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La educación superior: escenarios y desafíos

futuros
Rodolfo Tuirán[1]

José Luis Ávila[2]

La educación superior constituye uno de los activos más valiosos de la sociedad


contemporánea. No sólo es un medio que favorece la movilidad y cohesión
sociales, sino que resulta crucial para impulsar el desarrollo de los países. Esto
explica que a menudo diversas voces manifiesten su preocupación y alarma por
la insuficiente cobertura y calidad de la educación superior en México y
enfaticen la necesidad de redoblar el paso para superar estos rezagos.

La cobertura total de la educación superior en México alcanza en la actualidad el


equivalente a 3 de cada 10 jóvenes de 19 a 23 años. No obstante los avances
recientes, esta cifra es muy baja si la comparamos no sólo con la registrada por
los países más avanzados (donde los niveles de cobertura se elevan a 60 o 70 por
ciento), sino también por los países de desarrollo relativo similar como
Argentina y Chile (que cuentan con una cobertura de 68 y 55 por ciento,
respectivamente). La superación de este rezago es imprescindible para lograr
una inserción favorable en la emergente economía del conocimiento y reducir
las brechas que nos separan de otros países.

Para construir un futuro deseable en la educación superior, se requiere, entre


otras muchas tareas, anticipar desafíos y oportunidades en la materia, delinear
cursos de acción alternativos, evaluar sus costos y consecuencias, fijar metas
socialmente compartidas y lograr el compromiso de todos los actores relevantes
para lograrlas. Con ese propósito, en este trabajo nos apoyamos en un ejercicio
de prospectiva para valorar, con base en un número limitado de trayectorias
alternativas, la magnitud de los esfuerzos que el país tendría que emprender en
los próximos años para aumentar de manera significativa la cobertura de la
educación superior.

Los resultados de este ejercicio de prospectiva sugieren que para alcanzar metas
cada vez más ambiciosas, es preciso alinear esfuerzos, establecer objetivos
comunes y avanzar hacia la configuración de una política con visión de Estado.
Dicha política debe articular un proyecto nacional en la materia, fijar
prioridades y compromisos y garantizar el adecuado sustento financiero de las
instituciones educativas.

El punto de partida

En los años recientes la matrícula y la cobertura de la educación superior han


crecido de manera significativa: mientras que en el ciclo 2006-2007 el número
de estudiantes (sin considerar el posgrado) era ligeramente superior a 2.5
millones de alumnos, en el ciclo 2010-2011, de acuerdo con estimaciones

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preliminares, se superó la cota de los tres millones. Este dinamismo de la
matrícula permitió elevar la cobertura total de la educación superior a más de
30 por ciento en el último ciclo escolar. Cabe señalar que casi 70 por ciento del
aumento de la matrícula en el periodo reciente se originó en el esfuerzo de las
instituciones públicas de educación superior.

Este nuevo impulso requirió, entre otras tareas, crear 92 instituciones y 52


extensiones de instituciones ya existentes, llevar a cabo 1,343 proyectos de
ampliación y mejora de los campus e instalaciones universitarias, aprovechar
más adecuadamente la capacidad instalada de algunos subsistemas educativos y
aumentar la matrícula en las modalidades no presenciales. A pesar de estos
esfuerzos, la cobertura actual no es la que cabría esperar del grado de desarrollo
de México ni de las expectativas y aspiraciones de los mexicanos.

Se requiere, en consecuencia, redoblar el paso para ampliar el acceso de las y los


jóvenes a la educación superior. Así lo reconoce, por ejemplo, la Asociación
Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES),
instancia que ha fijado la meta de elevar la cobertura de la educación superior a
48 por ciento en 2020.[3] Recientemente, otros actores han propuesto alcanzar
en ese mismo año una cobertura de 60 por ciento.

