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í JULIO DE SANT

1

ANA

Protestantismo, Cultura y Sociedad

problemas y perspectivas de la fe evangélica en América Latina

JULIO DE SANTA ANA

Protestantismo, Cultura y Sociedad

Problemas y perspectivas

de

la

fe

evangélica

en América Latina

g^a i

É^^ l

NUEVA

IMAGEN

EDITORIAL

Y

LIBRERÍA

LA

AURORA,

S.R.L.

Doblas

1753

-

Buenos

Aires

Copyright

©

1970

Hecho

el

depósito

que

previene

la

ley

11.723.

Printed

in

Argentina

-

Impreso

en

la

Argentina

CONTENIDO

Introducción

 

7

Revelación

y

sentido

de

la

historia

19

El

protestantismo

 

y

su

situación

en

la

cultura

actual

 

47

Un

cristianismo

 

no religioso

 

95

La

reflexión

teológica

de

las

iglesias

evangélicas

en

América

Latina

 

109

Los

cristianos,

las

iglesias

y el desarrollo

 

151

í

N

INTRODUCCIÓN

 

Si bien el protestantismo original

del luteranis-

mo

y

del

calvinismo

 

primitivos

representa

una

tendencia

teocéntrica

del

espíritu

humano

y

una

nueva

forma

de

cultura

eclesiástica

(aunque

anti-

católica

en

lo

que

se refiere

 

a

su

doctrina

de

la

salvación),

desde

fines

del

siglo

XVII

ese

mismo

movimiento

espiritual

se

ha

incorporado

al

espí-

ritu moderno, reconociendo junto a la vida

de

la

Iglesia una existencia

secular emancipada,

que

no

procura

dirigir

por

medios

propios

o ajenos.

No

obstante, entre

una

y

otra

forma

de

protestantis-

mo

existen

 

una

serie

de

elementos

comunes

que

permiten

apreciar

la

línea

de

continuidad

entre

un momento y otro de la evolución

del

movi-

miento

protestante.

Entre

esos

 

elementos

que

es-

tán

presentes

en

una

y

otra

fase

del

protestantis-*

mo merecen

destacarse

algunos: en

primer

lugar,

su

anhelo de retorno

a

las

fuentes

originales

del

cristianismo,

que

lo

lleva

a

referirse

en

fornia

constante

a

la

Biblia,

registro fundamental

de

la

revelación

de Dios

en

Jesucristo. A partir

de

una

comprensión

bíblica

de

la

acción

de

Dios

en

el

mundo

de

los

hombres

surge

una

cierta

serie

de

líneas

teológicas

que

constituyen

puntos

esen-

ciales

del

pensamiento

protestante.

En

segundo^

término,

 

puede

apreciarse

—junto

con

su

anhelo

 

su adhesión

a

las formas

burguesas

de

vida,

a

los

de

retorno a las fuentes—,

un espíritu

de

ruptura

ideales

y

valores

de

la

burguesía,

lo

llevaron

a

frente

 

a la evolución

seguida

por

la

Iglesia

Cris-

ser un elemento propio del mundo moderno (a

tiana de Oriente y Occidente. Entendiendo que la

pesar

del

rechazo

que

sentían

por

el

mismo

los

misma

no

había

sido fiel

a

las

exigencias

de

la

reformadores,

y

especialmente

Lutero),

desempe-

revelación,

 

corta

con

ella,

y

sólo

volverá

a

rela-

 

ñando en este proceso

un

rol fundamental

el

cal-

cionarse con la misma

si

es que

ésta acepta

el

im-

vinismo. De ahí

que,

cuando

la

modernidad

en-

perativo

 

constante

de

reforma

que

rige

para

la

tra

en

crisis

(como

ha

ocurrido

desde

fines

del

Iglesia. A pesar

de

ello,

y

al

mismo

tiempo, esta

siglo

pasado),

las

consecuencias

de

ésta

alcanzan

ruptura

es acompañada con cierto espíritu de con-

a

los

aspectos

del

protestantismo

que

están

más

tinuidad:

los reformadores

y quienes los siguieron

relacionados con el mundo moderno. Es decir, to-

nunca

 

entendieron

que

se

desgajaban

completa"

can

a esa ambigüedad

referida,

y

a

los

elementos

mente

de la evolución

seguida por

el

pueblo

de

del

protestantismo

en

los

que

predomina

el

espí-

Dios

desde

los

tiempos

de

la

Iglesia

 

primitiva

ritu moderno sobre las demandas

de la revelación

hasta el

siglo

XVI. Es decir, que en la considera-

bíblica.

