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Leslie Crawford

LESLIE CRAWFORD

URUGUAY ATLANTICENSE

Y LOS DERECHOS

A LA ANTÁRTIDA

Versión digitalizada y corregida

A LA ANTÁRTIDA Versión digitalizada y corregida Edición original de 1974 Libreros ‐ Editores: A.

Edición original de 1974 Libreros Editores: A. MONTEVERDE & CÍA. S. A. — "Palacio del Libro” 25 de Mayo 577 — Montevideo Uruguay

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

URUGUAY ATLANTICENSE Y LOS DERECHOS A LA ANTÁRTIDA Digitalizado por Tte. C nel Waldemar Fontes

URUGUAY ATLANTICENSE

Y LOS DERECHOS

A LA ANTÁRTIDA

Digitalizado por Tte. Cnel Waldemar Fontes

Email: wfontes@montevideo.com.uy

Nota: se incluyeron las correcciones que figuran en la fe de erratas de la edición original.

Con el objeto de difundir la historia del Uruguay en la Antártida Año Polar Internacional 2007 - 2008

Edición original en papel, 1974

Libreros Editores: A. MONTEVERDE & CÍA. S. A. — "Palacio del Libro" 25 de Mayo 577 Montevideo Uruguay

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Leslie Crawford

Leslie T. Crawford Docente, escritor e historiador , trabajaba en la Administración Nacional de Puertos

Leslie T. Crawford

Docente, escritor e historiador, trabajaba en la Administración Nacional de Puertos como gerente. Participó en la Primera Convención Nacional Antártica (1970) Integró el Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo desde 1970 hasta 1976. Fallecido en Montevideo, el 22 de febrero de 1994.

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

Contenido

PROLOGO

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INTRODUCCIÓN

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CAPITULO I

12

EL EJERCICIO EFECTIVO DE SOBERANÍA

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CAPITULO II

26

LA JEFATURA SUPREMA DEL ATLÁNTICO SUR

26

CAPITULO III

32

LA AUTONOMÍA DEL APOSTADERO DEL PARALELO 32 AL POLO ANTARTICO32

CAPITULO IV

37

EL DISPOSITIVO OFENSIVODEFENSIVO

37

CAPITULO V

47

"LA ÉPOCA MAS FELIZ PARA MONTEVIDEO"

47

CAPITULO VI

56

MONTEVIDEO Y LA INTEGRIDAD HISPÁNICA LOS TEATROS BÉLICOS

56

CAPITULO VII

69

RULE OF SEA EL MAYOR INCITADOR DE RESPUESTAS

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CAPITULO VIII

83

FACTORES ECONÓMICOS Y FENÓMENOS BIOGEOLOGICOS

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Índice Bibliográfico

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6 Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

PROLOGO

A mediados de 1973, el Instituto Antártico Uruguayo ha, constituido los Grupos de Trabajo Científico, conforme él ordenamiento del S. C. A. R. (Comité Científico de Búsqueda Antártica) y entre los cuales se destaca hoy el Grupo de Trabajo Arqueológico Histórico a cargo del Prof. Leslie T. Crawford.

Es con honor para nosotros presentar URUGUAY ATLANTICENSE, a la consideración de los lectores de habla española, así como a la comunidad de investigadores de las disciplinas históricas, fundamentalmente universales.

Esta obra puede considerarse primera en su clase, por cuanto pone vivísima luz sobre' todo el proceso histórico de descubrimiento geográfico, radicación de poblaciones y esfuerzo de navegación exploratoria en la inmensa área marítima soberana de España, cuyo centro de operaciones, radicado en el Montevideo del siglo XVIII, consolidó los incipientes accesos marítimos a la Tierra Austral Incógnita o Antártida, poniendo vigencia en las rutas por el Cabo de Hornos y Estrechos Magallánicos, hasta la épocamisma de la apertura del Canal de Panamá en 1913 y fin histórico de la navegación vélica.

URUGUAY ATLANTICENSE es pues, una obra de base y consulta para especialistas, cuales para docentes, así como texto importante para la Enseñanza Media y Superior en los niveles universitarios del país.

Importa destacar que el Instituto Polar Scott, de Cambridge, Reino Unido, que al celebrar la creación del Grupo de Trabajo Arqueológico del I. A. U., dice:

"En la actualidad, los estudios en este campo presentan grandes lagunas y no habrá oportunidad de avanzar en nuestros conocimientos del primer período de la historia de la Antártida, si no existe mayor conciencia de la evidencia y testimonios que deben ser documentados. Por intermedio del S.C.A.R. esperamos que se pueda lograr algún adelanto en este campo H. G. R. King".

Por nuestro intermedio, el Instituto Antártico Uruguayo felicita cálidamente al Prof. Leslie T. Crawford por el acierto, oportunidad y vigencia de estos extraordinarios testimonios, que ayudan a las más amplias formulaciones del Derecho Internacional Contemporáneo.

Prof. Julio C. Musso

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Leslie Crawford

INTRODUCCIÓN

El origen y desarrollo de URUGUAY ATLANTICENSE constituye una relación

viva de derecho histórico, ejercido en nombre del ecúmene hispano (Comunidad

de

Reinos Españoles Europeos y Americanos) Primero, como un asiento de poder

de

ejercicio de ocupación adquisitiva de áreas terrestres continentales, insularias

y

marítimas, homologadas por cesión Imperial Papal: luego, como único

causahabiente de los títulos de España, que omitimos ejercer, transmitidos de conformidad al Decreto de las Cortes Españolas de 4 de diciembre de 18 3 6 y, mediante el cual S. M. la Reina Isabel II firmó el reconocimiento y cesión soberana a la República O. del Uruguay en sucesivos tratados, el primero de los

cuales es del 9 de octubre de 1842, posterior de 26 de marzo de 1846, etc.

Las tierras emergidas, aguas continentales y oceánicas, de la Corona de Castilla, originarias del Tratado de Tordesillas, reconocidas con vigencia legal en la transacción de Utrecht, Tratados de Paris 1763, de El Escorial 1790, San Lorenzo El Real 1795, Paris 1814 y Viena 1815 no fueron bienes ab-intestato que quedaron discrecionalmente a disposición de los buscadores de espacios res- nullius. Estos títulos dejados en depósito en la Capitulación del Mariscal Vigodet (Montevideo 1814), revirtieron por acto de cesión española, en las áreas pertinentes, a la República O. del Uruguay,

Los impulsos históricos determinantes del Montevideo histórico, eje del poder neptúneo, abarcan períodos de las dos corrientes del Derecho de Gentes que privaron en la distribución de dominio del mundo que Occidente descubriera, explorara, poblara y configurara a su manera, fuere bajo impronta española, lusitana, danesa, inglesa, francesa, etc.

Dichas corrientes del Derecho de Gentes se individualizan:

I — Derecho Internacional Medioeval Europeo

Tierras y mares bajo soberanía otorgada por el Papado, en su condición de "órgano central de la comunidad internacional medioeval" (Verdross), comprendían el centro montevideano, antes de 17*24, como clave en el período de las líneas meridianas de proyección imaginarias, operadas por el Tribunal

Arbitral Europeo (Papado). Corresponde en España al período de los Trastamara

y Austria y pertenece a la consideración iusnaturalista.

II — Derecho Internacional Público Europeo

Tierras y mares ya no son donados o sometidos a soberanía. La ocupación de las áreas libres se hace por determinaciones del principio del equilibrio político- europeo y en base de reivindicación de descubrimiento geográfico, basándose en pruebas de señalización cartográfica. La transacción de Utrecht legaliza las penetraciones inglesas, holandesas y francesas, así como danesas, sobre espacios de dominio soberano español, particularmente en el Mar Caribe y extremo norte-este del Continente Sudamericano (Guayanas inglesa, holandesa

y francesa).

En el extremo sur de la Banda Oriental Montevideo, en su carácter de llave naval- militar por sus fortificaciones, puerto y bahía del Río de la Plata y Atlántico Sur occidental de la línea de Tordesillas, constituyó centro fundamental y de

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maniobra, en el período en que las latitudes se establecían con mayor precisión cartográfica. En España corresponde al período de los Borbones y pertenece a la consideración positivista del Derecho de Gentes.

La densidad y heterogeneidad de los servicios de apoyo brindados por Montevideo desde el día mismo de su fundación, militares, navales y mercantiles, es difícil de concebir en nuestra contemporaneidad, fundamentalmente civil y mediterránea nacional. No obstante, aquélla fue su función primera y quebrada a la fecha de la apertura del Canal de Panamá en 1913/14. Uruguay Atlanticense evoca e ilumina ese período que, si bien perdido por irrevocable decisión histórica, apunta hacia el futuro, particularmente al momento de la radicación humana permanente en el Continente Antártico.

El primer evo responde a la atracción peruana-mexicana, llevando el plano de la imaginación mercantilista (producción oro-plata) a la línea Guadalajara-Potosí. Montevideo representó, desde los viajes de Magallanes - Elcano y Martín Alfonso de Souza, el hito que contenía y rechazara penetraciones extra-hispanas. Es importante establecer que no había aparecido en campos de la Banda Oriental, indeterminada aún, la riqueza que en el siglo XVIII atraería más que la minería, cuando Hernandarias escogió esta Bahía como puerto ideal de futuro. La proposición del "gran criollo" quedó en "conserva" esperando el hecho que la plasmara en realidad. La fundación de la Colonia del Sacramento no representó un motivo actualizador, porque todavía privaba el recurso del arbitraje papal, de fracasar negociaciones directas entre las Cortes. La Colonia y la Recopilación de Leyes de Indias son coetáneas (1680). España se sentía segura de ser asistida en su derecho y no imaginaba recurrir a la invención de una fortaleza para sustituir la decisión pontificia. No apostó tropas ni emplazó cañones en ese período, ya de transición. Su delegación (Autoridad) en tierras uruguayas de hoy y, riograndenses, estuvo representada por la comunidad de pueblos de la Missionalia jesuítica denominada Provincia Uruguaya del Tape, con encargo cumplido acabadamente, con gloria y martirio por la sociedad india aculturada en la fe y en el saber hacer de los jesuitas.

En el segundo evo Montevideo es más inmediato. Una realidad de carácter geopolítico económico. Un punto de estrategia militar y naval que debía hablar con reciadura, porque la voz de Roma ya no tenía arte y ni parte. La cuestión se dilucidaba entre Reinos Nacionales Católicos y Reinos Nacionales Protestantes. La Guerra de Sucesión española, a su vez, esfuminaba la misión ecuménica tridentina que cumplieran España y Portugal.

El tratado de Methuen (1703) subordinó la corte Católica de Lisboa a la Inglaterra antipapista. La ascensión de un Borbón al trono de la Austria colocó a España dentro de la órbita espiritual francesa y en función del galicanismo (regalismo). Otra es la óptica del Derecho Internacional Público. No son decisorias bulas ni breves. La última bula con efecto en América fue la de Inocencio XI Romanis Pontífices, del 22 de noviembre de 1676.

Campea la fuerza dentro del "principio del equilibrio político". El mundo se redistribuye de acuerdo con conceptos económicos y capacidades de explotación (ocupación adquisitiva) de áreas aún inexplotadas por España y Portugal.

El Mar Inglés que había comprendido las rutas tradicionales de los vikingos (la carrera a Islandia, Groenlandia, Vinlandia, más transitadas en tiempos de Colón que lo que se puede imaginar); mar que respetara la decisión de Tordesillas

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admitiéndolo desde la línea baja del Atlántico Norte ( viajes de descubrimientos, de conquista y colonización en dirección horizontal, iniciadas en 149 6 por Juan Cabot) rompió en el XVII esa línea de contención invadiendo el paralelo del Atlántico Medio (o carrera de las Indias). La jurisdicción de ese Mar Inglés no perforó el Atlántico Sur, que permaneció núbil durante los siglos XVI - XVII. Pero desde el momento que Inglaterra se puso de protectora de Portugal, desechó meridianos, líneas preferidas del medioevo: bajó a saltos de paralelos, círculos equidistantes del Ecuador. La Era Filibustera había dejado paso a la Era Corsaria. Los mares adquirieron dimensiones, atrajeron, despertaron y desarrollaron el interés científico (entonces ligado a la fuerza expansionista de las talasocracias). Los portulanos y cartas planas se volvieron arcaicos, porque la posesión de los mares concede títulos sobre las costas. Las gobierna quien gobierna los mares, Tal el axioma político del XVIII al XX inclusive.

Pero el Atlántico Sur, incluido el Mar Epicontinental, ofreció resistencia a los

desbordamientos Ingleses, holandeses, daneses y franceses. Montevideo y su

área marítima de influencia comenzó a formar coraza, frenando las pretensiones

de los imperios marítimos. En el XVIII impidió el establecimiento de un "segunda

Jamaica" y la conversión del Río de la Plata en otra Tierra de Peregrinos. La violencia armada repetida en 1806-1807 y en el período llamado Guerra Grande reveló al poder económico inglés, que lo que se necesitaban eran medios sutiles. Conocida es la historia de esa penetración suave y por retaguardia.

La creación en la Bahía de Montevideo de un puerto-fortaleza anunció en el siglo

XVIII el surgimiento de la gran fuerza político-económica de la Cuenca del Plata,

con manifestaciones unitivas, por más de tres cuartos de siglo.

En el período de auge del Derecho Internacional Público-Europeo con sus hermeneutas de la civilización industrial, Montevideo fue el eje diamantino sobre

el que descansó y giró el mundo hispánico occidental. Mientras caían India, Indonesia, Melanesia y por último África y China, la Nueva Cristiandad o ecúmene hispano territorial conservó su integridad rodeada de un halo de aguas patrulladas por una flota que resurgía del pasado, más potente que la Invencible de Felipe II.