Se trata de propuestas que exigirían esfuerzos y recursos considerables, aunque


con ritmos diferenciados. Para contribuir a valorar la envergadura de los
desafíos, se exploran a continuación los siguientes cuatro escenarios al 2020 y
2030:

 El primer escenario (A) deriva de extrapolar el aumento promedio anual de la


cobertura de educación superior logrado durante el primer trienio de la
administración del Presidente Calderón para las próximas dos décadas;

 El segundo escenario (B) supone mantener constante hasta 2030 el aumento


observado en la cobertura de educación superior durante el último ciclo escolar
(de 1.47 por ciento), que es con mucho el más elevado en los últimos 13 años;

 El tercer escenario (C) se define a partir de las exigencias que supone alcanzar
una meta de cobertura de 48 por ciento en el 2020.[4]

 El cuarto y último escenario (D) supone lograr en ese año una cobertura de
60 por ciento.

En la gráfica y el cuadro 1 se presenta la evolución de la cobertura y la matrícula


asociada a cada uno de estos cuatro escenarios.[5] En el escenario A la cobertura
seguiría un ascenso suave por la adición de aproximadamente 1.05 puntos
porcentuales por año. Bajo este escenario, la matrícula alcanzaría 4.0 millones
en 2020 y 4.2 millones en 2030.

El escenario B descansa en una adición constante de aproximadamente 1.47


puntos porcentuales por año a la tasa de cobertura educativa. Con esta
dinámica, la matrícula se elevaría a 4.4 millones en 2020 y a 4.9 millones en
2030.

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El escenario C incorpora la meta propuesta por ANUIES en 2020, lo que implica
una matrícula de 4.7 millones en 2020 y casi 5.4 millones en 2030.

Finalmente, bajo el escenario D, el vertiginoso ritmo de crecimiento en la


cobertura de educación superior implicaría una matrícula de 4.5 millones en
2015, 5.9 millones en 2020 y 6.7 millones en 2030.

Cuadro 1. Evolución de la matrícula y la cobertura de educación


superior según cuatro escenarios, 2010-2030.
Año Escenario A Escenario B Escenario C Escenario D
Matrícula Cobertura Matrícula Cobertura Matrícula Cobertura Matrícula Cobertura
2010 2,995,304 30.1 3,037,322 30.5 3,044,600 30.6 3,138,628 31.6
2015 3,511,275 35.4 3,762,964 37.9 3,867,751 39.0 4,507,974 45.4
2020 3,995,512 40.6 4,452,741 45.3 4,722,126 48.0 5,902,657 60.0
2030 4,158,999 51.1 4,881,041 60.0 5,361,288 65.9 6,753,450 83.0

El desafío de la convergencia regional de las oportunidades educativas

Los cuatro escenarios identificados exigirían un aumento significativo de la matrícula


de educación superior en todas las entidades federativas, sobre todo en los estados
rezagados, lo cual provocaría una gradual convergencia regional de las oportunidades
educativas.[6] Si bien las brechas por entidad federativa seguirían siendo significativas
en el horizonte de proyección de una o dos décadas, todos los estados mejorarían su
cobertura e ingresarían, con mayor o menor velocidad, a una etapa de masificación de
la educación superior.

En esa trayectoria influye sin duda el punto de partida de la proyección, ya que un


número cada vez mayor de entidades alcanza en la actualidad una cobertura de al
menos 25 por ciento. Hace apenas diez años únicamente 7 entidades federativas
presentaban una cobertura igual o mayor a 25 por ciento; su número aumentó a 15
entidades en el ciclo escolar 2006-2007, y para el ciclo 2009-2010 ya eran 24
entidades las que superaban ese umbral.

En el cuadro 2 se identifican, para los cuatro escenarios, los diez estados donde el
crecimiento de la cobertura sería más elevado entre 2010 y 2030:

 Bajo el escenario A sería necesario aumentar las coberturas entre 85 y 146 por
ciento en esas diez entidades federativas;

 El escenario B implicaría incrementos de entre 115 y 199 por ciento;

 En el escenario C los aumentos irían de 136 a 227 por ciento;

 En el escenario D, que es el más exigente, los aumentos se ubicarían en el rango de


entre 190 y 323 por ciento.

El esfuerzo sería monumental en el último escenario, pues implicaría, en el caso de


Quintana Roo, aumentar la matrícula de 25,001 a 109,625 estudiantes entre 2010 y

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2030, y en el estado de México de 326,081 a 1,027,415 estudiantes en el mismo
periodo.

