Vous êtes sur la page 1sur 184

En la enseñanza de la Dra. Diana Rabinovich se han originado tanto el entusiasmo por la realización de este trabajo como varias de las ideas que aquí sostengo.

INDICE

INTRODUCCION

11

TOPOLOGIA

17

MODELOS Modelo Óptico

31

ESQUEMAS Esquema “L”

53

Esquema “Z”

80

Esquema “R”

91

GRAFOS Grafo del deseo

127

CONCLUSIONES

171

BIBLIOGRAFÍA

173

INTRODUCCION

El título de este libro indica claramente que en él se trata de la cuestión de los modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Jacques Lacan. Intentaré establecer la relación que esta serie de producciones guarda con los principales conceptos psicoanalíticos que Lacan elaboró y muchas veces creó.

Tanto los modelos, como los esquemas y los grafos, son formas de presentar estos conceptos y sus relaciones de manera “sincrónica”; en ellos todos los conceptos puestos en juego están dados simultáneamente. Por el contrario, cualquier presentación discursiva implica necesariamente la “diacronía”, ya que todo discurso responde a una estructura fundamental consistente en ser una cadena de términos, lo que produce como efecto ineludible que los conceptos y sus articulaciones sean expuestos primero uno, luego el otro, y así sucesivamente. La presentación discursiva, aunque no lo parezca, contribuye poco a que el lector articule, porque éste tiene que conservar en su memoria todo lo que fue dicho o leído con anterioridad. Los modelos, esquemas y grafos intentan favorecer la articulación de los conceptos por parte del lector. Pero tan sólo cumplen esta función cuando se los puede manejar con cierta comodidad.

Trataré de dar cuenta de la estructura de cada uno de ellos, ya que no es la misma, ni siquiera en su sentido más general. Por ejemplo, a pesar de ser ambos “esquemas”, el esquema “L” tiene la estructura de lo que en matemáticas se llama un grupo, mientras que el esquema “R” tiene una estructura topológica.

En el estudio de estas producciones lacanianas la pregunta por la relación que guardan entre sí va a ser uno de los temas fundamentales. El que los modelos hayan aparecido primero (Seminario 1), los esquemas después (Seminario 2) y sólo al final de esta serie lo hayan hecho los grafos (Seminario 5), no da información sobre su relación recíproca, o sea, no

alcanza para concebir cómo se relacionan.

La enseñanza de Lacan tiene, entre otras, la siguiente particularidad: la forma en que se imbrican la sincronía y la diacronía de sus concepciones, o sea, la relación que guardan entre sí los conceptos fundamentales en cada etapa de su desarrollo y en su progreso. El estudio de los modelos, esquemas y grafos es una buena vía para seguir y estudiar la articulación entre lo que se caracteriza por estar marcado por una lógica sincrónica y aquello que lo hace por una lógica diacrónica.

Pero, ¿cuáles son las nociones que Lacan intenta articular a través de los modelos, los esquemas y los grafos?

Desde su primer Seminario y hasta el último, Lacan elabora las consecuencias de haber introducido en el psicoanálisis la estructura de sus tres registros: lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Es en el último Seminario, el de Caracas, donde afirma “mis tres no son los suyos” (de Freud). (1) En este trabajo propongo que el “retorno a Freud” que Lacan propugnó desde el comienzo de su producción, consistente en una rectificación de cómo se concebían los conceptos psicoanalíticos en ese momento, tiene otra cara u otra faz. Ella es el debate, permanentemente sostenido con Freud, respecto de la validez de la utilización de los tríos freudianos: “Inconsciente, Preconsciente y Conciencia” o “Yo, Superyó y Ello”, versus el trío de Lacan.

¿Cuál es el tipo de relación que mantienen estos tres registros de Lacan entre Sí? ¿Cómo representar esta relación? ¿Cuál es la relación de los registros freudianos entre sí? La respuesta puede también servir para responder a la cuestión primeramente planteada: ¿cuál es la relación entre los tríos freudianos y el lacaniano?

Los tres registros deben ser presentados juntos, mas ¿cómo? En otra cita del mismo “Seminario de Caracas” se ve cómo elabora el propio Lacan esta cuestión: “Aquí está: mis tres no son los suyos. Mis tres son lo simbólico, lo real y lo imaginario. Me vi llevado a situarlos como una topología, la del

nudo, llamado borromeo.

“El nudo borromeo pone en evidencia la función del al-menos-tres. Anuda los otros dos desanudados. Eso le di yo a los míos. Se los di para que supieran orientarse en la práctica. Pero, ¿se orientan mejor que con la tópica legada por Freud a los suyos?

“Hay que decirlo: lo que Freud dibujó con su tópica, llamada segunda, adolece de cierta torpeza. Me imagino que era para darse a entender dentro de los límites de su época.” (2)

En otra cita afirma: “Esta topología que se inscribe en la geometría proyectiva y las superficies del analysis situs, no ha de tomarse como ocurre con los modelos ópticos de Freud, con rango de metáfora, sino como representando realmente la propia estructura”. (3)

La forma de concebir la relación entre los tres registros lacanianos es entonces topológica, mientras que la relación entre los freudianos es tópica. Veremos en el transcurso de los capítulos en qué consiste esta diferencia.

Lo que reclama Lacan, respecto de la articulación psicoanalítica de los tres registros, es que deben implicar al sujeto del inconsciente y, siguiendo su enseñanza, hay que tener en cuenta que lo que se quiere representar (la noción de sujeto del inconsciente tal como se presenta en la experiencia analítica) debe estar presente en lo que se elige para representarlo; sino caeríamos en lo que aquí le critica a Freud: no superar el rango de metáfora; se hace necesario aquí el uso de la topología. Esta condición la encontramos ya en “Intervención sobre la transferencia” de 1951, en la que en un párrafo memorable Lacan dice: “Es decir que el concepto de la exposición es idéntico al progreso del sujeto, o sea a la realidad de la curación”. (4)

Esta exigencia de que la estructura del sujeto debe ser la misma que la estructura de aquello que se elige para representarlo la reencontramos en

la estructura de los escritos de Lacan, de los que tanto se habló respecto del estilo que les imprimió su autor, olvidando que lo que encontramos en

ellos es la estructura misma del sujeto del inconsciente. En el Seminario 5, “Las formaciones del inconsciente”, inédito, encontramos a este respecto:

en las dificultades de mi estilo, quizá pueden entreveno, hay algo que

responde al objeto mismo del que se trata no simplemente hablar de la

palabra, sino hablar en el filo de la palabra.”.(5)

“[

]

La lectura de los escritos de Lacan es, entonces, “formación del analista” ya que se enfrenta en ellos la misma estructura con la que se debe operar en la práctica analítica.

Por lo antedicho, el primer capítulo de este libro tratará, en forma muy general, la cuestión de la topología, su relación con las nociones matemáticas y su estructura fundamental. Sólo será una forma de aseguramos el contar con los elementos que Lacan toma de los desarrollos más avanzados de su época, en cuanto a la noción de estructura y a su formalización. Aunque el estudio de la topología escapa al tema de este libro, para responder a las cuestiones en el nivel en que las plantea y trabaja Lacan debemos hacer el esfuerzo de adentrarnos en el campo de la formalización moderna, lo que nos obliga a introducir conceptos fundamentales de topología.

Es muy temprana la presencia, en la obra de Lacan, del recurso a la topología; no es, como podría ser creído, el punto de abstracción culminante de este psicoanalista sin par en la historia del psicoanálisis. Así, por ejemplo, ya en “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” de 1953 se encuentra: “Decir que este sentido mortal revela en la palabra un centro exterior al lenguaje es más que una metáfora y manifiesta una estructura. Esa estructura es diferente de la espacialización de la circunferencia o de la esfera en la que algunos se complacen en esquematizar los límites de lo vivo y de su medio: responde más bien a ese grupo relacional que la lógica simbólica designa topológicamente como un anillo.

“De querer das una representación intuitiva suya parece que, más que a la superficialidad de una zona, es a la forma tridimensional de un toro a lo que habría que recurrir, en virtud de que su exterioridad periférica y su exterioridad central no constituyen sino una única región.”(6)

La topología le es necesaria a Lacan, no sólo vinculada con lo simbólico, aquí planteado alrededor de la función de la palabra, sino también en relación con lo imaginario. En “El mito individual del neurótico”, que es un escrito anterior de Lacan, encontramos, por ejemplo: “¿Qué es el yo, sino algo que el sujeto experimenta primero como algo que le es ajeno a él mismo en su propio interior?” (7) Esta concepción de la relación entre lo interior y exterior es ya topológica.

Pero, ¿para qué nos sirve la topología? Esta pregunta puede ser respondida con estas otras: ¿qué de lo que dice un paciente debe ser tomado en cuenta?, o ¿cómo hacer para no caer en aquello que se critica de ciertos enfoques analíticos, como, por ejemplo, el que su horizonte no vaya más allá de hacer descripciones de formas, tanto de carácter como de personalidad? Así también y en cuanto a la posición psicoanalítica respecto de la particularidad única de cada sujeto, ¿cómo se opera con nociones de estructura generalizables? y, si no lo hacemos, no habría nada para comunicarse entre analistas; pero ¿cómo se articula lo particular de cada caso con lo general o universal de la estructura? Todas estas preguntas se apoyan en una fundamental: ¿cómo se accede a la estructura? Las nociones de la topología y especialmente sus invariantes topológicos serán la vía

Teniendo así introducida la topología, sobreviene la pregunta respecto de las propiedades topológicas de modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Jacques Lacan. ¿Son todos topológicos? y ¿cómo evoluciona el recurso de la topología en la enseñanza de Lacan?

Las respuestas a estas dos preguntas serán los hilos conductores de este libro.

NOTAS

1. “El Seminario de Caracas”, en Escisión, excomunión, disolución,

Manantial, pág. 264.

2. “El Seminario de Caracas”, ob. cit págs. 264-265.

3. “El objeto del psicoanálisis”, en Reseñas de enseñanza, Manantial,

pág.38.

4. “Intervención sobre la transferencia”, Escritos 1, Siglo XXI, pág. 40.

5. El Seminario, libro 5, “Las formaciones del inconsciente”, clase del

13- 11-57, inédito, traducción personal.

6. “Función y campo

7. “El mito individual del neurótico”, Intervenciones y textos, Manantial,

pág. 57.

”,

Escritos 1, Siglo XXI, pág. 137.

TOPOLOGIA

“El espacio, considerado independientemente de nuestros instrumentos de medida, no tiene, pues, ni propiedades métricas ni propiedades proyectivas; sólo tiene propiedades topológicas ”

Henri Poincaré

¿Qué es la topología? Es una rama de las matemáticas, en el seno de la cual se distinguen varios tipos de topologías.

Antes de comenzar a desarrollar las propiedades de cada una de las topologías, conviene efectuar una distinción en el seno de la geometría que nos servirá como introducción al tema: es la distinción entre geometría

euclidiana y geometrías no euclidianas, de las cuales tomaremos la geometría proyectiva y la topología.

En el comentario de las propiedades de estas tres geometrías acentuaré cómo la noción de “conservación” es considerada en cada una de ellas, cómo se considera lo que se conserva y cómo se lo hace. Es un enfoque de las cuestiones geométricas hecho desde la perspectiva de “las transformaciones”. Es la forma de acceder a la estructura que les corresponde.

La geometría euclidiana o métrica, que es aquella que hemos estudiado en los colegios, dice que las propiedades de una figura son aquellas que se conservan en todo desplazamiento de la misma y que, como tales, tienen que ver con su forma y con su tamaño. Históricamente hablando, es la primera geometría, y el término que la designa tiene una etimología muy clara: medición de la Tierra. “La geometría euclídea es métrica, pues supone que todo segmento o ángulo puede medirse y ser expresado por medio de una distancia o ángulo patrón.” (1)

He aquí un ejemplo de una figura geométrica que conserva sus propieda- des “euclidianas” luego de sufrir un desplazamiento:

des “euclidianas” luego de sufrir un desplazamiento: el triángulo ABC es equivalente, en esta geometría, al

el triángulo ABC es equivalente, en esta geometría, al triángulo A’B’C, ya que, luego del desplazamiento, se conservan forma y tamaño.

La geometría proyectiva “[…] fue uno de los logros fundamentales del pensamiento geométrico”. (2) Estudia las propiedades que se conservan a través de la proyección y la sección. En esta geometría no juegan ningún rol la distancia, el ángulo (que implica medida) ni la congruencia (la relación entre figuras idénticas de forma, cuyas partes correspondientes son idénticas). Es la geometría que está en juego en los problemas de perspectiva y en el estudio de las sombras.

“Quedó demostrado que los teoremas de la geometría proyectiva eran independientes del concepto de distancia y que este concepto mismo podía expresarse mediante elementos proyectivos más simples. La longitud de los segmentos y los ángulos varía y los contornos de los objetos sufren una deformación visible. Sin embargo, se conserva la propiedad de que ciertos puntos están sobre una misma recta, la propiedad de una recta de ser tangente a una curva, etc.” (3)

“Se vio que los teoremas de la geometría métrica constituían casos particulares de teoremas más generales de la geometría proyectiva, y que la geometría euclídea abarcaba sólo una parte del campo al que se extendía la geometría proyectiva.” (4)

En la historia de la geometría, que se enlaza con la tripartición que intento definir y comentar (ya que primero apareció la métrica, luego la proyectiva y, finalmente, la topología) se destaca el aporte hecho por Descartes, “[…] quien al representar un punto por medio de un conjunto de números (coordenadas cartesianas) hizo posible la aplicación de los métodos del álgebra a la resolución de los problemas geométricos”. (5) Esto implica el paso de la intuición imaginaria a la representación simbólica. Paso éste que orienta y determina como meta el progreso de la enseñanza de Jacques Lacan.

En este punto quizá convenga intercalar un comentario respecto del “álgebra lacaniana”. La sustitución, tanto en modelos como en esquemas y grafos, de las nociones psicoanalíticas por letras “[…] que no por casualidad rompe el elemento fonemático que constituye la unidad

significante hasta su átomo literal. Pues está hecha para permitir veinte y

cien lecturas, multiplicidad admisible hasta el límite en que lo hablado permanece tomado en su álgebra”. (6) Todo hablante, o sea, también el científico, no podrá evitar la relación significante/significado que sus nociones implican por estar hechas con palabras: el álgebra, al operar sólo con letras, evita toda relación con el significado y por eso permite veinte y cien lecturas. Este es el motivo por el cual no se deben traducir las letras del álgebra lacaniana, al no tener un significado, entonces no tienen un equivalente en cada lengua: debe conservar-se la letra elegida por Lacan.

Se debe precisar, sin embargo, que la geometría proyectiva no llega a ser puramente cualitativa. Poincaré lo dice así: “Que una línea sea recta, no es un hecho puramente cualitativo; no se lo podría asegurar sin hacer mediciones o sin deslizar sobre esa línea un instrumento llamado regla, que es una especie de instrumento de medida”. (7) Dado que la proyección requiere de la recta para poder realizarse, entonces la geometría proyectiva

está a medio camino entre la geometría euclidiana (métrica) y la topología (puramente cualitativa).

He aquí un ejemplo de dos figuras que desde la perspectiva de la geometría proyectiva tienen las mismas propiedades aunque sus formas y tamaños son absolutamente distintos:

aunque sus formas y tamaños son absolutamente distintos: Finalmente, la topología, cuya denominación primera fue

Finalmente, la topología, cuya denominación primera fue analysis situs y su etimología es ‘tratado sobre el lugar’, estudia los invariantes topológicos, absolutamente cualitativos y no métricos. Las propiedades que se conservan o los invariantes topológicos son aquellas propiedades fundamentales de las figuras estudiadas en cada una de las otras ramas de la geometría. Las figuras o superficies son tomadas como espacios topológicos. La noción de espacio topológico será definida más adelante.

Existen varios tipos de topologías, y la reciente definición es válida sólo para aquella topología que es una rama de la geometría: la topología general o topología combinatoria (o de los complejos).

Utilizando la metáfora que M. Fréchel y Ky Fan presentan en su libro

Introducción a la topología combinatoria, la geometría euclidiana sería

equivalente a un hombre vestido con traje de colores, la geometría proyectiva lo sería al cuerpo desnudo y la topología al esqueleto humano. Como se desprende fácilmente de esta metáfora, partiendo de la geometría elemental, pasando por la proyectiva hacia la topología, se obtienen cada

vez dimensiones con propiedades menos numerosas pero más esenciales.

La relación entre estas tres disciplinas, la geometría elemental, la proyectiva y la topología, puede ser articulada a la teoría psicoanalítica, en la que es muy enriquecedor sostener la oposición entre geometría del yo, versus topología del sujeto. Esta oposición la analizaremos en los próximos capítulos. En este mismo sentido, intentaremos relacionar la serie que va de los esquemas freudianos, hasta los modelos, los esquemas, los grafos lacanianos.

Ejemplo de figuras con las mismas propiedades o invariantes desde la perspectiva de la topología para la deformación de una figura plana:

de la topología para la deformación de una figura plana: y para la deformación de una

y para la deformación de una esfera:

de una figura plana: y para la deformación de una esfera: En términos más generales, y

En términos más generales, y más allá de la distinción entre topologías, podemos decir que la topología es una rama de las matemáticas que se ocupa de determinadas propiedades, como la vecindad, el límite y la

continuidad, de colecciones relacionadas a elementos físicos o abstractos.

Estos términos del lenguaje geométrico, como la vecindad, el límite y la continuidad, son de uso frecuente en otras ramas de las matemáticas “[…] y es algo más que un modo de expresión; la representación geométrica hace ‘intuitivos’ muchos hechos del análisis por analogía con el espacio ordinario, y permite usar los métodos geométricos de demostración, generalizados al espacio de n-dimensiones”. (8)

Para entender mejor en qué consiste este procedimiento debemos detenemos primero en la noción de espacio. En esto vamos a seguir a Aleksandrov. Este autor distingue, en el campo de la ciencia, dos nociones de espacio. El espacio real ordinario, al que define como la forma universal de existencia de la materia, y el espacio abstracto, una colección arbitraria

de “objetos homogéneos” que no necesariamente son objetos en el sentido común del término, sino que pueden ser fenómenos, estados, funciones, figuras, valores de variables, entre los cuales existen relaciones similares a las relaciones espaciales usuales (continuidad, distancia, etc.). “[…] al

considerar

abstracción de todas las propiedades de los objetos, a excepción de las determinadas por las relaciones en cuestión. Estas relaciones determinan lo que podemos llamar estructura o ‘geometría’ del espacio. Los propios objetos juegan el papel de ‘puntos’ del espacio; las ‘figuras’ son conjuntos de ‘puntos’ ” (9)

hacemos

una

colección

de

objetos

como

un

espacio,

Si las relaciones que estudiamos son las topológicas y dejamos de lado todas las otras, entonces el conjunto abstracto de objetos se llamará espacio topológico abstracto, que será el objeto más específico de la topología.

Aclaremos un poco más esto último. “Un espacio topológico […] es una colección de puntos (un conjunto arbitrario de objetos homogéneos) en el que se ha establecido una relación de proximidad, es una generalización de la relación de proximidad de figuras en el espacio ordinario.

“Como ha demostrado el posterior desarrollo de la topología, es precisamente sobre la propiedad de proximidad o adherencia sobre la que se basan las demás propiedades topológicas.

“El concepto de adherencia expresa la noción de que un punto está infinitamente próximo a un conjunto. Por tanto, toda colección de objetos en la que existe un concepto natural de continuidad, o de lo infinitamente

próximo, es un espacio topológico." (10)

una

fundamentales:

He

aquí

formalización

‘simple’

de

las

nociones

topológicas

“Una definición rigurosa de espacio topológico general se puede dar de la siguiente forma:

“Se dice que un conjunto arbitrario R de ‘puntos’ es un espacio topológico general si para todo conjunto M contenido en él están definidos sus puntos adherentes, de suerte que se cumplan las condiciones siguientes, es decir, los axiomas del espacio.

“1. Todo punto de M se cuenta entre sus puntos adherentes. (Es perfectamente natural suponer que cada punto de un conjunto es adherente a éste.)” (10) Otra definición, del mismo autor, pero más precisa es la siguiente:

“Decimos que A es un punto adherente a un conjunto M, si M contiene puntos cuya distancia a A es menor que cualquier número positivo” (11)

“2. Si un conjunto M 1 contiene un conjunto M 2 , todos los puntos adherentes de M 2 lo son de M 1 . (De modo más breve, pero menos preciso:

el conjunto mayor no debe tener menos puntos adherentes.)

“[…] Con la ayuda del concepto de proximidad o adherencia es fácil definir una serie de conceptos topológicos muy importantes. Estos son, al mismo tiempo, los conceptos más fundamentales y generales de la geometría, y

sus definiciones son intuitivamente muy claras. Daremos algunos ejemplos.

“1. Conjuntos adherentes. Decimos que los conjuntos M 1 y M 2 son adherentes si uno de ellos contiene al menos un punto adherente del otro. (En este sentido, por ejemplo, la circunferencia de un círculo es adherente al interior.)

“2. Continuidad o, como se dice en matemática, conexión de una figura. Una figura, es decir, un conjunto de puntos M, se dice conexa si no se puede dividir en partes no adherentes entre sí. (Por ejemplo, un segmento es conexo, pero un segmento sin su punto medio no lo es).

“3. Frontera. La frontera de un conjunto M en un espacio R es el conjunto de los puntos adherentes tanto a M como a su complemento R—M, es decir, a la parte restante del espacio R. (Es, evidentemente, un concepto perfectamente natural de fronteras).

“4. Punto interior. Un punto de un conjunto M se llama interior si no pertenece a su frontera, es decir, si no es adherente a R—M.

“5. Aplicación o transformación continua. Una transformación de un

conjunto M se llama continua si no rompe las adherencias. (Difícilmente se podría dar una definición más natural de transformación continua).” (12) Esta transformación es la representada por los dibujos de la deformación del triángulo y de la esfera, dados más arriba.

Para completar un bagaje mínimo de nociones topológicas, debemos agregar, a las ya enunciadas, la siguiente:

“Un conjunto se llama cerrado si contiene todos sus puntos adherentes.”

(13)

La topología es tan fundamental que su influencia se hace sentir en la mayoría de las otras ramas de las matemáticas. Aun se la encontró muy útil en disciplinas no consideradas parte de las matemáticas en sentido estricto

(como por ejemplo la mecánica) y, como intentaremos demostrar, en psicoanálisis.

Hay que destacar la relación íntima existente entre aspectos de la topología

y la lógica simbólica. Si bien el pensamiento geométrico ha sido siempre

abstracto, debido al mismo carácter del concepto de figura geométrica, con

la topología se eleva a un nuevo grado de abstracción.

En el seno de la topología hay que distinguir entre:

1)

Topología diferencial o conjuntista.

2)

Topología algebraica o abstracta (o general).

3)

Topología general o combinatoria (o de los complejos).

1)

La topología diferencial o conjuntista tiene por tema toda suerte de

conjuntos de puntos, especialmente los conjuntos cerrados: está basada en

la teoría de conjuntos y lleva asociado el nombre de Georg Cantor y la obra

que éste desarrolló en el último cuarto del siglo XIX; tiene aplicación en el análisis matemático, especialmente en el cálculo diferencial (de ahí su denominación).

2) La topología algebraica o abstracta es el estudio topológico de los espacios abstractos cualesquiera e implica, como ya hemos dicho, la generalización del concepto de espacio. “La posibilidad de una tal generalización se basa en la uniformidad de las leyes algebraicas, gracias a lo cual se pueden resolver muchos problemas con un número arbitrario de variables. Ello nos permite aplicar razonamientos geométricos que son válidos en tres dimensiones al espacio n-dimensional” (14)

3)

rama de la geometría que estudia topológicamente las superficies (los complejos son generalizaciones de las mismas). Estudia las propiedades que un objeto mantiene luego de sufrir deformación, como estiramiento y compresión, pero no rotura o rasgado. Fue el único campo de la topología relativamente terminado de desarrollar a fines del siglo pasado.

