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CTONICO: DE BESTIA A DIVINIDAD

Por Vadge Moore

1. El despertar ctónico

El término de origen griego “ctónico” se asocia comúnmente con lo oscuro, lo primitivo y lo misterioso.
Ctónico es lo que procede de la tierra o lo subterráneo. Lo remoto, lo infernal, lo carnal, los dioses Set,
Pan, Baco y Dioniso son sus representaciones tradicionales. De acuerdo con el profesor Carl Jung lo
ctónico está conectado a la sangre y al suelo. Ctónico es todo aquello que hunde sus raíces en la tierra,
donde todas las cosas mueren, se descomponen y retornan a la condición de elementos primarios. Lo
ctónico representa los instintos que hacen despertar el alma. La serpiente es un animal cargado de poder
ctónico, ya que al vivir pegada al suelo permanece siempre conectada a la tierra. Dice Jung: “La serpiente
ha sido el símbolo tradicional del inframundo, del vientre con todo su contenido y de los intestinos”. La
parte baja de los intestinos es el lugar donde según la tradición hindú, duerme la serpiente Kundalini,
preparada para despertar y comenzar a subir a través de la espina dorsal del iniciado, estimulando cada
uno de los chakras hasta llegar a lo más alto de la cabeza, donde tiene lugar la iluminación suprema. La
serpiente es un símbolo arcaico que ha representado siempre la sabiduría, el conocimiento oculto, los
ciclos de la naturaleza y mediante su cambio de piel, la muerte y renacimiento de todas las cosas. En el
jardín del Edén la serpiente es Satán, tentando a Eva con el supremo conocimiento de todo lo existente. El
dios nórdico Odin se transforma a sí mismo en serpiente y desciende a la tierra para obtener la Hidromiel
de la Inspiración. El dios griego Hermes lleva consigo el caduceo, una vara con dos serpientes
enroscadas.
El proceso ctónico consiste en un “despertar” oculto que incluye los elementos instintivos más bajos de la
psique humana, los cuales se transformarán en los elementos más elevados. Esto es la base, el material
primordial que necesita la psique para desarrollarse y crecer. Lo ctónico es el suelo, el fertilizante, y lo
oscuro es el material inconsciente arcaico que puede transformar a la bestia en un dios. Lo ctónico está
representado en todos los mitos por el Inframundo, el Infierno o el Hades. El autor junguiano James
Hillman considera ese Inframundo como la residencia del alma, el lugar al que debe descender el héroe
para encontrar su esencia.

