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“el triángulo infernal: periodístas, políticos y opinión pública”

capítulo 7
dominique wolton

el triunfo de la comunicación desetabilizó la relación de fuerzas existente entre las


lógicas de la información, de la opinión pública y de la acción o, más bien, cambió su
forma. ayer era la lógica del poder la que resistía el contrapeso de la información y del
público. hoy es la omnipresencia de la comunicación y de la opiniónpública la que
desestabiliza un lógica política menos arrogante.

1. los elementos del desequilibrio


1) aunque no hay política sin comunicación, hoy asistimos a la inversion de la
relación: la comunicación predomina sobre la política en detrimento de los políticos, así
debilitados. ¿cuál es su situatión?
los políticos de los paises occidentales son elegidos por un corto plazo y poseen un
margen de maniobra débil en sociedades burocráticas donde la soberanía national se
encuentra fuertemente disminuida por europa y la mundialización. no obstante, deben
dar la sensación de que saben adonde van y que miran el largo plazo. sin gran capacidad
de acción, están, sin embargo, obligados a producir la impresión inversa de dominar el
futuro, aunque la mayor parte de ellos saben que en cinco años no estarán en el poder
(en todo caso, no en los mismos puestos)... la radio y la televisión, al forzarlos a
responder rápidamente, sin demasiado parloteo, aceleran su relativo descrédito, ya que
el público ve, durante el lapso, que no tienen gran cosa que proponer. enfrentan la
siguiente contradicción: los medios son necesarios para valorizar su acción, pero al
mismo tiempo ponen de relieve la debilidad de su margen de maniobra... además, el
político sufre la presión de los acontecimientos y la del sequito de periodistas. estos
encuentran, en el comentario diario, significaciones escondidas en estrategias
improbables y ponen fácilmente en duda la capacidad de acción de los políticos, que
están entonces obligados a comer de las emisiones de radio a los estudios de televisión
para responder a los rumores, confirmar algunos, desmentir otros, distinguirse de los
competidores, construir su propia imagen, prever el futuro y no dar la sensación de ser
incapaces de enfrentar el presente. difícil, en estas condiciones, no ver que el rey
frecuentemente esta desnudo… ¡luego de una elección presidencial, por ejemplo, "se"

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considera que todo se juega en el primer año y "se" concede seis meses a un primer
ministro para dar prueba de sus aptitudes! en cuanto a los ministros, ¿cuántos de ellos
consiguen no hacerse olvidar y provocan un cierto respeto? los alcaldes de las grandes
ciudades o los presidentes de consejos regionales no estan en una mejor situación: solo
existen localmente, y deben emprender un agotador recorrido de combatiente para salir
de su región y de los medios locales y hacerse notar a nivel nacional. la situación es
comparable en todos los paises democráticos. debería hacerse hoy una verdadera
sociología del hombre político, aplastado por la comunicación triunfante. pero no se
debe contar para ello con la ayuda de los responsables políticos, ellos no se atreven a
decir la verdad, ni de los periodistas, que no están dispuestos a reconocer que, muy a
menudo, la situación se ha invertido a su favor.
la presión de la información y de los acontecimientos es tal que el actor se
desestabiliza. la imagen y la información lo traspasan. no se juzga a un político solo por
su capacidad de acción, porque la politica es tambien la gestión de un espacio simbólico
y una mezcla hábil y complicada de símbolos y de acción. pero, ¿desde cuándo el
predominio de lo simbólico es perjudicial para la capacidad de acción del político?
desde que el desfasaje entre la velocidad de la información y la lentitud de la acción
crea un malestar que el ciudadano percibe perfectamente. aunque no desea ser engañado
por los políticos, tampoco desea ver directamente su debilidad. ¿por qué? porque la
débil capacidad de acción del hombre público y su debilidad desestabilizan también al
ciudadano. aquí la sarta de encuestas continúa la obra de desestabilización de la
información. a partir de una imagen, positiva o negativa, cuya diferencia se debe a
menudo un poco a cualquier cosa, pero en mucho al papel de ]as elites, que jamás dejan
de tener una opinión definitiva y autorizada sobre todo lo habido y por haber, los
políticos son asediados por los "barómetros” y las evaluaciones de popularidad. como
un yo-yo. y como las encuestas son continuamente comentadas por los medios -que por
otro lado son los que, muy frecuentemente, las encargan -, los políticos estan bajo una
perfusión de cifras. ¿cuál es el resultado? abusan del parloteo, según el cual las
encuestas no tienen influencia sobre ellos, y confirman que su única preocupación es
realizar una acción de largo aliento… discursos en los que nadie cree, y que acentúan el
sentimiento de malestar. tanto es así que en realidad una parte creciente de la utilización
del tiempo de los políticos, a través de los medios, apunta justamente a intentar conjurar
la suerte de los barómetros desfavorables… aquí, los actores tienen una responsabilidad,
al aceptar que los medios y la comunicación sean los árbitros de sus relaciones con los