Dimensionando el esfuerzo requerido

Los cuatro escenarios presentados, con sus complejas expresiones regionales, aportan
valiosos elementos para estimar los diferentes esfuerzos implicados en la ampliación,
a ritmos diferenciados, de las oportunidades educativas de nivel superior. Cada uno de
los escenarios implicaría volúmenes significativos de inversión. Sin embargo, como
veremos más adelante, la magnitud y complejidad de los desafíos no se agota en el
esfuerzo presupuestal.

Cuadro 2. Diez estados que más aumentarían la cobertura de educación


superior entre 2010 y 2030
Escenario A Escenario B Escenario C Escenario D
Cobertura Cobertura Cobertura Cobertura
2010 2030 % de inc. 2010 2030 % de inc. 2010 2030 % de inc. 2010 2030 % de inc.
Baja California 26.9 49.8 84.8 27.4 59.0 115.7 27.4 64.8 136.30 28.3 82.4 190.70
Durango 26.5 49.5 86.9 26.9 58.7 118.5 26.9 64.5 139.50 27.9 82.2 195.10
Tlaxcala 24.5 48.2 96.3 25.0 57.7 131.1 25.0 63.3 153.20 25.9 81.4 214.70
Michoacán 24.1 47.9 98.6 24.5 57.4 134.1 24.6 63.1 156.50 25.4 81.3 219.40
México 22.6 46.9 107.1 23.0 56.5 145.5 23.1 62.1 168.90 23.9 80.6 237.30
Guanajuato 21.1 45.7 116.8 21.5 55.5 158.6 21.5 61.0 183.30 22.3 79.9 258.10
Guerrero 20.2 45.1 123.0 20.6 54.9 167.1 20.6 60.3 192.70 21.4 79.4 271.70
Oaxaca 19.4 44.4 128.9 19.8 54.4 175.1 19.8 59.7 201.50 20.5 79.0 284.50
Chiapas 19.2 44.3 130.5 19.6 54.2 177.3 19.6 59.6 203.90 20.3 78.9 288.00
Quintana Roo 17.3 42.7 146.3 17.7 52.8 198.9 17.7 58.0 227.60 18.4 77.8 323.10

Financiamiento de la educación superior

No obstante que la escasez de recursos ha sido un rasgo endémico del sistema


de educación superior, en los años recientes el financiamiento federal ha
crecido de manera significativa, permitiendo una sensible mejora de diversos
indicadores financieros del sistema. Por ejemplo, la inversión educativa como
porcentaje del Producto Interno Bruto pasó de 0.54% en 2006 a 0.65% en 2010.
Sin embargo, todavía estamos lejos de destinar el 1 por ciento del Producto
Interno Bruto para la educación superior, meta establecida como deseable por
diversos actores. Asimismo, la inversión federal por alumno aumentó de 39,385
pesos en 2006 a 47,939 pesos en 2010, aunque estos montos son insuficientes si
se les compara con la que realizan otros países de mayor desarrollo o de
desarrollo relativo similar.

En este contexto, la factibilidad de los distintos escenarios depende en buena


medida de la realización de esfuerzos cada vez más significativos en materia de
financiamiento. Si como ha ocurrido en el pasado reciente, alrededor del 68 por
ciento del aumento de la matrícula se originara en el régimen de sostenimiento
público, sería necesario incorporar entre 2010 y 2020 alrededor de 680 mil
(escenario A), 962 mil (escenario B), un millón 141 mil (escenario C) y un millón
880 mil estudiantes (escenario D). Como se puede advertir, el aumento en la
matrícula de las instituciones públicas asociado al escenario D casi triplica al
propuesto en el escenario A.

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Aunque marcadamente diferenciados, estos números implicarían un esfuerzo
presupuestal sostenido en términos reales de varios miles de millones de pesos
adicionales al año (sin considerar las inversiones en infraestructura). Por
ejemplo, si la evolución de la inversión per cápita real creciera en los próximos
diez años a un ritmo anual semejante al observado en el periodo reciente, serían
necesarios en el escenario A al menos 3 mil 500 millones de pesos adicionales
por año; 5 mil millones de pesos en el escenario B; poco más de 6 mil millones
en el escenario C y casi 10 mil millones de pesos en el escenario D. Las
inversiones podrían ser superiores si eventualmente se propusiera cerrar de
manera significativa las brechas de la inversión per cápita con otros países.

