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DERECHO

DE SEGUROS
RUBÉN S. STIGLITZ

DERECHO
DE
SEGUROS
I
Obra laureada con el Premio
Academia Nacional de Derecho - 1998

TERCERA EDICIÓN ACTUALIZADA

ABELEDO-PERROT
BUENOS AIRES
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IMPRESO EN LA REPÚBLICA ARGENTINA

Se terminó de imprimir el día 30 de marzo de 2001,


en ARTES GRÁFICAS CANDIL, Nicaragua 4462, Buenos Aires,
República Argentina
A mi hijo Gabriel,
por su lucha
contra las ideas aletargadas
desde su amor solidario,
su fervor y su luz
PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN

1. La presente tercera edición, coincide temporalmente con la publicación de


los Mensajes y Proyectos del Poder Ejecutivo propiciando sustituir las leyes 20.091
relativa a las "Entidades de Seguros y su Control" y la 17.418, "Ley de Seguros".
Recientemente publicamos un artículo referido a algunas cuestiones relativas
sólo a la teoría general del contrato de seguro. Y explicando los propósitos que nos
animaban, afirmábamos que se debía "mudar todo lo que sea necesario y adecuar
las instituciones del contrato de seguro a los requerimientos acuciantes de una ac-
tualidad desabastecida de regulaciones maleables y equitativas.
2. Así las cosas, debemos reconocer, en primer lugar, la apertura y el optimis-
mo con que nos abocamos a la lectura y análisis de ambos Proyectos.
Y en segundo lugar, concluido el examen de esas normativas, nuestra candi-
dez sin límites y sin fin.
Una vez más, por hacer prevalecer intereses sectoriales por sobre los de la
gente, se frustra una posibilidad de asistir, en ciertos aspectos, los de hoy y mañana,
a la renovación de una teoría general del seguro que aplaque su tiesura y que tolere
su "revisión", que lo haga indulgente con el débil y que admita que si el contrato es
(debe ser) útil, debe serlo para todas las partes que intervienen en él, porque de lo
contrario no será justo.
3. Y en ese marco, asistimos a la presentación en sociedad de un Proyecto, el
que sustituye a la Ley de Seguros, donde se suprime la prueba tasada del contrato
por la "libertad" de acreditarlo "por cualquier medio", alteración que se califica en
el "Mensaje", como "uno de los cambios más destacables", ya que de ahora en más
—se afirma— el asegurado se hallará protegido "frente a las nuevas formas de
contratación como el teléfono e Internet".
O, innecesariamente, se abre capítulo a directivas de interpretación ya existentes
en los Códigos Civil y Comercial y en la "Ley de Defensa del Consumidor", reafirma-
das y fortalecidas por una jurisprudencia pacífica de todos los fueros atinentes.
Pero se omite lo de hoy y lo de mañana: una cláusula general y abierta que sirva
a los fines de "humanizar" los alcances de la "fuerza obligatoria" de un contrato nacido
entre partes que ostentan distinto poder de negociación, al estilo de los artículos 967 y
1032 del "Proyecto de Unificación" de 1998, o 1434 del Código Civil de Quebec.
10 RUBÉN S. STIGLITZ

4. Para las cargas informativas, como ser la denuncia del siniestro, se mantie-
nen los plazos exiguos: a lo sumo se sustituye la expresión "días" por "días hábi-
les". De manera que, de sancionarse el Proyecto, se protege al asegurado cuyo si-
niestro se verifique un miércoles, un jueves o un viernes. Pero para el que lo padece
un lunes o un martes, todo sigue igual.
En materia de "provocación del siniestro" se mantiene el principio general
que libera al asegurador de la culpa grave del asegurado cuando, en los hechos (en
la práctica), desde hace seis años circulan pólizas, por ejemplo en materia de res-
ponsabilidad profesional de médicos o de escribanos, que expresamente la cubren
con fundamento legal, ya que el artículo 114 de la ley 17.418 es norma factible de
ser modificada a favor del asegurado.
5. No se aborda lo relativo a las cláusulas abusivas. No se las define ni se las
enuncia "de eso no se habla", como si escamotearlo contribuyera a que la cuestión
sea considerada como "desaparecida en acción", como si silenciarla constituya un
tributo en favor vaya a saber de quién, como confiando en que los Tribunales no
aborden el tema una vez invocado, por ausencia de normas regulatorias.
Si es así, se habrían perdido los contornos de la ingenuidad ya que se trata de
un tema definitivamente instalado en la sociedad y, a partir de ella, en la "Ley de
Defensa del Consumidor", en la doctrina, en la jurisprudencia y en todos los pro-
yectos de unificación civil y comercial elaborados a la fecha.
6. Y de la cuádruple clasificación de normas que contiene el artículo 158 de
la Ley de Seguros, se suprime la de mayor dosis de creatividad, cuya fuente lo cons-
tituyó el artículo 181 del "Proyecto Halperin".
Nos referimos a la categoría a la que pertenecen aquellas "que por su letra o
naturaleza son total o parcialmente inmodificables".
El fundamento suministrado en el "Mensaje" del Poder Ejecutivo ha sido el
que sigue: "...la experiencia ha demostrado que esta frase ha sido fuente inagotable
de inseguridades jurídicas (sic), dudas y también de litigiosidad...Cuando una nor-
ma es inderogable por su 'espíritu y naturaleza', es un tema absolutamente subje-
tivo (sic) que pasa, en la mayoría de los casos, por los sentimientos personales (sic)
de quien la analiza; generalmente el tema no es resuelto sobre bases de objetividad
racional sino más bien de acuerdo a 'argumentos de autoridad', es decir, 'esto es así
porque me parece a mí'...".
Y se agrega a manera de remate: "La discusión doctrinaria sobre la validez o
no de las cláusulas claims made ha sido un buen ejemplo de la confusión...".
¡Finalmente! Ya era tiempo de concluir con los rodeos y que aparezca en es-
cena la vedette del Proyecto, su protagonista principal.
7. Sin embargo, quedaba lugar para alguna otra digresión: "... los perjuicios
que puede crear una normativa como la que se propicia eliminar.. .hizo que muchos
asegurables que necesitaban obtener una cobertura asegurativa específica, se vie-
DERECHO DE SEGUROS 11

ran privados de obtenerla porque el mercado asegurador y el reasegurador, ante la


duda o el riesgo de interpretaciones personales que ponían en tela de juicio la va-
lidez de la cláusula claims made —en un seguro de mala praxis médica por ejem-
plo— decidían no ofrecerla y retirarse del negocio, privando así a los asegurables
de una indispensable protección asegurativa".
Y concluye: "La propuesta que se formula, frente a la realidad de hoy en día,
busca dar mayor credibilidad al sistema, evitar las incertidumbres, disminuir al má-
ximo la litigiosidad y permitir el acceso a determinadas coberturas específi-
cas...para que los asegurables obtengan así una adecuada y confiable protección de
sus aseguradores".
8. Sobre el particular, cabe resaltar, que en la nota de elevación de lo que, al
cabo, se constituyó en la ley 17.418, al referirse a las normas que por su "naturaleza
son total o parcialmente inmodificables", se afirmó que son aquellas "que por la
función en el cuadro jurídico del contrato no pueden variarse sin alterar los princi-
pios fundamentales del sistema, o el equitativo equilibrio de las partes..."
Por empezar, si una norma es declarada "inmodificable" es porque se le atri-
buye carácter imperativo y si ello es así, es porque nos hallamos en presencia de un
límite inherente a la autonomía de la voluntad.
Y para discernir cuándo nos hallamos frente a una norma "inmodificable por
su naturaleza", habremos de acudir a criterios que atienden a la función de la misma
en la economía del contrato, a lo que les es inmanente, al elemento lógico que nos
conduzca a los móviles o a la ratio legis que impulsó al legislador a sancionarla.
Como se advierte, no es menester requerir el auxilio argumental de otra "au-
toridad" que no sea la causa impulsora y la finalidad económico-jurídica del nego-
cio, así como a las consecuencias virtualmente comprendidas en él.
O sea, lo que las partes entendieron o debieron entender obrando con cuidado
y previsión.
9. En esa línea de reflexión, el "Proyecto de Unificación", al disciplinar los
"alcances de la obligación contractual", alude a lo que el "contrato obliga" y hace
especial referencia a las consecuencias "conforme a su naturaleza" (art. 967).
Y cuando enuncia la "prefación normativa" de los contratos, en primer lugar,
enuncia a "las normas indisponibles" (art. 903, inc. a]), con la misma denominación
empleada en el artículo 158-1 de la Ley de Seguros, sin que por ello a sus autores
deba atribuírseles que lo han hecho por "sentimientos personales" o por "argumen-
tos de autoridad" ni, por lo mismo, puede adjudicárseles el empleo de expresiones
que "provocan confusión".
10. Pero más allá del intento de sustituir la Ley de Seguros por una normativa
que, por ejemplo, impulse legitimar la cláusula claims made, que como máximo es
inconstitucional y como mínimo ilícita, hay otras supresiones que inescindible-
mente se acoplan para decidir el futuro del contrato de seguro en la Argentina.
12 RUBÉN S. STIGLITZ

En efecto, el Proyecto del Poder Ejecutivo de sustitución de la ley 20.091, su-


prime el control de legitimidad y equidad que hoy se halla consagrado en el artículo
25 y lo reemplaza por un único texto en el que se establece que "las condiciones (?)
contractuales, serán libremente establecidas por el asegurador, respetando los
principios de legalidad, razonabilidad y claridad en la información al asegurado, te-
niendo en cuenta las normas legales aplicables y las normas dictadas por la autoridad
de aplicación. Dichos principios serán acreditados bajo la responsabilidad de un pro-
fesional abogado sin relación de dependencia con el asegurador... Las entidades de-
positarán en la sede de la autoridad de aplicación los elementos contractuales a utilizar,
juntamente con las acreditaciones señaladas en el párrafo anterior. La autoridad de
aplicación podrá observarlos por decisión fundada, prohibiendo su aplicación para
el futuro, sin que ello represente la invalidez de los contratos celebrados ".
11. De lo hasta aquí expresado, se advierte que se propone sustituir el control de
legitimidad y suprimir el de equidad previsto por el artículo 25 de la ley 20.091. En el
Proyecto se ha eliminado la norma por la que se establece "que los elementos contractua-
les deben ser aprobados por la autoridad de control antes de su aplicación " (art. 23).
Ahora "serán libremente establecidas por el asegurador", pero un abogado que no
esté en relación de dependencia con el asegurador —podrá serlo, por ejemplo, un apo-
derado externo—, deberá certificar que el texto se halle conforme con "los principios
de legalidad, razonabilidad y claridad en la información (?) al asegurado".
De lo expresado se deduce que, de sancionarse el Proyecto del Poder Ejecu-
tivo, las condiciones generales, particulares, específicas y anexos deberán cumplir,
además de su función preceptiva, un rol informativo.
12. No se nos oculta que la autoridad de aplicación se reserva el derecho de
"observarlos por decisión fundada", como tampoco nos pasa desapercibido que el
referido pronunciamiento, si es adverso a la "certificación del abogado", puede lle-
gar a prohibir la aplicación futura de los "elementos (?) contractuales".
Pero tampoco nos pasa desapercibido que la observación rige hacia el fu-
turo, ya que el texto declara la validez "de los contratos ya celebrados". Lo que
significa que la mera inacción de la autoridad de control —su especialidad más
lograda—, habrá de legitimar los documentos contractuales predispuestos por el
asegurador.
13. Lo expuesto presupone, lisa y llanamente, la exclusión del Estado de su
función de vigilancia sobre el contrato de seguro. Con lo que, de más en más, su
contenido quedará condicionado a la aptitud y probidad del "abogado certificante",
a la decisión política de la Secretaría de Defensa de la Competencia y del Consu-
midor, quien se halla habilitada para el ejercicio del control directo o concurrente
en el ámbito de aplicación de la "Ley de Defensa del Consumidor" y, finalmente,
como último y esencial refugio, al imperio de los jueces.
DERECHO DE SEGUROS 13

14. Como se advierte, se avecinan, una vez más, tiempos de arduos debates en
torno a la disciplina del contrato de seguro que merecemos: justa y actualizada.
Para ello es esencial estar preparados para una polémica tolerante, lo que pre-
supone "escucharse", "dar oídos" para que, al cabo, como en el cuento de Bucay,
no debamos afirmar que "el sordo siempre cree que los que danzan están locos" '.
EL AUTOR
Buenos Aires, febrero de 2001

BUCAY, Jorge, Recuentos para Demián. (Los cuentos que contaba mi analista), Nuevo Extre-
mo, Buenos Aires, pág. 126.
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

1. No es casual la tenacidad puesta de manifiesto por nuestros Tribunales en


reiterar "que la exigencia de la buena fe se manifiesta en el seguro de una manera
extrema"; o que el seguro es un contrato "uberrimafidei, donde el artículo 1198 del
Código Civil se aplica de la manera más frecuente y rigurosa"; o que la buena fe
debe presidir la conducta de las partes en orden a los preceptos de la ley moral en
consonancia con los principios jurídicos; o que con fundamento "en la naturaleza
particular del contrato de seguro", la buena fe se ecentúa en él.
2. Tampoco es atribuible a ocasionales pronunciamientos que, con empeño y
porfía, se señale a las partes que la buena fe requiere cooperación y lealtad recípro-
ca desde la etapa en que una de ellas, hace conocer a la otra sus necesidades de am-
paro y la otra responde bajo qué circunstancias y condiciones lo hará. Muy por el
contrario, obstinada y constantemente se le recuerda a los sujetos de la relación sus-
tancial, la trascendencia de la información veraz y la relevancia de "hablar claro".
3. De una referencia a uno de los fundamentos técnicos del seguro, la mutua-
lidad de asegurados, habrá de predicarse su sustento en el principio de solidaridad
recíproca, directiva que se constituye en trasfondo y superficie del componente éti-
co del contrato. Y que explica su lógica interior, como un negocio abarrotado de
cargas y saturado de caducidades y exclusiones directas que, en ocasiones, consti-
tuye un bochorno a la dignidad personal y un sofocamiento al ya indigente espacio
concedido a la libertad contractual.
4. La aleatoriedad del hecho condicionante de la obligación principal del asegu-
rador, por su incertidumbre en torno a la certeza de su verificación; la eventual reticen-
cia o falsedad de las declaraciones o denuncias del asegurado; la falta de claridad que
en ocasiones se advierte en la determinación del riesgo; la habitual ausencia de trans-
parencia del contenido predispuesto descontroladamente en la póliza; la incoherencia
que, de más en más se advierte en la conducta del asegurador en tanto atribuye facul-
tades a meros intermediarios que, por lo mismo, aparentan ser sus mandatarios, o pro-
ducir actos que corresponden a la etapa de ejecución del contrato cuando al tiempo y
sin nuevas razones que lo justifiquen, se pronuncia en contra de los derechos del ase-
gurado, todo ello sitúa al contrato de seguro como un negocio abrumado por conflictos,
donde hacen campamento el antagonismo, la desconfianza y la sospecha recíprocas.
16 RUBÉN S. STIGLITZ

5. Entonces, no constituye un exceso afirmar que el seguro es un contrato que


con tan reiterada frecuencia ha sido acometido por la mala fe (inmoralidad) que, al
cabo, se ha desacreditado. Recomponer su imagen requiere de un laborioso y con-
vergente esfuerzo al que deben concurrir el Estado, las empresas de seguros, los
usuarios del servicio, los intermediarios y la doctrina de los autores.
6. La autoridad de control debe concentrar sus mayores y mejores empeños
en el tema eminente de la relación asegurativa: el contenido del contrato. Con con-
vicción y sin desgano, debe embestir vehementemente en favor de la transparencia
y en contra del abuso, aunque ello implique la revisión, uno por uno, de los mo-
delos de pólizas que circulan en el mercado. Y vigilar que las condiciones gene-
rales sean claras, legibles y equitativas pues, como quiera que sea, se trata de una
obligación legal (art. 25-1 y 2, ley 20.091) inobservada, y la inoperancia de la Su-
perintendencia de Seguros en ese tema, favorece la posición de las empresas cuan-
do, en rigor, ésa no es su función.
7. La mayor parte de las aseguradoras deben crear las condiciones para alcan-
zar un nivel de alta profesionalidad y especialización en todas las áreas, espe-
cialmente las referidas a incumbencias vinculadas a la información sobre la de-
terminación del riesgo y su alcance y al tratamiento del siniestro, pues ambas
sirven al propósito práctico tenido en cuenta por las partes al tiempo en que se
formaliza el negocio y luego, en etapa funcional, que no es otro que el cumpli-
miento leal de lo prometido.
8. Los usuarios deben aprehender al seguro como un contrato con aptitud para
la satisfacción de una necesidad eventual y no como sesgo para el enriquecimiento
ilícito. Por lo demás, hace a su diligencia ordinaria —en el marco de lo posible
y razonable— informar"se" sobre lo que deben conocer y no abroquelarse en la pa-
sividad y a la expectativa del activismo del "otro" sujeto del vínculo. Correlativa-
mente, deben ser protegidos contra la doble desigualdad que presupone su condi-
ción de profanos y adherentes.
9. Los intermediarios que no ostentan condición de agentes institorios, no
deben presumir de mandatarios y generar falsas creencias. Por esencia, su fun-
ción los sitúa entre dos. Deben promediar entre el profesional y el profano y más
allá de la información que normativamente le deben al asegurador y al aseguran-
do (art. 10, inc. I9, aps. b], c] y d], ley 22.400), todo indica que sobre la materia
(objeto) por la que se contrata, el profano requiere de mayor información que
el profesional. De allí que el productor-asesor deba cumplir con una función nive-
ladora.
10. La doctrina de los autores debe adoptar una actitud comprometida en favor
de la justicia contractual y ser su custodia. Debe discernir, como pulcra observado-
ra, entre modernismo y modernidad, por aquello de que no todo lo nuevo es bueno.
Y ello aun cuando lo nuevo provenga de un análisis economicista exacerbado en la
maximización de utilidades y minimización de perjuicios, al que le resulta indife-
DERECHO DE SEGUROS 17

rente las limitaciones que se predican del orden jurídico y la regla moral, porque en-
tonces significa que, al cabo, no es bueno.
11. Tal vez así, siguiendo estas señales, meras propuestas básicas, iniciales,
elementales y primaria,s se pueda reconstruir la ascendencia de un contrato pensa-
do desde sus orígenes como un negocio de previsión y recíprocamente útil.

EL AUTOR
Buenos Aires, noviembre de 1996
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

1. Desde la aparición de la primera edición a la fecha, no pasó nada positiva-


mente destacable en favor del derecho de seguros.
Nada ha mejorado.
Pero sería injusto afirmar que todo sigue igual, ya que algunos aspectos han
empeorado.
2. Por ejemplo, no es casual el alto nivel de convocatoria que apareja cualquier
evento académico, cuando uno de los temas incluidos es el de la responsabilidad del
Estado por deficiente control de la actividad aseguradora. Y ello no tiene otra ex-
plicación que no esté dada en la preocupante circunstancia de que, la falta de vigilancia
(servicio) o, lo que es lo mismo, los controles mal efectuados o realizados tardía-
mente se han transformado en una de las especies de más alta dañosidad colectiva.
3. Y ésta es la diferencia que cabe señalar entre el control efectivo (el realiza-
do, incluso mal y tarde) y el control conducente (el realizado, bien y a tiempo). Es
que, de nada sirve un control periódico de capacitación económico-financiero
(control efectivo) carente de consecuencias (por ej., intimaciones de saneamiento
y regularización del capital mínimo o de las reservas), si mucho más tarde, venci-
dos con exceso todos los plazos legales, se revoca al asegurador la autorización
para operar (control inconducente).
4. En consecuencia, entre nosotros, aparece como insuficiente aludir a contro-
les efectivos como noción pretendidamente equivalente a controles bien efectua-
dos, cuando en la práctica, frente a la disminución real de la capacidad de respuesta
de la empresa, la autoridad de control demora irresponsablemente la aplicación ri-
gurosa (improrrogable) de los plazos tendientes a la presentación de un plan de sa-
neamiento y, en caso de incumplimiento, a la revocación de la autorización para
operar. Y, para peor, se silencia (control reticente) la situación a los usuarios. En
efecto, lo expuesto, que trasunta una realidad verificada y verificable a diario, evi-
dencia que aquella vigilancia fue realizada defectuosa y extemporáneamente. Lo
que presupone falta de servicio y ésta, responsabilidad del Estado.
5. No se nos oculta que aquel alto nivel de convocatoria que genera el análisis
jurídico del incumplimiento por el Estado de controles particularmente intensos so-
bre la actividad aseguradora, se justifica. Piénsese en la trascendencia que implica
20 RUBÉN S. STIGLITZ

el ejercicio del poder de policía, cuando conlleva como propósito cuestiones tan
elementales como (a) evitar que los fondos de primas sean desviados de su función
específica, (b) hacer observar el cumplimiento de la integración y subsistencia del
capital mínimo, (c) imponer la aplicación de primas suficientes para el cumpli-
miento de las obligaciones con asegurados, beneficiarios y terceros, (d) hallarse
atentos a la permanente capacitación económico-financiera de las entidades, (e) in-
formar públicamente (advertir) sobre los resultados que se predican del control de
solvencia de las empresas.
6. Tal vez suceda que al Estado le ha pasado inadvertido algo esencial y que
constituye el eje argumental que justifica su presencia y su profunda incursión en
la actividad aseguradora. Y que consiste, nada menos, en que las empresas contro-
ladas (?) administran privadamente fondos del público con promesa de prestación
futura. Y ello explica la existencia de un interés público comprometido y que sumi-
nistra fundamento al ejercicio de un poder de policía particularmente intensificado.
Especialmente si se pretende una genuina libre competencia, pues ésta descansa y
se apoya, cuando aludimos a empresas privadas que administran ahorros públicos
(bancos, seguros), en una vigorosa, enérgica y penetrante intervención del Estado.

EL AUTOR
Buenos Aires, julio de 1998
CAPÍTULO I

FUNCIÓN DEL SEGURO: ELIMINACIÓN


DE LAS CONSECUENCIAS DERIVADAS DE UN DAÑO
EVENTUAL. FUNDAMENTOS TÉCNICOS, ECONÓMICOS
Y JURÍDICOS DEL SEGURO. NATURALEZA
INDEMNIZATORIA DEL SEGURO

1. El seguro como respuesta a la necesidad de eliminar


las consecuencias derivadas de la realización de un riesgo
El costo de la reparación de un daño futuro e incierto ejerce sobre el eventual
agente pasivo una presión de tal entidad que lo coloca, casi compulsivamente, ante
la necesidad de adoptar técnicas preventivas que contribuyan a bloquear, total o
parcialmente, las consecuencias derivadas de un daño eventual. Una de ellas la
constituye el seguro, en tanto su función reside en satisfacer la necesidad de previ-
sión frente a todo tipo de eventos dañosos, futuros e inciertos y, en principio, cual-
quiera sea la fuente que los origina l.
En rigor, el seguro no elimina el daño sino que tolera que sus consecuencias
resulten transferidas (trasladadas) por el sujeto amenazado por un evento económi-
camente desfavorable, a otro (asegurador) que, a esos fines, ha constituido una mu-
tualidad especialmente "preparada para absorber el riesgo de indemnización" 2.
Lo hasta aquí expresado se traduce, en la práctica, en la celebración de con-
tratos de seguro.
Al objeto del contrato de seguro (infra, Cap. VIII) se lo identifica como una
operación jurídico-económica cuya materia la constituye el intercambio de una co-
tización o prima a cargo del asegurado, por el resarcimiento de un daño, si es que
se verifica un evento futuro e incierto susceptible de provocarlo, o el cumplimiento
de una prestación a cargo del asegurador. Ello significa que el asegurador se com-
promete, contra el pago de un precio convenido, a eliminar las consecuencias da-
ñosas sufridas por el asegurado derivadas de la verificación de un siniestro cubierto

1
STIGLITZ, G. A., Daños y Perjuicios, La Rocca, Buenos Aires, 1987, págs. 88 y 91.
FRIEDMANN, W., El Derecho en una Sociedad en Transformación, Fondo de Cultura Econó-
mica, México, 1966, pág. 144, quien afirma que se trata de un traslado de la carga económica.
22 RUBÉN S. STIGLITZ

que implique la realización de un riesgo determinado, o en afrontar el pago de una


prestación convenida sin consideración a la existencia de daño. La forma que adop-
ta la supresión de los efectos del daño es, en el primer caso, el pago de la indemni-
zación y, en el segundo, el pago de la prestación previamente acordada con abstrac-
ción de la existencia de daño.

2. Generalidades sobre la operación técnica


La operación "seguro" no es factible de ser entendida desde un punto de vista
técnico-económico, fuera de una mutualidad de asegurados y con la intervención
de una empresa como intermediaria entre una pluralidad de sujetos expuestos a
riesgos determinados. Lo expuesto implica aceptar, de inicio, que el seguro no es
posible comprenderlo, en su función económica ni técnica, como la asunción ais-
lada de las consecuencias dañosas de un riesgo al que se halla sometido un sujeto.
De allí que constituye fundamento esencial de la operación, la conformación
de una mutualidad que consiente el reparto entre aquella pluralidad de sujetos ex-
puestos ariesgos,de la carga económica que implica su efectiva realización (sinies-
tros). Lo expresado presupone una transformación del riesgo individual en riesgo
colectivo. De más en más, ha quedado rezagada la idea de que el seguro importa una
transferencia del riesgo porque, en suma, la función básica que cumple está dada,
en lo que socialmente interesa y se enuncia, como un instrumento al servicio de la
eliminación de las consecuencias que se derivan de la realización de un riesgo, a
través de la constitución de una mutualidad que lo afronta, neutralizando las con-
secuencias económicas individual y colectivamente dañosas. La causa-fin econó-
mico-técnica del seguro alcanza su sentido en la dispersión del riesgo individual en
una pluralidad o suma de economías individuales que conforman la noción de co-
munión de riesgos o mutualidad 3.
El método estadístico de relevamiento de probabilidades de los hechos huma-
nos y naturales facilita una determinación anticipada del costo que afronta cada in-
tegrante de la mutualidad.
De la comparación entre la probabilidad teórica y su frecuencia práctica resul-
ta una diferencia (saldo) que será menor en proporción inversa a la mayor cantidad
y grado de homogeneidad por riesgo que participen en la mutualidad.
El éxito de la gestión técnico-económica de la misma consiste en eliminar o,
cuanto menos, reducir sensiblemente aquella diferencia (saldo), a fin de que la con-
tribución de cada individuo a la comunión o comunidad de riesgo sea en su totali-
dad suficiente para satisfacer las necesidades de aquellos que han sufrido la reali-
zación del riesgo (siniestro).
En una primera visión de conjunto de lo que se enuncia como homogenización
de los riesgos, señalamos que su primera etapa consiste en la aplicación de un mé-

FANELLI, G., "Diritto e técnica delle assicurazioni", en Trattato di Diritto Civile e Commer-
ciale, T. I, Vol. XXXVI, Giuffré, Milano, 1973, nro. 5, pág. 19.
DERECHO DE SEGUROS 23

todo de elección o, si se prefiere, de selección de riesgos por asumir, a cuyo efecto


se agrupan por rama lo que presupone la identidad cualitativa de los eventos a los
que se hallará expuesto, lo que conforma el portafolio o cartera de la empresa.
En ocasiones, el procedimiento mutualístico de una empresa requiere, a los fi-
nes de preservar el equilibrio técnico-económico de la mutual, dividir o repartir el
riesgo, a cuyo efecto acude al coseguro y al reaseguro, mecanismos ambos que con-
tribuyen a la homogeneidad de los riesgos.

3. Concepción unitaria del contrato de seguro.


Planteo de la cuestión
En su afán de capturar conceptualmente al contrato de seguro en una única
fórmula, que atrape en su desarrollo y con propósito totalizador su disciplina (todos
los riesgos), predomina hoy, en doctrina, la concepción unitaria del contrato de se-
guro que lo concibe como un contrato indemnizatorio. No quedan dudas de la co-
rrecta aplicación de los principios atinentes al derecho de daños en los seguros de
daños patrimoniales: así, la obligación de resarcir (art. 61-1, L.S.), su limitación al
monto de la suma asegurada (art. 61-2, L.S.) siempre y cuando no supere el valor
actual del interés asegurado (art. 62, L.S.), el seguro a valor tasado (art. 63, L.S.),
el sobreseguro (art. 65-1, L.S.), el infraseguro (art. 65-2, L.S.), la subrogación (art.
80, L.S.), etcétera.
La cuestión no se limita a un debate meramente teórico, sino que, en los he-
chos, si la concepción unitaria con sustento indemnizatorio no es suficientemente
abarcadora, pues no comprende en su formulación la totalidad de los riesgos ase-
gurables, los principios de reparación del daño no serán aplicables a las ramas aje-
nas a los seguros de daños patrimoniales, como ser los seguros de personas.
En otras palabras, no existirían normas ni principios comunes referidos a toda
la disciplina contractual.
Pero, a nuestro juicio, acontece que el principio indemnizatorio atrapa con-
ceptualmente todos los riesgos que constituyen su objeto, se trate de seguros de da-
ños patrimoniales o de personas, lo que justifica y explica la existencia de princi-
pios generales comunes a todos ellos, aun cuando, normativamente, se regulen
hipótesis particulares correspondientes a tipos contractuales diversos entre sí. Y
esto es lo que preceptivamente acontece en Argentina, donde la Ley de Seguros
17.418, al implementar la relación aseguradora, contiene disposiciones atinentes al
seguro de daños patrimoniales (Cap. II, arts. 60/127) y al seguro de personas (Cap.
III, arts. 128/156).

4. Tesis favorable a la dicotomía normativa


Sostiene que el desarrollo del seguro de personas —especialmente el seguro
de vida, y de él específicamente el seguro de vida en caso de supervivencia— ha de-
24 RUBÉN S. STIGLITZ

jado bloqueada la posibilidad de que el contrato de seguro —en todas sus ramas
(riesgos)— pueda ser explicado o fundado en una única concepción indemnizatoria.
Así, se ha sostenido que "el concepto de indemnización es demasiado estre-
cho para que comprenda en sí propio, también, los seguros de vida, que tienen como
única finalidad la de garantizar al asegurado el cobro de un capital o de una renta
para el día en que desee tenerlos a su disposición. No se discute que esta suma en
algunas ramas del seguro está destinada a reparar un daño, pero esta finalidad de re-
sarcimiento, aun cuando existe, aun cuando acompaña al contrato a lo largo de toda
su duración, permanece desconocida e indiferente para el asegurador en los seguros
de vida y, por consiguiente, no puede considerarse como un requisito general del
contrato" 4.
Entre nosotros, Halperin niega el carácter resarcitorio en el seguro sobre la
vida y en el de supervivencia, aduciendo que el capital se debe al tiempo del ven-
cimiento del plazo o del siniestro porque se percibió la prima correspondiente, sin
prueba del daño, aunque se hayan cobrado otros seguros o se haya percibido de un
tercero la indemnización por la muerte, o aun si ésta no produjo ningún daño, o tam-
bién si ha sido beneficiosa. Y agrega "que el seguro contratado sobre la vida de un
tercero no requiere interés concreto sobre la vida del tercero, ya que el artículo 128
de la Ley de Seguros —aplicable al seguro de supervivencia y al mixto (art. 148,
L.S.)—ha reemplazado el interés concreto, que exigían los artículos 549 y 550, Có-
digo de Comercio, por el consentimiento del tercero" 5.
Debemos admitir que, según la tesis expuesta, aparenta ser distinta la situa-
ción del seguro de daños patrimoniales, donde la obligación del asegurador consis-
te en resarcir el daño (art. 61-1, L.S.) y la del asegurado la de pagar una prima o co-
tización como contraprestación del daño que eventualmente sufra (art. I9, L.S.). La
prima se determina en consideración a la probabilidad del daño6; la obligación re-
sarcitoria del asegurador lo es sólo hasta el monto de la suma asegurada siempre y
cuando no supere el valor actual del interés asegurado (art. 62, L.S.), o sea el valor
real; y su exigibilidad se halla subordinada a la prueba por el asegurado de la exis-
tencia y extensión del daño7; se consagra la nulidad del contrato de seguro celebra-
do por el asegurado "con la intención de enriquecerse indebidamente con el exce-
dente" (art. 62-2, L.S.); los derechos que corresponden al asegurado contra un
tercero se transfieren ex lege al asegurador (art. 80, L.S.).

4
VIVANTE, C, Derecho Comercial, T. 14, Vol. 1 ("Del contrato de seguro"), Ediar, Buenos Ai-
res, 1952, nro. 7, pág. 29.
5
HALPERIN, I., Seguros, T. I, Depalma, Buenos Aires, 1983, nro. 10, pág. 37.
6
STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contrato de Seguro, La Rocca, Buenos Aires, 1988, nro.
116, pág. 411.
7
GARRIGUES, J., Contrato de Seguro Terrestre, Madrid, 1982, pág. 169; VIVANTE, C, Dere-
cho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 7, pág. 30; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contrato de Seguro, cit.,
nro. 137, pág. 458.
DERECHO DE SEGUROS 25

De lo expresado podría deducirse que los principios resarcitorios precedente-


mente expuestos no son aplicables al seguro de vida que, en todas sus variantes, ya
sea sobre la vida del contratante o de un tercero (art. 128, L.S.), en beneficio de ter-
cero (art. 143, L.S.), seguro de vida para el caso de muerte, de supervivencia o mix-
to, porta sus normas específicas (art. 148, L.S.). Pareciera como que en esta especie,
dado que la obligación que asume el asegurador consiste en el pago de una presta-
ción (art. I9, L.S.) acordada previamente en consideración a la prima percibida, su
débito no se halla condicionado a la existencia de un daño sufrido por el acreedor
de la prestación ni a la prueba del perjuicio. El capital o renta en caso de muerte se
paga a un tercero sobreviviente determinado o determinable (art. 143, L.S.), a los
hijos concebidos o sobrevivientes al tiempo de ocurrido el evento previsto (art.
145-2, L.S.) y a los herederos (art. 145-3, L.S.). Y en el seguro de vida de supervi-
vencia (art. 148, L.S.) el capital o renta lo percibe el asegurado a determinada fecha
o término fijo s.
En síntesis, la tesis dualista afirma que la obligación del asegurador consisten-
te en una prestación dineraria (art. 1Q, L.S.) fijada en proporción a la prima, no es
debida en consideración a un daño sufrido por el acreedor al pago. El asegurador lo
afronta con motivo de haber percibido la cotización acordada y en favor del titular
del crédito, quien no asume la carga de la prueba del daño ni de su extensión. La
prestación se debe aunque por el mismo evento se haya celebrado otro contrato aná-
logo; aunque haya obtenido una indemnización por el mismo evento, pero por dis-
tinta fuente; o aunque no haya existido daño 9 .

5. El seguro como contrato indemnizatorio


Ciertas especies del seguro de personas, como ser, por ejemplo, el seguro de
accidentes personales (arts. 149/152, L.S.) o el seguro colectivo (art. 153/156,
L.S.), presuponen la existencia de un daño (lesiones corporales o muerte), que se
traduce en el reconocimiento de una indemnización como contenido de la obliga-
ción del asegurador que habrá de variar, convencionalmente 10, en consideración a
la incapacidad del titular del interés asegurable o del beneficiario, según el caso, o
al valor de la vida humana (tarifado legalmente). Lo expresado presupone que el re-
sarcimiento del daño será parcial, lo que atenúa el rigor del principio indemnizato-
rio que, a pesar de ello, es aplicable. Por lo demás, el referido principio recobra su
vigencia en plenitud para rubros como el daño emergente: honorarios y gastos por
asistencia médica, gastos farmacéuticos, etcétera.

HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 36, págs. 89 y sigs.


q
VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 7, pág. 31, quien da los ejemplos del asegu-
rado que consumía en vida más de lo que producía o que vivía a expensas de los suyos.
Ello en razón de la imposibilidad de determinar el daño (SÁNCHEZ CALERO, F., Instituciones
de Derecho Mercantil, R.D.P., Valladolid, 1984, pág. 495).
26 RUBÉN S. STTGLITZ

En el seguro de vida para el caso de muerte del contratante o de un tercero, el


daño se configura por la pérdida prematura de la vida humana, más los gastos de
sepelio n .
En el seguro de vida para el caso de supervivencia, el daño queda configurado
por los mayores gastos que aquélla genera o por la disminución de rentas que mo-
tiva la mayor vejez 12.
Pensamos, en síntesis, que los seguros de personas participan de la naturaleza
de los contratos indemnizatorios, a tal punto que "la prestación convenida" a la que
se obliga el asegurador (art. Ia, L.S.) se halla condicionada a la producción de un
evento. Y esa prestación, en tanto constituye el objeto de la obligación principal a
cargo del asegurador, es de carácter resarcitorio pues lo que el tomador procura, en
todas las ramas de los seguros de personas, es una suma de dinero, aunque se halle
previamente fijada, para la hipótesis de que se verifique el evento que constituye la
realización del riesgo previsto en el contrato 13.
La circunstancia de que en los seguros de personas la entidad de la prestación
no esté subordinada a la prueba del daño no empece a su naturaleza resarcitoria,
dado que, en seguros de inequívoco carácter indemnizatorio como, por ejemplo, el
seguro automotor obligatorio o el seguro de accidentes del trabajo, el importe del
resarcimiento ha sido previa y normativamente tarifado y su procedencia, verbigra-
cia en el caso de muerte del asegurado, se hace operativa con total prescindencia de
la prueba del daño real.
En todos los casos se trata de una presunción irrefragable de daño real.
Por lo demás, el carácter indemnizatorio en los seguros de personas va siendo
admitido por nuestros tribunales u .

6. El seguro como operación jurídico-económica


y sus fundamentos técnicos
Hace al correcto funcionamiento del sistema asegurativo que se sustente en la
compensación y neutralización de los riesgos a través de la repartición de la carga
económica entre todos los sujetos que se hallen expuestos a riesgos.

GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 17, quien afirma que en los seguros sobre la vida es evi-
dente el deseo de subvenir a una futura necesidad patrimonial causada por la muerte prematura que
implica la extinción de la capacidad de trabajo; o por la larga vida que lleva consigo la disminución
de esa capacidad.
DONATI, A., Trattato del Diritto delle Assicurazioni Prívate, Vol. II, Milano, 1952, nro. 253,
pág. 21; MANES, A., Tratado deSeguros. Teoría General del Seguro, Logos, Madrid, 1930, pág. 8,
quien si bien es cierto lidera la tesis de la necesidad mutua, señala que la supervivencia origina siempre
un desembolso patrimonial.
13
BENÍTEZ DE LUGO Y RAYMUNDO, L., Tratado de Seguros, T. III, Reus, Barcelona, 1955, nro.
401, pág. 4.
14
CNCom., Sala E, 18-XII-1987, "Castro, O. c/Sud América Cía. de Seg.", JA., 1988-III-554.
DERECHO DE SEGUROS 27

Para alcanzar una definición sobre la operación jurídico-económica denomi-


nada "contrato de seguro" se requiere que, previamente, nos detengamos en una ex-
plicación técnica complementaria.
Y ello obedece a que la operación aseguradora porta fundamentos que expli-
can un contrato de alta complejidad en el que la técnica jurídica, la financiera y la
actuarial, cada una por sí sola, son insuficientes para dotarla de vida y desarrollo.
El contrato de seguro sólo es factible de ser comprendido en un contexto más
dilatado que el de un elemental intercambio entre una prestación a cargo de una em-
presa (asegurador), contra el pago de un premio a cargo del tomador, para el su-
puesto de la efectiva realización de un riesgo. Así expresado conceptualmente, aun-
que constituya una primera aproximación, carece de sentido, pues no explica la
concepción técnica, los fundamentos y las normas a la que se halla sometida la ope-
ración jurídico-económica 15.
La operación "seguro" se halla precedida de la observancia de una serie de cri-
terios técnicos que apuntan al ejercicio de una actividad tendiente a eliminar o, en
su defecto, disminuir o moderar las consecuencias del alea.

7. La mutualidad
En un primer avance sobre la cuestión cabe afirmar que la operación "seguro"
configura la transferencia a una empresa de las consecuencias dañosas para la hi-
pótesis de realización de un riesgo (siniestro).
Acontece que no es concebible el seguro entre quien se halla sometido a la po-
tencial verificación de un único evento incierto, futuro y dañoso, si pretende trans-
ferir los efectos perjudiciales que derivan del mismo a un asegurador que tomaría
a su cargo sólo los efectos de ese siniestro y de ningún otro.
Así planteado el tema, se trataría de una operación meramente especulativa16,
si bien con desplazamiento de riesgo, pero con la inseguridad que representaría que
la insolvencia del asegurador derive en el incumplimiento de pago de la prestación
a su cargo 17.
Avanzando en la afirmación precedente, cabe señalar que no debe confundir-
se la aleatoriedad del seguro con el contrato de seguro. El primero, visualizado en
su concepción técnica, requiere para su explotación comercial y su administración

El seguro es definido (económicamente) como una operación por la cual una empresa (asegu-
rador) organiza en mutualidad una multitud de asegurados expuestos a la realización de ciertos riesgos
e indemniza a aquellos, de entre ellos, que sufran un siniestro con fondos provenientes de la masa co-
mún de premios percibidos (LAMBERT-FAIVRE, Y.,DroitdesAssurances, Dalloz, París, 1998, nro. 33,
pág. 34).
Ni tan siquiera se aproximaría a la apuesta. En ésta, cada una de las partes promete una pres-
tación si las circunstancias aleatorias que intervienen no le resultan favorables, en cambio, en el se-
guro la prestación a cargo del asegurado (pago del premio) se afronta aun cuando el riesgo no se re-
alice.
17
PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances Terrestres, T. I, L.G.D.J., París, 1982, nro. 1, pág. 1.
28 RUBÉN S. STIGLITZ

de una empresa cuya función consiste en eliminar o disminuir las consecuencias del
azar. En cambio, el contrato de seguro, por esencia, constituye un contrato aleato-
rio, al que le es inherente el azar. Y el modo de eliminar los efectos derivados del
alea se alcanza mediante el agrupamiento de una multitud o mutualidad de asegu-
rados que contribuirán proporcionalmente con cada una de sus respectivas cotiza-
ciones o premios a un fondo común de una misma empresa. De dicho fondo se ex-
traerán las sumas de dinero con las que se afrontarán los siniestros, en beneficio de
los integrantes de la mutualidad.
Esta última que, como queda expresado, implica agrupamiento de personas,
comunidad de riesgos y contribución a un fondo, es la que permite amortiguar los
efectos del alea, neutralizar la entidad de los riesgos realizados (siniestros), frac-
cionar o diluir sus consecuencias18.
De lo hasta aquí expresado cabe deducir que el contrato de seguro no puede
considerarse un contrato meramente especulativo pues, sin perjuicio del beneficio
de la aseguradora, su objetivo debe ser la satisfacción de legítimas expectativas de
solidaridad y cooperación que se conjugan en el principio de mutualidad, base de la no-
ción de seguro 19.

8. Organización científica de la empresa


Así expuesta, la operación "seguro" sólo es factible de comprenderla como
objeto de la actividad de una empresa científicamente organizada. Y a ésta es po-
sible definirla como aquella que ejerce profesionalmente una actividad organizada
con la finalidad de producir servicios.
Los elementos estructurales que integran esta definición incluyen: (a) una ac-
tividad profesional, noción que presupone continuidad de la misma, destinada a te-
ner duración, en oposición a la actividad ocasional; (b) la organización, noción que
apunta a un orden coordinado y que responde a una metodología; y (c) la finalidad
consistente en la producción, en este caso, de servicios para ofrecerlos en el mer-
cado o, dicho de un modo más preciso, lo que se ofrece genéricamente como ac-
tividad continua es la efectiva, repetida y organizada conclusión de contratos de
seguro.
En síntesis, la empresa de seguros constituye el ejercicio profesional y orga-
nizado de la actividad aseguradora, que se manifiesta en la conclusión (perfeccio-
namiento) repetida y continua de contratos 20.
La empresa de seguros requiere la organización de la mutualidad deriesgosen
función de lo que se enuncia como "leyes de la estadística", que son, básicamente,
las que le permiten determinar anticipadamente la probabilidad teórica o matemá-

18
PICARD, M. - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T, I, nro. 10, pág. 18.
19
CNCom., Sala C, 31-XII-1997, "Gutiérrez, J. c/La Meridional Cía. de Seg.", L.L., 1998-E-
833, jurisp. agrup., caso 13.258.
¿u
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. I, nro. 58, pág. 153.
DERECHO DE SEGUROS 29

tica 21 de producción de siniestros (entidad del alea), la regularidad con que se ve-
rifican (dato experimental), que denominaremos frecuencia22, y su costo medio o
entidad de la prestación.
La empresa de seguro, científicamente organizada, debe prever el número de
siniestros que habrán de verificarse con relación a la naturaleza de los riesgos ase-
gurados. Ello requiere de un cálculo de probabilidades23, y éste sólo es posible so-
bre la base de experiencias siniestrales pasadas recogidas estadísticamente.

9. Fundamentos o normas técnicas


La empresa que, con carácter profesional, tiene por objeto la organización de
la actividad aseguradora y que se traduce en la conclusión repetida y continua de
contratos de seguros, debe operar científicamente y para ello la referida actividad
debe fundarse en una serie de criterios o normas técnicas cuya eficacia se halla con-
dicionada a la obtención de la más amplia masa de riesgos. En efecto, para que la
empresa de seguros pueda indemnizar todos los siniestros garantizados es necesa-
rio que organice la mutualidad de riesgos según reglas matemáticas rigurosas que
son el fundamento de su técnica operativa.
El asegurador, con o sin intermediarios, debe intentar obtener la más amplia
masa de riesgos, pues la mayor cantidad de operaciones (contratos) de seguros que
concluya genera una suerte de compensación entre los riesgos de mayor proba-
bilidad siniestral con los riesgos de menor probabilidad siniestral24.
Logrado ello, la organización científica de la empresa de seguros obedece a una
serie de criterios o fundamentos técnicos que pasamos a enunciar y desenvolver.

10. Fundamentos matemáticos del seguro. Cálculo


de probabilidades. Frecuencia. La ley de los grandes números
El seguro técnicamente se basa en un cálculo de probabilidades. Para que esta
conclusión resulte exacta es necesario que las premisas —estadísticas y riesgos se-
leccionados— sean convenientemente seleccionadas.

21
La probabilidad matemática es la relación existente entre el número de chances de realización
de un evento y el número de casos posibles.
22
La frecuencia es la relación que existe entre el número de resultados obtenidos y el número to-
tal de experiencias.
23
La diferencia entre la probabilidad fundada en las matemáticas y la frecuencia apoyada en los
datos que suministra la estadística experimental, por insignificante, se la denomina descarte. Éste es
menor cuanto mayor es la cantidad de experiencias, en cuyo caso la frecuencia siniestral o experimen-
tal se aproxima a la probabilidad matemática.
Ello surge de los datos que exhibe la realidad de la industria asegurativa: cuanto mayor es el
número de riesgos asumidos por el asegurador, disminuye la relación existente entre la probabilidad
teórica de producción de siniestros y los efectivamente verificados y ello favorece las técnicas de pre-
visión siniestral y, al cabo, el cálculo de un premio justo y razonable.
30 RUBÉN S. STIGLITZ

La probabilidad matemática constituye una relación entre el número de chan-


ces de realización de un evento sobre el número de casos posibles25.
A su vez, la frecuencia se halla constituida por la relación existente entre el nú-
mero de resultados obtenidos y el número de experiencias consideradas.
Pero acontece que la experiencia experimental o empírica es ligeramente dis-
tinta a la probabilidad matemática. A la diferencia se la enuncia como "margen de
error". Lo que se constata es que el "margen de error" disminuye en proporción a
la mayor cantidad de experiencias.
En este caso la experiencia experimental se aproxima a la probabilidad teóri-
ca, lo que nos conduce a la "ley de los grandes números".

11. La estadística. Función


Prever el número de siniestros que habrán de verificarse con relación a los
riesgos asegurados constituye un cálculo de probabilidades que no es factible de ser
obtenido en base a estadísticas. Éstas, a su vez, se establecen sobre la base de ries-
gos pasados, o sea, sobre el pasado conocido.
La estadística, la frecuencia y el costo promedio de los siniestros pasados son
los elementos que contribuyen a que el asegurador pueda determinar anticipada-
mente el premio o cotización. En síntesis, el cálculo de probabilidades suministra
a la empresa los medios instrumentales en orden a una previsión racional del costo
de los siniestros y de la determinación de las primas a concentrar para afrontar el
pago de las obligaciones asumidas.
La estadística se basa en la mayor cantidad de casos posibles, pues ello favo-
rece a que el cálculo de probabilidades sea lo más exacto posible y disminuya el
margen de error, aproximándose así a la probabilidad matemática; lo que no es po-
sible con los riesgos nuevos en tanto impiden o disminuyen el rigor del cálculo.

12. Estadística y homogeneidad de riesgos. Homogeneidad


cualitativa y cuantitativa
La masa de riesgos debe homogeneizarse estadísticamente26, lo que implica
una delicada selección de los mismos en función de las semejanzas que habrán de
suministrar los seguros que correspondan a una misma naturaleza del riesgo, inte-
rés asegurable, suma asegurada, duración del contrato, etcétera; la denominada ho-
mogeneidad cualitativa27. Ello significa que se clasifican los riesgos por grupos
homogéneos, lo que facilita el cálculo del premio en razón de que la estadística su-

25
LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 35-1, pág. 35.
Se afirma que es presupuesto de la exactitud de la estadística que recaiga sobre riesgos carac-
terizados por tener entre sí cierta equivalencia (PICARO, M. - BESSON, A., Le Assurances..., cit., T. I,
nro. 12, pág. 21).
27
LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 38, pág. 37.
DERECHO DE SEGUROS 31

ministra el grado de probabilidad de siniestros en función de cada grupo de riesgos


y todo ello presupone homogeneidad de tarifas 28.
Cuando se afirma que las estadísticas deben agrupar los riesgos de la misma
naturaleza o categoría (por ejemplo, vida, automotores), ello debe extenderse a
subcategorías que respondan al principio de homogeneidad. Así, es insuficiente
que la estadística en la "categoría" riesgo automotor se agote en la marca y en el
modelo y prescinda de la potencia del vehículo, del destino (por ejemplo, particu-
lar, turístico, profesional, transporte), edad del conductor, etcétera.
Lo propio acontece con la estadística referida a la "categoría" vida, la que no
es factible que se consuma con la edad y el sexo y prescinda de antecedentes per-
sonales referidos a la salud y a la identificación de ciertas enfermedades sufridas
que aumentan o disminuyen la chance para otorgar cobertura.
Alcanzar la homogeneidad cualitativa del riesgo conlleva una sistematización
que va más allá de su agrupamiento por naturaleza, pues a los fines que nos interesa
es insuficiente aludir, por dar un ejemplo, al seguro automotor, si a ello no añadi-
mos su categorización como vehículo particular o transporte público de pasajeros.
A su turno, la homogeneidad cuantitativa atiende a la producción de siniestros
de carácter excepcional en punto a su gravedad. Se trata de riesgos de tal entidad
que desnaturalizan toda apreciación estadística.

13. Dispersión de los riesgos


De la observación empírica se predica que cuanto más amplia es la masa de
riesgos son menores los eventos de una determinada naturaleza que tendrán la po-
sibilidad de gravitar sobre la totalidad de los riesgos asumidos. En efecto, los ries-
gos generalizados presuponen la concentración de los daños y el consiguiente au-

La homogeneidad es una condición de igualdad entre los miembros del grupo (asegurados),
quienes deben pagar primas en proporción a los riesgos que introducen en la masa común, lo que im-
plica que si los riesgos son diversos esa diversidad se traduce estadísticamente a los fines del estable-
cimiento de tarifas diferenciadas (PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit, T. I, nro. 12, pág. 22).
Alcanzar la homogeneidad de los riesgos implica su reparto o distribución según la naturaleza del
evento o de las personas expuestas al mismo evento (DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. I, nro. 5, pág.
15). En el seguro de vida, las tablas de mortalidad y las de supervivencia suministran datos que per-
miten cálculos razonablemente aproximativos. En otros seguros, como ser los de daños patrimoniales
y, de entre ellos, el seguro contra la responsabilidad civil por lesiones o muerte, predomina, más que
la falta de datos, la diversidad de criterios para su procedencia y determinación. IRIBARNE, H. P., De
los Daños a las Personas, Ediar, Buenos Aires, 1994, pág. 11, especialmente cuando señala que "el
sistema indemnizatorio argentino de daños a las personas tiene por notas esenciales la anarquía, sus-
citada por las graves desigualdades de las indemnizaciones que proporciona...", quien, por lo demás,
recuerda que en una de las conclusiones a las que se arribó en las Primeras Jornadas Nacionales de De-
recho Civil, Comercial y Procesal de Junín de 1984, se sostuvo que se considera necesario superar la
situación puesta de manifiesto por el estudio de las decisiones judiciales que fijan las indemnizaciones
por muerte y lesiones, que revela la ausencia de criterios regulares idóneos para fijar prestaciones re-
sarcitorias semejantes en casos análogos.
32 RUBÉN S. STIGLITZ

mentó de la entidad de los mismos. Para neutralizar este efecto se hace preciso asu-
mir riesgos diseminados o dispersos, lo que evita que la realización de los mismos
(siniestros) abarque gran cantidad de intereses asegurados o cuando menos los si-
niestros no se verifiquen simultáneamente29.

14. Frecuencia de los riesgos


No es factible concebir el seguro sobre la base de la realización extremada-
mente repetida o reiterada del riesgo ni tampoco en consideración a que la produc-
ción del siniestro sea insólita, pues una u otra hipótesis obstarían a una adecuada
apreciación estadística cuya eficacia se halla condicionada a hechos repetidos con
cierta regularidad 30.

15. Fraccionamiento de los riesgos


No siempre la empresa puede afrontar las consecuencias económicas íntegras
de la realización de un riesgo, en tanto podría exceder su plan financiero, por lo cual
opta por su fraccionamiento. Supuesto que implica asumirlo parcialmente a través
de distintas alternativas, como ser la pluralidad de seguros o seguro acumulativo o
múltiple, instituto que tolera por iniciativa del tomador y sin acuerdo previo entre
aseguradores la cobertura de un mismo interés asegurable, contra el mismo riesgo,
durante el mismo plazo, con más de un asegurador (art. 67-1, L.S.), tomando a su
cargo cada uno de ellos una contribución proporcional al monto de su contrato, has-
ta la concurrencia de la indemnización debida (art. 67-2, L.S.).
Otra alternativa la constituye el coseguro o coaseguro, especie de la pluralidad
de seguros y que consiste en que cada asegurador cubre una cuota parte del riesgo
total, fijada de antemano por convenio entre los aseguradores31; y, finalmente, el
reaseguro, que implica, en principio, una transferencia del excedente de la suma
máxima asegurada (pleno) que tolera su plan financiero.
El fundamento del contrato de reaseguro se halla en la circunstancia de que el
asegurador, al celebrar con el asegurado el contrato originario o principal, en él se
compromete al pago de una suma asegurada para la eventualidad de ocurrencia de
un siniestro. Si esa suma asegurada sobrepasa el límite que, según consideraciones
técnicas, puede pagar, acude al reaseguro como mecanismo que elimina el peligro
consistente en que, al realizarse el riesgo, quede comprometido un valor superior
al que técnicamente puede pagar. Así, el reasegurador afrontará (soportará) la di-
ferencia entre lo que puede y lo que debe pagar32.

29
PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 12, págs. 21 y sigs.
30
PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 14, pág. 24.
SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Comentarios al Código de Comercio
y Legislación Mercantil Especial, Aranzadi, Madrid, 1999, págs. 464 y sigs.
32
BROSETA PONT, M., El Contrato de Reaseguro, Aguilar, Madrid, 1961, pág. 18.
DERECHO DE SEGUROS 33

16. Efectos derivados de la observancia de las normas técnicas


Uno de los efectos derivados de la observancia de las normas técnicas lo cons-
tituye la acumulación de la mayor cantidad de dinero proveniente de premios o co-
tizaciones.
La formalización de la mayor cantidad posible de contratos importará una
acumulación de dinero procedente del pago de premios que le permitirá disponer
de una masa importante de dinero para afrontar el pago de las indemnizaciones y
prestaciones a su cargo.
A su vez, esa acumulación de fondos le permitirá la aplicación de tarifas justas
y razonables.
La aplicación de éstas se halla condicionada a una correcta observación em-
pírica de la probabilidad de realización (siniestros) de los riesgos asumidos, de su
costo indicativo, de la masa de premios acumulados y de una correcta administra-
ción de esos fondos 33.
La importancia de esta cuestión radica en que la empresa asume su obligación
principal en consideración aun riesgo, tal como ha sido contractualmente determi-
nado. De ello se predica la necesidad de que verificado un siniestro que correspon-
da al referido riesgo, las condiciones generales de póliza que lo delimitan o condi-
cionan sean, en caso de conflicto, interpretadas y aplicadas literalmente. Así lo
exige la "comunidad de riesgos", constituida por ello en elemento esencial de la
empresa aseguradora.
Si por la vía interpretativa se alcanzara a dilatar la esfera obligacional del ase-
gurador, se afectaría el fondo colectivo de primas administrado por la empresa y,
con ello, el funcionamiento social y económico del seguro. Sobre la base de lo ex-
puesto habrá de comprenderse cabalmente la necesidad de que el instrumento con-
tractual contenga condiciones generales que: (a) auxilien con claridad y rigor a la
determinación del riesgo; (b) consagren la suspensión automática de la cobertura
para el caso de falta de pago del premio en los plazos acordados; (c) establezcan se-
veras sanciones para las hipótesis de inobservancia dolosa de las cargas informa-
tivas, exageración fraudulenta como contenido de la denuncia de daños o empleo
de pruebas falsas para acreditarlos, etcétera. Y en esa misma línea de preservación de
los fundamentos mismos de la operación "seguro", se instala la necesidad de obser-
var las reglas y criterios técnicos en punto a la gestión de la empresa, particularmen-
te lo referido a: (d) los capitales mínimos, la (e) indisponibilidad de las inversiones
hasta el monto equivalente a las reservas necesarias (constituidas) para afrontar las
obligaciones para con los asegurados, el (g) cumplimiento de las retenciones, el de
las (h) reservas técnicas y de siniestros pendientes, la (i) constitución de fondos de
amortización, previsión y reservas, las (j) inversiones autorizadas y la (k) conclu-
sión de reaseguros 34.

33
PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 9, pág. 18.
34
Cám. I Bahía Blanca, 16-XI-1962, "BriU.J.c/LaEquitaüvadelPlataS.A. de Seg.",L.L., 110-909.
34 RUBÉN S. STIGLITZ

17. La contratación en masa


La disciplina uniforme de las relaciones contractuales singulares se ejerce a
través de la determinación, por parte de la empresa de seguros, (a) de la tarifa de los
premios como así (b) de la predisposición dejas condiciones generales que deven-
drán en contenido contractual o, con mayor precisión, de su instrumento probatorio
por excelencia, la póliza.
Con relación a las primeras, deben ser elaboradas sobre la base de un cálculo
estadístico actuarial que tiene en cuenta el presupuesto financiero en cada anuali-
dad asegurativa para hacer frente a las obligaciones contractuales asumidas por los
aseguradores. Lo expresado responde a la técnica que es específica de la empresa ase-
guradora que opera a través del parcelamiento (división) por categorías homogéneas
de la masa de riesgos y la sucesiva repartición por cuota de la carga económica, es-
tadísticamente determinada entre el universo o mutualidad de asegurados 35.
De lo expresado se predica la ineludible necesidad de que la empresa asegu-
radora opere con contenidos contractuales unilateral y uniformemente predispues-
tos por ella, lo que presupone la supresión de la etapa de tratativas o negociaciones
previas al perfeccionamiento del contrato. Lo dicho es consecuencia de la comer-
cialización o negociación en masa de servicios 36.
Habrá de aceptarse, como valor definitivamente entendido, que como la téc-
nica o modalidad de la contratación predispuesta no deja al asegurando otra alter-
nativa que no sea la de adherir a un esquema rígido y uniforme o no contratar, co-
locándolo desde la génesis negocial en una posición de desigualdad (debilidad)
formal, la consecuencia que de ello deriva es la necesidad de consagrar una sólida
plataforma normativa que tienda a satisfacer la legítima tutela de sus derechos con-
tra posibles abusos37.
Exigencia que atiende al control directo del contenido de legitimidad y clari-
dad (transparencia) del contrato que, descartada la posibilidad de hacerlo por las
mismas partes en etapa de tratativas (propias del contrato discrecional), como ellas
quedan suprimidas en esta modalidad formativa, deben ser sustituidas por el ejer-
cicio de un control que provenga de "afuera del contrato" (exógeno).

18. El contrato de reaseguro


Hemos afirmado que la estadística sólo suministra una probabilidad teórica
{supra, parág. 4) de realización del riesgo (siniestro), de allí que, técnicamente, el
asegurador deba cubrirse o hallarse garantizado por las disparidades negativas que

Es el llamado concepto de solidaridad colectiva o mutualidad indirecta.


Lo que se produce en masa sólo es factible de ser instrumentado uniformemente para ser ofre-
cido mediante la modalidad de impresos (invitación a oír ofertas) con contenido predispuesto.
37
MUNGARI, V., "Legittimitá e trasparenza delle condizioni generali del contratto di assicura-
zione", Assicurazione, año LVIII, fases. 4/5, julio-octubre 1991, págs. 216 y sigs.
DERECHO DE SEGUROS 35

resulten entre la probabilidad y la realidad. Para ello acude al reaseguro que, como me-
dio instrumental, lo auxilia para una mejor división y dispersión de los riesgos38.
La ventaja que ofrece el reaseguro al asegurador consiste en reducir las con-
secuencias derivadas de la verificación del siniestro. Y ello acontece en razón de
que el reaseguro presupone la transferencia de todo o parte del riesgo asumido por
aquél, mediante la celebración de un contrato denominado de reaseguro en razón de
que se superpone al primero39.
El reaseguro se contrata en cada ocasión en que el asegurador advierte un
probable desborde cuantitativo de los riesgos que normalmente explota o cuando,
con motivo de la contratación de riesgos de determinada naturaleza, predominan-
temente los enunciados como extraordinarios, supone la posibilidad de que quede
comprometido su plan de explotación40.
Es en esas ocasiones en que el asegurador, atento o advertido de la proba-
bilidad de un daño que afecte o comprometa su patrimonio más allá del límite cuan-
titativo técnicamente tolerable, lo que se denomina "pleno de seguro", toma un re-
aseguro. Para evitar el nacimiento de una deuda que supere el referido límite,
contrata un seguro (reaseguro) que le permite, mediante el pago o renuncia de una
parte del premio en favor de otro asegurador (reasegurador), que éste asuma (rein-
tegre) todo o parte de las consecuencias dañosas derivadas de la realización del
riesgo. De allí que quepa afirmar que el contrato de reaseguro participa de la natu-
raleza del seguro contra el nacimiento de una deuda o el surgir de un débito de ca-
rácter contractual, comprometida por el asegurador/reasegurado 4I .
La Ley de Seguros dedica al tema cuatro artículos, suministrando el concepto
en el artículo 159: "El asegurador puede, a su vez, asegurar los riesgos asumidos,
pero es el único obligado con respecto al tomador del seguro", lo que pone de ma-
nifiesto la inexistencia de vínculo entre el asegurado y el reasegurador, circunstan-
cia que, por lo demás, ha sido expresamente enunciado en el artículo 160: "El ase-
gurado carece de acción contra el reasegurador...".

19. La empresa aseguradora. Noción. Actividad regulada


La empresa aseguradora es aquella que ejerce con carácter profesional una ac-
tividad económica organizada que tiene por finalidad ofrecer en el mercado la ce-
lebración continua de contratos de seguros.

PICARD, M. - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T. I, nro. 16, pág. 27.


39
GARRIGUES, L., Contrato..., cit., pág. 463.
40 r,
BROSETA PONT, M., El Contrato..., cit., pág. 9; HILL PRADOS, M., El Reaseguro, Bosch, Bar-
celona, 1995, pág. 23
41
BROSETA PONT, M., El Contrato..., cit., pág. 72; SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de se-
guro", en Comentarios..., cit., pág. 1383; BAZZANO, C , // Contratto diAssicurazione, Piróla, Milano
1991,págs.335ysigs.
36 RUBÉN S. STIGLITZ

Hace a la esencia de la empresa aseguradora disciplinar, con carácter unifor-


me, las relaciones contractuales cuyo objeto (materia) se halla constituido por ries-
gos del mismo género.
Se trata de una empresa cuyo objeto exclusivo consiste en la realización de ac-
tos de comercio en los términos del artículo 8S, inciso 6- del Código de Comercio.
A la actividad aseguradora, por naturaleza, no le es aplicable el derecho co-
mún. Razones que se fundamentan en el derecho necesario justifican la aplicación
de normas adaptadas a la referida actividad 42.
La ley regulatoria de la actividad no sólo debe preservar la constitución y fun-
cionamiento de las empresas que la ejerzan sino, además, vigilar la estricta obser-
vancia de los principios sobre los que se asienta la organización de la mutualidad
y la estructura de las sociedades.
Y, como habremos de referirnos en el Capítulo III, la implementación del sis-
tema de control debe atender, como objetivo último, la protección efectiva y con-
ducente del asegurado y de terceros interesados.
El ejercicio de la actividad aseguradora y el control de la misma se halla so-
metido a una ley especial que la regula (ley 20.091).
La regulación específica se extiende a (a) la naturaleza de los entes que pue-
den operar en calidad de aseguradores (art. 2°, incs. a], b] y c]) quienes, por lo de-
más, (b) deben hallarse autorizados para hacerlo (art. 29-2), (c) bajo ciertas condi-
ciones (art. 1°). Las empresas aseguradoras se hallan obligadas a operar sobre la
base de la (d) aprobación previa de planes técnicos y contractuales (art. 23), entre
los que se destaca la (e) predisposición de los textos de la póliza (arts. 23, inc. a] y
25) y la propuesta de (f) las primas aplicables (arts. 24, incs. a] y b] y 26). El control
se hace extensivo a lo que la ley enuncia como gestión de la empresa, capítulo que,
básicamente, contiene normas referidas a los (g) capitales mínimos al que deberán
ajustarse las entidades (art. 30), a (h) las reservas técnicas y de siniestros (art. 33),
a las (i) inversiones (art. 35-2), (j) reaseguros (art. 36), (k) administración (art. 37)
y (1) balances (art. 38).
La ley disciplina la (m) fusión y cesión de cartera (art. 46), los casos en que
procede la (n) revocación de la autorización para operar en la actividad (art. 48), la
(o) liquidación por disolución voluntaria (art. 50) y (p) forzosa (art. 51). Se regula
todo lo referente a (q) las penas aplicables (art. 58), a la (r) autoridad de control (art.
64) y finalmente al (s) procedimiento y recursos (art. 82).

PICARD, M. - BESSON, A, LesAssurances..., cit., T. II, nro. 535, pág. 12, quienes señalan que
por las mismas razones que la ley regula el contrato de seguro, debe reglamentar el control sobre las
empresas.
CAPÍTULO II

LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL CONTRATO DE SEGURO.


CONCEPTO Y DEFINICIÓN

20. La función objetiva del seguro en la relación contractual.


La empresa como elemento esencial y unificador
Al enunciar Vivante los elementos esenciales del contrato de seguro, incluye
entre ellos a la empresa aseguradora, a la que define como aquella que, "asumiendo
profesionalmente los riesgos ajenos, trata de reunir con las contribuciones de los
asegurados un fondo capaz de proporcionar los capitales prometidos a esos mismos
asegurados al vencimiento de las promesas" '.
Desenvolviendo su tesis señala que, en los riesgos de largos plazos de dura-
ción (seguros sobre la vida), ese fondo permanece durante mucho tiempo en la em-
presa, donde puede llegar a hacerse "verdaderamente ingente". Por lo que, si la empre-
sa no conservara íntegramente su capital de fundación, ofrecería a menudo una
irrisoria garantía para los asegurados. Agrega que "el ejercicio efectivo y sistemá-
tico de esta industria por parte de una empresa no es, por tanto, un hecho extraño
a las relaciones jurídicas de los contratantes: es esencial para el cumplimiento de
los derechos y de las obligaciones que recíprocamente se han asumido... por lo que
el negocio de seguros debe ser el negocio de una empresa, pues el negocio aislado
de seguro, asumido ocasionalmente por el comerciante debe considerárselo como
una forma imperfecta del negocio" 2.
Y concluye así: "...sólo es capaz de producir todos los efectos de un contrato
de seguro el contrato que haya sido asumido por una empresa aseguradora, esto es,
por una empresa que ejerza la tal industria constituyendo con las inversiones de los
asegurados un fondo de primas destinado a suministrarle los capitales asegurados
a los vencimientos prometidos" 3.

VIVANTE, C, Derecho..., cit.,T. 14,Vol. l,nro. 4 A), pág. 11, para quien la empresa de se-
guros desarrolla su industria extrayendo de los asegurados todo su capital industrial y éstos encuen-
tran, a su vez, la mejor garantía de sus propios derechos en la integridad del fondo que ellos mismos
han suministrado.
2
VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 4 A), pág. 12.
3
VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 4, pág. 14.
38 RUBÉN S. STIGLITZ

21. La empresa aseguradora y el examen previo de los elementos


constitutivos de los contratos
Los elementos del contrato de seguro calificados de constitutivos o estructu-
rales son los que tradicionalmente se enuncian como esenciales, entendido ello en
el sentido de que la falta o la infracción a cualquiera de ellos afecta su existencia o
su validez según el caso 4 .
Pues bien, así como en algunos países la cuestión aparece resuelta normativa-
mente 5 no lo está en Argentina, aunque "la doctrina clásica aún prevaleciente"
coincide en señalar como elementos esenciales al consentimiento o acuerdo de vo-
luntades, el objeto y la causa6.
Como quiera denominárseles: elementos, condiciones, requisitos, compo-
nentes, extremos, presupuestos, etcétera, no pensamos que sea relevante la falta de
coincidencia en la denominación, si la acepción y los efectos que se pretende atri-
buir a todas y cada una de las expresiones utilizadas, es la misma.
Debemos comenzar admitiendo con relación al enunciado identificado como
clásico: consentimiento, objeto y causa, que no es pacífica la doctrina de los países
cuyas legislaciones le han servido de fuente, en el sentido que los tres constituyan
elementos esenciales.
Y no lo será entre nosotros. Como no lo es hoy 7 .
De allí que estimemos inconveniente que la enunciación de los elementos, en
el futuro, porte reconocimiento legal, ya que no eliminará las disputas. Recién en-
tonces se avivarán, porque la controversia se producirá con relación al contenido de
un texto que se hallará vigente. Lo que queda por dilucidar no es si la cuestión es
lo suficientemente trascendente como para aguardar expectante un enriquecedor
debate, pues no necesariamente de él habrá de predicarse coincidencias.
En efecto, la recepción legislativa importará, inexorablemente, la selección
de una de las numerosas respuestas que suministra una doctrina más vacilante que
definitiva.

RlPERT, G. - BOULANGER, J., Tratado de Derecho Civil, T. IV, La Ley, Buenos Aires, 1964, nro.
129, pág. 97; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., "Contratos. Parte general", en Reformas al Código Civil
(dirs.: ALTERINI, A.A. - LÓPEZ CABANA, R. M.), Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1993, pág. 54; STIGLITZ,
R. S., Contratos Civiles y Comerciales, T. II, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1999, nro. 66, pág. 91.
Francia: art. 1108, Cód. Civ. (consentimiento, capacidad, objeto y causa); Italia: art. 1325,
Cód. Civ. (acuerdo, causa, objeto y forma prescripta bajo pena de nulidad); España: art. 1261, Cód.
Civ. (consentimiento, objeto y causa).
6
MOSSET ITURRASPE, I , Contratos, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1995, pág. 54.
LÓPEZ DE ZAVALÍA, F. J., Teoría de los Contratos, Zavalía, Buenos Aires, 1971, págs. 51 y sigs.,
quien denomina presupuestos (independientes extrínsecos) del contrato, a la capacidad, el poder de nego-
ciación del sujeto y la idoneidad en el objeto, y elementos a todo lo que por ser constitutivo del contrato 'es
intrínseco a él, como ser la forma y el contenido. Yfinalmentelas circunstancias que siendo extrínsecas al
contrato se valoran desde su perfeccionamiento en etapa de ejecución, como ser, a manera de ejemplo, la
proyección sobre el negocio de las circunstancias económicas (conf. LLAMBÍAS, J. i. - ALTERINI, A. A., Có-
digo Civil Anotado, T. III-A, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1985, pág. 32.
DERECHO DE SEGUROS 39

Algunas de las dudas habrán de generarse cuando los interrogantes que se for-
mulen están referidos a si:
a) los mencionados constituyen fuera de dudas elementos esenciales;
b) además de los enumerados, existe algún otro elemento esencial, como por
ejemplo la forma, cuando resulta exigida por la ley bajo pena de nulidad;
c) el enunciado de los elementos, según se lo formule, sin imperatividad, ni
propia ni plena8, no es tema más docente y doctrinario que legislativo.

22. La empresa como elemento esencial y unificador.


Crítica adversa
De lo hasta aquí expuesto cabe concluir, en consecuencia, que la empresa no
constituye, por lo menos entre nosotros, elemento esencial. Lo que acontece es que
la empresa aseguradora es, forzosamente, uno de los sujetos de la relación jurídica
sustancial —contrato de seguro—, a tal punto que la ley 20.091, que regula la ac-
tividad aseguradora, establece que "sólo pueden realizar operaciones de seguros las
sociedades anónimas, cooperativas, mutuales o los organismos y entes oficiales o
mixtos, nacionales, provinciales o municipales" (art. 2B, incs. a] y c], ley 20.091),
previamente autorizados al efecto por la Superintendencia de Seguros de la Nación,
siempre y cuando reúnan una serie de requisitos y operen en ramas para los que se
hallan autorizados (arts. 2°, infine, 1°, 23, 30 y 61, ley 20.091). Pero lo expresado
significa que el contrato de seguro celebrado por quien no reviste condición de ase-
gurador autorizado, es nulo (art. 61-2, ley 20.091; arts. 18, 1066,949, 953,1038 y
concs., Cód. Civ.), nulidad manifiesta sustentada en un acto jurídico del que parti-
cipa quien no se halla por ley facultado para su celebración9.
No es factible distinguir el contrato de seguro de contratos afines, en conside-
ración a que uno de los sujetos integrantes de la relación lo constituye una empresa,
pues bastaría con que la apuesta10 sea explotada por una empresa para que desapa-
rezca un rasgo distintivo para los sostenedores de la tesis que criticamos'x.

Ni propia, porque si se trata de elementos denominados esenciales la misma disposición de-


berá portar el efecto derivado de su inobservancia. Ni plena, porque en defecto de lo anterior, la cues-
tión deberá ser íntegramente resuelta (por remisión, aun implícita) en el capítulo relativo a la nulidad
de los actos jurídicos donde se regule la invalidez de los actos carentes de los elementos esenciales.
Q

MORANDI, J. C. F., "Evolución, estructura y causa del contrato de seguro", L.L., 110-1134,
cuando afirma que "la empresa de seguros es un requisito para la 'habilitación' del asegurador para
explotar el negocio del seguro, pero no es decisiva para configurar la estructura jurídica del contrato";
Halperin, I. ("El concepto unificador del seguro", L.L., 118-1969, nro. 13,), quien señala que la exi-
gencia administrativa de una empresa aseguradora no autoriza a elevar este elemento como factor
esencial del contrato.
A la que se define como el contrato en el que una de las partes promete a la otra una prestación
si las circunstancias aleatorias que intervienen no le son favorables (BORDA, G., Tratado de Derecho
Civil. Contratos, T. II, Perrot, Buenos Aires, 1990, nro. 1925, pág. 662).
11
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 250, pág. 14.
40 RUBÉN S. STIGLITZ

La organización de la empresa sólo traduce la forma jurídica exterior que


adopta, o el procedimiento de actuación que emplea, la mutualidad. Ello en virtud
de que aquel procedimiento carece de importancia en la definición económica del
seguro, pues la empresa opera como un mero intermediario ubicado en el centro de
un círculo imaginario y la mutualidad de asegurados que ocupa su periferia 12.

23. La teoría de la atención mutua de necesidades posibles. Crítica


Afirma Manes, uno de sus expositores, que la actividad económica del hom-
bre tiende a procurarse los elementos necesarios para atender a la satisfacción de
sus necesidades y que, desde un punto de vista que atiende a un cierto grado de cul-
tura, no se contenta con dar respuesta a las necesidades elementales de conserva-
ción de su existencia, sino que procura atender a las necesidades futuras, entre las
que incluye las "puramente probables e inciertas". Para ello busca el modo de dis-
tribuir los ingresos actuales, de que dispone, en períodos económicos de la mayor
duración posible. Pero contando que: (a) una existencia económica aislada no es
nunca apta para atender sin apremios todas las necesidades, (b) y que hay un gran
número de semejantes que, co-existencialmente, tienen que contar con las mismas
necesidades, (c) sin que éstas se presenten siempre, ni para todos a la vez 13.
En virtud de las razones expuestas define el seguro como "aquel recurso por
medio del cual un gran número de existencias económicas amenazadas por peligros
análogos se organizan para atender mutuamente a posibles necesidades tasables y
fortuitas de dinero" u .
Las críticas que se le formulan a la tesis expuesta pueden sintetizarse así:
a) La celebración de todo tipo de contratos satisface económicamente una ne-
cesidad eventual, de tal manera que no puede aludirse a ella como criterio que iden-
tifique sólo al contrato de seguro.
b) No siempre la producción de un evento genera una necesidad eventual,
como por ejemplo en el seguro de vida para el caso de supervivencia, cuando el ase-
gurado era económicamente activo 15.

24. Concepto unitario: el seguro como contrato indemnizatorio


Más allá de que, en lo esencial, remitimos a lo expresado en el Capítulo I, pa-
rágrafo 5, insistimos en señalar que los seguros de personas participan de la natu-

12
MANES, A., Tratado..., cit., pág. 2.
MANES, A., Tratado..., cit., pág. 3, quien afirma que la institución del seguro surge una vez de-
mostrado a lo largo de la experiencia y el conocimiento de las leyes que rigen sucesos aparentemente
casuales entre un número suficientemente grande de organismos económicos, cuando éstos sienten el
deseo, a la par que la posibilidad, de sostener en común los gastos necesarios para afrontar los peligros
a que todos ellos están expuestos.
14
MANES, A., Tratado..., cit., pág. 2.
15
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 248, pág. 10.
DERECHO DE SEGUROS 41

raleza de los negocios resarcitorios ya que la "prestación convenida", objeto de la


obligación principal a cargo del asegurador (art. l e , L.S.), se halla constituida por
(dar) una suma de dinero,fijadade antemano o no, cuya obtención, por parte del to-
mador, se halla subordinada a la eventual realización del riesgo tal como ha sido de-
terminado en el contrato.
En consecuencia, el contrato de seguro es indemnizatorio, y este carácter es
totalizador pues atrapa en su formulación todas las especies, típicas o atípicas, por
lo que constituye una concepción unitaria.

25. Definición legal. Crítica


El artículo l s de la Ley de Seguros define el contrato: "Hay contrato de seguro
cuando el asegurador se obliga mediante una prima o cotización, a resarcir un daño
o cumplir la prestación convenida si ocurre el evento previsto" 16.
Consideramos altamente positivo que el legislador haya decidido definir el
contrato de seguro. Ello importa un compromiso asumido en favor de una correcta
identificación del tipo contractual y, muy especialmente, en punto a la limitación
de su objeto y función. La definición del tipo contribuye a despejar toda duda sobre
operaciones que no lo constituyen 17 y que, por añadidura, se hallan fuera del con-
trol del Estado sobre la actividad aseguradora (arts. I 9 ,3 S , 1°, inc. b], 23,24, inc. a]
y 25, ley 20.091).
Sin embargo, pensamos que a la definición legal es factible atribuirle algunos
defectos.
a) Como observación de técnica jurídica señalamos que no parece razonable
incluir en la definición, como obligación del asegurado, el pago de "una prima o co-
tización", con fundamento en que en las sociedades de seguros mutuos a la prima
se la denomina cotización 18, pues tratándose el seguro de un contrato típico, habrá
de estarse a la denominación empleada por la ley (especial) regulatoria del negocio
que, al legislar la obligación del asegurado, sólo emplea la expresión prima (arts.
27/32 y 34/35, L.S.). Desde el punto de vista que atiende sólo a la relación asegu-
radora, el nomen iuris de la obligación del asegurado es el pago del premio con abs-
tracción de la forma que haya adoptado la empresa de seguros.

Halperin afirma que la definición legal tiene las ventajas de no comprometer opinión acerca
de la naturaleza del contrato y de comprender a todas las especies de seguros (HALPERIN, I., Seguros,
cit.,T.I,nro.21,pág.55.
17 .
Por ejemplo, las que el artículo 39 de la ley 20.091 enuncia como "operaciones asimilables al
seguro".
18
HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 11, pág. 390; conf. FERNÁNDEZ, R.L., Código de Comer-
cio Comentado, T. II, Wolter, Buenos Aires, 1950, pág. 397. En la actualidad, las pólizas emitidas por
•as sociedades de seguro mutuo, como las de capital, en sus cláusulas de cobranza sólo emplean la ex-
presión premio. La ley mexicana sobre contrato de seguro (art. I9), que sirvió de fuente al anteproyec-
to elaborado por Halperin, señala como obligación del asegurado el pago de una prima o cotización.
42 RUBÉN S. STIGLITZ

b) Conceptualmente, la obligación del asegurador tiene por objeto la presta-


ción (entrega) de una suma de dinero, cualquiera sea la especie —seguro de daños
o de personas— de que se trate 19, por lo que identificar el objeto de la obligación
del asegurador como la de resarcir un daño o cumplir la prestación convenida apa-
rece como tautológico, ya que el (pago del) resarcimiento del daño constituye, pre-
cisamente, la prestación convenida20.
c) En el ambiguo intento de distinguir entre el resarcimiento del daño, referido
a los seguros de daños patrimoniales, y la "prestación convenida", relativa a los se-
guros de personas, la ley no logra una fórmula abarcadora o unificadora, sino que
elige (opta), más que por afiliarse a una tesis, dejar en claro, vía definición, que no
participa de la postura indemnizatoria, lo que sitúa al legislador actuando fuera de
su competencia, como lo haría un doctrinario en el texto o un docente en el aula. Hu-
biera sido suficiente, desde un punto de vista de la técnica legislativa, establecer
que el objeto de la obligación del asegurador lo constituye el pago de las prestacio-
nes convenidas que, así formulada, atrapa todas las ramas asegurativas y no com-
promete al legislador como adherido a una tesitura más propia de la doctrina21.
d) Pensamos que la definición legal ineludiblemente debió hacer referencia a
que la obligación del asegurador consistente en el resarcimiento del daño, porta el
límite convencionalmente estipulado22 (vg. art. 1882, Cód. Civ. italiano; art. 1432,
Cód. Civ. de Brasil; art. lg, Ley de Contrato de Seguro de España; art. I9, Ley de
Contrato de Seguro Terrestre de Bélgica). El artículo l 9 de la ley 17.418 silencia la
cuestión, la que recién se halla prevista al legislarse sobre los efectos del contrato
cuando se establece que "el asegurador se obliga a resarcir, conforme al contrato,
el daño patrimonial causado por el siniestro..." (arts. 61-1 y 2e, L.S.).

26. Fuentes de la definición legal


La fuente, sin duda, lo constituyó el artículo l 9 del anteproyecto Halperin ele-
vado en 1958: "El seguro es el contrato por el que el asegurador mediante el pago
de una prima o cotización se obliga a indemnizar al asegurado por el daño que sufra
en razón de un siniestro causado por el riesgo asumido, o a pagarle un capital o una
renta al producirse un hecho atinente a la vida humana".

19
STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contrato de seguro, cit, nro. 144, pág. 479.
No se nos oculta que el sentido asignado por el legislador consistió en que la frase "cumplir
la prestación convenida" se hallaba referida a la obligación del asegurador en los seguros de personas.
Pero de ser así se debió ser más preciso y adoptar el criterio, por ejemplo, de las definiciones sumi-
nistradas por el art. 1882 del Cód. Civ. italiano; la del art. 19 de las leyes alemana o española, en tanto
aluden al pago de un capital o de una renta convenidas de donde se deduce que, inequívocamente, se
hace referencia a los seguros de personas.
Por lo demás, la definición legal, en lo que a la crítica se refiere, carece de valor normativo,
pues no se legisla sobre un presupuesto o elemento al que se halle subordinada la eficacia del contrato,
por lo que no vincula a la doctrina de los autores ni a la de los magistrados.
22
S.T. Misiones, 13-IV-1998, "Acosta, F. c/Casola, R.", L.L., 1999-F-794, 42.234-S.
DERECHO DE SEGUROS 43

Se cita por el redactor, como fuentes, los artículos 1882 del Código Civil ita-
liano y I a de la ley de México.
El artículo 1882 del Código Civil italiano establece: "El seguro es el contrato
por el cual el asegurador, mediante el pago de una prima, se obliga a indemnizar al
asegurado, en los límites convenidos, del daño producido al mismo por un siniestro,
o bien a pagar un capital o a una renta a la verificación de un evento atinente a la vida
humana".
El artículo l 9 de la Ley sobre el Contrato de Seguro de México establece: "Por
contrato de seguro, la empresa aseguradora se obliga, mediante una prima, a resar-
cir un daño o a pagar una suma de dinero al verificarse la eventualidad prevista en
el contrato".

27. La definición en el derecho comparado


Italia, artículo 1882, Código Civil: "El seguro es el contrato por el cual el asegu-
rador, mediante el pago de una prima, se obliga a indemnizar al asegurado, dentro de
los límites convenidos, del daño producido al mismo por un siniestro, o bien a pagar un
capital o una renta a la verificación de un evento atinente a la vida humana".
México, artículo l9, "Ley de Contrato de Seguro" del 31 -VIII-1935: "Por contrato
de seguro, la empresa aseguradora se obliga, mediante una prima, a resarcir un daño o
a pagar una suma de dinero al verificarse la eventualidad prevista en el contrato".
Alemania, artículo l 9 de la ley del 30-V-1908: "En el seguro contra daños el
asegurador, conforme al contrato, se obliga a resarcir al tomador del seguro, en caso
de siniestro, de los daños patrimoniales sufridos por aquél. En el seguro sobre la
vida y contra los accidentes, y en los demás de personas, el asegurador se obliga,
en caso de siniestro, a pagar la suma convenida mediante un capital o una renta o
efectuar otras prestaciones convenidas. El tomador del seguro deberá pagar la pri-
ma convenida. A efectos de esta ley, se considerarán las cuotas a entregar a las em-
presas de seguros mutuos".
Brasil, artículo 1432, Código Civil del año 1916: "Considérase contrato de se-
guro aquel por el cual una de las partes se obliga para con otra, mediante el pago de
un premio, a indemnizarle los perjuicios resultantes de riesgos futuros, previstos en
el contrato".
Uruguay, artículo 634, Código de Comercio: "El seguro es un contrato por el
cual una de las partes se obliga mediante cierta prima a indemnizar a la otra de una
pérdida o de un daño, o de la privación de un lucro esperado que podría sufrir por
un acontecimiento incierto".
Chile, artículo 512, Código de Comercio, define el seguro como "un contrato
bilateral, condicional y aleatorio, por el cual una persona natural o jurídica toma so-
bre sí por un determinado tiempo todos o algunos de los riesgos de pérdida o dete-
rioro que corren ciertos objetos pertenecientes a otra persona, obligándose median-
te una retribución convenida, a indemnizarle la pérdida o cualquier otro daño
estimable que sufran los objetos asegurados".
44 RUBÉN S. STIGLITZ

Paraguay, artículo 1546, Código Civil de 1985: "Por el contrato de seguro el


asegurador se obliga mediante una prima, a indemnizar el daño causado por un
acontecimiento incierto, o a suministrar una prestación al producirse un evento re-
lacionado con la vida humana...".
España, artículo l9, ley 50 del 8-X-1980: "El contrato de seguro es aquel por
el que el asegurador se obliga mediante el cobro de una prima y para el caso de que
se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura, a indemnizar, dentro de
los límites pactados, el daño producido al asegurado o a satisfacer un capital, una
renta u otras prestaciones convenidas".
Bélgica, artículo l9, "Ley de Contrato de Seguro Terrestre" del 15-VI-1992:
"Contrato de seguro: contrato en virtud del cual, mediante el pago de una prima fija
o variable, una parte, el asegurador, se compromete hacia otra parte, el tomador del
seguro, a suministrar una prestación estipulada en el contrato en el caso en que so-
brevenga un evento incierto que, según el caso, el asegurado o el beneficiario, tenga
interés en que no se realice".

28. Definiciones doctrinarias


Picará y Besson: "Operación por la cual una parte, el asegurado, se hace pro-
meter, mediante una remuneración, la prima, una prestación por otra parte, el ase-
gurador, en caso de realizarse un riesgo" 23.
Donan: "Relación en la que el asegurador, contra el pago o la obligación de
pago del premio, se obliga a resarcir al asegurado dentro de los límites convenidos
de las consecuencias de un evento dañoso, incierto" 24.
Garrigues: "Seguro es un contrato sustantivo y oneroso por el cual una per-
sona —el asegurador— asume el riesgo de que ocurra un acontecimiento incierto
al menos en cuanto al tiempo, obligándose a realizar una prestación pecuniaria
cuando el riesgo se haya convertido en siniestro" 25.
Sánchez Calero: "El contrato de seguro es aquel por el que el asegurador se
obliga, mediante el cobro de una prima para el caso de que se produzca el evento
cuyo riesgo es objeto de la cobertura, a satisfacer al asegurado, o a un tercero, las
prestaciones convenidas" 26.
Fernández: "Contrato en virtud del cual el asegurador —que en el seguro mu-
tuo es el conjunto de los mismos asegurados— se compromete a indemnizar un
daño posible al asegurado o a abonar a un tercero (beneficiario) determinada suma

23
PICARD, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 1, pág. 1.
24
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 259, pág. 39.
GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 30. Pensamos que con el empleo de la expresión sustan-
tivo se ha deslizado un error material, pues a pie de página en nota 45, Garrigues reproduce tres de-
finiciones, una de las cuales, la que atribuye a Ehrenburg, define al seguro como contrato sustitutivo
de prestaciones, en evidente referencia a su carácter bilateral.
SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Comentarios..., cit., pág. 25.
DERECHO DE SEGUROS 45

en caso de muerte de aquél, comprometiéndose el asegurado, en el seguro a prima,


a abonar ésta, y en el seguro mutuo, a contribuir a su vez a integrar, por anticipado
o con posterioridad, la indemnización que corresponda a los otros asegurados"27.

29. Definición del contrato de seguro


La definición del contrato de seguro debe tener contenido jurídico, de tal suer-
te que deben quedar excluidas de ella cuestiones que hacen a los fundamentos téc-
nicos del instituto.
Si partimos de la existencia de un acto jurídico bilateral, la definición deberá
hacer referencia (a) a la existencia de los sujetos de la relación sustancial: asegura-
dor y asegurado; (b) a su formación (por adhesión) en razón de que constituye una
característica esencial, ya que de ella se desprenden consecuencias trascendentes;
(c) al objeto sobre lo que se consiente, o sea la operación jurídica, por lo que habrá
de aludirse al riesgo cuya realización (siniestro) durante el plazo de duración ma-
terial del contrato moviliza el efecto principal a cargo del asegurador (pago de la
prestación) y, finalmente, a los efectos del contrato, constituido por las obligacio-
nes correspectivas: (d) pago o promesa de pago del premio por parte del tomador,
y (e) prestación dineraria a cargo del asegurador, (f) tal como ha sido convenida en
el contrato.
Sobre la base de lo expresado ensayamos la siguiente definición: el seguro es
un contrato por adhesión por el cual una de las partes, el asegurador, se obliga, con-
tra el pago o la promesa de pago del premio efectuado por el asegurado, a pagar a
éste o a un tercero la prestación convenida, subordinada a la eventual realización
(siniestro) del riesgo, tal como ha sido determinado, durante la duración material
del contrato.

30. Diferencias entre el contrato de seguro y la apuesta


La apuesta es un contrato en virtud del cual unas personas que no están de
acuerdo sobre una cuestión, que consideran diferentemente esta o la otra eventua-
lidad, una que afirma y otra que niega un hecho determinado, se prometen recípro-
camente una ganancia consistente en una suma de dinero o en una prestación deter-
minada, que obtendrá aquella de las dos que resulte que tenía razón, una vez
comprobado el hecho de que se trate 28 . La ganancia en la apuesta depende de la

' FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. II, pág. 397.


28
JossERAND,L.,Z)eredwCivi7,T. II, Vol. II, Bosch, Buenos Aires, 1951, nro. 1381, pág. 342;
COLÍN, A. - CAPITANT, H., Curso Elemental de Derecho Civil, T. 4, Reus, Madrid, 1941, pág. 780.
Borda define conjuntamente al juego y la apuesta: "Hay apuesta o juego cuando una de las partes pro-
mete a la otra una prestación si las circunstancias aleatorias que intervienen no le son favorables"
(BORDA, G., Tratado... Contratos, cit., T. II, nro. 1925, pág. 662.
46 RUBÉN S. STIGLITZ

simple comprobación de un hecho ya producido o todavía futuro, pero que no habrá


de ser obra de las partes29.
Como se advierte, la apuesta tiene por finalidad o función la de obtener un lu-
cro, cuestión ajena y extraña al contrato de seguro que cumple una función resar-
citoria con motivo de la realización (siniestro) de un evento dañoso.
Este último no es querido en el seguro, por ello el asegurado se cubre de sus
consecuencias dañosas. En cambio, en la apuesta el evento condicionante de la ga-
nancia ha sido deliberadamente elegido por las partes y, de verificarse el hecho, el
ganador obtiene un lucro y no la reparación de un daño.
Por lo demás, los derechos que derivan del contrato de seguro son civilmente
exigibles, no existen límites a su proponibilidad. En cambio, en la apuesta el Códi-
go Civil prohibe el ejercicio de la pretensión judicial por deudas de juego o apuesta
que no provengan de fuerza, destreza de armas, corridas, etcétera (art. 2055, Cód.
Civ.).

