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P ONTIFICIA U NIVERSIDAD C ATÓLICA A RGENTINA F ACULTAD DE F ILOSOFÍA Y L

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

CARRERA: LICENCIATURA EN HISTORIA

CÁTEDRA: SEMINARIO DE INVESTIGACIÓN I

PROFESOR TITULAR: J. M. LUQUI LAGLEYZE

LA PROVISIÓN DE LAS ARMAS BLANCAS EN EL

EJÉRCITO REAL DE AMÉRICA (1780-1810)

ALUMNO: MAGALÌ VIGETTI

REGISTRO: 060601300

INTRODUCCIÓN:

En el siglo XVIII una nueva generación de burócratas, pensadores y reformistas protagonizaron un gigantesco plan de reformas imbuidos de un nuevo concepto de la defensa del Imperio español. Este nuevo pensamiento dedicó especial atención a la planificación de la defensa, los modos de recluta y sus relaciones con la demografía de los países, las nuevas técnicas en la artillería, en la construcción de fortificaciones, refugios, cuarteles y almacenes. España vivió durante el período borbónico, y principalmente en el reinado de Carlos III, profundas transformaciones políticas y administrativas en los territorios americanos. Un aspecto fundamental de estas reformas fue la militar, pues pocos aspectos de América quedan exentos de relacionarse con la Institución Militar. En las Indias, el fracaso del antiguo sistema basado en importantes plazas fuertes fue sustituido por uno más complejo que supuso la creación del Ejército de América, estructurado en plazas fuertes permanentes en los puntos clave del continente, milicias y tropas expedicionarias 1 . A principios del siglo XIX dicho ejército se caracterizó por su inmovilidad operativa, su articulación al sistema de fortalezas y su calidad meramente defensiva. Aunque las sublevaciones indígenas alertaron la estrategia del sistema, luego del éxito todo volvió al estado anterior. Por ello, cuando las sublevaciones independentistas amenazaron el continente, el virrey del Perú debió conformar un ejército móvil y operativo, apto para trasladarse de un punto a otro del continente, invadiendo otros virreinatos para evitar la invasión del propio. Durante el siglo XVIII las Indias no fueron atacadas solo por piratas y filibusteros, sino por los mejores ejércitos y escuadras del mundo. Tras la humillante Paz de París y la conquista de Cuba por los ingleses en 1762, la monarquía se vio obligada a realizar una profunda reestructuración del sistema defensivo en América, así como del abastecimiento y financiación regular desde la península 2 . Es por ello que “es en el siglo XVIII cuando únicamente y con propiedad se puede hablar de un Ejército de América” 3 .

1 Cfr. CASTÁ ESTEBAN, JOSÉ LUIS, “Milicias provinciales en América y Valencia durante el siglo XVIII. Una comparación”, Universidad de Valencia, p. 2; y LUQUI LAGLEYZE, JULIO MARIO, El ejército realista en la guerra de independencia, Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1995, p. 115.

2 Para mayor información, Cfr. ALBI, JULIO, La defensa de las Indias (1764-1799), Instituto de Cooperación IberoAméricana, Madrid, 1987, P. 53; y MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, Oficiales y soldados en el ejército de América, Sevilla, Publicaciones de la Escuela de estudios Hispano-Américanos de Sevilla, 1983.