La topología general o combinatoria (o de los complejos) es una

“Toda transformación de una figura que no destruye la adyacencia de las distintas partes de la figura se llama continua; si ocurre que no sólo se conservan las adyacencias sino que no se crean otras nuevas, la transformación se llama topológica, en una transformación topológica no hay ni roturas ni fusiones. Así, pues, las transformaciones topológicas son unívocas y continuas en ambas direcciones.” (15)

Entre las nociones fundamentales de la topología general encontramos:

orientabilidad, característica de Euler, homomorfismo, especularizabilidad; como así también: frontera, ciclo y homología, que iremos definiendo, según las necesidades que surjan, en los próximos capítulos.

La siguiente es la representación de una transformación de una figura, (15) ¿es ella continua?

una transformación de una figura, (15) ¿es ella continua? No, porque se creó una nueva adyacencia,

No, porque se creó una nueva adyacencia, o sea, una transformación es continua cuando no se pierde ni se crea ninguna adyacencia (no se deben producir fusiones ni roturas nuevas); en la figura sí tendríamos una rotura haciendo el camino inverso del que marcan las flechas.

El ejemplo de figuras topológicas dado más arriba pertenece a la topología general o combinatoria y entre las figuras que estudia esta rama de la geometría encontramos la banda de Möbius (sobre la que me extenderé ampliamente en los capítulos sobre los esquemas “L” y “R”), el toro, la botella de Klein y el cross-cap. Este último será estudiado en relación con el esquema “R”.

Antes de pasar a las representaciones de las figuras topológicas y dado el tema de nuestro trabajo, debemos tener en cuenta la siguiente salvedad, siempre repetida y usualmente olvidada: “[En topología] las figuras y los diagramas juegan un papel estrictamente auxiliar; en ellas no se pueden expresar las situaciones de ninguna geometría no euclidiana, ya que dichas figuras representan rectas ordinarias en el plano ordinario y este plano es completamente euclidiano dentro de los límites de exactitud de las figuras”. (16)

Representación en el plano euclidiano de la banda de Möbius:

los límites de exactitud de las figuras”. (16) Representación en el plano euclidiano de la banda

el toro:

los límites de exactitud de las figuras”. (16) Representación en el plano euclidiano de la banda

la botella de Klein:

la botella de Klein: el cross-cap: Como con la figura 5, hagamos otro ejercicio para aproximarnos

el cross-cap:

la botella de Klein: el cross-cap: Como con la figura 5, hagamos otro ejercicio para aproximarnos

Como con la figura 5, hagamos otro ejercicio para aproximarnos a las diferencias en cuanto a los invariantes topológicos. Si partimos de esta parte del teorema de Euler: “No se puede trazar una curva cerrada sobre una superficie sin dividir ésta en dos”, nos podemos preguntar, si hacemos caso omiso de sus propiedades no topológicas ¿qué diferencia al toro de la esfera? Efectuando una representación de un posible caso de una curva o línea cerrada sobre una esfera y otra sobre un toro, se obtiene:

Vemos que en el caso de la esfera, la curva cerrada implica un corte que

Vemos que en el caso de la esfera, la curva cerrada implica un corte que divide la superficie en dos, lo que, en el caso representado, no sucede en el toro, que sólo se ha convertido en algo como un cilindro, pero no dividido en dos partes. Al toro le hacen falta dos cortes cerrados que no tengan ningún punto en común, para estar seguros de haberlo dividido en dos partes. El caso de un solo corte que divide al toro en dos es, por ejemplo, el siguiente:

que divide al toro en dos es, por ejemplo, el siguiente: Por lo tanto, curva cerrada

Por lo tanto, curva cerrada o corte es una propiedad topológica que debemos agregar a las anteriores. Como dice Poincaré respecto de la topología, en ella “todo se basa en la cortadura”. (17)

La topología es, desde una perspectiva, la rama de la geometría que implica una exclusión absoluta de toda dimensión mensurable; permite, a su vez, tratar, de una forma absolutamente distinta de como lo hace el sentido común, el problema de la relación espacial entre lo exterior y lo interior, ya que opera con otra noción de espacio; siendo los invariantes topológicos aquellos que permanecen luego de las deformaciones de las superficies, erradica también todo problema vinculado con la forma.

De ahí su utilización en psicoanálisis; nuestro sujeto no es mensurable, como ninguna de las categorías que le aplicamos. Las relaciones entre lo interior y lo exterior (la noción de espacio que le conviene) son absolutamente distintas de como son planteadas por la geometría elemental (aunque rige correctamente todos nuestros desplazamientos en el mundo objetivo), y no implica descripción ni forma alguna, ya que la noción de estructura las excluye.

En cuanto a la cuestión respecto de silos modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Lacan son topológicos, anticipamos al tratamiento detallado de cada una de estas cuestiones que los modelos no lo son, dado que “la analogía funda su valor de uso” (18) y que la analogía que se basa en la semejanza de formas, por ser una comparación hecha por la imaginación, no es topológica. Si se piensa en el modelo del ramillete invertido, presentado en el Seminario 1, se hace evidente su valor analógico de “modelo” no topológico, ya que, para anticipar un ejemplo, el Estadio del espejo es representado por un espejo.

Los esquemas, tal como los utiliza Lacan, son topológicos, ya que como tales son geometrizaciones topológicas, cualitativas y no numéricas, de nociones psicoanalíticas expresadas como puntos y sus relaciones como segmentos o vectores, pero entre ellos se debe diferenciar al esquema “L” y al “Z”, del “R” y del “1” ya que estos últimos implican superficies y los dos anteriores no.

Finalmente el grafo, tal como lo concibe Lacan, es indudablemente topológico, entre otras razones, por la concepción de “lugar o espacio” que allí está implicada. Sin embargo, es topológico en forma distinta de la de los esquemas. Analizaré los modelos, esquemas y grafos en los siguientes capítulos dedicados particularmente a cada uno de ellos.

NOTAS

1. T. Ewan Faulkner, Geometría proyectiva, Dossat, pág. 1.

2. Aleksandrov, Kolmogorov y otros, La matemática: su contenido,

métodos y significado, Tomo 3, Alianza Universitaria, pág. 239.

3. Ibíd., pág. 160.

4. Geometría proyectiva, ob. cit., pág. 2.

5. Ibíd., el subrayado es mío.

6. “Subversión del sujeto

7. Henri Poincaré, Ultimos pensamientos, Espasa-Calpe, pág. 50.

”,

Escritos 1, Siglo XXI, pág. 327.

8. Aleksandrov

9. Ibíd., pág. 192, el subrayado es mío.

10. Ibíd., págs. 193-194, el subrayado es mío.

11. Ibíd., pág. 262, el subrayado es mío.

12. Ibíd., págs. 194-195, el subrayado es mío.

13. Ibíd., pág. 262, el subrayado es mío.

14. Ibíd., pág. 169.

15. Ibíd., págs. 232-233, el subrayado es mío.

16. Ibíd., pág. 133.

17. H. Poincaré, Ultimos pensamientos, ob. cit., págs. 56-57.

18. “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, Escritos 2, Siglo

XXI, pág. 294.

,

ob. cit., pág. 191.

MODELOS

EL MODELO OPTICO

MODELOS EL MODELO OPTICO Figura 10 El modelo óptico* Antes de comenzar a analizar el modeló

Figura 10

El modelo óptico*

Antes de comenzar a analizar el modeló óptico, se lo debe localizar en el seno de la enseñanza de Jacques Lacan. Este modelo fue producido en el

Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud, el que marca, para su propio

autor, el surgimiento de la enseñanza de Lacan y establece que lo producido anteriormente pasa a tener estatuto de “antecedente”. El Seminario 1 es el primero en el que Lacan cuenta con “sus tres”.

*

En la edición castellana del Seminario 1, por error, aparece invertido

el

orden de presentación de los esquemas de Lacan. El de la página 191

debe ir a la página 212 y viceversa.

Con la introducción a la teoría psicoanalítica de lo simbólico, lo imaginario

y lo real se abre la posibilidad de un nuevo enfoque a la cuestión

fundamental de la constitución de la realidad. Esta temática será elaborada conjuntamente al análisis de Lacan del caso “Dick” de Melanie Klein

(publicado por ella en La importancia de la formación de sínibo los en el desarrollo del yo, obra de 1930).

¿Qué le sucede a Dick que la realidad consiste para él en una cantidad tan pobre de objetos libidinizados, siendo que el mundo, para la generalidad de los niños, está cubierto de objetos? y ¿cómo pudo modificar este estado de cosas la interpretación de Melanie Klein? Son preguntas que pueden orientar el análisis de lo que Lacan hace al aplicar “sus tres” a una renovada concepción de la realidad en psicoanálisis.

Hay, además, una pregunta que tiene un alcance más general y que vincula la producción anterior de Lacan en derredor del estadio del espejo con la teoría freudiana del narcisismo. ¿Cómo el Yo puede ser un objeto, más aún, el primer objeto (Freud), si es una imagen (Lacan)? Propongo que esta pregunta nos oriente en la lectura del esquema Óptico.

La disciplina que estudia la relación entre los objetos y las imágenes, la óptica, tiene una respuesta que aportar a esta pregunta. El recurso de la óptica está doblemente justificado: no sólo por poder dar una respuesta a nuestra pregunta, sino también por haber sido el modelo que Freud adoptó cuando presentó “sus tres”. Lacan no deja pasar la oportunidad que esta coincidencia implica.

En la clase del Seminario 1 que lleva por título “La tópica de lo imaginario”, Lacan cita extensamente a Freud cuando nos enseña que la forma correcta de interpretar el aparato psíquico, tal como aparece en su primera tópica, es “[…] como un microscopio compuesto, un aparato fotográfico o algo semejante. La localidad psíquica corresponderá, entonces, a un lugar situado en el interior de este aparato, en el que surge uno de los grados preliminares de la imagen. En el microscopio y en el telescopio estos lugares son puntos ideales: esto es, puntos en los que no se halla situado ningún elemento concreto del aparato”. (1) Freud parte de un modelo óptico para dar cuenta de la espacialidad que le corresponde al aparato psíquico: Lacan lo hará en forma equivalente.

Tomando, entonces, las nociones de la óptica, diremos que para ella las imágenes son de dos tipos: las imágenes reales y las imágenes virtuales. Las imágenes reales son aquellas producidas, por ejemplo, por un espejo cóncavo, o sea, algo parecido a la superficie interna y bien pulida de una esfera hueca. Se llaman imágenes reales porque para el sujeto percipiente estas imágenes se comportan corno objetos y no como imágenes, implican una ilusión óptica, es decir, el observador es engañado. Las imágenes virtuales son las cotidianas imágenes producidas por un espejo plano (como el de nuestro botiquín de baño) y no implican ilusión óptica alguna, ya que para el sujeto observador estas imágenes se comportan como tales, o sea, como imágenes.

Una forma intuitiva de poder diferenciar ambos tipos de imágenes es tomar en cuenta en qué plano se produce la imagen respecto del plano en el que se halla el objeto. En los dos tipos de imágenes se produce una doble inversión simétrica. Tanto en el espejo plano como en el espejo esférico se produce una inversión de izquierda a derecha o viceversa, pero mientras que en el espejo plano la simetría se produce en otro plano que el del objeto, en el espejo cóncavo se produce en el mismo plano pero invirtiéndose la imagen de abajo a arriba o viceversa. Se puede representar así la forma de producción de la imagen virtual en un espejo plano:

de producción de la imagen virtual en un espejo plano: Figura 11a Figura 11b La prueba

Figura 11a

Figura 11b

La prueba que basta realizar para comprobar que esto es así consiste en apoyar una mano en un espejo plano, haciendo coincidir así el objeto y su imagen en el espejo. Si uno retira la mano, su imagen se verá detrás del espejo y resultará más chica que la mano. Como esto es así nadie se sorprende al ver, en el espejo del botiquín, su cara más chica de lo que

ésta es en la realidad, sabemos que se ve más chica porque está en otro plano que en el que nos hallamos nosotros.

La imagen real se produce en el mismo plano en el que se encuentra el objeto. Comporta una inversión simétrica como la de la imagen virtual, pero esta inversión no implica cambio de plano. Tomando el mismo esquema que Lacan toma de la óptica, que se denomina experiencia del ramillete invertido, se observa:

se denomina experiencia del ramillete invertido, se observa: Figura 12 En la imagen, las flores están

Figura 12

En la imagen, las flores están hacia arriba y las flores reales están hacia abajo, lo que significa que se ha producido una inversión (la otra inversión, izquierda/derecha, no es observable dado que la forma del ramillete la oculta), pero esta inversión se ha hecho en el mismo plano; lo que se puede observar en el punto en el cual, podríamos decir, los tallos del objeto ramillete se tocarían con los tallos de la imagen ramillete.

La experiencia del ramillete invertido, tal como Lacan la encuentra en la óptica, tiene las siguientes características: un objeto peculiar, un ramillete de flores, en el interior de un cubo al que se le han quitado tanto la cara que enfrenta el espejo cóncavo, para que se produzca la imagen, como la cara que enfrenta a quien lee el esquema de la experiencia, para que observe la existencia del ramillete en el interior del cubo; ramillete que, justamente, no puede observar el sujeto de la experiencia, quien está representado por el símbolo del ojo. Para tal sujeto será una sorpresa el hecho de que en determinado momento de su paso por delante del cubo

con un jarrón vacío encima colocado frente al espejo, aparezca, en el interior del cuello del jarrón, un bello ramillete de flores. Se debe tener en cuenta que el sujeto cree estar viendo un ramillete real, que no sabe de dónde salió, porque, hasta hace un instante, ese jarrón estaba vacío. La elección del ramillete como objeto es debida a que la estructura de un ramillete es apta para engañar al sujeto, justamente por carecer de bordes nítidos y precisos.

El hacer referencia a “un determinado momento del paso del sujeto de la experiencia frente al aparato” es para indicar que sólo en una determinada posición se produce la ilusión. En el esquema, esto se lee como la posición del sujeto, representado por el ojo en el cono de reflexión. Fuera de este cono, la ilusión no se produce; demasiado cerca de los bordes, se produce con tantas distorsiones que la experiencia puede llegar a fallar.

La experiencia del ramillete invertido sirve como modelo de la génesis y estructura del yo. Decir que sirve de “modelo” debe ser entendido en toda su trascendencia conceptual. Efectivamente, el modelo óptico es un modelo que Lacan crea para responder por una articulación de lo simbólico, lo imaginario y lo real; pero es una forma de hacerlo que hay que diferenciar de aquella implicada en los esquemas y en los grafos. Los modelos reposan, por su estructura misma, en la analogía. En “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, Lacan afirma respecto del modelo óptico:

“Planteemos primero el aparato un poco complejo cuya analogía, como es

la regla en estos casos, va a fundar el valor de uso como modelo” (2) y también: “Sin hacernos ilusiones sobre el alcance de un ejercicio que sólo toma su peso por una analogía grosera con los fenómenos que permite

evocar

de lo simbólico, lo imaginario y lo real.

(3) El modelo óptico es un apólogo de las relaciones recíprocas

En el mismo escrito, Lacan nos da su concepción respecto de la relación que guardan entre sí este modelo óptico y los modelos creados por Freud. “En este modelo, y hasta en su naturaleza óptica, no hacemos sino seguir el ejemplo de Freud, con la salvedad de que en nosotros no ofrece siquiera materia para prevenir contra una confusión posible con algún esquema de

una vía de conducción anatómica.” (4) Se desprende de esta cita que Lacan considera que las producciones freudianas tienen la estructura de modelos, pero que Freud previno de no confundirlos con ninguna localización anatómica. Este modelo de Lacan ni siquiera, al decir de su propio autor, da esa prevención.

Como veremos de aquí en más, son muchas las analogías en juego en el modelo óptico; entre ellas destacamos la que implica que el Estadio del espejo, lo especular, sea representado por un espejo. En próximos capítulos se verá que la estructura de los esquemas y los grafos es de una índole muy distinta, a partir de lo cual se justificará la definición que ahora avanzamos: los modelos en general, y el modelo óptico en particular, tienen estructura imaginaria.

Lacan aportó al psicoanálisis una clave que faltaba a la teoría del narcisismo de Freud: esa clave es la del Estadio del espejo. En su fundamento, la noción de Estadio del espejo está destinada a contradecir todos los desarrollos posfreudianos respecto del “yo autónomo”.

El Estadio del espejo es una construcción que “[

manifiesto la conexión de cierto número de relaciones imaginarias fundamentales en un comportamiento ejemplar de determinada fase de desarrollo.

consiste en poner de

]

“Ese comportamiento no es otro que el que tiene el niño ante su imagen en el espejo desde los seis meses de edad.” (5) y que Lacan caracteriza como de “asunción triunfante de la imagen con la mímica jubilosa que la acompaña y la complacencia lúdica en el control de la identificación especular”. (6)

Es interesante observar lo que sucede si la experiencia no es articulada conceptualmente. En 1888 se publicó en París Lart et la poésie chez lenfant, de Bernard Perez; en él se dice: “El niño de pocos meses, puesto frente a un espejo, se comporta de una manera muy distinta de la de los monos de las especies superiores, perros o gatos. Estos animales no

experimentan sorpresa ni placer al ver reflejada su imagen. No la reconocen como imagen, y la confunden con la realidad o pasan delante de ella con indiferencia. Por el contrario, el niño, delante de la imagen en el espejo, reconoce las personas y las cosas y se maravilla alegremente de este reconocimiento”. (7) Esta observación, tan precisa en sí misma, al no ser articulada ni a Hegel ni a Freud, como lo hace Lacan, no llevó a nada:

quedó en una mera e intrascendente curiosidad psicológica.

Las relaciones imaginarias que son articuladas por Lacan a la conducta

frente al espejo, consisten en “[

sentimiento de Sí con la imagen del otro, y la imagen del otro viene a

cautivar en él este sentimiento” (8) y: “En el otro se identifica el sujeto, y

hasta se experimenta en primer término

alienación fundamental. Alienación en el doble sentido de “ser otro” (en la

perspectiva en la que se lo entiende en Hegel y Marx, Entfremdung, en tanto pérdida de identidad) y de “estar loco” (alienación mental). Esto permite concluir junto a Arthur Rimbaud: “Yo es otro”.

(9) Esto determina un efecto de

]

que el sujeto se identifica en su

”.

El sujeto se identifica en el otro porque su Yo se constituyó a partir de la “nueva acción psíquica” consistente en la identificación a la imagen unificada que aporta el semejante: la imagen del semejante tiene tal valor cautivante para el sujeto por las condiciones peculiares de su nacimiento. Lo que Freud denominó Hilflosigkeit, el estado de desamparo del lactante, Lacan lo denomina “prematuración del nacimiento” y Bolk (autor citado por Lacan) lo llama “fetalización”. Consiste, por un lado, en el atraso del desarrollo del neuroeje durante los primeros seis meses, y por el otro, en la anticipación funcional que, respecto de este atraso, representa la maduración precoz de la percepción visual. Esta discordancia temporal implica que el sujeto no puede controlar ni dominar un cuerpo que se le presenta como fragmentado, lo que, sin embargo, puede serle ocultado por la identificación con la imagen engañosa del semejante, la que en tanto que ilusoriamente completa y unificada vela que este otro se encuentra en el mismo estado de “miseria original”. La imagen del semejante funciona como imago salvadora frente a la impotencia biológica.

Una consecuencia de este proceso es el tipo peculiar de relación que se establece respecto de este otro que llamamos el semejante. Esta relación,

basada en una lógica del “o yo o el otro”, implica “[

coexistencia con el otro” (10) y la podemos describir como una sola imagen para dos, que permite su articulación con la “lucha a muerte por puro prestigio”, tal como la encontramos en Hegel.

la imposibilidad de

]

Tomando a Alexandre Kojéve, quien despertó un gran interés por Hegel con sus clases en la Ecole Pratique de Hautes Etudes de París a las que asistió, entre otros grandes, Jacques Lacan, podemos citar: “El hombre se ‘reconoce’ humano al arriesgar su vida Deseo humano, es decir, su Deseo que se dirige sobre otro Deseo. Pero desear un Deseo es querer superponerse a sí mismo al valor deseado en ese Deseo. Porque sin esta sustitución se desearía el valor, el objeto deseado y no el Deseo mismo. Desear el Deseo de otro es pues en última instancia desear que el valor que yo soy o que ‘represento’ sea el valor deseado por ese otro: quiero que él ‘reconozca’ mi valor como su valor; quiero que él me ‘reconozca’ como un valor autónomo”. (11) No hay que perder de vista que este deseo de “imponerse al otro en tanto que valor supremo” (12) implica el “o yo o el otro” porque a este nivel no hay pacto posible; esta dialéctica no puede evolucionar en un “yo te reconozco a ti y tú me reconoces a mí”. No hay pacto posible dentro de esta relación dual y su falta implica la intención

agresiva.

En “Acerca de la causalidad psíquica”, Lacan define de manera destacable esta función de la identificación en el otro, proveniente de la articulación de las nociones de Hegel con su Estadio del espejo y con el narcisismo de Freud: “Conque —punto esencial—, el primer efecto de la itnago que aparece en el ser humano es un efecto de alienación del sujeto. En el otro se identifica el sujeto, y hasta se experimenta en primer término, fenómeno que nos parecerá menos sorprendente si nos acordamos de las condiciones fundamentales del Uinwelt humano, y si evocamos la intuición que domina toda la especulación de Hegel”. (13)

Si se articula la intención agresiva para con el otro semejante y la estructura alienada del yo, se llega al punto en que esta agresión puede tomar como objeto al propio yo, y convertirse en una “agresión suicida” tal como la concibe Lacan; fue uno de los pilares sobre los que apoyó la nueva distinción que introdujo en el seno de la psicopatología, con su “paranoia de autopunición”.

De aquí surge la crítica que le hace Lacan a Hegel por la forma en que éste entiende la dialéctica del amo y del esclavo. Para que exista una salida en la que uno de los implicados en la “lucha a muerte por puro prestigio” renuncie a hacerse reconocer por miedo a perder la vida, debe haber un “pacto previo” que dé la posibilidad de tal renuncia, ya que sin ella, el que intentara rendirse, al bajar su arma, siempre sería asesinado. El recurso al pacto previo indica que la dialéctica dual es como tal sin salida, salvo por la vía de lo simbólico, como pacto preexistente, que implica la posibilidad de resolución de la agresividad.

Se ingresa así en la necesidad de la consideración del plano legal. En la óptica hay leyes precisas para entender la producción de las imágenes, tanto las reales como las virtuales, como por ejemplo, la relación biunívoca (a cada elemento de un conjunto le corresponde uno y sólo uno del otro conjunto y viceversa) entre cada punto de la imagen con cada punto del objeto.

Siendo esto así, en esta experiencia de la óptica se pueden encontrar los tres registros de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Las imágenes, y especialmente las imágenes engañosas del espejo esférico, representan lo imaginario, la estructura ilusoria del yo, mientras que el aparato óptico más los objetos “inaccesibles” (las flores reales sólo son accesibles visualmente al sujeto de la experiencia a través de la imagen ilusoria), lo real y las leyes de la producción de imágenes, lo simbólico. Además, el hecho de que la ilusión sólo se produzca si el sujeto está en determinada posición, permite articular este aspecto de la experiencia con una noción muy importante que se aplica a la experiencia analítica: la noción de escena Se entiende al sujeto de la experiencia analítica como posicionado

en una escena y no como caracterizado por esencias o sustancias.

Entonces, ¿por qué Lacan necesita elaborar otro esquema, el Esquema del florero invertido? ¿Por qué no le alcanza con el esquema del ramillete invertido, tal como lo encuentra desarrollado por la óptica, si éste le permite articular lo simbólico, lo imaginario, lo real y una concepción de sujeto no sustancial?

Para responder a esta pregunta se puede hacer uso de la oposición que en el Seminario 1 es denominada “los dos narcisismos”. El pensar en dos narcisismos, uno animal y otro humano, es criticable, dado que para el animal no opera el orden simbólico, entonces los otros dos registros ya no pueden ser equiparados a los mismos registros tal como operan para el ser humano. Lo real y lo imaginario de los animales no tienen nada que ver con lo real y lo imaginario de los humanos, por el solo hecho de no articularse en una estructura con lo simbólico. A pesar de lo cual, la idea de dos narcisismos tiene la ventaja de hacer desaparecer una idea más ingenua aún, la de “adaptación a la realidad”. No se puede hablar, ni siquiera en el nivel del mundo animal, de una adaptación a la realidad.