ción

que hace el protestantismo

de

la historia

de

       

la

Iglesia

y

de

su

relación

con

ella,

se

da

una

cierta

ambigüedad;

ruptura

y continuidad

son

los

términos

de

la

misma,

y

definen

también

una

cierta

posición

del

movimiento

protestante

frente

a

la

situación

cultural en

bigüedad

se revela

en

la

la

que

relación

surgió. Esta am-

de

la

Reforma

frente

a la cultura eclesiástica predominante

en

lá .Edad Media

te tuvo con la

y

en

la relación

que

cultura

moderna __

/\l

posteriormen-

mmien/o df

He

Im

tario

ante

Al

producirse

esta

situación,

Karl

Barth

—el

primero entre otros—, comprendió la necesidad

ajustar

el

pensamiento

protestante

de manera

de

ri-

gurosa con las fuentes de la fe bíblica; en eso,

precisamente, radica el fundamento

de

su

Comen-

a

la

Epístola

a los Romanos, publicado

ape-

nas terminara

la guerra

de

ducidad de las estructuras

1914-1918. Ante

la

ca-

del

mundo

moderno,

la

cultura

agonía lenta

—pero aún

existente-^'de

la

en

la

que

se zambulló el

proíeltántismo

,K Rpfryrria

]p prmVirm

dirjg^n,t,ps

Cálvino,

etc.)

fue

de

reafirmación

de

la

(Lutero,

cultura

desde fines

del

siglo

XVII,

se

peración

de este desvío mediante

imponía* una, su-

el retorno

a

lo

medieval. Sin embargo, desde fines del siglo XVII

hay

gués

una

aceptación

plena

del modo

de vida

bur-

y

de

sus valores. 1

A partir

de ese momento,

más perdurable

de

la

fe

cristiana:

la

vuelta'.'a

la

Biblia

fue

entonces

el

medio

para

lograr'la

ex-

presión de una fe contemporánea a los hombres

del

siglo XX. Pero, entiéndase

bien, retorno a

la

 

1

E. ; Troeltsch:

El

Protestantismo

 

y

el

Mundo

Moderno,

Biblia

no

quiere

decir

repetición

de

las de la Escritura, ni tampoco pérdida

las .fórmu-

de

la

pers-

Vg.

37.

Ed.

F.C.E. ,

México,

1951.

 

pectiva

contemporánea

para

la

comprensión

 

del

nos que éstos transitaron

para

llegar

a

su

ex-

mensaje

de

la revelación.

Más

bien, el

retorno

a

presión

actual.

De

seguir

esta

vía,

nuestros

pue-

la

Biblia

significa

hacer

de Jesucristo

el

contern-

blos

están

condenados

a

la miseria

y

el

oprobio

poráneo permanente

de los hombres.

Es decir,

iio_

perennes. Lo que

corresponde

es procurar

un

de-

se

trata

de

negar

la

cultura

y

el

quehacer

hu-

 

sarrollo rápido

que

responda

a nuestras

necesida-

mano

de_nuestro_jiem_po

para

significar

que

sólo

des, y que, evidentemente

debe

dejar

de

lado

la

el

mundo

de

la Biblia

es

el

que

vale, sino

más

tan

mentada

"modernización".

Porque

autodeter-

bien

de

entender

la

pertinencia

del

mensaje

de.

minación,

desarrollo

 

autogenerado,

no

significa

la

revelación

en_ este

período ,de

 

emergencia

ds,

seguir

la

vía

que

nos

habrá

de

conducir

a

una

los

pueblos

del

Tercer

Mundo,, del

surgimiento

 

sociedad de consumo. La meta para nuestros pue-

de

ujia

nueva

cultura

tecnológica,

donde

la

des-

blos no

debe

ser una

cultura

de frigidaires

y

de

humanización

penetra _de_raíz. eji

 

las

vías

huma-

 

automóviles,

sino

la

 

formación

de

una

comuni-

nizantes „que_j:ecién

acaban de forjarse

e_n_Jbenefi-

dad

humana

donde primen

la justicia

y

el

bien-

jrio

de

los

individuos. 2

 

estar

que

permiten

al

hombre

la

libre

gestación

 

de

su

futuro.