2. Deidades ctónicas

El Uroboros, la serpiente que devora su propia cola es una perfecta ilustración de cómo lo ctónico
representa los dos aspectos de la naturaleza, tanto el creativo como el destructivo. El Uroboros es la
unidad entre vida y muerte, en la que todas las cosas que se encuentran sumidas en la existencia deben
regresar a la nada. El autor Eric Neuman, en su libro Orígenes e Historia de la Conciencia dice, “La vida
inconsciente de la naturaleza, que es también la vida del Uroboros combina la más insensata destrucción
con el más alto instinto creador; para la unidad significativa del organismo es tan natural como el ‘cancer’
que la devora.”
Lo ctónico puede ser definido como la Madre Naturaleza o como la representación de los ciclos naturales.
Según Neumann: “Mitológicamente, las deidades fálico-ctónicas son los compañeros de la Gran Madre,
no las representaciones específicas de lo masculino. Psicológicamente esto significa que la masculinidad
fálica está todavía bajo el poder de la Gran Madre, de la cual es instrumento, y condicionada por su
cuerpo.” En otras palabras, los dioses ctónicos representan los instintos primarios tal y como llegan
directamente a nosotros desde la naturaleza.
El dios griego Dioniso es un claro ejemplo de las anteriormente mencionadas deidades fálico-ctónicas.
Representante de los dos aspectos de la naturaleza, el creativo y el destructivo; Dioniso es la última figura
ctónica. Puede inspirar lo más bello, el delirio del acto sexual y lo más degradante, los actos criminales
violentos. La madre de Dioniso, Semele, ha sido descrita en unas ocasiones como diosa de la Luna y en
otras como mujer mortal. Su padre fue el superior de los dioses griegos, Zeus. Su madre, como mortal que
combinaba lo terrenal con lo divino servía como contrapeso de las fuerzas ctónicas más profundas. Otra
deidad ctónica es Príapo, un dios menor de la estirpe de Pan, que representa el impulso instintivo de la
libido. Ophion es la gran serpiente enroscada sobre la diosa Eurynome, la madre del caos celeste con la
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cual mantiene contacto sexual. En los Siete sermones a los muertos de Jung aparece Phallos, de quien se
dice que llega al alma en forma de serpiente, vive en la tierra y se aparea con los muertos. Antrophos es el
Dios-Hombre primordial que habita en el interior de la tierra y que algún día resurgirá de las
profundidades en una gloriosa resurrección cósmica. Esto nos recuerda al Cthulhu de Lovecraft, el cual se
encuentra soñando bajo tierra hasta el día de su despertar. Tenemos también a Agathodaemon, descrito
por Jung como “con forma de serpiente, es el espíritu ctónico de la fertilidad, semejante al genio del
héroe.” También podemos hablar de Nous o Naas, considerado por los antiguos alquimistas como el lado
oscuro o frío de la naturaleza, el cual ha de ser extraído de las tinieblas y conducido hacia la
transformación y la perfección. Nous es descrito como “el antiguo dragón” que prepara el “baño” que
representa las aguas del subconsciente, las cuales pueden hacer que los mortales alcancen el conocimiento
supremo. Esto podría suponer una interesante descripción alternativa del Superhombre de Nietzsche o del
Hombre Superior de Antón La Vey, utilizando lo bestial para alcanzar también un grado superior de
humanidad.
La figura de Mercurio, muy importante en la alquimia, se encuentra también asociada con lo ctónico. En
Mercurio se hallan combinados todos los elementos. El vendría a ser la materia prima o la sustancia del
caos primordial que precede a la existencia. Representa todos los opuestos que aún no se encuentran
diferenciados, al igual que la serpiente Ouroboros es igualmente un símbolo de la materia prima. En su
libro “Androginia: Los opuestos complementarios”, la autora junguiana June Singer escribe, “Mercurio,
también conocido como Hermes, no es solo el receptáculo y el símbolo de la materia prima, es también el
agente transformador.” Dice también en su libro; “A Mercurio se le representa en numerosas ocasiones
como hermafrodita, imagen esta utilizada para representar la naturaleza de la divinidad, considerada como
el “Todo en Uno””. Cuenta Jung en Psicología y alquimia que los dioses grecorromanos al igual que los
babilonios del período posclásico, “fueron degradados al nivel de demonios y relegados una parte a las
estrellas distantes y la otra a los metales del interior de la tierra. Luego trascendió que Hermes/Mercurio
poseía una doble naturaleza, era el dios ctónico de la revelación y al mismo tiempo el espíritu del azogue,
y debido a ello se le representaba como hermafrodita.” Por tanto el hermafrodita es la combinación de dos
dioses, Hermes y Afrodita. Dice Jung, “Mercurio está formado por los dos opuestos más extremos…”.
Otros seres ctónicos son los Cabiros o dioses enanos. Sobre los Cabiros escribe Jung, “…eternamente se
encuentran luchando desde las profundidades hasta las alturas y por tanto se les encuentra siempre tanto
arriba como abajo”. También los osos han sido considerados seres ctónicos, representantes de las
tinieblas, concretamente de sombra implacable. Los dragones son el símbolo perfecto de la
transformación de lo terrenal en divino, ya que combinan lo ctónico de la serpiente con las alas de un ave.
En las mitologías más antiguas aparecen muchas deidades ctónicas. Los Anunnaki de la antigua
mesopotamia eran los espíritus ctónicos de la fertilidad, moradores del inframundo. Dagon o Dagan era
otra deidad subterránea de la fertilidad. Y el Enkidu de la epopeya de Gilgamesh, es descrito como un
primate que vive de forma salvaje hasta que es domesticado por una mujer. No obstante, la figura más
importante de esta antigua doctrina perenne sigue siendo la serpiente. Dice Jung, “Hipólito nos habla de
los Naasenos, una secta gnóstica del siglo II, según la cual la serpiente habita en todos los seres, tanto
objetos como criaturas y todos los templos le están consagrados. Cada santuario, cada iniciación y cada
misterio, está dedicado a ella.” El gnóstico Basilides era devoto del dios Abraxas; una inquietante figura
formado por un torso humano con cabeza de gallo y dos serpientes por piernas. Esto es una
representación ideal de lo ctónico, que incluye las profundidades representadas por las serpientes, el
ascenso hasta el ser humano y la consecución de la trascendencia solar representada por la cabeza de
gallo. En el Fausto de Goethe, Mefistófeles se presenta ante el mago bajo la forma de un perro, que
también es la representación de un diablo ctónico. Carl Jung sugiere que dicho perro trae a la mente a
Cerbero, el perro de tres cabezas que guarda las puertas del inframundo. Pero la representación más
importante del aspecto ctónico de Mefistófeles se da cuando el perro empieza a dar vueltas alrededor de
Fausto, lo que nos hace recordar a la serpiente Ouroboros.
Una interesante teoría sobre los orígenes del mito ctónico aparece en la obra de principios del siglo XX
del sumerólogo L. A. Waddell. En su libro Los constructores de la civilización según la raza y la historia,
Waddell, (después de estudiar minuciosamente muchos antiguos textos cuneiformes sumerios) sugiere
que todos los dioses mitológicos pueden tener su origen en la época en que surgen los primeros reyes y
dirigentes sumerios. Waddell encuentra huellas de la lucha épica entre el bien y el mal, la luz y la
oscuridad, los dioses y los monstruos, en el continuo conflicto entre los dos cultos o culturas existentes en

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aquellos primeros días: el culto solar y patriarcal del macho cabrío y el culto matriarcal y lunar de la
serpiente. Es una creencia general que una civilización matriarcal precedió a la patriarcal, que mas tarde
se convertiría en un culto solar. Waddell había encontrado vestigios de una de las primeras batallas entre
los ejércitos del rey Sagg o Zat, conocido después como Zeus, portador de una cornamenta, y el ejército
de la serpiente matriarca Tiawat o Typhon y su hijo Baldur-Sut o Set.
Esto podría explicar como los arquetipos que representan lo ctónico, como la serpiente del inframundo,
salieron de las profundidades de una existencia primordial y crearon la primera religión y las bases de la
civilización. Después, este culto lunar de la serpiente sería conquistado por la cultura solar e integrado en
la misma. Entonces surge la cuestión. ¿Qué fue primero, el arquetipo o la civilización?. Todos estos temas
los exploraré en otro trabajo.

