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EVALUACIÓN PSICOLÓGICA

Curso académico 2006/07

Tema 7

La observación

1. Introducción

La observación conductual constituye la técnica más relevante del modelo conductual en evaluación psicológica; no obstante, no se trata de una estrategia propia y exclusiva de este modelo, ya que como bien es conocido el método científico en general la asume como estrategia fundamental de recogida de información. El modelo conductual toma y defiende esta técnica para hacer frente a los problemas de validez que le achacaba a los autoinformes característicos del modelo psicométrico. Según Fernández-Ballesteros (1980) la observación conductual consiste en una percepción consciente y deliberada de una conducta con el objetivo de registrarla, codificarla e interpretarla para recabar información del sujeto objeto de evaluación. Ello implica que el observador debe realizar necesariamente dos tareas: observar la conducta y registrarla mediante algún sistema de registro para posteriormente interpretarla. A pesar de que a nivel teórico la observación se convirtió en la técnica más característica e identificadora del modelo conductual, en la práctica no ha sido ni es una técnica de uso generalizado entre los psicólogos conductuales, probablemente debido al alto coste en tiempo y esfuerzo que supone su aplicación. Así, por ejemplo, en una encuesta realizada por Pietrowski y Keller entre los miembros de la Association for Advancement of Behavior Therapy (AABT), una de la asociaciones más importantes de terapeutas de conducta, la observación conductual era considerada como un instrumento importante de evaluación psicológica por solamente el 20% de los encuestados, mientras que el 70% consideraba importante el MMPI y cerca del 40% el TAT o el Rorschach (Pietrowski y Keller, 1984). No obstante, el uso de la observación como técnica de evaluación probablemente esté mediatizado por el contexto en el que trabaje el psicólogo. Así, en un reciente estudio, llevado a cabo por Virués, Santolaya, García-Cueto y Buela-Casal (2003), se informa que los Psicólogos Internos Residentes y los psicólogos clínicos que supervisan su formación utilizan en el Sistema Público de Salud español frecuentemente la observación como procedimiento de evaluación psicológica, en la misma medida que las entrevistas no estructuradas o semiestructuradas. Siguiendo a Quera y Behar (1997) podemos señalar que la observación se caracteriza por:

- Se utiliza para evaluar conductas espontáneas, no se realiza una manipulación ambiental para observar sus efectos sobre la conducta; nos interesan las covariaciones situación (es)-conducta(s).

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- Se utilizan observadores entrenados con sistemas de registro preestablecidos.

- Es imprescindible conocer la fiabilidad interobservadores, lo que exige la presencia de dos observadores.

- En la medida de lo posible, los observadores deberían ser personas ajenas a los objetivos de la observación con el fin de que las expectativas no contaminen los resultados.

- Se debe reducir o evitar el intrusismo para eliminar la reactividad.

- La gran riqueza de esta técnica es la posibilidad de registrar secuencias conductuales. En los siguientes apartados vamos a describir las variables susceptibles de observación, las unidades de medida, los sistemas para registrar la información observada, la estrategia de muestreo y los lugares en donde podemos llevar a cabo la observación.

2. Variables susceptibles de observación

A continuación se analizan las realidades conductuales susceptibles de ser observadas con el fin de recabar información sobre un sujeto determinado. El aspecto diferenciador entre ellas es el grado de especificidad de las mismas. Así, se puede observar un continuo de conducta, una conducta concreta, una interacción conductual o productos de conducta (Fernández-Ballesteros, 1992).

2. 1. Continuo de conducta

Se puede observar la conducta de un sujeto tal como se manifiesta, sin especificar ni acotar ninguna conducta concreta. Se trata de observar y describir todo lo que hace el sujeto, interesándonos en principio todas sus conductas en tiempo real. La limitación que presenta la observación de un continuo de conducta es la falta de fiabilidad en la recogida de información, pues no se ha diseñado y establecido previamente ningún protocolo de observación, por lo que la subjetividad del observador puede contaminar los resultados.

2. 2. Conductas específicas

En este caso, previamente a poner en marcha la observación, se especifica la conducta o conductas que se van a observar; éstas pueden diferir en su grado de molecularidad-molaridad. Además de especificar la conducta a observar se establece el intervalo de observación. Todo ello hace que los resultados

obtenidos de este modo tengan mayor fiabilidad, pues las inferencias por parte del observador son mínimas.

2. 3. Interacciones conductuales

Al observador le interesan las interacciones o relaciones funcionales entre dos personas o entre una persona y el ambiente. Así, por ejemplo, nos puede interesar la conducta agresiva de un miembro de la pareja hacia el otro y, a su vez, la reacción de éste o el contexto en el que se produce esa agresividad. En

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esta ocasión, tal como ocurría con las conductas específicas, se debe establecer previamente la interacción a observar y el intervalo temporal en el que va a tener lugar la observación.

3. 4. Productos de conducta

Los productos de conducta son el resultado de la actividad interna o externa que realiza el sujeto, por tanto, la variable a observar no es la conducta en sí sino su resultado o producto final. Por ejemplo, en lugar de observar la conducta de fumar, observamos y registramos el número de colillas que ha dejado un fumador. Esta variable también se denomina medida no reactiva porque en este caso su observación no produce reactividad, pues la conducta ya está emitida, por tanto el hecho de observar no puede influirla. Dentro de los productos de conducta se habla de variables de erosión, de huella y de archivo. Las medidas de erosión hacen referencia a los daños que la conducta de un sujeto provoca sobre su ambiente; por ejemplo, los rasguños que un alumno hace sobre su pupitre. Las medidas de huella son los objetos que quedan después de la emisión de una conducta; por ejemplo, las colillas que deja un fumador o las botellas vacías que ha consumido un paciente alcohólico. Por último, las medidas de archivo son documentos o informes en los que se resume en cierta forma la conducta de un sujeto; por ejemplo, el expediente académico de un alumno.

3. Unidades de medida

Antes de pasar a describir los sistemas para registrar la información observada y el procedimiento para diseñar un protocolo de observación es necesario comentar las unidades de medida que se pueden utilizar en función de la conducta observada y del objetivo de la observación. Las unidades más importantes son la ocurrencia, la frecuencia, la duración y el análisis secuencial.