3 MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, op. cit., p. 3.

No considero que pueda hablarse de una “lentitud y estabilidad estática” tal como afirma Bartolomé Bennassar 4 para el siglo XVIII en América, pues a partir de la mitad de este siglo se sucedieron levantamientos indígenas en contra de las condiciones impuestas por los colonizadores, preparando los fermentos para la emancipación nacional, inspirados en la independencia de los Estados Unidos. Así, podemos mencionar hacia 1771 las revueltas de negros en Colombia, de los indígenas ecuatorianos, de los nativos de la región del Orinoco y otras regiones de Venezuela. Otra fecha clave de este fin de siglo es 1776, año en que se creó el Virreinato del Río de la Plata, inspirado en una nueva estrategia defensiva y comercial de la Corona española para sus colonias del sur. La Corona rompió con el sistema proteccionista comercial, lo que suponía la libertad comercial de las Colonias americanas con respecto a la Península. A partir de 1776 Lima y Nueva España dejaron de ser los ejes gravitacionales de la actividad militar y comercial, desplazándose hacia Buenos Aires, Caracas y el Golfo de México. Las reformas tuvieron como efectos la resistencia de los poderes locales a ser dirigidos desde la Península. Contra el incremento de la presión fiscal se produjeron motines y rebeliones (1780-1810), siendo la primera encabezada por Tupac Amaru en Perú. Este panorama se complicó aun más en el nuevo siglo, pues en 1805, la escuadra hispano- francesa fue derrotada en la Batalla de Trafalgar ante Gran Bretaña, lo que significó el fin de la supremacía española en los mares a favor de Gran Bretaña. Mientras, Napoleón, quien triunfó con la Revolución Francesa, aprovechando las disputas entre Carlos IV y su hijo Fernando, ordenó el envío de su ejército contra España en 1808 e impuso a su hermano José I en el trono. Frente a esta ocupación, España buscó independizarse de Napoleón, al mismo tiempo que las colonias americanas buscaban emanciparse de la Corona española. En este trabajo, entonces, nos proponemos analizar la situación del ejército español en América a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, debilitada tanto por las revueltas independentistas americanas, como por la crisis que atravesaba la propia España, dificultando el aprovisionamiento de las milicias españolas en sus colonias, poniendo especial atención en las armas blancas.

4 BENNASSAR, BARTOLOMÉ, La América española y la América portuguesa (siglos XVI-XVIII), Madrid, Sarpe, 1985, p.

10.

APROXIMACIÓN A LAS ARMAS BLANCAS

Las espadas y sables utilizados durante la guerra de independencia obedecieron a distintos modelos según fueran los usos, modelos extranjeros o tropas que los llevaran. Las necesidades de la guerra dieron lugar a la improvisación y al surgimiento de nuevos modelos reglamentados, acortándose las hojas de los sables rotos o intercambiando las empuñaduras por ejemplo. Como armas blancas se emplearon la bayoneta, la espada, el sable y la lanza. La primera correspondía a la infantería y a los dragones. La espada y el sable eran utilizados por todas las armas montadas (caballería, blandengues y dragones). El sable, arma algo curva, comúnmente de un solo corte, fue el arma genérica de la caballería desde el siglo XVIII 5 . Finalmente, la lanza era portada por algunos cuerpos de milicias 6 . Fue durante el Renacimiento cuando las armas blancas alcanzaron el punto más álgido de su desarrollo, como se puede comprobar por las piezas excepcionales que se han conservado en las armerías reales. Dicho desarrollo coincidió con la supremacía táctica de impacto, que fue considerado como el elemento decisivo en el combate 7 .

ARMAMENTO DEL EJÉRCITO REAL

A continuación desarrollaremos de manera más exhaustiva el armamento utilizado por cada cuerpo, a fin de evaluar a partir de ello el detalle de la provisión de las armas blancas.

1. INFANTERÍA

Las funciones de la infantería eran ocupar las diversas fortificaciones existentes en previsión de ataques, vigilar los puertos, las fronteras y en ocasiones, velar por la tranquilidad de la ciudad en la que estuviese la guarnición. Era el centro de la defensa americana. La infantería, veterana o miliciana, puede ser diferenciada en infantería de línea y ligera. En la infantería de línea hallamos tres grupos: fusileros, cazadores y granaderos. Los primeros contaban con un armamento compuesto básicamente por un fusil, bayoneta y bandoleras porta-

5 Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, Diccionario de historia militar. Desde los reinos medievales hasta nuestros días, Barcelona, Ariel, 2000, p.306.

