amor a Dios y al prójimo; en los naturales
sentimientos humanos de generosidad; y en la virtud teologal de la
Caridad.
Procurar beneficios, significa ofrecer Bondad, intentar el Bien --tómese
nota de que aquí ambos vocablos son Valor y Virtud, al mismo tiempo--,
evitando los males o agravios al prójimo. Por lo tanto, precisa comenzar por
saber qué es el Bien y qué es el Mal. Nada menos que la Verdad sobre ellos:
Una vez más, se observa el nexo de la Verdad con los otros valores.
La Bondad en grado superlativo o genial, es la Santidad. Santos son los
genios de la Bondad. Como Santa Rosa de Lima; San Francisco de Asís: “El
más santo de los humanos y el más humano de los santos”.
La Valentía, es la Entereza, la Fortaleza, o el Coraje, para afrontar
peligros y penalidades, en la fidelidad hacia los valores superiores.
Los que la practican se llaman valientes. En rango genial, son los Héroes:
El Cid, Pizarro, Orellana, Grau, Bolognesi, Cáceres, etc. 11 No hay que confundir
Valentía y Heroísmo, con temeridad; la que, aparte de una forma de locura, es
una ‘valentía sin causa’; como casi lo mismo son: la audacia, el atrevimiento, y la
imprudencia.

10
Miguel de Unamuno, llegó a decir --figuradamente por cierto-- que don Quijote fue el que
existió y no Cervantes... ¡Genial el realismo de la ficción! creada por “El Manco de Lepanto”.
11
Utilizamos el término Valentía, para no usar aquí : “Valor”, vocablo de doble significado, que
empleamos, mejor, para la Calificación Mental, en general, tratando así de evitar confusiones.

16
La Prudencia, es un valor y una virtud, que consiste en actuar
reflexivamente. Tiene relación con la Verdad, la Justicia, y la Bondad.
La Templanza, valor y virtud, que es proceder dentro del Justo
Término de las situaciones. Se relaciona con la Verdad, la Justicia, y la
Valentía o Fortaleza.
Tómese nota de que el “Justo Término” --expresión de Aristóteles-- no es
necesariamente el punto medio (‘ni chicha ni limonada’), que casi nunca resulta
el correcto. Está entre los dos extremos, pero en la posición más apropiada,
variable en cuanto a su cercanía o lejanía de los extremos.
-----

Los Antivalores.
Los antivalores, contravalores, o males, son lo contrario de los valores o
bienes. Y pueden ser también:
•De origen material, y
•De naturaleza inmaterial.
--Los primeros son, entre otros:
La pobreza, que cuando es extrema se llama miseria. Decía Aristóteles:
“Ninguna forma de dignidad se concilia con la miseria”; también: “La excesiva
riqueza puede turbar a la serenidad del sabio”; y “El ideal está en la situación
intermedia”; la que --con cierta impropiedad-- se llama a la de la clase media. El
sabio desdeña a las riquezas; así como, por natural consecuencia de sus
aptitudes personales, supera a la miseria.
Las enfermedades, tanto más cuanto crónicas, dolorosas, y hasta
terminales. Pero, contra las que mucho cuentan: el buen régimen de vida y de
alimentación; la ausencia de vicios; los auxilios profilácticos y los tratamientos de
la admirable medicina moderna; la fe religiosa; y la propia entereza moral.
Aunque, en los casos extremos, y al final, su total alivio llega con la muerte.
-- Los principales antivalores --o males--, del segundo grupo, son:
La Mentira, lo opuesto a la Verdad. Y más exactamente: Faltar a la
Verdad con propósito de engañar (burla, maldad), obtener provecho propio
(egoísmo), o de perjudicar al prójimo (injusticia, crueldad, envidia, cobardía,
etc.). Es decir, faltar a la Verdad aplicando simultáneamente algún o algunos
contravalores adicionales.
No hay que confundir a la mentira con una serie de acciones en las que
de alguna manera se desplaza a la veracidad; pero sin afectar sino practicando
valores que suelen acompañarla; no incurriendo en falta moral. Más bien
realizando bondades encomiables; lo sanamente beneficioso o agradable.
Sirvan de ejemplos:
La “Mentira Piadosa”. Que propiamente no es mentira; no implica el
propósito de engañar para obtener provecho o hacer daño, sino todo lo

17
contrario. Tal el caso de una persona enferma de mucha gravedad, no
preparada para ‘mirarle la cara a la muerte’ y a quien para evitarle un espanto no
le decimos ‘la cruda verdad’ --lo que constituiría una acción malvada más que
una Verdad en sentido ético--; sino que damos algún elusivo rodeo y una
ilusionada esperanza.
La Discreción, que consiste en guardar en silencio, sin expresarla, una
realidad frente a la cual el ambiente no está preparado para conocerla; y cuando
dar cuenta, en cambio, podría causar daño y hasta una tragedia. Como sería
discreto no comunicar a un posible agraviado el conocimiento de algún adulterio
que él no hubiera percibido.
Los Eufemismos, cuando se utilizan ciertas figuras de pensamiento o de
palabra para evitar herir susceptibilidades; por ejemplo, hablando de ‘la tercera
edad’ para no decir ‘viejos’.
Las Cortesías, los Piropos o Galanterías; por los cuales resaltando
cualidades y silenciando defectos nos referimos a los atributos más saltantes de
una persona, para halagarla risueña y gentilmente.
Las Ficciones y Fantasías Artísticas; como las sanas de los espectáculos
del teatro, el cine, la radio, la televisión; las novelas, las poesías, los cuentos, las
fábulas, etc. En las que por cierto no se engaña ni se perjudica a nadie. Sino,
por el contrario, es como si se pusieran de acuerdo, autores y beneficiarios del
arte, en vivir a sabiendas una situación imaginaria o ficticia. Agradable a quien la
crea o comunica y a quien la recibe. Porque es común y grato al ser humano
vivir ciertos momentos en el mundo de lo imaginario.
Tampoco lo son las Mitologías, las Alegorías, Parábolas y Metáforas
religiosas. Hechas para explicar hasta donde es posible y de modo poético,
sencillo y mejor, lo difícil y misterioso, lo ético y metafísico.
No obstante los ejemplos dados sobre algunas ‘faltas’ a la Verdad --o su
desplazamiento--, y que pese a ello no son mentiras, pudieran parecer
contradictorios de las definiciones anteriores. Pero no hay tal, si observamos que
la Verdad adquiere su pleno significado ético, cuando la afirmación de lo
cierto acompaña o sirve de apoyo a otros valores. Si no es así, la afirmación
se queda en eso solamente: en afirmación cierta o exacta. No llega a la
categoría de una Verdad en sentido Ético. Y cuando los contradice, dejando
inclusive de ser Verdad, ingresa al campo de los contravalores... Una afirmación
cierta, pero inoportuna, dicha con mala intención, se puede convertir en ... ¡una
aseveración malvada!
Si afirmamos que esta página es de papel blanco -y nada más-, tal aserto
no es sino una afirmación cierta; una verdad literal; sin categoría Moral. Pero si
decimos que estas páginas se orientan al Bien del lector, estríamos haciendo
una afirmación que adquiere significación Ética. Y si alguien supiera que no
habría dinero para publicar nuestro escrito y lo dijera con el propósito de
desanimarnos, habría hecho una aseveración malintencionada, inmoral, aunque
pudiera ser cierta.

18
En la medida en que las afirmaciones son ciertas y cuanto más se
relacionan o ligan con otros valores, alejándose de los contravalores, más
adquieren categoría de Verdad ética correctamente entendida. Y en sentido
inverso, cuanto menos certeza hay en la afirmación, más lejanía de los otros
valores y mayor cercanía a los contravalores, más próxima está a la mentira.
En otras palabras, no basta la afirmación cierta o exacta, para decir que
ella es la Verdad; ni la inexacta o errónea, para calificarla de mentira. Tiene que
determinarse si están o no ligadas a otros valores o contravalores; si los
contradicen o los confirman. Aparte, la afirmación cierta pero deliberadamente
incompleta --por lo general malévola--, llamada “verdad a medias”, es peor que
la mentira misma.
Es necesario no equivocar el sentido preciso del valor de la Verdad; ni de
su contrario, el antivalor de la mentira. Pero creemos suficiente la explicación
dada, para resolver las aparentes contradicciones.
Quienes actúan contra la Verdad, en el campo de la mentira, se llaman
falsos, falsarios, o simplemente mentirosos. Si violan un juramento, es decir, una
afirmación hecha poniendo en testificación lo sagrado, se llaman perjuros.
Injusticia se llama al antivalor contrario al valor de la Justicia. A quienes
la practican: injustos. Debe decirse que la injusticia es posiblemente el antivalor
o contravalor que más subleva al espíritu del hombre. No soportamos las
injusticias o abusos, como también se denominan.
Tiranía, autoritarismo o arbitrariedad, es el antivalor contrario a la
Libertad. Tiranos, autócratas o arbitrarios, son quienes lo practican, los que caen
en este vicio.12
La Fealdad, es el antivalor de la Belleza. Pero quienes lo aplican, no son
por supuesto los feos, sino los destructores de Belleza: los bárbaros; los
especuladores y mixtificadores del arte; los cursis o huachafos, etc.
La Maldad, es el contravalor de la Bondad. Quienes lo aplican se llaman:
malos, malvados, o perversos. En grado de psicopatía: sádicos. Aristóteles
establecía que sólo este último tipo de malvados, es decir, anormales o
enfermos, hacen el mal por el mal mismo; por el simple impulso y placer de
hacerlo. Que los demás, proceden por error; derivado de la torpeza y la
ignorancia; creyendo, equivocadamente, que sus malas acciones puedan serles
provechosas. Así, decía el gran sabio griego, que las verdaderas fuentes de la

12
Muchos confunden dictadura con tiranía y autoritarismo con totalitarismo. Pero son conceptos
diferentes. La dictadura es creación democrática y republicana de los romanos; consiste en la
plena autoridad de un hombre, en momentos de peligro nacional, pero concedida legalmente
(por el Senado), por un plazo fijo, con cargo de devolverla y de rendir cuentas. La tiranía, forma
primitiva, es el poder absoluto de una persona, tomado por la fuerza o la astucia, sin plazo
alguno, ni obligación admitida de dar cuenta a nadie. Por otro lado, el totalitarismo, gobierno total
de una sociedad jerarquizada, fue creación --no se avergonzaron de ello nunca--del fascismo
italiano (“todo dentro del Estado y el Estado en todo”). No todo autoritarismo --el comunista entre
ellos--: gobierno ‘fuerte’ o absoluto, de un partido, de una minoría, o de un hombre, es totalitario.
Aunque el totalitarismo sí es generalmente autoritario.

19
llamada maldad, están en la torpeza y la ignorancia. Y, contrario sensu, los
mayores bienes y bondades, en la inteligencia y la cultura (en la Filosofía)...
¡Cuánta verdad hay en ello!
La Cobardía, es el antivalor contrapuesto a la Valentía. Los que la
practican son llamados cobardes. Y así como el heroísmo merece la general
admiración de los pueblos --las naciones llenan sus ciudades de monumentos
en homenaje a sus héroes--, la cobardía recibe universal desprecio y repudio.
La Imprudencia, es el contravalor de la Prudencia. Sus practicantes se
llaman imprudentes, que actúan irreflexivamente.
La Intemperancia, es el antivalor de la Templanza. Los que la practican
se califican de intemperantes. Actúan fuera del “Justo Término”.
-----
El Mundo Interior y los Valores y Contravalores.-- Los efectos de las
actitudes y la conducta del ser humano, sobre su ánimo, su mundo interior, son
claros de percibir, en la medida en que se desenvuelven acatando o
contradiciendo a los valores o a los antivalores. Así, es posible experimentar una
clara sensación de satisfacción interna, hasta de placer inefable --en especial los
niños y los ancianos que saben vivir-- al aprender algo. Cuando encontramos o
recibimos la Verdad sobre un interrogante y cuando la transmitimos, en especial
los maestros y los ancianos, al enseñar y aconsejar... En cambio, se mortifica el
fuero interior, el ánimo, cuando lo abruma la ignorancia. O si mentimos; más
aún, si se llega al cinismo, al descaro; que solo son apariencias de seguridad y
satisfacción.
De modo similar y grato sucede con los otros valores, y su práctica, las
virtudes; y nos mortifican sus antivalores y vicios.
Con la Justicia, cuando somos justos y evitamos y combatimos la
injusticia; la que nos lastima, en cambio, si la dejamos regir. Con la Libertad,
cuando la ganamos y la ejercemos; mejor, si además la damos; si vencemos a la
arbitrariedad y a la tiranía. Con la Belleza, al gozar con su contemplación; y
mejor aún, ejecutando y creando formas de ella; rechazando la fealdad, lo
estrafalario y lo cursi o “huachafo”. La Bondad, al realizar buenas acciones y
repudiando las malas; tomando como ejemplares las vidas de los santos. La
Valentía, luchando con coraje en favor de los valores --al contemplar como
paradigmas a los héroes-- y distanciándonos de actos cobardes o viles, que
avergüenzan hasta lo más profundo y reciben general repudio. Con la
Prudencia, evitando la irreflexión; y con la Templanza, rechazando la
intemperancia.
Sucede por añadidura que al repetirse los actos de Virtud y los rechazos
al vicio, se adquieren dos inapreciables potencialidades:
•El Hábito de practicar la Virtud y rechazar al vicio; por lo que ello se hace
cada vez menos dificultoso y hasta fácil; y

20
•Una Sedimentación de la Complacencia Virtuosa; que resulta
basamento de una situación feliz, permanente, inviolable, del ánimo. De
semejante modo al de los grandes ríos, que forman los más fértiles terrenos.
Dándose lugar, así, al logro de la humana Felicidad. En cambio, de suceder lo
contrario, adquiriéndose el vicio y eludiendo la Virtud, se producen la tormenta y
el tormento interiores y duraderos, de la Desgracia.
-----
Los Apoyos de la Felicidad.-- En la realización de la Felicidad Humana
cuentan decisoriamente los tres principales Apoyos de la Felicidad:
•La Definición clara de una Vocación. Escoger una profesión o dedicación
vital, que sea placentera o a la que se sepa “encontrarle el gusto” y para la que
se tenga especial aptitud. Da lugar a una permanente satisfacción en el
desempeño de las actividades personales, con las que se cumple una
Responsabilidad Social.
•El Amor, la inter elección adecuada de la Pareja Humana; orientada
hacia el Matrimonio Sacramento y Permanente (“Hasta que la muerte los
separe”). Base de la Familia Cristiana. Esta unión, además, completa a la
personalidad humana, la cual, como las caras de una moneda, tiene dos facetas:
la masculina y la femenina; que deben reunirse y complementarse. Porque sólo
inicial y temporalmente se ubican en dos individualidades que nacen separadas.
Además, un matrimonio así, colma, dulcemente, la sensibilidad y la emotividad
de los seres humanos.
•La Forja de un Ideal de Vida: “Un programa de la propia existencia al
servicio de los valores superiores del espíritu. Compromete con empresas
nobles y enardece las energías espirituales. Confiriendo entusiasmo vital y
plenitud de ánimo.
-----

Las Turbaciones de la Felicidad:


El Generalizado Temor a la Muerte. Constituye un factor que, al
parecer, podría empañar la Felicidad. No obstante, debemos afirmar que el
sabio -en el sentido clásico del término-, si bien ama a la vida, no teme a la
muerte. Aunque sólo fuere porque la existencia sabia es la mejor preparación
para la vida trascendente, mucho más feliz aún; después de haber logrado la
dicha terrenal; y porque sabe que sobrevivirá por sus meritorias obras.
Hace más de 2,000 años, Cicerón, gran filósofo, político, escritor y orador
romano13, dedicó capítulos enteros de su obra escrita, a tan importante cuestión.
Demostró que es necio temer a la muerte. Como resulta el temer --sin razonar--
a lo que no se conoce. Ningún ser vivo, precisamente por no haber muerto, la

13
Marco Tulio Cicerón -”Obras Completas” - 6 tomos; 4,500 pp.- Ediciones Anaconda - Bs.As.-
Arg.

21
conoce. Por lo tanto, nadie es cuerdo al sostener que la muerte constituye un
mal. Y frente a la muerte, sólo son posibles tres posiciones, a saber:
•O se cree que con la muerte acaba todo; toda sensibilidad; que a partir
de ella nada se siente; entonces, por lo menos, no es, no puede ser, un mal
percibible.
•O se cree que después de una vida virtuosa hay una felicidad celestial
sin fin. A esa nos referimos y no a la de los viciosos o necios, fuera de nuestra
consideración; y quienes, además, ya desde la Tierra, están en el Infierno. Por lo
tanto, la muerte --un paso-- hasta resultaría un bien.
•O se duda entre las dos posibilidades anteriores. Pero ocurre que, esa
duda, sólo puede oscilar entre los dichos dos extremos: El no mal de la
insensibilidad absoluta o el gran bien de la Felicidad Perenne... Tampoco pues
desde esta posición, puede afirmarse que la muerte es un mal.
No obstante, es común decir que lo “terrible” de la muerte es el “tránsito”
al más allá. Pero resulta que no es cierta tal aseveración: El paso de la vida a la
muerte, el momento mismo del fallecimiento, no es lo horrible que se imagina.
Afirmaba Cicerón que la vida humana es como una línea recta y relativamente
corta; que tiene un comienzo y un fin. El comienzo es el nacimiento y el fin la
muerte. Al centro --a la vida-- se ingresa y se sale en total inconsciencia. Nadie
recuerda ni, puede dar cuenta, de lo que fue su nacimiento; ni podrá darla de su
muerte.
Agregaba, además, el gran sabio latino, que hay varias formas de muerte:
algunas de plena inconsciencia, como es la de quienes mueren --de modo
apacible y envidiable-- cuando están dormidos; otros, despiertos, dejando
expresada su última voluntad, antes de dormirse definitivamente, también en
envidiable placidez (como don Quijote); o como aquellos que fallecen --algunos
casos de enfermos o seres muy ancianos-- cual si fueran velitas que se apagan
poco a poco, casi sin sentirlos, sin estrépito. Al fin y al cabo --lo hemos dicho-- la
muerte es como un sueño final, del cual ya no se despierta. Ocurre, decía
Cicerón, que la mayor parte de las muertes se pueden agrupar en dos clases:
•Las violentas, por enfermedades o afecciones fulminantes, “apopléticas”
--así murió mi madre, de un derrame cerebral--; y por accidentes de gran
violencia, en los cuales el afectado no tiene tiempo ni de darse cuenta de lo que
le ha sucedido.
•Las lentas, por enfermedades crónicas o de relativa larga duración. El
enfermo pierde la conciencia, hasta delira, a veces varios días antes de morir --
así murió mi padre, de neumonía-- y “no le ve la cara a la muerte”; no tiene cómo
recibir “el gran susto”.
En añadidura, narraré que, personalmente, hasta en dos ocasiones –
accidentales--, hube de llegar al punto de convencimiento de que iba a morir,
irremediablemente, en ese momento. En tales circunstancias, fui sujeto de una
extraña e increíble sensación --repetida en ambos casos-- de ¡una total
conformidad!... Concluida --en segundos-- al percibir que seguía viviendo.

22
Fueron: el terremoto del 40, cuando era estudiante en la Escuela Nacional de
Agricultura de La Molina, la cual quedó en escombros; y, poco después, en una
volcadura del camión en el que viajaba, dormido; por la Carretera de Satipo a
Concepción y cuando creí, al despertar, que estaba cayendo en un profundo
precipicio.
Varias otras razones daba Cicerón y se podrían repetir, reafirmando lo
dicho; pero con lo expuesto basta y sobra, para ratificar que el temor a la muerte
es infundado, irracional y por lo tanto impropio de un filósofo. En suma, no tiene
por qué turbar a la Felicidad del hombre sabio.
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De los Placeres Superiores.-- Hemos visto que los placeres se pueden
clasificar en: materiales, sensoriales o sensuales; y espirituales, superiores o
más estimables.
-- Los placeres materiales son legítimos. Resulta apropiado procurarlos y
atenderlos; pero siempre que se disfruten bajo tres condiciones:
•Que sean moderados. Es decir, “En Justo Término”; sin caer en
exageraciones viciosas (glotonería, beodez, hipersexualidad, etc.).
•Que sean varios; como el comer y beber, de lo fino y diverso, en
ambiente sobriamente elegante. No ser únicos, excluyentes, obsesivos, insanos;
que signifiquen “adicción” o “dependencia”; es decir, que lleguen a constituir
vicios y, como tales, acaparar el ánimo, esclavizándolo (alcoholismo o
dipsomanía, tabaquismo, drogadicción, juego, etc.).
•Que se presenten en mixtura. Tanto entre sus propios componentes
(como los elementos deleitosos de una agradable comida y los ingredientes de
cada plato y de cada sorbo); con otros placeres complementarios, materiales y
espirituales; acompañando a la satisfacción de necesidades y al cumplimiento
de deberes: los de alimentarse, calmar la sed, o los de conservar la especie,
reproducirse (es el caso del placer sexual), adquirir y transmitir conocimientos
(estudiar, enseñar), producir bienes y servicios (trabajar). No es procedente el
placer sin mezcla, el placer por el placer mismo; simple, aislado de toda otra
situación, sea o no placentera o del cumplimiento de un deber.

Al sabio no solamente le es lícito disfrutar de los placeres materiales, sino


encomiable que se los procure; cumpliendo siempre por cierto, las condiciones
enunciadas. Pero es en el campo de los placeres superiores, de los que elevan
el espíritu humano, que el sabio halla el mejor terreno para el disfrute pleno de
su existencia. Seis fueron los señalados por Cicerón:
1.La Contemplación, de la Naturaleza, de la Creación Divina, y de las
Obras Admirables del Hombre.
2.La Meditación, pensar y reflexionar, especialmente acerca de lo
sugerido por la Contemplación.

23
3.La Conversación, comunicarse oralmente entre personas el sentir y el
pensar valiosos.
4.La Lectura, recibir por escrito las luces de los grandes pensadores,
informarse. Es como conversar con ellos.
5.Escribir, volcar por escrito lo aprendido o en creación. Trascender en
tiempo y en espacio.
6. La Oratoria, escuchar a los grandes oradores. Poder tomar conciencia
de la propia llegada a niveles satisfactorios en este arte y técnica, cumbres de la
formación personal.
-----
Del Animo Imperturbable.-- El filósofo (inteligente y culto), en mejor decir
el hombre sabio (virtuoso por añadidura), además de feliz, es Imperturbable.
Porque su Felicidad es interior --consecuente al íntimo acatamiento de valores
espirituales y perennes-- por lo tanto invulnerable. No se altera por los
vendavales externos, que sí desequilibran, exaltando o deprimiendo, al común
de los mortales. Por ejemplo:
Las Alegrías y las Tristezas, que de origen externo y durando poco, el
sabio las recibe con agrado o con pesar, según los casos, pero con
manifestaciones siempre templadas. Acompañadas, si se quiere, de sonrisas y
de carcajadas francas, aunque moderadas; o con elocuentes mas sobrios
silencios y hasta pocas y mudas lágrimas. Nunca entrando en histerias --
risotadas, gritos, o llantos--, comunes en los seres vulgares. Jamás como los
"fanáticos" del fútbol, cuando gana o pierde el equipo del que se declaran
“hinchas”, saliendo en “caravanas” y armando alborotos por las calles. O los
escandalosos alaridos y estertores epileptiformes de los concurrentes a los
conciertos (?) del decadente “rock”... con tragos y drogas ad libitum. Ni los
aspavientosos llantos de las viejas lloronas de los velorios huachafos. Nada de
eso es propio del hombre realmente sabio y por lo tanto feliz.
Debemos añadir, en cambio, que no ha de olvidarse el Buen Humor,
“estimulante y remedio infalible del espíritu”; y el Humorismo, rica y variada
actividad incitadora del buen humor. Dando lugar a estados emocionales muy
sanos, consustanciales a la existencia feliz.
Los placeres y los dolores, visto está, cómo los cataloga y considera el
hombre virtuoso. Jamás hasta alterar tormentosamente su ánimo. Más bien
permaneciendo ante ellos plácido y sereno; porque: “El sabio es
permanentemente feliz. El necio siempre desdichado”.
La Desgracia no halla lugar en el sabio. Sin embargo, puede éste tener
tristezas: La pérdida de bienes apreciados; la muerte de un querido familiar o
amigo. Mas ellas duran relativamente poco y no se tarda en encontrar consuelo;
no llegan a deprimir su ánimo. Porque sabe que no hay mal que dure mucho y
que no traiga consigo, en cambio, algún bien, una lección, una experiencia, una
natural reacción, un lado bueno; en fin, compensaciones varias. Y los problemas

24
se pueden resolver con acierto o se deben afrontar con entereza; aunque sólo
fuere por un decoro elemental.
Dicho está igualmente, que la pobreza extrema no alcanza al sabio. Que
de las enfermedades, muchas se evitan con un apropiado régimen de vida y
que, hasta las más crueles, no lo abaten; además, de ellas, de las peores, lo
puede aliviar, en gran medida, la admirable medicina moderna, o liberar,
definitivamente, la muerte, a la que no teme.
Con los dolores (un golpe físico o moral), sucede algo semejante; pero
merecen menos atención, porque duran poco y sus causas y efectos tienen
menores repercusiones e inferior categoría ética. Hay que ejercitar la entereza,
el decoro y el coraje necesarios para afrontarlos. Es posible hacerlo, evitarlos o
mitigarlos. Con la Prudencia y la búsqueda de las asistencias y de los consuelos
que caben en medio de tales aflicciones. El caso es que los dolores no pueden,
tampoco, en razón de todo lo dicho, perturbar el ánimo sereno de los sabios.
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Los que pueden ser felices--. Es evidente, como lo hemos afirmado, que no a
todos les es posible alcanzar la felicidad. Sólo el sabio --una minoría-- lo hace. Y
que, contrario sensu, el necio --de la otra minoría-- siempre es desdichado. Al
medio –las grandes masas-- los mediocres, no son ni lo uno ni lo otro; “bailan al
son que les tocan”...
¿Quiere decir entonces que prácticamente no habría nada que hacer
frente al destino del vulgo, del pueblo, de las mayorías?... ¡No por cierto!
En primer lugar, la inteligencia, la cultura y la virtud, son susceptibles de
cultivo, difusión e impulsos notables. Por la buena Educación, que conlleva la
mejor formación de las personas. A muchos les es dable así abrirse rutas de
superación personal --en diversos grados y modalidades-- y, por ende, que
acercan o conducen a la Felicidad. Además y por similares caminos y en
variadas proporciones, cerrar las puertas a la Desgracia, lo que ya resulta
bastante satisfactorio.
En segundo lugar, para el caso de las mayorías, la creación de un orden
religioso, moral, político, económico y social, que haga más transitables y
suaves los caminos de la virtud, así como cerrados los del vicio, indudablemente
significaría un gran avance en el mismo sentido.
En tercer lugar, logrando incrementar para el pueblo las oportunidades de
sanas y sencillas alegrías, lícitos placeres, y combatiendo las formas crueles de
desgracias (crímenes y vicios), de tristezas y dolores, se avanzaría en la
consecución de numerosas existencias crecientemente satisfactorias y muchas
hasta felices. Pensamos que es bastante para merecer nuestro entusiasta
empeño en semejante tarea.
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Con todo lo expuesto, creemos que hay base suficiente para afrontar lo
esencial de los conceptos de la Felicidad y la Desgracia. Saber cómo lograr
una y evitar a la otra. Objetivo medular de este Primer Capítulo y de la obra en
su conjunto.
En las páginas que siguen volveremos al tema; pero ya refiriéndonos a
cada una de las varias edades del ser humano. En el próximo Capítulo
enfocaremos, la posible, enternecedora y singular, Felicidad Infantil.
* * * * *

26
C a p í t u l o II

La Infancia

E
s llamada la “Edad de la Inocencia”. Embelesa a los adultos, generándoles
inefables deleites. Tanto más cuando tratándose de sus hijos y luego de
tiernos y amorosos nietos. Y, los niños mismos, colman sus propias
existencias de sano e ilimitado contento. Se ganan universal simpatía.

La Infancia y el Orden Natural.-- Solamente un alma enferma no aprecia lo que


significa la Infancia. Es ley del mundo biológico animado, del Orden Natural, vale
decir de la Creación Divina, la adopción de una actitud cariñosa y delicada hacia
los seres que se inician en el camino de la vida; hacia los recién nacidos. Jesús,
la máxima e inigualable Bondad dada sobre la Tierra, en sublime expresión,
clamó: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
En el lado opuesto, hasta las fieras más terribles son cariñosas con sus
crías y jamás crueles con las de sus congéneres, aunque puedan presentarse
ciertas manifestaciones –explicables-- de celos maternales en algunas hembras.
En cambio, la más atroz y repudiable maldad está dada por aquellos seres
humanos (?) que escandalizan, maltratan, y hasta... ¡asesinan a los niños!…
“Merecerían ser arrojados al fondo del mar con una rueda de molino atada al
cuello”. Como, en terrible sentencia y pleno de santa ira, lo expresara el
Redentor.
La Naturaleza impulsa hacia un trato dulce y afectuoso a las criaturas.
Con excepciones muy particulares y comprensibles que confirman la regla. Los
pequeños, las crías, hasta de los animales más sin gracia, llegan a presentarse
–con muy raras negaciones-- plenos de conmovedor encanto.
¿Quién no ha observado los ejemplos de burritos recién nacidos, de
corderitos, pollitos, patitos, terneros, gatitos, perritos, etc.? La fascinación que
ejercen las criaturas --y entre ellas, por supuesto. las humanas-- es su mejor
protección contra posibles maldades que los agravien en los indefensos inicios
de sus existencias.

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De otro lado y para mayor honra, la especie humana puede ofrecer, en su
faceta femenina, una cumbre de grandeza en el campo de la Bondad: la
significada por la función de Madre, que conlleva la máxima potencialidad de
Amor.
Aunque la Maternidad entraña para la mujer enfrentar un proceso que
suele llamarse “natural”, la hace bordear peligros de muerte, padeciendo
grandes dolores. Y si bien la medicina moderna le ofrece muchos alivios, la
impresionante magnitud del suceso, queda en pie.
Ocurre, desde luego, que la Madre en cierne transita el drama sostenida
por dos sentimientos: La ilusión puesta en el nuevo ser al que da la vida y el
vislumbrar su pronto alivio del largo y agobiante embarazo, así como de los
intensos dolores del parto. Mas, como si fuera poco, la Maternidad conlleva,
luego, la inmensa y prolongada tarea de la Crianza, que hasta la sabe hacer
grata.
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Las Fases de la Infancia: La infancia comprende el lapso desde el Nacimiento


hasta, por lo general, los 15 años de edad en los varones y los 13 en las
mujeres. Ese período no es uniforme, en cuanto al tiempo de su transcurso, ni
en sus manifestaciones en todos los niños; o en las consecuencias e influjos
sobre las posteriores fases y edades. El recorrido tiene, además, notorias
transiciones; a saber:

1.-El Nacimiento.
2.-La de Lactantes o Bebes.
3.-La de Párvulos o Primera Infancia
4.-La Infancia Media o Infancia Propiamente Dicha; y
5.-La Preadolescencia.

El Nacimiento.-- La Infancia comienza --con la Vida misma-- por el Nacimiento.


Trance tremendo, certificable aunque sólo fuere por la simple observación.
Tremendo, para la madre y para el hijo.
Respecto a la primera, está lo ya dicho; en cuanto al niño (o niña), nace
prorrumpiendo en estentóreo llanto, signo claro de su intensa angustia, en el
instante mismo en que pasa, casi en punto de asfixia, de la respiración
anaeróbica o indirecta, con oxígeno disuelto en el fluido sanguíneo de la madre,
transportado por el cordón umbilical, a la aeróbica o de oxigenación directa,
hecha posible por el aire exterior (mezcla del oxígeno vital y de nitrógeno inerte),
que penetra, por primera vez, en los pulmones del pequeño.

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Por si algo entorpeciera el normal suceder de las cosas, el médico o la
partera incitan a la primera inspiración del infante, provocando sus vagidos al
aplicarle algunas enérgicas "nalgadas", habiéndolo cogido de los pies y de
cabeza, en posición por cierto inelegante y precaria.
Así comienza la vida de un ser humano. La de un niño. Con marcadas
sensibilidades instintivas: su ya dicha angustia respiratoria, demostrada por el
primer llanto; para las subsiguientes incomodidades, y sus urgentes necesidades
corporales básicas, tales como el hambre –busca, casi de inmediato y con afán,
los pezones de la madre o el biberón--; el sueño; la higiene elemental; librarse
del frío o del calor molestos; etc. Lloradas todas también con estrépito y
frecuencia. Siendo que, de inicio, prácticamente sólo ejercitan un placer
sensorial: el del gusto y algo del tacto.
Empero, no nacen dotados, en modo alguno, de consciencia (noción de
su propia existencia), racionalidad (uso de la razón), ni de memoria (posibilidad
de recordar). Nadie recuerda nada de su propio nacimiento. En absoluto. Aun
habiendo sido tan dramáticas sus circunstancias. Solamente, después de
algunos años y poco a poco (desde los 3 a los 5 de edad), se comienza a
recordar algo --lo de gran impacto emocional-- del infantil inicio.
La de Bebes o Lactantes.-- Va desde el Nacimiento y llega a una duración
variable, según la individualidad del infante y el régimen, de crianza, lactancia y
alimentación complementaria adoptados. Puede estimarse que comprende de 0
a 6 ó 12 meses (1año) de edad y, a veces, hasta los 2 años.
Los lactantes demuestran progresar en las facultades que incipientes
traen desde su nacimiento. Y, de los tres hacia los seis meses de edad o un
poco mayores, contínua y rápidamente, hasta de un modo asombroso. Sin llegar
todavía a caminar (aunque se sientan y gatean) y al habla (sólo balbucean
semipalabritas); menos al uso de facultades propiamente intelectuales; ya no
sólo reclaman con llantos sus urgencias e incomodidades, sino que también dan
a entender sus satisfacciones y contentos, con prolongados sueños, plácidos y
profundos; con silencios elocuentes; con sonrisas, ‘risitas’ y ‘pataleos’, alegres y
muy simpáticos. En cuanto a los sentidos, al más notorio uso del gusto (los tipos
de leche, lo dulce y lo salado, las variadas ‘papillas’ de sus complementos
alimenticios, etc.), unen el auxilio del olfato que, además de reforzarles el gusto,
parece hacerles --con el tacto-- percibir mejor la cercanía, ternura y calor
maternos.
Se va notando especialmente el desarrollo del oído; perciben la voz de la
madre, así como las de los seres familiares más cercanos y los asustan las de
quienes les son extraños. La musicalidad de las ’canciones de cuna’ maternas,
son de su especial predilección y de beneficiosos efectos en las necesarias
seudoterapias sicológicas que los lactantes suelen reclamar, en sus frecuentes
insomnios y ‘rabietas’ o ‘pataletas’.
Desde los tres meses ha comenzado a ser rápido y notable también el
desarrollo del sentido de la vista. El bebe explora visualmente el mundo exterior
y añade a sus primeras ‘gracias’, miradas escrutadoras, más simpáticas

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sonrisas, frecuentes balbuceos y movimientos intensos y peculiares de bracitos
y piernitas... Así avanza hacia los 6 meses en que, normalmente, llega o puede
llegar la lactancia pura (sin o con poco suplemento de papillas); de la materna,
que es siempre la mejor; pero que se suele combinar o sustituir por la artificial
(con leche de vaca en biberón); completadas ambas, con yemas de huevo
cocido (para suministrar hierro, con otros factores indispensables) y las dichas
papillas del más variado género, en diversas cantidades.
Llega así el bebe al año de edad en que se para y puede o quiere
caminar. Sus gracias, apetito (come ya carnes magras sancochadas y molidas o
picadas), el crecimiento y varias de sus facultades, siguen en notable desarrollo;
articula algunas palabritas.
Luego y por lo general, ya por los dos años, corre, salta, habla, juega --el
juego comienza a constituir una imperiosa necesidad--; deja la etapa de bebe o
lactante, arribando a la de un Niño Pequeño o Párvulo.
La de Párvulos o Niños Pequeños.-- Comprende a los infantes de 1 ó 2 años,
a los 4 ó 5, de edad. Siguen progresando en su evolución y suelen ser cada vez
más vivaces y graciosos... Si son sanos. Con sus juegos y al amparo orientador
de sus mayores --padres, abuelos, tíos, hermanos, primos, etc.--, van
desarrollando su cuerpo, mente, y sensibilidad; en pocas palabras, su
individualidad, o mejor fuera decir, su personalidad, su mundo interior,
sociabilidad (amiguitos, hermanitos, animalitos, etc.), apariencia y conformación
físicas.
Muestran también creciente curiosidad, mayor inteligencia (intuitiva,
asociativa, e inductiva; todavía no la racional o deductiva), y por lo tanto mayor
comprensión del mundo exterior; cierta consciencia o noción incipiente de su
propia existencia y, después, una rudimentaria conciencia o idea de alguna semi
moralidad en sus actos; mayor sensibilidad para percibir agrados, disgustos,
ternuras, temores, etc. Así como grande y muy excitable imaginación --se
fascinan con cuentos y fábulas--; adquieren creciente memoria; superan
aceleradamente el empleo del habla. Desarrollan además, mucho y
progresivamente, las facultades de caminar, correr, y saltar.
Pero en ningún caso, hasta esta fase y comienzos de la siguiente por lo
menos, se puede hablar, como es obvio, de la verdadera Felicidad --producto de
una vida virtuosa-- o de la Desgracia --consecuencia de una existencia viciosa, o
sumida en el error--. A lo sumo, logran un estado, muy voluble e inconsciente
todavía, de Satisfacción Vital; lo que se llamaría: una Sencilla y Pueril, "Alegría
de Vivir". Pudiendo ser ella reforzada por la Ausencia de Tristezas y Dolores
intensos. Según el trato recibido de sus Padres, en especial de la Madre, en el
Hogar. Por supuesto que mucho mejor, si Cristiano.
Las facultades más importantes del intelecto tardan en evolucionar
completamente; por ejemplo: las dichas consciencia o la noción de la existencia,
del propio vivir; la conciencia o idea del significado moral (del bien y del mal) de
los hechos de que son actores, pacientes, o testigos; la memoria amplia y
precisa; y el uso de la razón, de la racionalidad o capacidad de raciocinio, de la

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inteligencia deductiva. Demoran éstas para iniciar una acelerada evolución
recién hacia los 5, 6, 7 años y, a veces, algo más; con variaciones de acuerdo a
las individualidades genéticas y las circunstancias del medio familiar y social.
Nadie recuerda --como hemos dicho-- lo que le ha sucedido antes de los
3 años; en la mayoría, de los 4 ó 5 de edad. En todo caso, solamente de los
sucesos de gran impacto emocional. Y, con claridad y profusión, lo que sucede
recién desde los 6 años.
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Basado en mi personal experiencia puedo dar testimonio de la evolución
nemónica de un niño: Guardo, el primer recuerdo imborrable, desde el 4º
cumpleaños, aproximadamente:
El acontecimiento ocurrió en 1,926 (nací en 1,922). En aquel año, mi ama,
japonesa, integrante del servicio doméstico de la hacienda “San Nicolás” del
valle de Supe --donde trabajaba nuestro padre mientras transcurría gran parte
de mi infancia--, que se llamaba ella Angélica Nakaki; queriéndola yo
entrañablemente, como a mi segunda madre, pero quien se ausentaría viajando
al Japón, con motivo de las celebraciones por la coronación del emperador
Hirohito. Quiso hacer su salida sin que me diera cuenta; pero la sorprendí, pese
a lo cual tuvo que viajar de todos modos. El hecho motivó una tragedia
inenarrable en mi fuero interno. Así, todavía recuerdo el episodio, el lugar de
donde arrancó mi dolorido llanto y los nítidos detalles del escenario de tan
ruidoso drama.
A inicios del año siguiente, en 1,927, cuando ya tenía casi 5 años de edad
y sin duda por los efectos de un susto singular, otro recuerdo me quedó
grabado. Fue por una travesura --incitada por un natural impulso infantil, unido a
la intención de buscar un especial deleite gustativo-- perpetrada, en mejor decir,
más que con la complicidad, con el inocente seguimiento, de mi hermanita Isabel
(a quien llamábamos y seguimos llamando Chobe, de Chabela), a la sazón de 3
y ½ años:
Consistió el desaguisado en la sustracción de una enorme fuente de
“manjarblanco”, que había sido colocada sobre una gran mesa, formada por
largas y anchas tablas apoyadas sobre varios caballetes de madera o
“banquetas”, y cubierta con un amplio y blanquísimo mantel. Ocurriendo que
debajo del dispositivo dicho --bien escondidos, bajo los pliegues de la colgante
tela-- ingerimos, empleando las solas manos, sin cubiertos ni modales de
especie alguna, casi toda la aromática y castaña delicia; que nada tiene de
‘blanco’, el tal manjar, al cual fuera mejor llamarlo “dulce de leche”, al más
apropiado modo argentino. Había sido preparado con esmero por mi madre --
quien lo hacía ¡el mejor del mundo!-- para un banquete a realizarse en la
mencionada Casa Grande de la Hacienda.
Lo hecho por nosotros resultó de efectos por demás perjudiciales para el
éxito de tan importante ágape. Nuestras larvales conciencias nos decían que
una buena ‘tanda’ era lo menos a merecer, aunque, en verdad, nunca habíamos

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visto que se les ‘pegara’ alguna a cualquiera de los satanases infantiles de
nuestro hogar paterno. Pero, un “fuete” o látigo de “nervios de toro” --así lo
llamaban-- (en realidad era de tendones y ligamentos de vacunos), que siempre
ostentaba su presencia colgado en lo alto de una de las principales paredes de
la casa, era suficiente para asustarnos lo requerido. El terror ante una azotaína
con tal elemento de posible tortura, hubo de funcionar como tinta indeleble en
los papiros de nuestras infantiles memorias.
Cumplidos los 6 años, a punto de adquirir un uso ya cierto de la razón --se
admite que ello sucede a los 7--, el pequeño niño o párvulo ingresa a:
La Infancia Media o Propiamente Dicha.-- Comprende generalmente desde los
6 hasta los 13 años de edad en los niños y 11 en las niñas:
Se emplea --dicho está-- la razón, la inteligencia, de modo creciente sobre
lo alcanzado en la fase anterior; se desarrolla mucho mayor memoria (ya pueden
estudiar en colegios); asumen progresiva consciencia del yo, de la existencia
personal; y notable conciencia moral, sobre la propia conducta, adquiriéndose
nociones del Bien y del Mal, naturalmente dentro de los marcos de la mentalidad
infantil; así como el acelerado desarrollo de una muy excitable imaginación y de
un espíritu de ‘aventuras’, aunque todavía de connotaciones pueriles; hay
notable progresión en el habla y la facultad de comunicaciones interpersonales;
igualmente, de la emotividad, comprendiendo la capacidad de amar (a los
padres, a otros parientes y mayores, a hermanos, amigos, etc.), de desconfiar
(de los extraños) y detestar, sin llegar a odiar (a los que juzgan malos,
antipáticos o desagradables).
Como experiencia de los 7 años, en lo a mí tocante, retrospectivamente
contemplada, podría mencionar el evento de mi primera comunión --viable ya
“por haber entrado al uso de la razón”--, con las novatas confesión y penitencia
correspondientes, que aparte de la incuestionable solemnidad del suceso, en
ciertos aspectos accesorios resultara de risueños contornos:
Tal cosa sucedía, por ejemplo, por el hecho de que, no teniendo yo, ni
habiendo en nuestras relaciones amicales y del entorno familiar --honorable y
cristiano--, impulsos hacia lo entendible por ‘pecados’, no encontraba... ¡qué
confesar!
No eran de ver: matanzas, robos, mentiras, ni otros graves y repudiables
etcéteras, contenidos en el ‘menú’ de las prohibiciones del Decálogo. Entre ellos,
tampoco por impensables en la edad que nos ocupa, los llamados ‘pecados de
la carne’. No obstante, como ya me daba cuenta de que había ‘cosas que no se
deben hacer’, recuerdo que resolvía el problemático trámite confesionario,
declarando, con pueriles reiteraciones, variadas desobediencias y, en especial:
“haberle pegado a la hijita de la cocinera”; que Eva se llamaba la madre y Rosita
la hija... Algo así como los ‘pecados’ de agresión de Tobi contra Lulú.
En aquella época, con mis contemporáneos de infancia, no
comprendíamos o no se acataban de buena gana, los fueros y preferencias que
todo caballero que se precie de tal, de su masculinidad, inteligencia, cultura, y

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linaje, reconoce o debe reconocer, a las representantes del bello sexo... Que en
la adultez llegan a parecernos --y son sin duda-- una maravilla de la Creación...
¡Divinas! Mientras que a los chicos les parecen ‘cargosas’ e indignas de aprecio
alguno.
Entre otros de mis recuerdos anecdóticos, por esta edad de los 6 y 7 años
y con cierta significación en el desarrollo de una grata infancia, puedo mencionar
algunos de nuestra vida familiar en la gran casa --tomada en alquiler-- ubicada
en la Bajada Balta, en Miraflores, donde comenzamos a residir los dos primeros
años (1,928 y 29) fuera de “San Nicolás”, durante los períodos de estudios; ya
que las vacaciones de verano (Dic.-Abr.) y las de invierno (Jul.- Ag.), siempre las
pasábamos en la bellísima hacienda supana.
Los ambientes de la casona: dormitorios; baños; patios; comedores; sala;
cocina, de aromas inolvidables –estimulantes efluvios de olorosas fritangas,
adobos y guisos, criollos por antonomasia--; pasadizos; departamento de
servicios... y hasta un enorme gallinero; jardín delantero y huerta interior, con
‘puerta falsa’ o posterior, que daba a la paralela calle Porta y un corredor lateral
que los unía, permitiendo nuestros alegres correteos y juegos infantiles
(¡“escondidos”! ¡“ampais”! ¡“cobois”! etc.) y sumaban satisfacciones a las
proporcionadas por las comodidades generales del amplio inmueble. Debiendo
agregarse, la cercanía del establecimiento de baños, por la "Bajada Balta", al
mar de Miraflores.
No es posible exagerar la importancia y el significado, para la Alegría de
Vivir de los Niños, de la disponibilidad de grandes espacios abiertos, mejor si
con vegetación y fauna, con animales domésticos, aire libre y puro... ¡mar!...
para correr, saltar, jugar, alegre e intensamente. Y bañarse, como nosotros lo
disfrutáramos, muchísimo, en “San Nicolás”, y en apreciable medida, en
Miraflores.
Empero, no faltan, en la edad que comentamos, lo que podríamos llamar
algunos ‘desencuentros conceptuales’ de los niños con los mayores; derivados
de las notorias diferencias entre sus respectivas visiones del mundo. Vaya, de
nuestro caso, un sucedido ejemplo:
Cierta vez, se había soltado a la población aviar del corral, a fin de
limpiarlo, y para que los animales se expansionaran en la huerta; cuando mi
hermano Manuel (Manongo), quien a la sazón tenía unos 9 años de edad,
observó que un gallo perseguía, correteándola implacablemente, a una gallina, a
la cual, luego de alcanzarla, la sujetó, agresivamente, de la cabeza, con su duro
e hiriente pico, al tiempo que la pisoteaba con notoria tosquedad...
No pudo contenerse mi fratelo... y ni corto ni perezoso, agarró un
tremendo palo y comenzó a perseguir, a garrotazos, al --a sus ojos-- cruel y
'abusivo' gallo...
-- ¡Alto muchacho!... ¿Qué te pasa? ¿Por qué golpeas al gallo? --Gritó,
extrañado, uno de los más acomedidos fámulos.

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-- Este gallo desgraciado, le está ‘pegando’ a la gallina... ¡Que tal
'abusivo'! --Replicó el infante.
-- ¡Anda zonzo! Es que la quiere ‘pisar’... ¡ejem! --Se contuvo al punto,
quien fungía de experto en gallináceos escarceos...
Turbóse el servidor doméstico al comprender que no era el tema
apropiado para tales niños, bastante inocentes todavía y además desvinculados
de la actividad avícola.
-- ¿Qué es eso de ‘pisar’? -- Interrogó, intrigado e insistente, Manongo.
-- Lo que pasa es que está ‘enamorando’ a la gallina, pero los animales
son muy ‘brutos’... y por eso parece pegarle --Buscando así terminar la
explicación comprometedora, para escapar de ella, el gratuito defensor del
atropellador volátil.
Ya eso del enamoramiento era concepto a medias entendible por el niño,
quien frecuentemente observaba la existencia de un cierto tipo de relaciones y
arrumacos, entre hombres y mujeres adultos, que si bien no estaban entre sus
más comprensibles ideas de las ‘amistades’ y ‘juegos’ humanos, le parecían
algo especiales, pero aceptablemente ‘naturales’, en los mayores, Y así fue
tomada la noción del enamorar; en ese nivel del medio entender. Que los seres
humanos adoptan --con frecuencia y gran comoddad-- para todo lo imposible de
explicarse a plenitud.
No estábamos todavía los niños actores de la escena descrita, para
interpretar a cabalidad los requiebros en apariencia contradictorios de las
hembras y machos del mundo animado: La pasividad huidiza –inicial-- de las
hembras, frente a la agresividad victoriosa --al final-- de los machos. La
rendición de las primeras, ante la constancia del acoso por parte de los
segundos. A veces increíble por lo paciente. Como sucede en el llamativo y
divertido caso del burro, que antes de la rendición de ‘su amada’, recibe, en
cara, pecho y costillar, innumerables y tremendas coces, retumbantes a modo
de bombo de banda militar en día de retreta.
Resalta la sabiduría de la Naturaleza determinando del modo expuesto,
un eficiente mecanismo de Selección Natural, por vía de la función sexual, en
favor de los machos vencedores, frente a sus rivales y de la resistencia --las
más de las veces disforzada-- de las hembras. Lo cual trae consigo las mayores
posibilidades de reproducción --y por lo tanto de la multiplicación y difusión de
sus genes-- en favor de los individuos superiores, de los más inteligentes, ágiles,
fuertes, constantes y decididos.
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Otro recuerdo, de los mismos tiempos, que evidenciara una inclinación
sicológicas muy propia de los niños, estuvo constituido por cierto incidente de
proporciones que provocamos, varios hermanos en “pandilla” --delicia
institucional infantil--, organizados y capitaneados por Daniel, nuestro fratelo
mayor, a la sazón de unos 12 años de edad.

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Se nos ocurrió... ¡construir una piscina... de tierra! excavándola en la
huerta posterior de la casa. Para llenarla luego con el agua llamada 'de riego
para jardines' (!); resultante de la mezcla...’jafanajaf’... de una parte procedente
de sucias acequias de río y de otra, de citadinos... ¡desagües! Llevada toda por
un pequeño canal encementado, que pasaba por la trasera calle Porta...
Con picos, lampas, carretilla, y mucho trabajo colectivo, se concluyó la
‘obra’: 3 x 2 m. de lados, por 1 m. de profundidad... Y ¡baño genera! Con
incontenible alegría de la chiquillada. ¿Qué niño no gusta chapotear en el agua,
cualquiera que ella sea?
Mas cuando estábamos en lo mejor del baño, sentimos un tumulto de
proporciones de escándalo en la dicha calle Porta; con afluencia de irritados
vecinos, gritones transeúntes, y hasta de... ¡policías a caballo!
Se había producido una inundación terrible en toda la vía pública. El
canalito exterior tapado por nosotros, con costales, piedras y paja, para poder
desviar el agua a la ‘piscina’, y tan distraídos que estábamos en el jolgorio del
baño, no nos dimos cuenta de que parte de los tapones habían sido arrastrados
hasta sectores más cubiertos y estrechos del canal, produciendo el enorme
atoro de marras. El agua desbordó por la calle y casas aledañas, alborotando al
vecindario y obligándolo a reclamar el auxilio policial.
Fue una verdadera proeza retórica de nuestras tías --como autoridades
apoderadas de la familia, dadas las inevitables y frecuentes ausencias paterno
maternales--, explicar y disculpar, ante los iracundos vecinos y severos policías,
la ‘inocente mataperrada de los muchachos’. Felizmente la sangre no llegó al río
y aparte de una tremenda ‘requintada’, el asunto no arribó a mayores tragedias...
por el momento.
Sin embargo, a los pocos días --serían cinco o seis--, a los chicos
constructores y bañistas --sin excepción alguna-- comenzaron a salirnos gran
cantidad de granos; verdaderos "chupos" o abcesos. En más precisas palabras:
nos atacó una forunculosis o piosepticemia, de impresionantes manifestaciones
epidémicas... Sin duda, por causa de las innumerables cruces que habrían
resultado en un análisis de ‘sanidad’ (¿¡) de tan nocivas aguas... ¡Allí sí ‘nos
cayó la quincha’! Los castigos fueron múltiples, amargos y de prolongada
duración...
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Remecía los espíritus de aquellos tiempos (en especial entre los años 20
y 30), excitando la imaginación y el amor al estudio de las ciencias, la aparición y
desarrollo en los países de vanguardia y la llegada al Perú, de innumerables y
maravillosos inventos (la aviación, el automóvil, la motocicleta, la telegrafía sin
hilos, el fonógrafo, el teléfono, el cine, primero mudo, luego sonoro, después
parlante... y en colores, etc.), Y un acontecimiento especial, para nosotros al
menos, fue la llegada de la radio. Nuestros vecinos y amigos en Miraflores, los
Rodríguez Larraín, estuvieron entre los primeros en poseer un receptor en el
país. Las conversaciones caseras giraban en torno de tan admirable prodigio del

35
ingenio humano. Su estudio y su técnica, apasionaban en especial a la juventud.
El que menos de los niños --’muertos de curiosidad'-- intentaba escucharlo, ‘de
gorra’ al comienzo. Y mi padre llegó a comprar uno. Recuerdo que era de marca
“Víctor”. Vendrían entonces las pugnas por los turnos para utilizar el dichoso
aparato y para la sintonía de las estaciones preferidas.
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Un aspecto que influye de modo notable en la formación de la
personalidad, está constituido por las impresiones, más o menos intensas, que
experimentan los niños en algún momento de su desarrollo y, sobre todo, por el
modo en que llegan a ser fuertes para enfrentarlas y reciben ayuda de sus
mayores.
Lo que sin duda nos afectó más en los iniciales años infantiles, fue el
choque de la idiosincracia campesina --traída de “San Nicolás”-- con el ánimo
citadino que imperaba en los infantes (en gran parte reflejo y obra de los adultos)
de las grandes ciudades, cual era característico en los principales colegios
limeños.
Los chicos de la hacienda sannicolasina éramos tranquilos --”lentejas”, se
diría hoy--; hechos al trato familiar y afable, hondamente humano; plenos de
respetuosos afectos. Los miraflorinos, en cambio, se manifestaban muy vivaces
e inquietos --”moscas”, en calificación actual--; llegando, con frecuencia, a seudo
histéricos, escandalosos, cuando de mostrar alegrías y pesares se trataba.
A los rapaces citadinos, cuando apurados, acelerados, que casi siempre
lo son, los campesinos --de sencilla y aguda percepción-- los suelen llamar
“aburridos”... ¡Qué precisa la detección del nexo entre apuro y aburrimiento!14.
Además, se nos presentaban insensibles y hasta crueles, cuando 'en manadas'.
Con el tiempo, yo comprendería que se daba en ellos, por su vida en los
enormes conglomerados humanos de las grandes ciudades: “La Sicología de las
Masas” o Muchedumbres, de que hablara el gran filósofo, sicólogo y sociólogo
francés, Gustavo Le Bon.
Los muchachos del colegio gustaban zaherir a sus compañeritos...
Cuando lograban dominar a un “punto”, se burlaban y lo maltrataban hasta
sádicos extremos, sin compasión alguna. Para divertirse... ¡Haciendo sufrir al
prójimo!:
-- ¿Por qué haces eso hijito? --Reconvenían, por ciertos estropicios
vandálicos, un adulto bueno, o un atento maestro, ‘hermano’ religioso, o
respetable sacerdote...

14
Aunque parezca contradictorio, las personas apuradas se aburren en largos y frecuentes
lapsos de su diario vivir. Se apuran, no por falta real de tiempo, sino por su desorganizada
existencia; y así resultan esclavas de los influjos exteriores; y sin alguna vigorosa interioridad. En
los momentos en que el impulso externo falta, no poseyendo uno interior, no saben qué hacer y,
entonces... ¡se aburren!

36
-- ¡Por fregar! (Con “j” a veces) Respondía, cínico, el insolente pichón de
bárbaro... ¡Por el puro gusto de fregar!... ¡Y pensar que civilización viene de
civitas: ciudad...
Gustaban hacer “carreras de baquetas”, “apanados”, jugar “lingo” con
numerosas y feroces patadas. Ponían “torpedos” en los asientos, con alfileres
doblados habilidosamente. Lanzaban, con hondillas de jebe, proyectiles hechos
enrollando y doblando papelitos tiesos, impelidos de un modo tan fuerte que
resultaban muy dolorosos, cuando dirigidos a las cabezas ‘pelonas’ o de cabello
notoriamente corto. No había forma, en mayor o menor grado hiriente, de fundir
al prójimo, que estuviese fuera de sus ocurrencias o del seguimiento de
malvadas insinuaciones de muchachos mayores... y hasta de algunos adultos
irresponsables.
En verdad, en la etapa inicial, nos chocaban mucho las dichas
modalidades del sadismo colectivo. Sin embargo, poco a poco, aprendimos a
salir bien librados en nuestras forzosas relaciones con ‘la canalla’ muchacheril;
sin llegar, no obstante, a empatizar con los extremos de sus maliciosos
desbordes.
En cuanto a los estudios --incluso en conducta--, obteníamos excelentes
calificaciones. Indudablemente, gracias --¡oh sanas influencias!-- a la educación
ya recibida: la familiar y la escolar sannicolasina. Salvo mi hermano Manuel --por
muy travieso--, nuestro desempeño estudiantil era altamente satisfactorio.
Así iniciábamos y continuamos en los años subsiguientes, el avance, sin
pausas ni descaminamientos, por un adecuado rumbo vivencial; orientados por
tantos bondadosos mayores, hacia el desarrollo de nuestras más importantes
facultades:
•La Memoria, por los estudios y ejercicios de aplicación, “chancados”,
bajo reconocidas reglas nemónicas.
•La Inteligencia, por múltiples incitaciones. Como las buenas lecturas y
conversaciones. Y, sobre todo, atendiéndose a los niños con afectuosa solicitud
en sus preguntas, acerca de los ‘Porqués’ de las cosas; y luego,
progresivamente, de los ‘Cuándo’, y de los ‘Cómo’. Aunque no es frecuente que
los mayores --era muy contrario el caso de los nuestros-- atiendan tales
requerimientos infantiles; sea por pereza mental, falta de vocación magisterial, o
por simple ignorancia y temor al ridículo, al ser puesta en evidencia su
incapacidad de absolver los interrogantes infantiles... Siendo tan fácil --en caso
necesario-- acudir a las Enciclopedias y enseñar a utilizarlas...
•La Imaginación --que en gran medida es congénita-- resulta fácilmente
incitable en los niños; por cuentos sencillos, narrados o leídos; que tan gustosos
les son. Vendrían después los ‘dibujos animados’; el cine propiamente dicho,
con los avances prodigiosos de su tecnología; la televisión hoy, en los casos, por
desgracia pocos, de las películas adecuadas para menores. También
encantaban, en intensidad variable, según las individualidades, sexo y edad, los
libros de aventuras... Inolvidables: Julio Verne y Salgari, “Búfalo Bill”, “Tarzán”,

37
“Robinson Crusoe”, “La Familia Robinson” o “Robinson Suizo”, “La Vuelta al
Mundo de dos Pilletes”, y tantos otros. En el desarrollo de la imaginación, tienen
además un importantísimo papel, muchos sanos juegos que la estimulan...
•La Conciencia del Bien y del Mal; con la Educación Religiosa, Cívica y
Moral; las lecciones y los edificantes ejemplos de buenos familiares, amigos y
maestros.
•La Emotividad Positiva, por los nobles sentimientos que nutren los
buenos ambientes hogareño y escolar.
•El Habla y la Escritura, en el incansable proceso de enseñanzas
prácticas, correcciones de elocución y gramaticales, añadidas a un intenso
estímulo de la lectura, en todas sus formas; como para nuestro caso fueron
desde la famosa... ¡Revista Billiken! hasta la inigualable colección de ¡“El Tesoro
de la Juventud”!
•La Actividad Física (“Mente sana en cuerpo sano”): trabajos, esfuerzos,
gimnasia, deportes, juegos de campo, etc..
•Las Disciplinas Artísticas: Literatura, Dibujo, Pintura, Música, Trabajos
Manuales o Artesanías, etc.; según las vocaciones y aptitudes susceptibles de
estímulo. En lo que a mí toca, si bien anduve aceptable por los campos del
Dibujo y la Pintura, en los de la Música nunca pude ser un virtuoso.
Posiblemente por falta de aptitud (oído) y de buenos profesores --¡qué
importantes son y cuánta falta hacen!--. Siempre lo hube de lamentar.
Y refiriéndonos al primer sexenio vital y a los años inmediatamente
posteriores, huelgan aquí mayores referencias anecdóticas, que pudieran
agregar algo de aleccionador. He abundado sobre estos temas en mi ya citado
libro anterior: "Yo Conocí el Paraíso" .
Pero vale remarcar que a los 5-6-y 7 años, comienza el período de la
Plena Niñez, llamada también Media, o Infancia Propiamente Dicha, que dura
hasta los 11 en la mujer y los 13 en el varón; con características muy definidas.
Se ofrece, en dicho tramo, la personalidad arquetípica de los niños, en el más
neto y común sentido de la palabra.
Existe por lo demás, una curiosa coincidencia entre el inicio de esta fase
del desarrollo humano que tratamos, con el comienzo de una ya clarísima y
creciente diferenciación del Homo sapiens, como especie biológica, de todos los
seres de la Creación o del Reino Animal. El niño ha alcanzado la posición
erguida (de bípedo, con una forma de sus pies que le es única), la inteligencia
racional, y el habla; a niveles adonde no llega ya, ni de lejos, ningún animal. Hay
al respecto una interesante teoría que hace ver el llamativo paralelo entre el
desarrollo ontogénico (del individuo humano), con el filogénico (el
correspondiente a su filiación taxonómica), es decir, en relación con las especies
que le son inferiores o le han podido ser anteriores en la cadena de su evolución
o desarrollo biológico:

38
Así, el Hombre aparece a la vida como un ser unicelular (la célula huevo u
óvulo fecundado); sigue como una mórula (aglomeración de unas cuantas
células o primer metazoario); se abre en una cavidad interior o gástrula (cual
celentéreo); da lugar luego a la formación de una abertura anterior o boca y otra
posterior o ano, para las ingestiones y excreciones y se alarga (como un gusano
o helminto); sigue sus cambios, en el medio líquido anaeróbico de la cavidad
materna (cual un pez); al nacer, respira, por primera vez, ya por pulmones (de
forma aeróbica), y pronto se arrastra, repta (como los reptiles); después se
moviliza en ‘cuatro patas’, “gatea” (camina como un mamífero cuadrúpedo);
continúa avanzando y toma la posición erguida, de bípedo, mientras va
desarrollando la inteligencia racional y el habla.... Ya es, en visión biológica
…¡un ser humano! Como hemos dicho, es un niño, en los primeros tiempos de la
fase que tratamos y desde los últimos de la anterior. En progresión constante...
Por lo que llega, finalmente, a ser él mismo y a realizar sus obras.
-----
¿Es posible la Felicidad en la etapa de la Niñez Propiamente Dicha?
Diremos que sí, en términos generales; pero dentro de una modalidad
especial, sui generis; que debe recibir denominación y clasificación propias: la
Felicidad Infantil. La cual, reunidas que sean ciertas condiciones esenciales, si
bien se ofrece como un avance sobre la anterior ya expuesta “Pueril Alegría de
Vivir”, propia de la fase superada, de los Niños Pequeños o Párvulos, es todavía
notoriamente distinta de la viable en las edades o fases posteriores:
Preadolescencia, Adolescencia, Juventud, Madurez, y Ancianidad.
A diferencia de la Felicidad del Adolescente (incluso y en gran medida, la
del Preadolescente), la del Joven, del Maduro y del Anciano, la Felicidad Infantil
(de 5-6-7 a 11-13 años de edad) no se logra por iniciativa ni por medios propios.
Ha de ser concebida, orientada, promovida e impulsada, por los mayores. En
particular por los padres. Ha de ser erigida por un lado y recibida por el otro, en
una suerte de “vasos comunicantes”, de orden espiritual; en el seno de una
familia bien constituida, estable, regida hasta el hábito o la costumbre, por
valores espirituales superiores --que el niño ya puede asimilar, aunque todavía
no edificar--; guiada por preceptos religiosos y morales muy sólidos. Vale decir,
para el mejor de los casos: el de una Familia Cristiana Católica. Los niños no
pueden –repetimos-- construir por sí solos tales categorías mentales; deben
serles enseñadas, sobre todo, con los ejemplos de las propias vidas de sus
mayores. Nunca podría ser exagerado el papel que juega el entorno social,
familiar, amical, y escolar, de los niños, en su desarrollo espiritual.
El menor de edad disfruta de una Felicidad menos plácida, no llega a la
contemplativa, razonada o lógica, posible en los adultos; es más intuitiva. Sí de
experiencia propia, pero incompletamente entendida; aunque vayan avanzando
en la toma de Consciencia de su Ser y de la Conciencia del Bien y del Mal, como
varias veces lo venimos señalando. Esta especie de Felicidad, es inherente, en
todo caso, al curso de sus vidas; cuando ellas son alumbradas por las luces de

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valores de perenne jerarquía espiritual; hechos vigentes por la acción de sus
mayores, complementada con intensos afectos...
Adicionalmente, señalemos que el niño no turba su ánimo con las
inquietudes que motivan el sexo, las vanidades de los adultos y las ambiciones
de material naturaleza y mayor cuantía. Que, las más de las veces, trastornan
tanto a los humanos. En cambio, una fácil, frecuente, eufórica e intensa alegría,
deleita, casi sin depresiones, a su inocente espíritu. Si los adultos hacen
posibles e incrementan tales alegrías, reduciendo los motivos de desgracias del
entorno (los vicios), las tristezas y los dolores (los más por accidentes y
enfermedades), en gran medida mitigables por la prudencia y atinadas
previsiones. Se configura, de tal modo, una suerte de Felicidad que, si bien no
es, ni puede ser, tan plena, equilibrada, consciente, sólida, e independiente
(ligada preeminentemente a la fuerza dominante del "Mundo Interior"), como es
la de los adultos sabios, se acerca, progresivamente, a ella; desde un apreciable
grado de "Satisfacción Vital", de la ya dicha "Alegría de Vivir". Como la disfrutada
por nosotros, en una extraordinaria niñez, transcurrida en la bellísima Hacienda
“San Nicolás”, del valle de Supe. Lapso feliz, que para nuestra familia (Cubas),
se extendió por unos quince años maravillosos.
No hay que olvidar, empero, que para los niños hay algunos factores
complementarios y muy condicionantes para el logro de su peculiar Felicidad e
inocentes Placeres y Contentos:
En primer lugar --algo hemos dicho, pero vale insistir--: Un espacio
amplio, libre y sano... La disponibilidad de campo abierto y saludable,
permitiendo expansión física y contacto directo con la Naturaleza. Es un
requisito primordial. No se concibe alegría de niños, sin un amplio campo donde
‘chivateen’. Y ¡qué triste es observar niños encerrados entre cuatro paredes!...
Como en los ‘modernos’ edificios de departamentos, de las grandes ciudades.
Nosotros pudimos vivir en la citada hacienda, ubicada en un inmenso
valle, con el dulce clima templado propio de la Costa Peruana; plena de hermosa
vegetación y rica fauna, propicia para cacerías de diversa índole.
Comprendiendo, además de una gran casa, jardines y huertas; varias hermosas
lagunas (para baños, pesca, cacerías de patos, navegación a remo, etc.) y una
pintoresca piscina de encanto, para placenteras inmersiones y deportiva
natación. Culminando, hacia el Oeste, con tres bellísimas playas: la inmensa
“Bellavista” ¡nunca tan bien puesto un nombre!; “Corral de Vacas”,
posteriormente llamada “Caleta Vital”, mansísima ensenada de pescadores; y la
pequeña y apacible de Supe, con el interesante agregado de constituir ésta, por
entonces, un concurrido y acogedor puerto. Propicios escenarios para deliciosos
baños de mar, correrías playeras, y aventureras pescas, con “caballitos de
totora” o de “palo de balsa”... ¡No podía pedirse más!
En segundo lugar: La posibilidad de organizarse en “pandillas”. Pocas
situaciones gustan más a los niños, que formar parvadas para sus juegos e
imaginativas aventuras. La vecindad de varias familias, con hijos numerosos,
resulta lo más propicio para dicho fin. El niño que vive solo entre mayores,

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solitario respecto a los de su edad, experimenta traumas sicológicos
demoledores; difíciles de borrar o neutralizar en la adultez... ¡Cuán errada la
concepción de quienes propugnan familias cortas, de pocos hijos!... ¡O de
ninguno!
Otro factor: Los animales domésticos; con los cuales los niños, por lo
general, forjan estrechas e intensas relaciones afectivas. En primerísimo lugar:
¡los perros y los caballos!.... Tierno y fidelísimo el amor canino; el cariño del
“mejor amigo del hombre”; increíble la compenetración afectiva entre los niños y
los canes familiares... Inefable, también, el placer de cabalgar sobre la que,
ciertamente, está entre las más hermosas especies animales.
Hay que considerar: Las opciones deportivas; de especial y comprensible
agrado en la edad infantil; por la descarga de energías física y síquica, que
conllevan tales actividades: el atletismo, el fútbol, el básquet, las bicicletas, la
equitación, la natación, etc. De mí puedo decir que fui especialmente
apasionado por la natación, siguiendo con la equitación y el ciclismo... ¡Qué
buena vida!
Cuando los mayores: padres, abuelos, tíos, maestros, y demás personas,
que tienen la responsabilidad de orientar el desarrollo de los niños, deciden
adoptar algo así como las pautas aquí enunciadas u otras semejantes, haciendo
lo posible por lograrles esa su Felicidad de nivel Infantil y evitarles al máximo la
Desgracia, las Tristezas y los Dolores, realizan en verdad una obra de lo más
grata y generosa que pueda darse. No hay palabras para describir y calificar las
satisfacciones que es posible recoger así.
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La Preadolescencia.-- Es propiamente la puerta final de la niñez media y el
umbral de la plena Adolescencia; comprendiendo una amplitud aproximada de
dos años; desde los 13 en los muchachos y los 11 en las chicas; hasta los 15 y
13, respectivamente. Allí se da ese período de tránsito, de la situación de niños
hacia la de adolescentes, con sus peculiaridades, muy curiosas algunas veces.
He de referirme a lo más conocido por mí, de propia experiencia: el caso de los
varones.
El niño nota el inicio de ciertas modificaciones en su cuerpo, en sus
gustos y actitudes. Observa que comienza a dejar de ser niño, pues muchas de
las cosas de la primera edad “ya no le gustan”; llegando a mirar con desdén a
los “más chicos”, como a “quedados”. Aprrecia, en cambio, cosas y situaciones
antes ni siquiera percibidas o que suponía desagradables o “antipáticas”. Busca
la cercanía con los “más grandes”, los ya adolescentes, a quienes llena de
preguntas, toma por maestros, modelos, conductores o "jefes", de sí mismo y de
sus nutridas “pandillas” o “patotas”.
Donde las transformaciones son más notables es en sus relaciones con
“las chicas”. Ya no le son “cargosas”, sino todo lo contrario, simpáticas. Procuran
su frecuente proximidad, aunque todavía sin impulsos ni nociones claramente

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sexuales. Es la época de los enamoramientos “platónicos”... ¡si habré tenido
algunos... y secretos!
En nuestros tiempos, los amoríos eran con profusión de versos y flores;
amén de suspiros y disfuerzos por parte del femenil bando… Ahora, todo esto
parecería ridículo... ¿Habráse reemplazado por algo cibernético?
En esta fase los juegos son más bruscos y varoniles; brota intensa el
ansia de aventuras propias y seguidoras de caudillos; la curiosidad intelectual se
aviva; así como arranca, vigoroso, el impulso de discutir con otras personas, de
criticar, juzgar y sentenciar; de pretender "cambiar al mundo". En otras palabras,
se percibe los llamados “problemas de la edad”. Pues ya no se es niño, ni por
supuesto todavía joven a plenitud... Ni siquiera cabal adolescente aún... Se está
en una especie de "tierra de nadie"... En un suerte de "arenas movedizas".
De tal modo, siendo bastante niño todavía, sus opciones de Felicidad son
semejantes a las que corresponden a toda la etapa de la Niñez Propiamente
Dicha, pero con marcadas variantes, en algunos campos y con un incremento de
su intensidad; en razón, entre otras, de la ya mayor capacidad de percepción de
los valores espirituales superiores.
-----
Continuando en lo a mí tocante, diré que casi al culminar, de un dichoso
modo, la Infancia Media, el año 1,934 --a los 12 de edad--, como he referido en
mi anterior libro, nuestros padres habían dispuesto que yo pasara, de la tutela
bajo nuestra tía Susana --muy severa ella y con quien había tenido algunos
problemas de trato--, desde la pequeña casa de la Calle Candamo, ubicada
también en Miraflores, a la autoridad --más suave y dulce-- de la otra tía: Laura,
en una similar modesta casa de la Calle República; del mismo bello distrito
miraflorino.
Sentí entonces mayor libertad, en casual y grata concordancia con la
emergente aspiración libertaria de finales de la edad pueril.
Y como si fuera la acentuación de un proceso, cuando llegaba ya a los 13
años de mi edad, es decir, cumplida la etapa netamente infantil y estando por
ingresar a la preadolescencia, murió mi madre, en el verano de 1,935...
El trágico acontecimiento, como resultaba lógico, presionó en la existencia
hogareña --de los niños hermanos en semejante situación-- hacia un vivir más
independiente y libre aún. En concordancia con lo que nuestras edades,
espontánea y biológicamente, tenían que reclamar.
En el invierno del mismo año 35, pese al reciente fallecimiento de mi
madre, pude continuar de modo más o menos normal y en situación de algo niño
todavía, pero con atisbos de adolescente, mis estudios en el segundo año de
media; tan gratos y útiles, como habían sido los correspondientes a los
anteriores siete (kindergarten, primaria y primero de media), en condición de
externo, en el excelente Colegio “Champagnat” de nuestro querido Miraflores.

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Al finalizar el dicho período, dejamos la vivienda miraflorina, pues mi
hermana Ester se había casado y fue a vivir en una casita de la Avenida
Arequipa; mi hermano Manuel no quiso seguir estudiando y se quedó en las
haciendas “San Nicolás” y “Paramonga”, trabajando de caporal y apuntador de
campo; mi hermano Daniel consiguió, a poco, un puesto bancario, aposentando
en una pensión en el centro de Lima; mi tía Laura y mi hermana Susana se
quedaron a vivir en “San Nicolás”, donde mis hermanos más chicos y yo,
pasamos también el verano del 36.
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Para el invierno del mismo año 1,936, después de unas muy placenteras
vacaciones de un trimestre en “San Nicolás”, como ya era costumbre, y casi a
los 14 de mi edad, fui matriculado, como interno, en el magnífico Colegio “Santa
Rosa” de Chosica, de la Congregación de los Padres Agustinos. Los sábados y
domingos salía (en tren y omnibus) a la casa de mi hermana Ester o a la pensión
de mi hermano Daniel, lugares donde era recibido con mucho cariño.
Esta situación nueva acentuó mi autonomía existencial, a proporciones
hasta entonces no experimentadas y ya más concordantes con los
requerimientos de mi edad en acelerado avance hacia la franca adolescencia.
Me explico así, con larga posterioridad, la satisfacción con la que acaté lo
dispuesto, sobre mi internado escolar, por la alta dirección familiar; así como la
ausencia casi total en mi desarrollo personal, de signos de alguna desaforada
rebeldía de pubertad.
Resultaba pues comprensible que me gustara mucho el internado del
“Santa Rosa”, por varias y claras razones:
La principal --que desmentía la común creencia de dar por ‘terrible’ el
internado para los niños--: la dicha independencia experimentada, como
preadolescentes, en un plantel de tan buena organización, como era la del
santarrosino colegio.
Teníamos que ver por nuestras cosas: ropa, dinero, libros, útiles, pasajes,
remedios, servicios varios, etc.; aprendí hasta pegar botones, zurcir medias y
pantalones; amén de controlar la entrega y recepción de ropa para el lavado.
Todo, con previsión, responsabilidad y buen criterio. Cumpliendo horarios y
reglamentos, es cierto; pero sin tutelas minuciosas, innecesarias; ni frecuentes e
inoportunas presencias... y hasta interferencias, por parte de los adultos. Con
amplios márgenes para la libre conducción de la propia individualidad.
Constituyendo por propia cuenta y eligiendo inclusive, a los integrantes de
nuestras “patotas”; de agrados alucinantes. El “compañerismo”, aparecía, fuerte,
como un sentimiento nuevo, que con los varios otros de contemporáneo
surgimiento, nos hacían ver la vida ya de modo diferente, No podía haber,
además, situaciones de ‘hijitos de papá’; ni de ‘pollitos engreídos de mamá
gallina clueca’.
En segundo lugar, si bien se interpreta, por lo general, como ‘dura’ la
situación de un internado, porque se impone --con más aparente que real

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oposición juveni-l- autoridad, reglas y disciplina. Sin embargo, la verdad de las
cosas es, como lo aprendí allí, que se cumplía el básico principio universal
siguiente:
“En toda actividad humana, individual y colectiva, las autoridades, las
reglas y la disciplina, siendo correctas, racionales, justas, y por lo tanto
consciente y libremente aceptadas por los involucrados, no solamente no
coartan la verdadera Libertad, sino que la hacen posible y neta; la consolidan y
la acrecientan. Garantizan el armónico, eficiente y placentero desenvolvimiento
de las personas, los gobiernos, ejércitos, conventos, empresas, municipios,
familias, e instituciones todas... ¡Y hasta el de los deportes y juegos!... No se
podría ni jugar fútbol, sin reglamento, árbitro, y disciplina.
Y por el contrario:
“En la arbitrariedad, el caos, y la demagogia, naufragan, siempre, la
Libertad, la Dignidad, y cualquier Acción Fecunda”.
A los internos del “Santa Rosa” --estando tan bien organizadas nuestras
vidas--, el tiempo nos alcanzaba ampliamente para estudiar, obteniendo --por
añadidura-- las mejores notas. Ocasión había, además, para practicar deportes y
juegos, de acuerdo a las aficiones y aptitudes de cada cual; al libre escoger, en
las magníficas instalaciones del Colegio, que contaba con piscina para natación
--¡mi deporte preferido!--; campos deportivos de múltiples clases; instalaciones
para diversos y sanos juegos, de campo y de salón --entre ellos, además de
‘damas’ y ajedrez, billar, pero sin vagos ni fumones--; cine, siempre moral,
edificante y recreativo; biblioteca; salas de estar y de estudios; amén de
excelentes salones de clase, dormitorios, baños, comedor y... comida... ¡de
primera!
Recuerdo todavía, un "jamón del Norte" (que se procesa por salazón y
ahumado en crudo), con dos huevos fritos, acompañados de crocantes y
saladitas papas, también fritas... ¡en manteca de chancho! Y no olvido, tampoco,
un arroz con pato (del seco) ... ¡de chuparse los dedos!
Rematando, se contaba con un amplio Parque Central --el de la población
de Chosica-- en el frente y exterior inmediatos del colegio; hecho suyo por los
muchachos; para pasear, charlando sobre amplias veredas y bajo frondosos y
protectores árboles; descansar y conversar en cómodas bancas; y hasta para
jugar fútbol, en su gramado central. Además, por si fuera poco, para... ¡”cirear” a
discreción! Con gran regusto propio, pero en agravio a veces y en halago otras
menos, de las graciosas chicas por allí viandantes.
Todo bajo una maravilla de clima. Chosica era llamada: “La Villa del Sol”...
Salvavidas contra las pulmonías --en una época sin antibióticos, ni sulfas--, de
los seniles caballeros pudientes de Lima; ciudad de inviernos siempre nublados
y húmedos, que los hace sentir más fríos y peligrosos, que lo indicado por sus
correspondencias termométricas.
¡Sobraban razones para gustarnos el colegio!
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Durante el año transcurrido en el internado de Chosica, sentía que se
desarrollaba más mi curiosidad científica; la inquietud, el ansia de saber, de
conocer, ordenada y racionalmente, las cosas. Un fuerte impulso hacia el
estudio, en particular de las ciencias naturales y exactas, físico químicas,
biológicas, y matemáticas. En todas las cuales destacaba por mis calificaciones,
al influjo de los excelentes sacerdotes profesores de tales materias, habidos en
la magnífica plana magisterial del colegio.
No resultó lo mismo en el campo de las Letras. Nuestro profesor de
Gramática y Literatura, lamentablemente, no estaba a la altura de los demás, ni
siquiera podría ser calificado de aceptable. Incurría en la grave falla de asignar
temas definidos exclusivamente por él --muy contrarios a mis gustos, sea dicho
de paso--, para las composiciones literarias. Violentando un fundamental
principio pedagógico, más en Literatura y Oratoria:
“Quien escribe una composición o pronuncia un discurso, es quien debe
escoger el tema o acomodarlo a su gusto, a su sincero y leal sentir, saber o
entender. Ha de conocerlo profundamente, estimarlo con pasión, desear --con
vehemencia-- comunicarlo. Denotando, en el texto, la más transparente y
profunda ya dicha sinceridad”.
Como en cierta ocasión contrarié las expectativas profesorales, el titular
del curso me descalificó ante el pleno de mis compañeros. Con prescindencia de
consideración o respeto alguno. ¡Otro error pedagógico de grueso calibre!
Durante mucho tiempo, el complejo de ‘no saber escribir’, habría de frenar en mí,
lo que debiera, en cambio, haber sido una afición motora en el camino de mi
adecuado desarrollo personal.
Por largos años creí, con sincera convicción, digna de mejor causa, que:
‘No servía para las Letras’. Que no me gustaban’. ‘Sólo sirvo para las Ciencias’,
me decía y repetía. Consolado en parte así, marchaba hacia una educación
lisiada: Sin el apoyo de las Artes, ni de las Humanidades.
Inconmensurable puede ser la influencia, para bien o para mal, de un
excelente o de un pésimo profesor. En el desarrollo de la personalidad de un
niño, de un preadolescente, llegando incluso hasta el de los mayores.
Afortunadamente, una situación casual, ocurrida varios años más tarde y
que por aleccionadora narraré después, en el Capítulo III, correspondiente a La
Adolescencia, me permitiría recomenzar y concluir por despejar, tan malhadado
complejo, que me causara mucho daño.
-----
Un trascendental suceso en el ámbito mundial acaecía durante el año
1,936, en el transcurso de nuestro internado en el “Santa Rosa” de Chosica: el
comienzo de la cruenta Guerra Civil Española.
Tal hecho marcaba el inicio de la salvación y redención de España, en
primer lugar. Y la posible posterior de la Hispanidad, del Mundo Iberoamericano
en su conjunto. Así como del comienzo del fin del marxismo. Alcanzando, por
todo ello, excepcional trascendencia histórica mundial, en especial para los

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españoles, y para nosotros, los peruanos. Si nos atenemos a que la Peruanidad,
es, en lo esencial, una rama de la Hispanidad Universal o de la Comunidad
Iberoamericana de Naciones. Una nación, brotada en el Perú, como producto del
mestizaje o la síntesis humana, sanguínea y cultural, de lo hispano, con lo
autóctono americano (lo incaico primordialmente).
El significado ético e histórico de la epopeya hispana, gravitaría para
siempre en nuestros espíritus. Por lo menos, en lo que a mí respecta, así fue.
Comienzan, desde la Preadolescencia, a imprimirse en la mente y en el
corazón, los impactos y significados profundos de las experiencias existenciales;
cuando son miradas con simpatía o con franco repudio; llegando a constituir el
bagaje espiritual o los depósitos mentales de la personalidad, a medida que
madura.
En el presente caso se trataba de:
El amor intenso a las esencias nacionales del Perú. El orgullo
legítimo por las vertientes de su estirpe. Y las de nuestra gran
"Nacionalidad Común". La de la "Patria Grande": "La Comunidad
Iberoamericana de Naciones".
Esa convulsión de España demostró, con elocuencia sin par, que la
verdadera y definitiva redención moral o superación integral de un pueblo, que
se encuentre, sea en incipiente desarrollo, en acelerada decadencia, o en grave
depresión; en severas crisis, de todo orden, sólo puede darse, tras una
persuasión doctrinaria masiva, de un apostolado que se apoye en una mística
fervorosa; o por una tremenda convulsión bélica, que despierte las energías
dormidas de la Nación; o por ambas vías simultáneamente. Culminando en el
imperio de intensos y generalizados sentimientos de sincera Piedad Religiosa y
de un Patriotismo sin fisuras... ¡Santo Temor de Dios y Amor a la Patria!
En cambio, la ruina material y moral, los dolores individuales y sociales,
en todas sus formas, corresponden a las colectividades impías (irreligiosas) y
apátridas (sin patria, desnacionalizadas); donde reinan el egoísmo, el
materialismo hedonista, la inmoralidad en suma.
Sólo cuando puedan darse, básicamente: “un pueblo piadoso” --del que
hablara Platón--; “un patriotismo general” --del que fuera paradigma la República
Romana--; cuando pudieran regir los principios de “La Ciudad de Dios” --
definidos por San Agustín y complementados por Santo Tomás de Aquino-- y
que, en notable medida, fueran aplicados por Isabel la Católica y, entre otros, de
modo parecido, por Carlos V y Felipe II. Cuando sea objetivo ciudadano el Bien
Común, cual enseñan las encíclicas papales de la Doctrina Social de la Iglesia
Católica; cuando se comprenda que el Nacionalismo, vale decir, la dignidad y el
amor propio colectivos, la autoestima popular nacional, y la religiosidad sincera,
nutrimentos espirituales humanos, constituyen requerimientos sociales
ineludibles, recién entonces, y cuando, además, podamos adoptar y adaptar la
Doctrina a las realidades concretas --que es, sobre todo, reforzarla y conectarla,

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no desvirtuarla--, entonces y sólo entonces, se podría dar alguna valedera
esperanza de Redención Nacional.
La Guerra Civil Española fue una muestra temporal y en cierto modo
relativamente pequeña, pero inmensamente aleccionadora, que significó el inicio
de la salvación del mundo, de las garras del marxismo internacional: que de
“universal pestilencia”, fue calificado con acierto. Pero que aparecía, por
entonces, con avasalladoras posibilidades de predominio mundial.
La contienda hispana significó también el desenmascaramiento y una
advertencia, frente al materialismo hedonista liberal. Ante sus debilidades,
complacencias, complicidades y hasta traiciones. Y su inexorable decadencia.
Que se viene... Contrariando los vaticinios, ingenuos o pícaros, que le son
favorables y con los cuales todavía cuenta.
El caso es que uno de los episodios mas dramáticos de la conflagración
española, lo constituyó la heroica Resistencia del Alcázar de Toledo,
encabezada por el legendario coronel Moscardó.
Los ribetes gloriosos de esa gesta alcanzaron niveles de grandeza
realmente indescriptibles. Los periódicos y las radios daban cuenta diaria de sus
conmovedores episodios. Nosotros, los niños, leíamos y escuchábamos
asombrados todo eso, así como los admirativos y justicieros comentarios de la
gente mayor.
Recuerdo cómo el sentimiento público, en el Perú y en el mundo entero,
impulsado por las tendencias predominantes liberales y marxistas, se mostraba
en los inicios de la contienda muy opuesto al bando Nacionalista y Católico
español. Decididamente favorable, en cambio, al ‘republicano’ por cierto liberal y
marxista. Mas ocurrió que la simpatía mundial, mayoritaria, se volteó en casi
180º, por el impacto emocional de la admirable Resistencia del Alcázar... ¡Digna
de emular a espartanas epopeyas!
Durante meses, ante fuerzas superiores abrumadoras en número y
elementos bélicos, contra un fuego incansable y nutrido de fusilería y de
cañones, el bombardeo por aviones y ¡hasta la voladura con dinamita, desde las
mismas bases subterráneas de la fortaleza!... Además del asedio exterior
impidiendo toda suerte de abastecimientos. Y, como si fuera poco: La amenaza
primero y la realización efectiva después, de la ejecución por fusilamiento... ¡del
propio hijo, aún adolescente, del coronel Moscardó!.15

15
Es célebre el diálogo telefónico del coronel Moscardó con su joven hijo, casi un niño:
-- Padre, dicen que me fusilarán si no te rindes; pero no lo hagas; cumple con tu deber, que yo
cumpliré también con el mío.
-- ¡Hijo mío! Nada puedo hacer por ti; pero muere gritando: ¡Arriba España! ¡Viva Cristo Rey!...Y
que Dios acoja tu alma.
-- Así lo haré padre...¡Adiós!
-- ¡Adiós! Seguramente ¡hasta pronto hijo mío! --Ofrendó así el coronel Moscardó el mayor
sacrificio por la Patria que pueda realizar un ser humano: ¡el de la vida de su propio hijo!

47
Era muy intensa la impresión de tales hechos en la mente de los chicos
de aquella época; sobre todo en los del colegio muestro, pues éste era
regentado por sacerdotes españoles, quienes ‘no cabían en su pellejo’ de
satisfacción religiosa, de orgullo patriótico y del correspondiente júbilo, por las
hazañas y triunfos gloriosos del bando Nacionalista español, que encabezara el
General Francisco Franco Bahamonde. Quien, tiempo después, se manifestaría,
además, como excepcional político. Sea dicho con plena justicia, contra todas
las maledicencias y sin inexcusables dudas: el más grande estadista mundial del
siglo XX.
El General Franco se había mostrado como un brillante militar en la
guerra colonial que España sostuvo en Marruecos contra los moros, a principios
de la centuria del 900. No sólo dio notables victorias a su patria, sino que puso
de manifiesto su singular habilidad diplomática y política; pues se ganó hasta la
voluntad y el afecto de los vencidos. Así resultó famosa la ‘Guardia Mora’ a la
que organizó y la que lo acompañó y defendió siempre; le fue singularmente leal,
en todo el curso posterior de la Guerra Civil.
En dicha cruenta conflagración, dirigió y condujo al bando “Nacionalista”,
inferior en fuerzas al inicio, con singular habilidad militar, administrativa y
política. En una larga lucha de tres años, recuperando palmo a palmo el territorio
nacional español, contra toda una poderosa concertación de fuerzas militares y
civiles, además de financieras y propagandísticas, no sólo de una gran parte de
España, sino en ese entonces de las más grandes potencias del orbe (EE.UU.,
Inglaterra, Rusia, Francia) y de numerosas naciones medianas y pequeñas
servilmente arrebañadas tras de las mayores.
Franco contó, sólo con larga posterioridad al comienzo de la
conflagración, con la ayuda de algunos batallones terrestres y aéreos aportados
por Alemania e Italia. Pero así y todo, logró una rotunda victoria que asombró al
mundo.
Terminada la guerra, Franco asumió la Dirección Suprema de la Nación,
bajo la forma de una Dictadura Institucional. Con el apoyo de las Fuerzas
Armadas, de la Iglesia, y de las sanas instituciones civiles de España. --¡Se
trataba de la Salvación Nacional, frente al marxismo!--. En la ruta de la
edificación de un definitivo Estado de Derecho16. De la que debiera ser una
Democracia Auténtica: Católica, Moral, Nacional, y Orgánica17. No, por
supuesto, la liberal anglosajona democratoide, escéptica, amoral, capitalista,
individualista, “globalizada” hoy o internacionalizante desde siempre.
En una nación que siendo subdesarrollada, había sufrido la calamidad de
un millón de muertos en agravio de su población y visto su riqueza inmobiliaria
prácticamente demolida, por los cañonazos y bombardeos; con su economía
desarticulada y las reservas de oro del Banco Nacional robadas y llevadas a
Rusia por los comunistas; quienes habían combatido mal, pésimo, si se quiere,

16
Ver Capítulo I, referencias y aclaraciones sobre Dictaduras y Tiranías.
17
Ruta política en la cual, por desgracia, España ha sido en gran parte traicionada y sigue
siéndolo en el presente.

48
pero combatido al fin, a favor y en conjunto con el bando de las hordas
republicanas.
Por si fuera poco, las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial
‘acusaron’ (?) a Franco y al gobierno de España, de ‘nazi-fascistas’ (como
llamaban a todo antiliberal y anticomunista). Aunque, en estricta verdad, los
franquistas no fueron propiamente fascistas, ni nazis. Sólo --les era ineludible—
aliados. A lo sumo, simpatizantes ideológicos de dichos sistemas. Y más por la
presión de las circunstancias históricas. En especial, por la misma agresión feroz
de liberales y marxistas ... ¡Aliados entre sí! (?)... Lo cual es cosa diferente.
Con menos justas razones, esos liberales, fueron aliados y simpatizantes
de los comunistas, en dos guerras feroces y en dos largas posguerras; sin ser
propiamente marxistas ellos mismos; dicho sea de paso y en estricta verdad.
Así bloquearon económica y financieramente al entonces débil Estado
Español y lo aislaron, además, por muchos años, en lo diplomático, cultural, y
político.
Lo anterior no fue óbice para que España, bajo la habilísima conducción
de Franco y de su equipo, a la luz de una sabia política, en todos los órdenes --
un enfoque original y el énfasis necesario en lo religioso, moral, cultural, político
e institucional, además de en lo económico y social--, saliera adelante. Hasta
colocarse en uno de los primeros lugares del progreso de las naciones
modernas. Bajo la firme legalidad de un verdadero Estado de Derecho. En
camino progresivo, como se ha dicho, hacia una real Democracia: Moral
(cristiano católica); Orgánica (por instituciones sólidas, autónomas y
armoniosamente dispuestas); Estable (bajo una legalidad sin fisuras ni
violaciones); y Nacional (netamente española, hispánica, ibera); a la que preparó
e impulsó con previsora paciencia ¡Diferente por cierto de las democracias (?)
liberales o burguesas! Comprendiendo, también, una Monarquía renovada, en
camino de ser modelo en lo contemporáneo18.
Continuando en lo que estábamos y así las cosas, en el Colegio
incorporábamos a nuestros juegos imaginativas secuencias referidas a las
proezas acaecidas en la fortificación toledana.
Cierto día, un depósito para papas, con las cuales se preparaba los
alimentos de la población escolar del Santa Rosa y construido con madera, vieja
en demasía y ya pasto de las polillas, ubicado en un patio interior del local, se
rompió estrepitosamente, por la presión de los tubérculos allí atiborrados. Los
solanáceos productos aparecieron entonces al exterior, en inmensa cantidad.
Recuerdo que, ipso facto, gran número de alumnos organizamos un juego de
‘defensores y atacantes del Alcázar’. No sin conflictos, pues la mayoría prefería
ser de los primeros (‘los jóvenes’) y no de los segundos (‘los bandidos’);
lanzándonos papazos a diestra y siniestra ...

