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Capítulo Criminológico Vol. 38, Nº 2, Abril-Junio 2010, 177 - 196 ISSN: 0798-9598

TENENCIA DE ARMAS DE FUEGO:

¿UN MECANISMO DE AUTOPROTECCIÓN?*

Raima Rujano Roque** María Alejandra Añez*** Jesús Enrique Párraga Meléndez****

*

Este artículo fue realizado en el marco del Proyecto Asociativo; “Violencia Urbana y Sistema

**

Penal en Venezuela”. Financiado por el Fonacit (Nro.G-2001000845) y desarrollado en forma colaborativa por el Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas de la UCV, el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO) y el Instituto de Criminología de LUZ.

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Trabajadora Social. Docente e Investigadora. Instituto de Criminología Dra. Lolita Aniyar de Castro. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Universidad del Zulia. E-mail:andreasr@cantv.net

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Abogada. Profesora e Investigadora. Instituto de Criminología Dra. Lolita Aniyar de Castro. Fa- cultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Universidad del Zulia. E-mail: maac2504@hotmail.com Psicólogo. Magíster Scientiarum en Ciencias Penales y Criminológicas. Especialista en Metodo- logía de la Investigación. Profesor Titular e Investigador del Instituto de Criminología “Dra. Lo- lita Aniyar de Castro”. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Universidad del Zulia. PPI Ni- vel II. Maracaibo. Venezuela. E-mail: jeparmel@yahoo.es.

Tenencia de armas de fuego: ¿un mecanismo de autoprotección?

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RESUMEN

En Venezuela, la violencia delincuencial se ha convertido en parte de la vida cotidiana de los ciudadanos. Sucesos como los homicidios, atracos, secuestros, entre otros, forman parte de los principales hechos reportados en la prensa nacional, situación que sumada a las experiencias de victimización promueve una elevada percepción de inseguridad. Los ciudadanos establecen diversos mecanismos de autodefensa para sentirse seguros ante la inoperancia de las instituciones encargadas de brindar pro- tección. Los datos discutidos en este artículo forman parte del estudio “Violencia interpersonal y percepción ciudadana de la situación de seguridad en Venezuela”, cuyo objetivo central fue interpretar el fenómeno de la violencia urbana a través de la ex- ploración de distintas variables. Sólo se expondrán los resulta- dos de las interrogantes percepción de inseguridad y tenencia de armas de fuego. De forma preliminar, se concluye que la necesi- dad de adquirir un arma de fuego está relacionada con la sensa- ción de inseguridad de ser víctima en el hogar o fuera de éste, gestándose de esta forma un peligroso mecanismo de autodefen- sa. Existe un grupo significativo de potenciales portadores de armas, que afirma tener la necesidad de adquirir una de estas.

Palabras clave:

Percepción de inseguridad, armas de fuego, violencia de- lincuencial, mecanismos de autodefensa.

POSSESSION OF FIREARMS: A MECHANISM FOR SELF-PROTECTION

ABSTRACT

In Venezuela, delinquent violence has become part of a citizen’s daily life. Occurrences such as homicides, holdups, kidnappings, among others, form part of the principle deeds reported in the na- tional press, a situation that, added to the experiences of victimiza- tion, promotes an elevated perception of insecurity. Citizens estab-

Recibido: 31-05-2010 •

Aceptado: 25-06-2010

Raima Rujano Roque, María Alejandra Añez y Jesús Enrique Párraga M.

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lish diverse self-defense mechanisms to feel safe when faced with a lack of operation by the institutions charged with offering pro- tection. Data discussed in this article are part of the study “In- terpersonal Violence and Citizen Perception of the Security Situation in Venezuela,” whose central objective was to interpret the phenomenon of urban violence through the exploration of different variables. This paper will deal only with results from questions regarding the perception of insecurity and the posses- sion of firearms. In a preliminary manner, conclusions are that

the need to acquire a gun is related to the sensation of insecurity, of becoming a victim in the home or outside of it, gestating thereby a dangerous self-defense mechanism. There is a signifi- cant group of potential gun carriers who affirm the need to ac- quire one.

Key words:

Perception of insecurity, firearms, delinquent violence, self- defense mechanisms.

INTRODUCCIÓN

Según informa el latinobarómetro (2007) entre los países donde hay mayor ocurrencia de delitos destacan Venezuela y Argentina, donde casi el 50% de la personas (49% y 47% respectivamente) han sido víctimas del de- lito en los últimos doce meses. No en vano, uno de los temas fundamentales que los ciudadanos perciben con gran interés y preocupación es la violencia delincuencial. Diversos diarios de circulación nacional revelan que la sensa- ción de inseguridad y de miedo al acto delictivo desplaza a la pobreza y al desempleo como principales problemas del venezolano.