31. Clasificación de los seguros


Un criterio de clasificación de los seguros atiende al objeto de la obligación
principal del asegurador al tiempo de ejecución del contrato: (a) si se trata de una
indemnización debida al asegurado en función del perjuicio sufrido se alude a se-
guros de daños; (b) si se refiere a una suma determinada al tiempo de conclusión del
contrato, se trata de seguros de personas.
Como se advierte, desecha el criterio unificador sustentado en el principio in-
demnizatorio 30.
Aparentemente es el criterio expuesto en algún pronunciamiento donde se co-
mienza afirmando que "la clasificación de los seguros debe guardar relación con el ob-
jeto del contrato". Y a continuación se afirma: "Así, según el objeto de la obligación
principal del asegurador al tiempo de la ejecución del contrato, el seguro es de daños
si la obligación se debe al asegurado en función del perjuicio sufrido, y de personas si
se trata de una suma determinada al tiempo de conclusión del contrato" 31.
A nuestro juicio, la clasificación que se adopte debe guardar relación con el
objeto del contrato y, en ese sentido, se puede distinguir los seguros sobre intereses
patrimoniales y los seguros de personas.
Aludir a los seguros sobre intereses patrimoniales presupone el rechazo de la
clasificación que, en dicotomía, distingue los seguros de cosas de los seguros de
personas. Es que, de un análisis elemental y primario, se predica que no todos los

PLANIOL, M. - RIPERT, G., Tratado Práctico de Derecho Civil Francés, T. 11, Cultural, Ha-
bana, 1945, nro. 1200, pág. 496.
30
LAMBERT-FAIVRE, I., Droit..., cit., nro. 52, pág. 44.
31
CNCom., Sala B, 17-111-1998, "Bernardino Rivadavia Coop. de Seg. c/Rosini, D.", L.L.,
1998-B-480; D.J., 1998-2-860; J.A.: 2000-II-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 47

seguros que no se hallen relacionados con las personas pueden reconducirse a se-
guros de cosas materiales 32.
Así, el seguro contra la responsabilidad civil participa de la naturaleza de los
seguros de daños patrimoniales y se halla integrando el Capítulo II de la Ley de Se-
guros con esa misma denominación, juntamente con los seguros denominados de
cosas o bienes.
La clasificación auspiciada es la receptada por la Ley de Seguros33.
A su vez, los seguros de (sobre) intereses de daños patrimoniales pueden a su
turno clasificarse según que el interés asegurado se asiente en una cosa (incendio,
robo) o sobre el patrimonio (seguro contra la responsabilidad civil).
Los seguros de personas se dividen en seguros sobre la vida (arts. 128/148,
L.S.) y seguros sobre la integridad corporal (accidentes personales y colectivos)
(arts. 149/156, L.S.).
El criterio expuesto es el recibido en algunos pronunciamientos. En ese sen-
tido, se tiene resuelto que "la clasificación de los seguros debe guardar relación con
el objeto del contrato".

32. Clasificación de los seguros y enunciación legal de las ramas


En función de la clasificación precedente, la Ley de Seguros tipifica como con-
tratos de seguros de daños patrimoniales al de incendio (arts. 85/89); agricultura (art.
90); granizo (arts. 91/96); helada(art. 97); animales (art. 98); mortalidad (arts. 99/108);
responsabilidad civil (arts. 109/120); transporte (arts. 121/127). Y como seguros de
personas, el seguro sobre la vida (arts. 128/148); accidentes personales (arts. 149/152);
colectivo sobre la vida o de accidentes personales (art. 153/156).
Las últimas regulaciones vigentes en el Derecho comparado exhiben una ma-
yor tipificación de seguros.
Así, el Código de Seguros de Francia incluye reglas relativas a los seguros de
incendio, granizo, mortalidad animal, responsabilidad civil, catástrofes naturales,
actos de terrorismo y protección jurídica. En otro título se legisla sobre el seguro
marítimo, fluvial y lacustre.
La "Ley de Contrato de Seguro" de España (ley 50/1980) incluye, entre los se-
guros de daños patrimoniales, al de incendio, robo, transportes terrestres, lucro ce-
sante, caución, crédito y responsabilidad civil. Y entre los seguros de personas, el
de vida, accidentes, enfermedad y asistencia sanitaria.

DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 269, pág. 53.
33
En contra, CNCom., Sala B, "Seguros Bemardino Rivadavia Coop. Ltda. c/Rosini, D.", D.J.,
1998-2-260, cuando se afirma que "el seguro de daños apunta a cubrir las consecuencias de un evento
perjudicial para el patrimonio del asegurado, y su objetivo funcional es indemnizar la disminución pa-
trimonial subsiguiente a la realización del riesgo. De esta forma, se opone al seguro de personas, pues
en éste el objeto es la persona, su integridad, su salud o su vigor, y las prestaciones pecuniarias pro-
metidas por el asegurador no se miden por el daño causado por el siniestro.
48 RUBÉN S. STIGLITZ

33. Metodología seguida por la ley


El contrato de seguro se halla específicamente regulado por la ley 17.418 pu-
blicada en el Boletín Oficial el 16-X-1967 cuya vigencia se inició el ls-VII-1968
(ley 17.661). Derogó los artículos 492/557,1251/1260 del Código de Comercio y
la ley 3942. El artículo 163, Ley de Seguros, dispuso incorporar la ley al Código de
Comercio.
En cuanto a su metodología, señalamos que contiene una teoría general que
incluye: (a) la definición del contrato (art. I9); (b) su objeto: el riesgo (arts. 29/3s)
y causa: interés (art. 81); (c) uno de sus caracteres: el consensual (art. 49-1), pues al-
gunos de los restantes (bilateral, oneroso) surgen implícitos de su definición (art.
I9), y otro, de forma probatoria, surge explícitamente de la ley (art. 11); (d) su for-
mación (art. 49-2); (e) la instrumentación del negocio (art. 11); (f) plazo (arts.
17/18); (g) efectos principales con relación al tomador o asegurado (por ejemplo,
arts. 27/35) y con relación al asegurador (por ejemplo, arts. 49/51 y 61/65); (h) la
consagración de cargas legales en cabeza del asegurado (por ejemplo, arts. 46-1-2
y 3,72-1) y del asegurador (art. 56); (i) régimen sancionatorio convencional, apli-
cable sólo para el supuesto que la ley no haya determinado el efecto derivado de la
inejecución de cargas (art. 36); (j) algunas causales de extinción (por ejemplo, arts.
52, 58 y 82-1).
La ley regula ciertas ramas en particular que corresponden a la clasificación
de los seguros de daños patrimoniales, como ser el seguro de incendio (arts. 85/89),
agricultura (art. 90), granizo (arts. 91/96), helada (art. 97), animales (art. 98), mor-
talidad (arts. 99/108), seguro contra la responsabilidad civil (arts. 109/120), seguro
de transporte (arts. 121/127).
A continuación legisla sobre seguros de personas y, entre ellos, al seguro so-
bre la vida (arts. 128/148), seguro de accidentes personales (arts. 149/152) y seguro
colectivo (arts. 153/156).
Se declara su aplicación a los seguros marítimos y de la aeronavegación "en
cuanto no esté previsto por las leyes específicas y no sean repugnantes a su natura-
leza" (art. 157). El seguro marítimo se halla regulado en laLey de Navegación (arts.
408/470, ley 20.094).
Se regula el contenido del contrato, formulándose una cuádruple clasifica-
ción: normas imperativas por su letra o naturaleza, normas imperativas enunciadas
como tales, normas relativamente imperativas y normas supletorias (art. 158).
El último se dedica al contrato de reaseguro (arts. 159/162).
CAPÍTULO III

PODER DE POLICÍA Y CONTROL DEL ESTADO


SOBRE LA ACTIVIDAD ASEGURADORA

34. Poder de policía. Concepto y finalidades. Control: significado


Ha sido definido como una potestad reguladora del ejercicio de los derechos
y del cumplimiento de los deberes constitucionales de los habitantes '.
Dicha potestad reguladora implica una actividad delimitativa de los derechos
de los particulares, de tal modo que, puede afirmarse, la policía se traduce en po-
testades jurídicas que ejerce el Estado a los fines de compatibilizar los derechos de
los particulares con el bien común 2 .
Básicamente presupone la facultad de reglamentar el ejercicio de los derechos
y obligaciones, por lo que su fundamento constitucional nos remite a la previsión
contenida en el artículo 14 de la Constitución Nacional en tanto establece: "Todos
los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes
que reglamentan su ejercicio...".
El contenido de la ley 20.091 constituye actividad "policial", ejercida por el
órgano legislativo del Estado, a través de una ley reglamentaria de los derechos y
cumplimiento de las obligaciones.
A su vez, dicho cuerpo legal establece que la actividad aseguradora y rease-
guradora "está sometida al régimen de la presente ley y al control de la autoridad
creada por ella" (art. l e , ley 20.091). Esta última es ejercida por la Superintendencia
de Seguros de la Nación (art. 64, ley 20.091). Se trata de una entidad autárquica en
jurisdicción del Ministerio de Economía3.

MARIENHOFF, M. S„ Tratado de Derecho Administrativo, T. IV, Abeledo-Perrot, Buenos Ai-


res, 1992, nro. 1523, pág. 498.
CASSAGNE, J. C , "La limitación de derechos privados por razones de interés público (policía
y poder de policía)", en Cuestiones de Derecho Administrativo, Depalma, Buenos Aires, 1987, pág.
133, quien afirma que el bien común temporal es el que legitima y justifica esta injerencia del Estado
en la vida comunitaria, "intromisión que halla su justificativo racional en el principio de la supleto-
riedad o suplencia".
3
C.S.J.N.,19-VIII-1976,"CórdobaCía.deSeg.c/GobiernoNacional",£D.,69-291;C.S.J.N.,
23-11-1993, "Superintendencia de Seguros de laNación", L.L., 1993-C-265; D.J., 1993-2-530; E.D.,
50 RUBÉN S. STIGLITZ

Lo expresado significa que también constituye actividad "policial" la ejercida


por el órgano "ejecutivo" de gobierno a través de los actos administrativos que dic-
te con fundamento en las funciones reconocidas por la ley reglamentaria (arts. 67
y sigs., ley 20.091). En consecuencia, el ejercicio del poder de policía formalmente
deriva de la ley 20.091, que es un acto de gobierno, en tanto que la actividad policial
que desarrolla la Superintendencia de Seguros de la Nación se ejerce a través de ac-
tos administrativos cuyo fundamento reposa en aquella ley formal4.
El ejercicio del poder de policía por parte del Estado se traduce no sólo en la
sanción de la ley 20.091, reguladora de la actividad aseguradora y reaseguradora,
sino además en el control de cumplimiento de la disciplina legal. De donde el re-
ferido control presupone vigilancia, inspección y fiscalización5, tendiente a encau-
zar una actividad específica, en la que confluyen intereses vinculados no sólo con
las economías privadas, sino con la nacional, la producción en general y la confian-
za pública, en razón de los cuales se ha instituido este sistema de control permanen-
te, que comprende desde la autorización para operar hasta su cancelación 6

35. Fundamentos del control del Estado sobre la actividad


aseguradora. Consideraciones generales
Se tiene expresado que, en materia aseguradora, la regulación estatal apunta
a encauzar una actividad específica, en que convergen intereses vinculados no sólo
con las economías privadas sino con la nacional, la producción en general y la con-
fianza pública, por lo que se hace menester un control permanente que se extienda
desde la autorización para operar hasta la cancelación7.
Las empresas de seguros administran una fuerte masa de capital constituida
por las primas percibidas por cada contrato celebrado (art. 1°, inc. b], ley 20.091).
Esa importante masa de capital se moviliza en función de (a) la brevedad del plazo
de duración en los seguros de daños patrimoniales y (b) la frecuencia siniestral. Si
se trata de seguros de personas, específicamente los de vida, la acumulación de pri-
mas que permanece en poder del asegurador es considerable.
Esos fondos, que tienen como propósito el resarcimiento de un daño o el cum-
plimiento de una prestación convenida si ocurre el siniestro previsto, es preciso que

152-355; C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028


(39.851-S).
4
MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit., T. IV, nro. 1526, pág. 503.
BESSON, A., "Finalitá e modalita del controllo statale", Assicurazioni, ario XXIX, fases. 1/2,
enero-abril 1962, pág. 53.
6
CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Comerciantes Cía. de Seg.", L.L., 1997-B-803 (39.390-S);
CNCom., Sala C, 18-IV-1996, "La Central del Plata S.A.", L.L., 1996-D-734.
7
CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Cía. de Seguros Unión Comerciantes", L.L., 1997-B-803
(39.390-S);D.J., 1998-1-966, SJ 1499; CNCom., SalaB, 12-VI-1998, "Superintendenciade Seguros
de la Nación", D.J., 1998-3-1051; CNCom., Sala C, 18-IV-1996, "La Central del Plata S.A.", L.L.,
1996-D-734; D.J., 1996-2-1196.
DERECHO DE SEGUROS 51

no sean desviados de la función específica para la que se los reserva. En ese sentido
es que se tiene resuelto que es exigencia del control, el de contar con una adminis-
tración eficaz que asegure el debido cumplimiento por el asegurador de las obliga-
ciones contraídas que se concreta en el pago de la indemnización comprometida
mediante una liquidación leal y rápida8.
De allí que sea obligación de las aseguradoras "contar fon registros contables
claros y transparentes y prestar al ente de control la colaboración necesaria para
despejar cualquier duda que pueda surgir de dichos registros", así como "llevar su
contabilidad en forma ordenada, de modo tal que posibilite el ejercicio del poder de
policía estatal en resguardo de la veracidad de las operaciones asentadas y de la sol-
vencia económica financiera de las empresas del ramo" 9.
El Estado, a través del órgano de control, realiza la vigilancia en conside-
ración a la protección que requiere la mutualidad de asegurados que, de lo contra-
rio, se hallaría desprotegida. Y también de los terceros, beneficiarios en ocasiones
de la prestación en los seguros de personas (arts. 128,143,145,146,149 y 153, ley
17.418) o cuando, por su condición de damnificados, adquieren privilegio sobre la
suma asegurada y sus accesorios (art. 118-1, ley 17.418)10.
Para ello, se tiene resuelto, la Superintendencia de Seguros de la Nación tiene
asignadas funciones que deben serle reconocidas con amplitud para apreciar los
complejos factores de datos técnicos que entran en juego en la materia, a fin de sal-
vaguardar los fines que le son propios y el bien común ' i.
Como se advierte, hay un interés público comprometido en la actuación de la
empresa, por lo que el Estado debe ejercer un poder de policía, particularmente in-
tensificado l2.
Y que habrá de acentuarse en la observancia de las normas que reglamentan
los balances y demás estados contables 13.

5
CNCom., Sala A, 20-XI-1992, "Amparo Cía. de Seg.", L.L., 1993-A-374.
9
CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Unión Comerciantes Cía. de Seguros", JA., 1998-1-966, SJ
1499; LL., 1996-B-27; D.J., 1996-1-741.
MOREAU, J., Traite de Droit des Assurances. Entreprises et Organismes d'Assurance (direc-
tion: BIGOT, J.),L.G.D.J.,Paris, 1992, nro. 724, pág. 525, quien afirma qué es indiscutible que el con-
trol de los poderes públicos dentro del sector de los seguros ha nacido y se ha desarrollado con el fin
de que los intereses de los asegurados o beneficiarios se hallen garantizados. Conf. CNCom., Sala A,
20-XI-1992, "Amparo Cía. de Seg.", L.L., 1993-A-374.
11
CNCom.,SalaA,30-XII-1998,"RigolleauS.A.c/SolvenciaCía.deSeg.",L.L„ 1999-B-541;
CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", D.J., 1998-3-1051.
12
Tiene expresado la Corte Suprema de la Nación que el control salvaguarda, primordialmente,
la fe pública y tiene por objeto la seguridad, la moralidad, así como la defensa y promoción de los in-
tereses económicos de la comunidad (C.S.J.N., 19-VIII-1976, "Córdoba Cía. Arg. de Seg.c/Gobiemo
Nacional", E.D., 69-291).
13
CNCom., Sala B, 21-VI-1996, "La Rectora Cía. de Seguros", JA., 1996-IV- síntesis.
52 RUBÉN S. STIGLITZ

Por lo demás, la forma de producir en masa y la función social del seguro jus-
tifican los medios indispensables para salvaguardar los fines del control y el bien
común ínsito en ella I4 .

36. Control del Estado. La autoridad de control.


La Superintendencia de Seguros de la Nación.
Funciones sustanciales
Se legisla sobre la autoridad de control que será ejercida por la Superintenden-
cia de Seguros de la Nación (art. 64), a la que se caracteriza como entidad autárqui-
ca con autonomía funcional y financiera en jurisdicción del Ministerio de Econo-
mía (art. 65), regulándose sus deberes y atribuciones de los que, a solo título
enunciativo, mencionamos:
a) Ejercer las funciones de control asignadas por la ley 20.091 (art. 67, inc. a]).
b) Dictar resoluciones de carácter general y las que sean necesarias para su
aplicación (art. 67, inc. b]).
c) Objetar la constitución, los estatutos y sus reformas, los reglamentos inter-
nos, los aumentos de capital, la constitución y funcionamiento de las asambleas y
la incorporación de planes o ramas de seguro, de todas las entidades aseguradoras
(art. 67, inc. c]).
d) Aplicar las sanciones previstas en la ley 20.091 (art. 67, inc. h]).
e) Fiscalizar la conducta de los intermediarios, peritos y liquidadores no de-
pendientes de los aseguradores, conocer en las denuncias y aplicar sanciones (art.
67, inc. f]).
f) Examinar todos los elementos atingentes a las operaciones de los asegura-
dores y en especial requerir la exhibición general de los libros de comercio y docu-
mentación complementaria (art. 68), obligación que se extiende a los intermedia-
rios, peritos y liquidadores no dependientes de los aseguradores (art. 70).
g) Se crea el Consejo Consultivo del Seguro (art. 77), se establecen los requi-
sitos para ser miembro del mismo (art. 78) y se enuncian sus funciones, esencial-
mente de asistencia y asesoramiento al superintendente (art. 79).
h) Se regula lo referente a los fondos de la autoridad de control, constituidos
por (a) una contribución anual de los aseguradores fijada sobre la base de un por-
centaje de las primas de seguros, (b) una tasa uniforme fijada por el Poder Ejecu-
tivo, establecida sobre la base de un porcentaje de las primas afrontado por los ase-
gurados y recaudada por los aseguradores como agentes de retención, del cual se
destinará el uno por mil de las primas para la formación de un fondo de estímulo
para todo el personal, cualquiera sea la categoría en que reviste, que se distribuirá
anualmente «s, y (c) las multas aplicadas conforme a la ley 20.091 (art. 81).

14
CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", D.J., 1998-3-
1051; CNCom., Sala C, 18-IV-1996, "La Central del Plata S.A.", L.L., 1996-D-734.
Sobre el tema, ha debido pronunciarse la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En el caso,
DERECHO DE SEGUROS 53

37. Control del Estado (continuación). La Superintendencia


de Seguros de la Nación (continuación).
Normas de procedimiento
Se incluyen normas de procedimiento, de las cuales enunciamos las siguientes:
a) Preservándose el principio de bilateralidad, de las observaciones o imputa-
ciones se correrá traslado a los afectados (art. 82-1) por el plazo de diez (10) días,
quienes al contestarlas podrán oponer defensas (inc. a]), acompañar prueba instru-
mental o indicar el expediente, oficina o registro notarial en que se encuentre (inc.
b]), ofrecer prueba testimonial y pericial (incs. c] y d]), e indicar los demás medios
de prueba que se emplearán y su objeto (inc. e]).
b) Las pruebas que se ofrezcan y que sean aceptadas deberán producirse en el
plazo de veinte (20) días. En este último plazo, la Superintendencia podrá "dispo-
ner cualquier medida de prueba, citar y hacer comparecer testigos, obtener infor-
mes y testimonio de instrumentos públicos y privados y producir pericias de cual-
quier naturaleza" (art. 82-6).
c) En la primera audiencia se determinarán los puntos de pericia y se proce-
derá al sorteo de un perito único que se desinsaculará de las listas que anualmente
confeccionará el tribunal de alzada (art. 82-3) '6. Presentada la pericia, la Superin-
tendencia, a pedido de parte o para mejor proveer, podrá citar al perito para dar ex-
plicaciones.
d) Producidas las pruebas, "las partes afectadas, responsables o imputadas"
podrán presentar memorial (art. 86-7).
e) Las decisiones que se dicten durante la sustanciación de la causa son irre-
curribles, "sin perjuicio de que el tribunal de alzada conozca de las cuestiones que
se reproduzcan ante el mismo en el escrito en el que se funde la apelación" (art. 86-
9). La recurrente podrá volver a proponer en la alzada la prueba denegada por la au-
toridad de control. De acogerse la solicitud, las referidas pruebas deberán ser recep-
cionadas por la autoridad de control, quien luego remitirá las actuaciones a la
alzada.
f) Las decisiones definitivas de carácter particular dictadas por la autoridad de
control deben hallarse fundadas (arts. 82-1 y 86-8). Son recurribles ante la Cámara
Nacional en lo Comercial de la Capital Federal (art. 83-1).

en el voto en disidencia de los doctores Petracchi y Boggiano se sostuvo que "el fondo de estímulo"
creado por el artículo 81 de la ley 20.091 en beneficio de los agentes de la Superintendencia de Se-
guros de la Nación constituye un "derecho de-propiedad" en beneficio de aquéllos, del que sólo po-
drán ser privados por una norma de igual jerarquía que así lo disponga, la cual debe ser una ley en sen-
tido formal" (C.S. J.N., 15-VII-l 997, "Levy, H. y otros c/Ministerio de Economía y Superintendencia
de Seguros de la Nación", J.A., 1998-11-305).
Integrado por actuarios, contadores públicos y profesionales universitarios especializados en
la materia. Si las listas de peritos no se hubieran confeccionado se solicitará del tribunal de alzada que
lo designe.
54 RUBÉN S. STIGLITZ

g) El recurso deberá interponerse ante la Superintendencia de Seguros de la


Nación en el plazo de cinco (5) días " desde la notificación. Deberá presentarse en
un memorial fundado. La Superintendencia concederá o denegará el recurso dentro
de los cinco (5) días y, en su caso, elevará el expediente a la Cámara (art. 83-3).
h) Si el recurso de apelación fuese denegado por la Superintendencia de Se-
guros o no se lo proveyese dentro del plazo, el agraviado podrá recurrir directamen-
te en queja ante la Cámara.
i) Las resoluciones de la Superintendencia de Seguros, de carácter general, a
solicitud de parte, son revisables por el superintendente, y su denegatoria recurrible
ante el Poder Ejecutivo. El recurso podrá ser interpuesto por el asegurador o por al-
guna de las asociaciones que los agrupe en el plazo de treinta (30) días, computados
desde su publicación en el Boletín Oficial o desde que la resolución general se haga
pública por cualquier medio (art. 85-1).

38. Sujetos y objeto de control. Su extensión. Primeras


aproximaciones. Colaboración de la empresa
Son sujetos de control las empresas de seguros y las de reaseguros, incluyén-
dose también "a quienes realicen operaciones asimilables al seguro cuando su na-
turaleza o alcance lo justifique" (art. 3°, ley 20.091) 's, y el objeto del control, la ac-
tividad de éstas (art. 1°, ley 20.091), básicamente su régimen económico y técnico
en salvaguarda primordialmente de la fe pública y de la estabilidad del mercado
asegurador i^.
Todo ello requiere de la más absoluta colaboración por parte de las empresas
en favor del ente de control como, por ejemplo, contando con registros contables
claros y transparentes para despejar cualquier duda que pueda surgir de dichos re-
gistros y justificar cualquier operación que, a criterio de aquél, presente aspectos
equívocos 20. De allí que se tenga decidido que "las aseguradoras tienen la obliga-
ción de llevar su contabilidad en forma ordenada, de modo tal que posibilite el ejer-

17
Todos los plazos de las normas procesales introducidas por la ley 20.091 son hábiles.
1o
Sobre el particular, se tiene decidido "que la aplicación del poder de policía se extiende a las
personas físicas e ideales que 'en los hechos' desarrollan actividad aseguradora y reaseguradora, con
o sin la debida autorización, que es a quienes se refiere, necesariamente, el artículo 82, ley 20.091,
cuando menciona a los 'afectados, responsables o imputados', 'pues no lo hace en un sentido material
mediato' sino, más precisamente, con el propósito de individualizar jurídicamente a quienes realizan
actividad aseguradora para concederles personería procesal a fin de defender sus derechos" (CNFed.
Cont. Adm., Sala II, 19-VI-1984, "Badi, E. c/Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L, 1985-
C-638 [36.844-S]; E.D., 112-265).
'^ C.S.J.N., 23-11-1993, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L, 1993-C-265; D.J.,
1993-2-530; E.D., 152-355; C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación",
L.L., 1997-E-1028(39.851-S).
^° CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Unión Comerciantes Compañía de Seguros", JA., 1997-B-
803; L.L., 1996-B-27.
DERECHO DE SEGUROS 55

cicio del poder de policía estatal en resguardo de la veracidad de las operaciones


asentadas y de la solvencia económica financiera de las empresas del ramo 21.
El objetivo mediato está dado por la búsqueda de la más absoluta eficacia en
el funcionamiento de las entidades, a cuyo efecto la intervención del Estado se
asienta sobre varios planos a los que haremos referencia en sucesivos apartados.

39. Sujetos y objeto del control (continuación).


Enunciados de la ley 20.091
El objeto del control se refiere a las materias sobre las que se asienta la fisca-
lización del Estado sobre la actividad aseguradora. Responde al interrogante sobre
qué es lo que se controla 22.
A su tumo, la extensión del control alude a la entidad, alcance o medida de la
vigilancia y responde al interrogante referido a desde cuándo y hasta dónde el Es-
tado ejerce vigilancia.
Finalmente, los sujetos del control son los destinatarios del mismo y responde
al interrogante referido a quiénes se vigila.
Como en ciertos aspectos, todos regulados por la ley 20.091, los tres temas se
superponen, metodológicamente es conveniente su exposición conjunta pues posi-
bilita la siguiente sistematización, simplemente enunciativa, ya que en parágrafos
anteriores {supra, parágs. 35 a 38) algo se ha expresado, más allá de mayores de-
senvolvimientos que habremos de ir intentando en el desarrollo del capítulo (infra,
parágs. 40 a 87):
a) El control se extiende desde la determinación del tipo de las entidades aptas
para operar (art. 2-), la constitución de las sociedades, la fijación de requisitos de
admisibilidad de la autorización para operar (art. 7-), hasta su disolución por revo-
cación (arts. 48 y sigs.) o por liquidación voluntaria (art. 50) o forzosa (arts. 51 y sigs.).
b) Lo que se halla sometido a control es la actividad aseguradora y reasegu-
radora (art. 1°).
c) La actividad aseguradora sólo puede ser ejercida por sociedades anónimas,
cooperativas, de seguros mutuos (art. 2°, inc. a]), sucursales o agencias de socieda-
des extranjeras de los tipos precedentes (art. 2°, inc. b]) y por organismos y entes
oficiales o mixtos, nacionales, provinciales o municipales (art. 2°, inc. c]).

^' CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Unión Comerciantes Cía. de Seguros", L.L., 1997-B-803
(39.390-S).
22
Sobre la cuestión, se tiene decidido que "tanto la concesión como el retiro de la personería de
las sociedades de seguro para funcionar como tales se encuentra fuera de la órbita de la Superinten-
dencia. Ella no puede ni acordar la primera ni disponer lo segundo; su competencia se limita a realizar
la inscripción en el Registro o su eliminación, una vez producido el respectivo acto del superior re-
lativo a la personería" (CNFed. Cont. Adm., Sala II, 12-VI-1972, "Córdoba Cía. de Seg. c/Gobiemo
Nacional", ££)., 67-146).
56 RUBÉN S. STIGLITZ

d) Se extiende, por decisión de la autoridad defiscalización,a quienes realicen


operaciones asimilables al seguro cuando su naturaleza o alcance lo justifique (art. 3--1).
e) Se halla sometido a control la publicidad realizada por "quienes directa o in-
directamente anuncien en cualquier forma u ofi^ezcan celebrar operaciones de seguros
sin hallarse autorizados para actuar como aseguradores...". En ese caso, se habilita a la
autoridad de control para la aplicación de una multa a quien incurra en la acción anti-
jurídica. En cuanto a los contratos celebrados "sin la debida autorización", serán nulos
y la multa se elevará al doble, "sin perjuicio de la responsabilidad en que incurran res-
pecto de la otra parte en razón de la nulidad" (art. 61, ley 20.091) ^3.

40. Control del Estado sobre la actividad aseguradora.


Requisitos de la autorización para operar
Se regulan las condiciones (requisitos) de autorización para operar, de los que,
por su trascendencia en punto a los objetivos que se trata de preservar, rescatamos:
a) Deben tener como objetivo exclusivo efectuar operaciones de seguro 24 y
haber integrado un capital mínimo cuyo importe lo fija la autoridad de control (arts.
T-, incs. b] y c]) y 30);
b) Deben hallarse inscriptas en el Registro Público de Comercio, lo que pre-
supone la pertinente autorización para operar (art. 8--1-2 y 3);
c) Someterse al control de la Superintendencia de Seguros de la Nación (art. 8--9).
d) Se determina que las empresas sólo podrán operar en las ramas para las que
se hallen autorizadas.
e) A esos efectos la autoridad de control debe aprobar los planes de seguros,
así como sus elementos técnicos y contractuales (art. 23-1 y 2). Los planes deben
contener el texto de la propuesta de seguro y el de la póliza (art. 24, inc. a]); las pri-
mas y sus fundamentos técnicos (art. 24, inc. b]); las bases para el cálculo de las re-
servas técnicas (art. 24, inc. c]).

^^ CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", D.J., 1998-3-


1053, por el que, confirmando el pronunciamiento de la autoridad de control, se aplicó una multa al
"Centro Jurídico Argentino" con fundamento en que anunciaba celebrar operaciones "de naturaleza
propia de un contrato de seguro".
En ese sentido se tiene decidido que la concertación de préstamos no sólo no es una actividad
comprendida en su objeto, sino que le está expresamente vedada pues no es una entidad financiera.
Los contratos con sus directores son nulos y, por ende, no pueden ser salvados por una posterior ra-
tificación asamblearia, pues ello sólo puede ocurrir en relación a negocios comprendidos en el objeto
social (CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Unión Comerciantes Cía. de Seg.", L.L., 1996-B-27; D.J.,
1996-1-741.
DERECHO DE SEGUROS 57

41. Fundamentos del control del Estado sobre la actividad


aseguradora. Los "elementos contractuales"
Otra de las principales razones que justifican la fiscalización del Estado sobre
las empresas de seguros, se halla vinculada a la aprobación de "elementos contrac-
tuales" (sic), entre ellos el texto de la propuesta y de la póliza de seguros (arts. 23-2,
24, inc. a]) y 25-1, ley 20.091), pues es función de la Superintendencia de Seguros
de la Nación ejercer el control de legitimidad (art. 25-1, ley 20.091), equidad (art.
25-2, ley 20.091) y claridad (art. 11-2, L.S.) de los textos que instrumentan el con-
trato. Esta vigilancia es indispensable en un contrato que, como el de seguro, porta
un contenido predispuesto por la empresa controlada, lo que presupone un desequi-
librio genético formal, sólo factible de ser bloqueado por el ejercicio de un control
efectivo y conducente realizado desde afuera del contrato por la autoridad de con-
trol. Y que, ulteriormente, no obsta al control judicial 25.
De allí que se venga sosteniendo que las características particulares que pre-
senta el contrato de seguro "justifican la presencia de una autoridad de control, la
cual debe extremar su celo moderador en el análisis de las condiciones contractua-
les de aquél, para que los intereses legítimos de los asegurados no sean vulnerados
y para que tal contrato cumpla con el objeto fin social que debe satisfacer como acto
jurídico" 26.
Sobre el particular, se tiene expresado que "el asegurado debe ser considerado
como un débil jurídico frente al asegurador, por lo que es necesaria la observancia
de un orden público-económico de protección" y que sobre dichas bases "debe rea-
lizarse un control sobre las cláusulas abusivas " 27.

42. Control del Estado sobre el contenido


de los documentos contractuales
Ya hemos expresado sobre la cuestión que el Estado debe ejercer un control
particularmente intensificado sobre el contenido de los documentos contractuales
destinados a potenciales consumidores (propuesta y póliza) y que deben ser presen-
lados por los aseguradores a la Superintendencia de Seguros de la Nación para ser
aprobados (arts. 23-2, 24, inc. a]) y 25-1-2 y 3, ley 20.091). De lo expuesto resulta

^^ CNCom., Sala B, 25-X-1995, "Bascher, J. c/Omega Coop. de Seguros" (inédito), donde se


sostuvo que las experiencias recogidas de la vida diaria nos demuestran que es conveniente llevar a
cabo el control judicial.
^ CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", D.J., 1998-3-
1051; CNCom., Sala C, 18-IV-1996, "La Central del Plata S.A.", L.L., 1996-D-734; D.J., 1996-2-
1196.
27
Conclusiones de la Comisión 2 del II Congreso Argentino de Derecho del Consumidor (Ro-
sario, 11 al 13-V-1994). Firmantes: A. A. ALTERINI; G. A. SxiGLrrz; A. M. MORELLO; R. M. LÓPEZ
CABANA; R. S. STIGLITZ; R. L. LORENZETTI, y otros, en Derecho del Consumidor, Juris, Rosario,
1994,nro. 5,pág. 115.
58 RUBÉN S. STIGLITZ

(a) que, antes de su aprobación, los aseguradores se hallan impedidos de hacer circular
los expresados instrumentos, lo que implica que no pueden ser utilizados como docu-
mentos contractuales, ya sea como oferta, integrando o no una publicidad, ni instru-
mentar contratos, pues la falta de aprobación obsta a un perfeccionamiento válido. Lo
expuesto se hace extensivo a la prohibición de operar con textos modificados de pó-
lizas aprobadas sin que, a su vez, se haya aprobado la alteración ^s.
Por lo demás (b), la aprobación de los documentos contractuales sólo significa
una visa administrativa, un reconocimiento o certificación por el Estado, de la con-
formidad del texto sometido a su aprobación con las normas legales, de la inexis-
tencia de objeciones 29, lo que la constituye en un control administrativo previo de
claridad, legibilidad, equidad y legitimidad. A él se refiere el artículo 25-1, ley
20.091, cuando establece que "el texto de las pólizas deberá ajustarse a los ar-
tículos 11, segunda parte y 158 de la ley 17.418 y acompañarse de opinión letrada
autorizada" 3o.
A ello cabe añadir (c) que el control de legitimidad presupone, paralelamente,
un control de equidad expresamente previsto por el artículo 25-2, ley 20.091: "La
autoridad de control cuidará que las condiciones contractuales sean equitativas" 3'.
d) El control administrativo previo sobre el texto de las propuestas y pólizas
no obsta a la potestad jurisdiccional de control sobre el contenido de los instrumen-
tos contractuales. En ese sentido se tiene decidido que el Poder Judicial tiene la po-
testad de revisar las pólizas aprobadas por la autoridad administrativa, pues la Su-
perintendencia de Seguros de la Nación, que posee facultades suficientes para
dictar la normativa genérica en relación con los contratos de seguros y para aprobar
pólizas (arts. 24, 25 y 67, inc. b], ley 20.091), realiza una revisión que no limita el
accionar de la justicia y, por otra parte, no existe norma alguna que prohiba a los
magistrados pronunciarse en cuestiones de este tipo. Además, las experiencias

De allí que, acertadamente, se haya dispuesto sancionar a una aseguradora que modificó la co-
bertura del seguro de responsabilidad civil para médicos, estableciendo una exclusión de riesgo (con-
tagio de sida) sin autorización de la autoridad de control (CNCom., Sala B, 29-IV-1996, "Mapire
Aconcagua Cía. de Seguros ante Superintendencia de Seguros de la Nación s/verificación de pólizas
de responsabilidad civil por mala praxis médica", D.J., 1998-1, ejemplar del 7-1-1998.
^' LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 125, pág. 107; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro,
46, pág. 338; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro contra la Responsabilidad Civil, Abeledo-Pe-
rrot, Buenos Aires,! 994, nro. 48, pág. 103, donde sostenemos que la aprobación administrativa de las
condiciones de póliza no implica alterar su naturaleza contractual ni obstan al control judicial.
El "ajuste" de las pólizas a que se refiere el artículo 11-2, Ley de Seguros está referido a la "re-
dacción clara y fácilmente legible". A su tumo, el artículo 158, Ley de Seguros, contiene una cuádru-
ple clasificación de las normas legales de la Ley de Seguros: a) imperativas por su texto o naturaleza,
sin enunciación de artículos; 2) imperativas con enunciación de los artículos; 3) relativamente impe-
rativas; y 4) supletorias, de las cuales rescatamos por la trascendencia que adquiere el control de con-
tenido, a las dos últimas.
TI

El tema se halla inescindiblemente vinculado al contenido del contrato y al control sobre las
cláusulas abusivas, para cuyo examen remitimos (infra) al lector al Capítulo XV, parágs. 342/345 y
al Capítulo XVI, parágs. 364, 369/371.
DERECHO DE SEGUROS 59

recogidas de la vida diaria nos demuestran que es conveniente llevar a cabo este
control en las causas en que la situación se plantea, ya que las normas de carácter
genérico, en ciertas ocasiones, deben ser adecuadas conforme al criterio de equidad
para que realmente resulten justas en los casos concretos 32.

43. Control del Estado sobre el contenido de los documentos


contractuales (continuación). Legitimidad, equidad,
claridad y legibilidad
Con relación a las pólizas, sólo serán aprobadas aquellas cuyo contenido se
ajuste a lo que determinan los artículos 11-2 y 158, Ley de Seguros.
a) Con referencia a la primera de las disposiciones citadas, se deduce que la
conformidad requerida por el artículo 25-1, ley 20.091, entre el texto de las pólizas
y la Ley de Seguros está acotada, esencialmente, no sólo al enunciado que suminis-
tra el artículo 11-2, Ley de Seguros, sino, además, a su redacción clara y fácilmente
legible (control de claridad y legibilidad) 33.
Y el segundo ajuste, el que debe existir entre la póliza y el artículo 158, se re-
laciona no sólo con la naturaleza de las normas que ineludiblemente debe contener
el instrumento contractual (normas imperativas enunciadas o, aunque no enuncia-
das, las que conservan dicho carácter por su texto o esencia) sino, además, con el
texto de las normas relativamente imperativas, que son aquéllas sólo modificables
en favor del asegurado (art. 25-1) (control de legitimidad).
Al respecto se tiene resuelto que "debe realizarse un control sobre las cláusu-
las abusivas ejercitable en sede administrativa (preventivo) y judicial teniendo en
consideración la necesidad de estimular el acceso al aseguramiento, los fines del
instituto y la función jurídico-económica social que persigue. Este control adminis-
trativo debe ser real y efectivo, siendo inadmisible que la autoridad de control es-
tablezca o apruebe pólizas que incluyan cláusulas abusivas como ocurre actual-
mente..." 34.
b) El control de la Superintendencia de Seguros se extiende a las "condiciones
contractuales", cuidando de que "sean equitativas" (art. 25-2: control de equidad)
y que sean redactadas en idioma nacional, salvo las de riesgo marítimo (art. 25-3).

^^ CNCom., SalaB, 25-X-1995, "Bascher, J. c/OmegaCoop. de Seg.", [inédito]).


^^ CNCom., Sala A, 30-XII-1998, "RigoUeau S.A. c/SolvenciaCía. de Seg.", L.L., 1998-B-541.
Conclusiones del II Congreso Argentino de Derecho del Consumidor (Rosario, 11 al 13-V-
1994z). Firman: A. A. ALTERINI; G . A. STIGLITZ; A. M. MORELLO; R. M . LÓPEZ CABANA; R. S. STI-
GLnz; R. L. LoRENZETTi, y otros, en Derechos del Consumidor, cit., nro. 5, pág. 115.
60 RUBÉN S. STIGLITZ

44. Fundamentos del control del Estado sobre la actividad


aseguradora (continuación). Las primas
y sus fundamentos técnicos
Otro de los aspectos esenciales del control ejercido por la Superintendencia de
Seguros de la Nación se refiere a las primas y sus fundamentos técnicos (art. 24, inc.
b], ley 20.091), tendiendo a que las mismas sean "suficientes para el cumplimiento
de las obligaciones del asegurador y su permanente capacitación económico-finan-
ciera". Lo contrario, la insuficiencia del fondo de primas, importaría un grave com-
promiso a la solvencia de la entidad controlada y, con ello, a su función específica,
la de afrontar las indemnizaciones o prestaciones convenidas, con la consiguiente
pérdida de confianza de los interesados, que improbablemente adviertan o reparen
en la estabilidad de la empresa, dado su complejo mecanismo 35.
Y, desde la perspectiva opuesta, la autoridad de control debe fiscalizar que
las primas no asuman categorí'a de abusivas o "arbitrariamente discriminatorias"
(art. 26-3, ley 20.091), debiendo calcularse técnicamente conforme a la intensi-
dad de cada riesgo y sólo adicionársele lo suficiente para afrontar el costo empre-
sario, el fondo de reservas y las utilidades para alcanzar, al cabo, la prima comercial
o de tarifa ^s.

45. Fundamentos del control del Estado sobre la actividad


aseguradora (continuación). El proceso liquidatorio
de las entidades. Primeras aproximaciones
También en el dilatado espacio asignado al control del Estado sobre la activi-
dad aseguradora se incluye su intervención en todo el proceso liquidatorio de las
empresas, voluntario, judicial o coactivo. En ese sentido se tiene expresado que la
Superintendencia de Seguros de la Nación es quien liquida a las aseguradoras y lo
hace con las atribuciones del Síndico de la ley 19.551 (hoy 24.522), que en las quie-
bras liquidativas es precisamente un liquidador 37.
En este caso, los fundamentos son los comunes a toda liquidación administra-
tiva. La empresa aseguradora es una categoría intermedia entre las empresas mera-

^^ CASTILLO, R., Curso de Derecho Comercial, T. IV, Buenos Aires, 1950, pág. 24; STIGLITZ, R.
S. - MALLO RIVAS, A., "Control del Estado sobre la actividad aseguradora. Limitación de la libertad
ambulatoria del fallido y sus administradores", LL, 1981-C-9.
^* FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. II, pág. 412; ZAVALA RODRÍGUEZ, C. J., Código de Co-
mercio Comentado, T. II, Depalma, Buenos Aires, 1979, nro. 1656, pág. 358.
^^ Cám. Civ. y Com. Rosario, Sala 1-, 4-VII-1995, "Industria y Comercio Cía. Arg. de Seg.",
J.A., 1998-1 V-síntesis, donde se sostuvo "que en modo alguno se puede extraer del texto legal que la
Superintendencia limita sus atribuciones (y deberes) a 'proponer' o 'designar' síndico. Ella es el sín-
dico, aunque la actividad se despliegue a través de personas físicas delegadas".
DERECHO DE SEGUROS 61

mente privadas y los servicios públicos. Se trata de empresas reglamentadas 38, o


bien empresas privadas que afectan intereses públicos 39.
La dimensión de estos últimos da la medida de la regulación estatal y, por
ende, de la extensión del control. Y precisamente, la actividad en examen se carac-
teriza no sólo por la multiplicidad de intereses enjuego, expresada en la mutualidad
de asegurados y en la masa de primas sino, además, en la repercusión que en la eco-
nomía nacional puede generar un desequilibrio económico-financiero de las enti-
dades. De allí la necesidad de que el Estado, a través de la autoridad de control, deba
intensificar el ejercicio del poder de policía 'f.
Lo expuesto significa que la magnitud de los intereses comprometidos hace
ineludible el desenvolvimiento de la actividad con sujeción a los controles particu-
larmente intensificados y a las restricciones establecidas por la autoridad de control
con vistas a la debida tutela del bien común.
De lo hasta aquí expresado surge, en una primera aproximación al tema, el
porqué de la intervención del Estado al extremo de vigilar si la autorización conce-
dida para operar (art. 7°, ley 20.091) debe ser revocada por alguna de las causales
previstas en el artículo 48, ley 20.091, y hasta implementar un procedimiento para
hacerla efectiva (arts. 82/87, ley 20.091), y que concluye con la intervención de la
autoridad de control en el proceso de liquidación. Esta etapa exhibe, muy elocuen-
temente, el interés público comprometido, dado acumulativamente por el relieve
de la actividad anormalmente ejercida, por el poder expansivo del daño a la mutua-
lidad de asegurados y a terceros y por la repercusión del mismo en el cuadro general
de la economía nacional, conforme la importancia de cada entidad ^i.

^* VILLEGAS BASAVILVASO, B., Derecho Administrativo, T. III, Tea, Buenos Aires, 1951, pág. 48.
^' C.S.J.N., 28-IV-1922, "Ercolano, A. c/Lanteri, R.", Fallos: 136-161 y 172, donde se adelantó
la tesis de que "la dedicación de la propiedad privada a objetos de intenso interés público y las con-
diciones en que ella es explotada, hacen necesaria la intervención del Estado con una extensión y una
profundidad mayores que las ordinarias".
Esta concepción, insinuada en el caso "Ercolano", citada en nota precedente, fue desarrollada
en 1934 por la Corte de la Nación en "Compañía Swift de La Plata y otros". Apoyándose en prece-
dentes norteamericanos surgidos después de la Primera Guerra Mundial, nuestra Corte señaló la exis-
tencia de "industrias lato sensu que afectan intereses públicos dignos de regulación previsora" y de-
claró que la naturaleza de ellas hace necesario el acrecentamiento de la potestad de control del Estado
{Fallos: 171-348) y dos días más tarde, en la sentencia dictada en "Frigorífico Anglo S.A.", el tribunal
se refirió a las situaciones en que "el interés público exige la intervención de la autoridad estatal para suplir
la acción defensiva" de los particulares y "en defensa de la economía nacional" {Fallos: 171 -366). La tesis
jurisprudencial de la Corte de la Nación quedó definitivamente afirmada y completada diez años más tarde
en el caso "Inchauspe'' al enunciar la regla ya expuesta según la cual' 'la medida de los intereses y principios
de carácter público a tutelar, determinará la medida de la regulación en cada caso", y citó la opinión del juez
Roberts —de la Suprema Corte de los Estados Unidos— en el caso "Nebia", donde se sostuvo que, la de
los business affected with a public interest, no es una categoría cerrada sino que va ensanchándose en tanto
y en cuanto lo exigen los intereses sociales razonablemente interpretados por el Congreso (C.S.J.N.,
l-IX-1944, "Inchauspe, P. c/Junta Nac. de Granos", L.L., 36-701 y sigs.).
SATTA,S.Jnstitucionesdelderechodequiebra,Eita,Buenos Aires, 1951,nro. 208,pág. 521;
VARANGOT, C. J., "Liquidación administrativa de tipo concursal", E.D., 32-891.
62 RUBÉN S. STIGLITZ

Si bien en este apartado hemos expuesto, brevemente, algunos de los funda-


mentos que explican el porqué del control del Estado, advertimos en todos ellos un
denominador común: la protección de los asegurados y terceros y de la fe públi-
ca 42. O, mejor dicho, la protección de los asegurados y terceros constituye la ra-
zón esencial que justifica la vigilancia por la autoridad estatal de la vida de la
empresa de seguros, desde la aprobación de la misma para operar como tal, hasta
su disolución 43.

46. Control del Estado (continuación). El proceso liquidatorio


(continuación). Liquidación por disolución voluntaria y forzosa
Se regula la liquidación por disolución voluntaria (art. 50) resuelta por el asegu-
rador o la forzosa, consecuencia de la revocación (art. 51-1), aplicándose en el caso,
sustitutivamente, las disposiciones de los concursos comerciales para las quiebras,
atribuyéndose a la autoridad de control las atribuciones del síndico (art. 52-1).
En efecto, la Superintendencia de Seguros de la Nación, es quien liquida a las
aseguradoras y lo hace con las atribuciones del síndico de la ley 24.522, que en las quie-
bras liquidativas es, precisamente, un "liquidador" y, como tal, interviene en todo
el proceso liquidatorio voluntario, judicial o coactivo de los asegurados 44.

47. Control del Estado sobre la actividad aseguradora


(continuación). Preservación del fondo de primas
y el pago de los siniestros
Los fundamentos técnicos del seguro sobre los cuales nos hemos detenido en
el capítulo inicial inciden no sólo sobre la estructura de la empresa sino, también,
sobre el contrato. O dicho de otro modo, la relación negocial recibe la impronta de
los fundamentos técnicos sobre los que reposa la operación jurídico-económica. Lo
que implica que, controlando (vigilando) la observancia de los principios en que se
fundamenta el seguro, se preserva la estabilidad del contrato.
Es que no puede pasar desapercibido que, por esencia (por naturaleza), el se-
guro es un contrato caracterizado por la circunstancia que, así como la obligación
principal del asegurado se ejecuta al tiempo del perfeccionamiento del contrato (de
contado) o en cuotas mediante el pago de una suma de dinero que incluye la carga
financiera, la obligación principal del asegurador se halla condicionada a la reali-
zación del riesgo (siniestro) o a término, según se trate de seguro de daños patrimo-

^^- C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", E.D., 163-340.


LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 564, pág. 577), quien acertadamente señala que la na-
turaleza particular de la actividad del seguro exige que la garantía que fue prometida sea mantenida,
en tanto sea posible.
'^ CCiv. y Com. Rosario, Sala 1-, 4-VII-1995, "Industria y Comercio Cía. Arg. de Seg.", JA.,
1998-1 V-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 63

niales o de personas, respectivamente. Ello significa que los compromisos del ase-
gurador deben cumplirse en el futuro '^^, y ello es lo que justifica y explica la con-
formación de un importante fondo de primas, cuyo destino concreto lo constituye
el pago de los siniestros.
Lo que significa que sólo si se cumple la condición (evento dañoso) o se al-
canza el término (habitualmente distante en el tiempo), el asegurador deberá afron-
tar el pago de su obligación. Caso contrario, nada adeudará y así acrecentará sus re-
cursos. De allí que se hace ineludible que el control apunte a la inmutabilidad del
destino del fondo de primas, que, como quedó expresado, no es otro que el pago de
los siniestros. Es por ello que se requiere la implementación de un riguroso sistema
de control de gestión que preserve la situación financiera de la empresa en orden a
los compromisos contraídos. Lo que presupone la constitución de reservas que im-
portan la garantía esencial de asegurados y terceros. Lo hasta aquí expresado podría
sintetizarse afirmando que la prioridad del control se focaliza en el plano financiero
y tiene por finalidad principal preservar la solvencia de las empresas afinde que, a tra-
vés de una gestión eficaz de los capitales que les son confiados por los asegurados, es-
tén siempre en condiciones de afrontar sus obligaciones de pago de siniestros ^e.
Por añadidura, al Estado no le debe pasar inadvertida la trascendencia que im-
plica la considerable acumulación de capitales en empresas de seguros, dado que
representan parte del ahorro público y, por ende, también por esa razón debe ser vi-
gilado su destino.
Como consecuencia de lo expuesto cabe señalar que el control del Estado
apunta, como finalidad principal, a la situación financiera de las empresas para que
la solvencia de éstas aproveche, genéricamente, a sus acreedores: asegurados, be-
neficiarios y terceros, por ejemplo, en el seguro contra la responsabilidad civil (art.
118-1, L.S.) 47.
Finalmente, la preservación de la situación financiera de la empresa tiende a
que la empresa aseguradora cuente con fondos líquidos disponibles en lo inmediato
para hacer frente a sus obligaciones y evitar así que el déficit financiero, por su per-
manencia, se traslade a lo patrimonial ^8.

''^ PICARO, M . - BESSON, A., LesAssurances...,át., T. 11, nro. 631, pág. 133.
''* MOREAU, J., Traite..., cit., nro. 724, pág. 526.
Apuntan con razón Picard y Besson que ese control debe acentuarse en los seguros obligato-
rios, ya que si el Estado impone a los particulares la obligación (de fuente normativa) de tomar un se-
guro contra determinados riesgos, a él le corresponde adoptar las medidas que tiendan a la efectividad
y conducencia del deber legal (conf.,CNCom.,SalaC,18-IV-1996, "La Central del Plata S.A.",L.L.,
1996-D-734; O./, 1996-2-1196).
^ CNCom.,SalaC, 15-V-1995,"AncoraCía.deSeguros",L.L., 1996-A-386;D.7., 1995-2-505,
donde se afirmó que el saldo que se registra a favor de la aseguradora en la cuenta corriente con el Ins-
tituto Nacional de Reaseguros no constituye un fondo de inmediata disponibilidad que pueda ser to-
mado en cuenta en la determinación de su situación financiera, pues no se trata de sumas líquidas con
las que la entidad pueda solventar directamente sus compromisos.
64 RUBÉN S. STIGLITZ

48. Control del Estado (continuación). Control de gestión


Se establecen criterios normativos de gestión de las empresas aseguradoras,
de los cuales, por su importancia, destacamos los siguientes:
a) Se establece, con carácter uniforme, el monto del capital mínimo y normas
que preserven su integridad (arts, 30-1 y 2,31-1 y 2), como ser la indisponibilidad
de las inversiones por monto equivalente a las reservas constituidas para afrontar
las obligaciones, hasta tanto sean cumplidas las medidas de regularización y sanea-
miento (art. 31-3) o, en su defecto, para cuando las pérdidas alcancen el 30% del ca-
pital mínimo se ordenará a la empresa que se abstenga de celebrar nuevos contratos
en todas o algunas de las ramas, hasta tanto el capital alcance el mínimo (art. 31-4).
b) La autoridad de control determinará con carácter general y uniforme las re-
servas técnicas y de siniestros pendientes que corresponda constituir en la medida
que sean necesarias para atender el cumplimiento de sus obligaciones con los ase-
gurados (art. 33-1) y el de reserva legal (art. 43).
c) Se enuncian las inversiones factibles de ser realizadas por las empresas: re-
servas técnicas, de siniestros y depósitos en garantía (art. 35).
d) Se regula lo relativo a la administración y balances de las empresas some-
tidas a control, estableciendo, a título de ejemplo:
e) La obligación de asentar sus operaciones en los libros y registros que esta-
blezca la autoridad de control, debiendo conservar la documentación referente a los
contratos de seguros durante un plazo mínimo de diez años de vencidos (art. 37).
f) La obligación de presentar a la autoridad de control con una antelación de
treinta (30) días a la celebración de la asamblea la memoria, balance general, cuenta de
ganancias y pérdidas e informe de los síndicos o del consejo de vigilancia (art. 38).
g) La obligación de publicación del balance anual (art. 40-2).
h) Se establecen los recaudos necesarios para la fusión de empresas de seguros
o la cesión total o parcial de cartera (art. 46), destacándose, en este último caso, la
necesidad de presentar a la autoridad de control el proyecto de contrato proyectado
y su publicación por edictos (art. 47-1).

49. Control del Estado (continuación). Publicidad


Se legisla sobre publicidad en tres disposiciones, de las que rescatamos por su
trascendencia:
a) Aquella por la que se establece que las expresiones seguro, asegurado, ase-
gurador o expresiones típicas o características de las operaciones de seguro, no pue-
den ser usadas en los nombres comerciales o enseñas por quienes no estén autori-
zados como aseguradores (art. 56-1).
b) Otra por la que se prohibe la publicidad que contenga informaciones fal-
sas, capciosas o ambiguas o que puedan suscitar equívocos sobre la naturaleza
de las operaciones (por realizar o ya formalizadas), la conducta o situación eco-
nómico-financiera de un asegurador o respecto de los contratos que celebre, así
DERECHO DE SEGUROS 65

como el empleo de medios incorrectos o susceptibles de inducir a engaño para la


obtención de negocios (art. 57-1).
c) Y finalmente, y con fundamento en lo dispuesto por el artículo 61-1, ley
20.091, se sanciona a quienes "anuncien en cualquier forma u ofrezcan celebrar
operaciones de seguros sin hallarse autorizados para actuar como aseguradores...".
En ese caso la mera publicidad es penada con una multa y si como consecuencia de
ella se celebran contratos de seguro, los mismos "serán nulos" y el importe de la
multa anterior se duplica (art. 61-2, ley 20.091) •*9.

50. Control del Estado (continuación). Régimen sancionatorio


Se consagra un sistema sancionatorio y las causas que le dan origen, como ser
la revocación para operar fundada, por ejemplo, en la pérdida del capital mínimo
(art. 48, inc. b]), con el efecto consistente en la disolución automática (art. 49).
En efecto, se disciplina todo un régimen sancionatorio sustentado en las si-
guientes pautas:
(a) se aplica para cuando el asegurador infrinja la ley 20.091, sus reglamenta-
ciones o cuando no cumpla las medidas dispuestas en su consecuencia por la auto-
ridad de control, y de ello resulte (b) el ejercicio anormal de la actividad asegura-
dora, o una (c) disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador,
o un (d) obstáculo real a la fiscalización.
Se dispone que las sanciones que se habrán de referir se gradúen razonable-
mente 50 según la conducta del asegurador, la gravedad y la reincidencia y se las
enuncia de menor (gravedad) a mayor: (1) llamado de atención; (2) apercibimiento;
(3) multa; (4) suspensión de hasta tres meses para operar en una o más ramas au-
torizadas; (5) revocación de la autorización para operar como asegurador, en los ca-
sos de ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminución de su capacidad
económico-financiera (art. 58).
Se establece un sistema sancionatorio genérico aplicable a quienes directa o
indirectamente (a) anuncien en cualquier forma u ofrezcan celebrar operaciones de
seguros sin hallarse autorizados para actuar como aseguradores de acuerdo con la
ley 20.091, en cuyo caso al infractor se le aplicará multa; (b) se prevé la nulidad de
aquellos contratos de seguro celebrados sin la debida autorización 5', en cuyo caso
la multa se eleva al doble sin perjuicio de la responsabilidad en que incurran respec-

"' CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de ]a Nación", D.J., 1998-3-


1053.
^° C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", £•.£>., 163-994.
La disposición responde a dos hipótesis: (a) la de quien pretende operar como asegurador sin
hallarse autorizado (art. 2-, infine, ley 20.091) y (b) la del asegurador autorizado para actuar como tal,
pero carente de autorización para operar en una rama determinada. Recordemos que el artículo 23 de
la ley 20.091 establece que "las aseguradoras no podrán operar en ninguna rama de seguro sin estar
expresamente autorizadas para ello".
66 RUBÉN S. STIGLITZ

to de la otra parte en razón de la nulidad. Los supuestos expresados precedentemen-


te son "contratos celebrados al margen de la ley" (art. 61), con el aditamento de que
si la infractora fuera una sociedad anónima, cooperativa o mutual, sus directores,
administradores, síndicos o integrantes del consejo de vigilancia, en su caso, y ge-
rentes serán solidariamente responsables por las multas y consecuencias de la nu-
lidad de los contratos celebrados.

51. Control del Estado (continuación). Régimen sancionatorio.


El ejercicio anormal de la actividad aseguradora
En cuanto al ejercicio anormal de la actividad aseguradora, la Corte Suprema
de Justicia de la Nación tiene expresado que "el legislador, al establecer las sancio-
nes que corresponde aplicar ante incumplimientos del asegurador, dotó a la auto-
ridad de control de cierto poder discrecional en la formación del juicio valorativo
que exige la graduación razonable de la sanción", agregándose que la estimación
por parte de la Superintendencia de Seguros del presupuesto fáctico definido por el
artículo 58, inciso d) de la ley 20.091 contiene un elemento fuertemente discrecio-
nal en el caso de "ejercicio anormal de la actividad aseguradora",/^weí ningún pa-
trón legal califica de modo exhaustivo el criterio de "normalidad" que la Superin-
tendencia debe exigir en resguardo del objetivo primordial de protección de la fe
pública 52.
Por lo demás, tiene expresado la Corte Suprema de Justicia de la Nación que
la calidad de "anormal" no está definida en el tipo sino que debe determinarse en
el caso concreto, tras la ponderación del plexo normativo total vigente en el tiempo
crítico para regir la actividad de que se trate. Para ello la Superintendencia de Se-
guros de la Nación dispone de "cierto poder discrecional" ya que "la frontera entre
lo regular y lo anormal... contiene una estimación subjetiva por parte de la autori-
dad de control" 53.
En los hechos, se tiene decidido que constituye "ejercicio anormal de la acti-
vidad aseguradora" haber denunciado a un asegurado por tentativa de estafa y falsa
denuncia, cuando posteriormente fue absuelto 54, o haber concluido operaciones de
seguro, percibiendo primas inferiores a las mínimas establecidas por resoluciones
generales de la Superintendencia de Seguros de la Nación 55.

'^ C.S.J.N., 13-XI-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", LL, I997-E-Í028


(39.851-S);£D., 163-340.
'^ C.S.J.N., 13-XIM994,"Superintendenciade Seguros de laNación",^./)., 163-340; C.S.J.N.,
17-XI-1994, "San Cristóbal Sociedad Mutual de Seguros Generales", LL, 1995-B-285.
^'^ CNCom., Sala B, lO-VIII-1998, "La Buenos Aires Cía. de Seg.", L.L., 1999-B-74.
^^ C.S.J.N., 17-XI-1994, "San Cristóbal S. M. de Seguros Generales", L.L., 1995-B-285.
DERECHO DE SEGUROS 67

52. Control del Estado (continuación). Auxiliares del asegurador


Con relación a la intervención de auxiliares se establece una norma general de
actuación: "Los productores, agentes, intermediarios, peritos y liquidadores de se-
guros están obligados a desempeñarse conforme a las disposiciones legales y a los
principios técnicos aplicables a la operación en la cual intervienen y a actuar con
diligencia y buena fe" (art. 55). Y para ellos se consagra un sistema sancionatorio,
graduable según las funciones del infractor, la gravedad de I a falta y la reincidencia,
para cuando violen la precedente obligación o para cuando no suministren los in-
formes que les requiera la autoridad de control en el ejercicio de sus funciones; san-
ciones que, de menor a mayor, son las siguientes: (a) llamado de atención; (b) aper-
cibimiento; (c) multa; (d) inhabilitación de hasta cinco (5) años (art. 59); (e) arresto
de uno (1) a seis (6) años e inhabilitación por doble tiempo de la condena para aque-
llos que no entreguen a su debido tiempo al asegurador las primas percibidas (art. 60).

53. Control del Estado y protección del asegurado como


consumidor (usuario) de coberturas asegurativas
Una reflexión inicial sobre lo hasta aquí expuesto nos conduce a señalar que el
asegurado es (debería ser) el beneficiario fmal del control que ejerce el Estado sobre la
actividad aseguradora. Para ello habrá que partir de un presupuesto que parece incontro-
vertible: aquél no se halla informado ni está en condiciones de apreciar la situación fi-
nanciera del asegurador. Lo que sí sabe, o debería saber, es que el seguro es una de las
actividades controladas por el Estado y, precisamente por ello, confía (o debería con-
fiar) en que el control sea efectivo (real, verdadero, serio) y conducente al manteni-
miento en el mercado de (a) entidades financieramente responsables de sus obligacio-
nes y (b) que ofrecen masivamente contratos instrumentados con claridad y equidad s^.
Ello significa que la vigilancia del Estado debe privilegiar, dada su trascen-
dencia, el control financiero de solvencia de la empresa y la fiscalización (control
jurídico) sobre el contenido del instrumento contractual (la póliza). El primero no
sólo apunta a la preservación del fondo común con el que el asegurador habrá de
afrontar sus compromisos sino, además, con la observancia en tiempo oportuno de sus
obligaciones. De allí que se tenga expresado que "si una empresa de seguros demo-
ra injustíficadamente el procedimiento de liquidación como un medio de 'política
comercial', no cumple con la función que se le ha otorgado mediante la concesión
de autorización de contratar seguros. Consiguientemente, la autoridad de control
puede tomar medidas enérgicas contra la sociedad, ya que el mero recurso de sus
obligaciones resulta insuficiente para esos casos" 57.

El art. L-310-1 del Código de Seguros vigente en Francia establece: "El control del Estado se
ejerce en el interés de los asegurados, suscriptores y beneficiarios de los contratos de seguro y capi-
talización".
^'' CNCom., Sala A, 20-XI-1992, "Amparo Cía. de Seg.", 1993-A-374. En la misma línea de re-
flexión se instala el fallo por el que se sanciona con cinco días de suspensión para operar en la rama
68 RUBÉN S. STIGLITZ

Si bien lo relativo al control administrativo (previo) sobre el contenido del


contrato de seguro será motivo de un examen más detenido en el Capítulo XVI, a
manera de anticipo simplemente enunciativo, cabe señalar que entre las leyes
17.418 (Ley de Seguros), 20.091 (Ley de Entidades de Seguros y su Control) y
24.240 (Ley de Defensa del Consumidor) se ha logrado consagrar un sistema de
control jurídico (uno previo y administrativo, otro ulterior y judicial) cuyos rasgos
más salientes lo constituyen:
a) La caracterización del seguro como contrato por adhesión a cláusulas pre-
dispuestas por el asegurador, cuyo instrumento, la póliza, porta un contenido bási-
camente regulado por la ley 17.418, en donde predominan normas enunciadas
como imperativas, otras que así lo constituyen por su texto o naturaleza, o, final-
mente, disposiciones relativamente imperativas, sólo factibles de ser modificadas
en favor del asegurado (art. 158-1-2 y 3, L.S.)
b) La consagración de un régimen de control jurídico previo para operar, uno
de cuyos capítulos se halla constituido por la aprobación de "planes contractuales"
(art. 23-1, ley 20.091), como ser la propuesta y la póliza (art. 24, inc. a]), ley
20.091), que deberán ajustarse a los artículos 11-2 y 158, Ley de Seguros, todo lo
cual configura un régimen de control de claridad y legitimidad. Por lo demás, se es-
tablece que la autoridad de control "cuidará que las condiciones contractuales sean
equitativas" (art. 25-2, ley 20.091), lo que constituye una dilatación de la vigilancia
del Estado sobre el contenido del contrato. Y por vía reglamentaria del artículo 25-
1, ley 20.091 se ha establecido que "como Anexo I de la póliza, con letra clara y en
forma destacada, se deberán consignar todas las exclusiones a la cobertura que se
estipulen haciendo referencia al mismo en el frente de la póliza" (art. 25.1, resolu-
ción 21.523 de la Superintendencia de Seguros de la Nación del 2-1-1992).
c) El reconocimiento que al contrato de seguro se le aplican las disposiciones
de la ley 24.240 (Ley de Defensa del Consumidor), por tratarse de un contrato de
consumo. Y ello en el marco del control judicial significa que:
1) La interpretación del contrato se hará en el sentido más favorable para el
asegurado y/o beneficiario y que cuando existan dudas sobre los alcances de su
obligación, se estará a la que sea menos gravosa (art. 37, ley 24.240).

automotor a la aseguradora que incumplió con su deber de abonar en tiempo oportuno las indemni-
zaciones resultantes de las condenas recaídas en dos juicios seguidos contra su asegurado, en los que
fue citada en garantía, debiendo soportar éste, con su patrimonio, los efectos dañosos derivados de la
mora imputable a la empresa (CNCom., Sala A, 7-IX-1994, "Cía. de Seg. La Franco Argentina S.A.
s/incumplimiento disposiciones de seguro vigente. Superintendencia de Seguros de la Nación" [iné-
dito]). Consecuente con esa dirección se ha resuelto que procede aplicar una sanción de cinco días de
suspensión para operar en el ramo de accidentes de trabajo a una compañía de seguros que, al no haber
dado cumplimiento en tiempo oportuno a sus obligaciones como aseguradora citada en garantía en
una causa, hizo soportar al asegurado los efectos dañosos de tal mora en su patrimonio (CNCom., Sala
D, 21-XII-1994, "El Comercio de Córdoba Cía. de Seg. s/incumplimiento disposiciones de seguros
vigentes. Superintendencia de Seguros de la Nación" (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 69

2) Se regula expresamente sobre la nulidad parcial de los contratos que con-


tengan cláusulas abusivas, se las enuncia (art. 37, incs. a] y c]) y se consagran cláu-
sulas abiertas que, en su formulación —aquellas que desnaturalicen las obligacio-
nes o las que importen renuncia o restricción de los derechos del consumidor (art.
37, incs. a] y b])—, atrapan todas las hipótesis no previstas en la ley 24.240.

54. Control del Estado y protección del asegurado como


consumidor (usuario) de coberturas asegurativas
(continuación). Las primas
La fijación de las primas, en principio, es libre, aunque dicha libertad halle
condicionamiento, en primer lugar, en la necesidad de que aquéllas resulten sufi-
cientes para cumplir con las obligaciones que asuman y su necesaria capacitación
económico-financiera (arts. 26, ley 20.091 y 26.1, R.S.S.N. 21.523 del 2-1-1992).
La suficiencia como carácter saliente de las primas apunta a la necesidad de
que la tarifa cubra razonablemente la tasa de riesgo y los costos propios de la ope-
ración, como ser adquisición, explotación y la posible utilidad.
A esos fines, los aseguradores deben suministrar a la autoridad de control amplia
información referida al análisis estadístico de la experiencia siniestral y nivel de gastos
con los fundamentos técnicos que los avalen a los efectos de la autorización.
La autoridad de control se halla autorizada para observar las primas insufi-
cientes (art. 26-3, ley 20.091).
En segundo lugar, la prima debe ser equitativa lo que presupone correlación
entre ella y el riesgo.
Con otras palabras, que no sea abusiva. Sobre el particular, es incuestionable
que el control que debe ejercer el Estado para evitar la inequidad de la prima se ins-
cribe como capítulo inherente a la tutela del consumidor. A tal punto que la ley
20.091 establece, como obligación de la autoridad de control, observar las primas
que resulten abusivas o palmariamente discriminatorias.

55. Aprobación de primas mínimas uniformes. La afectación


de la estabilidad del mercado y el principio relativo
de irrevisabilidad judicial de la decisión administrativa
Es facultad de la autoridad de control aprobar, por resolución fundada, primas mí-
nimas uniformes netas de comisiones, alternativa que se justifica cuando se altera la es-
tabiUdad del mercado. Se trata de una situación de emergencia decidida como tal, pri-
vativamente, por la autoridad de control como atribución, en principio, irrevisable por
el Poder Judicial. Así lo tiene reiteradamente decidido la Corte Suprema de la Nación,
al resolver que la configuración de emergencia se fundamenta en razones de oportuni-
dad, mérito o conveniencia, ajenas al órgano jurisdiccional 5^.

^^ C.S.J.N., 23-11-93, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1993-C-265; D.J.,


1993-2-530; E.D., 152-355; C.S.J.N., 17-XM994, "San Cristóbal S.M.S.G.", L.L., 1995-B-285.
70 RUBÉN S, STIGLITZ

Por lo demás, tiene decidido nuestro más alto tribunal que determinar si en un
caso específico se ha configurado o no la situación de emergencia a que alude el art.
26 de la ley 20.091 —cuando se afecte la estabilidad del mercado— es una facul-
tada privativa del órgano al que se haya dado tal atribución —Superintendencia de
Seguros de la Nación— y, en consecuencia, irrevisable —en principio— por el Po-
der Judicial, pues éste no puede interferir en las razones de oportunidad, mérito o
conveniencia de las medidas que los funcionarios competentes adopten 59.

56. Control del Estado y protección del asegurado como


consumidor (usuario) de coberturas asegurativas
(continuación). El deber de información
Sin perjuicio de lo hasta aquí expresado, pareciera como que constituye premisa
básica de protección al asegurado como consumidor de coberturas asegurativas, la
existencia de entidades dotadas de amplia solvencia patrimonial y financiera ^o.
La tutela del consumidor-asegurando debe extenderse a la oferta de cobertu-
ras no aprobadas por la autoridad de control. Sobre el particular, se ha decidido que
incurre en infracción a lo dispuesto por el artículo 23, ley 20.091, la empresa que
otorga cobertura de accidentes personales (ofreciéndola a través de una emisora de
tarjetas de crédito) a una persona cuya edad excedía el límite establecido en las con-
diciones generales de la póliza (65 años), instrumentándolo en un suplemento no
autorizado por la Superintendencia de Seguros de la Nación *'.
Otras premisas condicionantes de una eficaz tutela del consumidor se hallan
constituidas por (a) una información veraz sobre la determinación del riesgo por
contratar, y por (b) la liquidación inmediata del daño contractualmente resarcible.
Lo primero, también enunciado como la "calidad intrínseca del producto"
ofrecido por el asegurador, permite, en un régimen de concurrencia, que en virtud
de una transparente información, el consumidor-asegurable vea facilitada su elec-
ción (decisión) en libertad, lo que para él implica (y favorece) la celebración de un
contrato útil.

^' C.S.J.N., 17-XI-1994. "San Cristóbal S.M.S.G.", LL, 1995-B-285; C.S.J.N., 23-11-1993,
"'Superintendencia de Seguros de la Nación", J.A., 1998-I-síntesis.
**' Acontece que, en ocasiones, el asegurable decide en función de ofertas que son el producto de
una información defectuosa o por la fuerza decididamente distorsiva de un mensaje publicitario, sin
que la acción de la concurrencia en el mercado o la falta de control que debe ejercer el Estado (art. 57,
ley 20.091) logre corregirlo (CHIARLO, M., "La tutela del consumatore di servizi assicurativi", Assi-
curazioni, año LXl, fase. 1, enero-febrero 1994, pág. 21). Predominan los mensajes publicitarios re-
feridos al número de horas que, desde el momento de la denuncia del siniestro, demora la entidad para
resarcir el daño sufrido por el asegurado o al número de servicios adicionales y, en ocasiones, extraños
al objeto del contrato de seguro.
^' CNCom., Sala D, 21-1-1994, "La Meridional Cía. Arg. de Seg. s/denuncia de Sánchez, E. Su-
perintendencia de Seguros de la Nación" (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 71

Debemos reconocer que el seguro constituye para un profano y, en expresión


opuesta, aun para el profesional, un contrato complicado, de aquellos que, precisa-
mente por ello, de ser posible, no deben ser celebrados apresuradamente (cuitosa-
mente). Es dudoso suponer que el derecho de las obligaciones exhiba un contrato
(a) que concentre un número tan considerable de cláusulas atinentes a la determi-
nación de su objeto, lo que presupone la existencia de condiciones generales, par-
ticulares y especiales que lo delimitan objetiva, subjetiva y causalmente; (b) que
contenga, disperso en textos incluidos en anexos separados, cada uno identificado
por título y número, un nutrido elenco de hipótesis de exclusiones de cobertura o
"no seguro"; (c) que evidencie una tan numerosa como compleja enunciación de
cargas legales y contractuales a ser observadas en tiempos distintos, en ocasiones
en plazos de tal naturaleza (estrangulantes) que impiden un ejercicio regular de los
derechos y, como correlato, un elenco de sanciones de extrema severidad, especial-
mente caducidades, también de fuente preceptiva o negocial, por inobservancia de
aquéllas; (d) que ponga de manifiesto una acumulación de cláusulas particulares o
especiales derogatorias de previsiones contenidas en condiciones generales; etcé-
tera. Así las cosas, tratándose, como lo es, de un contrato extenso, nutrido de expre-
siones técnicas, carente de un agrupamiento sistemático, desprovisto de unidad ins-
trumental, ya que se halla conformado por uno o varios textos impresos que
contienen las condiciones particulares y generales, al que se le añaden (aparte) ane-
xos titulados y numerados, algunos derogatorios de los que les preceden, requiere,
en favor del asegurable, antes del perfeccionamiento del contrato, de una informa-
ción esencial pero no elemental, clara y fácilmente comprensible para un profano.
Esto último debe complementarse con su iniciativa consistente en pasar una aten-
ta lectura de los documentos impresos pues, preventivamente, ello debería comportar
la mejor información (la directa). Luego, a través de las condiciones particulares,
obtener la mejor adaptación posible de sus necesidades al objeto del contrato.

57. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros. Capital mínimo. Parámetros
para su determinación: las ramas
Para comprender la trascendencia del tema basta con recordar que el control
del Estado sobre la solvencia de las empresas de seguros se constituye en uno de los
presupuestos condicionantes de la autorización para operar.
En primer lugar, una de las condiciones requeridas para obtener la autorización
para operar en seguros está referida al capital mínimo que debe ser aportado (arts. 7°,
inc. c] y 30, ley 20.091). El artículo 30, ley 20.091, establece: "La autoridad de control
establecerá con criterio uniforme y general para todos los aseguradores, sin excepción,
el monto y las normas sobre capitales mínimos a que deberán ajustarse los asegurado-
res que se autoricen o los que ya estén autorizados. Las sucursales o agencias de socie-
dades extranjeras deberán tener y radicar en el país fondos equivalentes a los capi-
tales mínimos exigidos a los aseguradores constituidos en él".
72 RUBÉN S. STIGLITZ

En el Reglamento General de la Actividad Aseguradora dictado por la Super-


intendencia de Seguros de la Nación mediante resolución 21.523 del 2 de enero de
1992 se estableció que las entidades de seguros debían acreditar un capital mínimo
que habría de surgir del mayor de tres parámetros determinados por a) ramas, b) pri-
mas y recargos y c) monto en función de los siniestros.
Con posterioridad, ia Superintendencia de Seguros de la Nación, con fecha 24
de abril de 1998, dicta la resolución 25.804 por la que se reemplaza el artículo 30 del
Reglamento General de la Actividad Aseguradora (resolución general 21.523),
donde se reproducen los tres parámetros a los que hemos hecho referencia, aunque
efectuando algunas distinciones por ramas, a las que iremos haciendo mención.

58. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Capital mínimo de entidades
autorizadas al 30 de septiembre de 1998
Por el primero de los referidos parámetros se establece un capital mínimo a
acreditar "a partir de los estados contables correspondientes a ejercicios y/o perío-
dos cerrados al 30 de septiembre de 1998 inclusive".
Desde entonces y para las entidades aseguradoras constituidas y autorizadas
al 30 de setiembre de 1998, se formula una distinción por ramas.
a) Así, a título de ejemplo, se establece en $ 2.250.000 el capital mínimo para
la rama automotores con exclusión del riesgo de responsabilidad civil de vehículos
automotores destinados al transporte público de pasajeros.
b) El capital mínimo para el seguro contra la responsabilidad civil, seguros de
daños (por ejemplo: incendio, robo, granizo, cristales, transporte, etc.), caución, et-
cétera, se fija en $ 750.000.
c) En los seguros de personas (por ejemplo, accidentes personales, vida, etc.),
el capital mínimo asciende a la suma de $ 750.000.
d) Para las entidades que operen en las tres ramas precedentemente enuncia-
das, se fija un capital mínimo de $ 3.000.000.
e) Para operar en las coberturas de riesgos del trabajo, se establece un capital
mínimo de $3.000.000.
f) Para hacerlo en el seguro contra la responsabilidad civil de vehículos destina-
dos al transporte público de pasajeros, el capital mínimo asciende a $ 6.000.000.
g) Para las mutuales que operen en forma exclusiva en el riesgo aludido pre-
cedentemente, el capital mínimo asciende a $ 2.000.000.

59. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Capital mínimo de entidades
autorizadas a partir del 1- de octubre de 1998
Para las entidades constituidas y autorizadas a operar a partir del 1° de octubre
de 1998, a título de ejemplos, el capital mínimo por riesgo es:
DERECHO DE SEGUROS 73

a) de $ 10.000.000 para la rama automotor;


b) de $ 10.000.000 para los seguros de responsabilidad civil, seguros de daños
y caución;
c) de $ 5.000.000 para las entidades que operen en seguros de personas y vida
personal. En este caso, las ramas deberán serlo de objeto exclusivo;
d) de $ 5.000.000 para las entidades que operen en seguros de retiro.

60. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Capital mínimo. Parámetros
para su determinación: primas y recargos
El segundo parámetro a tener en cuenta a los fines de establecer el capital mínimo
(el mayor de los tres) está referido al monto en función de las primas y recargos.
a) A esos fines se tomarán las primas por seguros directos, reaseguros activos
y/o retrocesiones, más adicionales administrativos, emitidos en los doce meses an-
teriores al cierre del estado en cuestión (netos de anulaciones).
b) Hasta la suma de $ 5.000.000 se fija un porcentaje del 18%, y al exceso, si
lo hubiere, del 16%, sumándose ambos resultados.
c) El monto obtenido de multiplicar por el porcentaje resultante de comparar
los siniestros y gastos de liquidación pagados netos de recuperos, salvatajes y re-
aseguros pasivos, de los treinta y seis meses anteriores al estado en cuestión, con el
importe bruto de dichos siniestros netos de recuperos de siniestros y/o salvatajes.
Este porcentaje no podrá ser inferior al 50%.

61. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Capital mínimo.
Parámetros para su determinación: los siniestros
El tercer parámetro es el referido al monto en función de los siniestros. El cri-
terio para su determinación es el siguiente:
a) Se sumarán los siniestros pagados (sin deducir el reaseguro pasivo) por se-
guros directos, reaseguros activos y/o retrocesiones, durante los treinta y seis meses
anteriores al cierre del período correspondiente. Al importe obtenido se le adicio-
nará el monto de los siniestros pendientes por seguros directos, reaseguros activos
y/o retrocesiones (sin deducir el reaseguro pasivo) constituido al final del período
de treinta y seis meses considerados y se le restará el monto de dicho concepto cons-
tituido al comienzo del período en cuestión. La cifra resultante se dividirá por tres.
b) Hasta un monto de $ 3.500.000 se aplicará un porcentaje del 26% y al ex-
ceso, si lo hubiere, otro porcentaje del 23%, sumándose ambos resultados.
c) El monto obtenido se multiplicará por el porcentaje indicado en el apartado
c) del parágrafo precedente.
Cabe señalar que la resolución 25.804 establece el capital mínimo para los se-
guros de vida y seguros de retiro.
74 RUBÉN S. STIGLITZ

62. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Disminución del capital mínimo.
Plan de regularización y saneamiento. Rechazo
El control de solvencia sobre las empresas de seguros hace indispensable la
preservación del capital mínimo. La cuestión aparece regulada por el artículo 31,
ley 20.091, donde se expresa que, cuando "resulte afectado por cualquier pérdida",
la autoridad de control, "sin esperar a la terminación del ejercicio, emplazará al ase-
gurador para que dé explicaciones y adopte las medidas para mantener la integridad
de dicho capital, a cuyo efecto el asegurador presentará un plan de regularización
y saneamiento dentro de los quince días del emplazamiento". La autoridad de con-
trol aprobará o rechazará el referido plan.
a) Si lo aprueba, el asegurador deberá cumplirlo en los plazos y condiciones
en que aquélla lo establezca.
b) Si lo rechaza, deberá integrar el capital en el plazo de treinta días.
La norma legal fue reglamentada por la Superintendencia de Seguros de la
Nación por resolución 21.523 del 2-1-1992 y luego ratificado por la resolución
25.804/98.
Y de ellas se desprende que si la Superintendencia de Seguros de la Nación re-
chaza el plan o si el mismo no ha sido presentado en el plazo legal (quince días del
emplazamiento), se deberá completar la integración del capital pertinente en el pla-
zo de treinta días.
Y si vencidos esos plazos no se hubiere integrado totalmente el capital míni-
mo, se deberá disponer la revocación de la autorización para operar en los términos
del artículo 48, inciso b), ley 20.091.
Cabe repetir: si el plan es rechazado o no fuera presentado, el asegurador dis-
pone de treinta días para completar la integración (art. 31-2, ley 20.091).
Si en dicho plazo el capital no es totalmente integrado se le revocará la auto-
rización para operar (art. 48, inc. b], ley 20.091).

63. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Disminución del capital mínimo
(continuación). Plan de regularización. Aprobación
Si resulta aprobado, el plan de regularización y saneamiento para absorber el
déficit no podrá exceder de cuatro meses contados a partir de la fecha de cierre del
ejercicio o período (art. 30.1.1. a, R.S.S.N. 25.804/98).
Ello significa que el referido plazo es el máximo de tiempo otorgado por la au-
toridad para alcanzar la regularización y saneamiento del déficit.
Dicho plan se halla sometido a las siguientes normas:
a) La absorción del déficit no puede prolongarse más allá de cuatro meses
computados desde el cierre del ejercicio o período respectivo.
b) Si la absorción se efectúa mediante integraciones en efectivo, los fondos
deberán depositarse en cuentas bancarias abiertas a nombre de la aseguradora.
DERECHO DE SEGUROS 75

c) Si se efectúa en títulos públicos de renta o en acciones que se ajusten a lo


dispuesto por el artículo 35, inciso f], ley 20.091 ^2, el importe a computar será el
de cotización a la fecha de contabilización.
d) Si se efectúa en inmuebles, la transferencia de dominio deberá escriturarse
a nombre de la aseguradora 63.
A lo expuesto cabe agregar que los aportes que se efectúen para absorber el dé-
ficit de capital mínimo:
a) deberán serlo para integración de capital social;
b) deberán tener el carácter de "irrevocables y a cuenta de futuras suscripciones";
c) los bienes que se incorporen o las inversiones en que hubieran sido coloca-
dos los aportes en efectivo no podrán cambiar de destino sin la previa autorización
de la Superintendencia de Seguros de la Nación, "la que considerará el pedido ate-
niéndose a fundadas razones y siempre que quede asegurada la integridad patrimo-
nial de la aseguradora" (art. 30.3.2., R.S.S.N. 25.804/98);
d) en el supuesto que los aportes efectuados se destinen a cancelar pasivos,
"sólo serán considerados si se requirió la autorización previa a la Superintendencia
de Seguros de la Nación y si los mismos se encuentran incluidos en el estado con-
table que origina el déficit en cuestión".

64. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Indisponibilidad
de las inversiones y pérdida del 30%
El tema se halla regulado por el artículo 31-3, ley 20.091, modificado por el
artículo 155 de la ley 24.241 en cuanto dispone: "Hasta tanto sean cumplidas las
medidas de regularización y saneamiento, la autoridad de control establecerá sobre
las inversiones, las medidas previstas en el artículo 86 de esta ley". Esta última dis-
posición contiene un enunciado de algunas medidas precautorias como ser el em-
bargo preventivo y la administración e intervención judicial, que no recaerá en la
autoridad de control. La Superintendencia de Seguros de la Nación deberá solicitar
las aludidas medidas, y el tribunal de alzada al que se refiere el artículo 82, ley
20.091, apreciará la urgencia y la necesidad de la medida precautoria solicitada.

65. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Reservas técnicas. Previsiones
Los planes de seguro que las empresas deben someter a la aprobación de la
Superintendencia de Seguros de la Nación contienen las "bases para el cálculo

Acciones de sociedades anónimas, constituidas en el país o extranjeras comprendidas en el art.


124 de la ley 19.550 o de extranjeras que tengan por principal objeto la prestación de servicios públi-
cos dentro de la Nación, que se coticen en bolsas del país o del extranjero.
La incorporación del bien se efectuará por el importe que resulte de la tasación.
76 RUBÉN S. STIGLITZ

de las reservas técnicas, cuando no existan normas generales aplicables" (art. 24,
inc.c], ley 20.091).
Las reservas técnicas constituyen o representan los beneficios no distribui-
dos o los excedentes no distribuibles que se hallan exentos de toda deuda al mo-
mento del balance.
En cambio, las previsiones técnicas se constituyen con el propósito de atender las
obligaciones para con los asegurados, acreedores y beneficiarios de contratos de seguro.
La importancia de las previsiones está dada por la razón de que el seguro es
contrato de duración. Se trata de un negocio extendido en tiempos más o menos lar-
gos, según la naturaleza de los riesgos asegurables. Entre el perfeccionamiento del
contrato y la etapa liquidatoria transcurre un lapso, variable como quedó expresa-
do, pero que explica y fundamenta las razones de una trascendente acumulación de
capitales destinados por el asegurador al cumplimiento de su obligación principal.
Con relación a las reservas, la ley establece que "la autoridad de control de-
terminará con carácter general y uniforme las reservas técnicas y de siniestros pendien-
tes que corresponda constituir a los aseguradores, en la medida que sea necesaria
para atender al cumplimiento de sus obligaciones con los asegurados. Los asegu-
radores que tengan obligaciones nacidas de los contratos de seguros y reaseguros
a pagarse en moneda extranjera, deben constituir las reservas técnicas correspon-
dientes en las mismas monedas o en otras permitidas que establezca la autoridad de
control" (art. 33, ley 20.091).
Por lo demás, los aseguradores deben constituir "por la cuenta de ganancias y
pérdidas o por distribución de utilidades, según lo determine la autoridad de con-
trol, los fondos de amortización, de previsión y las reservas que ella disponga con
carácter general, sin perjuicio de los fondos que con carácter particular establezca
la autoridad de control respecto de cada entidad, según su situación económico-fi-
nanciera" (art. 34, ley 20.091).

66. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Enumeración y contenido
de las reservas
a) Reserva legal. Se halla prevista en el artículo 43, ley 20.091, donde se es-
tablece: "...los aseguradores destinarán en concepto de reserva legal no menos del
5% de las ganancias realizadas y líquidas que arroje el estado de resultados del ejer-
cicio, hasta alcanzar el 20% de su capital social".
b) Riesgos en curso. Se trata de una previsión destinada a cubrir los riesgos y
los gastos generales correspondientes para cada uno de los contratos a prima paga-
dera por adelantado. Se calcula póliza por póliza de la cartera de la empresa, de ma-
nera forfataria, sobre la base de un porcentaje de la prima ^, correspondiente al
riesgo no corrido en el ejercicio.
64
70% al tiempo de sancionarse la reglamentación.
DERECHO DE SEGUROS 77

c) Reservas matemáticas. Son el conjunto de las reservas técnicas referidas a


operaciones sustentadas en la capitalización, principalmente en los seguros de vida,
es decir, el total de la reserva por los riesgos en curso y siniestros pendientes.
d) Siniestros pendientes. Referida a los siniestros cuya liquidación ha queda-
do diferida. El tiempo del cálculo lo es al cierre de cada ejercicio, oportunidad en
que la empresa deberá estimar los siniestros pendientes de pago a dicha fecha. El
pasivo por siniestros pendientes deberá ser calculado de manera tal que cubra el
costo final del siniestro, debiéndose realizar el cálculo siniestro por siniestro, o sea
en forma individual.
Las reservas enunciadas se predican de la regla de la "anualidad de las cuen-
tas" en tanto implican la suficiencia de las primas percibidas en el ejercicio a los fi-
nes de afrontar los siniestros verificados durante el mismo ejercicio, aunque la
liquidación sea ulterior.

67. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Inversiones
La salud económico-financiera de la empresa sería insuficiente si al capital
mínimo y al plan financiero que incluye sus reservas técnicas no se suma, a los fines
del cálculo de la cobertura, un programa de inversiones de sus reservas.
A esos fines la ley establece: "Los importes de las reservas previstas en el ar-
tículo 33 y de los depósitos de reservas en garantía retenidos a los reaseguradores
—deducidas las disponibilidades líquidas y los depósitos de reservas en garantía
retenidos por los reaseguradores— deben invertirse íntegramente en los bienes in-
dicados seguidamente, prefiriéndose siempre los que supongan mayor liquidez y
suficiente rentabilidad y garantía" (art. 35-1, ley 20.091). A continuación enuncia
ocho hipótesis de inversiones:
a) Títulos u otros valores de la deuda pública nacional o garantizados por la
Nación;
b) Títulos públicos de países extranjeros, hasta el importe de las reservas téc-
nicas correspondientes a pólizas emitidas en moneda de esos países;
c) Debentures con garantía especial oflotanteen primer grado sobre bienes ra-
dicados en el país;
d) Préstamos con garantía prendaria o hipotecaria en primer grado sobre bie-
nes situados en el país, con exclusión de yacimientos, canteras y minas. El préstamo
no excederá del cincuenta por ciento (50%) del valor de realización del bien, espe-
cialmente tasado al efecto por el asegurador;
e) Inmuebles situados en el país para uso propio, edificación, renta o venta;
f) Acciones de sociedades anónimas constituidas en el país o extranjeras com-
prendidas en el artículo 124 de la ley 19.550 o de extranjeras que tengan por prin-
cipal objeto la prestación de servicios públicos dentro de la Nación, que se coticen
en bolsas del país o del extranjero;
78 RUBÉN S. STIGLITZ

g) Préstamos garantizados con títulos, debentures y acciones de los incisos a),


b), c) y f)> hasta el cincuenta por ciento (50%) del valor de mercado de esos valores;
h) Operaciones financieras garantizadas en su totalidad por bancos u otras en-
tidades financieras debidamente autorizadas a operar en el país por el Banco Cen-
tral de la República Argentina, previa autorización en cada caso de la autoridad de
control, y siempre que lo permita el estado económico-financiero del asegurador.
A continuación el artículo 35, ley 20.091, prescribe que "la autoridad de con-
trol establecerá con carácter general los porcentajes de inversión en tales bienes y
podrá impugnar las inversiones hechas en bienes que no reúnan las características
de liquidez, rentabilidad y garantía o cuyo precio de adquisición sea superior a su
valor de realización; en este último caso, la autoridad de control dispondrá las me-
didas conducentes a que dicha inversión registre en el balance un valor equivalente
al de su realización según el precio corriente en el mercado.
"Los bienes adquiridos con gravamen serán computados para los porcentajes
de inversiones por su monto total, neto de las amortizaciones; para el balance de co-
bertura se considerarán con deducción del gravamen".
La reglamentación estableció los porcentajes de inversión:
a) Para las inversiones en activos cuya disponibilidad se opere dentro de los
ciento ochenta días, contados a partir del momento en que se calcule el estado de
cobertura se estableció un porcentaje mínimo ^5;
b) Para las inversiones en inmuebles y préstamos admitidos se estableció un
porcentaje máximo ^6 en conjunto, no pudiendo exceder cada concepto un porcen-
taje máximo 6^;
c) Para las inversiones en otros activos con vencimiento superior a ciento
ochenta días contados a partir del momento en que se calcule el estado de cobertura
se estableció un porcentaje máximo ^^.
Se hallan exceptuados de los referidos porcentajes los fondos que excedan el
monto de las reservas y los depósitos a que se refiere el artículo 35-1, ley 20.091.
En esos casos, la inversión podrá realizarse libremente siempre que se observen los
límites mínimos a que se aludió precedentemente.

68. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Operaciones prohibidas
Con el propósito de preservar el patrimonio de las empresas de seguros como
garantía común de asegurados y beneficiarios, la ley 20.091 ha enunciado un núme-
ro de operaciones que no garantizan liquidez ni rentabilidad. A esos fines el artículo
29 formula un elenco de las mismas:
65
40% al tiempo de sancionarse la reglamentación,
66
60% al tiempo de sancionarse la reglamentación.
67
45% al tiempo de sancionarse la reglamentación.
68
30% al tiempo de sancionarse la reglamentación.
DERECHO DE SEGUROS 79

a) Tener bienes en condominio, sin previa autorización de la autoridad de control;


b) Gravar sus bienes con derechos reales salvo que, tratándose de bienes in-
muebles para uso propio, lo sea en garantía del saldo de precio de adquisición y en
las condiciones que establezca la autoridad de control;
c) Emitir debentures ni librar para su colocación, letras y pagarés;
d) Descontar los documentos a cobrar de asegurados o terceros ni negociar los
cheques que reciban, salvo que estos últimos se transmitan mediante endoso a favor
de persona determinada;
e) Hacer frente a sus obligaciones con los asegurados mediante letras o paga-
rés propios o de terceros;
f) Efectuar sus pagos sino mediante cheques a la orden del acreedor, salvo lo
que pudiese disponer la autoridad de control respecto del manejo del denominado
"fondo fijo";
g) Recurrir al crédito bancario por cualquier causa, salvo cuando lo sea para
edificar inmuebles para renta o venta, previa autorización en cada caso de la auto-
ridad de control;
h) Hacer disposiciones a título gratuito, excepto cuando se trate de contribucio-
nes para fines benéficos o culturales o lo sean con utilidades líquidas y realizadas del
ejercicio de acuerdo con lo dispuesto en el estatuto y lo resuelto por la asamblea;
i) Otorgar fianzas o garantizar obligaciones de terceros, salvo lo dispuesto en
el artículo 7-, inciso b);
j) Integrar otras sociedades, salvo el supuesto del artículo 35, inciso f);
La autoridad de control podrá considerar comprendida en la nómina de las
precedentes prohibiciones cualquier operación asimilable a las previstas «9.

69. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Déficit de cobertura
Con el propósito de preservar la solvencia de las empresas de seguros se re-
glamentó la hipótesis de que las mismas incurran en déficit de cobertura.
Sobre el particular se ha dispuesto que a los efectos del cálculo de cobertura
(art. 35, ley 20.091), las entidades podrán solicitar a la autoridad de control "que se
les compute el efectivo monto de la cobranza de créditos por premios pendientes al
cierre del ejercicio o período que, ingresado durante los dos meses siguientes, hu-

A título de ejemplo, recurrir al mutuo otorgado por directores de la empresa aseguradora. En


el sentido indicado se ha decidido que "la concertación de mutuos con empresas aseguradoras no sólo
no es una actividad comprendida en su objeto, sino que le está expresamente vedada pues no es una
entidad financiera, por lo que los contratos de mutuo celebrados con sus directores son nulos. Tal nu-
lidad no puede ser salvada por la posterior ratificación asamblearia, pues ello sólo puede ocurrir en
relación a negocios comprendidos en el objeto social" (CNCom., Sala A, 9-XI-1995, "Unión Comer-
ciantes Cía. de Seg.", L.L., 1996-B-27; D.J., 1996-1-741).
80 RUBÉN S. STIGLITZ

biesen destinado al pago de siniestros pendientes a la fecha del cierre o a inversio-


nes admitidas" ''o.
Si a pesar de lo expresado precedentemente subsiste el déficit de cobertura, o
cuando la entidad que se encuentre en tal situación no hiciera uso de la aludida fran-
quicia, "deberá presentar juntamente con los estados contables un plan para absor-
ber aquel déficit", el que deberá ajustarse a los siguientes requisitos:
a) Se establece un plazo máximo para la absorción del déficit •", contado des-
de la fecha de cierre del ejercicio y/o período.
b) La absorción se efectuará mediante el aporte de fondos por aumento del ca-
pital social.
c) Si la entidad no cumpliera con el plan de absorción del déficit de cobertura,
será pasible de cualquiera de las sanciones previstas por el artículo 58, ley 20.091,
consistentes en llamado de atención, apercibimiento, multa o suspensión de hasta
tres meses para operar o en la revocación de la autorización para operar como ase-
gurador en los casos de ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminu-
ción de su capacidad económico-financiera ^2.
d) Mientras subsista el déficit de cobertura, no se aprobará a la entidad que se
encuentre en tal situación ninguna nueva autorización de ramos.

70. Control del Estado sobre la solvencia de las empresas


de seguros (continuación). Disminución de la capacidad
económico-financiera
Tal vez lo relativo a la capacidad económico-financiera de la empresa de se-
guros se constituya en clave de bóveda del sistema. De allí que se haya afirmado
que para evaluar la gravedad del déficit financiero de una compañía aseguradora
"debe considerarse que el aspecto financiero es parte del económico, de modo que
las dificultades financieras fatalmente afectan al patrimonio cuando son de cierta
permanencia" i^.

La reglamentación establece que estas aplicaciones de fondos deberán ser "suficientemente


demostradas" por las entidades peticionantes. En cambio, se tiene decidido que el saldo que se registra
a favor de la aseguradora en la cuenta corriente con el INdeR no es factible de ser computado como
un fondo de inmediata disponibilidad que pueda ser tomado en cuenta en la determinación de su si-
tuación financiera, pues no se trata de sumas líquidas con las que la entidad pueda solventar directamente
sus compromisos (CNCom., Sala C, lO-V-1995, "Ancora Cía. de Seg.", J.A., 1996-IV-síntesis).
^' Ciento veinte días al tiempo de sancionarse la reglamentación.
Se trata de las sanciones que, fundadas en (a) infracción a las disposiciones de la ley 20.091
o sus reglamentaciones, (b) o en el incumplimiento de las medidas dispuestas en su consecuencia por
la autoridad de control, cuando de ello resulte el ejercicio anormal de la actividad aseguradora o una
disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador.
'^^ C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", E.D., 163-340; CNCom.,
Sala A, 21-X-1996, "La Hispano Argentina Cía. de Seg.", L.L., 1997-C-993, jurisp. agrup., caso
11.538; £)./, 1997-2-1140.
DERECHO DE SEGUROS 81

A los fines de la evaluación de la capacidad económico-financiera de la em-


presa aseguradora se privilegia las sumas disponibles con las cuales la entidad pue-
da solventar directamente sus compromisos.
Aparece acertado, entonces, el pronunciamiento que decide que "no puede in-
cluirse entre las disponibilidades un crédito contra el INdeR cuyo monto no está
efectivamente disponible para la acreedora, ni lo estará en el corto plazo" ^4.

71. Fusión y cesión de la cartera


Se tiene expresado doctrinariamente que la fusión es un acto de naturaleza
corporativa o social en virtud del cual dos o más empresas mercantiles, previa di-
solución de alguna de ellas o de todas ellas, confunden sus patrimonios y agrupan
a sus respectivos socios en una sola sociedad ^^.
El concepto que emana de la ley de sociedades es el que sigue: "Hay fusión
cuando dos o más sociedades se disuelven sin liquidarse, para constituir una nueva;
o cuando una ya existente incorpora a otra u otras que, sin liquidarse, son disueltas"
(art. 82-1, Ley de Sociedades) ^6.
Obviamente los artículos 46 y 47 de la ley 20.091 no enuncian el concepto, ni
los efectos, ni los requisitos de la fusión de las sociedades, cuestiones reguladas en los
artículos 82 y siguientes de la ley 19.550, modificada por la ley 22.903, sino sólo
las cuestiones que atienden (e interesan) al poder de policía que ejerce el Estado so-
bre las entidades aseguradoras. En función de lo expresado corresponde señalar, en
lo atinente al tema, lo siguiente:
a) La fusión de empresas de seguro o la cesión total o parcial de cartera requie-
re la autorización de la autoridad de control (art. 46-1, ley 20.091). En consecuen-
cia, ésta se constituye en requisito o presupuesto.
b) La cesión total o parcial sólo es factible hacerla en favor de aseguradores
establecidos en el país de acuerdo con el régimen de la ley 20.091 (art. 46-2).
c) Otro requisito propio de cesión total o parcial de cartera lo constituye la pu-
blicidad del acto. En efecto, los aseguradores que la acuerden deberán presentar el
contrato proyectado a la autoridad de control y publicarán edictos por el término de
tres días anunciando la cesión en los boletines oficiales de la sede central y sucur-
sales, para que los asegurados formulen objeción fundada ante dicha autoridad en
el plazo de quince días desde la última publicación (art. 47-1, ley 20.091).

'^'^ CNCom., Sala A, 21-X-1996,"LaHispano Argentina Cía. de Seg.",L.L.,1997-C-993,jurisp.


agrup.,caso 11.538; £)./, 1997-2-1140.
CÁMARA, H., Derecho Societario, Depalma, Buenos Aires, 1985, pág. 305.
En cuanto a los efectos se establece que: "La nueva sociedad o la incorporante adquiere la ti-
tularidad de los derechos y obligaciones de las sociedades disueltas, produciéndose la transferencia
total de sus respectivos patrimonios al inscribirse en el Registro Público de Comercio el acuerdo de-
finitivo de fusión y el contrato o estatuto de la nueva sociedad o el aumento de capital que hubiere te-
nido que efectuar la incorporante" (art. 82-2, ley 19.550, modificada por ley 22.903).
82 RUBÉN S. STIGLITZ

d) Vencido el plazo de publicidad del acto, si hubiere objeciones, la autoridad


de control deberá resolver en el plazo de treinta días. La cesión podrá ser desesti-
mada "si de los antecedentes y hechos comprobados resulta que los intereses de los
asegurados no están suficientemente bien amparados" (art. 47-2, ley 20.091).
e) La decisión desfavorable a la cesión podrá ser recurrida ante la Cámara Na-
cional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal, todo de conformidad
a lo dispuesto por el artículo 83 (art. 47-3, ley 20.091).
f) Aprobado el contrato de cesión, éste obligará a las sociedades cedente y ce-
sionaria, a los asegurados y a sus derechohabientes. Respecto de los demás acree-
dores, se aplican las disposiciones sobre transferencia de establecimientos comer-
ciales (art. 47-4, ley 20.091).
g) En punto a las formas que debe adoptar la cesión, ésta puede ser otorgada
por instrumento público o privado (art. 47-5, ley 20.091).

72. Revocación de la autorización. Causales


La misma autoridad que concede la autorización para operar (art. 7-, ley 20.091)
es la única legalmente legitimada para revocarla (art. 48, ley 20.091).
La revocación en tanto suprime la licencia para actuar en la actividad, queda
acotada sólo a las causales que, en número de siete, han sido mencionadas en el tex-
to legal como, por ejemplo:
a) Que el asegurador ya autorizado no inicie sus operaciones en el término de
seis meses;
b) Que no observe las normas atinentes a la preservación del capital mínimo
(art. 31, ley 20.091);
c) Que la empresa no funcione de acuerdo con los estatutos, con las condicio-
nes de autorización o con el artículo 4- ^v o no proceda a la exclusión de los impug-
nados según el artículo 9° ^S;
d) Que proceda la disolución por cualquier causa, conforme al Código de Co-
mercio;
e) Cuando la casa matriz de una sociedad extranjera se disuelva, liquide, quie-
bre, o se encuentre en situación equivalente, o en caso de cierre de la sucursal o
agencia autorizada;
f) Se produzca la liquidación según lo previsto en los artículos 50,51 y 52. Las
dos primeras disposiciones aluden a la liquidación por disolución voluntaria y a la

Referido a que los organismos y entes oficiales deben sujetarse a las disposiciones de la
ley 20.091.
Se trata de la disposición que enuncia un elenco de impedimentos para ser promotores, fun-
dadores, directores, consejeros, síndicos, miembros del consejo de vigilancia, liquidadores, gerentes
administrativos o representantes de aseguradoras comprendidas en la ley 20.091, además de los com-
prendidos en las inhabilidades, incompatibilidades y prohibiciones que según el caso establece
la ley 19.550.
DERECHO DE SEGUROS 83

liquidación por disolución forzosa, respectivamente, y la última alude a la interven-


ción de la autoridad de control en dichos procesos y a las normas aplicables;
g) Por aplicación de lo dispuesto en el artículo 58, ley 20.091. La disposición
se remite al inciso d) que alude a la revocación como la sanción de mayor gravedad,
fundada en el "ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminución de su
capacidad económico-financiera".
Como lo constituye, por ejemplo, la emisión de pólizas de manera irregular—"en
negro" o paralelas—, pues —como se tiene expresado— además de que sus regis-
tros no son confiables para valorar su situación económico-financiera, la comisión
de esos actos contra legem determina que no pueda ser admitida en el servicio pú-
blico de la actividad aseguradora ^9.
Sobre este particular, la Corte Suprema de la Nación tiene decidido que "para
la revocación de la autorización para funcionar y el ingreso ministerio legis en la
etapa de disolución e inmediata liquidación, no es necesaria la configuración del es-
tado de cesación de pagos e insolvencia" ^o

73. Revocación de la autorización (continuación). Procedimiento.


Efectos. Inscripción
La resolución particular de la autoridad de control debe hallarse precedida del
procedimiento señalado en el artículo 82, ley 20.091, que, en lo sustancial, establece;
a) De las observaciones o imputaciones que la autoridad de control atribuya
al asegurador, se deberá disponer un traslado de diez días hábiles a la empresa, pre-
servándose así el principio de bilateralidad;
b) En el plazo indicado precedentemente, el asegurador podrá oponer todas
sus defensas, acompañar la prueba instrumental de que disponga, indicar el expe-
diente, oficina o registro notarial en que se encuentre, ofrecer la prueba testimonial
individualizando los testigos e indicando los hechos sobre los que habrán de decla-
rar, proponer prueba pericial, señalando la especialidad de los expertos y los puntos
de pericia, indicando los demás medios de prueba que se emplearán y su objeto;
c) Las pruebas admitidas deberán ser producidos en el plazo de veinte días há-
biles;
d) Clausurado el período de prueba, las partes podrán presentar un memorial
en el plazo de cinco días hábiles;
e) La resolución a dictarse dentro de los quince días hábiles siguientes debe
hallarse fundada;

'''' CNCom., Sala E, 26-IX-1996, "La Unión Agrícola Coop. de Seguros", L.L., 1997-C-205,
donde se sostuvo que la mera negligencia o el ocultamiento malicioso por parte de la aseguradora de
la emisión de pólizas impiden u obstaculizan la objetiva valoración de la situación económica finan-
ciera.
^° C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028
(39.851-S).
84 RUBÉN S. STIGLITZ

f) Las resoluciones definitivas de carácter particular son recurribles ante la


Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal. El recur-
so, el que incluirá el memorial, se interpondrá ante la Superintendencia de Seguros
en el plazo de cinco días hábiles. Si el recurso no se fundase se lo declarará desier-
to. La autoridad de control concederá o denegará el recurso dentro de los cinco
días hábiles debiendo, en su caso, elevar las actuaciones dentro de los cinco días
hábiles siguientes;
g) Si el recurso de apelación fuese denegado por la Superintendencia o no se
lo proveyese dentro del plazo, la empresa podrá recurrir en queja ante la Cámara.
Una vez firme la revocación de la autorización, la misma conlleva como efec-
to la disolución automática (art. 49-1, ley 20.091).
Razones atinentes a la publicidad del acto motivan que la inscripción de la re-
vocación deberá ser dispuesta por el juez de registro del domicilio de la empresa,
siendo suficiente para ello "la sola comunicación de la Superintendencia de Segu-
ros de la Nación", y no será factible de revisión "en ningún caso" por aquél (art.
49-2, ley 20.091).
En otro orden, las resoluciones generales de la Superintendencia de Seguros
de la Nación son revisables, a instancia de parte, por el superintendente y su dene-
gación recurrible ante el Poder Ejecutivo. Podrá ser interpuesto por la empresa ase-
guradora o por algunas de las asociaciones que las agrupe en el plazo de treinta días,
computados desde su publicación en el Boletín Oficial o desde que la resolución
general se haga pública por cualquier medio (art. 85-1, ley 20.091).

74. Revocación de la autorización (continuación). Supuesto


de improponibilidad de la suspensión de la decisión judicial
Al respecto se tiene expresado que es inconducente la alegación de nulidad
de la resolución de la Superintendencia de Seguros de la Nación que revocó la au-
torización para funcionar de la compañía de seguros apelante, alegación fundada
en que una acción de amparo iniciada se encuentra en grado de apelación por ante
la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, pues los
deberes y atribuciones del Estado en ejercicio del poder de policía en materia
aseguradora "no pueden ser enervados sino a través de una sentencia judicial, la
que ponefinal amparo, haciendo lugar a la acción o la que traba una medida cautelar.
Si ello no ha ocurrido, no existen razones que justifiquen la suspensión del pro-
cedimiento" 81.

^' CNCom., Sala A, 21-X-1996,"LaHispano Argentina Cía. deSeg.",L.L.,1997-C-993,jurisp.


agrup.,caso 11357; £)./., 1997-2-1140.
DERECHO DE SEGUROS 85

75. Liquidación por disolución voluntaria y a instancia


de la autoridad de control. Liquidación forzosa
La disolución de la aseguradora es un acto jurídico por el que, ante la produc-
ción de algunas de las causales previstas en la ley 20.091 o en los estatutos, se abre
el proceso liquidatorio que conduce a la extinción de la empresa ^2.
El artículo 50, ley 20.091, ha previsto ambas hipótesis con la denominación de
a) liquidación por disolución voluntaria y b) liquidación judicial.
a) Cuando el asegurador resuelva voluntariamente su disolución, la liquida-
ción se hará por sus órganos estatutarios «3, ello sin perjuicio de la fiscalización de
la autoridad de control (art. 50-1, ley 20.091) §4.
b) Por el contrario, si el asegurador no procediera a su inmediata liquidación o si
la protección de los intereses de los asegurados lo requiere, la autoridad de control po-
drá solicitar del juez ordinario competente su designación como liquidadora ^5.
La decisión será dictada con citación del asegurador, enjuicio verbal convo-
cado a ese fin, y sólo será apelable en efecto devolutivo (art. 50-2, ley 20091).
A su tumo, la ley 20.091 ha previsto la liquidación de la empresa de seguros
por disolución forzosa, sobre la base de las siguientes reglas:
a) Los aseguradores no pueden recurrir al concurso preventivo ni son suscep-
tibles de ser declarados en quiebra (art. 51-2, ley 20.091).
b) Como consecuencia de ello, al revocarse al asegurador la autorización para
operar (art. 48, ley 20.091), la autoridad de control asumirá la liquidación de la en-
tidad, con intervención del juez ordinario competente (art. 51-1, ley 20.091). Y lo
hará con las funciones-deberes que la Ley de Concursos atribuye al síndico, sin ex-
cepciones, entre ellas las orientadas inequívocamente a la incautación de los bienes
y a hacer efectivo el desapoderamiento del deudor «6.
c) Si no se hubiese iniciado la liquidación forzosa como efecto de la revoca-
ción dispuesta por la autoridad de control y estuviesen reunidos los requisitos para
la declaración de quiebra, él juez ordinario competente dispondrá la disolución de
la empresa y su liquidación por aquélla (art. 51-2, ley 20.091).
En síntesis, de lo expresado en b) y c) se desprende que el artículo 51 de la ley
20.091 prevé dos hipótesis de disolución forzosa:

^^ ARECHA, M. - GARCÍA CUERVA, H. M., Sociedades Comerciales, Depalma, Buenos Aires,


1983, pág. 146.
^^ CNCom., Sala D, 19-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación c/Cumbre Coop.
de Seg.",£).7., 1998-3-213.
^'^ CNCom., Sala D, 19-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación c/Cumbre Coop.
de Seg.", L.L, 1998-E-287; D.J., 1998-3-213.
^^ CNCom., Sala D, 19-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación c/Cumbre Coop.
de Seg.", L.L., 1998-E-287;/)./, 1998-3-213.
^ Del dictamen del fiscal de Cámara en: CNCom., Sala C, lO-V-1994, "Centuria Cía. de Seg.
s/liquidación" (inédito); CCiv. y Com. Rosario, Sala 1-, 4-V1I-1995, "Industria y Comercio Cía. de
Seg.",/./l., 1998-lV-síntesis.
86 RUBÉN S. STIGLITZ
(a) la primera es aquella en que el proceso liquidatorio, consecuencia de la re-
vocación de la autorización concedida para operar, es asumido por la autoridad de
control con intervención del juez competente, y (b) la segunda corresponde a la hi-
pótesis en que la autoridad de control no haya instado el procedimiento y, reunidos
los requisitos para la declaración de quiebra, el juez ordinario competente dispone
la disolución y le encomienda la liquidación a la autoridad de control.
En ambos casos la Superintendencia de Seguros asume condición de liquidador S7.
d) Tanto en la liquidación voluntaria como en la forzosa, la liquidación ejer-
cida por la autoridad de control deberá ajustarse a las disposiciones vigentes en ma-
teria de concursos comerciales para las quiebras y ejercerá las funciones de síndico
(art. 51-3, ley 20.091).
e) La autoridad de control, en funciones de liquidadora, se halla facultada para
rescindir los contratos de seguro con un preaviso de quince días notificando su decisión
al asegurador por medio fehaciente (art. 52-2, ley 20.091). Hasta tanto venza dicho pla-
zo, el asegurador responde por los siniestros verificados en el ínterin, salvo que el ase-
gurado, en el mismo plazo, haya celebrado otro contrato de seguro. En los seguros de
la rama vida dispondrá previamente la cesión de la cartera por licitación de acuerdo con
las bases que fije. Si la cesión no es posible, rige el párrafo anterior.
f) A los fines de la calificación de la conducta de los administradores, direc-
tores, consejeros, síndicos integrantes del consejo de vigilancia y gerentes, la auto-
ridad de control elevará al juez que conoció en la causa todos los antecedentes para
hacer efectivas las medidas previstas en la Ley de Concursos para el fallido en los
supuestos de culpa o fraude y, en su caso, les serán aplicables las penas previstas en
el Código Penal para el quebrado fraudulento o culpable (art. 53, ley 20.091).
g) Gozan del privilegio general del artículo 246, ley 24.522 (Ley de Concur-
sos y Quiebras):
1) Los asegurados o sus beneficiarios en la rama vida, por el capital o renta de-
bidos o por las reservas matemáticas en el mismo grado de los créditos menciona-
dos en el inciso 1- del mencionado artículo y con igual extensión a la que el ar-
tículo 247 otorga al capital emergente de sueldos, salarios y remuneraciones;
2) Los créditos por los siniestros producidos en los otros seguros.

76. Honorarios de los delegados liquidadores


En punto a los honorarios de los delegados liquidadores que designe la Super-
intendencia de Seguros de la Nación, se tiene decidido que carecen de derecho a
percibirlos de la aseguradora insolvente por la actuación que les cupo.
No puede ser otra la solución si tenemos en cuenta que (a) los delegados liqui-
dadores son funcionarios de la Superintendencia de Seguros de la Nación y actúan
en ejercicio de una función propia e inherente al control que debe ejercer el Estado,

^'^ CCiv. y Com. Rosario, Sala l^ 4-Vil-1995, "Industria y Comercio Cía. de Seg.", J.A., 1998-
IV-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 87

así como que (b) son quienes con mayor diligencia deben (deberían) velar "por los
despojos de un patrimonio cuya liquidación se les ha confiado después de que fa-
llaron los mecanismos preventivos de control que habrían debido instrumentar para
evitar la insolvencia de la entidad controlada" «s.
Por lo demás, la Superintendencia de Seguros de la Nación tiene legalmente
determinados los fondos con los cuales debe subvenir a los gastos de su funciona-
miento (art. 81, ley 20.091) y, entre ellos, no se menciona la posibilidad de cobrar
honorarios por el desempeño de sus tareas como autoridad de control en las liqui-
daciones de aseguradoras 89.
Además, habrá de tenerse presente que (a) la ley 20.091, en caso de liquida-
ción por disolución forzosa de una aseguradora, impone a la Superintendencia de
Seguros de la Nación el ejercicio de la función de liquidador (art. 51) y que (b) tal
función atribuida a dicho organismo por ley lo es en su carácter de "autoridad de
control", razón por la cual se trata del ejercicio de una función pública (arts. 51 y
64), que obviamente deberá ser ejercida por la persona física de sus funcionarios.
Sobre el particular cabe añadir que (c) el artículo 66 dispone que la Superintenden-
cia de Seguros de la Nación estará dotada de personal necesario para el cumpli-
miento de sus funciones, "integrado preferentemente en las funciones técnicas por
graduados universitarios en Ciencias Económicas o Derecho. En consecuencia, ta-
les profesionales, al ejercer la función liquidadora, no actúan como profesionales
liberales sino como funcionarios públicos de la autoridad de control. Y (d) como
tales no pueden percibir 'honorarios' ya que la retribución por sus servicios sólo
puede provenir de las remuneraciones correspondientes a la relación de empleo pú-
blico con el organismo de superintendencia asegurativo" ^o.

77. Conflicto de intereses en la liquidación de empresas


aseguradoras, mientras la sindicatura la ejerza
la Superintendencia de Seguros
Hay dos hipótesis paradigmáticas que ponen de manifiesto el conflicto de in-
tereses que suscita la circunstancia de que sea la Superintendencia de Seguros de la
Nación quien, a través de delegados liquidadores, actúe ejerciendo las funciones de
la sindicatura en las liquidaciones de empresas aseguradoras.
a) La primera de ellas se halla constituida por aquellos supuestos en que la Su-
perintendencia de Seguros de la Nación, en su carácter de síndico, debe asistir a la
masa de acreedores frente al Instituto Nacional de Reaseguros que, cabe recordar.

CCiv, y Com. Rosario, Sala 1-, 4-VII-1995, "Industria y Comercio Cía. Argentina de Seg.",
JA., 1996-1-579.
^^ Juzgado Civ. y Com., nro. 4, Rosario, 7-V-1995, "Industria y Comercio Cía. Argentina de
Seg.", J.A., 1998-I-síntesis.
' ° Juzgado Civ. y Com. nro. 4, Rosario, 7-V-93, "Industria y Comercio Cía. Argentina de Seg.",
J.A., 1998-I-síntesis.
88 RUBÉN S. STIGLITZ

operaba como una empresa del Estado dependiente del Ministerio de Hacienda de
la Nación (art. 1-, dec.-ley 10.073/53) y se hallaba administrada por un directorio
integrado —entre otros— por el superintendente de Seguros de la Nación (art. 13,
dec.-ley 10.073/53).
Por lo demás, no habrá de desatenderse que tanto en la liquidación voluntaria
como en la forzosa, la autoridad de control "ajustará la liquidación a las disposicio-
nes de los concursos comerciales para las quiebras, y tendrá todas las atribuciones
del síndico en aquéllas" (art. 52-1, ley 20.091).
En consecuencia, cabe señalar que en el supuesto indicado y con fundamento
en "la modalidad integrativa de los órganos de decisión de las entidades implicadas
(INdeR y Superintendencia de Seguros de la Nación)", entre el deudor y el síndico
existe "identidad de sujetos interesados", lo que podría comprometer el "ejercicio
del derecho de defensa enjuicio de la entidad en liquidación, afectándose así un
principio de jerarquía constitucional".
Y todo ello desemboca en una "incompatibilidad de intereses entre quien ejer-
ce la liquidación de la actora, que la debe representar en tal carácter procesal" (art.
110, ley 24.522) y la demandada (el INdeR), cuyo órgano de gobierno integra. De
allí la necesidad de que para el caso concreto se recurra a la designación de un sín-
dico adhoc 9',
En la especie, la aseguradora, con fundamento en el artículo 256 de la ley
24.522 y en el artículo 17 del C.P.C.C.N., recusó y solicitó la remoción de la sin-
dicatura y de los cinco delegados intervinientes por la Superintendencia de Seguros
de la Nación. Todo ello con sustento en que el informe general de la sindicatura
omitió mencionar dentro del activo de la fallida "el importe acreditado en la cuenta
de El Acuerdo en el INdeR, que asciende a cuarenta y seis millones quinientos diez
y ocho mil quinientos ochenta y tres pesos".
b) La segunda hipótesis está dada por la circunstancia de que en las demandas
de responsabilidad civil deducidas por asegurados, terceros o beneficiarios contra
el Estado nacional y/o contra la Superintendencia de Seguros de la Nación, con fun-
damento en el deficiente control ejercido sobre aseguradoras liquidadas, la prueba
fundamental del actor se halla constituida por el informe general de la sindicatura
(art. 39, ley 24.522) ejercida, precisamente, por la Superintendencia de Seguros de
la Nación, quien podría llegar a resultar condenada enjuicio, exclusiva o predomi-
nantemente, sobre la base del referido informe.
Es lo que aconteció en el primer precedente conocido 52.
Ello nos persuade de que, de más en más, los informes generales de la sindi-
catura, en atención a su eventual contenido autoincriminatorio, que guardan cierta

' ' CNCom., Sala A, 9-XI-1998, "El Acuerdo Cía. de Seg,", L.L., 2000-B-208, con comprome-
tida y recomendable lectura de la nota de Dionisio Flores; "Conflicto de intereses en la liquidación de
aseguradores".
92
Cám. Fed. de Apel. Mar del Plata, 2-III-2000, "Sorba, L. c/Superintendencia de Seguros de
la Nación y Estado Nacional", JA., ejemplar del 28-VI-2000, pág. 17.
DERECHO DE SEGUROS 89

analogía con la prueba de posiciones cuando, expresa o fictamente, se reconocen


los presupuestos de hecho en que el actor funda su pretensión, se convierten en una
pieza probatoria esencial y básica en el proceso de daños, lo que toma incompatible
su elaboración por un delegado/representante de un eventual legitimado pasivo.

78. Conflicto de intereses en la liquidación de empresas


aseguradoras, mientras la sindicatura la ejerza
la Superintendencia de Seguros (continuación)
Sobre el particular, cabe añadir a lo precedentemente expuesto en hipótesis
que guardan cierta semejanza, la correspondiente a la liquidación de entidades ban-
carias en situación en que el Banco Central ejerce la sindicatura.
Al respecto se sostiene que "la actuación del síndico en la quiebra debe estar
revestida de caracteres de imparcialidad, objetividad e independencia, condiciones
que se hallan comprometidas en los casos en que el representante del Banco Central
reúne la doble condición de síndico oficial y de acreedor o dependiente del ente rec-
tor, cuya responsabilidad puede verse comprometida, debido a que puede generarse
una colisión de intereses de su mandante con los del fallido" '3.
En efecto, en las hipótesis precedentemente expuestas el conflicto se suscita
sólo cuando el Banco Central en su carácter de síndico, debe verificar sus propios
créditos en la liquidación de una entidad bancaria.
A su vez, en los supuestos de liquidación de entidades aseguradoras, la Super-
intendencia de Seguros debe, en su condición de síndico, describir la conducta que
le cupo en todas las secuencias previstas en la ley 20.091 (t.o.).
De allí que quepa auspiciar una solución análoga a la sustentada en la quiebra de
las entidades bancarias, consistente en la designación de un síndico ad hoc en atención
a que necesariamente habrá colisión de intereses, aunque sea eventual, en cada caso
que del informe general de la sindicatura ejercida por la Superintendencia de Seguros
de la Nación en la liquidación de una aseguradora, resulten infracciones a deberes ju-
rídicos cometidos por quien, justamente por ello, habrá de ser legitimido pasivo de una
pretensión resarcitoria por parte de quien resultó causalmente dañado ''*.

'^ C.S.J.N., 21-IV-1998, "Banco Buenos Aires Building s/quiebra", LL, 1998-E-236; J.A.,
1998-IV-399.
'^'^ CNCom., SalaE, 24-X-96, "Banco Juncal Coop. Ltdo.", L.L., 1997-C-986, jurisp. agrup.,
caso 11.473; CNCom., Sala B, 9-III-1998, "Compañía Financiera de Concesionarios Ford Finanfor
s/quiebra", LL, 1998-D-732; D.J., 1998-3-785.
90 RUBÉN S. STIGLITZ

79. Conflicto de intereses en la liquidación de empresas


aseguradoras, mientras la sindicatura la ejerza
la Superintendencia de Seguros (continuación).
Potenciales implicancias penales
La superación normativa propuesta en tomo al evidente conflicto de intereses
en que forzosamente se ubica el funcionario público (art. 77-3, Cód. Penal) que con
el carácter de síndico representa a la Superintendencia de Seguros de la Nación, ha-
brá de obviar además la posibilidad de serias implicancias penales en su desempe-
ño. Y no precisamente por la comisión de un prevaricato, habida cuenta la juridi-
cidad que a su mandato presta el artículo 52-1, ley 20.091, sino por la vía del abuso
de autoridad (art. 248, infine, Cód. Penal) en su forma omisiva, comprensiva, como
señala Creus, tanto de la no ejecución de la ley como de su ejecución "fuera de la
oportunidad en que debía hacerlo" 95.
Tema diverso, pero de íntima vinculación con la cuestión examinada, lo cons-
tituye la responsabilidad de los funcionarios que ejercen —en los hechos-— la su-
perintendencia (vigilancia) de la actividad aseguradora y que, a través de los infor-
mes técnicos y de inspección, deben tener conocimiento acerca de la regularidad
prestacional del funcionamiento de las empresas del sistema.
Su actividad sancionatoria debe ser absolutamente tempestiva ante los incum-
plimientos o renuencias de las empresas aseguradoras, y el consentimiento de las
irregularidades no sólo entraña responsabilidades emergentes del perjuicio ocasio-
nado a los derechos de asegurados y terceros beneficiarios sino, además, podrían
llegar a configurar hipótesis delictuales penales como las ya descriptas (art. 248, in
fine, Cód. Penal) o aun, en casos de mayor fragrancia y trascendencia, las de com-
plicidad necesaria en una administración fraudulenta (art. 173, inc. 7-, en función
del art. 45 del Cód. Penal), de acreditarse perjuicios efectivos y ánimo de lucro.

80. Régimen sancíonatorio. Consideraciones generales


La ley 20.091 ha establecido un régimen sancíonatorio dirigido a los asegura-
dores y a quienes intermedian en las operaciones, sin perjuicio de haber regulado
las consecuencias derivadas de la celebración de contratos cuando una de las partes
no ostenta condición de asegurador autorizado en los términos de la ley.
Con carácter general cabe considerar, en primer lugar, que la mera denuncia efec-
tuada ante la Superintendencia de Seguros de la Nación pone en funcionamiento la ac-
tividad administrativa de la autoridad de control, sin que la misma sea posible de ser
interferida por un acto del denunciante como, por ejemplo, un "perdón" o desistimiento.
En el sentido indicado se tiene expresado que, "iniciada la actividad adminis-
trativa de la Superintendencia de Seguros de la Nación, fundada en presuntas situa-
ciones detectadas en una aseguradora, el conocimiento de la misma por parte del ente

^^ CREUS, C , Derecho Penal. Parte Especial, T. II, Astrea, Buenos Aires, 1991, pág. 258.
DERECHO DE SEGUROS 91

de control y la decisión administrativa que en su consecuencia resulte, no quedan


afectados por posteriores actos del denunciante. Por tanto, en la potestad sanciona-
tona de la superintendencia, no influye el ulterior "perdón" del denunciante, quien pue-
de disponer de sus derechos, pero no de las facultades de aquel organismo" ^^.
En segundo lugar, se deberá tener presente que las penas se graduarán razo-
nablemente según la conducta del asegurador, la gravedad y la reincidencia. A esos
fines, la autoridad de control dispone de "cierto poder discrecional en la formación
del juicio valorativo que exige la graduación razonable de la sanción y, en su caso,
la pertinencia de la pena más severa" ^7.
En ningún caso el asegurador podrá alegar la culpa o dolo de sus funcionarios
o empleados para excusar su responsabilidad (art. 58, ley 20.091).

81. Régimen sancionatorio (continuación). Destinatarios:


los aseguradores. Enunciado de las sanciones.
Presupuestos para su aplicación
En relación a los aseguradores, son sujetos pasibles de la aplicación de penas
cuando infrinjan la ley 20.091 o sus reglamentaciones previstas por ella, o no cum-
plan con las medidas dispuestas en su consecuencia por la autoridad de control y de
ello resulte:
a) El ejercicio anormal de la actividad aseguradora.
b) Una disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador.
c) Un obstáculo real a la fiscalización.
En estos casos, las penas factibles de ser aplicadas por la autoridad de control,
de menor a mayor, consisten en:
a) Llamado de atención ^s.
En cambio, se sostuvo que la falta de ingreso de una póliza en el libro de re-
gistro de cobertura no constituye ejercicio anormal de la actividad, por lo que se re-
vocó el llamado de atención '9.
b) Apercibimiento.
c) Multa, en cuyo caso la autoridad de control podrá solicitar embargo preven-
tivo en los bienes del deudor (art. 86-1, ley 20.091). De conformidad a lo dispuesto
por el artículo 15 5, ley 24.241, la multa aplicable será desde el 0,01 % hasta el 0,1 %

"' CNCom., Sala D, 20-VI-1996, "Assicurazioni Generali Societá per Azioni", L.L., 1998-B-
881 (40.220-S).
" C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", £.0., 163-340.
'^ Por la entidad de la infracción, la autoridad de control dispuso el llamado de atención de una
aseguradora que otorgó cobertura de accidentes personales (ofreciéndola a través de una emisora de
tarjetas de crédito) a una persona cuya edad excedía el límite establecido en las condiciones generales
de la póliza (65 años), instrumentándolo en un suplemento no autorizado por la Superintendencia de
Seguros de la Nación (CNCom,, Sala D, 21 -IX-1994, "La Meridional Cía. Arg. de Seguros s/denuncia
de Sánchez, E. Superintendencia de Seguros de la Nación" [inédito]).
'•^ CNCom., Sala D, 20-V-1996, "Assicurazioni Generali Societa per Azioni", LL, 1998-B-881.
92 RUBÉN S. STIGLITZ

del total de primas y recargos devengados —neto de anulaciones— en el ejercicio


económico anterior, que no podrá ser inferior al 0,5% del capital mínimo requerido.
d) Suspensión de hasta tres meses para operar en una o más ramas autorizadas.
Debe tenerse presente que la aplicación de la suspensión, por su gravedad, es
una sanción que debe hallarse prevista específicamente en la hipótesis. Por ello se
tiene decidido que para llegar a ella hay que observar las etapas intimatorias que le
preceden 'oo.
Por lo demás, la misma gravedad de la sanción requiere de la autoridad de con-
trol graduar su cuantía de modo tal que no se constituya en un exceso que implique
"una penalidad destructiva de una empresa de seguros al paralizar su actividad" por
un lapso excesivo lo!.
e) Revocación de la autorización para operar como asegurador, en los casos de
ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminución de su capacidad eco-
nómico-financiera 102.
O cuando la empresa de seguros ha emitido pólizas de manera irregular —"en
negro" o paralelas—, pues, además de que sus registros no son confiables para va-
lorar su situación económica financiera, la comisión de esos actos contra legem no
puede ser admitida en el servicio público de la actividad aseguradora 'o^.

'^^ En el caso, se debía resolver sobre el alcance de la facultad sancionaíoria de la Superintenden-


cia de Seguros de la Nación, quien sancionó con suspensión de tres meses para operar en el ramo cau-
ción a una entidad por considerar que medió exceso en sus tablas de retención, sin formular previa-
mente las observaciones a que alude la ley (art. 32, ley 20.091). En el caso, el dictamen del fiscal de
Cámara sostuvo que la sanción debía ser precedida del incumplimiento de las observaciones de la au-
toridad de control. Caso contrario, implica conferir al ente estatal una facultad que la ley no le atribuye
(CNCom., Sala A, 29-IV-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación s/verificación sobre con-
tratos de reaseguros de Amparo Cía. de Seg." [inédito]).
"^' CNCom., Sala D, 16-VIII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación s/omisión de re-
gistración de juicios en el libro de actuaciones judiciales por parte de San Juan Coop. de Seguros". En
el caso, la aseguradora había omitido llevarlos registros de juicios existentes en los libros respectivos
y por la consecuente omisión de los montos correspondientes a esos procesos que implicó una ocul-
tación de pasivo, que impidió la actuación de las previsiones destinadas a tratar la pérdida de capital.
La decisión judicial redujo de cuarenta y cinco a cinco los días de suspensión. En otro proceso en que
se juzgó la conducta del asegurador que incumplió con su deber de abonar en tiempo oportuno las in-
demnizaciones resultantes de las condenas recaídas en dos juicios seguidos contra su asegurado, en
los que fue citada en garantía, debiendo soportar éste, con su patrimonio, los efectos dañosos deriva-
dos de la mora imputable a la empresa, la reducción de la suspensión para operar fue de quince a cinco
días en razón de la ausencia de antecedentes sancionatorios (CNCom., Sala A, 7-IX-1994, "Cía. de
Seg. La Franco Argentina S. A. s/incumplimiento disposiciones de seguro vigentes. Superintendencia
de Seguros de la Nación" [inédito]).
Sobre el particular se tiene expresado que procede la revocación de la autorización, lo que presu-
pone la prohibición de celebración de nuevos contratos, si la pena no se basó exclusivamente en la pérdida
de capital de la sociedad sino, además, en serias irregularidades de orden económico-financiero, contable
y administrativo que, ajuicio de la Superintendencia de Seguros de la Nación, tomaba aplicable la medida
adoptada (C.S.J.N., 13-V-1970, "Solidaria Cía. de Seg.", LL, 140-799; JA., 1970-7-96).
'°^ CNCom., Sala E, 29-IX-1996, "La Unión Agrícola Cía. de Seg.", LL, 1997-C-205; D.J.,
1997-2-45.
DERECHO DE SEGUROS 93

82. Régimen sancionatorio (continuación). Ejercicio anormal


de la actividad aseguradora
El "ejercicio anormal de la actividad aseguradora" resulta ser, pues, una pauta
consecuente a un incumplimiento y que habilita la aplicación de una sanción.
Genéricamente se tiene expresado por la Corte Suprema de Justicia de la Na-
ción que el legislador, al establecer las sanciones que corresponde aplicar ante el in-
cumplimiento del asegurador, dotó a la autoridad de control de cierto poder discre-
cional en la formación del juicio valorativo que exige la graduación razonable de
la sanción y, en su caso, la pertinencia de la pena más severa '04,
De lo expresado se desprende que el legislador no ha definido lo que significa
"ejercicio anormal", ni tampoco lo que constituye el "ejercicio normal" de la acti-
vidad aseguradora.
De allí que se tenga expresado por nuestro más alto tribunal que la estimación
por parte de la Superintendencia de Seguros del presupuesto fáctico definido por el
artículo 58, inciso d), ley 20.091, contiene un elemento fuertemente discrecional en
el caso de "ejercicio anormal de la actividad aseguradora", pues ningún patrón le-
gal califica de modo exhaustivo el criterio de "normalidad" que la Superintenden-
cia de Seguros de la Nación debe exigir en resguardo del objetivo primordial de la
protección de la fe pública io5.
Aplicación de lo expuesto lo constituye un pronunciamiento donde se decidió
que la omisión en ingresar una póliza en el libro de registro de cobertura no cons-
tituye ejercicio anormal de la actividad aseguradora 'o*.
Contrariamente a ello, se estableció que constituye "ejercicio anormal de la
actividad aseguradora" la violación del deber "de llevar en debida forma al libro las
actuaciones judiciales" ™.
Otra hipótesis calificada de ejercicio anormal de la actividad aseguradora lo
constituyó el hecho atribuido a una entidad que, renuente en pagar la indemniza-
ción debida, optó por efectuar una denuncia penal de estafa en grado de tentativa en
concurso con falsa denuncia contra el asegurado. En la causa quedó finalmente
acreditado que la aseguradora se valió de documentación apócrifa, por lo que la de-
nuncia penal fue calificada de injustificada y hecha de mala fe 'o».
O la de una aseguradora que en período de vigencia de primas mínimas uni-
formes, concluía contratos de seguro aplicando tarifas inferiores io9.

^'^ C.S.J.N., 13-XIM994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028


(3^;851-S);£.Z).,.163-340.
^°^ C.S.J.N., 13-Xn-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028
(39.851-S).
'"* CNCom., Sala D, 20-VI-1996, "Assicurazioni Generali Societá per Azioni", LL, 1998-B-
881 (40.220-S).
^°^ CNCom., Sala A, 27-IX-1993, "Superintendencia de Seguros de la Nación en: Compañía Ar-
gentina de Seguros", E.D., 158-215.
^°^ CNCom., Sala B, lO-VIII-1998, "La Buenos Aires Cía. de Seguros", D.J., 1999-2-706.
'°* C.S.J.N., 17-XI-1994, "San Cristóbal SociedadMutual de Seguros Generales",^.!., 1995-B-285.
94 RUBÉN S. STIGLITZ

83. Ejercicio anormal de la actividad aseguradora (continuación).


La estimación subjetiva por parte de la autoridad de control.
Casuística
Como se advierte, el presupuesto fáctico definido en el artículo 58, inciso d)
de la ley 20.091 nos conduce inexorablemente a establecer, como lo sostiene la
Corte Suprema de la Nación, la existencia de una frontera entre la actividad asegu-
radora ejercida regularmente y la que lo es de modo anormal.
Para ello el legislador atribuye a la autoridad de control la facultad de estimar
subjetivamente en consideración a un principio de libre apreciación en cada caso
concreto, fundada en un precepto legal, lo que proscribe una decisión extralegal' lo.
En esa línea de reflexión se instala el pronunciamiento que decide que "la
constatación de un prolongado estado de déficit financiero, confirmado por una se-
rie de incumplimientos de obligaciones exigibles", permite tener por configurado
el ejercicio anormal de la actividad aseguradora "i.
Como así también no afrontar el pago de la indemnización debida, efectuando
para ello una denuncia penal contra un asegurado por tentativa de estafa, valiéndose
de documentación apócrifa n^.
O la infracción al "deber de llevar en debida forma al libro las actuaciones ju-
diciales" 113.

84. Régimen sancionatorio. Destinatarios (continuación):


los intermediarios
El artículo 59 de la ley 20.091 contiene el régimen sancionatorio dirigido a los
productores, agentes, intermediarios, peritos y liquidadores, no dependientes del
asegurador que en su desempeño infrinjan las disposiciones legales, los principios
técnicos aplicables a la operación en la cual intervienen y a los principios de dili-
gencia y buena fe (arts. 59-1 y 55, ley 20.091). La aplicación de las penas se extien-
de a la hipótesis de que no suministren los informes que les requiera la autoridad de
control en el ejercicio de sus funciones. En cualquiera de esos casos los intermedia-
rios se hacen pasible de las siguientes penas:
a) Llamado de atención.
b) Apercibimiento.
c) Multa.

" ° C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028


(39.851-S); C.S.J.N., 17-XI-1994, "San Cristóbal Sociedad Mutual de Seguros Generales", L.L.,
1995-B-285.
' " C.S.J.N., 13-XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1997-E-1028
(39.851-S); E.D., 163-340.
"^ CNCom., Sala B, lO-VIII-1998, "La Buenos Aires Cía. de Seguros", D.J., 1999-2-706.
CNCom., Sala A, 27-IX-1993, "Superintendencia de Seguros de la Nación en: Compañía Ar-
gentina de Seguros", E.D., 158-215.
DERECHO DE SEGUROS 95

d) Inhabilitación de hasta cinco años.


e) Prisión de uno a seis años e inhabilitación por doble tiempo de la condena
para los productores, agentes y demás intermediarios que no entreguen a su debido
tiempo al asegurador las primas percibidas (art. 60, ley 20.091).

85. Régimen sancionatorio (continuación). Destinatarios


(continuación): los intermediarios. Criterio para la aplicación
de las sanciones. Casuística
En todos los casos las penas se graduarán de acuerdo con las funciones del in-
fractor, la gravedad de la falta y la reincidencia.
Tal como fue expuesto en el parágrafo anterior, las penas deben graduarse ra-
zonablemente considerando la conducta del imputado, la gravedad de la falta y la
condición de reincidente. En función de dichas pautas se tiene resuelto que, habién-
dose impuesto a un productor de seguros una pena de inhabilitación por cinco años
por haber infringido el artículo 19, ley 22.400, al operar con riesgos y domicilios de
asegurados ubicados o domiciliados en centros urbanos de más de 200.000 habitan-
tes, pese a encontrarse inhabilitado para ello, circunstancia reconocida por el afec-
tado, corresponde morigerar esa sanción, ponderando la entidad de la falta y con-
siderando la inexistencia de sanciones anteriores, a tres meses de inhabilitación ' '4.
En cambio, aparece más ajustada a las circunstancias del caso la sanción apli-
cada por la Superintendencia de Seguros de la Nación, que inhabilitó por el término
de seis meses para el ejercicio de sus funciones a un productor asesor de seguros
que había intervenido en la concertación de un contrato de seguro sobre un automo-
tor cuando, producido el siniestro, la compañía de seguros rechazó la cobertura por
tratarse de un transporte de combustibles, riesgo no cubierto por aquélla, toda vez
que el productor incumplió con las obligaciones previstas en los artículos 10-1, c)
y 12, ley 22.400, y actuó negligentemente por no haber tomado la elemental precau-
ción de inquirir cuáles eran los riesgos cubiertos por la aseguradora, trámite nada
complejo, pues le hubiese bastado —antes de aceptar cualquier solicitud— con re-
querir copia de las pólizas preconstituidas por la entidad ns.
En otro supuesto se dispuso que "intermediar en operaciones de una entidad
aseguradora no autorizada a concertar operaciones de seguros en el país, constituye

' '"* CNCom., Sala E, 21 -XII-1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación s/incumplimiento


puntos 14 a 16 de la resolución 21.179 por el productor asesor de seguros Sr. Vergara, Celestino" (iné-
dito).
"^ CNCom., SalaC, 12-VII-1995, "Hernán E. Bonfanti s/sum. Superintendencia de Seguros de
la Nación" (inédito), donde se añadió que la grave imprevisión, de por sí reprochable, se toma más
evidente, atento al serio perjuicio derivado para las partes, ya sea que el asegurado se encuentre sin
cobertura y tenga que hacerse cargo del siniestro, o que la aseguradora asuma el pago de una indem-
nización de un riesgo no previsto en sus pólizas.
RUBÉN S. STIGLITZ

una clara infracción a las disposiciones legales, que determina la aplicación de las
sanciones contenidas en el artículo 59 de la ley 20.091" 'i^.
Se consagra la solidaridad de los responsables para el pago de las multas y la
prohibición a los aseguradores de afrontar su pago o de cualquier retribución en
caso de inhabilitación (art. 59, ley 20.091).

86. Régimen sancionatorio para el caso de oferta o celebración


de contratos por quien no se halla autorizado
La ley 20.091 consagra la prohibición consistente en anunciar en cualquier
forma u ofrecer celebrar operaciones de seguro a quienes no se hallen autorizados
para actuar como aseguradores. La pena aplicable para esos supuestos es la de mul-
ta (art. 61-1, ley 20.091).
A su tumo, también halla consagración la prohibición de celebrar contratos
por quien no se halle autorizado para operar como asegurador (art. 61-2, ley 20.091).
En este caso la ley declara la nulidad del contrato y establece una multa al infractor,
quedando subsistente la pretensión por los daños derivados de la nulidad del con-
trato, como por ejemplo lo sería para quien suponía hallarse asegurado, si sufrió las
consecuencias dañosas derivadas de un siniestro.
Si la infractora fuera una sociedad anónima, cooperativa o mutual, sus direc-
tores, administradores, síndicos o integrantes del consejo de vigilancia, en su caso,
y gerentes, serán solidariamente responsables por las multas y consecuencias de la
nulidad de los contratos celebrados. Si se tratare de otro tipo de sociedad, la respon-
sabilidad solidaria se extenderá además a todos los socios. Si la infracción fuera co-
metida por una sucursal o agencia de sociedad extranjera, la responsabilidad co-
rresponderá al factor gerente o representante (art. 61-3, ley 20.091).

87. Medidas precautorias


La ley 20.091, modificada por ley 24.241, ha previsto, facultativamente, la
posibilidad de que la autoridad de control requiera la adopción de medidas precau-
torias. Estas medidas precautorias deben tener como finalidad preservar el patrimo-
nio del asegurador "7.
a) Así, cuando la resolución imponga el pago de una multa, la Superintenden-
cia de Seguros de la Nación podrá solicitar embargo preventivo sobre bienes del in-
fractor (art. 86-1, ley 20.091).
b) Cuando la resolución disponga la suspensión o la revocación de la autori-
zación para operar en seguros, el tribunal de alzada dispondrá a pedido de la Supe-

CNCom., Sala E, 27-VIII-1996, "Superintendencia de Seguros de la Nación en; Valencia, M.


R", LL, 1997-C-994, jurisp. agrup., caso 11.541.
CNCom., Sala de Feria, 16-1-1985, "Superintendencia de Seguros de la Nación pide la inter-
vención a Resguardo Cía. de Seg.", L.L., 1985-B-305; D.J., 1985-34-114.
DERECHO DE SEGUROS 97

rintendencia de Seguros de la Nación la administración e intervención judicial del


asegurador, que no recaerá en la autoridad de control (art. 86-1, ley 20.091).
c) Por lo demás, la autoridad de control se halla facultada para disponer, sin
audiencia de parte, la prohibición al asegurador de realizar, respecto de sus inver-
siones, cualquier acto de disposición o los de administración que específicamente
indique y de celebrar nuevos contratos de seguro en los siguientes casos:
i) En la situación prevista por el artículo 31, ley 20.091. modificada por ley
24.241 (cumplimiento de medidas de regularización y saneamiento);
2) Disminución de la capacidad económica o financiera, o manifiesta despro-
porción entre ésta y los riesgos retenidos o déficit en cobertura de los compromisos
asumidos;
3) Infracción a las normas sobre egresos e ingresos de fondos y sobre depósito
en custodia de títulos públicos de renta y títulos valores en general;
4) Falta de presentación por el asegurador de los estados contables de publi-
cidad, de situación patrimonial, o de compromisos exigibles y siniestros liquidados
a pagar en los plazos reglamentarios;
5) Irregularidades en la constitución o actuación de los órganos de administra-
ción y fiscalización o de las asambleas;
6) Irregularidades en la administración o contabilidad que impidan conocer la
situación patrimonial de la entidad;
7) Dificultad de liquidez que haya determinado demora o incumplimiento de
sus pagos.
Para hacer efectivas estas medidas, la Superintendencia de Seguros de la Nación
ordenará su toma de razón a las entidades públicas o privadas que estime pertinente.
Las medidas enunciadas podrán "levantarse" (sic) para: (a) cumplir obliga-
ciones con asegurados; (b) reinversión del bien de que se trate —en cuyo caso sub-
sistirán sobre el que entre en su reemplazo—; o (c) cuando se compruebe que el ase-
gurador se halla en condiciones normales de funcionamiento.
Los recursos administrativos o judiciales que se interpongan contra la resolu-
ción que disponga alguna de estas medidas serán al solo efecto devolutivo.
Sobre el efecto devolutivo del recurso concedido por la Superintendencia de
Seguros se ha desestimado la pretensión de inconstitucionalidad del artículo 86, ley
20.091, modificado por el artículo 155 de la ley 24.241, con fundamento en que si
bien, como principio, una decisión apelada es razonable que no sea cumplida hasta
tanto el tribunal de alzada no la confirme o revoque, en ciertas circunstancias es ra-
zonable una excepción a tal principio, siendo ello típico en el ámbito de las medidas
cautelares. En consecuencia —se agregó—, "no existe irrazonabilidad en la norma
del artículo 86 toda vez que el efecto limitado con que se concedió la apelación, no
compromete el derecho de defensa, ni el de propiedad, toda vez que la defensa po-
drá plantearse conforme a las normas que reglamentan su ejercicio" n*.

' ' ^ CNCom., Sala B, 4-III-1994, "La Rectora Cía. Arg. de Seg. c/Superintendencia de Seguros de
la Nación s/recurso de queja" (inédito).
CAPÍTULO IV

RESPONSABILIDAD DEL ESTADO POR DAÑOS


DERIVADOS DE UN DEFECTUOSO CONTROL

88. Responsabilidad del Estado por falta de control


de la Superintendencia de Seguros de la Nación
En los últimos tiempos, la comunidad jurídica nacional ha reafirmado la ne-
cesidad de que el Estado actúe inexorablemente el poder de policía sobre la activi-
dad aseguradora, a través de la Superintendencia de Seguros de la Nación, ejercién-
dolo de modo particularmente intensificado, cumpliendo estrictamente con las
funciones de control emergentes de la ley 20.091, atento al especial interés público
comprometido K
Ese especial interés público comprometido también es continuamente remar-
cado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, al caracterizar el control
de la Superintendencia de Seguros de la Nación, sobre el régimen económico y téc-
nico de los aseguradores, destaca el objetivo primordial de salvaguardar la fe pú-
blica y la estabilidad del mercado asegurador 2.
Para los asegurados y beneficiarios, aquella estabilidad e interés público atañe
a la garantía de obtener en concreto el respaldo económico de los aseguradores, por
influjo del servicio estatal de control sobre la solvencia. Por ello, el incumplimiento
de los deberes por la Superintendencia, al incidir sobre la privación del resarci-
miento o prestación debida a asegurados o beneficiarios, toma de fundamental im-
portancia la vigencia imperativa del sistema de responsabilidad del Estado, que es

' Conf., IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Co-
misión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 1. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. SxiGLnz; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Garios GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO, y otros); BARBIER, E. -
AGUIRRE CELE, J. M., "El contrato de seguro y la extensión de la responsabilidad por su ejecución.
Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación", JA., 1991-11-863 y sigs.
^ C.S.J.N., 19-IX-1990, "Reaseguradora Argentina S.A. c/Estado Nacional", L.L., 1991-A-
621, nro. 970; C.S.J.N., 23-11-1993, "Superintendencia de Seguros de la Nación s/infr.", LL, 1993-
D-621,nro. 458.
100 RUBÉN S. STIGLITZ

una pieza esencial del Estado de Derecho, para que el administrado obtenga repa-
ración de los daños imputables a esas faltas u omisiones 3.
Por tal motivo la doctrina afirma que, ante dicho incumplimiento, "el Estado
responde extracontractualmente frente a los asegurados, beneficiarios y terceros
damnificados, en la medida que concurran los presupuestos generales de la repara-
ción por daños" 4.
En el mismo sentido, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha calificado ex-
presamente como responsabilidad extracontractual del Estado, aquella emergente de
la violación de los deberes de policía que le competen respecto de las empresas asegu-
radoras y que ejerce por medio de la Superintendencia de Seguros de la Nación 5.
Y en el mismo sentido medió pronunciamiento del II Congreso Argentino de
Derecho del Consumidor, donde se concluyó que: "La Superintendencia de Segu-
ros de la Nación hace responsable al Estado por los daños y perjuicios que sufran
los asegurados por la omisión o ejercicio insuficiente o desviado del poder de po-
licía que pone a su cargo la ley 20.091" 6.

89. Responsabilidad estatal por omisión en el ejercicio


del poder de policía
Las funciones de policía se deben cumplir obligatoriamente, ya que no se trata
de una facultad otorgada por la ley T, de modo que cuando los deberes consecuentes

DIEZ, M.M.,ManMa/áeDerec/¡o/líim;>iwírarivo,T. 2,2-ed., Plus Ultra, Buenos Aires, 1981,


pág. 410.
•* Conf., IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Co-
misión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 2. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GOLDENBERG; Aída KEMELMAIER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO, y otros). Conf. MESSINA DE
ESTRELLA GUTIÉRREZ, G. N., "Responsabilidad civil de la Superintendencia de Seguros de la Nación
por la liquidación de las entidades aseguradoras: daños a los asegurados y a los terceros", Revista de
Responsabilidad Civil y Seguros, año 1, nro. 4, La Ley, págs. 45 y sigs.
C.S.J.N., 6-IV-1993, "Rizzo c/Estado Nacional - Superintendencia de Seguros déla Nación",
L.L., 1993-D-640, nro. 600.
Celebrado en Rosario del 11 al 13-V-1994. El tema fue considerado por la Comisión nro. 2
y fue suscripto por A. A. ALTERINI; G. A. STIGLITZ; A. M. MORELLO; R. M . LÓPEZ CABANA; R. S. STI-
GLITZ; Ricardo M. LORENZETTI; M . F . COMPIANI y otros.
Bustamante Alsina señala que el poder de policía, instituido para preservar el bien común,
constituye un atributo irrenunciable del Estado. Es una función esencial que la autoridad pública tiene
el deber de ejercer, para que se cumplan aquellos objetivos. De allí que el incumplimiento de ese de-
ber, omitiendo hacer aquello que es indispensable, convierte en ilícita aquella abstención (art. 1074,
Cód. Civ.) (conf. BUSTAMANTE ALSINA, I , "La responsabilidad del Estado en el ejercicio del poder
de policía", L.L., 1990-C-430; SCHIAVO, C , "Acciones preventivas promovidas por particulares afec-
tados por incumplimientos de la Superintendencia de Seguros de la Nación", J.A., 1997-IV-927 y
sigs., quien afirma que se trata de "típico y claro deber jun'dico de actuación organizado en favor de
los administrados").
DERECHO DE SEGUROS 101

aparecen omitidos, o el poder de policía es ejercido en forma insuficiente, excesiva,


desviada o abusiva, esa falta genera responsabilidad estatal §.
La solución no es sino aplicación de la responsabilidad estatal como sistema
general, vigente toda vez que un particular haya sufrido un daño material o moral
causado directamente por el Estado y que por ende debe ser indemnizado por éste'.
Se trata de una responsabilidad "directa", pues los hechos o actos de los agen-
tes piíblicos importan actuación del Estado mismo lo, aun cuando concurrentemen-
te pueda configurarse una responsabilidad personal del funcionario o empleado ''.
Se rige por principios del derecho público, y normas y principios del derecho
privado (por ejemplo, arts. 1112,1109,1113,1071yconcs.,Cód.Civ.), ante la au-
sencia de normas específicas del derecho administrativo 12.
Se trata de un sistema general de tal amplitud que la responsabilidad extracon-
tractual del Estado puede existir, sea por actividad lícita o ilícita i^^ sea concurrien-
do o no culpa que haya de serle imputable i4.
Ello en razón de que en el derecho público (y del mismo modo evoluciona mo-
dernamente el derecho civil), la responsabilidad tiende a objetivarse '5, se basa en
un principio sustancial de justicia distributiva" '6, tiende a evitar la producción de
cualquier daño injustificado y no repartido equitativamente, entre la población i''.
Basta que un daño causado por la Administración Pública lesione la equidad,
afectando al individuo de manera injusta o desigual '^.
o
LÓPEZ CABANA, R. M., "Responsabilidad civil del Estado derivada del ejercicio del poder de
policía", en Derecho de Daños, La Rocca, Buenos Aires, 1989, pág. 751; MESSINA DE ESTRELLA GU-
TIÉRREZ, G. N., "Responsabilidad...", cit., pág. 46; BARBIER, E. - AGUIRRE CELIZ, J., "El contrato...",
cit., pág. 864.
' DIEZ, M. M., Manual.., cit., T. 2, pág. 409.
HALPERIN, p . A., "La responsabilidad del Estado por el obrar de sus entidades descentraliza-
das", Revista de Derecho Administrativo, año 3, nro. 6, pág. 55; MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit.,
T. IV, nro. 1647, págs. 680 y sigs.; DIEZ, M. M., Manual..., cit., T. 2, pág. 412.
' ' CASSAGNE, J. C , Derecho Administrativo, T. I, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1983, pág. 298.
'^ MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit., T. IV, nro. 1648, pág. 687; FIORINI, B., Derecho Admi-
nistrativo, T. II, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1976, pág. 718.
CANASI, J., Derecho Administrativo, Vol. IV, Depalma, Buenos .Aires, 1977, pág. 493;
CNCont. Adm., Sala 5'-, 8-IV-1996, "Corcuera Ibáñez, R. c/Caja Nac. de Ahorro", J.A., 2000-II-sín-
tesis.
^^ MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit., T. IV, nro. 1619, pág. 652 y nro. 1636, pág. 671; Trib.
Col. Resp. Extracont., nro. 1, Rosario, 8-V-1996, "C.H.O. c/Provincia de Santa Fe",/A., 2000-I-sín-
tesis.
'^ DIEZ, M. M., Manual..., cit., T. 2, pág. 429.
'^ "La actividad del Estado se ejerce en beneficio de la colectividad, y las cargas que ella entraña
no deben pesar más gravemente sobre unos que sobre otros. Si resulta de la intervención estatal un per-
juicio especial para algunos, la colectividad debe repararlos, haya habido o no falta de los órganos pú-
blicos" (DUGUrr, L., Traite de Droit Constitutionnel, T. III, 2- ed., Paris, 1923, págs. 466 y sigs.).
''' DIEZ, M . M., Manual.., cit., T. 2, pág. 409.
'^ CANASI, J., Derecho..., cit., Vol. IV, pág. 503.
102 RUBÉN S. STIGLITZ
En tal caso cabe restablecer el equilibrio a fin de mantener la igualdad, ante los
daños causados por el Estado. Se trata del principio de igualdad ante las cargas pú-
blicas, reconocido por el artículo 16 de la Constitución Nacional i^.
Ahora bien, tratándose específicamente de responsabilidad estatal derivada
del poder de policía, es menester que se configure un ejercicio "irregular" para que
los daños sean indemnizables por el Estado 20.
Sustancialmente, aquellos incumplimientos en el ejercicio del poder de poli-
cía configuran ilícitos por omisión, en cuanto transgresiones a deberes jurídicos de
obrar, sean impuestos por la ley o el orden público, o incluso al tratarse de omisio-
nes abusivas 21.
Específicamente en el ámbito del poder de policía sobre el mercado asegura-
dor, pesan sobre la Superintendencia de Seguros de la Nación, ciertos deberes/de-
rechos —cuya omisión sería irregular—, atinentes al control sobre la solvencia de
las aseguradoras:
a) controlar que los fondos de las aseguradoras no sean desviados de la fun-
ción específica para la que se los reserva (inmutabilidad del destino);
b) preservar la situación financiera de las empresas en orden a los compromi-
sos contraídos;
c) la gestión eficaz de los capitales (control de inversiones, etc.), que les per-
mita afrontar las obligaciones de pago de los siniestros;
d) fiscalizar el cumplimiento del capital mínimo y normas que preservan su
integridad (indisponibilidad de inversiones, etc.);
e) prohibición, cuando proceda, de celebrar nuevos contratos;
f) control de las reservas técnicas y de siniestros y el de reserva legal;
g) presentación de balances, cuentas e informes y publicación del balance
anual;
h) aplicación de las sanciones correspondientes por ejercicio anormal de la ac-
tividad, dificultades de liquidez, irregularidades en la administración o contabili-
dad, o disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador (suspen-
sión, o revocación de la autorización para operar), liquidación, etcétera;

'^ CASSAGNE, J. C , Derecho...,, cit., págs. 298 y sigs.; FIORINI, B., Derecho..., cit., T. II, págs.
715 y sigs.
^^ MARIENHOFF, M . S., Tratado..., cit., T. IV, nro. 1619, págs. 651 y sigs.; LÓPEZ CABANA, R.,
"Responsabilidad...", enDerecho de Daños, cit., pág. 752; DEMOGUE, R., Des Obligations en Gene-
ral, T. 5, París, 1925, nro. 1270, págs. 591 y sigs.; GORDILLO, A., Tratado de Derecho Administrativo,
T. II, Macchi, Buenos Aires, 1975, pág. XXI-12; GAMBIER, B., "Algunas reflexiones en torno a la res-
ponsabilidad del Estado, por omisión, a la luz de la jurisprudencia", L.L., 1990-E-623; CASSAGNE, J .
C , "La responsabilidad del Estado por omisión", L.L, 1989-C-514; S.C. Mendoza, 4-IV-1989, "To-
rres c/Pcia. de Mendoza" (voto Dra. Kemelmajer de Carlucci), L.L., 1989-C-514 y sigs.
^' MOSSET ITURRASPE, J., Responsabilidad por Daños,T. I, Ediar, Buenos Aires, 1971, pág. 30;
CNCont. Adm., Sala 3^, 28-VIII-1997, "Eli, J. c/Banco Central de la República Argentina", J.A.,
2000-II-smtesis.
DERECHO DE SEGUROS 103
i) control de la publicidad comercial engañosa o irregular (informaciones fal-
sas sobre la situación económico-financiera, etc.);
j) control del pago oportuno de los siniestros;
k) fiscalizar que las primas fijadas resulten suficientes para cumplir las obli-
gaciones y observar las primas insuficientes;
1) emplazar a las aseguradoras para que adopten las medidas para mantener la
integridad del capital (planes de saneamiento y regularización de déficit, etc.);
m) adoptar medidas precautorias, como embargo preventivo, administración e in-
tervención judicial, impedir actos de disposición, o celebrar nuevos contratos, etcétera;
n) controlar la fusión de empresas y la cesión de cartera;
o) actuar como liquidador de la entidad, con las funciones del síndico en los
concursos, con la consiguiente gestión de los intereses de los asegurados;
p) rescindir los contratos actuando como liquidador;
q) prohibir la celebración de contratos a quienes no se hallen autorizados a
operar como aseguradores.
La falta de cumplimiento de tales u otros deberes análogos, puede ser la causa
adecuada de la privación del resarcimiento o prestación debida que sufran los ase-
gurados o beneficiarios.
Todos éstos y tantos más supuestos similares, importan omisiones del Estado,
que toman irregular el ejercicio del poder de policía, incurriendo en una "falta de
servicio" 22, fundamento suficiente para imputar responsabilidad estatal sobre la
base de los principios del derecho administrativo.

90. La falta de servicio como fundamento de imputación


En efecto, la doctrina y la jurispmdencia modernas acuden al fundamento de
la "falta de servicio" para la justificación de la responsabilidad extracontractual del
Estado por los llamados actos de gestión ("la intendencia de los servicios públicos",
etc.), con sustento en un principio de derecho administrativo, de base constitucio-
nal, según el cual "no es justo que los administrados soporten los daños causados
por el funcionamiento irregular o defectuoso del servicio o función pública, dado
que de lo contrario se alteraría la igualdad ante las cargas públicas" 23.
Ello implica reconocer a los administrados el derecho a un funcionamiento
correcto del servicio o función pública, "derecho cuya sanción está asegurada por
la responsabilidad de la Administración, en caso de funcionamiento defectuoso" 24.

GAMBIER, B., "Algunas...", cit., pág. 626, quien señala que la omisión en el ejercicio del poder
de policía será antijurídica cuando haya sido razonable esperar que se actuara en un determinado sen-
tido, en aquel que tienda a evitar daños en la persona o bienes de los individuos.
^^ CASSAGNE, J, C., Derecho..., cit., T. I, págs. 291 y sigs.; BARBIER, E. A. - AGUIRRE CELIZ, J.
M., "El contrato..., cit, pág. 866; Trib. Coleg. Extracont. nro. 1, Rosario, 8-V-1996, "C.H.O. c/Pro-
vincia de Santa Fe, J.A., 2000-II-síntesis.
^'^ DIEZ, M . M., Manual..., cit., T. 2, pág. 421.
104 RUBÉN S. STIGLITZ
En relación específicamente a la responsabilidad por omisiones en el control
de la Superintendencia de Seguros de la Nación, la doctrina ha concluido en el sen-
tido de que "la atribución de responsabilidad por dicho incumplimiento se basa en
la idea de falta de servicio" 25.

91. La falta de servicio como fundamento de imputación


(continuación). Criterios para su determinación
La idea de "falta" presupone una apreciación sobre el carácter correcto o de-
fectuoso del servicio, en relación a "lo que debe ser" su funcionamiento, por apli-
cación de las normas que lo rigen. Se trata de una comparación entre el funciona-
miento "normal" del servicio y el funcionamiento "real", que permitirá determinar
si existe o no "falta" ^6.
Diez distingue, de acuerdo con la intensidad de la infracción, entre (a) faltas
"simples" o ligeras, (b) faltas "graves", que son aquellas que un agente de calidad
mediana no habría podido cometer, y (c) faltas "manifiestas", aquellas de particular
gravedad, que resultan completamente inexcusables en cualquier circunstancia en
que se presenten 27.
En ese contexto, aparecen nítidamente calificables como "faltas" manifiestas
de servicio, como omisiones irregulares de los deberes de control a cargo de la Su-
perintendencia de Seguros de la Nación, que importan un funcionamiento defec-
tuoso de la función, alejado de "lo que debe ser", del normal cumplimiento de las
normas que lo regulan, entre otras:
a) omitir controlar la inmutabilidad del destino de los fondos de las asegura-
doras; que no sean desviados de la función específica para la que se los reserva;
b) omitir controlar que las empresas preserven su situación financiera, en or-
den a los compromisos contraídos;
c) faltar al control de inversiones, etcétera, o sea la gestión eficaz de los capitales,
que permita a las aseguradoras afrontar las obligaciones de pago de los siniestros;
d) omitir la fiscalización del cumplimiento del capital mínimo y normas que
preservan su integridad (indisponibilidad de inversiones, etc.);
e) omitir la prohibición, cuando proceda, de celebrar nuevos contratos;
f) omitir el control de las reservas técnicas y de siniestros y el de reserva legal;

Conf., IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Co-
misión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 3., 2- parte (Firman: Rubén S. STIGLFTZ; Gabriel A. STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI;
Isidoro GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ES-
TRELLA GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros). Conf. Trib.
Col. Resp. Extracont. nro. 1, Rosario, 8-V-1996, "C.H.O. c/Provincia de Santa Fe", J.A., 2000-II-sín-
tesis.
^^ DIEZ, M . M., Manual..., cit., T. 2, págs. 421 y sigs.
^^ DIEZ, M . M., Manual..., T. 2, cit., pág. 422.
DERECHO DE SEGUROS 105

g) falta de control sobre la presentación de balances, cuentas e informes y de


la publicación del balance anual;
h) falta de aplicación de las sanciones correspondientes (suspensión, o revo-
cación de la autorización para operar, liquidación, etc.) por ejercicio anormal de la
actividad, dificultades de liquidez, irregularidades en la administración o contabi-
lidad, o por disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador;
i) falta de control de la publicidad comercial engañosa o irregular (informa-
ciones falsas sobre la situación económico-financiera, etc.);
j) omitir el control del pago oportuno de los siniestros;
k) no fiscalizar que las primas fijadas resulten suficientes para cumplir las
obligaciones y observar las primas insuficientes;
1) no emplazar a las aseguradoras para que adopten las medidas para mantener
la integridad del capital (planes de saneamiento y regularización de déficit, etc.);
m) no adoptar medidas precautorias, como embargo preventivo, administra-
ción e intervención judicial, o no impedir actos de disposición, o celebrar nuevos
contratos, etcétera;
n) omitir controlar la fusión de empresas y la cesión de cartera;
o) faltas, omisiones e irregularidades al actuar como liquidador de la entidad
(con las funciones del síndico en los concursos), con la consiguiente gestión de los
intereses de los asegurados;
p) omitir rescindir los contratos actuando como liquidador;
q) no prohibir la celebración de contratos a quienes no se hallen autorizados
a operar como aseguradores.
Se trata de faltas que —en cuanto atinentes al control sobre la solvencia de las
aseguradoras— pueden configurar la causa adecuada de un daño cierto a asegura-
dos y beneficiarios, consistente en la privación del resarcimiento o prestación de-
bida y que por ello generan la responsabilidad del Estado, en la medida que concu-
rran los presupuestos generales de la reparación de daños.

92. Presupuestos de la responsabilidad del Estado.


La imputación de la falta de control
Por aplicación de los principios del derecho común, la imputación de respon-
sabilidad del Estado por las faltas de control de la Superintendencia de Seguros de
la Nación requiere que "concurran los presupuestos generales de la responsabilidad
por daños" ^s.

^^ Conf., IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Co-
misión 6, Temab ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 2 (Firman: Rubén S. SiiGLrrz; Gabriel A. SxiGLrrz; Atilio A. ALTERINI; Isidoro H.
GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
106 RUBÉN S. STIGLITZ

Lo expresado es lo que ha sido sostenido en orden a la teoría general de la res-


ponsabilidad estatal y en particular a la emergente de irregularidades, desviaciones
y omisiones en el ejercicio del poder de policía.
De allí que se tenga expresado que "la responsabilidad del Estado y su corres-
pondiente deber de indemnizar... requieren para su procedencia la efectiva existen-
cia de (a) un perjuicio, (b) de una relación de causalidad —directa e inmediata—
entre el daño alegado y la conducta estatal, y (c) una imputabilidad jurídica de los
daños al Estado" 29.
Bustamante Alsina explica que "se dan en este supuesto, todos los elementos
esenciales de la responsabilidad civil, esto es, la ilicitud del acto de la Administra-
ción Pública, por no ejecutar el hecho al que estaba obligada por medio de sus agen-
tes; el daño causado a un tercero; y la relación de causalidad entre la abstención y
el efecto dañoso, como consecuencia adecuada de la abstención" 3o.
En el mismo sentido, señala Cassagne que "para que se configure la respon-
sabilidad del Estado por actos y hechos administrativos ilegítimos en el ámbito ex-
tracontractual es menester la ocurrencia de ciertos presupuestos que condicionen
esa responsabilidad, a saber:
"a) la imputabilidad material del hecho o acto administrativo a un órgano del
Estado en ejercicio u ocasión de sus funciones;
"b) falta de servicio por cumplir de manera irregular los deberes y obligacio-
nes impuestos por la Constitución, la ley o el reglamento, o por el funcionamiento
defectuoso del servicio (ilegitimidad objetiva);
"c) la existencia de un daño cierto en los derechos del administrado;
"d) la conexión causal entre el hecho o acto administrativo y el daño ocasio-
nado al particular" 3i.

93. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


Ilicitud de las acciones u omisiones
El primer presupuesto, entonces, lo constituye la imputabilidad material del
acto, hecho u omisión, a un órgano del Estado. De ese modo, la Administración será
responsable, aun cuando no pueda identificarse al agente, siempre que pueda atri-

^•^ CNCont. Adm. Fed., Sala 5^ 8-IV-1996, "CorcueraIbáñez, R. c/CajaNac. de Ahorro", JA.,
2000-II-síntesis.
BUSTAMANTE ALSINA, J., "LaresponsabiUdad...", cit, pág. 431.
^' CASSAGNE, J. C , Derecho..., cit., T. I, pág. 299.
Según Diez, "los requisitos necesarios para que el Estado sea responsable son los siguientes: a)
el daño; b) hecho humano, o de las cosas, o acto administrativo legítimo o ilegítimo, productor del
daño; c) que exista una relación de causa a efecto entre la actividad administrativa y el daño que se
alega; además, que el acto causante del daño pueda imputarse al órgano administrativo y, por lo tanto,
a la Administración; d) que la Administración esté actuando en el campo del derecho público" (DIEZ,
M. M., Manual..., cit., T. 2, págs. 425 y sigs.).
DERECHO DE SEGUROS 107

huirse materialmente el acto, la omisión o el hecho, a la actuación de un órgano del


Estado, en ejercicio u ocasión de las funciones 22.
En consecuencia, no basta con la mera producción del daño, sino que es ne-
cesario que el Estado haya incumplido con un deber legal que le imponía "obstar
al evento lesivo" (sic) 33.
Esas acciones u omisiones generarán responsabilidad estatal, en cuanto im-
porten ilicitud, por insuficiencia o deficiencia en el control, que se configura por la
disconformidad del acto o hecho con el ordenamiento jurídico 34, específicamente
con el artículo 1074 del Código Civil en cuanto dispone que: "Toda persona que por
cualquier omisión hubiese ocasionado un perjuicio a otro, será responsable sola-
mente cuando una disposición de la ley le impusiere la obligación de cumplir el he-
cho omitido".
De manera tal que serán ilícitas, por contrariar los mandatos legales expresa-
mente impuestos (ley 20.091) como deberes a cargo de la Superintendencia de Se-
guros, entre otras, las siguientes omisiones:
a) la de controlar la inmutabilidad del destino de los fondos de las asegurado-
ras evitando así que sean desviados de la función específica para la que se los re-
serva, así como que las empresas preserven su situación financiera, en orden a los
compromisos contraídos.
En el sentido indicado, se tiene decidido que "el régimen tuitivo de la ley
20.091 se vuelve especialmente severo en lo concerniente al capital mínimo al que
han de ajustarse los aseguradores. Este capital mínimo reviste primordial importan-
cia para el desenvolvimiento de la empresa de seguros y está a cargo de la Superin-
tendencia de Seguros de la Nación adoptar las medidas necesarias y, en su caso, ur-
gentes para que el mismo permanezca incólume en garantía de la solvencia y
operatividad de los respectivos entes aseguradores" 35;
b) la de no efectuar el control de inversiones, etcétera, o sea la gestión eficaz
de los capitales que permita a las aseguradoras afrontar las obligaciones de pago de
los siniestros;

^^ CASSAGNE, J. C, Derecho..., cit., T. I, págs. 299 y sigs., quien sostiene la aplicación analógica
de la regla del art. 43, Cód. Civ.
^^ CNCont. Adm, Fed., Sala 3^ 28-Vm-1997, "Eli, J. c/Banco Central de la República Argen-
tina", J.A., 2000-II-síntesis.
IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comisión 6,
Tema b. ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones Unáni-
mes, punto 3, primera parte (Firman: Rubén S. SxiGLrrz; Gabriel STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI; Isi-
doro GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ES-
TRELLA GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros). CASSAGNE,
J. C , Derecho..., cit., T. I, pág. 300.
^^ Cám. Fed. de Apel, Mar del Plata, 2-III-2000, "Sorba, L. E. c/Superintendencia de Seguros de
la Nación y Estado Nacional s/dafios y perjuicios-sumario", J.A., ejemplar del 28-VI-2000.
108 RUBÉN S. STIGLITZ

c) la falta de fiscalización del cumplimiento del capital mínimo y normas que


preservan su integridad (indisponibilidad de inversiones, etc.) y de las reservas téc-
nicas y de siniestros y el de reserva legal.
Lo expresado, corrientemente, se pone de manifiesto —cuando ya es tarde—
en el informe general producido por la sindicatura en la liquidación de empresas de
seguro, donde es común que se compruebe los "déficit de capital mínimo" que se
verifican en balances correspondientes a ejercicios fenecidos hasta tres años antes
de decidirse la Superintendencia de Seguros de la Nación por la revocación de la
autorización para operar dirigido a la empresa insolvente 36.
Y durante todo ese lapso la aseguradora sigue celebrando contratos de seguro,
con la consiguiente producción de siniestros que no habrán de ser amparados y con
la correlativa notificación de demandas contra sus asegurados a quienes no había
con qué mantenerlos indemnes;
d) disponer la prohibición, cuando proceda, de celebrar nuevos contratos, o
falta de aplicación de las sanciones correspondientes (suspensión, o revocación de
la autorización para operar, liquidación, etc.), por ejercicio anormal de la actividad,
dificultades de liquidez, irregularidades en la administración o contabilidad, o por
disminución de la capacidad económico-financiera del asegurador;
e) la de falta de control sobre la presentación de balances, cuentas e informes
y de la publicación del balance anual;
f) la de falta de control de la publicidad comercial engañosa o irregular (infor-
maciones falsas sobre la situación económico-financiera, etc.);
g) la del control del pago oportuno de los siniestros;
h) la de no fiscalizar que las primas fijadas resulten suficientes para cumplir
las obligaciones y observar las primas insuficientes;
i) la de no emplazar a las aseguradoras para que adopten las medidas para
mantener la integridad del capital (planes de saneamiento y regularización de dé-
ficit, etc.);
j) la de no adoptar medidas precautorias, como embargo preventivo, adminis-
tración e intervención judicial, o no impedir actos de disposición, o celebrar nuevos
contratos, etcétera.

Es lo relatado por la Cám. Fed. Mar del Plata en "Sorba, L. E. y otros c/Superintendencia de
Seguros de la Nación s/daños y perjuicios-sumario", 2-III-2000, J.A., 28-VI-2000.
Aconteció, según surgía de la liquidación de "Olimpia Cía. de Seg. S.A.", que antes de la revo-
cación de su autorización para operar, "durante aproximadamente tres años había funcionado en es-
tado de cesación de pagos", limitándose la autoridad de control a "disponer sucesivas intimaciones"
para que repusiera su déficit de capital mínimo, sin adoptar en ningún momento las medidas o san-
ciones que, con carácter de urgentes, exigía la crítica situación del asegurador.
DERECHO DE SEGUROS 109

94. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


Atribución de responsabilidad. Falta de servicio
La atribución de responsabilidad por dichos incumplimientos se basa en la
idea de falta de servicio 37.
La falta de servicio configura un factor objetivo de atribución de responsabi-
lidad al Estado, imputable en forma directa al poder público, aun cuando no se pue-
da individualizar al autor (agente) concreto del daño, y sin perjuicio de que, de ser
individualizado, pueda configurarse la falta personal del agente público 38.
Se trata de una responsabilidad objetiva, por cuanto el concepto de falta de
servicio prescinde de la noción de culpa, con fundamento en el principio de la res-
ponsabilidad estatal que exige "afianzar la justicia", a través de la restitución per-
tinente, para restablecer la igualdad alterada por el daño causado al particular, por
un acto o hecho administrativo 39.
Esta idea objetiva fundada en la falta de servicio parte del postulado que el Esta-
do, al contraer la obligación de prestar un servicio, lo debe realizar en condiciones
adecuadas para llenar elfinpara el que ha sido establecido y es responsable de los per-
juicios que causare su incumplimiento, o ejecución irregular •^, encontrando su funda-
mento en la aplicación por vía subsidiaria del artículo 1112 del Código Civil 4i.
En el marco del poder de policía sobre el mercado asegurador, los controles
debidos por la Superintendencia deben (deberían) garantizar el correcto funciona-
miento de todo el sistema asegurativo, a fin de no frustrar la efectiva reparación a
los asegurados o beneficiarios, para el caso de una eventual insolvencia de la em-
presa aseguradora ^2.
Y precisamente la Superintendencia de Seguros de la Nación se encuentra
dotada de todas las herramientas necesarias para realizar una efectiva fiscaliza-
ción, de modo que un ejercicio correcto y adecuado le permitiría controlar a tiempo

^^ IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comisión 6,


Tema b. ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones Unáni-
mes, punto 3., segunda parte. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGUTZ; Atilio ALTERINI; Isi-
doro GOLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ES-
TRELLA GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
^^ DIEZ, M . M., Manual..., cit., T. 2, págs. 421 y 425; BUSTAMANTE ALSINA, J., "Laresponsa-
bilidad...", cit., pág. 431; CNCiv., Sala C, 25-XI-1998, "S.R. c/Clínica S.E.", J.A., 2000-II-síntesis,
donde se sostuvo que "siempre que el acto ilícito obrado por el agente que desempeña una función su-
bordinada para el Estado haya sido realizado en ejercicio o con motivo de la función, el Estado queda
comprometido como principal".
^' CASSAGNE, J. C , Derecho..., cit., T. I, pág. 3(X).
"*" C.S.J.N., 19-IX-1989, "Tejedurías Magallanes c/Administración Nacional de Aduanas",
LL, 1990-C-454,
"" Trib. Col. Resp. Extrac. nro. 1, Rosario, 8-V-1996, "C.H.O. c/Provincia de Santa Fe, J.A.,
20(X)-II-síntesis.
"^^ WEINGARTEN, C. - SOLiGNAC, N., "Intermediación aseguratíva y responsabilidad de la Super-
intendencia de Seguros", LL, 1991-D-lOOl.
110 RUBÉN S. STIGLITZ

el estado económico-financiero que puede poner en riesgo el funcionamiento nor-


mal de la aseguradora.
De modo que la omisión de hacerlo o las irregularidades en el servicio impor-
tan faltas que comprometen la responsabilidad del Estado 43.
En ese contexto —^reiteramos— aparecen nítidamente calificables como "fal-
tas" graves y manifiestas de servicio, como omisiones irregulares de los deberes de
control a cargo de la Superintendencia de Seguros de la Nación, que importan un
funcionamiento defectuoso de la función, entre otras:
a) omitir controlar las reservas técnicas y de siniestros y reserva legal; que las
empresas preserven su situación financiera, sus inversiones, la inmutabilidad del
destino de los fondos; cumplimiento del capital mínimo, etcétera;
b) también es administrativamente irregular omitir la prohibición, cuando
proceda, de celebrar nuevos contratos, falta de aplicación de las sanciones corres-
pondientes (suspensión, o revocación de la autorización para operar, liquidación,
etc.), por ejercicio anormal de la actividad, dificultades de liquidez, irregularidades
en la administración o contabilidad, o por disminución de la capacidad económico-
financiera del asegurador;
c) resulta defectuoso, por parte de la Superintendencia, incurrir en falta de
control sobre la presentación de balances, cuentas e informes y de la publicación
del balance anual; de la publicidad comercial engañosa o irregular (informaciones
falsas sobre la situación económico-financiera, etc.)
d) tampoco es "lo esperado", "lo que debe ser", el omitir el control del pago
oportuno de los siniestros;
e) importa "falta de servicio", asimismo, no fiscalizar que las primas fijadas
resulten suficientes para cumplir las obligaciones y observar las primas insuficien-
tes; o no emplazar a las aseguradoras para que adopten las medidas para mantener
la integridad del capital (planes de saneamiento y regularización de déficit, etc.);
g) también importa un funcionamiento defectuoso o irregular de superinten-
dencia no adoptar medidas precautorias, como embargo preventivo, administra-
ción e intervención judicial, o no impedir actos de disposición, o celebrar nuevos
contratos, etcétera;
h) y es irregular no prohibir la celebración de contratos a quienes no se hallen
autorizados a operar como aseguradores.
Se trata de faltas irrazonables, ajenas a "lo que debe ser" un correcto funcio-
namiento del servicio. En cuanto atinentes al control sobre la solvencia de las ase-
guradoras, pueden configurar la causa adecuada de un daño cierto a asegurados y
beneficiarios consistente en la privación del resarcimiento o prestación debida y que
por ello generan la responsabilidad del Estado.
Nuestras doctrina y jurisprudencia se han pronunciado sobre la responsabili-
dad estatal por faltas en el control de solvencia, tratándose del caso —de análogas

''^ WEINGARTEN, C - SOLIGNAC, N., "Intermediación,..", cit., pág. 1001; CNCiv., SalaC, 25-XI-
1998, "S.R. c/Clínica S.E.", J.A., 2000-II-sfntesis.
DERECHO DE SEGUROS 111

características— de bancos y entidades financieras '^, con perjuicio a los ahorris-


tas, concluyéndose que existiría obligación de indemnizar cuando, en el ejercicio
del poder de policía, se omite cumplir con los deberes de actuar que la ley impone
expresamente, o cuando, tratándose de facultades discrecionales, se ejercen de
modo irrazonable, irregular o abusivo (art. 1071, Cód. Civ.) 45.
Las enunciadas son pautas perfectamente trasladables a los efectos de definir
la atribución de responsabilidad por falta de servicio, por omisiones o irregularida-
des de la Superintendencia de Seguros de la Nación, en el ejercicio del poder de po-
licía (incumplimiento de deberes legales, abusos o desviaciones irrazonables), so-
bre la solvencia de las empresas aseguradoras, con perjuicio de asegurados y
beneficiarios.

95. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


El daño resarcible. El daño material. El daño moral
Finalmente, para la configuración de responsabilidad estatal, por faltas de
control de la Superintendencia de Seguros de la Nación, es menester la producción
de daños a asegurados o beneficiarios y que los mismos tengan su causa adecuada
en aquellas omisiones o irregularidades en el ejercicio del poder de policía ^6.
Nuestra doctrina ha señalado que el daño se configura por la imposibilidad del
asegurado o tercero de percibir el cobro de la indemnización o prestación debida.
Y que el resarcimiento se extiende a los daños que tengan como causa adecua-
da las acciones u omisiones de control por parte del Estado ^v.
Sobre la base de lo expuesto podemos extraer las siguientes conclusiones:

Entidades financieras que se encontraban en una comprometida situación para seguir funcio-
nando, habiendo omitido el Banco Central disponer la revocación de la autorización, en ejercicio de
sus facultades de superintendencia.
'^^ HuiCi,H., "La responsabilidad del Estado por omisión", L.L., 1993-D-851 y sigs.; GAMBIER,
B., "Algunas...", cit., págs. 618 y sigs.; Cám. Fed. Cont. Adm., Sala IV, 2-VII-1985, "Sykes c/Banco
Central", causa 8809; Cám. Fed. Cont. Adm., Sala 1,30-V-1990, "Menéndez c/Banco Central", LL,
1990-D-413.
En las I Jomadas de Derecho Civil (Mendoza, 1983) se trató la responsabilidad civil de las enti-
dades financieras, suscribiéndose un despacho (C, 6, b, tema 1) que admite la responsabilidad del Es-
tado cuando omite ejercer su poder de contralor sobre las entidades financieras (Jorge MOSSET ITU-
RRASPE; Aída KEMELMAJERDE CARLUCCI; Félix A. TRIGO REPRESAS; Carlos GHERSI; C. PARELLADA).
*^ CNCont. Adm. Fed., Sala 5^ 8-IV-1996, "Corcuera Ibáfiez, R. c/Caja Nac. de Ahorro", J.A.,
2000-lI-síntesis.
''^ IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comisión 6,
Tema b. ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones Unáni-
mes, puntos 4. y 5. (Firman: Rubén S. STiGLrrz; Gabriel A. SriGLrrz; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GOLDBNBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
112 RUBÉN S. STIGLITZ

a) A la luz de las reglas del derecho común, la existencia de un dañq, patrimo-


nial o moral, constituye un presupuesto esencial para determinar la responsabilidad
del Estado 48.
b) El daño puede ser actual o futuro, pero debe ser cierto, lo cual excluye los
daños meramente eventuales o hipotéticos ^s».
c) El daño se configura por la frustración que sufren asegurados y beneficia-
rios cuando la insolvencia de las aseguradoras importa la imposibilidad de obtener
el cobro de la indemnización o prestación debida (art. 1-, ley 17.418).

96. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


El daño del asegurado y del tercero damnificado en el seguro
contra la responsabilidad civil
Por ejemplo, en los seguros contra la responsabilidad civil es menester distinguir:
a) Si por la insolvencia del asegurador, imputable a la Superintendencia, el
primero incumple la obligación de mantener indemne al asegurado (art. 109, ley
17.418) y éste afronta la indemnización, el daño patrimonial del mismo se configu-
ra por el pago efectuado de su peculio de la suma al que resultó condenado en favor
del tercero-damnificado.
b) Si por el contrario, el tercero damnificado, beneficiario de una sentencia in-
demnizatoria firme, ve impedido el cobro por la insolvencia de la aseguradora (siendo
también insolvente el asegurado o no pudiendo percibir el crédito a éste por cualquier
otro motivo), será legitimado activo contra el Estado si la Superintendencia es res-
ponsable de la insolvencia, por cuanto la condena firme hace cosa juzgada contra
el asegurador y el mismo goza de privilegio para el cobro (art. 118, ley 17.418).
Pero quedando en claro que el tercero damnificado únicamente goza de legi-
timación contra el Estado, por omisiones de control de superintendencia, desde que
le beneficie una condena firme, pues:
a) antes de ello, carece de derecho propio sobre la suma asegurada (cobertura
asegurativa), ni acción directa contra el asegurador;
b) por lo mismo, carece de acción contra el Estado, por falta de control de su-
perintendencia sobre ese asegurador;

"^ MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit., T. IV, págs. 708 y sigs.


CASSAGNE, J. C , Derecho..., cit., T. I, págs. 300/301, quien agrega que los daños deben ha-
llarse individualizados, no afectando por igual a todos los administrados. Conclusión que estimamos
correcta en cuanto a nuestro caso, pues las faltas de control de superintendencia sólo habibtan a ac-
cionar por daños a los asegurados y beneficiarios privados en concreto de una indemnización o pres-
tación debida. Pero, en cambio, entendemos que otras hipótesis de falta de control estatal (p. ej., en
materia de salud pública, medio ambiente, etc.) sí habilitan una acción resarcitoria colectiva de grupos
afectados en sus intereses supraindividuales (arg., art. 43, Const. Nac).
DERECHO DE SEGUROS 113

c) recién la sentencia indemnizatoria firme transforma al tercero en acreedor


del asegurador, por la extensión de la cosa juzgada, y hace operativo el privilegio
en favor del damnificado (art. 118, ley 17.418) 5°.

97. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


Relación de causalidad
En cuanto a la relación causal, se trata de determinar si las consecuencias da-
ñosas obedecen al hecho o acto administrativo (omisiones o faltas de control de la
Superintendencia) o a otras causas si.
El perjuicio debe ser imputable a la Administración, es decir, resultar como
consecuencia de sus hechos, actos u omisiones. Razón por la cual, siguiendo los li-
ncamientos del derecho común, se eximiría total o parcialmente de responsabilidad
por causa de fuerza mayor, culpa de la víctima o hecho de un tercero ^2.
Tomando en cuenta cuáles son los deberes legales de control de la Superinten-
dencia de Seguros de la Nación, la omisión de cumplimiento de aquellos atinentes
a la solvencia de las aseguradoras (o al pago oportuno de sus obligaciones) podrá
razonablemente constituir la causa adecuada de la frustración del cobro por los ase-
gurados, beneficiarios o terceros.
A tal punto que de haberse ejercido regularmente el control estatal antes del
siniestro, los asegurados o tomadores hubieran verosímilmente seleccionado otro
asegurador para perfeccionar el contrato o, ya concluido, lo hubieran rescindido y
contratado con otro, o adoptado medidas para resguardarse frente a su eventual in-
solvencia (o al retardo en los pagos).

98. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


Relación de causalidad. Casuística
De lo hasta aquí expuesto, podrían sistematizarse las hipótesis de omisión o
falta de servicio del que eventualmente se predican daños en relación causal ade-
cuada:
a) la insolvencia de una aseguradora, puede ser total o parcialmente imputable
a la Superintendencia, por omitir controlar las reservas técnicas y de siniestros y la
reserva legal; o que las empresas preserven su situaciónfinanciera,inversiones, la in-
mutabilidad del destino de los fondos, cumplimiento del capital mínimo, etcétera;

^^ Conf., IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Co-
misión 6, Tema b. ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 4. (Firman: Rubén S. STiGLrrz; Gabriel A. STiGLirz; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GOLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
' ' CASSAGNE, J. C , Derecho..., cit., T. I, pág. 301.
'^ DIEZ M . M., Manual..., cit., T. 2, págs. 426/427.
114 RUBÉN S. STIGLITZ

b) en otro orden, los asegurados o beneficiarios podrían quedar desde el inicio


de la cobertura, destinados inexorablemente a la falta de cobro, pues la insolvencia de
la aseguradora sería la consecuencia insalvable por haber omitido la Superinten-
dencia la prohibición, cuando proceda, de celebrar nuevos contratos, o por falta de
aplicación de las sanciones correspondientes (suspensión, o revocación de la auto-
rización para operar, liquidación, etc.), por ejercicio anormal de la actividad, difi-
cultades de liquidez, irregularidades en la administración o contabilidad, o por dis-
minución de la capacidad económico-financiera del asegurador.
Esa misma desprotección inicial de los asegurados y tomadores ocurriría
como consecuencia de otras faltas de la Superintendencia de Seguros:
c) no emplazar a las aseguradoras para que adopten las medidas para mantener
la integridad del capital (planes de saneamiento y regularización de déficit, etc.);
d) no adoptar medidas precautorias, como embargo preventivo, administra-
ción e intervención judicial, o no impedir actos de disposición, o celebrar nuevos
contratos, etcétera;
e) no prohibir la celebración de contratos a quienes no se hallen autorizados
a operar como aseguradores.

99. Presupuestos de la responsabilidad del Estado (continuación).


Relación de causalidad (continuación). Publicación
de memorias como publicidad del estado patrimonial
Una hipótesis especial de omisión o falta de servicio, lo constituye la falta de
control sobre la presentación de balances, cuentas e informes y de la publicación
del balance anual, o de la publicidad comercial engañosa o irregular (informacio-
nes falsas sobre la situación económico-financiera, etc.); lo que importaría una
omisión de superintendencia que verosímilmente ha de configurar la causa adecua-
da que llevó a los asegurados o tomadores a contratar, con una noción distorsionada,
con una compañía cuya solvencia no se encontraba regularmente fiscalizada.
Sin embargo, se ha negado, en un caso concreto, la responsabilidad de super-
intendencia por omitir publicar la memoria a que alude el artículo 75, ley 20.091 ^3.
Sostuvo el tribunal, en la especie, que la acción contra el Estado era improce-
dente por cuanto:
a) las referidas memorias no constituyen instrumentos aptos para anoticiarse
respecto del verdadero estado patrimonial de las compañías de seguros;
b) el asegurado debió ejercer el derecho de interiorizarse personalmente de los
ejercicios y estados contables de la aseguradora (art. 45, ley 20.091);
c) de todos modos, la situación económica y financiera del asegurador, en la etapa
de contratación del seguro, fue calificada de "aceptable y regular", por lo que no habría

CNCom., Sala C, 9-XII-1994, "Instalaciones y Servicios c/Superintendencia de Seguros de la


Nación s/sumario" (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 115

relación causal entre aquella omisión de publicar la memoria y el daño del asegu-
rado (que debió afrontar la condena indemnizatoria de un trabajador accidentado).
Discrepamos con la solución de la Cámara pues:
a) Por un lado, impone al asegurado (consumidor) un deber de informarse so-
bre la solvencia de la compañía, con un rigor extremo, e impropiamente dirigido al
sujeto débil de la relación contractual.
b) Y por otra parte, a quien sí debe cumplir esos deberes de indagación sobre
la solvencia, de un modo riguroso por imposición legal, lo exime ante la lisa y llana
omisión de efectuar ese control (ej., publicación de memorias). Una y otra conclu-
sión importan una distorsión de la idea de causalidad "adecuada".
c) Finalmente, si la Cámara alude a la irrelevancia de la publicación, por cuan-
to la calificación de la compañía era económica y financieramente como "aceptable
y regular", entonces la "falta de servicio" consistiría precisamente en esa defectuo-
sa calificación, o en todo caso, un incorrecto seguimiento, que importan omisiones
de control que conducen a la insolvencia ulterior de la aseguradora.
d) Omitir el control del pago oportuno de los siniestros puede constituir la cau-
sa que prive a asegurados, beneficiarios y terceros de cobrar sus créditos mientras
la compañía se encontraba solvente, cayendo luego en cesación de pagos.
En estos y otros casos análogos existe relación causal entre el daño a asegu-
rados, beneficiarios y terceros, y el hecho o acto administrativo, pues la frustración
del cobro de la indemnización o prestación debida resulta total o parcialmente,
como consecuencia de las omisiones y faltas de control de la Superintendencia de
Seguros de la Nación. Circunstancia que responsabiliza al Estado por los daños que
tengan esa causa adecuada 54 de acuerdo con las reglas del derecho común en ma-
teria de extensión del resarcimiento, según examinamos a continuación.
En síntesis, para responsabilizar al Estado será menester que esa insolvencia,
o la privación del cobro (daño causado al particular), sea causalmente imputable al
hecho o acto administrativo (omisiones y faltas de control de la Superintendencia
de Seguros de la Nación) 55.

100. Particularidades de la acción indemnizatoria


Sin perjuicio de la aplicación de las reglas generales que atañen al juicio por
indemnización de daños y perjuicios, la acción extracontractual contra el Estado y
propiamente por responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación,

^'^ Ver IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comi-
sión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 5. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J.BuERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
^^ CNCont. Adm. Fed., Sala 5^ 8-IV-1996, "Corcuera Ibáñez, R. c/Caja Nac. de Ahorro", J.A.,
2000-II-síntesis.
116 RUBÉN S. STIGLITZ

merece el análisis de ciertas particularidades. Específicamente, en cuanto a legiti-


mación activa y pasiva, normas aplicables, jurisdicción, prescripción y extensión
del resarcimiento.

a) Legitimación activa
Legitimados activos son los asegurados, beneficiarios y terceros damnifica-
dos 56 frente al Estado que responde extracontractualmente, por la privación de la
indemnización o prestación debida por el asegurador, a causa de la falta de control
de superintendencia, sobre la solvencia de la aseguradora.
En los seguros contra la responsabilidad civil es menester distinguir:
a) Si por la insolvencia del asegurador, imputable a superintendencia, aquél
incumple la obligación de mantener indemne al asegurado (art. 109, ley 17.418) y
éste afronta la indemnización, el daño patrimonial del mismo se configura por el
pago efectuado al tercero-damnificado.
b) Si, por el contrario, el tercero damnificado, beneficiario de una sentencia
indemnizatoria firme, ve impedido el cobro por esa insolvencia de la aseguradora
(siendo también insolvente el asegurado o no pudiendo cobrarle a éste por cual-
quier otro motivo), el legitimado activo contra el Estado (si la Superintendencia es
responsable de la insolvencia) será el tercero, por cuanto la condena firme hace
cosa juzgada contra la compañía y hace operativo el privilegio para el cobro (art.
118, ley 17.418).
Pero quedando en claro que el tercero damnificado únicamente goza de legi-
timación contra el Estado, por omisiones de control de la Superintendencia, desde
que le beneficie una condena firme, pues:
1) antes de ello, carece de derecho propio a la cobertura asegurativa, y acción
directa contra el asegurador;
2) por lo mismo, carece de acción contra el Estado, por falta de control de su-
perintendencia sobre esa compañía;
3) recién la sentencia indemnizatoria firme hace al tercero acreedor contra la
aseguradora por la extensión de la cosa juzgada y la operancia del privilegio en fa-
vor del damnificado (art. 118, ley 17.418) sv.

Conf., IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Jum'n, 1990), Co-
misión 6, Temab. ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 2. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI; Isidoro
GoLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
^ Conf., IV Jomadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Jum'n, 1990), Co-
misión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 4. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGLITZ; Atilio A. ALTERINI); Isidoro
GOLDENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA
GUTIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
DERECHO DE SEGUROS 117

b) Legitimación pasiva
En primer lugar, la acción extracontractual por daños derivados de la falta de
control de superintendencia procede contra el Estado nacional. Se trata de una res-
ponsabilidad "directa", pues los hechos o actos de los agentes públicos, importan
actuación del Estado mismo: el funcionario constituye un órgano de éste, que le en-
comendó la función 5».
Sin perjuicio de ello, concurrentemente, puede configurarse una responsabi-
lidad personal del funcionario o empleado 59.
Ello acaece propiamente en el marco de la responsabilidad estatal por faltas de
control en el ejercicio del poder de policía, pues cuando el funcionario actúa irre-
gularmente, por acción u omisión dentro de las funciones que le incumben, la res-
ponsabilidad de éste es concurrente con la del Estado 6o.
Y en el mismo sentido se ha pronunciado la doctrina, ya específicamente en
cuanto a la responsabilidad de los agentes públicos, en el ámbito de las faltas de
control sobre las aseguradoras: "La responsabilidad se extiende a los funcionarios
públicos en general, que hubieran a través de sus actos u omisiones, incidido cau-
salmente en la producción del daño" si.

c) Normas aplicables
La acción por responsabilidad extracontractual contra el Estado se rige por
principios de derecho público, y normas y principios del derecho privado (por
ejemplo, arts. 1112,1109,1113, 1071 yconcs.,Cód.Civ.), ante la ausencia de nor-
mas específicas del derecho administrativo ^2.

d) Jurisdicción
Se aplican las reglas generales en materia de acciones por daños y perjuicios.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación se ha ocupado expresamente de
la jurisdicción competente en las acciones por responsabilidad extracontractual
del Estado, por la violación de los deberes de policía que le competen respecto de

MARIENHOFF, M . S., Tratado..., cit., T. IV, nro. 1647, págs. 680 y sigs.; DIEZ, M . M., Ma-
nual..., cit., T. 2, pág. 412; BUSTAMANTE ALSINA, J., "La responsabilidad...", cit., pág. 431.
^' CASSAGNE, J. C , Derecho..., cit., T. I, pág. 298.
* BUSTAMANTE ALSINA, J., "La responsabilidad...", cit., pág. 431.
IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comisión 6,
Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones Unáni-
mes, punto 6. (Firman: Rubén S. STIGLITZ; Gabriel A. STIGLFTZ; Atilio A. ALTERINI; Isidoro GOLDEN-
BERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA GUTIÉ-
RREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
*^ MARIENHOFF, M. S., Tratado..., cit, T. IV, nro. 1648, pág. 687; FIORINI, B., Derecho..., cit.,
T. II, pág. 718.
118 RUBÉN S. STIGLITZ

las empresas aseguradoras y que ejerce por medio de la Superintendencia de Segu-


ros de la Nación.
Resolvió el alto tribunal que si la demanda " se dirige contra el Estado nacio-
nal por violación de los deberes de policía que le competen respecto de las empresas
aseguradoras y que ejerce por medio de la Superintendencia de Seguros de la Na-
ción, se halla en juego la función administrativa en sí del órgano estatal y por ende
la responsabilidad extracontractual del Estado, materia que excede el marco propio
de aplicación de la ley 20.091, y consecuentemente la competencia atribuida por el
artículo 83 —^primera parte— de la misma al fuero en lo comercial y que autoriza
a encuadrar la acción en las causas contencioso-administrativas aludidas por el ar-
tículo 45, inciso a) de la ley 13.998" «.

e) Prescripción
Tratándose de una hipótesis de responsabilidad aquiliana del Estado, el plazo
de prescripción para el ejercicio de la acción por el damnificado es de dos años. Se
aplica la regla del artículo 4037 del Código Civil, vigente genéricamente para las
responsabilidades extracontractoales s*.

f) Extensión del resarcimiento


Por aplicación de las bases del derecho común, el resarcimiento se extiende a
todos los daños que tengan como causa adecuada, las acciones u omisiones de con-
trol por parte del Estado ^s, trátese de consecuencias inmediatas o mediatas (arts.
901,903y904, Cód. Civ.)66.
En lo que concierne al criterio para fijar la indemnización, corresponde que el
resarcimiento sea integral, comprendiendo todos los perjuicios patrimoniales cier-
tos (actuales o futuros), sea daño emergente o lucro cesante, como así también el
daño moral ^''.

*^ e s J.N,, 6-IV-1993, "Rizzo c/Estado Nacional - Superintendencia de Seguros de la Nación",


L.L., 1993-D-640, nro. 600.
^* C.S.J.N., 2-III-1978, "CipoUini c/Dirección Nacional de Vialidad", Fallos: 300-143 y sigs.;
C.S.J.N., 3-XI-1988, "Celano c/Gobiemo Nacional", JA., 1989-1-510.
En el mismo sentido, MARIENHOFF, M. S., Tmtado...,cH., T. IV, págs. 774/775; DIEZ, M . M., Ma-
nual..., cit., T. 2, págs. 430/431.
Ver IV Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil, Comercial y Procesal (Junín, 1990), Comi-
sión 6, Tema b ("Responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación"), Conclusiones
Unánimes, punto 5. (Firman: Rubén S. STiGLrrz; Gabriel A. SiiGLrrz; Atilio ALTERINI; Isidoro GOL-
DENBERG; Aída KEMELMAJER DE CARLUCCI; Alberto J. BUERES; Graciela MESSINA DE ESTRELLA GU-
TIÉRREZ; Carlos GHERSI; Roberto LÓPEZ CABANA; Nicolás BARBATO y otros).
^* CASSAGNE, J. C , Tratado..., cit., T. I, pág. 304.
^^ Conf. CASSAGNE, J. C , Tratado..., cit., T. I, pág.304.
DERECHO DE SEGUROS 119

101. Un primer precedente judicial: el caso "Olimpia".


Los argumentos expuestos por el tribunal de alzada
El primer precedente judicial se halla constituido por la sentencia recaída el 2
de marzo de 2000, dictada por la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata
en el caso "Sorba, Luis y otros c/Superintendencia de Seguros de la Nación y Es-
tado Nacional s/daños y perjuicios-sumario" ss.
La sentencia de la Cámara Federal de Mar del Plata funda su pronunciamiento
condenatorio en una pluralidad de argumentos, de los cuales, en punto a su trascen-
dencia, rescatamos el relativo a la insuficiencia del capital mínimo. Por añadidura,
señaló:
a) que "el capital mínimo... reviste primordial importancia para el desenvol-
vimiento de la empresa de seguros y está a cargo de la Superintendencia de Seguros
de la Nación el adoptar las medidas necesarias y, en su caso, urgentes para que el
mismo permanezca incólume...";
b) que "en este punto el organismo de fiscalización demandado se ha apartado
del régimen (legal) expuesto, observando una actitud en exceso pasiva ante la ma-
nifiesta situación de emergencia económico-financiera de la entidad aseguradora e
incumpliendo, consiguientemente, con el poder de policía que le ha sido delegado
afín de preservar el bien común y la seguridad pública;
c) que los "resultados negativos comienzan en el ejercicio cerrado el 30 de ju-
nio de 1982, de cuyo balance surge un déficit del capital mínimo que habría de man-
tenerse y, aun, de agravarse, hasta el 16 de octubre de 1985, fecha en que la Supe-
rintendencia de Seguros de la Nación resuelve revocar la autorización para operar
y asumir la liquidación de la compañía";
d) que "durante aproximadamente tres años, Olimpia S.A. ha funcionado en es-
tado de cesación de pagos, habiendo incurrido, además, en reiteradas violaciones a la
prohibición del inciso g) del artículo 29 —recurrir al crédito bancario por cualquier
causa— y a lo dispuesto en el segundo párrafo del artículo 26, establecer (pagar) co-
misiones que excedan los máximos autorizados por la autoridad de control...";
e) que "frente a este estado de cosas, la Superintendencia de Seguros de la Na-
ción no ha hecho sino disponer sucesivas intimaciones a la sociedad en cuestión con
el objeto que ésta repusiera su déficit de capital mínimo; sin embargo, en ningún
momento adoptó las medidas o sanciones que, con carácter de 'urgentes', exigía la
crítica situación del asegurador y era su deber resolver...";
f) que en consideración a la prueba rendida, se decide por la procedencia de la
demanda sustentada en el (a) régimen de responsabilidad civil extracontractual
"aplicable al Estado por las consecuencias de su actitud omisiva en el ejercicio del
poder de policía"; (b) fundando la condena en el artículo 1112 del Código Civil que
"prevé expresamente la falta de servicio en la función materialmente administrati-
va y establece para dicho supuesto una responsabilidad... directa y objetiva, que se

68 JA., 28-VI-2(X)0.
120 RUBÉN S. STIGLITZ

independiza de la noción de culpa y que no requiere la individualización del autor


del daño y en el artículo 1074 del Código Civil en tanto establece que el autor de una
omisión perjudicial 'será responsable solamente cuando una disposición de la ley
le impusiere la obligación de cumplir el hecho omitido'";
g) por lo demás, la sentencia atribuye a la Superintendencia de Seguros de la
Nación "un ejercicio ineficiente de sus funciones de contralor, por la omisión en el
cumplimiento de las facultades legalmente atribuidas para prevenir el estado falen-
cial de los entes aseguradores y procurar una efectiva tutela del interés de los ase-
gurados, terceros beneficiarios y demás acreedores de los citados entes... ". "En el
caso particular —se agrega—, este deber existe y está contenido en la ley 20.091,
a través de la cual el Estado se ha reservado el monopolio de la fiscalización del sis-
tema asegurativo y ha diferido al ente descentralizado, específicamente creado para
tal cometido, las atribuciones necesarias para ejercer un cuidadoso control sobre el
estado económico-financiero de las aseguradoras de modo que puede impedir que
las mismas lleguen al estado de quiebra y se vean imposibilitadas de cumplir los
compromisos contraídos con los asegurados".

102. Los argumentos expuestos por la Superintendencia


en el recurso extraordinario deducido
Afirma la recurrente:
a) Que se atribuye a la Superintendencia de Seguros haberse limitado a inti-
mar a la aseguradora a que repusiera los déficit de capital mínimo "sin adoptar las
medidas que exigía la situación crítica", cuando, en rigor, durante todo el período
en que existieron dificultades económicas "mantuvo un estricto control a mérito de
los dispositivos legales vigentes para la materia".
b) Al punto que el 30 de junio de 1982 "aplicó su más importante herramienta
preventiva, disponiendo como medida cautelar la indisponibihdad de las inversio-
nes de la aseguradora", que posteriormente (2 de julio de 1984) debió ser "amplia-
da" en razón "de haberse detectado graves falencias financieras en la entidad".
c) Que sólo por reenvío se utiliza el plexo normativo del proceso concursal,
por lo cual la idea de cesación de pagos no es un presupuesto sine qua non de la re-
vocación de la autorización para operar. Y que sólo se utiliza el concepto de cesa-
ción de pagos "a los efectos de fijar una hipotética fecha del período de sospecha
respecto de ciertos actos otorgados por la entidad".
d) Que la ley 20.091 "no contenía dispositivo alguno en orden a las denomi-
nadas 'situaciones financieras' ni facultaba a la autoridad de control a adoptar me-
dida cautelar alguna".
e) Que "recién con el dictado de la ley 24.241... se confieren a la Superinten-
dencia... facultades para decretar la prohibición para efectuar actos de disposición de
las inversiones... así como la de celebrar contratos de seguro, ante supuestos de dé-
ficit financiero, déficit de cobertura, infracciones a las normas sobre ingresos y
egresos de fondos...".
DERECHO DE SEGUROS 121

f) Que "con anterioridad a la sanción de la ley 24.241 la Superintendencia...


únicamente tenía facultades de ordenar medidas cautelares en los supuestos del ar-
tículo 31 de la ley 20.091...", ya que "todo el régimen atinente a las situaciones fi-
nancieras de las aseguradoras, previo ala ley 24.241 constituyó una 'interpretación
administrativa', elaborada a la luz de un criterio de prudencia, exigiendo a las ase-
guradoras la suficiente liquidez para que éstas estuvieran en condiciones de hacer
frente a sus obligaciones en tiempo y forma"
g) Que "dicho régimen debió y debe ser aplicado teniendo en cuenta las par-
ticularidades de cada caso, con un afinado sentido de la equidad, conveniencia y
oportunidad, atento a que al no estar expresamente previsto por ningún dispositivo
legal, su aplicación ha sido sistemáticamente resistida por todas las aseguradoras
de plaza, que negaron facultades al organismo en orden a adoptar medidas con fun-
damento en situaciones financieras deficitarias".
i) Que "no existía norma legal alguna que otorgare facultades al organismo de
control, en orden a adoptar medidas respecto de situaciones financieras deficitarias
y, menos aún, que le impusiera en forma imperativa la conducta o el criterio técnico
a adoptar".
j) Que "aún en el año 1992 se estaba cuestionando el accionar del organismo
ante situaciones financieras deficitarias, consolidándose recién entonces la juris-
prudencia que ha admitido la facultad sancionatoria de la Superintendencia de Se-
guros frente a dichas situaciones financieras, en la medida de que las mismas refle-
jaran una considerable permanencia en el tiempo".
k) Que, en consecuencia, "considerando el plexo normativo en vigencia al
tiempo del tratamiento de la situación de Olimpia... resulta que la circunstancia de
que una aseguradora presentase una simaciónfinancieradeficitaria no constituía —por
sí misma—un presupuesto de hecho suficiente como para que el organismo pudie-
ra adoptar medidas sancionatorias..., mucho menos lo era para autorizar la sanción
o revocación de la autorización sin más trámite".
1) Que "en este marco, el organismo... debía requerir a la aseguradora (a) pla-
nes de regularización y adecuación, (b) verificar situaciones, (c) sus evoluciones,
(d) su permanencia y (e) luego de acreditados los extremos deficitarios y sus carac-
terísticas de permanentes e irreversibles, debía sujetarse al procedimiento impera-
tivamente regulado por el artículo 82 de la ley 20.091, como garantía de los dere-
chos del administrado (?) y en salvaguarda del debido proceso". Y que "sólo
después de agotado dicho proceso, podía la Superintendencia de Seguros adoptar
una decisión definitiva de carácter sancionatorio. En el curso de dicho trámite la
adopción de medidas cautelares siempre estuvo sujeta y condicionada al criterio al-
tamente restrictivo que hemos mencionado".
m) Que "es del caso destacar que el control que ejerce el organismo de control
es extemo y aposteriori. La ley no prevé la posibilidad de que el organismo inter-
venga en la administración de la empresa".
122 RUBÉN S. STIGLITZ

n) Que con relación a las entidades aseguradoras, es preciso "el mantenimien-


to de una situación financiera deficitaria durante un cierto tiempo" pues dicha
"permanencia es indicativa de que la entidad no ha logrado superar esa situación
negativa" s'.

103. Nuestra posición críticamente adversa. Autosuficiencia


de los poderes de que disponía la Superintendencia de Seguros
de la Nación antes de la sanción de la ley 24.241
Al tiempo en que —según el informe general de la Sindicatura—, se revelaron
los resultados negativos del ejercicio cerrado por Olimpia S.A. el 30 de junio de
1982, "de cuyo balance surge un déficit de capital mínimo", la Superintendencia de
Seguros de la Nación disponía por entonces de un elenco autosuficiente y apto de
medidas establecidas por las normas imperativas de la ley 20.091.
a) En primer lugar, la autoridad de control debió verificar que el capital mínimo
se hallaba afectado "sin esperar a la terminación del ejercicio" (art. 31-1, ley 20.091).
Y ello constituye (y constituía) una obligación emergente de un texto legal que
prevé precisamente esa hipótesis.
No haberlo hecho configura, por sí, la "actitud en exceso pasiva" a que se alu-
de en el pronunciamiento recurrido.
b) En segundo lugar, admitido lo expuesto precedentemente, cabe señalar que
si la Superintendencia de Seguros de la Nación advirtió la disminución del capital
mínimo una vez que Olimpia S.A. cerró su balance al 30 de junio de 1982 y se lo
hizo llegar a la autoridad de control en los plazos previstos por el artículo 38 de la
ley 20.091, una vez verificado que el capital mínimo se hallaba "afectado" debió,
ya por entonces, intimar al asegurador para que en el plazo de quince días "dé ex-
plicaciones y adopte las medidas para mantener la integridad de dicho capital".
Ese plazo es improrrogable ''o, por lo que, dentro del mismo, Olimpia S.A. de-
bió presentar el plan de saneamiento y regularización y someterlo a la autoridad de
control, la que podría aceptarlo o rechazarlo.
Nada de ello aconteció. Muy por el contrario, la Superintendencia de Seguros
de la Nación se desentendió de los sucesivos balances deficitarios de Olimpia a tal
punto que —como ha quedado acreditado (fs. 395 vta.)—, con motivo del ejercicio
cerrado el 30 de junio de 1984 (dos años más tarde), la autoridad de control siguió
intimando a reponer el capital mínimo, como si el artículo 31-1 y 2 de la ley 20.091
hubiera previsto más de una intimación, prolongando abusiva e ilegítimamente la
situación de desamparo a asegurados y terceros. De ello se predica el total aparta-
Sobre el particular, la Superintendencia de Seguros de la Nación se apoya en una decisión iné-
dita de la Cámara Nacional Comercial de la Capital Federal, Sala D, 4-VIII-1982, "Superintendencia
de Seguros de la Nación s/situación económico-financiera de La Concordia Compañía Argentina de
Seguros S.A.", expediente 259.680.
70
BiELSA, R., Principios de Derecho Administrativo, T. II, Depalma, Buenos Aires, 1995, pág. 13.
DERECHO DE SEGUROS 123

miento por la Superintendencia de Seguros de la Nación de las normas imperativas


contenidas en la ley que regula su actividad.
c) En tercer lugar, si bien la ley 20.091 no previo el efecto consecuente a la fal-
ta de presentación del referido plan de saneamiento y regularización, va de suyo
que ello no puede colocar al asegurador incumpliente en mejor situación que la de
aquel que lo haya presentado y le haya sido rechazado.
Razonablemente debería hallarse, como mínimo, en la misma situación que el
renuente, de manera tal que la Superintendencia de Seguros de la Nación debió in-
timar a Olimpia para que "reintegre el capital en el término de treinta días" (art. 31-
2, infine, ley 20.091), por una única vez.
d) En cuarto lugar, como Olimpia S.A. —tal como quedó acreditado— no se
halló en condiciones de cumplir con el referido "reintegro", se hacía imperativa-
mente operativo lo dispuesto por el artículo 48, inciso 2- de la ley 20.091: se debió
revocar la autorización para operar en razón del incumplimiento "de lo dispuesto
en el artículo 31 por pérdida del capital mínimo".
De haberse decidido hacerlo, o sea, como lo marca la ley, y dado que Olimpia
jamás recompuso el capital mínimo, el daño producido a asegurados y terceros se
hubiera reducido considerablemente si la Superintendencia hubiera actuado dili-
gentemente, en el caso, siguiendo rigurosamente las secuencias temporales que le
marcaba la ley 20.091 y cumpliendo con las normas expresadas imperativa y cla-
ramente y en los plazos improrrogables establecidos.
e) Es falaz el argumento sostenido por la Superintendencia de Seguros de la
Nación, por el que le atribuye a la Cámara Comercial de la Capital Federal, Sala D,
en el precedente identificado en el parágrafo anterior letra n), en el sentido que para
sancionar la disminución de la capacidad económico-financiera en los términos del
artículo 58, ley 20.091, se hace preciso que el déficit "dure un cierto tiempo", ya
que sólo la permanencia del referido déficit es indicativo de la incapacidad del ase-
gurador para superar su situación negativa.
Lo que sostuvo la Sala D, con relación al caso particular decidido ("La Con-
cordia"), es que desde el 30 de junio de 1990 hasta el 30 de setiembre de 1991, "la
aseguradora exhibía una situación financiera deficitaria" y que "el defecto se con-
tinuó en el tiempo y tuvo una cierta permanencia durante un año y tres meses", a la
que calificó de "considerable" "".
Por lo demás, en otro párrafo del fallo en cuestión se alude a la "permanencia"
cuando se afirma que "las dificultades financieras fatalmente afectarán el patrimo-
nio cuando presenten una cierta permanencia", ya que "si en su operatoria comer-
cial la persona no es capaz de generar fondos líquidos suficientes para atender los

^' Lo que increíblemente oculta la Superiivteivdencia de Seguros de la Nación es que en dicho fa-
llo, en el voto por el que el Dr. Alberti adhirió a la ponencia del Dr. Cuartero, señaló que la actuación
de la Superintendencia "no fue súbita ni premiosa, porque el reproche de la falta de liquidez de esta
aseguradora fue formulado desde 1987".
124 RUBÉN S. STIGLITZ

compromisos que necesariamente se producen, fatalmente la obtención de fondos


afectará el patrimonio por causa de la venta de bienes normalmente destinados a no
ser vendidos".
De manera tal que el pronunciamiento al que se hace referencia en el recurso
en ningún momento condiciona a la autoridad de control a que la aplicación de las
sanciones previstas en el artículo 58 de la ley 20.091 se vean precedidas por un es-
tado permanente de déficit económico-financiero.

104. Otros argumentos por añadidura. Los poderes


razonablemente implícitos de la Administración
Recurrentemente la Superintendencia de Seguros de la Nación afirma que la
ley 20.091 no faculta a la autoridad de control adoptar medida cautelar alguna.
A mayor abundamiento, señala que recién con la sanción del artículo 155 de
la ley 24.241, que modifica el artículo 86 de la ley 20.091, se confieren a la Super-
intendencia de Seguros de la Nación "facultades para decretar la prohibición a las
aseguradoras, para efectuar actos de disposición de las inversiones, así como para
celebrar contratos de seguro ante supuestos de déficit financiero, déficit de cober-
tura, infracciones a las normas sobre ingresos y egresos de fondos, sobre custodia
de títulos públicos, sobre irregularidades en la administración o en la contabilidad;
sobre falta de liquidez que determine la mora o incumplimiento de pagos".
Sobre el agravio precedente cabe señalar dos órdenes de consideraciones:
a) En primer lugar, que si así fuera, la autoridad de control ignora olímpica-
mente que la doctrina y la jurisprudencia pacíficamente admiten la ampliación de
la competencia de los organismos administrativos en función de un principio admi-
tido y que se enuncia como el de los poderes razonablemente implícitos en los ex-
presos 72 o en el principio de especialidad, tal como es empleado en el derecho pri-
vado para determinar la competencia de las personas jurídicas i^.
Incluso más, la doctrina estima conciliables ambos principios, definiendo el
contenido de los poderes implícitos por medio de la especialidad, sin perjuicio de
utilizar esta última pauta para dar contenido a los poderes inherentes, los cuales son
los que derivan de la propia existencia y naturaleza del órgano, aun cuando no ten-
gan soporte expreso en la literalidad de la norma de creación 74.
b) Si entre los poderes expresos de la Superintendencia de Seguros de la Na-
ción, en lo que al tema en debate se refiere y antes de la sanción de la ley 24.241,

''^ CNCont. Adm. Fed. en pleno, P-X-IQSS, "Multicambio S.A. c/B.C.R.A.", especialmente
acápite a), párr. 1=, J.A., 1986-1-140.
" CNCont. Adm. Fed., Sala 4^ 13-VI-1985, "Peso, A. c/B.C.R.A.", E.D., \U-231; C.S.J.N.,
15-X-1962, "Font, J. c/Estancias y Carnicerías Galli", especialmente consid. 2, J.A., 1962-VI-315.
COMADiRA, J. R., "Algunos aspectos de la teoría del acto administrativo", JA., 1996-IV-755;
AJA ESPIL, F., Constitución y Poder, Buenos Aires, 1987, págs. 159/160; CASSAGNE, J. C , Derecho
Administrativo, 5^ ed., T. I, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1993, pág. 238.
DERECHO DE SEGUROS 125

incluimos (a) el establecimiento de capitales mínimos a todos los aseguradores (art.


30), (b) la preservación del mismo (art. 31), (c) la indisponibilidad de las inversio-
nes "por monto equivalente a las reservas constituidas para afrontar las obligacio-
nes con los asegurados" (art. 31-3, ley 20.091), (d) la facultad de ordenar a los ase-
guradores que se abstengan de celebrar contratos de seguros (art. 31-4, ley 20.091),
(e) la determinación de las reservas técnicas y de siniestros pendientes que corres-
ponda constituir para atender el cumplimiento de sus obligaciones con los asegu-
rados (art. 33, ley 20.091), etcétera, va de suyo que existían poderes expresos su-
ficientemente autosatisfactivos para que la Superintendencia de Seguros cumpliera
acabadamente con su cometido.
c) Así, es absolutamente falso que la ley 20.091, antes de la vigencia de la ley
24.241, "no facultaba a la autoridad de control adoptar medida cautelar alguna", a
tal punto que el artículo 31-3 (ahora modificado por el art. 155, ley 24.241) preveía:
(a) la "indisponibilidad de las inversiones por monto equivalente a las reservas
constituidas para afrontar las obligaciones con los asegurados" así como (b) "hbrar
mandamientos de embargo oficiando a los efectos de su toma de razón al Registro
de la Propiedad Inmueble". Y para cuando la resolución de la autoridad de control
consistía en la imposición del pago de una multa, podía (c) solicitar embargo pre-
ventivo sobre bienes del deudor (art. 31-1, ley 20.091), y para cuando se disponía
la suspensión o la revocación para operar, el tribunal de alzada, "a pedido de la Su-
perintendencia", dispondrá la (d) administración e intervención judicial del asegu-
rador (art. 86-2, ahora modificado por el art. 155, ley 24.241).
d) De los poderes expresos referidos precedentemente se derivan los razona-
blemente inherentes a la naturaleza del órgano de que está dotada la Superintenden-
cia de Seguros de la Nación a que hemos aludido supra, a).
Y de ellos, destacamos que cualquiera de las hipótesis previstas en el artículo
86-2 y 3, ley 24.241, se hallaban, antes de su sanción, entre los poderes implícitos
de la autoridad de control dada su especialidad.
Así, por dar dos ejemplos, la prohibición de realizar actos de disposición sobre
los fondos invertidos y la de celebrar nuevos contratos de seguros eran actos que,
aunque no se hallaran expresamente incluidos en la ley 20.091, integraban los po-
deres razonablemente implícitos que ya por entonces (año 1982) se hallaban insti-
tucionalizados en el Código de Procedimientos Civil y Comercial de la Provincia
de Buenos Aires y en el de la Nación como, a título de ejemplo, la inhibición gene-
ral de bienes para el primer caso (art. 228, C.P.C.C. Pcia. Bs. As.) y la prohibición
de contratar para el segundo (art. 231, C.P.C.C.N.), y, genéricamente, ante la inmi-
nencia de un perjuicio inminente o irreparable, cualquier medida cautelar general
de carácter urgente (art. 232, C.P.C.C.N.).
CAPÍTULO V

CARACTERES JURÍDICOS
DEL CONTRATO DE SEGURO

105. Introducción
El examen de los caracteres jurídicos del contrato de seguro nos hace ingresar de
lleno en su teoría general, a cuyo efecto, como en cualquier otro contrato típico, lo ha-
remos auxiUados, muy particularmente en este caso, por sus propias normas regulato-
rias (ley 17.418) y las que genérica y conceptualmente provienen del Código Civil.
Ello significa que, por ejemplo, al examinar el carácter consensual del contra-
to de seguro veremos que si bien el mismo resulta de una norma de la Ley de Se-
guros que expresa e inderogablemente así lo dispone (arts. 4- y 158-1, L.S.), su no-
ción nos viene elaborada por el derecho civil (art. 1140, Cód. Civ.) K
En ocasiones resultará que uno de sus caracteres, por ejemplo, el bilateral, vie-
ne presupuesto por la ley especial (arts. 1-, 27,49, L.S., etc.), su noción, por el Có-
digo civil (art. 1138, Cód. Civ.), y la iniciación de los efectos, una vez más, por la
ley especial (art. 4-, L.S.).
De ello se sigue que el contrato de seguros contiene su propia teoría general
que, desde su concepción misma, atrapa en su formulación caracteres jurídicos que
consagran particulares consecuencias prácticas.
El principio de unidad jurídica nos permite un reenvío a enunciados que su-
ministra la teoría general del contrato.
El principio de especificidad tolera asignarle al contrato de seguro caracteres
que le son propios y de los que es factible extraer —como quedó expresado—efec-
tos específicos.
Si el contrato de seguro típicamente es calificable como contrato por adhesión
a condiciones generales y si ello presupone que sólo uno de los sujetos de la rela-
ción —el asegurador—participa en la creación del esquema contractual, y si a ello
añadimos que las condiciones generales de contratación, que integran la propuesta
y la póliza, deben ser objeto de control estatal en punto a equidad, legitimidad

' CNCom., Sala C, 19-XI-1997, "Latini, E. c/Mapfre Aconcagua Cía. de Seg.", L.L., 1998-B-
220;/)./., 1998-2-722.
128 RUBÉN S. STIGLITZ

(arts. 23, ap. 2 y 25, ap. 1, ley 20.091), claridad y legibilidad (art. 11-2, L.S.), se ha-
brá de concluir en que la tarea del jurista no puede eludir el perfil que le asigna su
particular técnica de formación.
La sola circunstancia de hallarnos en presencia de un contrato por adhesión
controlado por el Estado genera la necesidad de que el análisis del mismo sea cui-
dadosamente efectuado —por dar algunos ejemplos— en punto a su creación, a las
directivas de interpretación o al control administrativo y/o judicial de su contenido.
Creemos que esta insoslayable función viene motivada por tipos contractua-
les que, como el que nos ocupa, se caracteriza, además de lo expuesto, o tal vez por
lo expuesto, en la desigualdad formal de los contratantes. Esencialmente ésta es la
razón que explica que los caracteres que pasamos a desarrollar permitan desenvol-
vimientos de tal naturaleza que inserten al contrato de seguro en un derecho espe-
cíficamente solidarista.

106. El control de seguro como contrato típico


La tipicidad del contrato de seguro se traduce en la existencia de una regula-
ción legal que disciplina la figura expresamente a través de la ley 17.418 2, regula-
ción que, en nuestro caso, se extiende, desde la definición misma (art. 1-, L.S.), a
su objeto (art. 2-, L.S.), a su causa (arg. art. 60), a su instrumentación (art. 11, L.S.),
a su plazo de duración (art. 17, L.S.), a su contenido (arts. 11 y 158, L.S.), a sus efec-
tos (vg., arts. 27, 49, L.S.), a su extinción (vg., arts. 18-2, 52, 58, etc., L.S.).

107. Carácter consensual, de forma probatoria y no sustancial.


Antecedentes
El artículo 4- de la ley 17.418 establece un principio general: "El contrato de se-
guro es consensual; los derechos y obligaciones recíprocos del asegurador y asegurado
empiezan desde que se ha celebrado la convención, aun antes de emitirse la póliza".
La Exposición de Motivos alude a dicho carácter al expresar textualmente;
"El artículo 4-, primer párrafo. Ley de Seguros, señala la naturaleza consensual (no
solemne ni real) del contrato de seguro, coincidente con el régimen fijado para la
emisión de la póliza (arts. 11 y sigs.) y de pago de la prima (arts. 27 y sigs.)" 3.

^ LLAMBÍAS, J. J. - ALTERINI, A. A., Código..., cit., T. III-A, pág. 27; MOSSET ITURRASPE, J.,
Contratos, cit., pág. 69; SPOTA, A. G., Instituciones de Derecho Civil. Contratos, T. I-II, Depalma,
Buenos Aires, 1979, nro. 136, pág. 198; ALTERINI, A. A., Contratos Civiles, Comerciales, de Consu-
mo, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1998, pág. 184; STIGLITZ, R. S., Contratos..., cit., T. I, nro. 182,
pág. 110.
El antecedente legislativo inmediato lo constituyó el art. 505, Cód. Com. que establecía: "El
contrato de seguro se perfecciona por el mero consentimiento, y los derechos y obligaciones recípro-
cos del asegurador y asegurado, empiezan desde que se ha verificado la convención, aun antes de la
suscripción de la póliza. El contrato importa la obligación para el asegurador de firmar la póUza en
el tiempo convenido y de entregarla al asegurado".
DERECHO DE SEGUROS 129

En una primera aproximación, afirmamos que el carácter consensúa! del con-


trato de seguro significa que "queda concluido, para producir sus efectos propios
desde que las partes hubiesen recíprocamente manifestado su consentimiento" (art.
1140, Cód. Civ.) 4.
No es solemne, pues el ordenamiento jurídico no exige que la manifestación
de la voluntad se haga con formas determinadas y preestablecidas, sin cuya obser-
vancia no se produce el efecto querido o todos los efectos legales propios de un tipo
de negocio que devendría inválido ^; ni es real, por cuanto su conclusión no está
condicionada a que una de las partes haya hecho a la otra tradición de la cosa sobre
la cual verse el contrato (art. 1141, Cód. Civ.) 0.

108. Carácter consensual del contrato de seguro


De lo hasta aquí expuesto cabe afirmar que el contrato de seguro es consensual
pues requiere para su conclusión sólo el consentimiento de las partes, sin que para
su perfeccionamiento se deba necesariamente recurrir a alguna formalidad T.
Con el consentimiento hay contrato y con él comienzan los derechos y deberes
de los sujetos de la relación negocia!, salvo que por pacto en contrario las partes
acuerden retrotraer la garantía a un período anterior a su celebración (art. 3--2, L.S.)
o diferir la producción de los efectos del contrato.
En efecto, es factible que las partes estipulen que el asegurador asuma los ries-
gos tiempo después del perfeccionamiento del contrato o, lo que es lo mismo, pos-
terguen el comienzo material de la producción de los efectos, que no coincidiría na-
turalmente con la vigencia formal, noción esta última que se identifica con la
celebración del contrato §.
Entendido el consentimiento como el concurso (la resultante negocial unita-
ria) de declaraciones de voluntad coincidentes emitidas por sujetos (partes o cen-

"* CNCom., SalaC, 19-XI-1997. "Latini, E. c/Mapfre Aconcagua Cía. de Seg.", L.L., 1998-B-
220; D.y., 1998-2-722.
^ CASTÁN TOBEÑAS, J., Derecho Civil Español, Común y Foral, T. I, Vol. II, Reus, Madrid,
1971, nro. 9, pág, 636; BETTI, E., Teoría General del Negocio Jurídico, T. I, R.D.P., Madrid, 1959,
nro. 34 bis, pág. 202; CARIOTA FERRARA, L., El Negocio Jurídico, Aguilar, Madrid, 1956, nro. 66,
pág. 217; BARBERO, D., Sistema de Derecho Privado, T. I, Ejea, Buenos Aires, 1967, nro. 210,
pág. 440.
La doctrina se resiste a mantener la categoría de los contratos reales. La ley de "unificación
de la legislación civil y comercial", ley 24.031, vetada mediante decreto 2719/91, la suprimió (STI-
GLrrz, R. S.- STIGLFTZ, G. A., "Contratos. Parte general", en Reformas... , cit., nro. 13, pág. 63.
^ MARTY, G. - RAYNAUD, ?,, Les Obligations, T. I ("Les sources"), Sirey, Paris, 1988, nro. 58,
pág. 52; CNCom., Sala B, 9-IX-1982, "Omega Coop. de Seguros c/José Sueiro y Cía.", E.D., 103-
146; CNCom., Sala B, 13-XII-1985, "La Estrella Cía. de Seguros c/Simiconductores Lucero", L.L.,
1986-D-655 (37.384-S); CNCom., Sala C, 19-XI-1997, "Latini, E. c/Mapfre Aconcagua Cía. de
Seg.",D.7., 1998-2-722; CNCom., SalaB, 21-IV-1999, "SolvenciaCía. de Seg. c/Ekserciyan S.A.",
J.A., 2000-1-552.
^ CNCom., Sala A, 8-V-1997, "Poggi, L. c/Siglo XXI Cía. de Seg.", 1997-IV-361.
130 RUBÉN S. STIGLITZ

tros de interés) diversos, integradas recíprocamente y dirigidas a un fin común 9, di-


gamos que en el contrato de seguro el consentimiento se forma con la propuesta de
una parte y su aceptación por la otra (art. 1144, Cód. Civ.), las que se rigen por las
normas de derecho común lo.
El carácter consensual del contrato de seguro presupone que su perfecciona-
miento precede a la emisión de la póliza. De allí que no sea factible confundir el
contrato con la póliza, ya que esta última es uno de los documentos o instrumento
escriturario del contrato y tiene sólo una función instrumental eminentemente pro-
batoria 11.
El artículo 4--2, L.S., establece que "la propuesta del contrato de seguro, cual-
quiera sea su forma, no obliga al asegurado ni al asegurador". Esta disposición es apli-
cación de lo expresado por los artículos 1141 y 1154, Código Civil: la propuesta por
sí sola es insuficiente; se requiere la aceptación para que el contrato sea perfecto '2.
La oferta y la aceptación son las etapas esenciales de la formación del contrato
de seguro. Con la segunda de ellas se alcanza el consentimiento (requisito de efi-
cacia necesario o legal) '^ y con éste se perfecciona el negocio jurídico, bilateral y
patrimonial.
A lo expuesto agregamos que la distinción que los artículos 1140 y 1141 del
Código Civil establecen entre contratos consensúales y contratos reales y la noción
de ellos no se agota en una mera formulación doctrinaria, sino que posee alcance
normativo, en tanto es el precepto legal el que indica cuáles son los presupuestos
básicos de perfeccionamiento de un contrato. Es el legislador quien suministra el
elemento, presupuesto o requisito para que el negocio nazca a la vida jurídica y pro-
duzca sus efectos '*.
Y lo hace a través de normas imperativas y, por ende, las reglas de autonomía
se le subordinan i5.

MESSINEO, F., Manual de Derecho Civily Comercial, T. IV, Ejea, Buenos Aires, 1971, pág.
437; DE RUGGIERO, R. , Instituciones de Derecho Civil, T. II, Vol. 1,4- ed. italiana, Reus, Madrid, pág.
275; BARBERO, D., Sistema..., cit., T. I, nro. 227, pág. 472.
'° CNCom,, Sala C, 19-XI-1997, "Latini, E. c/Mapfre Aconcagua Cía. de Seg.", D.J., 1998-2-
722.
" CNCiv., Sala I, 3-X-1996, "Olea de Barrera, M. c/Alonso, R.", LL, 1997-F-970, jurisp.
agrup.,caso 12.117-1,1997-B-2085; CNCom., SalaC, 19-XI-1997, "Latini, E. c/Mapfre Aconcagua
Cía. de Seg.", D.J., 1998-2-722.
'^ CCiv. y Com. y Cont. Adm., San Francisco, 13-III-1998, "Aromano, J. c/Ferrero, S.", L.L.,
1998-874.
'^ BARBERO, D., Sistema..., cit., T. I, nro. 266, pág. 567.
''^ SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos, cit., T. I-II, nro. 87, pág. 114; TRANCHINI, M., "Cla-
sificaciones de los contratos", en Contratos. Teoría General (Director; SiiGLrrz, R. S.), T. II, Depal-
ma, Buenos Aires, 1993, pág. 52; SxiGLrrz, R. S., Contratos..., cit., T. I, nro. 69, pág. 97.
STIGLITZ, R. S., Caracteres Jurídicos del Contrato de Seguro, Astrea, Buenos Aires, 1987,
pág. 162.
DERECHO DE SEGUROS 131

De ello concluimos que el contrato consensual es el que se perfecciona por el


mero consentimiento de las partes, quienes, en consecuencia, no podrán subordinar
el perfeccionamiento del mismo a la tradición de la cosa (art. 1141, Cód. Civ.),
transformándolo en real.

109. Carácter consensual del contrato de seguro (continuación).


La resolución 21.600 de la Superintendencia de Seguros
de la Nación
Sin embargo, el 3 de marzo de 1992 la Superintendencia de Seguros de la Na-
ción dictó la resolución 21.600 por la que, con fundamento en la necesidad de "ani-
quilar diversas prácticas comerciales que afectan la solvencia patrimonial de las em-
presas", como por ejemplo la anulación de pólizas "a raíz del incumplimiento del pago
de la cuota inicial por parte del asegurado", dispuso en su artículo 1-: "El comienzo
de la vigencia de las pólizas o contratos de seguros que se emitan a partir del día 1-
de abril de 1992, quedará condicionado al pago total o parcial del premio" '6
Como se advierte, muy confusamente (ambigua y desprolijamenté) se alude
al comienzo de vigencia de los contratos, lo que hará vacilar al intérprete sobre si
se quiso hacer referencia al perfeccionamiento del contrato o a la iniciación de sus
efectos. Pues si se trata de lo primero, acontecería que por resolución de la Supe-
rintendencia de Seguros de la Nación se estaría modificando lo establecido en los
artículos 1140 del Código Civil y 4- de la Ley de Seguros en el sentido de que, por
tratarse de un contrato consensual, queda perfeccionado por el mero acuerdo de vo-
luntades. Por lo demás, siendo el artículo 4-, L.S. una disposición imperativa por su
letra (art. 158-1, L.S.), la resolución administrativa que la altere importará un ilícito
formal.
Lo propio acontecería si se tratase de un diferimento del comienzo de los efec-
tos del contrato, pues se estaría modificando lo establecido por el artículo 30-3 de
la Ley de Seguros, norma imperativa por su letra y naturaleza (art. 158-1, L.S.) apli-
cable al supuesto allí previsto ("la entrega de la póliza hace presumir el otorgamien-
to de crédito").
Para rematar lo expresado en la citada resolución, se establece que: "En las pó-
lizas, endosos y certificados de cobertura emitidos a partir de la fecha apuntada, de-
berán consignarse la duración de su vigencia pero no el comienzo de la misma, que
sólo tendrá lugar a la cero (0) hora del día siguiente a la fecha de pago. Ello sólo que-
dará acreditado con el recibo oficial correspondiente" (art. 2°).
Como se advierte, la Superintendencia de Seguros de la Nación, el órgano del
Estado que debe ejercer el control de legitimidad y equidad de las cláusulas con-

'^ La disposición reproducida en el texto contiene dos fallas formales; En primer lugar, se con-
funde la póliza con el contrato de seguro, cuando la primera sólo es la instrumentación del segundo,
lo que significa que puede existir contrato sin que se hay a emitido la póliza. En segundo lugar, los con-
tratos no se emiten, lo que se emiten son las pólizas.
132 RUBÉN S. STIGLITZ

tractuales predispuestas por las entidades, comienza por ser ella quien infringe los
textos legales (arts. 1140, Cód. Civ. y 4- y 30, L.S.). Y si bien se halla legitimada
para dictar resoluciones de carácter general (art. 67, inc. b], ley 20.091), dicha atri-
bución está limitada a los casos previstos por dicho texto legal y los que sean ne-
cesarios para su aplicación.
Lo que queremos decir es que su potestad reglamentaria delegada no puede
sustraerse a su "zona de reserva" administrativa y penetrar en "zona de reserva" le-
gal, como lo es, por ejemplo, incursionar en territorio propio de la ley sustancial '7.
Y así como la resolución 21.600/92 es ilícita, también lo es la cláusula de co-
branza que reproduzca literal o conceptualmente lo dispuesto por las disposiciones
contenidas en la citada resolución. Es que la aludida condición general, en tanto im-
porta una ampliación de los derechos del asegurador y simultánea restricción a los
derechos del asegurado, a quien legalmente le viene reconocido su derecho a garan-
tía asegurativa con la emisión de la póliza (art. 30-1, L.S.) en tanto hace presumir
la concesión de crédito para su pago (art. 30-3, L.S.) o de un pacto en contrario, de-
viene en cláusula abusiva (art. 37, incs. a] y b], ley 24.240). La referida ilicitud for-
mal y su condición de abusiva aparejan la nulidad de la cláusula contractual refe-
rida al tema (arts. 18,21,1066 y 1140, Cód. Civ. y 4 M 1 , 30 y 158, L.S. y 37, incs.
a] y b], ley 24.240) y la integración al contrato, de ser necesario (art. 37, infine, ley
24.240), con la norma legal aplicable.

110. El contrato de seguro como contrato no formal.


El principio general
La Ley de Seguros no impone solemnidad alguna a cuya observancia las par-
tes deban sujetarse para dar vida al contrato de seguro i^.
El perfeccionamiento del contrato se alcanza mediante la declaración común
de voluntad. La ley 17.418 no establece forma determinada para la exteriorización de
la oferta ni de la aceptación. El contrato de seguro nace a la vida jurídica con el con-
sentimiento, y con éste los derechos y deberes de los sujetos del contrato, salvo que
las partes hayan acordado una regulación distinta en cuanto al comienzo material
y consecuente cumplimiento de sus prestaciones.

'^ CANASI, J., Derecho..., cit., Vol. I, pág. 209. Lo propio aconteció con las resoluciones
21.999/92 y 22.058/93 por las que se regula el seguro automotor obligatorio, donde la Superintenden-
cia de Seguros, con total desprecio de la Constitución Nacional (art. 75, inc. 12), "legisló" sobre la teo-
ría general del contrato de seguro, sobre la responsabilidad por daños, renuncia de derechos credito-
rios, cumplimiento de las obligaciones y pago con subrogación, o sea sobre temas, todos ellos,
atinentes arelaciones obligacionales propias de nuestros códigos de fondo (STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ,
G. A., Seguro Automotor Obligatorio, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1993, págs. 24 y 58 y sigs.).
CNCom., Sala B, 15-IV-1970, "Hemisferio Cía. de Seguros c/Asociación de Agentes de Pro-
paganda Médica", E.D., 37-768. Así, se tiene decidido que la firma de la póliza por el asegurado no
es indispensable (CNFed. Civ. y Com., Sala II, 24-VIII-1982, "Quiroga de Flores c/Caja Nacional de
Ahorro y Seguro", E.D., 102-697).
DERECHO DE SEGUROS 133

Cabe preguntarse si en razón de que la ley guarda silencio sobre la cuestión,


las partes pueden subordinar el perfeccionamiento del contrato a la observancia de
formas por ellas estipuladas. Creemos que el juego armónico de los artículos 974
y 1140, Código Civil, da sustento a una respuesta afirmativa, de tal manera que los
sujetos del negocio jurídico se encuentran libres para establecer formas de exterio-
rizar la oferta y la aceptación.
El carácter consensual del contrato de seguro es compatible con el estableci-
miento de formas determinadas que puedan adoptar la oferta y la aceptación i'. En
ese sentido el artículo 1140 del Código Civil es claro: "...sin perjuicio de lo que se
dispusiere sobre las formas de los contratos (los consensúales) quedan concluidos
para producir sus efectos propios, desde que las partes hubiesen recíprocamente
manifestado su consentimiento".
Este principio debe necesariamente articularse con el que emerge del artículo
974 del Código Civil: "Cuando por este Código, o por las leyes especiales no se de-
signe forma para algún acto jurídico, los interesados pueden usar de las formas que
juzgaren convenientes". En conclusión, nada impide que las partes alcancen el con-
sentimiento y consecuente perfeccionamiento del contrato de seguro mediante
oferta y aceptación sujetas a las formas que ellas mismas establezcan.

111. La propuesta como requisito obligatorio para la emisión


de la póliza
La propuesta del contrato de seguro, en principio, es formal. Por circular nro.
5 de la Superintendencia de Seguros de la Nación, del 18 de febrero de 1955, la pro-
puesta, que es un impreso que el asegurador provee al asegurado a través del cual
éste emite su declaración de voluntad dirigida a iniciar la formación del contrato 20,
ha sido declarada de uso obligatorio para las entidades como requisito previo e in-
dispensable para la emisión de pólizas.
La misma circular fija una excepción: cuando por razones debidamente jus-
tificadas la sociedad deba emitir una póliza sin que obre en su poder la respectiva
solicitud, la Superintendencia de Seguros "no observará tal procedimiento" (sic),
siempre y cuando ella sea obtenida dentro del plazo de diez días a contar desde la
fecha de emisión de la póliza.
Posteriormente, la aludida resolución fue modificada —el 22 de julio de
1955— exceptuando de la obligación a los seguros de transporte terrestre y de pa-
sajeros, los marítimos flotantes, coseguro y seguros de período corto (treinta días).
Nada impide que las partes, en las hipótesis presentadas como excepciones al
principio general, acuerden que la oferta adopte la forma escrita de la solicitud, pro-
posición o propuesta 21.

^' BOFH BOGGERO, L. M., Tratado de las Obligaciones, T. I, Astrea, Buenos Aires, 1979, nro.
59, pág. 152.
^° URÍA GONZÁLEZ, R., El Seguro Marítimo, Bosch, Barcelona, 1940, nro. 21, pág. 52.
^' En la práctica, la solicitud, propuesta u oferta de seguro, suministrada e impresa por el asegu-
134 RUBÉN S. STIGLITZ

A la propuesta se alude en la Ley de Seguros (art. 4--2 y 3, L.S.), y en lo que


se refiere al tema que nos ocupa, destacamos que establece (a) la libertad de formas
así como que su emisión (b) no obliga al asegurado ni al asegurador 22.
En efecto, la citada disposición, establece: "La propuesta del contrato de se-
guro, cualquiera sea su forma, no obliga al asegurado ni al asegurador...". En suma,
la emisión de la oferta, en principio, es obligatoria como condición previa a la emi-
sión de la póliza. La Ley de Seguros no determina la forma en que deba declararse
la voluntad del asegurando.
Pero en virtud de la mencionada circular de la Superintendencia de Seguros de
la Nación, las aseguradoras deben requerir, obligatoriamente, la propuesta impresa
firmada como requisito previo e indispensable a la emisión de la póliza, y es evi-
dente que la propuesta a que se hace referencia no es otra —como quedó expresa-
do— que la solicitud que provee el asegurador, la que debe contener, aunque no
siempre es así, las condiciones generales del contrato, y en la cual el asegurando
debe consignar los elementos esenciales específicos de la relación singular, y sus-
cribirla.
Esta propuesta es el instrumento escrito tradicionalmente empleado en la
práctica como comienzo del iter formativo del contrato 23.
La autoridad de control no pudo referirse a otra formalidad, pues si bien es
cierto que la oferta de un contrato de seguro, en función del principio de libertad de
formas, es admisible emitirla verbalmente, por teléfono, etcétera 24, es absurdo su-
poner que la circular nro. 5 del 18 de febrero de 1955 tuviera por finalidad recor-
darle a las entidades que no deben emitir pólizas si no ha habido oferta previa, cual-
quiera sea su forma de expresión. Lo lógico es interpretar que la citada circular
alude a la oferta escrita. Es natural que así sea.
La calificación de "indispensable" que se da a la propuesta como requisito
previo a la emisión de la póliza se refiere, sin duda, a la circunstancia de que esta
tiltima, como instrumento del contrato, como declaración que traduce la voluntad
del asegurador de aceptar la propuesta, tiene que ajustarse íntegramente a los tér-
minos de ésta.

112. La propuesta como requisito obligatorio para la emisión


de la póliza. Dificultades probatorias que apareja su desuso
En conclusión, cabe afirmar que si bien es verdad que el artículo 4-, Ley de Se-
guros, afirma la libertad de formas de la propuesta, la autoridad de control estable-

rador, una vez firmada por el asegurando, constituye el comienzo del iter contractual. Por lo tanto, es
escrita (HALPERIN, I., Seguros, cit., T, I, nro. 7, pág. 256).
22
Cám. Com. Capital, 25-VI-1937, "Nisseonsohn, I. c/La Economía Comercial", L.L., 8-70;
CNCom., Sala A, 18-VIIM965, "Sud América Cía. de Seguros c/Grillo, V.", LL, 121-136.
^^ VIVANTE, C , Derecho... Del Contrato de Seguro, cit., T. 14, Vol. I, nro. 48, pág. 8.
^'^ DONATI, A., Trattato..., cit, Vol. II, nro. 408, pág. 285.
DERECHO DE SEGUROS 135

ció la forma escrita de la solicitud como principio general, con carácter obligatorio
y como recaudo previo e indispensable a la emisión de las pólizas, salvedad hecha
de las excepciones ya enunciadas.
En consecuencia, podemos afirmar que, en principio, el texto de la circular su-
bordina la obligación del asegurador a una condición suspensiva, pues debe emitir
la póliza si el asegurando presenta la solicitud por escrito.
Sin embargo, los usos y las prácticas en el mercado asegurador no sólo pare-
cen haber relativizado la rigidez del principio, sino que lo condujeron al desuso ya
que las aseguradoras emiten las pólizas sin disponer previamente de la propuesta o
sin contar con ella jamás. Y ello pone de manifiesto una infracción a lo dispuesto
por el artículo 37 de la ley 20.091 en cuanto dispone que los aseguradores deben
"conservar la documentación referente a los contratos de seguros" por un plazo mí-
nimo de diez años de vencidos. Y la "documentación" no puede ser otra—entre to-
das— que la propuesta escrita.
De todas maneras, lo que sí cabe destacar es que si bien la presentación de la
propuesta escrita subordina (subordinaba) la emisión de la póliza, y que la obliga-
toriedad emana (fuente) de una ley en sentido material, su omisión no quebranta la
consensualidad del contrato, perfeccionable por el mero consentimiento aun antes
de emitirse la póliza (art. 4°-l, L.S,).
En cambio, sí debemos admitir que la referida omisión, por lo menos, apareja
una seria perturbación al asegurador en punto a la obligación que asume de entregar
al tomador una póliza cuyo contenido está integrado por enunciaciones que deben
hallarse incluidas en la solicitud de propuesta de contrato (art. 11-2, L.S.).
Perturbación que se proyecta —en supuesto de conflicto— a la prueba del
contrato, a la que se restaría su instrumento probatorio escrito, por excelencia.

113. El silencio como manifestación de voluntad.


Principio general y excepciones
Como principio general, es factible afirmar que el silencio o el comportamien-
to omisivo implica ausencia de manifestación 25.
En el sentido indicado, se tiene expresado que "la voluntad no manifestada no
tiene relevancia jurídica, siendo imposible fundar en ella una acción de cumpli-
miento del contrato. De lo contrario toda idea de seriedad y seguridad jurídica es-
taría perdida. Es que los hombres deben poder confiar en lo que ven escrito y fir-
mado y no es posible que a su conducta legítima y de buena fe se le oponga más
tarde una supuesta voluntad o intención distinta" 26.
Ello de ninguna manera significa que el silencio en ningún caso conforma una
declaración vinculante.

^^ MOSSET ITURRASPE, J., Contratos, cit., pág. 103, quien manifiesta que "quien calla no dice
nada"; STIGLITZ, R. S., Contratos..., cit., T, I, nro. 110, pág. 138.
^* CNCiv., Sala K, 4-III-1991, "Márchese, O. c/Marchese, S.", J.A., 1991-lV-síntesis.
136 RUBÉN S. STIGLITZ

En efecto, partamos de la base que así como (a) las partes pueden acordar atri-
buir al posterior silencio valor de declaración expresa, también (b) el legislador
puede asignarle carácter de manifestación de voluntad, cuando exista una obliga-
ción de explicarse "por la ley... o a causa de una relación entre el silencio actual y
las declaraciones precedentes" (art. 919, Cód. Civ.) 2?.
Constituye aplicación de lo expresado —"obligación de explicarse por la
ley"—, por ejemplo, en el contrato de seguro, la carga del asegurador de pronun-
ciarse acerca de los derechos del asegurado en un plazo perentorio (de caducidad)
de treinta días computado desde la denuncia del siniestro o desde la recepción de
información complementaria, si es que la requirió. La omisión del asegurador en
pronunciarse en el plazo antedicho, "importa aceptación" (art. 56, ley 17.418). En
este caso el silencio opera como manifestación.
Pero salvo las excepciones previstas por el artículo 919 del Código Civil y las
aplicaciones que de él derivan, el silencio no constituye una manifestación de vo-
luntad.

114. La propuesta y el silencio del asegurador


Sobre la base de lo expuesto en el parágrafo precedente, cabe señalar que más
allá de que "la propuesta del contrato de seguro... no obliga al asegurado ni al ase-
gurador...", como en la configuración del mismo la oferta y la aceptación se rigen
por las normas de derecho común, el silencio del asegurador no equivale a la acep-
tación de aquélla sino a su rechazo -^.
En el sentido indicado precedentemente, se tiene decidido que "si el actor que
reclama el cobro del seguro no efectuó ningún desembolso en concepto de pago de
prima y no existió aceptación por parte de la compañía de seguros, el contrato no
tuvo principio de ejecución que pueda sustentar la admisión de tal reclamo. Así,
en dicho caso, resulta indiferente precisar el carácter en el que actuó la persona
que intervino en la negociación entre las partes, pues aun cuando hubiere actua-

^•^ CNCom., SalaE, 26-VIII-1987, "Gordovil, J. c/AmericanExpress Arg.",/./!,., 1987-IV-479,


donde se hizo aplicación de lo dispuesto por los arts. 918 y 919 del Cód. Civ., en un supuesto donde
se discutía la aplicación de una cláusula contenida en el documento contractual que vinculaba a las
partes por el que se establece que American Express tiene derecho a "modificar en cualquier momento
el presente convenio" y que "cualquier modificación le será notificada (al usuario). Consideramos que
las modificaciones han sido aceptadas en caso de conservar o utilizar la tarjeta después de recibida
nuestra notificación. En caso de no aceptar nuestras modificaciones usted puede dar por terminado el
presente convenio partiendo la tarjeta por la mitad y devolviéndonos la misma". Se sostuvo que en la
especie el silencio constituye una manifestación tácita de voluntad (arts. 918 y 919, Cód. Civ.) ya que
si la intención del interesado consistía en no consentir, no hizo lo que debía hacer (partir la tarjeta y
devolverla) o no se opuso a lo que estaba ocurriendo, cuando debía oponerse. Añadió el tribunal que
no fue objeto del proceso la pretensión de nulidad de alguna de las cláusulas.
^^ CNCom., SalaC, 19-XI-1997, "Lantini.E. c/Mapfre Aconcagua Cía. deSeg.",Z)./, 1998-2-722.
DERECHO DE SEGUROS 137

do como agente institorio no exteriorizó una aceptación de la solicitud de seguro


que pudiera atribuirse a aquélla" 29.

115. La emisión de la póliza como forma escrita que adopta


la aceptación del contrato de seguro. Obligatoriedad
de su entrega al asegurado
La aceptación, usualmente, adopta la forma escrita y consiste en la emisión de
la póliza 30, y es la expresión impuesta por la práctica como manifestación de la vo-
luntad del asegurador de perfeccionar el contrato propuesto por el asegurando.
La propuesta o solicitud incluye, además de las condiciones generales, las par-
ticulares que, en lo sustancial, aparecen enunciadas en el artículo 11-2, L.S., y que
luego se transcribirán en la póliza, en cuanto constituyen elementos esenciales y es-
pecíficos de la relación singular que debe consignar el asegurando por escrito.
Por eso subrayamos la importancia del uso obligatorio de la propuesta, pues
sólo así se contribuirá a consolidar la certidumbre del contenido de las declaracio-
nes de voluntad de las partes; evidencia que se extenderá a la prueba, eliminando
una tan innecesaria como infecunda litigiosidad.
Y en el inevitable supuesto de suscitarse un conflicto judicial, los jueces contarán
con un ("el") elemento valioso para la exacta precisión de la intención declarada. Nos
referimos, naturalmente, a las condiciones particulares que especifican o particulari-
zan el contenido del contrato y no a las que figuran en formularios anexos a la póliza
que, aunque ostentan la misma denominación, cumplen distinta función 3i.
En síntesis, la póliza presupone el perfeccionamiento del contrato, es su prue-
ba capital y guía de interpretación 32.
Como queda expresado, la aceptación no está sometida por la ley a forma al-
guna. Corrientemente se la expresa con la emisión de la póliza.
En efecto, la aceptación adopta, usualmente, la forma escrita, cuya manifes-
tación es la póliza, emitida por el asegurador y entregada al tomador debidamente
firmada, con redacción clara y fácilmente legible (art. 11-2, L.S.).
La aceptación es una declaración de voluntad unilateral y que tiene por des-
tinatario al oferente. El asegurador no está constreñido a solemnidad alguna para
manifestarse, lo cual equivale a afirmar que, en cuanto a la aceptación, rige absoluta
libertad de formas. La emisión de la póliza es una de sus expresiones, aunque cabe
señalar que es la de uso corriente. Tan cierto es lo expuesto, que la naturaleza con-

^' CNCom.,SalaC, 19-XI-1997, "Lantini, E. c/Mapfre Aconcagua Cía. de Seg.",/)./, 1998-2-


722
30
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 410, pág. 291; PICARO, M. - BESSON, A., LesAssu-
rances..., cit., T. I, nro. 49, pág. 79; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 10, pág. 263.
^' CNCom., Sala C, 3-III-1982, "Boly, J. c/Pergamino Coop. de Seguros Ltda.", E.D., 99-333.
^^ CNCom., Sala B, 30-IX-1983, "Cía. de Seguros La Franco c/Pereyra, R.", E.D., 108-610;
CNCom., Sala B, lMII-1985, "HoUender, T. c/La Defensa Cía. de Seguros", L.L, 1985-C-530.
138 RUBÉN S. STIGLITZ

sensual del contrato de seguro 33 importa la producción de efectos propios desde


que se ha celebrado la convención, aun antes de emitirse la póliza (art. 4--1, L.S.).
Ésta, en consecuencia, es sólo la instrumentación de un contrato previamente
concluido por la fusión de dos declaraciones de voluntad coincidentes en punto a
una finalidad común (consentimiento). La póliza presupone un contrato ya perfec-
cionado, constituyendo un acto de ejecución. El contrato precede a la emisión de la
póliza y nace a la vida jurídica y sobrevive aunque no se emita la póliza, sin perjui-
cio del derecho del asegurado y consecuente acción para exigir su entrega 34.

116. El perfeccionamiento subordinado del contrato de seguro


Cabe preguntarse si pueden las partes acordar que la aceptación adopte una de-
terminada forma de expresión. Por las mismas razones apuntadas precedentemente
con relación a la oferta, cabe responder afirmativamente cuando se trate de la acepta-
ción. Ya Vivante señalaba la posibilidad de que las partes pudieran subordinar el per-
feccionamiento del contrato a la firma de la póliza o a la satisfacción de la primera pri-
ma. Nada impide —agregaba— que consideren como dos actos esenciales para la
existencia del contrato lo que por lo común son dos actos de ejecución 35.
Lo propio apuntan Picard y Besson cuando afirman que si legalmente el con-
trato de seguro es consensual, en la práctica es común que las partes, especialmente
el asegurador, subordine el perfeccionamiento del contrato a una formalidad deter-
minada, sea ella la firma de la póliza o el pago de la primera prima.
En el primer caso, el contrato no devendrá perfecto hasta el momento en que
las partes hayan suscripto la póliza, aunque en la práctica lo está en el momento en
que el asegurado firma la póliza que el asegurador le presenta, cumplido ya por su
parte ese mismo recaudo. Esta práctica —^prosiguen— presenta la ventaja de elimi-
nar toda controversia en tomo a la existencia del contrato: asegurador y asegurado
quedan ligados de manera indiscutible con sus firmas puestas al pie del instrumento
que contiene todas las cláusulas del acuerdo 36.
En el segundo caso, hasta que el asegurando no remite al asegurador el impor-
te correspondiente a la primera prima, no nace el contrato a la vida jurídica: el ase-
gurado es libre de no dar curso a su promesa y el asegurador no tiene, respecto de
él, ningún medio para obligarlo, puesto que el contrato no está formalizado.

^^ CNCom., Sala B, 9-IX-1982, "Omega Coop. de Seguros c/José Sueiro y Cía", JA., 1984-1-616.
^'^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 45, pág. 336.
^^ VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. I, nro. 51, pág. 84.
Es la solución legal prevista en Venezuela por el art. 549 del Cód. Com.-. "El seguro se per-
fecciona y prueba por un documento público o privado que se llama póliza". De donde la emisión de
la póliza constituye un requisito sustancial. Hace a su existencia (FIRGAU, K. Ch., "El contrato de se-
guro en la legislación venezolana". Revista Ibero-Latinoamericana de Seguros, vol. 1, nro. 1, Bogotá,
1992, págs, 88 y 94).
DERECHO DE SEGUROS 139
Esta práctica presenta la ventaja para el asegurador —concluyen Picard y Bes-
son— de no estar comprometido sino después del pago de la primera prima, y de
evitarle tener que hacer frente a la cobertura si no es como contrapartida del pago 37.
Por nuestra parte afirmamos, una vez más, que las partes, ante el silencio del
legislador, pueden acordar la forma en que la aceptación pueda expresarse (arts.
974y 1140,Cód.Civ.).
Pero estimamos necesario formular algunas reflexiones vinculadas a la hipó-
tesis en la que el perfeccionamiento del contrato se intenta condicionarlo a una for-
ma establecida para la aceptación como, por ejemplo, aquella en que, por estipula-
ción de partes, se subordine la conclusión del contrato al pago de la primera prima.
Estimamos, en lo que se refiere a nuestra legislación, que en este caso se pasa por
alto que el pago de la prima o cotización es una obligación, la principal, a cargo del
tomador (arts. 1 - y 27, L.S.), a lo que cabe añadir que es debida desde la celebración
del contrato (art. 30, L.S.) y recién exigible contra la entrega de la póliza, salvo que
se haya emitido un certificado o instrumento provisorio de cobertura.
De ello se deduce que el pago de la prima es capítulo que se emplaza en etapa
de ejecución contractual, lo que presupone un contrato que ya se ha perfeccionado
y en el marco de las prestaciones a cargo del tomador, de donde la cuestión exami-
nada (oportunidad del pago) aparece como extraña y ajena a la forma que puede
adoptar la aceptación, tramo que, metodológicamente, se lo examina en la forma-
ción del contrato.
En efecto, la aceptación consiste en una declaración unilateral del asegurador,
dirigida al tomador en punto a la celebración (conclusión) del negocio. En cambio,
el pago de la prima es una obligación del tomador, que tiene por objeto remunerar
al asegurador por las indemnizaciones o prestaciones que éste toma a su cargo.
A lo sumo, las partes podrán subordinar el comienzo de los efectos del con-
trato de seguro —su eficacia— al pago de la primera prima, tema distinto, pues ello
supone un contrato (consensual) perfeccionado y en período de ejecución 38.
Pensamos que una estipulación contractual que condicione el perfecciona-
miento del contrato de seguro al pago de la primera prima altera su naturaleza (im-
perativamente) consensual (arts. 4- y 158-1, L.S.) en su intento de convertirlo en
contrato real, pues en este caso su génesis se hallará subordinada a la entrega por
el asegurado al asegurador de la prestación asumida a su cargo: la suma de dinero
suficiente para el pago de la prima 3?.

^^ PICARO, M. - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T. I, nro. 50, págs. 81 y sigs.


^^ ZAVALA RODRÍGUEZ, C. J., Código..., cit., T. II, nro. 1653, pág. 356; HALPERIN, I., Seguro.';,
cit., T. I, nro. 1, pág. 390. Una cosa es que las partes acuerden postergar la iniciación de los efectos
a través de una cláusula particular, y otra muy distinta es que la autoridad de control imponga, como
acontece luego del dictado de la R.S .S.N. 21.600/92, alterar la naturaleza imperativamente consensual
del contrato (arts. 4- y 158-1, L.S.) e intente (ilegítimamente) transformarlo en real mediante el reque-
rimiento de la tradición del precio como condición subordinante del perfeccionamiento del contrato.
^ ' PICARO, M . - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T. I, nro. 50, pág. 82.
140 RUBÉN S. STIGLITZ

En efecto, recordemos que existen contratos que, como efecto derivado de su


objeto (materia), consagran como obligación la entrega de una cosa, por ejemplo la
compraventa (art. 1323, Cód. Civ.), la permuta (art. 1485, Cód. Civ.), la locación
de cosa (art. 1493, Cód. Civ.), etcétera, pero no por ello son contratos reales sino
consensúales. La diferencia estriba en que en los contratos consensúales, como los
precedentemente aludidos, la entrega de la cosa corresponde al período de ejecu-
ción, y en los contratos reales ella responde a la formación misma del negocio, si-
multáneamente con la manifestación de una voluntad común 4o.
Entonces, subordinar el perfeccionamiento del contrato de seguro al pago de la
primera prima implica un intento de transformar su naturaleza consensual. Y
como este carácter viene imperativamente impuesto por un precepto (art. 4-, L.S.) que
por "su letra" es inmodificable (art. 158-1, L.S.), sería contrario al ordenamiento jurí-
dico que los sujetos del contrato estipulen en contradicción al derecho necesario 4i.
Y, por tanto, inválido. Para ello deberá mediar una declaración de nulidad de
la cláusula que lo establezca, nulidad virtual o tácita (arts. 18 y 1037, Cód. Civ. y
37, incs. a] y b], ley 24.240); parcial, pues sólo afectará lo reprochable del acuer-
do 42; no manifiesta, pues la declaración del acto anulable dependerá de la aprecia-
ción judicial ^^3 de nulidad absoluta, pues la imperatividad de la norma afectada (art.
4-, ley 17.418) ha sido establecida en un cuerpo legal que el Estado, en atención al
interés social del contrato de seguro, ha estimado oportuno disciplinar; e invocable
como acción o excepción por el asegurado o cualquier interesado y nunca por el
asegurador, por ser este quien predispuso la cláusula (art. 1047, Cód. Civ.).
Concluimos, pues, señalando que el contrato de seguro no es formal: su per-
feccionamiento, legalmente, no requiere la observancia de solemnidad alguna.

'^° FONTANARROSA, R., Derecho Comercial Argentino, T. II, Zavalía, Buenos Aires, 1974, nro.
47, pág. 133; SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos, cit., T. III, nro. 123, pág. 173; BORDA, G. Tra-
tado... Obligaciones, cit., T. II, nro. 1185, pág. 143; LLAMBÍAS, J. J.- ALTERINI, A. A., Código..., cit.,
T. III-A, pág. 24.
La determinación de la categoría de norma imperativa del art. 4- de la Ley de Seguros surge
de su texto: "El contrato de seguro es consensúa!...", razón por la cual, enmarcada su naturaleza dentro
del contexto de las normas irrenunciables, la cláusula que, por apartarse de la naturaleza consensual
que la ley asigna al contrato de seguro ensaya en transformarlo en real, será pasible de impugnación
en punto a su eficacia. Declarada la invalidez, al hacerse operativa (al rehabilitarse la aplicación de)
la norma violada (art. 4--1, L.S.), el contrato se tendrá por perfeccionado por el mero consentimiento,
entendiéndose que los derechos y obligaciones recíprocos del asegurador y asegurado "...empiezan
desde que se ha celebrado la convención".
'^'^ BOFFi BOGGERO, L. M., "Aspectos de la nulidad del acto jurídico en el Código Civil argenti-
no", en Estudios Jurídicos, Cooperadora del Centro de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires,
1960, pág. 225; STIGLUZ, R. S., Cláusulas Abusivas en el Contrato de Seguro, Abeledo-Perrot, Bue-
nos Aires, 1994, nro. 70, pág. 173; STIGLFFZ, R. S . - STIGLITZ, G. A., Derechos y Defensa del Consu-
midor, LaRocca, Buenos Aires, 1994, pág. 287.
'*^ BORDA, G., Tratado... Parte General, cit., T. II, nro. 1244, pág. 413; LLAMBÍAS, J. J., Tratado
de Derecho Civil Argentino. Parte General, T. II, Perrot, Buenos Aires, 1989, nro. 1888, pág. 573.
DERECHO DE SEGUROS 141

117. La forma probatoria. Consideraciones generales


Genéricamente podemos afirmar que cuando la forma tiene por finalidad ser-
vir a la prueba del acto jurídico nos hallaremos en presencia de negocios con formas
probatorias {ad probationem) '^.
Ocurre que, en ocasiones, la forma cumple una función de certidumbre. Tiene
en ese caso por objeto garantizar una más segura determinación y una más reflexiva
formulación de la voluntad en los negocios más importantes 45. Afirma Diez-Pica-
zo que al quedar el contrato encerrado en el molde de una forma concreta, es posible
aislar y determinar el verdadero contenido del contrato, separándolo de los tratos
preliminares o conversaciones previas. Agrega que mediante la forma se consigue
certidumbre en tomo a la identidad de las personas de los contratantes, a su capa-
cidad al tiempo de celebrarse el contrato y a las circunstancias de tiempo y de lugar
de la celebración 46.
Mediante la forma (probatoria) se obtiene certidumbre en cuanto a la existen-
cia misma del negocio, lo relativo a los sujetos de la relación jurídica, a su objeto
(operación considerada) y al contenido, facilitando su prueba, eliminando la nece-
sidad de acudir a reconstrucciones ulteriores y desalentando la litigiosidad. Así, ya
es valor aceptado los beneficios que derivan de la forma documental, por ejemplo
en miras esencialmente a la facilidad y perdurabilidad de la prueba 47.
En esta hipótesis, el contrato posee forma probatoria, no constitutiva ni so-
lemne, lo cual significa que de su observancia no resulta afectada su existencia 48.

118. El seguro como contrato de forma probatoria


Trasladando estas nociones al contrato de seguro, corresponde analizar si po-
see forma probatoria. Entendemos que sí. El artículo 11 de la ley 17.418 establece:
"El contrato de seguro sólo puede probarse por escrito; sin embargo, todos los de-
más medios de prueba serán admitidos, si hay principio de prueba por escrito...",
ésta es una disposición de contenido procesal inserta en una ley regulatoria de de-
rechos sustanciales, en la que se limita la admisibilidad de los medios de prueba de
los contratos enunciados por los artículos 1190 del Código Civil y 208 del Código
de Comercio y se establece su eficacia probatoria.

^ MOSSET ITURRASPE, J., Contratos, cit., pág. 86; ZAVALÍA, F. J., Teoría... Parte General, pág.
184; MÉNDEZ DE FASSI, C. L., "Forma y prueba", en Contratos. Teoría General (STlGLrrz, R. S. -
Dir.), T. I, Depalma, Buenos Aires, 1990, pág. 385; STIGLFFZ, R. S., Contratos..., cit. T. I, nro. 95, pág. 121.
'^^ SANTORO PASSARELLI, F., Doctrinas Generales del Derecho Civil, Madrid, 1964, nro. 30,
pág. 164.
DÍEZ-PICAZO, L., Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial. Introducción. Teoría del Con-
trato. Las Relaciones Obligatorias, Vol. I, Tecnos, Madrid, 1983, pág. 184.
'*'' BETTI, E., Teoría General..., cit., T. I, nro. 34 bis, pág. 205.
''^ SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos, cit., T. I-II, nro. 131, pág. 189.
142 RUBÉN S. STIGLITZ

Sabido es que, en general, la prueba de los contratos está íntimamente vincu-


lada con la forma, a tal punto que se tiene afirmado que la ley impone, expresa o im-
plícitamente, que la prueba del contrato se brinde mediante la forma que impone 4?.
Por lo que, tratándose el contrato de seguro, desde un aspecto constitutivo o
sustancial, de un contrato consensual y no formal, legalmente, y mientras las partes
no acuerden lo contrario (art. 974, Cód. Civ.), requiere para la prueba de su existen-
cia que se acredite el consentimiento.
Razones de política jurídica han inducido al legislador a instituir un medio
para la prueba del contrato de seguro, que Couture denomina instrumental so. Lo
que implica excluir todos los demás medios de prueba, aunque rehabilitada la efi-
cacia probatoria de éstos mediando principio de prueba por escrito 5i.
La resonancia social del contrato de seguro, la complejidad técnica ya de por
sí inherente al negocio, la dificultad en desentrañar el sentido y alcance de algunas
de sus acepciones usuales, el elevado número de condiciones generales y especiales
que contiene la póliza que instrumenta el contrato, la prolongación en el tiempo del
negocio y el interés de los terceros ^2, han aconsejado la conveniencia de adoptar el
medio escrito como mecanismo probatorio razonablemente más seguro. Lo que se
trata de significar es que cuanto más constreñidos en la elección del medio proba-
torio se hallen los sujetos de la relación jurídica que están en conflicto, mayor será
el desaliento a la litigiosidad. O viceversa: afirmar la admisibilidad de todas las
fuentes probatorias, hace difícil la previsión del resultado de la prueba, y de ahí la
aguda observación de Camelutti consistente en que esa imprecisión influye daño-
samente sobre la litigiosidad, la cual, naturalmente, se alimenta con la inseguridad
en cuanto a la futura decisión. O dicho con otras palabras, cuanto con menos faci-
lidad se pueda prever cómo terminará por decidir el juez, tanto más las partes se
sienten animadas alitigar 53.
En función de los valores expuestos, el artículo 11, Ley de Seguros, opta por
insertar una prueba tasada o legal como sistema de valoración, y selecciona en for-
ma principal y subsidiaria la instrumental. En efecto, al afirmar que el contrato de
seguro sólo puede probarse por escrito pero que, sin embargo, todos los demás me-
dios de prueba se admitirán si hay principio de prueba por escrito, lo que en rigor
el legislador señala al juez, es la fuente probatoria y las condiciones que debe reunir
para que sea eficaz la única que pueden suministrar las partes y la única que deberá
o debería vincular al juez al tiempo de pronunciarse.

"*' SPOTA,A.G.,Instituciones... Coníratoi,cit.,T. III,nro. 424bis,pág. 173;BORDA, A. G., Tra-


tado... Obligaciones, cit., T. II, nro. 1255, pág. 194.
COUTURE, E. J., Fundamentos de Derecho Procesal Civil, Depalma, Buenos Aires, 1964, pág.
264, quien afirma que el documento es la representación presente de un hecho ausente, representación
que, cuando lo es mediante cosas y no de relatos, se denomina prueba instrumental.
^' CNCom., SalaB, 14-III-1977, "Pides Cía. de Seguros c/Cía. AzucareraTucumana", E.D, 75-367.
^^ PiCARD, M. - BESSON, A., LesAssurances..., cit, T. I, nro. 54, pág. 86.
^^ CARNELUTO,?.,Derec/wProcera/C/ví7>'Pena/,T.I,Ejea,BuenosAires, 1971,nro.82,pág. 154.
DERECHO DE SEGUROS 143

El legislador, en suma, subordina la certeza del derecho a un requisito de for-


ma: la escrita o, en su defecto, al principio de prueba por escrito.
Ese medio, tasado, insistimos, vincula el criterio del juez con la sentencia, aun
con prescindencia de su convicción personal sobre cada uno de los elementos de
prueba arrimados al expediente 54.
Se ha establecido así, con relación al medio probatorio elegido, aquella orde-
nación jerárquica de los instrumentos de prueba a que alude Muñoz Sabaté, hiper-
valuando los efectos de la prueba escrita y eliminando, más que hipovaluando, los
demás medios cuando no hubiere principio de prueba por escrito 55.
En conclusión, afirmamos que el contrato de seguro posee forma probatoria
escrita. Sólo puede probárselo por escrito, y aunque la ley establece una excepción,
la de la admisibilidad de todos los demás medios probatorios, los subordina a la
existencia de principio de prueba por escrito.
La seguridad en el tráfico que se pretende obtener, estableciendo una forma
probatoria al contrato de seguro, se consolidaría con la observancia por las entida-
des aseguradoras de la extensión del doble ejemplar que, para las convenciones bi-
laterales, prescribe el artículo 1021 del Código Civil.
Una razón de política jurídica hace aconsejable establecer, como obligación
a cargo del asegurador, la emisión de tantos ejemplares "como partes haya con in-
terés distinto" 56.
Sin perjuicio de admitir con Halperin que el artículo 11, Ley de Seguros, no se
opone a la emisión de la póliza en doble ejemplar, ni que el asegurado otorgue al ase-
gurador recibo del ejemplar que se le entrega con transcripción de su texto 57, con lo
cual se vería desalentada la disputa procesal generada en una práctica que a nadie
beneficia.

119. Carácter bilateral. Noción


En el contrato bilateral, las prestaciones se contraponen y son interdependien-
tes, en el sentido de que una parte asume el propio deber en cuanto la otra asume res-
pectivamente el suyo.
En consecuencia, el contrato bilateral o sinalagmático requiere que los contra-
tantes se obliguen recíprocamente el uno respecto del otro 58.

