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BASES INSTITUCIONALES DE LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA

BOLIVARIANA DE VENEZUELA
Un Ensayo Introductorio

Ricardo José Combellas Lares


Coordinador del Doctorado en Ciencias Mención Ciencias Políticas de la Universidad
Central de Venezuela

RESUMEN

Las presentes reflexiones, constituyen un ensayo introductorio que recorre las bases
institucionales de la nueva norma fundamental del ordenamiento jurídico venezolano. Este
recorrido tiene por objeto desarrollar una visión comprensiva, aunque sucinta, de la nueva
institucionalidad recogida por la Ley Superior. A fin de cuentas, la Constitución es la gran
obra del proceso constituyente, con vocación de trascendencia y durabilidad. En este ensayo
se realiza una breve referencia a la historia constitucional venezolana en lo referente al
nombre de la República, que culmina con la denominación de la nueva República como
República Bolivariana de Venezuela, aprobada luego de un controvertido debate.
En este ensayo, se hace referencia obligatoria a los principios y valores fundamentales que la
nueva Constitución recoge y jerarquiza en el Primer Título. Dentro de ellos se resalta un
principio que constituye un cambio esencial con la anterior Constitución, el de la democracia
participativa y protagónica, que a diferencia de la democracia representativa, implica la
concepción de un pueblo protagonizando directamente su destino o actuando por medio de
sus representantes electos. La democracia participativa es un eje axiológico que atraviesa
todo el texto constitucional y se manifiesta a través de variadas instituciones como, a título
ilustrativo, el referéndum (consultivo, aprobatorio, abrogatorio, constitucional) la revocación
del mandato, la elección de cargos públicos, la iniciativa legislativa, constitucional y
constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos.
Igualmente en este trabajo se hace referencia a cuestiones como el federalismo y la
descentralización, resumida en la declaración de la República como un Estado federal
descentralizado, se analiza la consagración del Sistema Presidencialista potenciado en el
nuevo texto; en relación con la institución militar se hace referencia al estatus y rol superiores
al modelo punto fijista; en cuanto al Poder Judicial se refiere a su organización, a su
responsabilidad de impartir justicia como un servicio para todos los ciudadanos, los cuales
tienen garantizado por el Estado el derecho de acceso a la justicia. Igualmente en relación con
el Poder Judicial, se establecen innovaciones importantes en lo referente al procedimiento de
selección y designación de los jueces, con la intervención de la sociedad civil en el Comité de
Postulaciones Judiciales. En lo relativo a las ramas del Poder Público, se analiza la
incorporación de dos nuevas ramas a la trilogía clásica. Estas son: el Poder Ciudadano y
Poder Electoral. Igualmente se refiere en este ensayo a lo referente al sistema
socioeconómico, con especial importancia al tema del tratamiento del Banco Central de
Venezuela al que se le da rango constitucional. A continuación se analiza el tema de la
garantía de la Constitución en manos de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia y los estados de excepción, para culminar con una breve referencia al tema de la
revisión constitucional, en la que se resalta la exigencia de sometimiento a referendo popular
de toda revisión constitucional sea enmienda, reforma constitucional o asamblea nacional
constituyente, coherente con los principios participativos consagrados en la Constitución.
INSTITUTIONAL BASES OF THE CONSTITUTION OF THE BOLIVARIAN
REPUBLIC OF VENEZUELA
Introductory Esssay

ABSTRACT

The present reflections, they constitute an introductory test(essay) that crosses the
institutional bases of the new fundamental norm of thejuridical Venezuelan classification.
This tour has for object develop a comprehensive vision, though succinct, of the new
institucionalidad gathered by the Top Law. Ultimately, the Constitution is the great work of
the constituent process, with vocation of transcendency and permanence. In this test(essay)
there is realized a brief reference to the constitutional Venezuelan history in what concerns
the name of the Republic, which culminates with the denomination of the new Republic as
Republic Bolivariana of Venezuela, approved after a controversial debate.
In this essay, there is done obligatory reference to the principies and fundamental values that
the new Constitution gathers and rank in the First Tife. Inside them is highlighted a principie
that constitutes an essential change with the previous Constitution, the participative
democracy and leading, that unlike the representative dernocracy, implies the conception of a
people leading directly his destiny or acting by manos of his elect representatives. The
participative democracy is an axiological axis that crosses the whole constitutional text and
demonstrates across varied institutions as an illustrative tife, the referendum (consultative,
approbatory, abrogatorio, constitutional) the repeal of the mandate, the election of public
charges, the legislative iniative, constitutional and constituent , the opened chapter and the
citizens' assembly.
