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Consideraciones acerca de la Ley de Transferencia de los Servicios Educativos a

las Provincias Nº 24049/92, la Ley Federal de Educación Nº 24195/93 y la


Ley Nº 24521/95 de Educación Superior

El marco normativo de la transformación

El inicio de la década de los '90 significó el comienzo de un nuevo proceso para el


desarrollo socioeconómico argentino y abrió el espacio para una transformación
estructural de la educación y del sector científico tecnológico. El marco normativo
básico que permite llevar adelante estos cambios son: la Ley de Transferencia de
los Servicios Educativos a las Provincias (Ley 24.049) de 1992; la Ley Federal de
Educación (Ley 24.195) de 1993; y la Ley de Educación Superior (Ley 24.521) de
1995. La Ley Nº 24.049 establece la transferencia de las escuelas que aún dependían del
gobierno nacional; la segunda plantea los lineamientos básicos para la transformación
de la educación de los niveles primario y secundario; la tercera se ocupa del nivel
terciario universitario y no universitario, en este último se encuentra la formación de los
docentes. El sector científico tecnológico también ha reestructurado su normativa
básica, aunque no bajo la forma de una ley. El Pacto Federal Educativo, por su parte,
suscripto por el Presidente de la Nación en septiembre de 1994, los Gobernadores de las
provincias y el Intendente de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires
también es un compromiso que desde, la faz financiera, compromete a la
Nación a invertir más en el proceso de transformación educativa. Fue convertido en Ley
Nº 24.856 por el Congreso Nacional en el mes de agosto de 1997.

La Ley Federal de Educación

En 1993 se sanciona la Ley Federal de Educación Nº 24195. Con ella se intenta dar un
marco legal y unidad a una educación que es administrada por cada una de las
provincias y por la Ciudad de Buenos Aires. Hay varias innovaciones que plantea la
L.F.E. pero quizá sea la estructura escolar la más difundida y también la más
cuestionada. Luego de cien años de vigencia de la escuela primaria, agotada su
permanencia y funcionalidad y superada por las nuevas necesidades de los niños y los
jóvenes, emerge la nueva estructura con el Nivel Inicial, la Educación General Básica,
la Educación Polimodal, la Educación Superior y la Educación de Posgrado
(inicialmente denominada cuaternaria).
La República Argentina tiene vigente desde abril de 1993 la Ley Federal de Educación
que reorganiza el sistema nacional de educación, desde el Jardín de Infantes hasta el
nivel superior. Las novedades que incluye la Ley se resumen en los siguientes aspectos:
-Construye un sistema que contiene todos los niveles, las distintas provincias y la
gestión estatal y privada.
-Es general porque abarca la educación formal y no formal; la educación común y la
especial; la de los niños, jóvenes y adultos, incluyendo la formación tecnológica y
artística.
-Extiende la obligatoriedad a 10 años, incluyendo el Jardín de Infantes para niños de 5
años y los 9 años de la Educación General Básica.
-Jerarquiza el espacio de los consensos en un país federal, estableciendo la necesidad de
acordar políticas en el seno del Consejo Federal de Cultura y Educación, la instancia
que reúne a la máxima autoridad educativa de las veintitrés provincias argentinas y la
Ciudad de Buenos Aires, presididas por el Ministerio de Educación de la Nación. Como
tal, lo convierte en la instancia máxima de coordinación de las políticas educativas y de
la concertación de las estrategias que conforman un Sistema Educativo Nacional
integrado, sin discriminaciones y ni exclusiones.
-Se incorpora un título acerca de la gratuidad y la asistencialidad, diferenciando la
gratuidad, que es para todos, de la asistencia específica, destinada sólo a niños y
adolescentes de sectores sociales desfavorecidos o pertenecientes a familias con
necesidades básicas insatisfechas.
-Da pautas para la célula básica del sistema educativo, que es la escuela, y para la
organización de la comunidad educativa de la que se nutre y a la que debe servir.
-Establece el cumplimiento de contenidos curriculares básicos comunes para todo el
país como garantía de calidad, equidad y unidad nacional.
-Introduce por primera vez la evaluación de la calidad de la educación, aspecto
innovador y uno de los principales instrumentos para mejorar el Sistema Educativo
Argentino.
-Crea la Red Federal de Formación Docente Continua, estableciendo un sistema único y
moderno de formación docente para todos los niveles escolarizados y un circuito
permanente de recalificación profesional para todos los docentes.
-Establece un incremento general del presupuesto educativo hasta superar el piso del
6% del PBI e incorpora normas para el desarrollo armónico del Sistema Educativo
Nacional referido a la obligación del Ministerio Nacional de compensar desequilibrios
educativos regionales, solucionar emergencias educativas, enfrentar situaciones de
marginalidad, o poner en práctica experiencias educativas de interés nacional.