^'^ MORELLO, A. M. - SOSA, G. L. - BERIZONCE, R. O., Códigos Procesales en lo Civil y Comer-


cial de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación, T. V-A, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1993, le-
tra D, pág. 46; PALACIO, L., Derecho Procesal Civil, T. IV ("Actos procesales"), Abeledo-Perrot,
Buenos Aires, 1988, nro. 420, pág. 412,
^^ MUÑOZ SABATÉ, L., Técnica Probatoria, Praxis, Barcelona, 1967, nro. 11, pág. 88.
Como por ejemplo ocurre en Italia, donde generalmente la póliza se emite en tres ejemplares,
uno para el contrayente, otro para el asegurador y el tercero para el agente (DONATI, A., Los Seguros
Privados, Bosch, Barcelona, 1960, nro. 149, pág. 263).
^"^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 45, pág. 337.
^^ LÓPEZ DE ZAVALÍA, F. J., Teoría..., cit., T. I, pág. 55, quien señala que para que un contrato sea
144 RUBÉN S. STIGLITZ

Y esas obligaciones se asumen a través de declaraciones de contenido voliti-


vo, con intereses contrapuestos u opuestos ^9.
Lanoción ha sido acogida por el Código Civil en su artículo 1138: "Los contratos
se denominan en este Código unilaterales, o bilaterales. Los primeros son aquellos en
que una sola de las partes se obliga hacia la otra sin que ésta le quede obligada. Los se-
gundos, cuando las partes se obligan recíprocamente la una hacia la otra".
Como la caracterización se hace operativa, según que las obligaciones recí-
procas se engendren al momento de la celebración del contrato (perfeccionamien-
to) para ambas partes (bilaterales), o sólo para una de ellas (unilaterales), va de suyo
que, en punto a la relación del tema con el contrato de seguro, pierde virtualidad la
introducción de la cuestión relativa a la categoría intermedia de contratos bilatera-
les imperfectos, que son aquellos unilaterales de los cuales emergen con ulteriori-
dad alguna obligación para la contraparte ^o.
En síntesis, lo trascendente de la clasificación debe centrarse en que (a) los
contratos son bilaterales desde su nacimiento; (b) lo que se toma en cuenta a los fi-
nes de su categorización son los efectos, pues se alude a ellos al referirse a los con-
tratos que obligan bilateralmente; (c) la promesa de una obligación constituye la
contrapartida de la otra, por ello se alude a prestaciones recíprocas s' o correspec-
tivas y prometidas como equivalentes ^2.

120. Configuración del contrato de seguro como contrato bilateral


El contrato de seguro es bilateral perfecto o sinalagmático, y de él nacen obli-
gaciones recíprocas (correspectivas) para ambas partes desde el momento de su
perfeccionamiento siempre que, como acaece corrientemente, coincidan los mo-
mentos de comienzo formal y material.
El asegurado asume la obligación de pagar el premio (arts. 1°, 27, y 30, L.S.).
A su tumo, el asegurador asume la obligación de resarcir o ejecutar la contra-
prestación convenida en caso de siniestro (arts. 1°, 49, 109, etc., L.S.).
El sinalagma importa la existencia de obligaciones recíprocas para ambos
contratantes, y la del asegurador es la de resarcir el daño o cumplir la prestación con-

bilateralmente creditorio (sinalagmático), es necesario que concurran dos características: a) que am-
bas partes queden obligadas y b) que dichas obligaciones sean recíprocas, esto es, obligaciones prin-
cipales, interdependientes, que se expliquen mutuamente. Conf. BOFFI BOGGERO, L., Tratado..., cit.,
T, 1, nro. 58, pág. 150, para quien el dato definitorio lo constituye el hecho de que deben mediar obli-
gaciones recíprocas, engendradas al tiempo de su perfeccionamiento (MOSSET ITURRASPE, J., Contra-
tos, cit. pág. 58).
^^ MUÑOZ, Luis, Contratos, T. I, Tea, Buenos Aires, 1960, nro. 31, pág. 72.
^° MossET ITURRASPE, J., Contratos, cit., pág. 58; LLAMBÍAS, J. J. - ALTERINI, A. A., Código...,
cit.,T.III-A,pág.l8.
*' MESSINEO, F., Manual..., cit., T. IV, parág. 135, pág. 472.
*^ ENNECCERUS, L., Derecho de las Obligaciones, T. I, Bosch, Barcelona, 1954, parág. 32,
pág. 163.
DERECHO DE SEGUROS 145

venida si ocurre el evento previsto, lo cual supone necesariamente la producción de


un siniestro. Ello no significa que el asegurador asuma su obligación recién si se ve-
rifica el elemento antecedente, que servirá de sustento al cumplimiento de la pres-
tación a su cargo. Ocurre que, pendiente el siniestro, la obligación del asegurador
está en la situación de una obligación subordinada a la verificación de un presu-
puesto. Si el evento se realiza, la obligación se toma exigibie, se virtualiza a través
del pago de la prestación, objeto de la obligación. Si el evento no se verifica, la obli-
gación nacida con el perfeccionamiento del contrato no es exigibie.
La obligación del asegurador, de acuerdo con la estructura de la relación ase-
guradora, varía, no en cuanto al objeto de la prestación que consiste en dinero, bie-
nes o servicios ^3, sino a la oportunidad de la ejecución de la prestación misma, que
puede hallarse, indistintamente, subordinada a un evento cierto de plazo incierto o
a un evento incierto. Pero en uno o en otro caso, nos hallamos frente a una obliga-
ción condicionada, que se manifiesta en que la obligación del asegurador, consis-
tente en pagar la indemnización convenida o en ejecutar la prestación pactada, se
halla subordinada a la verificación de un siniestro.

121. Efectos del carácter bilateral del contrato de seguro.


El doble ejemplar
Son efectos del carácter sinalagmático del contrato de seguro;
a) Según lo dispone el artículo 1021 del Código Civil, la póliza—instrumento
del contrato— deberá extenderse en doble ejemplar. En la práctica sólo se emite el
ejemplar correspondiente al tomador, firmado por el asegurador. Esta práctica ha
sido reconocida por la doctrina ^'^ y por la jurisprudencia ^s.

^^ HALPERIN, I. , Seguros, cit., T. I, nro. 6, pág. 31, nota 19, donde alude a la prestación en especie
(seguro de enfermedad, con mera asistencia médico-quirúrgica, suministro de aparatos, etc.). Lo pro-
pio Donati, quien agrega a la prestación de dinero o en especie, la excepcional prestación consistente
en un "hacer" (faceré) devolver a su estado original (DONATI, A., Trattato..., dt, Vol. I, nro. 256, pág. 27).
*'' HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 45, pág. 337; FERNÁNDEZ, R., Código..., cit., T. II, pág. 443.
Se ha resuelto sobre el particular que, en los hechos, las aseguradoras redactan la póliza en un
solo ejemplar que se entrega al asegurado, circunstancia que tiene el valor que la ley asigna al uso co-
mercial. Y se agregó; "la doctrina corriente admite que no rige para el contrato de seguro la exigencia
del doble ejemplar que establece el artículo 1021 del Código Civil para los contratos sinalagmáticos"
(OBARRIO, M., Curso Derecho Comercial, T, II, Científica y Literaria, Buenos Aires, 1924, nro. 18,
pág. 53; SEGOVIA, L., Explicación..., cit.,T. II, pág. 46, nota 1785; FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit.,
T. II, pág. 443, y es esta solución la que fluye del art. 504, 2- y 3- parte del Código de Comercio). "El
asegurador —se añade— estaba pues excusado de la presentación de ese instrumento. Es exacto que
el contrato de seguro debe ser probado por escrito, según prescribe el art. 506 del Cód. Com., pero el
mismo precepto agrega que todos los medios de prueba serán admitidos si hay un principio de prueba
por escrito. La ley no dice —se concluye— que sea la póliza el único medio probatorio y es lógico por-
que el contrato de seguro no es formal ni solemne; basta para ser perfeccionado el simple acuerdo de
voluntades, con prescindencia de la firma de la póliza o de su entrega al asegurado (art. 505, Cód.
Com.). Dado su carácter consensual, su existencia no depende déla emisión de ese instrumento como
146 RUBÉN S. STIGLITZ

Subsiste la eficacia del contrato aunque no se observe la previsión del artículo


1021 del Código Civil, cuando "por otras pruebas se demuestra que el acto fue con-
cluido de una manera definitiva" (art. 1023, Cód. Civ.). Aplicación de este princi-
pio es lo sostenido por el artículo 11-1 de laley 17.418: "El contrato de seguro sólo
puede probarse por escrito; sin embargo, todos los demás medios de prueba serán
admitidos, si hay principio de prueba por escrito" s^.

122. Efectos del carácter bilateral del contrato de seguro


(continuación). Excepción de incumplimiento
y rescisión del contrato
Ninguna de las partes podrá exigir el cumplimiento a la otra si no probare ha-
berlo ella cumpUdo u ofreciere cumplirlo (art. 1201, Cód. Civ.). La reciprocidad
obligacional es la que justifica precisamente la aplicación de la excepción de in-
cumplimiento 67.
Ejemplos de aplicación de este efecto son: (a) la suspensión de cobertura,
alegable por el asegurador cuando el tomador no observa la carga de mantener el

tampoco del pago de la prima. En suma, como señala Rivarola {Tratado de Derecho Comercial Ar-
gentino, T. IV, Compañía Argentina de Editores, Buenos Aires, 1938, pág. i 114), pese a la expresión
impropia del art. 504, la póliza no es el contrato ni es la forma exigida para la existencia del mismo,
como ni es su prueba tínica" (CNCi v.. Sala B, 9-X-1956, "La Agrícola Cía. de Seguros c/Ferrocarriles
Nac. B. Mitre", L.L, 84-539; J.A., 956-IV-515), Vigente la ley 17.418, la doctrina jurisprudencial
precedente no ha sufrido variaciones, a tal punto que se ha llegado a afirmar que la póliza es un do-
cumento unilateral que obra en poder del tomador cuando el asegurador se lo envía, mas el contrato
es válido desde que las partes prestan su consentimiento (CNCom., Sala A, 26-VI-l 979, "Stemschein,
Jorge c/Avellaneda Coop. de Seguros Ltda.", E.D., 83-365). También se ha expresado que la póhza
de seguro es el instrumento probatorio por excelencia del contrato respectivo, pero no el único, pu-
diendo ser acreditado por otros medios si existe principio de prueba por escrito (CNEsp. Civ. y Com.,
Sala IV, 28-IX-1980, "Young, O. c/Marcello, Enrique", J.A., 1981-1-544; CNCom., Sala B, 30-IX-
1983, "Cía. de Seguros La Franco Argentina S.A. c/Pereyra, R.",£.D., 108-610; CNCom., SalaB, 1--
III-1985, "Hollander, T. c/La Defensa Cía. de Seguros", L.L., 1985-C-530).
** FONTANARROSA, R., Derecho..., cit., T, II, nro. 38, pág. 105, participa del criterio favorable a
la eliminación en los contratos comerciales del requisito del doble ejemplar al sostener que, desde el
punto de vista legal, los arts. 208 y 211 del Cód. Com., al aludir a instrumentos privados y a contratos,
sin mencionar la pluralidad de ejemplares, parecen excluir esta exigencia. Desde el punto de vista
práctico —agrega— la celeridad y simplificación en la celebración de los negocios mercantiles (pién-
sese en la enorme cantidad de contratos celebrados por correspondencia o por teléfono), así como la
posibilidad de disponer de otros medios probatorios eficaces (vg. facturas, remitos, libros de comer-
cio, inscripciones en registros públicos, certificaciones de agentes y corredores, etc.), aconsejan eli-
minar estas trabas formales a la contratación. Con relación al contrato de seguro, así se vienen pro-
nunciando tradicionalmente nuestros tribunales (CCiv. y Com. Mercedes, 8-XI-1977, "Empresa
"Cosi" c/Di Pasólo, R.", E.D., 79-801; CNCom., Sala A, 6-IX-1979, E.D., 86-745).
*^ FONTANARROSA, R., Derecho..., cit., T. II, pág. 139; HALPERIN, L, Seguros, cit., T. I, nro. 6,
pág. 32; DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. I, nro. 261, pág. 40.
DERECHO DE SEGUROS 147

estado del riesgo (art. 39, ley 17.418) ^s o (b) por la mora en el pago de la prima, pre-
vista en el artículo 31-1, Ley de Seguros 69.
La facultad de rescisión sin expresión de causa ^o, prevista en los artículos 18
y 19 de la ley 17.418, acordada a cualquiera de las partes, precisamente por ello, se
explica en el carácter bilateral del contrato de seguro ^i,

123. Carácter oneroso. Noción


La doctrina, en general, conceptualiza el contrato oneroso como aquel que
confiere alguna ventaja a alguna de las partes que, a su vez, queda obligada a satis-
facer determinada contraprestación ''2.
O dicho con otras palabras, los contratos son onerosos cuando la disminución
patrimonial del sujeto va acompañada, seguida o precedida, de una correspondiente
ventaja •'5.
Como se advierte, la onerosidad de un contrato atiende a la naturaleza del pro-
vecho que tiene en mira producir para una u otra de las partes. En consecuencia, lo
relevante de la cuestión es que esta categoría expresa, al decir de Betti, un concepto
de relación en los contratos bilaterales, donde es posible comparar los términos de
las prestaciones objeto de las obligaciones ''4.
El contrato será oneroso cuando el provecho obtenido (prometido) por una
parte, represente una compensación con el sacrificio patrimonial efectuado (espe-
rado) por la otra.
El provecho o la ventaja prometido u obtenido por una de las partes y el sacri-
ficio realizado o esperado por la otra en compensación, como se advierte, deben
guardar relación sinalagmática o de causalidad, o de equivalencia entre sí.
Ello ha llevado a señalar que los negocios onerosos tienen por objeto atribu-
ciones patrimoniales en relación de causalidad, en el sentido que el sacrificio de un
sujeto tiene una contraprestación o equivalente en un beneficio ^5.

Cuestión examinada infra en el Capítulo XXXIX.


•^^ Tema desarrollado infra en los Capítulos XXXVII y XXXVÍlI.
Que habremos de examinar en el Capítulo XLVI referido a las causales de extinción del con-
trato de seguro.
^' HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro.6, pág. 32.
^^ LLAMBÍAS, J. J., Tratado... Parte General, cit., T. II, nro. 1447, pág. 321. Se ha sostenido que
esta categoría aparentemente se correspondería con la de unilaterales y bilaterales. Sin embargo, cabe
señalar que si bien todo contrato bilateral es oneroso —en punto a la reciprocidad de las obligacio-
nes—, los unilaterales pueden ser gratuitos u onerosos, indistintamente (LLAMBÍAS, J. J. - ALTERINI,
A. A., Código..., cit, T. III-A, pág. 20).
''^ BARBERO, D., Sistema..., cit., T. I, nro. 210, pág. 441.
'^'^ BETTI, E., Teoría..., cit., T. I, nro. 39, pág. 231.
^^ CARIOTA FERRARA, L., El Negocio..., cit., nro. 61, pág. 187.
148 RUBÉN S. STIGLITZ

La onerosidad es noción conexa al número de obligaciones contraídas y a la co-


rrespectividad de las mismas, pues la atribución patrimonial en relación de causalidad
lo es con relación á las obligaciones correspectivas comprometidas por las partes.
La onerosidad toma en cuenta las ventajas o atribuciones patrimoniales o pro-
vechosas para sí o para un tercero, en consideración a las que habrá de procurarse
la contraparte '"^.
La clasificación ha sido recogida por el artículo 1139 del Código Civil: "Los
contratos... son a título oneroso, cuando las ventajas que procuran a una u otra de
las partes no les es concedida sino por una prestación que ella le ha hecho, o que se
obliga a hacerle".
Como se advierte, el Código Civil realiza el deslinde entre contrato bilateral
y oneroso, correspondiente a la siguiente distinción: el sinalagma se refiere a las
obligaciones emergentes del contrato, a las asumidas por las partes al tiempo de la
celebración. La onerosidad reposa en las ventajas y sacrificios que el contrato pro-
cura a través de las prestaciones a que se obligan las partes, considerando una efec-
tiva reciprocidad de intereses o relación de equivalencia.
O más sintéticamente, la bilateralidad atiende a la existencia de obligaciones
nacidas del contrato y a su correspectividad. La onerosidad atiende a las recíprocas
atribuciones patrimoniales, pero enfatiza en la equivalencia que resulta de la com-
paración entre las ventajas y los sacrificios.

124. Configuración del contrato de seguro como contrato oneroso


El contrato de seguro es oneroso pues los beneficios (provechos) concedidos
por el asegurador lo son a cambio de la prestación (perjuicio) ejecutada o prometida
por el asegurado y, viceversa, la prestación a la que se obliga o realiza el asegurado
lo es en vista de la prestación que asume efectivamente o promete el asegurador ii.
En efecto, las prestaciones correspectivas son el pago o la promesa de pago del
premio por parte del contrayente o tomador y el pago o la promesa de pago de la in-
demnización o prestación convenida, subordinada a un término o un evento incier-
to, por parte del asegurador 78.

^^ DE RUGGIERO, R., Instituciones..., cit., T. II, Vol. I, pág. 267; GlORGí, J., Teoría de las Obli-
gaciones en el Derecho Moderno, T. III, Reus, Madrid, 1913, pág. 39; RIPERT, G. - BOULANGER, J.,
Tratado..., cit, T. IV ("Obligaciones. Primera parte"), nro. 73, pág. 145, quienes afirman que el con-
trato es a título oneroso cuando cada una de las partes recibe algo de la otra, ya sea bajo la forma de
dación inmediata o bajo la forma de una promesa para el futuro.
77
FoNTANARROSA, R., "Concepto y caracteres del contrato de seguro", Revista de Ciencias Ju-
rídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, año III, nro. 23, 1938, ap. XIV, pág. 72;
HALPERIN, I.. Seguros, cit.,T. I, nro. 8, pág. 34; FERNÁNDEZ, R., Código..., cit., T. II, pág. 400; Do-
NATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 260, pág. 40; URÍA GONZÁLEZ, R., El Seguro.... cit., nro. 593,
pág. 560.
78
DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 260, pág. 40. El vencimiento del término o la veri-
ficación del evento se denomina siniestro. Pendiente el término o la producción del evento, existe ries-
DERECHO DE SEGUROS 149

La prestación prometida o afrontada por el asegurado es el pago de la prima


(arts. 1- y 27, L.S.), prestación que el asegurador tiene derecho a compensar con las
indemnizaciones debidas al asegurado o con la prestación debida al beneficiario
(art. 27-2, L.S.).
La prestación a cargo del asegurado se debe desde la celebración del contrato,
pero no es exigible sino contra la entrega de la póliza, salvo que el asegurador haya emi-
tido un certificado provisorio (art. 30-1, L.S.). Pero la entrega de la póliza sin percep-
ción de la prima hace presumir la concesión de crédito para su pago (art. 30-3, L.S.).
Si el pago de la primera prima, o de la prima única, no se hiciera oportunamen-
te, el asegurador no será responsable por el siniestro ocurrido antes del pago (art.
31-1, L.S.). Esta norma es aplicación de la excepción de incumplimiento, y se la
enuncia como suspensión de cobertura, instituto que opera como sanción por in-
cumplimiento de la obligación del pago de la prima a cargo del asegurado '^9.
La suspensión incide en la obligación del asegurador, obligación eventual de
pago de la indemnización o prestación debida.
Lo que se suspende es la garantía debida por el asegurador en caso de sinies-
tro. Garantía que se rehabilita una vez satisfecha la deuda.
Dicho con otras palabras, desaparecida la suspensión, recobra su vigencia el
contrato. Subsiste mientras paralelamente el asegurado deba la prima vencida y la
que venza en el futuro.
Su carácter es provisorio, condicionado a la rehabilitación que produce el
pago de lo adeudado y reviste la condición de sanción civil por inejecución de una
obligación «o.
El asegurador puede renunciar a la suspensión, mas debe resultar de actos ine-
quívocos 81.

go. Si al celebrarse el contrato de seguro el término es imposible que venza por hallarse ya vencido
a la fecha de concertación del negocio o evento, ya se había verificado o había desaparecido la posi-
bilidad de que se produjera, el contrato es nulo por inexistencia de riesgo (art. 3-, L.S.).
™ STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contrato de Seguro, cit., nro. 130, págs. 443 y sigs. Este con-
cepto también emana de pronunciamientos judiciales dictados con motivo de conflictos suscitados
antes de la sanción de la Ley de Seguros, al expresarse que el efecto normal de la mora en el pago de
la prima es justamente la suspensión de la garantía como consagraba específicamente el Cód. Com.
en sus arts. 532 y 533 para el seguro de incendio, porque es condición indispensable para el ejercicio
normal del comercio asegurador y (porque) los atrasos en los pagos son un pehgro continuo para el
ejercicio normal de la empresa aseguradora (CNCom., Sala B, "Cepeda, J. c/El Comercio Cía. de Se-
guros", 21-III-1969, L.L., 137-396; J.A., 1969-III-321). Vigente la Ley de Seguros, la jurisprudencia
mantiene el criterio expuesto, calificando a la suspensión de cobertura como sanción civil. Operativa
predominantemente en el marco del incumphmiento de la obligación del pago de la prima (CNCiv.,
Sala A, 27-XII-1974, "Sagreras c/Puig", E.D., 62-258; CNCom., Sala B, 18-IX-1975, "Domínguez
c/ La Rural Cía. de Seguros", JA., 1977-1-93).
^° FoNTANARROSA, R., "El régimen de las caducidades establecido en el artículo 36 de la ley
17.418", Revista de Derecho de Seguros, año 1, nro. 1,1971, pág. 32; STIGLITZ, R. S. - SIGLITZ, G.
A., Contrato de Seguro, cit., nro. 134, pág. 449.
^' STIGLITZ, R. S., Cargas y Caducidades en el Derecho de Seguros, Platense, La Plata, 1973,
pág. 32; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contrato de Seguro, cit., nro. 134, pág. 449.
150 RUBÉN S. STIGLITZ

125. Carácter aleatorio. Noción


Se define al contrato aleatorio como aquel en el cual la entidad del sacrificio
en relación con la entidad de la ventaja, o sea, la entidad del riesgo al que todo con-
tratante se expone, no puede ser estimada en el acto de la formación del contrato y
recién se la conocerá con seguridad según el curso de los acontecimientos s^; o, con
otras expresiones, cuando las ventajas se hallen subordinadas a un hecho o aconte-
cimiento incierto ^^.
La incertidumbre consiste en que, para cada parte, al tiempo de conclusión del
negocio, lo que resulta aleatorio o fortuito es si del contrato derivará un provecho
equivalente al sacrificio §4.
Para que el contrato sea aleatorio es absolutamente indiferente el resultado fi-
nal, el cálculo de las mayores o menores probabilidades de pérdida o de ganancia.
O dicho con las palabras de Ripert y Boulanger, "...el carácter aleatorio puede
ser más o menos grande pues, por ejemplo, unas veces el acontecimiento incierto
desempeña el papel de una condición suspensiva, que impide toda prestación por
parte de uno de los contratantes, de manera que si la condición no se realiza, esa par-
te no habrá dado nada en virtud del contrato, hipótesis que corresponde al negocio
del seguro si no se produce el siniestro" ss.
Va de suyo que el carácter aleatorio de un contrato lo es para ambas partes
contratantes. La probabilidad de ganancia o de pérdida que resulta de que una de las
partes dé mucho, tal vez poco, o incluso nada, existe necesariamente tanto para
quienes han tratado con ella como para ella misma ^^.

MESSINEO, F., Trattato diDiritto Civile e Commerciale. II Contratto in Genere, T. I, Giuffré,


Milano, 1973, XXI, pág. 774, quien suministra la siguiente definición: Contrato aleatorio es aquel en
el cual la relación entre la entidad de la ventaja y la entidad del riesgo al cual se exponen las partes,
no es conocida ni cierta, por lo tanto no valorable, al tiempo de la celebración y se develará segíin el
curso de los acontecimientos; por tanto el riesgo es considerado como el objeto del contrato aleatorio.
Conf. CANDÍAN, A., Instituciones de Derecho Privado, Uteha, México, 1961, nro. 140, pág. 201.
LLAMBÍAS, J. J. - ALTERINI, A. A., Código..., cit., T. III-A., pág. 22.
MESSINEO, F.,ManMa/...,cit., T. IV, nro. 5, pág. 478, quien afirma que, según las circunstan-
cias, quien estipula un contrato aleatorio puede ocurrir que haga una cosa útil para sí mismo, o bien
dañosa.
RIPERT, G. - BOULANGER, J., Tratado.... cit., T. IV, nro. 76, pág. 64.
Ripert y Boulanger dan el ejemplo del contrato de seguro: si el siniestro no se produce, el ase-
gurado, al extinguirse el contrato, habrá pagado el premio inútilmente. Caso contrario, "el asegurado
que sufra un siniestro percibirá una fuerte suma en virtud del contrato de donde, concluyen, que lo que
es ganancia para uno, es pérdida para el otro, por lo que es imposible que un contrato sea aleatorio para
una de las partes sin serlo para la otra" {Tratado..., cit., T. IV, nro. 76, pág. 64).
DERECHO DE SEGUROS 151

126. Elementos del contrato aleatorio y acentuación del concepto


La distinción entre contratos conmutativos y aleatorios no ha sido recogida
por el Código Civil, aunque sí se alude a los contratos aleatorios en algunas dispo-
siciones (arts. 1173,1198 y 2051). Este último expresa: "Los contratos serán alea-
torios, cuando sus ventajas o pérdidas para ambas partes contratantes, o solamente
para una de ellas, dependan de un acontecimiento incierto".
Fontanarrosa estima que "la noción clásica de la aleatoriedad, consistente en
la imposibilidad de las partes de medir o estimar la entidad del sacrificio en relación
con la magnitud de la ventaj a a la que se contrapone, porque eso no puede conocerse
en el momento de la estipulación, ya que esa entidad o magnitud depende de un
acontecimiento incierto, es insuficiente, pues no hay un solo contrato de prestación
diferida en las que las partes puedan tener la certeza de que el sacrificio que realizan
guarda relación con la ventaja que esperan. En efecto —agrega—, la dilación en la
ejecución de cualquier prestación lleva ínsita la posibilidad de una variación en la re-
lación estimativa de las perspectivas económicas del negocio, como consecuencia
de cambios políticos, alteraciones en el valor de la moneda y otras circunstancias
más o menos imprevisibles" ^v.
Por nuestra parte, sostenemos que en el contrato aleatorio el elemento condi-
cionante —evento incierto— determinará la existencia misma de la prestación y no
siempre su entidad. Es que esta última, la medida de la prestación, podrá variar, por
ejemplo en tiempos de inflación, en razón de las alteraciones en el valor intrínseco
de la moneda tanto en los contratos conmutativos como en los contratos aleatorios.
Pero la diferencia entre ambas categorías estará dada en que siempre en el
contrato conmutativo habrá prestaciones recíprocas; en cambio, en el aleatorio po-
drá no existir una prestación, por ejemplo, si en tiempo de duración (vigencia) del
contrato de seguro no se produce el siniestro.
La ignorancia en tomo a la entidad de la prestación no podrá ser elemento con-
figurativo del contrato aleatorio. También bajo ciertas circunstancias lo será del
contrato conmutativo con prestaciones diferidas.
La onerosidad sobreviniente, por dar un ejemplo, es instituto que abarca am-
bas especies (art. 1198, Cód. Civ.).
Aclarando este aspecto, podemos ya enumerar los elementos integrantes del
contrato aleatorio:
a) El alea está condicionada a un acontecimiento incierto.
b) Dicho acontecimiento deberá ser enunciado en el negocio jurídico celebrado.
c) De la verificación del evento resultará la existencia o inexistencia de una
prestación por una u otra parte contratante.

^^ FONTANARROSA, R., Derecho..., cit., T. II, nro. 53, pág. 147.


152 RUBÉN S. STIGLITZ

127. Configuración del contrato de seguro como contrato aleatorio


El contrato de seguro es aleatorio ss por naturaleza ^^.
Sin embargo, algunos han negado dicho carácter, sosteniendo que la empresa
aseguradora, si ejerce sistemáticamente este comercio, llega a reunir un fondo de
primas suficiente para pagar los capitales asegurados y a liberar así al contrato del
carácter aleatorio que le sería inherente si quedara aislado ^o.
La réplica a esta postura la enuncia Vivante, cuando afirma que "no hay duda
de que la industria de los seguros tiende a hacerse cada día más equilibrada y pru-
dente mediante una apreciación estadística de los riesgos y de las primas y un bien
ordenado sistema de reaseguros". Pero este ordenamiento —agrega—, muy lejos
de excluir la índole aleatoria de cada uno de los contratos, la supone necesariamen-
te, pues no se puede obtener el equilibrio de los riesgos si no existen tales riesgos.
Aquella doctrina —concluye— comete el error de confundir el contrato con los ca-
racteres de la industria a la que pertenece. En efecto, cualquiera sea el ordenamien-
to industrial de la empresa aseguradora, el hecho es que ninguno de los contratantes
puede saber si sacará del contrato una ganancia o una pérdida hasta que se verifique
el evento, que es lo que caracteriza el contrato aleatorio 'i.
En el mismo sentido se pronuncia Halperin, para quien el alegato de que la ex-
plotación por una empresa elimina el alea para el asegurador, pierde de vista el con-
trato, confundiéndolo con la organización para su explotación industrial por una de las
partes. Por el contrario —afirma—, esta organización supone el alea, puesto que se
constituye para contratar en masa y eliminar por este sistema el alea para ella ^2.
Tampoco podrá afirmarse que, desde la óptica del asegurado, el contrato deja
de ser aleatorio puesto que recurre a él para cubrir un riesgo, pues justamente ése
es el objeto del contrato. El alea para el asegurado consiste precisamente en su ig-

DONATI, A., Trattato..., cii., Vol. II, nro.62, pág. 41; VIVANTE, C , Derecho..., c\i.,l. 14, Vol.
1, nro. 10, pág. 36; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 9, pág. 34; URÍA GONZÁLEZ, R., El Seguro...,
cit., nro. 593, pág. 560; RIPERT, G.. - BOULANGER, J., Tratado..., cit, T. IV, nro. 77, págs. 64 y sigs.;
FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. II, pág. 399, quien lo admite como carácter jurídico del contrato,
aunque sostiene lo contrario con relación a la empresa aseguradora, ala organización moderna del co-
mercio del seguro en razón de que la gran cantidad de contratos que celebra una misma compañía ase-
guradora y los cálculos de probabilidad hacen que, en su conjunto, el negocio no sea aleatorio para
ella.
^^ MESSINEO, F., Manual..., c\l., T. IV, nro. 5, pág. 478.
' ° BENÍTEZDE LUGO Y RAYMUNDO, L., Tratado..., cit., Vol. I, pág. 23, quien al sostener la tesis
enunciada en el texto, afirma su carácter conmutativo en razón de que ambas partes se obligan a pres-
taciones ciertas y determinadas: el asegurado con el importe exacto de su prima, y el asegurador con
el límite de la suma asegurada, por lo que ambas partes saben exactamente de antemano a lo que se
comprometen y el límite máximo de sus prestaciones y, por lo tanto, del interés pecuniario de ellas.
'^ VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. I, nro. 10, pág. 36.
' HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 9, pág. 35, donde agrega que aceptarlas razones que cri-
tica, importana negar carácter aleatorio al juego o apuestas explotadas por empresas o por la Admi-
nistración Pública.
DERECHO DE SEGUROS 153

norancia sobre si su prestación, encarada como precio de una eventual contrapres-


tación, se verá, por imperio de una amenaza, justificada o no. De allí que el asegu-
rado halle en un contrato aleatorio el remedio a lo aleatorio '3.

128. Contrato de tracto sucesivo o ejecución continuada. Noción.


Distinción con el contrato de ejecución
El contrato de duración o de tracto sucesivo o de ejecución continuada es
aquel en el cual la "prolongación" de la etapa funcional o de cumplimiento o de eje-
cución, por una cierta duración, es condición para que el contrato produzca los efec-
tos deseados por las partes y satisfaga la necesidad (duradera o continuada) que las
indujo a contratar.
Como sostiene Messineo, la duración no es sufrida por las partes, sino que es
querida por ellas. La ejecución se distribuye o se reitera en el tiempo. En cambio,
el contrato de ejecución inmediata es aquel en el cual la ejecución es simultánea a
la constitución del mismo; tales los contratos reales. A su tumo, el contrato de eje-
cución única o instantánea comporta, como su nombre lo indica, una sola ejecución
que puede o no ser inmediata, pero que se le ejecuta en un solo acto y con él queda
agotado. La realización de la prestación extingue la obligación instantánea ^4.
En efecto, en las relaciones obligatorias duraderas, las prestaciones, todas o
partes de ellas, requieren para su desenvolvimiento un período de tiempo más o me-
nos prolongado. Durante él las partes están obligadas a la realización de una serie
de prestaciones o a observar una conducta duradera '5.
Observa Diez-Picazo que el acento puede ser puesto no sólo en la duración de
la relación, sino también en la duración de la prestación. Así —explica—, dentro de
una relación obligatoria duradera pueden existir prestaciones momentáneas y pres-
taciones que sean ellas mismas también duraderas, cuando la conducta de presta-
ción del deudor exige un comportamiento uniforme y continuado. En suma, la pres-
tación es duradera en todos los casos en que el comportamiento previsto perdura a
través de un período de tiempo prolongado 9^.
Como se advierte, en los contratos de duración el elemento tiempo es esencial
porque, precisamente, la prolongación temporal de la ejecución de las prestaciones
es el medio o instrumento para dar satisfacción continuada a una necesidad más o

^^ VIVANTE, C , Derecho.... cit., T. 14, Vol. I, nro. 9, pág. 480.


^'^ MESSINEO, F., Manual..., c\i., T. IV, nro. 9, pág. 480; BOFFIBOGGERO, L. M., Tratado..., cit.,
T. 1, nro. 66, pág. 158; SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos, cit., T. I-II, nro. 151, pág. 216.
'^ DÍEZ-PiCAZO, L., Fundamentos..., cit., T. I, pág. 522; ALBALADEIO, M., Instituciones de De-
recho Civil. Parte General y Derecho de las Obligaciones, T. I, Bosch, Barcelona, 1972, nro. 37, pág.
530; RiPERT, G. - BOULANGER, J., Tratado.... cit., T. IV, nro. 79, pág. 65; GASTAN TOBEÑAS, J., De-
recho..., cit, T. III, nro. 2, pág. 141; SPOTA, A., Instituciones... Contratos, cit., T. I-II, nro. 151, pág.
216; FONTANARROSA, R., Derecho..., cit., T. II, nro. 54, pág. 149.
' * DÍEZ-PICAZO, L., Fundamentos..., cit., Vol. I, pág. 523.
154 RUBÉN S. STIGLITZ

menos duradera de las partes. En el contrato de duración lo que se asegura es la re-


petición de una prestación por una cierta duración o la prestación de una actividad
continuada por una cierta duración 97.

129. Configuración del contrato de seguro como contrato


de duración
El contrato de seguro porta el carácter de contrato de ejecución sucesiva, con-
tinuada, de tracto sucesivo, de duración.
Admitimos que excepcionalmente la prima —prestación principal a cargo del
tomador— pueda ser pagada al contado. Pero ello no quita al contrato —incluso
desde la perspectiva del tomador— su condición de duradero. Habitualmente el to-
mador cumple su prestación aprovechando el crédito acordado por el asegurador
según los términos de la "cláusula de cobranza" que accede a la póliza. En este caso,
el más común, las prestaciones del tomador son periódicas.
Pero la cotización o prima no es la única prestación a cargo del tomador. Aun-
que la satisfaga de contado, otras prestaciones a su cargo revisten el carácter de con-
tinuadas, como por ejemplo, las cargas informativas (vg. arts. 38,46,115, L.S.), de
transmisión (art. 46-2-3 y arg. art. 110, L.S.), de salvamento (art. 72, L.S.), mante-
nimiento del estado del riesgo (art. 37, L.S.), etcétera.
A su vez, el asegurador, desde la asunción de los riesgos, se obliga al resarci-
miento de un daño o a la ejecución de su prestación, subordinado ello a la produc-
ción del evento previsto. Pero, además, preceptivamente tiene el deber de observar
cargas de conducta y de transmisión (vg. arts. 5--2, 12-2, 36, inc. a], 56, L.S., etc.).
En el contrato de seguro, el elemento tiempo es esencial, porque precisamente
la prolongación temporal de la ejecución de las prestaciones es el medio o instru-
mento para dar satisfacción continuada a una necesidad más o menos duradera de
las partes. El plazo es uno de los elementos a enunciar en la póliza. Si las partes nada
establecen, la ley 17.418 contiene una norma supletoria: "Se presume que el perío-
do de seguro es de un año salvo que por la naturaleza del riesgo la prima se calcule
por tiempo distinto" (art. 17, L.S.). En la práctica, se contrata por una duración de-
terminada —generalmente un año— o determinable, como por ejemplo en función
de la duración de un viaje.
En el contrato de seguro el tiempo de duración no se establece en función de
la prestación, sino ésta en función de aquél y por ello se extingue no por el cum-
plimiento, sino por el transcurso del tiempo, desaparición delriesgo,siniestro total,
etcétera.
En principio, pues, el contrato de seguro se extingue por el transcurso del
tiempo de su vigencia; durante éste las partes se hallan sometidas a la observancia
de cargas y quedan recíprocamente obligadas a cumplir con sus prestaciones prin-
cipales.

'^ FONTANARROSA, R., Derecho..., cit., T. II, nro. 54, pág. 150.
DERECHO DE SEGUROS 155

La función del asegurador —eliminación del daño eventual a través de la sa-


tisfacción de la necesidad de seguridad del tomador— se manifestará en el momen-
to de cada siniestro y durante toda la vigencia de la relación, de tal manera que,
eventualmente, puede tratarse de prestaciones periódicas.

130. Interés práctico del carácter continuado de la relación


aseguradora. Frustración del fin del contrato
Cuando examinemos, entre los elementos del contrato de seguro, su causa ^^,
o sea el motivo-fin individual o determinante, el que indujo a contratar a una o a am-
bas partes, veremos que es factible que una o ambas de las que han contratado en
consideración a un resultado vean malogrado su interés negocial. Y que, como con-
secuencia de ello, el contrato pierda su razón de seguir subsistiendo. En ese caso,
la utilidad esperada (la expectativa de crédito) se ha frustrado '9.
Uno de los efectos de la distinción apuntada entre los contratos de ejecución
instantánea y contratos de duración se refiere a las consecuencias de la frustración
del negocio. En el contrato de seguro, el riesgo asumido por el asegurador y corrido
durante el tiempo de vigencia y sus correlativas prestaciones, como la que corres-
ponde al contrayente —y que consiste en el premio devengado por el tiempo trans-
currido—, hasta el momento en que se produce la frustración del fin del contrato,
se hallan firmes.
La frustración contractual opera hacia el futuro y, en consecuencia, se hace
operativa sólo en los contratos de ejecución continuada.

131. Interés práctico del carácter continuado de la relación


aseguradora (continuación). Sanciones aplicables
Dentro de la disciplina que corresponde al contrato de seguro, por tratarse de
un contrato de duración, cabe incluir el régimen de sanciones al asegurado, desde
la suspensión de la cobertura por agravación del riesgo debido a hecho del tomador
(art. 39, L.S.), o por mora en el pago de la prima (art. 31, L.S.), hasta las hipótesis
de caducidades legales por inobservancia de cargas (arts. 47, 48, 67, 72, 77, 105,
106 y 122, L.S.) o al régimen de caducidades convencionales regulado en el artícu-
lo 36 de la Ley de Seguros loo.

'^ Infra, Capítulo X.


DÍEZ-PiCAZO, L., en el prólogo a ESPERT SANZ, V.,La Frustración del Fin del Contrato, Tec-
nos, Madrid, 1968, pág. 10; MOSSET ITURRASPE, J., La Frustración del Contrato, Rubinzal-Culzoni,
Santa Fe, 1991, pág. 68; MORELLO, A. M., Ineficacia y Frustración del Contrato, Editora Platense,
La Plata, 1975, pág. 78; LARENZ, K., Base del Negocio Jurídico y Cumplimiento de los Contratos,
R.D.P., Madrid, 1956, pág. 147; SxiGLrrz, R. S., Objeto, Causa y Frustración del Contrato, Depalma,
Buenos Aires, 1992, pág. 22.
'°° HALPERIN, I., "El régimen de sanciones al asegurado en la nueva ley argentina de seguros",
R.D.C.O., año 2, 1969, pág. 719.
156 RUBÉN S. STIGLITZ

Lo propio acontece con el régimen legal sancionatorio dirigido al asegurador,


como ser, las caducidades derivadas de la inejecución de sus cargas (vg. arts. 5--2,
36, incs. a] y b], 56-2, L.S., etc.).

132. Interés práctico del carácter continuado de la relación


aseguradora (continuación). Aplicación inmediata
de la nueva ley. Mora del asegurador
Conforme lo dispuesto por el artículo 3- del Código Civil". ..las leyes (nuevas)
se aplicarán aun a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas exis-
tentes...", lo que presupone un contrato de duración.
En otro orden, el asegurador incurre en mora por el mero vencimiento de los
plazos (arts. 51-4 y 15, L.S.). En los seguros de daños patrimoniales, el crédito del
asegurado se pagará dentro de los quince días de fijado el monto de la indemniza-
ción o de la aceptación de la indemnización ofrecida (art. 49), una vez vencido el
plazo del artículo 56 (plazo de pronunciamiento del asegurador en tomo al derecho
del asegurado).
En período de inflación, la mora del asegurador no queda cubierta sólo con los
intereses moratorios (art. 622, Cód. Civ.). La depreciación de la moneda ocurrida
desde que la obligación debió ser satisfecha, hasta el efectivo pago, integra el daño
(como presupuesto de la responsabilidad civil del deudor), resarcible al acreedor,
aun cuando se superen —si los hubiere— los límites máximos de cobertura.
La cuestión cobra especial virtualidad en el contrato de seguro. Sobre el par-
ticular no habrán de desatenderse las siguientes consideraciones:
a) Las obligaciones recíprocas asumidas por los sujetos de la relación asegu-
radora son correspectivas.
b) Al tiempo de la formación del contrato, el riesgo asumido y la prima fijada
técnicamente preservan la relación de equivalencia.
c) Siendo el seguro un contrato de duración, la suma asegurada acordada al
tiempo del perfeccionamiento del contrato sufre, desde entonces, los efectos que
produce la inflación estructural o, excepcionalmente, la hiperinflación conyuntu-
ral. No así la prima que se percibe de contado o financiada por el asegurador.
d) Particularmente en el seguro contra la responsabilidad civil, se tiene deci-
dido que el equilibrio de las prestaciones sólo se resguarda con equidad y buena fe,
si al tiempo de la liquidación del siniestro la suma asegurada se actualiza sobre la
base del mismo criterio con que se actualizó el crédito del damnificado contra el
asegurado.
No obsta a lo expuesto la existencia de cláusulas de ajuste cuando, a través de
las mismas, la suma asegurada no haya sido actualizada en la misma proporción en
que lo fue el resarcimiento acogido en favor del damnificado 'oi.

Tanto las cláusulas de estabilización como la indexación quedaron prohibidas desde el 1- de


abril de 1991 por la ley 23.928 (arts. T, 8^ y 10).
CAPÍTULO VI

PARTES DEL CONTRATO

133. Partes del contrato. Consideraciones generales


Tradicionalmente se ha considerado que los elementos estructurales del con-
trato lo constituyen el consentimiento, el objeto y la causa. Así expresado, el tema
del presente capítulo tangencialmente se halla vinculado con el primero de los ele-
mentos citados desde que quienes deben consentir para que el contrato nazca a la
vida jurídica son los sujetos con capacidad para crear la relación sustancial'.
Dicho ello, corresponde afirmar que en etapa precontractual se denomina ase-
gurando o asegurable a quien, de concretarse el acuerdo, asumirá condición de to-
mador del seguro. Es la persona, individual o jurídica, destinataria de la invitación
a ofertar que le dirige el asegurador. Es que si bien es libre de contratar o no, de de-
cidirse hacerlo deberá emitir su oferta individual sobre la base de las condiciones
generales predispuestas por el asegurador y que integran el contenido contractual
impreso en el instrumento negocial (póliza). Es quien deberá informar con lealtad
al asegurador sobre la situación del riesgo y quien deberá responder rectamente al
interrogatorio que, conforme la naturaleza del riesgo por asumir, el asegurador ha-
brá de suministrarle ya impreso. Obviamente no es parte contractual, pero su con-

' Al examinar los elementos esenciales del contrato de seguro, Vivante señala tres: la empresa
aseguradora (1) que es la que asume los riesgos aj enes (2) en virtud de primas previamente convenidas
(3). Desde la doctrina clásica hasta nuestros días se define a los elementos esenciales o constitutivos
del contrato como aquellas condiciones de existencia y validez del negocio, enunciándose, como mí-
nimo, como lo expresamos en el texto, al consentimiento, el objeto y la causa (RIPERT, G. - BOULAN-
GER, J., Tratado..., cit., T. IV, Vol. 1 ("Las obligaciones"), nro. 129, pág. 97).
Tal como han sido enumerados en el texto, acontece en España aunque con el nombre de requisitos
(art. 1251, Cód. Civ.). En ciertos países se agregan otros, como ser Francia (art. 1108, Cód. Civ.) que,
con la denominación de condiciones, incluye como cuarto elemento a la capacidad. A su tumo, Italia con
la expresión "requisitos" incluye, además, las formas solemnes (art. 1325, Cód. Civ.).
Como se advierte, la figura del asegurador, o si se quiere de la empresa aseguradora, no puede
constituirse en elemento constitutivo del contrato de seguro. De allí que su examen corresponda al ca-
pítulo dedicado a los sujetos de la relación sustancial. Otros autores han optado por el análisis del tema
juntamente con el examen de la capacidad, que es sólo un presupuesto del consentimiento. Esta última
es la metodología empleada, entre nosotros, por Halperin (HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, pág. 427).
158 RUBÉN S. STIGUTZ

ducta anterior al perfeccionamiento del contrato, en lo que atañe a la información


que suministre, se proyecta a una variedad de cuestiones, predominantemente las
vinculadas al riesgo, su determinación, agravación, reticencia, interés asegurable,
y a la interpretación del contrato. Es quien deberá ser debidamente informado sobre
la extensión del riesgo, muy especialmente lo relacionado con aquellos capítulos de la
relación contractual atinentes a la delimitación de aquél, así como al nacimiento y
subsistencia de los efectos del negocio (duración material y suspensión del contrato).
Genéricamente se denomina asegurado al acreedor de la obligación principal
que asume el asegurador.
Técnicamente no siempre es así, por lo que corresponde ensayar una sistema-
tización del tema que permita ir identificando en primer lugar a las partes sustan-
ciales que permanecen invariables: el asegurador y el tomador, y luego las figuras
del asegurado en su condición de titular del interés asegurado, en el seguro por
cuenta ajena y en el seguro por cuenta de quien corresponda.

134. La empresa aseguradora como criterio unifícador


Tradicionalmente se ha discutido en tomo a cuál es el criterio caracterizante
(unificador) del contrato de seguro. Inicialmente se afirmó que el concepto común
radicaba en su finalidad resarcitoria, tesis luego abandonada al advertirse que se
trataba de un elemento que identificaba a algunas de sus especies, pero no a todas,
suministrándose como ejemplo el seguro de vida.
La reacción contra la escuela clásica (indemnizatoria) la inaugura y promueve
Vivante, quien afirma que toda relación jurídica surgida entre una empresa asegu-
radora y un asegurado porta en todas y cada una de sus especies (ramos) una íntima
y esencial identidad. Y ella está dada por la circunstancia de que el asegurador ga-
rantiza con certeza los riesgos ajenos en razón de que recauda las contribuciones
(primas) de los asegurados con las que constituye un fondo que se corresponde (se
adecúa) con el valor actual de las sumas que, eventualmente, tendrá que afrontar
más adelante, en caso de verificarse siniestros que deban ser atendidos (resarcidos).
En consecuencia, el elemento común (unificador) está dado por la existencia de una
empresa aseguradora 2.

135. La empresa aseguradora. Noción. Funciones


Es aquella que asume, con carácter profesional, los riesgos ajenos a través de
un fondo de primas suficiente para afrontar las prestaciones e indemnizaciones
comprometidas con sus asegurados o resarcir los daños sufridos por terceros.
De allí la importancia que adquiere la integridad del fondo de primas formado
por el aporte (premios o cotizaciones) de sus asegurados. Ello requiere que la em-
presa opere efectiva y sistemáticamente a través de criterios técnicos.

^ VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 3, pág. 10.


DERECHO DE SEGUROS 159

El contrato de seguro se funda en la mutualidad y la estadística. La estadística


se apoya (o explica) en que el riesgo afrontado se verifique (siniestro) con cierta fre-
cuencia en relación a la masa de asegurados.
El riesgo debe ser apreciado. Si no sucede, si no se verifica, no hay método po-
sible de apreciación. Si se verifica repetida y constantemente, deja de ser incierto.
En suma, la estadística es útil ante la repetición regular (no constante).
Por lo demás, la estadística debe referirse a riesgos cuyo objeto, valor y dura-
ción sean de naturaleza homogénea y fundarse en su dispersión (difusión) y no en
su generalización (concentración de un mismo riesgo).
La mutualidad de asegurados es el efecto de la agrupación de riesgos que tiene
por finalidad la constitución de un fondo de primas que garantiza la seguridad que
requieren asegurados y terceros como potenciales acreedores del patrimonio de la
empresa aseguradora. El fondo de primas se constituye, así, en un elemento esen-
cial para la ejecución, por el asegurador, de su obligación principal.
En la empresa aseguradora se advierte el ejercicio profesional de una activi-
dad económica organizada para el comercio del servicio (o actividad) asegurador.
Se desarrolla únicamente por medio de sociedades autorizadas, que han sido
organizadas como entes productores de servicio y con ánimo de lucro. Están inclui-
das entre las empresas sometidas al control del Estado.
Son presupuestos de la empresa (gestión) aseguradora:

a) El asegurador o empresario
Obsérvese que al definir la empresa aseguradora, Donati se sirve de la noción que
suministra el artículo 2082 del Código Civil italiano para el empresario: "Es empresa-
rio quien ejercita profesionalmente una actividad económica organizada con finalidad
de producción o de intercambio de bienes o de servicios", por lo que puede definír-
sela como el sujeto de la relación sustancial (contrato de seguro) en cuyo nombre
y bajo cuya responsabilidad se desenvuelve la actividad empresarial 3.
Afirmamos que el asegurador debe hallarse constituido como empresa que ac-
túe profesionalmente. Esto último implica una actividad continua en contraposi-
ción a la actividad ocasional.
Es inherente a la actividad aseguradora que la empresa se halle organizada
para la producción de servicios ofrecidos a terceros (mercado).
La circunstancia de que el asegurador deba ser una empresa y no una persona
individual se explica en que aquélla presenta una mayor (o mejor) garantía de ejer-
cicio continuo de la actividad, a través de una organización, por cierto compleja, y
de una solidez financiera adecuada.

^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. I, nro. 58, pág. 155.


160 RUBÉN S. STIGLITZ

b) El patrimonio
Constituido por un capital mínimo, las disponibilidades que provienen de las
prestaciones de los asegurados, las inversiones, las reservas técnicas, etcétera.

c) La mutualidad
Es decir el resultado de la recaudación de la masa de asegurados.
A manera de resumen, señalamos que la actividad aseguradora se desenvuel-
ve para el mercado (terceros), a través de operaciones económico-jurídicas (cele-
bración continua o repetida de contratos de seguro), que presupone una organiza-
ción empresaria que opera con carácter profesional (no ocasional), constituida para
durar, y cuya finalidad (función esencial) consiste en afrontar los compromisos
contraídos con los asegurados, terceros y beneficiarios.

136, La empresa aseguradora (continuación).


Cuestiones específicas de la gestión
Podemos mencionar tres cuestiones específicas (ajenas a las comunes a toda
empresa) que deben abordar las aseguradoras:
a) La constitución de una empresa que si bien celebra (objeto social) contratos
aleatorios, financieramente debe asegurar el pago de las prestaciones o indemniza-
ciones a su cargo. Debe operar como empresa, precisamente, no aleatoria.
b) El iter de la operación aseguradora, desde la vigencia material del contrato has-
ta la extinción de la eventual obligación principal a cargo del asegurador, puede pro-
longarse en el tiempo. Ello entraña la necesidad de que la entidad se halle capacitada
financieramente, a cuyo efecto universalmente se establecen pautas normativas (con-
trol) en punto a cautelosas inversiones de las reservas técnicas y de siniestros.
c) La empresa aseguradora se halla sometida a control. Una de las razones se
halla vinculada a la pacíficamente reconocida función social que desarrolla el se-
guro. De allí la tendencia de los Estados modernos en desvincular la disciplina de
la industria aseguradora, de los esquemas de orden privado, trasladándole princi-
pios operativos en planos donde la relevancia pública se hace manifiesta 4.
Por las razones expuestas, el Estado interviene directa o indirectamente. En el
primer caso, a través del ejercicio de un monopolio asegurador. En el segundo caso,
deja todo o parte de la industria (producción y comercialización del servicio) a la
iniciativa privada, pero disciplinando la actividad a través de organismos adminis-
trativos.
Otra de las poderosas razones que lo justifican reside en que las pólizas que
instrumentan los contratos de seguro contienen condiciones generales predispues-

GASPERONI, N., "Le assicurazioni", en Trattato diDiritto Civile, Vol. 5, Milano, 1966, págs.
30 y sigs.
DERECHO DE SEGUROS 161

tas por la primera, por lo que la citada vigilancia tiene, entre otros fundamentos, la
necesidad de proteger al asegurado, en tanto parte débil de la relación sustancial, de
las consecuencias derivadas de la aplicación de cláusulas abusivas.

137. Extensión del control del Estado sobre la empresa


aseguradora. Regulación legal
La actividad de la empresa aseguradora se halla controlada por el Estado a tra-
vés de la Superintendencia de Seguros de la Nación (arts. 1°, 8-, ap. 4 y 64, ley
20.091). El control se extiende desde la autorización misma para operar, el estable-
cimiento de requisitos económico-financieros, como el capital mínimo (arts. 1°,
inc. 3- y 30) y técnicos, como ser la aprobación de planes de seguros que contengan
el texto de las pólizas, primas y bases para el cálculo de las reservas técnicas, pa-
sando por la autorización para la fusión de las entidades o la cesión total o parcial
de cartera (arts. 43 y sigs.), la revocación de la autorización para operar e intervi-
niendo en la fiscalización de la liquidación por disolución voluntaria, instándola en
la liquidación judicial o asumiendo condición de liquidador en la coactiva (arts. 50
y sigs.). Y, finalmente, aplicando sanciones que van desde el llamado de atención,
el apercibimiento, la multa y la suspensión, llegando finalmente a la revocación
para operar (arts. 58 y sigs.).

138. Fundamentos del control del Estado sobre la actividad


de la empresa aseguradora
Las empresas aseguradoras administran una fuerte masa de capital constituida
por la recaudación de primas percibidas en cada contrato celebrado (art. 7°, inc. b],
ley 20.091). Esa importante masa de capital se moviliza en función de la brevedad
del plazo de duración en los seguros de daños patrimoniales y la frecuencia sinies-
tral. Si se trata de seguros de personas, específicamente los de vida, es considerable
la acumulación de primas que permanecen en poder del asegurador.
Esos fondos, que tienen como móvil determinante, propósito o finalidad el re-
sarcimiento de un daño o el cumplimiento de una prestación convenida si ocurre el
siniestro previsto, es preciso que no sean desviados de la función específica para el que
se los reserva 5.
El Estado, a través del órgano de control, realiza la vigilancia en conside-
ración a la protección que requieren la mutualidad de asegurados —que, de lo con-
trario, se hallaría desprotegida— y también los terceros, beneficiarios en ocasiones
de la prestación en los seguros de personas (arts. 128,143,145,146,149 y 153, ley
17.418) o cuando por su condición de damnificados adquieren privilegio sobre la
suma asegurada y sus accesorios (art. 118-1, ley 17.418).

^ MANES, A., Tratado..., cit., pág. 6.


162 RUBÉN S. STIGLITZ

Como se advierte, hay un interés público comprometido en la actuación de la


empresa y en la que el Estado debe ejercitar un particularmente intensificado poder
de policía.
Otra de las principales razones que justifican la fiscalización del Estado sobre
las aseguradoras se halla vinculada a la aprobación de "elementos contractuales"
(sic), entre ellos el texto de la propuesta y de la póliza de seguros (arts. 23,24 y 25, ley
20.091), pues es función de la Superintendencia de Seguros de la Nación ejercer el con-
trol de equidad (art. 25, ley 20.091) y claridad de aquéllas (art. 11-2, ley 17.418).
Esta vigilancia se hace indispensable en un contrato que, como el de seguro,
se caracteriza porque su contenido, predominantemente constituido por condicio-
nes generales, viene predispuesto por las entidades controladas, no quedando otra
opción al asegurable que adherir a ellas o no contratar.
De allí que corresponda al Estado controlar si la propuesta no es una pura ar-
bitrariedad, si la póliza como instrumento del contrato no hace sino expresar la ley
del más fuerte para, en consecuencia, asumir el deber de recomponer el desequili-
brio real más que el formal que derivaría de un eventual vínculo contractual donde
la ordinaria determinación bilateral quedaría sustituida por un simple acto de adhe-
sión a un esquema predispuesto unilateralmente.
Otro de los aspectos esenciales del control de la Superintendencia de Seguros
debe referirse a las primas y sus fundamentos técnicos (art. 24, inc. b], ley 20.091),
tendiendo a que las mismas sean "suficientes para el cumplimiento de las obliga-
ciones del asegurador y su permanente capacitación económico-financiera", pues
lo contrario llegaría a comprometer la solvencia misma de la entidad controlada y
con ello su función específica, la de afrontar las indemnizaciones o prestaciones
convenidas; en suma, la confianza de los interesados que improbablemente advier-
tan o reparen en la estabilidad de la empresa dado su complejo mecanismo.
Y desde el ángulo opuesto, la autoridad de control debe fiscalizar que las pri-
mas no asuman categoría de abusivas o "arbitrariamente discriminatorias" (art. 26-
3, ley 20.091), debiendo técnicamente calcularse conforme a la intensidad de cada
riesgo y sólo adicionársele lo suficiente para afrontar el costo empresario, el fondo
de reservas y utilidades para llegar a la prima comercial o de tarifa«.
El control asignado a la Superintendencia de Seguros de la Nación incluye su
intervención en todo el proceso liquidatorio, voluntario, judicial o coactivo.
En este caso los fundamentos son los comunes a toda liquidación administrativa.
La empresa aseguradora es una categoría intermedia entre las empresas me-
ramente privadas y los servicios públicos T.
Se trata de empresas reglamentadas, o bien empresas privadas que afectan in-
tereses públicos.

* FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. II, pág. 412; ZAVALA RODRÍGUEZ, C. J., Código..., cit.,
T. ll.nro. 1656, pág. 358.
'' VILLEGAS BASAVILVASO, B., Derecho..., cit., T. III, pág. 48.
DERECHO DE SEGUROS 163

La dimensión de estos líltimos da la medida de la regulación estatal, de la ex-


tensión del control.
Y justamente la actividad aseguradora se caracteriza no solamente por la mul-
tiplicidad de intereses en juego, expresada en la mutualidad de asegurados y en la
masa de primas, sino, además, en la repercusión que en la economía nacional puede
generar un desequilibrio-económico financiero de las entidades. De allí la necesi-
dad de que el Estado, a través de la autoridad de control, y dada la naturaleza de la
actividad, deba intensificar el ejercicio del poder de policía«.
Lo expuesto significa que la magnitud de los intereses comprometidos hace
ineludible el desenvolvimiento de la actividad con sujeción a los controles particu-
larmente intensificados y a las restricciones establecidas por la autoridad de control
con vistas a la debida tutela del bien común'.
De lo hasta aquí expresado resulta claro, entonces, el porqué de la interven-
ción del Estado al extremo de vigilar si la autorización concedida para operar (art.
7-, ley 20.091) debe ser revocada por algunas de las causales previstas en el artículo
48 y hasta implementar un procedimiento para hacerla efectiva (arts. 82/87, ley
20.091), y que concluye con la intervención de la autoridad de control en el proceso
de liquidación. Esta etapa exhibe muy elocuentemente el interés público compro-
metido, por el relieve de la actividad anormalmente ejercida, por el poder expansi-
vo del daño a la mutualidad de asegurados y a terceros y por la repercusión del mis-
mo en el cuadro general de la economía nacional, conforme la importancia de cada
entidad.
En resumen, más allá de unas breves consideraciones sobre los fundamentos
que explican las razones del porqué del control del Estado sobre la empresa asegu-
radora, todas ellas convergen en un denominador común, la protección de los ase-
gurados y de los terceros interesados. O expresado de otra manera, la tutela de los
derechos del asegurado y de los terceros interesados es la razón subyacente del con-
trol del Estado sobre la vida de la empresa aseguradora, desde la aprobación misma
para operar hasta su disolución.

Tiene expresado la Corte de la Nación que la "dedicación de la propiedad privada a objetos


de intenso interés público y las condiciones en que ella es explotada, hacen necesaria la intervención
del Estado con una extensión y una profundidad mayores que las ordinarias" (C.S.J.N., 28-IV-1922,
"Ercolano c/Lanteri", Fallos: 136-172).
Sobre el particular se pronunció nuestro más alto tribunal: "Existen actividades que, lato sen-
su, afectan intereses públicos dignos de regulación previsora. Es la naturaleza de ellas la que hace ne-
cesario el acrecentamiento de la potestad de control del Estado (C.S. J.N., Fallos: 171 -348 y 171 -366).
Es la medida de los intereses y principios de carácter público a tutelar lo que determinará la medida
de la regulación en cada caso, debiéndose tener en cuenta que los negocios que afectan intereses pú-
blicos no es una categoría cerrada sino que va ensanchándose en tanto y en cuanto lo exigen los in-
tereses sociales razonablemente interpretados por el Congreso (C.S.J.N., P-IX-1944, "Inchauspe
c/Junta Nac. de Granos", LL, 36-701).
164 RUBÉN S. STIGLITZ

139. Partes sustanciales que contratan con el asegurador.


Las denominaciones en el seguro por cuenta ajena
El nombre que adopta la parte que contrata con el asegurador puede ser el de
tomador, asegurado, contrayente o estipulante. En los países donde la firma del
contrato constituye una forma solemne, también se utiliza la de suscriptor. No se
trata necesariamente de denominaciones intercambiables, pues si bien es cierto que
normalmente coinciden, ello puede no acontecer cuando, como veremos, el contra-
to queda concluido por cuenta ajena, supuesto en que el tomador no es titular del in-
terés asegurable, único legitimado para percibir la indemnización o la prestación a
cargo del asegurador (art. 1°, L.S.)- Cuando coinciden la figura del tomador con la
del titular del interés asegurable, entonces sí las denominaciones de tomador y ase-
gurado son equivalentes (intercambiables).
Cuando no coinciden (seguro por cuenta ajena), el tomador es quien estipula
con el asegurador, y el beneficiario es quien, en su condición de titular del interés,
porta el derecho a la percepción de la indemnización. Se trata, en el caso, de una fi-
gura triangular donde a los sujetos invariables y determinados desde la conclusión
del contrato: tomador y asegurador, se habrá de añadir la del beneficiario. Dada la
naturaleza jurídica de la que participa el seguro por cuenta; el de una estipulación
en favor de tercero, no es factible aludir al asegurado confundiéndolo con el toma-
dor ni con el beneficiario, salvo que se lo haga por comodidad o porque a la expre-
sión se la emplee con amplitud, y ello por dos órdenes de razones:
a) En primer lugar, porque el tomador es sólo estipulante, contratante o pro-
misario pero, en el caso, no reviste condición de asegurado, pues, al no ser titular
del interés cubierto tampoco ostenta derecho al resarcimiento o a la prestación con-
venida 10.
b) En segundo lugar, en razón de que, una vez determinado el tercero, su de-
recho a la percepción de la prestación surge en virtud de ser titular de un interés ase-
gurable que le viene derivado de un contrato básico y de un seguro celebrado en su
favor. Lo propio acontece en el seguro de vida en favor de tercero (art. 143, L.S.),
donde éste no es parte del contrato aun cuando se halle determinado al tiempo de
su conclusión, y sólo lo son el tomador y el asegurador n.
Otra hipótesis es la que suministra el seguro sobre la vida, donde a la figura del
(a) asegurador se añade la del (b) tomador, quien puede celebrar un contrato en consi-
deración a la vida de un (c) tercero (art. 129, L.S.), y, finalmente, un (d) beneficiario 12.
La relación sustancial contrato de seguro se constituye entre el asegurador y
el tomador. La importancia de esta cuestión radica en que la validez del contrato,
en punto a la capacidad para consentir y la existencia de vicios de la voluntad, estará
referida al tomador con quien queda perfeccionado el vínculo.

HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 1, pág. 247, especialmente nota 1.


" HALPERIN, I., Seguros, cit, T. II, nro. 1, pág. 738.
'^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, pág. 247.
DERECHO DE SEGUROS 165

140. El titular del interés asegurable


Como lo examinaremos infra (Cap. X, especialmente parágs. 250 y 259), titular
del interés asegurable es aquel para quien la producción de un siniestro daña directa-
mente un bien que integra su patrimonio, o indirectamente el patrimonio como unidad
(daños patrimoniales), o que afecta su integridad corporal o la vida (propia o ajena) con
la que se halla en relación. Lo relevante de la cuestión radica en que cuando el titular
del interés asegurable no coincide con la persona que concluyó el contrato (tomador,
contrayente, estipulante), el primero es quien porta el derecho a la percepción de la in-
demnización debida por el asegurador, ya que se trata de un contrato celebrado en su
favor (art. 504, Cód. Civ.). Pero el tomador sigue siendo el obügado al pago de la prima
ya que, en principio, los efectos de los contratos no pueden perjudicar a terceros (art.
1995, Cód. Civ), salvo que haya "caído en insolvencia" (art. 27-2, L.S.).
Por lo demás, recaen sobre el asegurado aquellas cargas que sólo él puede ob-
servar en atención al contenido de cada una de ellas (vgr. cargas de conocimiento,
de transmisión, de salvamento, etc.).

141. El destinatario del resarcimiento o de la prestación


a cargo del asegurador
En principio, y con carácter general, afirmamos que el destinatario del resar-
cimiento o de la prestación comprometida por el asegurador es el tomador o con-
trayente cuando coincide con la persona del titular del interés asegurable.
Pero puede llegar a acontecer que el destinatario lo sea un tercero.
En ese caso asume la denominación de beneficiario, figura aplicable, por
ejemplo, al seguro sobre la vida en beneficio de tercero: "Se puede pactar que el ca-
pital o renta a pagarse en caso de muerte, se abone a un tercero sobreviviente o de-
terminable al momento del evento" (art. 143-1, L.S.), al seguro de accidentes per-
sonales (art. 149, L.S.) y al seguro colectivo (art. 153, L.S.), etcétera.
Se trata de un tercero ajeno al contrato. No es deudor de la prima pues los con-
tratos no pueden perjudicar a terceros (art. 1195, Cód. Civ.); en cambio, es titular
del derecho a la percepción de la prestación comprometida por el asegurador en su
condición de beneficiario de un contrato celebrado en su favor (art. 504, Cód. Civ.).
Y es titular pasivo de aquellas cargas que debe observar como presupuesto condi-
cionante de la referida prestación de la que es acreedor.
Como se advierte de lo expresado, es posible afirmar que existe una clasifica-
ción de los seguros en consideración al titular del interés asegurable: (a) seguro por
cuenta propia, que es aquel en que el provecho estipulado será, de realizarse el si-
niestro, en beneficio del tomador, titular del interés asegurable (y, por ende, asegu-
rado); (b) seguro por cuenta ajena, que tiene por característica que se lo contrata en
nombre propio y en el interés de un tercero '3.

'^ CNCom., SalaB, 18-X-1991, "Sociedad de Hecho Conc. Hostería Alakusch c/La Concordia
Cía. de Seg." (inédito).
166 RUBÉN S. STIGLITZ

142. Seguro por cuenta ajena. Noción. Hipótesis


Genéricamente podemos afirmar que existe seguro por cuenta ajena cuando
no coinciden la persona del tomador y la que resulta ser, finalmente, titular del in-
terés asegurable i^.
El tomador contrata en nombre propio, pero en interés ajeno '5.
Examinaremos algunas de las hipótesis:

a) Seguro celebrado por representante legal o convencional


por cuenta y en nombre ajeno
Se trata de un seguro celebrado por un representante legal o convencional del
titular del interés asegurado, en cuyo caso supone un contrato perfeccionado por
cuenta y en nombre ajeno.
Es el caso del mandatario que, en los términos de los artículos 1869 y 1889 del
Código Civil, contrata en nombre y por cuenta de su mandante. O el del adminis-
trador de un inmueble sometido al régimen de la Ley de Propiedad Horizontal que
celebra un contrato de seguro de incendio que ampara de dicho riesgo el edificio
cuya administración se le ha encomendado. O el representante legal de un menor
de 18 años (art. 128-2, L.S.) que toma un seguro sobre la vida del incapaz.
En todos estos casos no existe coincidencia entre la persona del tomador-re-
presentante y la del asegurado-titular del interés.

b) Seguro celebrado en nombre propio y por cuenta de terceros


o de quien corresponda
El seguro por cuenta ajena o de tercero tiene por característica que el tomador
concluye el contrato en su nombre pero no es titular del interés asegurable ni lo
será >6. Puede suceder que al tiempo del perfeccionamiento del contrato, sepa quién

''^ DONATi, A., Trattato..., cit., Yol. II, nro. 278, pág. 66.
'^ HALPERIN, I.. Seguros, cit., T. II, nro. 44, pág. 824; PiCARD, M. - BESSON, A., Les Assuran-
ces..., cit., T. I, nro. 265, pág. 409, quienes aluden a las aplicaciones prácticas de los seguros por cuen-
ta: inicialmente en el seguro marítímo se celebraban (celebran) contratos instrumentados en pólizas
flotantes que recaían sobre las mercaden'as embarcadas y en favor de beneñciarios indeterminados.
Luego se extendió a los seguros terrestres, especialmente a depositarios de mercaderías pertenecien-
tes a otros distintos al depositante, y cuyo móvil, el que los determina a contratar, no es otro que el de
verse liberados de responsabilidad frente al evenmal adquirente; a los transportadores que aseguran
las mercaderías transportadas hasta el lugar de destino; las póhzas flotantes, especialmente contra in-
cendio contratada por almacenes generales, etc. Actualmente existen seguros de automotores contra-
tados por terminales automotrices, que operan con planes de ahorro, con indeterminación del titular
del interés asegurado al tiempo de celebración del contrato. En el riesgo automotor, el seguro contra
la responsabilidad civil se extiende a "la persona que con su autorización (la del asegurado) conduzca
el vehículo objeto del seguro (en adelante el conductor)".
Se tiene expresado que en el seguro por cuenta ajena el asegurador tiene dos sujetos frente a
DERECHO DE SEGUROS 167

lo será de realizarse el riesgo (siniestro) y así lo declare. De allí que, en ese caso, a
dicho contrato se lo enuncie como contrato de seguro por cuenta de un tercero de-
terminado. O no lo sepa, en cuyo caso se lo denominará contrato de seguro por
cuenta de tercero indeterminado ^T.
A su tumo, el seguro celebrado en nombre propio y por cuenta de quien co-
rresponda es aquel en que el tomador ignora quién será titular del interés asegura-
ble al tiempo del siniestro, incluso pudiendo serlo él.

143. El seguro por cuenta de tercero indeterminado y el seguro


por cuenta de quien corresponda. Consideraciones generales
Delimitadas las diferencias, caben algunas reflexiones en punto a la función
que cumple esta categoría contractual en lo que concierne al interés asegurable 's.
a) Por de pronto cabe afirmar que desde un punto de vista estrictamente nor-
mativo se ha previsto la constitución de ambos contratos de seguro por cuenta aje-
na, ya sea que el tomador, al tiempo del perfeccionamiento del contrato, determine
o no la persona titular del interés asegurable. Y así lo recibe el artículo 21, Ley de
Seguros, en cuanto consiente la posibilidad de que el contrato pueda celebrarse por
cuenta ajena, con o sin designación del tercero beneficiario.
b) Dos reservas formula la norma legal: en primer lugar, la duda sobre la for-
ma en que se ha constituido la relación opera como presunción en favor de la cele-
bración de un contrato por cuenta propia. En ese caso es la ley quien presume en el
tomador o contrayente la condición de titular del interés asegurable (art. 21-2,
L.S.). En segundo lugar, el régimen expuesto, la del seguro por cuenta de un tercero
indeterminado o la de seguro por cuenta de quien corresponda, no es aplicable al se-
guro de vida (arts. 21-1, 128 y 143, L.S.).
c) El seguro por cuenta de tercero indeterminado o por cuenta de quien corres-
ponda pone en evidencia la posibilidad de que cuando el titular del interés no sea
determinado al tiempo del perfeccionamiento del contrato, pueda ser determinable
en un momento contractual ulterior (en etapa funcional o de ejecución).
Lo expresado significa que una vez determinado el titular del interés asegura-
do, el seguro por cuenta de tercero indeterminado se transforma en seguro por cuen-
ta de tercero determinado. Y el seguro por cuenta de quien corresponda se transfor-

sí: por deudor, a quien ha contratado con él, quien lo hace a nombre propio, y por acrebdor, a aquél
por cuenta de quien ha obrado el suscriptor (CNCom., Sala B, 25-IV-1983, "Quilmes S.A. de Seg.
Orales. c/Di Paolo Hnos.", JA., 1983-IV-219).
" CNCom., Sala B, 18-X-1991, "Sociedad de Hecho Conc. Hostería Alakush c/La Concordia
Cía. de Seg." (inédito).
La especie no es aplicable al damnificado en el seguro contra la responsabilidad civil en razón
de que ha sido concebido como un seguro celebrado por cuenta y en favor del asegurado (art. 109,
L.S.). El damnificado es tercero ajeno a la relación sustancial y, por tanto, no se halla legitimado para
accionar directamente contra el asegurador pues carece de un derecho propio y autónomo contra él
(STiGLirz, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro contra..., cit., nro. 303, pág. 616).
168 RUBÉN S. STIGLITZ
ma en seguro por cuenta propia o por cuenta de tercero determinado según que el
titular del interés, al cabo, lo sea el tomador o un tercero, respectivamente.
d) Lo que en todos los casos debe quedar determinado es, obviamente, el objeto
sobre el que se asienta el interés asegurado, lo que significa que la cláusula en análisis
sólo tiene atinencia con la indeterminación de la persona que ostenta condición de ti-
tular del interés asegurado, y además, atendiendo a la función económico-circulatoria
a la que sirve el instituto y consiente la disposición referida, es aplicable a todos los
titulares sucesivos del interés asegurable hasta el momento del siniestro. De suerte
tal que la condición de beneficiario, no de asegurado, coincide con el momento de
adquisición del interés y cesa con la extinción o pérdida del mismo '9.
e) Efecto derivado de lo hasta aquí expresado es que una vez adquirida la con-
dición de titular del interés asegurado, es éste, a su vez, titular del derecho a la in-
demnización en carácter de beneficiario de la misma, y ello aun cuando el siniestro
se hubiera verificado antes de que se celebre el acto jurídico por el que adquirió
aquella condición, siempre y cuando haya sido con ulterioridad a la consignación
de la carga 20.

'^ DONATi, A., Trattatu..., cil., Vol. II, nro, 282, pág. 75. Sirve a los fines de la comprensión del
tema que el lector, simultáneamente imagine, por ejemplo, en el seguro marítimo o en el de transporte
terrestre, la hipótesis de un seguro celebrado por cuenta de tercero indeterminado o por cuenta de
quien corresponda, el supuesto del adquirente en destino de la carga objeto del transporte. El compra-
dor adquiere simultáneamente condición de titular del interés asegurable (propietario) y, consiguien-
temente, la de beneficiario de un seguro celebrado en su favor desde el momento en que la mercadena
ha sido consignada al fletante. Otra de las funciones que cumple el seguro en favor de tercero inde-
terminado o por cuenta de quien corresponda es la de ser aplicable para cuando, al momento de la ce-
lebración del contrato, se ignore la persona del titular del interés o cuando se halle controvertido el tí-
tulo; o para cuando existe pluralidad de titulares sobre una colectividad de cosas y no sea posible
especificar por anticipado cuál pertenece a cada uno de ellos; o finalmente, en los supuestos de trans-
ferencia del interés (art. 82, L.S.) durante el período de exposición del riesgo.
" Insistimos en el texto en el sentido de que el tercero, una vez determinado, asume condición
de beneficiario, pero no de asegurado, pues éste necesariamente es parte contractual, no así aquél, que
sólo ostenta carácter de beneficiario de una estipulación constituida en su favor, precisamente por las
partes del contrato. De allí que las expresiones asegurado y beneficiario no sean intercambiables. Si
así fuera, por dar el ejemplo del seguro automotor, la responsabilidad civil hacia terceros de la que se
halla amparado el asegurado y que se extiende a la persona que conduzca con su autorización haría
que la delimitación causal subjetiva por dolo o culpa grave del asegurado se extendiera al conductor
si esta expresión se equiparara con la de aquél. Y con ello se ampliarían inequitativamente los dere-
chos del asegurador (predisponente) y se restringirían los del asegurado (adherente), lo que ubicaría
la hipótesis como supuesto de ilicitud formal (arg. arts. 114 y 158-3, L.S. y 37, incs. a] y b],
ley 24.240). Con mayores desarrollos el tema será expuesto infra Cap. VIII, especialmente parágs.
173 y 179.
La Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires contribuye a la confusión reinante sobre el
tema, pues al conductor autorizado lo denomina asegurado, cuando enrigores beneficiario de un con-
trato de seguro celebrado en su favor (art. 504, Cód. Civ.), y al asegurado lo denomina tomador, cuan-
do en verdad es propiamente asegurado, por ser titular del interés asegurable (S.C.B.A., 19-III-1991,
"Román, O. c/lsnardi, R.", D.J.B.A., 142-1557).
DERECHO DE SEGUROS 169
144. Naturaleza jurídica del seguro por cuenta ajena
o por cuenta de quien corresponda
Cualquiera de las dos hipótesis participa de la naturaleza jurídica del contrato
en favor de tercero y constituye una de sus dos aplicaciones 21. El instituto ha sido
recogido así en el Código Civil: "Si en la obligación se hubiere estipulado alguna
ventaja en favor de un tercero, éste podrá exigir el cumplimiento de la obligación,
si la hubiese aceptado y hécholo saber al obligado antes de ser revocada" (art. 504).
De su disciplina podemos extraer las siguientes consideraciones:
a) Nos hallamos frente a un supuesto 22 en que se extienden los efectos del
contrato de seguro a un tercero que no reviste condición de parte sustancial al tiem-
po de su perfeccionamiento 23.
b) El contrato de seguro lo celebra el tomador, quien en la estipulación en fa-
vor de tercero adopta la denominación de estipulante o promisario. Y lo concluye
con un asegurador llamado, en la especie, promitente u obligado.
c) El objeto del contrato (la materia de que trata) se halla constituido por el
compromiso que asume el asegurador (promitente u obligado) frente al tomador
(estipulante o promisario), consistente en una prestación en beneficio de un tercero
que no ha sido parte en el contrato 24.
d) La estipulación es eficaz en la medida que el tomador (estipulante) es titular
de un interés jurídico que, en la especie, se halla constituida por (a) una obligación
que resulta de la relación interna o contrato básico (vg., transporte, depósito, etc.)
o (b) ante la eventualidad de hallarse sometido a una pretensión de responsabilidad
civil deducida por el tercero 25.
e) El efecto general de la estipulación consiste en que genera, en provecho de
un tercero, un beneficio o derecho que deviene definitivo cuando declara aceptarlo.
Hasta entonces es factible de ser revocado 26.

^' PICARO, M . - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 266, pág. 410; DONATI, A., Trat-
tato..., cit., Vol. II, nro. 284, pág. 80; HALPERIN, I., Seguros, cit, T. II, nro. 44, pág. 824.
Por razones expositivas, dado que se trata de dos hipótesis distintas pero con el mismo efecto
expansivo, aludiremos a "un supuesto" aunque las referencias se apliquen a ambas.
Se lo ha definido como: "el procedimiento instrumental por el cual en un acto jurídico una par-
te, llamada 'estipulante', 'promisario' o 'receptor de la promesa', que actúa sin vínculo de repre-
sentación, en virtud de un interés digno de protección legal no necesariamente pecuniario, obtiene de
otra denominada 'promitente' u 'obligado', que ésta asuma el deber jurídico de efectuar una atribu-
ción patrimonial favorable a otro, llamado 'tercero' o 'beneficiario', quien ha permanecido ajeno al
acto básico y adquiere así un derecho autónomo y directo, ejercitable contra el obligado sin requerirse
la intervención del estipulante" (REZZÓNICO, J. C , "Estipulación a favor de tercero", Reviita Notarial,
separata, nro. 849, pág. 7).
^^ SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos., cit, Vol. III, nro. 524, pág. 365.
^^ AUBRY, C. - RAU, C , Cours de Droit Civil Frangais, T. IV, Cosse, Marchal y Cié, París, 1871,
pág. 308; PACCHIONI, G., De los Contratos a Favor de Terceros, T. III, R.D.P., Madríd, 1941, nro.
297, págs. 479 y sigs.; DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 284, pág. 81.
^^ BAUDRY LACANTINERIE, G., Précis de Droit Civil, T. II, Sirey, París, 1921, págs. 30 y sigs.
170 RUBÉN S. STIGLITZ

f) La estipulación en favor de tercero se halla constituida, en el caso que nos


ocupa, indistintamente por un contrato o por una cláusula expresa.
g) La indeterminación de la persona del beneficiario no es óbice para incluirlo
en la categoría en examen con tal de que pueda ser determinable 27.
h) El tercero, una vez que adquiere calidad de beneficiario, al asumir condi-
ción de titular del interés asegurable, ostenta frente al asegurador un derecho pro-
pio, directo y autónomo.
i) El asegurador (promitente) puede oponer al tercero beneficiario las defensas
nacidas de la relación contractual básica. Por ejemplo, la excepción de incumplimiento
por parte del tomador, como ser la derivada de la suspensión del contrato por mora en
el pago de la prima (art. 31, L.S.) en tanto constituye una de sus aplicaciones 28.
j) La estipulación en favor del tercero puede ser revocada hasta su aceptación.
La revocación, en principio, incumbe al tomador, en cuyo caso habiendo desapa-
recido la figura del tercero, la eventual prestación comprometida por el asegurador
lo será en favor del promitente en la medida que acredite ser titular del interés ase-
gurado al tiempo del siniestro. De no ser así el contrato es nulo por defecto (ausen-
cia) de interés (arts. 2- y 60, L.S) 29.

145. La disciplina del seguro por cuenta ajena o por cuenta


de quien corresponda
Sucesivamente habremos de ir examinando los principios normativos que dis-
ciplinan la relación aseguradora a partir de la celebración del contrato entre el to-
mador y el asegurador.
a) Quedó establecido que las partes de la relación sustancial lo constituyen el
tomador o contrayente y el asegurador. El beneficiario ostenta condición de tercero
ajeno a la creación del contrato, por lo que, a los fines del examen de validez del
mismo en punto a la capacidad de las partes, se estará a la que ostente el tomador
al tiempo del perfeccionamiento del contrato.
b) La cláusula "por cuenta ajena" o "por cuenta de quien corresponda" deberá
resultar de una estipulación expresa e inequívoca, pues de lo contrario, en caso de
duda operará la presunción (no irrefragable) de haber sido el contrato constituido
por cuenta propia (art. 21-2, L.S.) 3o.
27
GOLDENBERG, I,, "Estipulación en favor de tercero", en Enciclopedia Jurídica Omeba, Vol.
XI, págs. 201 y sigs.
28
SPOTA, A. G., Instituciones... Contratos, cit. Vol. III, nro. 543, pág. 288, quien expresamente
alude a la excepción de incumplimiento del promisario (en nuestro caso, el tomador) oponible al ter-
cero (en nuestro caso, el beneficiario). Conf. REZZÓNICO, J. C , "Estipulación...", Revista Notarial,
cit,, pág. 15. Afirma Halperin que el tomador debe pagar la prima y que su incumplimiento hace apli-
cable la sanción prevista, con eficacia contra el beneficiario, aun cuando consista en la pérdida de todo
derecho (HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 47, pág. 828).
^' DONATI, A-, Trattato..., cit. Vol. II, nro. 285, pág. 84.
^° CNCom., SalaB,25-IV-1983,"Quilmes S.A. deSeg.c/DiPaoloHnos.", J.A., 1983-IV-219.
DERECHO DE SEGUROS 171

c) Sobre la base de lo expresado, es el tomador quien habrá de ser destinatario


de las consecuencias derivadas, por ejemplo, de una falsa o reticente declaración
emitida en etapa precontractual o de la agravación del riesgo en etapa de ejecución 3i.
d) El tomadores el obligado al pago de la prima (art. 27-1, L.S.), y sólo lo será
el beneficiario si aquél ha caído en insolvencia (art. 27-2, L.S.). Esta última solu-
ción legal contradice un efecto esencial de la teoría general de los contratos, de
fuente normativa (art. 1195, infine, Cód. Civ.), pues consagra un perjuicio al ter-
cero, que no ha participado del contrato, ni se constituye en garante del tomador 32;
y porque sólo éste se ha comprometido contractualmente con el asegurador y acep-
tado como deudor 33. Todo ello sin perjuicio de que el beneficiario tenga interés en
efectuar el pago y evitar la suspensión del contrato. En ese caso el pago debe ser
aceptado por el asegurador pues se trataría de pago efectuado por quien tiene interés
en el cumplimiento de la obligación (art. 726, Cód. Civ.).
e) La condición de sujeto pasivo de cargas sustanciales, como ser la denuncia
del siniestro (art. 46, L.S.), salvamento (art. 72, L.S.), no introducir cambio en las
cosas dañadas, etcétera, (art. 77, L.S.), incumbe a quien sea titular del interés ase-
gurado al tiempo en que las referidas cargas deban ser observadas. En consecuen-
cia, hasta tanto esté determinada la figura del beneficiario deberán ser ejecutadas
por el tomador.
f) Son oponibles por el asegurador (obligado o promitente) al beneficiario to-
das las defensas personales (inexistencia de interés asegurado o ilicitud del mismo)
(arts. 2- y 60, L.S.) o las derivadas del contrato (delimitaciones del riesgo, suspen-
sión de cobertura, etc.). En cambio, no le son oponibles al beneficiario las defensas
personales que el asegurador habría podido oponer al tomador-estipulante o a quie-
nes le precedieron como titulares del interés asegurado.
g) Mientras el tomador se encuentre en posesión de la póliza puede disponer
a nombre propio de los derechos que resultan del contrato (art. 23-1, L.S.). Ese de-
recho de disposición significa que se halla legitimado para rescindirlo con la única
limitación de que no haya sido aceptado por el tercero (art. 504, Cód. Civ.), pues en
ese caso este último adquirió definitivamente su condición de beneficiario, lo que
toma irrevocable la estipulación en su favor: su derecho ha quedado consolidado.
h) Pero mientras la estipulación (provecho) no haya sido aceptada, el tomador
que se halla en posesión de la póliza puede cobrar la indemnización, en cuyo caso

Acontece que es el tomador quien debe declarar el riesgo, haciendo conocer al asegurador to-
das las circunstancias que le permitan a este último formarse una opinión. Y ello no sólo en razón de
que el primero es quien formaliza el contrato sino, además, en que el asegurador ignora quién será,
al cabo, el tercero en cuyo beneficio se estipula. Lo propio ocurre con la agravación del riesgo mien-
tras subsista en el tomador el interés asegurable (PICARD, M . - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T.
I, nro. 270, pág. 417).
^^ DONATI, A., Trattato..., cit. Vol. II, nro. 287, pág. 86.
^^ PICARO, M. - BESSON, A., Les Assurances..., cit., T. I, nro. 270, pág. 417, quienes agregan que
el asegurador no puede reclamar el pago de las primas al beneficiario aun cuando haya aceptado la es-
tipulación concertada en su favor, instituto que no engendra transmisión de obligaciones.
172 RUBÉN S. STIGLITZ

"...el asegurador tiene el derecho de exigir que el tomador acredite previamente el


consentimiento del asegurado" ^4 (art. 23-2, L.S.). Si no lo acredita, la obligación
del asegurador debe cumplirse en favor del beneficiario dada su condición de titular del
interés asegurado al momento del siniestro.
i) La relación interna (contrato básico) generadora del contrato de seguro por
cuenta ajena o por cuenta de quien corresponda varía por tipicidad u objeto (trans-
porte, depósito, compraventa, comisión). El acto jurídico básico es la fuente a la
que habrá de acudirse a los fines de establecer si el estipulante se obligó a constituir
un seguro y, en ese caso, sus modalidades, como ser lo referente a la comunicación
inmediata al tercero, remisión de la póliza o de un instrumento provisorio que lo
acredite, el nivel (entidad) de responsabilidad frente al beneficiario por incumpli-
miento de obligaciones y cargas, la existencia de consentimiento previo que lo le-
gitime para el cobro de la indemnización y el reintegro de la prima, etcétera.

146. Interpretación de los alcances del contrato


Ya hemos afirmado que el contrato de seguro por cuenta requiere que la vo-
luntad de las partes sea expresada inequívocamente. Y como no siempre lo es, la
cuestión requiere de algunas precisiones en orden a la interpretación de la voluntad
no expresada o expresada sin claridad.
Así acontece en ocasiones cuando un seguro es contratado por el depositario
y el interés recae sobre las cosas confiadas por los depositantes. El interrogante que
se plantea en esa hipótesis recae sobre si el tomador ha contratado un seguro que cu-
bra su responsabilidad civil derivada del eventual incumplimiento contractual
(arts. 2182,2202,2203,2204,2207,2209,2210 y concs., Cód. Civ.), en cuyo caso
habría contratado por su cuenta, en su nombre y en su interés, o si, por el contrario,
ha contratado estipulando en favor de los depositantes y en consideración al interés
de ellos (terceros) dada su condición, por ejemplo, de propietarios.
La Ley de Seguros contiene dos directivas de interpretación:
a) La primera está referida propiamente al seguro por cuenta ajena. Por ella se
establece que en caso de duda sobre si se celebró por cuenta propia o ajena, se pre-
sume que ha sido celebrado por cuenta propia (art. 21-2, L.S.).
b) La segunda directiva está referida al seguro por cuenta de quien correspon-
da, y sobre el particular se resuelve que cuando sea cierto que se ha concertado un
seguro por cuenta de quien corresponda "o de otra manera quede indeterminado si
se trata de un seguro por cuenta propia o ajena", se aplicarán las disposiciones re-
feridas al seguro por cuenta ajena sólo cuando resulte que se aseguró un interés aje-
no (art. 21-3, L.S.).

Se refiere al tercero (beneficiario) en cuyo favor se estipuló y no técnicamente a la figura del


asegurado, pues esta denominación sólo incumbe a quien es parte del contrato, carácter que no ostenta
el tercero beneficiario (art. 504, Cód. Civ.).
DERECHO DE SEGUROS 173

147. Un supuesto de aplicación de seguro por cuenta ajena:


el Automóvil Club Argentino
En los documentos que instrumentan los contratos de seguro en el ramo auto-
motores, al "Automóvil Club Argentino" se lo identifica como estipulante de un
contrato celebrado en favor de los socios, empleados, jubilados y concesionarios
del A.C.A.
En rigor y con mayor precisión técnica, debería enunciársele como toma-
dor/estipulante. Y lo es de un contrato de seguro celebrado por cuenta ajena, en el
caso, en favor de un tercero determinado, socio del A.C.A. y titular del interés ase-
gurable, único beneficiario con derecho a la percepción de la indemnización.
En consecuencia, el A.C.A., dada su condición de tomador de un seguro, con-
trata en nombre propio pero en interés ajeno, reviste condición de estipulante o pro-
misario de una obligación a cumplir sólo por el promitente/asegurador en favor de
un tercero/asegurado (socio del A.C.A.), que se constituye en beneficiario de un es-
tipulación celebrada en su favor.
En el sentido precedentemente indicado, se tiene decidido que el Automóvil
Club Argentino, en su carácter de estipulante, no asume obligación personal algu-
na, en la esfera contractual, respecto del pago de la indemnización, por lo cual no
resulta admisible la pretensión de responsabilizarle en esta esfera, ya que la parti-
cipación del mismo se adecúa a la naturaleza de la estipulación en favor de tercero
(art. 504, Cód. Civ.), en tanto no se acredite la existencia de una relación paralela
entre el estipulante y el beneficiario que pueda responsabilizar a aquél frente a
éste 35.

148. La cuestión en la jurisprudencia. Aplicaciones


Se tiene decidido que para que exista un seguro por cuenta ajena es necesario:
a) Que se contrate en nombre propio y en el interés de un tercero, extremos que
deben darse simultáneamente 36.
b) Que la constitución "por cuenta ajena" conste en la póhza para conocimien-
to del obligado (asegurador), pues de lo contrario se presume que se lo hace por
cuenta propia. Y que si bien dicha presunción lo es iuris tantum, la prueba en con-
trario deberá resultar de las circunstancias particulares de cada caso 37.

^^ CNCiv. y Com. Fed., Sala 3^ 19-III-1996, "Storero deDaponte, M. c/Automóvil Club Argen-
tino",//I., 1998-IV-síntesis.
^^ CNCom., SalaB, 25-IV-1983, "Quilmes S.A. de Seg. Orales. c/DiPaolo Hnos.", J.A., 1983-
IV-219.
^•^ CNCom., SalaB, 25-IV-1983, "Quilmes S.A. de Seg. Orales. c/Di Paolo Hnos.", JA., 1983-
IV-21.
174 RUBÉN S. STIGLITZ

c) El tomador aparece ligado frente al asegurador por todas las obligaciones


derivadas del contrato, porque el segundo no conoce más contratante que él y sólo
de él espera el cumplimiento del contrato ^s.
d) En el seguro por cuenta de quien corresponda, las partes se limitan a iden-
tificar genéricamente el interés que entienden asegurar y tal estipulación deja inde-
terminada la pertenencia del interés, otorgando cobertura sin precisar si el tomador
lo asegura como propio o como ajeno 39.
e) En los seguros por cuenta ajena, la ley 17.418 tiende a tutelar los intereses
del tomador en base a los derechos que puedan corresponderle en virtud de las re-
laciones internas existentes entre éste y el asegurado (rectius: beneficiario) y que
evidentemente no se traslucen en el contrato de seguro. Es a mérito de ello que la
posesión legítima de la póliza adquiere una importancia capital, pues con ello se
evidencia si han sido satisfechos o no los créditos que pueda poseer el tomador ha-
cia el asegurado {rectius: beneficiario). La alusión que hace el artículo 23 de la ley
citada en haber contratado por obligación legal justamente se refiere a esas relacio-
nes internas y a los efectos de la debida protección de los intereses del tomador.
Consecuentemente, no en todos los supuestos en que el seguro se haya concertado
por dicha razón se encuentra facultado el tomador a percibir la indemnización. Esta
potestad podrá hacerse efectiva únicamente y en la medida en que el tomador prue-
be tener un interés legítimo '^.
f) Constituye aplicación del seguro por cuenta ajena el seguro de vida colec-
tivo contratado por la empleadora para su personal en el que aquélla, como toma-
dora, no asume responsabilidad alguna frente al asegurado {rectius: beneficiario)
por cumplimiento del contrato, el que se halla exclusivamente a cargo del asegura-
dor, por lo que su citación como tercero es improcedente ^i.