Equally in this work one refers to questions as the federalism and the decentralization
summarized in the declaration of the Republic as a federal decentralized State, there is
analyzed the consecration of the Presidential System promoted in the new text; in relation
with the military institution one refers to the status and superior role to the model puntofij
ista; as for the Judicial Power refers to its organization, to its responsibility of givingjustice as
a service for all the citizens, which have guaranteed by the State the right of access to the
justice. Equally in relation with the Judicial Power, important innovations are establislled in
what concerns the procedure of selection and designation of the judges, with the intervention
of the civil society in the Committee of Judicial Postulations. In the relative thing to the
branches of the Public Poder, there is analyzed the incorporation of two new branches to the
classic trilogy. These are: the Civil Power and Electoral Power. Equally it refers in this essay
to the relating thing to the socioeconomic system, with special importance to the topic of the
treatment of the Banco Central of Venezuela to the one that gives itself constitutional range.
Later one refers to the analysis of the topic of the guarantee of the Constitution in hands of
the Constitutional Room of the-Supreme Court of Justice and the states of emergency, to
culminate with a brief reference to the topic of the constitutional review, in the one that
highlights the exigency of submission to popular referendum of all constitutional review, it is
amendment, constitutional reform or national constituent, coherent assembly with the
participative principles dedicated in the Constitution.

BASES INSTITUCIONALES DE LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA


BOLIVARIANA DE VENEZUELA
Un Ensayo Introductorio

I.- Venezuela ha inaugurado una nueva Constitución, la número 26 de nuestra frondosa


historia constitucional. Por primera vez, no obstante, no sólo el pueblo, a través de un
referéndum consultivo, convocó la Constituyente (de ahora en adelante ANC), el día 25 de
abril de 1999, sino que ratificó, mediante también un referéndum, el texto aprobado por la
ANC, el 15 de Diciembre de 1999. Concluía así un largo recorrido, iniciado por lo menos el
año 1989, de debate político en torno a la conveniencia o necesidad de la revisión de la
Constitución de 1961, con mucha más larga duración en la trayectoria de nuestro destino
como nación independiente.
En definitiva, se impuso la tesis constituyente, gracias a una controvertida decisión judicial
(sentencia de la Corte Suprema de Justicia de fecha 19 de enero de 1999), que abrió el
camino a la convocatoria constituyente, al margen del procedimiento de reforma establecido
en el Título X del texto de 1961. La ANC, una vez instalada se declaró originaria, lo que
significaba fundamentalmente la definición de su rango supraconstitucional, es decir que sus
actuaciones no podían ser limitadas por las disposiciones de la Constitución de 1961, y la
subordinación de los órganos del Poder Público a sus dictados, incluida la posibilidad de la
cesación de sus actividades.
No es el objeto de este ensayo analizar el proceso constituyente, el cual por cierto de facto se
prolongó en exceso con el denominado "Régimen Transitorio", sino el de concentrarse en una
visión comprensiva, aunque sucinta, de la nueva institucionalidad recogida por la Ley
Superior. A fin de cuentas, la Constitución es la gran obra del proceso constituyente, con
vocación de trascendencia y durabilidad, por lo que sólo nos referiremos al debate
constituyente en la medida en que nos ayude a arrojar luz sobre la recién creada
institucionalidad.
II.- Lo primero que salta a la vista al lector de la Constitución es el cambio de nombre, de
ahora en adelante República Bolivariana de Venezuela. Nuestra nación nació como República
independiente el 5 de julio de 1811, con el ampuloso nombre de "Confederación Americana
de Venezuela en el Continente Meridional", y sancionó su primera Constitución, la
"Constitución Federal para los Estados de Venezuela de 1811 ", el 21 de diciembre de 1811.
La Constitución de 1819, denominada "Constitución Política de Venezuela de 1819", define
sin adjetivos a la República como República de Venezuela. Su duración fue corta, pues
sancionada el 15 de agosto de 1819, en pocos meses, el 17 de diciembre del mismo año, en
cumplimiento del sueño bolivariano, el Congreso de Venezuela soberanamente decide
constituirse con la Nueva Granada en una nueva República, la República de Colombia, lo
cual se concreta con la reunión del Congreso General de los pueblos de la Nueva Granada y
Venezuela, celebrada en Cúcuta el 12 de julio de 1821. Pasamos entonces a ser
"colombianos", vida efímera de la entelequia bolivariana, que fenece con la separación de
Venezuela y la definitiva adopción del nombre de República de Venezuela el año 1830.
El año 1864, como una de las consecuencias de la larga y cruenta Guerra Federal, pasamos a
llamarnos Estados Unidos de Venezuela, nombre que permaneció vigente por cerca de una
centuria, hasta el año 1953 cuando las Constitución de la dictadura de Pérez Jiménez regresa
a la primigenia denominación de República de Venezuela.
El constituyente de 1999, cierto que luego de un controvertido debate, aprobó denominar la
nueva República como Bolivariana de Venezuela en honor al Libertador Simón Bolívar. No
se contentó la ANC con el cambio del nombre, sino que reafirmó el espíritu bolivariano al
invocar en el Preámbulo el ejemplo histórico de Bolívar, así como fundamentar (Artículo 1
CB) su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la
doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Asimismo dispuso (Artículo 107 CB), la enseñanza
obligatoria hasta el ciclo diversificado de los principios del ideario bolivariano.