3. Autores Ctónicos

En una interpretación junguiana del Marqués de Sade titulada Dark Eros, el autor Thomas Moore
relaciona las ficciones de Sade con el mundo ctónico. En las historias de Sade, los criminales
generalmente tienen que bajar por una escalera oscura hacia una mazmorra subterránea para llevar a cabo
sus nefastas acciones. El poder y el miedo asociados con la celda o la mazmorra pueden considerarse
ctónicos, la razón, en relación con la superficie de la vida, tienen su propio tipo de poder e incluso sus
propios miedos. Ya que los lugares ctónicos evocan una forma particular de la imaginación que no es la
misma que la de la realidad ordinaria.” Lo ctónico posee una atmósfera que resulta extraña y amenazante
para la luz del día. Las historias de Sade evocan los deseos terrenales del alma. Iluminan el fango, la
sangre y los huesos que se encuentran bajo la superficie. Lo ctónico evoca aislamiento, rechazo a la luz
del día, recorridos a través de cámaras subterráneas y la noche. Moore compara todo esto con el artista
que se aísla del mundo a fin de proteger los frutos de su imaginación –su obra.
Los vampiros también son figuras ctónicas, huyendo de la luz del día y ocultándose para dormir en
habitáculos cubiertos de tierra mientras el sol realiza su tortuoso recorrido por el cielo. Solo se despiertan
tras la puesta de sol, surgiendo de sus ataúdes ocultos bajo tierra. Dice Moore “…las figuras ctónicas se
protegen de todo lo solar. Por tanto, Sade hace todo lo posible para mantener a sus libertinos aislados de
la sociedad bienpensante.” Moore señala a continuación: “Desde un punto de vista ctónico, la civilización
es una forma de represión.” Aunque Moore señala a continuación que la propia sociedad incluye en sí
misma muchos elementos ctónicos que prefiere ignorar. En particular en la psicoterapia, donde paciente y
terapeuta se encuentran aislados en una habitación donde “…el paciente revelará aspectos ctónicos de su
propia naturaleza.” Muchos de estos aspectos podrían ser considerados criminales o desviados, sin
embargo incluso en el más normal de los ciudadanos se encuentran estos aspectos, ocultos en lo más
profundo de su psique. Según la interpretación de Moore “…las ideas y los valores más apreciados por la
sociedad bienpensante resultan una amenaza para la percepción ctónica. Los libertinos son los liberadores
de la imaginación, sustrayéndola de las imposiciones del pensamiento civilizado. Sade nos muestra la
atracción erótica que sentimos por lo abyecto, las zonas oscuras y las actividades realizadas en lugares
subterráneos. Pero para que estos extraños deseos eróticos puedan llegar a realizarse tenemos que hacer
algo contra los supuestos, las interpretaciones y los límites morales que la civilización y la razón nos
imponen o nos insinúan.” Este cuestionamiento de los límites morales es una reminiscencia de las
prácticas del llamado Sendero de la Mano Izquierda, en las cuales el iniciado tiene que hacer frente y
aceptar todas aquellas cosas que son consideradas viles, enfermizas, corruptas y desagradables según las
convenciones sociales. Estas prácticas son llevadas a cabo particularmente por la secta tántrica Vama-
Marg, que se encuentran profusamente explicadas en los escritos del ocultista contemporáneo Kenneth
Grant. Están incluso más en consonancia con la filosofía satánica del gran Antón Szandor La Vey, cuya
Iglesia de Satán se dedica a explorar todos los rincones oscuros de la psique humana, particularmente
todas aquellas cosas que son normalmente rechazadas por la sociedad. La intención manifestada por el
Dr.La Vey de liberar los poderes del Id (Ello) para conseguir el máximo disfrute, continúa realizándose
bellamente por los miembros de su iglesia. De hecho, el título del libro de Moore, Dark Eros, describe
perfectamente el espíritu de la organización de La Vey. La Iglesia de Satán posee la última filosofía
ctónica, ya que se encuentra dedicada por completo a sumergirse en todas las cosas de esta tierra, aquí y
ahora. Satán es un dios ctónico ideal ya que se originó a partir de diversos seres ctónicos anteriores: en
Egipto era conocido como Set, en Roma como Pan y Baco, en Grecia como Dioniso. La morada de Satán

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es el infierno; un lugar ctónico subterráneo que siempre ha representado todo lo carnal y los tabúes. En
los trabajos de La Vey (los cuales incluyen la ahora legendaria Biblia Satánica) se describen rituales
destinados a tratar con lo oscuro, lo impopular y los pensamientos inmorales, haciendo emerger de la
tierra o del inconsciente aquellas cosas que se han mantenido durante reprimidas durante largo tiempo.
Las famosas obras de ficción del escritor de terror H. P. Lovecraft también están basadas todas ellas en lo
ctónico. Su dios Cthulhu (nombre muy parecido al término latino “ctonico”) que encuentra soñando bajo
tierra o bajo el océano esperando la llamada de sus oscuros seguidores para volver a la superficie. Los
horribles seres de Lovecraft traen consigo una oleada de miedo, temor y ansiedad cada vez que aparecen,
a causa de los actos que van a cometer los elementos reprimidos de la psique humana. Las obras de
Lovecraft han tenido una gran influencia en el gnóstico tifoniano Kenneth Grant, anteriormente
mencionado. Su exploración del lado oscuro del árbol de la vida cabalístico es una notoria representación
ctónica. Tifón se encuentra representado tradicionalmente por la diosa madre serpiente de Egipto (y
previamente de Sumer, según Waddell) y el dios serpiente de la Grecia tardía, es la representación clave
del lado oscuro del Arbol. Su hijo Set constituye la otra mitad de la ecuación. Los “túneles” subterraneos
que aparecen en la parte posterior del Arbol son llamados acertadamente los Túneles de Set. Estos
“túneles” han sido comparados con la zona oscura del inconsciente que hemos estado explorando en este
artículo. Los habitantes de este reino forman el Qliploth “maligno”; los oscuros y perversos seres ctónicos
cuyas características tanto los asemejan a los villanos de las obras de Sade.
El decadente escritor francés Georges Bataille es otro explorador de los temas ctónicos. Su filosofía y sus
obras de ficción abordan temas relacionados con las entrañas, las tripas y los intestinos. Todo ello cosas
terrestres y opuestas por tanto a lo celestial. En oposición a los antiguos dioses celestes y solares, Bataille
propone un culto a los dioses de la tierra y la oscuridad: Demeter, Hecate y Dioniso. Aunque todos estos
autores son conocidos por sus exploraciones de las profundidades ocultas y oscuras del miedo y la
depravación, no debemos olvidar que es precisamente esta inmersión en el inframundo del Ello y del lado
oscuro del inconsciente lo que nos ayuda a plantar las raíces de nuestro ascenso.

