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SOBREVIVIENDO

SOBREVIVIENDO EN EL ALTO:
Crónicas y fotografías desde una urbe inverosímil
(2004 - 2008)

Las historias escritas y las fotografías de este libro son de la autoría y


propiedad de Juan Carlos Chamorro

Diseño: Bladimir Choque Ingala

Corrección de textos y estilo: Percy Saavedra


Asesoría de diseño: Vicente Mancilla
Asesoría de edición: Hugo Montes
Asesoría de concepto: Efraín Ortuño
Impulsor: Jaime Taborga

Agradecimientos

Crónicas y fotografías Consulado


desde una urbe
HORA
EN EL ALTO inverosímil (2004 - 2008)
de Perú
en El Alto
ZERO
Juan Carlos Chamorro

INTRODUCCIÓN
Mostrar a través de crónicas y fotografías el orgullo
por subsistir en este injusto e incomprensible mundo en
que vivimos, de una parte de la población de El Alto -
situada a quince minutos del centro de La Paz, Bolivia-
es el objetivo de este libro.
El Alto es una ciudad compleja y diversa, que ha resistido a una
masacre militar en 2003 (la llamada Guerra del gas donde murieron
más de 60 personas y quedaron heridas más allá de 400) por poner
resistencia a la venta del gas a Chile, durante el gobierno del en-
tonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Por lo tanto, el presente libro sólo quiere rendir honor de esta gente
y los conflictos fugaces que tiene que afrontar día tras día.

La gente de El Alto, a mi entender, sólo desea que los niños y los


jóvenes tengan un futuro mejor al de los mayores: sólo eso.

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En dos partes está dividido este libro: LATIDOS se llama la
primera sección y refleja -en tres historias realizadas en 2004- las
ganas de los protagonistas por subsistir y resistir en este universo.

La segunda parte del libro se denomina DIARIO EN


CARNE VIVA y es parte de mi archivo fotográfico periodísti-
co entre 2004 y 2008, periodo que llevo viviendo en Bolivia.

La mayoría de estas historias han sido publicadas en el Diario El


Alteño, medio donde trabajo.

Finalmente, todos los que vivimos en El Alto, como en este


LATIDOS
globo, tenemos las ganas de resistir y sobrevivir ante los hechos
indignos, injustos, violentos y oscuros.

En ese sentido, todos estamos unidos en un lazo invisible e


indestructible que son las ganas de sobrevivir dignamente.

Este libro está dedicado a mi esposa Fátima Lazarte

Juan Carlos Chamorro

Sobreviviendo
- Joven, ¿le tomo una foto?

“Si tus fotos no son buenas, es que no estabas lo


bastante cerca” (Robert Cappa).

Atravesaba la Plaza Juana Azurduy de Padilla, a pocos me-


tros del mercado de la Ceja, cuando inicié un diálogo inespera-
do con don Nicasio Laruta, el único fotógrafo que trabaja en
ese lugar.

Andaba con prisa. Siempre ando con prisa. Eran las 8:00 de
la mañana.

Recuerdo, entonces, que necesito tomarme fotografías tama-

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ño carnet para unos asuntos que tengo que hacer al día siguiente.

- Está bien, pero dígame, ¿cuántas fotografías se pueden revelar


fotografiando con esta cámara?, respondo, observando detenida-
mente su antigua máquina fotográfica, que según don Nicasio, tie-
ne más de cien años.

“Fotografiar es una manera de vivir. Es poner la ca-


beza, el ojo y el corazón en un mismo eje” (Henri
Cartier Bresson).

- Le entrego dos fotografías en blanco y negro, señala don Nica-


sio.

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- Está bien, contesto.

- Entonces empecemos. Siéntese aquí...

- Bueno...

“Mire la lente de la cámara. No se mueva. Levante


el rostro. Sonría”, son algunas de las instrucciones
del fotógrafo. Me siento extraño.

Y don Nicasio sujeta sorpresivamente su antigua arma, apunta y


dispara a quemarropa, primero a mi rostro y después al resto de mi
cuerpo.

- Listo. Ahora esperemos unos minutos y le entrego las fotos.

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- Espero entonces.

La marca de la antigua arma debe ser Tessar, porque


es el nombre grabado en el borde externo de la cabe-
za del cañón.