 
 

Esta

exigencia

para

el protestantismo

es parti-

 

cularmente

válida

en

situaciones

como

las

de

El

problema

se

complica

en

el

caso

del

Pro-

América Latina,

donde

no

se trata

de abandonar

testantismo porque, cuando penetró

en

nuestros

el

camino

de

la

modernidad,

sino

fundamental-

países lo hizo conscientemente

como agente de

la

mente

de rechazarlo., para, superarlo, En

efecto, si

modernización.

Eso

se

aprecia

tanto

por

el

apo-

los

pueblos

de

los

países

latinoamericanos

 

quie-

yo

que

le

brindaron

los

liberales

latinoamerica-

ren acceder

a

su

propio

destino, no pueden

man-

nos del siglo pasado, como

por

la propia

autocon-

tenerse en situación

de furgón

de

cola, detrás

de

ciencia protestante

que revelan

las Actas

del

Con-

los

pueblos

ya

desarrollados,

siguiendo

los

carní-

 

greso de Obra Cristiana celebrado en Panamá

 

(1916).

Esta

modernización

fue

conceptualizada

a

 

partir de un modelo concreto de sociedad; la de

 

2

Tal

es

el

caso

de

la

cultura

actual,

que

por

un

lado

 

los países sajones

del

norte,

que

se oponía

a

la

abre inmensas posibilidades

para

la

concreción

de logros

hu-

de las naciones

latinas, de

tradición

fundamental-

manos, en tanto que por otra parte —dominada

como está por

 

mente católica. Es decir, se trataba

de un proyec-

el

factor

bélico—,

sirve

primordialmente

para

que

se

man-

to

de

modernización

refleja

que,

indudablemen-

tenga

1^

injusticia

y

la

opresión

de

los

más

fuertes

sobíe

 

iba

 

real

 

efec-

los más débiles. Véase,

si

no,

lo

que

ocurre

en

Vietnam,

te,

no

a

contribuir

al

desarrollo

y

donde la guerra

ha

dado

motivo

a

grandes

avances

de

la

tivo de nuestros pueblos. Así

fue,

en

efecto;

esta

química

contemporánea.

Avances

que

posteriormente

se

apli-

servicio

pretendida

modernización

no siempre éstuvb

al

can

en la destrucción

de vidas

humanas. Humanización,

pues,

los

intereses

ni

siempre va acompañada de deshumanización.

   

de

de

nuestros

pueblos,

10

11

llegó

a

comprender

sus

tradiciones

más

arraiga-

das.

De

otra

manera

no

se

puede

entender

la

desaforada polémica

sostenida

con

el

catolicismo:

la

intolerancia

de

éste

no

da

calce para

la

estre-

chez

y

el

sectarismo

de

las primeras

generaciones

de

protestantes

latinoamericanos.

 

Por

esta

razón,

el

movimiento

protestante

no

llegó a ser parte constitutiva

de

lo

más

vivo

de

las colectividades latinoamericanas.

Se produjo

un

distanciamiento

entre

la

sociedad

latinoamericana

y las comunidades protestantes, que se ahondó

en

virtud

del

enclaustramiento

 

de

éstas

en

sus

pro-

pias subculturas;

llegaron

a ser entonces

como is-

lotes extraños en

medio de la sociedail

latinoame-

ricana. El P. Ignacio Vergara, que llevó a cabo

uno

de

los

primeros

estudios del

protestantismo

chileno

(tan

significativo

por

su

cantidad,

como

por

sus características

tipológicas),

señala

que

ex-

traña

el

hecho

de

que

la

incidencia

protestante

en

la sociedad

y en

la cultura

chilenas es casi

nula,

o de muy escaso peso. Esta afirmación de Ver-

gara no es aplicable solamente al caso chileno,

sino que puede ser extendida

al resto

del

protes-

tantismo,

latinoamericano.