6 BEVERINA, JUAN, El virreinato de las provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, Círculo militar, 1992, p. 243.

7 Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, op. cit., p. 32.

cartuchera y porta-bayoneta. Los cazadores portaban el mismo equipo, pero en este caso los fusiles eran más cortos y livianos. Los granaderos se distinguían por llevar sables cortos (los fusileros y cazadores los habían perdido a mediados del siglo XVIII), además del equipo uniforme de infantería. Estos sables tenían empuñaduras íntegramente de bronce con una guarda de varias ramas unidas a una cazoleta 8 plana bilobulada. La hoja es de un solo filo y posee una ligera e imperceptible curvatura. En la infantería ligera, a partir de 1795 los oficiales dejaron de utilizar correajes y fusil para emplear la espada como única arma, que fue luego sustituida por el sable, muy útil para el combate a pie.

Hacia 1803 apareció un nuevo modelo de sable de sargentos y granaderos de infantería con una hoja y empuñadura similares a las de las espadas largas de caballería de 1799, pero más cortas y con empuñadura de bronce. En 1815 se impusieron los sables de modelo francés llamados «briquete», compuesto por una empuñadura de bronce sólido y una hoja ligeramente curvada y de un solo filo. Tres años más tarde apareció un modelo para sargentos de infantería con empuñadura de bronce sólido cuyo pomo representaba un yelmo con cimera.

2. CABALLERÍA

La tropa de caballería utilizó carabinas o escopetas, lanzas, sables y pistolas en algunos casos. Al igual que la Infantería, la Caballería se dividía en tropa de línea y ligera. Dentro del primer grupo podemos encontrar a los granaderos, y dentro de la caballería ligera podemos encontrar a los húsares, los cazadores, los lanceros y los dragones. La caballería de línea se armaba de espadas largas de hoja recta y un par de pistolas en las fundas de la silla. Los húsares estaban armados de un sable corvo particular de su instituto y pistolas. Los cazadores a caballo también llevaban sables corvos y pistolas. Los lanceros, que eran escasas en número, portaban lanzas, sables y pistolas. Los regimientos de dragones, constituidos por soldados de caballería, podían trasladarse con rapidez adonde su presencia fuese solicitada, pero presentaban la misma operatividad que la tropa de infantería, ya que desmontaban a la hora del combate 9 . Por ello, este grupo utilizó un armamento

8 Cazoleta: guarda de la empuñadura de una espada que sirve para proteger la mano. Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, op. cit., p. 83. 9 Cfr. MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, op. cit., p. 66.

hibrido entre la infantería y la caballería, como sus distintivos «sables de dragones», fusiles, escopetas y pistolas, además de lanzas y hoces 10 . Las tropas de Dragones llevaban modelos propios de sables desde mediados de siglo XVIII, que eran similares en su empuñadura a las espadas largas de caballería, pero algunos presentaban hojas ligeramente curvas con un falso filo algunos, y otros con un lomo cuadrado. Los primeros modelos regularizados de espadas fueron introducidos por Felipe V a principios del siglo XVII, pero su uso fue reglamentado en 1728. Este tipo de espada con ligeras variantes fue utilizada hasta principios de siglo XIX. La característica distintiva de estas «espadas largas», además de su larga y fina hoja tomada para su denominación era “su guarda formada por una cazoleta o canasta, en forma de concha bilobulada, en la que la del reverso es menor que la del anverso” 11 .

