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Maestría en Diseño Comunicacional

(DICOM) FADU, UBA

Año 2

Seminario: Conceptos de Estética

Profesor/a: Ricardo Ibarlucía

Alumno/a: Agustín Adolfo García Serventi

Fecha de entrega: 26 de Octubre de 2010


Sobre el arte, el acontecimiento artístico, su tiempo y su lugar.

El siglo XX podría ser proclamado como el siglo de la muerte. Se ha anunciado


con un fervor asombroso la muerte de casi todo. Se ha proclamado el fin de la historia,
de la modernidad, de la ideología, del arte, etc. Todas y cada una de las actividades del
hombre han padecido su epitafio y se las ha matado en el caso de que estas no hayan
muerto aún. En un intento por refundar una sociedad gobernada por la razón
instrumental, se ha puesto en duda nuevamente todo.
Uno de los grandes temas que hemos heredado del siglo pasado es el tiempo y el
acontecimiento que sucede en el tiempo como el determinante de la condición de
existencia. El acontecer y el devenir se configuraron como los tópicos de la existencia y
el arte no está exento de ello, es más, es la actividad humana que más ha hecho para
evidenciar esta condición. Parafraseando a Martin Heidegger1 y su filosofía del ser y
haciendo una lectura extremadamente reduccionista, podríamos decir que, según
Heidegger, “la única forma de ser, es siendo”, la implicancia que tiene este postulado en
relación con el tiempo es capital, nos permite pensar en las cosas en tanto estas se
desenvuelven en un tiempo y un espacio, que mas allá de ser a priori, deben
conformarse en el acontecer.
Esta afirmación nos mueve a pensar que quizás no todo esté perdido y que una
definición apriorística de que es el arte o si este murió o no, merecen una reflexión mas
exhaustiva y un análisis más consciente en tanto este puede ser definido mas por su
condición de acontecimiento que por su condición ideal a priori. Si tomamos por cierta
o sugerente la afirmación de Heidegger donde el acontecer es la condición fundamental
del ser2, podríamos afirmar que el arte es tal en tanto es. Evidente se torna entonces
posicionarnos frente al arte e intentar comprenderlo no tanto por su existencia ideal sino
desde más acá de la experiencia estética que acontece en el tiempo y espacio de la
1
No quiero hacer un abuso ni una interpretación errónea de la filosofía y la teoría
del ser de Heidgger, solo utilizar retóricamente una interpretación reduccionista de
la concepción del ser, por su referencia directa con el tiempo que este autor
enfatiza. Creo que esta condición temporal del ser puede ser de mucha ayuda
contextualizar la dimensión temporal del arte que más adelante voy a ejemplificar
en la disertación.
2
“El ser no es ninguna cosa real y concreta, y por tanto nada temporal, mas es,
empero, determinado como presencia por el tiempo”. Tiempo y ser, (2010)
publicado en la versión electrónica
http://www.heideggeriana.com.ar/textos/tiempo_y_ser.htm - Traducción de Manuel
Garrido, publicada por Editorial Tecnos, Madrid, 2000
experiencia. Frente a la proclamación férrea de su muerte y la evidencia de que si bien
no es lo que era, el arte está lejos de morir o desaparecer de la faz de la tierra. El arte
necesitó de una reelaboración teórica porque había tomando las formas más variadas y
se había presentando ya como un acontecimiento efímero (happenings, performance,
ambientación), ya como una réplica del mundo real (ready mades, pop art) como
expresión de lo humano que luego de la instauración definitiva de la pérdida del aura
por la reproductibilidad3, algo ha de haber quedado para que podamos identificar
aquello que el arte es, o por lo menos donde se desenvuelve o qué condiciones
determinan hoy su existencia.
Una vez evidenciado el desbaratamiento de su sistema fundamental por parte de
Benjamin y todos los acontecimientos que sucedieron en el siglo XX, entre los mas
destacados, la ruptura del lenguaje institucional por las vanguardias, la pérdida virtual
del simbolismo en el arte pop y la desmaterialización por parte del arte de los medios (o
con ellos en el medio digital), una posible solución al dilema se puede encontrar en la
teoría institucional de arte, desarrollada por George Dickie y Arthur Danto. Según
Dickie la teoría institucional determina a las obras de arte en tanto “…son resultado de
la posición que ocupan dentro de un marco o contexto institucional, la teoría
institucional es, pues, una teoría contextual.” 4. Esta teoría no determina ni que es el arte,
ni cuándo es que algo llamado de esa forma existe o es per figurado como tal, solo tiene
existencia en tanto está “dentro” de un contexto artístico. Solo menciona una condición
de posibilidad para cierto tipo de objetos (artefactos), inscriptos en un círculo de
personas físicas o jurídicas que en su acción sobre esos artefactos y por jurisdicción
autoimpuesta, los denomina arte. Danto dice que una condición necesaria para las obras
de arte es que son arte en tanto “son acerca de algo”. El ser-acerca-de-algo les da a los
objetos señalados la condición de obras de arte. Tanto Dickie como Danto intentan dar
una definición del arte en tanto este exista o sea nominado por el “mundo del arte”. Este
mundo es el que tiene las facultades para señalar que es el arte.
Detengámonos un momento en este pasaje, lejos están los autores de definir
cómo es que ese círculo llamado “mundo del arte” se configura como tal, solo menciona
que existe y este determina que cosas son o no arte. La teoría institucional no define
entonces que es el arte y creo que ninguna definición posible va a poder ser efectiva