4. La sombra de Cristo

En algunos de sus trabajos el profesor Jung ha tratado de “paganizar” la figura de Cristo. En numerosas
doctrinas de la antigüedad, se cree que Satanás es en realidad el hermano oscuro de Cristo. Jung, cuando
equipara a Mercurio con Satanas escribe: “Esta idea se remonta a las concepciones de los Euquitas,
quienes, según nos cuenta Michael Psellus, creían que el primer hijo de Dios fue Satanael y que Cristo fue
el segundo. Sin embargo, Mercurio no es solo la contrapartida de Cristo en la medida en que él es “el
hijo”, también es la contrapartida de la trinidad en su conjunto en la medida en que se le concibe como
una triada ctónica. De acuerdo con este punto de vista sería el equivalente a la mitad de una deidad
cristiana. Es de hecho la mitad ctónica, oscura, pero no es simplemente el mal en sí, puesto que él es
llamado “el bien y el mal” o “el conjunto de los poderes más altos dentro de lo más bajo”. Mercurio nos
trae a la mente esa figura doble que parece estar detrás tanto de Cristo como del diablo, el enigmático
lucifer cuyos atributos son compartidos por ambos. En Apocalipsis 16: 22 Cristo dice de sí mismo: “Yo
soy la raíz y el linaje de David, la estrella brillante de la mañana”. Esa estrella de la mañana es, por
supuesto, la que se conoce como Lucifer. Muchos textos antiguos se han referido a Cristo como la
serpiente de la sabiduría. Incluso llega a dar el siguiente consejo a sus discípulos “Sed prudentes como
serpientes”. También, el símbolo último de Cristo, el pez, ha sido en el pasado asociado a la serpiente. En
su libro Aion afirma Jung: “La serpiente es un equivalente del pez. Diversa opiniones coinciden en la
interpretación del Redentor lo mismo como pez que como serpiente, es un pez porque surgió de ignotas
profundidades, y una serpiente, porque llegó misteriosamente desde la oscuridad. Peces y serpientes son
símbolos utilizados con mucha frecuencia para describir acontecimientos o experiencias psíquicas que
brotan repentinamente del inconsciente y tienen un efecto atemorizante o redentor. Es por ello que son tan
a menudo representados por figuras de animales de poder. La comparación de Cristo con la serpiente es
más adecuada que con el pez, pero a pesar de ello no era tan popular en el cristianismo primitivo. Los
gnósticos estaban más a favor de la serpiente, ya que era un antiguo símbolo del “buen” genius loci, el
Agathodaimon, y también de su amado Nous. Ambos símbolos son de un inestimable valor a la hora de
interpretar la figura de Cristo de una forma natural o instintiva.” En numerosos textos agnósticos y
alquímicos se hace referencia a la serpiente crucificada. Jung escribe lo siguiente sobre la analogía

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Cristo/Serpiente: “En San Ambrosio la ‘serpiente colgada de un madero’ es un ‘typus christi’ similar a la
‘serpiente de bronce en la cruz’ de Albertus Magnus. El Cristo como Logos es sinónimo del Naas, la
serpiente del Nous de los ofitas. El Agathodaimon (espíritu del bién) tenía la forma de una serpiente, y
según Filón, la serpiente era considerada como ‘el más espiritual’ de los animales.” Añade Jung: “El
Logos como naturaleza de Cristo, representado por la serpiente ctónica, equivale a la sabiduría maternal
de la Madre divina.” Esta simbología de la serpiente es la personificación del inconsciente en todos sus
aspectos.
Evidentemente, la Iglesia Católica Romana no podía aceptar esta doctrina del lado oscuro de Cristo, su
mitad serpentina. Sin embargo, con el tiempo, la psique humana fue desarrollando la idea del Anti-Cristo.
Esto fue algo inevitable, ya que el inconsciente siempre necesita a su otra cara, su mitad opuesta. Afirma
Jung: “En el mundo antiguo, los gnósticos, cuyas ideas estaban muy influidas por la experiencia psíquica,
abordaron el problema del mal desde unas bases mucho más amplias que los Padres de la Iglesia. Por
ejemplo, una de las cosas que afirmaban era que Cristo ‘puede sacar su sombra fuera de sí mismo’. Si
damos a este punto de vista toda la importancia que se merece, podemos reconocer fácilmente en esta
contraparte desprendida a la figura del Anticristo. Según la leyenda, el Anticristo vendría a imitar de
forma perversa la vida de Cristo. Es un auténtico espíritu maligno, que sigue los pasos de Cristo como
una sombra sigue a un cuerpo. Este complemento de la parte luminosa aunque unilateral del Redentor –
encontramos rastros suyos incluso en el Nuevo Testamento – debe tener una importancia especial. Y de
hecho se le prestó una atención considerable.” La figura Cristo se muestra tan brillante que precisa de un
reflejo. Este reflejo es Satán. La psique necesita esta tensión; necesita del adversario. Es por esto que se
dice que ningún árbol puede llegar completamente hasta el cielo si sus raíces no han descendido también
hasta el infierno, por lo que el mito de Cristo no puede desarrollarse de forma natural si el propio Cristo
no desciende al reino de Satán. Ambos son opuestos que se complementan, manteniendo un equilibro
natural, al igual que la mano izquierda lo es de la derecha. Afirma Jung: “Por otra parte, esto no daña de
ninguna manera al monoteísmo, ya que une los opuestos del mismo modo en que lo hacen el yang y el yin
en el Tao…” Y continúa: “Porque ¿Cómo se puede hablar de lo ‘alto’ si no existe lo ‘bajo’, de la
‘izquierda’ si no existe la ‘derecha’, de lo ‘bueno’ si no existe lo ‘malo’ y que lo uno sea tan real como lo
otro? Solo si Cristo hizo entrar a un demonio en el mundo para que fuese la contrapartida de Dios...”
Como se mencionó anteriormente, en algunos lugares se hablaba de Satán como el hermano mayor de
Cristo. Esto recuerda a los dos hermanos de la mitología egipcia, el luminoso y solar Horus y de nuevo, el
oscuro y malvado Set. Así como Cristo era representado como todo bondadoso y espiritual, su contrario
tenía que aparecer como material y ctónico. Curiosamente, en el siglo XX, el mago inglés Aleister
Crowley se autodenominó La Gran Bestia 666 y se consideró responsable del alumbramiento de una
nueva era de paganismo, rebelión y promiscuidad. Pensaba que el libro del Apocalipsis anunciaba su
venida, aunque también decía Crowley, que el Apocalipsis no era tanto la destrucción del mundo como la
destrucción de las ideas y la civilización cristianas. Con el tiempo la popularidad de Crowley se ha
incrementado enormemente, sus seguidores se cuentan por miles, a pesar de que murió hace más de
cincuenta años. Independientemente de que la visión de Crowley de una derrota de la civilización
cristiana se haga realidad algún día, lo cierto es que él parece representar la encarnación de ese oscuro
reflejo que vengo mencionando.

