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Antropología: Métodos y problemas

en la formulación de teorías*
David Kaplan, Robert A. Manners
EL CAMPO DE LA ANTROPOLOGÍA
Quienquiera que haya hojeado un texto introductorio de antropología,
aunque sea de forma casual, dificilmente habrá dejado de percatarse del enor-
me campo de esta disciplina. La antropología es, con seguridad, la más ambi-
ciosa de todas las ciencias sociales, no solamente porque considera a las
culturas de todos los lugares y épocas como su campo legítimo, sino porque
entre sus temas se cuentan el parentesco, la organización social, la política, la
tecnología, la economía, la religión, el, arte y la mitología, por citar sólo algu-
nos de los que en seguida vienen a la mente. Y además, es la única de las
ciencias sociales que intenta decir algo sobre los dos aspectos de la naturaleza
humana, tanto el biológico (antropología fisica) como el cultural (antropología
cultural).
Si se toma en consideración la gran variedad de intereses y lo aparente-
mente amorfo del contenido que caracteriza a la, antropología, cabe preguntar-
se: ¿existe, sin embargo, algo que dé a la disciplina cierta unidad? Por lo
pronto, ¿qué es lo que tienen en común los antropólogos de corrientes dife-
rentes,. además de pertenecer al mismo departamento de una universidad?
, (tanto aquellos que tienen ~ n enfoque más humanista o desde el punto de
vista de la historia natural, como aquellos que adoptan un enfoque más abs-
tracto, generalizador o científico). La respuesta, creemos, es que desde el sur-
gimiento de la antropología como un campo sistemático de investigación, a
fines del siglo XIX, los temas que han interesado a los antropólogos pl,leden
resumirse en dos grandes interrogantes relacionados entre sí: 1) ¿cómo fun-
• Dc DAVID KAPLAl'l y ROBtiRT A. MANNtiRS,lmfOducción critica a 1" teoría "mfopolósin¡. México. 1979.
Editorial Nucva Imagcn. Cap 1, pp. 19-66. Traducción ~ casteijano dc Marcos Arana (Versión original en inglés,
Culture Theory. Prentice Hall, 1972).
Kaplan, David y Robert A. Manners
1996 «Antropología: Métodos y problemas en la formulación de
teorías», en Lecturas de antropología social y cultural: la
cultura y las culturas, Honorio M. Velasco Maillo, comp.
Madrid: UNED. [Orig.: 1972.]
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DAVID K¿4PJ..A.N. ROBER'F A. MANNERS ANTROPOLOG1A: MÉTODOS Y PROBLEMAS EN J..A. FO/wUI..A.CIo..N DE
cionan los diferentes sistemas culturales?, y 2) ¿cómo, en su inmensa variedad,
estos sistemas culturales llegaron a ser 10 que son? Nótese que estas preguntas-
se centran· en las diferencias, tanto en espacio como en tiempo, entre unas
culturas y otras.
Si todas las culturas f1,lesen iguales, probablemente la a.ntropología no se-
ría necesaria. La biología humana, vista en un sentido amplio, sería la discipli-
na mediante la cual buscaríamos las explicaciones del comportamiento huma-
no. Sin embargo, esto no quiere decir que los antropólogos_ no estén interesa-
dos en las similitudes entre culturas. Pero para ellos las similitudes culturales
son temas que deben explorarse desde dentro del contexto de contraste de
otras diferencias humanas y, en algunos casos, también subhumanas.
Si, como todos los antropólogos a,firman, es verdad que las diferentes
poblaciones del mundo pertenecen a una misma especie Homo Sapiens, y si es
también verdad, de acuerdo con esto, que la naturaleza psicobiológica de cada
una de estas poblaciones es, en términos generales, la misma, esperaríamos.
encontrar que todas las sociedades humanas fuesen parecidas, o, al menos,
Que mostraran ciertas grandes similitudes. Y efectivamente, en algunos aspec-
tos las tienen. En concreto, si éste es el caso -y nadie ha podido demostrar 10
contrario- ya que la constitución psicobiológica, -digamos, de los habitantes
de las islas Tobriand y la de los europeos no tiene diferencias significativas,
sería entonces lógico afirmar que puesto que ambos grupos vienen habitando-
el planeta como Homo Sapiens durante el mismo tiempo, sus culturas o for-
mas de vida deberían ser más parecidas en estructura y contenido de lo que
son en realidad. Sin embargo, cuando advertimos las diferencias entre los
habitantes de las islas Tobriand y los europeos generalmente tendemos a que-
dar más impresioQ.ados por éstas que por las aparentes similitudes que presen-
tan sus culturas, y no sólo quedamos impresionados, sino que, probable-
mente, nos preguntemos por qué existen tales diferencias. Si la infraestructura
psicobiológica es en verdad una constante, es obvio que no podamos verla
como una respuesta a nuestra pregunta. Lo psicobiológico puede explicar mu-
chas de las semejanzas culturales generales observadas, pero no puede hacer
lo mismo con las diferencias.
Además de las semejanzas culturales que pueden ser atribuidas a la <.<.uni-
dad» psicobiológica del hombre, existen otras que no pueden ser explicadas
por ésta. Nos referimos a aquellas semejanzas en formas culturales o en patro-
nes Que surgen de procesos convergentes de crecimiento, cambio o evolución:
por ejemplo, los parecidos que, a pesar-de las diferencias persistentes, existen
entre el Japón y la Alemania industriales. Nos int_eresan en esta relación por-
que sabemos que los sistemas culturales .de estos dos países diferían profunda-
mente en la época inmediatamente precedente al surgimiento de sus respec-
tivas revoluciones industriales.
Los procesos paralelos de industrialización parecen responsables del in-

.
cremento de sus semejanzas en ideología y estructura social. Ya pesar de Que
pueda ser dificil demostrarlo, parece suficientemente claro que el tipo de per-
sonalidad -que implica el término de «hombre industrial» signifl,Ca también
una convergencia de la «personalidad social». .A lo largo de todo ¿ste período
de intenso cambio, los rasgos psicobiológicos de estas dos poblaciones, -hasta
donde se puede decir, permanecieron constantes. El problema central de la
antropología es, entonces, la explicación de las semejanzas y las diferencias, de
la continuidad y del cambio cultural en el tiempo.
Así como el cambio puede ser visto sólo en un marco de estabilidad o
continuidad, la estabilidad puede ser entendida sólo en-un marco de cambio.
Si las culturas no difirieran una de otra y si no cambiaran, jamás surgirían
preguntas sobre los mecanismos de cambio o de estabilidad. Pero observamos
que las culturas sí difieren una de otra y -en diferente grado- cambian en el
tiempo. Y no podemos recurrir a la variación intraespecífica para juzgar las
diferencias culturales, como freclJ.entemente solía hacerse en el pasado y aún
se hace en el presente.
Sólo examinando estos mecanismos, estructuras y factores externos al
hombre, por los cuales éste realiza su propia transformación, podemos llegar a
dar respuesta a por qué algunos grupos difieren de otros en sus creencias, en
sus valores, en su conducta y en sus formas sociales. Y en esta búsqueda,
fijarse en las diferencias en el tiempo es lo que aporta la evidencia más apro-
piada pará una explicación sociocultural de las diferencias humanas contra-
puesta a una explicación psicobiológica. '
Esos mecanismos, estructuras y factores colectivos, externos al hombre
sentido más bien analítico que metafisico) son lo Que los
antropólogos han llamado «cultura.». Para la mayoría de los antropólogos -por
lo menos en Estados Unidos- cultura ha sido el concepto central de la disci-
plina. Más aún, si se consulta la exhaustiva revisión llevada a cabo por Kroe-
ber y Kluckhohn hace algunos años 1, se pueden encontrar más de cien
definiciones diferentes-de cultura. Sin embargo, la situación no es tan depri-
mente como esta abrumadora colección de definiciones puede sugerir. Los
antropólogos dedicados a la investigación empírica no tienen problemas para
localizar su objeto de estudio y se las arreglan para comunicarse entre sí.
No vamos a intentar hacer aquí otra definición de cultura. Vamos, única-
mente, a decir que cultura es una clase de fenómeno conceptualizado por los
antropólogos con el que formulan preguntas que procuran contestar. En otras
palabras, los antropólogos no se interesan simplemente por el comportamien-
to humano, sino más bien por el comportamiento tradicional o institucionali-
I A. L. KROEIiEK AND C. KLUCKHOHN, \\Culture. A Critical Review of conceplS and deliniliuns»), Harvard
University, Papers o/ lhe Peabody Museum o/ American Archeology and Elhnolugy (1952), vol. 47.
DAVID KAP/.J!N. RO!ERT A. MANNER/> ANTROPOLOGJA: MÉTODOS Y PROBLEMAS EN LA FQRMULACIÓN DE TEORJAS
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zado. Los antropólogos del siglo XIX sintieron necesidad de un concepto
como el de cultura porque reql,lerían de alguna forma de explicación de las
variaciones de los patrones de comportamiento y de las instituciones societa-
rias que no podían explicar biológicamente.
Q, pata decirlo de otra forma, cultura refiere a aquellos fenómenos que
conforman pautas de comportamiento qUe no PlJeden explicarse por comple-
to mediante conceptos psicobiol6gicos. Se está de acuerdo en que cultura es
un término muy amplio. Muchos investigadores han sugerido que es demasia-
do general como para ser {Jtil como herramienta analítica, einsisten que si
se va a emplear, hay que limitar el concepto en cuanto al contenido, a las
dimensiones simbólicas de la sociedad, y concentrar la atención en otros con-
ceptos «más viables» y útiles» como estructura social o siste-
ma social.
En la mayoría de los casos, probablemente, podamos sortear el problema
refiriéndonos al fenómeno que estudiamos como «sociocultural» y dejarlo así..
Pero creemos que existen varias buenas razones para que los antropólogos
conserven el término y lo mantengan analíticamente distinto a «estructura
social». En primer lugar, la organización social no es exclusiva del hombre; los
animales tienen sistemas sociales. Pero existe una profunda diferencia entre
los sistemas sociales humanos y los no humanos.
Los sistemas sociales animales son biosociales, esto es, reflejan en alto
grado la naturaleza biológica de las especies. Los sistemas sociales humanos,
por otro lado, son muy variables y, de esta forma, parecen reflejar claramente
el impacto de la gran variedad de tradiciones heredadas. Son, en resumen,
verdaderos sistemas socioculturales.
En segundo término, los antropólogos se han interesado por la interacción
entre subsistemas o instituciones, tal como los socioestructurales, los ideológi-
cos y los tecnoeconómicos. Las teorías antropológicas realmente se centran,
en general, en la valoración causal de estos diferentes subsistemas. Necesita-
mos dar un nombre a ese sistema más amplio del cual estos órdenes institu-
cionales o subsistemas son parte. Cultura parece ser un término tan apropiado
como cualquier otro.
Marshall Sahlins apunta lo siguiente 2:
La realidad concreta, después de tocio, incluye como elementos coordina-
dores y de análisis, herramientas, técnicas, pautas de tenenci.a de la tierra y
otros. Estos están dentro del sistema y entran en relación funcional con la
estructura social. En estas relaciones ellos, y no sólo los elementos sociales,
2 SAHLlNS, (Remarks OD Social Structure iD Soutbeast Asia», Jouma' of{he PoJynesian Society.
72 (1963): 49.
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pueden ser fuerzas de coacción. Éste es un sistema de cosas, de relaciones
sociales y de ideas, un complejo mecanismo por el cual la población existe y
persiste. No está organizado únicamente para dar orden a las relaciones, sino
para conservar la existencia humana. Una comprensión de la fmalidad de tales
mecanismos probablemente tendría que considerar redes de relación aún más
amplias; tendría que considerar el contexto de influencia natural y superorgá-
nico en el cual las sociedades están situadas. Nuestra visión se agranda varias
veces y, lo que es más importante, se extiende a ese complejo mecanismo y a
la serie de relaciones sociales que incluye, cuyo nombre, en la antropología
norteamericana, es cultura. ;
Los antropólogos han reaccionado de dos maneras ante la gran diversidad
de' formas culturales. Por un lado, han considerado estas diferencias como
simplemente existentes, es decir, como fenómenos a ser registrados en tanto
que variaciones del gran tema del relativismo cultural. En este sentido, obser-
van que todas las poblaciones del mundo, tanto en el pasado como en el
presente, han tenido que enfrentarse con muchos problemas idénticos: cons-
truir viviendas, proveerse de protección, mantener el orden social, tratar con
lo desconocido; para lo cual l;1an desarrollado diferentes soluciones.
Una solución no es necesariamente mejor o peor que otra; es simplemen-
te, diferente. De esta perspectiva antropológica ha surgido una bibliogratia rica
y variada que descubre las formas de vida de un gran número de pueblos en el
mundo. Además de su interés inherente, esta bibliografia ha orquestado la
gran lección de la antropología: el hombre es uno, las culturas varían.
Cada científico social que ha intentado hacer generalizaciones acerca de la
«naturaleza humana» ha tenido que enfrentarse a la gran cantidad de adapta-
ciones humanas que se refieren en «la literatura de las diferencias culturales».
Hay, sin embargo, otra forma en la que los antropólogos han reaccionado ante
la evidencia de la variación cultural. Más que considerar esta variedad de for-
mas como fenómenos simplemente a registrar, se han preguntado cómo pue-
den explicarse las diferencias. En otras palabras; han demandado teoría. Sin
embargo, paradójicamente, mucha de la bibliogratía que subraya las diferen-
cias culturales ha actuado para hacer desistir de la búsqueda de proposiciones
más generales. Con su carácter, en parte de historia natural, en parte literario y
.humanístico, la bibliografia ha enfatizado tanto los rasgos concretos y únicos
de cada sistema cultural que frecuentemente ha intimidado a aquellos antro-
pólogos -y a otros científicos sociaIes- que han intentado llegar a formulacio-
nes teóricas más abstractas de dichas diferencias culturales.