Acero Velásquez (2006) reitera en sus informes que uno de los obstá- culos más serios para el desarrollo social y económico de cualquier país está constituido por la violencia y por la delincuencia, las cuales presentan, todavía, tasas muy elevadas en América Latina si se las compara con las que tienen otras partes del mundo.

En el Zulia, uno de los principales estados de Venezuela por su desa- rrollo económico -primera entidad en producción petrolera- y número de habitantes, casi se cuadriplicó la tasa de homicidios en los dieciséis años

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que van desde 1990 hasta el 2006. Se puede afirmar que se pasó de 11 ho- micidios a 38 por cada 100 mil habitantes, cifra que es similar o más eleva- da a las alcanzadas por otras ciudades latinoamericanas de alta densidad po- blacional y gran complejidad a nivel económico y político. Así destacan por ejemplo; Cali (91), Sao Paulo (44), Bogotá (23), Ciudad de México (18) y Buenos Aires (5), para el año 2003 (Latinobarómetro, 2007).

Según revela el último informe del Observatorio Venezolano de Vio- lencia (2006), en el Zulia el 79% de los homicidios fueron cometidos por armas de fuego, el mayor número de víctimas y victimarios tenían menos de

25 años de edad y el principal móvil fue el ajuste de cuentas seguido del robo y de las riñas. En este contexto, es necesario mencionar que el 45% de los homicidios ocurrió en la misma zona donde residía la víctima, situación que pudiera estar afectando la convivencia y seguridad personal, creando un escenario de ciudadanos aislados que viven en un estado de desconfianza e inseguridad hasta en sus propias viviendas. No obstante, se pudiera obser- var el deterioro del bienestar y la salud anímica de quienes comparten las barriadas, fomentándose con esto antivalores como la no solidaridad y ver

al “otro” como un enemigo.

En el informe 2008 sobre seguridad y violencia en Venezuela, sus au- tores afirman que la inseguridad ciudadana declarada por los venezolanos se ha convertido en una condición real que provoca temor en las comunida-

des, atentando contra los vínculos sociales, contra el sentido de comunidad

y contra la noción de orden y control, en tanto no hay confianza en el otro,

en quien vive cerca o lejos de casa, es una situación en la cual se tiene la convicción del riesgo aunque a veces no corresponda con la realidad (Brice- ño-León, Ávila y Camardiel, 2009).

Se trata de un clima de violencia que debe ser explicado en el marco de las condiciones en que se produce; en términos de los actores que partici- pan, del contexto normativo, de las interacciones sociales y del funciona- miento de las instituciones. Tal como le explica Romero y Rujano (2007); por un lado aparece un individuo cuya relación con las demás personas está basada en la violencia y que aprovecha la ineficiencia del aparato policial y del sistema penal. Por otro lado, aparecen las víctimas que sufren por la im- punidad y se arman, contratan vigilantes, organizan “patrullas vecinales” o toman justicia por su propia mano. Se adiciona al contexto una progresiva

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circulación de panfletos, en sectores populares, de procedencia dudosa, en los cuales se expone; “llegó la hora de la limpieza social”, lleno de amena- zas contra la delincuencia y que se suma a los mecanismos de respuesta a la violencia. Mecanismos que se auto-justifican por la inoperancia y falta de confianza en las instituciones dispensadoras de justicia. Es en este plantea- miento que se inicia la búsqueda de respuestas a inquietudes como las si- guientes: ¿cuáles son las principales razones por las cuales los ciudadanos adquieren un arma de fuego? ¿Son el temor y la percepción de inseguridad motivos para tener un arma de fuego? ¿Quiénes poseen armas de fuego, los que tienen temor al acto delictivo o los que ya han sido víctimas? ¿Tienen los hombres mayor disposición a tener armas de fuego que las mujeres?

BREVE MARCO CONCEPTUAL

Percepción de inseguridad

Diversos trabajos se han realizado en torno al tema, sin embargo, se considera pertinente mencionar los siguientes:

Un trabajo investigativo que lleva por título; “Modelo Explicativo de la posesión y proclividad hacia el uso de armas de fuego como mecanismo de prevención-acción de violencia”. Se trata de un estudio realizado por Brea y Cabral (2007), en un grupo de estudiantes universitarios de Repúbli- ca Dominicana con la finalidad de develar cuáles son los conocimientos, las creencias, actitudes y vivencias de este grupo ante la tenencia de armas de fuego. A partir de un modelo, los autores, tratan de explicar la dinámica de los factores que están relacionados con la violencia, y que determinan la proclividad hacia la posesión y el uso de armas de fuego. Según los investi- gadores, los factores sociodemográficos y el historial personal (sexo, edad, trabajo, ingreso, religión, etc.) influyen sobre la cognición y la formación de actitudes del individuo, lo que a su vez está matizado por los factores viven- ciales (experiencias de violencia y con armas) ocurridas en el hábitat y, en segundo lugar, por la influencia de otros acontecimientos como son la inte- racción con instituciones de seguridad, con los medios de comunicación y las facilidades objetivas y subjetivas existentes para la adquisición de un arma de fuego, lo que contribuye a la creación de la percepción de riesgo o