5. Descendiendo

En su libro The Soul´s Religion escribe Thomas Moore: “Hubo un tiempo en que la gente miraba a la
tierra y debajo de ella en busca de imágenes espirituales. La cripta, la caverna, el montón de piedras, el
pozo y la kiva, se encuentran entre los pocos lugares sagrados terrestres que todavía quedan como
testimonio de esta profunda espiritualidad, a veces llamada ctónica. Pero también representan nuestra
personal experiencia del espíritu, que puede encontrarse en las cuevas y criptas de la memoria y en las
poderosas emociones del cuerpo. El alma humana ha sido comparada con una cueva – oculta, oscura y
misteriosa. Su belleza se encuentra a menudo envuelta en una especie de niebla emocional.”
Uno de los problemas que encontramos en la espiritualidad del mundo occidental contemporáneo es la
evidente carencia de profundidad u oscuridad. Demasiadas personas quieren sumergirse en lo amplio y
luminoso, en el bienestar de las religiones del movimiento New Age, pero se niegan a enfrentarse al lado
oscuro, a los aspectos malignos que siempre han formado parte de todos los mitos y todas las religiones.

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Como sugiere Moore: “La profundización – convertirla en terrenal y ctónica – es uno de los mayores
retos para la religión del Occidente contemporáneo. Sin profundidad, una religión puede llegar a ser
demasiado dulce en su espiritualidad, y demasiado pesada con su enfoque en el conocimiento superior y
la idealización de la vida moral.” Esta religión más terrenal está bellamente representada una vez más por
Goethe en su Fausto. Al invocar al diablo Mefistófeles, Fausto se adentra en un camino muy precario. El
estudioso del gnosticismo Stephan Hoeller escribe en The Gnostic Jung “El [Fausto] invoca al espíritu de
la Tierra, la energía amoral de la naturaleza, que no se halla restringida por las inhibiciones ni por las
máximas altisonantes del intelecto. Se sumerge en el caos y la tribulación, en reinos que se encuentran
más allá de los límites y las convenciones humanas, donde en un magma hirviente, reside la energía
transformadora en bruto y sin refinar. Es solo a través de ese compromiso con la oscuridad, el error y el
sufrimiento asociados al éxtasis, la lucha y la pasión, que consigue ascender a los reinos de la luz, guiado
por el espíritu de Sophia transfigurado en Margarita.” Es precisamente este “compromiso con la
oscuridad” lo que puede sanar la naturaleza dividida del hombre. Sin el elemento ctónico de nuestra
psique nos vemos privados de nuestras raíces e instintos, y ajenos por completo a una mitad de nuestro
ser. Nosotros, en Occidente tenemos una larga tradición de ignorar (o rechazar de plano) aquello que nos
parece impío. Es tiempo de abrazar la oscuridad, sumergirnos en las profundidades, y hacer despertar del
sueño a esa espiral de esplendor que se mantiene oculta en el interior de nuestra verdadera naturaleza.
Necesitamos retornara, lo que me gusta denominar, un gnosticismo ctónico o hermetismo ctónico, y
poner en marcha un ejército de gnósticos ctónicos dispuestos a sumergirse en las profundidades de sí
mismos y corregir este enorme desequilibrio. Algunos estudiosos creen que el paraíso que en el Norte de
Europa era conocido como Valhala, se encuentra en realidad bajo la tierra, como un Edén ctónico
(contrariamente a la creencia más comúnmente admitida de ubicarlo en el cielo). Nosotros podemos
descender a esos reinos ctónicos y disfrutar de la compañía de los dioses y héroes que allí residen. Lo más
importante y que uno no debe olvidar: Demon Est Deus Inversus.

CHTHONIC: FROM BEAST TO GODHEAD


(Rose Noire, 2004) By Vadge Moore

1) Chthonic Awakening

The ancient Greek word chthonic is commonly defined as dark, primitive and mysterious. Chthonic is of the earth
or under the earth. The ancient, infernal, carnal, gods Set, Pan, Bacchus, and Dionysus traditionally represent it.
According to Professor Carl Jung the chthonic gods are connected to the blood and to the soil. To be chthonic
means to be rooted in the ground sunk into the earth where all things die decompose and rejoin the primal elements.
Chthonic represents the instincts that awaken the soul. The serpent is a powerful chthonic animal that is always low
to the ground, connected to the earth. Jung writes, "The serpent is the age-old representative of the lower worlds, of
the belly with its contents and the intestines." The lower intestines are where the Hindu doctrine locates the
sleeping serpent kundalini; ever ready to awake and journey up the initiates spine stimulating each chakra center
until supreme enlightenment occurs at the top of the head. The serpent is an ancient symbol that has always
represented wisdom, occult knowledge, the cycles of nature and the death and rebirth of all things through the
shedding of its skin. In the Garden of Eden the serpent is Satan tempting Eve with ultimate knowledge of all things.
The Norse god Odin transforms himself into a snake and descends into the earth to obtain the Mead of Inspiration.
The Greek god Hermes carried the caduceus, a rod coiled with two snakes.
The chthonic process is an occult "awakening" that includes the very lowest instinctual elements of the human
psyche leading to the very highest elements. It is the base, primordial material that the psyche needs in order to
evolve and grow. Chthonic is the soil, the fertilizer, and the dark, primitive unconscious material that can turn the
beast into a god. Chthonic is depicted in all myths as the Underworld, Hell or Hades. Jungian author James Hillman
considers this Underworld to be the residence of the soul, the place the hero must descend in order to find his
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essence.

