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The boomerangomics: El precio de barrer para debajo de la alfombra

(Por João Moura)

Un puente que no llevaba a ningún lado. Durante la “Gran Depresión” de los años 30 del siglo pasado, Franklin D. Roosevelt aplicó un paquete de medidas anticrisis que combinaba incentivos a la economía como programas de creación de empleo; apoyo a las empresas y a los agricultores o la concesión de subsidio de desempleo, con la creación de nuevas instituciones como la Seguridad Social; la Securities Exchange Commission (SEC); la creación de un Código y de un Tribunal del Trabajo y muchas otras que contribuirían decisivamente a crear una sociedad más justa pero no para vencer a la crisis.

Fue sólo en 1942 cuando la total afectación del inmenso aparato industrial americano al esfuerzo de la guerra garantizó la recuperación económica, el pleno empleo y la salida de la crisis. Esta intervención del Estado en la economía fue posteriormente estudiada por John Maynard Keynes que, inspirado por Roosevelt, creó su modelo económico, también conocido como “Keynesianismo”. Las políticas de pleno empleo defendidas por Keynes condujeron a los EEUU, tal como a Europa Occidental y a Japón, a los 25 años dorados del capitalismo. Pero hasta las historias más bonitas tienen un fin. Entre final de los años 70 e inicio de los 80, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, adoctrinados por las ideas liberales de Milton Friedman, iniciaron el proceso de desmantelamiento del Sistema Financiero Mundial fundado en Bretton Woods y que conduciría a la actual desregulación de los mercados financieros. Alegaban que los mercados regulados son menos eficientes y que la búsqueda del interés individual promueve también el interés colectivo. Aprendimos de la peor manera que eso no es verdad. Basta mirar para la degradación medioambiental para comprenderlo. Al final, como John Maynard Keynes decía, “la mano invisible de los mercados necesita ser corregida por la mano visible de los Estados”. A inicio de los años 90 el crash de la bolsa de Tokio empujó a Japón hacia una profunda crisis. El gobierno japonés intervino bajando los intereses y aumentando el gasto público, principalmente las inversiones en grandes infraestructuras que no crearon empleo duradero ni trajeron la compensación esperada. Hoy nadie tiene dudas de que Japón perdió demasiado tiempo y recursos construyendo puentes que no llevaban a ningún lado sin conseguir detonar la tan deseada recuperación mientras la situación se agravaba. Al día de hoy Japón no ha conseguido superar esa crisis pues hay bancos que recibieron ayudas del gobierno pero no sanearon de los balances sus activos tóxicos, siempre en la expectativa de una nueva valoración que no llegó y sin que se haya restablecido la confianza por parte de los mercados. Y los mercados miran mucho los balances de los bancos. La experiencia más exitosa de este género tuvo lugar en Suecia a inicios de los años 90 del pasado siglo. Durante la crisis financiera que siguió a la explosión de la burbuja especulativa del mercado inmobiliario, el gobierno sueco creó la Autoridad de Apoyo al Sistema Financiero garantizando el pago a todos los

acreedores de las 114 instituciones financieras que se adhirieron al programa. Los accionistas, obviamente, no estaban incluidos. Con esta medida el estado sueco garantizó la salvaguardia del riesgo moral eliminando anticipadamente cualquier expectativa futura de los banqueros en una cobertura de perjuicios privados con dinero público, como sucedió en Japón y ocurre actualmente en los EEUU y en Europa para desagrado de la opinión publica. En este proceso, el Nord Banken, entonces recién nacionalizado (hoy Banco Nordea), separó los activos tóxicos adquiridos por el estado sueco de su Core Business, creando el primer Bad Bank, el Securum, en el que el gobierno inyectó capital y nombró un equipo de gestores no comprometidos con los errores del pasado. El estado sueco se convirtió así en dueño de gran parte de la banca y de la totalidad de los activos tóxicos que, más tarde, una vez saneados los balances de los bancos en un proceso transparente que devolvió la confianza a los mercados y con la progresiva recuperación de estos, volvió a privatizar.