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inseguridad ante una situación determinada. Por otro lado, de lo cognitivo y actitudinal se genera la conducta preventiva (búsqueda de mecanismos de protección) de donde fluye lo comportamental, siendo la antesala para la ac- ción de poseer o predisponer hacia el uso de un arma de fuego.

Por otra parte, Córdova Montúfar (2007) refiere que en la percepción de inseguridad se da una especie de ambigüedad que surge a raíz de dos as- pectos. En primer lugar, las cifras oficiales de la violencia que dan los orga- nismos oficiales dan cuanta de un incremento tanto en el número de delitos como en las nuevas formas de violencia, en el plano de lo objetivo (victimi- zación real). En segundo lugar, la parte subjetiva de la percepción generada por el imaginario que sobre la inseguridad se forma, trayendo a colación va- riables que responden a las cusas y a las normas. En este marco el autor plantea la necesidad de elaborar un análisis transversal alrededor del tema de la inseguridad, esto es indagar desde distintas posturas teóricas con un análisis que permita identificar las lógicas de construcción, reproducción y procesamiento de los imaginarios sociales que la comunidad elabora alrede- dor de la inseguridad y la conflictividad en general. Entre las conclusiones planteadas por Córdova destaca, la afirmación de que la percepción de inse- guridad tiene que ser entendida como un proceso sistemático con impactos reales en la vida cotidiana de los individuos, en tanto que distorsiona la ca- pacidad de interrelación de la sociedad.

En este orden de ideas, destacan algunos planteamientos sobre la nece- sidad de buscar explicaciones multicausales al fenómeno de la violencia, dada sus características. Al respecto, Briceño-León ofrece un modelo socio- lógico en el cual coloca ciertas condiciones sociales y psicosociales rele- vantes que van a permitir comprender la violencia. Se trata de un modelo que pretende romper con la separación de las explicaciones individuales, ecológicas, económicas, de la criminología clásica y la teoría de la desvia- ción, para integrar y compartir las contribuciones de cada una de ellas. Se- gún el autor, el modelo consta de tres dimensiones; los factores que originan la violencia, los que la fomentan y los que la facilitan. Dichas dimensiones ofrecen una visión que va de lo macro social, mezo-social a micro social. De este modo, pudiera decirse que las posibles formas de intervención ten- drían que vincularse e integrarse en los distintos niveles de complejidad. En el contexto de este artículo es ineludible referirse a los factores que facilitan

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la violencia y que según Briceño-León, no dan origen y no es posible consi- derarlos causas de esta pero, si facilitan los comportamientos violentos y los hacen más perjudiciales. Entre estos factores, situados a nivel del individuo, se observa el incremento de armas de fuego en la población. De modo que su presencia facilita la letalidad de la violencia, pues un conflicto interper- sonal, una pelea callejera o un drama pasional pudieran terminar con la muerte (Briceño-León, 2007). Lo mismo ocurre cuando el delincuente asu- me como hecho que sus víctimas están armadas y al momento de atacarlas incrementa su violencia desencadenando en oportunidades el homicidio.

ASPECTOS METODOLÓGICOS

Es importante destacar que las explicaciones presentadas son prelimi- nares en tanto que sólo se tomó una parte de un conglomerado de variables correspondientes a un estudio de mayor complejidad. El objetivo central del estudio macro fue interpretar el fenómeno de la violencia urbana a través de la exploración de distintas variables. En este artículo sólo se expondrán los resultados relacionados con las interrogantes percepción de inseguridad y tenencia de armas. Dentro de este contexto interesó establecer algunas rela- ciones entre el género, la victimización real y subjetiva, la confianza en las instituciones y la tenencia de armas de fuego.

El universo de estudio estuvo conformado por todas las personas ma- yores de 17 años, originarios de centros urbanos venezolanos con más de 2500 habitantes, en viviendas familiares sólo de uso residencial. Se tomó como referencia para el marco muestral la información cartográfica y demo- gráfica del XIII Censo de Población y Vivienda realizado por el Instituto Nacional de Estadística de Venezuela (INE) en el año 2001, con actualiza- ciones en campo de acuerdo a las exigencias del estudio.