La disponibilidad de los recursos financieros requeridos para hacer factible cada


escenario depende no solo del desempeño de la economía, sino sobre todo de la
construcción de acuerdos entre los diversos actores relevantes para otorgarle la
máxima prioridad a la ampliación de las oportunidades educativas.

Crecimiento y heterogeneidad social de los estudiantes

La masificación de la educación superior necesariamente modificará la


composición social de la población estudiantil. Mientras que en los modelos
elitistas los estudiantes provienen principalmente de las clases altas, en los
modelos masificados el origen social de los estudiantes es heterogéneo.

La ampliación de las oportunidades educativas en México ya está favoreciendo


el creciente acceso a la educación superior de las y los jóvenes provenientes de
familias de escasos recursos. De hecho, se estima que la proporción
representada en la matrícula total por los estudiantes cuyos ingresos familiares
se ubican en los primeros cuatro deciles aumentó de 13.9 por ciento en 2004 a
cerca de 20.6 por ciento en 2010.

De seguir la dinámica observada en los últimos años, casi 31 por ciento en 2020
y al menos 35 por ciento de la matrícula total en 2030 podría estar representada
por jóvenes de escasos recursos. Esto significaría:

 En el escenario A, alrededor de un millón 235 mil estudiantes en desventaja


socioeconómica en 2020 y un millón 472 mil en 2030.

 En el escenario B implicaría, en esos mismos años, cerca de un millón 376 mil


y un millón 728 mil alumnos con esas características;

 En el escenario C un millón 459 mil y un millón 898 mil estudiantes en


situación de desventaja económica.

 En el escenario D alrededor de un millón 824 mil y 2 millones 391 mil jóvenes


provenientes de los cuatro primeros deciles de ingreso.

Para evitar que el origen social determine el destino educativo de los jóvenes,
sería necesario fortalecer los programas de becas. Hoy en día, casi 390 mil
jóvenes reciben una beca de alguno de los programas federales, lo que
representa el equivalente a casi seis de cada diez jóvenes matriculados en la
educación superior provenientes de familias situadas en los primeros cuatro

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deciles de ingreso. Si al menos esta relación se mantuviera en los próximos
años, sería necesario, en el escenario A, otorgar una beca al menos a 740 mil
jóvenes cada año; en el escenario B a 825 mil; en el escenario C a 875 mil y en el
escenario D a un millón 94 mil jóvenes, lo cual exigiría incrementar
significativamente la inversión anual en esta materia.

La expansión del nivel medio superior

La dinámica del sistema de educación superior se encuentra íntimamente


interconectada con las trayectorias y los avances de los niveles educativos
previos, muy particularmente con la matrícula y la eficiencia terminal de la
educación media superior. En consecuencia, las expectativas de crecimiento de
la cobertura de la educación superior podrían verse obstaculizadas si no
ocurriese un crecimiento acelerado tanto del número de estudiantes egresados
del nivel medio superior (hasta su eventual universalización), como del número
de estudiantes preparados y suficientemente motivados para transitar del
bachillerato al nivel superior.

Para situar la índole de este desafío, en el escenario A, el menos exigente, el


nuevo ingreso a la educación superior aumentaría cerca de 31 por ciento entre
2010 y 2020 (al pasar en ese periodo de 818 mil a un millón 72 mil estudiantes);
en el escenario B crecería en alrededor de 44 por ciento (de 830 mil a un millón
196 mil alumnos); y en el escenario C se incrementaría cerca de 52 por ciento
(de 832 mil a un millón 269 mil estudiantes). El reto más significativo residiría
en el escenario D, donde el nuevo ingreso aumentaría en ese mismo periodo
más de 88 por ciento (al pasar de 858 mil a un millón 588 mil alumnos).