El coste para los contribuyentes suecos fue entre el 0% y el 2% del PIB (el plan Paulsson es del 5% del PIB americano). Y podría haber sido todavía mejor para el contribuyente si los activos nacionalizados hubieran sido reprivatizados más tarde, pues su tasación después de la reprivatización aún habría de subir significativamente. “Pero el estigma del socialismo fue más fuerte que el instinto de lucro”, se justifica ahora Leif Pagrotsky que en aquél tiempo era líder de la oposición, lo que no le impidió apoyar al gobierno sueco en esta misión de salvar la economía. La opinión pública sueca apoyó el proceso solamente porque los partidos se unieron en la solución de un problema común y, sobretodo, porque desde el principio todos entendieron que el criterio que presidiría la utilización de los dineros públicos era minimizar el coste para el contribuyente. En los EEUU y en la UE la discusión en torno a las orientaciones a dar a los estados que estén interesados en crear “Bad Banks” que reúnan los activos tóxicos está dividiendo a los analistas. Con razón. Aislar activos tóxicos en un único cubo de basura es “cambiar el dinero de los contribuyentes por porquería”, dicen los agraciados con el Nobel de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman. Entonces, recapitulando: si la solución propuesta por el modelo económico construido por John Maynard Keynes de bajar los intereses e insuflar dinero en la economía no funciona y encima existen alternativas eficaces, como la sueca, ¿porqué los políticos continúan insistiendo en el keynesianismo para resolver las crisis?

acreedores de las 114 instituciones financieras que se adhirieron al programa. Los accionistas, obviamente, no estaban

El hombre que lee el futuro en las estrellas. Robert J. Shiller, profesor de la Universidad de Yale, investigador, cronista del New York Times, escritor y especialista en mercados y gestión de riesgo, responde a esta pregunta con una simplicidad conmovedora: “Porque a los políticos les encanta gastar dinero que no es suyo y el modelo keynesiano les ofrece los argumentos necesarios”. En Portugal se continua discutiendo el nuevo aeropuerto, el tercer puente sobre el Tajo o el TGV y hay quien no entiende la razón: La Sociedad Lusa de Negocios, holding que detentaba hasta su nacionalización el BPN, compró 6.000 hectáreas en Alcochete, ¡pásmese!, días antes de que el gobierno anunciara su decisión sobre la localización del nuevo aeropuerto. ¡Parece que son adivinos! Quien también es brujo es Robert J. Shiller, autor de los libros “Irrational Exuberance” y “Subprime Solution” entre otros. En 2005 llamó la atención sobre la burbuja especulativa que se estaba formando en la NASDAQ, la bolsa de empresas tecnológicas de EEUU. El crash vino a continuación. En 2007, cuando la burbuja del mercado inmobiliario norteamericano alcanzaba su auge, presentó un análisis en el que demostraba que la relación histórica entre los precios y los respectivos beneficios de los activos, medido por el PER (Price Earnings Ratio) se había roto, lo que indicaba que el crecimiento de los precios de los activos en los últimos años no estaba siendo seguido por aumento en las respectivas ganancias que lo justificaran .En otras palabras: estábamos en presencia de otra burbuja especulativa. Poco tiempo después dicha burbuja reventaba y se instalaba la tempestad “Subprime” que en pocos meses se transformó en un huracán a escala mundial. Una exuberancia irracional, como lo llama Robert J. Shiller, alimentada por una deficiente supervisión del sector financiero, por la incapacidad de medir el riesgo del crédito por parte de los bancos, por exceso de confianza en el mercado y por creencias emocionales sin base científica que las sustentaran como el mito de la eterna revalorización de los inmuebles, combinada con una enorme desigualdad en el acceso a la información financiera en prejuicio de quién compraba casas, acciones o participaciones en fondos poco transparentes, fue el capirotazo que hizo que el edificio financiero mundial se desmoronara como si se tratara de un castillo de naipes.