En 1799 apareció un nuevo modelo de espada de caballería y dragones, que modificaba la empuñadura aunque seguía manteniendo las mismas hojas de las anteriores. En 1807 aparecieron los primeros sables de caballería, que se venían desarrollando hace cuatro años, y que además presentaron un nuevo tipo de hoja para las empuñaduras de 1799. En 1807 apareció una espada recta de caballería de línea con filo en ambas caras para los

dragones, además se compraron sables ingleses, cuyo modelo de caballería era similar al español para esta época. También fue creado un nuevo sable que tuvo como modelo a los sables alemanes e ingleses, y fue utilizado por los húsares y los cazadores a caballo. Su rasgo distintivo es la empuñadura de madera con cordón de plata de tipo ingles y su resguardo curvo en la parte superior

y terminada en ángulo recto. La hoja es muy curva y aguda hacia la punta y sin canales.

Siete años más tarde, aparecen nuevos sables de caballería de inspiración francesa, con empuñadura de bronce y madera forrada en cuero y con hilos de cobre, como las utilizadas en dicho país y en Alemania, aunque la hoja continuaba siendo igual. Además, desde fines del siglo XVIII existían sables con empuñaduras de corte francés, siendo más ligeros que las tradicionales espadas pesadas de caballería. Hacia 1815 aparecieron sables de dragones con empuñaduras de tipo alemán, de bronce o acero con puños de madera forrados en cuero. Los sables de los húsares aparecieron con las tropas expedicionarias, y eran de corte similar

a los franceses, con simple resguardo en bronce y casi cuadrangular, similar a los sables de los

10 GÓMEZ PÉREZ, CARMEN, El sistema defensivo americano – siglo XVIII, Madrid, Colecciones MAPFRE 1492, 1992, p. 98. 11 LUQUI LAGLEYZE, JULIO MARIO, op. cit., p. 133.

oficiales de Infantería. La hoja era levemente curva y larga, “especialmente diseñada para herir el pecho del enemigo con el brazo naturalmente extendido” 12 .

3. ARTILLERÍA

Desde fechas tempranas, en España se hizo patente la necesidad de contar con personal bien formado en la técnica artillera. En época de Felipe V se restablecieron escuelas de artillería por todo el territorio peninsular: la Escuela de Artillería y Bombas de Cádiz en 1710, o las Escuelas de Matemáticas y Artillería de Barcelona, Pamplona y Badajoz en 1722 13 . Carlos III creó en 1760 el Real Cuerpo de Artillería, la Compañía de Caballeros Cadetes y el Real Colegio de Artillería de Segovia, que fue el primer intento de escuela militar para formar oficiales. En cambio, durante el siglo XVII y algún tiempo del XVIII, la artillería americana no existió como tal, sino que dentro de las mismas compañías de infantería había unos grupos de soldados que estaban encargados de utilizar cañones y demás piezas de fuego 14 . Por añadidura, en América no se construyeron academias militares hasta bien entrado el siglo XVIII, frente a la necesidad de dignificar los cuerpos militares. Como las unidades de artillería se localizaban en las grandes plazas, su principal característica fue su inmovilidad, pues tenían como función específica defender los puntos fuertes de cada territorio y nunca se movían de allí 15 . Sin dudas, la artillería es el arma que más evolucionó a lo largo del siglo XVIII, teniendo en cuenta su estancamiento en épocas anteriores. Se produjo una diversificación del material teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada plaza, desarrollando la utilización de piezas como las bombardas, culebrinas, morteros y pedreros 16 . Los artilleros iban armados con tercerolas o carabinas-mosquetones de modelo propio, además de sables de tipo de abordaje, machetes y machetes-bayoneta. Los zapadores llevaban fusiles cortos, escopetas o carabinas, machetes 17 y un sable corto como de granadero. La artillería y los zapadores llevaban además un sable corto del tipo de los producidos para la Real Armada como sables de abordaje. Asimismo existió un machete de zapadores creado hacia 1803, recto de filo

12 Ídem, op. cit., p. 134.

13 Cfr. REYES BRISQUET TORRES, MARÍA DE LOS, Y FUENTES LEGAZ, ENCARNACIÓN, Las Academias de Artillería en

América en el siglo XVIII, Madrid, UCM, Militaria, nro. 10, 1997, p. 265.