3. 1. Ocurrencia

Cuando la conducta a observar es una conducta no discreta, es decir, es imposible conocer con claridad su inicio y su fin no podemos precisar las veces que se presenta esa conducta; lo máximo que podemos llegar a determinar es si la conducta se presenta o no, si ocurre o no; por ello, a esta unidad de medida también se la denomina metodología 0/1 (no ocurre/ocurre).

3. 2. Frecuencia

Cuando la conducta es discreta, conocemos con exactitud su inicio y su fin, podemos determinar con claridad, sin miedo a equivocarnos, las veces que se presenta, podemos conocer su frecuencia. Si a esta frecuencia la ponemos en relación con el tiempo total de observación tendremos la tasa.

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3. 3. Duración

En algunas conductas el hecho de conocer su frecuencia no tiene tanta significación en la comprensión del comportamiento habitual del sujeto como lo puede tener su duración. Así, por ejemplo, es más interesante conocer la duración diaria de la conducta de estudio en un niño que su frecuencia. Aparte de la duración de la conducta, puede interesarnos la duración o tiempo transcurrido entre dos conductas o la latencia de aparición de una conducta ante un estímulo o ambiente determinado. En todos estos casos el observador necesita, además de un protocolo de observación, un cronómetro.

3.4. Análisis secuencial Se trata de una medida dinámica que consiste en cuantificar como va cambiando la conducta momento a momento durante el período de observación, lo cual implica la combinación de algunas de las unidades de medida anteriores. La información obtenida con esta estrategia es mucho más completa que en los casos anteriores.

4. Sistemas de registro

El elemento diferenciador de los distintos sistemas para registrar la información obtenida durante la observación es el grado de estructuración, el cual va a depender de la variable a observar y de la fase del proceso de evaluación. Así, para registrar la información de un continuo de conducta se optará por un sistema muy poco estructurado, y para recabar información de un sujeto en las fases finales del proceso de evaluación se utilizará un sistema altamente estructurado. Entre los sistemas más utilizados vamos a describir los registros narrativos, las escalas de apreciación, los catálogos de conducta, los códigos de categorías y los sistemas automatizados de registro.

4. 1. Registros narrativos

Durante el registro narrativo el observador va registrando todo lo que va ocurriendo en tiempo real, por lo cual se utiliza cuando el objeto de observación es un continuo de conducta. El hecho de no existir una estructuración previa de lo que se va a observar va a afectar a la fiabilidad de los datos, dado que los observadores pueden dar distintas definiciones a una misma conducta o distintos significados al mismo hecho. Por ello, la única utilidad que tiene este sistema de registro es su uso en las fases previas del proceso de evaluación de cara a diseñar sistemas de observación más estructurados. Podrían también ser útiles cuando las conductas objeto de observación son muy poco frecuentes; en este caso se pediría a observadores participantes que realizasen los registros (Fernández-Ballesteros, 1992).

4. 2. Escalas de apreciación

Tal como su nombre indica las escalas de apreciación son sistemas de registro con formato de escala que proporcionan información sobre la

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frecuencia o la intensidad de conductas prefijadas con anterioridad. La Tabla 1 recoge algunos ítems del Inventario de Eyberg de Conducta en Niños para Padres, el cual ejemplifica estas escalas de apreciación.

TABLA 1. Parte del Inventario de Eyberg de Conducta en Niños para Padres como ejemplo de escala de apreciación.

¿A su hijo le sucede que

?

Nunca

Rara

A

A

Siempre

vez

veces

menudo

11.

Discute con los padres sobre las

1

2

3

4

5

6

7

reglas

12.

Se enfada cuando no consigue lo

1

2

3

4

5

6

7

que quiere

 

13. Tiene mal genio

1

2

3

4

5

6

7

14. Contesta a los adultos

1

2

3

4

5

6

7

15. Se queja

1

2

3

4

5

6

7

16. Llora con facilidad

1

2

3

4

5

6

7

17. Chilla o vocifera

1

2

3

4

5

6

7

18. Golpea a sus padres

1

2

3

4

5

6

7

19. Rompe juguetes y otros objetos

1

2

3

4

5

6

7

20. Es descuidado con juguetes y otros

1

2

3

4

5

6

7

objetos

 

21. Roba

1

2

3

4

5

6

7

22. Miente

1

2

3

4

5

6

7

Las ventajas que tiene este sistema de registro es que puede ser utilizado por observadores participantes en diferido. Así, por ejemplo, el Inventario de Eyberg puede ser aplicado por una madre al final del día. Se suelen usar para realizar una primera aproximación cuantitativa. Otro ejemplo de escala de apreciación lo constituye el Inventario de Conductas Clave del Sistema de Evaluación de la Conducta de Niños y Adolescentes BASC (Reynolds y Kamphaus, 2004) (véase la Figura 1). Este inventario que se utiliza en el contexto escolar incluye una lista de 65 conductas agrupadas en 13 categorías (cuatro de conductas positivas y 9 de conductas problema) ordenadas de mayor a menor frecuencia de aparición. El observador después de un periodo de observación de 15 minutos señala con que frecuencia (no observada, algunas veces y frecuentemente) se dan cada una de las conductas señaladas; además, se registra si la conducta es perturbadora para el funcionamiento de la clase.

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FIGURA 1. Registro de conducta: Inventario de Conductas Clave del BASC.

de conducta: Inventario de Conductas Clave del BASC. 4. 3. Catálogos de conducta Los catálogos de

4. 3. Catálogos de conducta Los catálogos de conducta constituyen un listado específico de conductas en los que se pueden incluir los antecedentes y/o consecuentes, por lo que nos permiten establecer relaciones funcionales. Según Fernández-Ballesteros (1992),

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estos catálogos pueden ser de dos tipos: registros de conducta y matrices de interacción. Los registros de conducta son listados de conductas específicas relevantes seleccionadas previamente por el observador; de este modo podemos conocer su frecuencia, su intensidad y el contexto en el que tienen lugar. La Tabla 2 incluye un ejemplo de registro de conducta.