En opinión de Shiller no hay democracia financiera sin igualdad en el acceso a la información por lo que defiende la creación de agencias de información financiera subsidiadas por los estados. Es necesario explicar a las personas que los intereses (también) suben y que los precios de los inmuebles (también) bajan. Curiosamente, los programas informáticos utilizados por los bancos americanos para calcular los préstamos de las hipotecas ni siquiera preveían la posibilidad de que los precios de los inmuebles sufriesen “crecimientos” negativos.

¿ Che Guevaras del siglo XXI o candidatos al premio Nobel de la burla y la trafulla? La falta de información sobre el riesgo asociado a cada método de inversión, sumada a la progresiva desregulación del sistema financiero, originó un coctel explosivo cuando se combinó con la prisa para ganar dinero fácil que llevó a muchos inversores institucionales e individuales de todo el mundo a poner su dinero, en muchos casos los ahorros de toda una vida de trabajo, en manos de personas como Bernard Madoff.

¿ Che Guevaras del siglo XXI o candidatos al premio Nobel de la burla y lawww.vivamadoff.com que presenta a Madoff como el Che Guevara del siglo XXI y lo reinventa en la piel del héroe anticapitalista que efectuó el mayor ataque al sistema jamás realizado y desde dentro. Venden camisetas, claro. ... Con un record más modesto surge Sir Allen Stanford, tejano, residente en las Islas Vírgenes (EEUU), que adquirió doble nacionalidad convirtiéndose en ciudadano de Antigua y Barbuda (no confundir con la vecina Barbados, donde se dice que Vale de Azevedo tiene todo preparado para dar el salto). Sir Allen Stanford hizo desaparecer 8.000 mil millones de dólares de los depositantes del Stanford Bank demostrando así que la tradición de los piratas del Caribe todavía es lo que era. " id="pdf-obj-3-7" src="pdf-obj-3-7.jpg">

Al final, el pseudo genio de las finanzas tenía un modesto “esquema Ponzi” (una especie de “Forum Filatélico” a la americana) que originó el mayor fraude financiero de la Historia: 50.000 millones de dólares, un record notable que desgraciadamente va a ser batido por el montante (pendiente aún de calcular) relativo al desvío, en algún eslabón a lo largo de la jerarquía militar estadounidense, de, literalmente, palés de dinero, destinado a la reconstrucción de Irak. El gobierno portugués creó un régimen de excepción para obras en Salud,

Educación y Energía de cinco millones de euros

que están dispensados de

... concurso público. Pero dudo que consigan hacerlo mejor que Madoff, con todos

mis respetos hacia los estafadores nacionales, aunque sin querer parecer proteccionista.

En España alguien que aún no perdió el sentido del humor creó el site

www.vivamadoff.com que presenta a Madoff como el Che Guevara del siglo XXI y lo reinventa en la piel del héroe anticapitalista que efectuó el mayor ataque al

sistema jamás realizado

y desde dentro. Venden camisetas, claro.

... Con un record más modesto surge Sir Allen Stanford, tejano, residente en las Islas Vírgenes (EEUU), que adquirió doble nacionalidad convirtiéndose en ciudadano de Antigua y Barbuda (no confundir con la vecina Barbados, donde se dice que Vale de Azevedo tiene todo preparado para dar el salto). Sir Allen Stanford hizo desaparecer 8.000 mil millones de dólares de los depositantes del Stanford Bank demostrando así que la tradición de los piratas del Caribe todavía es lo que era.