Flota también más venturosa, porque era vencedora en el Mediterráneo, en las

Antillas, e imponía su presencia en el archipiélago filipino asegurando la ruta del

Pacífico Medio y Norte (Acapulco - Manila - Nootka - Marianas). El océano Austral (Antártico) no podía tener mejor cancerbero que Montevideo. Como dijera Alta-

mira, el XVIII es la época de confianza en las fuerzas nacionales.

El milagro marítimo español de la segunda mitad del siglo XVIII se logró gracias a la posición estratégica de Montevideo para defender el Atlántico Sur. Primero como tapón del Río de la Plata y basamento del nacionalismo económico, que existió aunque se niegan reconocerlo los historiógrafos de líneas clásicas (interpretación del liberalismo) como el materialismo histórico (interpretación marxista), ambos desacomodados por los insólitos de la formación uruguaya. Luego como puerto de concentración o surtidero de las naves que aseguraban las

rutas del comercio libre regulado por España, que tuvo por resultado el "boom"

económico de fines del XVIII.

Montevideo es anterior a la creación del Virreinato del Río de la Plata. Su

Apostadero, como base naval precede a esa división política. Buenos Aires no

tenía aún virreyes y desde la rada de Montevideo partía la flota que recuperó las

Malvinas de los franceses, empresa repetida frente a los ingleses. Dominado el

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Atlántico Sur, y lanzando por los mares naves de registro armadas que hostigaban a los ingleses, Montevideo garantizó la libertad de acción de las flotas española y francesa aliadas de los revolucionarios de las Trece Colonias. Debilitando el poder marítimo inglés frente a los puertos del Atlántico Norte, la Declaración de Filadelfia pudo ser una realidad.

Ese Montevideo de la verticalidad, hechura política del Meridiano de Tordesillas, y consecuencia económico-militar del Tratado de Utrecht, fue la yusera donde giró el eje del desarrollismo de la Cuenca del Plata, ligándola directamente al proceso de la civilización industrial, como proveedora de las materias primas más importantes.

Habló fuerte en los hechos y participó de empresas transoceánicas, anexando a Fernando Poo y Annobón a la comunidad de reinos hispánicos. Lo hizo en tiempos antes de la Constitución de Cádiz de 1812, que proclamara el Estado Español como sucesor de una conjunción de reinos hispánicos, motivando el debilitamiento y luego la rotura del juramento de fidelidad al monarca por parte de la naciente burguesía mercantil criolla americana. A través de esta quiebra invadió paulatinamente el incipiente régimen republicano de gobierno, originalmente desdeñoso del origen y transmisión de los títulos territoriales soberanos donde se asentaron, de hecho, los Estados esbozados, hoy conjunto de Repúblicas Hispano-Americanas, soberanas por pleno reconocimiento internacional.

Este proceso, que reabre Uruguay Atlanticense, constituye un sector de historia universal, por los actores intervinientes, así como por la utilización de espacios que soportaron trascendentales episodios que desbordan los marcos de la historia nacional.

Por otra parte, tenemos presente el juicio de Toynbee quien con referencia a la Unificación del Mundo y el cambio en la perspectiva Histórica, decía: "Sugeriría, primero, que debemos reajustar nuestra propia perspectiva histórica en la manera en que lo que han hecho los representantes cultos de nuestras sociedades hermanas durante estas generaciones últimas. Nuestros contemporáneos no- occidentales han visto el hecho de que, por consecuencia de la reciente unificación del mundo, nuestra historia pasada se ha vuelto parte vital de la suya. Recíprocamente, nosotros los occidentales, intelectualmente dormidos todavía, hemos de caer en la cuenta, por nuestra parte, de que en virtud de la misma revolución —una revolución al fin y al cabo, producida por nosotros mismos— el pasado de nuestros vecinos llegará a ser una parte vital de nuestro propio futuro occidental". Nuestra historia nacional, de territorios inclusive, no es de generación espontánea como han pretendido los historiógrafos de moda en cada generación. Responde al proceso histórico universal en sus raíces, orígenes y desarrollo, el cual y en cierto nivel de decisión, es ya historia nacional uruguaya.

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CAPITULO I

EL EJERCICIO EFECTIVO DE SOBERANÍA

El ejercicio efectivo de soberanía española, en lo que posteriormente fue América del Sur, sigue de norte a sur, el trazado del Meridiano de Tordesillas, a cuyo occidente se estableció.

Los continuos corrimientos del meridiano, provocaron fricciones permanentes hispano - lusitanas y ulteriormente divergencias con los sucesores de una u otra corona, en esta parte geográfica del otrora mundo hispánico, así como lusitano.

Importe saber que en el extremo norte del meridiano de Tordesillas la línea también se proyectó hasta el Ártico, cayendo en otro teatro de operaciones históricas de gran envergadura.

Sin embargo, consideraremos este Meridiano desde el extremo norte de la hoy América del Sur hasta su proyección sobre el Polo Sur Geográfico Antártico, observando en primer término la división territorial trazada sobre territorio de Brasil hasta las playas oceánicas del Atlántico Sur Occidental.

Se entiende que al oriente de dicho meridiano se hallaba territorio continental lusitano y a occidente, territorio continental castellano, omitiendo, por razones obvias, los desplazamientos lusitanos continuos.

El Meridiano de Tordesillas que se inserta en playa atlántica sur y hasta su proyección Antártica, constituyó el área oceánica bajo soberanía española, cuyo centro de poder naval se asentó en el Montevideo fortificado, luego de 1724. Las áreas del Pacífico, así como las del Mar Caribe o Antillas, corresponden a otro teatro de operaciones, que si bien se señalan, no se consideran en extensión, en esta obra, sino los Estrechos y proyección hasta Chiloé.

ÁREA OCEÁNICA

El espacio que comprendió esta área oceánica bajo responsabilidad de Montevideo tuvo su vértice en las costas del hoy Uruguay proyectándose hasta el sur (la culata Antártica). Caen pues, en esta inmensa área, el occidente Antártico, las aguas del Estrecho de Drake al sur del Cabo de Hornos y todas sus islas, el Estrecho de Magallanes en su totalidad, Islas Malvinas y costas Patagónicas, plataforma continental y alta-mar océano. Tal es, en breve, el área de soberanía española ejercida y detentada efectivamente hasta 1814.

Este magno territorio marítimo, ignorado por los historiógrafos nativos, salvo excepciones, ocultado por los historiadores nacionales de otros países, como por la historia universal, tenía como centro de poder y maniobra a Montevideo en su versión de Apostadero Naval y asiento de autoridad legítima, nominalmente Almirantes de Flota o alter ego navales del rey español.

Este Mar Interior Hispánico, fue resistido por Inglaterra, Francia y Holanda. No obstante, la penetración legal de esos pabellones en el área, fue posible únicamente a través de estipulaciones en Tratados, cuyas cláusulas limitaban la acción.

Luego de 1814, esta área marítima fue muy disputada internacionalmente.

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ÁREA FLUVIAL

Los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay dependían, por ser cursos interiores, directamente del virrey con asiento en Buenos Aires, quien tenía facultad de pedir asistencia y cooperación del Apostadero Naval de Montevideo. Todo el Río de la Plata y resto del área oceánica, con la sola excepción del puerto de Buenos Aires

y desembarcadero de La Ensenada, estaba bajo directa supervisión, vigilancia, contralor y responsabilidad del Apostadero de Montevideo.

Ese territorio marítimo inmenso, es el que vitalizó históricamente a Montevideo.

Importa consignar, que el desarrollo del comercio marítimo convirtió Buenos Aires en puerto seco de gran envergadura, por cuanto en el mismo se concentraban las

producciones mediterráneas de todo el Virreinato, desde el Alto Perú hacia el Sur

y con destino hacia otros dominios españoles de Hispano América, así como

hacia España y Europa, según lo permitían las Ordenanzas bajo vigilancia del Consulado, o, inversamente, transformó tempranamente a Buenos Aires en Aduana obligada para todas las importaciones requeridas por las poblaciones bajo su contralor y que llegaban hasta el norte de la actual Bolivia. El enlace de este comercio requería de adecuado cabotaje hacía o desde Montevideo, que operaba como escala terminal de los navíos de alto bordo.

Es por ello, que Montevideo resultaba el puerto único de ultramar para los servicios de carga y descarga.

La distinción entre Puerto Seco de concentración de caravanas de carreteras y otros vehículos de transporte y Puerto Ultramarino, surgido desde el primer momento de la; fundación 'de Montevideo, no ha sido suficientemente investigado por los historiógrafos, preocupados en estigmas y enojosas diferenciaciones.

Por otra parte, no se puede silenciar que Montevideo también operó por muchísimo tiempo como Puerto Seco para las producciones de la Banda Oriental, así como de poblaciones lusitanas y aborígenes situadas al filo terrestre del Meridiano de Tordesillas.

ÁREA LACUSTRE

Desde la firma del Tratado de San Idelfonso, las Lagunas de los Patos, y Merím habían dejado de ser lagos interiores del territorio español. La primera y su cuenca pasó a jurisdicción de Portugal y la segunda quedó en zona neutralizada, por más que sus aguas y costas de poniente cayeron bajo dominio español. Si bien la región señalada de esta laguna estaba comprendida en la jurisdicción de la Banda Oriental, a partir de 1777 la parte estrictamente defensiva-ofensiva del sureste, dependió militarmente de Montevideo (Fortificaciones de Santa Teresa y San Miguel,) así como la fortificación de Santa Tecla y, por ende, a partir de 1796, del Jefe del Apostadero que reunió, además, el título de Gobernador de San Felipe y Santiago de Montevideo.

La soberanía lacustre era sostenida con embarcaciones menores artilladas. En 1791 patrullaba la Laguna Merím una lancha corsaria tripulada por indios al mando del patrón Vicente Suárez. (1).

1 — El dominio del Río de la Plata.

DE

MONTEVIDEO

A) UBICACIÓN

ESTRATÉGICA

Y

CONDICIONES

DEL

PUERTO

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I— Pedro de Ceballos a Julián de Arriaga, el 26 de enero de 1765 decía:

"regularmente en Montevideo alijan los navíos que van a España para subir al surgidero (Buenos Aires) y cuando regresan, toman una gran parte de su carga en aquella ciudad". (2)

II— La Guía de Forasteros del Virreynato de Buenos Aires para el año de 1803, en el capitulo Apostadero del Río de la Plata, al hacer mención de los bergantines de la plaza de Montevideo:

"Estos buques se emplean en las atenciones de la costa patagónica e Islas

Malvinas y en las ocurrencias del servicio dentro del río, como asimismo en otros:

y dos faluchos y tres místicos (3) en conducir la correspondencia entre Buenos Aires y la Colonia".

III— Carlos Creus, encargado de negocios de España en Montevideo, el 22 de noviembre de 18 46: "El puerto de Montevideo ofrece un cómodo y seguro abrigo, al paso que en la ciudad de Buenos Aires ocurren desastres en casi todos los años". (4)

B) TESTIMONIOS HISTORICOS DE EJERCICIO DE DOMINIO

I — Período Hispano.

a) El 14 de junio de 1806 el Gobernador de Montevideo y jefe del Apostadero hizo salir un falucho al mando del práctico mayor José de la Peña para reconocer el mar desde Maldonado a la Bahía de San Borombón y Cabo San Antonio. Esta embarcación avistó la flota inglesa de invasión. El práctico cumplió la orden y se refugió en Ensenada después de tocar el Cabo San Antonio.

A fines de ese año correspondió al ayudante del Apostadero teniente de navío

Andrés de Oyarvide, vigilar los movimientos de la flota inglesa de la segunda invasión, desde las proximidades del Banco Inglés. Conocido es el trágico fin del marino y de su barco, vencidos por el pampero, insuceso que permitió a los atacantes presentarse súbitamente delante de los puntos marítimos fortificados.

El 15 de setiembre de 1811 Juan Manuel Berruti decía que embarcaciones de Montevideo, al mando de Michelena, aparecieron súbitamente en las balizas de Buenos Aires (5) estrechando el bloqueo naval de la ciudad. Este bloqueo había sido reconocido formalmente en 1810 por Inglaterra, a pesar que la medida afectaba los intereses de sus súbditos, Mitre admitió que Montevideo tuvo el "dominio absoluto de las aguas que le aseguraban sus buques mayores en el Río de la Plata y su escuadrilla sutil en los ríos superiores". (Historia de Belgrano, tomo I). Hasta 1813 Buenos Aires sólo podía oponer a las fuerzas navales de Montevideo "una balandra y una lancha de la Capitanía del Puerto". (6)

El 3 de noviembre de 1813 en convoy con fuerzas de desembarco de Montevideo, custodiado por cuatro navíos de guerra, ocupó Martín García levantando construcciones y fortificaciones. (7)

El 17 de febrero de 1814 la escuadrilla fluvial comandada por Romarate sube el Uruguay, ocupa la localidad de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y luego se aposta en la desembocadura del Río Negro. Desde allí entorpeció los esfuerzos bélicos porteños. (8)

Es a fines de 1813 que por iniciativa de Larrea con la influencia de Alvear y el apoyo financiero de varias logias masónicas que Buenos Aires reorganizó una

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

flota para disputar el dominio español de las aguas que cesó con el triunfo de Brown en el combate del Buceo. (Mayo 1814) (9)

II — Período Independiente.

De 1815 a 1820 el dominio fluvial y marítimo es ejercido por el Artiguismo, situación reconocida por Inglaterra al signar convenios de comercio y navegación con el prócer (1817). En el área marítima los corsarios, y en la fluvial, (ríos interiores), las flotillas artiguistas, garantizaron la unión de las provincias interiores y frustraron agresiones de aliados del unitarismo.

"Si los portugueses logran posesionarse de la Banda Oriental, con Montevideo y

la Colonia tendrán en sus manos los puntos llaves del Río de la Plata, Río Paraná

y Río Paraguay, y este territorio (Buenos Aires) quedará expuesto

constantemente a la invasión y bloqueo de los canales del Plata y las

desembocaduras de los demás ríos".