3
Benjamin, Walter, (1994) Discursos Interrumpidos I, “La obra de arte en la era de
su reproductibilidad técnica”, Barcelona, Planeta de Agostini.
4
Dickie, George, (2005)El círculo del arte¸(p.17), Barcelona, Paidos.
para determinar “lo que es el arte” ya que tanto una acción performática como una
escultura hecha con barro y paja, una piedra o un cuadro al óleo o un programa de
computadora pueden ser considerados como tal, intentar definir el que en este contexto
es una empresa prácticamente imposible y la teoría institucional puede ser de ayuda
pero no aporta más problemas que ese. Habíamos traído a colación a Walter Benjamin.
Pongámoslo en juego.
Benjamin había ejemplificado una condición para la muerte del arte en tanto
objeto único, que posee aura, y que está determinado dentro de las instituciones que le
otorgan valor. Argumentó que esas obras u objetos estaban perdiendo su valor de culto
para solo conservar un valor de exposición. Las obras que Benjamin menciona tienen
valor (¿y por tanto entidad?) en tanto se pongan en juego en un universo donde su
exposición sea valorada, donde la experiencia estética pueda darse en un marco
determinado. Desde este punto de vista la teoría institucional del arte puede ser válida
para determinar lo que el arte es.
Ahora bien Dickie menciona que es condición del arte ser un artefacto y dice de
Danto que su teoría es falsa5 porque el mero ser-acerca-de-algo no es apoyado con
argumentos por parte del autor. Si Danto plantea una teoría falsa, Dickie solo considera
arte a artefactos y Benjamín determina que solo el valor de exposición es lo que le
queda al arte luego de la pérdida de su aura, ¿qué sucede con las acciones o cosas que
no lo son como por ejemplo en los trabajos de ingeniería genética desarrollados por
Eduardo Kac o los trabajos sobre la tierra de Robert Smithson? En estos casos no hay
artefacto ni se está hablando acerca de nada en particular salvo de genética o de rocas,
quizás puedan exhibirse y generar una determinación en el señalamiento de que eso es
arte y considera arriesgarse a caer en falsos argumentos.
Entonces más que preguntarse ¿Qué es el arte? Quizás sería más conveniente
6
preguntarse, como lo hace Nelson Goodman ¿cuándo algo es arte? En este sentido
preguntarse por el arte hoy es preguntarse sobre su acontecer como tal, sobre su entidad
en tanto es y ocupa una posición en un tiempo y espacio determinado, otra vez la
condición de temporalidad y de sentido, pero esto necesita ser argumentado y Goodman
podría darnos la luz al respecto. En su teoría Goodman expone que la condición para el
arte, para que algo se considere como tal, es el simbolismo y la ejemplificación de que
eso que se hizo refiere a ese simbolismo. Pero este no es un simbolismo que debe ser
5
Op. cit. pag. 42.
6
Goodman, Nelson (1977) Ways of Worldmaking, “¿When is Art?”
explícito, esto quiere decir, estar en la obra y refiriéndose a otra cosa que la obra no es
sino que en la misma obra, sea lo que fuere, ya hay un simbolismo de lo que la obra está
mostrando. El autor refiere sobre la obra de arte: “La piedra no es una obra de arte
mientras está en la autopista. Allí no cumple, por lo común, función simbólica alguna.
En el museo, ejemplifica algunas de sus propiedades, ej. Forma, color, textura. Hacer un
pozo y llenarlo funciona como obra en la medida en que reclame nuestra atención como
símbolo ejemplificador” 7. La “eduina” no es una planta genuinamente natural
(entendido lo natural como fuera de la manipulación intencionada y arbitraria del ser
humano), y al ser modificada genéticamente hay una intención de dotarle a los pétalos
de ciertas cualidades humanas, de la misma forma en la obra de Smithson, al manipular
las rocas y colocarlas en ciertas formas, hay una intención de modificar el orden de los
materiales de la tierra para generar una forma, que ya refiere a esos materiales o a otra
cosa, pero seguro refiere o simboliza algo del orden de esos materiales.
Goodman prosigue diciendo que el funcionamiento simbólico del arte requiere
un profundo repaso a una teoría de los símbolos pero reconoce por lo menos cinco
condiciones sobre los síntomas de lo estético, a saber: “densidad sintáctica, referido a
las menores diferencias entre símbolos, densidad Semántica cuando los símbolos
distinguen las menores diferencias entre ciertos aspectos de las cosas, relativa
saturación cuando muchos aspectos del símbolo resultan significativos, ejemplificación
cuando un símbolo independientemente de si denota o no, simboliza por servir como
muestra de propiedades que ejemplifica literal o metafóricamente y referencia múltiple
y compleja cuando el símbolo cumple con varias funciones referenciales integradas e
interactuantes”. Estas categorías para lo simbólico si bien pueden ser reveladoras de las
