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ESPACIOS PÚBLICOS Y COHESIÓN SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos
ESPACIOS PÚBLICOS Y COHESIÓN SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos
ESPACIOS PÚBLICOS Y COHESIÓN SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos
ESPACIOS
PÚBLICOS Y
COHESIÓN
SOCIAL
Intercambio de
experiencias y
orientaciones para
la acción
Juan Carlos Ruiz y Elena Carli, editores
SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos Ruiz y Elena Carli, editores
SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos Ruiz y Elena Carli, editores
SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos Ruiz y Elena Carli, editores

El ambicioso proyecto generado por la Municipalidad de Peñalolén para reunir a un grupo de representantes de los gobier-

nos locales de América Latina y Europa en torno a experiencias participativas de rescate de espacios públicos dio como resultado la transmisión de experiencias

y

también los documentos que las relatan

y

comunican.

Este libro es un esfuerzo por aportar en el tema de espacios públicos, seguridad ciudadana y cohesión social, y pretende poner al alcance de cualquier interesado tanto dichas prácticas como las ideas y conceptos que las sustentan.

Editores:

Elena Carli: Socióloga y Phd de la Facultad de Sociología en la Universidad de Milano Bicocca, Italia. Es investigadora social y ha trabajado en seguridad urbana, parti- cipación y movimientos sociales en Italia. Actualmente es investigadora y vice presi- denta de la Asociación Amapola en Turín, Italia.

Juan Carlos Ruiz: Sociólogo y Magíster en Desarrollo Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha traba- jado en participación urbana y políticas de prevención social para la violencia en barrios. Actualmente es docente y coordinador de proyectos del Programa de Seguridad Urbana de la Universidad Alberto Hurtado.

ESPACIOS PÚBLICOS Y COHESIÓN SOCIAL

ESPACIOS PÚBLICOS Y COHESIÓN SOCIAL Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción Juan Carlos Ruiz

Intercambio de experiencias y orientaciones para la acción

Juan Carlos Ruiz y Elena Carli, editores

Esta publicación forma parte del Proyecto “Espacios Públicos y Cohesión Social”, dirigido y coordinado por la Municipalidad de Peñalolén. El contenido de este documento se ha logrado gracias al trabajo de las ciudades socias y de la sistematización y elaboración realizada por las entidades académicas que fueron parte de este proyecto, Universidad Alberto Hurtado de Chile y la Asociación Amapola de Italia.

La edición estuvo a cargo de la Universidad Alberto Hurtado.

Este documento se ha realizado con la ayuda financiera de la Comunidad Europea a través del Programa Urb-Al y en modo alguno debe considerarse que refleja la posición de la Unión Europea.

Agradecemos a todos los participantes de los seminarios realizados en Badalona y Peñalolén:

Fernando Aguirre, Josep Caubet, Valter Cavallaro, Ricardo Cofré, Marisa Cortese, Cacilda De Menezes, Conrado Fernandez, Alberto García, Graciela García, Iria García, Ivonn Grilli, Catalina Guzmán, Josep Lahosa, Natalia Lizana, Eduardo López, Jorge López, Leonardo Aracena, Norma Maray, Felix Martínez, Ali Munive, Claudio Orrego, Joaquim Ortilles, Marina Pelfini, Josep Pera, Laudecina Pereira, Isabel Plá, Paola Ramello, Andrés Ramos, Juan Carlos Ruiz, Felicià Sabaté, Lina Sañudo, Regina Serrano, Ricardo Scaff, Marco Sorrentino, Cristian Sottolichio, Osvaldo Torres, Franz Vanderschueren, Johnny Vásquez, Carolina Vernal, Sonia Villanueva y Alba Vidal.

Editores: Juan Carlos Ruiz Elena Carli

Asistente de Edición: Valeria Icardi

Autores: Roberto Arnaudo, Valter Cavallaro, Álvaro Espinoza, Conrado Fernández, Natalia Lizana, Marina Pelfini, Juan Carlos Ruiz, Martín Torres, Franz Vanderschueren y Elkin Velásquez.

Traductoras: Paola Ramello y Valeri Icardi. Edición de estilo: María Eugenia Meza

Diseño y diagramación: Marcela Veas Impresión: Gráfica Funny

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación debe ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación de datos o transmitida en cualquier forma o mediante cualquier medio eléctrico, mecánico, fotocopia, grabación u otros medios, sin el permiso escrito previo de los editores.

Registro de Propiedad Intelectual 180653 ISBN: 978-956-8421-24-3

Primera edición: Santiago, Junio de 2009

los editores. Registro de Propiedad Intelectual 180653 ISBN: 978-956-8421-24-3 Primera edición: Santiago, Junio de 2009

INdICE

Colaboración para recuperar el espacio público

 

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Presentación

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Introducción

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¿Cuál espacio público para cuál Marina Pelfini

 

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1.1 Para una definición de espacio público

 

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1.2 La ciudad contemporánea: cuál espacio ofrece, cuál espacio pide

 

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Lugares contendidos, abarrotados, abandonados:

 

el conflicto transforma el espacio de la ciudad Juan Carlos Ruiz

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2.1 Estado de

 

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2.2 Los conflictos más frecuentes

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2.3 Tipos de proyectos (intervenciones)

 

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¿Intervenir el espacio urbano para manejar los conflictos sociales

 

y prevenir el delito? Elkin Velásquez M.

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3.1 De la conflictividad social en la ciudad

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3.2 De las intervenciones en el entorno urbano, en búsqueda de

 
 

manejar conflictividades sociales y prevenir la delincuencia

 

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3.3 ¿Intervenir el espacio urbano para manejar los conflictos

 
 

y prevenir

el

 

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¿Quién construye espacio público?

 

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4.1.

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Natalia Lizana

 

4.2

La policía

 

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Conrado Fernández

 

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Las organizaciones sociales y comunitarias

 

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Martín Torres

 

4.4

El partenariado

 

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Franz Vanderschueren

 

Para una sustentabilidad de las intervenciones en el espacio público

 

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5.1

Objetivo: sustentabilidad

 

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Marina Pelfini

 

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Sustentabilidad social y económica en las intervenciones

 

en el espacio público Valter Cavallaro

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5.3

Construir espacio público sustentable: sugerencias para

administradores y ciudadanos Roberto Arnaudo

 

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Monitoreo y evaluación como herramientas de apoyo a la gestión Álvaro Espinoza

 

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6.1 Monitoreo y evaluación como herramientas de apoyo a la

 

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6.2 La evaluación de iniciativas de intervención en el espacio

153

6.3 Participación de la comunidad en el monitoreo y evaluación

 

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Conclusiones

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COLABOrACIÓN PArA rECuPErAr EL ESPACIO PÚBLICO

Es mucho más lo que nos une que aquello que nos separa. Esa es una de las principa- les conclusiones que podemos extraer del intercambio entre gobiernos locales e insti- tuciones que nos enfrentamos diariamente al tremendo desafío de hacer del espacio público un lugar de cohesión social, tanto en América Latina como en Europa.

Este documento es el resultado de un fructífero intercambio y de un esfuerzo por la sistematización de experiencias que creemos pueden ser replicadas, en sus com- ponentes fundamentales, en distintos lugares del mundo.

Gracias a compartir el trabajo realizado en lugares tan distantes como Peñalolén, en Chile; Salto, en Uruguay; Rímac y Ate, en Perú; Medellín y Bogotá, en Colombia; Recife, en Brasil; Badalona y Barcelona, en España o Torino, en Italia, hemos podido discutir acerca del rol que le corresponde jugar a los gobiernos locales en la tarea de administrar los espacios, no solamente como entes normativos sino dinamiza- dores, líderes, mediadores y, sobre todo, impulsores del trabajo participativo.

En la comuna de Peñalolén, en Santiago de Chile, hemos promovido con fuerza el principio de corresponsabilidad en la construcción de barrios más seguros y ama- bles. Así, pudimos confirmar que la participación es un eslabón indispensable para pasar, definitivamente, desde el conflicto a la cohesión social en espacios públicos que presentan tensiones y problemáticas de tipo delictual, racial, intergeneracio- nal o ambiental.

Generar estrategias que incentiven la participación ciudadana y potenciar el tra- bajo en redes aparece hoy como una responsabilidad insoslayable para las autori- dades locales. ¿Cómo hacerlo? Esa es una de las preguntas que intenta responder este trabajo conjunto. La planificación de espacios públicos, el desarrollo de pro- yectos participativos, la animación social, la mediación comunitaria, la inversión en infraestructura y la prevención social son algunas de las posibles respuestas, revisadas aquí por medio de ejemplos concretos.

Uno de los objetivos del programa Urb–Al es reforzar el diálogo y la colaboración recíproca entre las ciudades socias, en la perspectiva de desarrollar vínculos direc- tos y duraderos entre entidades locales europeas y latinoamericanas. Puedo ase- gurar que este objetivo se ha cumplido plenamente, ya que hemos profundizado con algunas de estas ciudades y entidades lazos de colaboración permanente en éste y otros ámbitos.

No me queda más que agradecer a los gobiernos e instituciones que hicieron posi- ble este trabajo. Primero, a la Comisión Europea, gracias a su programa de coopera-

ción con América Latina Urb–Al, quien financió esta iniciativa; a las ciudades socias; a las entidades académicas que participaron de él e, igualmente, a otras institucio- nes que a lo largo del proceso se fueron sumando.

Como anfitriones de este ambicioso proyecto, estamos seguros de que puede entregar luces a la reflexión sobre la recuperación del espacio público, al desarro- llo urbano en las urbes modernas y a la cohesión social, así como también aportar líneas de acción concretas, probadas e implementadas de manera exitosa en esce- narios diversos.

Claudio Orrego Larraín Alcalde de Peñalolén

PrESENtACIÓN

A lo largo de la historia de las ciudades, el espacio público -plazas, estadios, merca- dos- ha cumplido un rol central de cohesión social, propiciando la integración de las personas de una misma zona.

Sin embargo, en las últimas décadas, en Europa y América Latina y como conse- cuencia de las transformaciones económicas y sociales en los centros urbanos y sus fenómenos de emigración y procesos de urbanización, el rol del espacio público ha cambiado. En él se generan conflictos sociales en los que muchas veces queda de manifiesto la discriminación étnica, racial y la estigmatización social y/o econó- mica, que no le permiten cumplir su función social. Se producen luchas de poder por la ocupación territorial de ese espacio, las que pueden ser luchas entre pares, o por razones económicas, raciales e intergeneracionales.

Por esta razón ha aumentado la percepción de que los espacios públicos y semi públicos son lugares de inseguridad y exclusión ciudadana.

Para avanzar en la recuperación de su seguridad, es fundamental reconocer que ésta es producto de las personas y del uso que ellas le dan al espacio, significán- dolo positiva o negativamente. Por ello, los gobiernos locales, las policías, las orga- nizaciones civiles y comunitarias, son actores claves en la tarea de generar mayo- res y mejores espacios públicos. Sólo el trabajo conjunto de todos los involucrados permite construir, recuperar y profundizar los espacios comunes como el lugar preferente en donde se desarrolla y nutre el tejido social.

En esta perspectiva, la Municipalidad de Peñalolén de la Región Metropolitana de Chile decidió promover un proyecto de intercambio de experiencias entre gobier- nos locales latinoamericanos y europeos en el tema de políticas urbanas y de segu- ridad, con enfoque en las intervenciones centradas sobre la relación entre espa-

cio público y cohesión social. Su objetivo fue visibilizar iniciativas exitosas a nivel local, con fuerte impacto social. ¿Cuáles son los espacios que hoy la comunidad considera públicos, cuáles sus conflictos asociados y qué estrategias han imple- mentado diversos gobiernos locales en conjunto con la comunidad para superar esos conflictos? Estas fueron las preguntas que nos hicimos ciudades de Europa

y América Latina junto a entidades académicas en el encuentro de la Red 14 del programa Urb–Al.

Aprender de otros y con otros siempre es una experiencia positiva. Y ésta no ha sido la excepción. Agradezco a cada uno de los socios de este proyecto, a las ciuda-

des de Badalona y Barcelona de España, a Torino de Italia, Recife de Brasil, Medellín

y Bogotá de Colombia, El Salto de Uruguay, Ate y Rimac de Perú, a la Universidad

Alberto Hurtado de Chile y a la Asociación Amapola de Italia, quienes confiaron en nosotros como coordinadores y dispusieron de sus mejores profesionales para el éxito de este proyecto.

Aunque este trabajo no estuvo exento de las complejidades propias de la hetero- geneidad de los participantes, les presentamos este libro, fruto de la recopilación e intercambio de experiencias y de la reflexión de profesionales operativos y aca- démicos de las ciudades y entidades socias. Creemos haber logrado un documento versátil e interesante, que podrá ser un importante aporte a la reflexión sobre el tema.

Norma Maray Coordinadora Proyecto Urb–Al Municipalidad de Peñalolén

INtrOduCCIÓN

El proyecto

La presente publicación es el resultado del proyecto Urb–Al “Espacios públicos y cohesión social”, de intercambio de experiencias entre las nueve ciudades socias:

Peñalolén, quien coordinó el proyecto; Ate, Badalona, Barcelona, El Salto, Medellín, Rímac y Torino. Junto con ellas, como miembros asociados a cargo de la coopera- ción técnica, participaron la Asociación Amapola de Italia y la Universidad Alberto Hurtado, de Chile.

El objetivo fue reforzar las competencias técnicas de funcionarios(as) de los gobier- nos locales de América Latina y Europa, para –gracias a su acción- conseguir que el espacio público cumpla con su rol natural de cohesión social, poniendo énfasis en revisar y adaptar las políticas urbanas en el uso y papel de los espacios públicos, para mejorar la calidad de vida de sus habitantes en cada comunidad.

Para ello fue intencionado el intercambio de prácticas y experiencias locales de cohesión social y de resolución de conflictos en los espacios públicos. Igualmente se trabajó sobre la identificación de los componentes más interesantes de las experiencias (metodología, enfoques) en términos de eficacia, innovación y replicabilidad.

Las experiencias puestas en común cubren un abanico amplio de respuestas a pro- blemas y necesidades que tienen en la creación y re-creación del espacio público su principal satisfactor.