(Thomas Lloyd Halsey, cónsul de los EE. UU. de N. A. en Buenos Aires, a John Quincy Adams, el 26 de agosto de 1818). Posesionados los portugueses de Montevideo logran con él, lo que no consiguieron en 1680 con la fundación de la Colonia del Sacramento. Obtienen a través de Montevideo:

Aislar Artigas de las provincias y estorbar todo apoyo que se le pudiera prestar para realizar con éxito la campaña en suelo misionero oriental (Río Negro al Ibicuy).

Efectuar expediciones punitivas sobre las Misiones Occidentales, proveedoras de soldados artiguistas.

Retener el esfuerzo bélico de las provincias para recuperar la Banda Oriental y Montevideo. La decisión argentina de una guerra contra Brasil surgió después que la expedición de los 33 Orientales burlara el bloqueo del Paraná y del Uruguay impuesto por el Brasil, y consiguiera en Sarandí y Rincón de las Gallinas, dos victorias terrestres decisivas, neutralizando la superioridad naval brasileña. Por vez primera, la política rioplatense se decide en áreas mediterráneas (Ituzaingó).

Asegurar e) gobierno de la Provincia Cisplatina porque su sede en Montevideo, es amparada por la flota brasileña dueña del estuario.

En 1827 Brasil y Argentina se dirigen a Inglaterra para que se "dignase garantirles" el uso y la libre navegación de las aguas del Río de la Plata, de convertirse Uruguay en Estado libre (Convención García del 24 de Mayo de 1827. Aspiración consagrada en Artículo adicional de la Convención de 1828).

Los temores revelaban, entonces, el derecho de Montevideo de imponer, por lo menos hasta la línea media su soberanía. Debemos a Salgado la afirmación que el Uruguay nacía como Estado con propiedad sobre las aguas del Plata quedando para Argentina y Brasil el uso libre de las mismas (Historia Diplomática de la Independencia Oriental p. 358-359).

Inglaterra aquietó esos temores con la verdad que ha jugado papel contrario al Uruguay. "Por algún tiempo los Orientales no tendrán marina y no podrán copar, aunque quisieran, el comercio libre en el Plata" (Ponsomby. comunicación del 18 de enero de 1828).

c) El bloqueo naval anglo-francés del Rio de la Plata se apoyó en Montevideo.

Mantuvo Buenos Aires en un encierro de varios años, comprometiendo su

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comercio y debilitando económicamente la influencia de Rosas sobre las provincias con ríos interiores navegables.

La Vuelta de Obligado es un episodio épico de los rioplatenses, pero no destruye el hecho de que quien tuviera flota con punto de apoyo en Montevideo poseía la llave del Plata y de sus afluentes navegables. Así se facilitaron las incursiones corsarias de Garibaldi en los Ríos Uruguay y Paraná. El 15 de julio de 1842, con una barca, un bergantín y una goleta remontó el Paraná, llegando a la Bajada (frente a Santa Fe).

Ni Buenos Aires (Estado) ni la Confederación (reunión de 13 provincias con capital Paraná) tuvieron fuerza suficiente para mantener la vieja teoría de la soberanía nacional sobre los ríos navegables, (tratado con Brasil (1851), con Inglaterra, Francia y Estados Unidos (1853) sobre libre navegación ni para impedir la entrada de Paraná de una flota de 23 buques de guerra yanquis para amenazar al Paraguay (1859),

Hasta pasado 1870 la Argentina no adquirió seguridad de dominio del Río de la Plata, excediéndose en los planteamientos, con el principio de la "costa seca". En 1831, cuando la cuestión se situaba en la Aduana (asunto fiscal), ni Buenos Aires tenía títulos de dominio marítimo, ni las provincias interiores se lo reconocían.

En los documentos publicados por el Gobierno de Corrientes para refutar los del gobierno y prensa periódica de Buenos Aires, expresaba Manuel Leiva delegado de Pedro Feré: "No se cual (dominio) pueda tener (Buenos Aires sobre los ríos de la Plata y Paraná".

Refutaba la tesis bonaerense sobre derechos exclusivos de "costas de mar, puertos, ensenadas, radas y balizas". (10)

Más a fondo. El tratado de Paz, Amistad y Cesión signado por España en 1857 con la Confederación Argentina se hizo en estas condiciones:

1) Sólo pudo ser válido para trece provincias sin costas sobre el Río de la Plata y aguas oceánicas:

2) Fue rechazado por el Estado de Buenos Aires, con la enmienda incluida en el Art. 31 de la Constitución de Mayo de 18 53 reformada en 1860. El aditivo establecía que Buenos Aires no estaba obligado por ningún tratado firmado antes del 11 de noviembre de 1859 (Pacto de San José de Flores, firmado el 10 y ratificado el 11).

Buenos Aires no se consideraba heredera de España y sus títulos soberanos, sino poseedora de facto pero todavía sin ejercicio de dominio, de las aguas del Río de la Plata y del Mar Epicontinental.

Los títulos saneados sobre áreas marítimas tordesilleranas o más reducidas sanildefonsinas los posee el Uruguay desde 1842.

Bastó que el 5 de Mayo de 1972 naufragara un buque en el Canal del Indio para que Buenos Aires quedase aislada del Atlántico Sur por el paralelo 35 (colisión entre el Royston Grange, inglés y el liberiano Tien Chee en área donde sólo pudo operar con eficiencia la marina uruguaya).

C) COMO SE DIVIDIERON ENTONCES LAS ÁREAS DE PODER EN EL RIO DE LA PLATA

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Ya no es un río indiviso, regido por aquel status impuesto progresivamente polla Argentina para hacer valer el principio del uti possidetis. No es este el lugar y momento para analizar las doctrinas manejadas por los argentinos después de 1852, ni las impugnaciones uruguayas también centenarias, con punto final en el acta de Noviembre de 1973. Interesa saber aquí que el 30 de Enero de 1961 las dos naciones acordaron con protesta universal de las talasocracias, que el límite extremo del Río de la Plata es "la línea imaginaria que une Punta del Este con Punta Rasa del Cabo de San Antonio". De esa fecha hay que mirar atrás y comprender el por qué del valor, histórico de la tesis del Contralmirante Aguiar que establecía el límite fluvial por una recta tirada de Punta Yeguas (Montevideo) hasta Punta Piedras (comienzo de la bahía de San Borombón). (11) Es una forma de ir empujando las cosas a sus reales expresiones históricas. Porque, si nos ceñimos al criterio privante en el período hispano, que no concebía en el Río de la Plata y aguas oceánicas superposición de poderes (fallas comunes en la administración territorial pero desconocidas en materia de aguas) sino facultades de soberanía impuestas a determinados órganos de poder delegados, la jurisdicción del Apostadero de Montevideo en el Rio de la Plata sería la siguiente:

I— Resultante de situaciones hidrográficas. Buenos Aires sólo podía aspirar a una costa seca sobre el Río de la Plata y a las aguas de los ríos interiores, cuya defensa delegaba en las fuerzas sutiles de Montevideo ("ocurrencias del servicio dentro del Río de la Plata, como asimismo en otros".) Con criterio más elástico: la responsabilidad de poder del Apostadero, a partir de su institución en 1776, llegaba hasta donde sus naves podían maniobrar frente a la costa de Buenos Aires sin riesgos de varadura. No menos de una legua de la costa. Fray Pedro José de Parras decía en 1753 que las fragatas apenas podían acercarse hasta esa distancia, por ser el puerto de Buenos Aires malísimo para los navíos. Aguirre, en su Diario de 1793, estableció los lugares de descarga a una legua de la costa. En 179 9 Francisco Xavier Curado decía que sólo se podía operar a una legua o dos de la costa (Misión Secreta).

II— Resultante de jurisdicciones administrativas. La región de Montevideo terminaba por el Oeste en el arroyo Cufré. La imaginaria de responsabilidad de poder correría desde la desembocadura del Cufré en el Río de la Plata hasta la Ensenada.

Aquí nos referimos pura y exclusivamente a aguas y no territorios; porque la jurisdicción costera del Apostadero en la región pampero-patagónica comenzaba de hecho donde se tendía la línea de los fortines del sud de Buenos Aires.

Esta línea iba de Chascomús (paralelo a Punta Piedras) en dirección noroeste buscando los apoyos de San Luis y Mendoza hasta la cordillera.

De Punta Piedras hasta Tierra de Fuego y Adyacencias, la costa continental estaba de hecho bajo jurisdicción de Montevideo.

III— Resultante del tardío empuje elástico bonaerense. Las aguas desde Buenos Aires hasta la línea Cufré - Ensenada pudieron quedar bajo responsabilidad de poder de la ciudad virreinal a partir de la creación del Apostadero de la Ensenada de Barragán (1805) con embarcaciones tripuladas por granaderos y dragones. Ese Apostadero se mostró estático en el momento que los ingleses desembarcan en Quilmes, pocos kilómetros al norte. Su inoperancia originó el gravísimo error de 1806-1807 de hacer permanecer frente a Buenos Aires los navíos de Montevideo, necesarios para frustrar la segunda operación invasora inglesa.

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Aunque en asuntos del Río de la Plata finalmente se ha jugado con buena voluntad, no creemos un exceso, Ordenanzas Navales por medio, establecer la línea que marcaba hacia el este la responsabilidad de Montevideo sobre el Río de la Plata y hacia el Oeste la de Buenos Aires con su Apostadero de la Ensenada. Entiéndase bien que estamos hablando de áreas de responsabilidad establecidas en el período histórico, muy válidas para el momento que Buenos Aires se auto- anula en su condición de sede virreinal.

2 — El dominio del Atlántico Sur.

Se ejerció por el Apostadero en aguas y costas oceánicas, islas y canales interoceánicas, asentándose sobre costas e islas donde funcionaba un dispositivo defensivo-ofensivo muy vasto y poderoso para la época y tiempo de formación del Apostadero. En un lustro alcanzó sus dimensiones proclamando los títulos que anulaban toda mención de tierra no poseída.

En el Uruguay.

La función de Prefectura se cumplió sobre los puertos de Maldonado y Colonia, uno oceánico y el otro fluvial. El Apostadero no gobernaba la región de Montevideo: tampoco la Banda Oriental y, mucho menos, la provincia misionera uruguaya (Río Negro hasta el Ibicuy según la rectificación de fronteras hecha en

1777).

La indeterminación de funciones de las jerarquías oficiales, militares o navales en las provincias, intendencias, gobernaciones, con costas marítimas provocó confusiones, en otras regiones americanas entreverándose actos de clara autonomía naval, con los que respondían a disposiciones virreinales o bandos de gobernadores civiles o militares.

En el caso de Montevideo, la cuestión intrincada se clarificó con la reunión de los cargos de gobernador de la región de Montevideo y la de jefe del Apostadero. Pivel Devoto dice que un lustro antes del siglo XIX el Gobernador de Montevideo era la segunda jerarquía del Río de la Plata. (12). Agreguemos que la primera del Atlántico Sur,

En territorio Argentino.

1) Costa bonaerense. Simplemente soberanía oceánica desde el Sur de Ensenada, pasando por Punta Piedras y la Bahía de San Borombón, hasta la desembocadura del Río Negro, sin perjuicio de ejercer funciones de prefectura en los puntos de la costa comprendida entre los paralelos 35° a 4 0° si lo exigieran las necesidades. El gobierno interno quedaba de cargo de la Intendencia de Buenos Aires, contenido por las presiones de sur a norte de los nómades ancáes, tehuelches, ranqueles, puelches y patagones, a su vez reprimidos por la línea interior de fortines que marcaban la verdadera frontera humanal, desde Chascomús y Monte (1779), Ranchos (1781) en la parte oriental: Loreto, San Fernando (1783) en el centro: San Carlos (1772) sobre el contrafuerte andino, dependientes los tres últimos de la Intendencia de Córdoba. Importa señalar la coetaneidad de esta línea defensiva (frontera del desierto) con la institución del Apostadero de Montevideo para la defensa de las aguas, de los avances ingleses, holandeses y franceses y, las fundaciones patagónicas bajo el amparo de Montevideo: Carmen de Patagones (1779) San José (1779), Puerto Deseado (1780) y San Julián (1780).

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2) Costa patagónica. En las poblaciones levantadas con colonización dirigida (luego fracasada, en parte, por imprevisión surgida de la urgencia de responder con población la pretensión de potencias europeas de ocupar térra militas), la jurisdicción se extendía tanto sobre el puerto y poblado como sobre el interior hasta una distancia de 30 leguas de la costa (interpretación de la cédula de 1684). (13) Carmen de Patagones es una población interior, a casi medio centenar de kilómetros de la costa; San José estuvo a más de 70 Kms. del extremo oriental de la Península de Valdez. No hubo fracaso poblador absoluto, porque a las excepciones señaladas debemos agregar Puerto Soledad (Malvinas). Los actos de dominio no dejaron de ser permanentes hasta en la austral Isla de los Estados. Puerto Deseado, que cesó como colonia en 1784, era en 1795 un puerto militar (14) y establecimiento ballenero y pesquero (con barracones) bajo dominio del Apostadero y administración y explotación de la Real Compañía de Pesca, con sede en Maldonado.

Entre una u otra población o puerto, duradero o no, la jurisdicción se extendía "desde lo más interior de el de su destino, hasta las puntas salientes a la mar, con todas sus conchas, calas o ensenadas que hubiere en el intermedio, haya o no población (Art. 17. Tratado 5º título VII de las Ordenanzas Navales de 1793, recopilación de las varias generales de la Armada Naval Española).

Ligada directamente a la línea de costas y a la profundidad de las poblaciones, la soberanía terrestre ejercida desde el mar era configurativa.