18
El hecho de que en tiempos actuales se traiga a regresión muchas de las realizaciones de
Franco, no resta méritos a la grandeza innegable del conductor, ni a la solidez fundamental de su
obra; cuyos frutos ya son indestructibles, como indetenible el proceso a que dio lugar.

49
No tardaron en llegar los padres profesores; y sin ‘tribunales de
Nüremberg’, recibiríamos infamantes y dolorosas sentencias; las peores en el
marco conceptual de nuestros imaginados ‘heroísmos’: largas y deprimentes
"paradas en las columnas" del patio principal del plantel; suspensiones del cine
colegial y de las salidas --o "bajadas"-- a Lima, los fines de semana.
-------
En esa época también comenzábamos a notar en el Colegio, el peso y
significado de las diversas confrontaciones de carácter ideológico o doctrinario y
de las corrientes científicas, así como de las variadas visiones religiosas y
morales, que el niño preadolescente, el adolescente, y los jóvenes, tienen que
encarar, con frecuencia, en la vida social. Por ejemplo: Desde mucho antes, los
gobiernos de tipo liberal y masónico, con sus ministros burgueses
"izquierdosos", marxistas o marxistoides, descarados o sibilinos, habían
impuesto, a los colegios regentados por religiosos o religiosas, como profesores
de los cursos de Historia del Perú --diz que para una mejor defensa de las
versiones patrióticas peruanistas-- a profesionales, generalmente abogados
laicos peruanos, nombrados directa y excluyentemente por el Ministerio de
Educación... Por supuesto que esos benditos profesores aleccionaban a sus
alumnos en toda suerte de enconadas visiones anticatólicas y antihispánicas...
¡Pura “Leyenda Negra”!19
Los padres del Colegio soportaban la situación con ‘santa paciencia’,
hechos a sus votos de obediencia y humildad. No faltando muchachos en cuyas
casas y barrios había enraizado la nefasta cizaña de la malhadada fábula, y que
'fastidiaban a los curas’, repetidamente y con punzante malicia...
Cuando, en una apacible, templada y luminosa tarde de primavera,
paseábamos en el acogedor parque de Chosica, varios muchachos, a la sazón
entre los 13 y los 15 años de edad. En franca y alegre conversación con el buen
sacerdote que cuidaba nuestros esparcimientos en ese ámbito exterior del
colegio. Así, tocamos el tema histórico de la Independencia del Perú:
-- Padre, en la Guerra de la Independencia, los peruanos ‘les dimos duro’
a los españoles... -- ‘Soltó el perro’, sin mayores trámites, el más audaz de los
mozalbetes...
-- Has de saber muchacho --Respondió sin inmutarse, el sabio religioso--
que debes cuidarte de los ‘cuentos’ de la “Leyenda Negra”. Esa no fue, en
verdad, una guerra ‘internacional’ entre ‘peruanos’ y ‘españoles’. Tuvo más el
carácter de una ‘revolución’, de republicanos, liberales, o independentistas,
contra monárquicos, realistas, o gobiernistas; en pos de la independencia o
autonomía política del Perú, frente al gobierno central español. Para desligarlo
de su Imperio, cuya decadencia y mala conducción, rigiendo sobre un territorio
19
Conjunto de infundios contra la Iglesia Católica y contra España, elaborada por sus comunes
enemigos históricos, copiada por cursis intelectualoides, peruanos e iberoamericanos en general,
y a la cual se ha pretendido concederle categoría de ‘Historia’. Pero es deber de todo buen
católico, verdadero patriota, y amante sincero de la verdad, desenmascararla y repudiarla
enérgicamente, en cuanta ocasión se presente.

50
demasiado extenso, ya la justificaban plenamente. Aunque eso no disculparía,
por cierto, a las posteriores divisiones y hasta odiosidades surgidas entre las
nuevas repúblicas vecinas y hermanas; así como las de ellas con la ahora
también hermana, España, heredera directa de la verdadera Madre Patria
común. Con la consecuencia final de nuestra general decadencia extrema; la de
todos nosotros los iberoamericanos; es decir, la de los españoles, los
portugueses, los pobladores de toda la América Ibera… y, con ellos, la de los
peruanos en particular.
En realidad, en esa Revolución de la Independencia, lucharon, por un
lado, los republicanos, bajo la bandera rojiblanca del Perú, alineándose en ellos
numerosos soldados indios y mestizos, dirigidos por unos cientos de oficiales,
algunos mestizos y en su mayoría criollos y españoles; contra el otro bando, el
de los realistas o gobiernistas, con la bandera oficial, roja y gualda (amarilla), de
España, formado también por numerosos soldados indios y mestizos,
comandados por oficiales, algunos mestizos y mayormente criollos y
españoles... ¡Había hasta parientes en ambos bandos! (como los hermanos
Castilla, entonces capitanes, y uno de ellos, años después, sería Mariscal del
Perú y Presidente de la República)...
Ganaron los primeros y se estableció la República del Perú, que desde
entonces entraba o era llevada, con frecuencia, a guerras con sus hermanos y
vecinos; y, hasta en una segunda vez, contra España misma. En sus escuelas
se enseñaba y se sigue enseñando, como a ustedes mismos les han enseñado
en alguna parte, bajo la forma de una dañina y atroz “Leyenda Negra”, con
fuerza digna de mejor causa, odio y desdén hacia la Madre Patria y la Iglesia
Católica, indesligablemente unidas por la Historia. Así como hacia la fraternidad
esencial entre nuestros pueblos y contra todo lo vinculante a ella. Con irracional
encono y olímpico desprecio mutuos... ¡Entre países hermanos y vecinos!
Muy diferente sería nuestra suerte y destino, si --en alguna semejanza
con lo realizado por los pueblos anglosajones (la Comunidad Británica y su
férrea alianza con EE.UU.)-- hubiéramos atinado a constituir, después de la
Revolución de la Independencia, una verdadera Comunidad Iberoamericana de
Naciones... Independientes, autónomas, todas, pero fraternas, aliadas, unidas.
Así, como conglomerado de pueblos, estaríamos entre las primeras y más
adelantadas potencias del Mundo...
-- Disculpe padre --Dijimos, casi en coro, corridos, compunjidos, los
muchachos que lo escuchábamos; comprendiendo que le asistía toda la razón y
que nosotros habíamos quedado cual unos tontos ignorantes; sin impulso
original alguno, ni siquiera con capacidad para analizar lo que oíamos...
Repitiendo, como papagayos, lo tan ligeramente dicho y escuchado.
-------
En otra oportunidad, por cierto incidente ocurrido en el mismo colegio, se
pudo apreciar los negativos efectos de la larga campaña realizada, en ámbito
mundial y en la propia sociedad peruana, por los adversarios de la Iglesia
Católica y menospreciadores de la Moral Cristiana. Con el propósito de

51
"desprejuiciarnos", según ellos, de los que, en realidad, son naturales
sentimientos de pudor y de recato:
Resultaba que cierto colegio calificado como “nacional” --confundiendo la
idea con estatal-- y como si, además, en el Perú pudieran titularse nacionales,
los muchos planteles como ése, anticatólicos y antihispánicos. Un colegio, en fin,
de sede limeña, cuyos directivos habían organizado una excursión a Chosica, se
autoinvitaron y cayeron de visita al “Santa Rosa”. De entrada, denotando el triste
sentido de su ‘educación’, se presentaron bullangueros e insolentes.
Especialmente procaces contra todo lo que les pareció propio de ‘curas’,
‘chupacirios’, o ‘beatos’. Llegaron así dispuestos a tomarse un baño de piscina,
circunstancia en la cual --sin ningún atenuante-- lo hicieron estrepitosa y
totalmente ‘calatos’. Gritones, histéricos siempre, se bañaban en medio de
escandalosas risotadas y de groseras interjecciones.
El padre que regía los aspectos deportivos del colegio --deportista él
mismo--, atlético de contextura, notoriamente varonil, se les acercó, cortés, y con
toda calma les dijo:
-- ¡Jóvenes! Debo advertirles que éste es un colegio de educación católica
y por lo tanto no es dable bañarse, en público, completamente desnudos. Les
agradeceremos vestirse con apropiadas ropas de baño...
-- ¡Calla cura de m... #%*&xº!... --barbotó, en términos irrepetibles, el más
desfachatado de tales rapaces; coreado por las destempladas risas de sus
repulsivos congéneres...
El padre se acercó, tranquilo, firme y resuelto, al atrevido mozalbete y
agarrándolo con fuerza del pescuezo, lo empujó por la espalda e introdujo
violentamente en uno de los enmaderados cuartitos de vestir, cerrando su puerta
--de dos tercios-- tras de él; con toda la potencia de que fue capaz, hasta
embutirlo en el habitáculo y semi machucarle las piernas...
Nada pudo ser más ridículo y humillante para el infeliz desvergonzado;
quien, en silencio, se vistió, cuan rápido fue capaz y se mandó cambiar; "como
perro que se ha comido la manteca", cual común decir en las chacras de las
bellas serranías nuestras… "con el rabo entre las patas". Sus ‘compañeros’ se
vistieron también, con la velocidad del rayo y en silencio de víboras, saliendo
cobardemente en grupo y a la carrera, a cuanto les dieron sus contrahechas
piernas.
Esto del alarde de los “calatos”, es algo que contemporáneamente se ha
difundido con amplitud; por una errónea interpretación de las situaciones. El
burgués, escéptico y relativista moral, seguramente en el deseo de ostentar su
crédula sensación de ‘libertad’, hasta en los campos del vestuario, ha hecho
creer a la gente que se es más libre, sano y desprejuiciado, si se está desnudo.
Así, en los clubes y lugares públicos, donde se instalan grandes vestuarios,
baños y servicios higiénicos, se ha hecho común el deambular, ostentoso y
bullanguero, de varones completamente en cueros. Muy descarados en su
impúdico exhibicionismo.

52
Entre las tonterías que han ideado, en especial los germano
escandinavos (los suecos) y se han difundido por el mundo, está el “nudismo”.
Una corriente que toma a la desnudez de los seres humanos como un modo de
vivir "natural" y el más agradable y sano. No simpatizar con ello sería un
‘prejuicio’ de tono reaccionario... Mas ocurre que tales asertos no resisten el
menor análisis:
El ser humano como especie biológica es el único que ha podido, con su
trabajo y artificios, dominar los rigores del ambiente natural; en tales formas y
proporciones, que ha devenido, con el transcurso del tiempo y en evolución de
milenios, perdiendo la facultad de afrontar, al natural, las agresiones climáticas.
Por delgadez de la piel y deficiencias de pelo corporal (“el mono desnudo”, que
alguien dijo); y numerosos otros factores apreciables con facilidad. De modo que
mal puede mantenerse sano, sin la protección de las habitaciones que
construye, ni de la vestimenta que confecciona. Tampoco y en consecuencia,
ser más libre sin todo ello, pues quien se ofreciere, tan débil y sin protección,
ante la inevitable inhospitalidad ambiental, por lo menos en algunas estaciones
del año y horas del día, en que pretendiera vivir desnudo, ni siquiera podría ser
sano. Y sin Salud, no hay lugar para la Libertad.
En cuanto a los “prejuicios”: Los nudistas y los “calatos” escandalosos,
olvidan el significado y valor de importantísimos conceptos y de las palabras que
los expresan: dignidad, privacidad, respeto al prójimo, intimidad, decoro, pudor,
modales, discreción, etc. Que no son paparruchas, ni "prejuicios"’... Podría
constituir hasta un agravio a la inteligencia ajena, extendernos en mayores
explicaciones al respecto. O en tratar de demostrar la indiscutible necesidad de
tales vigencias.
En principio, no agrada mirar la completa desnudez de los seres
humanos, del mismo o de ambos sexos. En muchos casos hasta es repulsiva.
Cicerón decía que la Naturaleza, apareciendo pudorosa, colocaba las partes
pudendas en las zonas del cuerpo más cubiertas y protegidas, mientras que al
rostro --capaz de mostrar hasta gran belleza--, lo situaba en la posición más
visible. Lo dicho, exceptuadas sean, por supuesto, la contemplación artística de
las Venus, los Adonis, y otros casos de semejante jerarquía.
Ofrecer o experimentar la propia desnudez --hecha la salvedad de la
intimidad sexual amorosa--, puede resultar, en varias circunstancias: obsceno,
ridículo, humillante o vejatorio. Incluso, para los hombres, la desnudez femenina,
brusca y total, no es tan sugestiva como pareciera; ni ofrece el cautivante
enigma de la coqueta semidesnudez. Por ejemplo, sea dicho risueñamente y
para los casos en que procede: la de un menudo ‘bikini’ o de una minúscula
‘tanga de pititas’.
La desnudez discreta no ofende al sentimiento religioso, pudiendo darse
lo contrario. Así vemos con devota veneración a la imagen del Redentor
crucificado; sin escándalo, a las de sus acompañantes circunstanciales (el buen
y el mal ladrón); y con singular admiración estética, a las estatuas de David,
Moisés, y “La Piedad”, esculpidas por Miguel Ángel; representando, la tercera, a

53
Jesús descendido de la Cruz y ya en el regazo de María. Lo desagradable es la
desnudez total, si inoportuna, desfachatada o grotesca.
Hay quienes hasta --en la forma más necia de pensar-- llegan a sostener
que los padres deben mostrarse completamente desnudos ante sus hijos, desde
pequeños, sean varones o mujercitas, para impedir que desarrollen complejos e
inhibiciones. Ya por respeto al lector, no vamos a detenernos en refutar tamaña
estupidez; barbotada cuando no se puede comprender el encanto de la
inocencia, del candor, de los niños. Asuntos en los cuales el ser humano no
puede ser colocado en la situación de las bestias.
-------
Continuando con los sucesos ocurridos en el Colegio Santa Rosa de
Chosica, habría por aclarar que no se podía suponer, a los muchachos alumnos,
materia fácil de adoctrinamiento, por parte de los sacerdotes profesores y guías
espirituales nuestros. Aunque siendo pertinente su tarea de inculcarnos ideas
nobles, principios religiosos y morales, así como positivas actitudes, empero, a
veces, ella sufría efectos inopinados. Tanto por el influjo de las ideas contrarias
traídas del medio social y hasta familiar por los muchachos; cuanto en razón de
la natural rebeldía o espíritu de contradicción, de la preadolescencia y
adolescencia (“muchachos contreras”) y que carga, con pretendido 'gracejo', el
niño y el jovenzuelo que menos.
Así, hasta yo mismo, que podría decirse no era un alumno majadero o
difícil, en cierta circunstancia, encontrándonos en una sesión de estudio dirigido
y con absolución de preguntas por parte del profesor, al llegar al capítulo de La
Reproducción, en Zoología, intenté fastidiarlo, haciéndome eco de la común
apreciación anticlerical, según la cual "los curas son hipócritas" y "no tratan con
suficiente claridad los temas del sexo, a los cuales, por lo general, eluden"; sin
comprender que los enfocaban con discreción y bastante prudencia. Como debe
ser. Pero no entendíamos aún del todo el significado e importancia de esos
valores, por lo general tan menospreciados, ya desde entonces, por el cinismo
burgués; para hacerse éste, así, más descarado; cada vez con mayor fuerza...
¡Llegándose a inauditos extremos!
De tal modo, me acerqué, haciéndome el tonto, con el libro en la mano, al
pupitre del buen profesor y le dije:
-- Padre, acá dice y Ud. lo ha explicado, que para la reproducción de los
animales, la célula o gameto masculino, llamado espermatozoide, debe juntarse
con el femenino u óvulo; dando lugar a la célula huevo o inicial del nuevo
individuo. También nos dicen que los primeros se encuentran nadando en un
líquido: el semen, expelido por el macho, en cuyos testículos se forman; y que,
los segundos, se hallan en el saco matriz femenino o útero, habiéndose
producido en los ovarios de la hembra. Pero, padre --le dije entonces, poniendo
‘cara de inocente’, aunque ya sabía, ‘teóricamente’, algo de estas cosas-- acá no
indica cómo llega de afuera el espermatozoide contenido en el semen, al óvulo,
que está dentro del útero o matriz de la hembra...

54
-- Lo coloca el macho guiado por su instinto o impulso natural --
Respondió, tranquila y serenamente, con naturalidad, el padre...
-- Pero ¿Cómo? --Insistí con impertinencia maliciosa...
-- Mira, lo mejor es que te fijes en los animales --lo seguía diciendo con la
misma seriedad, sin aspavientos-; observarás que lo hacen de un modo
semejante todos ellos; coincidiendo, en lo fundamental, con lo dicho por el libro y
por mí; pero al mismo tiempo, hay ciertas diferencias correspondientes a cada
especie. Dentro de ese maravilloso juego de parecidos y desigualdades, cual en
todo ofrece la Naturaleza. Como una de las manifestaciones del prodigio general
de la Creación Divina. Mira cómo lo hacen, por ejemplo, los perros, casi siempre
escandalosos; los gallos, invariablemente toscos; las palomas domésticas, ‘de
Castilla’ las corrientes y ‘Romanas’ las más grandes, las silvestres y cantoras
cuculíes y las gráciles y chiquillas tortolitas, todas ejemplarmente tiernas y
delicadas, motivando que a los jóvenes dulcemente enamorados y románticos,
se les llame ‘tórtolos’. En el caso de los peces, el macho ni conoce a la hembra,
la que pone sus numerosos huevos agrupados en lugares protegidos; entonces
ellos, los peces machos, los fecundan, en conjunto, siguiendo los mandatos de
su instinto. Ve, en fin, cómo se reproducen los conejos, los gatos, los caballos y
los asnos, los cerdos, etc. El caso de los seres humanos, por varias razones, es
en cierto modo algo diferente, pero lo irás comprendiendo mejor a medida que
crezcas y madures.
-- Gracias padre –Contesté, satisfecho por las respuestas, y arrepentido
de mi malicia e impertinencia, regresé tranquilo a mi carpeta, sin ganas de volver
a ‘fastidiar’...
¡Y se acabó el problema!... ¡Así de simple!
Ratifiqué entonces el acierto metodológico de utilizar las observaciones
en plantas y animales, para explicar a los niños, sin traumas ni tabúes, las
cuestiones sexuales y reproductivas. Sistema practicado por nuestra madre en
la educación sexual que nos impartiera en “San Nicolás”. Comprendí igualmente
cómo los chicos campesinos no se hacen problemas con estas cosas; pues sus
propias constataciones se las van explicando.
-------
Una situación ingrata --en verdad la única de tal clase-- experimentada en
los tiempos y circunstancias que hemos narrado, del dicho colegio, fue la de
cierta verosímil homosexualidad observada en un alumno, a quien llamaremos
NK20, el cual era acosado, hasta lo grotesco, por algunos condiscípulos

20
Reemplazamos con letras mayúsculas, los nombres de ciertos personajes de algunos
episodios que narramos, cuando podría darse lugar a herir susceptibilidades o causar
mortificaciones, no deseadas por cierto, en agravio de terceros. Al final de cuentas lo que
interesa son los hechos y los principios, de ellos desprendidos; no tanto las personas que
actúan. Y si a ellas se las concreta con abreviaturas, es sólo para indicar que los sucesos fueron
reales y no inventados.

55
mayores, festiva y vanidosamente autocalificados de “muy machos”
y.“mataperros”.
Un adolescente rubio era NK; sueco por ascendencia cercana, de
facciones hermosas y finas, lo que se llama un "niño bonito"; de formas
corporales redondeadas, turgentes, “llenitas”; y, sobre todo, con unos hablares y
modos de manifestarse, de modales, estrepitosamente afeminados; hasta con
grititos y risas seudo histéricas...
Los muchachos mayores lo manoseaban y pellizcaban con escándalo,
aunque buscando siempre las ausencias de las autoridades sacerdotales del
Colegio. Y, pese a que los menores, por supuesto, nunca pudimos constatar la
consumación de algún acto más degradante en su agravio, dábamos por posible
su realización. En ciertos momentos en que se podía hablar en confianza y
seriamente con él, nos confesaba su trágico problema; pero sólo admitiendo que
era afeminado, mas no un depravado homosexual. Contaba ser miembro de una
familia de 7 hermanos... pero ‘hombre’, solamente él, y... ¡seis mujeres!
Con toda evidencia, la causa gravitante de dicho afeminamiento,
estribaba --aparte de lo congénito posible-- en la crianza del chico en un medio
familiar abrumadoramente femenino; siendo presumible que sus padres no
habían intentado alguna forma, aunque fuera parcial, de neutralizar tal influjo.
Viene al caso pensar acerca de las numerosas situaciones parecidas que
se presentan en la sociedad contemporánea liberal, la cual progresivamente se
afemina y cae en los terrenos de una difundida y repudiable homosexualidad.
Por ejemplo, en la ‘educación’ imperante --’unisex’--, escolar y familiar, no se
pone énfasis suficiente en desarrollar un claro sentido de masculinidad en los
varones y de feminidad en las mujeres. Doctrinariamente, urge desterrar la
absurda idea de que “los hombres y las mujeres son iguales” (¡?). Lo cual ¡a
Dios gracias! es más falso que moneda de plomo y más tonto que la tontería
misma...
Es claro que se debe aspirar a la máxima igualdad posible, de derechos y
de oportunidades, entre hombres y mujeres. Como ideal de vida social. No
obstante, dicho sea con toda rotundidad, resulta muy difícil alcanzarla. Pero la
igualdad concreta, total, y general, a la que nos estamos refiriendo, es una idea
absurda. Situada entre los mayores y más nocivos absurdos que puedan darse.
Y que, sin embargo, se deja oír con difundida frecuencia, digna de mejor causa.
-----
Llegado a este punto, señalaré que terminados mis estudios en el “Santa
Rosa” de Chosica, finalizado el año 1,936 y al iniciarse el verano del 37, regresé
a la Hacienda “San Nicolás”, para pasar allí las últimas vacaciones en ése que
fue, para nosotros, un verdadero Paraíso Infantil. Transcurrido así el dicho
verano, a comienzos de abril, dejábamos definitivamente el hermoso fundo
supano. Y, poco después, el 30 de mayo, cumplía yo los 15 años de edad. Salía,
completamente, de la Niñez propiamente dicha y de la Preadolescencia, con el

56
desarrollo, el enriquecimiento, y la experiencia vital, que me significaron dichas
etapas, e ingresaba a la neta situación de Adolescente.
* * * * *

57
C a p í t u l o III

La Adolescencia

L
a Adolescencia: “Edad de las Tormentas”. Es etapa determinante de la
formación personal. De veloz tránsito espiritual y de notoria metamórfosis
corpórea. Por ello, además de turbulenta, es la más decisiva de la vida
humana. Y, aunque parezca contradictorio, puede ser también... hasta
más feliz que todas las edades que la preceden. Los muy intensos y grandes
cambios que en ella se producen, permiten afirmar que uno se es en la niñez
anterior y otro en la adultez posterior. Actuando, la Adolescencia, como un
decisivo eslabón del radical cambio.
Ubícase pues el adolescente en un tempestuoso intermedio, decisivo y
determinante. Que se ha descrito, con evidente acierto, como de ‘arremetida
hormonal’ o de ‘revolución de humores’.
Como lo hemos indicado, se presenta de los 15 a los 21 años de edad en
los varones, con ciertas variaciones individuales, y una diferencia aproximada de
dos años de adelanto en las mujeres.21
Puede completarse algo más la idea, describiendo los impulsos emotivos
y las modificaciones físicas que en esta etapa agitan a la humana existencia:
La potencialidad, hasta desbordantes magnitudes, de generar filias y
fobias, ilusiones, ensueños, ideales, y quimeras. De amar y de odiar; de idealizar
o repudiar; a personas, acciones, y situaciones. Añadiéndose, en el campo
amoroso o de las relaciones intergenéricas, la inicial curiosidad e interés y luego
la casi irresistible atracción, entre ambos sexos.
La acentuación del dimorfismo sexual (diferenciación física y síquica entre
hombres y mujeres); la aparición de las funciones y manifestaciones de la
sexualidad, así como de las consustanciales aptitudes reproductivas.

21
Algunos autores consideran al término Pubertad como sinónimo de Adolescencia. Otros lo
definen comprendiendo lo que nosotros hemos llamado la Preadolescencia, el fin de la infancia,
más los dos o tres primeros años de la Adolescencia. Para los fines que perseguimos, la
diferenciación es en gran medida irrelevante.

58
Los cambios emotivos.- El que ha dejado de ser niño y todavía no es adulto,
plenamente joven o maduro, viniendo a ser cada vez más liberado de las tutelas
materna y paterna, en razón del curso natural de las cosas, reclama más
libertad. Incluso mayor de la que puede emplear correctamente. Suele rebelarse
contra la autoridad de la madre y si se ofrece también contra la del padre. Juzga
y hasta condena a sus mayores y coetáneos; a veces con marcada,
desconcertante, y conflictiva intolerancia. Pretende “cambiar al mundo”; sin
haber definido el cómo, el cuándo, ni con qué medios. Suele así declararse
“rebelde”... y practicar rebeldías del más variado género. Con frecuencia por
demás risibles.
Algunos reaccionan ante el medio social con la introversión, el aislamiento
y el silencio; con incertidumbres y timideces...
No faltan “rebeldes sin causa”. Rebeldes por sólo la rebeldía misma. No
sabiendo bien ni de qué se trata. Es frecuente, en los más superficiales,
pretender manifestar su “protesta” dejándose crecer muy largo el cabello,
antiestética y antihigiénicamente; manteniendo el cuerpo sin aseo; la cara sin
afeitar; las ropas en estrafalarias apariencias; etc. Motivando, en las casas
paternas, incontables y las más de las veces inútiles reniegos de los mayores.
Hay quienes afirman que la adolescencia es una edad terrible; la peor de todas...
Por supuesto que no compartimos el aserto.
Empero, no todo es negativo en la adolescencia, ni mucho menos.
Numerosos adolescentes canalizan sus inmensas energías y ansiedades de un
modo encomiable. Altamente positivo. A veces, ofreciendo, sublimes, heroicos
ejemplos. En especial si los mayores --comprensivos y afectuosos-- logran
ayudarlos con una orientación adecuada. Entonces la adolescencia puede
superar, en grandeza moral y generosidad, a las otras edades humanas.
Si se trata de la guerra, son los primeros en ofrendar sus vidas por la
Patria; si de vocaciones abnegadas (religiosas, políticas, científicas, artísticas,
etc.), allí están los adolescentes --y en muchos casos sólo ellos-- en la línea del
sacrificio supremo. Listos para el esfuerzo sobrehumano más conmovedor.
Hasta la entrega total.
Si bien la Adolescencia es una edad de angustias y anhelos intensos, de
incertidumbres, temores o timideces, también, en otras ocasiones lo es de
audacias rayanas hasta con la extrema imprudencia. Siempre, de ímpetus
tremendos; que pueden llevar a ciertos muchachos a la temeridad, la locura, y al
suicidio. En contraste positivo, constituye también una edad de hermosos
sueños y generosas ilusiones; de heroísmos sin par. Por tanto, bella como
ninguna otra.
Ofrece la Adolescencia situaciones que marcan definitivamente la
personalidad, el rumbo, el destino, de los seres humanos. Se generan los
primeros ideales. Las más intensas relaciones personales, las amorosas y las
mejores amistades. En pocas palabras, se definen o esbozan, sucesivamente,
alguna o las más importantes decisiones: la elección de la pareja; las vocaciones
vitales; y el tipo de idealismo espiritual. Por todo ello, es decisoria su

59
significación. No olvidemos que, en el caso de las mujeres, por ejemplo, incluso
se celebran, por tradición y con grandes fiestas, cuando es económicamente
viable, la llegada de las chicas, plenas de ilusiones, a los 15 años de su edad...
¡”Los quince años maravillosos”!... Se dice y por algo será.
Los sueños y las ilusiones adolescentes no son bagatelas ni tonterías que
justifiquen las burlas --como suele acontecer-- de los adultos cínicos o
“pragmáticos”. Al contrario, contienen una poesía inefable. Son los motores que
los impulsan --también a los jóvenes, a los maduros, y a los ancianos, que saben
vivir-- hacia las altas cumbres del heroísmo, la sabiduría, la santidad; así como a
las del cultivo de las artes, las ciencias, la filosofía, la política, y la profesión de la
fe. Dicho de otra forma, las "ilusiones" constituyen sustentos medulares de la
genialidad y grandeza humanas.
La verdad es que si bien el adolescente, al dejar de ser niño deja una
edad bellísima, él no se apena por eso, sino todo lo contrario, y con plena razón;
pues arriba a una etapa mejor aún, complaciéndose en el suceso.
En balance, la adolescencia es una edad que pese a sus tormentas tiene
sus encantos propios; no desmerece frente a la infancia, ni a las otras edades
posteriores, a las cuales, incluso, puede superar.
Los cambios corporales.- Al llegar el niño a la adolescencia y desde un poco
antes (preadolescencia), experimenta una serie de cambios corporales que
suelen serle notorios y desconcertantes; tanto en lo referente a la contextura
física (desarrollo muscular y óseo, estatura), vellosidades, voz. modales, etc.,
como a su fisiología (apetito, metabolismo) y sicología (masculinidad o
feminidad, según el caso); repercusiones todas del vasto campo de las
secreciones hormonales internas, regidas por los genes.
En el hombre desarrollan la musculatura, la talla y corpulencia; así como
las vellosidades, en la cara, axilas, pubis y cuerpo en general; y los órganos
sexuales se hacen capaces del coito y de la eyaculación fecundante. Engruesa
la voz, adoptando gestos y ademanes propios de la masculinidad.
En la mujer aparecen las menstruaciones o reglas mensuales y con ello la
aptitud reproductiva, hasta las de una maternidad temprana; se suaviza la piel y
redondean las formas del cuerpo, que se hacen insinuantes; desarrollan
delicadas vellosidades difusas por el cuerpo y otras más gruesas en las regiones
púbica y axilar; la voz se adelgaza y afina; adoptando gestos y ademanes
claramente reconocibles como femeninos.
Por obra del intenso efecto hormonal interno, no solamente varía el
cuerpo de un modo peculiar en cada sexo, sino que el carácter, la conducta o el
comportamiento, se ofrecen, en normalidad, como típicamente masculinos o
femeninos.
Aparte están las varias formas, anormales por cierto, de homosexualidad
(androgínea); como los casos de los feminoides (“maricones”), que debieran ser
hombres, y de las masculinoides (“marimachos”), que debieran ser mujeres.
Añádanse los aberrantes casos de las bisexualidades. Corresponden al terreno

60
de la patología sexual y sicológica. Como resulta obvio, no procede, ni dejaría de
ser bastante repulsivo, extendernos sobre ello aquí.
De plano, se trata de seres con toda evidencia desdichados. Debe acudir
en auxilio de ellos la caritativa y científica asistencia médica y social. No por
cierto impulsarse la promiscuidad escandalosa, ni la cínica “tolerancia” (?) al
respecto; tan comunes en nuestros afligidos tiempos; y más promotoras de
perversiones, que alivio de situaciones desventuradas.
-----
Regresando a narrar experiencias personales, con finalidad ratificatoria de
lo que vamos exponiendo, diré que saliendo conjuntamente en familia, de “San
Nicolás”, arribamos a Lima, dispersándonos algo al inicio, en razón de las
inciertas disponibilidades de viviendas; pero con todo, durante muchos años, el
núcleo principal del clan, hubo de residir en el barrio de Jesús María. Siendo yo
matriculado en el mejor y más cercano plantel escolar del Distrito, como alumno
externo, por los años 37 y 38 (cuarto y quinto de media); y también mi hermano
menor Héctor (en el 38, en dos grados menos, hasta mediados del 40). Fue en
el "Colegio Italiano". No por algo de itálica nacionalidad o de esa ascendencia
sanguínea, sino por el dicho motivo domiciliario. Era un magnífico instituto de
educación. Ubicado en la cuadra 10 de la Av. Arequipa, en su tramo
correspondiente a la misma circunscripción de Jesús María.
El plantel había sido fundado y era promovido por un patronato o
fundación constituida por prominentes y prósperos empresarios italianos y
personajes pudientes vinculados a ellos. De allí el nombre.
Por los años de la II Guerra Mundial –algo posteriores a mi paso por el
colegio--, como sucedió con el entonces Banco Italiano y otras instituciones y
empresas establecidas en el Perú por los hijos de "La Bella Italia", tuvieron que
cambiar denominación y personería jurídica (“Antonio Raymondi” y “Banco de
Crédito”, respectivamente). Para evitar problemas con el Estado Peruano; el
que, ridículamente --sea dicho con toda claridad--, por adular a los EE.UU...
¡declaró la guerra al Eje: Berlín-Roma-Tokio!... ¡Nada menos!... Pero --eso sí--
cuando ya estaban prácticamente derrotados.
Los mencionados cambios los hicieron, además, para escapar de los
agravios del descarado robo, por parte de los oportunistas y "vivos" de siempre,
de los círculos del poder político y económico del Perú. De quienes los alemanes
y peor aún los, en aquel tiempo indefensos, japoneses --una ama nuestra:
Angélica Nakaki, sus familiares y amigos, fueron prácticamente asesinados por
los norteamericanos en un campo de concentración en Panamá--, resultando
ellos, así, sus más atormentadas víctimas. Como, aunque pretendida, pero
deficientemente encubierto el asunto, es por demás conocido y testificado.
A los italianos les fue más fácil salvar lo suyo, dados sus nexos familiares
y amicales --más estrechos-- con los peruanos. En su condición de excelentes
inmigrantes que se integran con la mayor facilidad en las colectividades en que
se establecen. Haciendo honor a su natural y generoso universalismo;

61
peculiaridad de los pueblos latinos. Fue así como el colegio hubo de
peruanizarse y pasó a ser el “Antonio Raimondi”. En homenaje al gran sabio
italiano, quien llegó a integrarse en la Peruanidad, en forma altamente
encomiable y simpática, dando, su labor científica especialmente, invalorables
frutos en favor del Perú.
El paso por el “Colegio Italiano” influyó en mi espíritu, formación personal
y destino, de un modo notable. Por múltiples razones, sobre lo cual haré algunas
otras referencias más adelante, en lo que pudieran resultar pertinentes.
Llegando a este punto señalaré, cómo, a poco más de un mes de mi
ingreso al colegio, con intensa y sorpresiva claridad, experimenté el
estremecimiento, la conmoción indescriptible, del franco tránsito de la Niñez a la
Adolescencia. Coincidiendo --no en todos los púberes es exactamente igual--
con mi reciente 15º cumpleaños (el 30 de mayo).
-----
El dicho tránsito de la Niñez a la Adolescencia, en circunstancia
calendaria muy definida, se produce y se nota en el púber, con la llegada de su
aptitud anatómica y fisiológica para la reproducción y por lo tanto para la
evacuación seminal o “eyaculación”. Ella se presenta simultánea con el también
primer orgasmo, clímax o grado extremo de la excitación sexual y de su placer
correspondiente. A lo que, en extensión semántica pretendidamente poética,
suele llamarse: “éxtasis de amor”; por quienes toman por sinónimos a los
conceptos de amor y sexualidad.
La relación tan estrecha entre el orgasmo y la eyaculación, hace suponer
a los adolescentes y a muchos mayores, en tanto la experiencia y el estudio no
le muestren claramente la distinta realidad, que la eyaculación produce el
orgasmo y no como sucede en verdad, que es el orgasmo --en un estado de
vesícula seminal llena-- el que provoca la eyaculación, y ésta, un gratísimo alivio
adicional. Atribuyen a la eyaculación el ser la causa del máximo placer posible. Y
suponen, por lo tanto, en las mujeres --que no eyaculan--, la imposibilidad de
igualar el placer que experimenta el hombre. Suma motivos para la anterior
convicción de los jóvenes, el hecho observable con facilidad, de que la conducta
sexual de los machos de la mayoría de las especies animales y del hombre
mismo en particular, es activa y en apreciable medida se ofrece constante.
Mientras que en las hembras es pasiva y hasta requiere, por lo general, de una
larga excitación previa: “enamoramiento” o “cortejo”. Y se presenta sólo en
ciertas épocas (del ‘celo’, y de ninguna manera en la preñez y en la lactancia o
crianza en las hembras animales); o más o menos variable, con las
individualidades y acentuada o atenuada por algunos lapsos (se trate del
período fértil, del infértil, del embarazo, o de la lactancia, en las mujeres)...
Hasta, con cínica insolencia, suele decirse: “Toda mujer tiene su cuarto de hora”.
Cabe anotar, sin embargo, cómo una vez ingresadas en la plena
excitación, las hembras, trátese de las animales o de la fémina humana, que no
eyaculan, pero pueden experimentar abundantes secreciones difusas (vaginales
y uretrales), tienen mucha mayor capacidad de repetir coitos, que los machos o

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varones; limitados éstos por su potencialidad de erección y generación de
semen (sin ‘eyaculaciones prematuras’). Las mujeres, en cambio, pueden
hacerlo --cuando y como pasivas-- muchas veces, hasta sin excitaciones
previas.
Por lo dicho se evidencia que la prostitución sólo es posibilidad mujeril; en
damas echadas a perder. En los hombres --por demás envilecidos--, más que
una realidad viable, es un áspero chiste o un rebuscado oficio; de estos
degradados tiempos... Añadido a sus varias plagas sodomo gomorrísticas.
Por cierto resultan raras las oportunidades ofrecidas, al común de las
personas, de conocer suficientemente, en los terrenos de la verdad científica, la
fisiología y la sicología sexual de hombres y mujeres. De los fundamentales
parecidos y las grandes diferencias que ofrecen entre sí. Como de los efectos,
de todo ello, en los campos de la Moral. En especial lo referido a los
basamentos, posibilidades, problemas, gratificaciones y grandezas, de la
fidelidad conyugal. Consustancial al matrimonio cristiano (católico), consagrado
e indisoluble: “Hasta que la muerte los separe”.
Prosigamos señalando cómo en el varón, el líquido seminal producido por
sus glándulas testiculares, se guarda en la vesícula correspondiente, la cual, al
contraerse, en el reflejo del orgasmo, lo expele hacia el exterior, con la
contribución de los músculos de las paredes del conducto transitado. Dicha
evacuación, produce una adicional sensación placentera de alivio, como está
dicho; mientras que, en el caso contrario, el de su retención o continencia
prolongada, puede dar lugar a una gran intranquilidad, irritabilidad nerviosa,
desasosiego o fastidio y hasta un intenso dolor testicular.
Precisamente, uno de los grandes problemas, con implicancias en los
terrenos ético y social, está dado en la cuestión del desahogo sexual de los
hombres; en especial de los jóvenes, a partir de la pubertad.
En el caso femenino, el asunto es menos grave. Como puede apreciarse,
por ejemplo, en las cárceles de mujeres, en comparación con las de varones. En
razón, entre otras --aparte de su papel más pasivo y menor inclinación innata a
la violencia--, por cumplirse en ellas, como descarga fisiológica o desahogo de
sus naturales inquietudes hormonales del sexo, la menstruación o regla
mensual. Mientras no se producen, el embarazo y la lactancia, que también las
mitigan; aunque sólo fuere de modo parcial. Bastante diferente por cierto, el
caso de las hembras animales, en las cuales la distinción de las fases sexuales
o reproductivas, es mucho más radical y marcada.
Ahora, retornando al primer caso, el de los varones adolescentes y los
muy jóvenes, en cuanto a sus llamados “desahogos sexuales”, como es sabido,
ellos se encuentran ante varias posibilidades u opciones, a saber:
•Las llamadas poluciones nocturnas: eyaculaciones involuntarias, como
su nombre lo indica, producidas durante las noches,. Son motivadas por sueños
eróticos, que sobrevienen generalmente en virtud de impresiones anteriores,
grabadas en la memoria o en el subconsciente.

63
Recuerdo las lecciones de Educación Sexual impartidas por nuestra
madre. Recomendaba “no hacerles aspavientos a los muchachos”, por el estado
y forma en que amanecían las sábanas de sus camas (cual vestido de la
tristemente célebre Levinsky, en su ridículo escándalo con el tonto Clinton)...
“Debía tomarse tales cosas como sucesos naturales”; sin avasallar con más
problemas sicológicos a los púberes.
•La masturbación, constituye una cuestión en especial peliaguda. Un
asunto bastante difícil de encarar. En principio, varias religiones y sistemas
morales la censuran. La consideran “pecado”; mortal unos y venial otros. Desde
luego, no virtud ni acción beneficiosa para el espíritu o la salud. Lo escabroso
está en definir el grado de recusación que merece... Siguiendo la versión bíblica,
se conoce a su hábito o vicio como “onanismo” o “pecado de Onán”; personaje
de quien --se asevera-- lo practicó con entusiasmo digno de mejor causa.
Son en realidad pocos los jóvenes que no caen --por un tiempo al menos-
- en el actuar o vicio masturbartorio. Pero, de haber los hay. Los ayuda mucho
en su resistencia, la orientación vital hacia ideales y actividades superiores. De
entusiasta dedicación e intenso compromiso, físico y espiritual: deportes, trabajo,
estudio, religión, política, artes, etc. Y por el contrario, especialmente en estos
tiempos, los tientan y debilitan, por demás: la pornografía descarada,
extremadamente obscena y difundida, en publicaciones escritas, cine, televisión
y videos; así como en el ambiente social, en múltiples formas e ingentes
magnitudes...
A propósito de tan discutible tema y en el paréntesis de una anécdota
humorística, cierta vez, en época de adolescencia, tuve ocasión de escuchar
una animada conversación, ético filosófica, entre un grupo de muchachos:
-- No debemos masturbarnos --decía uno de ellos--, porque es un vicio
repudiable y condenado por la Religión y la Moral...
-- ¡Já! --replicó, despectivo, otro rapaz-- No tanto por eso, sino porque la
masturbación debilita al cuerpo y resta posibilidades al deporte. Por ello, aunque
es difícil, hay que aguantarse.
-- Dicen que no sólo debilita, sino que enferma e idiotiza --agregó un
tercero...
-- ¡Hasta salen pelos en la mano! --Añadió alguien, entre risas
estentóreas...
-- Depende de la frecuencia --Sentenció, muy docto, el más vivaz y cínico
del grupo; agregando alguno, en pícara jerga muchacheril:
-- De vez en cuando es necesaria y hasta saludable, una “paja
higiénica”...
Una risotada general rubricó la descarada receta.
•La prostitución, el trato carnal con mujeres “de la vida alegre”. ¡Sardónica
la calificación!... Para la menos alegre de las vidas... Otra opción, para los
adolescentes y jóvenes, auspiciada muchas veces por mayores que suelen

64
atribuirse la condición de consejeros; en aras de sacar a los muchachos del
onanismo (?).
En la mayoría de los casos, la dicha experiencia, cuando es la primera en
tales condiciones, así como esperada con anhelo, resulta decepcionante,
traumática y hasta deprimente.
Los muchachos de la Lima de antes, por ejemplo, arribaban con su
inexperta y trémula humanidad, casi imberbe, orientados por sus voluntariosos
guías, al barrio de la prostitución barata --en apreciable medida distinta a la de
alto nivel--, que se conocía como: ¡“El 20 de Septiembre”!
El nombre de la calle, o jirón en verdad... ¡oh irrespetuosa ironía!
concordaba con la fecha de la Fiesta Nacional de Italia. En cuyo homenaje se la
había nominado, con anterioridad a su malhadada dedicación a Eros
Crematístico. Y, sólo mucho tiempo después, se habría de acudir a la más
inocua denominación de Jirón Huatica; nombre que hasta hoy ostenta y fuera el
de un riachuelo --ramal del Rímac-- que por allí cursaba, desde épocas por
demás remotas.
Para el muchacho que llegaba, por primera vez, a la experiencia del
contacto sexual prostituido, en el escenario maloliente e indescriptible de la
denigrante y famosa calle, la impresión era anímicamente demoledora. Como se
ha dicho, ésa, más que calle, era un jirón de varias cuadras. La mejor, la de “las
francesas” --que eran polacas--; siendo las demás “de tropa”, o sea para niveles
sociales y económicos inferiores al de los estudiantes, tales como los de
soldados, obreros, vagos, y toda suerte de elementos marginales desposeídos
de fortuna alguna.
Los clientes, con sus billetes de a cinco soles en la mano, hacían largas,
humillantes colas. Y llegados al matadero, la infeliz hetaira, en acto primero,
cobraba imperiosamente sus morlacos; e, ipso facto, se desnudaba ¡de sopetón!
Con falta total de calma o protocolo alguno. Dejando caer, luego de su ligera
vestimenta, las abundantes flacideces de su corpórea apariencia. Con total
ausencia del menor pudor o recato.
Allí podía constatar el mozo, cómo las mujeres aparecen más gordas
desnudas que vestidas. Razón por la cual, escogida --como se hacía por lo
general-- una llenita, podía resultar, a la hora de la verdad, el fiasco de un
montón de grasa, en “rollos”, cual ruma de llantas de automóviles.
Acto seguido, la susodicha, cumplía un seudoritual por demás
deprimente, en agravio del juvenil garañón. Lavado desinfectante --con una
solución de permanganato de potasio, en mezcla con algún otro repulsivo
germicida, de feísimos olor y color, como preparación de las herramientas
sexuales de ambos seres. Amén de la alta penetración olfativa del dicho infernal
y mixturado producto, seguía un inmisericorde trajinar del --pese a todo--
enhiesto miembro viril del conturbado cliente; para su examen, dilucidando
sospechas de afecciones venéreas y culminando con el ineludible enfundado en
el antipático y ridículo preservativo o “condón”, más el envaselinado final.

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Luego --iniciada la acción propiamente dicha--, la exigencia del mayor
apuro en la terminación del evento. Cuya falta de sentido dejaba en verdad
desconcertado y perplejo al debutante.
El anonadamiento, la decepción, acerca de las posibilidades placenteras -
-tan esperadas-- del acto sexual, suele causar, en los jóvenes, traumas
lamentables y muy difíciles de borrar con el tiempo.
De todos modos, cualquiera que fuese el grado de la mala fortuna
experimentada en tal iniciación, poco a poco, se va constatando y
comprendiendo una gran verdad de la vida:
La función sexual, en ausencia del amor sentimental o espiritual, con
el agravante de comercializada --como lo es la ejercida en prostitución--,
deviene insatisfactoria y hasta repulsiva, degradante y vergonzosa.
Tanto así, cuanto que el mismo sujeto beneficiario de los servicios de
prostitutas, concluye despreciándolas; como es común y de una inconsecuencia
repudiable. Al extremo de conferir, no sólo un trato cruel a estas desdichadas --
con evidente falta de caridad--, sino de consustanciar tan dolorosa condición,
con el peor de los insultos, proferidos en las reyertas del vulgo soez.
•El “amor libre”, tan de moda en los tiempos actuales: “Las relaciones sin
compromisos y los compromisos (?) sin matrimonios”. Cuya difusión masiva
parece motivar que la prostitución abierta no sea ya tan demandada por los
muchachos acomodados; ni promovida por sus guías espirituales adultos.
•El matrimonio cristiano (católico). Lo más temprano posible. Constituye el
mejor camino para la necesaria reunificación de las dos facetas de la naturaleza
humana: la masculina y la femenina. Siendo, además y en resumidas cuentas, el
más adecuado final para tan tormentoso --aunque breve-- período existencial del
ser humano. Debiendo realizarse, apenas pudiera ser viable; tanto en lo
económico, para lograr el autosostenimiento; como en lo anímico, para alcanzar
la madurez necesaria. A fin de posibilitar la buena conducción de las existencias,
tanto de la propia como de la pareja y de toda la familia a constituirse en tal
forma.
¡Y pensar que los jóvenes de hoy –masivamente-- eluden o retardan,
cuanto pueden, el matrimonio! Curioso resulta que por lo general no se casan
temprano o no lo hacen, ni siquiera tarde. No lo desean. O si lo realizan, es a la
ligera y mal. Para luego divorciarse, rápida y fácilmente; aunque nunca en
verdad, esto es ni puede ser rápido o fácil. No se entiende, ni de lejos, que la
Persona Humana tiene dos facetas: la masculina y la femenina; en
individualidades definidas, separadas sólo por un tiempo; y que, mientras no se
junten armoniosamente, la dejan incompleta. Olvidan que:
“No es bueno que el hombre esté solo”
Como lo dijo Dios, en el acto de la Creación.
-----

66
En fin, volviendo a la narración, pero avanzando más allá de lo referente a
la sexualidad, concluiré exponiendo algunos aprendizajes impulsados por la vida
escolar y enriquecedores de mi visión existencial. Otras cuestiones también
ampliaban nuestros horizontes, en el “Colegio Italiano”.
En ese calificado centro de estudios, se respiraba una atmósfera en
especial tonificante, muy peculiar, en referencia al resto de los planteles
educativos, tanto de Lima, como de todo el Perú.
Los italianos de entonces y sus hijos, es decir la abrumadora mayoría de
los promotores, de los profesores, y de los alumnos mismos, estaban cautivados
por un entusiasta, fervoroso y hasta exaltado, patriotismo y orgullo nacional
italiano... ¡Patriotismo y Orgullo Nacional!... Así, sin fisuras ¡Hermoso fuera
observarlos y disfrutarlos entre los peruanos!... Mas ocurre, por desgracia, que
se trata de una aspiración de logro muy difícil y lejano todavá.
También se percibía, intenso, el prestigio --en Italia y también creciente en
el mundo entero-- de que gozaba el “Duce” (Conductor, Líder o Guía) Benito
Mussolini, Dictador22 de Italia. Asimismo, su doctrina, imperante entonces en ese
país y que con gran vigor se difundía por todo el Occidente: el Fascismo.
Aunque hoy, después de su derrota en la II Guerra Mundial, se encuentre
aplastado, escarnecido y vilipendiado; por una avasalladora propaganda
contraria, implacable y de injustificado e irracional empeño23.
Pero se dio un encomiable clima de respeto, hasta devoto, hacia la
Religión y la Iglesia Católicas. Con la cual Mussolini, hacía poco --en 1,929--,
había concertado el célebre Concordato o Tratado de Letrán, sellando la plena
armonía del Estado Italiano con la Iglesia Católica. En base al reconocimiento de
la soberanía e independencia del Estado Vaticano y de su Territorio; pequeño,
pero autónomo.
Proeza incuestionable: ¡Ceder a soberanía ajena un fragmento, aunque
fuere diminuto y en litigio, de la Heredad Nacional Capitalina!... Ello sale de las
posibilidades políticas de cualquier Jefe de Estado del mundo burgués.24

22
Ver: Capítulo I, nota al pie Nº 9; referencias sobre Dictadura y Tiranía. Mussolini accedió al
poder legalmente, llamado por el Rey, para ocupar el cargo de Primer Ministro; fue
excepcionalmente popular en todo su gobierno; y destituido, al final, por el Gran Consejo
Fascista, creado dentro de la institucionalidad legal del fascismo.
23
En aquellos tiempos no había, prácticamente, un italiano que no fuera fascista y no admirara a
Mussolini. Hasta la adoración. Pero ¡oh volubilidad e ingratitud de las masas; en todos los
tiempos y de todos los países del mundo! ...Derrotado, derrocado, enfermo y caído el hombre, a
finales de la II Guerra Mundial, fue asesinado, en Como, cerca de Milán, Italia; en compañía de
su amante: Claretta Petacci; colgados ambos, semidesnudos, de cabeza y escupidos por el
populacho... El principal asesino, comunista él, quien se hacía llamar: el “Comandante Valerio”,
fue, a poco, elegido...¡Diputado Nacional al Congreso Italiano! Y hoy, nadie defiende, ni a
Mussolini, ni al Fascismo. ¡Nadie lo admiró, ni ha sido fascista!... ¡Y mucho menos lo es!
24
La mayoría abrumadora de la gente, por efectos de una propaganda intencionada, masiva,
tenaz, y malévola, ha perdido imparcialidad para juzgar, con equidad, al Fascismo. Sistema que,
es cierto, presentó notables fallas doctrinarias; como la exageración del papel del líder,
distanciándolo de una deseable “aristocracia de sabios”, propugnada por Platón e
institucionalizable, en las sociedades o “grupos intermedios”, preconizados por la Doctrina Social

67
¡Hazaña a todas luces propia de un grande y verdadero estadista!
Calificación justiciera, que se sustenta en su deslumbrante conducción general
del Estado Italiano.25
Si se anota la posición antiliberal y en particular antimarxista, inmunizante
contra esas plagas ideológicas y morales, que el Colegio emanaba por todos sus
poros; en profesores, italianos en buen número, especialmente en las materias
de Filosofía, Historia Universal, Economía, Ciencias, Artes, Idiomas, etc., se
comprenderá mejor la situación que nos tocó vivir. Más, si se la compara con las
vigentes por lo general en las otras escuelas del Perú, tanto de aquellos
tiempos, como y con mayor énfasis, sucede hoy mismo. Campo ello del actuar y
de la expansión de una huachafa y enquistada seudo intelectualidad, seudo
“peruana”, liberal y marxista. Propulsora, por añadidura, de la antipatriótica y
antirreligiosa “Leyenda Negra”. Conjunto de infundios contra la herencia Católica
e Hispánica de nuestra Nacionalidad. Que el mestizaje sanguíneo y cultural ha
sumado --y sigue sumando-- a la incaica o autóctona americana. En positiva y
verdadera Síntesis Viviente. Confiriéndonos singularidad. Y, al mismo tiempo, la
posibilidad de integración, en ámbito Universal, en la Comunidad
Iberoamericana de Naciones.
Sin exagerar ni parcializarnos, sea dicho en estricta verdad y justicia,
Mussolini se ganó, por múltiples y fundadas razones, la adhesión de su pueblo y
la admiración de buena parte de la Humanidad de aquel entonces. Podemos
indicar que hubo partidos fascistas o similares y preclaros líderes e intelectuales,
de esa línea, en numerosos países, de todos los continentes: Alemania, Japón,
España, Portugal... ¡Inglaterra! ¡Francia! ¡EE.UU.!... Austria, Hungría, Yugoslavia
(Croacia), Bélgica, Noruega, Finlandia, Rumania, Lituania, Argentina, Chile, etc.
... ¡Y hasta en el Perú!... Llegando a manifestarse, así y aquí, prominentes
políticos, periodistas. Incluso un Partido de masas: “La Unión Revolucionaria”,
que fundara el General Luís M Sánchez Cerro, quien fuera Presidente de la
República, y cuando era el Jefe partidario, el Dr. Luís A. Flores; quien llegó a ser
Ministro de Gobierno... Vistió “camisa negra” –"camiseto", lo satirizaron sus
enemigos-- y adoptó el saludo fascista...

de la Iglesia. Y cometió graves errores concretos: la invasión de Etiopía; la pretendida


resurrección del Imperio Romano y del “espíritu espartano”... ¡En pleno siglo XX y en Italia! Pero
tuvo inmensos aciertos. Entre muchos: su constructiva y formidable obra económica y social; así
como el desenmascaramiento, muy claro, de las deficiencias, de las taras, del liberalismo
relativista e igualitarista y del marxismo demagógico, criminal, y tiránico.
25
La admiración por Mussolini era tan amplia y notable, que se puede señalar, por ejemplo,
cómo Hitler, cual la generalidad de los germánicos --anglosajones incluídos--, no siendo pródigos
en elogios a los no germanos, sin embargo se refería a él, en su libro: “Mi Lucha”, como a ... “ese
Gran Hombre del Sur de Los Alpes”...
Cuando el “Duce” fue traicionado, derrocado y cayó prisionero en una fortaleza, muy
resguardada, en una zona montañosa, Hitler dispuso la increíble hazaña de su rescate, por un
“comando” aéreo transportado de paracaidistas, en aviones, jalando filas de planeadores sin
motor --el primero en la historia militar del mundo--, dirigido por el célebre comandante Skorzeny.
No duró la ventura de Mussolini, pues derrocado también del nuevo gobierno que constituyó, fue
asesinado; con vejación de su cadáver, como se ha señalado.

68
El hecho de que hoy la situación se tome por diferente, en abrumadora
mayoría (¡nadie ha sido, ni es ahora fascista, porque el fascismo fue perverso!),
no puede quitar nada a la Verdad Histórica.
-----
El “Colegio Italiano” tenía, en los tiempos de nuestros estudios, un
Director fuera de serie. Extraordinario. Se apellidaba Barioli ¡Un pedagogo de
primera! Además de dirigir con singular habilidad el plantel, era Profesor de
Latín. Empecé entonces a darme cuenta de lo importante y hermoso de ese
idioma, madre del nuestro; constituyendo, con el griego, las bases de las
ciencias y de lo más valioso saber humano. Sin embargo, la educación
pretenciosamente autodenominada “moderna”, los desdeña y olvida... ¡Qué
lamentable error!
Con el tiempo fuí incrementado mi aprecio por la lengua del Lacio. El
habla de Roma. Y también por el griego. Admirado rendidamente por los propios
romanos. Soportes, ambos, como está dicho, de las más excelsas culturas de
todas las edades y de todos los lares... Reconocimiento, por mí profesado, pese
a lo muy poco --en proporción a lo deseable-- que de ellos he podido aprender.
Cuando la II Guerra Mundial se había declarado, ya no estaba yo en el
Colegio; pero mi hermano Héctor me contaba --y cuenta con fruición-- dos
anécdotas que pintan muy bien la personalidad de este verdadero Maestro:
Primera: La intensa propaganda aliada, en especial la anglosajona (de
Inglaterra y EE.UU.) --experta en malas artes para ello--, acentuaba el énfasis en
sus agravios contra Italia, presentando, a los italianos, como a un pueblo de
cobardes. 26 Se apoyaban, malévolamente, en la verdad a medias de que Italia
no podía igualarse a las grandes potencias, históricamente guerreras, con
poderíos de primer orden en los campos militar y económico. De suerte que en
más de una ocasión, estrepitosos desastres militares, habían acompañado a las
operaciones bélicas emprendidas por los afables hijos de "la bella Italia”.
Así, llevados de las narices los muchachos, por la fuerza de la imperante
propaganda y los impulsos juveniles de contradicción ante las autoridades en
contacto directo con ellos, habiendo escuchado profusamente que los italianos
“habían "corrido" en la batalla de Caporetto”; contra los austriacos, durante la
Primera Guerra Mundial, pintarrajearon las paredes del patio principal del
colegio; poniendo, en grandes letras y repetida varias veces, la palabra:
“Caporetto”...

26
Los anglosajones han sido siempre muy hábiles especialistas en la propaganda agraviante
contra sus adversarios políticos y militares. Así, llegaron a convencer al mundo que los
españoles eran “crueles y obscurantistas”, en sus empresas de conquistas y colonizaciones; que
los alemanes “querían dominar al mundo”; que los japoneses eran unos inhumanos “salvajes”; y
que los italianos eran “cobardes”. Mientras ellos, en cambio, valientes y “Defensores de la
Libertad”... Aunque los ingleses corrieron en Dunquerque ante los alemanes; y los
norteamericanos en Filipinas ante los japoneses. Y pese a tener colonias --¡en pleno siglo 20!--
en la India, África, Filipinas, y en otras regiones... ¡Cosas en la vida veredes Sancho!

69
Creyeron seguramente y con regusto, ofender a los directivos italianos del
Colegio. Pero es el caso que nadie borró las inscripciones; ni mandó hacerlo.
Muy por el contrario, la orden superior fue dejarlas tal cual estaban.
Al día siguiente temprano, el Director Barioli hizo reunir a todos los
alumnos y profesores en ese momento presentes, en el gran patio principal del
Colegio; y, en el momento oportuno, inició una exposición de impactante
elocuencia... ¡Era un gran orador!.... Y, perdonada sea, por lo imperfecta la
versión, se expresó más o menos en los siguientes términos:
“Queridos alumnos:
“Unos jóvenes alumnos, muy pocos sin duda, han pintado anoche, en los
muros de nuestro querido Colegio, la palabra: “Caporetto”...
“Por si alguno o muchos de ustedes no lo saben todavía, Caporetto es un
lugar de la actual Yugoslavia, donde ocurrió, durante la I Guerra Mundial, la
batalla del mismo nombre, entre el ejército de Italia y el unido de los austro
alemanes; la cual constituyó, para los italianos, un doloroso desastre. Y donde,
efectivamente, no faltaron soldados en derrota, presas de lo conocido como “el
pánico militar”, que a su impulso y en gran número, huyeron en desbandada.
“En dicho trágico suceso, se han apoyado los anglosajones, en esta II
Guerra Mundial, en la cual los italianos ya no somos sus aliados, sino sus
adversarios, para hacer, recién y con fuerza, su malvada propaganda contra
nosotros –la que hubiera sido de inconveniencia cierta para ellos, en la Primera
Guerra--, atribuyendo a los italianos, como pueblo, la universal y siempre
repudiada condición de “cobardes”. A pesar de ser, en particular por este caso,
completamente infundada tal aseveración.
“Debemos saber que todas las naciones --como las personas-- están
sujetas a los vaivenes de la buena o mala fortuna. En sus luchas experimentan
venturosas victorias e infaustas derrotas. “Usos de la guerra es vencer y ser
vencido”, dijo cierta vez en el Perú el Inca Atahuallpa.
“Muchas derrotas en la historia, de multitud de pueblos, en todo el mundo,
no se han debido, tanto por lo menos, a posibles ‘cobardías’, sino a situaciones
de marcado desnivel de poderíos; de mala dirección superior (del gobierno
político y del comando militar); a deficiencias en movilidad, armamento,
municiones, vestuario, equipo, alimentación, sanidad, entrenamiento, etc. (lo que
se llama logística); a la falta de entusiasmo por una causa; a la de una tradición
guerrera nacional (moral militar); en fin, a muchos, innumerables, motivos.
“Cuando un ejército no se halla en un buen pie en determinada
circunstancia bélica, puede sufrir una derrota y, en el descalabro, cundir el
pánico.
“No existe país que no haya experimentado en su historia alguna derrota
militar, en magnitud de verdadero desastre. ¡Nadie puede, a riesgo de pasar por
necio o malintencionado, tirar la primera piedra en este campo!

70
“¡Yo estuve en Caporetto! --prosiguió Barioli, motivando la natural
expectación de su juvenil auditorio-- Y puedo decirles que eso fue terrible. Mal
armados, mal dirigidos, cansados, con hambre y sed; frente a un enemigo de
muy superior poder, capacidad técnica y abastecimientos, fuimos derrotados.
Pero lo digo en pura verdad, no fui cobarde; ni vi realmente cobardías por mis
alrededores. Por el contrario, mucho sufrimiento y coraje. Y en los sectores
donde hubo fugas, no había otra posibilidad humana... ¡De nada me
avergüenzo!... Ni como persona individual, ni como italiano en lo colectivo. Muy
por el contrario, siento legítimo orgullo de mi ser y de mi Patria. Y más que
orgullo, esperanzas en su glorioso destino.
“Les ruego, mis queridos alumnos, no hacerse eco de la propaganda
malévola e interesada; que se ubica en los campos de la mayor ruindad. Tengan
presente que no se puede acusar de cobardes a los italianos --menos por los
italianos mismos, ni por los peruanos-- si sabemos, aunque fuere sólo por
algunos ejemplos de excepcional valentía y heroísmo, de italianos, como:
“Marco Polo, el más audaz aventurero y explorador de la Edad Media; por
la misma época, los ‘condottieri’ --italianos también--, extraordinarios soldados
de oficio, contratados por los príncipes europeos de aquellos tiempos; ¡Colón!
Quien fue genovés, italiano, protagonista principal de la epopeya española,
seguramente la más heroica entre todas las empresas, de todas las naciones, y
de todos los tiempos: ¡El Descubrimiento de América!; ¡Napoleón Bonaparte! el
mayor héroe de Francia, admirado por la Humanidad entera y traído al recuerdo
hasta por los locos, de muchas partes y a cada momento; fue italiano, de
sangre, de familia y de terruño, corso de nacimiento (de Córcega, isla de Italia,
arrebatada por Francia, hacía poco); ¡Bolognesi! quien fue uno de los más
grandes héroes del Perú, era hijo de italiano; Raimondi, esforzado explorador
científico, hecho peruano por adopción, fue italiano de nacimiento; también
Garibaldi, prócer de la Unidad Italiana, quien estuvo en el Perú, país al que
profesó alta estima y fue valiente como los que más. En fin, la Historia del
Mundo está llena de nombres de navegantes, exploradores y soldados italianos
o hijos de italianos, que han regado su sangre, mostrado su valor, iluminado con
su gloria, toda la Tierra.
“Por último, no siempre las derrotas son vergonzosa. Hasta pueden ser
gloriosas. Como la del Morro de Arica para el Perú. O, guardando las distancias,
la de Cristo en el Calvario, ante su propio pueblo. Se obtiene, de ellas, valiosas
enseñanzas y se impulsan inspiradas reacciones. Ha de saberse que si en esa
Primera Guerra Mundial, hubo para Italia un Caporetto, vino después una
gloriosa: Vittorio Véneto. Que la ganó mi Patria.
“¡Jóvenes de este Colegio, italiano, pero destinado a servir al Perú!: No se
dejen impresionar por una malévola propaganda, ni por malinformadas
maledicencias. No dejemos y menos lo hagamos nosotros, ofender a Italia y al
Perú. Dos naciones hermanadas en la Latinidad, la Cultura común, y la misma
Fe. Que tienen pasados gloriosos, dignos de orgullo y, sobre todo, fundamentos
para un destino extraordinario. Que no deben ofenderse entre sí. Ni someterse a

71
la visión interesada de quienes, como los anglosajones, atropellaron con
frecuencia a la dignidad de muchos pueblos.27
“Ni la Dirección, ni la Administración del Colegio, van a borrar las
inscripciones. Más bien, si algunos de ustedes me han comprendido y están de
acuerdo con lo que he dicho, les agradeceré que vean la forma de eliminarlas y
así, lo apreciará mucho, nuestra común dignidad patriótica.
“Muchas gracias.”
Nutridos aplausos y numerosas exclamaciones aprobatorias rubricaron el
discurso. Y a la mañana siguiente las paredes amanecieron limpias.28
El otro episodio que evidenciara la calidad humana y de pedagogo del Dr.
Barioli, fue el protagonizado con mi hermano Héctor (tres años menor que yo),
quien a la sazón comenzaba a manifestar algunas tempranas aficiones a la
literatura y al periodismo...
A mi querido fratelo se le ocurrió, en colaboración con otros muchachos
compañeros de su promoción, publicar un periodiquito artesanal, editado a
máquina de escribir y en contadas copias. Era semiclandestino, circulaba de
mano en mano y sus directivos cubrían su casi anonimato con curiosos
seudónimos.
El periódico se llamaba: “El Nacionalista”... De moda estaba el creer serlo.
De arranque quiso prodigarse rebelde; es decir, crítico y satírico. Quería destilar,
por todos sus poros, humor, burla; al mismo tiempo que protesta. En pocas

27
Cabe anotar que ya en tiempos recientes, con motivo de la Guerra de las Malvinas, un ministro
inglés, de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo con indignante injuria: “Si los argentinos
recuerdan todavía que descienden de españoles, seguramente resistirán hasta el último hombre.
Pero si sienten que también son italianos, se rendirán el primer día”. Como insolencia británica:
¡un feo botón de muestra!... Menos mal que a los españoles no les regateó valentía. ¡Hubiera
sido el colmo!... Empero, los británicos les dedican, a los hispanos, otras amargas ‘medicinas’:
En esa misma guerra, habiéndose puesto a tiro de torpedo de un moderno submarino inglés, el
buque argentino “Belgrano”, verdadera “carcocha” naval, con 400 muchachos marinos abordo,
le tembló la mano al curtido capitán submarinista, quien dudando de hundirlo, pidió instrucciones.
Y la Primera Ministra, Margaret Tacher, emulando en alguna medida al norteamericano Truman,
el de Hiroshima y Nagasaki, dio la criminal orden: ¡Y se produjo la muerte, por congelamiento y
ahogo, de toda la tripulación, sin una sola excepción!... Fue el resultado trágico de la implacable,
prepotente y despectiva crueldad británica. Una más de muchas, de ella y de los
norteamericanos, que adeudan tanto a la Humanidad.
28
Viene al punto señalar cómo los efectos de la propaganda ideológica masiva llegan a ser
ilimitados y por ello los esfuerzos para neutralizarla, resultan muchas veces irrelevantes o
requerirían ser descomunales. Por ejemplo: el ‘escándalo Pinochet’: Con la mayor naturalidad lo
acusan de criminal contra los “Derechos Humanos”; pero quienes lo hacen, no tienen derecho de
acusar a nadie, de crimen alguno; pues, comunistas como son --en ejercicio, reciclados, o
cómplices--, los han cometido o apoyado, en masa, más que lo hecho por los partidarios de
cualquier otro sistema, en todo el mundo y en toda la historia humana. No señalan, en cambio, a
Fidel Castro, ni a los cómplices y sucesores de Mao. Acusan de fascista a Pinochet y a su
gobierno, no habiéndolo sido, pues practicó una economía liberal (la del F.M.I.) y canalizó su
organización política, luego de una temporal dictadura militar, por un referéndum y un pacto de
partidos, hacia una democracia liberal también, cual es la que actualmente rige en Chile.

72
palabras, espíritu de Adolescencia, de Juventud, de contradicción por sobre
todas las cosas.
Para garantizar el anonimato y sortear cualquier peligro contra la Libertad
de Prensa, de Pensamiento, y la consecuente situación personal de los propios
periodistas; y por lo agresivo, la relativa clandestinidad del panfleto, y su afición
a la burla, atribuyeron, al Director y a los otros directivos, nombres y apellidos
irónicos, supuestamente japoneses (?), resultando, en un semi castellano, algo
chistosos y lisos por añadidura. Así fueron:
Director: Sakamokito Seko.
Jefe de Redacción: Kasikaga Sumoto.
Administrador: Yasekeda Karato.
En cuanto al contenido mismo, estaba lleno de críticas y picantes
tomaduras de pelo, a profesores, inspectores (con especial saña en ellos), y
alumnos. Sin muchas contemplaciones, cortesías o protocolos; amén de
salpicado de más de una escatológica29 expresión. Propio --todo lo hecho y
dicho-- de mozos mataperros, aunque, en apreciable medida, indudablemente
bien “zanahorias”.
No tardó en caer algún ejemplar del mentado Titán del Periodismo, en
manos y bajo la inquisidora lupa de uno de los temidos e implacables
inspectores del Colegio... Todo el equipo a la Dirección`. Azorados ante Barioli,
los muchachos estaban “como perrito que se ha comido la manteca”... El sabio
maestro comenzó entonces diciendo:
-- “Ustedes son los autores de este periodiquito, el cual --no se puede
negar-- es sorprendentemente gracioso; puedo decir, hasta meritorio. Por ser,
además de ingenioso, de iniciativa propia y realizado con medios evidentemente
reducidos. Siendo tan jóvenes, llama la atención que lo hayan podido hacer.
“Pero con la misma franqueza, claridad y simpatía, debo decirles que el
escrito contiene ácidas e irreverentes frases hacia superiores jerárquicos a
quienes deben respetar, como son los profesores e inspectores; asimismo,
expresiones agraviantes para quienes debieran ser sus estimados compañeros
de estudios. También, duras críticas al Colegio. al Gobierno, etc.; las cuales, en
principio, no tienen por qué ser malas, sino inclusive beneficiosas, pero muchas
las han propalado a la ligera, sin fundamentarse lo suficiente.
“Aparte, hay muchas palabras calificables de groseras y hasta referidas a
cosas o situaciones sucias; a las cuales ni siquiera han buscado cubrir algo
elegantemente con los llamados “eufemismos”;30 que permiten decir --con
gracia-- cuanto se quiera; sin asquear al buen gusto, el cual nunca se debe dejar

29
Relacionada a lo excrementicio, sucio, o soez.
30
Formas de expresión metafóricas --con figuras y rodeos-- para hacerlas más digeribles y
menos chocantes o repulsivas. Muestra de ello, la daba cierto señor quien, al inquirir por un
baño, para cumplir necesidades fisiológicas de variado imperio y magnitud, preguntaba: --
¿Podrían indicarme dónde puedo lavarme las manos, dicho sea en lenguaje figurado?

73
de lado; como tampoco herir al prójimo con brusquedades y en grados injustos e
innecesarios...
“Ustedes se ocultan en el anonimato. Al respecto, debo decirles que tal
cosa es censurable. Deben acostumbrarse, siempre, en todas las circunstancias
de la vida, a dar la cara. Defiendan la Verdad, el Bien, la Justicia, la Libertad; en
fin, todos los valores, todo lo positivo, con el espíritu de una sana rebeldía, como
corresponde a los jóvenes; como han querido y creído, seguramente, hacerlo
ustedes. Y, en tal caso, no se oculten; afronten cuanto sea. Se los digo con toda
rotundidad, proceder así es lo más satisfactorio en la vida. Tengan solamente
cuidado de no equivocarse demasiado --un poco es imposible evitarlo--, tanto en
el fondo como en las formas. No hay que olvidar ni confundir las cosas
fundamentales.
“Es posible, comprendiendo como verdadero y justo lo dicho, que ustedes
estén pensando en alguna horrible sanción por aplicárseles de mi parte. Pero no
es así; no solamente no los voy a castigar, sino, por el contrario, los felicito y les
prometo darles la mayores facilidades que el Colegio pueda proporcionarles:
máquina de escribir, papeles, ayuda de personal de secretariado, para la
mecanografía y la diagramación, etc. Pero condicionadas a corregir las fallas
puntualizadas; y, para ello, y para la gramática y el estilo, puedo designar a un
profesor a fin de ayudarlos, cuando y cuanto ustedes quieran y lo soliciten...
“Por último, debo pedirles un favor: Ustedes tratan a los japoneses,
ciertamente con indudable gracejo, pero también con cierta burla.
Comprenderán cómo me colocan en un aprieto; pues soy italiano; mi Patria está
en una guerra terrible, en la cual somos aliados del Japón. En tales condiciones,
hasta podría suponerse que aliento o permito, en el Colegio bajo mi dirección,
con censurable deslealtad, ataques sarcásticos a quienes son nuestros leales
aliados. Les pido subsanar esto.31
“ He dicho todo... Ustedes ¿tienen algo que manifestar?...”
Atónitos, lelos, muy conmovidos, quedaron los muchachos; solamente
atinaron a responder algo así:
-- Tiene Ud. razón, Dr. Barioli. Perdónenos. Vamos a seguir sus consejos,
muchas gracias por su bondad y comprensión...
El periodiquito, ‘adecentado’ ya, siguió saliendo por el corto período en
que los alumnos de la iniciativa prosiguieron sus estudios en el renombrado ítalo
peruviano plantel.
-----

31
A mi hermano Héctor se le había ‘pasado la mano’ en ello --más por ligereza que por otra
cosa-- lo cual le costó, tambien, algunas reprimendas en casa, pues entre nosotros se tenía en
muy alta estima a los súbditos del Imperio del Sol Naciente, lar éste de los servidores domésticos
de la Hacienda “San Nicolás”, a quienes tanto afecto profesáramos y de quienes tanto habíamos
recibido.

74
Otra vivencia más, venida a la memoria y al deseo de narrarla, fue la
referida a un excelente profesor, del mismo “Colegio Italiano”, a cuyo alto
prestigio él contribuía notable e indudablemente:
Apellidaba Tabusso32 y tenía a su cargo el curso de Física, entonces
llevado en el Cuarto de Media. Viene al caso indicar cómo dicha materia era
tenida, universalmente, por todos los muchachos y en todos los colegios, como
muy pesada y “difícil”. Pero las notables calidades del profesor estaban
evidenciadas como la claridad de la luz del Sol, principalmente por el hecho de
haber convertido al curso, en el más interesante y ameno de todos. Y no
solamente ello, sino que se daba el caso singular de que ¡hasta los vaqueros!
abandonaban sus palomillosas y antirreglamentarias ociosidades, para escuchar
sus amenísimas clases.
La verdad, yo nunca he tenido la oportunidad de constatar, en toda mi
existencia, a otro profesor, realizando semejantes proezas pedagógicas.
Tabusso poseía excepcionales dotes de profesor: Dominaba el curso; profesaba
amor a la ciencia por éste contenida; presentaba, al lado de una actitud seria
pero cordial, un porte físico y espiritual que inspiraba respeto, admiración y
afecto. Tenía facilidad de palabra, era un gran orador académico, elocuente y
ameno; además de ordenado y muy claro... Podía ejercer una capacidad de
sugestión, hasta niveles casi hipnóticos.
Al inicio de su primera clase, nos dijo:
-- “Vamos a comenzar hoy el curso de Física. Y sé muy bien que ustedes
traen la idea, muy general, creída por mucha gente, de que éste es un estudio
pesado, sin utilidad práctica alguna; que a nadie interesa y que se pone en los
programas de los colegios por fastidiar a los muchachos.
“Quítense de la cabeza tal error. Yo voy a intentar demostrarles que es
una ciencia muy interesante, amena y útil. Les va a deleitar mucho. Por ahora
sólo les adelantaré, precisamente, cómo en la Física encontramos respuestas a
la mayoría de los porqués; preguntas de los niños y jóvenes, sobre las cosas del
mundo que nos rodea y que nos intrigan.
“Habrán podido observar cuánto nos satisface encontrar el porqué de
algo. Les ruego me sigan con atención; no por miedo, ni por interés en las notas,
sino por saber las cosas que desean. Por sana y encomiable curiosidad. Estoy
seguro de que les gustará”.
Así fueron efectivamente todas sus clases; devenían siempre en
amenidad creciente.
Recuerdo, por ejemplo, cómo cierto día explicaba en el Capítulo de La
Electricidad, la “Máquina Electrostática” (de Wimshurst, creo recordar). Decía,

32
No recuerdo su nombre de pila; pero era Ingeniero Civil e hijo de un célebre Doctor en
Medicina Veterinaria: Marino Tabusso; notable investigador, italiano, radicado en el Perú; quien
más tarde fuera mi Profesor en el curso de Patología Animal, de la Escuela Nacional de
Agricultura y Veterinaria (E.N. A..V.), de La Molina. Utilizaba, éste, el idioma español, hablado y
escrito, a muy admirable cercanía de la perfección.

75
acompañando a sus palabras --de variados volúmenes, tonos, e inflexiones--
con una acentuadora y expresiva mímica:
-- Vamos a tratar hoy una conocida máquina de laboratorio, que
demuestra, claramente, la producción, por frotamiento, de la electricidad llamada
estática –inmóvil--, constituida, como ya saben, por cargas eléctricas;
evidenciadas y descargables en chispas, como las –gigantescas-- de los rayos
en las tempestades atmosféricas. No se trata de la corriente eléctrica –móvil--,
conducida a través de cables, como la utilizada en las viviendas, por las
‘bombillas de luz’.
Como el Colegio no tiene esta máquina en su laboratorio, a falta de ella,
pondremos buena voluntad... Vamos a utilizar la imaginación y ustedes
ayúdenme, aportando su atención concentrada... Imaginando lo que voy a
explicar:
Supongan sobre la mesa, como piso de la máquina, un pedazo de
madera dura, gruesa y pesada, cepillada y charolada; rectangular, de
dimensiones de 60 x 30 cm.... ¿La ven?
-- ¡Siii! --Respondían los alumnos en coro...
-- Ahora, el aparato tiene como un apoyo central, insertado sobre la tabla,
de una forma parecida a un arco de fútbol; pero un poco más ancho, en las
bases que en las puntas de sus parantes laterales; y, además del travesaño
superior, el cual se presenta a modo de un eje, tiene en la parte inferior otro
eje... ¿Lo ven?
-- ¡Sí! --Respuesta unánime...
-- Bueno, vean. Vean ahora --decía, retomando la palabra el docto
profesor y fijando los ojos, casi hipnotizantes, hasta en el último alumno-- En el
eje superior están colocados y pueden girar, dos discos de vidrio, grandes, de
unos 20 cm. de radio, paralelos, pero separados entre sí, por unos cinco
milímetros. Cada disco tiene pegadas, en sentido radial hacia sus
circunferencias y en sus superficies externas, unas 28 plaquitas metálicas
rectangulares de vértices romos.
En el eje inferior, hay dos poleas (ruedas con ranuras centrales, para sus
respectivas fajitas o cordones), dispuestas en correspondencia, con dos poleas
más pequeñas adosadas una en cada disco. De tal forma, que se pueden mover
los discos con la ayuda de una manizuela, en la cual culmina el eje de las poleas
grandes. Pero los cordones están dispuestos, de modo que uno de ellos haga un
‘8’ entre sus dos poleas. Así, al mover la manizuela, un disco gira en un sentido
y el otro en el contrario...
Al lado de cada disco y en ángulo de 45º, hay dispuesta, sujeta por una
varilla, una escobita para cada uno, formadas de hilitos metálicos, que pueden
frotar a las plaquitas, cuando los discos de vidrio giran, formándose así cargas
eléctricas en ellas... ¿Lo ven claro?

76
- ¡Sí! --Respondían todos, con la más nítida sinceridad... Lo estamos
viendo... ¡Y en verdad lo veían!...
-- Continuando, por último, en el diámetro horizontal están dispuestas,
aisladas, unas varillas metálicas, sujetas y culminando en unas esferitas que
pueden tocar, en cada vuelta, a las plaquitas electrizadas y recoger sus ‘cargas’.
Cada varilla y esferita, tiene, además de sus sujeciones en el centro, al otro
extremo, otra esferita metálica, que permite acercar, o alejar, la correspondiente
de un disco a la del otro, mediante un movimiento en ángulo...
Ahora ¡Atención! ¡Atentos!...¿Listos?
-- ¡Listos!
-- Pongo las varillas de las esferitas, muy cerca una de la otra y en cierto
ángulo (la máquina tiene tornillos y abrazaderas para hacer todo eso); y doy
vuelta a la manizuela...
¡Atención!... Estoy haciendo rotar a los discos... Las escobillas están
frotando a las plaquitas... Las bolitas colectoras recogen la electricidad y la
transmiten a las de contacto entre las corrientes contrarias, producidas por los
discos girados en sentidos opuestos... Y... ¡salta la chispa!... Bien grande...
Claramente visible... ¿La vieron?
-- ¡Síii! --Respondió el auditorio estudiantil, a una sola voz, en coro... Pues
¡efectivamente la veían!
¡Qué prodigio de elocuencia magisterial! De poder de sugestión... De
maestría oratoria y pedagógica.
-----
Durante mi permanencia en el “Colegio Italiano”, tuve también
oportunidad de ligar una amistad personal muy afectuosa y especial, cuya
significación sería de inmensa trascendencia en mi formación y buena suerte:
Fue con uno de mis condiscípulos, apellidado Fiorini, cuyo nombre creo,
era o es --hace muchísimo tiempo que no sé de él--, Aldo, si no recuerdo mal...
La desmemoria parcial se explica, pues los alumnos nos tratábamos por los
apellidos y no por los nombres de pila...
El caso es que este muchacho era de origen ítalo ecuatoriano y había
tenido mala suerte en cuanto a las condiciones de su hogar paterno; de tal
modo, sufría gran pobreza, en saltante contraste con la riqueza general de los
otros alumnos del Colegio; prácticamente todos, de familias muy pudientes. Yo
había comenzado a pasar apuros económicos familiares; a raíz del fin de la gran
situación de mi padre en la Hacienda “San Nicolás” y quien no había podido
lograr, hasta ese entonces, algo comparable en Lima...
La pobreza común nos unió en una camaradería manifestada en múltiples
ocasiones y se mantuvo por un largo tiempo. Así, en vía de ejemplo, contaré que
en cierta oportunidad, se realizó un paseo de la clase a Pucusana. El costo era
relativamente elevado, pues comprendía los pasajes en ómnibus, de ida y vuelta

77
en dos días, alimentación más otros gastos durante el viaje, y alojamiento en el
hotel del mencionado balneario. Nosotros dos no estábamos en condiciones de
afrontarlos; pero no nos amilanamos y decidimos ir aparte y en bicicletas. En dos
"catres", como llamábamos en aquellos tiempos a tales máquinas, cuando por
su modestia y sobrado uso, estaban reducidas a la mínima expresión, de dos
ruedas, los fierros tubulares de la estructura, más timón y pedales. Como se
diría hoy, lo contrario a “full equipo”...
Para dormir, lo hicimos (?), debajo de unos botes de pescadores, a los
cuales, volteados, se los secaba en la arena caliente de la playa. Pensamos que
allí se podría roncar bien... ¡Craso error!... Aprenderíamos que la arena se pone
muy fría en las noches y que en realidad es muy dura para dormir, no tan blanda
como parece, por seca que pudiera encontrarse.
Al regreso, el chofer del ómnibus se apiadó de nosotros; nos concedió
pasajes y transporte gratis, colocando las bicicletas en la rejilla de equipajes del
techo del vehículo. Total: excursión exitosa y acentuada entre nos, la fraternidad
amical.
Años después, Fiorini se hizo vendedor de libros y yo le compré las
“Obras Completas” de Marco Tulio Cicerón. ¡De lejos, lo mejor y más útil que
haya leído en mi vida! Actuó él, quizás sin saberlo, como uno de mis más
grandes benefactores. Habré de referirme más adelante al episodio de tal
adquisición y a los fundamentos de mi juicio acerca de la jerarquía y excepcional
valor de la Obra.
-----
Al seguir tratando de la Adolescencia, tocaría referirnos a dos aspectos
que en la vida adolescente y en la primera etapa juvenil, comienzan a tomar
trascendental importancia: La Vocación Profesional y el Idealismo Vital. Pienso
que la importancia y la extensión de los temas reclaman dedicarles, en especial,
los dos capítulos siguientes. Por ello, a eso pasaremos inmediata y
sucesivamente.
* * * * *

78
C a p í t u l o IV

La Vocación Profesional

T
erminada que fuera la Secundaria, cumplidos los 16 años de edad, en
1,938, en el “Colegio Italiano”, en narración, aquí justificable, en vía de dar
testimonio personal acerca de las realidades de cada importante asunto a
tratar, referiré que ya tenía, entonces, casi definida mi Vocación
Profesional. Había decidido ser Ingeniero Agrónomo, especializado en el Cultivo
de la Caña de Azúcar.33 Eran varias las motivaciones:

Ante el recuerdo de nuestro querido “San Nicolás”, donde habíamos


pasado una infancia de ensueño, en verdad inmensamente feliz,34 nada tiene de
sorprendente que en cierta medida deseara e intentase repetir una experiencia
que fuera tan venturosa, para mis padres, hermanos, y para mí; suponiendo que
pudiera llegar hasta los hijos a tener en el futuro.

Procede añadir: la fundada admiración a nuestro padre y a la actividad


profesional que él ejerciera con singular pasión y brillo. Era lógico que, en gran
medida, deseara imitarlo. Agregaré que los estudios necesarios para lograr
dicha profesión, me complacían sobremanera. De ellos, había destacado,
durante la etapa escolar, en ciencias, como la Física, la Química, Botánica,
Zoología, Geología, Matemáticas; y en mayor o en menor grado, en las otras
disciplinas relacionadas con tan excelsa vocación.
En fin, sumadas a todo lo anterior, las posibilidades de canalizar ideales
patrióticos, de bien social y nacional, ofrecidas por la ingeniería agronómica,
llegué al convencimiento, siempre mantenido, de constituir ella la mas hermosa
profesión que pudiera darse. La verdad sea dicha, en aras de la sinceridad
debida.
-----

33
Habría de cambiar, tiempo después, la especialidad de Caña de Azúcar, por la de Ganadería
Tropical (de Selva), por las razones a exponer más adelante.
34
Narrada en el libro: “Yo Conocí el Paraíso” - R.C.V. - Edit. Lozano E.I.R.L. - 1,997.

79
La Molina.-- Así las cosas, comencé a prepararme para el ingreso, a producirse
en marzo de 1,939 --año en el que cumplía los 17 de mi edad--, a la entonces
llamada “Escuela Nacional de Agricultura y Veterinaria”, ubicada en el hermoso
fundo de “La Molina”; que tenía nivel universitario, sin llamarse ni ser --para
mucho mejor creo-- titular y pomposamente: “Universidad”...

Sugestivo el topónimo del predio, muy sonado a la sazón. Significaba un


notable impacto en el proceso de la formación personal de los adolescentes y
jóvenes, cuyo paso por sus aulas y esos lares, duraba varios años. Múltiples
eran las razones; a parte de las cuales nos referiremos más adelante.

-------

Concluida la Secundaria y decidido mi camino profesional, inicié, desde


fines de 1,938 y durante los primeros meses del 39, una entusiasta e intensa
preparación para ingresar a “La Molina”, cuyos exámenes, inclusive los de sus
estudios regulares, en especial los del primer año, tenían fama de ser
dificilísimos. Pero yo no tenía temor; al contrario, gran confianza. Demasiada.
Como amargamente habría de constatarlo poco después.

Desbordaba una avasalladora seguridad intelectual en mí mismo. Pues fui


siempre destacado alumno en las materias requeridas por el examen. Estudié
con singular tesón, esperanzado --con notoria inmodestia-- en mis ventajosas
facultades. No quise, no lo consideré necesario, inscribirme en ninguna
academia preparatoria; como lo hacían, en mayoría, mis contemporáneos
copostulantes. Ni siquiera traté de averiguar --como todos lo hacían-- los
secretos trucos, o mañosas modalidades, que pudieran jugar en los procesos
examinatorios.

Rendí las pruebas con singular candor. Percibí después --demasiado


tarde-- cómo jugaban otros factores, para mí totalmente impensados. Hasta los
caprichos de algunos de los examinadores35... Había uno que, por ejemplo, en
Anatomía, (Osteología), por ejemplo, no aceptaba le dijeran que un hueso era
plano; exigía, se le ocurría, que ¡“chato”!... Porque –aseveraba-- “los muchachos
deben hablar en lenguaje sencillo”... ¡Confundiendo sencillez con rudeza!

Otro, aceptaba sólo uno de los criterios científicos de clasificación de


plantas y animales: el concordante con el texto oficialmente adoptado. ¡Al pie de
la letra! No quería saber nada con los seguidos por otros prestigiados autores;
por cierto, en muy corta medida diferentes... Si una especie o rango de
clasificación, tenía sinónimos, sólo aceptaba uno de ellos...

¡Ni hablar de las distintas formas de definir o explicar conceptos más


generales o abstractos!... No aceptaban nada cuyo detalle no estuviera
previamente determinado en sus formularios u obtusos criterios. Pareciera
35
Debe aclararse que el personal de examinadores para el ingreso, no tenía el nivel pedagógico
de los profesores de planta, el cual era, por supuesto, mucho más elevado.

80
buscarse, exprofeso, una forma fácil de “jalar” a la mayor cantidad posible de
muchachos. Dada la clamorosa escasez de plazas, frente al elevado número de
postulantes.

Con todo, aprobé el examen... ¡Pero no alcancé vacante!... Me quedé por


muy pocos puestos.

Eran 30 las posibilidades sobre 500 postulantes. El número de alumnos,


para el Primer Año, se calculaba en unos 45; pero más o menos 15 lugares los
ocupaban los repetidores (“jalados” el año anterior, algunos por segunda vez).
Pasaban al Segundo Año, por lo general, unos 30. Y en total, en los tres años
subsiguientes, eran “jalados” ya sólo de 3 a 5 alumnos. Así se graduaban
alrededor de 25 jóvenes por promoción. Pero como es fácil comprender, los
‘invictos’, constituían una minoría. De allí la fama de muy difíciles que tenían los
estudios molineros.

Experimenté entonces, por primera vez en mi vida, una dolorosa


sensación de frustración, de fracaso, de grave derrota. Una depresión
apabullante. Hasta noté, en la familia y en nuestro padre --fue lo que más me
dolió--, una decepción acerca de mis aptitudes estudiantiles y en particular para
la dedicación agronómica, sentida, hasta ese momento, como un esperanzado y
compartido anhelo familiar.

Mas no habiendo mal que por bien no venga, el episodio me sirvió para
aprender a capitalizar errores y constatar cómo en la vida es muy encomiable
mostrar seguridad, confianza en uno mismo; cuando está fundada en el cultivo
de cualidades propias, en el estudio y el trabajo; pero se la debe equilibrar con la
Prudencia y la Modestia; esta última, “adorno cumbre de todas las virtudes”.

Avergonzado por mi derrota, llegué a pensar en enrolarme de peón en la


Carretera Huánuco-Pucallpa, obra que, como todas las del mismo género en
aquellos tiempos, se hacían, primordialmente, “a pico y lampa”. Así, eran
solicitados miles de obreros y en ella estaba empeñado todo el país; con plena
justificación en el superior interés nacional… ¡Con el mayor de los entusiasmos
colectivos!

Felizmente, a poco, la Escuela amplió las vacantes, dando oportunidad a


10 alumnos más; para lo cual permitiría un nuevo examen de admisión, a rendir
en el mes de julio --el anterior fue en marzo--, para los aprobados, pero no
ingresados por la falta de vacantes, pero con calificaciones subsiguientes a las
obtenidas por los ingresados primero. Entrarían los 10 que pudieran igualar o
superar, en la segunda prueba, las notas logradas por los ingresantes del primer
intento.

La decisión se nos comunicó en mayo y para hacer posibles los estudios


simultáneos del Ingreso y del Primer Año, se nos concedió, casi desde el
comienzo del proceso, el estatus de “alumnos libres”. De tal modo, al mismo

81
tiempo que podíamos prepararnos para el segundo examen de ingreso, nos
fuera posible ir estudiando y recogiendo materiales para cursar el Primer Año y
eventualmente rendir, en su oportunidad, la correspondiente prueba final, en el
difícil intento de aprobar y pasar al Segundo.

Por supuesto que el objetivo integral resultaba bastante utópico; ya que


los cortos meses restantes de mayo a julio quedaban absorbidos por la prueba
de ingreso y, en el improbable caso de entrar, se debería cumplir, en el medio
año faltante, el estudio que, los de la mayoría, no podían aprobar... ¡ni en uno
completo!

No obstante: ¡”Tuti contenti”!... Pues “con ingresar y hacer más fácil, para
luego, la repetición del primer año”, los muchachos, mayoritariamente, se daban
por muy bien servidos.

Me aboqué entonces al esfuerzo de aprendizaje más intenso realizado en


toda mi existencia. Y, en Julio... ¡Ingresé!... En el puesto uno, con 6 compañeros
más, ubicados en los siguientes lugares...

Sin embargo, no me di por satisfecho. Acentué más aún el ritmo de


estudios y aunque mis compañeros del reciente ingreso, no esperaban más por
el momento, yo decidí cursar, lo mejor posible, el Primer Año; e intentar la
aprobación de su Examen Final... Mientras tanto, ya para entonces, mi padre
comenzaba a mirar de nuevo dichos esfuerzos en contenta complacencia y con
mucha simpatía; por lo cual me entoné muchísimo en el vocacional propósito.