La demanda de docentes

La expansión de la matrícula se reflejaría de inmediato en el incremento de la


demanda de profesores. Además, se requeriría reemplazar a los docentes que
arribarán en el curso de los próximos años a la edad de retiro. Asimismo, las
instituciones educativas enfrentarían el desafío de impedir que la renovación
constante de la planta académica afectara negativamente la calidad de la oferta
educativa o minara el proceso de profesionalización del personal académico.

En la actualidad participan casi 330 mil docentes en el nivel superior. De ese


total, alrededor de uno de cada cuatro (81,550) son profesores de tiempo
completo (PTC), quienes en su gran mayoría trabajan en instituciones públicas
(87%).

Los cuatro escenarios identificados en este documento constituyen una valiosa


herramienta para valorar la evolución de la eventual demanda futura de
docentes:[7]

 El escenario A implicaría aumentar el número de PTC entre 2010 y 2020 en


alrededor de 52 por ciento y entre 2010 y 2030 en 87 por ciento. De esta
manera, el número de docentes pasaría de 86 mil en 2010 a 130 mil en 2020 y a
160 mil en 2030. Bajo este escenario, a la plantilla de profesores de tiempo
completo se adicionarían en promedio 5,300 docentes por año en el periodo
2010-2020.

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 El escenario B exigiría un crecimiento acumulado en el número de PTC de 66
por ciento en la primera década y de 116 por ciento en todo el horizonte de
proyección, lo que significaría pasar de 86 mil docentes en 2010 a 144 mil en
2020 y a 187 mil en 2030. En este caso, el aumento neto anual de docentes se
elevaría a 5,700 durante la década 2010-2020.

 En los escenarios más exigentes se agregaría un número aún más


significativo de PTC. Por ejemplo, en el escenario C aumentaría de 87 mil
docentes en 2010 a 153 mil en 2020 (con un crecimiento de 76 por ciento) y a
206 mil en el periodo 2010-2030 (lo que implicaría un crecimiento de 137 por
ciento). Bajo este escenario, el incremento neto por año se elevaría a un
promedio de 6,600 docentes durante el periodo 2010-2020.

 En contraste, en el escenario D el número de PTC aumentaría de 90 mil a 191


mil entre 2010 y 2020 (con un crecimiento de 113 por ciento) y a 259 mil
docentes en 2030 (con un incremento de 189 por ciento a lo largo de todo el
horizonte de la proyección). Bajo este escenario sería necesario un aumento
neto promedio de 10,100 docentes por año entre 2010 y 2020.

Cualquiera de los escenarios propuestos exigiría a las instituciones de educación


superior, en particular a las instituciones públicas, esfuerzos inéditos de
formación y reclutamiento de profesores. La cuantía de la eventual demanda
futura de PTC asociada a cada uno de los cuatro escenarios pone de relieve la
necesidad tanto de garantizar el financiamiento como de impulsar una gran
transformación que permita formar a los docentes que requeriría la
masificación de la educación superior.[8]

A fin de sostener y, en su caso, elevar la calidad educativa, la incorporación de


PTC a las instituciones educativas deberá ser preferentemente con estudios de
posgrado. En la actualidad, alrededor de 69 de cada 100 PCT tiene estas
características (70 por ciento de los PTC de las instituciones públicas y 65 por
ciento de los PTC de las instituciones particulares). Si con fines ilustrativos se
asume que a lo largo del horizonte de proyección la proporción de PTC con
posgrado podría elevarse de 69 a por lo menos 90 por ciento, es posible apreciar
la envergadura del reto que significaría formar a PTC altamente calificados de
las instituciones de educación superior, en especial de las instituciones públicas.

Así, de acuerdo con el escenario A, el número de PTC con posgrado aumentaría


de 59 mil en 2010 a 105 mil en 2020 y a 144 mil en 2030. Bajo el escenario B su
número se elevaría de 60 mil a 116 mil entre 2010 y 2020 y a 169 mil al final de
la siguiente década. Por su parte, el escenario C se incrementaría de 60 mil en
2010 a 123 mil en 2020 y a 183 mil en 2030. Finalmente, el escenario D, que es
el más exigente, pasaría de 62 mil a 153 mil entre 2010 y 2020 y a 233 mil en
2030.