Surge entonces la pregunta sobre que sobrevive y mantiene vigencia de la doctrina
bolivariana. No resulta fácil para mí dar una respuesta concluyente sobre el particular. Así, si
bien es cierto que el constituyente se inspiró en las ideas bolivarianas cuando diseño las dos
nuevas ramas del Poder Público, el Poder Ciudadano y el Poder Electoral, no es menos cierto
que su definitiva concreción institucional es muy diferente a la original propuesta bolivariana.
Seguramente, aparte de su ejemplo como estadista creador de repúblicas, lo cual no podemos
separarlo ni menos abstraerlo de su singular historicidad, en tanto hijo de su tiempo, Bolívar
cobra palpitante actualidad en su visión de la educación ciudadana, en el cultivo de las
virtudes cívicas y en el relevante papel que concedió a la moral pública. Asimismo, el ideario
bolivariano en torno a la creación de una nación de Repúblicas, una unión confederada, sea
latinoamericana, sea iberoamericana, recogida como idea central por la Constitución
(Artículo 153 CB) constituye un desiderátum de destino y afirmación supranacional.
III.- En una introducción así sea sucinta, repito, de la nueva Constitución es obligatorio hacer
referencia a sus principios y valores fundamentales, que ella tiene el cuidado de mencionar y
jerarquizar en su primer título. Vayamos al grano:

Junto a los grandes valores y principios que heredemos de la Ilustración (libertad, igualdad,
independencia, soberanía popular), la Constitución resalta la democracia participativa, la
justicia, la solidaridad, la corresponsabilidad, el pluralismo, la preeminencia de los derechos
humanos ( punto éste que analizaremos con detenimiento infra), así como entroniza un
novedoso concepto: Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Comencemos por
descomponer el significado de este último.
La Constitución, como pináculo (norma normarum) del ordenamiento jurídico, expresa en sí
misma el imperio del Derecho, la limitación del poder, el escudo protector de nuestras
libertades. En otras palabras, el Estado de Derecho, con tres precisiones: Es un Estado
democrático de Derecho, es decir, su base de legitimidad reside en la soberanía popular, que
se ejerce en la forma que lo prescribe la Constitución; pero además es un Estado Social de
Derecho, pues el Estado no desatiende, no es indiferente a la cuestión social, sino muy por el
contrario, tiene una responsabilidad social, debe procurar la satisfacción de las necesidades
vitales mínimas de los seres humanos. Dicho en el lenguaje técnico-jurídico de los cometidos,
así como el Estado tiene un cometido de seguridad o un cometido de fomento económico,
tiene un cometido social; y, por último, no se contenta con ser un Estado formal de Derecho,
pues subraya el valor de la justicia, lo enaltece por encima de los otros valores del Derecho.
Para que se entienda mejor, la relación entre el Derecho y la justicia se interpreta aquí en el
sentido del mandamiento del abogado del gran Couture: "Tu deber es luchar por el derecho;
pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia".
La Constitución se rige por el principio de la democracia participativa y protagónica, que a
diferencia de la democracia representativa, implica la concepción de un pueblo
protagonizando directamente su destino, o por medio de representantes electos, pero, ¡ojo!,
que deben rendir cuentas de su actuación, así como responder ante sus electores por su
programa de acción comprometiendo en las elecciones, y cuyo mandato es revocable por
decisión popular.
La democracia participativa es un eje axiológico que atraviesa todo el texto constitucional, y
se manifiesta a través de variadas instituciones como, a título ilustrativo, el referéndum
(consultivo, aprobatorio, abrogatorio, constitucional), la revocación del mandato, la elección
de cargos públicos, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto
y la asamblea de ciudadanos.
La corresponsabilidad es un principio sugerente y novedoso que incorpora en su seno el texto
constitucional. Parte del rompimiento de la clásica dicotomía liberal Estado-sociedad civil.
La esfera pública no se circunscribe exclusivamente a la burocracia del Estado, pues allí se
involucra directamente la sociedad organizada. Un ejemplo muy citado como exitoso en el
mundo me ayuda a esclarecerles lo que aparenta ser una abstracción: el control social de
fondos públicos a través de la participación popular en la formulación y ejecución del
presupuesto de la ciudad brasileña de Porto Alegre. En pocas palabras, el presupuesto de esta
ciudad de cerca del millón y medio de habitantes, se aprueba luego de una creciente y
responsable participación de la sociedad civil. En suma, la responsabilidad por los asuntos
públicos no atañe exclusivamente al Estado, pues nos afectan a todos. No pueden atenderse ni
resolverse exclusivamente con las instituciones del Estado, pues exigen la participación
organizada de la sociedad.
La solidaridad es un valor, como certeramente lo ha destacado Victoria Camps,
complementario de la justicia: "Consiste en un sentimiento de comunidad, de afecto hacia el
necesitado, de obligaciones compartidas, de necesidades comunes. Todo lo cual lleva a la
participación activa en el reconocimiento y ayuda al otro". (Los valores de la educación.