El escenario del intercambio ha sido diverso. En primer lugar, cada uno de los municipios identificó los proyectos y experiencias en el espacio público llevados a cabo en las ciudades; luego, fueron desarrollados dos encuentros internaciona- les, en Badalona (noviembre de 2007) y Peñalolén (abril de 2008). Los protagonistas de estas experiencias fueron representantes municipales y, por medio de ellos, los actores de decenas de experiencias en que el espacio público ha sido el denomina- dor común de los relatos y análisis. Los instrumentos para el intercambio fueron las fichas de investigación general, la profundización gracias a los medios audiovi- suales y los relatos de informantes calificados.

El primer seminario tuvo como objetivo promover el encuentro y discusión entre los socios sobre los problemas de espacios públicos y cohesión social presentes en cada una de las ciudades integrantes. Como dijimos, cada ciudad socia trabajó previamente en la explicación de diversos proyectos de intervención en espacios públicos, utilizando la Ficha de Investigación General y, durante el seminario, cada socio realizó en plenario una presentación general de su contexto urbano, los desa- fíos para la gestión de los espacios públicos y las políticas de espacios públicos y

cohesión social, permitiendo a los demás socios un primer acercamiento a la reali- dad de los otros y un espacio de diálogo.

El segundo seminario estuvo orientado a formular las lecciones para la profundi- zación de proyectos de modo de contribuir al diseño de políticas públicas locales para los espacios públicos, desde el punto de vista de la cohesión social y el análisis de los contextos organizativos desde donde son realizados los esfuerzos en este ámbito. La sistematización de estas iniciativas fue realizada empleando los videos de experiencias seleccionadas y las Fichas de Investigación General centradas en la descripción del contexto físico, social y económico del espacio intervenido, así como de la acción realizada.

Para el primer tema, el trabajo tuvo como base la revisión de todos los videos que muestran las experiencias de los municipios participantes en el proyecto. Con res- pecto al segundo, el trabajo fue grupal, para abordar las siguientes temáticas espe- cíficas: participación, normatividad en el espacio público y trabajo colaborativo de los distintos departamentos al interior del gobierno local.

¿Por qué es importante intercambiar experiencias?

El intercambio de experiencias está en el centro de la implementación del proyecto de Espacios Públicos y Cohesión Social. Lo que se ha intercambiado son las iniciati- vas consideradas interesantes por su novedad, pertinencia, resultados o enfoque, que distintos municipios o ayuntamientos han desarrollado para la creación o re- creación (recuperación) de espacios públicos, como factor de cohesión social y de resolución de los conflictos producidos entre miembros de la comunidad o entre éstos y el Estado.

Esta dinámica entre actores municipales de distintas ciudades o territorios ocupa- dos del espacio público es un atajo para encontrar formas innovadoras de hacer ciudades amigables, con espacios públicos que favorezcan la cohesión social; así como de resolver conflictos desarrollados en ellos y de incorporar a la comunidad como un actor en la solución de sus problemas.

Las claves para el intercambio de experiencias están en la buena disposición de los(as) participantes; en las condiciones para producir aprendizaje; en la calidad de los relatos y análisis de los problemas o necesidades que cada ciudad -o barrio- tiene en materia de espacio público y de las estrategias de intervención y modelos de gestión que adopta para resolverlos. Estas condiciones son las que han estado presentes en los encuentros internacionales organizados para transferir experien- cias en el marco del proyecto de Espacios Públicos y Cohesión Social.

Los beneficios de este intercambio van en un doble sentido. Los(as) participantes de los encuentros lograron incorporar nuevas formas de satisfacer necesidades

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asociadas al espacio público o de solucionar conflictos producidos en él, a la vez que tuvieron la oportunidad de aprender más de sus propias experiencias. La nece- sidad de sistematizar y analizar lo realizado antes de transferirlo a otros hizo evi- dente un conjunto de aspectos que permanecían en el silencio.

Sobre esta publicación

El presente texto recoge los aprendizajes del proyecto, producto del intercambio de experiencias de las ciudades socias y apunta a transformarse en un referente práctico para el desarrollo de iniciativas en espacios públicos que busquen la cohe- sión social.

Está estructurado en seis capítulos que incluyen, junto con la discusión y presenta- ción de propuestas, cuadros resumen de algunos de los proyectos más relevantes intercambiados. La totalidad de las propuestas revisadas -en versión resumida y completa-, así como el material audiovisual sobre los mismos, está disponible en

http://www.urbal-espaciospublicos.cl/2008/

El Capítulo 1 discute una definición de los espacios en el contexto actual de las ciudades occidentales, identificando los roles que cumple para la cohesión social y sus principales desafíos; el Capítulo 2 revisa algunos de los conflictos más recu- rrentes en el espacio público y las principales estrategias para enfrentarlos. Ambos capítulos fueron enriquecidos con los aportes de Iria García del Ayuntamiento de Barcelona. El Capítulo 3 plantea la forma de resolver la conflictividad ocurrida en las colombianas ciudades de Bogotá y Medellín.

Por su parte, el Capítulo 4 presenta los roles de los actores más relevantes en la cons- trucción de espacios públicos cohesionadores (municipio, policía y comunidad); el Capítulo 5 recoge los principales aprendizajes en torno a la sustentabilidad de las intervenciones en el espacio público; y el Capítulo 6 propone algunas sugerencias necesarias para el monitoreo y evaluación de las intervenciones. Finalmente, están consignadas las conclusiones arrojadas por el proceso de discusión e intercambio de experiencias de Urb – Al “Espacios públicos y cohesión social”.

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CAPItuLO

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¿CuáL ESPACIO PÚBLICO PArA CuáL CIudAd?

CAPItuLO 1 ¿CuáL ESPACIO PÚBLICO PArA CuáL CIudAd? Marina Pelfini Arquitecta • Asociación Amapola • Torino,

Marina Pelfini

Arquitecta • Asociación Amapola • Torino, Italia

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PArA uNA dEfINICIÓN dE ESPACIO PÚBLICO

El espacio público es, en primer lugar, el espacio de la ciudad, de la participación de la gente, los ciudadanos y ciudadanas, en los asuntos cívicos. Lo público en la ciudad es una figura colectiva, siempre precaria y en construcción, acerca del bien común, por contraposición al espacio privado de los intereses particulares (Inerarty, 2008).

Como experiencia, lo público está relacionado con aquello abierto a la visibi- lidad de todos(as), a aquello que es de acceso libre, que remite y es común a todos(as) los(as) integrantes de una sociedad. También en una dimensión polí- tica: es el contenedor donde el poder y las relaciones sociales se organizan (Vicherart, 2008).

El espacio público urbano es, igualmente, el ámbito prioritario de la ciudad donde los(as) ciudadanos(as), individualmente o en grupo, desarrollan sus actividades de ocio, encuentro, relación y donde es evidente con mayor claridad la pluralidad de expresiones culturales, religiosas, lingüísticas, etc., que manifiestan las diferentes formas y estilos de vida.

Es el lugar básico donde la convivencia adquiere su máxima expresión y donde, a la vez, se manifiesta de forma más patente el conflicto y la diferencia. Es un escenario complejo, donde las interacciones sociales y la expresión de los diversos intere- ses de las personas y los grupos establecen, construyen, modelan y transforman la identidad citadina.

El espacio público ayuda decisivamente a conformar lo que puede denominarse ‘cultura urbana’ o, lo que es lo mismo, el conjunto de caracteres reales y a veces imaginados o difusos que otorgan a la ciudad una identidad propia. La identidad urbana favorece la socialización y el sentido de pertenencia, puesto que define a la ciudad como una entidad en sí misma, que la diferencia de otras.

Los espacios públicos asumen distintos roles para contribuir a la cohesión social:

Espacios reconocidos: son los lugares en los cuales los(as) ciudadanos(as) se reco- nocen como miembros de una comunidad, creando su historia colectiva y ade- cuándose a los cambios y a la innovación del tejido urbano. Sintetizan la historia de los contextos donde están localizados y pueden ser símbolo de una zona o de toda la ciudad.

Espacios de convivencia: plazas, parques y mercados, que desempeñan un rol cen- tral de cohesión social, fomentando la integración de los(as) habitantes de una

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misma zona. Son -de hecho- el lugar privilegiado de una ciudad, en el cual se esta- blecen y conviven relaciones, se construyen y entrelazan las identidades, los inte- reses y las trayectorias individuales.

Espacios complementarios: la calle y la plaza han sido siempre la prolongación de la vivienda, principalmente en donde estas cuentan con un espacio reducido, lo que generalmente ocurre a familias de bajos ingresos económicos. A la calle y la plaza todos(as) tienen acceso y derecho, y ofrecen la posibilidad de crear activi- dades para las cuales no hay un lugar adecuado en los espacios privados. En estos términos puede ser utilizado como un instrumento de re-equilibrio en las desigual- dades sociales.

Para profundizar una definición de lo que es posible entender por espacio público interesa fijarse en el uso que se hace de él, más allá de la oposición público-privado, actualmente más difusa que en otros momentos históricos. Lo anterior se debe, por una parte, a la creciente tendencia a la privatización de lo público y, por otra, al carácter público que adquieren determinados espacios urbanos como, por ejem- plo, los centros y lugares comerciales.

Además, en los espacios debe producirse una interacción significativa entre per- sonas y grupos y de ellos debe hacerse un uso cuantitativa y cualitativamente sig- nificativo. Como ampliará el Capitulo 2, esta interacción no se manifiesta siempre gracias a relaciones positivas: tal vez produce conflictos más o menos latentes, conectados a los distintos usos del espacio público y/o a la presencia de grupos sociales marginales.

Jurídicamente, este tipo de espacios son propiedad de la administración pública, que tiene su dominio, la potestad de regular su uso y definir las actividades que pueden realizarse en cada uno de ellos y, a la vez, la obligación de asegurar su fun- cionalidad y mantenimiento así como de su uso universal y libre para todos(as) los(as) ciudadanos y ciudadanas.

En la ciudad actual, en muchos casos el espacio público ha perdido el carácter abierto, heterogéneo y accesible de otros tiempos, cuando la segregación era menor y la calle era un espacio multifuncional y reconocido donde eran estableci- dos, con naturalidad, encuentros y relaciones sociales. La ciudad es cada vez menos un espacio amable, y, en muchas ocasiones, sus espacios públicos han llegado a ser lugares de paso donde es difícil la comunicación y la interacción.

¿Cuáles son las características que permiten al espacio público asumir su función en la construcción de identidad urbana y cohesión social?

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1.2

LA CIudAd CONtEmPOráNEA:

CuáL ESPACIO OfrECE, CuáL ESPACIO PIdE

¿Qué hace de una plaza, una calle, un parque, un espacio público poblado, un lugar de interacción y de integración comunitaria?

Sin duda, un conjunto de características. Unas ligadas al espacio físico y otras a las condiciones sociales y a las relaciones que en aquel espacio se crean; carac- terísticas relacionadas y que se influencian recíprocamente. Sin pretender hacer una lista exhaustiva de estas características, y considerando que cada individuo puede tener una percepción distinta de un espacio público sobre la base de edad y género, entre otros factores, es posible definir como espacio público aquel que la comunidad de referencia considera:

Propio: el espacio público tiene que ser percibido como un bien común, hacia el cual tener una actitud de responsabilidad y cuidado.

Accesible y diversificado: todas las personas, los grupos y colectivos, tienen que sentirse en derecho de acceder al espacio y utilizarlo de formas diferen- tes. El espacio debe favorecer las posibilidades de expresión y de identifica- ción, para propiciar las relaciones sociales, el conocimiento y la intercomu- nicación. Con el tiempo, el espacio necesita adaptarse a situaciones nuevas

y

diferentes, con el suficiente dinamismo para acoger nuevas sensibilidades

y

opciones.

Seguro: las personas tienen que sentirse libres de frecuentarlo sin riesgos para su integridad y sin percibir inseguridad en los diferentes horarios del día.

Funcional y acogedor: desde el punto de vista de las características físicas, debe ser adecuado a los usos; estar bien integrado en el entorno urbano y, sobre todo, haber sido pensado con un criterio de funcionalidad, además de tener una calidad suficiente para que las personas lo consideren acogedor y reconozcan en él una identidad propia. Por fin, es útil que sea conectado con otros espacios públicos, sin restricciones físicas, legales o temporales.

La mayor parte del tiempo, las características mencionadas están relacionadas y se sobreponen unas con otras (por ejemplo, un espacio debe ser seguro para ser considerado accesible, o no puede ser vivido como propio si no es considerado aco- gedor). Debido a ello analizaremos cada tema en detalle.

Espacios reconocidos: sentido de pertenencia y apropiación

Cuanto más un área urbana se ofrece como un área vital, rica de relaciones socia- les, y de redes de cooperación y control informal a quien la utiliza o la habita, tanto más aquella área será percibida como un lugar donde sentirse libre de moverse o quedarse, a la vez que tenerle confianza y deseos de cuidarlo.

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Uno de los factores considerado fundamental en el desarrollo de una comunidad es el capital social, concepto multidimensional y dinámico referido a la estruc- tura de una colectividad, y a la construcción de redes sociales de confianza que permitan la valorización del contexto y el capital humano. Robert Putnam define el capital social como la confianza, las normas compartidas y la participación a la vida publica; todos elementos que caracterizan a la comunidad cívica que pre- senta una organización social más eficiente, a diferencia de la menos cívica, donde hay desconfianza, mayor riesgo y las leyes impuestas desde arriba son fácilmente transgredidas.

El sentido de adhesión, y de responsabilidad, de los habitantes por los lugares en que viven, hacen que en el vivir la cotidianidad la comunidad construya un rol social. El primero consiste en la percepción que el individuo tiene de las relaciones desarrolladas al interior de un contexto: un espacio físico no asume las características de un territorio si no han sido creadas redes sociales, cos- tumbres, ritos que determinan con el espacio una relación económica, social o afectiva. Todo esto permite a las personas sentirse parte, participar de cuidar, y reconocerse en el espacio.

Un territorio donde, además de un contexto físico de calidad, se desarrollan redes sociales activas y caminos de cohesión, comunica a quien lo habita y a quien lo transita una mayor percepción de seguridad y determina un circulo virtuoso, así que la comunidad influye positivamente sobre los individuos, y los individuos influyen sobre la comunidad en un proceso interno de desarrollo.

Frente a las contradicciones siempre más evidentes en las diferentes realidades locales, y de una mayor complejidad de la vida social, ¿qué políticas y acciones pueden promover el desarrollo de estos procesos de integración, apropiación y per- tenencia que acompañan la transformación física y mejoran la calidad de vida?