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ciudadanos. ¿qué hacen cada vez más los políticos? no solo confian cada vez más en los
especialistas en comunicación que, presentandose de forma humilde, se comportan en
realidad como verdaderos rasputín; sino que además multiplican las operaciones de
comunicación mediática cada tres o seis meses, inventando cada vez un estilo nuevo,
que maravilla a los medios y los coloca de forma creciente en una 1ógica
comunicacional. sin embargo, ¡no se recupera jamás un capital político mediante
operaciones de comunicación! y, ademas, estas emisiones, con efectos sin cesar
renovados, se transforman en shows considerados como tales por los medios. a fuerza
de situarse en un territorio que no es el suyo, los políticos pierden la alteridad que les es
indispensable.
estamos lejos del esquema ideal del hombre politico que se nutre de la
informaci6n y de la opini6n publica, evalúa la acción realizada y hace conocer la
jerarquía de problemas que le parecen importantes para el futuro. si tan solo la realidad
se pareciese a esta imagen de epinal… los actores políticos, a pesar de su fanfarronada,
son entonces, en realidad, los perdedores de esta hipermediatización. en treinta anos,
solo un numero muy pequeño de ellos supo resistir esta situación inédita. pocos
supieron aprovecharse, porque en la duración el público desenmascara bastante rápido a
los hombres políticos vueltos especialistas en la comunicación espectaculo. y no les
concede su confianza durante mucho tiempo.
2) la presión que ejercen los medios es considerable, pero los periodistas
ráramente reconocen esta inversión de la relación de fuerzas a su favor. ellos informarán
sin cesar de las "dificultades" de relación con las diez o veinte personalidades que están
en la cumbre del estado -y que llegan casi a manejar su relación con la comunicación-,
pero callan los casos mas frecuentes, en los que están, en cambio, en una posición
favorable respecto de los otros políticos. por otro lado, es preciso distinguir, entre los
periodistas, a la pequeña minoría que, mediante editoriales, redactores-jefes, contactos
regulares con encuestadores y gabinetes asesores, tiene un papel esencial en la
propagación de los rumores, de la gran mayoría de la corporación, más modesta, que no
tiene acceso al primer círculo y que só1o vive de los juicios rápidos y definitivos.
¡incluso los considerables fracasos -en francia, por ejemplo, las previsiones unánimes en
favor de e. balladur en contra de j. chirac, "el etemo perdedor"- no dejaron ningún
rastro! seis meses mas tarde todo esta olvidado y la élite mediática vuelve a comenzar la
misma ronda, frme en las mismas certezas. el poder del periodismo, que consiste en
pasar de un suceso a otro sin jamas detenerse, se vuelve aquí un defecto. y en esta