Se definieron 22 estratos de acuerdo a la actual división político-admi- nistrativa venezolana, con la variación de unir en un solo estrato a los esta- dos Amazonas, Delta Amacuro y Bolívar. Se aplicó un proceso de selección sistemático dentro de cada estrato, para garantizar la representatividad en la muestra de las distintas ciudades y niveles socioeconómicos.

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Finalmente, se seleccionaron 120 segmentos censales, dos manzanas censales por segmento y cinco personas por cada manzana censal para un tamaño de muestra de 1200 personas. A todas éstas se entrevistó, indistinta- mente a hombres y mujeres que estuvieran en el hogar, entre el 5 y el 29 de febrero de 2008.

La recolección de información de realizó a partir de la aplicación de una encuesta general utilizada para el estudio “violencia interpersonal y percepción ciudadana de la situación de seguridad en Venezuela”, realizado en forma asociativa por el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO), Ins- tituto de Ciencias Penales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el Instituto de Criminología de la Universidad del Zulia, y financiado por el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología de Venezuela (FONACIT).

RESULTADOS

Caracterizar a los entrevistados se asume como una tarea ineludible al tiempo que ofrecerá al lector una idea sobre los rasgos sociodemográficos de quienes participaron en la investigación. Aunado a esto, hay que recalcar que estudios anteriores dan muestra de la existencia de relación entre los factores sociodemográficos, la cognición y el comportamiento de las perso- nas (Brea y Cabral, 2007). Es importante destacar que, a excepción del gé- nero, no se estimó hacer relaciones entre otros estudios y las variables so- ciodemográficas aquí descritas.

En lo relacionado con la variable género, el mayor porcentaje lo obtu- vieron las mujeres (53,4%). En el caso de las edades el grupo más numero- so (44%) correspondió a las personas entre los 30 y 50 años de vida. Para el estado civil destacó que las personas que viven con una pareja representa- ron más de la mitad de la muestra (54%), el resto indicó que se encontraba en situación de soltería, viudez o separados. Resulta interesante señalar que de los entrevistados, el 60% afirmó tener la educación básica y media apro- bada. Así como, más del 80% reportó pertenecer a la religión católica.

A continuación se plantearán algunas interpretaciones sobre las res- puestas a las interrogantes referidas a la tenencia de armas y su relación con el temor al acto delictivo.

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Decir con certeza un número que de cuenta de la cantidad de armas ilega- les en manos de civiles venezolanos no es fácil, algunas cifras aportadas por el Ministerio de Interior y Justicia afirman la existencia de al menos 6 millones de armas de fuego, de las cuales aproximadamente un 75% no habían sido regis- tradas, por lo que el Estado no puede ejercer ningún tipo de control (Cifras de la Dirección de Armamento de las Fuerzas Armadas DARFA, 2006).

Del total de la muestra el 5% afirmó tener arma de fuego en el hogar, presumiblemente declarada por ser un porte legal. No obstante, queda la in- quietud de indagar sobre aquellas personas que declararon no tener armas, posiblemente por poseerlas de forma ilegal o cualquier otro tipo de elabora- ción casera. Sobre todo, llamó la atención el número de personas que afir- mó que si les fuera posible obtendrían una (25,7%).

Es importante considerar, para este análisis, que la declaración abierta de tener un arma de fuego en el hogar es más factible cuando se las adquie- re de forma legal. Pero existen otros mecanismos de obtención; algunas de forma ilegal y otras de fabricación casera, en cuyos casos son poco proba- bles de ser declaradas. Estudios previos destacan que en estas situaciones podría darse la llamada estrategia de encubrimiento que impide el cuestio- namiento de quien realiza la entrevista. Esta estrategia discursiva, consiste en formas de ocultamiento de situaciones o actos al entrevistador a fin de evitar cualquier cuestionamiento (Rujano, 2009).

Relación entre la tenencia de armas en el hogar y el género

Se plantearon interrogantes que permitieron describir el comporta- miento de algunas variables, como por ejemplo; el número de hombres y mujeres que afirmó tener en su casa un arma de fuego. Al respecto, se obtu- vo que el 70,2% de los entrevistados que dijo poseerlas son hombres y el resto mujeres (29,8%). En este sentido, se estableció una tabla de contin- gencia para verificar la posible relación entre el género y la tenencia de ar- mas, utilizando un valor de x igual a 0,05. Destacó en este procedimiento una evidencia sustancial en contra de la hipótesis nula que hablaba de la in- dependencia del factor sexo con la variable posesión de armas, dado que el valor obtenido en la prueba fue menor a 0,05 (sig= 0,001<0,05). Con este resultado, es posible afirmar que existe una relación entre la variable sexo y la tenencia de armas.

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Estos resultados se corresponden con los obtenidos en otros estudios, en los cuales se asume la existencia de un componente cultural, el cual asocia la tenencia de arma de fuego con una representación simbólica de poder, valor y masculinidad (Zubillaga y Briceño-León, 2001). Adicional a esto, puede de- cirse que la tenencia de un arma de fuego en el hogar tiene el agravante de convertirse en instrumento de dominación extrema en los casos de violencia doméstica. Sea el hombre o la mujer quien tenga el acceso al arma, existe igual posibilidad de incrementar el riesgo a ser víctima de un homicidio.

Relación entre la tenencia de armas de fuego y el temor a ser víctima de delitos

Ante escenarios de inseguridad, la comunidad colectiva o individual- mente considerada, se organiza para buscar mecanismos de protección fren- te al delito, que van desde las más inofensivas, como la inhibición de con- ductas, hasta situaciones extremas como la tenencia de armas y la toma de justicia por mano propia; situación descrita por Briceño León (2007), cuan- do se refiere a que la ciudad se va transformado para adaptarse coactiva- mente a las condiciones de inseguridad.

A partir de la segunda mitad de los años 80, se inicia de modo crecien- te, la implementación de diversas modalidades de protección privada en la sociedad venezolana, que van desde las rejas y portones eléctricos, las alar- mas de todo tipo, la adquisición de armas, hasta la concentración de vigilan- cia privada, resultando con ello, no solo la reproducción de la violencia y la privatización de la seguridad, sino además una desigualdad en los ciudada- nos, toda vez que solo un sector de la población -normalmente los de la de- nominada clase media y alta- pueden proveerse por si mismo de diversos medios de protección privados (Correa y Jiménez, 1995).

El miedo a ser víctima de la violencia produce diversos tipos de res- puestas en la sociedad; por una parte hay un incremento de la defensa priva- da y por el otro una demanda de mayor ofensiva pública hacia el delito. El incremento de la defensa procura disminuir la exposición al riesgo de los individuos, es decir, crear condiciones para no ser sujeto pasivo del delito, y esto se logra inhibiendo las salidas o restringiendo los movimientos en cier- tas partes de la ciudad o a ciertas horas, incrementando la seguridad en el hogar, construyendo espacios públicos privatizados, aumentando la protec- ción privada (Briceño León, 2007:42).

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Resultados del estudio que se reportan en este artículo revelan que un alto porcentaje de individuos están muy temerosos de ser atacados o robados princi- palmente en los medios de transporte público (55.5%), seguido por el temor de ser victimas de hechos punibles en lugares de la ciudad distintos a su comuni- dad (53.8%) o incluso en su lugar de residencia (37.8%). En general, las muje- res son más temerosas de ser atacadas en su casa o apartamento (54.0%), en medios de transporte (54.7%), en las calles de su comunidad (55.3%) o incluso en otras partes de la ciudad (54.6%), mientras que los hombres sienten una amenaza mayor en su lugar de estudio (50.5%) y de trabajo (63.6%).

Pues bien, partiendo de la premisa de que el temor a ser víctima del delito pudiera promover la posesión de armas de fuego como mecanismo de autodefensa, se estudiaron las respuestas a las interrogantes sobre la tenen- cia de armas de fuego en el hogar y el temor ha ser atacado o robado en su vivienda. En este asunto destacó que, en la escala de respuestas sugeridas para el caso del temor, los entrevistados que afirmaron tener mayor temor a ser atacado en su vivienda indicaron no poseer arma de fuego en su casa. Tal como se observa en la Tabla 1.

Paradójicamente la relación que establecía la premisa planteada para el comportamiento de las variables descritas, no se detectó con la prueba Chi cuadrado relación ni dependencia entre las mismas (sig= 0,518 > 0,05). No obstante, al hacer igual procedimiento con las respuestas de quienes es- tarían dispuestos a tener armas de fuego en sus hogares, se obtuvo un valor de sig= 0,33 > 0,05, situación que nos indica que a mayor intensidad del te- mor, aumenta el porcentaje de personas dispuestas a tener armas de fuego en el hogar.

Tabla 1 Relación entre la tenencia de armas de fuego en el hogar y la intensidad del temor a ser víctima del delito en su vivienda

Tiene arma de fuego en el hogar/ Intensidad del temor a ser víctima

Mucho

Algo

Poco

Nada

4,6%

3,5%

5,6%

6,5%

No

95,4%

96,5%

94,4

93,5%

Total

100%

100%

100%

100%

Fuente: Elaborada a partir de los resultados de la encuesta 2008.

