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El año nuevo

He pasado una vida entera intentando hacer lo que debería


y no haciendo lo que se debe.
Autor Desconocido

Por Francisco Ortíz Bello

Los juarenses queremos que con la llegada del 2011 se terminen todas nuestras
penurias, que no son pocas ni menores. Sin embargo, esto no será así.

Afirmo esto no por ser pesimista ni porque sea de los que pretenden seguir en
la frecuencia de la negatividad, no. Lo digo porque ante los hechos
incontrolables, los seres humanos, tenemos una tendencia natural a las
inercias, es decir a resistirnos a cambiar el estado actual de las cosas.

Si, aunque parezca una aseveración sin sentido, porque nadie podría creer que
hay en el presente algún atractivo para preferirlo, en realidad es un efecto
natural preferir el presente –por malo que este sea- a un futuro incierto (aún
más incierto). Es una especie de “nicho de comodidad” en el que las personas
nos escudamos.

Lo desconocido, lo incierto, siempre causa temor. Las cosas en Juárez han


llegado a un extremo en el que sus habitantes nos hemos endurecido, hemos
cambiado nuestras rutinas de vida, nos hemos “blindado” en nuestros hogares,
hemos delimitado nuestros círculos sociales y así, hemos creído que estamos
relativamente a salvo.

Esa es la inercia a la que me refiero. Entrar en un esquema desconocido, en el


que por fuerza habría que confiarnos a autoridades y programas, no nos
proporciona un panorama esperado o digno de credibilidad. Sobre todo cuando
ésta -la credibilidad- no es precisamente una característica de gobernantes y
políticos.
Si esto lo combinamos con la otra tendencia, también intrínseca al ser humano,
de asociar los grandes cambios a ciclos de vida (cumpleaños, aniversarios de
bodas, quinceañeras, año nuevo, etc.), ahí tenemos una explicación que nos
permite entender el por qué hoy, más que nunca, los juarenses deseamos un
mejor año nuevo, pero esperamos que llegue del cielo.

La arraigada creencia de que la conclusión de un ciclo, y el inicio de otro,


traerán por sí mismos un cambio en el estado de cosas, es la principal causante
de que muchas personas dejen al azar, al destino o a la vida, las decisiones más
importantes.

Por eso concluyo que nada cambiará en el 2011, a menos que ese cambio se
genere y provenga de una fuerza empujada por las personas, por la gente. Es
decir, todos queremos que las cosas mejoren en nuestra ciudad, pero para que
mejoren muchas de ellas deben de cambiar, empezando por la forma en la que
los ciudadanos participamos en la problemática que nos agobia.

No basta con querer, con ansiar desesperadamente un cambio, es necesario


empujar, hacer, participar, opinar, sugerir, proponer para que esto suceda. Hay
muchas más cosas de que deben cambiar, pero si no empezamos por esta –el
cambio de paradigma en la sociedad-, ninguna otra tendrá posibilidades de
cambio.

Y eso, todo eso, nos corresponde a la sociedad. Además de exigir. El cambio, el


verdadero cambio empieza en cada de nosotros y de ahí trasciende.

Si bien, la llegada de un nuevo año no traerá consigo mágicamente las


soluciones a nuestros problemas, si puede ser una adecuada coyuntura para
iniciarlas.
Cuántos de nosotros hacemos la famosa lista de los buenos propósitos para el
año nuevo. Una lista que termina convirtiéndose en un catalogo de promesas de
político en campaña, nadie las cumple.

Y para no quedar solo en la reflexión y, siendo un poco congruente con lo


escrito, me permito anotar enseguida un ejemplo de algunas sugerencias sobre
cómo empezar ese cambio.

En nuestra calle, ahí donde vivimos, todos sabemos del vecino que atropella los
derechos de todos, las más elementales normas de convivencia vecinal. Se
estaciona ocupando espacios que no le corresponden, tira basura en la calle,
escandaliza con su música a todo volumen en las madrugadas, maneja a exceso
de velocidad en las calles del fraccionamiento, en fin, todo un estuche de
monerías.

Y todos los sabemos, pero nadie hacemos nada. Lo toleramos pensando en que
es mejor no hacer nada para evitar meternos en problemas. ¡Error! Ya estamos
en problemas, una persona así, invariablemente terminará por causar un daño
mayor a la pequeña comunidad en donde vive. Solo es cuestión de tiempo.

Y cuando eso suceda, todos nos sentiremos culpables en nuestro fuero interno,
porque sabíamos que, tarde que temprano algo así pasaría, pero no hicimos
nada por evitarlo.

Si todos los vecinos de la calle, o los que se sientan agraviados por la conducta
descrita, se unen, se organizan y de manera civilizada hablan con la persona
que ocasiona los problemas, explicándole claramente la forma en que se sienten
agredidos y afectados, es un primer paso de la solución. Quizá no resuelva nada,
pero habrán dado el primer paso. O quizá si resuelva algo y se habrá evitado un
mal mayor.

Independientemente del resultado de esta posible gestión, lo más importante


habrá sido superar ese temor a lo desconocido, habrá sido vencer en
comunidad esa inercia que nos paraliza y nos deja inmóviles ante situaciones
críticas. Lo difícil, lo más difícil, será dar el primer paso.

El desenlace final de este ejemplo hipotético, puede llegar hasta donde usted
imagine amable lectora o lector, lo verdaderamente significativo será haber
generado en comunidad ese cambio interno que nos haga responder ante lo
que nos molesta y afecta.

Y así, con esta reflexión en sus manos y mente, me permito desear a todos los
lectores de El Diario que el año nuevo 2011 renueve la esperanza en sus
corazones, y remueva la indiferencia de sus mentes para que juntos, todos los
juarenses, hagamos de esta ciudad La Mejor Frontera de México. ¡Feliz Año
Nuevo!

Francisco Ortíz Bello

fcortizb@gmail.com
Ciudad Juárez, Chihuahua
Diciembre 30 del 2010.

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