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relación de fuerzas con los políticos, los periodistas tienen la enorrne ventaja de no
enfrentar ninguna sanción. ciertamente existe la percepción crítica del público, pero
parece tan lejana…
todo esto debería ser el objeto de una sociología precisa. lo que sorprende, en el
contexto actual, es la manera en que, con algunas excepciones, los hombres políticos se
volvieron humildes. conscientes de su débil margen de maniobra y constantemente
"iluminados" por los medios, están consternidos a una mayor prudencia, mientras que, a
la inversa, el mundo de la comunicación está mucho más seguro de sí mismo. por
interposición, mejor dicho superposición, de los periódicos, la radio y la televisión, el
ciudadano no puede permanecer durante mucho tiempo ignorante de los rumores que
circulan en "los medios bien intencionados" de la comunicación. el resultdo es, en todo
caso, que los políticos son terriblemente dependientes de los comentarios de esta
nomenklatura periodística, que tiene sobre la opinión mucho menos influencia de lo que
ella cree, pero que, en cambio, tiene mucha influencia sobre los dirigentes políticos,
fatigados y ansiosos, y sobre el resto de lo que se denomina "elites". en definitiva, solo
una pane muy pequeña de la población vive en este momento bajo la presión de la
comunicación, pero como se trata del medio próximo al poder y siempre seguro de estar
"adelantado" respecto del resto del país, puede comprenderse el efecto de amplificación
de ese proceso. frente al hostigamiento mediático, los políticos son en realidad
impotentes, dado que están expuestos a la sanción de las elecciones, de las que el
mundo de la comunicación no conoce el rigor. esta ve, describe, analiza, pero no es
responsable. y como el "riesgo" de los periodistas se llama audimat y pérdida de
lectores, esto los empuja al contrario a "exagerar" el "hostigamiento".
resumiendo, es seguro que los periodistas, grandes beneficiarios del movimiento
actual, deberían aflojar la morsa sobre la clase política, porque los dos campos no tienen
las mismas armas. no se trata de reducir la función crítica indispensable de la prensa,
sino de admitir la diferencia radical de realidades. debe hacerse un aggiornamento,
como lo veremos en la cuarta parte, porque el papel de contrapoder de la prensa es
capital, a condición de que no se traspasen ciertos límites. a condición también de que la
prensa acepte ser criticada y no grite “atentado a la libertad de prensa”. cada vez que
alguien osa poner en tela de juicio algunos de sus comportamientos. por lo demás, la
autocrítica no es una práctica corriente en la prensa.
3) la influencia de las encuestas no es menos desestabilizante. ciertamente francia
es un caso original, porque es la primera productora y consumidora de encuestas, pero

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esta tendencia se encuentra en otros lados. el problema es simple. este instrumento
complementario de percepción de la realidad se volvió omnipresente y disminuyo en
cierta medida la importancia de los otros enfoques, sobre todo los cualitativos,
considerados "menos rigurosos". sobre todo su omnipresencia hace olvidar el límite
principal de la encuesta: no es jamás la expresión natural de la opinión pública, sino la
respuesta de esta en condiciones muy particulares a una pregunta planteada por quien
encargo la encuesta; por esta razón, la respuesta no se inscribe en primer lugar en una
lógica de la información pública.
dicho de otro modo, se considera que las encuestas son mediciones de opinión,
mientras que en realidad se trata de respuestas sesgadas a preguntas orientadas, en una
dirección que no es verdaderamente informativa. pero como las repiten y comentan los
periodistas, olvidamos su origen. la información de las encuestas debe siempre
completarse con otros elementos y ubicarse en relación con el encargo. pero esta
contextualización desaparece ni bien los resultados se hacen públicos. solo quedan
porcentajes. estas cifras sintéticas, repetidas sin cesar durante uno, dos o tres días por
los medios competidores, dan a una misma encuesta tanta repercusión como si se tratase
de una batería de encuestas. además, los medios son ellos mismos fuertes propulsores y
con frecuencia se agrupan para financiarlas. el resultado es un efecto amplificado de la
encuesta: como cada medio participo de su financiamiento quiere valorizarse, para lo
cual realiza una difusión muy amplia, lo que a su vez aumenta aun más el impacto de las
cifras.
a pesar de que el público se mantiene distante y crítico respecto de estos mensajes
-como lo es también respecto de la información en general -, las élites y los hombres
políticos son, en cambio, muy sensibles a ellos. son las élites las que más estan bajo la
influencia de las encuestas, aunque disponen de otros sistemas de información y fingen,
debido a una preocupación constante por distinguirse, no estar interesadas en ellas…
son las élites las que, a pesar de sus afirmaciones -y quizá debido a que están separadas
de la realidad-, ven en ellas, al contrario, un "buen espejo". las encuestas influencian a
las élites, las que a su vez ejercen su influencia sobre los políticos, los que, presionados
y fatigados, encuentran en ellas una "síntesis de la realidad".
no es este el lugar para una reflexión general sobre la difícil cuestión de 1as
relaciones entre la opinión pública, las encuestas, el funcionamiento del espacio público
y la comunicación política; no se trata tampoco de criticar la existencia de las encuestas,
que, por su caracter público contribuyen a una cierta apertura de la sociedad. el