cualidades simbólicas de una posible obra de arte, tampoco son suficientes para
considerar al objeto o evento que lleve consigo esas características obras de arte ya que
el autor así lo reconoce y dice “…que un objeto sea una obra de arte-o una silla-
depende de la intención de alguien o de si a veces o normalmente o siempre funciona
como tal” y prosigue “un rasgo notable de la simbolización, como he subrayado, es que
va y viene, un objeto puede simbolizar diferentes cosas en diferentes momentos y nada
en otros…quizás en lugar de ser la vida breve y el arte largo, ambos sean transitorios”
En este momento debemos hacer un descanso prudencial y recapitular un poco
debido a que si ambas visiones sobre el arte pueden ser correctas, es el tiempo el que
7
Op. Cit. Aquí el autor hace referencia a una piedra encontrada en el asfalto y es
colocada en un museo como un ready made y a una obra performática de
Oldenburg
determina que es y cuando es algo arte. El tiempo cultural y el lugar donde que es
inferido para que el arte sea. Si hasta el siglo XX el arte solamente podía estar en los
museos y luego pudo ser condición solamente simbolizar algo, ambas teorías son
correctas. El problema es la institución (real o ideal) donde colocamos al arte y en la
conciencia temporal que el o los individuos que conforman ese espacio tengan la
facultad conferida por la sociedad determinada que pueden nominar lo que es o no arte,
ya sean curadores, administradores, artistas, ingenieros, diseñadores o artesanos. Si
alguien dijo “arte es lo que hacen los artistas” ¿pues quienes son los artistas? ¿los que
hacen arte? ¿y qué es el arte? ¿Un objeto o actividad institucionalizada en un tiempo
determinado con el objeto de simbolizar algo? Entonces tanto Goodman como Danto y
Dickie coinciden en una cualidad que define el arte y puede ser determinado tanto por el
tiempo (la pregunta sobre cuando algo funciona como arte) y un espacio (la afirmación
de la institución que avala lo que el arte es) entonces el arte es en tanto algo sea puesto
o realizado en un lugar para decir algo que puede o no referir a si mismo pero que si
refiere incondicionalmente a sí mismo como acto u objeto (artefacto o no).
Podría ser una conclusión una hibridación de estas teorías y decir que la
conjunción de tiempo y espacio, condición primaria para la existencia también sea
determinante para el arte, solamente que el arte va a ser determinado por un tiempo y
espacio específicos y considerados dentro de la época de una sociedad, esta afirmación
es obvia en tanto no ponga el juego en el a priori de la condición del arte. Arte entonces
no es algo que pueda definirse antes del acontecimiento. Preguntarse por el fin o la
función no sería en este contexto desacertado pero tendríamos que ocupar un tiempo y
un espacio que no es este. Lo que si podemos concluir es que el arte no es algo que
antecede al acontecimiento y que ese acontecimiento, el hecho estético puede ser tanto
la obra como lo que la obra pretende que el eventual espectador reflexiones por haber
estado en ese tiempo y lugar frente al acontecimiento.
Así como Platón consideraba el arte como algo útil para educar al ciudadano
griego y esta utilidad estaba basada en la exaltación de las virtudes, el arte
contemporáneo vuelve a preguntarse por su sentido en evidencia a la pérdida de su
lugar, de sus lenguajes, de sus materiales y de sus acciones. Así un grafiti o arrojar una
piedra puede ser arte, porque es propuesto como un acontecimiento para ser percibido
como tal y que simbolizará tanto su gesto como lo que la mediación de la obra produzca
en quien la ve. Goodman concluye su artículo “El modo en que un objeto o evento
funciona en tanto obra explica cómo a través de ciertos tipos de referencia, lo que así
funciona contribuye a la concepción – y a la creación – de un mundo”. Más en
profundidad podríamos decir que el arte es un medio para conocer o comprender algo
del orden del acontecimiento que fue puesto como tal u otra cosa, pero que siempre va
a ser un medio y va a proponer ser mediador a través de una construcción simbólica,
entre un mundo y sí mismo y entre sí mismo y un mundo y preguntarse por lo que es no
tiene sentido sin preguntarse simultáneamente “cuando” eso es y viceversa. Esto podría
arrojarnos un poco de luz a las vistas de que todo ha muerto y pensar y creer que en la
muerte algo renace, algo de esa destrucción benjaminiana puede rescatarse para
reconstruir en las ruinas del arte un nuevo concepto de lo que es tanto la vida humana
como el arte, de lo que el mundo y las cosas son para nosotros, en nuestro tiempo y
nuestro lugar y que nada puede ser determinado con antelación hasta que eso no ocurre
y dotarnos a los seres humanos de un poco mas de vida, más allá de lo que ciertas
instituciones y personas dicen que nuestro arte y nuestra vida son.