Esta posesión y dominio de las costas patagónicas es anterior, casi un siglo, a la ocupación oficial de su interior por la República Argentina. En efecto, aunque dependiendo teóricamente de la Intendencia de Buenos Aires, el interior patagónico quedó en reserva, opción que no obligó a España ejercer soberanía posesional (excepción hecha de las costas) salvo expediciones punitivas, (Guerra Justa) no muy profundas, sin determinación de quedar en las zonas penetradas. La expulsión de los iñiguistas frustró la misionología en la Tebaida sudamericana (las dos tentativas de formación de la reducción de Poyas 1670 y 1767 a la altura del paralelo 46°), por otra parte, sin perspectivas favorables por la creciente invasión de indios araucanos en la Pampa y la Patagonia, ínterin esa frustrada missionalia mediterránea aparecen los intentos de 1764 de los jesuitas y de dominicos en 1768 por levantar misión en costas patagónicas. La empresa ocupacional de ese hinterland comenzó en 1833 con la expedición argentino- chilena que empujó las fronteras argentinas interiores del Salado al Colorado (muy arriba aún de la ubicación de la montevideana Carmen de Patagones) y que en el lado chileno fracturó la histórica línea del Bío-Bío, término del verdadero Chile Nuevo continental.

En 1867, catorce años después de la Constitución de 1853 y siete de su reforma de 1860, que fijaba el espacio organizado argentino, el Congreso sancionó la ley que trasladaba la frontera sur hasta los ríos Negro y Neuquén. Sólo se haría efectiva en 1878 (4 de agosto y 5 de octubre) con la concesión de recursos para realizar la Campaña del desierto, acción militar de Roca contra los sobrevivientes de las razas australoides, con un decenio de miles de años de permanencia en la Patagonia: fuéguidos y pámpidos.)

La Argentina no habla perforado la línea del Salado, y Sarmiento se encargaba de justificar los derechos de Chile sobre el Estrecho de Magallanes con los mismos

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argumentos que podían concurrir en favor del Apostadero de Montevideo por su función marítima de 1776 a 1811.

3) Territorios insulares. La marina de Montevideo, con base en las Malvinas,

(15) ejercía dominio sobre éstas y las islas y tierras del Sur, sobre todo en las diez leguas de aguas que las rodearon.

Buenos Aires no recibió de España a título de cesión ni la Patagonia ni las Malvinas el islario antártico y todos sus territorios y aguas adyacentes (Capitulación de Vigodet). En ningún momento la Metrópoli cedió esos derechos a la Argentina. Menos podía hacerlo en 1857 porque en 1842 lo había hecho en favor del Uruguay.

El convenio del 21 de Junio de 1814, que consta de 24 artículos, dejaba la plaza de Montevideo en "calidad de depósito", no pudiendo entregarse a ningún otro poder. El convenio se extendía a los establecimientos de la costa patagónica. Depósito no es cesión. Ni renuncia. No se dieron en 1814 las circunstancias que suponía el traslado legal de soberanía en favor del gobierno de Buenos Aires (Cf. VERDROSS Alfred. Derecho Internacional Público, págs. 224-227).

3 — El ejercicio pendular de soberanía. Patagonia, región de dos océanos.

A) DEL CABO VÍRGENES O DEL ESTRECHO DE LE MAIRE A CHILOE

En estas áreas el ejercicio responsabilidad era pendular, compartida por el Apostadero da Montevideo y el Apostadero del Callao con su base en Chiloé, según dirección seguida por las naves que utilizaban los pasos del Sur y precisaban ser convoyadas. Es lógico que por esa responsabilidad compartida al solo efecto de la navegación comercial española, la acción de custodia de las naves de Montevideo y la apostada en Malvinas fuera más frecuente, en razón que los peligros marítimos acechaban desde el Atlántico Sur y que resultara más intenso el tráfico de naves por los pasos en dirección ESTE/OESTE. (19)

El Diario de Viaje de Francisco Xavier de Viana pone de evidencia la combinación de naves. Partiendo de Montevideo con las que patrullaban el Pacífico Sur, extendían la asistencia, alternando la misión científica, a las aguas de los hipoglosos (Halibut).

Por mayor frecuencia de patrullaje, equivalente a mayor lapso de ejercicio de responsabilidad, nos inclinamos por Montevideo.

El Apostadero de El Callao (Virreinato del Perú) y no la Capitanía General de Chile (ligada al virreinato del Río de la Plata) compartió, repetimos, esa responsabilidad pendular con el de Montevideo. Para ambos, el ejercicio de soberanía era configurativo (prefectura). El Montevideo oceánico se prolongaba desde el Estrecho de Drake hasta el Golfo Corcovado.

Motivaciones estratégicas, concentración de fuerzas navales y cuestiones políticas internas poco tenidas en cuenta por la historiografía clásica (la paz necesaria con los araucanos posesionados del interior patagónico, que podían extender su irritación hasta la frontera sur de Buenos Aires, Córdoba del Tucumán y Mendoza) "agregaron" esas costas chilenas a la responsabilidad de poder del Apostadero Naval de Montevideo. Concluía en Chiloé, desde donde la armada del Callao, en virtud de un régimen especial, contraloreaba el Pacífico Sur, (17) con

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bases insulares en Juan Fernández (las Malvinas del Pacífico Sur occidental). Teórica y prácticamente, las aguas de y costas chilenas desde el Estrecho de Drake al paralelo 44º (entrada del golfo Corcovado), caían dentro de la imaginarias de responsabilidad del Apostadero Naval de Montevideo.

Sobre esa particularidad pendular entendemos sugestiva la afirmación de títulos hasta la Península de San José (península Valdés) hecha por O'Higgins el 20 de Agosto de 1831, en nota dirigida al capitán de la Marina real inglesa Coghlan. Invocando para Chile funciones que había ejercido alternativamente el Apostadero de Chiloé, dependiente del Callao, sostuvo que los derechos chilenos sobre el Pacífico Sur, se extendían de la Bahía de Mejillones (paralelo 21) hasta Shetland del Sur; por el Atlántico desde Shetland del Sur hasta la península de San José, en paralelo 42°. Proclamaba una soberanía de 3.900 millas geográficas, que abarcaban prácticamente el área patagónica del Apostadero de Montevideo, las Islas Malvinas, la Isla de los Estados y otras tierras insulares. Incluía el sector Antártico hasta el polo sur. "Chile posee evidentemente la llave del Atlántico desde el grado 30 de latitud sur (Puerto de Río Grande) hasta el Polo Antártico y la de todo el gran Pacífico". (18)

Muévase el péndulo con impulso desde Montevideo y la argumentación respaldará funciones históricas del Apostadero rioplatense.

Retrocedamos aún más en el tiempo. Para explicar por qué el Apostadero, por división de funciones, podía extender su responsabilidad hasta el Pacífico (parte

de rancio

de las costas meridionales de Chile) pasado.

I— Capitulación del 21 de mayo de 1534 con Pedro de Mendoza. Se le daba licencia y facultaba extender su jurisdicción desde el Río de Solís "que llaman de la Plata hasta el Mar del Sur donde tengáis doscientos leguas de luengo de costa de gobernación, que comience desde donde se acaba la gobernación que tenemos encomendada al mariscal don Diego de Almagro hasta el Estrecho de Magallanes".

Pedro de Mendoza recibía la costa Chilena comprendida entre los paralelos 25° 31' y 36° 35' de altitud sur, versión actualizada de GREENWICH. La cédula del 19 de Julio de 1535 determinaba que las 200 leguas se hallaban al sur del límite de la gobernación de Almagro. Hay errores descomunales respecto de las mediciones, pero el hecho incuestionable es que la costa chilena, en una distancia extensa, caía bajo jurisdicción de Pedro de Mendoza.

II— En las Capitulaciones con Alvar Núñez Cabeza de Vaca del 18 de marzo de 1540 se reiteraba: "Desde el dicho Río de la Plata hasta el Mar del Sur, con más doscientas leguas de luengo de la costa en la dicha mar del Sur".

— La R. C. de 1548 fijó el límite de la Gobernación de Chile del grado 26º al 41º

latitud meridional. En 1778, la Capitanía General de Chile, tuvo por límite sur el paralelo 41º.

— Azara resumió esa cuestión, con gran claridad en Descripción e Historia del

Paraguay y del Río de la Plata: comenzaba en Santa Catalina "siguiendo la costa del mar, dando vuelta el Cabo de Hornos y doscientas leguas más en el Mar Pacífico" (pág. 442).

damos estos otros testimonios

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Tómese una patrón y esas 200 leguas del cabo de Hornos al Norte llegan, prácticamente, a Chiloé.

B) RAZONES PARA LA AGREGACIÓN DE CAMPOS DE RESPONSABILIDAD:

No es cosa dejar el asunto así no más. Se imponen interpretaciones, marginadas hasta el momento de consideraciones por olvido de las grandes tradiciones marineras. No están escritas expresamente, pero emergen de delimitaciones de jurisdicciones de puertos en el Pacífico Sur, y de estimaciones políticas (Mantenimiento de la paz con los araucanos y disminución de obligaciones bélicas en tierras sureñas. ¿Por qué no tener en cuenta el cansancio guerrero del chileno del final del período hispano?).

I — Jurisdiccionales

En defensa de títulos argentinos sobre la Antártida, Diego Luis Molinari aporta lo que es fundamental para establecer la proyección pacifícense del Uruguay Atlanticense, y dice que las dos Intendencias de Chile tenían esta jurisdicción:

Intendencias de Santiago, desde el Salado hasta el Maule (Chile Viejo:), Intendencia de Concepción, desde el Maule hasta el Blo-Bío (Chile nuevo). En la línea del Bío-Bío, con función defensiva, resguardaban Concepción los fortines de Arauco y Tucapel. El puerto de Valdivia, más al sur, era una enclavadura neutralizada en Arauco, sin conexiones terrestres con Concepción (19).

La Araucania era región desmilitarizada. Llamábasele "tierra de misión". Iba desde el Bío-Bío hasta lo que es hoy Puerto Montt y también algo más al sur por suelo continental.

Para Chiloé había un régimen especial, que comprendía las Islas Juan Fernández (20). Francisco Xavier de Viana relató que ese gobierno peruano de Chiloé era militar y político, dependiente del virrey del Perú y de la Audiencia de Lima.

La aduana del Callao costeaba los gastos de la tropa regular. El comercio de Chiloé con Europa se hacía vía Callao (21).

Allí Malaspina y los comandantes de la Descubierta y Atrevida, recibieron los mapas de la isla y sus costas, entregadas por orden del Virrey del Perú. (22).

La tesis de Molinari y el relato de Viana coinciden con la descripción de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1735-41), hecha antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata y de las Intendencias. Los autores de Noticias Secretas de América pusieron Concepción último punto de la región hispana de Chile, y Valdivia enclavadura en Arauco; saltan a Chiloé, cuyo puerto español era Chacao (población trasladada luego a tierra firme con el nombre de San Carlos). Chiloé tenía comunicaciones marítimas directas con el puerto de Juan Fernández, cuyo comercio exterior se hacía vía Callao (23).

II — Políticas

La frontera con Arauco estaba marcada por el Bío-Bío. Toda presencia de españoles chilenos al sur despertaba prevenciones y resentimientos, cuando no réplicas violentas, de los belicosos araucanos.

No hubo una Guerra de Arauco sino varias. La primera duró de 1553 a 1641, y la

paz que le siguió dio origen a un capítulo particularísimo de la Recopilación de

1680 (Leyes de Indias).

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

El tratado de paz de 1641 fijó la frontera en el Bío-Bío. De éste al sur comprometía al pueblo araucano no permitir en sus costas el desembarco de hombres de ninguna nación extranjera. Violaciones de parte de españoles chilenos (españoles se denominaban todos los americanos blancos, mestizos de alcurnia o indios altamente aculturados) renovaron guerras. La última finalizó con el Tratado de 1773, roto en 1833 por el gobierno republicano.

Esa mentalidad anti araucana, adquirida en el exilio, se reflejó en el pensamiento de Sarmiento. En Conflicto y Armonía de las Razas, llamó a los araucanos "animales más recios, menos aptos para la civilización", burlándose del respeto español por la línea del Bío-Bío como frontera aceptada por el miedo.

El "régimen peruano" sobre Chiloé se asentaba en el orden interno, en la actitud pacífica frente al "español" y hostil al araucano de la población isleña india (cazadora-mariscadora) (24).

4 — Fundamentos de la talasocracia montevideana

a) Comienzan por estratégicos (elección como puerto ideal);

b) Se afirman en triunfos terrestres y marítimos (expulsión del lusitano de la

Colonia y de las aguas del Río de la Plata y desplazamiento de franceses e

ingleses de las Islas Malvinas);

c) Se desarrollan con el fomento del intercambio comercial de Montevideo y

Buenos Aires con puertos del ecúmene hispano y de países neutrales (libre comercio de 1778), fortalecido con la colocación de excedentes de producción por vías del contrabando;

d) se respaldan en el relleno demográfico leucoderma (ex colonizadores de la

Patagonia establecidos en pueblos dentro de la Cuenca del Santa Lucía,

inmigración calificada), y

e) se consagran jurídicamente con la transferencia de facultades virreinales a los

jefes del Apostadero.

De hecho Montevideo ejerció almirantazgo del Atlántico Sur (25) con facultades vedadas a los tribunales de derecho común (Audiencias y Consulados) para intervenir en conflictos suscitados en alta mar. De derecho fue Capitanía General Marítima no nominada (aplicación por analogía de las Ordenanzas sobre Departamentos Navales) en el período de choque de intereses económicos entre Buenos Aires y Montevideo y los actos formales de posesión en tierras y aguas patagónicas, fueguinas y malvinenses. Nominada en el tránsito de sede virreinal (Elío) a Capitanía General (Vigodet) encarnando la representación directa de la autoridad central reconocida (26).

Hizo posible esa proyección marítima real no adventicia, el enorme desarrollo de la marina mercante y de guerra de la comunidad de reinos hispanos, al punto de recuperar, en el último tercio del siglo XVIII, el dominio de los mares obliterando la agresiva Rule Brittania.