14 Cfr. MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, op. cit., p. 65.

15 Cfr. MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, op. cit., p. 65.

16 Para mayor información sobre estas armas, Cfr. GÓMEZ PÉREZ, CARMEN, op. cit. p. 104.

17 Machete: arma más corta que la espada, de mucho peso y de un solo filo. Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, op. cit., p. 50.

interior y con dientes de sierra y un agujero en la punta para que pasando una baqueta 18 sirviese de sierra de dos manos. Los oficiales solo llevaban sables de diversos modelos y decoraciones, de impronta personal que no estaban regulados ni aprobados por la corona, pero eran tolerados, y excepcionalmente, pistolas. Los sargentos portaban las mismas armas que la tropa, pero sables cortos en lugar de machetes.

FÁBRICAS Y TALLERES DE REPARACIÓN

La primera Sala de Armas fue creada por el virrey Hurtado de Mendoza en el siglo XVII, en el mismo palacio de Gobierno de Lima, allí reunió a toda la Artillería existente en la capital y una abundante provisión de municiones y gran numero de armas. Durante el siglo XVIII se crearon nuevos arsenales en Lima y la fortaleza del Callao, levantada a mediados de siglo, que poseía una sala de armas cuya misión era de almacenaje y conservación del armamento portátil y municiones. Las armas de fuego portátiles y las armas blancas que no estaban en poder de las tropas, eran guardadas en la Real Armería del Virreinato del Río de la Plata, que además de depósito servia como taller de reparaciones 19 . No deben olvidarse tampoco las armas en poder de los habitantes, que eran toleradas por las autoridades pues veían en ello un valioso auxiliar para casos de emergencia, y no como un peligro a la alteración del orden.

La fabricación de todo el armamento y munición se llevaba a cabo normalmente en la Península, donde se había desarrollado a lo largo del siglo XVIII una importante industria específicamente destinada a ello. Las fábricas más importantes fueron las maestranzas de artillería, destacando la de Sevilla, fundada a mediados del siglo XVI como «Real Casa de Fundición», y se dedicaba a la fabricación de todo el armamento y munición con destino a América. Otras maestranzas fueron la de Barcelona, y la de Cádiz; pero de las tres, Sevilla fue el centro fundamental de abastecimiento de las colonias. No obstante, Cádiz mandó algunos navíos, concretamente a San Agustín de la Florida y a La Habana; y Barcelona también participó en el envío de armamento 20 . Además, junto a las

18 Baqueta: varilla de acero anexa al arma de fuego. Antiguamente era de madera, pero en el siglo XVIII se hizo de acero. Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, op. cit., p. 47.

19 BEVERINA, JUAN, op. cit., p. 243.

20 Cfr. GÓMEZ PÉREZ, CARMEN, op. cit., p. 106.

expediciones se enviaban víveres y ropas, comprados en Sevilla, y un importante armamento procedente de Sevilla y Vizcaya. Con respecto a las otras fabricas, como Madrid (especializada en la fabricación de arcabuces), Guipúzcoa, Ripio, Palencia y Oviedo (especializada en armas portátiles), no tenemos información sobre posibles envíos de material fuera de la Península 21 . Además de las maestranzas, conocemos la existencia de otras fábricas, probablemente con un nivel familiar y menos modernizadas. Son los casos de la fábrica de Plasencia, que se dedicaba especialmente al abastecimiento de armas de fuego.