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Este hallazgo pudiera estar develando la existencia de un grupo pobla- cional que se presenta como una bomba de tiempo, cuyo estallido incremen- taría el número de armas de fuego en manos de civiles y con ello el ya lamen- table número de eventos violentos que caracteriza a la sociedad venezolana. Más aún, si se toma en cuenta que este grupo se muestra favorable a las ac-

ciones violentas como vía para enfrentar los hechos delictivos. En otras pala- bras, del grupo que está dispuesto a adquirir armas de fuego el 31,7% aprue- ba el uso de la extrema violencia. Vale decir; aprueban que una persona mate

a otra que le haya violado a una hija, que la policía mate a los llamados azo-

tes de barrio, entre otros caso. Estos resultados coinciden con el modelo plan- teado por Brea y Cabral (2007), el cual indica que los componentes cognitivo

y actitudinal generan la conducta preventiva, constituyéndose en la antesala de poseer o predisponer hacia el uso de un arma de fuego.

También se pudiera señalar, por ejemplo, la tendencia hacia la ruptura de valores y los cambios en los patrones y normas culturales dentro del ho- gar, tal como lo indican estudios similares en los que se concluye que se está reproduciendo el patrón cultural de aprobación de la extrema violencia, del mismo modo que se observa una versión moralista de la pena de muerte basada en el incremento de la violencia delincuencial y la supuesta necesi- dad de defender la vida y realizar la limpieza social. Esta situación, lejos de disminuir la violencia, pudiera estar contribuyendo a la destrucción de for- mas pacíficas de relacionarse en los espacios de socialización, se difiere el proceso de ciudadanización y se produce la fragmentación social, lo que exige fortalecer el Estado de Derecho (Romero, Rujano y Romero, 2009).

En este mismo contexto, al intentar establecer la relación entre las res- puestas referidas al temor a ser atacado o robado en las calles su comunidad durante el día y la tenencia de armas de fuego, se obtuvo el siguiente resul- tado (Tabla 2).

Al igual que el comportamiento de las variables descritas anteriormen- te, con la prueba de Chi cuadrado la relación que establecía la premisa plan- teada, no se detectó relación ni dependencia entre las mismas (sig= 0,013 > 0,05). En tal sentido, no es posible afirmar que a medida que aumenta la in- tensidad del temor, aumenta el porcentaje de personas con armas de fuego. Situación que se torna antagónica con el grupo de personas que desea tener un arma de fuego, para la cual se encontró una relación entre las variables.

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Tabla 2 Relación entre la tenencia de armas de fuego en el hogar y la intensidad del temor a ser víctima del delito en las calles de su comunidad durante el día

Tiene arma de fuego en el hogar/ Intensidad del temor a ser víctima

Mucho

Algo

Poco

Nada

5,3%

3,6%

6,5%

4,3%

No

94,5%

96,4%

93,5%

95,7%

Total

100%

100%

100%

100%

Fuente: Elaborada a partir de los resultados de la encuesta 2008.

En tal sentido, mientras aumenta la intensidad del temor aumenta el porcen- taje de personas dispuestas a obtener un arma de fuego.

Esta peligrosa realidad amerita una pronta intervención en materia de políticas gubernamentales, recuérdese que en el llamado orden constitucio- nal está implícito el resguardo de la seguridad ciudadana como tarea del Es- tado y no de los ciudadanos. Por lo tanto, el hecho de que la población tras el aumento objetivo de los índices delictivos y las experiencias de victimi- zación, tenga una percepción de inseguridad frente al delito, fomenta el sur- gimiento cada vez más vertiginoso de nuevos y más riesgosos mecanismos de autoprotección. En este escenario llama la atención que las acciones par- ten de la individualidad, ya no como en otros casos, como por ejemplo; en algunos sectores populares, en los cuales es recurrente el alto riesgo o peli- grosidad en la cotidianidad, sino que se está produciendo lo que Max Weber (1922) llamó una “ayuda de vecindad”. Esta situación motiva a los ciudada- nos a construir sus propios dispositivos orgánicos, independientes y alterna- tivos a los que ofrece el Estado para prevenir el delito, a través de estrate- gias situacionales que por vía de los hechos han trascendido las institucio- nes y formas que tradicionalmente se conocen (programas sociales, educati- vos, terapéuticos y represivos) y el modelo que hoy se impulsa desde las más altas esferas estatales, nacionales u otras instancias de poder (multia- genciadas) (Rujano, 2009). En síntesis, lo que en otrora se practicaba de manera organizada por algunas comunidades, hoy en día se gesta bajo la in- dividualidad, para el resguardo del hogar y de quienes en estos habitan.

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Confianza en las instituciones y tenencia de armas de fuego en el hogar

En Venezuela se encuentra el mayor porcentaje de personas que creen en la existencia de un acceso igualitario a la justicia (38%), valor que se ha mantenido durante más de siete años, pero al mismo tiempo, se observa que es un porcentaje bajo pues se trata de sólo un tercio de la población total que expresa confianza en las instituciones (Latinobarómetro, 2007).

Diversos estudios destacan que la realización de denuncia ante las au- toridades es, también, un indicador de la confianza que puedan tener los ciudadanos al sistema de justicia. De este modo, la atención que recibe la víctima y la resolución del conflicto a través de las instancias de administra- ción de justicia pone de manifiesto el ejercicio de la ciudadanía, tal como lo expone la norma constitucional. Se parte de la proposición de que aquellos ciudadanos que denuncian tienen mayor confianza en las instituciones y por ello no se inclinarían a tener armas de fuego como mecanismo de protec- ción. Al respecto se obtuvo lo siguiente (Tabla 3).

Se aplicó el procedimiento estadístico para establecer algún tipo de rela- ción o dependencia entre las respuestas obtenidas y al respecto se obtuvo, con un x =0,05, una total independencia entre las variables tenencia de armas y denuncia de delitos ante las autoridades (confianza en las instituciones).

Sin embargo, se indagó con el grupo que afirmó tener disposición a la adquisición de armas de fuego y destacó una clara asociación entre las va- riables. Es decir, parece ser que, finalmente, el grupo de riesgo está consti- tuido por quienes afirman tener la disposición de adquirir armas de fuego. Resultó evidente que de este grupo el 48,6% califica como malo (27,3%) y muy malo (21,3%) el trabajo de instituciones como los tribunales, juzgados

Tabla 3 Relación entre la tenencia de armas en el hogar y la denuncia de delitos

Tiene armas de fuego en el hogar/ Denunció el delito

No

7,1%

6,1%

No

92,9%

93,9%

Total

100%

100%

Fuente: Elaborada a partir de los resultados de la encuesta 2008.

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y jueces. Este porcentaje aumentó cuando se pidió que valorara el trabajo de la policía, en el cual un 26,6% lo calificó de malo y el 27,9% de muy malo. Esta valoración de las instituciones y la marcada disposición a adquirir un arma de fuego se corresponde con lo explicado en estudios como el de Bri- ceño-León; en el cual se afirma que el miedo a ser víctima de la violencia produce diversos tipos de respuestas de la población, por una parte, se in- cremente la defensa privada y, por la otra la demanda de mayor ofensiva ha- cia los actores violentos, mayor agresión por parte de la policía hacia los delincuentes (2007). Dado el contexto descrito y la valoración que los en- trevistados ofrecen, permite inferir la marcada preferencia por la adquisi- ción de armas de fuego (defensa privada).

Algunos cambios en la rutina diaria de los ciudadanos, la sensación de inseguridad y la tenencia de armas

La inseguridad que los ciudadanos pueden experimentar por efecto del elevado índice de delitos y de violencia interpersonal, puede producir algu- nas conductas de inhibición por parte de ellos, lo que afectaría un derecho constitucional adquirido: la libre circulación (Roche, 2007), derecho éste consagrado en el artículo 50 de la carta magna que al efecto establece:

“Toda persona puede transitar libremente y por cualquier medio por el territorio nacional, cambiar de domicilio y residencia, ausentarse de la Re- pública y volver, trasladar sus bienes y pertenencias en el país, traer sus bie- nes al país o sacarlos, sin más limitaciones que las establecidas por la ley. En caso de concesión de vías, la ley establecerá los supuestos en los que debe garantizarse el uso de una vía alterna. Los venezolanos y venezolanas pueden ingresar al país sin necesidad de autorización alguna”.

Este derecho lleva implícito el libre albedrío, a la manifestación de vo- luntad libre y sin coacción de ningún tipo, de modo que el ciudadano en atención a sus deseos y necesidades, pueda decidir los lugares -dentro o fue- ra del país- donde transita el lugar donde habita, y otros similares, en el contexto de los derechos y garantías consagrados en el citado artículo. Por lo que cuando la persona se ve forzada a restringir este derecho, el mismo resulta vulnerado.

En tan sentido, se observa como en la actualidad, el individuo en su cotidianidad limita ciertas actividades a determinadas horas y lugares,

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como medida de prevención del delito. Los hallazgos revelan que los jóve- nes adultos (21-30 años) y adultos contemporáneos (31-40 años) son quie- nes principalmente se privan de realizar tareas y actividades como mecanis- mo de prevención. En este contexto, las horas y lugares de trabajo es la si- tuación más restringida, esto supone tomar horas diurnas y en lugares cerra- dos que le generen sensación de protección y seguridad, lo que además de su derecho a la libre circulación confina su derecho al trabajo. Asimismo, y en iguales proporciones la población manifiesta que en su cotidianidad ha sido menester prescindir de ciertas actividades de diversión o recreación que antes realizaban, al punto de desear cambiar su residencia a otro sector, ciudad e incluso país.

