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Manejo seguro del mercurio

Palabras clave: ciencia y salud, odontología, exposición ocupacional, mercurio,


toxicidad, amalgama dental
Key words: science and health, dentistry, occupational exposure, mercury,
toxicity, dental amalgam.

Existe una amplia controversia acerca de la seguridad de su uso en


amalgamas dentales y, sin duda, se ha demostrado el riesgo ocupacional al
que están expuestos dentistas y asistentes dentales.

Desde hace más de un siglo, el mercurio es utilizado en la práctica clínica


odontológica por su capacidad para unir metales a través de una reacción de
amalgamación, por su bajo costo y su facilidad de manipulación en la
restauración de cavidades dentales.
Elemento metálico que ha sido catalogado como un material peligroso, existe la
tendencia en el mundo de descartar su uso en las actividades humanas y de
hecho en odontología se ha planteado una gran polémica pues el manejo de
los excedentes de mercurio es causa principal del aumento de vapores y
moléculas de este metal en la sangre de todo ser humano que tiene contacto
directo con él en el consultorio.
Cuando un compuesto químico se encuentra en el medio ambiente, se le
designa como un toxico y es la toxicología clínica la encargada del estudio de
la interacción de los compuestos químicos con sistemas biológicos, pudiendo
causar alteraciones reversibles o irreversibles. En este caso, al hablar de
metales pesados debe incluirse al grupo de elementos compuesto por la plata
(Ag), el plomo (Pb), el zinc (Zc) y el mercurio (Hg), capaces de precipitar en el
organismo a las proteínas formando proteinatos insolubles tóxicos. El mercurio
es un metal de aspecto líquido, blanco plateado, que a temperatura ambiente
se halla como metal o cinabrio. El vapor de mercurio se forma siempre que éste
se calienta; considerando su capacidad de vaporización, también puede existir
sin descubrirse en el medio ambiente de cualquier área, y si se derrama se
forman pequeños globulitos aumentando así su vaporización y contaminando
todo tipo de superficie.
Se estima que en un consultorio dental de práctica general, se utiliza un
promedio de 1,020 gramos de mercurio anuales, y si bien las propiedades
físicas y químicas del mercurio hacen difícil e insegura su manipulación, las
intoxicaciones generalmente se producen como resultado de una exposición
accidental o procurada. Por tanto, se han establecido un conjunto de
especificaciones para el uso del mercurio en las clínicas y consultorios
dentales, las cuales han sido adoptadas por la Asamblea General de la
Federación Dental Internacional, por consejo de la Comisión Científica de la
Federación Dental Internacional:
• Que su superficie sea brillante como un espejo, libre de partículas o escoria.
• Debe fluir libremente y no tener un residuo volátil de más de 0.02%.
• Bajo ciertas condiciones de almacenamiento, puede desarrollar una película
ligera, la cual debe poder ser separada por medio de filtración.
• Antes de su uso, se debe almacenar en recipientes de plástico (no metálicos),
que permitan sostener el contenido en condiciones normales de transporte y
manejo. Estos envases deberán tener un número de serie o combinación de
letras y números, e indicar en él su fecha de fabricación.
• Toda persona que procese la amalgama debe utilizar un dispensador de
mercurio correctamente calibrado, y al momento de triturar la aleación use
guantes de látex y cubrebocas, evitando exprimir la amalgama en las tarjas,
piso, alfombra o botes de basura, pues esto incrementa la vaporización del
mercurio y la contaminación del ambiente.
• Después de su uso, se debe tener cerca de donde se trabaja, un recipiente de
plástico que contenga agua jabonosa, aceite, vaselina o glicerina, para exprimir
la amalgama y evitar con esto que el mercurio se evapore o se escurra,
teniendo cuidado de cerrar bien el recipiente, y de colocar los materiales
desechables contaminados en bolsas de polietileno, sellándolas antes de su
eliminación.
• Finalmente, para el personal que trabaja en consultorios o clínicas dentales
se recomienda análisis de orina o sangre para determinar valores de mercurio
en el organismo, por lo menos cada seis meses.
Los compuestos mercuriales orgánicos son más tóxicos que los vapores de
mercurio elemental, siendo estos últimos los que tienen mayor importancia en
odontología, pues son absorbidos en un 80-90% por el tracto respiratorio
llegando hasta los alvéolos y penetrando al torrente sanguíneo. Debido a su
alta propiedad lipofílica atraviesa la membrana celular de los eritrocitos donde
es oxidado. Sin embargo, la tasa de oxidación es más lenta que el tiempo de