Es

cierto

qu<c

existen

algunas personalidades que han llegado a dar

una

cierta impronta protestante en medio de su am-

biente social, o cultural. Pero las mismas, más

que

• ser

la

expresión

de

una

corriente

profunda

de

la

comunidad protestante latinoamericana, son las ex-

cepciones de" la regla. Todo esto no hace más que

poner en .evidencia

cuan

difícil

resulta

en

la

ac-

tualidad . para

las congregaciones

evangélicas

la

integración

en

el esfuerzo

por

el desarrollo

nacio-

12

nal. Christian Lalive d'Epinay, en su estudio socio-

lógico del protestantismo en Chile, refiriéndose en

forma específica a una comunidad evangélica no

tradicional como lo es la pentecostal, da un ejem-

plo de esta situación en el capítulo dedicado a

La Huelga Social del Pentecostalismo.

El mismo

pone de relieve la jprescindencia que existe entre

la mayoría de los pentecostales por los aspectos so-

cio-políticos de su comunidad.

Ante

esta situación

el remedio menos

aconseja-

ble sería el de un aggiornamento

protestante vis a

vis de la situación latinoamericana. Eso fue lo que

ocurrió, precisamente, de manera inconsciente

con

el protestantismo de fines del siglo XVII; no se

trata de establecer un plan para plegarse al pro-

ceso de los pueblos latinoamericanos, o para orien-

tarlos hacia su futuro (como se quiso en el Con-

greso de Panamá). Más bien, se impone que el pro-

testantismo

presente

su

verdadero

rostro, que

sea

verdaderamente él mismo. Esta autenticidad no

puede ser alcanzada sin una vuelta a la Biblia,

cosa que comprendieron muy bien los teólogos que

impulsaron

la renovación

del pensamiento

protes-

 

tante

en

el corriente

siglo.- Y,, a partir

de

ese

re-

.

encuentro con las fuentes

de la revelación, proyec-

tarse

hacia

la

acción

en

la

historia,

llevando

a

cabo

la

evangelización

 

(que

no

significa

tanto

 

"ganar"

personas

para _la_Jgtesia,

¿sino, crear

una,.,

situación jiümainreri la que el^hombre pueda res^

 

ponder

afirmativamente

 

al

llamado

de

la. gracia

realizado"~pof

DTos_en"~Tesucristo),

ejerciendo ima .

piedad

que

esté

a

la

altura

de nuestro tiempo, que

 

no

se agota

en

el

ejercicio

de

misma,

sino

que

13

se abre

a

 

la

esperanza

de la renovación

de

todas

 

historia,

a partir

de

la

acción

de

Dios, en

conso-

las

cosas, que

se operará

cuando

éstas sean

reca-

nancia con la revelación, y orientada hacia el pro-

pituladas

en Jesucristo.

 

pósito que Dios tiene para con los hombres. El

 

Capítulo

II

resume

dos

presentaciones

realizadas

Esta renovación

 

del

protestantismo

en

América

 

en los Xos. Cursos de Verano de la Universidad

de

Latina puede ser operada ahora; el proceso de

Montevideo, en un

ciclo dedicado a las religiones

transición

 

social

que

está

viviendo

el

continente

y

la

cultura

actual, y se concentra

en

la

situación

da

esa oportunidad

para

nuevas

definiciones.

Los

del protestantismo

en la circunstancia

cultural

 

de

profundos

 

cambios

 

que

nos

desafían,

promueven

 

nuestro

tiempo. En

él

se

expone

la

crisis

(enten-

la

autocrítica,

de

la

que

surge

la

reflexión

que

dida

como reajuste,

como renovación)

del

protes-

puede

conducir a la renovación

 

de

la

acción.

En-

tantismo,

las oportunidades

que

tiene

por

delan-

tiéndase bien, no se trata de renegar de un pa-

te,

y

las

perspectivas

para

su

acción

en

América

sado, sino

 

de

ser

fieles

a las exigencias

del

Señor

Latina.

El

Capítulo

III

expone

brevemente

algu-

de la Iglesia en este momento

de cambios en Amé-

nos aspectos del

testimonio

cristiano y del

pensa-

rica

Latina.

