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parando, por ejemplo, Zeus al Nous, Aquiles al Sol, Agamemnon al éter, etc. Una doctrina en algunos respectos análoga a la de Anaxágoras es la de Diógenes de Apolonia (VÉASE). Suele atribuirse a Anaxágoras un

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ción y trasparencia del "principio" de Tales, el agua, puede ser tanto debido a la indiferencia cualitativa que corresponde a las cosas antes de ser formadas individualmente, como al hecho de que lo infinito, es decir, lo indeterminado, recubra lo determinado, el orden del mundo. Los mundos nacen y perecen en el seno de este infinito, de este princi- pio y substancia universal que hace que lo diverso sea, en el fondo, lo mismo. El retorno de toda forma- ción a lo informe no es así sino el cumplimiento de una justicia contra esa injusticia que representa el que las cosas pretendan ser subsistentes por sí mismas, pues la justicia es, en última instancia, la igualdad de todo en la substancia única, la inmersión, sin diferencias, en el seno de una in-

escrito Peri\ fu/sewj, Sobre la Natura- leza. Fragmentos y testimonios en Diels-Kranz, 59 (46). Testimonios de Arquelao de Atenas o de Mileto y de Metrodoro de Lámpsaco en ibíd., 69 (47) y 61 (48) respectivamente. — Véase la bibliografía de los artículos

y Además: F. Krohn, Der nou=j bei A., 1907. — D. Ciurnelli, La filosofía di Anassagora, 1947. — F. M. Cleve, The Philosophy of A. An Attempt at Re- construction, 1948. — J. Zafiropoulo, Anaxagore de Clazomène (I. Le my-

the grec traditionnel de Thales à PZo- determinada infinitud.

FILOSOFÍA

GRIEGA

PHESOCRÁTICOS.

ton. II. Théorie et fragments), 1948. — Artículos sobre Anaxágoras de M. Heinze (Ber. der Ges. der Wiss. phil- hist. Klasse [1890], 1-45), H. Diels (Archiv für Ges. der Phil. X [1897], 228-37 y Zeitschr. für Phil. und. phil. Kritik, CXIV 201-13), W. Ca- pelle (Neue Jahrb. XLIII [1919], 81-102, 169-98), O. Gigon (Philolo- gus, XCI [1936], 1-41), W. Broecker (Kantstudien, 1942-43). — Art. de E. Wellmann sobre Anaxágoras (Ana- xágoras, 4) en Pauly-Wissowa. ANAXIMANDRO (ca. 610-547 an-

tes de J. C.) de Mileto, perteneciente

a los llamados "fisiólogos jónicos",

dijo, según Diógenes Laercio, que "el infinito es el principio". Este

principio, a)rxh/, es el fundamento de

la generación de las cosas, aquello

que las abarca ( perie/xei ) y domina (kuberna=), pero un fundamento cons- tituido por algo inmortal e impere- cedero, por lo indeterminado, lo in- diferenciado, to\ a)/peiron. Del apei- ron (v.) surgen lo frío y lo cálido co- mo separaciones de la substancia pri-

mordial, y se constituyen lo fluido, la tierra, el aire, los astros. La disposi- ción de los elementos del universo en el espacio que ocupan está hecha así de acuerdo con el mayor o menor peso de los elementos componentes:

en el centro, la tierra; cubriéndola, el agua, y recubriéndolo todo, el aire y

el fuego. Este orden que ha surgido

del caos ha nacido en virtud de un principio, de una substancia única, mas de una substancia que no es determinada sino indeterminada. La indeterminación del "principio" de Anaximandro, a diferencia de la precisa determina-

Fragmentos y testimonios en

Diels-Kranz, 12 (2). Véase F. Lüt-ze, Ueber den a)/peiron Anaximan-ders, ein Beitrag zur richtigen Auf-fassung desselben als materiellen Prinzips, 1878. — J. Neuhäuser, Dis-sertatio de A. Milesi natura infinita, 1879. —

L. Otten, A. aus Milet, 1912 (Dis.).

— Charles H. Kahn, Anaximander

and the Origins of Greek Cosmology, 1960. — Artículos de F.

D. E. Schleiermacher (Werke, II,

171-296), P. Natorp (Phil. Mo- natshefte, XX [1884], 367-98), P. Tannery (Revue philosophique [1886],

225-71, y Archiv fur Ges. der Philo- sophie, VIII [1895], 443-48), H. Diels (ibíd., X [1897], 288-337),

J. Dörfler (Wien. Stud. XXXVIII

[1916], 189 y sigs.), R. Mondolfo (Logos, XX, 1 14-30), G. B. Burch (The Review of Metaphysics), I, 3, 1949), M. Heidegger (en Holzwege, 1950, págs. 296-343 [trad. esp.: Sen-

das perdidas, 1960, págs. 269-312].

— Paul Seligman, The 'Apeiron' of

Anaximander: A Study in the Origin and Function of Metaphysical Ideas, 1962. Véase también bibliografía de

PRESOCRÁTICOS.

ANAXÍMENES (ca. 588-524 antes de J. C.) de Mileto fue probable- mente discípulo de Anaximandro, se- gún cuenta Diógenes Laercio, y con- sideró, al decir de Aristóteles, el aire como anterior al agua, prefiriéndolo

como principio entre los cuerpos sim- ples. Pero este "aire" que responde a la pregunta por el principio de las cosas es también, como el "princi- pio" de Anaximandro, algo infinito; las cosas nacen por sus condensacio- nes y rarefacciones, esto es, surgen

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del aire, al ser dilatado o comprimido, el fuego, el agua, la tierra. El aire recubre todo el orden del universo al modo como lo ilimitado contiene lo limitado, pero este recubrimiento no se efectúa, según Anaxímenes, co- mo lo estático cubre lo dinámico. Por el contrario, el aire es el elemento vivo y dinámico; es, como el alma humana, un aliento o un hálito, que se opone a la pasividad de la materia

y que, al mismo tiempo, la informa.

La indeterminación e indiferenciación del principio o substancia primordial del universo es así una posibilidad, pero una posibilidad que es a la vez la máxima realidad, pues de ella de- rivan las realidades individuales, las cosas. La identidad del aire y del

hálito o el espíritu, significa así la identidad de todo lo dinámico frente

a lo estático; como en el apeiron,

también hay en el aire el fundamen-

to de la igualdad de todas las cosas, de su justicia, contra la injusticia de su individuación. Fragmentos y testimonios en Diels- Kranz, 13 (3). — Véase J. Dörfler,

Zur Urstoffslehre des Anaximenes, 1912. — Artículos de P. Tannery (Revue philosophique, VI [1883] y Archio für Ges. der Phil. I [1888], 314-21), A. Chapelli (Archiv, etc.,

I [1888], 582-94), R. Mondolfo (Ri-

vista Filologia Classica, [1936], 15- 26), A. Maddalena (Atti Reale Isti- tuto Véneto di Scienze. Lettere ed Arti [1937-1938], 515-45), G. B. Kerfeld (Museion Helveticum [1954],

117-21). — Véase también bibliogra- fía de PRESOCRÁTICOS. — Artículo sobre Anaxímenes (Anaximenes) por E. Wellmann en Pauly-Wissowa.

ANDRÓNICO DE RODAS (fl. 70

antes de J. C.) es conocido sobre todo como el compilador y ordenador de las obras de Aristóteles y de Teo- frasto, las que, además, comentó ex- tensamente. De hecho, se debe a Andrónico la conservación del Cor- pus Aristotelicum (véase ARISTÓTE- LES), el cual pasó, desde que fue confiado por Teofrasto a Neleo de Scepsis, por una serie de vicisitudes que pusieron en peligro su conserva- ción. Depositados durante mucho tiempo en un sótano, los manuscritos de Aristóteles fueron recobradas por Apelicón, un funcionario de Mitrída- tes, tomados por Sila como botín de guerra y, finalmente, recogidos por Andrónico. A éste se debe asimismo

el título Metafísica dado a la filoso-

fía primera del Estagirita (véase