RELATIVISMO VERSUS COMPARACIÓN
La posición teórico-metodológica de la antropología ha sido relativista y
comparativa. Ya que las dos posiciones aparentemente sQn diametralmente
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, ANTROPOLOGÍA: MÉl'ODOS y PROBLEMAS EN LA TEORÍA_S__21
opuestas, podría parecer que no tomar partido por ninguna de ellas sólo po-
dría acabar en una especie de esquizofrenia metodológica (Yr en verdad, la'
antropología algunas veces parece mostrar, en este sentido, una personalidad
dividida).
Creemos, sin embargo, que si se mira más de cerca al problema del relati-
vismo-comparativismo en antropología, se hallará que el relativismo implica
comparación, lo cual requiere una explicación. Para empezar, es útil distinguir
lo que podría denominarse la tesis ideológica del relativismo, de la tesis meto-
dológica. Aunque pueden estar ligadas estrecha e inseparablemente en la
mente de los antropólogos, estas tesis pueden ser distinguidas analíticamente.
El relativismo, como tesis ideológica, establece que cada cultura es una confi-
guración (mica, con su propio sabor, estilo y espíritu. Más frecuentemente,
esta unicidad está expresada como un acto de fe y se ha hecho' poco para
explicarla. Ahora bien, en algún sentido es cierto que cada cultura es única,
tanto como lo es cada individuo, cada hoja de un árbol y cada átomo en el '
universo. Pero ¿cómo se puede saber esto sin antes comparar a una cultura
con otras?, asumiendo además que existen diversos grados de diferenciación.
Si un fenómeno fuese único por completo, posiblemente no podríamos com-
prenderlo. Podemos comprender cualquier fenómeno solamente cuando tie-
ne algunas similitudes con lo ya conocido.
Los relativistas nos dicen que una cultura debe ser examinada como una
totalidad Ysólo en términos de sí misma; mientras que los comparativistas
afirman que una' institución, un proceso, un complejo o un rasgo debe ser
separado de su matriz cultural para que pueda ser comparado con los de un
contexto sociocultural diferente. Los relativistas extremos parten de la suposi-
ción de que no existen dos culturas iguales; que las pautas, categorías y signifi-
cados son violados si se separan para hacer comparaciones; de ahí que la
comparación de las partes abstraídas del todo sea analíticamente inadmisible.
El ciclo cultural se contiene a sí mismo. Toda la posición teórica y meto-
dológica de los relativistas puede, así, ser justificada desde su punto de vista,
porque, de hecho, no hay dos unidades socioculturales iguales; por lo tanto,
los rasgos relacionados funcionalmente en cada unidad sociocultural no pue-
den ser comparados con los de otra. Pero ya que la mejor comprensión de las
diferencias ha sido resultado de la comparación, no puede decirse que los
enfoques relativista y comparativista sean incompatibles. En donde las dos,
posiciones coinciden es en el tema de la inviolabilidad. Éste es, en gran parte,
un tema ideológico, una materia de interés e importancia que da origen a
diferentes enfoques metodológicos. El comparativista, al igual que el relativis-
ta, sabe que no hay dos culturas exactamente iguales, pero difiere del relativis-
ta práctico o comprometido, por lo menos en dos aspectos importantes: A)
aunque el primero acepta: al menos en principio, que generalmente todas las
partes de una cultura están, de alguna forma, interrelacionadas funcionalmen-
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te, añade la modificación orwelliana de que algunas partes están más relacio-
nadas que otras, y B) que la comparación seguida de abstracción no sólo no es
veraz, sino' metodológicamente legítima, heurísticamente sugestiva y científi-
camente fructífera.
El comparativista, habiendo aceptado más seriamente la premisa de la
unidad psíquica l;le la humanidad, está también más preparado para aceptar las
semejanzas reveladas por la observación· y la investigación empírica. El relati-
vista se encuentra casi exclusivamente interesado en-las diferencias, mientras
que el comparativista 'está interesado tanto en las semejanzas, como en las
diferencias. Para el relativista cada cultura es demostrablemente única. Para el
comparativista, la unicidad demostrable del todo puede ser superada en im-
portancia por la demostración de la existencia de similitudes entre varias de
sus partes con las de otras culturas.
El relativista escrupuloso tiende a ofenderse estéticamente por la compa-
ración, porque ésta, inevitablemente, debe hacer poco caso o desdeñar algu-
nas de las distinciones que le dan a cada cultura sus características propias. El
comparativista, por otra parte, tiende a ofenderse «científicamente)) ante la
insistencia del relativista sobrelas diferencias. Y aunque sabe que no hay dos
objetos o hechos iguales en la naturaleza, las taxonomías, las tipologías y los
procesos son definidos y ordenados por medio de selección y abstracción, por
un procedimiento en el cual lo relevante se separa de lo que es menos relevan-
te o de lo 'que es irrelevante.
Para investigar cualquier cosa en universo se requiere, en cierta medi-
da, que ésta sea separada de su contexto. El verdadero problema al que se
enfrentan los científicos sociales (o cualquier científico en esa materia) es el
saber qué porción del contexto de los fenómenos debe ser tomada junto con
ellos cuando se aíslan conceptualmente para ser estudiados o analizados. El
relativismo nos recuerda claramente que al estudiar culturas diferentes a la
nuestra debemos tratar de no dejarnos intluir por nuestras preconcepciones
culturales. Visto de esta forma, el relativismo es un precepto metodológico y
no una posición ideológica. Si es verdad que existen diferencias entre los
antropólogos en cuanto a la versión ideológica de la relatividad, no es menos
cierto que todos aceptan su versión metodológica. Pero, al igual que Einstein
(quien, en realidad, era antirrelativista), debemos tomar una posición relativis-
ta sólo para poder superarla. Mantener consistente e implacablemente una
posición relativista sería debilitar a toda la empresa antropológica. Automáti-
camente se destruirían los propósitos interculturales de todo el conocimiento
antropológico acumulado, es decir, que todo conocimiento -incluyendo a la
doctrina del relativismo cultural misma- sería relativo a la cultura dentro de la
cual se origina y desarrolla. Y acabaríamos teniendo que admitir de esta mane-
ra que existe una antropología esquimal, una antropología de las islas To-
briand, etc.; es decir, una serie de configuraciones culturales, cada una de las
cuales sería definida como única y, por lo tanto, no comparable.
) EMILEDlJRKHEIM, The Rules olSociolog;cal Method(New York, Tbe Free Prees. 1964), p. 139. Edición en
español: Emik Durk,heim, Las reglas del método sociológico, Buenos Aires, Schapire, 1973.
4 EOMUNl> LEACH, «Tbe coinparative mcthod in Atbropology», Internat/onal Encyc/opedia 01 the Social
Sciences (New York: Tbe Free Press, 1968),340-41. Véase también a E. E. EVANS-PiuTCH"UD, The Comparative
Method in Social Anthrop%gy L T. Mobhouse Memoria/ Trust Lecture, N. 33 (Londoo: The AtbJone Press, 1963).
Uno de los problemas que se enfrentan al comparar una cosa con otra es
que para garantizar la comparación, es necesario asegurarse de que los fen6-
menos que van a compararse sean lo suficientemente cercanos en forma, es-
tructura o proceso. Como dice Edmund Leach, éste es el «núcleo de la
cuestiófi) 4. De acuerdo con otros antropólogos, Leach se manifiesta algo es-
céptico acerca de las comparaciones interculturales y de las generalizaciones.
La comparación nos proporciona un medio para sugerir planteamientos
más generales del fenómeno cultural, pero lo más importante es que, ante la
imposibilidad de experimentar, se convierte en el único medio de probar tales
planteamientos generales. La lógica del método comparativo no es dificil de
comprender. Si hacemos la hipótesis de que las condiciones A, B, C y O son
necesarias para que ocurra el fenómeno nuestro objetivo es encontrar al
fenómeno E en otras situaciones culturales y ver si las condiciones necesarias
A, B, ey oson en verdad necesarias para que éste ocurra. Así, sólo por medio
de la comparación podemos diferenciar lo general de lo particular y proponer
relaciones «razonables» de causa-efecto.
El mantiene que los fenómenos culturales, a diferencia de los de las ciencias
naturales, no pueden estar sujetos a una descripción y diferenciación taxonó-
mica. «La ley natural es el resumen de eventos que ocurren realmente;
tras que las costumbres son sólo configuracion.es mentales». Y sigue diciendo:
«Las unidades de la descripción antropológica ordinaria --expresiones co-
mo "descendencia patrilineal", "residencia uxorilocal", "culto a los antepasa-
dos", "precio de la novia", "cultivos itinerantes" etc.-, que todavía son usadas
como rasgos distintivos aun en las formas más sofisticadas de análisis intercul·
tural, no son en ningún sentido comparables con los elementos de diagnóstico
definidos que forman las unidades de racionalidad en las ciencias naturales
(...). Aquellos que buscan formular generalizaciones "científicas" sobre la
base de la comparación intercultural están afirmando que pueden reconocer
por inspecci6n si la característica X encontrada en la cultura A pertenece o no
a la misma subclase de hechos sociales que la característica encontrada en la
cultura B. Como el caso de la pequeña isla polinesia de Tikopia cuyos habitan-
tes admiten que su sistema social está compuesto por grupos sociales llama-
dos paito; los nubios del Sudán reconocen grupos llamados Thok Dwiel; los
kachin del norte de Birmania reconocen a grupos llamados Amyo; los chinos a
grupos Tsung-tsu, etc. En la terminología de la antropología social contempo-
ránea éstos serían clasificados como grupos de descendencia patrilineal; y son
ejemplos de la "misma cosa". Tales proposiciones se toman con mucho escep-
ticismo; ñay que ser cuidadoso a la hora de afirmar que los habitantes de
Tikopia y los chinos tienen "el mismo tipo de estructura social". ¿Qué pueden
significar realmente estas proposiciones?»
Lo que el argumento de Leach deja de reconocer o al menos de mencio-
nar es que cuando clasificamos dos o más fenómenos culturales como de una
«misma clase» estamos haciendo, esencialmente, un juicio teórico. Es decir,
que dirigimos nuestra atención hacia lo que consideramos como rasgos críti-
cos del fenómeno y entonces decidimos si estos rasgos son suficientemente
parecidos como para ser denominados como del «mismo tipo». Y así puede
afirmarse que los grupos tikopia y los chinos de descendencia patrilineal perte-
necen o no al mismo tipo de unidad social. El juicio depende tanto de los
propósitos que se tienen para hacer dicha comparación como de cuáles rasgos
.se identifican como cruciales.
La comparación no constituye -como indica Leach-un asunto de simple
inspección, sino que es una selección regida por presupuestos teóricos. Sea
cual sea el resultado y las dificultades para llegar ajuicios teóricos, los antropó-
logos no pueden evitar el hacer comparaciones interculturales, ya sea cons-
ciente o inconscientemente. A pesar de su escepticismo sobre la posibilidad
de llegar a generalizaciones científicas por medio de la comparación, Leach
reconoce lo convincente [«En la práctica (...) todos los antropólogos han acu-
dido a las comparaciones interculturales»] y lo fructífero (,tel método [«dicha
comparación (...) crea discernimiento» y también puede «generar ideas»].
. ANTROPOLOGJA: MÉl'ODOS y PROBLEMAS EN LA FOJWlJl,ACIÓN /lE rEoMAS 23
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DAVID IVU'LAN. ROBERT A. MANNERS
La antropología debe superar los excesos de relativismo porque precisa-
mente tales excesos hacen dificil, si no imposible, la comparación y la
gación científica. Como l)urkheim 3 dice:
«La sociología comparativa no es una rama especial de la sociología; es la
sociología misma en tanto deje de ser puramente descriptiva y aspire a explicar
los hechos.»
Ya que en forma explícita o implícita se hace comparación a todos los
niveles de la investigación antropológica, no estamos sugiriendo aquí revi-
sión metodológica revolucionaria de la disciplina. Más aún, ya que en los
últimos años la tendencia ha estado orientada a una mayor autoconciencia, a
la comparación sistemática y a una menor realización de literatura e investiga-
ción relativista pura, nosotros s6lo intenta,mos aplaudir y estimular esa ten-
dencia. Sin hacer comparaciones explícitas no puede haber teoría en antro-
pología, y de igual forma, el método comparativo es esencial para la formula-
ción de teorías, por lo menos en algunos sentidos. Aun la simple monografia
etnográfica implica comparaci6n, puesto que el etnógrafo dificilmente puede
evitar la comparación de la cultura Que está estudiando con aquellas que le
son conocidas por lo que ha leído o experimentado. Al describir cualquier
sociedad, se deben usar categorías, términos y conceptos que trasciendan el
caso individual.
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DAVJD KAPUN. ROBERT A. MANNER$
Tipos es(ructuraJes y comparación
La particular <le la noción de los tipos estructurales estriba en
elementos tales como el decisiones sobre la comparabilidad o no com-
parabilidad de los fenómenos culturales. Entendemos por tipo estructural una
clasificación de los fenómenos estudiados. en base a sus rasgos críticos tal y
como éstos sean definidos. Debemos detenemos aquí para tocar dos puntos
importantes sobre los tipos estructurales: primero, que dicha estructura,como
ya 10 hemos subrayado, implica cierta teoría, ya que al selefXionar los rasgos
que se etiquetan como críticos, se tiende hacia la construcción de una teoría.
y segundo, ya que no existen clasificaciones absolutas de los fenómenos, los
tipos estructurales varían de acuerdo a los problemas en cuestión.
Debe también hacerse notar que, así como el personaje de la obra de
Moliére que descubrió con gran sorpresa que él había hablado en prosa duran-
te toda su vida, los antropólogos siempre piensan en términos de «tipos es-
tructurales», aun cuando no 10 sepan.