Planificación de espacios públicos destinados al uso social. Muchas veces, los problemas nacen en la ausencia de espacios en la comunidad

o de la inadecuada calidad de los mismos: plazas, parques, patios que sean perti-

nentes para acoger acciones colectivas y prácticas individuales. Su planificación

y organización debe considerar los diferentes usos y las necesidades de grupos

distintos (jóvenes, famillas, ancianos), empezando por un análisis concreto de los tiempos de utilización.

El objetivo tiene que ser planificar las diferentes funciones de un espacio público, organizado para ser un lugar capaz de estimular el imaginario y la interactividad de sus usuarios(as) y, en paralelo, aparecer como un espacio de mediación para los conflictos relacionados a su uso.

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Proyectos participativos.

El concepto de participación es utilizado cada vez más frecuentemente, y se funda

en el derecho de las personas a ser parte de las decisiones que, directa o indirecta- mente, les atañen. Las modalidades participativas tienen como objetivo desarro- llar nuevos métodos de relación entre los(as) ciudadanos(as) y la administración pública. Al mismo tiempo, es una ocasión para experimentar conexiones distintas, gracias a la diferenciación de intereses, necesidades, valores y historias de vida, buscando un sentido de adhesión a la colectividad y cultivando relaciones signifi-

cativas, en contextos que permiten experimentar el sentido de comunidad.

En las diferentes etapas de la planificación -desde el análisis hasta las elecciones estratégicas-, los procesos participativos garantizan la posibilidad de recoger las reales necesidades del entorno a partir de la percepción y conciencia de los diferentes grupos de actores locales. Informaciones, necesidades, visiones, cono- cimientos implícitos y explícitos pueden transformarse en un patrimonio común, finalizada la planificación.

Existen muchas prácticas que intentan involucrar a los ciudadanos sobre temas como la planificación ambiental y arquitectónica. Por ejemplo, como lo muestran

las distintas experiencias que muestra la presente publicación, es posible llegar

a resultados muy interesantes gracias a la planificación de un parque con los(as)

niños(as) del barrio (ver Capítulo 3); nuevas iluminaciones planificadas con la cola- boración de los(as) residentes (ver Capítulo 2), o a una plaza creada con la colabora- ción de los(as) habitantes del sector (ver igualmente Capítulo 2).

Además de potenciar el sentido de responsabilidad de cada uno(a), en relación a

los espacios que ha contribuido a planificar, los programas de planificación per- miten un “efecto manutención”, por el cual la comunidad cuida lo que ha creado

y se preocupa para que también otros(as) usuarios(as) utilicen los espacios de manera correcta.

recuadro 1

Peñalolén, Chile

Recuperación de la Curva Oriental y conformación de Plaza Villa Lo Arrieta.

La participación para crear espacios públicos sustentables.

El único espacio público del barrio era un basural. Los(as) vecinos(as) se organizaron en conjunto con el Municipio, para diseñarlo, construirlo y plantar flores: el basural se transforma en un lugar significativo, utili- zado por todas y todos.

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Lugar a intervenir y objetivo

Espacio público utilizado como micro-basural, donde son consumidas drogas

y alcohol y han ocurrido delitos contra las personas. En el entorno del lugar residen más de 1200 personas.

El objetivo principal de este programa fue involucrar a los(as) vecinos(as) en todas las etapas de la planificación, desde el diseño hasta la construcción directa del espacio a recuperar.

Metodología de trabajo

Se realizaron reuniones entre los(as) vecinos(as) y el municipio, para discutir el diseño del espacio; así como recorridos diurnos y nocturnos para identificar la utilización del espacio por la comunidad y los requerimientos de iluminación.

En la construcción de las obras trabajaron durante dos meses -los días sábado

y domingo- aproximadamente 50 vecinos(as), mediante un sistema de turnos,

mientras que durante la semana los encargados municipales continuaron con las actividades.

Impacto / Efecto logrado

La recuperación del espacio -realizada en coordinación entre el municipio y la comunidad- logró generar un mejoramiento concreto de un espacio que pasó

a ser significativo y proyecta una mayor sustentabilidad del trabajo realizado.

El micro-basural fue transformado en una plaza ‘abierta a la comunidad’ con equipamientos infantiles y un escenario al servicio de los distintos grupos que conviven en el sector. En esta experiencia, los(as) vecinos(as) son sujetos activos que trabajan para la comunidad, la cual se ve fortalecida por el desarrollo de un proyecto concreto.

se ve fortalecida por el desarrollo de un proyecto concreto. Animación social. Hacen parte de esta
se ve fortalecida por el desarrollo de un proyecto concreto. Animación social. Hacen parte de esta

Animación social. Hacen parte de esta categoría todas las acciones que intentan individualizar y pro- mover nuevas dinámicas de desarrollo y de adhesión a nivel local: desde los even- tos culturales y deportivos, hasta los festivales y las jornadas temáticas. Son accio- nes planteadas sobre una idea de desarrollo local, conectadas a las características

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de los diversos contextos territoriales que, en diferentes etapas, expresan distintas necesidades. Su fin es crear la confianza necesaria para que los grupos de intereses presentes en el territorio -comunidades locales, instituciones políticas y privadas- colaboren en el proceso de su desarrollo ambiental, social o económico.

Espacios con acceso tolerante y diversificación

La accesibilidad y la diversidad del espacio público son elementos característicos de las ciudades occidentales. La estratificación y las intervenciones producidas con la llegada a la ciudad de grupos y poblaciones diferentes han determinado un uso diversificado de los espacios abiertos.

La ciudad racionalista, de la que somos hijos(as), ha intentado poner orden a la con- fusión, y la tendencia ha sido la restricción de los espacios de uso colectivo, la limi- tación de las funciones, la reducción de los espacios de socialización espontánea, el miedo al vacío y a la indeterminación, percibidos como peligro o abandono.

Por esto, el espacio público se ha transformado en un lugar cada vez más defendido

y controlado, o ha sido ocupado por otros actores más fuertes, como los autos y la

organización de eventos turístico–culturales. En muchos casos, el espacio público donde más se manifiesta la diversidad es, en realidad, aquel ocupado por usos pre-

dominantes, como por ejemplo la circulación viaria.

Esta actitud difícilmente deja lugar en este espacio al diálogo entre distintos acto- res y a la interacción positiva que puede nacer desde la diversidad. Y, por lo mismo, no puede ser la zona donde el mutuo conocimiento, el encuentro y la relación inter- personal y grupal habrían de actuar como desmitificadores de realidades imagina- das y como áreas de convivencia, de libertad y de construcción de ciudadanía.

Por el contrario, muchas veces el espacio público pasa a ser el lugar donde se

concretizan los miedos y se manifiestan los conflictos (ver Capítulo 2) motivando

a abandonarlo a quienes tienen posibilidades de utilizarlo, prescindiendo de lo

colectivo y pasando del parque al jardín privado, de la plaza al centro comercial o del barrio a la urbanización, donde el individualismo campea a sus anchas.

Cuando esto sucede, el espacio público queda como un lugar residual e inde- seable, reducto de aquellos que no tienen otras posibilidades, porque existe un fenómeno de reocupación de ellos por parte de nuevos grupos sociales. En algunos casos, esta reocupación del espacio abandonado por los(as) ‘viejos(as)’

ciudadanos(as) provoca también procesos positivos, de animación y de revitali- zación, porque la presencia de nuevos(as) ciudadanos(as), portadores de culturas

y

tradiciones en que puede existir una diferente percepción del espacio público

y

de sus funciones, multiplica las modalidades de utilización de los parques y

plazas, a la vez que genera nuevos significados en la atribución de las funciones

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del espacio mismo. Sin embargo, en otros casos esta reocupación preocupa a los habitantes cercanos, que ven los espacios utilizados por diferentes maneras de interacción (ver Capítulo 2).

Los inmigrantes no son los únicos actores con un rol ambivalente en relación al espacio público. También los jóvenes ocupan una posición similar: ellos son, por un lado, ‘agentes de vitalidad’, siendo los mayores utilizadores de calles, plazas y par- ques; pero, por otro lado, también son los(as) actores del conflicto, frecuentemente percibidos como principales responsables de acciones inciviles y desorden.

Territorio contendido, en el espacio público se sobreponen las voces de aquellos(as) que practican usos diferentes; pero también de las personas que utilizan plazas y calle versus aquellos(as) que prefieren no hacerlo, con la intención de evitar usos impropios o situaciones de conflicto, que generan miedos e inquietud (sobretodo en algunos grupos de la población como, por ejemplo, los ancianos).

La confianza a la que hoy son llamadas las comunidades y los entes públicos es

a la capacidad de reapropiarse de los espacios públicos, reconquistándolos para

una utilización diferenciada, capaz de diferentes subjetividades, de hacer convivir los diferentes tipos de utilización y de crear un ambiente agradable y seguro para diferentes grupos de la población -vieja y nueva-, que los viven y los cruzan.

Desde este punto de vista, el conflicto no puede ser visto como un factor social

a ser eliminado, sino entendido como un elemento importante y potencialmente

positivo en los procesos de interacción. Es necesario pensar políticas públicas que sepan gestionar los conflictos espaciales, atribuyendo valor planificador a las prác- ticas espontáneas de uso y fruición de los espacios, mejorando la inclusión social

y cultural.

mediación comunitaria Una herramienta posible de usar es la mediación comunitaria, mecanismo alter- nativo de resolución de conflictos, caracterizada porque la implementan agentes comunitarios. Es una alternativa a la demanda social por una administración de justicia más eficaz, tanto en términos de agilidad, economía y cercanía a las per- sonas, como en cuanto a alcance territorial, pues es susceptible de ser aplicada en diferentes contextos socioeconómicos y culturales.

Por ello, es sumamente interesante desde el punto de vista de su aplicación en contextos sociales donde el acceso digno a la justicia es problemático (debido a las pocas posibilidades de sostener económicamente procesos judiciales que, en ciertos casos, son prolongados y desgastantes), pues permite, en los casos donde no existe un afán netamente reivindicativo en la persona del afectado, llegar a una resolución capaz de satisfacer a las partes.

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Asimismo, la mediación comunitaria responde a la necesidad de dotar a la comuni- dad de instrumentos que les permitan resolver sus propios conflictos, de tal modo que pueda ser prevenido un posible foco de conflicto de consecuencias mayores. En sectores vulnerables, la mediación comunitaria tiene por objetivo resolver aque- llos conflictos propios de la vida cotidiana por la vía de la articulación de media- dores reconocidos y validados por la comunidad como agentes sociales, los cuales tienen fuertes nexos sociales en la comunidad, en términos de redes de apoyo.

Por último, ayuda a la formación de una comunidad más autónoma, que por sí misma resuelve parte de sus conflictos vecinales, sin la necesidad de utilizar la red institucional existente. Con ello, la comunidad pasa a tener un rol significativo en su devenir, como actor empoderado y responsable.

recuadro 2

Proyecto Parque de la Pellerina, Torino, Italia

Mediación comunitaria para dar acceso al espacio público a ciudadanos(as) inmigrantes

Las fiestas peruanas en el parque molestaban a los habitantes del barrio. Los mediadores acompañaron a los(as) inmigrantes peruanos(as) en su orga- nización formal: se consiguió menos ruidos, menos basura, más tolerancia. El proceso de integración puede empezar.

Lugar a intervenir y objetivo

Se trata de un espacio público de grandes dimensiones, en un sector donde residen cerca de 120.000 personas. Es utilizado por una diversidad de grupos, siendo uno de ellos de inmigrantes peruanos, que desarrollan actividades recreativas y deportivas generando ruidos molestos y basura. El objetivo principal de esta intervención fue generar instancias de mediación, las cuales permitieran resolver los conflictos de manera pacífica, tomando un rol activo y de reconocimiento entre las partes involucradas.

Metodología de trabajo

En primer lugar, fueron dadas a conocer las demandas de todos los grupos relevantes de vecinos(as). Fueron planteados los conflictos concretos, y también las necesidades y condiciones de cada grupo. Se invitó a las partes en tensión a reconocerse como sujetos o grupos en igualdad y a pensar cómo pueden resolver los problemas de manera satisfactoria para ambas partes y también para toda la comunidad.Enestaexperienciaelmunicipioparticipócomogarantedelosacuerdos y facilitador de recursos y servicios necesarios para hacerlos sustentables.

Impacto / Efecto deseado

Gracias a la mediación, el grupo de peruanos que organizaba los momentos de festividad, reunión y de suministro de comida, formó una asociación. Las

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actividades espontáneas han sido formalizadas en una manifestación de carácter socio-cultural y reglamentadas (con
actividades espontáneas han sido formalizadas en una manifestación de carácter
socio-cultural y reglamentadas (con días, horarios, modos). La municipalidad ha
adaptado el área para poder acogerlas con espacios para estos grupos y servicios
higiénicos en número suficiente. Desde entonces cada verano se llevan a cabo
actividades de encuentro socio–cultural y los niveles de conflictos han bajado.

Espacios seguros

Es necesario plantearse, en primer lugar, la discusión sobre la seguridad en cual- quiera de las dimensiones en boga en el último tiempo: pública, humana, urbana, ciudadana, privada.

Actualmente, las ideas más comunes sobre la seguridad están relacionadas con el respeto a la integridad física y al temor a que ella sea violentada; sin embargo, la seguridad no es la mera ausencia de agresión o temor, ya que el valor de la seguri- dad apunta a la certeza de que al individuo le será respetada la integridad física, psi- cológica y social. El enfoque de la seguridad propuesto aquí va más allá de las múlti- ples formas de violencia y delincuencia, puesto que en la seguridad se juega no sólo la vida de la persona individual, sino igualmente la de la sociedad y de la ciudad.

La seguridad también es un derecho humano, de los llamados de ‘cuarta genera- ción’; pertenece tanto a los individuos, como a las comunidades y les permite alcan- zar una calidad de vida acorde a la dignidad de ciudadanos(as). En este sentido, no es sólo un valor jurídico, normativo o político, sino también social, pues es la base del bien común de las sociedades para su cohesión. Es uno de los pilares del buen gobierno y está en la base de la libertad y de la igualdad para el desarrollo pleno y equitativo de las personas (Ruiz y Vanderschueren, 2008).

La posibilidad de que el espacio público desarrolle su rol político y cohesionador está ligada a sus condiciones de seguridad: un espacio inseguro, o percibido así, difícilmente podrá tener aquellas características de frecuentación y animación que están en la base, porque aquella plaza o calle tienen un rol de referencia para la comunidad y son lugares de construcción de la cohesión social.