En América, el número de fábricas fue mucho más reducido. Los centros fundamentales fueron México y Santa Fe de Bogotá. Aunque no de muy buena calidad, la producción de pólvora de esta última era indispensable para el abastecimiento de todo el Virreinato y buena parte para la capitanía general de Venezuela, aunque en general la mayor parte del material provenía de España. Por ello, paralelamente a estos centros existieron fábricas y talleres americanos, como en Puerto Rico y en Realejo (Guatemala). El resto de las plazas americanas tenían que abastecerse, bien a traves de estas fabricas, bien a traves de la Península. En las plazas más importantes había al menos un almacén para guardar todo el armamento y la munición disponible, donde era común la existencia de un almacén específico dedicado a la provisión de pólvora, otro para la munición y otro para las armas. Además, en los almacenes contenían todo tipo de elemento susceptible de ser utilizado para la defensa, como por ejemplo, garfios de hierro, palas, picos, poleas, tachuelas, piedras, barras de plomo, correas, palancas, carros para el transporte, etc. Sin embargo, es lamentable el estado edilicio de estos almacenes. La mayor parte de los almacenes no reunían las condiciones adecuadas para la conservación del armamento, pues muchas veces se reducían a simples chozas (llamadas «tendales»), donde el material no estaba protegido. Las adversidades del clima, como la humedad o los temporales (especialmente peligrosos para los edificios poco seguros), oxidaban rápidamente el material, dejándolo inutilizable.

21 Cfr. Idem, p. 107.

ABASTECIMIENTO Y DISTRIBUCIÓN DEL ARMAMENTO

Las fábricas de Nueva España proporcionaban armamento directamente a Veracruz, que a su vez lo distribuía a buena parte del Virreinato (a Campeche, Santo Domingo y La Habana). Puerto Rico en parte se autoabastecía, y en parte recibía algún material de Veracruz. Finalmente, todas las plazas restantes dependían prácticamente en su totalidad de los envíos de la Península, y ésta a su vez dependía de la metrópoli, la cual sufría serios problemas de abastecimiento para la mayoría de las guarniciones americanas. Los envíos se efectuaron bajo tres modalidades 22 :

1. Contratos con particulares.

2. Contratos con compañías.

3. Envíos a través de la Real Armada.

En los dos primeros casos, los beneficios obtenidos por los comerciantes y tratantes y por las compañías fueron muy importantes, ya que ello les posibilitaba un amplio comercio con las colonias americanas, no solo de armamento sino también de víveres y hombres como unidades de refuerzo. Los ejemplos de contratos con particulares son muy numerosos, y fueron aprovechados por la corona como soporte a su empresa 23 . Entre los contratos con compañías podemos mencionar fundamentalmente a la Compañía de La Habana, que abastecía principalmente a Cuba y a Florida, y la Compañía de Guipuzcoana de Caracas. Cabe destacar que las compañías que participaron en los envíos de armamento, munición, uniformes y hombres se comprometían al transporte en sus propios barcos. Sin embargo, en ocasiones estos navíos no se llevaron a cabo con la efectividad necesaria, debido a amenazas exteriores o mal clima.

Finalmente, los envíos de la Real Armada (es decir, de la Corona) en navíos ocuparon un tercer lugar. Este sistema se utilizó a lo largo de todo el siglo con una especial incidencia desde 1750, con el objetivo de abaratar los costos y probablemente disminuir la creciente participación de particulares y compañías en el comercio americano. Esta nueva política, que sin dudas benefició a la hacienda militar, perjudicó a los fletes particulares que hasta el momento habían logrado un importante comercio con las plazas americanas. Aun así, la nueva política de comercio libre

22 Para mayor información sobre las fuentes de financiación del aparato militar, Cfr. MARCHENA FERNÁNDEZ, JUAN, op. cit., pp. 16-29. 23 Para mayor información, Cfr. GÓMEZ PÉREZ, CARMEN, op. cit., p. 108.

devolvió el protagonismo a las compañías en el transporte y abastecimiento de las plazas americanas. Entonces, los navíos de las compañías y de los particulares junto a la Real Armada transportaron al mismo tiempo hombres, alimentos, medicinas, uniformes, cañones y pólvora para la subsistencia de las guarniciones americanas. Además, con frecuencia también embarcaban soldados, mujeres, niños y criados 24 . Cuando el material llegaba a América, era distribuido a sus lugares de destino a traves de una serie de plazas que actuaron como centros colectores y redistribuidores de abastecimiento y pertrechos 25 , tanto de los envíos procedentes de la Península como de los fabricados en las colonias (Veracruz, La Habana, México, Lima, etc.). Por supuesto, cabe imaginar que esta burocratizada red de distribución suscitó numerosos problemas.