Referido a la Educación Superior, la L.F.E. plantea su integración con las universidades


y los institutos no universitarios; dentro de éstos, la formación técnica y la formación
docente. Sostiene la necesidad de articular los estudios de ambas instituciones en forma
horizontal y vertical (Art. 18), al tiempo que determina que una ley específica regulará
la organización y funcionamiento de las universidades (Art. 24).
Con el marco de la L.F.E. en 1995 se sanciona la Ley 24521 de Educación Superior.
Esta ley pretende regular orgánicamente todas las instituciones del Nivel Superior,
universitarias y no universitarias, nacionales, provinciales y municipales, estatales y
privadas (Art.1). Específicamente prevé la articulación entre los distintos tipos de
instituciones que integran el nivel (Art.8).

La Ley de Educación Superior

Hasta 1995 la Argentina contaba con una estructura normativa débil y no sistemática
que regulaba el funcionamiento de la Educación Superior. El conjunto de normas
provenía de una agregación - y en ocasiones de superposiciones - de leyes, decretos y
resoluciones ministeriales.
La Ley 24.521 es un marco regulatorio amplio para todas las instituciones de nivel
superior (universitarias y no universitarias). Sus rasgos más salientes son:
-Se asigna a las provincias la responsabilidad por la educación superior no universitaria
y se definen pautas para orientar el desarrollo futuro de las instituciones.
-Se establece que es responsabilidad del gobierno nacional velar por la calidad de la
oferta educativa de las instituciones universitarias públicas y privadas.
-Se fija el alcance de la autonomía universitaria y sus garantías.
-Para la evaluación de las Universidades e Institutos Universitarios crea la Comisión
Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CO.N.E.A.U.), organismo
descentralizado que desarrolla su actividad en la jurisdicción del Ministerio de
Educación, cuyas funciones principales son: coordinar la evaluación externa de las
universidades, acreditar las carreras de grado y posgrado, pronunciarse sobre la
viabilidad del proyecto institucional y prepara informes sobre los pedidos de nuevas
universidades (arts.44 y sig.). Contempla la autoevaluación y la evaluación externa,
creándose una entidad estatal, autónoma e independiente del gobierno.
-Los títulos de grado universitario acreditarán la formación recibida y habilitarán para el
ejercicio profesional, salvo en las profesiones que pudieran poner en riesgo la salud,
seguridad, derechos bienes de los habitantes, entonces se requerirá la acreditación de las
carreras por la CONEAU.
-Se establecen exigencias mínimas de rendimiento académico para conservar la
regularidad como estudiante y para formar parte del gobierno de la institución.
-El gobierno de las universidades debe contemplar: a) que los órganos colegiados estén
compuestos en un 50%, por lo menos, por el claustro docente y b) que los estudiantes
que lo integren deben ser alumnos regulares y haber cumplido al menos el 30% de su
plan de estudios.
-Se definen los roles del gobierno nacional en materia de planeamiento, financiamiento
y evaluación y se rescata el papel de los organismos de coordinación universitaria
existentes.
-Se determinan las causales y condiciones de intervención para las universidades
nacionales, la cual sólo puede ser ordenada por el Congreso de la Nación.