Madrid, 19996, p.109).
Por último, unas palabras sobre el pluralismo, que parte del reconocimiento del otro, el
respeto a su dignidad, a su libertad de asociación y organización en todos los ámbitos de la
vida colectiva, y que se manifiesta políticamente en la tolerancia, el respeto a las minorías y
su justo derecho a tener una participación equitativa en la definición de las metas colectivas.
Al pluralismo se opone la imposición, la intolerancia con el adversario, el hegemonismo y el
rechazo a la deliberación.
He seleccionado algunos relevantes valores y principios constitucionales, con el objeto de
destacar su significación y trascendencia para la puesta en práctica de sus instituciones, así
como para la interpretación (axiológica) de las normas jurídicas consagradas en el texto
fundamental.
IV- Los derechos humanos gozan de una consideración muy especial en la CB. La verdad es
que la Constitución se pone a la vanguardia en esta materia en el mundo. Si de algo peca es
de ambiciosa no de tímida. No pretendemos aquí analizar in extenso la carta de derechos
recogidos por el texto fundamental. Sí apuntar sus notas más sobresalientes: la preeminencia
de los derechos humanos es un valor superior de la Constitución, ¿qué significa ello
realmente?: primero, la superioridad ontológica respecto al Estado. Son superiores y
anteriores al Estado, una de cuyas funciones está no sólo en reconocerlos, consagrarlos
constitucionalmente, sino también garantizarlos y fomentarlos; segundo, todo acto de los
Poderes Públicos que viole o menoscabe los derechos humanos es nulo, incurriendo los
funcionarios infractores en responsabilidad penal, civil y administrativa; tercero, el Estado
tiene la obligación de investigar y sancionar legalmente los delitos contra los derechos
humanos cometidos por sus autoridades; y en cuarto lugar, asume la obligación de
indemnizar a las víctimas.
Los derechos humanos, además, son preeminentes pues son "transnacionales", traspasan las
fronteras nacionales para convertirse en un patrimonio universal. Ello se manifiesta en el
sobresaliente desarrollo del derecho internacional de los derechos humanos, a partir de la
Declaración Universal de 1948. La CB reconoce la jerarquía constitucional de los tratados,
pactos y convenios relativos a los derechos humanos, los cuales prevalecen sobre el derecho
nacional, en la medida en que contengan normas más favorables, y son de aplicación
inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público. Yo recomiendo
encarecidamente a los editores de la Constitución, que le anexen al texto por lo menos el
contenido de tres pactos internacionales ratificados por Venezuela, fundamentales y vitales
para el conocimiento e interpretación de nuestros derechos: el Pacto Internacional de
derechos civiles y políticos, el Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y
culturales, y la Convención Americana sobre derechos humanos (también conocida como
"Pacto de San José de Costa Rica").
La CB consagra también el principio de la progresividad de los derechos humanos. Ha sido
un autor venezolano, el profesor Pedro Nikken, quién, que yo sepa, expuso por primera vez,
en términos rigurosos, el novedoso principio. Citemos textualmente a Nikken ("La protección
internacional de los derechos humanos", en Notas y Documentos, 15-16, Caracas 1988, p.16):
"La expansión progresiva de la protección internacional de los derechos humanos no es un
simple producto del azar, o de iniciativas coincidentes pero inconexas de algunas
instituciones internacionales. Por lo contrario, la tendencia a ampliar el alcance y la eficacia
de dicho régimen internacional aparece a menudo como una característica intrínseca de éste,
que se enraíza profundamente en la concepción del sistema. Una primera aproximación que
nos permite verificar lo bien fundado de esa observación la describe el proceso de
instauración de los distintos medios internacionales de protección, cuya rápida evolución ha
estado signada por una tendencia constante de ir de menos a más. Empero, más allá de esta
consagración empírica, la progresividad se afinca en principios y reglas cuyo propósito es
asegurar el desarrollo del sistema. Esos principios y reglas representan, en parte, ciertas bases
generales destinadas a orientar la actuación de las instituciones de protección y además se
manifiesta concreta y explícitamente en la mayor parte de los tratados sobre derechos
humanos, que son en su mayoría compromisos flexibles, abiertos a un desarrollo progresivo,
tanto por lo que toca al contenido de los derechos protegidos como por lo que se refiere a las
obligaciones asumidas por Estados partes".
La carta de derechos, repito, es generosa. La taxonomía constitucional contempla derechos a
la nacionalidad y a la ciudadanía, derechos civiles, políticos, sociales y de las familias,
culturales y educativos, económicos, de los pueblos indígenas y ambientales. Es un deber
constitucional de todos promover y defender los derechos humanos. Además, el Poder
Ciudadano, a través del Consejo Moral republicano, tiene la obligación de promover la
educación en derechos humanos, y constituye además una atribución del Defensor del Pueblo
promover y ejecutar políticas para su difusión y efectiva protección. Por último, no por ello
menos importante, el pueblo venezolano está legitimado constitucionalmente a ejercer el
derecho a la resistencia política y a la desobediencia civil frente al régimen, legislación o
autoridad que menoscabe los derechos humanos.