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problema surge del desequilibrio actual nacido de su omnipresencia, que transmite una
representación muy particular de la realidad, ruidosamente transmitida por los medios, y
que acentúa esta presión cuyas consecuencias sobre los políticos es difícil determinar.
simplemente a fuerza de reaccionar a las encuestas, estas reproducen su lógica y
acentúan así el papel de este espejo muy particular de la realidad. el desequilibrio
creado por las encuestas es mucho mas claro debido a que el desmoronamiento de las
grandes opciones ideológicas, el debilitamiento de 1as instituciones intermediarias, el
fin de las diferencias entre el mundo rural, el mundo obrero y el mundo terciario, y la
lenta homogeneización de los modos de vida hacen desaparecer los otros puntos de
referencia. ayer, las diferentes estructuras sociales, culturales e ideológicas eran filtros a
traves de los cuales pasaban las cifras y las interpretaciones. hoy, con la disminución del
papel de estas otras infraestructuras, solo quedan, frente a frente, los políticos y "la
opinión". esta se vuelve un cuerpo inmenso y homogéneo, aun mas angustiante e
inasible, que le da todavía más prestigio a las encuestas. mas que nunca, estas parecen la
vía de acceso a esa "pitonisa misteriosa".
aunque útiles, las encuestas no miden más que el primero de los tres niveles de la
opinión pública, el ligado a la actualidad y a los sucesos. el segundo, ya mas profundo,
corresponde a las elecciones ideológicas y a las representaciones y no puede ser
aprehendido más que parcialmente por el rnodo de recolectar la información. el vínculo
entre estos niveles es complejo y siempre produce sorpresas no en las encuestas, sino en
el juego social concreto. finalmente, existe un tercer nivel, que es el de las
infraestructuras culturales, religiosas, sociales, del que no sabemos gran cosa, en
particular cómo se articula con los niveles precedentes. la fuerza y el límite de las
encuestas es dar forma al primer nivel de opinión, el que es "activado" por los sucesos y
las informaciones. tanto es así que, a pesar de las precauciones de los encuestadores,
todos confunden en la encuesta la fotografía con la previsión. la encuesta, que es sobre
todo un retrovisor o una instantánea, pero casi nunca un elemento prospectivo se evalúa
y analiza según esta última dimensión. es un medio de protegerse un poco de la
incertidumbre del futuro.
la omnipresencia de las encuestas acenúa entonces la cultura de lo instantáneo,
donde se suceden a un ritmo desenfrenado sucesos, encuestas, informaciones, como en
una especie de gigantesco juego de preguntas y respuestas. la consecuencia es una
reducción de toda distancia crítica. todo es inmediato y se crea esa ilusión de la
transparencia o, al menos, de racionalidad posible de la historia instantánea… una

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especie de "cultura amortiguadora", basada en sobreinformación, en encuestas, se crea
entre ellos mismos y el mundo. en lugar de proporcionarles brújulas suplementarias a
los políticos, los únicos enfrentados a la cuestión capital de la acción, esta medida del
tiempo, por medio de las encuestas, los desorienta un poco más y los lleva a un vuelo
visual limitado. un año parece una eternidad. desde este punto de vista, la influencia
conjunta de los medios y las encuestas es nefasta; amplifica el corto plazo y oscurece
además una perspectiva de mediano o largo plazo. pero la política, sobre todo cuando el
margen de maniobra es estrecho, tiene necesidad de perspectivas para movilizar a los
ciudadanos desengañados y lúcidos.
la paradoja es entonces que la información y las encuestas, que deberían
permitirles a los políticos aprehender mejor la realidad y a los ciudadanos relativizar el
discurso de los dirigentes, producen el resultado inverso, al enturbiar la visión y
provocar una sobreexposición en el corto plazo.

2. tres consecuencias del desequilibrio


1) a pesar de la hipermediatización de la realidad y de la omnipresencia toda
suerte de indicadores, las crisis sociales son siempre inesperadas y violentas. las "elites
mediáticas", que parecen saber todo acerca de todo cuando se las escucha, no tienen
mayores capacidades anticipatorias que elites tecnocráticas, ellas tambien seguras de sí
mismas… en realidad, el desenganche se opera entre las categorías dirigentes y la
sociedad. la tecnocratización de la percepción de la sociedad a traves de los medios, las
encuestas, los indicadores, los rumores plantea un problema temible para la democracia:
las elites y los políticos querrían ver la realidad, pero solo la enfrentan a traves de esa
malla de cifras, barómetros, estadisticas, hábitos mentales, visiones del mundo… , y
olvidan la existencia de otra realidad social. todo les parece tan coherente, completo y
racional que identifican los sensores con la realidad. en cuanto a los ciudadanos, sin
hacerse demasiadas ilusiones, de todas formas tienen necesidad de creer que los
dirigentes saben lo que quieren. nada peor por otra parte que este desenganche: lleva a
los movimientos sociales, a las huelgas y a los conflictos que finalmente le cuestan más
caro a la colectividad que un mínimo de dialogo social. porque el efecto perverso de
todos esos sistemas de información es hacer creer, equivocadamente, que se conoce bien
la realidad. la comumicación en todos lados funciona como un sistema de
autointoxicación en el seno de los medios dirigentes.
2) cuando la crisis social estalla, la logica del suceso ocupa demasiado lugar en