-Se señala que se tenderá a que el título máximo sea una condición para acceder a la
categoría de profesor universitario.
-Universidades: desarrollan su actividad en una diversidad de áreas disciplinarias no
afines, organizadas en facultades, departamentos o unidades académicas equivalentes
(Art.26).
-Institutos Universitarios: tienen las mismas características de funcionamiento que las
universidades pero circunscriben su actividad académica a una sola área disciplinaria
(Art. 26 in fine).
-Instituciones de Nivel Superior No Universitario: son instituciones que desarrollan la
formación docente y/o de carácter instrumental en las áreas humanística, social, técnico-
profesional y artística (Art. 17).
-Colegios Universitarios: son instituciones de nivel superior no universitario que tienen
acuerdos de intercambio académico con universidades (Art. 22).
-Se levanta la prohibición que existía para el cobro de aranceles en los estudios de grado
siendo potestad de cada universidad el cobro o no de los mismos.
La Ley 24521 hace especial hincapié en la formación docente y en el sistema de
evaluación de la educación superior.
Con respecto a la formación docente dispone que sólo pueda realizarse en instituciones
que integren la Red Federal de Formación Docente Continua o en universidades (Art.
18). A partir de estas prescripciones legales, el Consejo Federal de Educación,
fortalecido en sus funciones por la Ley Federal de Educación, dictó varias resoluciones
(36/94, 52/96,63/97, 53/96, 75/98, 76/98, 83/98, 2376/98, 13/99, 2540/98), cada una de
las cuales modifica o amplía aspectos de la anterior, dejándolas parcialmente vigentes.
Consideramos que, tomando como eje la formación docente, en nuestro sistema
educativo coexisten varias instituciones de educación superior:
-Institutos Superiores de Formación Docente: son instituciones de nivel superior no
universitario dedicadas a la formación de docentes para el nivel no universitario,
acreditadas de acuerdo con criterios fijados por el mismo Consejo en la Resolución
63/97. Estas instituciones deben realizar tres funciones: formación inicial
(originariamente denominada “de grado”), capacitación, perfeccionamiento y
actualización docente y promoción, investigación y desarrollo de la educación.
-Institutos de Capacitación y Perfeccionamiento Docente: se diferencian de los
anteriores en que no realizan formación inicial; cumplen las funciones de capacitación,
perfeccionamiento y actualización docente y promoción, investigación y desarrollo
educativo.
-Colegios Universitarios: instituciones de nivel superior no universitario que forman
docentes para uno o más niveles del sistema educativo y han acordado mecanismos de
acreditación y articulación de sus carreras o programas de formación y capacitación con
universidades o institutos universitarios. El decreto 455/97 reglamenta el registro de
Colegios Universitarios.
-Institutos Universitarios: son instituciones universitarias que circunscriben su oferta a
un área disciplinar; con respecto a la formación docente se especializan en un área o se
organizan en torno a la Pedagogía.
-Universidades: son instituciones universitarias que desarrollan su formación en varias
áreas disciplinares; pueden ofrecer carreras de formación docente en esas áreas.

El marco normativo de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECyT)

Como parte de la reestructuración del Ministerio de Cultura y Educación, en noviembre