El helicóptero del dinero. La crisis económica amenaza en transformarse rápidamente en una combinación peligrosa de depresión e inflación, como ya sucedió en EEUU en los años 30 o en el Japón de los años 90. La contracción de la economía, principalmente del consumo, conduce al pánico entre los comerciantes que, acumulando stocks, alargan la época de rebajas. El aplazamiento de las decisiones de consumo basado en la expectativa de que mañana el precio será (aún) más barato es la señal de la entrada en una espiral deflacionista. En este escenario, denominado “trampa de liquidez” por Milton Friedman, agotadas las municiones de la política monetaria que no puede bajar los intereses (nominales) por debajo de cero, la ecuación sólo se resuelve incentivando el consumo de forma que se genere una presión inflacionista que combata la deflación. El problema es que la liquidez inyectada por los bancos centrales en el sistema bancario no llega a los particulares ni a las empresas porque, no habiendo confianza entre los bancos, el mercado monetario interbancario deja de funcionar y los bancos, tal como la mayoría de los agentes económicos, manifiestan una voraz preferencia por la liquidez para hacer frente a los perjuicios o para comprar rivales en dificultades, razón por la cual la solución propuesta por Friedman se llama “dinero de helicóptero” y consiste en hacer llegar el dinero a los bolsillos de las personas sin pasar por los bancos, como si un helicóptero lanzara el dinero desde el cielo. Las medidas usadas por los estados para conseguirlo son diversas: subsidiar los precios, comprar papel comercial a las empresas, bajar los impuestos o aumentar los incentivos a la creación de empleo y a la formación profesional, entre otras medidas que garanticen el crecimiento del consumo y de la inflación. Probablemente será esta la opción de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de EEUU, al que apodan “Helicopter Ben” por ser un defensor público de esta medida. La emisión de moneda para comprar títulos de deuda pública puede ser una alternativa a tener en cuenta. EEUU e Inglaterra ya lo hacen. El Banco Central Europeo está imposibilitado para hacerlo por los tratados europeos pero si hubiera consenso sería posible y deseable hacerlo porque los países más endeudados, como Portugal, pueden en un futuro próximo dejar de autofinanciarse en los mercados internacionales y la crisis amenaza matar desde el inicio cualquier ideal de cohesión solidaria para la UE.

La Desunión Europea , la próxima burbuja o recordar el pasado en Bretton- Woods:

El consenso nacional que permitió la recuperación de la economía sueca debería ser la simiente inspiradora de la resolución de esta crisis. Desgraciadamente Europa no tiene un líder capaz de aunar esfuerzos en una política común. Al final de la 1ª Guerra Mundial, la Alemania derrotada fue miserablemente humillada por los vencedores permitiendo que germinasen las semillas del resentimiento y del odio que habrían de conducir a la ascensión del nazismo y tuvo como corolario la 2ª Guerra. En cambio, el plan Marshall de reconstrucción de Europa, después de esa 2ª Guerra Mundial, fue un gesto solidario que incluyó la reconstrucción de la

Alemania derrotada y garantizó más de 60 años de paz y prosperidad en Europa.

La conclusión es obvia: no será el “cada uno a lo suyo y sálvese quien pueda” (que degeneraría inevitablemente en palurdos proteccionismos) lo que resuelva la crisis global sino, por el contrario, sólo lo lograría un NEW DEAL GLOBAL en el que cada individuo, cada empresa y cada estado, se comprometa a hacer su parte por el bien de todos. Incluso si ese bien común implica el fin de los paraísos fiscales, el fin del secreto bancario, la creación de un Banco Central Mundial o la creación de una moneda para el comercio internacional que no puede ser el dólar porque, a juzgar por el desequilibrio de cuentas entre los

EEUU y China, el dólar es sólo

...

LA PRÓXIMA BURBUJA PENDIENTE DE

REBENTAR. Curiosamente, China defiende que esa “moneda” estable podría ser el Derecho Especial de Giro (DEG), una vieja idea de Keynes rechazada en Bretton-Woods en 1944, así como otra bien actual que consistía en co-responsabilizar a los países de los desequilibrios en sus balanzas en vez de que, como ocurre actualmente, todo el esfuerzo tenga que ser realizado por el país deficitario. PS: El boomerang es un objeto que se lanza y vuelve siempre a manos del lanzador sin alcanzar nunca el objetivo. Boomerangomics es un concepto que incide sobre el precio a pagar en el futuro por la basura que hoy barremos para debajo de la alfombra.