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Lo que determina sus condiciones de inseguridad no son sólo los episodios crimi- nales -robos, asaltos contra la persona y el patrimonio- sino que entran en juego también sus características relativas a la degradación ambiental y social. Un espa- cio descuidado, rodeado por edificios depreciados y sucio; aquel donde ocurren fenómenos de ilegalidad o concita la presencia de sujetos que no le dan un uso apropiado, es inevitablemente percibido como un espacio inseguro.

Esto lleva a pensar que la demanda de seguridad de los(as) ciudadanos(as) no es tan sólo motivada por una ‘invasión’ directa de la criminalidad, sino expresión de una sensación producto del caos de la vida urbana y de las conductas desviadas, agresivas, semilegales, que la caracterizan en gran medida y que encuentran su máxima visibilidad en el espacio público.

Frente a contextos inseguros, las personas reaccionan según distintas modalida- des: modificando sus conductas, dejando de cumplir algunas actividades (reten- ción) o buscando medios de defensa o disuasión (protección). Es posible encontrar conductas elusivas como evitar encontrarse solos en algunas áreas o en determi- nados momentos del día; o acciones de autoreclusión por miedo a moverse y salir sin compañía.

El peso que estas conductas pueden asumir en un análisis sobre la calidad de vida de las personas y en los usos de la ciudad en determinadas áreas permite que, muy fácilmente, estos temas estén al centro del debate político y mediático sobre la seguridad urbana.

Así, problemas de mantención física, de convivencia entre grupos y la escasa -o excesiva- frecuentación de los espacios, terminan para ser colocados en un ámbito de emergencia de seguridad, definidos como tales y afrontados con los instrumen- tos típicos de las políticas de control y represión.

El problema de la seguridad en el espacio urbano es enfrentado en la ciudad con- temporánea con las herramientas del control formal de la policía y con interven- ciones de prevención situacional actuados por medio de la planificación del espa- cio urbano, de la reglamentación de los usos y del control tecnológico de lo que pasa en él.

Este tipo de enfoque, entendido en términos de control formal y como respuesta normativa y tecnológica a la demanda social de seguridad y a las manifestacio- nes políticas y mediáticas de alarme social, es un enfoque que intenta invalidar algunas de las características propias del espacio público, y algunas de las prerro- gativas fundamentales de la ciudad: el sentido de libertad individual, la acogida del distinto, la mezcla heterogénea. Al reducir los niveles de acogida de la ciudad, estas políticas tienen como consecuencia hacerla menos urbana y menos tranqui-

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lizadora, porque tienden a vaciarla de sus características fundamentales de plura- lidad, apertura y accesibilidad, produciendo fragmentación, separación y trazado defensivo de los confines.

Una política sobre el espacio público que asuma una respuesta –también- a las ansias sobre la seguridad. precisa tener dos deberes fundamentales: afirmar que a la demanda de seguridad no hay respuestas definitivas; que no es posible elimi- nar el riesgo ni sacrificar la libertad de los(as) ciudadanos(as) en su nombre; y el deber de buscar caminos alternativos que den respuestas concretas por la vía de diferentes métodos: transformando los usos de los espacios públicos en algo más denso y culturalmente rico, e imaginando formas de control social no represivo ni exclusivamente policial.

La prevención social es el conjunto de los medios para eliminar, o reducir, los fac- tores de criminalidad actuando sobre sus causas sociales; se realiza por medio de intervenciones en algunas áreas (barrios o ciudades enteras) para favorecer el desarrollo socio económico y mejorar las condiciones de convivencia. Los progra- mas de prevención comunitaria pueden referirse a la organización y la defensa de la comunidad, reconstruyendo el control social informal gracias a la movilización de los(as) residentes, el desarrollo de la comunidad y la dimensión comunitaria, así como al mejoramiento de las condiciones de viviendas y servicios.

Espacios de calidad: diseño urbano, forma y funcionalidad

¿Cuál es la relación entre planificación urbana y arquitectónica de un espacio público y el rol que este espacio asumirá en la vida de la comunidad local? ¿Cómo puede la planificación y proyección mejorar las condiciones de frecuentación, ani- mación o seguridad de un lugar? ¿Cuál es la responsabilidad de muros, edificios, calles, de las personas que los han construidos, y de quienes viven allí?

Las relaciones entre el ambiente urbano y sus usos han sido objeto de análisis y estudios, sobretodo desde el principio de los años 60. Puede ser útil recorrer sin- téticamente la historia del enfoque ambiental de la seguridad urbana: si bien algunas de las respuestas ofrecidas por los(as) expertos(as) han estado demasiado cerca de un determinismo arquitectónico/urbanístico 1 , estos estudios han forjado herramientas útiles en la comprensión del desarrollo de las dinámicas en los usos de los espacios urbanos. Del mismo modo, han hecho evidente cómo una buena planificación, en las formas, materiales y funciones previstas para un espacio público, puede ser importante al momento de potenciar la frecuencia de uso y los usos positivos, elementos importantes para promover la cohesión social.

1 Como planificar y construir un espacio a prueba del crimen. Resulta difícil certificar un espacio en este sentido, a diferencia de lo que puede hacerse en relación a la seguridad anti incendios.

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El primer grupo de estudios sobre los aspectos ambientales de la seguridad urbana

está concentrado en la obra de la antropóloga estadounidense Jane Jacobs. En Vida

y Muerte en las Grandes Ciudades Estadounidenses (1961) gracias a una atenta

observación del sector de Nueva York en el que vivía, individualiza algunas caracte- rísticas ambientales que hacen un barrio seguro. Analiza las relaciones entre los(as) vecinos(as), lo compacto del tejito social, las funciones y tipologías de los edificios. Sus resultados pueden ser resumidos en tres elementos fundamentales:

Un barrio es tanto más seguro cuando en él se desarrollan diversas actividades.

Un barrio es tanto más seguro cuando existe una delimitación clara, evi- tando la formación de ‘tierras de nadie’.

Un barrio es tanto más seguro cuando los habitantes pueden ejercitar, de manera espontánea, un control sobre él. De aquí la exigencia de proyectar edificios y espacios de manera que sea posible ‘el ojo sobre la calle’. (Los ejemplos clásicos son: proyectar ventanas asomadas hacia la calle, elimi- nar obstáculos, arbustos, o otros elementos que puedan limitar la vista de la calle).

En los años setenta, el arquitecto Oscar Newman hizo un programa de reducción y prevención del crimen basado sobre el concepto de ‘espacio defendible’. Su obje- tivo fue transformar el trabajo de Jane Jacobs en criterios operativos para una planificación donde las palabras clave son territorialidad y vigilancia espontánea. Para Newman, los edificios multiplanos, una fuerte división de la funciones, y una gran cantidad de espacios semipúblicos representan un obstáculo a la creación del espacio defendible.

Este diagnóstico lo llevó a proponer nuevos tipos de barrios, en los cuales los espa- cios abiertos están claramente divididos entre privados y públicos, y los edificios tienen una morfología que favorece todo lo posible la vigilancia informal.

Otros estudios analizan la ‘geografía del crimen’ tomando en cuenta las relaciones con el ambiente construido por otros puntos de vista, por ejemplo la accesibilidad del área. Las tasas de crímenes de rapiña y hurtos están muy condicionadas por la facilidad de acceso a una zona, por lo que esa variable fue acentuada por las teorías sobre la oportunidad de accesibilidad y la presencia de vías de escape. Esas conclusiones son confirmadas por estudios realizados sobre los datos de las entre- vistas con los transgresores.

Por su parte, la mantención es el centro de las argumentaciones de Catherine Coles y George Kelling, criminólogos estadounidenses que elaboraron las estrategias que están en la base de las políticas sobre la seguridad en la ciudad de Nueva York en los últimos años. En Fixing Broken Windows (1996) definen un proceso por el cual,

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partiendo del poco mantenimiento, desde el simple desorden, la situación de un área puede gradualmente agravarse llevando a un estado de gran inseguridad.

La novedad de este pensamiento reside en que sostienen la existencia de una rela- ción entre pequeña y gran criminalidad y que, por eso, actuar sobre la primera puede prevenir y contener la segunda. Esta relación todavía no ha sido demostrada y se han alternado, desde los ‘90 hasta hoy, estudios que la han confirmado con otros que la ponen en duda. De todas formas, el monitoreo de estas experiencias ha rele- vado una relación entre el desorden urbano y la percepción de seguridad de los(as) ciudadanos(as), lo que sostiene la elección de administraciones públicas que promue- ven acciones para la ‘eliminación del desorden’ en las políticas de seguridad urbana.

La historia reciente de las ciudades ha puesto en evidencia cómo una mala pla- nificación y un escaso o ausente mantenimiento de un espacio urbano pueden contribuir al proceso de degradación física y social de un área. Los episodios más conocidos, a veces precisamente porque implicaban la demolición de edificios o barrios enteros, muestran de qué manera al llegar a situaciones criticas de invisibi- lidad sumadas a errores de planificación urbanística y arquitectónica se ha gene- rado una degradación del tejido social. Lo mismo sucede cuando se elige, de modo recurrente, destinar porciones de ciudad únicamente a una parte de la población extremamente desfavorecida, lo que es riesgoso desde el punto de vista social.

En algunos casos en las ciudades latinoamericanas no ha habido elecciones equi- vocadas sino ausencia de planificación. Por ello surgen espontáneamente nuevos barrios y urbanizaciones, sin servicios ni espacios públicos, o en donde éstos emer- gen espontáneamente en los espacios vacíos dejados por las zonas contraídas. Estas acciones provocan procesos progresivos de degradación ambiental y social, siendo el espacio público, en primer lugar, donde estos fenómenos se hacen visibles.

El estado de descuido y el abandono de los espacios y de las estructuras, los ruidos molestos y la basura; y la degradación social que puede comprender episodios rela- cionados con el consumo y el tráfico de droga, la prostitución, el vagabundaje, la mendicidad, el comercio injusto, los grupos abusivos de personas y los actos van- dálicos son indicadores claros de declinación ambiental en un barrio.

Los dos fenómenos pueden tener un espectro muy amplio para impedir que los espacios públicos puedan desarrollar su propia función de referente para la comu- nidad. Es muy difícil que los espacios públicos donde hay una degradación ambien- tal o social puedan ser lugares de encuentro o integración. Por el contrario, podrán ejercitar un rol activo en alimentar el miedo de los habitantes: edificios abando- nados o descuidados, rayados en los muros, faroles rotos, calles sucias podrán ser leídos por los(as) ciudadanos(as) residentes, o sólo de pasaje, como señales de alarma por cuatro motivaciones:

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La presencia en aquella área de sujetos ‘peligrosos’, que han producido esas señales.

La falta de control por parte de las fuerzas de orden, tanto que los(as) res- ponsables han podido actuar sin problemas.

Abandono por parte de las instituciones, que no se hacen cargo de la solu- ción del problema.

La debilidad de la comunidad local, que no es capaz de crear un ambiente ordenado y probablemente ‘hospeda’ a los elementos peligrosos.

A la inversa, espacios bien mantenidos y cuidados, transmiten a los(as)

ciudadanos(as), residentes y no residentes, un sentido de acogida y la presencia de una comunidad cohesionada y capaz de ejercitar un control sobre su territorio. Al planificar una intervención de recalificación de espacios públicos o de áreas más vastas en situación de degradación, o al planificar la realización de espacios de nueva edificación, es necesario favorecer una interacción capaz de responder a las exigencias de la comunidad. Espacios pensados para satisfacer las necesidades y

las aspiraciones de las personas que los vivirán, fácilmente accesibles, funcionales

para diferentes usos por parte de distintos grupos etarios o de diferentes grupos, tendrán una mayor probabilidad de llegar a ser lugares de congregación y puntos

de referencia para la comunidad local.

Además, es importante diseñar espacios flexibles, funcionales a los usos prefigu- rados; pero no rígidos, ya que fácilmente usos y actividades en el espacio público pueden modificarse en el tiempo. En última instancia, también sería útil encontrar

la manera de dejar espacio a lo no planificado, si el equilibrio entre las exigencias

de planificación y las de dejar una parte de espacio a disposición de la imprevisibi-

lidad son el punto de llegada más difícil de alcanzar. Es posible observar cómo en el espacio público se generan fenómenos espontáneos: el jardín que llega a ser área

de

descanso, el aparcamiento que por la noche es una pista de patinaje, el rincón

de

la plaza que se transforma en una pista de baile… La informalidad del uso del

espacio público es indicador de vitalidad y dinamismo social.

recuadro 3

Metroplús (Medellín, Colombia)

Metroplús es el sistema integrado de transporte masivo de mediana capacidad que mejoró la movilidad vial en la ciudad y el Valle de Aburrá, articulando en forma física y tarifaria el Metro, Metrocable y las rutas de buses alimentadores. El sistema no está funcionando aún en un cien por ciento.

La Troncal va desde la Universidad de Medellín, por la calle 30 hasta la Avenida del Ferrocarril, donde continúa hacia el norte hasta la calle 67 (Barranquilla), para

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subir por esta vía hasta el sitio Palos Verdes, girar hacia el norte por la
subir por esta vía hasta el sitio Palos Verdes, girar hacia el norte por la carrera 45
hasta llegar a la calle 93 y bajar al occidente por esta calle hasta llegar al Parque
de Aranjuez.
El sistema tiene estaciones localizadas cada 500 metros con paradas fijas, lo que
permite la entrada y salida ágil y organizada de los(as) pasajeros. Sus modernos
buses no pueden exceder los límites permitidos de velocidad y cuentan con la
última tecnología de emisión de gases, frenado y suspensión, entre otros. Al
movilizarse por vías en donde no tendrán que competir por el espacio con otros
vehículos, bajarán los tiempos de recorrido. El recaudo es por medio de una
tarjeta inteligente, integrada con el Metro.

Veamos más en detalle cómo los diferentes elementos de la planificación, la defi- nición de los adornos y de los materiales, las elecciones de los caminos pueden influir sobre el carácter que los lugares asumen y sobre el uso que hacen de ellos las personas.

decorado urbano e iluminación. El modo en que un espacio público se presenta, su forma, los materiales domi- nantes, cómo está iluminado, son decisivos para determinar su frecuentación, en términos de cantidad y tipología de personas. Elementos como el decorado, las pavimentaciones, la iluminación, llegan a ser instrumentos esenciales de estrategias para promover un uso amplio y diversificado de una plaza, una calle o un parque.