2) Chthonic Deities

The Uroboros snake eating its own tail is a perfect illustration of how chthonic can represent both the creative and
destructive aspects of nature. The Uroboros is the unity of life and death in which all things that arise into existence
must descend back into the void. Author Eric Neumann, in his book The Origins and History of Consciousness
writes, "The unconscious life of nature, which is also the life of the Uroboros, combines the most meaningless
destruction with the supreme meaningfulness of instinctive creation; for the meaningful unity of the organism is as
'natural' as the cancer which devours it."
Chthonic can be defined as great Mother Nature or as representing the cycles of nature. According to Neumann,
"Mythologically, the phallic-chthonic deities are companions of the Great Mother, not representatives of the
specifically masculine. Psychologically this means that phallic masculinity is still conditioned by the body and this
is under the rule of the Great Mother, whose instrument it remains." In other words, the chthonic gods represent the
primal instincts that come to us directly through nature.
The Greek god Dionysus is certainly one of these above-mentioned phallic-chthonic deities. Representative of the
creative and destructive aspects of nature; Dionysus is the ultimate chthonic figure. He can inspire the most
beautiful, delirious sexual activity and the most degrading, violent, murderous activity. Dionysus' mother, Semele,
has been described variously as a Moon-Goddess and as a mortal woman. His father was the leader of the Greek
gods, Zeus. His mother as mortal then combines the earthly with the divine (Zeus) bringing the balance that
chthonic more deeply represents.
Other chthonic deities include Priapos or the lower Pan, representing the depths of the instinctive libido. Ophion is
a great serpent who wrapped himself around the goddess Eurynome, the Mother of heavenly chaos, and had
intercourse with her. Phallos from Jung's Seven Sermons to the Dead is said to come to the soul like a serpent, lives
in the earth and consorts with the dead. Anthropos is the primordial God-Man who inhabits the interior of the earth
and at some future time will rise from its depths in a glorious cosmic resurrection. This brings to mind Lovecraft's
Cthulhu who lies dreaming under the earth, someday to awake. Then we have Agathodaemon who Jung describes
as… "A snake-like, chthonic fertility daemon akin to the 'genius' of the hero." There is also Nous or Naas, who the
ancient alchemists referred to as the cold or dark side of nature that they endeavored to lead out of the darkness and
towards transformation and perfection. Nous is described as "the old dragon" that prepares the "bath" that
represents the waters of the unconscious that can lead mortals to attain to superior consciousness. This could be an
interesting alternate description of Nietzsche's Superman or Anton LaVey's Superior Man-- using the beast too
attain to a higher level of Humanity.
In alchemy the figure of Mercurius is predominate and is associated with things chthonic. In Mercurius all elements
are combined. He is the prima materia or primal chaotic substance of existence. He represents all opposites but they
are not yet differentiated, much like the Uroboros snake, which is also a symbol for the prima materia. In her book
Androgyny: The Opposites Within, Jungian author June Singer writes, "Mercurius, also called Hermes, is not only
the receptacle of the prima materia and the symbol for it, he also is the agent of transformation." Later in the book
she writes; "Mercurius is frequently depicted as a hermaphrodite, an image designed to reflect the nature of
Divinity, which is 'All in one.'" Jung writes in Psychology and Alchemy that the Greco- Roman, as well as the
Babylonian gods of the post-classical age, "were degraded to demons and retired partly to the distant stars and
partly to the metals inside the earth. It then transpired that Hermes or Mercurius possessed a double nature being a
chthonic god of revelation and also the spirit of quicksilver, for which reason he was represented as a
hermaphrodite." Of course the hermaphrodite is a combining of two gods, Hermes and Aphrodite. Jung states,
"Mercurius truly consists of the most extreme opposites...".
Other chthonic beings are the Cabiri or chthonic dwarf gods. Of the Cabiri Jung writes, "…they are eternally
striving from the depths to the heights and therefore are always found to be both below and above." Bears too, are
found to be chthonic beings, representing the dark, concrete merciless shadow. Dragons are a perfect symbol of
transformation from the earthly to the "divine" because they combine the chthonic serpent with the wings of a bird.
From earth to "divinity." In the earliest mythologies there appear many chthonic deities. In ancient Mesopotamia
the Anunnaki were chthonic fertility beings residing in the underworld. Dagon or Dagan was another fertility god
from down below, and Enkidu, from the Epic of Gilgamesh, is depicted as a wild primate living as an animal until
tamed by a woman. Still, the serpent is the most important figure in this ancient perennial doctrine. Jung states,
"Hippolytus, giving an account of the doctrine of the Naasenes (a second century Gnostic sect) says that the serpent
dwells in all things and creatures, and that all temples were named after her. Every shrine, he says, every initiation,
and every mystery is dedicated to her." The Gnostic Basilides worshipped the god Abraxas; an intimidating figure
consisting of a rooster head, a human torso, with serpents for legs. This is an ideal chthonic representation,
embracing the depths symbolized by the serpents rising to the human and achieving solar transcendence as depicted
by the rooster head. Mephistopheles in Goethe's Faust also takes on a chthonic, daemonic appearance when he

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appears to the magician as a dog. Carl Jung suggests that this recalls the three-headed dog Cerberus who guarded
the underworld. But more importantly Mephistopheles chthonic properties are expressed when as the dog he is
depicted circling around Faust imitating the Uroboros snake.
A very interesting take on the possible origins of the chthonic myth comes from the work of early twentieth century
Sumeroligist L.A. Waddell. In his book The Makers of Civilization in Race and History Waddell, (after poring over
many ancient Sumerian, cuneiform texts) suggests that all of the gods of mythology can be traced to the worlds
first kings and leaders that had emerged out of Sumeria. Waddell traces the epic battle between good and evil, dark
and light, gods and monsters to two cults or cultures that were in continual conflict in those early days: the goat-
horned patriarchal solar cult and the serpentine matriarchal lunar cult. It is generally believed that a matriarchal
civilization preceded the patriarchal and was later superceded by this solar cult. Waddell had traced this back to an
early battle between the armies of the horned- headdress wearing King Sagg or Zat, later to be named Zeus, and the
armies of the serpent matriarch Tiawat or Typhon and her son Baldur-Sut or Set.
This could account for the archetypes that represent the chthonic, underworld serpent rising out of the depths of
pre-civilized primordial existence to create the first religion and basic civilization. Later, this lunar, serpent cult
was conquered by and integrated into the solar culture. This, then, begs the question, Which came first- the
archetype or the civilization? These are themes I will explore in a separate work.