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una economía de la comunicación donde los efectos de la competencia son tan fuertes
como la 1ógica del suceso. todo esta desequilibrado y se juega en el instante. la mayor
parte de las veces nadie previó la crisis que, sin embargo, frecuentemente viene de lejos,
y en algunos días será necesario, en una especie de catarsis, que todo se ordene. los
medios y las encuestas se encuentran aun más "sobre el puente", amplificando la crisis
social por el simple efecto mecánico de su competencia y de su repetición al punto que,
al cabo de algunos días, una crisis social o política se asemeja a una situación
insurreccional. los medios plantean, entonces, no solo el problema de la "capacidad del
poder" para resolver la crisis; pronto la "autoridad” e incluso la “legitimidad” política
son puestos en tela de juicio. ¡como si se tratase de regímenes dictatoriales
desestabilizados por la presión popular, evidentemente democrática! y si la crisis
persiste, todos esperan la caída, sto es, la derrota, la huida a varennes… ¡la calle contra
las instituciones! en una situación de esta clase los medios acentúan el enloquecimiento
por la impaciencia, el dramatismo de las informaciones y los comentarios. en este juego
de subibaja, orquestado en última instancia por nadie, y que tiende a volver a caer luego
de algunos días cruciales, el papel de la comunicación, debido a la hipermediatización
de las tensiones, no es secundario. se tiene la impresión de que no hay más que crisis.
esta invade y desestabiliza todo. después de cada fase crítica, los medios concluyen que
los dirigentes se encuentran debilitados y desestabilizados, es decir, deslegitimados. ¡sin
que jamás se plantee la cuestión de saber si por su propia manera de actuar no
contribuyeron ellos mismos a la desestabilizacion que luego analizan doctamente! estos
observadores, que no tienen sin embargo la temible responsabilidad del poder, soplan
sobre las brasas al hacer hincapié en la fragilidad de nuestras democracias.
3) finalmente, y este es el tercer tiempo en una especie de aumento del poder del
papel de los medios, estos tienden, en una situación tensa, a hacer de mediadores para
"desbloquear" la crisis y "hacer progresar el diálogo”, argumentando que las cosas irían
más rápido si los protagonistas estuviesen mejor informados. de esta manera reducen las
crisis a un problema de "información", aunque la mayor parte del tiempo el problema no
está allí, sino en la gestión de una relación de fuerzas políticas donde la información no
es más que un elemento.
esta tendencia de los actores de la comunicación a querer, por medio de la vía
indirecta de la radio y sobre todo de la televisión, "hacer progresar” e1 debate en los
tiempos de crisis es cada vez más preocupante. se la vió incluso en el plano
internacional durante la crisis que precedió a la guerra del golfo, en enero y febrero de

