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Delegación de la Republica Bolivariana de Venezuela IV Chiquinquira Interscholastic Model of United Nations IV CIMUN

Delegación de la Republica Bolivariana de Venezuela

IV Chiquinquira Interscholastic Model of United Nations

IV CIMUN

2012

Delegado: Alberto Carlo Román

Venezuela

Venezuela, está situada al norte de Suramérica con sus costas bañadas por el Mar Caribe. Es un país de bellezas y contrastes; confluencia de razas, fundidas en maravilloso crisol por el calor tropical; una sola materia y esencia, pueblo noble y cordial, cuya grandeza trasciende sus fronteras; de ella emerge la impetuosa alma de una estirpe gloriosa, cuna de Simón Bolívar, génesis de libertad. Venezuela, nación de múltiples facetas, donde espectaculares playas, majestuosas elevaciones, misteriosas selvas, bosques vírgenes, exuberante fauna, extensos llanos, paradisíacas islas y gente amable y dinámica, convergen en esta gran obra de la naturaleza.

Antropológica y culturalmente tenemos rasgos propios y definitorios así como tenemos una lengua

española castellana compartida con otros pueblos, pero que se particulariza en un “habla

venezolana”. Andrés Bello se ocupó, con su gramática, en “fijar” una lengua española común en el continente hispano-americano que hoy nos permite entendernos y comunicarnos directamente sin menoscabo de las modalidades locales, regionales y nacionales, que enriquecen y dinamizan

nuestra lengua común. En Venezuela es “sabroso” oír hablar a nuestros andinos, orientales, capitalinos, “maracuchos”, etc., en una lengua común y diferente al mismo tiempo, mientras las familias y la escuela en general se siguen empeñando en enseñarnos a todos “el bien hablar” así

como la buena educación y en general la “civilidad” necesaria a toda sociedad moderna. Las raíces de la sociedad venezolana se pierden en el tiempo y sólo a partir de los siglos XVII y XVIII se puede identificar una incipiente y difusa consciencia y cultura nacional, expresada historiográficamente. Venezuela, como Estado o Nación es un hecho incontrovertible de la historia y en el siglo XX, alcanza de manera definitiva sus perfiles sociales y culturales, como una identidad

sentida y asumida por todos los habitantes de esta tierra.

Venezuela llega al siglo XX pobre y enferma y no se expresa en sentido figurado; el país, nuestra sociedad, su población (aproximadamente un poco más de 2.000.000 millones de habitantes) mayoritariamente era campesina, analfabeta endémicamente enferma y llena de temores e incertidumbres, acostumbrada como estaba a tener que soportar gobiernos despóticos, tiránicos y dictatoriales. El temor y el miedo eran nuestro verdadero carnet de identidad; todo ello reflejo de una violencia permanente en todos los órdenes. El país estaba cansado y exhausto, pero todo esto empieza a cambiar en las primeras décadas de nuestro siglo XX gracias a un hecho fortuito y producto del simple azar, el petróleo, cuya abundancia, calidad, y relativa facilidad de extracción y comercialización nos convierten en país petrolero con rango mundial en menos de una década,

(entre 1914 y 1922); aunque la sociedad venezolana, en su conjunto, tardará más de cuatro décadas en asimilar la importancia del petróleo para el futuro del país y lo hizo desde una perspectiva eminentemente rural con aquello de sembrar el petróleo, comienza otra historia, que no anula el pasado pero permite crear las condiciones para la aparición y desarrollo de otra sociedad con una nueva mentalidad urbana, un país diferente. Los momentos estelares del siglo XX fueron muchos, pero sin lugar a dudas que la aparición del petróleo, la consiguiente formación de los sectores sociales modernos y la aparición y desarrollo del proyecto democrático y civil configuran las tendencias más importantes y trascendentes de nuestro país, con la palabra petróleo se sintetiza y expresa casi todo: economía, sociedad, cultura, política. El Estado, administrador de la renta petrolera, se convierte entonces en el principal empleador e inversor del país, también en el “Mesíasde la empresa privada en Venezuela; los costos de producir son mucho mayores que los de importar ,por lo que históricamente la clase económica ha preferido acogerse a la política de otorgamiento de dólares preferenciales y bajas tasas que proveía la clase política gobernante de turno ,en lugar de desarrollar o fortalecer el aparato industria .Venezuela ,es hoy un país productivo y más dependiente de los hidrocarburos .La economía no se ha diversificado y el incremento de la riqueza solo se aplica porque también se ha incrementado la dependencia del petróleo.