Cada vez que utilizamos frases como «sociedad industriab>, «sociedad de
bandas», «Estado oriental», «sistema de linajes segmentarios», «comunidad
campesina», «familia matrifocal», etc., nos estamos refiriendo a tipos estructu-
rales. Lo que hacemos aquí es, simplemente, sugerir que aceptamos la reali-
dad y hacer explícitos nuestros tipos estructurale.s para que sean vistos por .
todos. Como hemos hecho notar previamente, la mayor parte del trabajo an-
tropológico comparativo ha estado hecho de manera informal, y, con freéuen-
cia, más de forma implícita que explícita. Cuando los antropólogos han sido
más conscientes y sistemáticos en sus comparaciones, se han comprometido
con dos tipos de estudios: las comparaciones a pequeña escala dentro de una
región geográfica, y las de gran escala, entre culturas
mente no relacionadas. de los estudios a pequeña escala sobre los
de gran escala son: primero, que se auxilian más fácilmente con las técnicas
tradicionales de investigación de campo y, segundo, que las sociedades tecno-
lógicamente simples de una misma región tienen más probabilidades de· ser
similares en su tipo estructural. Oe igual forma, las culturas de una misma
región tienen una mayor probabilidad de estar relacionadas históricamente, 10
que nos.presenta el problema de decidir si estamos frente a un solo caso
fragmentado o a varios que se han desarrollado independientemente. Desde
luego que si estamos interesados en estudiar un grupo de casos históricamen-
te relacionados, este tipo de análisis regional a pequeña, escala será lo más
apropiado.
Los estudios a gran escala, por otro lado, nos permiten incluir un mayor
número de casos independientes.. Pero la principal debilidad de algunos de
estos estudios ha sido la falta de definición de los tipos, de tal forma que la
comparación' pueda hacerse tanto dentro de éstos, como con otros tipos dife-
rentes.
ANTROPOLOGÍA: MÉI'ODOS y PROBLEMAS EN LA FO.JWlIUCJÓN DE TEoRÍA:.:;:,s:.....'__25
Ambas clases de comparativistas, tanto los que se en comparacio-
nes a pequeña escala en "IDa deteminada región como que se
estudios ÍIitercultl,lfales a gran escala, han subrayado la ImportancIa de la utIlI-
zación de tipos estructurales con fines ejemplo, Scha-
pera quien ha estado interesado en el «estudIO de una reglon dada»,
argumenta la utilidad de las tipologías como sIgue:
«Haciendo una comparación de las formas que adoptan los fenómenos
sociales que nos interesán en esas poblaciones, como en este caso, el
co y el matrimonio, tratamos establecer, un proceso de generalI-
zación uno o más tipos básICOS en que las dIferentes formas pl,Jeden ser
(oo.). Entonces, estableciendo "tipos" o "especies" de. parentesco,
gobierno o de cl,Jalquiera ql,Je sea nl,Jestro obtendremos umdades com-
parativas más amplias, continentales o aun umversales: en lugar de comparar
«sociedades» individuales, podríamos comparar grupos mayores, cada uno. ca-
racterizado por un tipo uniforme de parentesco, etcétera. El número de umda-
des no sólo sería mucho menor que el de "sociedades" y, por lo tanto, más
fácil de manejar, sino de un carácter constante y por ello más rigurosamente
comparables. Esto presentaría la dificultad de definir "entidades unitarias"
con vistas a hacer comparaciones 5.»
y ehudi Cohen, cuya investigación se ha ocupado de comparaciones a gran
escala, ha enfatizado la importancia heurística y metodológica de los tipos
estructurales. Trabajando con una tipología evolucionista tomada de los con-
ceptos de «integración sociocultural» de Steward, Cohen.sugiere que las com-
paraciones interculturales serán fructíferas sólo cuando sean el resultado de
una taxonomía previamente formada desde una posición teórica:
«Si la noción de niveles de integración sociocultural en algún sentido re-
fleja la realidad cultural-y no creo que pueda haber mucha duda sobre esto-,
estamos forzados a cuestionar y a revalorizar algunos de los dogmas de la
comparación a gran escala en la antropología ¿Podemos, en base a una varia-
ble dada, comparar 60 ó 120 sociedades al azar, ignorando el diferente estadio
de evolución alcanzado por cada una de ellas'! ¿Podemos comparar las formas
de control de impulsos, por ejemplo, entre una muestra de sociedades selec-
. cionada al azar, ignorando el hecho de que a diferentes grados de evolución se
requieren diferentes formas 'de control como aspectos de su adaptación? ¿Po-
demos, para citar otro ejemplo, comparar la organización política de los shos-
hon del occidente de Nevada, la de los tikopia de Polinesia y la de los antiguos
mesopotamios? 0, en lugar de eso, debemos adoptar el doble procedimiento
siguiente: primero, construir un esquema taxonómico basado en los niveles
de integración sociocultural. Esto, por supuesto, debe incluir un planteamien-
s l. SCHAPERA, "Sorne Commentll on Comparative Method in Social Antbropolog)l)l. Americall Anlhropo-
/ogisl, 55 (1953): 359-60.
EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN DE «TEORÍA»
6 YEHUDl ACOllEN, «Microethnology: Large Sca1e Compartives Studies», en Introductiun lo Cultural Anth-
rupuluK)'. ed. James .A. Clitfon (Boston Hougbton MitUin, 1966), pp. 443-44.
7 STANILAV ANoRESKJ, The Uses uf cflmparative soclology University of California Press 1965)
pp. 6-67. ' ,
La supervivencia en cualquier cultura requiere de cierto conocimiento
acerca. la forma en la que funcionan las cosas en el entomo;en parte, este
conocImIento puede ser empírico y «no explicativo»; y en parte también, es
27
un conocimiento teórico que pretende explicar los fen6menos empíricos. Las
teorías, entonces, son algo más que resúmenes de datos, ya que no solamente
nos dicen lo que sucede, sino también por qué sucede así. Cualquier teoría
que valga la pena debe realizar la doble función de explicar hechos ya conoci-
dos y de abrir perspectivas que puedan conducimos a nuevos hechos. En un
pas¡ije especialmente idóneo, Idus Murphree nos muestra que cuando un mis-
mo acontecimiento es interpretado en diferentes contextos teóricos, dará
como resultado un diferente tipo de hecho (Murphree se refiere a las interpre-
taciones pre Y posdw::winianas de los materiales f6siles y los útiles paleo-
líticos).
«Todoera explicable en uno u otro sentido, como un capricho de la natu-
raléza, como el resultado de un violento cataclismo o de una inundación,
como obra de duendes e incluso como una prueba para la fe de los hombres.
Los hechos, se decía, sucedieron según las premisas aceptadas, con lo que las
creencias prevalecientes seguían siendo incuestionables. En 1690 nadie prest6
mucha importancia al descubrimiento en Londres de un utensilio burdamente
moldeado que apareció cerca del esqueleto de un "elefante'\ porque, en reali-
dad, había pocas razones para que este hecho llamara la atención. Cuando el
mismo descubrimiento se dio a conocer en el vocabulario de la ciencia moder-
na, sin embargo, surge un nuevo sentido: HEl primer utensilio paleolítico de
pedernal conocido y preservado como vestigio del hombre antiguo fue una
herramienta chelense tipo hacha, encontrada en el yacimiento del Pleistoceno
en Loay's Ion Lane, Londres". Expresados de esta manera, los «hechos» son
radicalmente diferentes 8.»
Como la teoría es un tipo de generalización, resulta apropiado que empe-
cemos por discutir brevemente la naturaleza de una generalización. En los
términos más simples, una generalización es una proposici6n que relaciona
dos o más clases de fenómenos entre sí. Una importante característica lógica
de las generalizaciones es que pretenden llegar más allá de lo observado O lo
registrado. De esta forma, la afirmación «todas las sociedades humanas de las
cuales tenemos algún registro antropol6gico manifiestan el tabú del incesto»
es una afirmación descriptiva, no una generalización. Pero la afirmación «to-
das las sociedades humanas tienen el tabú del incesto» es una generalización.
.La diferencia crucial es que 'esta última se refiere a todas las sociedades huma-
nas, las del pasado, el presente y el futuro, registradas o no, Observando a un
número limitado de sociedades, hemos hecho un salto inductivo, y hemos
generalizado a todas las sociedades humanas.
. Las teorías también son generalizaciones, pero de un tipo especial, y es
útil distinguirlas de las generalizaciones empíricas (o inductivas), ya que difie-
• mus MUIU'HREE, IITbe EvolutiODl\1Y AntbIopologist: the concepts of Progress and Culture)) in the
Thought ofJohn Lubbock, EDWARO B. T...YLUK AND LEWlS H. MORGAN, Proceedings ufthe American Phi/usuphi-
cal Suciely. 105 (1961: 271).
ANTROPOLOOÍA: MÉI'ODOS y PROBLeMAS EN LA JoORMULACIÓN DE TEORíAS
DAVID J(¡tPUN. ROBERT A. MANNERS
26
to que explique por qué ha sido construido dicho esquema. Oiferentes proble-
mas requieren diferentes esquemas clasificatorios (...), y ya que ha sido esta-'
blecida la taxonomía, se lleva a cabo una comparación de las sociedades en
cada uno de los niveles de integración (...). El segundo' paso de este doble
procedimiento es una comparación de los niveles de integración sociocultural.
Un punto importante que se debe tener presente es que no todos los niveles
son igualmente comparables, así como no todas las unidades s.ocietarias o
culturales lo son. En cambio, lo que es necesario es comparar los estadios.
secuencialmente, O sea, comparar aquellos estadios que están más cercanos a
otros en términos de evolución. Así, por ejemplo, uno no compararía pueblos
que subsisten por medio de pastoreo con aquellos que viven complejos esta-
dios con grandes redes de irrigación·
6

Así, aunque Shapera estudia la comparación a pequeña escala en un mar-
co no evolutivo, y Cohen se interesa en la evolución y en las comparaciones a
gran escala, ellos están de acuerdo en la necesidad de crear tipos estructurales
como un prerrequisito indispensable para hacer una comparación intercultu-
ral con sentido. Sin embargo, es evidente que no existen conflictos éntre las
investigaciones a pequeña y a gran escala. Y, en verdad, como señala Stanislav
Andreski, se comp1ementan:
«Algunas personas han cuestionado el razonamiento que consiste en haber
a un mayor número de datos en lugar de concentrarse en un
mas,de.tallado dos o tres casos. La respuesta a esto es simple: para averiguar
l?s lImItes que tIene una relación entre dos factores debemos variar las demás
tanto como sea posible. Sin embargo, cuando por fortuna no se
"Iguales a" en esta materia, son posibles diferentes combinaciones
y. aquI, com? en cualquier otro lado, la ciencia puede avanzar por
sucesIvas. formularse una hipótesis basándola en un análisis de
u,n numer? de datos, que puede modificarse posteriormente a la luz
de eVlden.cla mayor (o por lo menos diferente); y este proceso puede
repetIrse sucesIvamente. Idealniente, los análisis comparativos deberían reali-
zarse de acuerdo al alcance de los datos accesibles: restringido o amplio 7.»
, I
I I
DA_Vl--,-'D_KAP._'U ......... N. ROBERT· A. MANNERS
ren de éstas en varios aspectos muy importantes. Las generalizaciones empíri-
cas clasifican las regularidades de la naturaleza, pero las teorías nos dicen por'
qué existen tales regularidades.
Las generalizaciones empíricas, sin duda alguna, van más allá de la obser-
vación, pero su capacidad explicativa es limitada. Nos hablan del mismo tipo
de relaciones entre el mismo tipo de fenómenos que ya hemos observado en
un número restringido de casos. Las generalizaciones teóricas, por otro .lado,
nos conducen a nuevos hechos y nos abren nuevas líneas de
Así por ejemplo, las teorías de Darwin acerca de la selecd6n y evplución
natural condujeron a una gran variedad de nuevas investigaciones y de nuevas
formulac:;iones teóricas en los campos de la embriología, la paleontología, la
anatomía comparada, etcétera.
Las teorías sugieren explicaciones no sólo para los fenómenos para los
cuales fueron inicialmente invocadas, sino también para otros. Por ejemplo, la
afirmación «todas las sociedades humanas tienen el tabú del incesto» es una .
generalizaci6n empírica porque, como hemos indicado arriba, es la amplifica-
ción de una relación observada en una muestra de casos a todos los miembros
del género. Ahora bien, supongamos que deseamos ir más allá y nos pregunta-
mos por qué todas las sociedades humanas tienen el tabú del incesto. Se
podría: elaborar una teoría funcionalista en estos términos: en las sociedades
humanas primitivas el tabú del incesto tenía un gran valor adaptativo y evolu-
tivo (si ésta fue la razón de su origen y su difusión inicial es algo que no puede,
por supuesto, ser demostrado únicamente por un mero argumento funcional).
De cualquier forma, parece 'muy probable que los tabúes sirvieran para dismi-
nuir los conflictos dentro de la familia, desviando la competencia por la pareja
sexual fuera del círculo crítico del parentesco cooperativo. Y en segundo lu-
gar, al forzar a los individuos a buscar su pareja fuera del círculo de parentes-
co, el tabú extendía la red de' cooperación ampliando la red de relaciones de
parentesco. El tabú del incesto persiste en todas las sociedades humanas por-
que sigue cumpliendo, por lo menos en parte, algunas de estas mismas funcio-
nes cruciales 10,
Una defmición precisa de teoría ha sido eludida hasta el momento aun por los cienlíticos y tllósofos de la
ciencia, quienes están directamente interesados en el esclarecimiento de tales asuntos. Pero si bien puede existir
cieno desacuerdo acerca de 10 que es una teoría, parece haber un común acuerdo acerca de lo que una teoria
puede hacer. En general, si una proposición o IP"Upo de prop,osiciones explica, predice, o nos conduce a «nuevoS!>
hechos o «nuevos caminos de investigación, probablemente se Uame teoria. En pocas palabras, las teorias se
definen pragmáticamente, más que en términos estrictamente formales.
10 Si esta teoría se mantiene o no frente a una investigación emplrica no nos interesa aquí. TllQlbién hemos
sobresimplificado un poco con fines ilustrativos. Si analizáramos la materia con más precisión, distinguiríamos el
tabú del incesto de lo que los antropólogos llaman «reglas .de exogamia».