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1991. en el transcurso del otoño europeo de 1990, luego de la invasión a kuwait en
agosto, los medios occidentales desplegados en arabia inauguraron una especie de
"medio diplomático", a través de la cnn. buscaban "aproximar" los puntos de vista,
como para “acelerar" la diplomacia. la idea muy fuerte en la época era que se necesitaba
remediar la “ausencia de comunicación” directa entre los actores. por la vía indirecta de
los medios, sin intermediarios, podría encontrarse una solución que evitase la guerra.
hubo incluso un intercambio de casetes entre bush y hussein. además de que esta
postura desdeña toda la experiencia en las relaciones internacionales y los proyectos
reales de los actores, transmite una idea ingenua. esta consiste en creer que si se
establece una comunicación directa entre los actores, se alcanzará una solución…
en una escala más reducida y con riesgos menores, es a lo que asistimos en las
democracias mediatizadas. como los estudios de radio y de televisión son los lugares de
enfrentamiento de los puntos de vista, ¿por qué no utilizarlos con este fin en tiempos de
crisis? el sueño de la mayor parte de los periodistas es entonces transformar los platos
en lugares de negociación. obligar a los actores a negociar en directo bajo el ojo de los
ciudadanos se vuelve el fantasma periodístico y una figura del ideal democrático. pero
esta desviación olvida que no existe vida social y política si no está mediatizada por
ritos, tiempos, códigos, instituciones, y que la lógica de la sociedad no es la de lo
directo. en realidad, en una soeiedad existen diversas escenas y no hay nada peor que
pretender reducirlas a una sola. existe un tiempo y una escena para cada situación social.
así como la comunicación fue indiscutiblemente un factor de apertura en relación
con las escenas tradicionales cerradas de comienzos de siglo, hoy el problema es otro y
no puede reducirse a esta idea simple y falsa según la cual cuanto más los medios
aseguran la transparencia, más contribuyen a la democratización. si en nuestros días los
actores no negocian más rápido o mejor no es porque no sepan "realmente" lo que los
otros quieren, sino porque se organiza aquí un juego de relaciones de fuerzas donde lo
importante no es la información sobre los respectivos proyectos, sino la capacidad de
influenciar por todos los medios (silencio, retirada, amenaza) la relación de fuerzas. la
historia, la política y la sociedad no existen en el mismo espacio-tiempo que la
información.
en situación de crisis el problema no es principalmente de comunicación, sino
político, y es en la escena política donde las cosas deben jugarse. existe en la
"diplomacia de los medios" y en la "negociación de los medios" una idea elemental,
pero errónea, según la cual las partes se comprenderían mejor si se hablasen

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directamente. aunque esto es verdad en numerosas situaciones humanas y sociales, lo es
mucho menos en el marco de los conflictos en el seno de las democracias, donde ya
reinan permanentemente la información y la comunicación, y donde los bloqueos
sociopolíticos no responden en primera instancia a una problemática de comunicación.
esto ocurre aun menos en el plano internacional, donde toda la experiencia de la
diplomacia desde la noche de la antiguedad consiste en manejar los tiempos, en
distinguir los momentos en los que los intermediarios son necesarios de aquellos en los
que las relaciones directas son posibles. la lógica del poder y de las relaciones de fuerza
es, en ciertas situaciones, superior a la de la comunicación. esto se vio muy bien durante
el otoño europeo de 1995, cuando, de buena fe y rápidamente, los medios quisieron
"organizar" los debates para "ver claro e informar al público". esto, en buena medida, no
tuvo el papel que se deseaba porque los diferentes actores se rehusaron a encontrarse
cara a cara, y hablar o negociar en público. los sindicatos estaban dispuestos a ello, pero
el gobierno lo estaba mucho menos. los actores económicos esperaban saber como
evolucionaría la situación. cuando, hacia el fin del conflicto, en diciembre de 1995, las
diferentes fuerzas presentes aceptaron los debates públicos, lo que se produjo fue una
violenta disputa, debido a que el número y la heterogeneidad de las posiciones presentes
creaban una verdadera disonancia. este resultado tuvo quizas el efecto negativo de
producirle al público la sensación de que "jamas llegarán a entenderse".
¿por qué insisto en estos resbalones? para mostrar el estrecho margen de maniobra
que existe en nuestras sociedades en las relaciones entre la comunicación y la política.

3. las puertas de salida


1) para los políticos, se trata en primer lugar de aflojar "la morsa del
acontecimiento" que pesa sobre ellos por la vía indirecta de los medios y de las
encuestas, y de revalorizar su papel, que no es manejar la comunicación política sino
actuar sobre la realidad. en descargo de los periodistas, de los que puede lamentarse que
ejercen demasiada presión sobre los políticos, es necesario recordar que son
frecuentemente los mismos políticos los que solicitan los medios y las encuestas, de los
que luego se quejan en privado… aflojar la morsa y tomar distancia significa
evidentemente rehusarse a rebotar de emisión en emisión para repetir sin cesar la misma
cosa, con un soso parloteo con el cual el público, que no dice nada pero que no por eso
piensa menos, no se engaña en absoluto. es también, para los actores, rehusarse a entrar
en la lógica perversa del comentario constante de las encuetas y tener a veces el coraje