El proceso del revelado, don Nicasio lo realiza de forma artesa-


nal, como en los viejos tiempos: un lugar oscuro del interior de la
cámara para revelar el negativo, agua, alcohol, y otras sustancias y
técnicas que esconden el secreto profesional del experimentado fo-
tógrafo.

La cámara, insertada dentro de una pequeña caja -dejando sola-

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mente libre la larga lente cuyo cuello tiene forma de un acordeón


musical- que la protege del exterior, está sujetada desde el suelo
sobre dos patas de madera.

Si uno observa de perfil la cámara, parece una anti-


gua arma de guerra: un poderoso cañón.

Con más de 50 años en la fotografía y más de 20 años trabajan-


do en esa plaza alteña, don Nicasio ha sido testigo de diversos su-
cesos ocurridos en los últimos años y que han quedado registrados
en su memoria: la Guerra del Gas, Febrero Negro (enfrentamiento
entre policías y militares ocurrido en febrero de 2003), asaltos, en-
tre otros hechos.

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Y pese a haber pasado por estas situaciones de ries-
go, donde su vida ha estado en peligro, jamás ha que-
rido marcharse de El Alto.

Su objetivo es seguir trabajando y ayudando económicamente a


sus hijos y nietos para que tengan un mejor futuro.

Su edad avanzada tampoco es un obstáculo para el experimenta-


do fotógrafo.

“Las fuerzas para trabajar y vivir es lo último que voy a perder”,


asegura.

- Joven, tome sus fotos, señala el fotógrafo, estiran-

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do su mano y mostrándome su trabajo.

- Bien, gracias, respondo.

Por ser temprano, hay pocas personas que circulan por la plaza.
Sin testigos son más certeros los disparos. El trabajo se hace más
fácil, pienso.

Entonces, sujeto rápidamente mi máquina, apunto y disparo a


quemarropa a don Nicasio; pero él no deja de existir porque, aho-
ra, es un ser inmortal, al igual que yo.

Siempre he señalado que una persona retratada en


una fotografía está condenada a ser inmortal, refle-

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Un día más de vida
Una patada voladora en el rostro le otorga
Parca I (que en jerga quiere decir La Muer-
te) a su compañero El Enmascarado. El pú-
blico está dividido.

Cada quien apoya a su peleador favorito. El cuadriláte-


ro de la lucha se mueve, de derecha a izquierda y de arri-
ba a abajo, como si fuese un barco navegando sobre
aguas turbulentas.
“...Y entra Parca II al cuadrilátero, eso no está permitido. Ahora son
dos peleadores contra uno. El público a favor de El Enmascarado pro-
testa. Señor árbitro, haga algo. Detenga la pelea. Van a matarlo. Parca
I y Parca II siguen golpeando con puños y patadas a El Enmascarado.
Pobre luchador, parece que es su final...”, se escucha por los parlantes
situados a un costado del cuadrilátero de lucha.

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El locutor sigue narrando la pelea, con vibrante emo-


ción, como si estuviese frente a una final de box de un tí-
tulo mundial en Las Vegas - Nevada.

Los peleadores siguen en su ley: luchando fuerte.

El público aplaude porque la pelea, a su criterio, está palpitante. Es


una tarde de domingo. En las tribunas observo a padres de familia con
sus hijos. Hay también niños lustrabotas, que seguro con lo poco gana-
do del día, han pagado para ver pelear a sus luchadores favoritos.

Más allá están algunas esposas de los luchadores, que observan có-
mo sus maridos pelean rudamente para llevar el pan a la casa.

La mayoría de los peleadores viven en El Alto. Otro


grupo son de La Paz y del interior del país.

El Enmascarado, que lleva sobre su cuerpo una malla negra ceñida,


y sobre su rostro una máscara color bronce, no se recupera de la bru-
tal golpiza.

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Parca I y Parca II lo siguen golpeando.

El dibujo de un esqueleto humano estampado sobre los uniformes de


Parca I y Parca II, que envuelven sus cuerpos como si fuesen momias,
les imprime un sello de respeto frente a los otros luchadores.

Ahora, El Enmascarado es alzado en peso por los dos hombres de la


muerte, como si fuese un frágil muñeco de trapo, y lanzado fuera del cua-
drilátero.