3) Chthonic Authors

In a Jungian interpretation of the Marquis De Sade entitled Dark Eros author Thomas Moore relates Sade's fiction
to this chthonic world. In Sade's stories the criminals usually have to descend down a dark staircase to an
underground dungeon in order to carry out their nefarious deeds, "The power and fear of the cellar or dungeon are
chthonic. Reason, on a plane with the surface of life, has its own kind of power and even its own fears. But
chthonic places evoke a particular imagination that is not the same as that of ordinary life." Chthonic has an
atmosphere that is threatening and alien to the light of day. Sade's stories evoke the earthly desires of the soul. They
illuminate the mud, the blood, and the bones that reside beneath the surface. Chthonic means isolation, shunning
the light of day and seeking underground chambers and the night. Moore compares this with the artist who isolates
himself from the world in order to protect the fruits of his imagination-- his work.
Vampires are chthonic figures, shunning the light of day, venturing to their earthen vessels to sleep as the sun
makes its torturous journey across the sky. They awaken only after the sun has set, crawling from their coffins
buried in the earth. Moore suggests "…chthonic figures shield themselves from all things solar. So, Sade goes to
lengths to provide his libertines with their necessary isolation from ordinary, bright-minded society." Moore goes
on to state: "From a chthonic point of view, civilization is a form of repression." Although, Moore states that
regular society itself includes many chthonic elements that it prefers to ignore. In particular, psychotherapy in
which the patient and therapist are closed away, isolated in a room where "…a client will reveal chthonic aspects of
his or her nature." Many of these aspects would be considered criminal and deviant yet, even the most normal
citizen has these elements buried deep in his psyche.
In Moore's interpretation, "The most cherished ideas and values of enlightened life threaten chthonic perception.
Libertines are liberators of imagination, freeing it from the impositions of civilized thought. Sade shows that we
have an erotic attraction to the lower, darker places and to activities proper to that underground place. But in order
for these unfamiliar erotic movements to be fulfilled, we have to do something about the assumptions,
interpretations, and moral limits that civilization and reason impose or insinuate." This questioning of the moral
limits is reminiscent of the Left Hand Path practice of opposite doing wherein the initiate accepts all of those things
that are considered base, vile, sick, venal, dangerous, and disgusting according to regular societal standards. This
practice is particularly carried out by the Tantric sect Vama-Marg, covered extensively in the writings of
contemporary occultist Kenneth Grant. It is even more closely aligned with the Satanic philosophy of the late, great
Anton Szandor LaVey whose Church of Satan is dedicated to exploring all the dark corners of the human psyche,
particularly those things normally shunned by polite society. Dr. LaVey's stated intention of releasing the powers of
the Id for maximum enjoyment is still being beautifully carried out by the members of his church. In fact, the title
of Moore's book, Dark Eros, perfectly describes the spirit of LaVey's organization. The Church of Satan possesses
the ultimate chthonic philosophy in that it is completely dedicated to indulging in all things of this earth in the here
and now. Satan is an ideal chthonic god as he originated from many previous chthonic beings: In Egypt he was
known as Set, in Rome, Pan and Bacchus, and in Greece, Dionysus. Satan's abode is Hell; chthonicly underground
he has always represented all things carnal, fleshy, and taboo. In LaVey's works (which include the now legendary
The Satanic Bible) he describes rituals designed to exercise dark, unpopular, and immoral thoughts; bringing out
from under the earth or the unconscious those things long repressed.
Horror writer H.P. Lovecraft's famous works of fiction are all based on the chthonic. His god Cthulhu (a name
closely resembling the Latin spelling, cthonic) lies dreaming below the earth or under the ocean waiting for his
dark initiates to summon him back to the surface. Lovecraft's horrific beings bring a tidal wave of dread, fear and

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anxiety whenever they appear, much as repressed elements of the human psyche will do. Greatly influenced by the
works of Lovecraft is the previously mentioned Typhonian Gnostic, Kenneth Grant. His exploration of the backside
of the qabalistic Tree of Life is a notorious chthonic representation. Typhon traditionally represented as the Mother
Snake goddess of Egypt (and previously of Sumeria, according to Waddell) and the serpent god of later Greece is
the key representative of the dark side of the Tree. Her son, Set makes up the other half of the equation. The
underground "tunnels" that are depicted on the backside of the Tree are aptly named after him as the Tunnels of
Set. These "tunnels" have been equated with the dark unconscious that we have been exploring in this article. The
denizens of this realm are the "evil" Qliphoth; the dark perverted chthonic beings whose characteristics closely
resemble the villains of Sade's fiction.
French decadent-writer Georges Bataille is another author that explores chthonic themes. His philosophy and his
works of fiction contain themes that relate to the bowels, the guts, and the intestines. All things earthly as opposed
to heavenly. In opposition to the ancient sky and sun gods, Bataille proposes a worship of the gods of darkness and
of the earth: Demeter, Hecate, and Dionysus. Although these authors are known for exploring the dark, hidden
depths of fear and depravity, we must not forget that it is just this sinking into the underworld of the id and the dark
unconscious that helps to plant the roots for our ascent.