^^ CNCom., SalaB, 25-IV-1983, "Quilmes S.A. de Seg. Orales. c/Di Paolo Hnos.", JA., 1983-
IV-219.
^' CNCom., Sala B, 25-IV-1983, "Quilmes S.A. de Seg. Grales. c/Di Paolo Hnos.", JA., 1983-
IV-219; CNCom., Sala A, 18-V-1984, "Expreso El Norte Argentino c/Ruta Coop. de Seg." (inédito).
*° CNCom., Sala A, 18-V-1984 "Expreso El Norte Argentino c/Ruta Coop. de Seg." (inédito).
'*' CNCom., Sala A, 19-VI-1986, "Stiglich, D. c/Caja Nac. de Ahorro y Seg." (inédito);
CNCom., Sala A, 13-III-1986, "Pazos, N. cA'.P.F." (inédito).
CAPÍTULO VII

ELEMENTOS DEL CONTRATO DE SEGURO.


SUJETOS. CAPACIDAD

149. Elementos estructurales del contrato de seguro


Elementos constitutivos o estructurales del contrato de seguro lo son el con-
sentimiento, el riesgo asegurado (objeto) y el interés asegurable (causa) K La falta
de cualquiera de ellos —de allí su condición de esenciales— obsta a la validez del
contrato.
a) El análisis del consentimiento o el acuerdo de voluntades requiere del enun-
ciado de los sujetos de la relación sustancial (quienes consienten) y los presupues-
tos básicos atinentes a los referidos sujetos, como ser la capacidad y la forma 2.
En efecto, la capacidad de los contratantes es capítulo que se lo examina en
miras a la validez del consentimiento.
Sujetos del contrato de seguro son, en principio, la empresa de seguros y el
asegurado.
b) El riesgo asegurado (objeto) está constituido por la eventualidad de un daño
en el patrimonio del asegurado, o dicho con otras palabras, el riesgo se halla repre-
sentado por la probabilidad o posibilidad de realización de un evento dañoso (si-
niestro) previsto en el contrato y que motiva el nacimiento de la obligación del ase-
gurador consistente en resarcir un daño o cumplir la prestación convenida (art. 1-,
L.S.). De allí que, a título de ejemplo, podemos afirmar que el riesgo asegurado en
el contrato de seguro contra la responsabilidad civil consiste, precisamente, en la res-
ponsabilidad civil, contractual o extracontractual, en que incurra el asegurado y que,
por efecto automático, provoca una disminución potencial en su patrimonio' cuya

' CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", L.L., 1998-F-


743; D.J., 1998-3-1051.
MossET ITURRASPE, J., Contratos..., cit., pág. 45. Metodológicamente, la capacidad (para
consentir) es tema que debe ser analizado en el presente capítulo dedicado a los sujetos de la relación
jurídica sustancial. Y la forma es cuestión en la que nos detendremos al examinar los caracteres ju-
rídicos del contrato de seguro (Cap. V) y en un capítulo específicamente dedicado al tema (Cap. XXI).
^ DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. III, nro. 731. El objeto del contrato de seguro contra la res-
ponsabilidad civil, o sea el riesgo asegurado, es precisamente la operación jurídica que las partes pre-
176 RUBÉN S. STIGLITZ

integridad garantiza el asegurador mediante el resarcimiento del daño contra el


pago de una prima o cotización (art. 1-, ley 17.418).
c) El interés asegurable (causa) o motivo determinante del contrato o móvil
que ha determinado al asegurado a contratar, se halla constituido por el interés eco-
nómico lícito de que un siniestro no ocurra (art. 60, L.S.). Este concepto atrapa en
su definición a la persona interesada y lo relaciona con la persona o asiento de su
interés. En consecuencia, el interés consiste en la relación económica entre un su-
jeto y un bien susceptible de valuación económica.
Por ejemplo, en el seguro contra la responsabilidad civil el interés se halla
constituido por la eliminación del daño que deriva de la aparición de una deuda de
responsabilidad. El asegurado contrata para quedar relevado por el asegurador —^hasta
el límite de la suma asegurada— de las consecuencias dañosas de su obrar antiju-
rídico. Para ello, el asegurador se obliga a mantener indemne el patrimonio del ase-
gurado "por cuanto deba a un tercero en razón de la responsabilidad prevista en el
contrato" (art. 109, L.S.).

150. Sujetos del contrato. La empresa de seguros.


Noción. Funciones
La empresa de seguros es aquella que asume, con carácter profesional, los
riesgos ajenos a través de un fondo de primas suficiente para afrontar las prestacio-
nes e indemnizaciones comprometidas con sus asegurados o resarcir los daños su-
fridos por terceros.
De allí la importancia que adquiere la integridad del fondo de primas formada
por el aporte (primas) de sus asegurados. Ello requiere que la empresa opere efec-
tiva y sistemáticamente a través de criterios técnicos.
El contrato de seguro se funda en la mutualidad y la estadística. La estadística
se apoya (o explica) en que el riesgo afrontado se verifique (siniestro) con cierta fre-
cuencia en relación a la masa de asegurados.
El riesgo debe ser apreciado. Si no sucede, si no se verifica, no hay método po-
sible de apreciación. Si se verifica repetida y constantemente, deja de ser incierto.
En suma, la estadística es útil ante la repetición regular (no constante).
Por lo demás, la estadística debe referirse a riesgos cuyo objeto, valor y dura-
ción sean de naturaleza homogénea y fundarse en su dispersión (difusión) y no en
su generalización (concentración de un mismo riesgo).
La mutualidad de asegurados es el efecto de la agrupación de riesgos que tie-
ne, por finalidad, la constitución de un fondo de primas que garantizan la seguridad
que requieren asegurados y terceros como potenciales acreedores del patrimonio de
la empresa aseguradora.

tenden realizar, con su finalidad económica y jurídica (MAZEAUD, H., L. y J., Lecciones de Derecho
Civil, T. I, Ejea, Buenos Aires, 1969, págs. 261/267 y 278).
DERECHO DE SEGUROS 177

El fondo de primas se constituye, así, en un elemento esencial para la ejecu-


ción, por el asegurador, de su obligación principal.
En la empresa aseguradora se advierte el ejercicio profesional de una activi-
dad económica organizada para el comercio del servicio (o actividad) asegurador.
Se desarrolla únicamente por medio de sociedades autorizadas, que han sido
organizadas como entes productores de servicio y con ánimo de lucro. Están inclui-
das entre las empresas sometidas al control del Estado.
Son presupuestos de la empresa (gestión) aseguradora:

a) El asegurador o empresario
Obsérvese que al definir la empresa aseguradora, Donati se sirve de la noción que
suministra el artículo 2082 del Código Civil italiano para el empresario: "Es empresa-
rio quien ejercita profesionalmente una actividad económica organizada con finalidad
de producción o de intercambio de bienes o de servicios", por lo que puede definírsela
como el sujeto de la relación sustancial (contrato de seguro), en cuyo nombre y bajo
cuya responsabilidad se desenvuelve la actividad empresarial '*.
Afirmamos que el asegurador debe hallarse constituido como empresa que ac-
túe profesionalmente. Esto último implica una actividad continua en contraposi-
ción a la actividad ocasional.
Es inherente a la actividad aseguradora que la empresa se halle organizada
para la producción de servicios ofrecidos a terceros (mercado).
La circunstancia de que el asegurador deba ser una empresa y no una persona
individual, se explica en que aquélla presenta una mayor (o mejor) garantía de ejer-
cicio continuo de la actividad, a través de una organización, por cierto compleja, y
de una solidez financiera adecuada.

b) El patrimonio
Constituido por un capital mínimo y las disponibilidades que provienen de las
prestaciones de los asegurados, las inversiones, las reservas técnicas, etcétera.

c) La mutualidad
Constituida por el resultado de la recaudación de la masa de asegurados.
A manera de resumen señalamos que la actividad aseguradora se desenvuelve
para el mercado (terceros) a través de operaciones económico-jurídicas (celebra-
ción continua o repetida de contratos de seguro), lo que presupone una organiza-
ción empresaria que opera con carácter profesional (no ocasional), constituida para
durar, y cuya finalidad (función esencial) consiste en afrontar los compromisos
contraídos con los asegurados, terceros y beneficiarios.

'' DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. I, nro. 58, pág. 153,
178 RUBÉN S. STIGLITZ

151. La empresa de seguros. Cuestiones específícas de la gestión


Podemos mencionar tres cuestiones específicas (ajenas a las comunes a toda
empresa) que deben abordar las aseguradoras:
a) La constitución de una empresa que si bien celebra (objeto social) contratos
aleatorios, financieramente debe asegurar el pago de las prestaciones o indemniza-
ciones a su cargo. Debe operar como empresa, precisamente, no aleatoria.
b) El iter de la operación aseguradora, desde la vigencia material del contrato
hasta la extinción de la eventual obligación principal a cargo del asegurador, puede
prolongarse en el tiempo. Ello entraña la necesidad de que la entidad se halle capacitada
financieramente, a cuyo efecto universalmente se establecen pautas normativas
(control) en punto a cautelosas inversiones de las reservas técnicas y de siniestros.
c) La empresa aseguradora se halla sometida a control. Una de las poderosas
razones que lo justifican reside en que las pólizas que instrumentan los contratos de
seguro contienen condiciones generales predispuestas perla primera, por lo que la
citada vigilancia tiene, entre otros fundamentos, la necesidad de proteger al asegu-
rado, en tanto parte débil de la relación sustancial, de las consecuencias derivadas
de la aplicación de cláusulas abusivas. Otra de las razones se halla vinculada a la
universalmente reconocida función social que desarrolla el seguro. De allí la ten-
dencia de los Estados modernos en desvincular la disciplina de la industria asegu-
radora de los esquemas de orden privado, trasladándole principios operativos en
planos donde la relevancia pública se hace manifiesta.
Por las razones expuestas, el Estado interviene directa o indirectamente. En el
primer caso, a través del ejercicio de un monopolio asegurador. En el segundo caso,
deja todo o parte de la industria (producción y comercialización del servicio) a la
iniciativa privada, pero disciplinando la actividad a través de organismos adminis-
trativos.

152. La empresa de seguros y la ley que regula la actividad


Podrá ser asegurador cualquiera de las entidades enumeradas en el artículo 2-,
ley 20.091, o sea:
a) Las sociedades anónimas, cooperativas y de seguros mutuos;
b) Las sucursales o agencias de sociedades extranjeras de los tipos indicados
en el inciso anterior, en las condiciones establecidas en el artículo 6°, ley 20.091;
c) Los organismos y entes oficiales o mixtos, nacionales, provinciales o mu-
nicipales.
Las sociedades o entes aludidos deben operar en seguros autorizados por la
autoridad de control (art. 2-, infine, ley 20.091) y observando las condiciones es-
tablecidas en las Secciones IH, FV, V, VI y VII de la ley mencionada. También po-
drán actuar quienes realicen operaciones asimilables al seguro, "cuando su natura-
leza o alcance lo justifique", en la medida que acrediten su ajuste al régimen de la
Ley de Aseguradores y su control.
DERECHO DE SEGUROS 179

Y en cuanto al asegurador, si celebra contratos de seguro sin la debida auto-


rización (art. 23-1, ley 20.091) los mismos serán nulos.
Y si la infractora fuera una sociedad anónima, cooperativa o mutual, sus di-
rectores, administradores, síndicos o integrantes del consejo de vigilancia serán so-
lidariamente responsables por las consecuencias de la nulidad de los contratos ce-
lebrados (art. 61-3, ley 20.091).

153. Sujetos del contrato (continuación). El asegurado: capacidad


Asegurado lo será el titular del interés asegurado. Y la circunstancia de que la Ley
de Seguros haya empleado la expresión tomador se explica —surge del informe de ele-
vación—en el hecho de que las partes así designadas "...normalmente coinciden, pero
pueden no coincidir cuando el contrato se celebra por cuenta ajena, por ejemplo, cuan-
do el contratante o tomador no es en definitiva el titular del interés asegurado y quien
tendrá derecho a la indemnización en caso de ocurrir el siniestro...".
En cuanto a la capacidad, como presupuesto de validez del consentimiento, se
halla sometida a la normativa que, con carácter general, contiene el Código Civil.
Cabe, como principio, destacar que la celebración de un contrato de seguro no
es, a nuestro juicio, ni acto de disposición ni de administración de bienes. En efecto,
ni disminuye o modifica sustancialmente los elementos que forman el capital del
patrimonio, ni a través del mismo es factible hacer producir a los bienes los bene-
ficios que normalmente pueden obtenerse de ellos s, respectivamente.
En cambio, estimamos que se trata de un acto de conservación, pues su fina-
lidad es preservar al asegurado de una eventual disminución de su patrimonio. Al
cabo, tiende a conservarlo de las consecuencias derivadas de la realización de un
riesgo (siniestro).
Con ello concluimos que, en lo que respecta al tomador del seguro, la capaci-
dad del mismo deberá examinarse en consideración a que el seguro, al no implicar
un acto de disposición, se halla sometido a los siguientes principios, en punto a la
posibilidad de contratar:
a) La capacidad plena para contratar es la que surge de la mayoría de edad (art.
126, Cód. Civ.);
b) El menor emancipado por matrimonio (art. 131-1, Cód. Civ.) y por habili-
tación de edad (art. 131-3, Cód. Civ.) es plenamente capaces para contratar *;
c) Los inhabilitados judicialmente se hallan capacitados para celebrar contra-
tos de seguros, "salvo los (actos) que limite la sentencia de inhabilitación teniendo
en cuenta las circunstancias del caso" (art. 152 bis, infine);

ÜRGAZ, A., Hechos y Actos o Negocios Jurídicos, Víctor P. de Zavalía, Buenos Aires, 1963,
nro. 42, pág. 80.
Para Halperin, el contrato de seguro es un acto de administración. En consecuencia, sostiene
que el menor emancipado por matrimonio, sin autorización, no tiene hasta los veintiún aflos la admi-
nistración de los bienes adquiridos a título gratuito (art. 13-2, Cód. Civ.) por lo que no tiene capacidad
para contratar seguros respecto de ellos (Seguros, cit., T. I, pág. 250).
180 RUBÉN S. STIGLITZ

d) Con relación a la mujer casada, ésta es titular de una capacidad plena (art. 1276,
Cód. Civ.).

154. Vicios de la voluntad


El artículo 1157, Código Civil, establece: "Lo dispuesto en el título 'De los
hechos', de este libro, respecto a los vicios del consentimiento, tiene lugar en todos
los contratos". De lo expresado se desprende la remisión que efectúa el codificador
a lo disciplinado, con carácter general, en los artículos 923/930 relativos a "los he-
chos producidos por ignorancia o error"; en los artículos 931/935 sobre "los hechos
producidos por dolo"; y en los artículos 936/943 sobre "los hechos producidos por
la fuerza y el temor". Sólo interesan a nuestro estudio los vicios de la voluntad que
viene afectada (invalidada) por error y dolo. Sobre el particular, nos habremos de
detener en cada uno de ellos en el análisis particularizado de la declaración del ries-
go (infra. Cap. VIII) y en la reticencia y falsa declaración (infra, Cap. XVIII).

155. Vicios de la voluntad (continuación). Sistema especial


implementado por la Ley de Seguros sobre "vicios
de la voluntad". El error ?
La teoría de los vicios de la voluntad contractual ha sido y es objeto de críticas.
La que interesa a nuestro tema se halla relacionada con lo que ha sido enunciado
como un exceso en su formulación ^, al incluir en el sistema supuestos que partici-
pan de naturaleza distinta a los vicios de la voluntad.
Y se da como ejemplo aquellas hipótesis en que el error principal recae sobre
la naturaleza del acto o sobre la identidad del objeto (arts. 924 y 927, Cód. Civ.), su-
puestos ambos que, en rigor, al excluir la voluntad obstan al consentimiento, por lo
que no existe contrato.
La Ley de Seguros ha implementado un régimen que incluye supuestos de
anulabilidad, sustentados en "toda declaración falsa o toda reticencia de circuns-
tancias conocidas por el asegurado, aun hechas de buena fe, que ajuicio de peritos
hubiese impedido el contrato o modificado sus condiciones, si el asegurador hubie-
se sido cerciorado del verdadero estado del riesgo" (art. 5--1, L.S.).
La consecuencia prevista normativamente es la nulidad del contrato.
Pero acontece que la casuística relativa a circunstancias constitutivas (según
dictamen pericial) de reticencia o de falsa declaración exhiben hipótesis en que ha
mediado error radical, obstativo, obstáculo o impropio, muy especialmente los re-
feridos a la identidad del objeto, entendida como la cualidad sustancial tenida en
mira (móvil) como causa principal del acto a los fines de la celebración del contrato

n
Lo expresado en este apartado habremos de reproducirlo, dada su conexidad, en el capítulo
donde examinamos la reticencia y la falsa declaración {infra. Cap. XVIII).
^ LLAMBÍAS, J. J., Tratado... Parte General, cit., T. II, nro. 1714, pág. 468.
DERECHO DE SEGUROS 181

(art. 927, Cód. Civ.), que hacen improponible la nulidad del contrato pues éste no
ha existido al no haber mediado consentimiento'.
Un supuesto aplicable a la hipótesis precedente es el que acontece en aquellos
conflictos en que el asegurado invoca haber tomado un seguro que incluye un ries-
go que, en el instrumento del contrato (póliza), se halla expresamente excluido de
garantía y considera que el asegurador debe responder por las consecuencias deri-
vadas del acaecimiento del siniestro. Y, por añadidura, alega que quien intermedió
en la operación se hallaba en conocimiento de su voluntad consistente en que el
contrato comprendiera el riesgo objeto de su interés.
La cuestión a dilucidar debe acotarse a la circunstancia sobre: (a) si ha media-
do (o no) consentimiento en tomo al referido riesgo o, en su caso, (b) si concurren
los extremos del error para conceder al asegurado la anulación del contrato y, final-
mente, (c) si el agente era portador de poderes suficientes para obligar a la empresa,
en razón del conocimiento de aquél sobre la asunción del riesgo.
Sobre la base de lo precedentemente expuesto, la dilucidación de la cuestión
más parece depender de las circunstancias concretas de hecho que de la adopción
de criterios generales.
Sin embargo, en principio, cabe expresar que, evaluado objetivamente el com-
portamiento del asegurando, no nos parece excusable su conducta si ha omitido la lec-
tura del instrumento donde consta el objeto (riesgo) sobre el que contrata, cuya iden-
tificación halla su sede propia en la propuesta que normalmente debe suscribir.
De ser así, el asegurando habría omitido un elemental deber de diligencia, por
lo que debe afrontar las consecuencias derivadas de la referida omisión lo.
Solución distinta habría que propiciar si la solicitud de seguro suministrada por
el asegurador no contiene, reproducidas, las condiciones generales de la póliza a emi-
tirse, donde se halla incluida una cláusula de "exclusiones de cobertura", pues en ese
caso el asegurador habría ocultado al asegurando los supuestos de "no seguro".
No ocurre lo propio (falta de consentimiento), en cambio, con aquellos su-
puestos en que media error (esencial, pero no obstativo) sobre la persona, especí-
ficamente sobre las cualidades personales del asegurado (art. 925, Cód. Civ.), don-
de sí es factible pretender la nulidad del acto ' i.
Cabe señalar que, como ya quedó expresado, en virtud de la remisión dispues-
ta por el artículo 1157, Código Civil, lo referente a los vicios de la voluntad contrac-
tual se halla legislado en el título "De los hechos".

Es el caso, por ejemplo, de la póliza emitida para cubrir los riesgos de un vehículo O km, y que
luego se comprueba que se trataba de un automóvil usado (CNCom., Sala B, 1--III-1985, "Hollender,
T. c/La Defensa Cía. de Seg." [inédito]).
GASPERONI, N., "Questioni nella fase precontrattuale dell' assicurazione", Assicurazione Prí-
vate, Cedam, Padova, 1972, pág. 155 y en revista Axíicuraziowe, 1943-11, pág. 84.
Es el caso del asegurado que oculta padecer una enfermedad trascendente para la celebración
del contrato de seguro de vida (CNCom., Sala A, 20-VII-1991, "Larraud de Cefune, R. C/La Inmo-
biliaria Cía. de Seg.", E.D., 1962-1-969).
182 RUBÉN S. STIGLITZ

De tal manera que, formulada la reserva precedente, y en razón de que la Ley


de Seguros examina la declaración falsa y la reticencia en forma indiscriminada,
sin distinguir entre anulabilidad e inexistencia, enunciaremos el sistema tal como
ha sido legislado.
Lo que sí cabe afirmar es que, sin embargo, la Ley de Seguros ha implemen-
tado un sistema propio de vicios de la voluntad negocial, y diferenciado del regu-
lado por el Código Civil.
El error, como vicio de la voluntad, es definido como una falsa noción 12 o
como una falsa representación intelectual (falso conocimiento) de la realidad '3, como
una discordancia entre los datos que suministra la realidad y la representación mental
que de esos datos tiene el sujeto al realizar un acto que el derecho valora !•*.
El que interesa a nuestra cuestión es el error de hecho, pues la reticencia o la
falsa declaración están referidos a un dato de hecho que integra el objeto contrac-
tual. Precisamente por esto último, se trata de un error esencial, porque se erró sobre
circunstancias lo suficientemente relevantes para el contrato de seguro, a tal punto
que, de haber sido conocidas (según juicio de peritos), habrían impedido el perfec-
cionamiento del contrato o alterado su objeto, por lo que el error es causa de anu-
labilidad (relativa) del contrato.
Por lo demás, el error no es causa de anulabilidad "cuando ha habido razón
para errar" (art. 929, Cód. Civ.), salvo que el error sea reconocible o, lo que es lo
mismo, no podrá invocarse "cuando la ignorancia proviene de una negligencia cul-
pable" (art. 929, infine, Cód. Civ.).

156. Vicios de la voluntad (continuación). Sistema especial


(continuación). Dolo
A su tumo, la acción dolosa como vicio de la voluntad tiene como propósito
"conseguir la ejecución de un acto", y consiste en la "aserción de lo que es falso o
disimulación de lo verdadero, cualquier artificio, astucia o maquinación que se em-
plee con ese fin" (art. 931, Cód. Civ.).
El dolo actúa sobre la inteligencia mediante el engaño, induciendo a error 's.
El acto doloso se halla equiparado en sus efectos a la omisión dolosa: "La omi-
sión dolosa causa los mismos efectos que la acción dolosa, cuando el acto no se hu-
biera realizado sin la reticencia u ocultación dolosa" (art. 933, Cód. Civ.).

'^ SALVAT, R. M. - ROMERO DEL PRADO, V. N., Tratado de Derecho Civil Argentino. Parte Ge-
neral, T. II, Tea, Buenos Aires, 1951, nro. 2293, pág. 468.
'^ BARBERO, D., Sistema..., cit., T. I, nro. 245, pág. 518.
''^ MossET ITURRASPE, J., Contratos, cit., pág. 144.
'^ ^AN10RoY'hSSARELU,¥.,DoctrinasGeneralesdelDerechoCÍV¡7,R,D.P.,Madrid, 1964,nro.
37, pág. 198, quien afirma que el dolo, al que califica de acto ilícito, se halla constituido por artificios
y trampas que ocasionan error, siempre que sean determinantes de la voluntad influye sobre la validez
del negocio, aun cuando se trate de un error reconocible.
DERECHO DE SEGUROS 183

Lo que acontece en la reticencia es que el elemento objetivo se halla consti-


tuido por un comportamiento (dolo) omisivo (ocultación), cuando se tenía el deber
de comunicar y decir la verdad i*.
El dolo positivo y el negativo se constituyen en vicio de la voluntad que de-
viene en la anulabilidad del contrato (art. 1045, Cód. Civ.) si ha sido grave (art. 932,
inc. 1-, Cód. Civ.) 17, si ha determinado el consentimiento (art. 932, inc. 2-, Cód.
Civ.) 18, si ha ocasionado un daño importante (art. 932, inc. 3°, Cód. Civ.), lo que
motiva precisamente que a través de la nulidad se restablezcan las cosas a su estado
anterior i^, y que no haya habido dolo por ambas partes (art. 932, inc. 4-, Cód. Civ.).
El efecto con que reacciona el ordenamiento jurídico ante el dolo (positivo o
negativo) es la nulidad y la pretensión de daños, que operan acumulativa o alterna-
tivamente a opción del damnificado.
De lo hasta aquí expuesto advertimos que la disciplina de la reticencia (arts.
5-/10, L.S.), en algunas cuestiones puntuales aparece como específicamente apli-
cable en sustitución del régimen de vicios de la voluntad que regula los contratos
(art. 1157, Cód. Civ.).
Así, la sola circunstancia de que el artículo 5- de la Ley de Seguros, tolere que
el contrato se anule si a juicio de peritos el asegurador hubiera contratado modifi-
cando sus condiciones, implica la admisión del dolo incidental como causal de anu-
labilidad, supuesto que en el régimen del Código Civil no afecta la validez del acto,
pues no constituye su causa eficiente (art. 932, Cód. Civ.).
Se introduce un plazo de caducidad como presupuesto de admisibilidad pre-
vio al ejercicio de la pretensión de nulidad (art. 5°, L.S.) 20.

'* CARIOTA FERRARA, L., El Negocio..., cit., T. II, nro. 118, pág. 459; BETTI, E., Teoría..., cit.,
T. II, nro. 56, pág. 340, para quien el dolo pasivo (reticencia) consiste en "no desengañar a la parte con-
traria sobre un error reconocible en que incurre, ya en no suministrarle las aclaraciones debidas cuan-
do se está en el deber de hacerlo".
17
Ha provocado error en el cocontratante, no obstante que éste ha actuado cuidadosamente
(LLAMBÍAS, J. J., Código..., cit., T. II-B, pág. 64). O, como lo afirma Salvat, los artificios, astucias o
maquinaciones han sido de tal entidad que la víctima del dolo, no obstante haber obrado prudentemen-
te, ha podido ser engañada (Salvat, R, L., Tratado... Parte General, cit., T. II, nro. 2360, pág. 502).
1R
Se trata del dolo principal {dolus dans causam contractui), sin el cual el acto no se hubiera ce-
lebrado y distinto al dolo incidental, que es aquel que no afecta el consentimiento del acto, pues el mis-
mo se habría celebrado igualmente pero bajo otras condiciones (SxOLn, G., Teoría del Negocio Ju-
rídico, R.D.P., Madrid, 1959, pág. 193), por ejemplo, el precio (SALVAT, R. L., Tratado... Parte
General, cit., T. II, nro. 2363, pág. 503).
La expresión daño importante ha sido entendida como aquélla de "cierta significación econó-
mica para la persona que lo sufre" (LLAMBÍAS, J. J., Código..., cit., T. II-B, pág. 64).
20
No computamos como diferencia entre el régimen general del Código y el especial de la Ley
de Seguros, la circunstancia de que el asegurador pueda "a su exclusivo juicio" revisar (reajustar) el
contrato, pues ello presupone que la nulidad es meramente relativa, característica común a ambas dis-
ciplinas. En efecto, en el régimen general, y en el especial, el titular de la acción puede renunciar a ella
(LLAMBÍAS, J. J., Código..., cit., T. II-B, pág. 65).
CAPÍTULO VIII
ELEMENTOS DEL CONTRATO DE SEGURO (Continuación).
OBJETO. RIESGO ASEGURARLE

157. El objeto de los contratos


Filológicamente (por su significado literal), objeto es todo lo que puede ser
materia de conocimiento, lo que sirve de materia o asunto, el fin del acto, el intento
al que se dirige o encamina una acción u operación, una cosa i.
Y por materia se entiende, etimológicamente, la sustancia, el asunto, el punto
o negocio de que se trata, etcétera.
Partiendo de su acepción gramatical, se tiene expresado que el objeto del con-
trato capta la materia de éste 2.
De su sentido gramatical y lógico se predica que la materia de un contrato, su
sustancia, el asunto de que trata, está dado por el intento al que se dirigen o enca-
minan o han considerado las partes de la operación sustancial al tiempo del perfec-
cionamiento del contrato. Así entendida genéricamente, la materia (el objeto) de la
compraventa está dada por el intercambio de una cosa por un precio cierto; en la lo-
cación de cosa, será el intercambio del uso y goce de la cosa por un precio determi-
nado en dinero; en la sociedad civil, será procurar, en común, una utilidad.
De donde, finalmente, el objeto del contrato es la operación jurídico-econó-
mica que las partes entienden (consideran) realizar 3.

Diccionario de la Lengua Española, Espasa-Calpe, Madrid, 1970, pág. 931. Descartamos la


última de las acepciones (cosa), pues de ser así, quedarían fuera del objeto de los contratos los bienes
que no son cosas y los hechos.
Para Cariota Ferrara, la materia captada por el contrato se halla consumida por los bienes, las
utilidades o las relaciones que caen bajo la voluntad de las partes (CARIOTA FERRARA, L., El Nego-
cio...,cit, T. II, nro. 127, pág. 513). Para De Castro y Bravo, el objeto del contrato "es la materia social
sobre la que recaerá el vínculo creado" (DE CASTRO Y BRAVO, F., El Negocio Jurídico, Civitas, Ma-
drid, 1985, nro. 252, pág. 192). Es la materia social afectada, la realidad social acotada como base
(DÍEZ-PiCAZO, L., Fundamentos..., cit., pág. 201). Como se advierte, no hay coincidencia sobre la sig-
nificación de la "materia del contrato".
^ STIGLITZ, R. S. (dir.), Contratos. Teoría General, cit. T. I, págs. 159 y sigs.; STIGLITZ, R. S.,
Contratos..., cit., T. I, nro. 299, pág. 323. El objeto del contrato es unplus por sobre los efectos ya que
186 RUBÉN S. STIGLITZ

158. El objeto del contrato de seguro


El objeto del contrato de seguro se halla constituido por la operación jurídico-
económica que las partes entienden realizar, que no es otro que el intercambio de
una prima a cargo del asegurado, por el resarcimiento de un daño o el cumplimiento
de la prestación convenida a cargo del asegurador si se verifica un evento suscep-
tible de provocar daño al patrimonio del asegurado ^ o se cumple el presupuesto al
que se halla subordinado el cumplimiento de la prestación. Lo expuesto es lo que
caracteriza al seguro como contrato aleatorio, pues las ventajas o pérdidas depen-
den de la realización de un acontecimiento incierto (art. 2051, Cód. Civ.). La ase-
gurabilidad del riesgo se halla condicionada por la incertidumbre de verificación
del evento.
Como se advierte, la materia es (debe ser) la cobertura de un riesgo asegura-
ble, pues lo que al tiempo del perfeccionamiento del contrato aquéllos (asegurado
y asegurador) consideran es la hipótesis de realización del mismo (siniestro) 5. Es
en virtud del aludido riesgo que las partes acuerdan (tienen en vista) que, mediante
el pago de una prima o cotización a cargo del asegurado, el asegurador elimine las
consecuencias derivadas de la eventualidad de su realización (siniestro), compro-
metiéndose, en ese caso, a resarcirle el daño o a cumplir la prestación acordada. Ésa
es la materia (objeto) del contrato de seguro 6.

se alude a él, pero como integrando toda la materia contractual (todo el asunto convenido) y poniendo
énfasis en la función económica de la operación jurídica que las partes han acordado. En el mismo sen-
tido, MOSSETITURRASPE,!., Contratos, cit., pág. 225, especialmente nota 6, quien agrega que el objeto
del contrato es el contenido concreto e integral del acuerdo.
'^ CNCom., Sala B, 12-VI-1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación", LL, 1998-F-
743; D . / , 1998-3-1051.
La doctrina inglesa afirma que el compromiso en favor del asegurado consiste en pagarle una
suma de dinero en caso de que acaezca el accidente, de donde el objeto del contrato de seguro es el
dinero (HARDY IVAMY, E. R., General Principies of Insurance Law, 6- ed., Butterworth, London,
1993, Cap. IV, pág. 11). Para nuestra concepción de base romanística y continental, se confunde el
objeto del contrato de seguro con el objeto de las prestaciones que, a su vez, son objeto de las obli-
gaciones.
Desenvolviendo aquella idea se afirma por la doctrina inglesa que el contrato de seguro necesa-
riamente contempla la existencia de algo al que pueda ocurrirle un accidente, y cualquier cosa a la que
pueda ocurrirle un accidente puede, entonces, ser objeto de un contrato de seguro. Como objeto del
contrato de seguro se distingue entre objetos físicos y consecuencias al asegurado derivadas de dichos
accidentes. En base a estas consideraciones se realiza una clasificación del objeto del seguro integrada
por (a) un objeto físico; (b) un crédito; y (c) la responsabilidad civil. Con relación al (a) objeto físico
se afirma de él, a título de ejemplo, que en los seguros de accidentes personales lo constituye el cuerpo
del asegurado, en el seguro de robo es la propiedad expuesta al riesgo, en el seguro de incendio el edi-
ficio asegurado. Con relación a (b) los seguros de crédito contra la insolvencia del deudor, el crédito
constituye el objeto del contrato y, finalmente, (c) la responsabilidad es, también, objeto del contrato
de seguro.
Que no debe ser confundido con el contenido de las obligaciones asumidas por las partes que
se hallan constituidas por prestaciones. Se trata, tanto para el asegurado como para el asegurador, de
prestaciones positivas en su especie (arg. art. 945, Cód. Civ.) y reales, pues en ambos casos consisten
DERECHO DE SEGUROS 187

Se trata de un elemento esencial de la operación jurídica en razón de que la ex-


tensión de la garantía del asegurador se halla subordinada a la realización (verifi-
cación) del siniestro que el riesgo ampara'', y sobre la base del cual aquél calcula
la prima o cotización s.

159. El objeto del contrato en la Ley de Seguros


El artículo 2° de la Ley de Seguros 17.418 establece: "El contrato de seguro
puede tener por objeto toda clase de riesgos si existe interés asegurable, salvo pro-
hibición expresa de la ley".
Ya más precisamente para los seguros de daños patrimoniales, el artículo 60
dispone: "Puede ser objeto de estos seguros cualquier riesgo si existe interés eco-
nómico lícito en que un siniestro no ocurra" '.
Como se advierte, la ley no define el riesgo. De allí que el mismo sea enuncia-
do en el frente de la póliza, y fuera de las limitaciones legales, habrá de estarse a las
delimitaciones que "acuerden" las partes en el marco de la "libertad contractual" lo.

160. Noción de riesgo asegurable


El riesgo asegurable constituye la probabilidad o posibilidad (contingencia)
de realización de un evento dañoso (siniestro) previsto en el contrato, y que motiva
el nacimiento de la obligación del asegurador consistente en resarcir un daño o
cumplir la prestación convenida (art. 1-, L.S.) •'.

en dar una suma de dinero (ALTERINI, A. A. - AMEAL, O. J. - LÓPEZ CABANA, R. M., Derecho de Obli-
gaciones Civiles y Comerciales, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1995, págs. 53 y sigs.
'' CNCom., Sala A, 23-X-1979, "Abieri y Cía. c/La Defensa Cía. Arg. de Seguros", E.D., 86-353.
^ CNCom., Sala B, 2-VIII-1963, "Alaniz, J. c/Cía. Aseguradora Argentina", J.A., 1964-1-51.
Aunque es tema que habremos de considerar en el Cap. X, desde ya anticipamos que el interés
económico lícito de que un siniestro no ocurra se eleva a causa del contrato o motivo determinante de
su celebración.
ViRET, B., "Les clauses d'exclusión en droit suisse de contrat d'assurance", Revue Genérale
des Assurances Terrestres, L.G.D.J., París, 1994-2, pág. 395.
"SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Comentarios..., cit., pág. 114; DONATI,
A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 299, pág. 114, El riesgo asegurado implica la abstracta previsión (la
posibihdad) de tener que hacer efectiva una determinada obligación cuyo contenido lo constituye un
resarcimiento a un daño o una prestación convenida, si es que se verifica un evento individualizado
bajo determinadas circunstancias indicadas positiva o negativamente, previstas en la ley o en la pó-
Hza, y que constituyen un límite al riesgo asegurado.
En síntesis, el riesgo asegurado se realiza con la verificación del evento una vez comprobado que
las circunstancias en las cuales se ha producido coincidan con las expuestas por la ley o la póliza como
riesgos asumidos o no coincidan con aquellas previsiones, en cuyo caso se tratará de riesgos excluidos
(FANELLI, G., "Considerazioni suU concetto giuridico di rischio nell'assicurazione", en Saggi di Di-
ritto delle Assicurazioni, Giuffré, Milano, 1971, pág. 171).
188 RUBÉN S. STIGLITZ

De la precedente definición surgen los elementos constitutivos del riesgo, que


son: (a) la posibilidad de realización de un (b) evento (económicamente) dañoso
previsto en el contrato.

161. La posibilidad
La posibilidad está referida a la representación imaginaria o lógica de produc-
ción o verificación de un evento dañoso. No se trata de la constatación real de even-
tos verificados, sino de la inducción o inferencia de la probabilidad de su realiza-
ción en una situación abstracta o imaginaria de riesgo, que presenta determinadas
características o circunstancias abstractas. La posible ocurrencia se halla sustenta-
da en la experiencia del mayor número de hechos concretos pasados (ocurridos).
El concepto de posibilidad se halla delimitado por el de (a) la imposibilidad
de que el evento se verifique y por el de la (b) necesidad, certeza o indefectibilidad de
su realización.
a) Existe imposibilidad cuando el evento es irrealizable.
La imposibilidad puede estar referida a la circunstancia de que el interés ase-
gurable no se halle expuesto a riesgo o porque el evento ya se produjo o que, por cir-
cunstancias particulares atinentes al interés asegurado, no sea susceptible de repe-
tirse o porque ha desaparecido la posibilidad de que se produjera.
b) Existe certeza o indefectibilidad de producción del evento cuando necesa-
riamente se habrá de verificar, cuando es segura su producción. La noción de cer-
teza obsta a la existencia del contrato de seguro, aleatorio por naturaleza (arts. 1-,
L.S. y 2051, Cód. Civ.). En efecto, lo vedado se halla constituido por la celebración
de un contrato de seguro cuyo riesgo sea cierto y necesario en razón de que su rea-
lización (siniestro) depende exclusivamente de la voluntad del asegurado, pues en
ese caso la obligación del asegurador dejaría de hallarse subordinada "a un acon-
tecimiento incierto y futuro que puede o no llegar" (art. 528, Cód. Civ.), sino que
deberíamos situar la hipótesis como "obligación contraída bajo una condición" que
haya dependido de la sola voluntad del asegurado, lo que la tomaría en potestativa
y, por tanto, "de ningún efecto" (art. 542, Cód. Civ.).
En consecuencia, de lo expuesto podemos afirmar que la posibilidad de realiza-
ción de un evento dañoso requiere que la verificación del mismo no sea imposible ni
cierta o indefectible; cuando su ocurrencia no sea descartable pero tampoco fatal.
La expresión posibilidad, al presuponer un evento futuro e incierto, excluye
conceptualmente el suceso ya acontecido, pues de ser así ya no podría verificarse
ulteriormente (en el futuro).
La posibilidad se halla asociada al azar de que ocurra un hecho 12.
Y debe ser incierto, porque si es cierto que se producirá, situamos la hipótesis
en el siniestro de realización necesaria o indefectible, y si es cierto que no se veri-
ficará, habrá imposibilidad. A lo expresado debemos formular una reserva consis-

'^ GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 11.


DERECHO DE SEGUROS 189

tente en que la Ley de Seguros (art. 3°) ha incorporado una concepción subjetiva de
la posibilidad para el supuesto de contrato de seguro cuya duración material com-
prenda un período anterior a su celebración, en tanto lo invalida si para entonces "el
asegurador conocía la imposibilidad de que ocurriese el siniestro o el tomador co-
nocía que se había producido". Como se advierte, se retrotraen los efectos del contrato
al garantizarse las consecuencias dañosas de eventos verificados aunque ignorados por
las partes, lo que significa que si bien queda excluido el carácter futuro del evento,
subsiste (al tiempo de conclusión del contrato) la incertidumbre en punto a su ve-
rificación, lo que implica que el negocio conserva su condición de aleatorio.

162. El evento
El evento cuya posibilidad de realización se traduce enriesgoy cuya efectiva y
concreta verificación constituye el siniestro, es un hecho que pertenece al mundo de las
percepciones (sensible), un hecho constatable y susceptible de provocar un daño.
La expresión "susceptible de provocar un daño" significa que el evento (futu-
ro e incierto) debe portar aptitud para causarlo o que puede llegar a constituir una
pérdida económica.
La realización del hecho debe ser incierta o fortuita, en el sentido de que no de-
pende de la intención o de la voluntad del asegurado, pues precisamente es él quien
se halla sometido a la amenaza del hecho previsto en el contrato. Y esto se predica
del carácter aleatorio del contrato de seguro, dado que "sus ventajas o pérdidas para
ambas partes contratantes, o solamente para una de ellas, dependan de un aconte-
cimiento incierto" (art. 2051, Cód. Civ.) '3.

163. Caracteres del riesgo


Se trata de un elemento constitutivo o esencial del contrato de seguro pues sin
su presencia, al tiempo de su perfeccionamiento, el contrato carece de validez (art.
3°-, L.S.).
El riesgo debe ser real pues aun cuando su verificación sea aleatoria subsiste,
sin embargo, la posibilidad de su realización.
La incertidumbre está referida no sólo a la realización del riesgo asegurado (si-
niestro), como por ejemplo la destrucción de una cosecha por helada o el incendio del
inmueble, sino a la fecha de sobreveniencia de un evento cierto en sí mismo como lo
es la muerte, a tal punto que en el seguro de vida para el caso de muerte, la aleatoriedad
está referida al lapso durante el cual deberán seguirse pagando las primas '4.
El riesgo asegurado debe recaer sobre cualquier interés asegurable lícito
(art. 23, L.S.).
1-1

BiGOT, J., "Assurances de responsabilité: les limites du risque assurable", Revue Genérale des
Assurances Terrestres, París, avril-juin 1978, págs. 169 y sigs.
"^ LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 308, pág. 223.
190 RUBÉN S. STIGLITZ

Debe ser incierto (eventual), ya sea el acontecimiento mismo o la realización


del riesgo, o la oportunidad (momento) en que se verifique, cuando sea cierto su
acaecimiento (muerte) i'.

164. La determinación del riesgo asegurado


Si, por definición, el riesgo es la posibilidad de realización de un evento suscep-
tible de producir un daño (siniestro) previsto en el contrato, va de suyo que, en el marco
de la autonomía de la voluntad y de las normas legales imperativas y relativamente im-
perativas, las partes deberán acordar la determinación delriesgocubierto.
En efecto, el interés asegurado no es factible de hallarse amparado bajo cual-
quier circunstancia o causa (en todos los casos), sin límites temporales, o en cualquier
lugar en que se halle o ubique. Por el contrario, se hace necesario delimitar el riesgo
causal, temporal y espacialmente 's.
Tampoco es factible el amparo de todos los eventos susceptibles de provocar
daño, ni que un mismo contrato garantice indeterminadamente la totalidad de los
riesgos a que se halla sometido un interés económico lícito. Lo expresado pone de
manifiesto la necesidad de que se individualice el riesgo asegurado.
La individualización y la delimitación constituyen o integran lo que se enun-
cia como la determinación del riesgo asegurado i^.
A su vez, la delimitación del riesgo se debe realizar desde perspectivas que
atiendan a su causa y a su individualización en el tiempo y en el espacio.

165. La determinación del riesgo (continuación). La delimitación


causal, temporal y espacial
En efecto, una vez individualizado, el riesgo debe ser delimitado. Ello signi-
fica que, al momento del perfeccionamiento del contrato, deben identificarse los
hechos (antecedentes) que puedan realizar el riesgo y, con ello, generar la obliga-
ción principal a cargo del asegurador is.
El riesgo debe ser delimitado desde una triple perspectiva: causal, temporal y
espacial.
Causalmente porque, por ejemplo, el orden jurídico y laregla moral se oponen
a la cobertura del siniestro verificado por dolo del asegurado (delimitación causal
subjetiva) i'.

'^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 8, pág. 511.


'* CNCom., Sala A, 16-XII-1992, "Steimbrecher, R. c/La Buenos Aires Cía. Arg. de Seguros"
(inédito).
'^ DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 316, pág. 144.
'^ GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 144.
El siniestro potestativo descarta la cobertura de los siniestros voluntarios, los provocados vo-
luntariamente por el asegurado.
DERECHO DE SEGUROS 191

Debe ser delimitado temporalmente porque, por ejemplo, se trata de un con-


trato donde la vigencia (duración del contrato) porta una especial significación, a
tal punto que debe ser especificada en la póliza (art. 11, L.S.), pues la garantía ase-
gurativa opera con relación a los siniestros acontecidos durante el plazo de dura-
ción material.
Y debe ser delimitado espacialmente pues, por ejemplo, la garantía compro-
metida por el asegurador queda acotada a los siniestros verificados en el país, salvo
convención en contrario.

166. Declaración del riesgo. Noción y objeto


Un primer paso tendiente a la correcta determinación del riesgo lo constituye
la declaración del mismo por parte del asegurando o asegurable 20, y que tiene por
objeto individualizarlo y delimitarlo.
Declarar el riesgo importa informar sobre su estado o situación, describirlo de
manera tal que permita al asegurador una correcta evaluación, todo ello dentro de los
límites de la información de que dispone el asegurable 21.
Por lo demás, es la auténtica referencia que eventualmente habrá de conside-
rarse al tiempo de confrontar el estado del riesgo al momento del perfeccionamien-
to del contrato, con la agravación del mismo 22.
Como se repara, la descripción del riesgo constituye una actividad informati-
va en etapa precontractual y útil al asegurador en punto a la apreciación de su en-
tidad, de sus posibilidades de verificación, para disponer por anticipado las obliga-
ciones eventuales y, de entre ellas, la fijación de la prima, etcétera, y que le
permiten decidir la asunción o el rechazo del mismo.

167. Función que cumple la determinación del riesgo.


La extensión del riesgo y la interpretación restrictiva
de las cláusulas del contrato
La importancia de la determinación del riesgo se halla constituida por la fun-
ción que ella cumple en el contrato, desde que a partir de aquélla es factible iden-

20
Docentemente cabe señalar que las expresiones empleadas en el texto son intercambiables y
que identifican al sujeto titular de un interés antes del perfeccionamiento del contrato. Concluido el
mismo, la expresión que lo individualiza es la de asegurado.
El deber de información recíproco es motivo de análisis en el Cap. XI. Específicamente nos
referimos al deber de declarar el riesgo en el Cap. XVIII.
Precisamente por lo expuesto en el texto, volveremos sobre la cuestión al analizar en el Cap.
XXVI lo relativo a la carga de denunciar la agravación del riesgo, donde habremos de detenemos en
lo relativo a la importancia de una correcta declaración y descripción del riesgo, al contenido de la
misma, a la función que cumple en el "iter contractual" y a los sistemas de declaración, adonde remi-
timos al lector.
192 RUBÉN S. STIGLITZ
tificar cuál es el riesgo asegurado sobre el que operará la garantía comprometida
por el asegurador y cuál es el evento al que se halla subordinada su obligación 23.
El asegurador sólo se halla obligado a resarcir un daño o cumplir la prestación
convenida si ocurre el evento previsto (art. 1-, L.S.) en el marco de un riesgo debi-
damente determinado.
Por ello la enumeración de los riesgos y la extensión de la cobertura debe apre-
ciarse literal, restrictiva o limitativamente 24, por lo que no es admisible la interpre-
tación analógica ni extensiva de la póliza para determinar (ampliar o restringir) el
riesgo asegurado 25, dado que ampliar la garantía asegurativa produciría un grave
desequilibrio en el conjunto de sus obligaciones, específicamente en la necesaria
relación de equivalencia entre riesgo y prima 26.

168. Extensión del riesgo e interpretación de las cláusulas ambiguas


Distinta es la situación cuando la redacción de la cláusula predispuesta por el
asegurador, dada su ambigüedad, ofrece dudas en punto a la extensión de su garan-
tía. En ese caso la interpretación del contrato debe favorecer ("se hará en sentido
más favorable") al asegurado (art. 37, ley 24.240), trasladándose al asegurador
(predisponente) las consecuencias que derivan no sólo de la imprecisión o vague-
dad empleados en el lenguaje y en los conceptos, sino porque asumió (autoría) los
riesgos de la redacción de la póliza en su condición de profesional y bajo la presun-
ción irrefragable de contar con experiencia y aptitud técnica 27. Ello presupone que

^^ Cám. Com. Cap., 30-IX-1939, "Rimoldi, Testa, Garelli y Cía. c/La Rolando Sud Americana",
L.L., 20-615; CNCom., Sala B, 13-11-1991, "Assaneo, L. c/Hermes Cía. de Seg." (inédito).
^'^ CNCom., SalaC, 3-X11-1969, "Pelolio, R. c/Cosmos Cía. de Seg.", L.L., 138-864; Cám. Civ.
y Com. Morón, Sala 2S 13-111-1984, "Marconetto, A. c/Consorcio", JA., 1985-111-401; CNCom.,
Sala C, 17-V-1984, "Bourre, J. c/Arco Iris Coop. de Seg." (inédito); CNCom., Sala D, 14-V-1986,
"Franco Monges, G. c/Ruta Coop. de Seg." (inédito); CNCom., Sala E, 5-1X-1986, "Transporte San
Eduardo c/Ruta Coop. de Seg." (inédito); CNCom., SalaB, 24-1V-1992, "Larocca, R. c/Auxilio Fa-
miliar Coop. de Seguros" (inédito); S.C. Mendoza, Sala I-, 8-Xl-1996,"Maggi,L. c/Maggi,0.",//l.,
1997-111-561; CNCiv., Sala M, lO-V-1995, "Berlari, N. c/Omega Coop. de Seg.", J.A., 1998-I-síntesis.
^^ CNCom.,SalaB,22-Xll-1965,"ManufactaraAlgodonerac/PatriaComp.deSeg.",L.L., 122-360;
J.A., 966-11-164; CNCom., Sala C, 3-X11-1969, "Pelolio, R. c/Cosmos Cía. de Seg.", LL, 138-864;
CNCom., Sala A, 27-111-1981, "Petmzzi, R. c/Suiza Argentina Cía. de Seguros" (inédito); CNCiv., Sala
M, lO-V-1995, "Berlari, N. c/Omega Coop. de Seguros", LL, 1997-F-986, jurisp. agrup., caso 12.239;
C.S.J.N., 6-X1I-1994, "Berlari, N. c/Omega Coop. de Seg.", J.A., 1995-11-650; S.C. Mendoza, Sala
I, 26-X11-1996, "Herrera, V. c/Portillo, N.", LL, 1997-C-994, jurisp. agrup., caso 11.545.
^^ Cam. Civ. y Com. Morón, Sala 2^ 13-111-1984, "Marconetto, A. c/Consorcio", J.A., 1985-111-
401; CNCom., Sala B, 24-IV-1992, "Larocca, R. c/Auxilio Familiar Coop. de Seguros" (inédito);
S.C. Mendoza, 21-X1I-1995, "Triunfo Coop. de Seg. c/Interguglielmo, V.", LL, 1996-D-182.
^^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 34, pág. 543; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Derechos y
Defensa del Consumidor, La Rocca, Buenos Aires, 1994, pág. 314; CNCom., Sala B, 24-III-1972,
"D. A.C.S. A. Distribuidora Argentina de Comestibles c/Los Andes Cía. de Seg.", Revista Derecho de Se-
guros, nro. 4, La Plata, 1972, pág. 153; CNCiv., Sala M, lO-V-1995, "Beriari, N. c/Omega Coop. de
Seg.",7.A.,1998-I-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 193

es el asegurador quien se encuentra en mejores condiciones para fijar con la mayor


precisión y de manera indubitada la extensión de sus obligaciones ^s.

169. La individualización del riesgo y la licitud del objeto


En principio, la individualización del riesgo asegurado se remite al contenido
contractual, con la limitación emergente de la licitud de su objeto. Esta se halla su-
bordinadaa su conformidad con el ordenamiento jurídico. De suerte tal que nos ha-
llaremos frente a un objeto contractual ilícito (seguro ilícito) cuando sea contrario
al ordenamiento jurídico.
La ilicitud del objeto puede hallarse motivada en distintas razones, como por
ejemplo que contraríe una norma imperativa o relativamente imperativa, o una pro-
hibición legal, o que infrinja principios jurídicos como, por ejemplo, el orden pú-
blico, la moral y las buenas costumbres, cuya sanción es la nulidad, de conformidad
a lo previsto por el artículo 21 del Código Civil 29.
Por lo demás, al definirse el objeto del contrato de seguro se afirma que puede
serlo toda clase de riesgos si existe interés asegurable, salvo prohibición expresa de
laley(art. 2^L.S.).
Y, a su tumo, en el capítulo referente a los seguros de daños patrimoniales se
establece que puede ser objeto de estos seguros cualquier riesgo si existe interés
económico lícito de que un siniestro no ocurra (art. 60, L.S.). Sin perjuicio de estas
dos disposiciones, la cuestión halla su regulación genérica en los artículos 953 y
1167 del Código Civil 3", en cuyo caso se hace operativa la sanción ("son de ningún
valor") prevista por el artículo 18 del mismo Código.

170. La individualización o determinación del riesgo a través


de denominaciones o de indicaciones positivas o negativas.
Las exclusiones de cobertura directas o indirectas
La individualización del riesgo tiene por objeto limitar la extensión de la co-
bertura. Es factible realizarla mediante denominaciones o indicaciones positivas o
mediante exclusiones a la garantía comprometida por el asegurador. La denomina-
ción del riesgo es genérica (incendio, robo, accidente, deceso) y se la toma especí-
fica a través de la individualización del interés asegurable. Y viene combinada con
un enunciado de eventos y circunstancias excluidos de cobertura 3i.

28
CNCom., SalaC, 17-V-1984, "Bourre, J. c/Arco Iris Coop. de Seg." (inédito).
SxiGLrrz, R. S., Objeto, Causa..., cit., págs. 43 y sigs.
^° HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 24, pág. 529.
^' ViRET, B., "Les clauses..." cit., nro. 5, pág. 398; S.C. Mendoza, 21-XII-1995, "Triunfo Coop.
de Seg. c/Intraguglielmo, V.", LL, 1996-D-182; D.J., 1996-1-872.
194 RUBÉN S. STIGLITZ
a) Descripción de la cobertura
Las indicaciones positivas consisten en un enunciado o en una descripción o
en la denominación de los riesgos cubiertos o asumidos por el asegurador, lo que
presupone que no se halla garantizado por el contrato de seguro todo aquello que
no está enunciado afirmativamente como cubierto.
Por ejemplo, en el seguro automotor uno de los riesgos cubiertos lo constituye
la responsabilidad civil en que incurra el asegurado "debidamente habilitado" para
conducir una categoría específica de vehículo.
La hipótesis expresada constituye una cobertura expresada positivamente.

b) Exclusiones de cobertura implícitas o indirectas


La llamada exclusión indirecta de cobertura tiene lugar cuando la hipótesis no
integra el marco conceptual en que el riesgo está definido. Se trata de supuestos que
implícitamente contrarían las indicaciones positivas.
Siguiendo el ejemplo anterior, implícita o indirectamente, se halla excluida la
garantía por las consecuencias dañosas derivadas de la responsabilidad civil en que
incurra el asegurado "no habilitado" para conducir la referida categoría específica
de vehículo 32.
Así, en el primer caso, en el de las "indicaciones positivas consistentes en un
enunciado de los riesgos cubiertos por el asegurador", los supuestos de no seguro, en
ocasiones, surgirán implícita o indirectamente en razón de haber indicado el asegura-
dor, con precisión, "la índole, magnitud y extensión del riesgo que se compromete a
cumplir, de modo tal que de la propia fórmula empleada por él, resulta la exclusión
de todos los riesgos que no se ajusten a las determinaciones indicadas en ella" 33.
O, dicho de otro modo, la exclusión indirecta tiene lugar cuando la hipótesis
excluida no integra el marco conceptual en que el riesgo está definido, ya que al pre-
cisar el asegurador el riesgo tomado a su cargo, queda acotada la frontera de la ga-
rantía, fuera de cuyos límites el siniestro no halla cobertura 34.
Por ejemplo, en la póliza de seguro colectivo de vida se afirma que se consi-
deran asegurables a la fecha de emisión de la póliza todos aquellos empleados del
contratante que se encuentren en servicio activo en dicha fecha, de donde implíci-
tamente se hallan fuera del marco del riesgo asegurativo, quienes no sean emplea-
dos del contratante o que no se hallen en servicio activo a la fecha de comienzo for-
mal (emisión de la póliza) del contrato.

^^ CNCiv.,SalaM, 10-V-1995,"Berlari,N. c/OmegaCoop.deSeg.",L.L., 1997-F-986,jurisp.


agrup.,caso 12.241.
^^ FONTANARROSA, R., "El régimen...", cit., pág. 36.
^'^ CNCiv., Sala M, lO-V-1995, "Berlari, N. c/Omega Coop. de Seg.", JA., 1998-I-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 195
c) Exclusiones de cobertura directa o negativas
Otro modo de individualización del riesgo se halla constituido por un elenco
de indicaciones negativas denominadas exclusiones de cobertura, no seguro o no
garantía, que deberán resultar de condiciones de póliza, generales o particulares,
que, redactadas en términos inequívocos, expresamente enuncien de modo descrip-
tivo los supuestos que carecen de cobertura asegurativa 35.
De allí que se tenga decidido que los beneficios que derivan de un seguro "no
pueden ser quitados" sino en virtud de una cláusula expresa al respecto 36.

171. La individualización del riesgo (continuación). Elementos


que contribuyen a la misma. El principio de especificidad
y su interpretación
Un elemento fundamental que viene en auxilio de la individualización del
riesgo es la naturaleza del evento susceptible de dañar contra el cual se toma un se-
guro, como, por ejemplo, el incendio, el robo, la responsabilidad civil, etcétera.
Otro elemento que contribuye a la individualización del riesgo lo constituye
la identificación (fijación) del interés asegurado, ya se trate de seguros de daños pa-
trimoniales o seguros de personas ".
En síntesis, se advierte que el riesgo cubierto y el excluido portan un denomi-
nador común: ambos se hallan o deben hallarse descriptos, aun cuando los supues-
tos de "no seguro" deban, en ocasiones, identificarse implícita o indirectamente.
En ese sentido se tiene decidido que "tanto por constituir excepciones al
principio general, como por su naturaleza descriptiva de los límites de las situa-
ciones amparadas por el seguro, las cláusulas de exclusión de cobertura responden
al principio de especificidad que informa toda la temática de la descripción del
riesgo. En consecuencia, no corresponde ampliar o restringir el riesgo por ana-
logía, razón por la cual debe considerarse amparado todo supuesto que resulte
comprendido en la descripción general del riesgo, excepto aquellos casos expresa-
mente excluidos" 38.

^^ S. T. Misiones, 13-IV-1998, "Acosta, F, c/Casola, R.", L.L., 1999-F-794 (42.234).


^^ CNCiv., Sala H, 26-XII-1996, "Herrera, V. c/Portillo, N.", L.L., 1997-C-994, jurisp. agrup.,
caso 11.545; CNCom., Sala A, 29-V-1996, "Curtiembres Fonseca S.A. c/LaHolando Sudamericana
Cía. de Seg.", JA., 1997-1-569; S.C. Mendoza, Sala l^ 8-XI-1996, "Maggi, L. c/Maggi, O.", JA.,
1997-III-561.
37
SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Comentario..., cit., pág. 114.
^^ S.C. Mendoza, Sala I, 8-XI-1996, "Maggi, L. c/Maggi, O,", L.L., 1997-F-986, jurisp. agrup.,
caso 12.240; J.A., 1997-III-561; CNCiv., Sala M, lO-V-1995, "Berlari, N. c/OmegaCoop. de Seg.",
JA., 1998-I-síntesis.
196 RUBÉN S. STIGLITZ

172. La duda sobre la extensión del riesgo


En ocasiones, las cláusulas de autonomía, se trate de condiciones generales,
específicas o particulares que contengan exclusiones de cobertura, no se hallan re-
dactadas con precisión, no son claras y, por ello, su interpretación es dudosa. En ese
caso prevalece el criterio que sostiene que en caso de duda sobre la extensión del
riesgo debe estarse por la obligación del asegurador 39.

173. La individualización del riesgo (continuación).


El principio general: "se hallan cubiertos los siniestros
que no están excluidos". La excepción; los siniestros
imperativamente excluidos
Tal como el tema está siendo referido, podría extraerse un principio general
consistente en que, una vez debidamente determinado el riesgo, se hallan cubiertas
todas aquellas hipótesis que no hayan sido excluidas indirectamente o directamente
a través de un elenco o enunciado de supuestos de "no seguro".
Sin embargo, lo expresado requiere de algunas precisiones con las que habrá de
concluirse que, en ocasiones, se hace menester incluir expresamente la cobertura de de-
terminados siniestros, pues de no hacerlo, aunque no se hallen excluidos convencional-
mente, lo están preceptivamente. Nos referimos a los siniestros imperativamente exclui-
dos de cobertura, aunque se admita su cobertura por convención en contrario, por
ejemplo, porque la exclusión se halla contenida en una norma relativamente imperativa.
A título de ejemplo, si el riesgo debidamente determinado se halla constituido
por la responsabilidad civil en que incurra el escribano en el ejercicio de la función
notarial, la circunstancia de que las acciones u omisiones del asegurado en que haya
incurrido con culpa grave no se hallen integrando el elenco de exclusiones de co-
bertura, por si sólo no importa que se hallen cubiertos.
Y el fundamento está dado en que el artículo 114, Ley de Seguros, establece
que "el asegurado no tiene derecho a ser indemnizado cuando provoque... por culpa
grave el hecho del que nace su responsabilidad".
Y precisamente el artículo 114, Ley de Seguros, es una norma "relativamente
imperativa" de estar a los términos de la cuádruple clasificación que resulta del ar-
tículo 158, Ley de Seguros 4o.
Ello significa la posibilidad cierta y real de que las partes acuerden que la ga-
rantía asegurativa se extiende a los siniestros verificados con culpa grave. Si es así,
corresponde incluirlos como integrando la determinación del riesgo, ya que, de no
hacerlo, aunque no se hallen excluidos convencionalmente, lo estarán preceptiva-
mente (art. 114, L.S.).

CNCom., Sala A, 29-V-1996, "Curtiembres Fonseca S.A. c/La Helando Sudamericana Cía.
de Seg.", JA., 1997-1-569; CNCiv., Sala M, lO-V-1995, "Berlari, N. c/Omega Coop. de Seg.", JA.,
1998-I-síntesis.
'*° Vid. infra. Cap. XV ("Contenido del contrato"), parágs. 342 y 345.
DERECHO DE SEGUROS 197

174. La determinación del riesgo y su oponibilidad a terceros.


La cuestión en el seguro contra la responsabilidad civil
a) En razón de que los contratos no pueden ser invocados por terceros (art.
1199, Cóá. Civ.), todas las hipótesis de delimitación del riesgo les son oponibles.
En el sentido indicado, se tiene expresado, a título de ejemplo, que es oponible a ter-
ceros la cláusula contractual de exoneración de responsabilidad por la cual el ase-
gurador no toma a su cargo los siniestros ocurridos por infracción a las leyes y re-
glamentos sobre seguridad e higiene y sobre el régimen legal de trabajo de mujeres
y menores, pues —^tiene expresado la Corte Suprema de la Nación— no hay razón
legal para limitar los derechos del asegurador prescindiendo de los términos del
contrato de seguro, que la ley reconoce como fuente de la obligación y al que se ha-
lla circunscripto el alcance de su responsabilidad ^i.
b) Lo propio acontece con el seguro contra la responsabilidad civil, cuestión
sobre la que volveremos infra (parág. 199). En efecto, sobre la cuestión se tiene de-
cidido que si bien el seguro de responsabilidad civil prevé la reparación del daño
producido a terceros, ésta nunca puede superar la cuantía o medida del seguro.
Por tanto, le son oponibles al tercero o, si se prefiere, le afectan o se halla en-
marcado, por determinadas estipulaciones negociales, aunque haya sido ajeno a la
celebración del negocio o ^z, precisamente, por haber sido extraño al mismo.
En ese sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de la Nación, al decidir
que "es oponible a terceros la cláusula contractual de exoneración de responsabi-
lidad por la cual la aseguradora no toma a su cargo los siniestros ocurridos por in-
fracción a las leyes y reglamentos sobre seguridad e higiene y sobre el régimen le-
gal de trabajo de mujer y menores, pues no hay razón legal para la limitar los
derechos de la aseguradora prescindiendo de ios términos del contrato de seguro,
que la ley reconoce como fuente de la obligación y al que se halla circunscripto el
alcance de su responsabilidad" 43.

175. La exclusión de cobertura y su diferencia con la cláusula


limitativa de responsabilidad
Como quedó expresado, la exclusión de cobertura importa un supuesto de li-
mitación delriesgo.La hipótesis no integra las previsiones contenidas en el contrato,
por lo que el asegurador no se halla obligado a garantizarla ni el asegurado dispone
de un derecho a exigir el resarcimiento de un daño o una prestación previamente

"" C.S.J.N.,27-XII-1996,"Tarante,C.c/EluplastS.R.L.",L.L.,1997-C-995,jurisp.agrup.,caso

'^^ CNCiv., Sala H, 26-XII-1996, "Herrera, V. c/Portillo, N.", L.L., 1997-C-995, jurisp. agrup.,
caso 11.556; S. T. Misiones, 13-IV-1998, "Acosta, F. c/Casola, R.", L.L., 1999-F-794, 42-234-S,
"^^ C.S.J.N., 27-XII-1996, 'Tarante, C. c/Eluplast", L.L., 1997-C-995, jurisp. agrup., caso
198 RUBÉN S. STIGLITZ

convenida (art. 1°, L.S.)- El evento no ha sido cubierto por el asegurador, no ha sido
tomado a su cargo, ni percibió prima por garantizarlo 'M.
La exclusión de cobertura implica una manifestación negocial por la que, ex-
plícita o implícitamente, el asegurador expresa su decisión de no tomar a su cargo,
no cubrir, no garantizar, las consecuencias derivadas de la realización del riesgo.
En ese caso, el riesgo se halla formalmente fuera de la garantía comprometida
por el asegurador. En síntesis, habrá riesgo excluido o evento no cubierto todas las
veces que el siniestro se verifique en circunstancias que el contrato las prevea como
no idóneas para hacer funcionar la cobertura asegurativa 45.
A su vez, la cláusula limitativa o exonerativa de responsabilidad es aquella
que tiene como propósito eliminar total (exonerativa) o parcialmente (limitativa) la
obligación de reparar y, consecuentemente, el derecho del damnificado a exigir el
resarcimiento. En suma, liberan o atenúan la obligación del deudor ^s.
Se halla contenida en un contrato e importa una renuncia, antes de verificarse
el daño, a los derechos de ejercer una pretensión reparatoria 47.
De lo hasta aquí expresado surge que la responsabilidad civil objeto de la cláu-
sula exonerativa o limitativa alude al hecho humano, voluntario e ilícito generador
de daños resarcibles a terceros, sin consideración al factor de atribución, naturaleza
o fuente de responsabilidad.
Ello significa que una cláusula de póliza o una norma legal por la que un de-
terminado evento queda excluido de cobertura es tema atinente a la delimitación
del objeto (riesgo) contractual. La exclusión de cobertura es tema que atiende a la
"materia de que trata" el contrato.
Y esta cuestión es distinta a la cláusula exonerativa o limitativa de responsa-
bilidad (en su acepción técnica) 48, que es capítulo inherente a los efectos (obliga-
ciones) del contrato.
La referida distinción conceptual es útil a los fines de evitar toda confusión,
conceptual o terminológica, entre una cláusula de exclusión de cobertura y una
cláusula limitativa de responsabilidad civil.

'^ PICARO, M . - BESSON, A.,LesAssurances...,cn.,T. 1, nro. 125, pág. 210; FONTANARROSA, R.,
"El régimen...", cit., nro, 1, pág. 36; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. I, nro. 7, pág. 383, SriGLrrz, R. S. -
STIGLITZ, G. A.. Contrato de Seguro, cit., nro. 14, pág. 117; CNCiv., Sala L, 26-V-1995, "Correa, M.
c/Carbonetto Kolin, D.", L.L., 1998-B-912, jurisp. agrup,, caso 12.430.
^^ CNCom., Sala B, 14-XI-1979, "Musante, J. c/La Agrícola Cía. de Seg.", L.L., 1980-D-160;
CNFed., Sala II, Civ. y Com., 22-VIII-1980, "Mata, A. c/Caja Nac. de Ahorro y Seg.", JA., 1981-1-
658; E.D., 91-143; CNCiv., Sala L, 26-V-1995, "Correa, M. c/Carbonetto Kolin, D.", LL, 1998-B-
912, jurisp. agrup., caso 12.431.
ROCA SASTRE, R. M., Estudios de Derecho Privado. Obligaciones y Contratos, T. I, R.D.P.,
Madrid, 1948, pág. 176; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro contra..., cit., nro. 6, pág. 25.
SAVATIER, R., Traite de la Responsabilité Civile en Droit Franfais, T. 11, L.G.D.J., Paris,
1951 nro. 659, pág. 238; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Contratos por Adhesión. Cláusulas Abu-
sivas y Protección al Consumidor, Depalma, Buenos Aires, 1985, nro. 64, pág. 114.
48
FANELLI, G., "Delimitazione del rischio assicurato e limitazione della responsabilitá", Assicu-
razioni, 1948-11, pág. 29.
DERECHO DE SEGUROS 199

176. La exclusión de cobertura (continuación). Examen


de sus fundamentos. Los criterios de razonabilidad
para su aplicación
Las exclusiones de cobertura, de fuente normativa o convencional, se carac-
terizan por describir la hipótesis o circunstancia en que el siniestro se halla fuera de
la cobertura asegurativa.
Con relación a las primeras, las de fuente preceptiva, puede afirmarse que su
contenido es variable y halla sustento en consideraciones:
a) subjetivas (vg., el dolo o la culpa grave del tomador o beneficiario [art. 70,
L.S.] o del asegurado [art. 114, L.S.], o simple culpa o negligencia del cargador o
destinatario [art. 127-3, L.S.], o el suicidio voluntario de la persona cuya vida se
asegura [art. 135, L.S.], o el maltrato o descuido grave al animal, provocado por
culpa grave del asegurado [art. 105, L.S.], etc.);
b) objetivas (vg., hechos de guerra civil o internacional, o motín o tumulto po-
pular, etc., [71, L.S.], o incendio o explosión causados por terremoto [arts. 86-1, y
100, inc. b], L.S.], o por vicio propio [arts. 66 y 127, L.S.]);
c) temporales (vg., daños a la explotación agrícola que sufra el asegurado en
una determinada etapa o momento de la explotación, tales como la siembra o cose-
cha, [art. 90, L.S.]).
También lo constituyen aquellas hipótesis referidas al plazo de duración ma-
terial del contrato, o sea desde y hasta cuándo se asumen los riesgos contratados,
por lo que, implícitamente, se hallan excluidos de cobertura los siniestros que no se
hayan verificado dentro del citado plazo (art. 11, L.S.);
d) espaciales (vg., daños en el seguro de transporte por viajes efectuados in-
necesariamente por rutas o caminos extraordinarios [art. 122, L.S.]).
Lo propio acontece con las exclusiones de cobertura que constituyen conteni-
do de reglas de autonomía (condiciones generales), en cuanto también detallan o
especifican las circunstancias o particularidades bajo las cuales el siniestro no halla
amparo asegurativo. En ocasiones reproducen los textos de la Ley de Seguros. En
el sentido indicado, hay exclusiones de cobertura comunes a todos los riesgos, sus-
tentadas en consideraciones subjetivas, concretamente las delimitaciones causales
(arts. 70,105,114,127-3, L.S.), y existen exclusiones que constituyen supuestos de
delimitaciones causales objetivas (vg., arts. 66, 127, 71, 86-1 y 100, L.S.).
Otras exclusiones de cobertura se hallan contenidas en condiciones de póliza
no sustentadas en normas legales. Pero subsisten con fundamento en las mismas
consideraciones, como ser:
a) subjetivas, a título de ejemplo, en el riesgo automotor, los siniestros produ-
cidos mientras sea conducido por persona no habilitada para una categoría determi-
nada de vehículo, como lo constituye a título de ejemplo la cláusula del contrato de
seguro por la cual no se indemnizan los siniestros producidos mientras el vehículo
es conducido por personas carentes de registro habilitante. Y ello en razón de que
se procura evitar que el automotor sea conducido por quien es inepto para ello, pues
200 RUBÉN S. STIGLITZ

de lo contrario se incrementaría anormalmente el riesgo, favoreciendo la protec-


ción patrimonial de una conducta generadora de severo peligro para la sociedad 49;
b) objetivas, a manera de ejemplo, en el riesgo de robo, las pérdidas o daños
sufridos cuando el siniestro se produzca como consecuencia de confiscación reali-
zada por la fuerza pública;
c) temporales, como lo es en el transporte marítimo y aéreo, los siniestros ve-
rificados antes de que el vehículo transportador se ponga en movimiento para la ini-
ciación del viaje;
d) espaciales, como lo constituye en el riesgo de transporte terrestre, cuando
el recorrido por tierra no sea el principal por su extensión o por rutas o caminos no
comunes; o en el riesgo automotor, cuando el siniestro se verifique fuera del terri-
torio de la República.
Existen condiciones de póliza que contienen hipótesis de exclusión de cober-
tura, fundadas en que los presupuestos de hecho del caso de no seguro configuran
una mayor probabilidad de producción de un siniestro 5o.
Estos supuestos, a su vez, se apoyan en circunstancias subjetivas y objetivas.
a) Son subjetivas aquellas exclusiones referidas a conductas a las que le son
inherentes una intensa probabilidad de verificación de siniestros, como, por ejem-
plo, lo constituye en el riesgo automotor que la unidad sea conducida por una per-
sona que carece de habilitación para hacerlo, o mientras el rodado tome parte en
certámenes o entretenimientos de velocidad. En el seguro de robo, cuando el delito
haya sido instigado o cometido por o en complicidad con personal jerárquico o em-
pleados del asegurado encargados del manejo o custodia de los valores.
b) Son objetivas las hipótesis de no seguro referidas a consecuencias dañosas aje-
nas a la conducta del asegurado, como ser, en cualquier riesgo, el hecho de huelga.

177. La relación causal entre la exclusión y el siniestro


y los criterios de causación y razonabilidad
Una cuestión relevante es determinar cuándo o bajo qué circunstancias se
hace operativa la exclusión de cobertura con relación al siniestro que se halla fuera
de garantía.
O dicho de otra manera, el presupuesto de hecho, tal como está expresado en
la póliza, no debe ser aplicado mecánica o rígidamente sino que corresponde adop-
tar un criterio que atienda a la razonabilidad de su adaptación al caso concreto.
Acontece que uno de los criterios de identificación del riesgo es el de la
causación.

"*' CNCiv., Sala H, 26-XII-1996, "Herrera, V. c/Portillo, N.", L.L., 1997-C-994, jurisp. agrup.,
caso 11.549; S. T. Misiones, 13-IV-1998, "Acosta, F, c/Casola, R.", LL, 1999-F-794 (42.234-S).
BARBATO, N., "Exclusiones a la cobertura en el contrato de seguro", E.D., 136-560.
DERECHO DE SEGUROS 201

La individualización del riesgo que atiende a la causa investiga cuál de las


condiciones, por su relevancia, debe considerarse causa, a los fines de determinar
si la misma está o no incluida entre los riesgos previstos en el contrato.
Nuestro Código Civil optó por el criterio de la causación adecuada (art. 906),
que requiere un nexo entre la acción antijurídica que se atribuye al agente y el re-
sultado dañoso de su obrar. De dicho nexo entre el antecedente y la consecuencia
(relación de causa a efecto) deviene la existencia y la extensión, grado o intensidad
de la atribución de responsabilidad. La contrapartida de la relación de causalidad
descansa en el caso fortuito o fuerza mayor, que pone de manifiesto que el daño pro-
viene de una causa ajena a la acción del agente al que se pretende responsabilizar.
A título de ejemplo, es común en la póliza de robo la inclusión de una cláusula
relativa a medidas de seguridad para valores depositados en locales. Por la misma
se establece que el asegurado debe contar, de acuerdo con determinados límites de
la suma asegurada, con una o más personas armadas con autorización de portación
de armas otorgada por la autoridad competente. Desde el punto de vista que nos ha-
llamos desarrollando pensamos que, más allá de que verificado un siniestro y com-
probado que la/s persona/s a cargo de la vigilancia del local portaba un arma sin ha-
llarse autorizado importa por sí un ilícito formal, este último tema no parece tener
adecuada relación con el robo de valores.
En efecto, la falta de autorización para la portación de armas se traduce en la
carencia de un documento que lo certifica, por lo que estimamos que la falta del
mismo no es una condición que haya concurrido a favorecer la realización del si-
niestro. Por el contrario, se trata de una condición extraña o indiferente al resultado.
En el sentido indicado, se ha decidido que "corresponde hacer lugar a la in-
demnización debida por el asegurador ante el acaecimiento de un robo a mano ar-
mada de mercaderías aseguradas (cueros vacunos), atento a que no obstante los ar-
gumentos esgrimidos por el asegurador de no asumir responsabilidad ante la
ausencia de guardias armados en forma permanente, al tiempo de producirse el si-
niestro, el damnificado (asegurado) había contratado a una empresa de seguridad
donde el personal de vigilancia tenía un sentido disuasivo por presencia y no para
el enfrentamiento a balazos, con peligro de dar muerte a los asaltantes o causarles
lesiones, colocándose los guardias en situación de delincuentes, toda vez que el he-
cho no se produjo por 'ausencia', no fue 'facilitado'" 5i.
Y precisamente la teoría de la causalidad adecuada afirma que sólo pueden ser
tomadas en cuenta aquellas consecuencias consideradas como posibles, idóneas o
apropiadas para la producción del resultado en circunstancias normales 52.

^' CNCom., Sala E, 29-VII-1994, "Lekeito S.A. c/La Buenos Aires Cía. de Seg." (inédito).
Carecer de autorización para la portación de armas no parece ser una condición que, según el
curso natural y ordinario de las cosas, sea idónea para producir, normal o regularmente, el resultado.
Racionalmente no se nos ocurre que el autor del hecho delictivo requiera del personal de vigilancia
la exhibición de la autorización para portar armas para decidir entonces si consuma o no el robo.
202 RUBÉN S. STIGLITZ

Un ejemplo contrario lo constituye la persona del conductor de un vehículo,


que carece de habilitación para conducir, aun "cuando se halle detenido ante un se-
máforo en rojo" y es embestido en la parte posterior por otro rodado. Y ello en razón
de que los términos de la relación de causa a efecto no están dados por la falta de
habilitación para conducir y el siniestro, sino por éste y la puesta ilícita en la vía pú-
blica del automotor dañado. Lo que queremos significar es que el eje de la cuestión
no radica sólo en la falta de la habilitación para conducir, sino en la puesta en el pa-
vimento del vehículo que participó en el siniestro por voluntad y decisión de quien
no se hallaba habilitado para conducirlo 53.

178. El riesgo y la invocación y carga de la prueba


de la exclusión de la cobertura
De lo expuesto precedentemente surge que la exclusión del riesgo se debe ha-
llar formalmente establecida por la ley o acordada en la póliza. Como recordamos,
la exclusión directa es aquella en que el asegurador, explícitamente y a través de
una fórmula negativa, declara no cubrir un siniestro. Pero, paralelamente a la limi-
tación directa del riesgo, existe la exclusión indirecta, que se halla constituida,
como ya quedó expresado, por aquellas hipótesis que no integran el marco concep-
tual del riesgo tal como ha sido definido.
Lo que significa que al precisarse (determinarse) el riesgo tomado a su cargo
por el asegurador, la exclusión opera como límite a su obligación y fuera de esos lí-
mites el siniestro no halla cobertura 54.
Lo expuesto significa que de producirse y denunciarse un siniestro excluido
de cobertura, sustancialmente el asegurador deberá pronunciarse acerca del dere-
cho del asegurado (art. 56, L.S.).
Si luego ello se transforma en un conflicto judicial, interesan las reglas a las
que deberán someterse las partes en orden a la invocación de los presupuestos de
hecho de las normas fundadoras de su derecho y de la distribución de la carga pro-
batoria.
A lo que queremos llegar es que, procesalmente, la exclusión de cobertura
opera como defensa o excepción en los términos del artículo 377-2 del Código Pro-
cesal Civil y Comercial de la Nación, por lo que incumbe al asegurador la carga de
la prueba del presupuesto de hecho obstativo al derecho del asegurado que deberá
invocar previa o simultáneamente.

En contra, BARBATO, N., "Exclusiones...", cit., pág. 566, cuando afirma que si el vehículo ase-
gurado está detenido ante un semáforo en rojo y es embestido en la parte posterior por otro rodado,
es evidente que ninguna relación causal ha tenido en la producción del accidente el hecho de que el
conductor cuente o no con registro habilitante para la conducción.
^* CNCiv., Sala A, 20-IV-1978, "Lezcano, G. c/Godoy, O.", E.D., 81-342; LL, 1978-C-465;
CNCiv., SalaR, 25-IV-1979, "Várela, A. cA^erón, N.", LL, 1980-D-765 (35.716-S); JA., 969-IV-52.
DERECHO DE SEGUROS 203

Procesalmente la exclusión de cobertura deberá ser alegada por el asegurador


como defensa (anterior al siniestro), y como quedó expresado, por tratarse de un he-
cho extintivo, la carga probatoria recae sobre él 55.
Si, a su tumo, el asegurado pretende que el siniestro integra el riesgo asegu-
rado, deberá probar los presupuestos de hecho de la norma constitutiva o fundadora
que le resulte favorable, con los que logrará neutralizar así la exclusión de cobertura
alegada por el asegurador se.
En ese sentido, se ha decidido que la defensa fundada en que el vehículo que
protagonizó el accidente era un remís, si bien tomó un seguro para vehículo de uso
particular, resulta extemporánea por tratarse de una defensa sustancial que debió
oponerse al contestar demanda 5^.

179. La delimitación causal subjetiva. El dolo y la culpa grave


del asegurado
Las delimitaciones causales subjetivas se inspiran, predominantemente, en
motivos morales o de orden público. Ello presupone que se hallan contenidas en
normas imperativas y, por tanto, no son factibles de ser sustituidas en su aplicación
por normas de autonomía que las contradigan.
Sus supuestos se hallan regulados en normas legales imperativas, fundadas en
que proceden de una causa ilícita (dolo del asegurado), en la acentuada intensidad
de la culpa incurrida (culpa grave del asegurado), o en la ilicitud de la actividad del
asegurado 5^.
Por tratarse de hipótesis de delimitación causal subjetiva (perteneciente o re-
lativo al sujeto), queda acotada a la persona del asegurado, pues sólo a ella se re-
fiere el texto legal que, por naturaleza, es norma relativamente imperativa, pues
sólo es modificable por convención de partes cuando lo sea en favor del asegurado
(art. 158, L.S.).

^^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 34, pág. 543; STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro
contra..., cit., nro. 88, pág. 165 y nro. 323, pág, 661; Cám. 4^Civ, y Com. Córdoba, 10-XII-1968, "On-
tivero, J, c/La Economía Comercial", L.L., 137-754 (22.806-S); J.A., 969-3-780; Cám. Apel. Civ. y
Com. Rosario, Sala III, 6-VII-1970, "Olguín, E. c/Industria y Comercio", LL, 142-562 (26.023-S);
CNCom., Sala D, 5-VIII-1981, "Mondino de Cosmas, A. c/Posse, A." (inédito); CNCiv. y Com. Fed.,
Sala I, 13-IV-1984, "Servicio de materiales de las FF.AA. de la Rea. de China c/La Continental Cía.
de Seguros", J.A., 1985-1-228; CNCiv.. Sala I, 3-X-1996, "Olea de Barrera, M. c/Alonso, R.", LL,
1997-F-970, jurisp. agrup., caso 12.123.
^^ STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro contra..., ál, nro. 173, pág. 347; CNFed., Sala Civ.
y Com., 13-11-1967, "Hilmesa S.A. c/Amparo Cía. de Seguros", E.D., 1967-19-553; CNCom., Sala
B, 30-VI-1983, "Giúdice, L. c/Líder Cía. de Seg.", J.A., 1984-III-311.
" CNCiv., Sala A, 4-XI-1994, "Raso de Astegiano, M. c/Ruiz, M.", J.A., 1996-IV-síntesis.
Las hipótesis incluidas en el texto apuntan a la moralización del riesgo (BIGOT, J., Assuran-
ce.-., cit., pág. 171). Obsérvese que el siniestro provocado intencionalmentepor el asegurado suprime
la incertidumbre, o sea, precisamente lo que atribuye el carácter aleatorio al contrato, pues el alea es
inherente al seguro.
204 RUBÉN S. STTGLITZ

En consecuencia, los supuestos de delimitación causal subjetiva (dolo o culpa


grave) no son factibles de ser extendidos a otro sujeto que no sea al que se refiere
la norma jurídica s^.
La Ley de Seguros contiene en el capítulo destinado a los seguros de daños pa-
trimoniales, una disposición (art. 70) que constituye un supuesto de delimitación
subjetiva del riesgo y que se expresa así: "El asegurador queda liberado si el toma-
dor o el beneficiario provoca el siniestro dolosamente o por culpa grave...". Aná-
logamente, en la Sección XI de la ley 17.418, donde se disciplina el seguro contra
la responsabilidad civil, se dispone: "El asegurado no tiene derecho a ser indemni-
zado cuando provoque dolosamente o por culpa grave el hecho del que nace su res-
ponsabilidad" (art. 114, L.S.).
Otro ejemplo de delimitación causal subjetiva, de fuente legal, lo constituye
en el seguro de mortalidad animal la pérdida del derecho del asegurado a ser indem-
nizado si ha maltratado o descuidado gravemente al animal o por culpa grave, es-
pecialmente si, en caso de enfermedad o accidente, no recurrió a la asistencia ve-
terinaria (art. 105,L.S.).
Otras hipótesis de delimitación causal subjetiva, de fuente legal, lo constitu-
yen "el suicidio voluntario de la persona cuya vida se asegura" (art. 135, L.S.); y en
el seguro sobre la vida de un tercero, si la muerte ha sido deliberadamente provo-
cada por un acto ilícito del contratante (art. 136, L.S.).
En consecuencia de lo expuesto, es posible afirmar que el sistema legal vigen-
te admite la garantía aseguradora de hechos: (a) provenientes del asegurado siem-
pre y cuando no hayan sido provocados por dolo o por su culpa grave, salvo con-
vención en contrario (art. 158-3, L.S.); (b) de hechos de terceros (incluso de
aquellos por los que el asegurado debe responder) aun dolosos, en tanto constituyen
caso fortuito para el asegurado.

180. Las delimitaciones causales objetivas


Las delimitaciones causales vinculadas a la naturaleza del evento o a su causa
en ocasiones están disciplinadas por la Ley de Seguros con relación a los seguros
de daños patrimoniales (arts. 66 y 71); particularmente en el seguro de incendio (art.
86, L.S.); en el seguro de mortalidad (art. 100); en el seguro de transporte (art. 127-1,
L.S.); y en otros casos en las pólizas.
Por el artículo 66, Ley de Seguros, se establece que "el asegurador no indem-
nizará los daños o pérdidas producidos por vicio propio de la cosa, salvo pacto en
contrario. Si el vicio hubiese agravado el daño, el asegurador indemnizará sin in-
cluir el daño causado por el vicio, salvo pacto en contrario".
El artículo 71, Ley de Seguros, hace referencia a los denominados riesgos ex-
traordinarios o catastróficos: "El asegurador no cubre los daños causados por he-

STIGLFFZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., "Naturaleza de las cláusulas predispuestas. La teoría general


del contrato y las soluciones concretas", JA., 1989-1-57.
DERECHO DE SEGUROS 205

ches de guerra civil o internacional, o por motín o tumulto popular, salvo conven-
ción en contrario".
En el seguro de incendio se delimita objetivamente el riesgo a través de la si-
guiente fórmula: "El asegurador no responde por el daño si el incendio o la explo-
sión es causado por terremoto..." (art. 86, L.S.).
El seguro de mortalidad no comprende, salvo pacto en contrario, los daños:
"a) Derivados de epizootia o enfermedades por las que corresponda al asegurado un
derecho a indemnización con recursos públicos, aun cuando el derecho se hubiera
perdido a consecuencia de una violación de normas sobre policía sanitaria; b) Cau-
sados por incendio, rayo, explosión, inundación o terremoto..." (art. 100, L.S.) 6o.
En el seguro de transporte se incluye una hipótesis específica de delimitación
causal objetiva: "El asegurador no responde por el daño debido a la naturaleza in-
trínseca de la mercadería, vicio propio..." (art. 127, L.S.).

181. El vicio propio


Se trata de un supuesto de delimitación objetiva, dado que se trata de un acon-
tecimiento necesario y, como tal, no puede constituir un riesgo asegurativo 6'. Debe
tratarse de la causa única y directa del daño por lo que el asegurador responde del
caso fortuito por efecto del cual se manifestó el vicio propio 62.
Éste ha sido definido como "toda predisposición de una cosa a destruirse o de-
teriorarse que proviene de su naturaleza o del estado en que se encontraba" 63.
La Ley de Seguros regula el tema en una norma dispositiva, pues rechaza la
cobertura de los daños o pérdidas producidas por el vicio propio de la cosa, salvo

Al regular los seguros en particular, la Ley de Seguros argentina sólo se ocupó de la garantía
de los riesgos ordinarios, definidos como los que normalmente acompañan al hombre en circunstan-
cias normales (GARRIGUES, J,, Contrato..., cit., pág. 147), como ser incendio, agricultura, granizo, he-
lada, animales, responsabilidad civil, transporte y vida. No se han definido los denominados riesgos
extraordinarios o catastróficos provenientes del hecho del hombre, como por ejemplo la guerra, la re-
volución, la sedición, la sublevación, el motín, el tumulto popular, etc. La ley hace una única referen-
cia a unriesgoextraordinario proveniente de la naturaleza (como delimitación causal objetiva), como
lo es el terremoto (art. 86, L.S.). En cambio, todos los supuestos de riesgos extraordinarios, los que
proceden de la voluntad del hombre y de la naturaleza, aparecen incluidos en las pólizas de casi todas
las ramas.
El Cód. Civ. italiano contiene una disposición por la que expresamente se establece que: "Salvo
pacto en contrario, el asegurador no está obligado en cuanto a los daños determinados por movimien-
tos telúricos, por guerra, por insurrección o por tumultos populares" (art. 1912).
^' RivARÓLA, M., Tratado..., cit., T. 4, nro. 1101, pág. 312.
^^ FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. II, pág. 428.
FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit., T. I, pág. 289, quien suministra como ejemplos la volatili-
dad o inflamabilidad de ciertos líquidos, la combustión espontánea en algunos productos, las enfer-
medades o el temperamento excesivamente nervioso en los animales, el exceso de madurez en los fru-
tos, el oxidarse o torcerse de determinados artículos, el mal acondicionamiento dentro de un buen
embalaje exterior.
206 RUBÉN S. STIGLITZ

pacto en contrario (art. 66, L.S.). Ello significa que, por condición particular, el or-
denamiento jurídico tolera que las partes acuerden la garantía en esta hipótesis. Lo
mismo acontece con la agravación del daño producido por el vicio propio de la
cosa, pues en ese caso el asegurador indemnizará el daño sin incluir el que se haya
verificado por el referido vicio, salvo pacto en contrario.
La admisibilidad de la exclusión de cobertura se halla condicionada a que el
vicio propio de la cosa se constituya en causa única y directa de la pérdida, extremo
que debe ser acreditado por el asegurador en razón de que es él quien invoca el pre-
supuesto de hecho de la norma alegada como fundamento de su defensa (art. 377,
CP.C.C.N.) 64.
Se entiende por vicio propio de la cosa el defecto, imperfección o deformidad
inherente a ella, que proviene de su interior, y facilita su deterioro orgánico y fun-
cional 65.
Puede ser notorio u oculto. Sólo en el primer caso es inasegurable. Si el vicio
oculto es desconocido por el asegurador, se halla excluido de cobertura.