La noción de realidad debe, en todo caso, ser puesta en cuestión y “los dos narcisismos” son una forma de hacerlo. El primer narcisismo hablaría de la función de las gestalten (buenas formas) en el mundo animal (funcionamiento que opera a través de la proyección). El Umwelt, mundo circundante del animal, no es “la realidad” como objetiva, sino que es la realidad según se constituye por la proyección de la forma corporal de cada especie. Por ejemplo, ni para los animales que viven en la selva existe “una realidad” que sea como tal la selva; la selva será distinta para cada especie animal según su “narcisismo”, o sea, según la proyección de su específica forma corporal.

Cuando hablamos de narcisismo humano, nos referimos a otra cosa. El narcisismo humano, o sea, la relación, siempre relativamente fallida, del sujeto con su propia imagen, está intermediado por la función del Otro. Para introducir la función del Otro, le es requerido a Lacan desarrollar,

producir, el “Esquema del florero invertido” o “Esquema de los dos espejos”:

del florero invertido” o “Esquema de los dos espejos”: Figura 13 El comentario de la estructura

Figura 13

El comentario de la estructura del modelo óptico se dividirá en: a) las modificaciones que Lacan hace sobre el “Esquema del ramillete invertido” de la óptica para convertirlo en el “Esquema del florero invertido” y b) responder por la lógica del modelo en su funcionamiento como tal.

Las modificaciones son: 1) la inversión de las posiciones entre florero y ramillete, y 2) el cambio de la posición del ojo que no queda enfrentando al espejo esférico y que obliga a introducir un espejo plano enfrentando al ojo y al espejo esférico.

1) Esas tan llamativas y hasta ridículas flores paradas sobre la caja representan la multiplicidad de objetos alrededor de los cuales se va a constituir la imagen del jarrón cuyo cuello las abraza. Comparando, autorizados por la estructura analógica del modelo, por un lado, el jarrón/continente con el cuerpo con sus agujeros representando las zonas erógenas y, por el otro, las flores/contenidos con los objetos parciales pulsionales, podremos concluir que es alrededor de los objetos parciales de la pulsión que, para el psicoanálisis, se constituye el cuerpo. Sorprende poder encontrar esta función del objeto en un esquema tan tempranamente aparecido en la obra de Lacan.

A su vez, el jarrón dentro de la caja, también inaccesible al sujeto en la

nueva posición que tiene en el esquema, representa el cuerpo como organismo biológico perdido para el sujeto humano, más allá de los avatares de las historias particulares.

Una de las consecuencias del cambio de posición del sujeto es que, si éste no enfrenta el espejo esférico, no es cautivado por la ilusión de la imagen real. Es dable observar que, en las representaciones del esquema completo, esta imagen no está dibujada (el florero abrazando el ramillete a la izquierda del espejo plano), y, sin embargo, opera porque es la que capta y reproduce el espejo plano.

Acá conviene hacer una interpolación. Tomando en cuenta el modelo óptico tal como aparece en el escrito de Lacan “Observación sobre el informe de Daniel Lagache” del año 1958, se nota que lo que ahí es designado i(a), la imagen real con la que se identifica el yo, no figura en el esquema, aunque sí i’(a), la imagen virtual que de la imagen real se produce por el espejo plano.

Para el ser humano, la imagen narcisística sólo es accesible a través de la mediación del Otro, aquí representado por el espejo plano.

El Otro es el medio por el cual el sujeto humano encuentra su “propia”

imagen, pero es también lo que separa al sujeto de su imagen.

Partiendo de que el espejo plano, a diferencia del espejo esférico, produce imágenes virtuales, concluímos que por la mediación del Otro, la imagen real ilusoria, engañadora, pasa a ser una imagen virtual, no engañadora como tal. Esta función del Otro, representada por el espejo plano, se halla escrita en el siguiente esquema por la línea punteada “S-------SV” de la parte superior del “Esquema simplificado de los dos espejos”:

Figura 14 Significa que, por la mediación del otro humano, la imagen real del sujeto

Figura 14

Significa que, por la mediación del otro humano, la imagen real del sujeto se hace virtual. Aquí se debe tener en cuenta, además de lo que nos enseña la óptica respecto de las imágenes virtuales, que en la lengua la acepción de virtual es “que tiene existencia aparente y no real”.

Como se ve claramente, el “Esquema simplificado” no es más simple que el “Esquema de los dos espejos”; en realidad es el mismo esquema, sólo lo diferencia la línea punteada S-------SV. “Simplificado” en francés no sólo quiere decir más simple, sino también simbolizado. Aquí Lacan ha simbolizado lo que representaba el ojo con la letra S, el sujeto mítico previo a la incidencia de lo simbólico, y con SV, el sujeto virtual, un sujeto que se ve pero desde la posición en la que lo vería otro. Este uso del término “simplificado” será de gran importancia a la hora de distinguir las estructuras de los esquemas “L” y “Z”.

Propongo el siguiente esquema para representar la noción de mediación del Otro:

esquema para representar la noción de mediación del Otro: La flecha inferior nos indica que antes

La flecha inferior nos indica que antes de recibir el reconocimiento del Otro, primeramente se debe producir que el Sujeto eleve a algún otro a la condición de Otro, que lo reconozca como su Otro, como por ejemplo en el

“Tú eres mi mujer” en el que primero se eleva a “una” mujer a la calidad de “mi” mujer y recién se podrá recibir de ella el reconocimiento, bajo la forma de propio mensaje, en forma invertida.

Esta función de la mediación del Otro debe ser articulada a la noción de locura, que, distinguida de psicosis, implica la exclusión de la mediación del Otro y, por tanto, la inmediatez de las identificaciones, un creerse que, como tal, suprime la función de la mediación del Otro. Como dice Lacan, un hombre que se cree rey está loco, pero si un rey se cree que es rey también; finalmente un hombre que se cree hombre está loco, como todos. La locura es entendida, entonces, como una dimensión esencial del hombre, más allá de las estructuras clínicas; la noción de alienación, como estructura del yo, ya lo indica.

En términos de Lacan: “[ sujeto como vidente”. (14)

]

la relación simbólica define la posición del

En cuanto al funcionamiento del modelo, hay que decir que la difícil adecuación de lo imaginario y lo real no depende ahora de la posición del sujeto, sino de cómo incidan sobre él los rayos que refleje el espejo plano.

de la inclinación del espejo depende que veamos, más o menos

“[

perfectamente, la imagen”. (15) Así pasa a ser el otro humano como tal y la relación con éste, lo activo, en cuanto a la determinación del imaginario del sujeto.

]

Esta relación con el Otro como propiamente humana es lo que Lacan concebirá como lo simbólico, que determinará la relación recíproca de lo imaginario y lo real. Así entendemos el posicionamiento de Dick, el paciente de Melanie Kleun; se encuentra una desintrincación de lo imaginario y lo real, lo real está deslibidinizado. Es la consecuencia de una “patológica” incidencia de lo simbólico, y la vía de operar sobre ello es, consecuentemente, lo simbólico. Se halla aquí la ventaja del uso de la noción de posición que este modelo autoriza; ya no se enfrenta ninguna esencia de Dick, sino una determinada posición en la estructura.

A partir de esto último, y teniendo en cuenta cómo Lacan define la relación

entre lo imaginario y lo real: “Semejante esquema ilustra que lo imaginario

y lo real actúan en el mismo nivel”, (16) propongo el siguiente esquema de las relaciones recíprocas entre los tres registros:

de las relaciones recíprocas entre los tres registros: Es la misma que plantea el modelo óptico,

Es la misma que plantea el modelo óptico, pero con un giro de un cuarto de vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj:

de vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj: “Los objetos reales, que pasan por

“Los objetos reales, que pasan por intermedio del espejo y a través de él, están en el mismo lugar que el objeto imaginario.” (17) O sea, que lo imaginario y lo real se hallan en el mismo nivel.

Conviene hacer una salvedad: que lo simbólico determine la relación de lo imaginario y lo real no implica que sea más importante. Estamos frente a una relación interdependiente, donde no hay lo uno sin lo otro, pero no reversible, o sea, donde las relaciones de cada uno para con el otro no son las mismas.

El pequeño esquema propuesto más arriba coincide con la estructura general del modelo de los dos espejos y, a su vez, también permite articular estas elaboraciones lacanianas con la tópica freudiana. Esta indica no sólo la existencia de las tres instancias, sino, fundamentalmente, que las mismas se caracterizan por hallarse en un determinado orden de localización mutua.

A esta altura de su obra, ¿cómo concibe Lacan el orden simbólico? El plano

simbólico consistirá en el intercambio legal, que se encarna en los

intercambios verbales. Y es lo que opera como guía de la posición imaginaria bajo la forma del Ideal del yo. No sólo guía. Podemos decir que el orden imaginario no podría estructurarse sólo con el Estadio del espejo; requiere del Ideal del yo. “El Ich-Ideal, el Ideal del yo, es el otro en tanto hablante, el otro en tanto tiene conmigo una relación simbólica.” (18)

El Ideal del yo no sólo guía al sujeto en lo imaginario, sino que también permite identificar al sujeto. En este sentido “identificar” no es “identificación con”, sino dar u obtener identidad, tal como opera la cédula de identidad o cuando se dice que hemos identificado a alguien en una foto. Para terminar de entender cómo concibe Lacan el Ideal del yo, cómo identifica al sujeto, propongo tomar lo que en el seno del seminario se puede considerar una interpretación. Los lectores del Seminario 1 recuerdan la larga serie de intervenciones de O. Mannoni, gran parte de las cuales son para corregir o rectificar lo que Lacan dice. Frente a este estado de cosas, Lacan dice:

“¿Qué es el vínculo simbólico? Para poner los puntos sobre las íes, digamos que, socialmente, nos definimos por intermedio de la ley. Situamos, a través del intercambio de símbolos, nuestros diferentes yoes los unos respecto de los otros: usted es Mannoni y, yo, Jacques Lacan; estamos en determina, da relación simbólica que es compleja, según los diferentes planos en que nos coloquemos, según estemos juntos en la comisaría, en esta sala, o de viaje”. (19) A buen entendedor

Si el Ideal del yo es el vínculo social legalizante, es evidente que debe ser introyectado por el sujeto, a su vez, el yo proyecta sobre los objetos su forma, tal como fue dicho para la descripción del “narcisismo animal”. Esta forma de oponer introyección y proyección ordena enormemente las nociones de Ideal del yo y Yo ideal que Freud propone en “Introducción del narcisismo”. Allí dice: “Podemos decir que uno ha erigido en el interior de sí un ideal por el cual mide su yo actual, mientras que en el otro falta esa formación de ideal”. (20) Aquí se refiere al Ideal del yo y en: “Lo que él proyecta frente a sí como su ideal es el sustituto del narcisismo perdido de su infancia, en la que él fue su propio ideal” (21) se refiere al Yo ideal.

En relación con la concepción del Ideal del yo, es muy importante tener en cuenta su evolución en la enseñanza de Lacan. Respecto de la concepción presentada en el Seminario 1, diré que conviene pensarla como un prejuicio. Este prejuicio también se halla en la obra de Freud en su concepción de “identidad de percepción” e “identidad de pensamiento”. Con la teoría del significante decimos que en lo simbólico es imposible la identidad. La imposibilidad de hallar un significante que le dé identidad al sujeto Lacan la escribe . En el comentario al Esquema “Z” volveré sobre

esta cuestión.

Si se compara la línea punteada que une al sujeto con el sujeto virtual en el “Esquema simplificado de los dos espejos”:

virtual en el “Esquema simplificado de los dos espejos”: que representa que sólo desde una posición

que representa que sólo desde una posición simbólica, el Ideal del yo, puede verse la imagen real reflejada como virtual, con aquella que ocupa un lugar homólogo en el Esquema de los dos espejos, tal como aparece en el escrito “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”:

“Observación sobre el informe de Daniel Lagache”: se puede leer con facilidad que respecto al S

se puede leer con facilidad que respecto al S (sujeto barrado por la inexistencia en la batería del Otro de un significante que lo represente, que le dé identidad simbólica) el Ideal del yo ocupa ese lugar faltante en el Otro y hace del un S. “El Ideal del yo es una formación que viene a ese lugar

simbólico

(el lugar del sujeto como elisión significante)” (22).

Reproduzcamos aquí el modelo óptico tal como aparece en “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”:

Figura 15 ¿Cuál es la función y el alcance del Ideal del yo en este

Figura 15

¿Cuál es la función y el alcance del Ideal del yo en este modelo? Sin olvidar que un nombre para este modelo es: “Esquema de las relaciones del Yo ideal con el Ideal del yo”, concluyo que la intenelación entre el Ideal y la estructura del modelo es estrecha. Desde esta perspectiva se puede formular una pregunta que guíe en este terreno. ¿Por qué si el Ideal del yo es simbólico, se lo llama “del yo”, yo que, como tal, es una función imaginaria? Lo es porque, más allá de lo que Lacan llegó a despejar de su función, a la altura del Seminario 1, se hace cada vez más clara su función imaginaria idealizante.

Si recordamos que: “El Ideal del yo, en tanto hablante, puede llegar a situarse en el mundo de los objetos a nivel del Yo ideal, nivel de la captación narcisista” (22), vemos que lo que acabamos de decir, ya estaba entrevisto por Lacan, si bien a nivel de la patología. Esto corresponde, a su vez, a lo que Freud encuentra en el fenómeno de la Verliebtheit, el flechazo, el estar perdidamente enamorado de alguien, que corresponde a una “subducción de lo simbólico”, y que, según la teoría de la estructura alienada del yo, permite a Lacan coincidir con la afirmación popular de que “cuando se está enamorado, se está loco”; el enamoramiento es una alteración de la función del Ideal del yo.

A esta lógica responde que Lacan pueda escribir, en “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, la relación entre ambos ideales de la siguiente manera:

Ideal-Yo-ideal

Se destaca en esta puesta en continuidad la coincidencia de la función del Idea! simbólico con la del Yo, en cuanto al desconocimiento del sujeto del inconsciente.

Para seguir a Lacan en su concepción de la dirección de la cura, tal como ella es elaborada en el Seminario 1, se debe continuar con el análisis del modelo de los dos espejos o de los ideales de la persona, a partir del desarrollo del “Esquema simplificado de los dos espejos”:

del “Esquema simplificado de los dos espejos”: Esquema simplificado de los dos espejos. Figura 16 Lacan

Esquema simplificado de los dos espejos.

Figura 16

Lacan lo equipara a una báscula del deseo, a partir de la cual se puede

definir la puesta en marcha del dispositivo freudiano como: “[

discurso desamarrado, la oscilación de espejo que permite la báscula entre O y O’, en un psicoanálisis conducido correctamente”.(24) Esto conduce a inversiones dialécticas, cambio de las posiciones subjetivas por efecto del

el

1

intercambio simbólico, en el curso del análisis, tal como Lacan sostiene desde “Intervención sobre la transferencia”, desarrollado en su Esquema

del análisis:

Un esquema del análisis. Figura 17 Ambos esquemas requieren la aclaración de la siguiente cita

Un esquema del análisis.

Figura 17

Ambos esquemas requieren la aclaración de la siguiente cita de Lacan: “En O coloco la noción de moi inconsciente del sujeto” (25) que implica lo que el sujeto esencialmente desconoce. Desconocimiento que Lacan llama en francés meconnaissance y que no implica “no saber” sino un “no querer saber nada de eso”. El moi inconsciente es equiparable a uno de los elementos novedosos que Freud buscaba introducir con su segunda tópica:

los aspectos inconscientes del yo.

Así se pueden concebir los movimientos de la primera fase del análisis; a) […] paso de O a O’, de lo que, del yo, le es desconocido al sujeto de esa imagen en la cual reconoce sus cargas imaginarias”, (26) a través, como fue

dicho, de las inversiones de las posiciones entre el sujeto y el otro que es el analista, inversiones que encaman la función de mediación del otro a

nivel de la palabra, a través de la cual el sujeto se reconoce; b) “[

sujeto se realiza en la medida en que el drama subjetivo es integrado en un mito que tiene valor humano extenso, incluso universal”, (27) o sea, no sólo la función de mediación del otro sino también toda la estructura legal, que para el psicoanálisis es el complejo de Edipo y, finalmente, c) “Todo lo que era del ego debe ser realizado en lo que e! sujeto reconoce de sí

mismo — Wo Es war soll Ich werden”. (28)

]

el

Concluyendo, en una teoría del fin de análisis, se podrían destacar los siguientes elementos: a) “No hay resolución posible de un psicoánálisis, cualquiera sea la diversidad, sin que al final llegue a anudarse en torno de

esa coordenada legal, legalizante, llamada complejo de Edipo”; (29) b) “Una vez realizado el número de vueltas necesarias para que aparezcan los objetos del sujeto, y para que su historia imaginaria sea completada Lo que primero estuvo en O y luego en O’, y después de nuevo en O, debe trasladarse ahora al sistema completado de los símbolos. Así lo exige la salida del análisis”. (30)

Es en estas nociones de “sistema completado de los símbolos” y de “historia imaginaria completada” donde reencontramos la función idealizante del Ideal del yo. Sólo el Ideal del yo puede dar la ilusión de identidad al sujeto, si reconocemos como su verdadera función la de ocultar la falta de significante en el Otro, o sea, completarlo.

Si en el Grafo del deseo, como veremos más adelante, el Ideal simbólico se escribe I(A), es porque cumple la función ilusoria de completar al Otro marcado por la falta de significante, Otro que se escribe (). Se debe tener

en cuenta que cuando Lacan disponga de estas elaboraciones cambiará su concepción de fin del análisis. Esto se observa muy claramente al prestar atención a los títulos de los apartados del escrito “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, de los cuales el tercero es: “Los ideales de la persona” y el cuarto: “Por una ética”. El fin del análisis se trata de una ética porque la experiencia analítica es una experiencia que va más allá de los ideales, como la palabra ética lo indica. Si ética se diferencia de moral lo hace en tanto que toda moral se apoya en los ideales más o menos sociales, lo que está bien o lo que está mal; por el contrario, cada decisión ética se toma sin apoyo de ideal alguno.

Para concluir, entonces, con el comentario del modelo de los dos espejos o de los ideales de la persona, presentaré cómo concibe Lacan el fin del

análisis a la altura de “Observación sobre el informe

”; allí aparece:

Figura 18 A partir de la siguiente cita: “Sin entrar en unos detalles que parecerían

Figura 18

A partir de la siguiente cita: “Sin entrar en unos detalles que parecerían un recurso forzado, puede decirse que, al borrarse progresivamente hasta una posición a 90º de su punto de partida, el Otro, como espejo en A, puede llevar al sujeto desde 1 a venir a ocupar, por una rotación casi doble, la posición 2 en I, desde donde sólo virtualmente tenía acceso a la ilusión del

florero invertido en la figura 2; pero que en ese recorrido la ilusión debe desfallecer con la búsqueda a la que guía […], (31) se hace claro que no sólo el da un giro de 180º, sino que la teoría de fin del análisis también.

Sólo se llega al fin del análisis si se logra effacer (en francés entre otras acepciones, “presentar cada vez menos superficie”) al Otro, encarnado por el analista. Hacerlo caer del supuesto lugar de poder reconocer al sujeto. Atravesar, a partir de la caída del lugar que la transferencia otorga al analista, la posición en que se estaba, de esperar recibir la comprobación de la omnipotencia del Otro.

Finalmente, algunas palabras sobre la utilización del modelo óptico en el Seminario 10, “La angustia”, todavía inédito. Las nociones que he desarrollado hasta aquí no permiten dar cuenta de gran parte de ese trabajo, pero, sin embargo, efectuaré algunas articulaciones. Lo primero que se destaca es que Lacan lo utiliza como un esquema y ya no como un modelo, o sea, ya no se basa en ninguna analogía con los fenómenos que se quiere evocar; el peligro es que el lector no lo advierta y haga él una analogía entre el modelo óptico del Seminario 1 y el esquema, que sobre algunas lecturas posibles del mismo, desarrolla Lacan en el Seminario 10.

Ya no hay más espejos, el espejo plano A ya no es un espejo y es leído como la partición de los lados respectivos “del sujeto” y “del Otro” de la siguiente manera:

“del sujeto” y “del Otro” de la siguiente manera: que luego es aprovechado para representar la

que luego es aprovechado para representar la operación de división del sujeto:

para representar la operación de división del sujeto: que finalmente le permite a Lacan escribir su

que finalmente le permite a Lacan escribir su fórmula del fantasma en el lado del Otro:

Lacan escribir su fórmula del fantasma en el lado del Otro: El cuerpo, en tanto que

El cuerpo, en tanto que dentro del cubo, y por lo tanto no accesible a la mirada del sujeto, es elaborado como no especularizable, como -, no

especularidad aquí imaginarizada, que más adelante articularé a una de las figuras de la topología, el cross-cap o plano proyectivo, ya que también se caracteriza por estar compuesto de una parte especularizable y otra no especularizable.

NOTAS

1. Cita de El Seminario, libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós,

pág. 122, que reproduce parte de La interpretación de los sueños, Obras

completas, Amorrortu, Tomo 1, págs. 544-45; Biblioteca Nueva, Tomo V,

págs. 529-531.

2. “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, Escritos 2, Siglo

XXI, pág. 294.

3. Ibíd., pág. 301.

4. Ibíd., pág. 295.

5. “Acerca de la causalidad psíquica”, Suplemento de Escritos, Argot,

pág. 97.

6.

Ibíd.

7.

Citado por A. Mura en El dibujo de los niños, Eudeba, pág. 26.

8.

“Acerca de la causalidad psíquica”, ob. cit., pág. 92.

9.

Ibíd., pág. 93.

10.

El Seminario, libro 3, Las psicosis, Paidós, pág. 62.

11.

La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel, La Pléyade, pág. 15.

12.

Ibíd.

13.

“Acerca de la causalidad psíquica”, ob. cit., pág. 93.

14.

El Seminario, libro 1, Los escritos técnicos de Freud, ob. cit., pág.

214.

15.

Ibíd, pág. 213.

16.

Ibíd, pág. 214.

17.

Ibíd.

18.

Ibíd., pág. 215.

19.

Ibíd., pág. 213.

20.

“Introducción del narcisismo”, Obras completas, Amorrortu, Tomo 1,

pág. 90; Biblioteca Nueva, Tomo 1, pág. 1092.

21.

Ibíd., pág. 91.

22.

“Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, ob. cit., pág. 299.

23.

El Seminario, libro 1, Los escritos técnicos de Freud, ob. cit., pág.

215.

24.

Ibíd., pág. 292.

26.

Ibíd., pág. 275.

27. Ibíd.

28. Ibíd.

29. Ibíd.

30. Ibíd., págs. 293-94.

31. “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, ob. cit., pág. 302.

ESQUEMAS

EL ESQUEMA “L”

Abandonamos los modelos que hemos definido como analógicos, ya que su funcionamiento se basa en la analogía entre lo que se representa y lo

la

que se usa para representar, o sea, como dice Sóren Kierkegaard “[

analogía es algo imperfecto dentro del concepto”. (1) Los modelos tienen

estructura imaginaria y esto hace concluir que no son topológicos.