Llegó el fin de año y... ¡Aprobé el examen! Fui el único de los siete del
segundo ingreso y estuve entre los primeros puestos del total de aprobados del
Primer Año. Pasamos al Segundo 30 alumnos, entre repetidores (de una y dos
veces) y nuevos. En los años subsiguientes fueron quedando 4 en el camino y la
carrera la culminamos 26 compañeros; quienes, con el tiempo, llegaríamos a
ser, más que compañeros y amigos, como hermanos de una especie de familia
grande.

Mi ingreso definitivo y la aprobación inmediata del Primer Año, superando


ampliamente el inicial tropiezo y los pronósticos generales, obviando en su
totalidad la posible pérdida de tiempo por la semifrustración en el primer intento,
constituyó, dicho por terceros, inclusive colegas y amigos de mi padre --y
perdóneseme la inmodestia, ineludible por el sentido y significación del relato--,
una proeza estudiantil inusitada.

Las elogiosas referencias al respecto, escuchadas por mi admirado


progenitor, en la Asociación de Ingenieros Agrónomos, donde era común
informarse de tales asuntos en aquellos tiempos, lo hacían sentirse muy
orgulloso por ser su hijo el actor principal de los sucesos comentados. El
complacido cariño de padre salió a relucir de nuevo, renaciendo su interés por la
marcha de mi carrera profesional.

82
Recuerdo vívidamente y así puedo relatarlo, que casi año y medio más
tarde, en abril --el 17-- de l,94l, momentos antes de expirar, en su lecho de
muerte --por neumonía doble y fulminante--, a cuyo lado acudíamos con mis
hermanos y los otros familiares, para acompañarlo en sus últimos momentos, en
un instante de readquirida lucidez, llegó a decirme:

-- ¡Hola Rafael! ¿Cómo van tus estudios?...

-- Bien Papá. Los trato de hacer lo mejor que puedo --Contesté


compungido, conteniendo la emoción propia del trágico instante...

-- ¡Ojalá que estudiando fuerte salgas siempre bien!... --Dijo, finalizando


por su parte el corto pero dramático y elocuente diálogo.

-- Gracias, Papá... espero que así sea... --Puse, pleno de gratitud, el


punto final...

Y volvió a perder la consciencia, luego de algunas breves expresiones


dirigidas a otros miembros de la familia; expirando a poco y alcanzando la
definitiva paz, en medio de la general consternación familiar.

-----

El Primer año en la Escuela de La Molina resultó, si bien muy


satisfactorio, agradable, devino bastante agitado. Me pareció de rapidísimo
curso; como se comprenderá, por la principal razón de los avatares que he
narrado.

Disfruté mucho del lugar, de su ámbito, originalmente una bella hacienda


costeña, que había sido primero cañavelera y luego algodonera. Sobre la cual se
construyó un magnífico conjunto de edificios de hermoso estilo morisco español;
el principal de los cuales era el Internado; estaban dispuestos entre bellos,
floridos y arbolados jardines, con zonas de vistoso césped, calles enripiadas, y
múltiplles pasajes. Constituyendo, todo ello, el núcleo de este extraordinario
Centro de Estudios Agrarios Superiores.

En su vecindad, se estableció la Estación Experimental Agrícola de La


Molina, institucionalmente con cierta independencia de la Escuela. En estilo más
modesto, pero ciertamente simpático, propio de una hacienda media de la Costa
Peruana. La Escuela y la Estación, tenían sus propios campos de variados
cultivos, huertos, viveros, granjas, laboratorios, e instalaciones diversas. Para
una producción que ayudaba a sus sostenimientos económico-financieros,
además de servir para experimentaciones, prácticas y demostraciones agrarias,
en servicio de los profesores y alumnos, así como de los técnicos extraescolares
y agricultores del país, interesados en estas materias. Amén de los campos
deportivos y de esparcimientos juveniles, apropiados y deseables en
establecimientos de tal género.

83
Mi grata vida de Internado, su disfrute, duró sólo medio año del 39, o sea
el segundo semestre del Primer Año de Estudios (salvándome, dicho sea de
paso, del terrible bautizo o “saladera”, que ocurría en los inicios del primer
semestre), más los dos primeros meses del siguiente año, el Segundo de
Estudios. Pues el terremoto del 24 de mayo de 1,940, destruyó casi totalmente
sus más grandes y hermosas instalaciones.

El trastorno producido por el sismo, dio lugar a la interrupción, por unos


meses, de los estudios y a la necesidad de utilizar, provisionalmente --mientras
se reconstruía y refaccionaba, hasta lo posible, lo más importante de lo
semidestruido--, varios inmuebles que la Dirección de la Escuela consiguió en
algunos sectores de Lima (Colegio de la Inmaculada, en La Colmena; los locales
subsistentes de la antigua Escuela de Santa Beatriz, en Jesús María; etc.).

En el corto lapso que pude disfrutarlo, el Internado de La Molina me hizo


recordar al del Colegio Santa Rosa de Chosica, anteriormente referido. Por sus
innegables ventajas en comparación con el sistema de externado;
especialmente en cuanto al mejor uso del tiempo y el mayor orden en los
estudios; una vida más deportiva y sana; y el beneficio emocional significado por
la camaradería estudiantil, la fraternidad humana en general, que se hace
posible por la vida de los adolescentes y jóvenes en un ámbito común...
Indudablemente, el Internado es el mejor Sistema Básico de Educación para los
Adolescentes y Jóvenes. Mucho más, si un Sano Idealismo; una Elevada
Filosofía de Vida; una Clara Posición Doctrinaria Religiosa, Patriótica, y Moral;
inspiran a quienes dirigen la Institución Educativa de que se trate… Y, mucho
mejor, si el número de personas que integran la Comunidad Educativa, no es
muy elevado.

Aparte del terremoto, como causa desencadenante, el Internado de la


Molina, lamentablemente, no pudo tener un éxito total, ni larga duración. No
llegó a contar con el predicamento necesario entre los profesores y directivos de
la Escuela. Entre otras, por varias razones:

La primera, porque a diferencia del de “Santa Rosa”, no regía o inspiraba


a la Escuela, alguna Doctrina, Sentido de Alta Misión, o Ideal Espiritual Superior
(Religioso, Filosófico, Moral, Político, Social, Patriótico, Científico, Artístico, etc.).
A lo sumo, el encomiable y simpático, pero a todas luces insuficiente, propósito
de dar una formación tecnológica o profesional, hermosa por cierto y muy útil al
país. Y los directivos y profesores de la Escuela, siendo por lo general muy
buenas personas, no podían desligarse marcadamente, de la condición de
miembros de una fría y relativista sociedad liberal o burguesa. Más, en
importante proporción, eran escépticos burócratas laicos, de entes ministeriales
o sólo semiautónomos, quienes laboraban, para los fines de mejorar sus
ingresos personales, completando, en términos relativos, los de la rutina
administrativa, con los adicionales de la enseñanza y la investigación.

84
Sobre el dicho telón de fondo, en la juventud de aquellos tiempos habían
prendido --¡con el horror profesoral!-- en proporción e intensidad muy negativas,
ideas, actitudes, y hasta semi organizaciones, de claro sello marxista y del apra
(casi lo mismo entonces). Ideologías de caretas seudo idealistas, que trataban --
lográndolo en parte-- de llenar el alma juvenil... ¡Con Ideologías en verdad
materialistas y pragmáticas! Mientras los profesores y directivos formales, los
dejaban clara y espiritualmente... ¡vacíos!

Lo anterior, sin perjuicio de las mescolanzas emotivas y doctrinarias


habidas en amplios sectores juveniles, idolátricos muchos, de la cultura yanqui
decadente, empezada a imponerse y que impulsaban con neto y desbordante
entusiasmo, digno de mejor causa; hasta los rebeldes sin causa ni banderas, de
estrafalarias presiencias, con sus "músicas" y gustos artísticos (?) propios; las
histéricas devociones deportivas --más espectáculos en las bases y negocios en
sus cumbres--, muy lejos de constituir sanas aficiones; sumándose las bárbaras
y sádicas “saladeras” o “bautizos" de cachimbos; la superficialidad; el
consumismo; el hedonismo; el marcado y progresivo individualismo; etc.

Únase a ello, el “espíritu de muchedumbres”, del que hablara Le Bon; con


frecuencia y por mil motivos, formado por las grandes aglomeraciones de
muchachos. Quienes además gozaban de mayores libertades y prerrogativas
que las de un Colegio de Secundaria Común y propias de la Educación Superior.
Más claras las diferencias si se compara con uno religioso. Ha de
comprenderse, así, el porqué del recelo de los profesores y directivos de La
Molina, respecto a la capacidad de la Escuela para mantener, en el Internado,
una elemental disciplina, tan necesaria para su adecuado funcionamiento.

Por lo dicho, porque en verdad no se quiso restablecerlo, el Internado de


La Molina, no pasó de los comienzos del año 40. Con gran pena de parte de los
alumnos, pues a pesar de todo y a contracorriente de lo estimado por la mayoría
del profesorado, lo considerábamos altamente útil y satisfactorio.

-----
Las primeras amistades fraternas y perdurables. Una experiencia de clara
enseñanza proporcionada por la vida, a partir de la Adolescencia, es cómo,
precisamente en esta edad, se contraen y se comienzan a construir, las más
sólidas amistades del ser humano.

85
Por lo común, no es en la niñez cuando se adquieren los amigos que han
de perdurar por el resto de la existencia. Sus nexos se inician, mayoritariamente,
en la Adolescencia y en la Primera Juventud; cuando se posee la máxima
sensibilidad o receptividad emotiva y está ya definida la personalidad. También
se contraen, algunas adicionales, se seleccionan y forjan mejor todas, recién al
fin de la Juventud, en la Madurez, y en la Ancianidad... No obstante, agréguese
que, los buenos amigos, son siempre pocos. Los dedos de las manos sobran
para contarlos. No pueden ser muchos.

Así sucedió conmigo. Mis mejores amigos, en el sentido de la más intensa


y fraterna amistad, fueron los logrados en el Colegio Santa Rosa de Chosica; en
los últimos años del Colegio Italiano; en los del tiempo de mi preparación para el
ingreso a La Molina y de estudios allí; prácticamente, hasta el fin de los años de
la primera juventud.

Podría agregar otras amistades --muy pocas, empero--, las cuales


iniciadas de niños y relegadas algún tiempo, por circunstanciales fuerzas
mayores, pudieron recuperarse; en realidad hacerse de nuevo, contando con
factores muy especiales que, por lo mismo, no contradicen sino confirman la
regla.

Una razón de peso por la cual no duran mucho las amistades de los
niños, estriba en que, al desarrollar éstos, pasando por la Adolescencia,
cambian acentuadamente las características de sus personalidades. En verdad,
el ser humano es uno de niño y otro a partir de la Adolescencia. Es en esta edad
en la que se define, en grado preponderante, la fisonomía final de la persona
humana. En lo físico y en lo espiritual.

Todos sabemos, por propia experiencia, que habiéndonos conocido


alguna vez con otro niño y dejándolo de ver por un tiempo prolongado, al
reencontrarlo, de adultos... ¡lo desconocemos! Es ‘otro’. Y uno mismo sabe, de
sí, que también es ‘otro’. En cambio, culminada la Adolescencia, las
modificaciones de la personalidad van siendo, en adelante, mucho menores. Por
ello, quien fuese ‘conocido’ de Adolescente o de Joven, seguirá ‘conocido’,
después y por siempre. Situación muy diferente a la del caso anterior, tratándose
del niño.

Se explica, de tal modo y en gran medida, tanto el fenómeno sicológico


que tratamos, como la enorme importancia que adquiere, para una persona, la
calidad de las amistades que contrae en la Adolescencia y en la Primera
Juventud.

En lo que toca al caso de quien esto escribe, en el Capítulo anterior


adelanté algo sobre la valiosa amistad ganada, en el "Colegio Italiano" y en la
inicial adolescencia, con mi condiscípulo Aldo Fiorini. La especial significación de
tal lazo amical, por aleccionadora, la explayaré, en lo pertinente y como se
merece, en el capítulo, referente a la Juventud.

86
Por ahora, he de rememorar, una muy afectuosa que me ligara en los
ratos libres durante el Primer Año de Estudios de “La Molina” –pero fuera de
ésta--, con un excelente joven, ligeramente mayor que yo, quien así hubo de
fungir --cual otros en ocasiones sucesivas y similares-- de solícito ‘guía
espiritual’ mío. Tanto para algunas sanas acciones, como para otras 'algo'
insanas mataperradas, aunque siempre propias de la juvenil edad que
transitábamos, bastante tormentosa y arisca, por decir lo menos.

Llamábase: Alfonso Quirós Valverde36. Era sobrino político de la Sra.


Teresa Villacorta de Quirós, hermana de mi madrastra Julia. Residía el mozo,
junto con su hermano, un poco mayor, Max37, en la casa de sus tíos; quienes de
tal modo apoyaban sus estudios; pues no tenían ellos a su familia paterna
viviendo en Lima. Y, acudido que hube también yo, por un corto tiempo, bajo el
común techo, y otro más largo, viviendo en vecindad muy cercana, del mismo
barrio de Jesús María (entre las calles Huayna Capac, los Quirós; y 6 de Agosto,
los Cubas), la conexión se hizo natural y fácil. Se forjó una relación amical,
afectuosa, de verdadera camaradería y hasta de fraternales lazos.

Alfonso estudiaba para Odontólogo; Max para Químico Farmacéutico.


Ambos en San Marcos. Eran muy aplicados y singularmente inteligentes. El
primero marcaba el paso en los estudios de Zoología, Anatomía, y Fisiología. El
segundo, en Botánica, Física, y Química. Me ayudaban entonces en dichos
cursos. Con explicaciones oportunas; mostrando y prestándome los libros en los
cuales estudiaban. Cuando hacía falta, me guiaban a las bibliotecas de San
Marcos o Nacional, donde sus riquezas bibliográficas se nos aparecían
inmensas; más que suficientes para las necesidades de nuestros estudios; tanto
para el Ingreso, como para el Primer Año (1,939), referidos, casi en su totalidad,
a las dichas ciencias básicas.

Diré, asimismo, que acudíamos a los herbarios, museos, colecciones


zoológicas (entomológicas en especial) y mineralógicas (comprendiendo rocas y
minerales de la Geología). El principal era el “Museo Antonio Raymondi”, de la
U.M.S.M., ubicado en la Avenida Arenales. Ocurría, en coincidencia, que allí
trabajó algún tiempo mi hermano Manuel, en la disecación de ejemplares de la
fauna peruana; algunos de los cuales (mamíferos, aves y peces, especialmente)
todavía se pueden observar hasta hoy día. Aparte, él donaba con frecuencia
muestras museológicas del más variado tipo: plantas de herbario, insectos y
vertebrados, así como minerales, rocas, etc.

He de expresar que la compañía de Alfonso, en verdad, la orientación


solícita y constante de los dos hermanos Quirós, influyeron notablemente en los
buenos resultados y altas calificaciones obtenidas en mis estudios.

36
Fallecido --lo lamenté muchísimo-- hace pocos años, después de haber mantenido conmigo
una entrañable amistad. Fue además, durante numerosos calendarios, un magnífico dentista
para mí.
37
Murió también ya, precediendo a su hermano Alfonso.

87
Por añadidura, en algunos ratos libres, cuando nos era posible lograrlos, y
sumándosenos otros hermanos, primos, ‘palomillas’ y ‘vagonetas’ del barrio, nos
jugábamos unos partidazos de fútbol; muy entusiastas pero bien ‘chacras’; con
pelotas hasta de trapo, por supuesto nunca de tecnología de punta; en los
terrenos sin construir de las inmediaciones, que por entonces se ofrecían
numerosos.

No faltaban los paseos con ardorosos ‘cireares’; por la Plazuela Cuba o


Mariscal Cáceres. ¡Que para cambios de nombres de calles y plazas, Lima se
lleva la palma!... A veces, llegábamos al Paseo Colón o a la Avenida Arequipa.
¡En esos tiempos aun pasables y de paseables escenarios!... En ocasiones se
ofrecían muy animados, inclusive con retretas.

En múltiples oportunidades, tratándose de las tardes avanzadas, de las


noches, y de los feriados, la compañía de Alfonso agregaba sabor y calor al
transcurrir existencial de esos mis días de aún atónito y deslumbrado
adolescente...

Recuerdo que íbamos al cine frecuentemente. De nuestra preferencia era


el “Campoamor”; quedaba en el Jirón de La Unión y allí siempre proyectaban --
se había especializado en ello-- películas francesas, muy picarescas, en esos
tiempos tenidas por francamente pornográficas. De gran regusto, por cierto --
tóxicos morales al margen--, para los mozalbetes de antaño. Nuestro lugar y
categoría de localidades: la última; impajaritable, la “cazuela”... Las entradas,
para el dicho nivel, costaban 11 centavos, al principio (S/. 0.10 ingreso + 0.01
impuesto); un tiempo después, subirían a 22 centavos. Nosotros, para no gastar
en pasajes, llegábamos a pata, desde Jesús María –calculo ¡50 cuadras por lo
menos!-- para regresar, igualmente, "en carro de San Fernando" (‘un rato a pie y
otro rato andando’); dada nuestra notoria falta de molibdeno, por lo siempre
exiguo de las cajas propineras; comprensible lo cual, dada la carga significada
para nuestros sufridos mayores, por la superpoblación juvenil a régimen de
paternal dependencia. Así de simple, clara y dolorosa, era la cosa.

Cierta vez, acudimos a un lugar a la sazón puesto de entusiasta moda en


Lima. Había sido –creo-- una confitería transformada en salón de té-cine.
Exhibían allí películas en funciones continuadas y gratis –teórica y
habilidosamente--, mientras que, al mismo tiempo y a pedido, servían en las
mesitas para el efecto dispuestas, té o café, con dulces y bocaditos; todo eso sí
pagado --y bien--; constituyendo, en clara evidencia, lo primero el señuelo y lo
segundo el anzuelo...

El dicho local era conocido --en lenguaje acriollado-- como “El Marrón”. Al
nombre lo suponemos derivado del francés: Le Marrón, Les Marrons, o “Marrons
glasés” (castañas confitadas). Aludiendo seguramente a ésa la especialidad
golosinera del establecimiento. No he podido averiguar más; aunque para el
caso ello resulta irrelevante.

88
Alfonso había concebido al tal “Café Marrón” como a una mina para servir
a nuestros vespertinos deleites y a un muy bajo costo. Me instruyó para
explotarla, en conjunto, en la mejor forma posible...

Así, una tarde, muy orondos, nos zampamos al “Marrón”; cosa por otra
parte poco difícil, para dos jóvenes de buena presencia; siempre y cuando el
vestir no estuviese muy caído, estiráramos el pescuezo en digno ademán de
aristocrática pretensión y pusiéramos cara de circunstancias. Ya mi guía
espiritual se había informado de las películas correspondientes a esa función;
muy buenas, a su juvenil criterio, comprensiblemente bastante sicalíptico...

Nos sentamos, resueltos, en una de las enmanteladas mesitas;


acomodamos cubiertos y lozas. Y el líder, en gesto semitorero, chasqueó los
dedos por todo lo alto, llamando, airoso y con voz tonante:

-- ¡Mozo!

-- ¿Qué se sirven los señores? -- Acudió presuroso y dijo muy atento el


fámulo, impecablemente vestido de smoking blanquísimo y corbata michi negra.
Portando una servilleta pulcramente doblada en el antebrazo izquierdo e
inclinándose con cierta reverencia...

-- A mí me sirve un té, por favor. A mi acompañante, nada; pues se siente


algo indispuesto... ¡Ah!... unas servilletitas de papel, si no tiene inconveniente --
Dijo, serio, solemne, Alfonso... Agregaré: El té valía 5 ó 10 centavos, máximo. Y
estaba acordado entre nosotros, repartir, de todo lo que tuviéramos a bien pedir,
en partes iguales, consumos y costo; entre los dos ‘caballeros’ que fungiríamos
de ‘distinguidos clientes’... Con total naturalidad, dentro de su ‘elevado nivel
social’...

Ante la insólita situación creada, el mozo se desconcertó inicialmente;


pero reaccionando con rapidez . Pleno de justificada cólera, irónico, despectivo,
dijo:

-- No es posible, “s-e-ñ-o-r-e-s” (?), --enarcando las cejas y remarcando


su colérica ironía-- que entre dos personas, sólo se sirvan una taza de té, para
pretender así, casi gratis, verse todas las películas ¡Aquí no se aceptan
‘vivezas’!

--¡Oiga! ¿Qué es eso de ‘vivezas’? Si en la propaganda de este negocio


dice: “El cine es gratis” y “Los pedidos libres”. No hay fijado un “consumo
mínimo”. Ud. no es nadie, para obligarnos a consumir lo que se le antoje ¡Más
fuera!... ¡Está tratando con dos caballeros!... ¡Jumn! --Replicó, muy ‘digno’,
Alfonso. Quien en esto de la ‘dignidad’ y del ademán correspondiente, era un
experto, un verdadero maestro. Pretendiendo avasallar, sicológicamente, al
autóctono servidor... Pero no hubo tutías... La firmeza de un redivivo Pachacutec
--con la cual no contaba-- se manifestó allí...

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Las voces iban subiendo de tono y volumen. Armándose un alboroto
impropio ya del local, que siendo elegante y en gran medida cine, requería de
silencio o, a lo sumo, podría soportar discretos susurros...

Acudió al punto el ‘metro’, que le dicen --“maître”, para los francófilos


huachafosos--, quien, puesto al tanto de lo sucedido, terció en el lío, para
amainarlo, defendiendo, al mismo tiempo, los intereses del negocio de marras.
Con una mezcla de benedictina paciencia, salomónica justicia y tomista
prudencia, planteó la solución, diciendo:

-- Miren señores: Ustedes tienen en parte razón, pues hemos debido ser
más explícitos en nuestra propaganda. Pero el mozo les ha dicho la verdad, al
manifestarles, lo cual es por demás evidente, que por el valor de una taza de té,
no pueden pretender aprovechar, dos personas, toda la función y continuada por
añadidura. Pues de ese modo, generalizándolo, nuestro negocio se iría a la
quiebra. Les ruego demos por zanjada la situación, si ambos aceptan, por lo
menos, consumir un té cada uno y algunas, aunque fueran pocas o hasta sólo
un par de bizcotelas o pastelitos... Y, por favor, se van. Lo más pronto posible.
Habiendo de rogarles, encarecidamente, que no vuelvan más por aquí...

Rebuscando los bolsillos, encontramos ‘alguito’ para poder concluir el


‘conflicto’. Y, después de un corto lapso, bastante avergonzados, ‘con el rabo
entre las piernas’... nos fuimos, para efectivamente jamás retornar...

-----

Pero mejor suerte lograron ya otras alfonsinas aventuras, de parecido


jaez a la anterior. "Pecados de juventud", diríamos...

Se ofrecían a la sazón, comunes, en el centro de Lima, muy buenas


bodegas y pastelerías de italianos. Preparaban variadas especialidades,
olorosas a lontananza y sabrosísimas al paladar. En lo cual siempre estos
ciudadanos, ‘hijos de la bella Italia’, se han manifestado poseedores de singular
habilidad, tanto artística como tecnológica.

Algo insuperable, de lo que hoy día casi no se disfruta, pues han sido
prácticamente descontinuados, eran los famosos... ¡”pastelitos de carne”!
Hechos al horno, en forma de cortos cilindritos, de superficie dorada por el
tostado; con un tamaño aproximado de unos 5 cm. de diámetro, por igual de
alto; con un relleno de carnes de vacuno y de cerdo, molidas, muy bien
sazonadas con cebollita picada y diversas especias; mezclado todo, con un
excipiente que las suavizaba (al parecer era miga de pan, en pequeñas
cantidades, remojada en caldo y por los jugos del aderezo). La pasta o masa
que envolvía al contenido, era de la conocida como “hojaldre” o “mil hojas”;
bien... ¡mantecosita! (con manteca de cerdo naturalmente). Los dichos pastelitos
se ofrecían semi reventando y... ¡crocantes! Y aunque no a mi, pero sí a la
mayoría de las personas, les agradaba añadirles unas gotitas de limón, al

90
momento de ingerirlos. Se solía acompañarlos con cerveza o gaseosas... ¡Una
delicia!

A la vista del público, se acomodaba los dichos pastelillos en montones --


pareciendo cerritos--, en forma de llamativos tronco conos, sobre alguna mesa
cercana al mostrador principal. Un mozo facilitaba con su presencia la atención
al público; proporcionaba servilletitas de papel y limones, y realizaba una
discreta vigilancia --de reojo--, para evitar la acción de “gorrones” o “zampones”;
quienes no dejaban de acudir, en proporciones realmente perniciosas.

La ‘hora de salida de los pastelitos’, era muy puntual, tanto en las


mañanas (10 a.m.), como en las tardes (5 p.m.). Pero el anuncio verdadero lo
daba el olorcito, muy provocativo y etéreo, que proyectaban, desde las bodegas
de origen, hasta varias cuadras a la redonda…Los clientes de cada
establecimiento acostumbraban servirse por sí mismos los cárnicos y
mantecositos bollos que consumían. Y por lo general, muy honestamente, se
acercaban a la Caja, indicando el número de ellos. No faltaba, sin embargo, en
vía de un prudente cautelar los legítimos intereses del negocio, la constatación,
por parte del mozo, de los consumos hechos y su ratificación circunspecta, al
momento del pago. De tal modo, los ‘registros’ del empleado, debían concordar
con los ‘manifiestos’ de los parroquianos...

Con Alfonso, ingresábamos al escenario escogido para nuestra juvenil


rapacería, adoptando parecidos aires de dignidad, aplomo y desparpajo, a los
del caso “Marrón”... Pedidas las servilletitas de rigor y según lo acordado,
cogíamos un pastel cada uno y simulando distraída y elegante calma,
contemplando los alrededores, comíamos, delicadamente, en el primer
momento, hasta medio pastelito, cateando de soslayo al mozo y quedándonos
así, como disipados, por otro instante, hasta que, en una distracción del celoso
vigía, engullíamos el medio bocadillo residual; tomando al punto, con gran
rapidez, otra delicia; de la cual devorábamos la nueva primera mitad
impertinente, de un sólo queco... Y, otra vez, mirando displicentes hacia arriba...
A poco nos vaciábamos medio cerro de las riquísimas elaboraciones pasteleras.
En las manos nunca teníamos --ante el otear del vigilante-- más de ¡medio
pastelito! Así, en varias ocasiones, nuestro éxito --tanto mayor cuanta más
aglomeración de parroquianos había-- fue rotundo. A lo mucho pagábamos 2 ó 3
pasteles; habiendo tragado, más que comido, 10 veces esa cantidad... ¡cada
uno! Aplanando, en simultáneo y vertiginosamente, las montañas de tan
provocativas tentaciones.

Mas no faltaron los problemas, pues terminábamos por abusar del método
a límites de escándalo. Así, producíanse escenas realmente bochornosas:

--¿Cómo van a pagar un par de pasteles, si entre los dos se han comido
como 40? -- Terminaban diciendo, muy irritados, los mozos, el cajero y hasta los
propietarios, en más de una oportunidad...

91
-- ¡Oiga! ¡Qué se ha creído! ¡Hum! ¡Fíjese bien y no ofenda al público!
¡Está tratando usted con dos caballeros! ¡Eso no más faltaba! ¡Habráse visto! --
Replicaba Alfonso, pleno de su peculiar dignidad. Simulando santa ira y tratando
de salvarnos del temporal, provocado por nosotros mismos.

Más de una vez, en medio de enorme vergüenza, hubimos de pagar, si no


todo, una gran proporción del consumo real, lo cual nos significaba, ciertamente,
muy dolorosas catástrofes financieras.

Lo contado, como algo está dicho y admitido, era una parte de nuestros
pecados veniales de adolescencia y primera juventud. Se recuerdan
risueñamente, como palomilladas; por supuesto sin poderlos perdonar
plenamente y menos santificarlos. Quede constancia, no obstante y como
resultaba natural, que Alfonso Quirós, al madurar, se constituyó en uno de los
hombres más honestos que he conocido y a cuyo nivel también he intentado
llegar; sin corresponderme decir si lo he logrado.

Mas ocurre que tales hechos y episodios, aunque livianos algunos,


mueven hacia pertinentes reflexiones de carácter ético filosófico, de real
importancia. Desde aquellos tiempos, por la camaradería y las orientaciones,
casi siempre encomiables, de Alfonso, tanto en los campos del auténtico bien,
por ejemplo en los estudios, cuanto en las juveniles mataperradas; y de modo
parecido, con posterioridad, por las influencias de otros buenos amigos y
maestros, comencé a constatar cómo el ser humano, para sus acciones buenas
o malas; para la adquisición de hábitos sanos o viciosos; para asumir
orientaciones en lo personal y en lo colectivo, tanto hacia el bien y la salud
moral, como hacia el mal y el vicio, encuentra mayores facilidades apoyándose
en la compañía de otros seres que le sirvan de guías. Por ello, en el destino
venturoso o desdichado de las personas, juegan decisivo papel las buenas o las
malas compañías y los excelentes maestros o los deficientes profesores. Es así
como beneficia o daña muchísimo, acercarse o alejarse, de las buenas o de las
malas juntas; y de los positivos o negativos teachers.

-----

Ingresados a la Molina, ya en el ambiente de los estudios y refiriéndonos


a las amistades allí contraídas, los 30 muchachos integrantes de la promoción
del Primer Año, en 1,939, comenzamos a conocernos y luego a estimarnos
intensamente. En diversos grados, según las calidades personales y las
afinidades o las divergencias sicológicas constatables desde aquellos tiempos.

Así, uno de mis mejores amigos de por entonces, cuyo afecto y aprecio se
han mantenido y acrecentado por más de medio siglo, fue Alberto Vega Ayllón.
Se manifestó siempre --nunca ha dejado de serlo--, estudioso, trabajador, serio,
honrado, metódico, económico, y poseedor de varios otros positivos etcéteras.
Sin duda hecho así por formación familiar paterna u hogareña, además de su
natural conformación noble, de buenos sentimientos.

92
Viene al caso contar que la mayor parte de los cursos de la Escuela
tenían por textos las redacciones suministradas a la clase por los profesores, en
unos pocos ejemplares escritos a máquina y entregados por intermedio de los
alumnos delegados de cada año. Pero no alcanzaban para todos. Por otra parte,
ciertos cursos, pero muy pocos, se habían llegado a editar y se podían adquirir
como ‘separatas’ de la revista “Agronomía”, publicada por el Centro de
Estudiantes; pero, con ser las mejores impresiones, comprendían un número
muy reducido de los cursos, en relación con los mucho mayores requerimientos
de los alumnos. Se imponía pues la necesidad de copiar, con las pesadas y
ruidosas máquinas de escribir de entonces (las famosas “Rémington” y
“Underwood”), la mayoría de los textos; varios de los cuales pasaban de las 400
páginas... ¡Divinas hubieran parecido las maravillosas computadoras de hoy!...
Trabajo de hormigas era el de los alumnos copistas, que las vendían ‘a tanto la
página’ (5 ó 10 ctvos. c/u.)... A veces la competencia hacía bajar los precios. De
tal modo que el oficio no era muy rentable que digamos. No dado para los
muchachos ricos; sino, a lo sumo, para quienes precisaban agenciarse recursos
en apoyo de sus estudios, estando faltos de financiamiento externo o para
quienes, con sentido de responsabilidad --era el caso de Alberto--, no querían
abrumar a sus padres con tan fuertes gastos, cuales eran los estudiantiles.

La cosa, empero, no era sencilla, pues el trabajo debía ser bien hecho:
Pulcro en el ‘tipeo’, pese a la dureza de las viejas máquinas; las copias no
podían ser numerosas en cada tirada (no más de cinco), pues se utilizaba papel
carbón o ‘de calcar’; de lo contrario, resultaban de imposible lectura, difíciles
para estudiar en ellas. Había que borrar y corregir errores, uno por uno y hoja
por hoja, levantándolas con sus respectivos carbones y aislando éstos, cada
vez, con unas tarjetitas... Sin embargo, por ganar fácil la plata, algunos copistas
sin muchos escrúpulos, olímpicamente se saltaban párrafos y, mucho peor,
páginas enteras. Había que buscar gente seria y honrada... Así, en tal
búsqueda, trabé mi primera relación con Alberto... Y, hasta ahora --¡más de
medio siglo después!--, guardo una copia del curso de Botánica, pulcramente
editado por él. En la cual, como una especie de pie de imprenta o identificación
editorial, ponía, al fin de cada capítulo, sus iniciales en mayúsculas: A.V.A....
¡Qué tal capacidad, la de un Adolescente, para el esfuerzo, cuando lo anima una
vocación!

En los años siguientes, fui con Alberto un compañero, verdadero


camarada de múltiples aventuras, en varios de nuestros viajes de prácticas
vacacionales, abarcando los más lejanos parajes del Perú. Su espíritu
económico y previsor, nos permitió realizar muy exitosos periplos.

Con varios compañeros más y en virtud de las diversas cualidades


personales observadas en ellos, fui cultivando muy apreciadas y también
duraderas amistades; de las cuales he disfrutado, algunas, por más de medio
siglo, hasta ocurridos sus recientes y lamentables fallecimientos; más otras,
aunque ya pocas, con las que hasta la fecha felizmente todavía gozo... Uno a

93
uno los fui conociendo y apreciando. Habré de referirme, después, a los casos
más aleccionadores, en diferentes aspectos.

Y viene a propósito una cuestión de gran importancia en la Ética, como


principal rama de la Filosofía, traer a colación y a nuestra reverencia, los sabios
pensamientos del gran filósofo griego Aristóteles --inolvidable y siempre
vigente--, en relación con el tan apreciable valor de La Amistad. Decía el
inmortal pensador, que la Amistad, también uno de los más hermosos y
gratificantes sentimientos humanos, se puede clasificar en tres modalidades:

1.- La del Placer o de la Afición; es la que se establece entre personas


con aficiones semejantes o gustos complementarios. Haciéndose inclusive
necesaria para la práctica de las actividades correspondientes. Por ejemplo: la
de quienes realizan los mismos gratos esparcimientos o juegos deportivos; así
como reuniones sociales, culturales, etc. Es una clase de amistad muy común,
aunque relativamente superficial, que sin llegar a ser censurable, ni mucho
menos, no alcanza las altas jerarquías de la Verdadera Amistad.

2.- La Pragmática o del Interés, es la que se practica con el propósito de


establecer vínculos afectivos y de comunicaciones con quienes poseen dinero,
poder, honores, consideraciones sociales, políticas, etc.; en pos de obtener, o
por la simple expectativa de ello, aunque fuere concediendo también algo de lo
propio, cierto provecho personal, con el mayor énfasis en lo material o suntuario.
Forma en verdad prostituyente de la Amistad. Que no solo no tiene ningún valor,
sino, como actitud y conducta --por mucho que se ofrece muy frecuente--, es por
demás abyecta y repudiable. Propia de vulgares mediocres, oportunistas y
logreros.

3. - La de la Virtud o de Significaciones Morales; nace y se mantiene por


la mutua admiración de virtudes --culto y acatamiento de los Valores Superiores
y Perennes del Espíritu Humano-- entre los verdaderos amigos. Es la superior, la
más elevada forma de Amistad.

Por mi parte puedo expresar cómo, finalizando la existencia, constato


tener relativamente pocos amigos. Pero muy buenos. Excelentes. Dentro de una
vinculación fundada en el Aprecio y la Admiración por las enaltecedoras virtudes
que los adornan, y que --muy generosamente por cierto-- a su vez ellos creen
poder reconocerme... ¡Cuánta razón tuvo y sigue teniendo el genial estagirita!

-----

Pasando a otros aspectos, concernientes a la Adolescencia y a su tránsito


hacia la Juventud, procede referirnos a:
La Timidez.- Mi caso ofreció ciertas singularidades. Viene pues a cuento
anotarlas en aras de una mejor interpretación del asunto. Así, ha de apreciarse
por nuestras narraciones, cómo tardé tiempo, demasiado quizás, en alcanzar las
situaciones conocidas como propias de la vida romántica, romanticona, podría

94
ser en irónico decir... De las relaciones sentimentales con miras a la formación
de pareja. Siendo, la definitiva, uno de los primordiales apoyos de la Felicidad
Humana, al culminar la existencia, con en el Amor, el Matrimonio, la Familia y los
Hijos.
En realidad, hasta terminar mis intensos estudios superiores, celosos
siempre del tiempo juvenil, aparte de esporádicos desfogues carnales con
hetairas –que nada grato es confesarlos--, en cambio, con las llamadas “chicas
bien”, no pasé de algunos escarceos o enamoramientos por demás platónicos,
no llegando siquiera al punto de poéticas declaraciones, delicados besitos, o de
los arrumacos conexos. Y ,a veces... ¡ni al conocimiento de las agraviadas!
Fueron varias las razones, entre ellas, está señalado, lo intenso y
apasionado de mis estudios. Ellos dejaban poca disponibilidad de tiempo y de
concentración; tan reclamados, también, por los púberes amoríos. La falta de
dinero, consustancial a la general condición estudiantil y en particular a la mía;
pues fue una época de muy difícil economía familiar la nuestra, en coincidencia
con el alto costo de los estudios... Más una Timidez de Adolescente, la cual, por
un tiempo --quizás demasiado largo, he de confesarlo--, noté que me
aprisionaba, frenando los naturales impulsos hacia las gráciles damitas, por
entonces ofrecidas a la masculina predilección. Timidez de efecto cortante, a la
hora del asalto final a las femeniles fortalezas o del remate triunfal en las lides
amatorias.
La timidez en los adolescentes no es de sorprender, en razón de los
problemas de la edad; y por lo tanto, no tenía por qué serlo en mi caso; estaba
empero, acentuada por varios motivos:
La traía un poco desde la Infancia. Yo no había sido, ni mucho menos, lo
que se dice, “un niño bonito”, pleno de gracia, sino notoriamente lo contrario.
Tampoco llegaba a ser un adolescente de especial atractivo para las nínfulas de
entonces. Recuerdo, en cambio, cómo mis hermanos mayores: Daniel y Manuel,
tenían mucha mejor suerte con las chicas; ventura que yo no podía alcanzar. Me
daba muy bien cuenta de mi falta de logística propicia; aunque no recuerdo
haber llegado a sufrir --por prudencia sobre todo-- algún estrepitoso desaire,
"calabazas”, que llaman. Pero no me atrevía a rematar al arco.
En la niñez, se podía apreciar que estaba destinado a desarrollar una
elevada estatura; por ello posiblemente, se me hacía notable, en proporción, una
gran cabeza. Al común decir, era un 'gordo cabezón'. Por otro lado, varios en la
familia somos de nariz prominente; pero en mi caso, tal situación se sumaba al
hecho --como contaba nuestra madre-- de haber nacido con el apéndice nasal
lesionado, defectuoso, torcido, por las dificultades del parto (distócico). La lesión
congénita, además de afearme el rostro, deprimiéndome, dificultaba mi
respiración y me impedía un desarrollo orgánico normal. Agregaré cómo, según
fuimos también informados, nuestra madre padeció de dolencias reumáticas,
transmitidas, en varios de sus embarazos, hacia algunos de sus hijos. Esta
afección dio lugar a inflamaciones y abultamientos de las articulaciones, las

95
cuales perdían así flexibilidad, dificultando, adicionalmente, un buen desarrollo
muscular.
En mi caso, esta acumulación de desdichas, de carácter anatómico,
fisiológico, y estético, venía generando cierto estropicio biológico inicial. Téngase
en cuenta, además, en cuán alto grado, por lo común, los adolescentes son
sensibles a las críticas y burlas acerca de su aspecto físico, creyendo en general
concentrada en sí, más de lo real, la observación ajena.
Con el tiempo pude mejorar bastante presencia y fortaleza física; pero la
agilidad no llegó a ser del todo tan satisfactoria. Así, aunque nunca alcancé, ni
mucho menos las alturas de un Adonis, ni de un Hércules, pude arribar a
constituirme en una persona bastante presentable y en todo a poderla
considerar como normal. Superando inclusive algunos promedios y anulando,
completamente, los complejos y retraimientos nacidos y crecidos en el curso
inicial de la vida.
Al desarrollar mi alta estatura (1.85 m.), la desproporción de la cabeza
quedó prácticamente anulada. El ejercicio intenso, los deportes y el tiempo --que
permite la compostura de casi todo-- terminaron anulando, en gran medida, las
fallas en esqueleto, articulaciones y musculatura. Si bien no a niveles súper
atléticos, sí hasta algo mejores a los de la medianía. Dos operaciones a la nariz
me permitieron mejorar la respiración y la presencia. Por lo tanto, la posibilidad
del correspondiente desarrollo corporal, especialmente el toráxico y el muscular;
favorecidos, como está dicho en parte, por algunos deportes intensamente
practicados por mí, con particular entusiasmo y ciertos éxitos; como la natación,
el ciclismo, la equitación, las caminatas de gran aliento, etc. Con la adicional
superación estética consecuente, hacia una aceptable fachada... Valga la
inmodestia.
Además, en el curso de mi existencia infantil, adolescente, y primera
juvenil, diversos triunfos, sobre todo intelectuales: las prácticas bastante lucidas
de mis estudios, del escribir, de la oratoria, y de la enseñanza, me permitieron
alcanzar total aplomo y dominio de escenas, borrando los semi complejos y las
timideces portadas de inicio. Ciertamente el proceso reclamó tiempo. Sólo al
culminarlo, puedo decirlo, hube de disfrutar de la Vida, a plenitud y con
suficiente autoestima.
He conocido, pues, lo que significa soportar y vencer temporales
problemas de infancia, adolescencia, y juveniles, sin dejarlos volverse
infranqueables, para la marcha hacia una Existencia Feliz. Todas las
experiencias al respecto, incluyendo la mía, confirman el principio general
siguiente: Resulta importantísimo para el Adolescente superar, en el curso del
desarrollo de su Personalidad, mejor si con la ayuda de sus mayores, los
problemas y situaciones especiales que puedan generarle traumas sicológicos
de Timidez o Complejos de Inferioridad; en particular lo relacionado con su
apariencia y aptitudes físicas e intelectuales.
-------

96
1,939- Un año de inmenso significado:
-- Histórico Universal, pues se inició en él la II Guerra Mundial (1º de Set.).
La más atroz hecatombe padecida por la Humanidad en todos los tiempos y que
duró hasta el 29 de abril de 1,945 (muerte de Adolfo Hitler). Se ha culpado de
ella,
con gran injusticia e inexactitud --como lo sabemos bien quienes vivimos
estudiosamente esa época--, al Estado Alemán y en particular a su Conductor o
“Führer”.38
--Histórico Nacional, pues coincide con el ascenso al poder --al primer
gobierno-- del Dr. Manuel Prado U., quien iniciara un proceso circense de lo que
entonces se llamó “democratización”; comenzando a reabrir las puertas al Apra -
-partido inicialmente marxistoide y luego social demócrata-- que reincidió en un
desempeño político de nefastas consecuencias para el Perú en casi todo el siglo
XX.
--Personal, para los muchachos de antaño, los de nuestra molinera
hornada, en plan de concretar el primer paso hacia la hermosa Vocación
Profesional de Ingenieros Agrónomos.
Aparte, nuestros estudios durante ese primer año y en el marco de un
internado muy satisfactorio, eran de lo más importantes. Como se ha dicho,
consistían en la dedicación a las Ciencias Básicas. Lo cual permitía una
formación cultural suficientemente amplia y profunda. Como para forjar
profesionales idóneos, de gran criterio. Ante las muy variadas y difíciles
condiciones que plantea la vida en el Perú y el Agro peruano en particular.39
-----
La “Hacienda Urcón”.- Concluía el año y me preparaba para mi primera
práctica vacacional, facilitada por los primos Oliveri Vinatea, a realizarse en el

38
La verdadera causa de la 2a. Guerra –intervención de la judeo masonería aparte--, fue la 1a.,
sellada con el nefasto Tratado de Versalles. El cual dio sobrados motivos, para su rechazo, a los
líderes de los países vencidos. Y ni siquiera satisfizo a los vencedores (Italia y Japón entre ellos),
como para poder encontrar defensores. La verdad es que la segunda guerra fue continuación de
la primera, con varias menores intermedias. Alguien, con acierto, ha llamado al conjunto de
dichas contiendas: “La Guerra de los Treinta Años del Siglo XX” (1,914-1,945). Hitler, en la 1a.
conflagración, no era sino un modesto soldado, sin influencia alguna. Por su coraje en combates
pudo ganar la Cruz de Hierro y ascender a cabo. Las mentiras y la injusticia de la acusación, son
pues clamorosas.
39
Comenzaban a aparecer entonces corrientes, dentro y fuera de la Escuela, propugnadoras de
una huachafa imitación yancófila: La partición de la Ingeniería Agronómica en varias ramas con
exageradas especializaciones, eliminando en los estudios los básicos anteriores y adoptando el
sistema de “créditos”, “currículo flexible” y “ciclos por semestres”. Pero, opino --contra el parecer
general, lo reconozco--, apoyado en mi experiencia de largos años como profesor universitario y
en el conocimiento de la realidad nacional concreta, además de otras múltiples razones, que tal
sistema podrá servir para sociedades anglosajonas, ricas y desarrolladas, mas no para nosotros:
hispanos y subdesarrollados. Pero ese modo de pensar y proceder, triunfante al fin, ha
terminado por arruinar a la antigua Escuela Nacional de Agricultura y Veterinaria de la Molina
(hoy “Universidad Nacional Agraria”) y a la misma extraordinaria y hermosa Profesión de
Ingeriero Agrónomo... ¡Que, prácticamente, no existe más en el Perú!

97
verano de comienzos del ‘40, en la grande y hermosa Hacienda ganadera
“Urcón”, ubicada en las pintorescas serranías de la Provincia de Pallasca, del
Departamento de Ancash.
Estando así, por iniciar el segundo período anual de estudios en La
Molina, cuando llegaba a los 18 años de edad, con la práctica vacacional de
varios meses en la dicha hacienda Urcón, se iniciaba entonces en mí, sin
percibirlo todavía muy claramente, el proceso de cambio, en la vocación
profesional de Ingeniero Agrónomo, de la especialidad cañavelera, hacia la
ganadera,.
Dado que el ambiente serrano de Urcón se nos aparecía previsiblemente
exótico, a mis familiares y a mí, de origen y residencia costeños todos, cuando
estuve por emprender el largo viaje --por carretera, ferrocarril, y a mula, por
escabrosos caminos de herradura, con espeluznantes precipicios--, mi hermana
Isabel, con quien cultivaba especial compañerismo, cariñosamente me
recomendó:
-- Ahora que vas a Urcón, escríbenos contándonos tus impresiones y
‘aventuras’...
-- ¡Qué voy a escribir, si no sé hacerlo!... Soy un animal en eso --Repliqué
al punto.
-- No tienes que saber nada en especial; solamente narra, sinceramente,
lo que sientas... y basta.
Así, animado por ella, envié varias cartas contando mis nuevas
experiencias e impresiones, de los ambientes y paisajes de esa hermosa e
imponente sierra y de mis actividades estudiantiles y laborales en Urcón:
Especialmente bella su zona de Sierra Media o Quechua. Un límpido cielo
de firme y neto azul de fondo, por lo general con pocas pero blanquísimas
nubes, que armonizaban con el conjunto y daban también muy hermosos y
nítidos contrastes. Tan distinto del firmamento limeño, gris sin netos tonos,
catalogado como de color "panza de burro", por el renombrado Arquitecto y
humorista, Héctor Velarde. Súmense unas extensas praderas de punas,
rodeadas por imponentes nevados, con preciosas lagunas arboladas de
quinoales, quishuares, y saucos. Rojizos y pardos los suelos arcillosos de Urcón;
diferentes a los plomizos y arenosos de la Costa. Contrastando con el verdor
intenso de su vegetación; lavada con frecuencia por las lluvias. De sus árboles
de eucaliptus, cerezos, y alisos; sus azulados magueyes, retamas floridas en
amarillo, y sus fructificantes zarzamoras; más los cultivos de trigo, habas, maíz,
y papas. ¡Coloridas visiones por doquier! Hasta chillonas las vestimentas de las
tímidas pero coquetonas cholitas de esos lares. Además, y hasta entonces, yo
nunca había visto ni sentido lluvias de verdad, y menos nevar, granizadas, ni
rayos, ni truenos.
Concentraron especialmente mi atención los trabajos agrícolas y
ganaderos de la hacienda. En particular los de genética animal; de cruzamientos
y selección, en equinos, vacunos, y ovinos.

98
Mi primo Alberto Oliveri Vinatea, había cruzado finas yeguas de paso, de
gran alzada, llevadas de la Costa, con burros "hechores" gigantescos 40, de la
famosa raza norteamericana llamada de Kentucky; obteniendo unas mulas
impresionantes, de excepcional tamaño, fortaleza y brío; al mismo tiempo que
de gran nobleza, docilidad, y muy suaves (“de paso llano” o “de piso”). Sin
iguales para los duros caminos, cerros, cuestas, y sendas a campo traviesa, de
nuestras escarpadas serranías (“chaquinanas”).
Con los vacunos obtuvo bellos cruces progresivos de vacas criollas
serranas con reproductores Shorthorn; raza inglesa de hermoso color rojo
cereza intenso, de producción de doble propósito (carne y leche). Se elaboraba
también mantequilla y quesos deliciosos.
Y en cuanto a ovinos, bajo la dirección técnica del entonces muy joven
Ing. Agr. Rigoberto Calle Escobar --el más calificado profesional especialista en
la materia que se halla dado en el Perú--, realizaba un mejoramiento masivo de
sus rebaños de base, de ovejas criollas de ascendencia Merino, por cruzamiento
absorbente con carneros de la raza de origen australiano y neozelandés
Corriedale (de lana y carne), siguiendo con una rigurosa y constante selección.
¡Cuántas experiencias no habré contado en mis cartas!... Pero
regresando a Lima, realmente había olvidado las benditas misivas. Y, para mi
sorpresa, la hermana mía me dijo:
-- ¡Qué lindas fueron tus carta!...
-- ¿Lindas?... ¡Si yo no sé escribir!
-- ¿Cómo será?... Sin embargo, a mí sí me han parecido muy bonitas.
Sinceramente sorprendido estaba en verdad. Pero el hecho es que, desde
entonces, comencé a perder el ‘miedo a escribir’. Que había contraído, unos
años antes, en mi preadolescencia; al negativo influjo de un pésimo profesor de
Literatura. Pero poco a poco, fui ‘agarrándole el gusto’ al asunto. Y, aunque a
trompicones, conforme iré narrando, me lancé por esa ruta. Lo cual --en estricto
sentido--, si no ha dado hermosos frutos, en cambio, sí ha conferido mucho
sabor a mi existencia.41
-----
Por las interesantes observaciones que tuvieron lugar en Urcón, referidas
a sus prácticas zootécnicas modernas y de alto nivel profesional, comencé a
darme cuenta de que la Zoología y la Zootecnia, son a la Botánica y a la

40
"Hechores" se llama a los asnos reproductores machos o ‘garañones’, capaces de aparearse
con yeguas y producir (o ‘hacer’, de donde vendría la palabra: "hechores") crías mulares o
híbridas (entre las especies asnal y caballar); lo cual se logra amamantándolos y criándolos con
yeguas, de modo a conseguir, por la costumbre, un desenvolvimiento sexual y reproductivo sin
retrimientos y que, de otro modo, aparecería anti natural.
41
Años después, tuve ocasión de leer --con especial fruición-- las obras de don Miguel de
Unamuno, quien decía: “Escriba con sinceridad y sin mucho temor a las imperfecciones, si le
agrada hacerlo y mejor si lo hecho gusta a los demás; que el perfeccionamiento --nunca la
perfección-- vendrá después y progresivamente”.

99
Fitotecnia, como un escalón más avanzado y por lo tanto más interesante, del
conocimiento científico y técnico agrario; sin oponerse entre ellos, sino al
contrario. Pues, en ambos casos, no son posibles, las primeras nombradas, sin
las segundas; en otras palabras: Zoología, sin Botánica anterior; ni Zootecnia,
sin Fitotecnia precedente.
Y en el esquema empresarial, la ganadería tiene que darse, con
agricultura de pastos y cultivos de rotación y alimenticios, en ciclos mútuamente
complementarios. Con silvicultura o forestaciones además (para sombras y
protección de suelos y ambientes). Por ser así las actividades ganaderas,
integrales y de mayor complejidad, interesan, desafían a la originalidad, e incitan
con más fuerza, a las ansias juveniles del saber y del crear.
De tal modo, fui recalando en la Ganadería. Posteriormente, cuando
conocí la Selva, primero por Satipo y luego por Tingo María, Pucallpa e Iquitos,
en inefable deslumbramiento, viviendo además un tiempo en ella, me definí por
la Zootecnia Tropical; con énfasis en Vacunos, la rama pecuaria más promisoria
en la mencionada región. Finalmente, mi pasión por la Biología General, la
Ciencia del Suelo o Edafología, y la Genética o Estudio de la Herencia Biológica,
hicieron el resto, en fuerte impulso añadido a las motivaciones del proceso
descrito.
-----
Tengo, entre mis recuerdos de “Urcón”, numerosos de útiles aprendizajes;
asimismo, el de un accidente cuyas consecuencias pudieron ser muy graves,
pero que al final felizmente no se produjeron:
Ocurría que, como en toda gran explotación ovina, son operaciones de
rigor, muy relacionadas entre sí, “la contada” y “la selección y clasificación” del
ganado. En el caso de las ovejas --valiendo la afirmación para algunas otras
especies--, se debe conocer bien la sicología de los animales; los alcances de
su instinto gregario (inclinación a formar rebaños o grupos numerosos,
subyugándose a un comportamiento colectivo). So pena de fracasar, de modo
lamentable, en la crianza.
En las dichas operaciones es necesario coger y sujetar algunos animales,
individualmente, para precisar ciertos datos. Así, al atrapar a una oveja o
carnero determinado --o también a un cerdo--, hay que arrinconar al rebaño --o a
la piara-- en una de las esquinas del corral; fijarse bien en el animal que se
desea extraer; y mantener la atención sólo en él; e, introduciéndose, uno mismo,
dentro del montón, perseguirlo hasta agarrarlo; mejor, cuando está
apretujándose, queriendo esconderse en medio del grupo. A los ovinos
tomándolos primero del vellón o lana del cuerpo y luego sentándolos entre las
piernas del pastor; a los porcinos, de una pata trasera y después de las orejas,
desde sus bases, antes de tumbarlos. Si no se adoptan estas técnicas o
precauciones y como chambón, uno se alborota y pretende agarrar a cualquier
ejemplar, en cualquier forma, variando inclusive de objetivo o punto, termina por

100
no atrapar ninguno. Todos escapan en distintas direcciones, en medio de las
risas y burlas de la conocedora concurrencia; situación que a nadie agrada.42
En cierta oportunidad estábamos contando ganado lanar; para lo cual, por
lo común se agrupa al rebaño correspondiente utilizando dos grandes corrales,
con una estrecha puerta intermedia, de modo a permitir, en su momento, pasarlo
en fila, de uno a otro recinto.
A veces, como sucedió en el escenario del caso que trato, no hay corrales
y menos en duplex. Entonces lo que se hace es disponer, en una especie de
gran ‘8’, a varios pastores alineados en lateral y provistos de “cayados”
(báculos), bastones, o palos largos, para poder requerir en la operación una
menor cantidad de peones; funcionando, como puerta, el punto medio del ocho
humano.
Así las cosas, se procura hacer pasar, de una parte a la otra, a las ovejas
en fila india, lo más despacio posible, por la abertura del medio del ocho. Dos
personas especialmente colocadas, una a cada lado de la hilera, van contando y
apuntando en un papel las cantidades parciales resultantes; haciéndolo por
medio de rayitas en grupitos de a cinco (cuatro verticales, por una oblicua a
través), para luego, al concluir, confrontar los resultados.
La cuestión es no dejar escapar a ninguna oveja. Porque basta que una
sola salga por un lugar diferente que no sea 'la puerta', para que las demás se
vuelvan locas por seguirla. Si lo logran, algunas, buscarán otros grupos en los
cuales introducirse. Pudiendo ser estos de diferentes categorías y ya contados o
nó; echándose a perder... ¡todo un largo trabajo sobre varios cientos de
animales, en pocos minutos!... Por ello... ¡nadie debe distraerse!
Un día, muy lluvioso, estábamos realizando una labor como la descrita; yo
hacía de capataz de los pastores; el terreno era arcilloso, bastante quebrado, de
irregulares desniveles, con mechones, de trecho en trecho, de hierbas o pasto a
medio comer por el ganado,. Se había formado así, con las lluvias, un barro muy
resbaloso de su arcilla roja43.
En ésas, uno de los pastores, quien estaba con la boca abierta y mirando
a las nubes, dejó escapar una oveja... Corrí a contenerla, gritando:
--¡Cuidado!... Se escapa una...

42
Los animales individualmente débiles defienden, en la lucha por la vida, su propia existencia y
la de su especie, en dos formas principales: recurriendo a su gran capacidad de reproducción, y
a su instinto gregario. Formando aglomeraciones, llamadas: multitudes, rebaños, tropeles,
piaras, mangas, parvadas, cardúmenes, etc., según las especies de que se trate. Por ellas, pese
al sacrificio de algunos miembros de la agrupación, generalmente los viejos, enfermos y
defectuosos, logran escapar los sanos y fuertes; desconcertando a sus atacantes... ¡Inmensa la
Sabiduría del Orden Natural de la Creación!
43
Las arcillas de la Sierra y especialmente las de la Selva: antiguas, rojas, oxidadas, lavadas por
las lluvias, ácidas, con pocas bases alcalinas; son diferentes a las de la Costa, por lo general
nuevas, grises, de baja oxidación, alcalinas y no lavadas, cargadas de bases y sales. Las
primeras, al recibir humedad, si la cantidad de agua es moderada, se ofrecen muy resbalosas; si
mayor, se hinchan fuerte y se vuelven muy ligosas, en un barro “como chocolate derretido”.

101
Pero quiso mi mala suerte e inexperiencia hasta entonces dada en el
caminar por los suelos mojados por las lluvias de la Sierra, que pisara mal con el
taco en un desnivel, cayendo de espaldas, sin amortiguación alguna, con todo el
peso y cuan largo era mi cuerpo, golpeándome la cabeza fuertemente en la
región occipital. Por ventura, el choque con el suelo, de tal zona corporal, fue
sobre un montículo con densa cobertura de pasto, el cual funcionó como
amortiguador y no hubo así fractura del cráneo o de hueso alguno que lamentar.
Quedé tendido en el suelo. Perdí el conocimiento. "Privado", como se
dice... Cundió entonces el desconcierto en la peonada y Rigoberto Calle se
acercó presuroso a constatar lo sucedido. Me contempló fijamente. Mientras yo,
como si estuviera beodo, sólo atinaba a devolver a medias la mirada; sin un
claro enfoque visual. Casi al instante, me dijo:
-- ¿Qué te pasa?...
- ..................... -- (sin respuesta).
-- Se ha resbalado y golpeado en la cabeza, señor --Respondieron por mí,
casi en coro, los pastores que me rodeaban... Mientras “la contada” se convirtió
en un laberinto de padre y señor mío...
Al observar Rigoberto mi lastimoso estado, en medio de un susto
tremendo, enérgico, ordenó:
-- ¡Traigan su caballo! Y, con cuidado, súbanlo montado. Tú, José –uno
de los pastores--, llévalo de tiro por delante; y Juan –otro de los mozos ovejeros-
-, tú anda de arreo por detrás; atentos y lo contienen si quiere caerse... Y,
pronto, llévenlo a la casa, donde don Alberto. Infórmenle lo sucedido y que lo
acuesten en cama. Luego, sin tardanza, partiré y llegaré yo; apenas pueda
disponer el arreglo de la trifulca armada aquí... Tú, Rafael... ¡agárrate bien!... del
“charqui” (parte delantera de la montura), con las dos manos; y deja las riendas
algo sueltas; el muchacho te llevará... ¡Vayan con cuidado!... Sólo al paso y
lento, para que el trote no le sacuda la cabeza...
Así, semi despertando, como un borracho, me encontré sobre el caballo,
desplazándonos, a paso cansino, por los senderos de la cordillera y la puna…
A poco, un tanto vuelto en mí, recuperado el conocimiento cada vez más,
comencé a darme cierta cuenta de lo circundante y aunque mareado todavía,
pude hablar algo y pregunté al pastor:
-- José ¿Qué me ha pasado?
-- Te has caído señor --Me respondió, solícito pero lacónico, mi temporal
guía.
La pregunta, creo, la repetí más de diez veces en el camino. Y con la
mayor paciencia el afectuoso pastor reiteraba la misma respuesta:
-- Te has caído señor...
La casa estaba bastante lejos del lugar de los acontecimientos. Me
parece recordar que a más de dos o tres horas, al paso que llevábamos. En el

102
camino iba despejándome, poco a poco. Pero llegué a la casa todavía medio
"grogui". Me hicieron acostar, después de suministrarme una caliente y
agradable bebida. Y dormí profundamente algunas horas, como un bendito.
Dejándoseme tranquilo, por atinada prescripción de Alberto... Médico no había ni
a muchos kilómetros a la redonda...
Al día siguiente, amanecí mejor; en cuanto al estado general del cuerpo y
al entendimiento racional del mundo exterior. Pero en gran medida... ¡había
perdido la memoria! Tal situación nos asustó a todos. A mí por supuesto, con
mayor razón; pues como estudiante, de permanecer así la lesión, ello podría
significar el fracaso total de mi carrera. Mucho también preocupó el accidente a
mis hospitalarios anfitriones y cariñosos primos (Alejandro y Alberto). Se sentían
responsables, ante la familia común, dada mi juvenil inexperiencia personal.
Felizmente, en los días posteriores fui recuperando la memoria con
rapidez y en amplitud crecientes. Hasta cuando, a poco, quedé como si nada
hubiera pasado. Y la falta de memoria nunca llegó a ser mi débil. Sino todo lo
contrario. Al decir de numerosos y confiables terceros, quienes, benévolos, pero
sin mengua de ser justos, la apreciarían como bastante buena y sobre lo
común.... ¡A Dios gracias!
Mas había ocurrido algo curioso e interesante: En la inicial recuperación
de mis facultades, después del accidente, pude constatar una realidad de la
neuro fisiología humana. Me pareció sentir, por algunos momentos, despertar,
no en “Urcón”, sino en el Colegio “Santa Rosa” de Chosica, donde yo había
sufrido, cuatro años antes, un accidente parecido, aunque menos grave; al
resbalar en un piso de cemento mojado y golpearme, también en la parte
posterior de la cabeza, con un cercano lavadero de cemento. Todo con un cierto
desmayo y pérdida de la memoria, por corto lapso. Lo curioso es, precisamente,
la presentación de una especie de 'conexión de los recuerdos', posible de darse
entre un tramo de la existencia, con otro, tras anterior; dejando, por un tiempo,
en el olvido, en blanco, al inmediato previo o intermedio.
Justamente, por la época del percance descrito (la década de los 40), se
hacía muy popular una cómica película norteamericana, cuyo nombre resulta
irrelevante para el caso, protagonizada por dos famosos actores, contrastantes y
por ello más chistosos: Bud Abott (flaco y alto) y Lou Costello (gordito y bajo). Se
trataba de un caso concordante con lo aquí expuesto. Adquiriendo así el
argumento cierto realismo, no hecho de tan pura fantasía, como pudiera creerse.
En esa cinta, al gordito Costello le habían propinado un mal palazo en la parte
posterior de la cabeza, durante determinado lío. Al volver del desmayo, había
perdido la memoria, creyendo estar en diferente etapa existencial,
correspondiente a una previa a otro golpe muy anterior. Se agravó entonces el
enredo. Para desentrañarlo, el flaco Abott no encontró mejor solución que
propinarle un tercer garrotazo, en la misma ubicación cefálica. Total, Costello
ensambló la etapa última, con la antepenúltima, dejando en blanco a la
intermedia. Otra vez --y mayor-- el laberinto. Entonces, para intentar arreglarlo...
¡nuevo porrazo! Total, palo sobre palo, casi matan al pobre gordito. En medio de

103
las carcajadas incontenibles del público, hasta los terrenos de un lacrimoso
jolgorio...
Años después, hubo otra cinta, mejicana y más graciosa, del inigualable y
genial “Cantinflas”, con parecido tema, en la que un coprotagonista (Ángel
Carassa), hacía, con un supuesto hermano gemelo, con quien se desconocía
por razones existenciales, en unas etapas del argumento, de anodino amigo del
cómico principal y, en otras, de un sabio físico poseedor de terribles secretos de
la ciencia bélica. Pero, golpes iban y venían en las cabezas de los veteranos
mellizos, con las consecuentes pérdidas y recuperaciones de sus respectivas
memorias, salteadas y reconectadas, con lo que se armaban unos enredos en
extremo hilarantes.
-----
Concluida mi provechosa e interesante permanencia en “Urcón” y
coincidiendo con la terminación del verano de 1,940, regresé a Lima; para iniciar
el segundo año de los cinco de estudios profesionales en la Molina. Y nuestro
arribo a las nuevas clases, en los primeros días de abril, a diferencia de lo
sucedido el año anterior, fue de lo mas tranquilo, pleno de una sensación de
seguridad. Sin mengua del entusiasmo y alegría con que lo tomábamos. Los
cursos comenzaban a ser, aunque todavía generales y no de aplicaciones
concretas o de especialidades de la carrera propiamente dicha, sí cada vez más
conducentes a lograr el perfil básico del Ingeniero Agrónomo, tal como en esos
tiempos era concebido. Los iniciamos pues con marcado buen ánimo y especial
cariño.
El Terremoto del ‘40.- Transcurrían así, del modo dicho, los días completos del
mes de abril y casi todos los de mayo. Cuando un suceso tremendo sacudió,
impactó, nuestras casi imberbes existencias y cambió, en mucho, a La Molina
misma, cuyo ambiente venía siéndonos particularmente grato y acogedor; tanto
para nuestros estudios, como para las demás dedicaciones juveniles, las
deportivas y otros variados y sanos esparcimientos... Fue el cataclísmico
Terremoto del ‘40.
El 24 de mayo, un poco antes del medio día, se preparaban todos en el
Internado --personal de cocina y comedor y los estudiantiles comensales-- para
la hora del almuerzo. Siempre importatísima para nosotros. Como es fácil
comprender, entendiendo las voracidades bulímicas que caracterizan a la
Adolescencia y a la Juventud masculina, de todas partes y de todos los
tiempos...
Mientras tanto, los muchachos internos más estudiosos, terminadas las
clases matinales, estaban todavía en el pabellón del Dormitorio General. En sus
respectivas “camarillas” individuales; cerradas por dentro, generalmente con
llave. Dedicados a estudiar cursos, revisar copias, hacer tareas o trabajos
académicos, dibujos, etc. Protegiéndose de las impertinencias de los más vagos;
que a toda hora empleaban su tiempo o mataban su aburrimiento, fuera mejor
decir, fregando la paciencia al prójimo y, no haciendo bien los propios,
dificultando estudios ajenos. Cuando, a eso de las 11 y 30’ de la mañana,

104
comenzó a temblar la tierra. Con fuerza creciente y notable ruido. Produciendo
un progresivo espanto general...
Yo estaba en mi cuartito y a puerta cerrada con llave. Al principio, no hice
caso. Pues desde muy niños, en la familia, se nos había enseñado a ‘no tener
miedo a los temblores’; y, en todo caso, a ‘salir despacio y sin mayores
aspavientos’. No les tenía, pues, temor a los frecuentes movimientos telúricos
que se producen en Lima y en casi todo el Perú. Cualesquiera que fueren sus
intensidades. Por lo menos, a las de los producidos hasta esas circunstancias.
Podría decir, con y como mis familiares: ¡Nada de temblorcitos, ni sustitos
conmigo!
Sin embargo, siguieron pasando los segundos y la fuerza y ruidos del
remezón crecían. Comencé a alarmarme...
La gritería y carreras de los demás muchachos, en el exterior de los
cubículos, eran por demás estridentes y bullangueras. Vociferaban: ¡Terremoto!
¡Terremoto!... Añadiendo múltiples interjecciones de pavor. No faltando las
netamente groseras, que suelen adornar situaciones de parecida naturaleza...
Y... ¡dale con la tembladera! No olvidemos que los sectores de la Gran
Lima, en los cuales el sismo mostró su mayor fuerza destructiva, fueron,
precisamente: El Callao, Chorrillos, y La Molina...
Ya se sumaban fuertes crujidos que salían de las paredes y techos,
pareciendo que se quebraban. Comenzaron a caer los estucos y molduras. Se
generalizaba una densa polvareda...
Situación curiosa, notable, en el fenómeno que se venía produciendo,
estribaba en que, al remecerse el edificio, de un lado para otro y de arriba para
abajo, se soltaban los ladrillos; unos de otros y ellos mismos de sus respectivas
capas de mezcla o argamasa seca. Por evidentes deficiencias de construcción,
aparte de la fuerza terráquea.44 Dando lugar a pequeños pero numerosos
chasquidos; que se sumaban todos, en una especie de fuerte y áspero zumbar.
Anunciaban, terroríficamente, el desmoronamiento y final derrumbe total... O, por
lo menos, así nos parecía, con bastante claridad.
Entonces recién me asusté muchísimo más y de veras. Casi a extremos
de pánico; valgan verdades. Intenté salir; girando rápidamente la llave y perilla.
Pero la puerta ya no se quería abrir. Tuve que darle un fuerte empellón y otro
desesperado jalón. Por fortuna, coincidiendo posiblemente, a favor, alguno de
los intensos sacudones de todo el edificio... ¡se abrió la terca portezuela! Corrí,
anhelante, hacia afuera; impulsado por una hasta entonces inexperimentada
fuerza interior... ¡El instinto de conservación!... Que emergía desde lo más hondo
de mi ser... Me uní, por detrás, a un tropel de aterrados muchachos, quienes
bajaban ya desde el tercer piso --yo estaba en el segundo-- y corrían hacia una

44
Después del terremoto, las edificaciones de La Molina fueron incluidas en una investigación
oficial por malos manejos de las compañías contratistas sospechosas de fraude con los
materiales de construcción utilizados. Como siempre, no llevó a resultado alguno... ¡Contratistas
de Obras Públicas del Perú!: ¿Hasta cuándo abusareis de nuestra paciencia?

105
de las dos amplias graderías del edificio. Las cuales, por ambos lados de la
larga fachada y por dos grandes puertas, le daban salida hacia los jardines
exteriores. Ocurrió que al llegar al mismo borde superior de la primera escalera,
ésta se hundió ante sus pies; dejando un gran forado, imposible de pasar...
Sin embargo, por otra parte y felizmente --con la reserva correspondiente
al término, en tales circunstancias-- casi todos los alumnos del pelotón formado,
con anterioridad al nuestro, por la mayoría de los alumnos del segundo piso que
lo evacuaron más presurosos, ya habían pasado el último umbral, hacia el
exterior... Menos dos jóvenes más retrasados, a quienes les cayó, al casi
superarlo y por sus espaldas, el pesado balcón de cemento que se desprendió
del sobre dintel, del ala derecha del Internado. Esos dos muchachos fueron
dados por muertos, en los periódicos del día siguiente. Pero pudo aclararse,
después, que se trató de uno sólo... ¡Lo vi al rato de caer! Aplastado por los
bloques de concreto... ¡Tenía las piernas y muslos doblados y quebrados,
descoyuntados hacia la nuca! La impresión –horrible-- no se me borraría jamás.
En cuanto a nosotros, los del siguiente grupo, los retrasados del segundo
piso y prácticamente todos los del tercero, al vernos sin salida, quedamos
momentáneamente anonadados. Pero uno, el más vivaz de los muchachos del
tropel, gritó:
-- ¡A la otra escalera!
Así lo hicimos, en turbamulta y como se comprenderá fácilmente, a la
velocidad del rayo... Porque cuando se trata de salvar el pellejo, todo correr es
poco... El temblor... ¡terremoto declarado ya! continuaba. Parecía interminable,
de una potencia aterradora...
Llegamos a la segunda escalera, la cual... ¡seguía ahí!... ¡Bendito sea
Dios! Bajamos corriendo. Pero ya tambaleantes todos. Buscando por momentos
apoyo en las paredes, zarandeadas y descascarándose; cuyos ladrillos, sueltos,
salían disparados lateralmente contra nosotros, muy golpeados ya, sin poder
casi tenernos en pie, ni bajar seguros las gradas; recibiendo, por añadidura, una
lluvia de pedazos de estuco y de molduras, desprendidos de los techos y
paredes. En medio de una nube de polvo, la cual nos venía dejando más
'talqueados' –ironía macabra si se quiere-- que participantes en “yunzas” de
carnavales en los pueblos de nuestras serranías.
En lo a mí tocante, al llegar a la puerta y pretender saltar las últimas
gradas --¡eran las tres o cuatro finales!--, caí de bruces. Y, al voltear un poco la
cara hacia atrás y arriba, vi a la torre de ese sector... ¡amenazadora,
bamboleante, soltando, cual gruesa y peligrosa lluvia, sus numerosas y rojizas
tejas! Pareciendo venirse abajo, exactamente... ¡sobre mí! Pero pude divisar, a
la superficie del jardín, moverse, ondulante, como si fuese una alfombra cuando
se la sacude.
Fue entonces cuando tuvo lugar una sorprendente experiencia de notable
significado: Sentí, por unos segundos, la sensación de estar llegando a una
muerte segura, inevitable. Que yo iba a morir. Que tenía que morir. En ese

106
mismo instante... Pero, lejos de aumentar, mi terror terminó por completo. Una
increíble Resignación, se apoderó de mi espíritu. Me encogí cuanto pude y
esperé lo que debiera venir...
No obstante, pasaron algunas fracciones de segundo. La torre no caía
aún... Y el instinto de conservación, rápidamente, volvió a llamarme. Miré de
nuevo hacia adelante. Vi el campo abierto. Casi salté y corrí ‘en cuatro patas’,
avanzando varios metros. Mientras, por detrás, caían, estruendosamente, el
balcón y la torre, con sus tejas restantes...
¡Me había salvado!... El Terremoto terminó. Pero hube aprendido lo
también confirmado, años más tarde, por la lectura de las obras del sabio
Cicerón. Las cuales tantas veces cito, incansable, pero con suficiente
justificación, según creo. Podría resumirse el principio en la forma siguiente:
"Cuando llega el momento de la muerte o uno lo percibe así, se
presenta, en el ánimo, una suerte de Resignación o Conformidad.
Cualquier terror ante su presencia desaparece."
Resulta así una suerte de confirmatorio complemento de la convicción
ciceroniana de que: "No existe motivo racional suficiente para temer a la
muerte, tanto por lo menos, como es común en el vulgo."
Porque uno de los más grandes temores humanos, en verdad infundado
ciertamente, como estamos viéndolo, es pensar que se ha de mirar, aterrado, la
llegada de la Muerte, ("verle la cara a la Parca”), enfrentar al Momento Supremo,
con plena consciencia de ello, añadida al rechazo común y comprensible del
suceso... De tal modo, el trance se supone terrible, desesperante...
Mi convicción, experimentada, no tanto teórica, se consolidó, como lo
detallaré en próximos párrafos, en la circunstancia posterior de un accidente,
durante un viaje al Satipo, episodio distinto en la forma, pero de significación
similar al de La Molina. Ratificando, de modo irrefutable, el principio enunciado...
Más, si agrego los testimonios ya expuestos, de los fallecimientos de mis
padres. En dichos trances: el de mi madre, súbito, apoplético; el de mi padre,
más lento, por neumonía; ambos perdieron la consciencia antes de la
terminación de sus vidas. Resalta la veracidad de la afirmación ciceroniana: “El
umbral de la muerte no es tan horrible, ni siquiera tan percibible, como se
lo supone”.
-----
Terminado el remezón del terremoto, reclinado sobre la grama de los
jardines de la Escuela, comencé a contemplar la magnitud de los estragos
producidos por el sismo:
Los hasta entonces bellos edificios, en su mayor parte, se habían
derrumbado, completa o parcialmente. Todos presentaban serios daños y
averías. Como dijimos antes, hubo un alumno muerto y otro gravemente
lesionado. Numerosos estaban heridos o por lo menos golpeados, con fuertes

107
raspaduras, ‘empolvados’ por entero y presentando rotas, desgarradas, sus
vestimentas.
Varias casas de los profesores se habían venido abajo, en particular la del
Rector o Director de la Escuela; a cuya esposa, quien se hallaba encinta y había
estado en esos momentos dedicada a labores de su hogar, se la encontró casi
sepultada entre los escombros. Ajustadamente se la extrajo de los cascotes y
palos rotos que la cubrían; recibiendo primeros auxilios y sedantes. El
Laboratorio de Química se incendió a causa de la rotura de los conductos de gas
de sus mecheros.
Los alumnos, empleados y profesores, corrían de un lado para otro,
prestando auxilios. El personal de los servicios de comedor y cocina, tuvo
todavía empaque suficiente para salvar el almuerzo, las ollas y gran parte de la
vajilla; con todo lo cual lograron servir, de alguna manera, el menú
correspondiente a ese día. Lo hicieron a la intemperie, en mesas y asientos
improvisados; en favor de un buen número de personas que consideraron
conveniente almorzar primero, antes de irse a sus casas en Lima.
Episodio aleccionador lo constituyó el protagonizado por un alumno que
había mostrado, desde su ingreso a la Escuela, una constitución emocional de
acentuado tono místico; dando lugar, incluso, a la burla de los muchachos más
escépticos, descreídos, o cínicos: Concluido el movimiento terráqueo, todos los
alumnos evacuaron el edificio del internado, que había quedado en
resquebrajado cascarón. Abandonado, amenazando derrumbarse en cualquier
momento como un castillo de naipes. Con mayor razón, si tuviera lugar alguna
réplica del temblor.
Todos necesitaban sus cosas para poder regresar a Lima. Pero nadie se
atrevía a ingresar al entonces ya ruinoso recinto. Mucho menos a los pisos altos,
ni a permanecer algún tiempo en su interior... Este muchacho fue el único que se
decidió. Y durante más de dos horas iba lanzando por las ventanas las
pertenencias de los estudiantes, quienes, uno a uno, le rogaban buscarlas y
alcanzárselas. Él, imperturbable, con la más generosa solicitud, los iba
atendiendo. Lo hizo hasta con el último pedido... Decía no temer a la muerte;
pues en todo caso ella le abriría las puertas del Cielo y, mientras tanto, Dios lo
ayudaría.
Aparte de la racionalidad o no que inspirara a tales acciones, era
imposible negar el valor y la fuerza espiritual o emotiva demostrada por el actor
central del drama. Los admirables alcances de una convicción, de una fe. No
pudieron menos, todos, que estarse silenciosos. Por respeto, gratitud, y
admiración, al coraje y a la abnegada generosidad, de dicho joven. Cuyo nombre
no guardé en la memoria, aunque parezca increíble y no esté en ello ausente mi
vergüenza. No me explico hasta ahora las causas del olvido. Supongo --en
disculpa a medias-- que fue el anonadamiento, el trauma producido por la
catástrofe y el hecho de haber, este muchacho, abandonado la carrera al poco
tiempo de los sucesos que narro y desaparecido de nuestros escenarios, por
causas no llegadas a conocer por mí.

108
Pensando en la suerte corrida por mis familiares, en el primer medio de
transporte, prácticamente volé hacia nuestro domicilio paterno en Lima. Y si bien
allí las consecuencias no fueron tan graves como en La Molina, de todos modos
la casa de 6 de Agosto se rajó por varias partes, sufriendo daños relativamente
pequeños pero numerosos. Sumado al hecho, la ya muy difícil situación
económica familiar, al poco tiempo fue necesario vender el inmueble. Ello motivó
una nueva dispersión del clan. Pero se contuvo en gran medida por la
generosidad de nuestra hermana Ester y cuñado Federico Ruiz Huidobro; cuyo
hogar se manifestara, en nuestro destino, como nuevo y último reducto de la
unidad de la familia. Lo aportaron con particular afecto, estando ubicado en el
Centro de Lima, cerca de “La Colmena”, en la Calle Cañete, con el Nº 712,
según recuerdo...
En cuanto a la Escuela misma, por los efectos del terremoto, dados en la
destrucción inmobiliaria de su hermosa estructura básica original, la
organización, la regularidad, y el suave curso de nuestro transitar académico, se
trastornaron por un dilatado lapso.
Recuerdo que los estudios se suspendieron por más de un mes; mientras
los directivos de la Escuela disponían la rápida refacción de lo refaccionable y
conseguían salones supletorios en Lima. Así, las actividades académicas se
pudieron normalizar de un modo aceptable y reiniciamos nuestros estudios con
todo entusiasmo. La mayoría de las clases teóricas eran dictadas en los locales
de la capital y las prácticas de campo y de laboratorio, se realizaban en La
Molina. Adonde nos trasladábamos en varios ómnibus desde un paradero
ubicado en la Plaza Grau.
-----
Entre los meses de julio y agosto, visité a mi hermano Manuel --
”Manongo”--quien a la sazón trabajaba en la Hacienda Paramonga. Fue un
agradable y fraterno reencuentro, en el ambiente, concordante con nuestras
comunes aficiones agrarias, de una gran hacienda cañavelera costeña, que nos
traía, además, emocionantes recuerdos de nuestra cercana infancia.
Al viajar por tierra, de paso por el valle de Supe, pude observar los
estragos causados por el terremoto en “San Nicolás”. Sin embargo, la
destrucción, si bien en gran medida desconsoladora, no había sido total. En
verdad fue posteriormente que la bella hacienda supana se acabó de rematar;
con los sismos del ‘65, del ‘70, del ‘74, y otros menores; los cuales, unidos a la
Reforma Agraria velasquista, terminaron con el “Paraíso Infantil” de nuestros
más tiernos disfrutes y recuerdos.
-----
El Deporte.- Juega éste, una función vital, sobre todo en el desarrollo
adolescente y juvenil de la personalidad; lo que no disminuye el reconocimiento
de sus enormes beneficios en todas las edades del ser humano: “Mente Sana en
Cuerpo Sano”... ¡milenaria máxima de origen helénico! No puede haber salud
mental, vocaciones nobles, ideales generosos, al lado de la pereza física. Y es

109
comprendiendo este principio básico, que en La Molina se alentaba y facilitaba la
práctica de todos los deportes posibles.
En el año 1,940, se realizó una de las grandes Olimpiadas Universitarias.
Otra semejante se repetiría el ‘42. Fui en ellas entusiasta participante.
En la E.N.A.V. de la Molina, profesores, directivos, administrativos, y
sobre todo los alumnos, teníamos en muy alto aprecio, a legítimo orgullo, la
encomiable tradición de una cultivada camaradería y de constantes prácticas, de
frecuentes y brillantes competencias deportivas... La enseña ”Molinera” se
ofrecía plena de merecidos lauros y generadora de muy grandes satisfacciones.
Con todo ser, entre los centros de estudios de nivel Superior, de lejos, el
de menor población estudiantil, La Molina obtenía triunfos y premios que la
colocaban en los primeros lugares, en casi todos los deportes y pruebas
atléticas, de las justas universitarias en que participaba. Además, siempre
presentaba una alegre, ruidosa y uniformada barra. Que atronaba el espacio con
entusiastas, simpáticos y rítmicos clamores; con fervorosos, originales y
expresivos cantos. Todos los alumnos cumplían un compromiso de honor:
Participar. Por lo menos, en un deporte, equipo, prueba, competencia, barras, y
en toda actividad, en que se comprometía la Escuela...
Formé parte, con varios compañeros, del equipo de natación, en el cual
hicimos mucha camaradería. Competí en estilo libre (“crawl”), en las pruebas
individuales y de postas, de 100, 200 y 400 m.; así como en las postas de tres
estilos (libre, espaldas, y pecho o ‘mariposa’). Formamos un equipo que si bien
no podría calificarse de los superiores, era por lo menos regular; eso sí, muy
entusiasta, pundonoroso y hasta sacrificado. No dejamos de alcanzar 2º, 3º, y 4º
puestos, en las pruebas más difíciles.
Yo nadaba bien y me gustaba mucho hacerlo. Desde pequeño. Aprendí
en la bellísima piscina “La Esperanza” y en los mares de “San Nicolás” y de
Supe; como he narrado en mi anterior libro: “Yo Conocí el Paraíso”. Pero me
agradaba nadar por puro placer. No para pruebas de competencia o conquista
de tiempos y trofeos. En las que el afán por las mejores marcas y por los
triunfos, si bien confiere ciertos visos de heroicidad a las acciones, les quita su
epicúrea poesía.
Ingresar a las emulaciones natatorias de los campeonatos, llegaba a
constituir --por la extenuante fatiga y el ahogo que se experimentaba-- un
angustioso sacrificio. Y así, ‘a la hora de la verdad ‘, en el instante previo al
lanzamiento a la piscina, se llegaba a los linderos de un paralizante temor...
Pero, por ‘Nuestra Querida Escuela’, teníamos que vencerlo.
Entrenamientos de madrugada, rigurosos y agotantes; sin tomar en
cuenta fríos ni calores45; sesiones de gimnasia extenuadora; comida especial,

45
Para tener una idea de lo agotadores que eran los entrenamientos natatorios, señalaremos por
ejemplo, que para la prueba de 100 m. libre, todos los días debía culminarse con ensayos,
tomando tiempo, sobre esa misma distancia, varias veces. Después de haber hecho numerosos
‘piques’ (a gran velocidad) de 50 m. c/u; y varios recorridos ‘suaves’ --es un decir-- o de

110
con prioridad de la nutrición sobre los placeres gastronómicos. ‘Mucho chuño’,
se decía, por el gran requerimiento de calorías; en un deporte que había de
vérselas en simultáneo con el esfuerzo físico y las bajas temperaturas del agua
sin temperar y en pleno invierno. La voz de orden: ¡Fuera vicios, malas noches y
toda suerte de deleites artificiosos y debilitantes! Por otro lado, y sin dudas:
provechoso el régimen, para los adolescentes y para los muy jóvenes,
desbordantes de energías físicas.
Las pruebas mismas significaban un esfuerzo supremo. En medio de la
gritería, la inmisericorde exigencia, el insaciable reclamo, de nuestras delirantes
barras, en las carreras de mayor aliento uno se sentía ahogar... ¡desfallecer!
Había casos en los cuales se tenía que sacar de la piscina, extenuado, de los
sobacos y semiahogado, al exvoluntarioso nadador... siendo preciso revivirlo en
el camarín, dándole aire, enérgicos masajes, y otros auxilios. Pero, no se podía
negar, el trance... ¡era fabuloso!
Esas prácticas deportivas --incluyendo sus esfuerzos supremos--
enseñaban algunas lecciones interesantes. Una sobre todo: Cuando el
adolescente se entrega con entusiasmo al deporte, se aleja de los vicios, con
propia y grande convicción ¡Enorme el beneficio! Pues la intensa actividad física
mitiga, posterga, casi como que distrae en el adolescente y en el joven, al ansia
de satisfacer o desfogar sus púberes y desbordantes impulsos sensuales. Los
que, de otro modo, lo harían caer en grandes problemas, o lo atormentarían
hasta lo indecible. Así podríamos reiterar:
El Deporte intensamente practicado, sin exageraciones; no a extremos de
dedicación exclusiva ni excluyente, de histerias colectivas o seudo fanatismos; ni
por negocio o sed de dinero; así adoptado, en su justo término, el esfuerzo
físico, está entre los mejores medios de mantener a los adolescentes y jóvenes
fuera de las garras de los vicios. De apoyarlos y ayudarlos a pasar, acortar, la
difícil etapa comprendida entre la aparición de su desbordante instinto sexual --
en la pubertad-- y la normalización de su vida --en la madurez juvenil--, por el
matrimonio temprano y bien realizado, sin duda lo más conveniente y
recomendable en condiciones de vida normales.
-----
La Instrucción Militar.- Este aspecto cumplía un importante papel en la
formación educativa adolescente y juvenil en el Perú, pese a las indudables
fallas de que adolecía el sistema. Ha sido un gravísimo error, la supresión, hace
poco, de éste que, perfeccionado, debiera constituir un invalorable recurso
formativo y pedagógico nacional, por muchas razones y a las cuales habrá
ocasión de volver a referirnos más adelante.
Nosotros recibíamos, normalmente todos los años, desde los colegios, lo
que se llamaba la Instrucción Pre-Militar. Ya en la Escuela, a quienes lo
quisimos así, por inclinación vocacional hacia la Ganadería o Zootecnia y a la

'aflojamientos', de 200, 400 y 800 m. c/u.... En total, se sumaban unos 2,500 a 3,500 m. diarios,
a nadar casi sin descanso.

111
Medicina Veterinaria,46 nos dieron una preparación especial en Veterinaria Militar
(que ponía énfasis en los equinos: caballos y mulares). Esta enseñanza debía
culminar en un Despacho de Alférez de Caballería de Reserva, en la
Especialidad de Veterinaria. El resto de nuestros compañeros recibía una
instrucción militar general de Caballería, terminando con el mismo grado de la
Reserva, pero sin especialidad.
En los años 1,940 y 41, se realizaron dos grandes maniobras militares en
el Perú. Con la participación de los universitarios de Lima, organizados en un
gran batallón especial. Participé en la primera que se efectuó en la zona
comprendida entre Chorrillos y Pucusana, por el tiempo aproximado de un mes.
Nuestra instrucción, Pre y Militar, anterior a las maniobras, facilitó mucho
el desarrollo de éstas. La base de las operaciones fue la Escuela Militar de
Chorrillos, donde se nos dio los uniformes y el armamento del caso; nos
habituamos a la vida de cuartel y campamentos militares (vivacs o vivaques). En
todo, nos situaron como soldados regulares del Ejército, al mando de oficiales de
carrera de diversos grados. Fue en verdad una experiencia interesante,
aleccionadora, por muchos conceptos.
En Chorrillos comenzamos, precisamente, con el famoso rancho de
tropa... ¡Imponentes e invariables frejoladas diarias!... Hechas para férreos
estómagos de espartanos de nuevo y recio cuño Estaban constituidas --¡todos
los días!-- por una porción de frejoles negros sancochados y seudo guisados, a
una consistencia tal, que al recibirla en nuestros platos --de aluminio-- a un
golpe de cucharón de uno de los rudos soldados rancheros, el conjunto
mazacotudo quedaba vibrando como si se tratara de la recepción, violenta, de
un bodoque de ligoso material arcilloso para adobes.
El dicho estropicio culinario se acompañaba con otra porción de arroz,
mazacotudo también. El mentado cereal --blanco debiera ser-- se presentaba
rojizo, por los numerosos pedacitos de cáscaras del mismo color, mantenidas en
razón de un deficiente "pilado" (pelado). Siendo de lo más barato encontrable en
plaza. Pero ¡oh ironías del lenguaje!... se llamaba "carolino"...
El mejunje en cuestión, se mejoraba algo (?), con un gran pedazo de
carne, en verdad muy buena y una suerte de jugo del guiso caldudo de ella, de
olor muy fuerte y color poco atractivos. Se remojaba así al conjunto, de arroz,
frejoles y carne.
Cierta vez, uno de los muchachos, no sin razón, hizo determinados ascos
al malhadado zumo y en son de protesta reclamó:
-- ¡A mí no el jugo! ¿Para qué sirve eso? ...

46
En aquellos tiempos no había aún en el Perú, propiamente, una Escuela especializada de
formación veterinaria. Los veterinarios que ejercían en el país eran formados en el extranjero.
Pero a los ingenieros agrónomos, en la E.N.A.V., nos daban como adicional enseñanza, la
Veterinaria civil. Así, la ejercimos hasta que la primera Facultad peruana de Veterinaria (la de
San Marcos), comenzó --y luego las de otras universidades-- a formar Médicos Veterinarios en el
Perú.

112
-- Para que pasen los frejoles, pues co... -- Replicó, con grosería, el
chusco y sucio cabo ranchero...
Pero antes de los rústicos arroces, mazacotudos farináceos y olisqueados
cárnicos, venía algo que llamaban ‘sopa’ y cuyas características organolépticas
mejor no describo, en la posibilidad de estar, el respetado lector, en antesala de
alguna merienda hogareña. No era, por supuesto, ni de lejos, por buena, propia
de domingos de gloria; tampoco, por mala, dadas las circunstancias, cosa del
averno, el tal potaje tropero. Mas es del caso, que la mayoría de los estudiantiles
reclutas pasaban.47
Para concluir sobre el ‘menú’ de marras, señalaremos: lo referido al
balance de nutrientes protectores, proteínas, vitaminas, minerales y otros
etcéteras, no constituía mayor preocupación del Comando Logístico de las
Fuerzas Armadas de antaño...
Como es claramente comprensible, los delicados estómagos de los
jóvenes estudiantes de Educación Superior de Lima, no estaban hechos para
una prueba de resistencia y de potencial digestivo de tan enorme caballaje. Por
lo cual, a poco, se desataron en el destacamento incontenibles y multitudinarias
diarreas. Una cola inmensa, atiborraba la carpa del botiquín médico del vivac de
Chorrillos...
Como pudimos, nos embarcamos, los nuevos soldados, en un trencito,
que a la sazón todavía funcionaba de Chorrillos a Lurín y que, hoy, parecería
muy chistoso. Un corto trecho solamente, pues luego emprenderíamos unas
agotadoras marchas hasta Pucusana, por varias quebradas laterales del camino.
Al comienzo divididos en dos columnas a ambos lados de la Carretera
Panamericana Sur; en aquellos tiempos muy angosta, de dos carriles en una
sola vía. Al final las marchas eran por pampas arenosas, dunas y cerros; a
campo traviesa y durmiendo en improvisados campamentos.
Los afectados por diarreas más prolongadas, corrían a ratos un trecho
hacia los costados de la vía, para cumplir con sus implacables emergencias, sin
guardar mayor decoro, por cierto imposible en circunstancias tales. Y,
sádicamente, eran objeto de las burlas y risas de quienes, ya sanos, seguían
marchando alegre y normalmente formados en sus correspondientes columnas.
Acabada cada imperiosa atención del maltrecho y exigente aparato
digestivo, los afectados, arreglándose las vestimentas como mejor podían,
trataban de alcanzar a la carrera sus sitios anteriores. Logrado lo cual, la marcha
proseguía el curso previsto.

47
Esto del sabor de las ‘comidas de tropa’, hace recordar la muy contada anécdota de un
general espartano, quien había invitado a cierto colega ateniense a presenciar maniobras de su
ejército. Mostrado el ‘rancho’ de la tropa, incitado a probarlo, al primer bocado, el ateniense
exclamó:
--¡Puaj! ¡Qué asco! ¿Cómo pueden comer esto?
-- Perdone, pero me faltó mostrarle el ‘aderezo’... - Lo condujo hacia una colina para ver llegar a
los batallones y el espartano concluyó diciendo: Vienen de una marcha de más de 200 estadios
--aproximadamente 30 km.-- ¡El mejor aliño para la comida de un soldado!