Con Montevideo como cancerbera del Atlántico sur, el mundo hispano estableció prioridades frente a la doctrina de Monroe impidiendo que potencias ajenas establecieran nuevas Guayanas, Jamaicas y Belices en el Hemisferio Occidental. ¿Por qué no decir que la doctrina del cinturón de las 200 millas (zócalo o aguas continentales) y el área de seguridad adyacente de las Repúblicas americanas

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Leslie Crawford

fijada en la declaración de Panamá de Octubre de 1939) están añejadas por hechos enraizados en el evo hispano y de lo que fue principal ejecutor el Apostadero Naval de Montevideo?

Los momentos de grandeza del Uruguay Atlanticense se siluetan en los períodos más trascendentales del Derecho Internacional Marítimo. Se adunan con episodios de excepción en la lucha por el dominio de los mares, como las dos Neutralidades Armadas, el Bombardeo de Copenhague, destrucción de la flota danesa heredera de la hostilidad holandesa, y la acción de Trafalgar que borró de las aguas europeas la marina de guerra española. Aún habrían de pasar uno y dos años (1806-1807), y Montevideo, Buenos Aires y los rioplatenses dieron una lección soberana al imperialismo inglés, postergando su pretensión de privar a todas las naciones del uso de la superficie del mar (hipertrofia de la Navigation Act de 1651 con el rótulo Dominion and Sovereignty of the Seas: el mar universal como propiedad pública de la corona de Inglaterra).

NOTAS DEL CAPITULO I

(1) En 1777 las milicias indias auxiliares se dividían en tres cuerpos: 1º) milicias indias de Maldonado; 2º) milicias indias del Río Grande y 3º) milicias indias del Real de San Carlos. (2) PASTELLS, Pablo, S. J. — Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de Paraguay, tomo VIII, parte, p. 102. Desde su segunda fundación hasta la aparición de grandes navíos en mitad del siglo XVIII, Buenos Aires había sido puerto único y cimero del Río de la Plata y del Atlántico Sur. Determinantes de navegación lo arrinconaron. Sobre la importancia menos que secundaria de Buenos Aires y la Ensenada de Barragán para operaciones de la marina mercante y de guerra Cf. SCHURMANN PACHECO Y COOLIGHAN SANGUINETTI, Historia del Uruguay, p. 81. Lobo y Ruidavets explican que habilitados los puntos de Montevideo y Maldonado se abandonó completamente la navegación de la costa meridional del Río de la Plata. Manual de navegación del Río do la Plata y de sus principales afluentes, pp. 1213. El Cabo San Antonio fue poco conocido de los navegantes que llegaron a tener una idea muy confusa de su configuración y situación geográfica, Ibid., p. 132. En tanto eran conocidas y frecuentadas las costas al sur del paralelo 40; las de San Borombón fueron exploradas satisfactoriamente por Oyarvide. Otro navegante español del siglo XIX, Manuel Sánchez Núñez, dijo que en un principio la Ensenada había sido "surgidero habitual de la marina mercante española", pero que en el XVIII el comercio ultramarino tenía por centro Montevideo y del comercio

de cabotaje éralo Buenos Aires. Ojeada sobre la parte argentina de la región hidrográfica del Río de la Plata, pp. 84 y 8

5.

(3) Embarcaciones de cabotaje con velas latinas.

(5)

RH. T. XXXIX p. 189.

(6)

PIVEL DEVOTO, Juan E. — Martín García, p. 81. En el período de bloqueo (1810/12) el C/F José Primo de

Rivera efectuó los sondajes y rectificó bancos del R. de la Plata. Las notas se guardan en el Archivo General de Marina Don Álvaro Bazán (España).

(7)

BOSGH, Felipe. — Historia Naval Argentina p. 85.

(8)

PIVEL DEVOTO. — Op. cit. p. 31.

(9)

Allí le sorprende la Capitulación de Vigodet, (junio de 1814). Flavio A. García opina que el dominio de los

ríos ejercido por Montevideo retrasó el triunfo revolucionario. La reacción contrarrevolucionaria ante el Armisticio Rademaker Herrera "Los realistas quedaron dominando totalmente el Río de la Plata y los ríos interiores". BOSCH, Felipe, Historia Naval Argentina, pp. 3637. (10) MARTÍNEZ MONTERO, Homero. — El Río Uruguay, RH, T. XXI ü. 295, Sin quitar méritos a la victoria de Brown, creemos que la ausencia de combatividad de la flota española se debió en parte al impacto espiritual sufrido por su oficialidad ante el conocimiento de la apertura de un abismo entre las ideas liberales de las Cortes del 12 y la posición de Fernando VII tendientes a la imposición del absolutismo, maniobra en la que recibió apoyo singular de Elio. La constitución gaditana fue muy cara a la marina española. Lo que no habría logrado la derrota de Las Piedras lo conseguiría la variante política peninsular. Cosas de la "historia interna" del régimen hispano en la América del período juntista.

(10)

Documentos liara la Historia Argentina. T. XVII p. 241.

(11)

El Río de la Plata y el Mar Territorial, pp. 103 10 7. José Serrato defendió esta posición. Jurisdicción

sobre el Río de la Plata, p. 14. (12) Raíces históricas de nuestro sentimiento nacionalista. Revista Militar y Naval Nos. 3213 23, p. 9. En la persona del comandante del Apostadero se hicieron coincidir la autoridad marítima y el gobierno político y militar de la ciudad. Gobernador y Comandante fueron una misma persona. El Director General de la Armada (equivalente a Lord del Almirantazgo inglés), aconsejó la bivalencia el de setiembre de 1796. La Real Orden del 13 de ese mes designó para ambas funciones a Bustamante y Guerra, marino eminente. Esta determinación señala la autoridad emanada de la dirección naval española en asuntos relacionados con la mayor eficiencia del Apostadero de Montevideo, superponiéndose el Director General de la Armada al virrey de Buenos Aires, no consultado en esta materia para previo asentimiento.

(13) La cédula del 21 de mayo de 1684 prohibió levantar poblaciones de indios patagónicos a no menos de 30 leguas de la costa "por ser conveniente esté despoblada dicha costa, para nunca hallen abrigo extranjeros enemigos,

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

ya 3 le no es posible fortificarlas con Armas Reales". La evolución del Derecho Internacional Marítimo como del Derecho Internacional Público modificaron esas concepciones ligadas al sentido de mediterraneidad que privaba en la organización del Nuevo Mundo entre los siglos XVI y XVII. En el período del Apostadero de Montevideo las Armas Reales estaban en condiciones de cumplir sus cometidos. "La ocupación de aquel territorio es un gravamen de la corona, como lo son otros, a trueque de que no los tengan nuestros enemigos" (Gálvez a Vertiz el 26 de junio de 1780). (14) "Sirven actualmente de barreras, atalayas y observatorios, así para los indios infieles de aquellas cercanías, con quienes a las veces se logra una regular correspondencia, como para los ingleses, que de cuando en cuando no dejan de hacer sus tentativas". Memoria de Virreyes, citada por Juan A. Apolant en Operativo Patagonia, p.

193.

(15) En 1766 se creó el gobierno de las Malvinas, subordinado a Buenos Aires. Al ser instituido el Apostadero diez años después, la prerrogativa recayó en el Jefe de la Marina Española apostada en Montevideo. Gobernador de Malvinas pasó a ser entonces todo comandante de la nave principal apostada en la isla y destacada especialmente desde Montevideo.

(16)

No sólo se realizaron cruceros a la costa patagónica sino patrullajes y convoyes de embarcaciones

mercantes que hacían el tráfico con el Perú, vía Callao. GARCÍA, Flavio A. José de Posadas y Castillo. Apuntes biográficos, p. 67. Estaba explícitamente determinado por las Ordenanzas Navales. La de 1793 imponía a los comandantes de Apostaderos, de escuadras o de navíos, la obligación "de proteger por todos los términos la seguridad de las navegaciones de los del comercio". (Art. 85 títulos VII tratado 6º). (17) Humboldt fijó el límite extremo sur chileno. Viaje a las regiones equinocciales, p, 1089. M. Sánchez Núñez llamó injustificada la fundación chilena de Punta Arenas, op. cit. p. 22.

(18) PINOCHET DE DA BARRA, Oscar. — La Antártica Chilena, pp. 8889. Parker y Fitzroy llegaron a extender esas posibilidades chilenas hasta 3 0 millas del Rio Negro, situándolas en el entonces denominado puerto de San Antonio. "Está llamado a ser el término de las comunicaciones que un día se establezcan entre la República de Chile y la hoy estéril costa de Patagonia". Derrotero de las costas de la América Meridional, p. 36.

(19)

Orígenes de la frontera austral Argentino chilena, Patagonia, Islas Malvinas y Antártida, p. 25.

(20)

JUAN. Jorge y ULLOA, Antonio de. — Noticias Secretas de América. Página 126.

(21)

Diario de Viaje. T. I pp. 123, 124, y 133.

(22)

IBID, pp. 114115. Se dio importancia a las observaciones de Malaspina en el trayecto Montevideo

Puerto Deseado Cabo de Hornos Chiloé. Las cartas marinas fueron publicadas por Pedro Novo en Madrid (1885).

(23)

Op. cit. pp. 45 a 53.

(24)

IBID, pp. 48.

(25)

Aunque el cargo fue proyectado por las Ordenanzas Navales del XVIII, en particular las de 179 3, nunca se

consagró por ellas persona alguna. La dignidad existió en Castilla desde tiempos de San Fernando y Alfonso X el Sabio.

Sobre el Almirantazgo Mayor de Castilla, sus prerrogativas y jurisdicciones, véase FERNANDEZ NAVAREETE, M., TI p. 47» a 543. Es uno de los antecedentes más antiguos, aparte de los romanos, de la organización naval occidental. El

.guardando Dios de

tormenta presurosa la Mar y de enemigos adversarios de mi Señor el Rey". El primer almirantazgo español, como corporación consultiva de asuntos de la marina fue creado por Felipe V en 1737 para el infante heredero. En 1748 se le suprimió y en su lugar se creó la Dirección General de la Armada. En 1836 el Ministerio Calatrava, de la Regencia Espartero, restableció por ley el Almirantazgo de la Marina (24 de octubre). De 1868 a 1912 se denominó Almirante al Capitán General de la Armada.

Vigodet se dio por insatisfecho con el cargo de Capitán General. Apuntes históricos de Larrañaga y Guerra.

BHEME. Nº 9697, p. 137.

juramento del Almirante Mayor establecía la latitud de poderes y autonomía de acción:

(26)

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CAPITULO II

LA JEFATURA SUPREMA DEL ATLÁNTICO SUR

I. El Apostadero con personería REAL.

Las facultades y potestades del Apostadero Naval de Montevideo, analizadas con óptica bonaerense —carriles seguidos por nuestra historiografía clásica— parecen cosa muy batallona. Precisamente, por bocetarse en documentaciones contradictorias y asincrónicas, la cuestión se hizo ambagiosa. Sin embargo, entreveros y sutilezas, son dispersados por interpretaciones basadas en elementos no tenidos en Cuenta. Abregos y no pamperos, despejan el cielo histórico.

La cuestión de las áreas de responsabilidad del Apostadero se debe basar en otra clase de documentos —los que otorgaron las herramientas de poder con libertad de acción necesaria en una época en que ni siquiera se preanunciaban los telemandos— y engarzarse con los acontecimientos más trascendentes del siglo XVIII, que cambiaron el estilo de vida del hombre de cultura occidental y modificaron la geografía política mundial.

Aunque corridos de los océanos los "perros del mar", no se ofreció para el esfuerzo naval español ninguna intermisión. Las jaurías fueron sucedidas por manadas de corsarios, "guerrilleros del mar", como avanzadas del poder naval inglés y francés, sucesores de Portugal y Holanda. España, potencia de primer orden, debió extremar esfuerzos para mantener su superioridad en los mares. Del afán participaron los reinos unidos de la península y de ultramar (Europa - América) para no quedar atrás en la carrera armamentista de las naciones enemigas, perfeccionar la agonística naval y reactivar la dinámica guerrera de sus marinos.

La comunidad hispana que, desde el período de la conquista y población no había conocido más que milicias nacionales, comenzó a pensar en ejércitos regulares y en naves de gran poder ofensivo-defensivo. Aplicó en la jurisdicción marítima el orden de división que habría de imponer en tierra con el sistema de Intendencias. Descentralizó el poder marítimo creando centros de autonomía para las respuestas elásticas inmediatas. Sin ostentar en la documentación rango de virreyes, los comandantes de armadas fueron de hecho alter egos del rey, procediendo en su nombre con encargo de rendir cuenta de las acciones espontáneas provocadas. La lejanía del comando central determinaba esa libertad de decisión, como las que evidenciaron en el XIX los almirantes ingleses y franceses, cuyos actos precedieron a las intervenciones diplomáticas. No en vano la Home Fleet copió la organización naval hispana.

Donde el mar era ancho y propio del ecúmene hispano, las decisiones las tomaban los jefes de escuadra, con menos ataduras cuanto más lejos se hallaban de los departamentos navales (almirantazgos). Se podrá cuestionar la afirmación que, allí donde los actos soberanos debían ejercerse en áreas oceánicas, ninguna autoridad terrestre podía coartarlas o anularlas. En este orden Montevideo se empinó a la condición del otro-yo real, sobre todo en las aguas atlánticas meridionales. Diego Luis Molinari sostiene que la parte austral del continente "caía por sus costas e islas bajo la jurisdicción de la Metrópoli". (1)

Homero Martínez Montero afirma que, al crear el virreinato del Río de la Plata por razones administrativas, la metrópoli "no delegó en él ni se despojó en su beneficio, voluntaria e involuntariamente, de la más mínima porción de jerarquía". (2).

La afirmación debe ser tenida en cuenta para la interpretación de la cláusula clave del Art. 1 del Tratado Hispano Uruguayo de 1842, que hace referencia de "todos los derechos de soberanía y de dominio que los monarcas españoles han tenido anteriormente sobre el mencionado territorio".