Gráfico 1 Inhibición ante el delito

e incluso país. Gráfico 1 Inhibición ante el delito Actividades de Diversión o Recreación Necesidad de

Actividades de Diversión o Recreación

Necesidad de mudarse a otra ciudad o país

Horas o lugares de compra

Horas o lugares de trabajo

Necesidad de mudarse a otro barrio o urbanización

Fuente: Elaborado a partir de los resultados de la encuesta 2008.

Como otra consecuencia inmediata de los altos niveles de inseguridad se encuentra el incremento en la tenencia de armas en la población civil, lo cual constituye uno de los elementos más proclives al incremento de la vio- lencia.

Al respecto, el gobierno nacional ha realizado múltiples intentos por desarmar a la población, bajo el control normativo y permisología legal. Sin embargo, resulta un dato curioso que en casi la totalidad de los homicidios ocurridos en el país (90.3%), se empleó un arma de fuego para perpetrar el delito, al igual que en otros tipo de delito con consecuencias no fatales en los que un 56.6% de las personas señaló que para la comisión del hecho pu- nible se había empleado como instrumento un arma de fuego.

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Gráfico 2 Tenencia de Armas de Fuego Comparativo 2004 – 2007

Sí No Sí No NS/NR
No
No
NS/NR

Fuente: Elaborada a partir de los resultados de las encuestas 2004-2008.

CONCLUSIONES

De forma preliminar se pueden ofrecer algunas reflexiones sobre las variables estudiadas, como por ejemplo; la gravedad que significa la tenen- cia de armas de fuego en el hogar, sobre todo cuando la excusa es la sensa- ción de inseguridad, de ser víctima del delito dentro y fuera del hogar. Esta percepción estaría propiciando la búsqueda de alternativas para la autopro- tección como la adquisición de armas de fuego.

Si bien, estudios anteriores confirman que la desconfianza en el siste- ma de administración de justicia y la impunidad propician el surgimiento de algunos mecanismos de autodefensa como los linchamientos y las organiza- ciones comunitarias (Romero y Rujano, 2007), en el caso de la tenencia de las armas de fuego no se estableció relación alguna entre quienes las tienen y quienes desconfían. Sin embargo, se encontró evidencia significativa en- tre quienes desconfían en las instituciones y quienes están dispuestos a ad- quirir un arma de fuego para su protección.

Destaca en las reflexiones planteadas que el temor y la desconfianza en las instituciones son factores que están presentes, en un porcentaje signi- ficativo, en quienes están dispuestos a adquirir un arma de fuego, tal situa- ción pudiera estar relacionada con los cambios en los valores y normas de la población que se contraponen a lo establecido en la norma constitucional.

Se coincide con otros estudios (Brea y Domínguez, 2005) en los cua- les se afirma que el crecimiento de la criminalidad, de la venta de armas de

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fuego, la corrupción e impunidad y la desconfianza en los organismos de protección público nacionales (policial y judicial), por consecuencia, la in- seguridad ciudadana existente, estimula en gran medida la búsqueda de au- toprotección y de protección privada, y la adquisición de un arma de fuego.

Los hallazgos demuestran que la posesión de armas de fuego en el ho- gar, la aprobación de la extrema violencia y la disposición a adquirir un arma de fuego para protección pudiera estar relacionada con la altísima tasa de vio- lencia registrada en Venezuela durante los últimos años. Igualmente, pudiera afirmarse que la anomia y la ruptura de patrones de sana convivencia están caracterizando la vida cotidiana del venezolano, en razón de lo cual toda in- vestigación que ofrezca alternativa para disminuir esta tendencia es impres- cindible para esperanzar un futuro de paz para las nuevas generaciones.

La fortaleza de esta indagación está en alertar sobre el riesgo que sig- nifica incrementar el ya elevado número de armas de fuego en los hogares venezolanos. Esta situación amerita controles inmediatos, fortalecer las po- líticas públicas en materia de prevención y control del delito y sobre todo ejercer amplio control en la posesión de armas de fuego. En cuanto a la po- blación en general, la necesidad de establecer mecanismos de tipo organiza- cional, en forma colaborativa con entes gubernamentales que faciliten la prevención y control de armas a fin de minimizar los riesgos de victimiza- ción y la letalidad de los encuentros violentos.

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