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Culturas adolescentes y valores cristianos, Parte I

Por Lic. Ana R. Somoza

Acabo de visitar una iglesia en la que encontré un hermoso y variado grupo de adolescentes y jóvenes. Se
habían sentado al fondo del salón, separados de los adultos que estaban adelante, pero participaban de la
reunión con interés. Algunos lucían crestas de colores en sus cabelleras, otros el cabello largo y otros
cortos. Abundaban los cinturones y las pulseras metálicas, las zapatillas y las remeras negras. En fin, se
podía observar una variada colección de moda adolescente. Inclusive estaban aquellos chicos y chicas que
lucían remeras y pantalones que usted o yo nos animaríamos a usar. Se notaba que eran amigos entre sí
pues al terminar la reunión conversaban muy entusiasmados. Era evidente que se sentían cómodos en esa
iglesia, de lo contrario no hubieran estado allí.
¿Cómo habían llegado a esa iglesia? ¿Por qué estaban cómodos allí? ¿Qué es lo que lleva a los adolescentes a
“huir despavoridos” de algunas iglesias y a integrarse a otras? ¿Cómo era posible que adolescentes que
manifestaban tanta diversidad, conformaran un grupo? ¿A qué culturas adolescentes pertenecían? ¿Eran
adolescentes cristianos y cristianos dispuestos a vivir de acuerdo con los valores del reino de Dios? Al
finalizar el culto me acerqué para entrevistarlos pues sé que los adolescentes cambian tanto, que los libros
que hablan sobre ellos pronto quedan desactualizados y es imprescindible dialogar con ellos para
entenderlos y aprender de ellos. Les dije que quería conocer sobre sus culturas. Una sonrisa les iluminó el
rostro y comenzaron a hablar de sus vidas, de sus dolores, de sus proyectos y del camino recorrido hasta
llegar a encontrarse con Cristo y congregarse en esa iglesia,. Esos chicos y chicas “la tenían clara”. Vivían
un cristianismo sin molde, fresco, auténtico y contagioso. Tan contagioso que cada vez había más
adolescentes en ese grupo.
En ese grupo había chicos y chicas que en la calle no hubieran conversado entre sí, pues pertenecían a
tribus enemigas. Más aún, un muchacho punk estaba de novio con una chica heavy metal. Según me
dijeron, habían estado “en la pesada” hasta que tuvieron un encuentro con Cristo y comenzaron a cambiar
profundamente. Mientras conversaba con esta pareja, se acercó un adolescente vestido según la moda
general y me dijeron que era new metal y que los heavy metal y los new metal no se llevan bien, pero que
ellos eran amigos. Contabilicé en esa iglesia adolescentes que pertenecían a 5 tribus urbanas distintas y
adolescentes que no pertenecían a ninguna tribu. Mi asombro aumentaba cada vez más, pero antes de
relatarles cómo terminó la entrevista, me parece necesario aclarar algunos conceptos importantes. ¿Por
qué hablamos de culturas adolescentes? ¿Qué son las tribus urbanas?