Un país nunca termina de hacerse y Venezuela no es la excepción; pero este comienzo del siglo XXI nos encuentra en una encrucijada difícil y problemática pero nunca más preparados, en términos de recursos humanos y capital social, para enfrentar exitosamente el futuro. Hay que seguir desarrollando el proyecto democrático como un proyecto civilizatorio; corregir sus desviaciones autoritarias y sus tentaciones totalitarias y dotarla de un alto sentido social.

Venezuela, como tantos otros países de América Latina, participa de realidades complejas y difíciles, sometida a fuertes desigualdades y desequilibrios. En nosotros conviven tiempos históricos diferentes, en algunos casos, antagónicos entre sí. Nuestra sociedad es de una complejidad creciente y sometida a un cambio incesante. Nuestro proceso de modernización y urbanismo, fue muy acelerado y por consiguiente, traumático en muchos aspectos. El atraso y las injusticias, así como la violencia, tienden a imponerse más allá de lo tolerable. El venezolano

“bueno” existe y nuestro pueblo tiende a ser asumido en general en términos positivos: abierto,

amable, amigable, generoso; pero igualmente existe un venezolano que no termina de asumir sus responsabilidades, alejado de la educación y con una fuerte carga de “orfandad psíquica” y complejos y resentimientos sociales.

Una sociedad es una historia, al igual que una cultura es histórica, es decir, un “continium” tempo- espacial; una cronotopía que se va haciendo, de allí lo fascinante que es la invitación a seguir haciendo a Venezuela cada vez mejor; ello nos obliga a todos y a cada uno de los venezolanos, a asumir nuestras responsabilidades, a colocarnos y prepararnos para ello, en el entendido que un país es un pasado pero fundamentalmente un futuro que siempre comienza siendo un presente. Venezuela es una herencia y un capital; es una obligación y una oportunidad; un patrimonio, fundamentalmente espiritual y cultural. El país está constituido por seres que ya no nos acompañan, los ancestros, por los contemporáneos y por los no nacidos todavía, esos contemporáneos del futuro, que nos obligan en nuestro presente, al máximo esfuerzo y al mejor resultado. Una patria es fundamentalmente un sentimiento de gratitud e identificación y un compromiso de servicio, permanente y generoso.

En nuestro país no nos ha faltado inteligencia para comprendernos ,ni pensadores críticos para

advertirnos, a quienes siempre hemos calificado despectivamente como “profetas del desastre”; lo

que ha faltado y quizás nos falte en este momento es una “visión” compartida de país y una gran alianza o acuerdo nacional que desarrolle, a partir de nosotros mismos, las oportunidades necesarias que permitan transitar con éxito el camino político y económico que posibilite la Venezuela post petrolera y que implique, entre otras cosas, la re institucionalización de casi todas nuestras instituciones y el desmontaje progresivo del petro-estado para que el Estado no siga siendo depredador de la nación y el gobierno, en todos sus niveles, un freno y un obstáculo de la

sociedad. La nueva fórmula política pudiera expresarse en el concepto que el individuo es más importante que el gobierno y la sociedad preceden y define al Estado.

La historia y la sabiduría popular enseñan que si los pueblos aprenden de sus errores, las crisis

deberían enseñarnos a ir hacia adelante con mayor seguridad y confianza. El siglo XXI es un siglo de desafíos y riesgos y Venezuela, más temprano que tarde, va a empezar a transitar la época post- petrolera dentro de una post-modernidad que nos invita a dejar atrás, definitivamente, los

errores

del

siglo

XX

y

los

anacronismos

supervivientes del siglo XIX.

Venezuela nunca estuvo más preparada en términos humanos para avanzar hacia un modelo de desarrollo sustentable no petrolero, siempre y cuando hayamos aprendido las lecciones de la historia y resistamos los cantos de sirena de unos liderazgos definitivamente superados por la historia.