En efecto el tabú del incesto prohíbe relaciones sexuales dentro de un círculo prescrito de parentesco o de
casi-parentesco; asi a pesar de que los dos tipos de regulación cultural están relacionados, no son precisamente,
congruentes.
Sobre el de las teorías concernientes, a los orígenes y la universalidad del tabú del incesto véllSe lo
siguiente: L. A. White (The Oefmition arid Prohibition oflncesl», American AnlTopologisl, 50 (1948): 1042-59; O.
. MÉTODOS y PROBLEMAS ENI..A DE TEOR11§..
La teoría, tal como la hemos presentado arriba, se refiere únicamente a la
universaJidad del tabú del incesto y puede, por eso, ser considerada como un
tanto restringida en su alcance. Pero podemos ampliarla haciéndola más abs-
tracta al sugerir otras prácticas y convenios que, como el tabú
del incesto, parecen tener también un valor adaptativo a través de la «exten-
si6n de la red de cooperación». Oe esta forma, la teoría del intercambio de
mujeres (o de hombres) puede ser ampliada e incluir intercambio de regalos,
comercio ceremonial, rituales comunitarios, redistribución Ocualquier tipo de
íntercambio o relación qúe sirva para extender y fortalecer la red de coopera-
ci6n, promoviendo así la adaptación y, en última instancia, la supervivencia de
la sociedad. En los párrafos anteriores hemos discutido las proposiciones des-
criptivas, las generalizaciones empíricas y las generalizaciones teóricas, cada
una de las cuales presenta un nivel de generalizaci6n y de abstracci6n cada vez
mayor. Las proposiciones descriptivas se refieren a eventos que ocurren en un
contexto específico de espacio y tiempo. Las generalizaciones empíricas, por
otro lado, se refieren a relaciones independientes de condiciones especificas
de tiempo y espacio. Finalmente, las generalizaciones teóricas se refieren a
relaciones muy abstractas bajo las cuales las generalizaciones empíricas y las
aseveraciones descriptivas pueden subordinarse como ejemplos especiales.
Existen otros términos de uso común en lugar de los aquí mencionados,
pero es posible que estemos dando demasiada importancia a la significación
de la terminológica en esta materia. Lo importante es que, mientras
que las palabras que se usan para referirse a los fenómenos que hemos deno-
minado proposiciones descriptivas, generalizaciones empíricas y generaliza-
ciones teóricas, pueden variar, existe un común acuerdo entre los científicos y
los filósofos de la ciencia sobre la necesidad de reconocer las distinciones
conceptuales importantes atendiendo a su nivel de generalidad, al grado de
abstracción y de poder explicativo. John Hospers 11, por ejemplo, escribe qt.le:
«Después de haber observado ciertas relaciones invariables en la naturale-
za, hemos const.ruido teorías para explicarlas. La distinción entre una teoría y
una ley (una generalización empírica) es algo vago, pero muy importante: en
general "construimos o ideamos teorías", pero a las leyes de la naturaleza las
descubrimos.»
Lo que Hospers parece enfatizar aquí es que las «leyes de la naturaleza»
no son nada menos que extensiones inductivas de la observación. Consecijen-
temente están, por lo general, formuladas en términos estrechanlente ligados
a datos empíricos y son, por lo general, comprobables o no comprobables por'
F. Aberle et al. ((The incest Taboo and the Maling Patteros uf Animais», American Anlhrupulugisl. 65 (1963):
253-65; FRANK B. LCVINOSTONE, ((Genetics, Ecology and the OrijÍDs uf lucest and Exogamy», Currefll Anlhrupl)-
lulf)' (1959), 45-61; R. Fox, Kinship and Marriage (London Penguin, 1967), pp 54-76.
11 JOHN HospE.ll.s, An lnlroduclion lo Philosophical Analysis. 2 ed. (London: Roudledge and Kepn Paul,
1967), p. 236.
12 ROBERT F. MuRPHY, «lntergroup Hostility and social cohesioll», American Anthropologisl. 59 (1957):
1018·35.
observación directa. Por ejemplo, no es dificil asegurar si una sociedad
na tiene o no tabúes de incesto. Sometidas a una prueba observacional relatl-'
vamente simple, las generalizaciones empíricas pueden «sostenerse» o, «de-
rribarse». Las teorías, por otro lado, incluyen términos abstractos que se
refieren a algo no observable, especialmente si su capacidad explicativa tras-
ciende una relación particular o de un grupo de relaciones. I)e esta forma, las
ciencias sociales tienen como ca,racterística términos tan abstractos como co-
hesión social, anomia, clase, casta, normas, valores, símbolos, ego, inconscien-
te linaje segmentario, etc. (En el ejemplo del incesto arriba citado, encon-
términos como conflicto, cooperación, adaptación.) Ahora bien, todos
estos términos señalan procesos muy complejos, convenciones, pautas, esta-
dos emocionales, «estados del sistema» o entidades, de los cuales ninguno es
susceptible de observación directa o simple, ni tampoco es el producto de
inducción en base a datos observados, sino que son construidos, creados por
el científico social, que le ayudan a explicar diversos aspectos del comporta-
miento y de las convenciones institucionales que hayan provocado su interés y,
quizás también su curiosidad.
Lo que esto implica, entonces, es Que ya que las teorías son construccio-
nes más abstractas que las generalizaciones empíricas o que las leyes de la
naturaleza, sólo pueden confirmarse o no indirectamente. Antes de que poda-
mos verificar o refutar una teoría, debemos proveemos de una interpretación
empírica de los términos claves, o, dicho en el lenguaje de algunos
debemos operacionalizar dichos términos. Por ejemplo, Robert Murphy 12 ha
argumentado que la guerra entre los mundurucú (una tribu que habita en la
sabana del interior del Brasil) sirve para canalizar la hostilidad y la agresión
intragrupal y por ello contribuye a la cohesión intratribal. Sin embargo, él no
nos proporciona una clara medida empírica de la hostilidad intragrupal y de la
cohesión social. Más aún, la relación entre la agresión, la canalización y la
estabilidad queda aún por ser probada. Mientras que Murphy, aparentemente,
ve la hostilidad como resultado de las contradicciones internas en la sociedad
mundurucú, otros escritores afirman que existe agresión en todas las socieda-
des humanas. Quienes proponen esta última teoría argumentan que el funcio-
namiento pacífico la sociedad -si es que no también la supervivencia-
depende de la existencia de mecanismos socialmente aprobados para la canali-
zación de un inevitable fondo de agresión. Algunas veces se canaliza hacia
afuera del grupo, como en el caso de la guerra, la cacería de cabezas, etc.; otras
veces, por medio de actividades intragrupales aceptadas, como los concursos
moiety /acrosse (juego de pelota en el que se utilizan bastones -Canadá-),
duelos de canciones esquimales, toros, competiciones mundiales, etcétera.
¿Qué tipo de datos empíricos se necesitan para verificar que la hostilidad
A las que nos referimos aquí son a las explicaciones caracterizadas por una
o más generalizaciones estadísticas; tales explicaciones son comúnmente lla-
madas probabilísticas. A diferencia de una explicación deductiva en la cual las
premisas (las proposiciones universales y establecimiento de las condiciones
iniciales y límites) se vinculan a la conclusión, en una explicación probabilísti-
ca las premisas pueden originar sólo conclusiones más o menos probables.
Existe, sin embargo, una diferencia importante entre las generalizaciones esta-
dísticas de las ciencias «exactas» y las de las ciencias sociales, particularmente
las de la antropología; en primer lugar, se encuentran con frecuencia generali-
31
intratribal está siendo canalizada de una forma QlJe promueve Omantiene la
estabilidad cultural? Murphy no nos ha proporcionado medida,s empíricas
para los términos «canalización», y que
necesarios para probar la teona. Y hasta que. el no lo efectue, es ImpOSIble
hacer una evaluación que permita ratificarla o reflJtarla, Oanalizar la relación
entre los factores en la que ésta se basa. Las relaciones lógicas entre las propo-
siciones teóricas generales (aquellas proposiciones Que no intentan simple-
mente hablar de lo qlJe sucede, sino de por Qué sucede de esa forma) y las
generalizaciones y hechos éstas pretenden explicar son variables. La rela-
ción ideal, como ha sido enunciada por los filósofos de la ciencia (quienes
, claramente están pensando en la fisica) es deductiva. En verdad, para la mayo-
ría de los filósofos de la ciencia, lJna teoría es algO que explica un fenómeno o
grupo de fenómenos por medio de un sistema deductivo formal. Oesde este
punto de vista, dadas una Omás generalizaciones empíricas o leyes y series de
afirmaciones singulares (las condiciones iniciales y límites de una situación),
de hecho, se puede deducir lógicamente (o predecir, ya qlJe en un sistema
deductivo verdadero la predicción y la explicación son simétricas) el fenóme-
no objeto de explicación. En lJn sistema deductivo, la conclusióri está lógica-
mente vinculada a las premisas. Por ejemplo, puede establecerse como una ley
empírica que lJn tipo de metales se oxida bajo ciertas condiciones dadas. Oe
esta ley -junto a ciertas condiciones reales, o sea que un metal determinado
pertenece a dicho tipo y se encuentra bajo esas condiciones-uno puede dedu-
cir o predecir que se oxidará. Y a la inversa, dado el caso que un metal se haya
oxidado, podemos explicar por qué se ha oxidado: porque pertenece a cierto
tipo de metales y se encuentra bajo ciertas condiciones. Esa ley de bajo nivel
puede, a su vez, ser deducida de leyes' más generales y abstractas, como las
relacionadas con la oxidación. De esta forma, todos los sistemas dedlJctivos
requieren leyes universales (todas los A son B). Ahora, si insistiésemos en esta
clase de pureza teórica, sosteniendo que no podrían existir excepciones a esta
proposición universal, acabaríamos por tener pocas o ninguna teoría en las
ciencias sociales. Así que debemos modificar nuestro deseo de perfección
teórica y convenir en aceptar algo menos del 100 por 100 de certeza, aun
cuando sostengamos la validez del principio deductivo en la formulación de
teorías; pero aun las explicaciones de las ciencias más «exactas» deben consi-
derar la posibilidad de excepciones.
, ANfROPQLQG1A: MÉTODOS y PROBLEMAS EN LA FORMULACIÓN DE TEQR1AS
......._.-,¡:' • - ________- .--..Ro,BERT A•. MANNER¿
30
IJ AHRAliAM 1<APLAN, The Cunduct uf Inquiry (San Francisco Cbandler, 1964), p. 298. Vease también:
Qut:nlin Gibson, The Lagic uf Social li/quiry (New York; Humanities Press), pp. 144-54.
zaciones estadísticas de la forma «dada la A, el fen6meno Bocurrirá
en lIn 95 por 100 de los caSOS». En antropología, por otro lado, los tipos de
generalizaciones estadísticas que podemos son más débiles. Rara vez,. o .
nunca, se puede determinar la frecuencia preCIsa en la que B va a ocurrtr.
Comúnmente las generalizaciones estadísticas de la antropología toman la
forma: «Dada la condición A, hay una "fuerte tendencia" o una "baja probabi-
lidad" de que el fenómeno B ocurra.» Cuando hacemos tales predicciones,
simplemente, estableciendo que las generalizaciones implicadas son
de naturaleza débilmente estadística y estamos confesando que no nos encon-
tramos en posición de enumerar todas las condiciones iniciales y los límites de
una situaci6n a la cual se está aplicando la teoría. En antropología rara vez
podemos determinar todas las condiciones necesarias y suficientes para que
un evento ocurra. Oe esta forma, parece como si los antropólogos (y otros
científicos sociales) tuvieran que decidir entre aceptar un grado relativamente
alto de inseguridad en sus explicaciones y formulaciones teóricas o abando-
narse completamente al relativismo, a la anticiencia O al inmenso error. Ade-
más de las formas de explicación probabilísticas y deductivas, existe un tercer
tipo de explicación que se ha mencionado como de particular importancia en
la antropología y en las otras ciencias sociales, y que emplea lo que se ha
llamado teorías (o factores) concatenadas y teorías de modelos. Existen ciertas
diferencias entre ellas, pero para nuestros fines son lo bastante parecidas como
para incluirse en el mismo tipo general.
Kaplan caracteriza a una teoría concatenada de la siguiente
manera:
«Una de cuyas leyes componentes participa en un sistema de relaciones,
así como para constituir una configuración identificable o patrón. Más típica-
mente, ellas convergen en algunos puntos centrales, cada uno de los cuales da
especificidad a uno de los factores que toman parte en el fenómeno que la
teoría trata de explicar (por eso ha sido llamada teoría del tipo factor, diferen-
ciada del tipo ley). Esto podía. ser verdad, especialmente en una teoría consis-
tente en enunciados de tendencia que logran conclusiones solamente en sus
aplicaciones coyunturales. Una ley o un hecho es explicado por una teoría
concatenada cuando su lugar en los patrones se hace manifiesto 13.»
Por ejemplo, se podrían explicar los orígenes del capitalismo aduciendo
diversos factores tecnoeconómicos, ideológicos y de persona-
lidad, todos los cuales pudieron haber participado en su surgimiento. Sin em-
bargo, habiendo detet:minado la relevancia de estos fact<?res en el capitalismo,
podríamos entonces explorar las relaciones entre los factores· mismos. Se po-
dría encontrar que éstos, junto con el capitalismo, forman una configuración o
una pauta (pattern). Podríamos también hallar que ciertos elementos de éste
14 PAUL KJKCHHOFF, I\Tbe Principlt:s of Clanship in Human Society». en Readings in AlIlhrQPu/ugy, ed.
Monon H. Fried (New York: Thomas Y. Crowell, 1959),2,259.70.