182. Los riesgos extraordinarios


El artículo 71, Ley de Seguros, dispone que "el asegurador no cubre los daños
causados por hechos de guerra civil o internacional, o por motín o tumulto popular,
salvo convención en contrario".
Las pólizas de seguros de daños patrimoniales y de accidentes personales, en-
tre otras, contienen un mayor número de hechos excluidos por su potencialidad ca-
tastrófica. En una materia de extrema complejidad como lo es la determinación de
los alcances de cada una de las voces empleadas, la novedad de algunas figuras
como fuente de daños, la insuficiencia de la definición de otras, provenientes de
disciplinas tales como el derecho penal, motivó que la Superintendencia de Segu-
ros de la Nación dictara la resolución 9786 del 3 de octubre de 1969 y que ulterior-
mente fuera reemplazada por resolución 13.664 del 30 de diciembre de 1976. Por
esta última resolución, la autoridad de aplicación introdujo para todos los riesgos
de daños patrimoniales y de accidentes personales lo que enunció como la "cláusu-
la de interpretación de las exclusiones de cobertura, contenidas en las condiciones
generales".
A través de la referida "cláusula de interpretación", la resolución ha definido
o fijado el alcance no sólo de las voces incluidas en el artículo 71 de la ley (guerra
civil, guerra internacional, motín y tumulto popular), sino de muchas otras.
En lo que interesa a la referida disposición legal se ha definido al hecho de
guerra internacional como los hechos dañosos originados en un estado de guerra
(declarada o no) con otro u otros países, con la intervención de fuerzas organizadas
militarmente (regulares o irregulares y participen o no civiles).

^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 25, pág. 533.


*^ DoNATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 324, pág. 156.
DERECHO DE SEGUROS 207
Por hechos de guerra civil se entienden los hechos dañosos originados en un es-
tado de lucha armada entre habitantes del país o entre ellos y fuerzas regulares, carac-
terizado por la organización mihtar de los contendientes (participen o no civiles), cual-
quiera fuese su extensión geográfica, intensidad o duración y que tienda a derribar los
poderes constituidos u obtener la secesión de una parte del territorio de la Nación.
Al motín se le equipara conceptualmente con la sedición y se lo define como
constituido por hechos dañosos originados en el accionar de grupos (armados o no)
que se alzan contra las autoridades constituidas del lugar, sin rebelarse contra el
Gobierno nacional o que se atribuyen los derechos del pueblo, tratando de arrancar
alguna concesión favorable de su pretensión.
Por hechos de tumulto popular se entienden los hechos dañosos originados a
raíz de una reunión multitudinaria (organizada o no) de personas, en la que uno o
más de sus participantes intervienen en desmanes o tropelías, en general sin armas,
pese a que algunos las emplearen.
En la citada resolución se definen los hechos de vandalismo «6, los hechos de
guerrilla ^'^, hechos de terrorismo ^s, hechos de huelga ^9, hechos de lock out ^o.

^^ Hechos dañosos originados por el accionar destructivo de turbas que actúan irracional y de-
sordenadamente.
Hechos dañosos originados a raíz de las acciones de hostigamiento o agresión de grupos ar-
mados irregulares (civiles o militarizados), contra cualquier autoridad o fuerza pública o sectores de
la población.
Los hechos dañosos originados en el accionar de una organización siquiera rudimentaria que,
mediante la violencia en las personas o en las cosas, provoca alarma, atemoriza o intimida a las au-
toridades constituidas o a la población o a sectores de ésta o a determinadas actividades. No se con-
sideran hechos de terrorismo aquellos hechos aislados y esporádicos de simple malevolencia que no
denotan algún rudimento de organización. Entre nosotros, se tiene resuelto que "configura acto de te-
rrorismo la explosión de una bomba en el tocador de caballeros de un club de golf, si el día del siniestro
coincidía con el aniversario del fallecimiento de unafigurapolítica de la vida nacional —26 de julio—, ha-
biendo estallado en tal oportunidad más o menos a la misma hora otros artefactos en distintos sitios
públicos" (CNCom., Sala D, 30-IX-1977, "Córdoba Golf Club c/La Universal Cía. Argentina de Se-
guros" [inédito]). En la misma línea de reflexión se tiene decidido que a los fines de configurar el acto
de terrorismo debe atenderse al fin del hecho, la organización del mismo y las características de su eje-
cución dentro del cuadro general o estado en que ese hecho aislado se inserta. En la ocasión los autores
"minaron" una camioneta (interés asegurado) para herir o dar muerte a terceros, alarmar, aterrorizar
o intimidar a sectores de la población (CNCom., Sala C, 30-XI-1978, "Corsalter, W. c/Cardinal Cía.
de Seguros" [inédito]; CNCom., SalaC, 21-XII-1978, "Asociación Argentina de Criadores Hereford
c/Febo Cía. de Seguros" [inédito]).
Los hechos dañosos originados a raíz de la abstención concertada de concurrir al lugar de tra-
bajo o de trabajar, dispuesta por entidades gremiales de trabajadores (reconocidas o no oficialmente)
o por núcleos de trabajadores al margen de aquéllas. No se tomará en cuenta la finalidad gremial o ex-
tragremial que motivó la huelga, así como tampoco su calificación de legal o ilegal.
Entendidos éstos como los hechos dañosos originados por: (a) el cierre de establecimientos de
trabajo dispuesto por uno o más empleadores o por entidad gremial que los agrupa (reconocida o no
oficialmente), o (b) el despido simultáneo de una multiplicidad de trabajadores que paralice total o
parcialmente la explotación de un establecimiento. No se tomará en cuenta la finalidad gremial o ex-
tragremial que motivó el lock out, así como tampoco su calificación de legal o ilegal.
208 RUBÉN S. STIGLITZ

183. Los hechos de violencia colectiva e individual y el seguro


Las formas que adopta contemporáneamente la violencia que se ejerce desde
el Estado, o la desencadenada por grupos, sin consideración a su mayor (o mejor)
organización, o a la desenvuelta individualmente, incide en el contrato de seguro
desde que las consecuencias dañosas para la economía y para la vida que provocan
los actos de violencia deben ser reparadas. Desde la perspectiva expuesta, cabe exa-
minar si la estructura aseguradora es capaz de suministrar una respuesta suficiente
que permita garantizar adecuadamente las referidas consecuencias dañosas.
Sobre el particular, cabe distinguir los actos de violencia colectiva de los actos
de violencia individual.
Los primeros son técnicamente inasegurables, no integran la fundamentación
técnica del seguro.
La falta de periodicidad quiebra el principio de frecuencia, y la afectación de di-
versidad de intereses fractura el principio de homogeneidad, circunstancias éstas que
obstan, por falta de experiencia, a la formulación de un cálculo de probabilidades de
realización delriesgo,de intensidad del daño, entidad de las consecuencias dañosas
y cantidad de damnificados, en suma, a una hipótesis estadística 7i.
Los principios expuestos no son aplicables a los actos de violencia individual
en tanto sus fundamentos estadísticos se hallan preservados a través de la posibili-
dad de determinación de la prima y de la dispersión del riesgo mediante el recurso
al coseguro y al reaseguro.

184. Guerra internacional


La razón de la inexistencia de garantía asegurativa se halla vinculada a la im-
posibilidad de que los riesgos sean técnicamente calculables dada la intensidad de
los daños eventuales, su extensión, su falta de dispersión y la potencialidad dañosa
de los medios empleados para la destrucción masiva. Por lo demás, los riesgos de
guerra pueden afectar un número considerable de asegurados, por lo que las empre-
sas aseguradoras no se hallarían (hallan) en condiciones de afrontar sus obligacio-
nes y, en todo caso, las primas requeridas serían de tal entidad que se elevarían a
obstáculo práctico para la formalización de operaciones 72.

HALPERIN, I., "El seguro y los hechos de violencia colectiva", Revista de Derecho de Seguros,
año 3, nro. 8, pág. 14, quien afirma que el siniestro causado por un hecho de violencia colectiva, no
previsto en el contrato, rompe los presupuestos técnicos que han fundado el cálculo de la prima, que
es el riesgo del precio cubierto por el seguro. Económicamente, agrega, el asegurador es un recolector
de las primas debidas por el grupo de asegurados sujetos al mismo riesgo, para pagar con su importe
la indemnización del daño sufrido por uno o varios de entre ellos en las condiciones del riesgo pre-
vistas.
72
Afirma Vivante que la exclusión favorece a los aseguradores, porque los libera de un riesgo
que, "por defecto de experiencias sistemáticas, por el continuo variar de las armas, por la diferencia
de fuerza de los beligerantes, no se puede evaluar con un cálculo de probabilidad ni siquiera aproxi-
mado. Favorece también a los asegurados, porque evita una agravación constante de la prima, mien-
DERECHO DE SEGUROS 209

La exclusión del riesgo de guerra debe entenderse no en la acepción o sentido


específico empleado en el derecho internacional, sino en el más amplio de "hecho
de guerra" (empleada por el art. 71, L.S.), "estado de guerra", "situación de guerra",
o de una "situación bélica de hecho" ''3.
El "hecho de guerra" no requiere una formal declaración de guerra, siendo su-
ficiente; los hechos de los que la guerra ha sido ocasión y que no habrían ocurrido
sin ella o la ejecución de órdenes militares que requieran actos u operaciones de
hostilidad.
El concepto de "hechos de guerra" comprende la existente internamente o la
guerra extema, la declarada o la que estalla sin declaración previa, la existente entre
gobiernos legítimos o defacto o entre un gobierno legítimo y uno defacto o entre go-
biernos defacto, y la noción se extiende a la guerra entre terceros (países) pero que
afecta a bienes y personas situados en un país neutral.
Los siniestros motivados en "hechos de guerra" pueden ser provocados por ci-
viles o militares, por individuos que ostenten condición de aliados o de enemigos,
de fuerzas regulares o guerrilleros, de hechos culposos o dolosos.
Los "hechos de guerra" se inician con las hostilidades continuas (no las ais-
ladas) y se extienden hasta tanto se mantengan las circunstancias de hecho; y con-
cluyen con el cese de hostilidades u operaciones bélicas, de hecho o de derecho (el
armisticio, la declaración de paz, la rendición).

185. Guerra civil


El artículo 71, Ley de Seguros, afirma que el asegurador no cubre los daños
causados por hechos de guerra civil. Es inherente a ésta un estado de hecho, pues
no reconoce declaraciones formales y se caracteriza por constituir, conforme la
cláusula de interpretación aprobada por R.S.S.N. 13.664 del 30-XII-1976, un ei'ía-
do de lucha armada que se desarrolla entre (a) habitantes del país entre sí o (b) entre
ellos y fuerzas regulares, donde los contendientes se hallan organizados militar-
mente, con independencia de que participen o no civiles, de su extensión geográ-
fica, intensidad o duración ^4.

tras pueden proveer a tiempo a su seguridad aunque se declare la guerra" (VIVANTE, C , Derecho...,
cit.,T. 14, Vol. 1, nro. 275, pág. 327). Conf. PICARO, M. - BESSON, K.,Les Assurances...,ái.,l. I, nro.
193, pág, 311, para quienes los riesgos de guerra no'presentan, desde un punto de vista técnico, una
frecuencia suficiente que permita establecer estadísticas seguras, pues escapan a toda previsión y sus
variaciones en probabilidad y más aún en intensidad son muy irregulares y prácticamente incalcula-
bles.
^^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 326, pág. 160; HALPERIN, I., "El seguro...", cit., pág. 20.
Para Ossa y Jaramillo las notas más salientes de la guerra civil se hallan constituidas por (a)
la existencia de un enfrentamiento armado, (b) la determinación precisa de la condición de los sujetos
participantes y (c) la materialización de un interés cierto para promover o repeler la agresión (OsSA,
G. J. - JARAMILLO, J. C. I., Los Conflictos Bélicos en el Derecho de Seguros, Temis, Bogotá, 1993,
pág. 21).
210 RUBÉN S. STIGLITZ

Su finalidad consiste en derribar el poder constituido u obtener la secesión de


una parte de la Nación.

186. Motín
Se trata de una situación de hecho que se origina en acciones de grupos, con
independencia de su cantidad, armados o no, que superan a la fuerza pública, que
se alzan (se sublevan) contra las autoridades constituidas, que dañan cosas o la per-
sona del asegurado, a través de actos que exceden las posibilidades normales de
protección del asegurado. Su propósito es reivindicativo.

187. Tumulto popular


Ha sido definido como un movimiento desorganizado de muchedumbres que
por la violencia colectiva produce una perturbación del orden público que supera
las normales posibilidades de protección del asegurado, esté dirigido o no contra las
autoridades públicas, prevalezca o no sobre la fuerza pública y se verifique en lugar
abierto al público o no (vg., fábricas) '^^.
Como se advierte, la definición expuesta difiere de la formulada en la
R.S.S.N. 13.664/76 en tanto ésta admite que los hechos se originen en una reunión
multitudinaria que puede hallarse previamente organizada; alude al medio emplea-
do: desmanes o tropelías, predominantemente sin armas (pese a que algunos las
empleen), aunque omite el efecto: la perturbación del orden público y el propósito:
dirigido o no contra las autoridades públicas.
Estimamos que las notas esenciales caracterizantes del tumulto popular están
dadas por una multitud que, desordenadamente, produce actos de violencia, con o
sin armas, frente a autoridades que no se hallan en condiciones de resistirlos y que
superen las posibilidades normales de defensa u oposición del asegurado, y que con-
lleven o no intención de dañar ^6.

188. La relación de causalidad


La cuestión del nexo causal entre el evento y el daño a resarcir o la prestación
a ejecutar por el asegurador se halla vinculada a la delimitación del riesgo asegu-
rado. Ya hemos afirmado que la delimitación del riesgo tiene por función precisar
la relación causal que genera la obligación del asegurador. O sea, seleccionar entre

^^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 326, pág. 161.
'^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 38, pág. 551. Este autor concluye en que el tumulto po-
pular existe "cuando una manifestación pacífica, realizada con fines de demostración política, social,
económica, laboral, etcétera, sin organización ni concertación previa incurre por todos o parte impor-
tante de sus integrantes en violencias que transitoriamente no pueden dominarse por las fuerzas para
mantener la paz pública" (HALPERIN, I., "El seguro..., cit., nro. 10, pág. 31).
DERECHO DE SEGUROS 211

los antecedentes lógicos del evento, aquel sin el cual no se habría verificado, de
aquellos que resultan indiferentes.
Habremos de detenemos en el examen que requiere la delimitación del riesgo
desde el punto de vista causal, pues ello nos permitirá determinar si el evento es
consecuencia de una causa comprendida o excluida de la garantía aseguradora. De
allí la necesidad del examen del nexo entre c'Uusa y evento y, ulteriormente, el aná-
lisis del nexo etiológico entre evento y daño.
Como principio, podemos afirmar que el evento no está comprendido en el se-
guro cuando es provocado por un hecho que, contractual o legalmente, se halla ex-
cluido de cobertura. De allí que no sea suficiente que se aclare la naturaleza del he-
cho excluido, sino que es necesario establecer también si el evento ha sido o no
provocado por el hecho excluido ^7.
El tema en examen requiere de algunas precisiones conceptuales previas —^y
obviamente de lenguaje— que contribuyan a un mejor acceso a la cuestión.
Así, no debe confundirse la individualización del riesgo con la individualiza-
ción del daño, pues se trata de dos etapas que se suceden cronológicamente y en el
que el primero puede o no llegar a constituirse en causa (condición) del liltimo. Por
lo demás, el riesgo comporta un hecho antecedente del siniestro y éste del daño.
Por ejemplo, si el daño producido por la acción directa o indirecta del rayo cons-
tituye elriesgo,el incendio (por la acción del rayo) se eleva a categoría de siniestro
y la destrucción del interés asegurado por efecto del fuego es el daño.
Discernir (seleccionar), entre los antecedentes (condiciones o causas) lógicos
del evento, aquellos que lo condicionan, o sea sin los cuales no se habría verificado,
de aquellos que resultan indiferentes requiere, a su vez, la elección de un criterio de
delimitación. Método que se hace indispensable para cuando el legislador o la pó-
liza no lo suministran.
Sobre el particular habrá de estarse inicialmente a lo que establezcan, en ma-
teria de delimitación, las normas que por su letra o naturaleza son imperativas, por
ejemplo, el siniestro provocado dolosamente (art. 70, L.S.), o relativamente impe-
rativas, por ejemplo, el daño o pérdida provocado por vicio propio de la cosa (art.
66, L.S.) que puede llegar a ser garantizado por pacto en contrario, o el siniestro
provocado por culpa grave del asegurado (art. 114, L.S.) facüble de ser cubierto
(art. 158-3, L.S.), en tanto modifica en favor del asegurado su posición contractual.
Fuera de las hipótesis de delimitaciones legales, las de fuente contractual de-
ben hallarse incorporadas expresamente en las condiciones de póliza (reglas de au-
tonomía), generales, particulares o especiales '8. Unas y otras tienen en común que

77
DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 327.2, pág. 163, quien afirma la existencia de una ca-
dena de eventos que efectivamente constituyen antecedentes y causas de eventos sucesivos, por lo que
el problema del nexo de causalidad se presenta relevante también a los efectos de establecer si el daño
es o no provocado por un evento contemplado en el contrato.
La delimitación puede expresarse ya sea en forma positiva con indicación de las causas com-
prendidas (por ej., incendio que deriva del estallido del rayo o de un cortocircuito), o en forma nega-
212 RUBÉN S. STIGLITZ

no exponen un criterio abstracto o concreto de individualización del nexo de cau-


salidad o de delimitación, por lo que habrá que remitirse, si las hubiere, a las normas
generales del derecho de las obligaciones y/o a la doctrina de los autores o la emer-
gente de la jurisprudencia.

189. El concepto filosófico de causalidad


El concepto filosófico de causalidad ha sido expuesto por J. Stuart Mili al sos-
tener que: "la causa es la suma total de las condiciones positivas o negativas toma-
das en conjunto que, una vez realizadas, son invariablemente seguidas por el efec-
to" T>. La noción da por admitido el principio de que todo ser y todo acontecer reales
tienen necesariamente su causa, habiendo sido definida ésta como el conjunto de
las condiciones sine qua non para que ese ser o acontecer se produzca.
Siempre en el plano filosófico se acepta, en función de indicadores cotidianos
y vivenciales, que ningiín suceso es obra de un solo fenómeno, condición o antece-
dente. Por el contrario, es efecto de numerosos factores que, articulados, le dan ori-
gen. De tal forma que, para esta concepción la causa no es determinable por cada
una de las condiciones —insuficientes por sí solas para producir el suceso—, sino
por todas ellas, juntas y unidas; de tal manera que causa es la aglutinación de fenó-
menos o factores que concurren a su producción.
Cada factor o fenómeno se denomina condición.
La crítica que se formula a esta teoriza es que, tal como está formulada, no es
trasplantable al Derecho, que, como toda disciplina, requiere de una noción que le
suministre límites, aun cuando comprendamos que la finalidad de éstos serán dis-
tintos (varían) según la rama en que se los analice.
Por ejemplo, en el derecho civil, al tema se lo examina como presupuesto de
la responsabilidad y donde la causalidad opera como un límite a la atribución. Sin
embargo, para la teoría en análi-sis, la causa como suma de condiciones sería jurí-
dicamente imputable al agente de cada condición. O dicho al revés: nunca podría
imputarse por entero a una persona el daño o la pérdida sufrida por otra pues, por
ejemplo, el delito o el cuasidelito (causa) habría provocado un daño y a su produc-
ción concurrirían factores humanos, previsibles unos e imprevisibles otros; facto-
res naturales; otros imputables a la víctima, o a terceros.
La causa sería única e indivisible, pero a su realización convergerían todos los
factores o condiciones que le dan vida. Como se advierte, la tesis no provee límites
a la atribución de responsabilidad civil.
Como acertadamente lo afirma Orgaz, el Derecho, cuando habla de causa, lo
hace escogiendo, entre la multitud de condiciones necesarias, alguna que le interesa
destacar. Y al Derecho lo que le interesa esencialmente es el acto humano como

tiva, con indicación de las causas excluidas (por ej., incendio que tiene por causa la guerra, el tumulto
popular o el terremoto).
''' STUART MILL, J., A System of Logic, T. 1,7^ ed., 1935, pág. 379.
DERECHO DE SEGUROS 213

fuente productor de daños, razón por la cual sólo considera las condiciones de or-
den físico o natural que puedan modificar o excluir la imputación jurídica de un su-
ceso a una determinada persona. Y agrega: causa tendrá que ser siempre, indispen-
sablemente, alguna de las condiciones sine qua non del resultado que, suprimida
física o mentalmente, determina la supresión del efecto. Así, no podrá considerarse
causa una condición extraña al resultado o indiferente al mismo, o ineficaz en la
producción del resultado o interruptora del nexo causal. Son las circunstancias irre-
levantes en relación al resultado que quedan marginadas en la esfera de condiciones
indiferentes so.
Y en el derecho de seguros ocurre lo mismo que en las otras disciplinas, ya que
la causalidad es examinada a los fines de discernir entre los antecedentes del even-
to, aquellos sin los cuales no se habría verificado (los que lo condicionan), de aque-
llos que se enuncian como indiferentes ^i.

190. Teoría de la causa próxima


A partir de esta teoría comienza a seleccionarse, entre las condiciones, una de-
terminada, conformándola a un criterio particular, intentando así lograr una cons-
trucción teórica que, como afirma Orgaz, por su coherencia y rigor haga menos in-
segura y difícil la aplicación del Derecho. La teoría de la causa próxima afirma que
entre las diversas condiciones necesarias de un resultado se llama "causa" solamen-
te a la que, con criterio temporal, se halla más próxima a ese resultado; las otras son
simplemente condiciones.
Su sostenedor, Francisco Bacon, afirma que "sería para el Derecho una tarea
infinita juzgar las causas de las causas y las influencias de las unas^sobre las otras.
Y por ello se contenta con la causa inmediata y juzga las acciones por esta liltima
sin remontar a un grado más remoto" ^2.
O sea, se atribuye al tiltimo suceso con el que aparece conectado de manera in-
mediata. Con otras palabras, la causa es el antecedente temporalmente inmediato
de un resultado ^3; los demás hechos que, por lo remoto, influyen lejanamente sobre
la producción del resultado, son sólo condiciones y por tanto quedan excluidos por
irrelevantes s*. La crítica que se formula a esta concepción es que no siempre la

80
ORGAZ, A., Hechos,.., cit., nro. 15, págs. 59/62, quien afirma que lo desechable del concepto
filosófico es que sean todas las condiciones las que en conjunto den vida a la causa. Lo único posible
—agrega— es elegir una (condición) entre ellas.
81
DoNATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 328, pág. 167.
82
Citado por MARTY, G., "La relation de cause a effet comme condition de la responsabilité ci-
vile", Revue Trimestrelle de Droit Civil, nro. 10, Paris, 1939, pág. 695; CAZEAUX, P. - TRIGO REPRE-
SAS, F. A., Derecho de las Obligaciones, T. 1, Platense, La Plata, 1987, pág. 342, nota 61 bis; ORGAZ,
A., Hechos..., cit., nro. 17, pág. 66.
LLAMBÍAS, J. J., Tratado... Obligaciones, cit., T, I, nro. 285 b), pág. 369.
^'' BORDA, G., Tratado... Obligaciones, cit., T. II, nro. 1315 b), pág. 242.
214 RUBÉN S. STIGLITZ

condición última es la verdadera causante de un daño sino alguna anterior ss y, por


lo demás, tampoco es fácil establecer —afirma Orgaz— que las distintas condi-
ciones no se presentan en fila y claramente sino de manera compleja, simultánea
o confusa ^6.
En efecto, la teoría es demasiado simplista y se apoya en una suposición, la de
que el factor que provoca directamente un daño lleva en sí lo que Llambías enuncia
como "toda la virtualidad nociva suficiente", lo cual elimina la necesidad de nuevas
indagaciones s''.
Analizando esta doctrina desde la perspectiva de la relación aseguradora, se
afirma que se sustenta en una explicación demasiado simple, la exclusivamente
cronológica, pues recibe,según sus adherentes, su justificación de la constatación
de que cuanto más se aleja del efecto, más difícil es adjudicar la influencia de una
acción causal remota en el tiempo ^s.
Por ello, distinguen las condiciones del evento entre remotas y próximas, tam-
bién denominadas últimas o inmediatas, respectivamente. Sólo éstas y, como afir-
ma Donati, en la rígida aplicación solamente la última de ellas, cuentan y son causa
del evento ^'^.
Por ello, obviamente, las críticas formuladas en esta rama son coincidentes
con las expresadas precedentemente para otras: no tiene en cuenta un real nexo de
causalidad. Nos da la causa física del daño, no la jurídica.

191. La causa eficiente, predominante o preponderante


Hemos incluido en un enunciado dos teorías que se suelen calificar de casi idén-
ticas. En efecto, la teoría de la condición preponderante sostiene que causa es la con-
dición última, porque ésta es la que rompe el equilibrio entre las condiciones positivas
y negativas del resultado. Hay factores positivos y negativos. Muchos son los factores
de un hecho, pero no por ello ha de llamarse "causa" a cada uno de ellos, sino so-
lamente a las condiciones positivas en su preponderancia sobre las negativas ^o.
Causar un cambio es, por tanto, cambiar el equilibrio entre las condiciones
que lo impiden y las que tienden a producirlo a favor de estas últimas. Es ciertamen-
te, con palabras de Llambías, una condición sine qua non, pero no cualquiera, sino
la que, entre todas las que concurren, ha influido decisivamente en la dirección del
resultado operado ^i. Y a su tumo, la causa eficiente parte de una base opuesta y en-

^^ ORGAZ, A „ Hechos...,ci\.., nro. 17. pág. 67.


^'^ ORGAZ, A., Hecho.s..., cit., nro. 17, pág, 67.
^^ LLAMBÍAS, J. J., Tratado... Obligaciones, cit., T. I, nro. 285 b), pág. 370.
DURANTE, A., L'Aiíícwrazwned/'/íeíponía¿;í7¿tó C¿v¡7e, Giuffré, Milano, 1964, nro. 169,
pág. 273.
^'^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 330, págs. 171/172.
^° LLAMBÍAS, J. J., Tratado... Obligaciones, cit., T. I., nro. 286 c), pág. 370.
' ' LLAMBÍAS, J. ]., Tratado... Obligaciones, cit., T. I, nro. 286 c), pág. 370.
DERECHO DE SEGUROS 215

frentada a la de la equivalencia de condiciones. Afirma que entre las condiciones


necesarias de un resultado, no son todas equivalentes sino, todo lo contrario, de efi-
cacia distinta y que sólo cabe denominar causa a la condición más eficaz o más ac-
tiva para la producción del evento, o sea la dotada de mayor fuerza productiva. Al-
gunos de sus adherentes, con criterio cuantitativo, llaman causa a la condición de
mayor fuerza productiva; otros, con criterio cualitativo, distinguen entre las condi-
ciones según la mayor o menor eficacia interna sobre el proceso causal ^z.
La teoría ha sido criticada por Orgaz y por Cazeaux-Trigo Represas, quienes ob-
jetan la imposibiUdad de distinguir la más eficiente entre las múltiples condiciones de
un resultado, ni el hecho de eficacia preponderante. Se pregunta Orgaz, ¿cómo dividir
materialmente este resultado de suyo indivisible, para atribuir a una de las condiciones
una participación mayor, en cantidad o en calidad, sobre la producción de aquél?
En la mayoría de los casos esta división es imposible.
A su vez, Cazeaux-Trigo Represas afirman que según esta teoría, aplicada en
todo su rigor, a pesar de que se demuestra que el daño es consecuencia de una serie de
antecedentes (causalidad acumulativa), habría que imputar a uno solo de ellos el carác-
ter de predominante y cargarlo con toda la responsabilidad, lo cual parece injusto ^3.
El comentario que a Donati le merece la teoría en examen es que puesta la di-
ferencia entre hechos puramente antecedentes y condiciones en el sentido correcto
de que éstas son aquellos hechos sin los cuales (cualquiera de ellos) el evento no se
habría registrado, en el caso concreto todas las condiciones han contribuido a pro-
vocar o han provocado el evento, es decir, han sido eficientes para determinarlo.
Para establecer cuál de ellas (condiciones) puede ser elevada a causa y cuáles a con-
causas es necesario establecer el criterio de elección. Y decir que causa es la causa
eficiente, predominante y determinante, no es otra cosa —agrega— que pura tau-
tología, puesto que luego queda por establecer precisamente cuál es la causa pre-
dominante o determinante, es decir, la causa ^4.
También Durante critica la tesis de la causa eficiente, pues aun admitiendo que
obviamente deba serlo, pone en duda, en cambio, que la eficiente deba ser única, por-
que no es rara la coexistencia de causas, alguna de las cuales podrá determinar el efec-
to. La causa eficiente, además, debe dar como resultado normal la consecuencia ^s.

192. Teoría de la equivalencia de las condiciones


Conceptualmente es una derivación de la anterior.
También denominada de la conditio sine qua non, afirma que la causa de un
determinado suceso es la suma de las condiciones necesarias para producirlo. Estas

ORGAZ, A., Hechos..., cit., nro. 18, pág. 68; DE GÁSPERI, L. - MORELLO, A. M., Tratado de De-
recho Civil, T. IV, Tea, Buenos Aires, 1964, nro. 1725, pág. 108.
' ^ ORGAZ, \.,Hechos.... civ., nro. 18, pág. 68; CAZEAUX, P. - TRIGO REPRESAS, F. A., Derecho...,
cit., T. 3, pág. 343; BORDA, G., Tratado... Obligaciones, cit., T. II, nro, 1316 c), pág. 242.
^•^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 330, pág. 171.
DURANTE, A., L'Assicurazione..., cit., nro. 170, pág. 277.
216 RUBÉN S. STIGLITZ

condiciones son todas equivalentes ya que, faltando cualquiera de ellas, el suceso


no se habría producido. En consecuencia, la causa se halla constituida por todas y
cada una de las condiciones que han contribuido al resultado 's.
La crítica que se le formula a esta tesis es que perturba la noción misma de de-
limitación del riesgo afirmar que todos los acontecimientos (condiciones) que ha-
yan concurrido a la realización de un daño (siniestro) son, por tanto, causas de él,
y que todos ellos son equivalentes.
De ser así, el asegurador debería responder (estaría obligado) por los daños
que sean el resultado de los más remotos e imprevisibles antecedentes, sin atender
a límite alguno que no sea la extraneidad o indiferencia de la condición examinada
y el resultado ^7.
Como se advierte, la tesis en cuestión extiende indefinida e infinitamente la
garantía aseguradora, pues considerar a cada condición como causante del resulta-
do conduciría a consagrar la responsabilidad cualitativamente ilimitada del asegu-
rador, lo que implicaría una desnaturalización de la esencia misma del contrato y
de sus fundamentos.

193. Teoría de la causalidad adecuada


Postula la necesaria delimitación de las consecuencias imputables al afirmar
que únicamente pueden ser tomadas en cuenta aquellas consecuencias, no comple-
tamente extrañas, que según la experiencia puedan ser consideradas como posibles
de producir semejante hecho.
Larenz, a quien seguimos en estos desarrollos, sostiene que el efecto más le-
jano de cierta acción es únicamente adecuado cuando esta acción "ha sido apropia-
da para la producción del resultado obtenido en circunstancias normales y no sólo
en circunstancias especialmente peculiares completamente inverosímiles que han
de quedar fuera de toda consideración según el curso normal de las cosas" 9».
La teoría de la causa adecuada niega la equivalencia de condiciones necesa-
rias de un resultado. Esta afirmación se formula en abstracto, pues considerando el
caso particular, tal como ha sucedido, sí lo son. Pero, en abstracto, retomamos a la

'^ ORGAZ, A., El Daño Resarcible, Lerner, Buenos Aires, 1960, nro. 16, pág, 62. Conf. LLAM-
BÍAS, J. J., Tratado... Obligaciones, cit.,T. I, nro. 284a), pág. 369,nota5; BORDA, G., Tratado... Obli-
gaciones, cit., T. II, nro. 1314 a), pág. 241; MAZEAUD, H. y L. - TuNC, A., Tratado Teórico y Práctico
de la Responsabilidad Civil Delictual y Contractual, T. 2, Vol. II, Ejea, Buenos Aires, 1961, nros.
1439 y sigs., págs. 17 y sigs.; BOFFI BOGGERO, L. M., "El hecho jurídico complejo que genera el de-
recho a la indemnización". Revista del Colegio de Abogados de La Plata, t. X, nro. 20, parág. 17, pág.
47, enero-junio, 1968; SANTOS BRIZ, J., La Responsabilidad Civil. Derecho Sustantivo y Derecho
Procesal, Montecorvo, Madrid, 1986, Cap. VII, pág. 227.
'•^ DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 329, pág. 169.
^^ LARENZ, K., Derecho de las Obligaciones, T. I, R.D.P., Madrid, 1958, págs. 198 y sigs.
DERECHO DE SEGUROS 217

distinción entre causa y condición, y recordamos que aquélla es únicamente la condi-


ción que "según el curso natural y ordinario de las cosas era idónea para producir
el resultado; debía normal o regularmente producirlo" ^^.
Esta teoría introduce un elemento núcleo para su enmarque conceptual y es
que en aquel juicio de probabilidad, o pronóstico objetivo ulterior de que nos habla
Larenz, deberá indagarse, en marcha de retroceso, si la causa identificada era capaz
de ocasionar normalmente ese resultado.
Claro está que el elemento normalidad deberá apoyarse en lo que la doctrina
enuncia como la "experiencia de la vida" o el "curso natural de las cosas" o de la
"previsibilidad o verosimilitud" 1°°.
El perfil de la teoría se completa afirmando que también el elemento norma-
lidad debe ser característica de las circunstancias o factores intermedios, para evitar
así la interrupción del nexo causal y con ello un proceso inadecuado o atípico.
Donati adopta esta teoría aunque la denomina de "la causa adecuada y regu-
lar" y de ella afirma que el elemento de juicio normalidad y el resultado deben re-
fundirse en una sola proposición, y define entonces la causa como el antecedente
que, además de haber resultado necesario en el caso concreto (conditio sine qua
non), en abstracto aparece como idóneo para producir por sí solo el evento, fundán-
dose en la experiencia del pasado.
En suma, la teoría de la conveniencia regular efectúa la elección de aquella
condición sine qua non que en base a la experiencia de la normalidad de los casos
aparece como idónea para producir por sí sola el evento.
Sintetiza este autor en una única noción la doctrina de la relación de norma-
lidad, de necesidad o de regularidad: entre las diversas condiciones es causa aquella
que según la normalidad de los casos por sí sola provoca el evento.
Y la doctrina de la relación de causalidad adecuada y regular como aquella
que entre las diversas condiciones determina como causa la que en abstracto es idó-
nea, adecuada, para producir también por sí sola el evento.
Donati agrega algunas consideraciones:
a) Cuando entre las diversas condiciones una sola aparece adecuada, ella es la
causa del evento;
b) Cuando entre diversas condiciones más de una aparece adecuada, de modo
que en virtud del criterio utilizado nos encontramos frente a concausas, es necesario
elegir de entre ellas la condicionante del evento. La cuestión aparece como fácil-
mente solucionable si ambas concausas se hallan cubiertas o si una se halla cubierta
y otra excluida;
c) Cuando las concausas son sucesivas y dependientes, causa del evento es la pri-
mera concausa (vg., el rayo que determina el cortocircuito que provoca el incendio);

' ' ORGAZ, A., El Daño..., cit., nro. 19, pág. 70.
^°° ORGAZ, A., El Daño..., cit., nro. 19, pág. 70; MAZEAUD, H. y L. - TUNC, A., Tratado..., cit,, T.
2, Vol. II, nro. 1441, pág. 18; SANTOS BRIZ, J., La Responsabilidad... cit., pág. 233.
218 . RUBÉN S. STIGLITZ

d) Cuando las concausas sucesivas son independientes, la que precede es irre-


levante con respecto a aquella que le sucede en el tiempo y adecuada por sí para pro-
vocar el evento "01.
Sintetiza Donati su pensamiento así: el problema del nexo de causalidad se re-
suelve caso por caso.
1) Separando entre los antecedentes cronológicos aquellos sin los cuales el
caso en cuestión no se habría verificado (condiciones).
2) Separando entre las condiciones aquellas que, según un juicio de experien-
cia, son adecuadas en abstracto para producir por sí solas el evento (causa o concau-
sa adecuada).
3) Separando entre las concausas aquella que es o causa adecuada de las otras
si son dependientes entre sí, o causa adecuada más próxima del evento si no son de-
pendientes entre sí.
Este criterio es aplicable a la relación causa-evento y a la relación evento-
daño 102.
Durante participa del criterio expuesto y lo funda en dos órdenes de razones:
a) Se funda en la experiencia. En virtud de la constatación de que siempre, o
al menos con grandísima frecuencia, un cierto hecho provoca otro, lo cual lleva a
decir que igual conexión se encontrará necesariamente también en el futuro, con ca-
racterísticas similares aunque no propiamente iguales. De este conocimiento, es lí-
cito y lógico poder formular una previsión.
En los hechos, la teoría de la causa adecuada o normal se funda sobre la pre-
visibilidad según la común experiencia. Un hecho reconocido como idóneo en el
pasado para determinar el efecto, sin concurso de otra causa, y por consiguiente do-
tado de eficiencia si se repite muchísimas veces, siempre con la misma consecuen-
cia, será adecuado presumiblemente para producir en circunstancias análogas tam-
bién aquel efecto. No podemos decir que ésta sea una ley: basta constatar mediante
la observación el fenómeno para argüir que con cierta probabilidad eso se repetirá
nuevamente.
b) Esta observación es tanto más pertinente para la relación aseguradora,
cuanto que el seguro está totalmente basado sobre el cálculo de las probabilidades,
esto es de la previsión científica del grado de realización, de verificación de un fe-
nómeno. El asegurador reúne y clasifica los casos (los siniestros), los indaga esta-
dísticamente, vale decir que es una experiencia de orden superior. Con ello puede
establecer con bastante aproximación la extensión del riesgo que asume, qué carac-

En este caso, para Donati cobra relieve la tesis de la causa próxima como criterio que se integra
al de la causa adecuada, sólo para la hipótesis de concausas independientes. Y da como ejemplo el si-
guiente: una nave arrojada por una tormenta hacia la costa donde se estrella porque los faros están apa-
gados por causa de la guerra. Entre todas las condiciones, son adecuadas según un criterio de norma-
lidad o verosimilitud tanto la tormenta como la falta de faros debido a la guerra, pero como concausa
próxima es la falta de faros debido a la guerra, la causa del evento es la guerra {Trattato..., cit., Vol.
II, nro. 331,pág. 176).
'°^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. 11, nro. 331, págs. 173/176.
DERECHO DE SEGUROS 219

terísticas homogéneas presenta respecto de casos ya acontecidos y que hacen pen-


sar fundadamente que se comportarán del mismo modo.
Se ha observado que esta concepción reduce la relación causal a una referen-
cia empírica o estadística, pero ésta, que debería ser una deficiencia de la teoría, se
revela como su fuerza, especialmente porque la industria aseguradora no puede
prescindir de estas premisas que le son connaturales y esenciales io3.
En nuestro medio Halperin comparte esta tesis y afirma que la relación causal
entre la necesidad —daño— y el siniestro se rige por las reglas de la causalidad ade-
cuada. El asegurador sólo se responsabiliza por los daños causados por un determi-
nado hecho, en relación de causalidad adecuada io4.
Pensamos, por nuestra parte, que la teoría de la causalidad adecuada responde
en general a la necesidad de que toda consecuencia dañosa haya de referirse con
precisión a una causa con aptitud para producirla. Esa referencia o articulación en-
tre causa y daño requiere la selección de un módulo objetivo que contribuya a ve-
rificar si el daño es el resultado de un acontecimiento que ordinariamente era de es-
perar, era normalmente probable, era pronosticable. En cuanto al problema de la
selección de la causa adecuada entre varias condiciones (concausas), si la solución
no la prevé la póliza, en cada caso concreto habrá que decidir, de la sucesión de fe-
nómenos —pues se trata de una cuestión inherente a la determinación de supuestos
de hecho—, cuáles, por su indiferencia con el resultado, son desechables. A estos
fines habrá que distinguir, en la aludida sucesión de acontecimientos, los depen-
dientes entre sí de los que no lo son. Causa adecuada en el primer caso será la pri-
mera, aunque más remota es la condicionante. En el segundo caso, lo será la última,
si no por condicionante, por próxima io5.

194. Delimitación temporal


Ya hemos afirmado la imposibilidad de que el riesgo asegurado se halle am-
parado sin límites temporales.
Lo que se ha dado en denominar la exposición del riesgo siempre ostenta una
duración determinada.
De modo tal que la delimitación temporal importa fijar el tiempo (contractual)
durante el cual opera la cobertura asegurativa si es que se verifica el evento dañoso.

'"•^ DURANTE, A., L'Assicurazione..., cit., nro. 170, pág. 277.


•""^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 2, pág. 835.
'°^ STIGLFTZ, R. S., El Siniestro, Astrea, Buenos Aires, 1980, pág. 71. Es el criterio sustentado en
la jurisprudencia: "Si el seguro contratado fue contra el riesgo de incendio comprendiendo daños cau-
sados a los bienes por la acción directa o indirecta del fuego, por las medidas para extinguirlo, de de-
molición, de evacuación y otras análogas (art. 85, L.S.), así como a las provenientes de explosión o
rayo (art. 86. id.) debe interpretarse que el asegurador responde por el daño que produzca el incendio,
cualquiera sea su causa, salvo las excluidas expresamente por la ley o por la póliza" (CNCom., Sala
B, 24-III-1972, "D.A.C.S. A. Distribuidora Argentina de Comestibles c/Los Andes Cía. Argentina de
Seguros", R.D.S., año 2, nro. 4, pág. 153).
220 RUBÉN S. STIGLITZ

En ocasiones, la duración —ya sea breve o extendida en el tiempo— se halla


condicionada por la exposición del riesgo, como puede serlo un viaje aéreo en el
primer caso o la vida humana en el segundo.
Pero predominantemente la duración —^acordada convencionalmente— con-
diciona la exposición del riesgo, en cuyo caso es la regla de autonomía la que fija
los límites temporales 'o^.

195. Delimitación espacial


A través de la delimitación espacial las partes identifican (indican) los límites
territoriales (lugar) dentro de los cuales debe realizarse el riesgo (siniestro) para ha-
llar cobertura asegurativa.
Para ciertos riesgos que presuponen la afectación de intereses sobre bienes in-
muebles, como ser incendio, agricultura, granizo, helada, etcétera, la delimitación es-
pacial es inherente a la ubicación de la cosa asegurada, por ejemplo, el inmueble pro-
piamente dicho, la explotación agrícola en cualquiera de sus etapas (art. 9-, L.S.); los
frutos y productos (art. 91, L.S.); daños causados por helada (art. 97, L.S.), etcétera.
En síntesis, en estos casos, la delimitación espacial se halla identificada por el
lugar de ubicación ya sea del inmueble, o de la explotación agrícola ubicada en el
mismo, o en sus frutos o productos.
A su tumo, más allá de que en los seguros de transporte las expresiones terres-
tre, marítimo o aéreo por sí solas configuran delimitaciones espaciales, también se
identifica las mismas por el origen y el destino del viaje (circunstancia que surgirá
de las condiciones particulares) 'o^.

196. Inexistencia de riesgo


El artículo 3-, Ley de Seguros, establece que "el contrato de seguro es nulo si
al tiempo de su celebración el siniestro se hubiera producido o desaparecido la po-
sibihdad de que se produjera...".
Lo expresado pone de manifiesto que el riesgo, como objeto del contrato de
seguro, es un elemento esencial al mismo a tal punto que su inexistencia al tiempo
del perfeccionamiento del negocio lo invalida 'os.

El tema, estrechamente vinculado a la duración del contrato, será tratado con mayores desa-
rrollos infra. Cap. XIX.
107
Un supuesto de delimitación espacial de fuente legal lo constituye la ruta o camino seleccio-
nado a tal punto que se excluye de cobertura los siniestros verificados cuando el viaje se ha efectuado,
sin necesidad, por rutas o caminos extraordinarios o de una manera que no sea común (art. 122, L.S.).
108
Es la solución del art, 1895, Cód. Civ, italiano: "Inexistencia de riesgo. El contrato es nulo si
el riesgo no ha existido nunca o ha dejado de existir antes de la conclusión del contrato". El art. 4- de
la "Ley de Contrato de Seguro" de España establece: "El contrato de seguro será nulo, salvo en los ca-
sos previstos por la ley, si en el momento de su conclusión no existía el riesgo o había ocurrido el si-
niestro".
DERECHO DE SEGUROS 221

La inexistencia del riesgo está referida a la imposibilidad de que el evento se


verifique lo', ya sea porque el interés asegurado no se halla expuesto ariesgo(vg.„
en el seguro de transporte que la carga no haya sido expedida); o porque el evento
ya se produjo, o porque no es susceptible de repetirse (vg.„ la muerte en el seguro
de vida); o porque desapareció la posibilidad de que se verifique.
Se trata de una nulidad manifiesta (art. 1038, Cód. Civ.) pues la ley expresa-
mente lo ha declarado nulo (art. 3-, L.S.), de nulidad absoluta (art. 1047, Cód. Civ.)
y completa, pues se extiende atodo el contrato (art. 1039, Cód. Civ.) y obliga al ase-
gurador a restituir la prima percibida si la hubiera percibido (art. 1052, Cód. Civ.),
lo que presupone que si aún no la percibió, no tiene derecho a ella.
Anulado el acto, como produce los efectos de los actos ilícitos, el asegurador
se halla habilitado a requerir la reparación de los daños derivados de la reticencia
del asegurado sobre la existencia de una causal de ineficacia del contrato • 'o como,
por ejemplo, lo constituiría el pago de la comisión i'i.

197. Inexistencia de riesgo (continuación). Riesgo putativo


El tema se halla referido al conocimiento efectivo o presunto sobre la inexis-
tencia de riesgo. La fuente se halla en el derecho de la navegación donde existe una
presunción de existencia del riesgo motivada en la dificultad de conocer y acreditar
la oportunidad (momento) del siniestro o de la llegada a destino de la nave. De allí
que los usos del comercio marítimo consagraron la validez del contrato de una nave
perecida o llegada felizmente a destino 112 aun cuando los contratantes supusieran
que se halla todavía expuesta a los riesgos del mar. Se trata de las hipótesis en que
el legislador convalida lo que se enuncia como incertidumbre subjetiva, mediante
la cual se consagra la asegurabilidad del riesgo retroactivo, entendido, como ha
quedado indicado, en el sentido de que el evento dañoso, si bien es subjetivamente
incierto, no es futuro. La validez del contrato se halla condicionada a la circunstan-
cia de que las partes ignoren si el evento se ha verificado o no "3.
El artículo 411 de la Ley de Navegación 20.094, si bien establece como prin-
cipio general la nulidad del contrato de seguro si al tiempo de su celebración "el
asegurado conoce la producción del siniestro, o si el asegurador sabe la inexistencia
del riesgo o su cesación", consagra la presunción de conocimiento por parte del ase-
gurado "si la noticia de tales hechos llegó antes de la celebración del contrato al lu-
gar donde se realizó (el contrato), o al del domicilio del asegurado o al lugar desde
el cual el asegurado dio orden de realizarlo" (al contrato).

' ° ' DONATI, A., Trattato..., cit„ Vol. II, nro. 334, págs. 178 y sigs.
' ' ° STIGLITZ, R. S. - STIGLITZ, G. A., Responsabilidad Precontractual, Abeledo-Perrot, Buenos
Aires, 1992, nro. 8, pág. 112.
' " HALPERIN, 1., Seguros, cit., T. II, nro. 11, pág. 515.
" ^ VIVANTE, C , Derecho..., cit., T. 14, Vol. 1, nro. 234, pág. 282.
" ' SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Comentarios..., cit., pág. 117.
222 RUBÉN S. STIGLITZ

La referida presunción admite la prueba en contrario, por lo que a los fines de


neutralizarla puede acudirse a todos los medios de prueba "*.

198. Cese del riesgo


Así como la inexistencia del riesgo está vinculada a la situación imperante al
tiempo del perfeccionamiento del contrato, el cese del riesgo es tema que se sitúa
en etapa de ejecución contractual. En efecto, se trata de la hipótesis en que el riesgo
deja de existir después del perfeccionamiento del contrato. Hasta el momento del
cese, el contrato es válido. Mientras el contrato es válido la relación aseguradora
opera en plenitud y las partes se hallan recíprocamente obligadas. Al cesar el riesgo
concluye el vínculo contractual hacia el futuro si el asegurado lo informó al asegu-
rador. En caso contrario, si el asegurado omite la información, el asegurador tiene
derecho a la percepción del premio hasta que haya sido anoticiado del cese del ries-
go o tome conocimiento por cualquier medio "5.

199. La delimitación del riesgo y su oponibilidad en el seguro


contra la responsabilidad civil
Las hipótesis de limitación causal, temporal y espacial, subjetivas u objetivas
del riesgo se hallan contenidas —expresa o tácitamente— en condiciones de póliza
que importan exclusiones de cobertura. Como ya quedó expresado (supra, nro.
170), se trata de supuestos que no se hallan garantizados por el asegurador y por los
que el asegurado no afrontó el pago de prima alguna. A su vez, los límites cuanti-
tativos de cobertura hallan su sede en las condiciones particulares.
La importancia de la cuestión radica en que, a título de ejemplo, en el seguro
contra la responsabilidad civil, aun cuando el damnificado revista condición de ter-
cero frente a las partes sustanciales del contrato de seguro, le son oponibles unas y
otras: las cláusulas delimitativas del riesgo, como ser, las exclusiones de cobertura
así como los topes de garantía y franquicias '"'.
En efecto, la cláusula de la póliza que instrumenta el contrato de seguro por la cual
no se indemnizan los siniestros producidos mientras el vehículo es conducido por per-
sonas no habilitadas, constituye un supuesto de limitación delriesgopor exclusión de
cobertura oponible al damnificado, por lo que resultan extrañas las consideraciones re-
lativas a la función social del seguro y a la protección de la víctima 'i^.

'"* HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 9, pág. 513.


^^^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 335, pág. 180.
''^ CNCiv., Sala H, 21-VIII-1996, "Hamud, B, c/Telefónica de Argentina", E.D., Boletín nro.
4/1996 de la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, pág. 36;
CNCiv., Sala H, 26-XII-1996, "Herrera, V. c/Portillo, N.", L.L., 1997-C-994, jurisp. agrup,, caso
11.549; S. T. Misiones, 13-IV-1998, "Acosta, F. c/Casola, R.", L.L., 1999-F-794 (42.234-S).
"'' CNCiv., Sala H,26-XII-1996, L.L,,1997-C-994, jurisp. agrup., caso 11.550.
DERECHO DE SEGUROS 223

Por lo demás, y a mayor abundamiento, habrá de tenerse presente que ello re-
sulta de la previsión contenida en el artículo 118-3, Ley de Seguros, ya que la sen-
tencia de condena contra el responsable civil será ejecutable contra el asegurador
"en la medida del seguro", debiendo ello entenderse como entidad cuantitativa re-
ferida a los límites económicos de garantía asegurativa, como así a la delimitación
subjetiva y objetiva del riesgo >'*.

"^ CNCiv., Sala I, 3-X-1996, "Olea de Barrera, M. c/Alonso, R.", L.L., 1997- F.-970, jurisp.
agrup., caso 12.122.
CAPÍTULO IX

ELEMENTOS DEL CONTRATO DE SEGURO (Continuación).


OBJETO (Continuación). EL SINIESTRO

200. Concepto de siniestro


Si el riesgo es definido como la eventualidad prevista en el contrato ', a ma-
nera de avance es factible afirmar que el siniestro es la realización del riesgo tal
como ha sido determinado contractualmente.
La Ley de Seguros no suministra una definición unitaria del siniestro, ni de-
finiciones de siniestros en cada rama. Ello está reservado al texto de la póliza, a la
tarea docente en el aula, al autor en el texto, a la doctrina de los jueces, etcétera.
Así, en materia de seguro de vida, si se trata de un seguro de vida por la super-
vivencia del asegurado, el siniestro se halla constituido por haber alcanzado una
edad determinada; en el seguro de vida en caso de muerte, por la muerte, cualquiera
sea la causa de la misma 2.
En principio no crea mayores dificultades identificar el siniestro, pues si de él
afirmamos que consiste en la "realización" del riesgo, basta con que éste se halle
debidamente determinado, suficientemente precisado, para que se vea facilitada la
identificación de lo que es el siniestro 3.
O dicho de otro modo, el siniestro es el evento dañoso configurativo de uno de
los elementos del riesgo (juntamente con la posibilidad), a cuya verificación se ha-
lla subordinada, en principio, la obligación principal asumida por el asegurador 4.

' HALPERIN, I., Seguros, cit. T. II, nro. 5, pág. 503.


^ PICARO, M . - BESSON, A., LesAssurances...,cH., T. I. nro. 115, pág. 197.
^ PiCARD, M. - BESSON, A., Les Assumnces..., cil, T. I, nro. 115, pág. 192.
Afirma Garrigues que el siniestro es determinante de la obligación única del asegurador, y es
también causa determinante de varios deberes del asegurado o del contratante del seguro, los cuales,
sin el siniestro, no tendrían sentido, y que condicionan la prestación del asegurador (GARRIGUES, J.,
Contrato..., cit., pág. 161). Tiene expresado la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires que
"el siniestro es el hecho jurídico al cual el ordenamiento imputa, como consecuencia, el nacimiento
del derecho del asegurado a exigir la indemnización" (S.C.B. A., 1--II-1971, "Pantano, A. c/La Estre-
lla Cía. de Seg.", L.L., 143-260; J.A., 1971-10-608; D.J.B.A., 92-221).
226 RUBÉN S. STIGLITZ

201. Caracteres del siniestro que debe afrontar el asegurador


La garantía del asegurador se halla condicionada no sólo a la producción del
siniestro, sino a que el mismo constituya la realización del riesgo contratado, lo que
presupone que no se halle excluido. En consecuencia, el siniestro excluido no pone
en funcionamiento la garantía del asegurador en razón de que se trata de una hipó-
tesis de delimitación a la misma.
El límite a la obligación del asegurador no se funda, en ese caso, en la inexis-
tencia de siniestro, sino en la verificación de un siniestro no garantizado por hallar-
se fuera de las previsiones contractuales (no seguro).
Lo propio acontece en el supuesto de suspensión de la cobertura por falta de pago
del premio, en que la consecuencia legalmente establecida consiste en que el asegura-
dor se halla desobligado de su obligación principal "por el siniestro ocurrido antes del
pago". Su liberación no obedece a la inexistencia de un siniestro sino al hecho de
que, al tiempo de producirse, su cobertura (garantía) se hallaba suspendida.
Doctrinariamente se afirma que hay siniestro "cuando el riesgo, previsto en un
contrato válido y en curso de ejecución, se realiza suscitando la obligación de garantía
del asegurador: no debe, pues, haber ni suspensión de la garantía por no pago de las pri-
mas, ni exclusión de riesgos legal o convencional, ni nulidad del contrato" 5.
De allí que no participemos del criterio de Halperin cuando afirma que no
constituye siniestro cuando el mismo resulta de un cambio arbitrario o de una agra-
vación del estado del riesgo *.
Nuestra discrepancia se funda en la circunstancia de que en la hipótesis de sus-
pensión de cobertura no es que no exista siniestro sino que, como consecuencia de
que la cobertura se halla suspendida (art. 39, L.S.), el asegurador no lo cubre, lo que
significa que el siniestro producido —y por tanto existente— se halla fuera de la ga-
rantía comprometida.
En consecuencia, en una primera aproximación, podemos afirmar que mien-
tras el evento constituye una posibilidad de realización estaremos aludiendo al ries-
go, pero cuando el evento se haya "realizado" (cuando se haya concretado, produ-
cido o verificado) nos estaremos refiriendo al siniestro ^.

202. Caracteres del siniestro que debe afrontar el asegurador


(continuación). El siniestro provocado
A los fines de seguir avanzando en los presentes desarrollos se hace menester
afirmar que el asegurador queda liberado si el evento previsto ha sido provocado
por el tomador o beneficiario con dolo o culpa grave (arts. 70,114,135,152, L.S.).

^ PICARO, M.-BESSON, A.,LeíAíí«ranceí...,cit.,T. I, nro. 116, pág. 194, cuando afirman que
para que haya siniestro es necesario que la realización del mismo "ponga en juego la garantía com-
prometida por el asegurador", y que ello conlleva dificultades en razón de las exclusiones del riesgo.
^ HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, pág. 833.
^ DONATI, A., Tmttato..., cit., Vol. II, nro. 303, pág. 121.
DERECHO DE SEGUROS 227

De ello se deduce que, en principio, el evento indemnizable debe tratarse de un


hecho fortuito o de fuerza mayor, lo que incluye (a) el hecho de tercero aun doloso, (b)
el hecho del tomador o del asegurado provocado con culpa leve y (c), en el seguro con-
tra la responsabilidad civil, el hecho al que se atribuya culpa grave del asegurado
cuando así haya sido acordado por convención expresa (arg. art. 158-3, L.S.) s.

203. La importancia del tema


La importancia del tema se pone de manifiesto con sólo enunciar las cuestio-
nes con las que se halla vinculado, como, por ejemplo:
a) Con el objeto del contrato, pues si éste no prevé la eventualidad que, una vez
realizada, deviene en siniestro, el contrato carece de objeto (art. 2-, L.S.);
b) Con la validez del contrato, pues si al tiempo de celebrarse, "el siniestro se
hubiera producido o desaparecido la posibilidad de que se produjera", el contrato
es nulo (art. 35-1, L.S.).
Lo propio acontece cuando, al acordarse que el contrato comprenda un perío-
do anterior a su celebración, el asegurador conocía al tiempo del perfeccionamiento
del acto la imposibilidad de que ocurriese el siniestro o "el tomador conocía que se
había producido" (art. 3--2, L.S.);
c) Con la disciplina de la reticencia en los seguros de vida, pues cuando el ase-
gurado fuese de buena fe y la reticencia se alegase en el plazo del artículo 5--2, Ley
de Seguros ("dentro de los tres meses de haber conocido la reticencia o falsedad"),
después de ocurrido el siniestro la prestación debida se reducirá si el contrato fuese
reajustable conforme al artículo 6°, Ley de Seguros.
Por otra parte, "si el siniestro ocurre durante el plazo para impugnar, el asegu-
rador no adeuda prestación alguna, salvo el valor de rescate que corresponda en los
seguros de vida" (art. 9-, L.S.);
d) Con los efectos de la mora en el pago de la primera prima o de la prima úni-
ca, supuesto en que el asegurador queda liberado de su obligación principal "por el
siniestro ocurrido antes del pago" (art. 31, L.S.);
e) Con la disciplina de la agravación del riesgo, específicamente en cuanto a
los efectos en caso de omisión por el tomador de la denuncia de la agravación. En
ese caso, el asegurador no está obligado a su prestación si el siniestro se produce du-
rante la subsistencia de la agravación del riesgo, salvo las excepciones previstas en
los artículos 40-2 y 43, Ley de Seguros;
f) Con el nacimiento de cargas legales informativas cuyo sujeto pasivo es el
tomador o, en su caso, el derechohabiente, como ser la denuncia del siniestro dentro
de los tres días de conocerlo (art. 46-1, L.S.), y ya más específicamente en el seguro
contra la responsabilidad civil, en el término de tres días de producido el hecho del

o
Para Garrigues el siniestro "ha de ser un hecho (sea material, sea jurídico, como ocurre en el
seguro de responsabilidad civil) que produzca un daño y, por tanto, la concreta necesidad de reparar-
lo" (GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 161).
228 RUBÉN S, STIGLITZ

que nace su eventual responsabilidad si es conocido por él o debía conocerlo (art.


115, L.S.); para el seguro contra el granizo, el mismo plazo salvo que las partes
acuerden uno mayor (art. 93, L.S.); lo propio para el seguro contra la helada (art. 97,
L.S.); para el seguro contra la mortalidad, dentro de las veinticuatro horas de la
muerte del animal o de cualquier enfermedad o accidente que sufra, aunque no sea
riesgo cubierto (art. 103, L.S.). También la noción de siniestro se halla vinculada
con las cargas de transmisión, como ser la relativa a la información necesaria para
la verificación del siniestro o la extensión de la prestación a cargo del asegurador
(art. 46-2, L.S.) y, finalmente, la carga de salvamento que, producido el siniestro,
consiste en disminuir el daño y observar las instrucciones de aquél (art. 72, L.S.);
g) Con las facultades del asegurador consistentes en requerir del asegurado la
información necesaria para verificar el siniestro o la extensión de la prestación a su
cargo, realizar indagaciones al respecto (art. 46-2, L.S.), o en examinar las actua-
ciones administrativas o judiciales motivadas o relacionadas con la investigación
del siniestro (art. 46-4, L.S.);
h) Con la carga del asegurador consistente en pronunciarse dentro de los trein-
ta días de recibida la información complementaria prevista en el artículo 46-2 y 3,
Ley de Seguros, acerca del derecho del asegurado (art. 56, L.S.) y consecuentemen-
te para cumplir con la prestación principal a su cargo (art. 61, L.S.) en el plazo pre-
visto en el art. 49, Ley de Seguros;
i) Con la disciplina de la rescisión cuando el siniestro causa un daño parcial
(art. 25, L.S.);
j) Con la prescripción, por cuanto las acciones fundadas en el contrato de se-
guro prescriben en el plazo de un año, computado desde que la correspondiente
obligación es exigible (art. 58-1, L.S.), y en el seguro de vida desde que el benefi-
ciario conoce la existencia del beneficio, pero que en ningún caso excederá de tres
años desde el siniestro (art. 58-4, L.S.);
k) Con su provocación dolosa o con culpa grave para los seguros de daños patri-
moniales (art. 70, L.S.); o específicamente para el seguro contra la responsabilidad ci-
vil (art. 114, L.S.) y para el seguro contra accidentes personales (art. 152, L.S.).

204. Prueba del siniestro. Principios aplicables.


La carga probatoria dinámica. El deber de cooperación
Tratándose el siniestro de un capítulo que integra el objeto del contrato de se-
guro, o sea, la materia de que trata la operación jurídico-económica, remitimos, en
lo principal, a lo que habremos de exponer infra (Cap. XXII) en tomo a la pmeba
del contrato de seguro.
Sin perjuicio de ello, y a título anticipatorio, afirmamos que la carga de la
prueba del siniestro se halla sometida al principio general que emana del artículo
377 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, de manera tal que si lo que
se controvierte es la existencia misma del evento dañoso, será el asegurado quien
DERECHO DE SEGUROS 229

deba soportar la carga por ser quien afirme su existencia, o sea, el evento dañoso
como presupuesto de hecho de la norma que invoque como fundamento de su pre-
tensión 9.
A su vez, si es el asegurador quien alega causales (excepciones) obstativas a
su obligación principal, como por ejemplo que el siniestro se halla excluido de co-
bertura o suspendida la garantía, es a él a quien incumbe la prueba del presupuesto
de hecho que invoque como defensa.
Todo ello sin perjuicio de la aplicación, cuando corresponda, del principio del
que se predica la carga de la prueba en cabeza de quien se halle en mejores condi-
ciones de producirla.
Las partes podrán valerse de todos los medios de prueba.
Por lo demás, a esta altura es valor de manual que "en la tarea de formar la con-
vicción del asegurador acerca de la existencia del siniestro denunciado, el asegura-
do debe prestar su apoyo y colaboración para el esclarecimiento del siniestro, de sus
causas y de sus consecuencias" lo.

205. Prueba del siniestro (continuación). Hipótesis


que no lo constituyen
En cambio, no constituye prueba del siniestro "la solicitud de desarchivo del
expediente instruido con motivo de la denuncia de hurto de un rodado, realizada por
la aseguradora del presunto tercero responsable con la finalidad de extraer fotoco-
pias de la misma a fin de liquidar el siniestro...", ya que ello sólo implica "un acto
de la propia interesada que no involucra en modo alguno su posición en el juicio en
que es posteriormente citada en garantía... ni supone reconocimiento alguno acerca
de la existencia del hecho" '-'.

206. El siniestro en el seguro contra la responsabilidad civil


El hecho acaecido durante la vigencia material del contrato y que, por dañoso,
genera responsabilidad, técnica y jurídicamente, se denomina siniestro 12.
La sola producción de este último provoca un débito de responsabilidad que
surge ex lege, por el evento que produce daño (hecho acaecido) a terceros, ya sea

' CNCom.,SalaB,22-XII-1995,"AuberS.A.c/ArcadiaCía.deSeg.",L.L.,1996-B-573;£)./,
1996-1-1314.
'° CNCom., SalaB, 28-IX-1998, "Falque Buda, Proato c/El Comercio Cía. de Seg.", L.L., 1999-
C-223; D.J., 1999-2-634.
" CNCom., SalaC, 2-II-1998, "InteramericanaCía. de Seg. c/GarajePalermo", D.J., 1999-
2-1009.
'^ LAMBERT-FAIVRE, Y., Droit..., cit., nro. 643, pág. 445.
230 RUBÉN S. STIGLITZ
motivado en el incumplimiento de una obligación de naturaleza contractual o el he-
cho lesivo en el marco de la responsabilidad extracontractual >3.
O dicho con otras palabras, el siniestro es el surgir de la responsabilidad en la per-
sona del asegurado como consecuencia inmediata y directa del suceso dañoso '•*.
A manera de síntesis podemos expresar que en el seguro contra la responsa-
bilidad civil (a) el siniestro se halla constituido por la aparición de un débito de res-
ponsabilidad civil previsto en el contrato; (b) como consecuencia de un hecho acae-
cido en el plazo convenido como de duración material del contrato; (c) débito que
nace con la comisión del ilícito dañoso; (d) que genera daño en el patrimonio del
asegurado pues importa, desde ese mismo momento, una disminución del mismo;
(e) patrimonio que deberá —con relación al débito de responsabilidad— ser man-
tenido indemne por el asegurador, en virtud de la obligación de indemnidad asumi-
da (art. 109, L.S.); (f) obligación que se extiende a las costas y gastos, judiciales o
extrajudiciales, aun de pretensiones infundadas '5.

'^ S.C.B.A., ie-II-1971,"Pantano, A, c/La Estrella Cía. de Seg.",L.L., Hi-ieO; D.J.B.A., 92-
221; J.A., 1971 -10-608, donde se sostuvo que el siniestro es el hecho jurídico al cual el ordenamiento
imputa, como consecuencia, el nacimiento del derecho del asegurado a exigir la indemnización;
CNCiv,, Sala F, P-VII-1971, "Labrada de Rensin, N. c/Portilla", L.L., 148-638 (29294-S); CNCiv.,
Sala A, 8-11-1972, "Londres y Río de La Plata c/Balyan Agop.", L.L., 147-139; CNCiv., Sala C, 24-
IV-1974, "Gregorio, L. c/Pérez, M.", E.D., 1975-57-270, donde se señala que las expresiones "sinies-
tro", "accidente", "hecho dañoso", "hecho generador", guardan equivalencia conceptual; Cám. 3-
Civ. y Com. Córdoba, ls-XII-1986, "Thompson, R, c/El Comercio", L.L, 1987-586; S.C. Mendoza,
Sala l^ lMX-1987, "Vicente, M. c/Comiso, D.", J.A., 1988-1V-87.
''* VlTERBO, C, El Seguro de la Responsabilidad Civil, Depalma, Buenos Aires, 1944, pág. 122;
STIGLITZ, R. S., El Siniestro, cit., nro. 78, pág. 207; STIGUTZ, R. S., "El momento del siniestro en el
seguro contra la responsabilidad civi!", J.A., 1986-111-790, nro. 5; STIGUTZ, R. S. - STIGUTZ, G. A.,
Seguro contra..., cit., nro. 128, pág. 262. El derecho comparado suministra la misma solución que la
ley argentina. Vg.: La ley española de contrato de seguro, aun con el agregado efectuado por la ley
30/1995, al definir al seguro contra la responsabihdad civil (art. 73-1) lo hace así: "Por el seguro de
responsabilidad civil el asegurador se obliga, dentro de los límites establecidos en la ley y el contrato,
a cubrir el riesgo del nacimiento a cargo del asegurado de la obligación de indemnizar aun tercero los
daños y perjuicios causados por un hecho previsto en el contrato de cuyas consecuencias sea civilmen-
te responsable el asegurado, conforme a derecho". Y así lo ha interpretado pacíficamente su doctrina
(GARRIGUES, J., Contrato..., cit., pág. 374; SÁNCHEZ CALERO, F., "Ley de contrato de seguro", en Co-
mentarios..., cxt., pág. 1144).
Lo propio acontece en Italia, cuyo art. 1917, Cód. Civ., fuente inmediata del art. 109 de nuestra
ley, establece: "En el seguro de responsabilidad civil el asegurador está obligado a tener indemne al
asegurado de cuanto éste, como consecuencia del hecho acaecido durante el tiempo del seguro, deba
pagar aun tercero, dependientemente de la responsabilidad deducida en el contrato...". Pacíficamente
su doctrina afirma que el siniestro lo constituye el evento o acto dañoso (MESSINEO, F., Manual..., cit.,
T. VI, nro. 22,pág. 173; DURANTE, A.,L'Assicurazione...,c\l., nro. 5, pág. 8; DONATI, A., Trattato...,
cit., Vol. m, nro. 733, pág. 347).
'^ STIGUTZ, R. S. -STIGLITZ, G. A., &g«roc-oníra..., cit, nro. 130, pág. 268. Remitimos al lector
a dicha obra, donde examinamos la totalidad de las teorías expuestas en torno al momento del siniestro
y a las consecuencias que se derivan de la tesis que queda expuesta en el texto, en punto a la oportu-
nidad de deducir defensas, curso de la prescripción, etc. (nro. 230, págs. 269/273).
DERECHO DE SEGUROS 231

207. El siniestro debe producirse durante la vigencia material


del contrato
En principio, el siniestro se halla cubierto si se verifica durante su duración
material, que es el plazo por el que el asegurador asume la garantía por el riesgo
contractualmente previsto.
Lo expuesto viene a cuento de la distinción a efectuarse entre (a) siniestros
que generan daños instantáneos o, con mayor precisión, eventos producidos duran-
te la vigencia material del contrato y en que el daño se agota en el mismo lapso, de
aquellos otros, (b) siniestros en que si bien el evento se produce durante el plazo de
vigencia material del contrato, el daño se prolonga o recién se manifiesta vencido
el mismo. En cualquiera de estos dos últimos casos, se entiende que el siniestro se
ha producido cuando comenzó a causar el daño o la consecuencia en la persona del
asegurado, según se trate de seguro de interés o seguro de persona '6.
El criterio expuesto resulta del principio de indivisibilidad del riesgo i^, de
manera que si su realización requiere un evento dañoso o susceptible de serlo '§, el
asegurador sólo cubre las consecuencias dañosas del siniestro producido durante la
vigencia material del contrato de seguro.
De ello se infiere que si el evento acaece antes del comienzo material de vi-
gencia del contrato, aunque genere un daño de duración que se manifieste una vez
vigente el contrato, el asegurador no debe su garantía pues ésta se halla subordinada
aun siniestro acaecido durante un contrato vigente '9.
En suma, el asegurador no responde por las consecuencias dañosas de un
evento acaecido antes del comienzo de vigencia material del contrato, en razón de
que la duración material del seguro es capítulo que se inserta propiamente en los
efectos (obligaciones) del contrato, por lo que no es jurídicamente exigible que el
asegurador asuma su obligación principal por el acaecimiento de un evento verifi-
cado con anterioridad a la vigencia del vínculo asegurativo ^o.
La misma argumentación sirve de soporte a la hipótesis de un siniestro acae-
cido durante la vigencia material del contrato, pero con consecuencias dañosas que
se prolongan extinguida ya la relación aseguradora. En este caso el asegurador res-

STIGLITZ, R. S., E¡ Siniestro, cit., nro. 4, pág. 28; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro.
l,pág. 834.
'•' VIVANTE, CDerecAo..., cit., T. 14, Vol. I, nro. 76, pág. 108.
'^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 306, pág. 126.
De allí que para argumentar como lo hacemos en el texto, estimamos innecesario acudir por
analogía, como lo hace Halperin, al art. 3-, L.S., al afirmar que "la producción del siniestro antes del
comienzo material del seguro, anula o hace imposible el seguro, de manera análoga a la falta de un
interés asegurable" [Seguros, cit., T. 1, nro. 15, pág. 518), pues en la especie nos hallamos frente a una
hipótesis en que el contrato no ha nacido a la vida jurídica.
^° DONATi, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 335, pág. 180. Deliberadamente en el texto hemos
evitado emplear la voz siniestro pues, como lo destaca Halperin, el "siniestro anterior al comienzo del
seguro no es un siniestro en sentido técnico" (Seguros, cit., T. II, nro. 1. pág. 834, nota 1).
232 RUBÉN S. STIGLITZ
ponde. El mismo principio de indivisibilidad hace que las pérdidas (daños) que pro-
vienen del siniestro, en razón de la inescindibilidad de sus dos elementos: evento-
daño y en virtud de su efectiva vinculación, se consideran inseparablemente ligadas
al primero (evento) 21.
Otra posibilidad distinta a las examinadas es aquella en que el daño, siendo
consecuencia de un evento producido durante la vigencia material del contrato, se
manifiesta con posterioridad a su vencimiento. En este caso pensamos que como el
siniestro es una noción indivisible, en tanto y en cuanto el daño (necesidad) se re-
lacione adecuadamente con una causa que de ordinario, según un módulo objetivo,
fuera de esperar que lo provoque (al daño), subsiste la obligación principal a cargo
del asegurador. En consecuencia, el asegurador debe afrontar las consecuencias da-
ñosas manifestadas una vez extinguida la relación aseguradora siempre y cuando el
evento se haya producido vigente el contrato.
La manifestación tardía, la exteriorizada ya vencido el contrato, motiva la nece-
sidad de que, a los fines de decidir en tomo a la garantía del asegurador, se atienda
al momento de la verificación del evento ocurrido dentro de la duración material de
la relación aseguradora, siempre y cuando guarde relación de causalidad adecuada con
el daño.
El principio expuesto ha tenido específica recepción legislativa, jurispruden-
cial y aplicación contractual.
Para el primer caso damos como ejemplo el seguro contra la mortalidad. En
efecto, el artículo 108-1, Ley de Seguros, establece que "el asegurador responde
por la muerte o incapacidad del animal ocurrida hasta un mes después de extinguida
la relación contractual, cuando haya sido causada por enfermedad o lesión produ-
cida durante la vigencia del seguro" 22.
La Cámara Comercial de la Capital Federal —al tener que resolver en un seguro
contra la mortalidad animal, sobre la viabilidad de una pretensión deducida por el ase-
gurado con motivo de la muerte de un caballo acaecida al día siguiente de extinguido
el contrato, pero a consecuencia de una enfermedad contraída durante su vigencia—
sostuvo "que el siniestro es un hecho indivisible que apareja la responsabilidad del ase-
gurador, igual que sería responsable en caso de incendio —^previsto en la póliza— si
éste surgiera antes del vencimiento de la póliza y continuara después" ^3.

" Halperin afirma que en este caso se considera que las consecuencias dañosas han ocurrido to-
talmente durante la acción material (Seguros, cit., T. II, nro. 1, pág. 834).
Creemos que acude innecesariamente a una ficción, cuando en rigor de verdad, la solución real
se apoya en el principio de indivisibilidad delriesgo(VIVANTE, C. , Derecho... cit., T. XIV, Vol. 1, nro.
76, pág. 108). En el sentido indicado en el texto, se ha resuelto que el asegurador se halla impedido
de sustraerse a las consecuencias de un siniestro por el hecho de que se haya manifestado después de
la vigencia de la póliza (Cám. III, Civ, y Com., Córdoba, 1--XII-1986, "Thompson Remos S.A. c/El
Comercio de Córdoba Cía. de Seg.", LL. 1987-C-586.
Esta disposición reconoce como fuente el art. 112 del proyecto de Ley General de Seguros re-
dactado por Halperin (Rev. Der. Com., 1959, 2do. semestre, pág. 81).
^^ Cám. Com. Capital, 15-Vn-1938, "Predolini Parera, J. c/La Continental Cía. de Seg.", LL,
DERECHO DE SEGUROS 233

En ocasiones el principio ha tenido aplicación contractual para ciertas ramas


como, por ejemplo, en el seguro contra accidentes personales cuando, al describir
el riesgo cubierto, se establece la garantía por las consecuencias del accidente, aun
cuando se manifiesten a más tardar dentro de un año a contar de la fecha del mismo.

208. Provocación del siniestro y delimitación causal


subjetiva del riesgo
Antes de ahora (supm. Cap. VIII, parágs. 164, 165,167, 169, 170, 171, 173)
afirmamos que el riesgo debía ser determinado y que a ello contribuía, por ejemplo,
su delimitación causal, porque el orden jurídico —siempre— y la regla inoral —en
ocasiones— se oponen a la cobertura de un siniestro que se produzca por dolo o cul-
pa grave del tomador o el beneficiario.
Y ya desde una perspectiva técnica, se tiene expresado que "la ecuación del
asegurador a través de la cual éste logra la eliminación, neutralización y compen-
sación de los riesgos, sólo se logra por aplicación del principio de equivalencia en-
tre riesgo y prima el que se ve alterado en su médula cuando se provoca el siniestro
por dolo o culpa grave" 24.
Y así ha sido recogido por la ley para los seguros de daños patrimoniales: "El
asegurador queda liberado si el tomador o el beneficiario provoca el siniestro do-
losamente o por culpa grave. Quedan excluidos los actos realizados para precaver
el siniestro o atenuar sus consecuencias, o por un deber de humanidad generalmen-
te aceptado" (art. 70, L.S.).
Lo propio acontece en el seguro contra la responsabilidad civil: "El asegurado
no tiene derecho a ser indemnizado cuando provoque, dolosamente o por culpa gra-
ve el hecho del que nace su responsabilidad" (art. 114, L.S.).
Lo mismo ocurre en el seguro contra la mortalidad: "El asegurado pierde el
derecho a ser indemnizado si maltrató o descuidó gravemente al animal, dolosa-
mente o por culpa grave, especialmente si en caso de enfermedad o accidente no re-
currió a la asistencia veterinaria (art. 104), excepto que su conducta no haya influi-
do en la producción del siniestro ni sobre la medida de la prestación del asegurador"
(art. 105, L.S).
Y, finalmente, en el seguro de accidentes personales: "El asegurador se libera
si el asegurado o el beneficiario provoca el accidente dolosamente o por culpa grave
o lo sufre en empresa criminal" (art. 152, L.S.).

12-135, donde se sostuvo, con apoyo en la opinión de Vivante que "si el siniestro comienza antes y
continúa después del principio convencional del riesgo (sic), el asegurador no responde por éste, por-
que el siniestro es un hecho indivisible; las consecuencias que se derivan están ligadas inseparable-
mente al momento en que se ha iniciado. Con el mismo criterio conviene decidir la hipótesis de un si-
niestro surgido a última hora y continuado después del término del seguro: aquél recae por entero
sobre el asegurador".
^"^ CNCom., Sala B, 1 l-IX-1987, "Viva, M. c/El Comercio Cía. de Seg.", L.L., 1988-A-239.
234 RUBÉN S. STIGLITZ

Estas disposiciones constituyen supuestos de exclusión de cobertura enuncia-


dos formal, directa y expresamente por textos legales. Esos textos legales, a su vez,
se hallan contenidos en normas imperativas.
En efecto, los artículos 70,105 y 152, Ley de Seguros, son normas que, por su
letra y naturaleza, son totalmente inmodificables (art. 158-1, L.S.).
A su tumo, el artículo 114, Ley de Seguros, es una disposición relativamente
imperativa pues sólo es factible de ser modificada en favor del asegurado (art. 158-
3,L.S.)25.
Se trata de cuatro supuestos de delimitación causal subjetiva, lo que presupo-
ne que las exclusiones allí contenidas se limitan a las personas del tomador, asegu-
rado o beneficiario, según el caso, pues sólo a ellas se refieren los textos legales.
En consecuencia, las hipótesis de delimitación causal subjetiva no son facti-
bles de ser extendidas a otras personas que no sean aquellas a las que se refiere la
norma jurídica.
El carácter necesario (arts. 70, 105 y 152, L.S.) o seminecesario (art. 114,
L.S.) de las normas legales que implementan los referidos supuestos de "no seguro"
impide que, por reglas de autonomía (condiciones generales o especiales de póli-
za), se amplíen los derechos del asegurador-predisponente o se restrinjan los del
asegurado-adherente (art. 37, ley 24.240).

209. Inasegurabilidad del siniestro provocado con dolo.


Consideraciones generales
El riesgo asegurado se define como la posibilidad de un evento dañoso. A su
vez, la posibilidad presupone un evento futuro e incierto. Debe ser (a) futuro, pues
la ley fulmina con nulidad al contrato de seguro en que al tiempo de su celebración
el siniestro se hubiera producido o desaparecido la posibilidad de que se produjera
(art. 3-, L.S.). Y debe ser (b) incierto, pues si es firme, indudable o positivo que el
evento habrá de acaecer, dejará de ser posible para transformarse en necesario o
cierto, por lo que el contrato, al perder su carácter de aleatorio, quedaría desnatu-
ralizado como contrato de seguro ^e.
Y si es cierto que no se verificará, quedamos situados en la hipótesis de la im-
posibilidad, supuesto éste que genera la nulidad del contrato (art. 3-, L.S.) 27.

• Y sólo es factible de ser modificada a través de una condición de póliza que, constitutiva de
la determinación del riesgo, garantice la cobertura de los siniestros en que haya incurrido el asegurado
y a quien se atribuya culpa grave. Y ello deberá ser así expresado, pues la circunstancia de que la "cul-
pa grave" no se halle integrando un elenco de exclusiones no importa su cobertura, pues ante el silen-
cio de las partes rige el art. 114, L.S., en tanto suprime el derecho del asegurado a ser indemnizado
bajo tales circunstancias.
Laudo arbitral, 23-VI-1967, "La Holando Sudamericana Cía. de Seg. c/Hilmesa S.A.", L.L.,
133-967 (19.516); J.A., 1968-VI-222.
"^ DONATi, A., Trattato..., cit, Vol. II, nro. 300, pág. 117; STIGLITZ, R. S., El Siniestro, cit., nro.
ll,págs. 109ysigs.;ZAV ALA RODRÍGUEZ, C.J.,Cóá¿go..., cit.,Vol. II, nro. 1643, pág. 352; CASTILLO,
DERECHO DE SEGUROS 235

Lo expuesto precedentemente viene a cuenta de que si el evento dañoso es


provocado dolosamente por el tomador, asegurado o beneficiario ^s, según el caso,
deja de ser incierto. En efecto, técnicamente el riesgo queda eliminado como posi-
bilidad y este elemento queda sustituido por el de certeza 29.
De donde, un siniestro provocado dolosamente por el asegurado importa ha-
cer recaer la realización del evento en la voluntad exclusiva de uno de los sujetos
del contrato, desnaturalizándose así el principio general consistente en que el ase-
gurador cubre o garantiza las pérdidas o daños ocasionados por casos fortuitos, no-
ción que incluye los hechos de terceros, aun intencionales, que son fortuitos respec-
to del asegurado 3o y por sus hechos culposos, de los que cabe excluir, salvo pacto
en contrario (art. 158-3, L.S.), los provocados por culpa grave.

210. El dolo del asegurado. Elementos confígurativos


La noción del dolo excluido de cobertura es la que se corresponde con los ele-
mentos confígurativos del dolo delictual, que es aquel que designa la intención
del agente de provocar el evento que derivará en daño. De lo que se sigue que la
conducta dolosa del sujeto importa querer el resultado del acto, consecuencia ne-
cesaria e inescindible de la acción, pues obra con "conocimiento y deliberación",
a sabiendas y con intención de dañar (art. 1072, Cód. Civ.) 3i. O dicho en otros tér-

R. S., Curso..., cit., T. IV, nro. 51, pág. 85; MANES, A., Tratado..., cit., pág. 6, quien señala que, "la
necesidad prevista por el seguro ha de ser fortuita, es decir situada en lo posible fuera del alcance de
la voluntad de aquel a quien se ofrezca la reparación, bien porque el suceso sea de todo punto de vista
inasequible para las posibilidades humanas en general —como ocurre con los fenómenos del tiem-
po—, o porque la ley, cuando así no acontezca, contrarreste los estímulos que puedan mover a! hom-
bre por medio de penas —como las que castigan el incendio delictuoso—, por la amenaza de un que-
branto profesional —como es vg., la responsabilidad civil a la que se expone el médico que incurra
en grave impericia operatoria—, o por la conminación de otros perjuicios, los que pueden seguirse,
por ejemplo, de un suicidio. Con la nota de suicidio —finaliza— se excluye, de una parte lo necesario,
y de otra lo imposible".
28
De ahora en más aunque en el texto aludamos solo al asegurado, nos referimos, por extensión,
al tomador, cuando ambas figuras coincidan, y ai beneficiario cuando aludamos al tercero que obtiene
el provecho de una estipulación acordada en su favor (vg., art. 128, L.S.).
Para Halperin queda afectada la médula misma del contrato (HALPERIN, L, Seguros, cit., T. II,
nro. 19, pág. 858). Conf. ALONSO SOTO, R.,El Seguro de la Culpa, Montecorvo, Madrid, 1977, pág.
238; OBARR]0, M., Cuno..., cit, T. II, nro. 12, pág. 26.
•^° PICARO, M. -BESSON, A.,Lí;.íAííi.írancei...,cit.,T. l,nro. 54, pág. 107;BENÍTEZDELUGOY
RAYMUNDO, L., Tratado..., cit., T. I, nro. 134, pág. 286; LAMBERT-FAIVRE, Y.,Droit..., cit, nro. 383,
págs. 260 y sigs.
^' ALTERINI, A. A., Responsabilidad Civil, Abeledo-Perroí, Buenos Aires, 1987, pág. 96; ALTE-
RINI, A. A. - AMEAL, O. J. - LÓPEZ CABANA, R, M., Derecho..., cit., pág. 194; LI.AMBÍAS, J. J., Códi-
go..., cit., T. II-B, pág. 315; KEMELMAJERDE CARLUCCI, A. - PARELLADA, C , El Dolo, Hammurabi,
Buenos Aires, 1992, nro. 77, pág. 176; KEMELMAJER DE CARLUCCI, A., en Código Civily Leyes Com-
plementarias (BELLUSCIO, A . C , director, ZANNONI, E., coordinador), T. V, Astrea, Buenos Aires,
1985, págs. 86 y sigs.
236 RUBÉN S. STIGLITZ
minos, basta el conocimiento de que el acto causa un daño, aunque el agente no trate
de causarlo 22.
La conducta del agente que obra con dolo exhibe una libre determinación y
conciencia del acto perjudicial, o sea, voluntad y reflexión, respectivamente 33. No
es característica del dolo la finalidad específica de causar daño, ni ineludiblemente
la de obtener un lucro con la indemnización que, en cambio, sí tipifica la figura de la
estafa de seguro. En suma, el dolo excluido de cobertura es el provocado voluntaria
y conscientemente por el asegurado, sin que se requiera para su configuración que
éste haya tenido como propósito obtener la indemnización a cargo del asegurador.
El siniestro provocado dolosamente por el asegurado requiere, en primer lu-
gar, la voluntad del autor, pues se trata de un hecho voluntario en los términos del
artículo 897, Código Civil. Ello importa ejecutarlo con discernimiento, intención y
libertad. En segundo lugar, el dolo afirma la conciencia en el agente de que su obrar
provoca el evento, aunque —como ha quedado expresado— no es requisito esen-
cial que la finalidad del autor consista en causar un daño. Pero sí conciencia de la
realización del riesgo (siniestro) y de sus consecuencias, que, aun previsibles por
adelantado, no han impedido el acto 34.

211. Fundamento de la inasegurabilidad del dolo


Los fundamentos que explican al dolo como supuesto de delimitación causal
subjetiva son plurales: algunos lo hallan en la circunstancia de que (a) el seguro de
los eventos dolosos lesiona el orden público 35 y la moral, como elementos que de-
ben presidir la validez de los contratos. Otros añaden que (b) el asegurado no puede
con su conducta voluntaria provocar el hecho que, por esencia, es casual o fortuito.
Y ello en razón de que el siniestro debe ser ajeno a la actuación u obra del asegu-
rado. Es que la operación seguro, como bien se destaca, "es una técnica de garantía
del azar que comprende sólo los eventos aleatorios; por lo que la realización volun-
taria del siniestro, que introduciría en el contrato una condición meramente potes-
tativa, es técnicamente inasegurable'" 36. Es el caso exactamente inverso del expre-

'" CAZEAUX, P. - TRIGO REPRESAS, F. A., Derecho...,cil..T. I, pág. 252, nota 210; SANTOS BRIZ,
J., La Responsabilidad Civil, Montecorvo, Madrid, 1970, págs. 36/38; STIGLITZ, R. S., El Siniestro,
cit., nro. 22, pág. 127 y nro. 25, pág. 131.
•31

Donati suministra el ejemplo de la autolesión de quien quiere ser exonerado cuando es con-
vocado al servicio militar o el supuesto del sacrificio de un caballo herido (DONATI, A., Trattato..., cit.,
Vol. II, nro. 308, pág. 131).
•''' PICARO, M . - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T. I, nro. 67, págs. 110 y sigs.; DONATI, A.,
Trattato..., cit., Vol. II, nro. 308, pág. 131; STIGLITZ, R. S., El Siniestro, cit, nro. 23, pág. 129.
^^ MAZEAUD, H. y L. - TuNC, A., Tratado..., cit., T. 3-II, nro. 2650, pág. 158; ZAVALA RODRÍ-
GUEZ, C. ]., Código..., cit., T. II, nro. 1724, pág. 393; DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 320,
pág. 151.
LAMBERT-pArvRE, Y,, Assurances des Entreprises et des Professions, Dalloz, París, 1979,
nro. 973, pág. 662; CNCom., Sala B, 2-VII-1993, "Bon Denis, J. c/Omega Coop. de Seg." (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 237

sámente contemplado en los artículos 537, infine y 538, Código Civil, entendiendo
la generalidad de la doctrina que cuando se provoca dolosamente el cumplimiento
de la condición, ésta debe tenerse por no cumplida ^v.
A lo expresado se agrega que (c) el dolo es una hipótesis de delimitación cau-
sal subjetiva por causa ilícita 38 y, por ende, inasegurable.

212. Efectos del siniestro provocado dolosamente


Los efectos que trae aparejada la provocación dolosa del evento son los si-
guientes:
a) Dado el carácter imperativo de la norma legal que prohibe la garantía del si-
niestro provocado por dolo del asegurado, la condición de póliza (regla de autono-
mía) por la que se consagre dicha cobertura es nula por causa ilícita.
b) Incumbe al asegurador la prueba del presupuesto de hecho (dolo) de la nor-
ma (legal o contractual) que sirva de fundamento a su defensa (hecho impeditivo).
c) Lo expuesto importa, necesariamente, la exclusión (no seguro) de los si-
niestros provocados dolosamente.
d) Como afirma Donati, el premio corresponde al asegurador, no a título de re-
sarcimiento de daños por la conducta del asegurado, sino por haber asumido el ries-
go contemplado en el contrato durante todo el desarrollo de la relación 39.

213. La noción de culpa grave. Distinción con la culpa leve


La culpa grave es un supuesto más de delimitación causal subjetiva, acogida
en la Ley de Seguros, lo que presupone que ésta impulsa una graduación de culpas.
Se tiene expresado que la distinción entre la culpa leve, la definida por el ar-
tículo 512, Código Civil, y la culpa grave está determinada por la relevancia de los
deberes objetivos de cuidado que se infrinjan o desconozcan, impuestos al sujeto en
su actuación concreta ^o.

•*'' Busso, E., Código Civil Anotado, T. III, Ediar, Buenos Aires, 1958, nro. 28, pág. 486; COLMO,
A.,Z)e/ü.sO¿iZ¿gí3tíoneí en Genera/, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1961,nro. 228,pág. 164;LAFAI-
LLE, H., Derecho Civil. Tratado de las Obligaciones, T. II, Ediar, Buenos Aires, 1950, nro. 911, pág.
51; BiBiLONi, A., Reforma del Código Civil. Anteproyecto, T. I, Kraft, Buenos Aires, 1939-1940 (art.
327), págs. 92 y sigs.; BAUDRY LACANTINERIE, G. - BARDE, L.,Delle Obligazioni, T. II, Vallardi, Mi-
lano, 1915, trad. italiana, parág. 183, pág. 344.
^^ DON.ATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 320, pág. 151.
^^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 311, pág. 137.
^ C.S.J.N., 19-XII-1992, "Olmos, P. c/Strapoli, J.", J.A., 1992-III-27.
238 RUBÉN S. STIGLITZ
De allí que la distinción no depende de la existencia de mayor o menor número
de infracciones cometidas, sino por su intensidad •*', al ser la culpa grave un concep-
to relativo (apreciable) 42 y cualitativo, más que cuantitativo.
La diferencia está dada entre la mayor o menor gravedad de la situación creada.
Esa gravedad tiene como antecedente, como quedó expresado, el incumpli-
miento del deber objetivo de cuidado, que deberá ser apreciado con rigor y en con-
creto, considerando una jerarquía de valores, debidos a la comparación entre el
comportamiento humano medio del sujeto ordinario y reflexivo dentro de la comu-
nidad, con la conducta seguida por el agente.
Así parece entenderlo la Corte Suprema de la Nación al resolver que la culpa
grave, como causa legal de exoneración de responsabilidad de la aseguradora, ex-
cede la regular graduación de negligencia —que es la que se encuentra amparada
en los contratos de seguro-— y, por su magnitud, resulta cercana a la intencionalidad en
la producción del evento dañoso o, por lo menos, traduce una actitud de grave des-
preocupación ante el eventual resultado perjudicial, aunque éste no haya sido de-
liberadamente buscado por el sujeto 43.
La culpa grave será identificable en razón de que le sirve de antecedente un
comportamiento, actuación o conducta que crea riesgos de tal naturaleza, que ori-
ginan una evidente probabilidad de siniestros ^, a tal punto que si bien se ha sos-
tenido que bordea los dominios del dolo eventual, consideramos que se diferencia
de éste en que, en aquélla, el agente no conoce ni acepta voluntariamente el resul-
tado, ni le resulta indiferente 45.

