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Daniel Medvedov

El
Sueño
del
Piano
con
Cola
Madrid 2009
Soñé que empujaba y a veces
arrastraba por las calles de una gran
ciudad, un piano con cola. Era un
objeto impecable de madera de ébano y
su brillo atraía a la gente que luego
me ayudaba a pasar los huecos y las
demás incomodidades de la calle.
Atravesaba los charcos, superaba
los obstáculos de las esquinas donde,
a ratos, encontraba montones de
escombros, aguantaba el peso del gran
instrumento cuando la calle tenía una
bajada y ayudado siempre por muchos
amigos, empujaba el negro cuerpo
musical hasta alcanzar otra vez el
trayecto plano.
El piano tenía marcado en oro el
nombre de la fábrica, OUROBOROS. Era
un gran piano con cola, un instrumento
de concierto, objeto raro y caro.
Detrás de la caja de los teclados,
en una esquina, tenía inscrito lo
siguiente: La profecía estará
realizada cuando el piano se muerda
la cola.

2
Yo sé que la boca del piano es el
teclado y las teclas mismas son los
DIENTES, con sus negras caries y todo.
Por ello cerré bien la tapa de las
teclas y seguí empujándolo y
arrastrándolo, pasando por un último
obstáculo de piedras y a través de un
pantano. Por fin, luego de varias
vueltas salí a la gran avenida que
cortaba la ciudad de norte a sur,
parecía La Diagonal de Barcelona y la
gente, muy cariñosa, me hizo entender
que el camino ya está fino, libre y,
finalmente, sin obstáculos.
Ahora sólo tenía que arrastrarlo y
rodarlo poco a poco por sus pequeñas
ruedas de los tres pies. No me gusta
llamar "patas" a las tres columnas del
piano.
Le pregunté al señor HASSAN sobre
el sentido de este sueño.
"Llegará un día en el cual tu
trabajo alcanzará un suave rodar, con
la facilidad y soltura del andar por
una gran avenida. El piano es tu
talento y tu labor extenuante, pero
recuerda, Nadiel, todavía no habías
tocado nada en el sueño, ninguna
melodía.

3
¡El piano de cola, OUROBOROS, se
muerde la cola! ¡Qué imagen más
cómica!
Tenía entendido que OUROBOROS era
la serpiente alquímica, que cuando se
mordía la cola todo andaba
perfectamente. Pero no se la mordía –
afirmó un día mi maestro – ¡se la
chupaba, la saboreaba!
Llegará un día en el cual estos
libros que estás escribiendo -el piano
de tu sueño, pues cada uno es una
tecla y son como las constelaciones,
ochenta-y-ocho - alcanzará la gran VÍA
REAL.
Hasta entonces hay mucho trabajo y
muchos desafíos. “¿Recuerdas que
CHOPIN tiene un estudio de las teclas
negras? Es la gama pentatónica. Tócalo
cuando este sueño se cumpla".
El señor Hassan me estaba diciendo
eso hace casi cuarenta años y hoy lo
sigo oyendo a mi derecha.
No debo mirar, está allí, en
silencio. Si tratara de verlo,
desaparecería al instante. Así me
enseñó actuar en la vida mi querido
maestro.

4
En París, cuando dormía en el
Gabinete Fantástico del Doctor M., leí
un poema sobre un piano, lo recuerdo
íntegro: el número 22 del libro
INTRODUCCIÓN A LA CIENCIA FEMENINA.