de 1996 fue aprobada una nueva estructura de la Secretaría.
La estructura anterior de la SECyT había crecido de modo injustificado en algunas áreas
y decrecido en aquellas vinculadas a la programación, principalmente por la
ambigüedad existente entre sus funciones y objetivos. Frecuentemente se
entremezclaron el rol de programación de la política con el de promoción, e inclusive
con el de ejecución de actividades de investigación y desarrollo.
En cuanto a la programación de la política, se pretende que la SECyT sea un eficiente
soporte del Gabinete Científico Tecnológico (GACTEC) , elaborando y elevando las
propuestas de política científico- tecnológicas. Se reemplazan así los mecanismos
tradicionales de planificación centralizada por modalidades basadas en la determinación
de prioridades regionales y provinciales. Para determinar las prioridades a nivel
regional, se ha creado un Consejo Federal de Ciencia y Tecnología -COFECyT-, agente
principal del diseño de una política federal, que es presidido por el propio Secretario de
Ciencia y Tecnología e integrado por los máximos responsables del sector de las 23
provincias y de la ciudad de Buenos Aires.
Para realizar actividades de promoción, se ha creado la Agencia Nacional de Promoción
Científica y Tecnológica que es un ámbito institucional exclusivamente dedicado a esa
función. La Agencia opera con un estilo similar al de las existentes en países como
Estados Unidos, Brasil, España, Chile o Colombia.
La existencia de una actividad exclusiva de promoción obedece a dos razones. Primero,
procura reducir los conflictos de interés que surgen del peso creciente de las actividades
de ejecución en instituciones originariamente creadas para la promoción. Segundo,
permite generar una instancia de apoyo financiero a través de sistemas de competencia
abierta para proyectos científicos y tecnológicos de excelencia, en áreas del
conocimiento y/o vinculados a regiones o sectores que hayan sido definidos como
prioritarios y/o estratégicos por los gobiernos.
Además de fortalecer los mecanismos de promoción, la creación de la Agencia apunta al
reordenamiento y coordinación de los instrumentos previamente vigentes. Para ello,
cuenta con dos instrumentos centrales, el Fondo Tecnológico Argentino y el Fondo para
la Investigación Científica y Tecnológica.
En el nivel de ejecución se encuadran las instituciones que realizan predominantemente
actividades de desarrollo científico tecnológico. Al respecto pueden distinguirse
claramente dos grupos de instituciones. Uno representado por el sistema universitario y
el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), más
orientado a la investigación científica y a la formación de investigadores, con
una amplia cobertura en todas las áreas del conocimiento científico. Otro, compuesto
por los organismos tecnológicos de corte sectorial. Esta distinción no significa que en el
primer grupo no haya emprendimientos de carácter tecnológico sectorial y que en el
segundo grupo no se realice investigación básica.
Estos organismos de investigación también efectúan, en mayor o menor grado,
actividades promocionales. CONICET y las Universidades Nacionales, por ejemplo,
conceden becas de doctorado y otorgan financiamiento a la investigación, sobre todo
básica.

El Pacto Federal Educativo

En cumplimiento del artículo 63 de la Ley Federal de Educación, el 11 de septiembre de


1994, se suscribió el Pacto Federal Educativo que en agosto de 1997 se convirtió en Ley
Nro. 24.856.
En virtud de ello la Nación se comprometió a invertir US$ 3.000 millones en cinco años
a partir de 1994. Las provincias, por su parte, se comprometieron a financiar el 20% de
las inversiones que realizara la Nación y a reinvertir en el sistema educativo los ahorros
que obtuvieran por mejoras en la eficacia del gasto en el sector.
Los objetivos del financiamiento son:
-Generalizar la capacitación docente acorde con la transformación educativa en curso.
-Erradicar los establecimientos educativos precarios.
-Expandir la matrícula (escolarización de los niños y adolescentes desde los 5 a los 17
años).
-Adecuar la capacidad edilicia y el equipamiento a la nueva estructura del sistema.

http://docs.google.com/gview?
a=v&q=cache:fa9bGRXSWMMJ:www.zona.lacarabela.com/zona98/EASC/files/Capitu
lo2.pdf+resumen+de+ley+federal+de+educacion+de+1993&hl=es&gl=ar&sig=AFQjC
NH1JfNck4YJf8Bqngn57h2Y0HSVDA

“LA EDUCACIÓN AL SERVICIO DEL MERCADO” Autor: Luisina Castiglioni

Contexto de la Educación Latinoamericana.

El proceso de privatización educativa comenzó a gestarse a partir de la crisis de los


estados de bienestar y el arribo de las dictaduras latinoamericanas dentro de un tejido de
expansión del neoliberalismo. La concepción político-ideológica respondió al ataque del
modelo de estado desarrollista por el excesivo gasto que suponía la intervención pública
y la burocratización de sus estructuras.
Los sectores neoliberales sostenían que el sistema impedía la competencia individual
vista como fuente de crecimiento y autorregulación económica que propiciaba el
ambiente ventajoso para el desarrollo. De esa forma, la libertad individual suponía
recuperar la libertad de mercado para cumplir con la promesa de justicia social a través
de la meritocracia mediante el establecimiento de una serie de acuerdos estratégicos
entre naciones orientados a garantizar el desarrollo económico, político y cultural del
capitalismo globalizado.
En 1981 la administración Reagan elaboró el informe "Nación en Riesgo" que
diagnosticaba "una crisis política en el hemisferio occidental y en Estados Unidos que
expresa la pérdida de legitimidad de los regimenes democráticos y las clases
dominantes". La centralidad que los organismos de financiamiento cobraron en el
escenario mundial comenzó a marcar tendencias e impactos en los países del llamado
tercer mundo.
El Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) no solo desempeñaron tareas de crédito sino que desde entonces
ejercen una función político-estratégica de carácter tutelar en los procesos de ajuste y
domesticación en la reestructuración neoliberal.
En 1987 con la introducción de los Programas de Ajuste Estructural (Structural
Adjustment Programmes-SAPs), el Banco Mundial "recomendó" y confirió a la
educación el carácter de área de inversión económica socialmente productiva. "Las
condiciones macroeconómicas adversas y la intensa competencia intersectorial por los
fondos públicos ha reducido la capacidad de la mayoría de los gobiernos para continuar
expandiendo la educación. Al mismo tiempo los sistemas actuales de financiación
limitan la posible aportación de las unidades familiares. El resultado en el sector de la
educación es insuficiente y no se aprovecha la disposición de las unidades familiares a
favor de la educación (…)
Para restaurar el libre mercado, los organismos internacionales de financiamiento
comenzaron a prescribir préstamos-puentes a los países tercermundistas. De esa manera,
el Banco Mundial, FMI y BID a través de la aplicación de Consenso de Washington y
los condicionamientos de ajuste en materia educativa y salud, para renegociar los
endeudamientos que sopesaban sobre los países latinoamericanos, presionaban transferir
la educación a la esfera económica.
En la década del 90, como si fuera un efecto cascada, los gobiernos latinoamericanos y
las elites neoliberales locales- configurados en y desde tales grupos- fueron los
promotores de la reformulación a través de la sanción de leyes educativas que
cumplieron a raja tabla los mandatos de los organismos financieros.
Las elites gubernamentales locales argumentaban que no había que aumentar el
presupuesto sino optimizar recursos humanos, capacitación e infraestructura a través del
reconocimiento de que solo el mercado puede desempeñar el papel eficaz en la
asignación de recursos y producir información necesaria para implementar mecanismos
meritocráticos que orienten el proceso de selección y jerarquización de institución e
individuos.
De esa manera, las reformas legislativas que se sucedieron en países como Chile
(Municipalización de la escuela), México y Uruguay (Reforma Educativa), Brasil
(descentralización de la educación) y Argentina (Ley Federal de Educación) sostienen
sistemas de educación similares entre sí.
Todas apuntan a un solo recetario: a establecer mecanismos de control de calidad que
garantice el mérito y la competencia mediante la subordinación de la producción del
sistema educativo a demandas formuladas por el mercado de trabajo. Para ello fue
necesario cumplir dos objetos: por un lado generar un mecanismo de descentralización
de financiamiento mediante funciones y responsabilidades, transfiriendo las
instituciones escolares de jurisdicción federal a provincial y de ella a la municipal,
evitando el centralismo estatal. De esa manera se desarticularon mecanismos de
negociación de gremios, flexibilización de las contrataciones y de distribución salarial.
Por otro lado, se buscó establecer una férrea centralización del control de contenido de
la curriculas a través de programas nacionales de evaluación, pruebas de rendimiento y
la implementación de programas de formación nacionales para que los docentes se
actualicen en las variaciones y señales del mercado imponiéndolas en la política
educativa. De esa manera, la política educacional queda en manos de especialistas,
expertos tecnócratas y empresarios quienes son consultados por sus conocimientos
técnicos en evaluación, formación y financiamiento.
Así, la educación comenzó a ser fiel reflejo de la segmentación social. El sistema
educativo empezó a vomitar escalafones educativos: un nivel básico que educa para la
sumisión y el analfabetismo funcional: la escuela para pobres y otro de formación
avanzada, a la cual los pobres no llegan, que prepara individuos para el ejercicio del
poder. De esa manera la educación se volvió reproductora de roles según la
estratificación social de la estructura societaria.