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de poner en duda públicamente la problemática de ciertas encuestas, los temas, la
manera de plantearlos, las preguntas, sus ritmos... esta toma de distancia seria
seguramente bien recibida por un público que los experimenta de la misma manera y
que apreciaría en los hombres políticos ese rasgo de carácter. encontraría también en
ello la confirmación de que no hay forzosamente colusión entre el mundo de la política
y el de la comunicación…
después de todo, si los políticos sufren esta situación de hipercomunicación, solo
tienen que decirlo en público. no solamente en privado, como lo hacen todos. en tanto
no reaccionen públicamente, los medios y las encuestas están autorizados a pensar que
son favorables para ellos. para ser honesto, es necesario reconocer que esta
hipermediación constituye, incluso a los ojos de los actores políticos, un factor
determinante en la competencia que los opone unos a otros.
digo esto para evitar una visión errónea que oponga a los buenos y confiables
hombres políticos a los malvados e irresponsables periodistas. en realidad, se trata muy
frecuentemente de una pareja satánica, en la que cada uno le atribuye al otro la
responsabilidad de sus propias lagunas. los políticos deben también intentar encontrar
“las palabras” para explicar la dificultad de 1a acción política y subrayar su
especificidad en relación con otro tipo de acción humana. del lado del público, que en
general no es en absoluto favorable al hostigamiento mediático, ver a los hombres
políticos distinguirse de los periodistas y de las encuestas sería sin duda bien recibido y
constituiría un paso hacia la reconquista de su confianza. lo que molesta probablemente
al conjunto de los ciudadanos es menos la débil capacidad de acción de los políticos que
su dificultad para exhibir lo que los distingue de una 1ógica de la comunicación y la
opinión. muchos, por otro lado, no ven tanta diferencia entre los políticos y el mundo de
la comunicación…
2) revalorizar el par político- ciudadano. en un período favorable a los medios y a
las encuestas, la situación no cambiará porque se les exija a estos - ¿quién aceptaría
hacerlo?- que se autodisciplinen; ¿quién aceptaría hacerlo? mas bien, es favoreciendo el
acercamiento entre los políticos y los ciudadanos como las posibilidades de un
reequilibramiento entre la política y la comunicación podrán concretarse. si esto no
ocurre bien podrían producirse fenómenos de rechazo hacia la comunicación, medios y
encuestas incluidos, cuyas consecuencias serían catastróficas para la democracia de
masas. la revalorización del par político-ciudadano pasa por la revalorización del oficio
de político: es justamente mostrando su débil margen de maniobra que se contribuye a

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valorar esta función. m. crozier propuso una vez la fórmula del "estado humilde". se
debería hablar de "político humilde". siempre que el público vea la débil capacidad de
los politicos.
apostar a la inteligencia crítica del público sería entonces para los políticos un
buen modo de liberarse de la presión de la comunicación, y de volver a encontrar las
raíces de su compromiso. es principalmente la cuestión de la militancia lo que aquí se
plantea. hoy, los medios producen un cortocircuito entre los dirigentes y los militantes –
estos saben todo por los medios, tienen la sensación precisa de que todo se juega en la
cumbre, y que su acción no sirve para nada-. les corresponde a los dirigentes invertir ese
esquema y mostrar que en realidad su “vida en la cumbre” no vale sino porque existen
abajo, en otro sitio, millares de iniciativas. que los medios no hablen de ello, no hace
que esta vida militante local tenga menos importancia. les toca a los políticos mostrarles
a los medios que lo esencial de la vida política democrática no se juega solo en la
capital. es necesario quebrar esa impresión desastrosa según la cual el compromiso no
tiene más sentido, y que todo se negocia en otro lado. tanto es así que a la primera crisis
social, se percibe cómo el estado y la sociedad política quedan rápidamente trabados y
desamparados. los actores de los conflictos, soberbiamente ignorados ayer, son entonces
propulsados desde las bases al terciopelo de los salones dorados de los palacios de la
república para volverse "socios serios". revalorizar la política en relación a la
comunicación es, en primer lugar, por parte de los dirigentes políticos, darles la
sensación a los militantes y simpatizantes de que el sentido de la política no esta en los
palacios nacionales o internacionales.
3) ampliar el círculo de los que hablan. esto remite en primer lugar a la
responsabilidad de los medios. ¿qué se observa en la mayoría de los países? la tendencia
a ver siempre las mismas cincuenta, o incluso cien personalidades (políticos,
economistas, artistas, diplomáticos, académicos…) en los medios. ¡como si no hubiese
más que un centenar de personas a las que hacer hablar! ¿por qué los periodistas
recurren siempre a las mismas personalidades bien identificadas? ¿por qué no amplían
su agenda de direcciones? porque este juego de espejo los valoriza a su vez: interrogar a
alguien "conocido" lo eleva a usted tanto como a la persona interrogada. el resultado es
una evidente estelarización de este ambiente mediatizado, que se pone a su vez a
parlotear. a fuerza de hablar en los medios, se "habla como los medios", con frases
cortas, matizadas, equilibradas. agua tibia. para el público, una evidente saturación:
vemos siempre a los mismos y sabemos qué dirán. para el ambiente mediatizado, una