Las culturas adolescentes

Los adolescentes no son todos iguales pese a que con frecuencia hablamos de la adolescencia como si
hubiera una única y universal manera de ser adolescente. La adolescencia comienza con los cambios
biológicos que determinan la maduración física y sexual, sin embargo cómo se desarrolla, cuándo termina y
qué significado adquiere esta etapa de vida, depende en gran medida del contexto sociocultural en que se
vive.
Los adolescentes representan, producen y comunican distintas “culturas adolescentes”. La cultura es el
conjunto de conocimientos, valores, prácticas, creencias, artefactos que se adquieren por vivir en
determinado contexto social, que configura una trama de significados compartidos desde la cual nos
comunicamos. Las culturas adolescentes son las distintas maneras en que ellos expresan colectivamente sus
experiencias sociales construyendo estilos de vida distintivos que se manifiestan en especial en el tiempo
libre o en espacios específicos que generan en distintas instituciones o lugares(Feixa, 99 ).
Según los sectores sociales de los que provengan, que dependen de la familia de origen, del barrio, de las
escuelas, las iglesias, los clubes, las amistades y otras instituciones o redes sociales, los adolescentes
adquieren distintos valores, expectativas y normas de conducta con los que construyen estilos de vida
propios. Otro aspecto importante en la construcción de las culturas adolescentes es la generación, pues
quienes han nacido en determinado momento histórico comparten sucesos, costumbres, modas y valores
comunes.
Las culturas adolescentes se construyen entonces, con elementos provenientes de las identidades
generacionales, de clase, de género, etnia y territorio. Incorporan elementos provenientes de la moda, la
música, el lenguaje, las prácticas culturales y las actividades que realizan. Las fronteras entre las distintas
culturas adolescentes no son estáticas ni infranqueables. Por el contrario, los adolescentes no se
identifican siempre con el mismo estilo sino que reciben influencias de varios estilos y a menudo
construyen su propio estilo, que depende de sus gustos estéticos, musicales, sus valores, y de los grupos
primarios con los que interactúan.
Los adolescentes se relacionan de distinto modo con la cultura dominante de la sociedad, según la cultura
adolescente a la que pertenezcan. Algunos se relacionan conflictivamente, son los adolescentes que los
adultos vivencian como “rebeldes”; otros se integran por lo menos en forma parcial, son los “buenos
estudiantes y laboriosos”.
Las condiciones socioculturales imperantes en la actualidad favorecen el surgimiento de distintas culturas
adolescentes, las atraviesan con sus valores o “antivalores”. No es casual que en la cultura posmoderna
que promueve la falta de certezas, el escepticismo, la falta de proyección de futuro, el consumismo, la
búsqueda de placer, el individualismo, en una sociedad que tiende a la fragmentación y la desigualdad,
hayan surgido tantas culturas adolescentes. Analicemos a continuación un interesante fenómeno
relacionado con estas culturas que se ha denominado tribus urbanas.

Las tribus urbanas

Las tribus urbanas son agrupaciones de jóvenes que aparecen en las grandes ciudades, que comparten los
mismos gustos musicales, realizan las mismas actividades, eligen vestirse de modo similar, poseen hábitos y
valores comunes. Los adolescentes pueden identificarse con otros adolescentes que viven lejos
geográficamente pero que comparten los mismos gustos y costumbres por pertenecer a la misma tribu
(Moreno, del Barrio, 2000 ). Entre las tribus urbanas podemos mencionar a los góticos, los punks, los
skinhead, los sharps, los heavies, los hardcores, los rockers y las barras bravas. La mayoría de los
adolescentes que forman parte de las tribus urbanas provienen de sectores urbanopopulares que viven en
la marginalidad, cuyas necesidades básicas no están siendo satisfechas, no tienen acceso a una buena
educación ni esperanza de conseguir en el futuro un empleo, cuyas vidas giran en torno a la inactividad.
En las tribus urbanas pueden confluir distintas bandas, conformadas por adolescentes que se parecen y se
reúnen voluntariamente por el placer de estar juntos. Las bandas son una forma de microcultura
emergente en sectores urbanopopulares. Utilizan el espacio urbano para construir su identidad social. Cada
banda puede caracterizarse por un estilo determinado o por una mezcla de estilos. Cuando la banda se
hace durable se transforma en un grupo primario, pero entonces cambia sus características: afianza los
valores comunes, distingue roles, fija objetivos más allá de la reunión por el placer de estar juntos que es
propio de la banda.
En una cultura globalizada dominada por las comunicaciones que le quitan sentido a los espacios pues se
anulan los límites y las fronteras, en una sociedad que les cierra las puertas y les niega espacios, los
adolescentes crean sus propios espacios, se apropian de lugares en las calles en los que se reúnen a
conversar y a beber cerveza. Allí se acentúa lo que tienen en común y disminuye lo que los separa. El
adolescente ahí se siente alguien pues es un miembro de una banda o de una tribu. Encuentra un conjunto
de normas específicas que respeta para construir su imagen, una serie de actitudes, comportamientos y
valores a los que adherir, ahí puede luchar contra la sociedad adulta, puede usar la violencia sin necesidad
de ocultarla.
La búsqueda de pertenencia e identidad es lo que está en la base de estos fenómenos. Durante la
adolescencia se modifican las relaciones que los adolescentes tienen con sus familias y cobran vital
importancia las relaciones que establecen con otros adolescentes. De ahí la relevancia que adquieren los
grupos, bandas, pandillas y tribus urbanas en la vida de los adolescentes. Muchos de ellos establecen una
dependencia excesiva de las normas, pautas culturales y valores de sus grupos, por la seguridad que les
otorga el pertenecer a ellos. Algunos adolescentes de sectores populares, en lugar de integrarse a bandas o
tribus urbanas, se integran al mundo del hampa y es interesante destacar que otros se están incorporando a
iglesias evangélicas.