En primer lugar, el largo tiempo transcurrido entre las peticiones de material y los envíos del mismo, en especial cuando era solicitado a la Península. Esta demora no se debía a la distancia, sino al lento mecanismo burocrático peninsular. Los pedidos, cuando llegaban a Madrid, necesitaban la orden de envío emitida por la Secretaria de Indias. Una vez obtenido este permiso, se seleccionaba el material en alguno de los Reales almacenes, y para cuando éste era embarcado, ya habían transcurrido varios meses desde su pedido. Asimismo, la escasez de medios económicos para efectuar los envíos, la falta de planificación e incluso, equivocaciones en la llegada de los pedidos a destino, se sumaban a la lista de problemas en el abastecimiento del armamento. Muchas veces, en momento de escasez de armamento o frente a una sospecha de ataque enemigo, el centro colector se apropiaba de los envíos en lugar de remitirlos a su destino.

En suma, la escasez de armamento no dependía tanto de la existencia real del material, pues se fabricaba con bastante regularidad, sino a la efectividad del sistema de transporte. Por ello, era normal encontrar armamento procedente de otros países, a pesar de las trabas impuestas por la metrópoli al comercio extranjero, así es como hallamos cañones de origen italiano, portugués y francés, además de hierros ingleses. Además, la lentitud en el transporte del material muchas veces ocasionaba que el armamento llegase a destino en estado lamentable o casi inservible, pues muchos barcos no cumplían con un almacén para su protección.

24 Cfr. GÓMEZ PÉREZ, CARMEN, op. cit., p. 110. 25 Pertrechos: municiones, armas, máquinas de guerra necesarios para el ejército o la armada. Cfr. BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA, op. cit., p. 270.

En 1797, una remesa de mosquetes enviada para las milicias de Tlaxcala estaba en tan malas condiciones, que cuando el regimiento salía a realizar las practicas, alguien de la tropa debía dedicarse a recoger las piezas de los mosquetes que se caían al suelo. Este es un caso extremo, pero no deja de revelar los síntomas de la fragilidad del sistema.

Con respecto al Virreinato del Río de la Plata, carecía de industrias aplicadas a las necesidades de la guerra, y hasta de materia prima, siendo totalmente tributario de España en el abastecimiento de lo indispensable para armar, vestir y equipar a sus tropas. Al comenzar el siglo XIX la carestía de armas blancas en la Real Armería de Buenos Aires obligó a intentar la fabricación de sables y espadas, aunque el resultado no fue bueno. Solo la urgencia de la situación excusó el gasto ocasionado por un artículo de inferior calidad, comparado a lo recibido anteriormente de España 26 .

En síntesis, a pesar de los numerosos planes de defensa y las continuas inversiones para la misma, resultado de una evidente preocupación de la Corona, la estructura defensiva americana no fue tan sólida como se la había concebido, sino que la ausencia de una eficaz planificación administrativa fue la característica principal del sistema.

26 Cfr. BEVERINA, JUAN, op. cit. p. 240.

BIBLIOGRAFÍA

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ARCHER, CHRISTON I., “The role of the Military in Colonial Latin America”, en The History Teacher, Vol. 14, No. 3, Special Issue on Teaching Latin American History (Mayo, 1981), pp. 413-

421.

BARREGUERO BELTRÁN, CRISTINA,

Diccionario

de historia militar. Desde los reinos

medievales hasta nuestros días, Barcelona, Ariel, 2000.

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de Artillería en América en el siglo XVIII, Madrid, UCM, Militaria, nro. 10, 1997.

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