33 ANTROPOLOGíA: MÉl'ODOS y PROBLEMAS EN LA FORMULACIÓN DE TEORíAS
«Para los científicos de las cienCias naturales, especialmente para los tlsicos
una teoría (...) es una colección de teoremas derivados, probados en un
so de predicción de eventos en base a condiciones observadas. El fisico puede
orientarse a problemas de este tipo porque para él los problemas de identitica-
son más centrales, cruciales o estratégicos que otros para determinar su confi-
guración global. Más aim, ya que entendemos por pauta (pattem) a la fomla
en que los·diversos elementos culturales se relacionan entre sí para formar un
sistema mayor, no encontramos ninguna razón por la cual estas relaciones no
pueden ser expresadas en forma de proposición, ya sea de naturaleza estadísti-
ca o universal. Oe esta forma, las teorías concatenadas pueden ser convertidas,
con frecuencia, en explicaciones de pautas. Y lo que ha sido llamado explica-
ción de la pauta puede ser'simplemente la variante de una teoría probabilística
o deductiva.
En la discusi6n anterior podría parecer que gran parte del material referido
en la antropología como teoría debería ser llamado con mayor precisión quasi
teoría. Al hacer esta distinción no estamos proponiendo una sutileza semánti-
ca, sino más bien, buscamos subrayar un problema existencial de definición.
Debido a que las definiciones de las ciencias sociales frecuentemente crean o
componen problemas teóricos, los fisicos se quejan algunas veces de que los
científicos sociales pasan todo su tiempo discutiendo sobre definiciones; lo
que se explica porque ellos, los fisicos, ya no discuten términos' tales como
temperatura, masa, longitud o tiempo. Pero en la antropología, los términos
como linaje segmentario, casta o economía capitalista tienen implicaciones
teóricas inciertas porque las diferentes formas de definir a estas entidades
complejas pueden implicar un diferente enfoque sobre diferentes aspectos de
cada una de ellas. Por ejemplo, hace algunos años Paul Kirchhoif hizo una
importante distinción conceptual entre lo que él llamó «clases igualitarias» y
«clases estratificadas o piramidales» 14. El enfatizó que el significado político y
potencial de cada uno de estos tipos de unidades sociales es muy diferente.
Ahora bien, si se quiere ser rígido acerca del uso del término teoría, tendría-
mos que decir que la formulación de Kirchhoif no es una teoría porque no
especificó las condiciones que produjeron cada una de estas formas sociales.
Pero la distinción que él realizó es el primer paso importante para la formula-
ción de una teoría. Lo que él hizo fue, de hecho, revelar que.el término clan
ha aplicado a dos tipos de estructura muy diferentes; más aún, que estos
dos tipos estructurales tienen potenciales sumamente diferentes para el desa-
rrollo económico y político. Escribiendo acerca del problema teórico de reco-
nocimiento y definición las ciencias, Anatol Rapoport hace notar que
existen importantes entre las ciencias naturales y las ciencias socia-
les en cuanto a estos temas:
DAVID KAPLAN. ROBERT A. MANNERS
32
34
ción, de definición y de clasificación significativa no existen o hace mucho que
fueron solucionados. Para el científico social, estos últimos muchas son·
problemas centrales, de ahí que las pretensiones del científico social tengan
que ser menores que las del fisico lS.»
Rapoport ilustra los puntos arriba citados de la forma
«En el mecanismo del movimiento (...), la posición y el tiempo eran fun-
damentales; actualmente, en mecánica existen tres tipos de.elementos funda-
mentales, de los cuales se derivan otros más: distancia, tiempo y QUlSa. No
existe ninguna duda (en la mecánica clásica) sobre cómo van a ser medidos
estos elementos (...). En relación con la pregunta de hasta qué punto puede ser
definida una variable con precisión, surge un problema muy importante: el
problema de la identificación.
Nótese que el problema es trivial en la mecánica. Para determinar la posi-
ción de un objeto debemos, por supuesto, identificar al objeto en todas las .
posiciones, pero esto es tan simple que no presenta problemas. Al pasar de la
tisica a la química, el problema de identificación se vuelve más importante 16.»
y al pasar de la fisica a las ciencias sociales, los problemas de identifica-
ción cobran una importancia teórica aún mayor. El científico social, por ejem-
plo, puede preguntar:
«"¿A qué cosa debemos llamar una acción social?" No es fácil llegar a un
consenso porque las diversas defIniciones tendrán probablemente diferentes
consecuencias. Acción social, una vez definida, será quizás un término clave
para algunas disciplinas sociales. Ésta aparecerá (esperemos) en los teoremas
de la teoría futura; de ahí que su defInición sirve para llamar la atención sobre
los eventos que la componen. Esto puede ser fructífero o no, pero, por lo
tanto, el problema de definición se vuelve un problema "teórico", algo que es,
con frecuencia, dificil de reconocer para el científico natural
1

Una nota final acerca de las definiciones y de la teoría. En los párrafos
anteriores hemos dicho que la finalidad de la formulación de teorías es más
bien la e.xplicación que la predicción, pero, en la realidad, ambos sentidos son
inseparables porque cuando hemos utilizado una teoría para dar una explica-
ción, hemos trazado el camino para predecir; y, por lo tanto, para comprobar
la· explicación. Sin embargo, se ha sostenido que no todas las explicaciones
cientüicas tienen implicaciones predictivas; que es posible explicar un fenó-
meno sin predecirlo. Podríamos citar el caso de la teoría de la selección natu-
1) ANATO!. RAPOPORT, <cVarious Meanings ofTheoiy», in Po/itics and Social Lile, ed. NELSON W. POLSBY,
ROBEN A. OBNTLER, AND PAUL A.SMlTH (Boston: Houghton Miffm, 1963).
16 lbíd.. p. 77. .
17 lbid. p. 79,
AN'l'ROPOLOG1A: MÉfODOS y PROBLEM.AS EN LA FORM.Ul.ACJÓN DE
ral de la evolución biológica porque está profundamente interesada con he-
chos del pasado, pero ya que esta teoría los explica, podría decirse que los
«retrodice». Una teoría que puede «retr04ecir» fenómenos del pasado puede,
en principio, predecir a estos mismos si las condiciones Que se presentaron en
el pasado se repitieran en el futuro, por improbable Que esto pueda ser. Si bien
todas las explicaciones satisfactorias tienen algún valor predictivo (o «retrodic-
tivo»), no todas las predicciones surgen de ellas. Existen muchos eventos Que
se podrían predecir, aun pensando que no se pueden explicar, por ejemplo, se
podría predecir el ascenso y «;lescenso de la marea, sin conocer cómo se forma
o por qué crece y disminuye. En otras palabras, existe una diferencia entre una
predicción correcta y una predicción garantizada. Una predicción garantizada
no sólo es·segura, sino que está basada en unajustiflcación teórica aceptable.
De· esta forma, una predicción garantizada sólo puede ser el producto de una
teoría para la que exista algún grado de corúirmación científica, una teoría en
la que tengamos cierta corúianza.
En el caso de una predicción correcta, podemos no tener idea de por qué
es correcta (como en el ejemplo de la marea), o su justificación teórica pueQe
ser científicamente inaceptable. Los astrólogos, por ejemplo, algunas veces
pueden hacer predicciones correctas sobre cuestiones humanas, pero no tene-
mos confianza en las teorías que apoyan a estas predicciones astrológicas por-
que contradicen a un gran número de conocimientos científicos bien confir-
mados. Simplemente, no existe nada en este conocimiento que nos pudiera
hacer esperar una relación causal directa entre la configuración de los planetas
y de las estrellas con los acontecimientos humanos. Al comienzo de esta sec-
ción afIrmamos que el enfrentarse al mundo implica una teorización sobre él;
en otras palabras, la formulación de teorías y de explicaciones tiene una gran
importancia pragmática.
El poder predecir correctamente nos permite anticipamos a los aconteci-
mientos y prepararnos para ellos; pero si sabemos por qué somos capaces d.e
predecirlos correctamente, estaremos provistos de un mecanismo por medio
del cual podremos intervenir y ejercer cierto control sobre ellos.
En las páginas hemos discutido las generalizaciones teóricas y
'empíricas y su papel en la explicación, y hemos sugerido que la antropología
ha producido una gran cantidad de generalizaciones empíricas a manera de
ley, de cierto interés e importancia, así como algunas formulaciones abstractas
que bien podrían denominarse generalizaciones teóricas. De una manera ge-
neral, hemos evitado el uso del término ley, porque éste implica cierto grado
de consenso y de verificación que ordinariamente no se sostiene cuando se
aplica a las generalizaciones teóricas de más alto nivel en antropología. pe
este modo, la respl,lesta a la pregunta, «¿existen leyes culturales?», dependerá
de lo que uno entienda por ley. Si por ley entendemos el tipo de hipótesis
universales verificadas que algunas veces se presentan en las ciencias natura-
- .... APJ..AN, RO!!ERT' A. MANNERS
. MÉTODOS. Y PROBLEMAS EN LA FORMULACIÓN DE TEOR/AS 37
1 to
nces evidentemente no existen tales leyes en antropología. Sin em-
es, en, '.., d ta '
bargo, si se desean establecer mas mo es s, o sea, genera-
lizaciones cuyo alcance esté restnngldo a una clase o estf':lctura dada, enton-
ces probablemente estas afinnaciones: en una parecida a la de las leyes,
pueden encontrarse en la antropolog¡a. De cualquIer ferma, debe recalcarse
que estas proposiciones a ley 'son de una naturaleza al!amente
probabilística; por ejemplo: la relación postulada entre la y el
mantenimiento de obras de irrigación a gran escala y el surglIDlento de 'Esta-
dos despóticos centralistas re.lación .entre !a" del
linaje segmentario y una expanSIón socIetaria de tIpO (Sahbns), entre
patrilocalidad, organización patrilineal y factores ecologIcos (Steward); la
ción entre movimientos de revitalización y ciertos patrones de aculturaClOn
(Worsley); la Que existe entre fonnas de organización y
nómicos (Lévi-Strauss); la relación entre «rituales de y la estabIlIdad
política (Gluckman) 18. Todas estas relaciones pueden enunclarse como pro-
posiciones a manera de ley. Es decir, ninguna de e.Has el c0D:senso ,
que se necesita para la proposición de leyes en En dIverso
grado, subsisten las controversias. A pesar del ImpreCIS? de. sus propo-
siciones a manera de ley, encontramos que no podnamos sm ellas. Lo
que Andreski dice sobre la sociología puede ser aplicado de la misma forma a
cualquier otra ciencia social:
«Un sociólogo puede formular su hipótesis con la ayuda de los exis-
tentes, puede lratarde demostrar su validez y esperar que no sea
totalment.e por otros investigadores. Si sus sucesores encuentran despues de
mucho tiempo que «hay algo en ella» él adquiere el estatus de gran pensador;
pero la mayor parte de las veces "no hay nada en ella". De esta forma, los
laboratorios durante una serie de experimentos, en este caso, pueden prolon-
garse por generaciones. La lección que nos aporta este argumento tfS que si
imitando sin inteligencia a los fisicos y a los químicos demandamos que no
debe darse a conocer ninguna tesis a menos que esté apoyada totalmente por
datos verdaderos, condenaremos a la sociología a la esterilidad. La intuición y
las conjeturas juegan (...), por supuesto, un papel indispensable en el proceso
de descubrimiento en cualquier campo; la peculiaridad de la sociología y de
l. Véase KAKI- A. WIlTrOGEL, Despatismo Orielllal (New Haven: Yale University Press, 1957); JULIAN
STJi.WAlill et al; ¡"igatiun Civilizatiuns: A Camparative Stu,dy D. C.: Pan U.ruon 1955);
MARSHALL D. SAHLlNS «The Segmentary Lineage: An Organization of Predatory Expanslon». Amencan Anthro-
pulugist, 63 (1961): 321-43; JUL1AN H. STEWARD,llThe Economic Basis ofPrimitive 'Bands», en Essays in Anthro-
palugy in Honor o/ A{fred Louls Kroeber (Berkeley: Uruversity of California Press, 1936), pp. 311-50;
WORSLEY, The Trompet ShaJJ Sound, 2 ed. (New York: Sboclcen Booles, 1968); ANTHONY C. W
zation Movements». American Anthrupa/ogist,.58 (1956): 264-81; CLAUDE L.l>Vl-STRAUSS, IIThe Family», m Stu-
dies in Sacial añd Cultural Anthrapolagy, ed. JOHN MIDDLBTON (New York: Tbomas Y. Crowell), pp. 128-55.
Edición en español: CLAUDE LÉVI-STRAUSS, lILa' Familia», en liARRv L. SHAPlllO, Hombre Cultura y Saciedad.
México, F.C.E., 1975, pp. 128-55; MAX OLUCKMAN, Custam and Colf!lict in 4frica (Olencoe, 111.: Free Press,
1955); Véase también Gluckman, ensayo introductorio en: Orden and Rebe/lian in Tribal4frica (Glencue, 111.;
Free Press, 1963).
las ciencias relacionadas estriba en una mayor necesidad de publicación de
aquello.s frutos de la especulación no comprobados. Naturalmente, con el fin
de ser productivos, una contribución a la teoría sociológica toma en considera-
ción los datos disponibles, pero debe superarJos 19.»
Steward también reprende a los antropólogos por ser extremadamente
cautos en promover proposiciones a manera de ley: «es obvio QlJe las minucio-
sidades de la historia cult1,lral nunca serán por completo y Q\le no es
necesario diferir ,las formulaciones hasta Que todos los arqueólogos hayan
dejado sus palas y todos los etnólogos hayan tirado sus cuadernos de notas 20».
Finalmente, inclusive un antropólogo como Evans-Pritchard, escéptico so-
bre la posibilidad de descubrir leyes culturales, reconoce que el esfuerzo en
tratar de hacerlo produce resultados benéficos:
«Mi escepticismo no significa que piense Que deberíamos buscar las cons-
tantes que pudieran ser establecidas por las diferentes formas del método
comparativo. Serían de gran valor si logramos encontrarlas, pero, de no ser así,
por lo menos, en su búsqueda, habremos logrado un conocimiento, más pro-
fundo de la sociedad humana 21.»
