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HISTORIA

DE LA IGLESIA
HISPANOAMÉRICA
Y FILIPINAS
I
OBRA DIRIGIDA POR

PEDRO BORGES
BIBLIOTECA HISTORIA DE LA IGLESIA
DE EN HISPANOAMÉRICA
AUTORES CRISTIANOS Y FILIPINAS
Declarada de interés nacional
37
(SIGLOS XV-XIX)
ESTA COLECCIÓN SE PUBLICA BAJO LOS AUSPICIOS Y ALTA
DIRECCIÓN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
Volumen I: Aspectos generales
LA COMISIÓN DE DICHA PONTIFICA UNIVERSI-
DAD ENCARGADA DE LA INMEDIATA RELA-
CIÓN CON LA BAC ESTÁ INTEGRADA EN EL OBRA DIRIGIDA POR
ANO 1992 POR LOS SEÑORES SIGUIENTES:
PEDRO BORGES
PROFESOR DE HISTORIA DE AMERICA EN LA
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
PRESIDENTE:

Excmo. y Rvdmo. Sr. D. FERNANDO SEBASTIÁN AGUILAR, Arzobispo


coadjutor de Granada y Gran Canciller de la Universidad Pontificia.

VICEPRESIDENTE:

Excmo. Sr. D. JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ CARO, Rector Magnífico.

VOCALES: Dr. JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS, Vicerrector Académico y


Decano de la Facultad de Teología; Dr. JUAN LUIS ACEBAL LUJAN,
Decano de la Facultad de Derecho Canónico; Dr. LUCIANO PEREÑA
VICENTE, Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología; Dr.
ALFONSO PÉREZ DE LABORDA, Decano de la Facultad de Filosofía;
Dr. JOSÉ OROZ RETA, Decano de la Facultad de Filología Bíblica
Trilingüe; Dr. VICENTE FAUBELL ZAPATA, Decano de la Facultad de
Pedagogía; Dra. M.a FRANCISCA MARTÍN TABERNERO, Decana de la
Facultad de Psicología; Dra. M.a TERESA AUBACH Guíu, Decana de la
Facultad de Ciencias de la Información; Dr. MARCELIANO ARRANZ B I B L I O T E C A DE A U T O R E S C R I S T I A N O S
RODRIGO, Secretario General de la Universidad Pontificia. E S T U D I O T E O L Ó G I C O DE SAN I L D E F O N S O
DE T O L E D O
SECRETARIO: Director del Departamento de Publicaciones.* Q U I N T O C E N T E N A R I O (ESPAÑA)
MADRID • MCMXCII
MADRID • MCMXCII
Esta obra ha sido editada con la participación de la COMISIÓN
NACIONAL PARA EL QUINTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO D$
AMÉRICA. ÍNDICE GENERAL

Págs.

COLABORADORES DEL PRESENTE VOLUMEN xv


PRÓLOGO xvn

PARTE I

CUESTIONES GLOBALES

CAPÍTULO 1. La historia d e la I g l e s i a e n H i s p a n o a m é r i c a y Filipi-


nas, p o r Pedro Borges 5
I. Nociones 5
II. Historiografía de la Iglesia en Hispanoamérica 6
III. Sistematización d e la historia de la Iglesia en Hispanoamérica .. 11
Nota bibliográfica 15

CAPÍTULO 2. La I g l e s i a y e l d e s c u b r i m i e n t o d e América, p o r Luis


Arranz Márquez 19
I. La Iglesia y los descubrimientos antes de Colón 19
II. La religiosidad d e Colón y su proyecto descubridor 22
III. Colón y los eclesiásticos 29
Nota bibliográfica 32
CAPÍTULO 3. La d o n a c i ó n pontificia d e las Indias, por Antonio García
y García 33
I. Las bulas alejandrinas 33
II. Antecedentes medievales 35
III. Interpretaciones d e las bulas alejandrinas 38
Nota bibliográfica 44
CAPÍTULO 4. La Santa S e d e y la I g l e s i a americana, por Pedro Borges 47
I. Marginación directiva de la Santa Sede 47
II. El problema del representante pontificio en Indias 55
Nota bibliográfica 60

CAPÍTULO 5. El Patronato y e l Vicariato R e g i o e n Indias, por Alberto


de la Hera 63
I. Antecedentes del Patronato indiano 63
II. Génesis del Patronato indiano 67
III. Del Patronato al Vicariato indiano 74
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1992,
Quinto CentenariojEspaña), Madrid 1992, Nota bibliográfica 78
y Estudio Teológico de San Ildefonso de Toledo, Toledo 1992.
Depósito legal: M. 44.375-1991. CAPITULO 6. El r e g a l i s m o i n d i a n o , por Alberto de la Hera 81
ISBN: 84-7914-053-4. Obra completa. I. Patronato-Vicariato-Regalías 82
ISBN: 84-7914-054-2. Tomo I.
Impreso en España. Printed in Spain.
índice general índice general IX
VIII
Págs.
Págs.

II. El regalismo 85 CAPÍTULO 12. Las O r d e n e s r e l i g i o s a s , por Pedro Borges 209


III. El regalismo en Indias 88
IV. Conclusión 95 I. Observaciones generales 209
Nota bibliográfica 96 II. Las Ordenes misioneras 212
III. Las Ordenes n o misioneras 226
IV. Las Ordenes y Congregaciones femeninas 230
CAPÍTULO 7. La e c o n o m í a d e la I g l e s i a americana, por Ronald Escobe- V. La vida religiosa n o institucionalizada 233
do Mansilla 99 Nota bibliográfica 234
I. Los diezmos 99
II. El sínodo parroquial y los estipendios 113 CAPÍTULO 13. La e x p u l s i ó n d e la C o m p a ñ í a de J e s ú s , por Magnus
III. Los ingresos de las Ordenes religiosas 114 Mórner 245
IV. La financiación de las misiones I. El decreto de expulsión 245
118 II. Ejecución del decreto 252
V. Los subsidios eclesiásticos 124 III. Reacciones ante la expulsión 254
VI. La consolidación de los vales reales 124 IV. Consecuencias de la expulsión 255
VII. Mesadas, medias anatas y anualidades eclesiásticas 129 V. Las «Temporalidades» 256
VIII. La Bula de la Santa Cruzada 130 Nota bibliográfica 258
Nota bibliográfica 133
CAPÍTULO 14. El c l e r o i n d í g e n a , p o r Juan B. Olaechea Labayen 261
PARTE II I. Primeras experiencias en las Antillas 261
II. Primeras experiencias en el continente 263
III. El largo proceso de consolidación 268
LA IGLESIA DIOCESANA IV. El clero mestizo 275
V. Episcopologio indígena 277
Nota bibliográfica 279
CAPÍTULO 8. Organización territorial d e la I g l e s i a , por Antonio Gar-
CAPÍTULO 15. La c r i o l l i z a c i ó n d e l c l e r o , p o r Bernard Lavallé 281
cía y García l^y
I. Archidiócesis o sedes metropolitanas 139 I. Los orígenes del criollismo 281
II. Las Ordenes religiosas y el problema criollo 285
II. Diócesis 14Ü
III. Otros factores de la lucha 292
III. Parroquias de españoles j^c
IV. Criollismo eclesiástico e ideología 295
IV. Doctrinas o parroquias de indios 1*^
Nota bibliográfica 296
Nota bibliográfica *5¿
CAPÍTULO 16. La Inquisición, por Elisa Luque Alcaide 299
CAPÍTULO 9. El e p i s c o p a d o , por Francisco Martín Hernández 155
I. Orígenes y tipos de la Inquisición en América 301
I. Implantación del episcopado en América 155 II. La Inquisición episcopal y monástica 302
II. Estructura episcopal 157 III. El Tribunal del Santo Oficio 305
III. Múltiple actuación de los obispos J^l IV. El Provisorato p a r a indios 315
IV. Radiografía de u n episcopado lj>5 Nota bibliográfica 317
V. Los obispos ante la emancipación americana 1°°
Nota bibliográfica 1'^ CAPÍTULO 17. La I g l e s i a y l o s n e g r o s , por Ildefonso Gutiérrez Azopardo 321
I. La Iglesia y la trata negrera 322
CAPÍTULO 10. Las asambleas jerárquicas, por Antonio García y García 175 II. Legislación religiosa sobre los negros 326
I. Juntas eclesiásticas | JJj III. La evangelización 327
II. Sínodos diocesanos j°¡? IV. Actuaciones especiales con los negros 331
III. Concilios provinciales 1|5 V. Los negros y la Iglesia 334
Nota bibliográfica *8 VI. La otra cara de la moneda 335
Nota bibliográfica 337
l 9 3
CAPÍTULO 1 1 . El c l e r o d i o c e s a n o , p o r Federico R. Aznar Gil
CAPÍTULO 18. P a n o r a m a d e la I g l e s i a d i o c e s a n a , por Eduardo Cár-
I. La constitución del clero secular |~!q denas 339
II. El modelo'del clérigo diocesano 19-;
III. Los curas de indios 20á I. El marco socio-religioso americano 339
IV. Conclusión 207 II. Luces y sombras de la cristiandad americana 346
Nota bibliográfica 208 Nota bibliográfica 358
índice general XI
X índice general
Págs.
Págs.
PARTE III
CAPÍTULO 19. Las prácticas piadosas. Los sacramentos, por Eduardo
Cárdenas 361 LA IGLESIA MISIONAL
I. La semana del cristiano y los días de fiesta 361
II. Las devociones populares 364
III. Los sacramentos 371 CAPÍTULO22. Estructura y características de la evangelización, por
IV. El año litúrgico 373 Pedro Borges 423
V. La muerte cristiana 377
Nota bibliográfica 380 I. La Corona, eje de la evangelización 423
II. Organización misional 429
III. Características generales de la evangelización 432
CAPÍTULO 20. Hagiografía hispanoamericana, por Lorenzo Galmés .. 383 Nota bibliográfica 435
Protomártires indígenas de América (1498) 383 CAPÍTULO 23. Los artífices de la evangelización, por Pedro Borges ... 437
Beatos indígenas mexicanos (1527, 1529 y 1539) 385
Venerable Luis Cáncer (f 1549) 385 I. Las Ordenes misioneras 437
San Luis Bertrán (1542-1569) 386 II. Los obispos y el clero diocesano 449
Venerable Gregorio López (1542-1596) 387 III. Los españoles y criollos seglares 450
Mártires mexicanos en Japón (1597, 1627 y 1632) 388 IV. Los colaboradores indígenas 451
Beato Sebastián de Aparicio (1502-1600) 388 Nota bibliográfica 453
Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606) 389 CAPÍTULO 24. Dificultades y facilidades para la evangelización, por
San Francisco Solano (1549-1610) 390
Santa Rosa de Lima (1586-1617) 390 Pedro Borges 457
Venerable Vicente Bernedo (1562-1619) 391 I. Factores adversos 457
Mártires jesuítas del Paraguay (1628) 392 II. Factores favorables 462
San Martín de Porres (1579-1639) 393 III. Factores mixtos 463
San Juan Macías (1585-1645) 394 IV. Apreciación de conjunto 468
Santa Mariana de Jesús (1618-1645) 395 Nota bibliográfica 469
Venerable Francisco de Pamplona (1597-1651) 395 CAPÍTULO 25. La expansión misional, por Pedro Borges 471
San Pedro Claver (1580-1654) 397
Venerable Pedro de Bethencourt (1626-1667) 397 I. Sistemas de despliegue misional 471
Beata Ana de los Angeles Monteagudo (1602-1686) 398 II. Curso crono-geográfico de la expansión 474
Venerable José de Carabantes (1628-1694) 399 Nota bibliográfica 494
Venerable Antonio Margil de Jesús (1657-1726) 400 CAPÍTULO 26. La metodología misional americana, por Pedro Borges 495
Beato Junípero Serra (1713-1784) 400
Nota bibliográfica 401 I. Elaboración de la metodología misional 495
II. Principios metodológicos básicos 503
CAPÍTULO 21. Pensadores eclesiásticos americanos, por Isaac Nota bibliográfica 506
Vázquez 405 CAPÍTULO 27. Sistemas y lengua de la predicación, por Pedro Borges 509
Bartolomé de las Casas (1484-1566) 405 I. Sistemas de predicación 509
Juan Focher (f 1572) 407 II. El problema de la lengua 514
Diego Valadés (n. 1533) 409 Nota bibliográfica 519
Alonso de Veracruz (1507-1584) 409
Luis López (t 1596) 410 CAPÍTULO 28. Primero hombres, luego cristianos: la transcultura-
José de Acosta (1540-1600) 410 ción, por Pedro Borges 521
Miguel Agía (f d. de 1604) 412 I. El principio de la dignificación del indígena 521
Jerónimo Moreno (mediados del siglo xvn) 414 II. El esfuerzo misionero de dignificación 526
Juan Rodríguez de León (mediados del siglo xvn) 414 III. Apreciaciones sobre la promoción 533
Alonso de Sandoval (1576-1651) 414 Nota bibliográfica 534
Juan de Alloza (1598-1666) 415
Pedro de Alva y Astorga (1601-1667) 415 CAPÍTULO29. El sistema de reducciones, por Jaime González Rodríguez 535
Juan de Almoguera (f 1676) 416 I. Orígenes y-evolución del sistema 535
Alonso deja Peña Montenegro (f 1687) 416 II. Doble proceso de reducción 540
Diego de Avendaño (1594-1688) 417 III. El pensamiento misionero sobre el sistema de reducciones 544
Andrés Miguel Pérez de Velasco (siglo xvm) 418 Nota bibliográfica 547
Pedro José Parras (1728-1784) 418
Nota bibliográfica 419
índice general XIII
XII índice general
Págs.
Págs.
II. Intervención: Etica de la conquista 638
CAPÍTULO 30. M é t o d o s d e catequización, por Josep-Ignasi Sarányana 549 III. Resultados: Pastoral de los derechos humanos 642
IV. Conclusión: Trascendencia histórica 646
I. Las primeras experiencias pastorales americanas 550 Nota bibliográfica 647
II. Las juntas eclesiásticas de México 551
III. La «Instrucción» de Jerónimo de Loaysa 554 CAPÍTULO 35. La I g l e s i a a m e r i c a n a y l o s p r o b l e m a s d e l i n d i o , por
IV. Los manuales para misioneros 557 Pedro Borges 649
V. Las síntesis misionológicas del III límense y del III mexicano ... 561 I. Observaciones sobre la actuación de los eclesiásticos 649
VI. Rasgos generales de la posterior catequesis americana 563 II. La Iglesia ante los problemas antillanos 651
Nota bibliográfica 569 III. La Iglesia ante las conquistas 655
CAPÍTULO 3 1 . M é t o d o s d e p e r s u a s i ó n , por Pedro Bprges 573 IV. La Iglesia ante los problemas laborales 659
V. La Iglesia ante el problema d e la racionalidad del indio 662
I. La captación de la benevolencia 573 VI. La Iglesia ante la esclavitud 665
II. Presentación atractiva del cristianismo 574 VII. La Iglesia y la imposición tributaria 667
III. La erradicación del paganismo 575 Nota bibliográfica 667
IV. La «extirpación de la idolatría» 578
V. La demostración directa del cristianismo 586 CAPÍTULO 36. La I g l e s i a y l a s culturas p r e h i s p á n i c a s , por Pedro
VI. Métodos de autoridad 587 Borges 671
VII. Métodos verticales 589 I. Supresión de las culturas indígenas 671
VIII. Métodos capilares o de contacto 589 II. Conservación y transmisión de las culturas indígenas 676
IX. Métodos de educación 590 Nota bibliográfica 682
Nota bibliográfica 591
CAPÍTULO 37. Los e c l e s i á s t i c o s y e l g o b i e r n o d e l a s I n d i a s , por
CAPÍTULO 32. La nueva cristiandad indiana, p o r Pedro Borges 593 Ismael Sánchez Bella 685
I. La respuesta cristiana del indio 593
I. Colaboración en las tareas públicas 685
II. El cultivo pastoral de los neoconversos 599 II. Eclesiásticos en cargos públicos 691
III. La vivencia indígena del cristianismo 604 III. Conclusión 695
Nota bibliográfica 611 Nota bibliográfica 695
CAPÍTULO 3 3 . G r a n d e s e v a n g e l i z a d o r e s a m e r i c a n o s , por Lorenzo CAPÍTULO 38. La I g l e s i a y la e n s e ñ a n z a s u p e r i o r , por Jaime González
615
Galmés Rodríguez 699
6
Ramón Pane (1493) }5¡ I. Las fuentes 699
Pedro de Córdoba y su Comunidad (1510-1521) 616 II. Centros superiores n o universitarios 700
Los doce apóstoles franciscanos de México (1524) 617 III. Las Universidades 706
J u a n de Zumárraga (1458-1548) 61S Nota bibliográfica 711
Domingo de Betanzos (1480-1549) 6iy
Gregorio de Beteta (f 1562) 6¿U CAPÍTULO 39. La I g l e s i a y la e n s e ñ a n z a e l e m e n t a l y secundaria, p o r
Pedro de Gante (t 1572) °*A Jaime González Rodríguez 715
Vasco de Quiroga (t 1578) %i I. Observaciones generales 715
Agustín de la Coruña (1508-1589) °£2 II. La enseñanza elemental para hijos de caciques 717
Gonzalo de Tapia (1561-1594) °/« III. La enseñanza elemental para la mujer 719
Diego de Porres (siglo xvi) ^.j.. IV. La enseñanza elemental para niños 722
Diego de Torres Bollo (1551-1638) °~g V. La Iglesia y la enseñanza secundaria 725
Antonio Llinás de Jesús María (1635-1693) „7 Nota bibliográfica 727
Eusebio Francisco Kino (1645-1711) fi9¿
Francisco Palou (1723-1790) °29 CAPÍTULO 40. Los e c l e s i á t i c o s y las c i e n c i a s profanas, por José Luis
Nota bibliográfica Abellán 73 j
I. Derecho internacional 73^
II. La guerra: una ruptura del orden internacional '.'.'.'.'.'.'.'.'.'. 734
PARTE IV III. La economía política 735
IV. Antropología cultural , 737
LA IRRADIACIÓN DE LA IGLESIA V. Una hazaña botánica: la de Mutis 739
VI. El americanismo de los jesuítas expulsos '.'.'.'.'.'.'.'.'.'.'. 741
CAPITULO 34. La a n e x i ó n d e A m é r i c a a l a luz d e la t e o l o g í a , por 6 3 3 VIL Conclusión ' ~¿4
Luciano Pereña Nota bibliográfica y. .
635
I. Protagonistas: Escuela de teólogos
xiv índice general
Págs.

CAPÍTULO 4 1 . Literatos e c l e s i á s t i c o s h i s p a n o a m e r i c a n o s , por Juana


Martínez Gómez 747 COLABORADORES DEL PRESENTE VOLUMEN
I. Crónicas en verso 747
II. El teatro 747
III. La poesía 751
IV. La prosa 755 ABELLÁN, JOSÉ LUIS, Doctor en Filosofía, Universidad Complutense, Madrid.
V. Sor J u a n a Inés d e la Cruz 758
AKRANZ MÁRQUEZ, LUIS, Doctor en Historia de América, Escuela Universitaria
Nota bibliográfica 760 Pablo Montesino, Madrid.
CAPÍTULO 42. La I g l e s i a y l a b e n e f i c e n c i a , p o r Josefina Muriel 761 AZNAR GIL, FEDERICO R., Doctor en Derecho Canónico, Universidad Pontificia,
I. Centros benéficos en las Antillas 762 Salamanca.
II. Centros benéficos e n Nueva España 763 BORGES, PEDRO, Doctor e n Historia d e América, Universidad Complutense, Ma-
III. Centros benéficos en Guatemala 772 drid.
IV. Centros benéficos en América del Sur 772 CÁRDENAS, EDUARDO, jesuíta, Doctor en Historia Eclesiástica, Universidad Grego-
Nota bibliográfica 778 riana (Roma) y Universidad Javeriana (Bogotá).
CAPÍTULO 4 3 . La I g l e s i a y l o s d e s c u b r i m i e n t o s g e o g r á f i c o s , p o r CUESTA, MARIANO, Doctor en Historia de América, Universidad Complutense,
Mariano Cuesta 781 Madrid.
I. Primer período: 1492-1550 782 ESCOBEDO MANSILLA, RONALD, Doctor e n Filosofía y Letras, Universidad del País
II. Segundo período: 1550-1824 784 Vasco, Vitoria.
Nota bibliográfica 796 GALMÉS, LORENZO, dominico, Doctor en Teología, Centro Teológico de los Pa-
dres Dominicos, Barcelona.
CAPITULO 44. La I g l e s i a y l a Ilustración, p o r Jaime González Rodríguez. 799 GARCÍA Y GARCÍA, ANTONIO, franciscano, Doctor en Derecho Canónico, Universi-
I. El clero y el regalismo 800 dad Pontificia, Salamanca.
II. El clero y las instituciones culturales 801 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, JAIME, Doctor en Historia d e América, Universidad Com-
III. El clero y la enseñanza elemental y media 802 plutense, Madrid.
IV. El clero y la enseñanza superior 804
GUTIÉRREZ AZOPARDO, ILDEFONSO, Doctor en Antropología Americana, Universi-
Nota bibliográfica 811 dad de los Andes, Bogotá.
CAPÍTULO 4 5 . La I g l e s i a y l a i n d e p e n d e n c i a h i s p a n o a m e r i c a n a , p o r HERA, ALBERTO DE LA, Doctor en Derecho, Universidad Complutense, Madrid.
John Lynch • 815 LAVALLE, BERNARD, Doctor en Historia, Universidad de Burdeos-III.
I. La crisis d e la Iglesia colonial 815 LUQUE ALCAIDE, ELISA, Doctora e n Historia de América, Universidad de Navarra,
II. Las raíces ideológicas de la independencia 818 Pamplona.
III. Respuesta de la Iglesia a la independencia 822 LYNCH, JOHN, Doctor en Historia, Institute of Latín American Studies, Londres.
IV. Los libertadores y la Iglesia 828
MARTÍN BERRIO, RAÜL, Doctor en Historia d e América, Universidad Compluten-
V. La Iglesia poscolonial 830
Nota bibliográfica 832 se, Madrid.
MARTÍN HERNÁNDEZ, FRANCISCO, Doctor en Historia Eclesiástica, Universidad
CAPÍTULO 46. Arte r e l i g i o s o h i s p a n o a m e r i c a n o , p o r Raúl Martín Be- Pontificia, Salamanca.
rrio 835 MARTÍNEZ GÓMEZ, JUANA, Doctora en Filología Hispánica, Universidad Complu-
1/ La arquitectura 835 tense, Madrid.
II. La escultura 849 MÓRNER, MAGNUS, Doctor en Historia, Universidad de Góteborg (Suecia).
III. La pintura 853 MURIEL, JOSEFINA, Doctora en Historia, Instituto de Investigaciones Históricas,
Nota bibliográfica 854 México.
OLAECHEA LABAYEN, JUAN BAUTISTA, Doctor en Filosofía y Letras, C u e r p o Facul-
tativo de Archiveros y Bibliotecarios, Madrid.
PEREÑA, LUCIANO, Doctor en Filosofía y Letras, Consejo Superior de Investiga-
ciones Científicas (Madrid) y Universidad Pontificia de Salamanca (Ma-
drid).
SÁNCHEZ BELLA, ISMAEL, Doctor en Derecho, Universidad de Navarra, Pamplona.
SARANYANA, JOSEP-IGNASI, presbítero, Doctor en Teología, Universidad de Nava-
rra, Pamplona.
VÁZQUEZ, ISAAC, franciscano, Doctor en Historia Eclesiástica, Pontificio Ateneo
Antoniano, Roma.
PROLOGO

La presente Historia de la Iglesia aspira a plantear de una manera


imparcial y clara los diversos y complejos aspectos que presenta esta
institución en Hispanoamérica y Filipinas desde su descubrimiento hasta
su independencia.
En este primer volumen se abordan los aspectos generales o que se
refieren a la Iglesia hispanoamericana y filipina en su conjunto. En el
segundo se expondrán los aspectos territoriales, es decir, el curso de esa
misma Iglesia en las diversas regiones que se estudiarán.
Renunciando a una exhaustividad imposible, en ambos se ha procu- •
rodo conjugar la concisión con una moderada amplitud en la exposición
de los temas, a la que sigue una Nota Bibliográfica para que el interesa-
do pueda profundizar en ellos.
El tratamiento de cada tema se ha encomendado a un historiador
plenamente acreditado en la materia que aborda como, en muchas ocasio-
nes, lo evidencia la bibliografía de cada capítulo. En la selección de los
autores se ha seguido el criterio de su especialización, no el de sus ideas
ni el de su condición personal. Por ello, en la lista figuran españoles e
hispanoamericanos junto con franceses, ingleses y suecos. De ellos, unos
son religiosos o sacerdotes diocesanos; otros, seglares católicos; unos
terceros, seglares, desde el punto de vista religioso indiferentes, y algu-
nos, agnósticos.
La diversidad de autores ha originado repeticiones y hasta divergen-
cias de posturas en el enjuiciamiento de algunos hechos. Las primeras se
han mantenido para dejar debidamente enmarcada la exposición del
autor. Las segundas se han respetado porque la uniformidad de pensa-
miento se ha considerado menos importante que el incondicional respeto
al Ubre criterio de cada cual.
La obra no es la historia de la Iglesia de España en América. Es la
exposición del proceso religioso, humano y cultural compartido durante
una determinada y característica época por una comunidad de pueblos
unidos por la sangre, la historia, la cultura, la lengua, la religión y el
destino, pero actualmente demasiado disgregados aún en espíritu, en
unas ocasiones, por la subsistencia de prejuicios y, en las más, por el
desconocimiento o la incomprensión de nuestra común historia.
xvill Prólogo

Quede aquí constancia de la gratitud a todos los autores por su HISTORIA DE LA IGLESIA
generosa y valiosa colaboración, motivada principalmente por su deseo EN HISPANOAMÉRICA Y FILIPINAS
de aportar luz a un proceso histórico en el que todavía queda mucho que
profundizar. I
Madrid, 12 de octubre de 1991.

LA DIRECCIÓN
PARTE I

CUESTIONES GLOBALES
CAPÍTULO 1

LA HISTORIA DE LA IGLESIA EN HISPANOAMÉRICA


YFILIPINAS
Por PEDRO BORGES

Antes de exponer la historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas


conviene aquilatar el sentido de los términos utilizados, proporcionar una
visión de cómo se ha venido abordando esta historia o, lo que es lo mismo,
analizar brevemente la historiografía eclesiástica americana, y razonar los
criterios o enfoque adoptados en la presente obra.

I. NOCIONES

A) Historia de la Iglesia

Por Historia de la Iglesia se entiende, en la presente obra, la narración de


la actividad humana o temporal de esta institución, a sabiendas de que para
el creyente esta actividad no es más que una parte de otro aspecto sobrena-
tural que el historiador no puede captar como tal y que lo da o no por
supuesto, según que comparta o no la fe del creyente.
Puesto que se trata de hacer historia, el propósito es narrar los hechos
acontecidos, situarlos en el lugar y momento en que ocurrieron y tratar de
explicarlos históricamente.
El hecho de que esta historia sea la de una actividad humana quiere
decir que su objetivo no es elaborar una historia del pueblo de Dios ni de la
salvación, porque esto entraña una connotación sobrenatural. Tampoco
consiste en trazar una teología de la historia, porque esto no le incumbe al
historiador, sino al teólogo. Excluye, además, todo intento de hacer lo que
hoy se denomina una historia comprometida, porque no se trata de defen-
der ni de atacar nada, sino sólo de exponer lo ocurrido y tal como ocurrió.
Desde el momento en que esta historia se enfoca bajo un prisma global,
se tomará a la Iglesia con sentido de totalidad. Esto exige un esfuerzo de
equilibrio que no deforme la visión insistiendo en unos aspectos más que en
otros, como suele acontecer cuando, por ejemplo, se considera a la Iglesia
bajo la óptica predominante de su cometido liberador.
6 P.I. Cuestiones globales C.l. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y rmyn

B) Hispanoamérica La mayor parte de ellos permanecen todavía inéditos, pero desde fina-
les del siglo XIX se vienen editando valiosísimas colecciones de los mismos,
Bajo el término de Hispanoamérica se engloban todos los territorios en siguiendo normalmente u n criterio territorial.
los que desarrolló su actividad España desde 1492 hasta 1824, fecha esta Dentro de su variadísima gama, estos documentos se pueden estructu-
última que se adopta, a pesar de su inexactitud, como el punto final del rar en cinco tipos fundamentales:
proceso de independencia o emancipación de las actuales naciones hispano- 1. Documentos pontificios, que suelen referirse al nombramiento de
americanas. Se trata, por lo mismo, de un concepto geográfico distinto de lo obispos, erección de diócesis, concesión de privilegios y promulgación de
que inadecuadamente se suele denominar América latina o Latinoamérica, indulgencias. Están constituidos por las bulas, breves y demás documentos
pues excluye a Brasil pero incluye también a California, todo el sur de los de la Santa Sede expedidos para el Nuevo Mundo o relacionados con él.
Estados Unidos y el sureste de esta misma nación.
2. Documentos legislativos, bien fueran de la Corona española o de las
C) Filipinas autoridades eclesiásticas, tanto americanas como españolas, los cuales tocan
todos los aspectos de la Iglesia americana. Suelen corresponder a la informa-
Es sabido que durante los siglos XVI a x v m y gran parte del xix la
ción recibida del lugar de los hechos a los que se refieren, razón por la cual
historia de Filipinas, incluida la eclesiástica, es inseparable de la de Hispano-
constituyen un reflejo de lo que sucedía en América y un indicador de cómo
américa, razón por la cual se ha optado por darle cabida también en la
se tenía que proceder en adelante.
presente obra.
De esta índole son las numerosísimas reales cédulas, reales órdenes o
Por tratarse de un aspecto territorial de la Iglesia, su estudio se inserta-
pragmáticas de la Corona referentes a asuntos eclesiásticos; las disposiciones
rá al final del segundo volumen, precedido del correspondiente análisis de la
de los obispos y de los superiores de las Ordenes religiosas; las normas de los
historiografía eclesiástica del archipiélago.
concilios provinciales, de los sínodos diocesanos y de los capítulos o congre-
Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que en Filipinas rigieron los
gaciones de los religiosos.
mismos principios generales que en Hispanoamérica (por ejemplo, el Real
Patronato, el Vicariato Regio, el sistema de elección de los obispos, los 3. Documentos informativos, consistentes en cartas, memoriales, infor-
criterios de división de las diócesis, la transformación de las misiones en mes, atestados, relaciones de las visitas pastorales y las descripciones de una
doctrinas, etc.), por lo cual no se volverá a insistir en ellos al tratar de esas situación o de un hecho concreto. Normalmente se elaboraban para conoci-
islas. miento de las autoridades, sobre todo de la Corona, y sus autores actuaban
unas veces oficialmente, mientras que otras lo hacían a título particular.
Ahora bien, como de hecho tampoco se puede confundir con ella,
respecto de este archipiélago se ha adoptado u n criterio de exposición de la Este tipo de documentos suman muchos millares, describen toda clase
historia que le es propio. de acontecimientos, suelen descender incluso hasta lo personal y lo más
corriente es que el autor exponga al destinatario su propia opinión sobre lo
que estaba sucediendo o lo que convendría proveer. Por ello, constituyen
II. HISTORIOGRAFÍA DE LA IGLESIA EN HISPANOAMÉRICA
una fuente de información de primerísima mano y de una riqueza práctica-
Tomando el término de historiografía en su sentido más amplio, la mente inagotable.
narración de la actividad humana de la Iglesia en Hispanoamérica arranca 4. Documentos polémicos, destinados a mantener o ratificar una deter-
prácticamente desde el propio descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. minada postura o a socavar la contraria.
Puede decirse, incluso, que este punto de partida aún hay que adelantarlo Pueden revestir una forma cualquiera de las indicadas al hablar de los
más, puesto que los eclesiásticos intervinieron también en la gestión del documentos informativos, pero se distinguen de ellos en que ofrecen el
proyecto colombino y ya entonces se escribió sobre ello. peligro de la falta de objetividad. Su número es también muy elevado,
Lo escrito desde ese momento sobre la historia de la Iglesia en Hispano- debido a las numerosas controversias mantenidas en América, y se refieren,
américa puede clasificarse en cuatro grandes apartados: fuentes documenta- sobre todo, a los problemas relacionados con las conquistas armadas, las
les, fuentes narrativas, estudios monográficos e historias globales, lo que en encomiendas, la esclavitud de los indios, las diversas formas de predicar el
buena parte tiene aplicación también a Filipinas. Evangelio, las disputas mantenidas por los obispos y los religiosos a propósi-
to de los privilegios de estos últimos o de la entrega de las parroquias de
A) Fuentes documentales indios al clero diocesano, a las divergencias entre las autoridades civiles y las
Las fuentes documentales están constituidas por los documentos de eclesiásticas, a las disensiones surgidas dentro de las Ordenes religiosas y a
toda índole relacionados con la actividad de la Iglesia y que consisten en las diferencias entre los miembros de una misma Orden, sobre todo con
escritos unitarios con uno o varios destinatarios concretos, generalmente motivo de la cuestión de la alternativa o alternancia de los cargos entre
breves, y que, salvo excepciones, n o estaban llamados a difundirse por peninsulares y criollos.
medio de la imprenta. 5. Documentos propagandísticos, elaborados para resaltar los méritos
8 P.I. Cuestiones globales C.l. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas 9
propios o los de la Orden a la que pertenece el autor, o bien con el fin de
5. Junto con esta sincera búsqueda de la verdad, al menos parcial, los
edificar a los lectores o de suscitar vocaciones misioneras. Las célebres
autores sienten una tentación irresistible hacia lo maravilloso, lo que les
Cartas Anuas de la Compañía de Jesús perseguían las dos últimas finalidades,
conduce a insistir en el carácter mesiánico, providencialista y hasta milagro-
mientras que las circulares que en el siglo XVIII distribuían por los conventos
so de los acontecimientos, hasta la primera mitad del siglo XVII. Desde esta
de España los reclutadores de voluntarios para las misiones representan
época en adelante, dicha tendencia cede el paso a la simple insistencia en lo
sendos ejemplos de la última.
extraordinario, pero ahora ya con más precauciones y menor insistencia en
El inconveniente de estos documentos no consiste en que falseen la
lo sobrenatural. El cambio obedeció al decreto promulgado por el papa
verdad para conseguir su objetivo, cosa que no hacen, sino en que insisten
Urbano VIII en 1625, y ratificado en 1634, por el que prohibió la impresión
o recogen casi exclusivamente lo que conviene para su objetivo, omitiendo
de obras que hablaran de milagros, revelaciones y dotes de santidad sin la
todo lo demás.
previa aprobación de la autoridad eclesiástica o de la Sagrada Congregación
B) Fuentes narrativas de Ritos.
6. Característica de toda esta producción histórica es también la insis-
Bajo esta denominación se incluyen las narraciones o exposiciones de la tencia en las grandes dificultades que la propia Orden o el personaje biogra-
actividad de la Iglesia en Hispanoamérica elaboradas con fines de difusión fiado tenían que vencer en la realización de su labor. Las dificultades fueron
por medio de la imprenta, aunque diversas circunstancias terminaran mu- reales, pero lo que sorprende es el deseo de hacerlas resaltar y la frecuente
chas veces por impedir la consecución de este objetivo. omisión, sobre todo desde el siglo XVII en adelante, de las también ciertas
Estas fuentes narrativas están constituidas fundamentalmente por las facilidades de que gozaban los protagonistas.
Historias propiamente dichas (a veces denominadas Crónicas, sobre todo en 7. En el contenido de estas obras predomina la narración del aconte-
el caso de franciscanos y agustinos), las Vidas o biografías de personajes cer eclesiástico, pero es muy frecuente que se les dedique asimismo una
eclesiásticos destacados y las Relaciones de una situación o de un hecho mayor o menor atención a los sucesos civiles o profanos, entre los que
determinado y que no son más que una especie de historias en pequeño. destacan la previa conquista armada del territorio y, en el caso de las histo-
Por su mismo objetivo, estas tres clases de fuentes entrañan diferencias rias misionales, la descripción de la historia y costumbres indígenas. De aquí
intrínsecas, en el sentido de que una Historia o Crónica, por necesidad, el valor etnográfico que suelen entrañar estos relatos.
abarca siempre un campo geográfico y cronológico más amplio que el de las
8. Exceptuados también casos muy concretos, como el ya citado de
otras dos, de las que las biografías se restringen, a su vez, a un solo persona-
Gil González Dávila (Teatro eclesiástico de la primitiva Iglesia de las Indias
je, mientras que las Relaciones pueden constituir una verdadera historia o
Occidentales, dos vols., Madrid, 1644-45), que se refiere a la jerarquía ameri-
ceñirse al simple relato de un acontecimiento.
cana, su carácter de religiosos y los objetivos que persiguen inducen a estos
Tanto unas como otras, sobre todo las Historias o Crónicas, revisten las autores a restringir la historia eclesiástica a la historia de la propia Orden
siguientes características: religiosa. Lo más corriente es que esta restricción geográfica y temática se
1. En la mayoría de los casos son obra de autores que escribían en el haga constar en el título de la obra. Pero a veces no se consigna, por lo que
Nuevo Mundo o que habían estado en él, aunque su impresión se efectuara sucede que, en casos como los de los franciscanos Toribio Paredes de Bena-
fuera de América, y más concretamente en España. Además, en muchos vente o Motolinia {Historia de los indios de Nueva España, hacia 1555), Jeróni-
casos, los autores son testigos personales de lo que relatan. mo de Mendieta (Historia eclesiástica indiana, de finales del siglo XVI) o José
2. Salvo casos muy concretos, como el de Gil González Dávila, perte- Torrubia (Monarquía indiana, comienzos del siglo XVII), el título hace espe-
neciente al clero secular, los autores suelen ser religiosos y obedecer en la rar un contenido eclesiástico más amplio del que se ofrece en realidad. El
elaboración de la obra al encargo de sus superiores. mismo González Dávila se restringe, en contrapartida, a la jerarquía eclesiás-
3. La narración de los hechos se basa en documentos auténticos o en tica cuando parece que su propósito es abarcar a toda la Iglesia.
el testimonio de quienes los presenciaron y hasta protagonizaron, razón por
9. Una obra como la de Francisco de Gonzaga (De origine Seraphicae
la cual constituyen una valiosísima fuente que sustituye a una documenta-
Religionis Franciscanae, Roma, 1587), junto con la de González Dávila, que
ción que no ha llegado hasta nosotros.
abarcan a toda América, constituyen, por lo mismo, una excepción en la
4. Tanto los superiores al encargar la obra como el autor al elaborarla tendencia general de este tipo de obras a restringirse a aquel o aquellos
persiguen dos fines fundamentales: el brillo de la propia Orden, implícita o territorios concretos que fueron escenario de la actividad de la propia
explícitamente deducido de la actuación de sus miembros, y la ejemplaridad Orden. Por añadidura, esta limitación territorial no sigue un criterio geográ-
del lector, perseguida mediante el relato de lo edificante. Este doble propó- fico, sino el del ámbito de la Provincia religiosa o Misión a la que pertenece
sito no excluye la veracidad de la historia, pues el autor siempre se propone el autor, de manera que la historia no es la de un territorio como tal, hi la del
narrar hechos ciertos, pero sí es corriente que la cercene, en el sentido de ocupado por una determinada Orden tomada en su conjunto, sino la del
omitir lo que no contribuya a su propósito. correspondiente a una determinada Provincia o Misión, circunstancia que
10 P-I- Cuestiones globales C. 1. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas 11
suele figurar en el título de la obra. Esta es la razón de que, en conformidad bajo la forma de biografía o del estudio de su pensamiento u obra escrita;
con la extensión geográfica de la Provincia o Misión, a veces la narración se e) el análisis y edición de una obra inédita o que se considera necesitada de
limite a un territorio muy concreto, por ejemplo, Michoacán, Florida o una nueva edición o estudio.
Chiloé; en determinados casos y lugares, se escojan unos territorios y se 3. Historias de la Iglesia en una nación determinada, de las que algunos
prescinda de otros, lo que acontece entre los franciscanos de Nueva España, países poseen varias, pero cuya calidad, salvo excepciones, como las de
en la que tuvieron varias Provincias; en ocasiones se amplía a un territorio México, Colombia, Perú, Chile y Argentina, n o responde a las exigencias
muy extenso, por ejemplo, toda Nueva España o el Perú; en otras circuns- actuales y menos tratándose del período anterior a la independencia ameri-
tancias se yuxtaponen territorios muy alejados entre sí, hecho muy frecuen- cana.
te entre los franciscanos y jesuítas, por la diversidad de escenarios en los que
desarrollaron su actividad las Provincias y Colegios de Misiones. D) Historias globales de la Iglesia
10. La producción histórica de los jesuítas refleja una mentalidad más Las historias globales de la Iglesia en Hispanoamérica, es decir, las
moderna que la perteneciente a las restantes Ordenes religiosas. Por otra obras que tratan de abordar todos sus aspectos, son seis, pertenecientes a los
parte, tanto una como otra evolucionaron con el transcurso del tiempo. En autores siguientes:
todas se observa, sin embargo, una clara tendencia cronologista, consistente 1. Antonio Ybot León, a quien le incumbe el mérito de haber sido el
en una excesiva servidumbre a la sucesión de los años, de manera que estas primer autor moderno (1954-1963) que ha abordado el tema con una visión
historias, en ocasiones, terminan convirtiéndose en verdaderos anales, mien- global y científica, lo que hace que su obra aún siga teniendo valor a pesar de
tras que en otras se ordenan en función de la sucesión cronológica de los su antigüedad, si bien en algunos puntos ya ha quedado superada.
Provinciales o de las Congregaciones de la respectiva Provincia. 2. Leandro Tormo, quien en 1962 elaboró un breve resumen, difun-
11. Finalmente, en esta producción resalta también la importancia dido mecanográficamente, en el que predomina el criterio de la selección de
que se le concede a la fundación de conventos y a las biografías, hasta el temas, así como la claridad en la exposición.
punto de que alguna de estas obras, como, por ejemplo, la del dominico 3. León Lopetegui, Francisco Zubillaga y Antonio Egaña, cuya Histo-
Alonso Franco (Segunda parte de la historia de la Provincia de Santiago de ria, aparecida en 1965-1966, ofrece una visión satisfactoria de las cuestiones
México, Orden de Predicadores de la Nueva España, México, 1645), más que globales, aunque con excesiva mezcla de lo profano con lo religioso; en lo
una historia propiamente dicha es una especie de santoral no oficial, pues en referente a Nueva España, hay temas que se tratan exhaustivamente, mien-
la práctica se limita a trazar biografías. tras que otros puntos, e incluso períodos, apenas se tocan; en lo referente al
hemisferio meridional, su propio autor reconoce que trató de presentar
C) Estudios monográficos «más un episcopologio que una historia eclesiástica» (II p.XXII).
Ya en la época contemporánea, los estudios monográficos y, por lo 4. Enrique D. Dussel, autor de tres obras y director de una cuarta, en
mismo, de carácter restringido constituyen el modo actualmente más fre- las que desde 1967 viene ofreciendo una visión propia, en la que se esfuerza
cuente de abordar la historia de la Iglesia en la América española. por trazar una teología de la historia, pero incurre en tópicos ya superados,
En conjunto, estos estudios abordan los aspectos más dispares de la generaliza situaciones exclusivas del siglo XVI y, cuando intenta hacer histo-
Iglesia, bien con fines simplemente de divulgación, bien con objetivos y ria propiamente dicha, ofrece visiones generales a base de testimonios o
bases científicos. Esta disparidad impide su clasificación en este lugar, la cual situaciones concretos y unidireccionales.
viene a coincidir, por otra parte, con las diversas facetas eclesiásticas en que 5. Hans-Jürgen Prien, quien, en 1978 en alemán y en 1985 en caste-
está estructurada la presente obra. llano, ofrece una visión rica en datos concretos, pero carente de enfoque,
Desde el punto de vista de su forma y del ámbito de su contenido, una dirigida a demostrar posturas previamente adoptadas y en gran parte ana-
clasificación de los mismos puede ser la siguiente: crónicas, por desconocimiento de los avances realizados últimamente en
1. Artículos de revista, que constituyen el tipo más frecuente y cuyo este campo.
contenido es también el más restringido, tanto temática como cronológica-
mente. Esta limitación se ve compensada por la concretez y exactitud de los
datos y apreciaciones. III. SISTEMATIZACIÓN DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA
2. Monografías propiamente dichas, mediante las cuales se procura EN HISPANOAMÉRICA
agotar el tema elegido. Suelen circunscribirse a los siguientes aspectos prin-
cipales, delimitados además geográfica y cronológicamente: a) una institu- Desde el momento en que se toma en todo su conjunto, aunque sólo sea
ción, principalmente bajo la forma de Obispado, Orden o Provincia religio- durante una época determinada, la historia de la Iglesia en Hispanoamérica,
sa; b) un territorio, diocesano o misional; c) una idea o corriente ideológica, debido precisamente a lo complejo de su actuación, plantea el difícil proble-
como la teocracia pontifical o el Real Patronato; d) un personaje eclesiástico, ma inicial de su sistematización.
C.l. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas 13
12 P.I. Cuestiones globales
Dussel distingue cinco períodos cronológicos, a los que denomina: los
En este punto caben tres posibilidades: la sistematización geográfica, la
primeros pasos (1492-1519); las misiones en Nueva España y Perú
sistematización cronológica y la sistematización temática, según que se adop-
(1519-1551); la organización y afianzamiento de la Iglesia (1551-1620); los
te como criterio de estructuración la geografía, la cronología o los diversos
conflictos entre la Iglesia misionera y la civilización hispánica (1620-1700);
aspectos de la actividad eclesiástica.
la decadencia borbónica (1700-1808).
A) Sistematización geográfica La etapa comprendida entre 1492 y 1519 reviste, en efecto, caracteres
propios que la distinguen de las demás. La que se hace arrancar de 1519
Es la adoptada por L. Lopetegui, F. Zubillaga y A. de Egaña, quienes (inicio de la conquista de México por Hernán Cortés) es, indudablemente,
parten de la diferenciación entre los dos hemisferios para, dentro de ellos, de predominio misional, pero no se puede restringir a Nueva España y al
seguir utilizando el criterio geográfico al abordar los distintos temas, excep- Perú, ni clausurarse en 1551 (fecha de la celebración del primer concilio
to los de carácter global. provincial de México), porque en ese momento la evangelización estaba en
Esta sistematización ofrece el inconveniente de que, por una parte, no su plenitud en Nueva España, saliendo de sus graves dificultades iniciales en
corresponde a la realidad evolutiva de la Iglesia, y por otra, obliga a incurrir el Perú, sin acabar de asentarse en la Florida, comenzando en El Salvador,
en numerosas repeticiones, en ambos casos debido a la sustancial identidad Nicaragua, Nueva Granada y Tucumán, afianzándose en Guatemala, Ecua-
de la actividad de la Iglesia en cada región geográfica en una misma época o dor y Chile y sin haber penetrado todavía en el resto de América. En cuanto
momento. al período comprendido entre 1551 y 1620, resulta difícil comprender por
De hecho, y tomada en su conjunto, la Iglesia no evolucionó en Hispa- qué esa organización comienza en 1552, cuando es muy anterior, y se cierra
noamérica en función de un hemisferio o de otro, y ni siquiera en función de en 1620, cuando la Iglesia ya estaba definitivamente organizada y consolida-
los diversos territorios, sino que lo hizo practicando en todos una conducta da en la segunda parte del siglo XVI. Caracterizar al siglo XVII por los conflic-
que sólo se diferencia en detalles si se trata de una misma etapa. La evolu- tos entre la Iglesia misionera y la civilización hispánica es cercenar la historia
ción general se produce con el paso del tiempo, no con el cambio de región. misional - q u e hizo mucho más que originar conflictos- y dar por inexistente
A esto se añade la dificultad de delimitar los territorios geográficos, los a la Iglesia establecida. La etapa comprendida entre 1700 y 1808 es cierta-
cuales no coinciden tampoco con la evolución de la Iglesia. mente borbónica, y en algunos aspectos decadente, pero en otros fue de
Tratándose de América, el criterio geográfico sólo es posible, e incluso renovada prosperidad.
necesario, en el caso de territorios determinados, hasta el punto de que
Prien establece en 1978 y 1985 tres períodos sucesivos, aunque hacien-
incluso resulta de difícil aplicación cuando la historia de la Iglesia se estruc-
do la acertada advertencia previa de que la división no le satisface plenamen-
tura por naciones, debido a que éstas no se corresponden con las estructuras
te por la imposibilidad de hallar un principio que sirva de criterio indiscuti-
anteriores a 1824. A pesar de este inconveniente, y por razones que se
ble de periodización: el del choque entre la civilización ibérica y la amerin-
consignarán más adelante, así se estructura el segundo volumen de la pre-
dia; el del desarrollo del cristianismo latinoamericano bajo el signo del
sente obra, como lo hace también Dussel desde el segundo volumen de su
modelo de «Cristiandad», y el de la crisis de la «Cristiandad» latinoamericana
Historia General.
en la época de la Ilustración y de la emancipación política.
B) Sistematización cronológica El hecho del choque o, si se prefiere, encuentro entre las dos civilizacio-
nes no parece un criterio válido que se pueda aplicar a la historia de la
Egaña divide en 1966 la historia de la Iglesia en América del Sur en tres Iglesia, y, por otra parte, en el terreno misional se dio siempre. El modelo de
etapas, correspondientes a las tres dinastías que reinaron en España desde «Cristiandad», tal como entiende Prien este término, tampoco se circunscri-
1492 hasta 1824. Esta división ofrece el inconveniente de que el cambio de be a un período determinado. Durante la etapa de emancipación sí se puede
dinastía no supuso en la Iglesia el inicio de ninguna modificación suficiente- hablar de crisis, originada por las alteraciones políticas, pero el calificativo
mente profunda, amplia y generalizada como para hacer coincidir con ese no cuadra a la época de la Ilustración, deficiente en unos aspectos, pero
hecho el comienzo de una nueva etapa. brillante en otros.
Alberto Methol Ferré, al distinguir en 1968 una primera etapa de Esta disparidad de enfoques en la sistematización cronológica de la
expansión y organización (1492-1620), a la que hace seguir una segunda, de historia de la Iglesia en Hispanoamérica ya es por sí misma un síntoma de
dualismo entre Iglesia establecida y Misión (1620-1808), adopta una perio- que la periodización está muy lejos de ser fácil, porque -como observa
dización que de hecho refleja una realidad, pero sólo parcialmente. La atinadamente Prien- no se dispone de ninguna base clara para distinguir
expansión de la Iglesia continuó con posterioridad a 1620, y el dualismo etapas cronológicas.
entre las dos Iglesias, además de que comenzó desde finales del siglo XVI, no
Tomada en su conjunto, es decir, englobando bajo una misma perspec-
parece criterio válido para establecer una nueva etapa, pues ese dualismo no
tiva a la Iglesia establecida y a la Iglesia misionera o en vías de constitución,
dejó de ser un hecho externo, impuesto por las circunstancias, que no afectó
en la historia eclesiástica hispanoamericana solamente aparecen dos etapas
a la vida de la Iglesia tomada en todo su conjunto.
14 P.I. Cuestiones globales
C. 1. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas \5
claramente distintas de las demás: la de 1492-1523, que fue de experimenta-
Esta sistematización temática es, asimismo, la adoptada en Quito en
ción o tanteos, y que ciertamente no se puede calificar de próspera, y la de
1973 por el Primer Encuentro de la Comisión de Estudios de Historia de la
1808-1824, que fue de crisis, al verse sacudida la Iglesia por los aconteci-
Iglesia en Latino-América (CEHILA), basado en la cual J. Villegas propone
mientos políticos. Tal vez, incluso, pueda distinguirse una tercera etapa,
en 1975, como grandes temas de estructuración, la evangelización, la orga-
comprendida entre 1523, fecha del paso definitivo de la evangelización al
nización de la Iglesia y la «vida cotidiana» de la cristiandad americana.
continente americano, y 1568, momento en el que ya se consideró definiti-
Cualquiera de estos criterios es válido. En la presente obra, sin embar-
vamente consolidada la Iglesia en el Nuevo Mundo y desde el cual comienza
go, se ha preferido partir del hecho incuestionable de que la Iglesia se
a distinguirse entre Iglesia establecida e Iglesia misionera, si bien la diferen-
desarrolló en Hispanoamérica desde el primer momento siguiendo dos vías
ciación definitiva no sobreviniera hasta finales de la centuria.
simultáneamente, en gran parte paralelas: la de la Iglesia diocesana o plena
Durante el resto del tiempo no cabe distinguir etapas suficientemente
y definitivamente constituida, y la de la evangelización o Iglesia en vías de
diferenciadas entre sí porque n o se produjo ninguna situación plenamente
constitución, que aquí denominaremos Iglesia misional.
distinta o porque los grandes hechos que ocurrieron no afectaron a la
Además, se tiene también en cuenta que, tanto desde una vía como
Iglesia, tomada en su totalidad, hasta el punto de poder hablar de una nueva
desde la otra, esta Iglesia desarrolló una actividad exterior o irradiación en
fase en ella.
cuya virtud influyó en mayor o menor grado, pero las más de las veces de una
Esto no quiere decir que la Iglesia del siglo XVIII no se distinguiera de
manera decisiva, en el mundo en que se desarrollaba, pero sin que esta
la de comienzos del siglo xvil o que hechos tan graves como la expulsión de
actuación formara parte intrínseca de la propia Iglesia.
la Compañía de Jesús en 1767 no afectaran profundamente a la Iglesia. Lo
Establecidos estos tres grandes campos de actividad eclesiástica, se ana-
que se quiere significar es que desde 1568 hasta 1808 no intervino ningún
lizan las principales manifestaciones o aspectos de la actuación de la Iglesia
elemento suficientemente decisivo como para considerar que toda la Iglesia
en cada uno de ellos, a sabiendas de que algunos de estos puntos se repiten,
hispanoamericana entró en una nueva etapa.
pero que lo hacen con un enfoque distinto según que se trate de la Iglesia
Para proceder a una división cronológica suficientemente fundada du-
diocesana o de la Iglesia misional.
rante este prolongado período de tiempo comprendido entre 1568 y 1808
El posterior estudio de la Iglesia siguiendo una sistematización geográ-
hay que distinguir entre Iglesia diocesana, es decir, la ya constituida y
fica está concebido —según se indicó ya anteriormente— como un comple-
consolidada definitivamente, e Iglesia misional o en vías de constitución,
mento de la visión global, es decir, para dejar constancia de cómo la Iglesia
porque en este caso ya se pueden establecer fechas que indican el comienzo
fue desarrollando en cada una de las unidades territoriales en las que se ha
de nuevas fases, generalmente no simultáneas, en cada una de ellas.
dividido Hispanoamérica (división, por otra parte, susceptible de otros mu-
De hecho, en esta misma obra, al abordar el tema de la expansión de la chos enfoques) una acción que, dentro de un mismo marco cronológico, fue
evangelización se establecerá una división cronológica o periodización basa- fundamentalmente idéntica en todo el subcontinente.
da en el curso de la acción misionera, pero que no vale para la Iglesia
constituida.
Cabe advertir, sin embargo, que ni en la Iglesia diocesana ni en la Iglesia
NOTA BIBLIOGRÁFICA
misional se dispone durante el período indicado de fechas divisorias tan
decisivas o claras que excluyan la posibilidad de toda otra sistematización
cronológica igualmente fundada. Bibliografías generales
R. STREIT, continuado por J. DIDINGER, J. ROMMERSKIRCHEN y J. METZI.ER, Bi-
C) Sistematización temática bliotheca Missionum, 1 (Münsteri. W., 1916: obras de índole teórica), 2 (Aachen, 1924:
obras de 1493 a 1699), 3 (Aachen, 1927: obras de 1700 a 1909), 24 (Roma-Friburgo-
El enfoque de la historia de la Iglesia en Hispanoamérica por temas es Viena, 1967: obras de 1910 a 1924), 25 (Roma-Friburgo-Viena, 1967: obras de 1925
a 1944), 26 (Roma, 1968: obras de 1945 a 1960); revista Bibliografía Missionaria,
el utilizado por A. Ybot León, quien estructura su obra en cinco grandes iniciada en 1933, de carácter anual y con una sección sobre Iberoamérica; F. ESTEVE
apartados o aspectos eclesiásticos: la Iglesia y el descubrimiento; la Iglesia y BARBA, Historiografía indiana (Madrid, 1964); A. SANTOS, Bibliografía misional 1-2
los naturales; la Iglesia y el Estado; la Iglesia y la conquista española; la (Santander, 1965). Abundante bibliografía en A. YBOT LEÓN, La Iglesia y los eclesiásti-
implantación de la jerarquía y la implantación de la fe, epígrafe este último cos españoles en la empresa de Indias 1-2 (Barcelona, 1954-1963).
bajo el cual aborda la acción de las Ordenes misioneras, sobre todo desde el
punto de vista de la evangelización. Selección de bibliografía moderna
Procediendo también por temas, L. Tormo distingue el de la evangeliza- E. DUSSEL, «Introducción bibliográfica de la historia de la Iglesia en América», en
ción y el de la Iglesia en la crisis de la independencia, cada uno de los cuales Para una historia (véase más adelante), 41-45, e Historia general de la Iglesia en América
constituye el objeto de cada uno de los dos volúmenes de que consta su obra, Latina 1 (Salamanca, 1983), 88-93; P. BORGES, «Historiografía de la evangelización
americana», en V. VÁZQUEZ DE PRADA e I. OLABARRI, Balance sobre la historiografía
a falta del segundo. iberoamericana, 1945-1986 (Pamplona, 1989), 187-219.
16 P.I. Cuestiones globales C.l. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas 17

Fondos eclesiásticos americanos: Roma PARMIÑO, «Archivo arzobispal de Quito»: Boletín CEHILA 16-17 (1979), 15-17;
1. RESTREPO POSADA, «LOS archivos eclesiásticos colombianos»: Revista de la Academia
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18 P.I. Cuestiones globales CAPÍTULO 2
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Ibíd., 1253-1276. La historia de la Iglesia en América comienza con el papel que desempe-
ñó en la preparación del descubrimiento del Nuevo Mundo.
Es sabido, sin embargo, que la Historia tiene poco que ver con los saltos
en el vacío, y que cualquier acontecimiento, máxime si es trascendental, no
suele ser fruto de la casualidad, de lo repentino e insospechado. Antes bien,
suele ajustarse a procesos de lenta gestación, producto de muchas experien-
cias y saberes acumulados. En tal sentido, el hallazgo americano que culmina
en 1492 hinca sus raíces en varias centurias atrás.