4) Christ's Shadow

In some of his work Professor Jung attempts to "paganize" the figure of Christ. In many ancient doctrines it is
believed that Satan is actually Christ's dark brother. Jung, in equating Mercurius with Satan, writes, "This idea goes
back to the conceptions of the Euchites reported in Michael Psellus who believed that God's first son was Satanael
and that Christ was the second. However, Mercurius is not only the counterpart of Christ in so far as he is 'the son';
he is also the counter part of the trinity as a whole in so far as he is conceived to be a chthonic triad. According to
this view he would be equal to the one half of the Christian Godhead. He is indeed the dark chthonic half, but he is
not simply evil as such, for he is called 'good and evil' or 'a system of the higher powers in the lower'. He
[Mercurius] calls to mind that double figure which seems to stand behind both Christ and the devil-that enigmatic
Lucifer whose attributes are shared by both. In Rev.22: 16 Christ says of himself: 'I am the root and the offspring of
David, the bright and morning star.'" That morning star is known, of course, as Lucifer. Many ancient texts have
referred to Christ as the serpent of wisdom. He even instructs his followers to "Be ye wise as serpents." Even the
ultimate symbol of Christ, the fish, has in the past been synonymous with the serpent. In his book Aion Jung states,
"The serpent is an equivalent of the fish. The consensus of opinion interpreted the Redeemer equally as a fish and a
serpent; he is a fish because he rose from the unknown depths, and a serpent because he came mysteriously out of
the darkness. Fishes and snakes are favorite symbols for describing psychic happenings or experiences that
suddenly dart out of the unconscious and have a frightening or redeeming effect. That is why they are so often
expressed by the motif of helpful animals. The comparison of Christ with the serpent is more authentic than that
with the fish, but, for all that, it was not so popular in primitive Christianity. The Gnostics favored it because it was
an old- established symbol for the 'good' genius loci, the Agathodaimon, and also for their beloved Nous. Both
symbols are of inestimable value when it comes to the natural, instinctive interpretation of the Christ-figure."
There are many Gnostic and alchemical texts that refer to the serpent as being nailed to a cross. Jung writes of the
Christ/Serpent analogy that, "In St. Ambrose the 'Serpent hung on the wood' is a 'typus christi' as is the 'brazen
serpent on the cross' in Albertus Magnus. The Christ as Logos is synonymous with the Naas, the serpent of the
Nous, among the Ophites. The agathodaimon (good spirit) had the form of a snake, and in Philo the snake was
considered to be 'the most spiritual' animal." Jung adds, "The Logos nature of Christ represented by the chthonic
serpent is the maternal wisdom of the divine mother." This snake symbol personifies the unconscious in all of its
aspects.
Of course the Roman Catholic Church could never accept this doctrine of Christ's dark, serpentine half. Yet still the
human psyche, in time, developed the concept of the Anti-Christ. This was an inevitability as the Unconscious
must always oppose one side with it's equal yet opposite half. Jung states- "In the ancient world the Gnostics,
whose arguments were very much influenced by psychic experience, tackled the problem of evil on a broader basis
than the Church Fathers. For instance, one of the things they taught was that Christ 'cast off his shadow from
himself.' If we give this view the weight it deserves, we can easily recognize the cut-off counterpart in the figure of
the Antichrist. The Antichrist develops in legend as a perverse imitator of Christ's life. He is a true imitating spirit
of evil who follows in Christ's footsteps like a shadow following a body. This complimenting of the bright but one-
sided figure of the Redeemer-we even find traces of it in the New Testament- must be of special significance. And
indeed considerable attention was paid to it."
The Christ figure is so bright that it demands a reflex. That reflex is Satan. The psyche needs this tension; it needs
the Adversary. Just as it is said that no tree can reach all the way to heaven if its roots don't also descend into hell,
so the Christ myth could not develop naturally if Christ himself did not sink down into Satan's realm. These are
natural complementary opposites in balance just as the left hand is to the right. Jung states, "Moreover, it does not

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damage monotheism in any way, since it unites the opposites just as yang and yin are united in Tao…" And he
continues, "For how can you speak of 'high' if there is no 'low', or 'right' if there is no 'left,' of 'good' if there is no
'bad' and the one is as real as the other? Only with Christ did a devil enter the world as the real counterpart of
God…" As already mentioned, in some quarters Satan was regarded as Christ's elder brother. This brings to mind
the brothers of Egyptian mythology, the bright, solar Horus and again, the dark, evil Set. As Christ was represented
as all good and all spiritual so his doppelganger had to appear as material and chthonic. Interestingly, in the
twentieth-century the English Magus Aleister Crowley called himself the Great Beast 666 and believed that he was
responsible for ushering in a new age of rebellion, paganism and promiscuity. He believed that the Book of
Revelations had announced his coming although, Crowley has said, the Apocalypse was not so much a destruction
of the earth as a destruction of Christian ideals and civilization. Over the years Crowley's popularity has grown
immensely and he has thousands and thousands of disciples even though he has been dead for over fifty years.
Whether or not Crowley's vision of a defeated Christian civilization will ever see its day, he certainly seems to
represent an embodiment of that dark reflex I have been pointing to.

5) Descending

In his book The Soul's Religion Thomas Moore writes, "At one time people looked deep into and beneath the earth
for images of spirituality. The crypt, the cave, the cairn, the well, and the kiva are among the few sacred earth sites
that still remains as testimonies to this deep spirituality, sometimes called chthonic. But they also represent our
personal experience of the spirit, which may be in the caves and crypts of memory and in powerful bodily
emotions. The human soul has been compared to a cave - hidden, dark, mysterious. It's beauty often lies shrouded
in emotional haze and mist."
One problem we encounter in the spirituality of this contemporary Western world is a distinct lack of depth or of
darkness. Too many people want to immerse themselves in the light and airy, feel-good religions of the New Age
movement and refuse to face the dark, evil aspects that have always been part and parcel of all myths and all
religions. As Moore suggests, "The deepening of religion - making it earthy and chthonic - is one of the greatest
challenges facing religion in the West today. Without depth, religion can become too sweetly spiritual and top-
heavy with its focus on higher consciousness and the idealized moral life."
This more earthly religion is once again beautifully represented by Goethe in his Faust. By evoking the devil
Mephistopheles, Faust sets himself on a very precarious path. Gnostic scholar Stephan Hoeller writes in The
Gnostic Jung, "He [Faust] invokes the spirit of Earth, the amoral, energetic force of nature, which is unfettered by
the inhibitions and high-sounding maxims of the intellect. He descends into chaos and tribulation, into the realms
beyond the limits of convention and human laws, where the seething magma of raw, transformative energy resides
in its unrefined and undiluted state. It is only by way of this commitment to darkness, error, suffering, along with
ecstasy, passion and battle, that he attains to his ascent into the realms of light, guided by the transfigured
Sophianic spirit of Margaret."
It is precisely this "commitment to darkness" that can heal the split in mans' divided nature. Without the chthonic
element of our psyche we are left rootless, non-instinctual, and completely deaf to one half of our being. We, in the
West have a long tradition of ignoring (or flat-out rejecting) that which seems to us unholy. It's time to embrace the
darkness, sink into our depths, and awaken the sleeping, coiled splendor that lies hidden in our true nature. We
need to return to, what I like to call, a Chthonic Gnosticism or a Chthonic Hermeticism and raise an army of
Chthonic Gnostics willing to sink into their depths and redress this tremendous imbalance. It is believed by some
scholars that the North European paradise known as Valhalla is actually located beneath the earth as a chthonic
Eden (as opposed to the more widely believed location in the sky). We can descend into this chthonic realm and
enjoy the company of the gods and heroes that reside there. Most importantly one must never forget: Demon Est
Deus Inversus.

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