En los últimos años, la planificación ha sido utilizada muchas veces para asegurar condiciones de seguridad en los espacios públicos, siguiendo una de las rutas posi- bles: poner el acento mayormente en atraer ‘buena frecuentación’ o animación, o en rechazar a personas ‘indeseadas’ o ‘peligrosas’. La primera línea de acción intenta

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crear espacios acogedores, agradables, ricos en ofertas. La segunda, confía en ele- mentos disuasivos, que desaniman a los(as) frecuentadores(as) no deseados(as). Pero muchos de estos últimos sistemas terminan por desanimar no solamente a los ‘indeseados” sino a cualquier frecuentador. Por ejemplo en las paradas o esta- ciones los asientos son pocos, muchas veces están escondidos y generalmente son incómodos. Debido a ello, se percibe un sentido de rechazo, de hostilidad por parte del lugar o de quien lo ha ideado.

A lo mejor, es aconsejable partir desde las acciones en positivo, de ‘atracción’ del mayor número y variedad de personas, contando con el efecto de seguridad

del lugar garantizado por la animación. Es posible hacer de diferentes maneras,

a veces simplemente un cambio de pavimentación puede transformar radical- mente un lugar.

La sensación de acogida advertida en un ambiente está muy condicionada por el

dominio visivo del espacio circunstante y por la general familiaridad con el sitio. El primer factor depende directamente de la iluminación; pero aun el segundo puede ser condicionado. Es fundamental ofrecer la posibilidad de ver y reconocer un lugar. Secundariamente, la iluminación influencia mucho la posibilidad de frecuen- tar los lugares en relación a los horarios del día: un espacio bien iluminado permite

el

desarrollo de actividades durante las horas de tarde y noche, prolongando en

el

tiempo su función como lugar de congregación. La iluminación puede determi-

nar la percepción de un espacio urbano como acogedor, y no sólo por medio de la acción física -consintiendo ver-, sino también por medio de una acción indirecta, ya que trasmite una imagen percibida como positiva del lugar.

Un sistema de iluminación de alta calidad, o realizado para valorizar estéticamente

el contexto, puede modificar sencillamente la imagen y la atmósfera de un espacio.

transportes, tráfico, aparcamientos. La circulación viaria es uno de los elementos que cruza y contribuye a diseñar el espacio público y que influye sobre su carácter. No siempre es considerado el poten-

cial que la relación entre espacio público y circulación viaria aporta para construir un espacio público más o menos animado, más o menos seguro. La localización de

la parada de un autobús, antes que el pasaje vehicular, puede ser un elemento a

poner en juego para contribuir a la frecuentación y animación de los lugares.

El momento en que es creado un plan de tráfico o proyectadas transformaciones para la viabilidad, es la oportunidad para alcanzar objetivos sobre la vivibilidad del espacio público. Existen aspectos técnicos ligados a la organización de las infraes- tructuras (por ejemplo, la capacidad de satisfacer la demanda de movilidad), aspec- tos culturales conectados a los comportamientos de los usuarios (los(as) jóvenes (es uno de los casos) y aspectos organizativos ligados a represión, control y vigilancia.

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Por lo tanto, es necesario prever acciones integradas obrando, por un lado, sobre los aspectos ambientales y físicos –entre ellos, la ubicación de las paradas, el tipo de cobertizo y de vagones o medios utilizados-, y sociales, confiando en las rela- ciones entre las personas (pasajeros, controlador, animador social…) para intentar eliminar el clima de aislamiento o tensión que puede generar la percepción de inseguridad o la inseguridad real.

En particular, hay tres aspectos sobre los cuales intervenir:

En primer lugar, la organización del flujo del tráfico: la posibilidad de acceder a una calle y la velocidad con la que se viaja pueden tener muchas consecuencias sobre la seguridad de quienes viajan en vehículos motorizados así como de los peatones. Igualmente influyen en la multifuncionalidad de aquel espacio; es decir, sobre la posibilidad de que sea utilizado por distintos tipos de usuarios(as).

En segundo lugar, los aparcamientos pueden ser pensados para mejorar la circula- ción y la vivibilidad de los espacios.

Finalmente, por lo que concierne a la seguridad en los transportes públicos y pri- vados es preciso intervenir con medidas de prevención y responsabilización de conductores y pasajeros. Por otro lado, es necesario garantizar la acogida de los lugares de espera: desde hace años algunos estudiosos insisten sobre la necesidad de planificar las paradas de los autobuses para garantizar la máxima visibilidad, iluminación y su construcción en áreas no aisladas de la ciudad (Politecnico 2007).

Por lo tanto, nos parece importante volver a subrayar que una planificación atenta al uso y a la vivibilidad de los espacios públicos debe poner en relación las inter- venciones con el contexto urbano -intentando asegurar un ‘mix’ social y una mul- tifuncionalidad de los espacios- y basarse en el concepto de ‘vigilancia natural’, es decir utilizando todos los instrumentos a disposición (personas, automóviles, medios de transportes públicos).

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BIBLIOGrAfIA

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CAPItuLO

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LuGArES CONtENdIdOS, ABArrOtAdOS, ABANdONAdOS:

EL CONfLICtO trANSfOrmA EL ESPACIO dE LA CIudAd

Juan Carlos Ruiz

Sociólogo • Programa de Seguridad Urbana, Universidad Alberto Hurtado • Santiago, Chile

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2.1

EStAdO dE SItuACIÓN

Como resultado de una serie de fenómenos económicos, sociales, culturales y tec- nológicos, en las últimas décadas se ha producido una transformación gradual de las ciudades y de los espacios de la cotidianidad (Segovia, 2008). Tales cambios sien- tan las bases de una nueva forma de organización social y de un nuevo modelo cultural. En la ciudad actual, el espacio público ha perdido -en muchos casos- el carácter abierto, heterogéneo y accesible de otros tiempos, cuando la segregación era menor; y la calle, un espacio multifuncional y reconocido donde se establecían con naturalidad encuentros y relaciones sociales. Emerge la sensación de que la ciudad es cada vez menos amable y sus espacios públicos llegan a ser en ocasiones lugares de paso donde es difícil la comunicación y la interacción.

Las experiencias europeas y latinoamericanas revisadas a lo largo del proyecto muestran que los aspectos de conflictividad asociados a los espacios públicos son diversos. Principalmente están relacionados con procesos de exclusión de grupos sociales, problemas de convivencia a raíz de choques culturales e identitarios, efec- tos de una planificación urbana inadecuada o incompleta, además de fenómenos de criminalidad juvenil, tráfico de drogas y temor.

Estos conflictos han generado un aumento considerable de la percepción de inse- guridad de los(as) habitantes de las ciudades, en una proporción que no necesaria- mente se condice sólo con el nivel objetivo de ocurrencia de delitos. Un elemento central en la conflictividad de los espacios públicos urbanos es la relación entre la creciente sensación de inseguridad difusa y exclusión social juvenil, por un lado, y la decreciente capacidad del espacio público de cumplir un rol de cohesión social y ciudadanía, por otro. Debido a ello, para el buen desarrollo de la ciudad es necesario considerar tanto su cohesión social como su diseño urbano (Borja, 2003).

En el caso de los países latinoamericanos, existe una serie de procesos de deterioro en este sentido. Algunos de ellos son la insuficiencia de espacios públicos ade- cuados, en términos físicos y ambientales; el riesgo medioambiental de muchos asentamientos urbanos precarios, la exclusión social y laboral de diversas comu- nidades, unida a la falta de dialogo de la sociedad civil con el Estado, allí donde sí existen espacios públicos adecuados. Todos estos elementos representan un obstáculo importante para una buena cohesión social y una mejor convivencia de las personas y comunidades. Al mismo tiempo, tales carencias privan a la sociedad de uno de los caminos posibles para preservar y fortalecer el patrimonio y capital social, para generar ciudadanía y —en último término—construir una democracia más profunda y efectiva (Segovia, 2007).

A su vez, en los países europeos hay un desconocimiento creciente en relación al ‘otro’, a quien se ve distinto por un simple mecanismo de defensa ante un potencial

riesgo; los usos diversos del espacio por personas y grupos diferentes generan una desconfianza instintiva, basada la mayoría de las veces en prejuicios. Al añadir a la diversidad factores como las situaciones de desigualdad social, de género o de cul- tura, las posibilidades de conflicto se multiplican exponencialmente. En este con- texto, las migraciones, como efecto inevitable de la globalización, desestructuran los modelos sociales e introducen nuevos elementos de tensión en los mecanismos regulatorios de las relaciones sociales. Así, en algunas situaciones la inmigración es asociada con la violencia, la mayoría de las veces sin fundamentos objetivos.

Frente a estas diversas situaciones, y considerando la función que cumplen los espacios públicos como mecanismos fundamentales de socialización de la vida urbana, surge una presión constante sobre las autoridades de las ciudades para que den respuestas más eficientes y eficaces a las demandas de seguridad y bien- estar de los(as) ciudadanos(as) y de los territorios bajo su administración (UN- Habitat, 2002: 2).

“Su distribución más o menos desigual, su concepción articuladora o fragmen- tadora del tejido urbano, su accesibilidad y su potencial de centralidad, su valor simbólico, su polivalencia, la intensidad de su uso social, su capacidad para crear ocupación, su capacidad para fomentar nuevos ‘públicos’, la autoestima y el reco- nocimiento social, su contribución para dar ‘sentido’ a la vida urbana, son siempre oportunidades que nunca habrían de desaprovecharse para promover los derechos y obligaciones políticas, sociales y cívicas constitutivas de la ciudadanía” (Borja, 2003: 23-24).

2.2 LOS CONfLICtOS máS frECuENtES

En la época de la globalización, la ciudad es el territorio básico de la diversidad. Es en el espacio público donde ésta mejor se pone en juego, ya que por definición es el lugar donde el mutuo conocimiento, el encuentro y la relación interpersonal y grupal deberían actuar como desmitificadores de realidades imaginadas y como espacios de convivencia, libertad y construcción de ciudadanía. Sin embargo, muchas veces se produce el efecto contrario, y los que tienen posibilidades de hacerlo abandonan el espacio público y prescinden de lo colectivo, pasando del parque al jardín privado, de la plaza al centro comercial o del barrio a las comuni- dades cerradas, quedando el espacio público como un lugar de conflicto, residual e indeseable, reducto de aquellos que no tienen otras posibilidades.

El conflicto está determinado por la cultura de las partes, entendida como el conjunto de experiencias y valores que las personas acumulan a lo largo de su vida y que conforman su manera de sentir, pensar y actuar y, en última ins-

tancia, su visión de la realidad. Raza, religión sexo, ocupación, país o zona geo- gráfica, situación socio económica, etc.,. son factores que determinan la ads- cripción a una cultura concreta, y, dentro de ella, a una subcultura específica. Evidentemente, estos no son conceptos estáticos, sino permeables a múltiples influencias y modificables.

En términos sociales, la tensión puede producirse a nivel interpersonal, inter o intragrupal y sus motivaciones pueden ser personales, relacionales o de comuni- cación, y estructurales. Para que surja debe haber competencia por recursos mate- riales o simbólicos y se define no sólo por el motivo que lo provoca, sino también por la percepción que tienen las partes que interactúan. Es necesario que su(s) causa(s) sea(n) percibida(s) y sentida(s) por una o dos de las partes como una situa- ción que supone una amenaza para sus intereses o necesidades. Este sentimiento puede obedecer a razones objetivas y reales, o deberse a percepciones personales negativas, a prejuicios que predisponen a una actitud defensiva y a un sentimiento de riesgo potencial que favorecen el desencadenamiento del conflicto. Podría hablarse, en esos casos, de conflictos imaginarios, en la medida que no existen las causas objetivables que los justifiquen.

Es necesario considerar al conflicto como algo inherente a toda sociedad, natural

inevitable, expresión de la diversidad, motor de cambio y de mejoría en situacio- nes inadecuadas o que no están suficientemente resueltas; es necesario para el desarrollo de cualquier colectividad, que progresa, cambia y avanza cuando busca

e

y

encuentra soluciones a sus problemas. Por lo mismo, no es positivo ni negativo y

un elemento estructural y estructurador de la vida en comunidad y cuando tiene

solución puede dar resultados beneficiosos. Por lo tanto, la forma de gestionarlo es la base para asegurar resultados positivos o negativos. Únicamente asumiendo esto, intentando entenderlo y analizándolo es posible ofrecer una alternativa que permita superarlo y generar la necesaria satisfacción de los intereses y necesida- des de las partes.

La dimensión y concepción comunitaria del conflicto, especialmente de aquel que aparece en el espacio público urbano, apunta directamente a la gestión alternativa y lo entiende como un proceso interactivo regulador de las relacio- nes sociales, con una función social positiva, expresión de la diversidad frente a una determinada situación de carencia o de conflicto de intereses. Según cómo la comunidad gestione sus conflictos obtendrán resultados positivos o negati- vos que reforzarán o dificultarán la convivencia y ayudarán o no a la cohesión social.

A continuación, explicamos brevemente los tipos de conflictos diagnosticados y las formas de intervenirlos.

deterioro urbano

La rápida expansión de las ciudades, la creciente urbanización, y la concentración de la población y actividades en los núcleos urbanos centrales, producen la desarti- culación en la planificación, uso y mantenimiento de los espacios exteriores. Estos hechos son algunas manifestaciones culturales resultantes de un proceso de trans- formación económica y territorial asociadas a la globalización (Fernández, 1993).

Este conflicto está referido al abandono físico de sectores o barrios de la ciudad por envejecimiento de la población, deterioro de la edificación, infravivienda, defi- ciente infraestructura urbana, ausencia de servicios y marginalidad, el que puede llegar a desembocar en la destrucción física de los edificios, del espacio urbano y el deterioro de la convivencia social (Romero, 2001). Esta situación está abordada en los casos de Barcelona, donde se aplicó la Ley de Mejora de Barrios (ver recuadro siguiente).

recuadro 4

Barcelona, España

Ley de Mejora de Barrios y Pueblos

Una intervención integral para enfrentar el deterioro urbano

Frente al deterioro social y económico, el Ayuntamiento propuso un plan transversal de recuperación. Se trabaja tanto sobre el espacio público como sobre las viviendas, en la recuperación económica y la promoción social.

Lugar a intervenir y objetivo

Barrio Pueblo Seco, donde residen cerca de 40.000 personas. De ellas, alrededor de 10.000 provienen de países extra-comunitarios debido, principalmente, a la disponibilidad y bajo precio de viviendas (viviendas vacías, deterioradas y con una población autóctona envejecida). Este barrio se caracteriza por una alta densidad demográfica y deficientes espacios públicos.

Elobjetivoprincipalfuerealizarunaintervenciónpúblicadegrandesdimensiones, en diversas áreas del barrio: acceso a viviendas de mayor calidad; mejoramiento, cuidado y ampliación de los espacios públicos; incentivo a la generación de servicios. Todo ello con el fin de generar una recuperación económica y social del barrio.

Metodología de trabajo

El Ayuntamiento desarrolló un plan de trabajo a gran escala en el barrio, las viviendas, los espacios públicos, los servicios (siendo los principales los sanitarios, educativos, comerciales, gubernamentales y de salud). En general, fue una recuperación infraestructural del barrio, generada desde la autoridad local.

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Impacto / Efecto deseado

Gracias a la Ley de Mejora de Barrios y Pueblos que requieren una atención especial, el Ayuntamiento de Barcelona y el Departamento de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat de Catalunya han dotado al barrio de Pueblo Seco de una intervención centrada en los siguientes campos:

Mejora del espacio público y dotación de espacios verdes.

Rehabilitación de los elementos comunes de los edificios.

Provisión de equipamientos para el uso colectivo.

Fomento de la sostenibilidad del desarrollo

Incorporación de las tecnologías de la información en los edificios para permitir la instalación de cableado u otros sistemas.

Accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas.

El deterioro está relacionado con los siguientes patrones de obsolescencia urbana (Rojas et. al., 2004):

Obsolencia funcional: [de edificios y espacios públicos] surge cuando una estructura ya no cumple las funciones para las cuales fue diseñada.

Obsolencia física: deterioro de la estructura, instalaciones o terminaciones de los edificios al punto de que éstos ya no tienen la capacidad de acoger las funciones para las cuales están destinados.

Obsolencia económica: se produce cuando ya no son rentables los usos ori- ginales de un edificio debido a la dinámica del mercado urbano de suelo (Sabatini, 2000).

En el caso de las ciudades latinoamericanas, muchas veces sucede, más que un deterioro urbano, una normalidad de la precarización de los espacios informales, constituyéndose las soluciones parciales en soluciones definitivas, ante lo cual la recuperación urbana es más bien una construcción formal y adecuada de los espa- cios urbanos, como lo muestra el caso de Nuevo Salto Nuevo, en El Salto, Uruguay (ver recuadro siguiente).

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recuadro 5

Salto, Uruguay Proyecto ‘Nuevo Salto Nuevo’ Recuperación participativa de espacio público en el barrio Salto
Salto, Uruguay
Proyecto ‘Nuevo Salto Nuevo’
Recuperación participativa de espacio público en el barrio Salto Nuevo.
Ante la necesidad de una perspectiva integral del barrio y de su deterioro,
los vecinos fueron invitados a participar del mejoramiento del espacio
público.
Lugar a intervenir y objetivo
En el barrio Salto Nuevo, uno de los más poblados de la ciudad y donde se
desplazan diferentes grupos, residen alrededor de 10.000 personas. Durante varios
años, el Ayuntamiento ha realizado trabajos parciales y focalizados en sectores y
problemáticas específicas, pero no una intervención a mayor escala e integral.
El objetivo principal es la propuesta de una revalorización del espacio público
como elemento generador de la cohesión social del barrio.
Metodología de trabajo
Fue realizado un tipo de intervención que afectó
a la totalidad del barrio y a los intereses de sus
distintos componentes, por lo que fue desarrollada
de manera conjunta con la población. Es decir, el(la)
vecino(a) tuvo un rol activo tanto en la definición de
las mejoras al espacio público, como en el trabajo
concreto de la recuperación.
Impacto / Efecto deseado
Los efectos de esta intervención son diversos. En primer lugar los trabajos
mejoraron los espacios públicos, y como la comunidad jugó un rol activo y en
la toma de decisiones, el vínculo entre ella y el espacio público se profundizó,
lo cual permite resignificar al espacio y tener mayores probabilidades de
sustentabilidad.

Percepción de inseguridad, crímenes y delitos

La inseguridad urbana es una mezcla de inestabilidades; las personales (complejos, ansiedades, dudas), las externas (empleos precarios, exclusión, modelos sociales basa- dos en el consumo y en el mercado como regulador de las relaciones sociales) y las vic- timizadoras (ser víctimas concretas de robos, amenazas u otras formas de violencia).

Hoy se vive un progresivo sentimiento de inseguridad generalizada en la ciudad, lo que impacta directamente sobre la capacidad de cohesión de los espacios públi- cos. Dicha sensación se produce a partir de un ciclo negativo, donde la violencia

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y la criminalidad creciente en estos espacios tiene como consecuencia la atomi-

zación social, el declive de la participación, el consiguiente abandono de dichos lugares y la baja calidad y acceso a los servicios públicos urbanos. La violencia y la criminalidad erosiona el capital social y dilapida los pocos recursos que los(as) habitantes poseen para una mejor calidad de vida.

La sociedad demanda seguridad; pero la delincuencia y el temor socavan el dere-

cho básico de las personas a vivir en paz y gozar plenamente de un hábitat seguro

y sustentable. La violencia y la inseguridad amenazan directamente la vida en

sociedad, la cohesión social y el desarrollo sustentable de los espacios públicos (Vanderschueren et. al, 2004). Muchas veces la respuesta a esta demanda es la segre- gación de los espacios públicos, la discriminación y victimización global de colecti-

vos y grupos, el miedo a la diferencia, la privatización de las actividades cotidianas

y la propia configuración y estructura del espacio público urbano. El miedo influye

directamente en la conformación y en el uso espacial, y la obsesión por la seguri- dad pública, sin considerar la integralidad del fenómeno, induce a que el control social y la represión sean las respuestas crecientes a los conflictos urbanos.

En el caso de Medellín, desde un enfoque de recuperación integral de barrio se buscó superar el miedo en el espacio público (ver recuadro siguiente).

recuadro 6

Medellín, Colombia Proyecto ‘El Centro vive’

La recalificación física como presupuesto por un espacio público accesible y seguro.

El centro de Medellín es uno de los espacios más densos –de personas y

de problemas– de la ciudad: habitantes en situación de calle, prostitución,

“El Centro vive” es un intento de poner en orden

este espacio caótico empezando por el espacio público.

Lugar a intervenir y objetivo

El centro de la ciudad de Medellín es un espacio donde más de 6.000 habitantes en situación de calle viven y/o deambulan por sus vías, más de 5.000 comerciantes informales ocupaban indebidamente el espacio público y cerca de 3.000 personas estaban envueltas en situaciones de prostitución o explotación sexual infantil.

comerciantes informales

La movilidad peatonal y la seguridad vial tienen en el centro uno de los puntos críticos y es innegable que durante años ha sido una caótica ‘terminal de transporte’, una de las zonas de la ciudad con mayores problemas medio ambientales y donde la tasa de homicidios es la más alta de toda la ciudad.

El objetivo principal fue el desarrollo de importantes obras físicas: el mejoramiento de la movilidad (tanto de vehículos como de peatones), la consolidación del espacio público como escenario para el encuentro y la protección del medio ambiente y también la mantención de los equipamientos y servicios públicos.

Metodología de trabajo

La forma de puesta en práctica de estos proyectos surgió desde el gobierno de Medellín, y estuvo basada en el desarrollo de diversas obras físicas orientadas a darle más orden al funcionamiento de la zona centro de la ciudad.

Impacto / Efecto deseado

El programa ‘El Centro vive’ tiene entre otras metas la construcción y consolidación de los siguientes parques: intervención física del Parque Norte, Parque Jardín Botánico, Parque Explora, Centro Cívico San Lorenzo y Plaza de Cisneros; la formulación de un proyecto urbano integral que promueva el desarrollo de los ejes Carabobo y la Playa y la adecuación y articulación de cuatro kilómetros de calles, andenes y espacios públicos de los corredores urbanos y parques en el cuatrienio.

Busca desarrollar iniciativas que concierten los puntos más vitales del centro, por medio de acciones físicas y de gestión encaminadas a tejer este territorio e integrarlo desde el espacio público, los equipamientos, la movilidad, la cultura, la educación, la ciencia, la tecnología y la recuperación de la vivienda en todos niveles socioeconómicos, mediante la formulación e implementación del Plan Especial del Centro.

Incluye también el mejoramiento y adecuación de calzadas entre San Diego y los puentes, el arreglo de andenes y del separador central, entre Argentina y Amador; y la reposición de redes de servicio: dotación de mobiliario urbano e iluminación peatonal, pasos peatonales, colocación de línea táctil para personas con movilidad y visión reducidas y arborización.

También fue realizado el cambio de las placas de concreto de la vía, la reorganización de los andenes alineando paraderos, módulos de ventas y árboles, despejando los andenes para el aprovechamiento de este espacio por parte de los(as) peatones(as). En el separador central fueron instaladas ‘montañas’ de colores con el fin de impedir el paso de los peatones por el medio de la vía y motivarlos a cruzar por los pasos peatonales y disminuir así la tasa de accidentes en esta vía.

Contaminación e insalubridad

En todas las ciudades existen problemas de contaminación e insalubridad; por ejemplo, la contaminación del aire y el ruido, los basurales de desperdicios sóli- dos incontrolados o la contaminación de los cursos de agua. Dichos fenómenos

constituyen una dificultad en los espacios públicos, pues tienen repercusiones importantes sobre la salud, difíciles de determinar pero que deben ser tomadas en cuenta.

Ambas situaciones urbanas están asociadas a conflictos en el espacio público en la medida que desafían la sustentabilidad ambiental y social citadina y restringen las capacidades de desarrollo de los(as) habitantes. En este sentido, la sustentabilidad tiene relación con una mirada socioecológica, referida tanto a la mantención de la sociedad -como hecho social y humano-, como al sistema ecológico o biofísico, y las relaciones entre ambos (Gallopin, 2003). A su vez, la conflictividad urbana de los espacios públicos es transversal a diversas dimensiones, en que la contami- nación e insalubridad aparecen destacadas. En este sentido, Polèse y Stren (2000) proponen que para ser ambientalmente sustentables, las ciudades y los espacios públicos también deben serlo socialmente. Dicha sustentabilidad social está defi- nida por un desarrollo y crecimiento compatible con la evolución armoniosa de la sociedad civil, promoviendo un medioambiente que contribuya a la cohabitación cultural y social de diversos grupos mientras que, al mismo tiempo, es promovida la integración social, mejorando la calidad de vida de los grupos sociales (Polèse y Stren, 2000: 15-16).

La sustentabilidad social pone énfasis en la integración de los actores sociales, y tiene como mayor desafío superar los procesos de exclusión social. Debido a ello, son destacables los esfuerzos desarrollados en Peñalolén, donde por medio de la recuperación participativa de espacios públicos fueron eliminados microbasurales (ver recuadro siguiente).

recuadro 7

Peñalolén, Chile Plaza de Ramón Carnicer

La participación para crear espacios públicos sustentables.

El único espacio público del barrio era un basural. Los(as) vecinos(as) se organizaron y, en conjunto con el Municipio, lo diseñan, construyen y plantan flores. Finalmente, el basural llega a ser un lugar significativo y utilizado por todas y todos.

Lugar a intervenir y objetivo

Recuperar un espacio público ubicado en un sector de más de 1200 residentes, donde existen poblaciones de alta vulnerabilidad social. El lugar era utilizado como microbasural, por lo que se habían masificado plagas de ratones que contaminaron todo el sector. Asimismo, la oscuridad del lugar configuraba un espacio con poca vigilancia que facilitó la ocurrencia de delitos.

El objetivo principal de este programa fue involucrar a los(as) vecinos(as) en todas

las etapas de la planificación, desde el diseño hasta la construcción directa del espacio a ser recuperado.

Metodología de trabajo

El

Municipio entabló conversaciones con los(as) vecinos(as) del sector respecto de

la

posibilidad de recuperar este espacio; e indagó en la disposición y capacidades

organizativas existentes en la comunidad para realizarlo de forma conjunta.

El proyecto comenzó con la realización de reuniones en las que participaron la

Junta de Vecinos y los encargados municipales del Programa de Recuperación de Espacios Públicos (REP), específicamente del área de Operaciones. El objetivo de estas reuniones consistió en acordar el diseño del espacio, siendo la idea de base que este concordara, por una parte, con las necesidades de los(as) vecinos(as) y, por otra, que fuera un diseño armónico y adecuado a los recursos disponibles en el Municipio. En la construcción de las obras trabajaron los días sábado y domingo los(as) vecinos(as), mediante turnos; mientras que durante la semana los encargados municipales continuaban las actividades.

Impacto / Efecto deseado

La recuperación del espacio, realizada en coordinación entre el Municipio

y la comunidad, logró generar un mejoramiento concreto de un espacio

transformándolo en significativo, lo que proyecta una mayor sustentabilidad del trabajo realizado. Como resultado de este proceso participativo fue construida

una plaza con juegos infantiles, escaños y luminarias, que permiten el encuentro

de todos(as) los(as) vecinos(as) de la zona recuperada. En esta experiencia, los(as)

vecinos(as) fueron sujetos activos que trabajaron para la comunidad, la cual se vio fortalecida por el desarrollo de este trabajo específico.

fortalecida por el desarrollo de este trabajo específico. uso del espacio comunitario (convivencia) El espacio
fortalecida por el desarrollo de este trabajo específico. uso del espacio comunitario (convivencia) El espacio

uso del espacio comunitario (convivencia)

El espacio público es el lugar de encuentro de las personas, que preserva, pro- mueve y organiza la comunicación entre gente diferente, permitiendo la genera- ción de los vínculos sociales y de construcción de la identidad (Segovia y Oviedo,

2000). La transformación urbanística de los últimos años, junto con los cambios demográficos y sociales y los procesos migratorios, han favorecido modificaciones estructurales en los espacios públicos. Hoy una gran diversidad de personas convi- ven en una misma comunidad de vecinos y vecinas, con costumbres y maneras de vivir diferentes entre sí lo que, en ocasiones, puede generar incompatibilidades o situaciones de conflicto en la convivencia vecinal.

Para los(as) jóvenes de contextos más conflictivos, el espacio es el territorio de referencia; es decir, el conjunto de los lugares que constituyen el ámbito vital. La micro-comunidad pasa a ser un fuerte dispositivo generador de identidad, ya que ellos(as) se definen en relación y oposición a otros grupos y zonas de la ciudad, sobre la base del lugar de origen, en particular al barrio o calle a que pertenecen. Para los ancianos, por su parte, la participación en la vida del barrio o en los even- tuales centros de asociación favorece la posibilidad de reunirse y de hablar. Por ello, donde el espacio público carece de una adecuada oferta de socialización, la convivencia está limitada y los espacios menos compartidos 1 .

Un conflicto de convivencia puede deberse a los diversos tipos de uso de un espa- cio público -por ejemplo, ocio y residencia- ya que esto contrapone a los distintos actores el espacio, algunos residentes, otros usuarios de tránsito. Un segundo tipo de conflicto de convivencia se produce por patrones culturales diferentes que, frente a un mismo tipo de uso (residencia, por nombrar uno), genera tensiones en el orden social del espacio público. Esta situación se produce tanto intergenera- cionalmente (conflictos entre jóvenes y gente adulta) como entre habitantes con distinto origen que cohabitan en un mismo barrio.

recuadro 8

Barcelona, España Proyecto Jardines de Mediterránea

Intervención integral para el mejoramiento de la convivencia.

¿Que pasa cuando niños y niñas, jóvenes, adultos mayores, mujeres, e inmi- grantes quieren utilizar el mismo jardín? Por medio de la animación social y coordinando desde el barrendero hasta el guardia urbano se apunta a una intervención integral que lo haga un espacio de todos y todas.

Lugar a intervenir y objetivo

En este caso se trató de espacios públicos situados en el interior de varios bloques de edificios de titularidad privada, los que hacen de pantalla. Están enmarcados en una zona relacionada con la actividad comercial: mercado municipal de la Marina y comercios de la calle Mare de Deu del Port. En este

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http://www.casaldelraval.org/INTIEspanyol.pdf

sector, los(as) vecinos(as) percibían la existencia de áreas sucias y descuidadas, tanto en el interior de los jardines como en los pasillos de conexión con el exterior. Además, había una trasgresión persistente de la normativa por parte de los(as) encargados(as) de los locales situados en la zona, ruidos y peleas entre jóvenes a altas horas de la madrugada, que eran una molestia constante para los habitantes del barrio.

El objetivo principal estuvo orientado a revisar los diferentes usos del espacio, para facilitar una buena convivencia entre los(as) usuarios(as).

Metodología de trabajo

En esta experiencia, la Municipalidad intentó facilitar la buena convivencia buscando la complicidad y el compromiso del vecindario para el control y buen uso de este espacio. Se buscó coordinar las diferentes actuaciones en el espacio público, revisando la frecuencia de paso, los horarios y el tipo de maquinaria con la que se hacen los servicios de limpieza, para acordar en qué horarios era más efectiva y necesaria ésta.

Finalmente, fue revisada la zona -responsabilidad de Parques y Jardines- para analizar los usos determinados en ella y acordar posibles cambios para la mejora del espacio.

Impacto / Efecto deseado

El proyecto logró dinamizar el uso del espacio de los jardines por medio de diversos incentivos, principalmente: gracias a la programación de actividades familiares e infantiles y a la promoción de este espacio para que las entidades de la zona se impliquen en dicha programación. Paralelamente, fue fomentado el uso familiar de estos jardines los domingos por la mañana, de manera de convertir el espacio en un lugar de encuentro para padres, madres y niños(as) del sector. Asimismo, fue crucial en el desarrollo de la experiencia la coordinación con otros servicios o departamentos y la revisión de diversos aspectos de los jardines (equipamientos, etc.).

de diversos aspectos de los jardines (equipamientos, etc.). Exclusión de grupos de inmigrantes Los crecientes flujos

Exclusión de grupos de inmigrantes

Los crecientes flujos migratorios, como efecto inevitable de la globalización, rees- tructuran los modelos sociales e introducen nuevos elementos de conflicto en los mecanismos de regulación de las relaciones sociales. Esta situación es particular-

mente aguda en los países europeos, aun cuando en Latinoamérica la migración intra e interregional -debido a conflictos armados y búsqueda de mejores oportu- nidades- también es un fenómeno importante.

Socialmente se produce la dicotomía de, por una parte, entender el fenómeno de la inmigración como consecuencia del subdesarrollo y la pobreza, de la falta de expectativas en los países de origen y, por otra, responsabilizar a los(as) inmigran- tes -especialmente a los irregulares-, de todo tipo de males: abaratar el trabajo, qui- társelo a la población autóctona, copar los servicios sociales, ser los causantes del aumento de la delincuencia, entre otros problemas.

El asentamiento de comunidades procedentes de América, Asia, África o Europa del Este provoca en la población de las ciudades europeas una sensación de pérdida de identidad, de los valores, prácticas y lengua que daban coherencia a su percepción de la realidad y fundamentaban un sentimiento colectivo básico de seguridad. Ha ido generándose una visión de la inmigración como un fenómeno ilegal y masivo, que atenta contra la sociedad del bienestar, que provoca la inseguridad ciudadana y cuestiona la identidad.

Esta mirada estereotipada del fenómeno migratorio encuentra expresión más clara en los territorios urbanos de mayor concentración de inmigrantes los que, generalmente, son aquellos donde vive la población autóctona con menor nivel social, cultural y económico. Surgen situaciones a veces críticas, porque la fractura étnica y cultural queda superpuesta a la fractura social preexistente, siendo ésta una situación común a las ciudades europeas y latinoamericanas.

Es en el espacio público de estos barrios, a menudo en las periferias urbanas, donde aparece una mayor segregación. Este fenómeno es provocado por la cre- ciente concentración de grupos de inmigrantes en espacios reducidos como lógica de autoprotección. Como consecuencia de la concentración espacial de inmigrantes se produce, por un lado, una mayor desconfianza ante el senti- miento de desestructuración y pérdida del propio espacio y de la antigua identi- dad del barrio como espacio propio y reconocido por parte de los(as) vecinos(as) autóctonos(as). Por el otro, al(la) extranjero(a) le cuesta mucho encontrar oca- siones y lugares para su auto-representación cultural, como consecuencia de las dificultades vinculadas al reconocimiento del permiso de estadía y trabajo y, en general, al estatus jurídico.

Estas situaciones se manifiestan en diversos conflictos por el espacio como, por ejemplo, los protagonizados por jóvenes inmigrantes en la periferia de Badalona (Cataluña, España). Como muestra el recuadro siguiente, fue realizado un tra- bajo con ellos(as) para la integración y socialización al interior de un barrio.

recuadro 9

Badalona, Comunidad Autónoma de Cataluña, España Proyecto Casal de Jóvenes de Santo Cristo

Animación de jóvenes para solucionar conflictos en el espacio público

En un barrio pobre, con problemas de integración y marginalidad, se apuesta por el futuro. Trabajando con niños, niñas y jóvenes es promovida una utilización respetuosa del espacio común.

Lugar a intervenir y objetivo

Elespaciointervenidoconsisteenlacreacióndeunacasadejóvenes,unaludoteca

infantil y unos espacios de uso colectivo en el barrio. Las personas que acuden más frecuentemente a ellos son, mayoritariamente, niños(as) y jóvenes. También

participan algunas de las familias de los(as) niños(as). El horario preferente es la tarde o la noche, en particular durante los fines de semana. Colectivos de jóvenes

y adultos utilizan el casal como lugar comunitario de encuentro.

El objetivo principal del proyecto consistió en la dinamización de trabajos integrales orientados a jóvenes y niños(as) del barrio, para crear procesos de socialización y participación de ellos(as).

Metodología de trabajo

El Municipio y la entidad juvenil diseñaron conjuntamente el proyecto. Las actividades programadas de forma genérica son: salidas culturales y excursiones, talleres de formación, talleres de sensibilización, soporte a proyectos puntuales de colectivos del barrio, actividades lúdicas, culturales y de ocio. Las acciones implican una intervención integral, tanto del individuo como del barrio.

Impacto / Efecto deseado

Esta experiencia logró trabajar con jóvenes y niños(as), gracias a diversas

actividades recreacionales y culturales, potenciando un espacio de socialización

y participación democrática.

2.3 tIPOS dE PrOYECtOS (INtErvENCIONES)

Como ya hemos ilustrado con la descripción de distintos proyectos, los conflic- tos urbanos son asumidos por los municipios de forma distinta, de acuerdo a las características de la ciudad, la governanza 2 imperante, los recursos disponibles y la especificidad de los espacios públicos. Es posible, en todo caso, categorizar las intervenciones en cinco temas distintos:

2 Este es un concepto de reciente difusión que designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado. También se utiliza el término gobierno relacional; y en muchas ocasio- nes, la palabra gobernancia.

0
0

reconversión y dinamización urbana: la complejidad del deterioro urbano de los espacios públicos implica dimensiones tanto sociales (empobrecimiento), eco- nómicas (precarización del empleo), históricas (formas de poblamiento) y físicas

(obsolescencia funcional). Debido a ello, es un factor común a diversos proyectos

el proponer medidas integrales, que incluyan junto con el mejoramiento físico, su

reactivación en distintos ámbitos, tales como el potencial económico, comercial,

o laboral; educativo, la calidad de las viviendas y la integración social, gracias a medidas sustentables desde la perspectiva medioambiental.

Infraestructura: debido a los graves problemas de desigualdad socioeconómica

y déficit de espacios públicos en muchas ciudades, son propuestas medidas para

mejorar la cohesión social por medio de la construcción de grandes obras de infra- estructura, que mejoren los servicios urbanos tales como conectividad y servicios públicos, entre otros. Dichos proyectos van dirigidos a zonas pobres, o deprimidas económicamente, de la ciudad y están orientados a producir un hábitat urbano que permita mejor integración y mayor seguridad. Se trabaja desde una dimensión física de la infraestructura, sin apreciarse actividades sociales o comunitarias aso- ciadas. Son realizadas intervenciones que, en el caso de las ciudades latinoameri- canas, apuntan a superar el déficit físico y cuantitativo del espacio público.

revitalización de espacios públicos: todos los proyectos trabajan en el mejora- miento urbano de lugares que han perdido capacidad de ofrecer cohesión social, desde una escala barrial (a excepción de los proyectos de la ciudad de Medellín). Gracias a la participación de vecinos y vecinas residentes alrededor del espacio, se utiliza la funcionalidad del lugar para potenciar el encuentro y la buena con- vivencia entre ellos. Medidas de prevención situacional, mejoramiento urbano y prevención social comunitaria permiten la recuperación de espacios inseguros, reactivando las capacidades ciudadanas para lograr que se apropien del espacio público. Dichas capacidades se trabajan desde el involucramiento de vecinos y vecinas residentes alrededor de los espacios, incluyendo a los(as) niños(as).

mediación de conflictos: en Europa y frente a problemas de convivencia en espa- cios públicos entre población autóctona y la inmigrante, son adoptadas medidas de prevención comunitaria. En algunos casos, estas medidas están asociadas a una nueva forma de concebir la relación policía-habitantes gracias a la policía de

‘proximidad estratégica’ 3 , como en Badalona, y en otros a la prevención situacio- nal y/o mejoramiento urbano. Han sido logrados distintos niveles de aproximación intercultural, mediante estrategias de negociación y acuerdo de normas de convi- vencia entre los grupos. Existen casos en Badalona y Torino donde se ha trabajado directamente con grupos de inmigrantes en temas de vivienda y trabajo, asociados

a

los conflictos en el espacio público. En el ámbito de vivienda ha sido realizado

3

El Capitulo 4, en su punto 4.2, profundiza este tema.

1
1

un control de pisos (departamentos) empadronados y acciones para disminuir la sobreocupación de éstos, mediante acuerdos con la población inmigrante; en lo laboral se ha intentado promover el potencial económico de ciertas actividades informales por medio del involucramiento directo de los grupos inmigrantes que las llevan a cabo.

Prevención social: aparecen estrategias de prevención comunitaria como foco de las intervenciones para enfrentar diversos conflictos en el espacio público. Una línea de prevención que merece ser destacada es la estrategia para prevenir y dis- minuir el consumo de drogas y la proliferación de pandillas callejeras por la vía

del fortalecimiento de la participación juvenil. A su vez, los conflictos de conviven- cia entre grupos de distintas nacionalidades, principalmente logran enfrentarse mediante la utilización de los espacios públicos del sector. Por ejemplo, mediante la formación de una comisión de dinamización de espacios públicos para realizar actividades recreativas, deportivas y culturales con jóvenes y adultos(as) del barrio,

o gracias al trabajo de agentes educadores(as) que organizan salidas culturales y

excursiones, talleres de formación y sensibilización, actividades lúdicas, culturales

y de ocio.

A continuación, presentamos una matriz que muestra las dimensiones del conflicto

en el espacio público. Está elaborada como síntesis de las experiencias realizadas en el espacio público por parte de las nueve ciudades socias del proyecto Espacios Públicos y Cohesión Social 4 .

En el eje vertical aparecen los distintos tipos de conflictos asociados a los espacios públicos que fueron descritos por las ciudades socias, correspondientes a dete- rioro y declive urbano; crímenes, delitos y percepción de inseguridad; contamina- ción e insalubridad; convivencia y, por último, inmigración.

En el eje horizontal, las experiencias están clasificadas según tipologías de proyec- tos; es decir, a partir del elemento central que pretendieron intervenir en cada una de ellas. En este caso, los proyectos varían entre iniciativas de reconversión y dina- mización urbana, obras de infraestructura, procesos de revitalización de espacios públicos, de mediación de conflictos y de prevención social.

4 Como ya hemos dicho, la lista total de proyectos, su descripción general y resumida, e información audiovisual en el caso de los proyectos más emblemáticos, puede ser encontrada en http://www.

urbal-espaciospúblicos.cl/2008/

2
2

matriz

Dimensiones del conflicto en el espacio público

tipo de proyecto tipo de conflicto
tipo de
proyecto
tipo de
conflicto
 

reconversión

       

y dinamización

urbana

Infraestructura

revitalización de

espacios públicos

 

mediación de

conflictos

 

Prevención social

 

Salto

medellín

Barcelona

 

Barcelona

Barrio Salto Nuevo

• El Centro Vive

Barri Educador

Barri Educador

recife

Projeto Gestão e

• Parque Juanes

Horts de St. Pau

Besos, diagnóstico

• Metroplus

torino

participativo

   

• PUI Comuna 13

Cascina

 

rimac

• PUI Nororiental

Fomento turismo

deterioro

urbano

Formação para um Ambiente Saudável e Seguro

Roccafranca

Parque Arrivore

en la Alameda y

Alrededores, con rep. culturales

Barcelona

medellín

Ley de Barrios

• Parque Explora

 

torino

• Parques Biblioteca

Basse di Stura

rimac

Desprecarización

   

Ate

Ate

 

Ate

Pavimentación de

Parque Los Laureles

Talleres producti-

calle Los Claveles

Barcelona

vos para jóvenes de

Percepción de

Urbanización Santa Rosita

alto riesgo social

Espacio emblemá-

tico Pasage Trinitat Vella

Inseguridad,

rimac

crímenes y

Peñalolén

Teatro como estra-

delitos

Salida Metro Las Torres

torino

tegia de prevención

de la violencia

Parque Valentino

medellín

• Parques Lineales

• Plan del Poblado

     

Barcelona

   

Espacio emblemá-

tico Solar C/ Alloza

Peñalolén

Contaminación

Plaza Colegio

La Puerta

e Insalubridad

Plaza Ramón

Carnicer

• Cancha tres

• Plaza Los Mares

• Curva Oriental

   

Ate

Barcelona

Peñalolén

Ate

Construcción de

Jardines de la Mediterranea

Feria de Arrieta

Taller de confec-

pistas y asfaltado de calles

 

ción Vaca Mecánica

uso del espacio comunitario (Convivencia)

Interior de manzana

Badalona

Can Ribó

Construcción de un boulevard

Asfaltado de una avenida

Jardines de Ermessenda de

Carcassona

 
 

Plaça del Diamant

 

torino

Plaza Aiuola

Donatello

     

Barcelona

Badalona

Badalona

Plaza Osca

Plaza Antonio

• Pista polideportiva

Machado

• Casal Jóvenes

• Mediación

Santo Cristo

Exclusión de

• San Roque

grupos de

Inmigrantes

Barcelona

El Campillo de la Virgen

 

torino

• Parque Pellerina

• Porta Palazzo

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CAPItuLO

3

¿INtErvENIr EL ESPACIO urBANO PArA mANEjAr LOS CONfLICtOS SOCIALES Y PrEvENIr EL dELItO?

PArA mANEjAr LOS CONfLICtOS SOCIALES Y PrEvENIr EL dELItO? Elkin Velásquez M. Investigador • CIDS-Centro de

Elkin Velásquez M.

Investigador • CIDS-Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social • Universidad Externado de Colombia

3

3

La gobernanza urbana ha entrado a formar parte del lenguaje de los científicos y de los responsables de la ciudad. Una primera aproximación del término insinúa la idea de considerarla como inversamente proporcional a la conflictividad urbana.

Además, en buena parte, las conflictividades urbanas se construyen en el espacio público, en el espacio de lo colectivo, en la ciudad, que coincide en mucho con el entorno de la infraestructura urbana (transporte, parques, edificios públicos, etc.).

Si lo anterior es cierto, construir gobernanza urbana y manejar las conflictivida- des sociales en la ciudad también pasa por intervenir apropiadamente el espacio público, si la meta es más apropiación de él por los actores sociales y de conseguir una mayor cohesión social.

En una búsqueda inicial de diálogo entre dichas aproximaciones, a partir de algunas experiencias de ciudades andinas este documento propone una discusión sobre las conflictividades en la ciudad y sobre las intervenciones en el espacio público y el entorno urbano que han ido tras su apropiación ciudadana y el mejoramiento de las condiciones de seguridad ciudadana y convivencia, con logros y problemas aún por evaluar de manera definitiva. Posteriormente aborda el tema de la interven- ción en el espacio público sobre la base de la experiencia colombiana.

3.1 dE LA CONfLICtIvIdAd SOCIAL EN LA CIudAd

Breve introducción al concepto de conflicto social

El concepto de conflicto social, cualquiera sea su naturaleza, tradicionalmente posee una connotación negativa o patológica (Schelling, 1960). Es considerado ‘indeseable’ o expresión de lo ‘anómico’, en términos funcionales. Sin embargo, múltiples reflexiones teóricas e investigaciones en ciencias sociales han mostrado que es un elemento sinequanon de las dinámicas sociales, inherente a la estructu- ración de las sociedades y algunas veces útil para su buen funcionamiento (Coser, 1956; Freund, 1983). Por otra parte, así como puede ser destructor, otras veces es constructivo (Deutsch, 1994). Sin dejar de lado el interés en los efectos o las conno- taciones del conflicto en términos de daños, disfunciones o perjuicios, el conflicto debe ser abordado como parte estructural, dinámica e integrante de la organiza- ción social.

Las ciencias sociales focalizan el conflicto social en términos del papel que juega en aspectos como la formación de clases sociales, la estructuración socio-espa- cial, la organización social, el régimen político o la estructuración económica. Y en torno al conflicto se interesan en sus diferentes dimensiones y escalas, desde la local hasta la internacional, en las fuerzas en conflicto y los factores que contribu-

yen al mismo, y en la evolución del todo y de sus partes. En el abordaje del conflicto social, una de las dimensiones que más interés despierta son las manifestaciones de violencia.

Interesará también lo concerniente a las respuestas que contextos socioculturales diversos dan a las diferentes formas de conflicto social. Por ello existen numerosos trabajos sobre formas de manejar el conflicto tales como la mediación, la resolu- ción temprana y la negociación. Igualmente surgirá el interés por la multiplicidad de conflictos: ambientales, del ámbito privado, ligados al capitalismo, al ordena- miento territorial, a la producción de espacio, a la gestión de los territorios, etc.

Referirse al conflicto social es hablar de un aspecto central, amplio y complejo de

la organización social y permite múltiples ventanas de entrada, no sólo desde una

tipología de conflictos sino desde la aprehensión de sus diferentes aspectos con diferentes bases disciplinarias. Este documento abordará algunos de estos aspec- tos, sobre todo los ligados al territorio y a la ciudad, y que pueden estar relaciona- dos con los temas de la gobernanza de la seguridad ciudadana.

Ciudad y conflicto

Ciudad y conflicto van de la mano. Como dice Signarelli (1999), las ciudades están lejos de ser “sistemas equilibrados de relaciones humanas integradas y serenas: al contrario, las ciudades han sido siempre el punto de máxima tensión de todo sis- tema social, a causa de la marcada definición del trabajo que las caracteriza, de la interdependencia de las funciones y del antagonismo de los intereses que de ellas derivan”.

Lo cierto es que, con pocas excepciones, la ciudad tiende a ser evaluada casi siem- pre de manera negativa por la gran cantidad de problemas que alberga: desde las dificultades de sus sistemas funcionales propios (movilidad, flujos de información, etc.), pasando por las dificultades en la provisión de bienes y servicios públicos (salud, educación, vivienda, servicios públicos domiciliarios) y los ambientales, hasta llegar a aquellos relacionados con la convivencia y la inseguridad.

A todo lo anterior, hay que sumar una conflictividad social inherente a la organi-

zación social, como ya dijimos, que en la ciudad alcanza niveles insospechados en cantidad, diversidad y complejidad y que influye en los problemas mencionados. Los psicólogos también mencionan el estrés asociado a un acelerado ritmo de vida, la depresión, el aislamiento y la pérdida de identidad como complicaciones pro-

pias de la vida citadina. Todo esto constituye lo que algunos autores denominan “patología social urbana”.

Para Goody (1988, citado en Signarelli, 1999), la ciudad nunca es igual para todos(as) sus habitantes. Por ello, la conflictividad social es susceptible de asimetrías y hete-

rogeneidades. Es más, en la ciudad actual las oportunidades de unos(as) pueden significar las conflictividades de otros(as). Para Borja (2003), la relación entre con- flicto y ciudad es clara y para abordarla retomará tres grandes líneas de análi- sis de la nueva realidad urbana: la fragmentación espacial, la desestructuración social y el debilitamiento del papel del Estado. Las citas siguientes exponen dichos planteamientos:

Tres líneas de análisis de las nuevas realidades urbanas según Borja

(2003)

“(…) no hay una ciudad ‘emergente’ difusa y discontinua como única realidad. Sí que hay una tendencia a la fragmentación del territorio, con zonas muy articuladas y otras marginadas, con áreas densas y polivalentes y otras de baja densidad y alta homogeneidad, con lugares fuertes y otros débiles. Es decir, la ciudad-región urbana es muy compleja y está sometida, como ya se dijo, a dinámicas contradictorias. La revalorización de la ciudad ‘densa’, del medio ambiente urbano, de la mixtura social y funcional, de la interculturalidad (…) es la otra cara de la ciudad dispersa y segmentada.

“Tampoco vale la confusión entre las muy reales dinámicas de segregación social en el espacio, de desestructuración de relaciones sociales construidas en la ciudad moderna, con la tesis de la inevitable dualización de la ciudad Europa y más aún en Estados Unidos y América Latina de un aumento de la desigualdad social, un empobrecimiento de parte de los sectores medios y un aumento de los grupos de más altos y más bajos ingresos (…).

“Y por último, sobre el debilitamiento de la intervención del Estado, nos parece que no debe entenderse como un abandono de la ciudad al libre mercado sin más. Es cierto que la tendencia dominante en muchos casos es impulsar ‘la ciudad de los promotores’ y que la cooperación ‘público-privada’ ha servido en demasiadas ocasiones para favorecer intereses más privados que públicos. El debilitamiento del Estado tiene sin embargo manifestaciones diversas. Por una parte el planeamiento tradicional, más normativo pero menos operativo, ha sido sustituido a veces por el laxismo, aunque en otras ocasiones se han encontrado fórmulas interesantes aunque aún poco desarrolladas, como el planeamiento estratégico, el plan-programa-proyecto, etc. Por otra parte, la privatización de muchos servicios públicos y de programas de vivienda social no siempre se ha vinculado ni mucho menos a condiciones de reversibilidad y de control que garantizasen su universalidad y el cumplimiento de los objetivos de interés general. Lo cual no es necesariamente inherente a la concesión de la gestión de ciertos servicios o programas al sector privado o al tercer sector. No olvidemos además que para el 50 por ciento aproximadamente de la población mundial la vivienda y los servicios básicos no los ofrecen ni el Estado ni el mercado capitalista, sino que son resultado de un proceso de autoproducción”.

La ciudad alberga una serie de contraposiciones y dialécticas. Por ejemplo, la que existe constantemente entre las esferas pública y privada; y aquella entre clases sociales diferentes. Para Signarelli (1999) las ciudades y las metrópolis siguen siendo los espacios colectivos disponibles para las clases subalternas; es decir, los únicos donde es posible hacer circular la información y construir sistemas socia- les de relevancia numérica. Borja va más allá, y explica que las dialécticas urbanas se desarrollan por medio de una confrontación de valores, voluntades políticas, intereses económicos y demandas sociales. Ello permite aventurarse a conside- rar que la ciudad, por naturaleza, es esencialmente dialéctica. Y, en los términos del mismo Borja, se trata menos del conflicto social simétrico y estructural propio de la sociedad industrial, que de contradicciones transversales al conjunto de los grupos sociales (ver cita siguiente).

Dialécticas urbanas según Borja (2003)

“Las dialécticas urbanas se desarrollan a través de una confrontación de valores, voluntades políticas, intereses económicos y demandas sociales. Nuestras conclusiones se diferencian de las de otros autores con los que compartimos gran parte de sus análisis, como Ascher, Castells, Nel-lo, Indovina, Harvey, Godard, Mitchell, etc. (que tampoco coinciden todos entre ellos), en que enfatizamos más, nos parece, las dimensiones contradictorias de los actuales procesos urbanos, metapolitanos, como diría Ascher. Es cierto que en muchos casos parece dominar la tendencia a la ciudad difusa, al desarrollo urbano mediante los productos que selecciona el mercado, a la acentuación de la desigualdad social, al abandono del espacio público, a la conversión del ciudadano en cliente (comprador de bienes o de servicios)(…) Pero no sólo sabemos que tendencia no es destino, que no hay una fatalidad unidireccional inmanente a la evolución social, sino que además podemos observar el carácter contradictorio objetivamente, conflictivo subjetivamente, de los procesos urbanos en curso. No se trata tanto del conflicto social simétrico y estructural propio de la sociedad industrial, como de contradicciones transversales al conjunto de los grupos sociales, aunque los valores e intereses pueden tener peso relativamente distinto en cada uno de ellos.

Las políticas urbanas dominantes pueden favorecer la cohesión social y la integración cultural, pero muchas veces, por su debilidad o su vinculación a los agentes económicos capitalistas y a los grupos sociales privilegiados, facilitan las dinámicas dualizadoras. En este caso el territorio aparece como el espacio de la ‘lucha de clases’ del siglo XXI”.

En la ciudad contemporánea Borja (2003) observa que “las incertidumbres aso- ciadas al empleo, la movilidad social o la actividad económica, las dificultades para aceptar y convivir con colectivos inmigrados culturalmente distintos y que entran en competencias en el territorio y el trabajo, la inseguridad…, las decisio-

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nes políticas y económicas que afectan la vida de los ciudadanos…” son fenóme- nos concretos que afectan, de manera distinta a los(as) ciudadanos(as) dando pie a conflictos sociales. En todo caso, se trata de una conflictividad urbana compleja, con visos de ambivalencia. Según Borja, en las demandas pueden tener expresión reivindicaciones sociales legítimas, pero también actitudes con- servadoras, defensoras de privilegios.

Una gran parte de los conflictos citadinos está íntimamente asociada a los compor- tamientos sociales urbanos, que tienen lugar en una ciudad donde, según Ascher (2001) “se multiplican las posibilidades de elección en todos los aspectos de la vida urbana, en la localización de actividades y de trabajos, en las relaciones personales y en el lugar de residencia, ocio y en la vida asociativa o política”. Esta multiplica- ción de posibilidades para muchos(as) ciudadanos(s) también amplifica las posibili- dades de interacción entre individuos y grupos en la ciudad, o como podría decirse, entre territorialidades. Y todo ello trae consigo la eventualidad de un aumento de las relaciones conflictivas.

Habría que tener en cuenta algunas recientes formas de interacción entre los(as) ciudadanos(as) en el espacio púb