Adolescentes, iglesias y valores cristianos


Todos los adolescentes necesitan un grupo de pertenencia con el cual identificarse y no sólo los que
pertenecen a tribus urbanas o bandas. Como ya vimos, ellos transfieren al grupo la dependencia que antes
tenían de sus padres. Muchos adolescentes se acercan a las iglesias en búsqueda de un grupo de
pertenencia, de lazos profundos y amistades. Cuando los encuentran, se quedan, de lo contrario se van.
Otros han concurrido de pequeños a la iglesia con sus padres y al llegar a la etapa de la adolescencia se
replantean profundamente su fe; si no encuentran en la iglesia un grupo de adolescentes con los cuales
identificarse y una comunidad que los acepte, contenga y acompañe en este proceso, es muy probable que
se alejen de ella. Éste era el caso de algunos de los adolescentes que entrevisté. Al cumplir 11 ó 12 años se
alejaron de la iglesia y del Señor, cayeron en la droga, el alcohol, la vida desenfrenada, pero felizmente,
entre los 15 y 17 años, habían vuelto al Señor, aunque ninguno volvió a la iglesia de su niñez.
No es fácil ser adolescente hoy, y más difícil aún es ser adolescente cristiano. Muchos de los valores y
prácticas de las distintas culturas adolescentes entran en contradicción con los valores cristianos. La vida
cristiana comienza con el nuevo nacimiento pero luego implica un desarrollo que debería llevar a la
adopción de un estilo de vida distintivo, con nuevos valores y formas de conducta. Como afirma la Biblia, si
alguno está en Cristo, es una nueva persona. Por eso ya no piensa de nadie según los criterios de este
mundo. Por eso ya no vive para sí mismo sino para Cristo (2° Co. 5:15-17). El mandato de no conformarnos
a este mundo es también para los adolescentes cristianos. ¿Cómo ayudarlos a que sean cristianos sin dejar
de ser adolescentes? ¿Cómo ayudarlos a ser adolescentes cristianos? ¿Cómo lograr que se integren a la
iglesia y que en ella encuentren una comunidad en la que puedan comenzar su vida cristiana si no lo han
hecho antes y desarrollarse en forma integral? ¿Cómo ayudarlos a conformar su identidad en torno a Cristo?
¿Cómo enseñarles los valores cristianos y a adoptar el estilo de vida que Cristo desea en este difícil
momento actual?
El aprendizaje de valores es muy importante ya que éstos son las cualidades atribuidas a los objetos,
personas o fenómenos, y llegan a orientar y aún a determinar el estilo de vida de una persona. El mensaje
del reino de Dios desafía los valores de la cultura imperante y de las distintas culturas adolescentes, y
frente a la diferenciación social, al individualismo, a la competitividad, a la falta de esperanzas y de
proyección de futuro, a la violencia, opone un mensaje inclusivo, para todos y todas, sin distinción de
clase, raza o género o edad. La perspectiva de futuro y la esperanza se recuperan en el mensaje
evangélico. Cristo vino a darnos vida en abundancia, a abrirnos la posibilidad de un presente y un futuro
mejor a todos.

Analicemos algunos principios importantes para enseñar a los adolescentes los valores cristianos.