Debemos también señalar que las tipologías de formas culturales frecuen-
temente implican una o más generalizaciones a manera de ley, ya qije las más
fructíferas de eilas, que son en las que estamos interesados, están basadas en
una supuesta relación crítica entre ciertos fenómenos culturales, y, por consi-
guiente, las tipologías en la antropologja son muy variadas. Virtualmente to-
dos los antropólogos estarían de acuerdo en que los fenómenos culturales
siguen ciertos patrones y muestran ciertas constantes; siendo así no hay razón
por la cual éstas no pueden ser formuladas como proposiciones generales. Y
quizás deberíamos tener presente que las llamadas leyes de las ciencias natu-
rales -a pesar de su pretendida universalidad- frecuentemente se refieren a
condiciones limitantes altamente «idealizadas», tales como los cuerpos cayen-
do en un vacío total; y lo que es más, estas leyes sólo son aplicables bajo
ciertas circunstancias específicas. Por ejemplo, la ley de la caída de los cuerpos
de Galileo sólo es aplicable a la libre caída cerca de la superficie de la Tierra, y
la ley de Boyle, en química, sólo lo es a los gases de baja densidad, etcétera.
Algunos antropólogos orientados humanísticamente ponen objeciones a
la búsqueda de leyes culturales. Pensamos Que pueden derivarse, al menos en
parte, de una falta de comprensión del estatus lógico de tales leyes. Algunas
veces actúan como si sintieran 'que la formulación de generalizaciones sobre
19 ANOllESKl, Camparative Saciology, pp. 43-44
lU STEWARD, JULlANj "Cultural Causality and Law: A Trial rurmulalion uf tbe Develupment uf Early
Civilizatiom>. American Anthrupolugist, 51 (1949); 24-25.
21 EVANS-PIUTCHAlill, The Comparative Methud, p. 211.
38
DAVID KAPUN. A. MANNERS
ANTROPOLOGIA: MÉfODOS y PROBLEMAS EN FORMULACiÓN I)E l'E=.:;O:.;:R:;:,IA;-,;;S__--:39
los fenómenos socioculturales atacara la dignidad humana y limitara la liber-
tad del hombre. Ta,1 visión sólo pudo haber surgido de una concepción pres-·
criptiva de las leyes científicas -como las normas de tráfico-, pero las leyes
científicas son descriptivas, no prescriptivas; no fuerzan a que algo suceda en
el mundo no prescriben las pautas de la conducta humana. Las leyes única-
mente no; permiten comprender; de este modo, quizá también nos ayuden a
hacer frente a nuestro medio ambiente total en una forma más
LA RELACIÓN ENTRE LA TEORÍA ETNOLÓGICA Y EL HECHO
ETNOGRÁFICO
La idea de que cualquier ciencia consiste en dos tipos de proposiciones es
comúnmente aceptada; por un lado, están las proposiciones empíricas de he-
cho, logradas mediante la observación, las cuales son sólidas e irrefutables; y,
por el otro, las proposiciones teóricas, de las cuales se piensa que son especu- .
lativas y sujetas a los caprichos de una opinión cambiante. Oe esta forma, una
vez que se han recopilado los hechos importantes, pueden formularse y dise-
ñarse teorías para explicar o ajustarse a los hechos. Esta distinción entre hecho
y teoría ha sido conservada como una reliquia en la antropología en la distin-
ción entre la etnografla (la descripción de las culturas) y la etnología (la teori-
zación acerca de estas descripciones). Una dicotomía que puede ser engañosa..
¿Cl,Jáles son los hechos relevantes que sostienen una teoría, y cómo los'obser-
varnos? La idea de que podemos registrar todos los hechos es, evidentemente,
un absurdo. Nosotros observamos los hechos y los filtramos a través de una
pantalla de interés, de predisposición y de experiencias previas, y todas nues-
tras descripciones están inevitablemente influidas por consideraciones teóri-
cas; de este modo, la idea' de que existe una descripción pura es errónea. El
párrafo siguiente del, con justicia, famoso ensayo de Julian Steward, «Cultural
Causality and Law» (Causalidad cultural y ley), seña,la claramente que:
«La recolección de datos, por sí misma, es un procedimiento científico
insuficiente; los hechos sólo existen en tanto estén con teorías,. y
las teorías no se destruyen por hechos: se rempla,zan por nuevas teorías que
los expliquen mejor 22.»
Los psicólogos sociales y los filósofos de la ciencia han subrayado tam-
bién, una y otra vez que todas nuestras' observaciones son selectivas en rela-
ción con algún punto de vista, con alguna posición teórica, o con algún sesgo
(este problema se discutirá con mayor detalle más .adelante). Aun si fuésemos
capaces de. descubrir todo acerca de un evento o de una institución, tal des-
cripción dificilmente podría tener una función científica. Las descripciones
22 STEWAAD, «Cultural Causality and Law», p. 25.
..
fructíferas son siempre' descripciones con un propósito determinado y para
evaluarlas es importante conocer los propósitos que las motivaron. Sabemos
que si coOfrontamos a un biólogo, un psicólogo y a un con un
mismo acontecimiento, cada uno de ellos hará una descnpclón dIferente. Al
hacerse diferentes cuestionamientos acerca del evento, lo concept\,lalizarán y
lo observarán en diferente forma. Lo que ellos consideren como los fenóme-
nos que deban ser observados y explicados, y lo que consideren como S\,lS
antecedentes, serán cosas'diferentes en cada caso; así, el mismo acontecimien-
to puede ser desCrito en un gran número de cada \lna .ellas
cialmente válida, pero desde diferentes perspectIVas y para proPOSltos teoncos
también diferentes.
. Lo que queremos recalcar aquí es que las descripciones varían de acuerdo
a los marcos conceptuales o teóricos en los cuales se basan. Para evaluar ade-
cuadamente una descripción, debemos conocer algo acerca del marco teórico
que le dio origen. En verdad, una forma más lógica de clasificar a los científi-
cos sociales, mejor que en base al departamento en el cual traba.jan, sería en
base a los tipos de marcos teóricos en los que se mueven.
PROBLEMAS ESPECIALES DE LA TEORIZACIÓN ANTROPOLÓGICA
La visión 'intema frente a la visión externa de una cuJtunl
Los científicos sociales, a diferencia de los fisicos, se enfrentan a un pro-
blema particular respecto a la información. No solamente es el antropólogo
quien trabaja de acuerdo a un marco conceptual, sino que también la gente
que él estudia actúa según su propio marco o marcos conceptuales.
Esto presenta un problema muy particular para el antropólogo porque la
mayoría de las veces sus conceptos son diferentes a los de las personas que él
estudia, hecho que crea un problema metodológico interminable en antropo-
logía, esencialmente al describir a otra cultura. La cuestión es si lo hacemos de
acuerdo a como ésta es vista por los de la misma cultura, en base a las catego-
, rías conceptuales nativas, o bien si la descubrimos en base a las categorías
conceptuales de la antropología tal como ésta es vista desde afuera.
En verdad, la mayoría de las etnografias se encuentran entre estos dos
pu.ntos de vista. Un número importante de antropólogos, entre ellos Mali-
nowski, han argumentado que el propósito de la etnografia debería ser descu-
brir lo que uno debe conocer para poder acercarse a una cultura en particular.
Éste pudiera ser uno de los propósitos de la etnogratia, pero ¿es éste su propó-
sito? Esto dependerá de lo que se considere Que es la finalidad de la descrip-
ción etnográfica. Si se desean producir relatos de cómo es la cultura según el
punto de vista de quienes.viven en ella, entonces deberíamos esforzarnos por
40
____________---DAVID K,,4PLAN. ROBERT ·A. MANNERS
ANTROPQLOOiA: PROB.f.fMAS EN LA DE TEORJAS 41
producir una descripción en base a los conceptos, categorías interpretaciones
nativas. Pero si se ve a la descripción etnográfica como una contribución a un
grupo de teorías que explican cómo surgen, cómo se mantienen y cómo cam-
bian las culturas, entonces no podemos contentamos con tener sólo una vi-
sión desde dentro del sistema.
Realmente, una visión interna puede ser muy engañosa y esto por varias
razones; por una parte, la mayoría de la gente tiene una visión muy limitada y
muy distorsionada de cómo trabaja un sistema; tienden a verlo desde el punto
de vista de su posición dentro de él. Más aún, la interpretación nativa de su
cultura está cargada de racionalizaciones y de afirmaciones sobre «cómo debe-
rían ser las cosas». En una exposición interesante -y, pensamos, exacta- so-
bre la relación entre el modelo nativo y el del antropólogo, Julian Pitt-Rivers
nos dice:
«Los modelos del nativo difieren de los del antropólogo en que los prime-
ros están inevitablemente centrados en su propio lugar dentro de la sociedad,
ya que son modelos para actuar más que modelos para comparar. Éstos son
partícipes del conocimiento de su sociedad, pero también representan sus
aspiraciones. No sólo son un modelo del mundo en la forma en que lo cono-
cen, sino que constituyen también un modelo del mundo tal como desearían
que fuera 23.»
En otra parte del mismo ensayo, Pitt-Rívers apunta:
«Los nativos clasifican de acuerdo a las categorías de su propia cultura,
con lo cual explican el mundo y determinan cómo deben actuar; pero el inves-
tigador las reclasifica con un propósito muy diferente: para establecer equiva-
lencias de una cultura con otra, de acuerdo con los criterios que él considera
significativos para ese propósito. Él los considera significativos de acuerdo a
las teorías que sostiene sobre funcionan las sociedades, las culturas o las
relaciones humanas. De ahí que él ve implicaciones y consistencias o inconsis-
tencias que el nativo no ve, y lo que a él le parece razonable, puede no serlo
para el otro y viceversa. Sus categorías rebasan a las de la cultura que él estu-
dia en sus alcances comparativos, para lo cual, las suposiciones en las cuales se
basa son de un orden muy diferente. Sin interesarse en conocer el cómo se
debería actuar, sino sólo en el cómo actú&n los demás, el investigador incluye
el marco conceptual nativo como una parte más que requiere ser explicada, y
lo expone a manera de '''citas''; construye modelos con otros modelos que él
toma, a los cuales desarma y reordena para otro propósito. Si su razonamiento
tiene éxito o no, depende de que éste obtenga la respuesta social deseada en
un contexto en particular, y del ll1:0do como ha cumplido sus propósitos de
2J JUUAN PITI-RJVERS, «Contextual Analysis and the locus ofthe Model». Archives Européennes de Socio/u-
gie (Eurupeun Juurnal ofSociologie). (1967): 31-32.
dejar de estar sujeto a un contexto, haciéndolo explícito y adquiriendo una
validez· universal con un nivel de generalización más elevado 24.»
Es interesante apuntar que la posición expresada por Pitt-Rivers en la cita
precedente también fue enunciada por Bronislaw Malinowski. De este modo,
es irónico hacer notar que este último, quien frecuentemente se cita para
apoyar el punto de que la misión principal de la etnografia es la de «entender
el punto de vista del natjvo, su relacióp. con la vida y la visión de su propio
mundo», en otra parte del mismo volumen del que fue tomada esta cita, dice:
«Sin embargo, debe recordarse que lo que nos parece una institución ex-
tensa, complicada e incluso bien ordenada, es el resultado de una gran canti-
dad de hechos y de prácticas realizadas por los salvajes, quienes no tienén
leyes O propósitos, o estatutos establecidos definitivamente. No tienen conoci-
miento del contorno general de ninguna de sus estructuras sociales. Ellos
conocen sus propios motivos, conocen el propósito de las acciones individua-
les y de las reglas que les aplican, pero el conocer cómo se determina el
conjunto de sus instituciones colectivas está más allá de su alcance mental. Ni
aun el nativo más inteligente tiene una idea clara sobre el Kula'
25
como una
gran construcción social organizada, y, menos aún, de su función sociológica y
sus implicaciones. Si se le preguntase acerca de lo Que es el Kula, él contesta-
ría dando algunos detalles, muy probablemente refiriendo sus experiencias
personales y su visión subjetiva del Kula, pero no se aproximaría a la defini-
ción dada aquí. Ni siquiera una respuesta parcialmente coherente podría obte-
nerse, porque el panorama global no existe en su mente, él se encuentra
dentro de aquél y no puede verlo afuera 26.»
De esta forma, parece que podemos corroborar una antigua virtud etno-
gráfica, o sea, que la verdadera investigación antropológica no sólo comprende
el intento de descubrir el punto de vista del nativo, la forma en que él percibe
y ordena su universo, sus observaciones ideales y subjetivas del mundo social
en el que vive, sino también la forma en la que éstas se relacionan con otras
estructuras menos determinadas por el contexto como son, la comprensión y
las teorías de los antropólogos; porque, como señala Malinowski, aun el nati-
vo más inteligente puede no ser consciente de la forma en que el sistema y la
estructura chocan con su comportamiento cotidiano.
La objetividad del informe antropológico
Un problema continuo en las ciencias sociales es el del investigador.
¿Cómo podemos esperar que los practicantes de las ciencias sociales tengan
24 lbid., pp. 30-31.
2S Un ciclu cumercial ceremonial que cumprende a un grupo de islas del noreste de Nueva Guinea.
26 BRONISLAW MAUNOWSKJ, ArgU/¡UUIS ullhe Westem Pacjjic (New York.: E. P. Dutton, 1961, pp. 25-83.
Edición en español Los Argonautas del Puójkv Occidentul, üarcelona, Península.
3U DAVID KAPLAN, ((The Formal Substantive Conlroversy in Ecunumie AnlhroPQlolIY: Retlections on ils
Wider 1mplications)l, Soulhweslem Juumal of Anthropology, 24 (1968): 232. Véase lambién R. A. MANNERS,
((Comments on OplePl, Currtnt Anthrupu/ugy. 6 (1965): 1-2,319-20.