214. Distinción conceptual entre la culpa grave y el dolo


Es factible ensayar un enunciado de diferencias conceptuales entre la culpa
grave y el dolo:

'^ Cám. Apel. Junín, 7-IV-1988, "Boscio, G. c/Mustacchio, j:\D.J., 1988-1 -34; CNCom., Sala
B, 22-XI-1988, "Suárez, E. c/Ruta Coop. de Seg.", D.J., 1989-2-444; Cám. Civ. y Com., Quilmes,
Sala I, 26-XI-1996, "Peralta, A. c/Iguazú Cía. de Seg.", LL Buenos Aires, 1998-108.
La apreciación debe hacerse con criterio restrictivo y con relación a las circunstancias y par-
ticularidades de cada situación (CNCom., Sala B, 14-V-1984, "Idoyaga Molina, M. c/La Holando
Cía. deSeg.",D.7., 1985-1-176; CNCom., SalaB, 2-VII-1993, "BonDenis, J. c/OmegaCoop. Ltda.
de Seg." (inédito); Cám. Civ y Com. Quilmes, Sala 1,26-XI-1996, "Peralta, A. c/Iguazú Cía. de Seg.",
LL. Buenos Aires, 1998-108.
*^ C.S.J.N., 19-XII-1991, "Olmos, P. c/Strapoli, J.", J.A., 1992-III-27.
Cám. Civ. y Com. Quilmes, 26-XI-1996, "Peralta, A. c/Iguazií Cía. de Seg.", LL Buenos Ai-
res, 1998-108.
STIGLITZ, R. S ., "Comentarios sobre el anteproyecto de seguro obl igatorio de responsabilidad
automotor", R.D.S., año 3, nro. 7, pág. 76; BARBATO, N., Culpa Grave y Dolo en el Derecho de Se-
guros, Hammurabi, Buenos Aires, 1988, págs. 141/144.
DERECHO DE SEGUROS 239
a) La culpa grave se reduce aun error, una negligencia o imprudencia, cierta-
mente grosera, pero cometida sin malicia. En cambio, el dolo es un acto cumplido
de mala fe, con la voluntad o, al menos, la conciencia del resultado 46.
En consecuencia, la primera diferencia la constituye el hecho de que la culpa
grave presupone buena fe y el dolo, mala fe.
b) La culpa grave, aun constituyendo una imprudencia caracterizada, implica
que el asegurado ha querido el acto, pero no las consecuencias de él; su voluntad no
ha ejercido un influjo exclusivo; circunstancias exteriores han intervenido a tal
punto que no ha tenido la voluntad ni la intención 47 del resultado.
De donde en el siniestro verificado por culpa grave, queda subsistente "una
cierta parte al azar", pues falta en ella el conocimiento de las consecuencias del acto
y de su ilicitud y el deliberado propósito de provocar el siniestro 48.
c) En materia contractual, la culpa grave, a diferencia del dolo, no constituye
un vicio del consentimiento. En materia delictual, la culpa grave no podría consti-
tuir más que un cuasidelito y no un delito, el que presupone en su autor intención
de perjudicar 49.

215. Distinción entre la culpa grave y el dolo eventual


Se tiene expresado que para que la culpa grave del asegurado dispense al ase-
gurador de su obligación de indemnizar a la víctima del accidente, debe tratarse de
una conducta lindante con el dolo, o sea, una verdadera culpa con representación
(dolo eventual) so.

'^^ PICARO, M. - BESSON, A., LesAssurances..., cit., T. I, nro. 68, págs. 115/117; LAMBERT-FAI-
VRE, Y., "II fatto dannoso garantito nelle assicurazioni dellaresponsabilita professionale in Francia".
Assic, año XLV, fase. 1, pág. 21.
^'^ RiPERT, G. - BOULANGER, J, Tratado...,c\\.., T. IV, nro. 796, pág. 474.
''^ PICARO, M . - BESSON, A., LesAssurances...,cit., T. I, nro. 68, págs. 115/117; STIGLITZ R.S.,
El Siniestro, cit., nro. 67, págs. 182/186,
"•' JOSSERANO, L., Derecto..., cit, T. II, Vol. I, nro. 476, pág. 359; nro. 612, págs. 490/491 y nro.
624, pág. 503, quien invoca, por añadidura, otras razones, como por ejemplo que, "una culpa invo-
luntaria, por grave que sea, es de otra esencia, jurídica y moral, que una culpa intencional; la negli-
gencia, la incuria, la estupidez, son cosas distintas de la deshonestidad o de la malignidad, con las que
forman contraste: en derecho penal, nunca se pensó en tratar del mismo modo el homicidio por im-
prudencia que el asesinato. De la misma manera —agrega—, se debe distinguir, en derecho civil, entre
culpa involuntaria, por grosera que sea, y el acto doloso; más especialmente en el campo contractual,
entre la inejecución involuntaria de las obligaciones nacidas de la convención y su violación volun-
taria, sistemática; si una patente de impunidad sería inconcebible en esta última eventualidad, no ve-
mos por qué, en nombre de qué principio de Derecho o de qué exigencia de la moral, habríamos de
mostrarnos igualmente severos en el primer caso al perseguir las cláusulas que tienden a liberar al deu-
dor de las consecuencias de su culpa grave".
^° CNCiv., Sala K, 20-11-1991, "Pereyra vda. de Barewthin, L. c/Liñeiras, R." (inédito).
240 RUBÉN S. STIGLITZ
Y se lo funda en la circunstancia de que "el sujeto sabe que puede provocar un
daño y ello no obstante continúa su acción consintiendo la posibilidad del resultado
dañoso, consentimiento que no existe en las otras formas de la culpa" 5i.
O que se trata de supuestos en que la conducta del asegurado reviste "una
irresponsabilidad tan grande y grosera que resulta equiparable al dolo o actitud de-
liberada y consciente de producir el accidente" ^^.
No compartimos la opinión de quienes afirman que la culpa grave se equipara
o linda con el dolo eventual, y ello en razón de las siguientes consideraciones:
a) El dolo eventual, como afiíma Jiménez de Asúa, pertenece al territorio del
delito intencional desde que constituye "la representación de la posibilidad de un
resultado, cuyo advenimiento ratifica la voluntad" 53.
Por el contrario, la culpa grave presupone un acto ejecutado y querido, pero
sin malicia, elemento integrativo del dolo en cualquiera de sus categorías.
b) Aun admitiendo que se trata del "escalón más bajo" del dolo, su configu-
ración conceptual se integra con un elemento voluntario, pues si bien es cierto que
el resultado no ha sido querido, como afirma Fontán Balestra, tampoco ha dejado
de quererlo ^4.
Queremos decir que aun siendo el dolo eventual el límite menor del dolo, con-
tribuye a fijar mejor su perfil la circunstancia de que el agente acepta (consiente)
voluntariamente el probable resultado 55,
En cambio, la culpa grave importa la producción de un acto cuyas consecuen-
cias son rechazadas.

CNCiv., Sala I, 6-IV-1993. "Carpinacci, F. c/Zanicr, A." (inédito), donde se añadió que "el
dolo eventual se muestra así como la modalidad más reprochable que puede asumir, en los hechos, la
culpa civil y la que reviste mayor gravedad. Ello supuesto —concluye el fallo—, no parece desacer-
tado interpretar que el art. 7Ü de la ley 17.418, al mencionar la culpa grave, no contemplada en el Có-
digo Civil, lo haya hecho aludiendo a dicha modalidad como la forma más intensa y extrema de la culpa".
^- CNCiv., Sala K, lO-XII-1993, "Vázquez Salazar, C. c/Kerner, E." (inédito).
JIMÉNEZ DE ASL'A, J ., Principios de Derecho Penal. IM Ley y el Delito, Abeledo-Perrot, Bue-
nos Aires, 1990, nro. 237, pág. 367, quien suministra el ejemplo de un automovilista que participa de
un concurso de carreras de velocidad, se representa la posibilidad de atropellar gente, "que no confía
pueda ser evitado por su pericia en razón de que la marcha que lleva es demasiado grande para ello,
y aunque él no quiere, como deseo de primera clase, matar a un transeúnte, hay indiferencia de su parte
con respecto a la muerte del sujeto, que ha ratificado en su ánimo por el afán de ganar la carrera; por
eso a pesar de la representación del peligro, sigue pisando el acelerador y el coche continúa marchan-
do a gran velocidad hasta que sobreviene el accidente" (nro. 237, pág. 368).
^'^ FONTÁN BALESTRA, C , El Elemento Subjetivo del Delito, Depalma, Buenos Aires, 1957, nro.
7, pág. 113, quien señala que la disyuntiva que decide la existencia del dolo eventual consiste en que
el autor, habiéndose representado como cierto el resultado previsto como posible, ello no lo ha hecho
desistir de su acción.
^^ FRÍAS CABALLERO, J. - CODINO, D. - CODINO, R., Teoría del Delito, Hammurabi, Buenos Ai-
res, 1992, pág. 381; TER.4N LOMAS, R. A. M., Derecho Penal, T. I. Astrea, Buenos Aires, 1980, nro.
285, págs. 508 y sigs.
DERECHO DE SEGUROS 241

216. Razones de la equiparación del dolo y la culpa grave


A pesar de que las diferencias ya referidas evidencian que el dolo y la culpa
grave son nociones inasimilables, cuestiones atinentes a la prueba aconsejan una
equiparación, más que conceptual, en los efectos. De allí que se sostenga que cons-
tituyendo la intención "un estado interno del ánimo no susceptible de pruebas di-
rectas" 5^ y, por tanto, no verificable, si en esa hipótesis no se considerara que
ha habido delito, "se estaría desarmado ante los que negaran su mala intención
y se atrincheraran detrás de su torpeza o de su inexperiencia" 57.
Como se advierte, quienes participan de la tesis equiparacionista advierten en
(con) ella una razón de conveniencia práctica que la traducen en una regla de prueba
consistente en una presunción no irrefragable.

217. Crítica a la tesis que equipara la culpa grave y el dolo


Admitidas las diferencias que conceptualmente distinguen el dolo de la culpa
grave, cabe agregar que de la dificultad probatoria no cabe deducir la inasegurabi-
lidad de la culpa grave.
Por el contrario, razones de políticajurídica tradiciónalmente han aconsejado,
y concretado legislativamente, la cobertura de los siniestros provocados por culpa
grave del asegurado ss.
En efecto, no cabe admitir, como principio, que la culpa grave constituye una
presunción de dolo que, como tal, implica o presupone la intención en la conducta
del agente, el querer el resultado del acto, el conocimiento o conciencia de no que-
rer cumplir o que el acto causa un daño, aun cuando no sea su propósito causarlo 59.

GiORGí, J., Teoría.... cit., T. II, nro. 36, pág. 78, quien afirma que el dolo no cae bajo la acción
de los sentidos, ni puede argumentárselo más que indirectamente, por la actitud del deudor. Y agrega;
"La culpa lata, por consiguiente constituye, en esta hipótesis, una presunción vehementísima de dolo,
la más grave y concluyente de todas".
^^ MAZEAUD, H. y L.- TUNC, A., Tratado..., cit., T. I-II, nro. 414, pág. 62, quienes agregan que
"la maldad misma adoptaría la máscara de la tontería. Para cortar por lo sano esa defensa —conclu-
yen— era necesario crear una presunción: la ley supone probada en el autor de una culpa muy grave,
la intención de dañar". Pero como tal presunción opera como regla probatoria relativa, basta para des-
truirla con acreditar la falta de intención maliciosa.
^^ DONATI, A., Trattato..., cit., Vol. II, nro. 321, pág. 153, quien afirma que la ventaja de la co-
bertura de la culpa grave consiste en la "posibilidad que se brinda al tráfico comercial de operar con
mayor libertad de movimiento, dando al sujeto la oportunidad de aliviarse de las consecuencias de una
grave negligencia".
^' Al cabo, las diferencias sustanciales entre el dolo y la culpa grave consisten en que (a) el pri-
mero es un acto intencional y en el segundo falta el conocimiento de las consecuencias del acto y (b)
en que el dolo es un acto realizado de mala fe y la culpa grave es un error calificado, pero de buena
fe (STARCK, B., Droit Civil. Obligations, Litec, Paris, 1972, nros. 2057 y 2060, págs. 610 y sigs.; SA-
VATIER, R., Traite..., cit., T. I, nro. 178, pág. 221).
242 RUBÉN S. STIGLITZ
La tendencia universal en el campo del seguro ha consistido en asignar un tra-
tamiento diverso al dolo y a la culpa grave, admitiéndose así que se trata de nocio-
nes distintas 6o.
La implicancia (función) social del seguro, el interés de los terceros en situar
su pretensión en confrontación con un patrimonio solvente, la dinámica actual del
tráfico comercial, etcétera, hacen, desde un punto de vista de política jurídica, so-
cialmente aconsejable la extensión de la garantía a las consecuencias dañosas de si-
niestros provocados por culpa grave del asegurado. Por lo que el criterio que la asimila
al dolo haría, en los hechos, que carezca de virtualidad una cobertura de aquélla,
aun por pacto en contrario y con pago de extraprima, pues debería cargar el asegu-
rado con la prueba de la falta de intencionalidad.
En consecuencia, aceptando que se trata de nociones distintas, que el trata-
miento legal asignado al dolo —inasegurable— es diferente del atribuido legal-
mente a la culpa grave, asegurable por estipulación expresa (art. 158-3, L.S.), va de
suyo que aquella presunción no irrefragable, alcanzada por razones vinculadas a la
imposibilidad de la prueba de la intención, carecería de aplicación en la especie.
En efecto, el perfil conceptual asignado autónomamente a la culpa grave en el
derecho de seguros y que es suministrado por la doctrina y la jurisprudencia expulsa
de su contenido toda consideración o fundamento que la equipare con el dolo 6', lle-
gándose a lo sumo a afirmar que se "asemeja" ^2 o que es noción "lindante", o que
se le acerca al dolo 63.
Por lo demás, la tesis por la que se equiparan ambas figuras bloquea la posi-
bilidad de una dilatación del amparo que requiere el asegurado por la culpa grave
en que incurra, restringiendo indebidamente sus derechos contractuales y, consi-
guientemente, ampliando los del asegurador.

Como ejemplos, aplicables a todos los seguros de daños patrimoniales: el art, 1900 del Cód.
Civ. italiano admite la cobertura de culpa grave por pacto en contrario. El art. L 113-1 del Código de
Seguros vigente en Francia sólo excluye de garantía "las pérdidas y daños provenientes de una falta
intencional o dolosa". El art. 19 de la Ley de Contrato de Seguro de España sólo excluye de garantía
"el siniestro causado por mala fe del asegurado".
^' HALPERIN, L, Seguros, cit., T. II, nro. 19, pág. 857; STIGLITZ, R.S., El Siniestro, cit., nro. 43,
pág. 147; STIGLITZ, R. S. - SriGLrrz, G. A., Seguro contra..., cit., nro. 158, pág. 306; CNCom., Sala
A, 26-X-1973, "Rosenfeld, N. c/El Comercio Cía. de Seg." (inédito), donde se sostuvo la inconducen-
cia de la asimilación entre e! dolo y la culpa grave ya que el primero queda configurado por la deli-
berada intención. La desmesurada gravedad de la culpa —se agregó— puede aparecer como si se
hubiera cometido deliberadamente, pero esta impresión es errónea pues la culpa carece de intencio-
nalidad, que es ingrediente del dolo.
^^ CNEsp. Civ y Com., Sala V, 23-VIII-1982, "Campen Menéndez de Coccio, R. c/Lazzari, C",
J.A., 1984-1-609; CNEsp. Civ. y Com., Sala V, 27-V-1988, "Isla, M. cfPéKZ,M.",J.A., 1989-III-549;
CNEsp. Civ. y Com. Sala III, lO-VI-1988, "Romero Vetere, S. cA'ázquez, J.", J.A., 1988-IV-síntesis.
*^ CCiv. y Com. Mar del Plata, Sala II, 15-V-1983,"D.R.c/S. J.",/A., 1984-1-136; Cám. I Civ.
y Com. Mar del Plata, Sala I, 22-III-1988, "Issín Hnos. c/Galvani, M.", LL, 1988-C-523; CNEsp.
Civ. y Com., Sala III, lO-VI-1988, "Romero Vetere, S. cA'ázquez, J.", J.A., 1988-1 V-síntesis;
CNCiv., Sala J, 12-V-1989, "Fabiano de Fernández, N. c/Nir, J." (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 243

De allí que, sistemáticamente, se venga sosteniendo que la noción de culpa


grave debe precisarse con la mayor claridad y ha de interpretarse con criterio res-
trictivo, evitándose así el peligro que mediante su alegación pueda llegarse al ab-
surdo de consagrar, como regla general, la irresponsabilidad del asegurador ^.

218. La noción autónoma de culpa grave


Así como la culpa grave no se equipara al dolo previsto por el artículo 1072 del
Código Civil, ni al dolo eventual configurado en la teoría general del derecho penal,
tampoco se asimila a "toda" negligencia ^s o a un mero descuido, pues de ser así ello
importaría una desnaturalización del contrato de seguro que sólo cubriría supuestos de
caso fortuito o fuerza mayor, lo que es contrario a la función que el instituto cumple
contemporáneamente ^6, e implicaría atribuir al artículo 1197, Código Civil, el al-
cance de un medio para favorecer a uno de los contratantes en perjuicio del otro o
de terceros ^T.
En consecuencia, no quedan dudas de que la noción de culpa grave ocupa, con
autonomía conceptual, la franja central cuyos linderos lo constituyen, de un lado,
la culpa leve, tal como es definida por el artículo 512, Código Civil, y, del otro, el
dolo, previsto por el artículo 1072, Código Civil.
Al tiempo de suministrar, más que un concepto, sus rasgos más caracterizantes,
se admite que la culpa grave es una negligencia, imprudencia o impericia extremas,
no preveer o comprender lo que todos prevén o comprenden, omitir los cuidados
más elementales, descuidar la diligencia más pueril, ignorar los conocimientos más
comunes ^^.
Y específicamente en el ámbito del seguro se afirma que hay culpa grave "si
el asegurado omite las ordinarias cautelas de que hubiera usado si no se hallara res-
guardado por el seguro; si es culpable de la falta absoluta de vigilancia que suelen
poner aun las personas menos prudentes" ^9.

^'^ CNEsp, Civ. y Com., Sala V, 27-V-1988, "Isla, M. c/Pérez, M.", JA., 1988-III-594.
^^ Cám. Com. Cap., 24-X-1942, "Piñeyro, S. c/Coop. Gremial de Seg.", J.A., 1942-IV-278;
CNCom., Sala A, 26-V-1960, "Sazdjian, J. c/El Comercio de Córdoba Cía. de Seg.", L.L., 100-521.
^* CNCom., Sala A, 27-III-1957, "Luti, A. c/Instituto ítalo Argentino de Seg. Orales.", L.L., 88-
374; CNCiv. y Com. Fed., Sala III, 19-IV-1985, "Entel c/Empresa Alegre Pavimentos", JA., 1986-
11-632; CNCiv., SalaE, ll-VI-1990, "Olmos, P. c/Starapoli, A.", J.A., 1992-IV-síntesis.
" Cám. Civ. Cap., 20-XII-1940, "Morini, I. c/Alonso, M.", L.L., 21-294.
*^ MOSSETITURRASPE, J., Responsabilidad por Daños, T. I, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1998,
nro. 13, pág. 138.
® VIVANTE,C,Derecho..., di,T. 14, Vol. 1, nro. 265, pág. 320; HALPERIN, I., Seguros, cit.,T.
II, nro. 19, pág. 861. De todas maneras, puede ser útil y contribuir a delinear el instituto considerar que
un principio elemental de propia conservación impide, en el orden normal del acaecer humano, que
nadie sacrifique su vida para cobrar un seguro (CNCom., Sala B, 19-VI-1974, "Monteseirin Gutié-
rrez, C. c/SolidariaCía. de Seg.", £•.£)., 58-416; CCiv. yCom. Morón, Sala2^ 13-VM995, "Ramos,
R. c/Ledesma, R.", J.A., 1996-IV-síntesis).
244 RUBÉN S. STIGLITZ
O, como se tiene expresado, la culpa grave deriva de una conducta u omisión
tan apartada de las pautas normales de comportamiento que el resultado dañoso
aparece como previsible ""3.
Como se advierte, la noción de culpa grave porta su acento en la intensidad o
magnitud de la infracción cometida ^i, siendo un concepto relativo, apreciable con
estricto rigor ^2 y, en consecuencia, cualitativo más que cuantitativo. La conducta
del agente crea una mayor gravedad de riesgo pues, excediendo el comportamiento
humano medio del sujeto ordinario y reflexivo, origina una evidente probabilidad
de provocar siniestros ''5.
Los principios expuestos, que no constituyen una definición, sino meras refe-
rencias conceptuales, tienen la utilidad de que en su formulación atrapan hipótesis
que deberán ser apreciadas de acuerdo con las circunstancias particulares de cada
una de ellas ^4.
Precisamente así se ha ido delineando una sistematización jurisprudencial que
no sólo concurrió en auxilio de la obtención de un perfil más preciso de la figura,
sino que, además, contribuyó a una rica casuística por riesgo (rama) que habremos
de ir suministrando en lo que viene.

219. La noción de culpa grave en la jurisprudencia


Se tiene decidido que importa culpa grave:
a) El actuar con una manifiesta o acentuada despreocupación, o negligencia
grosera con que no habría obrado sin estar asegurado ^s.

™ CNCiv., SalaL, 23-IX-1996, "Giuliani, M. c/Khafif, L", L.L., 1998-C-682; Cám. Apel. Con-
cordia, Sala Civ. y Com., 29-VIII-1995, "Murgan, V. c/Cosecha Coop. de Seg.". J.A., 1998-IV-sm-
tesis.
Se afirma que la culpa grave e.xterioriza una inusitada intensidad de negligencia (CNCom.,
SalaB,22-XI-1988,"Suárez,E.c/Ruta Coop, de Seg.",L.L.,1989-C-193), cuna falta de tal magnitud
que favorezca la producción del siniestro (CNCom., Sala E, 30-V11-1982, "Blomberg, C. c/Cumbre
Coop. de Seg.", J.A., 1983-111-155; CCiv. y Com. Quilmes, 26-XI-1996. "Peralta, A. c/lguazú Cía.
de Seg.", L.L. Buenos Aires, 1998-108); una incuria particulaimente intensa (CNCom., Sala C,3-VII-
1991, "Banco de Quilmes c/Aries Cía. de Seg.", L.L., 1992-B-502; CNCom., Sala B, 27-XI-1992,
"Lis, G. c/Amparo Cía. de Seg." (inédito); CNCom., Sala C, 22-X-1993, "Fernández, R. c/La Central
del Plata Cía. de Seg.", J.A., 1996-IV-síntesis).
^^ CNCom., Sala D, 30-V-1984, "Crespo de Tojo, B. c/Fides Cía. Arg. de Seguros", J.A., 1986-
1-564; CCiv. y Com. Quilmes, Sala I, 26-XI-1996, "Peralta, A. c/Iguazú Cía. de Seg.", L.L, Buenos
Aires, 1998-108.
•'^ SxiGLrrz, R. S. - STIGLITZ, G. A., Seguro contra..., ál, nro. 154, pág. 301; CCiv. y Com. Quil-
mes, Sala I, "Peralta, A. c/Iguazú Cía. de Seg.", L.L. Buenos Aires, 1998-108.
^* Cám. I Civ. Com. y Minas San Juan, 17-V-1966, "Pérez, A. c/La Mercantil Andina", J.S.J,
1966-11-45.
'^^ CNCom., Sala A, 22-III-1960, "Milca S.R.L. c/Febo Cía. de Seg.", L.L, 99-782 (4918-S);
CNCom., Sala B, 15-XI-1961, "Nader, J. c/La Unión Mercantil Cía. de Seg.", E.D., 1962-2-565;
CNCom., Sala B, 14-XII-1962, "Bertini, F. c/El Mundo Cía. de Seg.", E.D, 1963-6-527; Cám. Apel.
DERECHO DE SEGUROS 245
b) La omisión de una ordinaria cautela, cuando se es culpable de una falta ab-
soluta de vigilancia ''6.
c) La conducta que traduzca la voluntad consciente, la que no deje dudas de
que el agente deseó y ocasionó voluntariamente el hecho''''.
d) La conducta de inusitada intensidad de negligencia y despreocupación en
el actuar común, impropia a la generalidad; que genéricamente equivale al abando-
no del deber jurídico de sujetar las acciones dentro de la normal convivencia social,
manifestarse indiferente a la suerte de los bienes asegurados 's.
e) El incumplimiento inusitado e inexplicable de las leyes ^9.

Civ. y Com. Rosario, Sala III, 19-III-1965, "Rita, E. c/San Cristóbal S.M.S.G.", L.L., 119-335; Cám.
II Civ. y Com. La Plata, Sala III, 28-V-1965, '-Gallino de Cruz, E. c/El Sol de Buenos Aires", L.L..
120-907 (12.530-S); CNCom., Sala A, 14-XI-1965, "Ghiotto, R. c/La Buenos Aires Cía. de Seg.",
LL, 94-23; J.A., 1959-III-279; CNCom., Sala A, 12-XII-1966, "Kumcher, A. c/Arcadia Cía. de
Seg.", LL.,\ 25-482; CNCom., Sala A, 25-IV-1968, "laffe, E. c/La Agrícola Cía. de Seg.", LL ,133-
600; J.A., 1968-VI-65; CNCom., SalaC, 31-V-1968, "Rosas, J. c/El Comercio Cía. de Seg.", LL,
132-14;//!., 1968-VI-95; CNCom., Sala C, 10-ÍII-1972,"PaladinodeWasserman,N. c/La Defensa
Cía. de Seg.", E./:»., 47-459; CNCom., Sala B, 23-III-1973, "Peri, B. c/La Economía Comercial Cía.
deSeg.",/?.D.S.,año3,nro. 8, pág. 21 !;££)., 51-313; CNCom., Sala A, 7-V-1973, "Vitolade Oliva,
C. c/Previsión del Hogar Coop. de Seg.", E.D., 51-455; CNCom., Sala A, 15-VIII-1980, "Paul. M.
c/Touring Coop. de Seguros", E.D., 91-596; CNEsp. Civ. y Com., Sala V, 23-VIII-1982, "Camperi
Menéndez de Coccio, R. c/Lazzari, C", J.A., 1984-1-609; CNCom., SalaB, 22-XII-1983, "Gómez,
M. c/Cumbre Coop. de Seg.", J.A., 1985-1-205; CNCom., Sala D, 30-V-1984, "Crespo de Tojo, B.
c/Fides Cía. Arg. de Seg." (inédito); CNCom., Sala A, 11 -IV-1986, "Ferrari, O. c/Plus Ultra Cía. Arg.
de Seguros", J.A., 1987-1-451; Cám. Apel. I Civ. y Com. Mar del Plata, Sala I, 22-111-1988, "Issín
Hnos. c/Galvani, A.", LL, 1988-C-523; CNCom., Sala A, 4-VIII-1989, "Cía. de Seg. Unión Comer-
ciantes c/Alonso (Garaje Avellaneda)" (inédito); CNCom., Sala C, 3-VII-1991, "Banco de Quilmes
c/AriesCía. deSeg.",Z,.L.,1992-B-502;Z).i., 1992-1-1158; CNCom., SalaD,2-VII-1993,"BonDe-
nis, J. c/Omega Coop. de Seg." (inédito); CNCom., Sala C, 22-X-1993, "Fernández, R. c/La Central
del Plata Cía. de Seg.", LL, 1994-D-225.
'"' S.C.B.A., 16-VI-1964, "Pantano, A. c/La Estrella Cía. de Seg.", D./B.A., 73-161 ;S.C.B.A.,
14-IX-1976, "Cuturier, A. c/Prigione de Dominé, P.", ac. 21.499, E.D., 76-244.
^•^ CNCiv., Sala F, 1=-IX-1959, "Tabanera, A. c/Law Union y Rock Cía. de Seg.", LL, 97-615;
J.A.,\ 960-III-429; Cám. 4^ Civ. y Com. Córdoba, 10-VII-1964, "Letie, F. c/El Comercio de Córdoba
Cía. de Seg.", C.J., XIX-105; CNCom., SalaC, 10-111-1972, "Paladino de Wassermnan, N. c/La De-
fensa Cía. de Seg.", £.£)., 47-459; CNCom., Sala C, 27-XI-1980, "Marco, F. c/Sociedad Rural de Ce-
realistas Cía. de Seg.", E.D., 92-371; CCiv. y Com. Mar del Plata, Sala II, 15-V-1983, "D.R. c/S.J.",
J.A., 1984-1-136; CNCom., SalaB, 29-III-1996, "Blengio, R. c/La Equitativa del Plata Cía. de Seg."
(inédito); CNEsp. Civ. y Com., Sala III, 10-VI-1988, "Romero Vetare, S. c/Vázquez, J.", J.A., 1988-
IV-síntesis; Cám. Apel. Civ. y Com. San Isidro, 26-X-1989, "Acosta, A. c/Otero, L.", D.J., 1990-2-
195; CNCom., Sala C, 24-IX-1990, "Ángel Montalbano S. A. c/La Meridional Cía. de Seg." (inédito).
''^ CNCom., Sala C, 20-XII-1974, "Mussa de Gómez de la Vega, M. c/La Defensa Cía. de Seg.",
£D., 62-242; CNCom., SalaC, 20-XII-1974, "Blassi, F. c/La Equitativa del Plata Cía. de Seg.", E.D.,
62-284; CNCom., Sala B, 22-XI-1988, "Suárez, E. c/Ruta Coop. de Seg.", LL, 1989-C-193;
CNCom., Sala C, 3-VII-1991, "Banco de Quilmes c/Aries Cía. de Seg.", J.A., 1992-11-435; CCiv. y
Com. Quilmes, Sala I, "Peralta, A. c/Iguazú Cía. de Seg.", LL Buenos Aires, 1998-108.
'^^ CNCom., Sala A, 27-III-1957, "Luti, A. c/Instituto ítalo Argentino de Seg. Grales.",L.L., 88-374.
246 RUBÉN S. STIGLITZ

f) La omisión de la diligencia elemental de las personas menos previsoras ^o.


g) La decisión de comportarse de manera singularmente riesgosa 8'.
h) La negligente, grosera y reprochable despreocupación ^2.
i) El comportamiento anormal, que se registre excepcionalmente «3.
j) Una actitud temeraria ^.
k) El desborde de un nivel medio de negligencia ^5.
1) La falta de adopción de los recaudos mínimos exigibles al asegurado en función
de la naturaleza de las obligaciones y de las circunstancias de tiempo, persona y lugar ^s.
m) Lo que hubiera hecho, en iguales circunstancias, una persona torpe, enten-
dida por tal la que no entendería lo que todos entienden en iguales circunstancias ^^.
n) La conducta violatoria del comportamiento "antisiniestral" que el asegura-
dor presupone en el asegurado y que ha computado a los fines de la cobertura ^s.
o) La falta grosera e inusitada que no hubiera cometido ni el más negligente
o imprudente de los habitantes §9.
p) La actitud totalmente desaprensiva, incuria particularmente intensa 'o.
q) Imprudencia que revista una magnitud caracterizada por la desmesura e im-
prudencia''.

220. La culpa grave como supuesto de delimitación causal


subjetiva del riesgo
La culpa grave como hipótesis de delimitación causal subjetiva (perteneciente
o relativa al sujeto) queda acotada a la persona del asegurado. Sólo a ella se refieren

^° CNCom., Sala C, 8-XII-1974, "Hará, A. c/Sud Atlántica Cía. de Seg.", E.D., 61-490; CCiv.
y Com. Junín, 7-IV-1988, "Boscio, G. c/Mustacchio, J.",L.L., 1989-III-síntesis; CNCom., SalaB, 2-
VII-1973, "Bon Denis, J. c/Omega Coop. de Seg." (inédito).
*' CNEsp. Civ. y Com., Sala V, 23-VIII-1982, "Campen de Menéndez de Coccio, R. c/Lazzari,
C.",y.A., 1984-1-609.
^^ CNCom., SalaD, 30-V-1984, "Crespo de Tojo, B. c/Fides Cía. de Seg.",7.A., 1986-1-564; T.
S. Córdoba, Sala Civ. y Com., 29-11-1996, "Scabuzzo, R. c/Pérez, A.", L.L.C., 1996-1235.
^^ CNCiv., Sala A, 25-VIII-1982, "Contreras de Caló, R. c/Puglisi, H.", LL, 1993-C-235.
^'^ CNFed. Civ. y Com., Sala II, 17-VI-1991, "Caputo, J. c/Caja Nac. de Ahorro y Seg.", LL,
1992-B-8.
^^ CNCom., Sala B, 2-VII-1993, "Bon Denis, J, c/Omega Coop. de Seg." (inédito).
^* CNCom., SalaC, 18-11-1993, "Nowak, R. c/Omega Coop. de Seg." (inédito).
^' CNCiv., Sala G, 28-VI-1991, "Ceruti, R. c/Morixe, G." (inédito).
^* CNCom., SalaB, 29-IX-1989, "Espósito Tuccillo, A. c/Pirroncello, V.", LL, 1990-A-629.
^^ Cám. Apel, Civ. y Com. San Isidro, Sala 1,26-X-1989, "Acosta, A. c/Otero, L.", D.J., 1990-
2-195.
^^ CNCom., Sala C, 22-X-1993, "Fernández, R. c/La Central del Plata Cía. de Seg.", LL,l 994-
D-225.
'^ CNCiv., Sala F, 6-V-1996, "Ojeda, P. c/Telecom S.R.L.", LL, 1996-C-797 (38.808) (del
voto en disidencia de la Dra. Highton de Nolasco).
DERECHO DE SEGUROS 247

los textos legales que, por su letra o naturaleza, se hallan calificados como norma im-
perativa (art. 70, L.S.) o semi-imperativa (art. 114, L.S.), lo que implicaque sólo es fac-
tible de ser "modificados" (sic), si ello apunta a mejorar la posición contractual del ase-
gurado (art. 158-3, L.S.) «2.
De donde, toda condición de póliza que se halle configurada como hipótesis de
delimitación causal subjetiva y que extienda la exclusión de cobertura, por impor-
tar una ampliación de derechos en favor del asegurador y, consiguientemente, una
restricción de derechos del asegurado, será nula por abusiva (art. 37, ley 24.240) 93
y formalmente ilícita (arts. 21 y 1067, Cód. Civ. y 70, 114 y 158-1 y 3, L.S.) 94.
De allí que se sostenga que la exclusión de cobertura opera sólo con relación al si-
niestro provocado por el asegurado (culpa personal), por lo que el asegurador debe cubrir
o garantizar los siniestros que se hayan verificado aun por culpa grave del conductor 95,

'^ CNCiv., Sala H, 13-VI-1997, "Canteros, M. c/Martínez, M.", LL, 1998-E-835, jurisp.
agrup., caso 13.271; CNCiv., Sala L, 26-V-1995, "Correa, M. c/Carbonetto, K. D." (del voto en di-
sidencia parcial del Dr. Polak), LL, 1998-B-913, jurisp. agrup., caso 12.445.
^^ CNCiv., Sala A, 25-VIII-1992, "Contreras vda. de Caló, R. c/Puglisi, H.", LL, 1993-C-235;
CNCiv., Sala A, 7-XII-1993, "Di Paolo, P. c/Sayavedra, J.", (inédito); CNCiv., Sala 1,27-Vni-1996,
"Cuquejo, W. c/Sevillano, M.", LL, 1998-C-972, jurisp. agrup., caso 12.800; EO., Boletín de juris-
prudencia de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil nro. 4/1996, pág. 36, donde se sostuvo
que la cláusula que libera al asegurador de la responsabilidad por el siniestro provocado por culpa gra-
ve del conductor que no se halle en relación de dependencia laboral es ilegítima y abusiva, por tal, re-
ferida sólo al asegurado, lo que determina que, en esos supuestos, la ilicitud se encuentra referida a
una exclusión no admitida por el artículo 158, L.S., pues empeora las condiciones de contratación del
asegurado. Es que, de acuerdo con lo previsto por el artículo 114 de la misma norma legal, lo atinente
al seguro contra la responsabilidad civil, sólo puede ser modificado en favor del asegurado. Conf.
CNCiv., Sala L, 26-V-1998, "Correa, M. c/Carbonetto Kolin, D." (del voto en disidencia parcial del
Dr. Polak),L.L., 1998-B-913,jurisp. agrup., caso 12.445; CCiv. y Com. BahíaBlanca, Sala 2^ 7-VIII-
97, "Castell de GuUini, R. c/Femández, F.", J.A., 1998-11-577.
'"* CCiv. y Com. Junín, 15-IV-1997, "D., J. c/D. A. C", LL. Buenos Aires, 1997-852.
Cám. Fed. Mendoza, 3-IX-1941, "Martínez Ferrero, J. c/La Franco Argentina Cía. de Seg.",
L.L., 24-405; Cám. Com. Cap., 7-XI-1945, "Saubidet, R. c/La Rolando Sudamericana Cía. de Seg.",
LL, 41-362; J.A., 1945-IV-783; CNCom., Sala A, 10-III-1954, "Erazo, M. c/La Agrícola Cía. de
Seg.", L.L., 74-109; CNCom., SalaB, 19-IX-1956, "Janovsky, V. c/L'Union Cía. de Seg.", LL, 85-
341; CNCom., SalaB, 14-XII-1962, "Bertini, F. c/El Mundo Cía. de Seg.",L.L., 111-481; CNCom.,
Sala B, 22-XII-1965, "Manufactura Algodonera c/Patria Cía. de Seg.", LL, 122-360; J.A., 1966-11-
164; CNCom., Sala A, 7-V-1973, "Vitola de Oliva, C. c/Previsión del Hogar Coop. de Seg.", E.D.,
51-455; CNCiv., SalaB, S2-VII-1974, "Cabalar, J. c/Szejner, J.", E.D., 58-288; CNFed., Sala Civ. y
Com., 22-VII-1980, "Mata, A. c/Caja Nac. de Ahorro", J.A., 1981-1-658; S.C. Mendoza, Sala I, 24-
V-1988, "Rojas, R. c/Huarpe Coop. de Seg.", LL, 1988-E-15; CCiv. y Com. Jum'n, 26-X-1988, "Za-
baleta, D. c/PonteprinodeRagazzini, N.", J.A., 1989-1-51; CNCom., SalaC, 3-VII-1991, "Banco de
Quilmes c/Aries Cía. de Seg.", J.A., 1992-11-435; CNCiv., Sala I, "Díaz, H. c/Ghibaudi, O." (inédito);
CNCom., Sala A, 20-XIH991, "Moreira, A. c/La Nación Cía. de Seg.", J.A., 1992-I-síntesis;
CNCiv., Sala A, 25-VIII-1992, "Contreras de Caló, R. c/Puglisi, H.", LL, 1993-C-235; D.J., 1993-
2-465; CCiv. y Com. Junín, 15-IV-1997, "D. J. c/D. A.", LL Buenos Aires, 1997-852; CNCiv., Sala
H, 13-VI-1997, "Canteros, M. c/Martínez, M.", LL, 1998-E-835, jurisp. agrup., caso 13.271.
En contra, CNCom., Sala C, 17-XII-1982, "Rivera de Díaz, N. c/Fides Cía. Arg. de Seg.", E.D.,
103-683; CNCiv., Sala G, 28-VI-1991, "Ceruti, R. c/Morixe, G." (inédito), donde se afirma que el
248 RUBÉN S. STIGLITZ

la de su hijo «6 o la de aquellas personas por las que el asegurado responde civilmente,


"pues ellos se encuentran entre los riesgos de los que el asegurado busca cubrirse al
contratar el seguro"'".

221. La culpa grave como supuesto de delimitación causal


subjetiva y el seguro automotor. La culpa grave del conductor
Las pólizas que circulan en el mercado asegurador incluyen en una de sus con-
diciones generales, una excepción al principio por el cual el asegurador queda libe-
rado si el siniestro ha sido provocado dolosamente o con culpa grave del asegurado
o del conductor.
En efecto, la cláusula establece: "...No obstante el asegurador cubre al asegu-
rado por culpa grave del conductor cuando éste se halle en relación de dependencia
laboral a su respecto y siempre que el siniestro ocurra con motivo o en ocasión de
esa relación, sin perjuicio de subrogarse en sus derechos contra el conductor".
Como se advierte, son dos los presupuestos requeridos para la extensión de la
cobertura: (a) que el conductor se halle en relación de dependencia laboral con el
asegurado y (b) que el evento dañoso se haya verificado "con motivo o en ocasión"
de esa relación.
Sobre el particular se tiene decidido que incumbe al asegurador que pretende
liberarse de la garantía comprometida, la prueba de que el conductor se hallaba vin-
culado con el asegurado por un contrato de locación de obra ^8, vínculo que, por de-
finición y naturaleza, excluye la relación de dependencia o subordinación. La prue-
ba de la existencia de una relación ajena a los caracteres tipificantes del contrato de
trabajo recae sobre el asegurador, que es quien lo invoca como fundamento de su
defensa o excepción (art. 377, C.P.C.C.N.).
Es por ello que se tiene resuelto que la cláusula de exclusión de culpa grave
del asegurado no es lícitamente factible de ser extendida a las personas por quienes
se es civilmente responsable conforme a las normas generales del derecho de las
obligaciones s'.

asegurador garantiza los hechos (culposamente graves) de terceros por los cuales el asegurado res-
ponde; CNCom., Sala B, 20-IX-1989, "Espósito Tuccilio, A. c/Pirroncelo, V." (inédito), fundado en
que el conductor es asegurado "segiín la cobertura extendida por la póliza", por lo que, de mediar cul-
pa grave de su parte, la misma es oponible al tercero.
"^ CNCom., Sala B, 14-XII-1962, "Bertini, F. c/El Mundo Cía. de Seg.", E.D., 1963-6-527;
CCiv. y Com. Junín, 15-IV-1997, "D. J. c/D. A. C", L.L., Buenos Aires, 1997-852; CNCiv., Sala I,
27-Vin-1996, "Cuquejo, W. c/Sevillano, M.", L.L., 1998-C-972, jurisp. agrup., caso 12.800.
''^ Cám. I Bahía Blanca, 7-V1II-1997, "Castell de GuUini, R. c/Fernández, F.", L.L. Buenos Ai-
res, 1998-369; J.A., 1998-11-577.
'^ CNCiv., Sala A, 3-IV-1990, "Dome de Bardare, C. c/Avella, G.", (inédito). En el caso, se tra-
taba de un albañil contratado para la realización de su obra de manera independiente.
' ' CCiv.yCom. Jum'n, \5-l\-\991,''T).i.dD.K.Cr,L.L.BuenosAires, 1997-852;Cám.ICiv.
y Com. Bahía Blanca, Sala II, "Castell de GuUini, R. c/Femández F.", L.L. Buenos Aires, 1998-369;
DERECHO DE SEGUROS 249

222. La culpa grave como supuesto de delimitación causal


subjetiva y el seguro automotor (continuación).
La ebriedad del conductor no asegurado
Lo expresado precedentemente se extiende a la ebriedad del conductor no asegu-
rado. Sobre el particular se tiene decidido que "aun en el supuesto de que una intoxi-
cación alcohólica como la que se detectó en el conductor del automóvil cubierto por
una póliza de seguro, hubiese configurado en término de la relación asegurativa, culpa
grave que libera al asegurador de toda responsabilidad en el siniestro producido en tales
condiciones psicofísicas, sólo la culpa grave del asegurado habría generado ese efecto,
no el hecho del hijo del asegurado, pues ni aun a través de la cláusula de una póliza
aceptada al contratar el seguro la condición subjetiva que tipifica la cláusula de exclu-
sión puede hacerse extensiva a conductas como las descriptas pero provenientes de
otros sujetos a los efectos liberatorios de la responsabilidad del asegurador, pues sólo
la culpa grave del tomador produce la exclusión de cobertura" ™.

223. La prueba de la culpa grave


La prueba de la culpa grave recae sobre el asegurador, que es quien la alega. Lo
expuesto es aplicación del principio general en materia de distribución de la certeza: re-
cae sobre quien la atribuye, que es quien debe acreditar el hecho (culpa grave) que sirva
de presupuesto a la norma (vg., arts. 70, 114, etc.), que consagre el efecto perseguido
por ella y que consiste en la exclusión de cobertura (no seguro) '<".

224. Interpretación de la culpa grave


Las cláusulas de exclusión de cobertura por culpa grave del asegurado son de
tal gravedad que sólo es factible su interpretación restrictiva, de tal suerte que sólo
puede invocarlas el asegurador cuando el asegurado ha actuado con manifiesta y
grave despreocupación, cuando ha obrado con una negligencia en la que no hubiera
incurrido de no mediar el seguro 102.

JA., 1998-11-577; CNCiv., Sala H, 13-Vl-)997,"Canteros,M.c/Martínez,M.",L.L, 1998-E-835,ju-


risp. agrup., caso 13.271.
'"^ Cám. I Civ. y Com. Bahía Blanca, Sala II, 7-VIII-1997, "Castell deGullini, R. c/Fernández,
F.",L.L. Buenos Aires, 1998-369;/A., 1998-11-577.
'°' CNCom., SalaB, 16-11-1973, "Arena de Pirata, A. c/La Franco Argentina Cía. deSeg.",££).,
50-207;CNCom.,SalaB, 19-VI-1974, "MonteseirinGutiérrez,C. c/SolidariaCía.deSeg.",E.D., 58-
416; C.S.J.N., 4-V-1982, "Pritchard, J. W. c/Minerva Cía. de Seg.", E.D., 100-137; CNCom., Sala B,
22-XII-1983, "Gómez, M. c/Cumbre Coop. de Seg.", JA., 1985-1-205; CNEsp. Civ. y Com., Sala II,
9.V-1984, "Imbrogno. A. c/Russo, G.", J.A., 1984-IV-síntesis; CNEsp. Civ. y Com., Sala V, 27-III-
J988, "Isla, M. c/Pérez, M.", L.L., 1989-A-191; Cám. Apel. San Isidro, Sala I, 26-X-1989, "Acosta,
A. c/Otero, L.",£).7., 1990-2-195.
'°^ Cám. Com. Cap., 20-VII-1938, "Malosetti, Moschini y Cía. c/La Rolando Sudamericana",
L.L., 11-371; Cám. Paz Letrada, Sala II, 12-XI-1941, "Morandi,C. c/La Nueva Coop. de Seg.",/A.,
250 RUBÉN S. STIGLITZ

En efecto, si el concepto de culpa grave se extendiese a la mera negligencia o


al simple descuido, ello equivaldría a limitar el seguro a los supuestos de caso for-
tuito o fuerza mayor, lo que le quitaría al seguro toda funcionalidad '03.
De allí que se tenga resuelto que la cláusula de exclusión de cobertura por dolo
o culpa grave no puede ser modificada convencionalmente en perjuicio del asegu-
rado, lo que acontecería si por condición de póliza se incluyeran supuestos especí-
ficos de exclusión de riesgo que importen, en definitiva, consagrar la exoneración
del asegurador para casos que no entrañen estrictamente dolo o culpa grave, sino
que implican faltas u omisiones de menor entidad io4
En síntesis, la prueba de la culpa grave del asegurado debe ser objeto de apre-
ciación en cada caso concreto, teniendo siempre presente el fin específico del se-
guro contra la responsabilidad civil por daños causados a terceros y la función de
solidaridad del seguro >05.

225. Oportunidad para invocar la culpa grave del asegurado


Como el tema se inserta en la carga del asegurador consistente en pronunciar-
se acerca de los derechos del asegurado, nos remitimos en lo esencial a lo que habrá
de expresarse infra (Cap. XXVII).
Sin perjuicio de ello, y a manera de avance señalamos:
a) que el asegurador dispone de un plazo de caducidad de treinta días (art. 56,
L.S.) para invocar la culpa grave del asegurado y que dicho plazo cursa desde la de-
nuncia del siniestro; o
b) si solicitó información complementaria (art. 46-2 y 3, L.S.), desde que re-
cibió la última de las requeridas;
c) plazo que se computa recién desde que el asegurador se halla habilitado ma-
terial y jurídicamente para el examen de actuaciones administrativas o judiciales
(art. 46-4, L.S.), de donde resulta la existencia de los presupuestos de hecho de la
culpa grave si ellos han sido omitidos en la denuncia.

1942-1-967; CNCom., Sala B, 15-XI-I961, "Nader, J. c/La Unión Mercantil Cía, de Seg.", E.D.,
1962-2-565; CNCom., Sala D, 2-X-1974, "LoyolaPonce, A. c/Minerva Cía. de Seg.", E.D., 58-688;
CNCom., Sala B, 9-IX-1982, "Sorba, P. c/Paraná S.A. de Seg.", JA., 1983-IV-518; CNEsp. Civ. y
Com., Sala V, 23-VIII-1982, "Campen Menéndez de Coccio, R. c/Lazzari, C", J.A., 1984-1-609;
Ídem, 27-11-1984, "Guardia, R. c/De Elizalde, J.", J.A., 1984-III-síntesis; idem, 27-V-1988, "Isla, M.
c/Pérez, M.",J.A., 1989-III-549; CNCom., SalaB, 29-III-1985, "Blengio, R. c/La Equitativa del Plata
Cía. de Seg." (inédito); T. S. Córdoba, Sala C, Civ. y Com., 29-11-1996, "Scabuzzo, R. c/Pérez, A.",
LLC, 1996-1235.
'°^ CNPaz, Sala III, lO-VI-1955, "La Equitativa del Plata Cía. de Seg. c/Mariló S.R.L.",L.L., 82-
240; CNCom., Sala B, 9-IX-1982, "Sorba, P. c/Paraná Cía. de Seg.", E.D., 102-810; CNCiv., SalaE,
ll-VI-1990, "Olmos, P. c/Starapoli, A." (inédito).
'"^ Cám. Civ. y Com. Paraná, Sala 2^ 27-III-1991, "Razetto, H. c/De Res, J.", J.A., 1996-IV-sín-
tesis.
105 CCiv. y Com. Morón, Sala 2^ 13-VI-1995, "Ramos, R. c/Ledesma, R.", J.A., 1996-IV-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 251

226. La culpa grave y el seguro automotor. Sistematización


jurisprudencial de hipótesis que constituyen culpa grave
Se ha establecido que constituye culpa grave:
a) Dejar el automóvil asegurado contra robo, sin vigilancia y con las llaves
puestas 106.
b) Si el conductor circula en estado de continua violación de las leyes o regla-
mentos, como ocurriría si sabiendo que su coche carece de frenos o faros no pusiera
remedio a tal estado de cosas ^^T.
c) Si el conductor intenta el cruce de una vía ferroviaria cuando las barreras
del paso se encontraban bajas ios, y las señales fonoluminosas accionando 'o^.
d) Si el conductor marcha con su automóvil a una velocidad tal al tomar una
curva que determina necesariamente el desplazamiento a la mano contraria, sin po-
der ver si por ella circulaban otros vehículos 'lo.
e) Conducir a excesiva velocidad y por ello haber resultado condenado en
sede penal 'n
f) Conducir en estado de ebriedad "2.
g) Circular a una velocidad superior a los 85 k/h e intentar adelantarse al au-
tomóvil que lo precede en una curva que le impide la visibilidad de los que circulan
en sentido contrario "3.
h) Dejar estacionado el vehículo con el motor encendido y las puertas abier-
tas "'*, perdiendo el contacto visual durante un cierto lapso ns.
i) Producido el accidente, dejar la motocicleta abandonada sin justificación
valedera, durante un día en lugar poco poblado ns.

'°* CNCom., Sala A, 15-V-1959, "Lurán, N. c/Providencia Cía. de Seg.", L.L., 95-292; CNCom.,
Sala B, 3-XII-1981, "Barone, N. c/Ruta Coop. de Seg.", JA., 1983-1-238.
'°^ Cám. de Paz Letrada, Sala III, 28-V-1943, "Ardissone, S. c/La Economía Comercial Cía. de
Seg.", 7.A., 1943-11-868.
'°^ CNCiv. y Com. Fed., Sala II, 22-VIII-1980, "Mata, A. c/CajaNac. de Ahorro", £D., 91-143.
^°'^ CNCiv., SalaE, "Olmos, P. c/Starapoli, A.", 11-VI-1990 (inédito); CNCom., Sala A, 22-VI-
1998, "Moreno-Valentini Soc. Col. c/Hermes Cía. de Seg.", L.L, 1999-C-782, jurisp. agrup., caso
13.856.
" ° CNCom., Sala A, 28-III-1969, "Ramírez, A. c/Caledonia Arg. Cía. de Seg.", N.F., 1970-4-125.
' ' ' Cám. Com. Cap., 9-VI-1950, "Stein y Cía. c/La Inmobiliaria Cía. de Seg.", J.A., I951-II-478.
"2 CNCom., en pleno, 8-VII-1968, "Carrasco, S. c/El Comercio Cía. de Seg.", L.L, 132-12;
E.D., 1969-27-144; CNCom., Sala B, 9-IX-1982, "Sorba, P. c/ParanáCía. de Seg.", J.A., 1983-IV-
518; CNCiv., SalaB, 30-X-1989, "Lucentini, J. c/González, A." (inédito).
"^ CNCom., Sala A, 28III-1969, "Ramírez, A. c/Caledonia Arg. Cía. de Seg.", E.D., 1969-27-
145.
' " CNCom., Sala A, 11-IV-1986, "Ferrari, O. c/Plus Ultra Cía. de Seg.",/A, 1987-1-451.
"^ CNCom., Sala D, lO-IV-1986, 'Torres, A. c/Omega Coop. de Seg." (inédito).
"^ CNCom.,SalaB,29-III-1985,"BIengio,R.c/LaEquitativadelPIataCía.deSeg.",7.A., 1985-
IV-81.
252 RUBÉN S. STIGLITZ
j) Dejar estacionado un vehículo cincuenta y dos días corridos en la vía públi-
ca, en lugar de alto índice de robos y apartado de su domicilio, sin adoptar medida
razonable de resguardo y cuidado 'i^.

227. La culpa grave y el seguro automotor (continuación).


Sistematización jurisprudencial de hipótesis
que no constituyen culpa grave
En cambio, se tiene decidido que no constituye culpa grave que excluya la ga-
rantía del asegurador:
a) El robo de un automóvil dejado estacionado por el asegurado frente a su do-
micilio durante la noche, a pocos metros de una esquina importante, en la que existía
parada policial; si lo dejó trabado con un dispositivo especial y, por último, si antes ha-
bía intentado guardar el coche en el garaje, lo que no pudo lograr por estar totalmen-
te ocupado 118,
b) La sustracción de piezas de un automóvil incendiado si el asegurado efectuó
la denuncia policial y avisó el siniestro al asegurador, así como que quedaba el ve-
hículo en la vía pública y sin vigilancia, reclamándole urgente inspección, y si el pro-
pietario custodió el automotor durante dos días con sus noches, durante cuyo lapso la
empresa tuvo tiempo sobrado para hacerse cargo de la cosa, como lo hizo más tarde • i9.
c) Dejarlo estacionado en una calle céntrica, al frente de un establecimiento
hospitalario donde existe vigilancia permanente 120.
d) Desarrollar una velocidad superior a la permitida 121, o a una velocidad que
resulte imprudente o excesiva, pues son infracciones corrientes que no cabe califi-
car de graves.
e) Circular de contramano, pues la infracción a una ordenanza de tránsito no
configura culpa grave idónea que libere al asegurador 122,

''"' CNCom., Sala E, 28-11-1991. "Armilio, N. c/Helvética Argentina S.A. de Seg." (inédito);
CNCom., SalaC, 13-XII-1988, "Salvia, V. c/ElPorvenir Coop. de Seg." (inédito); idem, 18-11-1993,
"Nowak, R. c/OmegaCoop. de Seg. (inédito).
"^ CNCom., SalaB, 15-XI-1961, "Nadar, J. c/La Unión Mercantil Cía. de Seg.", L.L., 106-497.
" ' CNCom., Sala A, 22-III-1962, "Salomón, J. c/El Trabajo Cía. de Seg.", L.L., 108-217.
'^° Cám. Com. Cap., 8-IX-1937, "Frin, A. c/La Franco Argentina Cía. de Seg.", LL, 8-576.
'^' CNCom., Sala A, 14-XI-1958, "Ghiotto, R. c/La Buenos Aires, Cía. de Seg.", LL, 94-23;
Cám. II Civ. y Com. La Plata, Sala III, 28-V-1965, "Gallino de Cruz, E. c/El Sol de Buenos Aires",
LL, 120-907 (12.530-S); CNCiv., Sala A, 25-Vm-1992, "Contreras vda. de Caló, R. c/Puglisi, H."
(inédito).
'^^ Cám.Apel.Rosario,SalaIII, 19-III-1965,"Rita,E.c/SanCristóbalS.M.S.G.",L.L., 119-335;
CNCiv., Sala D, 12-V-1989, "Fabiano de Fernández, N. c/Nir, J." (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 253
f) Frenar bruscamente el asegurado para no chocar con un colectivo que de-
tuvo intempestivamente su marcha, maniobra por la que embistió a un camión que
circulaba en otro sentido por su mano 123.
g) La condena penal por delitos culposos del conductor, por infracción a los
reglamentos 124.
h) Que el siniestro se haya verificado por el solo hecho de "haberle dominado
el sueño al conductor", si no se prueba a la vez la existencia de los elementos de la
voluntad: el conocimiento y la intención '25.
i) Conducir el rodado en condiciones deficientes de su sistema de frenado 126.
j) Que el conductor del vehículo haya cruzado con luz roja 127.
k) Dejar estacionado el vehículo en lugar no autorizado 128.
1) Dejar estacionado el automóvil en la vía pública desde las 16 hs. de un día
hasta las 8 hs. del día siguiente, máxime cuando el rodado tenía fallas mecánicas en
virtud de las cuales quedó sin batería 129.
m) Detener el vehículo sobre la vereda con las llaves en el tambor del tablero,
si lo hizo por breve tiempo, solicitando la custodia del mismo a un miembro del per-
sonal del taller que se encontraba trabajando en la puerta i^o
n) Dejar estacionado el vehículo, cerrado con llave, en la playa del comedor '^i,
o) Conducir con un grado de alcoholemia de 1,3 g/1, pues no implica por sí que
haya sido la causa del accidente, porque no trae como consecuencia la pérdida de
la capacidad para comprender y actuar 122,

'-^ CNCom., Sala B, 22-XIM966, "Medoedocky, G. c/Unión Comerciantes Cía. de Seg.", J.A.,
1967-11-231.
'-" Cám. Com. Cap., 4-XM941, "Rossi, E. c/Cía. Aseguradora Arg,", L.L, 24-608; CNCom.,
Sala A, 26-V-1960, "Sazdjian, J. c/El Comercio de Córdoba Cía. de Seg,", L.L, 100-521; Cám. Apel.
Civ y Com. San Isidro, 26-X-1989, "Acosta, A. c/Otero, L.", D.J., 1990-2-195; CNCiv., Sala K, 20-
11-1991, "Ferreyra de Barewthin, L. c/Lifteiras, R.", L.L, 1991-E-54; D.J., 1991-2-865.
'-^ CNCom., SalaB, 14-XI-1958, "Nasazzi S.R.L. c/El Mundo Cía. de Seg.", 7.A., 1959-11-427;
CNCom., Sala C, 20-III-1963, "Kopelman, G. c/El Mundo Cía. de Seg.", J.A., 1963-V-438.
'^^ CNEsp. Civ. VCom., Sala V, 27-V-1988, "Isla, M. c/Pérez, M.", JA., 1989-IIJ-594; T. S. Cór-
doba, 29-11-1996, "Scabuzzo, R. c/Pérez, A.", L.L.C, 1996-1235.
'^'' CNCiv., Sala G, 7-VII-1989, "Rangel Recalde, S. c/Jaime, L." (inédito), donde se establece
que "la distinta duración de los lapsos amarillos o en un error de su apreciación producido por la in-
terrupción de la onda verde puede explicar este proceder, especialmente en un tránsito desordenado
y poco respetuoso de las normas como el que se comprueba constantemente en la ciudad de Buenos
Aires".
'^^ CNCom., Sala E, 14-XI-1984, "De Arriaga, C. c/Cumbre Coop. de Seg." (inédito).
'-* CNCom., Sala C, 24-111-1992, "Galán Tizón, J. c/Cumbre Coop. Seg." (inédito).
" ° CNCom..SalaC,22-X-1993,"Fernández,R.c/LaCentraldelPlataS.A.deSeg.",L.L., 1994-
D-225.
'^' Cám. Apel. Concepción del Uruguay, Sala Civ. y Com., 28-III-I996, "Luis Amílcar Roude
S.R.L. c/Helvetia Cía. de Seguros", J.A., 1996-IV-síntesis.
'^2 cCiv; y Com. Morón, Sdí&T-, 13-VI-1995, "Ramos, R. c/Ledesma, R.", J.A., 1996-1 V-síntesis.
254 RUBÉN S. STIGLITZ

228. La culpa grave y el seguro automotor (continuación).


La "reelaboración" de las exclusiones de cobertura.
La "ebriedad" como causal de exclusión de cobertura
autónoma de la culpa grave
a) Antecedentes
Con fecha 7 de julio de 1998, la Asociación Argentina de Compañías de Se-
guro requirió de la Superintendencia de Seguros de la Nación "una reelaboración
de exclusiones a la cobertura" en el riesgo automotor, a cuyo efecto propuso una
cláusula enunciativa de causales de "no seguro".
Con fecha 30 de julio de 1998, la autoridad de control autorizó la misma, iden-
tificándola como "Cláusula 22. Exclusiones a la cobertura" a través del proveído
nro. 87.850. Asimismo se establece que los aseguradores "que pretendan hacer uso
de la mencionada cláusula" deberán notificarlo expresamente, de donde se deduce
que el nuevo contenido dotado a la "Cláusula 22" es facultativo.

b) Los probables fundamentos de la propuesta


Con motivo de las dificultades consistentes en uniformar criterio en tomo a la
noción genérica de culpa grave y específicamente la de "ebriedad" y la de "exceso
de velocidad", la Superintendencia de Seguros de la Nación, a través de una reso-
lución general, se decidió por el criterio consistente en mantener a la culpa grave
como causal de no cobertura y, simultáneamente, enunciar casos que históricamen-
te se han hallados conceptualmente atrapados por dicha noción, como, por ejemplo,
la ebriedad y el exceso de velocidad.

c) La exclusión específica de la ebriedad


Así, se establece —^para el riesgo automotor— que el asegurador no indemni-
zará los siniestros producidos: "mientras el vehículo asegurado sea conducido por
una persona en estado de ebriedad. Se entiende que una persona se encuentra en es-
tado de ebriedad si se niega a practicarse {sic) el examen de alcoholemia (u otro que
corresponda), o cuando, habiéndose practicado éste, arroje un resultado igual o su-
perior a un gramo de alcohol por mil gramos de sangre, al momento del accidente.
A losfinesde su comprobación queda establecido que la cantidad de alcohol en la san-
gre de una persona desciende 0,11 gramos por mil por cada hora que transcurre".

d) Las consecuencias que se avecinan


Como el supuesto de hecho ha sido incluido a través de una condición general
predispuesta, va de suyo que ello motivará un cúmulo de interrogantes sobre su legi-
timidad, su razonabilidad, sobre si constituye una cláusula abusiva y si, en ese caso, es
factible su oponibilidad a los damnificados como defensa anterior al siniestro.
DERECHO DE SEGUROS 255

e) Una cuestión a dirimir: cómo determinar el estado de ebriedad


El primer interrogante es si luego de que el asegurador se haya pronunciado
adversamente a los derechos del asegurado invocando ebriedad, podría éste legíti-
mamente discutir si realmente un gramo de alcohol en mil gramos de sangre impor-
ta ebriedad.
Sobre el particular cabe afirmar, en línea de principio, que el "estado de ebrie-
dad", para ser así caracterizado, requiere como dato de singular relevancia de un
examen clínico, neurológico y psiquiátrico, "ya que el índice de alcohol en sangre
u orina es dato que debe confrontarse con aquel examen, pues cada individuo tiene
una susceptibilidad alcohólica que le es propia" '33.
Lo expresado significa que la mera ingestión de alcohol no importa necesaria-
mente culpa grave, pues la primera puede existir sin que se halle configurada la se-
gunda.
En consecuencia, en principio, pareciera que la ingestión de alcohol, que lue-
go del examen de alcoholemia compruebe la existencia de 1 mg/1 en sangre, no im-
porta necesariamente hallarse en estado de ebriedad.

f) La legislación de tránsito y su alcance


No se nos oculta que el artículo 93 de la ley 11.430 de la provincia de Buenos
Aires lo establece en 0,5 m/1 por litro de sangre, solución análoga a la establecida
en la reglamentación al artículo 48 de la ley nacional 24.449. Pero creemos que
cabe distinguir entre las normas administrativas locales cuyo contenido apunta a
ordenar y acentuar la seguridad del tránsito y que vinculan a la autoridad de vigi-
lancia o de control doméstico del tránsito pero no al jurisdiccional, de las cláusulas
de un instrumento contractual predispuesto —como lo constituye una póliza— que
sólo vinculan a las partes y al juez en la medida de su legitimidad y razonabilidad.
En efecto, tampoco los tribunales se hallan vinculados por un criterio objetivo
emanado de normas locales que atienden a reglamentar el tránsito. En el sentido in-
dicado, existen pronunciamientos judiciales donde se ha decidido que el grado de
alcoholemia del conductor, establecido en 1,3 gr/l, no implica por sí que ello haya
sido la causa del accidente, porque no trae como consecuencia la pérdida de la ca-
pacidad para comprender y actuar '34.

g) Una segunda cuestión a dirimir


Pero volviendo al texto de exclusión de cobertura, en una primera aproxima-
ción podría ingenuamente afirmarse que la exclusión de cobertura enunciada en la

'33 Cám, Apel. Civ. Com. Rosario, Sala 1,12-VII-1985,"DeMedeiros,R. c/Franco,H.",7.,78-85


(voto en disidencia del Dr. Rouillón).
'^'* CCiv. y Com. Morón, Sala 2^ 13-VI-1995, "Ramos, R.c/Ledesma,R.",L.L., 1998-I-síntesis.
256 RUBÉN S. STIGLITZ
"Cláusula 22" de la póliza mejora la posición del asegurado pues "legitima" un ma-
yor grado de intoxicación que lo que toleran las leyes locales, por lo que el cuestio-
naraiento que intentara un asegurado —en principio— podría hallar un primer obs-
táculo en la ley de tránsito y otro en el instrumento del contrato.
Lo que acontece es que la objetivación de la noción de ebriedad tiene como
propósito sustraer al asegurador de la —para algunos— incertidumbre que rodea al
concepto de culpa grave, prefiriendo enunciarla autónomamente y describirla nu-
méricamente (objetivarla), como para suprimir la vacilación que aparejan las no-
ciones jurídicas cuya aprehensión es calificada como de "alta complejidad".

h) ¿Es posible o razonable objetivar la noción de la ebriedad?


La clave que podría auxiliamos para dirimir la cuestión es la respuesta que se
suministre al interrogante sobre si es razonable y legítimo que, a través de una con-
dición general predispuesta, el asegurador pueda objetivar el concepto de ebriedad,
sustrayéndolo de toda consideración conceptual, de todo examen clínico y despo-
jándolo de circunstancias atinentes a la persona y conducta del asegurado.
Con relación a este último dato vale señalar que existen sujetos que portan
gran susceptibilidad a los efectos del alcohol y que, precisamente por ello, pueden
presentar estados de embriaguez que se traducen en una total incapacidad para con-
ducir un vehículo, mientras que otros poseen una tolerancia al alcohol superior a la
normal y que, por lo mismo, no acusarían los efectos de la ingestión, por lo que po-
drían conducir un vehículo con una seguridad normal sin riesgo a terceros "35.
Circunstancia que no descalificaría su conducta como para ser excluidos de
una cobertura asegurativa.
Creemos, en primer lugar, que lo esencial radica (a) en la susceptibilidad al-
cohólica de cada asegurado y fundamentalmente (b) en que el estado de ebriedad
haya actuado como motivo impulsor de una conducta reprochable, pues sólo así
será posible afirmar la relación causal existente entre la alteración alcohólica y las
consecuencias que de ello se derivan i36.

i) Efectos de la negativa a someterse al examen de alcoholemia


Finalmente, como por condición general se presume iure etde iure que se ha-
lla en estado de ebriedad la persona que se niega a que se le practique el examen de
alcoholemia u "otro que corresponda"; por lo que cabe preguntarse si es obligatorio
someterse a un examen de alcoholemia para que el asegurador funde legítimamente
la exclusión de cobertura.

GiSBERT CALABUIG, J. A., Medicina Legal y Toxicología, 4- ed., Salvat, Buenos Aires, págs.
663/667.
'^* CNEsp. Civ. yCom.,SalaVI,2-X-1987,L.L., 1988-D-519 (37.998-S); CNCiv., Sala A, 16-
VIII-1995, "Pacheco c/Rocha", JA., 1998-II-síntesis; CCiv. y Com. Morón, Sala 2^ 13-VI-1995,
"Ramos, R. c/Ledesma, R.", L.L., 1998-I-síntesis.
DERECHO DE SEGUROS 257

El principio que domina la materia consiste en que no es obligatorio someterse


al examen de alcoholemia sólo cuando la extracción de sangre se realice en lugares
o con procedimientos inapropiados con riesgo para la salud.
En el sentido indicado se formula una distinción entre la persona como "sujeto
de prueba" o como "objeto de prueba". En el primer caso, el artículo 18 de la Cons-
titución Nacional prohibe la autoincriminación bajo fórmulas obligatorias, prote-
giéndolo contra la realización de manifestaciones verbales o escritas donde parti-
cipe "activamente" y que pudieran usarse en su contra.
El segundo caso es el que nos interesa, ya que atiende a la persona como "ob-
jeto de prueba".
En este supuesto, el principio constitucional no es aplicable ya que es la per-
sona la que pasa a ser el "objeto investigado" y, en ese caso, puede ser pasible de
medios de prueba, como ser, a título de ejemplo, un reconocimiento en rueda de per-
sonas, huellas dactilares o extracción de sangre, actos que no requieren de una con-
ducta "activa" sino de la mera presencia.

j) Relativa legitimidad de los efectos derivados de la negativa


a someterse al examen de alcoholemia.
Inescindiblemente vinculado con el punto anterior surge otro interrogante, y
es el relativo a cuál podría ser el efecto normativo que se predica de la negativa a
someterse al examen de alcoholemia.
Incluso más, ¿podría afirmarse seriamente que la negativa al sometimiento al
examen de alhocolemia podría equipararse conceptualmente a una declaración
contra sí mismo?
De conformidad a lo que venimos expresando, podemos afirmar que si la ne-
gativa del asegurado es infundada o arbitraria, el efecto normativo que debería pre-
dicarse de aquélla es el pronunciamiento adverso del asegurador al derecho del ase-
gurado (art. 56, L.S.), fundado en su estado de ebriedad, pues lo que las partes han
"acordado" es una presunción irrefragable.
Por lo demás, si la negativa a someterse al examen de alcoholemia es infun-
dada, el asegurado no podría sustentar su conducta en que tal sometimiento repre-
senta un acto autoincriminatorio.

229. La culpa grave y el seguro automotor (continuación).


El exceso de velocidad como causal de exclusión de cobertura
autónoma de la culpa grave
a) La cuestión
La cláusula 3) de exclusiones generales en su inciso V) establece que el ase-
gurador no indemnizará los siniestros producidos "cuando el vehículo asegurado
sea conducido a exceso de velocidad". Si la disposición hubiera concluido ahí la
258 RUBÉN S. STIGLITZ

cuestión referente a qué es lo que se entiende por "exceso de velocidad" se decidiría en


función de lo que disponen las normas de tránsito o por lo que resolviera el tribunal.
Pero de ninguna manera podría llegar a interpretarse que, por sí, el exceso de
velocidad constituya una causal autónoma de exclusión de cobertura.
En efecto, si con motivo de la referida infracción cabe atribuir responsabilidad
civil al asegurado, éste se halla cubierto pues, precisamente y más allá de que el ob-
jeto (la materia de que trata) del seguro que contrató es amparar su patrimonio de
las consecuencias dañosas derivadas de su obrar antijurídico, la obligación princi-
pal asumida por el asegurador es la asunción del riesgo y el mantenimiento de la in-
demnidad de su patrimonio de cuanto deba pagar a un tercero (art. 109, L.S.) con
motivo de la referida responsabilidad civil.
Caso contrario, si el asegurador se pronunciara adversamente sobre los dere-
chos del asegurado (art. 56, L.S.), argumentando que el siniestro se produjo por el
exceso de velocidad que le atribuye, el seguro contra la responsabilidad civil que-
daría desnaturalizado y desfigurada su propia esencia.
En síntesis, el asegurado se halla cubierto por la responsabilidad civil que se
le impute como consecuencia del exceso de velocidad, siempre y cuando la misma
no constituya, a su vez, culpa grave.

b) La cláusula propuesta
Pero la Superintendencia de Seguros de la Nación decidió realizar una nueva
contribución a la confusión general que domina sus decisiones en materia contrac-
tual. De manera tal que añadió, a título de interpretación (?), un párrafo sobre qué
es lo que debe entenderse por "exceso de velocidad".
Y a esos fines agregó: "A los efectos de la presente exclusión de cobertura se
deja establecido que la velocidad del vehículo asegurado en ningún caso podrá su-
perar en un cuarenta por ciento (40%) los límites máximos establecidos por la nor-
mativa legal vigente".

c) El desacierto de la cláusula interpretativa


Es evidente que la Superintendencia de Seguros de la Nación fracasó en el in-
tento de aclarar qué es lo que se entiende por "exceso de velocidad", pues la redac-
ción dotada al segundo párrafo de la exclusión es absolutamente desafortunada.
Y en nuestro afán por interpretar qué es lo que se quizo decir, concluimos que
el sentido y alcance de la cláusula en cuestión no es otro que el asegurador cubre los
siniestros verificados aun cuando la velocidad impresa al vehículo asegurado exce-
da hasta un cuarenta por ciento (40%) los límites máximos establecidos por la nor-
mativa legal vigente.
Por lo que si nuestro diagnóstico es correcto, la Superintendencia de Seguros
de la Nación admite la cobertura de hechos ilícitos, tal como lo constituye circular
a las velocidades que excedan los límites de las normas que regulan el tránsito de
DERECHO DE SEGUROS 25 9

vehículos. De donde, por lo menos en ese tramo, el de seguro constituiría un con-


trato de objeto ilícito.
Si ello es así, la Superintendencia de Seguros de la Nación auspicia que las
aseguradoras —sujetos pasivos de su control—paguen lo indebido, como lo cons-
tituye el crédito nacido —como máximo— de la comisión de un ilícito y —como
mínimo— de un siniestro provocado por culpa grave.

d) Lo aconsejable
Así las cosas, cabe preguntarse si las aseguradoras se hallan vinculadas por el
texto emitido por la autoridad de control relativo a las exclusiones de cobertura. Por
nuestra parte respondemos decididamente que no, aun cuando las entidades hayan
decidido "hacer uso de la mencionada cláusula", o sea, operar con la misma, ha-
ciéndolo saber a la autoridad de control.
La Superintendencia de Seguros de la Nación debe controlar que las condicio-
nes generales sean equitativas, y no puede ser calificada de tal una cláusula que to-
lera la garantía de hechos ilícitos.
De manera tal que aparece aconsejable que las empresas aseguradoras, al no
hallarse obligadas por la Superintendencia de Seguros de la Nación a incluir cláu-
sulas que cubran actos ilícitos, no deben introducir el párrafo referido a la cobertura
del exceso de velocidad hasta un 40% de lo admitido por la ley.
Y si lo han hecho, frente a un siniestro atribuible a "exceso de velocidad" de]
asegurado podrán, en el plazo del artículo 56, Ley de Seguros, pronunciarse adver-
samente a sus derechos, pero invocando sólo culpa grave si es que se han configu-
rado los caracteres que la identifican como causal autónoma de delimitación sub-
jetiva del riesgo.
Sin perjuicio de lo expuesto, para las aseguradoras que ya se hallen operando
con las causales "reelaboradas", se hace aconsejable suprimirlas en las nuevas emi-
siones de póKzas.

e) Lo que debe excluirse y lo que debe cubrirse


De manera tal que, a nuestro juicio, el inciso V) de la cláusula 3) sólo debe ex-
cluir de cobertura los siniestros producidos "cuando el vehículo asegurado sea con-
ducido a exceso de velocidad configurativo de culpa grave".
Ya es valor conocido (y entendido), que lo relativo a cuándo existe exceso de
velocidad no es cuestión que pueda ser regulada contractualmente (póliza), sino
por las normas de tránsito.
Y si el tema es controvertido y, por tal, es objeto de debate judicial, habrá de
recordarse que en materia de velocidad se tiene decidido que el exceso de la misma
presupone falta de dominio, atención y prudencia en el uso de la cosa peligrosa.
260 RUBÉN S. STIGLITZ

pues el conductor debe encontrarse siempre "en disposición de detener instantánea-


mente el vehículo que maneja" i^v.
Es que, pacíficamente, se resuelve que "la cuestión de la velocidad debe ade-
cuarse a las circunstancias del caso" '38, ya que "para determinar la imprudencia y
la consecuente responsabilidad por circular a una velocidad mayor a la legalmente
permitida, no debe medirse el kilometraje horario al que circulaba el automóvil
sino utilizar el concepto de 'velocidad adecuada', es decir una velocidad que per-
mite detener el vehículo en el momento adecuado, ateniéndose a las circunstancias
de modo y lugar que rodearon al accidente" '^9.
A tal punto que se ha llegado a sostener que "la velocidad de treinta a cuarenta
kilómetros por hora resulta excesiva en los supuestos en que el conductor se dispo-
ne a cruzar una bocacalle" '^o
A mayor abundamiento, destacamos que en el capítulo relativo a "Adverten-
cias al asegurado" existe un párrafo por el que se establece que el asegurador queda
liberado cuando provoca el siniestro en violación de las normas de tránsito. Como
se advierte, la Superintendencia de Seguros de la Nación, fiel a las incoherencias
que la caracterizan, contradice en un mismo texto sus propias cláusulas, por lo que
concluimos que circular a exceso de velocidad configurativo de culpa grave debe
constituir y ser contenido de una cláusula de exclusión de cobertura con carácter au-
tónomo, sin necesidad de explicitar qué es lo que significa "exceso de velocidad",
pues ello es tema atinente al legislador o, en su caso, al tribunal y no a la Superin-
tendencia de Seguros de la Nación ni a los instrumentos contractuales.

230. Culpa grave y el seguro de robo y hurto


Se tiene resuelto que constituye culpa grave la conducta del asegurado:
a) Que guardó debajo del asiento del automóvil, estacionado y cerrado, un
portafolio conteniendo valiosas alhajas, debido a que ha obrado con culpa inexcu-
sable, con una despreocupación sumamente acentuada, con una negligencia graví-
sima que posibilitó el robo, cuya perpetración hubiera evitado la más elemental
prudencia aconsejada por el hecho de la peligrosidad de la delincuencia '4'.

' " CNCiv., Sala F, 12-V-1992, "Centurión de Moreno, E. c/Rastelli, F,", D.J., 1993-1-991;
CNCiv., Sala A, 25-VIII-1997, "Peralta, V. c/Ferreyra, O.", L.L., 1998-F-906, jurisp. agrup., caso
13.415.
'^^ CNCiv., Sala F, 6-XII-1990, "Cutier de Jurozdicki, P. c/D'Accurzio, D.", D.J., 1991-1-805;
Cám. I Civ. y Com. Lomas de Zamora, Sala II, 6-II-1997, "Barrios, L. c/Schifini, A.", L.L. Buenos Ai-
res, l99&-76\.
'^^ Cám. Apel. Concordia, Sala III, 4-IV-1994, "Marchetti, A. c/Kupervaser, J.", D.J., 1994-2-
216; Cám. Pen. Vera, 29-11-1996, "Virili, M.", L.L Litoral, 1997-522.
''*° CNCiv,, Sala H, 14-VI-1995, "C.A.B. c/Cabana, E.", L.L., 1997-E-lOOO (39.755-S).
"^' CNCom., Sala A, 25-IV-1968, "laffe, E. c/La Agrícola Cía. de Seg.", E.D., 1969-27-28.
DERECHO DE SEGUROS 261
b) Que dejó las pieles (tapado de astracán y dos visones) dentro del automóvil
estacionado en la vía piíblica, aun cerradas las puertas con llaves 't2
c) Que dejó las llaves de la caja fuerte en el interior de un armario metálico que
fue violentado, pues tal conducta facilita el delito, ya que guardar las llaves en la mis-
ma oficina y en un armario metálico vale tanto como guardar los valores en dicho
armario i^s.
d) El asegurado que lleva alhajas en un automóvil de alquiler para pignorarlas
y las deja olvidadas en el vehículo '44.
En cambio, se tiene resuelto que no constituye culpa grave:
a) La sustracción de joyas de relativa importancia depositadas en un alhajero
que su propietaria guardaba en un ropero juntamente con ropa de uso ^'^^.
b) La sustracción de alhajas del bolsillo posterior del pantalón del asegurado
donde las había guardado en un pequeño paquete mientras esperaba en el aeropuer-
to la salida del avión en el que viajaría i46.
c) Acudir portando un anillo a un balneario para tomar su baño privado y par-
ticipar allí de una reunión social, pues en el ambiente en que quedó acreditado que
ello se desarrolló, no aparece inusitado '47,
d) Dejar los palos de golf en el baúl del automóvil cerrado con llave durante
horas de la noche estando de visita su dueño en casa de personas de su amistad i^s.
e) Depositar la esposa del asegurado en el suelo un maletín con joyas para ayu-
darlo a ubicar el equipaje en el vehículo estacionado en el Aeroparque '49.

231. Culpa grave y el seguro de dinero en tránsito


Sobre el tema se tiene decidido que no incurre en culpa grave el asegurado que
lleva una elevada suma de dinero en efectivo, siendo el objeto del seguro precisa-
mente el dinero en tránsito, si ello obedeció a la necesidad de satisfacer una obli-

''*- CNCom., Sala A, 30-XII-1968, "Mandelman, M. c/Nahue! Cía. de Seg.", E.D., 1969-27-1.
'*^ CNCom., Sala C, 31-V-1963, "Artelec S.R.L. c/La Holando Sudamericana Cía. de Seg.",
LL, 114-65; CNCom., Sala A, 12-VIII-1974, "Postorivo y Cía. c/India Cía. de Seg.", E.D., 61-147,
en que las llaves de la caja de seguridad donde se hallaba depositada la suma asegurada quedaron guar-
dadas en la misma habitación en un cajón de madera con candado. Con carácter general en el seguro
de robo o hurto, se tiene decidido que la culpa grave del asegurado consiste en no adoptar "los elemen-
tales recaudos de seguridad con relación al objeto contratado" (CNCom., Sala E, 11-II-1993 [inédito]).
"''* CNCom., Sala C, 5-XI-I964, "Cascardo de Carini, A. c/Mac Donald y Cía.", L.L., 118-667.
''*' CNCom., Sala A, 30-X-1967, "Zucarde Liado, S. c/lndustriay Comercio Cía. de Seg.", E.D.,
1968-22-112.
'•** CNCom., Sala A, 12-XII-1966, "Kumaber, A. c/Arcadia Cía. de Seg.", JA., 1967-1-97.
"^'^ CNCom., Sala B, 3-in-1965, "Dussorf de Ferreü, M. c/Cosmos Cía. de Seg.", ££)., 1965-12-49.
'"^ CNCom., Sala A, 29-III-1974, "Baca Castex, J. c/La Inmobiliaria Cía. de Seg.", E.D., 58-269.
^'^^ CNCom., Sala B, 23-III-1973, "Peri, B. c/La Economía Comercial Cía. de Seg.", E.D., 51-313.
262 RUBÉN S. STIGLITZ

gación que, por encontrarse su plazo vencido y tratarse del día de rigor, no podía ser
abonada con cheque '^o.

232. Culpa grave y el seguro de mortalidad


Sobre este riesgo se ha expresado que existe culpa grave y "descuido grave"
en los términos de los artículos 70 y 105, Ley de Seguros:
Si el caballo de carrera sobre el cual recaía el interés asegurado falleció, no por
una lesión o dolencia repentina e ignorada, sino que de diversos antecedentes sur-
gían numerosos indicios sobre afecciones cardíacas, y se tenía conocimiento de que
en razón de las mismas podía el animal ser retirado de un hipódromo, ya que se tra-
taba de una dolencia grave e irreversible que imponía la exclusión de toda carrera
y esfuerzo consiguiente, pese a lo cual se lo sometió a entrenamiento, durante el
cual sufrió un síncope cardíaco que determinó su muerte '^i.

233. Culpa grave y el seguro de alhajas


Sobre el particular se ha resuelto que "el hecho que la usuaria del anillo ase-
gurado se lo haya quitado para lavarse las manos no puede considerarse una con-
ducta capaz de constituirse en culpa grave, pues es común que las damas se quiten
los anillos para higienizarse para, de ese modo, evitar que el jabón se introduzca en
los engarces" '52.

234. Culpa grave y seguro contra la responsabilidad civil


Se tiene decidido que es procedente la culpa grave invocada:
a) Si la zanja abierta por la empresa demandada que provocó la caída de la víc-
tima carecía de todo tipo de defensa o parapeto que protegiera de eventuales caídas
a los peatones '53,
b) Si el siniestro se produce como consecuencia de la deficiencia en el estibaje
de la carga i54.

'^° CNCom., Sala C. 8-XI-1974, "Hará, A. c/Sud Atlántica Cía. de Seg.", E.D., 61-488.
'^' CNCom., Sala B, 7-II-1973; "Gilardone, R. c/La Anglo Argentina Cía. de Seg.", R.D.S., año
2, nro. 7, pág. 141.
'^^ CNCom., Sala E, 27-IV-1989, "Scoufalos, M. c/Amparo Cía. de Seg." (inédito).
'^^ CNCiv., SalaE, 23-X-1986, "Tanzarelli de Villani, C. c/Omar Rigo y Cía." (inédito), donde
se sostuvo que si se tiene en cuenta la hora en que sucedió el accidente —alrededor de las 19 hs.—,
es de presumir que el pozo había quedado desguarnecido hasta el día siguiente, motivo por e! cual
debe considerarse que ha existido culpa grave por parte de la empresa. Y se agregó: "Un mínimo de
diligencia impone, no ya colocar vallas y faroles para que los transeúntes evitaran posibles accidentes
sino, por lo menos, cubrir con tablones la abertura".
^^'^ CNCiv., Sala A, 15-VI-1990, "Peralta, O. c/Ferreira R." (inédito).
DERECHO DE SEGUROS 263

235. La culpa grave y su oponibilidad al damnificado en el seguro


contra la responsabilidad civil
Por tratarse la culpa grave de una defensa anterior al siniestro (art. 118-3,
L.S.), es oponible por el asegurador al damnificado en el proceso promovido por
éste contra el responsable civil (asegurado) '^s.
Aisladamente, se ha sostenido que la "cláusula de exoneración" (sic) funciona
sólo entre los contratantes del seguro '56.

236. La justificación del siniestro provocado


El artículo 70, Ley de Seguros, luego de establecer la liberación del asegura-
dor para cuando el siniestro haya sido provocado por dolo o culpa grave del toma-
dor o el beneficiario, establece tres excepciones o causales de justificación:
a) los actos realizados para precaver el siniestro i^?;
b) o atenuar sus consecuencias;
c) o por un deber de humanidad generalmente aceptado '58. Sobre la cuestión,
se tiene decidido que el deber de humanidad no consiste en comportarse "sobrehu-
manamente" ni tener que convertirse en "héroe en cada situación".

237. Provocación del siniestro y seguro de personas


El tema ha sido regulado en cuatro disposiciones de la Ley de Seguros, cuyo
denominador común lo constituye el hecho de que en todos los casos se trata de (a)
hipótesis en que el siniestro es provocado; (b) que, por tanto, liberan al asegurador

'^^ CNEsp. Civ. y Com., en pleno, ll-V-1982, "Mustafá, A. c/Núñez, J,", JA., 1982-111-477;
S.C.B.A,, 26-IV-1983, ac. 31.936, "Hemandorena, J. c/Martín, J.", E.D., 107-204; Cám. Apel. Civ.
y Com. Rosano, 12-VII-1985, "De Madeiros, R. c/Franco, H.". JA.. 78-85; S.C.B.A., 3-XI-1987,
"Herbalejo,L.c/Chiaradia,M.",ac.38.173,¿.L.,]988-A-117;¡dem:6-IX-1988,"Decesero,A.c/Pa-
rent, R.", ac. 39.477. L.L., 1988-E-345; CNEsp. Civ. y Com., Sala V, 27-III-1988, "Isla, M. c/Pérez,
M.", L.L., 1989-A-191; CNCiv., Sala I, 17-X-1989, "Tapia, M. c/Sengel, A.", JA., 1991-1-377.
'^^ CNCiv., Sala G, 16-VIII-1991, "Berna!, S. c/Transporte Revoredo" (inédito); Cám. Apel.
Civ. y Com. San Isidro, 26-X-1989, D.J., 1990-2-195, sin advertirse que el art. 114, L.S., afirma que
es el asegurado quien no tiene derecho a ser indemnizado, disposición situada en la Sección XI refe-
rida al seguro contra la responsabilidad civil, contrato que en Argentina ha sido concebido como ce-
lebrado por cuenta del asegurado (art. 109, L.S.), por lo que el damnificado es tercero con relación al
contrato por lo que no puede ser invocado en su favor (art. 1199, Cód. Civ.). Conf. CNCiv., Sala A,
16-VIII-1991, "Delgado, I. c/Petelin, J." (inédito).
Para Halperin se trata de un supuesto de estado de necesidad, porlo que la sanción económica
que importa la Uberación del asegurador, no puede actuar como motivo que restrinja un acto que deja
de ser intencional ya que se cumple para evitar un mal mayor (HALPERIN, L , Seguros, cit., T. II, nro.
19, pág. 859).
' Para Halperin, el acto altruista no puede imponer una sanción económica al asegurado (HAL-
PERIN, I., Seguros, cit, T. II, nro. 19, pág. 859).
264 RUBÉN S. STIGLITZ

de su obligación principal; (c) y en que todos los supuestos disciplinados por el le-
gislador son voluntarios.
La única distinción que apuntamos es que los siniestros provocados en los se-
guros sobre la vida son intencionales: (a) el suicidio voluntario de la persona cuya
vida se asegura (art. 135, L.S.); (b) la muerte deliberada del tercero (beneficiario)
por un acto ilícito del contratante (art. 136-1, L.S,); (c) la muerte deliberada del asegu-
rado por un acto ilícito del beneficiario (art. 136-2, L.S.); (d) la muerte del asegurado
en empresa criminal o por aplicación legítima de la pena de muerte (art. 137, L.S.).
En cambio, en los seguros por accidentes personales basta, para liberar al ase-
gurador de su obligación principal, la provocación dolosa o por culpa grave del ac-
cidente o cuando lo sufre en empresa criminal (art. 152, L.S.).

238. Provocación del siniestro en el seguro sobre la vida y suicidio


El suicidio '59, ha sido definido como la muerte dada a sí mismo voluntaria-
mente '60.
El elemento voluntario tiene fuente normativa ya que lo que libera al asegu-
rador es el "suicidio voluntario" (art. 135, L.S.). Y ello es así a tal punto que si el
suicidio no es voluntario, es decir, cuando el asegurado no ha provocado intencio-
nalmente el siniestro, subsiste la obligación asumida por el asegurador ">'.
El requisito de la voluntariedad excluye la hipótesis del suicidio de quien se
halla con sus facultades mentales alteradas, pues en ese caso la demencia opera
como evento fortuito e incierto y, por tanto, asegurable '^2 De allí que se sostenga
que el suicidio involuntario, ya sea por hallarse el agente en un estado de perturba-
ción mental que le ha impedido apreciar la naturaleza del acto y medir sus efectos,
ya sea por deber su origen a un suceso meramente casual, a una circunstancia for-
tuita, extraña por completo a una resolución deliberada y consciente de su parte, no
puede caer bajo el imperio del precepto legal que lo excluye '63. En el sentido indi-
cado se señala que la mayoría de los casos de suicidio es consecuencia fatal de al-
teraciones orgánicas, biológicas o psicológicas, que anulan la libertad y la inteli-

La expresión procede del latín y se compone de dos términos: sui (de sí mismo) y caedere (matar).
MALAGARRIGA, C , Tratado Elemental de Derecho Comercial, T, III, Tea, Buenos Aires,
1952, nro. 12, pág. 405; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II, nro. 26, pág. 874. Obarrio alude al suicidio
espontáneamente realizado (OBARRIO, M., Curso..., cit., T. II, nro. 61, pág. 123). Sóbrelas distintas
definiciones, ver Di GUGLIELMO, P., "La autoproducción del siniestro en el seguro de vida", Inves-
tigación del Seminario de Ciencias Jun'dicas y Sociales XV - Reforma al Código de Comercio, Facul-
tad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires, 1937, pág. 3.
"=' FERNÁNDEZ, R. L., Código..., cit, T. U, pág, 536; Cám. I Civ. y Com. Mar del Plata, Sala I,
1--X-1946, "Hervas de Rodríguez, I. c/Caja Popular de Ahorro de la Pcia. de Buenos Aires", J.A.,
1946-IV-103.
'^- RivARÓLA, M. A., Tratado..., cit., T. 4, nro. 1182, pág. 473; HALPERIN, I., Seguros, cit., T. II,
nro. 26, pág. 874; ZAVALA RODRÍGUEZ, C. J., Código..., cit., T. II, nro. 1953 bis, pág. 537.
'^^ OBARRIO, M., Curso..., cit., T. II, nro. 61, pág. 123.
DERECHO DE SEGUROS 265

gencia y, por tanto, la personalidad mora