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confusión entre ser conocido, estar mediatizado y tener valor. el interés de la
comunicación, que es sorprender, esta aquí fuertemente atenuado; se instala un fluído
juego de roles con los indignados, los serios, los dulces, los malvados, los risueños, los
aburridos, los rebeldes… los periodistas deberían quebrar este círculo vicioso, pero no
recurriendo para ello, como se hace cada vez más, a "personas ordinarias" a quienes se
le da la palabra en emisiones más o menos escenificadas, en una perspectiva donde se
mezclan el voyeurismo y una especie de actitud de base dudosa. deberían, en cambio,
ampliar el círculo de la palabra, simplemente buscando un poco más lejos a individuos
capaces de intervenir. ¡existen! es suficiente querer encontrarlos: hoy todo el mundo
sabe hablar por la radio o la televisión, aun sin haberlo hecho jamas, porque cada uno al
escuchar y mirar desde su infancia sabe casi instintivamente hacerlo. esto no ocurría
hace veinte anos. ampliar el círculo, ampliar las palabras, las referencias, los
vocabularios, estimularía la curiosidad, provocaría sorpresas y confortaría a los
periodistas en su papel de "descubridores de talentos". a1 hacerlo, justifican su función
y producen también la sensación, en un público cada vez menos propenso a creer
cualquier cosa, están allí "para todo el mundo".
el problema de la política moderna es que pasó de ser un juego de dos a ser un
juego de tres. ayer se trataba sobre todo del cara a cara político-periodista. hoy, este cara
a cara se hace delante del público, que ve todo o casi todo, pero ni los políticos ni los
periodistas, a pesar de to que dicen, fueron capaces de extraer las consecuencias de esto.
la primera dificultad es paradójicamente para el público. acosado por informaciones
sobre el mundo, ve todo, sin poder hacer gran cosa. esto produce una frustración que
oscila entre el sentimiento de impotencia y el de revuelta. la segunda dificultad es para
los políticos. ellos todavía no advirtieron completamente cuánto cambió la mirada del
público sobre ellos. el cinismo y el doble lenguaje son admitidos cada vez menos,
principalmente debido al nivel cultural del público, que no cesa de aumentar, y de la
cultura crítica aportada por los medios. pero la tercera dificultad, que concierne a las
relaciones entre el público y los periodistas, no es menos real aun cuando sea menos
visible. estos se transforman en caballeros blancos de la verdad, pero el publico no se
engaña. simplemente no lo manifiesta. desde este punto de vista debe ponerse en
cuestión la colusión perjudicial para la democracia, entre ciertos periodistas y
magistrados. ni los magistrados ni los periodistas están por encima de las leyes. la
tentación de presentarse como los últimos escudos de la verdad y de la justicia, contra
hombres políticos necesariamente sospechosos -a semejanza por otra parte de los

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dirigentes de los grandes grupos industriales-, plantea temibles problemas. primero, la
desvalorización de aquellos que deben enfrentar la acción y la responsabilidad. segundo,
la sospecha de toda autoridad. finalmente, los deslizamientos progresivos hacia dos
ideas aparentemente seductoras, pero finalmente peligrosas: la prensa como cuarto
poder y el gobierno de los jueces.
las tres dificultades de la política moderna son entonces: una extensión de la esfera
política que esta acompañada por una mayor dificultad en la acción; una mayor
visibilidad de la política que lleva a una especie de alteración de la relación de fuerzas
en beneficio de los medios; y un público cada vez más aguerrido, pero desprovisto de
los medios de acción, es decir, de los medios para expresar su rencor. atención al
público cuando salga de esta espiral del silencio.

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