TABLA 2. Registro de conducta (tomado de Fernández-Ballesteros, 1992).

No presta atención Discute No obedece Llora Pega Rompe algo Roba Miente Se queja Parece
No presta
atención
Discute
No obedece
Llora
Pega
Rompe algo
Roba
Miente
Se queja
Parece triste
Levantarse
Arreglarse
Desayuno
Al colegio
Comida
Aseo
Juego
De compras
Con visitas
Deberes
Cena
Arreglo
TV
Acostarse
Dormir
Otras

Por su parte, las matrices de interacción permiten establecer la interacción entre la conducta de dos o más personas. A partir de ellas podemos conocer la relación funcional entre la conducta(s) y sus contingencias, y las relaciones interpersonales en un determinado ambiente. La Tabla 3 incluye un ejemplo.

TABLA 3. Matriz de interacción de una pareja (tomado de Haynes, 1978).

Verbalización

positiva MU

Verbalización

negativa MU

No respuesta MU

TOTAL

Alabanza MA

Crítica MA

Comentario

neutro MA

TOTAL

Nota: MA: marido y MU: mujer.

4. 4. Códigos de categorías El sistema de registro más complejo y sofisticado son los códigos de categorías, que nos permiten, aparte de conocer la frecuencia de diversas conductas, establecer relaciones funcionales entre conductas y determinados

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estímulos o ambientes. Muchos de ellos son fruto de investigaciones lo que le confieren altas garantías científicas; en estos casos, lo más lógico es utilizar estos sistemas en lugar de que el propio observador elabore uno. La Tabla 4 muestra parte del Código Estandarizado de Observación (SOC) de Whaler, House y Stambaugh.

TABLA 4. Parte del Código Estandarizado de Observación (SOC) de Whaler, House y Stambaugh.

Intervalo C O O- Q S I+ I- Sa+ Sa- 1 2 3 4 5
Intervalo
C
O
O-
Q
S
I+
I-
Sa+
Sa-
1
2
3
4
5
6
7
8
9

Nota: C: cumplimiento de una orden; O: oposición, no cumplimiento de una orden; O-:

oposición negativa por el tono de voz; Q: quejas; S: autoestimulación; I+: Instrucción positiva, orden directa; I-: instrucción negativa por amenazas; Sa+: atención social positiva adulto; Sa-:

atención social negativa adulto.

4. 5. Sistemas automatizados de registro Con el objetivo de conseguir las mayores garantías científicas en la obtención de datos a través de la observación se han diseñado diferentes sistemas mecánicos de registro que reducen o eliminan la posibilidad de error al registrar, así como la reactividad. Así, existen sistemas informáticos de registro, grabadoras de vídeo, etc. que consiguen estos objetivos.

5. Estrategia de muestreo

La aplicación de la técnica de observación exige de la realización de un muestreo de las conductas, momentos y situaciones en las que la vamos a aplicar. Por un lado, los registros narrativos como tales son inviables, pues sería muy costoso, e incluso inútil, tener que registrar todo lo que hace un sujeto a lo largo de un día; por otro lado, si optamos por registrar determinadas conductas específicas podremos encontrarnos con serios problemas para observar todas las conductas, pues no sabemos cuando van a ocurrir; además, si las conductas son muy frecuentes tendría un alto costo y si son muy poco frecuentes el observador puede dejar de prestar atención. Por todo ello, lo más adecuado es realizar un muestreo del tiempo, la situación y los sujetos a observar. A continuación se describe el proceso a seguir para elaborar un protocolo de observación aplicando el muestreo de tiempo, situaciones y sujetos. El primer aspecto que hay que concretar es la duración de la observación; podemos observar durante un día, durante una semana o durante un mes. En

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principio, la duración de la observación está en función de la variabilidad de la conducta a observar; si la conducta es muy variable deberemos observarla durante más tiempo, con el objetivo de que la información recogida tenga validez, es decir, represente el comportamiento habitual del sujeto. Para ello, podemos asumir que quince o veinte días es tiempo suficiente para que la conducta se estabilice y, por tanto, la información sea válida; este es un criterio que suele estar consensuado entre los psicólogos conductuales. Otro criterio es aplicar la siguiente fórmula que nos proporcionará los días mínimos necesarios de observación:

3 +

10 (TA – TB)

TA

Los valores de esta fórmula son: 3, los días mínimos de observación; 10 una constante; TA la tasa más alta de la conducta a observar durante esos 3 días; y TB la tasa más baja. Como se puede apreciar, cuanto más grande sea la diferencia entre TA y TB mayor será el número de días necesarios de observación, o lo que es lo mismo, a mayor variabilidad de la conducta, mayor duración de la observación. En segundo lugar, hay que establecer la frecuencia de observación, es decir las veces que vamos a observar a lo largo del día; podemos observar, por ejemplo, una hora al día o cuatro veces durante 15 minutos cada una de ellas. Al determinar la frecuencia estamos estableciendo la sesión de observación, para lo cual se deben tener en cuenta algunos criterios. Por un lado, la duración de la sesión de observación siempre debe ser mayor a la duración promedio de la conducta a observar; es decir, la sesión deberá ser lo suficientemente larga como para que en ella puedan producirse transiciones entre ocurrencias de conductas. Por otro lado, la duración de la sesión no debe ser excesivamente larga, pues de lo contrario se produciría cansancio y pérdida de atención en el observador. Por ello, se estima que una duración razonable de la sesión es de 30 a 60 minutos. En tercer lugar, se debe establecer el momento de inicio y fin de la sesión. Para ello, podemos seguir tres estrategias: selección fija, muestreo aleatorio y criterios comportamentales. La selección fija implica iniciar y terminar la sesión de observación siempre a la misma hora; por ejemplo, un protocolo de observación de 5 días incluye una sesión al día de 30 minutos que se inicia todos los días a las 10 de la mañana y termina a las 10,30 horas. En el muestreo aleatorio se va cambiando el inicio y el final de la sesión a medida que van transcurriendo los días de observación. De este modo en pocos días podemos conocer la conducta habitual del sujeto en diferentes momentos y en diferentes situaciones, por lo que estos datos tienen mayor validez que los obtenidos a partir de una estrategia de selección fija. La Tabla 5 muestra un protocolo de observación de este tipo.