Política con visión de Estado para la educación superior

México ya está superando la depresión económica inducida por la crisis


mundial. Las previsiones del Banco de México y otros organismos
internacionales sugieren que la economía mexicana está iniciando un ciclo
expansivo, con un crecimiento promedio anual de alrededor de 4.2 por ciento.

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Esta coyuntura abre una nueva oportunidad para retomar la agenda del
financiamiento de la educación superior con el fin de garantizar los recursos que
permitan ampliar de manera significativa las oportunidades educativas para los
jóvenes.

Como ya se dijo anteriormente, los retos no se localizan únicamente en el


esfuerzo financiero que habría de realizarse en los próximos años para sustentar
el rápido crecimiento de la matrícula y la cobertura de la educación superior.
Las experiencias de otras épocas sugieren eludir a toda costa los riesgos
ocasionados por la expansión no regulada de la educación superior. Hay
consenso de que no se trata sólo de aumentar la matrícula per se, sino además
de evitar que la masificación de la educación superior redunde en una oferta
educativa de baja calidad. Sin una educación de calidad no sería posible romper
el círculo vicioso de la exclusión.

La experiencia internacional enseña que todos los sistemas educativos que


transitan por un proceso de masificación se ven obligados a impulsar reformas a
la arquitectura institucional de la educación superior y a revisar las modalidades
y formas de organización, gestión y administración de las instituciones
educativas. Los diferentes escenarios sugieren la necesidad de avanzar hacia la
convergencia regional de las oportunidades educativas; impulsar el rápido
crecimiento en el número de egresados del nivel medio superior; fortalecer las
capacidades institucionales para formar adecuadamente a los miles de
profesores y académicos que supondría el rápido aumento de la matrícula; y
favorecer el acceso a —y permanencia en— la educación superior de los jóvenes
provenientes de las familias de escasos recursos.

Para hacer viables los escenarios más ambiciosos, es preciso que la educación
superior se constituya en una verdadera prioridad, consensuada nacionalmente,
y concite compromisos, esfuerzos sostenidos y apoyo genuino de los actores
relevantes. Se trata, esencialmente, de construir una política con visión de
Estado. Para decirlo en términos de Rousseau, se necesita de un nuevo contrato
educacional que defina condiciones, compromisos, esfuerzos y retornos de los
actores relevantes, con el fin de diseñar y construir las condiciones que
permitan impulsar y ordenar el esfuerzo y la creatividad colectiva.

El impulso continuado hacia una política con visión de Estado es imprescindible


no sólo para garantizar el adecuado sustento financiero de las instituciones
educativas, sino también para alinear esfuerzos y propósitos y para brindar
certidumbre a la sociedad de que la inversión en educación es
incuestionablemente provechosa, competitiva y gestionada con transparencia.
Como se puede advertir, conquistar la historia del futuro todavía está en
nuestras manos.

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[1] Subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública y miembro del Sistema
Nacional de Investigadores.

[2] Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

[3] ANUIES, Consolidación y avance de la educación superior en México. Elementos de diagnóstico y


propuestas, México, ANUIES, 2007.

[4] Los escenarios C y D se ajustaron con una función logística, la cual modela el crecimiento en tres
etapas: al inicio el crecimiento se aproxima a una evolución exponencial, inmediatamente después crece
cada vez a mayor velocidad hasta que encuentra un punto crítico y modera el crecimiento; y en la tercera
etapa el crecimiento tiende a estabilizarse.

[5] Para el cálculo de la cobertura bruta en los cuatro escenarios se consideró la proyección de la población
de 19 a 23 años de edad elaborada por el Consejo Nacional de Población disponible en
www.conapo.gob.mx.

[6] Los cuatro escenarios están formuladas con base en la hipótesis de convergencia de la cobertura de
educación superior por entidad federativa en el 2050.

[7] Las previsiones sobre la demanda futura de PTC descansan en el supuesto de que la actual relación de
35 alumnos por PTC disminuye a 24.9 al final del periodo de proyección (2030).

[8] Cabe destacar que no se considera en estas estimaciones el eventual impacto de una reforma curricular.
Por ejemplo, una reducción del número de cursos podría tener efectos notorios sobre la demanda futura de
docentes.

Publicado en
Revista Este País
EstePaís|cultura

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