I. LA IGLESIA Y LOS DESCUBRIMIENTOS ANTES DE COLON

Hasta el siglo XII, los geógrafos cristianos, totalmente condicionados


por la fe, sometieron la geografía y la cosmografía a los dictados del dogma.
Ni Ptolomeo ni el saber clásico en general podían contrarrestar el lenguaje
literal de la Biblia; Jerusalén y los Santos Lugares se convirtieron así, de la
mano de grandes y venerables Padres de la Iglesia, en el centro de cualquier
representación cartográfica, a la vez que la distribución de aguas y tierras
era dibujada de forma simétrica en los mapamundis de la época. Igualmen-
te, cada uno de los parajes que aparecían en las Sagradas Escrituras, como el
Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis, Ofir, el reino de Sabá, las
tierras de Gog y Magog, se convirtieron en objetivo a localizar por los
geógrafos cristianos. Cada uno, a su modo, los situaba en lugares tan lejanos
como imprecisos. Y para lejanía e imprecisión, nada como el Oriente Extre-
mo, o el Norte, también extremo y frío.
El despertar de la cristiandad comenzó allá por el siglo XI, auténtico
jalón de una Edad Media conflictiva y guerrera, y se consolidó en el XIII. El
hecho va muy de la mano de ese acontecimiento espiritual, caballeresco,
económico y político, entre otras cosas más, que conocemos como las Cruza-
das. Con ellas se inauguraba la primera gran toma de contacto de la cristian-
dad con Oriente, aunque fuera el próximo, el más cercano a Europa. Detrás
de esos grandes desplazamientos de peregrinos a Tierra Santa, el impacto
del Oriente asiático encandiló al instante a no pocos espíritus inquietos.
20 P.I. Cuestiones globales C.2. La Iglesia y el descubrimiento de América 21
A) £1 relato de los grandes viajeros cristianos ce destacarse el esfuerzo ejemplar desarrollado por fray Juan de Montecor-
Los auténticos precursores de los grandes viajes en dirección a los vino, quien, haciendo gala de una paciencia verdaderamente franciscana y
confines de Asia fueron hombres de Iglesia, cristianos de hábito pertene- un positivo balance evangelizador, fue elevado a la dignidad de arzobispo de
cientes a las Ordenes mendicantes, franciscanos y dominicos, que entre los Cambalic (Pekín) en 1307. Su correspondencia, completada con la de otros
siglos XIII y XIV pusieron a prueba su gran celo misional y no poco espíritu de frailes (fray Peregrino de Castello y fray Andrés de Perugia), causó gran
aventura. impacto en la cristiandad y un deseo de avivar el flujo viajero hacia Oriente.
Tres hechos, de enorme impacto para la cristiandad de entonces, en- Otra experiencia digna de reseñar fue la de fray Odorico de Pordeno-
marcan este acontecer viajero desbrozando caminos y rutas. En primer ne, el cual, tras varios años recorriendo toda la China meridional, permane-
lugar, la formación del imperio mongol empezó a traspasar las tierras asiáti- ció tres años (de 1325 a 1328) en Cambalic. En la relación de su viaje dejó
cas y algunos grupos comenzaron a acercarse peligrosamente a la antesala de constancia de muchos detalles pintorescos sobre islas, ciudades, hombres y
Europa por el lado de Hungría y Polonia. Una segunda realidad habla, al leyendas que Marco Polo había silenciado.
comenzar el siglo xm, de un nuevo resurgimiento del Islam por las tierras Podemos cerrar el ciclo de grandes frailes viajeros pertenecientes a los
resecas del norte de África y cercano Oriente, con un balance de triunfo siglos XIII y XIV con la delegación papal que encabezó fray Juan de Marignolli
sobre los cristianos en Tierra Santa. Por último, y en correspondencia con lo en 1342. Tres años después, en vísperas de derrumbarse el imperio mongol,
anterior, el fracaso estrepitoso de ese gran empeño de la cristiandad, al que había recorrido Zaitón, Sumatra, Ceilán, Costa de Malabar, Golfo Pérsico,
llamamos Cruzadas, que quiso ser más de lo que fue. Ormuz y Tierra Santa. Su experiencia quedó reflejada en una crónica muy
En medio de este panorama político y religioso se enmarcaron diversos apreciada.
movimientos espirituales del Occidente cristiano prestos a divulgar el Evan- Además de los misioneros, debieron de ser numerosos los mercaderes
gelio entre los infieles. europeos que llegaron a China, aunque falten sus relatos al estilo del de
Los primeros en sentir esa Iglesia en marcha proyectándose sobre el Marco Polo, que residió en Catay (China) desde 1271 hasta 1295 y que nos
Próximo Oriente y norte de África fueron los franciscanos y los dominicos. legó su famoso Libro de las cosas maravillosas. Propiciaba este intercambio la
A partir del concilio de Lyon (1245), el papa Inocencio IV quiso sustituir la excelente organización del imperio mongol, su receptividad y tolerancia
Cruzada por la misión, impulsando varias expediciones de religiosos mendi- para con los demás pueblos. Pero todo entra en crisis, y a mediados del si-
cantes a tomar contacto con el mundo mongol. glo XIV sobreviene un paréntesis de más de un siglo en las ansias y necesidades
Aun cuando la primacía en el tiempo corresponde a los dominicos, han europeas por descubrir, cuando a la desintegración del pueblo tártaro le
de ser las expediciones franciscanas, mejor conocidas y documentadas, las sigue el cierre de fronteras de la dinastía Ming en China, el resurgir del islam
que más influyan en los viajes, navegaciones y descubrimientos posteriores. por el sur de Asia y Próximo Oriente, la crisis religiosa de la Iglesia católica
Fray Juan de Piancarpino pasa por ser uno de los primeros y más (cisma de Occidente, crisis de la Orden franciscana) y la caída social y
grandes expedicionarios. En 1245 emprendió viaje al imperio mongol en económica de Europa ocasionada por la peste negra.
calidad de legado papal. Llevaba la misión secreta de obtener toda la infor-
mación posible sobre el mundo tártaro. Sus impresiones quedaron refleja- B) El saber académico de la Iglesia
das en una obra titulada Ystoria mongolorum, la primera de este género de
literatura. Fue muy celebrada en su tiempo, al igual que las noticias sobre las La gran preocupación de los autores cristianos a partir del siglo x m será
tierras, climas, usos, costumbres y religión de los mongoles. Al hacerse eco cómo armonizar la experiencia de lo que se va comprobando con lo que
del famoso Preste Juan, alimentó una de las leyendas más sugestivas del bajo dicen los Libros Sagrados y el saber de los antiguos, que empieza a ser
Medievo. Siguió la ruta interior de Asia, la utilizada por las grandes invasio- conocido. En suma, había que adaptar herencia clásica, tradición cristiana y
nes asiáticas. experimentación, verdadero trípode en el que se apoyarán los grandes descu-
Por las mismas fechas (1253), el fraile flamenco Guillermo de Rubruc, brimientos geográficos. Para ello resultó decisiva la labor difusora de árabes
con el consentimiento del Papa y del rey de Francia, inicia otro viaje por ruta yjudíos a través de ese puente cultural que fue la Escuela de Traductores de
parecida a la de Piancarpino. A su regreso escribe una muy notable relación Toledo.
describiendo el trayecto seguido y aportando muchos datos geográficos, El mundo clásico había tenido en Ptolomeo el mejor compilador de la
etnológicos y lingüísticos de los mongoles y de la comunidad de cristianos Antigüedad en materia de Geografía y Astronomía. Su penetración en el
nestorianos que vivían entre los tártaros. Una vez en Europa, visita París, y Occidente cristiano se hizo a través de traducciones y comentarios árabes
allí relata sus conocimientos geográficos a Rogerio Bacon. Fue el primero que, a su vez, inspiraron y fundamentaron obras de destacados eclesiásticos
que dijo que el Catay era la zona que los antiguos llamaban Seres. y hombres de saber del mundo universitario europeo.
Metidos en el siglo XIV, los franciscanos en China y los dominicos en El tratado de Astronomía de Ptolomeo, que pasa al árabe con el título
Persia pretendían dar continuidad a las misiones de Asia. En tal labor mere- de Almagesto, será conocido y ampliamente popularizado en la cristiandad
22 P-I- Cuestiones globales C.2. La Iglesia y el descubrimiento de América 23
gracias a un resumen hecho a mediados del siglo XIII por Sacrobosco en su abastaba, y ansí de geometría y aritmética; y ingenio en el ánima y manos para
obra De Sphaera Mundi. dibujar esferas, y en ellas las ciudades, ríos y montañas, islas y puertos, todo en
Rogerio Bacon, un franciscano nada ajeno a lo que sus hermanos de su propio sitio. En este tiempo he yo visto y puesto estudio en ver de todas
escrituras, cosmografía, historias, crónicas yfilosofía,y de otras artes ansí que
Orden escribían sobre sus viajes asiáticos, sugería en su obra Opus Maius la me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, a que era
posibilidad de la existencia de otro continente, que tanto Asia como África hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución
podían extenderse más al sur, y que la zona tórrida era habitable. dello; y con este fuego vine a Vuestras Altezas...»
Sin embargo, el autor que sintetiza mejor el difícil equilibrio y la extra-
ña mezcolanza que estaban conformando los escritos geográficos es el car- B) El proyecto colombino
denal francés Pierre d'Ailly. Su obra Imago Mundi (1410), famosa por el gran
uso que de ella hará Cristóbal Colón, era un compendio de erudición bíbli- Este y otros pasajes de recuerdos parecidos nos trasladan al momento
ca, clásica y árabe; algo parecido a una enciclopedia del saber de su época. en que a Colón le sobreviene algo inesperado y crucial que le abre el
No faltan en ella fábulas y leyendas de todo tipo (pigmeos, monóculos, entendimiento «con mano palpable»; y ese algo se refería a que era posible
acéfalos, amazonas, teoría sobre las aguas...), la ubicación de lugares bíblicos navegar a las Indias atravesando el Océano, y con tales signos se le presentó
(Paraíso Terrenal, Tarsis, Ofir...), y las teorías de profetas o de pseudoprofe- que él, «pecador gravísimo», no dudó en considerarlo un «milagro evidentísi-
tas como Esdras, que reducía el Océano a algo perfectamente navegable en mo», con lo cual «me abrió la voluntad para la ejecución dello». A partir de
pocos días si el viento era favorable. esos momentos, «¿quién duda que esta lumbre no fuese del Espíritu Santo, así
como de mí?», dirá; es un fuego lo que tiene dentro, unos deseos incontenibles
por descubrir. Con la fe del elegido por la Divinidad, responderá aquello
II. LA RELIGIOSIDAD DE COLON Y SU PROYECTO que dijo San Mateo: «Oh Señor, que quisiste tener secreto tantas cosas a los
DESCUBRIDOR sabios y revelárselas a los inocentes». En tratándose de milagros y revelacio-
nes, los sabios podían ser preteridos a los inocentes e ignorantes, como se
A) La religiosidad de Colón sentía Colón. Así reza en los Libros Sagrados y así lo creía el futuro descu-
bridor.
Uno de los signos más destacados que caracterizan la personalidad de
Cristóbal Colón -aunque a algunos les parezca extraño- es el de ser y Los partidarios del predescubrimiento interpretan estos pasajes a la luz
sentirse, religiosa y culturalmente hablando, un hombre medieval, una per- de ese preconocimiento que tenía Colón de lo que quería descubrir a la otra
sona con la imaginación, credulidad e ignorancia características del Medievo orilla del Océano. Defienden que dicho conocimiento le había llegado al
y, como tal, proclive a dar a sus actos, ideas y proyectos, sobre todo si eran navegante a través de otras personas (un piloto cualquiera, por ejemplo, a
tan inesperados como trascendentales, un sentido religioso profundo. Y a quien el mar desplazó hasta allá y al regreso tuvo tiempo de informar a
medida que avanza el tiempo y se confirma la importancia de lo descubierto, Colón antes de morir), y no de una experiencia personal.
lejos de mitigarse ese sentimiento, se arraigará en él un mesianismo proféti- Por otra parte, al aceptar el predescubrimiento, la figura de Colón,
co, una profunda convicción de ser el siervo elegido por la Providencia, el además de su proyecto descubridor, ha tomado nuevos rumbos interpretati-
predestinado, el portador de Cristo (Cristo-ferens) o apóstol de los nuevos vos. El navegante genial, intuitivo, soñador y tenaz, y su grandioso proyecto
pueblos a través de cuya acción descubridora ha de extenderse el Evangelio. son de esta manera más comprensibles. Colón tiene un conocimiento muy
aproximado de lo que va a buscar y trata de adaptar todo (signos, lecturas,
Los que le conocieron, como el padre Las Casas, cuentan que «en las
testimonios bíblicos, opiniones de escritores y filósofos) a lo que sabe que
cosas de religión cristiana sin duda era católico y de mucha devoción; cuasi
existe a una distancia determinada que no es la que manejan los entendidos.
en cosa que hacía y decía o quería comenzar a hacer, siempre anteponía:
Religioso como es, atribuye a esta información secreta, que le ha llegado de
"En el nombre de la Santísima Trinidad haré esto..." Ayunaba los ayunos de
súbito, el carácter de signo providencial, por lo que un gran sentido religio-
la Iglesia observantísimamente; confesaba muchas veces y comulgaba; reza-
so empapa todas sus acciones. Y con el convencimiento del predestinado
ba todas las horas canónicas como los eclesiásticos o religiosos; enemicísimo
rectifica a quien haya que rectificar y elabora teorías originales y grandiosas.
de blasfemias y juramentos; era devotísimo de Nuestra Señora y del seráfico
padre San Francisco; pareció ser muy agradecido a Dios por los beneficios El año de 1480, aproximadamente, pudo ser el punto de arranque para
que de la divinal mano recibía, por lo cual, cuasi por proverbio, cada hora poner en marcha su proyecto descubridor. Sin embargo, por mucho secreto
traía que le había hecho Dios grandes mercedes, como a David...». que tuviera a su alcance y aunque ardiera en deseos de descubrir, no podía
•levar a cabo la empresa solo. Tenía que buscar apoyos, «convidar» a algún
En 1501, el mismo Cristóbal Colón resumía en parte su trayectoria
Principe que lo respaldara con dinero y hombres. Pero cualquier príncipe
personal al expresarse así:
exigía un proyecto viable o al menos razonablemente defendible ante cual-
«Hallé a Nuestro Señor muy propicio, y hube de El para ello espíritu de quier junta de expertos.
inteligencia. En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que A Colón sólo le queda el camino de la preparación y el estudio. Como
24 P.I. Cuestiones globales
C.2. La Iglesia y el descubrimiento de América 25
navegante práctico puede defenderse, mas no así como teórico de saberes tico en lugar de seguir la ruta africana. El proyecto se parecía al plan
cosmográficos, astronómicos o matemáticos. En ese campo se va a entablar colombino, pero no era igual. Los portugueses, tras su estudio, lo archi-
la contienda a la hora de aprobar o rechazar tan revolucionario proyecto. Y varon.
es precisamente ahí donde la distancia entre su saber y el de la ciencia del Toscanelli había elaborado su propuesta con abundante información
momento se hace insalvable. Por ello ninguna junta de expertos, ni en proporcionada por los grandes viajeros de los siglos x m y xiv (misioneros y,
Portugal ni en Castilla, le será favorable. Aun así, lo sorprendente es que especialmente, Marco Polo) y alguno del siglo XV. Calculaba para el océano
triunfó. Atlántico una distancia casi doble de la actual, pero creía que esta dificultad
1. La biblioteca colombina. Es evidente que no todas las obras maneja- -poco menos que insalvable con los medios de la época- podía ser superada
das por el descubridor de América tienen el mismo valor. Con buen criterio, porque en el camino, a modo de escalas, situaba numerosas islas, como las de
los historiadores conceden prioridad absoluta a las lecturas que hace antes Antilla y el Cipango.
de 1492, porque es en ellas donde se apoya para allanar el camino del Sobre la isla Antilla había demasiada fantasía y no era muy de creer. Sin
triunfo. embargo, la referencia al Cipango, una isla distante del continente asiático
Metido con urgencia en un aprendizaje acelerado, allá por los años 1.500 millas o 375 leguas, a la que no pudo conquistar ni siquiera el Gran
ochenta del siglo xv, Colón empieza a manejar algunas obras que eran como Can, como había declarado Marco Polo, entusiasmaba al futuro descubridor
compendios o enciclopedias del saber de su tiempo. Huelga decir que la de América. Dicha isla pasaba por ser abundantísima en oro, perlas y piedras
utilidad de su consulta para un aprendiz como Colón, e incluso para cual- preciosas, hasta el punto de que los templos y casas reales se cubrían de oro
quier iniciado, era enorme, ya que en ella se podían encontrar referencias de puro. Descubrir el Cipango - n o se olvide- fue el objetivo principal del
todo tipo (clásicas, árabes, bíblicas) sin tener que acudir a las fuentes origina- primer viaje colombino.
les. A esta categoría pertenecen la Imago Mundi, del obispo Pierre d'Ailly o Del sabio florentino al que inspira Marco Polo recoge también detalles
Pedro de Alliaco, y la Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvio Piccolo- referentes a la tierra firme continental, a las provincias o regiones del Catay,
mini, más tarde papa Pío II. Fueron sus dos grandes libros de cabecera, Mangi y Ciamba, que, según creían, formaba parte del imperio del Gran
como demuestran las cerca de 1.800 apostillas o anotaciones al margen Can. Y digo según creían porque a finales del siglo xv Europa aceptaba
pertenecientes a su pluma. En sus páginas encontró y subrayó distintas todavía el mundo descrito por Marco Polo; es decir, la situación política de
teorías sobre la reducción de las dimensiones del Océano (predominio de las Asia tal como era a finales del x m y principios del XIV. Tal situación -como
tierras sobre las aguas), con el especial relieve dado a la particularísima es sabido- no era ya ni parecida: el imperio mongol de Asia se había desinte-
teoría del pseudo Esdras, para el que, de las siete partes en que dividía la grado cien años antes de que escribiera Toscanelli y de que Cristóbal Colón
esfera terrestre, seis eran de tierras continentales y una sola de agua, por lo soñara con el Cipango y con las tierras del Gran Can.
que el Océano era fácilmente navegable. Igualmente mereció su atención Otras obras de consulta directa, como la Geografía de Ptolomeo, el Libro
todo lo que esos autores -especialmente Ailly— contaban de los parajes de Marco Polo o la Historia Natural de Plinio, por citar ejemplos concretos,
bíblicos, como el Paraíso Terrenal, Tarsis, Ofir, reino de Sabá, etc.; o de pueden ser consideradas de manejo más tardío o incluso secundario.
mitos clásicos, como el de las amazonas; o de fábulas y leyendas de mons-
2. Las tierras que encontró. El principal objetivo del primer viaje fue
truos.
descubrir el Cipango de Toscanelli y Marco Polo. Ahora bien, lo que para
También en esas obras encuentra y destaca referencias a cálculos y éstos era una isla lo redujo Colón a una simple región de la isla Española,
mediciones, a grados y millas. Por ejemplo, aun estando de acuerdo con que los indios llamaban Cibao, y en la que tiempo después se encontrarían
Alfragano en que el grado terrestre tenía 56 millas y 2 / 3 , a la hora de ricas minas de oro. El anuncio de su descubrimiento fue sorprendente.
traducir esto a medidas reales la discrepancia con respecto a las dimensiones Sucedió en el primer viaje. Había recorrido las Bahamas y llegado a Cuba, a
de la esfera terrestre era más que ostensible: Alfragano asignaba a la circun- la que identifica en principio con una provincia del Gran Can. Recorre parte
ferencia del ecuador unas medidas casi exactas (unos 40.000 kilómetros), de la costa y pasa a la isla Española (Haití). Y el 4 de enero de 1493, cuando
mientras que Colón las reducía una cuarta parte (unos 30.000 kilómetros). apenas se entiende con los indios, divisa Monte Cristi, un monte muy singu-
La explicación era que cada uno manejaba una milla distinta: la milla árabe, lar que, según el historiador Juan Manzano, es el que le sirve para orientarse
de casi 2.000 metros, para aquél, y la itálica, de unos 1.500 metros, para y encajar todas las noticias que tenía. En ese mismo momento dirá «que el
Colón. Cipango estaba en aquella isla», y añadirá que de allí a las minas de oro del
La tercera fuente informativa manejada por Colón por estas fechas Cibao -su Cipango- «no había veinte leguas». El 9 de enero exclamaba que
procedía de una carta y de un mapa que en 1474 envió el físico, astrónomo «había hallado lo que buscaba».
y matemático florentino Toscanelli al rey de Portugal a través de su amigo el Otra isla que parece tener perfectamente localizada era Yamaye o Ja-
canónigo lisboeta Fernando Martins. Ambos documentos condensaban el maica. El 6 de enero de 1493, sin ni siquiera haberse aproximado a ella, la
nuevo proyecto ofrecido a Portugal: llegar a las Indias atravesando el Atlán- situaba con toda precisión detrás de la isla de Cuba por la banda del sur, y
26 P.I. Cuestiones globales C.2. La Iglesia y el descubrimiento de América 27
añadía que distaba de la tierra firme «diez jornadas de canoa, que podían ser sólo en el tiempo, sino también en el espacio. Encajaba así en el impreciso
sesenta o setenta leguas, y que era la gente vestida allí...» Esa zona continental Oriente, o sea, tanto como no decir nada.
a la que se refiere Colón parece ser la de Paria o costa norte de América Personas muy sabias habían escrito que el Paraíso estaba en lugar pro-
del Sur. minente, entre montañas tan altas, tan altas que quedó a salvo del Diluvio, y
Además de islas, Colón situaba en su proyecto descubridor dos tierras que de su fuente manaban aguas abundantísimas que descendían en cuatro
firmes: una que suponía más lejana, la de «más allá», y que correspondería a grandes ríos paradisiales -Nilo, Ganges, Tigris y Eufrates- regando el Jardín
los dominios asiáticos del Gran Can, siguiendo en este caso a Toscanelli. La de las Delicias y distribuyendo el agua por la tierra, que esas aguas al caer
tierra firme de «más acá», sin embargo, podría referirse a la más cercana a provocaban un ruido ensordecedor y formaban un gran lago, que su clima
Europa; es decir, a la costa septentrional de América del Sur, desconocida era suave y estaba en un lugar lejano e impreciso del Oriente para unos,
por todos, excepto por él, y a la que llamará térra incógnita o Nuevo Mundo. mientras que otros hablaban de zonas equinocciales o australes.
En ambos casos pertenecería al ámbito asiático, bien como gran península A la vuelta del primer viaje, el Almirante de las Indias dirá en su Diario
continental (térra incógnita) o bien como tierra desgajada de Asia, formando que la templanza del ambiente, los aires bonancibles y la quietud de las aguas
así un mundo nuevo y también ignorado por todos. y de los mares antillanos eran tales que «aquellas tierras que agora él había
Mención especial merece la gran revelación hecha por Colón ese mismo descubierto» pertenecían al fin del Oriente y, por tanto, estaban próximas al
6 de enero de 1493 sobre la Isla de las Mujeres o Matininó y que amplía con Paraíso Terrenal.
detalles muy sugestivos en fechas siguientes, al igual que sobre la isla de El descubridor solía pasar con enorme facilidad de la creencia a la teoría
Carib, caribes o caníbales. y a la explicación del hecho que observaba o que quería observar. Llegado a
Cuando aún no había pisado ninguna de estas islas e incluso navegaba ese punto, los signos externos cobran gran fuerza y se convierten en piezas
lejos de ellas asegura que ambas distaban entre sí diez o doce leguas; que la de apoyo a la hora de elaborar su teoría cosmográfica de la Tierra.
isla de Carib era «la segunda a la entrada de las Indias», mientras que
La forma de la Tierra que imagina Colón no es propiamente esférica,
Matininó «es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se
sino «que es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí
halla».
donde tiene el pegón, que allí tiene más alto, o como quien tiene una pelota
A la hora de interpretar algunos signos y explicar al mundo algún que
muy redonda, y en un lugar de ella fuese como una teta de mujer allí puesta,
otro secreto, ni el tiempo ni el espacio serán barreras suficientes para
y que esta parte de este pecón sea la más alta e más propinca al cielo, y sea
contener la fértil imaginación colombina, como se verá a continuación.
debajo de la línea equinoccial».
3. Tierras y lugares de fantasía en el proyecto colombino. A nadie debe
extrañar que un hombre como Colón, plenamente convencido de ser instru- Sostiene que la Tierra se compone de dos partes o hemisferios distintos:
mento divino y que respiraba medievalismo por los cuatro costados, se sienta el occidental, que tenía forma semiesférica, y el hemisferio oriental, donde
autorizado -sobre todo después de su triunfo- a disputar con sabios y situaba las Indias, en forma de pera, con un vértice o pezón situado debajo
filósofos, a rectificar a geógrafos, astrónomos y astrólogos, a completar lo de la línea equinoccial. Justo en esa zona prominente, la «más propinca al
que han dicho santos doctores y sacros teólogos. A ese convencimiento se le cielo», en esa elevación de la Tierra imaginada por Colón, éste situaba el
unía otro: el orgullo del que no habla de oídas acerca de las tierras extremas Paraíso Terrenal. No se olvide que en sus lecturas previas había encontrado
que el Paraíso estaba en lugar prominente. Si esto era así -y así lo creía-, al
del Oriente que cree recorrer, sino por vista de ojos y con la autoridad que>
atravesar el Océano marchaba en pos del Paraíso. Por lo tanto, la Providen-
impone ser observador directo de tamaña experiencia.
cia a buen seguro le pondría en su camino signos evidentes de que ello era
Con tales convencimientos y un curioso juego de coincidencias y rela-
así y a él capacidad para interpretarlos. Esos aires temperantísimos, ese clima
ciones, la mente siempre predispuesta del descubridor confeccionará stí
delicioso como en abril en el Andalucía, esas manadas de hierba muy verde y que
propio mundo de fantasía y originalidad, un mundo realmente nuevo.
parecía hierbas de ríos que era el mar del Sargazo, esa corriente de agua que
Localizar los lugares que se citan en la Biblia se había convertido para atribuye a corriente fluvial y que le hace exclamar el 17 de septiembre de
todo buen cristiano en asunto de importancia durante la Edad Media. Si ese 1492, en contra de todo sentido común: «que el agua de la mar hallaba menos
buen cristiano se llamaba Colón, tenía aficiones geográficas y cosmográficas salada desde que salieron de las Canarias», eran signos evidentísimos de que
y además andaba fuertemente tocado de providencialismo, ubicar cualquier navegaba al encuentro del Paraíso.
paraje bíblico era no sólo importante, sino trascendental; era más aún: una
obligación irrenunciable que él, como siervo elegido por Dios, tenía para Existe un punto o línea oceánica que en Colón se va reafirmando como
con el resto de los mortales. una verdadera frontera de hemisferios, a partir de la cual se suceden los
sl
De entre todos los lugares bíblicos, el Paraíso Terrenal importaba de gnos citados: el meridiano que pasa a 100 leguas al oeste de las Azores. Fue
manera especial. Durante siglos, muchos habían especulado sobre sus carac- allí donde observó por primera vez la variación de las agujas de la brújula,
terísticas y localizacipn. La cristiandad fue acuñando la idea de su lejanía no que nordesteaban. Y es tal la importancia que asigna a ese meridiano, que
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llegará a explicarlo así: «En pasando de allí al Poniente, ya van los navios III. COLON Y LOS ECLESIÁSTICOS
aleándose hacia el cielo suavemente... como quien traspone una cuesta».
Por fin, en 1498 (tercer viaje), cuando recorría el golfo de Paria, en- A) El apoyo franciscano a Colón
cuentra la clave para ilustración de sus lectores: «Grandes indicios son estos
del Paraíso Terrenal, porque el sitio es conforme a la opinión de esos santos Cualquier historiador, con muy buen criterio, acostumbra a asociar
y sacros teólogos. Y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás indefectiblemente la figura de Colón y el descubrimiento de América con el
leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así dentro e vezina con la convento de Santa María de-la Rábida y la Orden franciscana, sobre todo
salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia. Y si de allí del entre 1485 y 1492. Durante esos siete •años que transcurren desde que
Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo que se sepa en nuestro navegante abandona Portugal -primavera de 1 4 8 5 - y culmina su
el mundo de río tan grande y tan hondo». gesta descubridora, pocos lugares resultan tan decisivos para el éxito de su
La explicación que se forja don Cristóbal es la siguiente: el golfo de empresa como ese recinto franciscano enclavado en la margen izquierda del
Paria, casi cerrado al mar, parecía un gran lago de agua dulce por la aporta- río Tinto, en el cogollo de ese hervidero náutico que era la ría de Huelva. Sus
ción de los caudalosos ríos continentales que desembocaban allí. Impresionó frailes vivían la aventura del océano y las novedades en materia de descubri-
al Almirante cómo esa masa de agua dulce chocaba violentamente con la mientos y cosmografía o astrología no sólo por su directa vinculación con los
salada del mar, originándose continuos e intensos ruidos, algo similar a lo pueblos marineros de la zona, sino también por la gran preocupación cientí-
que Pierre d'Ailly había escrito del Paraíso. Y tan convencido estaba de esto fica y misionera consustanciales con el mejor espíritu franciscano. Antes de
que a una de las zonas cercanas a Paria la bautizó con el nombre de los que Colón llamara a sus puertas, frailes de La Rábida tenían en su haber ya
Jardines, quizá pensando en los mismísimos Jardines del Edén. acciones misionales tanto en Canarias como en el África occidental portu-
guesa.
Con ser importantísimo para Colón localizar el Paraíso, los parajes
bíblicos no se agotaban ahí. La siempre autorizada pluma del cardenal Cuentan que Cristóbal Colón salió a toda prisa de Portugal acompaña-
francés D'Ailly había escrito que en los confines del Oriente se encontraban do de su hijo de corta edad, Diego, y entró en Castilla por Palos de la
el reino de Tarsis y la isla de Ofir, adonde el rey Salomón había enviado a Frontera. La meta parecía ser Huelva, donde vivían Miguel Muliarte y
buscar tesoros para levantar su famoso templo. Pues bien, tras llegar a la isla Violante Muñiz, cuñados de Cristóbal Colón, los cuales podrían hacerse
Española, descubrir el Cibao -su Cipango- y conocer que al sur de la citada cargo del pequeño Diego mientras él gestionaba su proyecto descubridor en
isla había otras minas -las futuras de San Cristóbal, a orillas del Jaina-, la corte itinerante de los Reyes Católicos.
declarará tajante: «Tarsis y Ofir estaban precisamente en esa zona de la Entre Palos y Huelva se erguía el convento franciscano de Santa María
Española». Y para demostrar más autoridad aún, se ve en la obligación de de la Rábida, un lugar cuyas puertas siempre se abrían, según mandaba la
tener que rectificar a los imaginativos escritores medievales, que rodeaban regla del santo de Asís, a todo peregrino, extranjero, menesteroso; a todo
estas regiones de monstruos y dragones, porque él, tras recorrer la zona, viajero cansado que pidiese algo de comer o alojamiento. Quizá por necesi-
anuncia que no había encontrado ninguno y sí, en cambio, «gente de muy dad de los Colón, quizá por el prestigio de la propia comunidad franciscana
lindo acatamiento». en materia de descubrimientos y cosmografía, la visita a La Rábida cierta-
Otra isla y reino envueltos en leyenda de riqueza y sabor bíblico será mente estaba justificada.
Saba. También parecía estar esperando el mundo que el «apóstol» Colón se Para la mayoría de los historiadores hubo dos visitas de Colón a tan
la diera a conocer; hecho que sucedió durante el segundo viaje. Un testigo famoso convento: la primera, en 1485, y la segunda, en 1491. En ambas
- C u n e o - nos cuenta que poco antes de llegar a la «isla grossa» -poco recibió apoyos decisivos.
importa en este caso que sobre su localización no haya acuerdo entre los Durante la visita y estancia de 1485, el futuro descubridor entró en
historiadores- el Almirante, entre misterioso y teatral, pero muy seguro, se contacto con un «frayle astrólogo», un estrellero, que también se decía en
dirigió a la tripulación con estas palabras: «Señores míos: os quiero llevar al castellano; es decir, un experto en cosmografía. Su nombre ha quedado
lugar de donde salió uno de los tres reyes magos que vinieron a adorar a difuminado entre el anonimato y la confusión. No obstante, parece que
Cristo; el cual lugar se llama Saba. Y cuando hubimos llegado a aquel lugar nada tiene que ver este buen fraile con los muy conocidos nombres de fray
(sigue diciendo Cuneo) preguntamos a los naturales su nombre y nos dijeron Antonio de Marchena y de fray Juan Pérez. Tras su conversación y por
que se llamaba Sobo. Entonces el señor Almirante nos dijo que Saba y Sobo medio de su influencia, Colón debió de entrar en contacto con algún experi-
era la misma palabra, pero que no lo pronunciaban bien allí». mentado marinero de Palos. Y también es posible que obtuviera carta de
recomendación para algún franciscano de la corte, objetivo principal de
Colón una vez que dejara en Huelva a su hijo Diego, en casa de sus cuñados.
Sabemos poco acerca de dónde y cuándo se entabla amistad entre el
futuro descubridor y fray Antonio de Marchena. Quizá en la corte durante los
Primeros momentos. La primera entrevista del navegante con los Reyes
30 P.I. Cuestiones globales C.2. La Iglesia y el descubrimiento de América 31
Católicos - n o se olvide- data del 20 de enero de 1486. Pero que fray B) Relaciones de Colón con otros eclesiásticos
Antonio de Marchena fue un hombre decisivo en el triunfo colombino nadie
lo puede discutir: «Nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antonio de Otro de los frailes constantes, aquel que «siempre desque yo vine a
Marchena, después de aquella de Dios eterno», recordará tiempo después el Castilla, me ha favorecido y deseado honra», se llamaba fray Diego de Deza.
mismo Almirante. Reunía en su persona tres características de especial Pertenecía a la Orden dominica. Fue profesor de teología de la Universidad
valor: era buen astrólogo y experto en cosmografía; tenía influencia en su de Salamanca, maestro del príncipe d o n j u á n desde el verano de 1485 y
Orden y ante los reyes, y demostró ser partidario incondicional del proyecto también confesor del Rey Católico. Su influencia en la corte era evidente,
colombino. como evidente fue asimismo el apoyo firme que prestó al proyecto colombi-
En una carta de los monarcas a Colón, fechada el 5 de septiembre de no. El recuerdo de estos tiempos y su familiaridad quedan recogidos a la
•1493, ante los preparativos del segundo viaje, se recomendaba al Almirante perfección en aquella confidencia hecha a su hijo Diego en una carta de
que llevase consigo a «fray Antonio de Marchena, porque es buen astrólogo, 1505: «Si el señor obispo de Palencia (Deza) es venido o viene, dile cuánto
y siempre nos paresció que se conformaba con vuestro parescer». El cronista me ha placido su prosperidad, y que si yo voy allá, que he de posar con su
López de Gomara dice que Colón «en poridad descubrió su corazón» a merced aunque el non quiera, y que habernos de volver al primero amor
Marchena, es decir, en secreto, que bien pudo ser de confesión, con lo que fraterno, y que non le poderá negar porque mi servicio le hará que sea así».
quedaba a cubierto de indiscreciones. En secreto pudo descubrir a este buen Considera que «fue causa que sus Altezas oviesen las Indias, y que yo queda-
franciscano quién era él, de dónde venía, cuál había sido su actividad en se en Castilla, que ya estaba camino para fuera». Sin lugar a dudas, el peso
Portugal y qué información tenía acerca de las tierras que quería hallar. El del dominico actuó decisivamente ante el Rey Católico.
Almirante nos lo retratará como fraile constante. Como presidente de la Junta de expertos que estudió el proyecto co-
De la segunda visita y estancia de Colón en La Rábida -la de 1 4 9 1 - data lombino desde el principio, justo es señalar a fray Hernando de Talavera,
su relación con otro personaje clave: fray Juan Pérez. Colón, tras casi siete quien además ayudó económicamente al descubridor. No obstante, el apoyo
años de fracasos, se disponía a dejar Castilla. Pero antes lo vemos merodear de este buen fraile Jerónimo, con fama de santo varón y confesor de la reina,
por la ría de Huelva en compañía de su hijo Diego. Y como queriendo no fue - q u e sepamos- ni mucho menos comparable al de Deza y Marchena.
rememorar sus primeros pasos, acabará llamando a la puerta del convento y Eclesiástico también, aunque por vida y costumbres entra más en la
pidiendo «que le diesen para aquel niñico, que era niño, pan y agua que categoría de alta nobleza, fue don Pedro González de Mendoza, arzobispo de
bebiese». La escena, de tan repetida, se conoce a la perfección: le abre la Toledo y hombre de mucho prestigio y gran autoridad. Parece que a partir
puerta fray Juan Pérez, quien, al verle extranjero, se interesa por él y le de 1489 se mostró muy complaciente con Colón.
pregunta quién era y de dónde venía. Conversan ambos y, «viendo el dicho Por último, ya metido en horas bajas de crisis y desencanto, es decir,
fraile su razón», éste manda llamar a su amigo García Hernández, médico de posteriores al gran triunfo de 1492, el Almirante relega un tanto a la Orden
Palos y entendido en astronomía, para que opinase sobre los razonamientos franciscana, alguno de cuyos miembros ayudaron a la caída del virrey Colón,
colombinos. para volcarse en adelante con el monasterio cartujo de las Cuevas de Sevilla,
donde residía un fraile amigo y confidente: fray Gaspar Gorricio. La celda
Estos debieron de ser bastante convincentes, a juzgar por la actuación
de este italiano de Novara y, por extensión, el recinto de la Cartuja toda
posterior: fray Juan Pérez, que en su mocedad había servido en la casa de la
sirvieron, en las horas amargas del declive colombino, no sólo de lugar de
reina «en oficio de contadores», y como religioso le titulan confesor de la
paso y estancia frecuentemente, sino también de centro seguro donde custo-
misma, hombre, por tanto, con prestigio en la corte, escribe a la reina en
diar archivo y caudales de la familia Colón. El Libro de las Profecías es obra de
favor de Colón. Esta agradece el servicio y pide al fraile que se presente ante
ambos.
ella, dejando «al dicho Cristóbal Colón en seguridad de esperanza hasta que
su alteza le escribiese». Fray Juan Pérez será el representante colombino a la Dios elige a los suyos -siente Colón- para llevar a cabo señaladas
hora de redactar las Capitulaciones de Santa Fe de 1492. acciones, como la protagonizada por él al descubrir las Indias. Y con la
certeza de quien ha recorrido parajes indianos próximos al Paraíso Terrenal
Por último, el apoyo de los frailes de La Rábida fue crucial cuando llegó
proclama que «toda la cristiandad debe tomar alegría y facer grandes fiestas
la hora de formar las tripulaciones que gobernarían la Pinta, la Niña y la
y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad», porque lo que estaba oculto se
Santa María. Es difícil pensar que sin el apoyo franciscano los Pinzones y
desveló para «refrigerio y ganancia» de todos los cristianos. Esto sentía y así
cuantos los seguían allá donde éstos fueran se hubieran decidido a cruzar la
lo anunciaba al mundo entero en su famosa carta al regreso del primer viaje.
Mar Tenebrosa mandados por un desconocido que se llamaba Cristóbal
Colón. Y para remate de fechas y símbolos, el 2 de agosto de 1492, festividad
de la Virgen de la Rábida, patrona de la comarca, en acabando los actos del
día, el Almirante mandó embarcar a toda la gente, iniciando, al amanecer del
día 3, el Gran Viaje descubridor.
NOTA BIBLIOGRÁFICA CAPÍTULO 3

Iglesia y descubrimientos antes de Colón LA DONACIÓN PONTIFICIA DÉLAS INDIAS


A. VAN DEN WINGAERT, Sínica franciscana 1 (Quaracchi-Florencia, 1929), donde se
recogen los escritos de los franciscanos que viajaron a Asia durante los siglos XIII y Por A N T O N I O GARCÍA Y GARCÍA
XIV; J. P. Roux, Les explorateurs au Moyen Age (París, 1967); M. MOLLAT, Les explora-
teurs du xiw et XIV siécle (París, 1984); L. PETECH, Ifrancescani nell Asia Céntrale e
Oriéntale nel XIu e xiv secólo, en Espansione del francescanesimo tra Occidente e Oriente nel
secólo xni (Assisi, 1979), 213-240; J. SÁNCHEZ HERRERO, «Precedentes franciscanos
del descubrimiento de América», en Actas del I Congreso Internacional sobre los francis-
canos en el Nuevo Mundo (Madrid, 1987), 15-75.
P o r d o n a c i ó n pontificia d e las Indias se e n t i e n d e la e n t r e g a q u e el p a p a
Religiosidad de Colón Alejandro VI hizo e n 1493 del N u e v o M u n d o a los reyes d e Castilla y L e ó n
m e d i a n t e la p r o m u l g a c i ó n d e c u a t r o d o c u m e n t o s d e n o m i n a d o s vulgarmen-
A. MlLHOU, Colón y su mentalidad mesiánica en el ambiente franciscanista español
(Valladolid, 1983). te bulas alejandrinas.

Colón y los franciscanos


A. ORTEGA, La Rábida. Historia documental crítica, 1-4 (Sevilla, 1925-6); A. RUMEU I. LAS BULAS ALEJANDRINAS
DE ARMAS, La Rábida y el descubrimiento de América (Madrid, 1968); J. MANZANO, Fray
Antonio de Marchena, principal depositario del gran secreto colombino, en Andalucía y Los d o c u m e n t o s pontificios e n cuestión son las bulas siguientes:
América (Sevilla, 1984), 514 ss; J. GIL FERNÁNDEZ, «Los franciscanos y Colón», en 1. ínter coetera, del 3 d e mayo d e 1 4 9 3 , p o r la q u e el P a p a c o n c e d e a
Actas del I Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo (Madrid,
1987), 97-110. Este tema se aborda además en todas las monografías referentes a los reyes d e Castilla y L e ó n todas las islas y tierras firmes, descubiertas ya o
Colón al tratar de la etapa comprendida entre 1485 y 1492, entre las que destacan: q u e d e s c u b r i e r a n e n el f u t u r o , siempre q u e n o estuvieran ya sometidas a
J. MANZANO y MANZANO, Cristóbal Colón. Siete años decisivos de su vida, 1485-1492 algún p r í n c i p e cristiano y bajo la condición d e q u e enviaran a ellas evangeli-
(Sevilla, 1964); L. ARRANZ MÁRQUEZ, Don Diego Colón, almirante, virrey y gobernador de zadores.
las Indias 1 (Madrid, 1982), 33-72.
Es la d e n o m i n a d a b u l a d e donación, a la q u e M a n u e l G i m é n e z F e r n á n -
Colón y otros eclesiásticos dez señala la fecha del 17 d e mayo.
2. ínter coetera, del 4 d e mayo d e 1 4 9 3 , q u e r e c o g e m u c h o s pasajes d e
El tema aparece tratado en todas las biografías sobre Cristóbal Colón. Sobre los
dominicos concretamente, véase: J. L. ESPINEL, «Cristóbal Colón y Salamanca», en la anterior, a la q u e amplía y concreta, c o n c e d i é n d o l e a esos mismos reyes
J. L. ESPINEL y R. HERNÁNDEZ, Colón en Salamanca. Los dominicos (Salamanca, 1988), «todas las islas y tierras firmes descubiertas y p o r descubrir, halladas y p o r
18-49. hallar, hacia el occidente y mediodía, fabricando y c o n s t r u y e n d o u n a línea
del Polo Ártico, q u e es el s e p t e n t r i ó n , hasta el Polo Antartico, q u e es el
Financiación del viaje descubridor
mediodía, ... la cual línea diste d e las islas q u e v u l g a r m e n t e llaman Azores y
M. ANDRÉS «Contribución dineraria de la diócesis de Badajoz al descubrimiento C a b o V e r d e cien leguas hacia o c c i d e n t e y mediodía, siempre q u e n o p e r t e -
de América»: Archivo Ibero-Americano 47 (Madrid, 1987), 3-55; ID., Dinero, cultura y
espiritualidad en torno al descubrimiento y a la evangelización de América (Bogotá, 1991). neciesen ya a algún príncipe cristiano».
A este d o c u m e n t o , al q u e Giménez F e r n á n d e z señala la fecha del 2 8 d e
j u n i o , se le suele d e n o m i n a r b u l a de partición o d e demarcación. F u e modifica-
d o p o r el T r a t a d o d e Tordesillas d e 1494, e n el sentido d e q u e esa línea
q u e b r a d a señalada p o r el P a p a fuera sustituida p o r o t r a q u e c o r r i e r a d e
n o r t e a sur a 3 7 0 leguas al oeste d e C a b o V e r d e , lo q u e equivalía al meridia-
n o 46° 3 5 ' .
3. Eximiae devotionis, del 3 d e j u l i o d e 1 4 9 3 , r e p r o d u c c i ó n e n p a r t e d e
las dos a n t e r i o r e s y q u e c o n c e d e a los reyes d e Castilla y L e ó n , p a r a las
tierras q u e d e s c u b r i e r a n , los mismos privilegios o t o r g a d o s a n t e r i o r m e n t e a
P o r t u g a l p a r a los territorios descubiertos p o r él e n África.
4. Dudum siquidem, del 2 5 d e s e p t i e m b r e d e 1 4 9 3 , m u y breve e n
c o m p a r a c i ó n c o n las tres anteriores, p o r la q u e se amplía la d o n a c i ó n «a
34 P.I. Cuestiones globales C.3. La donación pontificia de las Indias 35
todas y cada una de las islas y tierras firmes halladas o por hallar, descubier-
tas o por descubrir, que estén, o fuesen, o apareciesen a los que navegan o II. ANTECEDENTES MEDIEVALES
marchan hacia el occidente y aun al mediodía, bien se hallen tanto en las Para la comprensión del tema resulta imprescindible exponer primero,
regiones occidentales como en las orientales y existen en la India». aunque sea muy sumariamente, cuál era el modelo de teoría política medie-
Es la denominada bula de ampliación. val, sobre todo por cuanto concierne a las relaciones entre el poder tempo-
Los cuatro documentos, sobre todo los tres primeros, contaban con los ral, por un lado, y el espiritual, por otro, o, como entonces se decía, entre el
antecedentes de las bulas expedidas a favor de Portugal, entre las que sacerdocio, de una parte, y el imperio y los reinos, de otra.
destacan la Romanus Pontifex de Nicolás V, del 8 de enero de 1455; la ínter Las diferentes teorías sobre esta materia se elaboran sobre todo a partir
coetera de Calixto III, del 13 de marzo de 1456; y la Aeterni Regis de Sixto IV, de la segunda mitad del siglo xil, y sus autores son principalmente los
del 21 de junio de 1481. canonistas, los civilistas y los teólogos.
La promulgación de estos documentos pontificios expedidos a favor de
Estos autores estaban de acuerdo en una sola cosa, dándose en lo demás
los reyes de Castilla y León estuvo sin duda motivada por el interés de los
un notable pluralismo de opiniones. Todos compartían la tesis de que todo
Reyes Católicos en mantener en exclusiva el dominio de los territorios
poder, tanto espiritual como temporal, viene de Dios. Pero los pareceres se
recién descubiertos y por descubrir, cortando el paso a las pretensiones de
dividían al querer determinar a través de quién se transmitía este poder a los
otros monarcas europeos que quisiesen participar en los frutos del descubri-
humanos. Desde este punto de vista cabe distinguir dos posiciones: la monis-
miento, como era de temer de inmediato, sobre todo por parte del rey
ta y la dualista.
portugués y del de Francia.
Los monistas defendían que el poder se transmitía de Dios a los hombres
Prescindiendo de otras cuestiones discutibles y discutidas que se agitan
a través de una única persona. Para unos esta persona era el Papa, y para
en torno a las bulas alejandrinas, emerge ante nosotros el principal proble-
otros el Emperador o los reyes. En el primer caso tenemos el llamado
ma para la finalidad del presente capítulo, a saber, el fundamento jurídico
monismo hierocrático. En el segundo, el monismo laico, que a su vez podía ser
en que se basó Alejandro VI para donar a los Reyes Católicos tan extensos
cesáreo o regio.
territorios. Es evidente que, por su extensión, este regalo pontificio es
territorialmente muy superior a la donación constantiniana de los falsifica- Representantes bien conocidos del monismo hierocrático son, entre los
dores pseudoisidorianos del siglo IX, y que, según algunos, constituye, como antiguos, Alvaro Pelagio, Egidio Romano, Jacobo de Viterbo, Agustín de
luego veremos, el fundamento jurídico que la donación de Indias tenía en la Ancona, Alejandro de Santo Elpidio, Guillermo de Cremona, etc. Entre los
mente de Alejandro VI. Otra diferencia entre ambas donaciones radica en el modernos se puede mencionar a A. Ybot León, J. Baumel, Barcia Trelles,
hecho de que la pseudoisidoriana era falsa, mientras que la de Alejandro VI P. Imbart de la Tour, M. Serrano Sanz, F. J. Montalbán y P. Castañeda.
emerge de documentos cuya autenticidad está fuera de toda duda. Pero hay Manuel Giménez Fernández y Alfonso García Gallo suponen que el
todavía otra diferencia que aquí nos interesa mucho subrayar. verdadero título fue el descubrimiento y ocupación, que las bulas no vinie-
Al filo del siglo IX todo el mundo sabía cuáles eran los territorios del ron más que a reconocerlo, a petición de los reyes de Castilla, con el fin de
antiguo Imperio romano, que coincidían con los límites de la mayor parte evitar las apetencias de otros soberanos europeos sobre aquellos territorios.
del mundo entonces conocido, mientras que ni Colón, ni Alejandro VI, ni Obviamente, tanto el uno como el otro estudian otros varios aspectos de las
los Reyes Católicos, ni nadie en 1493 tenía la más remota idea de que se bulas distintos del fundamento jurídico de la donación pontificia, sobre los
incluyera en la donación alejandrina lo que hoy llamamos América. Por el que hacen muchas observaciones que pueden ser atinadas. Ninguno de los
contrario, comenzando por Colón y acabando con todos los demás protago- dos admite ningún monismo propiamente dicho, ni hierocrático ni regio o
nistas de esta historia, se ignoraba la existencia de todo lo que media entre cesáreo.
las costas orientales de Asia y las islas Azores, espacio que se suponía, Como partidarios del monismo laico de tipo imperial es obligado recor-
erróneamente, mucho más pequeño de lo que es y además no se sospechaba dar a Marsilio de Padua, Guillermo Ockham, etc. Para el monismo regio es
la existencia de un continente como las Américas en dicha área, sino a lo típico el caso de los asesores jurídicos de Felipe el Hermoso, de Francia, en
sumo algunas islas o archipiélagos. De ahí el nombre de Indias con que se su lucha contra Bonifacio VIII.
designó a las tierras recién descubiertas, por considerarlas prolongación Es obvio que un episodio como la donación pontificia de las Indias
natural y cercana de la India y demás tierras orientales de Asia. encajaba perfectamente dentro de la teoría monista hierocrática, según la
Veamos por separado los antecedentes medievales de este tipo de dona- cual Dios había dado el dominio del mundo a Cristo hecho hombre. Cristo
ciones y las diversas interpretaciones que se han dado acerca de la naturaleza lo había dejado a San Pedro y sus sucesores con la condición de que lo
de la donación alejandrina de las Indias. evangelizaran. Uno de éstos, Alejandro VI, había a su vez donado una parte
del mundo, como eran las Indias, a los reyes de Castilla, Fernando e Isabel,
y a sus sucesores. Pero esta teoría, como veremos en seguida, era minoritaria
entre los autores de la Edad Media. Los autores de la teoría cesárea atri-
36 P.I. Cuestiones globales C. 3. La donación pontificia de las Indias 37
buían esto mismo al emperador, el cual, según ellos, era el dueño del mundo poder fáctico de cada uno de los protagonistas eclesiásticos y seculares de
(dominus orbis) y ejercía su dominio, ya directamente, ya concediendo en cada episodio histórico.
feudo alguna parte del mismo a los reyes y otros mandatarios temporales. El Por muy fácil que pueda parecer la distinción entre estas cuatro teorías
monismo cesáreo fue defendido por un grupo de autores más minoritario (monismo hierocrático, monismo laico, dualismo eclesiástico y dualismo
todavía que el monismo hierocrático. laico), hay que advertir que no eran en la práctica monolíticas e irreducti-
La mayoría de los autores medievales no es partidaria del monismo, sino bles. El paso de una a otra no era en la práctica tan brusco como pudiera
del dualismo. Según esta teoría, el poder viene de Dios a los hombres por dos parecer a primera vista. Un mismo asunto, como la suplencia de la justicia
vías, entre sí independientes, a saber: el poder secular, a través del príncipe secular, la deposición de un príncipe temporal, etc., podía a veces justificar-
temporal, y el poder espiritual, a través de los jerarcas de la Iglesia. se tanto desde un punto de vista monístico hierocrático como desde el
Dentro del dualismo había, a su vez, dos matices importantes: unos dualístico. Y, dentro del dualismo, había, obviamente, por lo menos dos
creían que el poder espiritual se transmitía de Dios a la Iglesia sólo a través modos de entenderlo y de aplicarlo, según que nos fijemos en los puntos de
del Papa, y otros también a través de los obispos. Algo parecido ocurría en vista de los representantes del poder espiritual o de los del temporal. Es
la esfera temporal, donde unos sostenían que el poder se transmitía sólo a obvio que cada uno de estos dos poderes trataba de amplificar las atribucio-
través del emperador, mientras que otros afirmaban que también se transmi- nes y de restringirlas a expensas del otro poder. Así, por ejemplo, la repre-
tía a través de los demás príncipes temporales que ejercían un poder sobera- sentación de la realeza castellana en las monedas medievales se realiza con
no, como era el caso de los reyes o de cualquier otro príncipe que fuese un fuerte sentido dualista en favor del rey, y lo mismo ocurría con las
realmente independiente de otros poderes temporales. coronaciones y unciones regias en Castilla, donde la intervención de la
La denominación de teocracia para explicar la teoría política medieval Iglesia es la excepción, mientras que su ausencia es lo normal.
creemos debe ser desechada, porque teocracia propiamente dicha es la En la práctica resultaba con frecuencia imposible solucionar satisfacto-
teoría según la cual es Dios quien directamente gobierna el mundo, diciendo riamente las relaciones entre ambos poderes a base de estas cuatro teorías.
en cada caso a sus representantes lo que tienen que hacer. Tal fue el caso de Y esto fue particularmente verdadero en el tránsito de la Edad Media a la
Israel en tiempos del caudillaje de Moisés y durante las monarquías de Israel Moderna. Por ello se recurrió a los concordatos o acuerdos especiales entre
y de Judá, así como en el caso de algunos grupos exaltados muy minoritarios ambos poderes, al margen del derecho canónico medieval, en los que la
del catolicismo y más tarde del protestantismo, que no ejercieron especial Iglesia encontró la ayuda material de las monarquías absolutas de entonces,
influjo en la historia de la cuestión que aquí nos ocupa. cediendo a éstas ciertos derechos que por el ordenamiento canónico común
Dentro de la posición dualista falta todavía explicar un punto muy pertenecían a la Iglesia en exclusiva. En este contexto se sitúa el Patronato
importante, cual es el de las relaciones entre el poder espiritual y el tempo- Regio de los reyes castellanos para Granada, Canarias y Puerto Real, prime-
ral. Sobre esta materia todos estaban de acuerdo en tres principios doctrina- ro, y para el Nuevo Mundo, después.
les, aunque no siempre en su aplicación práctica. Según dichos tres princi- La cristiandad medieval era una realidad más vivida que definida. En la
pios, ambos poderes, espiritual y temporal, eran distintos entre sí, y en práctica consistía en la agrupación de los reinos cristianos de Europa, bajo
principio también independientes el uno del otro. Ambos poderes debían la dirección de los Papas, sobre todo con fines de cruzada contra el Islam o
colaborar entre sí debido a su unidad de origen en Dios y al hecho de que eventualmente contra otros enemigos de la cristiandad o del bien público.
eran unos mismos los subditos de entrambas potestades, salvo en el caso de No se olvide que esta cristiandad medieval adquiere una configuración muy
los infieles, que en el Medievo eran considerados como enemigos comunes distinta según que se realice por una u otra de las cuatro teorías del poder
de entrambos poderes, espiritual y temporal, y por ello habitualmente se político que acabamos de exponer en apretada síntesis.
hallaban en guerra con los cristianos. Dicho sea de paso, infiel y mahometa- El síndrome del miedo al Islam estaba muy difundido en toda la cristian-
no era casi idéntico para el hombre medieval. dad medieval, sobre todo a partir de la caída de Constantinopla en manos de
Generalmente se admitía una cierta superioridad del poder espiritual los turcos, en 1453. Los príncipes cristianos, el pueblo y especialmente la
sobre el temporal. Pero la puesta en práctica de este principio constituyó Santa Sede, eran extremadamente sensibles a este problema. Los Papas
una fuente inagotable de problemas y litigios entre el poder espiritual y el fomentaron a lo largo de la Edad Media las cruzadas contra los mahometa-
temporal. Para unos esta superioridad del poder espiritual sobre el temporal nos, particularmente en el Próximo Oriente, norte de África y en la Penínsu-
facultaba al Papa o a los obispos, según los casos, para intervenir en la esfera la Ibérica. Los romanos pontífices de la segunda mitad del siglo xv dirigie-
del poder temporal, siempre que el gobierno del príncipe secular atrepella- ron unas 70 bulas a Portugal, de las que 47 abordan el tema de la cruzada
se, ajuicio de la Iglesia, algún valor ético o, como entonces se decía, ratione contra el Islam. En el contexto de los descubrimientos portugueses en África
peccati, es decir, por razón del pecado implícito en la actuación del poder y hacia Oriente, doblando el cabo de Buena Esperanza, se piensa en atacar
secular. Estas intervenciones eclesiásticas en lo temporal fueron mayores o a los mahometanos por la espalda, en una especie de operación tenaza. Para
menores según los diferentes pareceres, dependiendo en buena medida del este efecto se creyó contar con la ayuda potencial del supuesto Preste Juan,
38 P-I- Cuestiones globales C.3. La donación pontificia de las Indias 39
que, según la leyenda, era un príncipe cristiano cuyo reino estaba situado en En este pasaje la fundamentación del derecho a la posesión de las Indias
las costas del nordeste de África. en argumentos complementarios de la donación pontificia puede interpre-
En las bulas de cruzada dirigidas a los lusitanos se les facultaba para tarse como un síntoma del debilitamiento de valor de las bulas alejandrinas,
ocupar las tierras que descubrieran, porque se presumía que allí había de las que de hecho a lo largo del siglo xvn se fue prescindiendo cada
mahometanos, cosa que en unos casos era cierta, pero que en otros, como en vez más.
Canarias, era falsa. En todos estos casos no se impone a Portugal la obliga- En cuanto a los motivos y el alcance de la donación, las opiniones de los
ción de evangelizar las tierras descubiertas y ocupadas, porque era cosa juristas fueron evolucionando con el tiempo.
sabida que los mahometanos no se convertían al cristianismo. La propiedad
de dichas tierras se les concede sólo cuando las hayan ocupado de hecho. A) Desde 1493 hasta Francisco de Vitoria (1539)
Teniendo como telón de fondo el cuadro doctrinal que acabamos de
describir, se produjeron a lo largo de la Edad Media varias donaciones Durante este período la posición más común fue la monística hierocráti-
pontificias de territorios, si bien de escaso valor y significado. Hay un docu- ca; es decir, que el Papa había recibido de Cristo el dominio del mundo, y
mento apócrifo del siglo IX, llamado Constitutum Constantini, o donación Alejandro VI concedió las Indias, que son una parcela del mismo, a los reyes
constantiniana, elaborado por falsificadores anónimos, según el cual el em- castellanos, exigiéndoles a cambio que enviaran misioneros a evangelizarlas.
perador Constantino el Grande (306-337), al trasladar a Constantinopla la Así lo entendió también la Corona castellana.
capital del Imperio romano, donó al papa Silvestre (314-335) los territorios Veamos el parecer de algunos personajes de esta época sobre este
del Imperio romano de Occidente. Dichas tierras fueron ocupadas por los particular.
diversos reinos germánicos que en ellas se establecieron. Pero quedaban una Fr. Alonso de Loaysa, provincial de los dominicos, afirma en 1512 que
serie de islas mediterráneas, como Córcega, Cerdeña, Capri, Malta, Elba, el dominio de las Indias por la Corona española se basa en la donación
Capraia, etc., que no constituían reino alguno y que se suponía pertenecían pontificia y se hizo efectivo iure belli, es decir, con la conquista.
al patrimonio de San Pedro, o sea, a la Santa Sede, en virtud de la menciona- El también dominico Fr. Matías de Paz escribió en 1512 un tratado, De
da falsa donación de Constantino. De hecho, los papas medievales realizan a dominio regum Hispaniae super indos (Del dominio de los reyes de España sobre los
lo largo de la Edad Media varias donaciones a determinados reinos de estas indios), en el que considera todavía válida la falsa donación de Constantino
islas mediterráneas e incluso atlánticas, como la investidura que otorga del siglo IX. Conviene aclarar que la donación de Constantino fue entendida
Clemente VI de las islas Canarias a Luis de la Cerda, en 1344. de dos maneras por los autores que creían en su autenticidad: unos soste-
nían que Constantino no había hecho otra cosa que devolver al Papa lo que
era suyo ya en virtud de la donación del mundo por Cristo a sus sucesores;
III. INTERPRETACIONES DE LAS BULAS ALEJANDRINAS otros, en cambio, no relacionaban la pseudodonación constantiniana con el
hecho de que el Papa fuese o dejase de ser señor del mundo por derecho
Está claro que, puesto que las solicitaron y las acataron, los Reyes divino. En realidad, la falsedad de la donación constantiniana había sido
Católicos, así como los de Portugal, admitían la validez de la donación puesta en evidencia en 1440 por el humanista italiano Lorenzo Valla, a
pontificia, de la misma manera que lo hicieron también muchos de sus quien estos autores del siglo XVI parecen ignorar. Matías de Paz aduce,
sucesores. además, como algo distinto la donación del mundo por Cristo a sus suceso-
He aquí algunos ejemplos a este respecto. res los Papas. Añade todavía que los infieles pueden ser privados de su
Isabel la Católica consignaba en 1504, en una de las cláusulas de su soberanía o autonomía política por el mero hecho de ser infieles y no querer
testamento: «ítem, porque al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa convertirse.
Sede Apostólica las islas y tierra firme del mar Océano descubiertas y por El consejero de la Corona por espacio de veinte años, Juan López de
descubrir...» Palacios Rubios, escribió entre 1 5 1 2 y l 5 1 6 s u obra De insulis maris Oceani
El jurista Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias, elaboró en ouas vulgus Indias appellat (De las islas del mar Océano vulgarmente llamadas
1571 una obra titulada Gobernación espiritual de las Indias, cuerpo legislativo, Indias). Es posible que interviniera también en el denominado Requerimiento
destinado a ser oficial, aunque no lo llegó a ser, en cuya introducción pone que había que hacer a los indígenas, dándoles la opción de someterse a la
en boca de Felipe II su agradecimiento a Dios por el hecho de que el Papa Corona española de grado o por fuerza, aduciendo como argumento que el
«les encargase y concediese a ellos y a sus sucesores los reyes de Castilla y r
ey de Castilla había recibido aquellas tierras del Papa y éste de Cristo. Por
León el reino, señorío y descubrimiento de aquel nuevo mundo incógnito». lo
que a nuestro tema se refiere, sostiene las mismas ideas que Matías de Paz,
La Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias de 1681 inicia su libro es decir, el dominio directo del Papa sobre todo el mundo y en especial sobre
tercero dejando constancia de que, «por donación de la Sede Apostólica y !as tierras del antiguo Imperio romano en virtud de la doctrina monista
otros justos y legítimos títulos, somos señores de las Indias Occidentales, hierocrática y de la pseudodonación constantiniana.
islas y tierra firme del mar Qcéano descubiertas y por descubrir». Bernardo o Bernardino de Mesa, dominico, predicador del rey y obispo
C.3. La donación pontificia de las Indias 41
4
^ P.I. Cuestiones globales le fue concedida al Papa potestad temporal en todo aquello que sea necesario
de Badajoz de 1521 a 1524, afirmaba, según una referencia de Bartolomé de para la administración de las cosas espirituales.
»Por esta razón puede el Papa invalidar las leyes civiles que fomentan el
las Casas, que el fundamento de la conquista y dominio de España en Indias pecado, como derogó las leyes acerca de la prescripción de mala fe... Y por la
era la donación de Alejandro VI. misma razón cuando los príncipes están en discordia sobre los derechos de
El licenciado Gregorio López (1496-1560) sostenía que la donación algún reino y están para llegar por ello a la guerra, puede el Papa ser juez y
pontificia autorizaba a la Corona para hacer efectiva la soberanía sobre los examinar el derecho de las partes y dar sentencias, que han de aceptar los
indígenas en Indias, de las que ya era dueña en virtud de la donación de príncipes con el fin de evitar los daños espirituales que necesariamente habrían
de producirse al estallar la guerra entre principes cristianos. Y aun cuando el
Alejandro VI. Papa nunca o casi nunca haga esto, no es porque no pueda, ... sino por miedo
Idéntica doctrina encontramos también en Martín Fernández de Enci- al escándalo: no sea que los príncipes crean que le mueve la ambición; o
so, autor o coautor de las Leyes de Valladolid de 1513, quien en 1516 escribió también para evitar la rebeldía de los príncipes contra la Sede Apostólica. Por
un memorial en el que da por sentada la legitimidad de la donación pontifi- la misma razón también puede deponer en ocasiones a los reyes y nombrar
cia de las Indias, de acuerdo con el poder directo o dominio que tiene el otros nuevos, como ya ha sucedido. Y ciertamente que ningún verdadero
cristiano debería negar esta potestad al Papa...» (Relectio de indis, pars prima,
Papa en todo el mundo como vicario de Cristo. cap. 2, núm. 7).
La misma doctrina sostienen otros personajes de la época, como Miguel
de Salamanca, Barrios, Reginaldo de Morales, Vicente de Santamaría, etc. Es claro cómo Francisco de Vitoria desplaza toda esta cuestión del
Fr. Miguel de Salamanca conecta la donación pontificia con la evangeli- monismo hierocrático al dualismo o, dicho de otra manera, niega el poder
zación de los indígenas, aunque no se para a razonar este nuevo fundamento directo del Papa en los asuntos temporales; pero sostiene que puede tomar
de la donación. En todo caso, preludia la posición de Francisco de Vitoria. decisiones sobre ellos con el poder indirecto que le confiere el derecho y el
Como contrapunto, no faltan en este período algunos autores que deber de mirar por el bien espiritual de las almas. Según esto, el papa
sostienen la teoría monística cesárea. Estos autores niegan al Papa todo Alejandro VI no podía donar las Indias a los reyes castellanos con un poder
poder sobre el mundo, y a su donación todo valor, porque, según ellos, el directo que no tenía, pero sí con el poder indirecto que dimanaba de la
único dueño del mundo es el Emperador. Merecen recordarse en España,
obligación y el derecho del Papa de mirar por el bien espiritual de aquellos
bajo este aspecto, al navarro Miguel de Ulcurrun y al valenciano Fernando
infieles que habitaban el Nuevo Mundo.
de Loaces, quienes publican sus obras en 1525. Pero sostienen esta doctrina
en términos generales, sin aludir para nada al caso concreto de la donación El pensamiento de Vitoria es el que informa a los autores que en lo
de las Indias por Alejandro VI a la Corona castellana. sucesivo se ocuparon de esta materia. En la práctica, ni los monarcas euro-
peos que establecieron su dominio en tierras americanas se sintieron limita-
dos por los derechos de los reyes españoles, derivantes de la donación ponti-
B) De Francisco de Vitoria (1539) a Juan Solórzano ficia ni éstos la adujeron como título para excluir a los nuevos países coloni-
Pereira (1629) zadores de tierras americanas, como es el caso de los franceses, ingleses y
Esta etapa difiere de la anterior en que se pasa decididamente del holandeses. Por ello los autores extranjeros como Hugo Grozio y su escuela
monismo hierocrático al dualismo, es decir, que el Papa no tiene ningún citan reiteradamente las obras de Vitoria y otros autores de su escuela.
dominio temporal sobre el mundo ni puede por este título hacer ninguna
donación a nadie. Pero puede hacer todo aquello que sea preciso para C) De Juan Solórzano Pereira (1629) hasta la actualidad
cumplir con el derecho y el deber que tiene de anunciar el Evangelio y Juan Solórzano Pereira, en su obra De Indiarum ture sive de insta India-
proveer al bien espiritual de las almas que le están encomendadas. rum Occidentalium gubernatione 1-2 (Madrid, 1629 y 1639) y en su otra obra
He aquí el pasaje de Francisco de Vitoria más incisivo sobre esta ma- de la Política indiana (Madrid, 1647), trata por todos los medios de demos-
teria: s trar, contra Jean Bodin, Marta y otros, que España no había recibido en
«El Papa tiene potestad temporal en orden a las cosas espirituales, esto ea^ feudo las tierras de Indias, sino como simple donación pontificia. En la
en cuanto sea necesario para administrar las cosas espirituales... La prueba cU? primera de las obras citadas no explica si la donación pontificia se basa en un
ello está en que el arte a la que corresponde un fin superior es imperativa y supuesto poder directo del Papa en lo temporal o en un poder indirecto. En
preceptiva de las artes que se ocupan de fines inferiores subordinados a ese fin
superior, como se lee en Aristóteles. Ahora bien, el fin de la potestad espiritual la Política indiana, en cambio, sostiene el más rígido monismo hierocrático
es la felicidad última y, en cambio, el fin de la potestad civil es la felicidad del poder directo del Papa sobre el mundo, en el que se basaría, según
política; luego la potestad temporal está subordinada a la espiritual... Y se Solórzano, el papa Alejandro VI para donar las Indias a los monarcas his-
confirma por el hecho de que aquel a quien se le encarga el cumplimiento de panos.
una misión se entiende que se le ha concedido todo lo que para su cumplimien-
to es necesario. Ahora bien, el Papa por mandato del mismo Cristo es pastor La diferencia de Solórzano con respecto al regalismo borbój;
espiritual y esta misión no puede ser impedida por la potestad civil. Y como del siglo XVIII radica en que busca un fundamento de dere,
Dios y la naturaleza no pueden fallar en las cosas necesarias, indudablemente poder temporal en una donación pontificia que supuestame
42 P.I. Cuestiones globales C.3. La donación pontificia de las Indias 43

dicho derecho. Para los regalistas del siglo xvill la Corona tenía el dominio pues, una especificación ulterior de la teoría monística hierocrática. Solórza-
temporal conferido directamente por Dios, sin intervención de donaciones no Pereira dedicará en el siglo XVII no pocas páginas a la refutación de esta
pontificias. Por ello el control de la Iglesia del siglo XVIII por el poder teoría.
temporal es mucho más duro que en los tiempos de Solórzano Pereira. Otros, en fin, explican la donación de las Indias en virtud de una doctri-
A partir del final del antiguo régimen la cuestión de la donación pontifi- na del derecho romano, que constituye todavía hoy un título originario del
cia deja de ser actualidad y comienza a ser historia. dominio de las cosas, a saber, el hallazgo de las mismas sin que pertenezcan
Las teorías para explicar el fundamento jurídico de la donación pontifi- a ningún dueño. Se conoce como la teoría de la inventio o de la res nullius
cia se reducen a cinco: monística hierocrática, arbitral, feudal, el título de la (hallazgo o cosa sin dueño). Según esto, más que de una donación, se trataría
inventio o res nullius (hallazgo o cosa sin dueño) y la dualista. Veamos breve- de un reconocimiento por parte de la Santa Sede de que los reyes castellanos
mente en qué consiste cada una de estas teorías y su posible verosimilitud. poseían legítimamente las Indias en virtud del título de haberlas descubierto
Según la teoría monística hierocrática, Dios habría otorgado el dominio del y de que no tenían dueño o, lo que es lo mismo, no había allí reinos
mundo a Cristo, Cristo al Papa y éste habría donado a los reyes de Castilla constituidos. Ciertamente que al filo de 1493 tal vez se podía pensar de
una parte tan importante del orbe como son las Indias. Así entendieron la buena fe que ésta era la situación. Posteriormente, con el descubrimiento de
donación alejandrina la Corona española y la generalidad de los autores con reinos como el de los aztecas de México y el de los incas del Perú, ya no se
anterioridad al padre Francisco de Vitoria (1539). podía afirmar tal cosa. Pero, en todo caso, esta teoría parece contraria al
texto de las bulas alejandrinas, ya que allí no se habla de ningún reconoci-
También hay historiadores, incluso actuales, que adoptan esta teoría
miento, sino de donación, puesto que se usan las palabras concedemos y
para explicar la naturaleza de la donación alejandrina. La Corona, sin em-
donamos.
bargo, se muestra poco entusiasta de esta teoría a partir de Solórzano
Pereira. En los documentos de la donación no hay nada que apoye ni que A mi juicio, la donación alejandrina puede explicarse desde la teoría
contradiga esta teoría. En todo caso, hay que distinguir entre el modo como dualista, que más arriba quedó explicada, según la cual el Papa podía hacer
entendieron este problema los autores posteriores a 1493 y la mente de todo lo necesario para cumplir la misión espiritual de la Iglesia en el mundo
Alejandro VI cuando expidió los documentos de la donación de las Indias a en su doble vertiente, la salvación de los cristianos y la evangelización de los
los reyes de Castilla. Alejandro VI no dice una sola palabra acerca del que todavía eran infieles. Esta teoría del dualismo que Francisco de Vitoria
fundamento jurídico de su donación, por lo que las bulas alejandrinas son, aplicó al caso de la donación pontificia de las Indias había sido formulada
en rigor, compatibles con cualquiera de las teorías que tratan de explicar mucho antes por los canonistas medievales, como queda ya indicado en este
dicho fundamento. mismo capítulo al hablar de los antecedentes medievales. El mérito de Vito-
ria no está en la invención de esta doctrina, sino en su aplicación al problema
La teoría arbitral supone que el Papa actuaba como arbitro entre los
de las bulas alejandrinas.
reyes castellanos y el portugués, y estos documentos vienen a resolver la
cuestión de los límites entre los dominios de una y otra monarquía en su Es obvio que la Iglesia carecía de medios para llevar el Evangelio a tan
expansión hacia Occidente. En realidad, el lenguaje de la bula parece irre- lejanas tierras como las recién descubiertas en el Nuevo Mundo. Por lo que
conciliable con esta teoría del arbitraje, ya que en ella se afirma: concedimus pudo parecer lógico echar mano para ello de la ayuda de un príncipe
et donamus (concedemos y donamos) por la autoridad del Papa y no en virtud cristiano, pactando con él las condiciones en que ambas partes iban a cola-
de los poderes conferidos por las partes a un arbitro. Esta teoría fue sosteni- borar en este plan. Cuando estas bulas se expidieron aún no había noticias
da en tiempo de los Reyes Católicos por el italiano Pietro Martire di Anghie- de que allí existiesen reinos u organizaciones políticas de alguna entidad,
ra (Pedro Mártir de Anglería) y por Hugo Grozio en el siglo XVII. En reali- sino de unas sociedades en fase todavía tribal. En las bulas alejandrinas no se
dad, la donación alejandrina no fue un arbitraje técnicamente hablando, habla para nada del posible carácter de cruzada contra los musulmanes, si
pero el Papa sí tuvo que pronunciarse por una de las dos opciones posibles bien no se descarta que en la mente del Papa pudiera parecer conveniente
al solicitarle los reyes castellanos que se pronunciara por el dominio exclusi- para el interés del pueblo cristiano que los reyes castellanos ocupasen unas
vo de éstos sobre aquellos territorios. tierras que entonces se suponían mucho más cercanas de lo que realmente
eran de las fronteras orientales del poderío musulmán.
Otros autores, como Jean Bodin, Josef Hóffner, Jacobo Antonio Marta,
E. Stádler, Silvio A. Zavala, etc., explican este problema diciendo que el En todo caso, el elemento de juicio más seguro en toda esta cuestión es
Papa concede enfeudo aquellas tierras a los reyes castellanos, por lo que el que nos hallamos ante unos documentos pontificios solicitados por los pro-
título de conquista y retención de las tierras del Nuevo Mundo se basaría en pios monarcas castellanos no porque abrigaran dudas sobre la legitimidad
el hecho de que los reyes de Castilla poseían aquellos territorios como de su dominio en Indias, sino porque querían defenderlo contra los otros
feudatarios de la Santa Sede. Como es obvio, esta teoría feudal presupone la monarcas cristianos con un refrendo pontificio. En este sentido, la teoría
aceptación de la teoría monística hierocrática, en virtud de la cual podría el dualística, con apoyos notorios en la de la inventio y res nullius, es la más
Papa dar en feudo las tierras del Nuevo Mundo a los reyes de Castilla. Es, verosímil.
NOTA BIBLIOGRÁFICA C.3. La donación pontificia de las Indias 45

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F. de Asís Caballero (Madrid, 1957); A. GARCÍA GALLO, «Las bulas de Alejandro VI y
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Eximiaedevotionis), 17-18 (bula Dudum siquidem); F. MORALES PADRÓN, Teoría y leyes de
Anuario de Historia del Derecho Español 27-28 (Madrid, 1957-58), 461-829;
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G. FIGUERAS, La Iglesia y su doctrina en el descubrimiento de América (Caracas, 1960);
También reproducen los documentos M. Giménez Fernández y A. García Gallo, que
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se citarán más adelante.
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este tema; ID., «El derecho común medieval y los problemas del Nuevo Mundo»:
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Interpretaciones (selección por orden cronológico)


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Investitur der Krone Spanien von 1493»: Archiv fúr Urkundenforschung und Quellen-
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1418»: Ibíd., 17 (1941), 304-18; ID., «Die "Donatio Alexandrina" und die "Divisio
mundi" von 1493»: Archiv fúr katholisches Kirchenrecht 117 (1937), 363-402; ID., «Die
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MANZANO, «Los justos títulos de la dominación castellana de Indias»: Revista de
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al descubrimiento y conquista de las Indias del Poniente»: Revista de Indias 3 (Madrid,
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referentes a las Indias», en Memoria del IV Congreso Internacional de Historia del Derecho
Indiano (México, 1976), 327-59; M. GIMÉNEZ FERNÁNDEZ, Las bulas alejandrinas de
1493 referentes a las Indias. Nuevas consideraciones sobre la historia, sentido y valor de las
bulas alejandrinas de 1493 referentes a las Indias (Sevilla, 1944), tirada aparte de
Anuario de Estudios Americanos 1 (Sevilla, 1944), 107-168; L. WECKMAN, Las bulas
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papalsobre las islas, 1091-1493 (México, 1949); ID., «The Middle Ages in the Conquest
of America»: Speculum 26 (1951); ID., «The Alexandrine Bulls of 1493: Pseudo-Asiatic
Documents», en First Images of America. The Impact ofthe New World in the Oíd, ed. by
F. Chiappelli, 1 (Los Angeles, 1976), 201-9; V. D. SIERRA, «Nueva hipótesis sobre la
CAPÍTULO 4

LA SANTA SEDE Y LA IGLESIA AMERICANA


Por PEDRO BORGES

El hecho de que la historia de la Iglesia en América necesite un apartado


especial sobre las relaciones de la Santa Sede con esa misma Iglesia obedece
a que el papel desempeñado en ella por el Pontificado no fue el que cabría
esperar de su carácter de autoridad máxima y de director supremo de la
institución.
Este papel, cuyo conocimiento es imprescindible para comprender el
sistema de dirección de la Iglesia americana, consistió fundamentalmente en
que, por una serie de circunstancias, la Santa Sede permaneció en gran
parte marginada de la dirección de la Iglesia americana, hasta el punto de
que sólo intervino en aquellos asuntos en los que no podía ser sustituida por
ninguna otra autoridad o en los que le solicitó su intervención la Corona
española.
A este planteamiento fundamental cabe añadir los infructuosos esfuer-
zos que tanto la Corona como el Pontificado hicieron en determinados
momentos por incrementar su respectivo influjo en la Iglesia americana.

I. MARGINACION DIRECTIVA DE LA SANTA SEDE

A) Proceso de marginación
El proceso de marginación de la Santa Sede respecto de la Iglesia
americana arranca de las propias bulas ínter coetera, del 3 de mayo y 4 de
mayo de 1493, por las que el papa Alejandro VI le concedió las Indias a la
Corona de Castilla y trazó la línea de demarcación de las mismas. Ambos
documentos les imponen a los reyes castellanos la obligación de enviar al
Nuevo Mundo «varones probos y temerosos de Dios, instruidos y experi-
mentados, para adoctrinar a los indígenas y habitantes dichos en la fe católi-
ca e imponerlos en las buenas costumbres, poniendo la debida diligencia en
todo lo antedicho».
Esta cláusula, que reviste la forma de precepto gravemente vinculante,
entraña al mismo tiempo la concesión a los reyes de una facultad que en
principio no les competía. En adelante, la Corona no sólo no renunció
nunca a esta facultad de poder enviar misioneros a América, sino que la
ejerció siempre bajo la doble forma de fomentar el viaje al Nuevo Mundo de
48 P.I. Cuestiones globales C. 4. La Santa Sede y la Iglesia americana 49
los evangelizadores que consideraba necesarios y poseían la licencia del porque él se preocuparía de hacer llegar al conocimiento de los Padres
respectivo superior y la de negar el paso a los que no consideraba conve- conciliares los problemas de la naciente Iglesia novohispana.
nientes. Fuera de Pío V desde 1568 y de la Congregación de Propaganda Fide a
La Santa Sede, por su parte, no sólo no revocó tampoco nunca esta raíz de su fundación en 1622, a cuyas posturas se aludirá más adelante, la
facultad regia, sino que en determinados momentos, como en 1522, 1544 y Santa Sede ofreció pocas muestras de discordancia con esta marginación
1554, exigió que los futuros misioneros contasen con la licencia de la Coro- practicada por la Corona española, consciente tal vez de su impotencia, si ya
na además de con la del propio superior para dirigirse a ultramar, mientras no de los inconvenientes que su oposición entrañaría.
que en 1532 incluso autorizó al emperador Carlos V a enviar al Nuevo Entre estas pocas muestras figuran su deseo de estar representada en
Mundo, aunque por esta sola vez, a 120 franciscanos, 70 dominicos y 10 Indias por algún delegado pontificio, su oposición al proyecto de Patriarca
Jerónimos sin necesitar para ello la licencia de sus superiores. indiano concebido por la Corona española y sus reticencias ante la especie
A esta automarginación pontificia respecto del envío de misioneros la de código del derecho público de la Iglesia en América representado por el
propia Santa Sede añadió en el mismo año de 1493, mediante la bula Piis Libro de la Gobernación Espiritual de las Indias o Código Ovandino, de 1571,
fidelium, del 25 de junio, la concesión al benedictino fray Bernardo Boil o que la propia Corona no se atrevió a promulgar por la más que previsible
Buil, jefe de la primera expedición misionera que se dirigió a América, de oposición de la Santa Sede.
una serie de facultades que en la práctica lo convirtieron en vicario pontifi-
De este código solamente se promulgaría en 1574 la parte correspon-
cio para el Nuevo Mundo. La concesión no entrañó ulteriores consecuencias
diente al Real Patronato, la cual no dejó de originar varias protestas en la
porque Alejandro VI, obrando con clarividencia, no accedió al deseo de los
propia Iglesia americana, entre ellas la ya algún tanto tardía de Santo Tori-
Reyes Católicos de que esas facultades recayesen automáticamente en la
bio de Mogrovejo, arzobispo de Lima.
persona que ellos designaran, sino que las restringió a fray Bernardo Boil,
quien renunció implícitamente a ellas al regresar a España a finales de 1494.
B) Intervención pontificia en América
La marginación definitiva de la Santa Sede sobrevendría, desde comien-
zos del mismo siglo XVI, como consecuencia de una serie de concesiones Tres datos concretos, uno perteneciente a 1538, el segundo a 1571 y el
hechas por el Pontificado a la Corona española y de otra serie de facultades tercero a finales del siglo xvi, son especialmente reveladores de la situación
que los reyes castellanos se arrogaron por su cuenta, todo lo cual abocó en en que terminó encontrándose la Santa Sede respecto de la Iglesia ame-
los sistemas denominados del Patronato Real, del Vicariato Regio y del ricana.
Regalismo Borbónico (véanse los ce. 5 y 6). En 1538, el papa Paulo III tuvo que anular cierto breve anterior por-
Entre las facultades que la Corona se arrogó en este punto cabe desta- que, según le había comunicado el emperador Carlos V, el documento había
car la del pase regio, establecido en 1538 y consistente en que no se pudiera perturbado el estado próspero y el buen gobierno de las Indias. En 1571 se
ejecutar en América ninguna bula ni breve pontificio que no hubieran sido nos dice que Pío V se encontraba angustiado ante el dilema de considerarse
examinados y aprobados previamente por el Consejo de Indias (Recopilación obligado en conciencia a intervenir en América para reformar determinadas
de leyes de los Reinos de las Indias, libro 1, título 9, ley 2). deficiencias, pero que al mismo tiempo temía disgustar a Felipe II si lo hacía.
Esta prohibición, renovada y especificada en diversas ocasiones poste- Hacia 1590, Gregorio XIV se muestra entusiasmado en dos ocasiones distin-
riores y que estuvo vigente hasta la independencia, se completó en el mismo tas ante el ejercicio que los reyes españoles hacían de sus derechos y ante el
año de 1538 con la disposición de que el embajador de España en Roma no esfuerzo que, basados en esas facultades, realizaban para la propagación de
impetrara de la Santa Sede documento pontificio ninguno cuya gestión no le la fe.
fuera encomendada por el mismo Consejo de Indias (Recopilación, ley 9). Otra serie de hechos confirman lo que estos tres datos no hacen más
Fuera del ordenamiento jurídico institucionalizado, uno de los sínto- que reflejar: que Roma poseía un mayor o menor conocimiento de lo que
mas más claros de esta política oficial de marginación de la Santa Sede lo acontecía en América; que cuando intervino lo hizo sin tratar de alterar
representa la conducta de Carlos V con motivo de la celebración del concilio radicalmente la situación, si ya no es que, como Gregorio XIV, la aceptó
de Trento (1545-1563). incluso con entusiasmo, y que cuando intentó modificar por propia cuenta
Convocada la reunión, el obispo de Santo Domingo y presidente de la algún aspecto de esa situación se encontró con una grave dificultad para
Audiencia de Nueva España, Sebastián Ramírez de Fuenleal, junto con los hacerlo debido a la oposición de los reyes españoles, como se verá más
obispos de México, Juan de Zumárraga; de Tlaxcala, Julián Garcés; y de adelante.
Oaxaca, Juan de Zarate, reunidos en asamblea en la capital novohispana, le La Santa Sede dispuso de cuatro canales oficiales para saber lo que
expusieron al emperador en 1537 su deseo y su deber de asistir al concilio. acontecía en ultramar, consistentes en la embajada de España en el Vaticano
Llegaron incluso a destacar a España representantes suyos con esa misión. (de la que algún tiempo formó parte un agente especial para los asuntos de
La respuesta del Emperador fue que no era necesaria esa asistencia Indias), en su Nunciatura en Madrid, en las visitas ad limina, es decir, a la
50 P.I. Cuestiones globales C.4. La Santa Sede y la Iglesia americana 51
Santa Sede, de los obispos americanos, y en los informes de las Ordenes La afirmación corresponde plenamente a la verdad, pero cabe advertir
religiosas. que esa importante información es proporcionalmente exigua dadas la mag-
Los informes de la embajada estuvieron necesariamente mediatizados nitud y la complejidad del Nuevo Mundo.
por la Corona. Por lo que se refiere al aspecto concreto de la intervención pontificia,
Al nuncio de la Santa Sede en Madrid solían acudir, en cuanto les fuera de ella se deduce que la marginación de la Santa Sede no debe entenderse en
posible, los eclesiásticos americanos que estaban descontentos de la situa- sentido absoluto, como si se encontrara totalmente desligada del mundo
ción indiana, pero la Corona siguió la táctica de mantenerlo lo más alejado americano, sino en el de que no pudo o no quiso intervenir directamente en
posible de los asuntos americanos, conducta que renovó expresamente en la dirección de aquella Iglesia, dejándola en manos de la Corona castellana,
fechas tan tardías como 1755 y 1788. y en el de que su intervención activa y directa en esos asuntos solamente tuvo
La visita de los obispos americanos a la Santa Sede fue ordenada por el lugar en ocasiones y por motivos muy concretos.
papa Sixto V en 1585 y programada para cada cinco años, posteriormente
1. Intervención pontificia mediatizada. Para conocer hasta qué punto y
ampliados a diez. Pero quedó privada en gran parte de su valor desde el
en qué asuntos intervino la Santa Sede en la Iglesia americana nada mejor
momento en el que la Corona preceptuó que no la realizaran los obispos
que el análisis de los documentos pontificios promulgados al respecto.
personalmente, sino sus representantes o procuradores y que el informe
sobre el estado de la respectiva diócesis no se remitiese directamente al A falta de un bulario pontificio que recoja exhaustivamente esos docu-
Papa, sino al Consejo de Indias, el cual pondría en conocimiento del embaja- mentos, el mejor instrumento de estudio lo constituye de momento el elabo-
dor lo que juzgara conveniente para que éste lo hiciera llegar al Papa. rado en forma de Compendio por Baltasar de Tobar en 1694, el cual ofrece
Los informes oficiales de las Ordenes religiosas también estuvieron la ventaja de haber sido confeccionado para facilitar precisamente las tareas
sometidos al filtro del Consejo de Indias y en el caso de la franciscana, gubernativas del Consejo de Indias y la de haber constituido una colección
además, al del Comisario General residente en Madrid. Sin embargo, en este documental utilizada por ese organismo.
punto ya fue más difícil la mediatización del Consejo de Indias, porque los De los 502 documentos pontificios que se extractan en este Compendio,
Procuradores que la Compañía de Jesús destacaba a Roma tras la celebra- promulgados entre 1493 y 1644, de los que 449 se refieren a América y 53
ción de sus Congregaciones Provinciales americanas o los delegados que las a Filipinas y Extremo Oriente, 203 versan sobre los privilegios de los religio-
restantes Ordenes enviaban a sus respectivos Capítulos Generales, que se sos (77) y sobre cuestiones internas de las Ordenes (126), como creación de
solían celebrar en la Ciudad Eterna, podían informar al Papa sobre lo que Provincias, especificación de las facultades de los superiores o cuestión de la
sucedía en ultramar a través de sus superiores generales si ya no es que lo alternativa; 81 sobre la erección de iglesias catedrales o modificación de los
hacían ellos mismos personalmente. límites de las diócesis; 51 sobre nombramientos de obispos; 38 sobre conce-
Así pues, exceptuado el caso de estos últimos, la Santa Sede apenas sión de indulgencias; 16 sobre estudios y universidades; 10 sobre concesio-
podía recibir de América otra información oficial que la mediatizada por el nes pontificias a los reyes españoles; 9 sobre los indios, referentes a su
Consejo de Indias. esclavitud, bautismo, impedimentos matrimoniales, días de ayuno o absti-
Extraoficialmente, la situación se planteó en otros términos desde el nencia, cumplimiento pascual y absolución de casos reservados; 8 sobre
momento en que la Corona castellana nunca pudo impedir totalmente la concilios y sínodos; 7 sobre los diezmos; 3 sobre hospitales, y 72 sobre
filtración de noticias americanas al Pontificado. Sendos instrumentos de asuntos varios, como causas criminales de los clérigos, cruzada, Inquisición,
información lo constituyeron la publicación de obras referentes a América, días de ayuno, precepto pascual o Inmaculada Concepción.
la recepción de cartas y memoriales enviados desde ultramar sin pasar por el De estos 502 documentos, 313 abordan asuntos relacionados con la
Consejo de Indias y hasta los informes confidenciales de eclesiásticos, sobre potestad de Orden del Sumo Pontífice: erección de iglesias catedrales, facul-
todo religiosos, que viajaban hasta la Ciudad Eterna, a veces incluso de una tades espirituales de los obispos, privilegios de tipo espiritual de los religio-
manera más o menos clandestina. sos, concesión de indulgencias, prescripciones sobre los días festivos, de
Para comprender estos viajes hay que tener en cuenta que la Santa Sede ayuno y abstinencia o de cumplimiento pascual, composición de bienes mal
siempre constituyó el último y supremo recurso de los eclesiásticos america- adquiridos, absolución de eclesiásticos, regulación de estos últimos en cau-
nos, sobre todo de los que por algún motivo estuvieran descontentos de la sas criminales, dispensas de impedimentos matrimoniales para los indígenas,
situación oficial. normas sobre la administración de sacramentos, disposiciones sobre casos
En este sentido, Ismael Sánchez Bella ha recogido una abundante mues- reservados, declaraciones sobre la entonces pía creencia en la Inmaculada
tra de estos informes llegados a Roma entre 1567 y 1751 al margen de la Concepción y facultades de los superiores religiosos. Las restantes 47 dispo-
estrecha vigilancia del Consejo de Indias. Según él mismo, «esta relación, no siciones pontificias no atañen a la potestad de Orden, pero exigían la inter-
exhaustiva ni mucho menos, es una muestra de la importancia de la informa- vención del Papa precisamente para que pudieran ser tales, como los privile-
ción llegada a Roma sobre la(,Iglesia en Indias» (Iglesia y Estado, 57-62). gios concedidos a los reyes, la fundación de hospitales, la validez académica
52 P.I. Cuestiones globales C.4. La Santa Sede y la Iglesia americana 53
de los estudios o la ratificación pontificia de los estatutos de las Ordenes medios más adecuados para convertir al cristianismo a los indígenas ameri-
religiosas. canos a fin de sugerírselos a la Corona española con motivo del nombra-
Así pues, solamente queda el 28,2 por 100 de disposiciones pontificias miento de Martín Enríquez de Almansa para virrey de Nueva España (16 de
(un total de 142) que versan sobre asuntos de índole jurisdiccional, en su mayo) y de Francisco de Toledo para virrey del Perú (20 de mayo).
mayoría referentes a cuestiones internas de las Ordenes religiosas y sólo una
pequeña parte a la celebración de concilios y sínodos, aranceles o asuntos de Tras una serie de consultas con diversas personas informadas sobre las
régimen eclesiástico. Indias, la comisión adoptó un conjunto de conclusiones que dieron lugar al
envío por el Papa, a mediados de agosto, de seis Breves dirigidos a Felipe II
Añadiendo a estos documentos los referentes al nombramiento de los
y a otros cinco personajes de la corte en los que les invitaba a que se
obispos, omitidos por Tobar, la primera conclusión que se deduce es que la
preocupasen por el bien de los nativos americanos. En noviembre de ese
intervención de la Santa Sede en América se produjo sobre todo para
mismo año, el nuncio en Madrid entregó además a Felipe II una Instrucción
solucionar asuntos que entraban dentro de su irrenunciable e insustituible
en este mismo sentido. La respuesta del monarca fue que ya estaba todo
potestad de Orden y, por lo mismo, de tipo puramente espiritual, inalcanza-
debidamente encarrilado con las instrucciones entregadas a los nuevos
bles para la Corona. La segunda conclusión es que, como afirman muchos
virreyes.
de esos mismos documentos o sabemos por otras fuentes, su promulgación
no obedeció la mayoría de las veces a iniciativa personal del Papa de turno, b) A las presiones ejercidas por la Santa Sede obedece también el
sino a petición de la propia Corona española, fundándose en sus derechos o hecho de que Felipe II ordenara en 1588 la visita y reforma del Consejo de
presionando para la defensa de sus intereses. La tercera conclusión consiste Indias por don Pedro de Moya y Contreras, arzobispo de México.
en que las relativamente pocas veces que intervino en asuntos ajenos a su Con esta iniciativa, el monarca español puso término a las gestiones que
potestad de Orden se restringió a temas que también la Corona consideraba la Santa Sede llevaba realizando infructuosamente desde 1566 para que se le
de jurisdicción propia y en los cuales solicitó la intervención pontificia permitiera el envío de un Nuncio a América. Lo que no está claro es si
únicamente para reforzar o ratificar sus propios deseos o prescripciones. Felipe II arbitró esa medida para eludir las insistentes presiones pontificias
Si se tiene en cuenta la ya aludida práctica del placet regio o visto bueno o lo hizo personalmente convencido de que era necesario introducir refor-
de la Corona para todos los documentos relativos a América, pero ajenos a mas en la dirección de los asuntos americanos, como se le decía desde Roma.
ella, es fácil de imaginar las pocas posibilidades que le quedaban a la Santa c) La creación en Roma de la Congregación de Propaganda Fide el 22
Sede para poner en práctica en el Nuevo Mundo iniciativas propias o no de junio de 1622, ratificada el 14 de diciembre de ése mismo año, dio lugar
conformes con las directrices oficiales. a toda una serie de intentos de intervención directa por parte del nuevo
2. Intervención pontificia directa. Fuera de los casos ya aludidos o, dicho organismo en los asuntos indianos, de los que sólo llegaron a cristalizar
en otros términos, saliendo de la marginación y mediatización en que se algunos.
encontraba, la intervención activa y directa de la Santa Sede en asuntos La Congregación inició sus actividades integrada por 12 cardenales,
eclesiásticos indianos o relacionados de alguna manera con la Iglesia ameri- cada uno de ellos encargado de una región misional. América o las Indias
cana adquirió varias formas. Occidentales se confiaron al cardenal español Gil de Albornoz, quien, junto
a) Desde este punto de vista merece reseñarse en primer lugar la con el secretario, Francesco Ingoli, concibió el plan inicial de establecer en
actuación del papa Paulo III al declarar mediante la bula Sublimis Deus, del Madrid un Consejo permanente para los asuntos de las Indias Occidentales
2 de junio de 1537, que los indios, al igual que los demás hombres, «no han y Orientales bajo la dirección de la propia Congregación. El proyecto no
de estar privados ni se han de privar de su libertad ni del dominio de sus llegó a realizarse debido a la oposición de la Corona española.
cosas». Se trata de una de las pocas intervenciones pontificias que llegaron a La petición por parte del propio organismo de informes sobre los
adquirir verdadera trascendencia a pesar de haberse promulgado al margen diversos territorios misionales dio lugar a que de todos ellos llegaran memo-
de los círculos oficiales. La iniciativa de su promulgación partió del domini- riales a Roma, entre los que destacan, de entre los procedentes de ultramar,
co Julián Garcés, obispo de Tlaxcala, y fue gestionada por el también domi- los enviados por los franciscanos Gregorio Bolívar y Diego Ibáñez, los agus-
nico Bernardino de Minaya. tinos Pedro Nieto y Agustín Zamudio y el dominico Diego Collado. A base
Más directamente relacionada con el desarrollo de los asuntos america- de ellos redactó sendas memorias misionales Francesco Ingoli en 1625,
nos fue la creación en julio de 1568, por Pío V, de una comisión de cuatro 1628 y 1644, y estableció la Congregación su plan de actividades.
cardenales que elaborasen una serie de normas destinadas a enderezar unas Por lo que se refiere a América, además de estudiar el ya antiguo
Indias a las que el Papa consideraba «malísimamente gobernadas». proyecto de una Nunciatura indiana, así como el envío de visitadores y de
Concebida en un principio como un equipo permanente encargado de vicarios apostólicos, de los que se hablará en el apartado siguiente, la Con-
velar por «la conversión de los infieles en general, tanto orientales como gregación realizó una serie de intentos frustrados de intervenir en el Nuevo
occidentales», la comisión terminó restringiendo su objetivo a arbitrar los Mundo, al mismo tiempo que logró de hecho cierta influencia en él.
54 P.I. Cuestiones globales C.4. La Santa Sede y la Iglesia americana 55

Entre los primeros figuró el proyecto, acariciado en 1625, 1631 y 1632, de 1649. Aunque abandonada en 1653, esta misión del Darién fue la única
de enviar misioneros extranjeros a América, sobre todo italianos, sin que de toda América que durante su existencia dependió directamente de la
consiguiera alterar la política seguida hasta entonces por la Corona española Congregación, sin que por ello se independizase totalmente de la Corona
en este punto. española.
El 11 de septiembre de 1626 envió una Instrucción, ignoramos a quién, El mismo Francisco de Pamplona obtuvo de Propaganda, el 20 y 29 de
en la que abogaba por la evangelización de los indios del Marañón, cuya julio de 1649, la concesión a los capuchinos de la isla de Granada. Abando-
capital, Borja, se había fundado en 1619 y la cual se convirtió desde 1638 en nada ésta debido a la ocupación francesa, la Congregación lo autorizó a
el punto de partida para el establecimiento de las célebres misiones jesuíticas fundar la ciudad venezolana de Concepción como base para una misión en
de Mainas, del Marañón o del Amazonas. la región de Nueva Barcelona o Píritu. Esta última no llegó a establecerse
Al examinar la obra Advertencias para los confesores, publicada en 1633 debido a la prohibición regia de 1651, motivada por la intervención de
por el franciscano mexicano Juan Bautista Viseu, la misma Congregación Propaganda. El P. Pamplona intentó anular esa prohibición recurriendo de
volvió a intervenir en los asuntos,americanos, aunque infructuosamente, al nuevo a la institución romana, pero ahora ya sin efecto porque falleció el 31
negar no el derecho del Patronato Real sobre la Iglesia indiana en el caso de de agosto de ese mismo año.
los templos que fundaran los reyes, sino el carácter que estos últimos se Establecida la misión de Cumaná en 1657, los capuchinos siguieron
atribuían de delegados o vicarios de la Santa Sede en América. Esta postura relacionándose con la Congregación en el sentido de que ésta intervino
volvió a reiterarla en 1643 y 1644, fecha esta última en la que negó aún más durante algún tiempo en el nombramiento de los prefectos de la misión y en
explícitamente las facultades vicariales de los reyes españoles. La negación el de que éstos la informaban de sus vicisitudes, por lo menos hasta 1668.
volvió a manifestarla de nuevo en 1684. Posiblemente obedeciera también a iniciativa de Propaganda el memo-
En 1634 protestó, aunque de nuevo infructuosamente, por la real rial sobre la esclavitud de indios en Chile que a finales de 1674 entregó el
orden de que los religiosos que administraban Doctrinas o parroquias de nuncio al monarca español y que éste remitió al Consejo de Indias para que
indios quedaran en adelante sometidos a la jurisdicción de los obispos. lo estudiara y le informara de lo que acontecía.
En 1636 realizó otro intento de intervención directa en los asuntos de Un nuevo caso de intervención de Propaganda en los asuntos indianos
la Iglesia americana a la vista del memorial enviado a Roma por el agustino lo representan la autorización y los privilegios concedidos al franciscano
Pedro Nieto sobre las buenas perspectivas misionales apreciadas en Califor- Antonio Llinás para la fundación, en 1683, del Colegio de Misiones de
nia por los carmelitas descalzos. La Congregación estudió el asunto y, a Propaganda Fide de Querétaro (México). En 1685, la Corona concebiría
sugerencia suya, el Papa ordenó al Nuncio en Madrid que le propusiera al sospechas sobre esta intervención, pero esto no fue óbice, debido a las
Rey el envío a dicho territorio de misioneros agustinos y carmelitas. El gestiones del también franciscano Francisco Díaz de San Buenaventura,
Consejo de Indias, disgustado por el hecho de que los religiosos americanos para que el organismo pontificio autorizara posteriormente la fundación de
acudieran directamente a Roma, le respondió al Nuncio que todos los otros 16 Colegios de esta misma índole, resolviera las dudas sobre sus
asuntos indianos corrían a cargo de la Corona española y se desarrollaban estatutos, les concediera determinados privilegios y recibiera de ellos deta-
satisfactoriamente. llados informes misionales.
Finalmente, en 1669 negó el derecho de la Corona a imponer el pase Estas relaciones entre los Colegios franciscanos de Misiones y la Con-
regio o visto bueno del Consejo de Indias a todos los documentos proceden- gregación de Propaganda, que no excluían la actuación del Consejo de
tes de la Santa Sede para que se pudieran ejecutar en ultramar. La negación Indias, representan la intervención más duradera y permanente del instituto
del derecho a imponer esta medida tampoco surtió efecto alguno. pontificio en la Iglesia americana, aunque sólo fuera sobre puntos que la
Corona toleraba benévolamente.
La intervención más directa y eficaz de la Congregación de Propaganda
d) Como colofón de esta serie de intentos de intervenir en América
Fide en los asuntos americanos de las efectuadas hasta ahora tuvo lugar con
por parte de Propaganda cabe citar su nombramiento para Prefecto de
motivo de la fundación de las misiones capuchinas.
Guatemala del canónigo Juan Bautista Goggi, el cual resultó infructuoso
Como fruto de las gestiones realizadas por el capuchino Francisco de
debido a la oposición del Consejo de Indias.
Pamplona, la Congregación decidió el 3 de agosto de 1646 confiar a la
Provincia de Castilla la misión africana de Benin y la americana del Darién,
de las que sólo se responsabilizó de esta última. La iniciativa de Propaganda
suscitó graves recelos y la consiguiente oposición en el Consejo de Indias, II. EL PROBLEMA DEL REPRESENTANTE PONTIFICIO EN INDIAS
vencidos los cuales Francisco de Pamplona estableció la misión a comienzos
de 1647. Posteriormente, en 1648, la misma Congregación autorizó al Las ya aludidas delegación pontificia otorgada en 1493 a Fr. Bernardo
P. Pamplona a regresar a Madrid para gestionar el envío de una segunda Boil y la comisión cardenalicia instituida por Pío V en 1568 no son más que
expedición al Darién, cuyo viaje fue aprobado por Propaganda el 20 de julio sendos reflejos de la persuasión de que la Iglesia americana necesitaba una
56 P.I. Cuestiones globales C. 4. La Santa Sede y la Iglesia americana 57
autoridad eclesiástica que", en nombre de la Santa Sede, se preocupara sobre El segundo paso de la Santa Sede en este mismo sentido consistió en
el terreno de los asuntos espirituales del Nuevo Mundo. otorgar el carácter de legados suyos a los franciscanos Juan Glapion y
La percepción de esta necesidad fue general, sólo que la Santa Sede Francisco de los Angeles Quiñones cuando en 1523 se disponían a viajar a
trató de solucionarla a base de proyectos que intensificaran su presencia en Nueva España. Carlos V no estuvo de acuerdo con esta delegación, la cual
América con mengua de la oficial, mientras que la Corona española excogitó tampoco surtió efecto porque los religiosos no llegaron a emprender el
un sistema que marginara aún más al Pontificado. El resultado fue que, ante viaje.
este insalvable conflicto de intereses, el problema nunca llegó a solucionarse Aunque parezca extraño, porque no se conjuga bien con la tendencia
porque ese anhelado representante pontificio en Indias nunca llegó a monopolizadora de la Corona española, la Reina gobernadora de España se
existir. dirigió el 9 de octubre de 1549 al embajador español en Roma para comuni-
carle que había pedido al Papa que nombrara al arzobispo de México legado
A) Necesidad de una autoridad pontificia e n Indias a látere de Su Santidad «con plenísimo poder apostólico para proveer mu-
La persuasión de la Corona española y de la Santa Sede de que América chas cosas que se ofrecen y declarar dudas que cada día ocurren y remediar
necesitaba la presencia en ella de un representante pontificio la reflejarán otras que sólo Su Santidad o su Legado a látere pueden hacer» (E. LlSSON
los intentos realizados por ambas para el establecimiento de esa institución. CHAVES, La Iglesia de España en el Perú, I, n.° 4, 161). Accediendo segura-
En el campo extraoficial, y sin intentar agotar todos los testimonios al mente a esta petición oficial, el papa Paulo III designó en 1550 legado a
respecto, cabe destacar que esa necesidad la consignaron personajes tan látere de la Santa Sede a dicho arzobispo, sin que nos consten de momento
diversos entre sí, por su profesión y por el lugar y momento en los que la más detalles sobre este hecho más bien insólito dentro de las relaciones entre
hicieron constar, como los franciscanos de la Española en 1500, un domini- la Santa Sede y la Corona española.
co de esa misma isla en el segundo decenio del siglo XVI, Hernán Cortés en Pío V pensó de nuevo en el problema al concebir en 1568 la idea de
1524, el franciscano Martín de Valencia en México ese mismo año, un enviar a América a alguien que recogiera información veraz y completa
anónimo mexicano en 1526, el franciscano Juan de Zumárraga en 1537, sobre lo que sucedía en el Nuevo Mundo, proyecto que sustituyó poco
este mismo obispo mexicano junto con sus colegas de Nueva España tam- después por el de destacar a él un nuncio pontificio. Este segundo proyecto
bién en 1537, el provisor de Lima Luis Morales en 1541, los dominicos desagradó a Felipe II, por lo que el Papa desistió de la idea y centró su
Bartolomé de las Casas y Antonio de Valdivielso en Nicaragua en 1545, dos atención en la ya aludida comisión cardenalicia creada ese mismo año.
caciques colombianos en 1553, el seglar Pedro Gallo en México en 1569, el La ineficacia de los acuerdos adoptados por esta comisión le hizo recor-
franciscano Diego Salado de Estremera en México en 1570, el arzobispo de dar al Papa, en octubre de 1571, el proyecto de Nunciatura, al menos en el
Lima en 1613 y el agustino Pedro Nieto en 1636. Perú, bien por creerlo más factible en esta región debido a la presencia del
A este representante pontificio por el que abogan lo designan unas virrey don Francisco de Toledo o bien por considerar a ese territorio más
veces con el nombre de nuncio, otras con el de delegado y unas terceras con necesitado que los demás de un representante pontificio, pero su muerte en
el de legado a látere, delegado natural, legado nato, patriarca, juez o subde- 1572 le impidió seguir gestionando la idea.
legado, pero todos coinciden en reconocer la necesidad de que en el Nuevo Con el ascenso al solio pontificio de Gregorio XIII, este proyecto de
Mundo hubiera una autoridad suprema con especiales facultades pontificias Nunciatura indiana adquiriría el carácter de un auténtico y prolongado
para solucionar los problemas que allí se planteaban. La razón que esgrimen forcejeo diplomático entre la Santa Sede y la Corona española, si bien el
para ello consiste en que la lejanía de Roma impedía la pronta solución de renovador del mismo fue el nuncio en Madrid, quien le propuso el proyecto
esos mismos problemas. al cardenal secretario de Estado en enero de 1579. Aceptada la propuesta
Este mismo hecho lo reconocería el propio Felipe II en 1572 al afirmar por Roma, el nuncio lo gestionó primero de una manera extraoficial, hasta
que «si se hubiese de recurrir a Roma se dejarían de proveer o si se proveye- que en mayo se decidió a exponérselo a Felipe II.
sen vienen a tiempo que ya son partidas las flotas y navios y cuando llegan en La ausencia de respuesta por parte de este último a lo largo de 1579,
otras ya son mudadas las cosas». 1580 y 1581 aconsejó en marzo de 1582 cambiar de táctica y sustituir el
proyecto del nuncio por el de destacar visitadores, a lo que en 1584 se
B) Proyectos pontificios de solución añadió que estos visitadores fueran españoles. Gregorio XIII murió en abril
El primero en percibir y tratar de solucionar esta necesidad fue el papa de 1585 sin haber obtenido respuesta de Felipe II, aunque parece que éste
Alejandro VI; pero, tan pronto como en 1493 les propuso a los Reyes estuvo a punto de adoptar una decisión al respecto a finales de 1582, puesto
Católicos el envío de nuncios a las Antillas, los Reyes se opusieron al proyec- que el virrey del Perú le decía en carta del 15 de febrero de 1583 que «el
to y lograron transformarlo en la especie de delegación pontificia concedida Patriarca o Legado nato que se había de proveer en estas Provincias hasta
ese mismo año a Fr. Bernardo Boil y que en 1500 la desempeñaba un ahora no ha venido recaudo para esto» (LISSON CHAVES, Ibíd., IV, 377).
eclesiástico anónimo. > Con Sixto V, sucesor de Gregorio XIII desde el 24 de abril de 1585, se
64 P.I. Cuestiones globales C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 65
La aparición de una doctrina que justifícase tal situación fáctica no que trabajasen en las tierras incorporadas a la soberanía de monarcas cristia-
podía hacerse esperar. Confundiendo -era casi inevitable que así sucediera- nos. Pero tal a priori hubiese sido una posibilidad abstracta, impensable o
lo que Cristo ha dado a Pedro con lo que Pedro ha recibido de la historia, se irrealizable entonces. La obligación de evangelizar correspondía a la adqui-
buscó el modo de apoyar doctrinalmente la realidad efectivamente vivida; la sición del dominio, del que constituía la condición y la consecuencia. Una
teocracia vino a constituir así la tesis teológica y jurídica que trató de funda- vez que existieron en Europa reinos cristianos constituidos y desarrollados
mentar en la voluntad divina el poder universal del Papa también en lo más allá de los primitivos reinos altomedievales, el Pontificado, que había
temporal. Y, pensemos lo que pensemos de la debilidad de sus argumentos llevado la iniciativa del envío de misioneros a las tierras bárbaras o no
-la teocracia hace siglos que aparece totalmente abandonada-, su efectiva romanizadas, cede esa tarea en manos del poder político, y surgen las institu-
aceptación durante el Medievo la convierte en un factor indeclinable para la ciones que hacen posible el ejercicio de tal tarea por parte de los señores
comprensión de aquellos momentos históricos. temporales.
Una de esas instituciones, posiblemente la de mayor trascendencia his-
Por otra parte, y presupuestos los datos de los que partía, el edificio
tórica, fue el Derecho de Patronaato. En esencia, consiste en la presentación
doctrinal teocrático poseía una lógica interna. Su base es la convicción de
por parte del poder político de las personas que han de ser investidas de los
que todos los hombres están llamados por Dios a la salvación, y la tarea de
cargos eclesiásticos -fundamentalmente se refiere a la estructura jerárquica
gobernarles ha de ser también tarea de facilitarles los medios y el camino de
de las diócesis: obispos, canónigos, párrocos-. Aunque se ha observado por
alcanzar aquélla. En consecuencia, y siendo Dios también el origen de todo
la doctrina que no necesariamente han de confundirse presentación y patro-
poder - n o hay potestad que no provenga de Dios-, hay que concluir que
nato, ya que puede darse derecho de presentación sin derecho de patronato,
solamente son legítimos los gobiernos temporales que cumplen la antedicha
y viceversa, lo cierto es que, después de los siglos de evolución de la figura,
finalidad. Ello conlleva la exigencia de que todo príncipe legítimo ha de ser
el Patronato se configura fundamentalmente como un derecho de presenta-
cristiano, puesto que los gobernantes infieles ni dirigirán a sus pueblos
ción para cubrir cargos eclesiásticos; la presentación -es decir, la selección
según la Ley divina ni les han de ayudar a obtener la salvación. En conse-
de candidatos- toca al poder político investido del derecho patronal, y la
cuencia, los príncipes infieles, no habiendo recibido de Dios su poder, no lo
potestad pontificia se reserva el nombramiento. Es a lo que alude Felipe II
poseen legítimamente; y los príncipes cristianos que lo ejerzan para conde-
cuando en la Ley 1, Título VI del Libro I de la Nueva Recopilación de 1565
nación y no para salvación de sus subditos, que no respeten en su acción de
afirma: «Por derecho y antigua costumbre y justos títulos y concesiones
gobierno la Ley divina, pierden por ello el derecho que de modo legítimo
apostólicas, somos patronos de todas las iglesias catedrales destos reinos, y
adquirieron.
nos pertenece la presentación de los arzobispados y obispados y prelacias y
De ello se deducen dos facultades para el Papa, Vicario de Dios en la abadías consistoriales...»
tierra y que en su nombre posee la potestad de asegurar los medios para que
todos los hombres puedan salvarse: la facultad de privar de su soberanía a
los gobernantes cristianos que la ejercieren para el mal y no para el bien y la B) El Patronato en la Edad Media
de conceder al príncipe cristiano que considere más adecuado para ello el
derecho de conquistar cada tierra de infieles, con el deber inherente de En la Edad Media se había hecho frecuente el recurso al Patronato
cristianizarlas y procurar así la salvación eterna a sus habitantes. como forma de implicar al poder político en la empresa de expansión del
cristianismo. El Derecho de Patronato no se concedía sin contraprestacio-
Los Papas ejercieron largamente ambos poderes a lo largo del Medievo, nes: por lo común, se pedía a los príncipes el esfuerzo económico preciso
las más de las veces a solicitud de los propios pueblos sometidos a un para establecer la Iglesia en los nuevos territorios infieles que se habían de
monarca cristiano prevaricador y de los mismos príncipes cristianos dispues- evangelizar. Surgen así los dos conceptos patronales de parte del Estado que
tos a la conquista y conversión de tierras paganas, de pueblos infieles. La suponen la prestación que éste hace a cambio del derecho de presentación
intensa actividad descubridora portuguesa, sobre todo durante los siglos XIV que la Iglesia le reconoce: tales dos conceptos son la fundación y la dotación.
y XV, se apoyó de forma constante en esta autoridad pontificia así reconoci- El poder político, en los lugares de conquista adquiridos mediante
da, y no fue otro el caso de Castilla, cuando quiso asegurar la conversión de concesión pontificia de la soberanía, adquiere el deber de establecer la
las tierras reconquistadas a los musulmanes en la Península Ibérica y cuando Iglesia y ayudarla en su obra cristianizadora. A tal efecto, recaerá sobre las
se lanzó también a las empresas descubridoras ultramarinas. autoridades civiles la obligación de fundar iglesias y edificios de culto y de
Pero la conversión de los pueblos infieles -condición de legitimidad de dotarlas adecuadamente para su mantenimiento y el de los clérigos que han
la concesión de soberanía por parte del Romano Pontífice- llevaba consigo de estar a su servicio; el derecho de presentación significará la contrapartida
la exigencia de un sistema de misionalización, primero, y de atención luego a este deber impuesto a los príncipes seculares.
a los nuevos cristianos. A priori hubiese sido natural que la labor evangeliza- Debe notarse que la contrapartida al esfuerzo económico de los monar-
dora correspondiese a misioneros enviados por la Jerarquía eclesiástica para cas que envían a su costa misioneros, que les edifican iglesias y que les
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conceden rentas para su mantenimiento, es la propia concesión de la sobera- de Calixto III, y Aeterni Regis, de Sixto IV- regulan la donación a Portugal
nía, que en ejercicio de la doctrina teocrática los Papas atribuyen a los de las tierras africanas y el consiguiente deber de evangelizarlas, e incluso
príncipes sobre las tierras de infieles con el deber paralelo y correspondiente establecen un sistema de dirección espiritual de la cristianización fuera de
de cristianizarlas. El Patronato aparece como un más aún, como aparecerán los márgenes propios del Derecho patronal.
en su momento las concesiones a los Reyes de las rentas de diezmos. Es
Una de estas tres bulas merece la pena que le prestemos una momentá-
decir, las Coronas ciertamente hicieron posible la extensión de la fe en
nea atención: la ínter coetera de Calixto III, del 13 de marzo de 1456. Me-
Europa primero, y luego en América y, en parte también, en Asia, África y
diante la anterior bula Romanus Pontifex, del 8 de enero de 1455, Nicolás V
Oceanía, pero se hicieron pagar triplemente: con la concesión de los títulos
había declarado que desde los cabos Boj ador y Num hasta toda la Guinea y
de dominio, con el Patronato y con los diezmos a cuya percepción renuncia
más allá hasta donde se extendiera la playa meridional africana, todo perte-
la Iglesia en favor del Estado. Muchas concesiones por parte de la Iglesia al
necería al Rey de Portugal y sus sucesores. En tales regiones, los monarcas
poder político; pero sin ellas no habría habido cristianización, dado que sólo
portugueses tendrían derecho de conquista y comercio, y asimismo de fun-
los recursos económicos estatales la hicieron posible en la mayor parte de los
dar iglesias y enviar clérigos. Estamos, pues, ante una clásica concesión de
casos.
soberanía y un plan evangelizador que la justifica. Pero, siendo necesario
No siempre, por supuesto, van todas estas instituciones unidas. El ejer- que tal plan se organice y desarrolle de forma que resulte eficaz, la subsi-
cicio de la potestad teocrática acompañó fundamentalmente -es el punto guiente bula ínter coetera, arriba citada, venía a conceder a la Orden de Cristo
que aquí nos interesa- a Portugal y Castilla en el desarrollo de sus empresas -una Orden religioso-militar cuyo Gran Maestre era el infante don Enrique
ultramarinas, jalonadas de intervenciones pontificias que donaban a los el Navegante, y tras él lo fueron los Reyes portugueses- toda la jurisdicción
reinos citados las tierras de infieles que descubriesen y conquistasen. Corres- y potestad en materia espiritual en las mismas tierras concedidas el año
pondientemente, en toda concesión papal va inserta la obligación cristiani- precedente mediante la bula Romanus Pontifex.
zadora que se impone a los Reyes. Pero no necesariamente -durante los
3) Canarias-Granada-Puerto Real. Tampoco, pues, se establece para
siglos descubridores, hasta el descubrimiento de América- aparecerá el
Portugal, propiamente hablando, un Derecho de Patronato como sistema de
Derecho de Patronato en cada uno de los casos en que una nueva concesión
intervención del poder político en la vida de la nueva cristiandad que se
papal somete a la soberanía de Portugal o Castilla un nuevo territorio.
pretende que surja en las tierras infieles a conquistar o conquistadas. En
cambio, sí que veremos aparecer el Patronato en un tercer momento, cuan-
C) Precedentes inmediatos del Patronato indiano
do la Corona de Castilla afronta la definitiva conquista de las islas Canarias
Así, conviene referirse, por constituir precedentes inmediatos del Pa- y del reino de Granada. Efectivamente, la bula Orthodoxae Fidei, del papa
tronato indiano, a los casos de la conquista y cristianización de las Canarias, Inocencio VIII, dada el 13 de diciembre de 1486, concedió a los Reyes
de la costa de África y del reino de Granada. Católicos el Patronato sobre todas las iglesias de Granada, las Canarias y
1) Canarias. En el caso canario, aquellas islas fueron convertidas en un Puerto Real, es decir, el derecho de presentación -como de forma expresa
principado y donadas al infante don Luis de la Cerda para su conquista y señala la bula- sobre las iglesias catedrales, monasterios, prioratos conven-
cristianización por el papa Clemente VI, mediante la bula Tuae devotionis tuales; un derecho de presentar a las personas idóneas ante la Sede Apostóli-
sinceritas, de 15 de noviembre de 1344. El así creado príncipe de la Fortuna; ca, a la que toca el nombramiento.
murió sin haber emprendido siquiera la empresa de conquista del archipiéla- Tardará aún siglos la concesión a los Reyes de España del Patronato
go; pero lo que nos interesa resaltar es que en esa primera intervención, universal sobre todos sus reinos, lo que no ocurrirá sino por obra del
pontificia, en orden a la expansión atlántica del cristianismo en relación con, Concordato de 1753, estipulado entre Benedicto XIV y Fernando VI.
España -puesto que al menos se trataba de un infante español, aunque Pero el Patronato universal para Granada y Canarias anticipará el deseo
exiliado en Francia-, aparece la concesión de soberanía y la obligación di de los Reyes Católicos de poseer ese derecho, que será la forma establecida
cristianizar, pero en ningún modo el Derecho patronal. legalmente para instaurar la religión cristiana en dos importantes terri-
2) Portugal. Otro tanto hay que indicar en el caso de la expansión torios infieles que la Corona de Castilla adquiere por conquista: Canarias y
portuguesa en el Atlántico. La muy larga labor de descubrimiento y coloni Granada.
zación llevada a cabo por Portugal -cuya reconquista peninsular concluy „
en fecha temprana, permitiéndole volcarse pronto en tareas ultramarinas-,
II. GÉNESIS DEL PATRONATO INDIANO
contó siempre con el respaldo pontificio. Fue, pues, una muy singular,
aplicación a una gran empresa descubridora de los principios de la teocra-
cia; sin embargo, tampoco el Derecho de Patronato intervino en la labor Se ha dicho que «desde los primeros momentos, al presentarse la Iglesia
e
cristianizadora encomendada por los Papas al Portugal medieval, cuyos tres n el suelo indiano, surgió en la mente de Fernando el Católico, maestro ya en
e
grandes documentos -las bulas Romanus Pontifex, de Nicolás V; ínter coetera l arte de estructurar una sólida política religiosa, la idea de organizar la
Iglesia ultramarina según el modelo de la Iglesia granadina, recientemente
68 P.I. Cuestiones globales C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 69
establecida tras la conquista de aquel reducto del poder musulmán» (EGAÑA). una Orden similar ni podría actuar la portuguesa. Sexto, que por ello la bula
Tal afirmación debe ser matizada, pues el sistema patronal granadino fue Eximiae del 3 de mayo de 1493 fue útil a los solos efectos de equiparar a
efectivamente modelo del aplicado en América, pero no inmediatamente, sino Castilla con Portugal en cuanto al trato dado por la Santa Sede a ambas
en fecha tardía: solamente en 1508 aparecerá el Derecho de Patronato india- Coronas, pero careció de eficacia en lo que hace a servir para la organiza-
no, después de una serie de intentos de organizar la naciente cristiandad ción de la Iglesia en Indias.
americana según otros modelos. Tanto era así que los Reyes Católicos obtuvieron una cuarta bula, la Piis
fidelium, del 26 de junio del mismo año, nueva por completo y que rompe ya
A) Actuaciones pre-patronales con los precedentes portugueses, innovando para Castilla un sistema evan-
Como es sabido, apenas tenida noticia del descubrimiento de América, gelizador indiano: el de la aplicación del principio del «deberéis destinar»
va la Santa Sede a proceder a la donación de las nuevas tierras a Castilla, mediante la elección y destino por parte regia de un misionero; presentación
dentro del modelo teocrático que hasta aquí hemos dejado dibujado. Y, de éste por los Reyes al Papa, y bula pontificia dirigida a tal misionero -Fr.
como ha demostrado García-Gallo, el modelo seguido a tales efectos fue el Bernardo Boil, un fraile catalán de la Orden de los Mínimos que ya había
modelo portugués. Ya ha quedado indicado que Portugal recibió a lo largo servido en otros asuntos desde hacía años al rey don Fernando-, a él y no a
del siglo XV tres bulas fundamentales, que establecen el régimen de sus los Reyes, en la que el Papa le informa de que los monarcas han «decretado
conquistas africanas: por la Romanus Pontifex se le otorgó la soberanía sobre destinarte a estas partes -las nuevas tierras descubiertas- para que en ellas
las tierras que conquistase; por la ínter coetera se concedió a la Orden de por ti y por otros presbíteros seculares o religiosos idóneos para ello y
Cristo el gobierno espiritual de las tierras así donadas; por la Aeterni Regís se designados por ti se predique y siembre la palabra de Dios». Y, a tales
demarcaron las zonas de navegación y conquista entre Portugal y Castilla, efectos, el Papa concede a Boil una relación de facultades de gobierno en sí
dado que ésta tenía intereses en la zona a partir de su dominio sobre las propias de la Sede Apostólica, de manera que, aunque la palabra no se
Canarias. Castilla, en la primavera de 1493, obtuvo del papa Alejandro VI utilice expresamente, el fraile destinatario de la bula Piis se convierte en una
asimismo tres bulas, las famosas bulas alejandrinas, que han servido durante especie de vicario papal para la puesta en marcha de la Iglesia en las Indias
cuatro siglos para justificar y apoyar la incorporación de las Indias a la Occidentales.
Corona castellana. Ciertamente, el sistema de la bula Piis no es el sistema patronal.
Mucho se ha discutido sobre estas bulas. Lo único que a los efectos del Tiene con él de común la presentación regia ante el Papa del candidato
estudio del Patronato indiano interesa resaltar aquí es cuanto sigue. Prime- para cubrir un puesto eclesiástico, candidato que el Pontífice procede a
ro, que las tres bulas se corresponden en exacto paralelismo con las tres designar para el puesto en cuestión; pero ni se trata de una provisión de
bulas portuguesas, a las que siguen muy de cerca, de modo que la bula; beneficios eclesiásticos mediante la presentación, puesto que no se trata de
alejandrina ínter coetera de 3 de mayo de 1493 es una bula de donación de proveer beneficios, sino de enviar una misión, ni la Corona asume el deber
tierras y concesión de soberanía, la ínter coetera de 4 de mayo de 1493 lo es' -esencial como contraprestación al Patronato- de fundar y dotar las iglesias.
de demarcación de zonas de navegación y conquista entre Portugal y Castilla La misión Boil fracasó de modo absoluto. El vicario papal y el virrey
y la Eximiae devotionis de 3 de mayo de 1493 lo es de privilegios en orden al Colón no se entendieron, chocaron en todos los terrenos, y aunque cupo a
gobierno espiritual de las nuevas tierras. Segundo, que las bulas ínter coetera, Boil el honor de celebrar la primera misa que se dijo en el Nuevo Continen-
que conceden sobre las nuevas tierras un derecho de soberanía, lo hacen te, su labor se vio entorpecida por sus continuos enfrentamientos con el
imponiendo la obligación de evangelizar, sin la cual el Papa no podría Almirante descubridor y se vio obligado a regresar a la Metrópoli en la
justificar su intervención donando tierras infieles a un príncipe cristiano. primera ocasión en que ello fue posible.
Tercero, que esa obligación de evangelizar impuesta a los monarcas de El fracaso de Boil apartó al Rey Católico de seguir el mismo sistema
Castilla se contiene en las bulas ínter coetera de 1493 en forma expresa é* para en adelante. Limitarse a aplicar las bulas de 1493 significaba para la
idéntica en ambos documentos, indicándoles a los Reyes que «deberán desti- Corona poseer, sí, la facultad de seleccionar a los misioneros, pero nada
nar» a la evangelización «varones probos y temerosos de Dios, doctos, peri- más. Y una hipotética segunda bula Piis, que enviase a las Indias un nuevo
tos y expertos para instruir a los residentes y habitantes citados en la Fe vicario papal sucesor de Boil, podía conducir a resultados similares. Y ello
católica e inculcarles buenas costumbres». Cuarto, que la bula Eximiae, sin tener en cuenta que la conquista había de continuar y multiplicarse, y el
como paralela de la ínter coetera portuguesa, es la suma de privilegios espiri- sistema del envío unipersonal del religioso o clérigo así seleccionado no
tuales portugueses trasladados literalmente a Castilla. Quinto, que, a los Podía multiplicarse al infinito.
efectos de convertir en efectivo ese deber de destinar misioneros que las
bulas castellanas imponían, de nada sirve la Eximiae, pues el modelo portu- B) Concepción y gestión del Patronato
gués, basado en la atribución a la Orden de Cristo de una serie de facultades Debe de ser en ese momento cuando el Rey Católico concibe la idea y
espirituales en tierras de conquesta, no es trasladable a Castilla, donde ni hay toma la decisión de recurrir en Indias al sistema patronal, ya puesto en
70 P.I. Cuestiones globales C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 71
marcha para Granada y las Canarias. Y no son claros los motivos por los que ción por parte de los monarcas de las personas destinadas al episcopado.
no obtuvo tal derecho durante el pontificado de Alejandro VI. Este Pontífi- Cuando Fernando el Católico solicita del Papa la erección de las prime-
ce, que tan generoso se había mostrado con los reyes de Castilla en 1493, ras diócesis americanas, desea también que se le confirmen los diezmos y que
nunca les otorgó el Patronato indiano; sin embargo, ya cercano al fin de su se le otorgue el Patronato, sin el cual las nuevas sedes quedarían ocupadas
vida, un año y medio antes de su muerte, otorgó a los Reyes Católicos el por prelados no elegidos por él. Pero Julio II no satisfizo esta parte de las
derecho de percibir los diezmos de las Iglesias de Indias. pretensiones regias. Mediante la bula Illius fulcüi prcesidio, del 15 de noviem-
La bula Eximiae devotionis del 15 de noviembre de 1501, que contiene bre de 1504, el Papa erigió las tres primeras diócesis indianas: la metropoli-
tal concesión, no puede pasarnos inadvertida. El Pontífice trató muy hábil- tana de Yaguata y las sufragáneas de Magua y Baynúa, las tres en la isla
mente, mediante la misma, de resolver el problema de la implantación de la Española -actual Santo Domingo-, pero sin mencionar en absoluto ni el
Iglesia en Indias sin necesidad de recurrir a la concesión del Derecho de Patronato ni los diezmos; es decir, accediendo al deseo regio de que se creen
Patronato. Que el concurso de la Corona para fundar y desarrollar la nueva las diócesis, pero sin atribuir algún tipo de derechos en ellas a la Corona.
cristiandad ultramarina resultaba imprescindible, era patente a todas luces. La fecha de la bulla Illius coincide con la muerte de Isabel la Católica.
La Santa Sede no podía por sí misma enviar misioneros a América, mante- La Corona de Castilla fue entonces a parar a su heredera, doña Juana,
nerlos allí y construir para ellos los edificios de culto, vivienda y asistencia casada con el archiduque de Austria don Felipe el Hermoso. Ausentes
precisos, dotándolos además con la renta precisa para su mantenimiento. ambos cónyuges de España al morir doña Isabel, el Rey Católico ocupará
Esto podía decirse de diócesis, monasterios, parroquias, de la totalidad interinamente la Regencia en nombre de su hija ausente. Y durante ese
de la necesaria estructura de la Iglesia indiana, a comenzar por el propio período en que don Fernando gobierna Castilla por doña Juana, a la espera
viaje atlántico de los evangelizadores, imposible de todo punto fuera de los de la llegada de ésta, el monarca rechazará la creación de las tres diócesis
buques controlados por la Corona y costoso por encima de los recursos precisamente por venir hecha sin concesión patronal. Y enviará a su embaja-
eclesiásticos. De modo que la intervención real a efectos de fundar y dotar dor en Roma, Francisco de Rojas, las instrucciones necesarias para que la
resultaba, como hemos dicho, imprescindible. Y precisamente fundación y cuestión se resuelva definitivamente, mediante la concesión del Derecho de
dotación son los dos conceptos patronales típicos, los que han estado pre- Patronato y la confirmación definitiva de los diezmos.
sentes durante todo el Medievo a medida que el Patronato se desarrolla, y el
El proceso se interrumpe como consecuencia de la nueva situación
derecho de presentación -el Patronato secular sobre los beneficios eclesiás-
política castellana. La llegada de la reina doña Juana supuso la toma del
ticos- era la normal contrapartida de aquellos conceptos de fundación y
poder por su marido, el archiduque Felipe, y la práctica expulsión de don
dotación.
Fernando de tierras de Castilla, de modo que tuvo que retirarse a sus estados
Alejandro VI, en 1501, pide a los reyes que funden y doten; es decir, de Aragón, de donde él era el rey y donde doña Juana no sería reina
que hagan la fuerte inversión inicial de carácter económico, necesaria cada mientras él viviese. La unidad española corrió así serio peligro de romperse,
vez y en cada lugar, para instaurar la Iglesia en Indias y garantizar su y la obra toda de los Reyes Católicos se había venido a tierra. Doña Juana y
funcionamiento. Y, en contrapartida, en lugar del Patronato, concede a los don Felipe no tenían aún treinta años, y poseían además un heredero, el
reyes los diezmos. Son éstos los tributos económicos que los fieles habían de futuro emperador Carlos, por lo que, pese a la locura de la reina, hubiesen
pagar anualmente a la Iglesia para contribuir a su mantenimiento; el Papa podido reinar en Castilla largo tiempo, quedando el poder en manos del rey
obtiene de la Corona en cada caso una especie de crédito, y lo devuelve con consorte. Don Fernando, consciente de esa realidad y que no esperaba ver
intereses a lo largo de los años futuros, permitiendo a los reyes hacer suyos -dada su edad- el final del reinado de su hija y de su yerno en Castilla, buscó
los diezmos que tocaría cobrar a la Iglesia. un heredero varón para sus reinos aragoneses, tratando así de evitar que un
Los Reyes Católicos habían solicitado los diezmos, y la concesión de día don Felipe llegase a reinar también en Aragón.
Alejandro VI responde a sus expectativas; pero para los monarcas se trataba Ese plan de don Fernando, nacido de su falta total de entendimiento
en aquellos momentos de un derecho menor, a largo plazo -tardaría tiempo con su yerno y de la locura de su hija, hubiese en efecto - d e salir según los
en resultar rentable-, y no susceptible de ocupar el lugar del Patronato. deseos del monarca- supuesto la exclusión de doña Juana de la herencia
De modo que la adquisición de este Derecho continúa siendo un interés aragonesa, que habría ido a parar al hijo varón de don Fernando, que éste
primordial de la Monarquía después de obtenida la donación decimal, y ya buscó mediante su segundo matrimonio, el celebrado con doña Germana de
durante el pontificado del nuevo papa Julio II. Con este Pontífice preparó Foix. Sin embargo, las cosas siguieron otro camino del todo diferente, pues
el rey Fernando la instauración en Indias de las primeras sedes diocesanas. ni doña Germana dio a don Fernando el deseado varón ni don Felipe reinó
La creación de diócesis y el nombramiento de obispos suponía ya la realidad en Castilla más de pocos meses. En el mismo año en que llegaron a Castilla
de una Iglesia organizada en los territorios indianos, y a la vez daba pie al los nuevos monarcas en primavera, falleció en otoño don Felipe; doña Juana
juego del Derecho patronal de haberse éste concedido, pues precisamente el quedó viuda y absolutamente privada de razón, y Castilla tuvo que llamar de
punto clave y central de todo ( Patronato regio sobre un reino es la presenta- nuevo a don Fernando, que ocupó la regencia hasta su propia muerte, que
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coincidió prácticamente con la mayoría de edad de Carlos V y su llegada al Benedicto XIV. Hecho éste singular, porque supone que el Derecho de
trono de Castilla y al de Aragón, es decir, de España. Indias va a servir de modelo para el de Castilla, después de siglos en que el
Baste este breve paréntesis para ambientar el momento en que don Derecho castellano se utilizó como modelo para crear el Derecho indiano.
Fernando vuelve a hacerse cargo del gobierno de Castilla, cuya reina, doña \ La bula Universalis Ecclesiae concede efectivamente el Patronato, pero
Juana, está impedida por la locura. Apenas tornado al viejo reino, el Rey j sin mención alguna ni de los diezmos ni de los límites diocesanos; los prime-
Católico reanuda su política atlántica, que su yerno había abandonado. Y el j ros habían sido concedidos en 1501 por Alejandro VI, pero Fernando el
papa Julio II verá llegar de nuevo al embajador del terco rey, que solicita de 1 Católico pretendía una nueva concesión ligada al Derecho patronal; el dere-
nuevo el Derecho de Patronato para las Indias Occidentales. cho de fijar los límites de las diócesis nunca había sido reconocido a los
Ya desde 1505, al rechazar la bula Ulitis, viene don Fernando apremian-1 reyes, y continuaba sin concederse después de no aparecer mencionado en
do al embajador en Roma para que el Patronato sea por fin concedido. En] la bula patronal.
la real cédula de Segovia de 13 de septiembre de aquel año, el rey advertía j Consecuencia inmediata de la concesión patronal fue entonces la revo-
a Rojas: «Yo mandé ver las bulas que se expidieron para la creación e ' cación de la anterior erección de las sedes de Yaguata, Magua y Baynúa, que
provisión del arzobispado e obispado de la Española -se refiere a la bula: no había agradado al rey. Se pensó ahora que no convenía situar en la
Illius fulciti- en las cuales no se nos concede el patronazgo de los dichos i Española las tres nuevas diócesis y que tampoco era deseable constituir con
arzobispado e obispados, ni de las dignidades e canonjías, raciones e benefi-! las tres una provincia eclesiástica con un metropolitano (recuérdese que
cios con cura o sin cura que en la dicha Isla Española se han de erigir.» Y} Yaguata tendría ese carácter) al frente. Como resultado de estas nuevas
adelantaba «el rey sus pretensiones, en tono casi de exigencia», afirma Bruno I propuestas regias, en el Consistorio del 6 al 13 de agosto de 1511 Julio II
en su obra El Derecho Público de la Iglesia en Indias. «El Papa -continúa este I erigió las que de hecho fueron por fin las tres primeras diócesis americanas,
autor- debía concederle el patronato ("es menester", decía) sobre los arzo- tres obispados sujetos al metropolitano de Sevilla: Santo Domingo y Con-
bispos y obispos de las Indias, y esto perpetuamente a mí e a los reyes que en ] cepción, en la Española, y San Juan de Puerto Rico.
estos Reinos de Castilla e de León sucedieren.» Y en relación, en la misma ]
Ligado al nombramiento de los tres primeros obispos - q u e lo fueron
línea, con otros beneficios eclesiásticos, insistía el monarca a su embajador:;
Fr. García de Padilla, don Pedro Suárez de Deza y don Alonso Manso,
«Es menester que en la dicha bula del patronazgo -la que el Rey quiere I
respectivamente para las tres diócesis indicadas- está el tema de la definitiva
conseguir- mande el Papa que no puedan ser erigidas las dichas dignidades \
concesión de los diezmos. Don Fernando sabía poseerlos desde 1501, y así lo
e canonjías e otros beneficios sino de mi consentimiento, como patrón.» «A
dice al embajador Rojas en su ya citada cédula de Segovia de 1505: «Ya
este privilegio -añade Bruno- debía acompañar el derecho de presentación |
sabéis como yo e la serenísima Reina mi mujer, que haya santa gloria,
real en la provisión canónica de sus titulares.» Y aún era más amplia la.j
teníamos por donación apostólica todos los diezmos y primicias de las Indias
solicitud real: «Es menester que Su Santidad mande que yo e la persona oj
e tierra firme del mar océano, al tiempo que acordamos de facer en la dicha
personas a quien yo se lo cometiere, faga la dicha división e apartamiento, e |
isla Española los dichos arzobispado e obispados -se refiere a los erigidos en
el dicho arzobispado e cada uno de los dichos obispados hayan de gozar de \
1504-.» Y añade el Rey: teníamos intención «así mesmo de facer donación a
ámbito e territorio que así les fuere señalado.»
los dichos arzobispo, y obispos, e iglesias, y beneficiados, de los dichos
diezmos e primicias, reserbando para Nos los dichos diezmos que en estos
C) Concesión pontificia del Patronato Reinos se dicen tercias...».
Tres, pues, eran las pretensiones del rey, cuyo contenido iba más allá del; Es evidente que el plan de don Fernando sobre los diezmos, que final-
mero Derecho patronal: la presentación -justamente el contenido esencial • mente pondrá en práctica después de obtenido el Patronato, venía también
del Patronato-, los diezmos y el derecho de fijar los límites de las diócesis. de antiguo. Ahora, cuando ya la bula Universalis le ha hecho Patronato de las
En todas ellas se ratifica apenas regresa a Castilla después de la muerte de] iglesias de Indias, aún obtendrá el Rey del Pontífice una nueva bula sobre
Felipe el Hermoso. El 3 de julio de 1508, un nuevo embajador, Fernandoi diezmos, la Eximiae devotionis, del 8 de abril de 1510, por la cual Julio II
Tello, volverá a insistir ante Julio II, y el 28 de ese mes y año otorgará el' otorgaba a los reyes don Fernando y doña Juana, su hija, y a sus sucesores,
Pontífice la bula Universalis Ecclesiae, documento capital de la historia ecle- el privilegio decimal a cambio de la construcción de iglesias y de su dotación.
siástica indiana y española: indiana, porque en ella se concede finalmente el Un año más tarde, el 8 de mayo de 1512, el rey concedía a los tres primeros
Derecho de Patronato, base y fundamento de toda la ordenación jurídica obispos, arriba ya citados, en la Concordia de Burgos, esos mismos diezmos
castellana acerca de la Iglesia en Indias; española, porque, aparte de que las que acababa de obtener del Papa. Y así los diezmos donados a la Corona, y
Indias eran parte de la Corona de España, el Patronato indiano será mencio- redonados por ésta a la Iglesia, se convirtieron en una fuente de alivio para
nado como un precedente a la hora de conceder el Patronato universal la Real Hacienda, que los utilizó para las atenciones a la propia Iglesia,
sobre los reinos de España -los territorios europeos de la Corona-, lo que cubriendo sus necesidades con los propios diezmos redonados; en un alivio
sucede en 1753 en el Concordato entonces firmado entre Fernando VI y segundo para el mismo erario real, que se reservó siempre una parte de los
74 PI- Cuestiones globales
C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 75
mismos, y en una ayuda, en fin, para la Iglesia, que tuvo en los diezmos
cobrados y percibidos cada año la garantía de unos medios económicos que e inherente no a la persona, sino a la misma Corona, y ello privativamente.
le resultaban imprescindibles para su acción pastoral. Seguidamente se expone el ámbito de aplicación del Derecho patronal:
El otro objetivo, el derecho de fijar los límites de las diócesis, aunque 1) Provisión de todos los beneficios eclesiásticos de las Indias, incluso «cual-
asimismo deseado y solicitado por don Fernando, nunca fue concedido por quier oficio eclesiástico o religioso»; 2) Derecho de erección, del que no
la Santa Sede de modo general, pero sí que en cada caso particular pudo la queda excluida «iglesia catedral, ni parroquial, monasterio, hospital, iglesia
Corona obtener satisfacción; el desconocimiento de la geografía americana votiva, ni otro lugar pío ni religioso».
obligó a la Santa Sede a confiar muchas veces a los reyes la determinación de De este cuerpo jurídico, por el principio de que quien concede el fin
tales límites, pero en todo caso se trataba de mercedes aisladas, contenidas concede los medios necesarios para tal fin, resultaba que el rey estaba
ocasionalmente en las propias bulas que iban erigiendo las diócesis, y depen- capacitado para dar el pase a los misioneros y a sus superiores, presentar al
dió de cada momento y del punto de vista de cada Pontífice el que tales obispo los párrocos y doctrineros, y entender en su remoción, control y
concesiones fuesen más amplias o más restringidas, más raras o más fre- punición. Igualmente, caía bajo el examen regio toda la documentación
cuentes. eclesiástica referente a las Indias, de cualquier procedencia, bulas papales,
edictos conciliares y episcopales. A estos derechos correspondía la obliga-
ción regia de sostener todo el complejo de la obra misionera indiana, con lo
III. DEL PATRONATO AL VICARIATO INDIANO cual el Patronato obtenía la forma jurídica de contrato oneroso. Este carác-
ter precisamente, según Solórzano Pereira, hace que el Patronato indiano
Lo esencial del Patronato, sin embargo, no está ni en los diezmos ni en «sea inmune de la disciplina tridentina derogatoria de los derechos patrona-
los límites diocesanos, sino en las concesiones efectivamente contenidas en les en general» (EGAÑA).
la bula Universalis Ecclesiae, de 1508. A su tenor, nadie podrá, sin consenti- De este texto, que refleja bien la realidad patronal, podemos deducir
miento real, construir o erigir iglesias, y el rey poseerá el derecho de presen- unas consecuencias que se derivan igualmente del análisis del concepto que
tación en toda clase de beneficios. del Patronato tuvo, junto a la Corona, la doctrina oficial de los siglos del
De hecho, es el ejercicio habitual del Derecho de Presentación la base dominio español en Indias:
fundamental de la influencia del poder real en la Iglesia de Indias. Pero no 1.a) El Patronato no procede exclusivamente de la concesión papal,
se limitó a ello la interpretación y la utilización que la Corona hizo del sino que es propio de los reyes por haber incorporado las nuevas tierras al
Patronato. Sostenida por sus juristas, la Monarquía española fue paulatina- mundo cristiano.
mente ampliando la esfera de sus competencias en materia eclesiástica, hasta 2.a) Como un Patronato entendido tan ampliamente no puede ser el
conseguir un abanico amplísimo de facultades, que figuraron en la legisla- mucho más estrecho contenido en la bula Universalis de 1508 - q u e tiene un
ción y en la doctrina como propias del rey en virtud del Patronato, pero que tenor bastante preciso-, la concesión papal se pone en relación sobre todo
iban mucho más allá de los más amplios límites de interpretación del mismo, con las bulas alejandrinas de 1493, mucho más genéricas y que por decir
según aparece en la bula que lo concediera. menos podían entender como diciendo mucho más, es decir, que por ser
Convendrá, pues, fijar la atención en dos hechos: primero, cuáles fue- muy generales podían ser entendidas muy ampliamente y hacer residir en
ron esas competencias que extralimitan el Patronato y dónde quedaron ellas para en adelante la base del poder eclesiástico de los reyes en América.
fijadas y cómo quedaron establecidas, y, segundo, si los derechos así estable- 3.a) Dado que los derechos que tocan a los reyes en virtud del patrona-
cidos constituían o podían seguir siendo llamados Derechos de Patronato y, to conllevan para los mismos reyes el deber de erigir las iglesias y dotarlas, y
en caso negativo, cómo pueden ser calificados. los monarcas han cumplido con esta obligación, ya no pueden ser privados
nunca del Patronato, que así se ha hecho irreversible y escapa al propio
A) Prácticas superpatronales poder papal, que ya no tiene facultad para privar de él a la Corona.
4.a) Este Patronato ya no suprimible, debido a los reyes en cuanto que
Para determinar cuáles fueron las competencias que bajo el nombre de
éstos han cumplido con su contraprestación, no es ya el restringido patrona-
patronales llegó a ejercer la Corona, la doctrina suele fijarse en la real cédula
to de la bula Universalis -la presentación de candidatos para los oficios
de Felipe II dada en Madrid el 4 de julio de 1574, considerada la Cédula
eclesiásticos-, sino el amplísimo Patronato que arranca de la Real Cédula de
magna del Patronato regio. En ella, el Rey comienza asentando los títulos de
1574, y que se trasladará a las Leyes de Indias recopiladas en 1680.
dicho Patronato: título de descubrimiento, adquisición, edificación y dota-
ción de las tierras y de los edificios eclesiásticos en ellas erigidos; en segundo 5.a) Este Derecho patronal confiere a los reyes, sustancialmente: a) el
derecho de presentación a todos los beneficios de Indias; b) el pase regio o
término, derecho por concesión apostólica. Sobre estos dos títulos, uno de
control de todos los documentos eclesiásticos destinados a las Indias; c) la
Derecho de gentes y el otro de Derecho canónico, declara el Monarca
exigencia a los obispos de un juramento de fidelidad a la Corona; d) determi-
fundarse la forma jurídica del Patronato; forma imprescindible totalmente,
nadas limitaciones a los privilegios del fuero eclesiástico; e) los recursos de
76 P.I. Cuestiones globales C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 77
fuerza, o apelación de los tribunales de la Iglesia a los del Estado; f) la de la que él mismo publicó una versión reducida en lengua española bajo el
supresión de las visitas ad limina de los obispos de Indias; g) el envío al título de Política indiana (1647). El De Indiarum Iure fue a parar al índice de
Consejo de Indias y no a Roma de los informes episcopales sobre el estado Libros Prohibidos y suscitó una polémica cuya otra parte fue el fiscal general
de las diócesis; h) el control de los traslados de clérigos y religiosos a Indias; de la Cámara Apostólica, Antonio Laelio. En resumen, se trata de lo siguien-
i) el control de las actividades de las órdenes religiosas, mediante informes te: el desarrollo de las funciones que los monarcas se autoatribuían - o que
que los superiores habían de dar periódicamente sobre las mismas; j) la los juristas les atribuían y los reyes aceptaban y ejercían- había alcanzado
intervención real en los Concilios y Sínodos; k) el gobierno de las diócesis tales cotas, las facultades reales eran ya tantas en cuanto a la dirección de la
por los presentados por el rey para las mismas, antes de que llegasen las Iglesia indiana, que ni podían ampararse ya bajo el nombre de Derecho de
bulas papales de nombramiento; l) la disposición regia sobre los bienes de Patronato ni podían suponerse concedidas en la bula patronal de 1508. Se
expolios y vacantes y en general sobre los diezmos; m) los límites al derecho arbitró entonces una fórmula nueva: la verdadera fuente de la concesión
de asilo. pontificia de facultades espirituales a los reyes no es ya la bula Universalis de
Probablemente, esta relación no es exhaustiva, pero está tomada de Julio II, sino las mucho más genéricas bulas alejandrinas, sobre cuya incon-
reales cédulas dictadas a lo largo de siglos y en especial de la Recopilación, y creción cabía basar cualquier supuesto. Y el supuesto que en ellas se basó
ayuda a hacerse una idea de en qué se convirtió el Derecho de Patronato con fue el del carácter de vicario papal en Indias que el Pontífice habría concedi-
el paso de los años, a partir del mero derecho de presentación concedido en do al rey de Castilla.
la bula de 1508. Los monarcas castellanos, pues, resultaban así ser vicarios pontificios
-así se afirmó- para el gobierno espiritual de las Indias, y por tanto no
B) Del Patronato al Vicariato poseían unas facultades limitadas y tasadas, sino cuantas fuesen necesarias
Esta misma relación de facultades que la Corona llega a poseer y ejerci- para dirigir a la Iglesia en Indias. De ahí la denominación de Vicariato que
tar nos obliga a plantearnos lo que anunciábamos como un segundo interro- se da a tal doctrina.
gante: ¿puede este conjunto de poderes regios seguir denominándose -y se Dado que este capítulo está dedicado al estudio del Patronato, dejare-
ejercían ya en la época de Felipe II, si no todos, sí la mayor parte- Derecho mos un mayor detalle sobre la evolución que convierte al Vicariato en
de Patronato? Regalía para el capítulo dedicado al estudio del Regalismo. Baste ahora decir
La doctrina ha solido distinguir tres épocas en la historia del Regio que el Vicariato -evolución amplificadora del Patronato propia del siglo
Patronato indiano: la época propiamente patronal, que coincidiría con el xvil- deja a su vez paso en el xvín a la nueva tesis de las regalías mayestáti-
siglo XVI; la época del Vicariato, a identificar con el siglo xvil; y la época del cas, en cuya virtud se pasará a afirmar que las facultades que posee el rey en
Regalismo, es decir, el siglo XVIII. A la exactitud de esta división y su coinci- Indias en materia espiritual no le vienen de una concesión pontificia -como
dencia con los tres siglos de dominio español en Indias ayuda el hecho de se decía que provenía el Vicariato-, sino de la propia esencia de la soberanía.
que cada uno de tales siglos posee una personalidad y una historia propia: Las facultades regias eran inherentes a la Corona, a la Majestad: eran rega-
Felipe II murió en 1598 y Carlos II en 1700, con lo que el siglo xvi es lías o derechos reales, y la doctrina que así lo sostuvo recibe el nombre de
exactamente el de los Austrias mayores, el xvil es el siglo de los Austrias Regalismo.
menores, y la Casa de Borbón llega a España precisamente en el inicio del Dejando para otro capítulo, pues, el estudio del Regalismo, diremos
xvill. Cada siglo, una historia; cada siglo, una etapa en las formas que adopta ahora sobre el Vicariato que coincide con el Patronato en que se trata de una
el Patronato Regio. concesión papal -real o pretendida-, y coincide con las regalías en que las
El período propiamente patronal va desde 1508 -concesión del Patro- facultades regias son tan amplias cuanto pueda ser preciso para el gobierno
n a t o - hasta 1574 -Real Cédula sobre el Patronato-. Con ésta quedan seña- de la Iglesia indiana en todas sus facetas.
ladas y establecidas unas facultades regias que sobrepasan ya el estricto Como ha expresado Leturia, los creadores originarios de la tesis vicarial
ámbito del Derecho de Patronato. Pero aún no se trata de unas facultades no fueron los juristas de corte, sino los religiosos, y en particular los francis-
nuevas extrañas al Patronato, sino nada más de una interpretación amplia canos. En efecto, las Ordenes religiosas habían sido las primeras en evangeli-
del mismo, y Felipe II se mantuvo durante todo su reinado relativamente zar América, y para facilitarles tal labor dictó Adriano VI, en 1522, la
dentro de esos márgenes en el ejercicio de sus poderes patronales sobre las famosa bula Omnímoda, que concedía amplias facultades cuasi-episcopales a
iglesias de Indias. Por tanto, bien puede aceptarse la tesis que identifica el los superiores de las Ordenes. Cuando luego se fue creando la jerarquía
siglo XVI con la etapa del Patronato. ordinaria diocesana, los obispos juzgaron que los privilegios excepcionales
El Regio Vicariato indiano resulta ser la doctrina que los juristas áulicos otorgados por la Omnímoda a los religiosos habían dejado de tener razón de
del XVII defendieron como la propia del derecho que tocaba a los reyes en ser, y pretendieron suprimirlos, apoyados en el concilio de Trento, que trató
sus posesiones atlánticas. Tiene su principal representante en Juan de Solór- de robustecer precisamente la autoridad episcopal. La larga lucha entre
zano Pereira, autor de una obra monumental, De Indiarum Iure (1629-1639), obispos y Ordenes que siguió y que dura hasta mediado el siglo XVIII, llevó
78 P.I. Cuestiones globales C.5. El Patronato y el Vicariato Regio en Indias 79
a los religiosos a buscar una y otra vez el apoyo real en favor de sus derechos,
P. RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES, Colección de alegaciones fiscales (Madrid, 1841-1843);
y para fortalecer la autoridad regia en la que se amparaban construyeron la F. SALGADO DE SOMOZA, Tractatus de Regia Protectione (Lugduni, 1646); J. DE SOLÓR-
tesis vicarial, según la cual los reyes están instituidos como «delegados de la ZANO PEREIRA, De Indiarum lure (Lugduni, 1672); G. DE VILLARROEL, Gobierno Ecle-
Silla Apostólica y sus Vicarios generales, constituidos por la bula alejandrina siástico Pacífico (Madrid, 1738).
del año de 1493 y sus referentes que los elevaron y sublimaron a esta
Estudios modernos
dignidad» (ALVAREZ DE ABREU).
F. J. AYALA DELGADO, «Iglesia y Estado en las leyes de Indias»: Estudios Americanos
La base doctrinal la sentó el franciscano Fr. Juan Focher en su Itinera- 3 (Sevilla, 1949), 417-460; C. BRUNO, El derecho público de la Iglesia en Indias (Salaman-
rium catholicum proficiscentium ad infideles convertendos (publicada en 1574), y ca, 1967); F. CANTELAR RODRÍGUEZ, «Patronato y Vicariato Regio españoles en In-
la desarrollaron otra serie de autores religiosos. Solórzano la recibe y le da dias», en Derecho canónico y pastoral en los descubrimientos luso-españoles y perspectivas
su definitiva formulación técnica, y la Corte defendió siempre al autor actuales (Salamanca, 1989), 57-102, y Theologia 21 (Braga, 1986), 57-102; P. CASTA-
ÑEDA DELGADO, La teocracia pontificia! y la conquista de América (Vitoria, 1968); ID.,
contra las protestas y condenas procedentes de Roma, donde la Santa Sede
«Los franciscanos y el Regio Vicariato», en Actas del II Congreso Internacional sobre los
se negaba - y se negó siempre- a aceptar la afirmación de que los Papas franciscanos en el Nuevo Mundo (Madrid, 1988), 317-368; A. DE EGAÑA, La teoría del
hubiesen nunca delegado en los reyes sus facultades de gobierno para las Regio Vicariato español en Indias (Roma, 1958); A. GARCÍA-GALLO, «Las bulas de
Indias, constituyéndoles sus vicarios en ellas. Alejandro VI y el ordenamiento jurídico de la expansión portuguesa y castellana en
África e Indias»: Anuario de Historia del Derecho Español 27-28 (Madrid, 1957-1958),
Y no sólo la corte: un escritor tan insigne como el obispo Fr. Gaspar de 461-829; J. GARCÍA GUTIÉRREZ, Apuntes para la historia del origeny desenvolvimiento del
Villarroel, que ignoraba la condenación del libro de Solórzano cuando Regio Patronato Indiano hasta 1857 (México, 1941); R. GÓMEZ HOYOS, La Iglesia de
escribió en 1656 su Gobierno eclesiástico pacífico, aceptará de plano la tesis América en las leyes de Indias (Madrid, 1961); M. GÓMEZ ZAMORA, Regio Patronato
vicarial y dará como razón para aceptarla precisamente el dato de que era español e indiano (Madrid, 1897); M. GUTIÉRREZ DE ARCE, «Regio Patronato Indiano»:
defendida por Solórzano Pereira. Las palabras de Villarroel no dejan lugar Anuario de Estudios Americanos 11 (Sevilla, 1954), 107-168; A. DE LA HERA, «El Patro-
nato indiano en la historiografía eclesiástica»: Hispania Sacra 32 (Madrid, 1980),
a dudas sobre su pensamiento: «Aunque el patronazgo no da por su natura- 229-264; ID., «El Regio Patronato de Granada y las Canarias»: Anuario de Historia del
leza jurisdicción en las cosas eclesiásticas, no sucede así en el patronazgo de Derecho Español 27-28 (Madrid, 1957-8), 1-12; ID., «El Regio Patronato español de
nuestros Reyes Católicos, porque este patronazgo tiene gran suma de privi- Indias en las bulas de 1493»: Ibíd. 29 (Madrid, 1959), 317-349; ID., «El Regio Patrona-
legios, en virtud de los cuales unos doctores llaman al rey vicario general, to español en la historiografía eclesiástica», en Studi in memoria di Mario Condorelli 1
(Milano, 1988), 481-519; ID., «La legislación del siglo XVIII sobre el Patronato
otros (y muchas veces) legado a látere, porque el papa puede, aunque no sea indiano»: Anuario de Historia del Derecho Español 40 (Madrid, 1970), 287-311; A. DE
eclesiástico el rey, darle jurisdicción en lo civil y en lo criminal.» LA HERA-R. M. MARTÍNEZ DE CODES, «La Iglesia en el ordenamiento jurídico de las
Otros muchos autores del mismo siglo defendieron la tesis vicarial, tales leyes de Indias», en Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias. Estudios histórico-
jurídicos (México, 1987), 101-140; P. DE LETURIA, Relaciones entre la Santa Sede e
como Frasso, Salgado, etc. Son confirmadores del pensamiento de Solórza-
Hispanoamérica 1 (Caracas, 1959); V. G. QuESADA, Derecho de Patronato (Buenos Aires,
no y precedentes de la aún más avanzada tesis regalista, que se insinúa 1910); I. SÁNCHEZ BELLA, Iglesia y Estado en la América Española (Pamplona, 1990);
durante la segunda parte del XVII y se consolida definitivamente en el nuevo L. SÁNCHEZ DE LAMADRID, El Concordato de 1753 (Jerez de la Frontera, 1937); W. E.
ambiente del XVIII, traído a España y a las Indias por las ideas ilustradas y la SCHEILS, King and Church: the Rise and Fall of the Patronato Real (Chicago, 1961);
Monarquía borbónica. I. TING PONG LEE, «La actitud de la Sagrada Congregación frente al Regio Patrona-
to», en Sacrae Congregationis de Propaganda Fide memoria rerum 1622-1952 2 (Roma,
1971), 353-438.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Obras clásicas
A. ALVAREZ ABREU, Víctima real legal (Madrid, 1769); M. CIRER, Propugnáculo
sobre el Real Patronato (Madrid, 1736); J. CHUMACERO-D. PIMENTEL, Memorial... sobre
diferentes agravios: J. TEJADA Y RAMIRO, Colección completa de concordatos españoles
(Madrid, 1862) 17; J. FOCHER, Itinerario del misionero en América (1574) (Madrid, '
1960); P. FRASSO, Tractatus de Regio Patronatu (Madrid, 1677); A. LAELIUS, Observatio-
nes ad Tractatum de Indiarum lure (Romae, 1641); M. DE MACANAZ, Proposiciones del
Fiscal del Reino:]. TEJADA y RAMIRO, Colección completa de concordatos españoles (Madrid,
1862); G. MAYANS, Observaciones legales sobre el Concordato de 1753 (Madrid, 1848);
A. MORALES, Patronato eclesiástico de los Reyes de España (Madrid, 1747); G. PÉREZ DE
ARACIEL, Información sobre el Patronato Real de Indias (Madrid, 1624); A. J. DE
RlVADENEYRA, Manual Compendio de el Regio Patronato Indiano (Madrid, 1755);
t r . - * — • „ j„ i„ j„¡ar¿„
CAPÍTULO 6