-Transformar la iglesia en un espacio de encuentro, aceptación y participación. Los adolescentes se


integran a las iglesias en las que se sienten aceptados y no cuestionados por sus culturas. En muchas
iglesias encuentran incomprensión, críticas y rechazo a su forma de vestirse, su música y otros aspectos de
su cultura. Es importante fomentar en la iglesia un clima de comunicación, diálogo, escucha, aceptación y
amor, para saber qué sienten, qué anhelan, qué problemas e inquietudes tienen y poder apoyarlos. Pero
también es necesario darles oportunidades para expresarse, opinar y participar activamente en la
comunidad eclesial. Nos vamos a sorprender de la frescura, autenticidad y creatividad con la que muchos
adolescentes viven la vida cristiana. Podremos aprender de su sinceridad y entusiasmarnos al ver sus
capacidades y sus dones en acción. Y así todos juntos podremos crecer en la adopción de un estilo de vida
acorde con los valores del reino de Dios.

-Fomentar la formación de grupos de adolescentes en las iglesias. Cuando los adolescentes encuentran en
la iglesia un grupo al cual pertenecer pueden tener un espacio y un tiempo para examinar sus ideas y
valores comparándolos con los de los otros, discutir con sus iguales y analizar distintas perspectivas.
Pueden identificarse con otros adolescentes que vivan de acuerdo con los valores y principios cristianos, y
ser modelos los unos para los otros. Pueden encontrar apoyo emocional que les dé fuerzas para enfrentar
las presiones de otros adolescentes cuyos valores y estilo de vida difieren de los cristianos.
En el grupo se pueden desarrollar actividades que les permitan conocerse mejor a sí mismos y como grupo,
actividades para desarrollar su autonomía y responsabilidad y para mejorar su autoestima. Todo esto los
fortalecerá para atreverse a adherir y mantenerse viviendo según los valores cristianos.

-Acompañarlos en el proceso de cambio de identidad que viven los adolescentes. ¿Quién es y quién quiere
ser en la vida? Son preguntas cruciales para todo adolescente. La identidad adolescente sufre profundos
cambios. En la tarea de construcción de la identidad adolescente, las áreas ideológica y espiritual son muy
importantes. El adolescente vive un proceso por el cual su adhesión a normas, valores y creencias ya no es
impuesto como en las primeras etapas de la vida sino que llega a ser autónomo. Es necesario acompañarlos
en ese proceso de construcción de una moral autónoma, mediante la explicación y el diálogo cuando se
establecen normas, mediante la discusión y clarificación de los propios valores, de los de otros y de la
sociedad, y ayudarlos a desarrollar criterios para tomar decisiones, para saber decir no y hacer frente a las
presiones del grupo cuando sus valores entran en contradicción con un estilo de vida cristiano.
Para esto es muy importante fortalecer su autoestima y su capacidad para tomar y mantener sus
decisiones, pues atreverse a ser diferente en una etapa en la que el grupo de pares tiene tanta relevancia,
requiere una gran fortaleza emocional y espiritual, así como un pensamiento claro y consciente de las
metas y de las consecuencias de cada decisión.

-Buscar líderes apropiados para los grupos de adolescentes. Los líderes apropiados son aquellos que aman a
los adolescentes, están abiertos a aprender de ellos, comprenden sus culturas, se sienten cómodos
liderando ese grupo, son accesibles, saben escucharlos, disponen de tiempo, tienen buen humor y saben
contenerlos cuando lo necesitan. Es importante que haya líderes de ambos sexos que vivan un cristianismo
auténtico y transparente regido por los valores del reino de Dios, para poder ser buenos modelos para los
adolescentes. Una de las mejores formas de enseñar a los adolescentes los valores cristianos es que ellos
los vean en nuestras vidas. Cuando eso ocurre, si hemos establecido con ellos vínculos afectivos y una
buena comunicación, se podrá producir un proceso de identificación que los llevará a querer ser como
nosotros, y si nosotros estamos siendo como Cristo, los estaremos ayudando a parecerse también a Él.

Estrategias que se pueden emplear


El aprendizaje de determinados valores y actitudes, y la adopción de un estilo de vida coherente con ellos
es un proceso que implica procesos cognitivos, afectivoemocionales, conductuales y espirituales. Las
estrategias de enseñanza deben apuntar a lograr cambios en todas las áreas de vida de la persona. Es
posible estar de acuerdo con determinados valores y no vivir en consonancia con ellos. Es decir, que si
desarrollamos una enseñanza que apunte solamente al pensamiento de los adolescentes no se lograrán
necesariamente cambios profundos en sus vidas. De ahí la necesidad de implementar estrategias variadas,
que tengan en cuenta a la persona total, que sirvan para educar las emociones, que los ayuden a concretar
cambios de valores y actitudes. Analicemos algunas de las estrategias que se pueden implementar.

Estudios bíblicos participativos: la enseñanza y el aprendizaje de la Biblia pueden ser una dinámica e
interesante experiencia si se promueve la participación de los adolescentes por medio de preguntas,
debates, discusiones, dramatizaciones, entre otras estrategias. Guiarlos a interrogar a la Biblia a partir de
sus problemas e inquietudes y a estudiar la vida de hombres y mujeres que si bien vivieron en contextos
distintos de los actuales, tuvieron problemas y crisis existenciales semejantes a los que viven los
adolescentes en los aspectos esenciales, les permitirá identificarse con sus emociones, aprender de sus
éxitos y fracasos, y encontrar valores y principios de vida acordes con la voluntad de Dios. Uno de los
aspectos más importantes para el aprendizaje de valores cristianos es la elaboración de principios de vida
por parte de los adolescentes y la contextualización de los mismos a sus propias vidas y situaciones
particulares por medio de las siguientes estrategias.

Dilemas morales: son elecciones que implican competencia u obligaciones con conflicto moral. Por
ejemplo: ¿qué es más importante, nuestros principios o la amistad? ¿los valores de las tribus adolescentes o
los valores cristianos? También es necesario tomar conciencia acerca de la responsabilidad que encierran
las decisiones propias. El pensamiento crítico en la resolución de dilemas morales implica la adopción de
una postura crítica respecto de las posibles alternativas. Plantear dilemas morales a los adolescentes los
ayuda a mejorar sus procesos de pensamiento y a comprender cuáles son las opciones más adecuadas.
Veamos un ejemplo de dilema moral:
Los adolescentes del grupo de la iglesia quieren conseguir un equipo de audio más potente. Un amigo de la
escuela le ofrece conseguir uno al tercio del precio que se paga en el mercado. El chico se entusiasma y lo
comenta en el grupo de la iglesia. El líder propone discutir qué decisión tomar al respecto. Se analizan los
siguientes aspectos: a-Ventajas de comprarlo. b-Objeciones a su compra. c-Valores en juego. d- Principios
bíblicos que pueden ayudar a tomar una decisión adecuada.

Debates y discusiones: La discusión crítica implica comunicación, es esencial para resolver conflictos
interpersonales. Es una discusión que examina y cuestiona críticamente elecciones individuales o grupales y
procede a validarlas desde un punto de vista normativo, justificándolas. A veces cuesta ser crítico respecto
de las propias decisiones y es fácil serlo respecto de las decisiones de los demás, por lo que es bueno
someter a discusión crítica nuestras decisiones.

Narraciones, historias, cuentos: apelan a las emociones de las personas. Sirven de inspiración y estímulo al
cambio de actitudes.

Dramatizaciones: es una de las estrategias más importantes para la modificación de actitudes pues se
produce un proceso de identificación por el cual se aprenden e internalizan valores y actitudes.

Convivencias: el compartir momentos de vida favorece el aprendizaje por medio del modelado y la
resolución de problemas reales que surgen, como conflictos entre grupos, discriminaciones, resistencias a
colaborar en actividades necesarias para la vida con otros como servir la comida, entre otros, que permiten
el análisis y la adopción de los valores cristianos.

Proyectos:a partir de un problema o una necesidad se pueden organizar grandes actividades que permitan
la práctica de los valores cristianos, como por ejemplo, organizar una fiesta para festejar los cumpleaños
de las niñas y los niños en un barrio carenciado, grabar un CD con canciones compuestas por ellos en el que
expresen lo que sienten y lo que aprendieron en el grupo.

Análisis de canciones, poesías, cartas y artículos periodísticos: es muy útil armar un archivo de estos
elementos culturales de actualidad pues son buenos disparadores para la discusión de los valores, los
problemas, las emociones que se comunican con ejemplos reales. A modo de ejemplo, un artículo
periodístico que guardé para trabajar con adolescentes: “Un alumno de una escuela baleó a un compañero.
Los dos chicos tenían 13 años. El agresor estaba cansado de las cargadas del otro muchacho...” A partir de
la lectura del artículo se puede hacer una interesante discusión acerca de la violencia, de las bromas que
lastiman emocionalmente a otros, de las formas de resolver conflictos de acuerdo con los principios y
valores del reino de Dios.

Análisis de casos: se trata de situaciones reales o ficticias relacionadas con la vida de adolescentes que
permitan analizar los problemas y las decisiones que se tomaron o se pueden tomar teniendo en cuenta los
valores y principios bíblicos que se están trabajando. Un ejemplo de un caso: un adolescente cristiano es
instado a participar de una competencia que consiste en ver quién puede beber más alcohol. ¿Qué tendría
que hacer?. También podría plantearse en forma negativa: Un adolescente cristiano participó de un “juego”
que consistió en ver quién bebía más alcohol. Al día siguiente cuando se despertó de la borrachera se
sentía muy mal. ¿Qué puede hacer? ¿Qué tendría que hacer en el futuro para evitar esta situación? ¿Cómo
podría resistir la presión de sus amigos? Es importante enseñarles a buscar alternativas y distintas maneras
de decir no.

-Películas: se pueden ver películas enteras o partes de ellas para analizarlas luego y debatir acerca de los
valores observados. También puede discutirse acerca de películas que ellos hayan visto en la televisión, el
cine o en videos.

-Diarios personales: los adolescentes pueden escribir en diarios personales los problemas que tuvieron, sus
emociones y sentimientos, las decisiones que tomaron y las dificultades que tuvieron para adoptar y
mantener los valores cristianos. Pueden escribirlos para sí mismos y si lo desean compartirlo en el grupo de
adolescentes.
Es importante tener en cuenta que como estamos hablando de estrategias, han de emplearse de modo
flexible según las finalidades que se persigan, el tiempo disponible, los contextos y los adolescentes que
lideremos. Y ahora les cuento cómo terminó mi entrevista a los adolescentes de la iglesia que visité.

Adolescentes buscan iglesia


Como les dije, en esa iglesia había adolescentes que no pertenecían a ninguna tribu y otros que
pertenecían a algunas de estas tribus: punks, heavy metal, new metal, alternativos y un hippie. ¿Por qué
estaban en esa iglesia? Dijeron que habían encontrado aceptación, no se sentían discriminados. En otras
iglesias se alejaban de ellos y ellas, dejaban un banco de separación. En otras, los saludaban en la iglesia
pero si se encontraban en la calle y ellos los saludaban, miraban para otro lado. Los adolescentes dijeron
que ellos también estaban aprendiendo a no discriminar. “Por medio de Cristo nos unimos todos. En la calle
ni siquiera nos hablaríamos, discutiríamos o nos pelearíamos”, dijo un muchacho punk. Esos adolescentes
tenían una experiencia profunda con Cristo y querían ayudar a otros adolescentes a encontrarlo también,
para lo que habían armado un conjunto de rock cristiano y publicaron un folleto para compartir su fe con
otros adolescentes.
Una chica comentó que hace sólo 4 meses que está concurriendo a esa iglesia. Ella escuchaba música heavy
metal y le gustaban canciones de grupos cristianos aunque no lo sabía. Conversando con un vecino que
escuchaba a esos mismos grupos le dijo que eran cristianos y la invitó a la iglesia. “Ahora estoy dejando de
escuchar las otras canciones porque no me gusta lo que dicen, hablan de drogas y de otras cosas que no
están de acuerdo con mi fe cristiana”, comentó.
-Nos costó conseguir iglesia, dijo una chica perteneciente a la tribu heavy metal. En algunas iglesias nos
querían cambiar. Querían que nos vistiéramos de otra forma, pero yo no voy a cambiar. Ésta es mi cultura,
enfatizó.
-No tenés por qué cambiar, mientras tu cultura no entre en contradicción con los valores cristianos, le
contesté.
Me miró sorprendida y se quedó pensando. Yo también me quedé pensando en lo que ella había dicho: “Nos
costó conseguir iglesia...”

Fuente:
Revista: Visiones y herramientas III
Instituto Universitario ISEDET. 2005