]

Con respecto a los esquemas, los trataré tal como lo propone Lacan a la altura de su Seminario 2, en el que los define de la siguiente forma: “Este esquema no sería un esquema si presentara una solución. Ni siquiera es un modelo. Es sólo una manera de fijar las ideas, que una imperfección de

nuestro espíritu discursivo reclama”. (2) Lacan dice que se deben trabajar las nociones que va a proponer y, fundamentalmente, sus interrelaciones, en forma sólo discursiva, pero que por la “imperfección de nuestro espíritu discursivo” debemos hacer uso de los esquemas, que, en tanto son sustitutos de discurso, se caracterizan por tener varias lecturas, que no reposan ni en la forma ni en la posición, salvo que las tomemos como elementos simbólicos y que, entonces, deben ser “leídos” ellos también. En este mismo sentido, en la primera clase del Seminario 6, “El deseo y su

lo

interpretación”, inédito, Lacan dice respecto de los esquemas: “[

primero que debe exigirse a un esquema es ver en qué puede servir a

propósito de la conmutación”.(3) Y es por esto mismo que en el Seminario

4 dice respecto de los términos del esquema “L”: “[

imponen una estructura; es decir que si cambiamos la posición de uno de ellos deberemos situar en otra parte, y no deja jamás de importar dónde, a todos los demás”.(4)

]

]

esos términos

Los esquemas de Lacan implican la representación espacial de funciones y sus relaciones. La cuestión es establecer acerca de qué tipo de espacio se

trata. Esto último se anuda a la pregunta respecto de si los esquemas son topológicos o no. Tomemos en cuenta lo que Lacan elige para abrir su seminario del año 1956/57 sobre “Las relaciones de objeto y las estructuras freudianas”, aún inédito. En la primera clase, Lacan vuelve a presentar a sus alumnos el esquema “L”, tal como lo hizo en los dos años lectivos anteriores. Antes de comenzar a elaborar las nociones así presentadas, da cuenta de la estructura misma del esquema. Dice allí:

“Henos aquí entonces armados de un cierto número de términos que han culminado en algunos esquemas cuya espacialidad no debe ser tomada absolutamente en el sentido intuitivo del término esquema, que no comporta localización, pero que comporta, de una manera enteramente legítima, una espacialización en el sentido en que espacialización implica relación de lugar, relación topológica, interposición, por ejemplo, o sucesión, secuencia”. (5)

Entonces la noción de espacio en los esquemas, tal como los concibe Lacan, es topológica, ya que ésta no implica analogía ni medición alguna, aunque sí se toma en cuenta la proximidad, vecindad o continuidad, en oposición a discontinuidad o interposición, nociones éstas implicadas en la concepción de espacio topológico.

El paso de la utilización de modelos a la utilización de esquemas es equivalente a ciertos cambios producidos en el campo de la ciencia relacionados con la introducción del álgebra. Veamos dos aspectos de este hecho:

1) la introducción del álgebra en matemáticas, que consiste en la expresión de las relaciones entre números por el uso de símbolos generales, puede ser definida entonces como una generalización de la aritmética, la cual, al sustituir cifras o figuras por letras o signos, permite que sean generalizados y autoriza operar con elementos desconocidos llamados incógnitas; 2) su utilización en la geometría que se conoce como geometría

representar un punto por medio de un conjunto

analítica, en la cual al “[

de números (coordenadas cartesianas) hizo posible la aplicación de los métodos del álgebra a la resolución de problemas geométricos”.(6) Como en psicoanálisis se trata de conceptualizar simbólicamente y no de

]

imaginar, es necesario efectuar el paso que implica el sustituir modelos por esquemas.

En este capítulo se analizarán los siguientes esquemas: el esquema “Lambda” o “L”, el esquema “Z”, y el esquema “R” o “Rho”. Por la estructura de esta lista, se hace evidente que los esquemas “L” y “Z” son dos esquemas distintos. Es común escuchar o leer, al menos en Buenos Aires:

esquema “L” o “Z”, es decir, que estos esquemas son confundidos. No sólo serán trabajados como distintos, sino que el esquema Z” será tomado como una esencial rectificación de las nociones en juego en el “L”.

rectificación de las nociones en juego en el “L”. Lo primero que debe decirse del esquema

Lo primero que debe decirse del esquema “L” es que su nombre “Lambda” se justifica por el hecho de que esa letra del alfabeto griego, que se escribe , tiene una forma especialmente apta para superponerse a la estructura

del esquema. Su equivalente latino es la letra L, que tal vez haga alguna referencia a la inicial del apellido de su creador.

Un comentario inicial de este esquema servirá para poder hacer una

inicial de este esquema servirá para poder hacer una pregunta fundamental sobre su estructura. El vector

pregunta fundamental sobre su estructura. El vector AS, o sea el segmento de línea orientado que va de A a S, representa en el esquema el eje

orientado que va de A a S, representa en el esquema el eje simbólico; el vector
orientado que va de A a S, representa en el esquema el eje simbólico; el vector

simbólico; el vector aa’ representa el eje imaginario, el vector Sa representa

aa’ representa el eje imaginario, el vector Sa representa una interrelación de lo simbólico con lo

una interrelación de lo simbólico con lo imaginario, y el vector Aa, otra.

Siendo esto así, surge la siguiente pregunta: si este esquema es el que continúa el

Siendo esto así, surge la siguiente pregunta: si este esquema es el que continúa el trabajo de Lacan para dar cuenta de la estructura de lo simbólico, lo imaginario y lo real, ¿dónde está lo real en este esquema? Se concluye que no está.

¿Por qué no está representado lo real en el esquema “L”? Primero: se recordará que si bien el modelo óptico articula lo real, lo simbólico y lo imaginario, no figura, no se inscribe en él la imagen real, aquella que Lacan unos años después escribirá i(a). Segundo: Lacan presenta su esquema “L”

en la clase XIX del Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, y ahí se encuentra una definición de lo real que se debe utilizar para responder a esta pregunta. Lo real es caracterizado por Lacan como lo que no habla, y lo real no habla porque vuelve siempre al mismo lugar, o sea, no hay ningún tipo de alteridad en su nivel; la alteridad, lo

radicalmente otro, es simbólico. En el esquema “L” lo real no se representa porque no habla y el esquema “L” es el esquema “de la palabra y el lenguaje” y, por lo tanto, de la alteridad, del otro.

En el Seminario 2 se abre otra vertiente de la concepción de Lacan sobre lo real, es la de “lo indeterminado” y se designa así al azar. En aquellos juegos de azar que se caracterizan porque al comienzo de cada jugada se vuelven a restablecer las condiciones de las anteriores, como por ejemplo en el tiro de dados y en la ruleta, siempre, salga lo que salga, existe la misma probabilidad de obtener cualesquiera de los resultados posibles. Luego de 1.000 veces que salió el O en la ruleta, este número tiene la misma probabilidad de salir que cualquier otro. No hay ley que determine, que anticipe, el resultado, y esto es una dimensión de lo real: “Siempre puede

salir cualquier cosa real”. (7) Y la relación del sujeto con esta dimensión de lo real es elaborada alrededor de la noción de apuesta. “El símbolo surge en lo real a partir de una apuesta.”(8) La función cada vez más esencial que tendrá “la pregunta” en las elaboraciones lacanianas comenzará aquí a ser articulada. “La apuesta está en el centro de toda pregunta radical acerca del pensamiento simbólico. Todo se reduce al to be or not to be, a la elección entre lo que va a salir o no, a la pareja primordial del más y el menos. (9)

Pero, entonces, surge otra pregunta: si lo real no se representa porque no habla y sí se representan lo imaginario y lo simbólico, entonces, ¿lo imaginario habla? Este interrogante se justifica por el prejuicio existente que implica sostener que lo simbólico es el lenguaje, que lo imaginario son las imágenes y lo real, los objetos. La primera salvedad que se debe hacer a este prejuicio es que accedemos a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real por medio de lo simbólico; caso contrario la frase que se está leyendo sería imposible. La respuesta a la pregunta anterior (¿lo imaginario habla?) es sí, y eso justifica la oposición que hace Lacan entre palabra y lenguaje. La función de la palabra es simbólica y el uso del lenguaje, imaginario. Partiendo de esta oposición será fácil, y libre de contradicción, la ubicación del polémico “muro del lenguaje”. A su vez, si se sostiene que lo imaginario habla, ya implica más que lo puro especular.

Con respecto a la estructura general del esquema “L”, lo primero que se debe decir es que es un esquema de estructura cuatripartita, es un esquema tetrádico y, si se presta atención a esta cuestión en todos los otros esquemas, grafos y representaciones que de aquí en más Lacan elabora, se constatará que todos coinciden en tener cuatro elementos, cuatro vértices y cuatro lugares:

No se olvidará que, a su vez, las redes de la sobredeterminación, que Lacan trabaja

No se olvidará que, a su vez, las redes de la sobredeterminación, que Lacan trabaja en su escrito “La carta robada” y en la clase que lleva el mismo nombre del Seminario 2, requieren del cuaterno:, , y para alcanzar a

establecer las coordenadas fundamentales del sujeto.

Junto a Lacan, se afirma que una estructura cuatripartita es exigible para conceptualizar al sujeto de la experiencia analítica

Antes de responder a la lógica del cuaterno, veamos la primera articulación del cuaterno en la obra de Lacan. En “El mito individual del neurótico”, Lacan articula la estructura cuaternaria como una superación de la insuficiencia de la estructura terciaria del complejo de Edipo freudiano, al que, según él, debe completarse con el narcisismo, el modo imaginario, para dar el cuarteto. ¿Cuál es el elemento que el narcisismo agrega al trío edípico? La muerte. “¿Cuál es el cuarto elemento? Pues bien, lo designaré esta noche diciéndoles que es la muerte” (10).

A partir de la función de la muerte como cuarto elemento, podemos analizar la profunda influencia de la filosofía hegeliana en la primera época de la enseñanza de Lacan. Esto se debe, entre otros motivos, a que la obra

de Hegel está esencialmente marcada por la función de la muerte. Al

respecto, James Carse en Muerte y existencia, una historia conceptual de la

mortalidad humana afirma: “[

]

Hegel es el primero en intentar llevar la

muerte al centro de la vida, para ver lo vivo no como lo no-muerto, o lo todavía-no-muerto, sino como lo mortal” (11) y “[para Hegel] no soy hecho mortal por un Otro hostil, sino que soy mortal como un Otro para mí mismo. Este es exactamente el punto en nuestra larga narración en el que

la mortalidad es descrita primeramente como una parte de la estructura del

yo. Ningún filósofo antes de Hegel había alcanzado tal concepción”. (12) El

propio Lacan sostiene que “[ la metafísica hegeliana no había hesitado en construir toda la fenomenología de las relaciones humanas alrededor de

la mediación mortal, tercero esencial del progreso por el cual el hombre se

]

humaniza en la relación con su semejante”.(13)

Ahora sí, ¿por qué cuatro? Lacan en su Seminario 14, “La lógica del fantasma”, aún inédito, en la clase del 14-12-1966, recomienda la lectura del artículo de Marc Barbut, “Acerca del sentido de la palabra estructura en matemáticas”. En ese trabajo Barbut propone, como representante del uso de la noción de estructura en las matemáticas, al grupo de Klein, “célebre en matemáticas y presente en múltiples actividades humanas” (14) y que se aplica a las permutaciones de cuatro elementos cualesquiera. La noción de estructura es definida así: “Una estructura […] es un conjunto de elementos elegidos caprichosamente, pero entre los cuales se definen una o varias […] operaciones”. (15)

Como dijimos en el capítulo “Topología”, hay que diferenciar entre las nociones de estructura que se utilizan en matemática y entre éstas, al menos hay que diferenciar estructuras de grupo, de estructuras topológicas. Las estructuras de grupo consisten en “un conjunto en el que

se ha definido una operación ‘x’ y que satisface las tres propiedades a), b)

y c)”.(16) Las propiedades o axiomas son: a) la ley asociativa, b) la

existencia de un elemento neutro y c) la existencia para todo elemento de

su elemento inverso. Entre las nociones fundamentales con las que opera

la teoría de grupo está la de “simetría”, que veremos muy implicada en la

estructura del grupo de Klein. Las estructuras topológicas son aquellas en

las que, además de la operación de grupo, se define un concepto de proximidad entre sus elementos y si la proximidad de elementos del grupo implica la de sus productos y la de sus inversos, entonces, es topológica.

La representación de la noción de estructura, implicada en el grupo de Klein, es la siguiente:

estructura, implicada en el grupo de Klein, es la siguiente: En la misma nota, Barbut ilustra

En la misma nota, Barbut ilustra sobre la utilización de este tipo de estructura de tal “riqueza y potencia” en geometría, en lógica, en psicología experimental y en etnología, como por ejemplo en C. Lévi-Strauss. Justamente Lacan toma a Lévi-Strauss cuando desarrolla la noción de estructura en el aquí ya citado “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”. Ahí dice: “Como por nuestra parte hacemos del término estructura un empleo que creemos poder autorizar en el de Claude Lévi- Strauss […] (17) Además, se encuentra una total confirmación de esta “autorización” de Lacan sobre la noción de estructura, a esta altura de su obra, si se observan dos esquemas de Lévi-Strauss a) y b), con la misma estructura que el esquema “L”:

a) el que aparece en “Las estructuras elementales del parentesco”: (18)

la misma estructura que el esquema “L”: a) el que aparece en “Las estructuras elementales del

y b) el que aparece en “Antropología estructural”: (19)

y b) el que aparece en “Antropología estructural”: (19) Es evidente la relación de “parentesco” entre

Es evidente la relación de “parentesco” entre el esquema “L” y la noción de estructura tal como se la encuentra en matemáticas, a partir de Bourbaki y en antropología, en Lévi-Strauss.

Si el cuaterno es utilizado en Matemáticas y Antropología, Lacan no olvida su uso en Lingüística. En su Seminario 5, “Las formaciones del inconsciente”, en la clase primera del 6 de noviembre de 1957, al comentar el cuaterno del Seminario 2: , , y dice: “Nosotros tenemos entonces

allí ese grupo mínimo de cuatro elementos significantes que tienen como

propiedad que cada uno de ellos es analizable en función de sus relaciones con los otros tres, es decir, para confirmarlo, tal como recientemente encontró Jakobson que el grupo mínimo necesario para que se hayan dado las condiciones primeras, elementales, de lo que se puede llamar el análisis lingüístico. Ahora Uds. lo verán, este análisis lingüístico tiene una relación íntima con lo que nosotros llamamos análisis a secas, incluso se confunde con él; él no es esencialmente, si miramos de cerca, otra cosa”. Confirma esta articulación de la noción de estructura en matemática con las nociones lingüísticas esta definición de Lacan: [ la estructura definida por la articulación significante como tal”. (20)

]

Ahora discutiré una idea que se sostiene con bastante frecuencia entre los lectores de Lacan. Es la que afirma que el esquema “L” es una utilización de la figura topológica que se conoce con el nombre de “banda de Móbius”, cuya representación es la siguiente:

Podemos describirla así: superficie de una cara que se obtiene torciendo una banda larga rectangular

Podemos describirla así: superficie de una cara que se obtiene torciendo una banda larga rectangular de papel y uniendo con goma los extremos.

Si se aplica al esquema “L” una rotación de un cuarto de vuelta en el sentido de las agujas del reloj y lo comparamos con una representación “aplanada” (una representación plana) de la “banda de Mobius”, efectivamente notamos su parecido:

la “banda de Mobius”, efectivamente notamos su parecido: Se debe decir que este parecido sólo es

Se debe decir que este parecido sólo es superficial ya que sus estructuras son esencialmente distintas. Lo estableceremos a partir del análisis del

distintas. Lo estableceremos a partir del análisis del punto de “entrecruzamiento” de los vectores AS y
distintas. Lo estableceremos a partir del análisis del punto de “entrecruzamiento” de los vectores AS y

punto de “entrecruzamiento” de los vectores AS y aa en el esquema “L”,

con el punto de “entrecruzamiento” de los segmentos AC y BD:

Se debe tener en cuenta que la discontinuidad del segmento BD cuando encuentra a AC

Se debe tener en cuenta que la discontinuidad del segmento BD cuando

encuentra a AC en la banda de Móbius es la forma de escribir que BD pasa

“por debajo” de AD, no sucediendo lo mismo en el esquema “L”, en el que ningún vector pasa por debajo del otro, sino que se chocan por estar en el mismo nivel.

De una cita del libro de Jeanne Granon-Lafont, La topologie ordinaire de Jacques Lacan, obtenemos que en la representación de la banda de Möbius “una discontinuidad de la línea no evoca su interrupción, sino el paso bajo otra línea en un momento de su trayecto. El por arriba-por debajo es necesario para hacer desaparecer la ilusión de la profundidad. Así, las convenciones de dibujo dan a la puesta en plano un estatuto de escritura”.(21) Lacan, por el contrario, al momento de presentar el esquema “L” en el Seminario 3, dice: “Nuestro esquema, les recuerdo, figura la

interrupción de la palabra plena entre el sujeto y el Otro, y su desvío por los dos yo, a y a’ y sus relaciones imaginarias”(22) y en la presentación del

mismo esquema en la primera clase del Seminario 4, dice: “[

esquemas es el esquema […] que inscribe la relación del Sujeto al Otro, relación virtual, relación de palabras virtuales por lo cual es del Otro que el sujeto recibe, bajo la forma de una palabra inconsciente, su propio mensaje que le es interdicto, por esa interposición de la relación imaginaria entre el a y el a’ […], es decir en tanto la relación […] imaginaria interrumpe, retarda, inhibe, invierte la relación de palabras entre el Sujeto y el Otro […]” (23).

] uno de esos

Otro argumento en el mismo sentido está dado por el hecho de que el

el

vector

entrecruzamiento, por el choque con el mismo, pasa a ser línea punteada.

por el choque con el mismo, pasa a ser línea punteada. AS, a ‘a, que es

AS,

por el choque con el mismo, pasa a ser línea punteada. AS, a ‘a, que es

a‘a,

que

es

pleno

hasta

enfrentar

al

vector

por

AS, a ‘a, que es pleno hasta enfrentar al vector por En realidad el vector a‘a

En realidad el vector a‘a divide el esquema en dos, representándose así el obstáculo que inscribe; esto se hace evidente si se le aplica al esquema un cuarto de giro en sentido contrario a las agujas del reloj, así:

de giro en sentido contrario a las agujas del reloj, así: Es importante establecer la continuidad

Es importante establecer la continuidad o discontinuidad implicadas en las figuras que se analizan, ya que el concepto de continuidad, como ya vimos, es fundamental en las consideraciones topológicas. El esquema “L” implica discontinuidad, mientras que la banda de Möbius, no.

El esquema “L” se distingue de la banda de Möbius, además, por el hecho de que esta última es una superficie, una superficie topológica, mientras que el esquema “L” no implica superficie alguna. Si fuese una superficie, habría que distinguir dos triángulos; el formado por Sa y el punto de intersección y el triángulo Aa’ y el punto de intersección. Así:

dos triángulos; el formado por Sa y el punto de intersección y el triángulo Aa’ y

Ambas superficies, o sea, ambos triángulos deberían representar cada uno algo distinto. Esto no es así. Jamás Lacan hizo referencia a una lectura de esta índole, jamás hizo referencia a triángulo alguno en el esquema “L” y el intentarlo entra en contradicción con todas las enseñanzas que Lacan intenta transmitir con este esquema.

No por ello queda fuera del campo de aplicación de las nociones topológicas. No es una figura como las que estudia la topología combinatoria o de los complejos, aquella que es una rama de la geometría, pero sí será comprendida por la topología general o abstracta, para la cual un conjunto de puntos puede ser tomado como espacio topológico. Las nociones fundamentales de la topología se le aplican, como por ejemplo:

no opera ninguna noción de cantidad ni mensurabilidad, la forma del esquema tampoco entra en cuenta, nada cambiaría si fuese más alargado, más estirado o más grueso. A su vez, no guarda ninguna relación de analogía con aquello que representa; por ejemplo “A” no es más grande que “a”, el sujeto “S” no está por encima del yo, “a “. En su escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Lacan dice:

“El ‘L’ tiene una estructura combinatoria que no hay que confundir con su aspecto espacial. Como tal, es ciertamente el significante mismo que debe articularse en el otro, especialmente en su topología de cuaternario”. (24)

Hemos dicho que si diferenciamos entre nociones de estructura en matemática, lo hacíamos fundamentalmente entre estructura de grupo y estructura topológica. Hemos utilizado las nociones de estructura de grupo para relacionar el esquema “L” con el grupo de Klein, tal como lo había usado, por ejemplo, C. Lévi-Strauss; pero en esta cita posterior de Lacan, nos dice que más bien hay que pensarlo como estructura topológica. ¿Por qué? Veremos más adelante, en la articulación del esquema “L” con las estructuras clínicas, que la cuestión de la “distancia” será tomada en cuenta. Distancia no métrica sino topológica, en la cual no es lo mismo si dos puntos están separados que si están infinitamente cerca. Como la distancia no cuantitativa es tomada en cuenta en la estructura del esquema “L”, éste tiene estructura topológica.

El esquema “L” consiste en cuatro puntos y cuatro vectores que los conectan de una manera particular. Para mayor claridad haremos de cuenta que el esquema es ‘como’ un cuadrado, en el sentido de tener cuatro vértices, cuatro lados y dos diagonales, pero sin olvidar que se erradica toda dimensión de superficie, tal como sucede en la representación del grupo de Klein.

El esquema “L”, entonces, es como un cuadrado al que se le ha quitado el lado izquierdo, que uniría S con a y el lado derecho, unión de a con A. El sustento de lo antedicho está representado en el mismo esquema, donde Lacan señala muy evidentemente la presencia de los cuatro lados del cuadrado (o de los cuatro segmentos que unirían los cuatro puntos del esquema que son vecinos, tomados de a dos):

puntos del esquema que son vecinos, tomados de a dos): Los paréntesis indican el lado izquierdo,

Los paréntesis indican el lado izquierdo, los redondeles, el lado derecho, los círculos plenos, el lado superior y los círculos vacíos, el lado inferior. Esto último se confirma, además, porque Lacan llama muchas veces al esquema “L” como “nuestro cuadrado” o “nuestro cuadrado mágico” en el transcurso de los años de más uso de este esquema, alrededor de los

Seminarios 2, 3 y 4.

Habiéndose establecido que es como un cuadrado al que se le han quitado los dos lados laterales, surge la pregunta de la razón de esta maniobra que voy a llamar la introducción de sendos intervalos.(24) El motivo es que

Lacan lo desarrolla para dar cuenta de la correcta concepción de la experiencia analítica, como experiencia intersubjetiva, en contra de la teoría de la relación de objeto Para dar una idea de lo que esta ultima implicaba en el momento de la creación del esquema “L”, tomaré unos párrafos del Diccionario de psicoanálisis de J. Laplanche y J.-B. Pontalis. “El término ‘relación de objeto se encuentra ocasionalmente en los escritos de Freud así pues resulta inexacto decir como se ha hecho que Freud lo ignora con todo, puede sin duda afirmarse que no forma parte de su aparato conceptual.

“Sin embargo, a partir de los años 30, el concepto de relación objetal ha adquirido una importancia creciente en la literatura psicoanalítica, hasta el

punto de constituir actualmente, para muchos autores, la referencia teórica fundamental.

“La promoción del concepto de relación objetal ha conducido a un cambio de perspectiva tanto en el campo clínico como en el técnico y el genético”.

(25)

En el Seminario 2 se encuentra: “A la famosa relación de objeto con la que hoy nos relamemos, se tiende a convertirla en un modelo, pattern de la adaptación del sujeto a sus objetos normales”.(26) La crítica de Lacan a la noción de relación de objeto no estará basada en el hecho de que no es una noción freudiana, aunque es cierto que no lo es; tampoco la critica porque implica un cambio esencial de toda la doctrina, aunque lo implica, sino porque es incorrecta. Esto va a ser dicho y articulado con el esquema “L”.

toda la doctrina, aunque lo implica, sino porque es incorrecta. Esto va a ser dicho y

Cada extremo escribe la fundamental separación que una correcta concepción teórica requiere de la función del S y del a por un lado, y del A con el a’, por el otro.

Para comenzar con su análisis, retomaré los esquemas de Lévi-Strauss. En ambos está indicado el hecho de que son pasibles de ser partidos por la mitad en sentido vertical (separando el lado derecho del izquierdo). En el siguiente esquema, los lados derecho e izquierdo están indicados por las letras “x” de un lado y las letras “y” del otro, respectivamente.

de un lado y las letras “y” del otro, respectivamente. En el segundo esquema, por la

En el segundo esquema, por la línea punteada se corta el esquema, de- ando A y C por un lado y B y D por el otro.

el esquema, de- ando A y C por un lado y B y D por el

La lectura que propongo del esquema “L”, al partirlo verticalmente, se autoriza en el diagrama del grupo de Klein.

La lectura que propongo del esquema “L”, al partirlo verticalmente, se autoriza en el diagrama del

Las líneas punteadas permiten una maniobra de corte vertical, en el sentido que inscriben los lados derecho e izquierdo, dejando las dos versiones de “x” a la izquierda y de “— x” a la derecha.

Efectuando tal corte vertical al esquema “L”, se obtiene el lado izquierdo, que llamaré del sujeto y el lado derecho, del otro. Esto corrige las nociones de la teoría de la relación de objeto en tanto que ésta, la verdadera relación de objeto, a partir del esquema “L”, ya no es dual, por el hecho de que tanto el lado del sujeto como el lado del otro, son dobles. Del lado del sujeto se deben diferenciar el sujeto del inconsciente (S) y el yo (a); del lado del otro, se obtendrá al otro como semejante (a’) y al Otro (A) como alteridad radical. No puede haber una correcta concepción y conducción del análisis si se confunden los extremos heterogéneos, tanto del lado del sujeto como del lado del otro. En el esquema “L”, Lacan escribe que, si bien se establecen los lados del sujeto y del otro, respectivamente, cada uno de éstos implica una composición de dos elementos heterogéneos.

Volviendo un poco atrás, resta decir que el esquema “L” es un cuaterno muy peculiar, o sea, “más o menos” un cuaterno. Si tenemos en cuenta los extremos del vector que inscribe la relación imaginaria, observamos que ambos son denominados con la misma letra: a. Si el vector tiene por extremos dos lugares denominados con la misma letra, ¿son dos lugares o sólo uno? Desde le perspectiva del esquema, son dos lugares, ya que uno indica el vértice superior derecho y, el otro, el vértice inferior izquierdo. Pero, al ser denominados por la misma letra, son presentados también como un solo lugar.

Esta paradoja del esquema es la paradoja propia de la dialéctica entre el otro semejante, el otro del modo imaginario y el yo, entendido como el

precipitado de las identificaciones con la imagen del otro. La verdadera pregunta entonces es: ¿el yo y el otro imaginario son dos o uno? Responderé con una cita del seminario de Lacan: “Esa forma del otro posee la mayor relación con su yo, es superponible a éste y la escribimos a’.

Tenemos, pues, el plano del espejo, el mundo simétrico de los ego y de los

otros homogéneos”. (27) Dado que a’ y a son intercambiables entre sí, entonces no implica cambio de estructura cuando Lacan escribe uno u otro en cada extremo del eje de la relación especular (cf. Seminario 2, clase XXIV).

Comenzaré el estudio del eje imaginario por la vía de esta paradoja. Se debe decir que el eje a’a no sólo inscribe la dialéctica del Estadio del espejo, también inscribe la función del lenguaje, que, para distinguirla de la función de la palabra, Lacan la denomina “muro del lenguaje”, tal como fue planteado más arriba. Esto autoriza otra interesante pregunta: si el lenguaje es, obviamente, simbólico, ¿cómo, justamente, lo vamos a ubicar en el eje imaginario? El propio Lacan enuncia: “Tenemos, pues, el plano del espejo, el mundo simétrico de los ego y de los otros homogéneos. De él debe distinguirse otro plano, que llamaremos el muro del lenguaje.

“Lo imaginario cobra su falsa realidad, que, sin embargo, es una realidad verificada, a partir del orden definido por el muro del lenguaje. El yo tal como lo entendemos, el otro, el semejante, todos estos imaginarios son objetos. Cierto es que no son homogéneos con lunas: constantemente

corremos el riesgo de olvidarlo. Pero son efectivamente objetos, porque son nombrados como tales en un sistema organizado, que es el del muro

del len guaje.”(28) El lenguaje adquiere una función imaginaria, en tanto y en cuanto “objetiviza” al sujeto como “yo” y al otro.

No debe sorprender que ubiquemos dimensiones del lenguaje en planos opuestos del esquema. Ya Ferdinand de Saussure había establecido en su Curso que el lenguaje es, en sí mismo, el mixto heterogéneo de la lengua, por un lado, y la palabra o habla, por el otro.

En el capítulo sobre el modelo óptico, decíamos que eran ciertas propiedades de las imágenes las que permitían la objetivación; ahora esa función le es conferida al lenguaje. Veremos que en el desarrollo de la enseñanza de Lacan, el pasaje de funciones de lo especular al lenguaje no se agota en el que ahora comentamos, como tampoco la ampliación de lo

imaginario, que, si incluye el lenguaje con su función objetivante, ya no es sólo el Estadio del espejo.

Por otra parte, si se articulan “imaginario” y “realidad” es porque en el eje aa’ ubicaremos el fantasma, aun en su dimensión exclusivamente imaginaria, que podemos llamar ‘fantasmagorías’.

Oponiéndose a la función objetivante del lenguaje, la palabra cumple la función del reconocimiento subjetivante, que implica una dialéctica propia,

subjetivante, que implica una dialéctica propia, la del vector AS que Lacan describe así: “En la

la del vector AS que Lacan describe así: “En la verdadera palabra, el Otro es aquello ante lo cual se hacen reconocer. Pero sólo pueden hacerse reconocer por él porque él está de antemano reconocido. Debe estar reconocido para que puedan hacerse reconocer […] [y] el reconocimiento de un Otro absoluto, al que se apunta más allá de todo lo que pueden conocer, y para quien el reconocimiento sólo tiene valor precisamente porque está más allá de lo conocido”.(29) Lo que abre la posibilidad de recibir del Otro el reconocimiento es el paso previo de reconocer al Otro, lo que está claramente indicado en todos los ejemplos que da Lacan, al comenzar todos ellos con un “Tú eres

El más allá de lo conocido en el reconocimiento será lo inconsciente de la concepción freudiana, si al inconsciente freudiano le articulamos la teoría de la palabra que Lacan está construyendo y el deseo de reconocimiento de Hegel.

Respecto de esto último, el deseo de reconocimiento de Hegel, tomamos de Kojéve: “Tal aceptación de la muerte se produce cuando el hombre arriesga conscientemente su vida en función del solo deseo de ‘reconocimiento’ (Anerkennen), de su mera ‘vanidad’. El deseo de reconocimiento es el deseo de un deseo, vale decir, no de un ser dado (= natural), sino de la presencia de la ausencia de tal ser”. (30) También: “Así en la relación entre el hombre y la mujer, por ejemplo, el Deseo es humano si uno desea no el cuerpo, sino el Deseo del otro, si quiere ‘poseer’ o ‘asimilar’ el deseo tomado en tanto que Deseo, es decir, si quiere ser ‘deseado’ o ‘amado’, o más todavía, ‘reconocido’ en su valor humano, en

su realidad de individuo humano”. (31) Recordemos que Lacan, en el vector AS, coloca como paradigma

Recordemos que Lacan, en el vector AS, coloca como paradigma “Tú eres mi mujer”. El deseo,

“Tú eres mi mujer”. El deseo, y aun el deseo sexual, en tanto que dimensión intersubjetiva implica la noción hegeliana de la mediatización del otro como esencial para la condición del ser humano.

Se puede obtener una concepción simple de la mediatización del Otro, tema que ya hemos trabajado en el capítulo sobre el modelo óptico, si desdoblamos el vector A—>S en dos momentos lógicos, el primero consistente en elevar a un otro a la función de Otro que se puede escribir S—>A, y el segundo que consiste en recibir de este Otro el lugar simbólico, A—>S. Queda así el Otro en posición ‘media’ en el reconocimiento del Sujeto. Sólo se adquiere el lugar simbólico de ‘esposo’ si una mujer en especial, a la que se reconoce primero como ‘mi mujer’, reconoce al hombre en ese lugar. Desde ya debemos destacar que ésta no es la concepción del deseo que se halla en Freud y a la que, por lo tanto, Lacan representará a otro nivel en su esquema “L”.

Este poder discrecional que detenta el Otro a nivel simbólico, el poder de asignar o no un lugar al sujeto, se basa en la estructura de la comunicación humana que Lacan rectifica. La teoría de la comunicación enuncia que el emisor codifica y emite el mensaje que el receptor recibe y decodifica. Desde la teoría lingüística estructural, articulada a la concepción del sujeto tal como se desprende de la experiencia analítica, Lacan la rectifica

proponiendo que el emisor recibe su propio mensaje en forma invertida desde el receptor.

Es a consecuencia de esta concepción que Lacan localizará la transferencia

de esta concepción que Lacan localizará la transferencia en el vector AS, en tanto el esquema

en el vector AS, en tanto el esquema “L” puede dar la estructura de la

es sobre esta línea que se establece todo lo que

es del orden transferencial, hablando con propiedad, jugando ahí lo imaginario precisamente un papel de filtro, hasta de obstáculo.” (32)

experiencia analítica. “[

]

A no sólo representa al otro sujeto que por su posición de alteridad radical motiva que se lo llame el Otro y que es capaz, a su vez, de reconocer a nivel simbólico, o sea, desde donde se recibirá el verdadero lugar (mensaje) en lo simbólico, y que es lo inconsciente (por eso siempre se lo recibe en forma invertida), sino también la estructura legal en general, como el armazón fundamental de las relaciones intersubjetivas, y en

el pacto que une al hombre con la mujer el pacto mayor que

especial “[

(33)

Desde la perspectiva antropológica esto es la interdicción del incesto y el intercambio de las mujeres, lo que Lévi-Strauss denomina “las estructuras elementales del parentesco” y que Freud elabora a partir de la noción de complejo de Edipo.

]

pone de acuerdo al elemento macho con el elemento hembra [

]”.

Esta función del Otro, A, para un sujeto, puede ser encamada por una pluralidad de sujetos anónimos, como, por ejemplo, el conjunto de los sujetos que constituyen el “auditorio”, para el “conferenciante”, quien puede recibir su mensaje desde este Otro, ya que si el auditorio abandona el lugar, puede planteársele al sujeto en cuestión la pregunta: si todos se van, ¿él se hallará en el lugar del conferenciante?

Esta concepción del Otro simbólico lo hace garante de la verdadera posición simbólica del sujeto, lo hace garante de la verdad del sujeto. La función del Otro de ser garante de la verdad y el que la verdad tenga posibilidad de garantía será profundamente criticada por Lacan cuando desarrolle su esquema “Z”.

En cuanto al Sujeto, S, Lacan aprovecha la homofonía que tiene en francés la letra 5 con lo que Freud en su segunda tópica denomina Es, o sea, el Ello, para indicar que el sujeto en cuestión es el sujeto del inconsciente, que no sabe lo que dice y que no es tomado como una totalidad sino en su abertura. Este sujeto es lo que Lacan llama “nuestra suposición básica, la de los analistas”. Desde el analista, detrás del discurso que recibe, se hace operar la suposición de un sujeto.

La prueba de la existencia de un sujeto pasa por la posibilidad de que puede mentir. Si se puede plantear la pregunta ¿estará mintiendo?, entonces se está frente a un sujeto. Aquí hay que diferenciar entre engaño y mentira. El engaño, propio del modo imaginario y posible en el mundo animal, no va más allá de la maniobra del tero, que pone los huevos en un lugar y grita ‘tero, tero’ en el otro para engañar a sus enemigos; mientras que la mentira, que sólo es posible a nivel simbólico, tiene que ver con el sujeto. Implica la posibilidad de mentir sobre una mentira, algo así como poner los huevos en un lugar y en el mismo gritar ‘tero, tero’, que deja al interlocutor sin la posibilidad de saber si se dice la verdad, queriendo hacer creer que se dice una mentira, o viceversa. Desde esta perspectiva, se plantea como paradigma el chiste que Freud trabaja en El chiste y su relación con el inconsciente: “En una estación ferroviaria de Galitzia, dos judíos se encuentran en el vagón. ¿A dónde viajas?’, pregunta uno. ‘A Cracovia’, es la respuesta. ‘¡Pero miraqué mentiroso eres! —se encoleriza el otro—. Cuando dices que viajas a Cracovia me quieres hacer creer que viajas a Lemberg. Pero yo sé bien que realmente viajas a Cracovia. ¿Por qué mientes entonces?” (34)

De los tres textos de Freud que Lacan destaca como fundamentales para la elaboración de la noción de lo inconsciente, La interpretación de los

sueños, La psicopatología de la vida cotidiana y El chiste y su relación con

lo inconsciente, es este último el más apto para elaborar lo inconsciente como articulado a la dimensión del Otro. Mientras que los sueños y los lapsus pueden parecer más intrasubjetivos, a Freud no se le escapa “El chiste como proceso social” (título de un apartado de su libro). Recordemos su distinción con “lo cómico”: “En lo cómico intervienen en general dos personas; además de mi yo, la persona en quien yo descubro lo cómico […]. Al proceso cómico le bastan esas dos personas: el yo y la persona objeto […]. El chiste como juego con las propias palabras y pensamientos prescinde de la persona objeto, […] pero requiere de otra persona a quien poder comunicar su resultado. Ahora bien, esta segunda persona del chiste no corresponde a la persona objeto, sino a la tercera persona, al otro de la comicidad”. (35) La comunidad conceptual y hasta terminológica entre esta cita de Freud y los lugares del esquema “L” es verdaderamente llamativa.

Del texto de Freud sobre el chiste se obtiene, además, una forma de presentar otra dimensión que Lacan adscribe al Otro, A. Una de las condiciones que hace apta a una persona para ocupar el lugar tercero del otro del chiste es que pertenezca “a la misma parroquia” que la primera. En términos de Lacan, el pertenecer a la misma parroquia se entiende como “compartir el Otro”.

Pasemos ahora a lo que se desprende como enseñanza de los dos vectores

a lo que se desprende como enseñanza de los dos vectores que articulan al eje simbólico
a lo que se desprende como enseñanza de los dos vectores que articulan al eje simbólico

que articulan al eje simbólico con el eje imaginario: Aa y Sa’. Antes de hacerlo conviene distinguir del esquema, en su conjunto, cada uno de los vértices con sus respectivos vectores.

cada uno de los vértices con sus respectivos vectores. Así se hace más evidente que: 1)

Así se hace más evidente que: 1) del punto A sólo salen vectores, ninguno llega, lo que debe ser interpretado como que el Otro es un lugar determinante y no determinado; 2) al punto a sólo llegan vectores, ninguno sale, lo que indica la condición de determinado que tiene el yo, tanto por el otro imaginario como por el Otro simbólico; 3) del punto S sale un vector, el del deseo; es un vector que sale porque “el deseo torna activo al hombre”; llega un vector desde el A indicando que si bien entre S y A hay una relación de interdependencia (no existiría el uno sin el otro), esta relación no implica reversibilidad; el A determina al S y no viceversa, y 4) del punto a’ sale un vector hacia a indicando que el otro está en el origen de la identificación del yo, y llega un vector desde S, el vector del deseo.

Por lo tanto, si se encaran los vectores que articulan ambos ejes, se tiene el

encaran los vectores que articulan ambos ejes, se tiene el vector Aa, que indica que si

vector Aa, que indica que si bien lo imaginario es fechado por Lacan en los primeros meses de vida y la función de la palabra es evidentemente

posterior, desde la perspectiva estructural, lo simbólico, en tanto que registro, tiene una posición de antecedente lógico respecto de lo imaginario. También en este vector se inscribe el que lo simbólico determine lo imaginario, en el sentido de que lo simbólico es la causa de lo imaginario como efecto. Si esto es así, se debe concluir que si se desea operar sobre lo imaginario, hay que hacerlo sobre lo que lo determina.

lo imaginario, hay que hacerlo sobre lo que lo determina. En cuanto al vector Sa’, donde

En cuanto al vector Sa’, donde se localiza el deseo que torna activo al hombre y que Lacan define como: “Y ese deseo es lo que al mismo tiempo está en la fuente de toda especie de animación”, se debe destacar que en este nivel se inscribe la concepción freudiana del deseo (que no coincide con la hegeliana); por lo tanto hace de a’, el destinatario de este deseo, el objeto.

Propongo diferenciar las nociones freudiana y hegeliana de deseo a partir de cómo las articula Lacan en su esquema “L”. El deseo hegeliano, que se

Lacan en su esquema “L”. El deseo hegeliano, que se inscribe en el vector AS, articula

inscribe en el vector AS, articula un elemento simbólico con otro elemento simbólico; en cambio el deseo freudiano, que se inscribe en el vector articula, como ya dijimos, lo simbólico con lo imaginario. En el desarrollo de la enseñanza de Lacan este problema será encarado y resuelto al producirse, en su seno, la noción de objeto a causa del deseo, ya no imaginario. El esquema “R” será el lugar en el que estos cambios empezarán a elaborarse.

Estamos leyendo a a’ ya no como la imagen del otro imaginario, sino también como el objeto del deseo; hay aun otra acepción que darle, a’ es también el objeto libidinal, entendiendo Lacan, a esta altura de su obra, a la libido como imaginaria. “Libido y yo están del mismo lado. El narcisismo es libidinal.”(36)

a’ tendrá, entonces, dos valores: 1) como el otro de la dialéctica imaginaria, el semejante, y 2) el objeto del deseo, al que en nuestros días haríamos coincidir con el objeto propio del ‘marketing’ y que, consecuentemente, es teorizado por Lacan, en este momento de su enseñanza, como imaginario.

¿Por qué el deseo freudiano, tal como aparece en el esquema “L” está representado por una línea punteada, o sea, es inconsciente? La respuesta es que puede saberse cuál es el objeto que se desea, pero todo objeto a’ oculta, como tal, la falta a nivel del otro imaginario y esto es lo inconsciente de esta dimensión del deseo.

De lo antedicho se desprenden una concepción de la dirección de la cura y una crítica a la forma en que se la venía concibiendo. Si lo determinante es lo que llamamos el Otro y lo determinado es a, entonces un psicoanálisis debe proceder sobre A y desde A, para operar sobre 5. En el eje imaginario aa’ ubicaremos la transferencia como resistencia, a la resistencia al paso de la palabra de A a S y, si es el analista el que se ubica en el punto a’, la resistencia será del analista.

“El análisis debe apuntar al paso de una verdadera palabra, que reúna al sujeto con otro sujeto, del otro lado del muro del lenguaje. Es la relación última del sujeto con un Otro verdadero, con el Otro que da la respuesta que no se espera, que define el punto terminal del análisis.” (37) “El análisis consiste en hacerle tomar conciencia de sus relaciones, no con el yo del analista, sino con todos esos Otros que son sus verdaderos garantes y que no ha reconocido. Se trata de que el sujeto descubra de una manera progresiva a qué Otro se dirige verdaderamente aun sin saberlo, y de que asuma progresivamente las relaciones de transferencia en el lugar en que está y donde en un principio no sabía que estaba.” (38) Ya en el Seminario 1 estaba presente esta concepción de la dirección de la cura, a través de la noción de “palabra plena”; allí Lacan dice: “La palabra plena es la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se establece en el reconocimiento del uno por el otro. La palabra plena es la palabra que hace acto. Tras su emergencia, uno de los sujetos ya no es el que era antes. Por ello, esta dimensión no puede ser eludida en la experiencia analítica”. (39)

Y, como se vio en el capítulo anterior, para el fin del análisis Lacan retoma el Wo Es war, soll Ich werden freudiano, al que le va a dar el siguiente sentido: “Al final del análisis es él quien debe tener la palabra (en el sentido de tomar la palabra), y entrar en relación con los verdaderos Otros. Ahí

donde el S estaba, ahí el Ich debe estar”. (40) Se entenderá como la supresión ideal de la distancia entre S y a por la vía de la elevación de la dialéctica, que al comienzo del análisis se encontraba en a, hasta S.

Resta decir que en el mismo Seminario se encuentra una articulación de la

insistencia significante y la pulsión de muerte y que el tenerla en cuenta

aporta un giro novedoso a lo que se describió como dirección de la cura y fin de análisis.

Esta articulación implica:

1) “La experiencia freudiana parte […] por postular un mundo de deseo […] El deseo se instituye en el interior del mundo freudiano en el que se despliega nuestra experiencia, lo constituye, y no hay instante del menor manejo de nuestra experiencia en que esto pueda ser borrado.” (41)

2) “El mundo freudiano no es un mundo de cosas, no es un mundo del ser, es un mundo del deseo como taL” (42) Y: “El deseo es una relación de ser a falta. Esta falta es, hablando con propiedad, falta de ser. No es falta de esto o de aquello, sino falta de ser por la cual el ser existe”; (43) el significante no remite a un objeto, sólo remite a otro significante, lo que nos lleva a:

3) “El deseo, función central de toda experiencia humana, es deseo de nada nombrable”, (44) que es taxativamente definido en el Seminario 7, La ética del psicoanálisis, en la clase que se llama “La pulsión de muerte”, como “el

campo innombrable del deseo radical” (45) que lleva a concluir con un

sesgo novedoso lo que Lacan define como fin de análisis:

4) “Pueden apreciar que la acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo. Pero no se trata de reconocer algo que estaría allí, totalmente dado, listo para ser captado. Al nombrarlo, el sujeto crea, hace surgir, una nueva presencia en el mundo. Introduce la presencia como tal, y, al mismo tiempo, cava la ausencia como tal. Unicamente en este nivel es concebible la acción de la interpretación.”

(46)

El reconocimiento por parte del Otro del ser del sujeto debe ser entendido

como produciendo un ser que sólo se sostiene en su “falta de ser”. En el

uso de los términos de “presencia” y “ausencia” se reencuentra el foro-Da

freudiano, paradigma de sus elaboraciones sobre el “más allá del principio

de placer” y la pulsión de muerte. “Todo se reduce al to be or not to be, a

la elección entre lo que va a salir o no, a la pareja primordial del más y el

menos. Pero tanto presencia como ausencia connotan ausencia o presencia

posibles. Desde el momento en que el sujeto mismo llega al ser, debe esto

a cierto no ser sobre el cual eleva su ser. Si él no es, si no es algo, a todas

luces está dando fe de cierta ausencia; pero seguirá siendo siempre deudor

de esa ausencia, quiero decir que de ella tendrá que dar pruebas, por no

poder dar pruebas de la presencia.”(47)

Esto es llevar hasta sus últimas consecuencias la noción de “diferencial” u

“opositiva” para el significante de Ferdinand de Saussure. En su Curso de

lingüística general encontramos: “Esto es más cierto todavía en el

significante lingüístico; en su esencia, de ningún modo es fónico, es

incorpóreo, constituido, no por su sustancia material, sino únicamente por

las diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás”. (48) El

ser del “ser” sólo le viene de su no ser, de su diferencia con “no ser”.

que inaugura la dialéctica del

reconocimiento, se debe tener presente el trabajo que posteriormente hará

Lacan al convertir este “Tú eres (T’ est en su homófono francés: Tué,

que significa asesinado, matado por su paso por lo simbólico. El Otro,

A su

vez,

al

recordar

el

“Tú eres

)

capaz de reconocer, también se ausenta a consecuencia de su presencia en

lo simbólico.

Articulando esto último a lo antedicho, se puede entender por qué el fin de

análisis es entendido con Lacan a través de las famosas palabras de Edipo

en

Colona: “¿Ahora cuando nada soy, acaso me convierto en hombre?” Con

el

psicoanálisis, tal como lo concibe Lacan desde su retomo a Freud,

contestamos que sí.

Del esquema “L”, además de la concepción de la cura y el fin del análisis, también se puede desprender una forma de representar algunas dimensiones psicopatológicas. De las tres que se trabajarán, las dos primeras implican el achatamiento del esquema, o sea, la pérdida de la separación de S y a por un lado y de A y a’ por el otro. Esta pérdida de distancia debe ser entendida como pérdida de distancia topológica, tal como la que representamos y estudiamos en el capítulo sobre topología.

La pérdida de la distancia topológica, o sea, la pérdida de separación, entre S y a por el rebajamiento de 5 a a produce, como efecto, la locura. “Un loco es precisamente aquel que se adhiere a ese imaginario, pura y simplemente.” (49) Un loco, y no la estructura psicótica, es aquel que se adhiere a su a (moi) sin la intermediación de la función del Otro. Por otra parte, la pérdida de la distancia entre A y a produce el delirio. “Esta distinción entre el Otro con mayúscula, es decir, el Otro en tanto que no es conocido, y el otro con minúscula, vale decir el otro que es yo, fuente de todo conocimiento, es fundamental. En este intervalo, en el ángulo abierto entre ambas relaciones debe ser situada toda la dialéctica del delirio.”(50)

La tercera dimensión psicopatológica corresponde a la histeria. En el Seminario 3, Las psicosis, Lacan afirma: “¿Quién es Dora? […] La cuestión de saber dónde está el yo de Dora está así resuelta: el yo de Dora es el señor K. La función que cumple en el esquema del Estadio del espejo la imagen especular, en la que el sujeto ubica su sentido de reconocerse, donde por vez primera sitúa su yo, ese punto externo de identificación imaginaria, Dora lo coloca en el señor K”. (51) En el esquema “L” podemos entonces inscribir muy bien la “identificación invertida” propia de la histeria, en la cual el yo estará en a’.

El esquema “L”, que marca el paso trascendente del uso de los modelos imaginarios a los esquemas simbólicos, será extensamente usado por Lacan en los Seminarios 2, 3 y 4. Pero, a partir de allí, será objeto de una profunda crítica. Crítica, no de su estructura, sino de las nociones que escribe y de cómo las articula. Profunda autocrítica de Lacan que está en la base de la producción de los esquemas “Z”, “R” y del “Grafo del deseo”.

NOTAS

1. El concepto de la angustia, Hyspamérica, pág. 58.

2. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, Paidós, págs. 364-65.

3. Clase del 12-11-1958.

4. El Seminario, libro 4, “Las relaciones de objeto”, inédito, clase del

23- 1-57.

5. Ibíd., clase del 21-11-56.

6. T. Ewan Faulkner, Geometría proyectiva, Dossat, pág. 2.

7. El Seminario, libro 2, El va en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cit., pág. 289.

8. Ibíd., pág. 288.

9. Ibíd.

10. “El mito individual del neurótico”, en Intervenciones y Textos,

Manantial, pág. 58.

11. Muerte

y existencia,

una historia conceptual

de

la

mortalidad

humana, Fondo de Cultura Económica, pág. 373.

12. Ibíd., pág. 378.

13. “El mito individual

14. Marc Barbout, ficha interna de la Sociedad Analítica de Buenos Aires, pág. 6.

15. Ibíd., pág. 7.

16. Nicolas Bourbaki, “La arquitectura de las matemáticas”, en Las

”,

ob. cit., pág. 58.

grandes corrientes del pensamiento matemático, Eudeba, pág. 41.

17. “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, Escritos 2, Siglo

XXI, pág. 270.

18. Capítulo XII, Paidós, 1949, pág. 238.

19. “Las estructuras sociales en el Brasil central y oriental”, Antropología

estructural, Eudeba, 1952, pág. 113.

20. “Observación

”,

ob. cit, pág. 271.

21. Cf. La topologie ordinaire de Jacques Lacan, 1. Granon-Lafont, Point

Hors Ligne.

22. El Seminario, libro 3, Las psicosis, Paidós, pág. 26.

11- 1956, subrayado mío.

24. Escritos 2, ob. cit., pág. 237.

25. Laplanche y Pontalis,

Quimantu.

26. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, Paidós, pág. 333.

27. Ibíd., pág. 366, el subrayado es mío.

28. Ibíd., el subrayado es mío.

29. El Seminario, libro 3, Las psicosis, ob. cit., págs. 78-79.

30. La idea de muerte en Hegel, La Pléyade, pág. 102.

31. La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel, La Pléyade, pág. 14.

32. El Seminario, libro 4, “Las relaciones de objeto”, clase del 19-12-56,

inédito.

33. El Seminario, libro 2, Elyo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cii., pág. 296.

34. Obras completas, Amorrortu, Tomo VIII, pág. 108; Biblioteca Nueva,

Tomo 1, pág. 875.

Diccionario

de

psicoanálisis,

Nacional

35.

Ibíd., pág. 13; Biblioteca Nueva, Tomo 1, pág. 887, el subrayado es

mío.

36.

El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cit., pág. 481.

37.

Ibíd., pág. 369.

38.

Ibíd., pág. 370.

39.

El Seminario, libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, pág.

168.

40.

El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cii., pág. 370.

41. Ibíd., pág. 333.

42. Ibíd.

43. Ibíd., pág. 334.

44. Ibíd.

45. El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, pág. 262.

46. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cit., pág. 342.

48.

Curso de lingüística general, Losada, pág. 201.

49. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cit., pág. 365.

50. El Seminario, libro 3, Las psicosis, ob. cit. pág. 63.

51. Ibíd., pág. 249.

EL ESQUEMA “Z”

EL ESQUEMA “Z” Partiendo de la ubicación del esquema “Z” en el seno de la obra

Partiendo de la ubicación del esquema “Z” en el seno de la obra de Lacan, se indicará cómo éste corrige el esquema “L”. Esta modificación es necesaria para pasar luego a los esquemas “R” e “I” y al grafo del deseo.

El esquema “Z” aparece en el escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, texto redactado entre diciembre de 1957 y enero de 1958, o sea, simultáneamente con el Seminario 5, “Las formaciones del inconsciente”, aún inédito, en el que, justamente, Lacan produce su grafo del deseo.

Que Lacan ya haya dictado el Seminario 3, Las psicosis, implica que, luego de proponer su esquema “L” en el Seminario 2, ya haya producido: a) la

distinción entre Estadio del espejo y el orden imaginario, ya que este

último implica, además del Estadio del espejo, también la significación; b) la teorización de la falta de un significante que, si bien en ese momento significa patología (la forclusión del Nombre-del-Padre implica la psicosis), inaugura el tratamiento lógico de esa cuestión; c) la distinción entre significantes, a partir del significante del Nombre-del-Padre, distinción entre significantes que antes sólo comprendía el Ideal del yo, y d) la

concepción del orden simbólico como conjunto co-variante, que, por el

uso de la noción de “conjunto”, que excluye la posibilidad de la existencia del conjunto universal, se deduce que no es una totalidad y que cada

significante en cuanto tal, al pertenecer a un conjunto “co-variante”, “[ ] en tanto sistema correlativo de elementos que toman su lugar sincrónica y diacrónicamente unos en relación a otros […]” (1), no significa nada. Estas cuatro dimensiones operan plenamente en los esquemas “Z”, “R” e “I” producidos en “De una cuestión preliminar ”

Como ya fue dicho no corresponde confundir el esquema “L” con el “Z”. Esto se hace evidente en la definición que da Lacan de este último. “La L del cuestionamiento del sujeto en su existencia tiene una estructura combinatoria que no hay que confundir con su aspecto espacial. Como tal, es ciertamente el significante mismo que debe articularse en el Otro, y especialmente en su topología de cuaternario”. (2) Luego analizaré el cuestionamiento del sujeto que implica el esquema “Z” respecto de lo planteado en el “L”, pero desde ya se debe tener en cuenta que este esquema tiene “estructura combinatoria” y entonces si se descuida su aspecto espacial, que no es lo importante. se lo podría representar sintácticamente:

lo importante. se lo podría representar sintácticamente: Si es la sintaxis de un cuaternario, es significante

Si es la sintaxis de un cuaternario, es significante en sí mismo. Podría suponerse que “L” y “Z” son el mismo esquema, ya que Lacan dice: “[ ] aplicaremos dicha relación en el esquema ‘L’ ya presentado y aquí simplificado”. (3) Pero se debe observar, tal como se hizo a la altura del “Esquema simplificado de los dos espejos”, que “simplificar” en francés tiene el sentido de: “ser objeto de una esquematización” y esto supone su paso al significante. Y, si es tal, debe ser entendido en un espacio que es topológico.

la formulación científica de la relación con que la condición del sujeto S (neurosis o

psicosis) depende de lo que tiene lugar en el Otro A” (5) “[…] debe ser entendido más allá de las estructuras clínicas, pero también en el sentido de que la condición neurótica o psicótica del sujeto depende de lo que se

Lacan lo desarrolla para dar “[ ese Otro del sujeto” (4): “[

]

]

desarrolla en el Otro. Por esta razón es que el esquema “Z” debe ser producido antes del esquema “R”, que se podría definir, provisionalmente, como el esquema de la neurosis.

Antes de comentar lo que Lacan escribe en cada punto del esquema “Z”, se deben tener en cuenta varias premisas que fundan la posibilidad de construir este esquema y que, por lo tanto, se pueden considerar equivalentes a axiomas. Son las siguientes:

1)

“[

]

la condición del sujeto S (neurosis o psicosis) depende de lo que

tiene lugar en el Otro A.” (6) Por “condición del sujeto” se entiende, por un lado, el ‘ser sujeto’ y, por el otro, la cuestión de ‘qué tipo de sujeto’ está implicado. El término que en francés se tradujo por ‘tiene lugar’ es se déroule que significa “toma lugar en el tiempo hablando de una continuidad ininterrumpida de eventos de pensamiento” (Dictionnaire Petit Robert). Esto implica la articulación de tiempo y espacio en el Otro, por lo que propongo como traducción más ajustada ‘se desenvuelve’, que incluye ambas dimensiones, en lugar de ‘tiene lugar’, ya que siempre nuestro sujeto requiere, para ser correctamente concebido, de la dimensión temporal. No hay sujeto, tal como lo concibe el psicoanálisis, sin la dimensión temporal.

2) “Lo que se desenvuelve allí (en el Otro) es articulado en forma de discurso (el inconsciente es el discurso del Otro)”. (7) Se entiende por la vía

del “discurso” la cuestión de una sintaxis y el que sea “articulado” implica que esté compuesto por artículos (los elementos) y las articulaciones (sus leyes).

3)

interesada?” (8) Aquí el trabajo que hace Lacan sobre los significantes es fundamental. La etimología, tanto para el castellano como para el francés, de ‘interesado’ (intéressé) es “inter sum: estar entre, en medio de, en el intervalo de” (Diccionario Sopena Latín). O sea, nuestro sujeto se localiza en los intervalos de los elementos del discurso del Otro. Cuando en el capítulo sobre el grafo del deseo retomemos la cuestión del intervalo,

“En ese discurso ¿cómo se interesaría el sujeto si no fuese parte

veremos cómo esta noción ya estaba implicada en nociones freudianas fundamentales respecto del deseo inconsciente.

4) El sujeto está interesado en el discurso del Otro,” [ en cuanto que está estirado en los cuatro puntos del esquema “[…] (9) Aquí hay que

corregir la traducción. En francés dice tiré, cuya tercera acepción en el Dictionnaire Petit Robert es “Desplegar sobre el papel (una figura) escribiendo, dibujando, grabando. Trazar una línea, un rasgo. Trazar un plano (tirar un plano)”. Evidentemente nuestro sujeto no está ‘estirado’, sino que está ‘trazado’ en el sentido en el que se traza un plano o un esquema En castellano este sentido se conserva en el sustantivo ‘tiralíneas’, un aparato para trazar líneas.

]

En los cuatro puntos del esquema está trazado el sujeto, ya no el sujeto de un lado y el Otro sujeto del otro lado; esto implica que el esquema “Z” ya no representa la intersubjetividad, en el sentido de un sujeto enfrentado a otro sujeto y, por lo tanto, “A” ya no es sujeto; veremos más adelante qué es.

¿De qué forma está trazado el sujeto en los cuatro puntos del esquema

4.1) “[

se dijo de las nociones que fundan el esquema “Z”, sabemos que la inefable

y estúpida existencia del sujeto es en el discurso del Otro.

]

a saber S, su inefable y estúpida existencia […] (10) Por lo que ya

Inefable: inexpresable en palabras, ya lo dijimos, a) los significantes en cuanto tales no significan nada, sólo son un conjunto co-variante y entonces ninguno de ellos puede (lógicamente) significar al sujeto, ya que ni siquiera se pueden significar a sí mismos, lo que implica la imposibilidad de plantear la identidad en el nivel de lo simbólico, y b) el sujeto se ubica en los intervalos entre los significantes, por eso será definible como “lo que representa un significante ante otro significante”. Es preciso recordar aquí lo dicho en el capítulo sobre Modelos, donde justamente la noción del Ideal del yo definida como “prejuicio” implicaba la existencia de un elemento de lo simbólico que da ser al sujeto y que aquí será criticada por

el propio Lacan. Se está frente al desarrollo lógico con el que Lacan sostiene su autocrítica.

Estúpida: este término tiene dos acepciones, que también son localizables en su etimología. La más corriente, referida a una inercia mental, vinculable con la imbecilidad o con la idiocia, no es con la que está trabajando Lacan. La otra, mucho menos común, implica “marcado de estupor, paralizado de sorpresa, boquiabierto” (Dictionnaire Petit Robert), que describe al sujeto tal como se lo deduce del hecho de que no encuentra el significante que lo signifique.

Existencia: también lleva a la misma dialéctica que implican inefable y estúpida, ya que Lacan, partiendo de Heidegger, lo utiliza como ex-sistere, que así separado ex significa afuera, sistir, sostenerse, ser de significante pero fuera de cada significante.

4.2) “[ ] a, sus objetos, […]”. (11) Esto confirma la lectura que hicimos del
4.2) “[
]
a, sus objetos, […]”. (11) Esto confirma la lectura que hicimos del

vector Sa’ del esquema “L”, ya que fue dicho que inscribía el deseo del sujeto por los objetos que, si bien son concebidos como imaginarios, no hay que confundirlos con el semejante especular. El que “a” sea el objeto desde que Lacan utiliza esta álgebra, quizá sea una de las justificaciones posibles del hecho de que, a pesar de que a partir del fin del Seminario 6, “El deseo y su interpretación”, aún inédito, y del Seminario 7, La ética del psicoanálisis, Lacan desarrolla su novedosa noción de “objeto a”, y aunque la noción sea “nueva”, lo sigue llamando “a “.

4.3) “[

[…]”. (12).El yo, que definimos como precipitado de las identificaciones al otro semejante, es la fuente del mecanismo de la proyección. El yo, por estructura, se proyecta en sus objetos. Aquí se reencuentra la crítica a la concepción que ubica la proyección como el mecanismo psicótico, que se desarrollará en el análisis del presidente Schreber, del Seminario 3, Las psicosis. El déficit del análisis de Freud está causado por no tener aún las nociones de “Introducción del narcisismo”.

]

a’, su yo, a saber lo que se refleja de su forma en sus objetos

4.4) “[

]

y A el lugar desde donde puede planteársele la cuestión de su

existencia.” (13) Primero se debe despejar un problema de traducción. En

francés dice “poser à lui la question […]” que conviene traducir por “planteársele la pregunta”.

La novedad que se plantea aquí, además de la indicada de la desubjetivización de “A”, es consecuencia de que ahora la existencia es inefable y estúpida. Si en el Otro ya no hay elementos que, como tales, puedan reconocer, dar identidad simbólica al sujeto, entonces se convierte en el lugar desde donde el sujeto puede recibir su pregunta, que es justamente todo lo contrario. Esto se postula en condicional, no es necesario que a todo sujeto le sea hecha la pregunta, es contingente. Respecto de la condición de “lugar” que Lacan le asigna al Otro, hay que tener presente lo que dice a este respecto en “Subversión del sujeto y

dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”: “[ ] qu’ espace) (14), que en castellano fue traducido por: “[

lugar (sitio más

bien que espacio) […] (15), donde creo que “sitio” no da justamente el sesgo que “place” sí hace. En francés son muchas las acepciones de esta palabra, pero casi todas tienden a indicar una dimensión del espacio con coordenadas simbólicas, como en castellano: ubicación, situación, localidad. Evidentemente, si se opera con un espacio que no vale como porción de lugar sino, en tanto y en cuanto articulado a lo simbólico, tal como si se marcara un punto en un plano a partir de sus coordenadas cartesianas, se está de lleno en las consideraciones de base de la topología. Si el Otro es “lugar”, es “lugar del significante” o “lugar de la palabra” y ésta es la noción de espacio que corresponde al sujeto de la experiencia analítica.

lieu (place plutot

]

En Freud, indica Lacan, se encuentra una elaboración muy precisa de estas cuestiones en la noción de “ein anderer Schauplatz”, “la otra escena”, que, tomada de Fechner, implica una concepción del espacio para el inconsciente. Freud, para lo que llama la “localidad psíquica”, desarrolla el famoso esquema del peine, en el que postula que: “En rigor, no necesitamos suponer un ordenamiento realmente espacial de los sistemas psíquicos.” (16) Con la introducción de las nociones topológicas, se

concluye que no es que no necesitemos un ordenamiento realmente espacial, sino que necesitamos un ordenamiento espacial distinto del que utilizamos en la “realidad”. El intento de Lacan es el de sustituir la “tópica freudiana” por una concepción del espacio logicizable con el sujeto del inconsciente.

¿Cómo se plantea esta pregunta de la existencia del sujeto? “Pues es una

verdad de experiencia para el análisis que se plantea para el sujeto la pregunta de su existencia, en cuanto articulada: ‘¿Qué soy ahí?’, referente a su sexo y su contingencia en el ser, a saber que es hombre o mujer por una parte, por otra que podría no ser, ambas conjugando su misterio, y anudándolo en los símbolos de la procreación y de la muerte. “ (17)

El ¿qué soy ahí? respecto del sexo y del ser conjuga su misterio al anudarlo

a los símbolos de la procreación y la muerte. ¿Por qué? Para responder se

hace claro que Lacan habla de procreación y no de gestación. La gestación implica el animal y su equivalente es el embarazo, pero la procreación implica el símbolo y no hay procreación fuera de él. Es la noción necesaria

para responder a la pregunta ¿de dónde sale o surge un sujeto? Ya en el Seminario 2 Lacan afirmaba: “La realización simbólica del sujeto, que es

siempre creación simbólica, es la relación que va de A a S”. (18) La creación en juego respecto del sujeto es la creación de la nada (creación ex-nihilo),

y sólo el significante puede crear de la nada.

el

velo del espejismo narcisista, […]” (19); es por eso que, sintácticamente hablando, se interponen entre ellos y, aprovechando la sintaxis, se puede también leer:

En la relación entre A y S, se debe decir que aa’ funcionan como “[

]

(

S

x

y

aa’

A

)

Escritura, esta última, en la que los términos simbólicos comprenden y ordenan los imaginarios. “Pues quitadlo de allí (al Otro en su lugar A), y el hombre no puede ya ni siquiera sostenerse en la posición de Narciso.” (20)

Idea ésta ya presentada por Lacan en el Seminario 2, en la última clase que se llama: “A, m, a, S”, donde se encuentra la misma función de lo simbólico respecto de lo imaginario y donde, además, algo obvio para el lector francés, no en la traducción, es que “amas” es un término de la lengua francesa que significa: nebulosa aparente que un instrumento poderoso permite resolver.

“[

]

y aún falta decir que es a título de elementos de un discurso particular

como esa cuestión en el Otro se articula.” (21) Si el análisis se mantiene en

el nivel de la estructura y en este caso aún más allá de las estructuras clínicas, se refiere a “todo” sujeto como efecto del significante; pero no hay que olvidar, posición psicoanalítica por excelencia, que también es de estructura que todo sujeto es “particular, único”, en tanto articulado por un discurso único, un discurso particular.

El complejo de Edipo conjuga las preguntas por el sexo y el ser, o, sus equivalentes, por la procreación y la muerte. Si antes se habló de creación, no se olvidará que el Creador por excelencia es Dios, sustituto del padre. La articulación de la función paterna a las preguntas sobre el ¿qué soy ahí, trae consecuentemente el recurso a las estructuras clínicas, y hasta se puede decir que abre una dimensión clínica: la clínica de la pregunta. “La tópica freudiana del yo muestra cómo una o un histérico, cómo un obsesivo, usa de su yo para hacer la pregunta, es decir, precisamente para no hacerla. La estructura de una neurosis es esencialmente una pregunta

(22)

Si cada sujeto hace la pregunta sobre el ser y el sexo con el símbolo del padre, con el significante del Nombre-del-Padre, no ‘nabría posibilidad de tal pregunta en la psicosis, dada la forclusión de este elemento. “Estamos seguros de que los neuróticos se hicieron una, pregunta. Los psicóticos, no es tan seguro. Quizá la respuesta les llegó antes que la pregunta; es una hipótesis. O bien la pregunta se formuló por sí sola, lo cual no es impensable.” (23) Y: “Se trata de concebir, no de imaginar, qué sucede para un sujeto cuando la pregunta viene de allí donde no hay significante, cuando el agujero, la falta, se hace sentir en cuanto tal” (24)

A su vez, la pregunta en la neurosis se polarizará hacia el sexo en la

histeria (tanto para las histéricas como para los histéricos), bajo la forma:

¿qué es una mujer? y en la neurosis obsesiva sobre la contingencia del ser, bajo la forma de la muerte.

Al abordar, más adelante, el grafo del deseo, se verá que la pregunta ¿qué

soy ahí? se sustituye por Che vuoi?: la lógica de este cambio se elaborará en ese capítulo.

Quisiera hacer un comentario en relación con la posible articulación de lo que dice Lacan respecto de los símbolos de la procreación y la muerte, y de

lo que dice Freud respecto de la imposibilidad de inscripción inconsciente

de la propia muerte y de la diferencia sexual anatómica. Inicialmente parecería que nos hallamos frente a una diferencia conceptual importante entre ambos autores. Pero, para demostrar que esto no es tan así, sugiero hacer el siguiente análisis:

Se dice frecuentemente que Freud sostiene que no hay inscripción

inconsciente del órgano sexual femenino. Esto es sólo parcialmente cierto.

Si se tienen en cuenta los textos fundamentales para estas cuestiones,

tales como: “La organización genital infantil”, “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica” y la 33ª Conferencia de introducción al psicoanálisis, “La femineidad”, donde se establece que la

posición freudiana indica otra cosa. Primero: debe tenerse presente que a todo lo largo de su obra, Freud habla del simbolismo inconsciente del órgano sexual femenino, que arranca en La interpretación de los sueños y adquiere un estatuto trascendente en la puesta a prueba clínica de este texto: el “caso Dora”. Si se toma en cuenta lo que Freud afirma en el primero de los textos arriba indicados: “En el siguiente estado de la organización genital infantil hay por cierto algo masculino, pero no algo

femenino [

interpretación respecto de que, para Dora, el “alhajero” representaría, en

forma inconsciente, el órgano sexual femenino? Lacan en “La pregunta histérica” del Seminario 3 dice: “Los dos sueños de Dora son, al respecto, absolutamente transparentes, no se habla de otra cosa: ¿qué es ser una

]”;

(25) ¿se debería concluir que Freud ya no sostendría su

mujer? y específicamente: ¿qué es un órgano femenino?” (26) ¿Acaso el “[

]

enigma de la femineidad” (27) querrá decir que lo inconsciente es una sede

de representaciones a la que le falta “vagina”?

Segundo: hay que recordar que el falo no es el órgano sexual masculino, el falo no es la representación inconsciente de la posición sexual del hombre. El falo es un símbolo, pero no del pene. He encontrado sólo dos indicaciones en la obra de Freud sobre este punto, pero ellas existen: 1)

“Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci”, donde dice: [

antiguos figuraban alado al falo […]”; (28) 2) “El tabú de la virginidad”: “En muchas comarcas de la India, la recién casada debía sacrificar su himen al lingam de madera, y según el informe de San Agustín, en el ceremonial

nupcial romano existía la misma costumbre [

tenía que sentarse sobre el gigantesco falo de piedra de Príapo”. (29) Lingam es el símbolo fálico del culto del Dios Siva, cuyo culto está asociado a la idea de creación y de generación. Más aún, en sánscrito linga quiere decir signo o símbolo distinguido. La referencia a Príapo también indica fertilidad y potencia. El falo dentro de los cultos fálicos implica más que la fertilidad, la energía creativa y el principio generativo. Muchas veces es representado el lingam por el genital femenino.

pues la joven esposa sólo

los

]

si

],

Lo que Freud sostiene es: “No es posible dar ningún contenido nuevo a los conceptos de masculino y femenino. Este distingo no es psicológico […]. (30) Lo que el inconsciente no puede inscribir es la oposición sexual, aunque sí registra la diversidad anatómica; si bien es cierto que el órgano sexual masculino es más fácilmente imaginarizable que el femenino, es la relación entre los sexos lo que no llega a poder ser inscripta.

Respecto de la inscripción o no de la propia muerte a nivel inconsciente debemos retener que lo que Lacan nos enseña es que la función de la muerte, incluida la propia, a diferencia de Freud, es una modalidad de la pregunta por la contingencia del ser, es una elaboración de la pregunta:

¿qué soy en el discurso del Otro? Y la pregunta por el ser es inevitable si, como ya fue dicho, “todo lo que llega a la existencia por medio del símbolo […] no puede en forma alguna ser nombrado y lo innombrable por

excelencia, es [

]

la muerte”. (31) La muerte de la que hablamos es la

muerte introducida por el significante y no la biológica que, en sí misma,

sólo es la Continuación del ciclo vital.

Finalmente, para concluir con el análisis del esquema “Z”, recordemos que:

1)

este esquema corrige esencialmente las nociones que dan sustento al

esquema “L”;

2) su estructura es sintáctica, o sea, relación entre términos significantes determinada por una legalidad vinculada fundamentalmente con el lugar;

3) el sujeto S se ubica entre su ser de intervalo y la modalidad particular

de articular, o sea, responder a la pregunta por el deseo del Otro. Aquí ya tenemos el fundamento de lo que en el grafo del deseo será la relación entre el sujeto del deseo y el fantasma, que trabajaremos oportunamente,

y

4) el Otro A ya no es un sujeto, es un lugar necesario para concebir al sujeto con el que se enfrenta el psicoanálisis.

NOTAS

1. El Seminario, libro 3, Las psicosis, Paidós, pág. 268.

2.

psicosis”, Escritos 2, Siglo XXI, pág. 237, el subrayado es mío.

3. Ibíd., pág. 234.

4. Ibíd.

5. Ibíd.

6. Ibíd.

7. Ibíd., págs. 234-35.

8. Ibíd., pág. 235.

9. Ibíd.

“De

una

cuestión

preliminar

a

todo

tratamiento

posible

de

la

10. Ibíd.

11. Ibíd.

12. Ibíd.

13. Ibíd.

14. “Subversion du sujet et dialectique du désir dans l’inconscient

freudien”, Ecrits, Seuil, pág. 806.

15. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente

freudiano”, Escritos 1, Siglo XXI, págs. 3 17-18.

16. La interpretación de los sueños, Obras completas, Biblioteca Nueva,

Tomo I, pág. 544; Amorrortu, Tomo V, pág. 530.

17. “De una cuestión preliminar

”,

ob. cit., pág. 235.

18. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, Paidós, pág. 474.

19. “De una cuestión preliminar

20. Ibíd.

21. Ibíd., pág. 235.

22. El Seminario, libro 3, Las psicosis, Paidós, pág. 249.

23. Ibíd., pág. 288.

24. Ibíd., pág. 289.

25. “La organización genital infantil”, Obras completas, Biblioteca Nueva,

Tomo I, pág. 1197; Amorrortu, Tomo XIX, pág. 149.

”,

ob. cit., pág. 236.

27.

“La femineidad”, Obras completas, Biblioteca Nueva, Tomo II, pág.

933; Amorrortu, Tomo XXII, pág. 108.

28. “Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci”, Obras completas,

Biblioteca Nueva, Tomo II, pág. 487; Amorrortu, Tomo XI, pág. 117.

29. “El tabú de la virginidad”, Obras completas, Biblioteca Nueva, Tomo I,

pág. 979; Amorrortu, Tomo XI, pág. 199.

30. “La femineidad”, Amorrortu, ob. cit., pág. 106.

31. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica

psicoanalítica, ob. cit., págs. 3 16-17, el subrayado es mío.

EL ESQUEMA “R”

EL ESQUEMA “R” Antes de comentar y analizar las enseñanzas que implica el esquema “R”, que

Antes de comentar y analizar las enseñanzas que implica el esquema “R”, que Lacan presenta en su escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, debe tenerse en cuenta un hecho muy peculiar: este esquema es producido simultáneamente con el grafo del deseo. No en la misma época, sino en los mismos días. Se debe responder a esta particularidad.

Si el esquema “Z” es una corrección al esquema “L” necesaria para poder producir el esquema “R”, o sea, si se inserta la relación entre el esquema “L”, el “Z” y el “R” dentro de la lógica diacrónica, la relación entre el “R” y el grafo del deseo no es de la índole de aquellas que se ubican en la diacronía de las concepciones de Lacan. Son dos “producciones” simultáneas para responder a dos cuestiones diversas mediante lógicas diversas. El esquema “R’ es la teorización de la función paterna en la articulación, en el anudamiento peculiar de lo simbólico, lo imaginario y lo real que es la neurosis. En cambio, el grafo del deseo responde al requerimiento de teorizar las consecuencias de la introducción en el psicoanálisis de la noción de cadena significante, que fundamentalmente se inicia con la distinción entre necesidad, demanda y deseo.

También hay que tener en cuenta, con respecto a la relación entre el esquema “R” y el grafo del deseo, que el esquema “R” es una superficie y como tal es abordado desde la topología que se denomina general, o en la otra denominación, combinatoria (o de los complejos), mientras que el grafo del deseo se aborda desde la topología algebraica o abstracta (o general) y la teoría matemática de los grafos y redes. A su vez, no todo es diferencia, también hay comunidades muy importantes que se deben tener en cuenta, como por ejemplo que ambos tienen una estructura esencialmente cuatripartita.

Luego de esta breve distinción de funciones y comparación de estructuras entre el esquema “R” y el grafo del deseo, sobre los que me extenderé en la elaboración de cada uno de ellos, debemos pasar a las nociones que es necesario manejar para trabajar con el esquema “R”: me refiero a la metáfora paterna.

En las mismas semanas en que Lacan dieta las clases del Seminario 5, en tas que elabora las nociones de la metáfora paterna, escribe “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”: es evidente que debemos comenzar por aquélla.

Como dijimos en el capítulo sobre el esquema “Z”, la función paterna conjuga la sexualidad y la muerte. Freud articula esta conjunción con su teoría del complejo de Edipo y a su respecto elabora su mito de la horda primitiva. Hace derivar de la culpa por el asesinato/muerte del padre la dimensión de la deuda, la ley y, consecuentemente, el acceso a las mujeres. El cuestionamiento del sexo se hace a través de la vía del complejo de castración, cuyo agente también es el padre, e introduce la función del falo. Con Lacan, y desde su Seminario 3, sabemos que, sólo con el significante del padre, el sujeto, tanto hombre como mujer, puede preguntarse sobre su ser, ¿qué soy?, bajo sus dos formas fundamentales:

¿qué es una mujer?, o sea la pregunta por el sexo, y sobre la contingencia del ser, la pregunta sobre la muerte, el to be or not to be? Entonces:

En su Seminario 4, “Las relaciones de objeto”, Lacan afirma: "[ propósito de P (significante

En su Seminario 4, “Las relaciones de objeto”, Lacan afirma: "[

propósito de P (significante paterno) que se produce en el niño esta interrogación sobre el orden simbólico: ¿qué es un padre? En la medida en que éste es el pivote, el centro ficticio y concreto de ese mantenimiento del orden genealógico […]” (1).

a

]

es

Lacan desarrolla la articulación del Edipo y la castración haciendo de la función paterna la operatoria de un significante: el Nombre-del-Padre, y desarrolla, para dar cuenta de esta operatoria, la metáfora paterna, que es la consecuencia de aplicar sobre el Edipo freudiano la lógica del significante, tal como la concibe Lacan.

La estructura general de una metáfora es:

la concibe Lacan. La estructura general de una metáfora es: En su lado izquierdo, la fórmula

En su lado izquierdo, la fórmula implica:

1) Heterogeneidad: hay dos elementos simbólicos (las letras mayúsculas indican lo simbólico; dos significantes: S y S’, este último repetido) y un elemento imaginario (la “x” como significación desconocida hasta producido el efecto metafórico).

2) Efecto de sustitución en la cadena: la significación es producida por la sustitución de S’ por S, es decir, S ocupa el lugar que S’ tenía en la cadena.

3)

que S’ tenía en “una cadena”, hace falta al menos otro significante que

Implicación de un tercer significante: si S sustituye a S’ en el lugar

proporcione tal función de cadena, como segundo término. Sólo existen dos posibilidades: a) S” S’ o b) S’ S”, o sea, que el otro elemento

constitutivo de la cadena, que por claridad aquí es llamado S”, esté antes o después de S’. Como para Freud, quien suponía que la condensación implicaba el desplazamiento, aquí la metáfora debe ser antecedida lógicamente por la metonimia, no hay metáfora posible sin una previa conexión de un significante con otro significante. En el Seminario 5, “Las

para

formaciones del inconsciente”, Lacan, a este respecto, afirma: “[

que todo juego metafórico sea posible, hace falta que se funde sobre algo

donde haya algo a substituir sobre aquello que es la base, es decir la cadena significante, […] en tanto que lugar de la metonimia”. (2)

]

No se deben confundir estos dos lugares implicados por la noción de cadena significante, con las dos barras representadas en la fórmula de la

metáfora:

metafóricamente, la simplificación matemática.

_”. Lacan despliega la lógica de la sustitución, utilizando,

Lacan despliega la lógica de la sustitución, utilizando, implica el eslabón de la cadena donde se

implica el eslabón de la cadena donde se produce la sustitución que, como ya dijimos, debe ser entendida así:

sustitución que, como ya dijimos, debe ser entendida así: no es la misma barra que la

no es la misma barra que la anterior, es la barra del algoritmo

saussureano, definida como “[

que significa que “[

pero que ningún elemento de la cadena consiste en la significación de la que es capaz en el mismo momento”. (4) Si se puede decir que Freud ubicaba en “su algoritmo” la resistencia entre Inconsciente y Preconsciente,

barrera resistente a la significación”,(3) lo

es en la cadena significante que el sentido insiste,

]

]

Lacan lo hace entre significante y significado.

El lado derecho de la fórmula implica:

Efecto de significación: es por la vía de la metáfora por donde es

introducida “[

la creación del sujeto “[…] lo que liga a la metáfora con la cuestión del ser […] (6) y, por la metáfora “[…] deviniendo el sujeto verdadero a medida que ese juego de los significantes va a hacerle significar”. (7)

]

una especie nueva en la significación […]”. (5) Es como tal,

Aquí también debernos recordar la preeminencia lógica de la metonimia respecto de la metáfora, ya que el “ser” que aporta la metáfora es la respuesta a la “falta en ser” que introduce la metonimia y que, por eso mismo, esta última se articula con el deseo. El significante aislado no produce la falta en ser. En este sentido no hay que olvidar que se puede introducir un significante en la vida de un animal, como por ejemplo en la experiencia del estímulo condicionado de Pavlov, pero no por eso hay falta ni deseo. Es en este sentido que la metáfora puede aportarle “ser” al sujeto, intentando así colmar la falta introducida por la metonimia.

La “s” de la parte derecha de la fórmula debe entonces ser distinguida de la incógnita que representa en la parte izquierda “x”, indicando que se ha producido, por el juego de los significantes, el atravesamiento de la barra (—).

El paréntesis, que sustituye en las fórmulas de Lacan a la elipse de las fórmulas de F. de Saussure, indica lo inconsciente. Es función del significante colocar un término sobre el significado y ésta es una operatoria inconsciente para el sujeto hablante.

Pasemos ahora a la metáfora paterna:

Pasemos ahora a la metáfora paterna: Teniendo en cuenta lo dicho respecto de la precedencia lógica

Teniendo en cuenta lo dicho respecto de la precedencia lógica de la metonimia respecto de la metáfora, debe haber, respecto del significante del Deseo de la Madre, al menos otro significante en juego que constituya la base de la cadena significante donde se producirá la sustitución metafórica, y este significante, que se correlaciona con el Deseo de la Madre, es el significante del Ideal. La sustitución de la metáfora paterna debe operar, entonces, sobre una cadena así: Deseo de la Madre. Ideal, o así: Ideal Deseo de la Madre. Es por esta lógica que se puede sostener que el Nombre-del-Padre implica un elemento tercero. El esquema “R” permitirá articular estas nociones de una forma muy clara.

permitirá articular estas nociones de una forma muy clara. debemos decir que implica las siguientes consideraciones:

debemos decir que implica las siguientes consideraciones:

1) En la metáfora se constituye la atribución primera. Lo que implica:

a) la omnipotencia del Otro: quien ocupe el lugar del Otro dispondrá del

“todo poder” de hacer del grito llamada, de hacer pasar la necesidad biológica a la materialidad significante, por el desfiladero del significante;

b) toda metáfora se origina en una injuria, “porque es de ella que procede

la injusticia gratuitamente hecha a todo sujeto de un atributo […]” (8) atributo en el sentido de juicio de atribución, que Lacan ejemplifica con: “el

perro hace miau, el gato hace guau”: por la inversión recíproca del grito propio de cada especie se comprueba que éste ha sido mortificado (desnaturalizado) por el pasaje al nivel del significante.

2) Sólo retroactivamente a la operatoria de la metáfora paterna el Deseo de la Madre será cabalmente deseo, o sea, sólo devendrá deseo luego de operar la sustitución metafórica. Sólo luego de que el significante del Nombre-del-Padre sustituya el significante Deseo de la Madre en su lugar,

y de introducir así la función de la ley en el Otro por la vía de la

interdicción (en el niño: no te acostarás con tu madre y en la madre: no reintegrarás tu producto), se articulan ley y deseo. Sin esta articulación la madre permanece en el lugar del Otro omnipotente y su deseo opera como capricho. Desear no es querer, puede haber un querer que, al no articularse a una interdicción fundamental, no esté referido, entonces, a una falta original, eso es el capricho del Otro, que no implica su castración.

Esto es lo que escribe la siguiente parte de la fórmula:

Esto es lo que escribe la siguiente parte de la fórmula: Si no opera, podríamos intentar

Si no opera, podríamos intentar escribir el resultado fallido de la siguiente

forma:

escribir el resultado fallido de la siguiente forma: Y éste es el resultado fallido, justamente porque

Y éste es el resultado fallido, justamente porque la función del Nombre-

del-Padre, es privar a la madre de su objeto. (9)

3)

Significación fálica:

a la madre de su objeto. (9) 3) Significación fálica: Es la significación fundamental producida por

Es la significación fundamental producida por la metáfora paterna, que es

fálica porque la operatoria del significante Nombre-del-Padre se hace vía

el significante fálico, (10)

Ya en el Seminario 3, Las psicosis, respecto de la función del falo, Lacan afirma: “El acceso de la mujer al complejo edípico, su identificación

imaginaria, se hace pasando por el padre, exactamente igual que el varón, debido a la prevalencia de la forma imaginaria del falo, pero en tanto que a su vez ésta está tomada como el elemento simbólico central del Edipo” (el subrayado es mío). (11) Y avanza aún más en su consideración del

porque el falo es un símbolo que no tiene

significante fálico: “[

correspondiente ni equivalente. Lo que está en juego es una disimetría en el significante. Esta disimetría significante determina las vías por donde

pasará el complejo de Edipo. Ambas vías llevan por el mismo sendero: el sendero de la castración”. (12)

]

En el Seminario 4, “Las relaciones de objeto”, inédito, Lacan hace girar la dialéctica edípica alrededor del objeto fálico (noción de objeto que justifica el nombre del seminario) y articula íntimamente a este último con el objeto en juego en la fobia y en el fetichismo. En el Seminario 5, el que está dictando simultáneamente con la redacción del escrito que estamos comentando, da un paso más, en la dirección de la cita del Seminario 3, haciendo operar al significante fálico. Allí, elabora la relación existente entre necesidad, demanda y deseo: es el Seminario “Las formaciones del inconsciente” porque éstas derivan de la función de la cadena significante, eje de las elaboraciones de este Seminario.

El deseo es el más allá de toda demanda, es el resto, lo que de la necesidad nunca podrá pasar en el nivel de la demanda, y si todo deseo humano es deseo del deseo del Otro, la existencia de un más allá de la demanda va a implicar, en último término, a través del deseo del Otro, una falta estructural en el Otro, cuya inscripción se hará a través del significante fálico, marca de esta barradura del Otro, y va a hacer del deseo, deseo sexual. La articulación de la falta en el Otro con un significante que la inscriba se estudia en detalle, más adelante, en el capítulo sobre el grafo del deseo, en relación con S ().

Analizaremos ahora la estructura general del esquemna “R”.

Como se observa claramente, el esquema “R” implica una superficie con forma de cuadrado. Destaquemos el hecho de que, de todos los esquemas de Lacan que hemos visto hasta ahora, éste es el primero que consiste en una superficie. Si recordamos lo dicho en el capítulo sobre el esquema “L”, respecto del cual decíamos que implicaba la noción de estructura que en matemáticas se llama “grupo”, ahora pasaremos a la noción de estructura que en matemáticas se llama “topológica”.

Discutiremos más tarde qué tipo de superficie es ésta. Dediquemos ahora unas líneas para recordar que Freud asignó a la noción de superficie implicada en su concepción de inconsciente la expresión eine andere Schauplatz, la otra escena, recordando que Platz en alemán significada ‘lugar’, y donde el inconsciente requiere de la noción de ‘otro lugar”. El lo dice así: “El escenario de los sueños es otro que el de la vida de representación de la vigilia” (13) e introduce la noción de “localidad psíquica” que requiere su concepción del aparato psíquico, destacando que no coincide con la anatómica y que debemos tomarla como localizaciones ideales, debiéndose entender este “ideal” como no perteneciente al registro de la realidad del sentido común.

Vamos a producir esquemas parciales para ir señalando las características de este esquema.

para ir señalando las características de este esquema. El triángulo trazado con línea plena es el

El triángulo trazado con línea plena es el orden simbólico. Lo confirma a) que sea denominado “S”, o sea orden simbólico; b) que sus vértices sean

elementos simbólicos, I, M y P, en mayúsculas según la convención de Lacan, y c) la letra “A”, el Otro con mayúscula, el inconsciente, como otro nombre del mismo triángulo. El triángulo punteado es lo no simbólico. Pero, ¿qué es lo que está implicado por este triángulo de lo no simbólico? Podría suponerse que es esto:

de lo no simbólico? Podría suponerse que es esto: Dado que Lacan escribe “I”, “R” y

Dado que Lacan escribe “I”, “R” y “S” en cada uno de estos tres polígonos, se podría pensar que cada uno de ellos representa lo imaginario, lo Real y

lo Simbólico, respectivamente. Pero no es así. En una muy importante cita a ”

pie de página de “De una cuestión preliminar

no es lo Real, simio “el campo de la realidad”, (14) realidad que, como lo

indica el esquema, lo tacha: el campo de la Realidad cubre, encubre el campo de lo Real.

Lacan nos indica que “R”

¿Y qué estructura tiene este campo de la Realidad? Es evidentemente imaginaria y, como lo imaginario, se apoya en lo simbólico. En este escrito, donde Lacan intenta dar cuenta de su concepción de las psicosis, y para esto debe despejar los prejuicios que abundan respecto de la estructura y de la diferencia de la realidad y de lo real (por eso este esquema se llama “R”), Lacan nos indica con su esquema la estructura imaginaria de la realidad. A eso responde el sombreado, que además de indicar que la realidad ‘tacha’, ‘encubre’ como una pantalla lo real, también indica cómo la realidad está superpuesta al campo de lo imaginario y apoyada en lo simbólico, como todo lo imaginario. Entiendo el sombreado del esquema, tal como se indica en los círculos de Euler, la superposición de los mismos.

Para el esquema “R”, el sombreado por superposición de las superficies del triángulo imaginario y

Para el esquema “R”, el sombreado por superposición de las superficies del triángulo imaginario y del cuadrángulo de la realidad debe entenderse así:

y del cuadrángulo de la realidad debe entenderse así: A su vez, va en la misma

A su vez, va en la misma dirección el hecho de que “a” y “a “vértices internos” de lo imaginario, comprendidos por los vértices simbólicos “M” e “I” sean uno de los lados del cuadrángulo sombreado que se apoya en lo simbólico.

Otro argumento que debe ser tomado en cuenta respecto de la condición de imaginario del cuadrángulo de la realidad, es que si el triángulo imaginario no tuviese como límites , M e I, lo imaginario no se apoyaría

en lo simbólico sino en la realidad, algo así como que el famoso “criterio de realidad” sostendría el imaginario del ser humano, contrario al sentido de toda la enseñanza de Lacan. Citémoslo en este punto: “Para volver a la fórmula que había gustado tanto a Freud en boca de Charcot, ‘esto no impide existir’ al Otro en su lugar A.

“Pues quitadlo de ahí, y el hombre no puede ya ni siquiera sostenerse en la posición de Narciso.” (15)

Finalmente, debemos decir que hay en el escrito mismo una indicación que corrobora lo que sostenemos. Lacan define la estructura del esquema “R”

como un “[

]

doble temario […], (16) el ternario simbólico MIP y el ternario

imaginario aa’.

ternario simbólico MIP y el ternario imaginario  aa’. Entonces distinguiremos en el triángulo imaginario, el

Entonces distinguiremos en el triángulo imaginario, el triángulo Sim, que llamaremos triángulo del sujeto en lo imaginario, del cuadrángulo de la realidad, MimI. Si se observa detenidamente, se verá que justamente “m” e “i” quedan dentro de lo que sería el campo del triángulo del sujeto, por la continuación de ambos extremos del lado “mi” (cf. figura 42).

La relación entre ambos ternarios, el imaginario y el simbólico, es definida por Lacan como una homología. Esta noción topológica será de gran importancia para entender la lógica que sostiene la estructura del esquema “R”, como también la del grafo del deseo.

Una definición general de homología debe partir de una diferenciación entre homología y analogía. Esta última significa igualdad de relaciones, o sea, proporción, semejanza; en cambio homología es la relación entre elementos que se corresponden en las figuras semejantes. Una apretada definición topológica de homología podría ser ésta: una región dada es homóloga de otra cuando puede ser asociada a ésta, de tal manera que sean cualitativamente equivalentes, constituyendo así lo que se llama un complejo, compuesto, por ejemplo, por triángulos puestos juntos de tal manera que se toquen sólo en vértices o a lo largo de un borde entero (como en el caso del esquema “R”). La teoría homológica fue extendida desde las figuras euclidianas a los espacios topológicos arbitrarios. La idea

básica de homología proviene del matemático francés Henri Poincaré y consiste en dividir el espacio en puntos, segmentos de línea, triángulos (procedimiento conocido como triangulación) u otros componentes geométricos, para así poder establecer y medir el número de las interrelaciones de esos componentes, en una vía situable algebraicamente. La teoría homológica se ocupa de asignar a cada espacio, o a las generalizaciones del mismo, sus invariantes. Por lo tanto, podemos decir que está basada en las estructuras algebraicas asociadas a la topología de las regiones geométricas.

Entonces, ambos ternarios son homólogos. Lacan nos indica que también lo son: la pareja a-a’ con M-I y S bajo con P bajo A.

Que el triángulo imaginario “aa’” sea homólogo del triángulo simbólico “MIP”, debe ser entendido como que el triángulo simbólico cubre el imaginario, mejor dicho, cada elemento del ternario imaginario es recubierto por cada uno de los elementos simbólicos correspondientes, según lo indica el esquema “R”, a saber:

a) la dupla “MI” recubre a su homóloga, la dupla “aa’ “, o sea, las duplas correspondientes a las bases de ambos triángulos y,

duplas correspondientes a las bases de ambos triángulos y, o sea los vértices de ambos triángulos.

o sea los vértices de ambos triángulos.

Esto puede ser representado con mucha claridad si replegarnos en el esquema un triángulo sobre el otro, haciendo más chico al triángulo imaginario, que así queda como interno:

En francés recouvrir ; que es el término que utiliza Lacan, significa, además de sus

En francés recouvrir; que es el término que utiliza Lacan, significa, además de sus acepciones comunes, dominar, arbitrar por la autoridad, reglar. Es lo que hacen los términos simbólicos (con sus relaciones) respecto de los términos imaginarios y las suyas.

Antes de comentar las relaciones homológicas, debemos indicar lo que representa cada una de las letras del esquema:

I: registro Imaginario.

R: registro Real, que en el esquema está velado por la Realidad, R, entonces, será la realidad.

S: orden Simbólico, la estructura del lenguaje y el sistema legal que implica.

A: el Otro, que debe ser distinguido de “S”, en tanto “A” es el inconsciente particularizado para un sujeto. “A” es el lugar desde donde el sujeto puede recibir la pregunta por su inefable y estúpida existencia; mientras que “S” es el orden simbólico más allá de cada sujeto, la estructura y las propiedades de cada lengua para el conjunto de los hablantes de la misma. La noción de lugar que el “A” implica, es topológica. En “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”. Lacan dice: “Es sabido que ese resorte de la palabra en nuestra topología lo designamos como el Otro, connotado A mayúscula […]”. (17)

a-a’ y m-i: estas dos parejas de términos están diferenciadas, pero hasta aquí eran una. Tomando en cuenta los dos lados del cuadrángulo de la realidad, podemos ver que implican un redoblamiento de lo que estaba implicado en el vector aa’ del esquema “L” y del “Z”.

en el vector aa’ del esquema “L” y del “Z”. “ m ” será el moi

m será el moi, el yo, precipitado de las identificaciones narcisísticas, “i” la imagen del semejante complemento indiscriminado e indiscriminable de “m”, pero ahora “a” inscribirá el objeto. “a” será el objeto imaginario en su doble vertiente: el “a” que aparece en esta posición:

doble vertiente: el “ a ” que aparece en esta posición: es: “[…] donde colocar las

es: “[…] donde colocar las figuras del otro imaginario en las relaciones de agresión erótica en que se realizan […] (18) o sea, el objeto imaginario vinculado con la función materna que Lacan, como Freud, vinculan con los lazos de amor y odio; el “a” que aparece en esta posición:

de amor y odio; el “a” que aparece en esta posición: las figuras del otro “[…]

las figuras del otro “[…] en las que el yo se identifica, desde su Urbild especular hasta la identificación paternal del ideal del yo”. (19) El Ideal simbólico opera desde el principio y determina la identificación imaginaria, como se desarrolló en el capítulo sobre el modelo óptico, pero no concluye su operatoria hasta que se coordina con la operatoria paterna.

el significante del objeto primordial”, (20) el estatuto simbólico del

Otro primordial, por ejemplo: la madre, o sea, su presencia y su ausencia (fort-Da). La madre tomada como significante y, en consecuencia, el objeto pasa a ser el deseo de ella.

M: “[

]

como la posición en A del Nombre-del-Padre […]”, es decir, no es la

posición del Nombre-del-Padre en el orden simbólico, lo que se podría entender como lo cultural, sino la relación:

P: “[

]

que implica la función de “P” en “A”, “[…] es decir del significante que en

que implica la función de “P” en “A”, “[…] es decir del significante que en el Otro, en cuanto lugar del significante, es el significante del Otro en cuanto lugar de la ley”. (21)

/S: “[…] la significación del sujeto S bajo el significante del falo […]”. (22)

Aquí hay que hacer varios señalamientos: a) lo que está escrito en el esquema no es el significante fálico, sino la significación fálica, que ya vimos que es el producto de la operatoria de la metáfora paterna, ¿por qué esta sustitución del significante fálico, en el texto, por la significación fálica en el esquema? La significación fálica es “fálica” a consecuencia de que la función del significante del Nombre-del-Padre opera a través del significante fálico, sino sería “significación” pero no “fálica”, y entonces, ¿por qué Lacan no escribe en el esquema el significante fálico? Para responder a esta pregunta, es necesario aclarar que hay comentaristas de la obra de Lacan que, al abocar-se al estudio del esquema “R”, justamente sustituyen, sin más aclaración, lo que escribe Lacan: , la significación

fálica, por el significante fálico, Esto es confundir y olvidar las

características fundamentales de este último.

Voy a tomar una serie de citas de Lacan en las que figuran las propiedades de este significante:

1) Recordemos lo que ya dijimos al citar el Seminario 3, “[…] porque el falo es un símbolo que no tiene correspondiente ni equivalente. Lo que está en juego es una disimetría en el significante”. (23)

2) Agreguemos lo que Lacan desarrolla en “La significación del falo”, escrito basado en una conferencia pronunciada simultáneamente con las últimas clases del Seminario 5, en el cual afirma: “Pues el falo es un significante, un significante cuya función, en la economía intrasubjetiva del análisis, levanta tal vez el velo de la que tenía en los misterios. Pues es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos de significado,

en cuanto el significante los condiciona por su presencia de significante”.

(24).

3) “El falo es el significante privilegiado de esa marca en que la parte del logos se une al advenimiento del deseo.” (25)

4) “Todas estas expresiones no hacen sino seguir velando el hecho de que no puede desempeñar su papel sino velado, es decir como signo él mismo de la latencia que adolece todo significable, desde el momento en que es elevado (aufhebung) a la función de significante.” (26)

5) “Se convierte entonces en la barra que […], cae sobre el significado, marcándolo corno la progenitura bastarda de su concatenación significante.” (27)

6)

“El falo como significante da la razón del deseo […]” (28)

7)

“Que el falo sea un sígnificante es algo que impone que sea en el

lugar del Otro donde el sujeto tenga acceso a él. Pero como ese significante no está allí sino velado y como razón del deseo […]”. (29)

8) “Pues el falo, como lo hemos mostrado en otra parte, es el significante de la pérdida misma que el sujeto sufre por la fragmentación del significante […]”. (30)

9) “Es la función privilegiada del falo, en el modo de presencia del sujeto en el deseo, la que es ilustrada aquí […]”. (31)

10)

“[…] el falo significante del deseo […]”. (32)

De todas estas citas extraeremos las características del significante fálico, tal como se articula en el esquema “R”. Es un significante que tiene una función privilegiada, que no tiene correspondiente ni equivalente, o sea, implica una disimetría en el significante, ya que todos los otros significantes sí lo tienen. Tal como dice Lacan en “La dirección de la cura”,

es un significante impar, esto quiere decir que no tiene par, que es único como tal. En esta misma dirección, en el Seminario 5, el significante fálico es denominado significante pivote, significante carrefour, significante particular y dice, en la clase del 7-5-58: “[…] el falo no es un significante como los otros […]”.

Es una parte del cuerpo, lo significable, elevado a significante, ‘la libra de carne’ con la que el cuerpo paga que una parte suya se haga significante, elevación que, al ser llamada aufhebung, justifica que él mismo permanezca por siempre ‘latente’, no expresado a nivel fenoménico.

Es el significante del deseo, del deseo del Otro, pero justamente debemos recordar que, al ser el deseo articulado pero no articulable, es justificado que su significante no pueda aparecer sino velado. A su vez, si es el significante del deseo del Otro, debe producirse la operatoria de la metáfora que introduce la falta del deseo en el Otro, para que el significante fálico cumpla su función.

Si opera el significante que introduce la falta en el Otro, que lo priva del objeto, que lo barra como descame, el significante fálico marcará la significación y hará del deseo, deseo sexual.

El falo es un significante impar, no se articula con los otros significantes,

, ni viceversa, y es por esto que no puede ser escrito

en el esquema “R”. Tanto M, I como P se presentan en el esquema “R” en sus articulaciones: sólo puede escribirse la significación que él determina, por lo tanto, la significación fálica, .

no es de ningún

I: es el Ideal del yo, el significante operando como lo ideal. Tiene dos vertientes, la vertiente MI, lógicamente, la primera, para cuya descripción tomaré la siguiente cita de Lacan: “Pero ese lugar original del sujeto, ¿cómo lo recobraría en esa elisión que lo constituye como ausencia? ¿Cómo reconocería ese vacío como la Cosa más próxima, aun cuando lo excavara de nuevo en el seno del Otro, por hacer resonar en él su grito? Más bien se complacerá en encontrar en él las marcas de respuesta que fueron

poderosas a hacer de su grito, llamada. Así quedan circunscritas en la realidad, con el rasgo del significante, esas marcas donde se inscribe la omnipotencia de la respuesta. No es en vano si se llama insignes a esas realidades. Este término es aquí nominativo. Es la constelación de esas insignias la que constituye para el sujeto el Ideal del yo.

“Nuestro modelo [el modelo óptico] muestra que es tomando como punto de referencia I como dirigirá su mirada al espejo A para obtener entre otros efectos tal espejismo del Yo ideal.” (33)

De esta preciosa cita sobre el Ideal del yo quiero destacar, aclarando que dejo para el análisis de “S” lo que se refiere al “lugar del sujeto”, 1) quien encarna el lugar del Otro, M, por poder hacer del grito del muño una llamada, o sea, el paso de la respuesta biológica a una “demanda” significante, será omnipotente, 2) las marcas significantes de las respuestas de este Otro omnipotente serán las insignias que operarán como nombres del sujeto (“insignia” deriva del latín insigne que significa marca distintiva): nombres que por no ser lo producido por el Nombre- del-Padre no ubicarán al sujeto en el sistema legalizante del parentesco, 3) estas marcas, rasgos que luego Lacan trabajará como “unarios”, quedan, como lo indica claramente el esquema “R”, circunscritas en la realidad de la cual justamente el lado MI es la base o el soporte. Gracias al comentario de la fórmula de la metáfora paterna indicarnos la necesidad de considerar el significante del Deseo de la Madre articulado con el significante “I”, pues, “[…] el muño como deseado constituye el vértice I […]”. (34) Entonces, “I” son las marcas de la omnipotencia del Otro, Otro que la función del padre vendrá a castrar: además, es el niño como objeto deseado por la madre quien se identifica al significante de ese objeto. El significante paterno, al sustituirse al materno, lo convertirá en significación. A su vez, el “I”, articulado en el segmento IP. es el Ideal paterno postedípico, que, como lo indica el esquema, no deja de vincularse con tos ideales maternos.

La relación de significantes Ml inscribe lo que Lacan llama “relación de amor”, amor en tanto que “toda demanda es demanda de amor”. No porque toda demanda en sí demanda amor, simio porque el horizonte de toda de-

manda es el amor. Si el Otro, al hacer atravesar el grito por los desfiladeros del significante, tiene el poder de hacerlo demanda, consecuentemente toda demanda, más allá de su contenido, remitirá siempre a esta omnipotencia del Otro, justamente para mantenerlo en esta posición omnipotente. Toda demanda es un acto de amor al Otro omnipotente y todo deseo, por ser deseo del deseo del Otro, atacará a este Otro, castrándolo.

“S” es el sujeto en lo simbólico, tal como lo indica el que esté escrito con una letra mayúscula, aunque se lo encuentra en el triángulo imaginario. ¿Por qué’? El significante del sujeto está “forcluido” en la neurosis. Esto último se lee en la homología, que Lacan destaca, entre el vértice del lugar de P en A y el vértice significante del sujeto bajo significación fálica. “El cuarto término (el otro respecto de M, I y P) está dado por el sujeto en su realidad, como tal forcluido en el sistema y que sólo bajo el modo del muerto entra en el juego de los significantes, pero que se convierte en el sujeto verdadero a medida que ese juego de los significantes va a hacerle significar.”(35) O está forcluido el significante del Nombre-del-Padre, y esto es la psicosis, o está forcluido el significante del sujeto, y esto es la neurosis.

Siempre, en el Otro, falta un significante y en el caso de la neurosis es justamente el significante del sujeto el que funciona como significante faltante, que podemos escribir como la “S” del significante barrada para indicar su exclusión , o como -1, el significante que falta. Para decirlo en

términos más próximos a los freudianos, diremos que nadie es “yo” en el inconsciente o, lo que es lo mismo, que el deseo inconsciente nunca se expresa en primera persona.

Pasemos ahora al estudio del esquema “R” tal como se desprende de la nota al pie de página del año 1966.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el cuadrángulo de la Realidad es definido como una banda de Möbius. Pero reconozcamos que no se parece en nada a la que presentamos en el capítulo de topología. Sin

embargo hay que tener en cuenta que la banda se constituye a partir de una tira de la siguiente manera: (36)

constituye a partir de una tira de la siguiente manera: (36) Si pegamos AB con CD,

Si pegamos AB con CD, aplicando primero una torsión tal que B se une con D y A con C, obtenemos una banda de Möbius.

Siguiendo el esquema propuesto por M. Gardiner en “Comunicación extraterrestre”, (37) vemos cómo se unen los bordes de un cuadrado para construir un tubo:

se unen los bordes de un cuadrado para construir un tubo: Se debe tener en cuenta

Se debe tener en cuenta que los lados de trazo más grueso se unen entre sí, coincidiendo la dirección de sus flechas respectivas. Así se unen en la banda de Möbius:

más grueso se unen entre sí, coincidiendo la dirección de sus flechas respectivas. Así se unen

Volviendo al cuadrángulo de la Realidad del esquema “R”, vemos que efectivamente las letras de sus vértices y la línea gruesa que interrumpe la línea punteada de lo imaginario indican que es una banda de Möbius.

de lo imaginario indican que es una banda de Möbius. Además en la nota al pie

Además en la nota al pie de página, Lacan nos dice: “Especialmente los puntos para los que no por casualidad (ni por juego) hemos escogido las letras con que se corresponden m M, i I y que so los que enmarcaron el único corte válido en este esquema (o sea el corte mi, MI), indican suficientemente que este corte aísla en el campo una banda de Möbius”.

(38)

este corte aísla en el campo una banda de Möbius”. (38) Si el cuadrángulo de la
este corte aísla en el campo una banda de Möbius”. (38) Si el cuadrángulo de la

Si el cuadrángulo de la Realidad es una banda de Möbius, o sea, una su- perficie topológica, hay que sacar las consecuencias de esto. La banda de Möbius se caracteriza por los siguientes invariantes topológicos: tiene una sola cara, un solo borde, es no orientable, su número cromático es seis y su número de Betti es uno. Tomaremos de éstos, los dos primeros.

La Realidad para el ser humano, a consecuencia de la articulación de lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real, tal como se da en la neurosis, es una superficie con un borde y dos dimensiones, aunque no lo parezca. Tal corno lo permite concebir el ejemplo dado por Lacan, como por los topólogos, es una superficie de proyección, como una pantalla sobre la que se proyecta, en la que lo proyectado parece tener las tres dimensiones, aunque sólo tiene dos. A diferencia de una pantalla cinematográfica, que tiene dos caras, la banda de Möbius tiene una sola: basta comenzar a pintar lo que parece una de sus dos caras para darse cuenta de que termina pintándose toda la banda (lo que parecerían dos caras) sin

atravesar ningún borde. Esto sólo se hace evidente tomando en cuenta oda

la banda, ya que si la tomamos en forma parcial, ilusoriamente parece

poseer dos caras, tal corno lo indica este dibujo:

parece poseer dos caras, tal corno lo indica este dibujo: De acuerdo con el esquema, el

De acuerdo con el esquema, el lápiz “parece” que pasa de una cara a la otra

de la banda, y sin embargo si realizarnos todo el trayecto de la banda descubrimos que es una y la misma cara.

El resto del plano del esquema “R”, lo no sombreado, por deformación

continua puede ser convertido en un círculo; aquí serían dos semicírculos

que tienen sus bordes pegados a los bordes de la banda de Möbius. Esta

superficie, la resultante del pegado de una banda de Möbius y un círculo,

es un plano proyectivo.

Tomaré una larga cita de Aleksandrov sobre el plano proyectivo, que es muy clara y que será muy útil para seguir a Lacan en su ubicación del objeto a en el esquema R.

“La transición del plano ordinario al plano proyectivo consiste en completar el plano con nuevos elementos abstractos, los llamados puntos impropios

o ‘infinitamente distantes’. Al añadir esos puntos, la operación de

proyectar un plano sobre otro (por ejemplo, la proyección sobre una pantalla mediante un proyector) se convierte en una transformación uno a uno. El proceso de completar el plano con los puntos impropios […] se desarrolla de la siguiente forma. Toda línea recta se completa con un solo

punto impropio (‘en el infinito’), y dos rectas tienen el mismo punto impropio si, y sólo si, son paralelas. Una recta completada con el punto del infinito se convierte en una línea cerrada, y el conjunto de todos los puntos de infinito de todas las posibles rectas forman por definición una lírica impropia o línea de infinito.

“Puesto que las rectas paralelas tienen en común el punto de infinito, en la representación del proceso de completar el plano con los puntos impropios es suficiente considerar las rectas que pasan por un punto arbitrario del plano, por ejemplo, el origen de coordenadas O (figura 13) fig. 49, en la pág. siguiente]. Los puntos impropios de estas rectas agotan ya los puntos impropios de todo el plano proyectivo (puesto que toda recta tiene el mismo punto impropio que la paralela a ella que pasa por O). Obtenemos, por tanto, un modelo del plano proyectivo si lo imaginamos como un círculo de radio ‘infinitarnemute’ grande con centro en O. si suponemos que todo par de puntos diametralmente opuestos A, A’ de la circunferencia de este círculo está unido en el único punto ‘del infinito’ de la recta AA’. La circunferencia de nuestro círculo se convierte entonces en la recta del infinito, pero debemos tener en cuenta que cada par de puntos diametralmente opuestos de esta circunferencia representa en realidad un solo punto. Es evidente, pues, que el plano proyectivo es una superficie cerrada sin bordes.

“Si tomamos una curva de segundo orden en el plano proyectivo

—una hipérbola, por ejemplo (veáse figura 13) [fig. 49 en la pag, siguiente]— es obvio que en dicho plano, es una curva cerrada (cortada en dos ruinas por la recta del infinito). Teniendo en cuenta que los puntos diametralmente opuestos de la circunferencia de nuestro círculo fundamental son un mismo punto, podemos ver sin dificultad que el interior (sombreado) de la hipérbola en la figura 13 [fig. 49 en la pag siquente] es homeomorfo al interior de un círculo ordinario y que su complemento, la parte no sombreada en la figura, es homeomorfo a una banda de Möbius.”(39)

“Así, desde el punto de vista topológico, el plano proyectivo es el resultado de pegar un círculo (en nuestro caso el interior de una hipérbola) con una banda de Möbius a lo largo de sus bordes. De aquí se sigue que el plano proyectivo, es decir, el objeto de estudio de la geometría proyectiva, es una superficie cerrada de una cara.” (40)

proyectiva, es una superficie cerrada de una cara.” (40) Otra forma de “imaginarizar” el plano proyectivo

Otra forma de “imaginarizar” el plano proyectivo consiste en identificar los puntos diametralmente opuestos, tal como propone Ian Stewart en su libro Conceptos de matemática moderna:

identificar los puntos diametralmente opuestos, tal como propone Ian Stewart en su libro Conceptos de matemática

En el esquema “R” deberíamos hacerlo así:

En el esquema “R” deberíamos hacerlo así: El término “imaginamos” lo subrayo para que recordemos lo

El término “imaginamos” lo subrayo para que recordemos lo que dijimos de las representaciones en topología, éstas son imaginarizaciones de lo que se concibe. Las representaciones son imaginarizaciones, no las nociones topológicas en sí. Lacan en “El atolondradicho” dice: “Ello nos lleva a la sorpresa de que evitáramos apoyar con la imagen nuestra banda de Möbius, pues tal imaginación vuelve yana toda consideración que hubiera requerido un dicho otro por hallarse articulado a ella […]” (41) y agrega:

“Así, un objeto tan fácil de fabricar como la banda de Möbius en tanto se imagina, pone al alcance de todas las manos lo que es inimaginable en cuanto su decir al olvidarse, hace al dicho soportarse”. (42)

Lo que aquí se imaginariza son los “puntos infinitamente distantes” que son, obviamente, imposibles de representar. Lacan los llama “puntos fuera de línea”. (43)

En el esquema “R” debernos invertir lo que se describe en la figura 13 de Aleksandrov [fig. 49], el sombreado es la banda de Möbius y lo no sombreado es la superficie homeomorfa de un círculo (la que se puede obtener por deformación bicontinua y biunívoca).

En el plano proyectivo se constituye así un mixto muy particular: un disco o círculo euclídeo y una banda de Möbius topológica. Esta heterogeneidad es la del objeto a respecto del orden simbólico que lo engendra. En “El atolondradicho” encontramos: “La topología esférica de este objeto llamado (a) es lo que se proyecta sobre el otro compuesto, heterogéneo, que el cross-cap constituye”. (44)

Hay una relación entre el plano proyectivo y el cross-cap o casquete atravesado (o “gorro cruzado”), es que tienen las mismas propiedades topo-lógicas y Lacan las toma en cuenta.

En este punto conviene hacer una aclaración. Un plano proyectivo o un cross-cap pueden ser entendidos, como ya dijimos, como la unión de un plano euclidiano y una banda de Möbius. A su vez se debe tener en cuenta que una banda de Möbius puede tener una torsión izquierda o una torsión derecha.

puede tener una torsión izquierda o una torsión derecha. Jamás una banda con torsión derecha podrá

Jamás una banda con torsión derecha podrá convertirse, por una transformación continua, en una con torsión izquierda y viceversa. Esto hace que la banda de Möbius no sea especularizable, ya que el espejo produce siempre una inversión en el sentido de la orientación de la torsión.

Este uso del espejo y de la noción topológica de lo “especularizable”, debe ser netamente distinguido del uso que del mismo hace Lacan en su “estadio del espejo”. La segunda utilización irá imponiéndose cada vez más sobre la anterior y, a la altura del Seminario 12, “Problemas cruciales para el psicoanálisis” (inédito), Lacan nos dice que la primera concepción sobre el espejo queda subsumida y ordenada por la segunda.

Esta no especularidad de una parte del cross-cap es lo que permite asociarla al objeto a, que carece también de imagen especular, como lo comentaremos en el capítulo sobre el grafo del deseo.

Para entender su relación, citaré a Stewart: “El plano proyectivo es una banda de Möbius y un disco, cosidos arista por arista. Para realizar esta operación en el espacio de tres dimensiones se debe retorcer la banda de Möbius hasta que su arista sea circular, lo que la obliga a cortarse a sí misma formando un ‘casquete atravesado’ (cross-cap) […]”. (45)

un ‘casquete atravesado’ (cross-cap) […]”. (45) “El plano proyectivo es, pues, un ‘casquete

“El plano proyectivo es, pues, un ‘casquete atravesado’ al que se le ha cerrado el agujero […]”. (45)

(45) “El plano proyectivo es, pues, un ‘casquete atravesado’ al que se le ha cerrado el

Si tratamos de enfocar este problema desde la perspectiva de la “construcción” del cross-cap puede hacérsenos menos inasible. El procedimiento es conocido en topología como “cirugía”, corte y pegado.

“Las superficies no orientables se obtienen mediante el cosido de bandas de Möbius. Para ello, se hace un agujero en la esfera. Este tiene una sola arista circular (borde): la banda de Möbius tiene también una sola arista circular, que unimos con la otra. Si intentásemos hacer esto en el espacio tridimensional, se encontraría que la banda de Möbius tiene que cortarse a sí misma, formando un ‘casquete atravesado’. […] Añadiendo una banda de Möbius, se obtiene un plano proyectivo (como en la figura 121) […]”, (46) Subrayo “si intentásemos”, porque es imposible hacerlo, es imposible realizar esta figura en el espacio tridimensional.

Entonces, ¿dónde, finalmente, ubicamos el objeto a en el esquema “R”? Ya dijimos que la realidad tacha lo Real y que, por lo tanto, si el objeto a es real debe estar tachado por la realidad; pero ¿no podríamos localizarlo por su función o a través de la misma?

El objeto a es el marco del fantasma que sostiene el campo de la realidad por su extracción misma. En el comentario del modelo óptico habíamos dicho que los objetos a, como objetos parciales pulsionales, sostenían la constitución del cuerpo para el ser humano, pero recién aquí se afirma que es por su extracción, Debemos concluir que el objeto a es localizable en el esquema en la función del corte. “[…] lo real aquí interesado se reduce al corte mismo […]” (47)

real aquí interesado se reduce al corte mismo […]” (47) En el esquema “R”, el corte
real aquí interesado se reduce al corte mismo […]” (47) En el esquema “R”, el corte

En el esquema “R”, el corte está representado por mi, MI, que Lacan denomina el único corte válido en este esquema.

que Lacan denomina el único corte válido en este esquema. El localizar al objeto a en

El localizar al objeto a en el corte debe ser articulado a la cuestión siguiente: ¿dónde se localiza un corte?

Si analizamos el esquema siguiente:

se localiza un corte? Si analizamos el esquema siguiente: Concluimos que: 1) el corte no puede

Concluimos que: 1) el corte no puede estar en AB ni en A’B’; 2) tampoco puede estar en el espacio entre AB y A’B’, y 3) sin estar en ninguno de estos lugares producidos por él, el corte les da a los tres su característica

fundamental.

En topología esto está bien comprendido. Poincaré lo afirma así: “[…] en otras partes del analysis situs, […] todo se basa en el corte”. (48) Lacan, en “Subversión del sujeto…” nos lo transmute así: “Observemos que este rasgo del corte prevalece con no menos claridad en el objeto que descubre la teoría psicoanalítica […]”. (49)

Finalmente quiero hacer mención de una cita muy precisa y aclaratoria de Jacques-Alaimi Miller en su “Mostración en Premontré”. Allí, comentando la nota al pie que estamos analizando, produce el siguiente esquema: