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Diciembre de 2008

“El Sendero Floral del Dr. Edward Bach”

Cuando no sabemos reconocer nuestras elecciones negativas o cuando las reconocemos


y las dejamos continuar, porque nos sentimos impotentes: “Estamos efectuando una
elección aunque represente un paso hacia atrás”.
Si queremos ir hacia delante, debemos hacernos responsables de todas nuestras
elecciones. No podemos permitirnos la auto-indulgencia y seguir deseando un cambio al
mismo tiempo.
Cada momento vivido es una oportunidad de crecer y mejorar, pero a nosotros nos
corresponde decidir de qué manera vamos a utilizar ese momento.
A veces, aflora una fuerte tendencia a estudiar el proceso, otras veces tratamos de
visualizar el futuro en busca de inspiración y confianza en nosotros mismos, para creer
que es posible el cambio deseado.
Pero en verdad, el cambio solo sucede en el “aquí y en el ahora”, en este preciso
momento y en este preciso espacio de relación.
También ocurre con algunas personas que ponen toda su energía y concentración en sus
quehaceres diarios, transformándose en un rito de adoración. Y de esta forma van
relegando la intuición, que les muestra su verdadera naturaleza, su verdadero Ser, y así
bloquean el acceso a los niveles trans-personales de su conciencia.
En esta instancia, ya no ven ni sienten lo que existe más allá de este superficial plano
del Ser, las capas del Ego les han ocultado la verdad. “La vida es una experiencia
vivencial Espiritual”, y el nacimiento, es la posibilidad y el proceso de Sanación de
nuestras heridas emocionales, que se completa a través del tiempo, nacimiento tras
nacimiento, en el prisma que llamamos vida.
Si valoráramos el nacimiento, comprenderíamos que es el acto más sublime de Amor y
la única razón realmente importante para que existan nuestras vidas.
Es el sendero que nos conduce al “Perdón, a la Compasión, a la Verdad, a la Libertad y
a la Dignidad.”
De manera tal, que al compartir amorosamente nuestras experiencias de vida con otras
personas, no hacemos más que brindarnos la posibilidad de conocernos más
íntimamente y por lo tanto de amarnos más Y ese acto de amor hacia nosotros mismos,
es el que nos ayuda a encontrar el camino de las soluciones ante las dificultades del
momento.
Existe una fuerte tendencia cultural que nos lleva a adherirnos a la vida y sentir espanto
por la muerte. Pero vida y muerte no son más que fases sucesivas de un mismo proceso.
Sin embargo, cuando un ser humano ha vivido esta existencia con bases morales sólidas
y llega al término natural de ella, no es bombardeado por las pasiones ni por las
acciones incontroladas de la mente. Esta forma de vida y de creencia ética, le permite el
descanso físico, mental y emocional.
En cambio ante conductas de vida materialistas y egoístas, nos encontramos que al final
del camino las personas en cuestión son atormentadas físicas, psíquica y
emocionalmente por sus recuerdos más oscuros y dolorosos. Esta constante instigación
provoca el agotamiento mental y el desequilibrio emocional, sintiéndose dichas
personas, presas de sus propios temores, culpas y reproches.
Esta creencia atenta contra la libertad del hombre. Todos los seres humanos poseemos el
libre albedrío para evolucionar y para realizar un proceso de percatación, un ver hacia
adentro, un reconocer. Y este proceso lo llevara al hombre a darse cuenta que la vida es
una creación del individuo. Que nosotros hacemos de ella nuestro cielo o nuestro
infierno. Que cada acto que realizamos se transforma en una lección y es la nueva
oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida.
Este darse cuenta nos da la certeza y nos hace creer que podemos hacer el intento, que el
cambio en nuestras vidas es posible. De esta manera nos liberamos de la posición de
victimas que sentíamos tener. Y al tomar la responsabilidad consiente de nuestras vidas,
nos damos cuenta de que existen infinitas opciones y posibilidades ante un mismo
hecho acontecido. Esta libertad, nos hace ver que en verdad nos estamos percatando,
del cambio que se está produciendo en nosotros, y que se ve reflejado en nuestras
actitudes cotidianas, para nuestro bien y el de nuestros semejantes.
Y es entonces que los viejo dichos toman sentido, y al recordar que “Cada uno recoge lo
que siembra”, y el porqué “Del que siembra tormentas, recoge tempestades”.
Podemos decidir aceptar nuestra naturaleza divina, y sanar desde adentro con la mayor
fuente sanadora que es el Amor, y darnos cuenta finalmente que el Amor no es nada sin
la Verdad.
Las Flores del Dr. Edward Bach, nos conectan con nuestra virtud y hacen accesible el
encuentro con nuestra alma. De esta manera sanaremos desde adentro nuestros miedos,
angustias, ansiedades, incertidumbres, adoptando una actitud positiva para con nosotros
y nuestros semejantes.

Paula Cabanchik, Dra. En Medicina Floral, sistema Dr. Edward Bach.


Egresada de la Fundación Dr. Edward Bach Inglaterra.
Instructora de Formación Profesional (UTN)

Consultorio y Seminarios de Formación (zona centro y oeste)


4454.9592 / 15.6024.0703
www.medicina-floral.com.ar
paulacabanchik@medicina-floral.com.ar

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