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TABLA 5. Protocolo de observación con muestreo aleatorio con una duración de 5 días y 2 sesiones por día.

Día

Sesión

Inicio

Fin

1

1

10,00 h.

10,30 h.

 

2

16,00 h.

16,30 h.

2

3

10,30h.

11,00 h.

 

4

16,30 h.

17,00 h.

3

5

11,00 h.

11,30 h

 

6

17,00 h.

17,30 h.

4

7

11,30 h.

12,00 h.

 

8

17,30 h.

18,00 h

5

9

12,00 h.

12,30 h.

 

10

18,00 h.

18,30 h.

La estrategia de criterios comportamentales determina que el inicio y final de la sesión se fija con la aparición y desaparición de la conducta. No tiene sentido estar observando cuando sabemos con seguridad que no va a ocurrir la conducta; la observación se hará cuando tenemos la total seguridad de que ésta se va a producir. En cuarto lugar, dado que la técnica de observación implica observar y registrar la información observada, es necesario estipular el tiempo dedicado a cada una de estas tareas. En esta ocasión, el procedimiento a seguir depende de la unidad de medida que se utilice; así, se habla de tres tipos de metodología:

método de frecuencias, método de duración y método de intervalos. El método de frecuencias se utiliza cuando las conductas a observar son discretas, es decir tienen un inicio y final claros. En este caso, no es necesario establecer un tiempo de observación y un tiempo de registro; el observador cada vez que ocurre o aparece la conducta durante la sesión de observación la registra. Lo mismo sucede con el método de duración; el observador registra la duración de la conducta dentro de la sesión de observación. El método de intervalos se emplea para la observación de conductas no discretas; ante la imposibilidad de conocer cuando empiezan y cuando terminan, simplemente se puede registrar la ocurrencia, si se presentan o no. En este caso, es necesario especificar el tiempo dedicado a la observación y el tiempo dedicado al registro. La sesión de observación se divide en intervalos temporales iguales y, a su vez, cada uno de éstos se subdivide en intervalo de observación e intervalo de registro. Durante el intervalo de observación simplemente se observa si ocurre o no la conducta y durante el intervalo de registro se anota si la conducta ha ocurrido. La Tabla 6 muestra parte de un protocolo de observación que usa la metodología de intervalo.

TABLA 6. Protocolo de observación con metodología de intervalo. La sesión tiene una duración de 30 minutos que se ha dividido en 15 intervalos de 2 minutos; a su vez, este intervalo de 2 minutos se ha subdividido en dos, uno de 1,30 minutos para observar (--- ) y otro de 30 segundos para registrar (-).

---,-

---,-

---,-

---,-

---,-

---,-

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---,-

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---,-

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Dentro de la metodología de intervalo existen tres tipos diferentes: intervalo completo, intervalo parcial e intervalo momentáneo. En el intervalo completo se registra la conducta, o se considera que la conducta ha ocurrido, únicamente si ocupa la totalidad del intervalo de observación; este sistema es muy estricto y exigente con la aparición de conducta y se suele utilizar cuando el objetivo de la intervención conductual es incrementar una determinada conducta (problemas de déficit de conductas). En el intervalo parcial se registra la conducta, o se considera que la conducta ha ocurrido, si ésta tiene lugar en algún momento del intervalo de observación, no necesariamente en la totalidad del intervalo; simplemente interesa si la conducta ocurre o no en el intervalo, por lo que el observador, una vez presentada la conducta, no tiene que estar esperando al final del intervalo, lo cual producirá menos cansancio. Esta metodología se suele utilizar cuando la conducta a observar es muy frecuente. En el intervalo momentáneo se registra la conducta, o se considera que ésta ha tenido lugar, si está presente en el momento del intervalo previamente fijado, por ejemplo, en los primeros 15 segundos del intervalo o en los 10 últimos. Esta metodología exige también menos atención que la del intervalo completo, pues el observador debe presentar atención solamente en el periodo o momento estipulado del intervalo. Este tipo de estrategia se suele utilizar para observar conductas con cierta duración. En el BASC (Reynolds y Kamphaus, 2004) se incluye un protocolo de muestreo temporal por intervalos por medio del que se puede registrar la ocurrencia de una serie de comportamientos adaptativos (por ejemplo, respuestas al profesor o a la clase/lección) y desadaptativos (por ejemplo, movimientos inapropiados). El observador al final de cada intervalo de 30 segundos observa el comportamiento del alumno durante 3 segundos, registrando a continuación si la conducta ha ocurrido o no.

En quinto lugar, hay que establecer las situaciones en las que se va a realizar la observación. Este aspecto está estrechamente relacionado con el número de sesiones de observación por día y con la estrategia utilizada para establecer el inicio y el final de la sesión. Cuantas más sesiones hagamos al día y

si utilizamos un criterio aleatorio para determinar el inicio y el fin, mayor

probabilidades tendremos de muestrear diferentes situaciones. Lo ideal es recoger información de la conducta del sujeto en diferentes situaciones. De ahí

la relevancia que tiene el criterio aleatorio, pues nos permite en pocos días de

observación muestrear, a la vez que diferentes momentos, diferentes situaciones. Por último, si es el caso, hay que establecer el número de sujetos que

vamos a observar. Si se trata de un único sujeto hablamos de muestreo focal y si queremos observar a más de un sujeto utilizaremos un muestreo multifocal o de barrido; en este último caso, podemos asignar el mismo número de intervalos de observación a cada sujeto (muestreo multifocal proporcional) o asignar más

a uno que a otro (muestreo multifocal desproporcional), por ejemplo, el

intervalo 1 al sujeto 1, los intervalo 2 y 3 al sujeto 2, el intervalo 4 al sujeto 1, los intervalos 5 y 6 al sujeto 2, y así sucesivamente.