Una opinión argentina y otra uruguaya. Equivale decir que no había intermediario, virrey o intendente, en acciones de exclusiva materia naval. La Capitulación de 1814 es de una evidencia mayúscula. Se dejaba en Depósito lo que no era dominio de Buenos Aires.

II. El Teatro del Mar.

Acostumbramos medir el esfuerzo español por los hechos memorables realizados en tierra. Sin embargo, la comparación de esfuerzos sobre dimensiones donde jamás se ponía el sol, hace

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

meditar acerca de lo que pudo suceder si España no hubiese contado con bases estratégicas, con naves bien marineras, con armamento potente y con oficialidad y tripulación avezadas y valientes.

Sin incluir las áreas de los mares secundarios, la superficie de los océanos es de 313.068.170 Kms2. (3) Se distribuye así:

Océano Pacífico 126.872.590 Kms2.

Océano Austral 85.564.580

Océano Atlántico 58.251.700 Kms2.

Océano Indico 42.379.000

La distancia de las bases metropolitanas y la mayor vastedad de los océanos determinó que la libertad de acción de los jefes navales estuviera en razón directa con lejanía e inmensidad. (4)

El área marítima que interesa es la que caía bajo la responsabilidad de poder de Montevideo. No tan solo vastísima sino también llena de asechanzas meteóricas, terror de los navegantes, que hicieron que el Océano Austral, tocado en sus bordes por Magallanes, quedase prácticamente en desuso por tres siglos. Montevideo rompió con ese misterio oceánico al asegurar a la navegación que no tendría otros peligros que los fenómenos de la naturaleza. Barridos los piratas y contenidos los corsarios, el Escila-Caribdis se representaba por los roaring forties (los rugientes cuarenta), por ocurrir estos vientos O/E tipo ciclónico, y por las lluvias de 270 días con 70 de nieve que caracterizan al Cabo de Hornos o de las Tormentas.

Escenarios de tal dimensión, en que los improvisos son la regla, tenían que imponer con toda razón elasticidad en las decisiones y respuestas. Los jefes navales españoles eran expertos de todas las aguas donde el pabellón rojigualda apellidara títulos históricos. (5)

Los gobernadores - comandantes de Montevideo fueron navegantes fogueados en campañas navales europeas y asiáticas y adiestrados en cuestiones de política internacional. Hacedores de historia y no intérpretes ciegos de mandos distantes. (6)

III. La Conciencia marítima del ecúmene hispano.

Kms2.

Kms2.

El XVIII fue el siglo de los grandes marinos españoles. Contrariamente a lo divulgado la carrera no fue exclusiva de los nativos de la península. Estuvo abierta a todos los indianos que tenían vocación y reunían los mismos atributos sociales que se exigían a los conciudadanos de Europa. Muchos alcanzaron los más altos grados, como José Pareja, limeño, que llegó a Teniente General de la Armada; Álvarez de Toledo, de la Habana, Jefe del Apostadero de Veracruz; Juan Michelena, nativo de Maracaibo, de preponderante actuación en Montevideo y en los episodios juntistas, fue jefe de escuadra. Otros ocuparon las más altas dignidades del gobierno español:

Pedro Agar, de Santa Fe (Colombia), integró en 1810 el Consejo de Regencia. Varios alcanzaron honores de héroes de Trafalgar, como José Padilla, (colombiano), Matías Irigoyen y Benito Lynch (porteños), Francisco de Gurruchaga (Salta), Cándido Lasala (porteño), atravesó el Estrecho de Le Maire en bote y murió como teniente de fragata en la segunda invasión inglesa, después de participar en la primera Reconquista de Buenos Aires.

Las escuelas de guardiamarinas de Cádiz y del Ferrol no crearon instrumentos ciegos, sino que formaron oficiales con nociones plenas de política, historia y sentimientos autonómicos. Lo revela la participación de ex cadetes de esas escuelas en la organización de las marinas de las nuevas Repúblicas. En Argentina: Francisco de Gurruchaga, miembro de la Junta de 1810 tuvo por misión organizar la primera escuadrilla de Buenos Aires; Matías de Irigoyen, compañero de armas de Cisneros en Trafalgar cuya destitución votó en mayo de 1810, fue comandante general de la Marina de Buenos Aires en 1815 y redactor del reglamento de corsarios al servicio de Buenos Aires (1817); Francisco Seguí, Martín Thompson y Benito Lynch, de relevante actuación luego de los sucesos de Mayo. En Chile, Manuel Blanco Encalada, (porteño) almirante, hecho en la escuela de Cádiz; en Venezuela, Lino de Clemente, alumno gaditano, vice almirante en su patria; como capitán de navío, otro condiscípulo y coterráneo, Felipe Estévez. En la marina mercante española se formó el contralmirante venezolano Matías Padrón: en Colombia jefe de la escuadra revolucionaria fue José Padilla, otro de los héroes de Trafalgar, etc., etc. En nuestro país basta la mención de Francisco Xavier de Viana, marino insigne de la armada española y probado patriota, hombre que conoció y vivió la grandeza del Apostadero Naval de Montevideo.

Existió en la dimensión hispana del XVIII y principios del XIX una clara conciencia marítima. La de raigambre castrense se completó con la de función comercial.

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IV.

El Código Naval Hispano.

Una minuciosa reglamentación estableció las pautas para la marina española. Se le conoce por Ordenanzas Navales. Las primeras dictadas por Patino en 1717, son coetáneas del resurgimiento naval español y de la preparación de la nueva oficialidad. Las siguen las de 1748, consideradas en su época, superiores a las que regían las marinas de todas las naciones, "incluso a las de Inglaterra de 1749, tenidas por muy buenas": las de 1793, redactadas por Mazarredo y Escaño, son las más completas. "En ellas están recogidos todos los principios básicos de la organización militar de la Armada y su organización y su espíritu son aplicables al de una Marina de Guerra moderna". (7)

Por ese código se comprende cómo y por qué el Apostadero de Montevideo ejerció el señorío del Atlántico Sur y del Glacial Antártico y tuvo la llave de acceso al Pacífico; por qué los jefes de la Marina de Montevideo, sin ser administrativamente pares de virreyes, procedieron con facultades soberanas ajustadas a normas legales estrictas; por qué en áreas marítimas el Apostadero resolvió como delegado real y por qué, en el instante de definición juntista, la oficialidad de Montevideo ajustó su conducta a las Ordenanzas Navales y a la Constitución Marítima, que llenó en el ámbito oceánico el vacío de poder y legalidad producido por la abdicación de Bayona (la mayor transgresión a la legislación indiana, que prohibía, desde tiempos de Isabel la Católica, Carlos I y Felipe II, toda cesión renuncia o transferencia de soberanía terrestre y marítima).

En el análisis del por qué de las acciones autonómicas y del ejercicio de soberanía a título real, nos ceñiremos, porque son inmediatas de los hechos culminantes del Uruguay Atlanticense, a las disposiciones navales de 1793. (8)

V. Grados equivalentes de la Marina y del Ejército.

Capitán General de la Armada

Capitán General de los Ejércitos

Teniente General

Teniente General

Jefe de Escuadra

Mariscal de Campo

Brigadier

Brigadier

Capitán de Navío

Coronel

Capitán de Fragata

Teniente Coronel

Teniente de Navío

Capitán

Teniente de Fragata

Ultimo Capitán en Ejercicio

Alférez de Navío

Teniente

Alférez de Fragata

Alférez

El Art. 1 del Título I, Tratado 1º estableció la sucesión de mandos por correspondencia de grados.

El Capitán General de la Armada (o Director General) tenía bajo su autoridad todas las fuerzas navales, extendiéndose a cualquier paraje, en que se hallaran escuadras, bajeles, cuerpos o individuos de la marina (Art. 1 título II tratado 2º)

En los casos no previstos por las Ordenanzas resolvía por sí, pero sus decisiones quedaban pendientes hasta la aprobación del Rey, al que debía consultar. (Art. 5 título II tratado 2º).

Es de evidencia la autonomía con que operaba la marina española en las postrimerías del XVIII. Si la elasticidad era menor para el Capitán General de la Armada comparada con la de los jefes de escuadra en mares lejanos, se debió a la proximidad de su "oficina" con la Corte, de la que podía recibir respuesta inmediata. El lapso de la proposición y resolución de reunir en un cargo la gobernación de Montevideo y la Comandancia del Apostadero va del 1 al 13 de setiembre de

1796).

VI.

División de Flotas.

El Art. 1 del título III tratado 2º dividía las fuerzas navales en tres departamentos peninsulares:

Cádiz, Ferrol y Cartagena. No se mencionan departamentos de Ultramar, aunque se reconocía la existencia de Comandantes de Estación en La Habana, Callao, Buenos Aires y Cartagena, (el de Buenos Aires con asiento en Montevideo).

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

Los departamentos navales de la península no tenían jurisdicción sobre ningún Apostadero de América. Esto surge de la delimitación de términos: Ferrol: toda la costa norte y occidental de España desde la desembocadura del Bidasoa, hasta la del Miño: Cádiz costa meridional hasta el Cabo Gata; Cartagena: la costa oriental, del Cabo Gata hasta Francia, con las islas del Mediterráneo (Baleares).

Hágase esta observación: con Felipe V habían desaparecido de España los virreinatos tradicionales del evo de los Habsburgos, con costas marítimas; sólo duraba como reliquia el virreinato interior de Navarra. En consecuencia, ninguna otra autoridad delegada interfería las facultades decisorias de los departamentos navales de la península. Esta es otra evidencia de la independencia de la marina española frente a poderes políticos y judiciales delegados.

VII. Institución del Apostadero.

En 1766 se creó en La Habana el primer Apostadero Ultramarino con las mismas facultades que los Departamentos de la Península.

Entre las causas internacionales que motivaron su institución deben ser citadas las necesidades defensivas del Golfo de México y del Mar de las Antillas, afectadas por la cesión a Inglaterra de la Florida y del otorgamiento a súbditos de ese país, del derecho de corte de palo campeche en Belice (Tratado de París de 1763). La Habana era el punto ideal logístico para acudir en defensa de todo el sector hispano del Atlántico Norte. No sorprende que la política norteamericana, desde temprano, buscara poseer Cuba, y que en Guantánamo hallara finalmente el punto ideal para su gran Apostadero de la Cuenca Norteamericana del Atlántico.

En 1776 España prepara una gran campaña naval y terrestre, la mayor de cuantas se conocen en América del Sur. Los mejores marinos y las naves más potentes participan de la ofensiva que llegó frente a la Isla Santa Catalina: 97 transportes escoltados por 19 naves de guerra con 632 cañones

y 8.500 hombres de tropa. El punto ideal para el apoyo naval fue Montevideo y no Buenos Aires.

Era natural que la dirección marítima española lo escogiera para eje de las acciones y reacciones en el Atlántico Sur. No es el azar el que fija en Montevideo el otro departamento naval de ultramar.

Se instituye por Real Orden dada en San Ildefonso el 9 de Agosto de 1776.

"Surgió, dice Homero Martínez Montero, respondiendo a un plan estratégico general; su organización fue el resultado de una planificación local. Se reguló por las Ordenanzas Generales y en 1793 era toda una institución orgánica".

Nació como dependencia directa del Rey a través de la dirección General de la Marina para eliminar la "marinita particular" que tenía cada virrey formada sin principios, regida sin preceptos oportunos". MARTÍNEZ MONTERO, H. El Apostadero de Montevideo, Anexo 1.

La Real Ordenanza de Intendentes de 1782 no afectó su autonomía. La base territorial, económica

y humanal, quedó en condición de Gobernación de la misma forma que las Repúblicas Indias de Misiones, Moxos y Chiquitos (organizaciones misioneras autónomas).

VIII. Montevideo, Departamento Naval de Ultramar.

El Apostadero de Montevideo venía ser el departamento Naval del Río de la Plata, la Patagonia,

Islas Malvinas, Aguas Atlánticas, Tierra del Fuego y tierras con sus islas por descubrir, y del Estrecho de Magallanes, incluyendo la ruta del Cabo de Hornos. Si se le mira del punto de vista político, estaban dados todos los elementos para ser considerado provincia marítima española.

Los sucesos del período liminar del Uruguay Atlanticense dijeron claramente que se actuó con visión de Departamento Naval. Además, por analogía dispuesta en las Ordenanzas: "Prescrito en

el Art. 98 que en La Habana ha de observarse todo lo que se practica en los Arsenales de Europa,

se entiende que las reglas de este título son propiamente para otros Apostaderos y para los

puertos de mansión occidental de las escuadras o bajeles en las ocurrencias de sus expediciones". (Art. 125 título VII tratado 6º).

En otras materias las normas disponían que no se haría "diferencia alguna de puertos de Indias a los que Europa en cuanto se ordena en el título de Comandantes de Escuadra desde el Artículo lio hasta el 127 del título V tratado 2º (art. 78 título VII tratado 6º).

A partir de 1796, fecha de reunión del poder naval y del político y militar de la ciudad en una

persona, el Apostadero fue de facto Departamento Naval con todos los derechos y obligaciones.

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Tal unidad duró hasta 1809. El capitán de Navío Salazar no aceptó el cargo de gobernador. La Institución del Apostadero entonces estaba desmembrada y anarquizada por las diferencias juntistas entre Montevideo y Buenos Aires. La intención de Salazar era reintegrarla a las funciones específicas y poner la oficialidad al margen de la lucha civil.

AZARA. "En Montevideo residía el jefe de la Marina del Río de la Plata": (9) LUCAS OBES:

"Departamento muy respetable en Montevideo". (10) Los dos poderes en uno diéronle capacidad de iniciativa que logró acreditar el título Reconquistador.

IX.

La Jefatura suprema del Río de la Plata.

El

gobernador y jefe del Apostadero dispuso la reconquista de Buenos Aires (1806). Sin dilaciones

ni papeleos. Cual mandaban las leyes de Indias en materia de soberanía. Con la velocidad de respuesta exigida por la ofensa inglesa. Sin sufrir desautorizaciones "para la galería" que en 1770 se impusieran al gobernador de Buenos Aires para aplacar a Inglaterra por la cuestión de Malvinas.