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=1251

La realidad educativa que vive nuestro país nos demuestra que resulta difícil la
integración de las diferentes modalidades de la Educación Superior. Consideramos que
la interrelación de los Institutos Superiores no Universitarios y las Universidades o
Institutos Universitarios se puede realizar con distintos niveles de articulación. En este
sentido consideramos que existen al menos tres maneras o grados progresivos de
integración:
1. “De intercambio académico”: se realiza entre la institución de nivel terciario y
la/s institución/es de educación universitaria, pudiendo concretarse de distintas
maneras: mediante cursos de actualización pedagógico-didáctica ofrecidos a los
docentes de las instituciones; mediante programas en los que las universidades
puedan brindar actualización en una determinada disciplina; mediante el uso
común de recursos que favorezca el mejor aprovechamiento de los mismos, etc.
2. “De aproximación curricular”: consiste en relacionar los contenidos curriculares
de carreras semejantes en las instituciones, teniendo como referencia aquéllos
que contengan las mayores actualizaciones disciplinares, de acuerdo con los
adelantos de la ciencia y la técnica. La consideración de la bibliografía
constituye otro parámetro de aproximación, sin que ello implique una limitación
a la libertad de cátedra.
3. “De transferencia de alumnos”: esta relación permite que los alumnos egresados
de una institución de nivel superior puedan profundizar sus estudios en
universidades para obtener títulos de grado universitario u otras
especializaciones, con reconocimiento de aquellos estudios. Este nivel de
articulación supone la previa concreción de los anteriores.
Los diferentes niveles de integración mencionados adquieren forma jurídica a través de
un convenio en el cual se especifican:
− Partes intervinientes y los respectivos representantes.
− Objeto del convenio: se explicita el nivel o los niveles de interrelación entre las
instituciones.
− Acciones a las que se comprometen las partes.
− Protocolo de articulación: para el caso de transferencia de alumnos debe
especificarse en el convenio la correspondencia de materias y contenidos
curriculares que se desarrollarán y que constituye uno de los compromisos de las
instituciones intervinientes.
− Comisión de seguimiento: es conveniente la constitución de una comisión
académica con representantes de las partes para efectuar el seguimiento y
evaluación de la implementación del convenio.
− Fecha cierta y vigencia: el convenio debe indicar la fecha a partir de la cual
comienza su aplicación. Puede establecer un límite para su vigencia; en la mayoría
de los casos tiene vigencia permanente, reservándose las partes el derecho a
rescindir el convenio unilateralmente notificándolo a la otra parte con un tiempo
especificado de antelación.
La realización de convenios de interrelación y articulación no supone pérdida de la
identidad de las instituciones intervinientes; tampoco la universidad asume una
responsabilidad jurídica por el funcionamiento del Instituto Superior. Cada uno tiene su
personería y como tal responde jurídicamente.
Puede advertirse una evolución en la relación existente entre ambos tipos de
instituciones de educación de nivel superior: hasta la década del ´90 había escasa
flexibilidad por parte de las universidades para reconocer estudios realizados en
institutos terciarios; en la actualidad, los convenios de articulación se han extendido y
también se han creado numerosos ciclos de formación universitaria complementaria a la
ofrecida por las instituciones de nivel terciario.
La vinculación interinstitucional constituye hoy un factor de crecimiento; es necesario
crear y/o profundizar redes entre las universidades y entre éstas y los institutos
superiores no universitarios. Esto contribuirá a mejorar la formación de los recursos
humanos y la calidad de la educación.