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Daniel Medvedov

Traducción
Develación
Madrid
2009
TRADUCCIÓN Y DEVELACIÓN
No son los traductores los culpables de los
malentendidos provocados por un texto antiguo. El texto
en si es metafísico, alegórico, hiperbólico, o simbólico y,
a la vez, arquetipal. El traductor sólo "traslada" o
"transpone" una lengua en otra. No cambia nada, no se
involucra en el "sentido", sólo desplaza "significados" y
ofrece el sentido de las palabras utilizadas. Los culpables
de las ideas falsas como el nihilismo, la desesperanza, el
odio y la desilusión son los "intérpretes", los "vates", los
"explicadores" del sentido del texto, es decir algunos de
los eruditos, los que describen y analizan.
Si un erudito no es sabio es como un mono delirante
que agarra una muletilla y de ahí no lo saca nadie. No se
allana a razones, no oye a los demás, tal vez no posea la
capacidad de tolerar la ignorancia de sus congéneres. En
una palabra es un "necio".
Por otra parte, la sabiduría no se alcanza con el
estudio, es un don divino, es decir, un regalo recibido "sin
merecer"– como dicen los individuos realizados para
mostrar su modestia al interlocutor.

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Con el erudito la comunicación se vuelve imposible.
Él tan sólo quiere "informar"; informarte acerca de lo que
"tú"– no sabes. Lo correcto sería, tal vez, "de lo que tú
no conoces". Ahora bien, el conocimiento es infinito,
nadie puede alcanzarlo. El erudito es como un reloj que
anda en busca del tiempo perdido. Todos los relojes, con
la excepción de los relojes dibujados sobre un papel, o sea
los que poseen la hora fija, todos los demás relojes que
"andan", están fuera del tiempo, fuera de la hora.
Asimismo el erudito está fuera del conocimiento, es decir
de la sabiduría.
La Sabiduría es como el tiempo y el erudito como el
reloj andando, mostrando la hora. Si el reloj no se para,
jamás alcanzaría mostrar la hora perfecta. Nunca encajaría
"en" y "con" el tiempo. Por ello, cuando el erudito se
para, y deja ya de estudiar, de buscar, de conocer el
"conocimiento" y se retorna a si mismo y se recoge sobre
si mismo, se le revela algo que hasta entonces no había
conocido. Ese algo es la sabiduría. Pero el reloj debe
pararse. La fuga loca del intelecto en busca del arca nunca
perdida debe terminarse. En ese preciso instante comienza
la discriminación, el discernimiento, la contemplación, la
visión, la concentración, la meditación. Con esas
herramientas, el sentido auténtico de todo texto es
develado, para luego, de nuevo velarse y re-velarse para
las generaciones posteriores.

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Un texto debe ser velado de nuevo, es decir re’
velado. Si se deja, abierto, des-velado, a la intemperie de
las opiniones necias de cualquier paracaidista, ese mismo
texto muere, es asesinado, o empieza a oler a podrido
como el personaje Lázaro del Nuevo Testamento. Lázaro
era un texto sagrado dejado a la vista, des-velado. Habría
que velarlo de nuevo para que los necios no metan su
nariz ahí, y los delirantes no se arrimen con sus cucharas
para poner el caldo morado.
No cualquiera puede meterse en un texto sagrado.
Para comprender eso a cabalidad, vamos a escuchar todos,
la espeluznante maldición de uno de los más leídos libros
sagrados del mundo de hoy: "…si alguno añade, le
añadirá Dios las plagas descritas en este libro. Y si
alguno quita de las palabras de este texto profético,
quitará Dios la parte que le corresponde en el árbol de la
vida y de la ciudad santa, así como está descrito en este
libro.". La advertencia se dirige a los intérpretes, como se
pueden dar cuenta, no a los traductores de buena fe.
Llamo "traductor de buena fe" al que, aún ignorando el
sentido trascendente de las imágenes del texto, trata de
ofrecer a sus congéneres la posibilidad de entenderlo por
ellos mismos. No es al ignorante a quien maldice el autor
sino al sabiondo, al que "manipula", es decir al
"quitipón", al que quita y pone para provecho suyo y de
los suyos. ¿No les suena familiar esto?

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¿No han tenido la oportunidad de conocer
oportunistas y manipuladores de las imágenes y de
palabras? Sí, es el creativo de la agencia de publicidad
más peligrosa de la humanidad: la religión, el sistema
religioso, mas no la "religiosidad" del pueblo.
Todo sistema religioso es digno en sus principios,
pero con el tiempo envilece, se pudre, es ensuciado y
manoseado por los eruditos teólogos. Una religión puede
ser pura durante tal vez tres generaciones, o sea por unos
cien años. Con cada año que pasa se le agregan capas y
capas de manipulación y malentendidos. Por ello nacen
nuevas religiones, para que la gente no quede atascada en
un disco rallado durante generaciones y generaciones,
durante milenios y milenios de locuras y dogmas de fe.
Puras tonterías elevadas a la categoría de verdades
trascendentes. Ninguna de las religiones actuales merece
la atención de la juventud. Por ello, los muchachos tratan
de formular sus propias visiones, se descargan en sus
propias alegrías y desasosiegos. Hace tiempo que no nace
religión alguna. Hoy día, el joven se burla de todo intento
de encasillarlo en prácticas a destiempo y a falta de algo
que le abra las puertas del corazón, se arrima al canto, a la
droga y al sexo.
Este es el peligro de la falta de una religión. En si
mismo, el concepto de "religión" es digno y auténtico
pero los eruditos lo ensucian y lo empañan con sus ideas
locas.

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Luego vienen los benditos manipuladores y arreglan
todo, para que el muerto parezca "como vivo". Ese
maquillaje del muerto provoca risa a los jóvenes que
buscan lo vivo, lo vibrante, lo amoroso. No les sirve un
cadáver. Al fiambre, ¡que lo pongan en el cementerio!
De cuando en cuando y de tiempo en tiempo, las
nuevas generaciones se rebelan y su rebelión parece
revelación. No es casual que esa palabra casi siempre está
mal escrita: REBELAR con Be de "burro" y REVELAR
con Ve de "Venezuela". Lo que importa es alzarse en
contra de los manipuladores, en contra de los "creativos"
de la agencia de publicidad que maneja los fondos de la
joven generación de lectores. A los manipuladores hay
que expulsarlos y eliminarlos. No se necesitan. Tú mismo
eres capaz de comprender todo, sin “ayudantes”.
No necesitas que te lo digan, que te lo "interpreten".
Si no comprendes, pide a Trios que te lo devele y Trios, es
decir la vida misma, te va a elevar el velo que cubre y
tapa la figura auténtica de la Verdad: sin intermediarios
comprenderás el sentido de lo veraz.

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EXPLICACIÓN
El APOCALIPSIS es un cúmulo de visiones que
evocan lo que ocurre en un ciclo temporal de 25.920 años.
Hay varios momentos de crisis y varios de retorno a la
normalidad. Actualmente tenemos graves problemas en
nuestra sociedad: nos encontramos al final de los primeros
6.000 años de este ciclo de 25.920 años. Hay cuatro
períodos de 6.000 años aproximadamente. Los primeros
2, los 12.000 representan la primera parte del ciclo y los
otros 12.000 la segunda parte. Cada parte de 12.000 tiene
a su vez dos partes de 6.000 y entre ellas, es decir cada
vez que se consume una de las partes de 6.000 hay un
instante delicado en la historia y por ende en la sociedad.
De hecho la revelación es un nuevo (re-) velar, es
tapar de nuevo la olla para que la gente no se burle de lo
que allí está dicho. Revelar una foto es, en otras lenguas,
developar. Esa partícula de- el prefijo de- quiere decir
"sacar", "quitar", "elevar", "separar de". Quitar el velo de
una estatua es "des-velarla". Un texto sagrado no
comprensible es como una estatua. Cuando el texto es
explicado equivocadamente, cuando la enseñanza es
tergiversada, la estatua se vuelve un cadáver maloliente,
un Lázaro muerto y podrido. En ese momento es
necesario un maestro que reviva, que vivifique el texto,
explicando su verdadero sentido, o "elevando" su sentido
hacia su uso auténtico y existencial.

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Lázaro no era un hombre, era un libro sagrado, mal
entendido y mal explicado. Las traducciones son siempre
correctas. El problema aparece cuando en el escenario
surge el sentido. Pocos entienden cabalmente lo que oyen
o lo que leen. Por ello se necesita de una develación.
Necesito a alguien que me "devele" el sentido de las
cosas. De paso, si hay algún error técnico de traducción,
el "develador" lo arreglaría rápidamente, sin ninguna
pretensión. Es como cuando los médicos, por causa de un
motivo específico, descubren algún pequeño problema
lateral, como por ejemplo un apéndice inflamado en una
operación de cesárea.
El "develador" te "devela" el sentido de las cosas y de
las palabras. El oficio de "develador" es desconocido en la
sociedad moderna. Antes se llamaba "sabio".