circulación del vapor de mercurio desde los pulmones al cerebro; permitiendo
que el mercurio inorgánico no oxidado, cruce rápidamente la barrera sangre-
cerebro. El mercurio en el cerebro es oxidado, incorporado a complejos
proteínicos y retenido, aumentando la permeabilidad de la membrana
plasmática al calcio lo que causa neurotoxicidad. Si la inhalación de vapor de
mercurio se da por un periodo prolongado provocará mercurialismo,
enfermedad que se caracteriza por temblores finos y eretismo (timidez,
depresión, resentimiento a las críticas, dolores de cabeza, fatiga e insomnio).
En este sentido, Foo y sus colaboradores. estudiaron en Singapur, a 98
dentistas y a 54 controles (no dentistas), evaluando mediante pruebas de
comportamiento aspectos como la memoria a corto plazo, la velocidad visual
motora y la destreza manual. Paralelamente, midieron la concentración de
vapor de mercurio al cual estaban expuestos por su ocupación los grupos en
estudio, encontrando que la concentración de vapor de mercurio a la cual
estaban expuestos los primeros era de 0.017mg/m3 (± 0.009) y que existía una
fuerte correlación entre la intensidad y la duración de la exposición y los efectos
observados. Concluyeron que existe un efecto neuro-comportamental
acumulativo, consistente con estudios de absorción y excreción de mercurio, el
cual indica que el proceso de excreción y eliminación del mercurio absorbido y
almacenado es muy lento.
Procurando establecer las rutas de exposición del mercurio en la profesión
dental, éste puede afectar el cuerpo si es inhalado y si tiene contacto con los
ojos o piel. Por lo tanto, la inhalación de vapores de mercurio debido a
derrames accidentales durante la práctica odontológica, la liberación del
mercurio durante el trabajo dental y el respirar aire contaminado en el lugar de
trabajo o el contacto con la piel son razones suficientes que indican que la
práctica odontológica esta expuesta a riesgo ocupacional de intoxicación con
mercurio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que el valor límite en
una sola exposición puede ser de 0.05mg/m3 de aire.
En el consultorio dental, el mercurio penetra al cuerpo por cinco vías:
1) Desde la cavidad bucal y nasal llegan vapores de mercurio a la circulación
sanguínea y a través de la mucosa olfatoria directamente al bulbo olfatorio en
el rinencéfalo.
2) Los vapores de mercurio al ser inhalados penetran a los pulmones por las
vías respiratorias, de allí pasa por el torrente sanguíneo, donde se transforma
una parte del vapor de mercurio oxidándose y formando iones de mercurio.
De esta forma es almacenado en órganos como el hígado y el riñón.
3) Las propiedades de este metal hacen muy difícil e insegura su manipulación,
ya que posee alta tensión superficial y baja viscosidad, por lo que al
derramarse es casi imposible recuperarlo.
4) Al trabajar el odontólogo para remover las amalgamas de restauraciones
viejas, con fresado a altas velocidades, genera vapor de mercurio y partículas
aerotransportadas que pueden penetrar al sistema respiratorio.
Simultáneamente, al realizar las preparaciones de amalgamas pueden
derramarse pequeñas cantidades de mercurio en la piel o permanecer en el
ambiente, del cual se evapora a temperatura ambiente contaminando el área
de trabajo.
5) Existe una fuerte correlación entre los valores de mercurio en plasma,
sangre total y orina y el número de amalgamas presentes en la cavidad bucal.
Mientras que las restauraciones realizadas con oro no presentan un efecto
detectable sobre los niveles de mercurio, las restauraciones metalico-
cerámicas aumentan los niveles de mercurio, debido a que contienen más
elementos metálicos activos.
Existe gran controversia en cuanto a la cantidad de vapores de mercurio que
puede ser dañina para el hombre, por lo que se ha establecido un nivel máximo
denominado “valor límite”, que define: la cantidad máxima de un contaminante
atmosférico en el organismo de una persona sin que presente alguna alteración
y que pueda estar expuesta por periodos prolongados sin presentar problemas
secundarios. Si bien una obturación clase I oclusal o clase II ocluso proximal en
un molar contiene entre 750-1000mg de Hg y tiene un tiempo de vida útil de 7-9
años, cuando se considera que, al tomar bebidas calientes como café, té o
chocolate, las temperaturas en la boca pueden llegar a 40-60 grados
centígrados, puede esperarse la liberación del vapor de mercurio cada cierto
tiempo, exponiendo al paciente a una exposición crónica, hecho que se ha
evaluado experimentalmente en varios estudios, comprobándose un aumento
de la tasa de evaporación.