EL REGALISMO INDIANO
Por ALBERTO DE LA HERA

Durante los siglos XVI y XVII la Iglesia de Indias fue dirigida mediante
un sistema mixto, en el que concurrían las competencias tanto de la Santa
Sede como de la Monarquía española. Aquélla había concedido a ésta, al
producirse el Descubrimiento, la soberanía sobre los nuevos territorios
descubiertos y por descubrir; lo había hecho en virtud de las facultades que
la teocracia —doctrina predominante durante el Medievo para explicar las
mutuas relaciones entre el poder eclesiástico y el civil- reconocía al Sumo
Pontífice como señor del orbe, al que correspondía el derecho de conceder
a los príncipes cristianos las tierras de infieles a efectos de que las cristiani-
zasen.
La soberanía así adquirida, pues, entrañaba el deber de evangelizar, que
recaía, en consecuencia, sobre los nuevos soberanos establecidos por el Papa
sobre los pueblos paganos. De faltar aquéllos a esta obligación, la base de la
concesión de soberanía dejaría de estar presente y la concesión misma
quedaría invalidada. Pero, en contrapartida, si la cristianización se llevaba a
cabo por los príncipes, al haber quedado cumplida su parte en el pacto con
la Santa Sede, la soberanía otorgada por ésta se transformaba en irrevoca-
ble, transmitiéndose a los sucesores de los primeros príncipes de manera
perpetua.
De hecho, este sistema condujo al gobierno de la Iglesia indiana -dado
que en las Indias españolas se produjeron todos los acontecimientos que
conducían a una tal situación- por parte del poder político. Sobre la base de
la concesión efectuada a los Reyes Católicos por Alejandro VI en 1493, los
monarcas castellanos acometieron la empresa evangelizadora. Y una vez
acometida obtuvo don Fernando del papa Julio II, en 1507, el Derecho de
Patronato sobre todas las iglesias de Indias. Tal privilegio reafirmaba el
deber de cristianizar de los reyes, convirtiendo defacto a España en lo que se
ha llamado un Estado misionero; la conciencia de encontrarse ante un deber
ineludible, impuesto a España como requisito y fundamento de su propio
dominio sobre América, se convierte en la Monarquía hispana en una autén-
tica concepción religiosa de su obra política, «y es precisamente esa concien-
cia religiosa la que, al fusionarse con la vocación imperial, va a posibilitar la
formulación de una nueva concepción teológico-religiosa del Estado, plas-
mada en la idea del Estado-misión» (DE LA HERA-MARTÍNEZ DE CODES).
82 C.6. El regalismo indiano 83
P.I. Cuestiones globales
El Estado cargó así con la total responsabilidad, pero también con la para el gobierno eclesiástico de las Indias, es decir, en vicarios del Sumo
total competencia, sobre la dirección de la labor evangelizadora y, una vez Pontífice. Es la tesis vicarial, nacida en América por obra de algunos frailes
nacida allí y establecida definitivamente la Iglesia, sobre esta misma. El interesados en la protección real para sus privilegios y desarrollada luego
Derecho patronal solamente autorizaba a la Corona a proponer al Papa las por los juristas áulicos del siglo xvil, en particular por Juan de Solórzano. La
personas que habían de ser investidas de los cargos eclesiásticos; no es todo, aceptaron los sucesivos cultivadores del Derecho eclesiástico indiano; la
pero es mucho, puesto que ninguna dignidad ni ningún oficio, desde el aceptó la Corona y con ella el Consejo de Indias y los restantes organismos
arzobispado de Lima a la última parroquia, se confirió nunca a otro candida- de gobierno metropolitano y colonial, y la aceptaron los propios obispos y
to que al propuesto por la autoridad civil. E incluso sobre los superiores de eclesiásticos, en buena medida en virtud de la tolerancia de facto que la
las Ordenes religiosas, aun no produciéndose su nombramiento a propuesta Santa Sede le otorgó, pese a haber salvado siempre los principios, como lo
del monarca, existió en virtud del propio Patronato un estrecho control, prueba el que, de un lado, nunca se interrumpiera la designación de prela-
intensificado a partir de la real cédula de Felipe II de 1574 y del intento por dos y demás actuaciones ordinarias del Papado en relación con América, y
este rey de creación del cargo de comisario de Indias, que solamente llegó a de otro, el que la obra de Solórzano fuese incluida y mantenida a ultranza en
existir en la Orden franciscana. el índice de Libros Prohibidos, si bien este dato lo desconocieron en Améri-
ca los prelados, que mantuvieron durante tres siglos su dependencia de la
Corona, bajo la cual, efectivamente, el Nuevo Continente fue cristianizado
I. PATRONATO-VICARIATO-REGALIAS y se asentó en él una floreciente cristiandad (EGAÑA, BRUNO).
El Vicariato es, pues, un desarrollo abusivo del Patronato, pero que
El Derecho de Patronato fue entendido progresivamente de manera
tiene de común con él su condición de concesión de la Santa Sede a la
cada vez más favorable a la Corona. Algunas instituciones en especial inten-
Corona, es decir, su origen eclesiástico. Cierto que nunca lo concedió la
sificaron de manera muy notable la competencia civil sobre la vida eclesiásti-
Santa Sede, pero como concedido por ella se presenta por la doctrina oficial
ca indiana: a) el hecho de que los obispos hubiesen de prestar, al tomar
española, y Roma, si niega esa concesión, permite su aplicación en la prácti-
posesión de sus cargos, un juramento de fidelidad a la Santa Sede quedaba
ca. Comparando Patronato con Vicariato, escribe Giménez Fernández que
muy condicionado por la cláusula que se añadía al mismo, en cuya virtud los
«en su origen, el Real Patronato Indiano fue durante el siglo XVI, bajo el
obispos juraban tal fidelidad sin perjuicio de la debida al rey; b) la obliga-
influjo de Soto y Vitoria, y según la genial concepción de Juan de Ovando
ción de los obispos de enviar periódicamente un informe a la Santa Sede
(1570), una institución jurídico-eclesiástica por la que las autoridades de la
sobre el estado de sus diócesis la cumplían enviando dicho informe al Conse-
Iglesia universal confían a los reyes de Castilla la jurisdicción disciplinar en
j o de Indias, que no la hacía luego seguir hasta Roma; c) los obispos india-
materias canónicas mixtas de erecciones, provisiones, diezmos y misiones,
nos no efectuaban, bajo el pretexto de la distancia y consiguiente duración
con obligación de cristianizar y civilizar a los indígenas; la que, bajo el
del viaje, la visita ad limina, y aunque tal medida tomada por la Corona
criterio centralizador de la política de Felipe II a partir de 1580, transfor-
pareció ciertamente justificada por la razón antedicha, no hay duda de que
maron los legistas del Consejo de Indias, especialmente Araciel, Solórzano y
limitaba de modo excepcional el conocimiento e intervención de la Santa
Frasso en el Regio Vicariato indiano, institución jurídica eclesiástica y civil
Sede sobre la Iglesia indiana; d) los documentos papales atinentes a las
por la que los reyes de España ejercitan en Indias la plena potestad canónica
Indias habían de pasar por el control del Consejo, sin cuyo pase no se
disciplinar con implícita anuencia del Pontífice, actuando dentro del ámbito
tramitaban ni surtían efectos en América; e) los obispos y demás autoridades
fijado en las concesiones de los Pontífices y en la legislación conciliar de
de la Iglesia americana, en medio de este ambiente y a tenor de estas normas
Indias».
- q u e sustancialmente la Santa Sede toleró sin proponer otras ni protestar
las existentes-, vivieron siempre en la convicción de que obedeciendo al rey Las bases del Vicariato Regio son, pues, estas dos: que se trata de un
cumplían con su deber y su conciencia. Es decir, consideraban a la Corona poder disciplinar sobre la Iglesia indiana que abarca la totalidad de las
como la que reunía de hecho la efectiva competencia para el gobierno de la materias atinentes a su gobierno, en cuanto tal poder sea encomendable a
Iglesia indiana. seglares -es decir, en cuanto su ejercicio no requiera la potestad de orden ni
se refiera a lo dogmático-, y que los reyes lo poseen por delegación de la
Todo ello nos conduce, efectivamente, a la conclusión de que el poder
Santa Sede -delegación otorgada expresamente por los Papas en las bulas
de la Santa Sede sobre la Iglesia en América fue genérico, mientras recayó
alejandrinas o implícitamente aceptada por los Pontífices ante su ejercicio
específicamente sobre la Corona. La única verdadera intervención -nunca
de hecho-, lo cual, precisamente, les permite llamarse vicarios papales para
dejada en otras manos- de la Santa Sede fue el nombramiento de los obispos
las Indias.
y la creación de las diócesis. La evangelización fue llevada a cabo por los
misioneros, y el gobierno de la Iglesia ya establecida por las autoridades De manera clara encontramos expuesta esta doctrina también en los
eclesiásticas, bajo el control y dirección inmediata del poder civil. juristas del siglo XVIII:
Lo cual convirtió de hecho a los reyes en delegados de la Santa Sede
84 P.I. Cuestiones globales C. 6. El regalismo indiano 85
«Son nuestros Reyes -escribía Rivadeneyra- Delegados de la Santa Sede do y contra la autonomía disciplinar del Episcopado y de las Ordenes Religio-
Apostólica por la Bula de Alexandro VI que comienza ínter coetera, y como tales sas, en la llamada Regalía Soberana Patronal, institución jurídica meramente
Delegados y Vicarios Generales les compete el exercicio de la autoridad, juris- civil por la que los Reyes españoles borbónicos se arrogan la plena jurisdicción
dicción y gobierno Eclesiástico y Espiritual en todas las materias tocantes a lo canónica en Indias como atributo inseparable de su absoluto poder real,
Religioso y Eclesiástico de aquellos Reynos, con plena y absoluta potestad para fundamentándolo en las doctrinas antipontificias del absolutismo, el hispanis-
disponer a su arbitrio todo lo que les pareciera más conveniente al espiritual mo y el naturalismo».
gobierno, ampliación y extensión de la Religión cathólica, culto Eclesiástico,
conversión de los Infieles y progresos espirituales de los Fieles, como consta
expresamente en la misma Bula: es corriente entre todos nuestros Regnícolas: II. EL REGALISMO
supuesto y assentado inconcusamente en muchas Cédulas y Leyes citadas por
ellos». A) Concepto

La objeción de que no pueda encomendarse tal jurisdicción a seglares La Regalía no es, por supuesto, una creación ni del siglo XVIII ni tampo-
no les resulta desconocida a aquellos autores, pero, y ello puede dar muestra co -como de la alusión a Luis XIV pudiera desprenderse- de finales del xvn.
de la seguridad con que se pronuncian, en lugar de intentar probar que tal En sí misma, la Regalía no es sino un derecho de la Corona, un derecho
delegación de poderes pontificios en quienes no pertenecen a la jerarquía regio, algo que corresponde al rey por el hecho de serlo. El uso fue a lo largo
eclesiástica es en sí misma posible, para justificar a partir de ahí que se del tiempo reservando la palabra, si no de modo exclusivo, sí acercándose a
hiciera la concesión del Vicariato a los reyes -como pretenden que ocurrió-, ello, para los derechos de los monarcas en el terreno eclesiástico. Tanto que
siguen los juristas áulicos el camino inverso y prueban que la delegación de hoy llamamos Regalismo a la doctrina que consideró a los príncipes como
funciones eclesiásticas en personas civiles es posible porque los reyes de detentadores de un poder de gobierno sobre las materias eclesiásticas, no en
España la poseen. virtud de concesiones pontificias, sino en base a su propia condición de
soberanos. Por tal razón, Giménez Fernández, que ha denominado al Patro-
Así, por ejemplo, expresa esta idea Alvarez de Abreu:
nato institución eclesiástica y al Vicariato institución eclesiástica y civil -que-
«La confirmación de todo lo referido en orden a que no repugna el que en riendo reflejar que en aquélla la concesión es pontificia, y la misma proce-
un Príncipe temporal recaigan derechos Eclesiásticos y espirituales por merced dencia tiene su contenido, y que en ésta la concesión se supone pontificia y
Apostólica la podemos tomar de nuestros propios derechos, pues en virtud de su contenido es una ampliación civil de lo que los reyes realmente poseían
especiales concesiones, indultos y privilegios apostólicos están cometidas y por privilegios otorgados por los Papas-, llama a la Regalía institución
encargadas a nuestros Reyes en las Indias, sin limitación alguna (y no obstante
que un Romano Escritor intentó oscurecerlo —la referencia es obvio que alude meramente civil: ni su contenido procede de concesiones papales ni su
a Lelio y su refutación del pensamiento de Solórzano-) todas las veces, y origen tampoco; los reyes dicen poseer los derechos correspondientes por
autoridad de Su Santidad, y como Delegados de la Silla Apostólica, y sus su propia condición de soberanos, y tales derechos son fijados por la misma
Vicarios Generales, constituidos por la Bula Alexandrina del año 1493 y sus doctrina áulica que crea la teoría.
referentes, exercen la Eclesiástica y espiritual gobernación de aquellos Reynos,
así entre Seculares como entre Regulares, con plenaria potestad para disponer Pero no se trata ni de una doctrina ni de unos derechos que nazcan en
de todo aquello que les pareciere más conforme y seguro en el espiritual los siglos xvii-XVHl ni que en ellos se ejerciten por vez primera. En otro
gobierno, en orden a conferir, ampliar, establecer y promover la Religión lugar he sostenido que el Regalismo estaba ya presente en la acción regia en
Católica y el aumento espiritual de los fieles y conversión de los infieles que
habitan en ellos». las Indias desde el momento mismo de la primera conquista y que para
limitarlo, en el caso de España, al siglo x v m hay que añadirle el calificativo
Pero cuando Rivadeneyra y Abreu escriben, ya en el siglo xvm, se ha de borbónico. Quise con ello expresar que cabe, y existe, un concepto
dado un nuevo paso en la atribución de poderes a los monarcas en el amplio de regalismo, que en tal sentido sería aplicable a las relaciones
gobierno de la Iglesia. Ha aparecido, en efecto, una nueva figura, la Regalía, Iglesia-Estado y al correspondiente reparto de competencias desde los orí-
y una nueva doctrina, el Regalismo, que serán las propias y específicas de la genes mismos de la cristiandad.
tercera etapa de la acción cristianizadora de las Indias por parte de la En efecto, la Iglesia y el Estado -y no sólo en el ámbito del cristianismo,
Corona española. sino que se trata de un fenómeno común a todos los Estados y religiones-
Giménez Fernández la ha caracterizado en la misma línea que acabamos han competido siempre por el ejercicio del poder social. Diferentes doctri-
de ver que sigue para su descripción del Patronato y el Vicariato. Refirién- nas han ido con el pasar del tiempo proponiendo soluciones a la doble
dose a este último, escribe: competencia de ambas instituciones sobre unos mismos fenómenos de rela-
ciones humanas. Y por muchas variantes que tales relaciones hayan podido
«Pero ni aun esta amplísima jurisdicción bastó a los Borbones españoles, presentar y que las doctrinas hayan podido ofrecer, cabe hacer una síntesis
imbuidos del absolutismo nacionalista de Luis XIV; y a partir de Fernando VI, que las reduciría a tres: hierocratismo o teocracia -predominio de la Iglesia
por sus legistas (Olmedo, Rivadeneyra, Campomanes, Ayala) se inicia la evolu- sobre el Estado-, regalismo o cesaropapismo -predominio del Estado sobre
ción doctrinal que culmina en la reforma de la Iglesia Indiana intentada por
Campomanes y demás ministros de Carlos III, apoyándose, frente al Pontifica- la Iglesia- y separación entre ambos poderes, con índices mayores o meno-
86 P.I. Cuestiones globales C.6. El regalismo indiano 87

res de colaboración entre ambos. Siempre en líneas muy generales, el cesa- 2) el Concilio general ha de ser considerado superior al Papa; 3) el primado
ropapismo fue típico del Imperio romano cristiano; la teocracia predominó papal ha de ejercerse respetando los derechos de las iglesias locales; 4) los
durante la Edad Media, el regalismo caracteriza la Edad Moderna, y la decretos papales, en cuestiones de fe, no son irreformables mientras no
separación es lo propio de la Edad Contemporánea. reciban la conformidad de toda la Iglesia.
Varias razones explican el predominio del pensamiento regalista duran- Roma reaccionó contra esta doctrina, que traspasa los límites de lo
te los siglos xvi a xvni, en un ritmo de intensidad que aumenta progresiva- administrativo, para negar principios dogmáticos, y Luis XIV hubo de dar
mente desde el principio al fin de esa Edad, en tal medida que el siglo x v m marcha atrás. Pero de ahí arranca un fuerte Regalismo que en Francia recibe
resulta ser, efectivamente, el siglo regalista por antonomasia: de un lado, la el nombre de Galicanismo, que tenía raíces muy antiguas en aquel reino y
decadencia del Papado, que había alcanzado el fin de su inmenso prestigio que proclamará para todo el siglo x v m la competencia del príncipe en
medieval con ocasión del cisma de Occidente, y que ya nunca vuelve a tener cuestiones temporales de la Iglesia - p o r las que se entendió todo lo no
el poder que poseyera antes del cautiverio de Aviñón; de otro, el fortaleci- relacionado con la fe y aun se llegaba a rozar el control de las declaraciones
miento del Estado a partir del desarrollo de las nacionalidades en el paso del papales en tal terreno- en base, sobre todo, a dos argumentos: uno, que así
siglo xv al xvi, y, en fin, como última causa, la Reforma protestante. ha sido querido por Dios al dividir los poderes entre el Papa y el Monarca
por derecho divino, y dos, que tales son las antiguas libertades de la Iglesia
B) Origen galicana —entendiendo por tales los derechos de gobierno de las institucio-
nes eclesiásticas galas en momentos del Medievo, en que el Papado aún no
Que la decadencia del Papado y el fortalecimiento de los nuevos Esta- ha comenzado a ejercer sus facultades en la forma centralizada e inmediata
dos diesen pie a la sustitución de la teocracia por el regalismo es tan lógico sobre toda la Iglesia en que lo hizo posteriormente-, libertades que los
que no precisa explicación alguna. Conviene, en cambio, detenerse un mo- pontífices no pueden ni desconocer ni disminuir.
mento en la influencia sobre el Regalismo de la Reforma luterana. Martín
Lutero confió el supremo poder en las iglesias reformadas al poder civil; en
C) Difusión
los países en que el protestantismo se impuso, los monarcas se convirtieron
en auténticas cabezas de las correspondientes iglesias. La cantidad de poder Bajo diferentes formas el fenómeno regalista se extendió por toda la
que este fenómeno acumuló en las monarquías protestantes se comprende Europa católica y adoptó diferentes nombres según los varios países. En
bien si se piensa en la importancia que conservaba la vida eclesiástica en la Francia ya sabemos que se denominó Galicanismo. En Alemania, Febronia-
sociedad europea de aquel tiempo. Sobre esta base es fácil comprender que nismo, denominación tomada de Justino Febronio, el seudónimo utilizado
las monarquías católicas, que manteniéndose fieles al Papado no podían por Nicolás von Hontheim para publicar su libro De statu Ecclesiae, verdade-
disponer de poderes comparables a los que Lutero había puesto en manos ro compendio de ideas cesaropapistas que seguían una tradición que conta-
de los monarcas de la Reforma, añorasen la posesión de facultades de ba con nombres tan ilustres como Marsilio de Padua, el teorizante del poder
gobierno tan amplias como las disfrutadas por las coronas protestantes. imperial en las luchas contra el Pontificado en la Edad Media, y Van Espen,
Aunque tal hecho pudiese no ser consciente, motivó sin duda un movi- el profesor de Lovaina creador de la orientación regalista del Derecho
miento de acercamiento de las monarquías católicas a las tesis regalistas, en canónico moderno. En Austria se utilizó el nombre de Josefinismo, tomado
cuya virtud los príncipes poseerían poderes amplísimos en el campo eclesiás- del emperador José II, el Rey Sacristán -según el despectivo apelativo que le
tico. El Regalismo se nos presenta así como una herejía administrativa; la aplicara Federico el Grande-, que regulaba hasta el número de velas que
herejía en la que caen los países católicos en un terreno que, al no afectar a habían de lucir durante las funciones sagradas. En Italia, con el nombre de
lo dogmático y al no provocar tampoco el cisma, pues la sumisión al Papa Jurisdiccionalismo, presidió la política de los Borbones en Ñapóles y Parma,
como cabeza suprema de la Iglesia no se altera en lo esencial, permitió la y de los Habsburgo-Lorena, en Toscana. En Portugal bajo el marqués de
conservación de la unidad religiosa en contraste con su ruptura en el mundo Pombal, primer ministro de José I, y en España bajo los reyes de la Casa de
de la herejía doctrinal, es decir, en el ámbito dominado por el protestan- Borbón, instaurada a partir del comienzo del siglo x v m en virtud del testa-
tismo. mento de Carlos II y de la Guerra de Sucesión, el Regalismo -con esta
denominación- inspiró toda la obra de gobierno de la Ilustración y marcó
Naturalmente, la primera aparición del pensamiento regalista bajo la
profundamente las relaciones entre las dos Coronas peninsulares y la Santa
forma de una doctrina que reivindica poderes eclesiásticos para el monarca,
Sede.
en cuanto que supone un acercamiento a las tesis protestantes, había de
rondar verdaderamente la herejía no sólo administrativa -ya se comprende No deja de ser un interesante testimonio del modo en que el Regalismo
que utilizamos aquella palabra de un modo elástico-, sino también dogmáti- de la corte, y el de los autores que en torno a la misma giran era recibido por
ca. Tal fue el caso de la Asamblea del Clero francés, que patrocinó Luis XIV buena parte de la opinión nacional el hecho de que, en Portugal, se atribuya
en 1682, y que dictó los Cuatro Artículos Galicanos: 1) ni los Papas ni la la locura de la reina doña María I, entre otras causas, a su convicción de que
Iglesia tienen poder alguno sobre los príncipes temporales en cuanto tales; su padre, José I, se había condenado sin duda como consecuencia de su
88 P.I. Cuestiones globales te 6. El regalismo indiano 89
política regalista, y en España se considerase por muchos a los Borbones cia del poder real en las Indias que no se hubiesen manifestado con anterio-
como una dinastía antiespañola, contraria a nuestras tradiciones, y fomenta- ridad y,' por supuesto, en vano intentaríamos buscar una huella de la conce-
dora de una descristianización ilustrada de la nación, en contraste con la sión pontificia de privilegios regalistas. Por ello, nuestra atención se ha de
muy católica Casa de Austria, idea de la que se hará tardío pero significativo verter sobre los siguientes puntos: la política económica de Felipe V en
eco Menéndez Pelayo. Indias, en la que sí aparece alguna interesante novedad de éstas que no
El Regalismo se impone en España, en efecto, a todo lo largo del siglo existieron con anterioridad y resultan, por tanto, ser frutos del pensamiento
XVIII, y perduran muchos de sus principios en la centuria siguiente. Había regalista; la política conciliar de Carlos III, que constituye el principal ejem-
tenido precedentes, y no es conforme a la exactitud de los hechos atribuirlo plo de aplicación del Regalismo en Indias; algunas actuaciones aisladas de
en exclusiva a la Casa de Borbón. Bajo Felipe IV, el Memorial de Chumacero Carlos IV en Indias, que son consecuencia de actitudes suyas de gobierno en
y Pimentel ya recogía una importante serie de reivindicaciones de la Corona relación con la metrópoli; y el pensamiento que está detrás de todos estos
frente a la Sede Apostólica que pueden muy bien calificarse de regalistas. actos, los justifica y los apoya, dando lugar a un intento de revisión general
Pero es importante subrayar que el Regalismo borbónico, o dieciochesco, de la obra legislativa indiana, hasta pensarse en una nueva Recopilación que
no aumenta tanto - e n comparación con tiempos anteriores- las intromisio- sustituyese a la de Carlos II y que obedecería en materias eclesiásticas a los
nes reales en la disciplina eclesiástica cuanto modifica los fundamentos de principios informadores de la doctrina regalista.
tales intromisiones. Como se ha dicho anteriormente, en relación con el caso
indiano, el Patronato y el Vicariato se asemejan en que ambos son considera- A) Política económica de Felipe V
dos como concesiones pontificias, y se diferencian en que el segundo tiene
un contenido mucho más amplio que el primero. Cuando Felipe V ocupa definitivamente el trono de España no alienta el
propósito de alterar sustancialmente la política religiosa de sus predecesores
Pues bien, el Vicariato y la Regalía tienen prácticamente un mismo
en los territorios ultramarinos. Sin embargo, imbuido él y sus ministros del
contenido, apenas aumentan las intromisiones regias en el campo de lo
galicanismo de su abuelo Luis XIV, sí que comienza en la metrópoli una
eclesiástico al pasarse de aquél a ésta; la diferencia esencial está en que el
nueva era en lo que hace a las relaciones entre la Santa Sede y el poder civil.
Vicariato lo poseen los príncipes -según afirman- por haberles sido otorga-
Es sabido que Clemente XI se vio obligado en un momento dado a recono-
do por los Papas, y la Regalía es un derecho nato de la Corona que la Santa
cer al archiduque Carlos como rey de España durante la Guerra de Suce-
Sede tiene el deber de respetar. Por eso, el Memorial de Chumacero y
sión; ello dio motivo a varios cierres de la Nunciatura en Madrid, y la política
Pimentel, que constituye un lugar común cuando se quiere recurrir a los
religiosa del primer Borbón, conducida en diferentes épocas por el obispo
precedentes austrias del Regalismo borbónico, lo es en cuanto representa
de Málaga, don Gaspar de Molina, y por el abate Alberoni, llevará a no pocos
una reclamación real a Roma para que se reconozcan a los reyes más amplios
enfrentamientos con Roma, que fueron dejando su huella en las mutuas
derechos y competencias, pero en lo que hace a los fundamentos doctrinales
actitudes entre la Corona española y el Papado.
que lo sustentan no obedece aún a la idea típicamente regalista del derecho
divino de los reyes para ejercer el control y gobierno de la disciplina ecle- Pero, para las Indias, los reflejos de tales hechos fueron más bien
siástica. escasos. Las reivindicaciones anteriores de la época de Felipe IV, y las nue-
vas que Macanaz y otros autores ponen ahora en marcha, se referían a la
Esta doctrina aparece ya en el reinado de Felipe V, de la mano de los
península; las Indias poseían desde mucho atrás el Patronato universal, que
escritos de Macanaz y Alvarez de Abreu; inspirará las relaciones con Roma
se convierte, en cambio, en la metrópoli en la meta de todos los esfuerzos
de Fernando VI y sus ministros, defendida por Mayáns y Sisear; será la
regalistas, hasta lograr su reconocimiento en el Concordato de 1753. Todo
propia de los autores que escriben bajo Carlos III - u n Rivadeneyra, por
lo cual, para las Indias, carece de particular interés.
ejemplo, un Campomanes, igualmente- y de los ministros que con este
monarca gobernaron. Y, como es lógico, se aplicó a las Indias de manera El problema regalista indiano aparece por vez primera, de manera
decidida y aun atrevida, tratando de avanzar allí actitudes que luego se digna de especial atención, a raíz del planteamiento del problema de la
querría trasladar a la metrópoli. atribución de las rentas vacantes. «Con nombre de vacantes entendemos en
este Discurso -escribía Alvarez de Abreu- únicamente aquellos frutos, espe-
cies o rentas que por razón solamente del derecho decimal, concedido a los
III. EL REGALISMO EN INDIAS señores Reyes Católicos, se adeudan y causan en la Metrópoli, o Diócesis
Vacante, durante su orfandad: los mismos que en Sede plena habían de
Un estudio del Regalismo en Indias, pues, no es tanto una aportación percibir y gozar el Prelado Metropolitano, o Diocesano, y las Dignidades,
de intromisiones regias en la vida eclesiástica cuanto un análisis del pensa- Prebendados y demás Ministros de las Iglesias de Indias, por razón de
miento y la doctrina. Si en el capítulo sobre el Patronato los temas funda- estipendio, o congrua sustentación, en virtud de las erecciones y estatutos de
mentales eran su concesión a los reyes de Castilla para todos sus territorios las tales Iglesias, y órdenes de Su Majestad».
de América, al tratar del Regalismo son pocos los nuevos puntos de inciden- Fue precisamente Abreu quien convirtió este tema en una cuestión
90 P.I. Cuestiones globales C. 6. El regalismo indiano 91
candente, que para él mismo concluyó con la concesión de un título de reformas» (MORALES PADRÓN). Y entre tales reformas estaban las que se
nobleza, el marquesado de la Regalía -pocas veces un título reflejará con hacían precisas en la Iglesia. Era necesario crear nuevas diócesis y llegar
mayor precisión el motivo por el que fue otorgado-; para la Corona, en lo hasta confines hasta entonces inatendidos; dotar al clero de una formación
que se afirmó que significaba el descubrimiento de unas nuevas Indias -tal coherente con las nuevas corrientes filosóficas y científicas; someter más
fue el importe de las nuevas rentas que pasó a percibir-; para las relaciones estrechamente a las Ordenes religiosas - d e por sí autónomas frente a la
entre la Iglesia y el Estado, en la consagración primera de los principios Corona, como dependientes de órganos propios de poder situados en Ro-
regalistas de nuevo cuño en los albores del siglo de la Ilustración. ma, lejos del influjo real- a la vigilancia de los obispos. Los jesuítas controla-
La cuestión en sí no parecía justificar la trascendencia que llegó a ban en Indias los principales centros educativos y una de las zonas de mayor
revestir. Las rentas vacantes mayores, que correspondían a los arzobispados interés por el éxito de los métodos de evangelización y desarrollo aplicados:
y obispados, se habían atribuido siempre en las Indias a la Corona, a los solos las Reducciones. La orientación de los centros educativos a los que acudía la
efectos de su distribución en fines píos; se reservaban a los futuros ocupan- clase dirigente había de adecuarse a las nuevas corrientes, y era la Iglesia la
tes del cargo las rentas vacantes menores, como las de canonjías y preben- que dirigía tales centros. Se hacía, pues, necesaria una profunda reforma del
das. Así se mantuvo el tema durante dos siglos, no sin discusiones que sistema precedente, muy particularmente en este terreno.
trataban de llevar tales rentas a poder real, pero sin que ese cambio se Pero reformar la Iglesia resultaba tarea imposible para la Corona, aun
operase nunca. Alvarez de Abreu estudió detenidamente el tema y llegó a la recurriendo a las prácticas regalistas. Para reformar la Iglesia resultaba
conclusión de que las rentas de vacantes eran libre propiedad de la Corona, imprescindible contar con ella. Y la política de Carlos III buscó precisamen-
que podía darles el uso que estimase oportuno. Dada la extremada duración te eso: la aceptación por la propia Iglesia del sistema regalista, de modo que
de las vacantes indianas, como consecuencia del complicado sistema de la propia autoridad eclesiástica impusiese las reformas que la Corona desea-
provisión patronal de los cargos eclesiásticos, los productos de las vacantes ba. El rey pudo dar un golpe de fuerza: la expulsión de los jesuítas. Así
tenían un montante altísimo. Cuando Abreu logró convencer a los medios arruinó las Reducciones, pero privó a la Compañía de Jesús de su gran
oficiales y al rey, a través de un complejo proceso de estudios, Juntas y resorte de poder, prestigio y recursos, hasta lograr luego su extinción por
exámenes de la temática, la Corona vio aumentados en enorme medida sus decisión -arrancada por las Cortes católicas de Europa- de Clemente XIV.
ingresos provenientes de América, y si bien normalmente destinó tales ren- Privó así también a la clase dirigente de las orientaciones educativas que los
tas a atender necesidades de la propia Iglesia y de los pobres, ello le descargó jesuítas imponían. Eso ya era mucho. Pero el Regalismo no podía contentar-
del deber de atender estas obligaciones con otros fondos de la Real Hacien- se con eliminar a la Compañía; esto supuso remover el principal obstáculo a
da. El resultado económico para la hacienda pública resultó, en todo caso, la política de reformas - d a d o que los jesuítas, desde sus enfrentamientos
muy brillante, y Abreu debe buena parte de su fama a tal logro. con el galicanismo, significaban un importante bastión de defensa contra los
Lo importante en toda esta cuestión es que Alvarez de Abreu provocó derechos de las Coronas frente al Papado-, pero seguía siendo preciso llegar
con sus actuaciones una decisión real sobre un tema de administración a la reforma completa, en sentido ilustrado, del pensamiento, la enseñanza
eclesiástica en que se deja de lado cualquier entendimiento con la Santa y las estructuras y actuación de la Iglesia en Indias. A lograrlo tendieron las
Sede para tomarse una decisión innovadora en materia de primer orden por subsiguientes medidas de Carlos III, concretadas sobre todo en la puesta en
la sola autoridad de la Corona. Este es el Regalismo. Sin mediar ni privilegio marcha de la celebración de concilios provinciales en todos los territorios de
ni negociación, en materia en que durante dos siglos -bajo Patronato y América.
Vicariato- la norma había sido otra y la Santa Sede la había defacto aceptado, La idea Carolina de confiar a los concilios americanos la reforma de la
el rey actúa por su propia autoridad e innova radicalmente el tratamiento administración de la Iglesia en sentido regalista resulta sumamente inteli-
jurídico de la cuestión. Y ello en base a un razonamiento de corte doctrinal gente. Si se conseguía que fuesen los propios prelados de Indias quienes
regalista. Este es el punto que hay que subrayar, porque por vez primera el aprobasen las nuevas normas por las que debía regirse la Iglesia americana,
Regalismo incide sobre el gobierno eclesiástico de las Indias con todos los la Corona quedaría de un lado exculpada de haber promovido ella misma la
perfiles que le son propios. adopción de los principios regalistas, y de otro apoyada en su nueva política,
al consistir ésta en cuidar de la aplicación de lo que los propios prelados, a
B) Política conciliar de Carlos III través de los sínodos, hubiesen establecido.
Bajo Carlos III se programa una reestructuración general del gobierno A tal efecto, la real cédula de 21 de agosto de 1769, habitualmente
de las Indias. «Los políticos de la dinastía borbónica comprobaron, una vez denominada el Tomo Regio, procurará la puesta en marcha de la reunión de
más, que era imposible seguir gobernando las posesiones ultramarinas con una serie de concilios en todos los territorios indianos. En sí misma, la
los anticuados e inapropiados órganos disponibles de la administración. En iniciativa no podía merecer el menor reproche. Intensa durante el siglo XVI,
todos los sectores había surgido una inédita problemática que desbordaba a la celebración de sínodos en Indias había disminuido notablemente durante
los virreyes, carentes, por otrp lado, de colaboradores. Había que realizar el XVII. «El concilio de Trento —recuerda Bruno— había ordenado la celebra-
92 P.I. Cuestiones globales C.6. El regalismo indiano 93
ción de los concilios provinciales cada tres años. Por las distancias y dificulta- llevar de la mano a la jerarquía eclesiástica americana hacia el terreno en que
des de viajes obtuvo Felipe II el breve de San Pío V, de 12 de enero de 1570, la Corona tenía interés en promover una nueva normativa de sentido regalis-
que prorrogaba en Indias a cinco años el plazo de los concilios; plazo que ta; el Tomo señala que los concilios previstos tienen como objeto «exterminar
Gregorio XIII alargó a los siete años el 12 de julio de 1584 por pedido de las doctrinas relajadas y nuevas», es decir, el probabilismo jesuítico, «resta-
Santo Toribio de Mogrovejo. Finalmente, Paulo V, el 7 de diciembre de bleciendo también la exactitud de la disciplina eclesiástica y el fervor de la
1610, amplió esta facultad al permitir la celebración de concilios de doce en predicación». Se establecía que los sínodos debían examinar «los excesos que
doce años». cometan en la exacción de derechos los subalternos de sus tribunales ecle-
De hecho, los plazos no se cumplieron, y si bien hubo más numerosos siásticos; formar «un catecismo abreviado» y revisar los catecismos «puestos
sínodos diocesanos y escasos provinciales, la vida conciliar indiana pivotó en las lenguas naturales de los indios», siempre para liberar la enseñanza de
sobre dos series de concilios, que se agrupan en un estrecho margen de la fe de las doctrinas de los jesuítas, que son la bestia negra de esta política
tiempo a fines del siglo xvi: los tres concilios mexicanos y los cinco limeños, de reforma.
celebrados aquéllos en 1555, 1565 y 1585, y éstos en 1552, 1567, 1583, En la misma línea se dispuso en el Tomo Regio que los concilios prescri-
1591 y 1601. Con posterioridad no había vuelto a reunirse un concilio bieran que «no se enseñe en las cátedras por autores de la Compañía proscri-
provincial en ninguna de las dos grandes sedes antes del Tomo Regio de tos». Igualmente se ordenaba poner límites «en las fundaciones de capella-
Carlos III. Fueron el concilio III de México y el III de Lima, presididos, nías» y que no se permitiese «perpetuar los bienes de patrimonio», para no
respectivamente, por los arzobispos don Pedro Moya y Contreras y Santo «enajenar de las familias estas raíces ni sacarles del patrimonio de los secula-
Toribio de Mogrovejo, los que marcaron para siempre la legislación conci- res», primeros pasos, como se puede advertir, de la futura política desamor-
liar de Indias. En ambos virreinatos la vida eclesiástica se rigió en adelante tizadora.
por las normas emanadas de ambos concilios, en cuyas actas se reúne una El rey debía señalar el momento más oportuno para la celebración, y a
extensa regulación de cuantos puntos eran de interés para la administración ésta debían acudir y estar siempre presentes los representantes de la Corona
espiritual y temporal de la Iglesia; los concilios posteriores, hasta Carlos III, de Indias para «proteger al concilio y velar en que no se ofendan las regalías,
siguen en todos los territorios americanos muy de cerca el camino trazado jurisdicción, patronazgos y preeminencia real». «Más centralización -co-
por los dos concilios mencionados. menta Bruno- de la obra conciliar en manos del rey no era concebible sino
Carlos III y sus ministros encontraron, pues, fácil el camino para poten- en los Estados divididos del común tronco romano».
ciar una política favorable a la celebración de nuevos concilios provinciales; Tiene interés esta cita del historiador argentino, ya que conecta con
el resultado de su acción fueron los concilios IV mexicano y VI de Lima, de algo que más arriba hemos dejado indicado: hay en el regalismo una especie
1771 y 1772, y más tarde, en 1774-78, el de Charcas y algunos otros de de sueño de los monarcas católicos por disponer sobre la Iglesia de jurisdic-
menor trascendencia en relación a los de las dos capitales virreinales. ción semejante a la que en virtud de la Reforma adquirieron los monarcas
La preparación del Tomo Regio había sido objeto de una cuidadosa protestantes, y las prácticas regalistas, si bien se operan en un contexto
labor, en la que tuvieron mano los principales asesores de Carlos III, y muy general de mantenimiento de la fe católica y de sumisión al Romano Pontífi-
en particular Campomanes. Giménez Fernández ha descrito con abundan- ce, tienden sin duda a independizar a las iglesias nacionales de la directa
tes detalles el proceso en su monografía sobre el tema (vid. en la bibliogra- dependencia de Roma, sometiendo al episcopado en todo lo posible a la alta
fía). La real cédula o Tomo Regio de 1769 indicaba a sus destinatarios, de dirección de sus actuaciones que provenía de la Corona.
parte del monarca, «la obligación que me incumbe, en consecuencia de lo
La celebración de los dos importantes concilios IV mexicano y VI de
dispuesto por las leyes de mis Reinos, de los derechos de mi patronazgo real,
Lima tuvo lugar bajo estas coordenadas. En el caso de México, el arzobispo
de la protección que debo a los cánones y de la regalía aneja a la corona
Lorenzana se sometió en un todo a las indicaciones de la real cédula de
desde los principios de esta monarquía, a promover la congregación y cele-
1 769; las decisiones del concilio constituyen el más importante documento
bración de concilios nacionales o provinciales, indicando los puntos que se
legalista de origen eclesiástico que se produjo en orden al gobierno de la
han de tratar en ellos» (publica el texto del Tomo Regio Tejada y Ramiro, al
Iglesia indiana, y, de haberse llegado a aplicar, la orientación del Regalismo
frente de las actas del IV Concilio Límense, en su Colección de Cánones de la
hubiese sido un hecho consumado en la historia eclesiástica de América. Sin
Iglesia de España y de América).
embargo, nunca logró la Corona que la Santa Sede aprobase ese concilio;
Es cierto que ninguno de los concilios promovidos por Carlos III llegó incluso ni llegó a intentarlo seriamente. Y sin la aprobación de sus actas, su
a tener validez canónica; «una vez más, la invasión del poder civil impedía el inmediata aplicación en Indias sin contar para nada con el Romano Pontífi-
libre desenvolvimiento de la Iglesia» (GÓMEZ HOYOS). Pero ése es un punto ce hubiese significado un cisma, situación a la que Carlos III ciertamente no
a analizar más adelante. Valga ahora subrayar las últimas palabras del texto pretendía llegar.
del Tomo Regio que ha quedado insertado líneas arriba: el rey marcará los Algo se caminó en esa dirección bajo Carlos IV, cuando el ministro
puntos a tratar en los concilios. Con esta medida se trataba precisamente de Urquijo, durante la vacante de la Sede Apostólica a la muerte de Pío VI,
94 P.I. Cuestiones globales C. 6. El regalismo indiano 95
pretendió trasladar a la jurisdicción civil la competencia sobre multitud de literatura al respecto como la totalidad de la legislación recopilada y no
cuestiones eclesiásticas; pero el hecho no dejó huella en nuestra historia, y recopilada. Sus actas son, pues, el mejor documento que poseemos -conti-
no pasa de constituir una curiosa anécdota. Por lo que hace al Concilio VI núan inéditas en el Archivo de Indias de Sevilla, habiendo publicado Muro
de Lima, los prelados del virreinato peruano resultaron mucho más pruden- la mayor parte de su Proyecto de nuevo Libro I del Código indiano- para cono-
tes que los del de Nueva España; aceptaron las directrices regias para la cer el sentido de la política regalista y su reflejo en la legislación indiana, y,
celebración de la asamblea, y el programa que fijaba su contenido y orienta- por tanto, en la administración de la Iglesia en América. Si bien todo ello —al
ción, de forma muy matizada, y las actas consiguientes ni siguen la línea no haber entrado nunca en vigor la proyectada segunda Recopilación- no es
regalista del concilio mexicano, ni agradaron a la Corte, ni llegaron tampo- sino documentación doctrinal, no vida real del influjo del poder civil en la
co nunca a ponerse en práctica. Hasta el momento de la independencia, la Iglesia indiana.
América española continuó rigiéndose sustancialmente en este campo por Cuando la Junta entregó, en 1790, a Carlos IV el Proyecto de nuevo
las líneas maestras señaladas y establecidas en los concilios paralelos, ambos Libro I, el monarca no lo puso en vigor. Sin embargo, en una real cédula de
con el ordinal III, de México y Lima de finales del siglo XVI. 25 de marzo de 1792 estableció que se fueran «poniendo sucesivamente en
uso y práctica las decisiones comprendidas en dicho nuevo Código en todos
C) Actuaciones aisladas de Carlos IV los casos que ocurrieren, librando las cédulas y provisiones que resulten
Ya hemos apuntado que Carlos IV exacerbó la actitud regalista de su conforme a su tenor, al que deberán acomodar también su respuesta los
padre, pero lo hizo más en relación con la metrópoli que con los reinos de fiscales y promover su observancia». Curiosa forma de proceder con un
ultramar, a raíz del real decreto de 5 de septiembre de 1799, tildado de texto que ni se imprimió ni se dio a conocer, y al que deberían atenerse los
heterodoxo por Menéndez Pelayo y de cismático por Giménez Fernández, y fiscales, que no tenían acceso a él. Curiosa manera de hacer entrar en vigor
que éste atribuye sobre todo al ministro Marqués de Cavallero -«de quien no un texto, no directamente, sino a través de futuras disposiciones, que cuan-
se sabe decir si fue más infame que necio o más necio que infame»- y aquél do fueren necesarias sobre puntos concretos deberían dictarse a su tenor.
a don Mariano Luis de Urquijo, el futuro colaborador de José Bonaparte, La realidad es que nunca se dictó disposición alguna a tenor de ese
que como ministro de Carlos IV alentaba «sueños jansenistas de una Iglesia Proyecto de cuerpo legal ni es de creer que fiscal alguno lo tuviera nunca en
pura y nacional» (COMELLAS). cuenta; en cambio, el propio monarca sí que ordenó formalmente que
En relación con América, el regalismo de Carlos IV se concretó funda- algunas, muy pocas, de las nuevas normas del Proyecto tuviesen vigencia y se
mentalmente en el intento de puesta en práctica inmediata de nuevas leyes, aplicasen. Muro las ha reseñado, y ha de recordarse que su incidencia sobre
que limitaban notablemente el fuero eclesiástico, tanto personal como real. la vida indiana resultó totalmente negativa. Se trataba -como antes se ha
El hecho fue consecuencia del complicado sistema de dotar a las Indias de indicado- de leyes que limitaban el privilegio del fuero, y la inmediata
una nueva Recopilación que sustituyese a la de 1680, la cual por una parte se consecuencia de sus aislados intentos de aplicación resultó ser una altera-
había quedado evidentemente anticuada -aunque sólo fuese por la multitud ción grave de la estabilidad de las relaciones de la Iglesia y el Estado en
de nuevas normas legales emanadas por la Corona a lo largo de veinte años Indias, dándose lugar incluso a alteraciones del orden público, a la vista del
del siglo XVII y la primera mitad del XVIII-, y por otra estaba agotadísima y celo inusitado con que las justicias reales se dieron a liberar presos y abrir
resultaba prácticamente inencontrable, y no se quería reimprimir dado pre- cárceles eclesiásticas, y provocándose varias cartas de protesta al rey, hasta
cisamente el anterior factor de quedar ya muy anticuada. Para sustituirla, y caer en el olvido casi inmediato las nuevas medidas, que constituían el único
tras varios esfuerzos infructuosos anteriores, formó Carlos III una Junta, y desafortunado intento de aplicar a las Indias un sistema de gobierno en lo
encargada de elaborar lo que vino en denominarse Nuevo Código de las Leyes eclesiástico de carácter estrictamente regalista.
de Indias. Fue nombrada por real cédula de 9 de mayo de 1776 y desarrolla-
da a partir del 7 de septiembre de 1780, como continuación de trabajos
IV. CONCLUSIÓN
precedentes que han estudiado particularmente Manzano Manzano y Muro
Orejón. La labor de la Junta - q u e por otra parte existía todavía, y con igual Todo ello viene a probar que el regalismo, en la práctica, no llegó a
cometido, que nunca concluyó, en el reinado de Fernando V I I - durante el modificar la competencia de la Corona sobre la Iglesia indiana. Las pocas
reinado de Carlos III y Carlos IV se redujo a elaborar un nuevo Libro I de la veces que lo intentó seriamente -proyecto de nuevas leyes, concilios, supre-
Recopilación, precisamente el de las Leyes eclesiásticas. La doctrina ha estu- sión del Fuero-, a nada efectivo se llegó. Se trata, pues, ante todo, de un
diado este Proyecto de nuevo Libro I (Muro Orejón, De la Hera), para movimiento doctrinal, de una nueva forma de entender y explicar la autori-
concluir que se trata del más desarrollado de todos los intentos de aplicar el dad real sobre las materias eclesiásticas. Hijo del jansenismo (Miguélez),
Regalismo al gobierno de la Iglesia indiana. La Junta discutió a fondo tanto estrechamente emparentado con el galicanismo y luego con el Racionalismo
los principios doctrinales del Patronato, el Vicariato y el Regalismo, como y el pensamiento de la Ilustración, el regalismo indiano no alcanzó nunca
sus aplicaciones prácticas en Indias; repasó cuidadosamente tanto toda la los niveles prácticos que en la teoría propugnaron sus defensores y expósito-
96 P.I. Cuestiones globales C.6. El regalismo indiano 97
res. Rivadeneyra analizó con brillantez su naturaleza en u n famoso libro, su 1962), 567-580; ID., «Notas para el estudio del regalismo español en el siglo XVIII»:
Manual Compendio de el Regio Patronato Indiano, p e r o c u a n d o quiso pasar d e Anuario de Estudios Americanos 31 (Sevilla, 1974), 409-444; ID., «LOS precedentes del
la teoría a la práctica, c o m o asistente real en el IV Concilio Mexicano, regalismo borbónico según Menéndez Pelayo»: Estudios Americanos 14 (Sevilla, 1957),
33-39; ID., «Reforma de la inmunidad personal del clero en Indias bajo Carlos IV»:
solamente logró c o l a b o r a r en u n a o b r a inútil y sin futuro. Y C a m p o m a n e s Anuario de Historia del Derecho Español 30 (Madrid, 1960), 553-616; ID., voz «Regalis-
sobresalió, en su Tratado de la Regalía de Amortización o e n su Juicio imparcial mo»: Diccionario de Historia Eclesiástica de España 3 (Madrid, 1973); ID., El regalismo
sobre el Monitorio de Parma, c o m o formidable teórico de las nuevas opiniones, borbónico en su proyección indiana (Madrid, 1963); J. MANZANO, «El Nuevo Código de
p e r o su contribución a la redacción del Tomo Regio n o logró c o n d u c i r a b u e n las Leyes de Indias (Proyecto de Juan Crisóstomo de Ansótegui)»: Revista de Ciencias
lurídicasy Sociales 73-4 (Madrid, 1936), 5-82; J. LÓPEZ ORTIZ, El regalismo indiano en
p u e r t o el p r o y e c t o de involucrar a la Iglesia indiana en su p r o p i a r e f o r m a de el Gobierno Eclesiástico-Pacífico de don fray Gaspar de Villarroel (Madrid, 1947);
u n a m a n e r a suficientemente eficaz. I. MARTÍN MARTÍNEZ, Figura y pensamiento del cardenal Belluga a través de su -Memorial
Los reyes vigilaron siempre con e x t r a o r d i n a r i o celo q u e se respetasen antirregalista a Felipe V» (Murcia, 1960); ID., Fundamentos doctrinales e históricos de la
sus d e r e c h o s patronales; el 14 d e j u l i o d e 1765 Carlos I I I se a u t o p r o c l a m ó posición antirregalista del cardenal Belluga (Murcia, 1960); M. MENÉNDEZ PEÍ AYO, His-
toria de los heterodoxos españoles 5 (Santander, 1947); M. MIGUÉI.EZ, Jansenismo y rega-
«vicario y delegado de la Silla Apostólica», a s e g u r a n d o q u e «compete a mi lismo en España (Valladolid, 1985);F. MORALES PADRÓN, Historia de España, 14: Améri-
real potestad intervenir en t o d o lo c o n c e r n i e n t e al g o b i e r n o espiritual d e las ca Hispana hasta la creación de las nuevas naciones (Madrid, 1986); A. MURO OREJÓN,
Indias, con tanta amplitud, q u e n o sólo m e está concedida p o r la Santa Sede «Leyes del Nuevo Código vigentes en América»: Revista de Indias 1 (Madrid, 1944),
sus veces en lo e c o n ó m i c o de las d e p e n d e n c i a s y cosas eclesiásticas, sino 443-472; ID., «El Nuevo Código de las Leyes de Indias»: Revista de Ciencias Jurídicas y
Sociales 12-16 (Madrid, 1929-1935); V. RODRÍGUEZ CASADO, «Iglesia y Estado en el
también en lo jurisdiccional y contencioso, reservándose sólo la potestad d e reinado de Carlos III»: Estudios Americanos 1 (Sevilla, 1948), 5-57; J. SARRAILH, La
o r d e n , d e q u e n o son capaces los seculares». trise religieuse en Espagne á la fin du XVlll' siecle (Oxford, 1951); ID., L'Espagne éclairée
Un texto precioso, p e r o vicarial y n o regalista, c o m o su p r o p i a lectura de la seconde moitié du XVIII' siecle (París, 1954).
evidencia. Y si bien las regalías a p a r e c e r á n con frecuencia n o m b r a d a s j u n t o
al p a t r o n a t o y el vicariato en textos legales d e la época, lo h a r á n f o r m a n d o
u n t o d o las tres instituciones, y sin u n a v e r d a d e r a voluntad real d e i n t e r r u m -
pir la jurisdicción pontificia e i m p e d i r su proyección e n Indias.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

La bibliografía que sigue completa la ofrecida en el capítulo sobre el Patronato


Regio, añadiendo algunos títulos específicos sobre el Regalismo, así como las obras
de consulta citadas en el texto.

Obras clásicas
A. DE CASTEJÓN, voz «Regalía», en Alphabetum iuridicum (Madrid, 1678);
J. FEBRONIUS, De statu Ecclesiae (Bullioni, 1768); MARSILIO DE PADUA, Defensorpacis, ed.
Scholz (Hannover, 1932-1933); F. DE RÁBAGO, Correspondencia reservada e inédita, ed.
Pérez Bustamante (Madrid, s. f.); Z. B. VAN ESPEN, IUS ecclesiasticum universum (Ma-
drid, 1791).

Estudios modernos
Q. ALDEA, Iglesia y Estado en la España del siglo xvn (Comillas, 1961); S. ALONSO, •
El pensamiento regalista de Francisco Salgado de Somoza (Salamanca, 1973);
J. L. COMELLAS, Historia de España Moderna y Contemporánea (Madrid, 1974);
A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, La sociedad española en el siglo xvui (Madrid, 1956); M. GIMÉ-
NEZ FERNÁNDEZ, El Concilio IV Provincial Mexicano (Sevilla, 1939); ID., «Las Regalías
Mayestáticas en el derecho canónico indiano»: Anuario de Estudios Americanos 6 (Sevi-
lla, 1949), 799-812; A. J. GONZÁLEZ DE ZUMÁRRAGA, Problemas del Patronato indiano a
través del «Gobierno Eclesiástico» de fray Gaspar de Villarroel (Vitoria, 1961).
A. DE LA HERA, «Evolución de las doctrinas sobre las relaciones entre la Iglesia y
el poder temporal», en Derecho Canónico (Pamplona, 1975); ID., «La Junta para la
corrección de las Leyes de Indias»: Anuario de Historia del Derecho Español 32 (Madrid,
CAPÍTULO 7

LA ECONOMÍA DE LA IGLESIA AMERICANA

P o r RONALD ESCOBEDO MANSILLA

La Iglesia, por su origen, naturaleza y fines, es una institución sobrena-


tural, pero, por estar compuesta de hombres y dirigida a los hombres,
necesita de medios materiales para su sostenimiento y el cumplimiento de
sus fines. Historiográficamente constituye así un interesante objeto de estu-
dio, pero mucho más cuando, como ocurre con la Iglesia en Indias, la labor
misional incorpora todo un continente a la Cristiandad y casi todas las tareas
educativas y asistenciales están en sus manos, asumiendo así la responsabili-
dad que compete en primer lugar a la sociedad y después, por el principio de
subsidiariedad, al Estado.
El objeto de estudio cobra mayor interés por las especiales relaciones de
la Corona con la Iglesia en América, derivadas del Real Patronato y de la
donación pontificia de los diezmos. Mientras se mantuvo una perfecta sinto-
nía en la consecución de los fines espirituales, estas relaciones, pese a la
pérdida de autonomía de las autoridades eclesiásticas, fueron benéficas para
la Iglesia, el Estado y la sociedad, pero posteriormente, sobre todo a partir
del siglo xvni, las virtualidades regalistas de tales relaciones fueron utiliza-
das por la monarquía para, es justo decirlo, sin olvidar del todo sus compro-
misos con la Iglesia, intentar una instrumentalización y buscar afanosamente
mayores beneficios económicos.

I. LOS DIEZMOS

A) La concesión
El 16 de noviembre de 1501, por la bula Eximiae devotionis sinceritas del
papa Alejandro VI, se concedió a los Reyes Católicos la percepción de los
diezmos de todas las islas y provincias indianas. Es oportuno destacar que
este hecho coincide con el momento en que comienza a declinar la figura del
descubridor y virrey de las Indias, don Cristóbal Colón, quien, con su
personalidad y las amplísimas prerrogativas de las capitulaciones de Santa
Fe, había dominado los primeros años de la colonización, y con el momento
en que la Corona decide tomar directamente las riendas políticas de aquellos
nuevos y todavía misteriosos territorios, para instaurar definitivamente el
100 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 101
aparato estatal castellano en Indias, como efectivamente se hizo con la universal, sino un acuerdo marco, como se diría ahora, un modelo que tenía
llegada del primer gobernador, Nicolás de Ovando, a la isla de la Española. que actualizarse siempre y en cada caso en la erección de nuevas diócesis. El
La cesión decimal del papa Alejandro VI se hacía, como se expresa en acuerdo sobre la división de los diezmos que se estableció con la erección de
la bula, en consideración a la fidelidad católica de los reyes y a su decidido la diócesis de México se constituyó en el modelo y en el punto de referencia
empeño de extender la fe entre los nuevos gentiles. La contrapartida funda- obligado. La Recopilación de 1681, que recoge esta fórmula, consagra legal-
mental de la cesión era que los monarcas españoles se comprometían a dotar mente una práctica generalizada.
con bienes del Estado las iglesias que se erigiesen y a mantener dignamente
a los prelados y demás pastores, lo mismo que el culto divino. B) La distribución decimal
Es interesante anotar, aunque sin ánimo de introducirnos en una discu-
La división que se estableció -salvo algunas particularidades locales, en
sión jurídica, que la bula de concesión diezmal es anterior a la Universalis
la mayor parte de los casos sin mayor relevancia- fue la siguiente. Se dividió
Ecclesiae, del 28 de julio de 1508, por la que se otorgó a los monarcas
la masa decimal en dos mitades; de la primera correspondía la mitad al
. castellanos el Patronato indiano. En consecuencia, el origen de la cesión de
ordinario y la otra al cabildo catedralicio. De la segunda mitad se hacía una
los diezmos no arranca de los derechos patronales, pero también es cierto
nueva división en nueve partes, que se distribuían de la siguiente forma: dos
que, en la práctica, uno y otro derecho forman una unidad y se confunden.
novenos para el rey -para la Real Hacienda—, cuatro novenos para los
En 1504, a petición de los reyes, el papa Julio II creó las tres primeras párrocos -beneficíales- y uno y medio, respectivamente, para hospitales y
diócesis americanas, con una iglesia metropolitana y dos sufragáneas, a la fábricas de iglesias. Esta complicada, aunque no difícil, distribución de los
vez que se nombraban los respectivos titulares. La erección efectiva de las fondos ha llevado a algún error de bulto. Quizá se pueda visualizar mejor si
iglesias americanas tardaría, sin embargo, una década más. Al rey Fernando trasladamos la distribución a sus valores porcentuales.
-acababa de morir Isabel- no le agradaron en absoluto los términos de la
bula, en primer lugar porque la creación diocesana no se basaba en el %
derecho patronal, que aspiraba a conseguir para las Indias, y por el trata-
miento de la cuestión diezmal. Mientras sus embajadores trabajaban activa- Obispos 25
mente para conseguir una y otra cosa, no se hicieron efectivos los nombra- Cabildo 25
Rey 11,11
mientos episcopales y el rey siguió legislando y disponiendo de los diezmos, Beneficíales 22,22
construyendo iglesias y sosteniendo al clero. Fábrica de iglesias 8,33
Superadas en lo fundamental las dos cuestiones principales, se decidió Hospitales 8,33
proceder a la erección de las iglesias, pero antes, a petición del rey y de los Este es, insisto, el reparto habitual, pero en los documentos de creación
obispos electos, se efectuó una reforma de la nonnata organización eclesiás- de las diócesis podían pactarse algunas variantes, como las que recoge Du-
tica. Las tres primeras diócesis se asentaban en la isla de la Española; ahora, browsky, en algunos casos sumamente peculiares; por ejemplo, el de Córdo-
para dar respuesta a la expansión de la colonización y a su dotación econó- ba de Tucumán, en el que la Corona se reserva sólo dos veintisieteavos del
mica, se creaban sedes en las otras islas y se suprimía la archidiócesis para total -alrededor del 7,40 por 100-, o el de Buenos Aires, en el que la
pasar a depender de la de Sevilla. En efecto, una de las razones principales Corona se asigna dos tercios de las primicias -relativamente importantes en
para proceder a esta reestructuración era la dotación diezmal, exigua en sí, la zona por su producción ganadera- y nada de los diezmos, que, dicho sea
dadas las condiciones económicas de las islas, y más aún después de que la de paso, como señala el propio Dubrowsky, fueron escasos durante los siglos
Corona consiguiera exonerar definitivamente de los diezmos a la produc- XVI y xvii por la pobreza de la región y la resistencia de sus habitantes.
ción de metales preciosos y a las perlas. Sobre estas cargas, sin romper la división porcentual, se impusieron
Las principales características que tendrían en adelante los diezmos en nuevas obligaciones sobre la recaudación decimal, muy parecidas a los situa-
Indias se definen de alguna manera en la llamada Concordia de Burgos, dos que gravaban otros ingresos fiscales. Por ejemplo, sostenimiento de
pactada entre los reyes, los obispos electos y el poderoso administrador de seminarios y universidades, cuotas para el Patriarcado de Indias y los carde-
los asuntos indianos, el obispo de Palencia Juan Rodríguez de Fonseca. En nales romanos, etc. En algún caso concreto, como en las diócesis de Gua-
el documento, firmado por Fernando y su hija Juana el 8 de mayo de 1512, manga o Trujillo, en el Perú, antes de proceder al reparto decimal se
se realiza la redonación de los diezmos - q u e la Santa Sede había concedido separaban doscientos cincuenta pesos para el mayordomo, administrador de
a los monarcas- a los nuevos obispos y se determina de forma expresa el los diezmos en las respectivas diócesis.
destino de los fondos: «Los cuales diezmos es voluntad de sus altezas que se La modificación más importante de carácter general en la distribución
partan por los dichos obispos, iglesias, clerecía, fábricas y hospitales y otras decimal se dio al final del período español, dentro de un ambiente de crisis
cosas que adelante irán especificadas». fiscal generalizada y consecuente avidez recaudatoria de la Monarquía, que
Es conveniente señalar que éste no era, sin embargo, un compromiso estudiaremos más adelante. Me refiero a la práctica duplicación de la partici-
102 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 103
pación real en el producto de los diezmos. En efecto, en 1804, amparándose
lejos de sospechar las enormes posibilidades de la minería argentífera del
en un breve del papa Pío VII, que le concedía algunas gracias sobre las
continente. Otras exclusiones de menor entidad son las que gozaban los
rentas eclesiásticas, en consideración de las circunstancias bélicas y fiscales, materiales de construcción como la cal, ladrillos y tejas, o el producto de la
y «... usando de la suprema autoridad que me corresponde en los diezmos de caza y de la pesca.
las Iglesias de aquellos Dominios, mando que, sin alterar en nada el método
En definitiva, el diezmo en Indias quedó reducido a la producción
que, conforme a las leyes, está establecido para su cobranza y distribución,
agropecuaria, que, en principio y como se desprende del nombre, afecta a
se deduzca en cada Obispado un noveno de todo el valor de su gruesa antes
una décima parte de la producción, a la que habría que añadir las primicias,
de tocar en ella para la deducción de la casa excusada y demás divisiones y
es decir, los primeros frutos de la tierra o de los ganados. Pero este porcen-
aplicaciones que se harán después en el sobrante que resulte, y debiendo
taje es sólo orientativo, pues en cada diócesis se establecen tablas regulado-
dicho noveno entrar en la Caja de Consolidación».
ras para los diferentes productos, que se aproximan a esa proporción,
El nuevo noveno decimal se establecía, pues, sobre toda la recaudación, y aunque generalmente no la sobrepasan. Los pagos debían hacerse en espe-
no como los dos novenos tradicionales, que eran sobre la mitad. La partici- cies y no en dinero. Disposición taxativa que impidió encontrar una solución
pación de la Hacienda Real, en consecuencia, se duplicaba, y teniendo en sencilla para la contribución de algunos productos difíciles, como la caña de
cuenta además que era sobre la masa bruta, antes de cualquier descuento, la azúcar. En Canarias ya se había planteado el problema y en Indias se le dio
participación del rey, a partir de este momento, debió de afectar a no menos la misma solución: los productores debían contribuir en azúcar refinado y
de la cuarta parte de los ingresos decimales. no en su materia prima, como pretendían los agricultores.
C) Qué debía diezmar
D) Quiénes debían diezmar
Los diezmos, de raigambre bíblica, comienzan a adquirir formas jurídi-
Partiendo de los mismos principios que establecíamos en el epígrafe
cas en el derecho positivo de la Iglesia desde el siglo vi como un impuesto o
anterior, los sujetos de la contribución son todos los bautizados que se
tributo que obliga a todos los fieles cristianos a contribuir al sostenimiento
dediquen a las actividades afectadas por el impuesto. Aunque no afecte
del culto y de sus ministros con una décima parte de los frutos o ganancias
directamente a Indias, es interesante anotar el concepto de diezmo real, es
lícitamente adquiridos. Los usos y costumbres imperantes en Castilla a fina-
decir, el que se establece en función de la cosa y no de la persona, por el que
les del siglo XV y comienzos del XVI son los que determinan la implantación
en Castilla se obligaba a tributar a los judíos. En América no existió teórica-
y desarrollo inicial de los diezmos en Indias.
mente este problema, pero sí el de que muchos sectores sociales intentaron
Los diezmos podían ser de dos clases: prediales -los procedentes de los
escabullirse de esta obligación, como los encomenderos y los miembros de
frutos de la tierra- y personales -los que se originaban en las rentas labora-
las Ordenes militares. Los controvertidos y polémicos casos de los indios y
les-. En el momento de su introducción a Indias los diezmos personales
de las Ordenes religiosas merecen que les dediquemos, poco más adelante,
habían caído ya en desuso: el gravamen no supo adaptarse a las nuevas
un tratamiento más detenido.
formas económicas, producto del desarrollo capitalista; de tal forma que los
sectores más rentables quedaron exceptuados, en contra de los tradiciona- Las pretensiones de los caballeros de las Ordenes militares han sido
les, que habían perdido su importancia económica anterior. En efecto, estudiadas por Guillermo Lohmann. El caso más sonado y el que de alguna
diezmos personales y rediezmos quedaron expresamente prohibidos. Esta forma inicia la polémica es el del primer virrey novohispano, don Antonio de
última prohibición, la de los rediezmos, pretendía confirmar el principio de Mendoza, quien se negó a pagar diezmos con la excusa de su condición de
que un mismo producto no debía tributar dos veces o, dicho de otra manera, caballero de Santiago. La reacción de la Corona fue inmediata. En 1554 le
se dejaban excluidos los productos industriales o manufacturados. Sin em- ordenó no sólo contribuir normalmente como cualquier otro subdito, sino
bargo, la costumbre medieval estaba todavía muy cercana, de tal forma que además abonar los diezmos atrasados. La excusa del virrey tenía, sin embar-
el obispo Valverde -«el frayle de Cajamarca»- intentó cobrar diezmos perso- go, una base cierta: desde 1175 la Orden estaba autorizada a recibir los
nales a sus feligreses, quienes protestaron enérgicamente ante el rey, que diezmos de sus miembros.
reiteró la orden de que no se cobrara este tipo de tributo eclesiástico. Estos consiguieron en 1551 una provisión real por la que los caballeros
residentes en Indias diezmaran a favor del convento de Santiago de la
Desde los primeros momentos también quedaron excluidos de los diez- Espada, en Sevilla. La ambigüedad de la disposición podía interpretarse, y
mos los productos de las minas y de las pesquerías de perlas - q u e podían así lo hicieron los caballeros indianos, como dispensa de hacerlo en sus
considerarse frutos de la tierra-. Esta pretensión real fue concedida expre- respectivas diócesis. Desde ambos virreinatos las autoridades eclesiásticas
samente por la Santa Sede en 1510 y estipulada definitivamente en la Con- protestaron. En Nueva España, además, como una determinación colectiva
cordia de Burgos. No cabe duda de que con ello se quitaba a la Iglesia en de los obispos reunidos en el primer concilio mexicano. La respuesta del rey
América el rubro más sustancioso y el sector en el que la Corona tenía - e n 1558 para Nueva España y al año siguiente para el P e r ú - fue inequívo-
puestas sus esperanzas económicas y fiscales, y eso que todavía se estaba ca: recordando el precedente de don Antonio de Mendoza, se reiteraba la
104 P.I. Cuestiones globales
C. 7. La economía de la Iglesia americana 105
orden de que los caballeros de las Ordenes militares diezmaran en Indias.
Pese a que la voluntad real había quedado suficientemente clara, los Sandoval acordó lo contrario, la Corona estaba decidida a una clara imposi-
ción: la Real Cédula de 1544 mandaba pagar el diezmo de ganados, trigo y
pleitos entre los caballeros y las autoridades diocesanas continuaron por seda, con tal de que para cobrarlos se pongan arrendadores».
mucho tiempo, obligando a reiterar frecuentemente la orden de que vestir
los hábitos de tales Ordenes -Santiago, Alcántara, Calatrava, Montesa- no Por una cédula de 1555, ante las airadas protestas de las Ordenes
les daba ningún privilegio en este terreno. religiosas, el rey desautorizó el intento del episcopado novohispano de
extender la cobranza del diezmo a los naturales. Dos años después se reiteró
E) El indio y el diezmo la orden de exoneración y en el mismo sentido se escribió a la Audiencia de
Lima.
Los indios americanos, en general, fueron exceptuados de la obligación Todo esto no significa, por supuesto, que la polémica remita, pero poco
de diezmar. Una afirmación tajante y cierta, pero que necesita de muchas a poco las iglesias diocesanas se dan cuenta de que tienen la batalla perdida.
precisiones y matizaciones para comprender o intentar aproximarse a su En el segundo concilio mexicano, por ejemplo, en 1565, se admite ya la
verdadero alcance. exclusión de los indios del régimen decimal «excepto de las tres cosas que están
La cuestión fue ampliamente debatida en la época. Por una parte esta- mandadas pagar por la Ejecutoria Real», es decir, el ganado, el trigo y la seda,
ban los religiosos, quienes se mostraron siempre reacios a que los indios en consideración de que son productos de Castilla. Aquí nos encontramos
diezmaran, basando principalmente su argumentación en que los naturales precisamente ante una de esas matizaciones importantes a las que antes nos
eran nuevos en la fe y en que ya pagaban otras cargas al Estado, como los referíamos. La disposición se dictó por primera vez a la Audiencia de México
tributos, de los que estaban exonerados en Indias todos los españoles, y, en 1543 y se reiteró un año después en la Ejecutoria citada por Castañeda y
sobre todo, en que los indígenas no debían entender, ni remotamente, que que menciona el concilio. Entre octubre de 1549 y junio de 1557, como dice
su condición de cristianos comportaba una nueva carga económica. En el Dubrowsky, se hizo extensiva a los restantes territorios indianos.
otro lado estaban los obispos y el clero secular -apoyados muchas veces por Aunque no tengo la referencia legal exacta, en algunas regiones novo-
las autoridades locales-, quienes opinaban que los indios, como los demás hispanas debió de introducirse bastante pronto el llamado diezmo de conmuta-
cristianos, estaban obligados a pagar los diezmos para no hacer acepción de ción, es decir, el pago de cuatro reales y medio por cabeza, que liberaba a los
personas, sobre todo cuando, con el tiempo, iban dejando de ser nuevos en indios de cualquier otra carga en esta materia. De esta forma, cuando a
la fe; el que contribuyeran -decían- permitiría establecer un ordenamiento comienzos del siglo xix se intentó cobrar a los indios del obispado de Oaxaca
diocesano más funcional y eficaz, como en cualquier otro país católico. diezmos por los productos de las tierras alquiladas a españoles, por cédula
La argumentación de unos y otros es abundante, con razones pastorales, de 1808 se recordó que, por «costumbre inmemorial», con el diezmo de
jurídicas, históricas, económicas, y el lector de tales informes se siente conmutación se eximía a los naturales de cualquier otra contribución de-
confuso, como debieron de sentirse las autoridades que tuvieron que tomar cimal.
una decisión. Unos y otros tienen razón desde sus respectivos puntos de En el virreinato peruano la polémica fue igualmente dura. Pero las
vista. soluciones -quizá por contarse con la experiencia novohispana- fueron más
Esta confusión es la que, creo, explica la acción vacilante de la Corona en claras y lineales.
los primeros momentos, para tomar después una actitud más decidida a Ya en los primeros títulos de encomienda entregados por el gobernador
favor de exonerar a los indios de la renta decimal, aunque adoptando una don Francisco Pizarro se especificaban con claridad las obligaciones del
serie de medidas correctoras. encomendero para con el doctrinero, al tasarse los salarios y alimentos que
debía recibir, «... en tanto que no hay diezmos de que el dicho clérigo o
«Al principio los indios no diezmaban -nos dice Castañeda, que es quien religioso se pueda sustentar». Los obispos reunidos en el segundo concilio
mejor ha estudiado la cuestión inicial en la Nueva España-. Así lo reglamenta- límense (1567) reconocen su derrota en el intento de introducir a los indios
ba una Real Cédula fechada en Monzón el 2-VIII-1533; los indios no pagarían en el régimen decimal y aceptan esta fórmula para el sostenimiento de los
diezmos por ser nuevos en la fe, pero permitía a cambio tomar la cuarta parte
de los tributos que pagaban al Rey o al encomendero. Sólo unos meses más doctrineros; sólo piden que se les pague antes que a los encomenderos. En
tarde otra Real Cédula exponía abiertamente la conveniencia de que pagaran la Tasa General del virrey Toledo - q u e reglamentó definitivamente en Perú
los diezmos como en Castilla, a no ser que los inconvenientes fueran muy la cuestión tributaria- se separó una parte de los tributos -ya fueran de
graves. En las instrucciones al Virrey Mendoza se insiste en la necesidad de encomenderos o del rey- para la paga de corregidores, protectores de
hallar el medio adecuado para que los naturales paguen los diezmos eclesiásti- indios, curacas... y, lo que ahora interesa destacar, de los doctrineros.
cos "que según la ley divina y humana son obligados a pagar". Poco después,
el Obispo de Tlaxcala pidió los diezmos del pastel, azafrán y seda, y el virrey En algunas tasas, como la del repartimiento de Papres, en la provincia de
informó que lo debía "tomar por sí y un capítulo de la Instrucción". Una clara Huamanga, se especifica el reparto: para el encomendero, 529 pesos, 110
obligación, aunque limitada por el tiempo, se les impuso en 1538 [por dos piezas de ropa, 90 fanegas de maíz y 72 de papas; para los justicias, 100
años, los diezmos del pan y semillas] y aunque la Junta reunida con Tello de
pesos; para los caciques, 100 pesos; para el sínodo del doctrinero, 435 pesos,
106 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 107
y 30 más para la fábrica de la iglesia. Esta última aportación, unida a las de fallado favorablemente en 1597 por la Audiencia de los Reyes, no-logró la
las cofradías que se formaban en estas parroquias indígenas, sirvió para, confirmación del Consejo de Indias hasta 1655. En adelante los indios
como dice Lorenzo Huertas, dar realce a los templos de las zonas rurales y debían pagar un «diezmo» en razón de veinte a uno -la mitad del general, un
no solamente a los de las ciudades. 5 por 100- de todos los frutos que recogieren, pero en compensación se les
En este relato es importante no perder de vista una de las cuestiones liberaba de todas las otras contribuciones anejas; es decir, por una parte,
claves: que lo que s"e ventila es el sostenimiento económico de una buena debía descontárseles de la tasa del tributo lo correspondiente al doctrinero,
parte, si no de la mayoría, de sacerdotes con cura de almas, las de indios el tomín del hospital y el medio para la fábrica de la iglesia, y, por otra, del
cristianizados, que stricto sensu no puede considerarse ya labor misional y que diezmo de los frutos de Castilla, cuya recaudación debió de dar lugar a
componen la mayor parte de la población americana. equívocos y maltratos por parte de los diezmeros. La resolución del Consejo
De esta manera, en el núcleo de la polémica sobre la incorporación de no se puso en práctica hasta una década después. Los oidores de la Audien-
los indios al régimen general de los diezmos - q u e continuó con la misma cia, en funciones de gobierno por la muerte del virrey conde de Santisteban,
fuerza, aunque más espaciadamente, en las dos siguientes centurias- nos que ejecutaron la medida, expresan sus dudas: «Sobre si esto ha de ceder en
encontramos siempre dos grandes cuestiones de fondo. Una, estrictamente utilidad de los indios o engaño suyo, hay diferentes dictámenes; lo mostrará
económica: la insuficiencia de la recaudación decimal para mantener la el tiempo».
administración diocesana, hasta tal punto que es uno de los frenos para la
creación de nuevas diócesis. La de Arequipa, por ejemplo, creada por pri- F) El diezmo y las Ordenes religiosas
mera vez en 1577, tuvo que esperar hasta 1609 para su definitiva erección Poco más adelante trataremos del sostenimiento económico de las Orde-
por la oposición del obispado del Cuzco, del que se desmembraba. La otra nes religiosas y de sus obras apostólicas, pero ahora al tratar de los diezmos
cuestión es la pugna entre los dos cleros, en este caso por la ocupación de las es necesario adelantar ya algunos conceptos.
doctrinas de los indios. La paulatina incorporación de los curatos al clero
secular -la conocida como secularización de doctrinas-, que se acelera en el «Las Ordenes religiosas en América -nos dice Castañeda- al principio no
siglo XVIII, no comportó, sin embargo, ningún cambio resaltable en orden a tuvieron propiedades, "se fundaron en toda pobreza y así perseveraron por
la incorporación del indio a la administración general del diezmo. mucho tiempo". Pero, "de poco tiempo a esta parte", los dominicos y agusti-
nos comenzaron a adquirir bienes raíces e introdujeron diversas granjerias. Así
La única vez, que sepa yo, que se trató de modificar seriamente el escribía Su Majestad a la Audiencia del Perú. Era un hecho. Las constituciones
régimen decimal fue en la famosa Junta Magna de 1568, reforma que se tridentinas permitieron poseer en común a todos los religiosos —excepto a los
incluyó en las instrucciones secretas entregadas al virrey Toledo para que si, franciscanos- y, al aumentar el número de conventos y sus obligaciones apos-
llegado el caso, lo viera posible y conveniente, lo introdujera en el Perú. En tólicas, comenzaron a aceptar mandas y herencias y a tener bienes propios y
efecto, se sugería la conveniencia de introducir a los indios en el régimen otras granjerias. Una legislación abiertamente protectora los amparaba y el
fuerte sentimiento religioso de aquellas comunidades cristianas contribuía a
general para solucionar los problemas económicos de las iglesias diocesanas, que fuese realidad».
pero esta reforma comportaba una nueva distribución decimal que mirara a
la asistencia económica de los doctrineros. Las Ordenes tradicionales habían adquirido desde los siglos medievales
La masa decimal se dividía en tres partes: la primera, para el sustento del privilegios pontificios que las exoneraban de los diezmos. La Compañía de
obispo, del cabildo y demás beneficiados; la segunda, para «las iglesias, curas Jesús consiguió en el transcurso del siglo XVI los mismos derechos, expresa-
y beneficiados»; la tercera, de la que se pagaría la fábrica de iglesias y los dos dos aún con más fuerza y claridad. Tal derecho parecía, pues, incontroverti-
novenos a la Corona, pero ahora no de la mitad, sino del total de la masa; es ble. Las autoridades diocesanas reaccionaron de inmediato ante esta prácti-
decir, la Real Hacienda percibiría el doble, pero con compromiso de «soco- ca que atacaba directamente la economía de las iglesias locales, y mucho más
rrer a las obras pías de que hubiere necesidad, con tanto que quede congrua a partir de las últimas décadas del siglo XVI, en que las adquisiciones, por una
sustentación a las iglesias y a sus ministros». u otra vía, comienzan a aumentar de forma vertiginosa, detrayendo muchas
El proyecto, es ocioso advertirlo, no se llevó a la práctica, pero nos veces propiedades de españoles que hasta ese momento habían contribuido
muestra cuál era el pensamiento de los consejeros y su temor a las protestas con regularidad al sostenimiento de las iglesias diocesanas.
de los religiosos, expresado en el mismo documento, que les lleva a adoptar Las protestas de los obispos ante el Consejo de Indias y la Santa Sede,
la actitud de secreto y a recomendar al virrey que actúe con cautela. El amparadas en argumentos históricos y jurídicos que se remontaban a las
Código Ovandino recogía poco más tarde muchas de las conclusiones de la Siete Partidas, se alargan en juicios interminables, sin conseguir resultados
Junta Magna. positivos. La actitud de los consejeros hasta 1624 es dubitativa. Parece estar
También en el arzobispado de Lima los indios consiguieron un régimen en su ánimo el peso de los privilegios pontificios, pero ese año la actitud
tan excepcional como el diezmo de conmutación novohispano. En efecto, oficial cambia radicalmente, para hacer causa común con los obispos y las
desde finales del siglo XVI habían suscitado un contencioso que, aunque iglesias diocesanas. Se había encontrado, por fin, un argumento jurídico tan
108 P.I. Cuestiones globales ('.. 7. La economía de la Iglesia americana 109