Pero,

si

se

deja

pasar

esta

oportuni-

miento de Dietrich Bonhoeffer,

teólogo mártir ale-

dad, el momento de la renoyación,

de Ja

reforma

mán, ahorcado por los nazis en 1945. Para más

de la reforma

—elemento fundamental

del protes-

de

un

protestante

latinoamericano

su

existencia

tantismo—, puede ser perdido

..

Y

con

ello,

lo

que

extraordinaria

da

la pauta

del ejercicio

de

la

pie-

cabe lamentar no es tanto el hecho de que deje

de ser un movimiento pujante,

sino más bien

que

no

dad protestante en nuestro tiempo; una piedad que

está

divorciada

de los problemas

de

la

cultu-

no haya sido responsable a las demandas

de Jesu-

ra

y

de

la

sociedad

de

este

tiempo.

Una

piedad,

cristo. Preocupados por esto, y como

contribución

en breve, que no se aisla del mundo, sino que in-

modesta a esta reflexión con miras a la renovación

tenta vivir una "santidad mundana" a través de

necesaria

del

protestantismo,

 

hemos

 

reunido

en

un

cristianismo

no religioso. El

Capítulo

IV

pre-

este volumen

los capítulos

que siguen.

No

fueron

tende

pasar

revista a algunos

de

los

principales

redactados

con

miras

a¡ constituirse

en

libro

al-

problemas

donde

se

ha

anudado la reflexión

y

la

gún

día,

sino que

respondieron

a

exigencias

oca-

sionales

de

nuestra

militancia

protestante.

Dirigi-

dos a públicos diversos, siempre fueron

motivados

por la misma inquietud: la necesidad de promo-

ver el esfuerzo por una presencia signilicante de la

fe • evangélica

en

Capituló

I,

trata

el

contexto

latinoamericano.

El

de lo que entendemos

es

funda-

 

discusión

canos en

teológica

el correr

de los evangélicos

latinoameri-

de estos últimos años. Más

que

exponer

alguna

tesis personal intenta ofrecer

in-

formación al respecto. Es evidente

que

no

hace

justicia a toda

la tarea

de reflexión

teológica

que

se lleva

a

cabo entre

los protestantes

latinoameri-

canos, pero

al menos atiende

a las posiciones

más

significativas. El Capítulo

V, y último, intenta

lle-

mental para el testimonio cristiano: la acción en la

14

15

var

a

cabo

una

exposición sobre diversas posicio-

nes existentes entre

los cristianos sobre el proble-

ma del desarrollo. El tema es de fundamental im-

portancia para América Latina, y si bien la Igle-

sia Católica ha comenzado a definirse sobre el mis-

mo durante los últimos años, no ha sido igual de

la parte protestante. Sólo el Movimiento de Iglesia

y Sociedad en América Latina (organismo para-

eclesiástico en el que la mayoría es evangélica,

pero cuya orientación

abiertamente

ecuménica

ha

permitido la integración de católicos) se ha expre-

sado con claridad al respecto.

A través de estos jalones se intenta provocar una

reflexión

sobre

la teología de la historia,

así

como

también

una

definición

profética

de

los

evangéli-

cos frente

a

la

cultura

latinoamericana,

una

pie-

dad que se vive en el mundo, acorde a una nue-

va dimensión

de la evangelización

—que ya

no

se

entiende

como

un

fín

en

sí,

sino

en

referencia

a

la

esperanza

escatológica

abierta

por

Jesucristo.

De esta manera se procura enfocar

al protestantis-

mo que .profesamos

en nuestro

contexto

socio-cul-

tural latinoamericano. De ahí la necesidad de com-

prender

la historia

como el escenario

de

la

acción

de

Dios que

«na

y

otra

vez abre

nuevas

posibili-

dades

para

la-vida

de

los hombres.

Posibilidades

que

los

cristianos

deben procurar

aprovechar —

porque

sólo así

se es responsable

frente

a

la

gra-

cia

de

Dios—,

lo

que

conduce

a

una

militancia

consciente

en la sociedad

con miras al cambio

hu-

manizante

de

la

misma;

de

este

modo

puede

ac-

cederseá

una presencia

de Jesucristo

en

el

mun-

do

actual, y

en

los propios

términos

del

mismo,

16

que fue

lo intentado

por

Bonhoeffer.

Si

a

eso

se

llega, entonces

se

verá

que

las grandes

preocupa-

ciones

de

nuestros pueblos

(el

desarrollo, las vías

para una nueva sociedad, el desafío por el hom-

bre

nuevo,

la

integración

de

nuestros

países,

la

autodeterminación

de

nuestra

cultura,

la

revolu-

ción, etc.), también

pasarán

a

ser

preocupaciones

reales de las comunidades evangélicas. Se trata, en

resumen, de una

contribución

con miras

al

arrai-

go

del

protestantismo

en

nuestra

sociedad

para

que llegue a ser una fuerza viva entre las que

promueven nuestro quehacer

cultural.

17

REVELACIÓN Y SENTIDO DE LA HISTORIA

El

tránsito

de los acontecimientos, el devenir

de

los hechos,

la

aparición

continua

de

nuevos

pro-

cesos

históricos,

siempre

ha

sido

motivo

de

per-

turbación para la mente de los hombres. En el

pasado, frente a esas manifestaciones, el pensamien-

to humano procuró suprimir su significado

subor-

dinándolas

a

un

modelo

esencial

del

movimiento

de los tiempos. Fue así como, basándose

en

la

su-

cesión ininterrumpida

de

estaciones, de

días

y

de

ciclos

temporales,

se

llegó

a

una

concepción

re-

currente

y regular

del

tiempo. Además, la

misma

fue entendida como un simple reflejo o proyec-

ción

de

un

tiempo

esencial,

arquetípico,

superior

en todo sentido

al

de

los hombres. Por -interme-

dio

de

una

noción de esta índole se procuraba evi-

tar

el

riesgo

implícito

de

un

acontecer

temporal

abierto a lo nuevo,

a lo singular

y desafiante.

Este,

género

de

reflexión

sobre

el

tiempo

fue

particu-

larmente propio

de

las

religiones' naturales

de

Mesopotamia, así como también del pensamiento

griego clásico: la trayectoria del acontecer humano

no era vista en su propio desarrollo y movimiento,

sino a través de una visión absoluta, sub specie

aeternitatis.

De ahí, por ejemplo, el escándalo

que

 

lí)

hubiera

significado

para

los griegos

el

pensar

en

nos de la naturaleza);

y, sobre

todo,

el

tener

en

una

filosofía

de

la

historia. 1

 

cuenta el impacto de la revolución industrial y su

       

secuela de transformaciones sociales, provocó un

Sin duda

este género

alguna

el

gran

de pensamientos

impacto

para

cambiar

giro progresivo del pensamiento humano hacia lo

provino

del

mensaje

histórico.

Los

acontecimientos

provocaron

en

 

for-

bíblico.

No

obstante,

durante

la

la

historia

del

dogma

cristiano,

mayor

el

tipo

parte

de

de

refle-

ma creciente el interés científico: urgía conocer las

causas de los procesos históricos, así como también

xión predominante

(piénsese en

el Medioevo

y

en

la dogmática generada por la escolástica protestan-

su desarrollo. Ya entonces Voltaire, en su

Ensayo

sobre las costumbres

dio

un

signo

inequívoco

de

te)

consideró a la historia

como un

reflejo

de

la

esta nueva orientación,

la que posteriormente

fue

voluntad

divina,

impulsada

por

su

acción

provi-

 

ratificada por Herder, Lessing, Kant y otros ilumi-

dencial

y

eterna.

O

sea,

que

implícitamente

se

nistas. Pareciera

como

si

el

hombre,

que

previa-

quitaba

valor

y

significado

a

los

hechos

históri-

 

mente había intentado conocerse a sí mismo a tra-

cos,

al

mismo

tiempo

que

se

enfatizaba

la

im-

vés de la naturaleza, al no poder lograrlo se in-

clinara progresivamente

hacia

lo

contingente,

ha-

portancia

de

un

modelo

esencial

para

el

proceso

 

humano

(providencia).