Su cuerpo cae contra el cemento del suelo, en un espacio que hay en-
tre el cuadrilátero y las tribunas. La caída fue violenta. La golpiza que
recibe es aún más dura.

El árbitro no detiene la pelea. Pregunto a uno de los encargados de la


organización de la lucha si hay reglas, es decir, si está permitido que
entre dos golpeen a uno, y señala: “Sólo en algunas peleas hay reglas.
Pero en ésta no. Aquí vale todo”.

Ahora entiendo por qué el árbitro hasta ahora no la


detiene. El Enmascarado está tendido sobre el suelo.

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Sin fuerzas para hablar, haciendo señales con las manos,


logra comunicar que se rinde. El árbitro entiende y ter-
mina la pelea.

El público aplaude mientras un grupo de niños pide a sus padres que


le compre unos globos multicolores que vende una señora. Otros pe-
queños quieren dulces y refrescos.

Suena por los parlantes una canción pegajosa al ritmo de cumbia.

Parca I y Parca II empiezan a bailar y juegan con el público.

Las gentes aplauden mientras olvidan la brutal golpiza


que vieron hace unos minutos.

Aparecen unos hombres y sacan en hombros al luchador perdedor,


que parece estar inconsciente.

“El show debe continuar”, escucho por allí.

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Los luchadores de la muerte siguen bailando. Saltan y
estiran los brazos hacia el cielo. Esta vez les tocó ganar,
pero la siguiente vez quizás no.

Me observan y siguen bailando. Posan para mi lente. Yo disparo.

“Señoras y señores, no se muevan de sus asientos que el show conti-


núa... Dentro de unos minutos viene la pelea de La Vengadora contra
El Vampiro “, dice el locutor.

Un pequeño anfiteatro al aire libre, encajado en la zona de la Ceja, a


un costado del puente peatonal que conduce a la Feria 16 de Julio, con
capacidad para cien personas y con las tribunas de cemento, es el esce-
nario donde se ha desarrollado esta pelea.

Aquí el show se llama Lucha Fuerte, y hay funciones


todos los domingos, a partir de las tres de la tarde hasta
que la claridad del día lo permita, ya que por ser un sitio
al aire libre, no posee luz artificial.

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A pocos metros de allí está el coliseo llamado El Multifuncional de


la Ceja, donde también los domingos se desarrollan peleas de lucha li-
bre.

La diferencia es que aquí el escenario es cerrado, el


show es dentro de un coliseo y los precios son más ele-
vados que en Lucha Fuerte.

Las máscaras, similares a las que usan los peleadores, son una de las
novedades que los comerciantes ofrecen en El Multifuncional. Los pa-
dres las compran a sus pequeños, quienes al ponérselas sueñan ser, aun-
que sea por un segundo, como sus ídolos de la lucha.

Estos dos son los principales escenarios de lucha libre que hay en El
Alto. Según los empresarios, las peleas se realizan todo el año, pero la
temporada alta, la mejor, empieza días antes de la Navidad.

Los empresarios señalan, además, que la lucha libre se


inició en Bolivia hace más de 40 años, con espectáculos

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en la ciudad de La Paz, pero con el transcurso de los años
los shows se trasladaron a El Alto.

Los peleadores son en total más de 40, la mayoría va-


rones, pero también hay mujeres. Todos ellos rotan en-
tre los dos escenarios de lucha que hay en la Ceja.

Siempre escuché que el show de la lucha libre era ‘teatro’, es decir,


que los golpes no son reales y que el ganador de la lucha siempre es
‘arreglado’ por los organizadores desde antes que los peleadores suban
al cuadrilátero.

He estado en ambos escenarios de la Ceja, y después de observar y


fotografiar varias peleas, aún me queda la duda sobre lo que algunas
personas afirman sobre la veracidad de estas peleas.

Sobre un presunto arreglo del ganador, puede que haya, pero que no
exista un desgaste físico y una voluntad de lucha entre los peleadores,
eso sí lo niego rotundamente.

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He sido testigo de varias peleas que se realizan en El


Alto y he visto cómo los luchadores se golpean, saltan,
vuelan por los aires, caen contra el suelo de cemento y
siguen luchando, sin darse por vencidos, porque el show
debe continuar.

A la mayoría de los peleadores, después de cada lucha, sus pro-


pios compañeros les hacen masajes de relajación, echándoles al
cuerpo cremas para aliviar en algo el dolor, producto de los duros
golpes de la jornada, y las marcas que aparecerán en la piel a la
mañana siguiente...

Y también puedo afirmar que existe una camaradería entre los lucha-
dores. En el camarín, después de cada pelea, se dan la mano y se brin-
dan una señal de respeto, sin importar quién haya ganado o perdido.

Saben que un fuerte golpe puede causar un daño fatal al transcurrir


el tiempo; por eso conocen en qué parte del cuerpo del compañero no
pueden extralimitarse en los puñetes, cabezazos y puntapiés. Los lu-

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37 38

Aniquilando la desilusión
chadores también sa-
ben cómo caer contra “¿Qué es la vida? ¿Es un sueño o es una
ilusión?” (Pedro Calderón de la Barca)
el suelo de cemento, ya
que es parte del espec-
táculo.

Al final, cuando Pienso que más allá de intentar entender lo que ocurre
acaba el show y se en el mundo, con los pies bien puestos sobre la tierra,
cierra el telón, los concuerdo con el significado de la vida de Calderón de
peleadores se des- La Barca, aunque para muchos sólo sea poesía o filoso-
piden hasta el pró-
fía.
ximo domingo,
hasta la siguiente
pelea. Y creo, además, que los únicos que pueden vivir la vida como sueño,
son los niños. Ellos crean un mundo dentro de este mundo, donde la fe-
Algunos se marchan licidad y la paz espiritual es el eje central de todo lo que ahí sucede.
con su familia, que Un don envidiable.
fueron a observarlos, y
otros se dirigen solos a

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Cuando llegué a El Alto, unos vecinos me contaron
que a la mitad del año nevaba, que había un día en que
del cielo caían pequeñas bolas de hielo parecidas a esfe-
ritas de cristal y que los niños junto a sus padres hacían
muñecos de nieve, como se ven en las películas.

No creí lo que me dijeron, ya que en ese tiempo dudaba de todo, an-


daba a la defensiva. Además, jamás había visto en mi vida algo pareci-
do.

Era la tarde del 24 de agosto de 2005. El reloj marcaba más de las


cinco de la tarde. Retornaba a mi casa de trabajar, cuando empezó un
espectáculo que jamás olvidaré.

Del cielo comenzó a caer lo que dijeron mis vecinos: bolitas de cris-

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tal. Y según el Senamhi (Servicio Nacional de Meteorología e Hidro-


logía), la temperatura había descendido hasta los cero grados centígra-
dos.

Tuve que ir a casa a colocarme sobre el cuerpo todos los abrigos que
podía, ya que el espectáculo recién comenzaba y no podía perdérmelo.

Me encontraba en la zona de Ciudad Satélite, una ur-


banización ubicada en uno de los dos ingresos que tiene
El Alto desde La Paz.

Caminaba y caminaba, desafiando a la tormenta de nieve que caía


del cielo, y en ese momento algunos vehículos dejaron de transitar pa-
ra evitar posibles accidentes; los comerciantes cerraban sus negocios y
las personas se refugiaban en sus casas.

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Eran pocas las personas que seguían en las calles. Entre ellas me en-
contraba yo.

Buscaba por parques y lugares desolados si alguien po-


día estar construyendo muñecos de nieve.

Pero no hallaba nada. Entonces decidí volver a casa. Al atravesar un


parque, se me acercó una niña, y me dijo si podía ayudarle a juntar la
nieve que estaba tendida en forma de pequeños mantos sobre el cemen-
to y el césped del parque.

La pequeña quería ir preparando el material, para que


cuando llegara su padre, que según ella era “un experto
haciendo muñecos de nieve”, pueda construir más rápi-

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do el bendito muñeco.

Observé a mi alrededor y no ubiqué a ningún señor que se aproxime


hasta donde estábamos.

La tormenta de nieve se hacía más fuerte y le dije que no podía ayu-


darla. Se puso triste. Me marché del lugar. Y desde lejos observé cómo
la niña, con sus pequeñas manos, comenzó a juntar bolitas de hielo: el
material para que su padre construya el muñeco.

Decidí acercarme, pero no para ayudarle, si no para


persuadirla a que regrese a su casa ya que la temperatu-
ra seguía descendiendo.

Pero no me hizo caso. Y siguió en lo suyo. “Ya verás el muñeco que

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haré con mi papá”, dijo. “Claro”, respondí. Y agregué: “Pero lo harás
mañana porque con esta tempestad no puede ser posible”.

Otra vez puse triste a la niña debido a mis dudas. Un


robusto señor se apareció de pronto por detrás mío, jun-
to con otro pequeño. Era el padre de la niña.

“Empecemos con el muñeco”, dijo. Y comenzó a dar instrucciones,


como si fuera un general.

Me invitó a que le ayude. Lo hice. Sus enormes manos, protegidas


sólo con guantes de tela, se convirtieron en taladros, y comenzaron a
partir y pulir enormes bloques de hielo, a darle forma a los ojos, al cue-
llo, a la cabeza y al tronco de lo que sería el muñeco.

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Con la ayuda de sus hijos, el padre acabó con la escultura de hielo en


menos de una hora.

El padre y sus hijos se abrazaron. Y la niña, antes de


marcharse, se me acercó y dijo: “Está lindo el muñeco,
¿no?”. Sólo atiné a sonreír.

Al poco rato llegaron otros niños que salían de la es-


cuela y, motivados por el enorme muñeco enclavado en
el medio del parque, como si fuera una estatua, se anima-
ron a hacer otros muñecos parecidos.

A la mañana siguiente, muy temprano, cuando la tormenta ya se ha-


bía marchado, los padres de familia se acercaban a los parques a obser-
var y tomarse fotos con las diversas esculturas de hielo, de diversas for-

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mas y tamaños, que habían resistido a la nevada del día anterior.

Los niños se sorprendían de las ingeniosas obras de los


escultores anónimos de la nieve.

Y al pasar las horas y al aparecer los rayos solares, y al ir subiendo


la temperatura, poco a poco, los muñecos comenzaron a derretirse, al
igual que los mantos de nieve que se habían formado sobre el césped
y el suelo de cemento de los parques y los techos de las casas.

Por la tarde, las huellas de la tormenta de nieve del día anterior se ha-
bían evaporado. El espectáculo se convirtió en imágenes del pasado
guardadas en la memoria de los testigos, como si todo lo ocurrido has-
ta hacía unas horas hubiese sido un profundo sueño y no una realidad.

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DIARIO EN
CARNE VIVA

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Permiso para existir
24 de octubre de 2007, 12.26 horas. La población de la
Ceja no sólo quemó bares sino prostíbulos. Las meretrices exigie-
ron trabajar en las calles y algunas se cosieron los labios como pro-
testa para que las dejen existir: “es nuestra única forma de ganarnos
las vida”, dijeron solicitando permiso para seguir subsistiendo.
Capitalismo
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“No me maten”
En la Feria 16
de Julio se puede
encontrar de todo
como en un supermer-
cado: productos nue-
vos y usados. Se
levanta a un costado
de la avenida Juan
Pablo II.
Los comerciantes
resisten vendiendo sus
productos los jueves y
domingos, días en que
la feria abre el telón.
Junio de 2004.

29 de enero de 2007. 17.23 horas. Un hombre fue acusado de


robo en la urbanización Ciudad Satélite. Los vecinos lo atraparon y gol-
pearon. Lo llevaron a una plaza. Lo iban a matar, pero al final dieron un
Salvaje paso atrás. “No me maten, no me maten”, rogó el joven a los vecinos,
llorando, pidiendo perdón entre lágrimas.

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12 de marzo de
2007. El Mallku, El
Príncipe traducido del
aymara al castellano,
Felipe Quispe, dio una
charla en El Alto, en su
ciudad, donde en 1992
fue atrapado por la
policía, en la zona
Santiago I, acusado de
terrorista.
“Soy guerrillero, no
terrorista”, con esa frase
siempre se ha defendido
ante la inquisidora
sociedad.

El Mallku Buscando
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26 de mayo de 2008. 11.00 horas. David Mercado, jefe de


fotografía de Reuters, me alertó de una quema de llantas en el
Aeropuerto realizado por trabajadores que reclamaban que no los
despidan.

19 de septiembre de 2007.
14.18 horas. Efectivos de
Homicidios de El Alto arribaron a la
zona Ventilla para buscar restos de
personas desaparecidas no identifica-
das (N.N.) en una fosa común.

a los N.N. Aeropuerto S.O.S.


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El Ekeko

Empuñando el hacha
El 24 de enero de todos los años comienza Alasitas: una fiesta en 16 de octubre de 2007. 15.00 horas. “Un hombre sólo
honor al dios de la abundancia, el Ekeko (foto). El alcalde de El Alto empuña un hacha cuando sale en defensa de su dignidad” (Ryszard
Fanor Nava y el concejal Roberto de la Cruz estuvieron en la inaugura- Kapuscinski). Los vecinos de Villa Dolores y 12 de Octubre así como
ción de la feria en El Alto. grupos de escolares salieron a defender su dignidad, cansados de la
delincuencia y los crímenes que se registraban a raiz de la existencia de

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bares y cantinas clandestinos en la zona. Quemaron muebles, objetos de


valor y un vehículo. Fue una jornada violenta que la población alteña
espera que nunca vuelva a ocurrir.
El Otro Osama
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Un minuto

El enigmático Comandante
Osama (ex Guerra del Gas), Johnny
Huarachi, es mi amigo: es un combatien-
te urbano de los hechos injustos y abusi-
vos que realizan gobiernos y personas
que defienden oscuros intereses. 2006 -
2007. La Policía los reprimió. Los mineros tenían la razón de protestar.
En El Alto no existe agenda, uno camina por una esquina y hay hechos, hay
vida y no hay tiempo para pensar quién tiene la culpa y a veces ni para
escaparse de los incidentes. 2007.

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sin respirar

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Fanor, Evo y Álvaro

El 6 de Marzo, fecha cívica de El Alto, de los años


2007 y 2008, el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro
García Linera acompañaron al alcalde de esta ciudad, Fanor Nava, en
las diversos actos y celebraciones.

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Plan 3.000:
Made in El Alto

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El 4 de Mayo de este año, fecha en que Santa Cruz rea-
lizó el referendo autonómico, estuve en el Plan 3.000: una especie de
ciudad dentro de Santa Cruz (a 920 kilómetros de La Paz). Ese día hubo
gente en el Plan 3.000 que dijo “no” a la autonomía. Estuve junto a
alteños, hijos de alteños, extranjeros; me sentí como en El Alto: en casa.

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Anarquía Total
5 de diciembre de 2007. 15.32 horas. Cuatro personas
muertas en Villa Andrani. Fueron acusados de ladrones: los golpe-
aron y luego los quemaron vivos. El carro en que iban los hombres
desconocidos, los vecinos lo hicieron estallar con fuego y gasolina.

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Break dane y hip hop


“Todo ser humano tiene derecho a equivocarse, pero esas
personas no tenían el derecho de asesinarlos de esa forma”, señaló
un familiar de las víctimas.

“Abraham” y su grupo Ukamau y Ke son parte de una movida de


hip hop y break dance en El Alto. Marzo de 2007.

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Vayamos por partes
Con la Resistencia

“Vayamos por partes. Esta es una cabeza humana secciona-


da, mutilada, de una mujer que fue descuartizada”, señaló el jefe de
“Sí, estuve en la Resistencia del Plan 3.000, en Santa Cruz, Homicidios de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen,
contra el referendo autonómico del 4 de Mayo”, aseveró el líder alteño FELCC - El Alto, Fasuto Tellez, haciendo recordar la frase del
del Movimiento M - 17, en la Rotonda del Plan 3.000 (primero de la famoso asesino Jack El Destripador. Noviembre de 2007.
izquierda). Esta foto es la prueba.

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Radio 6 de Marzo

Se salvó de morir

Roberto Lenín Sandoval López, asesor de campaña de la


El joven periodista Henry Contreras es el director de prefecta de Chuquisaca Savina Cuéllar, fue detenido y llevado a la
Comunicación de la Alcaldía de El Alto y de la Radio 6 de Corte Superior de Justicia de El Alto. Fue acusado de golpear brutal-
Marzo: un medio de prensa creado para que el pueblo pueda mente a campesinos. Cuando arribó a la ciudad, una turba de perso-
hacer sentir su voz. nas quisieron ajusticiarlo extrajudicialmente: se salvó de morir. 2007.

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El director de El Alteño
Sed de vida El veterano periodista Mario Roque Cayoja es el
Para el profesor Huanca, no existen obstáculos. Sus brazos son sus director del emblemático periódico El Alteño. Junto a él aparece el
piernas y sus rodillas su corazón. El docente de computación todos los días cónsul de Perú en El Alto, Yván Solari Calvo.
tiene sed de vida.

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Museo Antonio Paredes El Ninja Alteño

En la llamada Guerra del Gas, el fotógrafo peruano José Luis


Considerado el mejor museo de arte contemporáneo en
El Alto, el Museo Antonio Paredes Candia -que lleva el nombre de Quintana registró lo que tenía que registrar: conflicto, gente y repre-
sión. Una de las fotos que representa este conflicto es el Ninja Alteño,
uno de los mejores escritores e historiadores de Bolivia- es dirigido por
considerada por la Agencia Reuters entre las 100 mejores fotos del
el artista Rubén Herrera Soria.
mundo. 2007.

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Uno más uno no es dos
El cabildo

Los mandatarios de Venezuela y Bolivia, Hugo Chávez y


Evo Morales, visitaron juntos El Alto el año pasado, desmostrando ser
El secretario ejecutivo de la Central Obrera Regional, grandes amigos; sin embargo, Evo y Chávez son distintos, porque cada
COR - El Alto, Edgar Patana, en el cabildo previo al reclamo para que uno es un mundo, y porque en el univero existencial (salvo en las
la sede de gobierno siga siendo La Paz. 2007. matemáticas): uno más uno no es dos.

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El escultor

Ballet del pueblo

El artista Gustavo Lara creó con sus propias manos uno de los En otros países del mundo, el Ballet Clásico y Contemporáneo es
más importantes monumentos de la ciudad: la heroína Juana Azurduy elitista porque la enseñanza es de costo elevado. No obstante, en El Alto,
de Padilla. Además construyó el escudo de El Alto. Sin embargo, las la Alcaldía ha democratizado la enseñanza del Ballet para que sea apren-
autoridades parecen haberse olvidado de él. dido por el pueblo, por la gente de a pie. En esta imagen aparece la profe-
sora Fátima Lazarte en plena enseñanza a sus alumnos.

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Fátima Lazarte

Dedicado a
Mi esposa

Juana Pomajambo Borja


Mi madre

Anita Pomajambo y Rosita Hurtado


Mis tías

Juan Manuel Chamorro Jiménez


Mi padre

Roxana Chamorro y Jorge Luis Chamorro


Mis hermanos

Blanquita Temoche
Mi tía en el cielo
La directora de la Escuela de
Félix Pomajambo
Ballet Clásico y Contemporáneo es Mi tío en el cielo
la maestra Mónica Camacho (foto
izquierda), quien ha estudiado en Ligia Suárez y René Lazarte
Mis suegros
Rusia.
El director de Cultura es Iván Mario Roque
director de El Alteño
Rodríguez y la directora de la
Escuela Municipal de las Artes es Bruno Olaya, Giussepe Herrera, Renato La Rosa, Adrián Chamorro,
Cinthia Nogales. David Falcón y Daniel Cavero, mis sobrinos y amigos

Modesto Chuquimia y Eva de Chuquimia, parte de mi familia

José Luis Quintana, mi amigo

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Juan Carlos Chamorro


Nació en Lima – Pe-
rú. Este libro que hoy
sale a la luz lo inició en
2004 y lo terminó este
año. Es Licenciado en Cien-
cias de la Comunicación por
la Universidad San Martín de
Porres (Perú). Se inició en el
periodismo en el año 1998, en
la agencia Esicos, y arribó en
el 2001 al diario La
República de Lima,
formando parte del grupo de
reporteros y realizando tra-
bajos investigativos y foto-
gráficos. En 2004, llegó a Bolivia
trabajando como periodista free lan-
ce. Desde 2005 forma parte del grupo
de periodistas staff del diario El Alte-
ño, del Grupo Líder, y colabora para
la agencia Reuters y el diario Perú 21.

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