poderoso como el que esgrimían los religiosos, es decir, considerar los buena fe del rey. No pudo estar, dice Carlos III, en el «ánimo del Rey mi
diezmos más como una regalía que como un impuesto eclesiástico, basándo- hermano conceder una gracia o privilegio tan exorbitante en perjuicio no
se precisamente en la Eximiae devotionis, que cedió los diezmos a la monar- sólo del Real Patrimonio, sino también de las Iglesias, Hospitales y Casas
quía con la obligación de mantener a la Iglesia y a sus ministros. Las conse- piadosas, y demás partícipes de los Diezmos». Por otra, el peligro del agravio
cuencias de este cambio de orientación eran, pues, elementales: por una comparativo para las demás Ordenes religiosas que con toda razón y méri-
parte, los privilegios pontificios perdían su peso argumentativo y, por otra, tos, se dice, querrán gozar de los mismos privilegios. En adelante, aunque
resultaba injusto con el Fisco Real retraerle los medios para cumplir con sus prácticamente no hubo tiempo para ello al decretarse poco después la
deberes económicos. expulsión, la Compañía debía pagar los diezmos por el régimen general del
La sentencia, aunque tardó todavía algunos años -se dictó el 20 de diez a uno.
febrero de 1655-, no podía ser de otra manera: las Ordenes religiosas
fueron condenadas a pagar «todos los diezmos que se adeudasen de sus G) La administración decimal
haciendas y bienes diezmables y los adeudados desde la contestación de la En la administración de los diezmos se puede establecer un principio
demanda». Ante el recurso de las religiones, dos años después, el 16 de junio general que, como ocurre con muchos otros aspectos de la cuestión diezmal,
de 1657, se modificó la sentencia en su parte más drástica, la que les admite todo tipo de excepciones y matizaciones: cuando la recaudación de
obligaba a pagar los retrasos. En adelante estarían obligados a pagar los los diezmos cubre las necesidades de una iglesia diocesana, éstos son admi-
diezmos desde la fecha de la sentencia de revista. nistrados por los propios eclesiásticos; en caso contrario, cuando el fisco
Todas las Ordenes religiosas se avinieron al cumplimiento de la disposi- tiene que cubrir, por insuficiencia de la recaudación, los salarios de los
ción judicial menos la Compañía de Jesús, que el 3 de julio de ese mismo año clérigos y obispos y las otras necesidades eclesiales, se administran por los
interpuso recurso de segunda suplicación, que le fue admitido. El juicio, oficiales reales.
removido ocasionalmente, se aletargó en el Consejo de Indias cerca de un La norma general que recoge la Recopilación de 1681 para establecer
siglo, durante el cual los bienes raíces de la Compañía continuaron, en una u otra administración es la dotación suficiente de la catedral, aunque sin
general, sin pagar los diezmos. En 1748 el Procurador General de la Compa- fijar una cantidad. Pero tenemos, por otra parte, un criterio - q u e se repite
ñía en Indias presentó ante el rey Fernando VI la propuesta de una solución frecuentemente en la legislación- que nos puede servir para este objetivo: la
pactada, transaccional, para solucionar «los gravísimos inconvenientes que congrua sustentación del obispo, que, se dice, no debe bajar de los quinien-
ocasionaba la litis pendencia en el dilatado tiempo de casi un siglo que había tos mil maravedís, es decir, los 1.835 pesos de a ocho, lo que -haciendo una
pasado sin terminarse el recurso de segunda suplicación». extrapolación aproximativa- supondría que la recaudación total debía ron-
La transacción, consultada a una Junta particular formada por cuatro dar los 7.340 pesos para que los diezmos fueran directamente administrados
miembros del Consejo de Castilla y aprobada por el Real Decreto de 9 de por la autoridad eclesiástica.
enero de 1750, consistía en que el rey, como «dueño absoluto y único de los Lo normal en los primeros momentos fue la administración de los oficia-
diezmos», daba por concluido definitivamente el pleito y la Compañía de les reales, pero poco a poco la gran mayoría de las diócesis indianas adquirie-
Jesús quedaba obligada a pagar este derecho «de todos los frutos diezmables ron una relativa solvencia y, por lo tanto, su autonomía administrativa.
de las haciendas y bienes que entonces poseía y en lo futuro adquiriese, La mayor parte de las diócesis debieron de alcanzar relativamente pron-
aunque fuesen novales», pero en la proporción de treinta a uno, en lugar del to esa mayoría de edad, como se puede ver, por ejemplo, en esta relación de
diez a uno general que pagaban los particulares y las Ordenes religiosas. El las iglesias peruanas correspondiente a los primeros años del siglo xvil:
privilegio real incluía, además, la posibilidad de que los administradores
Diócesis Diezmos Dos novenos
de las propiedades jesuíticas hicieran el pago con una simple declaración
jurada. Trujillo 39.392 4.376
Pese al «silencio perpetuo» que el Real Decreto imponía a todas las Quito 30.500 3.338
partes, «las Santas Iglesias de Nueva España y algunas del Perú» protestaron Guamanga 14.256 1.584
Cuzco 44.352 4.928
inmediata y enérgicamente por el privilegio concedido. Con el ascenso al Arequipa 24.744 2.749
trono de Carlos III los recursos de los apoderados eclesiásticos americanos La Paz 20.292 2.257
comenzaron a ser escuchados en la corte, donde las simpatías anteriores La Plata 45.094 7.898
habían cambiado muy desfavorablemente para los hijos de San Ignacio. El 4 Santa Cruz 14.820 1.649
de diciembre de 1766 se despachó una cédula por la que se declaraba írrita Tucumán 8.712 968
Paraguay 1.140 160
y sin ningún valor la concesión de Fernando VI.
Los argumentos utilizados para esta retractación son verdaderamente Castañeda, de quien tomamos estos datos cuantitativos, nos ofrece un
fuertes. Se acusa, por una parte, a la Compañía de haber sorprendido la cuadro más completo de la iglesia metropolitana de Los Reyes. En 1620, los
110 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 111
diezmos rindieron 170.160 pesos de a ocho, de los que, deducidos los 1.714 económicos directos en la recaudación, comenzando por los dos novenos y
de gastos generales -mayordomo, contador, solicitador de pleitos, aboga- otros beneficios que veremos más adelante.
dos, escribanos, etc.—, los 314 de la casa excusada y los 5.059 del 3 por 100 Aunque muchas veces, por la cortedad de los ingresos, la Corona hacía
que correspondía al Seminario, quedaron 163.582 pesos, sobre los que cesión temporal de la parte de los diezmos que les correspondía a las propias
hubo que efectuar la división prevista en la legislación. Al Arzobispo y al iglesias o la gastaba en obras piadosas, mantenía el criterio de que esta parte
Cabildo les correspondieron, respectivamente, 40.895 pesos. De esta últi- debía primero ingresar en las arcas reales. Por lo tanto, fue norma habitual
ma, la cuarta capitular, se pagaron: que a los remates asistieran los representantes del rey (funcionarios reales y
oidores) en las capitales audienciales y los corregidores en las provinciales,
Al deán 2.371 para controlar los intereses reales.
A cada una de las cuatro dignidades 2.055 La reunión de tan heterogéneos personajes fue también otra fuente de
A cada uno de los diez canónigos 1.580
A cada uno de los seis racioneros 1.106 litigios, ahora por cuestiones protocolarias, que sólo se resolverán en la
A cada uno de los seis medio racioneros 553 segunda mitad del siglo XVIII, en consonancia con los principios que inspi-
ran la política de entonces, es decir, el reforzamiento del regalismo y el
Eran cantidades con las que no debían sentirse muy satisfechos. La control más eficaz de los recursos fiscales.
gruesa ciertamente era mucho mayor que en otras diócesis, pero también En 1770 se ordenó, por ejemplo, a los virreyes de Lima y Santa Fe que
había que repartirla entre un número mayor de beneficiados. En 1763 el orden en los remates debía ser el siguiente: primero, el corregidor, segui-
consiguieron éstos una cédula por la que se ordenaba «que de las vacantes do por el juez eclesiástico, y por último los oficiales reales. En caso de
menores se completen al deán 3.200 pesos; a las dignidades, 2.600; a los ausencia, el corregidor debía ser sustituido en la presidencia por un funcio-
canónigos, 2.200; a los racioneros, 1.500, y a los medio racioneros, 800». nario real.
Los novenos y medio de fábricas de iglesias y hospitales sumaron 13.632 En efecto, a lo largo del siglo x v m se incrementaron los intentos de
pesos, respectivamente. De los cuatro novenos beneficiales, que suman intervención real en la administración decimal y, como dice Carmen Purroy,
36.351 pesos, cobraron sus haberes los párrocos, capellanes, sacristanes, durante el reinado de Carlos III se multiplicaron las medidas legislativas al
organistas, pertigueros, canicularios, etc. respecto:
En las diócesis de administración autónoma, generalmente nos encon-
tramos con un núcleo directivo formado por el mayordomo y dos jueces «Se darán disposiciones que afectarán al nombramiento de los contadores
hacedores, nombrados respectivamente por el Prelado y el Cabildo eclesiás- de diezmos y a la administración, arriendo y distribución de los diezmos. Se
intentará cortar todos los abusos que se dieran, señalar el interés de la Corona
tico, que debían estar, entre otras cosas, presentes en los remates y distribu- en los dos reales novenos, excusado, noveno y medio de fábricas y hospitales,
ción de los productos. La recaudación por menor se realizaba por personal cuatro novenos beneficiales, etc., y, finalmente, controlar a todos aquellos que
subalterno, los diezmeros, pero muchas veces se arrendaba a particulares, pudieran actuar en contra de sus intereses».
sistema habitual en la época con otro tipo de rentas, pero aquí el problema
radicaba en que muchos beneficiarios eran clérigos, lo que provocó la pro- En 1772, por una cédula circular dirigida a todas las altas autoridades
testa de los contribuyentes y de los oficiales reales. indianas, se ordenó la formación de juntas especiales, compuestas en las
Esta costumbre se abandonó por disposiciones reales y por la propia capitales audienciales por el prelado, como presidente, un oidor y un fiscal
condena de los concilios americanos, en cuanto que se oponía a los cánones de la Audiencia, y en las sedes provinciales por el prelado, el gobernador y
que prohibían a los eclesiásticos todo tipo de negocios. En este sentido, y su asesor, con el exclusivo fin de averiguar los diezmos, obvenciones y otras
aunque ahora nos refiramos a un aspecto absolutamente legal, una de las rentas que recibían los curas, en orden a regular los sínodos que percibían
mayores dificultades, tanto para los contribuyentes como para los funciona- de las cajas reales. En este mismo sentido se ordenó la convocatoria de
rios reales, era la firmeza e incluso dureza de los administradores eclesiásti- sínodos diocesanos, que pusieran «pronto remedio en los excesos y desórde-
cos, quienes estaban tentados de utilizar con excesiva frecuencia las excomu- nes» en este terreno.
niones reservadas al obispo. Para evitar estos problemas, aunque con escasos En 1772 se crearon en las capitales virreinales contadurías generales de
resultados, se ordenó que los mayordomos fueran seglares. diezmos con el fin de controlar mejor todos los intereses reales en la adminis-
El Estado trató de mantener siempre bajo su control la recaudación y tración de los diezmos. En Lima, por ejemplo, se nombró como contador a
distribución de los diezmos, incluso cuando la administración corría a cargo José Sánchez y se le asignó como colaboradores a dos oficiales amanuenses.
de los propios eclesiásticos, lo que, como fácilmente se puede deducir, El virrey Amat expresa en su Relación de Gobierno su satisfacción por la
provocó multitud de roces y enfrentamientos. Este interés se explica, por lo medida, que permitió - d i c e - poner orden en las cuentas y reactivar la renta
menos, por dos razones. En primer lugar, porque se trataba de reafirmar el en muchas diócesis, cobrándose los derechos reales en «los tiempos y plazos
carácter realengo de la renta, y después porque la Corona tenía intereses prevenidos».
C. 7. La economía de la Iglesia americana • 113
112 P.I. Cuestiones globales
decretó que tales rentas, las vacantes mayores, correspondían a la Corona, en
Dos años después, en 1774, en esta misma línea de actuación, se dio una
virtud de la concesión pontificia de los diezmos. En 1737 se ordenó lo
orden más trascendente y controvertida, al disponerse que en adelante los
mismo para las vacantes menores, es decir, para las que se producían a la
contadores de diezmos de las respectivas diócesis serían nombrados por la
muerte, traslado o renuncia de las dignidades, canónigos y demás beneficia-
Corona y no por los cabildos eclesiásticos. Sus atribuciones y salarios no
rios del cabildo catedralicio.
sufrirían variación, aunque se ordenaba su asistencia obligatoria a los arren-
Ambas rentas eran recaudadas por los funcionarios reales y llevadas en
damientos y distribución de los diezmos. La medida fue muy mal recibida
cuentas aparte como ramos separados de la Real Hacienda. Al menos teórica-
por los eclesiásticos indianos, muy especialmente por la Iglesia Metropolita-
mente, el producto de estos rubros debía emplearse en fines religiosos,
na de México. Y no era para menos, pues de alguna manera recortaba la
como costear los gastos que suponía el envío de misioneros desde la Penínsu-
autonomía administrativa que se había concedido a las diócesis con suficien-
la a América. Además de las pensiones de limosnas y obras pías, desde 1796
tes recursos y suponía, por otra parte, una intromisión en los asuntos inter-
se ordenó que se separara una tercera parte de la renta de ambas vacantes
nos de los obispados. Entre los muchos argumentos de oposición cabe
para el Montepío Militar y después mil pesos para el Montepío de Ministe-
destacar el de que dichos contadores no se ocupaban exclusivamente de
rios, aunque esta última carga la compartía con el fondo de la Pensión de la
asuntos relacionados con la administración decimal, sino de otras muchas y
Orden de Carlos III, para cuyo sustento se gravaron las rentas de los obispos
complejas cuestiones de la economía diocesana. Esta cédula de 1774 es
y prebendados del Cabildo. Al obispado de Caracas le correspondían, por
importante también por una declaración expresa de principios que intenta
ejemplo, 2.100 pesos, distribuidos de la siguiente manera: al obispo, 900
justificar medidas de esta naturaleza contra el estamento eclesiástico: los
pesos; al deán, 140; a las dignidades, 100; a los canónigos, 440 en total; a los
diezmos eran un bien patrimonial de la Corona, al que ésta no había renun-
racioneros y medio racioneros, 120 y 100 pesos respectivamente, también
ciado y que, por lo tanto, podía disponer libremente de ellos, con la sola
en conjunto.
condición de mantener a las iglesias.
En compensación de estos beneficios, el Estado español se mostró siem-
En diciembre de 1776 se ordenó que a los remates de los diezmos
pre generoso con la Iglesia indiana, asumiendo con responsabilidad los
asistiera un contador del Tribunal de Cuentas y el fiscal de la Real Hacienda,
compromisos que había adquirido con la Santa Sede de evangelizar a los
cargo de novísima creación, y cuatro meses después, en abril de 1777, se
naturales y de sostener las necesidades de la Iglesia y sus ministros. Sin poder
culminaba de alguna manera esta paulatina pero decidida intromisión del
hacer un balance exacto, se puede afirmar sin temor a equivocarse que en
Estado en la administración decimal con la creación de una Junta de Diezmos
los dos primeros siglos el sostenimiento de la Iglesia corrió no sólo a cargo
en cada obispado, compuesta por ministros reales y jueces hacedores, que
de los productos decimales, sino también de otros fondos fiscales, pero esta
debía controlar todos los pasos de la administración decimal según el regla-
afirmación creo que no se puede mantener a partir del siglo XVIII, cuando
mento que acompañaba a la cédula, reglamento que regulaba minuciosa-
la avidez recaudatoria del Estado, como hemos visto y tendremos oportuni-
mente la recaudación y distribución y que fue continuado en los años sucesi-
dad de volver sobre ello, apuntó directamente a la Iglesia y al estamento
vos con una abundante legislación que descendía a los más mínimos detalles.
eclesiástico.

H) Beneficios de la Real Hacienda sobre los diezmos


II. EL SÍNODO PARROQUIAL Y LOS ESTIPENDIOS
La redonación de los diezmos a las iglesias diocesanas redujo la partici-
Además de la parte correspondiente de los diezmos, la Iglesia americana
pación directa del Estado, como ya hemos visto, a los dos novenos. Y, como
dispuso de otras dos fuentes de ingresos, que fueron el sínodo y los estipen-
también ya se ha dicho, durante mucho tiempo la mayor parte de estos
dios.
ingresos revirtieron de una u otra manera a las iglesias. En el siglo XVIII la
El sínodo, en cuanto subvención parroquial (para distinguirlo del sínodo
Corona comenzó a engrosar con estas rentas las arcas reales, legislando, por
misional), era la cantidad que la Corona española asignaba a los párrocos de
ejemplo, que debían separarse de la masa decimal antes de cualquier carga
indios o doctrineros, fueran sacerdotes seculares o religiosos, «de los tribu-
o descuento que se hiciera sobre la recaudación total de los diezmos. Esta
tos que dan los indios», porcentaje que Antonio Acosta calcula para el Perú
política fiscal tiene su culminación con la duplicación de los novenos reales.
del siglo XVII entre el 20 y el 25 por 100 de esos tributos.
Desde 1617 comenzó a discutirse sobre la titularidad de las rentas de los
Esta asignación parece haberse establecido a mediados del siglo xvi,
prelados en sede vacante, es decir, desde el momento de la muerte o traslado
pero no fue nunca uniforme.
de un arzobispo u obispo hasta que el nuevo tomaba posesión del cargo o al
Ante la imposibilidad de trazar su proceso de evolución, he aquí dos
menos hasta que fuera confirmado con el fiat pontificio. Tiempo que en
ejemplos de la misma.
Indias generalmente, dadas la lejanía del poder central y las enormes distan-
En el arzobispado de Lima había en 1599 ún total de 237 doctrinas o
cias de sus territorios, tendía a dilatarse por largos períodos. En 1626, por
parroquias de indios, 118 de ellas a cargo de clérigos seculares y 122 al
una real cédula que fue recogida después por la Recopilación de 1681, se
114 P.I. Cuestiones globales C. 7. IM economía de la Iglesia americana 115
cuidado de religiosos. Los primeros percibían por término medio 400 pesos hizo que los religiosos abandonaran los escrúpulos iniciales de aceptar sólo
ensayados por doctrina, mientras que la cantidad asignada a los segundos las donaciones o los bienes patrimoniales, para comprar e invertir en estos
era de unos 350 pesos. bienes.
En 1598, la Corona entregaba las siguientes cantidades en los distritos
que se consignan a continuación: A) La limosna de vino y aceite
Lima 15.290 pesos y 3 tomines Uno de los rubros más interesantes y permanentes de la ayuda de la
Trujillo 8.852 pesos y 1 tomín Corona a la Iglesia fue la llamada limosna del vino y del aceite, que comprendía
Huánuco 4.871 pesos y 1 tomín además las velas y medicinas, y de la que se beneficiaron no sólo las parro-
Chachapoyas 2.677 pesos
quias, sino también las Ordenes religiosas. Castañeda nos proporciona nue-
De estas cantidades se detraía el 3 por 100 para el seminario. En total, vamente los datos cuantitativos de lo que percibían por este concepto los
950 pesos y 4 tomines. conventos de las diferentes Ordenes religiosas en el virreinato peruano:
Por lo que se refiere a los estipendios, los concilios segundo y tercero de
México (1567 y 1585), así como el primero, segundo y tercero de Lima Dominicos Franciscanos Agustinos Mercedaríos Jesuítas Total
(1552,1567 y 1582-83), prohibieron a los párrocos de indios que recibieran
Lima 5.397 5.230 3.518 3.446 2.049 19.642
donativo alguno por parte de los nativos por la administración de los sacra- Guamanga 528 522 - - 228 1.278
mentos. Cuzco 988 2.010 1.074 1.016 650 5.738
A pesar de ello, Antonio Acosta calcula para el Perú del siglo XVII que Arequipa 620 750 228 718 246 2.562
cada indígena adulto entregaba medio real de ofrenda en misas y festivida- La Paz 305 459 603 313 270 1.949
des, así como un peso por derechos de matrimonio, bautismo y entierros, Potosí 1.049 1.825 1.230 1.778 1.016 6.899
Huánuco 250 250 250 250 - 1.000
con lo que la cantidad anual percibida por cada doctrinero se podría calcular Trujillo 325 755 676 254 - 2.010
en 3.848 pesos. Loja 200 200 200 - - 600
Guayaquil 150 150 150 - 150 600
Chile 397 175 - 669 162 1.403
III. LOS INGRESOS DE LAS ORDENES RELIGIOSAS Chachapoyas - 220 - - - 220
Piura - - - 150 - 150
La labor misional, la incorporación al cristianismo del nuevo continen- Buenos Aires - 100 - 100 100 300
te, fue una tarea casi exclusiva de las Ordenes religiosas, y la atención de los
TOTAI 10.209 12.646 7.929 8.694 4.871 44.351
criollos recayó también en gran medida sobre los religiosos. Esta presencia
de los religiosos se prolonga además con otras muchas iniciativas educativas La limosna se pagó durante algún tiempo del fondo de tributos vacos, en
y asistenciales. Una tarea, en definitiva, de grandes proporciones que, como cumplimiento de órdenes reales, a la espera de que se situaran repartimien-
toda labor humana, requirió el sostén material de los recursos económicos. tos para ellos y, en todo caso, debía pagarse de la masa común. Según una
Las iglesias diocesanas contaban, como hemos visto, con unos impor- relación del Tribunal de Cuentas, en 1630, de los tributos vacos se pagaron
tantes, aunque limitados, recursos, procedentes de los diezmos, para reali- a los conventos como limosna del vino y del aceite 30.180 pesos.
zar más o menos parecidos fines. Las Ordenes religiosas, además de algunas
ayudas concretas por parte del Estado que veremos poco más adelante, B) Los bienes de las Ordenes religiosas
tenían como principal sustento lo que la generosidad de los fieles podía
ofrecerles. En los primeros momentos, las limosnas y las pequeñas ayudas Exceptuadas las Ordenes mendicantes (franciscanos, dominicos, agusti-
del Fisco fueron relativamente suficientes para sostener los reducidos nú- nos y capuchinos), todas las demás estaban legalmente capacitadas para
cleos de misioneros, pero a medida que los conventos crecen y se multiplica poseer bienes propios, ya que el voto de pobreza las obligaba individual,
el número de vocaciones criollas, que se da respuesta a las necesidades pero no colectivamente. Sin embargo, el Concilio de Trento (1545-1563)
culturales y asistenciales que plantea la sociedad indiana, que se construyen autorizó también a los dominicos y agustinos a poseer bienes comunitarios,
templos - q u e hoy son una parte importante del patrimonio artístico y monu- con lo que sólo los franciscanos y los capuchinos permanecieron obligados
mental, del que los países iberoamericanos se sienten orgullosos-, y, por a la pobreza individual y comunitaria. Por ello, las limosnas de los particula-
último, a medida que las misiones se extienden a los pueblos indígenas de la res a los pobres de San Francisco fueron siempre más generosas.
América marginal, las Ordenes religiosas tuvieron que aceptar no solamente No la posesión de estos bienes, sino la cuantía, que en algunos momen-
las limosnas en dinero o especie, sino bienes permanentes -propiedades tos y lugares se juzgó excesiva, dio lugar a desavenencias.
urbanas y rurales- que aseguraran rentas estables. La eficacia del sistema Las primeras reacciones contra la situación proceden de los prelados
diocesanos, en cuanto que suponía una merma de sus ingresos decimales. La
116 P.I. Cuestiones globales
C. 7. La economía de la Iglesia americana 117
Corona durante mucho tiempo mantuvo una actitud indiferente al respecto,
pese a que en una fecha tan temprana como 1535 prohibiera a los particula- que reciben los religiosos del Erario por sus funciones en las doctrinas de
res, bajo graves penas, vender tierras a las iglesias, monasterios o cualquier indios- y las limosnas del vino y del aceite que reciben las Ordenes, para
persona eclesiástica, disposición que nunca se derogó y que pasó de forma compararlas con el número de conventos y el número de religiosos. Del
textual a la Recopilación de 1681, pero que igualmente no tuvo tampoco resultado se pueden obtener muchas e interesantes conclusiones:
nunca ningún efecto práctico y objetivo.
La acumulación de bienes raíces en manos de los religiosos llegó a i Conventos
convertirse en un serio problema para la sociedad indiana y para el Estado. Capital por Rcli_iosos Capital por
cada uno cada uno
Los privilegios de las Ordenes religiosas las exoneró, como ya se ha dicho, de Santo Domingo .. 48 2.657,8 694 183,8
los diezmos hasta mediados del siglo XVII, y, en diferente medida y con San Francisco 71 523,5 789 47,1
dudosa legalidad, de otros impuestos civiles, como alcabalas y almojarifaz- San Agustín 44 2.248,8 549 180,2
La Merced 50 1.754,8 541 153,1
gos. Este hecho era considerado por los restantes productores, y no sin C. de Jesús 23 4.214,3 412 235,2
razón, como una injusta competencia. Pero la mayor competencia provenía
de la excelente administración de los fundos agropecuarios, especialmente TOTAL 236 1.900,3 2.985 150,2
de los que estaban bajo la dirección de los jesuítas. Estos factores, pero
sobre todo la inmovilidad de la propiedad en manos de los religiosos, co- Sánchez Bella recoge, por su parte, las quejas de las autoridades civiles
menzaron a preocupar al Estado. y eclesiásticas en el siglo xvni, entre las que cabe destacar la carta de la
Desde el siglo XVII son cada vez más numerosas las voces que denuncian Audiencia de México del 16 de mayo de 1735, en la que informa del crecido
las «enormes» propiedades y rentas de las Ordenes, que -se dice con hiper- número de propiedades que adquieren los regulares, especialmente los
bólica alarma, que habría que contrastarla con estudios sobre la propiedad, jesuítas:
que todavía no existen- acaparan la cuarta, la tercera parte, de las propieda- «Que dicha Religión de la Compañía era dueña de 80 haciendas de gana-
des inmobiliarias y que en definitiva amenazan con apoderarse de todo. La dos, labores e ingenios de azúcar en aquel distrito, que le producían sus frutos
rica información del expediente promovido en los primeros decenios del y esquilmos regularmente en cada año 400.000 pesos, de los cuales le corres-
siglo por los ordinarios indianos, y de forma especial por los peruanos, pondía pagar diezmos a S. M. y al Arzobispo, 40.000, y sólo había pagado en
el año antecedente de 1734 poco más de 7.000 pesos, con cuyos 400.000 pesos
contra las Ordenes religiosas, que se guarda en el Archivo de Indias, ha refiere que se mantiene hasta 155 religiosos que tienen los Colegios de aquella
permitido al profesor Castañeda sistematizar muchos de los datos económi- Provincia y que les sobran caudales para comprar más haciendas. Que los
cos que se recogen en él y del que ahora presentamos un breve resumen. Colegios que dicha Religión tenía en el Obispado de la Puebla, en el de
Michoacán, en el de Guadalajara y en el de Yucatán, se alimentaban de las
En el virreinato peruano, alrededor de 1612, las propiedades agrope- rentas y frutos de las haciendas de que eran dueños en dichos Obispados, y lo
cuarias de las diferentes Ordenes religiosas sumaban un total de «48 hacien- mismo sucedía con los demás Colegios que tenían en las Gobernaciones y
das, 12 molinos, 37 estancias de ganado, nueve trapiches, cinco estancias de distritos de las Audiencias de Guatemala y Santo Domingo. Que a los 120
muías, cuatro huertas, una estancia de vacas, dos tejares, 23 viñas y dos jesuítas misioneros que se mantenían en las Provincias de la Nueva Vizcaya se
estancias de panales: repartidas en las zonas agrícolamente más importantes. les pagaba de las Reales Cajas anualmente 39.705 pesos, 7 tomines y 11
granos».
Así, el 50 por 100 de las haciendas están situadas en torno a Lima, Cuzco,
Trujillo, Quito, Arequipa y Potosí. Concretamente, en Lima están más del' Las innumerables quejas y recursos llegaron a preocupar seriamente a
20 por 100. De igual modo, el 50 por 100 de los ganados se localiza e n : las autoridades centrales, y desde comienzos del siglo XVII se estudia el
Cuzco, Trujillo, Quito, Santiago de Chile y Guamanga. Y en cuanto a las . asunto concienzudamente en los consejos y en juntas especiales, aunque sin
viñas, casi el 70 por 100 se concentra en lea, Nazca, Guamanga y Mendoza. llegar nunca a un principio de solución. El anciano y experimentado jurista
Los molinos y trapiches están cerca de Lima, Quito y otras ciudades impor- Juan de Solórzano decía en 1647 al respecto que «había cerca de un siglo
tantes». que se había movido esta controversia y que estaba tan en los principios que
Según la misma documentación, las rentas que los religiosos obtenían j todavía no se había contestado».
anualmente en todo el virreinato peruano, excepto en la Presidencia de] El asunto era realmente difícil. La famosa ley de Carlos V, recogida en la
Santa Fe, por alquileres, censos o capellanías eran las siguientes: Recopilación de 1681, no se había cumplido nunca. Intentar hacerla cumplir
Dominicos 75.575 después de tantos años de práctica contraria era una tarea casi imposible.
Agustinos 75.100 ¿Cómo se podían distinguir los bienes que se habían adquirido por patrimo-
Mercedarios 49.600 nio, herencia, donación, etc., de los comprados a los laicos por los eclesiásti-
Jesuítas 79.160 cos, que era en definitiva lo único que prohibía la disposición de 1535?
Castañeda suma estas rentas a las procedentes de los sínodos -el salario Dictar una ley general prohibitoria se enfrentaba directamente con los
privilegios concedidos por la Corona y la Santa Sede a los religiosos y con los
C. 7. La economía de la Iglesia americana 119
118 P.I. Cuestiones globales
una amplia y magnífica monografía, por Pedro Borges, libro en el que se
derechos e inmunidad eclesiásticos y, lo que no se dice en la documentación, dedican dos capítulos a los aspectos económicos, que ahora resumimos con
socialmente muy costosa, por las protestas que generaría en los subditos las propias palabras del autor:
indianos cualquier medida violenta contra los regulares.
Las opiniones, sin embargo, están divididas. La mayor parte opina que «Si se ha observado, casi todos los aspectos económicos de las expediciones
en materias de regulación de la propiedad e impuestos fiscales el príncipe misioneras eran sufragados por la Real Hacienda».
tiene plenas facultades sobre los privilegios e inmunidades eclesiásticas, pero «Expresado este mismo pensamiento de una manera exacta, habría que
otros se inclinan a pensar que la situación no es tan grave como denuncian decir que el erario regio se hizo cargo de cuantos gastos llevaba consigo la
preparación de las expediciones misioneras, con la vista puesta en el pago
los prelados seculares y algunas autoridades civiles indianas, porque son oficial de todo lo estrictamente necesario para el viaje (matalotaje, vestuario,
necesarios para mantener a las Ordenes y sus obras y que incluso en la ajuar de dormir, pasaje, cámara, fletes y equipaje), a veces obrando incluso con
exención de tasas fiscales lo no pagado no es tan perjudicial para el Fisco, generosidad (adquisición ocasional de libros, utillaje y enseres varios), pero
porque el grueso de los impuestos al comercio se recauda con los productos procurando evitar siempre lo superfluo».
ultramarinos y no con la producción de la tierra, y que lo dejado de percibir «En el deseo de los monarcas españoles, el religioso que se dispusiese a ir
a América en calidad de misionero no debería verse obligado a solicitar ayuda
se compensa con las ventajas de la producción de los fundos en manos económica de nadie, ni siquiera de sus superiores, para realizar el viaje. Iba a
eclesiásticas. Pero ni unos ni otros se atreven a tomar una resolución en "descargar la conciencia regia" en lo referente a la obligación misionera de la
«materia tan escrupulosa» y coinciden en la solución: consultar con la Santa Corona y, por lo mismo, fue ésta la que corrió con los gastos anejos al desplaza-
Sede. miento».
El tiempo y la costumbre parecían jugar a favor de los religiosos. Ampa-
La subvención regia en algunos casos fue más que suficiente, permitien-
rados en esta confianza, no repararon en lo peligroso de la actitud de actuar
do a los expedicionarios, como lo atestiguan algunos testimonios, invertir en
bajo un régimen de excepción, de privilegios que ofendían a parte de la
libros, pero en otros muchos no cubría todas las necesidades, planteando a
sociedad civil. Y el Estado no supo distinguir dos elementos claros: el dere-
los religiosos verdaderas dificultades económicas y estrecheces en los viajes,
cho de todos los subditos -laicos o religiosos- a la propiedad, por una parte,
ya de por sí largos y penosos. Desde «finales del siglo XVI hasta 1680 se dio
y, por otra, la regulación de la misma o de los derechos tributarios que de
una clara desproporción entre lo aportado por la Corona y el coste real de
ella se derivaban.
los efectos». En 1607 se hizo un baremo de precios que, aparte de estar ya
De estas actitudes se originarán graves consecuencias para las Ordenes bajo su valor real, no se subieron, pese a la lenta devaluación monetaria,
religiosas y otros eclesiásticos. Durante el período español, las propiedades hasta 1680, diferencias que en raras ocasiones eran subsanadas con aporta-
directamente administradas por los religiosos no fueron afectadas -salvo la ciones extraordinarias. «Parece que con el aumento del presupuesto estable-
brutal desamortización que comportó la expulsión de los jesuítas-, pero a cido por la Recopilación de 1681 se aminoró la diferencia existente».
partir de la segunda mitad del siglo XVIII el regalismo borbónico - e n el que
Esta financiación de las expediciones misioneras no terminaba con la
actúan algunos políticos, todavía soterradamente, laicistas y anticlericales- y
llegada de los evangelizadores al primer puerto americano. En este punto
la avidez recaudatoria de la Monarquía, abocada a una grave crisis financie-
comenzaba un nuevo proceso de financiación, similar al anterior, pero en el
ra, vuelven sus ojos sobre los bienes de la Iglesia y de los eclesiásticos para
que las cantidades se cargaban a la Caja de la Real Hacienda del territorio al
iniciar una política gradualmente expoliatoria.
que iban destinadas las expediciones.
IV. LA FINANCIACIÓN DE LAS MISIONES B) El sínodo misional
Las concesiones de la Santa Sede a la Corona española, muy especial- Hasta bien entrado el siglo XVII, en la documentación fiscal no nos
mente la del Real Patronato, se hicieron con la condición de que los reyes se encontramos ordinariamente con partidas específicas para sustentar las
responsabilizaran de la evangelización de los aborígenes de las Indias. Esta obras misionales, si exceptuamos las esporádicas ayudas ordenadas por los
responsabilidad la cumplieron con gran celo desde los primeros momentos virreyes y gobernadores.
hasta la independencia de las repúblicas americanas, sobre todo en lo que Al llegar a este punto se hacen necesarias algunas precisiones. Por
respecta al envío de misioneros, hasta el punto de tomar la iniciativa cuando misiones ha de entenderse, como se hace en nuestros días, la labor religiosa
los superiores de las Ordenes religiosas ponían trabas o se olvidaban de sus entre indios infieles o muy recientemente convertidos. La primera evangeli-
deberes en este terreno. zación, que coincide con el núcleo de la colonización, la recibieron los
indígenas de la América nuclear, la de las altas culturas precolombinas, que
A) Financiación de las expediciones misioneras pronto se constituyeron en poblados o reducciones, pero que como nuevos
en la fe, según se decía en la época, necesitaban de una especial asistencia
El envío de misioneros es un tema bien estudiado, primero, por los
espiritual a cargo de doctrineros, subvencionados por los subsidios, como ya
artículos de Castro Seoane en la revista Missionalia Hispánica y, después, en
120 P.I. Cuestiones globales
ce. 7. La economía de la Iglesia americana 121
se ha visto en epígrafes anteriores; forman, así, una porción de la Iglesia que
comparte muchas de las formas eclesiales de la que, para entendernos, zos del XIX, a los veinticuatro capuchinos de Barinas se les pagaban ciento
podemos llamar Iglesia criolla, producto natural del trasplante de la Iglesia cincuenta pesos a los sacerdotes y cien a los legos. Trece dominicos de la
peninsular a América y que fundamentalmente se centra en las ciudades de misma provincia recibían doscientos pesos. En Cumaná, a los treinta y un
españoles. Así pues, habría que distinguir esos tres niveles eclesiales: el de la misioneros capuchinos se les asistía con ciento once pesos a cada uno. «En
que hemos llamado Iglesia criolla, en pueblos y ciudades de españoles; el de Barcelona existe la misión de los religiosos observantes de Piritú, o del
los curatos o doctrinas, y el misional propiamente dicho, en tierras de colegio de propaganda, con hospicio en la misma ciudad; mantienen em-
expansión de la frontera. pleados dieciocho religiosos en veintidós pueblos y gozan del estipendio de
De estas nuevas misiones se hicieron cargo, como ya era norma desde los ciento cincuenta pesos anuales». En una cédula de 1717 se hace mención a
primeros momentos de la cristianización de América, las Ordenes religiosas. otra de 1714 en la que se ordenaba que «a los doctrineros de las seis
Recibían el personal misionero enviado por la Corona española para que doctrinas establecidas en Piritú se les pagase el mismo estipendio que a los
obligatoriamente, al menos durante diez años, se dedicaran a las misiones misioneros, por la imposibilidad de contribuir los indios cosa alguna; de que
vivas, pero no los medios económicos suficientes para mantenerlas, por lo se deduce que en aquel tiempo debían llevar muchos años de conversión».
que, en consecuencia, tuvieron que ser sostenidas por las mismas Ordenes Los capuchinos de Guayana cobraban una asignación anual de doscientos
religiosas con sus propios ingresos, las limosnas de los fieles o con parte del pesos. Los de la provincia de Navarra y Cantabria en Maracaibo cobraban
producto de sus propiedades, a las que dedicaremos posteriormente un un sínodo de ciento cincuenta pesos, pero «gozan además veinticinco pesos
estudio aparte. de oblata asignados por juntas de Real Hacienda».
Desde finales del siglo XVII, pero sobre todo a lo largo del XVIII, la Limonta termina su informe con estas no menos interesantes palabras:
actividad misional se incrementa de forma sorprendente; se presta cada vez «la Real Hacienda costea a los misioneros en los términos que va expresado,
más interés, por ejemplo, a los indígenas de las selvas suramericanas o a los y aunque en algunas soberanas disposiciones se consignaron sus gastos sobre
que habitan las semidesérticas regiones del norte de la Nueva España. Este ramos determinados, hoy se hacen de la masa común, tanto en lo que
nuevo impulso misionero coincide con dos hechos fundamentales: la crea- corresponde a sus transportes como en lo que respecta a las pensiones,
ción desde 1683 de los Colegios franciscanos de Propaganda Fide -Queréta- sínodos o limosnas anuales».
ro, San Fernando, Ocopa, Moquegua, hasta un total de diecisiete- y la Lo mismo que en Venezuela sucede en otras regiones en donde se
expansión de las fronteras del Imperio español en América, que intenta dar realiza esta labor misionera.
respuesta a la inquietante presencia de potencias extranjeras en el nuevo
continente, aunque sería injusto atribuir el apoyo económico del Estado, del C) La Compañía de Jesús. El fondo piadoso
que vamos a hablar a continuación, a sólo un interés coyuntural o instru- Decíamos anteriormente que en gran medida el coste de la labor misio-
mental. nal en Indias corrió a cargo de las Ordenes religiosas y que el sostenimiento
En efecto, es alrededor de estas fechas cuando en las cajas reales co- de muchos centros misionales se hizo con el fruto de las denostadas propie-
mienzan a aparecer de forma regular subvenciones a los misioneros, aunque dades de esas mismas Ordenes. El caso de la Compañía de Jesús, muy activa
al obispo de Caracas, según nos dice el contador Limonta, le pareciera que en una y otra faceta, en la misional y en la administración de propiedades
esto era un hecho que contribuía a disminuir el celo y la eficacia de los para el sostenimiento de sus labores, nos puede ilustrar perfectamente la
religiosos «por haber enseñado la experiencia que en los años precedentes se comprensión de esta materia, mucho más cuando se cuenta con la abundan-
habían mantenido los operarios antecesores con mayores progresos en las te documentación de la Orden y la que generó su expulsión de los territorios
reducciones y edificación, sin el sufragio de la mencionada limosna; [...] se de la Monarquía.
había seguido, desde entonces, no pequeño perjuicio, e inquietudes a las En efecto, muchas de sus propiedades, después de la expulsión, o fueron
misiones, e igual atraso en la edificación y progresos; siendo cierto que sin la malbaratadas o mal administradas, dedicándose sus fondos a las necesidades
referida limosna se mantuvieron los religiosos con más crédito, tenían orna- del Erario -entre las que también está el mantenimiento de los expulsos-,
mentadas sus iglesias, y hechas para la reducción de los indios entradas muy pero buena parte de ellas fueron respetadas, bien por su innegable vincula-
costosas». Pero lo que no se nos dice es de dónde provenía el dinero necesa- ción con la atención espiritual o por sostener obras piadosas o culturales,
rio para realizar esta labor. cosa que en la Compañía no era difícil delimitar, porque generalmente había
Esta limosna a la que se refiere el obispo, denominada sínodo misional, es procurado la autonomía financiera de sus labores, asignándoles una fuente
la que se ordenó desde 1721 para los misioneros capuchinos de la provincia de ingresos concreta.
de Andalucía en Venezuela, consistente en cincuenta pesos para la compra En Chile, por ejemplo, y desde la vertiente misional que ahora nos
de hábitos, cera, pan y vino. Progresivamente se fue extendiendo el sínodo interesa, el presidente Balmaceda decidió que «se debía costear de Bucale-
y aumentando la asignación. De esta manera, a fines del siglo x v m y comien- mu, dos para Colchagua y dos para Maule; de Ligueimo, dos para Rancagua;
dos de San Pablo para Colina, Chacabuco, Ligua, Purutún y Petorca». Las
122 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 123
misiones del Arauco encargadas a los jesuitas, como dice Bravo Acevedo, se las cuantiosas limosnas que agenciaban, a la máxima prudencia de no mante-
financiaban con dinero procedente del Erario; por lo tanto, aquí el proble- ner en las misiones a religioso alguno que no fuere muy a propósito»; a que
ma era sólo designar a los religiosos que debían sustituirlos. En Venezuela se posteriormente se habían incrementado las enfermedades venéreas y, por
dispuso algo por el estilo, asignando algunas tierras para que los dominicos último, a que al ejecutarse la expulsión no fueron reemplazados con la
continuaran las misiones de los jesuitas expulsados. misma premura «y se entregaron las temporalidades a individuos ineptos y
Pero el caso más ilustrativo es el de la Nueva España, para el que codiciosos que las disiparon notablemente».
contamos con un documento de excepción, el informe general sobre las En muchas otras misiones las consecuencias fueron peores, más aún
misiones del virrey conde de Revillagigedo, del 30 de diciembre de 1793. En cuando se suman otros factores y, entre ellos, la secularización de algunas
el virreinato septentrional las labores misionales de la Compañía habían doctrinas, a cuyos nuevos curas no se les asignó un sínodo suficiente. La
alcanzado una gran expansión, muy especialmente en el norte y, consecuen- decadencia se hizo ostensible no sólo en el retroceso de los logros espiritua-
temente, siguiendo la línea argumentativa anterior, también eran de consi- les, sino también de los materiales, de tal manera que no es difícil elegir un
deración los bienes que servían para financiar esta vasta labor. Con la ejemplo entre los muchos casos que consigna el virrey: «pues es cierto que en
expulsión de los jesuitas, nos dice el virrey, «éstos dejaron más de 800.000 las Misiones de la Pimería Baja han ido cada día a su mayor decadencia,
pesos en dinero, efectos, cantidades impuestas a réditos y fincas rústicas que como lo acreditan las ruinas de sus iglesias, casas, trojes y almacenes, el
forman el fondo piadoso con que se sostienen y establecen las antiguas y despojo de sus bienes de campo (bien que se atribuye a las hostilidades de los
nuevas misiones». Revillagigedo aprovecha la ocasión de ofrecer estos datos bárbaros), la miseria en que viven los indios reducidos, sus faltas de subordi-
para arremeter contra el descuido de los administradores de los fondos, que nación y asistencia al trabajo y a las doctrinas...».
amenaza con destruirlos: Entre las nuevas misiones que se crearon después de la expulsión de la
Compañía destacan de forma ostensible las de la Alta California, gracias al
«En los tiempos presentes podrá llegar el caso de que el Erario del Rey se esfuerzo de los fernandinos o franciscanos procedentes del Colegio de San
constituya en nuevos y no cortos gravámenes para que se continúen los progre- Fernando de México, que recibían del fondo piadoso cuatrocientos pesos de
sos de la conquista espiritual de los indios californios, porque las fincas del sínodo, más una ayuda de mil pesos para cuando se iniciaba una nueva
fondo piadoso continúan con precipitación a su decadencia, y porque no hay
quien se dedique a la solicitud de otros bienhechores que [...] establecieron el misión. «Con este auxilio y con los que también facilitan en lo posible las
fondo con sus gruesas limosnas, siendo ellos por consecuencia los verdaderos misiones radicadas, con los que proporciona el afán o cuidado apostólico de
agentes de la propagación de la fe en la península de California y de la los padres ministros y con el trabajo personal de los indios, se fabrican las
extensión de los reales Dominios de Su Majestad, impidiendo que sean ocupa- iglesias y casas de pueblo, los trojes y almacenes, se compran y habilitan los
das por potencias extranjeras».
ornamentos y vasos sagrados, los utensilios y aperos de labranza y finalmente
las semillas para sembrar y el corto pie de ganados para la procreación de
Entre las antiguas misiones de las que nos habla el virrey hay unas que
ellos».
mantienen una buena administración espiritual y material y otras en las que
la decadencia es evidente. Entre las primeras destacan las de la Baja Califor- Revillagigedo nos traslada con evidente satisfacción los datos cuantitati-
nia, que habían estado casi exclusivamente en manos jesuitas, y que pasaron vos que avalan sus palabras: son ya 8.431 los indios que viven en los pueblos,
a franciscanos y dominicos, quienes comenzaron a percibir un sínodo de y sus fincas producen:
trescientos cincuenta pesos anuales sobre el fondo piadoso, sin recibir nada 24.640 cabezas de ganado vacuno
de los españoles, soldados, indios y castas de los presidios. Los edificios de las 26.286 cabezas de ganado lanar
iglesias se mantenían en buen estado -especialmente las de las diez primeras 4.040 cabezas de ganado caprino
misiones-, «bien provistas de ornamentos, vasos sagrados y plata labrada». 402 cabezas de ganado porcino
Igualmente se mantenía el sistema de reducción y trabajo de los indios: «los 3.338 cabezas de ganado equino
propios, rentas o fondos de cada pueblo de misión se reducen a la labranza 15.197 fanegas de trigo
del campo y cría de ganados, cuyas cosechas y esquilmos disfrutan los indios 2.497 fanegas de cebada
en comunidad, bajo la administración de sus misioneros, quienes hacen 7.625 fanegas de maíz
verdaderamente de padres espirituales y temporales, de suerte que el indio 1.719 fanegas de fréjoles, garbanzos, lentejas y habas.
trabaja cuando se lo mandan, y el producto de sus afanes se invierte en el
Pero lo más importante es que los «religiosos fernandinos y dominicos
sobrio sustento y humilde vestuario de ellos y de sus familias, aplicándose lo
desempeñan completamente las obligaciones de su sagrado instituto» y los
que sobra al culto divino y fomento de los mismos pueblos».
indios se convierten y avanzan en el conocimiento de la fe cristiana.
De todas formas, para Revillagigedo, que no puede ocultar su admira-
ción por los «regulares extinguidos», la comparación es favorable a las etapas
anteriores, «pero esto se atribuye a que podían sostenerlas y fomentarlas con
C. 7. La economía de la Iglesia americana 125
124 P.I. Cuestiones globales
nuevas emisiones e incluso a retirar los billetes en circulación. Pero lógica-
V. LOS SUBSIDIOS ECLESIÁSTICOS mente esta operación tenía un coste elevado. En 1798 se creó en Madrid una
Caja de Amortización.
Como antes se dijo, las largas discusiones sobre las propiedades eclesiás-
ticas no habían llegado a ninguna conclusión práctica, pero evidentemente «A esta Caja -nos dice Liehr- le transfirió una serie de impuestos propios,
todo ello conducía a reforzar la opinión subjetiva sobre el poder económico sin embargo insuficientes. Similar a Francia, la España tradicional y católica
del estamento eclesiástico y, unido a la multisecular tradición de acudir a los sólo podía impedir la bancarrota amenazante a causa del excesivo endeuda-
particulares con préstamos y servicios graciosos, en el siglo XVIII dio como miento estatal mediante la confiscación de bienes de la Iglesia. En el año de
resultado que las autoridades centrales, en sus siempre insatisfechas ne- 1798 comenzaron las autoridades de la Corona a ofrecer en pública subasta al
mejor postor, o bien a cancelar, los bienes raíces y censos de las cofradías,
cesidades económicas, vieran aquí una posibilidad de obtener pingües obras pías, memorias y patronatos de legos; a partir de 1805, también los de las
ganancias. casas de la misericordia, los hospitales y hospicios, así como los de las casas de
En España, el clero comenzó a contribuir a las necesidades fiscales con reclusión y de expósitos, y desde 1807 incluso los de capellanías y otras institu-
el llamado subsidio eclesiástico desde 1563, concedido por Pío IV a Feli- ciones eclesiásticas».
pe II en un Breve del 2 de marzo de 1560; pero, como dice el contador de
Caracas José de Limonta, «quedaron exentas por el mismo Breve las iglesias En compensación de tales ventas los acreedores eclesiásticos recibieron
de Indias y no hay memoria de que antes de 1700 se extendiese a estos el 3 por 100 de intereses anuales. Según los cálculos de Richard Herr, los
dominios la propia gracia». 1.600 millones de reales de vellón que ingresaron por este concepto en la
Caja de Consolidación suponían una sexta parte de los bienes eclesiásticos
La «gracia» concedida por el Papa en los mismos comienzos del siglo se
en España. Pero lo curioso de todo esto es que tan cuantiosos fondos no se
extendió a América, concediendo un millón de ducados «por una vez sobre
dedicaron al fin anunciado, a la amortización de los vales reales, que, dicho
las rentas del Estado eclesiástico de ambas Américas, a fin de sustentar la
sea de paso, entraron en una pendiente constante de devaluación, hasta
guerra contra los infieles, que habían intentado poblar el Darién, y otros
llegar a valer sólo un 10 por 100 de su valor nominal. El producto de la Caja
cualesquiera que intentasen ocupar y hostilizar sus provincias». La imposi-
de Amortización fue considerado como un ingreso fiscal más, que se dedicó
ción, encargada a los propios obispos indianos, debía cobrarse en partes
especialmente a los gastos militares.
proporcionales a lo largo de diez años, pero no hay constancia de que
surtiera el menor efecto. Hasta 1804 esta política hacendística se restringió a la Península, pero,
ante la continuidad de la crisis fiscal agravada por la guerra contra Inglate-
rra, se extendió a las posesiones ultramarinas, con las mismas o muy pareci-
VI. UNA CUASI DESAMORTIZACIÓN: LA CONSOLIDACIÓN das características que se han visto para la metrópoli. La diferencia más
DE LOS VALES REALES importante está en el tipo de interés de los vales, el 5 por 100, que era el
habitual en Indias. A imitación también de España, en América se crearon
Las medidas regalistas en contra de la Iglesia se acentúan a partir del en las principales capitales las llamadas Juntas Superiores de Consolidación, y
reinado de Carlos IV, que además coincide con el inicio de una de las etapas en las capitales de provincia, sedes de diócesis, las Juntas subalternas, todas
más agitadas de la vida de España, en la que su fiscalidad -siempre precaria- dependientes de un nuevo organismo central, la Comisión Gubernativa de
roza con la bancarrota, situación propiciada sobre todo por el enorme Consolidación.
esfuerzo bélico que tiene que soportar con sus exiguos recursos. Liehr, en Pero ni la ejecución práctica ni las consecuencias de estas medidas
un excelente artículo, plantea con relativa amplitud esta cuestión, y Sánchez radicales fueron las mismas que en Europa. A diferencia de España, en los
Bella resume todas las medidas exactorias contra la Iglesia y el estamento territorios americanos los bienes eclesiásticos -sobre todo los afectados por
clerical. la desamortización- no consistían básica y directamente en bienes raíces,
La medida general que se adoptó para solucionar la grave situación sino en censos sobre éstos. La propiedad estaba en manos de particulares,
fiscal fue la creación de los llamados vales reales, antecedente de alguna pero en general, por necesidades de capitalización, gravados con los censos
manera del actual papel moneda, cuyo origen, de esta forma, se podría fijar eclesiásticos. En consecuencia, los afectados no fueron sólo los organismos
en 1780. En un principio no tuvo otro valor que el de letras de cambio, con eclesiásticos, sino los pequeños y medianos propietarios, que no pudieron
un interés del 4 por 100 -inferior al crédito ordinario- y amortizable en hacer frente a los créditos pendientes. Tales medidas, que venían a romper
veinte años, que endosados podían ser negociados en las cajas reales y el uno de los principales circuitos financieros y crediticios, junto con el hundi-
comercio al por mayor. miento de muchos pequeños y medianos propietarios y productores, causa-
Este recurso comenzó a ser usado cada vez con más asiduidad, hasta ron tal malestar en la población indiana que muchos autores opinan que hay
convertirse en el medio más fácil de endeudamiento fiscal, pero las conse- que incluirlas dentro de las causas de la Independencia americana. En enero
cuencias fueron también inmediatas: la desconfianza del público y la infla- de 1809 la Junta Suprema Central Gubernativa de España e Indias dio
ción. Ante ello, la Corona, a partir de 1799, se vio obligada a restringir las
126 P.I. Cuestiones globales C. 7. La economía de la Iglesia americana 127
marcha atrás derogando la Real Orden de 1804, con enorme satisfacción y rentas veintinueve diócesis de las cuarenta y dos existentes; se habían recau-
alivio de los subditos americanos. dado aproximadamente quinientos mil ducados de los dos millones de los
Entre esos cinco años -sigo los cálculos de Liehr-, en las posesiones subsidios, y dos archidiócesis -México y Guatemala- y tres obispados -Cuba,
españolas de ultramar debieron de recaudarse por este concepto y por otro La Habana y Oaxaca- habían recaudado ya su parte correspondiente.
de mucha menor entidad -los excedentes de las cajas de censos de los A partir de este momento ya no hay ningún otro documento desde el
indios- más de quince millones de pesos, según la siguiente distribución: gobierno central que inste al cumplimiento de los subsidios, y, por lo tanto,
es imposible saber hasta qué punto tuvo efectividad, si no es de forma
Virreinato de la Nueva España 10.320.000
Virreinato del Perú 1.500.000 fraccionada. En la Caja de Caracas existe constancia, por ejemplo, de que
Virreinato de Nueva Granada 450.000 hasta el año 1804 se recaudaron un total de 84.653 pesos, de los que se
Virreinato del Río de la Plata 367.000 remitió poco más de la mitad. Es difícil saber, insisto, si se recaudó la
Capitanía General de Chile 164.000 cantidad total. Lo más probable es que se siguieran cobrando algunas canti-
Capitanía General de Caracas 350.000 dades, pero que nunca se llegara a cubrir el cupo de los dos millones de
Capitanía General de Cuba 350.000
Capitanía General de Guatemala 1.500.000 ducados.
Capitanía General de Filipinas 353.000 En España, por concesión de Benedicto XIV, la percepción del subsidio
se hizo perpetua en espera de la única contribución. La reforma fiscal, con
TOTAL (APROXIMADO) 15.400.000 el establecimiento de un impuesto personal y progresivo, se adelantaba así
De estos ingresos, descontados los gastos de administración, llegaron a exclusivamente con el estamento clerical. Con la tendencia a unificar la
Madrid unos catorce millones de pesos de a ocho, que, como en el caso de legislación indiana con la americana, no hubiera sido raro que también se
la desamortización española, no se dedicaron al fin aparentemente previsto, hubiera hecho en América si los acontecimientos de uno y otro lado del
la convalidación o amortización de los vales, sino a cubrir los enormes Atlántico no lo hubieran impedido, pero, por la vía de los hechos, el subsidio
huecos fiscales, especialmente los gastos de guerra y el pago del llamado era ya una contribución permanente. En 1795, por presión de los ministros
subsidio de neutralidad a Francia, que en realidad desde el principio había de Carlos IV, el papa Pío VI concedió un nuevo subsidio de treinta millones
sido la intención cuando se extendió esta controvertida medida a los territo- de reales distribuidos entre los dos cleros de Ultramar, para sostener, dice la
rios ultramarinos. bula, «la muy cruel y peligrosa guerra que está haciendo contra los impíos
El bien informado Contador sigue narrando cómo en 1717 el papa enemigos de la religión y de la potestad de los Reyes».
Clemente XI había concedido un segundo subsidio de millón y medio de El 7 de diciembre de 1799 se ordenó la cobranza de la mitad del subsi-
ducados, pero que no debió de tener tampoco ningún resultado, porque el dio, es decir, de quince millones de reales. Se encargó de la administración
8 de marzo de 1721 concedió el tercero, tomando ahora como disculpa la a las oficinas de la Santa Cruzada, en cuanto que tenía jurisdicción estatal y
prosecución del éxito de las armas españolas contra los moros en su asedio no eclesiástica. Se otorgaba un plazo de seis meses para las diócesis que
contra la ciudad de Ceuta; la cuota subía ahora a dos millones de ducados, todavía no hubieran entregado una relación de rentas eclesiásticas. Y se
cobrables del 6 por 100 de las rentas eclesiásticas. La nueva «gracia» corrió declaraban los ingresos mínimos que debían quedar exentos de la contribu-
la misma suerte que las primeras, es decir, la más completa indiferencia. ción, que, por otra parte, son los mismos que habían regido en los anteriores
En 1740 Fernando VI obtuvo un nuevo subsidio de dos millones de subsidios: tres mil ducados en las iglesias catedrales, cien en los curatos y
ducados, también sobre el 6 por 100 de las rentas eclesiásticas, que no veinticuatro ducados de oro en los beneficios simples.
anulaba el anterior, pero que al año siguiente, «atendiendo al estado ecle- La Contaduría General hizo el reparto de los quince millones de reales,
siástico de sus dominios de la América, se dignó perdonarle la mitad del que recoge Sánchez Bella de un documento de la sección Contaduría del
importe de los dos subsidios con tal que por los Prelados y Cabildos se Archivo de Indias, interesante para el propósito que ahora nos ocupa, pero
aprontase la otra mitad», es decir, se les condonaba la mitad con la condición sobre todo para hacernos cargo, al menos en la versión de las autoridades
de que efectivamente se cobrasen los dos millones de ducados. Esta disposi- centrales, de las posibilidades económicas -incluye todo tipo de rentas de
ción no fue suficiente para vencer las reticencias de los eclesiásticos, pese al ambos cleros- de las diferentes circunscripciones eclesiásticas americanas.
recuerdo reiterado de las órdenes reales. En 1783 sólo se habían cobrado (Las cantidades se ofrecen en pesos fuertes, que tiene cada uno veinte
272.210 ducados. Ese año se expidió una orden a todos los gobernantes reales:)
indianos para apremiar a los prelados a la confección de relaciones de las Principal Subsidio
rentas de los cleros regular y secular, de las que sobre el 6 por 100 debían
cobrarse los subsidios, bajo pena de cargo grave en sus respectivas residen- Caracas 207.000 15.510
cias. En 1790 se reiteró la misma orden. Cuba 189.461 14.196
La Habana 563.714 42.239
En el entretanto habían cumplido con confeccionar las relaciones de Luisiana 3.000 226
128 P.I. Cuestiones globales
C. 7. La economía de la Iglesia americana 129
Principal Subsidio
VII. MESADAS, MEDIAS ANATAS Y ANUALIDADES ECLESIÁSTICAS
Puerto Rico 15.000 1.123
Guayana 50.093 3.753 Desde 1 6 2 5 , p o r concesión del p a p a U r b a n o V I I I , t o d o s los cargos
México 1.170.746 87.723 eclesiásticos d e provisión real, lo mismo q u e lo venían h a c i e n d o d e s d e anti-
Puebla de los Angeles 866.666 64.940 g u o los civiles, d e b í a n p a g a r al E r a r i o u n a mesada, es decir, u n a dozava p a r t e
Michoacán 946.197 71.123
Oaxaca 472.574 35.410 del salario anual. Pocos a ñ o s después, e n 1 6 3 1 , c u a n d o esta c o n t r i b u c i ó n se
Guadalajara 447.091 33.500 multiplicó p o r seis p a r a los cargos seculares, convirtiéndose e n media anata,
Yucatán 170.839 12.806 los eclesiásticos siguieron a b o n a n d o exclusivamente la mesada. Esta situa-
Durango 204.295 15.308 ción se m a n t u v o hasta 1 7 5 4 , a ñ o e n q u e F e r n a n d o VI o b t u v o u n a b u l a p a r a
Nuevo León 104.986 7.866 c o b r a r la m e d i a a n a t a a t o d o s los eclesiásticos provistos p o r el rey e n cual-
Sonora 39.900 2.990
Manila 110.830 8.304 quier beneficio, pensión u oficio eclesiástico, c u a n d o la r e n t a a n u a l superase
Nueva Segovia 43.289 3.243 los trescientos d u c a d o s o su equivalente e n otras m o n e d a s . Sin e m b a r g o , n o
Nueva Cáceres 7.023 526 p a r e c e q u e tal disposición se llevara a la práctica e n América. E n 1 7 7 5 ,
Cebú 5.500 412 Carlos I I I r e i t e r ó c o n más fuerza la o r d e n y c o n la misma p e r e n t o r i e d a d se
Guatemala 481.988 36.116 recogió e n el artículo 2 0 9 d e la Instrucción d e I n t e n d e n t e s d e N u e v a Espa-
Comayagua 65.068 4.874
Nicaragua 43.481 10.750 ña, p r o m u l g a d a al a ñ o siguiente. De este n u e v o i m p u e s t o se e x c e p t u ó a los
Chiapas 93.653 7.015 p á r r o c o s , quienes, i n d e p e n d i e n t e m e n t e d e sus ingresos, seguirían a b o n a n d o
Lima 996.474 74.664 la mesada d e la f o r m a a c o s t u m b r a d a . U n o y o t r o gravamen c o n t i n u a r í a n
Arequipa : 370.867 27.790 p a g a n d o c o m o siempre u n 18 p o r 100 más, p a r a costear su r e m e s a a la
Trujillo 249.746 18.713
Península.
Quito 153.000 11.468
Cuzco 349.819 26.210 Las exacciones sobre la provisión d e cargos y beneficios eclesiásticos n o
Guamanga 266.849 19.994 p a r a r o n ahí. E n 1 7 9 5 se había c o n c e d i d o a la C o r o n a t o d o el p r o d u c t o d e las
Panamá 37.500 2.809 vacantes eclesiásticas p a r a la amortización d e los vales reales, pese al peligro
Chile 208.468 15.641
Concepción 62.443 4.677 q u e r e p r e s e n t a b a q u e estos cargos n o se proveyesen, b u s c a n d o el beneficio
Cuenca 115.677 8.667 e c o n ó m i c o del Erario. E n c o m p e n s a c i ó n d e q u e el m o n a r c a n o hiciera uso
Charcas 180.000 13.847 de este privilegio, Pío V I I concedió c o n el mismo fin - l a amortización d e los
La Paz 56.000 4.196 v a l e s - u n a anualidad d e «todos los beneficios eclesiásticos - e x c e p t u a n d o
Tucumán 66.612 4.989 n u e v a m e n t e a los curas p á r r o c o s y d o c t r i n e r o s - , seculares y regulares d e
Santa Cruz de la Sierra 69.352 5.197
Paraguay 25.907 1.941 cualquier g é n e r o o d e n o m i n a c i ó n q u e sean, c o m o dignidades mayores y
Buenos Aires 32.000 2.397 m e n o r e s , canonicatos, p r e b e n d a s , capellanías colativas, p r e s t a m e r a s , benefi-
Santa Fe 135.997 10.191 cios y oficios, bien sean d e los reservados a Su Santidad o d e p r e s e n t a c i ó n
Popayán 37.500 2.810 real u o r d i n a r i a , o d e p a t r o n a t o activo o pasivo, laical o eclesiástico, secular
Cartagena 124.717 9.346 o regular, q u e vacaren e n España, Indias e islas adyacentes».
Santa Marta 15.300 1.146
Maracaibo 49.852 3.736 La presión c o n t r a el e s t a m e n t o eclesiástico e r a tan g r a n d e q u e c u a n d o ,
e n 1810, se pensó c o b r a r u n a nueva exacción p a r a ayudar la financiación d e
TOTAL 10.006.474 750.000 la g u e r r a c o n t r a los franceses, el C o n t a d o r d e la C o n t a d u r í a del Consejo d e
Indias dirigió al g o b i e r n o u n escrito, q u e recoge Sánchez Bella, q u e es e n
este sentido muy ilustrativo:
Las dificultades p a r a hacer efectivo este n u e v o subsidio d e b i e r o n d e ser «Los prebendados de que se trata, además de las cargas de anualidades,
muy parecidas a las q u e obstaculizaron la c o b r a n z a d e los anteriores. subsidios y medio-annatas, tienen la del noveno, la de satisfacer en vida, con-
forme al estatuto o práctica general adoptada en los cabildos, el gasto funeral,
«En 1807 -nos dice Sánchez Bella- la Contaduría General informa sobre la que es de bastante consideración, sin los otros que son sabidos, de modo que
falta de noticias para poder ejecutarse el repartimiento de los 60 millones de los de primera entrada indistintamente no pueden contar en tres años cuando
los subsidios concedidos sobre las rentas del estado eclesiástico de Indias por menos con renta alguna. Estos enormes gravámenes y otros de que más adelan-
breves de 1795 y 1799, ni tampoco el prorroteo general del antiguo subsidio te se hará mérito, los ha sufrido el estado eclesiástico con un celo heroico, aun
de dos millones de ducados de plata. Faltan todavía los informes de Buenos sin concurrir la causa santa que en el día-defiende la Nación, y aunque se
Aires, La Paz, Quito, Popayán, Panamá, Caracas, Puerto Rico y Cebú. Cabe suponga como debe, en honor de aquél, que su espíritu se halle dispuesto a
pensar que lo mismo que, al parecer, ocurrió con el viejo subsidio, tampoco continuarlo, el agregar o imponerle en el día un descuento como el de la mitad
debió poder cobrarse en Indias más que una pequeña parte del nuevo». de la renta, es lo mismo que reducir a los prebendados a un estado de pobreza,
indecoroso a su elevado carácter».
130 P.I. Cuestiones globales
C. 7. La economía de la Iglesia americana 131
VIII. LA BULA DE LA SANTA CRUZADA
e) Mendicantes y mujeres de servicio, 2 tomines.
f) Caciques, 1 p. ensayado.
La bula de la Santa Cruzada es un ingreso de la Real Hacienda que en g) Los demás indios, negros y mulatos (hombres y mujeres), 2 tomines.
poco o nada benefició económicamente a la Iglesia indiana, pero se justifica h) Bulas de difuntos, 1 p. ensayado.
que la tratemos ahora en cuanto que su cobranza se hizo por concesiones i) Bulas de difuntos (tasas inferiores), 2 tomines.
pontificias y por aparentes razones religiosas o espirituales.
Esta limosna, que por su obligatoriedad tiene casi las características de En el cuadro precedente las cantidades se consignan en pesos ensayados
(doce reales). Solórzano, Limonta y otros autores registran las mismas clases
un impuesto, hunde sus raíces, como los diezmos, en las costumbres y
de tasas, aunque añadiendo una nueva: la de tercera clase, con el valor de un
legislación de la Castilla bajomedieval. Nació de las concesiones pontificias a
peso y que afectaba a los que tenían unas rentas sobre los seis mil pesos, pero
los reyes de las limosnas o donativos que hacían los fieles para sostener la
la diferencia fundamental está en que las tasas se registran en pesos de a
lucha de los cristianos contra la ocupación musulmana de la península
ocho, lo que significaría en la práctica una disminución del valor de la bula.
Ibérica. Con la caída del último bastión islámico, perdió su secular justifica-
En los primeros años del siglo xix -con el mismo motivo que encontramos
ción, pero no desapareció, sino que, como dice Carande, cambió exclusiva-
en el aumento o creación de nuevos gravámenes, es decir, la convalidación
mente su destino porque la reconquista de Granada es el «término de una
de vales reales- la limosna se aumentó en un 50 por 100.
lucha de siglos, pero es a la vez introito de una nueva era». La Monarquía
Además de estas clases de bulas existía otra llamada de composición, que
española, en efecto, se vio comprometida a partir de entonces en un doble
tenían que pagar las personas con presuntas ganancias malhabidas, los trans-
frente: en la lucha contra el turco más allá de sus fronteras y en la defensa de
gresores de normas eclesiásticas, los obligados por la concesión de algunas
la ortodoxia católica más cerca de ellas. La persistencia de ambos problemas dispensas eclesiásticas y algunos otros casos relacionados con el Derecho
le dio a la concesión un carácter permanente, aunque teóricamente tuviera Canónico.
que renovarse cada tres años.
Caravantes nos ofrece un cuadro del número y distribución de las bulas
La bula de la Santa Cruzada en esta nueva etapa fue concedida por en el virreinato peruano, interesante desde muchos puntos de vista, demo-
primera vez para Castilla por el papa Julio II en 1509 y extendida a las gráfico, sociológico y, desde el que ahora nos interesa, económico:
Indias por breve de Clemente VII del 24 de agosto de 1529. Sin embargo, la
introducción en los territorios americanos, como ocurre con otros impues- VIVOS DIFUNTOS
tos, se hizo gradualmente y de una forma que hace difícil precisar fechas y De com-
circunstancias. López de Caravantes da a entender que, aunque antes se 10 pesos 2 pesos 1 peso 2 tomines 1 peso 2 tomines posición
cobrara en las Indias, sólo a partir de la bula de Gregorio XIII de 1573
Lima 2 1.674 11.776 183.283 1.951 3.242 1.233
adquirió plena vigencia y universalidad. Por esta bula y otros documentos 596 5.500 174.888 1.163 2.741 548
Cuzco
pontificios, que consideraban su lejanía de la metrópoli y las grandes distan- Charcas, Tucu-
cias internas, se determinó que las predicaciones se hicieran cada dos años. mán, La Paz
Las concesiones de la Santa Sede se hacían para largos períodos. Así, por y La Barran-
ca 1.416 10.153 110.862 2.360 2.300 1.325
ejemplo, el papa Gregorio VII concedió a Felipe II en 1578 seis predicacio- 404 1.393 6.924 178 282 60
Chile
nes, pero antes de que se cumpliera el tiempo, en 1585, Sixto V otorgó otras Quito 715 4.215 28.570 467 759 429
seis predicaciones y así sucesivamente otros pontífices, de tal manera que Tierra Firme .. 204 1.556 6.370 227 629 119
López de Caravantes calculaba en 1614 que las predicaciones concedidas
llegaban hasta 1660. TOTAI.ES 2 5.009 34.593 510.897 6.346 9.953 3.714
Las tasas de las limosnas, siguiendo las directrices de la bula de 1573, La predicación bianual debía producir, por tanto, 184.903 pesos ensaya-
fueron fijadas por el Comisario General de la siguiente manera: dos. Después de descontar los gastos propios de la administración -20.339
de las comisiones de los tesoreros (un 11 por 100 de la recaudación) y 9.000
a) Virreyes y sus mujeres, 10 p. ensayados. pesos de salarios de los ministros del Tribunal- quedaban, o debían quedar,
b) Arzobispos, obispos, inquisidores, abades, priores, dignidades y canó- aproximadamente unos 155.000 pesos para la Hacienda.
nigos. Caballeros de las Ordenes militares. Presidentes, oidores, alcaldes, fisca-
les, alguaciles mayores, secretarios y relatores de las audiencias. Gobernadores, La primera consecuencia que se saca de la tasa de la bula es su universali-
corregidores, alcaldes y regidores. Encomenderos y pensionistas del Erario. dad, sin excepciones, sin distinción de razas, sexo ni estado civil: desde el
Capitanes generales, alcaides de castillos y fortalezas. Abogados. Hombres con virrey hasta el último negro pobre o fraile desvalido. Tan universal que
bienes superiores a los diez mil pesos. Y, en general, las mujeres de los mencio- incluso alcanza a los difuntos que no hubieran regularizado en vida su
nados, 2 p. ensayados. contribución y cuyos parientes quisieran ganarles las indulgencias concedi-
c) Todas las demás personas, excepto indios y negros, 1 p. ensayado. das. La segunda consecuencia es que, contrariamente al sistema impositivo
d) Frailes, monjas y otros españoles pobres, 2 tomines.
C. 7. La economía de la Iglesia americana 133
132 P.I. Cuestiones globales
m a n d ó e x p r e s a m e n t e seguir este m o d e l o . La disculpa inicial p a r a establecer
vigente, el valor d e la limosna es relativamente p r o p o r c i o n a l , g r a v a n d o más la bula del indulto fue la d e s o c o r r e r a los p o b r e s , p e r o muy p r o n t o , e n
a los más p u d i e n t e s . 1798, se aplicó a la amortización d e vales reales.
C o m o es lógico s u p o n e r , u n a c o n t r i b u c i ó n q u e afectaba a t o d a la pobla-
ción tenía q u e r e n d i r m u y b u e n o s beneficios al Estado, tal c o m o se c o m p r u e -
ba p o r las cifras q u e h e m o s a n o t a d o . La importancia económica y la conse- NOTA BIBLIOGRÁFICA
c u e n t e complejidad administrativa aconsejaron la creación d e tribunales d e
la Santa C r u z a d a e n cada u n a d e las sedes d e los distritos audienciales. La Obras de carácter general
cédula q u e así lo dispuso - 1 6 d e abril d e 1 6 0 9 - c o n c r e t ó también su c o m p o -
T. EGIDO, «El regalismo y las relaciones Iglesia-Estado en el siglo xvm», en R.
sición: u n comisario subdelegado, n o m b r a d o p o r el Comisario General, GARCIA-VILLOSLADA (dir.), Historia de la Iglesia en España 4 (Madrid, 1979) 123-249;
residente en España; u n asesor, q u e debía ser el o i d o r más antiguo, y u n R. ESCOBEDO MANSILLA, El tributo indígena en el Perú, siglos XVI y XVII (Pamplona,
c o n t a d o r , c a r g o q u e debía d e s e m p e ñ a r l o el funcionario real más a n t i g u o d e 1979); L. HANKE, LOS virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de
la respectiva Caja, a u n q u e p o c o después, e n algunas sedes, d a d o el volumen Austria: México 1-5 (Madrid, 1975-1978); ID., Los virreyes españoles en América durante
el gobierno de la Casa de Austria: Perú 1-7 (Madrid, 1978-1980); J. C. GARAVIGLIA,
d e la r e c a u d a c i ó n y d e q u e su c o m e t i d o principal e r a c o n t r o l a r estos ingre-
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llegó a t e n e r g r a n relevancia en la administración indiana. de la real hacienda del departamento de Caracas (Caracas, 1962); E. LlSSON CHÁVEZ, La
La administración d e la renta, c o m o e n otros m u c h o s casos, se llevó d e Iglesia de España en el Perú 2 y 4 (Sevilla, 1944 y 1946); G. LOHMANN VIU.ENA, LOS
dos formas, bien p o r administración directa, es decir, e n m a n o s d e los americanos en las Ordenes nobiliarias (1529-1900) 1-2 (Madrid, 1947); F. LÓPEZ DE
CARAVANTES, Noticia general del Perú (Madrid, 1985-8).
oficiales reales, q u e recibían el fruto final r e c a u d a d o p o r tesoreros especia-
A. MARTIN GONZÁLEZ, Gobernación espiritual de Indias. Código Ovandino (Guate-
les, o bien p o r administradores particulares, c o n quienes se firmaba u n
mala, 1978); G. MARTÍNEZ REYES, Finanzas de las 44 diócesis de Indias, 1515-1816
asiento, forma esta última a la q u e se d i o preferencia. Los dos p r i m e r o s (Bogotá, 1980); J. MATRAYA Y RICCI, Catálogo cronológico pragmático. Cédulas, decretos,
asientos tuvieron u n carácter general p a r a casi t o d o s los territorios indianos, órdenes y resoluciones reales generales emanadas después de la Recopilación de las Leyes de
con u n o s beneficios d e la q u i n t a y sexta p a r t e d e la recaudación, respectiva- Indias (Buenos Aires, 1978); J. MIRANDA, El tributo indígena en Nueva España en el si-
m e n t e . El fracaso del s e g u n d o c o n t r a t o aconsejó q u e e n adelante los asien- glo XVI (México, 1952); Recopilación de Leyes de los reinos de las Indias, libro 1, título 16
(diezmos), 17 (mesada) y 20 (cruzada); libro 18, título 19 (media anata) y 24 (novenos
tos se firmaran, p a r t i c u l a r m e n t e , e n cada obispado.
y vacantes); V. RODRÍGUEZ CASADO, «Iglesia y Estado en el reinado de Carlos II»:
Pese a lo q u e h e m o s afirmado sobre q u e la limosna d e la bula d e la Santa Estudios Americanos 1 (Sevilla, 1948), 5-57; ID., «Notas sobre las relaciones entre la
C r u z a d a n o benefició e c o n ó m i c a m e n t e a la Iglesia, ya q u e el p r o d u c t o se Iglesia y el Estado en Indias en el reinado de Carlos III»: Revista de Indias 43-44
dedicaba casi e n su totalidad a los fines p r o p i o s del Estado, hasta la s e g u n d a (Madrid, 1957), 89-109.
mitad del siglo x v m se m a n t u v o u n a cierta a u t o n o m í a - l a r e n t a n o se incluía V. RODRÍGUEZ CASADO y F. PÉREZ EMBID, Memoria de Gobierno del virrey Amat
en la masa común d e la Real H a c i e n d a - y su administración se regía p o r (Sevilla, 1947); I. SÁNCHEZ BELLA, Iglesia y Estado en la América Española (Pamplona,
1990), 110-160; ID., La organización financiera de las Indias (siglo xvi) (Sevilla, 1968);
formas cuasieclesiásticas. P e r o incluso esta ficción a u t o n ó m i c a debió resul- J. F. SCHWALLER, Origins ofChurch Wealth in México: ecclesiastical Revenues and Church
tar molesta p a r a el regalismo b o r b ó n i c o . E n m a r z o d e 1 7 5 0 se consiguió u n Finances, 1523-1600 (Albuquerque, 1985); J. DE SOLÓRZANO PEREIRA, Política indiana
breve del p a p a Benedicto X I V q u e p e r m i t i ó la total secularización d e la (Madrid, 1930); B. DE TOBAR, Compendio bularlo índico 1-2 (Sevilla, 1954-1966).
renta, q u e pasó a ser considerada u n r a m o más d e la H a c i e n d a , y su adminis-
tración, incluido el T r i b u n a l privativo, fue reorganizada p a r a p o n e r l a direc- Diezmos
t a m e n t e e n m a n o s d e los funcionarios fiscales. L a O r d e n a n z a d e I n t e n d e n - J. E. ALVAREZ ARANGO, ¿Diezmos u obligación personal? (Medellín, Col., 1960); F.
tes d e B u e n o s Aires es e n este sentido s u m a m e n t e expresiva: « C o r r e s p o n d e DE ARMAS MEDINA, «Las propiedades de las Ordenes religiosas y el problema de los
diezmos en el virreinato peruano en la primera mitad del siglo xvn»: Anuario de
a mi s u p r e m a regalía la plena facultad d e administrar, r e c a u d a r y distribuir, Estudios Americanos 23 (Sevilla, 1966), 681-721; P. CASTAÑEDA, «Problemas sobre
con i n d e p e n d e n c i a absoluta del Comisario General d e C r u z a d a y d e m á s diezmos en las Antillas y Nueva España (1501-1585)», en Estructuras, gobierno y agentes
Apostólicos, t o d o el p r o d u c t o d e la Santa Bula». de la Administración en la América Española. Siglos xvi, XVII y xvm (Valladolid, 1984)
Desde finales del siglo XVin se c r e ó u n a nueva bula p a r a América, la del 61-93; S. DUBROWSKY, Los diezmos de Indias en la legislación (siglos xviy xvn) (Pamplo-
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indulto de las carnes saludables, p o r la q u e los beneficiarios p o d í a n c o m e r en Indias», en / / / Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano
carnes, huevos y lacticinios e n C u a r e s m a y otros días d e abstinencia, c o n (Madrid, 1973); ID., El regalismo borbónico en su proyección indiana (Madrid, 1963)- I D
excepción del Miércoles d e Ceniza, d e los viernes d e Cuaresma, d e miércoles «La jurisdicción real sobre los diezmos en Indias», en Memoria del IV Congreso Interna-
a sábado d e la S e m a n a Santa y d e las vigilias d e las g r a n d e s fiestas litúrgicas. cional de Historia del Derecho Indiano (México, 1976); L. HUERTAS. «Tributos, diezmos
La concesión pontificia corría en E s p a ñ a desde 1779, p e r o Carlos I V consi- y economía regional», en VII Simposio Internacional de Historia Económica (Lima 1986V
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siguiendo el m o d e l o d e la Santa C r u z a d a y e n su administración también se mos en Indias en el siglo xvm»: Revista Chilena de Historia del Derecho 12 (Santiago
134 P.I. Cuestiones globales
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Financiación de las misiones


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F. DE ARMAS MEDINA, «Iglesia y Estado en las misiones americanas»: Estudios America-
nos 6 (Sevilla, 1950), 197-217; P. BORGES, El envío de misioneros a América durante la
época española (Salamanca, 1977); J. CASTRO SEOANE, «Aviamiento y catálogo de las
misiones que en el siglo xvi pasaron de España a Indias y Filipinas según los libros de
la Contratación»: serie de artículos aparecidos en Missionalia Hispánica durante los
años 1956 a 1986, en colaboración desde 1974 con R. Sanies; ID., «La traída de libros
y vestuarios en el siglo xvi de los misioneros desde sus conventos a Sevilla pagada por
el tesorero de la Casa de la Contratación»: Ibíd., 10 (Madrid, 1953), 495-584; 11
(1954), 55-133, 417-484; ID., «Matalotaje, pasaje y cámaras de los religiosos misione-
ros en el siglo xvi»: Ibíd., 9 (1952), 365-386; ID., «Vestuario, cama y entretenimiento
PARTE II

LA IGLESIA DIOCESANA
CAPÍTULO 8

ORGANIZACIÓN TERRITORIAL DE LA IGLESIA


Por ANTONIO GARCIA Y GARCÍA

Desde el punto de vista territorial, la Iglesia se estructuró en América de


dos distintas formas. Una de ellas, que podría denominarse Iglesia de estruc-
tura tradicional, estaba integrada por los españoles, los criollos y, según las
circunstancias, por los mestizos, y mantuvo siempre la organización territo-
rial de la vieja cristiandad europea: archidiócesis o sedes metropolitanas,
diócesis y parroquias. La razón que explica la identidad de estructura de esta
Iglesia americana con la europea radica en el hecho de que se trata de una
Iglesia constituida, desde el primer momento, a imagen y semejanza de la
que existía contemporáneamente en la Europa cristiana.
Se da, en cambio, prácticamente desde los primeros momentos en
América una Iglesia en vías de formación mediante la actividad evangeliza-
dora, integrada por los indígenas que se iban incorporando al cristianismo.
Esa Iglesia presentó dos formas o estructuras cronológicamente consecuti-
vas en cada territorio: la propiamente misional o en proceso de constitución
y la posmisional o Iglesia definitivamente constituida, la cual, salvo algunos
detalles, en su estructura no se diferencia de la Iglesia tradicional o hispano-
criolla, a la que en principio debía terminar integrándose.
La estructura de la Iglesia misional se aborda en la presente obra al
hablar de la evangelización. El presente capítulo se refiere únicamente a las
estructuras territoriales de la Iglesia constituida, tanto a la de carácter
tradicional o hispano-criolla como a la de carácter posmisional o integrada
por los indígenas desde el momento en el que, según los diversos territorios
y tiempos, se le consideró ya suficientemente evolucionada.
Las estructuras territoriales concretas a las que este capítulo se refiere
son las archidiócesis o sedes metropolitanas, las diócesis, las parroquias de
españoles y las doctrinas o parroquias de indios.

I. ARCHIDIÓCESIS O SEDES METROPOLITANAS

Hasta el año 1546, todas las diócesis americanas dependieron de la


archidiócesis de Sevilla (España). La enorme distancia que separaba a Sevilla
de América creaba situaciones insostenibles. Por ello, en 1533, 1536 y 1544
se pensó en fundar en América sedes arzobispales independientes. El plan
formulado en 1544 fue cursado a Roma en 1545. En él se pedían tres
arzobispados para el Nuevo Mundo, petición que encontró favorable acogi-
140 P.II. La Iglesia diocesana
C. 8. Organización territorial de la Iglesia 1^1
da en 1546. Las tres sedes elevadas a la dignidad metropolitana fueron
México, Santo Domingo y Lima. A) Difusión
Siguiendo el mismo proceso por el que se rigió la subdivisión de las Llama la atención el hecho de que en los territorios hispanos de Améri-
diócesis o la creación de nuevos obispados, en 1564 se creó la sede metropo- ca se crearon muy pronto y con gran rapidez los obispados, hasta cubrir
litana de Santa Fe de Bogotá y la de La Plata (Chuquisaca o Sucre) en 1609, enteramente aquellos inmensos territorios. Fue también rápida y efectiva la
elevando a la categoría de sedes metropolitanas los dos obispados corres-
subdivisión de una diócesis en varias, según lo fueron exigiendo las circuns-
pondientes.
tancias demográficas, el número de neoconversos y la excesiva extensión del
En el cuadro que sigue a continuación se recogen en la primera colum- territorio.
na las sedes metropolitanas, con la fecha de elevación a tal categoría, y en las He aquí el cuadro de todas las diócesis fundadas en América, incluyen-
columnas siguientes las diócesis asignadas a cada arzobispado desde 1504 a do también las que se suprimieron y las que fueron trasladadas a otra sede
1591, de 1592 a 1667, de 1668 a 1799 y desde 1800 hasta la independencia diferente de la fundacional.
americana. La fecha de fundación de cada una de estas diócesis puede verse La presentación en letra cursiva de los nombres de algunos obispados
en el cuadro que dedicamos a los obispados en el apartado siguiente. significa que éstos fueron proyectados, pero no llegaron a fundarse o desa-
parecieron bajo esa denominación, ya por haber sido suprimidos, ya por
ARZOBISPADO 1504-1591 1592-1667 1668-1799 1800... haberse trasladado a otras ciudades de las que deriva su nuevo nombre.
MÉXICO Antequera Durango Linares California En una primera columna damos el nombre de la diócesis; en la segunda,
1546 Chiapas Guatemala Sonora Chilapa la fecha de la real cédula cuando se conoce; en la tercera, la del consistorio
Guadalajara Nicaragua en que la Santa Sede aprobó la fundación de cada nueva diócesis; en la
Michoacán Comayagua
Tlaxcala cuarta, la fecha de erección, y en la quinta, las traslaciones (la abreviatura tr.
Vera Paz significa trasladada), supresiones y otras circunstancias:
Yucatán
Diócesis Real Cédula Consistorio Erección Traslado o s u p r e s i ó n
STO. DOMINGO Puerto Rico Santiago de Cuba Nueva Orleans
1546 Cuba Venezuela S. Cristóbal de la Habana Arequipa 1576 15- 4-1577 ?- 3-1620
Florida Guayana 20- 7-1609
Venezuela Antequera (Oaxaca) 1534 2 1 - 6-1535
Santa Marta Asunción de Baracoa
(Cuba) 11- 2-1517 28- 9-1522 tr. 1522
LIMA Arequipa Concepción Cuenca Cochabamba Asunción (Paraguay) 1546 1- 7-1547 10- 1-1548
1546 Cuzco Quito Guayaquil Baynúa (Isla Española) 15-11-1504
Charcas (La Plata) Guamanga Maynas Bogotá: ver Santa Fe
Río de la Plata Santiago de Chile Buenos Aires 1617 6- 3-1620 26- 6-1622
Tucumán Panamá Caracas 7- 3-1638
Popayán Trujillo Carolense (México) 1518 24- 1-1519 1-12-1526 tr. a Tlaxcala
Cartagena 1533 24- 4-1534 28- 6-1538
SANTA FE DE Concepción de la Vega
BOGOTÁ Cartagena Santa Marta Mérida (Isla Española) 8 y 13-11-1511
1564 Popayán Antioquia Concepción de Chile 8-12-1763
Quito Córdoba (Argentina) 1699
Ciudad Real (Chiapas) 26- 2-1538
LA PLATA Asunción Córdoba Comayagua 6- 9-1531
1609 Sta. Cruz de la Sierra Composiela (Nueva Gali-
La Paz cia) 18- 7-1548 tr. a Guadalajara en
Buenos Aires 1560
Tucumán Coro (Venezuela) 2 1 - 6-1531 tr. a Caracas en
7-3-1638
Cozumel (Yucatán) 24- 1-1519 1-12-1526 tr. a Mérida en 1561
Cuenca (Ecuador) 1786 .
Cuzco 5-10-1535 8- 1-1537 4- 9-1537
Durango (Nueva Vizca-
II. DIÓCESIS ya) 11-10-1620 1- 9-1623
Florida 5-12-1520 desaparece hacia 1527
Veamos sucesivamente la difusión de la institución diocesana en Améri- Guamanga (hoy Ayacu-
ca, límites, proceso fundacional, características o tipología. cho, Perú) 20- 7-1609 2- 1-1615
Guadalajara 10- 5-1560
Honduras 1609
Huamanga: ver Gua-
manga
142 P.II. La Iglesia diocesana
C.8. Organización territorial de la Iglesia 143
Diócesis R e a l Cédula Consistorio Erección Traslado o s u p r e s i ó n
Diócesis Real Cédula Consistorio Erección Traslado o s u p r e s i ó n
Tucumán: ver Santiago
Jamaica (abadía) 15- 3-1520
del Estero
La Habana 1787
Tzintzuntzán (Michoa-
La Paz 4- 7-1605
cán) 13-11-1534 18-8-1536 tr. en 1538 a Pátzcuaro
La Imperial (Chile) 1556 22- 3-1563 desaparece la ciudad en
Veragua 1527 tr. a Panamá
1599 y tr. a Penco
Vera Paz 1534 27- 6-1561
La Plata (Charcas) 1551 27- 6-1552 23- 2-1553 arzobispado desde
Yaguata (Isla Española) 11- 5-1504
1609
Yucatán 19-11-1561
León (Nicaragua) 26- 2-1531 3-11-1534
Lima 3 1 - 5-1541 7- 9-1543 arzobispado desde
1546
Magua (Isla Española) 15-11-1504 integrada en la diócesis
de Concepción de la La temprana y rápida fundación de las diócesis en la América hispana,
Vega así como su ulterior desdoblamiento de una diócesis en varias, contrasta con
Maynas (hoy Chachapo-
yas, Perú) 1805 la praxis seguida en el caso de los territorios de colonización portuguesa,
Mérida (Yucatán) 9- 7-1560 19-11-1561 donde este fenómeno se verifica más tardía y lentamente. Por ello, tampoco
México 1527 2- 9-1530 5- 9-1530 arzobispado desde la actividad conciliar y sinodal tiene en los territorios de expresión lusitana
1546
Michoacán 18- 8-1536 la relevancia que adquirió en la América de habla española.
Nicaragua 26- 2-1531
Nuevo León (México) 1777
Oaxaca: ver Antequera B) Delimitación de las diócesis
Panamá: ver Santa Ma-
ría del Darién hacia 1524 suprimida en 1626
Pátzcuaro 1540 8- 7-1550 1534 Las demarcaciones que constituían la geografía eclesiástica americana
Penco (Chile) 7- 2-1603 tr. a Concepción en se parecen a muchas de la primitiva Iglesia y de la Alta Edad Media, en que
1763 sus límites no son prevalentemente geográficos, sino demográficos. En In-
Popayán 27- 8-1546 8- 2-1547
Puebla de los Angeles 3-10-1539 dias, esta fluidez de límites es mayor al principio que en épocas más tardías
Puerto Rico: ver San del siglo XVII-XVIII. También es mayor en zonas muy extensas y poco pobla-
Juan das que en las de mayor densidad demográfica. La delimitación estaba bien
Quito 3 1 - 5-1540 8- 1-1546 27- 9-1579
Salta 1806 definida en el caso de obispados únicos insulares como, por ejemplo, Santo
San J u a n de Puerto Ri- Domingo, Cuba o Puerto Rico, mientras hubo en cada una de estas islas
co 8 y 13-11-1511 16- 9-1512
Santa Cruz de la Sierra 4- 7-1605
obispado único. Aunque con menos exactitud, la delimitación tampoco
Sania Cruz de la Vega 8 y 13-11-1511 integrada en Santo Do- ofrecía problemas mayores cuando se trataba de alguna diócesis única en
mingo todo un territorio, ya que entonces el obispado coincidía con la zona donde
Santa Fe de Bogotá 22- 2-1549 11- 9-1562 arzobispado desde
1564
se daba la presencia española. A veces también se situaba la frontera en
Santa María la Antigua algún accidente geográfico como, por ejemplo, el río Orinoco como fronte-
del Darién 9- 9-1513 1-12-1521 tr. a Panamá hacia 1524 ra meridional de la provincia eclesiástica de Santo Domingo, hasta que las
Santa Marta 1 9- 9-1531 10- 1-1534 tr. a Santa Fe en 1539
Santa Marta II 7-11-1574 15- 4-1577 sucesivas fundaciones de nuevas sedes episcopales vinieron a modificar la
Santiago de Cuba 20- 6-1637 7- 3-1638 geografía eclesiástica en este punto.
Santiago de Chile 1556 27- 6-1561
Santiago del Estero 10- 5-1570 tr. a Córdoba en 1699 Debido a la fluidez de fronteras diocesanas, en el mapa de las diócesis y
Santiago de Guatemala 1532 18-12-1534 20-10-1537 archidiócesis sólo aparecen los nombres de las sedes, sin fijar unos límites
Santo Domingo 8 y 13-11-1511 12- 5-1512 arzobispado desde
1546 concretos, que generalmente no tenían, al menos en el sentido actual de esta
Santo Tomás de la Gua- palabra.
yana (hoy Ciudad Bo-
lívar, Venezuela) 1790 Un sistema bastante corriente, pero impreciso, de fijar los límites entre
Sonora (Hermosillo) 1779 las diócesis consistía en asignar a una 15 millas en dirección a la otra diócesis
Tlaxcala 13-10-1525 tr. a la Puebla de los limítrofe, y viceversa, partiendo por su mitad la distancia que quedaba en
A n g e l e s en
3-10-1539 medio de estas dos franjas de 15 millas.
Trujillo (Honduras) 6- 9-1531 tr. en 1571 Por lo dicho se explica perfectamente el número, relativamente eleva-
Trujillo (Perú) 1576 15- 4-1577
20- 7-1609 do, de conflictos de competencias entre los obispados limítrofes cuando se
Túmbez (Perú) 23-10-1529 14-10-1616 suprimida trataba de cobrar los diezmos, realizar la visita canónica, asistencia del clero
Valladolid (Honduras) 1571
Valladolid (Michoacán) 28-12-1571
a los sínodos diocesanos y otros actos semejantes.
144 P.ll. La Iglesia diocesana C.8. Organización territorial de la Iglesia 145

C) Fundación de las diócesis obispo en América no era ante todo un administrador como en Europa, sino
un pastor que tenía que ocuparse no sólo de los pocos o muchos españoles
Por derecho común de la Iglesia, la única autoridad que desde el si- que hubiese en su diócesis, sino también de los naturales convertidos al
glo XI podía fijar y modificar los límites de las diócesis y archidiócesis era la cristianismo y colocados bajo su jurisdicción.
Santa Sede. Pero en América, en virtud del Real Patronato, la Corona Debido a la larga distancia para recurrir a Roma, pero también a esta
consiguió de la Santa Sede el derecho de proponer los límites de cada nueva finalidad misional, se otorgan a los obispos de América importantes faculta-
diócesis o la modificación de los ya existentes. La Corona intentó varias des que en la vieja cristiandad estaban reservadas a la Santa Sede. Tal era el
veces obtener la facultad de establecer los límites, y no sólo la de proponer- caso de los pecados y penas reservadas a la Sede Apostólica, incluso conteni-
los a la Santa Sede. Así, por ejemplo, Fernando el Católico solicitó dicha dos en una famosa bula que se daba cada año el día de Jueves Santo y que
facultad al Papa el 13 de septiembre de 1509, cuando se planeaba la funda- por ello es conocida como la bula In coena Domini; la dispensa de los grados
ción de las tres primeras diócesis de la isla Española (Santo Domingo), sin de consanguinidad y afinidad, que sólo podía otorgar la Santa Sede, etc.
que obtuviera respuesta alguna. El 26 de junio de 1513 reitera la misma
Por las mismas causas, la administración de la justicia en las diócesis de
propuesta, con el mismo resultado.
América era diferente que en Europa, ya que las apelaciones en primera
Dada la dificultad real de fijar desde Roma, con el más absoluto desco- instancia iban dirigidas al metropolitano o arzobispo, y en segunda instancia
nocimiento de la geografía americana, la delimitación de las nuevas diócesis, al obispo más próximo. Si las dos sentencias eran concordes, la decisión
en la práctica Roma no tuvo más remedio que aceptar las propuestas que pasaba a cosa juzgada, sin necesidad del recurso a la Santa Sede. Si no eran
sobre esto hacía la Corona al proponer, en virtud del derecho patronal de concordes, se recurría a otro obispo cercano, quien zanjaba definitiva e
presentación, el primer obispo electo a la Santa Sede. En todo caso, ésta se inapelablemente la cuestión debatida.
reservaba el derecho de oponer cualquier objeción si había fundamento Esta experiencia misional americana fue el precedente más notable del
para ello. La facultad de cambiar los límites no se dio de modo general, sino derecho canónico misional moderno, que se inspira ampliamente en el caso
para casos concretos, como ocurrió, por ejemplo, el 2 de junio de 1544 para americano, sobre todo en cuanto a la concesión a los misioneros y obispos de
el traslado de la sede episcopal de Tlaxcala a Puebla de los Angeles, o el 13 numerosas facultades que el derecho común reservaba a la Santa Sede.
de julio de 1548 para la fundación del obispado de Guadalajara. Otras estaban reservadas por derecho común a los obispos, y la Santa Sede
La localización de las diócesis, lo mismo que la de los centros del poder las extiende a los misioneros, que generalmente eran religiosos.
civil en el Nuevo Mundo, se realizó, en gran parte, en estrecha dependencia
El hecho de que la evangelización de América haya corrido en su mayor
de la expansión de la presencia hispana en América. Así se explica la funda-
parte a cargo de los religiosos hizo que se planteara varias veces la cuestión
ción de varias diócesis en la Española, que luego se integran en una sola, y la
de que las diócesis americanas fueran regulares y no seculares, es decir, que
de la capital y principales núcleos de población en ambos virreinatos de
estuviesen encomendadas a los religiosos y no a los clérigos seculares.
México y de Perú. En épocas más tardías se fundan también algunas diócesis
siguiendo la penetración de los misioneros y el ritmo de las conversiones. Los obispos de las diócesis de América fueron escogidos de ambos
cleros, secular y regular, con predominio del segundo sobre el primero hasta
1660, fecha en la que se invierte la relación.
D) Características de las diócesis americanas
Hernán Cortés estaba convencido de que las personas indicadas para la
Aparte de algunos aspectos especiales ya expuestos de las diócesis ame- evangelización no eran los clérigos seculares, sino los religiosos. Por ello
ricanas en relación con las del resto de la cristiandad, hay que subrayar aquí llega a proponer el cambio de la jerarquía tradicional de la vieja cristiandad
el carácter misional que se da en los comienzos de la mayoría de ellas. por la formada de miembros de las Ordenes mendicantes, entre cuyos
Recuérdese que la obligación impuesta a los monarcas españoles desde las miembros habría que escoger los obispos. Sugería asimismo la supresión de
bulas alejandrinas de 1493 era la evangelización de las tierras descubiertas y los canónigos y otras estructuras diocesanas, que en la Nueva España resul-
por descubrir. La Corona y la Iglesia española, especialmente las Ordenes taban gravosas y de escasa eficacia. Carlos V desestimó la sugerencia de
religiosas, hicieron honor a esta finalidad. Pero el derecho entonces vigente Cortés. Pero Felipe II, años más tarde, la consideró acertada y se la propuso
en toda la cristiandad se adaptaba mal a la situación americana. Por ello, la al Papa, que la rechazó. En realidad se conservó la jerarquía tradicional de
Santa Sede concede grandes privilegios a los protagonistas de la evangeliza- la Iglesia, pero aun esto quedó mitigado por el hecho de que la mayoría de
ción, que fueron los religiosos principalmente. Concedió asimismo a la los obispos de América fueron captados entre los miembros de las principa-
Corona un protagonismo grande en esta tarea, recogido en el Patronato les familias religiosas hasta mediados del siglo XVII.
Regio, que la Corona trató todavía de ampliar a base del Vicariato Regio. La Junta Magna de 1568 coincidía con la opinión de Felipe II en esta
Gracias a estas concesiones fue posible la evangelización, pero también materia. En 1572, el monarca propuso al Papa que los canónigos fuesen
debido a ellas surgieron no pocos conflictos entre la Santa Sede y la Corona, regulares, es decir, miembros de las Ordenes religiosas, basándose en el
por una parte, y entre el clero secular y los religiosos, por otra. Por ello, un mejor ejemplo de los religiosos y en el menor costo de su manutención.
146 P.H. La Iglesia diocesana C. 8. Organización territorial de la Iglesia 147
En realidad no se llegó a adoptar, como criterio general, esta propuesta las doctrinas, los argumentos de los religiosos en sentido contrario, así como
de 1572, pero en la práctica se nombró con frecuencia a obispos de la Orden el punto de vista de la Corona, están bien recogidos en la Relación que el
religiosa mayoritaria en la diócesis, que es justamente el criterio que siguió licenciado D. Juan Velázquez hizo ante el Consejo de Indias el 1 de octubre
y sigue todavía la Congregación de Propaganda Fide en los territorios de de 1632, que citamos en la bibliografía al final de este capítulo. Entre otras
misión. cosas, transcribe y comenta las reales cédulas de Felipe II, Felipe III y
La subdivisión de la diócesis en arciprestazgos, tomada del derecho Felipe IV, en las cuales unas veces se manda que las doctrinas de los religio-
común, se puso en práctica también en América. Pero la decisión la tomó sos pasen a los seculares, mientras que en otros casos se ordena que sigan en
frecuentemente el rey, oído el parecer de la autoridad eclesiástica. manos de los religiosos.
La posición cambiante de la Corona depende, entre otras cosas, de los
argumentos de una y otra parte y de la legislación de la Iglesia contenida en
III. PARROQUIAS DE ESPAÑOLES el concilio de Trento y en las bulas pontificias, especialmente en la Exponi
nobis de Pío V, del 24 de marzo de 1567, y en la Quantum animarum cura de
Como ya indicamos más arriba, las parroquias de régimen tradicional Gregorio XIV, del 16 de septiembre de 1591.
estaban integradas por españoles, criollos y a veces mestizos. Frecuentemen- En el título 13 de la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias del año
te se las denomina «parroquias de españoles». Solían estar al cargo de un 1681 se recoge la legislación que regirá en lo sucesivo sobre los doctrineros
cura secular y se regían por el derecho común de la Iglesia universal, aunque seculares, aunque en parte afecta también a los doctrineros religiosos.
dentro de su territorio hubiera también indígenas ya convertidos al cristia- A estos últimos se refiere especialmente el título 15 de la misma Recopilación.
nismo. Omitimos aquí una descripción pormenorizada de su régimen, ya Y estas normas son las que, en principio, rigen en lo sucesivo para ambos
que éste es un tema que, según indicamos al principio, cae fuera de este tipos de doctrinas de seculares y de religiosos.
capítulo. Fueran clérigos seculares o religiosos, estos doctrineros o párrocos de
indios estaban sujetos al obispo del territorio, a diferencia de los misioneros,
que no lo estaban. Los doctrineros seculares estaban sujetos al obispo en
IV. DOCTRINAS O PARROQUIAS DE INDIOS todo, los religiosos sólo en cuanto a la cura pastoral.
En la presentación de los clérigos seculares para doctrineros intervenía
A) Concepto el obispo. En la de los religiosos lo hacía el superior religioso.
Eran las parroquias formadas por indígenas, las cuales adquirían su En ambos casos se solía exigir, entre otros requisitos, el de conocer la
condición jurídica de tales al perder su carácter inicial de «misión» a cargo de lengua de los indígenas de quienes iban a ser párrocos o doctrineros.
los evangelizadores. Los conceptos o categorías territoriales eclesiásticas que acabamos de
Las misiones o centros misionales solían convertirse en Doctrinas o describir tienen sus términos civiles correlativos. Pero conviene distinguir
Parroquias de indios después de diez o veinte años, según las diferentes perfectamente las instituciones eclesiásticas de las civiles. A la misión, llama-
épocas y zonas, de iniciada la evangelización de un territorio. da también a veces conversión, solía corresponder en lo civil una reducción o
En las fuentes contemporáneas se advierte con frecuencia una cierta agrupación de los indígenas en poblados. A la doctrina corresponde en lo
vacilación a la hora de identificar las doctrinas con las parroquias de indios. civil un pueblo o municipio.
La vacilación está justificada, ya que por un lado los indígenas convertidos Otro aspecto en que aparece nítida la distinción entre misión y doctrina
reciben en las doctrinas los mismos cuidados pastorales que los demás fieles radica en las diferentes normas por las que ambas instituciones se regían.
en las parroquias de tipo tradicional. Pero jurídicamente se dio con frecuen- Así, por ejemplo, el misionero no cobró sínodo a estipendio de parte de la
cia el caso de que los doctrineros o párrocos de indios no poseían el cargo a Corona hasta finales del siglo XVII, mientras que el doctrinero lo hizo desde
perpetuidad o, como se decía en términos más técnicos, no tenían un benefi- la segunda parte del XVI. Correlativamente, los indígenas no pagaban tribu-
cio parroquial perpetuo. Por derecho canónico común de la Iglesia univer- tos en las misiones, mientras que sí estaban obligados a pagarlos una vez
sal, era éste un elemento esencial en el concepto de párroco y de parroquia. integrados en las doctrinas.
Transformadas en una nueva unidad o institución jurídica, estas Doctri-
nas o Parroquias de indios a veces se entregaban al clero secular, a veces B) Evolución histórica
seguían al cargo de los misioneros, convertidos jurídicamente en doctrineros Veamos ahora el largo camino recorrido por las doctrinas a través de un
o párrocos de indios. Con el tiempo, y a veces tras largas discusiones y prolongado proceso, en el que cabe distinguir cuatro etapas:
controversias, los religiosos terminaban entregándolas al clero secular, ex- 1) Las doctrinas bajo los encomenderos o la autoridad regia (1524-52). En
cepto los jesuítas, que no acostumbraban a hacerlo. las Ordenanzas de buen gobierno, dictadas por Hernán Cortés el 20 de marzo
Las razones alegadas por los obispos para que pasaran al clero secular de 1524, las encomiendas y las doctrinas adquieren una configuración muy
148 P.II. La Iglesia diocesana C.8. Organización territorial de la Iglesia 149
precisa. Entre otras cosas, dispone Hernán Cortés que los encomenderos en parte, permite a los religiosos atenerse a la norma de San Pío V. En 1622,
posesión de más de un millar de indígenas estuvieran obligados a pagar un Gregorio XV vuelve a urgir las disposiciones del concilio tridentino, aunque
sacerdote que los instruyera en la fe católica. esta orden encontró fuerte oposición en América.
La provisión de los misioneros para evangelizar o atender pastoralmen- Todas estas disposiciones, en buena parte contrarias entre sí, se expli-
te a los indígenas de cada encomienda pertenecía al respectivo encomende- can, al menos en parte, por la insuficiencia del clero secular para hacerse
ro. En los territorios o indígenas directamente dependientes de la Corona cargo de un elevado número de doctrinas desparramadas en zonas muy
tocaba a ésta proveer de misioneros que se encargasen del cuidado espiritual extensas, circunstancia que dificultaba también el control episcopal tal como
de los naturales. lo concebía el concilio tridentino.
La duración del cargo del misionero en la doctrina era temporal y 3) Las doctrinas bajo el Real Patronato (1567-74). Por una Cédula Real
dependía de la autoridad del encomendero o de la autoridad regia, según del 3 de septiembre de 1567 se impone la presentación regia para el cargo
que se tratara de indígenas que estaban encomendados a algún español o de los clérigos doctrineros o encargados de las doctrinas de indígenas. Los
que dependían directamente del rey. obispos y superiores religiosos realizaban la colación o institución canónica
El salario o estipendio era pactado por ambas partes, es decir, por los en el cargo en favor del candidato presentado, según que se tratara de
doctrineros y la autoridad que los contrataba. clérigos seculares o religiosos. En caso de urgencia podían los obispos y
En esta primera etapa es claro que no es lo mismo doctrina que parro- superiores indicados proveer en el cargo a los misioneros, pero con la
quia, ya que esta última era un beneficio o cargo perpetuo, mientras que la promesa previa de recurrir antes de dos años al Consejo de Indias en
doctrina era temporal. demanda de la presentación regia.
2) Las doctrinas bajo los obispos (1552-67). Por una Real Cédula del 23 El estipendio de los doctrineros corre a cargo de los encomenderos, con
de septiembre de 1552 se ordena que en adelante los obispos nombraran a lo que sigue produciéndose una excesiva dependencia de los clérigos doctri-
los clérigos encargados de las encomiendas, retirándoseles a los encomende- neros con respecto a los encomenderos mencionados. Para evitarlo, el arzo-
ros tal atribución, sistema que defienden los concilios americanos que a bispo de Lima, Jerónimo de Loaysa, manda que el salario de los doctrineros
partir de Trento se celebran en aquellos territorios. Pero en las doctrinas de se pusiese aparte, al ser depositados los tributos recaudados, quienes lo
los religiosos, que eran la inmensa mayoría, esta norma no se observa, recibirían de los depositarios de los tributos y no directamente de los enco-
basándose los religiosos en sus privilegios, según los cuales les bastaba con menderos. Al introducirse el cargo de corregidor se encargó a éste de pagar
tener la autorización de los superiores de la respectiva Orden para el nom- a los doctrineros, liberándoles de la dependencia demasiado directa de los
bramiento y remoción de los religiosos que trabajaban en las doctrinas. encomenderos. Esto ocurría en la década de los años setenta del siglo XVI, y
La duración en el cargo era temporal en esta segunda etapa, como lo tardó por lo menos unos diez años en imponerse a escala general.
era en la anterior. La excesiva intervención de la Corona en esta etapa se basa en la
El estipendio o salario seguía a cargo de los encomenderos. pretendida e interesada identificación de las doctrinas con los beneficios
El concilio de Trento ordenó que la actividad pastoral se encuadrara en eclesiásticos perpetuos, ya que estos últimos eran de presentación regia, por
todas partes en territorios bien delimitados, otorgando a sus titulares carác- establecerlo así la bula de Julio II, por la que se crea el Real Patronato en
ter perpetuo e inamovible en el cargo. Correspondía a los obispos el examen favor de los reyes de España.
previo, el nombramiento, la visita y corrección, así como la remoción de los Los obispos se opusieron, aunque sin resultado positivo, a estas normas
doctrineros, tanto si eran religiosos como si eran seculares. de la Corona. Es innecesario decir que, en teoría, los obispos tenían razón.
San Pío V derogó esta norma, en cuanto afectaba a la labor de los Pero en la práctica no les fue reconocida por las autoridades temporales.
religiosos en América, los cuales podían seguir ateniéndose a sus antiguos 4) Las doctrinas bajo la reorganización del Real Patronato (1574 en ade-
privilegios, como antes del concilio de Trento. lante). La Junta Magna del Consejo de Indias de 1568 se planteó, con una
Las disposiciones reales mantienen el derecho de visita del obispo a las seriedad como nunca se había hecho hasta entonces, el problema de las
doctrinas, que los religiosos rechazan, sobre todo en Nueva España, por ser doctrinas al cargo de los regulares, debido a las desavenencias sobre el
contrarias a sus privilegios. nombramiento y la dependencia de los párrocos de indios surgidas entre los
En conclusión, las doctrinas atendidas por el clero secular, que eran las obispos y las Ordenes religiosas, en este caso los franciscanos, dominicos,
menos, dependían directamente del obispo, mientras que las de los religio- agustinos y mercedarios.
sos seguían rigiéndose por su derecho privilegiado de exención con respecto A pesar de las amenazas de los religiosos de abandonar incluso América
al obispo en cuanto al nombramiento, examen previo, visita canónica, remo- si se les sometía a la jurisdicción episcopal, la Junta reconoció las facultades
ción, etcétera. de los obispos en este punto. Al mismo tiempo, sin embargo, concibió el
El breve de San Pío V fue revocado por Gregorio XIII, quien urge la proyecto de que «las iglesias catedrales que de aquí adelante se erigieren
disciplina del concilio de Trento en esta materia. Gregorio XIV, por su sean regulares». Dicho en otros términos, que los obispos de América fueran
150 P.II. La Iglesia diocesana C. 8. Organización territorial de la Iglesia 151
escogidos en adelante de entre las Ordenes misioneras, con la esperanza de doctrinas, creando una cierta confusión en los lectores actuales y en no
que los religiosos doctrineros no tendrían inconveniente en someterse a los pocos estudiosos de estas materias. Al lado de las parroquias de españoles,
obispos. las antiguas doctrinas se llaman ahora parroquias de indios. En todo caso, el
Esta última idea no llegó a cuajar, pero aun así la siguió defendiendo en criterio para distinguir una doctrina de una parroquia consiste en ver si la
los años inmediatamente posteriores el franciscano Jerónimo de Mendieta, doctrina estaba constituida o no en beneficio perpetuo, en cuyo caso es
quien incluso le hizo recapacitar de nuevo sobre ella a Juan de Ovando, sinónimo de parroquia. Si no era perpetuo, entonces tal doctrina es algo
presidente del Consejo de Indias, cuando éste proyectaba el Libro de la jurídicamente diferente de la parroquia, aunque su finalidad y servicios
Gobernación Espiritual de las Indias. pastorales fueran idénticos.
La solución de la Junta Magna a este problema consistió en insistir en ía
necesidad de la presentación regia para ejercer el cargo de párroco de C) Régimen
indios, observando los siguientes trámites:
1) Examen previo de los candidatos por el obispo, requisito que ya La legislación civil y eclesiástica sobre las parroquias es aplicable en
había exigido el concilio de T r e n t e gran parte a las doctrinas, debido a la interrelación que existe entre ambas
instituciones.
2) El obispo diocesano escogía a los opositores más aptos, pasando los
1) Legislación civil. Según diferentes reales cédulas de varios monar-
nombres a la autoridad secular.
cas que van desde Carlos V hasta Felipe IV, recogidas en la Recopilación de
3) La autoridad secular elegía a uno de la lista y lo presentaba de leyes de los Reynos de Indias (lib. 1, tít. 2), la Corona puso gran empeño en
nuevo al obispo. proveer, en la parte que le tocaba, a la erección de los templos de las
4) El obispo daba la colación canónica e institución del cargo al pre- doctrinas y parroquias de América. En la ley 1 de dicho título se manda que
sentado. los virreyes, presidentes y gobernadores informen al rey sobre las iglesias
La Real Cédula del Patronato de 1574 insiste en que esto se hace no fundadas y las que conviniere fundar para la doctrina y conversión de los
sólo para los beneficios propiamente dichos, sino también para los reparti- naturales.
mientos de indígenas y para aquellos lugares en donde no hubiese beneficios En la ley 6 se especifica y se añade cuanto sigue: «Mandamos a nuestros
perpetuos constituidos. La colación de unos y otros debía hacerse de forma virreyes, presidentes y gobernadores que, guardando la forma que se les da
que los curas pudieran ser removidos del cargo según la voluntad del supe- por la ley primera de este título, tengan mucho cuidado de que en las
rior eclesiástico. Pero el rey se reservaba el derecho de presentar por su cabeceras de todos los pueblos de indios, así los que están incorporados a
cuenta, sin mediar los dos primeros requisitos o trámites que acabamos de nuestra Real Corona como encomendados a otras cualesquier personas, se
indicar, a los que él creyese conveniente, pudiendo en este caso otorgárseles edifiquen iglesias donde sean doctrinados y se les administren los santos
el cargo de forma perpetua e inamovible. Los virreyes y autoridades inferio- sacramentos, y para esto se aparte de los tributos que los indios hubiesen de
res sólo podían otorgarlos con carácter temporal. dar a nos y a sus encomenderos cada año lo que fuere necesario, hasta que
Los obispos protestaron por este sistema, según el cual su cometido se las iglesias estén acabadas, con que no exceda de la cuarta parte de los dichos
limitaba a una simple mediación entre las autoridades civiles y los candidatos tributos. Y esta cantidad se entregue a personas legas, nombradas por los
elegidos por la Corona, con la única intervención de dar a éstos la colación obispos, para que la gasten en hacer las iglesias a vista y parecer y con
canónica e informar sobre sus cualidades personales. Pero la única modifica- licencia de los dichos prelados y nuestros virreyes, presidentes y gobernado-
ción o correctivo de estas normas fue la inobservancia por parte de algunos res tomen las cuentas de lo que se gastare y de las iglesias que se hicieren y
obispos. Por otra parte, se concedió a las autoridades civiles inferiores al rey nos envíen relación de todo».
el otorgar también estos cargos con carácter perpetuo.
La ley 7 añade todavía: «Mandamos a los oficiales de nuestra Real
Más afortunados fueron los religiosos, quienes siguieron usando la vieja Hacienda que, con parecer del gobierno y prelado de la provincia, de
fórmula, en la que la intervención del patrono era casi teórica, ya que se cualesquier maravedís nuestros que sean a su cargo, provean a cada una de
limitaba a confirmar a aquellos religiosos que los superiores designaban las iglesias que se hicieren en pueblos de indios, puestos en nuestra Real
previamente. Corona, y encomendados a personas particulares, de un ornamento, un cáliz
Pero en 1624 se unifica el sistema de ambos tipos de doctrinas, es decir, con patena para celebrar el santo sacrificio de la misa, y una campana, por
de las del clero secular y de las de los religiosos. A partir de dicha fecha, los una vez, al tiempo que la iglesia se fundare».
religiosos elaboran una terna, y de ésta la autoridad civil presenta uno de los En las parroquias que se hicieron en pueblos de españoles, donde había
tres. La colación correspondía al superior religioso. indígenas que les estaban encomendados, se manda en la ley 3 que un tercio
A partir del siglo xvni, con la desaparición de las encomiendas, las del costo fuera a cargo de la Real Hacienda; otro, de los vecinos encomende-
doctrinas se denominan parroquias. El nombre de parroquias también se les ros de naturales, y otro, a cargo de los propios indígenas.
da a veces con anterioridad a esta fecha, pero se simultanea con el de En la ley 19 se ordena que los indígenas edifiquen las casas de los
152 P.II. La Iglesia diocesana C. 8. Organización territorial de la Iglesia 153
clérigos que están a sü cargo y que dichas casas queden anejas a las respecti- Indias (Madrid, 1681), libro 1, título 2 (iglesias catedrales y parroquiales), título 7
vas iglesias, donde prestan su servicio dichos clérigos. El resto de las leyes de (arzobispos, obispos y visitadores apostólicos), título 13 (curas y doctrineros), título
este título y otras concordantes con éstas tratan de controlar que se cumplan 15 (religiosos doctrineros); libro 6, título 9 (encomenderos). Véase el apartado Archi-
las normas establecidas sobre la erección de las iglesias, su financiación, sus diócesis y diócesis.
ornamentos, la administración de los bienes, etcétera.
2) Legislación eclesiástica. Las normas emanadas de los obispos, ya en Visiones globales
los concilios provinciales, ya en los sínodos diocesanos y visitas episcopales, F. DE ARMAS MEDINA, Cristianización del Perú, 1532-1600 (Sevilla, 1953); E. D.
así como en otros decretos de cada obispo diocesano, tratan preferentemen- DUSSEL y otros, Historia general de la Iglesia en América Latina 1 (Salamanca, 1983):
Introducción general; 6 (Salamanca, 1985): América Central; 7 (Salamanca, 1981):
te de las cualidades y deberes personales de los doctrineros y párrocos, así
Colombia y Venezuela; A. DE EGAÑA, Historia de la Iglesia en la América Española desde
como del buen funcionamiento y eficacia de la labor evangelizadora y pasto- el descubrimiento hasta comienzos del siglo XIX. Hemisferio sur (Madrid, 1966); A.
ral de los mismos. GARRIDO, La organización de la Iglesia en el reino de Granada y su proyección en Indias.
En el capítulo 10 de esta misma obra se indican los principales temas Siglo xvi (Sevilla, 1979); R. RlCARD, La conquista espiritual de México (México, 1947); V.
TRUJII.I.O, La legislación eclesiástica en el virreinato del Perú durante el siglo XVI con
tratados por los concilios y sínodos en relación con el presente argumento
especial aplicación a la jerarquía y a la organización diocesana (Lima, 1981); E. VÁZ-
de las doctrinas y parroquias. Destacan, entre otras normas, las que se QUEZ VÁZQUEZ, Distribución geográfica y organización de las Ordenes religiosas en Nueva
refieren a la obligación de conocer las lenguas indígenas por parte de los España. Siglo xvi (México, 1965); A. YBOT LEÓN, La Iglesia y los eclesiásticos españoles en
doctrineros y párrocos, el buen ejemplo que debían dar a los nativos, su la empresa de Indias 2 (Barcelona-Madrid, 1962).
dedicación a la predicación, a la instrucción de los mismos y al culto, j u n t o
con otras normas de conducta y de la metodología a seguir en el trato con los Archidiócesis y diócesis
indígenas. Creación y división: J. M. GARCÍA GUTIÉRREZ, Bulario de la Iglesia en México
Como valoración de conjunto, se puede afirmar que la rápida difusión (México, 1958); F. J. HERNÁEZ, Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la
e implantación de las misiones, de las doctrinas y parroquias de indios Iglesia en América y Eilipinas 2 (Bruselas, 1879), 5-346; B. DE TOBAR, Compendio bulario
constituyeron una sabia readaptación del derecho canónico común a las índico (1962) 1-2 (Sevilla, 1954-1966).
Estudios: E. D. DUSSEI., Les évéques hispanoaméricains, défenseurs et évangélisateurs
especiales condiciones del Nuevo Mundo. Su eficacia fue grande, pese a las de l'indien, 1504-1620 (Wiesbaden, 1970); G. VAN GULIK y otros, Hierarchia catholica
dificultades y controversias derivadas de la multiplicidad y complejidad de medii et recentioris aevi 3-7 (Münster-Patavii, 1922-1968); A. R. SlLVA, Documentos para
las cinco autoridades que, según los casos, podían intervenir en la regulación la historia de la diócesis de Mérida 1-5 (Caracas, 1927).
de la tarea evangelizadora y pastoral sobre los indígenas. Como queda ya
indicado, estas autoridades eran la Santa Sede, la Corona, los obispos, los Parroquias y doctrinas
superiores religiosos y los encomenderos. El resultado obtenido, que en F. DE ARMAS MEDINA, «Evolución histórica de las doctrinas de indios»: Anuario de
líneas generales es altamente positivo, se debe sobre todo al elevado espíritu estudios americanos 9 (Sevilla, 1952), 101-129; Cartas de Indias 1-3, en Biblioteca de
de sacrificio y abnegación de la mayor parte de los evangelizadores, que les Autores Españoles, vol. 264-266 (Madrid, 1974): frecuentes alusiones al tema, por
permitió afrontar y superar las inmensas dificultades y obstáculos que se ejemplo, cartas n. 8-10, 12, 19, 35, 53, 73 y 79; J. FRIEDE, «Los franciscanos y el clero
en Nueva Granada en el siglo XVI»: Missionalia Hispánica 14 (Madrid, 1957), 271-309;
oponían a su labor, como eran las grandes extensiones, con frecuencia poco A. GARCÍA Y GARCÍA, «LOS privilegios de los franciscanos en América», en Actas del II
pobladas, las distancias enormes que tenían que recorrer, sin contar con las Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo (Madrid, 1988),
difíciles comunicaciones, y el complejo sistema vigente, en el que interve- 205-289; ID., «Los privilegios de los religiosos en Indias. El Breve «Exponi nobis», de
nían numerosas autoridades, cuyas atribuciones no eran siempre fáciles de Adriano VI», en Proceedings of the 8th international Congress of Medieval Canon Law
(Cittá del Vaticano, en prensa); J. GARCÍA ICAZBALCETA, Cartas de religiosos (México,
compaginar. 1941), 53-63, 163-178; L. GÓMEZ CAÑEDO, El reformismo misional en Nuevo México
(1760-1768). Ilusiones secularizadoras del obispo Tamarón (Guadalajara, México, 1981).
A. LÓPEZ, «Fray Esteban de Asensio y las doctrinas en el Nuevo Reino de
Granada (Colombia)»: Archivo Iberoamericano 21 (Madrid, 1924), 28-63; ID., «Misiones
o doctrinas de Michocán y Jalisco (Méjico) en el siglo xvi, 1525-1585»: Ibíd., 18 (Ma-
NOTA BIBLIOGRÁFICA drid, 1922), 341-435; 19 (1923), 235-279; F. MORAI.ES, «Pueblos y doctrinas en México,
1623»: Ibíd., 42 (1982), 941-964; P. J. DE PARRAS, Gobierno de los Regulares de la
Fuentes América, ajustado religiosamente a la voluntad del rey 1-2 (Madrid, 1783); V. PlHO, «La
secularización de las parroquias y la economía eclesiástica en la Nueva España»:
D. DE ENCINAS, Cedulario indiano (1596), ed. A. García Gallo 1 (Madrid, 1945), Journal de la Société des Américanistes 64 (París, 1977), 81-88; F. SCHOLES, Moderación
83-86: Real Cédula del Patronato del 1 de julio de 1574; R. LEVILLIER, Organización de doctrinas de la real Corona administradas por las Ordenes Mendicantes, 1623 (1959);
de la Iglesia y de las Ordenes religiosas en el virreinato del Perú en el siglo XVI1-2 (Madrid,
1919); A. MARTÍN GONZÁLEZ, Gobernación espiritual de Indias. Código ovandino (Guate- A. TIBESAR, «Doctrina vérsus Mission»: The Americas 14 (Washington, 1957), 115-124;
mala, 1977);J. OROZCO, Colección de documentos históricos inéditos referentes al arzobispa- B. VELASCO, «Conflicto entre el obispo del Cuzco y el Provincial de los agustinos sobre
do de Guadalajara 1-6 (Guadalajara, 1922-7); Recopilación de leyes de los Reinos de las la visita de doctrinas en el siglo xvill»: Missionalia Hispánica 19 (Madrid, 1962),
229-237.
154 P.II. La Iglesia diocesana
Aspectos concretos
Junta de 1568: P. DE LETURIA, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica 1
(Roma-Caracas, 1959), 59-100; D. RAMOS, «La crisis indiana y la Junta Magna de
1568»: Jahrbuch für Geschichte von Staat, wirtschaft und gesellschaft Lateinamerikas 23 CAPÍTULO 9
(Kóln-Wien, 1986) 1-61; principalmente, 17-20.
Diócesis regulares: A. GARCÍA Y GARCÍA, «Orígenes franciscanos de praxis e institu- EL EPISCOPADO
ciones indianas», en Actas del I Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo
Mundo (Madrid, 1988), 303-306.
Por FRANCISCO MARTÍN HERNÁNDEZ

La iniciativa de que se implantase el episcopado en América pertenece


a los franciscanos de la Española (actuales República Dominicana y Haití).
El 12 de octubre de 1500 le decía fray Juan de la Deule al cardenal
Cisneros, arzobispo de Toledo y confesor de Isabel la Católica, que en la isla
se necesitaban religiosos y clérigos «y sobre todo alguna persona buena para
prelado, pues hay tantos sobrados (en España) y la tierra de aquí es grande
y la gente de ella son tantas que son muy necesarios».
En otro documento de esa misma fecha, tanto fray Juan de la Deule
como sus compañeros fray Juan Robles y fray Juan de Trasierra dan por
supuesto, y se muestran favorables a ello, que la Corona enviaría a no tardar
a la isla «alguna persona idónea como conviene para plantar en esta tierra la
Iglesia para que, siendo tal, tenga cuidado de proveer todas las cosas necesa-
rias a su plantación».
Compartiendo esta misma idea, Nicolás de Ovando, gobernador de la
Española, le pedía también a la Corona, en 1504, que enviase a ella no sólo
sacerdotes, sino también obispos.

I. IMPLANTACIÓN DEL EPISCOPADO EN AMERICA

El 27 de diciembre de 1504 le respondía Fernando el Católico a Nicolás


de Ovando en los siguientes términos: «A lo que decís que hay necesidad de
un prelado, ya está proveído como conviene y, placiendo a Dios, presto irán
prelados». Igualmente estaba interesado fray Diego de Deza, obispo enton-
ces de Palencia, que tanto influía en el ánimo del monarca. Así se deja decir
el mismo Cristóbal Colón en carta que poco antes manda a su hijo Diego,
desde Sevilla, el 1 de diciembre: «Acá se dice que se ordena de enviar tres o
cuatro obispos de las Indias, y que al señor obispo de Palencia está remitido
esto».

A) Los primeros pasos


No andaba desacertado el Almirante, ya que a petición, sin duda, del
monarca, el 20 de noviembre del citado año había dado el papa Julio II la
bula Illius fulciti praesidio, por la que creaba las primeras diócesis america-
nas, asignando «perpetuamente toda la Isla Española como Provincia Metro-
156 P.II. La Iglesia diocesana C.9. El episcopado 157

politana de la Iglesia de Hyaguata, con un Arzobispo allí, mientras exista, y dificultades que se le presentaron, volvería pronto a España para no regre-
las diócesis de Magua y Bainoa», y nombrando a sus respectivos obispos: Fr. sar más a las Indias.
García de Padilla, Pedro Suárez de Deza y Alonso Manso. De este modo
quedaba proyectada la primera provincia eclesiástica de América.
II. ESTRUCTURA EPISCOPAL
Surge entonces el problema del Patronato Real y el rey Fernando no
permite que se publique la bula mientras no se le reconozca su prerrogativa
del Patronato, por el que el rey tendría en sus manos el derecho de presentar El «presto irán prelados» a América de Fernando el Católico, primer
los candidatos al episcopado, reservando al Papa la institución canónica, y el proyecto, como indicábamos, de su eclesialización, se fue cumpliendo en
nombramiento de todos los puestos de la Iglesia americana, además del rápidas y sucesivas etapas.
manejo de los diezmos, pero con la obligación de proveer las necesidades
económicas eclesiásticas. «Es menester que Su Santidad conceda el dicho A) Paulatino incremento de los obispos
Patronazgo de todo ello, perpetuamente, a mí o a los Reyes que en estos
reinos de Castilla o de León subcedieren...», comunica el rey a su embajador A las diócesis de Puerto Rico y de la Española le sigue la de Santa María
en Roma, Francisco de Rojas, el 13 de septiembre de 1505. la Antigua del Darién en 1513 (trasladada más tarde a Panamá) y la abadía de
Venció el firme propósito de Fernando y el 28 de julio de 1508 el Jamaica. Para el Darién fue nombrado fray Juan de Quevedo, franciscano,
mismo papa Julio II concedía el derecho de Patronato y de presentación de quien acepta el nombramiento «movido con muy buen celo y deseo del
los obispos de las iglesias del Nuevo Mundo a los soberanos españoles por la servicio de nuestro Señor y acrecentamiento de su santa fe», para procurar
bula Universalis Ecclesiae. Tampoco se dio curso a esta nueva bula, pues el «la conversión y salvación de las ánimas de los indios». Cuando llega, lo
primer proyecto había quedado anticuado y convenía tener presente, ade- encuentra todo desproveído. Vuelve a España y muere en Barcelona en
más, a la isla de Puerto Rico, que había sido incorporada recientemente a la 1519. Dos años antes se había fundado el obispado de Asunción de Baracoa
Corona. Tampoco interesaba constituir ya una provincia eclesiástica, sino (trasladado después a Santiago de Cuba); después (1519), la diócesis Caro-
que las tres diócesis propuestas quedaron como sufragáneas de Sevilla. lense, sin límites fijos (en Yucatán), y al año siguiente la de Tierra Florida,
Se resuelve el problema por medio de la bula Romanus Pontifex, que el también en Tierra Firme. Para la Carolense se nombra al dominico Julián
8 de agosto de 1511 da también Julio II, por la que quedaban erigidas las Garcés, quien pasará más tarde a México, pero ya como obispo de Tlaxcala.
diócesis de Santo Domingo y de Concepción de la Vega, en la Española, y la Desde 1524 es el Consejo de Indias el que se encargará de los proble-
de San Juan, en la isla de Puerto Rico. Los presentados para obispos seguían mas del episcopado hasta finales de la época colonial. A él se debe, en 1526,
siendo los mismos. el nombramiento de Garcés para Tlaxcala, sede que será trasladada más
tarde, en 1539, a Puebla de los Angeles. En 1527, a instancias del Empera-
B) «El primer obispo que a Indias pasó» dor, propone a fray Juan de Zumárraga para la nueva diócesis de México.
Viene éste a Nueva España antes de ser consagrado y tiene serias diferencias
Alvaro Huerga ha reivindicado para Puerto Rico el carácter de primera con la primera Audiencia. De vuelta a España, muestra ante el Consejo la
iglesia particular del Nuevo Mundo, ya que su obispo Alonso Manso fue el importancia de la institución episcopal en América, por lo que en adelante
primero que pasó y pastoreó personalmente su diócesis (La implantación de la tomará éste en mayor consideración el juicio de los obispos, sobre todo
Iglesia, 50). El P. Las Casas, que como testigo de vista estaba bien informado, como protectores de indios. Zumárraga es consagrado en 1534.
lo afirmó ya con toda claridad: «El primer obispo que... vino consagrado fue El historiador Ernest Scháfer indica como una de las causas de la
el licenciado D. Alonso Manso». aceleración en la fundación de los obispados un motivo propiamente misio-
Los tres que habían sido propuestos fueron consagrados en Sevilla y nal: «Casi al mismo tiempo o poco más tarde que en México, en el continente
D. Alonso llegó a Puerto Rico el 25 de diciembre de 1512. La fecha constitu- se fundaron también los obispados de Nicaragua, Guatemala, Honduras y
ye la primera piedra miliar de la eclesialización formal de América. García de Santa Marta, y no creemos equivocarnos suponiendo que esta labor fervoro-
Padilla murió en Getafe, en 1515, sin llegar a ocupar su sede. Suárez de sa esté en relación con las leyes de protección de los indios, salidas en 1526.
Deza se retrasó un año o poco más. Es seguro que a principios de 1514 ya Pues la defensa y conversión de los indios es declarada en los nombramien-
estaba allí. tos de los nuevos prelados como una de sus más importantes tareas y juega
A Padilla le sucede en la diócesis de Santo Domingo el italiano Alejan- un papel resaltante en las propuestas de personas hechas por el Consejo de
dro Geraldini: llega en 1516 y muere en 1524. Le sucede el Jerónimo Luis de Indias» (El Consejo real y supremo de las Indias II, 191).
Figueroa, que no llegó a consagrarse. Ya entonces se pensaba en fundir los El Consejo era partidario de duplicar los cargos. Así, en el caso de Juan
dos obispados - d e Concepción de la Vega y de Santo Domingo- en uno solo, de Talavera, prior del Prado de Valladolid, monje Jerónimo, a quien se
lo que se realizaría pocos años más tarde. También Suárez de Deza, ante las nombra obispo y gobernador de Honduras (Comayagua) en 1531. También
158 P.H. La Iglesia diocesana C. 9. El episcopado 159
Tomás de Berlanga fue presentado como obispo y gobernador de Panamá, obispado de Buenos Aires... En 1620 existían en Hispanoamérica 34 arzo-
y lo mismo sucede en otros casos. De este modo se ahorraba nuevos proble- bispados y obispados. Algunas habían sido suprimidas y otras no pasaron de
mas en la selección y nombramiento de un gobernador en tan difíciles mero proyecto. También hubo traslados de sede (v. gr., los de Tlaxcala,
territorios. Las diócesis van aumentando según iban aumentándose las nece- Michoacán o Chiapas), buscando núcleos de población de más importancia
sidades y la extensión territorial. Catorce diócesis existían ya en 1536, y el geográfica, cultural y económica.
Consejo había provisto a casi todas ellas siendo todavía sufragáneas de
Sevilla, lo que alargaba inmensamente los trámites judiciales. De nueva B) Trayectoria socio-política y religiosa
creación eran las diócesis de León de Nicaragua, Oaxaca, Michoacán (para También observamos correlaciones entre la situación de la colonización
la que fue propuesto el oidor de la segunda Audiencia de México y gran y de la misión y la fundación de los obispados, pues en ésta intervenían los
protector de los indios D. Vasco de Quiroga), Coro, Cartagena y Santa intereses financieros de las coronas ibéricas que, como titulares patronales,
Marta, en Venezuela. Ante las nuevas exigencias de administración el Conse- eran responsables de aquélla.
j o pensaba, desde 1533 y reiterado el 26 de enero de 1536 en la consulta Esto explica -extendiéndonos a todo el ámbito hispanoamericano- que
respectiva, que México debía ser constituida en metropolitana americana. el primer obispado de Brasil no llegue a fundarse hasta 1551 (el de San
Sin embargo, la Corona aplazó dicha fundación. Salvador de Bahía), cuando ya eran tan numerosos en los dominios hispanos.
El cabildo municipal de México realizó en 1544 una instancia ante el La historia de la Iglesia brasileña se caracteriza por la lenta conformación de
Consejo y éste se dirigió al Emperador el 8 de septiembre para pedirle la las estructuras eclesiásticas a través del influjo perturbador del regalismo.
elevación de México como metropolitana de Nueva España. En esto influyó No llegará a contar más que con un arzobispado, seis obispados y dos
mucho el licenciado Ramírez de Fuenleal, obispo de Cuenca, ex obispo de prelaturas hasta bien entrado el siglo xix. En ello influyeron las condiciones
Santo Domingo y segundo presidente de la Audiencia de México, pero sociales y políticas que se iban presentando.
proponiendo más bien el aplazamiento de la cuestión. Había de tenerse en Lo mismo ocurre en Hispanoamérica, aunque con significado contra-
cuenta, sin embargo, «porque consideraba incongruente que la Iglesia del rio. Siguiendo la huella de conquistadores, misioneros y colonizadores, se
Nuevo Mundo careciese del orden reinante en toda la cristiandad». fundan los primeros obispados en las Antillas Mayores y después en Tierra
El 20 de junio de 1545 se pide a la Santa Sede la erección de tres Firme. Pronto se pasa al golfo del Darién, a México y más tarde a Lima, en
arzobispados ultramarinos, y al año siguiente, en el consistorio de 11 de el corazón de América del Sur. De aquí parte una línea expansiva hacia el
febrero, eran creadas las tres primeras archidiócesis americanas: la de Santo norte -obispados de Quito, Popayán y Santa Marta- y hacia el sudeste, al
Domingo, con jurisdicción sobre las Antillas, la costa caribe y de Venezuela espacio rioplatense, con los obispados de La Plata en Chuquisaca, Río de la
y Colombia (diócesis de San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, Coro, Plata, en Asunción del Paraguay, y Tucumán, en Santiago del Estero. Una
Santa Marta, Cartagena y Honduras); la de México, sobre los territorios del tercera línea se dirige por el sur hacia Chile, donde en 1559 se funda el
Norte, desde Guatemala hasta el Mississippi (diócesis de Michoacán, Guate- obispado de Santiago de Chile. Es el camino que siguieron los misioneros,
mala, Chiapas, fundada en 1539, y Guadalajara, de 1548), y la de Lima, que siguieron los obispos y, aun cronológicamente, la fundación de los
diócesis erigida en 1541, y cuya archidiócesis iba a comprender todo el sur obispados.
americano, desde Nicaragua y Panamá, en el istmo, hasta la Tierra del Fuego De forma parecida, la fundación y subdivisión de los arzobispados
(diócesis de Cuzco, de 1537, Panamá, Nicaragua, Popayán y Quito, de responden a la creación de centros políticos, económicos y misioneros de
1546). cada momento. En el caso de Santo Domingo puede decirse que prima un
Si en 1536 existían 14 obispados, treinta años después eran 26. «Este criterio marítimo: todas las sedes eran ciudades-puertos que daban sobre el
número extraordinariamente alto muy probablemente, por lo menos en la Caribe, por lo que también pertenecía a su arzobispado Trujillo de Hondu-
mayoría de los casos, está relacionado con el fomento de los indios, especial- ras. En el caso de Lima se daba la primacía al Pacífico, y por ello Panamá y
mente vivo en las leyes en 1542-1543, pero, de otro lado, también con el León de Nicaragua eran sus sufragáneas. A México, jurisdicción territorial,
gran desarrollo de las colonias» (E. SCHÁFER, o. c , 207). En los cincuenta se le daba por límites los del imperio azteca y las culturas mayas.
años siguientes la situación se estabiliza. En 1570 se crea Tucumán y en 1577 En 1564 se funda el arzobispado de Santa Fe de Bogotá, que recibe de
Santa Marta (II). Santo Domingo las diócesis de Cartagena y Santa Marta, dada la menor
En la primera mitad del siglo xvn (de 1603 a 1620) es cuando el importancia socio-política y económica que iba teniendo aquélla. Lo contra-
Consejo de Indias realiza su último esfuerzo organizativo creando las dióce- rio ocurre en América Central, en la que por la importancia creciente que
sis que fijan definitivamente el panorama jerárquico de América hispana iba teniendo se favorece la elevación de Guatemala al rango arzobispal
hasta el siglo xix. Se divide Charcas, creando La Paz y Santa Cruz; entre (1743).
Quito y Lima se crea Trujillo; se separa del Cuzco la diócesis de Arequipa y Chile sigue vinculado a Lima dadas las fáciles comunicaciones maríti-
Guamanga (Ayacucho); se eleva a metropolitana la de Charcas; se crea el mas existentes entre ellos; pero en 1609, cuando se funda la archidiócesis de
160 P.II. La Iglesia diocesana
C. 9. El episcopado 161
La Plata, se separó de la de Lima la jurisdicción de la diócesis platense por
fueron de origen peninsular. A pesar de ello, tanto el Código Ovandino
el auge económico de Charcas, así como la de Paraguay y Tucumán, otor-
como la Real Cédula del Patronazgo consignan normas muy concretas sobre
gándosele igualmente las recientes diócesis de La Paz y Santa Cruz, y tiempo
el modo como los Virreyes, Audiencias, Obispos y Superiores religiosos
después la de Buenos Aires. Tales cambios de dependencia, además de un
debían proceder para seleccionar a los posibles obispos y proponerlos a la
progreso en la organización de la naciente Iglesia, indican la línea humana
Corona como candidatos al episcopado a fin de que ésta los presentara como
y de civilización que se iba desarrollando al par de su otra organización
tales a la Santa Sede.
política y económica.
La Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias, recogiendo sendas
En resumen, puede observarse que en toda Hispanoamérica hubo en el
reales cédulas de 1629, 1663 y 1667, ordenó en 1681 que se siguiera
siglo XVI solamente cuatro archidiócesis (Santo Domingo, México, Lima y
practicando la «antigua costumbre» de que, antes de entregarle los docu-
Santa Fe de Bogotá); se agrega una en el XVII (La Plata, en la actual Bolivia),
mentos necesarios para su ordenación episcopal, el nombrado prestara jura-
y en el xvin llegan hasta diez (las de Guatemala, Quito y La Habana; se une
mento de que se comprometía formalmente a reconocer y respetar los
la de Caracas, que en realidad se funda en 1803). Durante el siglo XIX
derechos del Real Patronato de la Corona sobre la Iglesia americana (li-
llegarán a 16 los arzobispados.
bro 1, título 7, ley 1).
C) Sistema y criterios de selección Entre otras normas sobre los obispos contenidas en la legislación oficial
americana figuran la de trasladarse a su diócesis lo antes posible, la de residir
Ya se dijo en su lugar que una de las facultades de que gozaban los reyes en ella, la necesidad de la previa licencia oficial para viajar a España, la de
castellanos en virtud del Reaj Patronato era la de presentar candidatos para llevar una serie de libros de gobierno y la de visitar personalmente su
el desempeño de las dignidades y beneficios eclesiásticos, el más importante circunscripción, sobre cuyos resultados y necesidades debería informar por-
de los cuales era el episcopado. menorizadamente al Consejo de Indias.
Así, pues, desde 1508, el nombramiento de obispos para América por
parte del Papa estuvo siempre precedido de la presentación de la correspon-
diente terna de candidatos adelantada por la Corona a través de su embaja- III. MÚLTIPLE ACTUACIÓN DE LOS OBISPOS
dor ante la Santa Sede.
Sobre los requisitos que debían reunir los candidatos ofrece datos muy A) Relaciones interjurisdiccionales
específicos el Libro de la Gobernación Espiritual de las Indias, obra principal- Las relaciones interjurisdiccionales de los obispos fueron de diversa
mente del jurista Juan de Ovando, firmada y presentada a Felipe II en 1571 índole.
por siete miembros del Consejo de Indias para que se convirtiera en el A veces son ellos quienes colaboran también con la administración
código oficial indiano, aunque no lo consiguió. A pesar de ello, su texto es colonial. Son conocidas, por ejemplo, las actuaciones del arzobispo Juan de
muy importante porque refleja lo acostumbrado hasta entonces y porque en Zumárraga en México; las de Jerónimo de Loaysa, primer metropolitano
ella se inspira la denominada Real Cédula del Patronazgo expedida en San limeño, en la formación del Perú colonial por encima de las discordias y
Lorenzo del Escorial el 1 de junio de 1571. partidismos de almagristas y pizarristas; las de Santo Toribio de Mogrovejo,
En ambos documentos se especifica como primer requisito para el quien desde 1580 a 1606 dirige realmente la historia peruana, a pesar de
episcopado que los candidatos fueran «los más beneméritos», criterio de tener junto a él un virrey tan virtuoso como era don Francisco de Toledo.
selección que, en el caso de los residentes en América, se basa en una Otras veces ocurre que los obispos son quienes tienen que oponerse a
destacada labor espiritual entre los indígenas. Por supuesto, se tiene tam- los excesos y arbitrariedades de los conquistadores e incluso de los mismos
bién en cuenta la conducta personal y, además, la limpieza de sangre, com- gobernadores.
probada mediante una información que abarcara a los padres y cuatro
El primer obispo-arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, signifi-
abuelos del candidato.
cará la única oposición con autoridad ante la primera Audiencia, con perso-
Fue tal la importancia que en la segunda parte del siglo XVI se le dio a najes como Guzmán y Delgadillo. Durante los caóticos años de 1528-1532
la selección de los futuros obispos y a la erradicación en la Iglesia americana salió enaltecido el episcopado, no sólo por la acción que él mismo lleva a
de todo posible litigio entre un clero y otro, que la Junta del Consejo de cabo, sino igualmente por la del obispo de Santo Domingo, Sebastián Ramí-
Indias de 1568 y Juan de Ovando, personalmente, en 1571 e inspirándose rez de Fuenleal, que como presidente de la segunda Audiencia mexicana
en el franciscano Jerónimo de Mendieta, concibieron el proyecto de que los puso los fundamentos del nuevo orden colonial. Los obispos mexicanos
obispos americanos se escogieran exclusivamente de entre las Ordenes reli- siguen quejándose del autoritarismo que ejerce el Patronato sobre la admi-
giosas, para la formación en el Nuevo Mundo de una Iglesia integrada por nistración de la Iglesia y sobre ellos mismos. Así, el arzobispo Moya de
diócesis y parroquias de Regulares, es decir, de religiosos. Contreras o Juan Medina y Rincón, obispo de Michoacán. Los de la zona
La mayor parte de los obispos que gobernaron diócesis americanas maya se enfrentan a veces con situaciones más delicadas.
162 P.II. La Iglesia diocesana C.9. El episcopado 163
Un ejemplo típico de las relaciones con el poder civil fue el de fray diócesis. El rey, según concesión pontificia como parte del Patronato, no
Antonio de Valdivieso, de Nicaragua, el cual, como deja ver en sus cartas, tenía derecho a constituir los límites diocesanos, sino solamente a proponer-
tiene conciencia del peligro que corre ante el gobernador Contreras, sus los y cambiarlos. Pero en la práctica, Roma, que no tenía conocimientos
hijos y partidarios, aunque continúa inflexible en mantener su jurisdicción y locales exactos, seguía las proposiciones de Madrid, a pesar de que la cues-
defender a sus indios. Fue asesinado, como es bien sabido, en 1550. Andan- tión de límites era delicada, pues estaba ligada al problema de los diezmos,
do los años, en 1591, el obispo de Cuzco, fray Gregorio de Montalvo, llegará que los obispos tenían que colectar de sus diversas colectividades humanas.
a calificar de «luteranismo» la opresión de la Iglesia en nombre del Patronato Tocando a zonas fronterizas se entablan cuestiones o pleitos de límites, ya
Real. que uno u otro obispado cobraban o querían cobrar los diezmos; no sólo el
También fray Gaspar de Andrada, obispo de Guatemala, fue apresado obispo se interesaba, sino igualmente el cabildo y a veces hasta las autorida-
por el gobernador en 1611. El de Nicaragua, fray Juan Ramírez des civiles, porque (no siempre) los límites eclesiásticos eran los límites
(1601-1609), se opone igualmente a la Audiencia por las mismas causas y jurisdiccionales civiles. El 20 de febrero de 1534 el Consejo propuso por
muestra cómo los españoles producen escándalo en la conciencia de los Cédula Real una solución general al problema de los límites, que por tan
neófitos y perjudican profundamente la evangelización. En el Yucatán fue- ambigua casi resultó inútil y no pudo evitar sucesivos pleitos.
ron más graves aún los problemas, sobre todo durante el gobierno de fray Cuando ya se instalan las instituciones que regirán las Indias durante
Diego de Landa (1573-1579), que contó con la sistemática enemistad de los tres siglos -audiencias, virreinatos y gobernadores-, seguirán a veces los
gobernadores. Fray Tomás Castilla (1552-1567) se queja, en carta al rey, del enfrentamientos entre el poder civil, partidario en general de la clase enco-
cautiverio en que vive la Iglesia de Chiapas, «muy afligida y apocada» -le mendera, y la Iglesia, que, por medio de sus obispos, religiosos y doctrine-
dice— por las intromisiones del poder civil. Algo parecido ocurre en el ros, seguirá tomando la defensa del indio. El episcopado conserva todavía
Nuevo Reino de Granada, donde las relaciones entre prelados y gobernado- mucho de su poder espiritual, aunque a veces tenga que rendirse a la
res comenzaron mal desde sus mismos orígenes. El protector de los indios evidencia de que sigue siendo una institución más del engranaje de la Coro-
Tomás Ortiz, nombrado en 1528, debió regresar en 1532 porque su situa- na regalista española.
ción era insostenible; fray Sebastián de Ocampo fue desterrado y Lobo
Guerrero tuvo que enfrentarse al presidente Sande en Santa Fe.
B) Acción conjunta de los obispos
Dramático fue también el caso de Juan del Valle, primer obispo de
Popayán. De indomable coraje, pudo mantener incólume la jurisdicción Si en un principio, concretamente en el Caribe, se acusan arbitrarieda-
eclesiástica ante el teniente del gobernador Cepero, en 1552, ante el capitán des en el trato que se da a los indios: compra y venta de esclavos, el pago
Pedro de Cuéllar, ante el oidor licenciado Briceño, contra Luis de Guzmán exagerado de tributos, los trabajos forzados, etc., que suscitan las protestas,
y Falcón en 1556. Pide a la Audiencia de Santa Fe que le haga justicia, pero entre otros, de un Montesinos o un P. Las Casas, al instituirse la administra-
no le hacen caso. Viene a España para hablar con los del Consejo y le ocurre ción episcopal, ésta trata de oponerse con las fuerzas de que dispone.
lo mismo. Se propone ir a Roma para presentar sus quejas al Papa, y muere En Puerto Rico, el obispo Alonso Manso tiene serios problemas con
en el camino, en un lugar desconocido de Francia. ocasión de los diezmos, hasta el punto de que tuvo que dejar por algún
En Panamá, al primer obispo, fray Juan de Quevedo, le toca enfrentarse tiempo su gobierno. Pedro Suárez de Deza, en la Española, conoció también
con Pedrarias, apoyando, quizá con demasiado celo, la política de Vasco el desaire y la incomprensión. Los casos se repetirán después en Tierra
Núñez de Balboa. Si de momento se mostró partidario de que se «herrasen Firme. Según avanza el misionero, allí está presente, a su vez, la actividad del
y se vendieran públicamente los indios como esclavos», luego se opone a ello episcopado. Por eso no puede hablarse con exactitud, como a veces se ha
con toda su fuerza. pretendido, de diferencias y aun de conflictos que pudieran haber existido
Contra la venta de esclavos y el «herrar los indios» clama enérgicamente entre la Iglesia misionera y la que pudiéramos llamar la Iglesia colonial, de
Vasco de Quiroga en México, quien antes de ser nombrado obispo había ya la jerarquía.
escrito y dirigido a los del Consejo su célebre Información en Derecho, repleta El mismo Dussel (El episcopado latinoamericano, 254) ha demostrado que
de argumentos. En el Perú se suceden los casos. Fray Vicente Valverde sufre el lugar común, según el cual los obispos son los exponentes de la Iglesia
persecución de parte de autoridades y encomenderos. Santo Toribio de colonial y las Ordenes religiosas los de la Iglesia misionera, no coincide con
Mogrovejo -el más célebre de todos- ha de defenderse contra la imposición el resultado de la investigación histórica, por lo menos no en forma generali-
absolutista del Patronato, exponiéndose a repetidas y graves acusaciones. zada, y más en este período en el que se aprecia en muchos obispos hispano-
Llega a mandarse desde España que sea reprendido por la Audiencia y por americanos una profunda preocupación por la defensa de los indios. Se
el virrey. El caso se repetirá más tarde -aunque distintas fueran las circuns- desprende, además, de las actuaciones particulares de cada uno, de las
tancias- con el obispo de Puebla, en México, Juan Palafox y Mendoza. Juntas apostólicas o eclesiásticas que se tuvieron (la primera en la que
Punto de fricciones fue también el espinoso caso de la delimitación de participó un obispo se celebró en México en 1532) y de los concilios y
164 P.II. La Iglesia diocesana C.9. El episcopado 165
sínodos, donde queda bien clara su preocupación misionera y la labor con- lio III mexicano un memorial, Sobre el Seminario, que fue acogido por los
junta del episcopado en esta y en otras materias. padres conciliares. Otros obispos intentan establecerlos en sus diócesis, pero
Veamos alguna de sus características. sólo en el siglo xvm, sobre todo en la región mexicana, se fundan seminarios
La máxima significación corresponde a los concilios provinciales de conciliares propiamente dichos, como el de Puebla de los Angeles, en 1641.
México y del Perú, ya que estas circunscripciones eclesiásticas eran los Desde 1538 a 1809 son 50 los seminarios o centros de formación sacerdotal
centros más importantes de la organización eclesiástica de la América hispa- que pueden contarse en la América hispana. También Brasil, desde 1690 a
na. En los primeros (1551 Perú y 1555 México) se nota como una ruptura 1760, cuenta con ocho de ellos. Es la magnífica labor de un episcopado
entre la primera gran época misionera y la fase organizadora de la Iglesia, comprometido desde el primer momento en la formación de sus propias
que empieza con los sínodos. En los segundos (1567 y 1565, respectivamen- Iglesias.
te) se recoge la doctrina y los artículos de reforma del concilio de Trento,
que había sido clausurado en 1563. No fue fácil conseguir su celebración, y
no sólo por problemas de comunicación y de transporte. Las constituciones IV. RADIOGRAFÍA DE UN EPISCOPADO
del peruano de 1567 no fueron aceptadas por el Consejo de Indias y tampo-
co obtuvieron el refrendo del Rey ni del Papa, aunque sus declaraciones se Para una panorámica general, sin que queramos pormenorizar la vida y
adaptaban plenamente al espíritu del Tridentino, pero hablaban también de la actuación pastoral de cada uno de los obispos, presentamos estos datos,
derechos e internas autonomías. Serían aceptadas y revalidadas por los que entresacamos de los estudios que sobre el tema vienen realizando Pauli-
padres del Concilio III, y así las aprobaciones pontificia y real, que canoniza- no Castañeda Delgado y Juan Marchena Fernández.
ron todo el conjunto de este concilio, canonizaron también las constitucio-
nes del II. A) Número
El III de Lima se celebra bajo la presidencia, previa convocatoria, de su
arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo en 1582. Es considerado como el Entre los años 1500 a 1800 fueron 681 los obispos que ocuparon las
«Concilio Tridentino de América» y por la importancia de sus constituciones diócesis americanas. Casi una cuarta parte del total (el 23,6 por 100) ocupa
supera incluso al III mexicano, celebrado tres años más tarde. El santo el espacio de 1500 a 1620, y esto nos indica el lento proceso de formación
arzobispo deseaba con urgencia un concilio que estableciera entre frailes y de la Iglesia diocesana de América, si lo comparamos con los más de 300
clérigos la uniformidad en la forma de catequizar a los indios, en el catecis- prelados que ocuparon sus sedes sólo en el siglo xvill. Pero si tenemos en
mo, en la administración de los sacramentos, en el rito de la misa, y en las cuenta que sólo también en cincuenta años (1511-1560) se erigieron 27
formas que habrían de adoptarse ante la nueva situación misionera. Lo diócesis y se nombraron 44 obispos, el esfuerzo parece importante y los
cumplió con creces el concilio. Igualmente, sirvió para que los obispos logros conseguidos de verdadero interés en lo institucional.
hispanoamericanos crecieran en la autoconciencia del papel relevante que Hubo sedes vacantes durante algunos años, pero en general el número
habían de seguir ejerciendo en aquella nueva Iglesia. de obispos que permanecen en sus diócesis es bastante elevado, a pesar de
las dificultades que se les presentaban desde que eran nombrados en España
Fuera de estas asambleas conciliares o sinodales, la obra conjunta de los
hasta el momento de llegar a América. Iban hacia una Iglesia todavía en
obispos se extiende a otros aspectos de su labor pastoral. Ellos cuidan de la
formación, sin medios suficientes para levantar su propia catedral, parro-
reforma del clero y se encargan de erigir parroquias. A finales del siglo XVI,
quias, seminario, etc. En ocasiones ni siquiera tenían señalados los límites de
por ejemplo, había en el arzobispado de México 470 parroquias, que llegan
la diócesis que iban a regentar; buena parte de la feligresía que se les
a 844 en 1755. En el de Lima llegaban a 161 en 1799, regentadas por 660
asignaba estaba todavía por convertir; el clero era reducido; la oposición a
sacerdotes. En cuanto a éstos, por poner otro caso, en la diócesis de Duran-
veces de parte de encomenderos y aun de gobernadores era manifiesta, y
go había 257 en 1765, mientras que en 1960 sólo llegaban a 101.
adversas las condiciones mismas de la climatología. Ellos habían dejado en
Igualmente, estos obispos se cuidaban de fundar colegios, de favorecer España cargos y puestos acomodados -canonjías, cátedras de universidad,
la creación de universidades (las de Lima y México, por citar algunas), prioratos o provincialatos-, para lanzarse a la aventura de América. Eran
ayudaban a los religiosos en la implantación de doctrinas o catequesis y en como los demás misioneros u otros sacerdotes seculares que se enrolaban
las tierras de misión, erigían colegiatas y catedrales y atendían a la formación para la conquista espiritual de aquellas tierras.
del clero, tema este de no pocos concilios provinciales. Ya Ramírez de
Fuenleal trata de establecer un preseminario en la Española. Zumárraga está
presente en la fundación del colegio de Santa Cruz en Santiago de Tlatelol- B) Procedencia
co, donde se atiende también a la formación sacerdotal y que luego llevarán Los prelados del siglo xvi proceden en su mayoría de la Península. Pero
los franciscanos. Vasco de Quiroga funda una especie de seminario en es significativo que también en este siglo haya algún obispo americano, lo
Pátzcuaro de Michoacán. El P. Juan de la Plaza, jesuita, presenta al conci- que indica un proceso de criollización, que irá acentuándose a lo largo del
166 P.II. La Iglesia diocesana es 9. El episcopado 167

siglo xvii: de los diecinueve prelados criollos, cuatro corresponden a este dez de Ángulo, letrado de los Consejos e insigne predicador en la corte; a
siglo y quince son nombrados en el siguiente. Sebastián Ramírez de Fuenleal, consejero de los monarcas; a Alonso de
El 70 por 100 de los peninsulares procede de Castilla, Extremadura y Fuenmayor, presidente del Consejo de Navarra y catedrático en Salamanca;
Andalucía, tradicionalmente más relacionadas con el mundo americano. a Diego de Covarrubias, conocido canonista; a Santo Toribio de Mogrovejo,
Notable es la aportación de las Ordenes religiosas y de los centros culturales de excelente carrera universitaria en Salamanca. En este primer período
y universitarios, como pueden ser los de Salamanca y Valladolid. También en doblan en número al total de los demás obispos.
América se mueven en torno a los centros máximos de población y de Más tarde predominan los seculares: los franciscanos en tiempo de
cultura: México y Perú. Felipe II, en el que se mantienen también los Jerónimos; los agustinos en el
de su sucesor, Felipe III, y los dominicos en todo tiempo. A finales de siglo
C) Origen social tienen éstos 26 obispos en América, cifra no alcanzada por los seculares
No son muchos -apuntan los referidos autores- los datos que ofrece la hasta bien avanzado el siglo XVII. Pero si al principio es mayor el número de
documentación. religiosos, con el siglo XVIII aumenta el número de obispos que proceden del
Es común a todos las exigencias que se aplicaban a cualquiera que en clero secular.
aquel tiempo quería acceder al estamento clerical, bien fueran religiosos o
sacerdotes seculares. Es decir, la limpieza de sangre, legitimidad, buenas E) Formación académica
costumbres, probanzas de hidalguía y nobleza, etc. Estas se presuponían, Puede decirse, siguiendo a los dos autores citados, que el episcopado
por lo que no suelen constar en las ejecutorias que se realizan para su americano poseyó en general un alto grado de formación académica y
elevación al episcopado. Sí aparecen otras que avalan sus méritos o condicio- cultural.
nes particulares: si son doctores, licenciados, catedráticos, canónigos, prio- Hasta 1620 abundan los licenciados, luego son los doctores y maestros.
res, provinciales, misioneros, sin que se hagan alusiones a su origen familiar Han seguido los cursos de Teología, también los de Derecho y algo menos
humilde o plebeyo. Se ignoran, o simplemente se callan. los de Escritura. En el segundo período decrecen los de Derecho, desapare-
No pocos procedían de la nobleza, en su acepción más genérica («cali- cen los licenciados en Escritura y se incrementan los doctores en Teología,
dad noble»), y aun del estamento militar, lo que también nos indica la de un 40 a un 80 por 100. Hay también doctores y licenciados en Derecho
relación que existía en un principio entre la élite política y administrativa y Canónico, en ambos Derechos, en Artes, en Filosofía, etc. Como puede
la Iglesia americana. De parte de allá se observa una tendencia a reafirmar su verse, más importan los conocedores de la teología y prácticas pastorales que
clase criolla, bien pertenezcan al clero secular o regular. Tienen a gala los eminentes juristas.
presentarse como descendientes de los conquistadores o de los primeros Por las Universidades de Salamanca y de Valladolid pasan un 50 por
pobladores, de solar conocido y de rancia nobleza castellana, o de las fami- 100 de los obispos que marchan a América. Y los que, de jóvenes, llegan
lias más ilustres de Indias. De este modo se ponían en pie de igualdad todavía en período de formación, buena parte de ellos hace estudios en las
respecto a los que llevaban el gobierno de aquellas tierras. Universidades de México y de Lima, prefiriéndose, además, a los que mues-
tran más experiencia americana.
D) Procedencia clerical A esta formación académica se une el que pudiéramos llamar «cursus
Hasta 1660, la mayor parte de los prelados americanos pertenecen al honorum» de los elegidos. El mayor número lo ofrecen los cargos desempe-
clero regular. Tal vez porque, fuera de los centros de población o de las ñados en las Ordenes religiosas. En cuanto al clero secular, predominan los
regiones marítimas, los extensos territorios que se asignaban a las diócesis que pertenecen a los cabildos catedralicios, eran capellanes y confesores en
seguían siendo campos de misión, en los que trabajaban generalmente los la corte, o se dedicaban a la carrera docente. No son muchos los que
religiosos. Abundan, por tanto, los obispos que son dominicos, franciscanos, proceden de parroquias o de campos de misión, quizá por exigírseles una
mercedarios, agustinos, Jerónimos, benedictinos, de San Francisco de Paula, mayor experiencia para la administración diocesana. Encontramos asimismo
carmelitas, cartujos y jesuítas: unos 111 sobre los 161 de este período. algunos obispos auxiliares, que son nombrados después prelados ordinarios.
Sobresalen, entre ellos, los mendicantes: casi el 50 por 100 del total de las El caso se repite entre los criollos. Los del clero secular eran chantres,
prelaturas recayeron, por ejemplo, en los dominicos. Lo mismo ocurre con deanes o arcedianos de sedes importantes; el resto, priores, comisarios
los obispos criollos, pues 13 de los 19 pertenecen asimismo al clero regular. generales, etc. Solamente uno fue catedrático en Lima.
Sin embargo, vemos por otra parte que durante el reinado de Carlos I Puede decirse, haciendo una última valoración, que el episcopado ame-
y parte del de Felipe II se hacen esfuerzos por mantener prelados del clero ricano está a la par del episcopado que queda en la Península. De sedes
secular y de señalada importancia. Recordemos a Alonso Manso, canónigo españolas van algunos a América, y de sedes americanas son igualmente
de Salamanca y que fue rector de su Universidad; a Vasco de Quiroga, oidor trasladados a España. Nunca se pensó en una Iglesia de América y en otra de
de la segunda Audiencia de México y excelente humanista; a Juan F. Fernan- la Península. Unos y otros pertenecen a una misma Iglesia, diríamos nació-
168 P.II. La Iglesia diocesana ta 9. El episcopado 169
nal. Son elegidos en condiciones igualitarias, de formación intelectual y de tud cundió por doquiera. Hasta entonces se había considerado al rey como
apostolado. Esto explica el rápido afianzamiento y crecimiento de la Iglesia representante de Dios. Como aquél había abdicado, ¿quién tenía ahora la
americana, caso poco frecuente en la historia de las misiones y en tan legítima autoridad? La oposición a las autoridades intrusas fue general. Pero
extensos e inexplorados territorios como eran aquéllos. quedó también sembrada la semilla del desconcierto.
A finales del siglo xvi estaba ya organizada la Iglesia en América. Sigue Aunque se ha repetido que el episcopado se opuso a la independencia,
consolidándose después, pero siempre con sentido de permanencia estable es falso. Lo que sí es cierto es que, en las circunstancias tan confusas que se
cual había sido y seguía siendo la de España. Figuras eminentes del episcopa- produjeron, tampoco en América hubo una autoridad reconocida por to-
do pasan por ella, santos algunos de ellos, excelentes organizadores, buenos dos. La actitud de los pueblos va a ser varia, como también la de sus
pastores y reformadores, defensores siempre de la causa de los indios. directores, tanto políticos como eclesiásticos.
Algunos padecieron y hasta murieron por ella. No es caso de hacer ahora el
recuento de ellos ni de seguir cada uno de sus pasos, pues excede los límites B) De 1808 a 1814
de este estudio. Sólo recordar alguno de los nombres principales: Alonso
En una primera fase, la que va de 1808 a 1814, la situación es caótica;
Manso, Ramírez de Fuenleal, Juan de Quevedo, Juan de Zumárraga, Vasco
la invasión napoleónica de España no tiene aceptación ninguna en América,
de Quiroga, P. Las Casas, Julián Garcés, Juan del Valle, Antonio Valdivieso,
pero sigue aumentando la duda: ¿cuál es la autoridad legítima? Algunos
Francisco Marroquín, Alonso de Montúfar, Vicente Valverde, Toribio de
reconocen a la Junta Central de Cádiz, pero otros protestan contra esta
Mogrovejo, Bartolomé de Ledesma, Bernardo de Alburquerque, Domingo
resolución, sobre todo cuando tienen noticia de la Constitución que allí se
de Santo Tomás, Agustín de la Coruña, Pedro de la Peña, Pablo de Torres,
había jurado, a todas luces, según ellos, antirreligiosa y anticlerical. El cura
Diego de Medellín, Juan Palafox y Mendoza...
Hidalgo encabeza la rebelión armada contra «el mal gobierno» y al grito de
Así fue aflorando este episcopado, hasta que le llegan los años difíciles «Viva la Virgen de Guadalupe». Se establecen Juntas en Quito, Buenos Aires
de la emancipación americana. Algo tuvieron que ver con ella y por eso y Caracas, que desconocen a las españolas, llegando algunas hasta a procla-
ofrecemos algunas referencias como capítulo final del presente estudio. mar su independencia. Cuando torna Fernando VII, las aguas parecen vol-
ver a su curso, pero de nuevo se levanta la protesta -segunda fase- cuando
éste se ve obligado a jurar una Constitución que suprime las Ordenes religio-
V. LOS OBISPOS EN LA EMANCIPACIÓN AMERICANA
sas y lastima los sentimientos de los católicos fervientes. El movimiento
Los obispos americanos, como ocurre de ordinario con los de España, armado contra España se generaliza: Itúrbide en México, San Martín en
se habían mostrado siempre fieles a la Corona, pues, en definitiva, por razón Argentina y Chile, Bolívar en Venezuela, Colombia y Perú. De poco sirve
del Patronato y por medio del Consejo de Indias, a ella le debían su asigna- que poco antes, el 30 de enero de 1816, el papa Pío VII hubiera exhortado,
ción al episcopado y la ayuda que se les prestaba. por medio de la encíclica Etsi longissimo, a los pueblos de América a sujetarse
de nuevo a la autoridad del monarca español.
A) Durante la preindependencia La actitud de los obispos, como la del clero y el pueblo fiel, no pudo ser
uniforme en aquellas condiciones tan diversas. En un primer momento,
Los primeros movimientos insurreccionales iban a poner a prueba su hasta 1814, el desconcierto es general y refleja el caos de la Península. Por
lealtad a la Corona por una parte y por otra la fidelidad a sus diocesanos y ello mismo, no puede hablarse de actitud cerrada del episcopado. Así tene-
a la causa de emancipación que se fue extendiendo por la América hispana. mos que si, por ejemplo, los arzobispos de Charcas y de Caracas aceptan la
La Iglesia de las Indias iba quedando decapitada con ocasión de tales movi- independencia, o el obispo de Quito, para evitar la discordia, encabeza la
mientos. Lo peor era que los gobernantes de la Península, en cuyas manos Junta independiente, no todos obran así. Encontramos, citando un caso
estaba el nombramiento de los obispos, estaban inficionados de ideas rega- contrario, a un arzobispo de México y a los obispos de Puebla y Oaxaca, los
listas y antirromanas, de modo que trataban de obtener el nombramiento de cuales reiteran la excomunión en que el gobernador de la mitra de Michoa-
prelados sumisos al poder regio, aunque no fueran ni muy apostólicos ni cán ha declarado incursos al cura Hidalgo y a todos sus seguidores.
muy ejemplares. El episcopado de las Indias era dócil instrumento de los
funcionarios reales para mantener en obediencia al monarca sus extensos
dominios. C) De 1814 a 1824
Al comenzar el siglo, no eran muchos los habitantes inquietos de las Más uniformidad puede hallarse en la segunda fase, pues ni los obispos
novedades políticas. Aquella obediencia hubiera quedado inalterada, al me- ni el clero desconocen abiertamente la autoridad del rey que ha sido resta-
nos por una larga serie de años, de no haber ocurrido en España la invasión blecido en el trono. Mientras la lucha independentista sigue su curso, buena
napoleónica. Pero desde que se propaló por América la noticia de la abdica- parte del episcopado continúa adicta a la Corona. En Venezuela, donde se
ción de los Borbones y de la usurpación del trono por Napoleón, la inquie- combate ferozmente, el gobierno español obliga al arzobispo de Caracas a
170 P.II. La Iglesia diocesana C. 9. El episcopado 171

regresar a la Península. Hubiera hecho lo mismo con el obispo de Quito, que te fanático; exigía a los fieles que gritasen «viva el rey» al entrar y salir de la
muere en Lima desterrado de su diócesis. Fernando VII hace nombrar en catedral y llegó a calificar a los patriotas en una carta pastoral de «enemigos
estos años 28 obispos para las sedes que habían ido vacando, y es natural que de Dios y del rey». Tuvo que escapar de Cartagena, como lo hizo su colega
designara sujetos fieles a la Corona, aunque fueran criollos. Jiménez Enciso, de Popayán, el cual llegó a forzar a muchos que le siguieran
El desconcierto se hace todavía más general cuando el monarca tiene y unirse a las tropas reales en su retirada. Tachó de «hijo del diablo» al
que jurar la Constitución de Cádiz. Los mismos católicos y no pocos eclesiás- provisor Manuel María Urrutia, nombrado sin su consentimiento. Se recon-
ticos empiezan entonces a dudar. Por otra parte, acostumbrado como estaba cilió después con Bolívar y los patriotas y volvió a ocupar la sede, prometien-
el clero a recibir todo de España, ve que ahora se encuentra desamparado. do fidelidad al nuevo gobierno constituido. En 1823 escribía a Pío VII que
Además, los obispos, de acuerdo con la tradición plurisecular de la iglesia creía «no haber ningún movimiento revolucionario en el mundo que hubiera
patronal, estaban obligados a prestar un juramento de fidelidad personal al perjudicado menos a la religión que el de Nueva Granada».
rey como cabeza del Patronato. Con frecuencia los obispos también creye- Es verdad que en 1821 había todavía muchos obispos que residían en
ron ver en los rebeldes masones o liberales a unos enemigos de la Iglesia, a sus diócesis, pero se daban también algunas vacantes. Además, algunos
pesar de que los jefes locales trataron con todas sus fuerzas de asegurarse la obispos, desconcertados ante la revolución, habían regresado a España o los
simpatía de la Iglesia oficial. También hay que tener en cuenta que la habían obligado a irse. Notable fue el caso del arzobispo de México, Pedro
jerarquía, por el nombramiento de los 28 obispos de las 42 diócesis hispano- Fonte, que creyó contra su conciencia coronar a Itúrbide emperador y se
americanas, de absoluta fidelidad realista, ya no presentaba la misma compo- salió de la capital, so pretexto de visitar la archidiócesis; apenas llegó a un
sición. puerto del golfo, se embarcó para España, en donde ya vivían varios de la
Como muestra de este desconcierto puede citarse el caso del referido América del Sur, algunos trasladados a diócesis de la Península. En la etapa
arzobispo de Caracas, Narcís Coll y Prat. A diferencia de otros prelados, que final de la independencia, las cosas variaron también en México: allí había
cuando se inicia la revolución se limitan a retirarse de su cargo, él quiso sido desencadenada por el levantamiento liberal de España (1820). A causa
permanecer con su rebaño. Fracasada la segunda república de Venezuela, y de los decretos, al parecer antieclesiásticos, de las Cortes españolas, muchos
como se preocupara de consolidar nuevamente las estructuras eclesiásticas, miembros de la jerarquía mexicana y del clero creían deber apoyar el movi-
después de que el clero durante años se hubiera dividido entre patriotas y miento de independencia para defensa de la religión, para salvar a México
realistas, en 1816 fue separado de su sede y llamado a la Península. Según del influjo de los liberales. Y esto ayudó a aumentar más el desconcierto. En
una tradición no garantizada, habría respondido al reproche del monarca las sedes en donde seguía residiendo el obispo legítimo se mantenía la vida
por no haber manifestado una actitud íntegramente fiel al rey: «Que él no cristiana en sus cauces, pero en donde la sede no estaba ocupada, o por
había ido a Venezuela a ser capitán general, sino a guiar su rebaño como muerte o por ausencia del prelado, no siempre se mantuvo la debida discipli-
arzobispo». Aquí se refleja el dilema de la jerarquía: tanto los realistas como na, y o había dudas sobre la legitimidad del vicario, o el gobierno se entreme-
los rebeldes patriotas exigían de ella una postura clara y definida, a la que no tía para nombrar gobernador de la mitra.
podían arriesgarse habida cuenta de los cambios que continuamente se Algún caso se presentó entre los pocos obispos criollos. Uno de ellos,
sucedían y que despojarían a la Iglesia de su dirección. Rafael Lasso de la Vega, de Panamá, fue presentado por Fernando VII,
Coll y Prat había aceptado antes la independencia como hecho consu- como ferviente realista, para la sede de Mérida de Maracaibo, donde hizo un
mado, declarando en el acto solemne: «Si Venezuela se gloría de haber llamamiento a la fidelidad al rey y hasta 1820 defendió tenazmente la causa
entrado al círculo de naciones, mi iglesia venezolana también puede gloriar- de España. Luego de una entrevista con Bolívar, se convirtió en íntimo
se de ocupar su sitio entre las iglesias católicas nacionales...» (1811). No le colaborador para la reconstrucción de la jerarquía eclesiástica en la antigua
faltaron diferencias con el insurrecto Miranda ni con el propio Bolívar, Nueva Granada. El 31 de julio de 1823 suplicaba a Roma, de acuerdo con
pero, abierta o solapadamente, siguió al lado de los patriotas, llegando Bolívar, la preconización de nuevos obispos de Guayana, Santa Marta, Car-
incluso a llamar a todos los cristianos «a profesar la independencia y a tagena, Antioquia, Quito y Cuenca, dos arzobispos para Bogotá y Caracas,
someterse a la obediencia del gobierno libre». Simultáneamente había decla- un auxiliar para sí mismo, más la erección de una nueva sede en Guayaquil.
rado disuelto el Patronato, sometiendo su iglesia directamente al Papa, Todo ello a espaldas del Regio Patronato, indicando los nombres aceptos al
medida que no fue aceptada ni por los propios patriotas. gobierno republicano. Naturalmente, Fernando VII reaccionó con tonos
Otros obispos se mostraron, sin embargo, realistas inflexibles. Así, fray violentos en 1827.
Custodio Díaz Carrillo, de Cartagena, quien, frente a la mayoría de su En cambio, el ya mencionado obispo de Quito, Cuero y Caicedo, tam-
cabildo eclesiástico, no quiso prestar el juramento a la junta local en 1810, bién criollo, se dejó persuadir en 1810 por el cabildo para aceptar la presi-
lo que le supondría la expatriación y una vacancia de cuatro años. Su dencia siquiera honorífica de la segunda junta revolucionaria; en 1812
sucesor, instalado bajo el signo de la restauración monárquica en 1817, el movilizó todos los medios disponibles eclesiásticos en defensa de la revolu-
basiliano Gregorio José Rodríguez, demostró ser un realista verdaderamen- ción y tras los primeros triunfos de las tropas realistas tuvo que abandonar
172 P-ll. La Iglesia diocesana

Quito. Siguió un enfrentamiento jurisdiccional entre el provisor capitular


nombrado por el obispo y el nombrado anticanónicamente por las autorida- NOTA BIBLIOGRÁFICA
des españolas y el cabildo. No pudo ocupar su sede y fue expulsado en 1815;
se confiscaron sus rentas, muriendo en 1816 en Lima en una completa Fuentes
miseria. D. DE ENCINAS. Cedulario indiano (1596) 1 (Madrid, 1945), 83-137;
F. J. HERNÁEZ, Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la Iglesia de
D) Durante la posindependencia América y Filipinas 2 (Bruselas, 1879), 5-346; A. MARTÍN GONZÁLEZ, Gobierno espiritual
de Indias. Código Ovandino (Guatemala, 1978), 175-190; Recopilación de Leyes de los
A punto de consumarse la independencia, y a instancias de algunos reinos de las Indias (1681), libro 1, tít. 7; R. RlTZEER, «Procesos informativos de los
obispos y de otros eclesiásticos que llegaron a Roma, tratóse desde aquí de obispos de España y sus dominios en el Archivo Vaticano»: Anthologica Annua 7
solucionar de alguna manera la situación. Pío VII decidió entablar relacio- (Roma, 1957), 313-415; J. VILLEGAS, «Consultas del Consejo de Indias al rey para
nombrar a los arzobispos y obispos de las Iglesias de Indias, 1577-160 l»:Jahrbuchfür
nes con los obispos de Colombia y enviar a Chile al obispo Muzi como vicario Geschichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerika 9 (Colonia, 1972),
apostólico, acompañado por dos monseñores, Mastai Ferreti, que llegaría a 102-136.
ser el papa Pío IX, y Sallusti. La embajada de Muzi fracasó y el Papa siguien-
te, León XII, constreñido por el embajador español, firma el breve Etsi iam Visiones generales
diu, en el que deploraba los grandes males que aquejaban a la Iglesia en P. CASTAÑEDA, «Facultades de los obispos indianos para dispensar de ilegitimi-
América y exhortaba a los obispos a enaltecer los méritos de Fernando VIL dad»: Missionalia Hispánica 38 (Madrid, 1981), 227-248; P. CASTAÑEDA y J. MARCHE-
NA, «La jerarquía de la Iglesia en América, 1500-1850»: Hispania Sacra 40 (Madrid,
La indignación que el breve provocó en las repúblicas americanas fue incon- 1988), 701 -730; E. DUSSEL, El episcopado latinoamericano. Institución misionera en defen-
tenible. Ello hizo que el Papa se decidiera, al fin, a nombrar dos arzobispos sa del indio (1504-1620) 1-9 (Cuernavaca, 1969-1971); ID., El episcopado latinoamerica-
y cinco obispos para la Gran Colombia, lo que motivó la expulsión del no y la liberación de los pobres, 1504-1620 (México, 1979); B. GAMS, Series episcoporum
nuncio de Madrid. Desde España se hizo lo posible para que no siguieran Ecclesiae Caiholicae (Graz, 1957); G. VAN GULIK y otros, Hierarchia catholica medii et
nuevos nombramientos. El Papa siguiente, Pío VIII, tampoco se atrevió a recentioris aevi 3-7 (Münster-Patavii, 1922-1968); G. GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro ecle-
siástico de la primitiva Iglesia de las Indias Occidentales: vidas de sus arzobispos, obispos y
romper con España y se limitó a nombrar algunos vicarios apostólicos, cosas memorables de sus sedes 1-2 (Madrid, 1649-1655); E. SCHAFER, El Consejo Real y
aunque sí envió a Río de Janeiro un nuncio, Pietro Ostini, con facultades Supremo de las Indias 1-2 (Sevilla, 1935-1947).
para toda América; pero el regalismo imperante en el nuevo Imperio, aun
entre el clero, hizo fracasar al prelado. Estudios por épocas
Desde México había llegado también a Roma un enviado oficial del P. CASTAÑEDA y j . MARCHENA, «Lajerarquía de la Iglesia en Indias, 1504-1620»,
en J. I. SARANYANA y otros, Evangelizacióny teología en América (siglo xvi) 1 (Pamplona,
nuevo gobierno, el canónigo Vázquez. El 26 de abril de 1829 muere el 1990), 299-346; J. M. CUENCA TORIBIO, Sociología del episcopado español e hispano-
último obispo residente en la República, el de Puebla, y el enviado trata de americano (1789-1985) (Madrid, 1986); F. FITA, «Primeros años del episcopado en
conseguir el nombramiento de nuevos obispos. Gregorio XVI nombra a seis América»: Boletín de la Real Academia de la Historia 20 (Madrid, 1892), 261-300; A.
de los candidatos que proponía el gobierno mexicano para las sedes vacan- HUERCA, La implantación de la Iglesia en el Nuevo Mundo (Ponce, 1987); F. MATEOS,
tes. No tardó en hacer lo mismo con otras de América del Sur, de modo que «La Iglesia americana durante el reinado de Carlos V, 1517-1558»: Missionalia Hispa-
nica 15 (Madrid, 1958), 327-374; S. MÉNDEZ ARCEO, Primer siglo del episcopado de la
para 1836 sólo había ocho sedes vacantes en las nuevas repúblicas. Queda- América española y de las islas Filipinas (promanuscripto de tesis doctoral presentada
ban algunos prelados desterrados, cuya renuncia el Papa acabó por obtener en la Universidad Gregoriana de Roma, 1938).
(como la de los de México y Antequera). A la muerte de Fernando VII, el
mismo Papa decidió entrar en tratos con los gobiernos independientes: Obispos en el hemisferio septentrional
reconoció primero al de Nueva Granada (1833), a México y al Ecuador J. BRAVO UGARTE, Diócesis y obispos de la Iglesia mexicana (1519-1939) (México,
(1836) y a Chile (1840). 1941); J. GARCÍA GUTIÉRREZ, Arzobispos de la arquidiócesis de México (México, 1948); V.
MURGA y A. HUERCA, Episcopologio de Puerto Rico (Ponce, 1987); A. PANIAGUA, Episco-
Fuera de las islas de Cuba y de Puerto Rico, cuna de la Iglesia america- pologio portorricense (San Juan, 1917); J. M. PÉREZ CABRERA, «En torno al primer
na, había dejado de existir oficialmente la dominación española en América. obispo de Cuba»: Missionalia Hispánica 23 (Madrid, 1966), 373-382; C. Ruiz CAJAR,
«La jerarquía eclesiástica en Panamá durante el siglo XVI»: Missionalia Hispánica 46
(Madrid, 1959), 5-86; V. SANABRIA MARTÍNEZ, Episcopologio de la diócesis de Nicaragua
y Costa Rica, 1531-1850 (San José, 1943); C. UTRERA, Episcopologio dominicopolitano
(Ciudad Trujillo, 1956).

Obispos en el hemisferio meridional


A. E. ALBUJA, «El obispado de Quito en el siglo xvi»: Missionalia Hispánica 18
(Madrid, 1961), 161-209; F. ALIAGA ROJAS, «Relaciones a la Santa Sede enviadas por
los obispos del Chile colonial. Introducción y textos»: Anales de la Facultad de Teología
25 (Santiago, 1974), 1-148; A. EGAÑA, Historia de la Iglesia en la América Española 2
174 P.II. La Iglesia diocesana
(Madrid, 1966); G. FURLONG, Diócesis y obispos de la Iglesia argentina (1572-1942)
(Buenos Aires, 1942); L. GARCÍA BENÍTEZ, Reseña histórica de los obispos que han
regentado la diócesis de Santa Marta, 1534-1891 (Bogotá, 1953); F. A. MALDONADO, LOS
primeros obispos de la Iglesia venezolana en la época hispánica (1532-1600) 1-2 (Caracas, CAPÍTULO 10
1973); S. MARTÍNEZ, La diócesis de Arequipa y sus obispos (Arequipa, 1931); C. E. MESA,
«El arzobispado de Santa Fe de Bogotá (1562-1625)»: Missionalia Hispánica 41 (Ma- LAS ASAMBLEAS JERÁRQUICAS
drid, 1984), 249-292; ID., «Primeras diócesis novogranadinas y sus prelados»: Ibid., 31
(Madrid, 1974), 129-171; J. M. PACHECO, «LOS obispos de Santa Marta durante el
siglo XVI»: RevistaJaveriana 40 (Bogotá, 1953); ID., «LOS primeros obispos de Cartage- Por A N T O N I O GARCÍA Y G A R C Í A
na (de 1534-1577): Revista Eclesiástica Xaveriana 6 (Bogotá, 1956), 357-392; J.
RESTREPO POSADA, Arquidiócesis de Bogotá. Datos biográficos de sus prelados 1-3 (Bogotá,
1961-1966); ID., «Cronología de los obispos de Cartagena de Indias»: Boletín de
Historia y Antigüedades 2 (Bogotá, 1955), 301-320; C. OVIEDO CAVADA, LOS obispos de
Chile, 1561-1978 (Santiago, 1979); R. VARGAS UGARTE, «Episcopado de las diócesis
del virreinato de La Plata desde los orígenes hasta mediados del siglo XVII»: Revista del Las asambleas jerárquicas de que se trata en este capítulo son, por
Instituto de Investigaciones Históricas 24 (Buenos Aires, 1940), 1-31. orden cronológico de su aparición en la Iglesia hispanoamericana, las juntas
eclesiásticas, los sínodos diocesanos y los concilios provinciales.
Otros estudios regionales
Las juntas eclesiásticas carecen de las formalidades jurídicas de los conci-
P. CASTAÑEDA y J. MARCHENA, «Los obispos extremeños en las diócesis del Nuevo
Mundo, 1500-1850», en Extremadura en la evangelizarían del Nuevo Mundo (Madrid, lios y sínodos, tales c o m o convocatoria oficial, personas con derecho y
1990), 63-76. obligación de asistir, normas que afectan al desarrollo de tales asambleas
conciliares y sinodales, etc. Por ello, estas juntas son de menor rango jurídi-
Obispos de Ordenes religiosas co que los concilios y sínodos, aunque n o necesariamente menos eficaces
E. A. ARIZA, Arzobispos y obispos dominicos en Colombia (Bogotá, 1947); ID., Episco- para el gobierno y reforma de la Iglesia. El más antiguo ejemplo que se
pologio dominicano en Colombia (Chiquinquirá, 1937); P. CASTAÑEDA y J. MARCHENA, conoce de estas juntas es el llamado concilio de Jerusalén, celebrado hacia el
«La aportación franciscana a la jerarquía de la Iglesia en Indias», en Actas del
I Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo (Madrid, 1987), año 52, que en realidad n o fue un concilio, sino una asamblea del mismo
511-534; ID., «Dominicos en la jerarquía de la Iglesia en Indias», en Los dominicos y el género que las juntas eclesiásticas.
Nuevo Mundo. Actas del I Congreso Internacional (Madrid, 1988), 715-738; ID., «Presen- El sínodo diocesano es la asamblea del obispo con el clero de su diócesis
cia de los agustinos en la jerarquía de la Iglesia americana», en Agustinos en América y que ejerce la cura de almas, los representantes de los monjes y de los
Filipinas. Actas del Congreso Internacional (Valladolid, 1990), 483-502; S. GARCÍA,
«Presencia franciscana extremeña en instituciones eclesiales, políticas y culturales de religiosos y, eventualmente, con la presencia de algunos seglares. Su celebra-
Indias», en Congreso Franciscanos Extremeños en el Nuevo Mundo (Guadalupe, 1986), ción anual es obligatoria desde el concilio IV Lateranense de 1215.
293-363 (Obispos, 296-312); R. HERNÁNDEZ, «Primeros obispos dominicos en Améri- Prescindiendo de otras clases de concilios particulares, nos interesan aquí
ca procedentes del convento de San Esteban de Salamanca», en J. L. ESPINEL y R. los provinciales, en los que se reúne el arzobispo metropolitano con los
HERNÁNDEZ, Colón en Salamanca. Los dominicos (Salamanca, 1988), 83-131; E.
HERNÁNDEZ DE LA TORRE, Episcopado agustino en América latina (Santiago de Chile, obispos sufragáneos de su provincia eclesiástica, praxis que se realiza en la
1981); A. MESANZA, Obispos de la Orden dominicana en América (Einsiedeln, 1939); Iglesia desde la segunda mitad del siglo II. Estas asambleas conciliares debían
P. N. PÉREZ, Los obispos de la Orden de la Merced en América (1601-1926). Documentos del celebrarse semestralmente desde el siglo IV, anualmente desde el siglo x m y
Archivo de Indias (Santiago de Chile, 1927). cada tres años a partir del concilio de Trento (1545-1563). Los concilios
provinciales cobran especial importancia en la nueva cristiandad americana,
Otros aspectos mientras su frecuencia e interés decae en Europa.
R. ROBRES y V. CATELL, «La visita ad limina durante el pontificado de Sixto V
(1585-1590). Datos para una estadística general. Su cumplimiento en Iberoamérica»:
Anthologica Annua 7 (Roma, 1959), 147-212; R. ZORRAQUÍN BECÚ, «El juramento de
los obispos»: Revista del Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene 15 (Buenos I. JUNTAS ECLESIÁSTICAS
Aires, 1964), 199-207. Sobre el episcopologio indígena véase el capítulo 14.
Aunque los misioneros trataron de aplicar en América el derecho canó-
Notas nico entonces vigente en toda la cristiandad, pronto se percataron de que el
Por su elevadísimo número se omiten los estudios existentes sobre obispos derecho común de la Vieja Europa era impracticable, bajo más de un aspec-
concretos. to, en el Nuevo Mundo. Así, por ejemplo, era imposible celebrar sínodos ni
Sobre la bibliografía acerca de los obispos y la independencia hispanoamericana concilios provinciales en América, donde no existía provincia eclesiástica
véase el capítulo 45.
alguna con anterioridad a 1546, sino que desde 1512 pertenecían a la
archidiócesis de Sevilla todas las iglesias y posibles diócesis americanas. En
algunos territorios tampoco había obispos diocesanos, con lo cual tampoco
podía tener lugar la celebración de los sínodos.
C. 10. Las asambleas jerárquicas 177
176 P.II. La Iglesia diocesana
La confirmación no planteaba problemas desde el momento en que
Este desfase entre la disciplina de la Iglesia prevista para Europa y las podían administrarla los religiosos en virtud de los privilegios contenidos en
realidades del Nuevo Mundo trató de obviarse concediendo a los misioneros el breve de Adriano VI antes aludido.
facultades especiales, como las contenidas en el breve Exponi nobis de Adria-
no VI, del 10 de mayo de 1522, por el que se autoriza a los misioneros de las B) Juntas de México de 1532
órdenes mendicantes para realizar todo lo necesario donde no hubiese Según las recientes y nuevas conclusiones de Fernando Gil, en 1532 se
obispos o distasen más de dos dietas (unos cuarenta kilómetros), excepto celebraron en México cinco juntas eclesiásticas, cuatro más de las conocidas
para aquellos actos que requerían carácter episcopal. hasta ahora.
Pero los problemas emergentes de la predicación de la fe a los indígenas A la primera, convocada por el presidente de la Audiencia, Sebastián
y de la administración de los sacramentos a los recién convertidos eran Ramírez de Fuenleal, para comienzos de 1532, asistieron los superiores de
tantos y tales, que los religiosos optaron por reunirse en las juntas eclesiásti- los franciscanos y dominicos para estudiar las dudas surgidas en la evangeli-
cas que tuvieron lugar entre 1524 y 1546. Estas asambleas se conocen zación, así como las quejas que algunos españoles tenían de los religiosos.
comúnmente como juntas eclesiásticas, salvo la primera, que se denomina En la segunda, celebrada a comienzos de abril, participaron los obispos
también junta apostólica, debido al papel preponderante que jugaron en de México, Juan de Zumárraga, y de Tlaxcala, Julián Garcés, más una
ella los franciscanos llamados los Doce apóstoles de México. representación de los religiosos. En ella se trató de la moderación de los
támemes o tributos indígenas.
A) Junta Apostólica de México, 1524
El día 1 de mayo inició sus sesiones una tercera junta, en la que partici-
Esta junta tuvo lugar en la Iglesia de San José de la capital azteca en el paron Ramírez de Fuenleal, Zumárraga, varias autoridades seculares, cuatro
verano de 1524. Como los antiguos concilios y sínodos, dio comienzo con la franciscanos y cuatro dominicos.
celebración de la santa misa y con la profesión de fe. Presidió la reunión el Se conservan las actas de esta junta en el Archivo General de Indias de
superior de los franciscanos, fray Martín de Valencia. Los restantes miem- Sevilla. El motivo para esta reunión de las autoridades civiles y eclesiásticas
bros de la asamblea eran Hernán Cortés, otros trece o catorce franciscanos, fue una carta del emperador Carlos V, en la que les pedía un censo de los
cinco sacerdotes seculares y tres o cuatro laicos. No había ningún obispo habitantes de Nueva España, junto con otros detalles sobre los indígenas, en
entre los participantes. El primer obispo de México fue el franciscano fray orden a un mejor gobierno de aquellas tierras. Lo más interesante de la
Juan de Zumárraga, electo en 1528, consagrado en 1533 y elevado al rango respuesta de la junta, por cuanto concierne al presente argumento, es la
de arzobispo en 1548. impresión positiva que sus miembros reflejan respecto de los naturales,
No se conservan actas de esta primera asamblea. Hay, en cambio, un tanto en lo referente a su capacidad para la vida civil como para la cristiana:
resumen que permite hacerse una idea bastante cabal de sus decisiones. Se Todos dixeron que no hay dubda de aver capacidad y suficiencia en los naturales, y
obligaba a los gobernadores de los poblados a enviar a los indígenas a la que aman mucho la doctrina de la fe, y se ha hecho y se hace mucho fruto, y las
iglesia para asistir a las funciones sagradas y oír la instrucción religiosa. Se mugeres son honestas y amigas de las cosas de la fe y trabajadoras (LLAGUNO, La
ordenó impartir a los niños una instrucción religiosa acomodada a su capaci- personalidad, 13).
dad y se les enseñaba, además, a cantar. Algunos sacramentos presentaban Es sintomática la observación que formulan los miembros de la junta
especiales dificultades, por lo que merecieron especial atención por parte de acerca de que los indígenas debían ser evangelizados únicamente por los
la junta. Así, se planteó el problema del grado de instrucción religiosa religiosos, sin la intervención de los otros españoles, tema que vuelve a
necesario antes del bautismo, tanto para los niños como para los adultos. En aparecer repetidas veces en los años subsiguientes.
relación también con el bautismo, se comprobó la imposibilidad de ungir al El 23 de mayo tuvo lugar una nueva junta, ahora con la presencia de
bautizado con los santos óleos debido a que no había olivos en aquellas Hernán Cortés y de representantes del cabildo secular, para revisar las
tierras que suministrasen el aceite para confeccionar el crisma. El desconoci- conclusiones de la celebrada a comienzos de abril, las cuales habían sembra-
miento de las lenguas indígenas hacía prácticamente imposible la confesión do descontento entre los colonos. En esta del 23 de mayo y en la de comien-
de los nativos en aquellos comienzos de la evangelización de Nueva España. zos de abril se inspiró la real cédula del 13 de septiembre de 1533 sobre los
La junta se mostró más bien restrictiva en conceder la Eucaristía a los tributos de los indios.
indígenas, decidiendo administrársela sólo a los más instruidos. Finalmente, el 27 de mayo, Zumárraga, la Audiencia y el cabildo ecle-
El matrimonio planteaba muchos problemas. El principal era, sin duda, siástico celebraron otra junta para tratar de los diezmos y de la designación
el de la validez de los matrimonios que los indígenas habían contraído de los dignatarios eclesiásticos.
anteriormente a la conversión, asunto realmente difícil, porque la realidad
americana no encajaba dentro de los supuestos de la teología y de la discipli-
na matrimonial que entonces estaban en vigor en Europa. Prudentemente,
la junta no adoptó acuerdo alguno sobre esta materia.
178 P.II. La Iglesia diocesana C. 10. Las asambleas jerárquicas 179

C) Junta de México de 1535 En la de 1539 tomaron parte Zumárraga, Zarate y el obispo de Guate-
mala, Francisco Marroquín, varios franciscanos, el provincial de los agusti-
El mismo historiador Fernando Gil opina que a finales de noviembre de nos y otros peritos.
1535 se celebró en México una junta, retrasada por otros hasta el mismo
A comienzos de 1540, reunidos en nueva junta, los tres obispos escri-
mes del año siguiente.
bieron al Emperador para informarle de los acuerdos adoptados en 1539.
El virrey de Nueva España, don Antonio de Mendoza, convocó a ella a
Sebastián Ramírez de Fuenleal y a los obispos Zumárraga y Garcés «para G) Junta de México de 1541
poner concordia y armonía entre los religiosos de las Ordenes mendicantes»
sobre los ritos que debían observarse en la administración del bautismo. La celebró el obispo Zumárraga en su propia casa con los representan-
tes de los franciscanos, dominicos y agustinos a raíz de lo que el mismo
D) Juntas de México de 1536 Zumárraga denomina Unión Santa o asociación de estas tres órdenes para,
en reuniones periódicas, «conformarse en todas sus acciones» contra el
Siempre según las nuevas conclusiones de Fernando Gil, en 1536 se proyecto de organizar el territorio en parroquias al cargo del clero secular.
celebraron en México dos nuevas juntas, ambas por indicación de la Corona
Los reunidos llegaron a la conclusión de que debían preferirse los
y convocadas por el virrey.
religiosos a los clérigos seculares en la administración de las parroquias de
En la primera, celebrada en abril, se estudió una «minuta» elaborada
indios y en la atención espiritual a los indígenas de las encomiendas.
por el Consejo de Indias para que, a base de ella, la Audiencia, los prelados
y los religiosos redactasen una «memoria de las cosas que les pareciesen de H) Juntas de México de 1544
que los naturales de aquella tierra debían ser avisados y apercibidos así en las
idolatrías y sacrificios que solían hacer como en los otros malos ritos y En 1542 las denominadas Leyes Nuevas reformaron las encomiendas de
costumbres». Sus conclusiones se recogieron en una real cédula del 10 de indígenas que se hacían a favor de los colonos españoles, medida que alboro-
junio de 1539. tó a estos últimos. Para estudiar la cuestión, primero por propia iniciativa y
En la segunda, celebrada a comienzos del verano, se volvió a abordar el luego convocados por Francisco Tello de Sandoval, llegado a Nueva España
tema de los tributos de los indios, ya tratado en 1532. en calidad de visitador para promulgar dichas leyes, se reunieron en 1544
los obispos Zumárraga y Zarate, además del deán de Oaxaca y de los repre-
E) Junta de México de 1537 sentantes de los franciscanos, dominicos y agustinos.
Una Relación sumaria, emanada de esta junta y enviada a la corte,
Se reunieron Ramírez de Fuenleal, Zumárraga, Garcés y el obispo de
constituye una reafirmación tajante de la conveniencia de que se mantuvie-
Oaxaca, Juan de Zarate. Los tres, en carta dirigida al Emperador, le insisten
ran las encomiendas. Sin ellas, los miembros de la asamblea no veían forma
en el deber y el derecho que los obispos de Nueva España tenían de asistir al
de llevar a cabo la colonización de aquellas tierras ni la evangelización de los
concilio de Mantua; en la conveniencia de congregar a los indígenas en
indios.
poblados para su mejor promoción humana y religiosa; en la necesidad de
aumentar el número de los religiosos y de reducir el de clérigos seculares
I) Junta de Gracias a Dios (Honduras) de 1544-1545
debido a la mayor dificultad existente para proveer a la congrua sustenta-
ción de los segundos; en la conveniencia de no exigir diezmos completos a En esta junta se reunieron Francisco Marroquín, Bartolomé de las
los indios, y en el traído y llevado tema de la reincidencia de los indígenas en Casas y Antonio de Valdivielso, obispos de Guatemala, Chiapas y Nicaragua,
la idolatría. respectivamente. Se desconoce a qué conclusiones llegaron.
La cuestión de la asistencia de los obispos de Nueva España al concilio
de Mantua (que no se llegó a celebrar) fue respondida negativamente por el J) Junta de México de 1546
Emperador, alegando que él haría llegar a dicho concilio los problemas El visitador Tello de Sandoval reunió esta junta, a la que acudieron los
americanos. obispos Zumárraga, Marroquín, López de Zarate, Vasco de Quiroga y Bar-
Las demás cuestiones siguieron todavía recorriendo un largo camino en tolomé de las Casas, que representaban a las diócesis de México, Guatemala,
ulteriores reuniones, concilios, sínodos, pragmáticas reales, etcétera. Oaxaca, Michoacán y Chiapas, respectivamente. No se conservan sus actas,
pero los resultados aparecen reflejados en los cronistas de la época. Entre
F) Juntas de México de 1539-1540 sus conclusiones destacan las siguientes: la legitimidad del poder político de
La junta de 1539, denominada por algunos primer concilio mexicano, los reinos indígenas y, por consiguiente, la obligación de mantener en sus
se celebró por orden del Emperador, influyendo también en ella una bula de puestos a los jefes nativos; ilegitimidad de las guerras contra los indios;
Paulo III que obligaba a una revisión de la praxis bautismal, tratando de legitimidad de la evangelización, la que sólo podía y debía hacerse por
dirimir la controversia planteada ya en la junta de 1535. medios pacíficos; obligación de los reyes de Castilla de sostener económica-
180 P.II. La Iglesia diocesana
mente la evangelización americana; obligación de restituir por parte de
todos los que no habían observado estos principios, como era el caso de los & to
conquistadores, encomenderos y cuantos con ellos habían colaborado en
conculcar estos principios. Este contexto se recoge bien en el Catecismo de >
Bartolomé de las Casas, publicado en el mismo año de 1546.
Se acordó también redactar catecismos o doctrinas para los indígenas, a
los que ya se había adelantado, entre otros, el propio Juan de Zumárraga.
Esta conjunción de catecismos y doctrinas tiene claros precedentes en síno-
dos medievales de la península Ibérica y de otras partes, y será el logro
mayor del Concilio III de Lima de 1582-83.

K) ¿Junta de Lima, 1545? Z


O
Suelen hablar los autores de una supuesta junta celebrada por el arzo-
bispo de Lima, fray Jerónimo de Loaysa. Pero más bien parece tratarse de 33
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un escrito de dicho prelado titulado Instrucción de la orden que se ha de tener _¡
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en la doctrina de los naturales, que no consta suficientemente haber sido <J
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aprobado por junta alguna. Q
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II. SÍNODOS DIOCESANOS n.
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A) Distribución geográfica y cronológica w
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Tanto la celebración de sínodos diocesanos como la de concilios se O
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divide en América en dos grandes períodos: uno que corre des'de finales de Q
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la primera mitad del siglo xvi hasta las mismas fechas del siglo XVII; y otro as
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que cubre el resto hasta más allá del final de la época colonial. En el primer S
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período se crea todo un cuerpo de normas de Derecho canónico en el que Z
se integra la disciplina común de la Iglesia y la específica de las Iglesias
americanas. Este conjunto constituye el capítulo más importante del Dere-
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cho canónico indiano, en el sentido de que es también el más cercano a la to <o
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vida cotidiana de la población.
He aquí un cuadro en el que se indican las ciudades donde se celebra- "* ÍS °* ° —•
ron los sínodos americanos desde mediados del siglo XVI hasta mediados del oo <N I-H <N
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XVII, así como las fechas y la frecuencia en cada una de las sedes episcopales:
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to. 10. Las asambleas jerárquicas 183
182 P-H- La Iglesia diocesana
to antes de su publicación. En efecto, hay indicaciones en varios de los
El segundo período de los sínodos americanos vive de las rentas de un sínodos editados según las cuales la autoridad civil pone en entredicho las
cuerpo de disciplina ya creado y en el que se introducen pocas innovaciones. normas sinodales que creía atentaban contra los derechos de la Corona
A esta serie pertenecen los siguientes, cuya existencia no está suficientemen- inherentes al Regio Patronato. Otros sínodos no llegaron a publicarse por-
te comprobada en todos los casos. El siguiente cuadro sintetiza los datos que no consiguieron esta aprobación de las autoridades civiles.
esenciales sobre estos sínodos: A la celebración de cada sínodo solía preceder una visita del obispo a
toda la diócesis para informarse de los problemas existentes y someterlos a
SÍNODOS AMERICANOS ENTRE MEDIADOS DEL SIGLO XVII discusión y decisión del sínodo.
Y MEDIADOS DEL XVIII
El siguiente paso consistía en la convocatoria de la reunión dirigida por
el obispo a todo el clero con cura de almas y a los superiores de las órdenes
NUMERO DE ORDEN Y FECHAS DE CELEBRACIÓN religiosas que allí ejercían su apostolado. El obispo nombraba también un
CIUDADES equipo de consultores y otros oficiales del sínodo, designando el lugar y la
I II III IV V VI VII fecha en que debía celebrarse.
San Juan de Puerto Rico .. 1645 1647 1697 C) Celebración
Santiago de Chile 1663 1668 1673 1688 1763 1764 1771
Guamanga (Perú) 1672 1725 La celebración de los sínodos estaba rodeada de grandes solemnidades
Santiago de Cuba 1681 religiosas que, con ligeras variantes, se ajustaban al siguiente esquema. El día
Santo Domingo 1683 1685
Arequipa 1684 de la inauguración salía el obispo de su palacio procesionalmente, acompa-
Santiago de León-Caracas 1687 ñado de los sinodales convocados, de las autoridades civiles y de gran con-
Tucumán 1700 1702 curso del pueblo. Llegados a la catedral, se celebraba la misa del Espíritu
Córdoba 1700 Santo. Durante la misa o después de ella predicaba el obispo, tomando como
Popayán 1717 lema algún pasaje del Evangelio más adaptado a esta circunstancia, como
Yucatán 1723 1725
La Paz 1738 1739 aquel que comienza con las palabras Yo soy el buen pastor (Jn 10,11-14). En
Lima 1739 este sermón se explicaba la razón de ser y los objetivos que se proponía el
Concepción (Chile) 1744 sínodo. El tañido de campanas, los fuegos artificiales y el ambiente festivo
La Plata o Charcas (Sucre) 1773 que se producía subrayaban la importancia y las expectativas que se abriga-
Santiago de Cuba 1778 ban en relación con la asamblea.
Cartagena de Indias 1782 ó 1789
Después de la profesión de fe de los sinodales y de otras formalidades
comenzaban las sesiones técnicas del sínodo, que solían tener lugar en el
B) Normas sobre los sínodos palacio episcopal, durante las cuales se discutían los temas que se habían
seleccionado para tal efecto. Finalmente se ultimaba el texto de las constitu-
Aparte de las normas eclesiásticas por las que se regía la celebración de ciones, para cuyo efecto el obispo, normalmente, llevaba ya un borrador
los sínodos, diversas disposiciones recogidas en la Recopilación de leyes de los susceptible de recibir modificaciones. La sesión de clausura revestía la mis-
Reinos de las Indias, de 1681 (libro 1, título 8), se ocupan también de este ma solemnidad que la de apertura. En ella se proclamaban las constituciones
tema. La ley tercera de ese título, basada en sendas reales cédulas de 1570, del sínodo.
1591 y 1621, ordenaba que en los arzobispados y obispados de América se
El paso siguiente era la presentación del texto de las constituciones a las
celebraran cada año sínodos diocesanos, y que los virreyes, presidentes,
autoridades seculares competentes, pidiendo la autorización para publicar-
Audiencias y gobernadores escribieran todos los años a los prelados de sus
las, la cual, como dijimos más arriba, a veces no se dio o se otorgó con
distritos recordándoles esta obligación. Justo es constatar que el legislador
restricciones.
secular tampoco consiguió que se cumpliera la sin duda excesiva frecuencia
Era obligatorio, para todos los convocados al sínodo, tener copia de sus
anual en la celebración de estas asambleas. En América, además, las distan-
constituciones, de las que eran examinados para cerciorarse de que estaban
cias eran mucho mayores que en Europa, donde tampoco se cumplía la
en condiciones de comunicar al pueblo su contenido. Para este efecto estaba
norma de celebrarlos cada año.
previsto que el contenido de las constituciones sinodales se expusiera a los
Llama la atención la ausencia casi total de sínodos en Nueva España, fieles en la medida en que les afectaba, particularmente durante la Cua-
debida aparentemente al hecho de que los concilios provinciales de México resma.
llenaron este vacío gracias a unas mejores comunicaciones.
En la ley 6 de esa misma Recopilación, extractada de dos reales cédulas
de 1560 y 1590, se manda que las constituciones de los sínodos diocesanos
sean examinadas por los virreyes, presidentes y oidores del respectivo distri-
184 P.II. La Iglesia diocesana 185
C. 10. Las asambleas jerárquicas
D) Originalidad y contenido
disposiciones de los concilios provinciales no fue puramente mecánica, sino
Los sínodos diocesanos de América no son especialmente novedosos en que supuso en muchos casos la promulgación de nuevas normas no conteni-
lo referente a la disciplina que afectaba a los seglares españoles, a los clérigos das en los concilios, requeridas para la promoción espiritual y material de los
seculares y a los religiosos. En este campo reflejan, salvo raras excepciones, indígenas y, por supuesto, de los españoles y criollos que allí se encontraban.
el tradicionalismo, la meticulosidad y el rigor tridentinos, que en definitiva Como los concilios, los sínodos exigen más de los hispano-criollos que de los
eran herencia medieval, ya que Trento no modifica la óptica del Medievo en indios. También se ocupan de los esclavos negros, a los que generalmente les
cuanto a disciplina eclesiástica se refiere. Por lo mismo son relativamente aplican las mismas normas que a los indios, salvo en algunos casos aislados,
pocas las normas relativas a las cualidades positivas de las personas, mientras en que dictan medidas especiales para ellos.
que son innumerables las que se refieren a asuntos tan nimios e incluso
pintorescos como la indumentaria, el arreglo personal, el uso del tabaco,
etc. Desde este punto de vista los sínodos americanos no difieren sustancial- III. CONCILIOS PROVINCIALES
mente de los que contemporáneamente se celebraban en Europa. Aun así,
no es raro encontrar en ellos alguna que otra información sobre aspectos A) Distribución geográfica y cronológica
locales que resultan de gran utilidad para el estudio de los más diversos La norma de celebrar concilios provinciales cada tres años fue mal
aspectos de la sociedad hispano-criolla de la época colonial. cumplida en todas partes. Los celebrados en América dan una media muy
Estos mismos sínodos presentan, en cambio, una gran originalidad en superior a la de Castilla, donde durante más de trescientos años sólo hubo,
todo lo relacionado con los indígenas, su educación y su evangelización, así después de Trento, un concilio por cada provincia eclesiástica, pese a que la
como otros problemas con ellos relacionados. Ahora bien, su originalidad en norma trianual del concilio tridentino estaba reforzada por una orden ex-
esta materia sólo es relativa, ya que la comparten con las autoridades civiles. presa de Felipe II.
Disposiciones civiles y eclesiásticas se influyen mutuamente, siendo a veces La edad de oro de los concilios provinciales americanos se sitúa entre
difícil esclarecer de quién parte la primera iniciativa de unas normas que 1550 y 1630, tal como se refleja en el siguiente cuadro:
después comparten ambas autoridades.
Al consultar estos sínodos, el lector puede sacar una impresión demasia-
do negativa y deprimente de cuanto ocurría en América. Ello se debe a que CONCILIOS AMERICANOS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
la finalidad de los sínodos no era canonizar ninguna conducta, sino corregir
los abusos. Y esto lo cumplieron con gran valentía, llegando incluso a en- NUMERO DE ORDEN Y FECHAS DE CELEBRACIÓN
frentamientos con las autoridades civiles por este motivo. Para su informa- CIUDADES
ción deberá el historiador contrastarla con las demás fuentes de la época, I II III IV
para conocer los aspectos positivos, que también los había. El mérito y la
limitación de los sínodos consiste precisamente en que no intentan nunca Lima 1551-52 1567-68 1582-83 1591-1601
tejer un elogio de nadie ni de nada, sino poner de relieve lo que es digno de México 1555 1565 1585
corrección, mientras que no pocas de las restantes fuentes encierran el Santo Domingo 1622-23
Santa Fe de Bogotá 1625
propósito de dar buena imagen de la propia persona o institución. La Plata o Charcas (Sucre) 1629
Por las páginas de los sínodos suelen desfilar las más variadas situacio-
nes humanas: la religiosidad y la picaresca, las creencias y las supersticiones,
la pobreza y la opulencia, la caridad o la justicia y la explotación, el trabajo De todos estos concilios sólo recibieron la doble aprobación regia y
y las finanzas, el amor y el odio, junto con los momentos estelares de la vida pontificia el I y el III de México, y el III límense, en el que implícitamente
humana, tales como el bautismo, la primera comunión, el casamiento, las se aprueba el II de Lima.
fiestas, las exequias, etc. Todas y cada una de las disciplinas históricas pue- Durante el reinado de Carlos III (1759-1788) tuvo lugar otra serie de
den beneficiarse ampliamente de este filón documental de los sínodos, don- concilios provinciales cuya principal característica es el ambiente de presión
de se encuentran interesantes aportaciones a la historia de la religiosidad, de regalista en que se celebraron. Pese a esta actitud regalista de las autoridades
la economía, de la sociología, de la demografía, de la geografía, de la historia civiles españolas, en el II de Charcas consiguieron los padres conciliares
eclesiástica y profana, del Derecho canónico, de la liturgia, del folklore y, en hacer oír su voz. Prescindiendo de algunos intentos frustrados de celebra-
suma, de la cultura. ción de concilios, éste es el cuadro de los celebrados en la década de los años
Los sínodos trataron de aplicar en cada área de América, a escala setenta del siglo xvm:
diocesana, lo que disponían los concilios provinciales, de los que nos ocupa-
mos en el siguiente apartado de este capítulo. Pero la aplicación de las
186 P.IL La Iglesia diocesana CIO. Las asambleas jerárquicas 187

CONCILIOS AMERICANOS DEL SIGLO XVIII debido a que sólo este último obtuvo la doble aprobación regia y pontificia.
Un Sumario de este II concilio de Lima, en castellano, fue impuesto como
obligatorio por el concilio III limense.
NUMERO DE ORDEN Y FECHAS DE CELEBRACIÓN 3. Concilio III de Lima, 1582-83. Este concilio, convocado por el
CIUDADES
arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, representa el punto cenital
n iv vi
de la actividad conciliar en el virreinato del Perú. Los problemas de aquel
México 1771 virreinato eran tantos y tales a fines de la década de los años setenta del si-
Lima 1772 glo XVI, que estaban necesitando un concilio como el presente. La provincia
La Plata o Charcas (Sucre) 1774 eclesiástica limense comprendía entonces todos los territorios ocupados por
Santa Fe de Bogotá 1774 los españoles desde la actual Nicaragua hasta la Tierra del Fuego. La inmen-
sa labor realizada por este concilio fue posible gracias al coraje del arzobispo
Fue nula, o por lo menos de escaso relieve, la influencia de estos convocante, a la ayuda de un numerosísimo cuadro de clérigos y religiosos,
concilios del siglo XVIII en la vida y disciplina eclesiástica hispanoamericana, entre ellos muchos teólogos, canonistas y otros expertos. Entre ellos destaca
si se exceptúa la del II de Charcas, del año 1774. la labor del lingüista franciscano Luis Jerónimo de Oré, así como la del
jesuíta José de Acosta, que no sólo fue el principal coordinador de la ardua
B) Concilios limenses tarea de redactar los textos conciliares, sino también el agente capaz de
conseguir la doble aprobación regia y pontificia mediante una difícil gestión
1. Concilio I de Lima, 1551-52. El prelado convocante de este conci- diplomática llevada a cabo en la corte de España y ante la Santa Sede. Por
lio fue el arzobispo de Lima, Jerónimo de Loaysa. En 1545 escribió una añadidura, su obra titulada De promulgatione Evangelii apud barbaros, seu de
Instrucción de la orden que se ha de tener en la doctrina de los naturales, en buena procuranda Indorum salute reforzó mucho la aceptación y cumplimiento de
parte recogida literalmente en los capítulos 38-40 de las constituciones para este concilio.
los naturales de este primer concilio limense, el cual dedica una serie de 40
Para evaluar debidamente las reformas de este concilio es preciso tener
constituciones a los indígenas y otra de 132 a los españoles. En estas últimas
en cuenta el objeto de estas reformas y el modo como las realizó, así como
se insiste a su vez en las relaciones de estos últimos con los primeros.
los resultados de las mismas.
Los temas centrales de este concilio son la unidad de la doctrina, la
El concilio trató, ante todo, no sólo de reformar los abusos existentes,
uniformidad de su presentación a los indígenas y la mejor distribución y
sino también de suprimir las causas de los mismos. Aparte de una reorgani-
dedicación de los misioneros y demás clérigos a la obra de la evangelización
zación general de la disciplina eclesiástica tendente a reformar las conductas
de los naturales. En sucesivas constituciones se trata de conseguir estos fines
inaceptables de clérigos y fieles, procuró aprovechar mejor los recursos de
insistiendo en la organización de las doctrinas; en la catequesis de los indíge-
personas y de medios para la evangelización y para la cura pastoral de los ya
nas, para lo que se preceptúa el uso de una Cartilla; en la construcción de
cristianos.
iglesias donde antes había huacas del antiguo culto pagano; en el uso de las
lenguas nativas por parte de los misioneros, así como en el modo de recibir Para conseguir esto promulgó un gran cuerpo de constituciones, dis-
a los nuevos conversos a los sacramentos y en la forma de administrárselos. puestas en cinco sesiones, y mandó componer toda una larga serie de instru-
mentos de carácter pastoral, entre los que destacan la Doctrina christiana, el
2. Concilio II de Lima, 1567-68. Convocado y presidido por el mis-
Catecismo Mayor, el Confessionario para los curas de indios, la Instrucción contra
mo Jerónimo de Loaysa, este concilio tuvo lugar en un momento histórico
la idolatría, la Exhortación... para bien morir y el Tercero Catecismo. Estos textos
en que estaba en pleno auge el clima conciliar creado por las exigencias del
están redactados en castellano, aymará y quechua, ordenando que se tradu-
concilio de Trento, entre las cuales se mandaba celebrar concilios provincia-
jeran a otras lenguas locales donde no estuvieran en vigor el quechua y el
les cada tres años, aunque para América hubo sucesivas ampliaciones de este
aymará, como así se hizo. Los resultados de las reformas de este concilio III
plazo de tiempo. Sus constituciones, escritas en latín, y no en castellano
de Lima fueron importantes.
como las del primero, se dividen en dos series: una de 132 para los españoles
y otra de 122 para los indígenas. Debido a su doble aprobación permaneció vigente en América hasta la
Aparte de la incorporación de normas tridentinas, en este segundo Independencia, tanto como ley de la Iglesia como por la aprobación civil que
concilio se ponen al día y se perfilan mejor aspectos ya tocados en el primero se le da en la Recopilación de 1680 (lib. 1 tít. 8 ley 7), la cual recoge las
limense, aparte de otros nuevos relativos a la evangelización y cura pastoral aprobaciones del concilio III de Lima y del III de México, dadas anterior-
de los nativos. Este concilio II de Lima es superior al III desde el punto de mente en 1591, 1593 y 1628. Los sínodos diocesanos, por su parte, trataron
vista de su elaboración teológica, aunque es sensiblemente inferior desde el de poner en práctica el espíritu y la letra de este concilio limense hasta
punto de vista práctico de las normas concretas contenidas en uno y otro. El finales del siglo XIX. Este influjo fue más intenso en la provincia eclesiástica
impacto de los dos primeros concilios limenses es muy inferior al del tercero de Lima, pero también fue aceptado por algunos sínodos de otras latitudes.
C.10. Las asambleas jerárquicas 189
188 P.II. La Iglesia diocesana
sos aspectos del culto divino. Los mismos temas misionales de los dos prime-
En conclusión, pocos concilios particulares, si es que hubo alguno en la ros concilios mexicanos vuelven a estar presentes en este tercero.
historia moderna de la Iglesia, ejerció un influjo tan extenso en el tiempo y Se consiguió la doble aprobación de este concilio por parte de la Santa
en el espacio. No seríamos justos silenciando lo mucho que este límense Sede (1589) y de la Corona, que autorizó la impresión de sus constituciones
tercero toma de los dos primeros que le antecedieron, de la experiencia en 1621.
novohispana e incluso ibérica y tridentina. El concilio asume, cataliza y Este concilio III mexicano es, sin duda, tan importante como el III de
rebasa con creces los citados influjos recibidos. Lima en muchos de sus aspectos. Fue menos afortunado en cuanto a la
Los demás concilios limenses revisten un interés mucho menor que el rapidez de la doble aprobación civil y eclesiástica. Tampoco contó con un
de los tres aquí reseñados. Acosta que acertara a inspirar y coordinar la redacción, aprobación y edi-
ción de los textos. Pero aventaja al límense por su mayor impacto en otros
C) Concilios nuexicanos concilios posteriores de dentro y fuera de México.
1. Concilio I de México, 1555. Convocado por el arzobispo de Méxi- 4. Concilio IV de México, 1771. Este concilio sólo ha pasado a la
co, Alonso de Montúfar, este concilio da prioridad en sus 93 constituciones historia por su carácter regalista y no por el resto de su legislación, reiterati-
al tema misional. Subraya la necesidad de usar las lenguas indígenas en la va de la de anteriores concilios. Fue convocado por el rey Carlos III y no por
evangelización, la suficiente instrucción que se debe dar a los indígenas la legítima autoridad eclesiástica. Al frente de los obispos aparece el carde-
antes de bautizarlos, la pastoral a seguir ante los rebrotes de la idolatría, las nal y arzobispo de México, Francisco Antonio de Lorenzana. A lo largo de
reducciones o congregación de los naturales en poblados, la administración 126 reuniones, los representantes regios consiguieron que la jerarquía ecle-
de los sacramentos a los neoconversos, etc. Este concilio obtuvo la doble siástica aprobara la secularización de la Compañía de Jesús y otras medidas
aprobación pontificia (1563) y regia (1564). tendentes a una mayor sumisión de la Iglesia al poder secular. Por más
esfuerzos que hizo la Corona, Roma nunca aprobó los 623 cánones de este
2. Concilio II de México, 1565. Fue el mismo arzobispo Montúfar
concilio, 101 de los cuales recibieron modificaciones de carácter regalista
quien convocó y presidió este concilio. Aparte de insistir, como el anterior,
por parte de la corte de Carlos III.
en temas comunes sobre la reforma de las costumbres del clero y del pueblo,
a lo largo de sus 28 constituciones comparte también su misma preocupa-
ción misional, aunque insiste todavía más en el estudio de las lenguas indíge- NOTA BIBLIOGRÁFICA
nas. En un escrito enviado al rey, los obispos piden más clérigos y religiosos
que con su doctrina y con su ejemplo les ayudaran a convertir a los na-
Juntas eclesiásticas
turales.
E. J. BURRUS, «Key Decisions of the 1541 Mexican Conference»: Neue Zeitschrift
3. Concilio III de México, 1585. Este concilio, convocado por el arz- für Missionswissenschaft 28 (Immensee, 1972), 253-263; A. GARCÍA Y GARCÍA, Iglesia,
obispo de México, Pedro de Moya y Contreras, presenta una fisonomía en sociedad y derecho 1 (Salamanca, 1985), 399-405; J. GARCÍA ICAZBALCETA, Don Fray
parte coincidente y en parte diversa de la del tercero límense. La principal Juan de Zumárraga, primer obispo y arzobispo de México (ed. México, 1947), Apéndices;
diferencia radica en la abundante serie de memoriales que presentaron F. GIL, «Las Juntas Eclesiásticas durante el episcopado de Fray Juan de Zumárraga
oficialmente al concilio muchos de los participantes en él, cosa que no se dio (1528-1548). Algunas precisiones históricas», en Teología 26 (Buenos Aires, 1989),
3-30, y J. I. SARANYANA y otros, Evangelización y teología en América (siglo XVI) 1
en los precedentes concilios de América. Los autores de los memoriales (Pamplona, 1990), 497-521; J. Li-AGUNO, La personalidad jurídica del indio y el III
representaban a los principales estamentos interesados en la obra del conci- concilio provincial mexicano (1585) (México, 1983), 7-29 y 151-156.
lio: Ordenes religiosas, clero secular e incluso personas privadas. En gene-
ral, no afloran nuevos problemas en dichos dictámenes, aunque sí a veces Sínodos y concilios
una mayor inmediatez del conocimiento de primera mano que muestran J. SPECKER, Die Missionsmethode in Spanisch-Amerika im 16. Jahrhundert. Mit Beson
poseer algunos autores de estos informes en torno a los problemas que derer Berücksichtigung der Konzilien und Synoden (Schóneck-Beckenried, 1953); ID..
tocan. «La predicación de la fe en la América Española tal como se refleja en los concilios y
sínodos americanos»: Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica 38
Las prohibiciones y normas concretas de este concilio se refieren siem- (Medellín, 1980), 65-81.
pre a los clérigos y religiosos, mientras que a las autoridades seculares y a los
laicos se dirigen sólo normas generales y exhortaciones, como ocurre en el Sínodos (general)
caso típico de los repartimientos, pidiendo al rey que dé una solución F. CANTE1.AR RODRÍGUEZ, Catálogo de la colección sinodal «Lamberto de Echeverría
práctica a este enojoso y grave asunto. Los decretos contienen disposiciones 1-2 (Salamanca, 1980-1987).
muy enjundiosas para los ministros de la evangelización y de la cura de Sínodos antillano-mexicanos
almas, para los obispos, para los visitadores, insistiendo particularmente en D. FERNÁNDEZ NAVARRETE, Synodo diocesano del arzobispado de Santo Domingo,
la predicación y la enseñanza, en la preparación de los indígenas para recibir 1683 (Madrid, 1685); J. GARCÍA DE PALACIOS, Sínodo de Santiago de Cuba de 1681, ed.
los sacramentos y en la administración de los miamos, así como sobre diver-
190 P.II. La Iglesia diocesana C. 10. Las asambleas jerárquicas 191
García-García y Santiago-Otero (Madrid, 1982); O. GÓMEZ PÁRENTE, «Sínodo dioce- (Buenos Aires, 1979), 101-130; J. M. ARANCIBIA y N. C. DELLAFERRA, LOS sínodos del
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cristiana y catecismo para instrucción de los indios (Madrid, 1986), 163-226; ID., «Sala-
manca y los concilios de Lima», en D. BOROBIO GARCÍA y otros, Evangelización en Por FEDERICO R. AZNAR G I L
América (Salamanca, 1988), 241-348; ID., «Vigencia, recepción y uso del concilio
tercero de Lima en los concilios y sínodos de Indias», en La protección del indio
(Salamanca, 1989), 11-40; L. LOPETEGUI, «Labor del P. Acosta, S. J., en el concilio
tercero de Lima, 1582-1583»: Revista de Indias 2 (Madrid, 1941), 63-84; ID., «Notas
sobre la edición del tercer concilio provincial de Lima»: Gregorianum 22 (Roma,
1941), 252-272; F. MATEOS, «Los dos concilios limenses de Jerónimo de Loaysa»:
Missionalia Hispánica 4 (Madrid, 1947), 479-524; P. TINEO, LOS concilios limenses en la Según el ordenamiento canónico, la expresión clero diocesano tiene
evangelización latinoamericana. Labor organizativa y pastoral del tercer concilio limense diferentes significados: puede referirse a todo el clero que está en una
(Pamplona, 1990). Sobre los documentos pastorales emanados del tercer concilio de
Lima, véase el capítulo 30. diócesis, o bien, únicamente, al que se dedica a actividades pastorales dioce-
sanas. Dentro de este último grupo también cabe hacer otra clasificación:
Concilio de Charcas según esté o no bajo la jurisdicción del obispo diocesano. Y aun dentro de
B. VELASCO, «El concilio provincial de Charcas de 1692»: Missionalia Hispánica esta última división, es necesario distinguir entre el clero secular y el clero
21 (Madrid, 1964), 79-130 (el concilio se celebró en 1629). religioso o regular, puesto que estos últimos, como es bien sabido, sólo
parcialmente están sujetos a la jurisdicción diocesana.
Nosotros analizaremos aquí al clero secular dependiente del obispo
diocesano: más exactamente, la figura del sacerdote diocesano, puesto que
no hay que olvidar que clérigo era, en la época aquí estudiada, el fiel
cristiano que había recibido la tonsura, aunque no tomase las restantes
órdenes. Nos fijaremos, fundamentalmente, en algunos aspectos signifi-
cativos que configuraron su estatuto, dejando de lado otras cuestiones que
merecen un estudio específico, tales como la administración de los
sacramentos, la predicación y la catequesis, los diezmos y las primicias,
etcétera.

I. LA CONSTITUCIÓN DEL CLERO SECULAR

La primera evangelización fue llevada a cabo por religiosos, con algunas


intervenciones aisladas de clérigos diocesanos. Una vez erigidas las diócesis
y dotadas de un obispo, cabe hablar como tal del clero diocesano, que en la
América española tuvo dos orígenes principales: español y criollo, dejando
aparte el indígena, objeto de otro capítulo y en el que se enmarca tanto el
clero secular como el regular.

A) Clero español

El paso de sacerdotes diocesanos españoles a Hispanoamérica desde el


siglo XVI es un hecho cierto, si bien ni de forma tan organizada ni tan
numerosa como el envío de misioneros religiosos. Aunque sobre ellos no
disponemos de una información tan amplia como sobre los religiosos, re-
cientes investigaciones sobre archivos, protocolos notariales, etc., ofrecen
nuevos datos, aunque parciales, sobre el particular.
194 P.II. La Iglesia diocesana C.ll. El clero diocesano 195
Las autoridades eclesiásticas y seculares intentaron desde el primer se completaban con otra muy semejante: todos los clérigos que llegasen a las
momento controlar a los clérigos que pasaban a América para evitar, como diócesis debían presentarse en el plazo de tres o cuatro días al ordinario
se dice en una real cédula del 15 de junio de 1510, que marcharan religiosos respectivo. Las obligaciones de este clero coincidían con las establecidas de
sin la habilidad necesaria «para administrar los santos sacramentos ni para forma general, como veremos a continuación.
las otras cosas que son necesarias». O, como se afirma en otra real cédula del
26 de enero de 1538, para evitar que pasaran «algunos clérigos que han sido B) Clero criollo
frayles, que no son de buena vida ni exemplo, como se requiere para la
1) Requisitos. Para la ordenación de los clérigos residentes o nacidos
conversión de los naturales dessas partes a nuestra santa fe católica» o «sin
en la propia América, los concilios y sínodos americanos recuerdan los
nuestra licencia ni de su perlado».
requisitos ya establecidos en la legislación canónica general, con cierta insis-
De aquí que se exigieran ambas licencias, del prelado y del rey, para que tencia en algunos de ellos.
el clérigo pudiera pasar al Nuevo Mundo, pidiéndose a los obispos america- Se determina cuidadosamente, por ejemplo, cuál era el mínimo de
nos que a los clérigos y religiosos que fueran sin estas licencias no les ciencia requerido en los ordenandos según la diferente escala de las órde-
permitieran decir misa, ni administrar los sacramentos, ni adoctrinar a los nes: grados (órdenes menores), epístola (subdiácono), evangelio (diácono),
indígenas; por contra, los debían embarcar y devolver a España. Los que misa (presbítero), cantar misa, curas (párroco) y ordenados por Roma. De
pasaban con las licencias citadas debían presentarlas ante los jueces de la una forma menos concreta que la anterior, el sínodo de Quito de 1570 dirá
Casa de Contratación de Sevilla, notando en ella «como el clérigo o religioso que «los que han de recibir órdenes han de ser por lo menos buenos gramáti-
que la lleva es el contenido» (Recopilación de leyes de los Reinos de Indias, 1681, cos, e han de saber cantar, e han de entender el cómputo...»
lib. 1 tít. 8).
Otro requisito frecuentemente recordado es la dignidad de vida del
Estos textos son suficientemente claros y expresivos sobre el alcance de ordenando: no debía haber sido infamado, ni descender -decía el primer
las citadas licencias. Control que no sólo se estableció en el punto de partida, concilio provincial de México- de «padres o abuelos quemados o reconcilia-
sino también en el de llegada. dos o de linaje de moros» (un sínodo especificará que no debían ser ascendi-
Los concilios provinciales y sínodos diocesanos recordarán continua- dos a las sagradas órdenes «los hijos de los que fueren castigados por el Santo
mente que «el título y principal fin para que todos, en especial los eclesiásti- Oficio, siendo descendiente en primero y segundo grado respecto del padre,
cos, venimos a estas partes es la doctrina e conversión de los naturales dellas y en primero respecto de la madre») por la indecencia que de ello resultaba al
a nuestra santa fee católica y administración de los sacramentos y servicios estado eclesiástico, escándalo y otros inconvenientes que se habían seguido en
de las iglesias», por lo que se estableció otro control, para ver si efectivamen- las Indias por haber ordenado a semejantes personas; debía haber vivido
te habían cumplido esta misión, en los siguientes términos: cuando alguno limpiamente y haber estado apartado del pecado carnal; no tenía que haber
quisiera salir de su diócesis, se debía examinar en qué se había ocupado. Y si sido jugador de juegos ilícitos y prohibidos; tenía que tener costumbre de
no hubiere servido en una iglesia o en un pueblo de los naturales en su confesarse y comulgar; no debía estar acostumbrado a blasfemar; debía ser de
doctrina y conversión, debían tomarle la mitad de los bienes que tuviere. legítimo matrimonio; no tenía que haber cometido delito por el que mereciera
Sin todo lo anteriormente dicho no se debía dar licencia a nadie para que pena de sangre; no tenía que padecer algún defecto natural.
pudiera venirse a América, exigiendo además que hubiera servido al menos El sínodo de Santiago de Cuba de 1681 recapitulaba así las diligencias
cuatro años en la diócesis. Se advertía, incluso, que se avisaría al Real que debían hacer los que quisieran ser promovidos a las órdenes: fe de
Consejo de Indias para que detuviesen en Sevilla a los clérigos que no bautismo; información de su buena vida y costumbres, y ser hijos legítimos
llevasen testimonio de cómo habían servido en una diócesis americana. de padres cristianos viejos, limpios de toda mala raza, de judíos, herejes,
Que tales avisos no eran huecos, lo vemos confirmado en la misma moros o recién convertidos a la fe católica; suficiencia de doctrina; hábito
Recopilación, cuando establece que ningún clérigo secular ni religioso podía eclesiástico, y estar confirmados. La edad exigida era la general canónica:
regresar a la Península sin las siguientes licencias o permisos: a) licencia de para la primera tonsura, siete años cumplidos; para los tres primeros grados,
sus prelados, que no la debían dar si no les constaba que, al menos, habían doce años, y para el último, catorce (si bien algunos sínodos exigirán tener
residido durante diez años en la diócesis, y b) licencia del virrey o gobernador catorce años para la recepción de la tonsura); veintiún años cumplidos, y
en cuyo distrito hubieran estado (Recopilación, lib. 2 tít. 16). entrado en los veintidós, para subdiácono; veintidós años cumplidos, y en-
La finalidad de estas normas era obvia: evitar que pasaran clérigos trado en los veintitrés, para diácono; veinticuatro años cumplidos, y entrado
indignos que serían un obstáculo para la evangelización y, al mismo tiempo, en los veinticinco, para sacerdote.
controlar que el clérigo había cumplido la misión para la que se le dio la Otro de los requisitos exigidos para la ordenación era que el ordenando
licencia. Especial énfasis se puso en intentar evitar que los clérigos religiosos tuviera algún beneficio o suficiente patrimonio para poder vivir honesta-
que habían abandonado su orden y pasado sin licencia sirvieran en oficios mente. Condición que también en América se exige, intentando garantizar
eclesiásticos: debían ser expulsados y reenviados a la Península. Normas que de diferentes maneras que el título de beneficio o patrimonio presentado
C.ll. El clero diocesano 197
196 P.II. La Iglesia diocesana
En algún caso, finalmente, se establecen precauciones para evitar los
por el candidato fuera verdadero y suficiente, es decir, que cubriera real- excesos de los simples clérigos coronados o tonsurados que tantos proble-
mente las necesidades o conveniencias del sacerdote. Y se recuerdan en este mas causaron en Europa durante los siglos xiv y xv.
sentido las penas establecidas por el concilio Tridentino contra los que se Sabido es que el clérigo, por ser tal, gozaba en esta época de la inmuni-
ordenaban con un título falso o de forma simoníaca. dad eclesiástica, que, básicamente, consistía en que los clérigos y sus posesio-
Hasta qué punto se cumplía esto, no lo sabemos con certeza; es, sin nes estaban libres de las cargas laicales y que sólo podían ser juzgados por un
embargo, bastante significativo que el sínodo de Arequipa, celebrado en tribunal eclesiástico. Como en el orden clerical se ingresaba por la recepción
1684, estableciera que la congrua resultante del título presentado para la de la tonsura, sin necesidad de recibir las restantes órdenes, era relativamen-
ordenación debía ser, por lo menos, de doscientos pesos de a ocho reales y te frecuente el caso de laicos que recibían la citada tonsura para quedar
prohibiera unas capellanías temporales, que en realidad eran falsas y no exentos de la jurisdicción secular.
garantizaban el sustento económico del sacerdote. En América, lógicamente, existía este mismo peligro, por lo que ya el
El juicio del citado sínodo es el siguiente: «Ha sido mayor el arrojo y primer concilio provincial de México, en 1555, estableció la siguiente medi-
facilidad con que hemos reconocido que en esta diócesis se ha obrado en da para evitar estos peligros: «Porque tenemos muy entendido que muchos
esta materia, sin atender a las graves penas de suspensión perpetua», expli- se ordenan de primera corona, mas con intento de aprovecharse de el
cando los males de aquí derivados, tales como «por cuyo medio se facilita y privilegio clerical para sus delitos, si los hicieren, que para ser de el número
abre camino para que en estas partes aya muchos más clérigos de los que de los que sirven en la Iglesia y suerte de el Señor [...] mandamos [...] que
conviene y son necesarios. Y a la mayor parte de los clérigos de esta ciudad ninguno de hoy más se ordene de prima tonsura, ni de grados, si no fuere de
hemos hallado ordenados de esta forma y sin congrua alguna para su susten- edad de catorce años cumplidos y sin que primero, assí ellos como sus padres
to. Y aviéndonos certificado de la verdad de lo que en esto pasa, hemos o las personas que los tienen debajo de su administración, juren en forma
procurado negar las órdenes a semejantes títulos». que quieren con verdad y con efecto ser de la Iglesia y que los presentan
Conjuntamente con lo anterior, se admitió como suficiente el denomi- para que sean de el número y suerte de los ministros de ella».
nado titulum indorum, equivalente al título de servicio a la diócesis, puesto No tenemos la suficiente información como para conocer la existencia,
que éste tenía garantizada una base patrimonial suficiente. alcance y actuación de estos simples tonsurados en América, pero casi un
Otra precaución en los trámites previos a la ordenación se tomaba siglo después, en 1622-1623, el concilio provincial de Santo Domingo repe-
cuando el ordenando no era diocesano propio, sino que procedía de otra tía idénticas disposiciones al determinar que «los que desearen recibir la
diócesis: se reforzaban, en este caso, las medidas previsoras sobre su vida y primera tonsura tengan cumplidos catorce años [...] a no ser aquellos que,
costumbres a través de las pertinentes letras o cartas dimisorias. «Sobre todo usando sotana y roquete, se hayan dedicado, por espacio de dos años, al
-dirá el tercer concilio provincial de Lima— con aquellos que vienen de servicio de la iglesia catedral o parroquial. Y hagan previamente, sus padres
Europa y con cualesquiera otros que no son suficientemente conocidos. o tutores y los mismos ordenandos, el juramento de querer continuar en el
Ninguno sea promovido (a las órdenes) por un obispo ajeno a no ser que servicio de la Iglesia».
presente cartas testimoniales de su ordinario sobre todas las cosas dichas». Tal era, en líneas generales, el conjunto de los requisitos exigidos para
Diferentes concilios y sínodos penalizarán muy severamente la práctica garantizar la idoneidad canónica de los ordenandos. Coinciden en su globa-
de conferir órdenes a aquellos que sólo tenían domicilio jurado en la diócesis. lidad con los establecidos de forma general por la Iglesia en aquella época,
Tal práctica era, en realidad, un fraude y consistía en que personas que no si bien se acentúan algunos de ellos, los que hemos señalado, por la especial
tenían legítimo domicilio en la diócesis juraban que se iban a quedar allí, incidencia o problemática que podían causar en el Nuevo Mundo.
siendo por eso mismo admitidos a las órdenes sin las dimisorias de su 2) Formación. El concilio de Trento (1545-1563) decretó la funda-
legítimo ordinario. ción de seminarios para la formación de los aspirantes al sacerdocio.
Fácilmente pueden comprenderse los riesgos de esta actuación, tolera- En América, aunque su efectiva constitución tuvo lugar más tarde (por
da en algunos casos por la escasez de sacerdotes: ordenación de personas ejemplo, el seminario conciliar de Lima comenzó en 1590, el de Quito en
indignas, abandono de la diócesis donde juraron permanecer para irse a 1594, etc.), ya el segundo concilio provincial de Lima, celebrado durante los
otra, etc. Medidas que se tornaban aún más exigentes y especiales cuando se años 1567 a 1568, exhortó y requirió a los obispos de la provincia para que
trataba de ordenandos que habían pertenecido a una orden religiosa: para erigieran seminarios y colegios de niños, según lo establecido por el concilio
evitar los «muchos y muy graves inconvenientes a causa de la peregrinación de Trento, lo más pronto que pudieran.
de los regulares, que vagan durante años y pasan de una en otra diócesis con
el título de recibir órdenes, con perjuicio para sus religiones y para sí
mismos» (concilio provincial de Santo Domingo, 1622-1623), se recuerda a
los superiores religiosos que extiendan las dimisorias según la forma estable-
cida por la legislación general de la Iglesia.
LOS SEMINARIOS DIOCESANOS FUNDADOS EN AMERICA FUERON CAÍ. El clero diocesano 199
LOS SIGUIENTES: II. EL MODELO DE CLÉRIGO DIOCESANO

Fundación Ubicación Fundación Ubicación La actuación del clero diocesano en Hispanoamérica, en general poco
conocida por no haber sido aún suficientemente estudiada y analizada, es de
1562 Oaxaca 1622 Buenos Aires muy difícil valoración por su amplitud y por su acción evangelizadora aisla-
1573 México 1625 Comayagua da, a diferencia de los religiosos. Igual sucede cuando se trata de hacer una
1573 Bogotá 1639 Popayán
1584 Guadalajara 1644 Puebla valoración de sus personas: por lo común, nos encontramos con juicios
1585 Santiago 1665 Huamanga genéricos que son equívocos y no completamente ciertos. Así, por ejemplo,
1586 La Plata 1670 León de Nicaragua se dice que el clero secular tuvo tres problemas principales: la pobreza
1586 Paraguay 1676 Asunción económica extrema, con algunas pocas excepciones; la escasa formación
1588 Quito 1680 Comayagua
1589 La Imperial 1702 Durango intelectual, y la moral sexual. Juicios globalizados que, por ser tan generales,
1589 Tucumán 1716 Córdoba realmente poco dicen. Hubo, ciertamente, clérigos seculares que acompaña-
1590 Lima 1718 Concepción ban a las expediciones militares, clérigos que fueron asesores de señores y
1594 Santo Domingo 1752 Chiapas príncipes seculares o que desempeñaron funciones de mayordomos, curas-
1596 Guatemala 1770 Valladolid soldados, etc. Pero no parece que fuera ésa la tónica general.
1601 Cuzco 1772 La Habana
1609 Caracas 1773 Buenos Aires Nosotros vamos a describir el modelo de clérigo diocesano a grandes
1616 Arequipa 1775 Cartagena rasgos propugnado por los concilios y sínodos americanos y teniendo en
1618 Mérida 1794 Monterrey
1809
cuenta que dichos textos, por lo general, son más negativos que positivos; es
1621 Trujillo Santa Marta
decir, tienden más a la reforma que a la alabanza, sin indicar la amplitud del
mal denunciado. Obvio es decir que esta imagen debe ser contrastada con
los informes, relaciones ad limina, visitas pastorales, procesos, etc., que nos
Para su mantenimiento económico, al no haber diezmos ni beneficios, muestran el grado de cumplimiento de las normas fijadas.
que eran la base de lo fijado en Trento, se determinó que una parte tenue de
los estipendios que los encomenderos de indios daban a los sacerdotes se A) Vida y honestidad
asignara para este fin.
Mucho más seria y decididamente, el tercer concilio provincial de Lima, La tradición eclesiástica anterior al siglo XVI incluía en los textos dedi-
de 1582-1583, estableció unas bases económicas para financiar los semina- cados al clero un apartado titulado sobre la vida y honestidad de los clérigos,
rios diocesanos: se debía aplicar para ellos un 3 por 100 de todas las rentas bajo cuyo epígrafe se comprendían toda una serie de actividades prohibidas
eclesiásticas (diezmos, beneficios, capellanías, hospitales, cofradías, etc.), porque se consideraban incompatibles con el estado clerical.
fueran éstas episcopales, capitulares o beneficíales, e incluyendo también las Otro tanto sucede en la América española: se recuerda que los clérigos
doctrinas de los indígenas, aunque estuvieran en manos de religiosos. deben mantener una «gravedad y seriedad» en sus charlas y conversaciones;
El cumplimiento de este impuesto o cuota, impugnado por el Cabildo que deben llevar el traje talar clerical («mantos e ropas largas al menos hasta
de Lima y religiosos ante el rey y la Sede Apostólica, fue recordado en el empeine del pie»), evitando las sedas, los paños de colores, los panuflos de
sucesivos concilios y sínodos celebrados en la provincia eclesiástica de Lima: calzas, los jubones, los pantuflos, los collares de camisas labradas, etc., así
sínodo diocesano de Lima de 1594; sínodo diocesano de Tucumán de 1597, como las becas magisteriales si no tenían derecho a ellas; que no debían
que mandó fundar el seminario en la villa de Nueva Madrid de las Juntas, participar en danzas, bailes o cantares deshonestos ni «en juntas de gente ni
dotándolo con el citado 3 por 100 y estableciendo «que los que quisieren en otro regocijo ni negocio público», ni ir a las corridas de toros; que no
poner sus hijos en el dicho seminario les provean del sustento necesario para debían andar de noche después del toque de queda de la campana, ni llevar
que puedan sustentarse, hasta que haya alguna más abundancia en los frutos armas ofensivas o defensivas de cualquier condición que fueran, aunque en
y rentas de esta tierra...»; concilio provincial de Charcas de 1629; sínodo algún sínodo se permite «que yendo de camino, habiendo causa justa, las
diocesano de Caracas de 1687, etc. Otro tanto hizo el concilio provincial de lleven, como no sean de las prohibidas, y no las lleven con publicidad y nota»,
Santo Domingo de 1622-1623: manda que se creen y funden seminarios en etcétera. Prohibiciones que, como decimos, ya se encontraban en la legisla-
cada diócesis, pero, a diferencia de la provincia limense, recurre a la genero- ción eclesiástica general.
sidad del rey para su financiación. Conjuntamente con la constitución de Y prohibiciones que, en algún caso, parecían absurdas en esas nuevas
esta base económica, se establecieron reglamentos que regulaban ios dife- tierras: pensemos, por ejemplo, en la exigencia del traje talar. Ya el primer
rentes aspectos de su régimen. concilio provincial de México (1555) se vio obligado, «teniendo considera-
ción a la calidad de esta tierra», a dispensar para que los clérigos pudieran
C. 11. El clero diocesano 201
200 P.II. La Iglesia diocesana decir, para defender a la Iglesia y a los pobres), etc. Prohibiciones que
usar ropas de tafetán y chamelote de color negro y leonado o morado también eran recogidas por la legislación secular: el clérigo no podía ser
oscuro. Sínodos limenses posteriores permitirán el uso, en algunas circuns- alcalde, abogado, escribano, factor, contratista, ni podía tener canoas en las
tancias, de un traje más corto. granjerias de perlas, ni beneficiarse de las minas, etc.
Hay, sin embargo, una insistencia sobre algunas prohibiciones especia- 3) Los juegos prohibidos. También se prohibe, igualmente, que los
les, que parecen indicar que causaron, o al menos podían, más problemas en clérigos jueguen a naipes, dados o cualquier otro. El concilio provincial de
la acción evangelizadora. México de 1555 hace esta gráfica descripción de los juegos prohibidos a los
1) El trato con las mujeres. Ya desde el primer momento, siguiendo la clérigos: «no jueguen público ni secreto juegos prohibidos de derecho,
tradición canónica, se determinó que los sacerdotes debían evitar el trato especialmente las tablas, dados y naipes al parar, ni primera, ni dobladilla, ni
con las mujeres sospechosas, definiendo como tales a las que no fueran su torillo, ni otros juegos, dinero, ni joyas, ni preseas, ni presten dineros a otros
madre o sus hermanas o, como se dice más concretamente en el sínodo de para jugar, ni asistan para atenerse a algunos que juegan o jueguen por
Puerto Rico de 1645, «la que no fuere madre o hermana o prima hermana ellos, ni tengan tablajería de tales juegos deshonestos y prohibidos en sus
que estuviere dentro del segundo grado de parentesco inclusive, y éstas casas, ni vayan a ver jugar a las casas donde obiere las tablajerías». Única-
siendo ellas de buena vida y fama, que no lo siendo también son sospechosas; mente se permite un mero juego de pasatiempo o entretenimiento con otros
o las que por su edad o virtud u otras circunstancias no lo son (sospe- clérigos o con laicos honestos y que no fueran públicos jugadores.
chosas)». Para evitar posibles violaciones de esta norma se llega a determinar qué
Se prohibe, lógicamente, que las tuvieran en su casa para su servicio. es lo que se permite jugar: algunas cosas de comer y de beber hasta una
Prohibición que en los pueblos de indígenas se hacía más radical: no podían determinada cantidad, v. g., dos pesos corrientes de a nueve reales, para
tener en su casa a mujeres indígenas, aunque estuvieran casadas, si bien colación y comida, «los cuales dichos dos pesos se entienda en todo un día y
posteriormente se permitió que, cuando no pudiera encontrarse otra forma, noche una vez ganando o perdiendo...» (sínodo diocesano de Lima, 1585;
pudieran tomar para su servicio a mujeres negras o indígenas ancianas, tercer concilio provincial de México, 1585; concilio provincial de Charcas,
carentes de toda sospecha y unidas en matrimonio a ser posible. Prohibición, 1629). Prohibición que también se recogía en las leyes seculares y que es una
incluso, que comprende el acompañar de paseo a las mujeres, el llevarlas de constante en posteriores siglos.
la mano o en las ancas del caballo. Todavía en el sínodo diocesano de La Paz de 1638 se recordaba que los
Algún concilio provincial establecerá incluso una norma similar a la clérigos no debían tener tablajes de juegos de naipes, o de dados o de otros
fijada para los españoles que llegaban al Nuevo Mundo acompañados de prohibidos, así como tampoco podían entrar en ninguna casa de juegos.
alguna mujer: los clérigos que venían de España y traían mujeres bajo título Únicamente se les permitía algún juego honesto para pasar el rato con tal de
de parientas suyas debían mostrar testimonio fehaciente de que, efectiva- que no se jugase más allá de los dos consabidos pesos: «por el mal ejemplo
mente, lo eran. O también se prohibirá que las muchachas de la doctrina que dan con ello, y el tiempo que pierden, quando todo el que es posible se
sirvieran a los propios sacerdotes. En este contexto se recordarán las consa- a de ocupar en vacar a Dios Nuestro Señor, sin tener por entretenimiento la
bidas penas canónicas contra los clérigos concubinarios y contra los hijos de asistencia que allí hacen, no diferenciándose de los demás del pueblo y sin
los clérigos: no podían suceder a su padre en la iglesia, ni éste podía dejar advertir lo que el profeta Isaías dice de la desventura que ay en la República
nada de los bienes eclesiásticos a su concubina y a sus hijos, siendo nulo ese quando llega a tanto mal que los sacerdotes son como la gente popular».
legado si así lo hacía, ni podía tenerlos en su casa, etcétera. 4) Los descubrimientos y las expediciones. Ya hemos dicho anterior-
2) Los oficios prohibidos. El clérigo estaba destinado a la propagación mente que se prohibía que los clérigos llevasen cualquier clase de armas.
de la fe católica; por consiguiente, como se dice en los concilios provinciales, Otra prohibición más específica, en este mismo sentido, fue la de que
«emplearse los eclesiásticos en otros tratos y aprovechamientos, demás de pudieran participar en descubrimientos y expediciones.
serles prohibido y de mal ejemplo y escándalo, es contra el fin para que así El primer concilio provincial de Lima (1552-1553) prohibió tajante-
vienen y porque Su Majestad da licencia y manda que pasen». De aquí, en mente, bajo pena de excomunión mayor latae sententiae y la pérdida de la
consecuencia, que se enumere toda una serie de actividades y oficios que se mitad de sus bienes, «que ningún clérigo vaya a ningún descubrimiento o
consideran incompatibles con el estado clerical. castigo de indios sin licencia in scriptis de su perlado», determinando que los
De forma especial se prohiben todas las actividades comerciales: no clérigos a quienes dieren licencia debían ser personas de confianza y celosas
debían ser mercaderes, ni negociadores de ninguna mercancía, ni tener de la conservación y conversión de los indios. También el sínodo de Santa Fe
negocios de minas, ni ser arrendadores o fiadores o prestamistas de dinero de Bogotá del año 1556 aplicó esta prohibición y, nuevamente, el tercer
para esas actividades, ni ser ecónomos o administradores de personas no concilio provincial de Lima (1582-1583) repitió esta norma: ningún clérigo
eclesiásticas, ni comprar esclavos para alquilarlos a otros por un salario, ni debía ir a estas expediciones sin licencia expresa de su obispo. Todavía en
ser los encargados de cuidar sus fincas de labranzas o de crías de ganado, no 1629, el concilio provincial de Charcas reiteraba idéntica prohibición.
debían ejercer de abogados si no era en los casos permitidos en derecho (es
202 P.II. La Iglesia diocesana CU. El clero diocesano 203

Se buscaba, en suma, que el clérigo, por su forma de vida, no fuera un tener unos conocimientos intelectuales básicos. Esta preocupación se man-
obstáculo a la evangelización, sino todo lo contrario: para ello se repiten las tiene, al menos teóricamente, una vez recibido el orden sacerdotal: varios
disposiciones eclesiásticas generales, subrayando algunos aspectos que po- concilios y sínodos recuerdan al sacerdote la obligación del estudio, e inclu-
dían tener una mayor incidencia en las tierras americanas. so el segundo concilio provincial de México de 1565 determinará «que todos
los curas tengan biblias y algunas sumas de casos de conciencia en latín o en
B) £1 oficio eclesiástico romance, assí como la Suma de Navarro o Defecerunt de San Antonino, o
Silvestrina, o Angélica, y algún libro sacramental».
Diversas tareas, como es lógico, ocupaban el quehacer diario del sacer-
Insistencia especial se hace en que los sacerdotes aprendan las lenguas
dote: la catequesis y la predicación, la administración de los sacramentos,
indígenas, determinando incluso el segundo concilio provincial de Lima que
etcétera. Cuestiones todas ellas que, como hemos dicho al inicio, tienen una
los sacerdotes de pueblos de españoles que tuviesen aneja la cura pastoral de
entidad propia y específica. Aquí nos fijamos únicamente en algunos temas
indígenas, debían evangelizarlos en su misma lengua materna. Y si no supie-
de manera más directa relacionados con el mismo oficio eclesiástico desem-
ren dicha lengua, el obispo le encargará esta tarea a otra persona a expensas
peñado y que son recordados en sucesivas ocasiones.
del estipendio del citado sacerdote. Norma que será repetida en sucesivas
1) La encomienda de un oficio. El sacerdote diocesano, fuera español
ocasiones: los indígenas debían ser evangelizados en su propia lengua, y para
o criollo, debía dedicarse a su ministerio específico: de aquí que, además de
ello el sacerdote la debía conocer. Requisito, por otra parte, que las Leyes de
las anteriores prohibiciones, no se permita el servicio eclesiástico como tal a
Indias también asumían: los clérigos y religiosos no debían ser admitidos a
particulares, salvo en los casos del virrey, presidente o gobernador; se deter-
las doctrinas sin saber al menos la lengua general de los indígenas que habían
mina que todos los clérigos que vinieran de fuera de la diócesis se debían
de evangelizar.
presentar en el plazo de tres o cuatro días ante el prelado correspondiente
para que, una vez examinadas sus cartas dimisorias, se les asignara una tarea
específica y se evitara así la proliferación de los sacerdotes «vagos» o «acéfa-
III. LOS CURAS DE INDIOS
los» o «peregrinos»; prohibición específica para no admitir a los clérigos
peregrinos que no portasen las adecuadas letras testimoniales.
A) Obligaciones
Todas estas medidas, dirigidas principalmente a evitar la proliferación
de sacerdotes sin ningún superior, se concretaron en la exigencia de enco- Amén de los anteriores requisitos exigidos para todos los sacerdotes
mendar a cada clérigo un oficio eclesiástico, de forma que incluso se deter- diocesanos, se establecen unas normas más específicas para regular la vida y
minó que no se ordenase a nadie «que no fuera útil o necesario para alguna actuación de los sacerdotes que tenían encomendada la cura de almas de
iglesia o lugar pío». Hasta qué punto se cumplió esto, no lo sabemos con indígenas. Se era consciente de la influencia que tenía la figura del sacerdote
certeza, pero resulta por lo menos chocante que una real cédula dada por entre los propios indígenas para su adecuada evangelización. Como se decía
Felipe IV en Madrid el 7 de febrero de 1636 dijera a los prelados que en el sínodo de Quito de 1570, «de parte de los ministros tres cosas son
evitasen ordenar a tantos clérigos como ordenaban. necesarias: que sean sacerdotes doctos, que den buen ejemplo con vida y
2) La permanencia en el oficio. Normas igualmente rígidas se dieron costumbres y que sepan la lengua de los incas que es general en este nuestro
para evitar otro fraude: que el sacerdote, abandonando el oficio que se le obispado».
había encomendado, se fuera a otro mejor, vagando de distrito en distrito A conseguir este ideal parece encaminarse el siguiente conjunto de
como un «sacerdote furtivo». Para evitar este problema, además de determi- normas específicas establecido sobre estos sacerdotes.
nar que no se les dejara ejercer en diócesis ajena, el segundo concilio Debían saber, como es obvio, la lengua nativa de los indígenas, así como
provincial de Lima, 1567-1568, estableció que el que fuera ordenado ad enseñar la doctrina y el catecismo, predicar, etc., en la misma. Requisito
titulum indorum debía residir y permanecer en dicho oficio por lo menos seis exigido bajo diferentes sanciones: si el sacerdote no la sabía, debía pagar a
años continuos. sus expensas a un sacerdote suplente que la supiera; debían ser examinados
Norma que se repitió en sínodos posteriores, especialmente para las sobre la suficiencia de la misma antes de la colación de los beneficios, no
parroquias de indígenas, regulándose incluso sus ausencias. Ya hemos indi- pudiendo ser admitidos al cargo parroquial quienes la ignorasen, etcétera.
cado, por otra parte, cómo uno de los requisitos exigidos para poder regre- La razón de ello viene gráficamente descrita así en el concilio provincial
sar a España era el permiso escrito dado por el obispo de la diócesis donde de Charcas de 1629: «El fin principal de la instrucción o del catecismo es la
se había cumplido la misión correspondiente, señalando las Leyes de Indias percepción de la fe, pues creemos con corazón para la justicia lo que confe-
que los prelados no dieran fácilmente dicha licencia a los clérigos para samos con la boca para la salvación. Por lo que cada uno debe ser instruido
regresar a España. de forma que lo entienda: el español, en español; el indígena, en indígena...
3) La cultura y lenguas indígenas. Ya se ha señalado anteriormente Por tanto, en adelante, ninguno de los indígenas sea obligado a aprender las
que entre las exigencias para ser promovido a las órdenes se enumera el oraciones o la catequesis en latín, cuando es sobradamente suficiente pro-
204 P.H. La Iglesia diocesana
C. 11. El clero diocesano 205
nunciarlas en su idioma. O, si algunos de ellos quisieran, pueden también
añadir el español, que ya usan muchos, a lo cual les animen los curas. forzosa, puedan hacer ausencia de un mes. Y todos los demás días, que por
Además de esta lengua, exigir otra a los indígenas es superfluo». Requisito su culpa faltaren de su doctrina, se les descuente pro rata del estipendio que
exigido en toda la América española. se les debía». Prohibición de abandonar la parroquia sin licencia del prelado
Su sustento económico, a tenor de una Real Instrucción dada en Grana- que, en algún caso, se conmina bajo la amenaza de excomunión. Para mayor
da el 27 de noviembre de 1526, debía ser sufragado por los encomenderos garantía de su cumplimiento se suele establecer el tiempo que, como míni-
de indios. La cantidad concreta, como es lógico, variaba según las circuns- mo, debían estar en la doctrina: por ejemplo, seis años continuos, según ya
tancias de cada lugar y debía ser establecida por cada prelado. El primer hemos visto.
concilio provincial de Lima (1552-1553) estableció, por ejemplo, que ade- Particular atención se pone en recalcar el cuidadoso trato que debía
más de lo tasado se les debía dar «ornamento con que digan misa y cada un tener el sacerdote con las mujeres, especialmente con las indígenas: aplican-
año tres arrobas de vino y una arroba de cera». El sínodo de Santa Fe de do la normativa general eclesiástica, se prohibe que el sacerdote tenga en su
Bogotá del año 1556 determinó «que ningún sacerdote lleve más de doscien- compañía a ninguna mujer, indígena o no, ni siquiera para su servicio. El
tos pesos de oro por su salario y los alimentos que están tasados por los primer concilio provincial de Lima establecerá tajantemente que «le guisen
Señores Presidente y Oydores de esta Real Audiencia». Y el sínodo de de comer indios, y si alguna india tuviere para esto, sea casada y que esté con
Tucumán de 1597 fijó en un peso o peso y medio por cada indio, según los su marido apartada de donde estuviere el dicho sacerdote». Otro sínodo
lugares, el estipendio que debía pagar el encomendero al sacerdote. recordará que el sacerdote no debía emplear para su servicio a las mucha-
Para los religiosos que estaban en las doctrinas de los indígenas bajo la chas que iban a la doctrina. Otro, mucho más riguroso, mandará «que
dependencia del obispo diocesano, dado que, por una parte, no podían ningún sacerdote se sirva de indias mozas, casadas ni solteras, ni entren a
tener propiedades ni recibir salario por la profesión del voto de pobreza, y barrer ni regar sus casas, ni a traerles agua, ni a cosas semejantes». Se llegará,
por otra, era justo y necesario que recibieran una congrua sustentación por incluso, a prohibir que los sacerdotes tuvieran bajo su custodia a mujeres
su trabajo, ya que sin ella -se dice- no se puede pasar la vida humana ni indígenas en su propia casa. Se quería evitar, en suma, cualquier asomo de
celebrar las cosas sagradas ni administrar los sacramentos, 'se establece que sospecha o abuso en esta delicada materia.
los encomenderos les deben dar el sustento en especie: «vestuario, vino,
vinagre, azeyte y conservas y todo lo demás necessario [...] hasta en cantidad B) Prohibiciones
de los dichos doscientos pesos de buen oro que mandamos dar a los otros Ya hemos visto anteriormente la insistencia en que los sacerdotes no se
sacerdotes». vieran mezclados en negocios seculares, que consistían, en general, en pe-
El segundo concilio provincial de Lima concretará esta aportación en queñas industrias, algún trabajo de minas, explotaciones agrícolas y ganade-
los siguientes términos: el encomendero le debía dar al religioso doctrinero ras, con el consiguiente comercio de los productos. La mano de obra era
ornamentos íntegros y decentes; dos libros (uno de bautizados y otro de indígena las más de las veces y el comercio de los productos se hacía indife-
casados); los animales necesarios para su transporte, bien entendido que rentemente con indígenas y españoles. Lo lamentable no era sólo el entre-
dichos animales no pertenecían a los religiosos, sino a la parroquia, así como garse a ocupaciones ajenas al ministerio eclesiástico, sino que se realizaba la
veinticuatro herraduras anuales por cada animal; el paño necesario para explotación y el comercio con los mismos fieles indígenas.
confeccionar el hábito del religioso y quince brazos de lino; para la celebra- También sobre esta materia hay prohibiciones muy estrictas para que
ción de las misas, seis ánforas o arrobas de vino español y una de candelas de los sacerdotes no tuvieran con los indígenas granjerias, rescates, tierras o
cera, así como diversos alimentos. cualquier otro negocio de los ya citados. Se llega, incluso, a limitar el ganado
En cualquier caso, hay una continua llamada a que los sacerdotes se que podían tener: una o dos yeguas y hasta quince o veinte cabras, o no más
contenten con el estipendio o sustento fijado, a que no exijan nada a los de doce carneros y doce cabras y dos puercos. Se prohibe, asimismo, que
indígenas por la administración de los sacramentos, a que no acepten rega- sean los recolectores de los tributos de los encomenderos o de cualquier otra
los, etcétera. persona, que ejerzan la tarea de ecónomo para personas seculares o de
El clérigo al que se le había encargado la cura pastoral de una doctrina intermediarios económicos entre los indígenas y los negociantes, puesto que
indígena debía residir en ella y no podía dejarla sin licencia de su obispo. Tal «ellos son predicadores del santo evangelio y no mediadores o contratistas
norma, establecida para evitar fraudes y desamparo cristiano a los indígenas, para realizar negocios», etc. Se prohibe también que los sacerdotes puedan
contemplaba en algunos casos incluso el tiempo que podía estar el clérigo vender o conmutar lo que recibieran de los indígenas o de los encomenderos
fuera de ella para realizar diferentes gestiones, por ejemplo, confesarse: en concepto de estipendio. El tercer concilio provincial de Lima
«Algunas veces -se dice en el sínodo de Tucumán de 1597— tendrán los curas (1582-1583), culminando todo lo anterior, prohibirá bajo pena de excomu-
de indios que acudir a algún pueblo de los españoles, para lo cual les damos nión que los párrocos de indios realizaran actividades mercantiles de cual-
licencia que en diversas veces del año, cuando se les ofreciere alguna ocasión quier clase que fueran, porque «quienes asumieron el ministerio de evangeli-
zar no pueden servir al mismo tiempo a Dios y a Mamón».
206 P.II. La Iglesia diocesana CAÍ. El clero diocesano 207
Estas prohibiciones de mezclarse en negocios seculares, que fueron de la ley de Dios arguye el contrario a la doctrina cristiana. Trayan siempre
mucho más estrictas y penalizadas que en el caso de los curas de españoles, su hábito y vestido decente y no laical, abierta la corona y barba cortada,
puesto que se consideraba que perjudicaban mucho a la evangelización de recen sus horas y digan misa ordinariamente, ocupen el tiempo en obras
los indígenas, se prolongaron durante mucho tiempo. Así, por ejemplo, el virtuosas con frecuente predicación, consolando a los tristes, dando reme-
concilio provincial de Santo Domingo (1622-1623) penalizará con la exco- dio a los pobres y amparando a los huérfanos, administrando los santos
munión mayor latae sententiae al párroco de indios que por sí o por persona sacramentos con mucha diligencia y cuidado, enseñando los niños en la
interpuesta ejerciera el comercio con alguno de los indígenas o que vendie- escuela y doctrina. Consideren el alto oficio de su sacerdocio y a lo que están
ra, comprara, cambiara o intentase cualquier cosa semejante, o que cultivase obligados en el beneficio de esta viña de Dios».
los campos, o que tuviera caballos o muías de alquiler de las que los indíge- Estas normas específicas para los curas de indios siguieron recordándo-
nas fueran sus cuidadores. Se quería, evidentemente, no sólo evitar que los se durante los siglos siguientes: el sínodo diocesano de Huamanga de 1629
sacerdotes se dedicasen a menesteres que no parecían muy compatibles con insistirá en que los curas de indígenas no debían desamparar sus doctrinas
el ministerio sacerdotal, sino, además, evitar fáciles abusos con los indígenas, sin licencia del prelado bajo pena de cuatro pesos por cada día de los que
faltaren. El de La Paz de 1638 denunciará el siguiente abuso: que cuando se
amén de que no perjudicaran a la general tarea de la evangelización.
hacía el reparto de los indígenas de mita para las minas de Potosí concurrían
Varios textos recuerdan otra prohibición para los curas o párrocos de a esos lugares los curas de los dichos indígenas bajo título de que eran
indios: no debían admitir huéspedes permanentes, sino, como mucho, tem- feligreses suyos y les tenían que administrar los sacramentos necesarios. Se
porales. Uno o dos días, dice el segundo concilio provincial límense, y sólo si ordena bajo severísimas penas que los sacerdotes se queden en sus doctrinas
eran sus padres o sus hermanos. Todo lo más, se les permitía que acogieran y no las abandonen por este motivo. Otros sínodos recordarán otros defec-
a alguna persona pobre y le dieran una comida. La razón de esta norma un tos, aunque progresivamente se fueron unificando las disposiciones para los
tanto sorprendente nos viene descrita así en el concilio provincial de Santo sacerdotes diocesanos en general y para los sacerdotes de indígenas.
Domingo (1622-1623): «Los párrocos no hospeden hombres vagos, jugado-
res y otros de sospechosa o mala fama, para que así gocen de la tranquilidad
sacerdotal y se eviten los pecados en que las mujeres, por su gran fragilidad, IV. CONCLUSIÓN
fácilmente resbalan. Y no reciban huéspedes seglares más allá de tres días en
sus casas, ni parientas suyas fuera de la madre y hermanas para que los
Se ha dicho muy acertadamente que la ausencia de estudios referentes
neoconversos no sufran escándalo desconociendo el parentesco». La razón
al clero diocesano de Hispanoamérica dificulta el análisis más o menos
de fondo de esta norma, por consiguiente, parece estar en el intento de
riguroso de su actuación: a diferencia de lo sucedido con los religiosos,
evitar personas extrañas en los pueblos de indígenas.
donde existe una amplia bibliografía, el clero diocesano no ha tenido tanta
Conjuntamente con todo lo anterior, se recuerdan las restantes prohi- fortuna, por lo que no se pueden hacer grandes afirmaciones con un míni-
biciones clericales que intentaban modelar al sacerdote diocesano: los curas mo de seriedad intelectual.
de indígenas no debían ser cazadores, siempre tenían que llevar el decente La figura o modelo de clérigo diocesano que hemos ido presentando,
hábito talar, no debían portar en público ciertas clases de armas - e n contra- según viene delineada principalmente por las decisiones conciliares y sinoda-
posición con la prohibición general establecida-, no podían jugar a los les americanas de la época, no tiene en principio grandes novedades en
naipes, a los dados, etc., cosa alguna -también en contraposición con lo, relación con la del resto de la Iglesia. Coincide, en líneas generales, con la
permitido de forma general-, y posteriormente, en el sínodo diocesano de, fijada en la legislación general eclesiástica: se quiere conseguir, en definitiva,
Lima de 1586, se determinó que no podían jugar a ningún juego prohibido, un clero ejemplar dedicado a su misión evangelizadora. Dada, por otra
no podían castigar con sus propias manos a los indígenas, y todavía algún parte, la importancia que su figura tenía en la conversión de los indígenas,
concilio provincial determinó que se debían evitar aun los encarcelamientos es natural que se recuerden y refuercen las prohibiciones sobre todo aquello
y demás castigos físicos, etcétera. que se consideraba que podía ser un obstáculo para la misma.
Llama la atención en este contexto la insistencia en algunos temas; por
C) Otras normas ejemplo, el evitar todas las actividades y negocios seculares, la vida y conduc-
El número de indígenas que debía haber por cada parroquia debía ser. ta en general del clérigo, la severa normativa sobre la residencia en la cura
de unos cuatrocientos, según lo estableció el segundo concilio provincial de almas, el férreo control establecido para evitar clérigos vagos o peregri-
límense. De esta manera, se pensaba, el sacerdote podría cumplir su labor. nos, la tajante prohibición de los juegos, etc., mientras que otras cuestiones,
Se trataba, en suma, de ir configurando a través de estas normas un modelo por ejemplo, el trato con las mujeres, los diferentes aspectos de la moral
de sacerdote diocesano según estas hermosas palabras del sínodo de Quito sexual de los clérigos, la preocupación por la cultura, etc., no merecen un
de 1570: «Encargamos a los curas de los indios que sean muy ejemplares y especial tratamiento.
que no se descuiden, porque el demonio con las malas obras de los ministros
208 P.II. La Iglesia diocesana

Cabe p r e g u n t a r s e , lógicamente, hasta q u é p u n t o se cumplió este m o d e -


lo clerical o si dichas n o r m a s están i n d i c a n d o los principales vicios o defectos
d e los sacerdotes diocesanos. N o lo sabemos. A simple vista son n o r m a s q u e CAPÍTULO 12
i n t e n t a n c o n t r o l a r y perfilar p o c o a p o c o a los clérigos p r o p i o s , c o n las
lógicas dificultades derivadas d e e n c o n t r a r s e c o n clérigos llegados d e dióce- LAS ORDENES RELIGIOSAS
sis ajenas y c o n clérigos nativos, p o c o más q u e neófitos e n la fe cristiana.
Las pocas investigaciones realizadas hasta a h o r a p r e s e n t a n u n c u a d r o Por PEDRO BORGES
claroscuro d o n d e coexisten clérigos dedicados a su o s c u r a l a b o r diaria c o n
o t r o s cuya vida dejaba m u c h o q u e desear. Algunos a u t o r e s h a n a p u n t a d o
q u e el clero diocesano d e la América española tenía p r i n c i p a l m e n t e d o s
taras: u n alto g r a d o d e incultura y u n a s serias deficiencias morales (inconti-
nencia, dados al j u e g o y a la ociosidad, codicia...). Es posible q u e así fuera.
En H i s p a n o a m é r i c a , lo mismo q u e en el resto d e la cristiandad, las
P e r o , c o m o ya h e indicado a n t e r i o r m e n t e , hay q u e analizar más informes,
O r d e n e s religiosas constituyeron, y siguen constituyendo, u n m u n d o vario-
visitas pastorales, relaciones ad limina, etc., p a r a sacar conclusiones más
p i n t o y muy complejo, difícil d e sintetizar p o r su e n o r m e variedad y p o r
seguras. En cualquier caso, c r e o q u e n o se p u e d e n e g a r el i n t e n t o realizado
h a b e r seguido cada institución u n c u r s o i n t e r n o , cronológico y geográfico,
p o r formar p r o g r e s i v a m e n t e u n clero h o n e s t o y d e d i c a d o a la evangeliza-
distinto del d e las demás.
ción, tal c o m o también manifiestan los manuales de párrocos q u e muy p r o n t o
c o m e n z a r o n a a p a r e c e r e n América, destinados p r e c i s a m e n t e al clero secu-
lar diocesano.
I. OBSERVACIONES GENERALES

NOTA BIBLIOGRÁFICA
A) Ordenes españolas y Ordenes americanas
Fuentes C o m o sucede c o n otras m u c h a s instituciones civiles, la n o r m a general es
A. MARTÍN GONZÁLEZ, Gobernación espiritual de Indias. Código Ovandino (Guatema- q u e e n la América española t e n d i e r o n a establecerse las mismas O r d e n e s o
la, 1977), 201 -207 y 321; A. DE LA PEÑA MONTENEGRO, Itinerario para párrocos de indios Congregaciones religiosas ya existentes e n España y q u e las q u e lo hicieron
(Madrid, 1668); Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias, lib. 1 títs. 12, 13 y 23;
sobre la legislación de los concilios y sínodos, véase el capítulo 10. llegaron a ella p r o c e d e n t e s d e la Península.
Las excepciones a esta n o r m a son tres. La p r i m e r a es q u e h u b o O r d e -
Estudios nes, muy pocas, q u e n o se sintieron atraídas p o r América, p o r ejemplo, los
A. ACOSTA, «Los curas doctrineros en la economía colonial (Lima, 1600-1630)»: cistercienses, los trapenses, los p r e m o n s t r a t e n s e s y los camaldulenses. La
Allpanchis 16 (Lima, 1982), 117-150; C. BAYLE, «El campo propio del clero secular en s e g u n d a consiste e n q u e , d e n t r o d e las O r d e n e s establecidas e n América, la
la evangelización de América»: Missionalia Hispánica 3 (Madrid, 1946), 469-510; ID., de las ursulinas fue la única q u e n o p r o c e d i ó de E s p a ñ a p o r h a b e r s e dirigido
«Los clérigos y la extirpación de la idolatría entre los neófitos americanos»: Ibtd., 3
(1946), 53-98; ID., «Planes antiguos de seminarios de misiones y de reclutar clero a u n t e r r i t o r i o colonizado p o r Francia (Luisiana) y q u e sólo p e r t e n e c i ó a
secular para la evangelización de América»: Ibtd., 6 (Madrid, 1949), 379-388; ID., El España desde 1762 hasta 1 8 0 1 . La t e r c e r a estuvo constituida p o r el h e c h o
clero secular y la evangelización de América (Madrid, 1950), donde se reproducen los d e q u e h u b o c u a t r o O r d e n e s q u e n o viajaron d e España a América, sino q u e
artículos anteriores; M. C. BRAVO GUERREIRA, «El clero secular en las doctrinas de n a c i e r o n e n este último c o n t i n e n t e y q u e incluso algunas d e ellas se traslada-
indios del virreinato del Perú», e n j . I. SARANYANA y otros, Evangelización y teología en
r o n desde él a España, e n r i q u e c i e n d o a ú n más ese m u n d o d e los institutos
América (siglo XVI) 1 (Pamplona, 1990), 627-642; F. G. FERNÁNDEZ SERRANO, «Apor-
tación del clero diocesano y de las Ordenes Militares de Extremadura a la evangeliza- religiosos, ya d e p o r sí muy n u m e r o s o y variado.
ción de América», en Extremadura en la evangelización del Nuevo Mundo. Actas y estudios Estas O r d e n e s religiosas nacidas e n la p r o p i a América fueron las d e la
(Madrid, 1990), 413-440. Caridad d e San Hipólito, la Betlemítica d e varones y d e mujeres y el Institu-
M. P. PÉREZ ALVAREZ, «Las Ordenes religiosas y el clero secular en la evangeliza- to d e Terciarias Carmelitas Descalzas d e Santa Teresa d e J e s ú s .
ción del Perú. Proyección de su labor misionera», en SARANYANA, Evangelización I,
699-711; S. POOLE, «The Third Mexican Council of 1585 and the Reform of the En cierto sentido también fueron O r d e n religiosa americana los Recole-
diocesan Clergy», en J. A. COLÉ (ed.), The Church and Society in Latin America (New tos d e San Agustín, p u e s nacieron en 1604 en Colombia, p e r o lo hicieron a
Orleans, 1984); G. PORRAS MUÑOZ, El clero secular y la evangelización de Nueva España imitación d e los Recoletos españoles, existentes desde 1 5 5 8 .
(México, 1987); V. RODRÍGUEZ VALENCIA, «El clero secular de Suramérica en tiempos E x c e p t u a d a la r a m a femenina d e la C o n g r e g a c i ó n Betlemítica, d e ori-
de Santo Toribio de Mogrovejo»: Anthologica Annua 5 (Roma, 1957), 313-415;
B. VELASCO, «LOS clérigos en la conquista de América»: Missionalia Hispánica 20 gen criollo, las tres instituciones restantes fueron fundadas p o r españoles
(Madrid, 1963), 5-28. asentados e n suelo a m e r i c a n o .
210 P.II. La Iglesia diocesana C.12. Las Ordenes religiosas 211

B) Identificación y clasificación Denominación Año Lugar


T é c n i c a m e n t e , es decir, d e s d e el p u n t o d e vista c a n ó n i c o , la p r i m e r a
Ordenes misioneras
distinción q u e se i m p o n e e n el m u n d o d e los institutos religiosos es su
Franciscanos (O. de Frailes Menores: OFM) 1493 Española
clasificación e n O r d e n e s y e n Congregaciones, según q u e los votos emitidos Mercedarios (O. N. S. de la Merced: OdeM) 1493 Española
en la profesión fueran solemnes y p e r p e t u o s o simples y temporales. A esta Dominicos (Orden de Predicadores: OP) 1510 Española
distinción inicial h a b r í a q u e a ñ a d i r la d e institutos clericales e institutos Agustinos (Orden de San Agustín: OSA) 1533 México
laicales, la d e institutos exentos y n o exentos, la d e O r d e n e s monásticas, Jesuítas (Compañía de Jesús: SJ) 1566 Florida
Agustinos Recoletos (OAR) 1604 Colombia
m e n d i c a n t e s y d e clérigos regulares, y la d e O r d e n e s d e vida contemplativa,
Capuchinos (O. de Fr. Menores Capuchinos:
mixta o activa. OFMCap) 1647 Darién
P o r razones d e claridad, y a t e n d i e n d o sobre t o d o al c o m e t i d o d e s e m p e -
ñ a d o d e n t r o d e la sociedad, aquí se prescindirá d e las distinciones canónicas Ordenes pastorales
Carmelitas Calzados (OCarm) 1527 Española
p a r a c o m e n z a r clasificando a estas instituciones e n institutos d e varones e
Trinitarios (O. Sma. Trinidad: OSST) 1534 Española
institutos d e mujeres, ya q u e la f o r m a d e vida y la actividad desplegada Carmelitas Descalzos (OCD) 1585 México
f u e r o n totalmente distintas según el sexo. A u n q u e n o sean institutos religio- Paúles o Congregación de la Misión 1625 La Habana
sos p r o p i a m e n t e dichos, a ellos se a ñ a d i r á n , p o r simples razones d e simili- Mínimos de San Francisco de Paula 1646 Lima
tud, las formas d e vida religiosa n o institucionalizada. Oratorianos, Filipenses o d e San Felipe Neri s. xvn México
Padres del Salvador s. xvm Chile
Los institutos femeninos g u a r d a r o n g r a n semejanza e n t r e sí. Los Servitas o Siervos de María s. xvm México
masculinos, e n cambio, p r e s e n t a n u n a g r a n diversidad.
Estos últimos se p u e d e n clasificar en O r d e n e s misioneras, O r d e n e s Ordenes asistenciales
pastorales, O r d e n e s asistenciales y O r d e n e s monásticas. Caridad de San Hipólito 1567 México
Hermanos de San J u a n de Dios (Juaninos) 1602 La Habana
En América, p o r Ordenes misioneras se e n t i e n d e n siempre los institutos Guatemala
Betlemitas 1667
religiosos cuyos m i e m b r o s se d e d i c a r o n a la evangelización o conversión d e Camilos o Cruciferos 1707 Perú
los indios al cristianismo, bien c o m o p a r t e d e u n a actividad más amplia, q u e Canónigos de San Antonio Abad s. xvm México
es el caso de la mayoría, bien c o m o objetivo p r á c t i c a m e n t e exclusivo, c o m o
Ordenes monásticas masculinas
lo hicieron los capuchinos. R. de la Plata
Jerónimos (Orden de San Jerónimo: OSH) 1535
Bajo el n o m b r e d e Ordenes pastorales se engloba a las O r d e n e s religiosas Cartujos (Orden de San Bruno) 1558 Paraguay
d e varones q u e n o se d e d i c a r o n a la conversión d e los indígenas ni a o t r a Benedictinos (Orden de San Benito: OSB) 1601 Lima
actividad característica suya, sino a la atención espiritual d e la población ya
Ordenes y Congregaciones femeninas
cristiana bajo las diversas formas del ministerio pastoral, consistente sobre México
Concepcionistas 1540
t o d o en la administración d e los sacramentos y en la predicación p o p u l a r , Clarisas 1551 Santo Domingo
a u n q u e a veces d e s e m p e ñ a r o n también u n a labor educacional. Cistercienses 1571 Osorno
Ordenes asistenciales fueron las q u e se d e d i c a r o n , d e u n a m a n e r a u otra, Dominicas 1576 Oaxaca
al c u i d a d o d e los e n f e r m o s y necesitados. Jerónimas 1579 Guatemala
Agustinas 1598 México
P o r Ordenes monásticas se e n t i e n d e n las O r d e n e s religiosas cuyos miem- Puebla
Carmelitas Descalzas 1604
bros, los monjes, se d e d i c a r o n sobre t o d o a la vida contemplativa, al m a r g e n Capuchinas 1666 México
d e toda actividad misionera o asistencial y con r e d u c i d a labor pastoral. Betlemitas 1668 Guatemala
A g r u p a d a s e n estos diversos tipos, h e aquí la d e n o m i n a c i ó n d e las O r d e n de Santa Brígida 1744 México
Compañía de María 1754 México
O r d e n e s y C o n g r e g a c i o n e s religiosas q u e llegaron a existir en la América
Ursulinas Luisiana
española, con la indicación del a ñ o d e su a s e n t a m i e n t o y el p r i m e r lugar e n Terciarias Carmelitas Descalzas 1784 Córdoba
el q u e lo hicieron: