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J OSÉ M ANUEL V ENTURA

H ISTORIA
ILUS T RADA
DE CÓRDOBA
J OSÉ M ANUEL V ENTURA

H ISTORIA
ILUS T RADA
© José Manuel Ventura Rojas, 2004
DE CÓRDOBA
© Editorial Almuzara, s.l., 2004

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este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por
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Editorial Almuzara
Colección Andalucía

Director editorial: Antonio E. Cuesta López

Fotografía: José Carlos Nievas


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Imprime: Proyectos Gasmath
Córdoba (España)
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E
n el mundo intelectual la pluralidad y la diversidad suelen
identificarse con la riqueza. Pero la reconstrucción del pasa-
do de Córdoba hecha en estas páginas no es una más. Es la
caracterización de su fisonomía urbanística debida a un profesional.
Desde el inicio de la obra resulta, así, ostensible el afán de síntesis
de unos procesos socioculturales trazados con tanta puntualidad
informativa como rigor analítico. El intimidatorio desafío de captar
en muy reducido número de páginas la evolución de una de las
ciudades de mayor densidad espiritual de todo el Occidente aparece
envidiablemente superado por el autor. La armonía, el equilibrio
en el estudio de los distintos capítulos de la andadura de la que
fuera durante casi una centuria capital de un Estado de estatuto y
rango semiimperiales, presiden todo el quehacer de José Manuel
Ventura Rojas, sorteando con éxito los peligros del especialismo
así como los del anecdotismo fácil.
Todo se ofrece, pues, en esta versión de la milenaria trayectoria
cordobesa como sustancia vivificante de un legado civilizador de
orden superior y, en algún momento, casi único. Tal labor, ya se
entiende, sólo resulta hacedera a plumas como la de José Manuel
Ventura, abastadas de saberes bien asimilados y dotes literarias
descollantes. Ninguno de los lectores de la obra que ahora em-
prende su aventura dejará de comprobarlo.
La flamante editorial Almuzara, de tan loable ambición an-
daluza, hace, pues, con la publicación de la obra, una sólida
apuesta por una historia de Andalucía en que la socialización de
su conocimiento se acometa desde el enfoque más exigente y la
sensibilidad más tremante.

José Manuel Cuenca Toribio


Córdoba, 6 de junio de 2004
DE LA PREHISTORIA A LA
C ÓRDOBA ROMANA Y VISIGODA

V ESTIGIOS DE LA C ÓRDOBA PRERROMANA

R
emontarse a los orígenes de la ciudad de Córdoba su-
pone entrar en un terreno que se pierde en las brumas
del pasado. Los restos materiales prehistóricos hasta
ahora encontrados en la comarca circundante nos dan una
idea aproximada de la antigüedad de la presencia humana en
la región. Seguramente no alcanzan a dibujar completamente
toda la complejidad de la vida de los hombres de la época. La
lejanía en el tiempo, el nomadismo y los cambios climáticos
del período, así como la fragilidad de los restos de su cultura
material contribuyen a dificultar la labor de los investigadores.
Ello no quiere decir que la provincia sea pobre en hallazgos
paleolíticos. Baste con señalar que uno de sus vestigios humanos
más antiguos se halló en las cercanías de la ciudad, en el arrollo
del Tamujar, junto a Alcolea. Hablamos del cráneo del que en
su día se llamó, entusiástica y algo ingenuamente homo fosilis
cordubensis, perteneciente a un Neandertal y que debe datar del
período post-musteriense (en torno al 32.000 antes de Cristo,
para fechas tan remotas nos moveremos entre aproximaciones).
Los materiales hallados en un estrato más superficial del yaci-
miento atestiguan que, en el tránsito hacia el Epipaleolítico y el
Neolítico (VI-IV milenios a. C.) se establecieron campamentos
cada vez más prolongados en la zona.
Todos los autores coinciden en señalar el origen de esa presen-
cia humana tan temprana debido a la estratégica situación de la

[9 ]
“...Córdoba, ciudad famosa, actual ciudad: junto a un río importante como el posterior, recibiendo además influencias externas: durante
madre de famosos hijos, Guadalquivir, en un punto fácilmente vadeable el II milenio a. C., el ámbito andaluz vivió manifestaciones
de Sénecas y de Lucanos, de su curso medio, y a caballo entre los recursos culturales tan singulares como el megalitismo, la cultura del
capitanes y caudillos, que podían ofrecer la campiña y Sierra Morena, «vaso campaniforme» o los poblados metalúrgicos argáricos,
fue del romano Marcelo que cada vez se harían más atractivos a medida conviviendo gentes dedicadas a la agricultura y ganadería y a
ilustre y claro edificio,
que se fueron desarrollando las actividades la explotación de los metales.
por lo fértil del terreno
agrarias y la metalurgia. Por ello, el núcleo allí En el período del Bronce Final o precolonial de Tartessos
y lo admirable del sitio.”
fundado tuvo garantizada su continuidad. (1100-750 a. C.) debió ir desarrollándose el asentamiento
Juan Rufo, La fecha más segura para la fundación del cordobés, al cobrar cada vez mayor importancia la explotación
Romance de los Comendadores primer asentamiento definitivo en el territorio minera de la zona. La metalurgia del hierro, que comenzaba
que ocupa hoy Córdoba capital se sitúa a me- a darse en el Mediterráneo oriental, aún tardaría en llegar al
diados del III milenio a. C., en pleno período oeste. Poco a poco, los poblados como el de Colina de Que-
Calcolítico. Las excavaciones arqueológicas mados fueron estableciendo contactos y recibiendo influen-
llevadas a cabo entre mediados de la década de cias de otros núcleos habitados que proliferaban en torno al
los 60 y los 70 del siglo XX nos han mostrado curso bajo del Guadalquivir (Carmona, El Carambolo, Cerro
que esta fundación tuvo su emplazamiento en Macareno, Cabezo de San Pedro, La Joya, Niebla, en las ac-
la zona denominada «Colina de Quemados», tuales provincias de Sevilla y Huelva). En esta última zona se
hoy ocupada por el Parque Cruz Conde: una encontraba Tartessos, considerado el más culto y desarrollado
elevación del terreno de entre 15 y 20 metros de los pueblos ibéricos y que, según parece, contaba con una
de altura (actualmente menos perceptible por monarquía que alcanzó un dominio e influencia más o menos
la urbanización) y que discurre paralela a la extensos sobre el Sur de la Península Ibérica. De su poder y
orilla del río, en sentido Noreste-Suroeste, con su fama nos han llegado retazos en forma de diversos restos
aproximadamente kilómetro y medio de longi- arqueológicos e historias semilegendarias recogidas por autores
tud, aunque el asentamiento ni mucho menos grecorromanos posteriores.
ocupaba toda aquella extensión. El nivel más A partir del 750 a. C., continuó el crecimiento de los nú-
antiguo (de los 18 que se han excavado) muestra cleos de población campiñeses y se fue haciendo cada vez más
un poblado formado por reducidas aglomera- presente la influencia semita y, en general, del Mediterráneo
ciones de cabañas hechas con ramaje, adobes oriental. Este Período Orientalizante (siglos VIII-VI a. C.)
y zócalos de piedra y una cerámica bastante se caracterizó por el desarrollo material debido, en buena
pobre, hecha a mano, típica de una comunidad medida, a las aportaciones que fundamentalmente los fenicios
cuya economía era esencialmente agropecuaria. introdujeron de modo gradual en el ámbito andaluz, fruto de
Pero la ya mencionada ventajosa situación, en los intercambios comerciales y culturales con los tartesios y
un punto desde el cual era fácil defenderse y el resto de poblaciones de la zona. La presencia griega (sobre
controlar el territorio y un importante nudo todo focense) fue más limitada, reducida y tardía, haciéndose
de comunicación, iba a favorecer su desarrollo visible a partir de la primera mitad del siglo VI a. C. Aparte

[10] [11]
debe mencionarse también la influencia indoeuropea, prove- Los tesoros de la Aliseda (Cáceres) y el Carambolo (Sevilla)
niente del norte peninsular, de comunidades célticas. son los máximos exponentes de ello. Pero en el territorio de
Este influjo orientalizante fue decisivo para la transfor- la actual provincia de Córdoba apenas hay vestigios de esos
mación de aquella sociedad hacia una mayor diversificación productos suntuarios, fruto de la explotación de los recursos
económica. Se cree que los fenicios pudieron introducir el del territorio y del comercio. No sabemos si no ha habido
cultivo del olivo (tan importante para el futuro de la región), suerte en las excavaciones o, más probablemente, se deba a
pero es una hipótesis no confirmada. Lo que sí resulta evi- que no vivía allí una aristocracia tan importante como la de
dente es que dicha práctica vino a enriquecer las actividades la zona onubense y del Bajo Guadalquivir (que demandaba
agrarias indígenas tradicionales: sobre todo el pastoreo y la y podía permitirse lucir dichas riquezas). Lo que sí está claro
apicultura. Además, la acumulación de riquezas en manos es que se incrementó la actividad minera, cuya producción se
de las élites tartesias se tradujo en la proliferación de monu- destinaba al comercio con los mercaderes fenicios. Desconoce-
mentos y objetos de lujo, símbolo de su poder y prestigio. mos hasta qué punto este desarrollo fue iniciado por aquellos

[12] [13]
colonizadores o por tecnología e ideas autóctonas. Oro, plata uso del torno rápido de alfarero, aunque lentamente, pues
y cobre eran los productos fundamentales, extraídos de las pervivió durante cierto tiempo la cerámica nativa hecha a
minas situadas en torno a Cerro Muriano, pero también de mano. En el nivel 12 de Colina de Quemados (siglo VII a.
yacimientos más adentrados en el corazón de Sierra Morena. C.) comenzaron a aparecer las importaciones de influencia
Los minerales en bruto, despojados de impurezas, serían trans- semita. Y en el siguiente se hizo definitiva la introducción de
portados a lomos de caballerías hasta el poblado de Colina de la cerámica a torno, encontrándose magníficos objetos junto
Quemados, y allí, parte del mineral era fundido en lingotes a imitaciones de peor clase hechas por artesanos locales. Mas
para transportarlo por el río hasta los talleres especializados en el estrato 10 (siglo VI a. C.) puede hablarse de una «fase
del bajo Guadalquivir. No parece que hubiera entonces una orientalizante local» en la que se confunden importaciones
elaboración de objetos metálicos manufacturados en la anti- con creaciones autóctonas, evolucionadas hasta tal punto
gua Córdoba. Sí atestiguan las fuentes que el bronce tartésico que habían mimetizado perfectamente el estilo extranjero,
era muy apreciado: mezcla del mencionado cobre autóctono haciéndose prácticamente imposible, o casi, distinguirlas.
y el estaño traído de lugares tan remotos como las Islas Casi- La construcción de viviendas mejoró en el siglo VI a. C.,
térides, actual Gran Bretaña. El transporte marítimo y fluvial consolidándose las plantas rectangulares o cuadradas sobre
abarataba los costos y permitía aquel tráfico, que resultaba las circulares y haciéndose paredes más sólidas, con peque-
más pesado y de menor volumen si procedía de yacimientos ños cimientos y pavimentos más esmerados. También se
demasiado adentrados en el interior del continente. desarrollaron de modo destacable las murallas en los oppida
Las aportaciones orientales en la zona cordobesa también o ciudades fortificadas, siendo buen ejemplo Ategua, antigua
se notaron en otras aplicaciones prácticas. Se introdujo el localidad emplazada cerca del actual pueblo de Santa Cruz, en
la campiña cordobesa. En aquel yacimiento se han localizado

[14] [15]
En la segunda mitad del s. VI a. C., tuvo lugar una crisis
socioeconómica en la zona onubense y el Bajo Guadalquivir
que afectó en mucha menor medida a la antigua Córdoba.
En torno al 500 a. C. el imperio tartésico experimentó un
colapso, visible en la súbita desaparición de sus riquezas,
pero dejó una huella cultural imborrable que recogerían las
leyendas, y en cierta medida sus herederos los turdetanos.
Aquel ocaso pudo deberse al establecimiento por parte de
los griegos de rutas alternativas a través del Ródano y su
colonia de Massalia (Marsella) para comerciar con el estaño
del Norte de Europa, y por otro, a la crisis de las metrópolis
fenicias, en la costa de Palestina y Líbano, que estaban siendo
conquistadas por el imperio babilonio de Nabucodonosor.
Los cartagineses, antigua colonia fenicia, se encargaron en
adelante de tomar el relevo.
Como podemos apreciar, desde sus inicios el asentamiento
cordobés, a pesar de su modestia, estuvo situado junto a las
corrientes de cambio de la historia, en una encrucijada desde
la cual pudo ir recibiendo las novedades de todo el Mediterrá-
hallazgos importantes, destacando una estela perteneciente neo, bullente crisol de diversas culturas cuyas influencias iban
a la categoría denominada «de guerreros» (siglos VIII-VI a. a enriquecer el futuro de la ciudad. Durante los siglos V y IV
C., conservada hoy en el Museo Arqueológico de Córdoba). a. C. se sitúa el período álgido de importaciones de cerámicas
Representa esquemáticamente a un soldado de cierta impor- griegas en el mundo ibérico, sobre todo del famoso tipo de
tancia con sus armas y un carro, en lo que podría ser una figuras rojas. Colina de Quemados es uno de los yacimientos
ceremonia de inhumación. Esta manifestación, junto con donde se han localizado. Además, se encuentran indicios de la
lo ya dicho, nos informa de la progresiva infiltración, y no llegada de pueblos célticos, procedentes del Norte, a la zona
invasión, de grupos extranjeros, cuya presencia desentonan andaluza. Y cada vez está más probada la labor de mejora
frente al ambiente pacífico de las manifestaciones artísticas de la infraestructura agrícola meridional por parte de los
del ámbito ibérico de la época. Quizá aquellos individuos cartagineses, potenciada aún más por los romanos cuando se
llegaron y ejercieron como mercenarios para defender a las asentaron en Hispania.
poblaciones tartesias o a quienes con ellos comerciaban. Su Hasta la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.) los
origen es más probable que fuese del Mediterráneo oriental en cartagineses se habían limitado a establecer contactos comer-
este caso, pues los detalles de su armamento son más propios ciales en los puertos de la costa andaluza y levantina. Pero
de aquel ámbito que del indoeuropeo. tiempo después del conflicto decidieron ocupar el interior
para explotar mejor sus riquezas. Amílcar, al mando de la

[16] [17]
expedición que desembarcó en Gades en el 237 a. C., pensó aquel territorio, y en concreto Corduba, tuvieron para el im-
que sería fácil por la división de tribus, pero el avance por el perio de la Loba, y, a su vez, valorar igualmente el impacto
valle del Guadalquivir no fue tan rápido como se esperaba por de la cultura latina en el solar hispano. Roma ya no abando-
la resistencia turdetana. Las luchas entre Roma y Cartago por naría el territorio una vez expulsados sus enemigos al final
la hegemonía del Mediterráneo llevaron a ambas potencias a de la Segunda Guerra Púnica. Primero por razones de índole
la Península Ibérica, que fue sede de algunos de los episodios estratégica, pero también porque fue dándose cada vez más
más importantes de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a. cuenta de la riqueza y variedad de recursos que albergaban
C.). Su resultado, a favor de la primera, selló el futuro del aquellas tierras.
territorio y, en concreto, de la evolución de la ciudad que nos La Corduba indígena prerromana no aparece prácticamente
ocupa. Conviene recordar estas motivaciones de la presencia en las fuentes antes de la fundación llevada a cabo por Clau-
romana en Hispania para comprender la importancia que dio Marcelo, que veremos en el siguiente apartado. Por ello y

[18] [19]
por los vestigios arqueológicos, suponemos
que hasta después de la conquista romana,
la Córdoba Turdetana no tuvo mucha im-
portancia, y probablemente dependía de
otra ciudad más importante, como Carmo
(Carmona).

C O N Q U I S TA ROMANA Y CORDUBA DEL


PERÍODO REPUBLICANO

El terreno infirme de la escasez de testi-


monios y las hipótesis aún por confirmar es
el que continuaremos pisando en el presente
apartado. La destrucción que sufrió la urbe a
fines de este período acentúa la limitación de
los vestigios materiales que han llegado hasta
[EL NOMBRE DE CORDUBA]
nosotros de esa primera época de presencia
Precisamente iba a ser el romana (218-45 a. C.). Añádase a ello la irre-
de Claudio Marcelo hubiera un asentamiento romano fijo,
nombre indígena el elegido gularidad y ambigüedad de los testimonios
ya que ni los colonizadores latinos se atrevían a establecerse
por los romanos para su nue- escritos con los que contamos que aluden a
tan al norte, ni las legiones contaban con campamentos
va fundación. Se supone que la ciudad, exclusivamente greco-latinos.
permanentes, sino que se iban desplazando estacionalmente
Corduba es una designación Claudio Marcelo es el primer personaje y según lo requiriesen las necesidades militares de cada mo-
de origen ibero-turdetano. conocido asociado a Córdoba, ya que puede mento y lugar. Estrabón atribuyó al personaje la «fundación»
El sufijo “-uba” era típico considerarse su probable fundador. Perte- de la urbe (utilizó un término bastante ambiguo para referirse
de ciudades meridionales. Y neciente a una familia romana de prestigio
“Cord-” tal vez relativo al río
a ello) y afirmó que fue la primera «colonia» del territorio,
militar (era nieto del conquistador de Sira- aunque no está muy claro de qué tipo (latina más probable
Guadalquivir (Certis según
cusa en la Segunda Guerra Púnica), ejerció que romana). Además, según parece, la ciudad fue poblada
Tito Livio, Baetis o Betis en
las dos preturas hispánicas en 169 a. C. En el desde un principio con un contingente mixto de indígenas
latín), o forma alternativa
de “Tord-” o “Turd-”. Sería,
152 a. C., habiendo sido elegido cónsul por (elegidos de entre los más notables) y latinos-romanos, y
pues, aproximadamente tercera vez, volvió a Hispania para apaciguar constituyó uno de los primeros conventus civium romanorum
algo así como “ciudad del una rebelión celtíbera. Ambas fechas cuentan (reunión político administrativa de ciudadanos romanos del
Guadalquivir” o “ciudad de con argumentos de cierto peso en su favor, lugar), según las fuentes cesarianas, mas no conocemos ver-
los turdetanos”. Pero como pero sigue sin haber una respuesta definitiva daderamente cuando tuvo lugar la concesión.
ya hemos dicho, se trata de sobre cual de ellas vio el nacimiento de la
Suponemos que durante cierto tiempo coexistieron el po-
especulaciones no probadas. urbe. No parece probable que hasta la visita
blado de Colina de Quemados y la nueva Corduba fundada

[20] [21]
por los romanos, en régimen de lo que suele llamarse dípolis.
Pero, con el paso del tiempo, el antiguo núcleo iría siendo
abandonado hasta desaparecer, acontecimiento que debió
desarrollarse en el tránsito del siglo II al I a. C. A partir de
esa época, el aspecto más bien modesto de la urbe romana fue
cambiando hacia un engrandecimiento y ennoblecimiento
de sus elementos y su imagen. Las construcciones de adobe,
ladrillo y madera cedieron paso a la piedra, aunque el periodo
de mayor monumentalidad no llegaría hasta el siglo I d. C.
La investigación arqueológica, especialmente en los últi-
mos años (gracias a los trabajos conjuntos de especialistas de
la Universidad de Córdoba), nos ha revelado nuevos datos
para tratar de reconstruir la morfología de Corduba, aunque
como ya hemos dicho, las destrucciones del final del período
republicano mermaron los vestigios con los que contamos,
más abundantes durante la época altoimperial. Para el asen-
tamiento de la nueva ciudad se eligió otra pequeña colina
(o más bien terraza cercana al río), de forma que se pudiera
controlar el territorio circundante y el tránsito entre la sierra
y los vados del Guadalquivir. La planta urbana presentaba
una forma hexagonal, por las mencionadas necesidades de
adaptarse a las irregularidades del terreno. Su perímetro era
de más de dos kilómetros y medio, y su superficie de unas
47 hectáreas. Parece que la ciudad nació con el carácter de
asentamiento fortificado o propugnaculum, con un trazado
similar al de otras fundaciones romanas en Hispania. Sus
murallas discurrían: al norte, en la línea de la actual aveni-
da de Ronda de los Tejares, con un ligero quiebro desde la
Puerta de Osario hasta la del Rincón; al oeste, a lo largo de
la hoy llamada avenida de la Victoria, hasta el número 49
(ligeramente al sur de la entrada a la calle Lope de Hoces);
al sur (el tramo menos conocido), desde el mentado punto
hasta los Altos de Santa Ana y de allí a la confluencia de las
calles Diario Córdoba y San Fernando (formando este lado
un ángulo similar al del lienzo norte, a lo largo del borde

[22] [23]
de la terraza en que se asentaba la urbe); y al oeste, desde la en llano, por un foso artificial de 15 metros de anchura y 4
Puerta del Rincón, por las calles Alfaros, Capitulares y Diario de profundidad. En la zona occidental el problema quedaba
Córdoba. Este perímetro estaba formado por unos sistemas resuelto por haberse construido la muralla siguiendo el curso
defensivos que fueron perfeccionándose poco a poco. Cons- del arroyo del Moro. Mientras que los lienzos meridional y
taban de un doble muro: el exterior de una anchura de 2 a 3 oriental quedaban ya bien defendidos sobre las elevaciones
metros, construido con grandes bloques de piedra calcarenita, del terreno notablemente más pronunciadas en aquellos lu-
y el muro interior, más bajo y estrecho (entre 0,60 y 1,20 gares (aún constatables en las cuestas que describen las calles
metros) y de aparejo más irregular. Entre ambos se situaba que se dirigen desde los altos de Santa Ana a la Ribera). Se
un espacio (agger) de unos 6 metros, que estaría relleno de han encontrado además tres torres, dos de las cuales eran de
mampostería, cantos rodados y similares, formándose un planta semicircular, y una cuadrada (esta última parece pos-
camino elevado e inclinado a la parte interior. Estas defensas, terior). Las puertas de la muralla debieron situarse: al norte
de unos 10 metros de anchura (entre muros y agger) se com- en la actual Puerta de Osario, al este en la de Roma o Puerta
plementaban al norte-noroeste, más expuesto al encontrarse de Hierro (llamada entonces Porta Praetoria, en la plaza del

[24] [25]
Salvador); al oeste en la de Gallegos (Porta Decumana) y al relato constatamos, pues, que existía ya el foro (aunque ni las
sur, no bien localizada, en la confluencia de las calles Ángel fuentes literarias ni la arqueología nos dicen mucho de su as-
de Saavedra y Blanco Belmonte. pecto), el asentamiento en la ciudad de un tribunal del pretor
En su interior la ciudad se organizaba con un trazado más o y la existencia de una artesanía orfebre local. Una actividad
menos regularizado, estructurado, como solía ser en el ámbito esta última que en Córdoba registra una extensa tradición
romano, por dos calles principales que se cruzaban perpendi- hasta nuestros días. Otro hecho curioso a este respecto es la
cularmente en el centro del polígono: Cardo Maximus o eje acuñación de una serie de monedas con el nombre de la urbe,
norte-sur y Decumanus Maximus en dirección este-oeste. A en el paso del siglo II al I a. C..
partir de aquellas se orientaban calles secundarias, cardines y Tanto la ciudad como en general la Península Ibérica co-
decumani, formando manzanas cuadradas o rectangulares, braron cada vez mayor importancia. En Hispania numerosos
según los casos. Por supuesto que estos postulados teóricos patricios romanos desarrollaron su carrera política a través
tenían que adaptarse luego a las condiciones prácticas de cada de los cargos desempeñados en la provincia, y labraron sus
solar. En Corduba el Cardo Maximus se localizaba junto al fortunas explotando los recursos del territorio. Para ello, un
discurrir de las actuales calles Osario y Ramírez de Arellano, elemento importante fue el apoyo de aliados o redes cliente-
pasando por la actual plaza de las Tendillas hasta el final de lares indígenas de cierto poder, cuyo alto status debían, a su
Ángel de Saavedra. Por su parte, como en otros casos, no vez, a su cooperación con los conquistadores. La cultura y usos
existía un Decumanus Maximus, sino dos decumani, cuyo de estos últimos iba extendiéndose con el llamado proceso de
trazado no estaba alineado (como tampoco las puertas en las «romanización». Por todo ello no es extraño que, cuando la
que desembocaban), sino que discurrían en paralelo: el de la república romana entró en crisis, fuese uno de los escenarios
zona oriental, por la actual calle Alfonso XIII; y el occidental decisivos de las guerras civiles que se desencadenaron, y más
ligeramente al norte de las calles Gondomar y Concepción. concretamente Corduba.
La pavimentación de la red viaria no debió acometerse hasta Ya durante la fase de penetración en la Hispania interior
la primera mitad del siglo I a. C. y sometimiento de las tribus de la Meseta, la ciudad se había
Como en toda ciudad romana, el foro era el centro de la convertido en un enclave estratégico, punto de apoyo en la
vida pública, plaza con edificios destinados a asuntos políticos, retaguardia para las legiones. Según cuenta el borroso testi-
administrativos y religiosos. Su emplazamiento en Corduba monio de cierta fuente, Viriato trató de sitiar Corduba en
parece localizarse en la zona en torno a la confluencia de las torno al 143-141 a. C.
actuales calles Cruz Conde y Góngora. Asimismo, bajo la En el período de crisis de la República, en las guerras
actual iglesia de San Miguel pudo haberse ubicado el templo entre el bando de los senadores conservadores y el de los
principal de la colonia. Una anécdota recogida por Cicerón demócratas partidarios de Sertorio y su legado Hirtuleyo,
sobre L. Calpurnio Pisón, pretor de la provincia Hispania Ul- herederos de los ideales de Mario y Cinna (80-71 a. C.),
terior entre el 113 y 112 a. C. cuenta cómo aquel, estando una Quinto Cecilio Metelo, quien luchaba contra los segundos,
vez impartiendo justicia en el foro de Corduba y habiéndose debió establecer sus cuarteles de invierno en Corduba. Ser-
roto su anillo, mandó llamar a un orífice para recomponer torio llegó a amenazar Ucubi (Espejo), pero las operaciones
la pieza en el mismo lugar y a la vista de todos. A partir del militares se desarrollaron fundamentalmente en Lusitania y

[26] [27]
Durante el conflicto entre cesarianos y pompeyanos,
ambos bandos tuvieron apoyos en la ciudad y el resto de la
provincia. Julio César ya había sido cuestor de la Ulterior en
el 69-68 a. C. y propretor entre el 61-60 a. C. y aprovechó
aquellas estancias para establecer lazos de amistad y buscar
apoyos políticos y económicos en las aristocracias de Gades
(los Balbos) y de Corduba (según testimonio de Séneca el
Viejo), capital de la provincia. Tiempo después, tras desen-
cadenar la guerra contra Pompeyo y llegar aquella a Hispania
(49 a. C.), el conventus de ciudadanos romanos cordobeses
decidió cerrar las puertas al legado pompeyano Varrón. La
ciudad quedó en manos de César, y antes de marchar para
continuar la persecución contra sus enemigos, dejó al mando
de la provincia a Quinto Casio Longino. Pero quedaban en
la ciudad y resto del territorio notables y parte del pueblo
que no querían adherirse a su causa. La sublevación de estos
últimos no se debió exclusivamente, como apuntan las fuentes
escritas (procesarianas), a la mala gestión de Casio Longino,
que incrementó los impuestos y mandó destruir terrenos y
Celtiberia, quedando Corduba a salvo de las secuelas de la edificaciones de la ciudad al sur del Río tras sufrir un atentado
confrontación. No obstante, durante una de las invernadas en el foro de Corduba en el 48 a. C. Su sustitución por Trebo-
de Metelo con sus legiones (hacia el 76 a. C.), cuentan el his- nio no solucionó el problema, y cuando Cneo y su hermano
toriador Salustio y otras fuentes que se produjo un terremoto Sexto Pompeyo organizaron la resistencia de su bando tras
en la ciudad, de severas consecuencias por la mortandad y la muerte de su padre, consiguieron hacerse con el control
destrucciones materiales. de la capital y otras ciudades de la provincia Ulterior. César
regresó a Hispania a fines del 46 a. C. y sitió Corduba, sin
La zona de lo que posteriormente sería la provincia Bética
llegar a tomarla. Fueron las victorias del cerco de Ategua y la
fue un territorio adicto a la causa de los generales senatoriales
batalla de Munda (cerca de Écija, 45 a. C.) las que le dieron
(Metelo y Pompeyo) quienes, según testimonio de Cicerón,
el triunfo definitivo sobre sus adversarios. La capital de la
contaron ya en Corduba con un círculo de poetas locales que
Ulterior pagó un alto precio por la defensa a ultranza de la
celebraron sus hazañas en un latín de peculiar pronunciación
causa pompeyana. Volvió a ser sitiada y fue asaltada, saqueada
(persistente en época de Adriano, uno de los emperadores
y sometida a graves destrucciones tanto por los atacantes como
hispanos, cuando el acento de uno de sus discursos provocó
por autoinmolación de la misma urbe, consciente de que no
las risas de los senadores). En el 74 a. C. Metelo fue recibido
cabía albergar esperanzas de condiciones en la rendición.
entusiástica y lujosamente en la ciudad por su victoria sobre
La cifra de 20.000 ejecutados puede ser exagerada, y tal vez
los sertorianos.

[28] [29]
César no llegó a permitir que los supervivientes se vendieran asentado en solitario Augusto, en el 27 a. C. tuvo lugar una
como esclavos; pero todo ello es una muestra de la severidad reorganización de las provincias hispanas. Se creó la Bética,
del trato dispensado por los vencedores. administrada por el Senado y se designó a Corduba como
su capital. También lo sería de uno de los cuatro conventus
jurídicos o subdivisiones provinciales (el cordubensis, junto
al hispalensis, astigitanum y gaditanum). Gobernaba desde
allí la Bética un procónsul, del que dependía un cuestor, que
entendía de labores hacendísticas, y un pretor para administrar
justicia. Además, la ciudad cambió su nombre, recibiendo el
título de Colonia Patricia hacia el 25 a. C. Se produjo una
«refundación», confirmándose como colonia de ciudadanos
romanos, recibió el rango senatorial y tal vez una deductio o
asentamiento de veteranos de las guerras cántabras (29-19 a.
C.) en su suelo.
Durante el siglo I d. C. la ciudad experimentó un notable
crecimiento. En el cambio de era tuvo lugar una expansión
hacia el sur del recinto amurallado, llegando junto a la orilla
del río, y ceñido al este y oeste al trazado de las calles San
Fernando y Cairuán respectivamente. Se añadieron 31 hec-
C OLONIA P ATRICIA C ORDUBA Y EL ESPLENDOR DEL A LTO táreas y la urbe pasó a ocupar una superficie total de 78 ha.
También aumentó el número de puertas, otras cuatro, para
I MPERIO
formar un total de ocho: una nueva al sur, bajo la actual Puerta
Sin embargo, tan aciagos acontecimientos fueron el punto del Puente; otra al norte (en la confluencia de las que hoy son
de arranque de una nueva etapa de mayor esplendor para la avenida del Gran Capitán y Ronda de los Tejares); dos al este
ciudad. Tras alcanzar su victoria, César debió de premiar a (en torno a la Cuesta de Luján y la confluencia de las calles
sus partidarios, indígenas y romanos, así como licenciar a Cardenal González y San Fernando), y dos al oeste (cerca de
buena parte de sus tropas. Una porción de ellos se asentó la Puerta de Almodóvar y a la zona del Alcázar).
en Corduba, que poco a poco fue cicatrizando sus heridas. El trazado de la ampliación quedaba configurado de la
El conflicto recién acabado no había hecho otra cosa que siguiente manera: de la puerta meridional republicana partía
revalidar su posición estratégica e importancia como nudo de una bifurcación del Cardo Maximus. Una de las calles (coin-
comunicaciones y enclave desde el cual controlar los recursos cidente con el trazado de la actual Rey Heredia) descendía
de los alrededores. Por ello, en el 43 a. C., tras la muerte de en dirección sureste, delimitando el lado oeste de una zona
César y durante la época del segundo triunvirato (de Marco triangular que había de constituir un barrio en cuyo lado
Antonio, Lépido y Octavio-Augusto), la urbe recuperó su septentrional, junto a la antigua muralla meridional, derrui-
papel de centro político de la Ulterior. Años después, ya da para construir una escalinata que salvase la pendiente,

[30] [31]
se ubicaba el teatro. Por el tercer lado, al este, discurría un
lienzo de muralla, prolongación de la republicana, que se-
guía su trazado a lo largo de la actual calle San Fernando. El
brazo oriental de la bifurcación del Cardo Maximus tomaba
una dirección noreste-suroeste, pero pocos metros más allá
cambiaba hacia el noroeste-sureste, finalizando cerca de la
actual Puerta del Puente. Otros cardines o calles de menores
dimensiones se orientaban en direcciones paralelas, y al cru-
zarse perpendicularmente con nuevos decumani formaban
manzanas rectangulares más o menos iguales.
Las calles de la zona republicana experimentaron procesos
de ampliación y mejora de sus elementos. Se extendió la
pavimentación con losas irregulares de piedra (pudinga), y
mejoró el alcantarillado. El Cardo Maximus se amplió hasta
los 22 metros de ancho, y se le dotó de dos grandes cloacas.
Se supone que a ambos lados de su recorrido había pórticos,
del mismo modo que se han documentado arqueológicamente
en ciertos tramos de los decumani.
No sabemos cuáles serían las divisiones en barrios o sec-
tores según los grupos sociales que poblaban la urbe, pero
sí que podían encontrarse desde lujosas domus o mansiones
aristocráticas, hasta las insulae o bloques de varios pisos, con
pequeños apartamentos habitados por los trabajadores y
gentes humildes. Lógicamente, nos han llegado muestras más
numerosas y frecuentes del primer tipo, como en los casos
de las viviendas halladas bajo el palacio de los Marqueses del
Carpio, el de los Torres Cabrera o la Casa Castejón. También
se ha encontrado alguna fuera de las murallas. La mayoría
eran modelos de casas con atrium (patio central) y peristilum
(patio ajardinado más grande), decoradas con pavimentos de
mosaico y pinturas de hermosos diseños. En los siglos siguien-
tes, este modelo básico de la casa señorial sirvió de base para
las viviendas de época islámica y cristiana, que aportarían al
esquema sus propios elementos.

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a una ampliación inmediatamente al sur, denominada forum
adiectum. Se estructuraba en torno a una gran plaza porticada,
pavimentada con losas de piedra caliza de dimensiones más
reducidas. La presidía una estructura similar al famoso Ara
Pacis de Roma, y formaba parte del entorno una rica decora-
ción escultórica, destacando una enorme estatua loricata (con
armadura) que se ha interpretado pudo representar al héroe
Eneas huyendo de Troya, una de las figuras tutelares y padre
fundador del pueblo romano. Recuérdese que algunos años
atrás Virgilio componía La Eneida para ensalzar su poder y
glorificar la ascendencia romana en general y de la familia
imperial, los Julio-Claudios, en particular. Una estructura y
un programa iconográfico el de este forum adiectum cordobés
muy similar, pues, al del Foro de Augusto en Roma.
Otro espacio público, que debió cumplir la función de
foro provincial, se ubicaba en altos de Santa Ana. Se han
encontrado numerosos pedestales de estatuas dedicados por
flamines (sacerdotes del culto tradicional y, sobre todo, a
los emperadores divinizados), así como algunos retratos de
miembros de la familia imperial. Parece que también hubo
en la zona una plaza porticada y un templo dedicado a la
diosa Diana. Por lo demás, no conocemos demasiado sobre
La vida pública continuó orbitando en torno al antiguo los recintos sagrados de Colonia Patricia. Aparte de los pocos
foro que, como ya comentamos, se situaba en la confluencia detalles que tenemos de los situados bajo las actuales iglesias
de las calles Cruz Conde y Góngora. En esta nueva fase ex- de San Miguel y del colegio de Santa Victoria, conocemos
perimentó un proceso de monumentalización, que acrecentó inscripciones que aluden a los consagrados a Ceres, Cibeles,
su prestigio como centro del poder provincial. Se extendió su Minerva, Apolo, Hércules, Vesta o Tutela; pero no la ubica-
enlosado sobre el anterior recinto, excavándose en la piedra ción de la mayoría de ellos.
un canal de desagüe que discurría alrededor de la plaza. Parece
En época del emperador Claudio (41-54 d. C.) se llevó
que parte de su pórtico debió desaparecer, conservándose
a cabo la construcción de otro espacio monumental de im-
por lo menos en su lado septentrional, mientras que en el
portancia, dedicado al culto imperial. Se trata del edificio
meridional se alzaba un gran muro y una escalinata que daba
romano más visible y mejor conservado de la ciudad actual,
acceso a diversos edificios. La insuficiencia de espacio, debido
cuyas columnas hoy se alzan junto al ayuntamiento y la calle
al importante desarrollo de la vida pública, condujo, entre los
Claudio Marcelo, en el mismo lugar y aproximadamente a
períodos de gobierno de Augusto y de Tiberio (14-37 d. C.),
la misma altura que entonces. El conjunto estaba formado

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por una plaza elevada sobre un gran podio sobre la muralla. En efecto, podemos imaginar la ciudad
Con una columnata y techado en tres de sus lados, su centro de entonces con sus calles principales y
lo ocupaba un gran templo hexástilo (de seis columnas fron- plazas públicas, e incluso tramos viarios
tales), pseudoperíptero, de 32 por 16 metros de planta y más inmediatamente extramuros, adornadas
de 15 de altura (dimensiones similares a la famosa Maison con multitud de estatuas, diseminadas
Carrée de Nîmes). Frente a éste, con su cabecera al otro lado conforme a programas iconográficos
de la actual calle Capitulares, y extendiéndose a lo largo de encaminados a honrar a los dioses tute-
la manzana del antiguo convento de San Pablo, se hallaba el lares locales y del imperio, a la figura del
circo de la ciudad. Debía de ser impresionante la visión de emperador y su familia, a los altos cargos
aquel conjunto, que debieron tener quienes circulaban por político-administrativos de la provincia
la Vía Augusta (calzada que discurría más o menos sobre la y los municipios, y a los aristócratas y
actual calle San Pablo) y arribaban a la Porta Praetoria (situada notables que los ocupaban y llevaban
en la hoy plaza del Salvador), dejando a su lado izquierdo el a cabo donativos y obras públicas de
colosal edificio circense y hallando frente a ellos la muralla diverso tipo, con el fin de cimentar su
y el magnífico templo aupado sobre su terraza. Símbolo del poder y su prestigio. A pesar de las des-
poder y el prestigio de una de las capitales más notables de trucciones posteriores (especialmente de
todo el Imperio Romano. las esculturas metálicas, de la que prác-
ticamente apenas quedan muestras), los
restos que nos han llegado en multitud
de hallazgos, diseminados en un amplio
radio de acción urbano, nos dan una idea
de la gran calidad, diversidad y elevado
número de aquellas estatuas. Sobre todo
el Museo Arqueológico cordobés, junto
con algunas colecciones particulares,
albergan hoy y cuidan de este notable
patrimonio, símbolo del elevado estatus
de la ciudad en uno de los momentos
estelares de su historia.
Entre las actuales Puerta del Puente y
Custodio de San Rafael se ubicaba otro
punto destacado, concentrado en las
labores fiscales y comerciales. Se trataba
de un espacio porticado, construido a
mediados del siglo I d. C. Un arco tri-

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ple y unas escalinatas en su lado sur conducían a la orilla del Por otro lado estaban las comunicaciones terrestres. De
río. No olvidemos la importancia de Córdoba como puerto este a oeste, la vía Augusta (cuyo trazado corresponde más o
fluvial desde antiguo, y del Guadalquivir como una vía de menos a la actual carretera Nacional IV) era un eje principal,
comunicación fundamental. Durante la época republicana reforzado por dos rutas secundarias paralelas a las dos riberas
debió haber existido un pontón de madera sobre el río, aun- del Betis: la vía Corduba-Hispalis, en su orilla derecha, y hacia
que la evidencia más antigua de algo similar data del 45 a. Castulo (Linares), fuera del término municipal. En dirección
C., según el testimonio de la obra Bellum Hispaniense. Pero norte sur existían dos vías principales y dos secundarias para
a comienzos del siglo I d. C., coincidiendo con el proceso cada sentido: en la zona septentrional, la más importante de
de ordenación de la vía Augusta, se construyó un puente de Corduba a Emerita (Mérida), y la menor, Epora-Solia (Monto-
sillares de piedra. La parte romana que hoy se conserva son los ro-¿El Guijo?); y al otro lado del Guadalquivir, las que iban en
sillares internos de los contrafuertes, pues durante su historia dirección a Malaca (Málaga, la principal) e Iliberris (Granada,
sufrió numerosas roturas y reparaciones. Empero, su trazado, vía secundaria). Se mantienen hoy pocos restos originales de
estructura y aspecto se han conservado más o menos hasta calzadas en las cercanías de Córdoba, y algunos puentes, como
la actualidad. el del arroyo de Pedroche (el mejor conservado junto con el
de Villa del Río) y el Puente Mocho sobre el Guadalmellato
(como en el caso del de la capital, está muy reformado y sólo
los cimientos son romanos).
En la periferia urbana se situaban instalaciones industriales
como alfares, hornos, fundiciones, vertederos, etc. También a
extramuros se hallaban los cementerios, al comienzo de cada
una de las líneas de comunicación que salían de la ciudad,
conformando una serie de vías sepulcrales, como era tradición
en el mundo romano. Desconocemos las necrópolis de época
republicana, pero sí se han localizado las imperiales, por sus
[PUENTE ROMANO Y SUS REPARACIONES] concentraciones en ciertas áreas y por lo destacable de algunas
de sus edificaciones, como los altares funerarios junto a la
A pesar de haber conservado en general su trazado, estructura y aspecto, el Puente Roma- actual Torre Malmuerta y otros lugares, o los monumentos
no ha pasado por diversas épocas de desmoronamientos y reparaciones. Construido en funerarios de familias aristocráticas hallados bajo el Palacio
piedra a principios del siglo I d. C. (suponemos que debió existir un pontón de madera de la Merced (el edificio de la Diputación hoy en día) y la
en época republicana), el puente tenía una longitud de 223 metros de largo y 16 arcos.
Ya estaba parcialmente derruido en la época visigoda. Durante la dominación musulma-
calle de la Bodega y los situados frente a la Puerta de Sevilla,
na en la época emiral se hicieron reparaciones (719-20 y 724); pero la reconstrucción en el Camino Viejo de Almodóvar, y Puerta Gallegos. Estos
más importante la llevó a cabo el califa al-Hakem II en el 971, tal y como nos cuenta últimos son los más espectaculares: dos torres circulares, de las
Ibn Hayyan. Con la disolución del califato el puente volvió a sufrir desperfectos, y tras cuales se ha reconstruido una, y que dan una idea del poder,
la conquista cristiana, se realizaron nuevas reformas: en 1362 y entre 1421 y 1684. En riqueza y refinamiento de los poderosos de la ciudad.
1876 se efectuó una reparación general, recalzándose los estribos. Y en el siglo XX se
restauraron algunas de sus partes.

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urbana, heredadas y refor-
madas durante el período
islámico posterior. Partieron
de la base de la riqueza de
acuíferos subterráneos y
arroyos del asentamiento y
su territorio, de los cuales se
sirvieron sus habitantes en
época republicana mediante
pozos. Más tarde, Colonia
Patricia contó con hasta
tres acueductos. El primero
fue Aqua Augusta (después
denominado Aqua Vetus,
El crecimiento de la población condujo a que, entre los y más tarde acueducto de
siglos I y II d. C., surgieran diversos barrios fuera de las mu- Valdepuentes), construido
rallas (vici). Conocidos actualmente de modo parcial, se han durante el mandato del pri-
localizado, generalmente, junto a las puertas y vías de acceso mer emperador, y que hacía
a la ciudad: al noroeste, a la salida de la Puerta Gallegos; al llegar el agua a la ciudad
norte, a lo largo de la franja de las manzanas septentrionales desde la zona noroeste, en
de Ronda de los Tejares; al noreste de la actual plaza del la sierra (arroyo Bejarano,
Salvador; al sureste, en torno a la plaza de la Corredera y su caño del Escarabita y venero
entorno y hasta las calles Lucano y Lineros; y al otro lado del de Vallehermoso). El gran
río, el asentamiento llamado Secunda (Campo de la Verdad, caudal de agua que aportaba
así llamado por estar situado en la segunda milla del tramo permitía abastecer, tanto las
de la vía Augusta a su paso por aquel lugar). Estos vici se casas, como las numerosas
despoblaron hacia el siglo III, pero hasta entonces contaron fuentes públicas instaladas
con redes de infraestructura y comodidades similares a las de por iniciativa y con dinero
los barrios intramuros. particular de un generoso
Constituye este último uno de los capítulos más destacados patricio en época de Tibe-
del mundo romano. El ingenio de aquel «maravilloso pueblo rio. El crecimiento urbano
de artesanos» consiguió establecer un notable nivel de vida impulsó, a fines del siglo I,
para la época gracias a sus obras de ingeniería. Tanto las re- la construcción de un nue-
des de alcantarillado como las de abastecimiento de agua a vo acueducto, Aqua Nova
fuentes y viviendas fueron aportaciones decisivas para la vida Domitiana Augusta, que se

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abastecía del arroyo de Pedroche, al noreste. Un tercero, más del teatro había escalinatas para permitir salvar la pronunciada
pequeño (Aqua Fontis Aureae), fue erigido entre los siglos II pendiente de la zona. El edificio estuvo en funcionamiento
y III fundamentalmente para surtir a la zona residencial de hasta después de mediados del siglo III, cuando un terremo-
poniente y al complejo palatino de Cercadilla. De este modo, to dañó seriamente su estructura. A partir de entonces, fue
la ciudad quedó como una de las mejor abastecidas de toda convertido poco a poco en cantera de materiales, sustraídos
Hispania. Beneficiadas de este eficaz sistema de aprovisio- para otras construcciones.
namiento de agua resultaron las termas o baños públicos, Se nos escapan muchos detalles de la vida en la ciudad,
complejos de ocio e higiene, y de los que aún conocemos pero los datos que hemos examinado prueban la importancia
poco en Córdoba. Uno de ellos se ha hallado en la actual que Corduba llegó a alcanzar. La patria de figuras tan notables
calle Concepción. como los dos Sénecas (Marco Anneo «el Retórico» y Lucio
La existencia de edificios de espectáculos (ludi) se ha Anneo) y Lucano, quedó marcada con el sello de la idiosin-
constado desde época de Augusto, cuando la ciudad alcanzó crasia romana, además del carácter de los pueblos que en los
definitivamente el rango de colonia romana, y por tanto se siglos siguientes vivieron en ella.
hacía obligatorio establecer su calendario de festejos y juegos.
Ya hemos mencionado el circo, situado frente al templo de D EL B AJO I MPERIO A LA C ÓRDOBA VISIGÓTICA
la calle Claudio Marcelo, que estuvo en activo hasta fines del
siglo II a. C., momento en que fue abandonado por proble- La crisis de mediados del siglo III también llegó a los do-
mas estructurales. Al atestiguar las fuentes que entonces y minios de la Bética, aunque no de modo tan grave como en
después siguieron celebrándose carreras de carros, se piensa otros lugares. Una prueba de ello es que, a pesar de la impor-
que debió construirse un segundo circo. Por otro lado estaba tancia que cobró Hispalis en el gobierno provincial, Corduba
el anfiteatro, recinto para las luchas de gladiadores y fieras, siguió siendo un centro de poder muy destacado. Durante
ubicado hacia poniente, fuera de la muralla, en los terrenos la época de Diocleciano, entre el 294-296 aproximadamen-
de la antigua Facultad de Veterinaria (avenida de Medina te, se construyó en la ciudad un complejo arquitectónico o
Azahara). El eje mayor de la elipse de su planta medía algo Palacio en la zona de Cercadilla. Parece que fue una de las
más de 178 metros, y era de un tipo similar al de Mérida, sedes imperiales durante la Tetrarquía (proyecto de mejorar
anterior al modelo del Coliseo de Roma. En cuanto al teatro, el gobierno de Roma mediante la descentralización), de las
su centro (cavea) se encontraba en la actual plaza de Jerónimo cuales hasta ahora no se había localizado ninguna en occidente
Páez, en tanto que su graderío abarcaba los solares al noroeste (las más cercanas eran las de Tréveris y Milán). El emperador
de la misma, incluyendo la Casa de los Páez, actual Museo Maximiano Hercúleo, con quien Diocleciano compartía el
Arqueológico. Sus notables dimensiones son buen ejemplo de poder, debió ocupar esta sede durante su estancia en His-
la enorme importancia de la ciudad: la cavea medía 124,23 pania, entre el 296 y 297 d. C., para dirigir su campaña de
metros de diámetro, 6 metros menos que el teatro Marcello pacificación que se extendió al Norte de África. A las enormes
de Roma. Sólo las gradas inferiores se apoyaban sobre el proporciones del edificio (planta de 400 x 200 metros) se une
desnivel del terreno, y el resto se elevaban artificialmente un diseño original, único en su tipo. A partir de una estructura
mediante una serie de estructuras. Asimismo, a ambos lados semicircular soterrada llamada criptopórtico, se levantaba una

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formaban parte fundamental de las congregaciones cristianas.
Por otro lado, muchos campesinos y grandes propietarios
rurales, en general personas de mentalidad conservadora,
persistieron en el paganismo durante largo tiempo (por lo
menos hasta principios del siglo IV).
Personaje de los más destacados de la época fue el obispo
Osio (h. 256 - h. 357). Se desconocen sus orígenes, aunque
era costumbre en la época elegir a los jerarcas eclesiásticos
entre los candidatos nativos de su propia localidad. Fue
íntimo consejero del emperador Constantino y uno de los
impulsores del Edicto de Milán (313). Más que por su asis-
gran terraza horizontal con una galería porticada que daba
acceso a las diversas dependencias adosadas en torno a su
trazado curvo. Salas de audiencias, recintos administrativos y
residencia privada componían aquel conjunto situado al occi-
dente de la ciudad (junto a la actual estación de ferrocarriles
AVE). Entre fines del siglo IV y V el palacio fue abandonado
y fue deteriorándose, pero algunas partes fueron reconvertidas
para otras funciones: fundamentalmente el culto cristiano
y enterramientos. La sala de tres ábsides septentrional se
reconvirtió, hacia mediados del siglo VI, en una basílica que
muy bien pudo ser la de San Acisclo, uno de los mártires (de
la época tetrárquica) más renombrados en la ciudad. Se han
encontrado además testimonios de dos obispos cordobeses:
una inscripción de Lampadio y el anillo-sello de Sansón.
Uno de los aspectos más interesantes de la época, por su
importancia y la de sus futuras consecuencias, fue el desarro-
llo del Cristianismo. Su difusión en la Bética, como en otros
lugares, se extendió a diversos niveles y condiciones sociales,
pero sobre todo encontró gran acogida entre los habitantes
urbanos, los magistrados municipales y los nuevos ricos. A
ellos se debe la creación de los magníficos sarcófagos que
nos han llegado, que no podrían haber sido realizados sin la
financiación de unas clases adineradas, refinadas y cultas, que

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tencia al concilio de Iliberris, destacó por su enfrentamiento Acisclo, que sí cita el Martirologio de Lyon. Por otro lado, la
contra la corriente arriana, condenada como herejía en el única persecución de la que tenemos constancia por fuentes
Concilio de Nicea (325). Sus últimos años, viejo y cansado, es la de época de Diocleciano (284-305) y es probable que
fueron confusos. No se sabe si llegó a claudicar de su postura las primeras persecuciones decretadas por anteriores gober-
antiarriana, vencido por las presiones a las que fue sometido. nadores no encontraran apenas eco en la Bética.
Otra «herejía» en torno a la que se desataron polémicas en la La difusión del cristianismo supuso un cambio en las
Bética fue el priscilianismo. Junto a Osio, también destacaron mentalidades y ciertas costumbres. Se generalizaron las in-
como figuras religiosas los primeros mártires, populares desde humaciones, que llegaron a ser lo corriente, al tiempo que
el siglo IV. Prudencio citó a los cinco conmemorados en el se abandonaba la tradicional incineración de cadáveres del
santoral cordobés en época visigoda: San Acisclo, San Zoilo y mundo romano. Los más acomodados podían permitirse
los llamados «Tres Coronas» o «Tres Santos» (Fausto, Genaro notables sarcófagos de piedra con relieves, algunas de cuyas
y Marcial). Por su parte, en las fuentes de la ciudad no aparece muestras han llegado hasta nosotros, sobre todo del siglo IV.
mencionada una Santa Victoria, compañera de pasión de San Asimismo, los enterramientos tendieron a concentrarse, no
ya en los cementerios extramuros, junto a las vías de comu-
nicación, sino en torno a los edificios religiosos, a las iglesias
consagradas a santos y mártires, a menudo situadas fuera
del recinto amurallado y surgidas del reaprovechamiento de
antiguos templos y basílicas u otros edificios paganos. La
continuidad del poblamiento en Córdoba y la superposición
de otros edificios ha sido uno de los obstáculos que nos han
impedido conservar la mayoría de sus restos, romanos y visi-
godos. Conocemos la situación de algunas de ellas gracias a
excavaciones: la ubicada bajo la actual iglesia de San Andrés
(San Félix o San Zoilo); la de las Tres Coronas, en la actual
San Pedro; la de Santa Eulalia de Mérida bajo el convento de
La Merced; Santa Catalina, en el convento de Santa Clara;
San Vicente bajo la Mezquita-Catedral; y la de San Acisclo,
fruto de la reutilización de una de las salas del Palatium Maxi-
miani. Las tres últimas datan del siglo VI. Desconocemos la
situación exacta de San Ginés. La tradición local señala varias
iglesias intramuros, en las inmediaciones de las Tendillas y en
la calle Buen Pastor. Y, por último, se han encontrado restos
que sugieren pertenecían a edificios de culto cristiano en el
Campo de la Verdad, Ciudad Jardín, Avenida del Aeropuerto
y Tablero Bajo.

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Aunque el eje del poder político y religioso de la Bética
había basculado hacia la vecina Hispalis, durante el siglo IV
Córdoba siguió conservando cierta importancia. Ello fue
posible gracias, en buena medida, a la riqueza agrícola de la
provincia, sobre todo la explotación de aceite, en tanto que
la antaño importante minería experimentaba cierto retroceso.
En un proceso de cierta ruralización de la vida, cobraron gran
relevancia las villas, explotaciones similares a los posteriores blo. En otro orden de cosas, esta población hispanorromana
cortijos y residencias de notables. Buen ejemplo encontramos y católica se mantuvo, en un principio, al margen de la lucha
en la de «El Ruedo», cerca de Almedinilla, poblada entre los del pretendiente Atanagildo contra Ágila, que desembocó
siglos I-VII d. C. Por su parte, la ciudad experimentó una en la llegada de ayuda bizantina, solicitada por el primero,
serie de cambios, destacando fundamentalmente el abando- hacia el 552. No obstante, dichos habitantes de la Bética
no y desmantelamiento de la decoración y espacios públicos aprovecharon la guerra civil y la intervención extranjera para
(como el teatro, foro provincial, templo de Claudio Marcelo, librarse del control político, fiscal y militar de los visigodos.
etc.), siendo aprovechados sus materiales para residencias Cuando Atanagildo se asentó en el poder y decidió echar a
privadas. los bizantinos, se encontró con un fracaso al intentar tomar
Tiempos convulsos llegaron más tarde a la región. Años Corduba (566-7). La ciudad y su territorio permanecieron
después de la entrada en Hispania de suevos, vándalos y ala- durante aquellos años en el limes o tierra de frontera, pues
nos (409), estos últimos saquearon Hispalis, y probablemente tampoco interesaba a las élites ni al resto de la población caer
Corduba. Algunos de aquellos invasores bárbaros no tenían bajo la órbita del rígido sistema impositivo y de gobierno del
la intención de quedarse, como en el caso de los vándalos, Imperio Romano de Oriente. Mas por su posición, Córdoba
que en el 429 cruzaron el mar hacia África, mas nueve años se convirtió en uno de los puentes por los que penetraron sus
después volvieron para conquistar territorios, tomando la influencias comerciales y culturales.
capital sevillana en el 441, y quizá también Córdoba. Fueron La rebelión de la capital persistió durante un tiempo, y en
los visigodos los encargados de expulsar a aquellos belicosos el 572 también se alzaron diversas zonas campesinas, contra
intrusos, labor que llevó a cabo el rey Teodorico en 458-9. las que tuvo que luchar y someter Leovigildo. Empero, en
Pero no hay datos seguros sobre la implantación de su dominio aquel mismo año el monarca consiguió tomar Corduba en
directo y efectivo sobre la Bética hasta el reinado de Teudis un mortífero ataque nocturno. La administración visigoda
(534-48), que fijó su residencia en Hispalis. La mencionada fue desarrollándose y centralizándose, y para combatir a los
ocupación no debió ser muy popular, pues durante el reinado bizantinos, asentaron en la frontera contingentes de solda-
de Ágila tuvo lugar un levantamiento de las ciudades de la dos-campesinos similares a los que habían introducido sus
región, hecho que condujo al asalto de Córdoba en el 550. enemigos. Existía además un dux o jefe de la Bética, que
Parece que las revueltas pudieron tener una intención antia- tenía su sede en Corduba. Tiempo después estalló la rebelión
rriana pues, además, el citado monarca profanó los restos del del príncipe Hermenegildo, que había sido designado para
mártir San Acisclo y usó la iglesia a él consagrada como esta- el mencionado cargo. Algunos nobles visigodos y la aristo-

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cracia hispanorromana de la zona instigaron la rebelión del comerciantes y artesanos hebreos (actividades que por otro
hijo contra el padre. Leovigildo perdió el control de la región lado no monopolizaban) encontraban apoyos en ciertas capas
meridional y el insurrecto se proclamó rey en Sevilla, pero la de la aristocracia y el clero hispanorromanos. Hubo también
ciudad cayó en el 583 y Hermenegildo hubo de retirarse a judíos que trabajaban como colonos, sirvientes o trabajadores
Corduba, donde suponemos se hallaban contingentes de tro- de las villae. Las persecuciones visigodas del final del período
pas bizantinas que le ayudaban. Sobornados estos últimos por y los recelos que sus formas de vida despertaban en el resto de
Leovigildo, al año siguiente caía en su poder la urbe. El pacto población, bien pudieron motivar las situaciones de colabora-
de perdón en la rendición del hijo al padre pronto se alteró cionismo con los invasores durante la conquista islámica.
por las presiones cortesanas, y Hermenegildo acabó siendo Las destrucciones acarreadas por los frecuentes enfrenta-
asesinado en Tarragona en el 585. Terminaron entonces las mientos ya mencionados, junto con las epidemias, plagas de
continuas secesiones de Córdoba frente al poder visigodo, y la langosta y crisis cosecheras debieron pesar grandemente sobre
estabilidad se consolidó algo más con la definitiva expulsión la ciudad al concluir el siglo VII. Hasta tal punto fue así, que
de los bizantinos, en época de Suintila (621-31). hicieron disminuir notablemente su población y conformaron
Tanto la aristocracia meridional hispanorromana como las el paisaje ruinoso y decadente que hallaron los musulmanes
instituciones eclesiásticas no llegaron a verse muy germaniza- cuando conquistaron la ciudad. Al final de la época visigoda se
das. Se conservaron la mayoría de nombres grecorromanos y habían dejado de explotar las antiguas canteras de piedra, y se
cristianos, y el catolicismo era una de sus señas de identidad utilizaba preferentemente ladrillo o tapial. No obstante, hubo
fundamentales, frente al arrianismo visigodo, que comenzó una cierta actividad constructiva, especialmente durante el
a desaparecer desde la conversión de Recaredo (586-601). siglo VI. Una de las últimas muestras de ello fue el Palacio que
Costumbres como las aficiones al teatro y a los espectáculos según la Crónica Rotense habitó Don Rodrigo como dux de la
circenses siguieron conservándose en el seno de algunos Bética, antes de ser nombrado rey (el último de los visigodos).
notables de la Bética, aunque no conocemos con exactitud Cuenta al-Maqqarí en una obra muy posterior a los hechos
la ubicación de los espacios donde se llevaban a cabo. Por su que, a mediados del siglo VII, a un cazador se le escapó su
parte, el poder de los monarcas para la designación de obispos halcón en un bosquecillo junto a la antigua Córdoba, y que
era muy grande. en la espesura halló los restos de un antiguo palacio, sobre los
Tema destacable es el de la población judía en Córdoba. cuales se edificó la mencionada residencia hispanogoda, que
Existían importantes comunidades tanto en la ciudad como en el periodo siguiente se convertiría en el Alcázar andalusí,
en Cabra, Aguilar y Lucena. El origen de su presencia en His- sede del poder de los dominadores islámicos.
pania puede situarse en la época de la diáspora (siglos I-II d.
C.), aunque los primeros testimonios del foco cordobés datan [DECADENCIA DE LA CÓRDOBA TARDORROMANA Y VISIGODA]
del siglo III (inscripciones de matrimonio, etc.). Vivían apar-
«Basílicas, templos, anfiteatros sin destino, medio ocultos entre los escombros, surgirán como enormes
tados y de modo independiente del resto de la población (los
fantasmas de ladrillo y de dura argamasa. Despojados de sus revestidos de piedra y mármol, dominan
«gentiles»), y mantenían contactos con otros correligionarios plazas y foros solitarios y calles yermas, últimos testigos aún enhiestos de una espléndida civilización
de Oriente. Por ello eran frecuentemente temidos y rechaza- urbana. Sobre sus escombros y con los materiales procedentes de ellos se levantarían pobres viviendas
dos por el resto de la población, aunque algunos sectores de parásitas, incrustadas entre los restos de sus pórticos y de los grandes edificios abandonados».
Leopoldo Torres Balbás, Ciudades hispano-musulmanas, Madrid, 1972, pp.

[50] [51]
L A C ÓRDOBA ISLÁMICA O
ANDALUSÍ

C ONQUISTA Y ASENTAMIENTO ISLÁMICOS

U
na nueva ocasión de enfrentamiento entre facciones
visigodas condujo a uno de los bandos a pedir ayuda
exterior. En concreto, al otro lado del estrecho de
Gibraltar, al norte de África, hasta donde había llegado la
expansión islámica y se había asentado definitivamente a
comienzos del siglo VIII. Los acontecimientos que siguieron
fueron de crucial importancia tanto para Córdoba como para
el resto de la Península Ibérica. Una invasión que, al mismo
tiempo, iba a sembrar la semilla de un nuevo período de flo-
recimiento. Tratando de no caer en falsas leyendas negras o
doradas, ni en tópicos al uso, trataremos de reconstruir el pro-
gresivo amanecer, el rutilante y efímero brillo y, por último,
el precipitado y dramático ocaso de la etapa andalusí, durante
la cual la ciudad alcanzó sus mayores cotas de esplendor. En
aquel fenómeno tuvieron parte, tanto las bases sentadas en
los lejanos días de la época romana, como las aportaciones
de los pueblos nativos y foráneos que la poblaron durante la
dominación musulmana.
Después del primer desembarco y exploración de tan-
teo de Tarif (710) en la zona de Tarifa (de aquél le viene el
nombre) y el Campo de Gibraltar, una segunda expedición
árabe-norteafricana, esta vez más numerosa y al mando de
Tariq, consiguió vencer a los visigodos en las mismas puertas

[52] [53]
de la Península. Tras la derrota del rey Rodrigo en la batalla velescos y ficticios, pero un fondo real. Según parece, las tropas
de Guadalete (19-VII-711), las tropas islámicas continuaron islámicas acamparon en la orilla izquierda del Guadalquivir,
su ruta hacia el norte. Mientras que el grueso del ejército se en un bosque cerca de Secunda, el asentamiento de época
dirigían a conquistar Toledo, la capital visigoda, una fuerza romana que corresponde a la zona del Campo de la Verdad,
al mando de Mugit al-Rumí se concentró en tomar Córdo- al otro lado del río. Gracias a la ayuda de lugareños y espías,
ba, uno de los enclaves fundamentales en su ruta hacia el debieron obtener informes del estado de la guarnición que
corazón del reino cristiano. Las fuentes nos hablan de una defendía la urbe y los puntos débiles de sus murallas. Se nos
ciudad fortificada, aunque bastante maltrecha y mermada de cuenta que se lanzaron al asalto en una noche de fuerte lluvia
población, pues muchos notables habían huido al conocer el y granizo, trepando algunos soldados a una higuera junto a la
avance invasor. El puente romano se hallaba semidestruido. Puerta de la Estatua (del Puente), donde había una brecha en
La crónica Ajbar Mawmúa, muy posterior a los hechos (en los muros. La avanzadilla abrió las puertas y los musulmanes
torno al siglo XI) nos da una información con elementos no- entraron en Córdoba, dirigiéndose al palacio del gobernador

[54] [55]
(en torno al sitio del actual Palacio Episcopal y Seminario). cual unos 21 gobernadores ocuparon sucesivamente
Mas sigue relatando la crónica que aquél ya había huido, con el mando del territorio. El tercero de ellos, al-Hurr,
un numeroso grupo de soldados (se habla de medio centenar), trasladó la capital a Córdoba en el 716. Una vez más,
por la Puerta de Sevilla (que no correspondía a la actual), y su posición céntrica y bien comunicada resultó ven-
se atrincheraron en la basílica de San Acisclo (los testimonios tajosa. De su sucesor, al-Sahm, tenemos noticias de
de su solidez nos llevan a pensar en la zona del Palacio de una serie de reformas, destacando la reparación del
Cercadilla). Tres meses duró aquella resistencia, hasta que se puente romano entre 719-20, utilizando piedra de la
consiguió cortar su abastecimiento de agua. El gobernador muralla occidental, a su vez recompuesta con ladrillo.
trató de huir, pero fue capturado, y los defensores del reducto También fundó el primer cementerio musulmán al
ejecutados. Entre tanto, la ciudad había sido ocupada por los otro lado del río, en el que iba a ser conocido como
musulmanes, seguramente apoyados por los hispanogodos el barrio o arrabal de Shaqunda (la antigua Secunda).
adversarios de Rodrigo. Se dice que Mugit dejó la custodia El núcleo de la Córdoba islámica se asentó dentro del
de la urbe a los judíos que en ella habitaban, que como se vio recinto amurallado romano.
en el capítulo anterior no debían hallarse muy contentos con Uno de los problemas fundamentales de esta primera
los últimos años de la dominación visigoda. etapa y de las siguientes lo constituyeron los enfrenta-
Los conquistadores prosiguieron su rápido avance hacia el mientos que surgieron por la diversidad de intereses de
norte. Toledo fue tomada en diciembre de aquel 711. Al año cada uno de los grupos que componían la población.
siguiente, Musa, gobernador de Ifriqiya (provincia islámica Entre los recién llegados, musul-
del norte de África, cuya capital era Cairuán), y su hijo Abd manes, había árabes y beréberes.
al-Aziz, llegaron a la Península para supervisar y reforzar la Los primeros estaban divididos
empresa que estaba llevando a cabo su liberto Tariq. En su entre los clanes o grupos fami-
camino, además de rendir algunos focos de resistencia, los liares de los qaysíes y los yemeníes
musulmanes encontraron no pocos señores hispanorromanos o kelbíes, cuyas diferencias, que
y visigodos que pactaron su sumisión a ellos para conservar databan de la época preislámica,
su poder. Hacia el 716 la Península Ibérica había sido prác- pervivieron y se trasladaron con
ticamente ocupada, salvo algunos territorios de las montañas ellos a lo largo de la ruta de sus
cántabras y asturianas. conquistas. Por otro lado esta-
En septiembre del 714, Musa abandonó definitivamente ban las fricciones entre árabes y
el suelo hispano, dejando a su hijo Abd al-Aziz como emir o beréberes, estos últimos norte-
gobernador de al-Ándalus (nombre dado al territorio penin- africanos recientemente islami-
sular ocupado por los musulmanes, tal vez derivado de los zados, pero considerados de una
vándalos o vandalus, referente a aquel pueblo bárbaro), con categoría inferior, despreciados
sede en Sevilla. El nuevo territorio conquistado quedaba vin- por ello, pero también temidos
culado a Ifriqiya. Comenzaba una primera etapa de dominio por su valor, su espíritu sobrio y
islámico, llamada el emirato dependiente (711-756), en la combativo (por ello habían sido

[56] [57]
escogido como soldados de su ejército) y por ser más nume- dentes de la Europa que, mayoritariamente, conservaban su
rosos que los primeros. Una revuelta de los beréberes hacia el credo cristiano (llamados saqaliba o «eslavos», algunas de sus
740 motivó que el emir requiriese la ayuda de tropas sirias al mujeres, vasconas rubias y de ojos claros, perpetuaron esos
mando de Balch. Estos últimos resultaron vencedores al año rasgos de la familia omeya). El equilibrio entre elementos de
siguiente, pero el emir no cumplió sus promesas, por lo cual una u otra procedencia, y su lealtad jurada a los emires fueron
fue destituido. Sus sucesores procuraron dispersar a los sirios pieza clave para mantenerlos en el poder.
repartiéndolos en diversos distritos de al-Ándalus. Pero muy La belleza de la Sierra y, en general, el campo cordobés, ha
pronto iban a resultar de nuevo decisivas. La matanza llevada sido desde siempre reclamo para el solaz y entretenimiento
a cabo en el 750 por los abbasíes en Damasco para derrocar a de sus habitantes y forasteros. Aunque Córdoba continuaría
la familia de los omeyas, que ocupaba el califato (jefatura su- siendo la capital del territorio, y por tanto lugar de residencia
prema política y religiosa del mundo islámico), condujo a sus y sede de la corte de los gobernantes de al-Ándalus, los emi-
supervivientes al extremo occidental del imperio musulmán. res independientes y posteriormente los califas gustaron de
El futuro Abderramán I, que logró escapar de la tragedia en edificar fincas de recreo en las afueras de la urbe. A veces se
un atribulado viaje a través del norte de África, desembarcó asentaban sobre los restos de antiguas villas romanas y otras
con su séquito en Almuñécar en el 755. Y en mayo del año eran de nueva creación. Elemento esencial para permitir el
siguiente derrotó a Yúsuf al-Fihri, último emir dependiente, fácil traslado a ellas, así como para sostener los intercambios
en la batalla de al-Musara, en las cercanías de Córdoba. comerciales y los desplazamientos del ejército, fue la red
Se proclamó el emirato independiente (756-929), que romana de caminos y calzadas, que se mantuvo y mejoró
suponía la autonomía política de al-Ándalus, aunque su con nuevas aportaciones. Al pie de la sierra cordobesa (en
religión seguía teniendo un referente superior en Arabia. la zona al oeste de la avenida del Brillante), sobre el Palacio
Desde su llegada, Abderramán I el Inmigrado, se vio obligado visigodo de Teodomiro, Abderramán I mandó establecer una
a anular y reprimir revueltas y alzamientos que cuestionaban residencia a la que denominó al-Rusafa (Arruzafa), en la cual
su poder y que enfrentaban a los diversos grupos sociales. Por se dice que plantó una palmera cuya figura le recordaba a su
ello, formó un ejército profesional compuesto de mercenarios
beréberes, negros (sudaneses sobre todo) y esclavos proce-

[LOS EMIRES INDEPENDIENTES DE AL-ÁNDALUS]

Abderramán I el Inmigrado (756-788)


Hisham I (788-796)
Al-Hakem I (796-822)
Abderramán II (822-852)
Mohamed I (852-886)
Al-Mundhir (886-888)
Abdaláh (888-912)
Abderramán III (912-929, luego califa)

[58] [59]
añorada Siria natal. También las familias de notables poseían
algunas de estas almunias o lugares de descanso. Constaban
de edificaciones para los aristócratas y su servidumbre, así
como de jardines con albercas y fuentes, símbolos del gusto
por recrear pequeños paraísos privados con abundante agua
y vegetación. Como muestra de ese amor figuran los nom-
bres de los ríos españoles, empezando por el Guadalquivir
o «río grande», que han permanecido junto a otros muchos
topónimos.
Durante este período, el núcleo fundamental de la ciudad
de Qurtuba (arabización del latín Corduba) correspondió más
o menos a los límites del recinto amurallado de época romana,
salvo leves modificaciones. A aquel núcleo se le dio el nombre
de la Medina, y a su alrededor fueron surgiendo poco a poco
una serie de arrabales extramuros, aunque el crecimiento de
los mismos no alcanzaba la enorme extensión que llegaron a
la irregularidad, el desorden, laberinto de estrechas y sinuosas
tener en la época califal (siglo X).
callejuelas, no obedecen tanto a una idea premeditada del
Sabemos por las fuentes escritas y la arqueología que la mundo islámico, como a las realidades a las que tuvo que
Medina tenía siete puertas: al norte se encontraba la del León amoldarse. Como en otros casos, la capital recibió la herencia
o del Judío (posterior de Osario); al sur la del Puente o de la de las épocas tardorromana y visigoda, durante las cuales se
Estatua; al este había dos, la de al-Yabbar, Puerta de Roma o ocuparon diversos espacios públicos para uso privado (funda-
de Toledo (en torno a la calle Capitulares y plaza del Salvador), mentalmente viviendas), y por tanto, se alteró aquel trazado
y la Bab al-Hadid o Puerta de Hierro o de Zaragoza (en la ordenado de amplias vías principales y calles secundarias. El
confluencia de las calles Caldereros y San Fernando, junto a la crecimiento demográfico, la progresiva ocupación del espacio
Cruz del Rastro). Y al oeste se encontraban tres: la Bab al-Amir intramuros, junto a las características de la cultura árabe, die-
al-Qurashí («del emir», actual de Gallegos), la Puerta de Bada- ron a la Medina una fisonomía irregular. Como contrapunto
joz o Bab al-Yawz («del Nogal», hoy Puerta de Almodóvar), que apoya lo afirmado, los arrabales o barrios extramuros que
y la de los Drogueros o Bab al-Ishbiliya («Puerta de Sevilla», se edificaron en los siglos IX y X tuvieron un plano regular
que no corresponde con la posterior que ha llegado hasta el y ordenado. Centrándonos en el recinto amurallado, se es-
presente). Por su parte, en las reparaciones de las murallas se tructuraba en torno a calles principales y secundarias. Entre
emplearon sillares más pequeños e incluso a veces ladrillos. estas últimas abundaban los callejones estrechos y sin salida
Cada cierta distancia, se situaban torres defensivas. o adarves (en Levante azucaques, de al-zuqaq, o zunaq, de al-
Al hablar del trazado de las calles de Córdoba hay que zunayqat viene el nombre Azonaicas). Aquellos daban acceso
tener buen cuidado de matizar los tópicos al uso. Las caracte- a las viviendas, que generalmente agrupaban a individuos de
rísticas de arabesco urbano, de un plano en el que predominan un mismo gremio o familia, y solían tener una verja o puer-

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ta para cerrarlos por la noche, siendo vigiladas sus entradas
por una especie de serenos o guardias. Eran frecuentes los
jabalcones o saledizos y pasillos elevados que comunicaban
casas, estructuras que contribuían a hacer las calles aún más
estrechas y oscuras. Con ello, se paliaba el calor propio de
estas latitudes. Del mismo modo, apenas había plazas desta-
cables, siendo la mayoría meras confluencias viarias. Ha de
considerarse que no había carros y todo el transporte se hacía
con animales de tiro o porteadores, que no necesitaban de
grandes anchura para circular.
Todo ello derivaba también de la escasez y mayor per-
misividad de la legislación que regulaba el urbanismo y la
construcción en el mundo islámico. Su concepción de las
vías públicas era de mero lugar de tránsito, y de las viviendas
como ámbitos privados, ocultando celosamente su interior.
Es por ello que las casas se estructuraban en torno a patios,
por donde se recibía la iluminación y ventilación, en tanto
que eran escasísimas las ventanas que dieran al exterior, a
las calles. Los notables poseían sus viviendas particulares,
en tanto que la gente modesta a veces compartía espacios
como los que a partir de los siglos XII y XIII empezaron a
denominarse «corrales de vecinos». Asimismo, en cualquier
barrio de la Medina y de otros arrabales, podían encontrarse
mezquitas (algunas de ellas eran fundaciones piadosas de las
concubinas del emir o notables), alhóndigas (posadas o casas
de alojamiento, como luego veremos), baños (hammam, tanto
públicos como privados, unos 300 en el siglo X según las
fuentes, conservándose restos de los de San Pedro, Pescadería
y Santa María), hornos y pequeños mercados.
Las evidencias arqueológicas señalan que sobre todo desde
el siglo X, existió un amplio grado de infraestructura urbana,
especialmente en materia de abastecimiento y conducción
de aguas, en buena medida heredado del pasado romano,
renovado y mejorado: acueductos, qanats, norias, aceñas,

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elementos romanos y visigodos. La misma iglesia de San Vi-
cente, así como los vestigios de edificios como el Palacio de
Cercadilla, pudieron ser una buena cantera, así como modelo
para el sistema constructivo empleado, de pilares sobre co-
lumnas y arcos de medio punto sobre los de herradura. Hasta
hace poco se hablaba de acueductos (el de los Milagros de
Mérida), como modelos de este esquema, pues los soportes
también cumplen esta función, sustentando los canalillos que
corachas, aljibes y baños. Dicha red procuraba un bienestar hay en los tejados, que recogen y evacuan las aguas de lluvia al
impensable en otras latitudes. exterior. La planta de la mezquita tenía forma casi cuadrada,
Los centros de poder religioso, político y económico de la de 79 x 78 metros, dividida en dos mitades casi exactas. Una
capital cordobesa se hallaban instalados en la zona meridional, correspondía al patio o sahn (plantado con palmeras, los na-
junto al río: la Mezquita Aljama, el Alcázar y el Gran Zoco. ranjos son muy posteriores) y otro al haram o sala de oración,
En el mundo musulmán, aparte de las pequeñas mezquitas de 11 naves perpendiculares al muro de la qibla (que orienta
de barrio y oratorios particulares, existía en cada ciudad una la dirección de la oración, generalmente hacia La Meca, al
Mezquita Aljama o mayor (más o menos equivalente a la este, aunque este lo hacía hacia el sur). Su sobrio y macizo
catedral cristiana), donde tenía lugar la jutba u oración del exterior recordaba a los castillos omeyas de Siria.
viernes. Cuenta ibn Idharí que los conquistadores, como parte Los sucesores del primer emir independiente fueron reto-
de las capitulaciones, expropiaron a los cristianos la mitad de cando y engrandeciendo este singular monumento, de una
sus iglesias. Entre ellas, la de San Vicente, que formaba parte sobria belleza y hoy único en el mundo por la originalidad
de un complejo monástico más amplio, y era quizá la más de su conjunto. Hisham I se encargó de rematar los techos
importante intramuros. Al carecer de alminar, al principio el con artesonados de madera de pino, construir lavatorios y
almuédano llamaba a la oración desde una torre del Alcázar, un alminar o torre (actualmente señalado en el suelo del
justo enfrente. No fue hasta un cierto tiempo después, entre patio por un recuadro). En el siglo siguiente, Abderramán II
el 748 y 756, que se levantó una primera mezquita, de la
que no se conservan restos y que pronto se quedó pequeña.
A finales de su mandato, Abderramán I decidió construir un
edificio mayor, que pudiera dar cabida a los fieles. Para ello,
según cuenta la crónica (no sabemos cuánto hay de fábula y
de realidad), compró a buen precio la otra mitad de la basílica
de San Vicente a los cristianos y les permitió reedificar sus
iglesias a las afueras de la ciudad que habían sido demolidas
durante la conquista. La construcción fue muy rápida, entre
el 786 y 787, y para agilizarla se empleó abundante material
de acarreo, esto es, se reutilizaron columnas, sillares y otros

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realizó la primera ampliación de la sala de oración (840-8), jardines y pabellones conoce-
prolongándola 64 metros hacia el sur. Se utilizó una peque- mos sus nombres (gracias a
ña cantidad de materiales ya labrados ex profeso (algunos las obras de Ibn Bashkuwal
capiteles), junto con los de acarreo, y las columnas de esta y el posterior al-Maqqarí)
ampliación carecen de basa. Mohamed I completó la obra con y alguna que otra hipótesis
elementos decorativos y una primera maqsura o espacio junto sobre su ubicación: «el Alto»
a la qibla reservado para el califa, separado de los fieles por un (al-Munif), «el Perfecto»
cercado o reja. Durante el califato, nuevas labores vinieron a (al-Kamil), «el Maravillo-
multiplicar su tamaño y riqueza ornamental. so» (al-Badi), «el Brillante»
Por otro lado, el centro del poder político de Córdoba y (al-Zahr), «el Castillo de la
al-Ándalus, residencia de los emires y posteriormente de los Alegría» (Qasr al-Susur), «el
califas, se situaba Alcázar andalusí, término más adecuado Jardín» (al-Rawda), etcétera.
que el de califal. Como era tradicional, los musulmanes es- En este último se ubicaba
cogieron el edificio que había sido anteriormente palacio del el cementerio de la dinastía
gobernador (Balat Ludriq o palacio de Don Rodrigo, como omeya andalusí, donde fue-
vimos al final del capítulo anterior). El concepto islámico ron enterrados todos los emi-
de alcázar consistía en un conjunto de distintos pabellones res y califas, salvo Hisham
y jardines, cercados por un recinto amurallado que lo sepa- II y sus efímeros sucesores.
raba de la urbe. Para esto último, también se aprovechaban Salones de audiencias y re-
elevaciones montañosas (como en la Alhambra). En el caso cepciones, despachos para el
cordobés, su perímetro era de unos 517 metros, más o menos personal administrativo, biblioteca, una alcazaba militar y un
las dimensiones señaladas por al-Maqqarí; y una superficie de campo de polo, jardines, habitaciones privadas del gobernante
39.000 metros cuadrados, muy superior a la de la Mezquita, y su familia, etc., formaban parte del Alcázar. Los pabellones
para hacernos una idea. Los cimientos y parte de su muralla orientales eran los más antiguos, y cada gobernante añadió
septentrional y oriental aún pueden encontrarse en los mis- una nueva construcción o reforma al complejo. Por ejemplo,
mos del Palacio de Congresos y el Episcopal (calle Torrijos). fue Abdaláh quien construyó un primer sabat o pasadizo ele-
El lienzo de muro meridional discurría por la actual fachada vado y cubierto, que comunicaba el Alcázar con la Mezquita
sur del Seminario de San Pelagio, hasta el patio de las albercas (por la puerta de San Miguel), sin que el emir tuviera que
del Alcázar de los Reyes Cristianos. De ahí, ascendía hacia salir a la calle.
el norte, coincidiendo con la fachada este de las Caballerizas El Alcázar tenía una serie de torres y puertas, algunas de
Reales. Su ángulo noroccidental coincidía con el de la plaza las cuales conocemos. En la zona sur la puerta de los Jardi-
Campo de los Mártires, donde enlazaba con la muralla de nes (al-Yinan, en torno a la calle Santa Teresa de Jornet) y la
la ciudad (el tramo aún en pie de la calle Cairuán). Precisa- principal, llamada de la Azuda (al-Sudda, cerca del ángulo
mente en ese punto se sitúan las únicas dependencias que han sureste); sobre esta última se veía una terraza o azotea desde
sido reconstruidas: los llamados baños califales. Del resto de la cual los emires y califas presenciaban desfiles militares,

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ejecuciones y se dirigían a la multitud (en alguna gados de supervisar el buen estado, la calidad de los productos,
ocasión durante episodios decisivos de la historia que sus precios y las pesas y medidas fueran los adecuados y
de al-Ándalus). En el lienzo norte sólo conocemos evitar hurtos acaparamientos, riñas y litigios. Por su parte las
la del Baño (Bab al-Hammam) y al noreste la de la alhóndigas eran almacenes de mercancías y hospederías. En
Justicia (al-Adl). En la zona oeste, en los extremos época posterior se denominaría también así a los depósitos
del muro oriental de Caballerizas Reales, la del de grano. La Posada del Potro cordobesa puede considerarse
León (Bab al-Siba) y la de Sevilla (Bab Ishbiliya); heredera de la estructura de aquellos edificios andalusíes,
la primera, así como la torre del ángulo suroeste cuyo único ejemplo que conservamos completo es el Corral
del Alcázar omeya, hace alusión a la dependencia de Carbón de Granada (del siglo XIV): edificio estructurado
donde Abderramán III tenía unos leones (el nom- en torno a un amplio patio interior y con varias plantas con
bre aún se conserva en la Torre del León del Alcázar galerías abiertas a aquél. Había varias alhóndigas en toda la
de los Reyes Cristianos). ciudad, estando a veces especializadas en productos concretos.
Aquella puerta de Sevilla aparece mencionada Era el caso de la del vino, situada en el arrabal de Shaqunda.
en las fuentes para referirse al Zoco Grande (al- Por ser foco de los bebedores y gente de mala reputación, y
Sud al-Kubra). Su traslado junto al muro oeste debido a las protestas de los alfaquíes, al-Hakem I mandó
del Alcázar tuvo lugar tras el motín del arrabal de destruirla, aunque no por ello dejó de consumirse el vino en
Shaqunda (818), pues hasta entonces había estado la ciudad, muy difundido incluso entre los musulmanes.
situado en aquel barrio del otro lado del río. En ese
Zoco Mayor trabajaban y vendían sus productos
diversos gremios de artesanos: alimentación, tejidos, manu-
facturas comunes, artículos de lujo. Junto a aquél se situaba
el arrabal de la Rawda y la Casa de Correos o Postas (allí
emplazada hasta que Al-Hakem II trasladó a los tejedores),
así como la Alcaicería, mercado de productos caros y valiosos
(sedas, joyas, etc.) que se ubicaba en una plaza o en una calle
porticada, vigilada y cerrada de noche. Entre los siglos XI y
XII, el emplazamiento de esta última, como el del Zoco, se
trasladó al interior de la manzana al este del ángulo suroriental
de la Mezquita, con acceso por la calle Corregidor Luis de la
Cerda. Aún se conservaba su ubicación a comienzos del siglo
XIX, como se ve en los planos de 1811 y 1851. Aparte, había
otros zocos dedicados a productos concretos, y en diversas vías
de la medina y arrabales se agrupaban artesanos dedicados a
una misma actividad, como en época cristiana. Almotacenes y
zabazoques eran los funcionarios de la administración encar-

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Otros espacios públicos importantes eran la musalla y la a los musulmanes no les preocupó
musara o almuzara. La primera era una explanada que servía la conversión de judíos y cristianos
como oratorio público a cielo abierto, para ciertos eventos a su credo. Su legislación toleraba
religiosos de gran trascendencia. Existían dos musallas, situa- a aquellas «gentes del Libro» o
das en torno a la zona del actual puente de San Rafael, una protegidos (dimmíes), siempre y
en cada lado del río y a orillas de éste. En torno a la zona del cuando pagasen los impuestos
hoy Jardín Botánico, hacia el oeste del mismo, se ubicaba la establecidos (la administración
musara, gran explanada destinada a ejercicios y desfiles mi- percibía una cantidad global, en-
litares. La idea de cierta continuidad en los usos de espacios cargándose de la recaudación un
públicos nos lleva a pensar que pudo elegirse el lugar debido a funcionario elegido por el emir
que en la época tardorromana y visigoda se dieran allí carreras dentro de cada comunidad). Di-
de carros y caballos. versas circunstancias impulsaron
Terminando con los recintos públicos, junto a la Puerta a los cristianos a asumir la reli-
del Puente se ha excavado un edificio octogonal de potentes gión islámica cada vez en mayor
sillares y contrafuertes, identificado como la Casa de los Re- número. Aunque hubo algunas
henes. Al oeste de la Mezquita estaba la Casa de la Limosna conversiones sinceras, la mayoría
Canónica, institución islámica fundamental para la recauda- obedecieron a conveniencias socia-
ción de dinero y alimento entre los musulmanes y su reparto a les. Más que por la presión fiscal
los más desfavorecidos. La cárcel para presos de delitos graves (variable según las épocas), trata-
estaba en el Alcázar, mientras que los comunes se ubicaban ban de obtener ventajas sociales,
en otros recintos. También existían la Casa de la Moneda o evitando trabas administrativas
Ceca, y la mencionada de Correos. y las discriminaciones y humi-
Apenas tenemos noticias de dónde se asentaban los cris- llaciones de las que podían ser
tianos o la judería. Se piensa que esta última pudo estar en la objeto por parte de la población
zona norte de la Medina, ya que la posterior Puerta de Osario musulmana. Poco a poco, esta
era llamada entonces «del Judío». Con respecto a los cristia- última fue creciendo mucho, ya
nos, no se cree que vivieran en barrios separados, sino que que buena parte de los conquis-
sus casas estarían mezcladas con las del resto de la población. tadores árabes y beréberes habían
Parece seguro que no habitaban en la Medina, como tampoco traído consigo a sus familias, y la
se ubicaban allí sus iglesias (según Menéndez Pelayo seis: San poligamia, costumbres sobre el
Acisclo, San Zoilo, los tres Santos, San Cipriano, San Ginés parentesco y linaje y legislación
Mártir y Santa Eulalia). Como en el caso de las sinagogas, se favorecían su expansión. Con ello
prohibió edificar otras nuevas. Los cristianos de la ciudad se y con las conversiones masivas de
organizaban bajo la jefatura de un individuo cuyo título era el antiguos cristianos, resultó que,
de conde (comes). Durante los primeros años de la conquista, hacia el siglo X, tres cuartas partes

[72] [73]
de la población de al-Ándalus profesaba la religión islámica. una dinastía que gobernó la isla hasta el 961). Por otro lado,
Ofrecemos una aproximación, ya que no hay cifras seguras los alfaquíes y sus familias fueron perdonados. El emir y sus
para cada período. sucesores comprendieron que era mejor tenerles de su parte,
No obstante, el fenómeno de la islamización presentó pues sus poderes jurídicos y religiosos, así como su capacidad
numerosas complejidades. Los recién convertidos al Islam oratoria podía ponerles en aprietos.
o muladíes seguían siendo minusvalorados por los baladíes Fue sobre todo durante la época de Abderramán II (822-
(musulmanes que habían llegado a la Península Ibérica 852), coetáneo del mítico califa de Bagdad Harún al-Rashid,
profesando su religión), en una situación parecida a la de las cuando se acentuaron los procesos de islamización y arabiza-
relaciones entre beréberes y árabes. Es por ello que surgieron ción en al-Ándalus. El segundo se refiere a la extensión de la
conflictos entre unos y otros, debido a la discriminación ha- lengua y la cultura árabe a todos los niveles de la población, y
cia los muladíes, que seguían a veces bajo la misma presión tanto entre los musulmanes peninsulares como entre los judíos
fiscal. También surgieron algunos individuos y grupos con y cristianos. Estos últimos comenzaron a recibir el nombre de
aspiraciones autonomistas, y a veces independentistas, por mozárabes, pues sus correligionarios del norte no sometidos
todo al-Ándalus. El fenómeno se hizo especialmente virulento al poder islámico notaban una creciente divergencia en sus
fundamentalmente en dos épocas: el tránsito del siglo VIII al costumbres y manifestaciones externas. En el fenómeno de la
IX, y a fines de este último. arabización tuvo su importancia la figura del músico Ziryab
Tras el reinado más o menos pacífico de Hisham I (788- (789-857/8). En realidad no era aquel su verdadero nombre,
796), su sucesor, el enérgico al-Hakem I (796-822) tuvo que sino un apodo que le venía del color oscuro de su piel y del
hacer frente a diversas revueltas, como la Jornada del Foso de tono de su voz, que recordaban al mirlo. De la corte del
Toledo (797) o los motines de Córdoba en el 805 (una conjura mencionado califa de Las mil y una noches, partió el músico
para derribar al emir) y 818. Especialmente el segundo fue hasta llegar a al-Ándalus, dicen las crónicas que huyendo de
muy alarmante, pues la población del arrabal de Shaqunda los celos de su maestro. Invitado por al-
cercó el Alcázar andalusí. Los artesanos y comerciantes mo- Hakem I y establecido como cortesano de
zárabes protestaban por los nuevos impuestos aprobados, y su hijo y sucesor, Ziryab llegó a convertirse
algunos notables y alfaquíes (jueces musulmanes) apoyaban no solamente en un músico rico y famoso
a los insurrectos al verse desplazados en la política del emir. (cantor sin igual e innovador, añadiendo
La represión fue muy dura, ordenando al-Hakem a sus tro- una quinta cuerda al laúd), sino además un
pas que saqueasen el arrabal durante tres días. Shaqunda fue introductor de estilos, productos y modas
arrasado hasta los cimientos y se prohibió todo intento de y todo un árbitro en cuestiones de etiqueta
volver a edificar sobre aquel solar. De los supervivientes a la y buen gusto.
masacre, 300 notables fueron ejecutados (crucificados, como Algunas expediciones guerreras contra
solía ser costumbre, para escarnio público) y al resto se les per- los reinos cristianos y la defensa contra
donó la vida, a condición de que abandonaran para siempre las incursiones de los mayyus (nombre
Córdoba. Aquellos exiliados se establecieron en ciudades del que daban a los vikingos, que fueron re-
norte de África y Creta (un natural de Pedroche estableció chazados en Tablada, Sevilla, en el 844),

[74] [75]
apenas empañaron el gobierno del sensual Abderramán II. Isaac, Sisenando, Teodomiro y las santas María de Córdoba
Un emir ávido coleccionista de libros y bellas amantes, como y Flora. Esta última, de origen muladí, nos da testimonio de
de curiosidades que mandó traer de oriente (joyas árabes, la condición de criptocristianos (oficialmente musulmanes,
animales exóticos africanos, autómatas bizantinos...). En pero practicantes del cristianismo en secreto) de algunos de
torno a aquella época llegaron a al-Ándalus toda suerte de sus miembros. Eulogio fue encarcelado, junto con el obispo
maravillas y nuevas técnicas, como la de la fabricación del Saulo, pero después liberado. La mayoría de los cristianos
papel, cristal o la cría de gusanos de seda. El arroz, caña de no vieron con buenos ojos estos actos, que enrarecían las
azúcar, los naranjos y toronjos fueron traídos por los musul- relaciones con el poder musulmán y hacían peligrar el es-
manes, mientras que del sur peninsular exportaban aceitunas, tatus de cierta tolerancia que los emires les habían venido
uvas (generalmente pasas) e higos. Córdoba destacó por sus dispensando. Apoyándose en ellos, Abderramán II buscó
artesanías de orfebrería, marfil, jade y cuero. una salida impulsando la reunión de un concilio en Toledo
De aquella progresiva arabización en el habla y las costum- (852), en el cual se prohibió la búsqueda del martirio. No
bres, también fuera de la corte y entre el pueblo cristiano, obstante, los partidarios de Eulogio persistieron, y la casual
se quejaba el círculo en torno a San Eulogio de Córdoba. e inesperada muerte del emir aquel año fue interpretada por
Este personaje protagonizó junto a Álvaro Cordobés y otros ellos como castigo divino. En el 859 Eulogio fue ejecutado
personajes, uno de los episodios más controvertidos de la por sus reiteradas provocaciones (un año después de haber
época: el «martirio voluntario». Con su palabra y escritos, sido proclamado por sus seguidores arzobispo de Toledo).
Eulogio incitó a sacerdotes y fieles cristianos a que declarasen Mohamed I desencadenó una dura represión, condenando a
públicamente su fe y la falsedad de la de los musulmanes. muerte a los revoltosos y ordenando destruir el monasterio
En su versión, insistían en la existencia de una provocación de Tábanos, eje del movimiento. Los alfaquíes promulgaron
previa, debido a la prohibición de construir iglesias y ha- medidas severas, y se estableció la obligatoria conversión al
bitar en la Medina, la destrucción de algunas de ellas o la islamismo de los funcionarios cristianos de la corte. Muchos
extensión de la lengua y la cultura árabe incluso entre los mozárabes optaron por la emigración, extendiendo en los
cristianos, en detrimento de la propia. Los acontecimientos reinos y condados cristianos su cultura visigoda y mentalidad
se desencadenaron en el año 850, cuando el monje Perfecto, antiislámica.
sosteniendo una charla distendida con algunos musulmanes, Pero los problemas más importantes tuvieron lugar en otros
comentó que Mahoma era un falso profeta. No ocurrió nada ámbitos, a partir de esa segunda mitad del siglo IX. Entre 864-
entonces, pero luego se le acusó de blasfemo y se le condenó. 74, frecuentes años de sequías y plagas de langosta, junto con
La falta de tacto al convertir su ejecución en espectáculo el azote de epidemias, condujeron a una crisis demográfica.
público llevó a la rebelión de un grupo de cristianos, que Ello impulsó la posterior llegada de nuevos contingentes de
consideraron a Perfecto un santo. En el 851 fueron detenidos población del norte de África, sobre todo beréberes. A ello le
y ejecutados cierto número de mozárabes que habían busca- siguió una crisis política, de movimientos autonomistas y
do el martirio blasfemando públicamente contra la religión separatistas respecto al poder emiral, encabezados en buena
islámica. Conocemos el nombre de una quincena de ellos medida por grupos de muladíes. Fueron los casos de Abderra-
(aunque hubo más), entre los que se encontraban los santos mán ibn Marwan al-Chilliquí («el Gallego») en Extremadura

[76] [77]
y del famoso Omar ibn Hafsún en la sierra de Ronda. Desde de Medina Azahara (h. 936-947), [CALIFAS DE AL-ÁNDALUS]
el final del reinado de Mohamed I (852-886), y sobre todo a unos ocho kilómetros al noroeste
bajo el gobierno de Abdalláh (888-912) tuvo lugar el mayor de Córdoba, sobre los restos de una Abderramán III al-Nasir
grado de descomposición (disidencias de Écija, Carmona, antigua villa romana. La leyenda la (califa entre 929-961)
Sevilla, Granada, Almería, Mérida, Toledo, Zaragoza). Pero Al-Hakem II al-Mustansir Bi-llah
atribuye al capricho de la concubina
(961-976)
su sucesor iba a acabar con aquellas revueltas para llevar a al- del mismo nombre, extraordinaria-
Hisham II
Ándalus y a Córdoba a su etapa de mayor esplendor. mente amada por Abderramán III.
(976-1009 y 1010-1013)
Estaba situada en la falda de la sierra Mohamed II al-Mahdi
C ÓRDOBA C ALIFAL cordobesa, junto al llamado «Monte (1009)
de la Novia», dominando un hermoso Sulayman al-Mustain
La descoordinación de los diferentes focos insurrectos, así panorama de los alrededores. Ocupaba (1009-1010 y 1013-1016)
como la energía de Abderramán III (912-961) permitió con- la ciudad unas 112 hectáreas, cercada Alí ibn Hammud
servar la unidad de al-Ándalus y la victoria sobre los disidentes por potentes murallas que se extendían (1016-1018)
de aquel joven que, con 21 años, sucedió a su abuelo Adalláh. un kilómetro y medio de este a oeste Abderramán IV
Otras dos décadas habían de pasar hasta que recobrara su y 750 metros de norte a sur, confor- (1018)
plena soberanía sobre los territorios separados desde el final mando su planta un rectángulo, con Al-Qasim ibn Hammud
del siglo anterior. En el 928 logró tomar Bobastro, la capital accesos bien defendidos. Las caracte- (1018-1021 y 1023)
de ibn Hafsún (muerto once años atrás). Un año después rísticas del terreno permitían situar su Yahya ibn Hammud
conquistó Badajoz. Y en el 932 entró victorioso en Toledo Alcázar en las terrazas superiores, en el (1021-1023)
tras dos años de asedio. Dentro de su programa político, Abderramán V
centro del conjunto y junto al borde
cuidadosamente planificado, figuró su proclamación con los (1023-1024)
de la muralla septentrional, elevado
dos máximos títulos islámicos: el de califa y «Príncipe de los Mohamed III
sobre la población de la urbe, alojada (1024-1025)
Creyentes»; así como la adopción del sobrenombre honorífico esta última en barrios de trazado más Hisham III
Al-Nasir li-din Allah («quien combate victoriosamente por la o menos ordenado (según las zonas). (1029-1031)
Religión de Alá»). Suponía añadir a su autonomía política la Entre ambos conjuntos había espacios
religiosa, cortando los últimos y débiles hilos de dependencia abiertos, que permanecieron sin edifi-
respecto al califato bagdadí, cuyo decaimiento vino a ponerse car para favorecer las vistas y separar
más aún en entredicho al usurpar su dignidad los gobernan- claramente la esfera del gobernante de
tes fatimíes de Egipto. Para oponerse en plano de igualdad a sus súbditos. El recinto que ocupaba el
estos últimos resultaba necesario autonombrarse como único primero se disponía escalonadamente.
«representante de Alá en la tierra» con la legitimidad que, a En la zona superior oeste del Alcázar
su juicio, correspondía a la familia omeya. estaba la residencia del califa (Dar
Todo ello implicaba la necesidad de un ceremonial que al-Mulk o Casa Real), y al este las
acrecentara el brillo de su figura y, por tanto, la hiciera aún más dependencias de sus servidores y los
alta y lejana. De ahí la decisión de construir la ciudad-palacio lugares destinados a la administración.

[78] [79]
Entre estas últimas destacaba el «Sa- Para mejorar las comunicaciones con la nueva ciudad
lón del Trono». Como lugar donde palatina y con las almunias, se llevaron a cabo reformas y
eran recibidas las embajadas (desde ampliaciones de la red viaria, de los puentes de los alrededo-
Germania a Bizancio) y símbolo del res (construcción del de los Nogales, en el camino a Medina
poder califal, el edificio contaba con Azahara, y el de Cañito de María Ruiz, hacia la almunia del
una abundante y lujosa decoración mismo nombre), así como en el antiguo acueducto romano
en sus muros, y a su frente se abrían de Valdepuentes. Al mismo tiempo, los arrabales extramuros
jardines con diversas albercas. Toda tuvieron como uno de sus ejes de crecimiento aquellos cami-
esta magnificencia arquitectónica nos hacia Medina Azahara.
y el ceremonial de acceso a cada Córdoba crecía y se monumentalizaba, aunque conviene
espacio o estancia hasta acceder a precisar reduciendo las exageraciones cronísticas, como la
la del soberano supremo dio origen mítica cifra del millón de habitantes. Más probable parece
a multitud de noticias en las que que fuera de alrededor de 200.000 personas, que no es poco
historia y leyenda se confunden. Al- y aún así, seguiría muy por encima de las de Occidente. Sólo
Maqqarí refiere testimonios sobre alguna ciudad oriental, como Bagdad, podría comparársele o
al-Yatima, la gran perla que pendía
sobre una fuente de mármol llena de mercurio cuyos juegos
de luces, al ser removida, desconcertaban y llenaban de terror [LA NORIA DE LA ALBOLAFIA]
a los visitantes. Construida entre 1136-7 por el emir Tashufin, hijo del califa Alí ibn Yúsuf, constituye
un símbolo que ha pervivido para figurar en el escudo actual de la ciudad. Se trata de
La ciudad contaba también con una Mezquita Aljama,
una rueda de madera de unos 15 metros y con cangilones para elevar agua del Guadal-
situada al sureste, fuera de los muros del Alcázar y junto a
quivir al Alcázar. En fechas posteriores sufrió diversas transformaciones: En el siglo XVI
ellos, al nivel de la terraza inferior. Su diseño era de 5 naves se convirtió en molino o batán, después de haber sido desmontada y desmantelada por
y su muro de qibla perfectamente orientado hacia La Meca. orden de Isabel la Católica, cuyo descanso en la temporada que pasó en el Alcázar de la
Posteriormente se construyó un doble muro y un sabat o ciudad, en 1482, se veía perturbado por su sonido.
pasadizo elevado para que el califa pudiera acceder a la sala
de oración directamente desde los jardines del Alcázar.
Como sus antecesores y sucesores, Abderramán III tam-
bién residió por temporadas en fincas de recreo cercanas a
Córdoba. Su preferida, que él mismo ordenó construir, era
la almunia de al-Na’ura, término que significa «gemidora» y
alude al sonido de la noria que poseía. No olvidemos que los
musulmanes trajeron desde Persia esta tecnología y dichas
ruedas solían servir en más ocasiones para el regadío que como
molinos. Se cree que la noria pudo estar en la zona del vado
de Casillas y la vivienda en el Cortijo del Alcaide, al oeste de
la ciudad y junto al río.
[80] [81]
escritas hablan de hasta 21, que a veces recibían el nombre
de la puerta junto a la que estaban, o el de su fundador. Es
importante hacer mención a sus peculiares características,
pues su aspecto era el de zonas verdes, y no se encontraban en
ellos las construcciones conmemorativas ostentosas de otras
religiones. Además de ser el espacio donde descansaban los
muertos, visitados por sus familiares para rogar por ellos, eran
también lugares de paseo y esparcimiento muy concurridos
(sobre todo los viernes, después de la oración), en actitud
opuesta, como puede apreciarse, a la del mundo funerario
cristiano; incluso eran escenario de numerosas citas galantes
y frecuentados por seductores. Por su parte, los cristianos si-
guieron enterrándose preferentemente en torno a sus iglesias
también a extramuros. Poco sabemos de los judíos, que tal
vez tenían su lugar de descanso eterno en un recinto junto
al de Umm Salama. Este último era uno de los cementerios
musulmanes más extensos: comenzaba frente a la Puerta del
Judío (hoy de Osario) y se prolongaba hacia el norte por el
superarla. En cuanto a la extensión, tampoco tenemos datos
Campo de la Merced hacia el actual trazado del ferrocarril y
seguros. Sabemos que cuando tuvo lugar la guerra civil y los
avenida de las Ollerías.
beréberes sitiaron Qurtuba (1010-13) se construyó un foso
que englobaba tanto a la Medina como a todos sus arrabales. En época califal había en Córdoba una veintena de arra-
Según testimonios de ibn Galib e ibn al-Jatib, medía de 20 bales según las fuentes, aunque resulta difícil identificar sus
a 22 kilómetros de perímetro, rodeando una superficie de nombres con los vestigios de ellos excavados en los últimos
5.000 hectáreas. A 100 habitantes por hectárea, daría medio años. La zona al oeste de la Medina fue la más poblada, y
millón, cifra que algunos consideran demasiado elevada. Pero la primera que empezó a crecer. Ya los emires al-Hakem I y
seguramente los barrios no llegaban ni mucho menos a ocupar Abderramán II impulsaron, tras la destrucción de Shaqunda,
todo el espacio, entre el cual se encontrarían despoblados, y la creación de algunos barrios allí, cerca de Balat Mugit (el
hay que tener en cuenta que las casas sólo tenían una o dos antiguo palacio del conquistador de la ciudad) y al-vanib al-
plantas. Garbí (nombre genérico de los arrabales del oeste). Los barrios
occidentales se extendían, que sepamos, en varias direcciones.
Alrededor de la Medina, más o menos en los mismos
Al suroeste, desde la muralla occidental del Alcázar andalusí,
espacios de las necrópolis romanas, así como en lugares
sobre la loma del Parque Cruz Conde. En las excavaciones
más lejanos, se encontraban los cementerios, ya que los
hechas bajo el Hospital General y los Colegios Mayores han
enterramientos debían llevarse a cabo fuera de las murallas.
aparecido viviendas de estos barrios, bastante pobres, que se
El primer cementerio o makbara (plural makabir, de ahí al-
concentraban en dicha elevación para evitar las inundaciones
macabra) de época islámica fue el de Shaqunda, y las fuentes

[82] [83]
que sobrevenían con las crecidas del río, quedando separados y, al noreste de aquella, el del cementerio y mezquita de Umm
de éste por la musalla y almuzara. También se extendían estos Salama (en la zona de Ollerías y Valdeolleros, extendiéndose
arrabales desde las Hazas de la Salud a los Polígonos del Fon- en dirección a los de la Arruzafa).
tanar y Poniente (mejor urbanizados y de casas que indican Los barrios orientales, llamados genéricamente al-vanib
un estatus social superior); y hacia el noroeste por las zonas al-Sharqí (asentados en la posteriormente llamada Axerquía),
de la actual Ciudad Jardín, en torno al Palacio de Cercadilla eran seis: Shabular («el Arenal», a lo largo del Paseo de la
y en dirección a Medina Azahara. Los nueve nombres que Ribera hacia la zona del Centro Comercial El Arcángel),
conocemos de los arrabales occidentales son el de la mezquita Furn Burril («Horno de Borrel», en el recinto de la Axerquía,
al-Rawda (junto al Alcázar califal), el mencionado Balat Mugit cerca del arroyo San Lorenzo, cuyo cauce fue posteriormente
(tal vez hacia el Polígono de Poniente), el de la Mezquita al- desviado por los almorávides para que hiciera de foso), al-
Shifa, el del Baño o Hammam al-Ilbirí (estos dos últimos en Burch («de la Torre», referida a la Puerta de al-Yabbar, actual
la zona del Fontanar), Hawanit al Rayhani («tiendas de los plaza del Salvador, donde había un cementerio desde época
vendedores de arrayán», entre las Hazas de la Salud y Parque romana que las necesidades de espacio llevaron a trasladar a
Cruz Conde), al-Siwn al-Qadim («de la cárcel vieja», no es la zona de Edisol y antiguo Cuartel de Lepanto, mientras que
segura su ubicación), y los de las mezquitas de Masrur y de el barrio no debió llegar más allá de los muros del Marrubial),
la Cueva o al-Kahf (de situación desconocida). Por último, arrabales de las almunias de Abdalláh (situada probablemente
el arrabal de los Pergamineros o al-Raqqaqin, parece haberse entre la Huerta de San Pablo y San Andrés) y al-Mugira (en
identificado con el hallado en la zona de Cercadilla donde, el barrio de San Lorenzo) y el de al-Zahira. En dirección al
como se recordará, se supone estuvo la basílica de San Acisclo, palacio del mismo nombre de Almanzor y la almunia omeya
en torno a la cual había un antiguo barrio cristiano. Buena de Rabanales debieron existir algunos focos de población.
parte de este crecimiento islámico surgió en torno a asenta- Por último, al otro lado del río estaba el arrabal de Shaqun-
mientos mozárabes como aquél. Del mismo modo, recibían da (desaparecido tras el motín del 818) y el de la almunia de
a veces su nombre del edificio privado o público alrededor ‘Awab (cercana al vado de Casillas).
del cual se originaron, como almunias o mezquitas. Algunas
Estos arrabales estaban también dotados de baños, zocos,
de estas últimas eran de nueva construcción, y otras fruto
mezquitas, etcétera. Dependiendo del nivel social de los
de la transformación de antiguas iglesias. Las fuentes han
habitantes del mismo, en algunas zonas había canalizaciones
conservado unos cuantos nombres, y algunos de sus restos
para el agua y evacuación de residuos, y en otras se recurría
integrados en determinadas iglesias que surgieron después, tras
a los aljibes y pozos negros. Ahorraremos al lector la enu-
la conquista cristiana (véase el capítulo siguiente). Por último,
meración de las elevadas cifras de edificios de diverso tipo
también han aparecido restos de mezquitas en yacimientos,
que dan los cronistas, exagerado reflejo de la magnificencia
como el de la zona del Fontanar o la moderna estación de
de aquella gran ciudad. Abderramán III llevó a cabo, aparte
Autobuses, en el Plan RENFE.
de las obras ya mencionadas, la reconstrucción del Zoco
Al noroeste se encontraba el arrabal de al-Tirazin. Al norte Grande, parcialmente arrasado por un incendio en el año
tres: los surgidos en torno a la Arruzafa (desde que fue cons- 936 que también alcanzó a la Casa de Correos, objeto de
truida), el de la Puerta del Judío (desde Ronda de los Tejares) reconstrucción posterior. Pero más destacable que aquellas

[84] [85]
resultó su intervención en la Mezquita Aljama, reformando Hasta la época califal, buena parte de las figuras y modelos
la fachada de la sala de oración que da al patio; ampliando culturales originales vinieron de oriente, pero ya a fines del
este último hacia el norte; y construyendo un nuevo alminar siglo IX comenzaron a surgir personajes autóctonos a la misma
(h. 951), con una altura de 42 metros, de dos cuerpos y re- altura que los modelos importados. Fue el caso del filósofo ibn
matado con unas bolas doradas y una gran azucena de plata. Masarra y el poeta ibn ‘Abd Rabbihi, muertos poco después
Hoy no se puede apreciar como entonces, por el deterioro de la proclamación del califato de Abderramán III. Entre su
que sufrió con el tiempo y que obligó a reformarlo en el siglo mandato y el de su hijo al-Hakem II, las artes y las ciencias
XVI, dándole una nueva imagen; pero podemos hacernos una alcanzaron cotas de notable esplendor. El segundo llegó a
idea contemplando las torres de las mezquitas de Kutubiyya poseer una biblioteca que, según los cronistas, albergaba
en Marrakesh o la Giralda de Sevilla, que la tomaron como hasta 400.000 volúmenes. Ni mucho menos era la única, si
modelo. El Alcázar también experimentó mejoras. tenemos en cuenta el notable interés y gusto por los libros en
la ciudad (caso del cadí ibn Futays), el activo intercambio de
los mismos y la incesante actividad de los copistas, entre ellos
no pocas mujeres, entre las que se contaban desde eruditas
[PERSONALIDADES CORDOBESAS DE LA CULTURA Y LA CIENCIA ISLÁMICAS] de nobles familias (los casos de Fátima y Aixa) hasta esclavas
instruidas en las artes y las letras. Notables eruditos fueron
Ibn Masarra (888-931), filósofo el biógrafo al-Faradhí, ibn al-Qutiya («el hijo de la Goda»,
Ibn ‘Abd Rabbihi († 933), poeta musulmán descendiente de cristianos) o Rabí ibn Zayd (Rece-
Al-Jushaní († 971), nacido en Cairuán mundo, obispo de Córdoba) que demuestran la importancia
Ibn al-Qutiya, Abenalcutía († Córdoba 977) erudito del elemento mozárabe junto a los islámicos. Desde el siglo
Abul Qasim ibn ‘Abbas al-Zahrawi, Abulcasis (h. 936-h. 1013), médico IX, además de las obras árabes, se recuperaron los clásicos
Al-Faradhí (962-1013), biógrafo greco-latinos y cristianos (destacar la contribución de San
Isà Ibn Futays († 1029) alfaquí, erudito Eulogio). Por otro lado la medicina fue un campo que contó
Ibn Hazam (993-1064), poeta, erudito con notables cultivadores en el siglo X, tanto los musulmanes
ibn vulwul y Abulcasis, como los judíos Abu Zacaría, Rabí
Ibn Suhayd (992-1035) poeta
Moisés y Hasday ibn Shaprut.
Ibn Hayyan al-Qurtubí (987-1070/76), erudito
Ibn Zaydún (1003-1071), poeta, escritor Esta libertad de pensamiento logró darse durante la época
de los dos primeros califas a pesar del rigorismo y aversión a las
Abu-Ubaid el-Becri (h. 1040-1094), geógrafo
innovaciones predicados por la doctrina malikí, que imponía
Ibn Quzman o Ben Guzmán (h. 1086-h. 1156/60), poeta
la primacía de las tradiciones y los códigos religiosos sobre la
Ibn Bashkuwal o Aben Pascual (1100-1183), erudito
actuación de cada juez, la rígida obediencia a unos preceptos
Al-Gafequi (siglo XII), médico y filósofo
sobre el libre albedrío. La teocracia de los alfaquíes o juristas-
Ibn Rushd, Averroes (1126-1198) filósofo, jurista, médico teólogos llegó a extremos de severidad que condenaban todo
Al-Bitruyi, Alpetragius (Los Pedroches - † 1200), astrónomo atisbo de espíritu crítico. Fue introducida en al-Ándalus en
época de Hisham I, y consolidada debido a la comodidad para

[86] [87]
los emires, que veían con ella justificado el orden establecido,
así como anuladas las divergencias de criterio que pudieran
conducir a enfrentamientos religiosos entre musulmanes.
Pero a cambio, los gobernantes debían cuidarse de contentar
a los alfaquíes, quienes gozaban de gran poder económico e
ideológico. Con todo, siempre hubo jueces que antepusieron
la equidad y el buen juicio y rechazaron la avaricia e iniquidad,
como probó el cairuanés afincado en Qurtuba, al-Jushaní en
su Historia de los jueces de Córdoba.
Con al-Hakam II continuó aquella supremacía y esplendor
de al-Ándalus, patente en la ampliación que llevó a cabo en la
Mezquita Aljama, la más bella y exuberante de todas. La sala
de oración fue ampliada 47 metros más al sur, utilizándose
los mármoles y materiales más finos, exquisitamente labrados,
y con la decoración del mihrab (hueco del muro de qibla
que orienta la oración) con mosaicos realizados por artistas
bizantinos. Se construyó un doble muro de qibla, unido a
un nuevo pasadizo elevado que conectaba la Mezquita con
el Alcázar. La reparación del puente, la ampliación del Gran
Zoco, o las reformas en el Alcázar fueron algunas de sus me-
joras para la ciudad.
La situación se mantuvo con su hijo Hisham II (976-1009),
aunque no fue debido a él, sino a su tutor y primer ministro
ibn Abi ‘Amir, al-Mansur bi-Llah («el victorioso en nombre de
Alá») o Almanzor. Gran estadista, ávido de poder, pero muy
meticuloso en preservar la legalidad omeya para mantenerse
como gobernante, alentó la reclusión del califa en el Alcázar
de Córdoba y en Medina Azahara, donde aquél se entrega-
ba a numerosos placeres y olvidaba sus responsabilidades.
Almanzor, a su vez, hizo construir entre 980-1 su propia
ciudad-palacio, una fortaleza que albergaba sus residencias:
Medina Al-Zahira (probablemente en las Quemadas, junto a
Quemadillas). Su poder y magnificencia se puso de manifiesto
en la última ampliación de la Mezquita Aljama, tanto del patio
como de la sala de oración, hacia el este (aparte de nuevos la-

[88] [89]
O CASO DEL ESPLENDOR ANDALUSÍ

Aquel esplendor de Córdoba se vino abajo con súbita e


inesperada rapidez y un dramatismo trágico. En el cambio
de milenio se produjo la fitna (1009-31), época de guerras
civiles que condujo al desprestigio y disolución del califato, así
como a la fragmentación de al-Ándalus en lo que se conoce
como los «reinos de taifas».
Los hijos de Almanzor no heredaron su habilidad para
mantenerse en el poder. El primero de ellos, ‘Abd al-Malik
al-Muzaffar («el vencedor», 1002-8) al menos siguió las
consignas de su padre. Pero murió pronto, dicen los rumores
que envenenado por su hermano menor Abderramán, apo-
dado Sanchol o «Sanchuelo» (nieto del rey Sancho Abarca de
Navarra e hijo de una de aquellas princesas rubias cristianas,
como el califa). Su fama de depravado, borracho y libertino,
y la ambición desmedida, tanto de él como de sus adversarios,
iban a llevar a la ciudad y a al-Ándalus al desastre. Sanchol

vatorios), hasta alcanzar una superficie total de 24.000 metros


cuadrados. Este tramo del edificio se identifica muy bien con
el carácter de Almanzor: representa, por un lado la ambición
(con diferencia, la más grande de todas las ampliaciones);
pero también moderación y cautela diplomática disfrazada de
humildad. Los modestos materiales empleados no significan
una decadencia artística o falta de recursos, sino el respeto
y sometimiento al soberano, ya que los nobles materiales
como los del mihrab de al-Hakem II eran símbolo del califato
omeya. Declaraba así que no deseaba usurpar el califato, y
con esa sobriedad y rechazo del lujo trataba de congraciarse
con los alfaquíes. Otro gesto de acercamiento a aquellos fue
el expurgo y la destrucción de los volúmenes considerados
heterodoxos de la biblioteca del difunto al-Hakem II. Uno
no puede dejar de acordarse de que «cuando se queman los
libros, está próxima la carnicería».

[90] [91]
irritó sobremanera a otros miembros Córdoba para cercarla. La maniobra de al-Mahdí de volver a
de la familia omeya y a los cordobeses proclamar califa a Hisham II no dio resultado, y en noviembre
cuando consiguió que Hisham II le de aquel 1009 era derrocado, y la capital saqueada por los
nombrara en un decreto heredero del beréberes. Al-Mahdí huyó a Toledo y levantó allí un nuevo
califato. Sin reparar en la inminencia ejército de eslavos y catalanes, que se enfrentó en El Vacar
de la catástrofe, el segundo hijo de (22-V-1010) a los norteafricanos, derrotando a estos últimos
Almanzor partió inmediatamente y a su califa Suleyman. Mohamed II volvió a ocupar el trono,
al norte para llevar a cabo una campaña contra los reinos pero brevemente (mayo-julio 1010), apenas con tiempo sufi-
cristianos. En víspera de su partida (14-I-1009) impuso en ciente para ver la derrota y retirada de sus aliados catalanes, e
el ceremonial el uso de los turbantes beréberes como atuendo iniciar la defensa de la capital cordobesa ordenando construir
obligatorio de los dignatarios políticos y militares, en vez de un foso alrededor. Los eslavos lo detuvieron y ejecutaron y
los bonetes altos y polícromos de la tradición iraquí. Así, repusieron al califa Hisham II, que en los tres años siguientes,
mientras estaba en Toledo, uno de los biznietos de Abderra- los últimos de su mandato (VII-1010 – V-1013), demostró
mán III, Mohamed ibn al-Chabbar, reunió a un cuerpo de una vez más su incompetencia. Los beréberes de Suleyman
cuatrocientos soldados, con el apoyo de los alfaquíes (que pusieron cerco durante ese tiempo a Qurtuba, y a comienzos
odiaban a Sanchuelo), de la madre de ‘Abd al-Malik y de una de noviembre del 1010 irrumpieron en Medina Azahara, la
masa de popular y de bandidos de los barrios bajos. El 15 de saquearon brutalmente y tras habitarla un tiempo, la incen-
febrero la muchedumbre asaltó el alcázar cordobés, y aquella diaron y abandonaron. Por su parte, los sitiados desvalijaron
misma noche Mohamed exigió a Hisham II que abdicara en y desmantelaron el palacio de al-Ruzafa para evitar que Su-
su favor, siendo proclamado el primero con el título de al- leyman pudiera aprovecharse de aquél. Pero el asedio acabó
Mahdí bi-llah («el guiado por Dios»). Inmediatamente ordenó por ahogar a la capital, a la que había acudido la población
el asalto a Medina al-Zahira, que en los días siguientes fue de la comarca buscando cobijo. El 9 de mayo del 1013 los
saqueada, incendiada y arrasada por la turba. Sanchol, al saber beréberes rindieron Córdoba, volviendo a castigarla con un
lo sucedido, retornó a Córdoba, haciendo caso omiso al hecho azote de destrucción que masacró a unos 20.000 habitantes.
de que sus partidarios le iban abandonando a medida que se El poeta y erudito ibn Hazam, que contaba entonces con
acercaba a la capital. Tras su humillante rendición a Mohamed unos veinte años y fue testigo de aquel terrible ocaso, nos
al-Mahdi, éste lo mandó ejecutar el 5 de marzo. ha legado, junto a otros autores, algunos de sus testimonios,
Por otro lado, el nuevo califa escondió a Hisham II y di- como lágrimas de quienes nacieron en la «ciudad luz» de
fundió la noticia de que había muerto. Pero Mohamed II se occidente y la vieron consumirse súbitamente, con la muerte
granjeó muy pronto peligrosas enemistades, principalmente la de amigos y allegados, la destrucción de su patria y el exilio
de los beréberes, a quienes también odiaban muchos cordobe- forzoso. Su amigo el poeta ibn Suhayd (modelo de Dante para
ses. La hostilidad y agresiones físicas contra los norteafricanos su Divina Comedia) y el historiador ibn Hayyan (uno de los
forzaron a aquellos a abandonar la capital. Los beréberes eli- más grandes del Islam), también cordobeses, formaron parte
gieron como califa a otro príncipe omeya, Suleyman, y con de ese grupo de fecundos autores rodeados de la esterilidad
el apoyo de tropas de Sancho García de Castilla retornaron a que produjo la flor de las guerras civiles, parafraseando a ibn

[92] [93]
Hazam. En cuanto a Hisham II, no se sabe qué le ocurrió, sus fracasados amores con la princesa Wallada. Algunos de sus
dando pie a imposturas y leyendas. Algunas fuentes dicen que versos se insertaron, sin citarle, en Las mil y una noches.
fue ejecutado por Suleyman o por su hijo Mohamed; pero Debido a que el empuje cristiano parecía cada vez más
también abundan las historias que afirman que acabó sus días fuerte e irrefrenable (toma de Toledo en 1085), los gobernan-
como un pobre artesano en oriente o en la Península. tes de las taifas andalusíes pidieron ayuda a los almorávides,
En los años siguientes, una serie de califas menores ocupa- que habían fundado su imperio en el norte de África basado
ron el poder, viéndose expulsados de su trono por intrigas y en una vuelta a unas esencias muy rigurosas y severas del
asesinatos de diversos grupos rivales. Perdió así la institución islamismo. Ello sedujo a los alfaquíes andalusíes, y la mayor
su halo de prestigio y soberanía sobre el territorio andalusí. El parte del pueblo veía con buenos ojos las ventajas fiscales
camino estaba abierto hacia la consolidación de la secesión, que ofrecían (únicamente las contribuciones prescritas por
de la fragmentación del territorio en diversos reinos de taifas, el Corán, frente a los continuos y múltiples impuestos de
que se aliaban y enfrentaban unos contra otros, recurriendo cada reino), así como la protección frente a los cristianos del
cada bando a alianzas con soberanos cristianos del norte. norte, más eficaz que la fragmentación
En Córdoba se formó un reino o taifa (equivalente a una política vigente. Así, se impulsó la
buena porción oriental de la actual provincia), gobernada por decisión norteafricana de incorporar
los Banu Yahwar (1031-69). Los arrabales occidentales, los al-Ándalus a su imperio. El 28 de
más castigados, habían sido abandonados, como de Medina marzo de 1091 las tropas almorávides
Azahara y otros palacios; se borraron sus huellas, y disminu- entraron en Córdoba. Emprendieron
yó drásticamente el número de habitantes y el tamaño de la algunas construcciones, como ciertos
urbe. La ciudad quedó reducida a dos sectores: la Medina y tramos de la muralla de la Ajerquía
algunos de los arrabales del este que conformaron parte de lo (hacia 1125), o la emblemática no-
que posteriormente se llamaría la Axerquía o Ajarquía (cuyo ria de la Albolafia, construida entre
contorno discurría, grosso modo, desde la Puerta del Rincón, 1136-7 por el emir Tashufin, hijo del
por la avenida de Ollerías al norte, del Marrubial a Campo califa Alí ibn Yúsuf.
Madre de Dios al este y por la Ribera al sur). La conquista de La presencia almorávide, caracteri-
Barbastro por los cristianos (1064) llevó al reforzamiento de zada por un islamismo muy rigorista
las murallas. Por otra parte, el expansionismo de la taifa de y la intolerancia hacia otros grupos
Toledo condujo a Córdoba a pedir ayuda a Al-Mu‘tamid de religiosos, condujo a los cordobeses a
Sevilla, que acabó convirtiéndola en una provincia dependien- sublevarse en 1121. A su vez, en 1126
te de su reino, salvo entre 1075-8, paréntesis durante el cual Alfonso el Batallador de Aragón llevó
los toledanos se hicieron con ella. Pero también hubo lugar a cabo una expedición de castigo hasta
para contactos e intercambios culturales constructivos, como el sur peninsular, respondiendo a la
en el caso de la estancia en la corte del rey-poeta hispalense del intransigencia del nuevo poder an-
gran escritor cordobés ibn Zaydún, quien dejó su ciudad por dalusí. Los almorávides reaccionaron
deportando a aquellos cristianos en dos

[94] [95]
fases: embarcaron a parte de ellos rumbo a África en 1126; y de la Ajerquía. Ello no era un mero capricho, ya que entre
en 1137 a todos los restantes. julio y agosto de 1150 Alfonso VII asedió sin éxito la urbe.
El derrocamiento del poder almorávide en 1143 condujo Quedaban todavía 86 años hasta que la ciudad cayese en
a unas segundas taifas. La nueva de Córdoba tuvo su im- manos cristianas de modo definitivo.
portancia, ya que pretendió (sin éxito) la restauración del
califato. En una incursión para reponer a uno de sus gober-
nantes, Alfonso VII permaneció en la ciudad algo más de 9
días del mes de mayo de 1146. Sus guerreros aprovecharon
para llevarse una buena porción de objetos artísticos de la
urbe. Pero el vasallaje de aquel reino al emperador de Castilla
y León duró poco. En 1146, los almohades (imperio sucesor
de los almorávides, que pretendían restaurar con mayor in-
tensidad el rigorismo religioso, nuevamente relajado en sus
antecesores) entraron en Córdoba. Su emir ‘Abd al-Mu‘min
asentó allí su capital durante ocho meses, siendo trasladada
después a Sevilla. Un último y levísimo florecimiento tuvo
lugar en la ciudad, aunque la intransigencia almohade, como
la almorávide, dificultó la existencia de los grupos de pobla-
ción de espíritu más abierto, pacífico y tolerante. Lucena,
por ejemplo, núcleo del saber judío andalusí en la campiña
desde época califal, fue arrasada. Los hebreos huyeron a refu-
giarse en tierras cristianas. Otro ejemplo es el de dos genios
como el filósofo Averroes (caído en desgracia en la corte de
Marrakesh) y Maimónides (médico y erudito judío, cuya
familia se vio obligada a aparentar convertirse al islamismo
y que finalmente optó por emigrar a Egipto), cuya fama se
sobrepuso a las adversidades por las que atravesaron. Tampoco
se olvide al poeta ibn Quzmán, otro cordobés, maestro del
zéjel y de composiciones que suponían una síntesis y fusión
del árabe culto y el popular andalusí. Contemporáneos suyos
fueron el también escritor Judá Leví (judío tudelano afincado
en Córdoba), el oftalmólogo al-Gafequi (padre de un notable
médico) y el astrónomo de los Pedroches al-Bitruyi.
Se llevaron a cabo en Córdoba algunas obras de remoza-
miento, como la continuación de las obras de las murallas

[96] [97]
C ÓRDOBA BAJO MEDIEVAL Y
MODERNA

C ONQUISTA Y REPOBLACIÓN CRISTIANA

L
a conquista cristiana de Córdoba tuvo lugar en unas
circunstancias muy parecidas a la islámica del 711, al
menos por lo que nos dicen las crónicas. Guiados por
la ayuda de pobladores de la ciudad, que conocían los puntos
débiles de sus defensas y pactaron su ayuda, el asalto comenzó
en una noche oscura y tormentosa, hacia el 23 de diciembre
de 1235. El lugar elegido para atacar fue la puerta frente al
actual convento de San Cayetano, al norte de la Ajerquía,
más vulnerable y peor defendida. Álvaro Colodro y Benito
de Baños, nombres inmortalizados posteriormente en el calle-
jero urbano (el primero en la mencionada puerta por donde
entraron), fueron los soldados que encabezaron el ataque de
las huestes cristianas de Pedro Ruiz Tafur y otros jefes almo-
gávares. Enterado Fernando III de Castilla, acudió con sus
tropas para apoyar la conquista, al tiempo que el rey ibn Hud,
que tenía la ciudad bajo su protección, fue engañado para no
acudir en su ayuda. Mientras tanto, los defensores islámicos
se habían atrincherado en la Medina, con mejores defensas,
pero el cerco del monarca castellano les llevó a capitular. El
29 de junio de 1236, día de los santos Pedro y Pablo, tuvo
lugar la entrega de la ciudad a los cristianos. Fernando III
desfiló con sus caballeros y la Mezquita Aljama, al igual que
el resto de templos musulmanes, fueron consagrados como

[98] [99]
iglesias. Las huestes fernandinas hallaron una ciudad medio
en ruinas, apenas una sombra de lo que fue en su máximo
esplendor. No obstante, durante el período bajomedieval, se
sentaron las bases para un nuevo resurgimiento a comienzos
de la modernidad, aunque esta vez a un nivel mucho más
modesto.
Durante sus estancias, en 1236 y 1240-1, Fernando III
ordenó que se aprobasen una serie de medidas, empezando
por los repartimientos de propiedades a los nobles y caballe-
ros, plebeyos, la Iglesia y las órdenes militares. Por desgracia,
no conservamos aquel libro, pero otras fuentes lo suplen en
parte. Del mismo modo, en 1241 Córdoba se vio dotada de
su fuero o legislación municipal. Tomaba como modelo el de
la ciudad de Toledo, y no el de Cuenca como en anteriores
repoblaciones. Otras regulaciones municipales se fueron aña-
dieron en años sucesivos (ordenanzas para tejedores de 1375,
y para otros oficios y asuntos en 1435, 1485 y 1498). Durante
los cinco siglos siguientes a la conquista, estas disposiciones
sirvieron como marco de referencia para el gobierno de la
ciudad por los diversos cargos (alcaldes mayores, caballeros del siglo XIII; y la Ajerquía, arrabales del este amurallados
veinticuatro, etc. Evitaremos entrar en detalles ya que su en época almorávide y almohade. La Villa tenía diez puertas:
organigrama experimentó diversos cambios). al norte Osario, al este portillo de la Fuenseca (o de Ferrán
Córdoba fue, durante esta etapa, una «ciudad de fron- Iñiguez o posterior del Bailío), Puerta de Hierro o del Salvador
tera», cercana al reino de Granada y, por ello, sujeta a las (en la plaza homónima), portillo de Corvache (en la calle así
amenazas de incursiones islámicas y, a su vez, base para las llamada, confluencia con la de la Feria), Puerta de la Pescadería
cristianas. Por ello, se mantuvieron y reforzaron las murallas (luego arquillo de Calceteros, en la calle Caldereros con San
que la defendían y alcanzaban un perímetro de 7 kilómetros. Fernando); al sur las del Puente y de los Sacos (en la esquina
Se reparaban cada cierto tiempo con piedra y tapial, y en su meridional de la Huerta del Alcázar de los Reyes Cristianos,
estructura a veces es difícil distinguir las partes musulmanas luego tapiada); y al oeste la nueva de Sevilla (de mediados
de las cristianas. Un camino o adarve corría sobre aquellas, del siglo XIV, cuando se amplió la esquina suroeste de la mu-
detrás de almenas y merlones alternados, torres defensivas ralla), de Almodóvar y de Gallegos. Por su parte, el trazado
exentas, adosadas o unidas al muro (ejemplo aún existente la de la Ajerquía partía de la Puerta de Rincón hacia el norte,
de la Malmuerta, de planta octogonal, construida entre 1404- hasta la torre Malmuerta, y de ahí al este siguiendo la actual
8) y fosos, componían la obra. Dos conjuntos formaban la avenida de las Ollerías, y al sur desde Ronda del Marrubial
urbe: la antigua Medina, también denominada Villa a partir hasta la plaza del Corazón de María, haciendo más abajo de

[100] [101]
este punto un giro al oeste, paralelo al sur de la calle María
Auxiliadora; y en Arroyo de San Lorenzo (que servía de foso,
tras haber sido modificado su cauce), un nuevo quiebro en
dirección sur, siguiendo Ronda de Andujar y Campo Madre
de Dios hasta Ronda de los Mártires y el Paseo de la Ribera,
enlazando con la muralla de la Villa en la Cruz del Rastro.
Sus puertas eran: la del Rincón (en la confluencia norte
con la muralla de la Villa), del Colodro, la de Alquerque o
Excusada (de la Misericordia, tapiada a fines del siglo XIII,
reabierta en el XVI y modificada en el XVIII), de Plasencia
(de los Padres de Gracia en época Moderna, en la plaza del
Corazón de María), de Andújar (frente a la plaza de la Mag-
dalena), Nueva, de Baeza (en la salida de Agustín Moreno
al Campo Madre de Dios), de Martos (cerca del molino del
mismo nombre) y del Sol (al sur de la villa y lindando con
la Ajerquía, no llegó hasta nosotros). Las puertas se abrían
al amanecer y se cerraban con el toque de Ave María al ano-
checer; algunas permanecían como accesos de guardia hasta
la una de la noche, y se abrían hacia las nueve de la mañana
(y en verano hasta las dos de la madrugada y las ocho de la
mañana respectivamente). Servían también para controlar el
acceso de las mercancías (facilitando el cobro de los impuestos
establecidos sobre aquellas), así como de personas o productos
sospechosos, especialmente cuando tenían lugar las epidemias,
siendo necesario guardar cuarentenas.
A su vez, Fernando III estableció la división urbana en
14 collaciones o territorios cada uno bajo la jurisdicción de
una parroquia. Había siete en la Villa y otras tantas en la
Ajerquía. La de la antigua Mezquita, convertida en iglesia
Mayor de Santa María y posteriormente Catedral, fue, sin
duda, la más importante, ocupando el 45% del espacio de la
antigua Medina, al sur; mientras que las del norte (de este a
oeste San Salvador, San Miguel y San Nicolás de la Villa) se
extendían sobre otro 40% de la misma, siendo las del sector
central (Santo Domingo de Silos, San Juan y Onmium Sanc-

[102] [103]
torum o «Todos los Santos») mucho menores. En la Ajerquía o menos amplias y rectilíneas con otras secundarias, estrechas,
eran mayores las septentrionales (San Lorenzo y Santa Marina, y callejones sin salida (estos últimos menos numerosos que
alrededor de un 40% del sector), seguidas de San Andrés y en la Villa). De este a oeste existían dos ejes fundamentales
San Pedro (con algo más de un 30%). En la superficie restante heredados de época almorávide y almohade, que unían la
se asentaban las meridionales: San Nicolás (de Bari y San Puerta de Plasencia con la de Hierro y la de Baeza con la de
Eulogio) de la Ajerquía, Santiago y Santa María Magdalena. la Pescadería, a través de un itinerario que más o menos se
Por su parte, los barrios constituían una división inferior en ha conservado (de María Auxiliadora a la calle San Pablo y
tamaño (a veces eran simples calles), caracterizados por alguna de Agustín Moreno a Lineros y Lucano). De creación cris-
peculiaridad de su situación, de la propiedad inicial del suelo tiana fue la vía principal de norte a sur, que discurría junto
y edificios, o por el origen de sus primeros pobladores o la a la muralla este de la Villa, separándola de la Ajerquía, a lo
dedicación profesional de sus habitantes, aunque esta última largo de las actuales calles Alfaros, Capitulares, Diario de
era más frecuente a la hora de denominar calles. Córdoba y San Fernando (o calle de la Feria). El lugar era una
El trazado viario de la Medina, heredado de época anda- explanada sin edificar, que iba a superar en importancia a la
lusí, se mantuvo más o menos durante la Baja Edad Media. travesía islámica entre los realejos de San Andrés y San Pedro
A partir de los siglos XV y XVI comenzó a ir alterándose en (por la actual calle Gutiérrez de los Ríos). Probablemente esta
algunos puntos, mediante diversos alineamientos de calles última era la zona más poblados de la Ajerquía en la época
y apertura de plazas. No menor complejidad presentaba la de la conquista. A ella se unieron las primeras urbanizaciones
Ajerquía, alternando concentraciones de viviendas y descam- cristianas en el mentado nuevo eje, en torno a los conventos
pados, vías de época islámica y cristiana; unas principales más de San Pablo y de San Pedro el Real (también llamado iglesia
de San Francisco). El proceso de urbanización se dio entre
fines del siglo XIII y principios del XV. La concesión de las
ferias que hizo el rey Sancho IV (1284) propició que las
construcciones se concentrasen, primeramente, a lo largo y
junto a aquel tramo de muralla, así como entre la Puerta de
Hierro y el portillo de la Fuenseca, al establecerse allí una zona
comercial y de servicios (en torno a una de las dos carnicerías
concedidas por Alfonso X al obispo de Córdoba en 1281). A
principios del siglo XIV se empezó a urbanizar la zona hacia
la Corredera (llamada Barrionuevo), en un proceso que se
desarrolló hasta el siglo XV.
El concejo o gobierno de la ciudad trataba de regular el
transporte y la venta de mercancías y velaba por la limpieza
y el mantenimiento en buen estado de las vías y edificios
(mediante funcionarios y rentas municipales o encargándolo a
particulares), sobre todo en los lugares más concurridos y con

[104] [105]
motivo de celebraciones y de períodos festivos. Las normativas
de higiene se incumplían frecuentemente, aunque se insistiera
en preservar la salubridad y una buena imagen de la ciudad
amenazándose con multas y sanciones a los infractores. La red
de alcantarillado y abastecimiento de aguas era la heredada
de épocas romana e islámica, manteniéndose básicamente el
mismo trazado, mejor o peor, con sucesivas reparaciones, hasta
los años cuarenta del siglo XX. Estaba más extendida y sus
condiciones eran mejores en la Villa que en la Ajerquía. Por
ello, en esta última tuvieron mayor impacto las epidemias.
Por suerte, las aguas subterráneas apenas se contaminaron
por los pozos negros. Por otro lado, arroyos como el de San
Lorenzo y de la Fuensanta y aguas estancadas dejadas por el
río tras sus crecidas, propiciaban el surgimiento de focos de
enfermedades e insalubridad.
En la periferia de la urbe se situaban muladares, ejidos,
huertas que abastecían a la ciudad y diversos establecimientos.
En primer lugar, los artesanales, donde se obtenían materias
primas (tejares, ollerías y demás alfarería); establecimientos
de olores y emanaciones desagradables, y actividades muy
ruidosas: mataderos, molinos (repartidos en seis paradas, la
del Puente —molinos de la Albolafia, Mediorrío, Pápalo y

[106] [107]
San Antonio—, Alhadra, San Julián o molino de Martos, entre castellanos. Cuando Sancho IV se rebeló contra su
vado del Adalid, López García y Casillas) y batanes (trece a padre Alfonso X, una de las ciudades que prestaron ayuda al
fines del siglo XV, sin contar molinos de cubo o de rodezno primero fue la de la Mezquita, mientras que el «rey Sabio»
situados en cauces de arroyos importantes y varias tahonas o quedó atrincherado en Sevilla. El territorio de Córdoba sufrió
molinos de sangre). También se hallaban extramuros la ata- diversos saqueos y destrucciones durante aquella guerra civil
razana, el puerto fluvial y el pequeño arrabal al otro lado del por los derechos a la Corona (1281-4), siendo la urbe cercada.
puente, junto a la fortaleza de la Calahorra, llamado Campo Por ello, Sancho IV (1284-95) le otorgó tras su victoria una
de la Verdad por la tradición de ser campo donde se dirimían serie de privilegios y concesiones, incluyendo la de 5 de agosto
las disputas jurídicas en combate, así como ermitas, algunos de 1284 para celebrar, en lo sucesivo, dos ferias al año (desde
conventos u hospitales (San Antón, San Lázaro), etcétera. el primer día de Cuaresma y en Pentecostés). Otro episodio
Durante las centurias medievales, los centros de poder po- destacado tuvo lugar hacia 1320, durante el pleito que sos-
lítico, religioso y económico (Catedral, Alcázares y mercados tuvo la ciudad con la regente María de Molina con el fin de
principales) se localizaban en la zona próxima al puente sobre lograr la libre designación de alcaldes y alguaciles, alentando
el Guadalquivir; estableciéndose desde fines del siglo XIII una la polémica con fines políticos el famoso infante don Juan
prolongación de los mismos a lo largo de la mentada calle de la Manuel. Al llegar a su mayoría de edad, Alfonso XI (1312-
Feria. A ambos lados de la cabecera de aquella vía se situaban 50), también estuvo vinculado a la ciudad. Había pedido ser
los que iban a ser núcleos principales también durante la época sepultado en el convento de San Hipólito, fundado en 1343
Moderna: la plaza de la Corredera, las Casas del Cabildo (lo en una zona entonces despoblada de la parroquia de San Ni-
que hoy entendemos por Ayuntamiento, en la calle Ambrosio colás de la Villa, y convertido en colegiata en 1347. Pretendió
de Morales), la Plaza del Salvador y el convento de San Pablo el monarca hacer allí un panteón real, pero sus restos y los de
(el más importante de los muchos establecidos en toda la su padre Fernando IV no fueron trasladados allí hasta 1728,
urbe). Desde la Mezquita Aljama hasta habiendo permanecido hasta entonces en la Capilla Real de
la plaza del Potro se ubicaba otra zona la Catedral. Otro edificio que mandó construir Alfonso XI
de una vida muy activa, donde se situa- fue el llamado Alcázar de los Reyes Cristianos. Se tiene noti-
ban mercados, artesanías, alojamientos, cia de que en 1313 una congregación de frailes agustinos se
mancebía, etc. instaló en la zona del denominado Alcázar del Rey, edificio
Hasta mediados del siglo XIV, los mo- que se hallaba en los terrenos del actual Seminario de San
narcas castellanos visitaron y residieron Pelagio. Pero la fecha tradicionalmente aceptada del proyecto
muy frecuentemente en las urbes meri- del edificio es la de 1327-8, habiendo ordenado Alfonso XI
dionales como la que nos ocupa. Una desalojar a los religiosos (trasladados a la actual iglesia de San
razón importante fue la ya señalada de Agustín) y extender las construcciones hasta el perímetro que
las campañas de conquista contra los mu- hoy ocupa. No sabemos exactamente cuándo concluyeron las
sulmanes. Pero además, por constituirse obras, pero en 1359 ya recibía el nombre de Reales Alcázares.
en enclaves fundamentales de apoyo a Se trataba de un castillo de planta cuadrangular, con torres
diversos bandos en los enfrentamientos en sus esquinas y en el centro de sus lados este y sur (poste-

[108] [109]
riormente desaparecidas estas últimas) y un patio central en
torno al cual se distribuían las estancias, además de los baños.
El edificio experimentó posteriormente diversas reformas y
transformaciones para otros usos: de residencia real y fortaleza
a sede de la inquisición cordobesa (1482-1810), el añadido
de una capilla barroca (siglo XVII), cuartel de los franceses
durante la invasión napoleónica y cárcel pública desde 1821.
Por fortuna, la declaración del edificio como Monumento
Histórico-Artístico en 1931 permitió su restauración y puesta
en valor.
Durante la guerra entre Pedro «el Cruel» y Enrique de
Trastámara, Córdoba apoyó al segundo, y debido a ello sufrió
violentas represalias en 1367. Habiendo sido rechazado, en
1368 Pedro I asedió la ciudad con ayuda del rey granadino
Mohamed V, pero fueron derrotados en la batalla del Campo
de la Verdad o de los Piconeros, debido a la decisiva ayuda
que se dice prestó en la lucha este gremio de fabricantes de
carbón vegetal de los barrios de Santa Marina y San Lorenzo
(entre los oficios cordobeses más populares entre los siglos
XVI-XX). En aquel lugar de la batalla existía una antigua
fortaleza islámica que, habiendo demostrado ser una vez más los siguientes; Museo Diocesano desde la década de 1980),
un enclave decisivo para defender el puente y la ciudad, fue parte del antiguo Alcázar andalusí, al sur del llamado «Corral
reformada por Enrique II y llamada Torre de la Calahorra. Se de Cárdenas» en el cual se asentó en el siglo XVI el Hospital
le añadieron más elementos defensivos en la segunda mitad de San Sebastián (actual Palacio de Congresos).
del siglo XV y a comienzos del XVI. Sus funciones fueron
En 1241, como queda dicho, el rey instituyó las 14 co-
posteriormente redefinidas, pasando a ser cárcel de la nobleza,
llaciones de la ciudad. El gesto de Fernando III se limitó a
cuartel de milicias y escuela de niñas en el siglo XIX, y en el
consagrar buena parte de antiguas mezquitas, reconvertidas
XX cuartel de la Guardia Civil y museo (primero de la ciudad
al culto cristiano. Así lo corroboran los restos que conservan
y luego de las tres culturas).
de alminares y otros elementos arquitectónicos las iglesias
La sede episcopal cordobesa fue creada en 1237 y orga- de San Juan de los Caballeros, San Nicolás de la Villa, San
nizada hacia 1277, dependiendo de Toledo, y no de Sevilla Lorenzo (mezquita de al-Mughira), Santiago (la de Amir His-
como antaño, hasta el concordato de 1851. Su primer obispo ham), Todos los Santos (desaparecida, en la plazuela de San
fue Lope de Fitero (1238-45) y su residencia se fijó en las Felipe, actual Ramón y Cajal) y San Nicolás de la Axerquía
entonces llamadas casas del obispo (Palacio Episcopal, cuyas (pervive su fachada en la confluencia de las calles Badanas y
reformas más antiguas datan del siglo XV y continuaron en Consolación). También se asentaron sobre antiguas basílicas y

[110] [111]
parroquiales, y orientadores de la repoblación y edificaciones
de sus respectivos sectores de la ciudad.
La ciudad se constituyó como una de las poblaciones con
mayor proporción de conventos, buena parte de ellos con
numerosas e importantes posesiones rurales y urbanas. Se
dio una fuerte implantación de órdenes religiosas tanto mas-
culinas (predicadores, franciscanos, trinitarios, mercedarios,
agustinos, cistercienses, jerónimos) como femeninas (cister-
cienses, clarisas, dominicas, jerónimas). Hubo dos oleadas de
fundaciones: justo tras la conquista y a fines del siglo XIV y
templos mozárabes, como San Pedro y San Andrés. Después principios del XV. Establecimientos de religiosos masculinos:
de comenzados los conventos de San Pablo y San Pedro el San Pablo, Santísima Trinidad (ambos fundados en 1241),
Real (fundaciones del «rey santo»), hacia la época del obispo San Pedro el Real (1246), Santa Eulalia (1262), San Agus-
D. Pascual (1274-93), suponemos que debió producirse tín (1277), Sancti Spiritus (1282), Santos Mártires (1332)
la edificación de estas que se han dado en llamar «iglesias y los extramuros San Jerónimo de Valparaíso (1405), San
fernandinas». No conocemos bien su cronología, pero sí las Francisco de la Arruzafa (1414), el popular Santo Domingo
pautas generales de su estilo constructivo, muy original: tres de Scala Coeli (1423), Madre de Dios Remedios (1440) y
naves con techos de madera y cabecera con tres capillas abo- los Mínimos de Santa María de la Victoria o de las Huertas
vedadas, de construcción sólida con sillares de piedra, gruesos (1510). Y femeninos: San Clemente (1260), Santa Catalina
muros, contrafuertes y estrechas ventanas de tipo románico; o Santa Clara (1267), Santa María de las Dueñas (1370),
pero también elementos góticos (rosetones, arcos apuntados, Santa Marta (1464), Santa Inés (1461), la Santa o Vera Cruz
bóvedas y otros elementos) y mudéjares (techos, decoración). (1474), Santa Isabel de los Ángeles (1483-91), Nuestra Señora
Fueron reformadas entre los siglos XVI y XVIII. Sus torres de la Concepción (1487), Santa María de Gracia (1498),
presentan un primer cuerpo medieval, siendo terminadas
en épocas posteriores. Este estilo se perpetuó en algunas
construcciones del siglo XIV como la iglesia de San Nicolás
de la Villa, el monasterio de San Hipólito y el Convento de
San Agustín. Menos ejemplos de edificios originales nos han
quedado en la Villa (San Miguel, San Nicolás de la Villa y
la muy restaurada de Santo Domingo de Silos, hoy Archivo
Provincial) que en la Ajerquía (Santa María Magdalena, consi-
derada la más antigua, San Lorenzo, Santa Marina, Santiago,
San Pedro y parte de San Andrés). Su aspecto era entonces
de edificios exentos, sin construcciones adosadas como a
veces hoy presentan, rodeados de sus pequeños cementerios

[112] [113]
Regina Coeli (1499) y Encarnación la ciudad de la Mezquita. Pero la inseguridad por la cercana
(1510). Aparte estaban las «beatas», frontera con el reino de Granada condujo a la población rural
grupos de mujeres que vivían en co- a refugiarse dentro los muros de Córdoba. A mediados del
mún, sin votos religiosos ni clausura, siglo XIV llegó una nueva recesión, con el azote de la Peste
dedicadas a los ejercicios espirituales, Negra. Entre marzo y agosto de 1349 la urbe se vio castigada
derivando algunos en congregaciones con mayor intensidad por la epidemia, que volvió en 1363-4,
monásticas; y las «emparedadas», que 1383, 1400, 1442, 1458-9, y 1481, que tengamos noticia.
decidían llevar una vida de reclusa También deben mencionarse como episodios catastróficos las
devoción en sus casas. Por último, inundaciones de los años 1403 y 1481. Ello nos da pie para
citar el santuario de Nuestra Señora hablar de la red asistencial, que contribuyó a paliar aquellas
de Linares, fundado según la tradición calamidades. Córdoba tuvo más de 70 hospitales durante el
en 1236 por Fernando III, adosando período. Por supuesto que el lector debe abandonar el concep-
a una torre una ermita, conjunto que to que hoy se tiene de estos establecimientos, que en aquella
fue creciendo y se convirtió en uno época eran más hospederías de reposo que verdaderos centros
de los focos de peregrinaciones en terapéuticos. Cada barrio contaba con un cierto numero,
las cercanías de la capital. Romerías y otras fiestas religiosas generalmente asociados y mantenidos por miembros de un
(destacando la Semana Santa, pero sobre todo la fiesta del mismo gremio o cofradía, bajo su correspondiente advocación
Corpus Christi, instituida en 1316, y quizá la más importante religiosa. A pesar de la ruptura con el pasado de la conquista,
en época moderna) señalaban en el calendario los descansos la tradición hipocrática cordobesa siguió desarrollándose.
entre los trabajos y los días cotidianos. Caballeros y «hombres buenos» (los poderosos), los «me-
Aunque carecemos de datos sobre la población de la dianos» y el «pueblo menudo», cada grupo con sus marcadas
Córdoba bajomedieval, podemos establecer una serie de señas de identidad, desarrollaron su
etapas. Según el censo de 1509, la ciudad alcanzaba aquel existencia durante el otoño medieval en
año algo menos de 25.000 habitantes. La Villa comenzó una ciudad de una incipiente economía
siendo la más poblada, pero la urbanización de la Ajerquía urbana, pero con grandes desequilibrios e
hizo que, a fines del siglo XV, ambos sectores estuvieran más inestabilidad social. Hubo frecuentes epi-
o menos igualados, o con ligera ventaja del segundo. Cuentan sodios de violencia, debido a la inseguri-
las crónicas que Fernando III dejó asentados tras la conquista dad de la frontera, la pobreza de muchos
medio millar de caballeros y un número mayor de soldados habitantes (acrecentada por los períodos
de a pie; y que desde aquel año llegaron muchos pobladores de carestía); y a las luchas entre faccio-
de diversos lugares de Castilla y León y otros reinos. La toma nes nobiliarias. No solamente hallamos
de Sevilla (1248) y el avance de la conquista atrajo a algunos cristianos, sino que también minorías
de aquellos colonizadores más al suroeste. Ello, junto con las religiosas, de judíos y mudéjares.
dificultades económicas e inestabilidades políticas de fines Durante la dominación almohade, los
del siglo XIII contribuyó a frenar el crecimiento inicial de judíos de Córdoba habían sido expulsa-

[114] [115]
dos o huyeron, sobre todo, a los reinos cristianos. Fue una ermita de San Crispín y San Crispiano (1588) y escuela para
nueva población la que se asentó en Córdoba desde 1236, niños (siglo XIX), hasta que en 1884 fue rescatada y declarada
llegando tal vez al medio millar a mediados del siglo XIV. El Monumento Nacional.
barrio que habitaron ocupaba el terreno desde la puerta de Los judíos se dedicaron a la artesanía, pero sus actividades
Almodóvar (fuera de ella se situaba un cementerio llamado como prestamistas y su religión diferente les hicieron ser
«Fonsario de los Judíos») hasta la Catedral, en su mayor parte odiados por muchos cristianos. Durante dos fechas funda-
encerrado en su propio recinto amurallado llamado Castillo de mentalmente se produjeron ataques contra la comunidad
la Judería. Este último aprovechaba antiguas construcciones cordobesa. En junio de 1391, siguiendo la estela de las pré-
(tal vez el Alcázar del Bustán de Al-Mutamid o una residencia dicas del arcediano de Écija Fernán Martínez y los violentos
almohade), y su muro oriental coincidía con el occidental del episodios acaecidos en otros lugares, se produjo el asalto y
antiguo Alcázar andalusí, llegando hasta la torre de Belén, al saqueo de la judería cordobesa. Como consecuencia, tuvo
oeste. También residieron en algunas zonas fuera del recinto, lugar el abandono por parte de la mayoría de los judíos del
como en el ángulo suroriental de la Medina, la futura calle barrio (aunque algunos quedaron allí), constituyéndose la
Alfonso XIII o el Realejo de San Andrés. Contaron para nueva collación de San Bartolomé (bajo la iglesia del mismo
rendir culto con una Sinagoga. La que hoy conservamos fue nombre) o del Alcázar Viejo, repoblada desde 1399, aunque
construida entre 1314-5, en estilo mudéjar, con un patio a un ritmo muy lento hasta 1492. También tuvo lugar la
como vestíbulo y su interior con la tradicional separación marcha de otros judíos de la ciudad, o la forzosa conversión
de sexos, ocupando las mujeres las tribunas. Después de la de diversas familias al cristianismo. Pero aunque la conversión
expulsión de los judíos, en 1492, la Sinagoga fue convertida de algunos de estos últimos hubiera sido sincera (la mayoría
sucesivamente en hospital para hidrófobos de Santa Quiteria, seguían practicando en secreto el judaísmo), conservaban la
condición de «cristianos nuevos», marginados e impedidos
para ejercer diversos cargos públicos. A pesar de todo, judíos
y conversos se recuperaron. Mas la crisis económica a fines
del siglo XV, las luchas nobiliarias y la intolerancia volvieron
a desencadenar otro fatídico episodio en marzo de 1473. Su
detonante fue el hecho de que, al paso de una procesión por
la calle de la Feria, una muchacha arrojó agua sobre el manto
de la Virgen de la Hermandad de la Caridad (que sólo admi-
tía a quien probara su «limpieza de sangre») desde una casa
habitada por una familia de conversos. Inmediatamente se
desataron iracundas reacciones en una multitud predispuesta
desde hacía tiempo contra los judíos, tergiversándose el hecho
y tomándolo como provocación. La casa fue saqueada y un
tumulto fue dirigido por un herrero cordobés, lanzando al
asalto, robo y asesinato de los judíos y conversos. A pesar de

[116] [117]
la intervención de Alfonso de Aguilar, que mató al cabecilla, por su nueva condición cristiana, muy pocos quedaban en el
los sucesos duraron cuatro días (corrió la falsa noticia que siglo XVI. Tras la rebelión de las Alpujarras a fines de 1568,
el cadáver del herrero se había movido, proclamándosele se decidió que algunos grupos de los moriscos granadinos de-
mártir al que se debía vengar), quedando como testimonio el portados de su tierra se establecieran en Córdoba, y habitaron
monumento de la Cruz del Rastro (el actual es una creación sobre todo en la collación de Santa María, concretamente en
posterior y reubicada). Se pensó en volver a concentrar a la la calle que hoy lleva su nombre, hasta el edicto definitivo de
población judía en 1479, pero más tarde acabó por aplicarse expulsión de los reinos hispánicos en 1609.
una medida más drástica, ya que por el decreto de 1492, to- Esta discreta Córdoba, cabeza de un reino que equivalía más
dos los judíos fueron obligados a convertirse o a abandonar o menos a la actual provincia, se asomaba a la modernidad
los reinos hispanos. Los conversos, sinceros o no, se vieron como cuna de notables personajes que salieron de ella: los
obligados a extremar precauciones, por temor a ser acusados pintores Bartolomé Bermejo y Alejo Fernández, y el poeta
ante la inquisición, cuyo tribunal cordobés fue establecido en Juan de Mena, autor del Laberinto de Fortuna, nacido en la
1482. Con todo, aún hoy se conservan apellidos de origen capital, pero educado y residente en Salamanca e Italia, al
judío en la ciudad. contrario que Antón de Montoro, poeta cordobés nacido en
Desde luego, en mayor proporción que islámicos, pues aquel pueblo. Pero sobre todo el noble y guerrero Gonzalo
esta última comunidad fue mucho más pequeña. Según las Fernández de Córdoba, «El Gran Capitán», fue la figura de
capitulaciones pactadas en 1236, los pobladores musulma- aquel fin de siglo que dio mayor fama a su patria.
nes se vieron obligados a abandonar la ciudad por haber
sido asediada. Durante la repoblación, un pequeño grupo
de habitantes debió volver. Mas la expulsión de mudéjares
(así se llamaba a los islamitas que conservaban su credo bajo
el poder cristiano) tras las revueltas rurales de 1264-66, y la
emigración de aquellos hacia el entonces asentado reino de
Granada, condujo a la desaparición de las morerías cordobe-
sas, salvo las de Palma del Río y la capital. A fines del siglo
XV había en la de esta última solamente entre 150 y 200
habitantes. Seguramente por ello y por su menor riqueza no
fueron objeto de ataques tan violentos como en el caso judío,
aunque también debían pagar impuestos y llevar distintivos
en su ropa. Tuvieron una mezquita en la plaza de las Dueñas
(actual Cardenal Toledo). La aljama cordobesa (aunque hubo
quienes residían en otros barrios) estuvo situada, primero en
la calle de los Moros (Rodríguez Sánchez) y después en la
de la Morería, hasta que en 1502 se promulgó el edicto de
conversión forzosa para los mudéjares. Llamados moriscos

[118] [119]
D EL R ENACIMIENTO A LA I LUSTRACIÓN
El final del siglo XV vio el desarrollo en esta modesta ciudad
de algunos actos de empresas decisivas que marcarían el cami-
no de la grandeza de los reinos hispánicos en la modernidad.
Después de haber sido sede de la boda de Enrique IV con Dña.
Juana de Portugal (21-V-1455) y de las Cortes que abrieron
su mandato, la popularidad de Córdoba subió un nuevo pel-
daño durante las estancias de los Reyes Católicos. Entre 1482
y 1492, Isabel y Fernando residieron frecuentemente en la
ciudad (que ya habían visitado en 1478), fundamentalmente
para dirigir las últimas campañas de conquista contra el Reino
de Granada. En la ciudad de la Mezquita nació la infanta Dña.
María, su hija (que llegó posteriormente a ser reina de Por-
tugal), en 1482. Por ello, no es extraño que Cristóbal Colón
pasara una larga temporada en Córdoba, para estar cerca de

«El Potro y el Rastro, sitios que Cervantes visitara cuando en sus


notables obras ese primer nombre estampa.» “El Mesón del Potro”
Teodomiro Ramírez de Arellano (comp.), Romances histórico-
tradicionales de Córdoba, Córdoba, 1902, p. 15.

[120] [121]
los monarcas y tratar de convencerles de su proyecto de cruzar otros puntos de la geografía peninsular, así como genoveses,
la «Mar Océana» de Occidente. Entre tanto, encontró como napolitanos y flamencos. Entre estos últimos abundaban es-
nueva compañera a la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, cultores y orfebres, actividad la segunda que alcanzó su cenit
con la que tuvo a Hernando Colón, gran erudito y biógrafo durante el siglo XVII.
de su padre, que viajó por Europa para nutrir su formidable El reverso de este prometedor panorama era el de la esclavi-
biblioteca hispalense. Otro ilustre personaje de ascendencia tud (ya desde época bajomedieval hubo esclavos en la ciudad,
cordobesa y que vivió durante algunos años en la ciudad, y sobre todo negros y mulatos y también moriscos, aunque
otros tantos en Cabra, fue Miguel de Cervantes, el autor del no en gran número y sus condiciones no eran demasiado
Quijote. Colofón de esta importancia renacentista, y buen penosas, debido a que fundamentalmente se ocupaban del
motivo para emprender diversas reformas urbanas, fue la vi- servicio doméstico), la pobreza y miseria de las clases bajas
sita de Felipe II, que residió en Córdoba entre febrero y abril (en aumento con cada periódica crisis), y el de ciertos episo-
de 1570 y celebró Cortes para dirigir la campaña contra los dios de la crónica negra. Entre estos últimos se encuentra la
moriscos rebeldes de las Alpujarras (uno de los frutos de todo presencia del inquisidor Lucero en Córdoba, cuyos abusos de
ello fue la creación en aquel año de las Caballerizas Reales). poder y ambición de desenmascarar a toda costa a los falsos
Al año siguiente, festejaba la ciudad los fastos de la victoria conversos (acusando de heterodoxia incluso a importantes
de la Santa Liga en Lepanto. personajes, se dice que para quedarse con sus fortunas), acaba-
Soslayados los difíciles comienzos del siglo XVI (graves epi- ron por desencadenar un levantamiento popular en 1506, que
demias y crisis de subsistencias sobre todo en 1506-7 y 1522), precipitó la caída del siniestramente apodado «Tenebrero».
la población cordobesa ascendió de 27.500 habitantes en Aquel motín fue dirigido por algunos miembros de la nobleza
1530 a unos 49.500 en 1571. La prosperidad y ciertas mejoras cordobesa, un episodio que también puede encuadrarse en
de la urbe en este período se debieron, en buena medida, a su la serie de rivalidades y disputas por el poder local a las que
condición de discreta antesala a Sevilla, la «Puerta de Indias».
La riqueza y monumentalidad del barroco cordobés (tanto
de la capital como del resto de la provincia) no hubieran sido
posibles sin las notables aportaciones de la riada de metales
preciosos que llegaban procedentes de América, así como
de los frutos de su comercio y artesanía (durante la centuria
florecieron los textiles, sobre todo seda y paños, así como el
cuero, cordobanes y brocados). Y eso que la crisis del siglo
XVII y episodios como los expolios durante la guerra de la
Independencia, o las desamortizaciones, no han permitido
que todo aquel rico patrimonio haya llegado, en su totalidad
e incólume, a nosotros. Por su parte, desde fines del siglo XV
constatamos la presencia en Córdoba, junto a los mercaderes
y artesanos autóctonos, de familias de vizcaínos (vascos) y de

[122] [123]
hicimos referencia en el apartado bajomedieval. Desde fines
del siglo XIV, la «nobleza nueva andaluza», nutrida en buena
medida de las concesiones hechas por el rey Enrique II (las
«mercedes enriqueñas») había ido ganando terreno junto a
la «nobleza vieja» (linajes de los primeros tiempos de la con-
quista). La familia más importante desde el siglo XV fue la
de los Fernández de Córdoba, dividida en cuatro ramas, cada
cual con su señorío: de Aguilar (posteriormente añadirían el
marquesado de Priego), los Condes de Cabra, el señorío de
Chillón, Lucena y Espejo (de los Alcaides de los Donceles);
y el de Montemayor y Alcaudete. Estos dos últimos estaban
aliados respectivamente con cada uno de los dos primeros,
rivales entre sí por el control de la ciudad. A estos deben
añadirse otros señoríos: el de Santa Eufemia, Fernán Núñez,
Palma del Río, El Carpio, Luque y Guadalcázar. En el siglo
XV los señoríos ocupaban en total en el reino de Córdoba
un 25% del territorio al norte del Guadalquivir y un 53%
de la campiña. Sus propietarios (familias de los Fernández de
Córdoba, Carrillo, Ríos, Bocanegra y Portocarrero, Méndez
de Sotomayor, Venegas, Córdoba), constituían un centro
en torno al cual giraban otro conjunto de linajes menores,
también con tradicional participación en el gobierno de la
ciudad, como los Aguayo, Hoces, Tafur, Valenzuela; en total,
en torno a trescientos individuos. Residían en la capital, y
los más importantes (sobre todo desde el siglo XVII) en la
Corte. Por lo demás, los integrantes de la nobleza cordobesa
tuvieron fama en todo el país de conservar las esencias más
acendradas de los linajes aristocráticos. Ello no quiere decir
que fuera totalmente hermética, pues entre los siglos XVI y
XVIII tuvo lugar la penetración, en modesto pero innegable
volumen, de sangre nueva, la mayoría de las veces mediante
el matrimonio con las hijas de familias plebeyas enriquecidas.
Ascensos sociales que no significaban el cuestionamiento del
orden imperante, sino la integración de algunos de estos in-
dividuos en la condición nobiliaria. Recurrieron para ocultar

[124] [125]
sus orígenes (no pocas veces judeoconversos) a la invención desde época renacentista. Y no pocas desaparecieron posterior-
de genealogías y falseamientos de «estatutos de limpieza de mente, como la de los Alcaides de los Donceles (frente a San
sangre», y a las estrategias familiares para mantener y aumentar Nicolás, en lo que es hoy cabecera del Paseo del Gran Capi-
su poder. tán), de los señores de Aguilar (luego Palacio de la Marquesa
Su riqueza y prestigio se hacían bien visibles en la deco- del Mérito, Gobierno Civil y hoy Edificio Gran Capitán), de
ración externa que, sobre todo a partir del Renacimiento, se Luque (en torno a la calle Fitero), de Fernán Núñez (cerca de
añadió a la vivienda típica cordobesa con mayor profusión: San Pedro) y de Guadalcázar (junto a la Puerta del Rincón);
los blasones y otros elementos que adornaban las fachadas de perviven en su mayoría las fachadas, como la de la Casa de los
las residencias y palacios, atisbos de la belleza de sus patios señores de Lucena (en la calle Fitero). El estilo mudéjar, más
interiores. En efecto, las viviendas perpetuaron el esquema que el gótico, predominaba en época bajomedieval. Del siglo
del patio interior vertebrador de las estancias y centro de la XIV data la Casa de los Caballeros de Santiago (luego de los
vida comunitaria, tanto en las moradas señoriales como en Valdelasgranas y después de condes de Gavia, hoy colegio); y
los «corrales de vecinos». Vegetación, flores y un pozo o aljibe del siglo XV la llamada Casa Mudéjar, la del Indiano (antigua
eran elementos indispensables, desde el más lujoso al más casa solariega de los Cea), de las Campanas (perteneciente
humilde. La mayoría de las viviendas señoriales de las tres a los duques de Alba, luego casa de vecinos), de las Pavas
primeras centurias tras la conquista sufrieron modificaciones (fachada renacentista), el palacio del Conde de Cabra (luego
convento de las Capuchinas) y la fortaleza del marqués del
Carpio (adosada al trazado de la antigua muralla en la calle
[LOS PATIOS DE CÓRDOBA] de la Feria). Teniendo en cuenta que experimentaron remo-
delaciones y engrandecimiento en etapas posteriores (hasta el
«Los patios, en Córdoba y en otras ciudades de la provincia, son, como los de Sevilla, XVIII o después) los mejores ejemplos que arrancan del siglo
cercados de columnas de mármol, enlosados y con fuentes y flores. En los lugares más XVI son el palacio de Viana, el del Bailío (casa solariega de
pequeños no suelen ser tan ricos ni tan regulares y arquitectónicos, pero las flores y las los Cárcamo, luego residencia del Gran Capitán y su familia,
plantas están cuidadas con más amor y verdadero mimo. La señora, en la primavera y en posteriormente de los marqueses de Almunia), así como el de
las tardes y noches de verano, suele estar cosiendo o de tertulia en el patio, cuyos muros Orive (de los Villalones) y la Casa solariega de Jerónimo Páez
se ven cubiertos de un tapiz de verdura. La hiedra, la pasionaria, el jazmín, el limonero, la
de Castillejo (hoy sede del Museo Arqueológico); la de los
madreselva, la rosa enredadera y otras plantas trepadoras tejen el tapiz con sus hojas entre-
Luna (supuesta vivienda de Hernán Pérez de Oliva, famoso
lazadas y le tejen con sus flores y frutos. Tal vez está cubierto de un frondoso emparrado
humanista), las fachadas de la Casa de las Bulas (hoy Museo
una buena parte del patio y, en su centro, de suerte que se vea bien por la cancela, si por
dicha la hay, se levanta un macizo de flores formado por muchas macetas colocadas en
Taurino), de Rodrigo Méndez Sotomayor (hoy Conserva-
gradas o escaloncillos de madera. Allí claveles, rosas, miramelindos, marimoñas, albaha- torio de Música), de los Aguayo (desde 1270, con reformas
ca, boj, evónimo, brusco, laureola y mucho dompedro fragante. Ni faltan arriates todo posteriores, hoy colegio de las Francesas) y el palacio de los
alrededor, en que las flores también abundan, y, para más primor y amparo de las flores, Venegas de Henestrosa (hoy Gobierno Militar). Del siglo
hay encañados vistosos [...] Las abejas y las avispas zumban y animan el patio durante el XVII datan las fachadas y portadas de la Casa Solariega de la
día. El ruiseñor le da música por la noche». plaza de Maimónides (con su típico torreón o mirador), la
conocida como de la Condesa de las Quemadas (con blasón
JUAN VALERA

[126] [127]
de los Fernández de Mesa, hoy escuela de Arte Dramático),
la de la Concha, el palacio del Duque de Medina Sidonia
(originalmente mudéjar) y la Casa de los Mecías de la Cerda
(calle Tomás Conde). Para el siglo XVIII, véanse la Casa de los
Manríquez (con una portada barroca), de los Guzmanes (en
el Realejo, frente a la de los Luna), del Marqués de Benamejí
(cuya fachada fue reformada en siglo XIX, hoy escuela de Artes
y Oficios, en calle Agustín Moreno), el palacio del Vizconde
de Miranda (antigua casa de la familia de los Ríos, marqueses
de las Escalonias, fachada de 1766) y el de los Muñices (hoy
Colegio Público de San Lorenzo).
Durante el Renacimiento, la ciudad experimentó refor-
mas esencialmente cualitativas. Sus límites no trascendieron
más allá del recinto amurallado. Muchas puertas medievales
fueron transformadas en renacentistas (casos de la Nueva en
1569 y la del Puente en 1572). Gracias a las ordenanzas e
intervenciones de los alarifes, se realizaron ensanches de calles
(Concepción, Juan de Mesa o del Poyo, Isaac Peral o del Lodo,
Deanes) y plazas (de la Judería) y apertura de nuevas vías
(Cuesta de Luján, Duque de Hornachuelos, Portería de Santa
María de Gracia), al tiempo que eliminaban algunos adarves
y callejones sin salida, absorbidos en las manzanas de las que
formaban parte, cerrados o quedando como «casas de paso».
Hacia 1594 comenzaron las obras para las nuevas casas del
ayuntamiento, en las proximidades de la plaza del Salvador,
habiendo estado hasta entonces en la actual sede de la Real
Academia de Córdoba (calle Ambrosio de Morales).
El nombre de la Corredera ya apareció en la segunda
mitad del siglo XIII, tal vez porque allí se hicieran correr
caballos en época islámica. La plaza era entonces más pe-
queña e irregular, y en el siglo XV ya era un activo foco de
la vida comercial y sociopolítica. «Autos de fe» (lectura de
sentencias inquisitoriales; el quemadero de herejes estaba
en el Marrubial y también se ajusticiaba en el Campo de la
Verdad), pero también espectáculos lúdicos como las fiestas

[128] [129]
de toros y cañas tenían lugar allí (desde la segunda mitad del El centro de la religiosidad cordobesa continuó ubicado en
siglo XVIII también se celebraron corridas en las plazas de la antigua Mezquita convertida en iglesia Mayor de Santa
toros de madera que temporal y sucesivamente se ubicaron en María. Durante los primeros siglos de la conquista el edificio
el Campo de la Merced hasta mediados del XIX). En 1584-6 apenas sufrió reformas o adaptaciones. Poco después de con-
se construyó la Cárcel, obra del arquitecto Juan de Ochoa, en sagrar como catedral todo el templo islámico, Fernando III
medio del lado sur de la Corredera, junto al pósito o almacén fundó la posteriormente desaparecida capilla de San Clemen-
de granos municipal, levantado en 1536. Existía en la plaza te, en la que se rindió culto hasta que en 1275 se convirtió en
un pilar, constatado en las fuentes desde la segunda mitad Capilla Mayor la recién terminada de Villaviciosa, instalán-
del siglo XV, que desapareció posteriormente. Dicho sea de dose en el lucernario central donde arrancaba la ampliación
paso, una de las fuentes más importantes de la ciudad, junto de al-Hakem II, instalando allí el altar mayor y la sacristía.
con la Fuenseca (existente ya en 1495, aumentada en 1760), En 1281 también Alfonso X mandó derribar las tiendas que
la del Patio de los Naranjos de la Catedral (siglo XVII) o la habían ido adosándose alrededor de los muros externos de
de la piedra Escrita (su fecha más segura es la de 1724). Des- la Mezquita, así como engrandecer aquellas calles. En com-
de el siglo XIV había 39 veneros de agua en la ciudad y 11 pensación, otorgó al obispo don Pascual y al Cabildo las dos
extramuros. La reforma que dio a la Corredera el trazado y carnicerías y las tiendas de Ollerías. En los siglos siguientes
disposición que conocemos se inició en 1683, de la mano del varias de las puertas de la Mezquita fueron reformadas en
arquitecto Ramos de Valdés, por orden del corregidor Ron- estilo gótico (en el muro occidental, el postigo de la leche,
quillo Briceño. Supuso la desaparición, entre otros edificios, puerta de San Miguel y de la Paloma), renacentista (puerta
del hospital medieval de la Santísima Trinidad, así como la de Santa Catalina) y dieciochesco (de la Grada Gorda y la
aparición de nuevas construcciones anexas a la plaza, como septentrional de Caño Gordo); y hacia 1908 Mateo Inurria
la ermita del Socorro, sede en el momento de tres cofradías restauró bajo la dirección de Velázquez Bosco algunas puertas
y foco de enorme devoción desde fines del XVII. Más de un de los muros este y oeste concediéndose ciertas licencias al
centenar de hermandades y cofradías existían en el siglo XVII. estilo original. Por otro lado, en la fachada norte Enrique II
Y es que la omnipresencia de la religiosidad cristiana continuó mandó restaurar en estilo mudéjar la Puerta del Perdón en
vigente en la urbe durante los siglos modernos. Otra muestra 1377. Seis años antes el monarca había ordenado completar
de ello fueron la multitud de retablos ubicados en las calles la Capilla Real, que había sido comenzada en época del «rey
por toda la ciudad, pequeños focos de devoción popular, Sabio» (1258-60). Por aquellos años también comenzó la
suprimidos definitivamente en 1841 y depositados algunos habilitación de capillas en las naves junto a los muros de la
en iglesias para evitar que fueran objeto del deterioro natural sala de oración. Una de ellas fue la que temporalmente le
e intencionado. Queda como vestigio casi único el que aún fue concedida a Alonso Fernández de Sotomayor frente a la
adorna la esquina de la calle Candelaria. La iluminación que portada del Mihrab, ordenándosele tuviera cuidado de no
aportaban la miríada de velas en aquellos daba un aspecto alterar ni dañar aquella obra. Durante la época de los Reyes
fantasmagórico a las esquinas y recodos urbanos en las noches Católicos se alteró aquella situación de más o menos respeto
cordobesas, tan oscuras antes de la llegada de la iluminación a la integridad del templo, y a propuesta del obispo Iñigo de
pública decimonónica. Manrique, se edificó entre 1486-96 una nave gótica trans-

[130] [131]
versal entre dos de las antiguas, frente a la Capilla Mayor o
de Villaviciosa (transformada en presbiterio en 1489). Los
tiempos aconsejaban, a juicio de algunos, ocultar aquellas
raíces musulmanas con nuevos añadidos cristianos, por lo que
el obispo Alonso de Manrique concibió llevar a cabo el gran
crucero renacentista. A pesar de la fuerte oposición del concejo
que gobernaba la ciudad, el pleito, elevado hasta el emperador,
acabó decidido a favor de la reforma. Es bien sabido que poco
después, a su paso por Córdoba para celebrar sus esponsales
con Isabel de Portugal, Carlos I se arrepintió de su decisión
y dijo aquello de «hacéis lo que hay en otras muchas partes y
deshacéis lo que era único». Con todo, no hubo vuelta atrás, y
entre 1523 y 1607 se levantó el crucero catedralicio, labor que
ocupó a las tres generaciones de la familia de los Hernán Ruiz,
famosos arquitectos (el primero también rediseñó las galerías
del patio en 1510, y el tercero añadió a la torre el cuerpo de
campanas), y a Juan de Ochoa (autor este último de trascoro
y la bóveda central). Al complejo se añadieron, entre otras
muchas obras, el coro (de Pedro Duque Cornejo, 1747-57)
y los púlpitos (de Michel de Verdiguier, 1776-8). Por otro
lado, a principios del siglo XVII se abrieron unos vanos en
forma de balcones en la fachada sur externa; y para resolver
los problemas de estabilidad de la torre se construyeron, en-
volviendo el antiguo alminar, los cuerpos del Reloj (1616)
y de San Rafael (1636), coronando la figura del arcángel el
conjunto en 1664. Y en 1740, se cubrieron los techos de las
naves con bóvedas blancas, incluyéndose dos lucernarios en
los extremos de cada nave. Por último, no podemos olvidar
las operaciones de restauración que posteriormente realizaron
el organista Patricio Furriel (1815), los arquitectos Ricardo
Velásquez Bosco (1891-1923), Félix Hernández (1931-36) y,
a fines del siglo XX, Gabriel Ruiz Cabrero y Gabriel Rebollo.
A pesar de las polémicas sobre la alteración del monumen-
to original por el crucero catedralicio, tal vez aquél salvó a
la Mezquita de un más que probable desmantelamiento y

[132] [133]
saqueo durante los siglos moderno, como ha ocurrido con trenada en 1518 y una de las más importantes de España.
otros edificios. Parece que la feria concedida por Sancho IV y confirmada
El espíritu de Trento a su paso por Córdoba quedó se- por Carlos I no tuvo del todo continuidad. La Feria de la
ñalado con las estancias de San Juan de la Cruz y San Juan Salud principió verdaderamente cuando en 1665 se encon-
Bautista de la Concepción, y la fugaz visita de Santa Teresa. tró la imagen de la Virgen homónima en un pozo ignorado,
Las construcciones religiosas aumentaron por las nuevas descubierto en una haza próxima a la puerta de Sevilla. En
fundaciones de diversas comunidades. A partir de 1564 los 1673 se inauguró una capilla en aquel lugar para cobijar a
jesuitas levantaron la iglesia del Colegio de Santa Catalina la advocación mariana, cuyo culto alcanzó gran popularidad
(terminado en 1589), y a raíz de su traslado en 1580, los durante el siglo siguiente. También hay que destacar el culto a
carmelitas calzados edificaron el templo del Convento situado los santos y Mártires. En 1575 se anunció el descubrimiento
en las cercanías de Puerta Nueva. En 1571, la ermita de la en la iglesia de San Pedro de las reliquias de aquellos últimos
Visitación de Nuestra Señora del Espíritu Santo se convirtió de época romana (entre ellos los restos de San Acisclo y Santa
en parroquia de San José y Espíritu Santo (transformada a Victoria), cuestionándose la autenticidad de las que hasta en-
mediados del siglo XVIII), del barrio del Campo de la Ver- tonces se consideraban auténticas, conservadas en el convento
dad, que hasta entonces había dependido de la Catedral. Pero de los Mártires de la Ribera. El culto a aquellos alcanzó un
sobre todo, ha de mencionarse el Seminario de San Pelagio, mayor fervor en siglo XVII, organizándose procesiones en su
fundado en 1583, aunque su construcción, empezada en nombre. Y fue también en esta época cuando se desarrolló la
1610, se vio paralizada hasta 1669. En la centuria siguiente devoción al arcángel San Rafael. Aunque se decía que ya se
vivió una ampliación. había presentado a principios del siglo XIV al Padre Simón de
Otra manifestación conciliar fue el esplendor de la fiesta Souza, la tradición señala fundamentalmente al Padre Roelas,
del Corpus, ya impulsada desde comienzos de siglo, como a quien se dice se apareció el arcángel en 1578, anunciando
muestra la custodia de la Catedral, de Enrique de Arfe, es- las futuras epidemias, cofirmando que las reliquias de San
Pedro eran auténticas y proclamándose custodio y amparo
de la ciudad. Créase o no, a gusto de cada cual, lo cierto es
que la historia ha quedado recordada de modo duradero en
las diversas esculturas dedicadas a San Rafael (la más antigua
situada frente al humilladero del Puente Romano en 1651); y,
por supuesto, en la extensión de su nombre entre tantísimos
cordobeses hasta hoy.
Todas estas creencias se explican mucho mejor a la luz de
las dificultades que atravesó la ciudad desde fines del siglo
XVI. Pestes y crisis cosecheras azotaron su comarca como
al resto de los reinos hispanos, destacando las de 1649-52 y
la de veinte años después. Por ello, la población sufrió una
severa recesión: de 48.186 habitantes en 1587 a unos 35.000

[134] [135]
[LA CÓRDOBA BARROCA]

“A Córdoba”
en 1668. Aunque el siglo XVIII fue
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
más positivo, la población no llegaría
de honor, de majestad, de gallardía!
a igualar los niveles renacentistas hasta ¡Oh, gran río y gran Rey de Andalucía
mediados de la centuria decimonóni- de arenas nobles, ya que no doradas!
ca. Por su parte, los problemas para ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas
mantener los numerosos centros asis- que privilegia el cielo y dora el día!
tenciales condujeron desde el Renaci- ¡Oh siempre gloriosa patria mía,
miento a la unión de las rentas de las tanto por sus plumas como por espadas!
cofradías religiosas y de los hospitales ¡Si entre aquellas ruinas y despojos
de beneficencia, instituciones inten- que enriquece el Genil y Dauro baña
samente vinculadas durante los dos tu memoria no fue alimento mío
siglos precedentes y los siguientes, y nunca merezcan mis ausentes ojos
que jugaron un decisivo papel, a pesar ver tus muros, tus torres y tu río
tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España
de que sus recursos anuales no fueron
muy abundantes. En 1586 Córdoba LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE
contaba con 30 hospitales, de los que (1561-1627)
un 80% se hallaban a cargo de her-
mandades. El más importante fue el
Hospital Real de San Sebastián, hasta «El soneto con que su atrabiliario hijo la
que en 1704 tomó el relevo el del Car- cantara es también, incuestionablemente,
denal Salazar, concebido inicialmente la mejor guía espiritual de la ciudad, que
no debe, empero, hacernos olvidar nunca
como colegio de los niños del coro de
los juegos de la chiquillería, los olores de
la Catedral, y que fue centro médico las pitanzas, los requiebros a las damas,
hasta nada menos que 1974 (pasan- la afición por los naipes y el aguardien-
do luego a ser sede de la Facultad de te, las rencillas de los eclesiásticos y las
Filosofía y Letras). Otro hospital fue nuevas de un imperio que comenzaba a
el Real de San Lázaro, junto a otros desmoronarse. En fin, el amor a la vida
más o menos «especializados» como y a la fugacidad de las cosas que, muy al
estilo barroco, pero no menos igualmen-
el de San Bartolomé de las Bubas. En
te al estilo de Córdoba, su artista más
el siglo XVII se consiguió el relativo inmortal, cantó después de un proceso
logro de contarse con un médico por de interiorización de las experiencias de
cada 2.000 habitantes. una ciudad con cuyos genios se amistase y
A pesar de las adversidades, la vida compenetrase íntimamente».
continuó una vez más. Siguiendo la JOSÉ MANUEL CUENCA TORIBIO,
línea trazada en el siglo XVI, encon- Historia de Córdoba, Córdoba, 2002,
tramos el desarrollo de diversas mani- pp. 113-4
[136] [137]
[ARTISTAS NOTABLES DE
LA CÓRDOBA MODERNA]

Juan de Mena festaciones como la imprenta o el teatro.


(1411-1456), escritor En el segundo tramo del siglo XVI destacó
Hernán Pérez de Oliva
la presencia del comediógrafo hispalense
(1494-1531), poeta
Ambrosio de Morales Lope de Rueda en Córdoba, enterrado en la
1513-1591), erudito Catedral. El primer edificio que conocemos
Pablo de Céspedes de la época estuvo ubicado en el número
(1538-1608), pintor y escritor 11 de la calle de las comedias (hoy calle
Juan Rufo Velásquez Bosco, nº 15), sede de la cárcel
(1547-1620), poeta
hasta que se trasladó a la Corredera. Fue
Luis Carrillo de Sotomayor
(1583-1610), poeta
inaugurado en 1602 y permaneció abierto
Luis de Góngora y Argote hasta fines del XVII. Por otro lado, engro-
(1561-1627), poeta san la nómina de talentos artísticos de los
Juan de Mesa Siglos de Oro eruditos como Ambrosio de
(1583-1627), escultor Morales y el Abad de Rute y el viajero Inca
Antonio del Castillo Garcilaso de la Vega, el escritor y pintor
(1616-1657), pintor
Pablo de Céspedes, los poetas Juan Rufo y
Juan de Valdés Leal barroco pleno son los trabajos que Valdés Leal desarrolló en
(1622-1690), nacido en Sevilla, pintor Luis Carrillo de Sotomayor. Por supuesto
Córdoba. La misma importancia tuvieron, dentro y fuera de la
que quienes querían triunfar en círculos
capital, el retablo y la imaginería, con las sobresalientes figuras
más amplios, debían abandonar el suelo
de Juan de Mesa y Felipe de Ribas, formados en Sevilla. Por
natal, aunque nunca se desligó de su patria
su parte, el convento de los Padres de Gracia (1608, fundado
chica D. Luis de Góngora y Argote, uno
sobre una antigua ermita por Juan Bautista de la Concepción,
de los mejores poetas del barroco, cuyo
reformador de la orden trinitaria en 1599) marcó el paradigma
redescubrimiento y justa valoración, sin
del barroco contrarreformista, destacando como elementos
embargo, hubo de esperar al tercer cente-
más llamativos de su fachada los frontones triangulares. Otros
nario de su fallecimiento.
establecimientos erigidos entonces fueron el del Corpus Chris-
La Iglesia sobrellevó mejor que otras ins- ti (1608), Santa Ana (fundado por las carmelitas descalzas
tituciones civiles la crisis del siglo XVII. La en 1589 y comenzado en 1608), San Cayetano (1613-56),
demanda de obras de tema religioso, por las Cister (ya instalado en 1671 junto al lugar que ocupa hoy la
razones ya vistas, contribuyó a la creación iglesia, construida en 1725) y San Pedro de Alcántara (en la
de un potente foco pictórico cordobés en plaza del Cardenal Salazar); el de la Encarnación, monaste-
el siglo XVII. La mayoría de sus integrantes rio cisterciense de 1509, sufrió una gran transformación en
siguieron la influencia del maestros Pablo los siglos siguientes. Comenzó el XVIII con la edificación
de Céspedes, destacando entre ellos el sello del Santuario de las ermitas de la Sierra (1703-34). Destacó
personal de Antonio del Castillo, junto a la actividad desarrollada en época del obispo D. Marcelino
otros nombres. Máximo exponente del Siuri (1717-1731), con el patrocinio y financiación de obras

[138] [139]
de envergadura como la iglesia de los Dolores y hospital de
San Jacinto, la remodelación de la parroquia de San Andrés,
de los Conventos del Cister y de las Capuchinas, iglesia del
Colegio de la Piedad. También se levantó el ya mencionado
Hospital del Cardenal Salazar (1701-24), se reformó profu-
samente la colegiata de San Hipólito y se edificó el nuevo
convento de la Merced (sede actual de la Diputación), cuyas
obras concluyeron en 1745, año en que un incendio destruyó
algunas partes del palacio Episcopal, añadiéndose después la
monumental escalera. El de la Trinidad fue un convento fun-
dado en 1241, cuya paradigmática iglesia barroca, construida
a mediados del siglo XVII y concluida en 1710, se convirtió
luego en parroquia de San Juan y Todos los Santos, en tanto
que el convento se desamortizó y convirtió en cuartel en el
siglo XIX. Tras la expulsión de la orden en 1767, la iglesia
del Colegio de la Compañía de Jesús (iniciada en 1564) en
la Plaza de la Compañía, se convirtió en sede donde en 1782
se ubicaron las refundidas parroquias de Santo Domingo de
Silos y el Salvador (la segunda anteriormente ubicada en la
esquina de la futura calle Alfonso XIII con María Cristina).
El Colegio se convirtió en 1791 en sede de las escuelas Pías.
Del mismo modo, San Nicolás de la Ajerquía fue abando-
nada posteriormente y el culto trasladado a la iglesia de San
Francisco.
En la segunda mitad del XVIII descendió un tanto el ritmo
constructivo, aunque no faltaron intervenciones como la re-
construcción de algunas puertas de la muralla (la de Gallegos,
por ejemplo, en 1755, dañada en 1711), la reforma de las
Caballerizas Reales tras su incendio, la del santuario de Santo
Domingo (1758-63), la creación del Sagrario de la iglesia de
San Miguel y la capilla de los Santos Mártires en la de San Pe-
dro, así como la fachada del convento de San Pedro el Real. La
mejor y más temprana muestra del academicismo neoclásico
cordobés se encuentra en la iglesia y colegio de Santa Victoria
(1761-80), originalmente planificada por Dreveton y Ventura

[140] [141]
Rodríguez. Levantada en la casa donde se dice que el Arcán-
gel se apareció a Roelas en 1578, la iglesia del Juramento de C ÓRDOBA CONTEMPORÁNEA
San Rafael se construyó en unos cánones clásicos, al haberse
quedado pequeño el templo que allí existía. Se inició en 1796,
y fue consagrado 10 años después. También fue el momento
de la creación de los emblemáticos conjuntos escultóricos del
Triunfo de San Rafael junto a la Puerta del Puente (1765-81)
de Michel de Verdiguier; y el «Cristo de los Faroles», atribuido
a Juan Navarro. A su vez, se trató de potenciar la formación EL SIGLO XIX
local con la fundación por parte del prelado Caballero y Gón-

L
gora, de la Escuela de Bellas Artes a comienzos del siglo XIX. os acontecimientos que inauguraron de modo reso-
Además de la Iglesia, no hay que olvidar que el mecenazgo nante el turbulento siglo XIX español apenas si sacaron
de la nobleza siguió constituyendo un cierto impulso en las a Córdoba del letargo en el cual se hallaba sumida y
artes y las ciencias, patente en el ejemplo de la creación de que se prolongaría durante la centuria siguiente. En su obra
la Sociedad Económica cordobesa de Amigos del País, o en sobre la ciudad durante la guerra de la Independencia (1808-
manifestaciones como la construcción de un primer Paseo 13), Ortí Belmonte nos muestra una urbe ensimismada en su
de la Victoria, a la altura de su confluencia con Ronda de los rutina, consolidada secularmente, con una economía eminen-
Tejares, de acuerdo con las concepciones ilustradas de ocio temente agraria y una artesanía en franca decadencia, sombra
y de propiciar zonas ajardinadas para así tratar de acercar la de lo que fue. Con todo, la ciudad protagonizó algunos de
naturaleza para disfrute de los ciudadanos. los episodios más destacados de la fase inicial de la «guerra
La fuente adosada a la fachada del nº 29 de la calle de la contra el francés»: formación de una de las primeras juntas
Feria, frente a la desaparecida ermita de la Aurora (construida (28-V-1808); la batalla del Puente de Alcolea (7-VI-1808) e
en siglo XVIII) señala en su inscripción, fechada en 1796, inmediatamente después, el violento y feroz saqueo perpe-
la visita de Carlos IV a la ciudad. Mas los testimonios de trado por el ejército al mando del general Dupont, derrotado
personajes como Ponz (1792) y Moratín (1796) a Córdoba un mes más tarde en Bailén, cuando trataba de retirarse de
nos la describen entonces con un desalentador panorama de Andalucía. Tan infausto suceso pesó en el recuerdo de veci-
abandono y decadencia económica, punto de partida para el nos y autoridades quienes, por temor a nuevas represalias,
próximo capítulo. entregaron sin resistencia la ciudad a las tropas napoleónicas
cuando aquellas retornaron al mando del general Victor.
Entre el 23 de enero de 1810 y el 3 de septiembre de 1812
se desarrolló el gobierno de los prefectos de José Bonaparte.
El mismo monarca, hermano de Napoleón, visitó la ciudad
tres días después de ser conquistada, siendo agasajado en ella
y aclamado por las multitudes, partiendo cuatro días después
rumbo a la recién conquistada Sevilla. El corto período del

[142] [143]
dominio francés, y las circunstancias excepcionales impuestas pero sobre todo más duraderos y conti-
sobre la vida cotidiana por el conflicto bélico peninsular con- nuados. A partir de 1834, según la nueva
trastaron, paradójicamente, con los numerosos esfuerzos de la división territorial de España, la ciudad
nueva administración por mejorar la infraestructura urbana: de la Mezquita se convirtió en capital de
ordenanzas sobre higiene (limpieza de las calles, enterramien- una de las 49 provincias. Su territorio
tos extramuros en el cementerio de la Salud), abastecimientos, equivalía más o menos al del antiguo reino
transportes, reformas urbanísticas (levantamiento del primer de Córdoba. Además, se reimplantó defi-
plano urbano moderno en 1811 por el barón de Karvinski y nitivamente la Diputación provincial, ya
Joaquín Rillo, impulso de construcción de paseos y jardines ensayada durante las breves experiencias
como los de Campo Madre de Dios y los de la Agricultura de 1813-14 y del Trienio, habiendo sido
en la Victoria), iniciativas culturales (creación de la Acade- abolidas por el absolutismo fernandino.
mia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba La vida política se desarrolló de un
en diciembre de 1810 por parte del canónigo Manuel María [CÓRDOBA DE LA DESAMORTI-
modo similar a la de otras capitales. El
ZACIÓN (1855)]
de Arjona), etc. A pesar de todo lo mencionado, existió una nuevo sistema de partidos y elecciones se
silenciosa disconformidad del pueblo contra los dominadores compaginaba, salvo en momentos excep- «Doquiera que vuelvas los ojos,
y «afrancesados». Y es que la presencia del ejército galo, que cionales, con una completa desmoviliza- hallarás fachadas sin viviendas,
exigía constantes y onerosas requisas de alimentos y otros re- ción del pueblo (que poco podía partici- entre cuyos sillares brotan el
cursos para abastecerse, fue una pesada carga para la provincia. par en la política isabelina con cifras tan musgo y la malva, por cuyas
Tras la retirada de las tropas francesas, se suscitaron numerosas reducidas de derecho a voto) y las prácticas ventanas pasan revoloteando los
condenas sobre buena parte de los colaboracionistas con el pájaros amantes de las grandes
caciquiles fueron nota dominante. Tam-
ruinas; monasterios inhabitados,
anterior régimen. Y también se manifestaron las pugnas entre bién hubo espacio para la disidencia, pero templos desiertos, plazas en
las facciones liberal y absolutista. El retorno de Fernando el apoyo al carlismo fue muy minoritario, donde crece la grama, calles a
VII al trono español acabó proscribiendo a los defensores de mayormente en el ámbito rural. Con todo, todas horas silenciosas, merca-
la obra de las Cortes de Cádiz. Al proclamarse la vuelta al Córdoba fue la única capital andaluza que dos donde no se trafica, talleres
absolutismo monárquico (4-V-1814), una muchedumbre lo lograron tomar las fuerzas carlistas de la ex- donde no se trabaja, tiendas
aclamó, destruyendo lápidas conmemorativas de la Consti- donde no se vende; una pobla-
pedición del general Gómez (30-IX-1836),
tución de 1812 y asaltando establecimientos liberales como ción, en fin, inactiva, dormida,
conservada durante quince días, hasta que mermada, pobre, privada de las
el colegio de la Asunción. tuvieron que retirarse, perseguidos por las delicias de la cultura islamita,
Los conflictos políticos del primer tercio del siglo agravaron tropas isabelinas. divorciada con las dulzuras de la
la situación de precariedad e inmovilismo. Apenas tuvieron El impacto de las desamortizaciones progresiva civilización cristiana,
tiempo de salir adelante las novedades aprobadas durante el y marcada con el estigma de
fue uno de los hechos más notables y
Trienio Liberal (1820-23), debido a las luchas entre facciones, una dolorosa decadencia de lo
de mayor trascendencia: las de Godoy material y moral».
y a la represión que al final del mismo inauguró la «Década (1798), José I (1810-2), Madoz (1855)
Ominosa». Fue bajo el reinado de Isabel II (1833-68) cuando pero muy especialmente la de Mendizábal PEDRO DE MADRAZO,
en la urbe comenzaron a producirse cambios más destacables, (1836), dada la enorme importancia de Córdoba, Barcelona, 1980, p. 493.

[144] [145]
las posesiones del clero cordobés, ya bastante afectado du-
rante la dominación francesa por la confiscación de tierras,
exclaustración y disolución de diversas órdenes religiosas.
Aunque seguiría manteniendo un gran ascendiente espiritual,
el poder económico de la Iglesia cordobesa se vio seriamente
disminuido. Por su parte, la nobleza y la naciente burguesía
aprovecharon la ocasión para consolidar y aumentar su status.
Poco interesados en arriesgarse en iniciativas que pudieran
dinamizar la comarca (sólo rentables a largo plazo), invirtie-
ron mayoritariamente sus capitales en valores más seguros y
de beneficios inmediatos, como la adquisición de aquellos
nuevos bienes inmuebles, rurales y urbanos. Se sentaban así
las bases de futuras reformas urbanísticas, pero también de
la destrucción de buena parte del patrimonio arquitectónico
y artístico.
Habiendo perdido sus funciones tradicionales defensivas y
de control del tránsito (para prevenir epidemias y cobrar los
impuestos de consumos sobre los productos que entraban en
la ciudad), el progresivo derribo de las murallas y sus puertas
(de la Puerta del Rincón en 1852 a la de Osario en 1904-5, San Rafael, construidos en 1811 y 1833-5 respectivamente)
proceso acelerado a partir de 1868) obedeció, más que nada, al y algunos focos artesanales e industriales, localizados fun-
deseo de sintonizar con el espíritu de progreso del siglo, y dar damentalmente al norte, en el Campo de la Merced (barrio
trabajo a los desocupados. En su lugar comenzaron a crearse del Matadero Viejo), la carrera de las Ollerías y, en general,
las rondas que circunvalaban el casco urbano. Buena parte de a lo largo de la vía del ferrocarril, cuya primera línea, entre
aquellas presentaban zonas verdes para el esparcimiento social: Córdoba y Sevilla, fue inaugurada el 27-IV-1859; seis años
Paseo de la Victoria al Oeste; inmediaciones del ferrocarril después la de Málaga (10-VIII), al año siguiente la que enla-
y Campo de la Merced (ajardinado desde 1835-6) al norte; zaba directamente con Manzanares (14-IX); y en 1873 la de
Campo Madre de Dios al este (en 1859 se creó un paseo ar- Belmez. En los últimos decenios del siglo, se establecieron el
bolado que vino a unirse al dieciochesco del Campo de San Asilo Madre de Dios (1863), el nuevo Matadero municipal
Antón, sirviendo además de emplazamiento para la Feria de (1879, sobre el exconvento de San Juan de Dios), el cuartel
la Fuensanta); y el Paseo de la Ribera al sur. Apenas se urba- de Alfonso XII (1878-1883, posteriormente de Lepanto, ya
nizaron zonas más allá del antiguo perímetro de las murallas. desaparecido, frente al convento de los Trinitarios) y los de la
Los espacios intramuros obtenidos por las desamortizaciones Victoria y San Rafael (1893-1900 y 1900), ambos en el cami-
bastaban para dar cabida a la población. Fuera de la ciudad se no de San Jerónimo, la futura avenida de Medina Azahara).
encontraban los dos cementerios municipales (de la Salud y

[146] [147]
El mencionado establecimiento de los ferrocarriles aceleró el Podemos hacernos una idea del aspecto de la ciudad isa-
traslado del centro de gravedad de los poderes institucionales belina a través de algunas fotografías conservadas, así como
y lugares de residencia de las clases acomodadas más al norte. del plano de 1851 de José María de Montis Fernández (y su
En la actualidad, dicho emplazamiento sigue ostentando ese versión de 1868); y la litografía del francés Alfred Guesdon,
papel de eje administrativo y económico: los barrios bajo la fechada en 1860. Completa el panorama para el fin de siglo el
jurisdicción de las parroquias de San Miguel, San Nicolás de plano topográfico y urbanístico de Dionisio Casañal (1884).
la Villa, San Juan y el Salvador. Los notables de la ciudad, Por su parte, también contamos con los testimonios de auto-
en su mayoría rentistas y propietarios agrícolas como queda res españoles y extranjeros, desde los soldados napoleónicos
dicho, impulsaron la conformación de un centro social y de a los turistas románticos, pasando por las notables plumas
negocios inserto en un escenario urbanístico acorde con los (y pinceles) de Richard Ford, George Borrow, Théophile
gustos de la burguesía de aquel entonces. Su mejor exponente Gautier, Alexandre Dumas, Prosper Mérimée, Gustave Doré
lo constituye el paseo del Gran Capitán. El cierre del convento y Charles Davillier, Edmundo de Amicis... En mayor o me-
de San Martín, junto a la iglesia de San Nicolás, en 1836, nor medida, coincidieron en lo esencial de la imagen de una
posibilitó la construcción de un primer paseo ajardinado y ciudad provinciana, de un pausadísimo ritmo de vida, deca-
cercado, llamado como el antiguo establecimiento religioso, dente, de ruinas, monumentos y rincones pintorescos y con
y terminado en 1843. Diez y seis años después, el arquitecto un toque exótico, arábigo, oriental. Dicha atracción por las
Pedro Nolasco Meléndez propuso el proyecto de abrir una imágenes folklóricas del temperamento romántico (también
amplia calle en aquel lugar, cuya prolongación llegase hasta del realismo literario), no excluía los aspectos más negativos,
la recién inaugurada línea férrea. Expropiados los terrenos injustos y vergonzantes de la urbe. Antes bien, formaban
necesarios y horadada la muralla en el tramo correspondiente parte de muchas de sus obras. Nos referimos al alto número
de Ronda de los Tejares, el primer tramo del Paseo del Gran de pobres y mendigos, dependientes de una caridad que la
Capitán se inauguró en 1866. El segundo, desde la men- Iglesia y los poderes públicos no podían proporcionar de
cionada ronda a la estación, tuvo que esperar a 1904-5 para modo suficiente, unas veces por falta de recursos y otras por
verse materializado. falta de generosidad y ausencia de un espíritu verdaderamente
cristiano. Por lo demás, tampoco eran muy superiores las
condiciones de vida de la mayor parte de habitantes. Un 90 %
de la población activa urbana lo constituían las «clases bajas»,
esto es, jornaleros, pequeños artesanos y no pocos individuos
sin ocupación ni oficio definidos. Sus medios de vida eran
predominantemente agrarios: casi un 50% de la población
activa a lo largo del siglo, en tanto que casi todos los dedicados
al sector terciario se encuadraban en el servicio doméstico;
y solamente algo más del 20% trabajaban en el secundario,
la mayoría pequeños artesanos que a duras penas satisfacían
las necesidades de la ciudad (construcción, madera, piel y

[148] [149]
alimentación). Los jornaleros dependían de bajos salarios
y ocupaciones laborales temporales (cosecha de la aceituna
en invierno y del trigo en verano, con paros estacionales en
primavera y otoño). La precariedad de su situación, como la
de los pequeños agricultores, se acrecentaba con las periódicas
crisis agrarias y dramáticas hambrunas como las de 1802-6,
1811-2, 1824-5, 1834, 1857 ó 1864; o las dificultades viní-
colas por la filoxera y subidas del precio del pan de finales de
siglo (como en 1898).
La dinámica de crecimiento de la población capitalina
decimonónica fue inferior al del resto de la provincia hasta las
dos últimas décadas del siglo (de 40.000 habitantes en 1800 y
42.909 en 1857 a 49.755 en 1877 y 58.275 en 1900). Entre
los motivos se cuentan la persistencia del ciclo demográfico
antiguo (alta tasa de nacimientos y defunciones), las deficien-
cias de la infraestructura higiénico-sanitaria (alcantarillado,
abastecimiento de aguas y hospitales) y las situaciones de
malas cosechas y epidemias (fiebre amarilla en 1804, cólera
morbo en 1834, 1854-6, 1865 y 1885; viruela en 1871-4).
El mayor crecimiento de finales de siglo se debió más a la
afluencia de población rural a la capital, que a su propia
dinámica interna.
En circunstancias más felices que su padre, Isabel II visitó
en 14-IX-1862 una Córdoba engalanada para su recibimiento.
Durante su reinado prosperaron una serie de iniciativas muy
positivas para la ciudad. En abril de 1847 se elevó el Colegio
de la Asunción a la categoría de Instituto Provincial de Se-
gunda Enseñanza (actual Instituto Góngora). El interés del
ecijano Joaquín Francisco Pacheco, presidente del Consejo
de Ministros durante aquel año, también impulsó, en el mes
de agosto, la creación de la Escuela Especial de Veterinaria.
Más adelante, durante otros gobiernos, se crearon las de
Agricultura (1857), de Bellas Artes (1866), la Normal de
Maestros y la de Maestras, y la Escuela Industrial de Artes y
Oficios (1869). En 1865 se fundaron la Biblioteca y Museo

[150] [151]
[ESCRITORES DE LA CÓRDOBA DECIMONÓNICA]

de Bellas Artes, cuyo primer director fue un profesor y pintor Duque de Rivas (1791-1865), político y escritor
de Moguer llegado a Córdoba dos años atrás: Rafael Romero Juan Valera (1824-1905) nacido en Cabra, político y escritor
Barros, padre de Julio Romero de Torres (nacido en la capital Luis Mª Ramírez de las Casas-Deza (1802-1874), erudito
en 1874) y sus hermanos Rafael y Enrique. Por otra parte, José Amador de los Ríos (1818-1878) nacido en Baena, escritor
tuvo lugar en aquellos años el fallido ensayo de la Universi- Aureliano Fernández Grilo (1845-1906), escritor
Teodomiro Ramírez de Arellano (1828-1909), nacido en Cádiz, erudito
dad Libre de Córdoba (1870-74) y, posteriormente, el de la
católica de Fray Ceferino González. Pasaron cien años hasta
la inauguración definitiva de un centro de enseñanza superior A pesar de todo, no faltaron individuos que mantuvieron
autónomo en la ciudad. vivo el impulso creativo cordobés, aunque sus acciones fueran
aisladas y no pocas veces faltas de apoyos y eco. Baste nombrar
a dos escritores y políticos de fama como el Duque de Rivas
y el egabrense Juan Valera, cuyas obras contribuyeron a una
cierta proyección de la ciudad, aunque no residieran gene-
ralmente en ella ni participasen en alentar día a día la vida
cultural de la urbe. Por otro lado, figuras dotadas de cierto
talento literario, científico y artístico que vivieron en la capital
debieron resignarse a quedar en el discreto segundo plano del
localismo: fueron los casos de los escritores Aureliano Fernán-
dez Guerra, Antonio Fernández Grilo y del erudito Luis María
Ramírez de las Casas Deza, uno de los mejores cronistas de
la ciudad, junto con Teodomiro Ramírez de Arellano y sus
Paseos por Córdoba. Bibliotecas y librerías, tanto públicas o
privadas, eran muy limitadas. De las primeras eran excepción
la episcopal y la provincial, y de las segundas existían apenas
un par, aunque hacia 1896 José María Valdenebro señalaba
cuatro librerías y ocho imprentas en la ciudad. Los libros
contaban con escaso público, viniendo a compensar en cierta
medida el teatro, el déficit cultural cordobés. El más veterano
de sus establecimientos fue el «Teatro Principal», en la actual
calle Ambrosio de Morales, que en el primer tercio del siglo
atravesó por diversas peripecias de aperturas y cierres según
dictase la legislación de cada época. Un incendio lo destruyó
en 1892, pero hasta entonces, en su último medio siglo se vio
acompañado por el «Moratín» (abierto en 1862) y el «Gran
Teatro» (inaugurado en 1873). Este último se convirtió en el

[152] [153]
eje de la actividad durante la centuria siguiente, junto a otros Eduardo Lucena). Claro está, reinaba el elitismo y acceso
como el teatro Circo o el Duque de Rivas o de Variedades restringido a la mayoría de ellos. Uno de los escasos puntos
(también en Gran Capitán). de encuentro de todos los niveles sociales cordobeses era el de
los espectáculos taurinos. Por el histórico Coso de los Tejares
El Diario Córdoba (1849-1938), fundado por Fausto Gar-
(1846-65 y 1868-1965) desfilaron casi todos los toreros de
cía Tena, fue la publicación diaria más duradera y destacada
renombre de la época. Entre lo lúdico y lo comercial se de-
de la capital. Nacieron instituciones culturales y asociativas
sarrollaba igualmente la «Feria de la Salud» cada mayo, con
como el Liceo Artístico y Literario (1842), unido en 1856 al
la novedad del traslado del recinto, desde 1820, al Paseo de
Círculo de la Amistad (creado en 1850); los Juegos Florales
la Victoria y hacia el sur del mismo (remodelado a partir de
(1859), el Ateneo Científico y Literario (1869) o el Centro
1854 y una vez más a finales del siglo).
Filarmónico Cordobés (1878 dirigido por el compositor

[154] [155]
[LOS CINCO CALIFAS DEL TOREO CORDOBÉS]

RAFAEL MOLINA, “LAGARTIJO” de Piedad, al que se uniría la Caja de Ahorros en 1878, y la


(1841-1900): entre 1860-93 compartió con “Frascuelo” el favor del público nacional, Banca Pedro López.
enfrentándose partidarios de uno u otro con mucho mayor fervor que los de Canovas
Los últimos años del reinado de Isabel II, con el aumento
o Sagasta, los máximos líderes políticos de la Restauración.
del conservadurismo hacia extremos muy pronunciados, fue-
RAFAEL GUERRA BEJARANO, “GUERRITA” ron desaprobados por buena parte de los cordobeses. No es
(1862-1961): ya destacó desde sus comienzos por su peculiar modo de banderillear casual que el enfrentamiento decisivo entre los isabelinos y los
de frente. Discípulo de Lagartijo en su cuadrilla, le sucedió en el período 1887-98, revolucionarios de la «septembrina», provenientes de Cádiz,
enfrentado en el favor popular a “El Espartero”. tuviera lugar en la segunda Batalla del Puente de Alcolea (28-
IX-1868). Se inauguraba un período de cambios durante el
RAFAEL GONZÁLEZ MADRID, “MACHAQUITO” (1880-1955): uno de los más grandes
de comienzos del siglo XX. Formó pareja con Ricardo “Bombita” en los años entre la Sexenio Democrático (1868-74) El republicanismo federal
retirada de “Guerrita” y el triunfo en los ruedos de Belmonte (1900-13). tuvo en Córdoba apoyos importantes, que motivaron que la
urbe fuera escenario de uno de los encuentros de los movi-
MANUEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, “MANOLETE” mientos pimargallianos meridionales (12-VI-1869). También
(1917-1947): celebérrimo perfil, ascética figura de augusta presencia, rey indiscutible se dieron cita en la ciudad diversos grupos del movimiento
del toreo en los años 40, hasta su trágica muerte en Linares frente al toro Islero. Junto
obrero, en acontecimientos como el Congreso de 1872, en el
con Manuel Benítez y el pintor Julio Romero de Torres, los tres cordobeses de mayor
proyección internacional del siglo XX.
cual se consumó el cisma entre las dos corrientes de la Inter-
nacional y los bakuninistas triunfaban con su postura anar-
MANUEL BENÍTEZ “EL CORDOBÉS” quista. Por otro lado, las alteraciones del orden público como
(1937 ): palmeño, revolucionario del toreo por su originalidad y espectaculares gestos, consecuencia del aumento del bandolerismo en la provincia,
verdaderamente resucitó el interés de la afición y el público en general en los años motivaron la designación de Julián Zugasti como Gobernador
sesenta (1963-1972), levantando pasiones encontradas entre sus rendidos admiradores
y enconados detractores.

En el plano económico, una iniciativa particular de cierta


entidad destacó en el discreto panorama ya reseñado. Nos
referimos a la Casa Carbonell, establecida por el alicantino
Antonio Carbonell y Llacer en 1866, dedicada a la comercia-
lización de aceite y otros productos agrarios. Hasta entonces,
las pocas empresas e instituciones crediticias autóctonas sur-
gidas durante la época isabelina no tuvieron mucha suerte: la
fábrica de Sombreros de Sánchez Peña (1846), la «Sociedad
Colectiva Fabril y Comercial Sánchez, Reyes y Azpitarte»
(1861), «El Crédito Comercial y Agrícola de Córdoba» (1864-
67). Excepciones que sí lograron prosperar fueron el Monte

[156] [157]
Civil de Córdoba, quien aplicó métodos expeditivos (como
la «ley de fugas») y una dura represión. Años después narró
su experiencia en uno de los textos clásicos sobre el tema. La
cúspide de la inestabilidad se alcanzó con los sucesos de 1873,
que tuvieron especial virulencia en Montilla.
Durante la Restauración canovista (1875-1923), recibida
con agrado por las clases altas, se erigieron como cabezas lo-
cales de los partidos de turno el Conde de Torres Cabrera por
el conservador, y los duques de Hornachuelos y Almodóvar
por el liberal-fusionista. Por su parte, los escasos focos repu-
blicanos de la capital, más importantes que en la provincia,
continuaron muy divididos y apenas disciplinados, alejados
por ello del poder.
A pesar de que persistieron lacras como la
mencionada inactividad y decadencia urba-
na o la pobreza y mendicidad, en el último
cuarto del XIX también se introdujeron una ermita del Pretorio (1872, el mejor exponente de neogótico
serie de mejoras en la infraestructura de en Córdoba), los palacetes, desde el del Conde de Torres
Córdoba. Desde 1876 se decretó el adoqui- Cabrera (edificado en 1847) al del Duque de Rivas (refor-
nado en la progresiva pavimentación. Entre mado a fines del siglo XIX, Casa Carbonell desde 1908); el
1878 y 1882 se desarrolló la apertura del eclecticismo del interior del Liceo Artístico y Literario (1867)
primer tramo de la calle Claudio Marcelo, y de la fachada del Gran Teatro (1873); y la arquitectura del
entre el Ayuntamiento y el Arco Real. En hierro del mercado de abastos Sánchez Peña en la Corredera
1882 dieron comienzo las obras en las Casas (1887-1896).
Consistoriales, y la Mezquita fue declarada Una de los proyectos más importantes, de cuya larga dura-
monumento nacional. En el verano del ción se hizo eco un dicho popular, fue el de la construcción
año siguiente, el paseo del Gran Capitán se del murallón de la ribera. Con aquél se trataba de evitar que
iluminó con luz eléctrica y en 1884 el recinto de la Feria de las crecidas inundasen los barrios establecidos junto al Guadal-
la Salud. Hasta entonces la iluminación pública se había ido quivir. Las obras comenzaron hacia 1792, pero los trabajos se
realizando con faroles de aceite (1831), petróleo (1864) y vieron sometidos a un ritmo intermitente por las vicisitudes de
gas (1870). La primera red telefónica se instaló en 1887 para cada momento, y hasta 1854 no se concluyó el primer tramo,
comunicar al Ayuntamiento con otros centros oficiales. Y en desde el molino de Martos a la Cruz del Rastro. La demolición
1890 fue constituida la empresa Aguas Potables de Córdoba, del antiguo convento de los Mártires y la ampliación del Paseo
perteneciente a particulares por aquel entonces. La arquitec- de la Ribera en 1863, impulsó nuevos trabajos, pero el ritmo
tura es fiel reflejo de los estilos de la época: la reforma de la siguió siendo notablemente irregular, con largos períodos

[158] [159]
de forzada inactividad. En 1891 el ministro de Fomento, el
montoreño Santos Isasa, aprobó la realización del proyecto S IGLO XX
definitivo que, concluido en 1905, extendió el murallón desde
la Cruz del Rastro hasta el Puente Romano. A este se unió
el de la conclusión, en 1907, de la ronda que circunvalaba la
capital cordobesa, para que la carretera general pasase por el
paseo de la Ribera y enlazase con la Alameda del Corregidor
(entre la Huerta del Alcázar y la orilla del río), que a media-

C
uando en 1904 Pío Baroja visitó la ciudad de la
dos del siglo XX sería sustituida por la avenida del Alcázar. Mezquita, su perfil de atonía y estancamiento, típico
La fisonomía de aquel ámbito ribereño experimentó, pues, de una pequeña capital de provincias de la España
algunos cambios. Algunos molinos harineros, como el de San interior, no difería demasiado al de treinta y cinco años atrás,
Antonio, Enmedio y la Albolafia fueron cerrados, aunque época en la que se sitúa su magnífica novela La Feria de los
otros como Casillas, Cucarrón, Hierro, López García, Martos, Discretos. Y es que, salvando las distancias, los comienzos
San José, San Rafael y Papalotierno, seguían funcionando a de este apartado recuerdan un poco al anterior. La ciudad
fines del siglo XIX. seguía conservándose más o menos en torno a los límites de
la antigua línea de murallas que, como hemos visto, poco
a poco se había ido descuidando, horadando y derribando
durante la segunda mitad del diecinueve. Su exigua expansión
(como mostraba el plano de 1910 Córdoba artística y útil),
aparte de los arrabales históricos (Campo de la Verdad, de
San Antón, Madre de Dios, Ollerías, Matadero y Tejares),
comprendía exclusivamente huertas y escasas instalaciones
en las rondas, sin que aún existiera una periferia residencial
propiamente dicha.
Un nuevo y trágico evento bélico, el «desastre de 1898»,
abrió las puertas del siglo XX. Las secuelas de los combates
sostenidos contra los independentistas cubanos y de la guerra
hispano-estadounidense no dejaron de hacerse patentes en
Córdoba como en el resto de la península. Aparte de la crisis
agraria finisecular, el problema más importante del momento
fue la repatriación de los civiles que decidieron dejar las po-
sesiones de Ultramar, pero sobre todo de los soldados, entre
los cuales se contaban muchos enfermos y heridos. Con el
fin de socorrerlos, se organizaron suscripciones públicas, sien-
do el organismo que fundamentalmente coordinó aquellos

[160] [161]
esfuerzos la Cruz Roja, que funcionaba en la capital desde las exportaciones, etc.), fiscal (lucha contra el impuesto de
26-II-1893. Empero, hasta 1927 no se aprobó el proyecto consumos y otras contribuciones) y de infraestructuras. Su
para que la entidad se asentase en su hospital de la Avenida posterior andadura (dimisión de su líder nacional, falta de
de la Victoria, inaugurado en 1933. Por otro lado, los cen- acuerdo en las Cámaras de Comercio, fracaso del intento de
tros sanitarios en funcionamiento resultaban insuficientes. establecer en Córdoba una Estación Agrícola Olivarera...)
Y el Hospital Militar de San Fernando, proyectado por la hipotecó sus posibilidades de éxito.
comandancia de ingenieros y que contó con una generosa A medida que avanzaba el nuevo siglo, la descomposición
donación del ayuntamiento cordobés en agosto de 1897, no del sistema se fue haciendo más evidente. Aunque la estructura
pudo comenzar a construirse hasta 1902 y terminado en 1928. caciquil y oligárquica seguía ocupando los resortes oficiales
Entre tanto, los repatriados del 98 tuvieron que ser atendidos de poder, las divisiones internas afectaron a los dos partidos
en el Hospital de Agudos, en enfermerías improvisadas en de turno, tanto conservadores como liberales. Los cambios
el Cuartel de Barracones (de Alfonso XII) y en el Hospital constantes de gobierno apenas dejaban tiempo para que
Militar del recién creado Cuartel de la Victoria (XI-1898). pudieran llevarse a cabo proyectos de reforma a medio plazo
Muchos recién llegados y convalecientes quedaban a cargo que la ciudad necesitaba. Entre 1902 y 1923, hubo 12 alcal-
del transporte y cuidados de civiles voluntarios. Dramas des, y hasta 17 mandatos tuvieron lugar, siete de los cuales
similares volverían a repetirse durante el primer cuarto de fueron liberales y el resto conservadores. Los casos de mayor
siglo, mientras se desarrollaron combates en el protectorado duración en el poder fueron los del conservador Conde de
español en Marruecos. las Infantas (1903-4 y 1907-9), del farmacéutico liberal José
Con todo, la vida sigue: ni «el 98» resultó tan negativo García Martínez (1906-7 y 1909-12) y del abogado conser-
para la economía nacional, ni el sistema de la Restauración vador Manuel Enríquez Barrios (1913-16).
había entrado aún en situación de crisis irreversible, aunque
su funcionamiento ya presentaba numerosos fallos. De ahí
que se agitasen en toda la geografía española los llamados
movimientos «regeneracionistas», que proponían y exigían
reformas para solucionar los problemas coyunturales y estruc-
turales, políticos y socioeconómicos de la nación. En enero
de 1899 se publicó el manifiesto de la Unión Conservadora,
y exactamente un año después, el Conde de Torres Cabre-
ra, presidente de la Cámara Agraria de Córdoba, propuso
el proyecto de Unión Agraria Española, órgano que debía
instrumentalizar la posición política de terratenientes, agri-
cultores y ganaderos. Por su parte, los republicanos federales
y fusionistas se erigieron en otra alternativa. Ya desde febrero
de 1899 se habían ido desarrollando una serie de iniciativas
para la mejora económica (exposición de aceites, ayuda a

[162] [163]
Aparte de aquellas, nuevas fuerzas sociopolíticas se desarro- 1916, Blas Infante pronunció en el Centro Obrero republi-
llaron durante aquel período. Una de ellas fue el PSOE, afin- cano de la capital una conferencia que sembró la semilla del
cado en Córdoba desde enero de 1893, aunque su evolución Centro Andaluz de Córdoba, presidido por el erudito Rafael
registró no pocos altibajos y momentos de debilidad, debido Castejón y Martínez de Arizala y como secretario el doctor
a su reducido número de militantes y a la escasa formación Manuel Ruiz Maya, redactor jefe de la revista Córdoba. Su
de los mismos (hecho que provocaría frecuentes mescolanzas desarrollo es un fiel reflejo de la situación general del anda-
y confusiones ideológicas). Con todo, en 1899, uno de sus lucismo de entonces, constituido por personas de diversos
miembros consiguió ser nombrado edil. Posteriormente, los orígenes sociales y tendencias políticas: del conservadurismo y
acuerdos con grupos republicanos permitieron alcanzar con- el catolicismo liberal (caso de Rafael y Francisco Castejón) al
cejalías en algunos pueblos y en la capital. Sus actuaciones se republicanismo (Eloy Vaquero) y socialismo (Francisco Azo-
encaminaron hacia las mejoras urbanas. Menor fortuna tuvo rín). La escisión entre andalucistas moderados y progresistas
el andalucismo, aunque la ciudad de la Mezquita se constituyó se consumó en la Asamblea de Córdoba de marzo de 1919.
en uno de sus ejes fundamentales (volvería a serlo después La cuestión de la reforma agraria fue el punto que suscitó más
del Franquismo, con el impulso de los cordobeses José Javier diferencias entre unos y otros. Precisamente aquellos años,
Rodríguez Alcaide y José Aumente). El 13 de noviembre de de una gran inestabilidad en la campiña cordobesa, fueron
conocidos como el «trienio bolchevique» (1918-20), anali-
zados por el notario de Bujalance Juan Díaz del Moral en un
pionero y modélico estudio sobre la Historia de las agitaciones
campesinas andaluzas.
Desde comienzos del siglo, pero muy especialmente en los
años de la Primera Guerra Mundial, la capital de la Mezquita
se fue afianzando como centro de gravedad de la provincia,
atrayendo la producción agraria campiñense, las riquezas mi-
neras de Sierra Morena y albergando una serie de iniciativas
de creación de industrias, uniéndose a las ya existentes, en los
sectores agroalimentario, maquinaria agrícola, metalurgia y
manufactura. Junto a La Sultana, Serrano, Ruiz y Cía., y Ro-
sales Hermanos se unieron empresas como Barranco Damián
y Cía. (1904), González Hermanos, S.A. (1906) La Cordobesa
y Serraleón (1911), San Rafael (1919), y posteriormente San
José (1923), Bernardo Alba e Hijos (1925), etc. Casi todas
ellas eran de pequeñas dimensiones y con técnicas más cerca-
nas a las del artesanado, salvo la veterana Carbonell y la recién
nacida S.E.C.E.M. ó Electromecánica («La Electro», fundada
el 14-VI-1917, con capital hispano-francés, y en producción

[164] [165]
En mayor medida que la coyuntura de la Primera Guerra
Mundial, la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
se benefició de una situación general de cierta prosperidad
económica, al tiempo que ponían en pie una serie de refor-
mas, sobre todo en lo referente a obras públicas. Todo ello se
vio acompañado de un importante aumento de población.
Entre 1900 y 1930 la capital vio casi doblarse su número
de habitantes (de 58.275 a 103.106), pero la mayor parte
de ese crecimiento tuvo lugar en los años veinte. El ritmo se

desde 1921), dos excepciones fundamentales a la regla, pero impulsadas


por inversiones de fuera del ámbito andaluz. También merece destacarse el
desarrollo del sector terciario, especialmente del aparato administrativo y
ocupaciones laborales características de la «sociedad de masas» que por aquel
entonces comenzaba, poco a poco, a implantarse. La neutralidad hispana
durante la Gran Guerra permitió un cierto progreso económico, fruto sobre
todo de las exportaciones a países beligerantes. Pero la base de aquel fenóme-
no no era sólida ni firme, porque bajo los beneficios económicos puntuales
persistían los problemas estructurales aún por solucionar. El alza de precios
y coste de la vida y la crisis sociopolítica de 1917 lo pusieron de manifiesto
en Córdoba como en el resto de España. El sistema de la Restauración se
deslizaba por una espiral de anquilosamiento y los ciudadanos se mostraban
cada vez más descontentos. El discurso pronunciado por el rey Alfonso XIII
en el Círculo de la Amistad cordobés (23-V-1921), dos meses antes del
desastre de Annual, expresaba aquella situación que, a su juicio, requería
la intervención de un «cirujano de hierro». Estas palabras tomadas del am-
biguo discurso costista han sido interpretadas por algunos como vaticinio
del golpe de estado que tendría lugar en Barcelona dos años después. La
nueva situación fue acogida entre el silencio, la expectación y el entusiasmo,
prácticamente sin manifestaciones públicas de oposición (salvo la aislada y
tenaz disconformidad del político egabrense José Sánchez Guerra).

[166] [167]
aceleró durante la década siguiente, debido al descenso de
la mortalidad y, sobre todo, al proceso de emigración desde
los pueblos.
Se planteaba, pues, un considerable aumento en las ne-
cesidades de nuevas viviendas, llevar a cabo una expansión
urbana. Desgraciadamente, los proyectos de ensanche de
Diego Serrano Rodríguez (promotor de la creación de una
Ciudad Jardín en el barrio hoy conocido por tal nombre),
en colaboración con el arquitecto turolense Francisco Azorín
Izquierdo, se vieron frustrados, por la muerte del primero en
1917 y el advenimiento del régimen primorriverista. En esta
nueva etapa, los intereses municipales se orientaron hacia
reformas para la creación de un nuevo centro de negocios y
residencia de la alta sociedad cordobesa. Figura fundamental
del período fue José Cruz Conde, notable miembro de esta
familia de bodegueros cordobeses, comandante del ejército,
comisario de la Exposición Iberoamericana de Sevilla proyec-
tada definitivamente para 1929 y amigo del dictador. Bajo
su mandato (entre 1924 y 1926, año en que fue nombrado
Gobernador de Sevilla) y el de sus sucesores (entre los cuales
se contó su hermano Rafael, en 1927-9) se llevaron a cabo una y Claudio Marcelo (ya prolongada hasta Diego de León entre
serie de reformas puntuales (en vez de un proyecto de con- 1909-10 y hasta las Tendillas cuando concluyó su reforma);
junto, que hubiera sido más armónico y eficaz) ya meditadas la conversión del paseo del Gran Capitán en avenida (con
y proyectadas en épocas anteriores. Se encargó al arquitecto el traslado del monumento al héroe cordobés, inaugurado
Félix Hernández la ampliación de la plaza de las Tendillas, en 1923, a su ubicación actual, en 1927); y, sobre todo, la
que había sido objeto de una intervención de ensanche y re- apertura de la calle que acabaría llevando el nombre de Cruz
gulación en 1908, abriéndose una calle que comunicaba con Conde (1925-30, también llamada calle Málaga), con el fin
Diego de León. La nueva reforma fue proyectada en 1923, de mejorar el tráfico, pero sobre todo para extender sobre
principiada en 1925 y terminada al fin de la década. Para ello, dicho cuadrante la zona comercial y de residencia de los
se remodeló la manzana del célebre Hotel Suizo, comprado acomodados, eliminando los islotes de pobreza y de edificios
por el ayuntamiento en 1918 y comenzado a derribar en modestos que allí se asentaban (en el antiguo Trascastillo).
1924. Se construyeron en la plaza nuevos edificios, de un his- Los objetivos señalados se cumplieron, y con mayor celeridad
toricismo renacentista y estilo regionalista en boga, de rasgos de lo acostumbrado, pero las reformas no fueron más allá de
similares al hispalense. La actuación se complementó con el la zona céntrica y en el resto de la ciudad continuaron sin
ensanche de la calle Concepción, conexión entre Gondomar resolver los problemas estructurales. Además, para llevar a

[168] [169]
cabo los mencionados proyectos, en 1925 el ayuntamiento
había concertado un préstamo de 22 millones de pesetas con
el Banco de Crédito Local, y la deuda resultante se convirtió
en una pesada carga, paralizante, para las administraciones
municipales del período siguiente (la Segunda República).
Por su parte, la urbanización de la periferia quedó en
manos de concesiones a la iniciativa privada, que proponían
cuando, como y donde querían, por lo cual se careció de una
visión de conjunto, de una vertebración ordenada, condicio-
nando el desarrollo de Córdoba hasta hoy. Este crecimiento
urbano tuvo que ceñirse al río Guadalquivir y las líneas del
ferrocarril, dos barreras que lo encorsetaban al sur y al norte,
existiendo muy pocos elementos de paso a través de ellas: el
puente romano y algunas de las barcas que cruzaban el río; y
el viaducto del Pretorio (terminado en 1923 y ampliado en
1951-55) y los pasos a nivel de Santa Rosa y las Margaritas,
inapropiados por la peligrosidad al cruzarlos o los embo-
tellamientos de tráfico que producían. Además, surgieron
no pocas fricciones entre el ayuntamiento y los particulares
sobre la construcción del alcantarillado y pavimentación de
las calles. En teoría su realización era competencia de los se-
gundos, pero muchas veces endosaron al gobierno local dicha
carga, quedando en el entretanto los habitantes de aquellos
barrios abandonados a unas condiciones de precariedad e in-
salubridad. A mediados del siglo XX aún quedaban no pocas
calles terrizas y con severas deficiencias de abastecimiento y
evacuación de aguas. La «Ley de Casas Baratas» y la actua-
ción de la sociedad filantrópica «La Solariega» impulsada
por el obispo Pérez Muñoz, contribuyeron a paliar en cierta
medida la escasez de viviendas. La Guía Comercial Pozo de
1927 mencionaba, aparte de las ya existentes, doce nuevas
barriadas periféricas: la de la SECEM o Electromecánica, las
Margaritas (en ambos lados de la carretera de Trassierra), de la
Solariega Cordobesa (S. Cayetano, Campo Madre de Dios y
Huerta tras la Puerta o Marrubial), la particular de los Santos

[170] [171]
Pintados (en torno a las calles Bailén, Las Navas y Lepanto), EAJ-24, la primera emisora cordobesa), el cine [LA FERIA DE CÓRDOBA]
Huerta de la Reina, la de los terrenos de San Luis de Vista (hasta hace unos años el Góngora era uno de
Hermosa (carretera de los Arenales), Cerro de la Golondrina, los más antiguos, asentado en 1929 en el edi- Que trajín, que algarabía
la Fuensantilla, el barrio Gavilán (Olivos Borrachos) y la de ficio de la calle Jesús María), o el fútbol, cuyos con el bullir que no cesa
en la que contribuía
Cruz de Juárez (camino de Santo Domingo). primeros equipos locales datan de comienzos
la gracia y soberanía
Entre los claroscuros de la tradición y los intentos de de los años 20, unidos en 1928 para formar el de la mujer cordobesa.
modernización, a pesar de las rémoras de pobreza y estanca- Racing Fútbol Club de Córdoba, que jugó en
miento, no pocas novedades e inventos del siglo llegaron a el estadio de avenida de América (hasta 1954 No se puede figurar
la ciudad, a veces casi al mismo tiempo que a las capitales de no nació el actual Córdoba Club de Fútbol). el que aquello lo conoce
Otros muchos ratos de ocio de los cordobeses cuando fuimos a comprar
mayor importancia. Fue el caso, por ejemplo, del transporte
de toda condición transcurrían en las incesantes la yegua, el rumor de las voces
público urbano de autobuses, inaugurado en noviembre de de la calle Gondomar.
1922 por la Sociedad Anónima «Autobús de Córdoba». A y variopintas tertulias sostenidas en el Círculo
pesar de sus dificultades, el servicio continuó al tomar el re- de la Amistad, el Casino de Labradores, el Como regueros de hormigas
levo la empresa SATA en 1931. Sus escasas líneas y precarios café Suizo o el Mercantil y, por supuesto, en la las mujeres paseaban
vehículos comenzaron a circunvalar la ciudad y a conectar con multitud de tabernas donde la charla, el vino y en los pechos toas llevaban
la estación de ferrocarriles, la Electromecánica y la Sierra, al y el cante se daban cita. flores en lugar de espigas.
igual que los primeros automóviles. Aunque la propiedad de Hablamos de la Córdoba de Julio Romero
Entre mujeres y flores
estos últimos sólo estaba al alcance de unos pocos, los servicios de Torres, el inigualable pintor de la belleza pasaban los domadores
de taxis y autobuses, junto a los antiguos carruajes, permi- femenina, de los notables de su época y, cómo por delante de nosotros
tían a muchos cordobeses moverse con mayor comodidad, no, de los rincones de su tierra natal. Su trabajo luciendo sobre los potros
tanto en sus excursiones dominicales al campo (a las que tan se desarrolló entre 1890 y 1930, y su fama se los atalajes mejores.
aficionados eran y son) como por la ciudad, haciéndose sus proyectó por toda España y el mundo. Aunque
Vaya coches, vaya troncos
calles cada vez más insuficientes, por su estrechez (y a veces tuvo un estudio en Madrid (como correspondía
donde los caballos broncos
algo alborotadas con aquellos «modernos cacharros», por lo a todo pintor de moda) y realizó diversos viajes, mostraban todo su brío
que se creó en 1929 la Guardia Municipal de circulación). nunca olvidó ni abandonó su ciudad, su gran iban los cocheros roncos
De 1921 a 1931 la provincia pasó de 344 a 4.718 vehículos fuente de inspiración. Los rumores y chismes de tanto hablarle al gentío.
matriculados, y en los años treinta, cerca de 400 automóviles («los cantares», propagados por envidiosos) y
de uso público transitaban por la capital (34 de propiedad la enteca visión de ciertos críticos desdeñosos JULIÁN SÁNCHEZ PRIETO
femenina, otra audaz innovación). Su proliferación permitió no lograron prevalecer, afortunadamente, so- Romance a Córdoba
la progresiva urbanización de la periferia urbana, sobre todo bre las voces que, desde el más humilde hasta
de la Sierra, donde los chalets aislados se fueron acercando el más docto, proclamaron su talento. Fue su
unos a otros con nuevas construcciones, y aquellos a la preferencia la belleza, mas no dejó de reflejar
ciudad. Acompañó al desarrollo del ocio, en sus formas tra- la injusticia social ni de denunciar la margina-
dicionales (teatro, toros, excursiones, romerías) o en nuevas ción y la pobreza. Más allá de lo meramente
manifestaciones de masas como la radio (en 1932 se fundó pintoresco y localista, la simbología de su

[172] [173]
obra trasciende hacia un sentido universal y complejo de la Nacional. Personalidades como Baroja, Azorín u Ortega y
representación de sentimientos y pasiones encontradas. Pero Gasset visitaron y escribieron sobre la ciudad. Mas, es justo
además, es uno de los mejores testimonios de la Córdoba del reseñarlo, estos fenómenos repercutían hasta un limitado
momento, junto con las Notas de su más modesto paisano, el radio de acción, en tanto que la educación popular sufría de
periodista Ricardo de Montis. Ya que mencionamos la pren- numerosas carencias que el régimen siguiente trató de en-
sa, El defensor de Córdoba y La Voz acompañaron al Diario mendar: escasas librerías y bibliotecas, insuficientes escuelas
Córdoba hasta 1936. Después de la guerra civil, un nuevo y alta tasa de analfabetismo.
Diario Córdoba (nacido el 18-II-1941) tomó el relevo de la
información diaria, durante la segunda mitad del siglo XX y
a comienzos del XXI.
No podemos olvidarnos del escultor
modernista Mateo Inurria, cuyo genio bri-
lla en el retrato ecuestre del Gran Capitán,
la estatua sedente de Séneca, etc. Un gran
talento en aquel arte, lamentablemente
truncado por su temprana muerte, fue el de
Enrique Moreno «el fenómeno», autor del
monumento a Eduardo Lucena. Otras obras
destacables de la época fueron los conjuntos
escultóricos dedicados al Duque de Rivas
(Benlliure), a Osio y el Sagrado Corazón
de Jesús de las Ermitas (Collaut Valera). En
arquitectura destacó, entre otros edificios, la
antigua Escuela Superior de Veterinaria (1914-36), de estilo
neomudéjar, ubicada en la avenida de Medina Azahara, cuyos
terrenos apenas comenzaban a urbanizarse. Otro capítulo
de interés artístico fue el nacimiento del Conservatorio de
Música en 1902, de la mano de Cipriano Martínez Rücker,
notable compositor local como, posteriormente, Ramón
Medina (cordobés de adopción). Rondaba la adolescencia
el futuro arabista Manuel Ocaña cuando, a fines de los años
veinte, tuvieron lugar importantes conmemoraciones: el VIII
centenario de Maimónides y el milenario del califato, así
como el tricentenario gongorino. En 1929 (24-VII) parte del
casco antiguo de Córdoba fue incluido en el Tesoro Artístico

[174] [175]
La Segunda República (1931-36) llegó en un momento significativas en su patrimonio monumental. Pero como en
de dificultades. El marco de la crisis económica mundial y otras ocasiones, la guerra abrió una brecha entre paisanos y
la situación de endeudamiento municipal obstaculizaron los hermanos. Tiempo de silencio y de exilios, como el de An-
intentos de reforma, aunque no faltaron iniciativas. Prosi- tonio Jaén Morente, que acababa de publicar su Historia de
guieron las obras de construcción de alcantarillado, se crearon Córdoba, forzado a abandonar su tierra para no volver hasta
Comisiones Asesoras Ciudadanas y una parte del Campo de muchos años después.
la Merced fue cedido para edificar la escuela de Ferroviarios. Difícil coyuntura fue la de posguerra: aislamiento y autar-
Al año siguiente, se encargó a la Comisión de Ensanche un quía de la España de los años cuarenta, condicionada por el
anteproyecto y se estudió la municipalización de los servicios desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y el bloqueo interna-
de alumbrado público y abastecimiento de agua (de 1929 cional. Aún así, continuó el notable crecimiento demográfico
databa la inauguración del pantano del Guadalmellato). de Córdoba capital, debido fundamentalmente a la llegada
Edificios como la Prisión Provincial (que estuvo ubicada en de inmigrantes de los pueblos de la provincia, mostrando
el actual barrio de Fátima, entonces despoblado) planificada por lo demás un notable grado de ruralismo, estancamiento
en 1933, no se concluyeron hasta años después; como en y penuria económica. Gracias a la iniciativa del nuevo obispo
el caso de la oficina de Correos y Telégrafos (inaugurada en Fray Albino y la Asociación Benéfica «La Sagrada Familia»,
1948, en la calle Cruz Conde). constituida en 1947, pudo empezar a paliarse el problema de
Las elecciones del 12 de abril de 1931 dieron mayoría la escasez de viviendas. Comenzó a construirse aquel año la
a los antimonárquicos. El nuevo alcalde, el conocido Eloy barriada de casas unifamiliares para obreros al otro lado del
Vaquero, fue además uno de los diputados a Cortes Consti- río (junto al Campo de la Verdad); y entre 1950-55 la de
tuyentes nombrados en junio de aquel año. En las siguientes
elecciones se puso de manifiesto en la capital el predominio
de los partidos de signo más progresista. Pero las divisiones
entre los grupos de izquierdas y la oposición de una de las
derechas más recalcitrantes del país (para nada avenida a los
planteamientos más moderados de la CEDA) abonaron el
terreno de las disensiones. Por desgracia, los enfrentamientos
sociopolíticos desembocando en la guerra civil de 1936-39,
uno de los episodios más negros de la historia de la ciudad.
Los odios, la delación y las brutales represiones, sentaron el
imperio del miedo y la barbarie en la ciudad de la Mezqui-
ta. Tras ser tomada la ciudad por las tropas insurgentes del
coronel Cascajo, se impuso la sombra del sanguinario Don
Bruno. La capital, en tanto, quedó afianzada para el bando
franquista y sirvió como enclave en retaguardia. La distancia
respecto a los frentes de batalla evitó posibles destrucciones

[176] [177]
Cañero (así llamada por la cesión de terrenos por parte del
famoso rejoneador), al este, que posteriormente se fusionó
con la del Marrubial.
Las reformas y nueva creación de infraestructuras viarias
fueron las directrices fundamentales de las alcaldías de Alfonso
(1949-51) y su hermano Antonio Cruz Conde (1951-62),
sobrinos del anteriormente citado José que gobernó la ciudad
en los años veinte. Para paliar la insuficiencia de comunicacio-
nes con las barriadas surgidas en el extrarradio (en la sierra y
al otro lado del río), se construyeron, por un lado, el puente
de San Rafael (1949-53), que permitía la comunicación
directa con la carretera de Sevilla; y, por otro, la ampliación Acompañaron a estas realizaciones otras de diverso tipo: la
del antiguo viaducto del Pretorio (1951-55). Asimismo, el larga construcción del nuevo ayuntamiento, cuyo conjunto no
establecimiento del eje viario norte-sur se realizó mediante las sería inaugurado hasta los años ochenta y en cuyos terrenos
obras que pusieron en conexión la estación de ferrocarril y el apareció en 1951 el templo romano. En 1953 tuvo lugar la
puente nuevo sobre el Guadalquivir, mediante la apertura de restauración del Alcázar de los Reyes Cristianos y, tres años
las avenidas del Conde de Vallellano y del Corregidor (1954), después, se estaba reconstruyendo el tramo de muralla de la
prolongación de los Paseos de la Victoria y la Agricultura. La Puerta de Sevilla. Córdoba pretendía mejorar su infraestruc-
construcción de viviendas a ambos lados de las mismas en las tura turística, y fue en aquel 1956 cuando se terminó el Hotel
dos décadas siguientes (incluida una zona de edificios para Córdoba Palace (después Meliá), proyecto largo tiempo con-
los distintos sectores de la administración pública) comple- cebido; asimismo, en 1960 se inauguró el Parador Nacional de
mentó el plan. Igualmente, al extremo oriental de la urbe, se la Arruzafa. Por otro lado, en 1957 fue aprobado el proyecto
proyectó el nuevo acceso desde la carretera de Madrid por la de un parque municipal (después llamado Cruz Conde) y
actual avenida de Carlos III, principiadas las obras en 1956 y ese mismo año se derribó el mercado central de la Corredera
el asfaltado ya en los sesenta. También se proyectaron tres ejes (construyéndose uno subterráneo) y comenzaron las obras del
este-oeste: al norte, arreglando las antiguas rondas, convertidas murallón de la margen izquierda del Guadalquivir. Un año
en avenidas de Obispo Pérez Muñoz (Ollerías) y de América después se constituyó el pequeño aeropuerto civil, con vuelos
(en una serie de etapas hasta fin de siglo); al sur, por la Ron- comerciales hasta 1983 y ampliado en 1995.
da de Isasa y abriéndose la avenida del Alcázar (1954) para La otra cuestión fundamental para Córdoba era el rápido
conectar el Puente de San Rafael y la carretera a Sevilla con la crecimiento demográfico que venía experimentando, debido
de Madrid-Cádiz; y una arteria que se pretendía atravesara el al proceso de inmigración y al descenso de la mortalidad y
centro histórico y facilitase el acceso al mismo, con el ensanche crecimiento natalicio por las mejoras higiénico-sanitarias:
de las calles Gondomar, Concepción, Abéjar y algunas otras. extensión y mejora de la red de alcantarillado y abasteci-
Se contempló, mas no se llevó a cabo, la apertura de una miento de agua (creación de la Central de Agua Potable de
nueva vía entre el Realejo y la plaza del Salvador. Villa Azul y los colectores para diversos sectores, 1951-55),

[178] [179]
y la implantación masiva de la asistencia tocológica en las En los años setenta, la expansión urbana, se vio frenada de
clínicas de la capital. En 1953 se amplió el centro de Cruz modo brusco. La desaceleración en el ritmo del crecimiento
Roja (remodelado en las décadas siguientes) y un año después demográfico fue, junto con la situación de crisis económica,
estaba edificada la Residencia Teniente Coronel Noreña, un condicionante de peso. La notable extensión del suelo
reemplazada en los setenta por el Hospital Reina Sofía y la urbano supuso cierto alejamiento entre buena parte de los
nueva Residencia. Si en los años cuarenta la población au- nuevos barrios y del centro de negocios y administrativo. La
mentó hasta algo más de 160.000 habitantes, a comienzos de premura de tiempo y la especulación del terreno condujo a
la «década prodigiosa» casi se habían alcanzado los 200.000, una escasez e insuficiencia de equipamientos y servicios de
a los que se sumaron 37.448 ciudadanos hasta 1970. La cruz aquellos, convertidos casi exclusivamente en lugares de habita-
de todo ello se manifestó en la necesidad de darles cobijo, ción. Igualmente, tuvo lugar un fenómeno de desplazamiento
proliferando el chabolismo y la precariedad de las viviendas hacia las afueras de una parte de habitantes más pobres de
en la periferia durante años. Para evitarlo, en 1958 se aprobó ciertos lugares del «casco antiguo». Ello supuso el abandono
el primer Plan General de Ordenación Urbana, cuyas direc- y deterioro de espacios de interés artístico y monumental
trices orientarían el futuro de Córdoba durante al menos dos fuera de la órbita de los núcleos en torno a la Mezquita-
décadas. Con anterioridad al mismo, la expansión periférica Judería y Tendillas-Cruz Conde-Gran Capitán, al tiempo
podía sintetizarse en cuatro grandes áreas: al oeste las ba- que se agrupaba a los sectores más modestos y elementos
rriadas establecidas junto a Electromecánicas, parque Cruz marginales alejados del centro de la ciudad, con la creación
Conde, las casas unifamiliares de Ciudad Jardín y la zona al de barrios periféricos como las Moreras, Palmeras y Polígono
noroeste de ella (vestigios las dos últimas del frustrado plan Guadalquivir. Por otra parte, se acentuó la debilidad del nunca
de ensanche de la década de los veinte); al norte las edifica- demasiado pujante sector secundario cordobés, a pesar de la
ciones residenciales en la Sierra; al este la barriada de Cañero, existencia de la iniciativa de algunas empresas (Colecor, Ce-
y al sur la de Fray Albino. Durante los años sesenta y setenta nemesa, Cervezas El Águila, Cepansa), la instalación del polo
estas barriadas periféricas, surgidas en torno a los antiguos de desarrollo local (desde 1969) y la creación de polígonos
edificios extramuros (iglesias como las de San Cayetano o La industriales como los de Quemadas o la Torrecilla.
Fuensanta) y factorías (Electromecánica, Carbonell, Asland), Entre la Córdoba de Manolete y la de los últimos años
continuaron creciendo y vieron colmatarse buena parte de del franquismo se produjo una gran expansión, y no sola-
los espacios entre ellas: al este los Polígonos de Levante y la mente urbana. Desde los difíciles años de la posguerra, flore-
Fuensanta-Santuario; el Sector Sur (entre la avenida de Cádiz cieron en la ciudad creadores autóctonos y foráneos, quienes
y la carretera de Granada); y al norte las Moreras, Huerta de volaron hacia ámbitos culturales más abiertos y cosmopolitas
la Reina, Valdeolleros, Santa Rosa, el Naranjo, expansión de y quienes quedaron en la penumbra de una discreta capital
las Margaritas y el Brillante y el Parque Figueroa (inaugurado de provincias que, a pesar de su condición, seguía siendo
en 1970). Aquella corona fue aliviando las necesidades de fuente de inspiración. La poesía de posguerra tuvo en el gru-
vivienda, mas sentó una dicotomía frente al «casco histórico», po Cántico una pléyade de notables cultivadores, así como la
cuya transición resultó difícil armonizar. pintura vanguardista de Equipo 57. Hubo figuras de primera
fila muy populares incluso fuera de sus círculos, como en el

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caso del torero «El Cordobés», el cantaor «Fosforito», el escri- (1943-4), la Universidad Laboral (1954-6), ETEA (1964),
tor Antonio Gala (ciudadrealeño vinculado espiritualmente ETSIA (1963), así como nuevos institutos y escuelas.
a Córdoba), o el psiquiatra e intelectual Carlos Castilla del En las primeras elecciones municipales democráticas
Pino (gaditano residente en la provincia). Más discretos en (3-IV-1979) el Partido Comunista consiguió mayoría de
el plano mediático, pero no por ello menos meritorios, los concejales, convirtiéndose en su única capital de provincia
escritores de la provincia Mario López, Juana Castro, Leopol- conquistada, y llevando a Julio Anguita a la alcaldía. La
do de Luis, Vicente Núñez, Carlos Clemenson; los trabajos mencionada fuerza política (transmutada posteriormente en
de arquitectos como Rafael de La Hoz; los cultivadores de Izquierda Unida) se mantuvo en el poder durante los años
las artes plásticas Ginés Liébana, Ángel López-Obrero, Rafel siguientes, salvo el paréntesis 1995-9, de gobierno del Parti-
Botí, Aurelio Teno; músicos como Marcos Redondo y Pedro do Popular. Correspondió al equipo del «califa rojo» (apodo
Lavirgen (nativos pero no residentes en la ciudad), Luis Bed- que recibió Anguita, derivado del que en su día tuvieron los
mar (granadino afincado en Córdoba), Rafael Orozco y Rafael «azules» Cruz Conde) hacer frente a los problemas con que se
Quero; o la bailaora Concha Calero. Resulta imposible citarlos encontró la primera corporación democrática. Se desplegaron
aquí a todos, y por ello pedimos perdón por las omisiones. actuaciones tan importantes como la municipalización de la
Entre estas últimas se cuentan nombres de quienes promovie- empresa Aucorsa de transporte urbano de autobuses (creada
ron organismos como el «Círculo Juan XXIII» (fundado en en 1953) o el impulso de Emacsa y Sadeco en abastecimiento
1963) y el naciente movimiento ciudadano, así como, desde de aguas y recogida de basuras (pionera en labores de reci-
fines de los setenta, eventos como los Congresos de Historia claje). Estas y otras mejoras continuaron bajo el mandato
de Andalucía. Ya a fines del franquismo, Córdoba logró la de Herminio Trigo (1986-95), Manuel Pérez (1995), Rafael
creación de su universidad (18-VIII-1972); hasta entonces Merino (1995-9) y Rosa Aguilar, aunque no todo haya sido
habían ido surgiendo centros como la Facultad de Veterinaria positivo.

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A partir de la segunda mitad de los ochenta, se llevaron A la vista queda en las edificaciones más recientes, al norte
a cabo una serie de reformas urbanísticas: inauguración del (Tablero Bajo), oeste (Polígono de Poniente) o este (antigua
nuevo Ayuntamiento (1985), arreglo de vías como la calle San Cepansa). Más allá de la aglomeración urbana, aún queda por
Pablo, el Gran Capitán (convertida su mitad sur en paseo), resolver la regulación de las condiciones legales y relaciones
reforma de buena parte de avenida de las Ollerías, inaugura- con el municipio de las parcelaciones. Por su parte, sin haber
ción de viviendas en el Polígono Guadalquivir, etc. Lo más perdido su vigencia como núcleo administrativo, comercial y
trascendente fue la aprobación de un nuevo Plan General de de negocios preeminente, parte de esas funciones del llama-
Ordenación Urbana en 1986, cuyas directrices orientaron las do centro de Córdoba han sido repartidas entre las nuevas
grandes realizaciones del decenio siguiente. barriadas. Se ha consolidado con ello una cierta tendencia
Durante los noventa y a comienzos del nuevo milenio, centrífuga, originada por la importante extensión urbana de
un gran proceso de reforma y ampliación ha cambiado, en la segunda mitad del siglo XX. Esta descentralización parcial
buena medida, la faz de Córdoba. El fenómeno no obede- se ha producido fundamentalmente en los servicios sociales
ció esta vez a un notable crecimiento de la población (de (centros educativos, cívicos, ambulatorios, jardines, etc.) y en
310.488 habitantes en 1991 a 316.564 en 2001), sino a la las áreas comerciales: consolidación de determinados sectores
mejora cualitativa en las condiciones de vida y fisonomía del pequeño y mediano comercio (Ciudad Jardín, la Viñuela,
urbana. Aparte de las intervenciones llevadas a cabo con etc.) y creación de grandes superficies en unas afueras ya en-
mayor o menor fortuna en el casco histórico (puesta en globadas por el entorno habitado (centros comerciales de El
valor de monumentos y hallazgos arqueológicos, peatonali- Arcángel, Zococórdoba, La Sierra, polígonos del Granadal,
zación de calles), junto a la creación de nuevas viviendas en Los Pedroches...). Fenómeno similar en la ubicación de cen-
la periferia se incrementaron los equipamientos y servicios tros culturales, deportivos y lúdicos: Campus universitario de
comunitarios, en mayor medida que en décadas anteriores. Rabanales, estadio «Nuevo Arcángel» y el recinto ferial de El
Arenal (1994), Pabellones de Vistalegre y Fátima.
La creación de nuevas vías de acceso, junto a la renovación
de las ya existentes, con motivo de la Exposición Universal
de Sevilla de 1992 (línea del tren de alta velocidad, autovía
E-5), supusieron un gran beneficio para una urbe en la cual,
producido el desmantelamiento de la mayoría de sus antiguas
industrias, presentaba como ocupaciones fundamentalmente
de sus habitantes el turismo y demás áreas del sector servicios.
El mejoramiento de la circulación interna tuvo que esperar
algo más, hasta finales de la década, con la apertura de las ya
aludidas nuevas rondas urbanas.
En no menos importante lugar, hemos de tener en cuenta
los progresos en la liberación de las dos grandes barreras
que atenazaban Córdoba: el río y el ferrocarril. En cuanto al

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primero, cuatro nuevos puentes han venido a sumarse a los a ésta, comenzó a operar la de autobuses. Se contaba de este
dos anteriores: el de la Autovía, construido durante el primer como con una centralización de los servicios de transporte
trimestre de 1986; el del Arenal (1994); y el de Miraflores y el por carretera y ferrocarril, justo en el corazón de la zona que
de Andalucía (en la Torrecilla), operativos desde el 2003-4. A bien podría calificarse como «la Córdoba del siglo XXI», que
ello han de añadirse las mejoras del desarrollo del «Plan Río», junto al complejo del parque de Miraflores y la Ribera ofrecerá
aprobado en 1992. Más espectacular ha sido la transformación una nueva y más moderna imagen de la ciudad.
experimentada por los terrenos donde se ubicaba la línea del A pesar de las carencias y «apaños» cotidianos de una urbe
ferrocarril. Tras una década de debates, se acabó optando que no acaba de salir del todo de su atonía y provincianismo,
por la mejor decisión: el soterramiento de las vías férreas y la el panorama que hemos narrado despierta esperanzas y el
creación sobre los terrenos de RENFE de una nueva ronda deseo de los mejores parabienes para esta milenaria ciudad,
norte que, además, actuase como cinturón verde, tan necesario declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el
para la ciudad. También allí debían construirse viviendas. El 15 de diciembre de 1994. Es, al menos, el sentimiento de este
9 de septiembre de 1994 fue inaugurada la estación AVE de cordobés que ha tenido el placer de contarles esta historia.
ferrocarril por el rey Juan Carlos I. Cuatro años después, frente

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[188] [189]
[190] [191]
B IBLIOGRAFÍA

Quedamos sumamente agradecidos al trabajo de los siguientes autores,


cuyos libros se han consultado para la elaboración del presente y podrán
servir a los lectores para enfocar la historia de Córdoba desde otras perspecti-
vas, o saber algo más de aspectos concretos. Sólo recogemos obras generales,
tanto las más actualizadas como algunas de las clásicas, imprescindibles a
pesar de sus carencias debidas a antigüedad. En ellas podrán encontrarse
referencias bibliográficas más amplias. El no ofrecerlas aquí, así como las
posibles omisiones que puedan hallarse, obedecen a la economía de espacio
impuesta a estas páginas, por su condición de breve síntesis.

AA. VV.: El esplendor de los Omeyas cordobeses, Granada, 2000, 2 vols.


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monio de la humanidad, Córdoba, 1999
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