Como lo ha comentado uno de nosotros en otra parte, mientras que «la
investigación de la fuente de conocimiento de un estudioso puede arrojar
alguna luz sobre las motivaciones que lo condujeron a apoyar ciertas ideas,
éstas son, lógicamente, irrelevantes para una apreciación crítica de la validez
de esas ideas» 30. Así, por ejemplo, cientos de críticos han intentado descartar
las formulaciones de Marx, señalando que era un judío que padeció la enfer-
- medad del carbunclo, pero' este tipo de argumentos es absurdo e ilógico: sus
ideas deben sostenerse o caer por sus propios méritos lógicos. Cualquiera que
sea la fuente de las ideas y de las teorías, si no admitimos que existen normas
impersonales para ubicar las evidencias y las argumentaciones, entonces la
antropología y todas las demás ciencias sociales serían solamente una colec-
ción de ideologías-; y la adhesión a un informe o a otro se volvería un asunto
trabajo, en un determinado lugar, han desviado la investigación lejos Qe las
áreas de mayor significación teórica potencial. Más aún, cada antrOPólogo, al
realizar su primer trabajo de campo, normalmente busca una población o
grupo que no haya sido «estudiado» antes. El propósito, por supuesto, ha sido
el de ampliar el horizonte de la comparación, así como el de registrar culturas
antes de que éstas desaparezcan. Desafortunadamente, lo que pudimos haber
logrado al abarcar tanto se pudo haber perdido en la profundidad del análisis.
Quizás, si la antropología-hubiese seguido en forma más sistemática una polí-
tiea de reestudios (especialmente si son llevados a cabo por diferentes investi-
gadores), los sesgos individuales acumulados se habrían anulado unos a otros,
produciendo una mejor comprensión, más próxima a lo que concebimos
como objetividad.
43 ANTROPOLOGíA: MÉTODOS Y PROBLEMAS EN LA FORMULAC1ÓN DE TEORíAS
---------
Si todas las personas, incluyendo a los antropólogos, ven el mundo a tra-
vés de una pantalla de _valores, sesgos y puntos de vista individuales, ¿ql,lé
posibilidad hay de que exista una ciencia libre de valores? Un número muy
importante de científicos sociales, de hecho, negaría toda posibilidad; argu-
mentarían que la búsqueda de la objetividad y de la neutralidad es una quime-
ra, ya que todo conocimiento de los fenómenos socioculturales refleja, inevi-
tablemente, los valores y sesgos personales del investigador. Uno de los pun-
tos débiles Qe dicho argumento es, como lo hemos señalado· arriba, el Qe
buscar la objetividad en el pensamiento y en las actitudes del investigador,
más que en las tradiciones críticas de una disciplina. Pero existe otro flanco
débil en esa posición tan relativista: no puede distinguir lo que los fIlósofos de
la ciencia han llamado «el contexto del del «contexto de la
justificación»; Oe esta forma, los sesgos y los valores individuales juegan un
papel inicial, pero, en realidad no necesitan, y no deberían tener, un papel
significativo posteriormente.
_42 -,:DAVJD K.A.PLAN. ROBERT- A.MANNERS
un conocimiento objetivo sobre los fenómenos socioculturales cuando sostie-
nen a la vez una ideología? Especialmente éste ha sido un punto de frecuentes-
fracasos en antropología, por la forma en que afecta ala recopilación de datos
básicos. un antropólogo aislado se va por uno omás años a
una cultura exótica, en donde vive entre la gente que estudia, observando sus
instituciones y sus formas de vida. Entonces regresa y escribe su informe
sobre «La forma en que..., entre los...)). Pero, ¿hasta qué punto no es un
puro reflejo de sus propios sesgos personales, de sus propios gustos y de-
sagrados?
Este problema se ha presentado en varias ocasiones con particular impor-
tancia; quizás el caso clásico es el de .Tepoztlán, l,m pueblo en el sur de Méxi-
co. La etnografia original de Tepoztlán fue hecha por Robert Redfield a finales
de la década de 1920. El panorama que emerge de este estudio es-el de una
comunidad típica, en general armónica, igualitaria y apacible. Oscar Lewis
Tepoztlán veinte años más tarde 27. Su descripción es, con mucho,
diferente a la de Redfield; Tepoztlán es una comunidad con grandes diferen-
cias en cuanto a riqueza y dividida por un alto grado de conflictos interperso-
nales. En parte, las diferencias pueden ser atribuidas a cambios sufridos en el
tiempo transcurrido entre ambos estudios, pero sólo en una pequeña parte.
¿Cómo podemos decidir cuál de los dos estudios se acerca más a la (<verdad))
y qué es lo que esto significa respecto a la objetividad del conocimiento antro:
pológico? Para empezar, permítasenos admitir que todos los seres humanos y
no sólo los -antropólogos, tienen un sesgo. Es un error el tratar de colodar
objetividad en las mentes y actitudes de antropólogos individuales, sino más
bien, la objetividad, como lo ha hecho notar Karl Popper, debería en
las instituciones y las tradiciones críticas de una disciplina 28. Sólo si se está
sometido a la crítica abierta y si se produce la interacción con muchos tipos de
prejuicios, se podrá llegar a la objetividad. En otras palabras, la objetividad
esencial de una disciplina es promovida acumulativamente en el tiempo. Las
aportaciones de los trabajos de Redfield y de Lewis han estimulado un inter-
cambio crítico y revisiones basadas en la comparación de estos informes con
otras campesinas en México 29. Respecto a esto, creemos que se
ha producido una mayor aproximación hacia una visión «objetiva» de la vida
campesina.
El trabajo de campo en la antropología ha tendido a ser, en parte una
aventura hacia 10 salvaje, en parte una empresa vinculada a intereses
COS»), y en parte una actividad motivada por el interés en problemas específi-
cos. Pero, algunas veces, el aspecto «salvaje)) y/o el «atractivo político» de un
27 REDFIELD, Tepozt/an. A Mexican Vil/age (Chicago: University of Chicago Press 1930) y
Osear LewIs, Life -;11 a Mexicall Vil/age: Tepuzt/an Reesludied (Urbana: University of Illinois Press 1951).
28 KAJU. R. POPPER, The Poverty uf Hislorie/sm (New York: Harpetoreb Boob, 1964), pp 155-59.
• • 2Y Véase, por ejemplo, GEOltOE M. POSTER, «Interpersonal Relations in Pell$lUlt Society» y eomentarius y
rep1Jeas por OseAR LEWIS, JULlAN PITr-RIVERS y GEORQE M. FOSTER, Human Organizalíon, 19 (1960-61): 174-84.
44 DAVID K,APLAN. ROBERT A. , ANfROPOLOGÍA: MÉTODOS y PROBLEMAS EN U .FORMf:!!::4CJON DE TEOR1::.:.;A:::,S 4_5
de apreciación personal, de prejuicios de política, más Que una adbesión basa-
da en la consistencia lógica del argumento mismo y en la forma en que la
evidencia es usada para apoyar una posición.
La formulación de teorias
¿Es la antropología una de las humanidades, es una ciencia o es una «ter-
cera cultura» con un pie en cada campo? Se ha gastado una gran cantidad de
tinta tratando de contestar a esta pregunta. Al igual que en la' discusión. sobre
la posibilidad de «leyes sociales», muchas de las discusiones que tienen que
ver con este tema causan gran impresión por estar, en el fondo, motivadas
ideológicamente; o sea, que parecen depender de las concepciones sobre la
libertad humana, la responsabilidad moral, etcétera.
Quienes han argumentado que es un error el mirar a la antropología como
una ciencia semejante a las ciencias naturales, parecen tener una visión muy
estrecha de lo que es una ciencia. Las definiciones de ciencia son, por supues-
to, muy variadas. El punto de vista que nos parece que se aproxima más a
captar el espíritu de la empresa científica es aquel que ve a la ciencia como
método intelectual, o, para usar palabras de Emest Nagel
31
, «como grupo de
cánones lógicos para probar las demandas de conocimiento». En una frase
más idónea de Karl Popper, la ciencia es un proceS,QQe «conjeturas y refuta-
ciones» 32 en el que se proponen conjeturas audaces acerca del estadó del
mundo, que después se tratan de refutar. Algunas «disciplinas)), como la músi-
ca, la poesía o el arte, están interesadas en transmitir experiencias Que pueden
enriquecer nuestra vida emocional o aumentar nuestra sensibilidad; pero, por
lo general, no están interesadas en transmitir un conocimiento cognoscitivo.
Cualquier disciplina que desee promover el conocimiento acerca del mundo
empírico e intente explicarlo en términos de principios generales fundamenta-
les está sujeta a los cánones de prueba y evidencia que el nombre de ciencia
implica, y es de este modo como una disciplina se considera o no a sí misma
como ciencia. En la medida en que la antropología desee distinguir pautas
generales y regularidades dentro de un fenómeno cultural y hacer algún tipo
de proposiciones generales sobre ellas, no existe ninguna razón para negar su
estatus científico.
Verstehen: (Comprender). Es verdad ni en alcance, ni en poder explica-
tivo, 'ni en grado de consenso, la antropología (o cualquier otra ciencia social)
ha producido algo que se asemeje a las teorías de las ciencias naturales, como
la fisica; con frecuencia esto se atribuye a la inmadurez de las ciencias sociales,
afirmándose que éstas desarrollarán en el futuro teorías en la misma forma er
JI E. NAUJ:L, I<The Placl: of Science in a Liberal Educaliofi)), Daeda/us (invierno, 1959): 59-60.
n KAlU. R. POPPER., Conjectures and Rqutations (New York: Basic Books, 1962).
que han sido producidas por las ciencias naturales más ..Sin em-
bargo, otras veces se ha argl,1mentado datos de las CIenCIas son
tan radicalmente diferentes a los de las cIencIas naturales, en un sentido onto-
lógico, que no podemos esperar producir el tipo de teorías generales Que pro-
ponen las llamadas ciencias exactas.
En este sentido, se dice que las ciencias sociales en su naturaleza, son
ideográficas (particularistas) más que nQmotéticas (generalizadoras). Para
quienes sostienen esta. posición, el la ciencia. no es la for-
mulación de sistemas generales exphcatlvos, smo la orgamzaclon y la presen-
tación de datos, en una forma tal que sean inteligibles mediante un pro_ceso de
comprensión individual, empatía, O verstehen. Parece haber algo enganoso en
esta posición. Mientras que el proceso comprensión por empatía o verstehen
puede generar conceptos fructíferos e hipótesis, no puede por sí mismo
para validar públicamente tales El una
del de otra. Las ventajas heurísticas, asl como las lImitaCIOnes practicas Impb-
cadas en el uso de la comprensión empatética o verstehen como. una técnica
de investigación, han sido resumidas en forma clara por Charles Frankel:
«Es bastante obvio qlJe la habilidad de identificarse con lo que se está
estudiando es con frecuencia de gran ayuda para formular hipótesis significati-
vas y que la diferencia que existe entre la capacidad de diferentes observado-
res' para una proyección simpatética es, en muchos casos, la diferencia entre
una mente de primera clase y una de segunda. Es también bastante claro que
los estudios humanos ofrecen un campo más prometedor para el ejercicio de
la empatía, y de lo que se ha conocido' como verstehen, que el campo de la
astronomía o de la geología. ¿Significa esto que el método que empleamos
para entender el comportamiento de objetos sin conciencia debe ser radical-
mente diferente del que empleamos para entender a seres conscientes? En
contraste con los primeros, a los cuales podemos entender "desde afuera",
¿podremos, entonces, explicar a los segundos sólo "desde adentro"? La con-
testación a estas preguntas, me parece, es NO. Aparte del hecho de que la
imaginación simpatética tiene sus usos en muchos campos de las ciencias
naturales tales como la zoología, la posibilidad de ejercitar la imaginación
simpatética en las humanísticas es un beneficio relativo. Puede
'hacer más filcil la creación de hipótesis, pero también puede facilitar la crea-'
ci6n de falsas hipótesis. Y, lo que es más importante, no podemos decir si la
imaginación simpatética, en un caso específico, nos ha conducido al error O a
la verdad 'al usarla como nuestra prueba 33.»)
Frankel continúa diciendo:
33 CHARLES FkANKeL, I<PhilusUllhy ano The Socia.! Sciences), in Both IJuman ami Humall/!: lhe Hunulflili/!s
and Suda/ Sciences in Graduate Educatjun. ElI. CHAlU.ES AND RAy F. N1CHOLS (Philadelphia; University of Penn·
sylvania, 1960), pp. 95·96.
47 ANTROPOLOGÍA: MÉfODOS y PROBLEMAS EN LA FORMULACIÓN DE TEORÍAS
--....-.;,- _46 . ROBERT A. MANNERS
«Pero, un enfoque "objetivista" de los asuntos humanos no requiere la
negación tJ,el significado y lo conmovedor de los sentimientos y de las aspira-
ciones humanas; y ningún método o investigación puede prescindir de la ne-
cesidad de seleccionar ciertos rasgos sobresalientes de un gran complejo de
eventos y de tratarlos en términos abstractos. Si ucomprender" un fenómeno
fuese lo mismo que identificarse con él, el conocimiento sería una vana dupli-
cación de experiencias y no una clasificación de éstas. La identificación simpa-
tética, en pocas palabras, no es ni suficiente, ni esencial para garantizar el
descubrimiento de la verdad en los estudios humanos. No es suficiente por-
que los errores Que la gente hace cuando piensa Que se ha identificado con los
demás son notorios; no es esencial porque es posible explicar el comporta-
miento de otra persona, sin identificarse con eUa. Sería algo molesto que tratá-
ramos de ser esquizofrénicos mientras estudiamos a la esquizofrenia (oo.). Es
falso decir que comprendemos las acciones de otros seres humanos usólo
porque ellos nos son conocidos por el esfuerzo de nuestras mentes". En ver-
dad un uso tan especial de la palabra ucomprensión" invita a construir una
intuición personal y "parroquial" en el criterio de la verdad 34.»