113
Terminó, al fin, regularizado el funcionamiento intestinal de la totalidad del
contingente; salvo uno que otro ultra desdichado, precisado hasta de
hospitalización. No más se presentaron colíticas angustias... Y, ni de casualidad
siquiera, alguien perdió el apetito.
Lo curioso del caso es que terminadas las maniobras y regresando a
nuestros hogares: ¡Ya no nos llenaban las lechuguillas y calditos caseros!...
¡Extrañábamos los frejoles del Ejército!... Los dichos materiales farináceos,
realmente repletaban, pesaban, como si fueran de plomo, en nuestros ávidos
estómagos, siempre bulímicos, además de ya mucho más fuertes y curtidos.
Durante las operaciones de las maniobras, las órdenes generales se
daban por vibrantes toques característicos de corneta; a todos los cuales la
tradición había colocado letras risueñas, a veces en cierta medida
graciosamente lisas y siempre referidas a su finalidad. Así, por ejemplo:
Se llamaba a "rancho", con un alegre toque al que correspondía la letra
siguiente:
¡Traigan su plato, traigan su pan!
¡Vaya a la paila pa’ ver que dan!
Y el de ‘diana’ (para levantarse):
¡Levántate Raymundo!
Que las seis ya son
Y ya viene el Comandante
De la División
Venga o no Venga
O deje de venir
¡Váyanse a la porra! (o m.....)
Y ¡déjenme dormir!
Otra situación que ahora nos parecería muy curiosa, era la del uniforme
del soldado de infantería, figuraban unas prendas llamadas "bandas": una suerte
de vendajes de contención para las piernas, a enrollarse desde los botines o
tobillos, hasta las rodillas, a modo o en sustitución de las "polainas" o de las
botas largas de montar. En verdad, ayudaban mucho, reforzando la circulación
venosa de las pantorrillas y por lo tanto a la resistencia de las piernas del
soldado, en las prolongadas marchas y estaciones, de pie, obligado a cumplir
con mucha frecuencia en aquellos tiempos ¡Lejanos por entonces los cómodos
transportes militares motorizados de hoy!
Las tales "bandas" requerían para su colocación una destreza especial;
adquirible por entrenamiento y que, de no alcanzarse, se soltaban en forma por
demás ridiculizante; volviéndose totalmente inútiles y hasta de gran estorbo.
Aparte de que, muchas veces, se precisaba una gran rapidez en su colocación,
como en las alarmas, por los más variados motivos... ¡Imaginarse un ataque
aéreo, con la tropa a medio vestir!
En cuanto al armamento que recibíamos, consistía en un tremendo y
pesado fusil “Mauser” ¡Modelo 1,909! ...¡Anterior a la 1a.Guerra Mundial!... De

114
cerrojo y cacerina, con su correa para llevarlo "a la bandolera"... Disparaba sus
tiros ¡de a uno por uno! Con un movimiento previo del tal cerrojo. Se completaba
con una inmensa bayoneta, la cual, "calada" en el arma de fuego, llegaban,
juntas, a ser más altas que muchos de los soldaditos del Perú. Además, se
portaba cartucheras, con unas cuantas balas de guerra y numerosos cartuchos,
de fogueo unos, y con 'balas' de madera para maniobras, otros.
En los numerosos ratos disponibles, se nos enseñaba a desarmar y armar
de nuevo el fusil, a limpiarlo, cargarlo y descargarlo, para hacernos familiarizar
con dicho implemento bélico. También hacíamos ‘tiro al blanco’,
instruyéndosenos, sobre todo, en sujetar el arma fuertemente en el hombro y al
lado de la cara, ya que el artefacto de marras sabía dar unos tremendos
sacudones o "zapateos" y la mala sujeción podría motivar dolorosos y hasta muy
dañinos golpes en la que fuere descuidada faz.
En las mañanas pasábamos revista con bayoneta calada... Cierto día, un
muchacho, bastante papanatas, se presentó sin el tal aditamento. Al parecer,
algún mataperro, por hacerle una broma pesada, se la sustrajo en la noche y la
había escondido...
-- ¿Que le pasa imbécil? ¡Presentarse sin bayoneta! ¡No faltaba más! --
Vociferó el bronco sargento (un ‘maldito’).
-- Se ha perdido o me la han robado.-- Contestó, trémulo, el tonto.
-- Bueno, yo no sé, pero mañana se presenta usted con bayoneta o verá
lo que le pasa.
-- Pero ¿Cómo hago?
-- No sé, usted verá lo que hace. ¡Róbese otra so co....! -- Finalizó, con
tales groseros alaridos, el burdo mandón de tropa... Vaya burguesa moral (?) la
del tal criollo “Rambo”, maquiavélico éste, entre los mayores, y modelo militar
norteamericano: "Todo vale por el triunfo" y "El fin justifica los medios"…
Esa noche hubo frenéticos movimientos en nuestros dormideros --que no
dormitorios--. Pues, aparte del primer perdedor, quien trataba de conseguir una
bayoneta sustituta, otros 'robaban por si acaso'; para tener una de reserva, si
perdían la propia. Después de un gran laberinto nocturno --nadie durmió bien--,
en la revista de la mañana... ¡más de media docena de muchachos no tenían
bayoneta! El sargento casi se vuelve loco. Llamó, primero al teniente, éste al
capitán, y el susodicho al comandante. Total, hubo de hacerse una requisa
general, a fin de recuperar las bayonetas y volver las cosas a la situación
normal.
Así, cuando llegamos a Lurín, acampamos en sus terrenos baldíos
aledaños y nos dieron día ‘franco’. Varios grupos de troperos estudiantes
entramos al pueblo, a curiosear y en busca de diversiones ligeras; también de
algo agradable y delicado para ingerir, en plan de neutralizar los brutales efectos
de las rancheriles frejoladas. Desde luego, veíamos con halago la posibilidad de
beber algunas refrescantes gaseosas; más de uno pensaba en heladas
cervecitas y no faltaban quienes hasta en tragos de mayor efecto raspante en el

115
gargüero y turbador del cerebelo... Ingresamos pues al poblado, muy alegres y
bullangueros.
En ésas, alguien localizó una "chinganita", atendida por una sencilla y
muy amable señora poblana, quien ofreció a los muchachos venderles ‘kolitas’,
algunas cervezas y hasta un "cebichito", que estaba a punto de salir de la
cocina, según manifestó. Los muchachos estaban animados e impacientes;
aguardando la salida de la peruanísima delicia culinaria, que efectivamente
apareció al punto, provocativa, en un grande y hondo lavatorio de fierro
enlozado; que hacía asomar, encima del blanco pescado, curtido al limón,
trozadito y ubicado abajo, algunas cebollitas cortadas en pluma, en mixtura con
aromáticos ajíes, limo y chinchano, en trocitos y tiritas...
La impaciencia de la juvenil concurrencia llegó al extremo. Pero la señora
dijo:
-- ¡Esperen jóvenes un momentito! Corro a traer unos cubiertos y platitos.
-- Ingresando con rapidez a la trastienda y cocina.
Los muchachos no podían más con sus secreciones salivares y gástricas.
Uno de ellos metió la mano al lavatorio, sacó un pedacito de pescado con sus
cebollitas anexas y en un santiamén lo engulló, cual can hambriento. Lo siguió
otro, ya con dos o tres pedazos y más cebollas. A rapidísima continuación, otro,
otro, y muchos otros más. De tal modo, que en pocos segundos no quedó
siquiera un humilde resto ni de la saborizante liliácea que da nombre al criollo
plato. Y mientras la señora salía de la cocina, otros muchachos tomaban por su
sola cuenta las botellas de gaseosas y cerveza. Al regresar y contemplar el
estropicio, la humilde y hasta el momento cordial fémina, comenzó, aterrada, a
dar grandes voces:
-- ¡Esto es un robo!... ¡Socorro!... ¡Socorro!... ¡Boten a estos salvajes
ladrones!
Pero nadie hacía caso y la tienda fue terminada de saquear, por los
rapaces soldados Lo mismo hicieron luego, cual vándalos, con otras tiendas
vecinas. Y después, con las de casi toda la población. Pensar que se trataba de
un pueblo del Perú mismo, asaltado por soldados peruanos; no en guerra
internacional y de verdad, sino en maniobras nacionales internas. ¡Por jóvenes
con Educación Superior! ¿Qué habría podido suceder en una guerra contra
ignaras y enconadas tropas enemigas?
¡Cuán terribles deben ser las guerras, por Dios Santo! ¡Qué atroces las
ciegas reacciones colectivas, sin control, de las muchedumbres armadas!
Debo declarar, en pura verdad, que nadie del batallón lanzó la menor
recriminación contra los autores principales del multitudinario y tan horrible
desaguisado. Peor aún, pocos --ninguno creo-- fueron los que no se sumaron al
reprobable asalto. He de confesar --lleno de vergüenza por cierto--, que yo
mismo, no dejé de agarrar una que otra cebollita, si es que no fueron
acompañadas también de algunos trocitos del encurtido marisco.

116
A poco del suceso, algunos comenzamos a sentir una creciente y
bochornosa turbación. No comprendíamos qué nos había pasado...
Años después, tuve ocasión de leer las explicativas y formidables obras
del gran pensador francés, de fines del siglo XIX y comienzos del XX: Gustavo
Le Bon. Su especialidad era la Sicología de las Masas, de las Muchedumbres, o
de las Multitudes; y de los Pueblos, parecida, pero algo diferente, como
habremos de verlo. Aunque la acción de las fuerzas obscuras que dominan al
mundo y la superficialidad, con la mediocridad, hoy reinantes, han sepultado,
casi en un total olvido --y no es el único caso, en agravio de muchos grandes-- a
una verdadera genialidad del pensamiento universal.
Le Bon explicaba muy bien sucesos como el descrito, demostrativos del
efecto, sobre los seres humanos, de la Sicología de las Masas, la cual es muy
específica y característica de éstas. Con capacidad de absorber, subyugar y
unificar en su seno, a las personales. Los individuos se transforman, de tal
modo, que después de producidos los acontecimientos, ellos mismos se
asombran de lo sucedido y de lo que han hecho. Rendidos al contagio y al
empuje anímico colectivo de las muchedumbres.
En el episodio del ‘asalto’ al pueblo de Lurín, además de nuestras
personales vergonzosas conductas, evidentemente, fuimos presas de una clara
manifestación de Sicología de Masas.
Pero no fue éste, en nuestro periplo, el único caso de fenómeno
sicológico del género narrado. Bajo diferente forma, experimentamos otro:
Estando ya, después de Lurín, en cierto extenso arenal, en disposición de
‘simulacro de combate’, con otra unidad, pero de tropas regulares, ocupamos
posiciones, tomamos formación de ataque y realizamos progresión hacia ese
'enemigo’, imaginario, designado por el Alto Mando. Y sucedió que al correr, en
medio de gran número de ‘combatientes’, tendernos repetida y alternadamente
en el suelo, disparando y gritando, mucho y fuerte, se exaltó nuestra imaginación
y excitó nuestro ‘viril fervor combativo’. Tanto, cuanto que, al decir de los
oficiales dirigentes, la simulación estaba resultando excelente.
Sin embargo, cuando nuestros jefes consideraron suficiente lo simulado,
ordenaron toque de "alto al fuego" y detención del ‘combate’. Mas, siendo tal
nuestro despertado ardor combativo, entusiasmo y sugestión marcial colectiva:
¡no quisimos detenernos! Y, a ‘bayoneta calada’, nos lanzamos al ataque final.
El que, de culminar, ofrecía perspectivas de una atroz carnicería. ¡De un ataque
verdadero contra otros soldados peruanos! Sentíamos realmente ‘ganas de
pelear a muerte’, de ‘morir matando’, si preciso fuera... ¡Increíble pero cierto!
Nuestros oficiales tuvieron que hacer, en medio de gran desesperación y
alarma, inauditos esfuerzos para impedir un sangriento epílogo, en tan ficticia
como descomunal batalla; cuya consecuente matanza, por cierto, estaba fuera
de toda posible intencionalidad.
Era éste otro caso de “Sicología de Masas”. Como sucede o puede
suceder en todos los ejércitos del mundo, en sus bélicas acciones, reales o

117
simuladas... Se explican en parte, así, las verdaderas masacres ocurridas, con
tanta frecuencia, en tantas guerras.
Culminadas que fueron las maniobras, ellas se cerraron con un gran
desfile en las calles centrales de Lima, en el cual nos presentamos plenos de
intenso sentimiento patriótico y de marcial orgullo. Al son de vibrantes marchas
militares. Significó para nosotros, tal ocasión, un singular gozo emotivo.
-----
Son por cierto inocultables las múltiples deficiencias padecidas --al igual
que casi todas las instituciones nacionales--, por nuestras Fuerzas Armadas, en
los órdenes doctrinario, humano, y organizativo. Ello resulta naturalmente
doloroso, en tanto y en cuanto son también lamentables las condiciones
generales del país. Sin embargo, la Institucionalidad Militar como tal, aparte de
sus funciones legales de Garante de la Soberanía de la Nación y del Estado, y
del Orden Interno de la República, significa otras múltiples potencialidades de
Bien Público. Factor --debiera serlo-- de superación ciudadana, coadyuvante con
la acción de otras importantes instituciones, sobre todo, de la Educación; en la
Formación Integral de la Personalidad, para la Adolescencia y la Juventud.
En la milicia, el adolescente y el joven se educan y se curten; se forjan
recios y masculinos. Asimilan, entre otros, los principios de marcialidad, honor,
orden, obediencia, disciplina, autoridad, don de mando, y apropiada concepción
de las jerarquías. Han de practicar el culto y la devoción a elevados valores
religiosos --que en la verdadera milicia no se olvidan, sino todo lo contrario--; a
los morales; y los patrióticos o nacionalistas. Tan necesarios, especialmente en
estos tiempos de predominio, asfixiante, de un liberalismo escéptico, amoral,
individualista y masificador –dos, estos últimos, calificativos que en realidad no
resultan, para el caso, sino aparentemente antagónicos--, además de
internacionalista, apátrida, superficializante, afeminador, y falsamente pacifista;
con otros muchos etcéteras.
Se ha de procurar, ciertamente, no caer en patrioterismos reprensibles, de
mal gusto y de peores efectos. Mucho menos en burocratizaciones que
adormecen y castran al verdadero espíritu marcial. Nocivo también resulta
adoptar lo que hemos llamado la ‘moral de Rambo’: ”La búsqueda de la victoria
lo justifica todo”. Que, servilmente, algunos oficiales peruanos de las nuevas
olas, adoptan de sus instructores norteamericanos.
Por lo expuesto, resulta irrenunciable, dentro de una clara conciencia
nacional, el aprecio por lo auténticamente militar o castrense. Significa mucho,
en especial para la formación de una sociedad espiritualmente sana, viril, fuerte,
y positiva.
En el Perú no apreciamos debida y suficientemente estos principios y
valores. Hasta se ha llegado a suprimir, en los programas escolares, la
Instrucción Pre-Militar. Lo cual constituye un gravísimo error, que es necesario
subsanar lo más pronto posible. También se ha eliminado el Servicio Militar
Obligatorio --si no se tratara de la manifestación de una abierta mala fe--, sin

118
mayor análisis de sus provechosas proyecciones y de la diversidad de
modalidades de aplicación viables.
Un cabal entendimiento de la función militar en el desarrollo espiritual y
material del Perú, es vital. Y en ello debe dejarse de lado serviles actitudes de
imitación incondicional de lo extranjero, en particular de lo anglosajón.
Deplorable resulta tener en poca estima lo propio; el ser remedones y no
originales, en la conducta a seguir. No se debe perder de vista las diferencias
abismales de las realidades físicas y culturales existentes entre países diversos.
Los procesos y pesos históricos, geográficos, políticos, económicos, e
institucionales, que cuentan mucho en las características del desarrollo de los
pueblos, cuando, con toda evidencia, son muy disímiles.
-----
El Conocimiento del Perú.- Adquirirlo, en lo geográfico e histórico, constituye
un deber esencial de todo buen peruano; y el proceso ha de iniciarse, y durar,
todo lo posible, cuando menos en la Adolescencia y en la Juventud. Está entre
los mejores sustentos para el desarrollo de sus más nobles vocaciones e
ideales... Comprendiendo el principio, la E.N.A.V., lo estimulaba en nosotros, en
las más variadas formas; como habrá de narrarse, sin perjuicio de intercalar
algunas situaciones anecdóticas con ello relacionadas.
Finalizado el año 1,940, todos, parientes y amigos, profesores y
condiscípulos, estábamos ya restablecidos de la conmoción del sismo. Nuestra
casa familiar, 'de 6 de Agosto', se había vendido; mi padre y mi madrastra Julia
volvieron a lo de la cuñada y hermana: Teresa de Quirós. Y varios del resto de
los familiares fuimos a residir en la casa de mi cuñado Federico, en la calle
Cañete 712, en el Centro de Lima.
Al poco tiempo, mi hermano Manuel dejó su trabajo en Paramonga y
recaló también, conmigo, adonde los Ruiz Huidobro Cubas. Tomó por corto
tiempo un puesto de taxidermista en el Museo de Historia Natural “Javier Prado”,
ubicado en la Av. Arenales, por el medio camino de Lima a Miraflores.
Manongo y yo ocupamos un gran cuarto que nos asignó mi buena
hermana Ester. Consagramos, empero, como habitación dedicada a Morfeo o
dormitorio, sólo a una parte del ambiente. A Minerva, en cambio, como
escritorio, le concedimos la mayor extensión. El bendito cuarto, dada la actividad
laboral de mi hermano y la estudiantil mía, dejadas las camas en un muy
restringido espacio, estaba atiborrado de estantes, libros, mesas, y nutridos
herbarios y muestras zoológicas; con numerosos ejemplares, procedentes de
todo el país; en especial de artrópodos y entre ellos de insectos. Leíamos
mucho, conversábamos más, con gran entusiasmo; sobre asuntos de peso, de
interés cultural y nacional. Estudiábamos allí intensamente.
Por entonces teníamos ya dos sobrinitas muy lindas y graciosas. Se
llamaban, se llaman, pues son hoy 2 respetables abuelas: Elvirita, a la sazón de
unos 4 años y Estercita de 3. Ellas se volvían locas de curiosidad por entrar a
nuestro cuarto, adonde, al principio, no les permitíamos ingresar, por temor a

119
cualquier parvulino desaguisado contra tan sagrados contenidos del recinto.
Pero luego, recurriendo a pertinentes métodos sicológicos, les hicimos
comprender que ese era un lugar especial, sacrosanto. Lo llamábamos: “El
Templo de la Ciencia”. Al que había que entrar y mantenerse en él, muy
respetuosos y reverentes.
Les proporcionábamos libros con figuras de animales, algunas silletitas y
pequeñas mesas, para su entretenimiento. Se habituaron de singular y gracioso
modo. Con frecuencia pedían permiso a su mamá, para ir al “Templo de la
Ciencia”. Casi siempre provistas, cada una, de su respectiva baceniquita, para
cubrir pueriles e imperativas urgencias fisiológicas, sin necesidad de estar
entrando y saliendo. Sentaditas, a modo de tronos, en los dichos artefactos, y
mirando libros de figuritas... ¡eran un espectáculo!
Mientras tanto, también en la Escuela las cosas se iban normalizando.
Las clases, como las prácticas, se realizaban ya en La Molina. Sin embargo,
nunca más hubo, para los alumnos, alojamiento en internado. Teníamos que ir,
diariamente, desde nuestras casas, a pie, hasta la Plaza Grau, y de allí, en
ómnibus, a La Molina.
En el marco de tales situaciones, durante el transcurrir molinero, los
miembros de la promoción ‘43, nos hacíamos cada vez más fraternales amigos;
en especial me sucedió con Alberto Vega Ayllón. Para los inicios de 1,941, en el
verano anterior al año tercero de los estudios, organizamos entre los dos una
extraordinaria gira de prácticas vacacionales, con estadas temporales en los
intermedios del largo viaje por las regiones Central y Sur del Perú. El regreso lo
hicimos por mar, en un barco de la antigua Corporación Peruana de Vapores;
desde el puerto de Ilo al Callao. Dicho periplo nos permitió, además, adquirir un
cercano conocimiento de la geografía, de la historia, y de la realidad de gran
parte de la extensión territorial y de los pueblos de nuestra Patria.
Partimos de Lima desde la antigua Estación de Desamparados, en uno de
sus trenes de fumarantes locomotoras. De las veteranas, que trepaban
jadeantes sobre sinuosos y empinados rieles, en un trazo y construcción que
daba mérito a una asombrosa obra de ingeniería: un ferrocarril –por entonces el
más alto del mundo—que, dadas sus características, alcanzó merecido
renombre universal.
El destino era Huancayo, como primera etapa.
Habíamos acordado, con Alberto, pedir ayuda en toda la ruta, respecto al
alojamiento y de ser posible la alimentación --para tan digno y entusiasta par de
viajeros--, a nuestros futuros y respetados colegas, los ingenieros agrónomos
que laboraban en cada estratégico lugar del recorrido. Asimismo, nos
propusimos solicitar trabajos temporales, para poder solventar --con las
remuneraciones a recibir-- los otros gastos ineludibles. Aunque fuera
afanándonos como peones o capataces, en las diversas dependencias de la
Dirección General de Agricultura48 o en las haciendas particulares por ellos

48
En aquella época, todavía perteneciente al entonces Ministerio de Fomento y Obras Públicas.

120
conducidas. Confiábamos --con acierto, se demostraría-- en sus nobles y
generosos sentimientos de unidad y fraternidad profesional, felizmente a la
sazón reinantes. Según regla hasta entonces jamás violada por los ingenieros
agrónomos peruanos.
Llegados que fuimos a Huancayo, efectivamente las cosas sucedieron
como las habíamos planeado. El ingeniero jefe de la Zona de Agricultura, con la
mayor amabilidad, nos orientó hacia la cercana Estación Experimental de
Concepción; dedicada a los cultivos de trigo y otros cereales; los nativos y los
introducidos en el país; al de la papa; y teniendo, además, un pequeño establo
lechero. Un bellísimo lugar, del hermoso Valle del Mantaro.
Trabajamos, en la Estación Agrícola de Concepción, unos días; como
capataces y peones. Reuniendo algunos dinerillos para la continuación del viaje,
sin haber tenido mayores gastos propios en nuestro alojamiento y alimentación.
Finalizada la 1ª etapa, continuamos por carretera hacia Ayacucho; vía
entonces muy estrecha, sinuosa e insegura. Curioseamos, por corto tiempo, la
ciudad y seguimos hacia el pueblo siguiente: Huanta.
Huanta se ofrecía en esos tiempos --antes de tantas calamidades que ha
sufrido-- como un pintoresco y simpatiquísimo pueblo, de características muy
propias, dentro de las generales correspondientes a su esencia serrana y
ubicación en un templado --casi cálido-- valle bajo interandino. Su gente, muy
acogedora, cariñosa y sencilla. A nosotros nos impresionó de un modo
intensamente emotivo, imborrable.
¡Un bello botón de muestra de hondísima Peruanidad!
Los cerros que por lo alto rodean a Huanta, son semiáridos, cubiertos de
innumerables plantas de "tuna" (o "nopal": Opuntia spp.), cactácea que allí crece
en forma espontánea o silvestre, como en ningún otro lugar del Perú; y que
produce inmensas cantidades de deliciosos frutos comestibles, muy sanos y
agradables, sobre todo cuando hace calor y se tiene sed --llaman a Huanta:
“Tierra de tunas”-- y que se ofrecen de los más variados sabores y colores:
verdes de diversos tonos, anaranjados, morados, amarillos, rojos, etc. Y en las
mismas plantas de tunas, sobre sus ramas, que son planas o laminares,
llamadas ‘pencas’ o ‘palas’, parasitan unos insectos hemípteros, que se conocen
como “cochinillas”. La hembra es más grande que el macho y vive durante
mayor tiempo; alcanzando el tamaño como de un frejolito chino y cubren su
cuerpo de una secreción de cera muy blanca. Son chupadores de la savia de
las pencas y su líquido corporal interno (la linfa), tiene un intenso color rojo
(“carmín”), que se utiliza industrialmente, en escala mundial, como tinte
orgánico, natural y no tóxico; por lo cual, recogidas y secadas con cuidado, las
cochinillas, se venden en grandes cantidades en el país y hasta se exportan;
constituyendo una de las riquezas reales de las mayores potencialidades de esa
región; y, en menor grado, de varias otras semiáridas y templadas del Perú.
El valle mismo de Huanta, se ofrecía precioso. Dominaban los cultivos y
plantas propios de climas subtropicales semiáridos con irrigación: Caña de

121
azúcar, para la producción de aguardiente de caña o ‘chacta’ y ‘chancaca’, así
como algo de “huarapo” (jugo de caña fermentado, como bebida refrescante);
había plantaciones de vid y se producía buen vino y aguardiente de uva o
“pisco”; daban bien los paltos, naranjos, plátanos y frutos nativos deliciosos,
como pacaes, chirimoyas, lúcumas, nísperos, guayabas, etc. Una gran extensión
la ocupaba el cultivo de maíz, para choclo, mote, cancha y forraje,
principalmente; no faltaban los frejoles y ciertas hortalizas. En las partes algo
altas producían duraznos y manzanas, con algunos cultivos de papas, éstas más
abundantes en llegando a mayores alturas.
Como producciones forestales no frutícolas, eran comunes los árboles de
molle, sauces, álamos, cerezos o guindos, alisos en alturas mayores, y sobre
todo, en amplias zonas, muchos decorativos eucaliptus, que acababan de
hermosear los paisajes haciéndolos muy acogedores y confortables.
El pueblo mismo, era encantador, muy pintoresco. Con sus casitas de uno
o dos pisos, pintadas de blanco o de colores vivos y claros; con los típicos
techos serranos, de tejas rojas, de barro cocido. Había algunos edificios públicos
de cierta categoría, como la iglesia, la subprefectura, el municipio, el hotel
principal, etc.; y casas residenciales o mansiones, de hacendados y
comerciantes.
Sus calles no eran anchas, pero tampoco estrechas; la mayoría bastante
rectas. Estaban embaldosadas de piedras; unas con ‘lajas’ gruesas, otras con
cantos rodados (a un estilo como las del Huacho antiguo). Al centro de las calles
corría agua en pequeños cursos, por canales de piedra; que servían además de
desagües de las lluvias y de algunas descargas de los desechos líquidos de los
domicilios. En estos no había verdaderos servicios de agua ni desagüe.
La higiene de los ciudadanos, que exige siempre ciertas comodidades de
infraestructura, se realizaba, en quienes la realizaban --porque ella no era muy
popular, entusiasta, ni difundida, que digamos--, por el método de lavatorios de
fierro enlozado, para los requerimientos menores y de tinas o bateas de madera
en las operaciones mayores (baño corporal) --que ya eran muchos menos los
seres que las llevaban a cabo--; y... ¡“agua va”! por las ventanas, hacia las
calles. Con frecuencia, algunos --no pocos-- recurrían al río y a las acequias...
Sabido es cómo en tiempos antiguos y en los lugares fríos, sin instalaciones
adecuadas de cañerías y calentadores, la higiene no era difundida lo
suficiente.... ¡Ventajas son, sin duda, las que ofrece el progreso!
Las necesidades fisiológicas mayores --las menores en cualquier parte--
se cumplían detrás de las tapias o en recintos especiales, en cuyo interior se
disponía un cajón relativamente grande (con su hueco al medio), haciendo de
‘taza’ o “water”, sostenido sobre alguna acequia, por una especie de puentecillo
de maderos. De tal modo, los coprosomas evacuados, concluían navegando,
raudos y alegres, por las escorrentías citadinas, para afluir hacia campestres
acequias, o en curso final posible, hasta el río.
Y a propósito de servicios higiénicos, los mejores por entonces, los tenía
en Huanta, donde transcurría su plácida existencia, un pintoresco personaje: Se

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apellidaba Hernández; era Gobernador de la ciudad; función no rentada,
honoraria -- discutible realidad--, que significaba el cargo inmediatamente
subordinado al Subprefecto, el más alto funcionario de una Capital de Provincia,
cual era la simpática población en referencia. El dicho caballero, era un hombre
alto y delgado, enjuto; de tez morena clara, algo sonrosada y harto picada de
viruelas; de nariz levemente tosca y prominente; vestía de riguroso luto, por
viudez, al parecer reciente y de dama a la que --se notaba-- había profesado
intenso amor. Era lo que se llama un hombre de bien, un buen hombre. Como
tal, amable y servicial.
Es el caso que Hernández tenía dispuestos, en su amplia casa, dos
cuartitos especiales, que eran las dos mitades de lo que podría ser un baño
completo; o también, dos medio baños complementarios; uno que ofrecía un
‘water’ --de cajón--; y otro, la ‘ducha’. Ésta última, constituida por cierto ingenioso
juego, de un tarro grande de fierro; una lata de cinco galones, de las antiguas de
gasolina; unas poleas; y una soguilla o pita fuerte.
Había dispuesto, el baño en lluvia, sobre un piso-puente, encima de la
acequia, hecho con tablas dejando rendijas, de modo a permitir el escurrimiento
del líquido elemento de descarte. En la parte superior, estaba sostenida la lata,
de las antiguas de gasolina, perforada en su fondo, con múltiples agujeros,
hechos a clavo y martillo. Sobre la lata, un poco más arriba y al lado, estaba el
tarro de fierro, que podía ser volteado al girar por el eje al que estaba soldado
por su parte superior; así, cuando se jalaba el cordel, fijo en un punto del borde
inferior del dicho recipiente, accionando un sencillo juego de poleas que el
‘bañista’ podía operar a voluntad, el agua caía, refrescante y en ‘ducha’, a través
de la lata agujereada, sobre el gozoso cuerpo ávido de higiene que la utilizaba.
El Gobernador de Huanta, nos prestaba, siempre cordial, sus servicios
higiénicos, únicos en la ciudad, en cuanto a modernidad se refiere. Mas ocurría
que la personalidad de Hernández tenía dos características adicionales:
1. -Era entusiasta simpatizante de los alemanes, en la II Guerra
Mundial --sentimiento nada raro en aquellos tiempos-- y así
bautizó, a su bañadero, como “la ducha nazi”. Exigía cierta
pleitesía, al coraje alemán --por lo demás indiscutible-- puesto en
evidencia en esa terrible contienda.
2. -Se manifestaba muy aficionado al trago; gustando practicar su
‘hobby’ --como todo borrachoide que se estime-- en amistosas
compañías. Por ello, resultaba obligatorio, tomarse un trago de
aguardiente, antes del baño, para el valor; y otro, después del
baño, para el frío...
En cuanto a los pobladores de Huanta en general, de su gente, hemos
dado ya testimonio de varias de sus estimables cualidades. Agregaremos que
eran de natural y de costumbres muy alegres y fiesteros. Casi siempre estaban
en ‘feriado’. Lo atribuían, ellos mismos, al hecho de ser su tierra “cálida y
productora, como ninguna, de muy potables aguardientes y vinos”...
Incuestionablemente: “el licor alegra a la gente”... Siempre y cuando no se les

123
pase la mano. Las fiestas y jaranas huantinas --por cierto obedeciendo al
estímulo del abundante y buen tomar-- eran muy alegres y ruidosas, hasta
elevados decibeles.
Alberto era, desde antes de los hechos que narramos, muy dado a la
música vernácula, en especial la serrana, sin olvido de la criolla costeña. De
origen familiar de Candarave, localidad de las bellas serranías del Departamento
de Tacna, tocaba --y toca-- muy bien; entre otros, varios instrumentos de cuerda.
Con tales atributos, cayó de perillas en el ambiente huantino; en sus fiestas,
jaranas y frecuentes "serenatas". Yo, como ‘su 'yunta’, recibía de paso,
‘indulgencias por avemarías ajenas’.
Nosotros habíamos sido orientados hacia la dependencia local de
Agricultura, la que nos derivó hacia el equipo de Fomento que llevaba a cabo el
estudio y planeamiento de un Proyecto de Irrigación, el cual debía favorecer a
ese hermoso valle del Departamento de Ayacucho. Las labores del Estudio las
dirigía un excelente ingeniero civil, suizo alemán, cuyo apellido, me parece
recordar, era Grünther o algo así.
El trabajo de campo y gabinete consistía, en lo fundamental, en
Topografía y Levantamiento de Planos. Correspondía a un curso de nuestro
especial agrado, enseñado por un profesor de La Molina, muy competente y
respetado profesional, el Ing. Civil Juan N. Portocarrero.
La práctica de Huanta nos resultó así utilísima y muy grata. Se añadía el
hecho de que nos acompañaba en las tareas otro joven estudiante, pero de
Ingeniería Civil, de la entonces Escuela Nacional de Ingenieros, llamado Efraín
Ribeyro. A quien apodaban “Pechereque” --un pájaro saltarín del Norte--, porque
el dicho mozo era muy acelerado o hiperactivo; y como en tales casos suele
suceder, bastante gracioso y ameno. Además, tratándose de un proyecto
humano de Ingeniero Civil, era más experto que nosotros --siendo de Ingenieros
Agrónomos-- en las técnicas y artes topográficas; por ello nos resultó algo así
como un útil asesor o ‘jefe de prácticas’.
“Pechereque”, era tan inquieto y aventurero, que unos años después
viajaría a los EE.UU., seguramente para ganarse algo de dinero; y para lograr la
codiciada ciudadanía norteamericana, se enroló, como “voluntario” --o “carne de
cañón”--, en la Guerra de Corea. Como lo supimos después, al poco tiempo
murió --muy joven todavía-- de súbita enfermedad o grave accidente... ¡Destino
lamentable de muchos que viven apurados!
Diremos, de paso, que nuestro profesor de Topografía e Hidráulica en La
Molina, el Ingeniero Juan N. Portocarrero, era una persona de características
bastante singulares y encomiables; muy inteligente, trabajador, y honesto. Se
preciaba, con justicia y sin alardes, de perseguir, incansable, un constante
proceso de superación integral de su persona.
Cierto día, hubo de salir inesperadamente de clase, dejando sobre el
pupitre varios de sus papeles... Uno de nuestros compañeros, de lo más
mataperro y curioso, comenzó a ‘oletear’ en tales documentos. Especialmente

124
en los de formato de tarjetas grandes o "fichas", para el dictado de sus
lecciones, seguramente deseando enterarse de lo que quedaba a posteriori de
ellas, y deducir si podría escaparse del salón, sin mayores consecuencias... Miró
a dos o tres de ellas, que le llamaron la atención de modo especial y... ¡oh
sorpresa!... Los papeles de un Ingeniero:
¡Contenían versos!
Estaba así en exclamaciones y risas creídas pertinentes. En mofa de una
impropia (¡?) afición poética profesoral. ¡De un Ingeniero! Cosa que, ya desde
entonces, comenzaba a parecer rara... Cuando, en ésas, el ejemplar maestro
regresó y lo cogió in fraganti, curioseando sin respeto alguno, lo que no debiera
examinar no estando autorizado.
-- ¿Qué hace un alumno mirando, sin permiso, mis papeles? ¿A qué
vienen tantas risotadas? --Clamó, airado, el venerable.
-- Perdone profesor, reconozco que es una falta de respeto, pero me
vencieron el asombro y la curiosidad, pues sorprende ver cómo un ingeniero, y
tan notable como Ud., pueda ser aficionado a poesías y hasta llevarlas escritas.
¡Al igual y junto a las fichas técnicas de su curso!... Discúlpeme...
-- No debe extrañarles --replicó el criticado maestro--, ni menos
producirles risas, un profesional de ingeniería, como yo, y como pronto lo serán
ustedes, que muestre afición a la literatura poética y a cualesquiera otras de las
elevadas artes creadas por el Hombre; a los estudios de cultura general,
llamados de Humanidades, que hacen integral y formativa a la Educación de las
personas. Todo lo contrario; debería ser lo general. --Sentenció, finalmente, el
Ing. Portocarrero, en tono de verdadero y magistral guía; agregando, en voz más
alta, firme y solemne, estas inolvidables palabras:
-- ¡Sí, yo leo versos! Y no lo olviden:
“Ingeniero que sólo Ingeniería estudia, ni siquiera un buen Ingeniero
es”.
“Los grandes ingenieros, no se hacen con mentalidades estrechas, ni con
sensibilidades frías o muertas”.
¡Cuán sabio Principio Pedagógico! Y vale la pena generalizarlo:
“Quien estudia exclusivamente lo concerniente a su profesión, ni
siquiera puede llegar a ser un buen profesional en el campo de su
elección; algo imposible, sin una Formación Integral y Simultánea, de su
Persona”.
Observemos cómo, de un modo general, en las universidades del Perú y
en la mayoría de las del mundo actual, ya los estudios son exclusiva y
excluyentemente 'técnicos', muy especializados y directamente utilitarios,
crematísticos. No Humanísticos o de Formación Cultural e Integral de la
Persona. Con lo cual una de las más grandes deficiencias educativas, mal
llamadas “tendencias pedagógicas modernas”, queda en evidencia. Mientras ello
no se subsane radicalmente, un inmenso daño se continuará causando a las

125
nuevas generaciones, a la verdadera Civilización, a la riqueza espiritual y
material humana del Planeta y, con ella, a la de nuestra Patria.
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Regresando adonde estábamos, diré que pasamos como un mes en
Huanta. Muchas fiestas alegraban, alternando en las noches, nuestro laborioso
transcurrir diario. En un ambiente encontrado cada vez más familiar y agradable,
asimilándonos a su marco humano con la mayor naturalidad y complacencia.
Un problema se me presentaba: Aún no había aprendido a bailar bien.
Ello hacía acrecentar mi ya dicha timidez adolescente, hacia las bellas y púberes
féminas, y evidenciada al máximo en las danzantes reuniones sociales.
En mi casa paterna y mientras vivió mi madre, la familia no era dada a la
sociabilidad –casi siempre frívola--; se la miraba --no sin acierto, aunque
exagerando un poco la nota-- muy fría o despectivamente. No había fiestas
sociales en casa y mucho menos “jaranas”.
A partir de 1,937, cuando salimos de “San Nicolás”, y más en 1,938,
estando en nuestra casa de 6 de Agosto, mi madrastra Julia organizaba algunas
animadas y alegres fiestecillas. Y tanto ella como mis hermanas mayores,
Susana y Ester, gentilmente me animaban y enseñaron a dar algunos pasos.
Pero nunca llegué a ser un virtuoso y menos un entusiasta del 'dancing'. Por lo
cual, llegado a Huanta, era todavía un analfabeto en la materia.
Alberto, afectuosa y pacientemente, se empeñó en desasnarme acerca de
tal práctica, tan ligada a la música, arte de su especial afición y aptitud. ¡Que si
fue dura la tarea de semejante magisterio!
Lo recuerdo todavía; me enseñó, primero, las secuencias particulares de
los pasos y los movimientos del cuerpo, correspondientes al ritmo de cada
género de danza; después, a dar las vueltas --¡tan difíciles me parecían!-- y a
llevar a la pareja --¡más aún!-- armonizando con las respectivas músicas; fueran
éstas: pasodobles (”Aurora”, “Callao querido”, etc.), o huachafositos valsecitos
criollos (como: “Si los lazos que nos unen”), más uno que otro huaino (”Yau,
Yau, Pucapolleracha”: “Oye, Oye, Pollerita Colorada), imprescindibles estos
últimos, en las “yunzas”, “tumba montes”, o “árboles carnavaleros”, de muy
irrigadas y estrepitosas alegrías huantinas. Al tango, a la marinera, y a otras
complejidades musicales extremas, no llegué jamás. Nunca he podido, incluso,
posterior y felizmente, con los bailes roqueros de la nueva ola, de meneos
ridículos, con aborrecible separación (!) de las parejas. Terminé bailando como
para salir de apuros. Hasta pude darle un bajón a la timidez traída, todavía en
parte, desde la pubertad...
Moraleja:
Es buena acción favorecer en los niños, púberes y adolescentes, el
vencimiento de cualquier factor negativo que cause timidez, para que ellos
puedan lograr la mejor consolidación de una personalidad aplomada, cómoda y
plenamente desenvuelta.

126
Así, el par de muchachos, sin deserción ninguna, estuvimos presentes en
casi todas las jaranas y fiestas huantinas --¡de órdago!--; de aquella alegre y
veraniega temporada. ¡La pasamos soberbio!... Para los entendibles criterios
propios de nuestra edad.
Muchas fueron las otras incidencias, graciosas y emotivas, que allí
sucedieron. Pero sería alargar demasiado este relato. Así, mejor pasaremos a
decir que, muy apenados, salimos de Huanta; para el cumplimiento de la
siguiente etapa planeada, con destino: Abancay.
La capital del Departamento de Apurímac, es otra bellísima población, de
ecología propia de las zonas de Valle Bajo Interandino del Perú (“Yunga”); de
clima templado, subtropical, semiseco; parecido a los de Huanta, Huánuco,
Carás, y otros hermosos lugares de nuestra querida Patria.
Estuvimos pocos días en dicho valle; pero pudimos visitar la Hacienda
cañavelera “Patibamba”, que producía aguardiente ("cañazo","yonque", o
"chacta") y chancaca (en "mazo"); había también alfalfares y ganado,
especialmente criollo, de engorde a pasto.
El problema más grave que tenían era el de la invasión de sus campos
por una maleza, que fuera introducida del África como pasto, convirtiéndose en
mala hierba, en extremo invasora, terrible. Se llamaba “Kikuyo” (Penicetum
clandestinum) y no encontraban forma de combatirlo; pues se multiplicaba por
rizomas muy profundos y provistos de mucha sustancia de reserva (‘gordos’,
decían); además, se propagaba por semillas y por los pedacitos de tallos, que
podían quedar en los campos. Ha sido, durante mucho tiempo, hasta la
aparición de los herbicidas modernos, maquinarias eficientes, y por ciertas
prácticas culturales oportunamente adoptadas, uno de los problemas
agronómicos más graves de la zona.
De Abancay viajamos hacia el Cusco, pasando por Curahuasi, pueblecito
y zona dedicados, como actividad principal, al cultivo del anís. Pequeña y bella
planta aromática (Pimpinella anisum), de florecillas blancas, dispuestas en
umbelas; en tal razón, es perteneciente a la familia de las Umbelíferas. Adorna
el paisaje y perfuma el ambiente. Se utiliza (su producción de granos), para
elaborar los famosos licores o aguardientes “anisados”; se vende en el mercado
nacional y se exporta.
Llegados al Cusco, tuvimos oportunidad de visitar y observar
innumerables lugares y aspectos de esa impresionante ciudad y de su territorio
circundante: Sacsayhuamán, Ollantaytambo, el hermoso valle del Urubamba
(‘Sagrado de los Incas’), el impactante Machu Picchu; la Catedral, numerosas
iglesias, conventos y altares, esculturas (¡el púlpito de San Blas! - De madera
labrada), etc.; las numerosas casas, casonas y edificaciones importantes, de sus
diversas épocas históricas. Sus campiñas y cultivos, coloridos y múltiples; la
Granja de Kcayra, donde se llevaban a cabo interesantes experimentos, cultivos
y crianzas, de casi todas las especies vegetales y animales domésticas,
autóctonas e introducidas en el país, etc.

127
Se podría agregar, sus típicas comidas, muy sabrosas, especializadas en
base de lechón y cuy, con acompañamientos de variados ajíes, ricas papas de
innumerables variedades, y el suave ‘mote’ de... ¡maíz gigante del Cusco!
Faltan palabras para mencionar todo lo de cautivante que una visita al
“Ombligo del Mundo” puede deparar. Plenitud de Historia y de Enseñanzas. De
auténtica y profunda Peruanidad. De real identidad peruana, al mismo tiempo
que cusqueña, muy propia, singular.
¡Cusco! Síntesis viviente, en indetenible progresión. Mestizaje de sangres
y culturas. Que, a mayor abundamiento, no da fe, sino contradice, rotundamente,
a la nefasta “Leyenda Negra”; inventada para denigrar las innegables
aportaciones católica e hispánica a nuestra Nacionalidad y Cultura. Que niega al
mal llamado “Indigenismo”; izquierdoso (liberal-marxista), falso y tendencioso. El
cual se predica, si bien apoyándose en algunas situaciones observables en el
Cusco, pero maliciosamente interpretadas, con insalvable falsía, con torcidos e
inconfesados propósitos.
Después de unos días en el Cusco, partimos hacia Puno. Observamos la
ciudad misma y sus alrededores. Antes de arribar -en tren- habíamos visitado la
Granja Ganadera de Chuquibambilla, dedicada primordialmente a la crianza de
finos lanares y nativos aunquénidos (alpacas). Cerca de la ciudad, en Chucuito,
pudimos observar su interesante Estación Piscícola, dedicada a la cría,
propagación, beneficio, y comercialización, de truchas; excelente especie
acuática, cuya crianza promocionaba intensamente el Estado, desde las
instalaciones de dicha dependencia. Con gran provecho para la región y el país
en general... Saboreamos deliciosas truchas... ¡fritas y ahumadas!
Conocimos el Lago Titicaca (del quechua: Titi=Plomizo y
Kqakqa=Roquerío; por los grises roquedales de sus orillas). De los mayores
lagos, es el más alto del mundo. Navegable hasta en los varios grandes barcos
a vapor existentes en aquel entonces. ¡Una Maravilla de la Naturaleza! Inmenso,
imponente, marco poético de mil mitos y leyendas.
En el tiempo que pasamos en el Departamento de Puno, Alberto --más
experto en serranías-- me ayudó a observar y distinguir mejor el fuerte influjo
racial y cultural aymara, en la población puneña: idioma, música, alimentación,
vestimenta, etc. Y las diferencias con el mayor influjo quechua en el Cusco,
acabado de constatar poco antes.
Interesante resultaba, además, observar la intensa mezcla e inter
asimilación entre dichas dos culturas y sangres autóctonas; y, las de ambas, con
las hispánicas... Indudablemente: ¡El Perú es como un Gran Crisol de Seres
Humanos y de sus respectivas Culturas! Contiene, en proceso de fusión,
históricamente todavía por concluir, a todos los elementos de una progresiva,
indetenible, e integradora, Unidad Nacional del Futuro.
De Puno, tomando nuevamente el tren del F.C. del Sur, viajamos hacia
Arequipa.

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¡Blanca y hermosa ciudad! De bello e intenso cielo azul. De verde y
encantadora campiña (lamentablemente, antaño mucho más y hogaño ya muy
poca). Que descansa, serena, en las faldas del majestuoso volcán Misti... Ha
aportado excelsos personajes a la Historia del Perú.
Arequipa es, posiblemente, la más lograda síntesis humana --en un
homogéneo mestizaje, cultural y sanguíneo-- de la Nacionalidad Peruana. Razón
tienen los arequipeños de vivir orgullosos de su tierra y de su pueblo.
Arequipa ha edificado una singular arquitectura urbana --con primordial
utilización del “sillar”, roca volcánica--, dentro de un desarrollo que siendo
auténtica y singularmente arequipeño, es al mismo tiempo profunda e
indiscutiblemente muy peruano. Un verdadero ejemplo para los otros pueblos del
Perú. Las manifestaciones de su cultura son de hondo regionalismo, tanto como
claramente nacionales. Hasta sus comidas --¡el rocoto relleno!-- enriquecen la
culinaria nacional; son simultáneamente originales del terruño y, en lo esencial,
peruanas; como no podrían serlo más.
Nosotros conocimos la limpieza de su Mercado; donde podíamos
desayunar --desayunábamos en efecto-- a gran gusto y dentro de la mayor
pulcritud e higiene; sus típicas "picanterías" (servían "picantes" y "chicha", ésta
en vasos gigantescos, que parecían enormes baldes de vidrio). Un deleite en
todos los sentidos.
Su campiña, de impactante verdor y colorido; por su productividad pone
de manifiesto tanto la riqueza de su suelo --de origen volcánico aluvial--, como la
notable destreza y singular laboriosidad de sus chacareros y hortelanos.
Se ha dicho, muy expresivamente, que: “El arequipeño es un pueblo que
construye con lava y que come con rocoto”... ¡De emociones volcánicas, de
efervescencias anímicas! Arequipa, la “Ciudad Caudillo”, orgullo de los
arequipeños, es también, y justificadamente, orgullo de todos los peruanos.
De Arequipa, seguimos hacia Tacna, la tierra de Alberto... ¡Otro bello
rincón del Perú! Lugar especialmente simpático y con un pueblo afectuoso;
nítida faceta peruana también, en mayor o en menor grado; con su personalidad
local; bajo la forma de un criollismo costeño, con algún percibible influjo serrano.
Pasamos unos agradables días en la alegre ciudad y su hermosa
campiña; satisfaciendo curiosidades de turismo interno: ¡El ‘picante de cuy a la
tacneña’ y los baños termales de “Calientes”! hacían en gran medida valedera la
visita. Así como las informaciones de tipo profesional, agronómico y zootécnico,
que allí pudieron ser aprovechadas.
Y casi culminando la gira, enrumbamos hacia el puerto de Ilo. Allí
debíamos embarcarnos hacia el Callao, en un barco a vapor, mixto, de carga y
pasajeros, de la entonces “Corporación Peruana de Vapores”. Se llamaba
“Urubamba”.49 Nuestros pasajes los consiguió Alberto, por intermedio de su

49
La desaparición de la “Corporación Peruana de Vapores”, lamentable desde todo punto de
vista, se debió, como las de numerosas empresas similares, a la incapacidad del Estado

129
padre, quien, como ganadero y comerciante propietario del ganado, parte de la
carga del buque, los había recibido de cortesía, de la citada naviera.
La travesía de Ilo al Callao, caleteando en Mollendo y Chala, fue para mí,
como experiencia vital, de lo más instructiva y placentera, entre lo disfrutado
hasta entonces en materia de viajes. Años después, con los muchos efectuados,
en diversos medios, durante mi ya longeva existencia, hube de ratificarlo entre
los más gratos posibles... ¡No hay como los largos periplos en grandes barcos
de pasajeros! Es una verdadera lástima que, especialmente en aras de la
rapidez, tiranía de la época contemporánea, prácticamente se haya
descontinuado tan gratificante modalidad del transporte de personas.
La amplitud del horizonte en las vistas al mar, desde las barandas, las
cubiertas y los “ojos de buey”; la del espacio disponible dentro del barco mismo,
en sus acogedores ambientes; la fresca brisa marina; las exquisitas
comodidades de la nave; la sensación de verdadero descanso y placidez, sin
urgencias que perturben la paz y la tranquilidad del pasajero; lo grato de las
compañías y de las amistades que generalmente allí se entablan; de los
esparcimientos disfrutables abordo, etc. Muy poco o casi nada de todo esto, se
puede lograr en cualquier otra forma de transporte de pasajeros. Agréguese, la
calidad y abundancia de los alimentos, atendidos en forma tan cómoda, elegante
y con toda oportunidad, en sus amplios comedores. Con extensas ‘cartas’,
comprendiendo platos de modalidades al escoger; y en cuanto a su número a
servir y las cantidades en ellos contenidas, sin trabas ni límite alguno; ni en las
‘repeticiones’. tenidas a bien solicitar...
A propósito de la “Sección Mercurio” --así llamábamos a los merenderos y
a las meriendas--, a las 12 m. y 8 pm. --en punto--, tocaban unas sonoras
campanadas, llamando a los almuerzos y comidas. En cuanto las oíamos,
volábamos al comedor... ¡bulimia adolescente!... Aunque estuviéramos, como
efectivamente estábamos con frecuencia, conversando con simpáticas chicas
viajeras (Alberto enamoró, con la suerte que siempre lo favorecía, a una muy
linda, de origen chileno alemán). ¡Las abandonábamos, ipso facto y en
estampida! Sin disculpas, dudas ni murmuraciones. Repitiendo la imperdonable
descortesía, ante cada nueva situación, campanuda, y así de urgente.
En el comedor nos sentábamos los dos en una mesa, uniéndosenos otro
par de compañeros de la Escuela, quienes también habían embarcado en Ilo,
pero procedentes de otras vacacionales expediciones. El apetito, de cada uno
de los cuatro especimenes agronómico-molineros, era temible. Juntos...
¡devastador!

Peruano, hasta hoy insubsanada, para materializar, en nuestro Desarrollo Económico y Social,
una posición ni liberal: la Empresa Privada en todo; ni marxista: el Estado en todo. No se logra el
justo término entre la eficiencia Privada y el Fin Ético del Bien Común, a defender por el Estado;
justo término definido con claridad meridiana, por la sabia Doctrina Social de la Iglesia: “La
Iniciativa Privada, hasta donde sea posible; la Acción del Estado, hasta donde sea
necesaria”. Posición que ha logrado, en la práctica, ejemplares realizaciones, aunque fuere en
parte, en varios países, épocas, y sistemas políticos y económico sociales del mundo.

130
De arranque --como habríamos de repetirlo varias veces--, el primer día,
habiéndose acercado el mozo, inocente, en son de atender a nuestra mesa y
mostrando el menú, que contenía, al escoger, más de 14 platos, aparte de los
postres, muy atento, dijo:
-- ¿Qué se sirven los señores?
-- Tráiganos todo el menú, de ida, de arriba abajo, inclusive los postres, a
cada uno de nosotros; por lo pronto, pues seguramente lo repetiremos de vuelta
--¡y efectivamente lo repetíamos!--, de abajo arriba. -- Ordenó uno de los
inefables heliogabálicos tragonsales (¡que no propiamente ‘comensales eran’!).
Dejando estupefacto al mozo; quien, sin embargo, moviéndose con rapidez,
musitó presuroso:
-- Esteee... ¡Sí señores!
Y partió apurado en pos de bastimentos para atendernos. Pidió auxilio a
otros dos fámulos, de los cuatro compañeros de trabajo, que en total servían en
el dicho comedor. Y, al rato, se notaba unos movimientos muy agitados de los
mozos alrededor de nuestra mesa, contrastando con la apacibilidad visible en
las demás del recinto, las cuales eran atendidas solo por el servidor que restaba
libre.
Cierto día, en una de las mesas, cercana, estaban sentados, una viejita
de aspecto bonachona y un joven, a todas luces su hijo, de edad algo mayor a la
nuestra y al parecer muy su engreído; un “niño Goyito”, delgado, hasta enjuto,
delicado; se mostraba inapetente, ‘desganado’. Ambos, madre e hijo, no salían
de su asombro ante el espectáculo de nuestra voracidad, virtualmente leonina.
La dama --llegamos a escucharla--, en voz baja, le susurró a su añoso y enteco
vástago:
-- ¡Ay hijito! ¡Cómo me gustaría que tú comieras como esos muchachos
de la otra mesa! ¡En las cantidades y con las ganas que lo hacen! ¡Me muero de
santa envidia!
Pero nada nos avergonzaba. En medio de grandes risas, continuábamos
en el entusiasta y langostero empeño masticatorio. Y, además, las tardes y las
noches, eran también circunstancias de más comer, de relajo, y de placenteras
vivencias.
El buque tenía un amplio salón de reuniones y bailes; de lustroso piso
encerado y de grandes ventanas con amplias vistas al mar. Se lo dotaba con
música muy alegre. Bailábamos a todo dar. Con las juveniles, vivaces y
simpáticas pasajeras del barco, que a nosotros nos parecían lindas, divinas. En
dicho ambiente cuyo bamboleo por el movimiento marino hacía que las parejas,
en alborotados conjuntos, resbalaran en pleno baile, como patinando, desde el
lado más alto, en ciertos momentos, hacia el opuesto más bajo; y, al ratito, a la
inversa. En medio del jolgorio general.
Durante la travesía caleteamos, como se ha dicho, en Mollendo y Chala
(puerto éste mucho menor). Abordo, muy pocos habían sufrido mareos y en todo
caso los pasaron rápido. En el primer punto, hubimos de bajar un largo rato y

131
experimentar la desagradable sensación del “mareo de tierra”, resultante del
hecho de haberse acostumbrado al bamboleo del barco en el mar; pero que, al
pisar losa firme, se siente, rara y más molesta, la ‘borrachera’ terráquea: ¡Un
mareo al revés!... También experimentamos lo que era embarcar y desembarcar
“con pescante y silleta”; las mujeres --en menor número siempre-- en el asiento;
y los hombres agarrados de las sogas (4 cortas, confluyendo en la única del
güinche), y parados en los travesaños (‘palitos’) de la 'silla' de fierro, portante
implemento de la grúa.
Concluimos nuestra grata y aleccionadora gira, muy alegres y satisfechos,
llegando al Callao y de allí a Lima, a nuestras respectivas casas; en los últimos
días del mes de marzo del ‘41.
-----
Habríamos descansado unos días en Lima, reacomodando nuestros
bártulos, objetos personales y de estudio dejados en demasía un tiempo de su
cuenta; y, faltando algunos días para el reinicio de las clases correspondientes a
ese año lectivo, nuestro padre, quien a la sazón había asumido el cargo de
Director Nacional de Alimentación, nos propuso, a mi hermano Manuel, a mí, y a
un amigo común y excompañero de colegio, de apellido Rouillón, que viajáramos
de Lima al Satipo, ida y vuelta, en unos camiones que transportarían arroz
desde allí. La finalidad era ayudarlo en la vigilancia de las operaciones de
compra del cereal producido en dicha zona de Selva y de su transporte a Lima; e
informarlo cuanto pudiéramos sobre la conducción y ejecución del programa,
cuyo correcto funcionamiento le preocupaba mucho.
Así pues, con el mayor entusiasmo, viajamos, por tierra, en uno de los
camiones, a través, en gran parte, de un camino terrible.50 En convoy, hacia la
primera zona de Selva que conoceríamos. ¡Un enorme impacto nos habría de
producir! Se nos ofreció maravillosa. De singular embrujo. Añadiré que tanto mi
hermano Manuel como yo, con pequeñas diferencias de enfoques, nos
habíamos subyugado a una gran admiración y curiosidad por la Naturaleza.
Pero esta Naturaleza, la del Trópico Húmedo Peruano, es algo grandioso.
Indescriptible en pocas o hasta en innumerables palabras, si de eso se tratara.
En cuanto a las plantas, nos mareaban su número y variedad; y de la fauna, ni
qué decir, en especial de artrópodos, de insectos, y de éstos, solamente en
mariposas, se ofrecían ¡maravillas! De múltiples colores, tamaños y formas;
encontradas por miriadas, especialmente en las orillas de los cursos de agua y
en los charquitos que se formaban en las trochas que penetraban el monte.

50
Sin afirmado; estrechísimo, con precipicios pavorosos a los costados. En el cual sólo se podía
viajar, cada día, en un sentido; de curvas en extremo cerradas. Para pasar una curva, el camión
debía realizar varias operaciones, de adelantos y retrocesos; y para estos últimos, un “chulillo” o
ayudante, muy joven y despierto, portando una gran cuña de madera, debía colocarla en una de
las ruedas traseras, oportuna y precisamente, en medio de los ‘avisos’, en gritería, de chofer y
pasajeros. Una falla del “chulillo” y el camión, con todos los pasajeros y la carga, podía ir a
parar, de ‘culata’, al fondo del aterrador precipicio... y por desgracia, a veces ocurría... ¡Oh Perú,
cuántas valentías se han dado esparcidas en tu territorio!

132
Nosotros, cuando éramos chicos, nos jactábamos de saber de memoria
los nombres comunes y científicos de casi todas las plantas e insectos
existentes en “San Nicolás”, que correspondían en general a las especies de la
Costa Central del Perú. En la Selva, empero, no podíamos ni comenzar la
clasificación, ni encontrar siquiera alguna persona --¡no las había, ni las hay
creo!-- que conociera una aceptable proporción de la inmensa nomenclatura de
su biodiversidad.
La belleza de sus panoramas no encuentra palabras para describirla. Su
cielo azul muy nítido, con algunas nubes blanquísimas, haciéndole precioso
contraste, en los lapsos diurnos en que se presenta despejado. Imponente en
las fases de tormentas y precipitaciones de diluvios, con enceguecedores
relámpagos y truenos retumbantes. Sus bosques majestuosos y en apariencia
estáticos, pero bullentes de vida en su interior; de luchas implacables por la
supervivencia, confluyendo en un sorprendente equilibrio biológico, que les
confiere esa imagen de estabilidad perenne. Sus suelos arcillosos, rojos al
desnudo, pardos, casi negros, cuando plenos de mantillo o humus, armonizan
sus colores intensos con los de la vegetación y el firmamento.
Las producciones agrícolas, pecuarias y forestales selváticas, eran de
asombro; como me había dado una idea, hacía pocos años (el 38 o 39), en una
Exposición Amazónica que tuviera lugar en el Campo de Marte de Lima. Unas
yucas, papayas y piñas gigantescas; plátanos también enormes, deliciosos.
Naranjas, limones y otros cítricos, colgaban por millones en las ramas de sus
árboles unos y estaban regados otros como piedras por los suelos. Aparte de
sus crianzas domésticas de porcinos y aves, había un ganado vacuno, de varios
cruces de cebú, en la Granja Ganadera del Satipo, que en presencia, peso,
precocidad, productividad, etc., dejaba boquiabiertos a quienes lo contemplaran.
Más si se lo comparaba mentalmente con los animales producidos, por ejemplo,
en las altas serranías de Puno, región tradicionalmente considerada "ganadera".
Agreguemos su riquísima producción maderera. En fin, no terminaríamos de
expresar todo lo maravilloso por hacer constar al respecto.
Surgían entonces numerosas interrogantes, no sólo las científicas y
tecnológicas, que lo observado suscitaba, sino otras muchas, de grande y hondo
significado:
¿Por qué esta región de la Patria, tan fabulosa, se había mantenido
inconquistada en toda la Historia del Perú? ¿Por qué no habían podido con ella,
ni los incas, que dominaron a la Cordillera de los Andes y a los desiertos de la
Costa; ni los españoles, en cuyo Imperio “jamás se ponía el Sol”; ni los peruanos
mismos, que hicieron producir a valles, desiertos, altiplanos, laderas, y cumbres,
hasta lugares increíbles, por inhóspitos y difíciles que fueran? ¿Por qué esta
región, que en ciertas circunstancias aparece inmensamente fértil, suele
después, en otras, ver degradados sus suelos, flora, y fauna, a extremos de una
lamentable improductividad y pobreza? ¿Por qué desde esa apariencia inicial de
tanta exuberancia, pero de real fragilidad, puede producirse un desastre final,
cuando se rompe el equilibrio del sistema natural y no se lo reemplaza,
sensatamente, por otro, similar, aunque fuere artificial, pero también equilibrado?

133
Tales incógnitas significaban un desafío digno de la mayor dedicación y
entusiasmo, para un proyecto de ingeniero agrónomo, joven o adolescente
(como era yo), que en algo estimara su vocación profesional y a su persona; que
sintiera bullir en su ánimo --como yo lo sentía--, el ímpetu claro de la flama
Vocacional, conectada a un neto Idealismo Vital.
¡Cuánto se podría hacer por la Selva y por el Perú entero! Se me abrieron
los ojos... Me enamoré de esa tórrida y boscosa región. Sentí remecida mi
anterior vocación cañavelera costeña. Comenzaba a pensar, seriamente, a
sentir clara inclinación, por el Agro, las Forestas, y la Ganadería Tropical,
especialmente por la Vacuna, la más decisoria en el proceso de su
consolidación económica definitiva.
En Satipo nos hospedamos en un hotelucho --sin estrellas, ni luz eléctrica,
pero con incontables bichos-- y luego de ver los asuntos del arroz, motivo
primario del viaje, recorrimos lo que nos fue posible. Curioseando todo. Y
Manongo tenía una pequeña carabina Winchester para algunas aventureras
cacerías.
Cerca de nuestro rústico alojamiento, había un ‘bungalow’, donde vivía un
comandante de aviación, apellidado Galino, quien se había hecho famoso por
algunas hazañas aéreas en que había participado. Era Jefe de una pequeña
Base, con un campito de aterrizaje, por allí dispuesto desde los tiempos del
conflicto con Colombia (1,932-33). Vivía solo, sin esposa, pero junto con un
matrimonio francés, de apellido Fournier; el esposo era un experimentado
explorador selvático, de los que llaman "vaqueanos". La mujer, francesa
también, muy linda ella. El trío nos ponía al tanto de lo necesario a saber acerca
de la Selva; de sus secretos y saciando nuestras inmensas curiosidades al
respecto.
En cierta ocasión, estábamos los muchachos en una trocha que llegaba al
río Satipo, por un sector algo alejado del pueblo. Aprovechamos para tomar
agua y refrescarnos un poco, dado lo intenso del calor reinante. Cuando, en
ésas, levantando la mirada, observamos al frente, por un momento, a un natívo
o "chuncho", "campa"51, que se aprestaba a cruzar el río. Lo vimos hacer algo
que nos pareció muy curioso y aleccionador:
Entró resuelto al río y comenzó a nadar en el área comprendida en el
tercio longitudinal del inicio --referido al ancho total de su curso--, pero... ¡en
dirección aparentemente contraria a la de la corriente principal! En verdad, era a
favor de una de las contracorrientes, o por lo menos remansos, que en los ríos

51
Así se llamaban antes. Hoy se ha impuesto la moda --procedente, al parecer, de alguna
inefable O.N.G--- de llamarlos asháninkas. En Satipo vivían, en cuanto a indumentarias y
costumbres, prácticamente en estado semi salvaje (llamados chunchos), pero se ofrecían
amistosos con la población común o ‘civilizada’; muchos de ellos trabajaban como peones en las
plantaciones --más pequeñas que grandes--, bajo la modalidad de contratistas. Pero eran algo
difíciles, pues sin mayores explicaciones, muchas veces en forma súbita, abandonaban las
labores y desaparecían. Por disgustos varios, pero lo más común, por casos de enfermedades
graves o muerte, de alguno de ellos; al parecer, como el mejor modo de evitar la propagación de
epidemias en sus tribus.

134
se forman a sus lados ribereños. Cuando el campa estaba llegando al centro del
curso acuático, a su mayor correntada, siguió en contra de ella, con más fuerza
aún, con toda de la que era capaz, pero entonces ya algo sesgado (en unos
45º). Se producía así una composición de fuerzas, entre su rumbo natatorio y la
dirección de la corriente central del río. De tal modo que éste lo empujaba, hacia
la otra orilla. Y, al llegar a la segunda contracorriente o remanso, la aprovechó
para nadar ya a favor de ella, variando el sentido suyo anterior, según el
movimiento del agua que encontraba, y salió… ¡exactamente al frente de donde
había ingresado!... Nos dejó estupefactos. Y me sirvió la lección, pues sabiendo
bien y gustándome mucho nadar, aprendí a cruzar imponentes ríos..52
Cumplida nuestra estada en Satipo, emprendimos el regreso en otro de
los camiones, cargado ya de arroz y llevando algunos pasajeros.
A pocos kilómetros de la salida del pueblo, el chofer hizo una pascana a
la vera del camino, en una chacra que tenía, entre sus cultivos, algunos frutales
y caña de azúcar. De los primeros disfrutó el rudo conductor, con uno que otro
pasajero, de algunas de sus producciones mas jugosas (piñas, naranjas, cañas,
etc.) y compró, muy baratas o le regalaron, pues los choferes en tales rutas
suelen ser muy homenajeados por los pobladores, varias botellas de
aguardiente. Y así, alegres todos, continuamos el largo y --sin tomarlo en
cuenta-- peligroso viaje de retorno...
Por aquellos tiempos yo era muy comilón y ello favorecía que tomara
sueño con mucha facilidad, a ciertas horas del día, especialmente en los carros
y doppo la manggiatta. Ocurrió entonces que, avanzados una cierta cantidad de
kilómetros, ingresamos a la zona más escarpada de la ruta. Desde las aberturas,
más que ventanas, del camión mixto, se podía percibir las honduras de los
horribles precipicios; al lado mismo del ruidoso y casi destartalado vehículo.
Había algunos realmente espeluznantes. Ante ellos, era mejor no mirar. Y así,
comenzando a cabecear, me quedé profundamente dormido. Mi última visión,
consciente de lo exterior, fue la de un profundo abismo mi costado...
Mientras tanto, el camión había seguido su ruta con relativa tranquilidad.
Aunque el chofer y su "chulillo", con la complicidad de más de uno de sus
pasajeros, voluntariosos para estas lides, se habían chupado, gran parte de la
existencia del aguardentoso bebestible. El vehículo terminó pasando la zona de
los precipicios y transitaba ya por el casi llano territorio alto andino de las punas
de Concepción y Jauja --de Runatuyo, creo--, donde, habiendo llovido mucho, se
había formado gran cantidad de barro, fofo, a los flancos de la vía.

52
Sin embargo, años más tarde, un fracaso parcial e inesperado, me volvió más prudente,
respecto a los ríos, como se debe ser también con los mares: Fue en el río Chinchipe, al Norte
de Jaén. Pretendí cruzarlo en estilo parecido al campa; pero como lo hacía en ‘crawl’ (con la
cabeza semi sumergida), estando en pleno cruce y ‘embalado’, sentí como una fuerte pitada,
insoportable, en los oídos; tuve que levantar la cabeza y perdí velocidad; por lo que el río me
arrastró muchos metros aguas abajo... ¡y hacia el mismo lado por el que entré! Me explicaría el
fenómeno sonoro, como una consecuencia de la acumulación, en el agua, de los sonidos de
miles de millones de granitos de arena, que rozaban contra la superficie de ella, al impulso del
fuerte viento allí reinante. Esa parte del río atravesaba una extensa zona llana y arenosa.

135
Parece que el chofer, casi beodo, se durmió o cabeceó; se descontroló el
carro, se salió de la vía y las llantas de un lado se hundieron bruscamente en el
lodo. El camión se ladeó y volcó, al margen de la carretera; con las cuatro
ruedas hacia arriba... Me desperté bruscamente al momento de iniciarse la
volcadura, en medio de la gritería del chofer, el chulillo y, sobre todo, de los
pasajeros...
Pensé, con plena convicción, que… ¡estábamos cayendo en uno de los
profundos abismos de la ruta! Y he aquí que volví a experimentar esa sensación
de conformidad, a la que ya me referí en el caso del terremoto del ‘40, en La
Molina, al tratar el tema del “Temor a la Muerte”...
¡Me encogí y esperé lo peor!...
Pero, volteado el carro, quedó quieto... Alguien gritó:
-- ¡Salgan con cuidado!... El carro solamente se ha volcado...
Entonces, se escucharon los angustiosos gritos de una señora que había
quedado aplastada por unos sacos de arroz de la carga; y los quejumbrosos
ayes de algunos pasajeros golpeados, sin gravedad, pero que pedían algún
auxilio, el cual se les proporcionó, como se pudo. Y luego, todos quedamos, de
pie y atónitos, al lado del camión siniestrado.
En cuanto a mí, como en el caso de la E.N.A.V., pasado el primer instante
y dándome cuenta de que el asunto no era tan grave, como lo creyera al
despertar, se me pasó la resignación y vino al punto el instinto de conservación;
salí lo más rápido posible; no sin que me golpearan, el tablón que servía de
asiento, caído desde lo alto, y las herramientas de fierro contenidas en el cajón
de su base, que era normalmente tapado por la malhadada tabla.
Una vez afuera del carro, los pasajeros, que habíamos venido vestidos
con ropas delgadas, por el calor del Satipo, comenzamos a sentir un frío
espantoso; el propio de las punas del Perú. Era el atardecer y a medida que
anochecía, la congelante temperatura se hacía cada vez más insoportable.
Alguien atinó a proponer el recojo de parte del maderamen del carromato
destrozado en el accidente. Encendimos dos grandes fogatas, para calentarnos
algo, haciendo así menos insoportable la circunstancia; mientras esperábamos
que pasara un carro, para que diera auxilio al chofer y recogiera a los pasajeros
hacia Concepción o Jauja. Mas, por aquellos tiempos, el tráfico en esa carretera
era muy espaciado... ¡Durante horas, no pasaba vehículo alguno!
En eso, llegó un viejo automóvil vacío; recogió a las mujeres y a los niños,
que estaban muy maltratados. El resto seguimos esperando. Y a pesar de que,
hasta casi introducíamos las manos en el fuego de las hogueras, no lográbamos
calentarnos, o neutralizar algo, apreciablemente al menos, el paralizante frío. Y
así, las hogueras terminaron por agotar la leña del exbarandal camionero… Allí
aprendimos lo que significa el frío como tormento. Es realmente insoportable.
Por ello creo comprender mejor lo que fueron las tragedias del “Titánic” y la del
“Crucero Belgrano”; ésta última, causada por la horrenda crueldad británica, en
la guerra de Las Malvinas... Llegó un momento, en la madrugada, en el cual casi

136
pedíamos la muerte, como alivio a tanto sufrimiento. A Rouillón le sobrevino un
doloroso ‘calambre estomacal’ (o al diafragma pudiera ser).
Viene al caso aquí, otra de las grandes máximas de Cicerón:
“Ni siquiera, como se cree erróneamente y con frecuencia, la
muerte es el peor de los males; se la suele preferir, incluso, a muchos
atroces padecimientos”.
Se puede mencionar, en reafirmación de lo sostenido, que son tan
frecuentes otros males, generalmente admitidos como mayores que la muerte,
que, basándose en ello, hasta se justifican los suicidios; se practica la
eutanasia; se admiten los tiros de gracia... La muerte --se reconoce-- hasta evita
o termina grandes dolores físicos y morales: la tortura infligida con sadismo; los
sufrimientos por el frío extremo, el fuego, las enfermedades terribles; así como el
deshonor, la vergüenza ética, etc. He llegado a conocer personas que se
suicidaron por motivo de la puesta en quiebra de sus negocios y al no poder
pagar sus deudas; o por soledad extrema, desencantos y penas de amor;
depresiones y muchos etcéteras, cuya exposición no sería posible agotar aquí...
Felizmente, ya amaneciendo, un ómnibus nos recogió, llevándonos hacia
Concepción y Huancayo. Así pudimos, a mediados de abril, llegar a Lima.
-------
Finalizado el verano del año 1,941 y regresando del Satipo, nos
encontramos con una nueva situación en Lima, tremenda: nuestro venerado
padre había sufrido una pulmonía doble fulminante; se encontraba muy grave y
por ser internado en el Hospital Arzobispo Loayza, ubicado en la Av. Alfonso
Ugarte, muy cerca de la Calle Cañete, donde vivíamos los Ruiz Huidobro Cubas,
la tía Laura, nuestra hermana Susana, mi hermano Manongo y yo.
Recibido el aviso, esperamos a la ambulancia en la puerta del hospital,
desde la cual lo subieron en camilla hasta el cuarto que le fuera asignado en el
segundo piso. Llegó delirando. Y mientras era trasladado allí, preguntó:
--¿Por qué me traen a caballo?
-- No. Te has enfermado y te hemos traído en camilla para que te curen
mejor en el hospital. --Le informó, comprensivo y afectuosamente, uno de los
mayores de la familia.
Mi padre se había acostumbrado a bañarse en ducha fría en las
mañanas, muy de madrugada. Ocurrió entonces que, dentro de las funciones de
Director General de Alimentación, de la cual se hizo cargo con todo entusiasmo,
visitaba con frecuencia el Mercado Mayorista para constatar, personalmente, el
movimiento de las subsistencias de la Gran Lima. Un día se resfrió --no hacía
caso de enfermedades--; no tomó en cuenta la afección y a la madrugada
siguiente volvió a bañarse con agua fría –y ya era invierno en Lima--; empeoró, y
sin hacer caso de nuevo ¡volvió a bañarse! Hasta que cayó con un fiebrón,
síntoma de una fulminante pulmonía doble. Por cierto, casi no llegó a darse
cuenta de su gravedad y menos de lo próximo de su muerte. Y. por lo demás, ya

137
he dado varias referencias de este lamentable suceso, que puso fin, el 17 de
abril de 1,941, a los 57 años de su edad, a una existencia de singular valía. La
cual, de haber continuado, habría llegado a mayores realizaciones concretas
que las ya logradas y a la adicional recepción de merecidos honores y fama.
Nuestro progenitor, además de seguir pesando en muchos aspectos de la
vida familiar, era todavía el principal sostén económico de la mayoría de
nosotros. En cuanto a mí, si bien nuestro cuñado Federico y hermana Ester,
ambos muy generosamente, venían cubriendo gran parte de mis gastos de
vivienda y alimentación, los de estudios, y los llamados menudos --en verdad no
tan menudos, ni de funciones tan desdeñables--, tales aportes habrían de
resultarles progresivamente más pesados. La familia misma, de Ester y
Federico, crecía vertiginosamente.
Así las cosas, pensé que no podría continuar mis estudios. Experimenté
un enorme desaliento y casi decidí abandonar la carrera, para tomar algún
trabajo con cuya remuneración pudiera sostenerme, sin constituir una carga
económica para nadie; pues no se veía en el entorno quienes pudieran hacer
más de lo que hacían por mí; ya que la muerte del pater familiae, había colocado
en situación parecida, o peor, a los otros hermanos y personas dependientes de
quien, de modo tan inesperado como involuntario, nos dejaba en este, en gran
medida, insensible mundo... Ni los Ruiz Huidobro ¡que ya hacían tanto por
nosotros!
Pasando por tales circunstancias, un día comuniqué mi problema y la
decisión de dejar los estudios a mi apreciado amigo y compañero de promoción,
Miguel Rubio Galloso --lamentablemente fallecido, hace poco--, quien siempre
se manifestó noble y franco en sus relaciones conmigo... Y así me dijo:
--¡Qué bárbaro! ¿Cómo vas a dejar la carrera, tú que tanta vocación
demuestras y tan buenas notas logras? ¿Cuál es el verdadero motivo?
- No puedo solventar mis gastos y mi hermana ya no da más -- Respondí.
-- No es motivo suficiente. Me has contado que tu hermana y su esposo te
proporcionan, generosamente, entre otros rubros, vivienda y alimentación; pues
¿por qué no solicitas una beca?53 Y además consigues trabajo, enseñando
matemáticas, a muchachos de secundaria. Así ganas algo y aprendes mejor las
matemáticas, pues, recuerda: "Enseñando se aprende mucho más que
solamente estudiando". Siendo como son, para nosotros mismos, tan
necesarias en la Escuela las ciencias de los números -- Fueron sus sabias
palabras.
-¡Qué me van a dar beca a mí! Si es conocido que mi padre fue un
profesional destacado y por lo tanto de una posición económica
presumiblemente holgada. Pero nadie sabe cómo, ahora último, la situación ha
cambiado. Es menos creíble aún que no haya dejado --como sin embargo no

53
Antes de producirse el terremoto las becas significaban enseñanza e internado gratis; después
del sismo, en ellas la enseñanza seguía gratuita, pero en lugar del internado (alimentación y
alojamiento), se le daba, a cada becado, una ayuda en dinero efectivo, de S/ 50.00 mensual.

138
dejó-- herencia material alguna. Y, enseñando matemáticas, no me alcanzaría
para lo necesario. -- Repliqué, con pesimismo irreductible; ante lo cual, empero,
insistió Miguel, con otras atinadas reflexiones:
“Nunca hay que dar por imposible, lo que no se ha intentado. Ni
rendirse por adelantado. No hay peor diligencia que la que no se hace”.
¡Inténtalo! Dile la verdad al Director, quien parece una buena persona... Y
después, y sólo después, se verá otra cosa. Si lo pensado no resultara...
Así, me presenté ante el Director de la Escuela, quien a la sazón era el
Ing. Agr. Pascual Saco Lanfranco, dicho sea de paso, egresado en 1,905, con la
1ª Promoción de Ingenieros Agrónomos del Perú, la misma de mi padre. De la
antigua Escuela Nacional de Agricultura de Santa Beatriz… Y le dije:
-- Como Ud. habrá tenido conocimiento, Ing. Saco, hace pocos días
falleció mi padre, el Ing. Manuel E. Cubas, a quien, por ser su compañero de
promoción, habrá conocido muy bien. No le digo esto último, con alguna
intención de asegurarme lo que se llama “una buena vara” ante Ud., sino para
que tome, como absoluta verdad, lo que voy a decirle respecto a él, en cuanto a
su modo de pensar y de actuar: Mi padre, además de ejemplar cabeza de
familia, se distinguió desde el comienzo de su carrera, como un excelente
profesional, siendo muy bien remunerado. Así, sus familiares, en su compañía,
en vida, bajo su conducción, pero dependiendo de él, subsistimos siempre de un
modo placentero, en cierta innegable abundancia económica y de plena
comodidad material. Pero él no ahorraba nada y menos con las miras de dejar
herencia patrimonial alguna, pues tenía la convicción de que:
“Las personas deben vivir de su trabajo y no de loterías, ni de
herencias. La mejor Herencia que los padres puedan legar a sus hijos es la
Moral, forjada por sus enseñanzas y ejemplos; y la Intelectual,
representada por una elevada cultura, promovida también por ellos, y
adquirida desde temprana edad”.
Así murió pues nuestro padre, sin dejar un centavo para el futuro, a once
personas todavía dependientes económicamente de él. Nunca se lo
reprochamos; ni se lo reprocharemos jamás; pues lo que nos dio y dejó, fue
mucho más de lo suficiente y merecido. Se trata sólo de una aclaración de la
realidad, en este momento requerida... De tal modo, Ing., si bien nosotros hemos
vivido como ricos, ahora somos pobres; refiriéndonos a los recursos materiales.
Por lo cual, en lo que a mí toca, tendría --si no recibiera auxilio oportuno de la
Escuela-- la necesidad imperiosa de buscar un trabajo remunerado, a tiempo
completo; y, con gran dolor, deberé abandonar mis estudios, seguidos con
apasionada vocación y, como lo sabrá Ud., obteniendo muy buenas notas,
logrando excelente colocación en el orden de méritos.
Por lo dicho y en concreto, me permito solicitarle se me conceda una
beca, la cual sería, sin duda alguna, muy justa, aunque pudiera no parecerlo, a
quienes no conocen, ni tienen cómo ni por qué conocer, la situación económica
experimentada por mi familia y con ella la mía propia.

139
El Ing. Saco Lanfranco, guardó silencio, quedó pensativo unos instantes,
para responder luego:
-- Mire Ud. Cubas, comprendo muy bien los fundamentos y la necesidad
de su pedido. No me cabe la menor duda de lo dicho por Ud. Conocí a su padre,
fui su compañero y amigo y lamenté mucho su temprana muerte; pero sobre
todas las cosas, constaté, siempre, su acrisolada, singular, honradez y
veracidad. Y si es verdad, como lo creo, que “de tal palo tal astilla”, Ud. no
miente; aparte de ser muy lógico lo que dice. Déme unos días de plazo, porque
debo hacer la consulta al Consejo de Profesores y recién entonces podré darle
una respuesta definitiva. Pero estoy casi seguro de un resultado favorable;
puede considerarlo así.
Efectivamente, a los tres días, me dio la confirmatoria respuesta:
Favorable. Y así, comprendidos los estudios gratuitos y los 50 soles mensuales
que me daba la Escuela; más otro tanto aproximado, al poco tiempo añadido,
por mi trabajo de enseñanza de matemáticas, a un par de alumnos de
secundaria que conseguí, ya tenía una base de sostenimiento. A la cual se
sumaba la siempre bondadosa ayuda de mi cuñado y hermana, en vivienda,
alimentación, y las otras formas de auxilio relativamente extraordinarias --en
realidad frecuentes--, de variada naturaleza (libros, salud, viajes, ropa, etc.);
nunca hechas faltar por ellos cuando las percibieron necesarias. Se cumplía así,
con creces, lo proyectado, al iluminarme y alentarme, con las sugerencias y
consejos de mi buen amigo Miguel Rubio Gayoso. Mi carrera se aseguró,
viviendo desde entonces siempre agradecido a quienes me dieran tan decisivo
apoyo en ese crucial momento.
-----
Otros estímulos vocacionales.- Más o menos en julio o agosto del ‘41, mi
hermano Manuel consiguió, con el apoyo de nuestro cuñado Federico --siempre
generosamente dispuesto para ayudar--, un puesto de Administrador del
pequeño fundo algodonero cañetano: “Santa Rosa”. Allí, en Cañete, conoció y
se enamoró de la muchacha que algún tiempo después sería su esposa
(Yolanda Baglietto); asimismo, entabló amistad con el joven Eduardo Cabieses
Molina, quien ahora es el esposo de nuestra hermana Isabel y cuyo matrimonio
resultó secuencia de esa precusora relación.
Manongo me invitó al mencionado fundo en mis vacaciones de medio año
del ‘41, para disfrutar nuestra fraterna compañía y como oportunidad de muy
útiles prácticas agronómicas. Allí encontré el caso curioso de un suelo muy
suelto en la superficie, limo arenoso --cultivado de algodón--, que daba
manifestaciones de una riqueza por lo común no correspondiente a esa textura.
Las plantas de la dicha fibra, hasta se "iban en vicio", como si se encontraran
con un exceso de abono y de agua Resolví analizarlo técnicamente, dada mi ya
declarada afición por el estudio de los suelos agrícolas y de los fertilizantes
(Edafología).
Hice una zanja o "calicata"; tomé numerosas muestras de suelo y
subsuelo y me las llevé a Lima, al Laboratorio de la Escuela. El resultado fue

140
sorprendente y me dio motivo para escribir un artículo ilustrado con una figura
del corte o perfil del terreno, en colores; y que se publicó, al año siguiente, en la
Revista “Agronomía”, del Centro de Estudiantes de la Escuela.54
El notable ingeniero agrónomo de aquellos tiempos: Oswaldo González
Tafur, quien era Director General de Agricultura (del Ministerio de Fomento), me
hizo llamar, y en su Despacho me felicitó entusiasmado, instándome a realizar
otros trabajos de semejante naturaleza... ¡A escribir y a publicar más!... ¡Pasos
tan importantes para el desarrollo profesional y el integral de la persona misma!
Inclusive, los propios muchachos de la Revista, me pedían ‘más artículos de
ésos’. Y el año ‘42 --el mismo en el que apareció el trabajo-- me hicieron
miembro de la Directiva de esa publicación estudiantil; la cual, en el ’43, y ya
como Director, llenaría tanto mi espíritu, como habré de relatarlo.
-----
En el año ‘41 --refiriéndome ya a cuestiones más personales--, en la casa
de la calle Cañete, se había tomado los servicios domésticos de una muchacha,
buena, honesta y trabajadora ella, quien sorpresivamente comenzó a adelgazar
y a toser en demasía. Mi hermana Ester se asustó y la llevó al médico. Resultó
tener tuberculosis pulmonar avanzada. Felizmente --en cuanto a la muchacha--
tenía familia en la Sierra y el doctor, además de las indicaciones farmacéuticas
del caso, le recomendó volver a su tierra natal, para neutralizar o detener el mal,
con la conocida ayuda terapéutica del clima serrano.
En cuanto a la casa, se la desinfectó de inmediato, como se hacía
entonces, poniendo en cada cuarto un platito con formol, cerrando las puertas y
ventanas, por el mayor tiempo posible; y se mandó quemar cuanto fue
necesario. Se buscó, con la mayor prontitud, otra casa. Fuimos a parar a una de
la calle Francisco de Zela, de nuevo en Jesús María. Pero era chica y a los
pocos meses pasamos a otra en la calle Pachacutec, con el Nº 1331, también en
el mismo barrio, en la Avenida Cuba.
Fue, ésa, una vivienda y una vivencia, de muchos y gratísimos recuerdos.
Uno de mis sobrinitos, Federico (“Fico”), expresando en su media lengua, lo que
todos sentíamos por ella: que era de nosotros, la llamaba “la casa de noshotos”.
Y con dicha denominación familiar, quedó grabado, para siempre, el inmueble y
el hogar que albergó; pese a que la edificación era alquilada…
-----
Concluía mientras tanto, el año 1,941, el tercero de nuestros estudios en
La Molina y llegábamos a 1,942, cuarto lectivo molinero y a los 20 de mi edad;
dejando atrás a la Adolescencia y hallándome por ingresar a la Juventud.
No hay acuerdo unánime, sobre la edad fin de la primera y comienzo de la
segunda etapas cronológicas vitales del ser humano. Muchos piensan y

54
Lo sorprendente estaba en que el suelo superficial era pobre (un depósito de arena limosa,
obra de un aluvión fino o “ihuanco”), pero apoyado sobre un subsuelo húmedo y rico en materia
orgánica (suelo anterior de pantano).

141
legalmente es así –con demagogia opino-- que la Adolescencia termina y la
Juventud comienza a los 18. Yo creo que la verdadera edad del tránsito es a los
21 en el hombre y a los 18 en la mujer.
A los 21, el adolescente que culmina esa edad, ya calma en algo sus
desordenados ímpetus emocionales y pone un poco de realismo a sus
ensueños; asume también varias responsabilidades; por lo general ha definido
su Vocación Profesional y puede, o está por afrontar, los deberes de su propio
sostenimiento material y de adquirir verdadera autonomía personal, su
Independencia Económica. Comienza a esbozar Ideales –programas de vida en
pos de valores superiores y perennes del espíritu--; inicia, además, el proceso
de formar pareja, de arribar al Verdadero Amor, al Matrimonio, y a la propia
Familia. Pilares básicos de la posible Felicidad Humana.
El Idealismo y el Amor, como lo veremos en capítulos posteriores, cuando
se concretan, si se concretan, ello sucede ya en la Juventud pos 21’... Pero muy
pocos son los que se pueden construir, y bien, para su Felicidad, los tres
basamentos dichos. Pocos son también, en verdad, los que tienen la suerte de
poder definir a tiempo, aunque fuere solo una Vocación Profesional. Y rarísimos
los que pueden ofrecerse varias. Pero sucede, aunque algunas pudieran parecer
contradictorias o incompatibles entre sí (como Agricultura con Política;
Enseñanza con Milicia, etc.).
Por lo que me concierne, diré que al fin de la adolescencia, había
definido, ya muy claramente, mi Vocación Profesional Agraria, de Ingeniero
Agrónomo, con especialidad en Ganadería Tropical, en particular de Vacunos. Y
la emprendí, siempre, con el más intenso entusiasmo.
*******

142
Capítulo V

El Idealismo Vital

P
ara mejor seguir describiendo y poder analizar los cambios de la
Adolescencia en su tránsito hacia la Juventud, referiré mis experiencias en
tal lapso. Establecido que está, que es en la Adolescencia (l5-21), el
momento en que se define, o en el cual debe definirse, cuando se define,
la Vocación Profesional55. Pero también entonces, se comienza a esbozar, si
hubiere de construirse: El Idealismo Vital, o dedicación a un programa de
vida al servicio de valores espirituales, superiores y perennes, a los cuales
debe devoción el ser humano. Y que se concluye de edificar, en los casos
positivos, ya en la Juventud (21-35).
Debe decirse que el Ideal de Vida es al Destíno Humano, lo que el viento
a un barco de vela. Lo impulsa hacia promisorios horizontes; gratifica al espíritu,
y hace fructífera a la existencia. Desde luego, la de quienes, para propia fortuna,
lo sienten germinar desde la Adolescencia, lo hacen desarrollar, vigoroso, en la
Juventud, lo mantienen incólume, sin claudicaciones, en la Madurez, hasta el fin
de la Ancianidad, con la Muerte.
Por otro lado, se ofrecen, más variadas y en ambas primeras etapas, las
formas y oportunidades, por las cuales se determina el destino de la vida
personal, en cuanto al Amor y la formación de la Pareja Humana, el Matrimonio;
bases, a su vez, de la Familia... ¡Mucho mejor si Cristiana! Los tres elementos:
Vocación, Ideal, y Amor; bien definidos y en conjunto, constituyen, vale decirlo:
“El trípode fundamental en que se apoya la verdadera Felicidad terrena”... Pues
son los caminos para la aplicación de los Valores Superiores y Perennes del
Espíritu Humano. Vale decir, para la práctica de la Virtud.… "El Sumo Bien", al
decir de Cicerón.

55
Muchas veces el joven, por diversos motivos, no puede disponer de los elementos de juicio
suficientes para tomar una decisión adecuada respecto a la Vocación Profesional: “Especial
habilidad y agrado, en la ejecución de sus labores: útiles o productivas: científica, técnica,
empresarial, artística, profesoral, religiosa, filosófica, política, etc.”. Si no es auxiliado,
oportunamente, por personas mayores, competentes, afectuosas y comprensivas, puede darse
lugar a situaciones muy problemáticas.

143
Respecto a lo que a mí concierne, en las dichas etapas de la vida,
terminaba de transitar la Adolescencia, a fines del año 1,942, y me iniciaba en la
Juventud, a comienzos de 1,943 (21 de edad)... Al mismo tiempo, culminaba los
dos últimos años de estudios agronómicos (4º y 5º), en La Molina.
Un Viaje a la Sierra y Selva Central.- A inicios del verano del ‘42, con Alberto
Vega, organizamos otro viaje de prácticas vacacionales. Esta vez, a las zonas
de La Oroya, Cerro de Pasco, Huánuco, Tingo María, y Aguaytía (“Pampa del
Sacramento”, ubicada en la ruta hacia Pucallpa e Iquitos).
Resultó una gira inolvidable y de marcadas repercusiones en los destinos
de nuestras vidas. Especialmente en la mía; por las razones a exponer en el
curso de los relatos que siguen.
El recorrido lo hicimos, en una primera etapa, desde Lima, por tren del
Ferrocarril Central; como es sabido, obra de la Ingeniería Peruana, que fue, en
su época, de las más admiradas en el mundo entero. Salimos de la antigua
“Estación de Desamparados”, muy de mañana, para seguir hasta La Oroya. Y en
ese lugar transbordamos a otro convoy ferroviario hacia Cerro de Pasco.
Arribamos en la noche y como sucediera en La Oroya, durante los cambios de
carromatos, sentimos unos fríos espantosos, además de las mortificaciones
propias de la altura; no estando acostumbrados a soportarlas a descubierto.
Felizmente, las etapas extra vehiculares, a la intemperie, no duraban
mucho. Aparte, unos cholitos y cholitas vendedores (‘zoquetes’ y ‘chinitas’),
facilitaban a bajo precio, pero con insistencia lindante en insoportable majadería,
bebidas y alimentos muy calientes, de clara acción restaurante contra los efectos
del “soroche” o mal de altura. Recuerdo un hirviente “caldo de cabeza de
carnero” (incluidos los ojos del occiso). Decían del célebre potaje, que era
“levanta muertos”. Y en verdad caía al pelo para contrarrestar la semi
congelación y el decaimiento al casi colapso, de los sufridos viajantes.
Por los estragos del frío, la altura, y el corto tiempo disponible, no hicimos
prácticamente ningún recorrido en las dos indicadas poblaciones; no era
imaginable el menor ánimo para ello. Y, en Cerro de Pasco, tomamos un
rudimentario camión-ómnibus, de los llamados “góndolas”, para continuar
nuestra ruta, por una pésima carretera, hacia:

144
Huánuco.-Ya de madrugada, llegamos a su bella y pintoresca población, Capital
del Departamento. Considerada, no sin fundados motivos: “La Perla del
Huallaga” y “Ciudad de la Eterna Primavera”. De muy honrosos blasones. A la
que recién teníamos la gozosa satisfacción de visitar. Y que habría de grabar
hondísima huella en mi destino personal. Nos hospedamos en el bastante
modesto “Hotel León”, sin estrella alguna, pero y felizmente también, sin ávidas
pulgas, ni otros bichos de semejante ralea mortificatoria. Era llamado así, el tal
hospedaje, por el nombre del propietario, un casi anciano judío: León Aladzeme.
Estaba ubicado en una de las esquinas de la Plaza de Armas; la formada por
dos de sus más importantes jirones: el “28 de Julio” y el “General Prado”,
teniendo balcones hacia ambos lados.
Estábamos instalándonos y acomodando nuestros exiguos bártulos,
cuando sentimos un tremendo alboroto callejero, con bullanguera música de
fondo, a todas notas, folclórica serrana. La responsabilidad primaria de la
algazara, provenía de una gran banda de músicos, típica de pueblo. No
salíamos todavía de nuestra risueña curiosidad y cierto asombro, cuando,
irónico, Alberto dijo:
-- ¡Allí viene el pueblo entero a darnos la bienvenida!... ¡Y con banda de
músicos además!... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!...
Nos asomamos a los balcones y avistamos una turbamulta con
predominancia de chiquillos y muchachos gritones, siguiendo en gran algarabía,
a lo que era, hasta entonces, una novedad para nosotros:
¡La Cuadrilla de “Los Negritos de Huánuco”!
En ésa y en otras numerosas oportunidades posteriores, pude observar,
con intrigada curiosidad, al famoso, impresionante y popular espectáculo
callejero en mención. Cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos
históricos huanuqueños...
Parece ser que nació o comenzó, con la costumbre, cada vez más
generalizada en los pueblos indígenas y mestizos del Perú, en su proceso de
cristianización y consolidación religiosa; en el cual se formaban cuadrillas de
adoradores danzantes, con sus respectivas e imponentes bandas de músicos,
concurrentes a los templos, y recorriendo los pueblos, antes y después de las
ceremonias litúrgicas, a rendir homenaje “al Niño Jesús”. Por ello lo hacían
desde la Pascua de Navidad (25 de Diciembre), a la de Reyes (6 de Enero).
Posteriormente, las danzas se generalizaron, extendiéndose a más días y a
otras fechas, correspondientes a varias festividades del año; así como a lugares
vecinos y hasta lejanos de la ciudad misma (grandes casas-huertas, haciendas,
y a muchos pueblos y ciudades).
Con el transcurrir de los tiempos, en cada localidad se iban agregando
elementos musicales, decorativos y de vestuario, de los más variados, de
acuerdo a los gravitantes gustos lugareños y los de diferentes épocas.
Así, “Los Negritos de Huánuco”, devinieron en un curioso y llamativo
espectáculo. Aunque para algunos críticos --sin duda severos en demasía e

145
intransigentes-- aparece grotesco y de mal gusto (cursi o “huachafo”).
Evidentemente no es justa tal apreciación, tratándose de expresiones populares.
Nosotros asumimos su defensa, como neta creación folclórica... Y continuamos:
Los miembros centrales de la cuadrilla, generalmente 12, con un ‘caporal’
y algunas mujeres de colorida vestimenta, haciendo pareja a parte de ellos,
presentaban un abigarrado atuendo. En el cual se ofrecían, acumulados y sin
buscada coherencia, las más variadas creaciones históricas, en lo que a modas
o uso de vestidos se refiere. Desde las emplumadas tenidas prehispánicas,
pasando por las chaquetas y pantalones ajustados, de tipo mejicano o de toreros
españoles, del siglo XVIII, a las casacas militares del XIX, con áureos bordados
barrocos, además de enormes entorchados; agregándose otras prendas, como
sombreros, unos de picos (de dos y tres), alones estilo mejicano otros, y algunos
de tarro o de copa; sacos largos, como los de etiqueta; pantalones otros, más
sueltos; chalecos, corbatas, zapatos y zapatillas, ya más claramente
contemporáneos éstos. En verdad, un entrevero imposible de describir; pero
marcadamente llamativo... Podría decirse: La Historia Nacional en su vestuario.
Pero lo más característico de la cuadrilla huanuqueña eran las máscaras
y de éstas, predominaban las de negros. De allí el nombre tradicional del
conjunto: “Los Negritos”. Respecto a cuyo origen son varias las opiniones. Unos
aseveran --posiblemente en mayoría-- que nace en el intento de una
teatralización popular, musical y danzante (ballet folklórico), referida a los
esclavos negros. Con modestia, pero claramente, nos permitimos discrepar de
tal teoría y presentamos otra hipótesis. Porque no es bien fundada la alusión a
elementos numerosos de población negra en Huánuco y menos esclava, que
casi no la hubo allí. La verdad es que, en la Sierra, sobre todo en el pasado
remoto, prácticamente no había grones. En razón de no encontrar ellos propicia
dicha región para su buen o soportable subsistir. Ni nadie consideraba práctico
utilizar, como mano de obra, a seres inadaptados, pues no se hallaban en su
ambiente. No hay que olvidar tampoco, cómo, para llegar a cualquier lugar de la
Sierra, por baja o interior que fuere la zona escogida, se debía atravesar, con
medios de transporte lentos y primitivos (a pie o en mula), altas cumbres
nevadas, desoladas punas y abruptas serranías; extensas, elevadas y frígidas
todas... ¡Inhóspitas ecologías para los hombres de ébano!... Un dicho popular al
respecto, es muy elocuente: “Gallinazo no canta en puna”.
En cambio, la más probable razón por la cual apareció, primero, alguna
máscara de "cutatos", estuvo en el deseo de representar, en el acto de la
“Adoración al Niño Jesús”, al rey mago Baltazar, quien era de abetunada faz.
Después, por llamativa y en imitación provocada, pudo generalizarse, con
exitosa aprobación popular, ese tipo de disfraz…
Los chicos de Huánuco se volvían locos por descubrir las caras habidas
detrás de las máscaras. Y algunos lo lograban en medio de indecible contento y
festejo general. A veces era el mismo enmascarado quien les daba gusto.
Por informaciones de los adultos, antiguos vecinos y naturales de la
ciudad, y por los descubrimientos de los mismos pequeños, se sabía que el

146
‘caporal’ de la cuadrilla, con varios de sus miembros, eran de una familia de
apellido Corrochano. Y los primogénitos de dicho clan, ‘heredaban’ la condición
de caporales o mayordomos; lo cual implicaba, de paso, afrontar los fortísimos
gastos de tan pintoresco conjunto. En especial el rico vestuario ya referido; y la
nutrida banda (platillos, bombo, tambores, cornetas, cornetines, flautas, y varios
otros instrumentos de viento y percusión); así como diversos y abundantes
artificios musicales complementarios, muy sonoros, portados por los danzarines
mismos: matracas; tamboriles; cadenas con campanitas, todas de plata;
cascabeles y sonajas, del mismo argentino metal, colgantes en pantalones,
casacas, sombreros, y vestidos.
Por lo dicho, resultaba gracioso que a la cuadrilla de los tales “Negritos”,
se la llamaba también de “Los Corrochanos”. Y, los más chiquillos, por su parte,
en su incipiente lenguaje infantil, y por el bullicio que armaba el tal conjunto,
especialmente con los platillos y el bombo, lo proclamaban como: “Los
Tatachines”... ¡Toda una alegría popular, especialmente de la gente menuda!...
Bailaban incansables los benditos “Corrochanos”. Por días enteros, con
sus respectivas noches. Haciendo pascanas --no descansando todos juntos, ni
mucho menos, sino alternándose y de a pocos-- en las casas-huertas grandes y
en las haciendas vecinas; en que los agasajaban con sabrosas viandas
lugareñas y harto del más aguardentoso trago disponible. En cualquier caso
siempre reclamado éste y concedido por los parroquianos, con gran afán y
afectuosa solicitud respectivas...
Los alegres sones emitidos por su banda, marcadamente rítmicos, hasta
de acentuada monotonía, repetitivos a linderos de machacones; muy del gusto
popular; y, pegajosos, como eran y resulta comprensible, los coreaba la contenta
turbamulta seguidora, cantando, con una letrilla muy simple, de cuatro versos
hexasílabos algo forzados, tan de reiterada manera, que culminaba inolvidable:
Ne-egrito Congo
Saca tu garrote
Para mátar gente
Como pericote.

Dado el excelente clima de la pintoresca y simpática, además de "Muy


Noble y Leal Ciudad de los Caballeros de León de Huánuco", aprovechamos
para hacer, aunque breve, un agradable recorrido turístico y de curiosidad
Peruanista. Fotos incluidas, en la Plaza de Armas y en sus sectores más
atractivos. Las calles, llamativamente rectas, anchas y largas, eran todavía
empedradas y con canal acuífero al medio; aparte de grandes acequias de riego
pasantes por las huertas de las casas; pero sin servicios, por tuberías, de agua y
desagüe a domicilio; aunque sí de una deficiente luz eléctrica.
No tuvimos ocasión --por falta de tiempo y de conexiones previamente
concertadas-- de realizar visitas o experiencias de específico carácter
agronómico en la zona.

147
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La Selva de Tingo María.- De Huánuco, con cierta rapidez, pasamos hacia


Tingo María. En otra ‘góndola’ de la misma compañía (de Simón Bazán) que nos
trajera de Cerro de Pasco. El tráfico, dado lo estrecho y peligroso de la vía, se
realizaba, en la semana, intercalado, en días de ‘bajada’ (de ida: los lunes,
miércoles y viernes), y de ‘subida’ (de regreso: los martes, jueves y sábados);
siendo solamente los domingos de doble tránsito, pero restringido. Con todo,
llegamos sin mayores novedades a nuestro destino; habiendo pasado por la
neblinosa y empinada cumbre de Carpish56 e ingresado, por allí, a la Selva más
alta de la Cuenca del Huallaga Sur.
La carretera, en estricta conveniencia regional y nacional, así como de un
mejor trazo topográfico, debió seguir, desde el puente de “El Rancho”, por la
zona baja y la margen izquierda del río Huallaga. Abriendo acceso a las
pobladas y ricas zonas productoras de café (de pequeños agricultores), de las
conocidas como “montañas” de “Pillao” (sector cercano al pueblo de Acomayo) y
de “Panao” (por su salida por ésta, la capital de la Provincia de Pachitea). Y,
especialmente, para franquear vía al impresionante y hermoso “Cañón del
Huallaga”, de inmenso potencial turístico y energético.
La ruta no tenía por qué subir hasta la escarpada cumbre, para concluir
en un peligroso descenso. No obstante, como se llegó a saber posteriormente,
pretextando ciertas dificultades de un tramo rocoso, en el trazo más bajo, unos
hacendados propietarios de grandes plantaciones de coca de la parte alta, muy
poderosos e influyentes,57 presionaron en Lima ante las autoridades de
entonces, logrando que la carretera se decidiera por “Carpish”. Favoreciendo así
sus intereses particulares y posponiendo los de la región y del país. Contra toda
razón y justicia. Pues, en cualquier caso, un ramal corto, desde el puente de “El
Rancho”, podría haberles servido bien. Y, si se quisiera más, con otro ramal
posterior, también breve, por el lado norte, por la salida del Cañón del Huallaga
(a la altura de “Cayumba”), hacia arriba, se habrían satisfecho, casi a plenitud,
sus requerimientos de transporte. Aunque no tanto, por supuesto, sus fines de
especulaciones prediales, que eran los que, en realidad, inspiraban sus
intenciones.

56
Punto de tránsito difícil para toda clase de transportes. Algunos años después, casi en el
mismo lugar, cayeron, impactando en sus cerros, con cortas diferencias de tiempo y distancia,
dos grandes aviones de pasajeros, produciéndose, en ambos, la trágica muerte de todos sus
ocupantes.
57
Los “hacendados”, eran los hombres más poderosos de Huánuco y los de mayor influencia
ante la política centralista de Lima, a la cual, a su vez, servían. Había una estrecha relación entre
las producciones, cocalera de la selva alta del Departamento, la cañavelera para aguardiente del
valle bajo, y la de víveres de las serranías media y alta. Ya que tales ‘bastimentos’ eran
tradicionalmente indispensables para las ‘peonadas’ de las tres zonas. Había hacendados
propietarios de los tres tipos de fundos; los que menos de dos; muy raros de uno. De predios y
organizaciones productoras, de las mayores entre las múltiples riquezas de Huánuco. De allí su
poder e influencias. Más cuando se asociaban o unían entre sí; lo que, por fortuna
compensatoria, no ocurría muy a menudo.

148
El tomar conocimiento, por primera vez en mi vida --inocente, dada mi
edad y los medios en que me desenvolvía hasta entonces--, de un hecho de tal
naturaleza, me produjo una intensa repulsión ética hacia esa forma de proceder:
inmoral y antipatriótica. Nació en mí, por vez primera, un ardiente propósito
Idealista, con incipientes visos Políticos:
Yo debía luchar, utilizando todos los medios a mi alcance, contra la
corrupción funcional y la falta de civismo. Y, sobre todo, de no claudicar,
jamás, en una digna conducta propia, de patriótica Decencia y Moralidad.
-----
¡Tingo María! Llamada: “La Ciudad de la Bella Durmiente”. Por la inmensa
silueta --como la de una doncella reclinada--, desde allí visible y delineada, en el
fondo del paisaje, por los boscosos y distantes cerros de la margen izquierda del
Huallaga. Era por entonces, todavía un pueblo modesto, pequeño. Tenía una
calle central, con algunas pocas chozas, más que casas; que las había éstas,
pero en mucho menor número, no mayor de una docena.
Las primeras de las dichas construcciones, eran de “pona” (tallos de esa
flexible y resistente palmera, cortados a lo largo, en chatos listones amarrados
con “ataderos” o tiras de cortezas flexibles, desgajadas de unos palos especiales
del monte), y de techos de “crisnejas” (de otra palma, de hojas en pluma, con
doblado longitudinal por la mitad y amarradas ingeniosamente). Las otras
edificaciones eran de madera aserrada, machimbrada o traslapada; o de ladrillos
y cemento; con techos de calamina, ambos tipos de viviendas.
La sustentación mayoritaria de las edificaciones era sobre cortos troncos
verticales de las maderas de la zona más resistentes a la pudrición, clavados en
el suelo a modo de pilotes. Las minoritarias y mejores, se apoyaban en pilares
de cemento, de modo a dar a los pisos de las edificaciones una distancia mínima
aproximada de 50 cm. sobre el suelo exterior; con el fin de evitar o mitigar los
efectos de la humedad del terreno y la invasión de una variada suerte de
innumerables alimañas, en esos lares muy abundantes por cierto.
Aunque de antigua fundación, como pequeño caserío, a comienzos del
siglo XIX, la población tingalesa, asentada al frente del “tingo” (en quechua) o
confluencia (en castellano), de los ríos Monzón y Huallaga, recién comenzó a
surgir desde que llegara el camino carretero en 1,937. Como uno de los
principales puntos de referencia y apoyo de la gran empresa nacional constituida
por la vía Huánuco-Pucallpa. Comenzada a construir en el segundo tercio de la
década de los ‘30. Como reflejo o indirecta consecuencia del conflicto --guerra
en verdad-- con Colombia (en el año ‘33). Que sorprendió al Perú ¡sin una sola
ruta de aceptable comunicación! para transportar a sus tropas. Ni para trasladar
algún abastecimiento significativo hacia la inmensa Región de la Selva (Iquitos,
Pucallpa, Yurimaguas, Moyobamba, Tarapoto, Madre de Dios, etc.).58

58
No había carretera a punto alguno navegable en la Selva del Perú. Llevar tropas al frente de la
guerra con Colombia, en la zona de Leticia, no era posible en escala significativa y menos con
armamento pesado, pues tendría que ser por tierra, a pie, por la ruta de Tarma, hasta el

149
Cuando nosotros llegamos a Tingo María (el ’42), había un sólo ‘hotel’ --
llamémoslo así--, construido de ‘pona’, que se denominaba “Del Águila”. Por el
apellido del propietario, loretano viejo de antiguo linaje, con innegable evidencia;
pues: “Como todo piurano es Seminario; todo loretano es del Águila; y todo
brasileño es da Silva”... Se trataba sólo de un ‘dormidero’, pues daban
exclusivamente un rudimentario ‘alojamiento’. Había que comer en un
restaurantito del pueblo, ubicado ya en una casa de ladrillos y cemento, de
bastante mejor apariencia y buenas condiciones.
El hotelucho de marras, no daba lugar a ninguna privacidad. Pues las
rendijas de la delgada y rala pona, permitían ver y oír desde todos los rumbos.
De ida y de vuelta. La ‘cama’ misma era una simple tarima de listones de la
dicha palmácea. Felizmente, había mosquiteros, pues, lo contrario habría
permitido, a los zancudos, mosquitos y demás picadoras y hematófagas
alimañas, sumándose a eventuales pulgas, piojos, y chinches, "sacar en peso",
sin perjuicio de anemizar, in extremis, a los sufridos huéspedes... Y por los palos
soportantes del techo a dos aguas del 'alojamiento', andaban, en suave transitar,
como Pedro en su casa, enormes ratas. Con las colitas levantadas, cual mástiles
de barquitos airosos; se supone, que tal levantamiento caudal, tenía por fin
ayudar al equilibrio de los dichos repelentes roedores, durante su paso por tan
exclusivas vías... Resignados ante ello, nosotros aceptamos, como muy cierto, el
dicho: “A todo se acostumbre uno... ”.
En el restaurantito vecino, además de lo dispuesto para servir los
alimentos a los clientes, había un par de mesas de billar. Con Alberto, quien
como yo gustaba de este interesante disfrute de salón, nos mandábamos unas
buenas partiditas. Se pagaba ‘unos cobres’ al propietario, quien al instante traía
las bolas y anotaba la hora. Las mesas eran de dos clases, calidades, o
categorías --por el estado de sus paños, entero, o parchado--, así como por sus
correspondientes juegos de bolas --nuevas, bien esféricas y pulidas en una; y de
viejas, golpeadas o ‘abolladas’, en la otra--, de 2 blancas y 1 roja, en c/u, como
es de reglamento. Y, lógicamente, se cobraba dos precios bien diferentes.
Cuando se estaba dispuesto a pagar más, se pedía las “bolas de paso”; y
cuando se quería desembolsar menos, se solicitaba las “bolas de trote”. Por otra
parte, antes de iniciar cada jugada, se debía extraer de la mesa los grandes
coleópteros, escarabajos o ‘toritos’, ¡torotes! --fuera mejor decir-- en ella
aposentados; en agobiante número, junto con innumerables otros bichos
menores. Caídos por la irresistible atracción ejercida sobre ellos por la
‘poderosa’ lámpara “Cóleman” -–de "camiseta", a gasolina, con bombeo a mano-
- que nos alumbraba.

Pachitea, afluente del Ucayali; llegando exangües los pocos soldados que llegasen de no haber
muerto en el camino. Los aviones de aquellos tiempos no podían llevar a más de 4 ó 5 personas,
debiendo hacer varias escalas intermedias. Por lo cual sólo era viable en ellos el viaje de los
altos oficiales. En realidad, el Perú tenía que enviar sus tropas en barcos suficientemente
grandes, por mar, dando la vuelta por el Canal de Panamá, para entrar por la boca del río
Amazonas, hacia Iquitos ¡Mientras EE.UU. y Brasil tuvieran a bien permitirlo! La carretera por el
Centro, desde Cerro de Pasco, sólo llegaba hasta Huánuco.

150
En cuanto al trabajo agrario, motivo principal de nuestra gira, nos
situamos en el llamado “Centro de Colonización de Tingo María”, instalado en
1,938 y todavía dependencia de la Dirección de Colonización, del entonces
Ministerio de Fomento59. Tenía dos divisiones: una, “El Centro” propiamente
dicho u oficina de tierras, dedicada al planeamiento, ejecución de las
parcelaciones, y a la tramitación de los títulos de propiedad de los terrenos para
el mejor asentamiento de los colonos; y otra, “La Estación”, Agrícola, con su
anexa “Granja Zootécnica”, para los aspectos del fomento del desarrollo
pecuario ésta.
Laboramos de caporales o capataces en las faenas agrícolas y ganaderas
conducidas por la entidad en las correspondientes acciones de promoción.
Como germen de la que pronto sería la “Estación Experimental de Tingo María”,
con su “Departamento de Ganadería” (desde abril de 1,942), que por muchos
años desempeñaran un trascendente papel en el desarrollo de la Región del
Huallaga y parte de la cuenca del Ucayali. Con repercusiones hacia toda la
Selva Peruana.
Era Jefe de la Estación --y ’pionero’ de la ‘Conquista de la Selva’, con
otros ingenieros que allí se esforzaban abnegadamente--, el Ing. Agr. Reynaldo
Crespo, quien nos atendió con especial cordialidad y solícito ánimo. Este notable
profesional, siguió manifestándose, a través de los años, cuando a menudo
volvíamos a encontrarnos, como un afectuoso amigo y buenísima persona.
Hasta hace poco siguió siendo querido y respetado Profesor de Cultivos
Tropicales en la Universidad Nacional Agraria. Pudimos así practicar y adquirir
conocimientos sobre variados cultivos y crianzas del trópico; además de
ganarnos ‘unos centavos’, tan decisivos para el financiamiento de la exitosa gira.
Se conducía trabajos sobre arroz, maíz, frejoles diversos, yuca, etc.; lo
llamado “panllevar”; así como frutales, especialmente cítricos y plátanos.
En las vecindades del Centro, estaban las instalaciones del “Estanco del
Tabaco”; dependencia del Ministerio de Hacienda de entonces, como lo eran
todos los “estancos”. Comercializaba y manufacturaba, en exclusividad, el
tabaco; compraba a los campesinos las hojas "curadas" o semiprocesadas;
vendía, al público, los cigarrillos que fabricaba; y daba asistencia técnica,
promocionando, de tales modos, el cultivo de esa planta. Su Jefe era el
competente Ingeniero Agrónomo y magnífica persona, Bruno Sanguinetti,
lamentablemente ya fallecido.
Un poco lejos del pueblo de Tingo María, pero ligada al Centro de
Colonización, ya en el camino hacia Pucallpa, en la Cordillera Divisoria --llamada
así porque separa las cuencas del Huallaga y del Ucayali--, cerca de la cumbre,
se había establecido la “Estación del Té”. A cargo de un hábil y experimentado
Ing. Agr.: Héctor Garayar, quien contaba con la colaboración de un asesor
ceilandés (o cingalés, de Ceilán, hoy Sri Lanka), de apellido Liyanage.

59
El Ministerio de Agricultura, en ámbito nacional, se planeó y organizó, recién entre fines de
1,941 y mediados de 1,942.

151
Se llevaban a cabo allí, tanto ese fascinante cultivo, como los ensayos y
las demostraciones de las mejores técnicas de labores de campo y de su
procesamiento agroindustrial... ¡Interesantísima actividad productiva!... De las
pocas --hasta ahora-- que podrían ser económicamente viables, a cierta escala,
en nuestra Selva Alta. De afrontarse, por cierto, sus problemas recurrentes de
comercialización y mercados internacionales.

La Ganadería Tropical.- En materia pecuaria, en Tingo María, se constituyó


(desde 1,938) una Granja Zootécnica, que realizó valiosos trabajos, sobre
diversas especies animales domésticas, como aves, porcinos, y --¡lo más
apasionante!—en vacunos. Con los ensayos conexos de sus respectivos pastos
y forrajes.
Por primera vez, para la Selva del Perú, eran enfocados --comenzaban a
estudiarse--, técnica y científicamente, los problemas de la Ganadería Tropical.
Bajo la responsabilidad profesional directa de los ingenieros agrónomos
peruanos. ¡Cautivantes asuntos! Por las proporciones del empeño y su
proyecciones sobre el desarrollo económico y social de la región e incluso del
nacional. Por la originalidad requerida para sus interpretaciones, planteamientos
y soluciones a concebir y comenzar a realizar.
¡Apasionantes los desafíos que implicaba la empresa! Inspiración y apoyo
para una hermosa Vocación Profesional y un patriótico Idealismo Vital.
Para mí, era en especial atrayente la Obra; dadas mis aficiones a los
estudios que obviamente involucraba: Botánica, Zoología, Genética, Zootecnia,
Suelos, Ecología Tropical, etc. Ya nacidas, e indeteniblemente impulsadas tales
inclinaciones, desde los tiempos y circunstancias de mis viajes a la Hacienda
Ganadera “Urcón” y a la Región de la Selva del Satipo. Amén de otros viajes, y
vivencias por numerosas zonas del Territorio Nacional que además hicieron
germinar, impulsaron fuertemente fuera mejor decir, mis Ideales Nacionalistas.
En el caso particular de Alberto, siguiendo seguramente de un modo no
del todo consciente, la trayectoria empresarial del padre, a quien profesaba gran
afecto y respeto, su atención se concentraba en la Sierra y en la Costa, en sus
respectivas e interesantes modalidades ganaderas.
Pero la Selva como tal, en múltiples y diferentes aspectos, tendía, en
cada circunstancia, a llenarnos --a ambos-- de inusitado asombro. Hasta los
ámbitos de una evidente fascinación y arrobador embrujo. Especialmente a mí,
con la tanta afición de siempre por las Ciencias Naturales y repitiendo –
profundizando y saboreándolas mejor-- las experiencias imborrables del Satipo.
El trabajo con vacunos era indudablemente el más interesante. Por sus
magnitudes y proyecciones. La Estación de Tingo María, en la mayor parte de su
extensión, estaba ocupada por los cultivos de pastos e instalaciones para el
ganado bovino de su Granja.
Por aquellos tiempos, en los medios técnicos profesionales peruanos, se
había abierto paso cierta convicción de la viabilidad del desarrollo de la
ganadería vacuna en la Selva. Por razones claramente lógicas y por

152
experiencias alentadoras fácilmente constatables. Aunque no dejaban de
presentarse, también y por cierto, inmensos problemas y dificultades.
Desde entonces se percibía que en el Trópico Húmedo Peruano, se dan,
en principio, entre las mejores condiciones del mundo, para el desarrollo vegetal,
vale decir, para la formación en grande de masa vegetal verde. En especial de
hojas. Las que siendo de plantas de pastos, de especies viables en la Selva --las
cuales son innumerables--, ello significa la posibilidad también, reunidas ciertas
condiciones adicionales, de sustentar ganado en grandes magnitudes y en la
mejor forma. Por el principio elemental: “Donde crece bien el pasto, desarrolla
buen ganado”.
En nuestros estudios en la E.N.A.V., se nos había enseñado, lo que es
una especie de axioma eco-botánico, expresable en la suerte de fórmula
siguiente:
Luz + Calor + Humedad = Vegetación
Así, ocurre que casi no hay otros lugares del mundo, en los que se
presenten, en el curso de todo el año y en sus más altos niveles, estos factores:
Luz, Calor, y Humedad. En tanta intensidad y en tanto tiempo, como en la Selva
Peruana. Y, de un modo general, en la Amazonía Sudamericana, de la que
forma parte la nuestra. Así como, de modo parecido, en algunas regiones de
Trópico Húmedo de África (Congo, Níger); y en las cálidas y lluviosas del
Sureste de Asia (Indochina e Indonesia: Java, Borneo, Sumatra).
La concentración en una zona, de los efectos conjugados y en un alto
nivel, de la Luz, el Calor y la Humedad, permiten el mejor desarrollo de las
plantas verdes; por supuesto, de las hechas para tales condiciones.
Así funciona, al óptimo, el proceso que aprovecha la energía luminosa y
calorífica del Sol, por la acción esencial --en cierto sentido misteriosa todavía--
de la clorofila. Sustancia verde de las plantas, que se concentra en los
corpúsculos o "cloroplastos", del protoplasma de las células de sus hojas y de
las otras partes verdes de los vegetales; por cuyo intermedio, se realiza la
síntesis --¡“foto síntesis”!--, del anhidrido carbónico (CO2), de la atmósfera,
tomado por las hojas, con el agua (H2O), proveniente del suelo, a través de las
raíces; para formar los primeros hidratos de carbono o “azúcares en C6”, como la
glucosa (C6H12O6).60
La glucosa es el componente inicial y básico, para la constitución de la
estructura corpórea y el suministro de la energía vital, de todos los vegetales. E,
indirectamente, de todos los demás seres vivos.
Por sucesivas polimerizaciones y deshidrataciones, los ‘azúcares en C6’
(glucosa, dextrosa, levulosa, fructosa, etc.), dan lugar a los demás hidratos de

60
Aun a riesgo de redundar sobre algo ampliamente conocido, creemos oportuno recordar que
se llaman “hidratos de carbono” a las combinaciones o compuestos de este elemento (C), con el
hidrógeno (H) y el oxígeno (O), guardando, para los dos últimos, la misma proporción en que se
presentan en el agua: (H2O) = 2 de H, por 1 de O. Así, la glucosa (C6H12O6), también podría
escribirse: C6 (H2O)6.

153
carbono. Que, con los agregados posteriores, en variadísimas combinaciones y
cuantías, de otros elementos, como el Nitrógeno: de símbolo N; el Fósforo: P;
Azufre: S; Calcio: Ca; Potasio: K; Sodio: Na; etc.; integran los componentes de la
llamada: “Materia Orgánica”. Constituida, así, por: los dichos azúcares en C6 y
los en C12 (sacarosa, lactosa, etc.); por las dextrinas, gomas, pectinas,
almidones, celulosa, leñinas, etc.; por grasas y aceites; por aminas, aminoácidos
y proteínas; más los compuestos orgánico-minerales (ácidos, sales, etc.).
Resulta lógica y viable, reunidas las otras condiciones esenciales
requeridas por cada desarrollo vegetal concreto y el de todas las plantas en
general, la mayor producción cuantitativa de masa vegetal verde en el Trópico
Húmedo. De hojas cuando menos, que no siempre de frutos y semillas, los
cuales suelen reclamar algunos períodos de menores lluvias y hasta de
sequedad ambiental o de los suelos, no siempre presentes en el Trópico
Húmedo. Es claro, que cumplidos requisitos tales como:
La armonía clima-suelo-planta o la adaptabilidad bioecológica; una
prudente diversidad biológica (cultivos asociados, alternados, e intercalados);
evitar el monocultivo (practicar rotaciones), la sobre explotación y el
sobrepastoreo; tomar precauciones sobre sanidad vegetal; cumplir el cuidado
del suelo, comprendiendo la fertilización química y mineral (N, Ca, P, K, y
algunos elementos menores) y, sobre todo, la orgánica (por variados
procedimientos).61
En el Trópico Húmedo, la materia orgánica --elemento esencial de la
fertilidad de los suelos, en todo el mundo--, así como se forma con relativa
facilidad y en gran volumen, también se descompone o destruye, muy
rápidamente, por la acción impulsora del Calor y la Humedad ambientales, en un
violento proceso físico-químico-biológico-enzimático.
Se dice, con toda razón: La “Capacidad de Fotosíntesis” de la Selva
Peruana, es la más elevada que pueda darse. Es el verdadero fundamento y la
mayor ventaja para la productividad agraria de nuestra Amazonía. No lo es
tanto, la ‘riqueza original de los suelos’, en su aspecto mineral. Por otra parte, el
hecho de su atribuida ‘pobreza’ geológica inicial, no daría explicación completa a
los frecuentes desastres de improductividades agrícolas y degradaciones de
suelos, que siguen a primeras producciones casi siempre asombrosas..
En el dicho sentido, no es verdad que la Selva no tenga posibilidades
agrícolas, ganaderas, o forestales. Lo cierto es que, su mayor potencialidad
agraria está en su “Capacidad de Fotosíntesis” y no tanto en la ‘riqueza mineral
de sus suelos’. Los cuales sí son, en principio y por lo general, originalmente

61
La mejor forma de enriquecer en materia orgánica a los suelos de la Selva, consiste en llevar a
cabo cultivos de pastos perennes y fertilizados, que no se sobrepastoreen. En tal forma, en cada
pastoreo o siega, una parte proporcional del sistema radicular de los pastos, en relación con el
follaje cortado o comido, muere y se descompone en el interior del suelo, formando una capa
progresivamente --con cada corte-- más rica en materia orgánica (humus) y por lo tanto más
fértil. Con los rebrotes del follaje, las raíces también rebrotan lo necesario, sin mayores
problemas; siempre y cuando el suelo se haya fertilizado y la plantación no se sobrepastoree.

154
ricos (pues tienen abundante materia orgánica); aunque, es cierto también, con
muchas excepciones y marcadas diferencias zonales. Además, pueden perder
su riqueza --generalmente la pierden--, con vertiginosa rapidez. Si no se les
cuida. Pero, al contrario y afortunadamente, es posible mantenerla, hasta
elevarla --y mucho--, si se cultivan con adecuadas técnicas conservacionistas y
enriquecedoras.
La mayoría de los forrajes para vacunos son precisamente masa verde.
Ya se conocían en Tingo María numerosos pastos para corte y pastoreo –
procedentes muchos del África Ecuatorial, de Asia y América Tropical--, que
desarrollaban muy bien en la Selva, produciendo impresionantes tonelajes por
Ha., por corte, y con notable número de cortes al año. Y así, reiterando lo dicho:
“Donde hay o se puede producir buenos y abundantes pastos, es posible
lograr excelente y numeroso ganado”. Siempre que se resuelvan, al mismo
tiempo, los otros problemas de los propios animales (resistencia al calor, a las
plagas y enfermedades especialmente)... ¡Así de relativamente simple es el
hecho y de lógica la conclusión!
Por ejemplo y concretando: Para pastoreo general, vegetaba con
elevadas producciones, el ‘gramalote’ o ‘nudillo’ (Panicum purpuracens y
Brachiaria spp.); para doble uso, el ‘elefante’ (Penisetum purpureum); de corte,
el ‘maicillo’ o ‘yacu grama’ --de yacu = agua, en quechua; por lo jugoso--
(Axonopus scoparius), y el ‘Guatemala’ (Tripsacum laxum), de desarrollo en
volumen parecido al de la caña de azúcar, pero con una textura mucho más
suave del follaje (laxa), semejante a la del maíz chala y que, abonado con guano
de islas, daba unos rendimientos extraordinarios al corte (es posible --se
estimaba así-- que pasara de las 400 Ton. al año, por Ha.), siendo apropiado
para suministrarlo a las vacas lecheras, picado y en comederos de establo.
Se comenzó también a realizar ensayos con camotes forrajeros y con
multitud de leguminosas, de las cuales, al final y unos años después, se
impondría con largueza el --en varios sentidos-- extraordinario “Kudzú” o
“Pueraria” (Pueraria phaseoloides; sinónimo: P. javanica).
Así, en cuanto a pastos, las perspectivas ya se presentaban halagüeñas.
Pero además se sabía que en África, Indonesia, así como en Las Antillas y en la
Zona del Golfo (de Méjico), en los EE.UU.; en Brasil, Colombia y en varios
países de América Tropìcal o Subtropical, estaban desarrollando e introduciendo
numerosas e interesantes especies y variedades de plantas forrajeras. Con toda
seguridad, adaptables a nuestro Trópico Húmedo.
De tal suerte, para superar la situación, solamente era preciso ampliar los
ensayos y experimentos, considerando un cierto tiempo para realizarlos. Como
efectivamente sucedió y tendremos ocasión de referirlo.
En segundo lugar, en cuanto a los animales mismos, ya se habían
desarrollado, históricamente en el Perú, importantes núcleos de ganaderías, en
base a ganado criollo, de antigua ascendencia hispana (de Castilla),
sobreviviente y notablemente adaptado a las zonas calurosas de Piura y

155
Tumbes, Jaén y Bagua, San Martín, y las orillas de los grandes ríos de la
Amazonía. Que si bien no eran de alta productividad o de suficiente resistencia,
demostraban, por lo menos, que la ganadería selvática no era un imposible, ni
una quimera.
De otro lado, precisamente en la zona más calurosa de nuestra Costa
Norte, en Piura, su tipo de ganado era de un buen desarrollo corporal y
adaptado, en grado importante, a las condiciones de elevadas temperaturas
ambientales y de las patologías pecuarias propias de regiones cálidas; aunque
no faltaban ciertos problemas en estos campos. Hasta que algunos hechos, en
parte fortuitos, abrieron los ojos a los estudiosos de la Zootecnia Tropical, a la
sazón iniciándose profesionalmente en el Perú:
Por el año 1,915, el destacado profesor de la Escuela Nacional de
Agricultura y Veterinaria, Dr. Luis Macagno, propugnaba la introducción del
cebú, para algunas regiones cálidas del país, logrando que el gobierno importara
algunos ejemplares para el Zoológico de Lima, recién establecido en el llamado
Parque de la Exposición. Fue así cómo, en dicho lugar, entre los animales
exóticos en exhibición, para atender a la enseñanza escolar y a la curiosidad
pública, se ubicó al tal grupo de cebúes, los cuales, por sus jorobas, colgajos,
orejas, y otras notorias peculiaridades de exterior, aparecían muy llamativos y
exóticos a los ojos del ‘populorum’ limeño. Uno de ellos fue adquirido por la
Hacienda “Pabur” de Piura y utilizado como reproductor, en cruzamientos con el
ganado criollo piurano, dando magníficos resultados; en peso, precocidad,
calidad de carnes, y resistencia al calor y a parásitos y enfermedades tropicales.
Los ganaderos de Piura –entusiasmados— hicieron importaciones
posteriores procedentes de EE.UU. (Texas), difundiendo la utilización de este
valiosísimo ganado de primer origen indiano. Al cual, por algún tiempo, se le
creyó de especie distinta (“Bos indicus”) del vacuno común o de origen europeo
(“Bos taurus”); pero en realidad --pues sus mestizos son muy viables y altamente
fecundos--, se trata sólo de dos ‘grupos raciales’ (variedades o ramas: asiática y
europea), de la misma especie: “Bos taurus”; con sus variedades: “índica” y
“europea”.
Entre los ingenieros agrónomos que dirigían los trabajos de colonización
de la Selva --llamada “Montaña” en aquellos tiempos--, estaba, como Jefe del
Departamento de Ganadería Tropical, de la Dirección de Colonización, el Ing.
Joaquín Alejandro Cortez. Era un entusiasta profesional, de gran sentido
práctico, quien había cursado estudios en el Brasil --cuya ganadería era
medularmente cebuína-- y trabajado con rebaños cebú y mestizos en la
mencionada hacienda agrícola-ganadera piurana “Pabur”. Con muy buen
criterio, pensó --y en tal sentido actuó-- que en la Selva peruana el cebú “debería
dar buenos resultados”. Puro o mestizado; para conferir resistencia al calor y a
las afecciones tropicales a los rebaños con los cuales se quisiera trabajar. A él
se debe el mérito de la introducción, en la Selva del Perú, de esos valiosos
animales, de tan decisiva influencia en su posterior desarrollo ganadero.

156
De tal modo, en 1, 938, se importaron del Brasil, por Iquitos, 20 cabezas
de cebú (machos y hembras, de varias razas), que se repartieron en las granjas
militares que había establecidas en las orillas de nuestros grandes ríos
amazónicos. Y en 1,939 se llevaron a Tingo María, procedentes de Texas, 4
toros cebú; dos de la raza Nellore y dos de la Guzerat. Se mestizaron estos
animales con un lote de vacas criollas de diversas procedencias, en especial de
las serranías de Huánuco y departamentos cercanos; así como de la Costa y
algo de la Selva misma. Había además un grupo de toros y vacas de la raza
Hereford; que de un modo casual –en verdad, sin ninguna consideración lógica--
se habían adquirido en Lima y llevado allí… Resultando los más variados cruces
de Criollo, Hereford, y Cebú. Sobre los cuales se comenzó a tomar datos y a
realizar observaciones algo minuciosas.
En los tiempos en que nosotros llegamos, en esta nuestra primera visita a
Tingo María (1,942), estaban ya desarrollados los productos de las primeras
mestizaciones. Y ofrecían resultados espectaculares. En cuanto a precocidad,
pesos, resistencia al ambiente tropical, y belleza de los tipos obtenidos. Ello
motivaba un gran entusiasmo y optimismo general.
Se ratificaban las observaciones ya referidas, realizadas en el Satipo.
Podía afirmarse, con holgada evidencia, que la Selva era capaz de producir y de
hecho producía --aunque sólo como muestrario aún-- mejores ejemplares
incluso, que otras zonas del país, especialmente de la Sierra, tenidas como
clásicas sustentadoras de buenas y grandes ganaderías.
Sin embargo, rápidamente se notarían la naturaleza y magnitud de
algunos problemas inquietantes de la Selva, cuya solución resultaba necesario
afrontar:
Entre los sanitarios,62 el más grave, terrible, en aquellos tiempos, era el de
la piroanaplasmosis, “tristeza”, o “tocazón”; especie de paludismo de las vacas,
por ello también llamada: “malaria bovina”, enfermedad de la sangre, a
protozoarios (Piroplasma y Anaplasma spp), que son transmitidos por las
garrapatas (Boophilus bovis), ectoparásitos arácnidos, de la familia de los
ixódidos, cuya hembra adulta, semejante a un grano de ricino, se adhiere por
decenas de millares al cuerpo de los vacunos, succionando su sangre hasta
repletarse y produciendo centenares de millones de huevos. Constituyendo, por
ello y además, un parásito hematófago expoliador, muy molesto y dañino.
Simultáneamente, se presentaban varias otras enfermedades infecciosas
(carbunclos, septicemias, gangrenas, etc.); y parasitosis, externas e internas,
muy perjudiciales y mortificantes para el ganado (“gusaneras de las heridas” o
miasis; el “paca curo”, “nuche”, “torsalo”, “dermatobiosis” o gusanera

62
Progresivamente solucionándose con el admirable avance de la Medicina Veterinaria y
atenuándose marcadamente, mientras tanto, con la introducción de la sangre cebú, en los
cruzamientos llevados a cabo en las ganaderías de la Selva; los cuales incrementaban, de modo
notorio, su resistencia a las afecciones tropicales.

157
subcutánea; la estrongilosis pulmonar de los terneros, etc.). Además de
marcadas deficiencias minerales (calcio, fósforo, yodo, cloruro de sodio, etc.).63
Pero lo que comenzaba a presentarse como la cuestión más inquietante y
a la vez el mayor desafío a la creatividad del zootecnista, era lo referido al
campo genético... ¡Al de una Ciencia Maravillosa!
Se venía entendiendo –hasta entonces-- que tres eran, por lo menos, las
condiciones que debía ofrecer un buen ganado para la Selva Peruana; pero,
lamentablemente, ninguno –ninguna raza-- existente en el mundo, las poseía.
Se debía crear una que las tuviera. A saber:
1- Resistencia al Trópico- Al calor. La daba el cruce con cebú; pues se
presenta muy baja en las otras razas.
2- Buena producción de carne- Por: Precocidad, Fecundidad, Peso, y
Calidad. La daba el cruce con razas de origen europeo.
Insuficiente en las otras razas.64
3- Uniformidad- Indispensable para la producción económica
organizada . Significa acentuada igualdad o semejanza, de los
individuos entre sí, en los rebaños; y entre las generaciones en la
descendencia. Pero no se definía aún, cómo poder lograrla.
Era, precisamente, en esta tercera condición, en la que se presentaba la
mayor dificultad. Pues no se sabía qué hacer, a partir del primer cruce. Cómo
continuar la reproducción (los cruzamientos o apareamientos) de los productos
mestizos de la primera generación (en Genética llamados de F1).
Si se volvía a cruzar, los de F1, con la raza progenitora (P), europea, se
bajaría la resistencia, en el nuevo producto de segunda generación (F2). Si se
aparearan con cebú, se bajaría la productividad. Y, si se realizara el apareo
entre dos de primera generación (F1), se produciría, sin remedio --así se
pensaba--, un ‘desorden hereditario’, una gran heterogeneidad; por demás
indeseable, en toda ganadería bien llevada. Una dispersión de genes y
caracteres; lo que se llama una disgregación genética.
¿Qué hacer?...
La vigencia mental del supuesto --en alguna medida cierto y en gran parte
erróneo-- se explica, pues no eran de conocimiento general todavía, las
condiciones y requisitos que podrían evitar, contener, o compensar… ¡y hasta
aprovechar!... la disgregación, llamada mendeliana; y lograr la estabilización o
fijación de un nuevo y superior tipo o raza de ganado.65

63
Explicaciones más amplias sobre el particular, se contienen en mi libro: “Ganado Amazonas” -
Una Solución Peruana-Editorial Universo-1,977.
64
Unos años después, todavía, se habría de esclarecer, definitivamente, la mayor conveniencia,
para la Selva Peruana, de la ganadería de leche o de doble propósito (carne y leche).
65
También, mayores precisiones, especialmente en el Cap. XII, pags. 205-208, de mi citada
obra.

158
Casi todas las experiencias hasta entonces conocidas o fácilmente
disponibles, movían a pensar que el propósito no era viable. En cualquier caso,
ni en el lapso de una generación humana, el cual hasta resultaría corto. Se sabía
de algunos de tales procesos de fijación sucedidos con éxito solamente en
especies pequeñas, capaces de muy rápida multiplicación (aves, conejos,
perros, cerdos, etc.). O sobre muy grandes rebaños, de animales mayores
(ovejas, vacunos, equinos, etc.), mantenidos en aislamiento y en estrecha
consanguinidad, por muchísimos años; además de sometidos a dos rigurosas y
prolongadas Selecciones: la Natural primero, agregándosele después, la
Artificial, estricta y larguísima. En pocas palabras: “Algo prácticamente inviable”.
Por lo menos, para las condiciones y requerimientos del caso dado en Tingo
María.
Reinaba pues la convicción general de que así era y tenía que ser
siempre: “Los mestizajes concluirían en un verdadero caos genético”.
No obstante y felizmente, la profundización de los estudios en el campo
de la Genética y numerosos logros posteriores en los terrenos de la ganadería
práctica, llegarían a demostrar, fehacientemente, lo infundado de tal creencia. Y,
por el contrario:
Había en el Perú, la apasionante posibilidad, incluso la necesidad,
cumplidas determinadas condiciones, de una realización genética distinta
de las habituales; de mucho más alta jerarquía técnica y científica.
¡La de Crear un nuevo Tipo o Raza de Ganado!... Imprescindible,
para lograr, en grande, el desarrollo ganadero selvático de nuestra Patria.
Y gracias a ello, el Económico General de tan deslumbrante e inmensa
región. Contribuyendo, así, a un impulso engrandecedor del Perú entero.
Había pues, como líneas arriba adelantara, razones de sobra para
“picarme” el germen de ese tan gran Ideal Patriótico, apoyado en una
apasionada Vocación Profesional.
-----
Para una actitud suficientemente comprensiva hacia la concepción de
general vigencia entonces acerca del dicho problema biológico de la Zootecnia
Tropical Peruana, sería necesario remarcar cómo la Ciencia Genética --si bien
en la actualidad es ya deslumbrante-- constituye una disciplina de muy nueva
aparición y desarrollo (en términos históricos y para situaciones de semejante
género y categoría)…
Recién, casi a fines del siglo XIX, el genial monje austríaco, de la
congregación católica de los agustinos, Gregorio Mendel (n.1,822 - m.1,884),
realizó unos singulares estudios y experimentos, de apariencia inicial modestos,
pero de importancia real muy grande, acerca de la herencia del color y tamaño
en flores. Dando nacimiento, así, genialmente, a la Ciencia Genética Moderna.
Por lo cual ha sido considerado, con plena justicia, como su fundador o padre.
Trabajó con plantas de arvejas o guisantes (alverjas en peruanismo lícito),
y tacones, del huerto de su convento. Sobre todo lo cual, tomando minuciosos

159
datos, realizó elocuentes estadísticas, compendiadas en un informe o
comunicación científica que fue a parar y ¡quedó archivada y en olvido! en la
Academia Británica de Ciencias de Londres. Como una de tantas
comunicaciones de innumerables científicos, no muy destacados la mayoría.
Mendel murió sin haber conocido la glorificación a que dieran lugar sus
excepcionales investigaciones y descubrimientos. Años después, ya comenzado
el siglo XX, otros científicos especializados en Biología, desempolvaron el
documento y lo difundieron. Apreciando, con acierto, aunque tardío para el autor,
su inmenso valor científico.
El genial monje estableció que los caracteres de los seres vivos se
transmiten, de una generación a otra, por obra de ‘factores’ o ‘mandatos
hereditarios’, internos, fijos, e independientes del medio. Los cuales, con
posterioridad, serían llamados ”genes”66. Que en la transmisión hereditaria son
pues autónomos entre sí, siguiendo las reglas matemáticas del “Cálculo de
Probabilidades” (de los grandes números).
Los descubrimientos de Mendel venían a llenar ciertos vacíos dejados por
los del naturalista inglés Charles Darwin (n.1,809, m. 1,882), quien,
honestamente --él mismo, con modestia de sabio--, incluso reconocía algunos
concretos. Fueron seguidores ultras suyos (los más radicales “neodarwinistas”),
quienes no los admitían de buena gana, en el positivista y soberbio intento de
negar Misterio a la Creación. Agregando, en cambio, varias deducciones
improcedentes, sin satisfactorias comprobaciones científicas. Como aquella –
irreal-- de que la acción prolongada del Medio, podría llegar, con el transcurso
del tiempo y a través de varias generaciones, a modificar, en su propio sentido, a
los genes mismos.
Las teorías de Darwin eran certeras en cuanto a señalar que la Evolución
de las Especies resultaba consecuencia de la Selección Natural, por dejar
sobrevivir --y estimular en parte-- a las formas más adaptables a cada Medio;
llevando así a una sorprendente correspondencia entre los caracteres de los
seres vivos y las condiciones de sus respectivos ambientes. Pero no eran
completas, en cuanto a las adicionales interpretaciones biológicas requeridas
para el total esclarecimiento de tales asuntos. Veamos algunos ejemplos
concretos:

66
Con el avance de los estudios botánicos y genéticos se precisó la ubicación de los genes en
los núcleos de las células y, dentro de éstos, agrupados en los llamados cromosomas (del gr.
cromos=color y soma=cuerpo; cuerpos coloreables), como bastoncillos, cuyo nombre alude a
que se impregnan de los colorantes utilizados en su microscopía. Cromosomas y Genes están
por pares, semejantes o correspondientes, llamados homólogos o alelos, uno del padre y otro de
la madre; en número fijo, en cada especie viva; los genes en muchos miles y los cromosomas en
bastante menor cantidad (23 pares en humanos, 30 en vacunos). Recientes investigaciones
señalan que los genes están constituidos por complejísimas proteínas o aminoácidos, en una
estructura básica común a todos los seres vivos: el Ácido Desoxirribo Nucleico; ADN o DNA (en
sigla inglesa). Se representa como una escalerilla helicoidal, para mejor explicación de sus
variadísimas combinaciones individuales, acoplamientos, fracturas, etc. (estudios de la llamada
“Ingeniería Genética”).

160
En los tupidos bosques tropicales húmedos, sus seres vivos más
evolucionados son todos trepadores o hechos para alcanzar las zonas más altas
de la vegetación, en pos de la luz solar. Indudablemente, la Selección Natural
sólo ha permitido sobrevivir a los que pueden trepar, como los monos o
cuadrumanos y mejor a los de cola prensil; los loros, guacamayos y aves
trepadoras en general; las serpientes de variado tipo, etc. Los insectos
caminadores y voladores, como las hormigas, avispas, mariposas, etc., no
afectables negativa e intensamente por la gravedad. Y en lo que se refiere a
vegetales, a las lianas, enredaderas y árboles de rapidísimo crecimiento vertical;
las plantas epifitas (que viven sobre las altas ramas de otras), como las
orquídeas, etc. Hasta aquí Darwin tiene razón suficiente.
Pero, siendo el Medio el mismo, si es único... ¿Por qué sus animales y
plantas no son iguales todos? De una sola especie y apariencia. Todos
serpientes, todos monos, o todos orquídeas. Como debieran ser si sólo influyera
la Selección Natural, la Acción del Medio. Si éste fuera el factor único, exclusivo
y determinante, de la formación de las especies.
Con toda evidencia, en la constitución y evolución de los seres vivos han
intervenido, también, tienen que haber intervenido, otros elementos: los
“factores” mendelianos, “mandatos hereditarios”, o “genes”. Los cuales son
internos e independientes del Medio y muy diversos. Determinantes de los
caracteres básicos ofrecidos a la Selección Natural, en una especie de amplio
abanico, y ella ha dejado subsistir solamente a los que podían concordar con el
Medio. Explícase así, cómo siendo las formas dadas, todas trepadoras, por
efecto de la Selección Natural, sean, al mismo tiempo, muy diferentes entre sí,
por la acción de la Herencia (de los genes).
¡Cuánta sabiduría la del Creador! Expresada en el Orden Natural. Tan rico
en variedad genética de especies biológicas y de tan notables semejanzas, por
adaptadas a sus medios propios y comunes. Y, por añadidura, preparado para
cualesquiera graves variaciones ambientales, garantizando la Preservación de la
Vida, por la supervivencia, por lo menos, de algunas de sus infinitas formas.
De hecho: Se complementan, más que se contraponen, las teorías de
Darwin y de Mendel.
Otros casos aleccionadores:
¿Cómo se explica, en el medio tropical de la India, el nacimiento de
“elefantes blancos” o albinos? Del todo inaparentes para vivir en esas
condiciones, de tan cálido y luminoso ambiente; resultando así completamente
inútiles para el trabajo y requiriendo artificiosa crianza, con una carísima
manutención.
¿Cómo explicar, también, los casos de humanos albinos, en medio de
negros, en el África Ecuatorial?
¿Cómo es posible que aparezcan caracteres patológicos, monstruosos, y
hasta letales o mortíferos? Tales como la hemofilia humana; o de los animales
machos con ano cerrado (las hembras sobreviven porque el recto se abre en la

161
vagina); o plantas sin clorofila (blancas), condenadas a morir; o cuando siendo
sólo ‘jaspeadas’, en blanco y verde, están destinadas a una debilidad
permanente, que sólo les permite sobrevivir, bajo cuidadoso cultivo por parte del
hombre; o el caso de los seres afectados de enanismo, gigantismo, y de
innumerables taras, congénitas y hereditarias, en varios grados de dominancia.
¿Cómo sería posible explicar todo lo dicho? Si se supusiera que en las
Formas Vivas y en la Herencia, solamente interviene el Medio. Como
instrumento único, brújula y motor, de la Selección Natural y por lo tanto de la
consecuente Evolución de las Especies.
¿Cómo se puede comprender estas cosas? Si no se admite, primero, que
hay factores hereditarios internos, Independientes del Medio. Que hasta le
pueden ser permanente o circunstancialmente contrarios; e incluso sujetos a sus
propios accidentes o modificaciones. Por razones y motivos en algún grado
desconocidos hasta ahora. Todavía misteriosos para la Ciencia. Si se quiere,
pareciendo hasta ‘caprichosos’. Pero no es posible negarle, por lo menos, una
gran dosis de Sabia Previsión al Orden Natural. No resulta racionalmente
descaminado, reconocer, como un designio Providencial o Divino, el haberlos
impreso, desde y en el mismo Acto Maravilloso de la Creación. ¡Con
inconmensurable Sabiduría y Previsión!
Es como si se hubiese tratado de dejar establecida, por la ‘oferta’ de
múltiples formas vivas espontáneas, un modo de Previsión Natural y Autónoma,
frente a los cambios ecológicos posibles en la biósfera terrestre, en el transcurso
de los siglos. Con miras a la perpetua Preservación de la Vida y como un medio
de aprovechar las múltiples circunstancias, de diversa índole, que se presentan
en el discurrir de la existencia terrestre.
No han faltado quienes, ubicándose en una especie de neodarwinismo
equívoco, suponen, por ejemplo, que si en determinadas razas de perros o de
vacunos, se cortara la cola a los primeros o se extirpara los cuernos a los
segundos, por varias generaciones seguidas, se podría llegar a obtener, al final
y de nacimiento, perros o vacunos ’mochos’; sin cola unos y sin cuernos los
otros. ¡Absurdo de grueso calibre!
Cada ser vivo aparece a la vida con un nutrido bagaje de genes y
caracteres de ellos dependientes, con el cual se enfrenta a la Selección (Natural,
Artificial, o a ambas) y sobrevive y prospera con los que mejor lo permiten. En
suma, el juego maravilloso, de Herencia y Medio, es el que, al final, determina
los Caracteres del individuo y de la especie. La Herencia (los genes, su conjunto
el genoma) ofrece las potencialidades (posibilidades) múltiples de los caracteres.
La Selección, por el actuar del Medio (Natural o Artificial), deja sobrevivir a los
más aptos; además, en cierta medida, estimula el desarrollo de los caracteres
favorables. Pero las modificaciones por obra del Medio, generalmente Son de
Poca Amplitud y No Se Heredan:
“Los caracteres adquiridos no se heredan”. El hijo del estudioso, no nace
sabiendo y ni siquiera acrecienta su inteligencia; ni el del pintor pintando; o el del
atleta campeonando. Lo que no permite la Herencia, no lo concede el Medio. “Lo

162
que Natura no da, Salamanca no crea”. “Al que nace barrigón, aunque lo fajen
de chico”...
Mas aquí vale la pena volver sobre Mendel. Para precisar los alcances de
sus descubrimientos y poder comprender mejor ésos y la importancia de los
estudios posteriores de otros esclarecidos científicos. Que, todos en conjunto,
terminaron por armar el asombroso edificio de la Genética Moderna, tal cual la
podemos conocer y aprovechar hoy.
El sabio monje agustino, como se ha dicho, expresó y sintetizó sus
conclusiones, que partieron del estudio de la herencia del color y del tamaño de
las flores de guisantes, en:67
“Las Tres Leyes Fundamentales de Mendel”:

1ª Ley- De la Dominancia Completa entre Dos Factores en Juego:


“Si se cruza una planta de flores rojas, siendo este caracter determinado
por un factor dominante (visible), con una de flores blancas, definidas por uno
recesivo (que se esconde); en la primera generación (F1), todas las plantas
salen de flores rojas (del color dominante).
“Pero si se vuelven a reproducir las de primera generación entre sí
(F1xF1), las de segunda generación (F2), disgregan y salen en la proporción de ¾
rojas y ¼ blancas.
“Siguiendo la multiplicación, para producir F3, de las blancas entre sí,
todas salen blancas.
“Pero las de rojas entre sí (considerando el conjunto de “puras” y
“cruzadas”), dan en F3, la proporción de 1/8 blancas y 7/8 rojas (“puras” y
“cruzadas”). En las siguientes generaciones este grupo sigue segregando a las
blancas, en progresión semejante, hasta separar completamente, a sus factores
determinantes, de la población de flores rojas.”

Se produce así, en F1, una yuxtaposición interna de los “factores” o


genes, para blanco y rojo. Pero como rojo domina sobre blanco, todas las flores
salen rojas, en esa generación F1. Quedando, momentáneamente oculto, el
color blanco recesivo.
En F2, se produce una dispersión o “disgregación”, por la cual una cuarta
parte (25%), aparecen blancas de nuevo y tres cuartas partes (75%) rojas: 25%
“puras”, con genes ‘alelos’ o correspondientes duplicados, venidos de padre y
madre, y 50% “cruzadas”, o sea con genes ‘alelos’ diferentes, que proceden de
padre y madre de bagajes hereditarios distintos.
Así a partir de F2, reproduciendo solamente las de flores rojas (puras y
cruzadas), se comienza a producir una separación progresiva o “segregación”,
de las blancas (en la proporción de 1/4, 1/8, 1/16, etc.). No pudiéndose distinguir

67
En el texto que exponemos, de “Las Leyes de Mendel”, introducimos algunas modificaciones
de forma, respetando escrupulosamente el fondo, para los fines de una explicación posterior más
fácil.

163
las rojas puras, de las cruzadas; salvo observando individualmente sus
apareamientos y las proporciones en su descendencia. Los factores hereditarios
siempre “disgregan” (se dispersan), al azar, si no actúa la selección; y
“segregan” (se separan), si hay una selección definida en uno de los sentidos.
En el presente caso, sucede en favor de las rojas.
Los factores alelos no se mezclan nunca, íntima ni definitivamente, entre
sí. El factor para caracter dominante no lo hace con el recesivo. La disgregación
primero y la segregación después, son, en lo factorial, siempre independientes,
autónomas.

2ª Ley-.De Dominancia Parcial entre Dos Factores en Juego:


“Si se cruza una planta (de flor roja), de una variedad que posea el factor,
solamente en dominancia parcial o intermedia, con otra planta de un factor alelo
(flores blancas), recesivo, en la primera generación (F1), todas las flores de las
plantas son iguales y de color intermedio (rosadas).
“Si se reproducen entre sí las plantas de F1 (de flores rosadas), en la
siguiente generación (F2), las flores salen en la proporción de ¼ semidominantes
(rojas), ½ intermedias (rosadas), y ¼ recesivas (blancas).
“Si se reproducen, para F3, las puras recesivas (blancas), entre sí, siguen
dando puras (blancas); y las puras semidominantes (rojas), entre sí, dan también
puras del mismo factor (rojas); mientras que las intermedias (rosadas), repiten la
proporción de F2. Sucediendo lo mismo, indefinidamente, en todas las
generaciones siguientes”.
La herencia intermedia no es fija. Pero debe entenderse la referencia, a la
de caracteres dependientes de un solo par de factores en juego (aquí, el
determinante del color de las flores: rojas o blancas), en los casos de
dominancia parcial.

3ª Ley-.Del Dihibridismo. O juego de Dos factores por Progenitor (P)68:


“Cuando se cruzan dos plantas en las que se cuentan dos factores
hereditarios en juego, en cada una, pudiendo ser casos de dominancias
completa o parcial, de ambos caracteres, todas salen iguales en F1.
“En las generaciones siguientes, los caracteres disgregan de modo
independiente, siguiendo, cada uno, las reglas y proporciones de las leyes
anteriores.”
Por ejemplo: En cuanto a color y tamaño de flores, una planta de flores
chicas y rojas, cruzada con una de flores grandes y blancas, en las que el color
rojo y el tamaño grande puedan ser, en dos individuos o progenitores diferentes
cada uno, total o parcialmente dominantes, en F1, todas las flores salen de un

68
En el estudio de la Genética, se utiliza la palabra “híbrido” o “hibridación”, para designar a los
cruzamientos, apareos, o a la reproducción en general, entre los seres vivos, sin hacer distingos,
se trate de linajes, razas, variedades, especies, o géneros. En lenguaje ganadero, se habla de
hibridación, cuando es entre especies distintas (caso del mulo, resultante del cruce del burro con
la yegua); y de mestizos, cuando es entre razas de la misma especie (por ejemplo: Brown Swiss
x Criollo, en la especie vacuna).

164
solo color y tamaño, correspondientes a los factores total o parcialmente
dominantes. Pueden ser: todas rojas y grandes, todas rosadas y medianas, etc.).
En F2 (de F1xF1) y en los mismos tipos de dominancias y recesividades,
se dan todas las combinaciones posibles de flores rojas (“puras” y “cruzadas”),
de blancas (siempre puras), de rosadas (siempre “cruzadas”); de grandes
(“puras” y “cruzadas”), de chicas (siempre “puras”), y de medianas (siempre
“cruzadas”). Así, simplemente en cuanto a las apariencias de las flores, se dan:
rojas, chicas, medianas, y grandes; blancas, chicas, medianas y grandes; y
rosadas, chicas, medianas y grandes.
Y, como ha sido expuesto, de F2 hacia F3 y en adelante, la disgregación
factorial sigue totalmente independiente y profusa, conforme a las dos primeras
leyes enunciadas.
Aparte, la posible segregación posterior, por selección, en favor de uno,
dos, o más de los factores en juego, va siendo cada vez más dificultosa, según
el número de los factores considerados y con el avance de las generaciones en
su multiplicación.
-----
Vale la pena proseguir en el análisis de estas leyes, de gran significado
en la interpretación de los fenómenos de la Naturaleza y de sus repercusiones:
Mendel casi terminó de aclarar las incógnitas que había dejado Darwin. Y
frenó, en gran medida, las corrientes erróneas y negativas de cierto
neodarwinismo radical, que seguía por el nocivo plano inclinado de exagerar las
influencias del Medio, en el marco de un Automatismo Unicausal o Determinismo
Materialista, en la explicación del Orden Natural y de su génesis.
Resultó refutando, además, la petulante autosuficiencia seudo científica,
en avance desde aquellos tiempos, que disminuía y pretende seguir
disminuyendo, la importancia y hasta la existencia, de hechos sin explicación
todavía fácil, situados en campos supracientíficos, metarracionales, o
sencillamente misteriosos. En cínica falta de una elemental reverencia hacia la
Creación, la Providencia, y la Sabiduría Divinas. Inclusive, negando tales
potencialidades ultra materiales.
Sin embargo, si bien Mendel esclareció cuestiones fundamentales en los
apasionantes temas de la herencia biológica, quedaban todavía algunas
incógnitas más a despejar. Por ejemplo:
¿Cómo y por qué, aunque siendo cierto que los factores de la herencia
son independientes y fijos, no influenciables mayormente, ni de modo duradero,
por el Medio, puedan aparecen, en ciertas ocasiones, caracteres totalmente
nuevos, sin relación alguna y hasta contrarios al ambiente?
Así, el ‘mocho’ o sin cuernos, hereditario, dando lugar a variedades de
razas vacunas, como el Hereford mocho (en paralelo con el ‘armado’); el
Aberdeen Angus (todos mochos); el Nellore (de la variedad mocho, de reciente
formación), etc.; carneros tropicales o “de pelo” (sin lana); cerdos de mayor

165
número de vértebras (de cuerpo más largo, como el Landrace); innumerables
enanas o gigantes, en especies, razas, y variedades, vegetales y animales, (y en
el hombre).
Otra incógnita: ¿Por qué los caracteres son unas veces dominantes y
otras recesivos? ¿Cómo se explican los casos de “vigor híbrido”,
“superdominancias”, o “neocombinaciones”, en los cuales ciertos descendientes
presentan caracteres de magnitudes mayores que las de sus progenitores?
Es entonces que aparece un tercer científico genial, el holandés Hugo de
Vries (n.1,848 -m.1,935); quien lanzara su famosa “Teoría de las Mutaciones”.
Sobre ella es posible sintetizar lo siguiente:
Las “mutaciones” son cambios imprevisibles, de una variedad potencial
muy amplia, en el ‘código genético’ de los seres vivos. En el número y
características de sus genes, así como de los cromosomas, en los que ellos
están contenidos; cambios que aparecen por razones todavía incompletamente
esclarecidas.
Las mutaciones son de dos clases: Las Espontáneas y las Inducidas. Las
primeras o las ‘Naturales’, son aquellas cuya aparición, se supone, es motivada,
entre otras muchas posibles causas, por las radiaciones solares o cósmicas de
alta energía, de intensidades irregulares y por períodos muy variables. Las
mutaciones Inducidas o Artificiales, son aquellas que se producen, entre otros
medios, por el influjo también de radiaciones de gran intensidad o potencia, pero
producidas por humanos ingenios electromagnéticos (rayos X; las de fisión
atómica; etc.); que llegan a afectar al núcleo de las células.
Por lo general y al parecer, dependiendo de la potencia con que opera el
agente que actúa, las mutaciones naturales dan lugar a genes ‘recesivos’; o sea
que se mantienen ocultos por mucho tiempo después de su generación real;
encubiertos por la presencia de los genes dominantes que preexisten y que les
son homólogos o alelos. Hasta que, por el juego del azar en la herencia, tienen
ocasión de ‘duplicarse’; viniendo, iguales, un gen ‘mutado’, recesivo, del padre,
con el otro, también ‘mutado’, recesivo y alelo, de la madre. Es decir, en los
casos que así son llamados ‘homocigotas recesivos’.69
Con el tiempo, siempre muy largo, los genes recesivos suelen volverse
parcial o totalmente dominantes. Parece ser que por una suerte de duplicación,
‘polimerización’ o multiplicación génica. Comparable a las multiplicaciones
cromosómicas (‘poliploidea’, que dan lugar a formas gigantes); y a las celulares
somáticas o comunes de todo cuerpo individual, que producen su crecimiento;
así como a las gaméticas (en la formación de los gametos o “gametogenesis”),
para la reproducción específica.70 Devendría, así, una consecuente

69
“Homocigota”, viene del gr.: homos, igual; y zigote, huevo; de genes iguales en la célula
huevo. Por oposición, “heterocigota”, de heteros, desigual, significa: de genes desiguales, no
duplicados, en la célula huevo.
70
La reproducción de las células somáticas (del cuerpo), se llama Mitosis o Carioquinesis. En
ella las células hijas tienen el mismo número de cromosomas que las células madres; porque en
el proceso sus cromosomas también se parten o dividen, manteniendo el número propio de la

166
multiplicación de la potencia de los genes; que, de tal modo, pueden hacerse,
primero parcial y luego totalmente dominantes, respecto de sus alelos.
Las mutaciones naturales se presentan bajo dos ritmos:
Uno, en períodos normales, que son relativamente breves, pero repetidos.
Se ofrecen de una en una o en muy corto número y para caracteres que pueden
ser indistintamente ventajosos o perjudiciales (en un momento ecológico dado o
para alguna ‘finalidad’ artificial predefinida).
Otro, en períodos llamados de locura hereditaria o de crisis de
mutaciones; entre lapsos muy largos, en número elevado de caracteres,
produciéndolos en variadísimas formas y pudiendo ser recesivos o dominantes.
En el campo de las Mutaciones Inducidas o Artificiales, suelen
presentarse recesivas o dominantes, muchas letales, subletales, y deformantes.
En los vegetales, algunas substancias como la colchicina (extraída del cólquico,
“Colchicum sp.”, planta liliácea, medicinal por sus raíces), inducen mutaciones
por poliploídea (multiplicación del número de cromosomas y sus genes), dando
lugar a formas de tamaño extraordinario (gigantes). También se registran, en
animales y plantas, acciones microbianas y virósicas de variado efecto
(utilizadas en la “Ingeniería Genética”).
Completando los descubrimientos de Darwin, Mendel, y De Vries,
Johansen (danés), y otros numerosos genetistas, especialmente
norteamericanos, siguieron avanzando en el esclarecimiento de los problemas
de la herencia con muchos genes (Poligénica), comprendida en el estudio de lo
que se llamó el Neomendelismo y la Genética de Poblaciones (herencia en
agrupaciones de numerosos individuos y expresada en “curvas de frecuencia”).
Ya que los trabajos de Mendel se habían referido a uno o a lo sumo a dos pares
de genes en juego y a corto número de individuos interviniendo en la
reproducción.
En los trabajos genéticos comenzó a resultar invalorable la observación
de los fenómenos hereditarios en un pequeño insecto: la “mosquita del vinagre”;
de nombre científico: “Drosophila melanogaster” (droso=vinagre; phila=amante;
melano=negra; gaster=barriga; "Mosquita del vinagre y de barriga negra"). El
dicho animalito ofrecía dos inapreciables ventajas: se multiplica prodigiosamente
dentro de una fácil ‘crianza’ y tiene en sus células solamente 4 pares de
cromosomas, número reducido que facilitaba mucho las investigaciones.
Durante algún tiempo estas cuestiones parecían contradecir los principios
contenidos en las Leyes de Mendel, pero pronto, ahondando en los estudios, se
constató que no solamente no las contradecían, sino que más bien las

especie (“diploide”). La reproducción de las células que forman gametos (gametogenesis) o


células sexuales (en las glándulas sexuales o “gonadas”, masculinas y femeninas), se llama
Meiosis; en ella los cromosomas no se dividen, sino se separan, la mitad en cada media célula
resultante, que son los “gametos” (espermatozoides u óvulos), los cuales presentan la mitad del
número de cromosomas propio de la especie (“haploide”). Al producirse la Fecundación, hacia la
célula huevo, se reconstituye el número normal de cromosomas de la célula correspondiente a la
especie; proviniendo, la mitad, del padre, y la otra mitad de la madre.

167
confirmaban; llenando --de paso-- sus parciales y aparentes vacíos; a la luz de
enfoques cada vez más amplios y profundos.
Así, por ejemplo, ya no se puede hablar del “vigor híbrido” como el
misterioso resultado de un cruzamiento casual o el sorpresivo de una mutación;
las que, generalmente, no se ligan a cruces; son imprevisibles; y no
necesariamente determinan caracteres ventajosos. Más bien, el tal llamado
“vigor híbrido”, cuando se presenta, es la consecuencia de un cruzamiento que
produce una “neocombinación mendeliana afortunada”. Que une, en un
individuo, genes determinantes de caracteres ventajosos, que se hallaban
separados en los progenitores. Trátase de evidentes y por lo general fructíferos
casos, de “Herencia Poligénica Combinatoria”.
Tal el caso del cruce de un animal cebú que es de líneas alargadas, pero
enjutas --caracteres determinados por múltiples factores, dominantes los
primeros y recesivos los segundos--, con otro de una raza europea de carne, de
líneas gruesas, pero cortas --dominantes los primeros y recesivos los segundos-
-, resulta un animal --por ser más largo y grueso--, de mucho mayor peso que los
correspondientes, tanto al cebú, como al europeo puros. La cría supera a los
padres. Y es por ello que el fenómeno se tipifica de “Superdominancia”, forma
más apropiada de llamar al pretendido “vigor híbrido”.71
Observemos que no se debe confundir los conceptos de: ‘reunión’, con el
de ‘mezcla’, de genes y cromosomas. Así como el de genes, con el de
caracteres. En los apareamientos entre individuos, linajes, variedades, razas, y
hasta en algunos, siempre pocos, cruces interespecíficos.
Está esclarecido que si bien dos genes, alelos entre sí, procedentes de
dos progenitores, no ‘mezclan’ sus substancias (o sólo en casos excepcionales y
muy parcialmente), sí pueden ‘reunirse’ (de F1 en adelante). Inclusive darse el
caso de que se ‘dupliquen’, en un mismo individuo, dos y más genes o
cromosomas, procedentes de las razas progenitoras, a partir de la 2ª generación
mestiza (F2). Se obtiene así individuos en los cuales, si bien sus genes y
cromosomas alelos no se han mezclado (sus substancias), sí pueden
presentarse reunidos en los individuos de la descendencia. Y hasta duplicados o
en “homocigocidad”; en uno, varios, o hasta en numerosos pares; procedentes
de dos razas distintas, en las cuales subsistían separados. Apareciendo,
entonces, ejemplares que se ofrecen como si fueran mezclados o de algún
modo intermedios,respecto a sus progenitores.
Son claros los casos de la llamada “Herencia Poligénica Acumulativa”,
donde los caracteres obedecen a varios, incluso a muchos pares de factores o
genes --no solamente a uno o dos--; por ejemplo, los de la joroba y los del
prepucio del cebú --entre otros--. Es posible así lograr la acumulación y la
duplicación, de varios de estos factores o genes. Dando lugar, según el grado de
acumulación duplicada, a verdaderas herencias ‘intermedias’ y fijas.72

71
Ver ob. cit. “Ganado Amazonas”, gráfico 5 de la pág. 229.
72
Más ejemplos y explicaciones, en: ob. cit, gráficos 4 y 6, págs. 225 y 233.

168
La dicha “Herencia Intermedia Poligénica y Acumulativa” se hace más
tangible, cuando es además “Combinatoria”, cuando se presentan los casos de
“caracteres” dependientes de múltiples “genes”, cuyas acciones se acumulan y
también se combinan, en mayor o en menor grado, incrementando la magnitud y
fijeza del “caracter” (por ejemplo: los cruces de cebú con las razas europeas, en
la resistencia al calor, la producción lechera y la de carne, etc.). Diferente por
cierto el caso de solamente uno o dos factores en juego, como sucede en la
“Herencia Mendeliana Simple” (con las flores de guisantes y otros ejemplos
similares).
-----
Volviendo a lo que estábamos, en los tiempos de nuestro viaje a Tingo
María (el año ‘42), tales cuestiones de Genética, estaban en inicial
esclarecimiento; no eran de dominio general entre los técnicos peruanos de la
época. Resultaba frecuente, en cambio, observar criterios y escuchar opiniones,
por desgracia muy superficiales sobre dichos asuntos. En mayoría, se limitaban
a ‘leer’ (?), y a la ligera por cierto, las famosas y ya dichas “Leyes de Mendel”;
para fines más de sabihondez, que de sincera curiosidad científica o deseos de
profundizar en el tema.
De tal modo, los trabajos ganaderos tingaleses denotaban desorientación,
falta de rumbo. Se hacía dispersantes cruzamientos; sin embargo, resultaba de
interés la minuciosa anotación de los datos de esas labores.
Para completar la visión del cuadro que se ofrecía, diremos que en esos
primeros años de la década de los 40, la gran novedad, en el medio zootécnico
mundial y nacional, era el reconocimiento oficial, en los EE.UU., de la nueva
raza de vacunos tropicales, productora muy eficiente de carne, llamada “Santa
Gertrudis”. Producto del cruce y ‘fijación’, de Cebú (ganado de origen hindú) x
Shorthorn (de origen europeo y del tipo de carne). Suceso tecnológico acaecido
en el renombrado “King Ranch” de Texas, propiedad de los señores Kleber
(padre e hijos); quienes, desde entonces, se hicieron famosos, ligando su
apellido a dicha proeza genética, de alta calificación mundial.
Resulta curioso observar, retrospectivamente, las tesis y discusiones que
se planteaban entonces para interpretar el fenómeno y sobre la mejor forma de
utilizar, nosotros en el Perú, las ventajas de esa fabulosa conquista de la
Zootecnia Moderna.
Se llegaba a sostener que el "prepotente"73 toro “Monkey” --ciertamente
de varias generaciones posteriores a F1--, considerado el ‘fundador’ o arquetipo
de la raza, era un “mutante”. Posición insostenible, desde un punto de vista
concordante con la Ciencia Genética ya naciente; pero no encontraban otra
explicación, ya que se sostenía --con visión rudimentaria, con lamentable lectura

73
Se dice que un toro es "prepotente", cuando marca acentuadamente sus características en su
descendencia. Y tal cosa ocurre, cuando es homocigota, en genes dominantes y deseables, en
suficiente número. Así, con claridad, se puede notar cuáles son sus crías.

169
superficial de las “Leyes de Mendel”--, que 'La Herencia Intermedia no es
Fijable'.
Se habría de ver, después, que en el caso de “Monkey”, se trató de una
“Neocombinación Mendeliana Multigénica y Afortunada”, posterior a F1. De un
Homocigota en varios caracteres dominantes deseables, muy visibles algunos
(bella estampa y hermoso color rojo cereza); fácilmente cuantificables otros
(gran peso y precocidad); y varios adicionales, claramente ventajosos
(resistencia al calor, calidad de carnes, nobleza, mansedumbre, etc.).
En cuanto a los rebaños o propiamente la raza “Santa Gertrudis, como
grupo numeroso de individuos, en el "King Ranch", no podía ser otra cosa que
un gran hato, en el cual se había producido: "Una Concentración de genes
deseables, dominantes y muy verificables". Llevados, en numerosos individuos,
a profusas “homocigocidades”. Y, cuanto más logradas, más nítida y uniforme,
“fijada”, la raza o el tipo (entendido éste, como un menor grado de fijación que la
raza).
Posteriormente, al impulso del entusiasmo y la admiración despertada por
la formación de la raza “Santa Gertrudis”, y confirmándose la interpretación
dada, se planearon y lograron varios tipos y más razas de ganado vacuno
tropical, de carne la mayoría, y algunas lecheras y de doble propósito. Tales
fueron: la “Charbray", producto de Charolais x Brahman (nombre del cebú
norteamericano más común, un polimestizo de varias razas de cebú); “Canchim”
(el Charbray brasileño); “Brangus” (Brahman x Angus); “Bradford” (Brahman x
Hereford); “Beafmaster" (trimestizo: Brahman x Hereford y Shorthorn); “Jamaica
Hope”, lechera de pequeño tamaño (cebú Sahiwal x Jersey); etc. Y ya nos
referiremos a lo que nosotros planteáramos en el Perú y para toda la Hoya
Amazónica: el “Amazonas” (cebú Nellore x Brown Swiss americano; de doble
propósito y fijado a media sangre).
Es el caso que estando en Tingo María, nos ubicábamos al centro de
todas estas inquietudes y discusiones. Un poco sin haberlo buscado
deliberadamente, pero ya me forjaba, en lo hondo del espíritu, una Vocación
Profesional definitiva, sobre la que comenzaba a apoyar, con todo entusiasmo,
un apasionado y patriótico Ideal de Vida: Yo debería participar en la grandiosa
tarea del Desarrollo de la Ganadería Tropical para la Selva Peruana y, con ella,
en el de toda la Región y del Perú, trayendo consigo un gran beneficio para
nuestra Patria. Basados en la creación de una Nueva Raza de Ganado Vacuno
Tropical de Doble Propósito (carne y leche). En el hermoso empeño, debería
aportar, esfuerzos, iniciativa, creatividad, y hasta tenaces luchas,.
-----

Hacia Pucallpa.- Dándonos vueltas en la cabeza multitud de ideas y


sintiendo el hervor en el corazón de variadas emociones, casi pos adolescentes
y juveniles ya, continuamos nuestro viaje, Selva adentro; siempre en unión de
Alberto, mi constante compañero de aventuras. Desde Tingo María, por la
margen derecha del Huallaga, hacia el Noreste, ascendimos la Cordillera

170
Divisoria; observando los aspectos interesantes de la ruta, por la carretera
Huánuco-Pucallpa, todavía en reciente construcción. Acercándonos a la "punta
de trabajo" --ésta ya en la bajada oriental de las cumbres-- y, luego, a las
‘trochas’ de exploraciones y trazo, hacia el Llano Amazónico.

¡Más de 400 kilómetros! Trabajados prácticamente a pulso, ‘a pico y


lampa’. Sin mayor auxilio de maquinaria pesada. Muy escasa y todavía
incipiente por entonces. La habilidad de los ingenieros y de los obreros
peruanos; su espíritu esforzado; su espartana rudeza y estoicismo, ante las
penalidades propias del trabajo en tan duras condiciones, se demostraron,
asombrosos, una vez más entre tantas. En los estudios, exploraciones, trazos,
dirección y supervisión, los primeros; como los segundos en la verdadera
‘artesanía’ de sus trabajos, en los ‘peraltes’ (inclinaciones en las curvas, para
compensar la velocidad de los vehículos), de las cunetas, la albañilería de los
puentes, y en el ‘perfilado’, con herramientas de brazo, en los ‘cortes’ y taludes.
Verdaderamente:
¡Una Obra de Titanes!...
Pasamos, al comienzo, por la Colonización de Naranjillo. Un programa
hábilmente concebido y dirigido por los altos niveles del entonces Ministerio de
Fomento, por intermedio de su Dirección de Colonización, Bosques y Tierras de
Montaña; durante el gobierno del gran estadista, Mariscal Oscar R. Benavides; y
continuada, en los primeros años del período correspondiente al Presidente Dr.
Manuel Prado.
En dicho sector de la carretera --muy cercano a Tingo María--, a sus dos
costados, se repartieron pequeños lotes --si no recuerdo mal-- de unas 20 a 30
hectáreas, cada uno; a verdaderos y calificados campesinos; de tres
procedencias: Huánuco, San Martín, y Cañete. Se pensó que los primeros
aportaban rusticidad y sobriedad; los segundos, conocimiento del medio
selvático y notable vivacidad e iniciativa; y los terceros, una formación ‘cultural’,
despierta y ‘moderna’. Además, se los intercaló.
No estuvo descaminada la idea, por cierto.
Adicionalmente, los de Cañete fueron como a una suerte de ensayo, para
‘descargar’ la tensión social, por reclamo de tierras --premonitorios de anhelos
posteriores de “Reforma Agraria”--, en varios valles de la Costa del Perú.
A cada campesino adjudicatario, se le construyó, en su lote, una casita
familiar modelo; de madera; modesta, pero acogedora y cómoda. Además, se
les dio, “rozada” (desmontada), una parte apreciable del terreno, y plantada de
diversos cultivos apropiados para su alimentación y posible venta a terceros; de
modo a poder, con estos últimos, agenciarse ingresos monetarios adicionales,
también imprescindibles, en esas condiciones.
Los principales cultivos y crianzas, con sus instalaciones, corrales y
pastos correspondientes, que se establecieron en favor de los nuevos colonos --
no necesariamente idénticos en todos--, a la entrega de sus propiedades,

171
tituladas, eran: plátanos de diversas variedades, café, cacao, maíz, yuca, pituca,
frutas diversas, como naranjas, limones. limas, paltos, mangos, además de caña
de azúcar (para comer, para forraje, para "huarapo" o jugo fresco, para
aguardiente, y chancaca), etc.; y algunas gallinas, patos, pavos, cerdos, y dos,
tres, o cuatro vacas semi lecheras. Los toros los recibían ‘en rotación’ o los
‘prestaba’ la Granja. También, un pedazo del terreno ya sembrado de tabaco;
con un contrato de compra de las cosechas, por parte de la oficina tingalesa del
“Estanco del Tabaco”.
Finalmente, sobre lo que así percibía el colono, se le entregaba, en la
mano: S/. 500.00, en efectivo... Para que 'se las arreglara como pudiera', hasta
la llegada de sus primeras cosechas. Y... ¡Adiós!
¡La Colonización fue un éxito!
Años después, he tenido ocasión de ver a varios colonos, a sus hijos y
descendientes, convertidos en hombres de empresa, no sólo como agricultores,
sino en tiendas comerciales, grifos, agroindustrias, transportes, y hasta de
profesionales liberales...
Lo anterior no quita que, ya muy posteriormente, por otras razones, en
especial por la falta de una adecuada Política Agraria Nacional --habiendo
habido, en cambio, terribles 'políticas' (?) antiagrarias-- y de la inexistencia de un
acertado Fomento del Desarrollo de la Selva, la Colonización de Naranjillo, haya
sufrido las lamentables vicisitudes (¡abandono, narcotráfico, y terrorismo!) de
casi todas las colonizaciones iniciadas en la Amazonía. Pero ése, ya es otro
cantar... ¡o llorar!
-----
Pasando Naranjillo, atravesamos la zona de medianas propiedades que
se estaba convirtiendo en cafetalera. Se salpicaban algunas pequeñas
plantaciones de coca. Preludios de la gran difusión que habría de tener esta
curiosa y original planta --tan poco conocida por muchos que gustan llamarse
‘expertos’--, en la nefasta expansión del narcotráfico.
Ya casi en la cumbre, se ubicaba el sector tealero; donde se hallaba
establecida la “Estación del Té”, a la que, con anterioridad, nos hemos referido.
Junto a ella, se habría de desarrollar una gran plantación privada, de avanzada
tecnología, ‘bautizada’, con no muy criollo gusto: “Tea Garden”. Encomiable obra
del notable Ing. Agr. peruano: Antonio Rivero Tremuille; empresa a la que,
tiempo después, diera incalificable trancazo, la Reforma Agraria velasquista.
Otra plantación de té, se había establecido, por la firma “Víctor Priano S.A”., en
la Hda. “Paty”, de la zona de Carpish (en las alturas huanuqueñas anteriores a
Tingo María).
Pasando la cumbre de la Divisoria, quedaba el fundo “Sinchono”, en el
que algunos japoneses comenzaron a establecer una plantación de Quina o
Quinina (Cinchona ledgeriana) y que, años más tarde, la Estación Experimental
de Tingo María, con el apoyo técnico y financiero norteamericano, desarrollara

172
en una escala importante; para terminar frustrada, por la competencia de la
quina de Indonesia y de los baratos sustitutos químico farmacéuticos modernos.
De “Sinchono”, avanzamos en el descenso de La Divisoria hacia la
cuenca del Ucayali, saliendo de la del Huallaga, y transitamos por sectores de la
carretera a medio concluir; con numerosas interrupciones, debidas a la
construcción de alcantarillas, puentes y túneles, y a la realización de profundos
‘cortes’. Nos aproximábamos, así, al famoso:
¡“Boquerón del Padre Abad”!...
La dicha formación geográfica, debía su justificada fama, a múltiples
razones, que arrancaban desde su importancia respecto a la construcción
misma de la vía y a sus antecedentes históricos.
Cuando la Carretera Huánuco-Pucallpa pasó la Divisoria, no llegó --cual
pudiera pensarse-- fácilmente a la cuenca del Ucayali, a la llanura Amazónica,
situación ineludible, para poder culminar la obra en el ansiado puerto de
Pucallpa... El de la Roja Tierra (en quechua: Puca=roja; y allpa=tierra, suelo, o
piso).
Un laberinto de altas cordilleras secundarias, impenetrables, tupidamente
boscosas, con torrenciales lluvias y neblinosas cubiertas --casi todo el año-- se
ofrecían a la vista y se oponían al trabajo de las brigadas de los ingenieros
exploradores de la ruta. Y, en aquellos tiempos, no se disponía de mapas y
planos detallados de esos lugares, tan agrestes. Las técnicas de las
observaciones y de los levantamientos aéreos, eran tan rudimentarias, como los
mismos aviones de que se disponía. La exploración a pie, aunque ya iniciada, se
presentaba en extremo difícil, por no decir imposible... Mas ocurrió que una
situación fortuita permitió resolver el problema:
A la sazón era Director General de Caminos el Ing. Civil Federico
Basadre, quien tomó muy a su cargo la realización de esta imponente obra vial,
al punto de que se lo considera su realizador principal. Y así se le dio: su
nombre a la carretera.
El Ing. Basadre, muy preocupado por el problema del paso de la carretera
hacia la cuenca del Ucayali, en cierta ocasión comunicó sus inquietudes a su
hermano, el Dr. Jorge Basadre, notable historiador peruano, como es sabido...
Don Jorge se interesó vivamente en el asunto, llegando a encontrar documentos
e información acerca de las exploraciones que, por el siglo XVIII, había
realizado, en nuestra Selva, el célebre sacerdote franciscano, históricamente
conocido como “el Padre Abad”.
Las referencias encontradas por su hermano Jorge, permitieron, al Ing.
Federico Basadre, en unión de sus más estrechos colaboradores, pergeñar una
ruta a través de un "abra" y de un "boquerón" en la Cordillera, basándose en el
paso que el padre Abad había descrito como existente...
Se formaron entonces brigadas de exploraciones integradas por
ingenieros de caminos que se harían famosos, como Ramón Remolina y Alfonso

173
Bernós, entre otros. Y, en hazaña que consigna la historia caminera del Perú, se
redescubrió el paso. Que así se bautizó como el “Boquerón del Padre Abad”.
En cuanto a su conformación geológica, el famoso cañón es de una
hermosura impresionante. En los tiempos en que Alberto y yo pasamos por allí,
nos pareció, además, de una virginal belleza integral. Ahora, por desgracia,
violada en grosera desmedida, con todo, mantiene algo de su valor fundamental.
El ‘abra’ de la Cordillera se presenta en un punto cerca del cual comienza
a cortarlo, en dirección noreste, el referido boquerón; producto de la acción
erosiva multisecular del río “Yurac yacu” (del quechua: yurac=blanco; y
yacu=agua). Que corre torrentoso y espumante por su fondo, empedrado de
cantos rodados gigantescos y encerrado entre dos altas y sólidas paredes
rojizas y brillantes, resultado de una antiquísima petrificación, en gruesos
estratos rocosos, de las que fueron originales arcillas muy oxidadas
(formaciones pétreas conocidas por los geólogos como “lutitas”)...
El río es ‘blanco’ porque en la partida de su curso corta formaciones de
rocas calcáreas (“calcitas”) de la Cordillera. La cal precipita a la arcilla inicial de
las aguas, a las cuales podría conferirles un color rojizo, dándoles en cambio
uno blanquecino; que se añade al de la espuma resultante de las turbulencias
del líquido elemento en su choque con las grandes rocas del fondo del cauce.
Avanzando en su recorrido, el río toca a la referida formación de los
gruesos estratos rojizos de “lutitas”. El color rojo vivo y brillante de la roca,
acentuado por la humedad del ambiente que la impregna, la hace parecer por
trechos como cascos de gigantescos buques; contrastando, en bella armonía,
con el blanco espumoso de las aguas de las honduras y con el verdor, intenso
de la vegetación boscosa circundante. Agregándose, cual hermoso telón de
fondo, un cielo de límpido azul y sus copos de blanquísimas nubes.
Además, de trecho en trecho, caen desde las alturas aguas múltiples, en
bellísimas cascadas y vistosos chorros; de diversas longitudes y caudales.
Labrando en su camino y a trechos, esculturas pétreas naturales de exóticas e
impresionantes formas. Descargándose, al final, en el río o a sus lados, en
varias ‘pozas’ y lagunitas cristalinas invitadoras a refrescantes baños. Una de
tales cascadas, es tan bella e impresionante, que ha recibido el nombre de: “El
Velo de la Novia”.
Cuando nosotros estábamos por arribar al “Boquerón”, no se había
construido aún la carretera allí. Solamente se podía llegar y transitar, a pie, por
las "trochas" de trazo y de ‘primera construcción’. Las recuerdo de penoso
andar. Que, para aliviarlo, procurábamos un paso rítmico y constante, cuando el
piso era rocoso o firme. Y, para ‘darnos valor’, nos alentábamos silbando,
aunque no muy bien que digamos --en particular yo--, pero sí muy entusiastas,
en incansable repetición, los fragmentos más vibrantes del “Brindis de la
Traviata”, de Giuseppe Verdi... Pero en los tramos de barro y palizadas, no
había cantares que valieran.