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6. Lugares de observación

La observación se puede llevar a cabo en el contexto natural del sujeto o en situaciones artificiales, creadas o manipuladas artificialmente por el observador. En la medida de lo posible, lo ideal es realizar la observación en el ambiente habitual en el que el sujeto emite sus conductas (hogar, clase, trabajo, lugares de ocio, etc.), pero en ocasiones esto es difícil o imposible, por lo que se opta por crear situaciones artificiales para observar como se comporta el sujeto. Las situaciones naturales más utilizadas, y más estudiadas, son las situaciones familiares, las situaciones escolares y determinadas instituciones (hospitales, por ejemplo). En las situaciones artificiales se habla de tests situacionales y representación de papeles o role playing. En ambos casos, el observador crea o provoca artificialmente una situación con el fin de ver como se desenvuelve el sujeto, diferenciándose ambas en el hecho de si el sujeto es consciente de ser observado o no; en principio, en el test situacional el sujeto no tiene porque ser consciente de que está siendo observado.

7. Garantías científicas de la observación

Como ocurre con todas las técnicas de evaluación psicológica a la hora de utilizar la observación debemos tener muy presente sus garantías científicas, es decir, asegurarnos que los datos y la información obtenida tienen fiabilidad y validez. En este apartado vamos a describir las variables que pueden afectar a la calidad de la información, así como el concepto de fiabilidad y validez dentro del contexto de la observación.

7.1. Variables que afectan a la calidad de la información recogida A la hora de describir los factores que pueden llegar a contaminar los datos recogidos a través de la observación se habla de dos tipos diferentes: los sesgos provenientes del propio observador y del hecho de observar, y los sesgos provenientes del sujeto observado. Entre los sesgos propios del observador destacamos los siguientes:

- Errores mecánicos de registro. Si la información no se registra correctamente no será fiable ni válida.

- Errores de interpretación de la conducta a registrar. Si los observadores interpretan de distinta forma las conductas, difícilmente se pondrán de acuerdo a la hora de registrarla. De ahí la importancia de definir previamente de forma operacional la conducta para que los dos observadores tengan claro lo que tienen que registrar.

- Errores biosociales. Aunque no está muy claro el efecto que el sexo, la raza o la edad de los observadores puede tener sobre la calidad de recogida de datos, hay algunos estudios que han demostrado alguna influencia de estos factores.

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- Expectativas. Es conveniente que el observador no conozca el objetivo de la observación, de lo contrario sus expectativas pueden llegar a contaminar los resultados. El efecto Rosenthal está claramente demostrado en psicología experimental.

- Grado de participación. El grado de participación del observador puede

distribuirse a lo largo del siguiente continuo: observador no participante (sistema mecánico de registro), observador ajeno y observador allegado. Cuanto más objetivo y distante del sujeto observado sea el observador más calidad tendrán los datos recogidos, más objetivo será a la hora de registrar la información. Un observador allegado (por ejemplo, una madre que observa a su hijo) puede verse afectado por su subjetividad a la hora de observar. No obstante, a su favor tiene que provocará menor reactividad, que como veremos a continuación es otra fuente importante

de sesgo en la observación.

La fuente de sesgo más importante proveniente del sujeto observado es la reactividad, es decir, que el sujeto modifique su conducta habitual por el hecho

de sentirse observado, lo que hace que la información recogida no sea válida. La

reactividad puede detectarse de múltiples formas y ante su manifestación debemos poner en duda la información recogida. Así, si se produce un cambio

en los parámetros cuantitativos de la conducta, si tiene lugar un incremento de

la

variabilidad de la conducta sin producirse cambios ambientales aparentes, si

el

propio sujeto nos comunica que no se comporta habitualmente de esa forma

o

si se presenta una discrepancia entre los datos proporcionados por la

observación y los facilitados por otras técnicas de evaluación debemos pensar que se está produciendo reactividad. Para controlar este fenómeno se recomienda utilizar observadores participantes (con el riesgo de que perdamos objetividad en la información, tal como señalábamos anteriormente) o dispositivos de registro ocultos, los cuales controlarán la reactividad y serán objetivos; asimismo, es aconsejable utilizar periodos de habituación de forma que el observador deje de ser un elemento extraño en el contexto de observación y utilizar diferentes sistemas de observación, así como diferentes técnicas de recogida de información.

7. 2. Fiabilidad y validez

A la hora de utilizar la observación debemos tener muy claro los

conceptos de fiabilidad interobservadores, exactitud, fiabilidad test-retest y validez ecológica. Como se ha dicho al principio del tema un requisito

indispensable para la aplicación de la observación es la utilización de dos observadores. Por tanto, el acuerdo interobservadores es un dato que debe aparecer siempre junto a la información recogida en una observación. La forma de calcular este índice depende de la unidad de medida empleada durante la observación. Así, si lo que hemos registrado es un producto de conducta, la frecuencia o la duración la fórmula es la siguiente:

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Menor número de observaciones

Mayor número de observaciones

En el caso de la metodología de intervalo la fórmula a aplicar es:

Número de acuerdos

Número total de observaciones

Para ello hay que diseñar una tabla de doble entrada tal como se recoge en la Tabla 7.

TABLA 7. Acuerdos y desacuerdos interobservadores en un protocolo de observación con metodología de intervalo.

 

Observador 2 – SI

Observador 2 - NO

Observador 1 - SI

3

(A)

4 (C)

Observador 1 - NO

2

(B)

11 (D)

Nota: En este caso el cálculo de la fiabilidad interobservadores sería A + D / A + B + C + D

Esta fórmula se puede corregir teniendo en cuenta la frecuencia de la conducta mediante el porcentaje efectivo de acuerdos (Martorell, 1989). Cuanto mayor sea el porcentaje esperado en una celda, menos adecuado es cargar el cálculo de porcentajes de acuerdo a ella. Así, si la conducta observada es muy frecuente no se consideraría el grado de acuerdos en la ocurrencia de la conducta y el cálculo más adecuado sería -siguiendo la tabla de doble entrada anterior- D / B + C + D. Si la conducta es muy poco frecuente, se ignoraría el grado de acuerdos en la no ocurrencia de la conducta, pues es donde hay más probabilidad de que se pongan de acuerdo los observadores; por ello, la fiabilidad interobservadores sería A / A + B + C. Sin embargo, todos estos procedimientos no tienen en cuenta la posibilidad de que los acuerdos sean debidos al simple azar, por lo cual se ha elaborado el índice de kappa que tiene en cuenta esta posibilidad. La fórmula es la siguiente:

p o – p c

1 – p c

En esta fórmula p o es la proporción observada de acuerdos, la proporción real y p c es la proporción de acuerdos esperada al azar. El valor de p c se calcula teniendo en cuenta las proporciones marginales de la tabla de doble entrada en la que se resumen los datos de los dos observadores; el cálculo se hace de la siguiente forma: se multiplica la proporción marginal de la primera fila por la proporción marginal de la primera columna y a ello se le suma la proporción marginal de la segunda fila por la proporción marginal de la segunda columna. El índice kappa es más estricto y exigente, por lo que

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proporcionará un coeficiente de fiabilidad interobservador menor que los procedimientos descritos con anterioridad. Se considera que el valor mínimo exigible es de 0,75 o un 75% de acuerdo entre los dos observadores. Un concepto introducido por el modelo conductual, y que complementa el concepto de fiabilidad interobservadores, es la exactitud. El hecho de encontrar una alta fiabilidad interobservadores, es decir que los dos observadores estén totalmente de acuerdo en el registro de la información, no asegura que la información sea válida; pueden estar cometiendo los dos un mismo error sistemático que hace que el acuerdo entre ellos sea alto y que la información recogida no represente el comportamiento real del sujeto. Por ello, se ha planteado la necesidad de exigir que además del acuerdo exista exactitud en la información, es decir, que lo que se registra sea exactamente lo que está ocurriendo. El concepto de exactitud alcanza su máximo (y único) significado en la observación, pues dado que observamos conductas manifiestas, esta información puede ser contrastada por un agente externo (un tercer observador, un sistema de grabación, etc.) que refleje con exactitud la realidad. El concepto de fiabilidad test-retest alude al hecho de que la información recogida en un momento determinado sea similar a la información recogida en un momento posterior; con ello estamos aludiendo a la estabilidad o variabilidad de la conducta. El cálculo de esta fiabilidad se puede calcular mediante correlaciones o hacerlo visualmente a través de gráficas en donde se aprecia la variabilidad de la conducta. Por último, la validez ecológica plantea el hecho de que hasta que punto podemos generalizar la información recogida por medio de la observación en una situación específica a otras situaciones; ello pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de muestrear diferentes situaciones. No obstante, la polémica más intensa se centra en la observación en situaciones artificiales y en qué medida la conducta observada en ellas es representativa de la conducta habitual del sujeto.

Referencias

Fernández-Ballesteros, R. (1980). Psicodiagnóstico. Concepto y metodología. Madrid:

Cincel-Kapelusz. Fernández-Ballesteros, R. (1992). Introducción a la evaluación psicológica I. Madrid:

Pirámide. Haynes, S. N. (1978). Principles of behavioral assessment. Nueva York: Gardner Press. Martorell, M. C. (1989). Técnicas de evaluación psicológica (vol. II). Valencia: Promolibro. Pietrowski, C. y Keller, J. W. (1984). Attitudes toward assessment by members of the AABT. Paper presentado en Meeting of the Southeastern Psychological Association. Nueva Orleans, USA. Quera, V. y Behar, J. (1997). La observación. En G. Buela-Casal y J. C. Sierra (dirs.) Manual de evaluación psicológica. Madrid: Siglo XXI. Reynolds, C.R. y Kamphaus, R.W. (2004). BASC. Sistema de evaluación de la conducta de niños y adolescentes. Madrid: TEA.

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Virués, J., Santolaya, F., García-Cueto, E. y Buela-Casal, G. (2003). Estado actual de la formación PIR: actividad clínica y docente de residentes y tutores. Papeles del Psicólogo, 24, 37-47.

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La autoobservación

1. Introducción

El origen de la autoobservación podemos situarlo en el estructuralismo del siglo XIX que se fundamentaba en el método de la introspección. No obstante, será el modelo conductual en la década de los años sesenta y setenta quien le dará la importancia que tiene está técnica dentro de la evaluación psicológica; así, la gran mayoría de la investigación básica realizada en este

campo tuvo lugar durante los años setenta. La autoobservación como técnica de evaluación psicológica implica la atención intencionada a la emisión de una conducta (en cualquiera de sus tres niveles: motor, cognitivo o psicofisiológico) y su posterior registro mediante algún procedimiento diseñado previamente. Por tanto, de igual forma que ocurría con la observación, estamos haciendo referencia a dos tareas: determinar y observar la aparición de la conducta, y registrarla, de ahí que se hable indistintamente de autoobservación y autorregistro. Una peculiaridad de esta técnica de evaluación frente a otras es que además de su función evaluadora cumple una función terapéutica, pues como veremos más adelante, el simple hecho de registrar la conducta hace que cambie en la dirección deseada, por ello se habla también de la autoobservación como técnica de modificación de conducta, aunque en este tema nos vamos a referir a ella como técnica de evaluación psicológica. Según Bornstein, Hamilton y Bornstein (1986), la autoobservación presenta una serie de ventajar frente al resto de técnicas de evaluación psicológica:

- Permite que el sujeto pueda controlar su propia conducta, lo cual es uno de los principios básicos de la modificación de conducta.

- Proporciona feedback continuo de los cambios de conducta.

- Presenta una relación óptima entre costos y beneficios.

- Permite recoger información de situaciones y contextos cuya evaluación implicaría un alto costo para otras técnicas de evaluación psicológica.

- Su empleo elimina la reactividad del observador.

- Permite acceder al nivel cognitivo de la conducta, y de hecho es, junto a los autoinformes, el único procedimiento para ello. A continuación vamos a describir los diferentes tipos de autorregistro y el procedimiento a seguir en su aplicación; por último, hablaremos de las garantías científicas de la técnica.

2. Tipos de autorregistro

Del mismo modo que ocurría con la observación existen diferentes sistemas y metodologías de autorregistro; a la hora de elegir uno u otro es

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necesario asegurarnos que se ajuste a la conducta que se registra. Según Herbert y Nelson-Gray (1997) los métodos de autorregistro más importantes son las narraciones, el registro de frecuencias, el registro de duración, el muestreo de tiempo, los procedimientos pasivos y/o mecánicos, y el registro informatizado. Un matiz diferenciador entre ellos es su distinto grado de estructuración, de modo que en las primeras fases del proceso de evaluación se elegirán aquellos sistemas menos estructurados. Las narraciones constituyen una forma frecuente de autorregistro en las primeras fases del proceso y consisten en el registro de las conductas junto a las circunstancias en las que tienen lugar (antecedentes y consecuentes). Así, por ejemplo, se puede pedir a un paciente que haga un diario conductual en donde registre los ataques de pánico y el lugar en dónde ocurren. Cuando la conducta a observar es discreta el método más adecuado es el registro de frecuencias. En este caso, se pueden diseñar desde procedimientos muy simples (por ejemplo, pasar una moneda de un bolsillo a otro cada vez que ocurra la conducta), hasta sistemas un poco más complejos que proporcionan mayor información (véase la Tabla 8). Existen también contadores mecánicos que pueden realizar esta función.

TABLA 8. Hoja de autorregistro de la conducta de fumar.

DIA:

Cigarrillo

Hora

Placer (0-10)

Situación

1

     

2

     

3

     

4

     

5

     

6

     

7

     

8

     

9

     

10

     

11

     

12

     

13

     

14

     

15

     

16

     

17

     

18

     

19

     

20

     

El método de frecuencias no permite determinar la duración de las conductas, por ello a la hora de registrar ciertos comportamientos (por ejemplo, estudiar, ver la televisión, etc.) debemos optar por los registros de duración.

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Cuando las conductas no son discretas la elección es la metodología de

intervalos. Un intervalo de tiempo se subdivide en subintervalos más pequeños

y el sujeto registra si la conducta tuvo lugar o no en esos subintervalos. Existen

diferentes procedimientos de este tipo. Se puede registrar en cada subintervalo, además de la simple ocurrencia, la intensidad de ocurrencia en una escala de 0 a

3 (no ha ocurrido, ha ocurrido ocasionalmente, a menudo y muy a menudo). También se han diseñado aparatos que avisan cada cierto tiempo para que el sujeto registre si la conducta está ocurriendo o no en ese momento. Además de estos registros de lápiz y papel existen procedimientos mecánicos que facilitan la tarea de registro. Así, existen mecanismos pasivos que cada vez que la conducta se produce se registra automáticamente sin exigir ninguna acción al sujeto; por ejemplo, pitilleras que registran automáticamente los cigarrillos extraídos. El registro de productos de conducta podría entrar también en esta modalidad de autorregistro. Incluso, las medidas de las uñas, de los cabellos, análisis de sangre o de orina podrían ser considerados como procedimientos pasivos de autorregistro. La peculiaridad de todos estos sistemas es que no provocan reactividad. Aparte de estos procedimientos, en los últimos años se han elaborado sistemas informáticos más complejos y que proporcionan una gran cantidad de información.

3. Proceso de aplicación de un autorregistro

En este apartado vamos a describir el proceso a seguir en el autorregistro. Según De la Puente, Labrador y De Arce (1993) los pasos a seguir serían los siguientes: presentación de la técnica, definición de la conducta a

registrar, detección de la conducta, selección del método de medición y registro,

y representación gráfica.

En primer lugar, se debe explicar al paciente en qué consiste y que importancia tiene el autorregistro; es imprescindible conocer cuantitativamente la conducta a modificar. Una vez que el sujeto es consciente de la relevancia de esta técnica se debe definir operacionalmente la conducta a registrar de modo que sepa lo que tiene que registrar; es muy importante hacer una definición descriptiva y no vaga de la misma. A continuación debemos entrenar al sujeto en la detección e identificación de la conducta. Muchas de las conductas susceptibles de autorregistro son automáticas y, en ocasiones inconscientes para el propio sujeto; por ello, antes de pasar al registro el sujeto debe saber identificar las conductas. Una estrategia que le puede ayudar en dicha tarea es centrarse en los estímulos o señales previas a la aparición de la conducta. Una vez que el sujeto está capacitado para detectar la conducta a registrar se debe

seleccionar el sistema de registro, el cual depende de la unidad de medida que utilicemos (producto, frecuencia, duración u ocurrencia) y de la cantidad de información que se quiera recoger (conducta/s, estímulos y consecuencias internas o externas). Lo lógico es diseñar un protocolo de lápiz y papel que el sujeto se encargará de rellenar; la complejidad del mismo dependerá entre otros factores del nivel cultural del sujeto. Las características más importantes que

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debe incluir el sistema de registro son: permitir registrar la conducta de forma inmediata a su ocurrencia, fácil de usar, lo suficientemente llamativo como para recordar el registro pero sin llegar a llamar la atención de los demás y, por último, que no implique altos costos. Las Tablas 9, 10, 11 y 12 muestran ejemplos de distintos autorregistro de lápiz y papel.

TABLA 9. Hoja diaria de un autorregistro de la conducta de fumar.

Nombre: XXXXXX

Fecha: 12/11/2001

Su tarea consiste en anotar la hora del día, el grado de apetencia del cigarro, si fumó o no el cigarro, el lugar donde estaba y las personas que estaban presentes, así como su estado de ánimo.

Recuerde que el grado de apetencia debe indicarlo en una escala de 1 a 5, siendo 1= sin apetencia perceptible; 2 = ligera apetencia; 3 = apetencia moderada; 4 = bastante apetencia; 5 = apetencia muy intensa.

apetencia perceptible; 2 = ligera apetencia; 3 = apetencia moderada; 4 = bastante apetencia; 5 =

Hora

Grado de

¿Fumó el cigarro?

Actividad

¿Con quién?