La ciencia no es un método para generar teorías. Éstas son el acto creativo
de una mente informada y disciplinada. La ciencia, como hemos dicho es un
método intelectual para reducir el error. Como ha subrayado Frankel,' el en-
tendimiento y la inteligibilidad son procesos psicológicos esenciales y varían
de persona a persona. Lo que estamos buscando, o deberíamos estar buscando
en antropología, es un conocimiento confiable y público de los hechos socio-
culturales. Sin que se implique en forma alguna que existe algún tipo de
diferencia inherente entre los datos de antropología y los de las ciencias natu-
rales, creemos, sin embargo, Que existen otras diferencias importantes que
ayudan a explicar el carácter· relativamente incierto de la teoría antropológica
tales corno la falta de lo que los lógicos probablemente consideran como
teoría «genuinw). Entre las muchas diferencias que podrían ayudarnos ajuzgar
esta incertidumbre e insuficiencia, cuatro de ellas parecen ser especialmente
convincentes.
Historicidad. En primer lugar, las ciencias 'naturales -tornemos a la fisica
c?mo. no ?an tenido que enfrentarse, como la antropología, con la
hIstoncldad de los SIstemas que investigan. Es verdad, por supuesto, que to-
dos l.os fenómenos naturales tienen una dimensión temporal; pero casi en su
totahdad los procesos estudiados por los 'fisicos han sido recurrentes en un
período muy dilatado, es decir, que cuando ellos han tenido Que enfrentarse a
fenómenos Que sufren cambios sistemáticos, sus teorías tienen el mismo ca-
rácter incierto que las de las ciencias sociales. Util1zando un ejemplo de la
astrofisica, 'Wilbert Moore señala este punto respecto a las teorías estáticas
(concernientes a los ciclos recurrentes dentro de un sistema) frente a las teo-
rías dinámicas (sobre los sistemas cambiantes):
«Algunos de los aspectos sobre los principios "estático" y "dinámico"
pueden ilustrarse con el estudio de la astronomía. Algunas observaciones cui-
dadosamente registradas, aunadas a la capacidad integrada de varias mentes
teóricas brillantes, llegaron a la teoría que explica la ordenada independencia y
el movimiento de los planetas de nuestro sistema solar. Sin embargo, ese
sistema es esencialmente «funcionab), los ciclos son nítidamente recurrentes
requiriendo el más largo de ellos sólo algunos años terrestres para
se. Esta impresionante forma en que los científicos predijeron la posición de
los planetas invisibles fue, sin embargo, una predicción estática basada en las
características del sistema visible; y fue necesaria para complementar una vi-
sión ordenada de esta operación. No existe una verdadera teoría dinámica del
sistema solar, por no decir del universo. Es decir que no existe una formula-
ción comúnmente aceptada y verificable sobre los cambios en el sistema su
historia y su destino 3S.) ,
.Aun en de las, donde los períodos con los que
se tIene que lIdIar son mas lImItados, el InvestIgador puede asumir una estabi-
relativa estructuras y por períodos de miles y, algunas veces,
mIllones de anos. Pero para el InvestIgador de fenómenos socioculturales la
situación es muy diferente; para él, una estructura, un proceso o un
pue_de cambiar, frecuencia, en forma dramática, casi de la noche a la
manana. Evans-Pntchard ha señalado este punto de manera algo pintoresca:
. la misma en la Que podemos comprender la anatomía y la
fislOlogla del. caballo, sm saber nada acerca de su evolución a partir de un
de cI.nco dedos, compr.ender la estructura de una sociedad y
funCIOnamIento de. sus SIn conocer nada de su historia. Pero,
sm embargo, una SOCIedad, como QUIera Que sea definida, en ningún sentido
se un caballo, y un caballo sigue siendo caballo -por lo menos lo ha
segUIdo SIendo en los tiempos históricos y no se transforma en un cerdo o en
un elefante-, mientras Que una sociedad puede cambiar de un tipo a otro
algunas veces con gran rapidez y violencia 36.)) ,
.Todo esto quiere decir que las teorías en antropología tienden a ser más
en su en su aplicación que las de las ciencias fisicas y/o
blOl?glcas. Las teo?as serán válidas para un lugar y para
un en y sene de condiciones determinadas; pero
las condICIones SOCIales estan a en el tiempo; de ahí que
tengan que generarse nuevas teonas para Juzgar o para explicar las nuevas
34 Ibídem, pp. 99.100.
:: WILBBRT MOORE, Social Change (Englewood N. J.: Prentice-Hall 1963), p. 4.
E. E. a,nd Hlstory)) en Essays in Social An/hropolugy (London: Faber
and Faber, 1962, p. 55). (Hay edlcton en castellano. Siglo XXI).
..:,..48=-- JWBERT'
estructuras y el nuevo orden social; por ejemplo, es posible que una teoría que
esclarece la naturaleza social de los fenómenos religiosos en las sociedades de .
cazadores y recolectores, pueda ser de un valor muy limitado para aclarar la
naturaleza social de los fenómenos religiosos en una sociedad industrial.
Sistemas abiertos. En segundo lugar, los tipos de sistemas con que los
antropólogos tratan son sistemas muy abiertos. Es verdad que en la naturaleza
todos los sistemas son abiertos, pero los físicos, quizás por el tipo de variables
con el que tratan y porque pueden ejercer un gran control sobre ellas en
condiciones experimentales, parecen tener un gran éxito en establecer las con-
diciones para cerrar los sistemas que investigan. Los antropólogos, por otro
lado, al tratar con muchas más variables de diferentes tipos, son incapaces de
ejercer control sobre todas las variables relevantes posibles; de ahí, una vez
más, la naturaleza sumamente probabilística de nuestras explicaciones.
John Hospers comenta:
«La fisica está en una posición ventajosa en cuanto a que sus leyes son
más simples (no en el sentido de "más fáciles de entender", porque la física es
más dificil para la mayoría de los estudiantes que cualquiera otra ciencia empí-
rica, sino en el sentido de que las leyes de la fisica pueden establecerse bajo un
menor número de condiciones). Para establecer la velocidad de los objetos al
caer, uno puede olvidarse de casi todo el universo. Puede ignorar el color del
objeto, su olor o su sabor, la temperatura del ambiente, el número de personas
que observan la caída, y así, igual para miles de factores. En contraste, al tratar
con el comportamiento hurilano, sería difícil decir qué cosa podría ser relevan-
te (...). Lo mejor que podemos hacer, normalmente, es establecer ciertas ten-
dencias generales del comportamiento humano, admitiendo muchas excep-
ciones 37.»
Temas sociales. En tercer lugar, los fisicos y otros científicos de las ciencias
naturales, aunque no son completamente inmunes a las influencias de la so-
ciedad, parecen actuar con mayor libertad cuando se trata de responder a los
problemas generados por el desarrollo, interno de sus disciplinas. En otras
palabras, en cualquier período de su desarrollo los problemas que durante
mucho tiempo ocuparon a la fisica fueron. más o menos proporcionales al
nivel de sofisticación teórica alcanzado por las disciplinas en ese tiempo. Los
tlsicos abordan problemas para los cuales existen razonables probabilidades
de resolución. .
Sin embargo, la antropología y demás ciencias sociales frecuentemente
han tenido problemas para abrirse paso entre los intereses de la sociedad
aparte de que las herramientas analíticas y conceptuales disponibles para
disciplinas se han mostrado inadecuadas para la tarea de resolver los proble-
37 HOSI'ERS, An JlIlroduction lO Plri/osoplrical AI/alysis. p. 232.
. ANJIWPQLOG1A: MÉ.!-QDOS y Pl}!?BLEMAS EN LA FQR.MUJ.,ACJÓN DE 1'EORJ1§__
mas. Si bien muchos científicos sociales son muy sensibles a los problemas
sociales. de su tiempo, y freclJ,entemente sienten el «debeD) de abordarlos.
Cierto número de antropólogos fisicos, por ejemplo, se han percatado de que
la gran cantidad de tiempo y esfuerzo invertido.en el estlJ,dio de las ra,zas como
un .fenómeno biológico es desproporcionado si sólo se tuvieJlil eH cuenta la
significación de este problema en la evolución del Evidentemente
esta inversión de energía refleja la relevancia de la ra,za un
social. En realidad, las ciencias sociales ·son frecuentemente requeridas para
dar soluciones a una gran variedad de males sociales, cuyos orígenes radican
en una compleja serie de circunstancias. Para el científico social, esto significa
que está inevitablemente arrastrado hacia condiciones de investigación a las
cuales él debe intentar hacer frente con una gran cantidad de variables. La
sociedad espera una explicación y la espera con detalles. Y en consecuencia
los antropólogos demandan de sí mismos explicaciones detalladas. May Brod:
beck observa:
«El fisico puede conocer todos los principios involucrados y aun así es
posible que falle cuando intenta predecir cuántas hojas caerán de un árbol en
la próxima tormenta.
La lastimosa diferencia está, por supuesto, en que en las ciencias sociales
desesperadamente una explicación pormenorizada; mientras que
en fislca somos, con frecuencia, no tan puntillosos. Las leyes en las ciencias
sociales, si las tuviésemos, contendrían muchas más variables que las de la
fisica. Aun así, reprocharíamos a las ciencias sociales el no poder hacer lo que
tampoco pueden las ciencias modelo 38.,»
Ideología. Finalmente, se suele reaccionar a las proposiciones generales de
las ciencias sociales en un doble contexto: como teorías y como ideologías.
Esto ha dificultado la elaboración de teorías, conservando lo más fructífero y
descartando 10 menos o 10 erróneo. Frecuentemente, las teorías
son propuestas y se reaccIOna ante ellas en base a factores extracientillcos
como las implicaciones morales (o lo que se piensa que son sus implica:
ClOnes morales). De esta forma, muchas teorías pueden ser rechazadas no por
razones lógicas o empíricas, sino simplemente por ser excesivamente determi-
nistas o por parecer En realidad, algunas veces los méritos
lógicos y no son ni. considerados. Los antropólogos, antes
de han absorbIdo a la ciencia social folk de su cultura (es
declf, los COnOCIID1entos populares), que, en cierta medida, probablemente
puede ser precisa y perspicaz, pero que muchas veces pueden ser elucubracio-
nes·y absurdos.
Es verdad, por supuesto, que la antropología no es la única ciencia así
afectada. Basta una lectura rápida de la historia de la ciencia para hacer resaltar
l. MAVSllODBECK., \\On the Philosophy of\he Social Sciences)), PlJi/osophy uj'SciellL'e. 21 (1954): 146-147.
50
____________D_!.4V.-l-V-KAPUN. A. MANNERS
todos los tipos de factores extracientíficos que han tomado parte en la acepta-
ción o en el de teorías. Sin embargo, no creemos que estos factores se '
hayan entrometido tanto con las ciencias naturales como 10 han hecho con las
sociales. Lo que es más, los factores ideológicos se han hecho más evidentes
en reacciones ante aquellas teorías de la fisica que conllevan claras implicacio-
nes morales o aquellas en las que sus implicaciones para el hombre se han
percibido directamente.
La antropología, como cualquier otro campo de sistemática,
busca generar un conocimiento público y confiable acerca de su objeto de
estudio. Como 10 hemos hecho notar antes, el logro más sobresaliente de la
antropología ha sido la producción de una bibliografia vasta y rica, describien-
do frecuentemente de manera vívida las formas de vida de enorme canti-
dad de sociedades humanas, tanto del pasado como del presente., Pero esta
bibliografia es, en gran parte, historia natural y no ciencia teórica. La teoría es
un conocimiento organizado de tal manera que los hechos puedan agruparse
en principios generales. No solamente porque el conocimiento teórico es más .
fácil de comprender y de transmitir que el conocimiento organizado en otra
forma, sino porque tiene una potencialidad de desarrollo del que carece la
simple acumulación de datos. Realmente puede cuestionarse si una acumula-
ción de datos, por sí misma, merece ser llamada conocimiento. Creemos que
los antropólogos pueden aprender mucho de los filósofos de la ciencia y de los
científicos con pensamiento filosófico sobre los cánones que definen una ex-
plicación teórica satisfactoria. Pero, mientras estos cánones nos proporcionan
el «ideal» al que debemos aspirar, no debemos dejarnos intimidar por el fraca-
so de la antropología en lograr tales exigencias. Debe animarnos el saber que
aunque 'nuestras teorías rara vez, o nunca, logren tal «perfecciófi», las de las
ciencias naturales también son, con frecuencia, derribadas.
Teorías de la cultura*
Roger M. Keesing
INTRODUCCIÓN
2
«La cultura yanomamo», «la cultura japonesa)), ((la evolución de la
cultura», «naturaleza versus cultura»: los antropólogos estamos usando
todavía estas palabras y todavía pensamos que significan algo. Pero si
dirigimos la mirada hacia nuestros parientes primates y vemos cómo
aprenden tradiciones locales, usan herramientas y nlanipulan símbolos,
ya no podemos (jecir tan fácilmente que la «cultura» es esa herencia
de conducta simbólica aprendida que convierte a los seres humanos en
humanos. y si nos situamos en medio de los enmarañados rulos del cam-
bio y de la diversidad individual, ya no podemos tan fácilmente (jecir
que «una cultura» es la herencia común de la gente que integra una socie-
dad en particular. Además, cada vez somos más conscientes de que esa
idea holística, humanista, de cultura que sintetizaron Kroeber y Kluck-
hohn, incluye demasiadas cosas y demasiado difusas como para que poda-
mos separar analíticamente los cordones 'trenzados de la experiencia
humana o interpretar los dibujos qlJe aparecen tejidos con ellos. '
, En los últimos años se ha presentado como desafío el intento de aqui-
el concepto de «cultura» forma que incluya menos cosas y revele
mas. Como dIce Geertz ((reduclf el concepto de cultura hasta el talllañO...
de un concepto más estricto, más especializado... y más poderoso teóri-
camente)) (30, p. 4) ha sido uno de los temas Inás inlportantes de la
* De «Theories ofcullure», Aflflual Review uf Afllhrupology, llJ74, pp. 73-lJ7.
2 Estoy en deuda con el Center for the Advanced Study in the Behavioral Sciences, Stan-
ford, California, por haberme proporcionado una situación idílica en la que he podido escribir
este análisis. Doy lambién las gracias a Bridget Q'Laughlin, Mervyn Meggit, Triluki Nalh
Pandey y Gregory, Bateson pUf' sus útiles sugerencias.