174
Para atravesar el cañón, no estaban construidos todavía los puentes
definitivos. De tal manera, la trocha cruzaba, de una banda a la otra, por unos
provisionales puentezuelos colgantes; por demás ‘movidos’. Formados por
cables y palitos, no siempre completos éstos, ni de suficiente grosor aquéllos. Y
con el torrentoso río abajo, realmente causaba temor pasarlos. Por valiente que
uno fuera, quisiera o aparentara serlo.... Añadiremos: en los farallones rocosos
(‘como costados de grandes buques’), la trocha se continuaba, por el exterior, en
una especie de ‘balcones’, apoyados --es un decir-- en palos introducidos, con
ayuda de taladros manuales, a modo de ‘clavados’ (?) en las rocas, con sus
respectivos amarres a los calados pisos de los dichos balcones y ‘a como
hubiere lugar’.
El caso es que llegamos hasta el comienzo de la famosa “Pampa del
Sacramento”...
Al salir de tan encallejonado boquerón, mirando hacia el Llano
Amazónico, hecho patente por el tránsito a la dicha Pampa, la sensación visual y
anímica producida por el expandido panorama, era de inenarrable impacto.
A pocos kilómetros del boquerón, ya en los comienzos del llano, llegamos
a uno de los campamentos de trabajo de la carretera, cuya construcción estaba
bajo la dirección general del experimentado Ing. Herman Bauman. El lugar
mismo adonde llegamos para pernoctar, se encontraba cargo de la autoridad
directa del mencionado Ingeniero Civil Alfonso Bernós --como persona, muy
amable él--; asistido por el Ing., Eduardo Vega, competente, honesto y
trabajador profesional, como el que más; por desgracia también ya fallecido. Fue
otro de los pioneros de la Gran Obra Vial y del desarrollo de nuestra Selva. Me
precio de haber disfrutado, por años, de su gratificante y honrosa amistad.
Estando en el campamento, en realidad el último punto de visita viable
bajo condiciones normales, debimos pensar en el regreso a Lima, para la
continuación de nuestros estudios. Mas, a partir de la primera noche, se
declararon varias jornadas seguidas de impresionantes tempestades, con
verdaderos diluvios. No hubo más, sino esperar a que pasaran.
Así se hizo. Pero calmados los temporales, se recibió la noticia de haber
cargado extraordinariamente el río... ¡llevándose al principal de los puentes
colgantes!... Dejando maltrechos a los demás.
Nos abrumó el desaliento, pensando en las grandes dificultades a
enfrentar en la Escuela, por el retardo en nuestro problemático viaje. Pero los
ingenieros Bernós y Vega, nos consolaron diciéndonos no ser ésa la primera vez
que les ocurrían tales percances; que sabrían afrontarlos y sacarnos del
problema. Ofrecieron poner rápidamente un “huaro” para hacernos pasar.
Habían quedado ‘varados’, también: un ingeniero norteamericano
(Raymond Russell), experto agrícola, especializado en plaguicidas, quien al
parecer estaba en misión de sondear las bases del futuro acuerdo con el Perú,
para el apoyo del gobierno de EE.UU. a la Estación Experimental Agrícola de

175
Tingo María74; así como un ingeniero alemán, experto en agroindustrias
tropicales, de apellido Langemak. Se planeó evacuarnos a los cuatro.
En efecto, al día siguiente arribamos al estribo del que había sido el
principal de los puentes, en el momento el verdadero problema. Por los demás,
aunque haciendo malabares, se podía pasar todavía. Por supuesto, armándose
de mucho coraje.
Los ingenieros, cumpliendo su promesa, habían instalado un “huaro” y
comenzaron a pasarnos, de a uno en uno. La cosa era impresionante: El
mecanismo constaba de una parrilla de palitos amarrados con ‘ataderos’ (tiras
de cortezas de monte), en la que se sentaba al transportable; iba colgada de una
doble polea o juego de dos ruedas hondamente ranuradas y opuestas, una
arriba y otra abajo, pudiendo ellas correr sobre una fuerte soga --como
abrazándola--, dado el modo de la propia sujeción de las dichas poleas, a una
especie de 'arco' metálico rectangular, fuerte y estrecho, que tampoco permitía a
la soga salirse del canal formado por las dos ranuras de las poleas.
Por un lado del cañón, se jalaba a una de otras dos sogas atadas al
soporte de las poleas. Por el opuesto, se soltaba la tercera soga, para que así
avanzara la silla en un sentido. Para pasar al contrario, se hacía el movimiento a
la inversa.
Al comienzo, el asunto parecía relativamente fácil. Pero a medida del
avance, la soga que soportaba al viajero y a sus bártulos, por acción del peso,
comenzaba a estirarse y a formar un pronunciado ángulo hacia abajo. De tal
modo, que la progresión tenía que hacerse, cada vez, con mayor pendiente
contraria, requiriéndose más esfuerzo al jalar. Con el consecuente mayor
bamboleo y menor avance por jalón. Y, abajo... ¡rugía torrentoso el río!...
Simulaciones presuntuosas al margen... ¡que si daba miedo la operación!
Pasado el susto del "huaro", proseguimos el regreso a la Capital,
repitiendo a la inversa el viaje de ida, pero ya más aprisa. Aunque, en el trayecto
inicial, a la salida del boquerón, experimentamos otro gran susto; por motivo de
nuestro paso --imprevisto para unos obreros dinamiteros de esa parte de la
carretera en construcción--, cuando estaban por explotar algunas cargas de
dinamita y llegando nosotros muy cerca. Hubimos de batir algunos "récords" de
velocidad, en el afán de guarecernos de las piedras de las explosiones y de
salvar el pellejo. Felizmente todo resultó sin mayores consecuencias que
lamentar.
Dejamos a Langemak en Tingo María, donde él habría de radicar por
muchos años y formar familia. Con Russell seguimos algún trecho más e

74
En realidad, más que de ‘ayuda’, la intención norteamericana era la de acoplar al Perú a los
esfuerzos productivos de otros varios países de Centro, Sudamérica, y el Caribe (como Brasil,
Colombia, Bolivia, Costa Rica, Jamaica, Barbados, etc.), promovidos por el gobierno de EE.UU.,
para lograr, en algún momento, la adquisición suficiente de vitales productos tropicales, que
importaba de Asia (en particular, jebe, quina --sin sustitutos químicos todavía--, café, té,
alimenticios varios, etc.), en peligro de faltarles por la guerra con el Japón; y los de África, por
acción de los submarinos alemanes en el Atlántico.

176
hicimos muy buenas migas; pues era muy alegre y simpático. Hablaba el
castellano con marcado acento de gringo. Pero espiritualmente se había
acriollado de un modo notable. Lamentamos no volver a verlo por algunos años.
Sin embargo, cierta vez, como unos cinco aniversarios después de tales hechos,
me crucé con él en el Jirón de La Unión:
--¡Oh Mister Russell! ¿Cómo está usted?-- Le dije con alegría y afecto, al
mismo tiempo que lo abrazaba efusivamente.
--¡Ouh moi bien! ¿Y usté? ¿Sou amigo Vega?-- Respondió e inquirió a su
vez, con calurosos abrazos, francas sonrisas e intensamente alegre de ánimo.
-- Todos y todo muy bien Mr. Russell. –continué-- Pero nosotros lo
hacíamos en los EE.UU. ¿Habrá viajado con frecuencia a su país?
-- ¡Oh nou! No he vuelto más -- Replicó resuelto, sorprendiéndome,
siempre con su acento de gringo bonachón.
-- Pero ¿cómo que no ha vuelto, ni de vacaciones siquiera? ¿A su tierra, a
su propio país? Que es grandioso verdaderamente.
-- ¡Oh nou! Nou mi gousta ya. -- Remarcó, acrecentando mi sorpresa.
-- ¡No le gusta ya EE.UU.! ¿Y por qué?... ¿Se puede saber? -- Insistí,
desbordando curiosidad y asombro...
-- ¡Hay moucho gringou!
--¡¡¿?!!...
Me quedé mudo. El simpático sajón americano, le había tomado --pese a
todos nuestros llamados ‘defectos nacionales’-- ¡un gran cariño al Perú! Gusto al
espíritu criollo --se puede suponer--, por la acentuada sensibilidad, la humanidad
que exhala todo el ser peruano. De indudable raigambre mestiza,
iberoamericana. Es lo que se denomina también, calor humano. ¡No quiso volver
a su patria! Al país que, por súper desarrollado y liberal, estaba generando, ya
desde antes, un extremo individualismo materialista. Una sociedad que venía
mostrando los signos de su deshumanización y decadencia espiritual. Si bien, en
lo material y tecnológico, acrecentaba y acrecienta todavía --por una evidente
capitalización colectiva gigantesca e inercia histórica innegable--, un
deslumbrante desarrollo.
Curioso y triste resulta, al mismo tiempo, observar cómo muchas veces
son los extranjeros quienes aprecian mejor los valores reales de nuestra
sociedad peruana. Del ser nacional. Y ¡qué lamentable! es percibir el servilismo
de quienes, a fardo cerrado, aceptan, promueven y propagan, muchos
sinvalores y hasta contravalores extraños. ¡Por el sólo hecho de ser extranjeros!
No se sabe apreciar, con dignidad, y aprovechar, lo realmente valioso de las
naciones poderosas, sin avasallar lo propio, ni dejar de lado un elemental
sentido crítico, para poder decantar lo que fuere de verdadera utilidad y posible
adaptación de lo foráneo. Ciertamente, las canteras de las mayores
huachaferías, entre muchos de nuestros compatriotas, se hallan en los campos
de la incondicional y servil imitación de lo extranjero.

177
Recuerdo, de aquellos tiempos, múltiples muestras de simpáticas y sanas
reacciones en nuestros pueblos hermanos de Iberoamérica. Un famoso cantante
mejicano, Tito Guizar, hizo inolvidable --aparte de su famosa canción: “Allá en el
Rancho Grande”-- una seguidilla en octosílabos, que decía, más o menos, así :
Son nuestros primos del Norte
Soberanos del invento
Pues siempre buscando están
Un nuevo procedimiento
Dicen que van a inventar
El amor modernizado
Que consiste en besos dar
Por tubo esterilizado

Prefiero mis porotitos


Y el amor con sentimiento...

-----

Terminada esta suerte de episodio de talante narrativo-filosófico, diremos


que, proseguido el viaje de regreso a Lima, sin mayores novedades dignas de
mención, llegamos a nuestras casas y a la Escuela de La Molina. En plan de
continuar los estudios, iniciando el cuarto año de Agronomía y para Alberto y
para mí, el último de la Adolescencia...
-----

El Idealismo Múltiple.- Hacia abril de 1,942, por cumplir los 20 años de


mi edad, estando por salir de la Adolescencia, y comenzando el cuarto de
estudios superiores, como he dicho, yo tenía, claramente definido, un Ideal de
Vida (programa en pos de valores de alta jerarquía espiritual), apoyado en una
definida Vocación Profesional (aptitud y placer en el ejercicio de una
profesión).75 El patriótico propósito de contribuir al inmenso esfuerzo de
Conquistar y Desarrollar nuestra Selva, sustentado en la profesión de Ingeniero
Agrónomo, especializado en Zootecnia Tropical.
Pero otras vocaciones e intentos idealistas adicionales comenzaban a
germinar en mi espíritu. Y si bien ellas habrían de encender, intensa y
gratamente, un fuego interior, un calor inefable, no dejaban de causarme
algunos desconciertos e incertidumbres:

75
Conocemos que si la vocación es referida a una actividad profesional o productiva, se habla de
“Vocación Profesional”. Pero cuando está --como puede y suele estarlo, para mejor-- dirigida a
las artes, las ciencias, la religión, la política, etc., en general a diversas actividades superiores
del espíritu, no necesariamente “utilitarias”, recibe el nombre correspondiente a cada una de
ellas. Por ejemplo: “Vocación Científica”, “Vocación Religiosa”, “Vocación Política”, etc. Algunas
profesiones pueden significar una dedicación simultánea, sobre lo utilitario, material y directo, a
las ciencias, las artes, la política, la religión, etc. Los casos de la Agronomía y la Zootecnia,
pueden ser ejemplos de vocaciones: bivalentes: Profesional y Científica.

178
Me ocurría tener dado por cierto, hasta entonces, que el Ideal y la
Vocación, sobre la cual el primero suele sostenerse, deberían ser únicos y
concordantes entre si. Pese a estar fresco el recuerdo de nuestro profesor, el
Ingeniero Portocarrero, de quien nos quisimos burlar, precisamente por sus
aficiones a versos y poemas. Lo cual nos parecía “fuera de lugar” en un
Ingeniero.Civil. Felizmente, su aclaración nos había hecho tambalear en esa
errada y nociva convicción: La de Vocación e Ideal únicos y excluyentes.
Iniciándonos en un cambio de mentalidad, más acertado al respecto.
Surgían varias interrogantes: ¿Es común que los adolescentes y jóvenes
puedan definir fácilmente una Vocación Profesional y vislumbrar un Ideal de
Vida? ¿Es posible perseguir varios Ideales y practicar varias Vocaciones,
simultánea o alternativamente en la vida? ¿O se debe tomar decisión por una
sola vía?... ¡He aquí unas cuestiones de inmensa importancia!
Poco a poco, por la experiencia, las lecturas, y por espontáneos
razonamientos, pude ir dilucidando tales asuntos. En primer lugar y en verdad,
son relativamente muy pocos los que pueden llegar a definir una Vocación y un
Ideal; pero los hay; constituyendo sano deber intentarlo. Y, dentro de esos
pocos, lo cierto también es que son ya mucho más raros, aunque felizmente
también los hay, quienes pueden lograr –resultándoles muy venturoso--
múltiples Vocaciones e Ideales. Inclusive varios, hasta en apariencia
contrapuestos76. Y simultáneos, en corto número; o sucesivos en mayor
proporción… Me permito creerlo, que valdrá la pena exponer, en cierta mayor
profundidad y analizar y dilucidar el asunto, en el curso de este libro. Aunque
fuere --o mejor-- por partes. Conforme vaya resultando oportuno.
-----
Regresando de Tingo María, volvimos a la normalidad y a la cierta rutina
de nuestras clases. Progresando, empero, en la formación profesional, con el
ingreso paulatino a los cursos de aplicación y dejando atrás, en el avance, a los
de carácter más general. Con el mayor agrado para nuestra vehemente
percepción juvenil referida a estas cuestiones curriculares.
Paralelamente y en particular para los fines de contribuir a mi sustento,
continué dando clases en forma individual y a domicilio, a jóvenes de
secundaria, en materias referidas a matemáticas y ciencias físico-químicas y
biológicas, como ya he indicado.
Descubrí que me agradaba mucho --y me sigue agradando intensamente-
- enseñar. Uno de los motivos de esa satisfacción –pienso-- estriba en que, al
enseñar, se aprende más que sólo estudiando. Suelen decir experimentados
pedagogos: “Cuando se debe enseñar como uno, es necesario saber como

76
Es el caso de la Política, de práctica en las ciudades (polis=ciudad) y entre muchedumbres,
con la Agricultura, propia del campo y de la casi soledad. El ejemplo histórico más conocido es el
de Cicerón, notable político romano, senador y varias veces cónsul; conductor de su predio
agrícola: Túsculo. Era, además, Filósofo, Escritor y Orador. Precisamente, una de sus
extraordinarias obras, fue titulada: “Cuestiones Tusculanas”. Alcanzó, en dichos órdenes, los
más altos niveles humanos, en el mundo entero y para todos los tiempos.

179
diez”. Entre otras razones para afrontar con seguridad, amplitud suficiente, a
satisfacción, las preguntas de los alumnos... ¡Que nunca faltan! Ni deben faltar.
De acuerdo a las más elementales normas de Pedagogía. Para hacer, a lo
enseñado por el maestro, más preciso y entendible; volcando así mejor su
saber, con nitidez, a los discípulos…
Se satisface así --primero en cuanto al mismo profesor--: “El ansia de
saber”. Inquietud de toda inteligencia vigorosa. Cuyo espíritu disfruta, de ese
modo, de los inmensos e integrales placeres del estudio: (adquirir
conocimientos), aprender (grabarlos en la memoria), y enseñarlos (transmitirlos).
“Enseñar al que no sabe”, es uno de los mandamientos de la Caridad
Cristiana; como “Dar de comer al hambriento”, “Dar de beber al sediento”, etc.
Produce la enorme satisfacción espiritual que causa toda realización de una
obra de Bien.
Cuando la enseñanza se realiza en salones de clase, ante alumnos en
grupos relativamente numerosos, se adquiere y ejercita, además, el llamado
dominio de escena (aplomo de la Personalidad), consustancial, propio, de la
Oratoria (en estos casos, la Académica). Al decir de Cicerón:
“La Oratoria constituye la actividad cumbre en la superación
personal y la más agradable que pueda darse en lo espiritual” .77
La buena relación entre profesor y alumnos es fuente de las más intensas
satisfacciones magisteriales. Y factor muy positivo en el destino de los
discípulos; así como para la sociedad en que maestros y alumnos se
desenvuelven.
En pocas palabras, la Vocación por la Enseñanza y los Ideales
Educativos que le están ligados --la superación de las personas y la más
trascendente de las sociedades--, se cuentan entre las satisfacciones
particularmente hermosas y gratificantes que puedan darse. Y no se oponen,
sino por el contrario es posible combinarlas, en la práctica, con las de otras
actividades de nobleza semejante.
Yo comencé a percibir, gran parte de lo dicho, desde el dictado de mis
primeras clases personales. Habría de tener, posteriormente, ocasión de
enseñar en colegios y universidades. Y realmente no tengo palabras para
expresar --de mi experiencia propia-- todo lo de invalorable que ofrece esta
dedicación. Ya habrá oportunidad de referirnos a ello, aunque solo fuere
precisándolo algo más.
En otro campo, al poco tiempo de arribar a La Molina, como he narrado
en parte, me hicieron miembro de la Directiva de la revista de los estudiantes,
llamada ”Agronomía”; como uno de sus redactores. En ella se publicó mi ya
mencionado trabajo, sobre un suelo agrícola de Cañete. Viene empero más al

77
Es muy importante no equivocar a la Oratoria, técnica y arte que culmina el desarrollo
espiritual humano, con la verborrea, la huera charlatanería, ni siquiera con la llamada facilidad de
palabra; que se confunden, muchas veces, con la dificultad de quedarse callado.

180
caso remarcar el hecho de mi participación, por primera vez en la vida, en los
trabajos de una publicación periódica impresa. Ello me abrió los ojos sobre sus
potencialidades en pro del idealismo en el propio marco existencial. Lo cual
habría de captarme, en varias oportunidades y en gran medida, con arrolladora
intensidad, por sus fascinaciones anímicas.
¡El Periodismo! Medio de difusión de potencialidades masivas, es --en
principio-- una excelente y noble vía para satisfacer el ansia humana de
intercomunicación intelectual; aunque --por desgracia-- suele también incumplir,
de modo deplorable, sus normas éticas. Y tanto mayores son sus efectos,
positivos o negativos, cuanto pueden ser el sentido y la magnitud con que
satisface los perennes mandatos morales. Cuando su orientación es
encomiable, se cuenta entre las incitaciones más vigorosas y nobles hacia el
Idealismo Vital.
Casi nunca es, pero podría y debería ser, una forma de influir, llevar
adelante, hacer triunfar, doctrinas, ideas, e intenciones generosas y positivas.
De combatir a las negativas o perversas, que suelen --incluso en predominancia-
- servirse del mal periodismo, con fines protervos. Descalificándolo entonces,
haciéndolo moralmente minúsculo o francamente negativo. Resulta así: banal
(superficial, frívolo), venal (mercenario, vendido, ventral o materialista),
“amarillo”, “basura” (grotesco, vulgar, escandaloso, pornográfico, extorsionador).
Habré de narrar cómo anduve, en varias ocasiones, a posteriori de estos
iniciales pininos, por los cautivantes terrenos del Periodismo. Los de las letras --
por inherencia específica--, apasionadas y combativas. Pero en este momento,
sólo considero procedente referirme al inicio de la trayectoria; para comentar
después con mayor amplitud lo que la dedicación periodística puede ofrecer
como aleccionadora y gratificante.
-----
Volviendo a nuestra vida estudiantil, aunque un poco al margen de los
estudios mismos, indicaré cómo por aquellos días del año ‘42, ya nos
apasionaba también otro campo: El de la Política (con mayúscula). Que no el de
la "politiquería" (o política, con minúscula). En particular, por el curso de la II
Guerra Mundial, cuyos puntos de máxima tensión venían alcanzándose, en
aquellos días, en ámbitos nacional y universal.
Esa terrible conflagración, no solamente tomó ribetes apocalípticos, por
sus destrucciones materiales cataclísmicas, sus inhumanas matanzas masivas;
sino que, colocó en pugna abierta y feroz, a las tres entonces predominantes
Concepciones del Mundo:
El Liberalismo y el Marxismo, aliados (¡?), por una parte; contra el
Fascismo, en el bando opuesto. Y, claramente al margen, dejaban a la Visión
Cristiana; ésta, ya hacía muchos años, progresivamente relegada del escenario
moderno y contemporáneo; desde los preludios de las revoluciones francesa
(1,789) y rusa (1,917); segregada de las grandes adhesiones y decisiones,

181
políticas, económicas, sociales, científicas, filosóficas, artísticas, y culturales en
general.
Los “aliados”, Liberales y Marxistas, lucharon a muerte contra el
Fascismo. Repitiendo de semejante modo, pero en mucho mayor escala, y sin la
intervención católica, el antecedente o ensayo, de la sangrienta Guerra Civil
Española.
En el Perú la gente pensante y cada vez un mayor número de la poco
cerebral, iban tomando apasionado partido en esta gigantesca pugna, bélica y
político doctrinaria. Por supuesto, muchos oportunistas estaban a la expectativa
de quién pudiera triunfar --momentos hubo en los cuales pareció cercana la
victoria alemana y del fascismo-- para proclamarse del lado del vencedor y
sacar, como es común, todo el provecho posible de tal situación.
En el curso de la Guerra, las noticias y los comentarios venían, en
cantidades y orientaciones, bastante acomodadas en favor de los “aliados”.
Especialmente a partir de la entrada de los EE.UU. De cuya dependencia no
hemos podido --ni querido-- zafarnos casi nunca. Las agencias de noticias más
poderosas eran norteamericanas. De tal modo, la mayoría de la gente en el
Perú, era ‘partidaria’ de los aliados:
-- ¿Adónde vas Vicente?
-- ¡Adonde va toda la gente!
Sin embargo, llegaban noticias y otros elementos de juicio procedentes de
Alemania, Italia y España. Digamos en un 20%. Se podía escuchar comentarios
radiales en español procedentes de Alemania; y leer los textos de los discursos
de Hitler y Mussolini... ¡Qué hubiera sido oírlos! Ambos, oradores fuera de serie.
De una estirpe hacía tiempo desaparecida del decadente mundo burgués.
Estaban muy por encima --años luz-- de los líderes, en general mediocres, de
las ‘democracias’ liberales. Y también de los gélidos burócratas,
deshumanizados, del comunismo. A lo dicho se sumaban los asombrosos éxitos,
desde tiempos anteriores a la Guerra, del desarrollo económico y social; así
como de la elevada moral colectiva y el resonante entusiasmo patriótico,
mostrados por Alemania e Italia. Realmente envidiables --dentro de una “santa
envidia”--, para nosotros los jóvenes peruanos, inmersos como estábamos, en
una sociedad tan deprimente y deprimida ella misma.
Aparte de los fulgores de su aliada España, renaciente vigorosa, de ruinas
y cenizas. Así como del Japón, de acelerado y prodigioso desarrollo económico
y social, con grandes triunfos recientes obtenidos en Asia.
Agregábanse --a todo ello-- las espectaculares victorias y hazañas
militares de Alemania. Dando la impresión de ser una especie de Esparta del
siglo XX. Lo cual hacía acrecentar, en mucho y a no pocos, las simpatías por “El
Eje”. Como se llamaba al bando ítalo-alemán, al que se sumaría Japón.
Prominentes y en importante medida numerosas personalidades políticas,
de la cultura y del periodismo en el Perú, se declararon, abiertamente,

182
partidarias de Italia y Alemania. Lo cual no quita que, una vez caídas estas
potencias... ¡Nadie lo fue!... Así es la vida... Y la gente.
Yo había tenido ocasión, años antes, en el Colegio Italiano, de recabar
algunas informaciones acerca de los perniciosos actuares de la judeo
masonería. Ellas me permitían, por lo menos, no caer en las trampas --hechas
para el vulgo o las masas ignaras-- confeccionadas por la propaganda
norteamericana. Podía así “separar el trigo de la granza”, en lo referido a las
noticias y comentarios periodísticos sobre la feroz contienda.
Por otra parte, en verdad y pese a su intensísima propaganda, los aliados
no daban muchos motivos de simpatía. Sobre todo, al comienzo de la guerra. En
la que, además, siempre perdían las batallas... ¡Hasta corrían!... Y mucho. Como
en Dunquerque, África del Norte, Filipinas, etc.
Se proclamaban “Campeones de la Libertad”, pero mantenían un
oprobioso poder colonial: en la India; en China (Hong Kong, desde la
inconfesable “Guerra del Opio” inglesa); en Indochina y la Polinesia (por
Francia); en Indonesia (Holanda); en varias otras porciones del Asia; en el
África; en numerosas islas del Caribe; en Filipinas (EE.UU.). Hasta en Europa
misma, su prepotencia humillante se daba por Inglaterra en Gibraltar; como en
Malta, Chipre y Creta. Y, en América, Las Malvinas, Esequibo (de Venezuela, en
las Guayanas), Belice (en Guatemala), también por Inglaterra; Panamá (Zona
del Canal); Guantánamo (en Cuba); Puerto Rico, por EE.UU.; etc…
¡Desmentían, con hechos, tan fingidos asertos!
Además, su sociedad, aunque ostentaba, por evidente inercia histórica,
un indiscutible y elevadísimo nivel de desarrollo económico y tecnológico –
material--, comenzaba a mostrarse decadente, frívola, escéptica y viciosa.
Continuaba siendo acentuadamente individualista y segregante; contra las
minorías consideradas 'inferiores', entre ellas, la nuestra: los ‘hispanos’. Y sus
políticos se ofrecían de una mediocridad lamentable. Poco digna de simpatías. A
pesar de la apabullante y costosísima propaganda empleada en el intento de
formar opinión y sentimientos favorables hacia ellos… en todo el mundo.
Lo anterior, sin necesidad de referirnos al sector marxista o comunista...
¡sus ‘aliados’!... De ferocidad satánica. De verdadera furia homicida. En
magnitudes que no tienen paralelo o precedentes. Que ni siquiera son creíbles o
imaginables, por mentes desinformadas. Ni pueden describirse con palabras.
Los politiqueros locales --de ocasión ‘en el candelero'-- cantaban en el
coro pro aliado. Sin poder ocultar sus ansias de recibir recompensas políticas y
crematísticas. Nuestro presidente Prado --ligado a la argolla bancaria, por el
Banco Popular-- se proclamó: “Campeón de la Democracia”... ¡Y era un
dictador!... En el sentido corriente de la expresión; aunque, más cierto, cabeza
de una dictablanda…de farándula, chicha; pero bastante autocrática o
autoritaria...

183
Así las cosas, algunos pocos de nosotros, en la Escuela, simpatizábamos
con El Eje. Por supuesto, la mayoría de nuestros compañeros, siguiendo la
corriente, estaban por los “aliados” (¡comunistas incluidos!)...
¡Se armaban unas discusiones de Padre y Señor mío!
Cierta vez, estaba yo metido en toda la candela de una ardorosa disputa
sobre la guerra. Solitario, por el bando del Eje. Contra una bulliciosa turba,
constituida, en abrumadora mayoría, por numerosos compañeros de nuestra
promoción, pro aliados decididos. Aunque poco lúcidos, la verdad. Como sucede
con los seguidores, a raja tablas, que son ganados por las propagandas masivas
de intencionada superficialidad.
Me desesperaba en argumentaciones que suponía sólidas, pero nadie
escuchaba y el encono del debate se acentuó progresivamente. Ocurría esto en
el interior de uno de los grandes ómnibus que nos trasladaban, dos veces al día,
de Lima a La Molina y viceversa.
Discutíamos sobre el origen y la culpa de la Guerra. La mayoría
vociferante rugía manifestando que... ¡por supuesto! el culpable era Hitler.
‘Quien ordenó la invasión de Polonia’, lo cual habría desatado la conflagración...
Yo trataba de hacerles ver que los hechos políticos casi nunca eran tan
sencillos, ni se debían juzgar tan aislados; que se encadenan de un modo muy
complejo; que la II Guerra Mundial no era sino la continuación o consecuencia,
hecha inevitable, de la Primera78. La cual fue promovida, en pura verdad, por el
Capitalismo Financiero anglo-franco-norteamericano, dominado por el Judaísmo
Internacional y encarnizado rival del emergente Capitalismo Industrial y Nacional
Alemán (de fresco inicio Prusiano); bastante más libre éste, de ese Poder
Mundial; que fue el que realmente promovió después, también y de modo
parecido, pero con mayor ímpetu, a la Segunda.
La primera guerra había culminado con el nefasto e infame Tratado de
Versalles. El cual no satisfizo a los vencidos por supuesto, pero ni siquiera a
todos los vencedores. En realidad, mereció general y acentuado repudio.
Precisamente, creó --entre muchos otros desaguisados-- el problema del
llamado “Corredor Polaco”; que, de modo inaceptable, partía en dos al territorio
nacional de Alemania. Constituyendo ello la causa principal del ‘conflicto polaco-
alemán’; de origen así bastante artificial y malévolo. Y que, además, fue azuzado
con impracticables y falsas promesas de apoyo a Polonia por parte de los
“aliados”.79
Hitler no tuvo, ni pudo tener, nada que ver, con la generación ni la
conducción de la Primera Guerra Mundial; así hubiese querido hacerlo, pues
78
Algunos historiadores han considerado y llamado --con sobrada razón-- a la suma de la
Primera Guerra Mundial (1,914-1,918), con la Segunda (1,939-1,945), más algunas menores,
complementarias e intermedias: “La Guerra de los 30 Años del Siglo XX”.
79
La falsedad de la acusación contra Alemania, por la ‘responsabilidad de la Guerra’, quedó
finalmente al descubierto, al término de la contienda; comenzada, según se dijo, en defensa de
Polonia y de su Democracia; sin embargo dejadas de su cuenta en manos enemigas. Quedó,
Polonia y su 'democracia’ ¡cercenada ella y sometidas ambas, al poder de Rusia comunista!

184
apenas era entonces, muy joven, cabo del ejército alemán; si bien fue muy
valiente, herido y condecorado hasta dos veces. Por lo tanto, no pudo ser el
culpable de la Segunda, consecuencia y continuación de la Primera.
Precisamente, la II Guerra se desató, resultaba inevitable, en razón
principal del dicho Tratado de Versalles. Que motivó y dio banderas a los países
que perjudicó; entre ellos hasta Italia y Japón de los vencedores, y Alemania y
Austria de los vencidos. Adicionalmente, los otros vencedores, favorecidos con
abuso, como EE.UU., Inglaterra, Francia, etc., por el Tratado de marras, se
trajeron perdida malamente su autoridad moral en lo internacional y cualquier
entusiasmo para defender a tan malferido mamotreto 'diplomático'.
Estábamos en semejante discusión, cuando desde el fondo del vehículo,
en lo más intenso de la batahola, salió una voz a todo pulmón, profiriendo,
tronante de indignación, de santa ira, las siguientes palabras:
-- ¡Cállense animales!... Cubas tiene razón. Ustedes solamente repiten
como loros lo que reciben de la propaganda norteamericana; sin analizar nada.
¿Qué defienden EE. UU. e Inglaterra? ¿La Libertad? ¿Y Filipinas y la India?...
¿La Democracia? ¡Si ellos son verdaderas Plutocracias! Sus gobiernos los
hacen con elecciones y las elecciones con plata, luego, allí manda el dinero.
¡Son Plutocracias! Y los plutócratas mas poderosos y organizados son sus amos
los judíos. ¡Tiene razón Hitler, cuando los combate!80 Y ustedes ¡no sean tan
bestias!
Me quedé perplejo. Atónitos todos. Por tan vigorosa y resuelta
intervención a mi favor; al lado de un bando inframinoritario. Por añadidura, en
forma extremadamente altanera y agresiva, contra nuestros desprevenidos pero
notoriamente mayoritarios opositores. En algo fundamental, en asuntos de
doctrinas políticas, en ellas muy desinformados, pero eran compañeros de
estudios y buenos muchachos, a quienes, en el fondo, queríamos muchísimo.
El que había hablado –gritado-- era Luís Córdova. Un alumno compañero
de promoción también y personaje muy singular. Que habría de ejercer, a partir
de entonces, una gran influencia en mi existir. En tal circunstancia, su
personalidad me llamó poderosamente la atención, como es fácil comprender.
Luis A. Córdova C., por desgracia fallecido hace poco, era en lo personal
especialísimo por sus cuatro costados. Había pasado varios años casi
desapercibido entre nosotros. Por su carácter muy retraído, hosco; puede
decirse marcadamente huraño, insociable. Además, padecía notorias
insuficiencias económicas; era pobre de solemnidad. Parecía amargado,
pesimista y a ratos colérico; por lo que echaba frecuentes ‘maldiciones’;

80
En aquel tiempo no había salido todavía la ‘historia’ del “Holocausto”; cuyas espeluznantes
versiones surgieron recién a fines de la Guerra. El tema no era pues materia de discusión, por un
lado; y tampoco se había llegado al caso presente, de que, hasta en un país tenido por
‘democrático’ y sin censura alguna, como la Alemania actual –y hay más-- están legalmente
proscritos el nazismo y el fascismo --¡pero no el comunismo!-- y tiene pena de cárcel quien
públicamente, en forma verbal o escrita, niegue, disminuya, muestre duda, o haga mofa, del
“Holocausto” ¡Hasta dónde llega el peso de la propaganda masiva y de los poderes semiocultos!

185
hirientes, sin mengua de muy agudas e ingeniosas. Por tales razones, vivía
aislado y lo apodaban: ‘amargado’, ‘vinagrillo’, ‘maldito’, ‘satanás’, etc. Casi
nadie percibió, durante los primeros años de estudios, hasta que lo fuimos
conociendo mejor, sus reales y grandes cualidades. Entre otras, una inteligencia
superior y una cultura singular. De niveles increíbles, de asombro, para jóvenes
estudiantes de nuestra edad.
La discusión, con el pleito que Córdova se compró, evidenciando una
simpatía hacia mí, largo tiempo guardada y no del todo explicable, concluyó más
o menos a capazos y con la finalización del viaje del ómnibus. Pero la afinidad
que comenzaba a manifestarse entre nosotros y mi reconocimiento por su
defensa, nos llevó a buscar oportunidades de conversaciones y mayores
contactos personales.
Así me enteré que almorzaba, todos los días, en una modesta casucha y
restaurantito anexo, de la "ranchería" de La Molina; que me recomendó como
barata y de muy buena sazón. Naturalmente, almorzar allí significaba una gran
economía de dinero, de tiempo y trajines; frente a los viajes que los otros
muchachos tenían que hacer en los más viejos que benditos ómnibus de la
Escuela... Y, efectivamente, en la tal fonducha, hacían un lomito saltado ¡de
chuparse los dedos!... Entre otros festines del culinario género criollo.
A partir de entonces, sostuvimos con Lucho --así comencé a tratarlo--
unas largas ‘sobremesas’, en las que cada día me sorprendían más su cultura y
su saber. Cuánto mayores eran las sorpresas, puesto que, como estudiante, en
los cursos profesionales, no brillaba precisamente entre los primeros, ni mucho
menos. Más bien --o mal-- estaba entre los últimos. Percibí que ello era
consecuencia, más que todo, de una marcada rebeldía personal contra “el
Sistema”. Que nos rodeaba, ahogando a muchos. Su cultura general,
humanística, en cambio, era sorprendente. Así como su afición a la lectura de
calidad selecta. Escribía muy bien, con ortografía y redacción impecables. Y
hasta versificaba con extraordinaria facilidad. Conocía de los griegos y romanos,
así como de los clásicos de la Lengua Castellana y de las traducciones y
originales de los grandes, en los principales idiomas europeos.
Cada vez descubría más cualidades y facetas de la personalidad de
Lucho: Un singular sentido del humor --especialmente en el campo de los
contrastes y de lo inesperado--, pese a su ‘amargura’ aparente; a una
delicadísima sensibilidad y dignidad humanas. Las que habían permanecido,
durante largo tiempo, encubiertas y hasta haciéndose increíbles, por los efectos
de negativas apariencias. Naturalmente, mi estimación por él crecía de continuo.
Lucho estaba familiarizado con las grandes obras nacionales y
universales, de la Literatura, la Filosofía, la Religión, la Política, la Ciencia, y de
cuanta disciplina elevadamente formativa pudiera tratarse. Le eran familiares: la
Mitología Griega, Homero, Virgilio, Platón, Aristóteles, Cervantes, Voltaire, Le
Bon, Darwin, Adam Smith, Garcilaso, Ricardo Palma, González Prada, José
Ingenieros, Chocano, Calderón, Zorrilla, Shakespeare, Goethe, Dante,
Schopenhauer, Molier... La lista no terminaría...

186
Nuestras conversaciones de los almuerzos y de sus sobremesas,
mientras los compañeros viajaban, arrebañados en el carromato escolar, nos
permitían volar por los cielos del intelecto y adonde las musas nos llevaran.
Una situación que entonces tomó importancia, en nuestras evoluciones
personales, era la correspondiente a las respectivas posiciones en materia
religiosa.
Sobre Córdova, evidentemente había ejercido particular influencia, desde
su infancia, la personalidad de una tía suya, a quien él admiraba intensamente;
intelectual notable de aquellos calendarios, soltera y con la que viviera algún
tiempo en familia. Se llamaba: María Jesús Alvarado. Mujer muy inteligente y
culta; de avasalladora personalidad. Era ella, además de feminista, iconoclasta.
Lo que se titulaba una pensadora y luchadora de “avanzada”, de “izquierda”. En
una época en la cual dicha posición era con frecuencia seudo romántica,
‘idealista’. Pese a provenir de los pagos del marxismo, sistema esencialmente
materialista y positivista. ¡Contradicción intelectual, no rara sino frecuente,
entonces y siempre!
En los campos de lo Trascendente, la tía era... ¡antirreligiosa y atea!
Lucho, sumergido con nuestros contemporáneos en una sociedad más hipócrita
que religiosa y con numerosos ateos, ya casi lo era; asimiló, hizo suya, tal
posición. Pero, curiosamente, nunca absorbió --todo lo contrario, detestó-- al
marxismo; concretamente al comunismo. Hasta simpatizó con el nazismo de
Hitler; en menor adhesión, con el fascismo de Mussolini; y desdeñando a Franco
de España.
El hecho se explicaba, en gran parte, porque ‘metido de cabeza’ en los
terrenos de la más elevada cultura --producto de genialidades--, no se le
cocinaba --aunque sólo fueran proclamas-- eso de ‘las masas al poder’. Y,
arequipeño hasta la médula, amante de su terruño, de su Patria Chica, no
comulgaba con las ruedas de molino del ‘internacionalismo proletario’ apátrida.
Así, era ‘comecuras’ a rabiar, pero no comunista.
En verdad, no tuvo muchos enfrentamientos conmigo en tales campos y
en esos tiempos. Pues, en materia religiosa, si bien yo me había educado y
formado en familia y colegios católicos, ya en la adolescencia, en ese lapso
precisamente en que conocí a Lucho Córdova, había enfriado mi sentimiento
religioso. Por no decir que hasta lo había abandonado.
La razón estribaba en el espectáculo ofrecido por los católicos
contemporáneos. En su inmensa mayoría, exclusiva y acentuadamente
beatunos y rezadores; casi cobardones; muy pedigüeños y milagreros, cándidos;
de general y ostensible adocenamiento intelectual y moral. Presentaban --y en
gran medida siguen presentando, por desgracia-- una figura distinta a la de los
católicos que yo en verdad admiraba y admiro cada vez más: La de sus
Apóstoles, Mártires, Misioneros, Cruzados y Caballeros. De sus Santos, Sabios
y Héroes. De los Descubridores, Conquistadores y Colonizadores de América.
La de quienes hicieron el Renacimiento y el Imperio Hispano. La de los
creadores de Artes y Ciencias. De los constructores de Catedrales y Naciones.

187
En fin, todas las formas, realmente asombrosas y venerables del Catolicismo
Luchador y Constructor. De sus seguidores auténticos, obreros y soldados de
Cristo.
Fácil fue que Lucho me alcanzara entonces unos libros de Voltaire –muy
agudo en el pensar, sibilino en los análisis-- y de González Prada --elegante
escritor, de estilo arrebatador, en los adolescentes ciertamente engañador--,
para que yo terminara, hasta por un tiempo bastante prolongado, cayendo en el
error de tomarlos demasiado en serio.
Más tarde, felizmente y con los años, por el estudio, así como por la
reflexión y observaciones más profundas, con el sano influjo de quien sería mi
novia y después mi esposa, católica sincera y piadosa, como pocas ella, de una
bondad y dulzura inefables, acabarían por hacerme comprender la verdadera
significación de estos asuntos. Enmendaría, para bien, las rutas de mi reflexivo
pensar y profundo sentir, en lo religioso, filosófico, y moral. Como habré de
explayarme en posteriores y debidas oportunidades.
Conversábamos con Lucho de todo lo valedero, en especial acerca de la
Revista “Agronomía”, de sus deficiencias en esos momentos y de lo que se
debiera hacer al tomar su Dirección. Como habría de suceder al año siguiente.
De semejante modo, hablábamos sobre Política Nacional y Mundial.
Pensábamos:
¡Qué hermoso sería poder luchar, alguna vez, por cambiar a la Sociedad
tan degradada y degradante que nos estaba tocando vivir!... ¡Regenerar al Perú!
Comenzaba a germinar en nosotros, a bullir, otro empeño: el Ideal
Político.
-----
Avanzando en el año 1,942, en un intervalo abierto en el curso normal de
nuestros estudios, realizamos una excursión promocional al Norte del Perú; con
especial dedicación a los departamentos de Lambayeque y Piura. Ello nos
permitía seguir completando, muy gratamente, nuestro conocimiento del Agro
Peruano y del Perú en general.
Varias otras experiencias y observaciones, que huelga comentar aquí,
tuvieron lugar concluyendo el ciclo académico del ’42; el penúltimo y 4º año de
nuestros estudios. Último de mi Adolescencia e inmediato anterior al inicio de mi
Juventud. Había definido ya, una principal Vocación Profesional y un
concordante Ideal de Vida. Sin perjuicio de tener esbozados, también, otros
ideales y vocaciones, de posibilidades complementarias. A concretarse en la
Juventud sobreviniente y en las edades posteriores. .
* * * * *

188
C a p í t u l o VI

La Juventud

D
ivino Tesoro. Así la consideran y la llaman los poetas y los no poetas. Se
la califica universalmente como a la mejor de las edades. No obstante y
sin mengua de nuestro inmenso aprecio por ella, lo cierto es que tan
maravillosa etapa existencial --testimoniando la inmensa Sabiduría del
Orden Natural, obra a su vez de la Divina Providencia-- no escapa a la regla
general siguiente:
Toda edad humana tiende a ser más gratificante que sus anteriores,
como pueden serlo también y progresivamente, respecto a ella, sus etapas
posteriores.
Pese a constituir, como generalmente sucede, la Infancia una edad tan
encantadora, por diversas razones, ningún Adolescente suele desear volver a
ella. Por otra parte, a pesar de ser, por añadidura, la Adolescencia una edad de
más deleitables ensueños y embelesos que la Infancia misma, ningún Joven
querría regresar a cualesquiera de ambas etapas anteriores. Agreguemos, que
quien está en la Madurez --bien orientada--, época de las mayores realizaciones,
tampoco retornaría, por vía voluntaria, si pudiera, a su Juventud. Y, por último, el
que habiendo sabido vivir, se encontrare en la Ancianidad, habrá de darse
cuenta --como aquí trataremos de demostrarlo--, que ésta puede ser la mejor de
las edades. Que el anciano deseará seguir viviendo; que irá perdiendo
progresivamente el temor a la muerte, si lo hubiera tenido; y que no hallaría
complacencia en ningún retroceso a un estado repetitivo de su pasado existir.
¡Recibimos la oportunidad de poder vivir en una Felicidad en
permanente ascenso!
¡Bendito sea Dios y su Infinita Sabiduría!
No ha de olvidarse lo ya dicho: El tránsito (con un ligero adelanto en las
mujeres sobre los hombres), de la Niñez (0 a 14 años en varones), hacia la
Adolescencia (15 a 21), es rápido, brusco, tormentoso; pero no sucede lo mismo
con los menos impetuosos de la Adolescencia hacia la Juventud (21 a 40), de
ésta a la Madurez (40 a 60), y luego el de ella a la Ancianidad (más de 60).

189
El Paso del Temporal.- Para un mejor sustento del modo de analizar el
tránsito existencial de la Adolescencia a la Juventud, referiré algunas de mis
personales experiencias al respecto:
Mientras transcurría el año 1,943, cumpliría los 21 años de mi edad,
concluyendo, a sus finales, el 5º de estudios, para poder graduarme de
inmediato, encontrar una colocación profesional y cumplir con el deber social y
moral de asumir mi propio sostenimiento económico, alcanzando así merecida y
responsable independencia –relativa por lo menos--; situación que marca,
además, una diferencia fundamental entre las dos edades en tránsito; en la
segunda de las cuales comienza a intervenir el “sentido de responsabilidad
moral y social”.
La situación familiar nuestra, trastornada por la muerte del conductor
paterno, se había vuelto a normalizar en apreciable medida, como está dicho,
gracias a la excepcional generosidad de mi hermana Ester y de su esposo, mi
cuñado Federico Ruiz Huidobro --concertados ambos--. Así, aunque fallecidos
ellos, hace ya numerosas lunas, la gratitud y el recuerdo nuestros se mantienen,
no sólo imborrables, sino crecientes, en los que fuimos beneficiarios de tanta
nobleza. Reconstituyeron ellos el núcleo de la familia, remplazando, de modo
admirable, al finado padre, titular del clan. El domicilio, para nosotros de
indeleble recuerdo, ubicado en la calle Pachacutec, con el número 1331, del
barrio o distrito de Jesús María, se constituyó, por años, en la Casa de la
Familia. En la concreción de su unidad hogareña. Donde algunos residieron
constantemente y otros con esporádicos intervalos de ausencias, por motivos de
viajes o de cambios de colocaciones de carácter laboral. Era tanta la bondad y el
cariñoso trato de los Ruiz Huidobro Cubas, que todos los alojados en su hogar –
además, por supuesto, de ellos mismos y de sus hijitos ¡encantadoras criaturas!-
-, los hermanos y una tía, nos hallábamos como en nuestra propia casa; o mejor
aún, si cabe decirlo.
La paz y lo afectuoso del ambiente, hacían menos áspero el serenar
progresivo de la adolescencia mía y las mucho menos escabrosas --según creo-
- de los demás hermanos, en cercanas edades. Harto requeridas –todas-- de
relajantes aires, como esos. Especialmente, en lo que me tocaba, por la
posesión de un carácter en particular difícil, para calificarlo de algún benévolo
modo... ¡Y en cuánta medida "difícil"!... ¡Alabado sea el Altísimo!... Los tales
padres adoptivos, colocaban así, muy en alto, su abnegación rayana en la
Santidad. ¡La calidad de bondadosos hermanos mayores, capaces de brindar
tan gratificante hospitalidad!
En tales agradables circunstancias, hablábamos de “la casa de
Pachacutec”, como ”la casa de nosotros”. Pero el mayor de los sobrinitos,
Federico, Fico, no podía, en su media lengua, pronunciar nosotros y decía
“noshotos”... La casa de Pachacútec quedó entonces bautizada, definitivamente,
como... ¡”La Casa de Noshotos”!...
La vivencia en familia, en el hogar ejemplar de nuestros hermanos Ester y
Federico, era así plácida, placentera. Constituyendo la mejor contribución a los

190
buenos tránsitos de la Adolescencia a la Juventud, que comprensiblemente se
aspiraba fuesen de lo más serenos, en los graciosos (?) miembros del clan que
habíamos sentado allí nuestro real.
Federico contribuía de modo excepcional al proceso, pues estaba siempre
listo para resolver problemas, atender consultas, despejar incógnitas y aconsejar
en debida forma a los muchachos. Con suma delicadeza; por oportunas y
atinadas orientaciones. Daba, en cada caso, las que se requerían y sobre ellas,
inclusive con frecuencia alcanzando préstamos de muy buenos libros. La
mayoría de las veces hasta los obsequiaba. Nunca le escuchamos un reproche,
una desentonada queja; ni siquiera por los innumerables desaguisados y
malacrianzas que tan ariscos púberes no hacíamos escasear; siendo asumidos,
por él y su media naranja, con inaudita y santa paciencia. Además, amenizaba la
existencia de quienes lo rodeaban pues poseía desbordante sentido del humor.
Era muy bromista. Contaré una anécdota referida a mi hermano Héctor (cono
Ato, lo bautizaron los sobrinos):
Ocurría que el susodicho fratelo era por entonces sonámbulo, al parecer
incurable. En las noches le daba por salir del dormitorio, golpeteando puertas,
ventanas y mobiliario, con gran estrépito, dando voces en elevados decibeles.
Cual si fuere don Quijote de La Mancha, en el famoso incidente de los odres de
vino, imaginando desaforados gigantes, con quienes, en febril delirio, se trabara
en fiera y descomunal batalla.
Mi hermana Ester, que se asustaba mucho, comunicó sus angustias a
nuestro cuñado, quien tomó la cuestión con evidente sorna y pidió considerar
terminado el asunto, pues él ‘lo arreglaría en dos patadas’... Como que, en
efecto, esa misma noche lo arregló: Federico, bien dormido Ato –quien, en
inocente ignorancia de los dichos pícaros planes, lo hacía profunda y
concienzudamente--, colocó, con sumo cuidado, sobre la puerta semiabierta y
con cierto apoyo en la pared del dormitorio del inefable bullanguero, un gran
lavatorio de fierro enlozado, lleno de agua bastante fría. Y, ya bien entrada la
nocturnidad, salió Héctor armando un gran barullo, como los que venía haciendo
de reglamento; pero, al empujar la puerta, hizo caer el lavatorio, con su acuoso y
frío contenido; primo tempore, sobre su cabeza y luego a sus espaldas. De
modo que, en seguida, quedó totalmente mojado... y despierto. Además de
'curado', para siempre, de sonambulismos de ése y de cualquier género. La paz
volvió a reinar en Pachacútec.
En simultáneo con la placidez familiar, lograba yo buenos amigos;
consolidaba satisfactorias amistades en la Escuela de La Molina, que me
permitían satisfacer las necesidades emotivo-espirituales, casi ansiedades, se
podría decir, de afectos y comunicaciones, que adolescentes y jóvenes
experimentan; habiendo de cubrirlas, so pena de variados traumas o complejos
sicológicos. Tenía, además, con mis hermanos: Daniel, Héctor, Laura, y en
particular con Manuel (“Manongo”) e Isabel (“Chobe”), muy buenas relaciones.
Aparte de las sostenidas con Susana y Ester, las mayores, con lazos en cierto
modo algo maternales más que fraternos. Y la invalorable tutela de la tía Laura

191
(‘Lalita’). ¡Una verdadera santita! Todo contribuía a dulcificar el alma y amainar
cualquier tormenta de adolescencia, en potencial o de inminente estallido.
En cuanto a la circunstancia mía, variados éxitos personales, cada vez
más frecuentes, sumaban su acción para conferirme creciente aplomo,
seguridad personal y autoestima o amor propio. Casi como de un adulto, que ya
no de un niño. Desterrando de a pocos la natural timidez, en mi caso algo
acentuada, pues venía desde la pubertad. Por otra parte, condición del ánimo
frecuente en tal etapa, también llamada: “La edad del pavo”.
Obtenía altas notas en las materias de nuestros estudios y así el prestigio
de buen alumno, de inteligente --que no tanto de “chancón”--, entre los
compañeros, profesores, familiares y amigos. Para no decir excelente y pecar de
vanidoso... más aún de lo hasta aquí hecho. Pero me doy por perdonado,
indulgente y amable lector, en licencia tomada para mejor fundamentar, apoyado
en realidades, mis. asertos referidos a Sicología Humana y a Filosofía de Vida.
En anécdota ya narrada, hice constar cómo gracias a nuestra hermana
Chobe, con motivo de mi viaje de prácticas a la grande y hermosa Hacienda
“Urcón”, ubicada en el Departamento de Ancash y mis cartas tan generosamente
elogiadas por ella, percibí que... ¡podía escribir! Con grandes imperfecciones por
cierto, pero de todos modos bastante mejor de cuanto yo mismo me hubiera
imaginado ser capaz.
Otras misivas a diversos destinatarios, artículos en la Revista
“Agronomía”, así como los temas escritos de nuestros ‘pasos’ y exámenes de la
Escuela, generalmente exitosos, más por su redacción que por su contenido --
según creo--, me confirieron mayor coraje para la expresión escrita. Bastante
decir, ciertamente, dada la innegable influencia de tal logro, en la formación
personal, el aplomo y la desenvoltura de un adolescente y un joven; gravitando
marcadamente en el desarrollo de su propia cultura.
Algo después, como habré de relatarlo, cierto incidente, casi a mediados
del año ‘43, me abriría un horizonte hacia el campo de la Oratoria, en algún
grado exitoso, lo cual sea dicho, con toda sinceridad, sin vanidad, ni alardes de
falsa modestia, llegaría hasta donde yo mismo no lo esperaba. Tales hechos --
natural es en los adolescentes y en los jóvenes, la repercusión positiva de sus
‘triunfos-- me posibilitaron adquirir y consolidar una personalidad lo
suficientemente asentada y resuelta... No en vano Cicerón, hace más de 2,000
años, señalaba cómo la Oratoria, conjunción y fruto de un arte y de una técnica
sublimes, ocupa o debe ocupar, la cumbre del proceso de una cabal formación
espiritual y cultural del ser humano.
El Amor y la Sexualidad.- En el campo de lo sentimental hacia lo
femenino y el de la sexualidad --calderos de las impetuosas efervescencias
adolescentes y juveniles--, el proceso se me presentaba, si se quisiera
calificarlo, algo peculiar:
Respecto a lo primero, diré que una serie de factores me hicieron relegar
el asunto, desde los iniciales tiempos de la adolescencia y durante casi todo el

192
transcurso de ella. Las causas principales estaban en mi original acentuada
timidez ya anotada y en la dedicación absorbente, del ánimo y del tiempo
disponible, a los estudios, que yo hacía por demás empeñosos. Primero, en el
proceso --también referido-- del difícil ingreso a la E.N.A.V. de la Molina; y luego,
en el transcurso de los siguientes ciclos académicos anuales, cumplidos de
modo muy apasionado. Tampoco disponía de suficiente dinero --¡oh esquivo
requerimiento del amor juvenil!-- para afrontar los compromisos que contraen los
novicios enamorados; carencia debida, en lo primordial, a mi temprana orfandad;
por muy neutralizada que ésta hubiese sido, como efectivamente lo fue y en
apreciable medida, por los fraternales auxilios recibidos. De todos modos, y
frente a mis inacabables necesidades, andaba "más calato que un perro chino y
más pobre que una laucha". Menos aún poseía carro,. Instrumento motorizado a
todas luces imprescindible y eficaz --habido en muchacheriles manos--
tratándose de lograr, a guisa de trofeos, seductoras féminas en situación de
merecer...
Total, se pasaba el tiempo. Y fuera de uno que otro escarceo infructuoso,
más platónico que epicúreo, no tuve lo que se llama una 'enamorada de asiento’.
Recién, todavía a fines del siguiente año (1,944) --al de mi egreso (1,943)--,
como más adelante lo ampliaré un poco, fue cuando comencé a conocer el real
Enamoramiento… El verdadero Amor. Y, después de unos cortos años --
noviazgo incluido--, el Matrimonio y la Familia. Sin espejismos ni falsificaciones;
para mi propia Felicidad; comprendida en un simultáneo Idealismo, por esencia
Espiritualista, pero sin mengua de una clara Visión Realista de la Vida.
Mas, volviendo adonde estábamos, añadiré que mi aceptada y hasta
recalcitrante soltería inicial, pretendía sustentarse, además, en un razonamiento
por el cual yo andaba incubando la idea --hube de admitirlo, tiempo después,
clamorosamente errónea-- de que ‘las mujeres distraían a los hombres de las
acciones de elevada significación’. Como las que Lucho Córdova y yo
deseábamos emprender. Y era común observar en personas brillantes y de
notable liderazgo en esas épocas, incluso admiradas intensamente por nosotros,
asumir y ostentar semejante teoría, con sus consecuentes posiciones y
conductas.
En mi afectuoso y amical contacto con quien venía haciéndose mi
"compinche", habíamos llegado a leer, con acentuada devoción --a posteriori
comprendida como improcedente--, a varios autores iconoclastas (demoledores
de creencias veneradas) y misóginos (despectivos hacia las mujeres);
Schopenhauer por ejemplo, quien escribía sentencias como la siguiente: “Las
mujeres son seres de cabellos largos y de ideas cortas” (¡?).
En pocos años, aunque pudiera parecer censurable --pero así hemos
sido, son y serán siempre los muchachos--, con el curso del tiempo, que en esa
edad se percibe muy largo, yo había puesto casi en el olvido, dejado de lado
podría decirlo, la grandeza intelectual y moral de mi madre... En ella, sus
dedicaciones hogareñas jamás se opusieron, sino por el contrario, facilitaron, su
vida matrimonial, el desarrollo de su propia personalidad, y el apoyo a los
ideales de su esposo, nuestro padre. Constituyéndose así, en la más concreta y

193
rotunda refutación que yo podría presentar, del malhadado y tan falaz ‘axioma’;
tan denigrante para el significado de la feminidad, en la vida humana. Siendo
ella, en verdad y por el contrario, complemento indispensable en la forja de una
superior identidad masculina.
Sin embargo, por otro lado, observaba a mi hermana Ester, casi
abrumada por su numerosa prole --¡llegó a tener 7 hijos!-- en las tareas y
preocupaciones domésticas; ellas se me antojaban --en dictamen por cierto
deficiente e injusto-- triviales y de distracción de ‘las cuestiones de mayor
importancia’.
Por esos mismos tiempos, mi cuñado Federico, quien como he dicho era
muy inteligente y culto, se había impresionado sobremanera con un famoso
libro, de innumerables ediciones, de millones de ejemplares, durante muchos
años, en varios idiomas y difundido por todo el mundo, titulado: “Cómo Hablar en
Público, Ganar Amigos, e Influir Sobre las Personas”; obra del autor
norteamericano Dale Carnegie.
El dicho texto, en verdad es un interesante manual, que trata temas de
gran utilidad, con notable ‘sentido práctico’. Ofrece reglas concretas acerca de
las técnicas para hablar bien en público. Y también para, sobre la base de esa
agradable oratoria, y de ciertas normas de cordialidad en las maneras sociales,
poder ‘ganar amigos’ (en el sentido de ser acreedor de una general simpatía) e
influir en las personas. Cosas, todas ellas, requeridas y muy productivas en la
época liberalizada en que vivimos.
Podría decirse que el defecto principal del libro --para un intelecto goloso
de la profundidad, posiblemente en demasía-- estriba en ser algo superficial. Lo
cual, por otra parte y precisamente por eso, facilitaba su masiva difusión.
Cabe remarcar el claro tinte liberal o burgués, positivista, del autor. Toma
a la “tolerancia” como a una herramienta práctica para cierta convivencia suave
y dulce. Aunque ella, en realidad, constituya una despectiva e indiferente actitud
hacia el Prójimo y hacia la Verdad misma. A la que supone variable y por lo tanto
relativa. No deja de ser, incluso, condescendiente con la mentira, tomada, en
todo caso, como falta venial, y también relativa. Así es como entienden los
liberales a la “tolerancia”. La cual, en cambio, bien interpretada, en importante
medida, pero de adecuado modo --como lo hace el Cristianismo--, sí es una
Virtud. La “tolerancia” liberal, implica innegable y consustancial desamor a la
Verdad. No les importa, no les duele tanto, que ella sea agredida, en aras de
“tolerar” situaciones de significado “relativo”. Como les son prácticamente todas.
En referencia al Amor al Prójimo y a otras cuestiones de carácter
espiritual, los burgueses no se entusiasman por apostolados, ni prédica alguna;
y menos pueden llegar al martirio en defensa de alguna fe o de ideales
colectivos. Sostienen --como está dicho y en gravísimo error--, que la Verdad es
múltiple, relativa o variable (con las circunstancias de los tiempos, los lugares, y
las personas). Por lo que, en sus relaciones con el Prójimo, al que, en el fondo,
fríamente menosprecian, lo mejor, lo más "práctico", “productivo y fácil”, es
“dejarlos en su error; para no perder su amistad, y sí más bien, para ganarlos

194
como amigos” (?) ¡Lejano este sentido, del aristotélico de la Amistad! Basada en
la común devoción a la Verdad y al cultivo de todas las Virtudes, que a su vez lo
son de los Valores. No hacen, los liberales, muchos intentos de convencer a
nadie. No lo recomiendan, salvo casos y formas muy especiales, por concretos y
“útiles”. No ingresan a enfrentamientos claros y decididos o extremos. Ni, por
supuesto, llegan a ofrendar los bienes y menos la vida, en defensa de la Verdad.
De Convicciones muy fuertes o de Ideales de hipotética hermosura. Así fueren
puestos en posibles peligros de ultrajes o profanaciones.
De tal modo, impulsado posiblemente por la visión predominante en la
época y por el libro de marras que comentamos, Federico se mostraba poco
dado a discusiones a fondo en materias que por lo general despiertan
apasionamientos y belicosidades, olvidándose las lecciones de los griegos,
acerca del discutir metódico e inteligente, sin mengua de la modestia, ni de la
decisión; con la finalidad esencial de arribar a la Verdad. Y no tanto de vencer o
‘campeonar’. Se vetaban, por los dichos motivos, temas de la mayor jerarquía,
en Religión, Política, Filosofía, Artes, etc. Nunca pude coincidir con ese modo de
pensar --el de Dale Carnegie-- y de actuar en consecuencia; a pesar del
inmenso cariño, respeto y gratitud, que le guardaba a Federico quien, a mi
parecer, tomaba demasiado en serio al citado escritor liberal.
Con toda evidencia, empero, Federico, por su natural modo y por las
ideas que había hecho suyas, se ofrecía muy agradable y simpático ante la
mayoría de las personas. Pienso que le faltaba admitir la diferenciación clara
entre lo que corresponde al sabio --en el sentido clásico grecolatino-- y las
concesiones permisibles al vulgo, a la masa, a las mayorías; valga decirlo, de
una vez, a la mediocridad. Aunque fueren actitudes de generosa inspiración --
como en él lo eran indudablemente--, pero que le hacían perder altura axiológica
y un precioso tiempo. Además de mermar la plenitud de las posibilidades
ofrecidas por sus innegables cualidades intelectuales y morales. Creo que, en
realidad, se desperdiciaba en apreciable medida.
El ambiente en “La Casa de Noshotos”, si bien llegaba a un altísimo
rango, tratándose de la armonía y los afectos hogareños, refiriéndonos ya al
nivel del enfoque de los temas en las comunicaciones intrafamiliares, diríamos,
en cambio, que no estaba en concordancia con las calidades intelectuales y
culturales de los más destacados miembros del clan. Me reafirmaba, así, en el
error sostenido por entonces y con frecuencia, de que: En el ambiente de las
familias no se podía ascender a las cumbres de la cultura y del intelecto
humano.
Me olvidaba del ejemplar logro de nuestros padres en “San Nicolás”. Y no
llegaba así a negar mis incipientes, pesimistas y equívocas ideas, acerca del
papel de la Mujer, el Amor, el Matrimonio, y la Familia, en el desarrollo y
aplicación de las Ideas de mayor jerarquía.
Anoto, sin embargo, que Federico, para satisfacer sus naturales deseos
de conversaciones ‘de mayor peso’, sostenía reuniones almuerzos, frecuentes,
con amigos de mucha categoría (Emilio Guimoye, Rómulo Ferrero, Fernando

195
Romero, Luís Rodríguez Carpi, etc.). Y, algunas veces, pese a mi notable menor
edad y pocos merecimientos, cariñoso y solícito, me invitaba; con gran deleite y
provecho cerebral de mi parte.
Llegué a pensar, con irrealidad por demás inmadura y para mucha
vergüenza actual, que casarse era desmerecer el significado de la propia
existencia; casi ‘una tontería’. Tomé así aversión al matrimonio; lo que me
inclinaba al alejamiento de amoríos o romanticones devaneos, que hicieran
peligrar mi, en todo caso, debilona misoginia y endeble soltería.
Pero refiriéndome al aspecto sexual, dada mi condición de de pos
adolescente y joven en inicial etapa, no podía negar ni dominar lo avasallador de
esos impulsos, que percibía y entendía irresistibles. De tal modo, para resolver
el problema, hube de recurrir, según las circunstancias, a los métodos en
vigencia entre los muchachos de entonces.
Pido, llegado a este punto, séanme comprendidos mis naturales
escrúpulos para detallar trayectoria personal en la referida etapa y en dichos
terrenos; en aras de un elemental decoro, en el entendido de que el asunto es
irrelevante y que inclusive puede resultar desagradable extenderse en ello.
Con Lucho Córdova pensábamos ¡vergüenza me da hoy decirlo!... pero
así era entendido por nosotros, que hablando ya del largo plazo, si el joven
quisiera preservar su ‘libertad de acción’, tendría entre las principales opciones
para sus desfogues sexuales, establecer periódicas relaciones con mujeres de la
“vida alegre” (la menos alegre de las vidas); o convivir, “de asiento”, con alguna
“querida” (!).
No percibíamos con claridad, naturalmente por falta de raciocinio
suficiente y de la experiencia que da la vida, que tales asertos significaban,
además de una real tontería, descolocar a la caballerosidad del hombre y rebajar
a repudiables extremos a la dignidad de la mujer. Y ni siquiera para algún real
beneficio en favor de los varones.
Resulta una necedad de grueso calibre --¡oh poder de las ‘ideas’ cuando
se hacen modas!-- suponer que algo se soluciona mediante tratos y relaciones
con prostitutas, quienes, al final de cuentas, son desdichados seres de una
individualidad destrozada, atormentada, cuya cercanía no puede sino generar
problemas sin cuento, jamás soluciones.
En cuando a las “queridas” --que nunca son realmente queridas--, repetiré
lo que a un hombre ‘práctico’ le escuchara cierta vez: “La querida, sin ofrecer las
ventajas de la esposa, trae acentuados y unidos a los suyos propios, todos los
inconvenientes y defectos que se le atribuyen a la mujer legítima”. La “querida”,
jamás es una solución; constituye, en cambio y siempre, una fuente de grandes
problemas. Como lo es cualquier tipo de convivencia con una mujer a la que no
se ama de verdad. Y, a la inversa, para una mujer, la llevada con un hombre al
margen del amor verdadero, que no puede desligarse del respeto a la propia y a
la ajena dignidad.
Tardaría en entender el principio perenne que puede expresarse así:

196
Mujer y Hombre son las dos facetas: Masculina y Femenina, de la
Persona Humana Integral. Como las dos caras de una moneda, que deben
estar ligadas, para que a ella le confieran valor; manteniendo, cada una, su
fisonomía o diseño, su lugar complementario y correspondiente. El soltero
y la soltera, son individualidades que, pudiendo serlo sin culpa, son
incompletas, sin plenitud humana.
"No es bueno que el hombre esté sólo"
¡Es frase Divina!
El hombre que humilla a su mujer, se denigra a sí mismo y abate a la
mitad de su propio ser. Cuando, en cambio, es inteligente, culto, caballero, y
sabio, idolatra a la señora de sus amores. Y estima, por lo menos respeta, a las
demás.
El Caballero Cristiano, al modo de don Quijote, arquetipo de caballero,
llama: “su señora”, a la mujer que ama. Y él se declara, voluntariamente, “su
siervo”. Sólo el ignorante y el torpe maltratan a la mujer. Por ello se puede decir,
con toda razón, que el “machismo” no existe. Lo que hay --y demasiadas-- son
torpeza e ignorancia... ¡juntas! Verdaderas causas de la mayoría de las
desdichas humanas. Cual lo dijera Aristóteles… Hace como 2,500 años!
Comete una insensatez quien, en actitud egoísta, pretende, en pos de
aparentes ‘ventajas’, convivir o relacionarse --¡hasta en intimidad!-- con seres
desdichados o de dignidad rebajada; como son las infelices prostitutas y las
menospreciadas ‘amantes’ o ‘queridas’.
¡Cuántas ideas equivocadas! suelen adoptar, sin real culpabilidad, pues
en el fondo les son ajenas, los adolescentes y jóvenes. Hasta que la experiencia,
la profundización filosófica, el estudio, todos posteriores, los extraen de las
obscuridades promovidas desde el exterior y de las consecuencias de sus
tempranos errores propios.
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La Hacienda Casa Grande - Un Gran Caso.- En las vacaciones del


verano de comienzos de 1,943, con Alberto Vega, organizamos el último de
nuestros viajes conjuntos de prácticas vacacionales. Esta vez, a la inmensa
hacienda cañavelera “Casa Grande”, ubicada en la Provincia y valle de Chicama
--como la otra, Chiclín, en la cual yo había nacido--, del Departamento de La
Libertad, en las cercanías de su capital, la bella y blasonada ciudad de Trujillo.
La posibilidad de este viaje me había entusiasmado desde el principio,
pues se trataba de volver a una hacienda de caña de azúcar... ¡Nostálgico
recuerdo de “San Nicolás”!... Deseaba también confrontar y consecuentemente
ratificarme, en definitiva, en la especialidad de mi vocación profesional como
Ingeniero Agrónomo. En Ganadería Tropical, o si todavía añoraba la de Caña de
Azúcar.

197
Mi primera constatación fue que “Casa Grande” era impresionante por su
enormidad, pero muy diferente a “San Nicolás”. En realidad, ésta era también
distinta a cualesquiera otras de las haciendas azucareras del Perú… ¡Era Única!
Resultaba evidente que si bien “San Nicolás” constituyó un “Paraíso
Infantil”, como lo fue para nosotros, ello lo debió, más que al hecho de ser un
fundo cañavelero, a la singular obra constructiva de nuestro padre. Dentro del
marco favorable de las muy especiales condiciones de ese ambiente natural y
humano. ¡Como “San Nicolás” no hubo ni podría haber jamás otro lugar igual!
Así de sencillo, muy claramente dicho, con apasionamiento, es verdad,
pero con innegable realismo.
Para que se tenga una idea de la magnitud empresarial de “Casa
Grande”, indicaremos que, aparte de sus anexos –varios--, en los tiempos de
nuestra visita, tenía plantadas unas 15,000 Has. de caña de azúcar y algunas
miles adicionales de cultivos de pastos y panllevar; más eriazos en vías de
aprovechamiento, por grandes obras de irrigaciones y drenajes.
Podría decirse que este inmenso latifundio comprendía una extensión 5
veces la de “San Nicolás”. Aparte de la posesión -–por la misma empresa-- de
unas enormes estancias ganaderas ubicadas en las serranías de los
departamentos de La Libertad y Cajamarca. Su centro poblado principal, debió
contar por entonces con unos 25,000 habitantes. Su inventario de semovientes
consignaba miles de cabezas de ganado de varias especies, entre las cuales,
numerosos y excelentes caballos peruanos de paso, de los mejores del Perú,
para trabajo y reproducción. Solamente en ovejas y carneros finos; para ‘repelar’
rastrojos (vegetación residual de los cultivos anteriores), antes de la entrada de
las máquinas a los campos por arar; así como para eliminar a las molestas
yerbas espontáneas de las acequias de riego, previamente a su ‘limpieza’ a
lampa; especialmente para dichas funciones, la Hacienda tenía 15,000 cabezas
de esa clase de ovinos. ¡Mayor población de ovejas, que la de muchas
haciendas ganaderas especializadas del resto del Perú y tenidas por 'inmensas'!
“Casa Grande” alcanzaba niveles tecnológicos ubicables entre los más
elevados del mundo. Poseía una Estación Experimental propia, para las
investigaciones agronómicas que requería. Su ingenio azucarero era inmenso y
también comprendía un laboratorio excelentemente equipado, para el control y
las investigaciones del proceso industrial del azúcar, subproductos, y derivados.
Contaba con una red impresionante de ferrovías, para el transporte de la caña
hacia el ingenio, del azúcar fabricado hacia su puerto, del personal y las cargas -
-ida y vuelta-- hacia diversas dependencias de la Hacienda, puerto y pueblos
vecinos y la ciudad de Trujillo. Era tal su fuerza económica e influencia política,
que el Estado peruano le había ‘reconocido’ un puerto propio (Malabrigo).
Esta empresa azucarera tenía las características de una gran
transnacional de enclave del sistema capitalista mundial. Con una población
propia dividida claramente en clases sociales (obreros, empleados, y altos
directivos); separadas con el mayor rigor administrativo; formando, la más
numerosa, un típico proletariado industrial; en pugna abierta, con frecuencia

198
belicosa, en los conflictos que sostenía, con su ‘patronal’ ¡Qué distinto dicho
ambiente, con el peruanísimo y casi familiar, de “San Nicolás”!
“Casa Grande” era propiedad accionaria, en mayoría, de la familia
Gildemeister, de origen judío alemán, que fungía de alemana, hasta comienzos
de la II Guerra Mundial, en que Alemania era una formidable potencia universal,
política, económica y militar; que estuvo inclusive a punto de ganar esa guerra.
Pero cuando las cosas iban cambiando, fue haciéndose “peruana”; seguramente
para evitar la rapiña de los siempre oportunistas politiqueros criollos, muchos de
los cuales supieron, desde la primera gran conflagración y con más claridad y
cinismo durante la segunda, aprovecharse --en verdadero robo-- de las riquezas
de los caídos ciudadanos: alemanes, japoneses, e italianos; si bien las de estos
últimos en menor cuantía, por haberse podido amparar en sus vinculaciones
económicas, sociales y familiares, más estrechas y frecuentes, con influyentes
peruanos.
Algunos hechos relacionados con lo anterior, me llamaron la atención por
entonces y me abrieron los ojos sobre la realidad ‘moral’ de la mayoría de las
gigantescas empresas apátridas, conocidas precisamente como
“transnacionales”, que actúan en el Perú y en los demás países del mundo.
Tentáculos, en final instancia, del pulpo financiero llamado por varios papas: el
“Imperialismo Internacional del Dinero”. Y, en otras semejantes palabras,
conocido como el “Capitalismo Financiero Mundial” o el “Poder Financiero
Internacional”. Que, en estricta verdad, tiene, como agarradas del cogote, a
prácticamente todas las naciones del Globo…
Un día, reposábamos tranquilamente en las cómodas instalaciones del
Casino de la Hacienda. A nosotros nos habían concedido derecho a su disfrute,
pues como practicantes, hacíamos de empleados (o sea de la clase media
casagrandina): apuntadores, asistentes de sección y caporales… Cuando, en
cierto momento, se sintió un fuerte ruido, producido por el vuelo muy bajo de un
gran avión cuatrimotor norteamericano --”fortalezas volantes”, las llamaban--,
evidentemente en problemas mecánicos y en plan de buscar un campo
apropiado para su aterrizaje forzoso...
A los pocos minutos se supo que efectivamente la máquina había
aterrizado de emergencia en un amplio campo cercano, recién arado y
preparado con el fin de plantar caña y para mejor- todavía, sin ‘surcar’. De
inmediato salieron varios carros desde las instalaciones centrales de la
Hacienda, en los cuales iban, muy alborotados, eufóricos, lo más graneado de la
dirigencia empresarial... Notamos, en mayoría, a ‘los alemanes’; pero ‘de un tipo
algo raro’... por decirlo de algún modo.
Añadiré, haber percibido, desde días antes, cómo los dichos personajes
se dejaban llamar ‘alemanes’, pese a lo cual, en el Casino no había sino revistas
norteamericanas de propaganda pro aliada de guerra... ¡Ni una sola hoja
alemana o pro germana!... ¡En una empresa supuesta propiedad de "alemanes"!
Nos sorprendió mucho, como es comprensible, ver a pilotos militares
norteamericanos y a civiles "alemanes", absolutamente desconocidos entre sí,

199
en lo personal, añadiéndose la ferocísima guerra sostenida entre sus respectivas
naciones, llegar al Casino, juntos y entremezclados, en medio de estrepitosas
manifestaciones de gran júbilo, de alegre ‘camaradería’ (¡?). Cual de modo
particular lo hicieron los segundos; dándoles, además, auxilio a los primeros y
recibiéndolos como a héroes de 'una gran causa’. Evidentemente, hecha común
y con gran fervor emprendida...
Los directivos de la Hacienda, nos hicieron ubicar, a los peruanos, con
nuestros bártulos incluidos, por otros lares. Cerraron el Casino con todos ellos
adentro y estuvieron por unos tres o cuatro días, con sus noches, en juergas y
borracheras; hasta que, bien ayudados los yanquis con los elementos logísticos
que les fueron donados, arreglaron sus problemas y se mandaron cambiar.
Los hospitalarios germanos, acompañaron a los ya saciados gringos
americanos, hasta el campo de vuelo, despidiéndolos con bulliciosas muestras
de entusiasta amistad; semejantes, o hasta mayores, a las conferidas con
motivo de su sorpresiva llegada.
Inquirimos acerca de la causa posible de tan sorprendente
comportamiento de los "alemanes" de la Hacienda. Alguno se nos sinceró,
diciendo que “ellos eran judíos antes que alemanes”; y por lo tanto “antinazis”; o
“circunstanciales anti alemanes" en la guerra. Por “postergación” ocasional, de la
alemaneidad, ante causa presente “de mayor jerarquía”; y que se sentían
pronorteamericanos, solidarios con éstos, en la gran conflagración, ya de
carácter universal. Porque, en lo fundamental, ella era “la lucha del Judaísmo
Mundial, contra el Nazismo Alemán”. Decían no sentirse traidores a Alemania.
Curioso resultaba observar a los dichos señores, que en una época eran
alemanes, en otra peruanos, y en una tercera, judíos pronorteamericanos... Y
eso no era todo:
A los pocos días del narrado episodio, poniéndonos en riesgo de sufrir
expulsión de la Hacienda, por violar las estrictas prohibiciones que nos impedían
“confraternizar con el pueblo de la ranchería”, pero sabiendo de una jaranita “de
rompe y raja”, por realizarse en el dicho bajo poblado, nos escapamos para
disfrutarla; como sencillos y alegres muchachos, bastante “mataperros”, cuales
naturalmente éramos entonces...
El mencionado ‘tono’ se realizaba en un modesto hogar rancherino, de
una familia Cubas, ‘tocaya’ de la mía --apellido bastante raro por lo demás--, en
la cual, por casualidad curiosa también, figuraban varios nombres de pila
comunes con los de la nuestra: Daniel, Manuel, Laura, Susana, Isabel, Héctor;
Jorge; faltando –creo-- sólo el mío. Tal circunstancia fortuita, favoreció, en las
salpicadas conversaciones propias de la fiesta, una ‘toma de confianza’ más
rápida y mayor de lo considerado común o normal.
En la confidencialidad producida, uno de los muchachos de esos
"tocayos" Cubas, nos manifestó su abierto descontento con la política de
relaciones laborales de “Casa Grande” como empresa. Por el 'espionaje' que se
practicaba –para el efecto, había un cuerpo organizado de ‘soplones’, con el

200
nombre de vigilantes o guardianes--; el despotismo o verdadera tiranía ejercida
por la alta dirección empresarial, en agravio de obreros y empleados; y, sobre
todo, por la segregación social y racial de... “esos nazis desgraciados” (!?) ¡Así
lo dijo! Con pleno candor, que no obstaba para un odio intenso, convencido,
contra los que ellos creían... ”nazis”.
Notamos entonces que en el pueblo casagrandino, los tales ‘alemanes’ se
hacían pasar o se dejaban tomar por ‘nazis’. Es decir, “Casa Grande” era
considerada --con la evidente anuencia de sus directivos--, según conviniera a
las circunstancias --de lugar, tiempo, y personas--, como empresa de peruanos,
de alemanes, de judíos, de pronorteamericanos, de capitalistas internacionales,
o de nazis... ¡Válganos Dios!... ¡Qué tales usos múltiples y juegos
inescrupulosos, con las nacionalidades y las posiciones doctrinarias!
En el curso posterior de la carrera profesional, en el de mi existencia
personal integralmente considerada, y en la amplitud de una perspectiva ética,
he podido confirmar, ratificar, plenamente y con frecuencia en verdad
desconcertante y lamentable, algo muy parecido en los comportamientos
mayoritarios de las llamadas “empresas transnacionales” (apátridas)...
Muchas compañías comúnmente conocidas como ‘norteamericanas’,
valga el ejemplo, suelen ofrecerse legalmente como ‘peruanas’, siendo en
realidad judías. Y los pueblos de las vecindades, que generalmente les toman
encono o recelo, por sus políticas prepotentes, contra nuestra Nación, sus
autoridades e instituciones, y en agravio del medio ambiente; así como por las
segregaciones raciales y sociales que practican --sin faltar, de parte nuestra, por
supuesto, la vulgar envidia--, le cargan el ‘debe’, el odio, a los ‘norteamericanos’.
Y así se habla del “Capitalismo Norteamericano” o del “Imperialismo Yanqui”,
cual terrible demonio. Pero que casi nunca es, por cierto, tan “yanqui”, como se
cree o se dice, sino judío, pero eso… ¡nadie lo dice!
Con toda evidencia, “Casa Grande”, como ámbito aleccionador, era un
“Caso Grande”; por tantas cuestiones que allí aprendimos o comenzamos a
observar inquisidoramente. En especial lo referido a ese plano inclinado de
mixtificación de conceptos y de tergiversación de significado de las palabras, en
el cual la Humanidad comenzaba a ser colocada y está ahora situada; para
conducirla con mayor facilidad, por quienes con toda evidencia la dominan.
Ese juego de la doble o múltiple nacionalidad, por ejemplo, es en verdad
desconcertante. Permite a los apátridas desplazarse, como Pedro en su casa,
por todos lo países del mundo y en especial por los más desprotegidos. Ha
permitido que tuviéramos un Presidente de la República japonés –y a éste huir
de la justicia peruana--; una ‘Primera Dama’ --¡oh penosa huachafería!--,
‘peruana’ (?), israelita, y belga; un Primer Ministro norteamericano, “gringo”
hasta de ‘facha’, pero que muy suelto de huesos se dice simultáneamente
peruano (?). Si Nacionalidad viene de Nación y Nación de Nacer. Y si sólo se
nace una vez… ¿Cómo puede una sola persona tener dos o más
nacionalidades? ¿No se está confundiendo mañosamente muy importantes
conceptos?

201
¿No será como en el caso de la sexualidad? Se nace hombre o mujer.
Nadie lo escoge o puede escogerlo, optarlo. Pero se ha generalizado hablar de
la “opción sexual” (!?); claramente para dar tráfico libre y cínico a la
homosexualidad; asunto de educadores, patólogos, y juristas, como lamentable
anormalidad que es; pero no para darle certificación de naturalidad (?) con sus
‘derechos’ (¡) correspondientes.
-----
Por otro lado, desde el punto de vista de nuestra preparación estudiantil y
profesional, la estada en “Casa Grande” resultó muy interesante:
Recuerdo, de modo especial, los trabajos sobre drenajes, por el sistema
de tubos cortos y adosados, de barro cocido, enterrados a suficiente profundidad
en el subsuelo. Ejecutados en magnitudes impresionantes; rehabilitando miles
de hectáreas de terrenos demasiado húmedos y también salinos. Era el mismo
tipo de obras, pero en mayor escala, que el realizado muchos años antes por mi
padre, en “San Nicolás”.
El riego superficial por surcos, se efectuaba con especial maestría en
“Casa Grande”. Algo semejante podía decirse de las labores de desyerbos,
abonamiento y las otras del cultivo de la caña de azúcar.
A nosotros nos proporcionaban, para los trabajos propios de las prácticas,
unos magníficos caballos peruanos de paso, ya castrados y bien “enfrenados”
(adiestrados), además de excelentemente aperados. “Casa Grande” tenía
merecida fama, en ámbito nacional, por la buena crianza de estos valiosos
equinos; que constituían, y felizmente siguen constituyendo, fundado orgullo del
Perú...
Cierta vez, a caballo, regresábamos alegres del trabajo, varios
muchachos becarios de la Hacienda y al entrar a la población, se le ocurrió a
uno: ‘apostar una carrerita’. En plan de ‘lucirnos’, como audaces “coboyes”. El
entusiasmo juvenil, festivo y harto irresponsable, con irrefrenado espíritu de
imitación épica además, nos impulsó a emular una ‘carga de caballería’,
ingresando así en galopante tropel, por las calles de la rústica población. Hasta
yo había olvidado la severa advertencia paterna sannicolasina, jamás hasta
entonces violada: “Los caballos de paso no se corren”... Pero más pudieron,
sobre los rebeldes mozos, las imborrables imágenes cinematográficas
(“westerns”), venidas desde la infancia, la adolescencia, y los primeros juveniles
tiempos, que las prudentes reglas establecidas por los mayores.
Para nuestra mala suerte, uno de los altos directivos de la empresa
pasaba en esos momentos por las cercanías y al vernos correr cabalgando a
galope tendido, nos dio el alto y reprendió en forma por demás enérgica.
Repitiendo la norma: “¡Los caballos de paso no se corren!”. Y agregando, de su
funcional acervo: “¡Los caballos de trabajo no son para jugar!” Además, nos
amenazó con 'botarnos' de la Hacienda, si repetíamos comportamiento tan
censurable... ¡Santo remedio! Una mayor seriedad presidió desde entonces
nuestra conducta, acabando con semejantes estropicios...

202
También recibimos instrucción técnica en la fábrica o ingenio azucarero.
En cierta ocasión, ingresamos con Alberto Vega al sector de los “vacumpanes”,
donde por evaporación en caliente (con el calor indirecto de vapor seco
conducido en tuberías interiores) y a un acentuado vacío (de allí el nombre de
los artefactos: vacum=vacío; y panes=bloques), se concentraba los jugos y
jarabes de la caña; para que, en punto de ‘miel’ (bien espesada y en
cristalización del azúcar concluida), se volcara a las "centrífugas" –las cuales
presentaban unos cedazos cilíndricos giratorios-- para la separación, por cernido
a inercia circular, del sacárido de la ‘melaza’ (líquido denso y oscuro residual),
de contenido incristalizable y que constituía uno de los subproductos más
importantes de la fabricación. Recuerdo, como anécdota risible, que no bien
habíamos dado los primeros pasos en los interiores de la dicha sección, cuando
escuchamos unos desaforados gritos:
--¡Ya pues Cubas! ¡C...jo! ¡Que derramas toda la miel! –Proferidos,
acompañándose de expresivas referencias a conocidas y olorosas liliáceas del
soez vocabulario popular, por la voz de un tremebundo capataz de paileros; ante
el desaguisado --desborde masivo e inundante del amelcochado flujo--, por
descuido, al parecer, de un modesto, gordo y 'cholazo' peón, evidentemente
titular de tan ilustre apellido.
--¡Cómo te conocen y te tratan hasta por aquí! --Me dijo, burlón, Alberto.
Los dos celebramos entre risas el incidente, en verdad sin tanto de
extraño, pues según lo sabía y estaba confirmándolo, mi familia paterna era
originaria del hermoso villorrio y los pagos de San Miguel de Cajamarca, de
donde y desde un largo tiempo, habían emigrado numerosos pobladores de tal
ascendencia; en especial hacia el Departamento de La Libertad y a otros
cercanos.
En el valle de Chicama estaba, al parecer, uno de los más nutridos
núcleos del apellido nuestro. Y remontando hacia sus lejanas fuentes, se llega,
según pude saber también, al pueblo de Cubas, en Castilla, España, muy cerca
de Madrid. Llamado así, el poblado, por ser desde antiguo de artesanos
manufacturadores de toneles o cubas de vino (hechas de roble). Dicen que hubo
hasta un marquesado de tal nombre; casta de los mandamases de aquel
pueblo... ¡Vaya uno a saber de genealogías!
En “Casa Grande” la pasamos muy bien, valgan verdades. El Casino era
muy cómodo, elegante y acogedor. La alimentación proporcionada, excelente en
calidad y ad libitum, en cuanto a cantidad se refiere --¡inesquivable desideratum
de los jóvenes!--; se podía servir y repetir lo que se deseara... Y ¡vaya si lo
queríamos! Uno de nuestros compañeros, de apellido Crovetto, recuerdo, era un
verdadero Gargantúa. Y nosotros, los demás, no éramos tampoco, que se diga,
unos tímidos canarios. La comida se ofrecía de estilo alemán: Variadas y
riquísimas ensaladas de papas especialmente; ni qué hablar de los deliciosos
embutidos. Y, dado el fuerte calor del verano, servían una “sopa helada”, muy
agradable y aparente para el tiempo, refrescante; en realidad, era una especie

203
de mazamorrita dulzona, de chuño con limón, bastante aguadita y muy fría,
como su nombre lo indicaba.
Cumplida nuestra provechosa permanencia en “Casa Grande”, que
comprendió también algunos gratos paseos a las playas, puertos y pueblos
vecinos, ya acabándose el verano de 1,943, regresamos a Lima, a proseguir
nuestros estudios...
En “Casa Grande” había aprendido mucho en lo profesional, con disfrute
adicional intenso en lo personal. Pero lo más importante fue haber acabado de
comprender, aun habida cuenta todo lo placentero expuesto, que mi
especialidad no sería ya la de Caña de Azúcar. Se afirmaba, más bien, mi
decisión por la Ganadería Tropical.
Llegué a percibir que gran parte de mi afición cañavelero-azucarera,
provenía de la añoranza de un “San Nicolás” paradisíaco. Pero comprendí, con
claridad también, que “San Nicolás” no solamente había sido único, sino que era
irrepetible. Como “Paraíso”, en especial Infantil, había desaparecido para
siempre. Sobre todo, desde la salida de mi padre. Y cuando cambió a fundo
algodonero, sufrió varios catastróficos terremotos y crisis económicas; amén de
la Reforma Agraria velasquista, que acabaron de amolarlo. No dándose, ni
pudiéndose dar ya, en ningún otro lugar, ni por acción personal alguna, las
condiciones para la viable construcción de un nuevo “San Nicolás”... Como el de
nuestra infancia. El que he tratado de describir, con justicia y embelesado, en mi
anterior libro: “Yo Conocí el Paraíso”...
-----
La Alegría Juvenil - Sentido del Humor.- En los primeros días de abril
de 1,943, estábamos de nuevo en La Molina. En plan de continuar nuestros
estudios, para culminarlos en el quinto y último año por cursar. E iniciando
propiamente mi Juventud.
En verdad, el transcurrir de nuestra vida en La Molina, había sido siempre
extraordinariamente grato y alegre; además de productivo en lo que a nuestra
formación profesional se refiere. Un aspecto digno de especial mención --de
acuerdo con la índole y finalidades de este libro-- era, precisamente, el
relacionado con el Buen Humor –infalible tónico del alma-- reinante sobre
nuestras juveniles existencias y molineras actividades.
Vale la pena remarcar que buena parte del tiempo la pasábamos
disfrutando de un franco espíritu de inconmensurable jolgorio, de general
contento; puesto de manifiesto por casi constantes sonrisas y frecuentes reires;
a niveles de estentóreas carcajadas, hasta culminar, a veces, en incontenibles
accesos de hipo.
Es Principio General de inmenso significado:
Nada es mejor para conservar y superar la salud del cuerpo y del
alma, que el disfrute, a plenitud, de un acentuado Sentido del Humor. Ello
vale para todas las edades. En todas hay que cultivarlo. Promover el Buen

204
Humor, constituye una de las más valiosas reglas de la Sabiduría y de la
mayor: la de Saber Vivir.
Hay especialmente dos etapas de la vida –lo que no quita que ha de
estimularse en todas--, en las cuales la Alegría de Vivir, el Sentido del Humor,
les son consustanciales, espontáneas actitudes, que deben mejorarse o
hacerlas superar, por estímulos ambientales, educativos, y filosóficos. Ellas son:
La Niñez, en la cual la alegría es plena de inocencia, sencilla y casi
inconsciente; dependiendo mucho de que los mayores la despierten, favorezcan,
y protejan; que le proporcionen el marco de las oportunidades y salvaguardas
requeridas para manifestarse y asegurarse. La otra es:
La Adolescencia y la Juventud –que para el efecto hacen una-- ya más
creadora y autónoma, espontánea. Muchas veces hasta se impone al medio,
sobrepasa los obstáculos que se le enfrentan. Inclusive existen diversas
modalidades juveniles de rebeldías humorísticas o de humor rebelde. Formas
satíricas, sarcásticas, mordaces (burlas, caricaturas, apodos, etc.), que pueden
llegar, si no se canalizan de buena manera, a ser hasta sádicas o crueles.
Ocurre que los estados de Alegría, de disfrute de un positivo Sentido del
Humor, cumplen importantes papeles como sustentadores de, además de una
Buena Salud, de una Elevada Educación, en el marco de la deseable Felicidad
Juvenil. Debe añadirse: Con una intensa actividad corporal; por las prácticas
deportivas y el trabajo físico agradable. Complementando, con armonía, al
esfuerzo intelectual. No hay que olvidar: “Mente sana en cuerpo sano”.
Lo anteriormente dicho no quita importancia, sino muy por el contrario la
incrementa y ha de sumarse por supuesto a la Sana Formación Moral y
Espiritual; construida desde la niñez, en hogares cristianos. A más de los sólidos
Idealismos: Personal (el propio) y Colectivos (familiar, social, nacional, universal,
etc.); dentro y alrededor de los cuales, Adolescentes y Jóvenes, puedan
desenvolver y desarrollar sus existencias. Cultivando intensos, románticos
sueños y hasta quimeras. Y, si se puede, mejor, candorosos, pero tiernos
enamoramientos, propios de sus tempranas efervescencias.
También, la fuerte necesidad espiritual de comunicaciones personales del
joven --como en ninguna otra edad se presenta en tan alto grado--, le hace
requerir el concurso de amistades múltiples e incluso algunas de mayor
intimidad; resultantes en las más duraderas de la vida. Desarrollando
“camaraderías” muy afectuosas, intensas y sinceras, que se concretan, con
frecuencia, en la formación de grupos de muchachos afines o “patotas” (“patas”
llaman a sus más amigos y notorios congéneres).
Ahora bien, son en especial, en la Adolescencia Postrera y en la Primera
Juventud, espontáneos y muy notables, el Sentido del Humor y la Alegría de
Vivir. Pues, la Adolescencia Inicial, suele verse demasiado afectada por sus
naturales incertidumbres y conflictos; pero la Posterior y la Primera Juventud, en
cambio, salidas de todo lo anterior, no son capturadas todavía, en apabullante
grado, por los graves ‘asuntos propios de los adultos o mayores'.

205
En el caso de nuestra promoción (‘43), de La Molina, constituida en
mayoría por muchachos pos adolescentes y de primera juventud, se daba pues
un gran desarrollo de esas situaciones de Alegría y Buen Humor, pero eran
mayores aún de las que pudieran considerarse comunes o "normales". Se
ofrecían, en verdad, de un nivel singular, extraordinario... Y gratísimo por
supuesto.
El hecho resultaba en cierta medida explicable, por algunas situaciones
de entonces, frutos de la casualidad, en el proceso de afluencia del recurso
humano estudiantil, hacia la promoción molinera nuestra:
Habían aterrizado, entre nosotros, algunos jóvenes condiscípulos
realmente excepcionales en los campos del humorismo. Se ofrecían de una
calificada habilidad en tal arte --más que técnica en su caso--, sin duda de
congénita posesión, que no tanto producto de elaborado estudio. Ocurría
además que, juntándose, ínter potenciaban en causación circular acumulativa,
sus notables facultades. Produciendo risueños impactos y desencadenando
estentóreas risas, en la ya de por sí muy alegre muchachada, cual lo era, sin
duda alguna, nuestra gloriosa promoción.
Se distinguían sobre el resto de los condiscípulos, en materia de habilidad
para hacer reír, haciendo propicias cualesquiera circunstancias, de tiempo o
lugar, tres de nuestros compañeros: Luís Córdova, Elías Aspiazu, y Rodolfo
Selem. En el resto de la clase, había varios otros que ofrecían también
indudables aptitudes humorísticas, aunque no en tan alto y excepcional grado
como en los ya citados. Pero sí en el suficiente como para aportar ingeniosas, al
mismo tiempo que oportunas, acotaciones y hacer resonar coros en favor de las
ocurrencias de mayor ingenio, jerarquía o impacto, con que se iniciaban las
"sesiones" humorísticas.
Lucho Córdova era, sin duda y de lejos, el de mayor valía y originalidad
en el género. Verdaderamente sus calidades resultan difíciles de describir y
calificar en justicia. Partiré expresando que lo más asombroso en él, como en
parte he señalado en anterior referencia, era su alto nivel de cultura general.
Pese a estar iniciándose en los estudios de una profesión científico tecnológica,
tal la Ingeniería Agronómica, no precisamente de humanidades. Agréguese lo
juvenil de su edad, a poco de terminada su segunda década. Conocía las más
grandes obras de la Cultura Universal; de la Literatura y la Filosofía clásicas
grecolatina y española, más otras traducidas de varios idiomas. La poesía era de
su deleite. No se le escaparon la Mitología Griega, ni la Biblia. Gustando
inclusive del inglés; lo sabía algo; como el portugués y el italiano. “La Divina
Comedia” de Dante Alighieri, el poema en italiano, estaba entre sus selectas
aficiones.
Córdova, como está dicho, presentaba un carácter en apariencia agrio,
amargado; renegaba y ‘echaba maldiciones’ con facilidad. Así había recibido
convergentes apodos, como: ‘Maldito’, ‘Vinagrillo’, ‘Satanás’, etc. ... Su aspecto
era menudo y enjuto. Nadie podía imaginar que semejante personalidad
encubría un notable talento o Sentido del Humor. Pero eso, precisamente, lo

206
favorecía en la creación y la práctica de un propio tipo de humorismo: el fundado
en especial en los contrastes y en lo inesperado; a más del sarcasmo. Y aunque
alcanzaba mayor jerarquía y brillo en el humorismo escrito, no dejaba de hacerlo
notable en el oral, casi teatral o espectacular. Valen algunas muestras
anecdóticas:
Teníamos un profesor de Horticultura y Arboricultura, cuyo nombre resulta
caritativo mejor no mencionar, quien en verdad era una buena persona y como
profesional conocía mucho sus especialidades; por las cuales, además,
evidenciaba una apasionada afición. En cambio y lamentablemente, no
mostraba ni las más elementales aptitudes pedagógicas; sobre todo en lo
referente a su autoridad ante los alumnos; al mantenimiento del orden, el
respeto y la disciplina en clases... ¡La más triste y dolorosa deficiencia que
pueda darse en un aspirante a profesor!... Y poseía una voz peculiar;
retumbante, de gran volumen y tono muy grave, siendo además grueso de
contextura y algo bajo de estatura, por todo lo cual, sus alumnos le habían
adjudicado, con inaudita precisión tan aguda como indiscutible, el ridiculizante
apodo de “Cañón”.
Cierto día, estábamos en una clase de Horticultura; se dictaba: “El Cultivo
de la Lechuga”... Como era ‘de cajón’ en todas las lecciones semejantes, se
describían en sucesivos capítulos los aspectos correspondientes a una
ordenada y sistemática explicación del tema. Así se trataban: Requerimientos de
Clima y Suelos; Variedades a cultivar; Preparación del Terreno; Época de
Plantación; Almácigos; Transplante; Labores Culturales; etc. Concluía el último
capítulo con las Plagas (en especial de insectos, otros artrópodos, y de
nematodos, helmintos o gusanos); y con las Enfermedades (producidas por
virus, bacterias, y hongos).
Así, habíamos llegado a las “Enfermedades” y el profesor enunció varias
(el “oidium” o “polvillo blanco”, la “mancha de la hoja”, etc.); prácticamente todas
las que había en ese entonces conocidas... Hizo una corta pausa y como dando
participación a la clase --que estaba más para meter vicio que para atender--,
preguntó con su cañonera voz:
-- ¿Hay alguna otra enfermedad de la lechuga y que me haya olvidado?
-- ...............................
¡Silencio absoluto!
--¿Nadie sabe? --Insistió, algo colérico el "Profe"...
-- ...................... ..........
¡Nada!... Otra vez.
Cuando, inesperadamente, desde el fondo del salón, de bien atrás, donde
siempre se sentaba junto a Elías Aspiazu, su perpetuo compinche, y con quien
estaban --ambos y cada uno a su manera-- metiendo vicio, saltó, por todo lo alto
posible, el mentado “Satanás”, profiriendo resonantes gritos, acompañados de
desaforados ademanes, en medio del asombro general, y mientras decía:

207
--¡Yo sé Padrino! ¡Yo sé Padrino!... Falta una enfermedad de la lechuga,
que usted se ha olvidado...
--¡No me llame Padrino!... ¿Acaso soy su Padrino?... ¡Contéste la
pregunta! -- Replicó, ya muy airado, el ‘teacher’...
--Bueno, Padrecito...
--¡Tampoco padrecito! ¡Más respeto, caramba! ¡No me diga, ni Padrino, ni
Padrecito! ¡ Limítese a contestar la pregunta... de una vez por todas!... ¡A ver!...
¿Qué enfermedad de la lechuga falta... que me haya podido olvidar?
-- El “Siete Cueros”... Padrino -- Gritó el endiablado mozo...
En medio de un estrepitoso y general carcajeo, la clase terminó a
capazos.
La verdad es que Córdova tenía "seco", al borde de un dolorido llanto, o
de lamentable crisis de locura depresiva, al pobre “Cañón”. Pero no se
compadecía… Cruel, aunque inconciente, si se quiere, llega a ser la Juventud.
-----
Recuerdo otra clase, pero esta vez de Arboricultura, en un Campo
Forestal, del cual disponía la Escuela para tales efectos,. El inefable profesor
había hecho una larga explicación de la morfología botánica de varias especies
arbóreas, leñosas, de la familia de las leguminosas (que producen frutos en
forma de vainas o legumbres, como el pacae, el algarrobo, etc.); concentrándose
en la importante subfamilia de las acacias y otras parecidas (de aspecto como el
de la Poinciana regia), de hojas compuestas, de foliolos numerosos y menudos;
con copa alta, en característica forma de sombrilla (“aparasolada”). Mostró una
de estas plantas. Con toda evidencia, se trataba de una especie y variedad de
Acacia (por adivinar).
De modo parecido al caso de la lechuga, preguntó si alguien sabía de qué
planta se trataba...
¡Silencio absoluto!
Pero no se desanimó el magister, y volvió a instar a la respuesta de los
pupilos. Hasta que “don Sata” --¡otra vez!-- saltó, vociferando saberlo, a más de
darle el consabido e irrespetuoso, a la vez que alternativo trato, de “padrino” y
“padrecito”. Entre las reiteradas e infructuosas protestas del inefable 'maestro'.
Calmados que fueron los ánimos, más por la bondadosa intervención de
algunas de las almas caritativas estudiantiles allí presentes, el voluntarioso y
vociferante alumno, al serle de nuevo requerida la respuesta, muy suelto de
huesos, con estentórea voz, gritó:
--¡Plátano!... ¡”Padrino”!...
Tan parecido el Plátano (“banano”) –aunque grande, herboso, suculento--
- a una Acacia --leñosa y arbórea aparasolada--, como pudieran serlo, una

208
orquídea con un papayo... Y así, otra vez, la clase terminaba en un carcajeado
desastre.
-----
No había forma de que Lucho Córdova se contuviera en sus acciones
demoledoras contra tan singular pieza de artillería, devenida en un especial tipo
de profesor --¡cruel ironía!-- blanco de sus implacables tiros. Hasta que, el
“punto” más que maestro, terminaba por botarlo de la clase... Pero, aún así,
tenía recursos para seguir fundiéndolo, hasta exasperarlo en extremo.
En cierta ocasión, iracundo, “Cañón” había expulsado de la clase al
“Maldito”, que tanto lo mortificaba... Pero la expectoración se había realizado
hacia un patio interior, donde Lucho se puso a fumar, practicando el arte (?) en
cuyo ejercicio era muy hábil. Sabía hacer vistosas volutas de humo. Y, por otro
lado, la puerta del salón de clases --que daba al dicho patio-- ofrecía un gran
orificio a la altura de la chapa, el cual había quedado abierto, seguramente, al
ser sacada ella, para componerla, en operación no bien culminada, como era
evidente... Puesta así la abertura a disposición de nuestro defenestrado
personaje, no tuvo él mejor ocurrencia que enviar llamativos aritos de humo de
cigarrillo, hacia el interior del salón de clases, a través del mencionado orificio.
Lo cual, como es comprensible, provocó grandes risas, en un alumnado con tan
poca seriedad y atención en las lecciones del curso...
Molesto hasta el desquicio, el de la cureña, salió vociferando su cólera y
ordenó al impertinente zahumador, cambiarse de sitio y pasar al espacio, con
jardines y circundantes caminos ripiados, que había en el exterior...
Mas ocurría que el tal estudiante (?) no era fácil de dominar y haciendo
honor a su apelativo, siguió en la brega, ‘fregando’. Del ripio de los senderos,
escogió las piedrecillas mayores y comenzó a lanzarlas, numerosas, hacia el
interior del aula, por las ventanas laterales; haciendo ya imposible continuar la
clase; por lo sonoros que eran los impactos rocosos contra los vidrios y las
maderas del amoblado interior del recinto...
¡Por enésima vez!... Quedaba frustrada otra de las resonantes lecciones,
de un muy buen hombre, con sanas intenciones, pero ¡tan desdichado el pobre!
Víctima de sus escasas aptitudes pedagógicas y de lo difícil que es, en realidad,
la misión magisterial, para la que muy pocos tienen aptitudes y preparación
suficientes.
-----
En otra sesión lectiva de Horticultura, al tratarse como tema “El Cultivo de
la Cebolla”, las cosas llegaron a tales extremos, que no quisiera recordar mi
relativa participación en ello, aunque hubiere sido muy poca, en realidad y de
todos modos, no la niego inexcusable.
Dicho sea, para aclarar mejor el asunto: Por entonces en la Escuela se
miraba, por muchos profesores y alumnos, con cierto desdén, injustificado por
cierto, al cultivo de las hortalizas; como actividad impropia de un Ingeniero
Agrónomo de buena ley, de categoría. Se la consideraba más de labradores

209
humildes, en especial de chinos y “serranos”. Se suponía, en cambio, más
correspondientes a “profesionales”, los conocimientos sobre Caña de Azúcar,
Algodón y otras plantas ‘importantes’; así como los de Ganaderías Vacuna y
Ovina; y algunas dedicaciones adicionales, de semejante o relacionado género.
En distintas palabras, las que pudieran realizarse en “gran escala”, siendo así de
apreciables rendimientos y significación económica.
“Cañón” no dejaba de sentirse medio ofendido y de proclamarse no
participante de tan peregrinas opiniones; a las cuales trataba, permanentemente,
de refutar. De tal modo, un día en clase, se manifestó, con su característico
vozarrón, expresando:
-- Muchos dicen que el cultivo de las hortalizas no tiene importancia, ni
rendimiento económico. Yo voy a demostrar lo contrario; lo falso de esas
creencias:
Si sabemos que la cebolla se siembra en surcos distanciados a 20 cm. y
que las plantitas se separan 10 cm. entre sí, tendremos, por cada m2. de
superficie, 50 plantas de cebolla. Que darán, por lo menos, 50 “cabezas”
grandes. Y suponiendo 4 cabezas por kilo, tendremos: 12.5 kg. de cebollas por
m2.... Así, en una hectárea (10,000 m2.), se podría obtener: 125,000 kgs.
Ahora bien, si suponemos el precio de la cebolla, en S/. 1.00 x kg.,
tendremos una producción, en soles contantes y sonantes, superior a la de
cualquier otro cultivo; de:
¡125,000 soles por Ha.! -- Lo proclamó, entusiasta y a voz en cuello...
Dicho lo anterior, hubo en la clase un lapso de admirativo silencio; para
luego oírse, desde el fondo del salón, un par de silbidos, fuertes y africados --
como los piropeantes de común empleo en los callejeros acosos-- y una
adicional ‘soecía’81, vulgaridad alusiva a liliácea botánicamente fraterna de la
que se estaba tratando en la lección de marras, en exclamación resonante y
resuelta, por todo lo alto:
-- ¡Fi fiuuu!... ¡Fi fiuuu!... ¡Cara.o! --¡Era Córdova!... ¡Por supuesto!
-- ¡Oiga Ud.! ¿Qué es eso de decir lisuras en clase? -- Cañoneó el
‘profe’...
-- ¡Ay! Perdone “Padrino”; pero fue el impacto de la sorpresa y la
admiración que me ha producido lo que Ud. acaba de decir y demostrar.
Las risas desencadenadas no permitieron escuchar las profesorales
protestas ante lo de “Padrino” y algunas posteriores acerca del añadido
“Padrecito”; ni las reiteradas por la lisurera liliácea, soltada en flagrante agravio
del decoro a guardarse en el marco de un respetable nivel universitario.
En medio del laberinto suscitado, el caballero del pupitre perdió
totalmente la paciencia y los papeles. Creyó ver entre los alumnos, con injusticia,

81
Séame permitido el neologismo de mi invención (?): ‘soecía’ (lo soez); a fin de poder afrontar
estas áreas escabrosas de la expresión escrita.

210
aunque fuese involuntaria, a Hernando Mercado, quien en realidad era de los
poquísimos que a pesar de todo le atendían bien, como a uno de los que le
“metían vicio”. Montado entonces en rabiosa cólera, perdió los estribos y gritó
amenazador:
-- ¡Oiga usted Mercado! ¡Guarde compostura! ¿O creen, por último, que
yo no soy suficientemente hombre como para quitarme el saco y agarrar a
trompadas a quien se dé de muy ‘vivo’?
-- ¡Qué tal raza! -- Replicó, con justa indignación, Hernando. Si soy yo
prácticamente el único que le atiende y me culpa con toda injusticia ¡Tienen
razón los que lo friegan tanto! ¡Bien hecho!
La situación se había puesto tensa por demás, entre el profesor y el
alumno aludido, en medio de un tremendo laberinto general. Entonces, Córdova,
haciendo de alharaquiento pacificador, se acercó como tratando de agarrar al
profesor, abrazándolo y gritando:
-- ¡No! ¡No!... No sea matón “Padrino”... ¡No le pegue!... ¡Ayúdenme a
sujetarlo! -- Clamó, simulando intensa ansiedad...
Otros 'estudiantes' (?) se acercaron al centro de la escena y ‘ayudaban’ a
sujetar al ‘teacher’. Innecesariamente, por supuesto; hasta contra su voluntad y
las clarísimas protestas de su parte, exigiendo inclusive que lo soltaran de
inmediato...
No faltó quien, en la trifulca que se armó, propinara un manotazo a la
humanidad de esta víctima de su rudimentaria pedagogía. Luego otro... y más
alumnos, nuevos manazos. ¡Hubo hasta algunas patadas! Total, una verdadera
“carrera de baquetas”, terminó sacándolo del salón en forma por demás
vejatoria.
¡Oh lamentable sadismo colectivo!... Especialmente cruel en las
manifestaciones de la sicología juvenil de masas. Como, patético el caso, de las
famosas “barras bravas” del fútbol. Y tantos otros de semejante naturaleza82.
Concluyó también, con ello y dolorosamente, la 'carrera' magisterial de tan
bondadoso como ingenuo profesor, sin mengua de ser un experto profesional.
Se demostraba, una vez más, que:
El gratificante ejercicio de la Enseñanza requiere de calificadas
condiciones personales. Cuando no se cumplen ellas, se dan situaciones por
demás dolorosas, a las cuales no puede aliviar la conmiseración ajena. El ansia
de expansión anímica de los muchachos, puede alcanzar imprevisibles extremos
y su impulso no acepta límites con facilidad.
-----
Añadiré algo más sobre las características curiosas de la personalidad de
Lucho Córdova:

82
El gran pensador, científico y filósofo francés, Gustavo Le Bon, citado varias veces, era muy
claro y acertado en tales asuntos, explicados en las obras que escribió al respecto.

211
Cual algunos alumnos no modélicos, previamente a las pruebas escritas -
-no habiendo estudiado los cursos--, él preparaba “comprimidos”, para poder
copiar las respuestas requeridas, a fin de ‘pasar’ los exámenes. Pero en el caso
del bendito “Satanás”, el proceso ofrecía algunas peculiaridades:
Conseguía un tipo de papel pergamino bastante doble y rígido, que
cortaba en tiras largas de unos 4 cm. de ancho y las doblaba, a modo de una
suerte de acordeoncitos, los cuales quedaban al final, cuando cerrados, como
cubitos chatos; constituidos por los pequeños segmentos cuadrados, unidos y
desplegables; en los cuales se podía escribir por ambas caras. Usaba para ello
unos lapiceritos con plumas muy finas y tinta china de la mejor calidad. Escribía
con una letra muy chiquita, al mínimo tamaño legible; disponiendo un dadito por
cada capítulo del curso y guardándolos, numerados, en sus bolsillos; ‘en el
sentido inverso de las agujas del reloj’; para poder encontrarlos con facilidad en
los angustiosos momentos del examen.
Y ocurría que el tal 'editor' era generoso, prestando los comprimidos --en
“daditos” clasificados-- a los compañeros en las circunstancias cruciales en que
les resultaban oportunísimos…¡Vaya que si los solicitaban! Con marcado interés
y confianza. La fama de la ‘calidad’ de sus producciones, era general e
indiscutida.
Cierta vez, a la entrada de un examen matinal, estaban casi todos los
alumnos ya esperando en la puerta del salón correspondiente y llegó “don Sata”,
pero cabizbajo y tristón. Alguien, ansioso, le preguntó:
-- ¿Qué te pasa? Se te ve muy mortificado. ¿No has 'preparado' los
comprimidos? ¿Ahora qué haremos?...
-- ¡Sí los he hecho! Aquí están. Ya se los prestaré en cuanto sea
necesario...
-- Pero, entonces ¿por qué estás tan triste?...
-- Es que, al copiarlos... ¡me aprendí el curso!... ¡Maldita sea! Y ahora no
los voy a necesitar.
Dejó muy clara la evidencia: El hacer los comprimidos y copiar en clase,
era para él, ante todo, una “mataperrada”; no un inmoral ‘fraude' estudiantil, ni
siquiera un "pecado de juventud". Más traslucía una tomadura de pelo “al
Sistema” y en particular al Educativo, de aquellos tiempos…¡Que al parecer será
el de siempre! ¡Y vaya uno a saber de los intrincados recovecos del alma
humana!
-----
Pero un campo en el cual Luís Córdova destacaba con luz propia e
intensa, era el humorismo escrito. Como he dicho, no solamente leía bastante,
sino escribía muy bien. En prosa, en múltiples formas y géneros. Y versificaba
con asombrosa habilidad, al parecer fácilmente; por lo general en cuartetos y
tercetos, rimados, epta, octa, deca, ende, y dodeca, sílabos; agrupados en
sonetos, décimas, seguidillas, odas y tantas otras modalidades, ilimitadas, del

212
arte poético. Siguiendo a sus paradigmas: Zorrilla, Calderón, Lope, Manrique,
Bécquer, Palma, Cervantes, etc. Con mucho donaire, agregado de criollismos
graciosos; y, sobre todo, con anécdotas muy risueñas de nuestro propio pasar
estudiantil.
Escribía a máquina, encuadernándolos, unos periodiquitos, con diversos y
sugerentes títulos: “Lechucero”, “Serruchero”, etc.; conteniendo satíricas y
graciosísimas secciones: Editorial, Sociales, Notas Técnicas y Científicas, Listín
Cinematográfico, Avisos Económicos, Noticias Policiales, Asistencia Pública,
Poesías, etc. Aparecían, los dichos 'impresos', sorpresivamente, durante las
excursiones de la promoción hacia diversas provincias del país. En las mesas de
noche de algunos de los compañeros. Muy pronto se comenzó a sospechar y
luego se llegó a la certeza, de quién era el ingenioso autor.
No caben aquí mayores detalles del asunto, pues las referencias tocaban
a situaciones muy propias, hasta exclusivas, de una promoción molinera. Otras
personas, no habiendo vivido las anécdotas, no estarían en condiciones de
comprenderlas en todo su real gracejo. Aparte, algunas se narraban en términos
bastante escabrosos, por decir lo menos, si bien comprensibles en el medio
juvenil en el cual se dieron. Pero ellas no resultarían pertinentes, por muy
graciosas cual realmente fueron, para la índole de este libro. Mencionaré
solamente, fragmentos de una de sus versificaciones, narrando alguna supuesta
"jarana" de ‘la cuadrilla de la promoción’; que habría tenido lugar con motivo del
cumpleaños de un compañero nuestro, apodado “don Benito”, a quien se
atribuía la condición de su caporal:
………..........................................
………...........................................

Todos que con hambre están


Dicen con voz de lata
Que traigan siquiera pan
O que devuelvan la plata

Que venga el pisco barato


La chicha y la cerveza
Que venga el arroz con pato
Para perder la cabeza

Benito no puede ya
Y Quiere emprender el vuelo
Se sube sobre el sofá
Y cae besando el suelo

Se voltea hacia la mesa


Y dice con voz muy rara

213
Yo quiero a mi canonesa83
Y se vomita la cara84
................................................
................................................

-----

El otro compañero de promoción que nos proporcionaba constantes


deleites, provocando risas y produciendo alegrías, por sus ocurrencias y chistes,
era Elías Aspiazu. Más conocido por el popular remoquete de: “El Cholo
Aspiazu”... ¡El 'olímpico' e inolvidable “Cholo Aspiazu”!
Tal eximio Caballero de la Orden del Buen Humor, era especialmente
agudo, ingenioso y ocurrente; inventando apodos y haciendo chistes. Su género
de humorismo se ofrecía sano y festivo. Por lo común se basaba en el hallazgo y
la relevancia de los parecidos risibles de las personas y de las situaciones, con
las imágenes nítidas de notorias realidades, de general percepción. Sin llegar a
ridiculizar en demasía o con criticable crueldad. Vale anotar algunos ejemplos:
A cierto ingeniero, quien sin ser un anciano, tenía la piel de la cara muy
arrugada, le colocó el mote de “Sauce Viejo” (comparando su faz con la corteza
agrietada propia de los árboles antiguos de dicha especie vegetal).
Otro caso:
El compañero a quien “don Sata” llamara, en sus satíricos versos, como
hemos visto, “el Caporal don Benito”, andaba pobre de solemnidad, sucio y
descuidado de vestimenta; con los puños de la camisa sobrepasando
demasiado las mangas del saco; y, por añadidura, con el pelo muy largo, sin
recortar por la nuca. Para decirlo con todas sus letras, ofrecía la real apariencia
de un ‘músico en desgracia’... Le aplicó, entonces, la ‘chapa’ de: ¡“Beethoven”!...
Que le resultó indeleble y vitalicia.
Uno más:
Teníamos otro compañero, quien desde los primeros años de la Escuela,
portaba el sobrenombre de “Pelusa”. En razón de que había intentado --
entonces y sin éxito-- dejarse crecer bigotes, aspirando a llegar, seguramente, a
la condición de un Pedro Infantes, para no hablar de Armendáriz, o “Chaflán”.
Mas, para su desventura, la potencia generatriz de sus faciales folículos
capilares, no estaba a la altura de tales narcisistas expectativas. Todo lo que
pudo conseguir, fue una ridícula pelusa, que más bien sirviera para fundamentar
su apelativo. Y que lo acompañara hasta varios años después, cuando recién
logró adquirir una presentación bigoteril menos deficiente. Pero, no obstante

83
Alude a una muchacha del colegio de “Las Canonesas”, de quien el interfecto estaba
estrepitosamente enamorado.
84
Trayendo al recuerdo la situación deplorable en que fuera encontrado, en su habitación, al día
siguiente de una noche de alcohólicos excesos.

214
cargar “Pelusa” con el dicho apelativo, de inicio, debió soportar otro adicional,
emanado de la aguda creatividad 'chapera' del inefable “Cholo Aspiazu”...
Diremos así, cómo siendo nuestro pubescente protagonista, bien
constituido en lo corpóreo --era inclusive buen jugador de fútbol--, por esas
frecuentes contradicciones ofrecidas por la existencia humana, andaba como
chorreado de cuerpo y en angulosidad de piernas, en apariencia de cansado.
Hasta parecía que se le doblaban las rodillas. Había recibido más de una
‘requintada’ de nuestro competente y a la vez puntilloso profesor de Topografía,
ya mencionado, el Ing. Juan N. Portocarrero; por no pararse apropiadamente,
como un verdadero Ingeniero, ante los trípodes de los aparatos de Agrimensura,
colocados “en estación”. El “Cholo” le dedicó entonces a ese nuestro buen
condiscípulo, el nuevo y menos decoroso apodo, por decir lo menos, de..:
¡”Prepucio”!
Como es conocido, prepucio se llama al forro de piel protector del glande
del pene, del hombre y de la mayoría de los machos de mamíferos;
presentándose, por lo común, sobre todo en los casos de ‘fimosis’, notoriamente
colgante, ‘chorreado’, o como un ‘colgajo’. No faltó quien, compadecido y
fraterno, dijera:
-- ¿Pero cómo le vamos a colocar el nuevo apodo de “Prepucio” a nuestro
querido “Pelusa”?
Quien, de ser querido por nosotros, en verdad era muy querido. Dadas su
reconocida simpatía, generosidad como compañero y otras múltiples cualidades
personales.
-- ¿Cómo podríamos llamarlo con esa clase de apodo, en presencia de
las muchachas amigas? Sería grosero, aparte de ofensivo -- Terció alguno...
-- Entonces, con el mayor cariño, lo llamaremos, en diminutivo:...
¡Prepupí!... Así las chicas ya no podrían adivinar de qué se trata. - Replicó,
pícara y finalmente, “El Cholo Aspiazu”.
¡Quedó zanjado el problema!... El agraciado, desde ese momento, cargó
con aquel nuevo, cariñoso, y ‘delicado’ sobrenombre.
No terminaron allí, empero, las tribulaciones sobrenominales del buen
“Pelusa”, “Prepucio”, o “Prepupí”:
En otra circunstancia, los alumnos de la promoción, en mayoría,
estábamos reunidos para iniciar unas prácticas de campo, esperando la llegada
del profesor y de los últimos alumnos por arribar... Cuando apareció Miguel
Rubio, manejando un carrito de su propiedad de modelo deportivo, bastante
antiguo...
Miguel se mostraba siempre afectuoso, atento y servicial. De tal modo,
con frecuencia recogía en el camino a los muchachos que se retrasaban algo y
habían quedado de a pie. En el episodio que narro, encontró, a una apreciable
distancia del grupo mayor de la clase, primero, a “Prepupí”, quien subió y se
ubicó en el asiento a su lado (el de copiloto).

215
Para esto, el seráfico pasajero venía vestido --según parecía considerarlo-
- en apropiado ‘traje de carácter’, para labores campestres, como las
significadas por las prácticas agronómicas. Así, su vestimenta comprendía:
pantalón de montar, botas y casco. Pero resultaba, en este caso, que las tales
prendas eran ‘heredadas’ de su señor padre, quien fuera militar, coronel, según
creo. Y así, el casco era de acero (¡); el pantalón encuerado en parte, haciendo
juego con la casaca también de cuero, siendo ésta, en verdad, una "polaca"; y
las botas, "de tubo" (¡), muy lustrosas. Todas las dichas partes, habían sido las
de un uniforme, manteniendo, por ello, sus correspondientes galas marciales,
además.
Total: “Pelusa”, más que un campechano ingeniero agrónomo o
estudiante de Agronomía, parecía un gallardo Oficial de Caballería (al margen
del cierto descolgamiento corporal que lo caracterizaba). Con benévola
apreciación, podría tomársele por algo así como a un teniente.
A pocos metros del recorrido en común, ambos personajes encontraron y
recogieron al bendito “Cholo Aspiazu”; quien se colocó de pie en el estribo del
auto, sujetándose de la portezuela con la mano izquierda. Con la derecha, sacó
presto un pito, que tenía en uno de los bolsillos del pantalón, entre otras
numerosas ‘curiosidades’, cual muchacho mataperro --¡que si lo era!-- y
comenzó a soplar el silbato con la mayor fuerza y entusiasmo posibles, al tiempo
que, desgañitándose en alternante consonancia, piteaba y gritaba, algo así:
-- ¡Frriip!... ¡Frriip!... ¡Pra-do!... ¡Pra-do!... ¡Pra-do!... ¡Frriip!... ¡Frriip!...
¡Pra-do!...¡Pra-do!... ¡Pra-do!...
Todos los demás, no bien llegaba el vehículo, coreaban y aplaudían
eufóricos. Especialmente cuando “Prepupí” bajó y... ¡se le vio la facha!... ¡Tan
parecida a la del Presidente Prado! Conocido por el apelativo de: “El Teniente
Seductor”... Y a quien se le atribuía el ridículo y jocoso lema de gobierno: “Salud,
Dinero y Amor”. Ocurriendo también que el tal personaje solía aparecer en
público de modo semejante al expuesto, haciéndose ‘pitear’ por uno o dos “pips”
y corear vivas nominados y aplausos, por un buen número de otros de esos
“tiras”.85
El de ”Manuel Prado”, como apodo, se sumó a los de “Pelusa”, “Prepucio”
y “Prepupí”, dentro de la alforja, felizmente amplia, con ‘buena correa’, de
nuestro dulce amigo y compañero de estudios; por desgracia hace tiempo
trágicamente fallecido y a quien sólo individualizamos aquí –con cariño--, de
modo, lo suponemos, algo difuso, por obvias razones.
-----
Elías Aspiazu, sabía también realizar risueñas ‘fundiciones’ en agravio de
los profesores:

85
Populares denominaciones conferidas a los miembros de la Policía de Investigaciones del
Perú (P.I.P.) o policía sin uniformes: “pips”, plural de la sigla de la Institución y “tiras” (que “tiran
soplo” o hacen espionaje).

216
Teníamos, por ejemplo, uno (L.G.D.), que dictaba el curso de: “El Cultivo
del Algodón”. Era conocedor de la materia y como persona caía muy simpático a
los alumnos. Se mostraba elocuente, risueño y ameno, en cuanto se refiere a la
Oratoria Magisterial. Dominaba la escena en el aula --en el sentido de derrochar
aplomo-- pero sin el menor rasgo de tiranía. En verdad, lo respetábamos y lo
queríamos. Nos gustaba su curso.
Seguramente, alentado por la “cancha” que sentía poseer ante sus
pupilos; sabiendo que los muchachos suelen poner agraviantes “chapas” a sus
profesores, lo cual puede ser inicio del plano inclinado de un respeto
decreciente; percibiendo uno de sus puntos débiles --todo ser humano los tiene--
, pues era bizco; quiso “poner el parche antes de que salga el chupo”, evitando a
tiempo que le adjudicaran un apodo ‘demasiado feo’;por todo lo cual, muy reilón,
en la primera clase, nos dijo:
-- ¡Bueno muchachos! Yo sé que ustedes les ponen apodos a todos los
profesores. Por si acaso, ya sé que a mí me llaman “Gossypium”86. Pero pueden
utilizarlo nomás; sepan que no me molesta, ya que tengo “mucha correa”...
Cuando, en eso notó que “El Cholo” lo miraba de modo especial, con
cierta picardía; ante lo cual creyó procedente añadir:
-- A ver Aspiazu: ¿Qué le pasa? ¿De qué se ríe? ¿O qué tiene que decir?
-- No ingeniero, si le dijera la verdad, usted se molestaría conmigo y yo no
quiero mortificarlo, ni faltarle el respeto…
--¡Qué ocurrencia! ¡Díga nomás! No me molesto -- Muy confiado, sobrado,
el profe lo instó a manifestarse de nuevo…
-- Es que usted no ha dicho completa la “chapa”... y que conste, por si las
moscas, que yo no la inventé -- Aclaró el pícaro mestizo.
-- ¡Dígala nomás! -- Ya en el área penal, pretendió driblear el magister…
-- Bueno pues... Si usted lo manda... Le diré que no ha dicho completo el
apodo que le han puesto. No es sólo Gossypium, el nombre genérico, sino que,
con el específico que falta, es:... ¡“Gossypium viscum”!
-- ¡Je! ¡Je! -- Alcanzó a un casi carraspear, con desgano, el clasificado
malváceo. Como entre que se reía y quería voltear la página. Con toda
evidencia, no le había gustado el taxonómico remoquete. Que la clase entera, en
cambio, sí festejó con estentóreas carcajadas.
-----
El Elías --como también lo llamábamos--, tampoco dejaba de banderillar,
entre otros profesores, al pobre “Cañón”... Como no le estudiaba, copiaba tupido
en los exámenes escritos. Pero no se molestaba en hacer ni en pedir prestados
algunos comprimidos. Plagiaba de frente de las hojas mecanografiadas del
curso. Se sentaba bien adelante en el salón, como ‘chancón’ o ‘franelero’, de
86
Nombre genérico, científico, del algodón. Y hay numerosas especies: Gossypium peruvianum;
G. barbadense; etc. E infinidad de variedades.

217
modo a no despertar sospechas, pues por lo general los “copiones” se ubicaban
atrás. Las copias las colocaba debajo de la carpeta, sobre las rodillas y muslos,
de modo a sujetarlas bien y hacerlas visibles cuando deseaba; simplemente
corriéndose un poco hacia atrás y mirándolas mientras el profesor se alejaba, en
sus clásicos y vigilantes (?) ‘paseos’, de adelante hacia atrás y viceversa. Y
cuando el profe se acercaba, se hacía como que meditaba mirando al techo y
dejando de copiar...
Mas alguna vez ocurrió que “Cañón”, pese a la poca perspicacia que lo
caracterizaba, había entrado en sospechas acerca del ‘raro’ comportamiento de
“El Cholo”. Y parándose junto a la carpeta del susodicho plagiante, dirigiéndole
la palabra en voz alta, ya de suyo bronca, para la audición de toda la clase, le
dijo:
-- Oiga Aspiazu ¿Qué es lo que pasa acá? Cuando yo estoy lejos, usted
escribe mucho y a gran velocidad y apenas me paro a su costado, usted no
escribe nada. ¿Puede explicar esto?...
-- Es que cuando usted se acerca, me pongo nervioso, Ingeniero, me
olvido y no puedo ordenar las ideas. Por eso tengo que pensar más cuando
usted está a mi lado.
La ‘inocencia’ de “Cañón” era olímpica y medio que se creyó el cínico
‘argumento’; no insistió entonces, mientras la clase entera sonreía.
-----
Otro profesor de personalidad muy singular era el Dr. Marino Tabusso.
Sus especialidades eran: “Patología Animal”, Ciencia Aplicada fundamental para
la Veterinaria) y “Microbiología”, básica también para la Agronomía; ambas muy
ligadas entre sí. Era realmente un sabio en sus materias.
Interesante resulta anotar que, no obstante ser Tabusso italiano,
dominaba el idioma español; habiendo llegado a niveles de casi la perfección;
con una extraordinaria elegancia en la expresión escrita, así como de notable
corrección en la oral. No restaba méritos, a esta virtuosidad, su larga residencia
en el Perú. El curso escrito --editado en separatas por la revista de los alumnos:
“Agronomía”-- se podía leer "hasta como obra literaria" –así lo decíamos--,
además de científica y técnica, de notable valor. ¡Cuánta falta nos hacen
profesores así en estos tiempos!
Cuando Tabusso hablaba en clases, se emocionaba y abstraía tanto, que
daba la impresión de ‘levantarse hasta desaparecer del mundo’. A veces parecía
como un sacerdote en éxtasis místico de la oratoria sagrada. Pero en su caso
solía ser en favor de los que llamaba: sus “calumniados microbios”. Pues decía,
con verdad, que así como los había ‘malos’ o dañinos, existían de los ‘buenos’,
benéficos o útiles... De tal modo, presentaba, pese a sus indudables altas
calidades culturales y profesionales, algunas fallas en lo pedagógico; en cuanto
a lograr disciplina en el salón y a establecer contacto suficiente entre profesor y
alumnos. Por lo cual, éstos, aprovechaban ciertos momentos para llegar al
relajo; a un clima colmado de indebidas chacotas.

218
El “Cholo Aspiazu”, en una de las clases, se hizo como que atendía con
excepcional concentración: La cara apoyada entre ambas manos y éstas,
continuándose en sus antebrazos y codos, sobre el tablero de la carpetita, en la
cual estaba sentado. Siendo tales muebles --a diferencia de los de otros
salones--, individuales y mas pequeños, además de unidos, la carpeta
propiamente dicha, con su respectivo asiento. Poco a poco, el zamarro fue
adelantando su mueblecillo; y, con él, su ‘graciosa’ humanidad. Hasta que llegó
a subirse a la tarima del profesor, casi topando su propia cara y el pupitre, con
los de tan inefable ‘teacher. Sacándolo así de su increíble ensimismamiento...
En medio de las risas de la turba estudiantil, airado, el docto maestro,
clamó:
-- ¡Oiga Aspiazu! ¿Qué le pasa?
-- Perdone doctor. Pero me concentré tanto, atendiendo a su clase, que
no me di cuenta de lo que pasaba -- Respondió el Elías.
Tabusso --bueno, generoso al fin-- no hizo cuestión de Estado por el
incidente. Es probable que no se sintiera con autoridad para recriminar
abstracciones extremas, momentos de ‘trance’, en la ‘concentración científica’.
Así, felizmente, la cosa no llegó a mayores.
-----
El tercer forajido, entre los principales, en la gestación del jolgorio
permanente de nuestra promoción, era Rodolfo Selem. En ámbitos familiar y
amical, lo llamaban “Fito”.
“Fito” Selem ofrecía, por aquel entonces, un tipo de humorismo propio,
bastante diferente al de los otros dos anteriormente referidos; con los cuales,
sin embargo, ínter potenciaban sus carcajeantes ocurrencias. Era
excepcionalmente agudo y oportuno. Quizás si su defecto, visto desde una
perspectiva de madurez cronológica, estaba en que, a fuer de satírico, llegaba a
ser muy hiriente, algo cruel. Sus fuertes eran los apodos y atribuir letras nuevas,
modificadas, para los propósitos que se trazaba, en caprichoso agravio de varios
condiscípulos, a canciones ligeras y alegres, hechas ya populares en el Perú de
aquellos tiempos.
El cierto sadismo de “Fito”, no solamente no merecía censura de nuestra
parte, sino, como muchachos que éramos, por el contrario nos hacía reventar de
risas; sobre todo cuando estábamos en grandes juntas. Eso se explicaba --lo
hemos dicho ya-- pues en la etapa juvenil se manifiesta mas intensa, tratándose
de sus agrupaciones, la llamada “Sicología de Masas”, que tan bien describe
Gustavo Le Bon… En la conducta colectiva no cuenta la compasión hacia el
prójimo.
No se puede negar que “Fito” estampó algunos apodos y ‘compuso’
ciertas canciones ‘geniales’; pero demasiado ‘lisas’ o hirientes hacia compañeros
vivos o con descendencia actual; resultando obvia la inconveniencia de hacerlos
públicos por estas líneas. Pues lo último que ellas quisieran es ofender.
Solamente se trata de anotar risueñas remembranzas.

219
-----
En materia del Buen Humor reinante entre nosotros, diremos por último,
que a los tres grandes: Córdova, Aspiazu y Selem, se sumaban otros virtuosos,
quienes sin llegar a ser, en la asignatura del reír, como los tres ya nombrados,
tenían su propio y adicional gracejo; haciendo buen coro, dando resonancias e
impulsos, a muchas risas, al tesoro de nuestro inagotable carcajear, durante ese
juvenil antaño.
De notables ribetes fue Francisco López Gadea, por desgracia hace poco
fallecido. Se le conocía y siempre se le siguió llamando, por todos y muy
cariñosamente: “Panchito”. Sería, en la plena juventud, la madurez y hasta sus
últimos días, excelente esposo y padre de familia ejemplar. Hube de honrarme,
largo tiempo, entre sus amigos más fraternos; mis hijos lo llamaban: “tío
Panchito”.
“Panchito”, era bueno como el pan, noble como el vino añejo, y alegre
como una castañuela. Optimista como el que más. Todo lo veía color de rosa.
Nunca se le oía una expresión amarga, hiriente, pesimista o negativa. Era
realmente un remedio del alma. Todos buscaban su cercanía. Mostraba gran
habilidad para hacer de prima voce en los coros festivos; por sus ocurrencias y
las alegres risas que hacía brotar en su seno; haciendo resonar, más aún y muy
por lo alto, a las creaciones del trío de chistosos estrella de la clase.
Otro, quien para satisfacción de sus compañeros, formaba parte, con gran
productividad humorística, del famoso equipo molinero ‘43, de las risas sin par y
sin fin, aunque de apariencia engañosamente seria e introvertida, era: Luís
Blume B..
Lucho Blume mostraba varias y estimables aptitudes: Sabía escribir y
versificar en chiste. Fue así ‘brazo derecho’ del escritor, director titular --su
tocayo y muy amigo--, Lucho Córdova, en la edición de los periodiquitos
humorísticos cuya referencia hemos hecho. Blume, además, era un virtuoso del
acordeón; instrumento que le permitía alegrar, en apreciable medida, nuestras
frecuentes y nutridas reuniones festivas; así como crear y adaptar mejor las
composiciones musicales satíricas, de profuso eclosionar en el clima de
entusiasmos, conocimientos, y creatividades promocionales, de todo orden, que
para felicidad nos iluminaban.
Otro tipo humano singular, era Apolinario --¡qué tal nombre!-- Rueda: “El
Negro Rueda”. En verdad, más zambo o de “color honesto”, cuanto que negro
propiamente dicho. Su nominación bautismal, de indudable sello criollo afro
negroide, sonaba ‘especial’, por decir lo menos; pues más que tal, parecía un
apodo.
Nuestro profesor de Química, Enmanuel Pozzi Escot, francés de origen y
muy acriollado con el tiempo, hacía constante uso del humorismo en las clases;
como instrumento para una mayor atención, memorización, y amenidad, en sus
alumnos, y para su propio dominio de escena. Adicionalmente, mostraba con
sus actitudes, un marcado desdén por los convencionalismos burocráticos de las

220
enseñanzas rutinarias, a la sazón ya comunes. Al pasar lista, por ejemplo, las
iniciaba por donde le daba el antojo (sea por el comienzo o por el fin), llamando
a los alumnos por el nombre o el apellido. Cuando ellos movían a risa,
precisamente los pronunciaba en voz muy alta. Así, teníamos un compañero de
apellido Saito, hijo de japoneses; lo llamaba, con voz tronante, por su singular
nombre de pila:
-- ¡Chiyuqui!
Risas generales... y pavo del 'punto'.
Para el caso de Rueda, especialmente, con mayores decibeles, clamaba:
-- ¡Apolinario!
Todos soltaban, al unísono, sonoras carcajadas. Pero no había, en este
caso, pavo visible. Pues, el color facial del susodicho cutato, cubría con creces,
el correspondiente a cualquier posible juvenil sonrojo.
A Rueda, su nombre de pila lo tenía curcuncho. En alguna ocasión
percibimos cómo en su ámbito familiar no toleraba lo llamaran Apolinario, e
impuso inclusive el apocopado “Apo”, como único sobrenombre admisible...
Moraleja:
Los padres debieran evitar y las autoridades, como los sacerdotes,
no permitir nunca, colocar nombres estrafalarios a los niños, en las
inscripciones de nacimientos o en las pilas bautismales.
Lo cierto es que el tal Apolinario era muy gracioso y se podría contar, de
él mismo, numerosas anécdotas...
Uno de nuestros compañeros, cuyo nombre por prudencia mejor es no
decir, dado que no goza de buenas pulgas, era también de tez bruna, pero de
color menos subido, algo cetrina, de facciones finas; a quien --por un notable
parecido-- habían apodado: Hailie Selassie (sempiterno Emperador de Etiopía)...
Mas no siendo el dicho sobrenombre de pronunciación fácil, venía quedando en
desuso. Por otro lado, había en nuestra clase varios compañeros también
“grones”; es decir, en mayor o menor grado, de “color honesto”. Rueda le
estampó entonces, al imperial interfecto, la “chapa” --más deglutible-- de “Jefe”...
¡De todos los 'negros' de la promoción! La que sí habría de recibir aceptación
general... Incluida, a la larga, la del mismo agraviado, sin mayores protestas ni
reniegos.
-----
En otro terreno, todos habíamos observado que el “Negro Rueda” no
gustaba de ir a las playas, ni nadar en piscinas; pese a que era deportista y
hasta buen jugador de fútbol. Alguien, de los intrigados, le preguntó cierta vez:
-- Oye Negro ¿Por qué tú nunca vas a las playas? ¿No te gustan?
-- No --Replicó, resuelto y al punto, el popular negroide.
-- Pero ¿por qué? Si no hay un muchacho, salvo tú, a quien no le gusten.

221
--- No... Porque me da erisipela (!).
-- ¡Un negro con erisipela! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! -- Se oyó un coro de muchas risas
estentóreas.
El ingenioso “Negro Rueda” contribuía así, en múltiples ocasiones, a
incrementar nuestras carcajeantes alegrías.
-----
Concluiremos esta parte, diciendo --recapitulando y resumiendo-- que en
la Escuela de La Molina llegábamos al máximo Disfrute de la Vida, en la primera
etapa juvenil de la existencia. Por la oportunidad, harto especial, en grado y
formas, de desarrollar un intenso Sentido del Humor; de practicar un gratificante
Humorismo, en variadas modalidades. Lo cual le hemos de reconocer a la
Bondad Divina y a la Buena Fortuna, durante nuestro periplo terrenal. Si algo
podemos recomendar y hacerlo recordar, siempre --basados en una experiencia
concreta que no admite negaciones--, a profesores, padres de familia y a todos
aquellos que algo tengan que ver con la orientación y formación personal de los
seres humanos, es lo siguiente:
El Buen Humor se cuenta entre los medios más eficaces para la
preservación y mejoramiento de la Salud del Cuerpo y la formación de un
Espíritu Noble y Elevado. Y mantenido hasta el fin de la Ancianidad, es el
mejor instrumento para Vivir y Envejecer con Dignidad; logrando el Pleno
Gozo de toda la Existencia. Es la Marcha de Aliento y la Música de Fondo
de la Felicidad Humana.
-----
Dos Excursiones de Promoción de especial trascendencia.- Durante
el año de estudios de 1,943, realizamos dos grandes giras por el Territorio
Nacional, en prácticas conjuntas de la promoción: Una a la Región de la Selva
de Huánuco y Tingo María, por el mes de Mayo; y otra, a la Sierra Centro y Sur,
por los meses de Julio y Agosto.
En la primera --y después de ella-- hube de elaborar y presentar un
informe sobre los trabajos de la Estación Zootécnica de Tingo María, el cual
habría de publicarse en la Revista “Agronomía” (Nº 31- Jul. Ag.-1,943), dando
lugar a un encendido debate de alcance nacional, el cual, entusiasmándome al
máximo, terminó por hacerme ratificar, ya de modo definitivo, sin marcha atrás
posible, mi vocación por la especialidad profesional en Ganadería Tropical, con
énfasis en la Vacuna.
La segunda excursión, resultante en un ‘repaso’ a una anterior bipersonal
hecha con Alberto Vega, permitió ir aclarando, cada vez más, ciertos prejuicios
traídos desde la etapa escolar infantil; inculcados por profesores e intelectuales
“indigenistas” (?); quienes --dicho sea de paso-- jamás son “indígenas”,
promotores de la “Leyenda Negra”, conjunto de infundios, de origen
judeomasónico, antihispánicos y anticatólicos, con pretensiones sin bases, de
constituir “Historia”. Percibimos realidades irrefutables sobre nuestra Identidad
Nacional: Mestiza y Católica. No multirracial, ni multilingüe y multicultural, como

222
se dice, sino Unificante. Ya habrá oportunidades para volver a referirnos al
asunto.
-----
Debo decir ahora, cuán decisivo resultó para mi trayectoria existencial,
como hubiese podido serlo para más de un joven, el hecho de haber sido, en
ese mismo año ‘43, elegido Director de la Revista “Agronomía”. Allí aproveché
bastante --según creo-- de los ejercicios, incipientes todavía, de Escribir y de la
Oratoria. Los cuales resultaron de ineludible necesidad el practicarlos. Además,
allí mismo, ciertos sucesos me abrieron los ojos sobre la naturaleza y
entretelones del Periodismo y de la Política. Enaltecedoras actividades humanas
--entre otras elevadas vocaciones y focos de nobles idealismos-- que pueden
llevar, y llevan, a niveles de heroicos y generosos apasionamientos.
-----
En los dos capítulos anteriores hemos tratado de la Vocación Profesional
y del Idealismo Vital, incidiendo en las fases iniciales de la constitución de estos
importantísimos factores de la Felicidad Humana. En el presente Capítulo, el de
la Juventud, debemos ampliar conceptos acerca de lo que al respecto se
completa, generalmente, en esta edad. Habíamos dejado establecido, también,
que no necesariamente Vocación e Ideal, son únicos; sino que pueden ser dos o
más cada uno, múltiples; y aunque algunos hasta aparentemente contradictorios
entre sí, la contradicción puede resolverse en variadas formas, entre otras, por el
tiempo de su ejercicio, por sus orientaciones específicas o de detalle, etc. Y es,
en la plena Juventud, precisamente, en que Vocaciones e Ideales, se
consolidan. Es por ello que volvemos sobre el tema aquí.
Hasta cinco Vocaciones y sus correspondientes Ideales --sorprendente
parece, pero algo natural es en el fondo--, se acabaron de definir y forjar en mí;
casi juntos y con bastante claridad, en el curso de los años ‘42 y sobre todo del
‘43. Coincidiendo con la llegada a la mayoría de edad y de los dos últimos ciclos
anuales en la E. N. A. V. de La Molina. Consecuentes, también, a las
experiencias, estudios y viajes, ya narrados; y en especial a las vivencias por
referir más adelante, acaecidas en la Revista Estudiantil “Agronomía”. Cinco
vocaciones, a saber:
El Periodismo. Escribir; en luchas por Causas Nobles. La Oratoria. La
Elocuencia. El Arte y la Técnica de Hablar Bien en Público; de la Comunicación
e Influencia Oral Masiva; para semejantes fines. La Enseñanza. Difundir
Doctrinas y Conocimientos; para la Formación de las Personas- “Aprender
enseñando”. La Política. Con Mayúscula. Noble y Elevada Actividad de Bien
Público; concordada con la Moral, debiendo inclusive ser subordinada a ella. Y
La Profesional. Ingeniería Agronómica, con Especialidad en Ganadería
Tropical. Ciencia y Técnica al Servicio de la Nación, en la Conquista de la Selva
Peruana.
El Periodismo. Había contado de mi parcial y primera experiencia de
‘periodista’ y de ‘escritor’, durante el año 1,942, como miembro de la Directiva de

223
la Revista “Agronomía”; comprendiendo la redacción y publicación de mi trabajo
sobre suelos en la Hacienda “Santa Rosa” de Cañete; así como algunas
colaboraciones en la redacción y correcciones de los originales de artículos y de
sus pruebas de imprenta.
Fui nombrado después, a comienzos de 1,943, para ese nuevo ejercicio,
Director --con plenos poderes-- de tan meritoria publicación estudiantil.
Consciente de la responsabilidad que estaba asumiendo, procedí a
designar a mis principales colaboradores inmediatos en la nueva Directiva, la
cual debía tener 6 miembros: 4 de nuestra promoción (‘43) y 2 de la siguiente
(‘44); en el acertado criterio, ya en parte vigente, de preparar a dos directivos
para sucedernos y conectarnos mejor con la siguiente plana, garantizando la
buena continuidad de la Revista.
De tal suerte, designé, como ‘Jefe de Redacción’, a nuestro compañero
Hernando Mercado Jarrín, quien era reconocido entre nosotros como poseedor,
en los terrenos de las artes literarias, de una excelente ortografía y redacción.
Pues, guardando yo aún en mi fuero interno, algo del complejo de “no saber ni
poder escribir”, pensé, en él, como valioso elemento de ayuda --y efectivamente
lo fue-- para los fines de las correcciones en los originales de edición y en las
pruebas de las impresiones; amén de las redacciones de editoriales, crónicas, y
páginas adicionales a las de colaboradores y columnistas especiales o “de
planta”. Los otros miembros de la Directiva o “Redactores”, fueron:
Carlos Águila Pardo, a quien le solicité su colaboración como ‘orador
oficial’, pues todavía era yo presa, también. de mi otro complejo: el de “no saber
ni poder hablar en público”; habilidad incluso más difícil que la de escribir.
Previendo que se requeriría de un ‘discurseador’ en el equipo; por los
compromisos frecuentes de “publics relechions” --como dicen los huachafos--; y,
también, porque se debía exhortar a los alumnos, con impetuosa y avasalladora
vehemencia, para que se suscribieran a la Revista, ayudasen a conseguir
avisos, compraran números atrasados, así como separatas de los cursos
publicados. Pues, sólo con todos esos y otros ingresos adicionales, era posible
sostener las endebles finanzas de la que llegaría a ser nuestra muy querida y
batalladora publicación.
Carlos gustaba del buen hablar en público... O simplemente del hablar
ante auditorios de preferencia numerosos; en cuanta ocasión se presentara. A
nuestro sencillo criterio, lo hacía bastante bien... En los chifazos de camaradería,
en la jamás olvidada Calle Capón, que nos mandábamos con agradable
frecuencia e intenso regocijo, él hablaba de cajón... ¡Aunque no fuese
necesario!... Y, cuando no se lo pedían, se insinuaba y hasta reclamaba ‘el
honor’. De tal modo, en virtud de su 'universal prestigio’, de la fe tenida en sus
condiciones retóricas, lo llamé a colaborar. Lo cual aceptó con el mayor contento
y entusiasmo.
El tercero --¡no podía faltar!-- fue Lucho Córdova; quien realmente y al
poco tiempo, se constituyó en “mi brazo derecho”. Con gran lealtad y en todos
los asuntos concernientes a la Revista: Redacción y Correcciones --¡por

224
supuesto!--, Impresión, Diagramaciones, Búsqueda de Colaboradores y
Suscripciones, Finanzas, Administración y Contabilidad, Avisaje, Distribución,
etc.87
Como he dicho, colocamos además a dos alumnos de la promoción ‘44:
Miguel Balbi y Fernando Suito, quienes --especialmente el primero-- se habían
mostrado, desde tiempo antes, muy voluntariosos y cooperadores;
asegurándonos así con ellos y como debíamos hacerlo, la continuidad de la
Revista.
Otros muchachos, nos ayudaban en múltiples formas: Unos consiguiendo
avisos; la principal manera de financiar publicaciones y --lo aprendimos desde
entonces-- de apoyarse, la abusiva e interesada presión, de las fuerzas del
dinero (del “Poder Financiero”). Algunos compañeros y profesores colaboraban
escribiendo artículos sobre cuestiones técnicas y de interés general y cultural.
Hubo otros aportes especiales y muy útiles, como los de nuestro
condiscípulo Felix Águila Calderón, de grandes condiciones como dibujante a
tinta china. Hizo los diseños simbólicos (logotipos e íconos, como diríamos
ahora) que decoraron los encabezamientos de las distintas Secciones. Así como
el marco de las carátulas, impresas a colores variados, para cada número; con
el nombre de la Revista: “Agronomía”, como título principal y los subtítulos
explicativos adicionales, así como los campos para indicar el mes, año
calendario y el de la vigencia de la publicación, con el número de cada edición.
En el espacio central iba una magnífica fotografía del bello edificio
principal o Pabellón de Administración de la Escuela, de estilo morisco español,
tomada por Rodolfo Sélem, quien era un buen aficionado a tal arte... ¡En las
maquinitas “de cajón” de aquellos tiempos!
Un alumno de la promoción ‘45: Gonzalo del Solar, quien era Secretario
de Economía del Centro de Estudiantes, ayudó en llevar las cuentas del
movimiento económico, el cual, comenzado con déficit, llegó a terminar con
amplio superávit, al fin de nuestra gestión.
En verdad, nos auxiliaron numerosos compañeros, cuyo entusiasmo,
felizmente, se logró despertar.
Cuando recibimos la Revista “Agronomía”, cumplido el ejercicio de 1,942,
su situación era bastante deficiente, en numerosos aspectos, por muy meritorio,
como efectivamente lo fue, el trabajo realizado por los muchachos de las
directivas anteriores... ¡Y si no será difícil y abnegada la labor periodística,

87
Con Lucho Córdova nos pasábamos largas trasnochadas, en los ya dichos, baratos y famosos
chifas de la calle Capón, corrigiendo pruebas de imprenta y redactando artículos, en medio de
una bulla terrible y de mucho humo, producidos por los clientes... de los comunes y de los más
bullangueros, borrachines y fumadores. Tanto tiempo dedicábamos a ello, que estuvimos a punto
de perder nuestros estudios. También corregíamos pruebas, hasta altas horas de la noche, en la
propia Imprenta “Lumen”... ¡A linotipos! (tipos en línea, hechos con aleación de plomo, muy
caliente, fundida). Estaba ubicada en la calle lateral a Palacio de Gobierno, dando a la Estación
de Desamparados... ¡Don Víctor Andrés Belaúnde --lo vimos varias veces-- también corregía y
supervisaba allí sus muy valiosas publicaciones!

225
además, cuando es honesta! Por consecuencia --más que de las evidentes
deficiencias, del Periodismo y de los periodistas mismos— de las acciones del
"Sistema" dominante, en lo Político, Económico, Social, Religioso y Moral, tanto
en el país como en el mundo.
Nosotros nos propusimos --especialmente Lucho Córdova y yo-- cambiar
a la Revista, radicalmente; para bien, revolucionándola a fondo. Preservando,
por supuesto, lo bueno hasta entonces hecho.
Comenzamos desde el arreglo y limpieza del local u oficina, encontrado
en estado deplorable; así como haciendo imperar la disciplina en el
comportamiento de los muchachos al interior de ella. Amén de una buena
disposición del mobiliario y de la marcha administrativa y contable.
Para el mejoramiento de las finanzas y del prestigio general de la Revista,
impulsamos la venta de gran cantidad de cursos en separatas y de números
atrasados; el incremento de las suscripciones y del avisaje; además de la puesta
al día y ampliación de los canjes con publicaciones nacionales y extranjeras; así
como de la cobranza de la subvención que se debía recibir de la Escuela.88
De la Revista, cuando mucho, salían anteriormente tres números al año;
nosotros logramos publicar seis. Lo cual no se había conseguido nunca. La
carátula era antes de un color insulso, por decir lo menos (“caqui”). La que
hicimos, resultó colorida, muy vistosa, como se ha explicado. Pero lo más
importante estaba en el contenido mismo:
Rompimos con el cierto sentido rutinario, de frialdad emotiva, así como de
evidente superficialidad, que había adquirido la Revista. Contenía ella
reproducciones de cursos (“separatas”) y por lo general artículos gélidamente
“técnicos”; sin mayor visión nacional, filosófica o doctrinaria; ni actitud combativa
alguna o de “calor humano”, al menos.
Por añadidura, las primeras páginas estaban ocupadas por las referencias
a eventos deportivos, ocurridos en la Escuela o con participación de sus
estudiantes, dándoseles, así, deformada prioridad, que no les correspondía.89
Nosotros establecimos, en la primera página, inmediatamente después
del Sumario, la Sección Editorial, con su gran y vistoso “logo” propio y las
indicaciones generales y de ley, correspondientes a toda publicación del género
(Nombre, Dirección, Directiva Responsable, precio, fecha, número, etc.). Y el
Editorial mismo, bajo el título: “Nuestra Palabra”, trataba siempre temas de peso
¡Que si los había de sobra1 En la Escuela y en el Agro Nacional...

88
La Revista recibía de la Dirección de la Escuela una subvención de S/. 200.00 por número
publicado. Estas cobranzas, paradójicamente, estaban atrasadas.
89
Ya desde entonces se comenzaba a notar la tendencia creciente y general en el mundo y en el
país, a levantar la aparente ‘importancia’ del así impropiamente llamado “deporte”, que debiendo
ser el medio más sano de ejercicio y desarrollo del cuerpo, en apoyo del espiritual, se ha
convertido, en cambio, en espectáculo masivamente idiotizante y en negocio abiertamente
especulativo.

226
No solamente explicábamos los fines de la Revista; opinábamos sobre los
de la Escuela y los de la Profesión; acerca de la Misión de la Juventud ante el
Perú; sino que tocábamos los problemas mismos de la Política Agraria y los
Humanos, de aquellos tiempos --¡los de la plena II Guerra Mundial!--, abiertos al
intenso interés general de los peruanos y de prácticamente todos los pobladores
del mundo.
Había, además, los temas de la Autonomía de la Escuela, que pugnaba
por abrirse paso, frente al Ministerio de Fomento, al cual hasta entonces ella
pertenecía.
Igualmente, la cuestión de la Enseñanza Veterinaria en el Perú, que
debiera seguir y desarrollarse civil y en nuestra Escuela. Pero que, con toda
impropiedad, para constituirse en una Veterinaria Militar, era disputada por un
reducido aunque influyente sector castrense, torcidamente interesado en ello,
con la anuencia de algunos ‘políticos’ de frágil moralidad, pero a la sazón
poderosos, para, en el curso de un largo y accidentado proceso, terminar por
ubicarla como una nueva “Facultad” --abrumada entre otras numerosas-- en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos...
En fin, innumerables otros asuntos, como las turbideces de la Compañía
del Guano y de la producción y comercio de los Fertilizantes en general; las
desorientaciones acerca del Desarrollo de la Selva, en especial de su
Ganadería; el álgido Problema Alimenticio, etc. Los tratábamos, tanto en los
editoriales, como en artículos específicos y en los de comentarios diversos; con
gran energía y vigor. Hasta con un ímpetu francamente crítico y combativo, por
entonces inusitado, en los pacifistas ambientes de la profesión, que se venía
aburguesando y burocratizando por demás.
Todo lo hacíamos nosotros mismos; solos unas veces y por artículos de
algunos profesores en otras ocasiones. En especial ‘resonaron’ los muy valiosos
y casi virulentos del Prof. Dr. Emm. Pozzi-Escot, concordantes con el nuevo
espíritu que animaba a la Revista. Los dichos escritos producían gran impacto,
tanto en el interior de la Escuela misma, como en todos los predios de la
Agronomía Peruana, con fuertes ecos hasta en la Política Nacional del Perú.
Conscientes los muchachos de los efectos que causaba la aparición de
cada uno de los números de la Revista, terminaron llamándola: ¡”La Bomba”!...
¿Ya salió “La Bomba”?... preguntaban ante cada inminente edición.
Cuando escribí el primer Editorial, experimenté un cierto temor, previo a
su impresión, fundado en la todavía poca confianza en mis aptitudes de
‘escritor’. Acudí entonces a Hernando Mercado, con el manuscrito proyectado,
pidiéndole que lo leyera y examinara detenidamente, para luego, con toda
confianza y sinceridad, me dijera si valía la pena publicarlo. Advirtiéndole que yo
prefería evitar a tiempo el posible ridículo, a una edición, pretendidamente
halagadora, pero de evidente impropiedad. Le pedí que, en el caso más
favorable, procediera a corregir las faltas de ortografía y redacción, que de todos
modos suponía numerosas. O que, en la situación más negativa previsible, me

227
expresara su opinión, con claridad meridiana, sinceramente, hasta si debiera
hacerse un nuevo editorial; a ser mejor escrito por otro alumno...
No tardó ni dos días Hernando, regresó con el artículo minuciosamente
leído y corregido. Y me dijo entonces:
Francamente, sin hipocresías de ninguna especie, que no las acostumbro,
he encontrado bueno el artículo. Por supuesto, debe ser publicado. Solamente
me he permitido hacerle unas pocas y pequeñas correcciones ortográficas,
fácilmente visibles, pues las he marcado de modo resaltante.
Me sorprende mucho lo que dices -le respondí-, pues con la misma
franqueza te diré que dudaba de la calidad del artículo y temía graves faltas de
ortografía y redacción...
Prácticamente nadie escribe perfecto, en cuanto a lo gramatical se refiere
--me replicó-- Se trata de superarse poco a poco, a fuerza de constancia. Lo
más importante, sobre una ortografía aceptable, que no le falta a este proyecto
de Editorial, es su valiosa originalidad, el sentimiento, la sinceridad; saltantes por
todos sus lados.
¡Muchas gracias! ... De ahora en adelante tendré más ‘valentía’ para
escribir. Aunque me prometo, a mí mismo --le dije--, sin caer en soberbia, ni
excederme en la confianza, permitiéndome acudir, siempre, a tu generosa
ayuda.
Y así fue efectivamente. Escribí desde entonces con mucha mayor
facilidad y soltura, auxiliándome, por supuesto, con la asistencia de Hernando
Mercado, de Luís Córdova, y con frecuencia también, con la de Miguel Rubio;
otro compañero de estudios y 'Cervantino Paladín de la Gramática Castellana’.
Además, cuantas veces podía yo, me ayudaba con diccionarios y textos
sencillos, de ésa excelsa disciplina básica –la Gramática-- que comenzaba a
entender mejor, para la correcta expresión escrita y hablada.
En nuestra Revista publicamos algunas tesis de grado, así como
numerosas colaboraciones de los estudiantes, procurando estuviesen dotadas
de originalidad y destilaran vocación profesional entusiasta, así como elevados
sentimientos de amor patrio, sensibilidad social y otras inquietudes nobles e
idealistas de semejante jerarquía.
Fuimos desterrando los pensamientos, actitudes y hábitos, rutinarios,
burocráticos, oportunistas, “sin alma”, rudimentarios y “huachafos”. Que parecían
avasallar, desde ya --¡y mucho más ahora!-- al espíritu generoso de la juventud.
¡Toda la Revista mostraba una potencia espiritual desbordante e
inusitada!
Se crearon varias secciones de interés: “Notas de la Escuela”; “Síntesis”,
la cual ofrecía extractos resumidos de lo mas interesante aparecido en las
revistas recibidas en canje; “Comentarios”, para cuestiones de interés nacional;
“Publicaciones en Canje”, que informaba a los alumnos, por una relación
general, sobre las publicaciones recibidas y puestas a su disposición;

228
“Consultas”, en la cual dábamos respuesta a las interrogantes de los lectores,
sobre los más variados temas de carácter técnico, etc.
Viene al caso señalar, cómo teniendo nosotros una clara idea de la
valiosa significación del Deporte, en especial para la vida juvenil, le concedimos,
a este rubro, la importancia que realmente merecía y merece. Aunque sin
domesticarnos, jamás, ante la fingida ‘consideración’ y hasta ‘prioridad’, que la
‘cultura’ burguesa dominante, simula concederle. Valgan verdades, empero,
llevándolo hasta niveles de histerias colectivas, de espectáculos idiotizantes, en
agravio de las mayorías, convirtiéndolo en un descarado negocio, cínicamente
especulativo.
Al Deporte le dimos, con toda sinceridad y decisión, verdadera y
apropiada importancia. Asignándole un espacio propio, con el nombre de: “Notas
Deportivas”. Ubicado en la parte final de la Revista, pero con mayor número de
páginas, ilustraciones, logotipo especial y más cuidado en la redacción, que en
las publicaciones anteriores. Sin embargo, jamás suplantando o posponiendo
temas de evidente mayor trascendencia, a los cuales, por lo general, casi no se
apreciaba.
Narraremos cómo, en el penúltimo número del año ‘43, en cuanto a las
“Notas Deportivas” de aquella edición, nos vimos en un ‘serio aprieto’; dado
nuestro permanente y sano propósito periodístico de propender a elevar, en los
diversos campos y con la más grande intensidad, la moral (también en su
acepción de ‘entusiasmo’) de los muchachos de la Escuela:
Ocurría que todos los años tenían lugar dos clásicos partidos de fútbol,
entre los equipos de nuestra Escuela y los de la Nacional de Ingenieros. Uno
correspondía al seleccionado de los cuatro primeros años de cada instituto y el
otro al del 5º o último, el nuestro, el de “los ancianos”.
Estos partidos comprometían a fondo el entusiasmo de la muchachada
ingenieril; tanto agronómica, como de las diversas especialidades de la civil.
Unas veces, ganaba “La Molina” --aunque éramos de un menor número de
estudiantes-- y otras “Ingeniería”. Las “barras”, por demás bullangueras y
vistosas, competían también ardorosamente, en decoración de los escenarios,
himnos, gritos, “maquinitas”, y cánticos. Alentadores del propio bando y
satirizantes del ‘adversario’.
La sana alegría juvenil, el colorido, sonoridad y belleza, de los dichos
torneos y otros de carácter atlético, emocionaban “hasta la pepita del alma”, a
todos los muchachos. Ganar era muy importante. “Cuestión de Honor”. Y,
perder, muy triste. Una tragedia. Pero que, a poco, deportivamente, se asumía,
sin decaer, jamás, la caballerosidad en el trato inter escolar y la fraternidad, en y
pos eventos, brotadas en medio de las pugnas entre los ‘adversarios’ de
canchas y pistas.
Cosas de la vida... pero ¡así es el fútbol!... en los dos partidos del año ‘43
¡perdimos!... Y ¡debíamos dar cuenta de ello en las “Notas Deportivas”! No
obstante, sin deprimir a los muchachos; sin bajar el tono de la Revista, siempre

229
entusiasta, optimista y triunfador. Y, al mismo tiempo... ¡sin mentir! Norma ética
jamás abandonada... ¿Qué hacer?
Nos reunimos en Consejo Directivo para deliberar sobre el asunto.
Alguien --no recuerdo quién-- planteó tomar las cosas por el lado del humorismo.
Asumiendo, seguramente, la sabia máxima:
“Nada arregla mejor las situaciones difíciles o las hace más
llevaderas, que el Buen Humor". "Todo se puede perder, menos el Humor".
Que se debe generar y ha de conservarse y cultivar, constantemente, con
indesmayable devoción.
Llamamos entonces al inefable “Cholo Aspiazu”, a quien, investido para el
caso con el pomposo título de: “Cronista Deportivo del Secretariado de
Deportes”, le encomendamos la redacción de la crónica correspondiente a ese
festival, tradicionalmente realizado en homenaje al “Día del Estudiante de
Ingeniería”...
El articulista ‘ad-hoc’, se las ingenió para resaltar en los episodios propios
del evento --en utilización del habilidoso recurso de "la verdad a medias"--, los
aspectos favorables al bando de Agronomía; con múltiples y graciosas
referencias complementarias, a los más rebuscados apodos, por enaltecedores
y chistosos, de clara pertenencia a los nuestros; amén de subidos ditirambos
sobre las “hazañas” de los “chacareros”, en sus pugnas con los “adoberos”.
Una buena cantidad de líneas dedicó a la descripción del escenario y de
las variadas y más jocosas incidencias, previas al partido, en el partido, y
después del partido; presentando a nuestra barra –esto en pura verdad-- como
“triunfadora”, frente al desempeño de la rival de Ingeniería.
Mas en el asunto de los partidos mismos, la cosa era ya más peliaguda.
Sin embargo, con gran maestría, mucho salero, dramatismo, e imágenes
vívidas, los describió, con indiscutible veracidad, en cuanto a las situaciones y
los datos positivos; pero callando lo desfavorable. Y tomándose licencias, no
precisamente justicieras, en el campo de las apreciaciones subjetivas. Es claro,
evidenciado en estos puntos, el enfoque bromista de la narración... Señalaba...
¡hasta el resultado en goles!... Pero… ¡sin decir quién era el ganador!... Vaya un
textual ejemplo:
“Los cuadros de Agricultura respondieron como de costumbre y se
“apoderaron de la cancha, demostrando mejor calidad de juego que sus rivales y
en "todo momento fueron sus dueños y señores, haciendo, de este modo,
temblar más "de una vez, a las defensas contrarias...”
“El primer partido terminó con el 'score' (sic) de 2 a 0 y el segundo con el
de 1 "a 0, en medio de la gran alegría de los vencedores.”
Pero... ¡No decía quiénes fueron los vencedores!
Ciertamente, el artículo y la Revista hubieron de ser celebrados de modo
unánime por los alumnos, quienes, risueños ya, despejaron tristezas,
depresiones y complejos de derrota. Los dirigentes, por nuestra parte,

230
quedamos muy satisfechos por los resultados de la ingeniosa y original salida
‘literaria’, de tan gran apuro; gracias al nunca suficientemente bien ponderado y
nuestro muy querido y grandioso “Cholo Aspiazu”.
-----
La Revista dio las mejores ocasiones para desarrollar en nosotros --
además de la afición al periodismo-- múltiples ideas y emociones, generadoras
de varias formas de vocaciones e idealismos vitales; motores de una gran
Felicidad Existencial. Aunque, en verdad, el Periodismo nunca funcionó en mí
como una vocación propiamente profesional, pues no dependí de él para mi
sustento económico, sí fue, en cambio, una intensa dedicación, en vigoroso
apoyo a grandes ideales. Sólo en una época tuve ocasión de escribir
colaboraciones pagadas, mucho tiempo después y por un corto lapso, en la
Revista “Oiga” y en el Diario “La República”, así como algunos artículos
remunerados por entidades interesadas en sus temas, en varios de los más
importantes periódicos de Lima. Pero es el caso aquí, que estábamos
comprendiendo, por la Revista “Agronomía” y prácticamente por primera vez en
la vida, ‘en pellejo propio’, algo muy trascendente:
La existencia humana se presenta muy hermosa, cuando se la
percibe alentada por vocaciones intensas e ideales superiores. Tanto más,
cuanto mayor el número y jerarquía de sus posibles formas.
Así fue como se añadieron, consolidaron, y fortalecieron, en mi espíritu,
también las otras vocaciones e ideales.
-----
La Oratoria.- Había indicado cómo hasta el inicio de nuestras inolvidables
aventuras periodísticas molineras, yo tenía la sincera convicción de mi
incapacidad total "para escribir" publicaciones; y mayor, si cabe, "para hablar en
público”. Y así, recién venciendo a la primera, estaba tratando de dominar a la
segunda”.
Muy lógico me parecía que no pudiendo casi escribir, menos pudiera
hablar en público. Por tales razones y reconociendo una realidad supuesta
inobjetable, había pedido la colaboración de nuestro condiscípulo Carlos Águila
Pardo; a los fines de afrontar cualesquiera ‘compromisos oratorios’,
concernientes a la función por mí asumida, con tanto empaque, cuanto pocas
dotes.
Ocurría que uno de los primeros pasos de la Nueva Directiva, debía
consistir en lograr la cooperación de los muchachos, en especial la de los más
numerosos, que eran los del Primer Año, en forma de masivas suscripciones,
compra de números atrasados y de “separatas” de los cursos editados; y,
pudiéndose algo más, hasta promoviendo el avisaje...
Conseguir el entusiasta apoyo de los alumnos del Primer Año resultaba
algo muy importante, decisivo, pues constituían alrededor de la mitad de la
población estudiantil molinera; aunque, al mismo tiempo, eran los más
‘chúcaros’, indomables o salvajes, para decirlo con todas sus letras. Sumaban

231
como 100, pues comprendían a los recién ingresados (unos 50), más los
“jalados”, una, dos y más veces, no habiendo podido pasar al segundo año en el
primer intento. El resto de la Escuela, con cuatro promociones de
aproximadamente 25 muchachos cada una, totalizaba como 100 alumnos más.
Por otra parte, después del terremoto del ‘40 y por un tiempo
relativamente largo, los de Primero o “cachimbos”, no pudieron ser ubicados
como los demás grados en las insuficientes edificaciones refaccionadas y
reconstruidas de La Molina, razón por la cual fueron instalados en Santa Beatriz
(en el hoy barrio de Jesús María, de Lima), en un edificio y terrenos todavía
disponibles de la antigua y primera Escuela de Agronomía del Perú, que fuera
fundada en 1,902 (en la cual había estudiado mi padre, sea dicho de paso).
El hecho de estar solos los “cachimbos”, sueltos en plaza y dueños de la
cancha en Santa Beatriz, sin una media sombra, ni siquiera ante cierta
competencia indirecta de los alumnos de años superiores, añadiéndose la alta
proporción de “jalados” primarios y reincidentes --“vagonetas”, forajidos y
pendencieros, casi todos éstos--, creaba en ellos una actitud bastante
autónoma, “libertaria” y hasta “iconoclasta”, francamente rebelde o subversiva...
Para afrontar tan tormentosa situación y erupcionable ambiente, había
sido designado por la Escuela, un “Inspector”, a tiempo completo. Una suerte de
“sargento”, del arquetipo consagrado por la imaginación popular, como “maldito”
o “mascafierros”. Del temple de un domador de fieras, retirado ya de alguna
Fuerza Armada y contratado ex profeso; quien, ayudado por algunos asistentes,
de similares genomas y frutos de semejantes procesos de ‘profesionalización’,
mantenían el orden, tanto cuanto les era posible. A un grado pasable, por lo
menos.
Con todo y así, nada quitaba que el Primer Año constituyera una
población estudiantil temible, para quienes la contactaran, sin su clara y previa
anuencia o –peor-- con su previsible antipatía. Se mostraban en especial
belicosos contra los alumnos de los años superiores --de modo general
envidiados, recelados y hasta detestados-- cuando ocasional o inesperadamente
se veían obligados a presentarse ante ellos, agrupados éstos.
No obstante ser y estar las cosas del modo dicho, los de la Directiva de la
Revista, con pleno sentido del deber y elemental decoro varonil y funcional, nos
impusimos fecha y hora para constituirnos en Santa Beatriz. Con el propósito de
... ¡arengar a tan feroces "cachimbos"!
Es el caso que ratificamos la ya descontada y honrosa designación, 'en
favor' (?) de Carlos Águila Pardo; como 'orador de fondo', para la dicha
riesgosísima "Proclama a los Cachimbos". Por supuesto, decididos todos
nosotros, eso sí, a darle resuelto respaldo presencial, en solidario grupo...
¡Hasta las últimas consecuencias!
Es de verdad histórica, que C.A.P. aceptó gustoso y valiente el encargo,
pleno de abnegado coraje y de efervescente orgullo. Pues por una ocasión así:

232
la de ejercitar en condiciones de tan alta y notable jerarquía, su vehemente y
ardorosa elocuencia, era capaz de dar... ¡hasta la vida!
Resueltos pues, aunque para mayor seguridad -nunca excesiva en esas
condiciones-, al llegar al teatro de los acontecimientos, atinamos a llamar al
experimentado “Inspector” y le pedimos que --bajo su exclusiva cuenta y riesgo--
reuniera, previamente, a los “cachimbos”, en el salón más amplio y les exigiera e
impusiese el necesario orden; adelantándoles que: “una comisión de alumnos de
la Directiva de la Revista, asistiría para hablarles acerca de importantes asuntos
que les concernían e interesaban, tanto a ellos mismos, los de Primero, como a
todos los estudiantes de la Escuela”...
Así lo hizo en efecto el susodicho 'domador', con la mayor solicitud. Y
estando lista, en sorprendente calma --aunque previsiblemente no muy
duradera-- la juvenil y temperamental audiencia, nos anunció llegada la hora de
ingresar “a la arena del circo”. Valerosos, entonces, nos aprestamos a entrar,
con C.A.P. a la cabeza...
Mas ocurrió, en el umbral de la sala, el súbito afluirme, ‘a testa e cuore’,
algunos pensamientos y sentires, que me impulsaron a revisar,
vertiginosamente, las convicciones y actitudes hasta ese instante adoptadas.
Con las consecuencias a referir luego, al narrar completo el episodio. Amén de
otras proyecciones adicionales, por cierto venturosas y decisivas, para el curso
de mi vida posterior. Como podría sucederles también --de allí el principal interés
del hecho-- a no pocas personas, colocadas en alguna situación semejante...
-- Espera Carlos --le dije-- Perdóname, pero creo que lo estamos
haciendo muy mal. Especialmente yo. Veo ahora por completo improcedente
que el Director de la Revista, ante una situación difícil, se muestre tan sin
capacidad ni valor para afrontarla. Como un inepto y cobarde. Que no se atreve
a presentarse ante los alumnos, para hablarles, cara a cara, teniendo que
buscar a quien lo reemplace. Déjame hablarles primero, por lo menos algunas
palabras a modo de introducción; y si notaras que algo faltase, si fallo en mucho,
lo cual es muy probable, entonces tú entras, apuntalándome, como completando
mis informes y explicaciones.
-- Efectivamente --me respondió Carlos, con noble desprendimiento, más
destacable en él, dada ‘su entusiasta vocación retórica’--, pienso algo parecido;
tú debes pronunciar, al menos, algunas palabras iniciales...
Así pues, ingresé al “área penal”... y comencé a hablar... Frente a un
auditorio todavía tranquilo y algo expectante...
Vi al frente, borrosas, muchas caras, cuyas expresiones no distinguía con
claridad. Sentía cierto temor, de un género hasta entonces para mí bastante
desconocido, raro, difícil de explicar90. Una frialdad o adicional ‘aplanamiento

90
Era sin duda una manifestación incipiente del llamado por los tratadistas: “Temor Oratorio”. El
cual se debe aprender a dominar pronto; volcándolo inclusive, hasta su opuesto: el “Coraje
Oratorio” (envalentonamiento ante el público); que es casi natural en el ‘orador nato’. Y ha de
aparecer lo más rápido posible en el aprendizaje retórico. De lo contrario, el temor se acrecienta

233
emotivo’, me impedía lograr la elemental comunicación público-orador y
viceversa, requerida en tales circunstancias. Y ser fluido, entusiasta, ameno...
No recuerdo bien con qué “frases de rigor” o “lugares comunes” inicié mi
‘discurso’; parecía, empero, ‘atollarme’ o ‘dar vueltas a una noria’. Los oyentes
comenzaban a distraerse e impacientarse...
Cuando, en dichas circunstancias estaba, un grupo retrasado, al parecer
de los más ariscos “cachimbos” --quienes se habían quedado fuera del salón--,
curiosos por saber lo que pasaba adentro, ingresaron en bullanguera ‘patota’. Y,
al observar elementos extraños en el estrado, con toda evidencia alumnos de
años superiores, segregados habitualmente de sus simpatías, se manifestaron
con fuertes silbidos, abucheos claramente agresivos y vociferando a todo
pulmón:
-- ¡Fiu!... ¡Fiu!... ¡Fuera!... ¡Fuera!... ¡Fuera!...
En ese instante, sentí una intensísima cólera, una rabia tremenda,
incontenible; como posiblemente no había experimentado otra tan fuerte en toda
mi vida. Aunque de algún modo parecida a la sensación que se produce en un
hombre “cuando se va a trompear”. De un soplo se me pasó todo posible temor
y rastro de frialdad...
De inmediato e instintivamente guardé un claro, en gran medida teatral
silencio, siguiendo al grupo con la mirada fija y furiosa, desde la cierta mayor
altura del estrado, hasta que se sentaron en algunas de las bancas posteriores
del salón; habiendo callado, progresivamente, hasta un casi total mutismo, sus
iniciales estridencias...
En seguida experimenté la sensación de sobrevenirme, desde lo más
interior, “desde la pepita del alma”, incontenible, un torrente de ideas y
sentimientos; así como de las palabras correspondientes a su expresión,
pugnando por brotar, raudas entonces, por mis ya tronantes estructuras de
fonación oratoria...
Retomé así, el hilo del discurso, haciéndolo, empero, ya más caluroso,
vehemente y fluido; diciendo, al momento, más o menos lo siguiente;
-- Antes de continuar con el tema en que estaba, debo dejar claramente
establecido que el conjunto de directivos estudiantiles que hemos venido aquí,
está formado por jóvenes elegidos especialmente por nuestros compañeros. Y
sabemos muy bien cuáles son nuestros deberes, derechos, y
responsabilidades... ¡No somos un grupo de infelices tetelemeques, a quienes
nos pueda avasallar nada, ni pisotear nadie!...

y puede llevar, “in extremis”, al terror o “Pánico Oratorio”; el cual anula, por completo y
definitivamente, al novato; cuando se le presenta de inicio y no es neutralizado, lo que ocurre,
lastimosamente, con no poca frecuencia.

234
Venimos en pos y al servicio de un Gran Ideal de Unidad y de Acción
“Estudiantil. ¡Que sabemos honrar y defender!... Venimos a exhortarlos a
ustedes a unirse, generosa y valientemente, a nuestro esfuerzo....
Pero un grupo de graciosos y falsos valientes de montón, han pretendido
interrumpir la Asamblea y atropellarnos con su cobarde bullanguería... Cuando,
individualmente, no son capaces, ni de sostener la mirada, ante quienquiera que
los encare resuelto…
-- Y di un violento puñetazo, con todas mis fuerzas, sobre la carpeta que
servía de tribuna de oradores. Pero el venerable mueble estaba profusa y
profundamente picado de polillas; a un extremo hasta ese momento no
sospechado por nadie... ¡Y se partió!... Sonora y espectacularmente...
Observé entonces, con toda claridad, el semblante atónito, en cierto modo
admirativo y rendido, de los muchachos oyentes. Percibí que había adquirido, en
ese crucial instante, lo llamado, en la Técnica y en el Arte Oratorio: un neto
“Dominio del Público”. Conquista primera, de un orador que pueda preciarse de
tal.
Mas al mismo tiempo advertí --instintivamente todavía-- que era preciso
dar un golpe de timón, para cambiar el tono enérgico y de imperio, de evidente
eficacia al inicio del incidente, pero que podría comenzar a tomarse por injurioso,
a uno algo más halagador y persuasivo. Cuyo resultado, favorable a la
movilización de voluntades, era precisamente el buscado por nosotros, al
promover la dicha convocatoria estudiantil. Por lo cual, proseguí más o menos
así:
-- Yo sé muy bien, cuánto ese grupo, de graciosos sin gracia, es aquí la
excepción y no la regla. Que ustedes, la mayoría, son los primeros en
repudiarlos, en rechazarlos; y esperamos que ellos mismos, al fin de cuentas,
comprendan su error y se arrepientan. Confiamos en todos ustedes, en su
generosidad e idealismo, virtudes propias e irrenunciables de la Juventud
auténtica. Sabemos que podemos contar con los aquí presentes91...
Apagados, tranquilos ya los graciosos y “el auditorio en el bolsillo”, seguí
el discurso diciendo todo cuanto tenía por decir; más lo que allí recién se me
ocurrió. A partir del dramático trance inicial y con gran fogosidad y vehemencia.
Virtud ésta, la más importante para las lides retóricas; al decir de Cicerón,
maestro universal y de todos los tiempos, en tan cautivante materia. Condición
innata, además de excitable, en un verdadero orador.
91
Gustavo Le Bon, autor mencionado varias veces, enseñaba que las muchedumbres --todo
auditorio algo numeroso lo es-- gustan admirar la energía, hasta se rinden a ella, "entregan su
voluntad al hombre fuerte"; y por oposición, desprecian, detestan, al pusilánime. Pero, al mismo
tiempo, son muy susceptibles y vanidosas; se ofenden con facilidad y gustan mucho del halago o
el elogio, del “piropo” (son “femeninas”, decía). El Orador honesto puede hacerlo, pero sin llegar
a mentir o adular. Debe evitar ofenderlas, sin dejar de ser enérgico. Siempre dentro de lo ético;
teniendo en cuenta los sabios principios enunciados por Le Bon y Cicerón. El demagogo y el
charlatán, por el contrario, se degradan ellos mismos y corrompen a las masas, engañándolas y
explotándolas; recurriendo a las conocidas debilidades que las caracterizan; en vez de
conducirlas por los caminos del bien, educándolas y superándolas.

235
Me interrumpieron varias veces, con grandes aplausos y hurras. Al final,
el entusiasmo fue general, arrollador. ¡Un éxito! Los muchachos se suscribieron
en masa a la Revista; compraron números atrasados, separatas de cursos y
varios se ofrecieron para trabajar y colaborar en múltiples formas, en nuestra
querida publicación. La cual tomó, desde entonces, un indetenible impulso de
superación.
Fui el más sorprendido del resultado... Había ingresado al escenario de
los hechos en el pleno y sincero convencimiento de que yo “no sabía, ni podría,
jamás, hablar en público”... Pero había emergido del suceso, envalentonado,
como si hubiera sido armado caballero, de alguna nueva e imaginada orden de
la caballería nobiliaria de la elocuencia.92
La experiencia me reveló el significado e importancia de la “Furia
Oratoria”. De lo que también se ha dado en llamar el “Coraje Oratorio”. Como el
más poderoso soporte y estímulo de la Técnica y del Arte de Deleitar,
Conmover, y Convencer, con el habla; virtuosidades fundamentales de la
Oratoria; aptitudes básicas de quienes se expresan bien en público, de los
Oradores (con mayúscula).
En el Orador llamado ‘nato’ o de evidentes condiciones naturales --
aunque el verdadero no sólo nace, sino que también se hace--, el “Coraje
Oratorio” brota espontáneo; al sólo presentarse el hablante ante la audiencia,
poseído de un vehemente deseo de comunicar su mensaje. Y más si es
provocado, oportuna y hasta sorpresivamente --como aconteció conmigo en el
episodio que estoy narrando--, por algún suceso bastante casual.
Tuve ocasión de esclarecer e interpretar mejor el fenómeno, un tiempo
después, con motivo de las lecturas del ya aludido manual de Oratoria. de Dale
Carnegie, que me proporcionara mi cuñado Federico. Expresaba, el mencionado
autor, que: “Si a un ignorante y desarrapado vago, que anduviera distraído por la
calle, algún mozalbete de mala entraña, lo tumbara de una pedrada o proyectil
de semejante naturaleza, el tal sujeto, seguramente se levantaría indignado,
furioso, y siendo capaz de proferir muchas resonantes palabras; más
elocuentes, posiblemente, que las de un diputado jacobino de la Revolución
Francesa, hervidero reconocido, tal morralla, de famosos e incendiarios
oradores”... Pues: “El Enardecimiento Emotivo, está en la base de la
Elocuencia”. Principio que todos los tratadistas de Oratoria, de todos los
tiempos, y de todo el mundo, de modo unánime, reconocen y proclaman, con
rotundidad sin fisuras.
El episodio, en lo a mí tocante, contribuyó a borrarme del espíritu,
precisamente por ese envalentonamiento sin par, que se me produjo, todas las

92
Debo confesar que el episodio inclusive alentó, durante un largo tiempo --para mal por cierto--
mi vanidad, siendo motivo de algunos tropezones o fracasos posteriores; por haberme creído ‘un
orador’ sin serlo, en pura verdad. Habría de comprender, después, por varias experiencias y
valiosas lecturas ciceronianas, cómo la técnica y el arte oratorios, son algo mucho más grande y
serio. Lo bueno del caso, en cambio, estuvo en que sí me abrasó, desde entonces, una sincera y
tonificada ansia de aprender, con intensa afición, todo lo posible, sobre el tema.

236
timideces remanentes, hasta algunos casi complejos, traídos todavía desde la
Niñez y de la primera Adolescencia. Lo más interesante, empero, de la
significación del hecho, deriva de las posibilidades de su repetición y de hacer
generales sus consecuencias, en los casos de situaciones semejantes.
No es casual, además, que los clásicos griegos, romanos, y cristianos,
verdaderos creadores de nuestra Civilización, consideraran, siempre, al estudio
y a la enseñanza de la Oratoria, inseparable, unida, a la de la buena Escritura.
Vale decir, la Retórica, disciplina de la Correcta Expresión, hablada y escrita;
cumbre del proceso formativo integral de la Persona, propio de la verdadera
Educación, cuyo más alto paradigma es la del Sabio, en el sentido precisamente
clásico del calificativo.
-----
Otra circunstancia favorable al incremento de mi inicial ‘experiencia
oratoria’, poniéndome a prueba de nuevo, en relación a esta enaltecedora
actividad, se dio a poco, con motivo de un artículo publicado, como colaborador
especial de la Revista, por nuestro eminente y muy apreciado Profesor, el Dr.
Emmanuel Pozzi Escot,:
El escrito constituía una dura aunque justificada crítica a la entonces
llamada “Compañía Administradora del Guano”; entidad teóricamente autónoma,
ubicada en el denominado “Subsector Público Independiente” y adscrita al
Ministerio de Hacienda de aquellos tiempos; del cual, a la vez, dependían otras
entidades que producían rentas y administraban ciertos gastos del Estado. La
finalidad era la indicada por el nombre: Administrar la Riqueza Guanera del
Perú, de acuerdo al interés público. Y entendíase como primordial función de la
dicha Compañía, el vital servicio a la Agricultura Nacional, especialmente a la
pequeña, del suministro económico del fertilizante aviar marino, a la sazón
reconocido como el mejor del mundo, entre todos los abonos de uso masivo.
Pero... ¡Cuántas picardías políticas y desgracias históricas nacionales,
incluso la infausta y mal llamada “Guerra con Chile” (o “del Pacífico”), están
ligadas al Guano y al Salitre! Que pudieran titular, con más propiedad, a esa
conflagración, encendida entre... ¡tres pueblos hermanos!... Enredando,
inclusive, casi a cuatro.93
En su artículo, Pozzi Escot decía --entre otras-- cosas como las ‘perlas’
siguientes:
“En la Compañía del Guano no solamente huele mal el producto que
vende, sino toda la Empresa” -- Haciendo referencia a su notoria putrefacción
moral y administrativa...
“Hemos preparado a nuestros agrónomos por más de 40 años... para que
en materia de abonamiento no hayan podido superar las normas de Manco
Cápac” -- Aludía a la falta de homogeneización del producto; a su no

93
Perú, Bolivia, Chile, y Argentina. Para mayores informaciones y más detalles acerca de este
asunto, ver: “Razón de Patria”-Editorial “Universo”; también obra del autor.