Estado de

apetencia

ánimo

8,30 h

2

Después de

Solo

Contento

desayunar

9 h

5

Conduciendo

Solo

Nervioso

10,15 h

2

Trabajando

Con clientes

Tranquilo

11

h

3

Trabajando

Con clientes

Tranquilo

12,30 h

2

Trabajando

Solo

Tranquilo

15

h

5

Comiendo

Con familia

Contento

19

h

5

Tomando copas

Con amigos

Contento

22

h

3

No

Viendo TV

Con esposa

Tranquilo

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TABLA 10. Hoja de autorregistro de episodios de cefalea

Nombre: XXXXXX

Fecha: XXXX

En este autorregistro debe anotar día a día, cada vez que aparece el dolor de cabeza, a qué hora empieza, a qué hora termina, su intensidad de 1 a 5, si toma o no medicación para aliviarse y qué otras cosas hace para que el dolor desaparezca. Debe anotarlo todas las veces que le duela y justo en el momento en que note el dolor.

Día

Hora

Intensidad

Medicación

¿Qué hace?

Inicio

Fin

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

   

1 2 3 4 5

No

 

1 2 3 4 5

No

1 2 3 4 5

No

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TABLA 11. Autorregistro de las conductas agresivas de un padre.

P = Pegar; R= Regañar; I = Insultar; B = Burlarse; NR = No Responde

Día

Lugar

Hora

Personas

Acciones y

Conducta

 

Acciones y

presentes

pensamientos

agresiva

pensamientos

anteriores

 

posteriores

L

Casa

22

Carmen

“Antonio tira la leche”

P

Llora y tira otro vaso

M

Calle

9

-

“Voy a llegar tarde al trabajo por su culpa”

P

No

quiere ir al

colegio. Le pego

otra vez

X

Casa

14,30

Carmen

“La comida

R, NR

Carmen se va

estaba mala”

sin

comer

S

Casa

00

Madre

de

“Quiero estar

I, B

Mi

suegra no

Carmen.

solo”

me

habla

Carmen

 

TABLA 12. Autorregistro de la frecuencia de la conducta de fumar y situaciones en las que se produce.

E = Estudiando; T= Trabajo; TV = Viendo la TV; C = Antes o después de comer; SS = Situaciones sociales incómodas; P = sólo; O = Otros (especificar)

Mañana

T

T T T T T C P

8

Tarde

C

C E E E E E SS SS SS SS SS

12

Noche

TV TV TV TV

4

Total

 

24

Por último, es interesante transformar los datos del autorregistro en gráficas para que el sujeto tenga disponible de una forma fácil y accesible toda la información recogida, lo cual le proporcionará información acerca de la tendencia de la conducta.

4. Garantías científicas

En el autorregistro existen dos problemas metodológicos que pueden afectar a la fiabilidad y a la validez de los datos recogidos: falta de exactitud y reactividad. Muchas de las investigaciones realizadas durante la década de los años setenta se centraron en el estudio de los factores que afectaban a ambos sesgos. El hecho de que la información recogida con un autorregistro sea más o menos exacta depende de diversas variables. Así, el hecho de ser consciente de que se está evaluando adicionalmente la exactitud hace que el sujeto recoja la

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información de una forma más precisa; a su vez, el empleo de refuerzos produce una mayor exactitud. Se ha demostrado que la naturaleza de la conducta a registrar puede influir; se produce mayor exactitud al registrar conductas motoras que manifestaciones cognitivas, o al registrar conductas valoradas positivamente en lugar de las valoradas negativamente. El hecho de registrar mientras se realizan otras conductas afecta a la precisión del registro. El momento del registro afecta también a la fiabilidad de los datos; hay menor probabilidad de equivocarse si el registro se hace de forma inmediata a la aparición de la conducta que si lo hacemos en diferido. La reactividad supone un sesgo que afecta a la validez de los datos; el sujeto al modificar su conducta habitual por el hecho de registrarla no proporciona información válida. Sin embargo, este efecto que en todas las técnicas de evaluación supone un error metodológico a considerar, en el caso de la autoobservación puede ser algo beneficioso por lo que incluso puede interesar su potenciación; la razón es que el sujeto cambia el comportamiento en la dirección deseada terapéuticamente, por ello podemos utilizar el autorregistro como técnica de modificación de conducta. Lo mismo que ocurría con la exactitud se han analizado diferentes factores que pueden reducir o aumentar la reactividad del autorregistro. Así, cuanto más motivado esté el sujeto para cambiar su conducta más reactividad provocará el autorregistro. La valoración de la conducta, lo mismo que ocurría con la exactitud, influye en la reactividad; el autorregistro incrementa las conductas positivas y disminuye las valoradas negativamente, probablemente porque aumenta la motivación del sujeto. Se produce más reactividad cuando se observa y registra una sola conducta, pero el hecho de registrar más de una conducta puede disminuir la exactitud del autorregistro. La naturaleza o tipo de conducta a registrar también parece afectar a la reactividad; así, registrar conductas motoras provoca mayor reactividad que conductas verbales. El hecho de registrar los estímulos discriminativos o desencadenantes de una conducta provoca mayor reactividad que registrar la propia conducta; se produce mayor reactividad en un paciente obeso que registra las calorías ingeridas al día en vez del peso diario o, en el caso de un sujeto fumador, decir que no a un cigarrillo en lugar de los cigarrillos fumados. El momento en el que se realiza el autorregistro también influye en la reactividad; provoca mucha mayor reactividad registrar la conducta antes de que se emita que una vez emitida, ya que de este modo se rompe la cadena conductual que conduce a la conducta problema. Por último, el tipo de sistema de registro influye también; un registro llamativo es más reactivo que uno nada llamativo pues no actúa como estímulo discriminativo de la conducta de registrar.

Referencias

Bornstein, P. H., Hamilton, S. B. y Bornstein, M. T. (1986). Self-Monitoring procedures. En R. M. Ciminero, K. S. Calhoum y H. E. Adams (eds.), Handbook of behavioral assessment (2ª ed.). Nueva York: Wiley.

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De la Puente, M. L., Labrador, F. J. y de Arce, F. (1993). La autoobservación. En F. J. Labrador, J. A. Cruzado y M. Muñoz (dirs.), Manual de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide. Herbert, J. D. y Nelson-Gray, R. O. (1997). La autoobservación. En G. Buela-Casal y J.C. Sierra (dirs.), Manual de evaluación psicológica. Madrid: Siglo XXI.

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