La excreción depende de características propias de cada individuo, ubicándose
durante los primeros tres días entre el 7 y el 12% de la dosis absorbida es
eliminada por exhalación y el 1% por orina, llegando durante un mes hasta el 8-
40% de mercurio por esta misma vía. El nivel máximo permisible de mercurio
recomendado por el National Institute Occupational Security Health (NIOSH),
de los Estados Unidos, es de 0.05g de vapor de mercurio por metro cúbico de
aire (50mg/cm3) para un personal expuesto 8 horas al día, 5 días a la semana.
El consumo de tabletas de selenio puede aumentar la excreción de mercurio
por la orina. La protección del selenio contra el mercurio inorgánico es debida
principalmente a que los iones de mercurio y el selenio forman complejos
menos tóxicos debido a mecanismos estequiométricos. En caso de derrames
accidentales, el mercurio deberá ser recogido con jeringas y colocados dentro
de recipientes con agua; para evitar que algún remanente permanezca en la
superficie, ésta debe limpiarse con azufre en polvo, luego barrer y disponer el
resto de acuerdo con las normas establecidas por cada país.
No se deben utilizar alfombras ni tapetes en el área de tratamiento, ya que se
ha demostrado que la fricción por el tránsito en la oficina dental sobre las
partículas de amalgama o de pequeños derrames de mercurio aumentan los
niveles de vapor de mercurio en el consultorio.
Desde el punto de vista toxicológico, la acumulación de metales pesados en los
organismos es la resultante de la relación entre la tasa de incorporación y la
tasa de excreción de los mismos. De esta forma, altas concentraciones de
mercurio podrían saturar los mecanismos de depuración, generando la
acumulación orgánica del metal, produciendo los daños descritos.
En efecto, se ha encontrado que la exposición al mercurio inorgánico aumenta
los niveles de este metal en el plasma sanguíneo y en la orina de dentistas y
sus asistentes dentales y que además, las mujeres suelen presentar niveles
mayores de mercurio en la orina que los hombres, lo cual se asocia con
metabolismos de mercurio diferentes. Al retirar amalgamas dañadas utilizando
instrumentos de alta o superalta velocidad y solamente el extractor de saliva, el
vapor de mercurio se puede elevar a niveles de 2 a 15 veces del máximo
permitido, reflejándose, en el caso de los dentistas con mayor tiempo de
desempeño, en una mayor susceptibilidad a presentar problemas neurológicos,
de comportamiento y pérdida de memoria y en la situación con dentistas y
asistentes dentales femeninas, a una reducción de la fertilidad, bajas
posibilidades de concepción e hijos con un bajo coeficiente intelectual
comparado con la población general.
No solamente los odontólogos y los asistentes dentales están expuestos a la
contaminación de mercurio, pues en sus hogares se presentan altos niveles de
mercurio, el cual es llevado por éstos en sus ropas y zapatos después de la
jornada de trabajo.
En países como Suecia se han instalado filtros de selenio que remueven entre
el 80 y el 85% del mercurio de las emisiones, y recientemente se ha
desarrollado un sensor universal para mercurio (Hg, Hg(I), Hg(II)) localizado en
una nanopartícula con base en plata, embebida en una película fina de
polímeros, que a mediados de este año estará disponible en la Unión Europea
y poco después en México.
Finalmente, la recuperación del deterioro mental por el envenenamiento crónico
con mercurio puede llegar a no ser completa, y su mejoría requiere por lo
menos de uno a dos años, además de que como la presencia de
metalotioneinas es un requisito necesario para la formación de una respuesta
de adaptación cruzada neurológica, fisiológica y de comportamiento a la
toxicidad originada por mercurio o plomo, se sospecha que estos metales
pesados pueden ser factores causales directos de autismo, asunto que la
comunidad científica mundial ha convertido en uno de los principales focos de
investigación en la primera década del siglo XXI.

CUADRO
El vapor de mercurio elemental es un material tóxico que altera la bioquímica
celular, afecta el sistema nervioso central, el sistema inmunológico y el sistema
reproductivo.
Se deben realizar estudios periódicos que midan la concentración del mercurio
en el aire y verificar que esta sea menor a 50 mg/cm3, valor máximo permisible
indicado por la NIOSH. Además, deben realizarse análisis periódicos que
determinen los niveles de mercurio presentes en muestras de orina y de sangre
del personal odontológico, evaluando que los valores sean menores a 35mg/g
de creatinina en muestras de orina y de 15microgramos/L de sangre.

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