237
complementación con mezclas adecuadas de otros fertilizantes necesarios; a la
no tipificación de composiciones, concordándolas con las necesidades de las
diversas zonas ecológicas y de los varios cultivos a servir, etc.
“Si un comerciante de harina de trigo, particular o privado, por ejemplo,
hace faltar en los costalillos que vende, un cuarto de kilo del producto; o les
encuentran dentro algunas piedrecitas de unos 50 gr., por referirnos a las más
grandes imaginables, recibe una fuerte multa o puede ir a la cárcel... Pero la Cia.
del Guano ¡entidad del Estado! vende, tranquila e impunemente, guano en sacos
rotos, con una falta común de 10 a 20 kilos en cada uno y con piedras de 5
hasta 15 kilos de peso; aparte de pájaros muertos y una gran cantidad de
plumas; éstas, sin valor fertilizante alguno...
“Sin embargo, la Cía. manda, en sus boletines “informativos” (!), “cortar en
pedacitos las plumas, con tijeras, para los fines del análisis”. El cual ostenta así,
en notable aumento, su contenido de Nitrógeno Total (en las plumas muy alto),
en función del cual se cobra el guano. Y no, como debiera ser, solamente por su
tenor utilizable por las plantas; el de su real valor fertilizante, llegado al suelo, y
que está contenido prácticamente sólo en el excremento seco (con la orina) y no
en las plumas de las aves ¡El Estado convertido en el primer estafador de los
agricultores!
“La Cía., muy suelta de huesos, ‘informa’ periódicamente al País, que
tiene en existencia determinados miles de toneladas de “guano rico” (con alto
contenido de Nitrógeno) y cantidades, a veces muy superiores, de “guano pobre”
(con bajo contenido de Nitrógeno)... ¡Que en un tiempo fue rico! Pero que ha
perdido su riqueza... ¡“Evaporado” su Nitrógeno!
“Este “empobrecimiento”, proceso de descomposición, de degradación, a
la intemperie y en abandono, del Nitrógeno orgánico del guano (proteínas,
amidas, aminas, urea, ácido úrico, etc.), hacia el amoniacal (gaseoso) y su
consiguiente ‘evaporación’ o pérdida en el aire... ¡por criminal desidia!... ¿a
cuánto asciende, por año, en valor monetario, en agravio del país?... ¿Quién
responde por ello?”
Por el estilo de estas impresionantes y certeras denuncias, estaba lleno el
mencionado y ‘explosivo’ artículo...
En tanto, cada vez que la Revista salía, ‘calientita’, de la Imprenta,
nosotros, los de la Directiva y algunos de nuestros más cercanos colaboradores,
naturalmente con gran expectativa y cariño, leíamos, examinándolos, sus
primeros ejemplares; para ver ‘cómo habían quedado finalmente’... ¡después de
tantos afanes y correcciones! Repartiéndonos un corto número de ellos, poco
antes de la impresión y distribución masiva o general...
Resultó así, que uno de los muchachos, cuyo padre era alto funcionario
técnico en la dicha entidad guanera, llevó, para leerla en su casa, una de las
revistas, "bomba" como todas...
--¡Mira papá!... – Dijo, el dicho mozo, a su progenitor, ya en el calor
hogareño. -- Ve el artículo sobre la “Compañía del Guano”... ¡Está bárbaro!...

238
En la Escuela, a esta clase de escritos, “saca ronchas”, también los llamamos:...
¡“bombas”!
--¡Vaya que si es una “bomba”! -- Replicó el veterano, luego de hojear la
Revista y leer rápidamente el escrito en cuestión -- Mañana mismo, temprano, la
llevo a la oficina y... ¡la que se va armar!
Efectivamente ¡“Se armó la gorda”!... Informado de su contenido, de
inmediato, el más alto ejecutivo de la Compañía, de acuerdo con varios
directores más, alertados telefónicamente, convocó a sesión extraordinaria e
inmediata de Directorio...
La reacción brotó ‘feroz’. Y triste fue constatar; duro resulta recordar y
decirlo ahora, cómo la fiereza mayor se manifestó en uno de los directores,
quien, a la vez, era precisamente –hasta entonces-- un muy querido y
respetado... ¡profesor nuestro!
No diré el nombre; ni siquiera daré las iniciales; pues, aunque censurable
por cierto, ha fallecido hace tiempo. Y habiendo, como tiene que haber tenido,
herencia biológica, no quisiera herir a quienes, sin culpa propia, deben, como lo
ordena el mandato Divino, honrar a sus progenitores. Al final, lo que interesa es
dar cuenta y certificar los hechos, por sus lecciones positivas; no tanto las
personas, ni sus posibles expiaciones... De verdugos, felizmente, no tenemos
genes ni dones.
Es el caso que el ‘profe’ de marras, colocado frente a sus superfluos,
inmediatistas y crematísticos intereses y objetivos, se olvidó de su prestigio
intelectual y moral ante nosotros, sus alumnos. Se olvidó, completamente, de los
principios, en los cuales aparentaba creer y satisfacerse proclamándolos y
defendiéndolos.
Los directores de la Compañía ‘encargaron’ al dicho ‘profesor’ (¿¡):
“arreglar el asunto con los estudiantes, a cualquier precio, de modo a evitar el
escándalo, impidiendo la publicación de tan molesto artículo”... ¡Frases hechas
que pretenden encubrir, siempre, como entonces, una repudiable estructura
moral aburguesada y decadente!.
Nunca olvidaré la llamada telefónica, esa misma noche, recibida en mi
casa de Pachacutec:
-- Oiga Cubas --inició así su ‘filípica’, el seudo maestro--, ustedes, mis
alumnos, han publicado en la Revista de los estudiantes, un artículo sumamente
agresivo e injurioso, ofendiendo, con verdadero escándalo, a la Compañía del
Guano, en la cual yo trabajo, dejándome muy mal parado...
-- Disculpe ingeniero --respetuoso todavía, lo interrumpí al inicio de su
perorata--, Ud. sabe muy bien que los artículos que aparecen firmados en las
publicaciones, son de entera responsabilidad de sus autores. En ese asunto, es
el Dr. Pozzi-Escot, también Profesor distinguido de la Escuela, su colega por lo
tanto, frente a quien correspondería, en todo caso, algún reclamo de parte suya;
por lo menos en primera instancia.

239
Y con el mayor respeto, pero igualmente con toda franqueza, debo decirle
que nosotros no hemos visto, ni vemos, agresión ni escándalo alguno.
Solamente hay, singulares, pero veraces y rotundas afirmaciones, relacionadas
con el interés del país y que, en cualquier caso y en definitiva, debieran
esclarecerse... Pudiera ser que estemos equivocados, pero de todos modos, le
ofrecemos a la Compañía del Guano y por supuesto a Ud. mismo, las páginas
de nuestra Revista para que, a partir del próximo número, puedan, precisamente
en beneficio de la Verdad, del Perú, y de su Agricultura, refutar o aclarar, lo que
crean procedente... Ése debería ser el camino para la solución del asunto.
No veo por qué Ud. pueda quedar “mal parado”, por ser Profesor de la
Escuela y Funcionario de la Compañía al mismo tiempo; si usted no es dueño de
ninguna de esas dos entidades, ni las maneja a su discreción o real antojo; y por
lo tanto no tiene por qué asumir responsabilidad personal y directa alguna,
acerca de las respectivas y múltiples actividades institucionales, colectivas, que
a ellas les son propias...
-- Vea usted Cubas, dejemos los alegatos teorizantes a un lado y “vamos
al grano”: la Compañía me autoriza decirles que está dispuesta a pagar todo el
valor de una nueva edición, pero ya sin ese ‘bendito’ artículo; debiendo
entregársenos, para destruirlos, todos los ejemplares de la primera impresión. Y
le participo que, en caso de no aceptar ustedes la propuesta o de cumplirla
insatisfactoriamente, yo pediré y seguramente lograré, en el Consejo de
Profesores de la Escuela, que les quiten la subvención con la cual pueden
publicar su Revista.
Me es viable, inclusive, proponer y conseguir, que prohíban publicar en
adelante “Agronomía”; con cargo de expulsar de la Escuela a los dirigentes
rebeldes, truncando así su carrera; si, pese a todo, pretendieran hacerlo. Le
advierto que existe ya un consenso, entre los profesores, de que esa revista se
ha constituido en un verdadero panfleto subversivo, al cual ya es tiempo de
acallar, pues está causando muchos trastornos...
Atónito quedé. Y ya muy quebrantados en mí, la devoción de discípulo, el
respeto, hasta entonces profesados, a quien así me estaba hablando. No
obstante y pese a todo, atiné a replicar con rotundidad:
-- Mire ingeniero, con lo que me está diciendo, me produce usted, como
persona y como profesor, una indescriptible decepción. No lo adulo si le digo
que hasta este momento lo teníamos entre nuestros mejores Maestros. Con
mayúsculas y con todo el inmenso significado de la palabra. Pero, ahora, veo,
con gran pena, qué poco aprecio tiene Ud. a la Verdad, al Amor a la Patria, al
Decoro en la Función Pública, a la Profesión de Ingeniero Agrónomo, y... sobre
todo ¡a su papel de Maestro!...
En concreto, lo que puedo contestarle, es lo siguiente: Por mi sola
decisión, no tengo derecho a poner en riesgo la existencia permanente de
nuestra querida Revista; y, aunque mi opinión es totalmente contraria a su
propuesta, voy a presentarla, en su nombre, mañana mismo, en la Asamblea
Extraordinaria de los alumnos, que al efecto convocaré especialmente. Pero le

240
anuncio, con toda claridad, que daré resuelta batalla para que sea rechazada. Y,
en el caso de perder en el intento, renunciaré irrevocablemente a la Dirección de
la Revista.
Una última cosa, ingeniero, quiero que sepa que si el título de una
profesión, por amada que fuese, como sucede con la nuestra, hubiera de
adquirirse al precio de una claudicación moral, del calibre de la que Ud. me
propone... ¡esa profesión no valdría nada!... No me dolería perderla. Y, desde
ya, puede usted proceder en consecuencia, como mejor le parezca...
--¡Es ‘una vaina’ tratar con muchachos tan tercos y tan ‘fuera de la
realidad’!... Convoque a la Asamblea y ya veremos. Pero mientras tanto, no
reparta la Revista - Dijo, por último, confiando seguramente, en la que suponía
posible mayor ‘sensatez’ y ‘pragmatismo’, de la mayoría de los muchachos; o en
la esperanza de ‘mover algunos resortes’, en el mismo seno de la propuesta
Asamblea estudiantil...
-- Así lo haré... ¡Buenas noches!... ¡Si ha lugar! -- Puse, de ese modo,
punto final al tenso diálogo...
Al día siguiente, lo más temprano que nos fue posible, convocamos a una
Gran Asamblea Extraordinaria de los Estudiantes de la Escuela...
Yo estaba eufórico, desbordando fervor emotivo, inmerso en lo que
consideraba --no sin algún fundamento-- una ‘lucha heroica’, en defensa de
elevados principios morales y patrióticos, contra un ruin y positivista
oportunismo, entonces como hoy, casi tan prepotente y, por desgracia, desde ya
imperante... ¡Y con qué fuerza!
El “Furor Oratorio” –salido desde el ‘fogón’ interior del espíritu--, estaba
encendido. Sentí que podía hablar con --para mí todavía sorprendente—gran
elocuencia. Expuse, ante los muchachos de toda la Escuela, allí reunidos, el
motivo de la cita; narrando mi comunicación telefónica con el profesor de marras
y planteando el dilema:
1. - O nos mantenemos firmes, con una Revista Libre; publicando lo
que nos parece correcto --el artículo de Pozzi en concreto--; pero
poniéndonos en riesgo de perder la subvención recibida de la
Escuela y hasta de la clausura de “Agronomía”; así como de la
frustración de la carrera profesional de los alumnos dirigentes.
2. - O nos rendimos al ultimátum del seudo profesor y su Compañía
del Guano --¡de guano tenía que ser!--, para dársenos, a nosotros
y a la Revista, una existencia tranquila y sin problemas... No
obstante, aviso- -les dije-- que yo, y seguro estoy de que toda la
Directiva, en ese caso, renunciaríamos irrevocablemente.
-- ¡Nooo!... ¡No nos rendimos! -- Fue el resonante clamor unísono, en
respuesta de sin igual elocuencia gestual, de la noble muchachada, refiriéndose,
en clarísimo rechazo, a la segunda opción planteada -- ¡Que salga “La
Bomba”!... ¡Queremos una Revista Libre! -- Expresaron así, su rotunda decisión.

241
-- Pero no es tan sencilla la cosa --Repliqué e insistí entonces, aclarando
seguidamente las situaciones--. Por una parte, no se deben preocupar
demasiado por nuestras carreras, pues las ofrendaríamos sin titubeos en caso
necesario, porque ellas no se pueden poner en subasta. Es poco probable,
además, si somos firmes y unidos, que la Alta Dirección de la Escuela, se atreva
a tanto; frente al posible juicio del estudiantado, del público nacional, y a los
ecos del suceso, especialmente ante el periodismo. Pero, de otro lado, la
Revista requiere dinero, por mucho que no nos guste esa cruda e inescapable
realidad. Fácil es hablar y gritar, mas aquí se precisa hechos, acciones y
sacrificios, concretos:
Si no somos capaces de juntar, entre nosotros mismos, el dinero
necesario para suplir a las subvenciones de la Escuela y a la pérdida de
ingresos significada por algunos avisos importantes (los del guano, de otros
fertilizantes, y de anunciadores muy vinculados a la Compañía), la Revista no
podría salir.
Si no damos una muestra muy clara de la férrea unidad y decisión de todo
el alumnado en este asunto, el “profesor” --entre comillas-- que nos ha echado la
puntería y el Consejo, ante el cual puede influir, entonces sí, serían capaces de
clausurar “Agronomía”. Y hasta de expulsar de la Escuela a sus dirigentes y
‘secuaces’; como nos califican por añadidura algunos acomodaticios y malos
profesores e inertes burócratas. Censurables, por supuesto; sin autoridad moral
pero muy influyentes en el medio político...
Yo quisiera saber, por ejemplo: ¿quiénes y con cuánto están dispuestos a
contribuir los que al parecer y quiera Dios sea de verdad, muestran tanto
entusiasmo y decisión?
“Ipso facto”, como un solo hombre y movidos por elásticos resortes, los
muchachos al unísono levantaron manos y brazos, casi todos con uno o varios
billetes de 20, 10 ó 5 soles. Y se notaba también, a varios alumnos --los que
completaban la asistencia--, quienes seguramente no disponiendo de dinero en
ese momento, solicitaban con frenético afán, rápidos préstamos a sus
compañeros cercanos; para poder cumplir con lo que a todas luces, llegaron a
considerar ‘un sagrado deber estudiantil’.
Nadie dejó de contribuir. En un instante tuvimos a disposición una gran
cantidad de billetes que nos permitían contemplar con optimismo la financiación
de por lo menos los dos números siguientes...
-- ¡Que salga “La Bomba”! -- Ordené en voz alta a mis ayudantes, para
que corrieran hacia la Imprenta Lumen, a sacar todos los ejemplares ya
disponibles y los distribuyeran de inmediato; lo cual se logró a las pocas horas
de esa misma tarde...
Lo cierto es que el suceso trascendió al conocimiento de toda la Escuela y
al de importantes sectores económicos y políticos del País. El ‘profesor’ (?) que
quiso avasallarnos, quedó anonadado. En inocultable desaire y gran ridículo. El
Consejo de Profesores no tomó ninguna medida en contra nuestra. Y, el mismo

242
Director, valgan verdades, el honorable Ingeniero Pascual Saco Lanfranco,
aunque introvertido, frío, al parecer bastante apático, con una añadida sonrisita
notoriamente significativa y muy propia de él, expresó su apoyo y simpatía por la
noble causa en la que se habían embarcado nuestros juveniles arrestos
periodísticos:
-- “Tiren para adelante” -- Dijo y mantuvo puntual; no nos quitó, ni por
pienso, la subvención económica acostumbrada.
Esta victoria aseguró, definitivamente, la marcha de la Revista hacia el
futuro. Era, a la vez y en buena cuenta, mi segundo triunfo en los terrenos de la
Oratoria.
-----
Refiriéndome a la significación de los episodios acabados de narrar,
siendo ellos también dos iniciales seudo ‘lucimientos’ personales en Elocuencia,
debo comenzar por decir que me confirieron una Seguridad --algo así como esa
“mentalidad ganadora” que llaman-- para “Hablar en Público”. La cual constituye
condición esencial y primera de todo aquel a quien se pueda titular de Orador.
Y habiendo todavía deducibles más reglas y principios, útiles e
importantes, a explayar aquí; en cuanto al supremo arte y la rigurosa técnica del
Buen Decir, vayan algunos:
Si bien es indispensable adquirir Seguridad, no obstante, como diría
Cicerón: “Hay que guardarse de no exagerar”. Pues ocurre que cuando se
triunfa en las primeras experiencias oratorias, se suele exagerar la confianza;
hasta llegar a indebidas y antipáticas situaciones de vanidad o de soberbia. Para
caer, inexorable y finalmente, en lamentables fracasos y en humillantes ridículos.
Lo dicho, por no haberse adquirido conciencia plena de la real grandeza de la
disciplina Oratoria; al lado de la siempre pequeñez relativa de las cualidades del
orador principiante. O inclusive de las del ‘cuajado’; si no se llegara a
comprender y adoptar, de modo cabal, la convicción de que:
“La Modestia es el adorno cumbre de todas las virtudes”.
Recuerdo cómo, envalentonado y hasta engolosinado por mis primeros
‘éxitos’, comencé a “lanzarme al ruedo”, en cuanta oportunidad se presentaba.
Con la mayor facilidad y gran frecuencia... ¡Qué fracasos no experimenté y
cuánto ridículo no habré sufrido!... Por no reparar lo suficiente en que:
“Sólo se debe hablar en público de lo que se conoce muy bien, se
ama intensamente, se desea comunicar con entusiasmo, y cuando se ha
preparado concienzudamente el discurso. No se debe, jamás, hablar por
hablar. Es obligatorio el silencio, cuando las circunstancias no cumplen
los requisitos esenciales señalados”.
El Dr. Mario Polar Ugarteche, quien fuera un notable orador y escritor,
decía:
“No hay que confundir la Facilidad de Palabra, con la Dificultad para
Quedarse Callado”.

243
Cuando se tuviera que hablar, en ocasión inoportuna, de un tema extraño,
asignado por otros, que no se conoce, o no se estima lo suficiente, que no se
desea comunicar, y cuyo texto no se ha preparado: ¡No aparece el “Fuego
Oratorio”!
Sucede, a semejanza del fogón, sin combustible, de una locomotora a
vapor: Se "apaga" o no se enciende. La expresión se hace inevitablemente
incoherente y anémica. Aparecen “lagunas” durante el discurso; por momentos
no se sabe qué decir; "se da vueltas a la noria”, retornando sobre lo mismo ya
dicho, repitiéndolo, ostensiblemente, en fastidiosa demasía.
Para el logro de la mayor Seguridad del Orador, no se debe olvidar el
conseguir un pleno dominio sobre todo remanente de “Terror Oratorio”;
adquiriendo, en cambio: Tranquilidad, Serenidad. En el sentido de un sosiego
suficiente, con facilidad de reacción, ante situaciones variables e imprevistas;
posibles de presentarse en cualquier evento. Y, sobre todo, es indispensable
para la adecuada Precisión del Discurso. Preparado.
El tema de la Preparación ha sido y es materia de diversas opiniones e
innumerables discusiones:
-- Por un lado, muchos --no percibiendo cabalmente el significado de la
Oratoria, con acierto parcial, empero-- suponen que el discurso “debe ser
improvisado”, espontáneo, hablado, “con el corazón en la mano”. Jamás
preparado por escrito, ni menos leído. Puesto que la primera cualidad del Orador
debe ser su natural Sinceridad. Y lo escrito, obviamente es preparado de
antemano, fuera del escenario y de sus acontecimientos; a veces incluso por
distinta persona. Además, la lectura es casi siempre ‘muy aburrida’ a la
percepción de los auditorios. Y si el texto es aprendido de memoria, puede
resultar pareciendo una recitación o “paporreteo”.
Aparte, el discurso leído, sea bien, o ‘paporreteado’, anula toda
posibilidad de aprovechar o de eludir, según sea el caso, circunstancias
inesperadas, positivas o negativas. Así como la de lograr una comunicación
directa y recíproca, imprescindibles, entre el orador y el público.
De otro lado --por desgracia constituyendo mayoría hoy, en que cada vez
se concede menos importancia a la verdadera Oratoria--, hay quienes piensan
que el discurso “debe ser escrito”; hasta pudiendo ser hecho por otra persona; y
pronunciado leyéndolo; de modo a evitar fallas comprometedoras o para mejor
poder publicarlo.
En esta posición, se admite como sabido, que si bien leer la disertación
puede constituir un modo bastante insípido para el público, resulta, en cambio,
muy cómodo para los oradores (?) mediocres –lamentablemente, ahora casi la
totalidad o numerosos en demasía--. Y, en general están también, las personas
de mucho fungir de ‘cultas’, pero que no se han preocupado, jamás, del estudio
serio de la Elocuencia, como Arte y como Técnica Superior.
Afortunadamente, para la cabal dilucidación del tema, como siempre,
sobre estos asuntos, Cicerón "da en el clavo" del acierto:

244
Establece, en efecto, que el Orador debe ser, ante todo, Sincero. Y esa
sinceridad está demostrada, porque sólo habla de lo que conoce, ama, y desea
comunicar, con Vehemencia. Remarcando cómo, el ánimo vehemente, es
condición esencial del Orador. Y si bien la Oratoria tiene mucho del Arte Teatral,
esto no sólo no quita, sino incrementa las posibilidades, acentúa los efectos
positivos, de la expresión en verdad Sincera.
Explica el asunto el sabio, diciendo que el Orador es y debe ser, en
apreciable medida, como un eximio Actor Teatral.94 Virtuoso en el Dominio de la
Escena, en las Potencialidades de la Voz, la Corrección de la Expresión Verbal,
la Jerarquía de la Mímica, la Elegancia del Porte Personal; y los otros aspectos
dignos de particular apreciación, en el Arte Dramático. Pero, precisamente, lo
supera en Sinceridad, pues:
El Actor recita un “parlamento”, escrito por otra persona: el Autor Teatral o
Dramaturgo; quien lo hace al margen de los sentires y pensares de cualquier
posible Actor; el que así tiene que desempeñar un “papel”, representar
personajes de creación ajena, o simular situaciones imaginadas por otros.
Aunque el Buen Actor pueda hacerlo, a un grado de “compenetración” con el
Personaje y las Situaciones, con tal “realismo” y “originalidad”, cuanto que los
espectadores llegan a suponer que es el artista quien habla y actúa, por propio y
natural impulso, tal como se le ve... pareciendo hasta “espontáneo”...
El Orador, en cambio, jamás puede ni debe dejar de producir la impresión
y la realidad, del “propio y natural impulso”. Mucho más en su caso, pues la
Pieza Oratoria es creada por él mismo. Quien es el autor al crearla, y además el
actor al pronunciarla. Con un texto correspondiente a lo que él piensa, siente, y
quiere expresar. Aun cuando artísticamente pulido, pero por él mismo, a los fines
de un mayor perfeccionamiento del fondo y de la mejor presentación de la forma
de la Obra (de Arte y de Técnica, que eso es un Gran Discurso). Todo lo cual,
además, implica el debido respeto al Público e intensa devoción al empeño.
Cicerón agregaba que el Orador, actuando con Sincera Espontaneidad,
auto exaltada, eso sí, por la Vehemencia del comunicador nato y ansioso, teatral
por ello si se quiere, “no debe leer el discurso, aunque ha de prepararlo”; incluso
procurando escribirlo completo. Tratar de imaginar las situaciones que pudieran
producirse en el evento.95 Y memorizarlo luego. Con adecuados métodos
(llamados mnemónicos). Pero habiendo tenido ya grabados, en el cerebro y en
el corazón, desde mucho tiempo antes, el contenido esencial y el alma del
discurso.
El saber --por tenerlo de antiguo en el pensamiento y haberlo preparado
previamente y de memoria-- el texto íntegro del discurso, no constituye motivo

94
Hoy podríamos incluir además en estas consideraciones, en cierta medida, a los actores de
Cine y T V.
95
De donde se infiere que el Gran Orador habrá de ser, simultáneamente y por lo menos, un
Buen Escritor. Aunque no todo Gran Escritor pueda ser, sólo por ello, un Gran Orador. Aparte, el
género literario específico (el oratorio), que se emplea en la elaboración de los discursos, es
diferente, en grado apreciable, a los otros géneros literarios (narración, ensayo, poesía, etc.).

245
para un ‘paporreteo’ al momento de pronunciarlo. Sino, por el contrario y
sencillamente, para disponer, cual si estuviera escrito en el cerebro, de un
recurso auxiliar, de modo a poder acudir a él en cualesquiera circunstancias
imprevistas. Ya confiadamente. Y cuantas veces pudiera hacerse necesario.
El Orador no debe llevar escrito en papeles el discurso completo (a lo
sumo un esquema o una breve “ayuda memoria”), sino grabado en la mente y
por estallar en el corazón. Ello le confiere gran Seguridad –sustentada, en lo
fundamental, por su compenetración, de siempre, con el tema--, de modo a no
presentársele deplorables “lagunas”. Al mismo tiempo, le confiere tranquilidad
para poder percatarse, en todo instante, de las circunstancias variables del
ambiente, aprovechándolas mejor. Hasta variar algo el discurso, si ello resultare
procedente. Es decir, tomar “Pleno Dominio de la Escena". Del Momento, y de la
Audiencia.
El discurso así preparado, sobre materia que se conoce bien, depositario
de una especial afición, e intensamente deseado de comunicar, permite
desarrollar al Orador, de modo adecuado, su exposición; y también aprovechar
todas las condiciones especiales y circunstancias imprevistas del entorno y del
momento. En favor de lo que debe y puede llegar a ser una verdadera Obra de
Arte y de Técnica, en el campo de la Expresión Verbal.
El Orador que se precie de tal, no gustará ni aceptará pronunciar
discursos leídos, así fueren escritos por él mismo96 y mucho menos por otros. Ni
los pronunciará, ‘hablados', sin preparación. Tampoco aceptará la asignación de
temas ajenos o que no domine.97
Por último, creo oportuno referirme a lo también enseñado por Cicerón,
que resulta interesante para comprender o formarse una idea cabal, de la
verdadera significación y de las dimensiones de la Técnica y del Arte Oratorio:
Había establecido, el insigne maestro de Retórica, que la Educación,
orientada a la formación del hombre verdaderamente Sabio, debía culminar con
el estudio de dicha disciplina, puesto que ella lo habría de ubicar en el verdadero
camino hacia una constante Superación.
En una parte de su obra escrita, en vía de recurso metodológico para
completar sus explicaciones, Cicerón describe, como modelo supremo del arte
que tratamos: al “Orador Perfecto”. Haciendo ver cómo, para serlo, precisaría
colocarse en las cumbres de la Filosofía, de las Ciencias y de las Artes. Amén
de su excelencia en las cualidades espirituales y físicas de la persona humana.

96
Puede haber excepciones en particulares casos (por necesidad de publicación posterior; por lo
extremadamente delicado del tema; etc.). Pero aun en esas circunstancias, el orador debe
procurar memorizar el texto, previamente a su lectura. Y leerlo, de tal modo, que casi no parezca
leído o se note lo menos posible. También, sencillamente puede pronunciar el discurso tal como
debiera ser, alcanzando después, a los interesados, las copias del texto que ha sido previamente
escrito; el cual resultará, como es lógico, sólo bastante parecido al pronunciado, sin que tenga
ello mayor importancia.
97
Es relativamente fácil ‘dar la vuelta’ a un tema asignado (sólo un título podría decirse), para
‘reemplazarlo’ por otro que pase con parecido nombre, pero que sea del fondo deseado.

246
De la Filosofía y de las Ciencias, pues los temas de los discursos del
Orador deben comprender a las Grandes Ideas, a las Precisas Verdades y
Conocimientos. A los contenidos de las expansiones generalizadoras del
pensamiento filosófico; a los claros principios y las leyes de las Ciencias. Así
como --en cuanto a las Artes-- el Orador requiere saber, por todo lo alto, de
Gramática y Literatura, pues escribe sus propias piezas oratorias; de Teatro, ya
que ha de dominar escenarios con espectacularidad; de Música, por constituir la
voz, con sus modulaciones, entonación, timbre, volúmenes e inflexiones,
elementos básicos de la elocuencia y de indudables vinculaciones con el
conocimiento musical.
No dejaba de señalar Cicerón, además, cómo el orador, al construir con
armonía sus discursos e imágenes; y, al esculpirlos, pulirlos, retocarlos, con
encomiable dedicación y paciencia, actúa, con múltiple efecto, a la par de
literato, como una suerte de músico, escultor y pintor. Eximio.
De otro lado, el Orador Perfecto, imaginado por Cicerón, en cuanto a su
apariencia física, habría de ser de majestuosa elegancia y armónica contextura,
concordantes con sus singulares virtudes espirituales.
En otras palabras, el Orador Perfecto tendría que ser el Hombre Perfecto.
Pero como tal situación –la del Hombre Perfecto-- no existe, ni puede existir,
tampoco es posible, en estricta verdad, el Orador Perfecto. Cicerón no
consideró, en esa categoría, ni siquiera al gran Demóstenes; calificado por sus
contemporáneos y por muchos de sus posteriores apologistas, como “Divino”; ni
a él mismo por cierto, aparte de en razón de cumplir con su elemental deber de
modestia… ¡El más grande de los maestros oradores, de todo el mundo y de
todos los tiempos!
Sin embargo, cuando el insigne romano delinea la Imagen del Orador
Ideal, no es para tenerlo como un objetivo concreto alcanzable y menos
alcanzado, por alguien, sino como un Paradigma, inalcanzable, ubicado en la
cumbre de la imaginación, al final de una Ruta. En el Camino señalado y
definido por la disciplina Retórica. Por la cual, el estudioso, debe transitar en el
empeño hacia una constante superación oratoria personal... ¡Sin fin! Como en
todo verdadero Ideal. Es decir, el aprendiz ha de proponerse avanzar, siempre.
Aunque nunca pueda llegar a la perfección plena. Pero eso ya es suficiente,
muchísimo.98
-----

98
Nótese cómo puede establecerse una nítida diferencia, dentro de las llamadas Concepciones
del Mundo, entre el “Idealismo Cristiano”, desarrollado sobre el Platónico, adoptado éste por
Cicerón, y el “Pragmatismo Liberal”. Mientras que para el primero hay un superior Modelo, tan
sublime que resulta inalcanzable (Jesús); y un Rumbo, un camino inculminable (la Doctrina,
incluyendo su Ética). Para el segundo no hay modelo universal, sino lo aceptado
individualmente; ni nada superior a lo realizable en concreto. Solamente considera “metas” u
“objetivos”, que se agotan al momento de su ‘logro’ (Se llegó a la meta, se acabó la carrera. Otra
meta, requiere otra carrera). Para el idealista cristiano, nunca se termina la carrera. Cada avance
estimula el esfuerzo. Frente a las dificultades y frustraciones jamás se pierde u olvida la devoción
al Modelo, ni la fe en la Doctrina, en sus Principios inspiradores.

247
Las ‘experiencias retóricas’ en La Molina, en especial en el ámbito de las
estudiantiles luchas periodísticas de la revista “Agronomía”, me iniciaron por el
camino vocacional e idealista oratorio. Con sus múltiples posibilidades de
aplicación; similares, pero de cierta mayor jerarquía, que el arte --y la técnica
también-- del bien escribir. Cuyos desarrollos habría de continuar yo, con gran
satisfacción existencial durante muchos años, en variadas formas y
circunstancias. Obteniendo interesantes lecciones, a las cuales me referiré al
tratar las etapas vitales, materias de los capítulos siguientes.
-----
La Vocación Política.- Cuando un joven se apasiona en el Escribir
Periodístico y en el Hablar en Público, ya está colocado en el plano inclinado y
en el umbral de la Política. Admirando y gustando de los buenos escritores y
oradores; del sentido de la comunicación humana; sobre desarrolla, comienza a
preocuparle, la suerte de la sociedad en que vive. Apreciando la existencia de
problemas importantes y de situaciones trascendentes. Se adoptan ideologías o
doctrinas. Se sigue o ejerce liderazgos. Se siente, con pasión, algún Ideal
Político.
Tal sucedió, muy claramente, con nosotros; en Luís Córdova y en mí.
Pero a lo dicho se añadía la intensa vivencia de los episodios y sucesos a que
daban lugar las numerosas luchas emprendidas por nuestra querida “Revista
Agronomía”; en defensa de los superiores intereses del país y del prestigio de la
profesión. Tales como:
El asunto de la Compañía del Guano, el cual nos hizo ver lo putrefacto de
muchas de nuestras instituciones; la general indiferencia, egoísmo y hasta
cobardía, además de una incuestionable mediocridad de sus dirigentes. Y el
deseo de “tapar las cosas". El anteponer la ansiedad por los riesgos de la propia
situación económica e intereses superfluos, al Amor Patrio... ¡El poco sentido del
deber cívico y moral!
¿Tenía esto que ser siempre y forzosamente así?... ¡No lo aceptábamos!
Asimismo: La lucha de nuestra Escuela por desarrollar, anexa, como le
correspondía, la Sección Veterinaria; profesión hermana de la nuestra.
Enfrentando los mezquinos y poderosos intentos --triunfadores al final-- de un
pequeño círculo de militares encabezados por un oficial, civil asimilado, de
formación profesional veterinaria en el extranjero y vinculado al más alto poder
‘político’ (La Presidencia de la República), por lazos, además de los sociales que
suelen darse, de algunos otros irregulares --por decir lo menos— resultantes de
penumbrosas relaciones de alcoba.
¿Tenía esto que ser siempre y forzosamente así?... ¡No nos parecía!
Agregaré: La superficialidad puesta de manifiesto por la burocracia de la
Dirección de Colonización y Tierras de Montaña, al encarar los problemas del
Desarrollo Ganadero de nuestra Selva. Y la actitud irresponsable de muchos
profesionales que se prestaban a encubrir errores... ¡"para no hacerse
problemas"!

248
Recuerdo cómo, cuando terminé el informe, criticando a los trabajos de
Tingo María, en ocasión inmediata a nuestro reciente viaje promocional de
estudios a esa zona, lo presenté a nuestro profesor de Zootecnia (J.A.L.F.),
pidiéndole que lo revisara y de encontrarle errores, como estaba casi seguro los
presentaría, tuviera la amabilidad de indicármelos; antes de su publicación --
como efectivamente lo hizo--, de modo a evitarme alguna ‘metida de pata’ y
hasta el peligro de hacer el ridículo.
El diálogo producido fue aleccionador:
-- Mire usted Cubas --comenzó diciéndome el Profesor--, a su trabajo no
solamente no le he encontrado errores, sino que, por el contrario, lo considero
muy bueno. Hasta me ha sorprendido mucho su calidad; en los aspectos
técnicos, se lo digo sin hipocresías de ninguna especie; ni por alguna
improcedente intención de halagarlo.
-- ¡Muchas gracias Doctor! --Repuse al punto, pleno de orgullosa y
justificada satisfacción.
-- Pero... ¡hay un pero! –Replicó y continuando-- Dígame Cubas ¿Qué
edad tiene usted?
-- Veinte años cumplidos, Doctor...
-- ¡Ah! Yo tengo el doble: 40. El doble de su experiencia sobre la vida.
Ello, y el aprecio y el afecto que le profeso, me autorizan a intentar hacerle ver
algo y darle un consejo. De cuya utilidad no dudo: Su artículo, aparte de lo
técnico que está intachable, contiene expresiones muy duras hacia el Ministerio
y la Dirección que han conducido los trabajos; así como en agravio de los
profesionales embarcados en la tarea. En virtud de tal situación, se ganará usted
numerosos enemigos; y al egresar de la Escuela, jamás le darán trabajo allí.
Escriba usted dentro de lo no hiriente, lo que tenga que escribir, pero
jamás ataque --(¡?)--, pues ello crea rencores difíciles de borrar. No olvide este
consejo, el cual se lo doy con la mejor de las intenciones y el mayor cariño:
“En esta vida, viva usted y deje usted vivir”.--- (¡?).
Como escrita en bronce, indeleble, tengo todavía grabada en la mente
esa tremenda frase, que me dejó por un momento anonadado.
Pero le respondí al punto, más o menos en la siguiente forma:
-- Mire usted Doctor: No dudo, en absoluto, que lo mueven los mejores
sentimientos hacia mi persona, lo cual se lo agradezco en primer lugar; y, por
supuesto, se ve que está usted sinceramente convencido de su acierto en lo que
me acaba de decir. Pero, con la misma sinceridad, significando simultáneamente
mucho aprecio y respeto, debo expresarle, rotundamente, mi desacuerdo:
El artículo dice la Verdad, desde la perspectiva técnica, de la Genética
Animal, sobre los trabajos de la Estación Zootécnica de Tingo María, como Ud.
mismo lo ha señalado claramente, hasta con generoso entusiasmo. Y como ellos
han sido hechos al margen del acierto, con desconocimiento técnico,

249
injustificable en los funcionarios y profesionales que los conducen,
ineludiblemente se deben señalar sus errores y a los responsables del caso.
Para hacer posibles las correcciones necesarias al programa; evitando mayores
daños al país. Eso naturalmente duele y se califica, con exagerada
preocupación, creo, de “ataques” y de “críticas hirientes”... ¡Pero “no se puede
hacer tortillas sin romper huevos”!
No creo que se deba tener por norma: “jamás atacar”. Por el contrario. La
Verdad y el Bien, deben ser siempre defendidos y sus contrarios, el error y el
mal, siempre combatidos, “atacados”; sea dicho con todas sus letras. Y muchas
veces, precisamente, la mejor defensa es el ataque. Más aún: De ninguna
manera se debe dejar de proceder, como es debido, justificándose en la
previsión de “no ganarse enemigos” o “despreciar oportunidades” de mero
interés personal y material o crematístico; por conseguir o no perder, "buenos
puestos”, bien remunerados.
Con mayor razón en los jóvenes: Lo propio es Luchar, combatir, atacar y
defenderse; en pos de acciones conducentes al mejoramiento y superación del
medio en el cual viven: de su Patria y del Mundo. Es lo que se llama: el
Idealismo. Un ‘joven’, sin ideales, deja en verdad de ser joven; como lo dijera
José Ingenieros: "entra en temprana decrepitud espiritual"... Mientras que el
buen anciano, el “viejo-joven”, los mantiene hasta el final de sus días.
¡Venerable! resulta así.
Quienes, con el paso y el peso de los años, abandonan sus nobles
ideales juveniles --perdóneme la tosquedad de mi franqueza, Doctor--,
argumentando “experiencia” y sesudas o “prudentes” razones, no lo hacen por
eso, en verdad, sino porque, al margen de su voluntad, los han perdido –los
ideales nobles--, por obra de variadas fuerzas y circunstancias, cuyas
magnitudes los abrumaron y vencieron.
Mas, pese a todo, los hombres maduros, jamás debieran desalentar el
idealismo de los jóvenes; ni encauzarlos por los fofos canales de la concepción
burguesa o liberal, hedonista, sensual, rutinaria, superficial, y hasta falsamente
‘pacifista’, ofrecidos hoy a la generalidad de los seres humanos.
Yo, Doctor, le reitero mi agradecimiento por sus buenas intenciones; pero
ansiando se corrija a fondo lo de Tingo María, de enormes proyecciones hacia el
desarrollo de toda la Selva Peruana, publicaré mi artículo y asumiré las
consecuencias. No me importan mucho los posibles ‘enemigos’ a ganarme; sé,
en cambio, que algunos ingenieros, presentes o futuros, por lo menos, se unirán
al propósito de tan trascendente mejoramiento. Y en cuanto a los “puestos” en
los ministerios, ésta será oportunidad para no ingresar a la burocracia estatal y
de ser más independiente; como siempre me lo recomendara mi recordado
padre.99

99
¡Cosas tiene la vida! Como lo veremos más adelante, a poco de publicado mi artículo,
precisamente, no sólo no se me “cerraron las puertas de los ministerios”, como pronosticaba “la
voz de la experiencia”, sino por el contrario, me llamaron a trabajar en la Estación Experimental

250
-- En fin --concluyó el Profesor-- yo he querido aconsejarlo y lo hago de
buena fe. Será responsabilidad suya lo que le suceda en adelante y, pese a
todo, ojalá tenga usted buena suerte...
El artículo salió publicado y resultó ¡otra “bomba”!... Toda la burocracia
agraria explotó.
Uno de los más experimentados y prestigiosos ingenieros (Joaquín
Alejandro Cortez) replicó por escrito; educadamente, pero con fuerte pretendida
ironía, muy despectiva, hacia "el joven estudiante" que lo había elaborado. La
Revista publicó esa réplica y al siguiente número la contrarréplica mía...
La polémica resultó muy sonada. Y el general dictamen fue –falsa
modestia aparte-- que la gané en toda la línea. Cosa de la cual doy cuenta,
ciertamente, no por vanagloria, sino para los fines de resaltar el deficiente nivel
técnico de los programas gubernamentales, su débil ánimo, y la injustificada
‘solidaridad’ de la burocracia del Sistema. Cumpliéndose, por casi todos, la
repudiable consigna:
¡Complicidad y dejar vivir con tranquilidad, para vivir mejor!
¿Tenía esto que ser siempre y forzosamente así?
¡No!... Nosotros, como jóvenes, por lo menos... ¡teníamos que cambiar o
contribuir a cambiar las cosas!
-----
Y lo dicho no era todo. Por aquellos tiempos el mundo atravesaba las más
terribles circunstancias de la II Guerra Mundial. Éramos testigos y oyentes de las
acciones y proclamas de los contendores de ambos bandos: Los “Aliados”,
“democráticos”, “liberales” o “burgueses”… ¡con los “comunistas”! por un lado. Y
los del “Eje” (Roma, Berlín, Tokio), “Fascistas” o “Totalitarios”, por el otro.
Se ofrecían notables diferencias entre los dichos adversarios, en cuanto a
principios y doctrinas, concepciones morales, fuerza espiritual --el ‘voltaje
anímico’ de la juventud y de sus pueblos en general--; así como la eficacia y
resultados de sus actuaciones económico-sociales, políticas, y militares; además
de sus producciones culturales, artísticas, y científicas.
Hablando con objetiva imparcialidad --si cabe en asuntos de tal índole-- y
al margen de la larga y arrolladora propaganda, que había logrado –desde
entonces y hasta ahora-- imponer conceptos y sentimientos irreales, sobre los
hechos sucedidos y sus actores, había, empero, una fuerte atracción, por sus
simpatías y superioridades notables, del Eje sobre los Aliados (o liberales).
Decadente ya, el mundo burgués, en el cual nosotros estábamos --y seguimos
estando, con más fuerza, por desgracia-- involuntariamente inmersos. Y, al
parecer, sin esperanza de salida viable alguna. La contundencia, realismo, vigor
de los principios, doctrinas y acciones, de los del Eje... ¡Su fervoroso, masivo, y

de Tingo María, en excelentes condiciones para entonces... ¡Por haber sido el autor de la
publicación!

251
envidiable, patriotismo!... Popular y en las élites... Eran por demás resaltantes,
sobre lo mostrado por los Aliados.
La mal llamada “Democracia” –en todo caso "Plutocracias"--, de los
liberales, no podía, ni puede ocultar sus falsías. Pues sus gobiernos se instauran
por “elecciones generales” --’francachelas electoreras’, fuera mejor decir--;
imposibles sin “campañas electorales”, y éstas, sin dinero. Por lo tanto, los
propietarios de las riquezas –las más de las veces mal habidas--, poderosos
financistas, ricos, de los inescrupulosos, con ansias de poder, o "plutócratas",
son los reales usufructuarios y dueños de los resultados de las "elecciones" que
financian o que pueden desvirtuar. ¡Una “Plutocracia”!... Mas nunca una
verdadera “Democracia”.
Ni qué hablar de los aspectos Morales y del Patriotismo. El mundo
burgués, ya decadente –que no propiamente “moderno”--, establece que la
Moral es relativa (!), variando según las personas, los tiempos, y los lugares --
¡no solo sus apariencias, sino la Moral misma!--; y que corresponde al fuero
individual, no al social... El más elemental estudio de la Ética demuestra el
absurdo del dicho “relativismo moral”; conducente, inexorablemente, a la
amoralidad generalizada; y ésta, a su vez, a la inmoralidad total... ¡Como lo
estamos viendo y viviendo!
¿Y qué puede decir de Patriotismo o Nacionalismo, el pensamiento
liberal? El cual, con el marxismo, propugnan el “internacionalismo” en todos los
terrenos; llamado hoy, en difundida y vaga huachafería: “Globalización”.
Apagando, hasta donde pueden, los sentimientos nacionales y el fervor
patriótico, tan consustanciales a la verdadera naturaleza humana y al sustento
de su elevación en los campos social y político... Y ¡cuidado!: No es lo mismo, el
“Universalismo Católico”: Armonía, sin pérdida de válidas singularidades, ni
personalidades, de todas las naciones, en los diversos campos de la vida
humana.
El ambiente de inmoralidad y de frigidez egoísta general, emanado por
todos los poros de la decadente sociedad burguesa, hace comprender el
sentimiento de rechazo producido en el ánimo juvenil y la simpatía natural, en
cambio, por otros sistemas que podrían significar lo contrario ¡Nos llenábamos
de “Santa Envidia”! Al contemplar los espectáculos ofrecidos por las sociedades
de Alemania, Italia, España, y hasta de Japón. Lamentable, en cambio, el
panorama contrastante de nuestro Perú y de sus pueblos hermanos de Ibero
América, visión tenida, pese a quererlos tanto, como realmente los amamos.
No quedaba tampoco muy atrás ni a salvo --todos iban casi en paralelo--,
lo que se veía --¡y se sigue viendo, cada vez peor!-- en EE.UU., Inglaterra,
Francia, y otros países que se dicen “adelantados”. Era imposible admirarlos
honestamente; contemplando la frialdad gélida de su política, tan superficial y
hasta circense; viendo cómo eran, las mayorías populares, víctimas de una
intensa, repetitiva y cínica propaganda, que no pudiendo ‘digerirla’, habrían de
‘tragarla’ empero, sin mayores trámites... No podíamos dejar de notar lo grotesco
de sus candidatos en “campañas electorales”; ostentando, por todo ‘contenido’ y

252
sin motivo válido alguno, forzadas, hasta idiotas, “sonrisas Kolynos”... Haciendo
de tal modo --a todas luces en extremo ridículo--, su “marketing” político, como
se diría hoy...
Nosotros pensábamos que algo teníamos que hacer o participar en
construir al respecto. Para remediar tan triste situación... Pero notamos
claramente desde entonces, que primero deberíamos ser económicamente
independientes y contar con algún elemental recurso adicional de la misma
naturaleza; "Un Capital de Operación"... Pese a lo impetuosamente románticos y
espiritualistas, cuanto nos sentíamos a la sazón.
Fue así que Lucho y yo nos hicimos el propósito firme de participar en
Política (con mayúscula). La Idealista por supuesto. Y pensamos en las muchas
cosas necesarias al respecto:
En primer lugar, la Independencia Económica y los Recursos para la
Financiación de la dicha Acción Política. Y habríamos de lograrlos, por lo menos,
mediante la forja de una pequeña o mediana empresa agraria, propia.
Ocurrió así, que en nuestro último viaje con la promoción, a la Selva
Centro Oriental, al pasar por Huánuco, tuvimos oportunidad de visitar un
hermoso fundito frutal --de unas 20 a 30 Has.--, ubicado en una meseta que
domina el panorama de la bella ciudad de Huánuco. Era propiedad del notable
agricultor de la zona, Sr. Ruperto Cuculiza y estaba muy bien cultivado de
naranjos (de las variedades Valencia y Washington Naval), por entonces en
plena y abundante fructificación. Nos impresionó sobremanera la belleza y
productividad del predio... Pensamos, “ipso facto”, hacer nosotros algo
semejante en el futuro. En la misma región de Huánuco. Ingreso natural a la
dicha Selva Centro Oriental.
Confiábamos --¡Oh candoroso, aunque divino, optimismo de jóvenes!--,
sin contar con un centavo de capital propio, en poder realizar el proyecto con
préstamos de algunas personas amigas --¡caritativas hasta lo inefable, habrían
de ser!-- y del entonces Banco Agrícola, en operación... por verse... ¡Sin
garantías concretas!
Lograda que fuere la primera parte del propósito: establecer el fundo frutal
y nuestra independencia económica consecuente, podríamos pensar en el inicio
de la verdadera Acción Política –fundando y poniendo en marcha un Nuevo
Movimiento Político--; sin dejar de pensar, actuar y pesar, simultáneamente, en
la “Orientación de los Programas Ganaderos del Perú en la Selva”. Con Lucho
Córdova nos comprometimos, bajo palabra de honor, a emprender juntos estos
intentos y a no separarnos por ningún motivo.
Así llegaban, apasionantes, los últimos días del año ‘43 y del 5º y final de
nuestros estudios...
-----
La Ganadería Vacuna Tropical.- He descrito ampliamente cómo se forjó
en un largo proceso mi vocación profesional de Ingeniero Agrónomo,
comenzando con la especialidad de Caña de Azúcar, la de mi padre, para

253
evolucionar, después, hacia la Ganadería Vacuna y dentro de ésta a la Tropical.
Mas esta vocación se fue enraizando, definiendo y precisando, hasta el detalle y
con singular fuerza, sobre todo con motivo de publicarse en la Revista
“Agronomía” mi ya citado informe acerca de los trabajos ganaderos oficiales en
Tingo María; con su famosa polémica subsecuente. Tal debate público, de
carácter técnico, con notorios ribetes científico intelectuales y hasta políticos,
terminó de enardecer mi germinante y ya entusiasta inclinación profesional,
obligándome ¡con el mayor de mis agrados! --valgan verdades-- a estudiar y
profundizar, mucho más, en esos temas.
De la discusión pública del problema ganadero selvático peruano, así
como por las experiencias de varios profesionales, se venía desprendiendo,
cada vez con mayor claridad, cómo, aparte de muchos de los problemas que
podríamos llamar “menores”, el principal, en cuanto a los bovinos se refiere,
consistía en que era necesario lograr: Una Nueva Raza de Vacunos. Adecuada
al medio Tropical Húmedo. Y altamente Productiva. La cual, por aquellos
tiempos, se suponía aún, habría de ser para la producción extensiva de carne. Y
solamente pocos años después, se terminaría por definir que debería ser para la
intensiva de leche; de animales de gran peso y alzada (o sea de “doble
propósito”).... ¡Menudo el desafío zootécnico!
La necesidad de producir una Nueva Raza o Tipo --logro éste, menos
trascendente y de alguna menor jerarquía técnico genética, pues no involucra la
“fijación”-- de una Nueva Raza de Ganado Vacuno Tropical, digo, se comenzó a
presentar, cada vez más evidente. En realidad --falsa modestia aparte-- fui, el
primero --y después, mucho tiempo, el único-- en sostener este planteamiento.
Pero, también, arrancaron fuertes corrientes de celos profesionales, de envidias
burocráticas, y de intereses crematísticos mezquinos e inconfesables, que
combatieron la idea. Con saña digna de mejor causa. Hasta queriendo
ridiculizarla. Pero sin mayores fundamentos... Por años --¡casi medio siglo!--
hube de luchar contra tales corrientes; cuyos manejos consiguieron, finalmente,
frustrar, en gran medida, un trascendental y patriótico intento, como habrá
ocasión de explicarlo.
Y volviendo adonde estábamos, es el caso que en los tiempos de la
famosa polémica, no había --ni hay aún ahora--, para la Selva del Perú, otra
salida, sino lograr: Una Nueva Raza de Ganado Vacuno Tropical (la cual, hasta
entonces se suponía, debiera ser de carne). Una nueva raza, por varias razones:
•No existía disponible, en número apreciable, ningún tipo de ganado
suficientemente productivo y al mismo tiempo resistente a las agresivas
condiciones ecológicas del Trópico Húmedo Peruano.
•El ganado “criollo selvático”, sobreviviente en verdad, de la raza histórica
de Castilla (España), bajo una existencia marginal de siglos y una crianza por
demás deficiente, no llegaba a los adecuados niveles exigibles, en los ya dichos
rubros de producción y resistencia.

254
•El “criollo de la Costa Norte” (Piura), podría merecer apreciación algo
superior al "selvático", pero de todos modos insuficiente, en cuanto a
productividad y resistencia, además de ser, también, muy heterogéneo.
•El “criollo de la Sierra”, se mostraba mucho más susceptible al calor y a
las enfermedades tropicales; con una productividad muy deficiente en ese
medio..
•El ganado "cebú" --que debía ser importado--, si bien ofrecía muy fuerte
resistencia al medio tropical, en cambio, la calidad de su carne, la cantidad, y
rapidez (peso y precocidad), de su producción, no eran suficientemente
satisfactorias y peor, si refiriéndonos al rendimiento lechero.
•Las razas llamadas “finas” o "europeas"; si bien altamente productivas,
mostraban muy bajo --en extremo limitante-- nivel de resistencia a las durísimas
condiciones del Trópico.
•El ganado de la nueva raza “Santa Gertrudis”, de reciente formación y
reconocimiento oficial en los EE.UU., habría de importarse a muy alto costo y
sólo vendían machos (para reservarse el monopolio comercial de “la raza pura”).
Por ello, tendría que llevarse a cabo un programa muy complicado, de lotes
puros y separados de cebú “Nellore” y de europea “Shorthorn”, para cruzarlos
luego y producir hembras de media sangre; sometiéndolas a un “cruzamiento
absorbente”, con toros importados “Santa Gertrudis” de buena calidad. Y, para
más inconvenientes, la raza “Shothorn” -participante en su formación- y un poco
en menor grado, la ”Santa Gertrudis” misma --hecha para el relativamente suave
subtrópico norteamericano--, no venían mostrando resistencia suficiente para un
Trópico Húmedo, mucho más agresivo, como es el Amazónico Sudamericano.
•Los cruces diversos, de varias razas (de cebú, Nellore, Gyr, Guzerat,
etc., con algunas europeas, como Hereford, Holstein, Jersey, Ayrshire, etc.),
hasta entonces realizados --fuera de programas de “fijación” genética hacia
verdaderas Razas o a Tipos bastante homogéneos--, no garantizaban la
“estabilidad zootécnica" en las siguientes generaciones; condición ineludible en
toda ganadería bien organizada.
El Perú precisaba --y sigue precisando-- para el Desarrollo de la Región
de la Selva, de la formación de Una Nueva Raza de Ganado Vacuno Tropical;
producto del cruce inicial, a “media sangre” (50%), de una raza pura, muy
productiva, de origen europeo, con otra, también pura, muy resistente al trópico,
de cebú o ganado indiano; para ser “fijado” luego, en un largo proceso de
consanguinidad y selección, muy rigurosas.100
¡Un trabajo genético de gran jerarquía!

100
Cortos años después, a la Nueva Raza en proyecto, la definiría, en cuanto a las razas
participantes en su formación (Nellore por la cebú y Brown Swiss por la europea) y en los
detalles de sus características finales (como Lechera de Doble Propósito). Y la ‘bautizaría’ con el
bello y significativo nombre de: “Amazonas”.

255
El empeño constituiría el resultado del vigoroso impulso de un gran Ideal
Personal, apoyado en una singularísima Vocación Profesional.
-----
La Enseñanza.- En mi existencia “Molinera” habría de sumar y ampliar
algunas convicciones y conocimientos ya recogidos en parte en años anteriores,
acerca del tema de la Enseñanza. Misión excelsa, referida a la formación
integral de la Persona Humana, en especial de los jóvenes.
Al observar el actuar de nuestros profesores, podía constatar en ellos, en
principio, lo sublime de su función. A la par que el juego antinómico --dialéctico
se diría-- de sus cualidades o virtudes y de sus defectos o fallas. Los cuales
eclosionaban en la realidad concreta --que así podía ser grandiosa o
minúscula— y cuya percepción se nos ofrecía clara y aleccionadora.
He descrito mi primera experiencia como ‘profesor’ en la enseñanza
personalizada de matemáticas a muchachos de secundaria. Pude darme cuenta
entonces de las dificultades que, en principio, significa el enseñar. Y de sus
ventajas, en cambio, como ‘impulso del propio aprendizaje’; precisamente del
mismo maestro, en virtud del ya dicho principio: “Para enseñar como uno, hay
que saber como diez”. Allí comprendí, mejor que nunca, lo interesante y
provechoso cuanto era “enseñar”...
Comencé así a fijarme, con mayor interés aún, en mis buenos maestros,
como modelos a seguir en apreciable medida --sin espíritu de ciega imitación por
supuesto--; y también, en las situaciones contrarias de los malos profesores,
para evitar la triste condición de quienes ‘enseñaban’ sin verdadera vocación, ni
elementales conocimientos de las materias dictadas, o siquiera poseyendo, por
lo menos, sencillas “intuiciones pedagógicas”.
En los colegios, en los años de secundaria, observaba la calidad de varios
de mis abnegados maestros de la congregación de los hermanos maristas del
“Champagnat” y la de los sabios padres agustinos del “Santa Rosa” de Chosica.
Como recordaba todavía, años antes, en el Colegio del Dr. Luís C. Infante, en
Miraflores, en el cual cursé el cuarto de primaria; a su excelente profesor de
Aritmética y Álgebra, quien me grabara, por muchos años, especial afición por
las Matemáticas, rescatándome de la general actitud de repudio hacia ellas;
haciendo posible, posteriormente, mi ingreso, sin temores ni problemas, a una
de las ramas más importantes de la Ingeniería... Pero, como he narrado, quien
se llevaba la palma, de Buen Profesor --¡cómo agrada recibir de los alumnos
este título, mejor cuando espontáneo y aunque fuere sin diplomas!--, era el de
Física, en el “Colegio Italiano”: el Ing. Tabusso...
Mas ocurría, como es natural, que también los había malos. Recuerdo, en
dos de los colegios mencionados, a uno de Música y al otro de Literatura;
aunque haya de excusarme de nombrarlos, pues no resultaría generoso
hacerlo... Por mucho tiempo les debí, me perjudicaron gravemente, sería mejor
decirlo, con unos complejos muy deprimentes, de inutilidad, relacionados con
esas elevadas artes...

256
Ya en La Molina, mis observaciones fueron más amplias, profundas e
importantes; así como las deducciones de ellas obtenidas:
Nuestro Profesor Julio Gaudrón, era un Ing. Agr. belga, que conectaba
todavía, a la Escuela de “La Molina”, con la primera de los fundadores de “Santa
Beatriz”. Mostraba, como cualidades notables: la Seriedad con que tomaba su
desempeño (dedicación al estudio, estricta puntualidad y asistencia, orden, un
casi majestuoso continente, etc.); el Conocimiento amplio y profundo de sus
cursos (Física, Botánica y de todos los relacionados con ésta, llegando a la
Genética y a la Fitopatología); era muy Cumplidor al disponer las prácticas y en
la entrega de materiales de estudio (copias) y las notas; y, pese a ser extranjero
(franco parlante de origen), se mostraba Muy Cuidadoso con el Idioma
Castellano, hablado y escrito, indicando mucho respeto por esta tan grande
riqueza cultural nuestra. A todo lo anterior, agregaba el ser Exigente en los
estudios de sus alumnos y, aunque severo, era Muy Justo en las calificaciones.
Gaudrón inspiraba --más que imponía— general reconocimiento y enorme
respeto, acerca de su saber profesional y jerarquía profesoral. Pero el hecho
curioso estribaba en que su aspecto físico no lo favorecía; pues presentaba un
vientre voluminoso; era lo que se dice: “un panzón”; se dejaba crecer una larga
barba; y así, en una descripción negativa, podría decirse que su “facha” llegaba
a ser ridícula. Los alumnos le habían adjudicado el apodo de: “El Chivo”. Sin
embargo y pese a tan gravitante factor, se lo respetaba –y hasta se lo temía--
como al que más. Aunque nunca pudimos verlo aplicando algún castigo concreto
o tomando represalias con las notas. Pero nadie se atrevía a “meterle vicio”.
Cuando pasaba lista o se dirigía a un estudiante en particular, por joven que
fuere, lo trataba, solemne, de “Señor”.
La virtud más resaltable de este profesor, era el saber “imponer respeto”.
Mas, como está dicho, por inspiración, no tanto por imperio. Justo es remarcarlo.
Aplicaba, para evitar el descarrío de los muchachos, los conocidos principios:
“No hay que dejar que comiencen”.
“El Profesor debe, de inicio, mostrarse ‘respetable’, parar hacerse, luego y
automáticamente, ‘respetado’; habiendo, además, de respetar a sus alumnos; y
de hacer respetar a todo el ambiente del salón de clases”.
Otro profesor, ya antiguo a la sazón, y muy diferente del anterior; con
llamativa personalidad, singular, muy original, era el Dr. Emmanuel Pozzi-Escot.
Francés de nacimiento y formación, quien tenía por especialidad la Química
Analítica. Resaltaba en él un asombroso Conocimiento del Curso que enseñaba;
además de una Amplísima Cultura General y Sapiencia en Muchas otras
Disciplinas, básicas y de aplicaciones vinculadas, o no tanto, con la Química
(Como: Física, Microbiología, Suelos, Abonos, Viticultura o Cultivo de la Vid,
Enología o Tecnología de Vinos, Genética Vegetal, Tecnología Lechera, etc.).
Era, con frecuencia y en bastante justicia, calificado de “Sabio”.
El Dr. Pozzi, se manifestaba despectivo hacia la mediocridad reinante.
Como un declarado Rebelde contra la masificación propia "del Sistema". Casi un

257
"iconoclasta". Lo expresaba claramente con sus palabras, a las que
complementaba muy bien con sus gestos y actitudes. Utilizando, con frecuencia,
El Humor y la sátira, como ya lo hemos referido.
No exigía atención unánime de los alumnos en sus clases; daba por
suficiente, se conformaba, con la de quienes, con toda evidencia, eran de los
‘selectos’; a los que, individualmente, trataba con afectuosa deferencia y les
concedía mucho de su valioso tiempo. El resto, menos lúcidos y poco
interesados --Pozzi, por lo demás, acostumbraba salirse del curso, para disertar
sobre cuestiones de sapiencia más general--, no asistían, se salían
prontamente, o se distraían; pero no llegaban a “meter vicio” de modo abierto; lo
respetaban y en gran medida temían pasar a un cierto grado de ridículo, ante las
agudas reacciones sarcásticas del “profe”; quien manifestaba una rapidez
mental y un risueño sentido de las cosas, increíbles, para su edad, pues por
entonces frisaba largamente la séptima década…
Escribía muy bien, con gran fuerza expresiva y ardiente combatividad.
Como adversario... ¡era temible! He descrito y sirva de muestra, la trifulca
armada con la Compañía del Guano, a propósito de su artículo --¡”bomba”!--
publicado en la "Revista Agronomía”.
Como orador académico, este verdadero Maestro, era muy especial:
Elocuente, pues ponía mucho calor en sus expresiones, a las cuales, además,
adornaba con vívidas e imaginativas narraciones, casi metafóricas, pero muy
vinculadas a las realidades circundantes; aderezándolas, inclusive, con toques
de picante humor satírico y hasta, de vez en cuando, con algunas francas
"lisuras"; confiriendo gran fuerza expresiva, sin hacer descender al nivel de
simplezas o de torpes groserías, a sus inolvidables frases.
Pero había algo singular en su oratoria, que lo hacía único. Y hasta le
valió su indeleble y exclusivo apodo: “Sosén”. El dicho y raro bisilábico fonema,
sin etimología alguna posible, era una “muletilla” o manía de dicción,
indominable, fuera de explicación cierta; la pronunciaba, de modo simple, entre
algunas palabras, y repetida, con exclamativos énfasis y la mímica
correspondiente, al terminar sus frases o párrafos. Combinándolas con la
general acentuación final aguda de las palabras, dado el notable ‘dejo’ francés
de su prosodia castellana, asaz imperfecta.
Lo curioso era observar cómo un tan grave defecto de dicción, cual otros
que pudieran constituir, en cualquier persona, motivos de acentuada deficiencia
de ejecución oral, de personal cortedad oratoria, o de apabullante timidez, a
Pozzi no lo afectaba en lo menor. Por el contrario, él... ¡lo convertía en un
poderoso refuerzo de su elocuencia! Cicerón escribía --más de veinte siglos ha--
resaltando esa posible conversión, de algunos defectos, en especiales recursos,
por obra de habidos grandes oradores natos: ¡Convertir un defecto irremediable,
en especial “arma oratoria”! Todavía recordamos muchos de sus pensamientos y
frases de a tonelada:
Cierta vez, estaba explicando el valor relativo de los abonos en virtud de
sus respectivas composiciones químicas (Contenidos de Nitrógeno, Fósforo,

258
Potasio, etc.), pero haciendo ver cómo sólo ellas no podían definir la calidad de
los fertilizantes; pues el asunto era bastante más complejo (materia orgánica,
otros elementos mayores y menores, flora y fauna microbiana, enzimas, clases
de plantas, climas y suelos influenciantes e influenciables, disponibilidad de
agua, etc.); y que, por lo tanto, para deducir conclusiones reales se requería
mucho “Sentido Común” y “Espíritu de Observación”.
Pozzi insistía intensa y frecuentemente, en la necesidad de desarrollar en
los profesionales, desde que eran estudiantes, las dichas dos esenciales
virtudes. Así, con su característico acento y pegajosa muletilla, elevando y
bajando por momentos el volumen y tono de su voz, dándole variadas
inflexiones, acompañada de sincronizada mímica, decía:
-- La Quimic Analitic nos pegmité... sosén... averiguar el contenido de los
elementos quimicos (sin acento), provechosos contenidos en los fertilizantes...
sosén..... sosén --(aquí exponía ampliamente la explicación del proceso del
análisis químico)-- ¡Pero eso no es todo!... sosén, sosén. La cuestión es mucho
más complejá, sosén...No olviden nunca... sosén... de estudiag estas cosas, con
mucho Sentido Común y Espíritu de Observación...sosén, sosén... Verán
entonces que un buen agronomo (sic) no debe olvidar nunca el papel de la
materia organíc... sosén... sosén... ¡Universal componedora... sosén... de los
suelos... sosén, sosén!...
Pero la mejor forma de aplicar la materia organíc en los suelos, es
desmenuzandola... sosén... y tanto más, si previamente fermentada o digerida...
sosén... de modo que va con sus componentes ya en los comienzos de su
desintegración... sosén... y pueda incorporarse mejor... sosén... sosén... Con
una gran población bacteriana o de micro flora y micro fauna además, para su
mejor y rápida descomposición final y así muchos de sus componentes puedan
ser absorbidos y asimilados por la plantas...sosén, sosén...
Por eso... sosén... comprenderán fácilmente... sosén... que la mejor
materia organíc es el excremento de los animales y del hombre, procedentes de
materia organíc masticada y digerida sosén... lleno, además, por miles de
millones, de agentes microbianos, benéficos, para tales fines... sosén, sosén...
Contra todo lo que puedan decir los agronomos muy dados a la pura quimíc, ha
de saberse... sosén... que no se ha inventado, ni podrá inventarse, que no hay,
ni habrá jamás, mejor abono... que: ¡La Caca!... ¡sosén!... ¡sosén!... ¡La m.....!...
¡sosén!... ¡sosén!... ¡De cualquier animal!... ¡O del hombre mismo!... ¡Como lo
saben los chinos!... ¡sosén!... ¡sosén!... Tanto mejor cuanto de más proteínas se
alimente el ser vivo en cuestión; pues así dará un guano o estiercól de mayor
contenido de Nitrógeno y Fósforo, elementos fertilizantes fundamentales; de los
más escasos y caros también... sosén, sosén... Por eso el Guano de Islas,
proveniente de las deyecciones de las aves marinas... sosén... que comen
pescado... sosén... es el mejor de todos... sosén... más aún, si se le combina --
para darle volumen o cuerpo y otros múltiples componentes también necesarios-
- con estiércol bien descompuesto, de los varios herbívoros u omnívoros
posibles de utilizar... sosén... sosén...

259
¡Lección inolvidable!
En otra ocasión, explicaba el verdadero papel y los límites de la utilidad
de los análisis de suelos, para definir los cultivos posibles y las fórmulas o
‘recetas’ para los abonamientos adecuados; estableciendo la necesidad de
tomar en cuenta, siempre: “La Relación Suelo-Planta-Clima. Y así dijo:
--Yo conocía... sosén... a un agricultor muy interesado en los progresos
de la Ciencia... sosén... en favor de la Agricultura... sosén. Así le entró la idea de
mandar hacer un analisís de sus suelos... sosén... para saber cuál sería la mejor
planta a cultivar allí... sosén... y la más provechosa ‘formula’ de abonamiento a
utilizar.... sosén, sosén...
Así, envió las muestras al laboratorio de suelos de un quimic agronomo,
hasta entonces muy amigo suyo... sosén, sosén... El amigo tomó las muestras,
las cernió, preparándolas... sosén... para los analisís (sic)... --Aquí aprovechaba
Pozzi para describir, reiterando, muy minuciosamente, explicando y enseñando,
todos los pasos de un análisis fisico-químico completo de una muestra de suelo;
partiendo del famoso mecánico de Boyoucos, hasta llegar al químico, para el
Nitrógeno, del entonces no menos célebre, de Kjeldal.
-- Terminado el analisis... sosén... le fue remitido el “boletín”, a nuestro
amigo el agricultor, sosén, sosén... El cual... sosén... en el resumén o conclusión
final... sosén… --Tomaba entonces un corto papel y haciendo como que lo leía,
se esforzaba, al mismo tiempo, en corregir sus habituales ‘infracciones’ al hablar
español castizo -- decía lo siguiente:
“Suelo agrícola bueno; franco arcillo arenoso, suficientemente retentivo
del “agua; rico en materia orgánica; con aceptable contenido de Nitrógeno,
Fósforo, y “Potasio. Abono recomendado: Guano de Islas, 1 Ton. x Ha. Cultivo
recomendable: Algodón".
-- Pero resultaba... ¡Sosén!... ¡Sosén!... Que la muestra correspondía al
Suelo de un fundo ubicado en... ¡las orillas del Lago Titicaca!... ¡Sosén!...
¡Sosén!... ¡En un Clima donde no puede vivir y menos producir, la Planta de
algodón!... ¡Sosén!... ¡Sosén!... El agricultor persiguió, correteandolo, al
laboratorista, queriendo pegarle... y matarlo... ¡Sosén!... ¡Sosén!
No lo olviden nunca... sosén... sosén... Que al juzgar las situaciones
agronomics, sosén, jamás deben dejar de lado la relación: clima-suelo-planta.
¡En conjunto!... ¡Sosén!... ¡Sosén!... Siempre tengan presente lo que significan:
el Espiritu de Observación y el Sentido Común... ¡Sosén!... ¡Sosén!” --¡Cuánta
importancia tienen y cuán insistente en ello, era el Maestro Pozzi! Sobre todas
las sabiohondeces de los vasallos de las modas.
Algo parecido se ofreció en otra explicación en clase: Se trataba del
análisis químico de los alimentos para poder deducir su valor nutritivo.
Igualmente exhortaba el sabio profesor a mirar las cosas en una perspectiva
más integral y no tan vanidosa, concreta y simple, como venía haciéndose
desde entonces costumbre indominable. Y así contaba:

260
-- Una vez, cierto medico de moda... sosén... en fe de un boletín sobre la
composición alimenticia del huevo de gallina... sosén... demostrada por el
correspondiente analisís quimíc... sosén... le recomendó, al cliente que lo
consultaba, muy flaco y paliducho... sosén.... que comiera huevos: “el alimento
que, junto con la leche, son los mejores del mundo”, como “lo demuestran” sus
composiciones quimícs... sosén, sosén. Por sus proteínas, minerales, vitaminas,
etc.... sosén....sosén... Pero resulta que el enfermo estaba... ¡mal del hígado!...
¡Sosén!... ¡Sosén!... ¡Y lo podía matar!... ¡Sosén!... ¡Sosén!
En fin, las clases de Pozzi y las consultas que se le podía hacer después
de ellas, estaban llenas de enseñanzas sobre la Química misma, pero y sobre
todo, acerca de la sabiduría que confieren la Vida, la Experiencia, y el Estudio...
Así, varios de nuestros compañeros y sobre todo Lucho Córdova y yo, le
profesábamos la más rendida admiración.
Y para no hacerla demasiado larga, resumiré sobre los demás profesores
que recuerdo, sus principales virtudes, dignas de resaltarlas en el propósito de
aprovechar enseñanzas acerca de las buenas técnicas pedagógicas; las cuales,
por sobre todo y en conjunto, constituyen un depurado Arte.
Así, hemos dicho de Marino Tabusso, su gran Conocimiento de la Materia
Enseñada, virtud primera de un Profesor. Y su gusto y Dominio del Idioma,
condición del hombre culto, consustancial al Magisterio.
Luís Gamarra Dulanto, buen Orador Académico, además de muy
simpático y alegre; practicaba una Afectuosa Relación con los Alumnos.
Del Ing. Juan N. Portocarrero, hemos resaltado su conocimiento profundo
de los cursos enseñados (Topografía, Hidráulica, Construcciones Rurales, etc.);
su Seriedad y Sentido de Responsabilidad en todas sus manifestaciones; y,
sobre todo, su apasionada convicción de la importancia de la Cultura General,
de modo especial y precisamente con mayor razón, en los profesionales
especializados (era un declarado aficionado a la poesía). Su frase: “Ingeniero
que sólo Ingeniería estudia, ni siquiera un buen Ingeniero es”… ¡Merece
recordarla y repetirla, siempre!
Jacobo Zender, Profesor de Agricultura General, era judío de origen, pero
bien acriollado o peruanizado; elegante y de gran Simpatía; muy buen orador
académico y notoriamente Ameno. Además de Clarísimo en las explicaciones de
sus clases. Quizás si su mayor virtud era esta última cualidad. Pues
incrementaba, notablemente, su nitidez didáctica, por el método --que hasta
entonces era bastante singular en el Perú-- de ir anotando, con tiza en la pizarra,
palabras o frases cortas, que resumían los conceptos que iba explicando; a los
cuales además ordenaba, enlazándolos con “llaves”, variadas de tamaño, por
jerarquizadas --de mayores a menores--, de acuerdo a las categorías de las
ideas por unir, subordinar, y categorizar... ¡Un gran método --el llamado así de
“Cuadros Sinópticos”-- para el dictado de las clases y sus explicaciones!
Yo mismo, lo adopté para siempre y con marcado éxito, desde unos
pocos años después; cuando hube de ejercer la enseñanza escolar secundaria

261
primero y la universitaria más tarde, en los múltiples y variados cursos que he
dictado.
Pero no todas eran cualidades, las profesorales. Había, para desdicha,
hasta de ellos mismos, profesores cuyos defectos, de orden personal y
pedagógico, sobrepasaban, en demasía, a sus --a veces ciertas y encomiables--
virtudes; en un balance tan negativo, que fracasaban en toda la línea... En el
ejercicio del que debería serles un noble y gratísimo ministerio.
Hemos mencionado al famoso “Cañón”, cuyo nombre no es caritativo
mencionar, pero viene a cuento dejar establecido cómo su incapacidad para
mantener el orden en las clases, terminó de anularlo por completo y de modo tan
trágico…para no expresarlo con la despectiva calificación de ‘tragicómico’.
Había otro Profesor (el Dr. González Aguinaga), quien enseñaba Zoología
y Anatomía Veterinaria. Conocía profundamente sus cursos, pero era muy
desordenado, atolondrado, y caprichoso. Falto total de amenidad y simpatía.
Tenía una “facha” por demás desvencijada y de facciones toscas; lo apodaron:
“El Cholo” (a pesar de ser blanco y hasta rosado de tez). Sin embargo, era muy
exigente y “jalador”. Sembraba el terror y por ello sus alumnos le estudiaban
fuerte, pero “por pasar el curso”; mas sin su real y profundo conocimiento, ni
menos por haberle tomado afición a las materias tratadas (salvo quienes, por
muy acentuada vocación agronómica, zootécnica, y veterinaria, nos
buscábamos otros caminos para aprender mejor: museos, bibliotecas, personas
de saber en tales cuestiones, etc.).
Un caso muy triste, para concluir estos casi sombríos acápites, acerca de
nuestras juveniles constataciones de orden pedagógico, fue el de un ‘teacher’,
cuyo apellido --para mejor creo-- hasta tengo en el olvido y a quien habían
estampado el sí recordado apelativo de “Puñal”... Enseñaba Matemáticas y no
tenía la menor idea de cómo mantener el orden en la sala, ni menos de lograr
atención por parte de los alumnos. El despectivo apodo se originó en una clase
en que quiso explicar los movimientos uniformemente acelerados y
desacelerados; se le había ocurrido entonces, en vía de infortunada metáfora y
¡en muy mala hora! decir:
-- Supongamos que lanzo al frente, con todas mis fuerzas, un puñal... --y
le salió un estrepitoso y ridículo “gallo”, en la crítica palabra final...
-- ¡Puñaal! ¡Puñaal! ¡Oñoñoyy! --corearon entonces los juveniles
malandrines, en disforzado y raspante gemido, con el que se suele corear a los
"tercermundistas"; en infamantes y públicas burlas; naciendo así, tan pernicioso
remoquete...
Pero no quedó todo allí; en alguna de las clases posteriores, uno de los
más sádicos y forajidos alumnos, llevo un puñal ¡verdadero! a la sesión lectiva.
Y, cuando “el punto” profesoral estaba volteado hacia la pizarra, escribiendo
unas fórmulas matemáticas, el ‘angelito’ de marras, le lanzó con gran fuerza el
puñal. Rozando entonces el arma, primero la cabeza del ‘teacher’, se clavó,
vibrante, en la negra y pizarrosa madera... Ni qué decir que el desfalleciente

262
“Puñal” humano --al lado del palpitante ídem metálico-- quedó lívido. Y,
suponemos, para siempre acobardado, enfermo de los nervios. Totalmente
anulado para labor magisterial alguna... Habría clamado entonces, cual Sancho,
respecto a la gobernación de la Ínsula Barataria: ¡Ab renuncio! Pues nunca más
se le volvió a ver por los predios de La Molina.
En lo que a mí respecta, las observaciones molineras, tanto en lo positivo,
como en lo negativo, acerca de las artes y técnicas pedagógicas, me resultaron,
en lo posterior, de inmensa utilidad; cuando, en el curso de mi existencia, hube
de ejercer la actividad docente, en varias ocasiones y durante largos años.
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Llegados los últimos días de nuestra vida ‘molinera’, tanto Lucho Córdova
como yo, hubimos de tomar importantes decisiones, en relación con nuestros
destinos vitales:
Habíamos pensado, primero, dedicarnos a la Lucha Política; organizando
algún Movimiento para intentar un Cambio Radical en el Perú. Tristemente
inmerso, entonces como ahora, en un repudiable orden (?) o Sistema, de
inspiración liberal o burguesa, decadente por cierto, con poderosos influjos
ideológicos marxistas y marxistoides. Burdamente acriollados, si no fuera mejor
decir, "huachafeados".
Los ejemplos de Italia y Alemania, nos causaban admiración y nos
seducían intensamente. A mí me cautivaba, más aún, el modelo español, del
Generalísimo Francisco Franco. Inspirado, en gran medida, en la ideología de
José Antonio Primo de Rivera, pensador y político, nacionalista y católico,
bastante más nuestro que los ítalo germanos anteriormente mencionados. Pero
no sucedía tanto así con Lucho, quien no pasaba el claro sello pro católico
franquista; pues él era, a la sazón, rabiosamente antirreligioso.
Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que nuestro ‘idealismo’ debería
"pisar tierra"; pues resultaba imprescindible, para los fines de hacer realidad tan
inmenso propósito, contar, en primer lugar, antes que nada, con independencia y
recursos económicos… que ¡no teníamos! Ni por asomo, Aparte de que nuestra
anhelada ‘Acción Política’ --tan a contracorriente del "Sistema"-- no podría ser
muy abierta o pública, desde el comienzo; por lo que venía ocurriéndosenos la
necesidad de pensar en una organización inicial –especialmente para la
Formación Doctrinaria de los cuadros-- bastante reservada o casi secreta. Al
modo de la Masonería, de la cual comenzábamos a tener noticias. Pero ya la
sabíamos de muy opuesto sentido ético y doctrinario al de nuestros
pensamientos.
He contado cómo, en la última gira de prácticas promocionales a la
Región de la Selva Centro Oriental, al pasar por la zona de Huánuco, habíamos
tenido ocasión de visitar el bellísimo fundo frutal de naranjos: “Marabamba”.
Predio de relativa pequeña a mediana extensión (de unas 20 a 30 Has.), ubicado
en las cercanías de la ciudad y sobre una meseta, que ofrecía una hermosa y
dilatada visión panorámica de una buena parte del valle. Era entonces propiedad

263
del Sr. Ruperto Cuculiza, distinguido agricultor huanuqueño. Se nos había
ocurrido hacer algo así, en una Sociedad Agrícola, a fundar y ya ‘comprometida’
bajo palabra de honor, entre Lucho y yo. Como primera base de nuestros más
trascendentes proyectos.
Comprendíamos que solamente alcanzada la Independencia Económica,
con algunos importantes recursos adicionales, recién podríamos, de tal modo,
actuar en Política y también influir en el Desarrollo de la Ganadería Selvática, a
promocionarse más al interior de ese territorio, hacia la Hoya Amazónica.
Pero resultaba que para montar un negocio como el que nos
proponíamos, por pequeño que fuere –no obstante, una verdadera empresa al
fin--, para el objetivo de alcanzar nuestra independencia personal y para el de
lograr suficientes medios económicos adicionales, como está dicho, se requerían
importantes recursos... ¡de Capital!
Y ocurría que no teníamos... ¡ni para comprar una lampa!...
¿Qué hacer?
Estábamos en las dichas angustias, cuando una situación inusitada vino a
definir nuestros inmediatos y siguientes pasos, al mismo tiempo que nos
disponíamos para el egreso definitivo de la Escuela:
Fui llamado, uno de esos días, a la Dirección, donde me comunicaron que
un representante en Lima, de los técnicos norteamericanos que estaban
colaborando --era la plena II Guerra Mundial-- con la Estación Experimental de
Tingo María, había manifestado su interés en contratar mis servicios, para los
trabajos ganaderos de dicha institución; la cual habría de funcionar con gran
autonomía dentro de una cooperación peruano-norteamericana.
Me quedé asombrado... ¡Lelo! Pues se me había pronosticado, por todos,
absolutamente lo contrario. Lo que yo mismo había reconocido como lo único
que podría sucederme... Atiné entonces a indagar las razones del hecho:
-- Pero ¿se puede saber por qué y cómo, es que han solicitado, que a mí
precisamente, me llamen para trabajar con ellos?
-- Han dicho --me aclaró, cordial, el Ing. Pascual Saco Lanfranco, Director
de la Escuela-- que quieren... “a ese exalumno por graduarse, que ha escrito,
hace poco, los artículos polémicos publicados por la Revista de los
estudiantes”... Y se han enterado de ello, pues es conocido cómo los
norteamericanos, cuando van a laborar a cualquier parte, hacen una previa
“Revisión de la Literatura Existente sobre el Tema a Trabajar”. De tal modo,
toparon con sus escritos y se han interesado en contar con el trabajo
profesional: “de una persona que demuestra tanto interés por su especialidad e
iniciativa tan propia en el estudio”. Añadiré: Averiguado que durante sus
estudios, usted ha sido uno de los primeros alumnos, por todo ello, se lo ha
llamado. En resumen, es una gran propuesta, me parece, pues además ofrecen
muy buen sueldo y condiciones de trabajo largamente superiores a todas las
recibidas, hasta ahora, por los recién egresados de esta Escuela... ¿Qué
responde?

264
-- La verdad es que no salgo de mi asombro, Ingeniero –dije--. No podría
haberse presentado nada más agradable para mí. Pero hay un gran
inconveniente: No sabiendo que podría darse una situación semejante, yo
contraje un compromiso, bajo palabra de honor, con mi compañero Luís
Córdova: emprender, juntos, una pequeña empresa agrícola, para hacernos
independientes... La única forma en que yo podría aceptar el ofrecimiento, es si
a Córdova le ofrecieran, en Tingo María también, un puesto semejante al mío; y
siempre que él aceptara. Creo que así nos sería mucho más fácil posponer, un
tiempo al menos, nuestro primer proyecto común.
-- Pero ¿cómo voy a proponer a Luís Córdova? --Replicó el Director-- Si
ese alumno, usted lo sabe, ha sido siempre... ¡el último de la clase!
-- Ud. conoce muy bien Ing., que no siempre los últimos en los estudios,
son los últimos en la vida práctica. Y yo puedo decirle, por mi parte, porque lo
conozco sobradamente, que Córdova posee una gran inteligencia,
extraordinaria, mucho sentido común, y una singularísima cultura general.
Además, sabe y le gusta el inglés y se podría así entender muy bien con los
gringos de Timgo María. Tiene gran afición al cultivo del jebe o caucho y a los
forestales en general. Le puedo asegurar que no se arrepentirían si lo
contrataran. ¿Qué le parece si usted consulta esto con los norteamericanos?
Mientras cambio opiniones con Luís Córdova y nos reunimos de nuevo.
-- ¡Correcto!
A los pocos días me volvieron a llamar... ¡Y fuimos contratados los dos!
A partir del primer mes del año 1, 944.
Y pensar que por escribir combativos artículos en la "Revista Agronomía”,
no solamente no se me “cerraron las puertas para todo empleo”, como me
pronosticaran, un profesor y varias otras personas, sino que, hasta me di el lujo
de prácticamente imponer, la concesión de uno adicional, para un compañero de
promoción, aunque injusta, en realidad, inicialmente descalificado.
Nuestra fe en el Idealismo Combatiente se fortificó muchísimo desde
entonces... Llenos de legítimo orgullo y alegría, con Lucho Córdova, preparamos
nuestro viaje para trabajar en Tingo María. Ya como nuevos... ¡Ingenieros
Agrónomos! Y, cumpliendo nuestra responsabilidad laboral y social, dejábamos
atrás, definitivamente, a la Adolescencia, y recorreríamos así la inicial Juventud.
Pero ocurría que yo no contaba ni con la ropa adecuada para llegar a la
ciudad de “La Bella Durmiente”, en la condición de flamante ingeniero, ni para
los trabajos de campo en su cercana Estación Experimental y Sección
Ganadera... ¡Qué buenos "empresarios" o "conductores políticos" hubiéramos
podido (?) ser!... Evidentemente, por lo menos una etapa previa de ahorros, en
un puesto bien remunerado, se hacía ineludible.
Una vez más, mi buen cuñado Federico Ruiz Huidobro, por supuesto con
el apoyo de mi generosa hermana Ester, me prestó dinero, el suficiente; aunque
más fue el que me regaló, creo, como para comprar, entre otros elementos: de
vestuario, un casco --en aquellos tiempos, implemento sine qua non de una

265
veraz ingeniería--, botines, y gran cantidad de ropa ligera, adecuada para el
Trópico Húmedo... Más unos soles adicionales, como “bolsa de viaje”… Y
¡Llegamos a Tingo María!
Esta vez, empero, añadimos la mayor euforia de un comprensible estado de
ánimo, potenciador del ya inefable embeleso que motiva, en quienquiera que lo
contemple, tan esplendoroso paisaje tropical. Arribábamos a nuestro primer
destino laboral, rebosantes de ardores juveniles, de generosas ilusiones; con el
espíritu más lleno de un romántico Idealismo, fruto de nuevas elaboraciones
imaginativas, al calor de las efervescencias anímicas de los todavía cercanos
tiempos estudiantiles y de nuestra reciente finalización de los estudios de la
carrera, y de la graduación profesional.
Concurrentemente, actuaban sobre nosotros los entusiasmos colectivos
nacionales puestos en evidencia, entre otras situaciones, por las grandes obras
públicas, de verdadero aliento y significación patriótica, que a la sazón se
emprendían. Un especial ejemplo, en impetuoso avance, lo constituía la
Carretera Huánuco-Pucallpa.
Agréguese a lo expuesto, el despertar anímico de la sociedad peruana, en
gran medida reflejo del mundial, en esas dramáticas y tensas circunstancias: La
entonces recientemente concluida Guerra Civil Española (1,936-39); la plena II
Guerra Mundial (1,939-45); y la cercana y venturosa –aunque temporal-- salida
del Perú de su terrible crisis institucional y económica de los años ‘30 al ‘33:
incluyendo la injustificable –entre dos repúblicas hermanas-- Guerra con
Colombia.101… Y procede, aquí, decir más al respecto:
En gran medida el Idealismo de los adolescentes y jóvenes, como lo
estamos haciendo notar, es ciertamente el producto principal de lo imaginado y
creado por ellos mismos, en el curso de su formación personal. Pero, en muy
importante proporción, también, por las influencias y circunstancias del ambiente
--nacional y mundial-- de la época en la cual les toca vivir. Mas ello sucede, con
mayor fuerza, cuando se trata de los llamados “grandes momentos históricos” --
101
La crisis que atravesó el Perú, a partir del año ‘30 y que durara hasta el ‘33, tuvo lugar
coincidente con la caída del gobierno tiránico de Leguía, en gran parte desencadenada por el
“crack” financiero mundial del año 1,929, que arrancara en la bolsa de Nueva York (Wall Street).
El país sufría pues, en el año ‘33, los estragos recientes de una larga tiranía y de la dicha
hecatombe económica mundial, a la que se sumaba la propia nacional, incluyendo una
desocupación alarmante; y, como si fuera poco, el Presidente de la República, general Sánchez
Cerro, había sido asesinado, dentro de un clima de verdadera guerra civil, desencadenada por el
Apra, enfrentada sangrientamente al Ejército; mientras avanzaba, desatado, un grave conflicto
armado, verdadera guerra internacional, con la hermana República de Colombia, por el conocido
asunto de Leticia. En tan angustiosa situación, el Congreso designó Presidente Provisorio, con
plenos poderes --dictador, en el exacto sentido del término--, al coronel --más tarde General y
luego Mariscal-- Oscar R. Benavides, quien, demostrando ser el estadista peruano más notable
del siglo XX, en seis años, pacificó y levantó extraordinariamente al Perú. Que resonó, en casi
todos los campos, en los primeros lugares de Hispanoamérica. Llenando de legítimo orgullo
patriótico y entusiasmo colectivo, a todos los peruanos. Después, abriría políticamente a su
régimen, dejando un país reorganizado y próspero, al Presidente Prado, quien aprovechó esa
venturosa circunstancia. Fue así, por entonces, cuando nosotros llegábamos a Tingo María.
Foco de un generalizado clima de optimismo, de entusiasta y fervoroso patriotismo.

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tales los correspondientes a ésas nuestras juveniles vivencias--, en que la
potenciación de los factores en juego, configuraban grandes impulsos y
espectaculares escenarios. Muy impactantes, para el alma humana. Es así,
como y cuando, se forjan los más intensos idealismos.
Las Encrucijadas Doctrinarias y el Idealismo Vital.- En ciertas épocas,
las pugnas entre las ideologías o doctrinas que orientan los comportamientos
humanos, individuales y colectivos, dicho con mayor razón, si los
enfrentamientos son muchos y ardorosos, dan lugar a climas intelectuales,
sociales, y políticos, de enormes efervescencias anímicas.
Se debe aclarar que las referidas consecuencias pueden orientarse tanto
hacia el bien y a la salud espiritual de los seres humanos, propiamente al
Idealismo Espiritualista, cuanto y por el contrario, a los más deplorables males
del ánimo o del claro desánimo. Al Materialismo Positivista o el Escepticismo
Materialista. Camino cierto hacia la degradación humana, que se hace general y
progresiva. A la superficialidad, el vicio, y la delincuencia.
Son los dichos resultados, fases de la actitud despectiva del "no creer en
nada ni en nadie"; de confiar solamente en lo material y útil; en lo concreto; en lo
demostrable por la experiencia, la experimentación, o una pretenciosa
“racionalidad científica" (?). En suma, es el llamado "Pragmatismo" --con
repulsiva petulancia-- por los cínicos contemporáneos. Término envolvente y
encubridor de una real hipocresía intelectual... En coloquial lenguaje, dicen
adoptar un "sentido práctico" de la vida”. En verdad, lo menos práctico y real que
pueda darse. Pues:
El hombre siempre ha reclamado, reclama, y reclamará, hasta la
consumación de los siglos, colmar su espíritu con alguna ferviente fe; con claras
y firmes convicciones; con intensos ideales; frutos de sus razonamientos,
deductivos e inductivos; inclusive de sus inconscientes intuiciones y
emociones... ¡Llegando a una verdadera sed de imaginativas y etéreas ilusiones,
sueños y quimeras!...
Cuando las sociedades humanas, en ciertas épocas y por variadas
motivaciones, incuban espiritualidades generosas, aparecen enteras
generaciones de jóvenes idealistas y frecuentes genialidades personales. En el
ámbito de una nítida grandeza colectiva.
En cambio, si la sociedad degrada o degenera --sirvan de ejemplos la
Roma Imperial postrera y, concretamente, el mundo burgués actual--,
desaparecen los estímulos hacia las nobles manifestaciones del espíritu y sus
valores... Prima un generalizado escepticismo, seguido de un materialismo
egoísta y sensual. La mediocridad y la masificación se imponen... Y los jóvenes
son las primeras y más dolorosas víctimas del desastre consecuente.
El influjo de un espíritu dado en la colectividad en que se vive, funciona
cual la calidez incubante que rodea al embrión de los ovíparos, en el mundo de
los alados seres; presupuesta su apropiada genética constitución y la adaptación
al ambiente en que deban desenvolverse. Así se da, en unos casos, tanto la

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eclosión de las bellas aves del Paraíso, nativas de orientales parajes tropicales,
como la de los vistosos guacamayos de los amazónicos lares nuestros,
anidados en hermosos y exuberantes bosques. Mas, en otras situaciones
contrarias, la de horrendos avechuchos de buitres carroñeros, empollados en
tétricas cavernas de agrestes roqueríos. Se unen y combinan, pues,
contribuyendo a los resultados específicos, los genomas de los actores, con las
características del medio ambiente, y el aliento o calidez de sus respectivas
incubaciones...
Así, por los años de nuestro egreso molinero y el arribo a los pagos
tingaleses, el Perú y el Mundo atravesaban una época en la cual, por obra de las
múltiples y fervorosas devociones doctrinarias en boga, las fieras pugnas entre
ellas, aparte del influjo de otros variados sucesos a la sazón acaecidos, los
idealismos consecuentes o por lo menos los ingenuos seudo idealismos o
utopías, las cálidas ilusiones, o los eufóricos entusiasmos, personales y
colectivos, eran de los mayores que pudieran ser vistos, en toda la centuria...
Ciertamente muy intensos y difundidos.
Podría afirmarse que desde las primeras décadas del siglo XX se ofrecía
a la elección de la humanidad de Occidente, en especial a los jóvenes, una
nutrida gama o amplio abanico de opciones en intensa pugna, a escoger, en los
campos Ideológicos, Doctrinarios, o de Concepciones del Mundo. Como marcos,
guías, o fuerzas de inspiración --que en esencia eso son-- de un curso
existencial idealista...
La situación fue intensificándose, hasta mostrarse cumbre, en el lapso de
unos 50 años, comprendidos entre las décadas del ‘30 a la del ‘70. Decayendo,
desde entonces, aceleradamente, hasta nuest