En ausencia del virrey o cese de su autoridad, el Comandante del Apostadero y Gobernador de Montevideo, asumía la jefatura Suprema del Río de la Plata hasta tanto el rey designara nuevo

virrey. (Poder Territorial). Llegada la ocasión de manifestarlo se hizo con notable identificación con

la soberanía popular radicada en el Cabildo. Ruiz Huidobro decidió la expulsión de los ingleses de

Buenos Aires. Aprestó una expedición que será gloria para Liniers. La junta de Guerra aprueba la

decisión y el Cabildo también apoya el 18 de Julio de 1806, con elocuencia de revelación innegable:

"En virtud de haberse retirado el virrey para el interior del país, de hallarse en suspenso el Tribunal de la Real Audiencia y juramentado el Cabildo de Buenos Aires, era y debía respetarse en todas circunstancias al precitado gobernador D. Pascual Huidobro como JEFE SUPREMO DE ESTE CONTINENTE". (11)

En Mayo de 1810 no se dieron en Buenos Aires las mismas condiciones con la deposición del virrey Cisneros, la neutralización de la Real Audiencia y la decisión del Cabildo juramentándose no reconocer otra autoridad legítima que la emanada de la Junta del 2 5.

X. La otra base del orgullo autonómico

La victoria sobre los ingleses reavivó el orgullo de los hombres de la región de Montevideo (cuenca del Santa Lucía) nacido de la fuerza económica creciente que les hacía disputar con Buenos Aires.

Con la convicción que en el mar el Apostadero era centro de soberanía, quisieron obtener mayor

dominio territorial mediante la transformación en Intendencia de los dos gobiernos de Montevideo

y Misiones, con un consulado independiente de Buenos Aires. Se procuraba obtener para los

hombres dedicados al aprovechamiento agrícola-ganadero la autonomía de acción que sólo se observaba en las fuerzas navales. Pero, se pretendía en el momento que la ciudad con visión mediterránea inmediata busca, ¡craso error!, separar la región de las facultades y dimensiones del Apostadero. Como si el aeróstato pudiera desprenderse de la barquilla de comando.

"En premio de haber sido la reconquistadora de Buenos Aires" los diputados-hacendados proponían una unidad administrativa territorial con estos límites: "la parte oriental del Río de la Plata desde Montevideo a Santa Teresa por el Este; por el Oeste hasta el Paraná, Uruguay, barra del Ibicuy grande; y desde la laguna Merím por los ríos Yaguarón y Santa María hasta su confluencia con el mismo Ibicuy, con sus costas y puertos, cuya circunferencia no sirve a Buenos

Aires" "

Paraguay y la independencia del de Buenos Aires será un medio seguro de aumentar su población

riqueza y defensa". (12)

Las pretensiones se reavivan en 1813. El Cabildo Montevideano instruyó al diputado a Cortes Rafael Zufriategui, reclamar título de Provincia o Capitanía General, con los territorios tradicionales más la Banda Oriental, el Entre Ríos y "los pueblos de Misiones que no están sujetos al gobierno del Paraguay". (13) El hecho de tener diputados en Cortes ya habla de otra arista de autonomía. Representaban a Montevideo y no a un virreinato, como se dio en el caso del resto de Hispanoamérica.

extensión de su gobierno hasta los límites del territorio portugués e Intendencia del

la

NOTAS DEL CAPITULO II

30

Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

(1)

Op. Cit. p. 28.

(2)

El Río Uruguay, op. cit., p. 392. Recuerda, apoyándose en Un po piu di luce de Lorenzo Barbagelata, que desde la

Edad Media hasta la Revolución de 1789 los ríos y mares eran propiedad exclusiva de los reyes y no de los Estados.

(3)

VALLAUX, Camile. — Geografía General de los Mares, p. 34.

(4)

Las Ordenanzas de 1793 establecieron que las escuadras tenían libertad de acción en "dominios remotos" (Art.

54, tit. VII tratado 6º). (5) Las Ordenanzas imponían: a) la gratificación para mesas de oficiales: 6 meses para los Mares del Sur y Oriente, 4

para el Río de la Plata y 3 para la América Septentrional (Art. 48); b) la alternativa también se hacía para evitar el arraigo y el efecto de influencias locales. Este cuidado de apartar la autoridad suprema de los intereses locales se evidenció desde los primeros años de la formación de América española. Vid en Recopilación de Leyes de Indias las prohibiciones impuestas a virreyes, oidores, alcaldes, gobernadores, etc. (6) La marina mantuvo esta tradición, aún en el período más opaco del siglo XIX. El Encargado de Negocios en el Uruguay Carlos Creus recomendaba a su gobierno la independencia de criterio y la acción del comandante de la estación naval española en el Río de la Plata, frente a las presiones del gobierno de Montevideo por impedir el desembarco de Rivera (Oficio del 4 de abril de 1846). RH, T. XXXVIII p. 310.

(7)

Enciclopedia General del Mar T. V pp. 9192.

(8)

Ordenanzas Generales de la Armada Real, dos tomos. Madrid 179 3. Impreso en la Imprenta de la Viuda de

Joachim Ybarra. Recopilación de las varias adiciones de las Ordenanzas con el añadido de "otros preceptos que no

comprendía y son ahora necesarios para su acertado gobierno y dirección". (9) Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata.

(10)

Apuntes. BHEME Nos. 9697 p. 31.

(11)

La identificación se manifestó nuevamente con la formación de la Junta de Setiembre de 1808 y acuerdo del 21

de agosto de 1810, al rechazar las proposiciones de la Princesa Carlota. (12) Nota 17 de la Introducción de Rogelio Brito Stéfano a Noticias sobre los campos de la Banda Oriental. RH, T. XXIII pp. 307313. (13) RH. T. XXIV p. 164. CF. La Diplomacia de la Patria Vieja, p. 68 (Montevideo 1943). También viejos sueños anteriores al Apostadero. El 1 de noviembre de 1738, con la noticia que los portugueses perforaban el límite NE de la región tape ocupando Vacaría, el Cabildo de Montevideo pretendió extender su jurisdicción sobre la Banda Oriental que entonces se prolongaba hasta más allá de la Laguna de los Patos. (La Vanda del Norte del Río de la Plata) RH. T. XVIII p. 307.

31

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CAPITULO III

LA AUTONOMÍA DEL APOSTADERO DEL PARALELO 32 AL POLO ANTARTICO

Se dejó sentado que cuanto más remoto el punto donde se hallara la flota, el jefe, asistido de una junta de guerra tenía potestades para resolver según aconsejaran las circunstancias, pero ad referéndum (bajo condición de informar). La comandancia se basaba, además de las Ordenanzas Navales, en las Recopilaciones y en códigos y principios de Derecho Internacional Marítimo aprendidos en las Academias Navales. Es preciso tener presente que, a partir de 1717, España se esmeró en formar oficiales competentes para no encomendar los mandados a improvisados o jefes que tenían experiencia militar únicamente en tierra. Sólo marinos de escuela podían comandar las flotas y apostaderos. Bustamante y Guerra, gobernador de Montevideo y jefe del Apostadero de 1797 a 1804, fue segundo comandante de la Atrevida en la famosísima expedición científica de Malaspina que tocó Montevideo en viaje de ida (1789) y de vuelta (1793). De ese gobernador y de Ruiz Huidobro, ha dicho Bauza: como "hombres de mar tenían una noción más exacta de las necesidades" y "costumbres del mando en gran escala".

Autoridades únicas del mar.

En el mar nadie era más que el jefe de escuadra y comandante de barco. Ante él, cedían otras preeminencias. Las tropas embarcadas quedaban bajo su autoridad si se navegaba en convoy. Aunque la nave transportara un virrey el mando correspondía al comandante (Art. 77 título VII, tratado 6º). Un episodio notable en el Río de la Plata revela esta supeditación. En 1777 Casa-Tilly negó el saludo a Ceballos por ser privativo del jefe de la escuadra hacerlo, rechazando también la satisfacción pedida, porque consideraba las naves separadas de las provincias gobernadas por el virrey. "Si alguna vez se hizo el saludo fue contrariando las ordenanzas". (RAVIGNANI, El Virreinato del Río de la Plata, pág. 69).

En los apostaderos la autoridad militar, o política debía prestar toda ayuda que pidiera el comandante general o jefe de escuadra: menos impedir que fuera del recinto de las plazas obraran "según su inteligencia", aún cuando se tratara de establecer baterías en tierra con artillería (Art. 114 título V tratado 2º). En el caso montevideano esta situación correspondió al período 1776-1796, obviada a partir de la reunión de mandos.

Otras disposiciones —entre muchas— otorgaban amplia autoridad para decisiones inmediatas,

aun cuando no mediara la gran lejanía que nos hemos referido. No había, por tanto, reacciones ciegas (tactismo agonístico), inconsultas, como respuesta de incitaciones (amagos o agresiones)". Si se avistasen enemigos, o con noticia de haberlos en las cercanías del puerto, podrá (la comandancia de departamento) hacer salir las divisiones o bajeles sueltos, armados, que hubiere "

(Art.

en el o en la parte necesaria

38 título III tratado 2º). En peligro de ataque contra el puerto, tomaría las medidas defensivas

"pidiendo al gobernador el auxilio que necesitare, quien le deberá dar todo lo que pidiere y no embarazar sus providencias" (Art. 39 título III tratado 2º). Debemos recordar aquí, que la autonomía es una de las condiciones del Derecho Marítimo.

En plazas o puertos secundarios

También los mandos inferiores tenían facultades de decisión. Cualquier puerto o simple puerto (continental o insular) se regía por autoridades navales dependientes de apostaderos. En el caso de Montevideo, los de Malvinas y Patagonia respondían directamente del Jefe del Apostadero. Las obligaciones relativas a defensa del punto, como también la extensión territorial de su .jurisdicción y, potestad de designar sustitutos interinos en casos de muerte, son detalladas en el tratado 5º título VII de las Ordenanzas Navales.

También el puerto de Maldonado y otros que pudieran establecerse del paralelo 35 al Norte. Es claro lo que establece el Art. 31 del Reglamento del Resguardo del Río de la Plata, citado por Ravignani: "El comandante de todo el Resguardo del Río de la Plata residirá permanentemente en Montevideo y desde allí cuidará y vigilará no sólo el mar sino también el casco de la ciudad, los puertos de la costa norte del Río de la Plata y frontera con los portugueses" (op. cit. pág. 111).

y habiendo escuadra lo acordará con el comandante de ella

32

Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

Autonomía religiosa de Apostaderos y Dependencias

En el alta mar cada flota tenía su parroquia independiente de obispados terrestres. Esta autonomía no perdía intensidad de manifestación hallándose los barcos en puerto cuyo territorio interior estuviese bajo obispalía. La máxima autoridad religiosa naval era el Vicario General Castrense, con dignidad arzobispal, y sede en la península. La Patrona de la Marina era la Virgen del Carmelo, consagrada en 1768.

Establecía el Art. 112, título IV, tratado 5º que cada escuadra o bajel constituía una parroquia a cargo del capellán; sujeto a jurisdicción gubernativa del comandante (Art. 16).

La cuestión podía tener apariencia intrincada en el caso de Montevideo. En el orden religioso, la región de Montevideo dependía de la obispalía bonaerense, no así el Apostadero y sus dependencias. El tema aparenta no tener importancia, pero si se analiza minuciosamente surge la evidencia que el gobierno español liberó a la marina de las trabas que en tierra oponía el poder

judicial (Audiencia) y el religioso, a los movimientos de ejércitos (privanza del principio vitoriano de

la Guerra Justa que no había logrado eliminar el regalismo borbónico) Zabala no fue autorizado en

173 0 declararla contra los charrúas-minuanos porque el Consejo de Indias reconoció que la causa de la sublevación india fue provocada por un portugués vecino de Montevideo. La marina no luchaba contra indios. Por consiguiente, los famosos descargos de conciencia (complejo inhibitorio manteista-complutense) no participaban de los hechos de mar frente a potencias europeas.

Si había barco de estación en las Malvinas el capellán era el párroco insular. Así sucedió de 1776

a 1810 (BRUNET, José. La Iglesia en las islas Malvinas durante el período hispano. MISSIONALIA

HISPÁNICA Nº 77). Párrocos de las transitorias poblaciones patagónicas fueron los capellanes de barcos que transportaron inmigrantes y no curas dependientes del obispo de Buenos Aires. Que estos capellanes actuaban con facultades que entendían no ser trabadas por la autoridad religiosa virreinal, se pone de evidencia por actos de comercio de cosas espirituales. Los de la Real Armada del Río de la Plata fueron acusados de simonía en 1795. El expedientillo se encuentra en

el Museo de Historia Nacional

La "provincia marítima o Departamento Naval ultramarino constituida por el Apostadero, Malvinas

y Patagonia y aguas atlánticas no dependió del obispado de Buenos Aires. Un argumento menos

para la teoría americana de derechos sucesorios sobre áreas marítimas del evo hispano, invocando diócesis como base de la reorganización administrativa. No hace al caso que el obispo Lúe se titulara en 1804 Teniente Vicario General Castrense de los Ejércitos y Armadas (ARREDONDO. El fuerte de San Miguel (pág. 264).

Competencia judicial independiente de Buenos Aires

La Armada gozó de fueros de guerra que la ponían al margen de interferencias. Las inmunidades llegaron alcanzar a familiares y criados de los oficiales. El Comandante de Apostadero, como justicia Mayor del mar, conocía en primera instancia en todas las demandas civiles y criminales (MARTIRE, Eduardo. La organización judicial indiana pág. 63) y podía determinar qué fueros habrían de juzgar finalmente a los reos.

Los fueros civiles o contenciosos figuran en los Arts. 78 a 92 del título VII, Tratado 6º. En 1776 el jefe del Apostadero Capitán de navío Juan A. Camino sentenció a dos marineros a trabajos forzados en la Ciudadela. En 18 05 la jefatura los arrestaba en el fuerte San José.

La facultad judicial se imponía también, sobre los navíos mercantes surtos en puertos (causas civiles y criminales, Art. 83).

Independencia administrativa

En materia de gastos de mantenimiento el Apostadero y sus dependencias no estuvo trabado por

el tentaculado consulado de Buenos Aires, contumaz resistidor de la autonomía "hacendística" de

la región montevideana (no en vano los unitarios fueron los hombres del Consulado de Buenos Aires).

De acuerdo con las Ordenanzas de 1793 y, en particular, el "Reglamento para el manejo de fondos y contabilidad de los Apostaderos de Cartagena de Indias, Montevideo y San Blas de California", dictado en Aranjuez el 20 de marzo de 1793 (MARTÍNEZ MONTERO, op. cit. Anexo 5) los gastos eran manejados por la Marina, con la única condición de rendir cuentas anualmente a los Tribunales de Cuentas virreinales, previo análisis y aprobación por la Junta de Marina. Cada Apostadero tenía su tesorería formada con fondos para urgencias y necesidades de las

(Montevideo).

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escuadras. Los virreyes "sin excusa ni pretexto alguno" podían negarse entregar solicitados por el Apostadero.

Algo más. En materia hacendística las facultades de los virreyes estaban aminoradas porque los Intendentes dependían de la Junta de Guerra y Hacienda subordinada a la Secretaria de Indias, con Sede en la Metrópoli (GARBINO GUERRA, Eduardo. Introducción al Estudio del Derecho, Tomo II pág. 227). Recordar que Montevideo - Gobernación no dependía de Intendente alguno.

El presupuesto del Apostadero de Montevideo ascendió en 1795 a 674.377 reales de plata; en

1798 subió a 3.349.253; en 1800 a 2.081.064. La misma libertad en la materia tenía el gobierno

naval de las Malvinas.

En tanto Liniers, como virrey de Buenos Aires, no ha quedado libre de culpa por retención de fondos de ayuda a España para sostener la guerra contra Napoleón, los directores marinos de Montevideo brillaron por su diligencia en el apoyo, por la honestidad del manejo de dineros

públicos y por el desinterés material. Bustamante y Guerra envió desde Montevideo a España en

1797 las fragatas Medea, Fama, Mercedes y Clara con un millón y medio de pesos y un rico

cargamento, que constituían el auxilio de los montevideanos y orientales a la guerra que en ese

momento España, juntamente con Francia, libraba contra Inglaterra (1) José M. de Salazar decía

el 11 de 1810 que los oficiales del Apostadero hacía 14 meses no recibían sueldos y que otros los

habían cedido al tesoro público por el tiempo que durara la guerra. (2) "Algunos de los ejércitos

españoles que peleaban contra Napoleón, debieron su alimento al tasajo uruguayo, y los armamentos navales de la Península recibieron el modesto refuerzo de nuestros buques" (3).

Los Arts. 163 a 112 título V, tratado 2º determinaron que los arsenales y pertrechos estuvieron en los Apostaderos como también los almacenes de aprovisionamientos de naves. La gran atarazana del Río de la Plata estuvo en Montevideo, de forma que, por ningún concepto, la flota española tenía que acercarse a Buenos Aires para completar preparativos.

Con símbolos propios

La marina española tuvo bandera propia, la de colores rojo y amarillo. El ejército la blanca con la cruz de Borgoña (decreto de Carlos III de 1785 (4).

A la Marina, casi invicta en los teatros de guerra americanos, le pertenece la honra de fijar los

colores de la bandera nacional española (decreto de 18 4 3 del gobierno provisional).

La enseña naval fue otra representación de autonomía de los poderes territoriales (virreyes), diferenciación que alcanzó a los barcos de corso y de comercio. Conclusión: el Uruguay Atlanticense tuvo un único pabellón, con excepción del utilizado territorialmente por las milicias nacionales y las tropas de guarnición (5).

El Art. 1, título I, tratado 4º estableció, por bandera de guerra y de las fuerzas marítimas y bastiones costeros, la de tres listas, en el medio amarilla y alta y baja encarnadas, con los escudos de Castilla y León y la corona imperial en la franja amarilla.

El mismo pabellón tuvieron los correos marítimos orlando el escudo una palma y un ramo de olivo

(azul

y blanco).

entrelazados con una cinta con los colores de la Banda Real Orden Española de Carlos II

los fondos

El

Art. 4 dispuso que en tiempo de guerra los corsarios usaron la misma bandera que la Armada.

El

Art. 5 fijó la de la marina mercante: cinco fajas. La del medio amarilla ocupando un tercio, la de

los extremos también amarillas, de un sexto cada una y encarnadas las intermedias de igual anchura, No llevaban escudo de armas. Los buques de las Reales Compañías tenían pabellón

rojigualda que penetró el islario antártico.

La bandera izada en la puerta de entrada de Montevideo, en el momento de cruzarla Alvear con sus fuerzas, fue la de la Marina de guerra. La misma que flameara en las Malvinas y que en los establecimientos de la Patagonia indicaron a Inglaterra y Francia que allí era otra la soberanía.

Independencia frente al virrey

Las oposiciones de la ciudad de Montevideo a las acciones bonaerenses de 1808 a 1810 no fueron ilegales. Déjase de lado al debatido derecho popular histórico de formar Juntas para tomar las razones establecidas en las Ordenanzas Navales de 1793. No quitamos del platillo los enconos

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Uruguay Atlanticense y los derechos a la Antártida

por rivalidades económicas. Pero la actitud del Montevideo Marítimo (no el interior fluvial, santalucense) surge de un ejercicio de autonomía practicado por los jefes de Apostadero.

Analicemos la escasa o nula influencia de los virreyes de Buenos Aires sobre la Marina de guerra y su área de dominio sobre el Atlántico sur.

1º) Aunque las escuadras debían ponerse a las órdenes de los virreyes (acción protocolar) para guardar las costas o realizar otras operaciones, aquéllos no podían inmiscuirse en el engranaje naval, que sería siempre privativo de los comandantes (art .93, tít. V tratado 2º) (6).

2º) Los comandantes obedecerían a los virreyes "en todo lo que mire a los destinos en que se hayan de emplear sin que los sea facultativo despachar embarcación con fin alguno fuera del puerto en que hagan su residencia ordinaria, sin su orden o consentimiento ni variar sin preciso y urgente motivo las instrucciones que hubiesen recibido de ellos para las expediciones a que se destinaren" (Art. 94). Pero "a fin de que las órdenes y disposiciones de los virreyes para expediciones o destinos de escuadras o bajeles que se hubieren puesto a su orden, no contravengan a las instrucciones particulares expedidas a sus comandantes, se les remitirán copias de éstas: y por acaso no prevenido pareciere conveniente a mi servicio alterarlas, podrán los virreyes determinarlo con parecer del Comandante de Marina, quedando responsable por las razones con que se tomase semejante deliberación" (Art. 95)

3º) Las responsabilidades por impericia política (el "engranaje naval" era de competencia exclusiva de los mandos marinos) tenían su agravante si las decisiones, aun con el parecer del comandante, contrariaban opiniones de la Junta de Oficiales. El Art. 99 había establecido que en cada Apostadero hubiera una Junta compuesta, a más del comandante, de los tres oficiales de guerra más antiguos y del oficial real encargado de las cuentas de la marina, "como está establecido en Cartagena, Buenos Aires y Lima, debiendo residir los de estos dos últimos dominios en los puertos de Montevideo y El Callao". Aunque hubiera un solo bajel en el Apostadero, la formación de junta era obligatorio. La integrarían el Capitán con los dos oficiales más antiguos y el Contador (Art. 100).

Es de toda lógica que ningún virrey hubiera procedido contrariando la opinión avezados en guerra y cosas políticas.

La defensa del Rio de la Plata fue estudiada por las Juntas de Guerra reunidas en Montevideo el 6 de setiembre de 1794, 7 de diciembre de 179 6 y 17 de julio de 17 97 (MONFERINI, La Historia Militar durante los siglos XVII y XVIII, pág. 260).

La eliminación más absoluta de cualquier vestigio de subordinación de Buenos Aires desapareció

con la destitución de Cisneros.

virreinal a Montevideo en 1811 (consubstanciación de poderes).

Fue la dirección marina la que condujo la guerra de Montevideo contra Buenos Aires hasta la Capitulación de Vigodet. La marina española en Montevideo la que dirigió la acción diplomática de 1810 a 1814, en el Atlántico Sur.

El por qué de la libertad de acción política

La óptica porteña ha condenado como acto de censura inconsulta la retención por Montevideo, de noticias provenientes de Europa, en el momento más comprometido de la soberanía española. Otro error. La autoridad naval de Montevideo estaba facultada para proceder así. Lo preceptuaba el Art. 81, título III, tratado 2º: debían ser leídas ante la oficialidad las "gacetas extranjeras que se remiten de mi cuenta a los departamentos (navales) haciéndolas circular por las Brigadas para la instrucción que facilitan muchas de sus noticias". Como se dijera, la oficialidad española estaba al día en política hispana internacional y podía desenvolverse sin contrariar posiciones y causar conflictos innecesarios. Las contingencias de tales resoluciones estaban ligadas a la mala fe con que se manejaran las naciones ofendidas por actos de auto-defensa de la soberanía española (V. gr. La Guerra de la Oreja de Jenkins y la reocupación de las Malvinas de los ingleses en 1770).

El Art. 87 facultaba a todo oficial hacer sus reflexiones sobre materias no comprendidas en la logística naval, pero ante su jefe. El Art. 83 alentaba las reflexiones útiles al servicio. Era clarísima la facultad de análisis y autocrítica que eliminaba la automatización de los mandos.

El Art. 121 tit. V tratado, 2º decía: "En tiempo de guerra podían incomunicar embarcaciones portadoras de noticias que pudieran perturbar el orden, acordando lo conveniente con la autoridad militar de la plaza".

Esa independencia marítima se afianzó con el traslado de la sede

marinos

de

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Leslie Crawford

El siguiente no exceptuaba los correos marítimos reales con nuevas de importancia (caso del bergantín Filipino). El capitán del barco correo pasaba a bordo de la nave insignia para considerar la incomunicación.

Por otra parte no incurría en algo nuevo. La Real Orden del 7 de diciembre de 1770, aún antes de la institución del Apostadero, dispuso que el arribo y expedición de la correspondencia se hiciera por los únicos puertos entonces habilitados para la entrada y salida de los correos; Montevideo, en el Río de la Plata. La Coruña, en España. Montevideo conservaba su situación de privilegio postal y no la habría de variar la creación del Virreinato.

La retención de informaciones, su análisis en junta de oficiales y su "procesamiento" respondió a rutina naval y no a una posición arbitraria. También respondió al derecho y obligación de interpretaciones y decisiones políticas, pecado que habría de inficionar más tarde las fuerzas armadas españolas a partir del movimiento de Riego (1820), pero que ya había dominado totalmente en las milicias nacionales americanas, en camino de convertirse en ejércitos profesionales (Militarismo del XIX de trasfondo popular).

Otros efectos de esa autonomía sobre reacciones populares.

Álvaro Teixeira Soares afirma que Montevideo fue "una especie de ciudad libre hanseática. Independiente de tutelas, pudiendo dedicarse enteramente al florecimiento de su comercio". (La significación internacional del Río de la Plata en los siglos XVIII y XIX).

Para Martínez Montero los episodios de 1808 - 1810 tal vez tengan el germen de la nacionalidad Uruguaya (8). En nuestra manera de ver el nacionalismo surgido en torno de la explotación- exportación ganadera, halló en la autonomía de acción del Apostadero los elementos combinables para las representaciones económico-políticas que marcaron la disyunción de Buenos Aires y determinaron el lanzamiento de Montevideo y los Pueblos de la Banda Oriental hacia las realizaciones autonómicas. El ejercicio de decisión sin trabaduras, el "entrenamiento" en la réplica inmediata a las incitaciones que la distinguió de la reacción tórpida de Buenos Aires ante las maniobras previas de los invasores ingleses, el peso naval y militar en los actos de soberanía marítima y terrestre, dieron a Montevideo y su zona mediterránea de influencia, el ethos y el pathos de la autonomía que habría de llegar a las manifestaciones más empinadas con el Artiguismo que, aunque terrestre en su reflejo popular, no ignoró que la Provincia de la Cuenca del Plata tenía por diestra el tenante marítimo (flotillas fluviales provinciales, concesión de patentes de corso, apertura de los puertos del Río de la Plata y del Uruguay) y por tenante izquierdo al comercio internacional regido por leyes locales (hispanas).

NOTAS DEL CAPITULO III.

(1) Estas naves en convoy fueron sorprendidas por los ingleses en Cabo San Vicente (SO de Portugal), el 14 de febrero de 1797. Otros auxilios prestados por Montevideo y la Banda Oriental en 1809 CP. BAUZA, Francisco. Historia de la dominación española en el Uruguay, T. III Doc. de prueba 15. (2) Vindicación de Salazar ante el libelo de Cavia publicado en la Gazeta de Buenos Aires el 5 de julio de 1810. BAUZA, Op. Clt. T. III Doc. de prueba 1. El panfleto fue quemado por el verdugo según disposición del Cabildo de Montevideo. (3) IBID, T. II, p. 614. "Alimento saludable y sustancioso a los defensores de la patria", declaró reconocida la Junta Central de España e Indias, el 29 de julio de 1809. (4) En tiempos de Carlos I la bandera de la infantería era blanca con el águila negra austríaca en el centro, y en el reinado de Felipe II amarilla con la cruz de Borgoña encarnada al centro. En 16 68 roja con el aspa de San Andrés blanca (5) Sin embargo, en la expedición reconquistadora de Buenos Aires la marinería de desembarco de Montevideo, al mando del C/F Gutiérrez de la Concha, se habría distinguido de