V.- La Constitución, al declarar a la República como un Estado federal descentralizado,
mantuvo la tan criticada (por los partidarios del nuevo federalismo), coletilla de la
Constitución de 1961: " en los términos consagrados por esta Constitución". La verdad es que
la nueva Carta Magna no avanzó en materia de federalismo y descentralización todo lo que
hubiéramos deseado los partidarios de una descentralización más ambiciosa y profunda que la
practicada hasta ahora en el país. No obstante, sostener la "recentralización", no es verdad por
lo menos en términos constitucionales. Así en materia de competencias exclusivas y
concurrentes, como en lo que se refiere al procedimiento de transferencia de competencias
del Estado central a los estados y municipios, el texto del 99 es más prolijo que el texto del
61. Así mismo destaca la creación de novedosas instituciones (la Contraloría independiente
del órgano legislativo estadal, el Consejo de Planificación y Coordinación de Políticas
Públicas, a nivel de los estados, y el Consejo Federal de Gobierno, órgano de planificación y
coordinación de políticas y acciones para el proceso de descentralización y transferencia de
competencias del Estado central a los estados y municipios), que si se llenan de vitalidad
contribuirán a mejorar la dinámica descentralizadora del Estado venezolano.
Igualmente, resalta la remisión constitucional a la ley de la creación de mecanismos de
descentralización y transferencia de competencias de los estados y municipios a las
comunidades y grupos vecinales organizados, manifestación ésta del principio de
subsidiariedad consagrado por la Constitución. Por último, last but not least, se contempla en
tanto programa constitucional, la descentralización definida como política nacional con el
propósito de profundizar la democracia y prestar más eficaz y eficientemente los cometidos
estatales.
Dos aspectos regresivos, de raigambre estructural, tiene el modelo federal descentralizado
perfilado por la Constitución: primero, la eliminación del Senado, con su consecuencia en la
imposibilidad de la creación de una auténtica Cámara Federal, concebida como asiento de la
representación directa de los estados en la organización del Poder Público Nacional, como
estaba previsto por sus propulsores; y segundo, la oportunidad desaprovechada de contemplar
directamente en el texto fundamental la hacienda pública estadal, con su explícita dotación de
recursos y tributos, administrados bajo principios autonómicos. Sin embargo, esta
oportunidad no quedó definitivamente cerrada, pues se incorporó a las disposiciones
transitorias de la Constitución, la creación de la mencionada hacienda pública estadal, como
mandato obligatorio a la ley aprobada por la Asamblea Nacional, dentro del primer año
contado a partir de su instalación.
En conclusión, la descentralización no ha sido castrada por la novísima Constitución. Harina
de otro costal está intentar predecir la voluntad centralizadora o descentralizadora de los
gobiernos de la llamada V República, a partir de su entrada en vigencia. Por supuesto que yo,
como muchos venezolanos, hubiese querido reconocer en la Carta Magna un modelo de
Estado descentralizado más ambicioso y mejor definido que el aprobado por la ANC.
VI.- El tradicional sistema presidencialista venezolano ha sido potenciado por la nueva
Constitución. Así: primero, la consagración de la reelección inmediata y por una sola vez del
Presidente en funciones; segundo, la ampliación del período presidencial a seis años; tercero,
sobre el número de votos requeridos para elegir al Presidente, la ANC se decidió a favor de la
mayoría simple a una sola vuelta, desechándose el balotaje o doble vuelta; en cuarto lugar, el
endurecimiento de los requisitos de la revocatoria del mandato. La iniciativa popular se elevó
al 20% del electorado, a lo que se sumó la exigencia de participación en la consulta popular
de un número de electores por lo menos igual o superior al que eligió al Presidente. Tales
requisitos, aplicables para cualquier funcionario electo, hacen difícil el uso de la mencionada
institución; quinto, la ampliación de las facultades legislativas del Presidente, mediante la
correspondiente habilitación legislativa, no circunscrita como lo fue la Constitución de 1961,
a las materias económicas y financieras; sexto, la promoción de los ascensos militares a partir
del grado de Coronel, sin la autorización parlamentaria, principio por cierto de solera
histórica que se remonta al constitucionalismo bolivariano, suprimido en la novísima
Constitución; y séptimo, la flexibilización a favor del Ejecutivo y en detrimento del
Legislativo, pues anteriormente constituía materia de Ley, de la facultad de fijar el número,
organización y competencia de los ministerios y otros organismos de la Administración
Pública Nacional.
Cierto que la novísima Constitución desconcentra algunas atribuciones presidenciales en la
recién creada institución del Vicepresidente Ejecutivo, una contribución a mi entender
positiva a la capacidad gubernativa del Ejecutivo. El Vicepresidente Ejecutivo es un alto
funcionario de libre nombramiento y remoción del Presidente, en su carácter de "órgano
directo y colaborador inmediato" del primer mandatario nacional, con específicas
atribuciones formalizadas en el texto fundamental.
En mi criterio resulta exagerada la opinión que sostiene que la atribución presidencial de
disolución de la Asamblea Nacional resulta un factor perturbador del equilibrio de poderes en
beneficio del Presidente. Tal institución (que contribuí directamente a diseñar) es concebida
más bien como un contrapeso a la competencia parlamentaria de remover al Vicepresidente
Ejecutivo, pues la facultad de disolución sólo se activa cuando el supuesto de la remoción se
concreta en tres oportunidades dentro de un mismo período constitucional, amén de la
exigencia de la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias, dentro de los sesenta días
siguientes a la disolución de la Asamblea.
VII.- En términos constitucionales, la institución militar pasa a adquirir con la nueva
Constitución, y en contraste con el modelo de la llamada "democracia puntofijista", un
estatus y rol muy superiores, como lo revelan los siguientes aspectos: primero, no se clarifica
constitucionalmente su subordinación al poder civil; segundo, desaparece en el texto la
atribución del Senado (tampoco la Asamblea Nacional), de autorizar los ascensos militares a
partir del grado de coronel; tercero, sus facultades exceden el convencional concepto de
soberanía nacional, para abarcar la cooperación en el mantenimiento del orden interno;
cuarto, se le faculta, en los términos que disponga la ley, a ejercer actividades de policía
administrativa y de investigación penal; quinto, se le reconoce un régimen de seguridad social
único contemplado por la Constitución para el resto de los venezolanos; sexto, se le reconoce
a los integrantes de la Fuerza Armada el derecho al sufragio; y, por último, se le reconoce un
sistema autónomo de control, vigilancia y fiscalización de sus ingresos, gastos y bienes
públicos, bajo la dirección del Contralor General de la Fuerza Armada, surgido de la propia
institución.
El tiempo dirá como se desenvuelve el encaje de la Fuerza Armada en la institucionalidad
democrática venezolana. La CB cierto que flexibiliza la participación militar más allá de su
tradicional rol profesional, pero sin traspasar los límites de la disciplina, la obediencia y la
subordinación. La Fuerza Armada sirve a la nación, a su seguridad, a su defensa. La CB no
autoriza un protagonismo directo y militante de deliberación política ni alienta el militarismo.
Ponerla al servicio de proyectos y banderas políticas conformarían un acto de naturaleza
flagrantemente inconstitucional.
VIII.- Junto al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo (ejercido ahora por una Asamblea
Nacional de estructura unicameral, que concentra las tradicionales funciones legislativas y de
control político, administrativo y financiero de la acción del gobierno como presidencialista
con sujeción parlamentaria), completan las ramas del Poder Público Nacional, el Poder
Judicial, el Poder Ciudadano y el Poder Electoral.
El Poder Judicial se constituye por el Tribunal Supremo de Justicia y los demás tribunales
que determine la Ley. Como características más sobresalientes de la rama judicial en la nueva
Constitución es de resaltar, ante todo, que la justicia emana y está al servicio de los
ciudadanos. Los hombres y mujeres que habitan esta tierra generosa tienen derecho de acceso
a ¡ajusticia, un derecho garantizado por el Estado, que se manifiesta en que la justicia a partir
de ahora debe velar por los atributos de gratuidad, accesibilidad, imparcialidad, idoneidad,
transparencia, autonomía, independencia, equidad, amén de que debe ser administrada en
forma expedita, sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.
La CB establece el requisito del concurso de oposición para la carrera judicial, en aras de la
formación y promoción de jueces idóneos y probos, independientes de factores perturbadores
de la sagrada función de impartir justicia, por lo cual prohibe expresamente el activismo
político y el gremialismo y la sindicación de los jueces.
También destaca en la nueva Constitución la participación ciudadana, a garantizar por la ley,
en el procedimiento de selección y designación de los jueces, y de manera especial crea una
institución de asesoramiento para la selección de los magistrados del Tribunal Supremo de
Justicia, como para los colegios electorales judiciales para la elección de los jueces de la
jurisdicción disciplinaria; el Comité de Postulaciones Judiciales, integrado por representantes
de los diferentes sectores de la sociedad, en los términos que fije la ley.
Asimismo es de mencionar aquí la eliminación del Consejo de la Judicatura. La CB crea la
jurisdicción disciplinaria judicial, a cargo de los tribunales especiales que determine la ley.
La administración del Poder Judicial corresponde al Tribunal Supremo de Justicia, único
órgano de dirección, gobierno y administración judicial, que a los efectos de
desconcentración de tan delicadas funciones, creará una Dirección Ejecutiva de la
Magistratura. Igualmente, una conquista valiosa que enaltece la justicia, lo es sin duda la
creación del situado judicial, consistente en una partida no menor del dos por ciento del
presupuesto ordinario nacional, para el funcionamiento del sistema judicial, la cual no podrá
ser reducida o modificada sin autorización previa de la Asamblea Nacional.
Otro paso de avance, que redunda en beneficio de la progresiva protección de los derechos
humanos, lo es la consagración constitucional de la jurisdicción penal militar como parte
integrante del Poder Judicial, cuya competencia se limita a los delitos de naturaleza militar.
La comisión de delitos comunes, violaciones de derechos humanos, y crímenes de lesa
humanidad, serán de ahora en adelante juzgados por los tribunales ordinarios. En fin, y para
concluir el punto, la Constitución establece la obligación del Estado de garantizar un sistema
penitenciario que asegure la rehabilitación del interno y el respeto de sus derechos humano, y
fija compromisos concretos en función de la construcción de un sistema penitenciario
humanitario y moderno, de acuerdo con las tendencias más avanzadas predominantes en el
mundo sobre tan relevante materia.
IX.- Junto a la trilogía clásica de poderes, la CB diseñó dos instituciones de inspiración
bolivariana: el Poder Ciudadano y el Poder Electoral. El Poder Ciudadano se integra de dos
instituciones con tradición constitucional (el Ministerio Público y la Contraloría General de la
República), y la Defensoría del Pueblo: el Ministerio Público, bajo la dirección del Fiscal
General de la República, tiene un papel sobresaliente en el ejercicio de la acción penal, la
investigación penal y celoso vigilante de la responsabilidad de los funcionarios públicos en
ejercicio de sus funciones, amén de velar por la celeridad y buena marcha de la
administración de justicia, y garantizar el respeto de los derechos y garantías constitucionales
en los procesos judiciales. La Contraloría General de la República, bajo la dirección del
Contralor General de la República, es el órgano de control, vigilancia y fiscalización de los
ingresos, gastos y bienes públicos. A ellas se suma la Defensoría del Pueblo, novedosa
institución de protección de los derechos humanos, y guardián del correcto funcionamiento
de los servicios públicos.
Los tres altos funcionarios integran el Consejo Moral Republicano, suerte de órgano supremo
de unión y coordinación de políticas de prevención, investigación y sanción de hechos que
atenten contra la ética pública y la moral administrativa. La organización, estructura y
funcionamiento del Poder Ciudadano será establecida por la ley orgánica que a los efectos
corresponderá dictar a la Asamblea Nacional.
X.- El Poder Electoral, remembranza de la idea original bolivariana, aunque de distinta
configuración, bajo la dirección del Consejo Nacional Electoral, tiene por función prioritaria
la organización, dirección y administración de los procesos electorales y convocatorias
refrendarios. Resaltan tres cualidades del Poder Electoral: primero, su integración por
representantes postulados por la sociedad civil; segundo, el principio de las despartidización
de los organismos electorales. Sus miembros no deben estar ligados a partidos u
organizaciones y asociaciones con fines políticos. La organización y funcionamiento de los
organismos que integran el Poder Electoral (junto al Consejo Nacional Electoral, y
subordinados a éste, la Junta Electoral Nacional, la Comisión de Registro Civil y Electoral, y
la Comisión de Participación Política y Financiamiento), corresponderá desarrollarlos a la ley
orgánica correspondiente. La CB crea, para concluir, una jurisdicción contenciosa electoral
en cuyo pináculo se encuentra la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia.
XI.- La CB dedica un capítulo completo al sistema socioeconómico, dividido en dos
capítulos, que suman veintidós artículos. Su descripción, análisis y evaluación desbordan los
límites trazados a esta introducción. Sin embargo, así sea resumidamente, unos comentarios
de rigor considero necesario hacer. Para comenzar, la CB, al igual que la Constitución
derogada del 1961, se enmarca dentro del modelo de la economía mixta, es decir, promueve
la libertad económica y la iniciativa privada empresarial, conjuntamente con sanos principios
de intervencionismo estatal, tal como se expresa en la promoción conjunta del desarrollo
armónico de la economía nacional.
Resalta la protección del ambiente como limitación a la libertad económica. Igualmente, el
reconocimiento expreso y la consiguiente protección de los consumidores. En materia de
monopolios, se fijan claros principios para combatir las prácticas monopólicas y sus
deletéreos efectos en el principio de la competencia y la libertad de los mercados. También es
de mencionar el reconocimiento y promoción de la economía y la empresa comunitaria, en
aras de fomentar formas alternativas de empresariado popular.
El tema polémico de la reserva estatal de determinadas industrias tiene un tratamiento distinto
en la CB respecto a la Constitución derogada, pues en esta última se hablaba de la obligación
del estado en propender a la creación de una industria básica pesada bajo su control, lo que
tenía su explicación en el incipiente desarrollo industrial de fines de los años cincuenta y de
los años sesenta. E) enfoque ahora es distinto, pues se da prioridad a la actividad petrolera,
aunque se deja abierta la posibilidad del control estatal sobre otras industrias por razones de
interés público o estratégico. En efecto, uno de los artículos más controversiales de la nueva
Constitución económica lo es la reserva de la totalidad de las acciones de PDVSA por parte
del Estado venezolano. La pregunta que surge está en el rango constitucional que se confirió
a una materia que para algunos debió regularse con criterios flexibles, sin la rigidez de las
normas constitucionales.
Otro aspecto interesante de la CB consiste en el carácter estratégico que se le concede a la
agricultura, así como la garantía por parte del Estado de la seguridad alimentaria de la
población. Una tendencia moderna, incluso en Estados propulsores de la libertad de los
mercados, está en la protección de su agricultura frente a la competencia foránea, al igual que
conceder rango de alta política estratégica nacional a la seguridad alimentaria, para así
superar la vulnerabilidad consecuente de potenciales conflictos económicos entre las
naciones.
Para concluir, un tema de la mayor importancia regulado por la CB es el concerniente al
Banco Central de Venezuela, sobre lo cual nuestra opinión contempla aspectos positivos y
aspectos controversiales. Dentro de los primeros incluyo que, por primera vez en la historia
constitucional venezolana, se reconoce estatus constitucional al BCV, con autonomía
suficiente para formular y ejecutar la política monetaria, así como diseñar y ejecutar la
política cambiaria y regular la moneda, el crédito y las tasas de interés, y administrar las
reservas internacionales. Un tema controversial atañe a la autonomía del BCV. En efecto, la
CB exige a esta institución la rendición exhaustiva de cuentas ante la Asamblea Nacional, e
inspección y vigilancia por parte del organismo público de supervisión bancaria. Estoy de
acuerdo con la autorizada opinión del "padre del BCV", el Dr. Manuel Egaña, que cuando se
creó la institución el año 1939, advertía que el BCV debía considerarse como un poder a la
par del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial. La pregunta surge en torno a los alcances de
la autonomía: la autonomía operativa está asegurada, no obstante persisten las dudas sobre
los alcances y límites del control de la Asamblea Nacional.
XII.- La Constitución tiene la pretensión (¡hacemos votos porque lo logre!) de ser una
Constitución non-nativa, es decir viva, de efectiva aplicación y vigencia en la realidad social.
En función de este noble propósito se elaboró el título VIII, con dos capítulos, uno dedicado a
la garantía de la Constitución y otro a los estados de excepción. El guardián por excelencia de
la CB es la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, entidad especializada y
concentrada donde reside la jurisdicción constitucional. Dejemos que sea el maestro Manuel
García-Pelayo (Obras completas. Madrid, 1991,111, p. 3225), quien nos aclare su sentido:
"Actualmente puede considerarse como opinión común que la jurisdicción constitucional es
la culminación del Estado de Derecho, que el desarrollo lógico y el perfeccionamiento
técnico de tal idea del Estado no sólo exigen la sumisión de la acción administrativa a tal
legalidad, sino también la constitucionalidad de la legislación misma y del conjunto de la
acción gubernamental. El sentido de la jurisdicción constitucional es precisamente garantizar
que el ejercicio de las funciones del Estado no se desvíe de las normas constitucionales que
las disciplinan".
Los estados de excepción están mejor regulados que en la Constitución derogada. Se
distinguen claramente sus tres modalidades (estado de alarma, estado de emergencia
económica y estado de conmoción interior o exterior), y lo más sobresaliente, se señalan
expresamente las garantías que en ningún caso podrán ser restringidas (las referidas a los
derechos a la vida, prohibición de incomunicación o tortura, el derecho al debido proceso, el
derecho a la información y los demás derechos humanos intangibles), así como se pauta que
el decreto que declara el estado de excepción debe cumplir con las exigencias, principios y
garantías establecidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la
Convención Americana sobre Derechos Humanos.
XIII.- Para terminar, unas palabras sobre la revisión constitucional. Distingue la CB tres
procedimientos de reforma: la enmienda, la reforma constitucional y la asamblea nacional
constituyente. Su diferencia es de grado, dependiendo de la magnitud de la revisión. Para mí
fue un honor proponer como constituyente que, independientemente del procedimiento
adoptado, toda revisión constitucional debía someterse a referendo popular, propuesta
afortunadamente aprobada por amplia mayoría. La motivación está en la jerarquía de las
normas constitucionales por una parte, y en el valor de la democracia participativa por la otra.
Si la Constitución tiene, como abrigamos todos, un fuerte contenido participativo en muchas
de sus disposiciones, resulta coherente que la modificación de normas de tanta jerarquía fuera
consultada con el pueblo.
En suma, la CB no está cerrada a su revisión, incluso hasta la radicalidad de la convocatoria
de una constituyente con poderes originarios. La experiencia difícil del año 1999 no debe
volver a repetirse: cuando el ánimo de un pueblo solicita un radical cambio constitucional, la
Carta Magna no debe cerrar los caminos. Mientras tanto deseo ¡larga vida a la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela!