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LA “CALIDAD INTEGRAL EDUCATIVA”

Por: Manuel Enrique Caballero Alvarado 1 Licenciado en Educación

Enrique Caballero Alvarado 1 Licenciado en Educación Los desafíos que presenta en la actualidad la Educación,

Los desafíos que presenta en la actualidad la Educación, ya caminando en el mundo global, a decir de Edgar Morín 2 , demanda así mismo respuestas globales, esto es, respuestas que incluyan nuevas categorías que discurran hacia una visión y definición holística de conceptos y procesos, teniendo en cuenta realidades cambiantes y nuevos paradigmas que tienden a envejecer apresuradamente.

En este camino, Jorge R, Seibold, S. J., nos plantea adentrarnos en un nuevo concepto de calidad, que él denomina “Calidad Integral Educativa.

La germinación de este concepto no es ajena a la evolución del concepto inicial de calidad y a los esfuerzos que provienen de la administración, tal como se ha aseverado en múltiples oportunidades a través de diversos autores. Sin embargo, el enfoque lineal que el autor desarrolla respecto a la calidad y su incidencia en la educación, pretende adaptar y dar mayor objetividad a lo que se aspira en educación con vistas a resultados y satisfacciones, pero sin dejar de lado los condicionantes adicionales de equidad y valores.

Sobre este particular, en primer lugar, la idea de “Calidad Integral Educativaincorpora el valor de la equidad. Lo hace estimando que tiene doble presencia en los contenidos que deben ser evaluados. En efecto, los valores se presentan “extensivos”, porque alcanzan a los más diversos aspectos de la realidad; e “intensivos”, ya que poseen un grado de profundidad dependiente de la comprensión y de la preferencia humana que los constituye.

Esta doble presencia de los valores se evidencia en los contenidos a evaluarse; no obstante, hoy, cualquier currículo de Educación Básica presenta contenidos de naturaleza mínimamente triple: cognoscitivos, procedimentales y actitudinales, concordantes con los cuatro fundamentos recomendados por el informe Delors.

Formar en valores es sumamente trascendente y va más allá de la escuela, pues a niños y niñas, adolescentes y jóvenes, se les forma para la vida y no para una circunstancia de medición relativa, el examen. Y, formar para la vida, en el sentido más profundo de su significación espiritual, significa reconocer la “virtud”, la “excelencia”, la “areté” de los antiguos griegos que imprimían en el hombre un sello auténtico de humanidad.

Implícitamente esta formación en valores nos permite entrar en las relaciones sociales que empiezan a entretejerse en la familia, en las sociedades intermedias, en la vida laboral y en la vida política, imprimiendo convicciones en un sujeto permeable a valores y realidades trascendentes y, por eso mismo, absolutas.

1 Director de Asuntos Administrativos del Colegio de Profesores del Perú. 2 “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” – Edgar Morín Paidos Studio, Barcelona, 2001.

Coincidiendo con Max Scheler y derivando sus apreciaciones hacia la Escuela y la Educación, los valores, en su variada gama: sensibles, útiles, vitales, estéticos, jurídicos, intelectuales, morales y religiosos, atraviesan de lado a lado a toda institución escolar, con sus estructuras, protagonistas y su sello social, resultando, por tanto, consubstanciales a la sociedad y a las instituciones, de allí que la escuela, consciente de los valores que asume, enfrenta así mismo a los antivalores a los que está expuesta, desde su interior y desde su entorno.

La conciencia por los valores debe ir explícita e implícitamente en el PEI, en los compromisos de diversa índole que involucra a directivos, docentes y no docentes, alumnos, familias y también debería visualizarse en las estructuras administrativas, en las metodologías y contenidos curriculares y en las prácticas de enseñanza aprendizaje, esto es, en los estamentos que interactúan en el colegio y en los procesos que se desarrollan; debe afectar todo “acto” concreto educacional de cada día. La calidad integral educativa debe reflejarse en la totalidad del proceso educativo, consecuentemente la evaluación deberá coadyuvar a consolidar y estimular las transformaciones que vayan surgiendo.

Estos criterios generan dudas respecto a la capacidad de los métodos actuales para evaluar la “calidad integral”; peor aún si en los sistemas educativos existe una cultura por evaluar sólo para el mercado, con una lógica economicista, cuyas competencias o capacidades solicitadas se orientan a satisfacer a las empresas, en pos de responder a un mercado altamente competitivo. La calidad integral no se niega a estos desafíos, pero rehúsa depender de la lógica economicista precitada. En este sentido, para evaluar en términos de calidad integral hay que encontrar nuevas formas de evaluación y autoevaluación que incluya a todos los agentes que intervienen en la gestión, incluidos la familia y la sociedad.

La evaluación es una realidad compleja, tal como lo es la calidad educativa; ambas dependen de varios factores y no optan solamente por el indicador de un solo resultado. Por consiguiente la calidad educativa de una institución escolar puede ser evaluada de un modo integral a partir mínimamente de los siguientes tres “factores” que se asumen en su conformación: el sociocultural, el institucional-organizativo y el didáctico-pedagógico. Constituyen su contexto concomitante o pertinente que genera la calidad integral de una I. E.

El desarrollo de este concepto obviamente plantea una innovación conceptual y operativa al interior del quehacer educativo; al mismo tiempo, se constituye en un insumo que impulse una definición más humana y menos mercantil de la calidad y de los procesos que ella involucra.

CONCLUSIONES

1. La “Calidad Integral Educativa” supone tres condiciones necesarias y trascendentales:

la calidad, la equidad y los valores.

2. Para la “Calidad Integral Educativa” los contenidos de la educación involucran hoy una naturaleza mínimamente triple: cognitiva, procedimental y actitudinal.

3. En ella, la formación en valores es el insumo básico para la vida y, su aprendizaje e internalización, sólo son visibles en la significación espiritual que el ser humano va manifestando en sus actitudes que dinamizan las relaciones sociales.

4. La trascendencia de los valores dará trascendencia e historicidad al PEI, afectando a todos los estamentos y procesos que se manifiestan en actos educativos del día a día, cimentando los cambios que aproximan al futuro.

5. Evaluar para la “Calidad Integral Educativa” implica superar los dominios de la evaluación para el mercado, de la lógica economicista, que debe ser sustituida por una evaluación compartida por los agentes que participan de la gestión, proponiéndose un modo integral que considere tres factores: el sociocultural, el institucional- organizativo y el didáctico pedagógico.

6. Debe postularse a acreditar y/o certificar la “Calidad Integral Educativa” desde un plano antropológico que supere los instrumentos de evaluación y auditoría de procesos y logros que no correspondan a la naturaleza compleja del hombre y su interacción, habida cuenta que, a decir de Hölderling, “somos un signo indescifrado”, cuyo desempeño, como objeto y objetivo de la educación, está más allá de cualquier patente comercial, o de un fin instrumental que garantice la supremacía del sistema en términos de oferta y demanda.

Lima, 1ª Semana de Abril del 2012.