No

puede

extrañar

este

cia lo histórico. 2

   

tipo de visión surgida de una cultura que du-

 

rante

siglos

estuvo

tendiendo

a

preservarse

a

De

este modo,

la

historia

que

antes

era

recha-

misma, a luchar

contra

su propia

renovación

y

a

zada por

ser considerada

como un motivo

de des-

impedir el cambio.

 

orientación

para

la reflexión

humana,

llegó

a

ser

 

una categoría fundamental

para considerar el pro-

 

Esta

situación,

empero,

comen/ó

a

transformar-

 

blema del hombre. El siglo XIX ha sido el tes-

se profundamente

a partir

del siglo XVIII. Por

un

tigo de la irrupción

de la historia

en

el ámbito

fi-

lado, el impacto

de la crítica histórica

aplicada

a

losófico, y esa preocupación

por el devenir

huma-

las fuentes

del

pensamiento

 

cristiano;

por

otra

 

no ha sido tomada en la presente centuria por

parte, la comprensión

de

las

ciencias

naturales

la teología. En

efecto,

es en nuestro

tiempo

cuan-

aportada por pensadores como Bullón (aplicando

do

la historia

pasa

 

a

ser

una

categoría

del pensá-

la noción de serie y concatenación a los fenóme-

1

102.

Cf.

Pierre

Thévenaz:

Ed.

La

Bacanniére,

L'Homme

et

su

raison,

II,

Neuchatel;

1956.

"

...

pour

pg.

un

Grec,

philosophie

de

l'histoire

est

contradiction

dans

les

termes, ijii carré rond, puisque philosophie

est

réalités permanentes, connaissance

de

l'éternité,

science

des

élimination

du

contingent,

de

l'individual,

de

l'historique."

2

Georges

Flammarion,

Gusderf:

Mythe

et Métaphysique,

pg.

París;

1953.

"L'histoire

nait

avec

le

du

régne

l'homme

de

Yon

au

non

plus

régne

comme

du je,

avec l'entrée

en

espéce,

mais

comme

106.

Ed.

passage

scéne de

individu.

L'humanité

est

entrée

dans

l'histoire

lersque

l'hommé

a

pris

conscience

de

sa

propire

destinée

sous

le

chiffre

de

l'his-

toricié

du

devenir."

miento

teológico,

de

una

manera

definida

irre-

 

doctrina

cristiana

contemporánea,

la

relación

en-

versible. 3

 

tre

revelación

e

historia

llegó

a

ser

mucho- más

La

teología,

preocupada

por

aclarar

el

sentido

evidente

que

en

los siglos

del

pasado, lo

que

no

de

la

revelación

e

interpretarlo

para

el

tiempo

significa

que

dicha

relación

haya

sido

establecida

presente,

ha

dado

gran

énfasis

a

la

comprensión

con

claridad.

En

efecto,

la

multiplicidad

y varie-

de la evolución humana. Esta preocupación

por

la

dad

de

interpretaciones

que

los

teólogos

contem-

historia

en

el plano

teológico ha

sido doble:

por

poráneos

han

presentado

de

la

historia,

es

una

una

parte

se

han

aplicado

con

extremo

rigor

los

prueba

de

esa

falta

 

de

claridad

con

que la

teo-

avances de la crítica histórica

y

sus

normas

a

logía está encarando el asunto. Si bien muchas ve-

los

textos

donde

la revelación

ha

sido

registrada.

 

ces existen fórmulas

comunes de pensamiento

que

Por

otro

lado,

los

hechos

históricos

(no

ya

sola-

llegan

a ocultar

esa diversidad de

consideraciones

mente

los

de

una

historia

esencial, sino

también

sobre el asunto, el sentido

con que las mismas

son

los

de

la

historia

de

la iglesia

y

los

del

resto

de

empleadas no es el mismo

en

todos los casos, mos-

la humanidad)

han

merecido

la

atención

crecien-

 

trándose

así

esa ausencia

de

claridad

para

el

dis-

te

xión

de

los

teólogos, sea

como

pasto

dogmática,

como también

para

para

la

su

refle-

aplicación

cernimiento del problema que sea común a to-

dos los teólogos. 5

de

la

misma. 4

En consecuencia, al menos para

la

Entendemos

que

una

de